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Historia del Universo según Melquisedec

Este documento presenta un resumen de un texto encontrado entre los Rollos del Mar Muerto llamado el Libro de Melquisedec. Narra la creación del universo por Dios y la creación de los ángeles, incluyendo a Lucifer como el ángel principal. Describe el Edén, Jerusalén y otros lugares celestiales, así como las leyes divinas de amor y libertad. Lucifer es encargado de transmitir las enseñanzas de Dios, pero eventualmente es atraído por las tinieblas y lidera una rebelión de un tercio de los á
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Historia del Universo según Melquisedec

Este documento presenta un resumen de un texto encontrado entre los Rollos del Mar Muerto llamado el Libro de Melquisedec. Narra la creación del universo por Dios y la creación de los ángeles, incluyendo a Lucifer como el ángel principal. Describe el Edén, Jerusalén y otros lugares celestiales, así como las leyes divinas de amor y libertad. Lucifer es encargado de transmitir las enseñanzas de Dios, pero eventualmente es atraído por las tinieblas y lidera una rebelión de un tercio de los á
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Libro de Melquisedec

El Libro de Melquisedec es una traduccin al espaol de uno de los Rollos del Mar Muerto
encontrado en la Cueva 11 en el desierto de Qumrn, al norte del Mar Muerto.

La Historia del Universo


(Un relato escrito por Melquisedec)
Revelaciones que un ngel del Seor manifest a Melquisedec en un sueo que tuvo lugar
la noche siguiente a su coronacin, un ao despus de recuperar el cetro de Salem,
habiendo pagado el precio de su rescate con dolor y sangre.

Captulo 1
El Eterno vivi una eternidad antes de crear el Universo. Mundo de Luz. Monte Sin. Ro de la vida. Jardn
de Edn. Jerusaln, la ciudad de paz. Lucifer, el primognito de los ngeles. Leyes del gobierno divino.
Libertad de escoger. ngeles, ministros del reino de la luz. Universo. Abismo de tinieblas, prueba de
fidelidad. Separacin entre la luz y las tinieblas.

1 Antes que existiese una estrella para brillar, antes que hubiese ngeles para cantar, ya haba un
cielo, el hogar del Eterno, el nico Dios. Perfecto en sabidura, amor y gloria, vivi el Eterno una
eternidad, antes de concretizar Su lindo sueo, en la creacin del Universo.
2 Los incontables seres que componen la creacin fueron, todos, idealizados con mucho cario.
Desde el diminuto tomo hasta las gigantescas galaxias, todo mereci Su suprema atencin.
Amador de la msica, Dios idealiz el Universo como una gran orquesta que, bajo Su regencia,
debera vibrar acordes armoniosos de justicia y paz. Para cada criatura l compuso una cancin de
amor.
3 El Eterno estaba muy feliz, pues Sus sueos estaban por realizarse. Movindose con majestad,
inici Su obra de creacin. Sus manos moldearon primeramente un mundo de luz, y sobre l una
montaa fulgurante sobre la cual estara para siempre afirmado el trono del Universo.
4 Al monte sagrado Dios llam: Sin. De la base del trono, el Eterno hizo brotar un ro cristalino,
para representar la vida que de l fluira hacia todas las criaturas. Como sala del trono, cre un
lindo paraso que se extenda por centenas de kilmetros alrededor del monte Sin. Al paraso
llam: Edn. Al sur del paraso, en ambos mrgenes del ro de la vida, fueron edificadas numerosas
mansiones adornadas de piedras preciosas, que se destinaban a los ngeles, los ministros del reino
de la luz.
5 Circundando el Edn y las mansiones angelicales, construy Dios una muralla de jaspe brillante,
a lo largo de la cual podan ser vistos grandes portales de perlas. Con alegra, el Eterno contempl
la Capital soada. La ciudad en su esplendor era como una novia adornada, pronta para recibir a su
esposo.
6 Cariosamente, el gran Arquitecto la llam: Jerusaln, la Ciudad de la Paz. Dios estaba por traer a
la existencia a la primera criatura racional. Sera un ngel glorioso, de entre todos el de mayor
honra. Adornado por el brillo de las piedras preciosas, ese ngel vivira sobre el monte Sin, como
representante del Rey de reyes delante del Universo.
7 Con mucho amor, el Creador comenz a moldear al primognito de los ngeles. Toda sabidura
aplic al formarlo, hacindolo perfecto. Con ternura le concedi la vida; el hermoso ngel, como
despertando de un profundo sueo, abri los ojos y contempl la faz de su Autor. Con alegra, el
Eterno le mostr las bellezas del paraso, hablndole de Sus planes, que comenzaban a
concretizarse.
8 Al ser conducido al lugar de su morada, junto al trono, el prncipe de los ngeles estaba
agradecido y, con voz melodiosa, enton su primer cntico de alabanza. De las alturas de Sin, se
descubra, a los ojos del hermoso ngel, Jerusaln en su inmensidad y esplendor. El ro de la vida,
al deslizar sereno en medio de la Ciudad, se asemejaba a una larga avenida, reflejando las bellezas
del jardn del Edn y de las mansiones angelicales.
9 Envolviendo al primognito de los ngeles con Su manto de luz, el Eterno comenz a hablarle de
los principios que habran de regir el reino universal. Leyes fsicas y morales deberan ser
respetadas en toda la extensin del gobierno divino. Las leyes morales se resuman en dos
principios bsicos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prjimo como a S mismo. Cada criatura
racional debera ser un canal por medio del cual el Eterno pudiese derramar a otros vida y luz. De
esa forma, el Universo crecera en armona, felicidad y paz.
10 En el reino de Dios, las leyes no seran impuestas con tirana; Los sbditos seran libres. La
obediencia debera surgir espontnea, en un gesto de reconocimiento y gratitud. En ese reino de
libertad, la desobediencia tambin sera posible. El resultado de tal comportamiento sera el
vaciamiento de las fuerzas vitales.

11 Despus de revelar al hermoso ngel las leyes de Su gobierno, el Eterno le confi una misin de
gran responsabilidad: sera el protector de aquellas leyes, debindolas honrar y revelar al Universo
listo para ser creado. Con el corazn rebosante de amor a Dios y a los semejantes, le correspondera
ser un modelo de perfeccin: sera Lucifer, el portador de la luz. El prncipe de los ngeles;
agradecido por todo, se postr ante el amoroso Rey, prometindole eterna fidelidad. El Eterno
continu Su obra de creacin, trayendo a la existencia a innumerables huestes de ngeles, los
ministros del reino de la luz.
12 La Ciudad Santa fue poblada por esas criaturas radiantes que, felices y agradecidas, unan las
voces en bellsimos cnticos de alabanza al Creador. Dios traa ahora a la existencia el Universo
que, repleto de vida, girara entorno de Su trono afirmado en Sin. Acompaado por Sus ministros,
parti hacia la grandiosa realizacin. Despus de contemplar el vaco inmenso, el Eterno levant las
poderosas manos, ordenando la materializacin de las multiformes maravillas que habran de
componer el Cosmos.
13 Su orden, cual trueno, repercuti por todas partes, haciendo surgir, como por encanto, galaxias
sin nmero, repletas de mundos y soles parasos de vida y alegra, todo girando
armoniosamente entorno del monte Sin. Al presenciar tan grande hecho del supremo Rey, las
huestes angelicales se postraron, haciendo repercutir por el espacio iluminado un cntico de
triunfo, en salutacin a la vida.
14 Todo el Universo se uni en ese cntico de gratitud, en promesa de eterna fidelidad al Creador.
Guiados por el Eterno, los ngeles comenzaron a conocer las riquezas del Universo. En esa
excursin sideral, estaban admirados ante la inmensidad del reino de la luz. Por todas partes
encontraban mundos habitados por criaturas felices que los reciban en fiesta. Los ngeles nos
saludaban con cnticos que hablaban de las buenas nuevas de aquel reino de paz.
15 Tan preciada como la vida, la libertad de escoger, a travs de la cual las criaturas podran
demostrar su amor al Creador, exiga una prueba de fidelidad. Con el propsito de revelarlo, el
Eterno condujo las huestes por entre el espacio iluminado, hasta aproximarse a un abismo de
tinieblas que contrastaba con el inmenso brillo de las galaxias. A lo lejos, ese abismo se haba
revelado insignificante a los ojos de los ngeles, como un puntillo sin luz; pero a medida de su
acercamiento, se mostr en su enormidad.
16 El Creador, que a cada paso revelaba a los ngeles los misterios de Su reino, estaba all
silencioso, como guardando para S un secreto. Las tinieblas de aquel abismo consistan en la
prueba de la fidelidad. Voltendose hacia las huestes, el Eterno solemnemente afirm: "Todos
los tesoros de la luz estarn abiertos a vuestro conocimiento, menos los secretos ocultos por las
tinieblas. Sois libres para servirme o no. Amando la luz estaris ligados a la Fuente de la Vida".
17 Con estas palabras, hizo Dios separacin entre la luz y las tinieblas, el bien y el mal. El Universo
era libre para escoger su destino.

Captulo 2
Una eternidad de armona y paz. Lucifer, trasmisor de las revelaciones del Padre a sus ngeles. Asambleas
en planetas capitales. La obediencia a las leyes divinas, fundamento de progreso y felicidad. Lucifer es
atrado por las tinieblas del abismo. Lucifer, creado para la Luz. Intervencin de un Padre amoroso. La
gran lucha interior de Lucifer. El don del libre albedro. Teora de la ciencia del bien y del mal.
Fundamentos del reino del Eterno. Traicin de Lucifer y de un tercio de las huestes. El Eterno advierte
sobre el rompimiento de la Fuente de la Vida. El Universo puesto a prueba. El inconsolable llanto del
Padre. El misterioso abismo, significado simblico del reino de la rebelda. Comienzo de la creacin del
planeta Tierra.

1 El tan esperado sueo del Creador se concretizaba. Ahora, como Padre carioso, conduca a las
criaturas a travs de una eternidad de armona y paz. En virtud del cumplimiento de las leyes
divinas, el Universo se expanda en felicidad y gloria. Haba un fuerte celo de amor, que a todos
una fuertemente. Los seres racionales, dotados de la capacidad de un desenvolvimiento infinito,
encontraban indescriptible placer en aprender los inagotables tesoros de La Sabidura divina,

transmitindolos a los semejantes. Eran como canales por medio de los cuales La Fuente de la
Eterna Vida nutra a todos de amor y luz.
2 En Jerusaln, los ministros del reino se reunan ante el soberano Rey, siempre prontos a cumplir
Sus propsitos. Era a travs de Lucifer que el Eterno pona de manifiesto Sus designios. Despus de
recibir una nueva revelacin, l prontamente la transmita a las huestes angelicales. stas, a su vez,
la compartan con la creacin. En clebre vuelo los ngeles se dirigan hacia los planetas capitales,
donde, en grandes asambleas, se reunan los representantes de los dems mundos. En muchas de
esas asambleas, Lucifer se haca presente, llenando a los participantes de alegra y de admiracin.
Perfecto en todas las virtudes, l los cautivaba con su simpata.
3 Ningun otro ngel consegua revelar como l los misterios del amor del Eterno. El Universo,
alimentndose de la Fuente de la Vida, se expanda en una eternidad de perfecta paz. La
obediencia a las leyes divinas era el fundamento de todo progreso y felicidad. Aunque conscientes
del libre albedro, jams haba subido al corazn de ninguna criatura el deseo de apartarse del
Creador. As fue por mucho tiempo, hasta que tal problema irrumpi en la vida de aqul que era el
ms ntimo del Eterno.
4 Lucifer, que haba dedicado su vida al conocimiento de los misterios de la luz, se sinti poco a
poco atrado por las tinieblas. El Rey del Universo, a los ojos de quien nada puede ser encubierto,
acompa con tristeza sus pasos en el camino descendente que lleva a la muerte. Al principio, una
pequea curiosidad llev a Lucifer a aproximarse a aqul abismo profundo. Contemplndolo,
comenz l a indagar el porqu de no poder comprender su enigma.
5 Regresando a su lugar de honra, junto al trono, se postr ante el divino Rey, suplicndole:
Padre, dame a conocer los secretos de las tinieblas, as como me revelas la luz. Ante la peticin
del hermoso ngel, el Eterno, con voz expresiva de tristeza, le dijo: Hijo mo, t fuiste creado
para la luz, que es vida. Convencindose de que el Creador no le revelara los tesoros de las
tinieblas, Lucifer decidi comprender por s mismo el enigma. Se Juzgaba capacitado para tanto.
Con esta triste decisin, el prncipe de los ngeles permiti que surgiese en su corazn una mancha
de pecado que podra traer una catstrofe para el Universo.
6 Solo Dios saba lo que pasaba en el corazn de Lucifer. El ngel, que haba sido creado para ser
el portador de la luz, estaba divorcindose en pensamientos del bondadoso Creador que, en un
esfuerzo de impedir el desastre, le rogaba permanecer a Su lado. Una tremenda lucha comenz a
trabarse en su interior. El deseo de conocer el sentido de las tinieblas era inmenso, con todo, los
ruegos de aqul amoroso Padre, a quin no quera tambin perder, lo torturaban. Viendo el
sufrimiento que su actitud causaba al Creador, a veces demostraba arrepentimiento, pero volva a
caer.
7 Antes de crear el Universo, Dios ya haba previsto la posibilidad de una rebelin. El riesgo de
conceder libertad a las criaturas era inmenso, mas, sin este don, la vida no tendra sentido. El
Eterno no quera reinar sobre robots, programados para hacer solamente Su voluntad. El quera que
la obediencia fuese fruto del reconocimiento y del amor, por eso decidi correr el gran riesgo.
Aunque prosegua en la bsqueda del sentido de las tinieblas, Lucifer no pretenda abandonar la
luz.
8 Se esforzaba por llegar a una combinacin entre esas partes que, en el reino del Eterno, coexistan
separadas. Finalmente, con un sentimiento de exaltacin, concibi una teora engaosa, que
pretenda presentar al Universo como un nuevo sistema de gobierno, superior al gobierno del
Eterno. Denomin a su teora la ciencia del bien y del mal". Estructurada en la lgica, la ciencia
del bien y del mal se revel atrayente a los ojos de Lucifer, pareciendo descorrer un sentido de vida
superior a aqul ofrecido por el Creador, cuyo reino posibilitaba solamente el conocimiento
experimental del bien.
9 En el nuevo sistema, habra equilibrio entre el bien y el mal, entre el amor y el egosmo, la luz y
las tinieblas. A lo largo del tiempo en que madurara en su mente la ciencia del bien y del mal,
Lucifer sabra guardarla en secreto delante del Universo. Continuaba en su puesto de honra,
cumpliendo la funcin de Portador de la Luz. Sin embargo, por ms que procuraba fingir, su
semblante ya no revelaba alegra en servir al Eterno. El divino Rey, que sufra en silencio,

procuraba, por medio de Sus revelaciones de amor, preparar a las criaturas racionales para la gran
prueba que se aproximaba.
10 Saba que muchos daran odo a la tentacin, volvindole la espalda. La noche de la prueba hara
sobresalir, sin embargo, a los verdaderos fieles aqullos que servan al Creador no por inters,
sino por amor. Al ver que la hora de la prueba llegaba, y que Lucifer estaba listo para traicionarlo
delante del Universo, el Eterno, que jams haba cesado de revelar los tesoros de su sabidura, se
torno silencioso y contemplativo.
11 El silencio hizo revivir en el corazn de las huestes el recuerdo de aquella primera excursin
sideral, cuando, despus de mostrarles las riquezas del reino de la luz, Dios se torn silencioso ante
aqul abismo. Se acordaban de Sus palabras: "Todos los tesoros de la luz estarn abiertos a vuestro
conocimiento, menos los secretos ocultos por las tinieblas. Sois libres para servirme o no. Amando
la luz estaris ligados a la fuente de la vida. Lucifer, que haba comenzado a codiciar el trono de
Dios, le indag el motivo de Su silencio. El Creador, contemplndolo con infinita tristeza, le dijo:
"Ha llegado la hora de las tinieblas. T eres libre para realizar sus propsitos.
12 Viendo que el momento propicio para la propagacin de su teora haba llegado, Lucifer
convoc a los ngeles para una reunin especial. Las huestes, deseosas de conocer el significado
del silencio del Padre, tomaron sus lugares junto al magnfico ngel, que siempre les haba revelado
los tesoros del reino de la luz. Lucifer comenz su discurso exaltando, como de costumbre, el
gobierno del Eterno. En una amplia retrospectiva, les record las grandiosas revelaciones que los
haban enriquecido en toda aquella eternidad.
13 El silencio divino, lo present como siendo la indicacin de que el Universo haba alcanzado la
plenitud del conocimiento que provena de la luz. Callando, el Eterno les abra camino para el
entendimiento de misterios an no soados, guardados hasta entonces ms all de los lmites de Su
gobierno. Sorprendidas, las huestes tomaron conocimiento de la experiencia de Lucifer sobre las
tinieblas. Con elocuencia, l les habl de la ciencia del bien y del mal, indicndola como el camino
de las mayores realizaciones.
14 El efecto de sus palabras pronto se hizo sentir en todo el Universo. La pregunta era decisiva y
explosiva, generando por primera vez discordia. Los seres racionales, en su prueba, habran de
optar por permanecer solamente con el conocimiento de la luz, el cual Lucifer afirmaba haber
llegado a su lmite, o aventurarse en el conocimiento de la ciencia del bien y del mal. En el
comienzo, los ngeles se debatieron ante la pregunta, siendo luego despus todo el Universo puesto
a prueba. Pareca que la ciencia del bien y del mal habra de arrebatar la mayor parte de las
criaturas, sin embargo, poco a poco, muchos que al principio se empaparon con la teora,
despertaron de la ilusin de la misma, reafirmando su fidelidad al reino de la luz.
15 Al final de ese conflicto, que se arrastr por largo tiempo, se revel un tercio de las estrellas del
cielo al lado de Lucifer, y las restantes, aunque conmocionadas por la prueba al lado del Eterno. La
ciencia del bien y del mal fue proclamada por Lucifer como un nuevo sistema de gobierno. Pero
cmo ejercerlo, si el Eterno continuaba reinando en Sin? Necesitaban encontrar una manera de
bajarlo de all. El consejo, formado por los ngeles rebeldes, comenz a tratar de eso. Decidieron,
finalmente, solicitarle el trono por un tiempo determinado, en el cual podran demostrar la
excelencia del nuevo sistema de gobierno. En caso de que fuese aprobado por el Universo, el nuevo
sistema se establecera para siempre; en caso contrario, el dominio retornara al Creador.
16 Fue as que Lucifer, acompaado por sus huestes, se aproxim arrogante delante de Aqul Padre
sufridor, hacindole tal peticin. El Eterno no era ambicioso, slo quera el bien para Sus criaturas.
Si la ciencia del bien y del mal consistiera realmente en un bien mayor, no Se opondra a su
implantacin, cediendo el trono a sus defensores. Ms l saba que aquel camino conducira a la
infelicidad y a la muerte. Movido por Su amor protector, el Creador desatendi la peticin de las
huestes rebeldes, que se apartaron enfurecidas.
17 Al serles negado el trono, Lucifer y sus huestes comenzaron a acusar al divino Rey,
proclamando ser su gobierno de tirana. Afirmaban ser su permanencia en el trono la ms patente
demostracin de Su arbitrariedad. No les haba concedido libertad de escoger? Por qu
neutralizarla ahora, impidindoles poner en prctica un sistema de gobierno superior? Las

