100% encontró este documento útil (8 votos)
8K vistas479 páginas

Marauders Crack

Escrito por Irati Fanfiction ambientado en Harry Potter

Cargado por

Lyris Laerden
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (8 votos)
8K vistas479 páginas

Marauders Crack

Escrito por Irati Fanfiction ambientado en Harry Potter

Cargado por

Lyris Laerden
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Marauders Crack!

Y ahora, todos juntos.


Uno.
Lo que nunca habra pensado Sirius en once aos de existencia es que Hogwarts podra ser
aburrido. Pero lo cierto es que lo era. Hogwarts le aburra ms que las comidas familiares de
los domingos, ms que las canciones de Celestina Warbeck, ms que su prima Narcissa.
Hogwarts era El Aburrimiento. Llevaba casi dos meses en el colegio y lo que en principio pens
que sera una fiesta continua lejos de casa pronto se haba transformado en clase y deberes y
ms clases y ms deberes que Sirius acababa en media hora y despus... nada. Encima le
haban tocado unos compaeros de habitacin que eran retrasados mentales. Tenan sus
propios nombres pero Sirius los haba bautizado a los tres das de empezar el
curso: Cuatrojos, Ratonejo y Mudito. Cuatrojos y Ratonejo pareca que haban hecho buenas

migas, ms por parte del segundo que del primero, y hablaban sobre los comics de Martin
Miggs, el muggle chiflado y Mudito... pasaba demasiado tiempo leyendo y cuando no lea deca
cosas como "me pasas la mermelada, por favor?, gracias".
Tarados.
Todos ellos.
Pero all estaba Sirius, en Hogwarts, dos das antes de Halloween, mortalmente aburrido,
tumbado en su cama del dormitorio de los chicos. Fue entonces cuandoCuatrojos entr en la
habitacin y Sirius, por dar conversacin, dijo
"Me aburro, Potter"
Dos.
Lo que nadie pensara al ver a James Potter con once aos es que estaba ante una mente
criminal en potencia. Criminal en el sentido en el que un preadolescente puede ser criminal. Lo
que nadie pensaba viendo aquellas gafitas y el pelo desordenado y la sonrisa de nio bueno
era en la tia Ethel cayndose de culo porque "alguien" le haba quitado la silla de golpe durante
la cena de Navidad, en el abuelo Henry buscando su dentadura por toda la casa para encontrar
al perro con ella puesta o en el primo Gregory con el pelo verde tras salir de la ducha. Ese tipo
de cosas. Despus se descubra que James sujetaba la silla de tia Ethel, que tena marcas de
mordeduras del perro y que su manos estaban sospechosamente tintadas de verde. La gente
se quedaba estupefacta antes esta revelacin y al chaval casi le haca ms gracia ver sus
caras que la broma en si.
James supo que haba encontrado su alma gemela la tarde en que entr en el dormitorio de los
chicos y ante el "Me aburro, Potter" que le solt a bocajarro un desganado Black respondi:
"Podramos encantar los postres de los Slytherin en el banquete de Halloween con un
encantamiento estornudador..."
y Sirius, lejos de extraarse, le puso una sonrisa perruna.
Tres.
Lo que nadie pensaba de Peter Pettigrew era que tras el chico asustadizo, tmido y algo
atontado de once aos se esconda un autntico merodeador. En el sentido ms literal de la
palabra, esto es: aquel que vaga por las inmediaciones de un lugar generalmente con malos
fines. No es que los fines de Peter fuesen necesariamente malos, sino ms bien... alimenticios.
El pequeo Pettigrew supo donde estaba la cocina de Hogwarts y supo camelarse a los elfos
para que le dieran chocolatinas el segundo da de su estancia en el colegio. Sus tripas le
impulsaron a ello. No es que fuera malo.
Lo que no saba Peter es que sus merodeos algn da serviran para algo. En concreto, no
saba que serviran para que interrumpiese una conversacin a media voz entre James y Black
la noche antes de Halloween en el dormitorio de los chicos. No pudo evitar orla. Pero tuvo que
hacer acopio de toda su valenta para decir:
"Perdonad er... no me podido evitar or vuestro problema y el caso es que..., es que... yo se
como entrar a las cocinas para encantar los postres"
James puso unos ojos como platos.
Bom, bom, bom, bompa, bom.

Fue un xito. Dumbledore dio su discurso tradicional de Halloween y anunci que se acercaban
los postres. Aparecieron sobre la mesa. Tartas de calabaza, flanes de queso todava calientes,
trescientos sabores distintos de chocolates, plumas de azucar, meigas fritas... lo atacaron todo
sin dudar. El primer estornudo fue de Severus Snape, para regocijo de Sirius quien le haba
bautizado como Quejicus, por su tendencia a chivarse en clase de Pociones. Despus le
siguieron los que estaban sentados a su lado. Y los de al lado de los de al lado. Y los de
enfrente. Y los del otro extremo de la mesa. Y pronto todo los Slytherin estaban estornudando
como si la vida les fuese en ello. Y ninguno poda parar. El comedor se convirti en un caos.
Los profesores reaccionaron echndose las manos a la cabeza. Los Ravenclaw analizaban sus
platos cuidadosemente. Los Hufflepaf estaban atnitos. Los Gryffindor disimulaban sus
sonrisas y sealaban. Sirius, James y Peter eran los nicos en todo el comedor que rean a
mandbula batiente. Remus, aunque nadie lo notaba, se rea tras aquella narz que ya era
enorme con once aos. La broma le haba parecido burda pero ver al envarado Profesor
Bursnell, el jefe de la casa Slytherin, gritar a su prefecto:
"por merln, seor Howshaw, deje de estornudar y ponga orden YA!"
era hilarante.
Y cuatro.
Lo que nadie, ni Sirius, ni James, ni Peter esperaban fue que cuando aquella noche la
profesora McGonagall en persona se person en el dormitorio de los chicos Gryffindor de
primer curso y exigi saber, aunque ya lo sospechaba, si ellos eran los causantes del caos en
el festn de Halloween se oyese, desde el fondo de la habitacin, la vocecita de Remus Lupin,
que con sus mejores ademanes de muchacho bien educado y con su cara ms seria y
responsable dijo:
"No han podido ser ellos profesora, han estado toda la tarde conmigo en la biblioteca haciendo
los deberes de Transformaciones".
Minerva McGonagall tuvo que creer a su mejor alumno en veinte aos. Nunca vio, porque ya
haba salido de la habitacin para entonces, que cuando todos miraron a Remus una vez que
ella cerr la puerta, a este le brillaban los ojos con picarda debajo de un flequillo insolente.
fin.
Instinto territorial
La bufanda tiene los inconfundibles colores de Griffyndor. Es de un rojo profundo, como un
corazn que bombea sangre adolescente y tiene franjas gruesas de un amarillo intenso, color
de la arena del desierto a ltima hora de la tarde. Cuando camina por los pasillos en direccin a
la Torre de Griffyndor, los colores se superponen y se mezclan sobre el milenario suelo de
piedra. Arrastra la ropa con ese caminar perezoso. La suya es una torpeza tan sutil que parece
una sofisticada forma de la elegancia. Exhausto, con los odos taponados y la nariz roja por los
restos de un resfriado que no acaba de curarse. Con la cabeza metida en el libro de Aritmancia
para repasar la ltima clase. Distrado y renqueante y vestido con ropa de invierno cuando la
mayora de los chicos todava apuran el otoo. No hace demasiado fro pero es el primer da de
la luna menguante y Remus Lupin tiene cicatrices en el cuello que no quiere que nadie vea.
En la esquina que lleva a las escaleras flotantes, gira, choca y ve rodar su libro hasta los pies
del cuerpo con el que ha tenido un encontronazo. Sonrisa afilada, pelo tan blanco como una
maana de enero, escarcha en la expresin, furia disimulada bajo grandeza y un tono de voz
deliberadamente lleno de desprecio. Lucius Malfoy con sus tres esbirros Slytherin. Estupendo.
- Mirad, chicos. La seorita Lupin paseando por ah sin sus guardaespaldas Griffyndor. No te
da miedo salir por ah sin Black, Remus?
- No especialmente, pero agradezco tu conmovedor inters. Intenta abrirse paso. Est
cansado, tiene clase y pocas ganas de perder el tiempo. - Un encuentro breve pero
emocionante. Y ahora, si me disculpas... deja caer el final de una frase hecha pero ningn
Slytherin da un solo paso para moverse.
- Quieres marcharte tan pronto, Lupin? Qu pasa, no te gusto tanto como Black y Potter?

Siguen cerrndole el paso.


- Tengo cosas que hacer, Lucius.
- En serio?- se acerca a l con esa pose pretendidamente intimidatoria. - Me pregunto qu
cosas sern.
- Excelente. Me alegra resultarte tan interesante como para que dediques tu precioso tiempo a
pensar en m. Es profundamente halagador.
Tres noches al mes, Remus se transforma. El animal interior estalla en su pecho y le destroza,
desgarra cada clula y cada trozo de piel, hasta que no queda nada del colegial con uniforme
rado. Sabe que el lobo no es solo producto de un mordisco infame, hace tantos aos. Es parte
de l. Su rabia, su ira, esa clera que habita en lo ms profundo del estmago. Tres noches al
mes, esa rabia es una explosin que podra destrozar a Lucius Malfoy solo con un simple
movimiento certero de sus colmillos. El resto del tiempo, la brabuconera de Lucius Malfoy y
sus insinuaciones le dejan indiferente. Al contrario que James y Sirius, Remus intenta elegir sus
batallas.
- Dinos, Lupin. Le sacas brillo a la varita de Black o a la de Potter? O te utilizan por turnos,
para que ninguno se ponga celoso? Malfoy acorta la distancia entre ellos y Remus no es un
lobo pero lleva uno dentro que es capaz de olisquear el odio de Malfoy, rezumando con una
intensidad asesina. - Eres la novia de los dos?
Da un paso atrs para no tener que oler su aliento.
- Malfoy! Aparta tu asquerosa cara de l, sino quieres que te la deje todava ms fea de la que
la tienes.
Lo que faltaba.
Estupendo, Canuto, defindeme, eso acabar con todos los rumores.
Lucius se aparta de l al instante, se hace a un lado y brilla en esa mirada glida la satisfaccin
de haber conseguido al fin la pelea que andaba buscando. Tras l, varita en mano, exudando
energa despus del entrenamiento de quidditch, pavonendose, mirando a Malfoy como si
fuera la peste hecha carne, deseando algo contra lo que descargar su constante furia, el ms
altivo, ms fuerte, ms alto y musculoso de todos los Griffyndor de sptimo curso.
- Fjate quien llega para defender a su novia.
Sirius, naturalmente.
- Qu pasa aqu Malfoy?
Eencara a los secuades de Malfoy. Invade su espacio personal. Remus sabe que le encantara
olisquearles, gruir y mear a sus pies para marcar su territorio. Sabe que el perro no fue una
eleccin casual y el disfraz de animago es solo su animal interior saliendo a ala luz. Sirius no
eligi el perro. El perro le eligi a l. El perro siempre ha estado ah.
- No pasa nada, Black. No hay palabras para describir hasta qu punto destilan desprecio las
palabras de Malfoy. - Solo estbamos charlando. No te pongas celoso- le desafa. Poniendo un
nfasis especial en esa ltima palabra. Celoso.
Remus intenta sembrar paz en un territorio minado.
- No pasa nada, Sirius. Ya me iba.
Es intil. Hay un centmetro escaso entre la barbilla afilada de Lucius Malfoy y la mandbula de
Sirius Black y parece que en cualquier momento, alguno de los dos recorrer ese nico
centmetro y morder.
- No has odo a la seorita? Quiere que le lleves a casa, Black.
En cualquier otro momento, se comentario provocara un puetazo, sangre de Slytherin en el
suelo, y un castigo para Sirius o algo peor tal vez esa expulsin con la que siempre le
amenazan- pero esta vez, Remus reacciona, sale del paso, coloca una mano en el hombro de
su amigo, baja el tono de voz, adopta en la mirada cierta severidad contenida como de anciano
profesor, murmura "no merece la pena, Canuto" y la ira de Sirius se evapora, como si el aliento
de un lobo hubiera extinguido un incendio de un solo soplido. Da un paso atrs, lanza una
ltima mirada incendiaria en direccin a Malfoy y sigue los pasos de Remus en direccin a la
Torre, murmurando sus habituales maldiciones en contra de todo lo Slytherin habido y por
haber.
- Maldito gilipollas. Qu coo habr querido decir?
Ha querido decir que me gustan los chicos, Sirius. Eso ha querido decir.
Sirius Black puede rastrear un olor a millas de distancia en una noche de luna llena pero es
incapaz de mirar a Remus y ver que hay un chico bajo el lobo que alla por l cuando se oculta
la luna llena.
El mago ms inteligente, el perro ms despistado.
A veces Remus cree que es el nico del colegio que no se ha dado cuenta.

**
Sirius
Es el nombre que puebla sus pensamientos, el que ms se repite en esa letana interior que le
acompaa a todas partes. Sirius es el nombre que escucha cuando su corazn empieza a
cambiar de forma y a bombear ms rpido, influido por la luna. Lo siente en esos instantes, lo
nico que siente. Sirius a pocos centmetros, agarrndole mientras todava es un hombre. Solo
carne, Remus, es solo carne.
Sirius es lo que permanece en la frontera entre el hombre y el lobo.
Sirius Black, que entra siempre en la sala comn con sus enormes zancadas, hablando en voz
lo bastante alta como para que todos le oigan. Sirius que necesita la atencin como Remus
necesita a la luna y se re en explosiones estallantes y se ha comprado una absurda moto
muggle a la que est intentando encantar para que vuele solo con el propsito de fardar y
pavonearse. Sirius, que busca siempre una intencin deshonesta y quiere convertirlo todo en
una travesura. Sirius que un da descubri su licantropa y convirti su condena en un juego,
diciendo sencillamente "bueno, to, si eres un hombre lobo, habr que hacer algo para no
dejarte solo" y no supo que en ese momento, Remus Lupin le entreg algo ms que tres
noches al mes y juro solemnemente no abandonarle nunca, no dejar que le dominara su furia.
Sirius Black. A quien la mitad de las chicas de Hogwarts desean y la otra mitad detestan porque
esperaban algo ms de l que encuentros furtivos a altas horas de la noche y poco ms de un
saludo distante la maana siguiente. Sirius, que atormenta a Snape y es tan brillante que no
necesita estudiar y parece que ha nacido para la magia, algo instintivo y todopoderoso que
brota de l con un talento que asusta a los profesores. Sirius, que a veces se queda en la sala
comn porque no puede dormir y apoya los pies en la mesa y adopta esa expresin ceuda y
concentrada y habla con Remus en voz baja porque no hay ningn otro insomne crnico cerca.
Sirius, que en ese momento precioso, deja que salga a la superficie ese otro Sirius, disgustado
y triste y angustiado por los mortfagos y Voldemort y la implicacin de su familia en la guerra
que se cierne. Sirius, que se odia a s mismo por ser parte de una mala simiente.
Incomprendido, solitario a la fuerza. Somos un par de renegados, luntico. T y yo, un par de
renegados. Sirius que se confiesa a altas horas de la madrugada. Si no os hubiera conocido a
James y a ti, a lo mejor sera como el resto de mis hermanos, Remus. A lo mejor sera como
ellos. Sirius. Es el nombre que late en sus sueos, en todas las fases de la luna. Vosotros sois
mi familia, luntico. Y ellos la suya.
Sirius. Su familia, su hermano, su mejor amigo. Sirius, que tiene todas las chicas que quiere y
la mayor parte del tiempo las ignora porque prefiere trastear con James o hacer una salida
furtiva a Hogsmeade bajo la capa invisible para robar cerveza de mantequilla. Sirius que berrea
canciones muggle cuando est borracho y tiene una sonrisa perruna y es mucho, muchsimo
ms atractivo de lo que Remus deseara. Porque, seor, su vida sera muchsimo ms simple si
el condenado engredo no tuviera tantas razones para sentirse satisfecho de s mismo.
Por las maanas se mira al espejo y canturrea, mientras James se lava los dientes.
- Joder, Potter, cmo puedo ser tan guapo?
James escupe la pasta en el lavabo.
- Es un jodido misterio. Disfrutan tomndose el pelo. A veces no duermo por las noches
mientras lo pienso, to.
- En serio? Y yo que pensaba que te la sacudas pensando en Lily.
En el cuarto de bao, Sirius intenta meterle mano. James intenta zafarse sin tragarse el cepillo
de dientes. Hacen chistes sobre varitas mgicas y hay una intimidad, una comodidad masculina
y fsica entre ellos que Remus no comparte, pero disfruta observando desde el exterior. Les
mira mientras Sirius berrea "te quiero, Jimmy!" y James protesta, "quita, chucho!"
Suspira hondo y su suspiro siempre suena igual.
Ay. Sirius.
**
Tantos nombres para un solo lobo
Remus es marica. Maricn. Mariquita. Lupin es una nena. Nenita. Nenaza. Sarasa. Remus
Lupin es afeminado. De la acera de enfrente. Rarito. Maricuelo. Remus es una niita, un
desviado, uno de esos. Los nios le gritaban marica! en su antiguo colegio muggle y una vez
le encerraron en el cuarto de las escobas durante un da entero. Remus sabe que es torpe, y
dbil y enfermizo y distinto. Sabe que es ms inteligente y menos combativo que los otros
alumnos. Sabe que es el hueso en el que hay que pinchar para que los ellos salten: James
Potter y Sirius Black, los reyes indiscutibles del colegio. Magos adelantados a su tiempo,

deportistas extraordinarios, rompecorazones natos, Merodeadores por excelencia. Remus es


como ellos, pero distinto. Remus es mayor, Remus es diferente. Remus es dbil.
Remus es, todos los saben aunque no lo digan, gay.
Todo el mundo lo dice, todos lo rumorean y los rumores, las cosas que no se dicen pero no
dejan de contarse, son como gasolina en Hogwarts, se extienden por todos los rincones y
cobran vida como cuadros mgicos que se mueven al pasar. Si Sirius ni siquiera ha odo los
rumores debe ser porque ser el protagonista de casi todos los cotilleos del colegio le quita
demasiado tiempo.
A pocos das para Halloween, Sirius y James entrenan sobre sus escobas y Remus les mira
desde la ventana de la biblioteca. Surcando el cielo a unos palmos de distancia. Inalcanzables
y veloces. En la mesa de atrs, aparentemente absorta en un libro de Oclumancia, Lily Evans
deja caer sus frondosos rizos pelirrojos sobre la mesa y lee.
- Si quieres saber mi opinin t vales mucho ms que cualquiera de ellos.
Se da la vuelta sobresaltado. Ella sigue con la mirada fija en el libro. Cuando levanta la vista,
Remus se fija por primera vez en esos enormes ojos verdes que traen en un sinvivir a James
Potter y entiende por qu exactamente a su mejor amigo le cuesta conciliar el sueo por las
noches. Esa mirada le hace sentir seguro. Esa tarde hacen los deberes juntos. Remus ayuda
con el latn y Lily, simplemente, ayuda.
**
Posiciones dificiles
Dos semanas despus, un viernes de diciembre antes de Navidad, la carcajada explosiva de
Sirius resuena como un trueno en la bveda del fin del mundo y James tiene que pedirle que
hable en voz ms baja si no quiere despertar a los fantasmas de los cuadros. Cuentan
ancdotas bajo la capa invisible y se dan cuenta de que estn empezando a ser demasiado
mayores para caber debajo de ella en sus escapadas nocturnas a la cocina. Marchan en fila
india. James. Remus. Sirius.
- Canuto? pregunta Remus en voz baja.
- Mmmm?
Sirius est claramente borracho.
- Me ests clavando tu varita.
- Quin te ha dicho que es mi varita?
James les manda callar pero Remus est seguro de que la estpida broma porque no era
ms que una broma, Remus- le ha hecho saltar de tal manera el corazn que han podido
escucharlo en todo el colegio.
- Queris callaos ah detrs? Al final van a cogernos.
- No te pongas celoso, Cornamenta, es una capa lo bastante grande para los tres.
Y vuelve a rerse. Esta vez es una risa ahogada, de perro satisfecho.
**
Una chica en territorio enemigo
Primavera. Lily acompaa a Remus a la Habitacin Comn de los chicos para ayudarle a bajar
unos libros a la biblioteca. Es la primera vez que sube y Remus le ensea el gramfono que ha
conseguido en Hogsmeade y un disco de Ella Fitzgerald que desenvuelve con estudiada
reverencia y chirra ligeramente cuando empieza a girar y a llenar la habitacin del espritu de
la magia blanca.
Lily curiosea un poco. Hay una escoba sobre una cama. Finge que le interesa la escoba y no la
cama.
- Esa no es la de James, es la de Sirius.
- Y a m que me importa?
Remus entorna la mirada.
- Por favor, Lily.
Se tumban sobre la cama de Remus y escuchan todo el disco de Ella, cancin a cancin, con
toda el alma. Lily se acuesta de lado y pone la cabeza sobre su brazo. Cuando se re, a Remus
le vibra todo el cuerpo. Hablan de los exmenes, de los profesores y sus manas, de las
estaciones del ao en Hogwarts, cul de los Beattles es ms guapo, quin de los
merodeadores ms engredo y sobre todo, hablan de lo maravilloso y fcil que sera todo si
- yo te gustara a ti y t me gustaras a m, Remus.
- No te creas, tus hijos tendra una nariz enorme. Puedes vivir con eso?
Se marchan a media tarde y dejan la cama arrugada, con mechones pelirrojos sobre la
almohada y perfume de Lily en la habitacin. El interrogatorio sera inevitable de todos modos

pero ms an cuando bajando las escaleras se encuentran con Sirius y James, con el pelo
mojado por la ducha y una expresin de asombro contenido en la mirada.
James.
- Qu hacis ah arriba? Los dos?
Sirius.
- No habr registrado nadie mis cosas!
Lily les ignora. Besa a Remus en la mejilla antes de marcharse.
- Hasta luego, Remus.
Y apenas mira nadie ms.
- Hasta luego, James. Antes de que l le devuelva el saludo o replique, se despide de Sirius
con un lacnico "Black" que l devuelve con un escueto "Evans".
Tras la estupefaccin inicial, James pierde ligeramente la calma.
- Qu coo habis estado haciendo ah arriba vosotros dos!
Sirius no tiene tiempo de sumarse al tercer grado.
- Uno, hemos estado escuchando msica. Dos, solo somos amigos y tres: no, Sirius, no hemos
registrado entre tus cosas y tu marihuana sigue exactamente donde estaba.
**
Todo por culpa de Ella.
Una simple visita a la habitacin de los chicos con Lily desencada poderosas mareas interiores
y al final Remus no puede ms. Tres semanas de acoso por parte de James. Y cuando James
no est, es Sirius el que insiste. Seguro que no te gusta Lily, Luntico? Seguro. Pero insisten,
y Santo Cielo, James, sin duda, es peor.
- Te gusta Lily.
- No me gusta Lily.
- No intentes disimular.
- James, tenemos que pasar por esto otra vez?
- No pasa nada. Te gusta y crees que le gustas y no quieres decrmelo porque sabes que me
gusta desde el primer da que la vi y que de eso hace seis aos pero an as, vale, est bien, te
gusta.
- James...
- No intentes negarlo.
- No lo negara si fuera verdad.
- Venga ya. Eso lo explica todo.
- Te importa ilustrar que es TODO?
Sirius calla y otorga. Les mira desde un rincn. Atento como un perro esperando que la presa
del cazador caiga del cielo para correr a buscarla.
- Pues todo. Vuestras sesiones de estudio juntos, que siempre est contigo y sobre todo, que
nunca salgas con chicas.
- James por ltima vez....
- No me digas que no te gusta Lily!
- No me gustan las chicas!
- Cmo que no ...! pero se interrumpe a media frase- y entonces qu...? y acaba por
entenderlo. Ah. Lo medita. Ah, vale. Lo medita un par de segundos y parece encantado,
como si se hubiera quitado de encima el peso de su vida Ah, genial!
- Me alegro de que mi homosexualidad sea motivo de felicidad, James. Podemos dejar ahora
el tema de Lily?
James est tan contento que le abraza mientras repite "ya lo creo, Luntico, ya lo creo".
Ese da, finalmente, Sirius sabe lo que todo el colegio siempre ha sabido.
Es gay. Remus. SU Remus.
**
Remus.
Es el nombre marcado por la luna, el que resulta ms difcil de resumir porque lo abarca casi
todo. Remus es ese nio que se encontr el primer da de clase, cuando mont en el expreso
de Hogwarts pletrico de alegra infantil y ocup un compartimento entero con todas sus
maletas para que nadie que no le cayera bien se sentara y le estropeara el viaje. Remus es la
cara que se asom por la puerta, con aquellos ojos enormes y el pelo mojado por la insistente
lluvia y una tnica demasiado grande y dijo "perdona, te importa que me siente contigo?" y
estornud y aadi "lo siento, ya buscar otro sitio". Remus es el nio que hizo que Sirius
sintiera una simpata repentina, apartara sus maletas y dijera "sintate, to, est libre". El nio
que arrastr su maleta con esfuerzo y le ense un encantamiento para que no se empaaran

los cristales y pudiera ver el paisaje y extendi su mano y dijo, con una sobriedad que siempre
sera suya "Remus Lupin, encantado" y volvi a estornudar mientras Sirius sonrea y se
presentaba. "Black. Sirius Black".
Remus es la sombra de un hombre mayor metido en un cuerpo que siempre parecer algo
desgarbado, como si creciera demasiado deprisa, sin amoldarse del todo en s mismo. Siempre
ser el nio que se sent bajo el sombrero seleccionador y fue literalmente engullido por
aquella prenda enorme que dijo "Griffyndor!" antes casi de acabar de posarse sobre sus
hombros. Remus es esa nariz omnipresente, un libro bajo la cara y una media sonrisa que llega
a sus ojos antes de aparecer en sus labios. Remus es un gramfono muggle y un chiste seco
cuando nadie lo espera. Remus es el que siempre se resiste a trasnochar pero nunca puede
dormir cuando se acerca la luna llena. Remus es el dolor en su estado virgen cuando tres
noches al mes estalla, se despeza, sale disparado en mil pedazos y a veces, cuando llega el
primer dolor, la primera contraccin de la luna bajo la piel, se lleva la mano al pecho y cierra los
ojos, aprieta los dientes, gime, masculla su nombre. Ya llega, Sirius. Ya la noto.
Remus es el verdadero espritu del mapa de los merodeadores. El que resolvi la manera de
hacerlo cuando ninguno de los encantamientos de James surta efecto. Remus es todo lo que
Sirius nunca ser, paciente, templado como el t a primera hora, sensato, enfermizo, torpe.
Remus siempre sabe lo que hay qu decir y es el nico que consigue domar el carcter de los
Black, con una mirada, solo un gesto, solo una sonrisa. Siempre has sido un perro con muy
malas pulgas, Canuto. Remus es quien le bautiz aquella noche en la que decidieron ser
animagos y James estaba eufrico y quiso ser Cornamenta y propuso que Sirius fuera Pulgoso
haciendo que Peter se riera durante horas y que Remus, con ese humor callado, se apartara el
flequillo de la cara y le corrigiera. Creo que deberamos llamarte... Canuto.
Remus es algo que Sirius casi no puede explicar. El mejor mago de Hogwarts, probablemente,
aunque l mismo no lo sepa. Pero ms que eso, Remus es lo que hace que Sirius Black,
vuelva a creer en que la magia es algo ms que poder desmedido. Con Remus la magia es otra
cosa. Algo mejor para lo que Sirius no tiene palabras. Hace tiempo que su fe en la magia es
parte de su fe en Remus Lupin, que siempre parece distrado y concentrado al mismo tiempo,
ausente y presente y que es, Sirius siempre lo ha sabido la persona que con ms fuerza
despierta sus instintos perrunos de sobreproteccin.
Busca a Malfoy en la torre de Slytherin. Caminando con grandes zancadas. Se acerca a l sin
contemplaciones. Le agarra de las solapas de la camisa. Le empuja contra la pared. Le levanta
dos palmos del suelo sin aparentar esfuerzo. El resto de Slytherin no tienen tiempo de
reaccionar.
- Solo es un aviso, Malfoy. Si alguna vez vuelves a meterte con Remus o me entero de que su
vida ha sido algo menos que agradable porque tu apestosa presencia le ha molestado de algn
modo, forma o manera, me encargar de maldecirte con un hechizo tan desagradable que
desearas que te hubiera ahogado aqu y ahora. Me he expresado con claridad?
Hay odio en la mirada de Malfoy pero no puede contestar. Sirius parece satisfecho y le deja
caer. Da tres pasos para marcharse y oye a Lucius desde el suelo, casi sin voz.
- Qu pasa? Lupin no puede defenderse solo?
Se gira. Est a punto de escupirle y se contiene.
- A ver si lo entiendes, Lucius. Remus es demasiado bueno para ponerte una sola mano
encima.
Remus es el mejor de todos, maldita sea.
**
T solo dame un nombre.
- Y bien?
- Y bien qu?
Remus y Sirius estudian para los exmenes. Aunque sera ms preciso decir que Remus
estudia y Sirius, que es demasiado brillante para su propio bien, deja los libros abiertos, pone
sus botazas de motero sobre la mesa y pasa el rato atormentndole. Atusndose el pelo.
Siendo irritable y atosigante y asfixiante y bueno, en fin, siendo Sirius.
- No deberamos hablar de ello?
- Hablar de ello? Remus no da crdito. Levanta la mirada del libro.
Hablemos de mi homosexualidad con el chico que me gusta. No sera genial?
- Hombre, no puedes soltarnos eso y no s, quedarte ah... estando.
- Y sin embargo, me inclino a pensar que s podemos.

Se hace un pequeo silencio pero Remus sabe que no es ms que un parentesis. Qu va a


ser, sino. Sirius es un perro con un calcetn usado. Lo deja un rato pero vuelve enseguida para
seguir mordisqueando. Baboseando. Dejando un rastro de saliva.
Se reclina sobre el asiento.
- Podas habrmelo dicho. -El muy sinvergenza tiene el descaro de poner su cara de perrito
malherido cuando lo dice. Somos amigos. Tantos secretos... chasquea la lengua en seal
de desaprovacin. Primero me entero de que eres un hombre lobo, despus que te gustan
ms los Beattles que sus canciones y, qu ser lo siguiente?
Te gustan ms los Beattles que sus canciones.
Seor. El muy idiota tiene demasiado encanto. Demasiado, maldita sea. Es imposible estar
enfadado con l ms de cinco minutos.
- Qu vamos a descubrir ahora, Remus? Nos enteraremos de que eres una sirena cuando
sube la marea? Porque te advierto que no me convertir en sirena por ti, luntico
- Se dice tritn, Sirius.
- Lo que sea.
La conversacin debera terminar ah. La conversacin no debera seguir adelante. Remus cree
que la conversacin no se tena que haber producido en primer lugar. Pero es intil. Sirius
necesita saber. No le basta la confirmacin de que le gustan los chicos. Demasiado abstracto.
Hay un hueso enterrado y el melenudo de porquera necesita sacarlo, husmear, rastrear. Saber
qu chico le gusta porque segn l, James tiene a Lily y su obsesin por ella y l tiene "una
legin de fans mayor que la de Paul y John juntos" y Peter tiene que "aprender a sacudrsela
en silencio, to", pero Remus no tiene a nadie.
Es difcil dar crdito a lo que escuchan sus odos.
- Quieres ser mi celestina?
Encoge los hombros. Tpico. Lleva la corbata aflojada y las botas cubiertas de barro. Eso y su
sonrisa satisfecha.
- Sirius, no soy tu mascota, qu vas a hacer, transformarte en homosexual cuando salga la
luna llena y acompaarme a Hogsmeade a buscar hombres?
Eso ha sonado a la defensiva. Y adems, cree que se ha sonrojado. Muy poco pero con su
complexin se nota mucho. La expresin de Sirius se transforma de manera inmediata. Un
cambio brusco, casi cruel. Se vuelve humilde, suave, lquido, como si todo lo Black le
abandonara y solo quedara Sirius, un perro fiel, un sabueso cansado.
- Solo quiero que seas feliz, Remus.
Le late el corazn a toda velocidad. Se pregunta qu pasara si le dijera que ya tiene lo que
tiene, o al menos todo lo que puede tener. Si le dijera "solo te quiero a ti". Si abriera su corazn
y enseara la cara oculta de la luna.
- Soy aceptablemente feliz, Canuto.
Sirius se inclina sobre la mesa. Ladea la cabeza, agacha las orejas.
- De acuerdo. Le mira dentro, donde no mira nadie. Pero avsame si aceptable deja de
parecer razonable.
Nota un nudo en la garganta. Traga saliva. Se siente mareado. Balbucea. O eso cree.
- Lo juro solemnemente.
(ms otro da)
Jernimo
Hogsmeade. Conocen demasiado bien el pueblo. Los rincones mal iluminados del Caldero
Chorreante. Las sorpresas que esconde la tienda de Zonko. Uno a uno, han probado todos los
dulces de Honeydukes y ya no quedan sabores nuevos que explorar con los ojos cerrados. La
tercera semana de abril amanece un da inusualmente clido y el viento sur les invita a alejarse
del pueblo, buscando paisajes diferentes y ms suyos. Les gua James, a travs de un sendero
poco transitado que muere en una colina suave desde la que Hogwarts, no es ms que una
mancha difusa en el horizonte. Debajo, brilla y guia un ojo, un lago pequeo y desigual, al que
acceden bajando casi a rastras, los cuatro juntos. Es medioda cuando alcanzan la orilla y el
calor reverbera sobre la superficie del agua. James casi no tiene que mirar a Sirius. Se
anticipan, se leen el pensamiento, se desafan para saber quin lo har antes y se quitan la
ropa mientras corren. Sirius llega primero al promontorio de roca caliza.
- Damas y caballeros... proclama desde lo alto, como si hablara para un auditorio impaciente,
antes de una gran funcin. Se saca las botas sin ayudarse de las manos. Se quita la camisa.
Se baja los pantalones. Pierde los calzoncillos. Una de las siete maravillas del mundo!berrea. Con los brazos extendidos, a plena luz del sol, completamente desnudo. - Sirius Black!

Dibuja una curva perfecta en el aire. Junta los brazos al bajar, atraviesa el agua como si una
fuerza oculta le absorbiera. Con una perfeccin atltica que Remus observa desde la orilla,
mientras James se tira tras l gritando "yewhaaaa" y Peter cae salpicando de agua todo lo que
hay entre el lago y Hogwarts. Sirius sale disparado hacia fuera y Remus se da cuenta de que
ha estado conteniendo el aliento hasta entonces, como si l tambin estuviera bajo el fondo,
atrapado entre las algas.
- Joder, coo! Se sacude el pelo para apartarlo de la cara- Est helada! Se pone de pie
donde hace fondo. Gotas de agua en el pecho. Parece que siempre ser joven. Mira algn
punto del agua, justo frente a l. - Dios mo, una anguila gigante! finge un susto mortal y acto
seguido, le quita importancia. Bromea. Ah, no, soy yo, que estoy desnudo.
El bao dura algo menos de diez minutos. Tiempo suficiente para hacerle creer a James que
Lily se acerca y hacerle un par de aguadillas. Tiempo suficiente para que Sirus le pregunte a
Peter si no ser por "esa cosita" por la que le llaman Colagusano. Tiempo suficiente para que
Remus disfrute desde la orilla, con el corazn en el estmago. Sirius se baa en el lago. En la
magia de la vida.
Remus se baa en l.
- Deberas probar, Luntico. Sale del agua un rato despus. Se seca la cara y los brazos con
su propia camiseta. Acojonante.
- No me cabe duda.
Ninguna duda, de hecho.
Constante amenaza de expulsin
Lo ha odo tantas veces. "Te acabarn expulsando, Sirius". "Tarde o temprano te echarn,
Sirius". "Controla, Sirius". Finge que no le importa. Afirma que las reglas estn ah para
romperlas. Que la vida es eso. Tirarte contra los muros hasta derribarlos o caer inconsciente.
Es una de esas personas que nunca pensaron en cruzar el jardn hasta que vieron el cartel de
"prohibido pisar la hierba". Cuando entra en la torre Slytherin saltndose clase de
Transformaciones y hechiza los calzoncillos de todo sexto curso para que desfilen por el Gran
Comedor a la hora de la comida hasta formar letras junto con los calcetines, sabe que va a
terminar en el despacho del Director. Castigado, sermoneado, bla, bla, bla.
Merece la pena solo por ver el jbilo de James y Peter y esa expresin de Remus cuando
entorna los ojos y dice "por el amor de Dios, Canuto". Merece la pena por ver su nombre escrito
con ropa Slytherin para que todo el mundo pueda leerlo. SIRIUS. Los puntos de las dos es son
calcetines usados de Severus Snape.
Sangre sucia
Sirius se rebela porque s. Porque se aburre. Porque puede. Porque quiere. Porque es su
forma de escupir en ese apellido desafortunado que lleva, esa maldicin que le acompaa. Se
rebela para marcar su territorio y enfadar a todo lo Black. Se rebela para ejemplificar el espritu
de Griffyndor y sabe, sin embargo, en ltima instancia, que si no le expulsan de Hogwarts, del
hogar de los Griffyndor, de lo nico que realmente le importa, es precisamente por ese apellido,
ese linaje, ese nombre que tanto aborrece. El mundo mgico se rige por clases y los Black son
pura aristocracia. Ningn colegio se ha atrevido a expulsarle. Cuando los profesores censuran
su comportamiento, lo hacen casi con condescendencia, murmurando "es el pequeo de
Bellatrix, la oveja negra de los Black". Sola molestarle, tiempo atrs. Ese estigma. Pero conoce
lo bastante a su familia como para saber que haberse convertido en una lacra para los suyos
es motivo suficiente para sentirse orgulloso de s mismo. No le asustan las amenazas porque si
le echan su madre tendr que explicar en sociedad que Hogwarts es demasiado bueno para su
hijo y no hay ninguna posibilidad de que ella se resigne sin mover los hilos.
Y sin embargo, cuando Albus Dumbledore le dice que su permanencia en el colegio corre
peligro me temo que autorizar ciertos comportamientos es un mal ejemplo para el restos de
tus compaeros-, Sirius Black por primera vez en su descerebrada existencia, cree que esta
vez la ha jodido.
Sube las escaleras del director con desnimo, como si cada paso pesara ms que el anterior y
fueran no los escalones, sino sus piernas las que estuvieran hechas de piedra caliza. Cuando
llega arriba, toca la puerta despacio, con educacin, como si quisiera enmendar su ltima
travesura, la que puede dejarle fuera de Hogwarts y de paso, acabar con toda su vida porque
sin ese colegio, de vuelta en casa, Sirius es solo un Black. Y ser un Black vale menos que
nada. Oye la voz de Dumbledore invitndole a entrar y se prepara para lo peor.
Pero no se prepara bien porque cuando la ve se le revuelve el estmago y el corazn empieza
a bombear bilis.
- Hola, madre.

Bellatrix es pura clera contenida. Las siete caras de la hidra mirndole fijamente. Tiene el
mismo pelo oscuro de su hijo, las mismas facciones simtricas, similar arquitectura, parecida
majestuosidad. Todo en ella le recuerda a l. Todo le hace sentirse empequeecido y enfermo.
- Sintate, Sirius.
Bellatrix Black y el arte de la disciplina
Son frases que ha odo otras veces. Se ve que disfrutas enlodando el apellido de tu familia.
Miles de veces. No madre. En miles de ocasiones distintas, por motivos diversos. No
consentir que te expulsen de este colegio. Le suenan vacas, como si su madre fuera un eco,
una sombra. Lo s, madre. El mismo sermn de tantas veces. Idnticos reproches.
- Puede dejarme a sola con mi hijo, profesor?
Reclinado en su asiento, a Dumbledore solo se le mueve la mirada. Le pregunta a Sirius con
ella. Quieres que salga, hijo? En ese momento, Sirius le aborrece con todas sus fuerzas. Por
haber llamado a su madre. Por querer marcharse. Por estar dispuesto a quedarse. Vete,
viejo. Aparta la mirada y Dumbledore se marcha renqueando. Cuando vuelve a entrar, un rato
despus, nota que la habitacin huele diferente pero todo parece en su sitio. Viejos directores
durmiendo en sus cuadros. Libros de magia apilados. Bellatrix Black sentada en su asiento,
erguida y temible. Y Sirius junto a ella, mudo.
- Espero no recibir ms llamadas del colegio, Sirius. Espero no tener que volver.
- Yo tambin, madre.
Al despedirse, Dumbledore extiende la mano para darle un apretn. Trata de identificar por qu
siente tanto fro en el estmago y qu demonios es ese olor que le est dando escalofros.
Cuando Sirius se levanta la ardiente furia del odio emite vibraciones poderosas.
- Es un buen muchacho, Bellatrix-. Y ha sido un error llamarte. - Algo travieso.
- Confo en que ustedes le enseen disciplina, profesor.
Sale sin mirar atrs. Seguida por su hijo, que mira de abajo arriba, con el pelo sobre la cara y
una tormenta desconocida en la cara.
- Ests bien, hijo?
- S, profesor.
Es una respuesta automtica. Dumbledore quiere preguntar ms y no puede. A cambio, intenta
sonrer, le da una palmadita amistosa en la espalda y registra el momento en el que Sirius
responde a su acercamiento arquendose ante el primer contacto, cerrando los ojos, apretando
la mandbula.
- Estoy bien - y todo en l dice lo contrario. Dumbledore recibe la intensidad de sus
pensamientos, en forma de reproches de hiel y escarcha. Sirius dice "estoy bien" pero
claramente es una acusacin. Me dej solo con ella, profesor. No sabe cmo es mi madre,
profesor. No tiene ni idea.
Cuando se queda solo en el despacho, los cuadros abren los ojos. Los viejos directores
guardan silencio y lo dicen todo sin decir nada. El olor de la habitacin, Dumbledore nunca lo
olvidar, es la aristocrtica sangre de los Black, una familia legendaria que rinde culto al poder
y a la pureza de la magia y que imprime sus lecciones a golpes de varita cuando lo cree
necesario, incluso si esos golpes tienen que recaer en la espalda de sus propios hijos.
Confo en que le enseen disciplina.
Dumbledore confa en que aprenda algo ms.
- No podemos volver a llamar a Bellatrix, obviamente. Parecera temerario repetir el mismo
error por segunda vez.
Los cuadros murmuran y asienten. El perfume de Bellatrix deja huella, se huele durante horas.
Perros infectados por la rabia: remus vs. sirius
Bellatrix tiene sobre l un efecto inmediato y helador. Fulmina su centro de emociones como un
rayo paralizante. Cuando sale del despacho de Dumbledore, Sirius se siente hueco, el
cascarn vaco de un hombre que una vez fue algo ms que promesas. Llega a la Habitacin
Comn sin saber exactamente qu camino ha tomado. El fuego est encendido, James y Peter
enfrascados en una partida de ajedrez. Remus descansa sobre el silln de orejas, con los pies
sobre la otomana, leyendo frente a la chimenea. Su paz, esa energa balsmica de Remus, le
golpea como una bofetada.
Le hierve la sangre verle tan tranquilo.
- Qu te ha dicho Dumbledore? pregunta James.
Remus espera una respuesta.
- Nada. Mi madre ha sido ms elocuente.

Quiere morder. Quiere morder a toda costa. A lo primero que se ponga delante. Es rabia contra
su madre, contra Dumbledore, contra cualquier puta cosa que se ponga a tiro. Remus parece
alarmado ante la mencin de Bellatrix. Que se joda. Que se jodan todos.
- Ha llamado a tu madre? Remus le censura con la mirada. Al menos a Sirius le parece leer
censura. Tal vez sea preocupacin. Sea lo que sea es irritante. - Qu le has dicho?
Qu le he dicho? Por qu no me preguntas que me ha dicho ella? Le arde la espalda. No es
la primera vez. La varita de su madre lanza magia negra, destroza la carne, deja llagas ms
profundas que la luna.
- Que se meta su apellido por donde le quepa.
Decepcionado, Remus agacha la cabeza, chasquea la lengua y esa censura leve a Sirius le
saca de sus casillas, le infecta como la rabia. Le da ganas de asesinarle, convertirse en perro y
arrancarle la cabeza a mordiscos. Meter los colmillos en la carne, sacar al lobo a dentelladas.
- En lugar de hacerla rabiar a propsito, no sera ms inteligente que evitaras enfrentarte a
ella?
Es la gota que colma el vaso de la escasa paciencia de Sirius.
- Evitar un enfrentamiento... murmura - como haces t, por ejemplo? Tengo que intentar
ser agradable con todo el mundo? Cambiar como la luna para que nadie se enfade, no es
eso?
Su propia voz le suena desconocida, destila esencia de magia negra. Suena como todo lo que
odia. Como si hablara su madre por su boca. Se arrepiente nada ms decirlo y sabe que lo
hara de nuevo si tuviera oportunidad. Es su sangre. Esa herencia del mal en sus venas. Es su
culpa y no la de su madre que hay dolor en la mirada de Remus cuando se levanta de su
asiento y coge el abrigo.
- No, Sirius. No se me ocurrira pedirte que fueras agradable. O justo.
Se marcha sin mirar atrs. Hace tiempo que ni James ni Peter mueven ficha en su partida.
- Si me vas a decir que me he pasado y que le pida perdn, Potter, te lo puedes ahorrar.
- Por qu lo pagas siempre con l, Canuto?
Porque l siempre me perdona.
- Ni puta idea.
Porque l es mejor que yo.
Rebao de ovejas negras
Sirius no camina. Sirus vuela por los pasillos que llevan al jardn. Sirius est rabioso y le
alimenta el odio contra s mismo, que es la forma ms sublime del odio. Reza para encontrarse
con Snape o Malfoy y poder encontrar una excusa perfecta para descargarse. Se est
planteando seriamente transformarse y salir a cazar conejos. Acaba en ese cobertizo del jardn
que nadie usa. Se imagina que es lo bastante solitario como para que nadie le descubra ni a l,
ni a la botella que James guarda en algn lugar de ese condenado sitio. Lo ltimo que espera
es encontrarse con alguien. Mucho menos con ella.
- Evans? Qu mierda haces aqu?
- Siempre tan educado, Black.
Se queda parado en la puerta, sin saber muy bien qu hacer.
- Vas a cerrar la puerta? Hace fro.
Se lo piensa pero obedece. All est, en toda su gloria. Lily Evans. Perfecta estudiante, perfecta
prefecta, perfecta todo. En el apestoso, humeante, decadente cobertizo del jardn. Melena
pelirroja cayendo sobre la cara y ojos verdes llenos de lgrimas. Ligeramente avergonzada
porque alguien la haya visto. Ligeramente devastada. Levanta la barbilla con dignidad. A Sirius
le gusta la gente que se crece para no aparentar debilidad.
- Qu haces aqu?
Esta vez lo pregunta por verdadera curiosidad.
- Podra preguntar lo mismo- se seca la cara con la manga del uniforme en un gesto que podra
ser masculino pero en ella es delicado. Preciosos ojos verdes, esa Evans. Normal que James
parezca medio hipnotizado por ellos. Pobre Cornamenta, tiene menos posibilidades de llegar a
algo que Sirius de acabar siendo Ministro de Magia, pero de ilusin tambin se vive.
- Qu haces t aqu, Black?
- Quera estar solo.
- Lo mismo digo.
- Pero me has estropeado el plan.
- Lo mismo digo.
No hablan a menudo. Bueno, no son amigos. S, claro, estn en la misma casa pero uno no se
hace amigo de la chica que le gusta a tu mejor amigo. Uno mantiene las distancias y espera

que su mejor amigo tenga suerte con ella y que no deje de hacer cosas divertidas una vez que
salgan juntos. Esa es la relacin que se tiene con una chica que le gusta a tu mejor amigo y
que siempre parece tan digna y tan enfadada. Lily Evans es probablemente la nica chica de
su edad y de varios cursos ms- con las que no ha intentado ligar y tal vez por eso, acaban
juntos en la cabaa, esperando a que deje de llover, pasando el rato con una botella de whisky
que Sirius jura que ha encontrado a all "por una de esas mgicas casualidades, Evans, te lo
juro". Lily no bebe y al principio apenas habla, pero llueve, no hay nada que hacer y Sirius
puede ser muy insistente cuando quiere saber algo. Lily claudica, finalmente.
- Problemas familiares
- Ha pasado algo... grave? Tal vez haya alguien enfermo. O algo peor. Alguna desgracia. Si
su madre enfermera l dara una fiesta y rezara a la luna por una convalecencia doloroso pero
hay gente que tiene familias ligeramente ms tolerables. Tal vez Evans sea una de esos.
- No. Nada. No les gusta que estudie aqu, es todo.
No es todo, claro.. Lily ha recibido una lechuza. La letra inconfundible de Petunia.
"Lily, por Dios, deja de enviarme cartas. Esa horrible lechuza asusta a los vecinos y no quiero
tener que explicarles a mis amigas que mi hermana no es normal, entiendes? En el mundo
real, Lily, t eres una vergenza, es que no te das cuenta? Es que quieres que yo tambin lo
sea?"
No es la primera vez que le dice algo as. No debera doler. Pero duele. A Sirius no se lo dice.
Tampoco hace falta para que l sienta una corriente de simpata profunda e inmediata. Otra
oveja negra. Bebe un trago para celebrarlo. Casi aplaca el dolor de la espalda. No debe ser
fcil ser una bruja en una familia muggle. Ms o menos como ser un Griffyndor rebelde en una
familia de Slytherin asociada a la magia negra.
- Si tu familia no te gusta, te presto a la ma, Evans.
La chica entorna los ojos. Preciosos, ya lo creo. Verdes como esmeraldas en la tempestad.
- No lo diras si conocieras a mi familia.
Sirius deja caer un suspiro casi perruno.
- No conoces a mi madre. Un cuarto de hora con ella y querras casarte con Snape.
- Venga ya, Sirius. Eres un Black. Cambiaras eso por ser hijo de muggles? Por ser un
sangre sucia?
Solo por un momento, Sirius Black deja caer la fachada de bravuconeras y toda esa rabia
brbara se diluye en la nada ms absoluta, en esos ojos verdes que le serenan. Deja de fardar,
de ladrar, de pavonearse, de hincharse como un animal en celo.
- No hay nada ms sucio que mi sangre, Evans. Eso te lo garantizo.
Se hace un silencio entre la frontera de lo cmodo y lo incmodo y lo rompe Lily con un
reverente "gracias" que sale de lo ms profundo de su corazn. Fuera la tarde amenaza
tormenta y ninguno de los dos sabe exactamente cmo comportarse. Solos en una cabaa.
- Sabes qu, Evans? Deberas darle una oportunidad al pobre James. Un par de tragos le
hacen sentir lo bastante seguro como para decirlo. Solo es un buen to con malas compaasguia un ojo y ella no quiere admitirlo pero Sirius sabe que le hace gracia.
- Eso he pensado siempre. Confo en que Remus equilibre tu maligna influencia.
Remus.
Habr que ir pensando en pedirle perdn. La mirada de Lily se vuelve inquisitiva.
- Te ha pasado algo con l?
- No. Algo. No es importante.
Mentira. Porque cuando se trata de Remus, todo es importante.
(continuar...)
Una recompensa inspida
A primera hora de la tarde, los calderos burbujean en clase de Pociones. El profesor Rominus
Filchwood, jefe de la casa de Ravenclaw pasea entre las mesas y tuerce el gesto cuando
escucha incluso la voz ms leve.
- Es un examen, caballeros. Si estuvieran autorizados a hacer comentarios entre ustedes, sera
una mesa redonda. Me he explicado con claridad, seor Malfoy?
- S, profesor.
Los ingredientes requieren tiempos precisos de coccin. Sirius cuenta los minutos y toma nota
de la coloracin de los elementos. Tres sillas por delante, el caldero de Remus bulle con
placidez y la escasa luz que llega a las mazmorras desde los ventanucos enrejados de las
paredes, se concentra en l. Como si el sol le cortejara, para hacer rabiar a la luna.
Seis aos de colegio y es la primera vez que Remus pone tres sillas de distancia entre su
caldero y el de Sirius.

