LA INTELECTUALIDAD PERUANA
DEL SIGLO XX
ANTE LA CONDICIN HUMANA
TOMO III
SUMARIO
Julio C. Tello (1880-1947): Alfonso Jaguande DAnjoy, p. 9; Csar Vallejo (1892-1938).
Un poeta peruano universal ante la condicin humana: Jos Antonio Tejada Sandoval, p. 22;
Antenor Orrego (1892-1960). Un pensador de la Nueva Amrica: Jos Antonio Tejada
Sandoval, p. 43; Honorio Delgado (1892-1969): Saby Evelyn Lazarte Oyague, p. 71;
Vctor Ral Haya de la Torre (1895-1979): Mara Luisa Rivara de Tuesta, p. 87; Ral
Porras Barrenechea (1897-1960): Mara Luisa Rivara de Tuesta, p. 100; Jos del Carmen
Marn Arista (1899-1980). Concepcin humanista del fundador del CAEN: Jos Luis Vigil
Len, p. 113; Juan B. Lastres Quiones (1902-1960). Mdico, historiador, y maestro
humanista: Magdiel Gonzales Menndez, p. 133; Csar A. Guardia Mayorga (19061983): Andrs Espritu vila, p. 143; Ciro Alegra Bazn (1909-1967): Martn Arroyo
Benites, p. 154; Mara Luisa Saco Mir Quesada (1911-1982). Artista humanista: Sara
Acevedo Basurto, p. 183; El concepto de la condicin humana en Emilio Adolfo Westphalen
(1911-2001): Leonel Patricio Silva Montellanos, p. 190; Javier Pulgar Vidal (19112003). Defensor del indio y de los descendientes de los pueblos originarios: Mara Luisa Rivara
de Tuesta, p. 204; Carlos Daniel Valcrcel (1911-2007). La historia como ciencia
antropolgica especfica de lo humano: Mara Luisa Rivara de Tuesta, p. 253; Carlos Radicati
di Primeglio (1914-1990): Mara Luisa Rivara de Tuesta, p. 257; Alberto Tauro del Pino
(1914-1994): Osmar Gonzales, p. 292; Alberto Wagner de Reyna (1915-2006). Pensador y
humanista peruano: Luz Gonzlez Umeres, p. 310; La condicin humana en la vida y obra de
Ella Dunbar Temple (1918-1998): Gloria Cristina Flrez, p. 324; Enrique Iturriaga
Romero (1918). Creador y maestro de excepcin: Martha Barriga Tello, p. 336; Walter
Pealoza Ramella (1920-2005). La condicin humana y la educacin: Javier Molina Ureta, p.
345; Fernando Cabieses Molina (1920-2009): Martha Berrocal Angulo, p. 356; Martn
Lassgue Molres (1926-2003): Maria Luisa Rivara de Tuesta y Emilia Figueroa Galup,
p. 369; Carlos Fernndez Sessarego (1926): Carlos Enrique Becerra Palomino, p. 396;
Manuel Scorza (1928-1983) ante la condicin humana: Carlos P. Lecaros Zavala, p. 421;
Fernando Silva Santisteban Bernal (1929-2006): Hortensia Ferrand Cillniz, p. 448;
Anbal Quijano Obregn (1930): Rafael Ojeda, p. 469; Mario Vargas Llosa (1936):
Antonio Gonzlez Montes, p. 487; Luis Guillermo Lumbreras (1936): Mara Luisa
Rivara de Tuesta p. 511.
COORDINADORA:
MARA LUISA RIVARA DE TUESTA
LA INTELECTUALIDAD PERUANA
DEL SIGLO XX
ANTE LA CONDICIN HUMANA
TOMO III
COORDINADORA:
MARA LUISA RIVARA DE TUESTA
Lima 2011
3
LA INTELECTUALIDAD PERUANA DEL SIGLO XX ANTE LA
CONDICIN HUMANA
Tomo III
Primera edicin, setiembre de 2011
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Editora
Av. Guardia Civil 1060, Urb. Crpac, San Isidro, Telfono: 224-2305,
e-mail: mlrivara@[Link]
Copyright 2011
:Sara Acevedo Basurto, Martn Arroyo Benites,
Martha Barriga Tello, Carlos Enrique Becerra
Palomino, Martha Berrocal Angulo, Andrs Espritu
vila, Hortensia Ferrand Cillniz, Emilia Figueroa
Galup, Gloria Cristina Flrez, Osmar Gonzales,
Magdiel Gonzales Menndez, Antonio Gonzlez
Montes, Luz Gonzlez Umeres, Alfonso Jaguande
DAnjoy, Saby Evelyn Lazarte Oyague, Carlos P.
Lecaros Zavala, Javier Molina Ureta, Rafael Ojeda,
Mara Luisa Rivara de Tuesta, Leonel Patricio Silva
Montellanos, Jos Antonio Tejada Sandoval, Jos
Luis Vigil Len,
HECHO EL DEPSITO LEGAL EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DEL PER N 2011-09680
ISBN: 978-612-45210-0-3
Revisin tcnica de textos
: Mara del Pilar Benavides Carln y
Carlos P. Lecaros Zavala
Diagramacin
: Mirian Flores Garazata
Impresin y encuadernacin : Grfica Euroamericana S.R.L.
Av. De Las Amricas 299, Lima 13, Telefax: 265-4259,
e-mail: eurografica@[Link]
Impreso en Lima Per
Printed in Peru
NDICE
Presentacin
Julio C. Tello (1880-1947):
Alfonso Jaguande DAnjoy
Csar Vallejo (1892-1938). Un poeta peruano universal
ante la condicin humana:
Jos Antonio Tejada Sandoval
Antenor Orrego (1892-1960). Un pensador de la
Nueva Amrica ante la condicin humana
Jos Antonio Tejada Sandoval
Honorio Delgado (1892-1969):
Saby Evelyn Lazarte Oyague
Vctor Ral Haya de la Torre (1895-1979):
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Ral Porras Barrenechea (1897-1960):
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Jos del Carmen Marn Arista (1899-1980). Concepcin
humanista del fundador del CAEN:
Jos Luis Vigil Len
Juan B. Lastres Quiones (1902-1960). Mdico, historiador, y
maestro humanista:
Magdiel Gonzales Menndez
Csar A. Guardia Mayorga (1906-1983)
Andrs Espritu vila
Ciro Alegra Bazn (1909-1967):
Martn Arroyo Benites
Mara Luisa Saco Mir Quesada (1911-1982). Artista humanista:
Sara Acevedo Basurto
El concepto de la condicin humana en
Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001):
Leonel Patricio Silva Montellanos
Javier Pulgar Vidal (1911-2003). Defensor del indio y de los
descendientes de los pueblos originarios:
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Carlos Daniel Valcrcel (1911-2007). La historia como ciencia
antropolgica especfica de lo humano:
Mara Luisa Rivara de Tuesta
7
9
22
43
71
87
100
113
133
143
154
183
190
204
253
5
Carlos Radicati di Primeglio (1914-1990):
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Alberto Tauro del Pino (1914-1994):
Osmar Gonzales
Alberto Wagner de Reyna (1915-2006). Pensador y humanista
peruano:
Luz Gonzlez Umeres
La condicin humana en la vida y obra de
Ella Dunbar Temple (1918-1998):
Gloria Cristina Flrez
Enrique Iturriaga Romero (1918). Creador y maestro
de excepcin:
Martha Barriga Tello
Walter Pealoza Ramella (1920-2005). La condicin humana
y la educacin:
Javier Molina Ureta
Fernando Cabieses Molina (1920-2009):
Martha Berrocal Angulo
Martn Lassgue Molres, OP (1926-2003):
Maria Luisa Rivara de Tuesta y
Emilia Figueroa Galup
Carlos Fernndez Sessarego (1926):
Carlos Enrique Becerra Palomino
Manuel Scorza (1928-1983) ante la condicin humana:
Carlos P. Lecaros Zavala
Fernando Silva Santisteban Bernal (1929-2006):
Hortensia Ferrand Cillniz
Anbal Quijano Obregn (1930):
Rafael Ojeda
Mario Vargas Llosa (1936):
Antonio Gonzlez Montes
Luis Guillermo Lumbreras (1936):
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Anexo 1:
Pensadores peruanos del siglo XX ante la condicin
humana en el perodo de 1900 al 2000
Anexo 2:
Currculos de colaboradores de los tres tomos de
La intelectualidad peruana del siglo XX ante la condicin humana
6
257
292
310
324
336
345
356
369
396
421
448
469
487
511
520
522
PRESENTACIN
En este tomo de La intelectualidad peruana del siglo XX ante la condicin humana se
publican nuevas monografas de importantes pensadores humanistas del
siglo XX preocupados por la condicin humana del hombre peruano. Con
esta publicacin en la que han colaborado diversos investigadores, en forma
desinteresada, considero que he cumplido la tarea que me fuera
encomendada en Asuncin (Paraguay) en julio de 2001, como Coordinadora
para el Per del proyecto Pensamiento Iberoamericano.