acusaciones de las huestes rebeldes repercutieron por todo el Universo, haciendo parecer que el
gobierno del Eterno era injusto. Esto trajo profunda angustia a aquellos que permanecan fieles al
reino de la luz.
18 No sabiendo como refutar tales acusaciones, esas criaturas, enmudecidas por el dolor moral,
anhelaban el momento en que nuevas revelaciones procedentes del Creador pudiesen aclararles los
misterios de ese gran conflicto. Las acusaciones y blasfemias de las huestes rebeldes alcanzaron el
punto culminante cuando el Eterno, en un gesto sorprendente, se levant de Su trono, como pronto
a dejarlo. Los infieles, en la expectativa de una conquista, se aquietaron, mientras que un
sentimiento de temor penetraba en el corazn de los sbditos de la luz.
19 Entregara l el dominio de toda la creacin, para librarse de las viles acusaciones? De
acuerdo con la lgica a partir de la cual Lucifer fundamentaba sus enseanzas, no le quedaba otra
alternativa al Creador. En esta tremenda expectativa, el Universo acompaaba los pasos de Dios.
En un gesto de humildad, el Creador Se despoj de Su corona y de Su manto real, colocndolos
sobre el blanco trono. En Su semblante no haba expresin de resentimiento o de ira, sino de
infinito amor y tristeza. Con solemnidad, el Eterno proclam que el momento decisivo haba
llegado, cuando cada criatura debera sellar su decisin al lado de la luz o de las tinieblas.
20 En una amplia revelacin, alert de las consecuencias de un rompimiento con la Fuente de la
Vida. Con una mirada de ternura el Creador contempl a sus hijos. Era una mirada de humildad,
que lleno de amor, suplicaba para que permanecieran a Su lado. Incontables criaturas, conmovidas,
correspondieron a Su mirada de bondad, mientras que una multitud se mantuvo cabizbaja. Lucifer
y sus seguidores estaban conscientes de la seriedad de aquel momento. Todava era posible dar
vuelta atrs en sus planes, entregndose arrepentidos al divino Padre que siempre los haba amado.
21 Mientras cabizbajos consideraban sobre la decisin final, Lucifer y sus adeptos oyeron el
cntico de aquellos que, en reconocimiento y gratitud, se colocaban a lado del Eterno. La ltima
lucha se trababa en el corazn de los infieles que, estremecidos, llegaron a pensar en retirarse.
Finalmente, el recuerdo del reciente gesto divino, despojndose de la corona, les dio la certeza de
que el gobierno les sera entregado. Viendo que el Trono permaneca vaco, Lucifer y sus huestes,
dominados por la codicia, rompieron definitivamente con el Creador. Al ver un tercio de los
sbditos atravesar las divisiones de la eterna separacin, Dios dej externar el dolor angustiante
que por tanto tiempo martirizaba Su corazn, Curvndose en inconsolable llanto.
22 Contemplando a Sus hijos rebeldes, elev la voz en una lamentacin dolorosa: "Hijos mos,
hijos mos! Ya no puedo llamarlos as! Quisiera tanto tenerlos en mis brazos! Me acuerdo
cuando con cario los form! Ustedes surgieron felices y perfectos, en acordes de esperanza en
eterna armona! Viv para ustedes, cubrindolos de gloria y poder! Ustedes fueron mi alegra!
Por qu sus corazones cambiaron tanto? Oh qu ms podra yo haber hecho para hacerlos
permanecer conmigo? Hoy m alma sangra de dolor por la eterna separacin!
23 Cmo mirar hacia los lugares vacos donde tantas veces regocijantes elevaron las voces en
hosannas festivas, sin venirme a la mente una mezcla de felicidad y dolor?! Nostalgia infinita
invade ya mi ser, y s que ser eterna! Hoy mi corazn se rompi y se quebrant; las cicatrices
cargar para siempre! Despus de proclamar en llanto tan dolorosa lamentacin, el Eterno, se
dirigi a Lucifer, el causante de todo el mal, diciendo: "T recibiste un nombre de honra al ser
creado. Ahora no te llamarn ms Lucifer, sino Satnas, el enemigo del Creador y de Sus leyes."
Despus de lamentar la perdicin de las huestes rebeldes, el Eterno, en pasos lentos, se ausent del
jardn del Edn, lugar del trono Universal.
24 Dnde sera ahora Su morada? Las huestes fieles acompaaban reverentes Sus misteriosos
pasos de abandono, que parecan descorrer un futuro difcil, de sufrimientos y humillaciones.
Ocuparan los rebeldes el trono divino, profanndolo como dominio del pecado? Esta indagacin
torturaba el corazn de los sbditos del Eterno. Dejando Su amada Ciudad, el Seor de la luz se
condujo, en medio de las glorias del Universo, en direccin del abismo inmenso, respecto del cual
haba callado hasta entonces. All Se detuvo una vez ms, enmudecido, mientras que pareca leer en
las tinieblas un futuro de grandes luchas.
25 Ante el sufrimiento del Eterno, expresado en la tristeza de su semblante, los fieles pudieron

finalmente comprender el significado de aqul misterioso abismo: consista en una representacin


simblica del reino de la rebelda. En el rostro entristecido de Dios se manifest, por fin, un brillo
que a los fieles anim. Levantando los poderosos brazos ante las tinieblas, orden en alta voz:
"Haya luz." Inmediatamente, la luz de Su presencia inund el profundo abismo y, triunfando sobre
las tinieblas, revel un mundo inacabado, cubierto por aguas cristalinas. Con ese gesto, el Eterno
iniciaba una gran batalla por la reivindicacin de Su gobierno de luz; batalla del amor contra el
egosmo; de la justicia contra la injusticia; de la humildad contra el orgullo; de la libertad contra la
esclavitud; de la vida contra la muerte.
26 Batalla que, sin tregua, se extendera hasta que, en el amanecer anhelado, pudiese el divino Rey
retornar victorioso al santo monte Sin, donde, entronizado en medio de las alabanzas de los
redimidos, reinara para siempre en perfecta paz. Las tinieblas, en su fuga, sealaban hacia el
aniquilamiento final de la rebelda. Las aguas abundantes que cubran aqul mundo, hasta entonces
oculto, simbolizaban la vida eterna que para los fieles sera conquistada por el amor que todo
sacrifica. El mundo revelado era la tierra. Visitada por las tinieblas y por la luz, ella sera el palco
de la gran lucha. Los fieles se regocijaban ante el triunfo de la luz en aqul primer da, cuando las
tinieblas en su furia rodaban sobre el planeta, sucumbindolo en densa obscuridad.
27 La luz, que pareca vencida, renaci victoriosa en un lindo amanecer. Al rayar la luz de un
segundo da, el Eterno orden: "Haya una expansin en medio de las aguas, y haya separacin entre
agua y aguas." Inmediatamente, el calor de Su luz hizo que una inmensa cantidad de vapor se
elevase de las aguas, envolviendo el planeta en un manto de transparencia ail. Surgi as la
atmsfera, con su mezcla perfecta de gases que seran esenciales para la vida que en breve
coronara el planeta. El Creador, contemplando la expansin, la llam "cielos".
28 La atmsfera, que llena de brillo envolva la tierra, se ensombreci al sobrevenir el crepsculo
de otro atardecer.

Captulo 3
Continan las obras de la Creacin. Separacin de las aguas. Vegetacin. El jardn de Edn es transferido
en el nuevo planeta. Los grandes luminares. Criaturas marinas. Criaturas voltiles. Criaturas terrestres.
Creacin de Adn, el primer hombre. Adn se postra en reverente adoracin. Estado paradisiaco de la
tierra. Adn se admir de una criatura y la llam cordero. El cordero, una semejanza del Eterno. La
promesa de una compaera. El sueo profundo de Adn. Eva es creada para Adn. Un manto real y una
corona dados al hombre como honra del Eterno. Adn y Eva muestran sumisin al colocar a los pies del
Creador su corona. El hombre, mayordomo fiel, cetro racional y rbitro de la creacin. Adn y Eva son
concientizados sobre Satans. El rbol de la vida y el rbol de la ciencia del bien y del mal. Satans opta
por el engao como arma para lograr que el hombre coma del fruto prohibido.

1 Al ser vencidas las tinieblas en el tercer da, el Creador continu Su obra, haciendo aparecer los
inmensos continentes que todava estaban bajo la superficie de las aguas. Con las manos levantadas
orden: "Jntense las aguas debajo de los cielos en un lugar y aparezca la porcin seca." En pronta
obediencia, las cristalinas aguas cedieron su posicin superior a la porcin seca que se levant,
sobreponindose a ellas. En las regiones bajas de la tierra, las aguas continuaran reflejando el
brillo celestial, siendo un refrigerio para las criaturas sedientas. En ese gesto de humildad, las aguas
prefiguraban al Creador, que en la gran lucha haba descendido al ms profundo abismo para hacer
renacer en las almas sedientas la vida eterna.
2 Contemplando la faz de aqul nuevo mundo, el Eterno denomin a la parte seca "tierra", y al
recogimiento de las aguas llam "mares". Con su poderosa voz continu, ordenando: "Produzca la
tierra hierba verde, hierba que d semilla, rbol fructfero que d fruto segn su especie, cuya
semilla est en ella sobre la tierra." En obediencia al mando divino, la superficie slida del planeta
se revisti de toda suerte de vegetacin: lindos prados a florear, campos reverdecientes
entrecortados por ros cristalinos, bosques sin fin donde rboles frondosos dejaban colgar frutos
sabrosos de infinidades de especies. La tierra era como una tela donde el Creador, por el poder de
Su palabra, coloreaba cuadros de belleza sin par.

3 Mientras que con admiracin las huestes contemplaban las bellezas de aquella creacin, se
sorprendieron al reconocer sobre el nuevo planeta el jardn del Edn, lugar del trono divino. El
Eterno, por el poder de Su palabra, lo haba transferido hacia el seno de ese mundo especial, donde
en justicia sera confirmado el gobierno del Universo. En aquel da primaveral, la brisa acarici
mansamente los verdes bosques y los prados en flor, inundando la atmsfera con un suave aroma y
frescor. Con-templando Su obra, el Creador con felicidad exclam: "He aqu todo es muy bueno."
Exuberante, el planeta cumpli un da ms en su armoniosa rotacin. Las huestes fieles ahora
podan comprender mejor la importancia de la luz divina. Su ausencia haba ofuscado, en aquella
noche, las bellezas de Sin. En ese nuevo da, el Creador expresara Su gran poder, dando a la tierra
luminares que la llenaran de luz y calor.
4 Esos luminares permaneceran para siempre como smbolos de la presencia espiritual del Eterno,
que es la fuente de toda la luz. Contemplando el espacio oscuro y vaco que se extenda alrededor
de la tierra, con potente voz orden: "Haya luminares en la expansin de los cielos, para que haya
separacin entre el da y la noche; sean ellos por seales y para tiempos determinados, para das y
aos. Y sean por luminares en la expansin de los cielos para alumbrar la tierra." Inmediatamente,
el espacio se torn radiante por el brillo del sol y por el reflejo de planetas y satlites. Ante esta
demostracin de poder, las huestes fieles se arrodillaron en reverente adoracin. En el cuarto da, el
Eterno cre los mundos de nuestro sistema solar no para ser habitados como la tierra, sino para el
equilibrio del sistema.
5 Llenaron tambin el cielo de fulgor, ablandando las tinieblas de las noches terrenales. Volviendo
los ojos hacia la tierra, las huestes se alegraron por verla radiante en colores. Muy prxima de ella
se poda ver la luna que, con su reflejo plateado, ahuyentara las profundas sombras nocturnas.
Envueltos por ese escenario encantador, los hijos de la luz, regocijantes, saludaron el amanecer del
quinto da, que sera de muchas sorpresas. El Eterno tornara la tierra festiva por la presencia de
infinidades de especies de animales irracionales que habitaran toda la superficie del planeta. Esa
creacin tendra continuidad en el sexto da.
6 Levantando las poderosas manos, el Creador, mirando primeramente hacia las aguas cristalinas,
orden: "Produzcan las aguas abundantemente reptiles de alma viviente." De inmediato, las aguas
se tornaron ondulantes por la presencia de incontables especies de reptiles que, felices y
agradecidos, festejaban la existencia en un continuo nadar y saltar. Desde los seres microscpicos
hasta las grandes ballenas, todos aparecieron en completa armona, reflejando en su naturaleza el
amor del Creador. Poniendo los ojos sobre la atmsfera ail que reposaba sobre los reverdecientes
bosques, el Eterno continu: "Vuelen las aves sobre la faz de la expansin de los cielos". Por medio
de Su orden, los Cielos se llenaron de pjaros coloridos que, volando en todas direcciones, tenan
en el corazn un cntico de gratitud por la vida. Este cntico llen el aire, mezclndose con el
perfume de los arbustos floridos.
7 Contemplando con placer a Sus criaturas terrenales, el Eterno las bendijo diciendo: "Fructificad y
multiplicaos y henchid las aguas en los mares, y las aves multiplquense en la tierra." Regocijantes,
las huestes fieles presenciaron el amanecer del sexto da. Y qu creara Dios en ese nuevo da?
Esta pregunta reinaba en la mente de todos los seres racionales. Estaban seguros de que algo muy
especial estaba por acontecer. Levantando los poderosos brazos, el Eterno orden: "Produzca la
tierra alma viviente conforme a su especie: ganado, reptiles y bestias salvajes de la tierra, conforme
a su especie." Su voz poderosa fue prontamente oda y, en los bosques y en los campos, se poda
ver el resultado de Su poder creador.
8 Animales de todas las especies despertaron a una existencia feliz, en medio de un paraso de
perfecta paz. La tierra se tornaba extremadamente bella, cual princesa adornada para recibir a su rey
y seor. Quin sera ese ser especial? Movindose con majestad, el Eterno bajo a las glorias del
nuevo mundo, dirigindose al jardn del Edn, lugar del trono divino. Los ngeles de la luz lo
acompaaron reverentes, detenindose cual nubes sobre los cielos del paraso. Todo el Universo
observaba con profundo inters el desenvolvimiento de los actos del Creador, en respuesta a las
acusaciones de sus enemigos.
9 El momento era decisivo. Todo indicaba que el Eterno demostrara no ser tirano ni egosta,

coronando a alguien sobre el monte Sin. Satans y sus seguidores no dudaban de que el reino les
sera entregado y reinaran victoriosos en el seno de aquel antiguo abismo, donde las tinieblas y la
luz ahora se entrelazaban. Los sbditos de la luz se estremecieron ante esa perspectiva. Junto a la
fuente del ro de la vida, el Eterno se arrodill solemnemente y, con los elementos naturales de la
Tierra, comenz a moldear, con mucho cario, una criatura especial. Despus de algunos instantes,
estaba extendido delante del Creador el cuerpo, an sin vida, del primer hombre. El Eterno lo
contempl y, despus de acariciarle la cara fra y descolorida, le sopl en las vas de la nariz el
aliento de vida y el hombre comenz a vivir.
10 Como despertando de un sueo, el hombre abri los ojos y contempl la dulce faz de Su
Creador que, sonriendo, le bes la cara ahora colorida y llena de vida. Se emocion al or al Eterno
decirle con voz suave y llena de afecto: "Mi hijo, mi querido hijo!" Por haber nacido de la tierra, el
primer hombre recibi el nombre de Adn. Tomndolo por la mano, el Eterno lo levant. Sin
percibir el escenario de fulgor que lo circundaba, Adn, en un gesto de gratitud por la existencia,
envolvi al Creador en un tierno abrazo, postrndose en reverente adoracin. Las huestes fieles que
admiradas atestiguaban la grandiosa realizacin divina, emocionadas ante el gesto humano, se
postraron tambin en reverente adoracin.
11 Unieron entonces las voces en un cntico de jbilo en salutacin a aqulla criatura especial, que
despertaba hacia la vida en un momento tan decisivo para el Universo. Con el corazn lleno de
felicidad, Adn se uni a los ngeles en su cntico de loor. Su voz, al repercutir por los alrededores
floridos, se mezcl al canto de las aves y al mugir de los animales que se aproximaban
festivamente. En un paseo de sorpresas inolvidables, Adn fue concientizado de las bellezas de su
hogar. Con admiracin, contempl el monte Sin, donde brotaba el ro de la vida, en una cascada
de luz. El glorioso monte yaca coronado por un lindo arco iris. En sus pasos, sigui el curso del ro
cristalino, que deslizaba sereno en medio de las maravillas del Edn.
12 Se admiraba de los rboles altos que, empapados por la brisa, dejaban colgar de las ramas
abundantes flores y frutos. Se inclinaba aqu y all, atrado por el resplandor de piedras preciosas
que por todas partes adornaban el csped. Con intensa alegra, Adn tomaba conocimiento de las
infinidades de especies de animales que poblaban el jardn. Todos eran mansos y sumisos y vivan
en perfecta armona y felicidad. Detenindose en sus pasos, Adn se admir de la blancura y
ternura de un animalito que brincaba en el csped. Aproximndose, lo tom en sus brazos,
dedicndole un especial afecto. Pues que agradable era acariciar su blanca lana! Sus dulces ojos
refle-jaban un brillo de amor y humildad. Haba algo de especial en aquel animalito.
Afectuosamente, Adn lo llam "cordero".
13 Con el animalito en sus brazos, Adn mir agradecido hacia el Eterno y Lo ador.
Contemplando Sus blancas vestiduras, Sus ojos expresivos de un amor sin par, Adn descubri que
tena en los brazos un smbolo de su Autor. Feliz, exclam: "Oh, Seor, este corderito revestido de
tan blanca lana, con mirada expresiva de tanto amor, se parece a Ti. Yo quiero tenerlo siempre
junto a m." Observando los animales, Adn percibi que ellos disfrutaban de un compaerismo
especial. Vea por todas partes parejas felices que vivan el uno para el otro. Sus pensamientos se
volvieron hacia Su Compaero. Mir a su alrededor y estuvo sorprendido de no verlo. El Eterno se
haba ocultado a propsito, tornndose invisible.
14 Adn se senta solitario en medio de aquel paraso. Con quin compartira su felicidad y su
amor? haba all los animales, pero ellos eran irracionales, no pudiendo compartir de sus ideales.
Naca en su corazn, al caminar solitario en aquel atardecer, un deseo ardiente de encontrar a
alguien que pudiese estar siempre a su lado. Mientras que Adn miraba hacia las distantes colinas
en la esperanza de ver a alguien, el Eterno se present a su lado y le dijo: "No es bueno que el
hombre est solo; le har una compaera."
15 Adn estuvo feliz al or del Creador esa promesa, justamente en el momento en que tanto
anhelaba tener a alguien para que estuviera siempre visible a su lado. Tomado por un profundo
sueo, Adn se reclin en el pecho de su amoroso Creador que, con caricias, le hizo adormecer. En
su subconsciente surgieron los primeros sueos coloridos: Contempla la mirada tierna del Eterno;
oye el sonido armonioso de la msica angelical; descubre las maravillas al derredor: el monte Sin