Joder.
Aade el ltimo ingrediente para la mezcla y el lquido se rebela, estalla en pompas jabonosas,
cabalga sobre el caldero, flirteando con los bordes, a puntos de escurrirse. Medio minuto
despus y repentinamente la coccin termina y solo queda en la olla un poso de color plata,
que le recuerda a la luna cuando sale la primera noche de agosto.
- Excelente, seor Black. El profesor Filchwood observa con satisfaccin. Diez puntos para
la casa de Griffyndor.
Sirius ignora el odio pestilente que le dirige Malfoy en forma de mirada asesina. Ignora a
Severus Snape en el fondo de la clase, murmurando entre dientes contra l. Remus le sigue
dando la espalda y dara diez veces diez puntos y la Copa de las Casas para encontrar el
ingrediente que le hiciera darse la vuelta y dirigirle una de sus sonrisas apaciguadoras.
Se imagina que ya es hora de pedir perdn. Va a hacer historia porque nadie que lleve su
sangre ha pedido disculpas en toda la larga y aristocrtica historia de los Black. A Sirius nadie
le ha enseado cmo hacerlo.
Perro bueno
Hay un roble frondoso en los jardines de Hogwarts. Recostado sobre los nudos de la madera,
Remus lee en voz alta y Lily escucha con la cabeza apoyada en su pierna, alimentando as
rumores de colegio y celos adolescentes. Quedan tres das para el cumpleaos de Remus pero
Lily le ha adelantado su regalo y ahora disfrutan los dos de una primera edicin de "La
importancia de llamarse Ernesto". Lo encontr en Londres, cerca del callejn Diagon. Wilde
siempre me recuerda a ti. Siempre. Cada libro, cada historia. Especialmente sta, que es
divertida y liviana y sin embargo, apesta a dolor detrs de cada irona, destila un poso de
amargura, un pesar profundo y pudoroso, que se esconde tras una media sonrisa. Suena como
si en vez de leer, Remus estuviera escribiendo sobre la marcha. Como si Wilde hubiera sido un
pobre hombre lobo, mirando el mundo desde una esquina, expulsado del paraso.
Est entretenida en su voz, pensando en escritores y hombres lobo cuando se acerca el perro.
Su primera reaccin es pensar que lo est imaginando. Tiene una silueta amenazadora, patas
largusimas, una cola lanuda y una expresin extraa, como si fuera demasiado humana.
Remus deja de leer bruscamente pero es Lily quien se incorpora cuando el perro se acerca.
Manso, con las orejas gachas y sin un asomo de agresividad.
- Fjate qu perro tan bonito se acerca a l con cautela. Extiende una mano para calibrar la
reaccin del animal y sonre cuando el perro, que de cerca es todava ms negro y ms
brillante, saca la lengua y se sienta sobre las patas traseras. Eso es, bonito. te has perdido?
Le acaricia detrs de las orejas, buscando el collar. Nada.
- No tienes dueo, guapo? Hunde los dedos en el pelo del lomo, siente una especie de
simpata repentina. - Cmo has llegado hasta aqu? se gira para mirar a Remus, como si
devolviera la pregunta y su amigo tiene una expresin difcil de definir, entre incrdula e irritada.
- Seguro que est lleno de pulgas.
- No digas eso. Pobrecito.
El enorme animal ladra en direccin a Remus, que todava parece irritado.
- Han debido abandonarle. No me digas que no te da pena.
- Infinita- ironiza.
- No seas as, Remus. Solo quiere que le acaricien. A que s, guapo?
Dos ladridos. El perro asiente, como si formara parte de la conversacin.
- Ves?
El animal da un par de pasos en direccin a Remus. Brilla con una intensidad mgica, busca la
sombra del rbol y espera, sentado sobre las patas traseras, mirando en direccin a Remus
con una expresin apaciguadora e inteligente. Lily no sabe explicarlo, cree que est siendo
vctima de algn hechizo pero jurara que algo ocurre en ese momento entre ellos. Una
conversacin que nadie excepto hombre y animal pueden escuchar. El perro espera, agacha la
cabeza levemente y Remus parece rendirse a una evidencia que para Lily es un misterio.
Suspira, cede, estira la mano y le acaricia la cabeza al perro, que inmediatamente se tumba
junto a l y mueve la cola contra el suelo, jadeando ms deprisa. Se deja acariciar la cabeza y
Remus le rasca el cuello y le toca las orejas. Tiene manos de pintor, dedos largos y bien
dibujados que se deslizan en el lomo del perro, hasta que el animal cierra los ojos y bosteza,
dejndose hacer. Los dedos le buscan el estmago, frotan y se deslizan y al cabo de un rato, el
perro parece dormido, con el morro apoyado en la pierna de Remus, justo donde la tena Lily
un rato antes.
- Remus, fjate, creo que este perro te quiere.
Es un comentario casual pero el suspiro de Remus no lo parece tanto.

- Nah, solo es un perro fcil.


El animal protesta con una serie intermitente de ladridos. Un soplido de brisa primaveral agita
las ramas del roble y Lily se recuesta en el rbol. Remus vuelve a la pgina que haba dejado,
leyendo en voz alta para ella y para el perro, que parece medio dormido en su regazo, a salvo
de la ira y la impaciencia. Remus pasa las pginas con una sola mano. La otra no descansa,
deja surcos desiguales en el pelo del lomo, escribe en un alfabeto misterioso que solo tiene
sentido en el lenguaje secreto de los animales. El perro cierra los ojos y Lily se deja contagiar
por la calma que le inspira.
Antes del anochecer, el perro levanta la cabeza, mira atentamente con las orejas tiesas y sale
corriendo en direccin a Severus Snape, que atraviesa el jardn a esa hora en direccin a la
Torre de Slytherin y tiene que correr durante trescientos metros, sin aliento, para deshacerse
del monstruoso saco de pulgas que no deja de morderle la tnica.
- Te vas a rer, Remus, pero es como si ese perro me recordar a alguien.
- En serio?
Lily mira las cabriolas airadas de Snape y le parece que el perro se est divirtiendo, ladrando,
jugando, trasteando.
- S, creo que al novio de mi hermana Petunia.
Remus no puede evitarlo. Su risa se deja or en cada rincn de los jardines.
Ssshhh
Duermen los cuatro en la misma habitacin. Peter en la cama del fondo, James en la siguiente,
luego Sirius y finalmente, Remus. La suya es la nica cama que siempre est hecha, llena de
libros y pergaminos extendidos. Todas sus cosas estn echadas a un lado, cuando Remus
sube del jardn y se encuentra a Sirius en su forma humana, con las piernas cruzadas en el
mismo sitio en el que Remus se tumba por las noches y se desvela, pensando en l.
- Ya te has cansado de perseguir a Severus?
No contesta. Se levanta con una gracilidad exquisita y se sacude la cabeza para apartarse el
pelo de la cara. El ms noble de todos los animales, le pide perdn. Lo siento,
Luntico mirndole fijamente a los ojos, humillado como ante un altar y a Remus Lupin se le
corta la respiracin porque est seguro de que no lo ha dicho nunca. Perdn en boca de un
Black es un honor inesperado. Y es suyo, para l. Estn solos en la habitacin comn y Sirius
est mucho ms desnudo que en ese lago de Hogsmeade. A Remus le bombea el corazn ms
deprisa, como las noches de luna llena, cuando empieza a hincharse y amenaza con estallar.
- A lo mejor estoy condenado a ser como mi madre, no crees? La misma carne maldita.
- La carne no es nada, Sirius.
La carne es leve y cambiante. La carne es luntica y lo que permanece es otra cosa, que est
por debajo y resiste a la gravedad y al tiempo. Lo que resiste es algo ms que carne y Sirius lo
sabe. Por eso le toca el pecho, con esa expresin curiosa y una media sonrisa, tranquilo, como
si quisiera ver qu hay debajo o como si sencillamente, le resultara ms fcil comunicarse en el
lenguaje tctil de los perros, que lo dice todo sin esfuerzo, que en el idioma esquivo de las
palabras, que no significan nada. Esa mano es tan caliente, que las mareas interiores de
Remus se agitan en vaivenes desiguales. Se siente dbil y flojo y sabe que no tiene remedio.
Esa mano le perseguir en sueos. Se aparecer en las brumas de la imaginacin metindose
por debajo de la camisa, debajo de la bragueta, tocndole, tentndole.
- Tienes razn en voz ms baja de lo habitual.
- Siempre tengo razn, Sirius- casi un murmullo.
El perro sonre y el chico de diecisiete aos que convive con l se rinde, cabecea y se deja caer
sobre l. Es un abrazo inesperado y Remus solo puede devolverlo a medias, con palmadas
torpes en la espalda, conteniendo el impulso de hundir la cara en su pelo y respirar
profundamente para asfixiarse de l. Sirius se aparta para volver en s, paulatinamente.
- No le digas a Cornamenta que su chica me ha tocado los bajos fondos, quieres?
- Descuida. S guardar un secreto.
Le gustara pedirle un favor a Sirius a cambio de su perdn. Acustame sobre esa cama y
lmeme hazte hacerme ladrar. Le gustara no tener que pedirle nada y que l se lo diera todo y
ese secreto, como tantos otros, est guardado debajo de la carne y de la sangre, con el celo
tortuoso de un lobo solitario.
Accio magia!
Ese ao la primavera amanece especialmente caprichosa y en abril, Escocia estornuda de fro
y el colegio Hogwarts de magia y hechicera despierta un domingo completamente helado. Es
James quien se levanta en pijama, mira desde la ventana y propone que habra que
"celebrarlo" pero a medianoche, de pie frente a los milenarios muros de piedra de un metro de

grosor, es Remus el que prepara el hechizo. Peter tiene problemas para no resbalarse y Sirius
golpea con los pies contra el suelo para no morirse de fro.
- Luntico, quieres darte prisa? Se me estn congelando las pelotas y aqu Colagusano, hace
tiempo que no las siente.
Peter, caminando despacio para no caerse, corrobora que, de hecho, no siente nada de cintura
para abajo. Remus les ignora a ambos, se concentra y pide un poco de silencio. Naturalmente
pedirle silencio a Sirius es como suplicar al dios de la lluvia para que truene en el llanura
desiertas del Kalahari.
- Y si tanto fro tienes en las pelotas, pdele a James que te las rasque.
- Eh, Jimmy, Remus quiere que me acabas un favor.
Se soban, se chinchan, Peter anuncia que pronto pasar la ronda de prefectos y vern que no
hay nadie en sus habitaciones. Es el momento. Remus seala la torre de Griffyndor con su
varita y su voz se vuelve solemne, y majestuosa cuando pronuncia el encantamiento.
Accio luminem omnia!
El rayo de luz violeta que sale de la varita estra la bveda nocturna y cae sobre las altas torres
del castillo. En unos segundos, el hogar de los Griffyndor centellea y se ilumina, como si
millones de fuegos fatuos se hubieran reunido junto a ella, para hacerla revivir como un rbol
de Navidad gigante. De entre las cuatro torres, el hogar de los merodeadores, es el nico que
brilla. Durante los cinco minutos que dura el hechizo, los cuatro lo miran pletricos de jbilo
adolescente. Les llena la magia de su propio poder transformador y Sirius experimenta el gozo
de la magia en su estado puro, cuando sirve para la luz y el bien y todo lo hace de la vida una
travesura que merezca la pena.
- Eres increble, Luntico le pasa una mano por el hombro mientras miran Hogwarts y su torre
de fuego, a punto de extinguirse- eres jodidamente increble.
Remus lleva un lobo dentro pero cuando la luna mengua, solo es un chico con ropa demasiado
grande, que se quita importancia y se encoge los hombros.
- Bah, era un hechizo fcil.
Por una vez, Sirius adopta un tono serio, que en l resulta casi reverencial. Hogwarts refulge en
mitad de la noche y en lo ms hondo de su corazn, se ser el aspecto que tendr para
siempre la juventud. El colegio, la luz, sus amigos. La magia.
- El hechizo es lo de menos, Remus.
Lo importante es que eres mgico.
Comprtense, caballeros.
Siempre igual. Poco importa quin empiece la broma. En ese momento, en clase de runas
antiguas, el que ha tenido ha idea ha sido Peter pero lo que sigue es lo mismo de siempre.
Independientemente de la travesura, que hoy consiste en encantar las esquinas inferiores de
los pergaminos y hacer que aparezcan en ellos pequeos dibujos de Quejicus Snape, para que
al pasar las hojas, el Severus animado se haga pis encima y salga llorando. El caso es que al
final a nadie le parece importante que lo haya hecho el pequeo Peter Pettigrew porque, como
siempre, unos cardan la lana y otros se llevan la fama. Cuando se monta un pequeo murmullo
en la clase y empiezan a escucharse las risas, el profesor automticamente, asume de quin
es la culpa.
- Potter y Black, silencio si no quieren que les eche.
Sirius, sin embargo, no es capaz de aguantar la risa. La imagen de un Snape chiquitn llorando
a lgrima viva con los pantalones meados le resulta irresistible. Se muerte los labios, cierra los
ojos pero Peter no deja de hacer que se mueva y James se acaba contagiando y naturalmente,
les expulsan de clase a ambos y les obligan a hacer deberes despus de la hora. Remus, que
fue quien le ense a Peter cmo hacer el hechizo sigue tranquilamente en su sitio y Peter, el
brazo ejecutor, tambin. Porque en Peter, al contrario que en James y en Sirius, nadie se fija.
Ni siquiera los profesores.
- Supongo que el seor Lupin no querr seguir a sus compaeros y abandonar tambin el aula.
- No, profesor.
- Excelente. Sigamos.
El pequeo Snape animado vuelve a hacerse pis encima y Peter sigue esperando que alguien
se le vea a l.
Grandes palabras para pequeas hazaas
Griffyndor y Slytherin. El partido que decide la Copa de Quidditch. Los elementos se alinean
para la gran final. Cielos despejados. Un sol entero y satisfecho. Una maana esplndida en
Hogwarts. Las gradas hierven, centellean en rfagas de colores. Verde y blanco, excelencia y
pureza de Sytherin. Oro y grana, valor y gloria Griffyndor. Los jugadores quieren rozar el cielo

pero solo James Potter, aclamado por la multitud, consigue acariciarlo cuando ve el revoloteo
de la snitch sobre su cabeza y sale tras ella a propulsin.
La pelota alada se eleva sobre Hogwarts como un cohete hacia la luna. Disfruta haciendo sudar
al mejor buscador de la historia. Cuando cae en picado, zumba, sisea, atraviesa una jugada de
gol, zigzageando entre los jugadores. Pasa junto a una bludger que no ve por donde va y junto
a media docena de escobas que jams lograran alcanzarle. James no la pierde de vista y a lo
lejos escucha "Potter", como si gritaran su nombre al unsono cientos de pjaros aleteantes.
Cerca del suelo, la distancia entre snitch y buscador es cada vez ms pequea y James Potter
concentra todos sus sentidos. Desaparece el ruido del viento y el de la multitud, desaparecen el
resto de jugadores y el suelo que est cada vez ms cerca, sencillamente, desaparece.
Obstculos, gloria, todo desaparece. Se quedan solos en el mundo, esa pelota dorada y con
alas que parece un polilla nerviosa y l, James. Sobre su escoba.
A unos metros sobre su cabeza, Sirius esquiva la defensa contraria, entra en territorio Slytherin
y marca un tanto decisivo para empatar. Es el momento.
James se alinea con el viento y los dioses, estira un brazo, cierra los ojos y acelera. Busca,
encuentra, aprieta con fuerza y cambia de rumbo, dando un giro fenomenal justo antes de
chocar contra el suelo, con la snitch en la mano, agitndose como un colibr que lucha por salir
del agua y respirar.
Griffyndor estalla en xtasis y Slytherin pierde, un ao ms, sus posibilidades en el torneo.
James recupera el aliento. Pronto, le rodean la furia y el ruido y la multitud le saca del estadio a
hombros. En medio del gento, Sirius est pletrico, drogado, exultante. Su abrazo est a punto
de tumbarle y tirarle al suelo. Sirius, literalmente, vibra de felicidad.
- Si no fueras tan feo, Cornamenta, me casara contigo. Tiene puesta su sonrisa de hemos
ganado al enemigo, Potter, su famosa sonrisa de juro solemnemente que ser el castigo de
todo lo Slytherin habido y por haber, Potter, su sonrisa casi temible de jbilo. Dios, Potter,
cmo te quiero, joder! Le agarra del cuello, le revuelve el pelo y le ofrece a la multitud como
un pavo en Accin de Gracias, levantndole un brazo como si fuera un mueco. - Seoras y
seores, James Potter!
Le aclaman. Vtores, fiesta, victoria. Le felicita una turba de caras que se mezclan. Sonrisas al
leo, palmadas desdibujadas en la espalda, felicitaciones annimas que no significan tanto
como esa ltima felicitacin, al final del da, cuando el colegio casi ha enmudecido y se
encuentra con Lily que hace su ronda de prefecta y se queda parada frente a l, solo un
segundo.
- Buenas noches, Lily.
- Buenas noches.
Pasa junto a l y su perfume duele donde no duele nada ms. Donde solo existe ella. Tiene que
decirle algo. Lo que sea. Algo.
- Has visto el partido?
Qu pregunta ms tonta, to.
- Claro. Como todos.
Tiene otra pregunta en mente. No vas a felicitarme? Pero resultara an ms tonta, as que
opta por no decir nada. No se le ocurre qu podra traspasar su coraza. Lily Evans le hace
sentir como un cro incapaz que no entra en sus propios pantalones. Se despide de nuevo, le
desea buenas noches de nuevo y cuando ha dado un par de pasos, ella le llama y el corazn le
da un golpe tan fuerte contra el pecho, que cree que debe haberse tragado la snitch.
- Potter?
Se gira. Es tan guapa. Todo sera ms fcil si no fuera tan guapa.
- S?
Lily Evans le mira. Seria, pero por una vez, sin dobles intenciones, sin agresividad, sin nada
excepto esa calma femenina que le inspira para ganar todos los torneos del mundo.
- Gran jugada.
Se le queda la garganta seca. Quiere decir algo. Posiblemente gracias pero no le sale. Le
acaba de felicitar la persona cuya aprobacin lo significa todo pero de algn modo, de pronto,
no significa nada. Solo era un partido. En el colegio todos esperan que sea el mejor jugador
pero de noche, en un pasillo desierto en el que la gloria no tiene sabor, junto a la mujer que
nunca ser para l, James Potter lo cambiara todo por ser un buscador bastante peor y un
hombre ligeramente mejor.
- No ha sido para tanto.
Lo dice en serio. Siente que acaba de madurar cien aos. Realmente, no ha sido para tanto.
- No ha estado mal, James.

Esa noche se acuesta con una sonrisa y lo ltimo que le pasa por la cabeza es el
quidditch. James. Es la primera vez que le llama por su nombre.
Brrrrum
En la Casa de los Gritos hay una cuadra que ya nadie usa y que Sirius ha hechizado para que
el ruido que hay en el interior no asuste a los animales que se acercan hasta ese rincn del
mundo, a donde apenas se acerca nadie, excepto los merodeadores las noches de luna llena y
desde hace un tiempo, Remus, siempre que puede. El domingo, antes de comer, esquiva a un
par de profesores y deja a James dando piruetas en el campo de quidditch. Fuera de la cuadra,
solo se oye el gorjeo de los gorriones pero en cuanto abre la puerta, le asalta un sonido
diablico, ensordecedor. Es como un motor estropeado. Es peor. Es como un gato que malla
de dolor en el interior de un motor agonizante.
En mitad de la cuadra, la moto de Sirius Black, una carcasa mastodntica con sidecar que ha
rescatado de la chatarra cruje y gime con la mitad de las piezas en el suelo y la otra mitad en el
sitio equivocado. Sirius la mirada embelesado, con la cara llena de grasa y una sonrisa que
podra iluminar la noche de Londres.
- Oyes eso, Remus?
- Todo el mundo en Escocia y parte de Gales puede orlo. Hay gente en Oxfordshire que lo est
oyendo. Una bruja de Bath llam porque poda orlo.
- Es msica, Luntico- chilla por encima del ruido.
- Suena como si alguien estuviera pidiendo clemencia por su vida.
- Exactamente. Yo me imagino que es mi madre. No es lo ms bonito que has odo nunca?
- Sin duda. Si Mozart viviera pondra un garaje de motos y quemara el piano.
Apaga el motor. Le brillan los ojos. Si hubiera una palabra para l sera, sin duda,
sinvergenza.
- Sirius, si vas por ah volando en una moto, tarde o temprano te vern. Y si en el Ministerio
saben que vas asustando muggles con ese cacharro...- no le deja terminar.
- Sssshhhh, no la llames as, se ofende con muchsima facilidad.
- Qu temperamental. Me pregunto de quin habr heredado las malas pulgas.
Sirius acaricia el motor, como si fuera una de esas chicas que magrea en los pasillos por las
noches e ignora en el comedor por las maanas.
- En serio vas a usarla?
- En cuanto consiga hacerla volar. Pero no te preocupes. Te la dejar para que puedas buscarte
un to y montarlo en el asiento de atrs. Hace un silencio sugerente, adopta su tono burln-. A
no ser que prefieras montarlo delante y ponerte t detrs, Remus.
Tiene ese guio cmplice en la mirada. Entre enfurruado y salvaje. Su tpica expresin de
seductor de patio de colegio. La pone de broma, claro. Remus sabe que la pone de broma pero
maldita esa, es una gran expresin. Le tiembla el estmago como si fuera de gelatina y si estn
de broma, bueno, qu coo, l tambin puede bromear, o no?
- Si la moto aguanta, Black, puedo ir primero detrs y despus delante.
Sirius tarda un segundo en reaccionar. Pasa en un segundo de puntillas por la sorpresa pero
inmediatamente despus despereza una sonrisa que se va ampliando por momentos. Como
siempre est encantado de que alguien quiera jugar con l y le lance un hueso.
- La moto aguantar, Lupin. Ya veremos si aguanta tu chico.
Espritu inquisidor
En sexto curso es la profesora Rittenblast, una mujer alemana con un acento hosco y maneras
algo masculinas, la que se encarga de Herbologa. El ltimo lunes de abril la primavera es una
promesa que no acaba de cuajar y Herr Rittenblast con dos tes- enva a los alumnos a las
secciones autorizadas del bosque en parejas. Peter se adjudica a James. Remus, por una vez
en su vida, deseara ir con cualquiera que no fuera Sirius.
Estn buscando cardamomo y el desgraciado de l no se calla.
- Sirius, es que no sabes dejarlo estar?
- Qu clase de pregunta idiota es esa? Ya sabes que no s dejarlo estar. He sabido dejarlo
estar alguna vez?
- Como tan bien acabas de ilustrar, no.
Tienen una hora por delante. Solos. En el bosque. Buscando plantas que Remus sabe
exactamente dnde estn y qu aspecto tienen. Es el mismo bosque por el que pasea de da y
camina a cuatro patas de noche. Lo conoce como si fueran sus dedos. Sirius sigue sin callarse.
- Venga ya, Luntico. Yo te lo cuento todo.
- Eso no es verdad.
- Dime algo que no te haya contado.

Remus no tiene que pensar mucho.


- La chica con la que estuviste el sbado por la noche. Dime cmo se llamaba.
- Eso no puedo decrtelo.
- Lo ves?
Encuentra cardamomo a la sombra de una abedul. Lo mete en el zurrn y sigue buscando
madreselvas. Con Sirius detrs, por supuesto.
- No es que no quiera decrtelo. Es que no me acuerdo cmo se llama. Lo peor de todo es la
honestidad con que lo dice. - Elma. O Elna.
- Hedga, la camarera del Caldero Chorreante? No es un poco mayor para ti?
- Ves? No hace falta que te cuente nada. Alguien se entera, se forma un rumor y luego
Colagusano se lo cuenta a todo el colegio. Y no es mayor, lo que pasa es que la luz de ese sitio
no le favorece.
Debe rondar los treinta pero por qu iba a ponerse Sirius meticuloso con la edad a estas
alturas. Ya se ha acostado con todas las chicas del colegio, tiene que empezar a aumentar su
territorio de caza. A Remus le encantara poder decir que hace tiempo que dej de sentirse
celoso por su larga lista de conquistas. Al fin y al cabo, ellas consiguen media hora de revolcn
y un si te he visto no me acuerdo y l no cambiara lo que tiene con Sirius por algo as. Se lo
repite a menudo y funciona casi todo el tiempo. Con nfasis en el "casi".
- Adems, joder, no estbamos hablando de m, to. Estbamos hablando de ti.
- T lo has dicho. Estbamos, Canuto. Tiempo pasado.
Tema zanjado. Fin de la discusin. Hay un claro en el bosque y brotes de madreselva cerca.
Remus se encamina hacia all y divisa el lugar a lo lejos, cuando Sirius arremete de nuevo.
Santa Mara. El muy bastardo grita para que pueda orle todo bicho viviente.
- Mc Fynn!
- Qu?
Remus no da crdito. Llevan as media hora y el anormal, arrogante, patn, engredo, estpido,
cabeza hueca, alelado, chulo, motero insustancial de Sirius Black que cree que es el regalo de
dios a este mundo y que no entiende cmo alguien puede no desmayarse ante su sola y
sublime y majestuosa presencia, REALMENTE insiste en jugar a "descubramos qu chico te
gusta". Sera gracioso si no fuera porque es lo ms parecido al tormento insufrible del beso de
un dementor que se le ocurre a Remus. Quieres saber quin me gusta, perro idiota? Me gusta
alguien a quien ahora mismo me encantara estrangular con mis propias manos.
- Liam Mc Fynn! Ah tienes un buen partido.
- Sirius, djalo estar.
Duele. Verle en el bosque, dando zancadas con esa gracilidad nica, magnfico, brioso,
inalcanzable, duele. Sirius es masculino y a Remus le flaquean las rodillas por las maanas
cuando le ve mirar por la ventana sin camiseta y el pantaln del pijama con el primer botn
desabrochado, rascndose el estmago. Sirius tiene una sensibilidad perversa para las
travesuras y el tacto de un rinoceronte, una sonrisa para cada momento del da y una habilidad
innata para resultar abofeteable y besable en la fraccin de un segundo. Sirius duele ms que
la luna y cuando no se da cuenta de nada, duele ms todava. Es un cabrn malnacido y duele,
maldita sea, en cada rincn del cuerpo.
- Venga, ya, Luntico. Tiene que haber alguien en el colegio que te guste. Confiesa.
- No es asunto tuyo si me gusta o no y- se da ligeramente por vencido- ... quin demonios es
Mc Fynn?
- De Hufflepuff, juega de portero. Ya sabes quin es. Estuvisteis hablando dos horas en el baile,
aquella vez. S que le van los tos porque siempre le cazo mirndome el trasero.
Estuvisteis hablando dos horas en el baile. Es pattico si esas palabras le hacen sentir
esperanza? Sirius se pasa los bailes persiguiendo faldas y an as, tiene tiempo para fijarse en
lo que hace l. Tiempo para fijarse y, dios, s, es pattico que algo as le importe.
- De Ravenclaw. Se llama Ian Mc Finne y le gusta James. Probablemente es a l al que mira.
Pero bizquea un poco.
- En serio?
- Del ojo izquierdo. Es un poco confuso cuando hablas con l.
- Le gusta ms James que yo?
Remus prefiere no contestar. Sirius Black es tonto. Tambin es el nico chico que le gusta pero
es tonto de capirote.
Para alimentar el fuego, hace falta combustible
El libro lo ha encontrado y memorizado Peter. Manual bsico para tu moto. Un libro muggle que
han comprado en el callejn Diagon gracias a la chimenea de la habitacin comn y una

cantidad razonable de polvos flu de contrabando. Se lo ha estudiado a fondo y Sirius ha


conseguido cree- poner cada pieza en su sitio pero desde hace tres das, la moto no suena, ni
se mueve, ni arranca. Despus de siete horas montando y desmontando cada tornillo y cada
cable, Sirius consume un cigarrillo y medita una manera romntica de suicidarse. Sentado en la
cuadra junto a l, Peter sigue pensando que tiene que haber una manera de que funcione.
Remus entra en la cuadra para saber si van a tomarse un descanso y les encuentra hastiados y
desesperados. Sirius le mira entre mechones de pelo desgreados, sudando grasa. Dan ganas
de ponerse a cuatro patas y lamerle.
- Creemos que la moto se ha muerto, Luntico.
- Amn- sentencia Peter.
Remus no tiene idea de mecnica y lo ms parecido a una moto que ha visto nunca era el
tractor de su abuelo. Bueno, su padre tena un coche pequeo que jadeaba y renqueaba y se
pasaba ms tiempo en el garaje de casa, desmontado por partes, que en la carretera, bufando
y traqueteando y Remus mir ms de una vez mientras le cambiaban las ruedas pero no sabe
distinguir la correa del ventilador de las bujas. An as, comparado con esos dos memos que
tiene delante puede decirse que es un avezado experto en mecnica muggle.
- A vuestra pocin le faltan polvos mgicos, chicos.
Cuando le miran con cara de pocos amigos y sin saber de qu est hablando, Remus golpea
un par de veces el tanque vaco de la gasolina.
- A ninguno de los dos se le ha ocurrido echarle combustible, verdad?
Inmediatamente, Sirius despierta, tira el cigarro al suelo y se levanta.
- Qu has dicho?
- Tienes que echarle gasolina. En una gasolinera, preferiblemente.
Peter busca en su libro pero no encuentra esa parte.
- Ms atencin, Colagusano- le recrimina Sirius- o tendr que buscarme otro mecnico.
Se enfunda en su chaqueta de cuero y se mira al espejo retrovisor de la moto antes de salir. El
pelo en la cara le da un aspecto pretendidamente aventurero y por ensima vez Remus les
pregunta a dioses en los que no cree por qu tuvieron que darle un ego del tamao de la Gran
Bretaa y adems, hacerle tan guapo.
- Venga, nios, a buscar gasofilina.
Cuando salen le da a Peter un azote en el culo y le guia un ojo. A Peter le incmoda y a Sirius,
precisamente por eso, le parece gracioso. l es as, amigos, intratable, presuntuoso, irritante,
irresistible. No pasa nada, claro. Remus est acostumbrado a ver cmo se relaciona,
toqueteando y magreando a quien se ponga delante. A todos, por supuesto, excepto a l, a
quien respeta demasiado.
- Afortunado yo.
- Has dicho algo, Luntico?
- No, nada. No es importante.
In vino veritas
En el cuarto de bao de los chicos Gryffindor.
Borrachos.
James Potter. El buscador ms laureado en la historia del quidditch. El jovencito ms famoso
de Hogwarts, y uno de los mejores alumnos del colegio. Animago en sus ratos libres. Como una
cuba.
- Pues os digo una cosa. Si Evans sigue rechazndome, le dar una oportunidad ese Mc Fynn.
Est bien saber que tengo opciones.
Remus Lupin. Alumno aventajado de su curso. Hombre lobo. Un talento innato para la defensa
contra las Artes Oscuras. Borracho? Perdidamente.
- Se llama Mc Finne, os he dicho. Y har correr la voz de que ests abierto a otras opciones,
James.
Sirius Black. ltimo en una estirpe de magos y hechiceros legendarios. Mito sexual del colegio.
El estudiante que ms tiempo ha pasado en el despacho del director en la historia de Hogwarts.
Un portento en Transformaciones y Pociones. Borracho perdido.
- Si vas a enrollarte con un to, James, en serio vas a elegir a ese Hufflepuff...
- Ravenclaw- corrige Remus.
- ...a ese Ravenclaw antes que a uno de nosotros? To, eso me duele. Agarra la botella como
si fuera el camino hacia el infierno y no quisiera volver atrs. Da tragos largos que le inflaman la
mirada. Qu fuerte, colega.
La botella de whisky de fuego pasa a manos de Peter, que tose cada vez que intenta ponerse a
la altura de Sirius y beber la misma cantidad. James la coge despus.

- Es verdad- dice. Aunque suena ms como sverd. Si voy a tener novio, tenis mi total
prioridad. Se lleva la mano al pecho, excesivamente compungido. El whisky despierta su lado
ms teatral. Lo siento, tos.
- Nah, es igual replica Sirius. Enrllate con ese Slytherin o lo que sea
- Ravenclaw- de nuevo, Remus.
- Lo que sea. Atrapa la botella de manos de James, saltndose el turno de Remus. - Yo saldr
con Remus. No te necesitamos.
No quiere. Remus no, no, NO quiere. Sabe que es una broma y que, de estar flirteando con
alguien Sirius estara flirteando con James y solo por costumbre y porque es su manera
principal de relacionarse con otros primates. Por eso no quiere sentir que le aletea una
tormenta elctrica en el estmago pero las palabras son yo saldr con Remus y, maldicin,
Merln, no puede evitarlo. Le tiembla el estmago.
- Eh! Saldras con Remus antes que conmigo?- James est ultrajado.
- Saldra con Quejicus antes que contigo.
- Ah s? Pues que sepas que ibas en mi lista el primero pero ahora el primero es Remus.
James tiene una lista? Sirius va a salir con l? Ahora Dumbledore me pedir cita para el
baile. Han tomado demasiado whisky. La conversacin desbarra y Sirius con ella.
- Suea, Potter. Remus me elegira a m.
Tiene que estar soando. Tiene que estar delirando por el alcohol. Tiene que estar ms
borracho de lo normal porque de repente sale del armario y, qu? sus amigos se pelan por
l? Sus amigos heterosexuales?
- No es verdad. James mira a Remus, casi suplicante, completamente borracho. Elgeme a
m y te har los deberes todo el ao.
Entonces es Peter el que parece enfadado.
- Ni hablar. Acabara haciendo yo los deberes de ambos!
El mundo se difumina. El whisky lo llena todo de vapor y las aristas de la realidad se llenan de
curvas peligrosas. De curvas realmente peligrosas. Debe ser la borrachera pero Sirius le mira
de abajo arriba entre mechones de pelo mgicamente alterados para hacerle parecer ms
guapo.
- Elgeme a m, - se acerca a l sin levantarse, moviendo el culo en el suelo, levantando
ligeramente la pelvis para ayudarse y atormentarle y te llevar en la moto. Sibilino,
serpenteante, aade, - detrs o delante, Luntico, t eliges.
Lo primero que cruza su mente es una palabra. Solo una. Pero no quiere admitirlo, no quiere
pensarlo, no quiere que sea verdad.
- No hay duda- tiene que escapar de esa palabra, fingir que todo es una gran broma de
merodeadores, que nada tiene importancia, que no se est muriendo por Sirius y que cada da
es peor y ms intenso. Si fuera coaccionado, chantajeado o amenazado de muerte y forzado
para elegir entre vosotros, me quedo con Peter.
Colagusano escupe whisky de fuego por la nariz y la boca simultneamente. Y Remus sigue
escapando, huyendo de esa palabra que de repente le ha encharcado los pulmones y le hace
sentir sucio, bajo, indigno, enfermo de deseo. Media hora despus, la conversacin slo es
brasa y el whisky, un mal recuerdo en el fondo vaco de la botella. Abandonan el cuarto de bao
en el que se han refugiado a hurtadillas. Peter le sigue los pasos a James y cuando Remus va
a salir, nota que Sirius le retiene. Ah est otra vez. Esa mano en el pecho, empujndole con
suavidad contra el marco de la pared.
- Peter? Quieres que me crea eso? - le brilla la mirada, podra prenderle fuego al colegio y a
Roma entera despus. Invade el espacio que Remus impone entre l y todo el mundo y le
huele el aliento a whisky, a escapadas nocturnas y a travesuras infames. - Eres un cagado,
Lupin.
Se debate en un dilogo consigo mismo. Est flirteando. Flirtea con todo el mundo. Pero esto
es ms de lo normal. Sigue siendo broma. Es una tortura. No va en [Link] salir de su
nube mental. Carraspea y le sostiene la mirada a Sirius pero no es fcil aparentar esa
indiferencia que ha perfeccionado como un arte.
- Si me hubieras dado una razn mejor que un paseo en moto habras tenido ms opciones,
Black.
Elige deliberadamente un tono jocoso. Broma, es solo una broma. Pero Sirius no parece estar
de broma. Se acerca ms, solo un poco ms a su cara y a esa distancia Remus puede verle la
lengua, detrs de cada slaba. Tan cerca.
- Quin coo ha dicho nada de un paseo? He dicho montar, Remus, no pasear.

Ah est otra vez. Esa palabra que quiere gritar. Eso que quiere decirle a su supuesto mejor
amigo en ese cuarto de bao. Fllame. No puede evitarlo. Fllame, Sirius, ahora, por favor, no
me dejes escapar, no quiero resistirme. Fllame. Peter y James les llaman para largarse de all
cagando leches antes de que alguien les oiga. Remus no siente el suelo bajo los pies y le falta
oxgeno en el cerebro. Los pasillos de Hogwarts son las cumbres nevadas del Himalaya y tiene
miedo de caer desde lo alto y romperse. Sirius se acuesta en la cama contigua y tiene miedo
de no ser capaz de dominarse, de entrar en esa cama, bajarle los pantalones y
suplicar. Fllame como hacen los perros.
Ni s ni no, sino todo lo contrario
A la maana siguiente, Remus baja el primero a desayunar. Sabe que Lily estar repasando los
deberes en la mesa Gryffindor. Tiene que contrselo a alguien. Tiene que contrselo a ella. He
dicho montar, Remus, no pasear. Tiene que contrselo.
Se lo cuenta.
- Remus, est flirteando contigo.
- T crees? No creo. Lo hace con todo el mundo. Es su manera de hablar.
- Remus, por dios.
-Habla as con Malfoy, con Snape, hasta con Dumbledore. Crees que flirtea con Dumbledore?
- No, pero creo que, en el fondo, Malfoy le gusta.
- No s para qu te cuento nada.
Quince minutos as. Finalmente, Sirius llega para desayunar, con un dolor de cabeza pico. Lily
y Remus se callan inmediatamente y fingen que no hablaban de nada importante mientras
Sirius saca polvos contra la resaca elaborados por l mismo segn receta propia y los aade al
zumo de calabaza. Espera hasta que se deshagan con la cabeza hundida en la mesa.
Gimiendo.
- Hay luz. Hay ruido. No debera haber luz ni ruido. Por qu hay luz y ruido, Remus?
- Porque es de da.
Se toma el zumo de un trago y sin respirar.
- De qu estabais hablando?
Lo dicen los dos al mismo tiempo.
- De nada.
Animagos!
Le llaman azul a la segunda luna llena del mes. Tiene sed de noche y cuando rompe el
cascarn de la tarde y empieza a elevarse en la bveda nocturna, escucha un aullido familiar,
proveniente de ese sitio en lo alto de la colina al que todos en Hogsmeade llaman la casa de
los gritos. Pronto, los alrededores del colegio se llenan de sonido. El primero en salir es el lobo
y la luna se siente satisfecha, porque es su esencia la que corre a cuatro patas en lo ms
hondo del bosque. Tras l lobo, los otros que le acompaan siempre. Primero, el perro.
Despus, el ciervo. El ltimo, la rata. Lobo, perro, ciervo, rata. La luna vigila en lo alto, por
segunda vez en un mes y le serena la sinfona de ladridos y aullidos, lamentos que parecen
risas.
Cuando se eleva lo bastante y su reflejo se convierte en ncar sobre la superficie del lago, la
luna se queda hipnotizada consigo misma. Sobre ella, la silueta formidable del ciervo, siempre
a distancia del lobo, siempre sin perderle de vista.
Esa noche, el nico sonido desigual es el ruido de los hombres.
- Lobo!
El estruendo de los fusiles.
- Ah est!
El tiro que hace reverberar la superficie calmada del lago.
- Le he dado!
A la luna no le hace falta escuchar el aullido sangrante del lobo para saber que es verdad.
Siente el tiro como un meteorito que estalla en su lado oscuro, formando un crter ominoso. El
lobo est herido y con l, la luna, que se oculta detrs de negros nubarrones nocturnos para
lamerse y siente que mengua, antes de tiempo. Abajo, en el bosque, las fauces del perro brillan
como la ceguera y los cazadores huyen de su rabia, dejando atrs a un lobo malherido y al
resto de los animales.
(continuar...)
Hay puertas que se abren sin llave
Una trastada, en ocasiones, necesita de cantidades asombrosas de imaginacin. Hace falta,
desde luego, cierto talento innato para el gamberrismo. Para eso, cmo no, siempre se puede
contar con Sirius y James, que cuando se trata de hacer el oso, parecen gemelos separados al

nacer. En ocasiones, hace falta una gran infraestructura, como aquella vez que Peter consigui
hacer volar ciento veinte paraguas muggles para cubrir en el techo del Gran Comedor y que
todo el mundo pensara que era de noche y volviera a la cama. Cuando se trata de convertir la
vida en Hogwarts en una gigantesca travesura, cada gamberro tiene su especialidad.
Peter es incansable. Remus es la imaginacin en su estado de ebullicin. James tiene el olfato
del gamberro nato y huele una buena broma a millas de distancia. Y Sirius es de una ayuda
inestimable cuando se trata de conseguir ciertas cosas. Ciertas cosas con nombre de chica.
- Lumos!
Remus coge el mapa en las manos. James y Peter observan a sus espaldas, en la silenciosa y
nocturna habitacin comn. A pocos metros de ellos, en uno de los pasillos que hay que cruzar
para llegar a las dependencias Gryffindor, al otro lado del cuadro con la seora gorda, hay un
par de figuras que concentran toda su atencin. Sirius Black y Hannah Blair. Estudiante de
sptimo. Primera de su promocin, figura del quidditch, y prefecta de Hufflepuff. Un modelo de
perfeccin con un historial intachable y una conocida aversin por incumplir las normas del
colegio. Remus recuerda perfectamente que fue la pareja de Sirius en el baile de navidad de
cuarto. Tambin recuerda que Sirius acab la noche con una de sus mejores amigas y un
histrico y colosal bofetn en pblico. Desde entonces, nadie en el colegio ha visto que Hannah
le dirija la palabra y Sirius asegura que a veces esa bofetada todava le duele.
- Es imposible- asegura Peter. Ella le odia.
- Ssshhh- ordena Remus, atento a las variaciones del mapa.
La figura de Sirius persigue a los pasos de la chica durante al menos cinco minutos. Ella va un
trecho por delante, es de imaginar que haciendo su ronda e ignorndole. En la esquina que
lleva a las escaleras cambiantes, la figura de Hannah se detiene y la de Sirius se pone justo
enfrente.
- No me lo puedo creer- y efectivamente hay incredulidad en la voz de James.
- Shhhh- ordena Remus de nuevo.
Cinco minutos, tal vez menos y las dos figuras se arriman a la pared. Los pasos que indican su
presencia en el mapa trastabillan hacia atrs y hacia delante y estn tan cerca que apenas se
distingue quin es uno y quin es otro. James murmura no me jodas justo en el odo de Remus.
- Qu demonios le habr dicho? se pregunta Peter.
Mejor no saberlo. Remus todava recuerda el curso pasado. Metido debajo de la capa invisible
en la habitacin para poder estudiar sin que nadie le molestara, tumbado en su cama
tranquilamente, cuando aparecieron Sirius y aquella pelirroja cuyo nombre es preferible olvidar.
Tuvo que escuchar diez minutos de sobeteo y saliveo antes de conseguir salir con la capa sin
que nadie advirtiera su presencia. Lo que vio no qued grabado en su mente con tanta
intensidad como lo que escuch. Las protestas poco convincentes de la chica casi las ha
olvidado. Sirius, tengo que marcharme. Se supone que no puedo estar aqu. McConagall nos
acabar descubriendo. Lo que no consigue borrar de su memoria es a l, mientras le besaba el
cuello y le sacaba la camisa suavemente. Si puedes marcharte eres ms fuerte que yo. Le
lama las [Link] si te quedas, tengo que quitarte la ropa. Le meta mano debajo del
sujetador. Llevo todo el da pensando en cmo sera la expresin de tu cara si hiciera esto. Y
despus dentro de las bragas. No te vayas y djame que te lo haga con la lengua. La chica no
pero Remus prefiri marcharse entonces y respirar profundamente una vez fuera. Ms infeliz
que en toda su vida, ms excitado que en toda su existencia.
Es ms o menos la misma sensacin que tiene ahora, cuando los puntitos en el mapa de Sirius
y Hannah parecen unidos por pegamento mgico.
- Mierda, mira eso!
El mapa dice McConagall. A diez metros en el pasillo contiguo. Hannah debe tener mejor odo
porque su figura desaparece primero, escondida detrs de uno de los tapices. Sirius tiene
menos suerte y sus pasos se encuentran con los de la profesora. En menos de tres minutos, la
puerta se abre y los merodeadores excepto Sirius- fingen que juegan al ajedrez y leen en la
Habitacin Comn.
- Sabe perfectamente, seor Black, que no est autorizado a merodear por ah a estas horas.
Sirius no dice nada. Pero asiente y se le da bastante bien fingir que es un nio bueno. Lleva la
tnica abrochada, por suerte para l pero Sirius nota que algo late debajo como si fuera su
propio cuerpo.
- Espero que su silencio, joven, indique que me ha entendido y no piensa repetirlo.
Nuevamente, Sirius asiente y es raro en l, la verdad sea dicha, tanto silencio. Cuando
McConagall deja la habitacin, Sirius comprueba que est lejos y abre la boca. O mejor dicho,

abre ligeramente los labios y deja caer una pequea llave dorada que brilla con su propia
saliva.
- Qu os dije?
- Sirius, en serio- James parece tan admirado como Peter- me arrodillo ante ti.
Se limpia la llave contra el pantaln. Satisfecho como un gato recin comido.
- Pues ya que ests de rodillas, Cornamenta, cmeme la polla.
Le da un coscorrn a James mientras tira la llave a la mesa.
- Y ahora, seores, si me disculpan, hay un problema que exige su pronta resolucin en el bao
de caballeros. Se dirige hacia all con paso resolutivo. - McConagall poda haber esperado
cinco minutos ms, joder protesta.
Esa noche no duermen. Estn demasiado entretenidos hasta las cuatro de la maana usando
la llave para entrar en el bao de las chicas y llenar de espuma todas las baeras y los grifos y
las duchas, de manera que cuando alguien d al agua a primera hora, los pasillos empiecen a
llenarse de pompas de jabn rosas. Cuando vuelven a la cama, Remus sigue sin poder dormir
porque a veces es difcil dormir cuando tienes en mente la imagen de Sirius en el mapa,
enredado con una chica y Sirius en la habitacin, prometindole sexo oral a otra y Sirius en el
bao de los chicos, masturbndose sin pudor a diez metros de ti.
A veces es difcil.
Castigados
- A ver, Potter, recurdame otra vez por qu estamos castigados.
James habla entre dientes, sin mirar a Sirius. Le tiene que sacar brillo a una de las enormes
bandejas de plata que se usan en Halloween para servir la carne estofada. Lo tiene que hacer
se es el castigo- sin usar la magia y sin derecho a protestar. Una semana entera luciendo la
plata.
- Porque soy idiota.
- Justo. Porque eres idiota y porqu ms?
- Y un imbcil.
- Muy bien, Potter. Veo que lo vas entendiendo. Aunque no se si lo dices por decir, sabes? Y
eso no me gustara. Reptelo con ms entusiasmo.
Peter, delirando con fiebre en la cama, es el nico de los cuatro que se ha librado. El resto
tienen que frotar y encerar y dar brillo y esplendor a toda la plata de Hogwarts bajo la mirada
iracunda del seor Filch. Y todo porque volviendo de Hogsmeade sin autorizacin y bajo la
capa invisible James tuvo la idea de hacer una pequea paradita en clase de Defensa contra
las Artes Oscuras y escribir SAL CONMIGO, EVANS con tinta mgica imborrable de Zonko en
el encerado del profesor.
- No fue culpa ma que nos cogieran, Canuto.
- Perdona? Fuiste t quien mir el mapa y dijo que no vena nadie. NADIE, dijiste.
- Me distraje un momento. Quera que las letras quedaran bien.
- Pues un momento fue bastante para que nos viera Quejicus y se chivara. As que es culpa
tuya. Y ahora di lo de idiota e imbcil con conviccin.
- Sabes qu, Canuto? Eres ms agradable cuando vas a cuatro patas. Deberas pensar en
hacer el cambio de manera permanente.
- Eso no ha sonado a arrepentimiento, Bambi.
James deja un segundo de frotar.
- Remus, dile que pare. Ya he purgado bastante.
- Ni hablar, me entretiene demasiado veros discutir.
Llamada nocturna
Son las dos de la madrugada y Sirius siente que le sacuden para despertarle de un sueo que
no recuerda bien. Algo sobre su madre aparecindose en Hogsmeade para perseguirle.
Entreabre los ojos, a oscuras. Distingue el olor de Remus y su voz, apenas audible, repitiendo
su nombre.
- Sirius, necesito que me dejes la moto.
Se incorpora en la cama, todava sooliento.
- La moto? La misma moto contra la que despotrica porque es demasiado peligrosa y
absurda y erre que erre? - Qu te has fumado, Lupin?
- Sirius- repite, con una urgencia queda en la voz. - Necesito que me dejes la moto. Ahora.
Tengo que llegar a Londres.
Hay una gravedad dramtica en l. De golpe, Sirius deja de sentir sueo y cansancio. Bajo la
leve luz nocturna, distingue las facciones familiares de Remus. El pelo pajizo, la larga lnea de

la nariz, el labio inferior, ligeramente ms prominente y los ojos, habitualmente serenos, que
esa noche estn enrojecidos y barridos por el dolor.
- Te llevo yo.
Por una vez, Remus no intenta llevarle la contraria. Espera en silencio a que se vista y se lo
explica, con pocas frases, de camino a la casa de los gritos, en uno de los intrincados
pasadizos secretos del castillo. Me ha avisado Dumbledore. Estaba muy enferma.
Cosas que Remus no cuenta
Remus no habla nunca de su familia. La verdad es que Remus no habla nunca de un montn
de cosas y Sirius est empezando a darse cuenta de ello despus de casi siete aos
conviviendo con l en el mismo colegio y en la misma casa. Para ser perro tampoco soy muy
sagaz , que se diga. No valdra para perro polica, desde luego. Lo nico que sabe Sirius de los
Lupin es que su padre era un muggle y que muri antes de que Remus ingresara en el colegio.
Nunca le ha preguntado nada de su madre y ni siquiera saba que tuviera una abuela o que
estuviera enferma. La madre de mi padre, explica Remus. Haca la mejor tarta de almendras y
canela de todo el Reino Unido. Sirius no lo saba. Tampoco saba que en los funerales muggle
la gente iba a una inglesia a escuchar a un hombre vestido de negro. Le parece todo curioso
pero no dice nada porque el dolor de Remus es intenso y emite oleadas que resultan casi
fsicas y lo nico que quiere es preguntarle qu puede hacer por l y no estar en ese sitio
absurdo con vidrieras comiendo pastillas gigantes que se pegan en el paladar y dando la mano
a desconocidos que se miran compungidos.
En el cementerio, se acercan un par de personas y Remus les saluda y ellos dicen que su
abuela era ya muy mayor y a Sirius le parece la mayor chorrada que ha odo en su vida. Todas
las abuelas son mayores, no? Bueno, la suya est metida en un cuadro en casa pero est
arrugada como un papel de fumar y apenas se mueve, as que debe serlo.
Cuando todo termina, Remus sigue mirando la lpida y sigue sin decir nada. Sirius olisquea su
dolor como un animal y le parece que se ha aplacado un poco, ahora que estn solos. Sigue
sin saber qu decir. Aunque le cuesta trabajo no decir nada. Es primavera y en el cementerio
de Bath, condado de Avon, las flores estallan en colores intensos.
- Sola pasar los veranos con ella- dice Remus.
- Pens que pasabas los veranos con tu madre.
La media sonrisa de Remus es lo ms triste que Sirius ha vito jams. Querra hacer algo. Por
l. Lo que fuera. Le horroriza no ser capaz de hacer nada. Cuando sale la luna y Remus pide
clemencia, Sirius le sujeta el pecho y est con l hasta el ltimo momento y, maldita sea, le
gustara poder hacer lo mismo ahora. Agarrarle, meterse debajo de la piel, extraer algo de su
dolor para poder cargar con l y hacerlo ms llevadero. Entre los dos.
- Mi madre... Remus no termina. - Quieres conocer a mi madre?
Titubea. Un segundo. Por favor. Hay demasiadas cosas de Remus que no sabe y en ese
cementerio muggle el deseo por conocerlas todas y aspirar su perfume, se vuelve irrespirable.
Siente de nuevo esa cosa en el pecho, ese dolor que ahora es ms un soplido que una patada.
- Me encantara, Luntico.
Aurora
No es lo que espera. Remus le advierte pero no es lo que espera. Para empezar, en los
hospitales muggle huele raro. No es como en San Mungo, donde huele a salvia y romero y
hierbas curativas. En los hospitales muggle huele a la pocin con la que friegan los suelos los
elfos domsticos de Grimmauld Place nmero 12. O peor. Huele a enfermedad y el sentido
olfativo de Sirius, que es extremadamente sensible, se siente agredido. Se pregunta cmo
puede sanar la gente con ese olor invasivo. Se pregunta qu esperaba de la madre de Remus
Lupin y no obtiene respuesta.
Tumbada en una cama. Tiene tubos metidos en el brazo y est conectada a una mquina que
emite pitidos. Parece que duerme solo que no lo parece y la presencia de su espritu en la
habitacin es casi imperceptible.
- Los muggles le llaman estar en coma.
En coma. Dos palabras. Nada ms. Pero a Sirius le dan escalofros. Lleva as dos aos y
Remus lo explica con afecto pero sin afectaciones porque Remus es as y a Sirius le dan ganas
de llorar. Es extrao porque l nunca, jams tiene ganas de llorar. Traga saliva para deshacer el
nudo que se le acaba de formar en la garganta y resopla, cuando Remus se acerca a la cama,
hablando del accidente de su madre y de una especie de bola de sangre que se le hizo en el
cerebro.
- Algunos mdicos dicen que incluso as puede ornos o saber lo que pasa.