Integran este Tomo III las siguientes monografas: Julio C. Tello
(1880-1947); Csar Vallejo (1892-1938) un poeta peruano universal ante la
condicin humana; Antenor Orrego (1892-1960); Honorio Delgado (18921969); Vctor Ral Haya de la Torre (1895-1979); Ral Porras Barrenechea
(1897-1960); Jos del Carmen Marn Arista (1899-1980) concepcin
humanista del fundador del CAEN; Juan B. Lastres Quiones (1902-1960)
mdico, historiador, y maestro humanista; Csar A. Guardia Mayorga (19061983); Ciro Alegra Bazn (1909-1967); Mara Luisa Saco Mir Quesada
(1911-1982) artista humanista; El concepto de la condicin humana en
Emilio Adolfo Westphalen (1911-2001); Javier Pulgar Vidal (1911-2003)
defensor del indio y de los descendientes de los pueblos originarios; Carlos
Daniel Valcrcel (1911-2007) la historia como ciencia antropolgica
especfica de lo humano; Carlos Radicati di Primeglio (1914-1990); Alberto
Tauro del Pino (1914-1994); Alberto Wagner de Reyna (1915-2006) pensador
y humanista peruano; La condicin humana en la vida y obra de Ella Dunbar
Temple (1918-1998); Enrique Iturriaga Romero (1918) creador y maestro de
excepcin; Walter Pealoza Ramella (1920-2005) la condicin humana y la
educacin; Fernando Cabieses Molina (1920-2009); Martn Lassgue Molres
(1926-2003); Carlos Fernndez Sessarego (1926); Manuel Scorza (1928-1938)
ante la condicin humana; Fernando Silva Santisteban Bernal (1929-2006);
Anbal Quijano Obregn (1930); Mario Vargas Llosa (1936); y Luis
Guillermo Lumbreras (1936).
Para una mejor visin cronolgica de los intelectuales y pensadores
presentados en los tres tomos, en un primer anexo estn ordenados con su
respectiva fecha de nacimiento y muerte. E, igualmente, en un segundo
7
anexo, un abreviado currculo, de los autores que, como se ha expresado ms
arriba, han colaborado en forma seria y generosa.
Slo me queda manifestar que en los tres tomos que he logrado
editar se ha expuesto, en ltima instancia, un cuadro humanista, fecundo y
armonioso del pensamiento peruano.
Lima, 03 de agosto de 2011
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Coordinadora en Per
JULIO C. TELLO (1880-1947)
Alfonso Jaguande DAnjoy
Arquelogo. Hijo de Julin Tello y Mara Asuncin Rojas, naci en
Huarochir el 11-IV-1880 y muri en Lima el 3-VI-1947. Inici estudios en
su pueblo natal y, trasladado a Lima (1893), los prosigui en el Colegio
dirigido por Pedro A. Labarthe. Despus de cursar en la Facultad de Ciencias
de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1900-1901), pas a la
Facultad de Medicina, donde fue conservador del Museo Raimondi (19031904). Opt grado de Br. en Medicina (1908) con una reveladora tesis sobre
La antigedad de la sfilis en el Per (inserta en Revista Universitaria: ao III, Vol.
II, pp. 373-408; y ao IV, Vol. I, pp. 154-202, 385-408 y 438-459; Lima,
1908-1909); y se recibi como Mdico Cirujano (1909). Con una beca
otorgada por el gobierno, a solicitud de la Facultad de Medicina de San
Marcos, viaj a [Link].; ingres a la Universidad de Harvard, donde recibi
lecciones de Franz Boas y Alex Hrdlicka; y en ella opt los grados de Mster
of Arts (1909) y Master of Anthropology (1911). A mrito de sus estudios,
obtuvo una nueva beca, que le permiti concurrir, en Londres, al XVIII
Congreso Internacional de Americanistas (1911), y seguir estudios de
especializacin en el Seminario de Antropologa de la Universidad de Berln
(1912). De vuelta en el Per (1913), acompa a Alex Hrdlicka en sus
exploraciones a travs de los valles de la costa central. Nombrado director de
la seccin arqueolgica del Museo de Historia Nacional (12-VI-1913), cre a
base de ella el Museo de Antropologa y Arqueologa (4-XII-1913), y orient
su organizacin inicial hasta verse obligado a renunciar (20-III-1915). Luego
integr la expedicin enviada al Maran por la Universidad de Harvard
(1916). Elegido diputado por la provincia de Huarochir (1917-1928). En la
Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Mayor de San Marcos opt
grado de Br. (6-V-1918), con una tesis sobre El uso de las cabezas humanas
artificialmente momificadas y su representacin en el antiguo arte peruano (inserta en
Revista Universitaria: ao XIII, vol. I, pp. 478-533; Lima, IV-VI de 1918).
Luego opt el grado de Dr. (6-VIII-1918). Con los auspicios del rector de
San Marcos, Javier Prado y Ugarteche, efectu una exploracin arqueolgica
en el departamento de Ancash (1919), y a base de las especies obtenidas,
fund el Museo de Arqueologa (21-X-1919) de dicha Universidad, cuya
direccin ejerci hasta su muerte. Al mismo tiempo logr que el filntropo
Vctor Larco Herrera aprobara la idea de formar un museo antropolgico,
mediante la fusin de sus propias colecciones y de aquellas que fuese posible
9
adquirir de otros coleccionistas, y en dos meses (X y XI-1919) logr reunir
20.000 piezas; renunci a su direccin (10-V-1921) pero poco despus
medi para que el mantenedor de dicho museo lo vendiera al Estado; as
form el Museo de Arqueologa Peruana (1924), que dirigi hasta el 30.IX1930. Nombrado catedrtico de Arqueologa General (1923-1933) en la
Facultad de Ciencias, y de Arqueologa Americana y del Per (1928-1947) en
la Facultad de Letras; fue tambin catedrtico de Antropologa en la
Universidad Catlica (1931-1933); e inclusive ense Historia del Per
Antiguo en el Colegio Antonio Raimondi (1934-1935). An fund un
Instituto de Investigaciones Antropolgicas (1931), como dependencia del
Museo Nacional; y bajo su direccin realiz trabajos que dieron origen a su
conversin en el Museo de Antropologa (8-IX-1938) y, posteriormente, en
el Museo Nacional de Antropologa (30-I-1945), y en el Museo Nacional de
Arqueologa, Antropologa e Historia del Per. Sin embargo, su mayor
aporte reside en la exploracin arqueolgica, al haber logrado hallazgos que
ayudaron a completar el conocimiento de las secuencias culturales del Per
antiguo. As tenemos la identificacin de la antigedad y difusin de la
cultura Chavn (1919) y el descubrimiento de la necrpolis de Paracas (1925);
asimismo, las excavaciones en el extenso valle del Santa (1926 y 1934) y en el
alto Maran (1934 y 1937), en Hunuco Viejo y Kotosh (1935), en el valle
del Urubamba (1942); y en sitios diversos de Lima, Arequipa, Cuzco y Puno,
que le permitieron formular su propia apreciacin del origen del proceso
civilizatorio peruano. Edit Inca (1923 y 1938), Wirakocha (1931) y Chaski
(1940-1941).
Obras principales: La antigedad de la sfilis en el Per (1909); Presente y
futuro del Museo Nacional (1913 y 1952); El uso de las cabezas artificialmente
momificadas y representacin en el antiguo arte peruano (1918); Introduccin a la historia
antigua del Per (1921); La reforma universitaria (1928); Antiguo Per. Primera poca
(1929); Arte antiguo peruano. Tecnologa y morfologa (1938), especialmente
dedicada al arte Mochica; Las primeras edades por Guaman Poma (1939); Origen y
desarrollo de las civilizaciones prehistricas andinas (1942); Sobre el descubrimiento de la
cultura Chavn en el Per (1944); Wira-Kocha (1949); Arqueologa del valle de Casma.
Culturas Chavn, Santa o Huaylas Yunga y sub Chim (1956); Paracas (2 vols.,
1959-1979); Chavn, cultura matriz de la civilizacin andina (1960); e Historia de los
museos nacionales del Per (1967). Sus obras pstumas fueron publicadas bajo el
cuidado de Toribio Meja Xesspe.
Desde sus lejanos das de estudiante universitario, el Dr. Tello haba
reprochado a la Escuela de estar separada de la vida, y a nuestro sistema de
Educacin Peruano, de planear muy por encima de la vida real de nuestra
10
patria. Nio an vivi una triste poca despus del desastre del 79. Que
cuadro ms desolado para la juventud de entonces; el pas se encontraba
aniquilado espiritualmente, se necesitaba un punto de apoyo para mover
nuevas energas, reparar las gastadas e iniciar lo que se conoce como perodo
de la reconstruccin. En este ambiente negativo transcurri su niez. En el
orden pedaggico se adverta falta de una direccin determinada para
promover en los nios un verdadero ideal nacionalista.
La familia del pequeo Julio de modo intuitivo, consider que en el
quisquido ambiente en que vivan era imposible lograr una formacin
integral y, entonces por decisin paternal, o por los atinados consejos de la
ta Mara, hubo la firme determinacin de enviarlo a la Capital.
En ninguna edad de la vida tiene el hombre una necesidad tan fuerte
de ser comprendido como en la adolescencia. Y, sin embargo, hay una
multitud de circunstancias que contribuyen a dificultar e incluso a impedir
esta comprensin, al tratar de su biografa hemos examinado esta dura etapa
de su vida: esa dificultad de ambientarse en Lima, representa un medio
extico para el nio indgena, pero l, gracias a su tenacidad y carcter, pudo
imponerse frente a una sociedad egosta y mezquina.
Por tales circunstancias, durante su dilatada gestin parlamentaria
luch tenazmente para ofrecer a la juventud, carente de medio y
posibilidades; buenas escuelas, mejores maestros y asegurar el porvenir de los
estudiantes a travs de una tecnificacin adecuada, abrindole nuevas
perspectivas mediante el cultivo de las ciencias.