con su arco iris; el ro de la vida; los prados en flor; los animales que lo saludaban en fiesta. Se
repiten en su sueo las escenas que lo envolvieron en su anhelo; mira al derredor en la esperanza de
encontrar a su compaero, ms no lo ve. Se siente solitario en su sueo, y eso lo hace buscar a
alguien con quin poder compartir su existencia.
16 Su mirada se extiende por campias reverdecientes, divisando a lo lejos colinas floridas.
Mientras camina esperanzado, siente la mansa brisa acariciarle el cabello suavemente. Conversa
con la brisa: "Brisa, t pareces ser a quin tanto busco; t me acaricias el cabello; besas mi cara; t
tienes el perfume de los verdes arbustos! Si yo pudiera ver tu faz, la besara; si yo pudiera tocar tu
cabello, hara largas trenzas y las adornara con las flores de nuestro jardn!" Despus de caminar
en el sueo por los prados del paraso, Adn se detuvo mientras que contemplaba el paisaje
alrededor. Se admir de no ver el efecto de la brisa en las ramas floridas. Pero cmo, si la senta
clidamente en el rostro?
17 Comenz entonces a despertar de su sueo. Todava con los ojos cerrados se acord del
momento en que, somnoliento, se recost en el pecho del Eterno. Sera la brisa el toque de Sus
manos? Con esta interrogante abri los ojos y se emocion al contemplar una linda mujer que, con
las manos perfumadas, le acariciaba con amor la cara. Era la brisa de su sueo; la promesa de un
Creador que solo quera hacerlo feliz. Ahora Adn era completo, pues tena a Eva, que era carne de
su carne y huesos de sus huesos. Tomndola por la mano, Adn la invit a dar un paseo de
sorpresas inolvidables. Mostrara a su compaera las bellezas de su hogar.
18 Sensibilizada Eva se detena a cada paso, atrada por las flores que exhalaban suaves perfumes;
por los pjaros que trinaban alegres cantos; por los animales que los seguan sumisos; por la
vegetacin de ricos matices; por las aguas cristalinas del ro de la vida que brotaban en cascada
desde el monte Sin. Todo en el paraso era perfecto y bello, mas nada se igualaba al ser humano,
creado a la imagen de Dios. Se volvieron el uno para el otro en admiracin y caricias. Empapados
por ese amor, permanecieron hasta el atardecer. Con deleite, la joven pareja comenz a contemplar
el sol poniente que, a travs de rayos rosados, colore el cielo en un lindo arrebol.
19 Era el sexto da que llegaba a su final, dando lugar a las horas de un da especial: El sbado. Ese
da, en su significado, sera solemne para todos los sbditos del Eterno, pues su amanecer traera la
victoria para el reino de la luz. El sol, que durante el sexto da haba alegrado la naturaleza con su
brillo y calor, se ocult, dejndola en fras sombras. Los alegres pjaros, silenciando sus trinos,
buscaban sus nidos mientras que los otros animales se recogan. Solamente la pareja permaneci
inmvil, procurando divisar, en el ltimo destello que se apagaba en el horizonte, la esperanza de
un nuevo amanecer. Investigaban el sentido de las tinieblas cuando, por entre los arbustos, vieron
un lindo lugar, cuyos rayos plateados baaban la naturaleza en suave luminosidad.
20 Todo el cielo estaba iluminado por el resplandor de las estrellas. Admirados, descubrieron que la
noche solamente era tinieblas cuando se miraba hacia abajo. Adn y Eva en su inocencia no saban
que aquella noche simbolizaba el futuro sombro de la humanidad. Cuando lo comprendiesen,
estaran confortados al contemplar el fulgor de los cielos: el lugar hablara de esperanza y las
estrellas centellantes atestiguaran el inters de las huestes de la luz en aclararles las tinieblas
morales, dando aliento a los pecadores. Mas seran iluminados apenas aquellos que, desviando los
ojos de la tierra, contemplasen los altos cielos.
21 Despus de contemplar por algn tiempo el cielo en su luminosidad, la pareja, se acord de las
bellezas del paraso, volvi los ojos, buscando divisarlas. Estaban, sin embargo, ocultas en medio
de las sombras. Cunto deseaban el amanecer, pues solamente l traera consigo el paraso! Ante el
anhelo del corazn humano, el Eterno apareci en medio de las tinieblas, devolviendo a la pareja la
alegra de encontrarse nuevamente en un jardn colorido. Baados por suave luz, caminaban ahora
por prados reverdecientes y floridos. El brillo del Creador despertaba la naturaleza por donde
pasaban, coloreando y alegrando todo en derredor.
22 La pareja, admirada, aprendi que al lado del Eterno podran tener un paraso en plena noche.
Sintindose somnolientos, Adn y Eva se recostaron en el regazo del amoroso Padre, que los hizo
adormecer dulcemente, esperanzados en un despertar feliz. Dejndolos sobre el suave csped, el
Eterno se elev dirigindose al lado de las huestes contemplativas. Volvera a manifestarse al

amanecer, haciendo despertar a la pareja para el ms solemne acontecimiento, que reducira al


polvo las ms viles acusaciones de los enemigos. La noche oscura y fra, a travs de sus largas
horas, pareca burlarse de la luz. Ofuscara para siempre las bellezas de la creacin? Oh, jams!
El sol no retrocedera ante la imponencia de las tinieblas; aparecera en breve como un libertador,
arrebatando con sus clidos rayos la naturaleza de las fras garras, dndole vida y color.
23 En un ltimo desafo, las tinieblas se tornaron densas en las horas que antecedieron el amanecer.
La noche arremeta sus fuerzas para luchar por el dominio usurpado. Finalmente, apareci en el
este un destello que pareca hablar de esperanza en un nuevo da. El cielo poco a poco se torn
colorido de un rojizo vivo. Las tinieblas impotentes se retiraron ante la fuerza creciente de la luz y
fueron consumidas en su fuga. La naturaleza comenz a despertarse de la larga noche, reflejando en
su seno los nostlgicos rayos. Flores se abriran, exhalando perfumes de alegra; animales y aves,
silenciados por la noche, unan las voces en un cntico triunfal en salutacin al amanecer de aquel
da grandioso.
24 La negra noche haba llegado al final, dando lugar a la luz del da soado da que para Dios
tena un sentido especial, pues prefiguraba la victoria final de Su reino sobre el dominio de la
rebelda. El Eterno ahora despertara a Sus hijos humanos que, baados por la luz de Su
presencia, haban dormido con la esperanza de un amanecer feliz. En una marcha festiva, todas las
huestes santas, con cnticos de victoria, lo acompaaron rumbo al paraso baado en luz. Cuando
ya estaban prximos, el Creador se detuvo contemplando a la pareja adormecida, y exclam
suavemente: "Despierten hijos mos." Su voz penetr en los odos de Adn y Eva, despertndolos
para la ms feliz comunin.
25 Cun deprisa ray la tan esperada maana, trayendo en su luz el dulce paraso, perdido en
aquella noche! Con alegra la pareja salud a su divino Creador, unindose a los ngeles en
antfonas triunfales. El Universo viva un momento en verdad solemne. En aquella maana festiva,
el Eterno habra de revelar la grandeza de Su carcter, que es justicia y amor. Las acusaciones de
que Su gobierno era de egosmo y tirana seran refutadas. A los ojos de todas las criaturas
racionales del vasto Universo, Dios condujo a la joven pareja al monte Sin, lugar del trono divino.
26 All, ante el estremecimiento de las huestes enmudecidas, el Creador, en un gesto sorprendente,
cubri al hombre con el manto real, colocndole sobre su cabeza la corona que haba sido
codiciada por Lucifer. Movidos por profunda gratitud por la suprema honra conferida, Adn y Eva
se postraron reverentes, colocando a los pies del Creador su corona preciosa, en seal de sumisin.
Sigui a ese gesto humano un grito de victoria que sacudi toda la Creacin. Los hijos de la luz,
que por tanto tiempo haban sufrido afrentas y humillaciones ante las constantes acusaciones de las
huestes rebeldes, exaltaron en retumbante alabanza al Dios bendito, que en Su obra de justicia
desminti a los enemigos, revelando Su carcter de humildad, desprendimiento y amor.
27 Teniendo constituido al hombre como el seor de toda la creacin, el Eterno, con voz solemne,
comenz a concientizarlo de la grandiosidad de su misin. Como un mayordomo fiel, debera
cuidar del paraso, manteniendo limpia la fuente del ro de la vida. Las leyes de la justicia y del
amor, fundamentos del reino de la luz, deberan ser honradas. Como un cetro racional, le
correspondera al hombre, en un gesto de reconocimiento y gratitud, aceptar libremente el gobierno
de Aqul que lo cre. Las huestes, que maravilladas atestiguaban la revelacin del desprendimiento
divino, comprendieron que el Seor de la Luz no gobernara ms el Universo, a no ser con el
consentimiento humano.
28 El hombre, por la voluntad del Eterno, fue hecho el rbitro de la creacin; en su glorioso ser,
hecho a imagen del Creador, resplandeca el sello del dominio eterno. Despus de revelar a la
pareja la infinita honra y responsabilidad de su misin, el Creador los concientiz del conflicto
espiritual que se trababa por la conquista del dominio universal: Lucifer, que por incontables eras
haba servido al divino Rey en Sin, haba sido corrompido por el orgullo y por el egosmo, siendo
seguido por un tercio de las huestes racionales; buscaban ahora destronar al Eterno, deshonrndolo
con viles acusaciones.
29 Habiendo revelado al ser humano la dolorosa situacin en que el Universo se encontraba, el
Eterno, en un gesto solemne, les mostr dos rboles altos que, cargados de grandes frutos, se

elevaban en ambas orillas del ro que naca del trono. Al que se elevaba a la derecha el Seor revel
ser el rbol de la vida monumento del reino de la luz. Al que se elevaba en la otra orilla revel ser
el rbol de la ciencia del bien y del mal smbolo de la rebelda. Comiendo del fruto del rbol
de la vida, el hombre manifestara su sumisin al Creador, que es la Fuente de la vida y de la luz.
Comer del otro rbol sera entregar al enemigo el dominio de Sin.
30 El inevitable resultado de ese paso sera la muerte eterna, no solamente para el ser humano, sino
para toda la creacin, que se reducira al caos bajo la furia de la rebelda. Despus de contemplar
demoradamente los dos rboles altos, que externaban en sus frutos tan infinita responsabilidad,
Adn se postr ante el Creador, diciendo: "Digno eres Seor de reinar sobre el Universo, pues por
T sabidura, amor y poder todas las cosas fueron creadas y subsisten." El sbado, emblema del
triunfo divino, se hinchi de alabanzas.
31 Todos los hijos de la luz se unieron al ser humano en el ms armonioso cntico de exaltacin a
Aqul cuya grandeza es sin par. Fue con espanto que Satans y sus seguidores atestiguaron la
grandiosa realizacin del Eterno. Presenciaron con amargura la alegra de los fieles ante la
coronacin del hombre, acontecimiento que lanz por tierra las fuertes acusaciones que ellos haban
levantado contra el gobierno divino. Llenos de ira y frustracin, consideraban ahora su triste
condicin. Cun terrible y humillante les era el pensamiento de ver sus planes de rebelda
desvanecerse delante del Creador, semejantes a las sombras de aquella noche.
32 Si pudiesen, pensaban, llenaran el sbado de tinieblas, borrando de la mente de los sbditos del
Eterno cualquier esperanza de victoria. Finalmente, en sus consideraciones, Satans y sus liderados
comprendieron que les quedaba una oportunidad: en medio del jardn del Edn, en las alturas de
Sin, se elevaba, junto al ro de la vida, el rbol de la ciencia del bien y del mal. Bastara un gesto
humano, nada ms, y tendran bajo su poder, para siempre, el dominio codiciado. Pero cmo
seducirlo? Animado ante la perspectiva de una conquista, Satans busc, con ingeniosidad,
formular un plan de abordaje. Saba que, si fallase en su tentativa, todas las esperanzas de triunfo se
habran disuelto, desmoronndose todos sus sueos de aventura. Concluy que el engao habra de
ser su poderosa arma.
33 Acaso no haba sido a travs de l que consigui dominar un tercio de las huestes
celestiales?! Esperara, por lo tanto, un momento propicio para armar su emboscada.

Captulo 4
El Edn, un reino de eterna alegra. Visita e instruccin diaria del Eterno. El trabajo, fuente de desarrollo
de facultades. A travs de visitas de seres celestiales, Adn y Eva adquirieron conocimiento sobre la
rebelin de Lucifer. Dios revela a Sus huestes las intenciones malignas de Satans y enva a dos ngeles
para advertir al hombre. Satans se posesiona de una serpiente para engaar a Eva. Argumentos de
Satans para hacer caer a Eva. Intensa lucha interna de Adn ante la condicin cada de su esposa. Adn
come del fruto, permanece al lado de su esposa pagando el alto precio de su rebelin. Maravillosa
revelacin del plan de rescate. La naturaleza de las creaciones y de Adn y Eva cambia. El Padre les
promete vestiduras duraderas.

1 En el Edn reinaba la dulce calma de una perfecta paz. Por todos lados los amables pajarillos
hacan or sus alegres trinos en alabanza constante al Creador. Toda la naturaleza al florecer pareca
proclamar un reino de eterna alegra. Los animales en unin brincaban por todas partes, siempre
sumisos al hombre, el seor de aqul paraso encantador. Todo era felicidad para la pareja; pero
esta se tornaba ms intensa en la rotacin de aquellos das primaverales. El arrebol, que con su
belleza colore el cielo preanunciando las oscuras noches, les anunciaba tambin el momento de la
visita diaria del Eterno. Juntos, bajo la luz de Su presencia, pasaban largo tiempo en feliz
conversacin.
2 Con nimo, la pareja contaba al Seor las sorprendentes maravillas que iban descubriendo cada
da en la naturaleza. Dios, con cario, les descubra el significado de cada ser. Cun agradecidos
estaban por las lindas lecciones aprendidas a Sus pies! Al paso de cada da, mayor eran el amor, el

respeto y la admiracin por el grandioso Creador. Cun bueno haba sido l, trayndolos a la
existencia y concedindoles un hogar tan lleno de delicias! Al despertar ellos hacia las alegras de
cada da, les vena a la memoria las caricias y el dulce canto del Eterno, que los haca adormecer
todas las noches.
3 La vida de Adn y Eva en el Edn no era de ociosidad. A ellos fue recomendado el cuidado del
jardn. Su ocupacin no era fastidiosa, al contrario, era agradable y revigorizante. El Creador haba
indicado el trabajo como una fuente de beneficios para el hombre, a fin de ocuparle la mente y
fortalecerle el cuerpo, desarrollndole todas las facultades. En la actividad mental y fsica, el
hombre encontraba un elevado placer. Era comn a la joven pareja recibir visitas de seres
celestiales.
4 A los visitantes siempre tenan novedades que relatar y preguntas que hacer. Pasaban largo
tiempo oyendo de ellos hablar sobre las maravillas del reino de luz. A travs de esos visitantes,
Adn y Eva comenzaron a tener amplio conocimiento de la rebelin de Lucifer y de sus eternas
consecuencias. A los visitantes, Adn y Eva siempre pedan que les ensearan los armoniosos
cnticos celestiales. Cmo se deleitaban al unir las voces al coro angelical! En Su omnisciencia,
Dios tena conocimiento de la terrible intencin del enemigo.
5 Convocando a Sus huestes principales, Les revel con pesar el inminente peligro que cerna sobre
el Universo. Satans habra de armar una emboscada, a fin de llevar al hombre a comer del rbol de
la ciencia del bien y del mal. Ante esa revelacin, los hijos de la luz estuvieron temerosos, pues
conocan la tremenda facilidad de Satans en enlazar criaturas inocentes y atarlas en sus mallas de
muerte. En el solemne concilio, decidieron enviar, con urgencia, mensajeros para advertir al
hombre del gran peligro.
6 Dos poderosos ngeles fueron encargados de esa decisiva misin. Inmediatamente, los
mensajeros comisionados irrumpieron por las puertas de Jerusaln, alcanzando el seno del espacio
infinito. En instantes, traspasaron inmensidades, cruzando galaxias en el percurso. Penetraron en el
tnel de la constelacin de Orin, aproximndose al nuevo sistema. Podan ahora divisar a poca
distancia el planeta azul, donde el destino del Universo estaba por ser determinado.
7 En el Edn, haba relajacin. La joven pareja continuaba en sus inocentes actividades, disfrutando
el placer de un vivir feliz. Lejos estaban de pensar que en aquel momento todo o todos los hijos de
la luz estaban tensos, pensando en su futuro amenazado. Vieron entonces en el limpio cielo la seal
de la aproximacin de los visitantes celestiales y a ellos levantaron los brazos en una alegre
salutacin. Sin embargo, Adn y Eva se admiraron, por no ver en el semblante de ellos la misma
alegra.
8 Los visitantes traan en la faz una expresin de ansiedad que ellos no podan entender. Intentaron
cambiarles la triste faccin, contndoles los nuevos descubrimientos hechos en el paraso. Los
mensajeros, todava, no teniendo tiempo disponible como en otras ocasiones, los interrumpieron
con palabras de advertencia. Satans habra de armarles una emboscada, a fin de llevarlos a comer
del fruto del rbol de la ciencia del bien y del mal. Si dieran odo a la tentacin, haran sucumbir
toda la creacin en el abismo de un eterno caos.
9 Los ngeles les recordaron que el reino les haba sido confiado como un sagrado depsito,
debiendo, en una vida de fidelidad, honrar a Aqul que por amor Se despoj, colocndose en una
posicin de husped del ser humano. Adn y Eva deberan ser firmes ante las insinuaciones del
enemigo, pues as sellaran la eterna victoria del reino de la luz. Hablndoles de la feliz recompensa
que le seguira a su triunfo, los ngeles revelaron que era el plan de Dios la transferencia de la
Jerusaln Celestial hacia la Tierra. All, nuevamente acoplada al paraso, permanecera para
siempre.
10 Y el hombre, sumiso al Creador, reinara por los siglos sin fin sobre el monte Sin, en medio de
las alabanzas de las huestes universales. Ms todo eso dependa enteramente del posicionamiento
humano frente a las tentaciones del enemigo, que hara de todo para arrebatarle el reino. Adn y
Eva estuvieron temerosos al conocer los planes de Satans, ms fueron consolados al saber que l
no podra hacerle ningn mal, forzndolos a comer del fruto prohibido. Si, por ventura, procurase
intimidarlos con su poder, todas las huestes del Eterno vendran en su ayuda.