No sabe si puede acercarse a la cama o no. Le tiembla todo el cuerpo. Se siente enorme,
idiota, fuera de lugar. Todo en la habitacin parece frgil y demasiado limpio para l. Remus
saluda hola, mam y Sirius se da cuenta de que mam es para l una palabra asociada al
desprecio y la clera pero que hay otros universos, otros corazones en los que mam puede
ser el afecto insobornable, la forma ms desprendida del amor, la ternura en su estado ms
puro.
Remus se sienta junto a la cama y a esa mujer delgada y de pelo entre rubio y canoso cuya
vida parece presente y ausente y le habla como si se hubieran visto cinco minutos antes y
hubieran hablado durante el desayuno.
- He venido a ver a la abuela- miente- y he trado a un amigo.
Amigo. Esa palabra nunca le ha sonado tan valiosa. Es un privilegio. Es un honor que Remus le
est enseando esto. Una parte de l valiosa como el cristal, irrompible como los diamantes.
- Mam, este es Sirius. Te acuerdas cuando te hablo de todos esos castigos de los que no
tengo la culpa? Sirius es quien la tiene.
Intenta que no le tiemble la voz al hablar, ms cerca de la cama.
- A veces tambin tiene la culpa James, seora Lupin. Se lo juro.
- Se llama Aurora- la voz de Remus se quiebra justo en la ltima letra. - Y supongo que ahora
es toda la familia que me queda.
Levanta la mirada. Est luchando al borde las lgrimas, con la nariz roja y labios temblorosos.
Y no hay. No existe un corazn lo bastante grande como para abarcar lo que Sirius siente en
ese momento. Siente que se expande y que el dolor de Remus le traspasa. Siente que se
transforma con la luna llena en un hombre distinto y cuando Remus llora, Sirius cae de rodillas
y reza para no disolverse en la fuerza abrasadora de un abrazo que anula las barreras del
tiempo y de la carne con su intensidad monstruosa.
- Estoy aqu no est seguro pero puede que tambin l est llorando y tal vez sea por la
injusticia de la vida, porque hay madres que odian y estn vivas y madres que quieren y no
pueden abrir los ojos y si alguien tiene que sufrir, debera ser l, coo, l y no Remus. Su
madre debera sufrir y no la de un hombre lobo que llora como si tuviera la piel en carne viva.
Soy tu familia, Remus. Estoy aqu. Fuerte, ms fuerte, le abraza con la fuerza de un
maremoto y no sabe qu le pasa exactamente pero ese dolor en el pecho insiste y alla y le
pide algo pero no sabe qu.
Abandonan el hospital sin ganas de hablar, anestesiados por el llanto.
Sirius nunca se ha sentido tan cerca de Remus. Tan cerca de nadie, en realidad. Y es raro,
pero al mismo tiempo, se siente lejos, todava demasiado lejos. Extrao. Luntico. De un humor
perruno. Y ahora qu mierda me pasa. Debe ser por pensar en su madre. Eso debe ser.
Atardece y le da por pensar que Aurora es un bonito nombre para la madre de un hombre lobo.
London calling
Antes de volver al colegio, comen en un Steak House en Oxford Street y Remus confiesa que
solo ha estado en Londres de visita en el hospital o de compras en el callejn Diagon para
comprar libros del colegio pero nunca en Covent Garden, el domingo por la maana y ni una
sola vez en Candem Town para comprar idioteces muggle en el mercadillo y jams ha recorrido
el Tmesis en barco, ni ha entrado en los pubs para ver cmo juega el Manchester, ni sabra
reconocer a un punk. En resumen, Remus solo conoce, lo que Sirius llama el Londres coazo.
- Y as no se puede, Luntico. La gente va a pensar que eres el tpico empolln repelente.
Tienes que desmelenarte.
- Ni siquiera tengo melena.
Falta poco para los exmenes y tienen que volver al colegio porque entre otras cosas, James y
Peter tienen que estar preguntndose dnde coo se han metido.
- James va a pensar que se la estoy pegando contigo.
- Fue l el que decidi llamarse Cornamenta. Ahora tiene que apechugar con los cuernos.
Pero Sirius promete volver a Londres pronto y quemar la ciudad. Hace planes. Consisten
bsicamente en pasar por su casa cuando no haya nadie, sisarle dinero a su madre y gastarlo
en antros de cerveza, tatuajes, y chicas. Remus le mira divertido.
- Esa ser tu idea de la diversin, por supuesto.
- Bueno, quien dice chicas dice chicos. Hace uno de sus molinetes con los brazos,
aspavientos de Sirius, exceso de teatralidad tpicamente suyo. - Tanto monta, monta tanto,
Remus.
Estn entrando en terrenos pantanosos y Remus sabe que de seguir el rumbo de la
conversacin acabar arrepentido. Al fin y al cabo no es buena idea hablar de la vida sexual de
uno (o la ausencia de vida sexual, para ser exactos) cuando el objeto de deseo es quien est

enfrente. Pero estn en Londres, tiene el estmago lleno y ha sufrido una noche
emocionalmente desgarradora. Necesita algo de conversacin liviana y superficial. Necesita
una pelea dialctica con un perro obstinado. Necesita a Sirius, para que le rescate.
- Bueno, no es igual, Canuto. Si no te importa.
Apoya los codos en la mesa y se acerca a l. Sirius inquisitivo. Solo le falta levantar las orejas y
estirar las patas.
- Ests seguro de que no te gustan las chicas?
Ahora mismo estoy pensando en que me gustara ver cmo te desabrochas el pantaln
mientras me miras y te relames, Black, como si fuera un pastel que se ofrece a la puerta de un
colegio para que se lo coman.
- Bastante seguro- lo dice con conviccin. Con mucha conviccin.
- Pero, seguro que lo has hecho bien?- Remus no contesta pero al parecer, su silencio es
bastante elocuente. - Un momento. Ni siquiera lo has hecho con una ta!
- Un poco ms alto, Canuto. En Gales hay una anciana sorda que no te ha odo.
Al menos tiene la delicadeza de bajar un poco la voz para que las cuatro camareras y los veinte
clientes que llenan el local pueden mirar a otro lado. Sirius se acerca todava ms a la mesa,
apartando su plato de bacn y chuleta.
- Entonces no puedes saber que no te gustan, Luntico, en serio, creme. Tienes que probar.
Sirius se lame los labios, como si se estuviera preparando para un gran festn y baja el tono de
voz, hasta que Remus tiene la sensacin de que est desnudo en la cama, escuchndole en el
odo. Remus, escchame bien. la primera vez que le metes la mano a una chica debajo de la
camisa del uniforme tienes que dejar que suspire y besarla en ese momento, metiendo la
lengua muy despacio, porque si te devuelve el beso, Remus, te lo juro, es lo ms increble del
mundo. Sentir cmo se va ablandando mientras a ti se te va poniendo dura. No puedes saber
que no te gusta hasta que no te besen las orejas, o el cuello o la polla, Remus. Cmo vas a
saberlo si no te la han comido bien, to?
Calor. Oh, Merln, joder. Qu calor hace en Londres. Remus se evapora. Se funde. Se coloca
en el lugar de esa chica y la mano imaginaria de Sirius bajo el uniforme le da ganas de gritar
"hazlo". Cmeme, bbeme, tcame. Nunca le ha deseado con tanta intensidad. Joder. Le
parece sentir sus labios en todo el cuerpo pero especialmente en ese sitio que se ha puesto
rgido y no precisamente por pensar en chicas.
- Sirius, - hace un esfuerzo porque su voz suene normal- alguna vez has hecho alguna de
esas cosas con un chico?
- Qu? le salen los ojos de las rbitas. - No!
No, claro. Sirius es demasiado masculino, demasiado hombre para eso.
- Y segn tu teora, cmo sabes entonces que no te gustara?
Balbucea un "pues..." y "mierda, to, esa no es... pues porque..." pero no consigue armar una
frase. Por primera vez, Remus le ha dejado sin palabras. Es un da para la historia que quedar
grabado en la memoria de Londres por los siglos de los siglos, amn.
Vuelven a Hogwarts en moto. Por carretera mientras dejan atrs la ciudad y volando una vez
que Londres no es ms que siluetas desdibujadas en el horizonte. Remus se agarra a Sirius
para no caerse cuando el maldito cacharro empieza a despegar y Sirius se siente demasiado
confuso para pensar en lo agradable que resulta. El dolor en el pecho se est empezando a
convertir en una especie de escozor.
Sigue furioso y todava no sabe por qu o con quin.
(continuar...)
Colagusano advierte
Es Peter quien llama al despacho de Dumbledore, a las tres de la madrugada. Sudoroso, sin
aliento, los ojos casi fuera de las rbitas, llorando por el esfuerzo. Pidiendo disculpas por
molestarle a tan altas horas, tratando de transmitir urgencia.
- Cazadores- jadea. Han herido al lobo, profesor.
Es Peter Pettigrew quien se inventa una historia cuando Dumbledore, de camino a la
enfermera exige saber los primeros detalles. Han sido cazadores, profesor. Fue Sirius quien se
dio cuenta, sabe? Miraba por la ventana, no poda dormir, le pareci or disparos en el
bosque. Salimos todos y estaba malherido. Ni una palabra sobre animagos ilegales. Peter
improvisa sobre la marcha. Y el miedo es el que habla por su boca hilando una historia que
resulta convincente y en la urgencia de la noche, oculta docenas de mentiras. Si Dumbledore
se entera nos expulsar. El miedo es el combustible de su imaginacin.
Dumbledore le escucha a medias, ms preocupado por el estado de Remus que por las
circunstancias del tiroteo. Cuando llega a la puerta de la enfermera le golpea una emocin

sobrecogedora. En ese umbral entre la vida y la muerte, apesta a inocencia derramada y a


sangre fresca. Huele a un futuro incierto y Dumbledore nota el peso de las seales, que indican
un destino siniestro. El anciano profesor sabe que no es momento de pensar en ello, igual que
sabe que llegar un momento en el que ser inevitable pensarlo porque las seales son cada
vez ms abundantes. Pero todos los augurios que ha ido percibiendo, el que tiene delante es el
ms estremecedor.
Sirius Black, apestado, pandillero, rebelde sin causa, casanova sin remedio tiene el cuerpo
moribundo del lobo en brazos. Hay un reguero de sangre que llega desde el jardn hasta ellos.
Sangre en el lomo plateado del lobo. Sangre en los ojos dilatados del animal y sangre en la
cara desencajada del jovencsimo Black, que agacha la cabeza hacia el animal y le acaricia
como si fuera la vida de ambos la que pendiera de un hilo.
- Han intentado matar a Remus, profesor.
Queda, ronca, su voz suena sulfurada y final. No se refiere al lobo, como Peter, sino a Remus.
- Est bien, hijo. Nos ocuparemos de l.
- Han intentado matar a Remus repite y hace falta la fuerza de Albus Dumbledore y de James
Potter y de Peter Pettigrew para que el muchacho se aparte del lobo y acceda a hacerles sitio
para que puedan encargarse de sus heridas.
Dumbledore se encarga personalmente de extraer la bala y sus encantamientos llenan la
enfermera de color violeta y olor a azufre. Sirius se niega a salir y lo observa todo con la
mirada perdida. Solo es carne, murmura, mientras Dumbledore medita sobre la naturaleza de
los hombres y de las bestias. Esa noche la pasa en vela, esperando que la luna se oculte y el
lobo recupere su naturaleza para ver el alcance de sus heridas.
Quid pro quo
Tres das despus. Saliendo de Aritmancia. Lucius Malfoy no puede resistir la llamada de una
buena pelea. Black y Potter cabizbajos con Pettigrew detrs, como la peste, y Lupin en la
enfermera, con alguna misteriosa afliccin. El veneno sale de su boca como si fuera aire.
Sisean las serpientes Slytherin.
- Qu pasa, Black. He odo que Lupin ha tenido un pequeo accidente. Si no sale de sta, vas
a tener que buscarte novia nueva.
Lucius no tiene tiempo de reaccionar o sacar su varita. La de Sirius es demasiado rpida y la
maldicin sale disparada antes de que la ltima letra haya salido de boca de Malfoy. Solo le da
tiempo a escuchar quid pro quo antes de sentir el dolor punzante de un relmpago en el
estmago y retorcerse en una mueca violenta. Se lleva las manos al origen de ese dolor,
intentado encontrar fuerza para respirar. Imposible. Cae al suelo de rodillas y su grito se vuelve
alarido de pnico cuando comprueba que tiene sangre en las manos.
- Sirius! oye la voz de James Potter en algn lugar. No puede abrir los ojos.
Y tan pronto como ha venido, el dolor desaparece. Tiene las manos y la ropa llenas de sangre
pero busca en el estmago, bajo la camisa y no hay nada. Ni una herida. Ni un rasguo. Black
le mira, todava con la varita en las manos.
- Un aviso, Malfoy su voz est desprovista de ira y es esa calma desconocida lo que hace
que Lucius sienta escalofros intensos. Miedo, por primera vez en su vida. La prxima vez
estars sangrando por una herida de verdad. Y ya puedes empezar a rezar para que Remus
salga de esa enfermera lo antes posible porque desde ahora en adelante cada gota de su
sangre vale por un litro de la tuya. Si l cae herido, me asegurar de que t no te levantes.
No es una amenaza. Black le ha amenazado muchas veces. Siempre encolerizado, enfermo de
ira. Esto es otra cosa. Magia negra de los Black, a un palmo de la superficie, debajo de todo lo
Gryffindor, Esto es oscuridad. Algo en Lucius se retuerce de placer, a pesar de la humillacin.
- Algn da me las pagars todas juntas, Black.
- Cuando quieras.
James y Peter le acompaan a la enfermera. En la cama del fondo, Remus Lupin todava
duerme. Tres das despus de que la plvora le atravesara las entraas.
Delirium Remus
Son tres das de fiebre y alucinaciones. Remus suea imgenes sin forma, escucha ladridos y
siente que algo le destroza el estmago y le desangra. Son fauces asesinas que parecen de
perro pero tal vez sean plvora, odio, muerte. Se revuelve entre sbanas sudadas, despierto,
dormido, sufriendo. En el colegio, todos se preguntan qu ocurre y por qu suena como si entre
las paredes de piedra caliza ulularan animales salvajes.
Cuando Remus se queja, alla.
Amanece, que no es poco

Al cuarto da, con la garganta tan seca que parece en carne viva y la sensacin de que tiene
una llaga sangrante en el estmago, Remus abre los ojos. Le cuesta trabajo reconocer el lugar.
La enfermera con sus camas en fila, el olor a sbanas limpias y hierbas curativas. Es un
escenario familiar pero es la primera vez que se despierta de un letargo tan profundo que
siente que ha estado muerto, fuera de su cuerpo. No recuerda con exactitud lo que le llev all
pero
mentira
abre los ojos. siente que se le acelera el corazn.
lo recuerda todo.
de pronto.
Lobo! Olor a gente. Cazadores. La boca del fusil. Huir. El ardor. La explosin. El olor de su
propia sangre. Los ladridos de Sirius. Un perro, lamindole la herida. Al borde de la
inconsciencia. Su lengua dentro de su cuerpo. Junto con la bala. Pero ms adentro.
Y luego, nada.
Hasta ahora.
Junto a la mesilla, con la cabeza apoyada en su colchn, ah est. Sirius.
Con todo ese pelo esparcido en mechones desiguales, negro como una bandada de cuervos
sobre sbanas blancas. Remus le observa y el tiempo se estira para que pueda relamerse en
l. Puede que no obtenga de Sirius Black todo lo que querra pero obtiene ms de lo que podra
soar. No sabe qu escuece ms, si el tiro o el recuerdo de su lengua dentro de la carne.
- Eh, pulgoso, despierta.
Sirius le ha lamido donde no ha estado nadie, excepto la luna y cuando entreabre los ojos y
sacude la cabeza y bosteza como un animal que vuelve en s, Remus se maldice por no tener
una cmara de fotos mgica donde poder capturarle para siempre. As. Medio dormido, medio
despierto. Desperezndose y sonriendo cuando se da cuenta de que ha tardado cuatro das,
pero al fin ha vuelto.
- Joder, Luntico. Ya te ha costado. Eres un poco flojucho para ser un hombre lobo, no?
- Es que soy un hombre lobo marica.
- Ostia, los rumores eran ciertos. Son los chistes de siempre y Sirius disimula con notable
maestra pero el fondo de afecto en cada palabra lo dice todo y lo que no puede decirlo, lo
ensean las ojeras, las arrugas en la ropa, la expresin de cansancio. - No era que solo poda
matarte una bala de plata?
- Bueno, no me he muerto, no?
- No. Esta vez Sirius no bromea. No te has muerto.
El tono de su voz es tan grave que Remus tiene dos opciones. Echarse a llorar y besarle como
si realmente se fuera a morir o bromear. Elige la opcin de los cobardes en lugar de elegir la de
los moribundos y los hroes.
- Ya me pareca a m que no estaba en el cielo. Eres feo para ser un ngel. Y no te veo las alas.
Bromas de nuevo. Territorio seguro.
- A lo mejor soy un demonio, Lupin, y ests en el infierno.
- No creo, tampoco te veo los cuernos y el rabo.
Se arrepiente en cuanto escucha cmo suena. Rabo. Sirius es incapaz de dejarlo pasar.
- Los cuernos son de James pero si quieres ver lo otro, t alla, que siempre podemos
arreglarlo. Se lleva las manos a cinturn, amaga con desabrocharlo pero se echa atrs en el
ltimo momento- Aunque en tu estado, no s si ests preparado para emociones tan fuertes.
Cuando Sirius le hace rer, la estpida herida late, escuece y ladra. Maldita sea. La enfermera
se llena de luz y por el aspecto, debe ser primera hora de la maana. Aunque sabe la
respuesta insiste en averiguar por qu no est en clase, si, segn sus clculos debe ser viernes
por la maana. Sirius, orgulloso de s mismo, proclama que ha conseguido crear un espectro
idntico a l que es capaz de quedarse sentadito y callado en el aula mientras l se pasea por
donde quiere. Solo es una ilusin mgica pero cree que el doble bastar para engaar a los
profesores.
- Si se est quieto y callado, cmo van a pensar que eres t, Canuto?
- Chistes malos de nuevo. Ya ests curado.
- Has ido a clase desde que estoy aqu?
- Fui ayer a Aritmancia. Me encontr con Malfoy, charlamos, me confes un ardiente amor por
m, nos prometimos, y juramos por Merln amarnos y respetarnos pero ya sabes cmo soy. Se
la pegu con Snape y ahora estoy buscando un nuevo rumbo a mi vida.
- Puedes hacerte humorista. Yo me muero de risa.
- No es la risa, te mueres porque te pegaron un tiro.

- Eso explica por qu duele tanto.


Joder. Tiene la sensacin de que la bala sigue todava ah. El dolor le agarra por las pelotas y le
retuerce por dentro. Se alivia cuando Sirius pone la mano esa mano mgica y caliente- en el
estmago y templa todo su dolor. Dios. Si esa mano pudiera estar siempre ah.
- Deberas ir a clase, Sirius, o te acabarn expulsando del colegio.
- Si no puedo quedarme aqu, qu ms me da el colegio.
En momentos as, es una injusticia desmedida que est prohibido besarle. Porque Sirius es
intenso y brbaro y suave y la medicina que necesita para curarse y no es justo quererle tanto y
que haya reglas para ese amor solo porque al muy idiota le gustan las chicas.
- Dios qu bonito Remus reconoce la voz de James, desde la puerta, interrumpiendo un
silencio que est empezando a ser demasiado espeso, ligeramente irrespirable. Canuto, por
dios, por qu a m no me dices cosas as?
Le responde sin mirarle pero aguantando la sonrisa.
- Porque me estoy follando a tu madre, Potter.
James se acerca a la cama, con esa sonrisa de bienvenida que a Remus le hace sentir a salvo
y en casa.
- Ves cmo me trata? Hace falta que me den a m tambin un tiro en el estmago para
recibir un poco de cario?
Remus da las gracias por estar vivo a los dioses en los que no cree. A la luna por haberle
permitido seguir bajo su influjo. A la magia de Dumbledore. A los espritus del bosque.
- Ya sabes que te quiero, gilipollas.
Puede que sea lo que ms admira de Sirius. Que est hinchado como un pavo y no es capaz
de formar una frase sin decir tres tacos pero que, al mismo tiempo, y aunque sea aadiendo el
habitual gilipollas es capaz de decirlo sabes que te quiero- sin asomo de pudor, mostrndose
ante ellos tal y como es, regalndoles un momento de intimidad que valdra ms que la luna, si
se midiera el amor en plata lquida.
Visitas
La enfermera suena a jazz. Es domingo y el gramfono muggle de Remus desgasta el vinilo,
raya a raya, minuto a minuto. Tiene una coleccin extensa de discos y podran estar
escuchando Abbey Road pero es muchsimo ms divertido poner a Charlie Parker y asistir al
recital de quejidos de Sirius contra esa msica absurda que suena siempre igual, para atrs y
para adelante y otra vez lo mismo. Cmo coo distingues una cancin de otra, luntico?
- Con el odo para escuchar que a ti te falta para cantar, Canuto.
Y ms tomaduras de pelo. Sobre si le ponen drogas que le hacen tan gracioso y si est
dispuesto a compartir las pociones que le untan en la herida para comprobar si es contagioso
tanto humor.
- La enfermera es guapa, Sirius- dice Peter- a lo mejor no le importa atenderte tambin a ti.
- Nunca le ha importado que sean guapas. Nadie se acuerda de la estudiante de intercambio
que vino el ao pasado? Annie... cmo se llamaba, Peter?
- Annies Horribilis responde Peter, sin poder aguantar la risa.
- Oye, subnormales envidiosos de mierda, os digo yo lo feos que sois cuando os levantis por
las maanas?
- De hecho, s.
- Cllate, Remus. No les defiendas.
La hora de visita es eso: UNA HORA de visita pero la enfermera no se basta para sacarles una
vez que ha concluido y en vista de que la mejora de Remus es consistente, no tiene fiebre y ya
ha remitido el peligro, les deja quedarse un ratito ms que pronto se convierte en toda la
maana. Cerca de la hora de comer, el estmago de Peter emite un rugido escandaloso y
Sirius todava se est riendo alguien se ha tragado el len del escudo de Gryffindor- cuando
se abre la puerta para que Lily Evans llene la habitacin de luz.
- Esa enfermera loca casi no me deja visitarte- dice, antes de darse cuenta de que le miran los
cuatro amigos y un gramfono que trompetea sin descanso. Ah, hola- y acto seguido.
Puedo volver ms tarde.
Dicen "no" al mismo tiempo. Dos voces pero James suena ms exaltado que Remus.
- No, en serio. Nos vamos nosotros.
- Ah, s? pregunta Sirius, sin ninguna intencin aparente de moverse.
- A comer? Peter parece esperanzado.
- No hace falta que se vaya nadie- concluye Remus. Aunque los que tienen hambre pueden
hacerlo cuando quieran, Peter.

Lily medita en el umbral. Salir o quedarse. La habitacin est llena de chicos que le miran. El
ambiente es intensamente masculino y se siente como una intrusa, pero hay algo, una
invitacin en la mirada de Remus y algo ms intenso, una splica por favor, qudate- en
James Potter que no se siente capaz de ignorar. Toma una decisin y cierra la puerta. Sirius le
deja la silla que est ms cerca pero Lily se sienta en el borde mismo de la cama, area y leve.
Mira fijamente a Remus, como si le examinara detenidamente para asegurarse de que no hay
nada que los doctores no hayan visto. Parece que se da por satisfecha y que se anima a
abrazarle con suavidad, para no hacerle dao. Cuando se separa, solo se escucha a Charlie
Parker.
- Estoy bien, Lily. No es para tanto.
- Seguro? le tiembla la voz.
- Dicen que en una semana puedo ir a clase de nuevo.
Sirius interrumpe el momento murmurando y lo dice contento, como si no diera crdito. Es
preocupante, aade James, en el mismo tono. Lily se permite sonrer y saca una tableta de
Honeydukes, escondida dentro de la tnica.
- Chocolate, a cambio de que me digas qu demonios te ha pasado.
Ms que nadie en Hogwarts, Remus est acostumbrado a guardar secretos, por eso sabe que
llega un momento en que seguir escondido es una crueldad intolerable. Llega un momento en
el que callar es mentir y no hay excusa.
- Me han pegado tiro- intenta decirlo sin dramatizar.
- Qu! pero la tempestad verdosa en la mirada de Lily le asegura que no ha terminado de
conseguirlo.
- Soy un hombre lobo, Lily.
Parece que a la pobre chica le van a salir los ojos de las rbitas.
- Qu!
Y Sirius como siempre tiene que decir algo. Nunca se sabe si para evitar incomodidades o para
echar lea al fuego.
- Tambin le gustan los tos.
- Repite eso Lily no da crdito.
- Que le gustan los tos- repite.
La mirada de Lily podra fulminar a un hombre corriente. A Sirius apenas le traspasa.
- Eso ya lo s, Black. Toda la atencin de Lily es para Remus. - Repite otra vez lo del lobo.
Esa maana, suena Charlie Parker, "el pjaro", mientras Remus Lupin, el lobo, cuenta su
historia y Lily se siente como la chica ms idiota del universo porque si todas esas
enfermedades coincidiendo con la luna llena no le haban hecho darse cuenta, que le llamaran
constantemente "Luntico", al menos, tendra que haberle llevado a sospechar algo. Se siente
estpida pero por encima de todo ello, se siente ms intensamente unida que nunca a Remus.
Como si comprendiera al fin una pieza vital para entender el puzzle de su mejor amigo. Al
finalizar la visita, se despide de l con un beso suave y casi fantasmal sobre los labios que deja
a James sin palabras, a medio camino entre la fascinacin y los celos y a Sirius con la mosca
detrs de la oreja.
El perro ladra antes de que la chica se haya acabado de marchar.
- As que le dijiste a Evans que eras marica antes que a m.
- Eso me temo. Y es raro que lo hiciera porque con tu sensibilidad para los sentimientos, tena
que haber recurrido a ti el primero.
Sirius ignora el sarcasmo.
- Hay que joderse.
James parece hundido.
- A lo mejor le digo yo tambin que me gustan los hombres.
Peter le da una palmadita en la espalda pero no le consuela. La imagen de los labios de Lily
besando suavemente la boca de Remus le sigue incordiando y se resiste a dejarle en paz. A
Sirius le pasa tres cuartos de lo mismo pero no es por celos, obviamente. Obviamente. Es
porque, coo, le dijo que le gustaban los tos a ella antes que l. Antes que a l! Y a una
chica! Es como cagarse en el espritu de los merodeadores, no? Pff, a saber qu ms le habr
contado que l no sabe.
Atencin, intrusos: perro que muerde
Si a Sirius le encerraran dos semanas en la enfermera, seguramente acabara perdiendo el
juicio y suplicando para que le llevaran a Azkaban a pasar las vacaciones de verano. No sabe
cmo ha podido soportarlo Remus, aunque sabe que ese gramfono y el chocolate que le han
pasado, no le ha venido mal. Da igual cmo lo haya conseguido porque finalmente es viernes y

se supone que van a liberarle YA. Sirius sube las escaleras de tres en tres, silbando y
canturreando y cuando atraviesa la puerta de la enfermera para acompaar a Remus a su
habitacin estalla de jbilo.
- Ya eres libre, Lupin!
Libre, pero no solo. Hay un chico que Sirius conoce solo de vista sentado en la silla en la que
L suele sentarse. Mirndole. Qu hace mirndole a l y quin es ese to?
- Hola, Sirius- Remus acaba de recoger sus cosas y se mueve con cierta dificultad,
agarrndose el costado para ayudarse. Creo que ya conoces a Daniel.
S, claro que le conoce. ONeill, de Slytherin. De Slytherin, por Merln! Se le amarga la sangre
solo con verle, ah parado, como si fuera un idiota inofensivo al que dan ganas de echar a
golpes en el culo solo para que le deje en paz. A l. Y a Remus. Lo que sea. Es como si
hubiera tenido preparada una fiesta sorpresa de cumpleaos y alguien se hubiera olvidado la
tarta en casa. Su alegra se desinfla y sus humores se vuelven contra l.
- Encantado, Sirius. Nunca les han presentado, as que el muy idiota le da la mano. Una
mano Slytherin! Tiene orejas de soplillo. Sirius no sabe por qu le cae mal pero sabe que
cuando alguien le cae mal a la primera, no hay mucho ms que hacer. Es un perro de instintos
rpidos y fuertes.
Aprieta la mano por cortesa. Por eso y porque la expresin de Remus dice claramente,
"comprtate decentemente, chucho".
- Juegas de defensa, no?
El patn asiente.
- Pero no soy tan bueno como James y t.
Qu humilde. Qu poco Slytherin, por su parte. Qu encanto.
- No, ya lo s. Te he visto jugar.
La expresin de Remus se vuelve an ms severa. Y cuando el chico finalmente se larga,
balbuceando algo como "que te recuperes" y "ya nos veremos" y alguna idiotez ms, Remus le
reprende como si fuera su maldita madre. Pero sin magia negra para castigarle, claro.
- Te cuesta mucho ser agradable? Crees que los dems tienen que ganarse el privilegio de
tu cortesa, Sirius?
Bla, bla, bla. Ni le escucha.
- Qu ha venido a hacer aqu? Un Slytherin!
- A conspirar para asesinarme y heredar mi inmensa fortuna. Recoge sus discos y los mete
en la bolsa- De visita, Remus. Qu demonios crees que ha venido a hacer?
Se le ocurren muchas posibilidades. A espiar para Slytherin. A descubrir de qu ha enfermado.
A chivarse a su madre de que su mejor amigo es un hombre lobo. A conseguir que expulsen a
Remus. Ha podido venir a un montn de cosas distintas. Por ejemplo, a intentar pillar
contigo. No se para a pensar por qu le molestan todas las opciones. Incluso la ltima. Un
Slytherin, ver para creer.
- Tiene orejas de soplillo. Me recuerda a mi ta Lissibeth.
- Tu ta Lissibeth es la que siempre dices que se parece a un hipogrifo?
- T tambin lo has notado?
- Deja en paz al pobre chico.
Pobre chico? Y una mierda.
- Es Slytherin.
- Es agradable.
Agradable? Su puta madre.
- Es Slytherin!
Remus lo deja por imposible y sale de la enfermera dando pasos pequeos, intentado
amoldarse a su propio cuerpo. Tiene que or la chchara de Sirius de camino. Desconfiando de
todo el mundo que no se haya ganado su lealtad a sangre y fuego. Tpico. Cansino, pero tpico.
Mirar no es lo mismo que ver
Remus cruza el jardn en direccin al invernadero. Es la primera semana de mayo y sigue
aferrado a esa ropa demasiado grande que cubre un cuerpo lleno de cicatrices, araazos y
mordeduras de perro. Hace calor, pero la nica licencia que se permite es llevar la corbata
ligeramente ms floja. El paso por la enfermera le ha dejado como recuerdo otro estirn
improvisto y ahora se siente especialmente demasiado alto, especialmente desgarbado,
especialmente flacucho y enfermizo. Le cae sobre la cara un mechn de color esquivo, rubio
pajizo, posiblemente.
Desde la ventana de su habitacin, en lo alto de la torre Gryffindor, Sirius no es capaz de
definirlo con exactitud pero observa, sin saber exactamente por qu. A Remus le quedan unos

trescientos metros para llegar a la clase de Herbologa cuando se encuentra con ese Slytherin
de la enfermera.
Y ahora qu quiere ese intil.
Sirius no puede or lo que dicen pero hablan, eso es evidente. Un buen rato. No se siente
capaz de quitarles ojo de encima, a pesar de que James, a sus espaldas, anuncia que ya va
llegando la hora del entrenamiento. Coge sus botas y la escoba y anuncia que est preparado
pero Sirius no deja de mirar por la ventana.
- Has visto a ese to?
James se asoma. Tarda un par de segundos en reconocerle. ONeill, dice. Bastante buen
jugador, est en su clase de Cuidado de Criaturas Mgicas. Slytherin y aunque James odie
reconocerlo, no le parece mal to. De sptimo.
- Malfoy y compaa le hacen la vida completamente imposible.
El comentario est hecho de modo casual pero despierta el inters voraz y casi carnvoro de
Sirius.
- En serio? Por qu?
- Ya sabes- James gesticula pero es obvio que Sirius, que presta tanta atencin a los cotilleos
del colegio como a las clases, no lo sabe. As que James se lo deletrea. Le gustan los tos.
Una patada. Un dolor sordo. En algn lugar blando en el interior de su pecho. En cuanto lo oye.
No sabe por qu. Sirius solo sabe que es molesto. Duele un poco. Es una sensacin
intensa. Ahora qu pasa, que a todo el mundo le gustan los tos, o qu?
- Ah.
- Dicen que le pillaron el ao pasado con uno de esos jugadores extranjeros que vinieron a
jugar aquel partido de exhibicin. Malfoy debe creer que es la peste de su grandioso hogar.
Una vergenza para Slytherin y bla, bla. Ya sabes. La pureza y esa mierda.
Sirius experimenta un pequeo pero intenso debate interno. Toda su familia tiene sangre
Slytherin. Slytherin es todo lo que odia, todo lo que tiene que demostrar que no es. Y si algo
Slytherin se interpone en su camino, Sirius elige odiarlo con furia repentina. Por otro lado, si
efectivamente ese pobre idiota es blanco de la ira de Malfoy no puede ser malo del todo. Sea
como fuere, se sentira ms tranquilo si dejara en paz a Remus. Todava puede que sea un
espa.
- Yo creo que le gusta Remus- dice James de repente, escoba en mano, mirando por la
ventana.
- T crees? Ah est otra vez, esa patada. Ese maldito empujn que golpea sobre algn
lugar indefinido, que est empezando a coagular y amoratarse.
- S, no s. ltimamente hablan mucho dice James. Sigue mirndoles a ambos en silencio, un
buen rato. No parece que hagan nada especial, aparte de hablar, vete a saber de qu. Al de un
rato, el chico de Slytherin se re y Remus se re y James cree que eso da alas a su argumento.
- Lo ves? Has visto eso? Ja ja- dice, imitando una voz que no es de nadie pero pretende ser
de ese chico. Mira cmo me ro, es porque quiero besar tus labios, Remus. Cambia de voz,
intentando hacer tambin de su amigo. Oh, excelente, bsame. Parece bastante satisfecho
de s mismo. - T qu dices?
- Que tu imitacin de Remus es pattica.
James le da un golpe afectuoso en el brazo y recuerda que es hora del entrenamiento.
- Me alegro por l- aade.- No es bueno que est solo.
Se aleja de la ventana pero Sirius sigue mirando, mientras Remus se despide y el chico se
aleja.
- No fastidies. Nos tiene a nosotros.
- No es lo mismo, coo. T y yo no podemos darle todo lo que quiere. O mejor dicho, por donde
l quiere.
Qu gracioso, Potter.
Sigue ah ese dolor, incluso durante el entrenamiento de quidditch. Durante la ducha, en los
vestuarios, decide que James est equivocado y que l tiene razn. Se mire por donde se mire,
la idea de Remus con un Slytherin es intolerable. Faltara ms.
Ldrame pero no me toques el pelo
Lily est en la biblioteca, buscando informacin para un trabajo sobre vampirismo. Saca un
volumen especialmente grueso del estante que tiene enfrente y ah est, al otro lado, mirndole
fijamente y con alguna intencin no del todo buena, Sirius Black.
- Qu pasa, Evans? dice a modo de saludo.
- Es la primera vez que te veo en la biblioteca, Black. Te has perdido?
- Te estaba buscando.

A ella? No puede ser bueno. No puede ser nada bueno.


- T dirs.
- Es sobre James.
No. No es bueno.
- Pues habla con l.
- Ya lo he hecho. He intentado convencerle de que todo este angustioso penar por ti es
estpido y degradante. Le he dicho que hay un montn de chicas por ah que, francamente,
estaran deseando pasar un rato agradable con la leyenda nmero uno del Quidditch, pero est
emperrado. Lily esto, Lily lo otro, y Evans aquello y lo de ms all, as que, en serio, por qu
no le das una oportunidad? No lo digo por l, sabes? Es por m, en realidad, si no sales con l
y tengo que seguir oyendo sus gimoteos, me tendr que trepanar los odos para poder
descansar y...
Qu montn de excusas.
- A qu has venido en realidad, Sirius?
Se da por vencido.
- Conoces a ese tal ONeill, de Slytherin? No hace ms que perseguir a Remus ltimamente.
Un to feo.
Lily asiente aunque ese chico no es feo para nada. El tono de Sirius, que mira a uno y otro lado
para asegurarse de que no hay nadie cerca, se vuelve conspiratorio y secreto.
- Qu sabes de l, exactamente?
Entorna los ojos, pone el libro de nuevo en su sitio y opta por ignorarle. Pero ya sabe que es
tozudo como un animal enjaulado y Remus le ha advertido de que cuando se emperra, no hay
manera. El interrogatorio dura un buen rato. Que si es de fiar, que si quines son sus amigos y
desde cundo le importa qu le pase a Remus y la rivalidad entre las casas y miles de tonteras
que Lily preferira no tener que escuchar.
- Oye, soy el nico amigo de Remus que cree que es preocupante que le guste un Slytherin?
Lily sabe que no debera decir nada y que le est bien empleado sufrir ALGO a cambio de todo
lo que sufre Remus pero est harta de orle. Remus dir lo que quiera y lo llamar
"desproporcionado instinto de sobreproteccin" y Sirius dir tambin lo que quiera y
argumentar que solo quiere proteger a uno de sus mejores amigos de posibles espas de
Slytherin y otros males. Pero para Lily lo que est claro tiene nombre y apellidos y es mucho
ms simple.
Hombres. No hay uno solo que se entere de nada.
- Mira, a Remus no le gusta, vale? As que, deja de preocuparte por sus intenciones porque
no conseguir nada. Y ahora, si no te importa y tambin si te importa, tengo que estudiar.
Se encamina hacia una de las mesas, dispuesta a terminar su trabajo sin ms distracciones.
Sirius se sienta enfrente. No, por favor.
- As que no le gusta, eh?.
- No- intenta ser seca. Cortante.
- Y dime, t que tanto hablas con l, quin le gusta?
Es desesperante.
- Quieres que sea franca?
- Totalmente.
- Absolutamente sincera?
- Absolutamente.
- Pues para serte absoluta y totalmente honesta, no entiendo cmo Remus os soporta ni a ti ni
a Potter.
Se marcha sin mirar atrs, dejando a Sirius con una protesta en los labios.
Lo que ellas no sospechan
Cuando Sirius pasa cerca, las chicas de los cursos inferiores enrojecen. Las profesoras le rien
constantemente y le llaman la atencin una y otra vez pero cuando Sirius pide disculpas y
habla con ellas y aparenta cierta mortificacin descarada y encoge los hombros, diciendo "lo
siento muchsimo, profesora, no tengo remedio", incluso McConagall se ablanda un poco y le
deja marchar con un castigo menor y un "que no se repita de nuevo, Black". Las chicas de su
edad, se dividen en dos categoras. Las que ya se han enrollado con l y le odian porque nunca
volvi a prestarles atencin y las que todava creen que es Merln reencarnado. Cuando Sirius
quiere conseguir cerveza gratis en Hogsmeade y las camareras le preguntan si es menor de
edad, solo tiene que acercarse a ellas, apoyndose en la barra y decir cualquier cosa lo
bastante mayor para saber lo que me gusta- con esa ultra intensidad animal que desprende y

hace que las hormonas se rebelen contra la razn. A las chicas, -Remus est seguro de esoles abruma la lacerante virilidad de un Black en estado salvaje.
Sirius es lo que les anima a saltarse las clases, desobedecer a sus madres y abandonar a sus
novios. Sirius es la atraccin del lado oscuro, la promesa de una noche inolvidable, la rebelda
hecha carne, el espritu de las malas intenciones. La mayora no pueden resistirse y muchas de
las que se dicen inmunes por puro orgullo, reconocen, aunque sea de noche y en voz baja, que
algo les vibra dentro cuando Sirius camina por los pasillos a grandes zancadas, como si fuera
el rey del mundo. O cuando fuma en la Habitacin Comn con los pies sobre la mesa, mirando
a todas las chicas que pasan cerca, con esa pose de castigador que solo resulta creble en
unos pocos elegidos. Las chicas, en general, se mueren por los huesos de un tal Sirius Black y
Remus cree que tienen suerte, esas desgraciadas, porque ellas no tienen que soportar las
torturas ms sublimes. Ah, no, esas quedan reservadas en exclusividad para l. Porque son
amigos, claro y entre amigos, hay momentos de intimidad.
Cada maana cuando Remus abre los ojos Sirius ya est despierto. Por qu no. Es un insomne
crnico que est moralmente en contra de dormir ms de cuatro horas. Generalmente, leyendo
sobre la cama o acabando los deberes que tena que haber hecho el da anterior. Semi
desnudo, claro, porque, en las habitaciones, al contrario que en los pasillos y las aulas, hace
calor. Por otro lado, quin iba a querer tapar su cuerpo teniendo ESE cuerpo? Los msculos
del abdomen son obra del quidditch y una gentica agradecida. A Remus le recuerdan a las
tabletas de chocolate muggle. Sirius siempre se levanta en calzoncillos o, como mucho, con el
pantaln del pijama y es el nico en toda Escocia que parece medianamente bronceado
durante todo el ao. Cuando se decide a abandonar la cama, deja las sbanas hechas un
revoltijo y seis das a la semana Remus lo ha calculado con precisin- hay una abultada figura
que se curva hacia arriba bajo la ropa. Una seal inequvoca de que no ha soado
precisamente con Dumbledore.
Remus ODIA que se le haga la boca agua solo con mirarle y odia que Sirius se exhiba sin
pretender exhibirse. Odia la gracia con la que vive en su cuerpo, la naturalidad con la que se
mete a la ducha despus del entrenamiento de quidditch y se queda desnudo delante de l, de
James, de Peter y de quien sea que est delante, lanzando la camiseta y los pantalones al
rincn. Rememora los detalles del partido sin taparse y Remus le ha visto torturar verbalmente
a Severus Snape mientras estaba en cueros. Incluso con una toalla en la mano y nada ms, le
ha visto aparentar majestuosidad y fuerza.
Procaz y obstinado como una mula pero es sexy, joder, Sirius es tan sexy que hasta las elfas
domsticas le ponen ojitos de cordero cuando le asalta el hambre a medianoche y arrastra a
Remus a la cocina a hurtadillas. Se sienta sobre una mesa de trabajo llena de ollas y utensilios
misteriosos de repostera, vestido con camiseta de manga corta y pantalones vaqueros
desgastados que llevan el primer botn sin abrochar y dejan entrever el calzoncillo. Se rasca la
tripa levantando ligeramente la camiseta y se toca el estmago sin que Remus sepa
exactamente para qu y emite ese sonido grave mmmmm mientras come tarta de calabaza a
dos manos. Muge y gime y declara que esta tarta es un jodido manjar y tambin creo que me
estoy corriendo mientras sigue-haciendo-ese-sonido gutural que llena la cocina. Remus se ve
en la obligacin de hacer un esfuerzo sobrehumano por contenerse porque lo que le apetece
es restregarse contra las mesas y encontrar algn tipo de alivio.
Las chicas que suspiran por Sirius? Tienen SUERTE de no tener que soportar cosas as.
A veces Remus las envidia. Otras veces, Sirius y James se duchan y Remus les mira mientras
se calza. Rememoran las mejores jugadas del partido y Sirius coge agua con la boca y la
expulsa como si fuera un surtidor y Remus sabe que no se cambiara estar tan cerca de l, ni
por todo el oro de Gringotts.
Actividades nocturnas
Todo el mundo lo hace. A oscuras, en el bao, en la ducha. A ser posible, cuando tus
compaeros de habitacin estn durmiendo. Pero no siempre es fcil porque si todos esperan
a que se duerma el de al lado, te dan las tres de la maana con una ereccin como el tamao
de la torre de Gryffindor y sin poder aliviarte. As que ms de una vez hay que hacerlo
callandito y procurando que el de al lado no se entere. Pero es difcil masturbarse en paz y sin
molestar a nadie, pensando en la chica que te gusta cuando te llamas James Potter y tu mejor
amigo espera justo al momento final, te oye ahogar un gemido y grita, solo para molestarte.
- S, Lily, as, dios!
Y lo peor es que todava le dura la ltima contraccin del orgasmo cuando le molesta su voz.
- Eres gilipollas, Sirius. Te lo juro.
- Lo juras solemnemente? pregunta. Se burla.