Tello fue un verdadero maestro. Se ha dicho que la base de la
personalidad del Maestro, es el amor con un sentido social y humano. De all
que no sea raro encontrar hasta en las aldeas ms humildes autnticos
maestros. Recordamos el caso del Sabio, cuando estudiaba en la escuela de su
pueblo y encontr un paradigma de educador en Don Alberto Nieri, que lo
estimul constantemente en el aprendizaje de las distintas materias de los
primeros aos de nivel primario. Al nombre del anterior, habra que agregar
el de Don Belisario Segura, que como un apstol brindara a sus pequeos
discpulos, comprensin y cario. Tello siempre los record con gratitud.
En la formacin de nuestros maestros debe intervenir como fecunda
levadura, el Eros Pedaggico acompaada de un profundo sentimiento de
peruanidad. Esa fue la mstica que Tello adopt tanto en la ctedra, como en
el campo, cuando estaba rodeado de sus colaboradores en general:
empleados, artistas y peones. A todos los estimulaba con frases de aliento y
de reconocimiento cuando haciendo un recuento de la labor realizada,
11
consideraba que sin esa colaboracin poco habra avanzado en su tarea de
arquelogo.
Sobre ese Eros Pedaggico ha de cimentarse la personalidad del
maestro, y en l debern arraigar las hermosas cualidades que hagan posible
la misin que debe cumplir el Maestro.
Tello fue un Maestro, constituido por esencias como los
pensamientos, que se dan en el pensar sin el pensar; que no son el
sentimiento, como los correlatos intencionales del sentimiento, como los
actos que tienen como centro la persona, y no son ellos mismo, de naturaleza
vital ni psquica.
Esas virtudes las posea en alto grado, cumpli su noble misin,
encendiendo el pensamiento con el pensamiento; la luz del bien, de la
belleza, de la justicia que lleva consigo en potencia el joven, que ansioso
acuda a su ciencia y experiencia, sin quedar defraudado. Esa generosidad
ingnita del Amauta, ha de ser recordada siempre, para desmentir a esos
envidiosos que jams retrocedieron ante ninguna bajeza para denostar la
obra del eminente arquelogo.
Recordamos un hermoso pasaje de la obra del Literato Ingls
Shakespeare cuando dice: El motivo de la envidia se confunde con el de la
admiracin, siendo ambas dos aspectos de un mismo fenmeno. Slo que la
admiracin nace en el fuerte y la envidia en el subalterno. Envidiar es una
forma aberrante de rendir homenaje a la superioridad. Toda culminacin es
envidada. El talento y la fortuna en el hombre, como tambin la fama y la
gloria. El Sabio que am a su patria, y a ella le ofrend los mejores aos de
su gran existencia, su fama se proyecta hacia los arcanos de la eternidad.
Es difcil responder a estas preguntas: Cul fue la filosofa de Tello?,
A qu sistema filosfico se incorpor la actividad y las realizaciones
pedaggicas del Dr. Tello?
Las personas que tuvieron el privilegio de ser discpulos del
malogrado Sabio, incorporan sus pensamientos docentes a la filosofa
pragmtica, en especial a la Escuela de John Dewey. Alguien podra formular
esta pregunta: Era obligatorio que el arquelogo militara en alguna escuela
filosfica? S, respondemos: toda obra humana tiene una finalidad y un
objetivo en la vida. Nadie puede sustraerse a poseer un pensamiento
filosfico que oriente su actividad como sujeto pensante. Ms an,
tratndose de un Maestro como lo fue el Dr. Tello. Si damos una mirada a
travs de la historia de la Cultura, vemos que las corrientes pedaggicas
siguen el flujo y el reflujo de las doctrinas filosficas.
12
La influencia de la filosofa sobre la vida del espritu constituye un
poder central que influenciar, a su vez, sobre la pedagoga.
Cuando el Dr. Tello estudiaba en Lima, imperaba la corriente
filosfica del Positivismo. Cualquiera que recorra el curso de la historia de la
educacin y la compare con la historia de la filosofa, ver que las pocas de
pensamiento pedaggico; y en unas y otras, encontramos los nombres de los
grandes maestros tanto en la filosofa como en la pedagoga: Pitgoras,
Scrates, Platn, San Agustn, Descartes y otros.
El ideal educativo del Dr. Tello lo sostuvo en el parlamento en
encendidas polmicas con el fin de hacer prevalecer sus ideas dirigidas hacia
la Reforma de la Enseanza en el Per.
Sostena, que en nuestra raza se pueden efectuar brillantes
realizaciones, siendo necesario para ello sacudir al individuo para hacer
reaccionar su espritu adormecido.
Dos fuerzas, dice, condicionan la naturaleza humana: la herencia y la
educacin. Condena la poltica civilizadora de Espaa para levantar el nivel
espiritual del indgena que se hallaba embrutecido por la coca y el alcohol.
Nuestro pueblo actual, no puede ser mejor, debido a los factores de la
herencia. Lamentase tambin, que en la actualidad, el Ministerio de
Educacin carezca de tcnicos, abundando los polticos. Y por lo tanto se ha
perdido lastimosamente el tiempo en realizar ensayos. Ms bien debemos
contribuir a formar profesor tcnicamente eficiente. La Institucin que est
llamada a la preparacin de esos profesionales no es otra que la Universidad.
Cmo ha de actuar un profesor s; le negamos todo para que pueda
desempear con xito su abnegada misin? Tello hace una invocacin a las
autoridades educacionales para que al profesor y a los maestros se les
remunere debidamente.
En el nivel secundario: destaca los defectos de que adoleca por entonces,
contrarrestarlos, enumera cual debe ser la meta que inspiran los ideales de la
educacin.
a.
Impulsar las diversas fuerzas y aptitudes fsicas y psquicas de los
adolescentes, de acuerdo a las leyes de su desarrollo.
b. Fortalecer el carcter y el sentimiento hacia las realizaciones del
espritu del educando, anulando todo instinto y tendencia negativa.
c. Cultivar la inteligencia en relacin a las actitudes del sujeto.
13
d. Vincular al individuo con la sociedad, que actualmente se conoce
como proyeccin social. Aqu encontramos coincidencia entre las
ideas de Tello y Maritegui, quien tambin recomendaba ese fin 1.
En el discurso parlamentario pronunciado en setiembre de 1926, se refera a:
Los que buscan el mejoramiento de las especies vegetales o animales
seleccionan a los mejores, desechando todo aquello que slo sirva para
perturbar el libre desenvolvimiento de su desarrollo. En el Per todava no
hemos enfocado la solucin cientfica del problema de la instruccin
pblica 2.
No conocemos a los estudiantes, e interroga:
Como es posible que sin conocer previamente esas capacidades lo
sometamos a un sistema educativo uniforme. Estamos obligados a conocer
antes que legislar. Dos puntos son capitales: A qu clase de hombre
vamos a educar y a quines hemos de encomendarle esa labor? 3
En cuanto al Nivel Superior. Su intervencin fue ms concreta. Estimaba
que la Universidad, como Institucin de Cultura, deba presidir la formacin
de las clases dirigentes, pero esa delicada misin, no deba terminar all, su
obra debe proyectarse hacia los que no tienen el privilegio de estar
incorporados a sus aulas. De acuerdo a sus ideas, vemos que el Sabio se
adelantaba a su poca: Hoy sabemos que la Universidad cuenta con un
departamento precisamente que tiene el nombre de Proyeccin Social y la
Comunidad. Y de acuerdo a las directivas de la actual Reforma de la
educacin los conocimientos deben impartirse fuera de las aulas de clase. Es
lo que se conoce con el nombre de enseanza desescolarizada. Por
consiguiente, uno de los fines de la universidad, segn Tello, es su
intervencin directa en la formacin de profesores. Con estas ideas a favor
de la superacin de la enseanza y la eficiente preparacin de profesores
redacta su proyecto para crear una seccin de Educacin en la Facultad de
Ciencias.
Tello, fue, sin lugar a dudas, un hombre singular. Apreciada en
conjunto la obra realizada por este eminente peruano, resulta extraordinaria,
teniendo en cuenta, los progresos que alcanz esta disciplina, durante los
1
2
3
14
Carrasco Limas, A. La influencia de Javier Prado en la educacin peruana (Tesis).
Santisteban Tello, Oscar. La obra docente de Julio C. Tello, p. 19. Separata de la Revista
de Educacin (Lima), Ao XIII, 1954, p. 72.
Loc. cit.
aos que dur su peregrinacin por los cuatro confines de la Patria. Fue el
fundador de la Arqueologa Cientfica, continuador de la obra de Uhle a
quien rectifico en algunos casos; fue un abanderado y propagandista de
dichos estudios. La Historiografa Peruana y la ciencia universal, lo
reconocen catalogndolo como sabio. Fue el autor indiscutible de la Teora
Autctona de la cultura primigenia. La primera impresin que el alumno
tena del Sabio, era poco favorable, no inspiraba confianza, pareca tener ante
s, a un hombre hosco, terco y dspota. En la ctedra hacia referencias al
indio, exaltando las virtudes de la raza aborigen; declaraba enfticamente ante
su auditorio, que l era indio, y que estaba satisfecho de serlo. Quin sabe
con tales declaraciones, la mayora de los oyentes, experimentaban cierto
desconcierto, pues entre aquellos, la mayora eran mestizos o blancos, siendo
escasos los indios.