11 Los mensajeros de la luz concluyeron su misin recomendando a la pareja permanecer


vigilantes, teniendo siempre en mente la responsabilidad que sobre ellos reposaba. No deberan
separarse uno del otro, ni siquiera por un momento, pues a solas podran ser seducidos. Adn y
Eva, agradecidos por las advertencias de los ngeles, unieron las voces en un cntico de promesa en
una eterna victoria. Estaban seguros de que jams abandonaran al bendito Creador, oyendo la voz
del tentador.
12 Animados ante la promesa humana, los dos mensajeros regresaron al seno de la Jerusaln
Celestial donde, junto a las huestes santas, aguardaran con ansiedad el anhelado triunfo. Satans
vio aproximarse al paraso a los mensajeros y oy el canto del hombre prometiendo una eterna
victoria. Ese cntico hizo que su envidia y odio aumentara de tal manera que no los poda contener.
Dijo entonces a sus seguidores que en breve hara silenciar aquella voz irritante. Hara todo para
transformar las alabanza humana en blasfemias al Creador.
13 Las huestes rebeldes estaban curiosas por conocer los planes de su jefe, mas fueron advertidas
por l de que deberan esperar hasta que todo estuviese para siempre determinado. Si el hombre
oyese su voz, comiendo del fruto del rbol de la ciencia del bien y del mal, sera victorioso,
poseyendo para siempre el dominio del Universo. En caso de que el hombre resistiese,
permaneciendo fiel al Creador, ya no habra ninguna esperanza para ellos. El paraso pareca estar
envuelto por una eterna seguridad, pero en el semblante del hombre se poda ver una expresin de
miedo.
14 Desde que los ngeles partieron, Adn y Eva permanecan silenciosos, meditando con
reverencia sobre la enorme responsabilidad de su misin. Pensaban en la seriedad de aquella
inminente prueba que habra de sellar su futuro y el de toda la Creacin. Animados, sin embargo,
ante el pensamiento de la victoria, unieron una vez ms las voces en un cntico que expresaba la
certeza del triunfo anhelado. Esa meloda quit de sus mentes todo el miedo de derrota y, alegres,
corrieron por los prados reverdecientes, acompaados por los fogosos animales que parecan
conmemorar la gran conquista.
15 Se sentan seguros en su paraso, totalmente olvidados del peligro de un posible asalto. Satans,
que observaba atentamente a la pareja, percibi que estaba llegando su oportunidad. Se aproxim
de forma invisible al paraso, y estuvo esperando el mejor momento para armar su emboscada.
Inconscientes de la presencia del enemigo, la pareja continuaba en su desprendida alegra, jugando
despreocupadamente con los animales. En el semblante trastornado de Satans se estamp una
sonrisa maliciosa, al presenciar un descuido de la pareja: en su exaltacin, haban dejado de atender
la ltima recomendacin de los mensajeros, apartndose el uno del otro.
16 El astuto enemigo, no perdiendo tiempo, se posesion de una serpiente, la ms bella del paraso,
hacindola aproximarse graciosamente a Eva. Eva, que sentada en el csped jugaba con los
animales, percibi la presencia de la atractiva serpiente, cuyo cuerpo reflejaba los colores del arco
iris. Estuvo admirada al verla coger flores y frutos del jardn, depositndolos a sus pies.
Agradecida, la tom en los brazos, dedicndole afecto.
17 Teniendo conquistado el afecto de la mujer, Satans, en su astucia, comenz a atraerla para que
estuviera junto al rbol de la ciencia del bien y del mal. Sin darse cuenta del peligro, Eva acompa
a la serpiente hasta el rbol de la prueba. All, teniendo en los brazos al enemigo oculto, le acarici
y le dijo palabras de cario. Teniendo en los ojos el brillo de la seduccin, la serpiente se puso a
hablar. Sus palabras eran llenas de sabidura y ternura y su voz como la de un ngel.
18 Eva apenas poda creer lo que vea. Su alegra se volvi inmensa por tener en los brazos una
criatura tan fantstica. Comenzaron a conversar sobre muchas cosas: el amor; las bellezas del
jardn; el poder del Creador. Eva estaba admirada ante el conocimiento tan extenso de la serpiente,
que discurra con maestra sobre cualquier tema. Envuelta por esa experiencia, Eva se olvid
totalmente de su compaero. Ni siquiera pasaban por su mente las advertencias de los ngeles.
Adn, enteramente olvidado de los consejos de los mensajeros celestiales, se haba apar-tado en la
compaa de algunos animales.
19 Despus de cierto tiempo, sobrevino con mpetu en su mente el recuerdo de las advertencias
recibidas. Sonaron en sus odos con claridad las ltimas palabras pronunciadas por los ngeles: "No

se aparten el uno del otro... No se separen ni por un instante, pues es peligroso." Su corazn lati
fuertemente al no ver a Eva a su lado. Levant entonces la voz en un ansioso grito. Su voz, al
repercutir por las bvedas del paraso, con todo, no trajo consigo una respuesta. El silencio casi lo
sofoc. En su afliccin se puso a correr de un lado para el otro, buscndola, en vano.
20 En esa ansiosa bsqueda, sinti la brisa acariciarle el cabello y record su primer sueo. Ese
recuerdo, no obstante, se deshizo ante el pensamiento del peligro que los amenazaba. Con la mente
tomada por un gran sentido de culpabilidad, Adn apresur el paso en la angustiosa bsqueda.
Dnde estara su amada? La envolvera a tiempo en sus brazos, librndola de caer? Ms de una
vez elev la voz en un ansioso grito que repercuti por todo el jardn: "Eva, dnde te encuentras?"
esper una respuesta, pero oy solamente un eco vaco que lo desesper. Se acord del rbol de la
ciencia del bien y del mal; all era el nico lugar en donde su compaera podra ser engaada.
21 Esperando obstruir la nica oportunidad del enemigo, avanz en direccin al lugar de la prueba.
Su corazn lati fuertemente al contemplar a lo lejos la copa del rbol prohibido. Con la serpiente
en sus brazos, Eva la interrog respecto de muchas cosas. Se maravill al percibir que la serpiente
la sobrepujaba grandemente en conocimiento. Llena de curiosidad, pregunt a la serpiente:
Dnde est la fuente de tu tan gran saber? Respndeme, pues quiero tambin poseerla. Sin
perder tiempo, Satans, sealando hacia el rbol de la ciencia del bien y del mal, respondi: all
esta la fuente de todo mi saber.
22 l le cont entonces una mentirosa historia: dijo que era una serpiente como las dems,
comiendo de los frutos del paraso. Probando cierto da de aquel fruto prohibido, recibi, como por
encanto, todas las virtudes. Mirando hacia el rbol de la ciencia del bien y del mal, Eva estaba
sorprendida y confundida. Privara el Creador en su amor algo tan bueno a sus criaturas?!
Vindola sorprendida, Satans pregunt: Es as que Dios dijo: No comeris de todos los rboles
del jardn? Eva, inquieta, le respondi: De los frutos de los rboles del jardn comemos, mas
del fruto de ese rbol que vos decs ser fuente de sabidura, dijo Dios: "No comeris de l, para que
no muris." La serpiente en tono de desdn dijo: Eso es falso. Si fuese as, yo habra muerto.
23 Ciertamente el Eterno les prohibi comer de ese rbol para impedir que el hombre llegue a
recibir como l, conociendo todas las cosas. Las palabras seductoras de la ser-piente causaron
confusin en la mente de Eva. En quin confiara? Tena en mente el recuerdo de la orden del
Creador y de su sentencia, pero al mismo tiempo tena delante de s una prueba palpable que Lo
contradeca. Aturdida, comenz a dudar del carcter del Eterno. En un desafo, la serpiente cogi
frutos del rbol prohibido y comenz a saborearlos.
24 Colocando un fruto en las manos de la mujer, la estimul a comer, diciendo: No dijo el
Eterno que si alguien tocase ese fruto morira? Un completo silencio reinaba sobre el Universo.
En cada planeta habitado, los hijos de la luz contemplaban impotentes aquella angustiante escena.
El futuro de ellos estaba en juego. En Jerusaln haba gran conmocin. Poderosos ngeles se
presentaron delante del Creador, solicitando permiso para desenmascarar al cobarde enemigo,
oculto en aquella serpiente. El Eterno, sin embargo, les impidi tal accin. Si el uso de la fuerza
fuese la solucin, ya la habra aplicado.
25 Deban respetar el libre albedro concedido al hombre, pudiendo l manifestar su eleccin bajo
la tentacin del enemigo. Los hijos de la luz sufran inmensamente al ver a la mujer dudando de
Aqul que tan bondadosamente les haba dado la vida y la oportunidad de reinar en aquel paraso.
Cmo poda dudar de quin les dedicaba tanto amor?! Adn, que en una fuerte esperanza de
asegurar la acariciada victoria se apresuraba en su corrida, contempl a lo lejos a su amada, sentada
junto al rbol de la prueba.
26 Qu haca Eva en aquel lugar tan peligroso?! Un presentimiento horrible le sobrevino, al
acordarse una vez ms de las advertencias recibidas, mas procur desterrarlo con el pensamiento de
que alcanzara a su esposa antes de que algn mal le ocurriese. Eva vacilaba en su conviccin al
contemplar el fruto en sus manos. Por algunos momentos el futuro le pareci sombro y aterrador,
pero venci ese sentimiento, pensando en las glorias que habra de conquistar al comer aquel fruto.
Todava un tanto indecisa, levant lentamente las manos hasta tocar el fruto con los labios.
27 Los sbditos del reino de la luz, estremecidos, se inclinaron arrebatados de gran espanto. Pareca

casi imposible, en ese momento, que la mujer volviera atrs. Mientras que plidos los fieles
indagaban sobre una posible esperanza, presenciaron con horror la terrible decisin de Eva: Haba
resuelto romper para siempre con el Creador, tornndose cautiva de la muerte. El Eterno, que en
silente dolor contemplaba aquella escena de rebelin, inclin la frente teniendo la faz baada en
lgrimas.
28 No poda soportar el dolor de aquella separacin. Los fieles, que en pnico se crean vencidos,
fueron concientizados de que no todo estaba perdido. Si Adn resistiese la tentacin,
permaneciendo fiel al Eterno, l sellara la gran victoria. Eva, que haba sido vctima de un engao,
podra ser concientizada de su error, siendo favorecida con el perdn divino. Cuando Adn en su
angustiosa corrida alcanz el lugar de la prueba, ya era demasiado tarde. Sentada junto al ro, Eva
saboreaba despreocupadamente el fruto prohibido.
29 Adn se estremeci. Sera el mismo fruto de la prueba? En un gesto de esperanza mir hacia el
rbol de la ciencia del bien y del mal, mas en llanto reconoci la triste condenacin. Lleno de
tristeza contempl a su esposa, mas no encontr palabras para despertarla de la tan amarga realidad.
En completa desesperacin, elev la voz en una dolorosa exclamacin: "Eva, Eva, qu es lo que
ests haciendo". Al comer del fruto prohibido, la mujer fue tomada por emociones que la hicieron
imaginar haber alcanzado una esfera superior de vida. Al or la voz de su esposo, todava tomada
por las emociones ilusorias, levant la frente estampando una sonrisa, pero se sorprendi al verlo
llorando.
30 Con profunda amargura, Adn procur saber la razn que la haba llevado a rebelarse contra el
Eterno. Eva, prontamente, comenz a contarle la fantstica historia de la sabia serpiente. Satans
saba que esa historia de la serpiente jams convencera al hombre a comer del fruto del rbol
prohibido. Precisaba encontrar una manera sutil de llevarlo a sellar su suerte siguiendo los pasos de
su esposa. Teniendo a Eva bajo su poder, resolvi hacer de ella el objeto tentador. Aguardara el
momento oportuno para enlazarlo. En el da en que de l comiereis, ciertamente moriris. El
recuerdo de esta sentencia dejaba a Adn muy afligido.
31 La expectativa de ver a su amada falleciendo en sus brazos, era demasiado para soportar. Esta
afliccin, sin embargo, fue disminuyendo, al ver que ella continuaba feliz y cariosa a su lado,
como si ningn mal le hubiese acontecido. Aliviado, Adn volvi a sonrer, correspondiendo a los
afectos de su compaera. Se rindi a las ms dulces emociones, lejos de saber que era el enemigo
quien lo envolva en aquellos abrazos. En ese momento de embeleso, Eva comenz a hablarle de su
experiencia con la ciencia del bien y del mal.
32 Le habl de los tesoros de la sabidura que le haban sido abiertos. En su nuevo reino, vivira
muy feliz. Sin embargo, esa felicidad sera incompleta sin la participacin de su esposo. Le habl
de la imposibilidad de retroceder en sus pasos, e insisti para que l la siguiera. Despus de
hablarle de su decisin, Eva, con una dulce sonrisa, le extendi las manos conteniendo un fruto,
pidindole que lo comiese en una demostracin de su amor por ella. Con la voz tentadora en sus
odos, Adn se sent en el csped en profunda reflexin.
33 Su faz se torn nuevamente plida y sus manos temblorosas. Tema rebelarse contra el Creador,
pero al mismo tiempo comprenda que no conseguira vivir separado de su compaera, a quin
amaba con infinito amor. Eva era carne de su carne, la extensin de su ser. Se senta angustiado al
tener que tomar una decisin tan seria. La palidez del rostro de Adn se reflej en el semblante de
todos los fieles al Eterno. Oyeron la insinuacin del enemigo y percibieron con horror la vacilacin
del hombre. La indecisin de Adn los dejaba desesperados.
34 Si obedeciese l aquella propuesta de Satans, toda felicidad sera eternamente desterrada. En
las decisiones del ser humano estaba el destino de todo el Universo. Atendera l a la solicitud de
Satans? Despus de intensa lucha interna, Adn mir hacia su compaera; a ella se haba unido en
promesas de una eterna entrega. No la dejara sola ahora. Compartira con ella los resultados de la
rebelin. Tom entonces de las manos de Eva un fruto y, en un gesto precipitado, lo llev a la boca.
35 Procurando apagar la voz de su conciencia, que le hablaba de una eterna perdicin, Adn se
lanz en los brazos de su esposa, disfrutando el alto precio de su rebelin. Satans, con gritos de
triunfo, dej el paraso, volando rpidamente junto a sus innumerables huestes, que aguardaban