James se la guarda en los pantalones, y le lanza una almohada con toda la fuerza que tiene. El
resultado inmediato es que Sirius tiene un ataque de risa y James acaba intentado ahogarle. A
horcajadas sobre su cama, que vibra con esa risa perruna que despierta a todos los chicos.
Sirius le agarra y consigue ponerle boca abajo y sigue chillando Lily! Lily! Haz de m un
hombre! Libera mi varita mgica!
Si Remus no viviera bajo el influjo lunar de un Black les mandara callar para poder dormir pero
cmo va a dormir si le persigue la imagen de Sirius encima de un hombre, cabalgando,
moviendo las caderas semi desnudo, casi de broma, casi en serio.
Las lneas de la vida
Sbado por la maana. Hogwarts huele a exmenes. En el comedor, a la hora del desayuno
ms de un alumno tiene que hacer hechizos reparadores de vasos. Los nervios estn en el aire
y las manos se vuelven torpes y esquivas. Lily atrae hacia s la jarra de zumo de calabaza
desde el extremo opuesto de la mesa y le ordena que sirva un buen vaso.
- T deberas hacer lo mismo. Tiene muchas vitaminas. Y no te ofendas, pero no tienes buena
cara.
-Yo tambin te quiero.
Lily le da una pata afectuosa por debajo de la mesa.
- No lo digo por eso. Pero pareces cansado. Djame adivinar. Le coge la palma de la mano y
hace una mueca de esforzada concentracin- A ver, a ver. La mano me dice que... salisteis
anoche y que has dormido un par de horas a pesar de que se acercan los TIMOS.
No lo puede evitar. Le hace gracia la reprobacin maternal de Lily. No est acostumbrado a que
se preocupen por l as.
- No volvimos tan tarde- se defiende como los nios que se divierten siendo reidos.
Lily entrecierra los ojos y examina las lneas de la palma fingiendo que las estudia a fondo.
- La mano dice "mentira, cochina".
- Ser puta, la chivata de mierda.
- Remus, ests pasando demasiado tiempo con Sirius. Vigila ese lenguaje le reprueba en
broma. Lo que no dice la mano es cmo consegus abandonar el colegio tan a menudo.
- Si la mano dijera eso, tu querido James y cierto pandillero de apellido Black, la cortaran de
cuajo.
Incluso cuando arruga la nariz y le saca la lengua, Lily Evans sigue teniendo esa especie de
sutil encanto femenino que la hace irresistible. A veces Remus tiene la sensacin de que
incluso ese palo de escoba grasiento y desagradable que es Severus Snape se ablanda un
poco cuando se trata de ella. Pero puede que sean alucinaciones. O puede que incluso el
corazn ms endurecido tenga su lado vulnerable.
Cuando la toca Lily con tanto cuidado, su propia mano le parece ms bonita.
- Ey, mira, la lnea del amor- dice. No, espera, no es una lnea. Es una autopista para ir en
moto.
- Muy sutil.
A James siempre se le hace tarde para desayunar y los fines de semana, Sirius casi nunca
aparece. Prefiere dormir hasta tarde y picar algo de la comida que esconde bajo la cama.
Siempre hay menos alumnos los sbados por la maana y el Gran Comedor parece una
catedral muggle, iluminada por los primeros rayos de luz de la maana. Ideal para los secretos
y los desvelos y el escenario perfecto para que Lily insista una vez ms en que tiene que hacer
algo. Mira, Remus, Sirius es lo nico que conozco que te gusta ms que el chocolate. Est en
su naturaleza insistir. Lo hace con su mejor intencin. Acabars el colegio sin decirle nada,
viendo cmo se acuesta con una chica tras otra mientras te vas muriendo. Cuando lo dice ella
parece fcil.
- Lily, Sirius no solo es heterosexual, vale? Si en este colegio hicieran una votacin libre y
democrticamente para elegir al lder de los heterosexuales, Sirius Black sera coronado Primer
Ministro.
- No creo. No se corona al Primer Ministro.
Testaruda como una mula. A veces es peor ella que Sirius.
- S que tus intenciones son buenas pero no tengo ganas de experimentar un duro y doloroso
rechazo, Lily. Ya me siento afortunado de que me considere su amigo, sabes? Ya es ms de
lo que esperaba. Mucho, muchsimo ms. Ms de lo que merezco.
- Ni se te ocurra repetir eso en mi presencia, Remus Lupin. Me has odo? No conozco a nadie
ms que se merezca tanto ser feliz, ha quedado claro?
Qu va a decir. Solo puede asentir. La mirada de Lily adquiere cierta tonalidad licuosa, se
ablanda. Lo del rechazo no lo sabes, asegura. A veces estas cosas salen bien. Pero todo el

argumento pierde su peso cuando James Potter se sienta junto a ellos y sobre un charco de
babas que llega hasta el Canal de Suez, y por ensima vez le pide a Lily una cita para preparar
los exmenes.
- Una cosa en serio. Una sesin de estudio, Evans.
Puede que a veces las cosas salgan bien pero lo cierto es que ver la cara de James mientras
escucha un tajante "lo siento, Potter, no salgo con nios pequeos" y se le cae al corazn al
suelo, no ayuda a albergar esperanzas, precisamente. James se retira sin tomarse el desayuno
y abandona el comedor arrastrando el alma y los pies.
- As que a veces acaba bien, no?
Ella se afana duramente en no mirar a James. Implacable consigo misma y sus propsitos.
- Qu? Lo dices por ese? pregunta, restndole importancia. Sirius nunca te hara eso.
Pero no le mira a los ojos cuando se lo dice y esta vez es Remus el que le coge la mano, para
leer en ella la lnea del amor.
- Y hasta cundo vas a seguir hacindolo t, Lily?
Le tiembla el pecho cuando suspira. Y le suena una voz frgil, muy pequea cuando le
responde, todava sin mirarle a los ojos.
- No estbamos hablando de m.
Salen del comedor, y pasan junto a la mesa de Slytherin. Remus saluda a un chico de pelo
castao claro, facciones duras y nobles, ojos verdes, de cierta melancola desesperada. Lily le
da un golpe en el costado y pone su mirada sugerente para anunciar con cierto secretismo
que es muy guapo. Remus suspira un s desgarrado, un ya lo creo desesperado, que sale
desde el fondo del estmago y le deja sin aire.
- Me refera a Daniel, Remus.
- Qu? S. S- repite. Yo tambin. Claro.
Claro.
La negacin hecha perro
Primero empieza a picarle la nariz en clase de Transformaciones. Una hora despus, en
Cuidado de Criaturas Mgicas el primer estornudo le retumba en el pecho como un tifn. Las
mandrgoras que tiene delante chillan como diablos histricos cuando las llena de babas. A
pesar de ello, durante la comida, Sirius afirma tajantemente que no piensa subir a la
enfermera. No importa cuanto insistan James y Peter y Remus porque son unas nenazas que
se asustan con nada.
- Adems. Yo nunca me pongo enfermo.
En realidad suena ms como "yo nunca me pongo enferpo". En Adivinacin nota un dolor vago
en los huesos pero lo asocia a las hierbas que queman en clase para "abrir el tercer ojo".
Cuando baja las escaleras para un seminario sobre Oclumancia, siente que son cada vez ms
y ms profundas y que estn mgicamente alteradas para seguir dando vueltas y vueltas y
vueltas al mismo ritmo que su cabeza. Tiene que admitir que le cuesta cierto trabajo enfocar la
mirada y el mareo le revuelve las tripas pero no pasa nada si se tiene que apoyar en la pared
un segundo. Eso no significa que est enfermo. Aunque a lo lejos una voz familiar le pregunta
si se encuentra bien y le manda inmediatamente a la enfermera hasta que se recupere. Es la
voz del seor Filch, o eso le parece. No est enfermo, NATURALMENTE, pero no tiene por qu
renunciar a saltarse una clase, no? Cuando intenta asentir, la cabeza le pesa como si
estuviera llena de mercurio lquido. Todo parece muy, muy lejano.
- S, seor Filch.
Le cuesta hablar con esa tensin y ese dolor en la garganta pero [Link].
- Soy la profesora McConagall, seor Black.
Consigue enfocar la mirada, no sin esfuerzo. Distingue el sombrero de pico, una tnica larga y
cierta expresin enfadada de severidad. Puede que s est un poco enfermo, despus de todo.
Sana sanita culito de rana
Al tercer da en cama, Sirius est desesperado. Ocho horas diarias de media solo en la torre.
Sin poder salir. Sin fuerzas para imaginar maneras innovadoras de torturar a Quejicus. Si se
incorpora demasiado deprisa, se marea. Si intenta leer las lneas de los pergaminos y de los
libros se superponen. Si habla durante mucho rato, le duele la garganta. Le arde el pecho.
Tiene calor. Tiene fro. Tiene calor y fro al mismo tiempo. La enfermera que le visita es ms
huraa que su prima Antonia y a su prima Antonia hasta su madre la llama "arpa", lo cual,
teniendo en cuenta los estndares de su madre, es como si viniera el diablo y te llamara
demonio.
Y para colmo, tiene que ponerse ungentos repelentes que huelen a mandrgora podrida.
Beber infusiones tan malas que parecen hervidas en los calcetines sucios de Peter. Y de

comer, ni se habla. Caldo curativo. Y eso es todo. Tres das sin hincarle el diente a nada. A
media tarde del jueves, tiene tanta hambre que podra morder la cama. Los intiles que se
dicen sus amigos no tienen la puta delicadeza de traerle nada del comedor. Argumentan que
son "rdenes de la enfermera". Los jodidos cobardes.
Entre clase y clase, Remus tiene la decencia de subir a la habitacin.
- Lunticoooooo se queja, en cuanto le ve abrir la puerta.
- Y ahora qu te pasa.
Lo dice en tono afectuoso pero la mente infectada de Sirius se molesta de todos modos.
- Nada. Que se aburre. Que tiene hambre. Que est harto! Que me estoy muriendo, nada
ms.
Dios, qu calor. Para una vez que tiene fiebre y tiene que ser en primavera. Las sbanas se le
pegan al cuerpo. Las aparta con rabia y se tumba encima de la cama. Delira, se mueve, no
encuentra postura, le duele todo. Acaba quedndose boca abajo, sin fuerza para quitarse el
pantaln del pijama. Ardiendo. La habitacin late y se desenrosca. Le huele el pecho a
linimento y los vapores de la pomada le marean. Remus se sienta en la cama que est junto a
la suya. No recuerda de quin es esa cama. Todo es tan confuso cuando se est enfermo. Es
muy extrao.
- No, en serio. Creo que me estoy muriendo. Y no veo que a nadie le importe, Remus. Ve una
sonrisa en Remus y se fija en la cada de esos ojos familiares y llenos de humor. - Me morir
aqu solo, en la torre de Gryffindor- gime. - Encontraris mi cadver a la hora de la cena, pero
no lloris por m. S, se est riendo. Ese cabrn de Remus Lupin lo encuentra muy gracioso.
El muy miserable. - Metedme en un barco y prendedme fuego en el mar, es lo nico que os
pido. Con las pocas fuerzas que tiene, se medio incorpora sobre un brazo y extiende el otro.
Tira de la corbata de Remus, para conseguir que se acerque a l y poder enfocarle bien. No
tiene muy buenos reflejos, as que chocan. Frente con frente, pero no duele mucho. Cuesta
trabajo coordinarse y, oh, s, ya lo creo, se est bien as, nariz contra nariz con Remus, que es
lo nico que no huele a linimento. De momento. Quiero un funeral vikingo, Luntico.
Le quema el aliento. Remus debe sentirlo en la cara. A lo mejor le quema tambin a l.
- Me conseguirs un barquito si me muero aqu, Remus?
- No te ests muriendo, Canuto.
Suelta la mano con la que le sostena la corbata. Qu sabr si se est muriendo o no. Si dice
que se muere es que se muere y no hay ms que hablar. Sirius se sujeta en Remus. Se aferra
a su cuello para mantener el equilibrio. Su piel est ms fresca. Alivia bastante. Frescor. Alivio.
S, mejor, mucho, muchsimo mejor.
- Promtelo- ordena. Su propia voz le suena nasal, ms parecida a la voz habitual de Remus,
que esa tarde, sin embargo, suena algo desfallecida, como si l tambin estuviera enfermo.
- Te prometo que no te mueres.
Le gusta la vehemencia con la que lo asegura. Mmm, s. Le gusta. Mucho ms que estar
enfermo. S, ya lo creo. La habitacin huele a pocin curativa y a romero. Remus dice que no
se va a morir. Eso est bien.
- Pero si me muero me conseguirs un barco.
- Ya tienes una moto. Ahora un barco?
Qu calor, seor. Le arden los dedos y el cuello de Remus ahora ha perdido parte de su intenso
frescor. A lo mejor se consuela si le coge la cara con las manos y oh, s. S, s y mil veces s. En
comparacin con la temperatura de su cuerpo, Remus es hierba fresca, sol de abril y una
ducha al final del da. Alivia. Ya lo creo. Cierra los ojos para disfrutarlo bien. Mmmm. Haca tres
das que no senta algo tan increble. Siente que se le refresca todo el cuerpo, incluso los pies y
las ideas.
- Remuuuuuuus lloriquea su nombre, como un alarido. Promtelo.
- Vale. Lo que quieras, Sirius. Cuando habla su voz es como un jadeo quejumbroso que le
roza la cara y tambin alivia. - Te conseguir lo que t quieras.
Eso est mejor. S. Remus va a cuidar de l. Mucho mejor. Tendr un funeral vikingo. Qu bien.
- As me gusta. S, as est bien. Apoyado en Remus. - Ests fresquito.
En un tono de voz ligeramente estrangulado, Remus pregunta "Qu?" pero Sirius no tiene
fuerzas para contestar, ni para seguir recostado, as que se tira en la cama. Cae, ms bien. Por
el rabillo del ojo, distingue una silueta que se levanta y se dirige a la puerta. AHORA SE VA A
MARCHAR? No se puede marchar! Ya ha pasado tanto tiempo? No sabe qu hora es pero
no quiere quedarse solo otra vez. La cama est pegajosa.
- Oye! - no tiene fuerza para exigir, as que suplica. Pone su mejor expresin de chucho
abandonado en una noche lluviosa. - No te vayas.

- Sirius, tengo clase.


La voz de Remus es tan suave. Jo. Por qu no es todo tan suave? Enfermo todo es duro y
violento y demasiado luminoso. Pero Remus no. Nope. Con Remus se est bien. Si se quedara
todo ira bien. Con todas las veces que se han saltado las clases y ahora el muy traidor quiere
marcharse. Convierte su cara de perro abandonado en su cara de perro abandonado y dolido.
Ser cabrn.
- Deberas estar aqu conmigo!
Parece que se lo piensa. Que le cuesta tomar una decisin pero quiere aparentar que
no. Ests fresquito murmura Sirius, en voz tan baja que parece pensamiento [Link] un
cubito de hielo gigante.
- Crees que no tengo otra cosa mejor que hacer que entretenerte, Canuto?
- Pues no deberas!
Es ms, si Remus fuera un buen amigo, debera ponerse enfermo con l. Es lo mnimo que se
puede esperar. Ya te digo. Buena idea.
- Sabes qu? Te pegar mi enfermedad y tendrs que quedarte. Cuando te vayas, pienso
meterme en tu cama y sudar tus sbanas y me lavar los dientes con tu cepillo. Y si no
funciona, y no te dignas a ponerte enfermo y solidarizarte conmigo, chupar los platos de tu
comida. Y te advierto que si no surte efecto, entonces intenta imaginar algo peor pero le
queda poca imaginacin- esperar hasta que te quedes dormido y te lamer de la cabeza a los
pies hasta que empieces t tambin a tiritar y a sudar y a arder! Y a tener tanto calor como yo!
Eso. Buen plan. Se ha quedado sin fuerzas con tanto hablar. Pero seguro que Remus lo ha
captado. - Hace calor!- chilla. Remus, tengo mucho calor- solloza.
No est seguro pero antes de quedarse dormido, delirando con cuarenta grados de fiebre le
parece que oye la voz de Remus diciendo "no eres el nico". Pero puede que sea la fiebre.
Contgiame
Remus nunca llega a su clase de Pociones. Sirius tiene razn. Hace demasiado calor para
pensar en calderos burbujeantes. En lugar de eso, se dirige al vestuario del equipo de
Quidditch, aprovechando que es hora de clase y todava no hay nadie. Las largas bancadas
estn vacas y las taquillas cerradas. Se empieza a quitar la ropa nada ms llegar. Tira los
zapatos al rincn, sin ayudarse de las manos, empujando el taln con el pie. Se saca los
calzoncillos junto con los pantalones y los calcetines, todo en un movimiento. Y se quita la
camisa tirando hacia arriba, sin soltar todos los botos, haciendo que salgan juntos camisa,
camiseta y corbata. Respira agitadamente, no puede esperar. Si no se toca ahora, si no se
alivia ahora, va a estallar.
No hay nadie en las duchas y nadie puede verle descalzo, desnudo, en ereccin, metido bajo el
chorro de la ducha. Alto como la torre de Gryffindor, nalgas musculosas marcadas por dos o
tres cardenales, cortes profundos en la espalda llena de pecas. La amplitud del pecho, el pelo
en la cara, los ojos cerrados. Plido, concentrado, moviendo la mano con fuerza pero despacio
para alargar el momento y retener la sensacin de fiebre en la piel y en la sangre. Solo puede
pensar en l y sus palabras y la piel, joder, el contacto abrasivo de su piel. Tan cerca.
Esperar a que te quedes dormido y te lamer de la cabeza a los pies, hasta que empieces t
tambin a tiritar y a sudar y a arder.
Y tirita y suda y arde.
Y a tener tanto calor como yo.
Y tiene calor. Tiene tanto calor. No puede ms. Tan cerca y tan lejos, cada vez ms intenso y no
puede ms.
Contgiame murmura, mientras se masturba en la ducha de los chicos. Contgiame,
Sirius, mientras se corre bajo el agua.
El valor de la pureza
La pintada aparece escrita en sangre. Los primeros en verlo al volver a la cama despus de la
cena, son los nios de los cursos inferiores. Una nia de segundo grita "es sangre!" y pronto,
una turba histrica anuncia que han matado a alguien. Remus y James suben de camino a la
habitacin para ver a Sirius cuando les avisa Peter. Rostro desencajado, sudando de
pnico. Lo han escrito con sangre! En las escaleras cambiantes, en el acceso a Gryffindor.
Letras que parecen colgadas en el aire, a causa de algn hechizo. Sangre, s. Pero no humana.
- Un animal- Remus lo huele con claridad nada ms llegar. Es sangre de animales,
Cornamenta.
McConagall y Dumbledore tardan horas en encontrar un contra hechizo y hacerlas
desaparecer. Mientras tanto, todo el mundo que intenta ir a Gryffindor puede leer LOS DE
SANGRE SUCIA CAERN PRIMERO en las escaleras cambiantes. Se acercan chicos de otras

casas a verlo con sus propios ojos y James distingue a Lily, plida como un cadver en medio
de esa multitud. Muy por detrs de ella, reconoce una sonrisa helada, pura como la nieve,
plena de satisfaccin y orgullo. Lucius. No sabe controlarse. Le queda un metro para llegar a l
y partirle la cara, sentir su sangre, maldita sea, cuando Remus le detiene con fuerza.
- Si te expulsan, James, - su tono recuerda al aullido del lobo- solo ganan ellos.
- Tranquilo, Potter- le dice Lucius. Con la barbilla alta y veneno en la mirada.-. T no eres un
mestizo, no? Aunque te gustan de sangre sucia. Qu pasa? No sabes buscar en tu misma
clase?
- Reniego de cualquier clase a la que t pertenezcas, Malfoy.
- Hay que conservar la pureza de la magia, Potter. Es lo nico que digo.
Tanto asco. James siente tanto asco que podra enfermar all mismo.
- No solo no sabes lo que es la pureza, Lucius, no tienes ni idea de lo que es la magia.
Se marcha porque sabe que si se queda tendra que estrangularle. Le arrastra Remus pero
sobre todo una desconocida sensacin de suciedad interior, adherida a las entraas. Las
nauseas tardan horas en desaparecer y durante ese tiempo no consigue recuperarse de la
emocin de ver a Lily pasando del horror al mirar el mensaje, a ese amago de lgrimas al
escuchar a Malfoy. Si Lucius entendiera algo sobre magia, ese cabrn hijo de puta, jams la
hara llorar porque es en esos verdes donde reside la nica esperanza que tiene James en que
la magia puede realmente transformar el mundo en un sitio mejor.
A la maana siguiente, el mensaje ha desaparecido y el colegio parece recuperar cierta
normalidad. Nadie, excepto Dumbledore y McConagall sabe que haba un segundo mensaje
oculto para el primero, con el mismo hechizo. Ninguno consigue dormir esa noche.
- Se acercan tiempos oscuros, Minerva.
La profesora McConnagall asiente.
- Tiempos realmente oscuros.
El mensaje nunca se borrar de sus memorias, ni de la historia de Hogwarts. Siete palabras
terribles. AL FINAL SOLO QUEDARN LOS PUROS.
Yo ms, t ms, yo siempre uno ms
Dos das despus. Antes de la cena. El director Dumbledore comunica a los alumnos que ya
est disponible su calendario de exmenes y les recuerda que mantengan la serenidad porque
estas fechas ponen ms a prueba nuestra fortaleza de espritu que nuestros
conocimientos. Despus les recuerda que ha habido varios casos de lechuzas desatendidas y
les pide a los que tienen mascotas que se ocupen bien de sus cuidados, al fin y al cabo, una
buena mascota es como un par de buenos calcetines, no se encuentra tan a menudo. Hechas
las notas y dados los avisos pertinentes, Dumbledore se dispone a retirarse de su atril cuando
se levanta una mano familiar en las mesas de Gryffindor.
- S, seor Black? Tiene algo que decir?
- Con su permiso, profesor, si se me permite. Solo ser un momento.
El viejo profesor asiente. Detrs de esa barba blanca y las gafas demasiado pequeas que se
sostienen por pura magia en la punta de la nariz, siente curiosidad, aunque preferira no tener
que confesarlo. Uno nunca sabe con estos chicos de sexto.
- Bueno, solo quera comunicar que estoy completamente recuperado de la enfermedad que
me ha tenido alejado de la clases durante esta semana- dice Sirius, en voz lo bastante alta
como para que todos puedan orle. Hay un murmullo y risas. S que ha habido gente muy
preocupada y que mi ausencia se ha hecho notar. Especialmente, me han dicho que el seor...
se vuelve hacia la mesa de al lado, verde y plata de Slytherin que le miran con desprecio-...
que el seor Malfoy, aqu presente, ha estado hondamente preocupado por mi salud. Al fin y al
cabo y pese a nuestras desavenencias pblicas, soy uno de los pocos en este colegio, que
tiene la sangre tan pura como l- dice, elevando claramente el tono. - Eso es algo que nos une.
Desaprobacin. Sorpresa. El murmullo se vuelve mucho ms alto. Dumbledore pide silencio y
Sirius observa el disgusto profundo en la cara de McConagall pero sobre todo un horror difcil
de calificar en Lily Evans, sentada frente a l, junto a Remus.
James tambin lo ve. Se levanta inmediatamente.
- Sirius, no puedo creer que hayas dicho eso- dice con solemnidad.
Sirius encoge los hombros y se echa el pelo para atrs.
- Bueno, no he dicho nada que no sea verdad, amigo. Lucius y yo somos la aristocracia de este
colegio. Su padre y mi abuelo, eran primos.
- En serio? el tono de James empieza a parecer burln. - Me haban dicho que sus padres
eran primos.

- S, bueno, eso tambin. Es un tema delicado. Para mantener la pureza, a veces hace falta
estrechar demasiado los lazos familiares, no s si me explico.
Sirius murmura INCESTO. Remus murmrua santo cielo. Lily murmura pero qu pocin
envenenada os han dado a vosotros dos. James no se inmuta.
- Mira, Sirius, si hay alguien realmente, REALMENTE puro en este colegio, se soy yo. En mi
familia no ha habido un solo muggle desde hace siglos. Mis antepasados se remotan a los
tiempos del mismsimo Merlin.
- Ah s? Bueno, yo soy ms puro que t. Porque los mos vienen directamente de los tiempos
de Circe. Tal vez antes y todo el mundo sabe que no hubo nada antes que Circe. Solo
hipogrifos y elfos.
Y ante la mirada entre atenta y atnita, confusa y desordenada de setecientos alumnos del
colegio Hogwarts de Magia y Hechicera, James y Sirius discuten sobre quin de los dos es
ms puro. Puro como los excrementos de hipogrifo que segn James son "pura mierda" y puro
como los exmenes que son un "puro horror" en palabras de Sirius. Cuando Dumbledore les
pide silencio, orden y que mantengan esta interesante cuestin para ustedes dos, ya que la
gente tiene hambre los dos coinciden en que, ciertamente, no tiene caso seguir discutiendo.
- Cuando los dos, James, tenemos claro que Lucius Malfoy es y siempre ser mucho ms puro
que nosotros- proclama Sirius en voz realmente alta. - Admitmoslo.
James lo admite.
- Cuando tienes razn, Black, es que tienes razn.
Mientras tanto y aprovechando que todos les miran, los cuencos de leche de las mesas de
Slytherin, vuelan suavemente hacia el centro, donde Lucius Malfoy observa la discusin sin
saber exactamente qu est pasando, pero siento que su irritacin va creciendo por momentos.
No ve el momento en el que los cuencos ascienden, toman un poco de vuelo, ejecutan una
curva y uno tras otro derraman su contenido blanco, puro, inmaculado- sobre l. Uno a uno.
Se levanta furioso, gritando, intentando coger la varita, perseguido por cuentos de leche que le
ven marcharse, proferir insultos y amenazas, mientras se quedan y dibujan en la mesa, con
letras de leche, un mensaje que aparece y desaparece antes de que Dumbledore haya tenido
tiempo de ocultar una sonrisa.
LUCIUS MALFOY: PURA LECHE DE VACA.
Les rien, desde luego. Tienen que escuchar el sermn de McConagall -dolores de cabeza!
Me han dado ustedes dos ms dolores de cabeza en seis aos que todos los alumnos de esta
casa juntos en veinte!-. Y tienen que subir al da siguiente al despacho de Dumbledore para
escuchar su castigo, pero a quin le importa. Sirius tendr para siempre la imagen de Malfoy
baado en leche de vaca y James tendr esa mirada, esos increbles ojos verdes de Lily Evans
solo para l, solo durante un segundo, ablandndose, sonriendo a su pesar, como si dijera eres
tonto perdido, Potter pero eso no ha estado mal.
No necesita ms.
Terribles consecuencias
- Comprendern, caballeros, que tengo que darles un castigo ejemplar.
Despacho de Albus Dumbledore. Directores dormidos en los cuadros. Un fnix glorioso en una
esquina, con los ojos cerrados y las plumas plegadas. Docenas de velas mgicas en el aire.
Sirius y James, sentados frente a su mesa, asintiendo.
- No puedo permitir que el resto de alumnos crean que lo que hicieron anoche est bien. Sera
poco menos que acusar indirectamente a ciertos alumnos de Slytherin de promover el odio
entre clases. Y desde luego, estara diciendo implcitamente que aplaudo su manera de
ridiculizar esos prejuicios. Comprendern Dumbledore les mira con total sinceridad- que no
puedo hacer semejante barbaridad. Como director.
James mira a Sirius. Sirius le mira a l. No estn seguros de que les estn riendo o
aplaudiendo.
- Por tanto, y como supongo que estn al corriente de que he organizado una sesin del
cinematgrafo en Hogsmeade para final de curso, tendrn ustedes que encargarse de una
penosa tarea. Y no quiero protestas, ni quejidos, ni lamentaciones. Tendrn que pagar las
consecuencias de sus actos, seores.
De nuevo, asiente. De nuevo, confusos. James teme que se queden sin cine. Sin la
oportunidad de sentarse junto a Lily. A oscuras.
- Estamos de acuerdo, pues. Irn ustedes a Hogsmeade este fin de semana y sin excusa
ninguna, tendrn que elegir las pelculas que veremos. Y no quiero una sola queja, ha
quedado claro?
James sonre.

- Meridianamente claro, profesor.


Sirius, que cree que podra besar a Dumbledore, si no fuera feo como un pergamino arrugado,
sonre.
- Como un cristal, seor.
A ambos les parece, que en otra poca, hace mucho, mucho tiempo, antes de Merln incluso,
Albus Dumbledore tuvo que ser un gamberro de tomo y lomo.
En blanco y negro
El sbado por la maana el virus de los exmenes, ese enemigo invisible que toma el colegio
por asalto al final del semestre, es ya el dueo y seor de Hogwarts. James espolea a Peter
para que les acompae a Hogsmeade a cumplir el castigo de Dumbledore pero, agazapado
tras un libro de Historia de la Magia y con los ojos enrojecidos por la falta de sueo, Peter se
niega en redondo. Demasiado angustiado para tomarse un descanso.
- El lunes! Los exmenes empiezan el lunes!
Su expresin refleja un horror tan profundo que hasta Sirius siente lstima por el pobre chaval.
- Si algn da algo me importa tanto, tenis mi permiso para entregarme a los dementores y
que acaben conmigo.
James le agarra del hombro cuando salen del castillo.
- Sirius, to, t haras lo que fuera por un beso, no?
Les acompaa Remus porque es el nico que ha visto pelculas muggles y porque James
insiste en que les d buenas directrices. Quiere una pelcula que le ayude a conquistar a Lily.
Algo romntico, algo grandioso, algo que ablande su corazn y le haga darse cuenta de que
nadie la querr como l. Algo mtico y mgico que le haga caer en sus brazos.
- Jimmy, vamos a elegir una pelcula, no a pillar crack.
Pero James Potter est tan emocionado con la perspectiva de una noche potencialmente tan
importante que el sarcasmo de Sirius ni siquiera le roza. Llegan a Hogsmeade andando y a
plena luz del da. Sin tneles ni capas invisibles, por una vez y siguen las instrucciones de
Dumbledore para acabar en el nico sitio del pueblo que no haban visitado. Una puerta
cochambrosa que pasa desapercibida entre la tienda de bromas de Zonko y el almacn de
Honeydukes. No tiene nombre, solo una placa oxidada que en tiempos deca "Museo de
Artculos Muggle y trenes de juguete" y que ahora apenas se lee. Llaman y les recibe una voz
aguardentosa. En el interior, la nica presencia visible, es un espectro con aspecto de profundo
cansancio, y tan transparente que casi no se le ve.
- Nos ha mandado Albus Dumbledore- dice Remus. - Para elegir pelculas?
El espectro tose y solo durante un segundo desaparece. Para aparecer despus en una
estantera al final de un pasillo estrecho. No parece sorprendido por la visita. Aunque ms bien
cabra decir que no parece en absoluto interesado por la visita. O por nada, ciertamente.
- Aqu estn todas. Coged las latas que queris y traedlas de vuelta el lunes. O no. Vosotros
veris.
- Perdone antes de que el espectro desaparezca, James pregunta- qu es este sitio?
- "Museo de artculos muggle y trenes de juguete"- repite la inscripcin de la entrada con una
voz que revela profunda monotona vital. O bueno, en su caso, mortal. - Antes, cuando estaba
vivo sobre todo tose de nuevo y vuelve a evaporarse un segundo, para acabar esa vez sobre
el mostrador envejecido- me gustan los artculos muggle y tambin los trenes de juguete. No
iba mal el negocio. A la gente le chiflaban los sacacorchos y la tiza de colores. Parece
avivarse durante un segundo y recuperar cierto color pero se apaga de nuevo, inmediatamente,
gaseoso y casi invisible. - Ahora ya no hay sitio en el mundo mgico para estas cosas. Malos
tiempos- protesta. Malos tiempos.
Desaparece refunfuando al interior de la tienda. Les deja con docenas de cajas redondas,
como tartas de latn. Dentro, hay rollos de pelcula y a Sirius el olor le recuerda un poco al
hospital muggle donde vio a la madre de Remus. Sacan una tras otra y James pregunta en
cules hay buenos besos y grandes romances. La mayora de las cintas son muy antiguas y
Remus las ha visto casi todas, pero en un aparato misterioso llamado telepisor.
- Televisor, Sirius.
- Qu ms da.
Les habla de las pelculas de gansgters y las de detectives. De las mudas y las sonoras y sus
preferidas, las de miedo. Sirius tiene una en las manos.

- "El hombre lobo"- lee y le brillan los ojos. Yo quiero ver esta.
El ms entusiasmado es James, que saca todas las cajas y abre todas las latas y se entretiene
repasando todos los ttulos mientras Sirius, incapaz de estarse quieto, les echa un vistazo a los
trenes de juguete que ya no funcionan y al resto de misteriosas reliquias muggle. Lo que le
intriga no son tanto las pelculas, sino por qu va la gente a verlas.
- A oscuras, sentaditos, sin luz. Dime la verdad, Luntico, la gente va al cine a meterse mano.
Confiesa.
Lo confiesa.
- Supongo. A veces.
Remus les est echando un vistazo a los libros polvorientos que guarda el "Museo de reliquias
muggle y trenes de juguete". Presiente, a lo lejos, peligro.
- Y bien.
- Y bien qu?
- Que si has ido muchas veces al cine.
A meterte mano. A oscuras. No lo dice pero ni falta que hace.
- He ido.
Lacnico.
- Solo?
Peligroso.
- A veces.
- As que a veces has ido acompaado.
Muy peligroso. Remus nota cmo se pone a la defensiva.
- A ti que te importa?
- No s, me provoca curiosidad- dice Sirius, con esa especie de sinceridad desarmante. T lo
sabes todo sobre m, al fin y al cabo. Qu comida me gusta ms, cul es mi clase favorita, qu
chicas me gustan.
Ya lo creo que lo sabe. Pastel de calabaza. Defensa contra las Artes Oscuras. Y las chicas, por
supuesto.
- Te gustan todas las chicas.
- Pero yo no s nada de ti.
Ah est. Tan tranquilo. Remus tiene un nudo en la garganta y Sirius parece inmune al pudor y
la malicia. Ms a lo primero que a lo segundo.
- No es verdad se defiende, pero Sirius no cede.
- S, lo es. Eres un jodido misterio, Lupin y yo soy un perro curioso. Parecas un remanso de
paz y eras un hombre lobo. Te llevabas bien con todas las chicas del colegio y me entero de
que no te gusta ninguna. Sirius deja los trenes de juguete y se atusa el pelo con una sola
mano y Remus no sabe comportarse ante esa intensidad. Cuando Sirius le mira, le est viendo
y se siente desnudo. - No s qu escribes por las noches en ese cuaderno muggle o qu haces
en verano. No saba que tu madre estuviera enferma, to. No s qu te pone furioso, si es que
algo te pone furioso.
- T me pones bastante furioso- le interrumpe. Porque es Sirius, cerca de l, en una tienda
abandonada, casi sin luz, desterrada de la memoria. Y es demasiado.
- No s qu te preocupa hace un silencio que no parece deliberado pero podra serlo - o qu
te pone caliente.
Y nuevamente, siempre, la respuesta es t. T me pones caliente, Black. Siempre. Ahora,
joder, si supieras lo caliente que me pones ahora mismo hasta t sentiras vergenza. Pero no
lo dice, claro. No tiene saliva para poder hablar.
- Solo quiero decir, que no hay nada que no me puedas contar, Luntico.
Te quiero, Sirius Black.
- Lo s.
Eres el lado oscuro de la luna y te quiero desesperadamente.
- Te lo guardas todo dentro, Remus y no puede ser. Tan pronto como ha aparecido toda esa
seriedad preocupada, se desvanece y ah est de nuevo, el Sirius de siempre, incapaz de
resistirse a una broma. - De vez en cuando hay que dejar que se pasee el lobo bajo la luna
llena, Lupin.
Remus traga saliva. Con cierto esfuerzo. No sabe qu hacer con las manos.
- Lo tendr en cuenta.

- Puedes contarme cualquier cosa, Luntico, porque... suspira tan hondo que dan ganas de
ser aire y llenarle lo s pulmones- ...porque soy yo, vale?.
Est a punto. Est tan cerca de decirlo que cuando la voz de James les interrumpe desde el
fondo, cree que ya lo ha dicho, sin darse cuenta. Te quiero.
- La he encontrado! Aparece encantado, con una lata en las manos. Ya tengo la pelcula!
Confesin
Remus la busca nada ms llegar de Hosmeade. No es difcil encontrarla pero se le hace largo
el tiempo hasta dar con ella. Le arde el pecho. Ha estado a punto de decrselo. A punto. Y
ahora los sentimientos estn tan cerca de la piel que van a salir como el lobo, en cualquier
momento. Dios, le arde todo el cuerpo y cosas que no son el cuerpo.
- Le quiero.
Lily levanta la cabeza de sus deberes. Est sola en la biblioteca. Remus se sienta delante.
- Tengo que acabar esto, Remus. Puedes esperar cinco minutos?
- No creo. Es que le quiero desesperadamente.
Es la primera vez que lo dice. Con todas las letras. En voz alta.
- A Sirius. Ya lo s, Remus.
- Ya no lo aguanto ms, Lily. Le quiero desde el primer da en el expreso de Hogwarts y te
aseguro que ya era insoportable entonces. Le quiero porque olvid los deberes de pociones la
primera semana de clase y l me dio los suyos y cuando el profesor le dijo por qu no los haba
hecho se horroriz y dijo "no saba que hubiera que hacerlos!". Lily le escucha, sin alterarse.
Tiene ropa sucia por toda la habitacin, tiene ropa sucia en sitios de la habitacin que yo no
saba que existan. Es un gorrino, Lily, te lo juro. Es descorts y es irracional y hace juicios
rpidos y la paga con quien no tiene la culpa. Es obstinado, tiene mal carcter y solo piensa en
s mismo. En cuarto invit a tres chicas al baile!
- Lo s. S enroll con las tres.
- Ves lo que te estoy diciendo? Qu hago querindole, Lily? al borde de la desesperacin
pero sin caer en ella. - Qu hago?
- No tengo la menor idea- dice sinceramente.
- Le quiero cuando canta en la ducha y te aseguro que canta peor que un hipogrifo moribundo.
No sabes lo que es dormir en la cama de al lado, te lo aseguro. Saber que est desnudo bajo
las sbanas y or...
Lily le interrumpe antes de saber demasiado.
- Sin detalles Remus, te lo pido por favor.
- Pensaba que le quera hace media hora, pero en el rato que he tardado en encontrarte, creo
que le quiero ms. Y es peor cada da, en serio. Y no s qu hago con todo esto pero no s
cmo hacer que pare. Cmo Lily, cmo hago que pare.
Ya est. Dicho. Desahogado. Lily escucha con paciencia y no puede hacer nada pero est bien,
viene bien que alguien escuche. Las palabras que se quedan sin decir pueden pesar
demasiado. Remus siente que se ha quitado de encima el peso de su vida.
- Te encuentras mejor?
- S- lo dice con franqueza. Creo que s. Temporalmente.
Entonces Lily deja sus deberes a un lado, aparta los libros, se incorpora un poco sobre la mesa
y suspira, entre resignada y decidida.
- Que conste que creo que Sirius Black no te merece. Ha quedado claro? Remus asiente y
Lily contina. Y que conste que si salierais juntos sera pederastia porque no creo que Sirius
tenga ms de tres aos, en realidad. Entendido? De nuevo, Remus asiente. Dicho lo cual
y solo porque admito que una parte de m cree que el pobre desgraciado te hace feliz, hay una
cosa que necesitas saber. Remus no podra escuchar con ms atencin. Y es que Sirius
Black no te toca.
- Perdona?
Pone esa cara. La pone a menudo. Como si pensara "pero qu lento eres, Remus".
- Mira- explica- Sirius es como una especie de chucho o algo as que se comunica por contacto,
entiendes?. Todo el da abrazado a James y "ahora te toco el pelo y ahora te abrazo y ahora
te doy palmaditas en el culo".
- No te has fijado demasiado en como toca a James?
Le ignora.

- Pero contigo es distinto, Remus. A ti no te toca.


- Y eso exactamente por qu debera hacerme ms feliz que desgraciado?
Entorna los ojos exageradamente, pero cuando habla Lily es demasiado dulce para su propio
bien.
- Santo cielo, Remus, despierta. En seis aos de colegio cuntas veces me has visto tocar a
ese idiota de James Potter?
Hace memoria. No recuerda ninguna.
Noticias de Londres
Primer mircoles de junio. Es ms de media tarde pero el sol se obstina en seguir iluminando
Hogwarts y es una de esas pocas veces durante el curso en la que los alumnos pueden cenar
con las velas apagadas, bajo la luz natural que ofrece el techo del Gran Comedor. Remus y
James repasan en voz alta las respuestas del examen de Herbologa cuando Peter les advierte
para que retiren los platos y hagan sitio en el centro de la mesa.
- Cuidado- advierte. - Es la lechuza de tu madre, Sirius.
Acercndose con majestuosidad. Un animal admirable, de alas enormes y plumas de un negro
brillante. Sirius la ve llegar por el rabillo del ojo, murmurando y ahora qu. El animal hace un
movimiento en el aire, pierde altura y deja caer el sobre junto al zumo de calabaza de Sirius, sin
pararse a descansar ni a comer nada, como hacen el resto de las lechuzas. Abandona el
comedor batiendo las alas en silencio, pasando sobre cabezas que le observan embobadas.
- Peter, ya puedes soltar el plato- dice James.
El pobre todava recuerda los tiempos en los que la lechuza de los Black dejaba un pequeo
recuerdo en la mesa.
- Se cagaba en mi plato y lo haca a propsito- recuerda.
Lo que Sirius querra en ese momento es destruir el sobre e ignorar la existencia de su madre
durante otras tres semanas, hasta verse obligado a volver a Londres para las vacaciones de
verano. Castigo de verano ms bien. Pero el sobre est ah, observndole y retrasar el
momento no suele servir de nada. Saca la varita del bolsillo.
Revlate ordena y en el momento en que la tinta aparece, Sirius se transforma como ese
mensaje. El cambio de humor es repentino y brutal. Del vino al vinagre. Sirius aprieta los
dientes y cualquiera que le mire puede ver cmo se endurece y se afilan sus rasgos. Cuando
est as, no hay muchos que se atrevan a mirarle. James duda por un segundo y luego se da
cuenta de que es absurdo temer a su mejor amigo y est a punto de preguntar qu le dice su
madre pero no tiene tiempo porque eso que pasa por detrs de Sirius es un grupo de alumnos
de Slytherin. Lucius Malfoy y sus amigos, llevndole su bandeja, escuchando cmo pavonea
Lucius, orgulloso porque acaba de saber que le han invitado a la fiesta ms importante de toda
la temporada en Londres.
- Tu madre es una de las organizadoras, Black. Aprovecha la oportunidad para alejarte un poco
de tan harapientas compaas.
El insulto debe ser para Remus pero ni l, ni James, ni Peter tiene tiempo de pensarlo porque
cuando le envenena el odio, Sirius se mueve deprisa y todo se sucede rpido. Aparta la silla
con fuerza, se levanta deprisa, saca la varita y en un instante los platos y vasos que llevan los
esbirros de Lucius estn en el suelo y Lucius tiene en la mano su propia varita, listo para
responder al siguiente encantamiento que le lance Sirius.
Nunca llega a hacerlo.
- Expelliarmus!- la voz es clara y el encantamiento preciso.
Desde el otro lado de la mesa, James hace que la varita de Lucius caiga al suelo y cuando
observa la mirada enrarecida de Sirius, tira tambin la suya con un segundoexpelliarmus. Hay
un momento de tensa furia en la que todo parece posible y brillan las espadas en alto pero
pasa en cuanto la profesora McConagall se acerca hasta Sirius y pregunta con severidad si
ocurre algo que yo deba solucionar. Escupen entre dientes que no pasa nada y se retiran a su
sitio a regaadientes.
El sobre la seora Black sigue sobre la mesa.
Sirius no vuelve a sentarse. Se queda de pie.
- Se puede saber por qu me has quitado la varita, Potter?
- Quieres pelearte con ese imbcil delante de todos los profesores? Estamos casi empatados
con Slytherin para la copa, to, no podemos perder ms puntos. James intenta ser

vehemente, intenta llegar a ese sitio en el que Sirius no escucha casi nada. Intenta ayudarte,
Canuto.
- No necesito tu ayuda.
Se superponen sus voces. Oye no la pagues conmigo! No te metas en lo que no te llaman!
Qu tripa se te ha roto! Nada que te importe! Y solo consigue que se callen esa voz seca y
tensa de Remus.
- Ya basta.
Mirando a Sirius fijamente.
- Ya es suficiente, Canuto.
No hace falta ms.
Sirius coge la varita sin agacharse. Con un encantamiento que ejecuta solo con la energa
ardiente que da la clera y un suave movimiento de la mano. Deja el comedor a grandes pasos,
como una lechuza negra y enorme que no se detiene para dejarse domesticar.
Remus no intenta detenerle. Sabe que a veces ni tu mejor amigo puede salvarte de ti mismo.
Lee el sobre cuando la sombra de Sirius desaparece en el interior del castillo. Una invitacin
para una fiesta espectacular. La gran sensacin de la temporada en Londres. Con los mejores
magos y hechiceros y brujas de Inglaterra invitados. Y una especificacin, por supuesto.
"No se admiten muggles, ni gente de sangre sucia".
Maneras en las que Sirius (Black) no toca a Remus (Lupin)
Lily no lo ha entendido nunca y seguramente no va a entenderlo jams. Ella se enfad en
tercero con Berta Rumus y se dijeron de todo y no volvieron a hablarse hasta quinto curso,
cuando Berta le pidi prestado un libro de magia blanca. Para los chicos es distinto, supone,
como casi todo, por otro lado. Cuando Sirius y el tonto de Potter se enfadan en el Gran
Comedor podra parecer el augurio de ms peleas, el comienzo de una bronca terrible o, si
fueran chicas, el preludio para una de esas discusiones que duran horas y acaban con dos
amigas llorando y abrazndose.
Pero no.
A ltima hora del da, est repasando sus conocimientos sobre vampiros en la Sala Comn
cuando ve aparecer a Sirius por el rabillo del ojo. Los otros tres estn sentados a la mesa. Se
supone que estudian pero Lily apostara a que bajo los pergaminos han escondido cualquier
otra cosa. Tebeos muggle o nmeros atrasados de Las Escobas Ms Rpidas de la
Historia. Algo as. Bueno, puede que Remus estudie. Incluso puede que Peter est
concentrado en algo serio. Pero seguro que el otro no est dando ni golpe.
La cosa es ms o menos as y resulta tan sorprendente que Lily se convence de que los
hombres son otra raza.
Sirius entra, se acerca a la mesa con las orejas medio gachas aunque no del todo- y dice
"hey". Ni siquiera "hola" o "qu hay" o un saludo ms o menos normal como "buenas noches".
No. Total. Solo "hey". El otro, Potter, siempre le imita en todo as que se limita a levantar la
cabeza de la mesa, mirarle y decir "hey". Remus mira sin mirar, fingiendo que lee. Peter mira
fijamente, como si fuera la final de quidditch. Y entonces Sirius pregunta "qu hacis" y Potter
encoge los hombros con su cara de no haber roto nunca un plato y dice "ya ves, estudiar un
rato".
- Ya- dice Sirius.
- S- dice James.
- Te hace un descanso para bajar a comer algo?
- Bueno.
Y eso es todo. Asombroso. Un enfado. Gritos. Varitas en el suelo y as es como lo arreglan.
Con un par de "heys" y comida en horas no autorizadas. Hombres. El que haga un hechizo
para entenderles ganar tanto dinero que tendrn que trabajar horas extra en Gringotts. Lo que
a ella le parece pattico a Remus debe hacerle gracia porque le ve sonrer sin levantar la
cabeza, aparentemente absorto en el libro.
Antes de salir, hay un momento extrao, como si quedaran restos de tensin entre los chicos.
Se miran como si no supieran exactamente qu hacer y es Sirius quien da un paso al frente y le
abraza primero. Se quedan as un buen rato, hasta que la cosa se vuelve demasiado seria para
ellos y Sirius hace el tpico chiste machito.
- Me he dejado mi varita en tu bolsillo o tienes algo que decirme, Cornamenta?