Evidentemente, durante las clases iniciales, la simpata para el Sabio,
era nula. Pero poco a poco, el sentimiento de admiracin y respeto iban
ganando terrero, a medida que sus exposiciones fueran avanzando y aquellos
a quienes haban producido cierto desazn las palabras sinceras, pero
inoportunas del Sabio, en sus primeras clases, iban sumndose al grupo de
sus admiradores, tal era el embeleso de sus ideas y el calor humano con que
saba saturarlas. Por entonces, el Dr. Tello ya estaba aureolado por la fama y
el prestigio; todos los muchachos experimentaban legtimo orgullo de
contarse entre sus alumnos. En los vehculos que los transportaba a la
universidad, o a otros lugares, constitua siempre, una nota de cierta
distincin, hablar en voz alta con el compaero o el amigo: Tengo clase de
Antropologa General con el Dr. Tello, vanidad juvenil cuyo objeto era
atraer la atencin de quienes escuchaban.
Debemos indicar que a las clases asistan tambin, gran nmero de
extranjeros yanquis en su mayora quienes se ubicaban en los contornos del
aula, de suyo bastante espaciosa. Esos seores no eran alumnos regulares, y
se les conoca con el nombre de oyentes.
Tello era un hombre disciplinado que desde el primer da de clase
adverta a sus discpulos, que el aula permaneca abierta slo diez minutos,
transcurridos los cuales, la puerta sera cerrada.
En las excursiones era el primero en esperar a los estudiantes para
impartir las rdenes del caso. No estaba slo a menudo, lo acompaaban el
personal de colaboradores del Museo, con el fin de brindar ayuda y
facilidades a los alumnos. Durante la exposicin de su clase, interrogaba a
determinados alumnos, rectificando sus errores, si los tenan. Saba motivar,
manteniendo el inters del auditorio. Era adusto y lacnico. En determinados
15
momentos, refera algunos pasajes de sus excursiones o descubrimientos, o
narraba alguna leyenda hogarea.
El espritu de sacrificio de Tello se mostraba en sus clases y era algo
que atraa la atencin del estudiante sanmarquino. El Sabio dictaba en el aula
N 2 de la vieja casona, tres veces por semana a las 7 de la maana. En ellas
el Amauta forjaba en sus alumnos, el carcter, la disciplina, el nacionalismo:
virtudes saturadas de profundo amor patrio. Como mdico y Maestro no
ignoraba, que los jvenes peruanos carecan de cierta base, de disposiciones
innatas o adquiridas que fortalecieran su personalidad. En un complejo
sistema de disposiciones en parte, condicionada por la herencia, y en parte,
activamente adquiridas en relacin con el medio en que se ha desarrollado el
sujeto.
A menudo recordaba que el Per es un pueblo mestizo, y que por el
proceso de transculturizacin permanente, no habamos adquirido todava,
las bases firmes que forjara una verdadera personalidad. Criticaba, a menudo
la carencia de un espritu de sacrificio. Por esta idiosincrasia del hombre
americano, anotaba, no hemos penetrado todava en el valor eterno del
verdadero ideal de la vida. Generalmente, el joven peruano le gusta idealizar,
es romntico por naturaleza, pero es difcil exigirle que se adece a la realidad
del medio en donde le corresponde actuar. Ante la primera dificultad, deca,
nos amilanamos, pusilanimidad que nos inhibe de actuar y dudando de
nuestras propias fuerzas. Para contrarrestar ese mal social de la juventud,
recomendaba tener ms confianza en nosotros mismo, no esperar que nadie
venga en nuestra ayuda. Sostena enfticamente, que no hay polarizacin en
los ideales nacionales. La energa y moral se hallan deprimidas. Falta oxgeno
espiritual en nuestro ambiente. Estamos enfermos de pensamiento y sobre
todo enfermos de voluntad.
El Maestro saba distinguir entre los jvenes de la Costa y los de la
Sierra, atribuyendo a estas virtudes heredadas de los antepasados, que en los
jvenes costeos era difcil encontrar, atribuyndolo al fenmeno del
mestizaje. Se remontaba a los hechos de la historia, trayendo a colacin, las
castas privilegiadas de los seores terratenientes de la Capital, que
adormecidos en fatuos pergaminos, ignoraban las virtudes ms elementales
del ciudadano, tornndose en verdugos de la inocente raza oprimida. Todos
nuestros males, deca, se originan a partir del 16 de noviembre de 1532,
cuando Pizarro invadi con sus huestes el tambaleante Imperio del
Tahuantinsuyo.
Tello, fue honroso representante de la pujante raza india. La figura
del Sabio, era la de un indio neto, no importa el apellido de abolengo
16
hispano; descenda de una antigua familia afincada en la hermosa regin de
los Yauyos. Sus clases, hemos anotado estaban inspiradas en un profundo
nacionalismo. Al iniciarlas, exclamaba muy ufano, SOY INDIO! y su
auditorio lo escuchaba con reverente atencin.
Precisamente, tal declaracin aparentemente poco atinada, origin
ms de un percance.
En otros centros superiores donde ejerci la docencia, el Amauta
dando rienda suelta a su inflamado indigenismo, fue considerado como un
detractor de los conquistadores, sus juicios hispanfobos fueron mal
interpretados. Se pensaba que tales efusiones eran inoportunas y que
fomentaba cierto malestar en determinadas instituciones saturadas de
prejuicios raciales.
Cuando el seor Snchez Cerro, asumi el poder, la poltica de
entonces combati al Dr. Tello, que haba representado a su provincia en el
Parlamento ms de diez aos. Durante el gobierno de Legua fue despojado
arbitrariamente del cargo de Director del Museo y el Sabio debi solicitar
horas de clase en un Colegio y en la Universidad Catlica aqu gracias a la
gestin de su amigo el Dr. Jos de la Riva Agero, se le asign una ctedra en
el Programa de Letras. Por entonces, el Dr. Tello public en la Revista de
Letras de la Universidad Mayor de San Marcos primer cuatrimestre, 1957, un
artculo donde expona sus opiniones personales sobre nuestra cultura
autctona zahiriendo a la hispana.
Poco despus, en la Revista de la Universidad Catlica del Per,
Tomo V, pgina 236, junio de 1937, el Dr. Lohmann Villena trat de
rectificar al Maestro con estas frases descomedidas y ataques frontales al
autor.
Entre otras cosas deca el artculo de marras:
Con gran pasmo y estupefaccin advertimos ahora que quien era uno de
los ms afanados en vocear sistemticamente la superioridad de las culturas
pre incas sobre la del Tahuantinsuyo, resulta a la postre y coincidiendo con
el vituperado Garcilaso, ensalzando y aplaudiendo con evidente exageracin
romntica a esta ltima, alegando para ello espaciosas razones, discerniendo
a sus gobernantes supuestas dotes de patronal bondad y de ingenua
candidez, tan propias de la leyenda forjada en torno del Tahuantinsuyo. 4
En otro prrafo agregaba:
4
Lohman Villena, Guillermo. Revista (Lima, PUCP), Tomo V, 1937, p. 236 y ss.
17
Resulta por lo dems singularmente paradojal que se pretenda rebajar al
indiscutible y altsimo mrito de la Conquista Hispnica, alegando para ello
que el nico propsito que impulsaba a los conquistadores era la
apropiacin del oro y de ms riquezas y la injusticia de semejante expansin
armada, supuesto que eran los Incas los legtimos dueos del territorio que
hoy constituye nuestro pas. 5
Ante tales exabruptos el Dr. Tello, dando un ejemplo de honestidad y
decencia, renunci a la ctedra que regentaba en la Universidad Catlica
alejndose de ese Centro Superior de Enseanza.
Su desprendimiento y generosidad del Amauta Tello conviene
recordarlo en un episodio de su vida, que no debe pasar inadvertido, era
Maestro de corazn, l senta la necesidad de ensear, de comunicar sus
conocimientos. Deseaba formar una escuela de peruanidad y ms an, dejar
continuadores de su obra. Considerando las dificultades que se oponan a la
investigacin arqueolgica y antropolgica en el pas, por falta de bibliotecas
especializadas, cre con su propio peculio una de carcter antropolgico y
arqueolgico, considerada por entonces, como la ms completa de
Sudamrica.
Reuni ms de 12,000 volmenes y folletos debidamente
encuadernados, en nmero de 8,000 ejemplares. Esta valiosa biblioteca
especializada fue donada a la Universidad de San Marcos con la expresa
recomendacin que fuera paulatinamente actualizada por los alumnos e
investigadores.
Con tal desprendimiento la figura del Amauta se agiganta como
Maestro, peruano y Cientfico. A quienes les motejaron de egosta y de no
haber formado discpulos, se les puede responder, invitndoles, a visitar y
verificar todo lo que hizo, hasta la vspera de su muerte.
Su acrisolada honradez del Sabio Tello queda probada durante los
trabajos de campo, en los que era estricto y escrupuloso, con los restos
arqueolgicos que se hallaran. Haba ordenado que todo se inventariase con
suma minuciosidad, afirman sus colaboradores, que hasta el trozo ms
insignificante de cermica debiera figurar en el inventario. En una expedicin
a Chavn, hubo necesidad de comprar un poncho de factura corriente que
fue adquirido por ocho soles, en el mercado del lugar, y que el Dr. Tello us
durante el viaje, bien pudo haber sido considerado como objeto de uso
personal, sin embargo, tales eran los escrpulos del Sabio, que orden fuese
inventariado.
5
18
Loc. cit.