ansiosas el resultado de tan arriesgada tentativa. Al saber de la desgracia humana, se unieron en una
estruendosa fiesta. Se sentan seguros. Sin ahora les perteneca por derecho, pudiendo all
establecer un reino eterno, jams siendo molestado por las leyes del Eterno.
36 En todo el Universo los hijos de la luz sufran y lloraban la derrota. Nunca hubo tanta tristeza y
horror ante el futuro. Las voces que vivan para entonar alabanzas al Creador proferan ahora
lamentaciones. El Eterno, que vencido por el infinito dolor Se haba postrado en llanto ante la cada
del hombre, no estaba, empero, sorprendido. Incluso antes de crear el Universo ya haba previsto
ese triunfo de la rebelda y, en Su sabidura y amor, haba idealizado un plan de rescate que lo
implicara en un inmenso sacrificio.
37 Secando las lgrimas de Su llanto, Se propuso actuar poderosamente en favor de Sus fieles
afligidos, impidiendo que stos cayeran en las manos de los enemigos. En esa misteriosa
intervencin que aparentemente depona contra la justicia, el Eterno orden que Sus ms poderosos
ngeles circundasen inmediatamente el jardn del Edn, impidiendo que Satans tomase posesin
del monte Sin. Consoladas ante la manifestacin divina, las potentes criaturas, en pronta
obediencia, rompieron el espacio infinito, rodeando en instantes el paraso, en el seno del cual el ser
humano, trastornado ya por el pecado, viva el negror de una noche que sera larga y cruel.
38 Siendo la autoridad del Eterno fundamentada en la justicia, de qu manera podra justificar Sus
acciones delante de los enemigos? No haba entregado por Su voluntad el reino al hombre, y ste
por libre eleccin no lo haba sometido a Satans? Mientras que sorprendidas las criaturas
racionales consideraban las acciones decisivas de Dios, oyeron Su potente voz que, repercutiendo
por toda la creacin, traa la revelacin del gran misterio revelacin tan maravillosa que a partir
de aquel momento, por toda la eternidad, ocupara la mente de los fieles, siendo tema para las ms
dulces meditaciones.
39 El Eterno habl primeramente sobre la terrible condenacin que penda sobre el hombre y toda
la creacin. Dijo que, al desligarse de la Fuente de la Vida, el hombre se haba precipitado en tan
profundo abismo que no podra ser alcanzado por Su brazo de justicia y poder. Humillado y
torturado por las garras del enemigo, no le quedaba al hombre otra suerte ms all de la muerte
fruto doloroso de su espontnea rebelin. Considerando la situacin humana, las huestes de la
luz no vean posibilidades de triunfo. Saban que solo el hombre podra retomar el dominio del
enemigo, devolvindolo al Creador.
40 Pero el ser humano, eternamente esclavizado en su naturaleza, sera incapaz de tal victoria. Con
voz melodiosa y llena de ternura, Dios revel el plan de la redencin, diciendo: "En verdad, el
hombre cosechar el fruto de su rebelin en una terrible muerte. No puedo, con mi poder, cambiarle
la suerte. Si actuara as, sera injusto delante de mi decreto. Pero har caer toda la condenacin
sobre un Substituto que surgir en la descendencia humana. Ese Hombre no traer en sus manos las
argollas de la muerte, siendo inocente e incontaminado en Su naturaleza.
41 Como representante de la raza humana, enfrentar a Satans y lo vencer. Despus de triunfar en
esa batalla, probando que el amor es ms fuerte que el egosmo, que la verdad es ms fuerte que la
mentira, que la humildad es ms poderosa que el orgullo, el fiel Substituto levantar las manos
victoriosas no para saludar la gran conquista, sino para tomar de las manos de la humanidad
esclavizada la copa de su condenacin. Sorber as, sumiso, el cliz de la eterna muerte.
42 Ese inmenso sacrificio abrir a los seres humanos una oportunidad de ser redimidos, volviendo a
los brazos del Creador, juntamente con el dominio perdido." Las huestes, sorprendidas ante la
revelacin del Eterno, indagaron la identidad de Ese Substituto. El Creador, con una sonrisa
amorosa, les dijo: "Yo ser ese Hombre. Mi Espritu reposar sobre una virgen, y en ella ser
engendrado un Hijo Santo. Ese joven ser divino y humano. En su humanidad, l ser sumiso a la
divinidad que en l habitar. Los redimidos vern en l al Padre de la Eternidad, el Creador y
Redentor, el Rey de los reyes. Su nombre ser Yoshua (nombre hebraico que traducido significa el
Eterno salva)." Asumiendo la naturaleza humana, Dios podra pagar el alto precio del rescate,
muriendo en lugar de los pecadores.
43 Las huestes de la luz se quedaron enmudecidas al conocer el plan del Creador. El pensamiento
de verlo a l someterse a tan penoso sacrificio, a fin de redimir el dominio perdido, era demasiado

para soportarlo. No haba, sin embargo, otra esperanza de victoria, a no ser a travs de esa amorosa
entrega. Despus de disfrutar el alto precio del pecado, la joven pareja se sinti mal. Inicialmente
sintieron un gran vaco en el corazn, que luego fue rellenado por el remordimiento y por la
tristeza. Percibieron que, inspirados por la codicia, haban sellado su triste suerte y la de toda la
creacin. Les pareca or a lo lejos el gemido de un Universo vencido.
44 El sol, que los haba llenado de vida y calor en aquel da, se ocultaba en el horizonte,
anuncindoles una negra noche. El arrebol, que antes all les haba anunciado el feliz encuentro con
el Creador, pareca envolverlos en una sentencia de que jams despertaran hacia un nuevo da. No
osaban siquiera mirar hacia la cima, temiendo ver caer sobre ellos el rayo del juicio que los
reducira a polvo. Con la mirada dirigida hacia el suelo fro, les vena a la memoria la sentencia:
"En el da en que de l comiereis, ciertamente moriris." Lgrimas desesperadas rodaban en sus
rostros al aguardar el trgico final. Al considerar el motivo de su rebelin, Adn comenz a
recriminar a su esposa por haber dado odos a la serpiente.
45 Eva, a su vez, buscando excusarse, lanz la culpabilidad sobre el Creador, diciendo: "Por qu
el Eterno permiti que la serpiente me engaara?!" El amor que reinaba en el corazn humano
desapareca, dando lugar al orgullo y al egosmo, que se fundan en resentimientos y odio. Su
naturaleza ya no era pura y santa, sino corrompida y llena de rebelda. Todo estaba cambiado.
Incluso la mansa brisa que antes all los haba baado en caricias refrescantes, congelaba ahora a la
culpable pareja.
46 Los rboles y las canteras floridas, que eran su deleite, consistan ahora en obstculos al caminar
sin rumbo en aquella noche. El propsito de Satans en llenar el sbado de tinieblas pareca haberse
cumplido. En aquella noche, no exista siquiera el reflejo plateado del claro lunar para hablarles de
esperanza. Las estrellas centellantes, suspendidas en el oscuro cielo, estaban ofuscadas por el dolor.
Bajaban sobre el mundo las tinieblas de una larga noche de pecado sombras bajo las cuales
tantos se arrastraran sin la esperanza de un amanecer. Era alta noche ya y las tinieblas parecan
envolver a la triste pareja en eternas sombras.
47 Ni siquiera meditaban en sus pocas palabras, sofocadas por la agona, de un amanecer.
Cabizbajos, andaban a tientas de aqu para all, en la expectativa del juicio inminente, que los
reducira al fro polvo, olvidados bajo aquellas tinieblas sin fin. Apareci repentinamente un brillo
en el cielo, que iba aumentando a medida que se aproximaba a la tierra. La pareja se estremeci,
pues saban que era el Creador que vena a darles el castigo. Vencidos por el pnico, se pusieron a
correr, distancindose del monte Sin, el lugar de la vergonzosa cada. Justamente hacia all vieron
al Creador dirigirse. Ellos, que siempre corran al encuentro del amoroso Padre, atrados por Su luz,
ahora huan desesperados en busca de lugares oscuros, y de denso bosque.
48 El Eterno, movido por infinito amor, comenz a seguir los pasos de la pareja fugitiva. Mientras
caminaba, lloraba al recordar los momentos felices que haba pasado junto a ellos en aquel paraso.
Como se haba transformado todo! Sus hijos no conseguan ver ms en l un Padre de amor, sino
alguien que, airado, buscaba castigarlos. Movido por un fuerte anhelo de abrazar a Sus hijos
humanos, Dios hizo repercutir la voz en una indagacin: "Adn, dnde os encontris?" Su voz, al
sonar en medio de las tinieblas, traa consigo solamente un eco vaco que hablaba de ingratitud y
rebelda.
49 Como deseaba envolver a la pareja en un ardiente abrazo, y con palabras de cario confesarle
que Su amor era el mismo! Al ver a Sus hijos huyendo de Su presencia, el Eterno fue embargado de
un gran dolor. Ante Su mirar turbado de lgrimas, se extenda el futuro de la raza humana.
Cuntos, engaados por Satans, huiran de Su presencia en el transcurso de la larga noche de
pecado, juzgando en l un Seor tirano, que vive buscando faltas y flaquezas en los pecadores, a
fin de castigarlos! El Creador, an as, no desistira de buscarlos por los valles sombros del reino
de la muerte, hasta conquistar un pueblo arrepentido. Adn y Eva, exhaustos por la presurosa fuga,
se escondieron por entre el follaje al pie de una higuera.
50 Reconociendo su desnudez, procuraban hacer delantales cosiendo aquellas hojas. Vestidos as,
creyeron poder librarse del sentimiento de vergenza ante el Creador. El Eterno, aproximndose al
lugar donde la pareja se esconda, pregunt: Adn, dnde estis? No pudiendo ocultarse ms

de Dios, Adn se levant juntamente con su compaera y, cabizbajos, se presentaron ante el


Creador, postrndose trmulos a Sus pies. No consiguieron encararlo ms, debido al sentimiento de
culpabilidad.
51 El Creador, cariosamente, los tom de las manos, levantndolos del suelo, y, con una expresin
de tristeza en el semblante, les pregunt: Por qu huan de m? Acaso comieron del fruto del
rbol de la ciencia del bien y del mal? Adn, todo tembloroso, con voz entrecortada por sollozos
de temor, respondi: La mujer que me diste por compaera, ella me dio del fruto y yo com.
Con esta respuesta, Adn buscaba excusarse, lanzando la culpa sobre su esposa.
52 Voltendose hacia Eva, el Eterno le pregunt: Por qu hiciste eso? Eva prontamente Le
respondi: Aquella serpiente me enga y yo com. Ambos no queran reconocer la culpa,
lanzndola sobre otros. En pocas palabras, atribuan al Creador la responsabilidad por todo el mal
practicado: "Por qu les haba concedido el libre albedro? Por qu haba creado a la mujer? Por
qu haba creado a la serpiente?" Silente, Dios observaba a Sus hijos que, tmidos y desconcertados,
permanecan delante de S.
53 Con profunda tristeza, l previ que esa sera la experiencia de incontables seres humanos en el
transcurso de la historia. Cuntos habran de perderse por no reconocer la propia culpa! Cuntos
procuraran justificarse, lanzando sus errores sobre los dems y hasta sobre el mismo Creador! Con
blandas palabras, el Eterno procur hacerlos reconocer su culpa. Solamente reconociendo su
necesidad, podran ser ayudados. Mirando hacia las frgiles vestiduras tejidas por manos pecadoras,
dijo a la pareja: Hijos, esas vestiduras son insuficientes, inmediatamente secndose se desharn.
Vosotros precisis de vestiduras duraderas, que puedan cubrir vuestra desnudez, librndoles de la
condenacin. Si vosotros quisierais, Yo puedo darles esa vestidura.
54 Ante las palabras bondadosas del Creador, que traan esperanza, la pareja se postr arrepentida,
desprendindose de sus ilusorias vestiduras, smbolos de su fracaso. Aoraban ahora las vestiduras
de la salvacin, prometidas por el divino Padre.

Captulo 5
Dios revela los efectos de la cada y el Plan de Redencin. El doloroso sacrificio del cordero, un smbolo
del Salvador. Se proveen las vestiduras prometidas. El Creador ser el Hombre que los salvar. En la
pareja se intensifica el amor y gratitud hacia el Salvador. Estremecimiento de las huestes malignas ante la
intervencin del Eterno y la revelacin del Plan de Rescate. El Eterno acompaa a la pareja fuera del
jardn. Satans intenta de nuevo apoderarse del ser humano enfrentndolos con furia, pero es repelido por
Dios, y sus amenazas silenciadas. Malas consecuencias de la ciencia del bien y del mal. La fe del hombre en
las verdades reveladas de la redencin. El Eterno, compaero del ser humano en su jornada sobre la tierra.
Naturaleza del Creador respecto a la guerra. El trabajo edificante contraataca muchos ataques de Satans.
Revelaciones recibidas al construir el altar. Dos mundos reflejados en la naturaleza cada. Un cordero
inmaculado guiado y preparado por Dios. En el sacrificio se muestra una representacin del conflicto entre
el bien y el mal. La llama encendida, smbolo del perdn divino. La naturaleza, an en su estado cado,
revela el Plan de Redencin.

1. Despus de contemplar a Sus hijos que, arrepentidos, yacan a Sus pies, el Eterno los tom
cariosamente por las manos y los levant. Se alegraba en poder revelar al hombre cado el plan de
la redencin. Con ternura, Dios comenz a descubrirles primeramente los amargos resultados de su
cada, diciendo: "Hijos, vosotros sellasteis el destino de toda la creacin en las garras de la muerte.
La desarmona ya penetra la naturaleza, procurando destruir en ella todas las virtudes.
2 El abismo en el cual vosotros os sumergisteis por la desobediencia es por dems profundo para
que podis ser alcanzados por mi poderoso brazo. As, desligado de la Fuente de la Vida, no resta
ms al ser humano otra suerte ms all de la muerte." Despus de pronunciar estas palabras que
revelaban una triste suerte, el Eterno invit a la pareja a seguirlo. Cabizbajos, Adn y Eva, en
llanto, siguieron al Creador en Sus pasos de justicia, que los encaminaba al lugar de la vergonzosa
cada, donde suponan encontrar el doloroso final.

3 En esa dolorosa caminata, sollozaban al recordar su pasado de gloria deshecho por la ingratitud.
Como les dola en el alma la terrible expectativa de ser reducidos, juntamente con la creacin, a
fras cenizas bajo la oscuridad de aquella noche de pecado! Mientras caminaban, contemplaban a
travs de las lgrimas las bellezas adormecidas baadas por la luz de Dios. Vean a los inocentes
animales, que no tenan conciencia del gran dolor. Sbitamente, la pareja se detuvo, vencida por
intenso llanto; sus vacilantes pasos los haba llevado junto a un cordero, el animalito ms querido.
4 Sus ojitos de dulzura tambin se habran de apagar?! Secndoles las lgrimas, el Eterno les
orden tomar en los brazos al inocente cordero. Envolvindolo junto al pecho, acompaaron
silenciosos los pasos del Creador, hasta alcanzar la cspide del monte Sin, lugar de la vergonzosa
cada. Contemplando all los restos de los rubros frutos, con mpetu les vino a la mente el recuerdo
de la sentencia divina: "En el da en que de l comiereis, ciertamente moriris." El terrible
momento haba llegado. El hombre culpable debera beber el amargo cliz de la muerte,
sucumbiendo sin esperanza.
5 Consciente de su perdicin, la pareja percibi, con horror, que las manos que les haban trado a
la vida empuaban ahora un cuchillo puntiagudo de piedra. Temblorosos, se postraron y esperaron
por el cumplimiento de la justa sentencia. Mientras enmudecidos por el miedo, Adn y Eva
esperaban el golpe que los reducira a polvo, sintieron el suave toque de las manos divinas que los
levant hacia una nueva vida. La condenacin, sin embargo, habra de recaer sobre un substituto.
6 Colocando en las manos de Adn el cuchillo, el Creador le dijo: El cordero morir en lugar de
vosotros. Adn debera sacrificarlo. Asustada ante la orden de Dios, la pareja, en llanto, se puso
a clamar: Seor, el corderito no, el es inocente! Con expresin de justicia, el Eterno agreg:
Si el no muere, vosotros no podris tener las vestiduras de las cuales habl. Ante la
insistencia del Creador, Adn, todo tembloroso, en un esfuerzo doloroso, clav en el pecho del
corderito aquella aguda piedra. El golpe fue fatal, y el animalito, vertiendo su preciosa sangre, se
sumergi en las tinieblas de una noche sin fin.
7 Contemplando al corderito inerte sobre la hierba ensangrentada, la pareja elev la voz y llor.
Comenzaban a comprender la enormidad de su tragedia. Cuan terrible era la muerte! Ella, en su
poder, haba apagado toda la luz de los ojos del inocente animal. Inclinndose silente sobre el
cuerpo inerte del cordero, el Eterno removi la piel revestida de blanca lana y con ella hizo tnicas
para cubrir la desnudez de la pareja. Despus de vestirlos les pregunt con cario: Vosotros
entendisteis el sentido de todo esto? En profunda reflexin, por entre sollozos de reconocimiento
y gratitud, la pareja exclam: El muri en nuestro lugar, para darnos sus vestiduras!
8 Adn y Eva, aunque haban comprendido aquella realidad fsica, estaban lejos de entender el
significado de aquel acontecimiento. A ellos el Creador revelara el misterio del divino amor. Con
expresin de infinita misericordia, Dios comenz a revelar al ser humano el sentido de aquel
doloroso sacrificio, diciendo: El inocente corderito, que hoy padeci, simboliza a un hombre que
habr de nacer. En sus ojos habr la misma ternura, el mismo amor. Revestido por una vida justa,
como la blanca lana que cubra al cordero, ese hombre crecer como un renuevo sobre la Tierra, no
teniendo en las manos las ataduras del pecado. En su apariencia, ese hombre no traer la pompa de
un rey, por eso ser despreciado por muchos.
9 Ser un hombre de dolores, pues caer sobre s el peso de todas las provocaciones. En su
fidelidad al reino de la luz, ese hombre luchar contra el enemigo usurpador, vencindolo
finalmente. Despus de triunfar en sus luchas, tomar sobre s la carga de vuestra condenacin que
le causar una terrible muerte. l ser traspasado por causa de vuestra rebelin y molido por
vuestras iniquidades. Ser oprimido y humillado, ms no abrir su boca, como el corderito que hoy
se entreg pacficamente. Sucumbiendo en la muerte, l os conceder los mritos de su victoria.
Envueltos por sus vestiduras de justicia, estaris libres de la condenacin.
10 La vida eterna alcanzaris as, mediante el sacrificio de ese hombre justo que habr de nacer.
Adn y Eva, que en una mezcla de gratitud y dolor escucharon la revelacin de tan grande
salvacin, indagaron reverentes al respecto de ese hombre especial que en su descendencia habra
de surgir, a fin de cumplir tan inmenso sacrificio. El Creador, mirndolos tiernamente, movido por
un amor que supera la misma muerte, los envolvi en un carioso abrazo
y revel: Yo ser