Qu tpico.
- De hecho, tengo que confesar que siempre te he querido en secreto. Te vea comerte los
mocos en primero y estoy perdido desde entonces.
Salen juntos a sisar comida. Hablando sobre sus posibilidades en la copa. Tocndose,
abrazndose, sobndose. Lily quiere intercambiar una mirada con Remus y decir "[Link]"
pero su amigo no la mira a ella, sino a la puerta por la que acaban de salir esos dos cabezas de
chorlito. Como si lo que acabara de pasar fuera una emocionante demostracin de amistad
fraternal y de un vnculo que est ms all de las palabras.
Si Lily fuera una mujer lobo, a lo mejor estara de acuerdo con l.
Pero probablemente no.
Esa boca
Es Sirius quien lo hace notar. En una de sus "sesiones de estudio" en la habitacin comn.
Suelen alargarse hasta la madrugada esas sesiones y casi nunca valen para estudiar, si hay
que ser sinceros.
- Venga, Luntico. Di solamente "mierda".
Impasible. Remus no contesta. Tiene que repasar su leccin para Defensa Contra las Artes
Oscuras. James tambin entra en el juego. Al fin y al cabo, Sirius tiene razn. Es raro que
Remus no diga tacos, no? Son las dos de la maana, hay que entretenerse con algo.
- S, venga. Di ostia.
Silencio total por parte de Remus.
- Di "mierda coo"- insiste Sirius.
James insiste con l.
- Di "puta joder".
Nada. Ni un pestaeo. Ni cuando le azuzan.
- Luntico- empieza Sirius- eres un merodeador. Est en juego tu reputacin.
- Aunque solo sea "joder". Di "joder", no seas pelmazo.
Cuando se ponen as, Potter y Black, Black y Potter, parecen un solo ser. A Remus no podra
importarle menos. Diga lo que diga Sirius.
- Seguro que Peter lo dira.
- S. James se ilumina. Peter, di "mecagen la puta coo joder".
Palabra por palabra, Peter lo repite. Palabra. Por. Palabra.
- Mecagen la puta coo joder.
Y aunque Remus no se inmuta James y Sirius le miran con evidente decepcin.
- Colagusano- le reprende Sirius- no importa lo que te digamos. Para ser un merodeador es
mucho ms importa tener cierta personalidad que saber insultar adecuadamente. Fjate en
Remus.
- Eso, Peter. Fjate ms.
Su rostro de orejas pequeas se viene abajo y refleja un cansancio extremo. Los exmenes
convierten a la mayora de los alumnos en seres a la deriva y Hogwarts acumula demasiada
energa nerviosa pero algunos, como Peter, son ms volubles, ms vulnerables a las
exigencias externas. Si Sirius y James fueran otra cosa excepto gamberristas natos se
compadeceran de l. Pero no est en su naturaleza ser benevolentes cuando se trata de hacer
una broma.
Necesidades fisiolgicas (tirando a abundantes)
Durante los exmenes todo el mundo lo hace ms. Si Remus le preguntara a Lily por qu
motivo, ella sabra la respuesta. Lo vio en vacaciones, en un documental de la BBC 2. Que el
exceso de energa nerviosa en momentos de mayor estrs haca que los adolescentes se
masturbaran ms durante los exmenes. A Remus le habra interesado mucho esta explicacin
pero no le hubiera servido para dormir mejor cada maldita noche, con el maldito Sirius y su
maldita compulsin enfermiza a menos de un metro, en la maldita cama de al lado. Tampoco le
hubiera quitado de la cabeza su propia teora.
Lo hace para torturarle.
No puede ser por el estrs. Sirius no puede acumular estrs sencillamente porque nunca
estudia. No pueden ser slo los exmenes. Tiene que ser otra cosa. Algo que aparece
misteriosamente durante el mes de junio. Una fiebre de finales de primavera. Algn extrao
virus que se apodera de l y le fuerza a masturbarse bajo la sbana hace demasiado calor par

alas mantas- antes de dormir. Cada noche antes de dormir. Si Remus se desvela y se despierta
a las tres de la maana a veces escucha la repeticin de las mejores jugadas.
Una tortura.
Remus procura no mirar. Remus no quiere verle. A Remus se le da estupendamente fingir que
est dormido. Pero le escucha y le siente. Y querra meterse con l en esa cama en la que
respira hondo y jadea y hace demasiado ruido. Le gustara ser el sudor en la palma de su
mano. El sonido que sale de su boca y acaba entre sus labios, satisfecho, renqueante, en ese
ltimo estertor.
Le gustara poder tomrselo como James.
- No sabes hacerlo EN SILENCIO como todo el mundo? Algunos queremos dormir!
Otros quieren cosas distintas pero no las dicen.
James sigue protestando entre dientes. Dando vueltas en la cama para intentar dormir.
Buscando postura.
- Se tiene que dislocar la mueca. Tarde o temprano tiene que pasar. Tendr que ir a la
enfermera y tendr que contar cmo se lo ha hecho. "Le estaba sacando brillo a la escoba",
dir. Tiene que pasar. No es normal.
Pero hace falta algo ms que eso para que Sirius se amilane. Y mucho ms para que deje de
hacerlo.
- Tranquilo, Cornamenta. Si me veo incapacitado te pido a ti que me eches una mano.
A oscuras. Hablan a oscuras entre ellos mientras Remus controla su respiracin para intentar
aparentar que duerme. Solo escucha su propio corazn y la respiracin de Sirius y a James, un
poco ms lejos.
- Me vers antes muerto, Sirius Black y quiero que oigas esto muy bien y lo recuerdes porque
me vers antes muerto que tocndote.
Esos ojos verdes
Solo uno. Solo un examen Transformaciones- y sern libres. Fin de los exmenes. Las
puertas del verano abiertas y semanas sin tener que pensar en nada excepto cmo pasarlo
bien. Los alumnos contienen el estallido de alegra hasta que pase esa ltima prueba pero en la
mayora de las caras empieza a reflejarse cierta sensacin de alivio. Naturalmente, no en la
cara enjuta y concentrada de Severus Snape. Repite el encantamiento con su ratn pero no
hay manera de quitarle la cola de ardilla. De todas las clases la nica que le da problemas es
Transformaciones pero prefiere pensar que le ira mejor si no la diera esa estpida todo-loGryffindor-es-moralmente-superior-y-no-s-disimular-mi-odio-por-Slytherin que es la profesora
Minerva McConagall.
- Incantorum est!- repite.
La rata sigue siendo una rata.
- Incantatum, Severus.
Si hay algo que le saca de sus casillas es que le corrijan. Prefiere que le metan un pergamino
afilado por debajo de las uas y que con esas mismas uas le obliguen a araar una superficie
de pizarra. Cuando alguien te corrige es siempre porque da por sentado que est por encima
de ti. Te sientes sealado y diminuto y expuesto. Te sientes en el ojo de la atencin y si eres
Severus Snape esa atencin siempre es negativa. LO ODIA.
Es la primera vez que le corrige Lily Evans.
Sangre sucia se repite a s mismo. Una sangre sucia.
Experimenta tal sensacin de asombro que no es capaz de reaccionar. No sabe cmo ocurre.
Un segundo est entretenido y concentrado con su rata y al momento siguiente ella levanta la
cabeza del libro y se acerca a l -a l! y es una sangre sucia-. Le mira con esa expresin
extraa que siempre lleva puesta y que algunos llamaran dulzura y repite incantatum est y el
resto de la frmula en un latn impecable. Y le toca. Para dirigir su varita a la rata con fuerza.
Pone una de esas manos tan pequeas sobre los dedos largos y huesudos de Severus y
es sucia, la mano de una sangre sucia que le est tocando, a l, cuando nadie, y menos ella, le
ha tocado nunca. Se forman tres palabras en su mente NO ME TOQUES y luego otras tres
NADIE ME TOCA y luego nada.
Despus Severus repite el hechizo. Con la varita en posicin correcta y la mano de Lily Evans
dirigiendo su magia interior convierte a su rata en una ardilla y repite zoos incantem

transformatum como si alguien le estuviera soplando al odo lo que tiene que hacer. La ardilla
se transforma en gato -incantatum estiri zoos: Severus nota la pulsin de la magia en todos los
rincones del cuerpo y contina recitando- et aeternum zoos para que la el gato se convierta en
topo transformi aeream- en pjaro -accio finitur incantorum- y en rata, de nuevo, con las
ltimas palabras del hechizo.
- Vaya, eso ha sido increble, Severus.
Lily. Evans. Sangre Sucia. Hechizo. Increble. Severus observa la rata y nota que la mano que
le sujetaba se aparta de l y que de pronto vuelve a la realidad. Est en Hogwarts y queda un
examen y ella le ha tocado y ha hecho la mejor Transformacin de su vida. Est sonriendo. Un
poco. Es un misterio por qu sonre tanto. l no le ha pedido su ayuda, no? Por qu sonre?
Ni siquiera era su hechizo. Debe pensar que es todo mrito suyo. Pero no lo es. O s? Nunca
haba conseguido la figura de un pjaro, ni tantas seguidas.
Ha sido tan extrao. No pareca que tuviera que dominar a la magia. Pareca como si la magia
le dominara a l.
- Ha sido fcil.
No quiere decirlo en voz alta. No quiere hablar con ella! Le sale sin pensarlo. Se siente
vagamente horrorizado de s mismo. Le sudan las manos.
- Cuando lo haces bien, se supone que la magia sale sola.
Y lo hace de nuevo. Esa cosa de sonrer. Como si no supiera perfectamente que la gente no
sonre a Snape, que estn en casa distintas, que no tiene sentido sonrer, que ella es una
sangre sucia y pertenecen a clases distintas, que jams se han ayudado y que l la odia y que
es absurdo e intil y bueno, EXTRAO que intente comportarse con bueno, cmo se llama
eso? Amabilidad o lo que sea. Podra pensar que es tonta si no supiera perfectamente que es
la mejor bruja de su curso; si no hubiera sentido su magia durante el encantamiento y sobre
todo, si no le estuvieran mirando sin juzgarle esos ojos tan verdes, tan grandes, tan tranquilos
que le van a perseguir de una forma u otra durante el resto de su vida. Severus es consciente
de ello, de pronto, en ese aula, en ese momento.
Quiere decir algo, aunque no tiene ni idea de qu pero no lo hace porque porque se mete en
sus pensamientos y los fulmina todos excepto el odio, esa voz tan desagradablemente familiar.
A lo lejos.
- Aprtate de su vista, Quejicus.
Le invade una clera intensa con sabor a bilis.
Potter.
Acercndose. Con sus guardaespaldas, claro. El bastardo arrogante de Black y esa rata
lisonjera de Pettigrew y cmo no, ese mestizo harapiento que besa el suelo que pisan. Cada
vez que se cruza con ellos en Hogwarts el castillo se enfra, y siente que le han cogido
desprevenido hacindose pis encima y con el culo cagado. Disfrutan humillndole, esas
alimaas. No tiene ganas de quedarse a ser su mono de feria. No quiere que le importen, no
quiere sentirse expulsado de algn sitio al que no saba que haba sido invitado. No quiere
nada, excepto dejar de soportar mestizos y largarse.
- No necesito que nadie me ayude, Evans. Y menos alguien como t.
Lo dice con voz firme y lo bastante alto como para que todos le oigan. Abandona el aula de
estudio cruzando la puerta como una exhalacin. Tiene suerte de ver la zancadilla de Black y
esquivarla y se ahorra la humillacin de tropezar delante de Lily. Aunque no le importa lo que
ella piense, desde luego. Solo una sangre sucia. Solo eso.
- A veces me pregunto por qu no le pido salir- dice Sirius, mirando la puerta por la que acaba
de marcharse Snape. - Tiene tanto encanto.
- Sin contar sigue James- con que se pueden hacer velas con la grasa de su pelo.
Lily les mira de pie en mitad del aula, con una intensa expresin de desagrado.
- Os creis mejores que l y por ms que me esfuerzo no consigo ver en qu lo sois.
Est tan enfadada que le tiembla ligeramente la voz. Ese temblor sacude a James de la cabeza
a los pies. Se acerca un par de pasos hasta ella, baja el tono de voz, pierde fuerza y altura y
parece que se querra poner de rodillas para hablar con ella. Para que ella le escuchara.
- En que jams te humillaramos por ser lo que eres, Lily. En eso.
- No s por qu. A l le humillis solo por eso.

Se hace un silencio tan profundo en el aula que empiezan a escucharse los pensamientos.
Cada vez ms alto. James apenas puede balbucear. Eso no es... eso no... se dirige a Remus
para buscar apoyo. Dile que no es as. Pero el silencio de su amigo es ms elocuente que las
palabras.
- No te equivoques, Potter- cuando las pronuncia Lily todas las palabras le traspasan y las que
duelen, hacen dao donde no llega nada ms. Que tus amigos os acepten- seala tambin a
Sirius con la mirada-, y os quieran lo bastante como para soportar vuestras nieras no os
justifica para seguir siendo nios. No confundas la tolerancia con el aplauso, Potter. Y no
confundas el aplauso con el respeto. No es lo mismo.
Se marcha por donde ha salido Snape un minuto antes y puede que el tiempo no signifique
nada porque cuando la atraviesa ella incluso la puerta parece haber crecido para hacerle paso.
- Llmame iluso, Cornamenta- James casi no escucha la voz de Sirius- pero empiezo a pensar
que a lo mejor le gustas.
Tormenta
De pronto. Cuando quedan unos minutos para que termine Transformaciones y est ah, el final
del curso, a un palmo de distancia. Tan cerca que hace cosquillas en las yemas de los dedos.
El Gran Comedor est vaco pero si hubiera alumnos podran ver cmo se oscurece en
cuestin de segundos. A las seis menos diez es azul cobalto, a las seis menos cinco se ha
hecho de noche. Retumban las torres de Hogwarts y el primer rayo estra el cielo escocs
como un encantamiento mortal, formando una cicatriz brillante que desaparece al instante.
Despus, el ruido. Un milln de gnomos jugando a los bolos.
BBBBBBRRRRRRRMMMM!
Y estalla la tormenta.
A Sirius se le eriza la piel. Lleva das -o eso cree ahora- esperando esa descarga. Tal vez aos.
Semanas, eso seguro. Ya ha terminado su examen y es el primero en salir de clase. Le estn
llamando las paredes y las puertas y los jardines exteriores de Hogwarts. Al odo, como las
sirenas que confundan a los navegantes. Le piden que se una, que se deje llevar, que ceda al
hechizo. No te resistas, Sirius. No nos abandones. Cae bajo el hechizo de la tormenta.
Los prefectos vigilan a los alumnos ms pequeos para que no salgan fuera. Algunos de los
mayores vuelven a sus habitaciones, a descansar al fin, despus de semanas de tensin. Sirius
recorre ese camino que conoce de memoria y est fuera cuando empieza a llover. Es una
breve tormenta de verano y Sirius Black la recibe en silencio.
Electrizado.
Con los ojos cerrados.
Es como si todo estuviera vivo. Como si despertaran de un letargo todas las partculas de
magia del mundo. Las que dormitan en la tierra hmeda de Hogwarts. Las que brillan como
roco en las ramas del sauce boxeador. Las que repiquetean y caen con la lluvia para mojarle y
bendecirle, de la cabeza a los pies. Para darle la bienvenida y lavar sus pecados y decir que
est bien, que no pasa nada, que todava hay esperanza para los Black.
- Puedes sentir eso?
Le ha seguido desde el aula, a una prudente distancia de seguridad y un paso ms lento que el
suyo. Remus, por supuesto.
- La lluvia? pregunta. Claro, Canuto. Me estoy hundiendo- se lo explica deletreando cada
silencio, como si estuviera hablando con un nio pequeo y lo encontrara muy divertido.
Sirius abre los ojos. Llueve con intensidad pero es ms fcil que nunca respirar hondo y dejarse
embriagar por todos esos olores. La tierra, los rboles, el verano.
Remus.
- La lluvia no, to.
Abre los ojos. Se gira para mirarle. Remus se deja llover, como se deja hacer casi todo. Sin
darle demasiada importancia. Le chisporrotea la mirada y, efectivamente, se est empapando.
Le cae el pelo sobre la cara y Sirius encuentra especialmente gracioso que le caigan tambin
gotas de lluvia por la nariz. Es una gran nariz, para ser sinceros.
- Qu se supone que tengo que sentir?

Una cortina de agua. Entre ellos. Entre ellos y el castillo. Entre el castillo y el resto del mundo.
Da un paso hacia l. Su hermano. Su familia. Su mejor amigo si no fuera porque ya tiene un
mejor amigo. James, claro. Remus es otra cosa. Una categora distinta, solo para l.
Retumban cerca, en las magnficas almenas del castillo. Y ms cerca, junto al hinvernadero. Y
todava ms cerca, dentro del pecho. Truenos impresionantes. Poder desatado. La naturaleza
viva y protestando. Aqu Estoy, dice. No os olvidis de m. Sirius no se olvida. No podra.
- No la sientes? Aqu Remus- y sin pensarlo le toca, solo con una mano mojada y desnuda. En
el pecho, buscando debajo de esa ropa mojada el latido de su corazn. Tienes que sentirla
aqu. Debajo de la piel, Luntico.
Y la siente. Ya lo creo que la siente. Se eleva desde el suelo, atraviesa el cuerpo de Sirius
subiendo por sus piernas y pasa a Remus a travs de esa mano. La tormenta y todo lo que
despierta con ella y vuelve a la vida.
- Magia- murmura, con la mano de Sirius sobre su corazn y la ropa empapada.
- Toda esa magia- dice Sirius. En trance, casi.
Le hace sentir tan vivo y tan fuerte y tan poderoso y tan capaz de comerse el mundo que
querra gritar y tirarse al suelo y salir corriendo y quedarse quieto, todo al mismo tiempo, como
la energa que se separa en dos luz y ruido- para poder brillar en un sitio y estallar en otro, un
rato despus. Le quema todo el cuerpo y especialmente la palma de la mano y no sabe qu
quiere pero algo que le alivie, contra lo que descargarse.
La tormenta es tan intensa, despus de los exmenes, que dan ganas de desnudarla y frotarse
contra ella.
- No te sientes...?
Vivo. Caliente. Ardiendo. Salvaje. Eufrico. Brbaro.
- S- jadea Remus, hundido de arriba abajo.
Ninguno se mueve. Y tan pronto como ha aparecido, la tormenta se detiene. Es media tarde, de
pronto, a media noche.
Ese invento (muggle) del demonio
Cuando llega el gran da del cinematgrafo la gran noche, en realidad- el seor Filch y los
directores de las cuatro casas escoltan a los chicos a Hogsmeade, a ltima hora de la tarde. Es
una noche estrellada e intensa y en el camino al teatro mgico de Hogsmeade, Remus observa
la gran cpula estrellada del cielo. Lleno de puntos de luz que tiritan y con una enorme luna
creciente. En el teatro, donde habitualmente los elfos hacen sus actuaciones, hay una enorme
tela blanca y sobre ella, proyectada en blanco y negro a treinta y tres fotogramas por segundo,
una pelcula muggle que Remus ha visto al menos quince veces y a Sirius le parece, como casi
todo en la vida, tronchante.
- Cmo has dicho que se llama esto?
- Drcula.
- Y se supone que ese to es un vampiro?
Hilarante. En las filas delanteras, el resto de alumnos le tienen que hacer callar y cuando no lo
consiguen, Remus le hace callar y cuando tampoco lo consigue, Sirius decide que es mejor
desahogarse mientras hace una visita al retrete porque no puede ser que sea el nico que
encuentra desternillantes todas las inexactitudes sobre los verdaderos vampiros que hay en la
pelcula. Ataudes y capas, por dios. Como material cmico no tiene precio. Vuelve al su sitio
todava sonriendo cuando en mitad de la sala su humor cambia de manera radical y temible.
Su sitio est ocupado.
Su sitio junto a Remus. Ocupado.
Por quin?
Por un Slytherin.
Por ese Slytherin pinta monas que no deja de perseguir a Remus como una sombra.
James, el muy gilipollas cabeza hueca y llena de cuernos, se ha levantado para intentar que
Filch le sirva una de esas bolsas de polomitas o como se llamen que se comen en el cine y
Peter, claro, le ha perseguido porque es lo que Peter hace. Lo cual deja a Remus solo
SOLO!- con ese memo que espa para Malfoy, que acabar descubriendo que es un lobo y
conseguir que le echen del colegio. Como si no fuera evidente lo que quiere. Informacin,
humillacin y de paso, si cae, un revolcn. Gilipollas. Cada vez que el memo abre la boca mira
fijamente a Remus a los ojos, como si todo lo que dice fuera super intenso o algo as y claro,

cada vez que Remus dice algo, el muy idiota se re como si fuera muy gracioso. Bueno, no es
que Remus no sea gracioso, porque la verdad es que a Sirius se lo parece pero est claro que
ese intil no se re en plan "ja, qu risa" sino en plan "por qu no nos vamos a un sitio ms
tranquilo, Remus?"
El extrao escozor en el pecho de Sirius que empez como un dolor vago, se acaba de
convertir en una temerosa de furia canina. Se acerca con paso decidido, a pesar de las
protestas de los alumnos que todava quieren ver la pelcula. Estn casi en la ltima fila. La
silueta de Sirius contra la pantalla resulta amenazadora.
- Eh, t.
Es el "eh, t" ms agresivo de la historia de los "eh, t". El chico que Sirius creer recordar se
llamaba Daniel levanta la cabeza.
- Er... hola, Sirius. Pens que no te importara que me sentara un momento.
Eso has pensado, bola de mierda babosa?
- Mal pensado.
Se afana por ignorar la reprobacin violenta en la mirada de Remus pero le ve por el rabillo del
ojo. Su enfado solo hace que se encolerice ms. Remus prefiere sentarse con un Slytherin
antes que con l? Es que es ultrajante. Es acojonante! Y no en el buen sentido.
- Bueno, pues... el chico parece que est desubicado, pero a lo mejor es que solo sabe
balbucear. En fin, vuelvo a mi sitio.
- Genial.
Cuando se pone en pie Sirius se contiene para levantar el labio superior, entrecerrar los ojos y
gruir primero para pegar unos ladridos despus. Es que no soporta ver a ese sitio. Es que NO
LO SOPORTA. Y punto. Lo nico que soporta menos todava? Que Remus, su jodido mejor
amigo, se levanta con ese soplagaitas y anuncia que se marcha.
- Te acompao, si no te importa.
Qu acaba de DECIR!
Y va y lo hace. Remus se levanta y tiene el valor de lanzar a l una mirada asesina cuando se
marcha y Sirius no puede hacer otra cosa ms que quedarse all, entre todos esos sssshhh y
todos esos "sintate" que no hacen ms que irritarle. Remus no solo le deja all plantado como
un mono, sino que tiene la mala baba de no volver en lo que queda de pelcula. En TODA la
pelcula. Sirius empieza a pensar que es verdad lo que dice su madre y el cinematgrafo no es
ms que otro estpido, intil y desgraciado invento muggle.
Est demasiado furioso para concentrarse en la pelcula. Ya ni siquiera la encuentra divertida. Y
cuando se acaba, se siente demasiado furioso para dormir. Especialmente porque Remus ha
desaparecido de su vista y cuando las sillas empiezan a apartarse para que puedan dormir y
los prefectos se ponen a berrear para que todo el mundo haga fila, Remus sigue sin aparecer
para dormir.
Sirius descubre en ese momento con quin est enfadado.
Con Remus, desde luego.
Enfadado no, FURIOSO.
Los fotogramas de mi amor por ti (una pelcula de James Potter)
Lo nico que James ve mientras proyectan la pelcula muggle, es a Lily. Dos filas delante de l
y unos asientos ms a la izquierda. Atenta a las imgenes de la pantalla. De vez en cuando se
asusta y retira la vista, o sonre o simplemente mira, embelesada. James deseara poder ser
pelcula y proyectarse sobre su cara, en blanco y negro, eternamente. O una noche,
nicamente. Tambin valdra la pena. Esa noche, en Hogwarts y gracias a Albus Dumbledore,
los alumnos pueden ver "Drcula" y "La novia de Frankestein". En el descanso, James se
levanta a por una bolsa de maz hinchado que los muggle llaman "palomita" y lo hace
nicamente para coincidir con ella.
Hacen un ruido intenso cuando se cocinan, esas "palomitas". Ms o menos el mismo que hace
el corazn de James cuando ella no l, no, ELLA- le dirige la palabra.
- Te ha gustado la pelcula?
No hay palabras para describir hasta qu punto.
- Mucho.
- La que viene es una de mis preferidas.
Di algo, di algo, algo!

- De qu va?
- De un monstruo un poco idiota dice Lily. Que quiere una novia.
A lo mejor es algo ms que medio idiota pero le parece que hay un mensaje bajo esa
spalabras, escrito cn tinta invisible
- Bueno, si la consigue, seguro que me gusta.
Sobre todo, eso no lo dice, si se proyecta sobre tu cara.
- Tendrs que verla entera para saberlo, Potter.
Se lleva una expresin enigmtica y las palomitas. Al igual que ellas, James Potter siente que
se hincha y se hincha y se sigue hinchando y golpea contra los muros del caldero como
pompas de maz enloquecidas. Remus pasa junto a l con ese chico Slytherin pero ni siquiera
se fija en l. Pasa un buen rato parado, descubriendo lo que se siente cuando te aletea la
esperanza y te sientes ms y ms alto cada vez. Sirius pasa junto a l un rato despus, en
idntica direccin a Remus, pero quin puede verle. Es noche de cine y hay esperanza para
todos los monstruos.
Mi mapa hacia tu mundo
Remus podra dibujar de memoria cada rincn de Hogwarts y con los ojos cerrados, recorrer el
mapa de los merodeadores. Los pasillos, las aulas, los olores. Le gusta todo porque cada
rincn es lo ms cerca del hogar que ha estado nunca. Sabe en qu punto los pasadizos
secretos se vuelven ms estrechos. Dnde aparecen las manchas de humedad en invierno,
cmo huele la habitacin comn cuando encienden la chimenea por primera vez, a finales de
septiembre.
Madera, calabaza, azafrn, piedra, libros, tinta. Hogwarts huele a sus cosas favoritas en el
mundo y podra pasar horas en la lechucera, escuchando el ulular vaco de los pjaros o en la
biblioteca, observando por el rabillo del ojo el entrenamiento de Quidditch. Pero si tuviera que
escoger un sitio para pasear en una noche de luna creciente, sera el puente cubierto. Apoyado
sobre la barandilla, puede observar la sobria majestuosidad de Hogwarts, a un palmo de
distancia. El hogar del que no estaba destinado a formar parte hasta que la magia de
Dumbledore le concedi una gracia que, todava, a veces, tiene miedo de perder. De todos los
alumnos del colegio, posiblemente Sirius sea el nico que puede entender la fuerza
descomunal de su amor por ese lugar de Escocia. Ninguno de ellos, despus de todo, ha
tenido nunca otro hogar. Los dos presienten que nunca tendrn otro.
Podra ser Sirius quien estuviera con l esa noche pero no lo es. Podran estar los dos viendo
la pelcula pero esa rabia perruna se ha interpuesto, de nuevo.
- Vienes aqu a menudo?
Daniel le ofrece un cigarrillo. Remus prefiere no fumar.
- De vez en cuando.
No sabe cunto tiempo pasan en el puente. Bastante. Crujen las maderas bajo los pies y
cuando alla un lobo, en algn lugar del bosque, Daniel quiere saber por qu sonre. Sirius no
necesitara preguntarlo, pero Sirius no est all esa noche. Sirius no estar nunca. Y duele
admitirlo, pero es as. No importa lo cerca que est la luna algunas noches o cuanto extiendas
un brazo para alcanzarla porque la tierra y ella tiran en direcciones diferentes.
Daniel es agradable. Y guapo. Daniel es, para ser sinceros, terriblemente guapo.
- Pronto no ser posible- dice, consumiendo el cigarrillo.
- El qu?
- Esto- seala el puente y la noche. Hablar simplemente, un Gryffindor con un Slytherin.
Pronto no ser posible, me temo. Las cosas estn cambiando.
Y no es a mejor. Esa noche, en el puente, Daniel le habla crpticamente de Slytherin y el odio
que est brotando, con una fuerza inmensa. No es que antes hubiera muchos amantes de lo
muggle pero ahora es distinto, Remus. No sabra definir con exactitud qu pasa pero en
Slytherin solo se habla de pureza y poder. La voz de Daniel es firme pero opaca. Hace
esfuerzos por ocultar una inquietud profunda. Le cuesta hablar de ello. Tampoco sabe
demasiado. Normalmente se hace un silencio en la habitacin cuando l entra.
- Creo que a m me odian ms incluso que a vosotros. Soy una deshonra para su propia casa.
Poco a poco la conversacin se vuelve terciopelo oscuro y Daniel est cada vez ms cerca y es
fcil hablar con l, es tan fcil. Daniel no presiona, y sabe escuchar y l tambin entiende lo

que significa ser distinto y de cerca, en fin, es todava ms guapo. Y no es Sirius, claro, no son
sus labios los que se acercan suavemente, pidiendo permiso, ni son sus dedos los que tientan
en la nuca y le hacen cosquillas en el pelo, pero Sirius no est all, no? Sirius nunca va a estar
y es muy terrible desear unos labios solo para no estar tan solo?
- Siempre me has gustado, Remus.
Cierra los ojos e intenta olvidarlo todo excepto esa lengua tan suave que repta en su boca
separando los labios. Es hbil y larga y no deja un solo rincn por explorar y lo hace bien, lo
hace deliciosamente bien para ser un primer beso. Sensual y cautelosa como la gelatina, es
caliente y est dentro de su boca y si no le hiciera sentirse tan solo, si no le infectara de
hambre por otra persona, dios, sera perfecto.
Se separa tan cuidadosamente como sabe y no ha estado nada mal, de verdad, para un primer
y nico beso. Algo en la mirada de Daniel le dice que no necesita explicrselo.
- Bueno- parece resignado pero orgulloso al mismo tiempo- a veces hace falta intentarlo
aunque sepas que no tienes esperanza.
Lo dice sin amargura y lo ms extrao de todo es que en ese momento Remus tiene ms
ganas de besarle que antes. Porque ninguno de ellos le menciona pero los dos saben que tres
son demasiados para un primer beso. Se quedan un rato ms en el puente, fumando,
hablando, estando. Es agradable, despus de todo, encontrar a alguien que entienda. Ninguno
se fija en las sombras al final del puente, ni en el perro de pelo brillante que les mira y contiene
una furia tan intensa que parece humana.
Cave Canem
Sirius da vueltas por el castillo. Sin rumbo definido. Hirviendo. Pensando en las lecciones.
Ha recibido muchas en diecisiete aos, ya lo creo. A fuego, en propia carne. Tena ocho aos
cuando se cas la primera Rosmerta. El da antes de la boda, toda la familia se instal en la
mansin de Galway para asistir al enlace. Sirius se despert temprano y cuando baj al saln
se encontr con aquella enorme cantidad de regalos de boda. No pudo resistirlo. Eran
paquetes demasiado bonitos y Sirius nunca ha sabido ser paciente, ni resistir sin impulsos, as
que abri unos cuantos. No ms de media docena antes de que Bellatrix le descubriera, varita
en mano y con esa expresin en la cara, como si le hubiera abandonado toda su sangre, de
puro asco. Pasado el tiempo Sirius comprendi lo que la haba ofendido tanto. No era la
travesura, no eran los regalos. Era la familia. Sirius la haba ridiculizado delante de todos.
- Est visto que es lo nico para lo que vales, Sirius.
- Lo siento, madre.
Lo dijo en serio. No vali para mucho. Aquel da Irlanda fue testigo de cmo se educa a un
Black y Sirius asisti a la boda de pie porque le dola demasiado sentarse.
- Si solo entiendes un lenguaje, Sirius, se te hablar en ese lenguaje.
- De veras que lo siento, madre.
- Pero me asegurar de que aprendas tu leccin.
Leccin. Siempre esa palabra odiosa. Aprenders tu leccin. No has aprendido la leccin.
Necesitas una buena leccin. Toma tu leccin! Es probablemente la palabra que ms odia en
todo el mundo. La odia ms que Malfoy, ms que Snape, ms que Slytherin, ms que castidad
y buenos modales. Castigo, locin anti pulgas, deberes, pureza. Son palabras asquerosas pero
no le llegan ni a la suela de los zapatos a "leccin".
Y sin embargo, cuando les ve, en ese puente, en el sitio preferido de Remus, juntos,
hablndose, besndose, un Slytherin y l, todo se vuelve difano y fcil y la sangre maldita de
los Black le habla con una meridiana claridad. Le dice al odo lo que tiene que hacer. Sin asomo
de duda.
- Dale una leccin, Sirius.
Le busca en la habitacin de Gryffindor pero no le encuentra. Ver su cama vaca solo sirve para
que le hierva ms la sangre. Ms te vale que no ests con l todava, Luntico, por
Merln. Entonces lo escucha. El ruido del agua en el cuarto de bao. Su instinto sabe
perfectamente quin est dentro. Le huele desde la distancia. Le nota en la piel.
Remus.
Empuja la puerta con brusquedad y ah est, a pocos pasos. Lavndose los dientes en pijama
- te ests limpiando su sabor, Lupin?-, como si no pasara nada especial. Descalzo, con

pantalones de cuadros y un jersey que se abrocha al hombro pero que no est abrochado y
deja al descubierto la camiseta interior. Tiene cara de cansado y parece tranquilo y levemente
disgustado como suele estarlo- y dan ganas de zarandarle, Merln, joder, dan ganas de
hacrselo entender a mordiscos, joder.
La leccin de Remus
Escupe en el lavabo con el grifo abierto y caen espumarajos de pasta de dientes muggle a la
caera. Hay pociones mgicas para despus de comer, claro, pero a Remus le gusta el ritual
de del cepillo y ese momento en el bao, cuando se queda a solas. Le gusta el sabor de la
pasta de dientes azul desde que James la descubri en primero y le pregunt si se lavaba los
dientes con gelatina.
Cuando la puerta se abre, le ve por el rabillo del ojo.
- Ah, ests ah. Escupe con fuerza. - Estars orgulloso de ti mismo, por supuesto.
No hay contestacin. Raro. Con Sirius siempre hay contestacin, aunque a menudo no hay
razones. Remus levanta la mirada del lavabo y de los restos de dentfrico y algo se le remueve
en las tripas. Sirius es un animal de reacciones desproporcionadas e injustas pero
normalmente esa clera desaparece tan pronto como aparece. Esa noche la ira ha tomado
vitaminas y crecepelo y Sirius opaco, silencioso, mirndole- parece un perro despeinado que
huele la sangre. Ms alto de lo normal. No, ms alto no. Ms grande.
Remus no est dispuesto a admitir que le resulta intimidatorio.
- Te has pasado de la raya, Black, te lo advierto. Sigue en la puerta, qu coo le pasa?
Sigue sin decir nada y el silencio es desconcertante. Est ms que callado. Est aspirando el
aire del cuarto de bao. Supongo que eres consciente de que EXISTE una raya de la que
pasarse, no?
Inmvil, en el umbral de la puerta. Indescifrable. Hay miradas que son una agresin. Remus
nota que le suda la palma de la mano. Pero qu bicho te ha picado ahora. Debe estar
esperando para decir algo hiriente. Tiene que ser eso. Tanto silencio no es normal. A qu
esperas para morder? Le tiemblan las rodillas o el estmago, no est seguro. Esto es ridculo.
Solo es Sirius.
- Sabes? Que odies tanto a Daniel intenta que su tono suene sereno- solo porque es un
Slytherin y no le des ni una sola oportunidad demuestra que tienes tantos prejuicios como ellos.
En qu te ennoblece eso, si se puede saber?
Eso. Ah. Una buena pregunta. Al fin, Sirius parece salir del trance. Y habla. Masticando cada
letra. Haciendo pausas demasiado largas entre las palabras.
- No estoy dice - enfadado pausa- por eso.
A Remus se le para el corazn.
Le est costando hablar. Parece que tiene que tragarse esa clera para poder hablar. Se siente
desorientado, como si hubiera perdido la luna. Qu coo te pasa. Hblame, Sirius.
- No ests enfadado?
Se re. Pero no es su carcajada cien por cien Black. Es otra cosa. Es rerse por no gritar.
- Ya lo creo que estoy enfadado. Estoy ms que ... deja caer las palabras, respira hondo, se
le hunde el pecho y jadea- ...estoy enfermo, Remus.
Enfermo. S. Lo parece. Le da un salto el estmago. Y lo que no es el estmago, ms adentro.
- Has bebido?
- No. Da un paso, abandona el umbral, se acerca a l. Esta noche te lo has pasado t mejor
que yo.
A veces Sirius se pierde en una rabia voraz que no deja sitio para la paciencia ni el afecto pero
Remus siempre es capaz de encontrarle. Con una mirada, un gesto, un golpe de voz. No es
una de esas veces. Es Sirius y son sus ojos azules pero no parece l, ni hay nada azul o
compasivo en su mirada. Estoy enfermo. Realmente lo parece.
- Qu te...?
- He visto cmo le besabas. Y lo dice atragantndose, como si esas palabras cmo le
besabas fueran bilis.
- Nos has estado...? pero no, esa no es la pregunta adecuada. - Me has estado espiando?
No es necesario quedarse para or la respuesta. Es evidente que s. Es evidente que no sabe
dnde est la raya. No lo ha sabido nunca. Espindole. Sirius. Siente una mezcla de odio y

vergenza. Me has visto. Nos has visto. Cmo te atreves. Todo esto es tan absurdo, Sirius, le
odias porque pertenece a [Link]!
Lo deletrea. Incluso esa mente tan obtusa tiene que dejar que pase algo de luz, maldita sea.
Pero no. No hay luz porque cuando Sirius habla se hace de noche en la cara oculta de la luna.
Retumba toda Escocia.
- No estoy enfadado por eso, joder!
Le est gritando? Le est gritando a l? Lo nota. Bajo la piel. Cmo despierta el lobo. Cmo
pide sangre.
- Y entonces por qu coo ests enfadado!
Silencio. Y no uno, sino dos pasos en direccin a l. Amenazante. Sirius no est enfermo. Est
loco.
- No quiero que te gusten los hombres- dice. Con esas palabras. Como si tuviera derecho a
decirlo.
- Qu has dicho, Black?
No le llama Sirius porque no es un nombre de perro. Le llama Black. El apellido maldito de una
familia apestada. Y lo dice con desprecio.
- Ya me has odo.
Destila la energa propia de la magia negra. No quiero que te gusten los hombres. Su supuesto
mejor amigo. Y ese era el problema. Desde el principio. Por eso estaba enfadado. Podra llorar
pero prefiere ahogarle para estrangular los gritos del corazn.
- Bueno, Black, eres el mejor mago del colegio, siempre puedes hechizarme para que te gusten
las mujeres.
- No, joder! grita. - No quiero que te gusten las mujeres!
Qu?
Parece fuera de s. Completamente fuera de s.
- No quiero que te gusten las mujeres y no quiero te gusten los hombres, ni ese Slytherin, ni los
lobos, hembra o macho, me has odo?
Ha perdido el juicio. Tena que pasar y ha pasado.
- Pero qu coo te...
No acaba de decirlo. No puede porque se acaba el mundo.
- YO! chilla Sirius, a un palmo de distancia, desde donde puede verle los dientes. - QUIERO
GUSTARTE YO!
Vueltas. El bao da vueltas. Y Hogwarts. De repente. Y toda Escocia. Le flaquean las rodillas.
No puede elaborar sonidos. Qu? Su corazn. Es lo que ms vueltas da. Es lo que no deja de
gritar. QU? Un paso. Menos. Sirius est a menos de un paso. Furioso. Enfermo. Y bajo toda
esa clera, ahora est claro, desesperado, desfallecido, moribundo.
- Qu acabas de ...?
Decir.
Forma todas las palabras pero la ltima no llega a existir. Para esa no le llega la saliva y no
importa porque tiene la saliva de Sirius solo para l. Labios, boca, Sirius est de repente dentro
de su boca y es un beso y Remus no tiene tiempo de pensarlo porque no le han besado as, ni
a l, ni a nadie, en toda la historia de los magos y de los muggles, de los perros y de los
hombres. Nunca. Separa los labios por puro reflejo, para hacer sitio a Sirius y esa agresin
fulminante que le est partiendo la boca en dos. Se ahoga, le vence el peso de su cuerpo y de
Sirius sobre l, en todas partes. Resbala, cae contra la pared, le empujan, cae, se muere.
Sirius. Sirius le est metiendo la lengua entre los dientes y se est muriendo.
- No quiero que le beses ms jadea Sirius.
Besos hmedos, torpes. Chocan. Lenguas fuera, lamindose en el aire. Saliva en la barbilla.
- Quiero que pienses en m- le agarra con demasiada fuerza, tiene labios exigentes, y es fuerte,
y musculoso y est sin domesticar y es Sirius, por Merln, SIRIUS, la droga ms fuerte que
existe. Quiero que pienses en m- insiste. Todo el da-. Otra vez la lengua. Hasta la
garganta, deslizndose sobre la suya, infectndole el cerebro de deseo. Porque joder,
Luntico, joder, no puedo dejar de pensar en ti.
Y embiste. Mueve las caderas de tal manera que chocan y es brillante. Y es tan intenso que
marea.

- Sirius-. Solo puede decir su nombre. Remus se agarra para no caerse. Est rgido. Y l. Los
dos. No sabe desde cundo. A quin le importa. Puede frotarse contra Sirius y sentir que se le
vuela la tapa de los sesos. A quin le importa nada.
Mete los dedos en su pelo. Como ha hecho alguna vez cuando Sirius no era ms que un perro.
Ahora es otra cosa. Un chico o un hombre o algo intermedio. Algo caliente y pulsante y rgido,
joder, es que Sirius Black est rgido y debe haber alguna razn por la que deberan pensar en
lo que estn haciendo pero cmo va a acordarse si Sirius le mete las manos por debajo del
jersey y por debajo de la camiseta, como si quisiera arrancarle la piel. Enfadado, excitado,
puede que para l no haya diferencia.
- Dilo.
Le besa el cuello. Todava no lo digiere. Que Sirius le bese el cuello. Demasiada saliva.
Demasiada prisa. Es perfecto. Es ms que perfecto. No puede pensar.
- Qu?
Frentico, confuso, es todo tan rpido.
- No s. Di algo. Lo que sea. Para un segundo, por primera vez y le mira, por primera vez y
vuelve a tener esa mirada azul intenso que pone la piel de gallina y vuelve a ser Sirius pero con
los labios irritados y esa intensa expresin de lujuria que bastara para correrse en los
pantalones solo con tenerle cerca. - Quiero sacarte la ropa a mordiscos, Luntico, joder, as
que dime algo.
- S- desesperado. En un cuarto de bao. Sin poder reaccionar. - Por favor. S. Murdeme.
Quiero- no puede hablar, le lloran los ojos. lo que quieras- le lloran las rodillas y est
levitando. Hazme lo que quieras.
Cualquier cosa, lo que quiera. Todo lo que quiera. Bjame los pantalones. Tcame. Quiero
estar desnudo. Quiero verte desnudo. En el suelo. No dejes de frotarte. Haz eso con las
caderas. Otra vez. Haz que me corra, Sirius. No s. Lo que quieras. Lo que t quieras.
(continuar...)
Planificar el futuro
Peter Pettigrew se tumba sobre su cama boca abajo y balancea los pies.
- Podramos comprar Bolas de Fuego Que No Queman de Zonko y prender el Gran Comedor
para que tuvieran que desalojarlo.
- Hicimos eso en cuarto, Peter. Adems, si lo compras no tiene la misma gracia. Tenemos que
hacer algo nosotros. Es la travesura de fin de curso. Es un clsico.
En plena noche, a oscuras en la habitacin de los chicos, ni a James ni a Peter se les ocurre
nada digno de ser recordado como La Gran Travesura de Sexto. Bueno, a Peter se le ocurre
coger las fotos de la orla de sptimo y conseguir que todos los alumnos tengan el cuerpo de un
hipogrifo pero Sirius ya hizo eso en cuarto. Solo que el cuerpo era el de la profesora
McGonagall. A James le hizo gracia. A la profesora McGonagall no tanto.
- Remus no ha dicho que se lavaba los dientes y volva enseguida?
Peter sigue balanceando los pies.
- S. Eso ha dicho.
Hace ms de un cuarto de hora, segn los clculos de James.
- Y dnde rayos est?
La respuesta a la pregunta de James
Sirius Black ha besado a un montn de chicas. Un buen puado de ellas. La cosa empez un
da, sin ms, en una fiesta organizada por su madre. Se presentaron unos parientes lejanos y
entre ellos, una prima segunda o no s qu de Glasgow. Una chica de ojos color miel que ya se
maquillaba y le dej restos de carmn en toda la cara y le dijo, "as no, tonto, con la boca
abierta".
A partir de ah, lo dems y como se suele decir, es historia.
A algunas las recuerda por el nombre, de otras solo recuerda el perfume. La mayora se han
desdibujado, como el recuerdo de una noche de borrachera. Hay besos mejores y hay besos
peores pero una boca es una boca y Sirius siempre sabe lo que hacer cuando una quiere
besarle.
En quinto Martha No Recuerdo Qu, una chica de Hufflepuff se lo dijo a oscuras, jadeando, con
la falda en la cintura y la cabeza de Sirius metida dentro del escote. Le maldijo y perjur contra
l, entre suspiros y le prometi odiarle eternamente por hacerme perder el control. El verano
antes de sexto se enroll con una turista italiana que visitaba el Reino Unido y tena un acento
muy sexy. Le dijo que se le daba bien las lenguas, igual que a ti, aadi, se te da bien la

lengua. Y luego, aquella otra, en Hogsmeade, una noche de diciembre en "Las tres escobas".
Una morena de ojos azules le explic que haba dos clases de chicos y dos clases de
besos. Algunos saben ablandarte el corazn, le dijo, y otros, saben ablandar todo lo dems,
como t.
Como l.
Cerca de Grimmauld Place nmero doce, hay un to barbudo con un carrito que hace todo tipo
de figuras con alambre y otro, tres calles ms abajo, que hace imitaciones de cuadros famosos
y, en fin, los muggles hacen puentes sin magia y viajan a la luna en naves voladoras, as que
Sirius supone que existen tantos talentos distintos como personas distintas. El suyo consiste en
hacer que las chicas pierdan el control y abran las piernas. Deshace la arquitectura de su ropa
a oscuras, sin dejar de besarlas. Les quita el sujetador cuando estn vestidas, con una sola
mano dentro de la camisa. Se merienda sus inseguridades, averigua lo que quieren decir, lo
dice en voz baja. El sexo con las chicas es una travesura y Sirius Black es un criminal nato.
Siempre ha sabido que se era su talento.
Conocer el de Remus le est dejando mareado, al borde de un suicidio pico.
No se descubre todos los das que el talento de tu mejor amigo de tu segundo mejor amigo o
lo que sea- es dejarte sin palabras, como un perro que solo sabe babear y gruir. Cuando
Remus le besa se siente virgen. No, peor, en carne viva. Son besos como l, perezosos y
sublimes, renqueantes. Remus tiene los labios ms calientes que ha probado nunca y est
ardiendo y es un chico y no importa, en ese momento, cuando se meten la lengua en la boca,
no importa porque es diferente, es distinto y por eso est bien, por eso es mejor que nunca.
Mejor que en toda su vida. Porque a las chicas las besa con esas partes de s mismo que est
dispuesto a ensear. Les besa Sirius Black, el rebelde, el gamberro, el intratable, el donjuan.
Pero a Remus no puede negarle nada y le besa con todo lo dems. La ira y la clera y el odio y
la magia, la sangre, la luna, la carne. Le besa con todo lo que tiene dentro, lo humano, lo
animal. No se guarda nada porque se est muriendo. Se muere, joder y quiere que Remus
Lupin, que nunca se altera y que nunca se enfada y que siempre sabe lo que hay que decir,
caiga muerto con l.
Quiere comrselo a mordiscos. Todava est enfadado. Quiere que deje de mirar a otros.
Quiere dejar marcas en su piel, ms permanentes que las heridas de la luna. Quiere hacerle
cosas que nunca le ha hecho a una chica. No quiere cagarla. Es Remus. No tiene ni idea de lo
que quiere. Pero sea lo que sea, lo necesita y lo necesita con desesperacin. Le est besando,
le est tocando debajo de la camiseta y no se est aliviando.
No sabe ni por dnde empezar a aliviarse.
No sabe dnde quiere acabar.
No quiere acabar.
Lo que quiere es verle jadear, en el suelo, desnudo y de rodillas porque a l no le tienen las
piernas y no es justo, no es normal que l Sirius Black, El de Las Sbanas Arrugadas- est tan
desesperado si Remus, maldita sea, no siente lo mismo. Al fin y al cabo, es al idiota de Remus
y no a l al que le gustan los hombres.
- No quiero que le beses ms.
Ordena, exige, manda. Tiene a Remus contra la pared del bao y le odia por no estar
rompindose como l. Puede pensar en otro? No quiere que pueda pensar en otro. No quiere
que pueda pensar. Cicatrices, debajo de la ropa. Tiene tantas. Debera quitarse la ropa.
Debera haberle hecho l todas esas marcas. l y no la luna.
- Nnnn- jadea Remus, casi como si llorara. Sirius deja de besarle la boca un segundo porque
quiere orle mejor y porque, maldita sea, ese cuello le est llamando a gritos para que le
muerdan. No.
Remus se deja morder. No dejar que le besen. Mejor. Mucho mejor. Tiene un cuello fuerte y
huele a la habitacin de los chicos en la torre. Huele a borracheras y juergas y travesuras y
ninguna chica antes ha olido a eso.
- Jams- se lo repite casi para s mismo. Es menos que una orden, es una splica. Remus.
No puede dejar de repetir su nombre. Promtelo.
Palabras entrecortadas. Se mueven sin verse. Chocan. Y se frotan. S, Dios, as. Cadera contra
cadera y hay un momento, una postura concreta en la que se frotan polla contra polla y Remus
alla o gime y l se quiere morir y es perfecto. Brillante. Es Remus, su cuello, sus cicatrices y
una marca, una estra larga y rojiza bajo los labios que Sirius no puede evitar lamer y besar y
morder, con fuerza, con demasiada saliva, con salvaje y brbara desesperacin.
- Vale- Remus se deja lamer, echa la cabeza hacia atrs, aprieta los dientes, suda y su sudor
sabe a lgrimas nocturnas y a sexo. S, Sirius- murmura, promete, mueve las caderas para