Sin embargo, an con estos rasgos de honradez acrisolada no pudo
librarse de la ponzoa y de la maledicencia, y en ms de una ocasin, se le
tild de traficante de huacos y objetos descubiertos en las ruinas; tambin se
le infam con la acusacin de haber realizado peculados. Durante todo el
mes de septiembre de 1932, en el peridico limeo La Libertad, dirigido por
Don Francisco Loayza, sus enemigos polticos trataron de herir la
honorabilidad del sabio. A este respecto nos recuerda el Dr. Pedro Weiss,
que l, mortificado por tan falaces imputaciones, recomend al maestro que
diera respuesta a esos infundios, pero el Dr. Tello respondi: la verdad se
defiende sola, son envidiosos los que tendran que raspar mucho para borrar
lo que yo he hecho por la historia de mi pas 6.
Weiss, Pedro. Revista del Museo Nacional de Antropologa (Lima), 1948, Vol. II, N 1-2, Primer
Semestre, p. 52.
19
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20
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de Investigaciones Antropolgicas (Lima), Ed. Valverde, 1967, 129
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Tello Rojas, Julio Csar. Las edades del Per Huamn Poma.
21
CSAR VALLEJO (1892-1938)
UN POETA PERUANO UNIVERSAL ANTE LA CONDICIN HUMANA
Jos Antonio Tejada Sandoval
Undcimo y ltimo hijo de don Francisco de Paula Vallejo Benites y doa
Mara de los Santos Mendoza y Guerreonero, el vate peruano Csar
Abraham Vallejo Mendoza naci un 16 de marzo de 1892, en Santiago de
Chuco, capital de la provincia del mismo nombre, ciudad sta enclavada en el
norteo departamento de La libertad 1.
Vallejo haba de cursar sus primeras letras en la ciudad donde naci,
y en 1905 ingresa al Colegio Nacional de San Nicols, en Huamachuco,
donde seguira sus estudios secundarios. El ao 1907 se inscribira como
alumno libre por no desear separarse de su familia, pero sobre todo por las
estrecheces econmicas a que se vea sometido el hogar familiar, de modo
que rendira sus exmenes en marzo de 1908, y este mismo ao concluira
sus estudios. ste, dicho sea de paso, sera el ao en que comenzara a
escribir sus primeros versos: Si Santiago de Chuco () me dio la materia
bruta, el bloque amorfo, dira, en algn momento, Huamachuco
puliment aquel bloque e hizo de l una obra de arte 2.
1909 lo encontrara ayudando a su padre, en su tierra natal, el cual se
dedicaba a las labores de tinterillo. Al ao siguiente, Vallejo se matriculara en
la Universidad de Trujillo, haciendo lo propio, a instancias de su hermano
Vctor, un ao despus, en la Facultad de Medicina de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, aunque en ambos casos no adelantara gran
cosa. Alrededor de estos mismos aos probablemente se haya empleado en
Quiruvilca, trabando cercana relacin con la realidad agobiante de los
trabajadores de las minas. Se dedicar luego a las labores de preceptor en una
hacienda de Hunuco, y tras esto pasara a convertirse por breve tiempo en
ayudante de cajero en la hacienda azucarera Roma, en las cercanas de
Trujillo. Aqu, otra vez, ser testigo de las dursimas condiciones de vida de
los peones agrcolas de los valles costeos.
22
Si bien alrededor de la fecha de nacimiento del poeta peruano hay un alto grado ya de
consenso, no ocurre lo mismo con relacin al da exacto en que aqul se habra
producido. Vid. Mongui, Csar, Csar Vallejo. Vida y obra, Lima, Ed. Nuevo Per, 1952,
p. 22.
Coyn, Andr, Csar Vallejo, Buenos Aires, Nueva Visin, 1968, p. 15.
Reanudara sus estudios en Trujillo, en 1913, y se agenciara de
recursos trabajando, una vez ms, como preceptor, en el Centro Escolar de
Varones N 241, en donde permanecera entre 1913 y 1915. Este ltimo ao,
se desempeara como maestro de instruccin primaria en el Colegio
Nacional San Juan, hasta 1917. Alumno suyo en este colegio, Ciro Alegra lo
recuerda as:
Bajo la abundosa melena, su faz mostraba lneas duras y definidas Sus
ojos oscuros no recuerdo si eran grises o negros brillaban como si
hubiera lgrimas en ellos De todo su ser flua una gran tristeza. Nunca he
visto un hombre que pareciera ms triste 3
Antes, en 1915, concluir la carrera de Letras, ao en que tambin iniciara
sus estudios de Derecho, y ese mismo ao obtendra el grado de bachiller con
una tesis intitulada El romanticismo en la poesa castellana, tesis que hubo de
dedicar a su profesor en la universidad, Eleazar Boloa, y a su hermano Vctor
aqul que lo envi a Lima a estudiar medicina, en prueba de cario y
gratitud 4.
En 1918, Vallejo, ya en Lima, cumplira labores de maestro en la
escuela particular Barrs, y al ao siguiente ocupara el puesto de profesor
interino en el colegio Guadalupe, institucin en que estara encargado del
cuarto y quinto de secundaria. De esta poca tambin datan sus estudios de
Filosofa y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la
que quiz haya continuado sus estudios de derecho, que iniciara en Trujillo.
Sus primeros textos publicados lo fueron a inicios de 1913 en el
boletn cultural, de ttulo Cultura infantil, que era publicado por la escuela en
que trabaj como preceptor, el Centro Escolar de Varones N 241 ya
mencionado. Fueron en total diez las composiciones poemas rimados, de
propsito didctico en su mayora que Vallejo alcanzara a esos efectos.
Uno slo de esos poemas, aquel que lleva por ttulo Babel, aparecera, aos
ms tarde, entre las pginas de Los heraldos negros.
Los heraldos negros, precisamente, fue el primer libro de versos que
Vallejo public. Dado a conocer en Lima, en 1918, a sus ciento cincuenta
pginas se aadi entonces un ndice y una fe de erratas 5. Vallejo para
entonces ya gozaba de cierto reconocimiento en los medios literarios.
Formaba parte de la bohemia trujillana, especficamente, del grupo de
3
4
5
Coyn, Csar Vallejo, op. cit., p. 16.
Mongui, Csar, Csar Vallejo. Vida y obra, op. cit., p. 31.
Ibid., p. 44.
23
intelectuales a quienes se llegara a conocer como el grupo El Norte, entre los
que se contaban Antenor Orrego, Jos Eulogio Garrido, scar Imaa,
Macedonio de la Torre, Alcides Spelucn, Juan Espejo Asturrizaga, Francisco
Sandoval y el futuro fundador de la Alianza Popular Revolucionaria
Americana, en esos momentos bisoo poeta, Vctor Ral Haya de la Torre,
entre otros. El veintids de octubre de 1916, el poeta Juan Parra del Riego
hubo de publicar en Lima un artculo bajo el ttulo de la La bohemia de
Trujillo en el semanario Balnearios, a travs del cual el mencionado grupo era
dado a conocer por el autor. Adems, ste se refera all mismo a Vallejo en
trminos halageos, al tiempo que le auguraba al poeta un auspicioso
porvenir en las letras 6. Antes, en 1915, el veintisis de septiembre, en
Trujillo, Vallejo, asimismo, haba participado en la Fiesta de la Juventud del
Centro Universitario, donde, luego de leer una sentida composicin potica,
fue aclamado. As, pues, la publicacin de esta la primera obra del poeta de
Santiago de Chuco se daba en circunstancias dirase favorables. Y esto aun
cuando es menester recordar que tambin recibi cidas crticas. Clemente
Palma, en Correo franco, seccin de la revista Variedades, haba empleado
adjetivos como adefesio y mamarracho para referirse a unos versos que
Vallejo se haba atrevido a someter a la consideracin del renombrado crtico
literario 7.
Pero volvamos a Los heraldos negros. Expresin de presagio
pesimista y de aristocrtica filiacin modernista 8, el libro, al parecer, fue
recibido con cierta indiferencia y alguna frialdad, si se tiene en cuenta lo
rememorado por algunos autores 9. Son sesenta y nueve los poemas que
integran el libro. Ellos, a excepcin de aquel que se encuentra al inicio, que,
adems de dar nombre al libro, ostenta una posicin autnoma, se agrupan
en seis secciones. La primera de stas, que lleva por ttulo Paflones giles, est
integrada por los poemas ms literarios, no pocos de ellos de contenido
ertico, y en conjunto acaso no muy originales. Buzos, la segunda de estas
secciones, rene cuatro poemas de tono dispar, pero hermanados por el cariz
coloquial que recubre su expresin. La tercera seccin, a la que Vallejo titul
De la tierra, se compone de versos en que se advierte el conflicto amoroso. La
cuarta seccin Nostalgias imperiales es la que exhibe mayor unidad, en la
medida en que los versos reunidos all poseen un matiz localista. La siguiente
seccin se titula Truenos y concentra las preguntas que acucian a Vallejo
6
7
8
9
24
Cf. Coyn, op. cit., p. 21.
Cf. Pinto, Willy, Csar Vallejo: en torno a Espaa, Lima, Cibeles, 1981, p. 15.
Coyn, op. cit., p. 61.
Cf. Mongui, op. cit., pp. 44-45.
acerca de la vida y la muerte, y da lugar a la manifestacin de aquellas
obsesiones que se harn presentes incluso en sus ltimas creaciones.