ese Hombre! Sorprendidos ante la declaracin del Eterno, Adn y Eva estuvieron inmviles,
mientras que contemplaban Su tierno semblante.
11 Comprendiendo el significado del tremendo sacrificio, se postraron a Sus pies y con lgrimas
clamaron: Nosotros somos merecedores de la muerte Seor, ms T eres inocente y no debes
sufrir en nuestro lugar! Secndoles las lgrimas, el Eterno con ternura les habl: Hijos mos,
Yo les amo con un eterno amor. Yo morir en lugar de vosotros. Ante esta confirmacin, la
pareja elev la voz en una lamentacin dolorosa. Decan: Nosotros matamos al Creador!
Nosotros matamos al Creador! Mas Dios comenz a consolar a la pareja con palabras de
esperanza, diciendo: Despus de beber el cliz de la eterna muerte, Yo retomar la vida y subir
al cielo.
12 Interceder all por el hombre perdido, concediendo a todos aquellos que, arrepentidos,
aceptaren mi sacrificio, las vestiduras de mi victoria. Juntos, triunfaremos finalmente sobre el reino
del pecado que se deshar en cenizas bajo nuestros pies. Crear entonces un nuevo Cielo y una
nueva Tierra, donde nicamente la justicia y el amor reinarn. Viviremos as para siempre, en un
reino de perfecta armona y paz. El Creador, que acompaado por la pareja permaneca todava
sobre el monte Sin, concluy Sus revelaciones diciendo:
13 "El jardn del Edn estar ahora vaco. El ser humano, durante la larga noche de pecado, vagar
en su exilio. No andar, sin embargo, solo: el Eterno, tambin peregrino, pisar con el hombre todo
el camino espinoso, hasta poder juntos subir al monte perdido, triunfando gloriosamente sobre el
reino de la muerte. El rbol de la ciencia del bien y del mal monumento de la rebelda ser entonces
deshecho, dando lugar a un rbol glorioso que, uniendo su copa al rbol de la vida, se tornar en el
arco conmemorativo de la gran victoria. Sobre el santo monte redimido, reposar entonces para
siempre el trono universal, que por los fieles triunfantes ser llamado: el trono de Dios y del
Cordero."
14 Adn y su compaera, despus que oyeron palabras tan confortadoras y llenas de esperanza,
elevaron la voz en un cntico de gratitud y alabanza. Conocan ahora el infinito amor de su Creador
y estaban dispuestos a servirlo. Despus de consolar a la pareja, Dios los llev hacia fuera del Edn.
No les fue fcil despedirse de aquel precioso hogar; all haban despertado a la vida en los brazos
del Eterno; all disfrutaron momentos de felicidad pura, en compaa del Creador, de los ngeles y
de los dciles animales. Una nostalgia infinita pareca envolver a la pareja en sus pasos de
abandono. Fue con espanto que Satans y sus sbditos presenciaron la intervencin del Eterno.
15 Fueron sacudidos ante la sorprendente revelacin del plan de rescate. Con rabiosa frustracin,
comprendieron que, si de hecho la promesa divina se concretizase, no restara ninguna esperanza.
Despus de considerar sobre todo lo que haba acontecido, una gran ira se apoder de su corazn.
No estaba dispuesto a reconocer la redencin del ser humano. Hara todos los esfuerzos por
retenerlo, juntamente con el reino que le haba sido entregado. Cuando la pareja, acompaada por el
Creador, alcanz el valle herido por la muerte, amaneca. All Satans los enfrent con furia, en un
intento de apoderarse nuevamente del ser humano.
16 La pareja estuvo temblorosa en la faz del enemigo, pero las manos protectoras de Dios los
calmaron. Expresando en el semblante la firmeza de una justicia que es eterna, el Eterno silenci
las amenazas del enemigo con las siguientes palabras: "El ser humano me pertenece, pues Yo lo
compr con mi sangre". Al caminar en silencio junto al Creador, Adn y Eva observaban con
tristeza las seales de la muerte estampadas en aquella naturaleza antes tan llena de vida. Las bellas
flores, que haban desbotonado para exhalar aromas eternos, pendan ahora marchitas; los
pajarillos, que con alegra los saludaban en cada amanecer con sus trinos, volaban ahora distantes,
haciendo sonar tan tristes cantos! Todo estaba cambiado en la naturaleza.
17 La ciencia del bien y del mal no haba trado ningn bien al Universo, sino un intenso conflicto
espiritual y fsico. Ante las consecuencias devastadoras de su cada, la pareja, vencida por una
inexpresable tristeza, se postr arrepentida y llor amargamente. Dios, que tambin compungido
por el dolor contemplaba el escenario desolador, procur, con palabras de esperanza, confortarlos.
Les habl sobre el nuevo Cielo y la nueva Tierra que un da creara, donde la paz y el amor

volveran a reinar en cada corazn. All viviran siempre juntos, no trayendo en la frente las marcas
de la tristeza, sino coronas de eterna victoria.
18 All secara las lgrimas de sus rostros y estas jams volveran a humedecer sus ojos.
Amparando a Adn y a Eva en sus pasos, el Creador los condujo a travs de un valle herido, hasta
alcanzar el pie de una colina. La subieron en lentos pasos, mientras intercambiaban palabras de
nimo y esperanza. Sus pies alcanzaron finalmente el suave csped que cubra la cima espaciosa de
aquella colina. Era sobre aquel lugar que la pareja vea a cada da el sol declinar, baando el cielo y
los valles de un rojo vivo, como la sangre que haba chorreado del pecho del cordero.
19 Volvindose hacia el lado oriental, la pareja, en una mezcla de dolor y nostalgia, contempl a lo
lejos los paisajes que los envolvieron en aquel pasado tan feliz. Al divisar el monte Sin, que
majestuoso se elevaba en medio del Edn, lloraron al acordarse de la cada. Cun dbiles haban
sido! El sol declinaba en su jornada, anunciando la llegada de una triste noche ms la primera
fuera del paraso. En un calmado gesto, el Eterno, mostrndoles el valle sobresaliente de la
colina, les habl con cario: "Aqu ser vuestra provisoria morada. Desde aqu podris contemplar
el paraso que por algn tiempo permanecer en la Tierra, hasta ser recogido a su lugar de origen,
en el seno de la Jerusaln Celestial.
20 All, protegido por la justicia, aguardar el amanecer de la victoria. Cuando ese gran da llegue,
regresaremos juntos a Sin, donde seremos coronados en gloria, en un reino de eterna felicidad y
paz". Despus de decir estas palabras, Dios orden a la pareja que construyesen en aquel lugar un
altar de piedras, sobre el cual cada semana, en la noche que antecede al sbado, deberan inmolar
un cordero, en memoria de Su Sacrificio.
21 Como seal de Su presencia, y para la certeza de que sus pecados seran perdonados, l
encendera un fuego sobre el altar, el cual durara toda la noche, hasta consumir por completo la
ofrenda del sacrificio. Para que el ser humano pudiese afirmar su fe sobre las verdades reveladas, y
no en la manifestacin visible de la persona del Creador, l habra de permanecer invisible desde
aquel momento en adelante. Solamente en ocasiones especiales, cuando se hiciese necesario Su
aparicin o la de ngeles para nuevas revelaciones y advertencias, esto ocurrira. Contemplando a
Sus hijos entristecidos en aquel momento en que seran dejados aparentemente solos.
22 El Eterno les dijo con amor: "Hijos, aunque vosotros tengis que permanecer en este ambiente
hostil, no precisis temer, pues Yo permanecer al lado de vosotros. Ser un compaero amigo en
esta jornada; llevar sobre mis hombros vuestros dolores, vuestros anhelos, vuestras luchas.
Cuando, tentados por el enemigo, estuvieren a punto de ceder, podrn encontrar abrigo en mis
brazos, que siempre estarn extendidos para salvarlos y, si algn da vosotros no resistiereis, y por
la furia del enemigo fueseis arrastrados hacia las profundidades del abismo, no os desesperis
creyendo no tener esperanza, pues Yo estar all para acudirlos con mi perdn y fuerza.
23 Tengan siempre en mente el significado de las vestiduras recibidas de mis manos, pues ellas
hablan de la redencin que al hombre pertenece. Descansen hijos mos, en mis brazos de amor."
Despus de consolar a la pareja con estas promesas, el Creador, viendo que estaban soolientos por
el cansancio, los hizo reclinar en Su regazo y, como de costumbre, los acarici dulcemente hasta
adormecerlos. Al verlos olvidados en su sueo, Dios llor al prever el sufrimiento que
experimentaran al despertar. Con el corazn partido por el dolor causado por aquella separacin
fsica, el Creador dej a la pareja dormida sobre la hierba, despus de besarles los rostros ya
marcados por el sufrimiento.
24 Su luz se disipo al tornarse invisible, dando lugar a las tinieblas de aquella primera noche fuera
del paraso. En el subconsciente de la pareja comenzaron a desfilar sueos coloridos de un pasado
feliz. Se encontraban una vez ms en medio las bellezas del Edn, saciados por una alegra eterna.
Agradecidos por la vida, corran por los campos floridos, jugando con los animales. Con felicidad
unan las voces a los ngeles en los armoniosos cnticos en alabanza al Creador. Tantas escenas
lindas desfilaban en su subconsciente, pero esos sueos se tornaron pesadillas, hacindoles revivir
su tragedia.
25 Agonizantes despertaron en medio de la oscuridad de aquella primera noche en el exilio. No
consiguiendo conciliar el sueo, la pareja permaneci en llanto hasta ser consolados por el

amanecer que les revel a lo lejos el nostlgico paraso. Dios, aunque invisible, permaneca al lado
de Adn y Eva all en la colina. El sufrimiento de ellos era Su sufrimiento, como tambin la
esperanza de que un da retornaran victoriosos a Sin. Ante la mirada contemplativa del Creador,
se revelaba el futuro sombro de la humanidad. Con pesar, vea incontables criaturas pereciendo sin
salvacin, por rechazar Su amor. Lgrimas mojaron Su rostro, al prever al enemigo empleando toda
astucia a fin de retener a los seres humanos bajo su dominio.
26 Larga sera la noche del pecado, y reida la batalla por la reconquista del reino perdido. El
triunfo de la luz requerira de parte de Dios un sacrificio inmenso. En la persona del Mesas, a su
tiempo, l nacera entre los hombres, con la misin de pagar el precio del rescate. Por medio de l
muchos seran liberados de las garras del enemigo: todos aqullos que Lo aceptasen como Salvador
y Rey. Contra sos elegidos, el enemigo arremetera todas las fuerzas procurando hacerlos caer. En
su visin del futuro, el Creador contempl con alegra el triunfo final de los redimidos.
27 Haban sido extremadamente probados, mas en todo fueron ms que vencedores por medio de
Aqul que los redimi de las tinieblas hacia el reino de la luz. Despus de antever los sufrimientos
que se derivaran de la gran lucha, el Eterno extendi la mirada por las planicies cautivas,
contemplando all a las huestes rebeldes dispuestas para la lucha. El objetivo de esos ejrcitos, era
apoderarse nuevamente del ser humano, en el cual estaba sellado el derecho de dominio sobre el
Universo. Contrario a la naturaleza del Creador es la guerra, mas para la defensa de Sus hijos,
estaba dispuesto a utilizar Su poder.
28 Su fuerza, sin embargo, solamente sera utilizada con justicia. Si el ser humano rechazase esa
proteccin ofrecida mediante el sacrificio del Mesas, Dios nada podra hacer para impedir que l
mismo pereciese en las garras del enemigo. Adn y Eva, sin embargo, se haban arrepentido de su
gran pecado, recibiendo por la misericordia de Dios vestiduras de salvacin, simbolizadas por las
pieles del cordero sacrificado. Justificado por la entrega de la pareja, el Eterno convoc a Sus
poderosos ejrcitos para la pelea. En pronta obediencia las huestes de la luz irrumpieron por el
espacio sideral en direccin a la Tierra, circundando cual fuerte muralla la colina, portadora de
aquel tesoro redimido por la sangre del divino Rey.
29 Al ser humano le fue conferido en el Edn el deber de cuidar de la naturaleza: preparaban
canteras para las flores; cosechaban frutos para manutencin; dirigan a los animales en su inocente
vivir, adiestrndolos para que les fuesen tiles. Esas ocupaciones haban sido para ellos fuentes de
desenvolvimiento y placer. Ahora, a pesar de las adversidades, deberan continuar realizando ese
deber. El trabajo en s, realizado segn las rdenes del Creador, ya anulara muchos ataques del
enemigo. Las primeras ocupaciones de la pareja en aquella maana, les trajo revelaciones del gran
amor de Dios, hasta entonces desconocidas.
30 Al reunir las piedras para la construccin del altar, experimentaron el dolor de heridas que
chorreaban sangre, como tambin la fatiga que hacia emanar sudor. Sintiendo y contemplando todo
en la propia carne, amaron ms al Salvador, para quin el altar construido prefiguraba heridas
mayores, que verteran toda Su sangre, como tambin fatigas que minaran toda la salvia de Su
vida. La mirada de nostalgia y de esperanza de la pareja de ahora en adelante, jams se posara en el
Edn distante, sin discernir primero el altar de los sacrificios.
31 Ese altar, con sus manchas de sudor y sangre, permanecera como una remembranza del dolor y
del sufrimiento que, despus de humedecer los labios de los seres humanos, transbordara en la
copa del Creador. Despus de contemplar por largo tiempo el paraso de la vida eterna que se
extenda mucho ms all de aquel altar oscuro de muerte, la pareja experiment el dulce alivio del
descanso. Deseosos de conocer los paisajes de su nuevo hogar, Adn y Eva, animados por la
esperanza, salieron a pasear.
32 Sus pasos los conducan por caminos de sonrisas y de lgrimas; de encantos y desilusiones; de
flores que delicadas desabotonaban, baadas en perfume, y de flores despetaladas, tumbadas
marchitas y sin olor; de animales todava dciles y sumisos y de animales enemigos, feroces y
amenazadores. La pareja discerna en su paseo las divisas de dos mundos: el de la luz y el de las
tinieblas; del amor y del egosmo; de la esperanza y del desespero; de la armona y de la
desarmona; de la vida y de la muerte. Esa visin les llen de tristeza y lloraron largamente. Esa

tristeza aumentara todava ms en el futuro, cuando descubriesen la profundidad de esas divisas en


el seno de su descendencia.
33 Seis arreboles ya haban coloreado los cielos anunciando a la pareja las noches oscuras y fras
que con su manto de tinieblas deshacan todas las imgenes vivas, menos la esperanza de volverlas
a ver coloridas en el amanecer de luz. Se acercaba ahora la hora del sacrificio, cuando el rudo altar,
abrasado en su justicia clamara por sangre. Si no le ofreciesen la ofrenda, explotara con certeza,
envolviendo todo el mundo con sus llamas; Ya no habra entonces amanecer, ni esperanza de Edn
a florecer.
34 Cun preciosa es la sangre! Sangre es vida; vida es luz! Para un ser aquella noche se tornara
eterna, sin amanecer! Ese ser debera asumir la culpa de todo el mundo, dando su sangre al rudo
altar. Quin se ofrecera? Quin vertera la salvia de la vida, hasta ver el ltimo destello apagarse
en su cielo?! Adn y Eva despus de reflexionar por largo tiempo, contemplando la cuna de la
muerte construida por sus manos, se miraron inquietos con esa pregunta decisiva: Quin se
ofrecer? Esa indagacin nacida de su culpabilidad, hizo vibrar en lo profundo de sus
remembranzas la voz del bendito Creador en Su revelacin de infinita bondad: Yo los amo con
un eterno amor; Yo morir en vuestro lugar ".
35 Agradecida, la pareja se postr reverentemente ante el sediento altar, vindolo por la fe, saciado
por el don del eterno amor. En aquella tarde del sexto da, Dios someta al ser humano a una
tremenda prueba de fe. Ellos tenan delante de s el altar de piedras, construido conforme a la orden
divina, mas no haba ninguna oveja para el sacrificio. En su anhelo, se acordaban del Edn, donde
haba muchos rebaos. Al ver el sol caer en el horizonte, Adn y Eva comenzaron a clamar a Dios
por socorro, pues saban que solamente un milagro podra providenciarles, en aquel ltimo
momento, un cordero para el sacrificio.
36 A los ojos de los habitantes del Universo, el gran milagro por el cual el ser humano clamaba, ya
se procesaba a casi una semana: Guiado por el Creador, un inmaculado cordero haba dejado el
Edn y seguido los rastros de la pareja en su caminata hacia el exilio. En su larga jornada, ese
animalito tuvo que enfrentar muchos desafos y peligros, mas protegido y guiado por el Eterno
prosegua en su misin. Cuando las sombras del anochecer comenzaron a envolver la colina, la
pareja que viva tan dura prueba de fe, discerni un puntito blanco que saltaba en el csped
viniendo en direccin a ellos. A medida en que se aproximaba, aquel bulto pareca hablar de
esperanza, de vida y calor.
37 Al ver que el gran milagro haba acontecido, corrieron al encuentro del cordero, envolvindolo
en los brazos. l estaba fatigado, mas no descansara: dara descanso. Estaba sediento, mas no
bebera: dara de beber al altar que clamaba por sangre. Aquel cordero tena voluntad de vivir en los
brazos del hombre, mas morira, para que ste pudiese vivir en los brazos de Dios. Era un perfecto
simbolismo del Redentor que dejara Su gloria, viniendo en bsqueda del pecador. Las tinieblas de
una noche prefigurativa ms bajaron lentamente envolviendo toda la naturaleza en su prisin.
38 Su fuerza, sin embargo, sera abatida delante del ser humano, por el brillo de un fuego especial,
encendido por las manos del perdn divino sobre el cuerpo sin vida del inocente cordero. Todo
estaba preparado para el doloroso golpe: acto que apagara de aquellos ojitos dulces el ltimo
destello de vida, sumergindolos en la fra oscuridad de una eterna noche: oscuridad que generara
luz; fro que generara calor; muerte que generara vida dones inmerecidos; frutos del divino
amor ofrecidos a las manos pecadoras, prestas a herir. En medio de la silente noche el altar clama;
el hombre triste exclama, mientras el cordero, mudo, no reclama al ser extendido para la muerte.
Las manos que construyeron el altar se levantan ahora, no para acariciar como antes, sino para
herir, sangrando el precio del perdn.
39 Solo un gesto, nada ms, y el destello se apagar para siempre de los ojos inocentes, haciendo
brillar en la faz culpable la luz de la salvacin. Adn, temblando duda en compasin. En el
corderito manso y sumiso, presto a morir en su lugar, ve al Salvador prometido. Con el corazn
arrepentido, en un esfuerzo doloroso, clava el cuchillo de piedra en el pecho del animalito que
perece en sus manos sin siquiera dar un gemido. El poder de la noche inmediatamente es abatido