repetir esa friccin demasiado spera, brutal, perfecta. S, vale. Pero no... se ahoga, parece
incapaz de respirar tanto no me... balbucea- si me besas ah... est incoherente y sin
palabras, el alumno con mejores notas de su generacin, el candidato perfecto a profesor de
Hogwarts tiene la mente nublada y es por l- ... no puedo... Sirius, si me besas ah ... en las
cicatrices del cuello quiere decir, ah en las cicatrices, donde Sirius tiene la lengua y chupa, de
arriba abajo-... es demasiado.
Demasiado, dice. A l le est latiendo la polla por un hombre pero el muy idiota cree que algo
puede ser demasiado. Morirse podra no ser suficiente y demasiado es una gran palabra. As
que hace lo nico que pude hacer. Le lame con ms devocin, con la boca ms cerca de la
piel, besando el contorno endurecido de la cicatriz, y el interior. Ms dbil, ms suave. Ms
sensible.
Remus se agarra a l con fuerza, la cabeza, la espalda, el culo, dios, con demasiada fuerza.
sa es una de las diferencias que podra notar si Sirius no se estuviera volviendo loco.
Las chicas no hacen tanto dao.
Las chicas no estn rgidas bajo el pantaln, no tienen un lobo dentro, no despiertan en Sirius
el mismo instinto abrasador que le est dejando sordo y ciego en ese cuarto de bao. A
ninguna chica, en toda su vida, ha querido romperla as. Esto es otra cosa. Y no sabe qu y no
puede parar y est a punto de hacerlo, ahora mismo, bajarle los pantalones a Remus Lupin,
sacarse la ropa y que Merln sea testigo de las consecuencias porque l no se hace
responsable.
Hay un ruido
de pasos. A lo
lejos. Bajando
escaleras.
Quiere hacerle lo mismo que la luna, afectarle de esa manera, destruirle, transformarle. Quiere
despertar al lobo y que Remus pierda el control para no sentirse tan enfadado, tan fro, tan
condenadamente solo. Mete la mano entre los dos, a pesar de que no hay sitio. Mete la mano
porque la suya est a punto de estallar y quiere comprobar si la ereccin de Remus quema de
la misma manera. Quiere verla, quiere tocarla con la palma de la mano, y acariciarla y besarla y
que sea suya. Para l. Suya.
Los mismos pasos. giles.
Rpidos. Ms cerca. Alguien
llama.
- Remus?
Solo es una palabra y al principio Sirius la confunde con el rugido de su sangre. Pero tiene que
ser otra cosa porque su sangre no habla con suavidad, como esa voz. Esa noche todo es
brusco, rpido, duro y esa noche, su sangre es poder desatado. Un to, estoy a punto de
correrme porque me est besando un to.
- Remus, ests ah, to?
Remus se aparta. Un centmetro. Un odioso, asqueroso, jodido centmetro al que Sirius detesta
con todas sus fuerzas.
-James- consigue decir y Sirius se queda sin aliento porque Ostia, mrate, Remus parece
totalmente desquiciado. Hay mechones de pelo esparcidos en todas direcciones, tiene la ropa
arrugada por esos tirones innecesarios mos- y una mirada enloquecida luntica-, impropia
de l. Y traga saliva y repite "James", como si Sirius no hubiera odo perfectamente a ese
inoportuno de James Potter o le importara lo ms mnimo.
- Y qu...?
No termina la frase y como nunca piensa antes de hablar, no sabe qu hubiera dicho. Y qu
coo me importa James ahora. Y qu quieres decir con eso. Y qu si viene. Y qu si no nos
encuentra. Y qu puede ser tan importante como para interrumpirme. Y qu te pasa que
puedes or algo cuando hoy no puedo or nada excepto tu respiracin. Y qu est pasando,
Remus, maldita, maldita, maldita sea, qu me est pasando para querer follarme a un to.
- Me busca explica Remus, volviendo a tragar saliva, todava inmvil.- James- dice. -James
sabe que estoy aqu.
James no solo lo sabe.
James le busca. Empujando la puerta mientras habla.
- Luntico? Ests ah, to?
Abre la puerta del todo. Deben ser tres segundos pero son tambin la descarga elctrica que
hace falta para que se aparten, Sirius y Remus, como si algo les hubiera dado calambre. Estn
acostumbrados a poner cara de circunstancias cuando les pillan con la mano en el tarro de las

galletas o en mitad de una travesura. Disimular, como todo, es cuestin de prctica y llevan
aos entrenando.
James parece impaciente.
- Remus, qu coo te has estado frotando? pregunta.
- Qu?
La voz de Remus suena ms aguda de lo normal.
- Has bajado a lavarte los dientes hace un siglo! Te vas a desgastar! Se fija en Sirius. Qu estabais haciendo?
Se hace uno de esos silencios espesos que a Sirius siempre le han provocado para decir
inconveniencias. No se le ocurre ninguna peor que la verdad.
- Intentando enrollarme con Remus hasta que has llegado y nos has cortado el rollo. James
no se da cuenta de que Remus ha enrojecido hasta la raz del pelo y se limita a poner esa
expresin que dice "s, claro". - Y t? pregunta Sirius, intentando no aspirar todo el aire de la
habitacin cuando respira.
- Lo de siempre- ironiza James. - Tirndome a Peter. No te fastidia.
Justo ah (en el otro lado del mundo)
Esa noche ninguno de ellos puede dormir. James quiere planificar algo para dar una despedida
digna al sexto curso de los merodeadores en Hogwarts y casi todo lo que se le ocurre le parece
poco espectacular o falto de imaginacin. En la cama de al lado, al fondo de la habitacin,
Peter cuenta todo lo que piensa hacer durante sus vacaciones de verano. Se casan unos
parientes en Rumana y ha hecho averiguaciones sobre todas las cosas fabulosas que se
pueden hacer en Rumana y claro, tiene que contarlas todas una a una. Dos camas a la
derecha, Sirius tampoco puede dormir. Da vueltas, cierra los ojos, intenta ignorar a Peter pero
sabe que es imposible.
A oscuras, los chicos Gryffindor hablan en voz baja. Cada uno desde su cama.
Sirius, desde la suya.
- Nos lo has contado cien veces, Colagusano.
Y James, desde la de al lado.
- Djale en paz. Peter no tiene la culpa de que seas el nico alumno que no quiere que lleguen
las vacaciones, Sirius.
Profunda y grave y masculina. La voz de Sirius Black es pura madrugada.
- Es porque soy el nico alumno que vive con mi madre.
En la ltima cama, la cama de la izquierda, Remus tiene las cortinas medio echadas y no dice
nada. Le parece que le est mirando todo el mundo y que no le mira nadie. La habitacin
parece tan inestable como las paredes en la casa de los gritos y arde. Est ardiendo de la
cabeza a los pies. Cmo va a dormir, cmo va a hablar si tiene restos de la saliva de Sirius en
la cara y el cuello.
- Remus, ests despierto?
Le sobresalta la voz de James. Quiere contestar pero tiene la garganta seca y le cuesta trabajo.
- S.
Pausa. Silencio. Oye la respiracin de Sirius. Tan cerca, tan lejos.
- Estoy despierto.
En al cama de al lado est Sirius. Dando vueltas, buscando postura, el nico chico que le ha
besado sin piedad, como la luna. El nico al que quiere volver a besar. Ahora. Ya. En ese
instante. Todo el tiempo.
- Os estoy oyendo- dice.
Y piensa, "te oigo, Sirius. Te estoy sintiendo". Pero no lo dice. No puede hablar. No se puede
mover. Querra. Meter la mano dentro de los pantalones. Buscarse a oscuras. Dejarse guiar por
la memoria de la saliva y correrse. Un alivio, una descarga, algo que sirviera para enfriarle un
poco. Pero no se siente capaz porque el calor le recuerda a Sirius y si se lo saca de dentro, se
sentira vaco.
- Alumnos de Gryffindor!
La voz de McGonagall, abajo, en la Habitacin Comn. Les pone a los cuatro en guardia. Se
visten a oscuras hasta que se le ocurre a James buscar la varita, exclamar "Lumos!" e
iluminarles escaleras abajo. Se encuentran con los otros cursos y con las chicas frente a la
chimenea y la primera en contarle algo a Remus, antes de que estn todos reunidos, es Lily.
- Creo que han atacado a un alumno, Remus.
Sombra. Grave.
- Dicen que se trata de Daniel.
Crimen perfecto

Uno a uno, Minerva McGonagall cuenta a todos los alumnos de su casa. Primero, segundo,
tercero. Estn todos. Cuarto, quinto, sexto. Todos presentes y en pijama. Sptimo, chicos y
chicas. A salvo, enteros, bien. En puntos distantes del castillo los jefes de las casas de
Ravenclaw y de Hufflepuff, y naturalmente, el jefe de la casa de Slytherin, hacen el mismo
trabajo. En Gryffindor, como en todos los rincones del castillo, los alumnos exigen saber qu ha
pasado.
Se estn encargando de los primeros auxilios en la enfermera. A primera hora de la maana y
solo para asegurarse de que no le ocurre nada, le trasladarn a San Mungo. No hay de qu
preocuparse. El director Dumbledore en persona fue quin le encontr, y se hizo cargo de la
situacin. Quien sea que lo hizo, aprovech la oscuridad del castillo. Por sorpresa. Y no tena
intencin de hacerle ms dao o lo hubiera podido hacer. Un par de patadas, un par de golpes.
Y eso es todo.
La profesora McGonagall hace un resumen desapasionado de lo que ha ocurrido. Como si
contara qu ha pasado con los exmenes o que ha habido cambios en el men del desayuno.
Lo dice con severidad, naturalmente, pero ella lo dice todo con severidad. Incluso esto. Que
han atacado a un alumno. Dentro del castillo.
Probablemente eso no lo dice pero Remus no puede dejar de pensar que es lo ms
razonable- ha sido alguien del castillo.
Alguien que odie a Daniel.
Alguien que supiera dnde estaba esa noche.
Alguien que, tal vez, le hubiera visto.
Alguien desesperado y furioso que lleve dentro la ira suficiente.
La profesora les manda a todos a sus habitaciones y Remus no puede ver nada ni a nadie
porque dice una, una sola frase antes de marcharse y no es posible que la haya dicho, no
puede ser y como todas las cosas imposibles, acaba siendo.
- Espere, seor Black, el director Dumbledore quiere verle en su despacho.
Sirius. Dumbledore quiere ver a Sirius.
Remus tiene el cuerpo lleno de marcas. Y todas gritan y chillan y quieren hablar de su dolor.
Pero sobre todas sus cicatrices, hay una que esa noche grita y patalea y llora
desesperadamente. Es la marca rojiza del cuello, la que Sirius ha lamido con furia, la que ha
besado con la misma rabia que necesitara un Black para atacar de noche, por sorpresa y a
traicin.
Sirius sigue los pasos de McGonagall en direccin al despacho de Dumbledore, fuera de la
clida proteccin de todo lo Gryffindor. Est casi fuera cuando mira atrs, posiblemente
buscando algo que le gue. Remus es incapaz de mirarle y se detesta por ello ms
profundamente de lo que ha detestado jams a nadie, ni a nada.
Ni siquiera a la luna.
Aviso para navegantes
Sirius Black debe ser el alumno en toda la historia de Hogwarts que ha pasado ms tiempo en
el despacho del director Albus Dumbledore. En mil aos de historia o las que tenga el colegio.
En mil aos o ms, ningn otro alumno ha tenido tantas oportunidades de comprobar cuntas
piedras hay exactamente en la pared en la que cuelgan los cuadros de los antiguos directores.
Tiene el dudoso honor de ser el campen del mundo cuando se trata de escuchar sermones.
Sube las escaleras y le parece que se est viendo a s mismo desde fuera. Demasiadas
emociones para una sola noche. Cuando entra al despacho y se sienta, a solas, esperando a
Dumbledore, le abandonan todas.
El director solo tarda en llegar medio minuto y en ese medio minuto por primera y ltima vez en
su vida, Sirius odia Hogwarts y todo lo que representa porque en ese minuto Hogwarts es como
su casa, otro sitio en el que le desprecian y le criminalizan y dudan de l. Otro escenario
criminal donde Sirius siempre resulta ser la vctima ideal . En esa breve fraccin de tiempo que
tarda Dumbledore en entrar en su despacho, sentarse en la silla y sonrer con algo que podra
ser afecto, detrs de esa larga barba blanca Sirius no tiene casa y es la peor sensacin de toda
su vida.
- No ests aqu como un castigo, Sirius.
Cuntas palabras son, seis, siete? Pocas pero balsmicas. Experimenta un alivio inmediato. Y
no puede evitar que le tiemble la voz al hablar. No puede evitar que casi le salgan las lgrimas.
- No he sido yo, profesor. Se lo juro, de verdad, no he sido yo. Se atropella al hablar. Se lo
prometo, seor.
No me expulse. No desconfe. No he sido yo. Esta vez no.

Se agita. Tiembla. Si Dumbledore piensa que es l tendr que marcharse de Hogwarts. Peor.
Tendr que odiar Hogwarts por tratarle tan mal como le han tratado siempre fuera de ese sitio.
Tendr que perder la fe en la magia y en s mismo.
- Lo s, Sirius. La media sonrisa melanclica de Dumbledore ejerce sobre l efectos
balsmicos. - No te he llamado por eso.
No quiere llorar pero tiene que hacer el mayor esfuerzo que recuerda haber hecho nunca para
controlarse. Dumbledore no va a expulsarle. Dumbledore no cree que haya sido l. Siente que,
a lo mejor, su alma puede volver a su cuerpo. Si es que encuentra el camino.
- Y por qu me ha llamado? Yo no s nada- se defiende. Y luego aade, dolido, - solo me ha
llamado a m.
- Porque solo quera hablar contigo, Sirius.
- Por qu?
- Porque no ser el ltimo ataque, hijo.
Esa noche, en en su propio despacho, y sin que Sirius alcance a entender por qu,
Dumbledore le habla por primera vez de algo que va a marcar la vida de todos los magos
durante generaciones. Le habla de la guerra que se cierne, no solo sobre Hogwarts, sino sobre
todo el mundo mgico. Batallas, dice, que no podemos imaginar ni en nuestros peores
augurios. Le habla de la violencia que siempre ha estado ah pero que ahora flota hacia la
superficie, desde las profundidades del odio.
- Hay personas que atraen ese odio, Sirius. Un alumno de Slytherin que no se lleva bien con
sus compaeros. Los hijos de familias muggles. Hace una pausa. Mastica el silencio. Los
hombres lobo.
Sirius se atraganta con su propio corazn. Lily. Remus.
Ni hablar. De ningn modo.
Sobre mi cadver primero.
Larvando. Es la expresin que utiliza Dumbledore. Algo se est larvando. Y tiene pruebas, dice,
de que no ha sido Lucius Malfoy quien ha atacado a Daniel esa noche. A Sirius le cuesta
creerlo pero no es eso lo que le inquieta.
- Profesor, con el debido respeto, por qu me lo cuenta a m?
Dumbledore se levanta. Pasea por su propio despacho. Como si meditara en silencio la
respuesta. Solo que no puede ser eso porque ya debe conocer esa y muchas otras respuestas
que calla. Lo que medita debe ser la manera correcta de decirlo. As que Sirius escucha con
atencin. Con tanta atencin, en realidad, que le parece ser capaz de or a las sirenas a lo
lejos, cantando en el Mare Nostrum. De hecho, se siente un poco mareado y tras cada palabra
del director, siente que hay otras palabras, ms escondidas. Dos frases en cada frase y puede
orlas ambas con la misma nitidez.
- Te lo cuento porque es importante que estemos alerta, Sirius y cuidemos los unos de los
otros- dice Dumbledore.
Pero Sirius escucha algo ms.
Tienes que cuidar de los hombres lobo.
- Porque no quiero que te enfrentes a los enemigos equivocados advierte Dumbledore- ni que
pierdas tiempo y energa en batallas intiles.
Escchame bien, Sirius. No ataques a Malfoy. Mantnte alerta. No me obligues a expulsarte.
- Hijo, habr que elegir las batallas que podemos luchar. Dumbledore se gira y le mira y es
extrao orle decir su nombre, tenerle tan cerca, saber que le habla como a un hombre y no
como a un alumno. Siente que le bautiza y que en ese momento le convierte realmente en un
hombre. Te lo cuento porque atacarn la esencia de la magia y a los que son ms mgicos
entre todos nosotros. Y lo harn en nombre de esa misma magia.
Te lo cuento porque sers de los primeros en tomar partido.
Tan claramente. Escucha tan claramente los pensamientos de Dumbledore. Es como si el
propio director los dejara dentro de su cerebro, uno a uno, como gotas de miel. Cree que es por
sus ojos, al principio. Porque su mirada es tan intensa, tan antigua, que parece capaz de
hablar. Luego se da cuenta de que es otra cosa. Tiene que ser otra cosa. Tiene que ser
telepata. Hace falta ser un mago poderoso para comunicarse con la mente y Sirius nunca lo ha
experimentado pero no tiene duda. Dumbledore le est hablando dentro, sin palabras, solo con
la magia poderosa de su mente y por eso Sirius le escucha sin esfuerzo. No quiere que nadie
nos escuche. Ni siquiera en su propio despacho.
- Sirius, escchame bien y ten en cuenta, ten siempre en cuenta que atacarn lo que ms
amamos.

Sabes como son. T ms que nadie, tal vez t como no lo sabe nadie en este colegio les
conoces. Porque te has criado con ellos.
Por eso se lo cuenta.
Porque Albus Dumbledore cree que va a estallar una guerra y le necesita de su lado.
- Le prometo, profesor, que tendrn que pasar por encima de m primero si quieren destruir una
sola de esas cosas.
Tendrn que destruirle a l si quieren destruir a los mestizos y a los hombres lobo y a los
Slytherin que no son como ellos.
- Esperemos que no haga falta, Sirius.
Pero har falta, hijo. Har mucha falta.
Vuelve a la habitacin sintiendo un peso desconocido en la boca del estmago. El castillo est
a oscuras y le gua solo la luz de la varita. Lumos! La silueta que se refleja en las paredes no
parece la suya. Erguida, noble, orgullosa. Lumos! Sino cabizbaja, apesadumbrada. Lumos! Lo
peor es que no son los augurios de Dumbledore lo que ms le preocupa. En el fondo de su
corazn siempre ha sabido que el odio estaba all y que brotara con violencia a la superficie a
la menor oportunidad. No es que vaya a haber una guerra. La guerra ha estado ah. Esperando
su momento.
En la habitacin, James escucha sus explicaciones con expectante inters y Peter no es capaz
de contener su ansiedad y le acribilla a preguntas. Cundo, qu, quines, guerra, qu guerra,
por qu. En lo profundo de la habitacin, agazado en las sombras de su cama como un lobo,
Remus calla y ese silencio es lo que ms pesa, lo que ms duele.
- Cuando me ha llamado McGonagall- dice Sirius, sin nimo- pensaba que Dumbledore iba a
acusarme a m.
- No me jodas, to- exclama James, incapaz de darte crdito. - Por qu demonios iba a
sospechar que haras semejante cosa?
Remus le dijo una vez que soy ms viejo ahora de lo que t sers nunca y tal vez se
equivocaba porque esa noche se siente tan viejo como l. Separado de la inocencia de James
por dcadas y dcadas de tiempo marchito.
- Por la misma razn por la que lo ha pensado Remus. Le suena tan grave su voz, tan vieja.
Porque podra haber sido yo.
Se hace un silencio tan espeso que podran caminar sobre l todos los magos del mundo.
Cuando les vi en ese puente lo primero que quise hacer fue atacarles y morder.
Le gustara exigirle a Remus la misma confianza ciega que tiene James en l, la misma
ingenuidad descarnada pero no puede. Mejor que nadie, mejor que Dumbledore y la luna,
Remus conoce al perro que rabioso que Sirius lleva dentro y l, en ese cuarto de bao, ha
sentido, por un segundo, la fuerza violenta de su lobo interior.
Ojal no doliera tanto su silencio.
- Pero, qu nos va a pasar? insiste Peter, desde su cama.
- No lo s, Colagusano. No tengo ni idea.
Tampoco se siente con ganas de pensar en ello. Su vida ha cambiado, de abajo arriba, de
arriba abajo y cuando eso ocurre, Remus es lo que permanece y le dice cmo comportarse.
Aunque solo sea para que Sirius le ignore y haga lo contrario. Esa noche, es Remus quien est
en el centro de todos los malditos cambios y mierda, no sabe qu se supone que tiene que
hacer. No tiene ni idea.
Buenos das, tristeza
En Hogwarts, la ltima semana de los exmenes, hasta los cuadros se regodean en la pereza.
Todas las rutinas cambian y los rincones apestan a verano. Son apenas cinco das, antes de
que el expreso de Hogwarts salga en direccin a Londres, el viernes, a las diez y once minutos
de la maana, desde la estacin de Hogsmeade. Pero en esos cuatro das, los alumnos no
tienen mucho que hacer. Recoger las maletas, devolver libros prestados a la biblioteca, recibir
los resultados de sus exmenes, repasarlos en clases en las que no prestan atencin.
La nica emocin es espera la noche del jueves, cuando el director Dumbledore anuncia en el
Gran Comedor quin ha ganado la Copa de las Casas. Desde hace varios aos, incluso esa
emocin se ha limitado bastante. Griffyndor lleva ganando cinco aos consecutivos, gracias a
las victorias en el quidditch.
Es el preludio del verano y en las habitaciones los alumnos duermen con la apacible sensacin
de que el verano est ah, esperando a que no hagan nada por l para aparecer de pronto. Es
tiempo de retozar en el jardn y hacer comidas demasiado copiosas sabiendo que no hay
clases por las tardes y siempre se puede hacer la digestin en mitad de una buena siesta.

Tal vez porque en Escocia el verano es siempre demasiado breve, el sol se decide a empezar
la semana con ganas y el lunes amanece con fuerza, en medio de un cielo despejado. El sol
sabe que hay muchas expectativas puestas en l y no quiere defraudar a los alumnos. Brilla
con fuerza para que incluso los alumnos que no lo pasan tan bien esos das, puedan sentirse
reconfortados.
Con Remus Lupin, no lo consigue.
La ltima semana del curso siempre ha sido dura para l. Los otros nios contaban los das
para volver a casa. Viajaban, se reunan con sus familias, descansaban. Remus tiene una
madre moribunda y solo Hogwarts le ofrece un lugar donde sentirse en casa. Cuando abre los
ojos, el lunes, a primera hora de la maana es peor que cualquier otro ao. En la cama de al
lado, Sirius se ha dormido sin echar las cortinas y es lo primero que ve a la luz del da.
Duerme boca abajo, con los brazos extendidos y se mueve tanto durante la noche que acaba
tirando las mantas al suelo. La almohada a sus pies y los pies fuera de la cama. Sirius siempre
habla en sueos y veces se queja o protesta o les despierta a todos con un grito breve e
intenso que sacude los cimientos de la madrugada. Esa maana dice algo incomprensible que
se pierde entre las sbanas. Espalda desnuda, el pelo en la cara. Murmurando. Se mueve un
poco y lo hace moviendo las caderas, embistiendo suavemente contra el colchn.
Cuando se imagina a s mismo como ese colchn, siente que la sangre se concentra por
debajo de la cinturilla del pijama, y partes de su cuerpo que se agitan ante la presencia de
Sirius como se agitan las mareas con la luna. Querra levantarse y no puede. Querra
retroceder en el tiempo. Volver a ese cuarto de bao. Entrar en la cama con Sirius, meter las
manos dentro de sus calzoncillos y ver qu pasa.
- Levanta, Black, no quiero perderme el desayuno otra vez.
Ni siquiera se haba dado cuenta de que James estuviera despierto. Cmo iba a darse cuenta
si no deja de fijarse en el movimiento sinuoso que hacen los msculos de la espalda de Sirius.
- Despirtame cuando sea de da- protesta.
- Ya es de da.
- Pues despirtame cuando sea maana.
- Ya es maana, to.
James salta de su cama y se sienta en la de Sirius, apartando sus piernas con cierta
brusquedad para hacerse un sitio. Por las maanas y en pijama, tiene el pelo todava ms
revuelto de lo normal y cuenta con todas las ventajas de no sentirte atrado por su mejor amigo.
Para James es fcil recostarse a los de su cama cuando Sirius solo va vestido con el pantaln
del pijama.
- Potter, quiero dormir!
- Solo queda una semana para el final de curso y no hemos pensado que hacer, Canuto. Hay
que espabilarse.
- Personalmente haba pensado asesinarte. Y colgar tus miembros en el comedor para que me
dejes dormir. Lrgate! le da una patada pero no llega a darle.
- Para tener fama de ser un crack en la cama, no eres nada carioso.
Cama. Sexo. Carioso. Remus sabe que ha llegado el momento de levantarse de la cama.
Procura no hacer ruido. James est entretenido sacudiendo la cama para sacar a Sirius de
dentro. Sirius est entretenido jurando en arameo y metiendo la cabeza bajo la almohada.
- Hola, Peter.
Se encuentra con l en el cuarto de bao. El escenario del crimen.
- Buenos das, Remus.
A lo mejor Peter puede verlo. A lo mejor pueden verlo todos. Ah, en las paredes. Restos de lo
que ocurri la noche anterior. A lo mejor pueden ver lo cerca que estuvo Remus Lupin de
conseguirlo todo y cmo lo estrope con su desconfianza.
- De verdad crees que Sirius podra hacer algo as?
- Lo importante es que no lo hizo, Peter.
De hecho, es lo nico que importa pero el pequeo Pettigrew no se conforma.
- S, pero, crees que sera capaz?
Las noches de luna Remus desea sangre y a veces atrapa a un animal y lo despedaza. Al lobo
no le importa de dnde venga el prximo trozo de carne mientras pueda comer y si no fuera un
animal, si fuera una persona, atacara igual. Los estudiosos de los hombres lobo le echan la
culpa al influjo maligno de la luna pero Remus sabe que no es tan simple. La luna no crea al
lobo. Lo nico que hace es diluir al hombre para liberar a la bestia.
La bestia est en el interior.
- Nadie sabe qu animal lleva dentro, Peter. Ninguno de nosotros.

Ni l. Ni Sirius. Ni siquiera Peter, que le mira con esos ojos chiquitines y esas pequeas orejas
que le dan un aspecto de roedor asustado. Lo importante no es el animal que uno lleva dentro,
sino aprender a vivir con l.
(contina en el siguiente post. Comentarios all, por favor)
Por qu enrollarte con tu mejor amigo no es tan buena idea, por Sirius Black
Hay que decir en su favor que Sirius no se enfada al principio. Al principio, cuando se levanta el
lunes por la maana por insistencia de James Potter y ve vaca la cama de la izquierda, no se
enfada. Tal vez sienta una ligera irritacin pero no pasa nada porque Sirius casi siempre siente
una ligera irritacin por una cosa o por otra. Remus se ha levantado ms temprano. Es normal
y Merln se debe estar riendo a gusto porque debe ser la primera vez que se enrolla con
alguien y le jode ligeramente no verle a la maana siguiente. Dndome la patada como a un
chucho asqueroso, Lupin?
Le busca. Bueno, no le busca-busca porque todava le queda un poquito de dignidad. Pero da
unas cuantas vueltas por el colegio. Cada una le enfada ms que el anterior. Porque,
francamente, es normal que no aparezca por ningn sitio? Le cuesta asimilarlo pero todo
indica que est, hay que decirlo claro, pasando de l. Pasando- de- m, jdete y baila. A la
tercera vuelta decide que s, que le est buscando. No es que sepa qu va a decirle pero si
pensara en todo lo que tiene que hacer nunca hara nada.
El jardn, el comedor, varias clases. La lechucera. Torre de adivinacin. Aposentos Gryffindor.
Nada.
No es ni medio normal, joder, que le deje tirado. As. Sin ms. No es que, en fin, no es que
quiera nada con l. Bueno que quiera algo. Pero son amigos, no? Amigos que se
besan. Buenos amigos. Se supone que los mejores amigos. Los mejores amigos que se
besan. Y lo que pas en el bao, vaya, no es que eso pase todos los das. Hombre, a Sirius le
pasa mucho. Pero con chicas, joder, no con uno de sus jodidos mejores amigos.
- Joder- dice en voz alta.
Un grupo de chicas de Ravenclaw le miran desde una esquina del pasillo y se sonren.
Verlas le enfada todava ms. Podra enrollarse con cualquiera de esas chicas. Si no le falla la
memoria bes a una en un juego de botellas de tercero del que no guarda un recuerdo ntido
debido a demasiada cerveza de mantequilla. Y sin embargo, qu hace? Buscar a un to que
anoche se la puso dura y ahora pasa de l.
O sea que le gustan los tos pero no le gusto lo bastante como para dignarse a hablar conmigo.
Al final, le ayuda el mapa.
Da un golpe suave de la varita. Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. Y all
est. Dos pasos que no se mueven, en un rincn de la biblioteca. El mapa dice "Remus Lupin".
Y Sirius sale corriendo en menos de lo que se tarda en decir "travesura realizada" y esconder el
mapa bajo el colchn de James, junto con la capa invisible. Llega corriendo a la dichosa
biblioteca en la que no ha estado ms de tres veces en seis aos pero no pierde el aliento por
bajar las escaleras de tres en tres. No es por eso.
Pierde el aliento por l.
A pocos metros de l. Absorto en la tarea de ordenar libros y apuntar en un pergamino cules
tiene entre manos. Es Remus, claro. El compaero de clase, el que le deja copiar sus
exmenes y siempre tiene la respuesta adecuada y dice "ya basta, Sirius" cuando sus malas
pulgas sacan lo peor de l y se pasa horas leyendo y demasiado tiempo en la enfermera. Es el
Remus que le conoce mejor que nadie. Pero tambin es el Remus al que no est seguro de
conocer. El to que la tena dura anoche, en el cuarto de bao. El que gema cuando Sirius le
lama el cuello. El que jadeaba y suspiraba y pareca a punto de correrse y le estaba volviendo
loco.
Con ese Remus no tiene ni idea de cmo comportarse.
As que le mira en la distancia, desde un pasillo lejano. Y prefiere no pensar porque si piensa
se pregunta cmo sabe su piel por las maanas. Cuando no pensar empieza a ser imposible,
se da media vuelta y choca con Malfoy de camino a no sabe dnde.
- Mira por dnde vas, Black. ltimamente el colegio no es seguro. Puedes tener un accidente.

- Me encantara quedarme y partirte la cara, Malfoy pero no tengo tiempo de sutilezas, as que
si quieres que te reviente de un puetazo, dmelo. Si solo quieres calentarme, ahrratelo
porque ya vengo caliente.
Por una vez Malfoy se queda sin palabras. Ya ha terminado la temporada pero Sirius decide
entrenar un rato. Un poco de ejercicio visto que el quidditch y las pulgas son lo nico que no le
abandona.
Escondite ingls
A Aurora Lupin le gustaban los bailes de saln. Sola poner el gramfono en la cocina y Remus
se suba sobre sus zapatos y ella le enseaba el valls. Cuando fue demasiado mayor para girar
y girar sobre sus pies, Remus tuvo que poner los pies en el suelo y aprender a bailar segn
unas reglas distintas.
- Tienes que llevar t. Los chicos llevan.
- Por qu mam? Las chicas no saben llevar?
- Las chicas sabran si los chicos se dejaran.
- Pero yo me dej, mam.
- Tienes que aprender a llevar.
Aprendi pero nunca se le dio excesivamente bien. En realidad no le gustaba tanto el valls pero
adoraba el entusiasmo de su madre, y el gramfono y la sensacin de que la cocina giraba y
giraba. Siempre tena problemas con lo de llevar el ritmo.
- Remus, no pueden dejarse llevar los dos. Si alguien no lleva el ritmo, no se avanza, cario.
Es una pena que sea una leccin tan buena para el valls como para la vida real.
Es la ltima semana del curso en Hogwarts, suena la msica y Sirius se deja llevar tanto como
Remus. Se esquivan. Bailan pero no avanzan. El lunes por la maana Remus no es consciente
de ello. Se levanta ms temprano y desayuna solo y se ofrece a ayudar con los prstamos de
ltima hora en la biblioteca. Despus retrasa la hora de la comida, atrasa la merienda, adelanta
la cena y a las diez de la noche, el dolor de estmago le obliga a darse cuenta de que lleva
todo el da cambiando sus rutinas para evitar enfrentarse a Sirius. Se siente culpable. Lo
estrope con mi desconfianza. Se siente expuesto. Le supliqu que me besara. Se siente
vulnerable. Le hubiera suplicado cualquier cosa.
Mientras Remus esquiva sus propios temores, Sirius les da esquinazo a sus fantasmas. Para
empezar, entrena durante horas, consciente de que el campo de quidditch es el ltimo lugar de
la tierra donde podra aparecer Remus. Se salta la comida y en lugar de echarse al siesta en la
Habitacin de los chicos, lo hace en el jardn. Despus de todo es verano y se est bien en el
jardn y si Remus no quiere verle, por qu debera querer verle l? Si Sirius fuera la clase de
perro que sabe cmo se siente podra admitir que se siente abandonado. Por Remus, nada
menos. Irritado. No pens que l TAMBIN me abandonara. Indeciso. Ni siquiera me gustan
los tos, joder!
Dos no juegan al escondite ingls si uno no quiere.
Cuando esa noche, Remus llega a la habitacin comn a ltima hora de la tarde y saluda, con
su inagotable cortesa, Sirius finge estar profundamente interesado en la partida de ajedrez que
est jugando con Peter. Sin levantar la mirada escucha cmo se excusa para ir a la cama
diciendo no s qu de un dolor de cabeza.
Lily es la nica que nota la tensin.
- Te pasa algo con Sirius?
Remus va a decir "nada" pero se notara demasiado.
- Discutimos.
- Sois como mis padres. Tantas discusiones y nada de sexo.
Le gustara decirle la verdad. Gritar. Dar patadas en el suelo. Quejarse.
- Tus padres lo hicieron al menos dos veces.
- Lo dices por m y Petunia? No, creo. Mi teora es que nos llamaron as porque aparecimos
entre las flores del jardn.
Esa noche Remus no consigue dormir y horas despus de dar vueltas en la cama, escucha
cmo entra Sirius y se acuesta solo. Oye su respiracin y se pregunta qu lugar ocupar en
sus sueos. Remus tena una madre que se llamaba Aurora y que llor cuando le mordi la
luna. Ahora le gustara poder despertarla y llorar con ella porque la luna ha dejado de quererle y
no sabe qu hacer.

Baudelaire
Efectos secundarios de esquivar a alguien: resulta ms o menos inevitable echarle de menos.
Efectos secundarios de esquivar a alguien a quien ves todos los das y con quien lo haces todo
a todas horas: le echas de menos ms o menos todo el tiempo. A todas horas.
Constantemente.
Para evitar una crisis mortal de melancola Remus pasa las horas con Lily. El martes a
medioda se ofrece a dejarle libros para que Lily lea durante el verano y rebuscan juntos entre
los bales de la Habitacin de los Chicos. Los libros de Remus huelen a papel muggle, a
biblioteca en horas de estudio, a tinta y buenos recuerdos. Huelen a Hogwarts y a Lily le gusta
recostarse en su cama, apoyar la cabeza en su brazo y escuchar cmo lee. Despacio y con
cuidado de no estropear las palabras. Entre verso y verso Remus se esfuerza para que no se
escuchen los crujidos de su corazn.
- Qu quieres que lea?
Remus tiene un volumen grueso. Antologa potica. Lily elige un poema pasando los dedos al
azar entre las pginas.
- ste.
Remus lee a Baudelaire.
- A veces siento mi sangre correr en oleadas- dice- lo mismo que una fuente de rtmicos
sollozos. La oigo correr en largos murmullos pero en vano me palpo para encontrar la herida.
Cuando duele el amor todos los poemas parecen escritos para uno mismo. Remus sabe que a
veces se sangra sin que haya herida aparente y que no son las marcas de la luna las que ms
duelen.
- Me gusta Baudelaire- dice Lily, con esa sencillez, como quien dice "me encanta el chocolate".
- He buscado en el amor un sueo de olvido, pero el amor no es para m sino un colchn de
alfileres, hecho para dar de beber a esas crueles mujeres.
- Por qu tenemos que ser siempre las mujeres las malas?
Remus no tiene tiempo de contestar. La puerta se abre y solo por cmo se abre de par en par,
como si la empujara el vendaval- ya sabe quin va a aparecer al otro lado. Sin chaqueta,
aparentemente irritado y con algo que parece pur sobre la camisa.
- Hola, Sirius- le saluda Lily desde la cama.
En lugar de decir "hola" o su habitual "Evans" que para l equivale a un saludo, la taladra con la
mirada. Echa un vistazo rpido a Remus y a la cama en la que se han tumbado. Echa tambin
un vistazo al libro pero no cuando habla grue, ms bien- no dice nada sobre Baudelaire.
- Vosotros dos siempre estis juntos o qu?
Casi dos das sin dirigirse la palabra y lo primero que sale de su boca es un reproche.
- Qu simptico, Black- dice Lily- Te ha cagado encima un hipogrifo y por eso ests tan
contento?
- Peter- deletrea Sirius, con rabia.
Remus olvida por un momento que no se hablan.
- Te ha cagado encima Peter?- pregunta, aguantando una sonrisa. Y solo por un segundo,
solo un instante, le parece que va a conseguir que Sirius se ra y todo volver a ser normal.
Sirius har un chiste. Casi lo est viendo, se meter con l y todo volver a ser normal.
Pero Sirius no hace ningn chiste.
- No- su tono es seco. - Se ha emocionado tanto contando sus vacaciones de verano, que me
ha tirado la comida encima.
Se dirige hacia su cama. Est sin hacer, lgicamente y tiene montones de ropa sobre los
revoltijos de sbanas. Entre el caos, distingue una camisa blanca del uniforme. No parece
especialmente limpia pero Remus sabe que seguramente oler bien. A gasolina, un poco y a
Sirius, bastante. Se afloja la corbata, levanta el cuello de la camisa sucia y se la saca por la
cabeza. Desabrocha los botones pero solo los primeros y se desnuda all mismo, murmurando
protestas contra Peter y su descoordinacin crnica y su incontenible emocin. Deberamos
ponerle paales. Cuando se saca la camisa se atasca un instante con los brazos y cuando
consigue librarse de ella, est despeinado. Y desnudo, claro. Con Remus y Lily en la cama de
al lado. Los msculos de los brazos y de la espalda se insinan con ms fuerza que los del
estmago, donde una lnea recta de suave vello masculino se esconde sinuosamente bajo los
pantalones.

- Por si no te acuerdas, estoy aqu, Black.


- Siempre ests aqu, Evans.
Se pone la camisa sin demasiados miramientos. Y sale de la habitacin con el mismo mal
humor que traa. O ligeramente ms enfadado, quiz. Antes de cerrar la puerta mira a la cama.
- Sabes qu, to?
Remus levanta la cabeza del libro. Intenta no pensar en sus brazos, ni su espalda, ni ese vello
en el pecho.
- Para no gustarte las tas pasas todo el tiempo del mundo con una. Mira a lily con ese gesto
enfurruado. Por qu no le das una oportunidad al bastardo de James y sales con l de una
cochina vez y nos dejas algo de Remus a los dems?
Se marcha dando un portazo. Un golpe seco que resuena con fuerza en el corazn de Remus.
- Es un mandn malcriado insoportable- sentencia Lily. Nota bajo la cabeza cmo late el pecho
de Remus. Rpido. Fuerte. Intenso. Como si en lugar de uno, habitaran dentro una manada de
lobos.
- Si quisiera dejar de quererle no sabra por dnde empezar.
- Lo dices porque se ha quitado la camisa pero no es mrito suyo estar tan bien hecho,
sabes? No es mrito suyo para nada.
Lily le invita a que siga leyendo, as que obedece. Deja un poco de Remus para los
dems. Entre todas las palabras de Baudelaire no encuentra otras que le emocionen tanto.
Cuando los reproches de un perro herido te parecen dignas de una antologa potica es que no
tienes cura.
Qu ms da. Hace tiempo que sabe que lo suyo por Sirius, como la licantropa, es una
enfermedad incurable.
Manuel de Incomunicacin: Cdigo para principiantes
El viernes pende sobre la cabeza de Sirius como una condena a muerte. Los alumnos cogen el
expreso a primera hora de la maana y al otro lado de ese tren esperan Londres, su madre y
ocho semanas sin Hogwarts. Cada ao evita pensar en el ltimo da preparando alguna
gamberrada especialmente mtica, pasando noche tras noche en Hogsmeade, cambiando
horas de sueo por litros de cerveza de mantequilla. Los ltimos das, maldita sea, deberan
ser su oportunidad para pasarlo bien de una manera pica, colosal, grandiosa. Pero Remus y l
apenas se miran y ese licntropo idiota pasa todo el tiempo con Lily y el martes a ltima hora
Sirius ve el calendario, comprueba el ciclo lunar y decide que ya no puede ms. Si Remus
quiere olvidar lo del domingo, pues genial. Tampoco le importa a l. No significa que tengan
que tirar los mejores seis aos de su vida al retrete, maldita sea.
As que le busca y le encuentra en el comedor. Solo.
- Maana hay luna llena- suelta. El viernes entregan la copa de las casas. El viernes me voy.
Tengo que hacer todo eso sin hablarte?
Aparta el plato, respira hondo y Remus le mira a los ojos. Por primera vez. Se le remueve algo
dentro.
- No- suspira.
- Genial! El problema es lo que pas el domingo? no le da tiempo a contestar porque, la
verdad, ha pasado de muchas chicas y esos discursos de "mejor ser amigos" se los conoce de
memoria. As que antes de orlo, mejor decirlo l y punto. - Porque no fue para tanto!
El sexo, s, claro. Si se sorprende a s mismo pensando en ello todava le dan ganas de
sacudrsela hasta morirse pero no fue tan grave como para tirar por la borda una amistad as.
O qu?
- No- dice Remus. - Claro.
Ves? Para l tampoco fue para tanto. Un jodido calentn. Supralo, to.
- Claro- repite Sirius y se sorprenden sintindose rabioso. A m de todas formas ni siquiera me
gustan los tos.
- Bien- Remus traga saliva, parece casi demasiado tranquilo-. Pues estamos de acuerdoafirma. Somos amigos, es mejor... - parece que busca las palabras adecuadas-... pasar
pgina- concluye.
- Claro. S. Cojonudo.

Eso es lo que l quiere. Pasar pgina. Que desaparezca esa puta tensin. Y si eso requiere no
agredir sexualmente a uno de sus mejores amigos en el bao, pues se intentar. Para Remus
parece fcil. Para l tambin puede serlo.
- Entonces estamos de acuerdo.
Remus asiente.
- Mejor que no hablemos de ello.
Sirius tambin asiente. Con energa.
- Mejor que no pensemos en ello.
Se levanta con un "nos veremos esta noche" y le encantara saber por qu, si fue idea suya
zanjar el tema la facilidad de Remus para estar de acuerdo con l le resulta tan irritante.
El Arte de Pasar Pgina
Una de las tradiciones de la ltima semana del curso en los cursos superiores es aprovechar
las horas libres para pasear en Hogsmeade. Visitar las tiendas de regalos y comprar algn
obsequio para la familia con el dinero que ha logrado sobrevivir hasta el final del semestre.
Poco, normalmente. Normalmente James llega con los bolsillos rados y unos tristes sickles
que ha encontrado rebuscando bajo el colchn pero ese ao tiene dos galeones y toda la
intencin de comprarle a su madre un buen regalo. Algo que le compense por todas las
lechuzas que llegan durante el curso a casa de los Potter informando del mal comportamiento
de James. Quiere, por una vez, algo bonito, algo que diga "soy yo, James y a pesar de todo, te
quiero, mam". Algo personal.
- Remus, en serio, te doy el dinero a ti y si te sobra algo te lo quedas.
- No.
- Hazme ese favor. Qu te cuesta?
- Todos los aos te lo compro yo. Por una vez, elige t el regalo de tu madre. Santo Cielo, es tu
madre, James. Piensa, qu es lo que le gustara?
- Que yo llegara a Ministro de Magia.
Remus suspira hondo y coge su abrigo.
- Te acompao a Hosgmeade. Pero lo eliges t.
Acaban en la tienda de Perfumes Mgicos y Aromas Fantsticos de la seorita Annabelle
LeLac. Pestaas largas, prpados excesivamente maquillados, labios que parecen a punto de
estallar por efecto del carmn. Sirius se mantiene alejado de ella para evitar marearse intento
adivinar su verdadera edad. De todos modos, no piensa llevar ningn regalo a casa y tampoco
tiene ni idea de perfumes, as que deja a James y a Remus elegir entre frascos de cristales y
botellas con tapones de corcho.
Y, desde lejos, les observa.
- Oh, dios, me encanta sta. James asoma la nariz a un frasco color lavanda. sta es
increble. Creo que me quedo con sta. Es el mejor olor del mundo. Quiero mudarme a este
frasco. Qu rayos es esto, Remus?
- Es el perfume de Lily.
- Me lo llevo.
- Quieres que tu madre huela como Lily?
- Mejor lo dejo.
Y as media hora. Cmo se puede tardar tanto en elegir un frasco para una madre? Si Sirius
tuviera que elegir algo cogera estricnina y se dara por satisfecho. Un poquito en la sopa y
felicidades, mam. Pero Remus abre todos los botes y se acerca suavemente y casi no se nota
cmo aspira, a no ser que te fijes mucho, como hace Sirius. Despus de todo, se aburre y no
tiene otra cosa que hacer. Solo eso. Fijarse en los detalles que solo una semana antes le
pasaban desapercibidos.
Mira las manos de Remus mientras coge las botellas y se fija en los dedos largos y bien
dibujados. Son los mismos que tiraban de su ropa hace no tanto y le apretaban el culo y
siempre le han inspirado serenidad excepto que ahora le estn empezando a inspirar para el
pecado. Cuando Remus se gira para acercarse a una caja de perfumes que descansa sobre un
bal lleno de telas orientales, Sirius observa su manera de andar y nunca lo hubiera dicho, pero
cree que hay algo sexy en ese caminar que parece no dirigirse nunca a ninguna parte pero que
jams yerra el paso. Sobre todo, se fija en su cuello. Cada vez que se agacha y huele un nuevo
aroma, no puede evitar fijarse. La camisa le queda, como de costumbre, un poco grande. As

que, cuando inclina la cabeza Sirius puede ver la tensin en los tendones y esa larga estra
rojiza que resbala hacia el pecho. Hace calor en la tienda y sobre la cicatriz brilla una leve capa
de transpiracin.
Todo eso de "pasar pgina" sera mucho, pero muchsimo ms fcil si Sirius no se imaginara
cmo debe ser lamer el sudor justo ah, en esa estra. Tal vez morder. Pero solo un poco.
Suave. Solo para probar otra vez qu se siente cuando Remus Lupin se deshace bajo tu
lengua y notas cmo te desenroscas y te calientas y empiezas a volar y a imaginar todas las
cosas que quieres hacerle.
- Y ste?- pregunta James. A qu te recuerda?
Remus frunce la nariz. Parece que le desagrada.
- No s, como... a pies sudados de gnomo de jardn, creo.
James sonre de oreja a oreja.
- Canuto, tenemos regalo para tu madre!
Sola ser un juego sencillo
- YESTERDAY... ALL MY TROUBLES SEEMED SO FAR AWAAAAAYYYYY!!!!
El chorro de la ducha, en el bao de los alumnos mayores cae con fuerza. Aprieta las
cicatrices, cura las heridas del alma, alivia todo lo que duele. Los elfos aaden pociones contra
las agujetas y espumas de la alegra, para que los alumnos duerman mejor. James siempre se
ducha a primera hora de la tarde. Y siempre canta.
- NOW IT LOOKS LIKE THEY ARE HERE TO STAYYYYYYY!!!!!!
"Yesterday" segn James Potter, versin nmero un milln. Sirius se aguanta la sonrisa
mientras se quita la ropa y coge una toalla.
- Potter hay una lechuza ah fuera va hablando mientras se acerca a las duchas. Dice "no
jodas mis canciones". Firmado, un tal John Lennon.
Pero James no sera James si le inmutara lo ms mnimo una crtica.
- WHY SHE GO I DONT KNOW, SHE WOULDNT SAYYYYYYY!!!! Desafina, coge aire y
aade, perdiendo completamente el tono, - yesterday....
Sirius deja la toalla en los bancos corridos y entra en la ducha. Le dan la bienvenida el vapor y
notas desafinadas de Los Beatles. Le dan la bienvenida James y por primera vez en todo el
da, Remus. A punto de marcharse. Mojado. Con el pelo en la cara y el cuerpo estriado por
cicatrices que Sirius recuerda haber tocado. Desnudo. Inmvil. Alto.
Y no es que se hubiera fijado nunca antes, puede jurarlo, pero hay que reconocerlo, tirando a
guapo. Sirius Black, que nunca piensa dos veces una frase, no sabe qu decir. Y cuando dice
algo es tan tonto que mejor no haberlo dicho.
- Iba a ducharme.
Que Remus diga al mismo tiempo otra tontera igual, -"me estaba duchando"- le hace sentir
algo mejor. Pero no mucho.
- Hola, Sirius- James saca la cabeza de la ducha, sin gafas, intentando enfocar la mirada. Se
da por vencido y ataca de nuevo YESTERDAY!!!!!!!!!!!- insiste. LOVE WAS SUCH AN EASY
GAME TO PLAYYYYYYYYYYY!!!!!!!!!
Muy conveniente, to.
No sabe qu decirle. Odia tener a Remus cara a cara y no saber qu decirle. Lo ODIA.
- Por qu est tan contento?
- Se le ha ocurrido qu hacer para fin de curso.
- Ah, genial.
- S.
Es la conversacin ms idiota que ha tenido con nadie estando desnudo. Sube el vaho desde
el suelo. Le encantara poder apartar la mirada de Remus un segundo para dejar de fijarse en
las gotas de agua que se balancean en la punta de la nariz, en la barbilla y en el labio inferior
pero entonces tendra que mirar a alguna otra parte de su cuerpo y mejor malo conocido que
bueno por conocer. Y James, maldito sea, no es capaz de callarse.
- NOW I NEED A PLACE TO HIDE AWAY...
Tal vez los Beatles escribieron todas sus canciones para momentos as.
- OH I BELIEVE IN YESTERDAY...
- Bueno, ya me iba- dice Remus.