Canciones del hogar da nombre a la ltima seccin de la obra, y se compone de
poemas que recrean la atmsfera familiar, aunque el ltimo Espergesia
en que se encuentra aquel clebre verso, Yo nac un da que Dios estuvo
enfermo 10, expresa el conato metafsico y trgico en que se debati la vida
del poeta, al expresar a travs de sus lneas el dolor enraizado en la vida de
quien, como l, siente la desdicha como destino11.
Olascoaga ha dicho que Los heraldos negros () constituye una
muestra formal del modernismo tardo, en la cual sus interrogantes son de
carcter individual12. Y entre stos, uno que aparece de manera ntida es el
que gira en torno del pensamiento angustiante que el poeta manifiesta acerca
de la muerte. Y quiz sea el poema que abre la obra, y que lleva el mismo
ttulo que sta, aquel en que este pensamiento aparece con ribetes ms
acusados. Es el hombre, en estos versos, el que adopta la funcin de sujeto
potico, pero, del mismo modo, se revela como el objeto que padece el
omnvoro poder de la muerte, de la voluntad divina y del destino 13: instancias
que irrumpen en la vida del hombre repentinamente a manera de embates
tan inexplicables y devastadores que ante ellos nada cabe decir, salvo espetar
aquel extraviado yo no s.
La madre de Vallejo falleci el dieciocho de agosto del mismo ao
de la publicacin de Los heraldos negros. Las distancias, en esas pocas difciles
de sortear con premura, hicieron imposible que el poeta pudiera despedirse
por ltima vez de ella. Dos aos despus, el ao 20, asimismo, Vallejo
10
11
12
13
Cf. Vallejo, Csar, Los heraldos negros. En Vallejo, C., Obra potica, Lima, Peisa, 2002, pp. 9394.
Este destino suyo, sombro y trgico, era vislumbrado por Vallejo de manera
inquietantemente rotunda. En una carta que desde el hospital de la Charit le escribiera a
su buen amigo Pablo Abril de Vivero, convaleciente, luego de ser operado a raz de haber
sufrido una hemorragia intestinal le dira: Hay, Pablo, en la vida horas de una negrura
negra y cerrada a todo consuelo. Hay horas ms, acaso, mucho ms siniestras y tremendas
que la propia tumba. Yo no las he conocido antes. () Algn da podr morirme, en el
transcurso de la azarosa vida que me ha tocado llevar y entonces, como ahora, me ver
solo, hurfano de todo aliento familiar y hasta de todo amor. Pero mi suerte est echada.
Estaba escrito. Soy fatalista. Creo que todo est escrito. Dentro de seis u ocho das ms
creo que saldr del hospital segn dice el mdico. En la calle me aguarda la vida, lista, sin
duda, a golpearme a su antojo. Adelante. Son cosas que deben seguir su curso natural y no
se puede detenerlas. (Vallejo, C., Correspondencia completa, Lima, PUCP, 2002, p. 87).
Olascoaga, Karla, La potica de la muerte en la obra de Csar Vallejo. En Revista Cultura
de Guatemala (Guatemala), 21, N 1, enero, 2000, p. 51.
Cf. Olascoaga, art. cit., pp. 52-53.
25
perdera su empleo como profesor en el colegio Guadalupe. Estas
circunstancias, y el deseo que era el de casi todo intelectual joven de la
poca de marchar a Pars a fin de nutrirse de nuevas experiencias y alcanzar
el sueo de convertirse en un poeta reconocido, lo condujeron a tomar la
determinacin de abandonar el Per en direccin de la tierra de Rimbaud y
Baudelaire. Pero antes decidi ir a Santiago de Chuco a visitar la tumba de su
madre, a visitar tambin a su padre y a sus hermanos, y a despedirse de sus
entraables paisanos. El destino ese destino que con faz terrible y poco
favorable para l aparece una y otra vez en sus versos estara por
enfrentarlo a una terrible situacin, que lo marcara hondamente para el resto
de sus das.
En julio de 1920, y habiendo estado unos das en Huamachuco,
visitando a su hermano Nstor, y dando una conferencia en su antiguo
colegio San Nicols, en donde haba cursado sus estudios de secundara,
parta el poeta con rumbo a Santiago de Chuco, pues deseaba asistir a la
fiesta celebrada por el pueblo en honor de su patrono, el apstol Santiago. Se
estaban viviendo los primeros momentos del gobierno de Augusto B. Legua,
y en la ciudad natal del poeta se estaban produciendo disputas agitadas entre
las dos facciones polticas de aquella ciudad, disputas que haban polarizado
los nimos de los pobladores. En medio de esta atmsfera enrarecida, el
domingo primero de agosto se produjo un aciago incidente. Una rencilla
entre unos guardias amotinados, que se encontraban en estado de ebriedad, y
un grupo de ciudadanos produjo la muerte de un civil y tres gendarmes. Se
produjo una protesta que desemboc en una revuelta espontnea que
desemboc en la destruccin de la casa de Carlos Santamara, anterior
subprefecto de la provincia. De aqulla slo quedaron cenizas.
Carlos Santamara denunci a todo el grupo que haba acompaado
al alcalde, y entre los cuales, de acuerdo a la versin del propio Santamara,
supuestamente se encontraban, adems de Csar, dos de los hermanos
Vallejo, Vctor y Manuel. El juez designado para ocuparse de este proceso,
de la jurisdiccin de Trujillo, orden el treinta y uno de agosto, la detencin
de trece de los diecinueve implicados, Vallejo y sus dos hermanos entre ellos.
El poeta huy a Trujillo y se refugi en casa de uno de sus abogados, Andrs
Ciudad, y algunos das despus, su entraable amigo Antenor Orrego, le
ofreci refugio en una casa de campo de su propiedad, en Mansiche. Pero el
seis de noviembre de 1920, la polica captura a Vallejo y a Hctor Vsquez
cuando se dirigan a casa de su abogado.
Vallejo permaneci en prisin casi cuatro meses. El veinticuatro de
febrero de 1921, se orden su libertad condicional, pues el Tribunal de
26
Trujillo consider que slo le corresponda arresto mayor en segundo
grado. Dos das despus, el poeta sala de la crcel, en la que mantvose
con tal dignidad y varona que impuso respeto a todos 14.
Refirindose a sus das de crcel, Coyn ha dicho que () era
preciso que el poeta de Los Heraldos negros conociera las cuatro paredes de la
celda para que sellara su experiencia de la condicin miserable del
hombre 15. Fue, en verdad, un hecho que marc indeleblemente su espritu;
y a tal grado, que en algn pasaje de uno de sus poemas, escribira (aunque
manteniendo el perfil de quien lo dice en la sombra): El momento ms
grave de mi vida fue la prisin en una crcel del Per 16.
Ya fuera de la crcel, Vallejo haba de obtener el primer lugar en un
certamen literario nacional, el mismo 1921, el quince de diciembre,
organizado por la sociedad cultural Entre Nous. El cuento que se hara
acreedor a tal distincin llevara por ttulo Ms all de la vida y la muerte. En
junio del ao siguiente, la revista Variedades, en un acto que pareca destinado
a rehabilitar al vate, luego del escarnio, quiz inmerecido, al que sometiera
Clemente Palma a Vallejo algunos aos antes, publicara el mencionado
cuento. Por estas pocas, escribe los cuentos de la segunda parte de Escalas
melografiadas, intitulada Coro de vientos, y de la cual, precisamente, su
relato ganador formaba parte. Con el importe del premio Vallejo preparar la
edicin de su segundo libro de versos, aquel que estaba destinado a producir
una ruptura radical con la tradicin potica: Trilce.
Antenor Orrego, quien se encargara de escribir el prlogo a dicha
obra, deca en algunas de sus lneas liminares: Csar Vallejo est destripando
los muecos de la retrica. Los ha destripado ya. Y a rengln seguido,
agregaba: La Amrica Latina creo yo no asisti jams a un caso de tal
virginidad potica. Es preciso ascender a Walt Whitman para sugerir, por
comparacin de actitudes vitales, la puerilidad genial del poeta peruano 17.
Trilce 18 fue impresa en 1922, en los Talleres Tipogrficos de la
Penitenciara. Como se dijo, el prlogo fue escrito por un entraable amigo
14
15
16
17
18
Mongui, op. cit., p. 52.
Coyn, op. cit., p. 117.
Se trata del poema El momento ms grave de la vida. Cf. Vallejo, Csar, Poemas en prosa.
En Vallejo, Csar, Obra potica, p. 194.
Coyn, op. cit., pp. 125-126.
La palabra que da ttulo al libro fue una creacin intempestiva de Vallejo: () estamos
enterados de la lenta elaboracin del conjunto y las repetidas revisiones que curiosamente
se traslucen a travs de los ttulos sucesivos que Vallejo quiso dar a su obra, ttulos todos
correspondientes a una esttica que suponamos definitivamente superada por el poeta:
Slo de aceros (), Fretros, Scherzando (). Al iniciarse la impresin, el ttulo adoptado era
27
del poeta, Antenor Orrego. La obra consta de diecisis pginas preliminares,
y ciento veintin de texto 19. Y son setenta y siete los poemas que la
conforman. El desafo que su potica impona frente a la tradicin, y la
distancia que, del mismo modo, guardaba con respecto a las corrientes
vanguardistas de su poca, aun siendo ella misma una obra, sin lugar a dudas,
absolutamente innovadora, la convertira en un libro de factura
desconcertante, y, claro, poseedor de una belleza extraa y sobrecogedora.