por el brillo del fuego de la aceptacin. Su luz revela al ser humano su trgica condicin: Viendo
las manos manchadas por la sangre inocente, la pareja se siente culpable por aquella muerte.
40 En llanto se arrodillan ante el altar que ya no les reclama sangre, sino ofrece luz, aceptando el
inmerecido perdn. Levantndose, la pareja contempla demoradamente el cuerpo herido del pobre
corderito, sin poder agradecerle por la riqueza concedida a cambio de su tan rudo golpe. Baados
por la suave luz del sacrificio, Adn y su compaera permanecen silentes a meditar, hasta ser
vencidos por un profundo sueo. Recostndose en el suelo cubierto de hierva suave, adormecen
dulcemente bajo los clidos rayos del perdn, seguros de que su brillo y calor perduraran hasta ser
las tinieblas de aquel sbado desvanecidas completamente por el fulgurante sol.
41 La luz del cordero, desde que fue encendida sobre el altar en aquella noche, permaneca en
constante guerra con las tinieblas. En varias veces creca en brillo ahuyentando a lo lejos la fra
oscuridad, baando la naturaleza con sus rayos de vida. En veces, las tinieblas trayendo su viento
fro, casi arrancaban por completo la llama. Esta, sin embargo, en un gran esfuerzo se alimentaba
de la sangre del cordero, lanzando a lo alto su ardiente llama, inundando de luz y calor todo aquello
que haba alrededor.
42 El conflicto entre la luz nacida del sacrificio y las tinieblas en aquella noche, descubra a los
fieles del Universo muchas lecciones importantes verdades que ocuparan sus mentes por toda
la eternidad. En aquella llama, ya fuere ardiente en su brillo, ya fuere fustigada por los vientos
de la noche, los fieles vean una representacin del conflicto milenario entre el bien y el mal;
conflicto que sin tregua se extendera hasta el amanecer eterno. El Eterno, en prenda de Su futuro
sacrificio, haba encendido en medio de las tinieblas, la luz de la verdad, y esa sera mantenida
encendida en el corazn del ser humano, en virtud de Su sangre que sera derramada para remisin
de la culpa.
43 Contra esa luz, el enemigo arremetera todos los vientos fros de la maldad, desterrando del
corazn de muchos su dulce brillo. Cuntos yaceran perdidos por rechazar la luz del perdn
divino, siendo envueltos por las tinieblas de la oscura noche! Despus de largas horas de combate,
surge en el cielo las seales del amanecer. La oscuridad que con ira haba lanzado sus vientos sobre
la llama que no muere procurando desterrarla, se torna confusa ante las seales del amanecer. El
cielo teido de un rojo vivo, hace recordar la sangre que haba brotado del pecho del cordero para
que la llama del perdn pudiese iluminar la noche humana.
44 En medio del colorido de sangre, surge en el horizonte el fulgurante sol, trayendo en sus
calientes rayos el sabor de la victoria, envolviendo todo con su vida. El amanecer en su nostlgico
afecto, acaricia el distante paraso, llevando de su amado seno en su brisa matinal el aroma de la
nostalgia, en un mensaje de consuelo y esperanza para las criaturas sufridoras del valle de la
muerte. Baados por los clidos rayos y por la brisa de la esperanza, la pareja despierta en un
sbado ms, cuyo simbolismo apunta hacia el descanso en el reino de Dios, al culminar el gran
conflicto entre la luz y las tinieblas.
45 Ms all de aquel altar cubierto de cenizas, Adn y Eva contemplan demoradamente el
nostlgico paraso. Aunque distantes en su exilio, se alegran con la certeza de que el sacrificio del
Mesas har rayar para ellos el sbado de sbados: aqul de lgrimas para siempre desterradas; de
sol siempre a brillar en un lmpido cielo; de corderos siempre vivos a jugar por el csped; da sin
anochecer, cuando no habr ms altar cubierto de sangre y cenizas. Suspiran por ese da de gloria,
cuando Dios Se har eternamente visible, llevando en las manos las marcas de Su infinito amor por
Sus hijos.
46 Antes de la cada, el ser humano, as como todas las huestes celestiales, aprendan a los pies del
Creador que con paciencia les enseaba los tesoros de la sabidura contenidos en el vasto
compendio de la naturaleza. Todo en el Universo, desde el diminuto tomo hasta el mayor de los
mundos, testificaba en su perfecta existencia del carcter del divino Rey. Muchas enseanzas, sin
embargo, permanecieron ocultas en las pginas de ese gran libro en el perodo que antecedi a la
cada: Eran como las estrellas que, ocultas durante el da, revelan su brillo al bajar las sombras de la
noche.

47 Teniendo la naturaleza cautiva, el enemigo, en el intento de bloquear la revelacin de la Eterna


sabidura, introdujo en ella manchas de egosmo, destruccin, infelicidad y muerte. No saba que
esas manchas haran evidenciar en la faz de la creacin la profundidad de la justicia y amor de
Dios, llevando a los fieles a amarlo y reverenciarlo an ms. Para la pareja, as como para todos los
hijos de la luz, la naturaleza herida rompi su velo, revelando nuevos aspectos de la bondad del
Creador ocultos hasta entonces.
48 Adn y Eva que estaban acostumbrados a las flores eternas en el paraso, aquellas que no las
vieron desabotonar, las vean ahora surgir en tiernos botones, en medio de las amenazas de espinos
prontos a herirlas. Esas tiernas flores, sin importarse estar con los espinos, exhalaban perfumes
suaves de alabanza y gratitud, jams cansndose de agradar el ambiente. Cuando fustigadas por los
fros vientos de la noche, esas flores no se resentan, sino que ofrecan su aroma, que transformaba
la furia de los vientos en brisas perfumadas de un amanecer.
49 Movidos por profunda gratitud, la pareja acompaaba atentamente el ministerio de amor de
aquellas flores que, jams se cansaban de bendecir, ofreciendo su belleza y perfume como alivio
para aquellos que eran heridos por los rudos espinos. Aquellas flores singulares y puras, despus de
mostrar en su corta vida que el perdn y el amor son ms fuertes que todos los vientos y espinos, en
un ltimo esfuerzo de comunicar alegra, exhalaban su perfume, cayendo marchitas y sin vida sobre
el suelo fro. All, olvidadas, se transformaban en insignificante polvo que era dispersado por el
viento.
50 La muerte de las flores, aunque pareciese fracaso, revel a la pareja el misterio del renacimiento
de la vida: Muriendo, las flores daban vida a los frutos que, a su vez, despus de servir de alimento,
donaban sus semillas llenas de vida. En la muerte de esas semillas, renaca el milagro de la vida,
multiplicando los rboles con sus flores listas a repetir la enseanza del amor y del sacrificio. La
naturaleza, por tanto, incluso manchada por el pecado, revelaba el misterio oculto del plan de la
redencin. Cada flor a desabotonar en medio de los espinos, en su corta vida de amor, era un
smbolo del Salvador que nacera entre los espinos de la maldad, para consolar con su perfume el
corazn de los afligidos.
51 Semejante a la flor, el Mesas despus de probar que el amor y el perdn son ms fuertes que
todos los vientos del odio; que la verdad y la justicia del reino de Dios son mayores que todos los
engaos e injusticias del reino del enemigo, vertera la salvia de su vida, muriendo para redimir a
los culpables.

Captulo 6
Adn y Eva dedicados al trabajo edificante. La colina lleg a ser una miniatura del Edn. Proteccin y
cuidados divinos. Experiencias al obedecer el mandamiento sobre el sacrificio. La astuta trampa del
enemigo, mirar hacia los smbolos del sacrificio como portadores de perdn y vida. Adn y Eva ofrecen
sacrificios al Seor, el Eterno se les manifiesta consolndolos y previnindolos del peligro. Promesa del
nacimiento de su primognito. Responsabilidades hacia su hijo. Nacimiento de Can. El nacimiento de Can
les recuerda la promesa del futuro nacimiento del Mesas. La niez rebelde de Can. El enemigo se burla
del sufrimiento de Dios y Sus fieles e intenta hacer desistir a Dios de Su plan de redencin. El Eterno afirma
Su solemne promesa. Adn y Eva hacen sacrificios y ruegan por su hijo, el Eterno se les manifiesta. El
Eterno se revela a Can y le narra la historia de Lucifer y del Sol. Promesa del nacimiento de Abel. Can, al
igual que Lucifer, es arrastrado por su orgullo a una falsa ilusin. Dios procurara todas las formas a fin de
salvar a Can

1 Consolados por las revelaciones de la naturaleza, Adn y su compaera, alumnos en la escuela


del sufrimiento, aprendan cada da a amar ms al Salvador. Crecan en sabidura, humildad y
santidad. Todas las virtudes destruidas por el pecado, renacan en el corazn. Con nimo la pareja
se dedicaba al trabajo edificante: plantaban jardines que por el poder de Dios se llenaban de
perfumadas flores y deliciosos frutos. Su hogar en el exilio se converta en un refugio para los
animales perseguidos de los valles. La colina, bajo la proteccin de los ngeles de la luz, se

convirti en una miniatura del Edn distante. Entre los animales reunidos y domados con amor,
haban muchas ovejas.
2 Adn y Eva no conseguan poner los ojos sobre esos dciles animales destinados al sacrificio, sin
probar en lo profundo del alma una mezcla de dolor y gratitud. En la noche que anteceda a cada
sbado, Adn tena, por orden del Creador, el repetir el doloroso acto. Cunta amargura y
arrepentimiento sobrevenan a la pareja al descender las tinieblas de la noche del sacrificio!
Cunto consuelo les traa la llama del perdn que jams haba dejado de brillar sobre el altar, en
aquellas noches pre figurativas! El decisivo valor del sacrificio, para que la vida pudiese florecer
bajo la proteccin divina, llev a la pareja a valorizar inmensamente a su pequeo rebao.
3 Cada sexto da, no obstante, comenz a traer consigo, ms all del dolor, una inquietud:
Quin donar su sangre al altar cuando la ltima oveja perezca? A los ojos de la pareja
maravillada, aconteci al fin el milagro del amor, renovndoles la esperanza de vivir otras semanas
bajo el brillo de la llama del perdn: una oveja, la ms gorda de ellas, comenz a sangrar como en
sacrificio; De su dolor, les nacieron cuatro corderitos. Llenos de alegra y gratitud, Adn y Eva se
postraron ante el Salvador invisible, teniendo en las manos aquellas nuevas criaturitas que traan en
sus ojos la misma ternura y disposicin para el sacrificio.
4 Seguros de que nuevos milagros multiplicaran sus das, la pareja uni su voz como antes, en un
cntico de gratitud y adoracin al Creador que, como los corderitos nacera tambin del dolor para
cumplir en su vida el mayor de todos los sacrificios, para la salvacin de la humanidad. El Eterno,
aunque invisible a los ojos de Sus hijos humanos, permaneca muy cerca, acompaado por un
ejrcito de ngeles, en incansable ministerio de cuidado y proteccin. La pareja estaba inconsciente
de que la dulce calma y paz reinantes en aquella colina, as como toda su prosperidad, eran frutos
de tan intensa lucha.
5 Si sus ojos fuesen abiertos hacia las escenas que ocurran invisibles, seran arrebatados de
espanto; Cun terrible era el enemigo y sus huestes en sus constantes investidas con el propsito
de arruinar al ser humano, arrebatndolo de las manos del Creador! Viendo que el empleo de la
fuerza no le redundara en victoria, el enemigo en su astucia idealiz una trampa con la cual pudiera
enlazar a la pareja. Reuniendo a sus ejrcitos, les revel sus planes diciendo: Al ser humano le
fue ordenado sacrificar corderos, como smbolos del Salvador venidero.
6 Los tentaremos a mirar hacia esos smbolos como portadores de perdn y vida, hacindolos poco
a poco olvidar la realidad del sacrificio prometido por Dios. Ser un proceso lento, pero de una
victoria segura". El Creador conociendo el peligro de esa trampa, se entristeci, pues al mirar
hacia el futuro, pudo ver a tantos hijos Suyos siendo desviados del camino de la salvacin.
Cuntos se apegaran a los smbolos juzgando encontrar en ellos virtud! Dios en su amor y
cuidado, no los dejara inconscientes del peligro que los amenazaba.
7 Saba l cunto Adn y su compaera amaban a aquellos corderos que, al morir sobre el altar, les
ofrecan luz y calor. Fcilmente podran ser inducidos a verlos como fuentes de vida y luz,
comenzndolos a reverenciar. Muchas semanas ya haban pasado, trayendo consigo las noches de
dolor y sacrificio, seguidas por los das de esperanza y nostalgia de Aqul Padre carioso, el cual
despus de hacerles promesas y secar sus lgrimas, Se haba tornado invisible delante de sus ojos.
Cada da que pasaba, traa a la pareja una nueva carga de nostalgia, hacindolos indagar en cada
atardecer: Cundo besaremos nuevamente Su faz? Cundo seremos envueltos por Sus brazos,
caminando bajo la luz de Su amor?! Cunta nostalgia sentan de aquellas noches ednicas,
cuando adormecan en el suave regazo de su divino Padre!
8 Una semana ms de trabajo y lecciones aprendidas estaba finalizando. El sol en su declinar
anunciaba otra noche de arrepentimiento y de sangre inocente a baar el altar. La silente pareja
estaba lejos de imaginar que en esa noche, el doloroso golpe que siempre era seguido por el fuego,
les revelara la faz bendita del Padre. Con las manos estremecidas, Adn levant al cordero que,
mudo, no hizo ninguna resistencia al ser colocado sobre el altar. Lgrimas rodaron en su rostro al
pensar que un inocente animal ms se zambullira en las odiadas tinieblas de la muerte, para
generar la luz con su sangre.

9 Es doloroso sacrificar, mas no hay otro camino de salvacin. nicamente a travs de la sangre
derramada del cordero, podrn vivir para contemplar en el futuro la faz del Padre. En un penoso
esfuerzo Adn hace caer aquella piedra puntiaguda sobre el corderito que, en un gemido de dolor
derrama su sangre. Una Luz gloriosa pronto disipa las tinieblas inundando toda la colina con sus
rayos de vida. A travs de las lgrimas la pareja entonces contempla en medio del fuego del altar, al
Creador. En un gesto de amor, Dios abre Sus brazos como antes, y con una sonrisa camina hacia el
tan anhelado abrazo.
10 Sin encontrar palabras que expresen su inmensa nostalgia, la pareja se lanza a Su pecho y llora
amargamente. El divino Padre, conmovido, tambin llora, mas procura consolar a sus hijos, con su
dulce sonrisa. Con emocin la pareja contempla la faz del Padre, envolvindola con besos y
carios. El amor de ellos por l haba sido intensificado por el sufrimiento. Agradecidos y felices,
caminan al lado del Creador, mostrndole los jardines cargados de flores y frutos. Le cuentan de las
lecciones aprendidas junto a la naturaleza; Le muestran el rebao domado por el afecto.
11 Iluminados por la suave luz del Eterno Padre, la pareja se sienta a Sus pies como antes, para or
Sus enseanzas. El Creador, mirndolos con ternura, pasa a advertirlos del peligro. Orientndolos
acerca de los sacrificios de corderos, que eran importantes en el sentido de mantener siempre en la
mente la certeza de un Salvador venidero que, como los corderos, sera sacrificado para redencin
de los pecadores. Los corderos, sin embargo, no posean en s poder para perdonar las culpas, pues
consistan apenas en smbolos del Mesas Rey.
12 Despus de ser ellos concientizados del peligro de apegarse a los smbolos buscando encontrar
en ellos la salvacin, la pareja recibi la incumbencia de transmitir esas orientaciones a sus
descendientes. Despus de advertir al ser humano, el Creador coloc la mirada sobre las ovejas que
yacan dormidas junto a su cra, y exclam: Cun bellos son los corderitos! La pareja, en una
mezcla de felicidad y dolor agreg: Ellos cuando estn despiertos saltan de placer, olvidados de
que al nacer y al morir causan tanto dolor!
13 Despus de contemplar a los corderitos, Dios mir a la pareja con ternura, revelndoles algo que
los sorprendi y alegr: Cuando de stos corderos treinta y seis hayan subido al altar, vuestros
brazos envolvern al primer hijo que, como ellos surgir tambin del dolor. Ese hijo en su infancia
les traer alegra saltando como los corderitos en vuestro hogar. Deberis instruirlo con dedicacin
en las leyes de la armona, mostrndole el camino de la redencin. Como vosotros, l ser libre para
escoger el rumbo a seguir. Aceptando la enseanza, su vida ser victoriosa; rechazndola, caminar
hacia la derrota.
14 Adn y Eva oyeron con alegra la promesa divina, pero al mismo tiempo experimentaron en lo
profundo del ser un temor al concientizarse de la responsabilidad que tendran. Saban que Satans
hara todos los esfuerzos para llevar al nio prometido a la perdicin. Era alta noche cuando el
Creador, despus de acariciar a sus hijos, los dej dormidos sobre el suave csped. Despus de la
promesa, cada corderito llevado al altar haca latir ms fuerte en el vientre materno la esperanza de
la alegra que en breve alcanzaran.
15 Treinta y seis finalmente descendieron a las tinieblas cumpliendo el tiempo determinado por el
Creador en que el primer nio recibira la luz. Con las manos todava manchadas por la sangre del
sacrificio, Adn ampar a su esposa que, a los pies del altar se postr vencida por el dolor que le
trajo el primer hijo. El pequeo nio no traa en la cara la alegra de la libertad, sino el llanto de su
prisin; Ese llanto durara la noche entera, si no fuese por el brillo de aquella llama ardiente de
esperanza que, pronto atrajo la atencin de sus ojitos atentos. Envolvindolo con alegra, Eva
consolada de su sufrimiento, dijo: "Alcanc del Seor la promesa". Le dio entonces el nombre de
Can.
16 Despus de envolver al beb con las pieles suaves de un cordero, la pareja permaneci despierta
a meditar. Muchos eran los pensamientos que ocupaban sus mentes: pensamientos de alegra, de
gratitud, de esperanza y de anhelo por el sentido de la responsabilidad que ahora pesaba sobre sus
hombros. Acariciando con ternura al pequeo nio, la pareja madur en su experiencia,
comprendiendo mejor el misterioso amor de Dios que, para salvar a Sus hijos, Se dispuso a morir
en lugar de ellos.