Y Sirius tiene que hacerse a un lado para que pase y qu coo, si quiere fijarse en la lnea de
las piernas y la anchura de los hombros y en las cicatrices rojizas en el culo de Remus Lupin
pues se fija. Porque Sirius hace lo que le viene en gana y punto. Eso. Muy convincente.
- Ya has terminado, Potter? Paul McCartney est llorando. Apidate un poco.
- No protestes. Canto mejor que t.
- James, hasta yo s que las ranas cantan mejor que yo.
- No es mucho decir. Por si no te has fijado, en este colegio las ranas est en el coro.
Sirius pasa casi una hora bajo la ducha. Mucho despus de que James se haya ido se
sorprende tocndose, medio erecto, con los ojos cerrados. Se pregunta si es distinto que te lo
haga un to o una ta y si Remus lo ha hecho muchas veces y si lo hace pensando en l y si
sera muy distinto hacrselo a otro to en lugar de a s mismo y si "pasar pgina" incluye
correrte en la ducha pensando esa clase de cosas.
Supone que no.
Las leyes del chocolate
Esa noche, James y Sirius se deslizan de noche bajo la capa invisible. Llegan a Hogsmeade a
travs de Honeydukes. Se apropian de todo lo que necesitan para despedir el curso como se
merece, siguiendo la lista que ha elaborado James. Cuando lo han metido todo en la saca
vuelven a la tienda de dulces y Sirius propone "un pequeo descanso" antes de volver al
castillo. Solo un par de minutos para recuperar el aliento y comer un par de onzas de la mejor
seleccin de Honeydukes. Como suele pasar en estos casos, los cinco minutos acaban siendo
un empacho de chocolate en toda regla.
- Creo que esos ltimos veinte bombones, estaban rellenos de licor de ogro- anuncia James. Y
erupta. Perdn. Qu estabas diciendo?
- Cntrate, to. Vale, t imagnate que siempre te ha gustado el chocolate negro, estamos?
James asiente. Tiene la mirada ligeramente nublada. En el stano de Honeydukes no hay
mucha luz pero distingue las facciones de Sirius. Ms o menos.
- Pero ahora pruebas del chocolate blanco. Y te encanta! Y de repente, solo piensas en el
chocolate blanco y crees que si no comes chocolate blanco ahora mismo, joder, te tendrs que
suicidar.
De nuevo, asiente. El licor le da a la conversacin una cualidad vaporosa. Cuando Sirius dice
"chocolate blanco" adquiere cierta intensidad malvola.
- Crees que...? pregunta. - Crees que eso te convierte en una especie de... comedor de
chocolate blanco?
Detenidamente, muy detenidamente, James estudia la mejor respuesta.
- Creo que ests diciendo las mayores chorradas que te he odo decir nunca- concluye. - De
qu coo me ests hablando!
- Del chocolate, to! Presta un poco de atencin, quieres?
S que quiere. Sirius es su mejor amigo y esto parece muy importante pero es tarde, tiene
sueo, est borracho y lo del chocolate le confunde, con franqueza.
- Me refiero a que, por qu es? Es porque has probado demasiado chocolate negro y quieres
variar? Es porque te da un poco igual mientras sea chocolate? O a lo mejor- Sirius mira a lo
lejos, como si estuviera en otro planeta- a lo mejor es porque ese chocolate blanco en concreto
es... ostia, el mejor chocolate del mundo.
Debe ser cojonudo, s, ese chocolate porque Sirius parece a punto de babear cuando lo
recuerda. A saber de qu rayos est hablando.
- Sea lo que sea lo que intentas decir, no me estoy enterando de nada. En absoluto. Pero si
estamos hablando de chocolate y no estoy seguro, la verdad, de que estemos hablando del
chocolate, qu quieres que te diga. Comtelo!
Es el mejor consejo que tiene a esas horas y en su estado de embriaguez. Sirius lo considera
un buen rato.
- Me lo como?
- Cmetelo!- repite.
- Y ya est. As de simple?
Con demasiada fuerza, James asiente. Descubre que asentir le marea. Bastante.
- S. Eso creo. Pero estoy borracho. As que no estoy muy seguro. Vas a tener que ayudarme a
que me levante.

- Joder, tienes la capacidad para beber de un elfo, Potter.


Va a protestar pero no le ve sentido. Despus de todo, es cierto.
- No te creas. Hay elfos que beben como cosacos.
Sirius le ayuda a levantarse. Es una suerte que haya venido con l y no con Peter porque hace
falta fuerza para dirigir sus pasos en los laberintos que llevan al castillo.
- Estaba pensando... dice Sirius de camino- y si el chocolate no quiere que le coman y, ah, es
igual,- decide- olvdalo.
Olvidarlo? Es fcil. Ya no se acuerda ni de cmo se llama.
- Descuida. Maana por la maana no me acordar de nada.
Llegan a la habitacin a trompicones y Sirius le deja caer sobre la cama y le quita los zapatos.
Se imagina que es Lily, quitndole los zapatos, acostndole en la cama. Tan dulce y tan guapa
y tan Lily. Con ese pelo tan largo y tan suave que dan ganas de acariciar. Est tan cerca, Lily
que no puede evitarlo, tiene que intentar al menos atraerla hacia la cama para que se tumbe
con l. Solo un poco, solo un ratito. As, en la cama con l. As se est mejor.
- Te quiero, Lily, en serio.
- Yo tambin te quiero, Potter, pero deja de meterme mano.
- T no eres Lily! T hueles a Sirius.
Le tira de la cama de un empujn y se queda dormido inmediatamente despus. La habitacin
se llena de sus ronquidos y de las protestas de su mejor amigo.
- El prximo que me tire de su cama as no llega a sptimo para contarlo. Es un aviso. Se
levanta del suelo y trastabilla hasta su cama, gruendo- Y t qu quieres decir con que huelo
a Sirius?
(continuar...)
Y hacer contigo lo que la luna con los hombres lobo
Con las primeras luces del alba, la carne del lobo encoge, los ojos del animal pierden color y se
van deshaciendo. Tiritando, exhausto, desprovisto del lobo, con la maana, solo queda el
hombre. Tumbado sobre el suelo, en La Casa de los Gritos. Normalmente, le despiertan los
ruidos, las pisadas correteantes del ratn, los pasos de sus amigos, el chirriar de la madera
bajo los pies. A veces, sus voces. Despierta, Remus, ya ha pasado. Vamos, Luntico, hay que
volver al colegio. Arriba, Lupin, es de [Link] alguna ocasin, las teclas del piano. Esa maana,
le despierta el perro.
No son sus ladridos, ni los suaves empujones con el hocico. Es el perro, su lengua. Primero en
las manos pero es tan caliente que, aunque se despierta, Remus no quiere abrir los ojos.
Despus, en la cara. En las mejillas, cerca del cuello. Lame suavemente para despertarle con
el alba y cuando Remus entreabre los ojos, el perro se queda quieto un segundo, midiendo su
reaccin.
- Estoy bien- consigue decir. - Ya me levanto.
Pero no hace ademn de moverse y una vez, solo una vez ms, el perro se acerca y lame de
nuevo, un poco ms cerca del cuello. Solo un poco ms cerca antes de que lleguen el ciervo y
la rata y se conviertan en James y Peter y le ayuden a levantarse del suelo mientras el perro se
transforma y Sirius le mira, con esa expresin perruna y hambrienta que agita todas sus
mareas interiores. Le acompaa a la habitacin en silencio y le ayuda a tumbarse en la cama y
siempre ser Sirius Black, el nico animal que se imagina explorando todas y cada una de sus
cicatrices.
Si quieres lamerme, mi cuerpo es tuyo.
- Ests bien?
Remus asiente. No tiene fuerza para hablar. Sirius le ordena que descanse y le gusta que su
voz sea lo ltimo que oye antes de caer dormido.
Los seores Colagusano, Cornamenta, Canuto y Luntico
El gramfono de Remus, los polvos mgicos, sus varitas, la saca que se han trado de
Hogsmeade. Todo listo en el Gran Comedor para darle al curso la despedida que merece. Solo
les queda esperar hasta que el comedor se llene, justo antes de que se anuncie el ganador de
la copa de las casas. Una ltima y memorable travesura. Idea de James, por eso es l quien
levanta la copa de ponche de moras primero, media hora antes de que empiece la cena,
cuando han terminado de preparar el ltimo detalle gracias a la ayuda de Peter, que ha
conseguido una guitarra en el ltimo momento.

- Por el seor Colagusano- dice James, con la copa en alto- que siempre consigue lo necesario
para una gamberrada y siempre consigue sorprendernos.
En primer lugar, brindan por tanto, por los gamberros. Y despus, llega el turno de Peter.
- Por el seor Cornamenta, que tiene las mejores ocurrencias.
Por los sinvergenzas. Remus es el siguiente en levantar su copa.
- Por el seor Canuto, que no puede vivir sin hacerle la vida imposible a Slytherin.
Naturalmente, brindan por los canallas. Y en ltimo lugar Sirius levanta su copa.
- Por el seor Luntico, que no nos deja olvidar qu significa ser un Gryffindor. Un poco ms
bajo, solo un poco ms bajo, aade, especialmente a m.
Brindan por los canallas y los gamberros, los caraduras y los sinvergenzas, los rebeldes y los
desobedientes y cuando han agotado sus copas, bajan al Gran Comedor y se preparan para
una despedida memorable al sexto curso. Bajando por las escaleras cambiantes, Sirius choca
con Remus deliberadamente y se retrasan un par de pasos del resto. Lo bastante para que
Sirius pueda decirle algo al odo y despus salir a toda prisa detrs de James, para no perder el
ritmo.
- Todava te echo de menos.
Los cuatro merodeadores de Liverpool
- Alumnos de Hogwarts!
La voz de Albus Dumbledore se hace or en todo el Gran Comedor y los alumnos, repartidos en
cuatro largas mesas que representan las cuatro casas de Hogwarts, dejan de hablar y rer para
atender al anciano profesor. Es la hora de despedir el curso y antes del banquete, todos
esperan que se anuncie el ganador de la Copa de las Casas, para que el comedor se llene de
sus colores y poder festejar una victoria. Ese ao, la expectacin es mayor porque por
decimosptima vez en mil aos de historia, se ha producido un empate.
- Entre la excelencia de Slytherin y el coraje de Gryffindor- explica Dumbledore. De modo que
si nadie tiene razones para argumentar a favor de un desempate, tendr que proclamar dos
vencedores este ao.
Est a punto de hacerlo pero se levanta alguien en la mesa de Gryffindor. Cerca de los
profesores, uno de los alumnos de ltimo curso. Dumbledore mira con atencin a travs de las
antiparras. Distingue las facciones de James Potter. Alabado sea Merln, qu nos esperar
ahora.
- Tiene algo que decir, seor Potter?
El joven da un paso hacia la mesa. Dumbledore espera tal vez un alegato a favor de los mritos
de Gryffindor para llevarse la copa. Lo que no espera es que el jovencito Potter haya invitado a
alguien a Hogwarts para asistir al fin del curso.
- Cmo ha dicho?
- Ver, profesor, la idea fue ma pero me ayud Sirius.
- Por qu no me extraar escuchar eso.
El ms joven de los Black se levanta y toma la palabra.
- Pensamos que estara bien animar un poco la cena, seor. No es que no suela ser genial, no
me malinterprete. Pero ustedes siempre intentan ensearnos cosas sobre la magia y
queramos demostrar que hemos aprendido la leccin. As que hemos invitado a alguien que
hace magia.
Totalmente en contra de las reglas del colegio. Naturalmente. No se puede invitar a nadie a
Hogwarts sin previa consulta con el jefe de la Casa y con el director. Santa Circe, a quin
habrn trado.
- Y se puede saber quin nos visita?
Hay un rincn en el comedor. Justo delante de la mesa de los profesores. Es donde suele
actuar el coro cada principio de curso y en las grandes ocasiones. Esa noche el rincn est
ocupado por una caja en la que nadie haba reparado. Mientras Sirius sigue hablando y el
comedor guarda un silencio sepulcral, James se acerca a la caja, la abre y saca el gramfono
muggle de Remus.
- No es quin, seor, sino quines. Hemos querido traer a cuatro grandes hombres, sabe.
Cuatro grandes magos.
- Cuatro?
- Cuatro, seor.

- Qu casualidad.
- S, seor.
El gramfono tiene puesto un disco y cuando empieza a girar, todava no suena ninguna nota,
pero inmediatamente la caja se abre, sus cuatro costados caen al suelo y del interior, flotando
por arte de magia, aparecen primero las gafas redondas, pequeas- y despus la guitarra
volando, ella sola- y naturalmente, los palos de la batera y una tras otra- las teclas blancas y
negras- de un piano que nadie puede ver. Lo ltimo en salir, son los micrfonos.
- Seoras y seores- dice Sirius alumnos y profesores de Hogwarts, lechuzas, ratones,
Malfoy...- hace un silencio hasta que se escucha la primera nota, - por primera vez en el
colegio, los Beatles.
El gramfono resuena alto y claro en cada rincn, ampliado por la magia y la efervescencia de
la juventud. Tocan solos todos los instrumentos y cuando James dirige la varita y hechiza el
pequeo rincn frente a la mesa de los profesores, todos los alumnos pueden ver con nitidez
las cuatro siluetas de los Beatles practicando un misterioso encantamiento ob-la-di, ob-lada que los alumnos repiten ob-la-di, ob-la-da moviendo las piernas casi sin darse cuenta hasta
que todo el Gran Comedor vibra y aplaude ob-la-di, ob-la-da.
Incluso la profesora Minerva McGonagall mueve los dedos de los pies dentro de las
puntiagudas y negras botas. Es ella la que le propone a Dumbledore, tras debatirlo con el resto
de los profesores, que d unos puntos de ltima hora.
- Diez por traernos a John Lennon- dice Dumbledore, - diez por el seor McCartney, diez por
George Harrison y diez por... Ringo Starr, creo que se llama. Le sonren los ojos detrs de las
gafas y tanto Sirius -cmo se sabe los nombres?- como James ni idea- le miran sin dar
crdito. Eso hacen, me parece, cincuenta puntos ms- calcula Dumbledore- y la victoria para
la casa de Gryffindor!
El comedor se llena automticamente de los colores oro y grana de Gryffindor mientras suena
la msica y los platos reciben los manjares con los que se festeja el final de un nuevo ao en el
colegio Hogwarts de Magia y Hechicera. Durante todo ese tiempo, las cuatro sombras de los
cuatro merodeadores de Liverpool, no dejan de hacer su magia.
Lily in the sky, the brightest of all diamonds
A la gente le gusta Hey, Jude, Here Comes the Sun, Yesterday. Les gusta incluso Lucy in the
sky with diamonds. Pero si Lily Evans tuviera que escoger una cancin de los Beatles para su
funeral, sera triste, sera melanclica y sera The long and winding road sin ningn gnero de
dudas. Mientras cena bajo las banderas y estandartes de Gryffindor, a pesar de que el
gramfono toca Shake, Rattle and Roll ella escucha sa, SU cancin y se pregunta cmo es
posible que nunca haya prestado atencin a los asombrosos parecidos entre los Beatles y los
chicos que se sientan a su lado esa noche.
- Oye- pregunta con estudiada indiferencia, - si tomaris pocin multijugo para convertiros en
los Beatles, quin de vosotros sera John?
Tal y como esperaba James y Sirius Potter y Black contestan al mismo tiempo.
- Yo!
Y luego, como si no dieran crdito se preguntan el uno al otro, "t? cmo que t?"
- To- Sirius deja los cubiertos en la mesa y se reclina en la silla, - es evidente que YO soy John
en este grupo.
- Y eso por qu, si puede saberse?
James cruza los brazos. No parece dispuesto a conformarse.
- Porque soy el lder, Cornamenta. Asmelo. Adems, todo el mundo sabe que John se lleva a
las tas. Ergo, yo soy John.
- Y quin narices se supone que soy yo? pregunta James, con la boca abierta, estupefacto y
demasiado ofendido.
Sirius no se lo piensa.
- Paul, to. Eres tan Paul que, de hecho, Paul debera llamarse James.
- Ah s? Pues a lo mejor estoy cansado de que seas el lder- dice James, subrayando con
sarcasmo esas ltimas palabras- y a lo mejor a partir de ahora te dejo a ti solo a ver qu tal te
las apaas porque yo tambin tengo talento, capullo.
- Eso es tan tpico de Paul, to. Por cosas como esas, se separaron los Beatles.
- Se separaron porque t te liaste con esa chiflada y te olvidaste de tus amigos.

- Ves? T tambin admites que soy John.


Lily aguanta la risa y cena, aparentando que se siente muy por encima de semejantes
chiquilladas. Sirius ha dado por zanjado el caso y vuelve a su enorme plato de cordero. James
no come. James piensa en lo que acaba de or. James no parece contento y Lily procura no
fijarse en su forma de fruncir el ceo y hacer pucheritos.
- Remus, t crees que soy Paul?
Fiel a su estilo, Remus contesta con una pregunta.
- Qu tiene de malo ser Paul?
Sirius no levanta la cabeza del plato.
- Y por si no lo has pillado, James, te informo que eso en el lenguaje secreto de Remus Lupin
ha sido un S.
Lily tiene la tentacin de dirigirse a Sirius y preguntarle cunta atencin a prestado a intentar
descifrar lo que llama el lenguaje secreto de Remus Lupin. Sospecha que al menos ha puesto
en ello ms empeo que en cualquier asignatura del colegio. No lo puede evitar. Siente que se
enternece.
- Yo creo que Remus es George- dice. Y a pesar de que Remus le dirige una de sus miradas
descredas, contina, - tiene tanto talento como los dems y canta igual de bien y escribe unas
canciones preciosas pero como Paul y John necesitan todo ese protagonismo, deliberadamente dirige su atencin a James y Peter - prefiere dejarles hacer y echarse a un
lado.
Lily piensa todo eso y ms cosas. Piensa que Remus es el talento que permanece a la sombra
de sus lderes y disfruta cuando los dems destacan y podra ser una estrella si diera un paso
adelante y jams lo ser porque no quiere dar ese paso y se siente cmodo observando, a un
palmo de la luz del sol, bajo el influjo de la luna.
- Remus, coo- salta James- es verdad. Eres George. Eres totalmente George.
George es el favorito de Lily. Siempre ha sido el favorito de Lily. Y siempre ha pensado
- que es el ms guapo de los cuatro.
Sirius tira el tenedor sobre el plato. Como si hubiera visto a alguien escupir en la tumba de
Merln.
- Ms guapo que John?
Visiblemente ms angustiado, James tambin pregunta.
- Ms guapo que Paul?
- Lo siento por vuestros egos, pero George definitivamente es el ms guapo.
James quiere protestar pero no tiene argumentos. Lily est segura de que Sirius va a protestar
pero Lily, por una vez, se equivoca porque Sirius estudia algo con el ceo fruncido y observa a
Remus con atencin, hasta llegar a una conclusin que le hace sonrer con algo que solo
puede ser malicia. Cuando Remus aparta la vista del plato y se encuentra con la expresin de
Sirius enrojece sutil pero rpidamente y Lily siente un extrao vuelco en el estmago porque
debe ser intenso y aterrador y bastante asombroso que alguien te mire con tanta intensidad.
- Es duro admitirlo pero la chica tiene razn. Sirius se limpia restos de salsa de cordero de la
comisura de los labios. - Remus es definitivamente George.
La temperatura del Gran Comedor sube algo ms de lo que suele ser habitual en Escocia y
cuando el brazo de James roza el de Lily, ella se aparta con demasiado mpetu. Nadie ha dicho
su nombre mientras se limpiaba la boca con la lengua, como si todo en ella fuera comestible y
es mejor, es muchsimo mejor que siga siendo as. As que no empieces a pensar cosas raras,
Lily.
A Peter, que llega corriendo con correo de su casa, hablando de nuevo- sobre sus vacaciones
de verano, le toca ser Ringo Star. Siempre en el rincn, tocando la batera. Con el talento
suficiente para ser bueno en un grupo normal, pero obligado a ser el menos popular en un
grupo extraordinario.
Cuando todos los corazones rotos se pongan de acuerdo (Let it be)
Apartan las mesas a un lado despus de la cena y por peticin de la mismsima profesora
Minerva McGonagall el gramfono hechizado de Remus sigue sonando. Si no fuera porque el
cielo est raso, y tachonado de estrellas y es de un azul intenso incluso aunque est
anocheciendo, se dira que es diciembre y estn celebrando el baile de Navidad. Sentados en

un rincn, incapaces de moverse, James y Peter, Sirius y Remus, observan los bailes de los
alumnos que se van animando a salir a la pista, incapaces de moverse.
- He comido demasiado- proclama Peter. Si me perdonis.
Sale hacia el cuarto de bao con una mano sobre el estmago.
James cree que tal vez el pobre Peter tiene razn y se hayan pasado un poco. A lo mejor el
quinto trozo de pastel estaba de sobra.
- No digas la palabra pastel, te lo suplico, to.
Sirius parece al borde del vmito. Respira hondo para hacer sitio en el estmago. El nico que
parece ms o menos entero es Remus, que siempre se controla para no acabar en la
enfermera, tomando alguna pcima repelente para el empacho. Sirius tiene que reconocer que
esa actitud le resulta entre enigmtica e irritante. Tiene que reconocer, con franqueza, que le
encantara verle perdiendo el control. Y tiene que reconocer, para ser totalmente sincero, que
lleva toda la noche sintindose incapaz de dejar de mirarle.
- T siempre lo haces todo con moderacin, Luntico?
Remus se toma un poco de ponche y medita. Tiene una cada de ojos que siempre le har
parecer sooliento y una nariz demasiado grande para su cara y pase lo que pase ser
demasiado alto y tendr ese labio inferior que cae justo un poco, como una invitacin. Sirius se
pregunta por qu se siente cmo si le viera por primera vez.
- No.
No dice ms. Ni falta que hace.
- Ya.
El gramfono sigue girando y los alumnos con l. Estn sonando las primeras palabras de Let
it be cuando Lily se acerca a los chicos. James se pone inmediatamente en guardia y se
levanta para ofrecerle asiento pero Lily no viene a sentarse, sino a bailar. Al fin y al cabo, es su
cancin favorita.
- Quieres bailar conmigo, Remus?
- Llevas zapatos resistentes a los pisotones?
- A prueba de torpes.
Deja la copa en manos de James, que no les quita un ojo y en ese momento se dejara sacar
un brazo para ser Remus.
- Entonces, que los Beatles se apiaden de ti.
Bailan. Y no importa que no estn en mitad del comedor porque all donde llegan y giran, la
msica suena con ms nitidez y ellos se convierten en el centro del mundo. Lily lleva el pelo
ms largo que a principios de curso, largas capas pelirrojas hasta la mitad de la espalda y otras
ms cortas sobre los hombros y lo que queda de un flequillo que crece despacio se mueve
sobre su cara cuando Remus la hace rer y ella se apoya la frente en su pecho y provoca que
todos, hasta esa sabandija de Severus Snape la miren embelesados, solo un segundo,
preguntndose para qu exista la msica antes de esa noche. James no sabe qu le estar
diciendo pero le gustara ser John Lennon para inspirar en ella esa delicadeza al bailar.
Cantarle al odo en mi momento de oscuridad, ella est conmigo, bailar con ella, dejemos que
pase, bailar con ella durante el resto de su vida.
- A veces me duele estar cerca de algo tan bonito- le dice a Sirius, al final de la cancin,
mirando a Remus y a Lily-, sabes lo que quiero decir?
- S- suspira Sirius, tragando saliva. Ya s lo que quieres decir.
James est demasiado hipnotizado por las palabras de la cancin y no se fija en el exceso de
emocin que hay en la voz de Sirius. No le extraa que su amigo, como l, sea incapaz de
apartar la mirada de la pista de baile. John Lennon est convencido de que cuando todos los
corazones rotos se pongan de acuerdo, habr una respuesta y tal vez tenga razn. Lily gira en
brazos de Remus, Remus gira en brazos de Lily, y ambos dejan que pase el tiempo, bailando,
riendo, celebrando que estarn juntos incluso en los tiempos oscuros para los que todava no
han encontrado una respuesta.
Let it be, canta John Lennon. Just let it be.
Hasta derribar los muros de Jeric
- Lily?
En un extremo del Gran Comedor, hablando con un grupo de alumnas de Ravenclaw y
Gryffindor que para James Potter bien podran ser invisibles. Lily lleva un vaso de ponche en la

mano y levanta la mirada ligeramente sorprendida cuando oye su nombre. Le mira con esos
ojos verdes tan intensos y las otras chicas se limitan a intercambiar miraditas chismosas.
- Puedo hablar contigo? Ser solo un momento.
Usa la voz ms serena que tiene. Una vez puso esa voz con Sirius y el idiota le pregunt si se
haba resfriado. Lily est tan sorprendida que murmura "supongo" y le sigue unos pasos ms
all casi por inercia. Con cierta aprensin.
- Solo quera decirte- es difcil acordarse cuando est cerca pero James respira hondo para
poder hacerlo. Acaba siendo porque se llena de su perfume que huele mil veces mejor en ella
que en el frasco y se le nubla la mente. An as, busca las palabras, lo intenta. Solo quera
decirte que seguir insistiendo.
Ve que Lily quiere interrumpirle con algo sensato y lo evita haciendo una de esas cosas que te
llevan a la muerte o a la gloria. Le pone un dedo. Sobre los labios. Y est casi ms sorprendido
l que ella. Aunque ella parece sorprendida. Esos labios suaves, esos labios tan suaves que ay
dios, dan ganas de ponerse de rodillas forma una especie de "o" interrumpida.
- Te lo digo para que ests prevenida y para que pienses si, sinceramente, te merece la pena
seguir rechazndome. Porque insistir para que salgas conmigo Lily y no me doy a dar por
vencido. Estar aqu el primer da de clase y el da despus de ese y el siguiente. As que, si
piensas decir que no, descansa en vacaciones, porque tendrs que decirlo un montn de
veces.
Le sale todo del tirn.
No es tan difcil una vez que empieza.
No se ha muerto ni nada.
Aunque se muere un poco cuando aparta el dedo de sus labios. Pero solo un poco.
- Y sabes por qu lo har?
Una fractura. Algo. Una pequea rotura en el caparazn de Lily Evans. Le parece verlo. Justo
ah, en el verde esmeralda de los ojos. Tan cerca, tan lejos. Lily se rinde. Solo un poco.
Levemente.
- No- admite. No tengo ni idea, James.
- Porque aunque digas que no un milln de veces, si dices s solo una vez, habr merecido la
pena.
La fractura est a punto, est justo a punto de convertirse en una sonrisa pero en el ltimo
momento retrocede y se queda en eso: un presentimiento y poco ms. No est mal como
regalo de fin de curso. Casi una sonrisa y James siente que levita, persiguiendo la snitch ms
rpida de toda su vida. Lily vuelve con su grupo de amigas pero dice una frase antes y a James
le basta.
- Sabes? No tiene nada de malo ser Paul.
Caer. Tarde o temprano, esa snitch tiene que caer.
Solo s que no s nada
Se encuentran junto a las tazas voladoras que sirven ponche de frutas para la digestin.
Todava no saben qu decirse pero Remus prefiere estar incmodo y con Sirius que cmodo
con ninguna otra persona. Siente pompas estallantes de Zonko en el estmago.
- Enhorabuena por la copa.
- Yo? T tambin eres un Gryffindor, Luntico.
- Pero no la hubiramos ganado sin James y sin ti en el equipo de quidditch.
- Eso es verdad.
- Claro que tampoco habramos perdido tantos puntos si no fuera por vuestros castigos.
- Oye, Lupin, si quiero que me toquen las pelotas puedo irme con Malfoy.
- Ests seguro de que quieres que Malfoy te toque ah?
Cuando Sirius se re con ganas el mundo se convierte en un sitio mejor para los lobos heridos.
- No s qu decirte, Remus- sonre pero con menos humor, con algo ms de melancola de lo
que es habitual en l. - Ya no estoy seguro de nada.
Remus contiene el aliento.
- Y eso es malo?
Sirius no contesta. Sirius pregunta y tal vez eso sea una respuesta.
- Qu vas a hacer en verano?
- Quedarme.
- Aqu?

Asiente. Dumbledore le ha ofrecido Hogwarts como residencia de verano. Cree que puede
ayudar a los elfos domsticos con algunas clases de magia que les hacen falta. Cree que
necesita una casa, y que no la podr encontrar en ningn otro sitio, ahora que su abuela ha
muerto. Ahora que est solo en el mundo.
- O sea, t te quedas en el colegio y yo tengo que aguantar a mi madre. Es evidente que
alguien me est castigando por mis pecados.
- La prxima vez, ya sabes lo que hacer.
- Pecar menos?
Es una posibilidad. No es la nica.
- Procurar que nadie se entere, Sirius.
Puede que sea la primera vez que lo hace. Dar un paso as. Ni siquiera sabe cmo llamarlo.
Flirtear? Es eso lo que est haciendo? En cualquier caso, Sirius se queda sin palabras un
buen rato y solo por esa sensacin de poder de experimenta, merece la pena sentir el
estmago hecho un nudo.
Flores de Azkaban
ltima maana del curso. Hacen falta muchos encantamientos para conseguir que todos los
trastos de la habitacin de los chicos quepan en sus bales. Los calderos se pasan la maana
volando de una maleta a otra y las tnicas se enredan en el aire antes de quedar colgadas de
enormes percheros que se pliegan solos para entrar entre los libros y los zapatos. Media hora
antes de que salga el expreso McGonagall levanta la voz para que todos bajen cuanto antes y
James acaba de meter su lechuza en la jaula, antes de despedirse de Remus. Es la primera
vez que no van los cuatro juntos al tren.
No es fcil. James intenta quitarle peso a la despedida.
- Solo son sesenta das, Luntico. Te dar tiempo a leer sesenta libros. Sirius se acostar con
sesenta mujeres y Peter me mandar sesenta lechuzas para explicarme qu est haciendo en
Rumana.
Remus se re y es ms fcil abrazarse as. Rindose el verano parece ms corto.
- Y t qu vas a hacer, Cornamenta?- le pregunta Remus cuando se separan.
James lo tiene claro.
- Pensar sesenta maneras de que Lily se case conmigo.
Sirius entorna la mirada.
- Potter, si se hiciera una encuesta sobre el ciervo ms oo y Bambi pudiera participar, t
seguiras ganando de calle.
Peter hace tiempo que ha bajado a reunirse con el resto, angustiado desde primera hora de la
maana con la posibilidad de perder el tren. La ltima despedida, el ltimo ritual del curso, es
solo para Sirius y Remus, que no saben exactamente qu decirse, ahora que la habitacin est
vaca y James est mirando y todo parece distinto, hasta ellos. Sirius lleva su ropa muggle.
Chaqueta de cuero incluida, por supuesto y no sabe qu tiene que hacer. Porque un abrazo
parece buena idea y al mismo tiempo una idea horrible.
- James exagera- dice Remus. - No creo que pueda leer sesenta libros.
- S y yo nunca me he acostado con ms de cincuenta en un verano. Cuarenta y nueve como
mucho.
A Sirius le gusta lo que hace Remus. Esa risa repentina y seca y cmo baja la mirada justo
despus, como si se ocultara tras la luna.
- Bueno, ya me contars en septiembre, Canuto.
- Hecho.
Estira la mano. Remus estira la suya y aprieta. Fuerte, mucho ms fuerte que cualquier cosa
que se puedan decir. Sirius, que lo hace todo por impulso, manda sus aprensiones a la mierda
y tira de Remus, sin soltarle la mano, atrayndole hacia s mismo con la misma imparable
fiereza con la que lo hace todo. Cierra los ojos en ese abrazo y procura que no signifique nada
ms porque James est mirando y porque sospecha que si significa un poco ms, lo acabar
significando todo. No sabe si est preparado y no puede joderla con Remus. Pero puede
abrazarle y dar las gracias en silencio por haber tenido la oportunidad de conocerle. Todava no
entiende por qu alguien as elegira querer a un bastardo como l pero en ese abrazo poco
importan los por qus. Poco importa nada.
- Cuidado con la luna llena. Lupin.

- Intenta no matar a tu madre.


Le cuesta separarse. Lo hace despacio, para que no se le rompa Remus entre las manos. Por
l, est dispuesto a no asesinar a ningn miembro de su familia. Pero tampoco puede prometer
nada.
- Si me cogen, llvame flores a Azkaban.
- Flores y chocolate- promete Remus. Te llevar lo que quieras.
Son las ltimas palabras que le oye decir como alumno de sexto. Les da vueltas mientras baja
hacia la habitacin comn, arrastrando el bal. Te llevar lo que quieras. Hay algo en esa frase
que le cosquillea en el estmago. Te llevar lo que quieras. Como un gusanito ansioso que roe
y roe mientras escucha las explicaciones de McGonagall para los alumnos ms pequeos. Te
llevar lo que quieras.
- Sirius Black, a dnde cree que va?
- Me he olvidado una cosa, profesora! Es un momento!
- Vamos a llegar tarde!- chilla McGonagall.
Pero Sirius no se detiene. La escucha escaleras arriba, gritando "solo un minuto!" y
sinceramente, le da igual perder el tren porque si no lo hace revienta. Literalmente, es que
REVIENTA. No sabe cmo ha aguantado desde el domingo pero solo ahora, cuando el fin del
curso es una realidad y no solo un temor, se da cuenta de lo imbcil que ha sido.
No tena que haberse aguantado.
No se ha aguantado nada en toda su vida y, ha tenido que empezar ahora?
Pero qu tonto soy, joder.
Abre la puerta de la habitacin con toda la fuerza que tiene y si no choca contra la pared y la
rompe es porque Merln no quiere. Remus est de espaldas, mirando por la ventana,
seguramente para ver cmo se marchan. Se gira inmediatamente al or la puerta. Remus Lupin,
con esa nariz gigantesca y demasiado ancha y ese extrao labio superior que siempre destaca
demasiado en su boca y ese pelo imposible y esas pestaas tan largas y esos labios calientes
y llenos de curvas y esa mirada dolorida, es lo ms bonito, lo ms increble que Sirius ha visto
en toda su maldita vida.
Pero qu, qu, QU tonto soy, JODER.
- Qu te has...?
Olvidado.
Eso quiere decir.
Pero Remus no lo dice jams. No lo dice porque Sirius cruza la habitacin como una tormenta y
lo manda todo a la mierda y se condena para siempre besndole. Es la nica cosa sensata que
ha hecho en cinco putos das y no solo es sensato, es espectacular. Es mucho mejor de lo que
recordaba. Es Remus, abriendo la boca sin pensarlo, recibindole con idntica desesperacin a
la suya, derritindose como chocolate blanco bajo el paladar. Est caliente, est cerca, est
besndole, Sirius le sostiene el cuello para que abra bien la boca y sabe que Remus ser lo
nico que va a ver durante ocho semanas cada vez que cierre los ojos. Perfecto, brillante,
hmedo, luntico. Es un beso profundo, una pelea de lenguas en la que ninguno est dispuesto
a ceder y ambos tienen que agarrarse para no caer al suelo.
Sirius se separa por necesidad. Antes de que sea demasiado y tenga que mandar el tren a
tomar por saco. Tiene que volver a casa. Si no vuelve a casa, su madre no pagar la matrcula
del ao que viene y no puede perder Hogwarts. Se lo recuerda y es importante que lo haga
porque Remus jadea e insiste en seguir besndole y hace de la sensatez un arte realmente
difcil. Sera ms sencillo si el cabrn besara aunque solo fuera un poquito peor.
- Septiembre- consigue decir Sirius. Querra elaborarlo ms pero no puede.
McGonagall espera. El tren espera. Su madre espera. Solo ocho semanas. Se despiden a
trompicones, besndose hasta la puerta. Remus es adictivo como una droga que se inyecta en
la sangre y va directamente al cerebro. Quiere tirar de su corbata, abrir la camisa, bajarle los
pantalones, correrse. Cuesta dejarle y Sirius lo hace con una amenaza.
- No tengo ni idea de dnde has aprendido a besar as pero ms te vale no mejorar durante el
verano, Luntico si no quieres que te muerda.
La expresin de Remus dice "murdeme" y Sirius corre al tren, deseando diluir el tiempo y
aparecerse en septiembre.
Va a ser el verano ms largo de toda su asquerosa vida.

Despdete de un solo trago


En el expreso de Hogwarts. Barullo de maletas. Las mismas cara que el primer da de curso,
pero parecen otras. Mayores, ms confiadas. En algunas ha crecido la primera sombra de
barba. Otras estn aprendido a maquillarse. Algunos han pasado de compaeros a amigos y
los que han pasado de amigos a novios, como uno de los esbirros de Malfoy y una Slytherin de
quinto cuyo nombre James no recuerda. Se besan en los rincones y entorpecen el paso del
resto, hasta que Sirius carraspea y pide paso.
- Un esclavo de Malfoy ligando y t has pasado otro ao dndole brillo a la escoba. No te
avergenza la comparacin?
- Nope- canturrea. - Vergenza no, to. Esperanza.
Y lo dice con tanta conviccin que Sirius no puede evitar sonrer de camino al compartimento.
No podra querer ms a James Potter aunque se entrenara a diario.
- Eres un caso perdido, Cornamenta. Un puto caso perdido.
Siempre se sientan en el ltimo compartimento, justo al final del tren porque de esa forma, son
los ltimos en abandonar la estacin de Hogsmeade y los ltimos en llegar a casa y los ltimos
en acabar el curso. Ese ao, cuando llegan a la cola del expreso, hay un grupo de alumnos de
cuarto en el sitio que siempre ha sido SU sitio.
- A ver, luceritos- ladra Sirius- a plantar el culo en otro sitio. Arreando.
Le miran los cuatro. Los cuatro conocen su reputacin. Parecen intimidados pero se atreven a
una pequea rebelin de clases.
- Los asientos no estn reservados- dice el ms atrevido.
En dos segundos Sirius ha sacado la varita y un haz de luz violeta dibuja su nombre con
grandes letras barrocas sobre el cristal de la ventanilla.
- Ahora s.
Los alumnos de cuarto salen murmurando sus protestas y quejndose porque siempre es
igual. Sirius les saca la lengua, se sienta ocupando dos sillas, estira las piernas y enciende un
cigarro mientras se queja amargamente de que los alumnos ms jvenes no sientan respeto
por las tradiciones del colegio.
- Cul tu deshonesto propsito para el curso que viene, Canuto?
- Conseguir que Snape se tia de rubia. Te preguntara por el tuyo pero empieza por L y
termina por "te quiero Lily". Le tira el humo del cigarro a la cara deliberadamente y James lo
esquiva para no toser. - Qu tiene de especial esa chica, to, en serio? Por qu te gusta
tanto?
Sirius se lo ha preguntado otras veces y ha escuchado cmo James glosaba todas sus
virtudes. Largas listas que empezaban con el primer da que la vio en clase de
Transformaciones y se fij en su manera de coger la varita y no acababan nunca. Tal vez sea la
primera vez que se lo pregunta no tanto como una acusacin, sino con verdadera y franca
curiosidad. A lo mejor por eso, James contesta con la misma franqueza y esa expresin
soolienta que no puede evitar poner cuando se trata de ella.
- Te podra dar muchas razones pero entonces intentaras quitrmela. As que, digamos que
adems de que me gusta ella, me gusto yo cuando estoy con ella. Me explico?
Antes de quereros a vosotros, ni siquiera me quera a m mismo.
- Te explicas, Potter.
- El curso que viene conseguir besarla. Qu te juegas?
Sirius no se juega nada. Solo pone esa sonrisa que se dobla en las curvas peligrosas de una
expresin indolente.
- Seguro que s. Despus de todo, yo me acostara contigo con tal de que me dejaras en paz.
Le echa el humo del cigarrillo a la cara. - Y ni siquiera eres guapo.
- Gracias, Sirius. Yo tambin te echar de menos en vacaciones.
Muchsimo, de hecho. Tanto que cuando llegan a la estacin central de Londres y el andn
nueve y tres cuartos se convierte en un tifn de caras sonrientes y miradas llorosas y madres
que buscan nias que buscan a sus padres, no se siente capaz de despedirse. Ocurre lo
mismo ao tras ao. Y cada ao, repiten el ritual. James tiene su frase.
- Jura que tus intenciones no son buenas.
Y Sirius tiene la suya.
- Lo juro solemnemente.

No se dicen ms. Nunca se dicen ms. Sirius atraviesa el muro del callejn nueve y tres
cuartos Sabe que va a verle seis semanas despus, en "El caldero chorreante", antes de las
finales de quidditch pero cada ao se siente como si le abandonara en una celda sucia de
Azkaban, prisionero de un hogar que siempre le ha tratado como a un renegado y ha marcado
su personalidad tanto como su destino.
(el crack estar aqu en vacaciones de verano! no lo abandones!)
Todo el mundo tiene un mejor amigo licntropo
En la biblioteca, cerca de la seccin prohibidas, en los estantes sobre Criaturas Mgicas, hay
un libro antiqusimo que Sirius ley una vez para preparar los deberes de Defensa Contra las
Artes Oscuras pero sobre todo, para rerse a gusto. Se titula "Fisonoma y Caractersticas del
Hombre Lobo: Cmo evitarlos y Qu Hacer Para Reconocerlos". En opinin de Sirius siempre
ha sido un desternillante ejemplo de lo idiotas que pueden ser las preconcepciones sobre la
licantropa. Una estupidez desde la primera hasta la ltima letra. Las palabras que ms se
repiten son "peligrosos", "salvajes", "incontrolables", "incurables", "bestias".
Esa maana Sirius lo tiene entre sus manos y no sabe exactamente por qu. Pero recuerda un
prrafo en concreto, en el captulo quinto y siente el impulso incontenible de releer.
"Bajo la influencia de la luna, el licntropo no es dueo de sus actos, siente impulsos
imposibles de controlar y la moral, lo bueno y lo malo, dejan de tener importancia. La luna
provoca que el licntropo desee carne y solo se conformar con carne".
Una, dos, tres. Sirius relee media docena de veces y despus, devuelve el libro a su estantera.
Se encuentra con James, tirado en su cama de la habitacin de Gryffindor. Solo.
- Qu tal la resaca?
- Ssshhh, no hables tan alto.
Tiene mala cara. Sirius se ofrece a bajar a la cocina para que los elfos le den una pocin contra
la resaca. James murmura un "sporfavor" ahogado y le pide tambin otra cosa.
- Sabes qu me apetece, to?
- Qu?
- Chocolate. No me preguntes por qu pero me he despertado con unas ganas horribles de
comer chocolate.
Sirius oculta una sonrisa que prefiere no explicar y baja a por esa pocin. Le da vueltas a la
frase del libro. La luna provoca que el licntropo desee carne y solo se conformar con
carne. En la cocina, los elfos le dan tres tabletas de Honeydukes y pocin suficiente para
reanimar a un caballo. Cuando vuelve a la habitacin, James duerme y Sirius no se siente
capaz de despertarle, as que lo deja todo en la mesilla.
- Sabes qu, Potter? Yo tambin me muero por un poco de chocolate.
Pero todo el que le han dado los elfos es negro y no est seguro de que eso calme el hambre
que siente. La luna pide otra cosa y solo parece capaz de conformarse con esa otra cosa. Lo
que Sirius sigue sin saber es qu opina el chocolate de todo esto. Sobre eso, los libros no dicen
nada.
Solo se le ocurre una persona a la que preguntarle.
El lenguaje secreto de los perros
En el comedor, la gente desayuna leche de cabra con cotilleos y zumo de calabaza con
chismes. Solo hay un tema de conversacin. Desde el lunes por la maana. Daniel. No su
salud, claro. O cmo se encuentra. (Mucho mejor, aparentemente y "recuperndose de manera
esplndida" en palabras de McGonagall). Pero eso no interesa. Interesan los detalles morbosos
del ataque.
- Dicen que fue atacado por cincuenta hombres.
- Dicen que han sido unos gangsters muggles.
- Dicen que en realidad se hizo el solo las heridas para llamar la atencin.
- Dicen que Dumbledore y la profesora McGonagall duermen juntos!
A Lily no le gustan esa clase de rumores. Es una de las razones por las que nunca hizo buenas
migas con las otras nias de su curso. Empleaban demasiado tiempo hablando de quin haba
mirado a quin en clase de Adivinacin y cmo llevaban la tnica las chicas mayores.
Pasndose notitas escritas con tinta invisible en clase y babeando durante los partidos de
quidditch, ms preocupadas por los jugadores que por las jugadas. No es solo que a Lily le
parezca mal meter la nariz en la vida de los dems. Es que, entre otras cosas, le parece una

enorme prdida de tiempo. Y adems, le aburre soberanamente. A quin le importa, por


ejemplo, que James Potter salga a media pgina en el ltimo nmero de "Corazn de bruja"
entre los jugadores ms prometedores de las escuelas de magia de todo el mundo, volando en
la escoba, en medio de una jugada contra Slytherin, extendiendo el brazo para coger la snitch,
con el pelo retirado por el viento y esa intensa expresin de fuerza contenida?
A ella no, desde luego.
La revista ni siquiera es suya. Estaba sobre la mesa del comedor a primera hora de la maana.
Pero solo para que nadie saque conclusiones equivocadas, la guarda bajo su libro de
Oclumancia nada ms ver a Sirius por el rabillo del ojo, acercndose a su mesa. A saber lo qu
podra pensar si le viera mirando una foto de la futura estrella del quidditch. Ni hablar.
- Qu pasa, Evans. Sirius se sienta justo delante de ella, recostado en el asiento, ocupando
media mesa con los brazos. Algo en su manera de estar, simplemente estar, resulta invasivo.
Qu haces.
- Comer.
Sirius murmura "ya" y tamborilea con los dedos sobre la mesa. Mira a un lado y otro, como si
esperara algo. Probablemente le aburre la inactividad. Probablemente siempre se aburre,
excepto cuando planea alguna maldad. Tres aos de edad mental. Cuatro, como
mucho. Aunque fsicamente aparenta unos pocos ms que diecisiete. La actitud de motorista
encaprichado de s mismo le hace parecer mayor. El pelo largo, la sombra de la barba, esas
cosas que hacen suspirar a las chicas de su clase.
Sigue tamborileando. Es ligeramente desquiciante.
- Me ests empezando a poner nerviosa, Black. Te puedo ayudar en algo?
- No- asegura. Bueno, s- se corrige. No- de nuevo. A lo mejor.
- Al menos lo tienes claro.
Sonre. Pero no es una sonrisa franca. Es su sonrisa de "quiero algo de ti y trato de ser
agradable pero como nunca soy agradable por cortesa, no s ni cmo se hace". Como sonrisa
no est mal del todo.
- Tienes gracia, Evans, sabes? Nunca te lo he dicho, pero, lo admito. Tienes gracia. Y eres
lista, no? De las ms listas del colegio, todo el mundo sabe eso. Parece tan concentrado en
su retahla de halagos fciles que a Lily est empezando a resultarle divertido imaginar qu
rayos va a pedirle. Y no solo lista con los libros contina- eres lista con la gente. Eso se
nota. Vamos, que sabes lo que le pasa a la gente. Como a tus amigos y eso, no?
Justo cuando se pregunta a qu viene, Sirius, al fin, le ilumina el camino.
- A Remus, por ejemplo.
As que era eso.
- T sabes ms o menos qu le pasa o qu hace y digamos que ms o menos podras saber
qu quiere o qu est pensando o... eso, no?
Hombres. Cuanto ms mayores, ms cros.
- Sirius- intenta ser comprensiva, la verdad es que no quiere admitirlo pero le provoca cierta
ternura verle tan preocupado por Remus pero intentado disimular, - si has discutido con l, y
quieres arreglarlo, estoy segura de que en lugar de hablar conmigo es ms razonable que
vayas a hacerlo con l.
- Hacerlo?
- Hablar.
- Hablar, s, claro, ya lo s. Muy bien.
No parece muy bien. Parece extrao. Parece serio y eso, en Sirius, es ms que extrao. Tal
vez le han hechizado. Se levanta para marcharse pero vuelve a sentarse inmediatamente
despus.
- Remus te ha dicho que hemos discutido? Eso te ha dicho? Que hemos discutido? le
bombardea a preguntas, una tras otra, sin darse tiempo a respirar. - No te ha dicho... nada
ms?
Parece curioso. No, parece mosqueado. A saber qu bicho les ha picado.
- Pues s, bsicamente. No puedo seguir al detalle todas vuestras peleas, Sirius o no me
quedara tiempo para estudiar.
- No te ha contado nada ms? Ests segura? insiste. Se emperra. Resulta cansino pero
enternecedor.