Con relacin a su cabal originalidad, que estriba en su radical forma
de expresin, el mismo Vallejo era consciente del paso que estaba dando. Y,
as, le dira a Antenor Orrego, a travs de una misiva:
() el libro ha nacido en el mayor vaco () Asumo toda la
responsabilidad de su esttica. Hoy y ms que nunca quizs siento gravitar
sobre m, una hasta ahora desconocida obligacin sacratsima, de hombre y
de artista, la de ser libre. Si no he de ser libre hoy, no lo ser jams Me
doy en la forma ms libre que puedo y esta es mi mayor cosecha artstica
() Me doy en la forma ms libre que puedo y sta es mi mayor cosecha
artstica. Dios sabe cunto he sufrido para que el ritmo no traspasara esa
libertad y cayera en libertinaje! Dios sabe hasta qu bordes espeluznantes
me he asomado, colmado de miedo, temeroso de que todo se vaya a morir
a fondo para mi pobre nima viva! () 20.
Coyn, por su parte, dice algo que resulta pertinente traer a colacin:
El autor de Trilce confes una vez a Ernesto More que se senta hurfano
del idioma: orfandad ligada a la orfandad a secas y que es la clave que nos
faltaba para entrar de lleno en una poesa que no nos atae nicamente por
su carcter sumamente existencial, sino por la inesperada idoneidad de un
lenguaje igualmente inesperado 21..
Valdra la pena, asimismo, para ilustrar lo dicho con respecto a la distancia
que es dable establecer entre una obra como Trilce y algunas de aquellas otras
19
20
21
28
Crneos de bronce, que tambin sonaba a antigualla y resultaba tanto ms absurdo cuanto
que Vallejo quera adoptar el seudnimo de Csar Per (). Solamente las burlas
repetidas de sus amigos Quesada y Xandoval lo hicieron renunciar tanto al Per como a
los crneos, y acert a inventar, en un relmpago de inspiracin, el vocablo que cubrira
el libro: el volumen iba a costar 3 libras (), luego tres, tres, tres tresss, trisss, trisess,
tril, trilsss, entonces se llamara Trilce (). (Coyn, Andr, op. cit., pp. 126-127).
Mongui, op. cit., p. 56.
Vallejo, Csar, Correspondencia completa, pp. 46-47.
Coyn, op. cit., pp. 131-132.
forjadas en los territorios de las vanguardias, referirnos a algo manifestado
por el mismo Coyn:
Quedara por agregar, para deshacer confusiones que por ah circulan, que
la poesa de Trilce destrozada, nostlgica o estridente nada tiene que ver
con la poesa surrealista, a no ser que se considere al surrealismo () como
un mtelo todo literario, y no como lo que ha sido y es: un modo de vivir
totalitario, que se expresa a ratos por la palabra, y entonces maneja un
humour inicitico, destructor de las apariencias, sin nada en comn con el
humorismo tierno de Vallejo, o se lanza a la bsqueda de la maravilla, una
bsqueda apasionada que podra reconciliarnos con nosotros mismos y con
el mundo, bsqueda tampoco compartida por Vallejo. No ser un verso,
una figura suelta que alguien tal vez alegue lo que nos oculte una
fundamental oposicin, que el mismo Vallejo fue el primero en destacar 22.
Dos libros, adems del impactante Trilce, fueron tambin publicados por
entonces, a principios de 1923: Escalas melografiadas, un conjunto de relatos,
que fuera impreso en los Talleres de la Penitenciara de Lima el mismo lugar
de edicin del libro de versos del cual venimos de hablar, y Fabla salvaje,
una novela corta apenas de cuarenta y nueve pginas, dada a conocer al
pblico como parte de la coleccin La novela peruana, y en la cual le
correspondi ver la luz como la entrega nmero nueve de dicha coleccin.
A mediados de 1923, Vallejo partira a Pars, a intentar alcanzar nombrada y
tambin el aprendizaje que el contacto con la selecta cultura potica y
artstica de esas latitudes le podra brindar. Al menos aqulla era la visin que
en aquellas pocas compartan como supuesto comn los artistas y poetas en
cierne.
22
Ibd., pp. 136-137. Las distancias que el autor de Los heraldos negros impona entre l y el
surrealismo puede muy bien ser advertidas, por ejemplo, si se repara en el tono spero con
que pondera los que considera son los pauprrimos rasgos definitorios del surrealismo el
propio Vallejo; dice el poeta: En verdad, el superrealismo, como escuela literaria, no
representa ningn aporte constructivo. Era una receta ms de hacer poemas sobre
medida, como lo son y sern las escuelas literarias de todos los tiempos. Ms todava. No
era ni siquiera una receta original. Toda la pomposa teora y el abracadabrante mtodo del
superrealismo fueron condensados y viene de unos cuantos pensamientos esbozados al
respecto por Apollinaire. Basados sobre estas ideas del autor de Caligramas, los manifiestos
superrealistas se limitaban a edificar inteligentes juegos de saln relativos a la escritura
automtica, a la moral, a la religin, a la poltica. (Vallejo, Csar, Autopsia del
superrealismo. En Vallejo, C., Obras completas. Artculos y crnicas (1918.1939). Desde Europa,
Lima, BCP, 1997, p. 573).
29
Los dos aos siguientes a su llegada a Pars fueron tiempos
particularmente difciles para Vallejo. El intenso invierno parisino, las
estadas fugaces en distintos cuartos de modestos hoteles del Barrio Latino,
la frugal y aun escasa alimentacin, y la falta de vestidos adecuados para
enfrentar el rigor del clima fueron las duras condiciones que marcaron la vida
del poeta peruano por entonces. Pero a inicios de 1925, se funda el Bureau des
Grands Journaux Ibro-Amricains, lugar adonde Vallejo ingresa a trabajar. Y a
mediados de ese mismo ao, comienza a colaborar con la revista limea
Mundial, publicacin en la que dio a conocer cerca de ciento veinte artculos
entre 1925 y 1930. Desde 1926, y por espacio de cuatro aos, artculos suyos
que bordearan la treintena tambin seran dados a conocer por otra
revista peruana, Variedades.
Casi a finales de 1925, Vallejo visitara Espaa por vez primera, si
bien su estada en este pas fue breve. l y el poeta Xavier Abril haban
obtenido una beca otorgada por el gobierno espaol para llevar adelante
estudios de jurisprudencia Vallejo, y Abril para realizar estudios en la
Academia de San Fernando. El ambiente que se viva en Espaa bajo la
dictadura de primo de Rivera result ser insoportable para ellos, de modo
que ambos, ya de regreso en Pars, en 1926, en un acto de rebelda, sentados
en el Caf de la regencia, decidieron renunciar a las cuatro mil pesetas que se
les haban asignado23. Acto ste que nos proporciona una imagen vvida del
autor de Los heraldos negros: aun cuando su condicin impecune podra haber
sido determinante al momento de evaluar las posibilidades de mejora
econmica, Vallejo, que ya por entonces iba camino a asumir un profundo
compromiso con las aspiraciones y demandas del ideario socialista, prefiri
ser fiel a sus principios.
Al lado de Juan Larrea, este mismo ao, dara vida Vallejo a una
revista literaria que llev por nombre Favorables Pars Poema, y de la cual slo
se publicaron dos nmeros, en julio y octubre. Creaciones en prosa y verso
no slo de estos dos creadores fueron publicadas all, sino tambin de
escritores de indudable talento como Vicente Huidobro y Pablo Neruda,
adems de textos traducidos de poetas como Tristn Tzara.
Entre 1926 y 1928, Vallejo experimenta una transformacin
espiritual profunda: sus preocupaciones existenciales, su aguda sensibilidad
frente al sufrimiento y al dolor del hombre, su presentimiento del absurdo de
la vida humana, adquieren una textura, dirase, ms social y comprometida,
que lo conduce a abrazar los ideales que sustentaban el socialismo, y que
23
30
Cf. Mongui, op. cit., p. 61.
daba entusiasta cabida a la sublime esperanza en la construccin de un
mundo mejor. Nacen, as, en el poeta de Santiago de Chuco, hondas
preocupaciones polticas que habrn de encaminarlo a asumir un
compromiso efectivo con las acciones promovidas por la ideologa
revolucionaria propugnada por el marxismo. Experimentaba el poeta la
profunda necesidad de seguir un rumbo vital que comprometa su esfuerzo
creativo en la construccin de un mundo y un hombre nuevos. Un clima
espiritual como ste lo determin a tomar la decisin de visitar la en ese
entonces Unin Sovitica. A Pablo Abril de Vivero le dira a travs de una
carta:
Me doy cuenta de que mi rol en la vida no es ste ni aqul y que an no he
hallado mi camino. Quiero, pues, hallarlo. Quiz en Rusia lo halle, ya que
en este otro lado del mundo, donde hoy vivo, las cosas se mueven por
razones ms o menos semejantes a las enmohecidas tuercas de Amrica. En
Pars no har nunca nada 24.
El viaje lo emprendi a fines de 1928. Es por estas pocas, sea dicho de
paso, cuando contrae matrimonio con la joven francesa Georgette 25, y es con
ella con quien haba de realizar un segundo viaje a este pas, en el otoo de
1929. Fruto estimable de estos dos viajes fue la redaccin de artculos
diversos publicados en las revistas Mundial y Bolvar, y que reelaborados y
sumados al material acopiado en aquellos viajes proporcionaran la materia
para la elaboracin de aquella obra suya, en que a travs de sus pginas pinta
Vallejo un retrato vvido de las hondas transformaciones que se venan
gestando en la Unin Sovitica, Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin 26.