17 Adn y Eva no estaban solos en sus reflexiones: todos los seres inteligentes del Universo
consideraban con inters el futuro de aqul indefenso beb que en el interior posea un reino de
dimensiones infinitas, al ser disputado por los dos poderes en lucha. Quin sera el Seor de su
vida?! Caminaran sus pies por el camino ascendente que lleva a la vida, o la ruta descendente
que termina en el abismo de una muerte eterna?! Viendo al nio esbozar su primera sonrisa, la
pareja sbitamente se acord de la promesa del Creador que era confirmada en cada sacrificio: l
nacera de la mujer como nio, con la misin de redimir a la humanidad.
18 No sera Can ya el cumplimiento de la promesa? El infante con sus ojitos brillantes de alegra
se pareca tanto a los corderitos que nacan y crecan con la misin de ser sacrificados!
Considerando as, la pareja apretando al hijo junto al pecho comenz a llorar sin consuelo. Cun
terrible, sera ofrecer a su hijo inocente al rudo altar! Para la pareja compungida por el dolor,
apareci al fin el sol brillante haciendo revivir con sus clidos rayos las promesas que sealaban
hacia un Salvador que, todava en el futuro, nacera tambin del dolor para cumplir el eterno plan
de redencin.
19 Bendecido por el Creador y envuelto por el amor y cuidado de los padres, el nio se desarrollaba
en su naturaleza fsica y mental, tornndose cada da en el objetivo mayor de una incansable batalla
entre las huestes espirituales. Adn y Eva, ansiosos por hacerlo comprender las verdades de la
salvacin, lo tomaban en los brazos en cada amanecer y, al borde del altar le sealaban el Edn
distante, contando aquellas historias de emocin las cuales el pequeo Can todava no consegua
comprender.
20 Cul fue la alegra de aquellos padres, al verlo en una maana de sol, sealar con su manita
hacia el hogar de la nostalgia, pronunciando el nombre sagrado del Creador. Emocionados lo
tomaron en los brazos, pidindole que repitiera ese sublime nombre que, cual llave de felicidad,
siempre les descubra un paraso de eterno amor. Todas las huestes de la luz se inclinaron con
alegra al or al pequeo nio pronunciar el nombre del divino Rey.
21 Las semanas se iban pasando trayendo consigo nuevas vctimas hacia el altar, y el pequeo
Can, blanco de la atencin y cuidado de Dios, de las huestes de la luz y de aquellos amorosos
padres incansables en la misin de instruirlo, agrupando sus pocas palabras, siempre curiosas con
todo comenz a interrogar. El da declinaba cuando el muchacho, que yaca en el regazo de su
madre, le pregunt: Madre, Por qu el sol siempre se va as, dejando a la gente en el fro de la
oscuridad? "Eva, sorprendida contempl a su hijo, sin encontrar palabras para contestarle la
pregunta que le trajo el recuerdo del pasado de felicidad destruido por su culpa.
22 Despus de un momento de silencio, besando la cara del pequeo Can, le dijo: Hijo, un da
el sol vendr para quedarse, trayendo en sus rayos un mundo solamente de armona; ya no habrn
animalitos para combatir, ni corderitos para morir sobre el altar" El pequeo Can deseando ver
rayar pronto ese da, dijo a su madre: Madre, maana el sol nacer en el paraso; Pide para que
l se quede! As podr jugar, jugar, y nunca ms dormir". Ansioso en ver rayar el da que no
tendra fin, el pequeito Can solamente se durmi hasta despus de hacer a su madre prometer que
pedira al sol permanecer.
23 Un nuevo da de sol radiante a caminar por el cielo surgi para Can, trayendo en sus rayos
alegra y calor. Mientras jugaba en el jardn, sus ojitos curiosos se volteaban muchas veces hacia el
sol que pareca acariciarlo con una sonrisa de esperanza. Vindolo, sin embargo, caminar en
direccin del occidente, el pequeo corri hacia su madre, preguntndole: Madre, l prometi
quedarse?" Eva, tomndolo en los brazos, le sonri procurando hacerlo comprender con palabras
simples, mientras le sealaba el distante paraso, la historia de la redencin.
24 El sol vendra un da para quedarse. Can, insatisfecho con las palabras de la madre, demostr no
tener paciencia para esperar ese da que yaca en un futuro distante. Repeta en llanto: "Yo
quiero el sol ahora, maana no!" Eva, pacientemente, procur calmar a su hijo, hablando sobre la
luz de Dios, que puede convertir la noche en da. l lo amaba y podra henchir su corazoncito de
brillo, de alegra y paciencia. Podra as, esperar feliz el da de sus sueos. Balanceando la cabecita
en rechazo al consuelo de la madre, Can pronunci entre sollozos: "Yo quiero al sol porque yo
puedo verlo, al Eterno no".

25 Como una flecha dolorosa las palabras de rebelda de Can penetraron en el corazn de Eva,
hacindola llorar amargamente. Los fieles en todo el Universo se unieron a ese llanto. Una tristeza
infinita se cerna sobre el corazn del Creador rechazado. Se esbozaba en los gestos de Can los
primeros pasos por el camino descendente de la rebelda. Cuntos lo seguiran rumbo a la muerte!
Inconsciente de la tristeza que se haba abatido sobre el reino de la luz, Adn, al ver el sol declinar
en el horizonte, dej su trabajo en el campo dirigindose hacia la casa.
26 Tena un cntico en el corazn al caminar hacia un encuentro ms con los suyos. Al acercarse al
altar, vio junto a l a su compaera postrada en llanto. El pequeo Can yaca all tambin llorando.
Tomndolo en los brazos, Adn le pregunt con ansiedad: "Qu sucedi hijo mo?" Can
tristemente respondi: "Mam dej ir al sol todava" amparando al hijo con su brazo izquierdo,
Adn puso su mano derecha sobre el hombro de Eva, ms no encontr palabras para consolarla. La
frase dicha por su hijito, pareci rasgarle el corazn, hacindolo revivir la cada. Despus de reflexionar, Adn sintindose culpable respondi a Can: "Fue pap quien dej ir al sol todava hijo
mo".
27 Con sollozos de gran tristeza, Adn se uni a ellos en llanto. El recuerdo del Salvador, sin
embargo, lo consol. Secando sus lgrimas y las de su hijito, le dijo con ternura: "Podemos
alegrarnos hijito, pues Dios prometi hacer el sol para siempre brillar en el cielo; l ser como el
fuego que aparece en el altar, expulsando a las tinieblas de la noche". Con los ojitos vueltos hacia
el ltimo claro del arrebol, Can permaneci sin consuelo. En aqul atardecer, no hubo como de
costumbre una alegre cena. La pequea familia, entristecida, permaneci silente a meditar por
largas horas, hasta que soolientos durmieron bajo la luz de las estrellas.
28 El enemigo y sus huestes, en sarcasmo de maldad se burlaban en aquella noche del sufrimiento
de Dios y Sus fieles. Repitiendo las palabras de rebelda del pequeo Can, se jactaba como
vencedor. En un desafo al Creador pronunci: Mira como este mi pequeo esclavo te rechaza!
Lo mismo se dar con todos aquellos que han de nacer. Estoy seguro que el derecho del dominio
jams saldr de mis manos. Todas las huestes rebeldes repitieron en eco las afrentas del
engaador, humillando a los sbditos de la luz que sufran del lado del Eterno. Con sus afrentas, el
enemigo procuraba hacer a Dios desistir de Su plan de redencin. Si eso sucediese, su reino de
tinieblas se extendera por toda la eternidad, suplantando el dominio de la luz.
29 En respuesta al desafo del enemigo, el Eterno solemnemente afirm: Aunque todos me
rechazaren, Yo cumplir la promesa. El Creador no soportaba el pensamiento de ver al pequeo
Can caminar hacia la perdicin. Por l interceda cada da, ofreciendo ante la justicia Su sangre que
vertera. ngeles poderosos lo guardaban en cada momento, espantando las tinieblas espirituales
que lo acechaban procurando volverlo insensible a los beneficios de la salvacin, que eran
ilustrados por los smbolos. Adn y Eva en su incansable ministerio de amor, todos los das
enseaban a Can las lecciones espirituales ilustradas en la naturaleza.
30 En cada sbado procuraban afirmar en su mente juvenil la esperanza de una vida eterna, que
sera fruto del sacrificio del Salvador. l despus de vivir una vida sin pecado, morira como un
cordero, para poder expulsar para siempre las tinieblas. Can se conmova a veces con las
enseanzas, mas casi siempre cuestionaba vacilante. Rebeldemente preguntaba: Por qu
Samael se fue a rebelar?! Cierta noche, rehusando or los consejos de sus padres, los acus de
todo el mal diciendo: "Si ahora no tenemos un sol a brillar, es por culpa de vosotros."
31 La contemplacin del Edn distante baado en sol hizo nacer en el corazn juvenil de Can
pensamientos de aventura. l comenz a pensar: "Este paraso no est tan lejos como afirman pap
y mam. Por qu esperar y sufrir tanto tiempo?! l es tan bello! Es de l que surge todos los
das el sol! Si lo conquistramos, ser fcil detener la luz en su fuente; As viviremos en un paraso
de eterno sol. Las ideas de aventura de Can, llenaron el corazn de Adn y Eva de tristeza. Vieron
que su inters era solamente por el tiempo presente; l soaba con un paraso de felicidad y luz
conquistado por su fuerza.
32 En sus planes, no senta la necesidad de un Salvador; Para qu, si era tan joven, inteligente,
lleno de vida y de ideales? as deca. Los das de luchas, intercesiones y sacrificios por el destino
de Can se fueron pasando. Oportunidades preciosas para apegarse al Salvador surgan cada da

delante de l, mas todas las rechazaba, una por una. En su incredulidad lleg a dudar de la
existencia de ese Dios, el cul jams haba visto. A los padres que, afligidos pero siempre con
paciencia, procuraban librarlo de la perdicin hacia la cual estaba caminando, prometi un da,
despus de sonrer con aire de incredulidad, creer en el Creador y en Su plan de salvacin, si se
diera el caso de que l se volviese visible en la hora del sacrificio.
33 Con ardiente fe, aquellos padres comenzaron a clamar al Eterno. Su presencia visible podra,
quin sabe, salvar a aqul hijo amado que cada da se volva ms rebelde. El Creador oy el clamor
de los padres afligidos. Aunque saba que su aparicin difcilmente quebrara en el corazn del
joven Can su espritu rebelde, estaba dispuesto a satisfacer la peticin. Extendera los brazos
amigos a Can, procurando con amor conquistarle el corazn.
34 Como conoca sus anhelos y sueos de aventura, fcilmente l podra identificarse con l,
cautivndolo, pues l tambin era Alguien que siempre haba cargado en el pecho sueos de
aventura; No haba sido la creacin del Universo una gran aventura?! No haba sido Su sueo
verlo incrustado de soles fulgurantes, iluminando billones de mundos con su brillo?! No era
tambin el mayor de los Suyos atravesar el valle de la muerte, en la bsqueda de la conquista del
Edn distante, uniendo para siempre el sol en su cielo?! Tenan muchas cosas en comn! Can
estaba curioso en aquel da sexto.
35 En la faz de los padres, vea el nimo y la alegra, frutos de una fe grandiosa. Estimulado por esa
expresin de confianza, el joven comenz a ayudarles en los preparativos para el santo sbado. El
Sol finalmente se escabull rodando hacia el poniente, dejando como de costumbre su rastro de
nostalgia que anunciaba miedo. En medio de las tinieblas, Can discerni la figura blanca del
cordero siendo levantado hacia el altar por las manos del padre ese incansable sacerdote que
siempre estaba implorando al Creador por la salvacin de su amado hijo.
36 Con la mano levantada, Adn se preparaba para el golpe que podra, quin sabe, romper en el
corazn de Can su incredulidad, haciendo nacer en un solo momento la creencia en la salvacin.
De sus labios se escapa entonces la plegaria de la fe: Padre Eterno, oye mi peticin; Mi hijo
precisa de Ti! Solamente una mirada Tuya podr conquistarlo. Ven Seor!! Esta oracin
sincera cay en los odos de aqul hijo conmovindolo. Solamente la plegaria ya sera suficiente
para convencerlo de la existencia real de un Salvador.
37 Mientras seca las lgrimas de la emocin, Can se estremece al or el ruido del golpe de la
muerte. Todo era solemne en aquel momento; Vendra el Creador del mundo en respuesta a la
oracin de amor?! Cmo lo encarara en su incredulidad?! Un fuerte brillo envolvi pronto toda
la colina baando tambin el valle oriental. Los ojos bien abiertos de Can se posaron entonces en
los ojos amables del Creador, que traa en la faz un brillo superior al del sol, mas no ofuscante.
38 Contemplndolo con admiracin, Can exclam: l es joven como yo, y se parece al Sol!
Adn y Eva, conmovidos por la gran nostalgia tenan deseos de saltar al pecho del Salvador y
besarlo, pero dejaron que l se encontrase primero con Can. Con alegra, vieron al precioso hijo
envuelto en los brazos del gran amigo, que era parecido a su astro. Despus del largo abrazo, Dios
abraz y bes tambin a la querida pareja, compaeros en el sufrimiento. Con alegra, salieron a
pasear por los jardines de la colina.
39 Al centro iba el Creador y Can, y a los lados Adn y su compaera. Cunta felicidad
experimentaban en esos pasos! Estaban completos. Can, conquistado por el afecto del Padre
Eterno, Le mostr sus animales de estimacin y su pequeo jardn cargado de lindas flores. Como
estaba encantado de verlos coloridos en aquella noche deshecha por el brillo del Creador, como
bajo la luz del da! Pareca hasta como si el mismo Sol hubiese bajado a ellos. Al pensar en el Sol,
Can como lo amaba mucho, comenz a hablar sobre l diciendo: Como l es bello y bueno!
Cuando l se va no obstante, deja en sus lgrimas de sangre un sentimiento de tristeza y temor.
40 Todo desaparece en su ausencia: los animales, el jardn; hasta los pajarillos silencian sus
cantos!... Pero basta a l decir que va a aparecer y, todo se llena de encanto; La naturaleza se
despierta de su mansedumbre, pareciendo todava temer a las tinieblas, mas cuando las ve huir,
permanece alerta y canta; Los animales, los pajarillos, el jardn,... todo vuelve a un feliz vivir!
Mas, esta felicidad siempre acaba!!!

41 Despus de hablar estas palabras, Can mirando al Creador indag curioso: Pap siempre dice
que fuiste t quien cre al Sol. Es verdad? Con una sonrisa de sinceridad Dios le contest que
s. Cuando t le hiciste en el principio, con-tinu Can, l ya hua hacia el poniente? l
nunca huye, respondi el Eterno, es el mundo quien huye de l. l esta triste con esa ingratitud!
Pero cmo? Pregunt Can, contemplando curioso Su faz de luz. Con palabras cariosas,
Dios comenz a contarle la historia de Lucifer que, en su ingratitud desterr de sus ojos y de los
ojos de una multiplicidad de criaturas, el brillo de Su faz el Sol Verdadero.
42 Despus de actuar as, enga a muchos diciendo que el Sol era quien hua de ellos. Con su
astucia, continu el Creador, el ngel rebelde procur arrastrar al ser humano hacia las tinieblas, y
lo consigui. El Sol en aquel da, llor tantas lgrimas de sangre, que ba todo el cielo. En su
ltimo suspiro de luz, sin embargo, l le prometi al mundo ya arrebatado por las tinieblas, volver
un da a brillar para siempre, llenando todo su seno de vida.
43 Despus de decirle estas palabras, el Eterno mirando a aquel joven, con expresin de tristeza en
los ojos concluy diciendo: Hoy, el ngel rebelde promete a sus seguidores que ir con su fuerza
a detener el sol, pero l jams conseguir realizar ese plan, pues no posee el lazo que podra
detenerlo: el amor. Cabizbajo, Can oy de los labios del Creador esa historia de promesas, la
cual ya se haba cansado de or de sus padres. Esa historia no le daba placer, pues mostraba una
noche larga de sacrificios sobre el altar, y de un Salvador a perecer en dolor.
44 En realidad, Can no vea razones para todo eso. Porqu no desterrar lejos el sufrimiento
coloreando las tinieblas de luz?! En un esfuerzo de conquistarlo, el Eterno con mucho amor mir a
aqul joven insatisfecho, y le dijo que, solamente la sangre de Su sacrificio podra hacer al Sol
brillar para siempre, en un reino de eterna felicidad y paz. No haba otro camino para esa conquista.
Por ello, debera ser paciente, descansando bajo Su cuidado.
45 Despus de conversar por largo tiempo con Can, en la tentativa de hacerlo reconocer su
necesidad de salvacin, Yahwh voltendose hacia la pareja, comenz a consolarlos con la promesa
del nacimiento de otro hijo. Treinta y seis sacrificios ms seran contados, y sus brazos envolveran
al segundo hijo. Nacera tambin del dolor, mas traera en los ojos el brillo y el consuelo de la
salvacin. Su testimonio de fidelidad sera perpetuado por todas las generaciones, en el smbolo de
un altar cubierto de sangre. Las semanas se iban pasando, trayendo a la pareja nuevas de alegras y
tristezas: de un corazn lleno de vida a latir en el vientre de Eva, y de un vaco con olor de muerte a
crecer en el corazn del joven Can.
46 Aunque l se haba deslumbrado ante la manifestacin de Dios, esa aparicin en nada le cambi
su manera arrogante de pensar sobre el sentido de la vida. l no vea sentido en los sacrificios
ofrecidos en el altar. En los das que siguieron a su encuentro con el Creador, l argumentaba con
sus padres diciendo: Si yo fuese poderoso como el Eterno, yo jams me sometera al sacrificio
para reconquistar el reino perdido. l es fuerte, y brilla como el sol. l podra con una sola palabra
expulsar todas las tinieblas, devolvindonos el paraso.
47 Para qu tanto sufrimiento?! Con ese argumento, Can se supona ms sabio que el
Creador. Quin sabe si, en un prximo encuentro tendra oportunidad de aconsejarlo. De esa forma,
el joven Can se sumerga cada vez ms en el abismo del orgullo y del egosmo lugar de
ilusiones hacia donde se diriga, pensando estar caminando hacia la victoria. No haba sido
Lucifer junto con un tercio de las huestes celestiales atrados por esa misma ilusin?! El Dios
bondadoso, todava, no sellara el destino de Can sin antes procurar de todas las formas salvarlo de
la ruina eterna.
48 Esa gracia inmerecida, fruto del divino amor, sera concedida a todo el ser humano que viniese a
nacer en ste mundo.

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