Lily siente una especie de profunda corriente de simpata hacia l, ligeramente rayana en el
afecto. As que cuando le habla de nuevo, intenta que esta vez realmente Sirius escuche y se
comporte como un hombre adulto y deje de hacer sufrir a Remus con ese carcter de perros.
- Sabes de qu estoy segura? Estoy segura de que sea lo que sea lo que os ha pasado esta
vez, a Remus le encantara pasar pgina.
Quiere decir ms cosas. Que Remus le perdonar inmediatamente y que es absurdo que se
quieran tanto y no sepan hablar. Pero no dice nada porque en cuanto pronuncia su ltima frase,
Sirius cambia completamente esa expresin ansiosa y parece mortalmente enfurruado.
- Pasar pgina?- pregunta. Mortalmente ofendido. - Ya. S. Pasar pgina- ladra, ms que
hablar.- Recurdame que nunca te vuelva a pedir consejo, Evans.
Y no dice ms. Se marcha sin ms miramientos y Lily pasa diez minutos intentado averiguar
qu demonios le habr dicho para ofenderle tanto. Camino a la habitacin decide deshacerse
cuanto antes del ejemplar de "Corazn de bruja". No es cuestin de que le vean con l y
saquen conclusiones equivocadas. Claro que, por otro lado, si alguien le ve tirndolo podra
llegar a esa misma y equivocada conclusin. Podra pensar que James Potter le interesa. O
peor. Que le gusta.
Es mucho mejor si lo escondo y me lo llevo a casa.
S, mucho, mucho mejor. Ya la tirar cuando llegue. No tiene por qu mirar la foto de Potter.
Solo tirarla.
Eso.
Harry Potter y el Juego de la Verdad
Peter exclama "se le ha ocurrido a Sirius!" en cuanto Remus entra por la puerta y la verdad, no
le extraa lo ms mnimo que haya sido idea suya. Lleva su inconfundible marca de la casa.
Para empezar, la ropa de los tres est esparcida por la habitacin, las maletas que tienen que
llevarse el viernes abiertas, los libros tirados en el suelo, las ollas y las escobas apiladas en el
rincn. Uniformes de quidditch sucios en todas partes. Armarios vacos, camas sin hacer.
James, Peter y Sirius en medio de la habitacin y, cmo no, -sa es la seal definitiva de que
ha sido idea de Sirius- estn jugando con dados y una botella de whisky de fuego.
- Yo sinceramente quera preparar la maleta se defiende James- pero Sirius nos ha distrado.
- Nos vamos el viernes. Es mircoles. No se empieza a preparar la maleta del viernes el
mircoles, to. No somos chicas. Peter, eres una chica?
- No.
- Pues juega. Te toca.
Dados y whisky de fuego. Remus no quiere saber a qu estn jugando. Pero James dice "el
juego de la verdad", que es, definitivamente, LO LTIMO a lo que necesita jugar. No piensa
sentarse. No piensa sentarse por mucho que James insista y por mucho que Peter insista y por
mucho que Sirius juegue sucio y diga "djalo, James".
- No somos lo bastante buenos para que nos cuente sus secretos.
Es un golpe bajo. Es sucio, ruin y rastrero y no debera ceder.
Se sienta a jugar.
Qu le va a hacer si siempre le ha costado decir no.
Por suerte, durante media hora, Peter tiene unos nmeros tan bajos que todas las preguntas se
dirigen a l. Dos dados, se juega por turnos, uno cada uno. El nmero alto pregunta, el bajo
responde y bebe. Peter no tiene ni tolerancia para el alcohol, ni buenos secretos para
compartir. Y todas las preguntas de Sirius, inevitablemente, tratan sobre un nico tema.
Cuando juega contra James saca un ocho. El tema es el mismo.
- A ver, Potter, dinos que no eres virgen como Colagusano.
- He dicho que bes a una chica!- se defiende Peter.
- No soy virgen- explica James. Bueno, al menos no virgen-virgen como Peter. He hecho
cosas. S dnde va todo. Tiene la mirada ligeramente nublada por el alcohol. - Ms o menos.
Pero no he hecho... bueno, La Cosa.
- Se dice follar, Jimmy.
Pero cuando lo dice, y a la luz de las velas, no parece que est mirando a James. A esa hora, a
oscuras, a Remus le parece que le esta mirando a l y se le hace un nudo en la garganta. Esa
mirada es, bueno, no puede ser bamos a pasar pgina- pero es la misma mirada que tena en
el bao justo antes de besarle. Remus jurara que lo es.

Y empieza a sudar.
- Se dice follar cuando no significa nada, Canuto.
- Y t quieres que lo signifique todo, Potter?
- Quiero que signifique algo.
- El sexo siempre significa algo, James. No le toca beber, pero Sirius da un trago de la botella
y se limpia los labios con la manga de la camisa. Suena dolido y Remus sabe que no es con
James. - Incluso para m aunque no te lo creas.
Le mira. Sirius le est mirando. Se lo est imaginando? Lo del domingo realmente signific
algo para l? PERO QU!
No te precipites, Remus. En esto no puedes permitirte una desilusin.
James se acerca a Sirius, medio borracho y le abraza, ms o menos porque no coordina
demasiado bien. Dice "no quera ofenderte, to" y "eres como mi hermano, en serio".
- Cuando tenga mi primer hijo con Lily, t sers el padrino- dice.
- Y sa ser la seal del fin del mundo tal y como lo conocemos- bromea Sirius. Bajo la broma,
Remus distingue el afecto y la emocin. - Le llamars Sirius?
- No te pases. No quiero que se ran de l en el colegio.
- Qu tiene de malo mi nombre? Nadie se ha redo nunca de mi nombre.
- Porque eres un matn y te tienen miedo. Pero mi hijo no ser un matn, as que le
llamaremos... se lo piensa un segundo y levanta la botella para proclamar- Harry!
A nadie le parece un mal nombre. Ni siquiera a Sirius.
- Harry?
- Harry insiste James. Harry Potter.
- Si te empeas.
Brindan. Por Harry Potter que hace que por una noche, todos se reconcilien y Sirius sonra a su
pesar y Remus sonra con l. Ya que estn en ello brindan tambin por Dumbledore, que
acept a un hombre lobo en el colegio y por el Sombrero Seleccionador que les mand a
Gryffindor y Sirius brinda tambin por Zonko, que cre la mejor tienda del mundo.
- Amn, hermano.
Cuando toca el siguiente turno, todos estn ligeramente ms que un poco borrachos. A lo mejor
por eso Peter se atreve a preguntarle a Remus lo que Remus sospecha que lleva meses
queriendo preguntarle. Sirus ha abierto la veda del sexo. Peter sigue, como de costumbre, sus
pasos. Sexo. Dos hombres. Peter Pettigrew se pregunta cmo es posible.
- Quiero decir que no tenis todo lo que hace falta, no? O sea, mucho de unas cosas y poco
de otras, o qu?
Las sombras de las velas iluminan la risa de Sirius y no es su risa seca de "dejarlo pasar", sino
su risa perruna y de terribles intenciones, llena de dobles sentidos. A Remus le sudan las
palmas de las manos. No se siente capaz de dar explicaciones sobre partes de hombres y
cmo encajan y qu se puede hacer con ellas.
- Peter, tienes intencin de acostarte con un hombre?
Su mueca horrorizada dice "no" claramente.
- Entonces no hace falta que te haga un dibujo. Se aclara la garganta; le gustara aclarar el
vapor de la cabeza, el whisky de la sangre y el nudo del estmago. Pero te aseguro que es
perfectamente posible- dice. Y despus, antes casi de acabar de hablar, hace algo audaz y
arriesgado y que no es capaz de evitar.
Mira a Sirius. Deliberadamente. Y deliberadamente, Sirius Black le sostiene la mirada. El aire
se enrarece y Remus empieza a notar que flota, como en aquel cuarto de bao. Pesa y se
marea y entonces James habla y Sirius deja de mirarle y el momento vuelve a pasar de largo.
- Supongo que el sexo con tos tiene sus ventajas.
- Jimmy! Sirius finge que se escandaliza. - En qu ests pensando?
- No lo digo porque quiera hacerlo yo, vale? Aunque creo que est bien que lo hagas t,
Remus, en serio. James borracho es de una sinceridad desarmante y para Remus siempre
ser un misterio que Lily consiga ser tan dura con l. - Lo digo porque llevas el mismo
equipamiento, as que ya sabes cmo funciona todo. Se le ocurre una idea, se ilumina de
pronto y le da una palmadita a Sirius en la espalda. - To! A lo mejor deberas plantertelo. Ya
te has acostado con todas las tas disponibles del colegio, y te queda un curso entero. Puedes
empezar con los chicos.

Lo dice sin darle importancia, una de esas cosas que se dicen sin saber que en momentos as
el corazn de Remus se para y no vuelve a latir hasta que los dados esos traidores- le
enfrentan cara a cara con Sirius. Siete contra cinco y pierde l.
Maldita sea.
Sirius pregunta y no es de esos perros que husmean antes de ladrar. Sino de esos otros que
ladran por si acaso y muerden sin dar tiempo a correr. Cuando pregunta dispara balas de plata.
- Vamos a ver, t tambin crees que debera empezar a acostarme con tos, Remus?
Por suerte la habitacin est en penumbra y las velas no pueden iluminar la subida de su
tensin sangunea. El estiramiento repentino entre las piernas. Le parece que es imposible que
James oiga ese tono de voz en Sirius y no se d cuenta de nada. Est sudando. Le sacuden
oleadas de calor. Tiene que controlarse para no jadear. Se le da bien fingir tranquilidad.
- Desde cunto pides permiso para algo?
- Desde ahora mismo, Lupin.
Sirus no deja de mirarle. Le acorrala, husmea a su alrededor. Y ojal, Merln, ojal tambin
mordiera.
- Siempre has hecho lo que has querido. No veo por qu ahora tiene que ser diferente.
Sal con hombres. Sal conmigo. Has probado seis cursos de chicas. Ahora desabrocha mi
corbata, llvame a m al cuarto de los menesteres, escndete conmigo en la lechucera,
deshaz mi uniforme, deshazte conmigo. Vamos a hacerlo a oscuras.
- Bueno, si tengo tu permiso, - Sirius da una calada profunda al cigarrillo y Remus siente que le
succiona entero - tendr que pensrmelo.
Esto, definitivamente NO es pasar pgina.
Le ha visto intentar seducir a docenas de chicas. Siempre se ha preguntado qu se sentira
recibiendo toda esa atencin, sabindose objeto de su deseo. Est empezando a sospechar
qu se siente. Siente que se va licuando y que odia a Sirius Black, ese maldito malnacido que
tiene demasiado poder sobre l y es ambiguo y est demasiado cerca y est demasiado lejos.
A las cuatro de la maana deciden que ha llegado la hora de acostarse. Peter les sigue
recordando que no es "virgen del todo-todo" y en la cama del fondo, Remus recoge sus cosas.
Los libros que va dejando encima de la cama. Algn jersey, pergaminos usados, el cuaderno
muggle que le regal Lily y naturalmente, un uniforme de quidditch, botas de entrenamiento,
cuatro pantalones, tres calcetines desparejados y un bulto que prefiere no examinar. Todo de
Sirius, como de costumbre. Tiene una personalidad expansiva y sus cosas acaban siempre en
todas partes.
Remus lo deja todo sobre su cama y se imagina lo que va a decirle en cuanto vuelva del
bao. Mi espacio no es tu espacio. Tengo derecho a que mi cama sea mi cama. Te crees que
todo es tuyo? Qu puedes asaltarme sexualmente y pretender olvidarlo y confundirme con
insinuaciones? Crees que puedo aguantar todo eso sin morirme!
Esa ltima parte casi mejor no.
No pienses en eso. No pienses en nada. Reljate. No pasa nada.
Pero pasa. Ya lo creo que pasa. Pasa que Sirius ha decidido torturarle esa noche. Pasa que,
cuando se acerca de vuelta a su cama, Remus est acabando de abrocharse la camisa del
pijama, todava de pie. Pasa que Sirius se acerca a l y se coloca detrs. Cerca, muchsimo
ms cerca de lo que le conviene a la serenidad de Remus. Y murmurando, casi entre dientes,
le habla desde esa distancia, casi inexistente y le derrite.
- Me hars un dibujo a m?
- Qu?
- Si me decido con los tos- dice.
Oh dios, dios, dios, joder, Sirius, por favor, no me hagas esto si no quieres hacerme nada ms.
- Ya sabes- contina- para saber qu parte encaja con cul y dnde va todo.
Un dibujo? Podra hacerle el mapa de los merodeadores.
- Seguro que te haces una idea aproximada.
Duermen en camas separadas y es el primer da despus de tantos das en el que Remus se
permite imaginar cmo sera si pudieran deshacer la distancia que les separa y dibujar en la
piel de Sirius todo lo que podran hacer juntos. Es el primer da que se toca y se imagina otra
mano dentro del calzoncillo en lugar de la suya y se muerde la lengua para no traicionarse
suplicando su nombre.

Lleva tres das reteniendo una descarga y cuando llega, el orgasmo le sacude desde el interior
del estmago hasta los dedos de los pies. Retumba en su interior como la tormenta del fin del
mundo y le deja exhausto, desgastado. No tiene fuerza para conjurar un hechizo y lavarse. Se
duerme con las sbanas mojadas, la mano dentro del pijama y restos de semen en el
estmago.
Confieso que he vivido
Aunque los colores de Slytherin son verde y plata a Severus Snape resulta ms fcil
identificarle por el negro profundo del pelo y por las largas tnicas azules que solo usan los
hechiceros mayores. No es la moda habitual entre los chicos de su curso pero a Severus no le
preocupa excesivamente la moda y de todos modos, nadie se fija en l. No le importa,
naturalmente, que se fijen en l o dejen de fijarse. Sabe que la venganza es un plato que se
sirve fro y que algn da l ser ms grande que cualquiera de sus compaeros. Esa grandeza
interior le coloca muy por encima de lo que ocurre en Hogwarts. Poco le importan
mediocridades como la ltima moda mgica o la simpata de sus compaeros.
Panda de intiles y fracasados, eso es lo que son.
Desde el primero hasta el ltimo.
A veces les observa desde su rincn mal iluminado de la escala social y le agrada comprobar
que, efectivamente, Hogwarts est lleno de presumidos como Black-, arrogantes como
Potter-, patanes como Pettigrew-, ineptos como Art Weasley-, gamberros como los
mencionados Gryffindor-, bocazas como Malfoy-, harapientos como Lupin- y, naturalmente,
mestizos.
Como Lily Evans.
Severus tambin se fija en ella. Es inevitable al compartir tantas clases y estar en el mismo
colegio. Estn en casas distintas, pero hay que vigilar de cerca a los mestizos porque uno
nunca sabe qu pueden andar tramando. As que, a veces, Severus cambia ligeramente sus
rutinas y en lugar de ir a Slytherin por el camino ms corto desde el Gran Comedor, sigue los
pasos de Lily hacia las escaleras cambiantes de Gryffindor y espera a que pase tras el retrato
de la estpida Seora Gorda.
Solo esos blandos perdedores de Gryffindor podran tener semejante histrica vigilando la
entrada de su casa.
Luego se da media vuelta y vuelve a Slytherin, satisfecho de cumplir con su tarea. Si no es l,
quin va a ocuparse de que los mestizos estn bajo control? Por eso se fija bien en ella y no
le quita ojo de encima cuando desayuna en el comedor y repasa algn libro Lily siempre lee
mientras come- y por eso no deja de mirarla cuando toma notas en la biblioteca o relee Historia
de Hogwarts Lily es la persona que ms horas pasa releyendo Historia de Hogwarts-.
Por eso, el jueves a primera hora, agazapado a varios metros de ella, tras una columna de
piedra puede ver cmo Lily se encamina hacia el jardn y Lupin ese mugriento licantropo
peligroso- la asalta antes de que d un solo paso ms. Severus siente el impulso fugaz de salir
de su escondite y gritarle a esa bestia que se aparte pero se contiene, entre otras cosas,
porque cuando oye lo que Lupin tiene que decir, ni l, ni Lily parecen capaces de moverse. Son
los nicos en el pasillo y el licantropo parece algo sofocado, como si llevara tiempo corriendo
para buscarla.
- Ests aqu- jadea, le agarra de los brazos, como si quisiera retenerla para que escuchara
bien. Vale. La cosa es as.
- Qu cosa?
- Para empezar, yo no quera desconfiar de l pero fue solo un segundo y solo porque l estaba
tan enfadado con Daniel, en fin, solo fue un segundo pero s que se dio cuenta y que lo
estrope todo. Porque despus no hablamos de ello y Sirius me dijo que no le gustaban los
hombres y que no fue para tanto. As que cre que solo me quedaba olvidarlo para que
siguiramos siendo amigos pero no dejo de pensar en ello y no puedo olvidarlo. Cmo voy a
olvidarlo, Lily? Y ahora, anoche, no s, puede que sea el alcohol o puede que fuera Sirius
siendo Sirus pero te aseguro, te juro que estaba intentando flirtear conmigo, y no s si me lo
imagino o qu rayos hacer ahora.

Lo dice todo seguido. Sin darse casi tiempo a respirar, sin darle a Lily tiempo de decir
nada. Licntropo, harapiento, mestizo y maleducado.
- Remus.
- Qu.
- De qu demonios me ests hablando?
El licntropo respira hondo, por primera vez.
- De que Sirius me bes el domingo en el cuarto de bao de los chicos y fue la experiencia
sexual ms increble de toda mi vida y todava tengo ganas de restregarme contra las paredes
si lo recuerdo. Y creme si te digo que lo recuerdo a menudo.
Lily solo puede decir una cosa.
- Circe santsima!
Y Severus, desde su escondite, solo puede pensar otra muy distinta.
LO SABA.
Esos Gryffindor. Gamberros, presumidos, arrogantes, harapientos, intiles, soberbios, idiotas,
mestizos, bestias Y ADEMS desviados.
Es que LO SABA.
Hablemos de Black
Despus de varios centenares de "no puedo creer que no me lo contaras" y docenas de
"cuatro das y no me habas dicho nada!", Lily finalmente empieza a asimilar lo que Remus
quiere contarle y es que Sirius Black, Primer Ministro de los Heterosexuales de Hogwarts, le
bes el domingo por la noche. Te explicara lo bien que besa pero no creo que haya
palabras dice. Y desde entonces, fieles al Primer Mandamiento de los Hombres, ms conocido
como No Hablaremos de Las Cosas Importantes, se han estado esquivando. Remus delira de
amor, alla, protesta pero no sabe qu hacer. Y se le olvida lo ms importante.
- Pero, vamos a ver, t se lo has dicho?
- Lo bien que besa? Creo que ya lo sabe. Y si no, es mejor que no se lo diga porque si su ego
sigue creciendo tendrn que ampliar el colegio para que quepa.
Lily entorna los ojos.
- Remus Lupin, le has dicho que le quieres?
Es la tercera o cuarta vez que se lo pregunta y es la tercera o cuarta vez que Remus evita una
respuesta. No hubo tiempo para pensar, bla, bla, besa demasiado bien para decir nada bla, bla
y pas muy rpido, bla, bla. Excusas.
- Entonces no se habr enterado de nada!
- Yo creo que s se enter.
Remus se refiere al sexo. Lily se refiere a otra cosa.
- Probablemente piensa que se te puso a tiro, te hizo el favor de besarte y t no fuiste capaz de
negarle nada.
- Por qu iba a pensar eso?
- Porque es lo que l ha hecho con las mujeres durante toda su vida!
Lily quiere tanto a Remus que cuando piensa que alguien va a hacerle dao le duele el
estmago. Pero a veces, cuando se resiste a admitir que tambin a l le pueden pasarle cosas
buenas, le gustara darle en la cabeza con un mazo.
- Remus, por qu te empeas en no ser feliz?
Su respuesta es tan sencilla que si Lily no le hubiera dado su corazn hace aos, se lo
entregara en ese mismo momento.
- Porque esto es lo nico que no puedo perder, Lily. A Sirius no.
Suspiran. Se abrazan. Hablan. Discuten. Razonan. Pelean. Lily no cede. Remus no se aviene a
razonar.
- Para l solo fue un calentn- argumenta. - Un gran calentn. Ya se le habr pasado. Se va de
vacaciones. Se acostar con todas las mujeres de Londres. Lo importante es que seamos
amigos.
Suena sensato. Suena sensato y razonable y muy, muy Remus. Lily no se lo tragara ni con
veinte litros de Pocin Purgante de la Seorita Aurelia Lam para Empachos Graves y
Mordeduras de HinpyDunkes.
- Remus Lupin, cmo se puede ser tan cobarde.
Remus insiste.
- Mira, Sirius ya lo sabe.

Lily insiste el doble.


- se qu va a saber!
- Crees que no lo sabe?
Le sorprende lo obtusa que puede llegar a ser hasta la persona ms inteligente cuando se trata
del amor.
- Remus, eres uno de sus mejores amigos, vale? Y ahora descubre que le gusta besarte y t
te dedicas a darle esquinazo. Os pelais, os evitis y os lanzis indirectas. Una persona medio
sensata estara confusa. Y no estamos hablando de una persona ni remotamente sensata.
Estamos hablando de Sirius, que normalmente no sabe ni qu da de la semana es.
- En el fondo te cae bien, verdad?
- Un poco admite Lily. - Cuando no es l mismo.
El to Walt (un loco de dientes sudorosos)
Decrselo. Parece una idea tan sencilla. Cuando lo dice Lily no parece nada del otro mundo.
Contarle a Sirius todos los sentimientos que ha guardado dentro de una caja, en lo profundo del
alma y quedarse tranquilo, esperando su reaccin. Que Sirius decida si tira su corazn al suelo
y baila encima algn tema de los Rollings o por el contrario, le hace volar a la luna. Parece un
plan estupendo.
Sabe que no ser capaz.
Y si le queda alguna duda desaparece inmediatamente en cuanto entra a la habitacin y le ve.
Tumbado en uno de los sillones de terciopelo rojo, con las piernas las botas- sobre su cama.
Animal, masculino, inalcanzable. Sorprendentemente, leyendo. Uno de sus libros. Eso es
menos sorprendente porque Sirius roba (l lo llama "coger prestado sin permiso") por
compulsin.
Es el "Canto a m mismo". Whitman. Remus lo ha ledo docenas de veces, lo ha sobado, lo ha
subrayado. A veces anota cosas en los libros. No recuerda qu ha podido escribir en se pero
reza para que no sea demasiado ntimo.
Por favor, no dejes que haya escrito nada sobre l.
Ha subido a la habitacin a buscar algo pero de pronto no recuerda qu. Finge que busca entre
sus cosas y recuerda una poca en la que estar solo en una habitacin con Sirius no hubiera
sido tan duro como respirar queroseno. Ocurri en otra Era. Antes de probar la rabia de sus
besos.
No le mira. No se siente capaz. Pero nota su escrutinio demoledor y le cuesta andar.
Cuando Sirius se decide a hablar, es un alivio. Pero el alivio dura poco.
- "Canto al cuerpo elctrico". Es porque soy yo o este to est escribiendo sobre sexo?
- Es porque eres t contesta rpido, sin pensar. Agradece el ruido de las palabras. - Decir que
es solo sobre sexo sera trivializar bastante a Walt Whitman.
- Has subrayado un montn de cosas, Lupin.
No, por favor. No lo hagas, Sirius. No leas los subrayados.
Pero naturalmente, lee. Y si alguien puede convertir a un gran poeta en un porngrafo, ese
alguien es un Gryffindor de malas pulgas y peores intenciones.
- "La cpula no tiene para m ms rango que la muerte" dice Sirius. "Creo en la carne y en
los apetitos"- aade. "Ver, or y sentir son milagros y cada parte y apndice de m es un
milagro".
Hace un silencio desmesurado. Le mira largo y tendido. Y contina.
- "Si venero algo en particular ser alguna extensin de mi cuerpo". Deja un dedo entre las
pginas para no perderse. "Extensin de mi cuerpo". Est hablando sobre lo que creo que
est hablando?
- Ests sacando las palabras de su contexto.
- Yo? Lo has subrayado t, Luntico. Encoge los hombros y se le da fatal fingir inocencia. Me limito a leer.
- Eso no es leer.
Leer es decir las palabras y atrapar su sentido. Lo que Sirius hace es convertir las palabras en
partes de s mismo y exhibirlas como atributos para que sirvan a sus intereses.
- Y qu es?
Provocar.
- Otra cosa.

- Siempre que lees poesa en realidad ests leyendo estas guarradas que inspiran a pecar,
verdad?
- No son guarradas.
Me gusta cmo dices guarradas.
- Remus Lupin, todo el mundo cree que es un buen estudiante y en realidad es un pervertido.
Debera estar prohibido. Que hubiera alguien capaz de hablar as, con esa cadencia lasciva,
con esa deliberada lujuria. Sirius dice "pervertido" y cuando lo dice le est haciendo el amor al
idioma, se est follando las palabras.
- Se pueden ser ambas cosas. T mismo sacas buenas notas y mrate.
- Me ests acusando de ser un buen estudiante? Retralo o arrepintete.
Adelante. Haz que me arrepienta.
- Lo retiro.
Remus sigue sin recordar a qu ha subido y no tiene excusas para quedarse. Cuando est a
punto de salir, Sirius habla y el mundo se pone de puntillas, contiene el aliento y deja de girar.
Por esa vehemencia, por esa sinceridad cruda en la voz de Sirius cuando dice cuatro palabras,
solo cuatro palabras que lo arrasan todo a su paso.
- Te echo de menos.
Deja el libro en el silln y se pone de pie.
Se acerca el ocaso del da y las luces anaranjadas y rojizas de la tarde atraviesan las vidrieras
de Gryffindor, reflejando siluetas fantasmales en el suelo. Sirius camina sobre esos dibujos de
colores con pasos secos y decididos. Llega hasta la puerta. Pone una mano en el picaporte y
bloquea la salida de Sirius. Con esa misma y desesperada calma, repite
- te echo de menos, Luntico.
Le gustara decirle "llevo aos echndote de menos". Explicarle con los dientes que mientras
no est debajo de su piel siempre estar demasiado lejos.
- Estoy aqu, Sirius.
Siempre estar aqu.
- Te echo de menos incluso cuando ests aqu.
No sabe qu decir. Est paralizado. Sirius sigue bloqueando la puerta. Se pregunta si quiere
besarle porque por la expresin de su cara, con los labios entreabiertos y esa respiracin
profunda parecera que quiere besarle.
- Antes no me pasaba, Remus.
- No, ya lo s. Va a decrselo, tiene que decrselo. Que le quiere, maldita sea, que no aguanta
ms.
Pero estn tan cerca. Es difcil hablar. Estn cada vez ms cerca. La habitacin se nubla. Y si
en el cuarto de bao todo iba demasiado rpido, ahora todo va demasiado despacio. Como si
el tiempo se hiciera a un lado para hacerles sitio. Los ojos de Sirius son ms grises de lo
normal, como el cielo escocs antes de la tormenta. A tan corta distancia, Remus puede notar
el brillo de su lengua dentro de la boca y sentir el calor de su cuerpo. El movimiento ms leve
bastara para tocarle.
- Es igual con todas?
Sirius le mira fijamente. Le derrite. Le asesina. Remus no sabe a qu se refiere.
- Qu?
- Que si te pones tan caliente cuando te lamen todas las cicatrices habla despacio, se explica
desmenuzando las palabras una a una, jadeando cada vez ms cerca- o es solo la del cuello.
El bombeo de la sangre se acelera. Remus quiere decirlo de una vez. Te quiero. Y estallar en
sus labios. Estn tan cerca. Sirius debe querer besarle, no? porque no estara tan cerca si no
quisiera besarle. No le mirara as, no se lamera el labio inferior con la punta de la lengua, ni
respirara con esa carencia herrumbrosa.
- No lo s. Algunas son ms sensibles. Supongo.
- Pero no lo sabes.
No hay rabia. No hay celos. Sirius no est enfadado, fuera de s, enfermo, como en ese cuarto
de bao. Es de da y le echa de menos y solo estn ellos dos, sin rabia, ni clera, queriendo
besarse, murindose por un poco de contacto. Un poco de saliva, algo de lengua, mucho
calor. Por favor.
- Nadie las ha lamido todas.

Y entonces, en la mente de Remus, se besan. Lnguido, despacio, profundo, hasta hacerse


llorar. Durante toda la noche. Metidos en la cama, casi desnudos, sin prisa porque, en su
mente, nunca tienen prisa.
Pero en otra realidad menos benvola que la de su imaginacin, lo que ocurre es que Sirius da
un paso adelante, empujado por la puerta, chocan, trastabillan y cuando quieren darse cuenta
de lo que ha pasado Peter les mira desde el umbral y anuncia que atardece.
- Llega la luna, Remus.
Le espera la Casa de los Gritos.
(sigue en el siguiente post)
En el origen fue la luna
Tiene cinco aos y Aurora le ha avisado. Pero con cinco aos una prohibicin es una llamada a
la aventura y por eso, porque se ha enfadado con su madre, porque no le dejan, porque el
bosque le llama, tal vez por alguna otra razn misteriosa, Remus abandona la casa de campo
de los abuelos y se aventura ms all del jardn. Con solo cinco aos da un paso hacia delante
y avanza en la frontera entre el hogar y lo desconocido, preguntndose qu habr ms all. A
su espalda, las luces de la casa empiezan a disminuir y tiritar.
Le atrae la luna. Piensa que si camina lo suficiente, si se asoma a lo alto de esa colina que se
insina en medio del bosque, podr encaramarse y tocarla con las yemas de los dedos. Es alta
y plateada y le inspira una calma profunda. La luna canta y Remus quiere or.
Ocurre deprisa. As es como lo contar siempre. Diciendo ocurri deprisa. Empieza a estar
cansado y tiene ganas de volver a casa. Est solo y perdido y la colina siempre parece como
la luna- a la misma distancia. Cuando escucha su nombre en la voz de Aurora - Remus!
Remus! siente ganas de llorar y piensa estoy aqu, mam y chilla. Mam! tan alto como
puede porque ya no le importa la luna y solo quiere volver a casa, tumbarse a dormir entre
mantas calientes, pedir perdn por haber desobecido y ser perdonado con un beso de su
madre.
Pero el perdn no llega porque su propio chillido le delata y advierte al lobo de su posicin.
Grita en carne viva, mam! Estoy aqu! y su voz despierta en la bestia la sed por la sangre.
No recuerdo los detalles dir siempre Remus. Yo era muy pequeo aadir. Fue todo muy
rpido.
Mentir.
Recuerda los detalles y aunque los hechos se precipitan a gran velocidad, al mismo tiempo
podra decir que duran una vida entera, que van pasando despacio, como si ocurrieran a gran
distancia de ese bosque maldito que est a punto de marcarle para siempre.
Su madre grita. REMUS! Escucha gruidos y un sonido que le pone la carne de
gallina. AAAAUUUU! Nota que le hierven todos los huesos y que la sangre de su cuerpo
enmudece y se para. Remus es pequeo, no sabe qu es el destino, pero si lo supiera podra
ponerle nombre a lo que nota esa noche. El Destino, si existe, ponindose en pie, guadaa en
mano, listo para ejecutar su sentencia.
Remus echa a correr, sin direccin exacta, sintiendo que algo, detrs de l, corre muchsimo
ms rpido. No sabe lo que es, hasta que cae al suelo, se pone de pie trastabillando y le ve.
Lo primero que consigue distinguir son esos ojos amarillos. La bestia. Despus, el hocico, a
pocos centmetros de su cara, respirando, inspirando, respirando. El bosque calla. Se hace el
silencio. Remus no tiene miedo aunque supone que debera tenerlo. Pero no puede, porque tan
de cerca el lobo es plateado como la luna. Un magnfico lobo de pelo blanco, brillante como la
locura, mayor que l, casi tan grande como sus temores ms profundos. Le hace sentir en
calma, durante un largo instante en el que Remus se pregunta si puede tocarle a l, ya que no
llega a la luna.

Alarga la mano y el lobo respira, errtico, profundo, como un hombre al borde de una
revelacin. Dejndose hacer durante una fraccin de segundo. El pnico llega mucho despus,
cuando el chillido vuelve a hacerse paso en el bosque. REMUS!!! Y el lobo se pone en pie
sobre sus patas traseras, abre los dientes para tragarse a la luna, y en lugar de morder hacia el
cielo, muerde en direccin al nio de cinco aos, que cae al suelo, inconsciente, sangrando,
maldito.
Mordido.
- Remus!!!!!- chilla Aurora en cuanto le ve.
Su hijo est tendido en el suelo, plido de muerte, del mismo color de esa luna llena de agosto
que les mira a ambos desde el cielo, plateada, como el lomo de un hombre lobo. Remus Lupin
tiene cinco aos y ha sido condenado de por vida. No sabe que le esperan condenas peores
porque todava no conoce a Sirius Black. Y no sabe lo que es el amor.
Cosas que Remus hace cuando no tiene nada que hacer
Tal vez Dumbledore presiente que necesita estar ocupado. Que se volvera loco si no tuviera
tarea tras tarea que realizar. As que le propone clasificar las plantas del invernadero, ordenar
el instrumental en la torre de astronoma, ayudar a los elfos a crear nuevas recetas para el
prximo curso. Remus lo agradece porque eso significa que tiene las maanas ocupadas y que
no le queda tiempo durante las tardes para pensar. Eso significa que solo le quedan las noches
para dejarse matar por la ausencia.
Despus de cenar, pone un pie en la habitacin de los chicos e inmediatamente, el silencio le
ataca, le insulta y se re de l. Remus suspira hondo y se acuesta en pantalones de pijama.
Hace demasiado calor para la camisa. Durante el curso nunca se queda desnudo. Prefiere que
nadie vea las cicatrices. No le gustan las preguntas. En esa habitacin nadie preguntara
porque todos lo saben pero podran mirar y cuando le miran, Remus se siente expuesto. A
veces, se siente diminuto. Avergonzado.
Pero ahora nadie mira, as que se queda solo con los pantalones del pijama. Demasiado
grandes, como siempre. Se balancean peligrosamente en el lmite de la cintura, apoyados en
caderas de huesos prominentes. Remus pasea descalzo y cuando mirar por la ventana
empieza a resultar insoportable, apoya la cabeza en la almohada y pasa horas en vela,
tratando de encontrar un hechizo que haga desaparecer el tiempo.
Durante el curso nunca se aburre. El que se aburre todo el tiempo es Sirius, que siempre lo
proclama a los cuatro vientos, gritando, me aburro, Potter!!. Les amenaza a todos para que
encuentren algo que le divierta. Entretenedme, efebos!!.
- Canuto, sabes lo que es un efebo?
- S. No. Yo qu s, me gusta cmo suena.
Pero en verano, Remus est solo y todas las conversaciones que mantiene con Sirius son
imaginarias. Tumbado en la cama, sudando en pleno julio, se roza el pecho con las yemas de
los dedos y repasa las idas y venidas de sus cicatrices. Trata de averiguar cules son ms
sensibles. Nunca haba pensado en ello pero Sirius quiso saber y ahora no se lo quita de la
cabeza. Siempre pasa ms tiempo acariciando la estra ms larga de todas. La que empieza en
el cuello y vibra y duele ms que ninguna porque todava recuerda la boca de Sirius lamiendo,
acariciando, derritiendo.
Recorre con los dedos las otras marcas, ms abajo, en direccin al pijama. Hay una ms
suave, en el lado izquierdo, no muy ancha. Empieza bajo las costillas y sube en forma de
media luna, haciendo un arco cerca del pezn. El tacto es tan sutil que cosquillea y resulta casi
desagradable sin llegar a serlo. Si Sirius la lamiera esa herida Remus sabe que se correra en
ese mismo momento, como estuvo a punto de hacer en aquel cuarto de bao en el que casi
perdi el control.

Casi? Le dijiste que te hiciera lo que quisiera, Remus. Que te hiciera CUALQUIER COSA,
Remus. Eso fue un casi? Cmo eres cuando pierdes el control DEL TODO?
Deja que la mano se acerque al final del estmago pero hay algo que le detiene, que le sujeta
para no ir ms abajo. Si se toca piensa en Sirius y si piensa en Sirius le aturde la violenta
intensidad de sus sentimientos por l.
Cuando pierdo el control del todo soy un lobo. Una bestia. Un animal.
As que se contiene para mantener al animal a raya pero a medida que pasan las horas se va
poniendo rgido porque pensar en nada acaba siendo pensar en Sirius. Se rinde al alba. Su
imaginacin conjura la imagen de Sirius entrando en la habitacin, descalzo, con uno de sus
pantalones muggles y nada ms. Callado. Se mete en su cama y cuando Remus trata de pedir
explicaciones, le calla lamindole la cara. Desprovisto del habla, como un perro, Sirius le saca
el pantaln del pijama y se lo merienda con la mirada, antes de empezar a tocarle. Con una
sola mano y demasiada fuerza. Pronto, el Remus real siente que se va, imagina una invasin
profunda del Sirius imaginario. Cierra los ojos, se muerde los labios y los nota dentro, dos
dedos de Sirius en el fondo del culo, penetrndole. Se quema, se resiste, nota oleadas de
placer ms intensas,ms adentro y entonces quiere correrse porque no puede contener tanta
electricidad.
La lechuza golpea el cristal de la ventana. Remus la maldice, se maldice y respira hondo.
Desenrolla el pergamino esperando ver su letra.
Pero la carta es de James.
Seis das y Sirius no ha contestado a ninguna de sus lechuzas.
De Potter a Lupin
Luntico:
Mis padres tienen la cabeza llena de gnomos. Ahora les ha dado por decir que no pasamos
tiempo juntos. As que planean excursiones, to, excursiones! Quieren llevarme a Avon, a
saber para qu rayos. Dicen que me paso todo el curso en el colegio y que quieren disfrutar
de m. Quieren ver Strattford para visitar la casa de un muggle. De un muggle muerto! Un
escritor, seguro que t lo conoces. Mi madre fue al teatro este ao, aparentemente, en un viaje
a Londres y ahora est entusiasmada con algo llamado Romero y Julieta que escribi este
muggle. Mi padre dice que debera leerlo porque a las mujeres les encanta. Dice que a todas
las mujeres.
Sabes si a Lily tambin? Si vamos a Strattford, seguro que hay montones de feltonos. Lily
tiene uno en su casa, seguro. Cmo se usan? No, no me lo digas. Si me lo dices lo usar y la
llamar y no quiero que piense que estoy desesperado o algo as.
Aunque si le leyera Romero y Julieta por el feltono, crees que eso hara que saliera
conmigo? Es igual, solo era una pregunta.
Espero que no te aburras mucho en Hogwarts. Personalmente, yo me entretengo pensando si
asesinar o no a la lechuza de Peter sera un acto de caridad. A veces me escribe DOS veces al
da. Merln, to, es asfixiante. A este paso, sabr ms de Rumania que Drcula.
Metafricamente, en fin, todo el mundo sabe que Drcula no existi, claro. Bueno, menos los
muggles, supongo. En Londres, Sirius se sube por las paredes pero supongo que eso ya te lo
ha contado, no?
Cornamenta.

Sirius no se lo ha contado pero Remus procura no mencionar su nombre cuando responde a


James y evitar as que se escuche el sonido asfixiante de su dolor.
La vida sin ti
A dos das para la fiesta, en Grimmauld Place nmero 12 todo lo que puede brillar brilla, todo lo
que puede relucir reluce y todo lo que sea de oro y plata est limpio y en su sitio. Solo hay un
sitio de la casa en la que hay libros usados en los rincones, pergaminos por todas partes,
ingredientes para pociones, discos rayados, ropa sucia encima de la cama y revistas para
adultos bajo el colchn.
La habitacin de Sirius es el nico sitio en el que se siente al menos relativamente a salvo de
su propia familia. Se mud al rincn menos transitado de la ltima planta cuando cumpli los
trece aos y decidi que compartir pasillo con Rgulus era una tortura a la que no se senta
capaz de enfrentarse. As que cogi sus cosas y emigr al tico a pesar de las miradas airadas,
las protestas y los murmullos se exili voluntariamente y decor su habitacin de modo que se
dieran de la mano lo mejor del mundo muggle y del mundo mgico.
Se siente especialmente orgulloso por su coleccin de revistas.
Ejemplares y ejemplares de lo mejor de ambos mundos, Playboy, Penthouse por supuesto y
justo al lado Brujas y Picantes, y el anuario especial Hechiceras 75 de Agita tu Varita. Todos
escondidos y listos para echarle una mano cuando le hace falta -valga la redundancia- echarse
una mano.
Es consciente de que cuando se masturba all lo hace con ms rabia que en el colegio, como si
incluso tocarse a oscuras fuera un acto de rebelin. Generalmente usa las revistas pero a
veces no las necesita. Cierra los ojos y lo ha hecho tantas veces, sabe tan bien lo que funciona
y lo que no, que ni siquiera necesita pensar.
Pero no lo puede evitar.
Nueve das desde las vacaciones. NUEVE NOCHES. Empieza con las revistas, empieza con la
mente en blanco, empieza para descargarse, porque se aburre, porque no tiene otra cosa que
hacer pero en cuanto lleva un rato y siente la rigidez y se relaja y cierra los ojos, le asaltan esos
pensamientos lejanos, vagos, poco definidos. Se imagina que le besan en el cuello, se imagina
que le bajan los pantalones, se imagina que le masturban otras manos o que no son sus dedos
alrededor de la base, sino una lengua. Se imagina que esa lengua sabe lo que hace y lo hace
sin parar y lo hace tan bien y seguramente no lo hara, no? Pero si lo hiciera, oh dios, si le
bajara los pantalones en la habitacin de Gryffindor y le bajara los calzoncillos y le hiciera sudar
y le hiciera suplicar, lamiendo y besando con la boca abierta, de rodillas, con el pelo revuelto y
la lengua fuera, entonces tal vez Sirius podra embestir en su boca, s, joder, y en esos labios
tan calientes y tan dispuestos y podra correrse, TENDRA que correrse porque sera
demasiado, sera insoportable ver a alguien as, tan correcto y tan familiar y tan jodidamente
sereno hacindole algo como comerle la polla, despacio, con fuerza y sin parar.
Nueve das lejos de Hogwarts y no le ha hecho falta sacar una sola revista de debajo del
colchn. Por qu? Porque tiene lupinitis, un caso agudo, de hecho. No sera tan horrible sin
en nueve das el to que ha sustituido su coleccin porno le hubiera escrito al menos una
vez. Joder. Est empezando a ser humillante que Remus no le escriba cuando l ha besado
-dos veces- y se masturba con su imagen de rodillas. Sirius se siente irritado y vagamente
culpable porque la ostia, nunca hubiera pensado que acabara cambiando las imgenes de las
revistas por la imagen mucho ms ntida y mucho ms peligrosa de uno de sus mejores
amigos. Ni siquiera sabe si est bien hacerlo porque tiene algo de sacrlego pensar en Remus
Lupin haciendo algo as.
A lo mejor por eso no puede evitarlo.
Ocho das, ocho noches. Ninguna lechuza

Ser malnacido.
Podra escribir l, claro, en lugar de quemarse vivo pensando por qu narices no lo hace
Remus con lo que le gusta escribir-. Pero, ni hablar. Le ha besado dos veces DOS VECES- y
por una vez, Remus Lupin va a tener que dar el primer paso. Aunque Sirius se queme
esperando.
Una ventana al pasado
Tercer ao en Hogwarts. A Remus le balancean los pies en el asiento del despacho de Albus
Dumbledore. El anciano profesor le mira desde el otro lado de una barba espesa y poblada. No
sabe por qu le ha llamado. No recuerda haber hecho nada malo.
- Alguien ha entrado en la Seccin Prohibida de la biblioteca.
- No he sido yo, seor, se lo prometo.
- Lo s, Lupin.
Y entonces por qu me ha llamado? piensa Remus. Pero no lo dice porque le parece que
resultara poco educado. Le corroe la curiosidad.
- Ver, Lupin, la persona que ha entrado sin permiso, de noche y por medios ilcitos que todava
no he conseguido averiguar, consult un nico libro. Dumbledore tiene alma de novelista y
hace un silencio dramtico. En concreto, un libro sobre criaturas de la noche y ms
especficamente, sobre vampiros, y hombres lobo.
Remus traga saliva y le sabe a bilis.
- Sobre hombres lobo?
- Parece que alguien en Hogwarts siente curiosidad sobre la licantropa y no es un profesor con
acceso a la Seccin Prohibida, luego debe ser un alumno con la capacidad, la inventiva y el
total desprecio por las normas que hacen falta para tal travesura.
Sirius.
- Profesor- aventura Remus- realmente no s a dnde quiere ir a parar.
Pero lo sabe perfectamente. Aunque preferira olvidarlo. Decir obliviate!, buscar un
giratiempo, cambiar el curso de las cosas.
- Lupin, me parece evidente que alguien sospecha algo sobre su condicin y creo que ha
llegado el momento de decrselo.
Remus siente un ataque de pnico. No ha tenido ninguno en trece aos de vida pero ahora que
tiene el primero lo reconoce inmediatamente. Le sudan las manos. Tiene la nariz fra. Sirius ha
estado investigando sobre los licntropos. Con la capa de James. Tal vez con el propio James.
- Pero profesor- protesta.
- Si no lo averiguan de su boca, lo averiguarn de algn otro modo. No queda ms remedio,
Lupin, excepto confiar en que guardarn con discrecin ese secreto, en el nombre de la
amistad que les une.
Dumbledore baja la mirada y se pone a ordenar los pergaminos de su mesa. Es la seal para
indicarle que no hay ms que hablar. Remus sabe que debera levantarse pero le pesan las
piernas. Dumbledore adivina su miedo, lo huele en el aire enrarecido de la habitacin. El pnico
de los nios huele distinto, ms intenso.

- Esccheme, Lupin, tenemos una deuda de honestidad personal hacia aquellos a quienes
queremos. Tiene que darles una oportunidad a sus amigos, si verdaderamente aspira a que
sean sus amigos.
- Y si ellos no me la dan a m, profesor?
Los ojos de Dumbledore chisporrotean con una llamarada de jovialidad, al otro lado de las
antiparras.
- Para que le den una oportunidad a uno, uno tiene que darla primero.
Esa misma noche, mientras Remus digiere la idea de decrselo sale la luna llena y los dolores,
el da despus son tan terribles que consigue un permiso de la enfermera para guardar cama.
En la convalecencia acaba enfermando de una neumona violenta y cuando se levanta por
primera vez al noveno da las mangas del pijama le quedan cortas. Siempre crece a base de
estirones repentinos. El espejo le devuelve una imagen suya que apenas reconoce. Ms alto,
ms delgado, mayor. Supone que ya ha llegado la hora de crecer, al precio que sea. La
prxima vez que se siente en el despacho de Dumbledore, no volvern a colgarle las piernas.
Tal vez para entonces ya no le queden amigos.
Los matices de la ausencia
Remus sostiene la pluma en la mano y relee pero antes de llegar al final del primer prrafo,
murmura santo cielo, y hace un hechizo borrador con la varita. Despus y solo para
asegurarse, exclama incendio! y la hoja del pergamino crepita y se deshace hasta convertirse
en un puadito de cenizas. Si sigue al mismo ritmo de destruccin pirmana, Hogwarts se va a
quedar sin papel a siete semanas de que comience el curso.
Bueno, seis semanas y cinco das. Remus lleva la cuenta con lo que l prefiere llamar
exactitud y cualquier observador imparcial llamara obsesin.
Vuelve a intentarlo con la carta. Ya se sabe lo que dicen, a la vigsima va la vencida. No es
fcil dar con el encabezamiento, mejor dicho, con la ausencia de encabezamiento. Le ha
costado las primeras ocho tentativas porque, por algn motivo querido Sirius o estimado
Sirius le daban ganas de suicidarse. Aparentemente, nadie ha encontrado nunca la manera de
dirigirse a alguien que ha sido durante seis aos tu mejor amigo y te bes justo antes de las
vacaciones y no contesta a tus cartas.
A lo mejor ha estado ocupado.
La voz de su conciencia es una pesada y se empea en sonar sensata. Sirius no es
precisamente un fantico cuando se trata de ponerse a escribir. La conciencia es tajante y muy
dura con Remus. No seas histrico, por el amor de Dios. Con eso la voz de la conciencia da
por zanjada la discusin. As que, acallando las voces de sus temores -no te ha escrito!
estar ligando por ah! no sabes qu decirle!- Remus mete la pluma en el tintero, espera a
que se cargue y luego la sacude suavemente hasta que cae dentro una gota oscura y pesada
como la sangre.
Comienza sin encabezamiento. Al menos eso lo tena decidido.
En verano el colegio parece mucho ms grande. Es como estar encerrado en el vientre de una
ballena. Desde luego es mucho ms silencioso que durante el curso. Por desgracia, he
descubierto que para leer, el silencio profundo es casi peor que el exceso de ruido. Me
desconcentra y a este ritmo no podr terminar esos sesenta libros de los que hablaba James. A
lo mejor tengo que probar con esos libros ilustrados que te gustan a ti. He encontrado Por qu
las chicas no entienden el quidditch y los chicos no saben combinar las tnicas. Pero prefiero
pensar que es de Peter.
A veces bajo al comedor a medioda y los elfos estn all limpiando las mesas. Se asustan
cuando me ven y me piden disculpas por haberme molestado. Lo sentimos, seor y disculpe,

seo