24
25
26
Vallejo, Csar, Correspondencia completa, p. 304.
ste es el dato alcanzado por Csar Mongui (Mongui, op. cit., p. 65), quien da 1929
como fecha del matrimonio de Csar Vallejo y Georgette. Andr Coyn, por su parte,
proporciona otra: octubre de 1934. (Coyn, Andr, op. cit., p. 286).
El ao que se consigna en el ttulo se debe a que fue en julio de ese ao cuando la editorial
Ulises dio a la luz pblica dicha obra (Cf. Mongui, op. cit., p. 71). En esta obra queda
claramente establecido el compromiso que Vallejo asume con la doctrina marxista, y,
sobre todo, con el propsito, que l siente autnticamente humano, de instaurar un nuevo
orden social, verdaderamente justo y solidario. La obra contiene diecisis captulos a lo
largo de los cuales, el poeta, esta vez en su faceta de periodista, se propone aproximar al
lector a las entraas mismas del sistema socialista a travs del testimonio de los propios
actores de los cambios radicales que all se estn operando. Un pasaje representativo de
esta obra nos da una idea del entusiasmo que animaba en esos momentos a Vallejo:
Contemplando el panorama de Mosc desde una de las torres del Kremlin, pienso en la
ciudad del porvenir. Cul ser el tipo de urbe futura? La ciudad del porvenir, la urbe
31
Su adhesin a la filosofa marxista y su respaldo a las polticas de radical
cambio social emprendidas en ese pas, se daban en apreciable grado. Su
actitud se encontraba en perfecta consonancia con la direccin que venan
tomando sus acciones desde algn tiempo atrs:
Ya en 1927, el propio Vallejo sostuvo que el artista es, inevitablemente, un
sujeto poltico. Su neutralidad, su carencia de sensibilidad poltica, probara
chatura espiritual, mediocridad humana, inferioridad esttica. A fines de
1928, para luchar por el socialismo, Vallejo se afiliar () al partido
marxista que acababa de fundar Maritegui en el Per. Y, en adelante, hara
disciplinada vida de miembro del Partido Comunista Espaol y del Partido
Comunista Francs 27.
Vallejo, antes de retornar a Pars, en 1930, pasara por Madrid. En Bolvar,
revista cuya publicacin corra a cargo del poeta y diplomtico peruano Pablo
Abril de Vivero, se haban estado publicando una serie de artculos bajo el
ttulo de Un reportaje en Rusia. En esa misma revista, se anunciara la
segunda edicin de Trilce. Esta segunda edicin puso en manos del pblico
un volumen de lujo, que haba sido responsabilidad de la Compaa IberoAmericana de Publicaciones, y contena un prlogo de Jos Bergamn
considerado uno de los mejores prembulos escritos para la obra y un
poema-salutacin de Gerardo Diego 28.
Ya otra vez en Pars, a Vallejo le esperaba otra amarga experiencia.
El gobierno derechista de Andr Tardieu emprendera una persecucin
contra todo aquel que fuera sindicado como comunista, y, as, el veintinueve
de diciembre de 1930, bajo la presuncin de militancia comunista se ordena
la inmediata expulsin de Vallejo de tierras francesas. l y su esposa marchan
a Espaa.
27
28
32
futura, ser la sociedad socialista. Lo ser en el sentido en que Walt Whitman concibe el
tipo de gran ciudad: como el hogar social por excelencia, donde el gnero humano realiza
sus grandes ideales de cooperacin, de justicia y de dicha universales. Lo ser en el sentido
en que Marx y Engels la conciben: como la forma ms avanzada de las relaciones
colectivas, cuando la sociedad cesa de ser una jaura de groseros individualismos, un
lupanar de instintos bestiales y menos que bestiales, viciosos, para empezar a ser una
estructura poltica y econmica esencialmente humana, es decir, justa y libre y de una
libertad y una justicia dialctica cada vez ms amplias y perfectas. (Vallejo, Csar, Rusia en
1931. Reflexiones al pie del Kremlin, Lima, Ed. Grfica Labor, 1965, pp. 18-19).
Miguel de Priego, Manuel, Vallejo. El adis y el regreso, Lima, Ed. La Voz, 1992, p. 73.
Mongui, op. cit., p. 67.
Se vivan los primeros das del ao 1931, y la llegada de los esposos
Vallejo a Madrid, luego de una breve estancia en Barcelona, coincidi con la
cada de la monarqua y el ascenso al poder de la democracia republicana. 29
Nuestro poeta hall empleo en la redaccin de algunos diarios de la poca
como Ahora, Estampa y La Voz. Este mismo ao, y tras visitar, en octubre,
por tercera vez la Unin Sovitica, a raz de un congreso de escritores all
realizado, Vallejo se afilia al Partido Comunista Espaol. Habitaba por aquel
entonces Vallejo una modesta vivienda en la Calle del Acuerdo. Fue all
donde escribi El tungsteno, o, en cualquier caso, donde le dio su forma
definitiva 30. Es por entonces, asimismo, cuando Vallejo escribira su segundo
libro sobre Rusia y las transformaciones sociales de envergadura que se
estaban produciendo en ese pas: Rusia ante el segundo plan quinquenal.
El tungsteno, relato que, significativamente, fue publicado en la
coleccin La novela proletaria por la Editorial Cenit, es el relato a travs
del cual Vallejo recrea la explotacin a que son sometidos los trabajadores
mineros en un pueblo del Per. Hay en su prosa un inequvoco tanto como
estridente tono de denuncia de la injusticia social, que no sabe de lmites ni
territorios, y un decidido compromiso poltico con el proyecto socialista que
aos antes haba acogido como parte de su vida31.
29
30
31
A pesar de este suceso, Vallejo no vera con buenos ojos la instauracin de este nuevo
rgimen: En abril Vallejo presencia sin ilusiones el nacimiento de la Repblica: de hecho,
la instalacin de un nuevo rey Niceto I (Alcal Zamora) y de la dictadura del General
Azaa, mientras se acenta la pobreza terrible del pas (Econmica, social y
polticamente, la vida espaola no ha cambiado en nada. Para ser ms preciso, s ha
cambiado en lago: la dictadura republicana es ms cruel y sanguinaria que la dictadura
monrquica). (Coyn, op. cit., p. 284).
En efecto, como lo seala Csar Mongui, el primer captulo de esta novela es una
reelaboracin de Sabidura, que haba sido el captulo de una novela indita, y que como
tal fue publicado en la revista Amauta cuatro aos antes (Cf. Mongui, op. cit., p. 69).
La novela () El tungsteno () fue () una tentativa por parte de Vallejo de producir un
libro de ficcin combatiente, un instrumento literario al servicio de la accin del
proletariado. (Mongui, Csar, op. cit., p. 143). El firme y vehemente compromiso con la
revolucin socialista asumido por Vallejo, expresado sin cortapisas en sus ltimos cuentos,
en sus dos libros sobre Rusia y en ensayos y artculos diversos, no implic, sin embargo, la
llana y automtica decisin de hipotecar su impulso creativo para ponerlo a rdenes de un
incondicional y exclusivo requerimiento poltico de tipo coyuntural. Este nimo,
proverbial en un creador libertario como Vallejo queda retratado cuando al referirse al
hombre orgnicamente socialista, dice: Slo se crear un poema socialista, en el que la
preocupacin esencial no radica precisamente en servir a un inters de partido o a una
contingencia clasista de la historia sino en el que vive una vida personal y cotidianamente
socialista (digo personal y no individual). En el poeta socialista, el poema no es, pues, un
trance espectacular, provocado a voluntad y al servicio preconcebido de un credo o
33
Reaparece en El tungsteno un personaje de aquel texto publicado en
Amauta, en 1927, que llevaba por ttulo Sabidura: se trata de Benites. La
historia, poseedora de un trepidante tono realista, gira en torno a un centro
minero de extraccin de tungsteno situado en un pueblito recndito llamado
Quivilca 32, en el Cuzco, en cuyo seno se fragua una oscura alianza de
intereses entre representantes de la ley, hacendados locales y capitalistas
extranjeros, que tiene por objeto explotar a indios trados de zonas
inhspitas y, a un tiempo, expoliar sus territorios a la humilde gente del lugar.
Los abusos y el desprecio a que son sometidos los pobladores de esa zona
por parte tanto de la minscula aristocracia local cuanto de las autoridades
militares, a travs stos ltimos de la conscripcin forzada, sumados a la
explotacin brutal de los trabajadores a manos de la Mining Society,
desencadena una rebelin popular que es aplacada a sangre y fuego por las
autoridades. En medio del cruento desarrollo de estos hechos, surge la figura
heroica de Servando Huanca. En un pasaje de un dilogo sostenido en las
partes finales de la obra, entre Huanca y Benites ste ltimo es quien
encarna los rasgos del intelectual tpico, queda plasmado el propsito
aleccionador de la novela: los intelectuales han de responder a las
expectativas de los pobres, haciendo lo que ellos digan, defendiendo sus
intereses. Huanca finaliza: Hoy por hoy, sta es la nica manera como
podemos entendernos. Ms tarde, ya veremos. All trabajaremos, ms tarde,
juntos y en armona, como verdaderos hermanos 33.
De esta poca son tambin Paco Yunque, un cuento que recrea la dura
realidad de las abismales diferencias sociales que un pas como el nuestro
favorece cotidianamente, y cuyo encuadre se da a travs de la presentacin
de la vertical y asimtrica relacin establecida entre dos escolares; y dos
dramas: Manpar, que algn tiempo despus Vallejo destruira, y Lock-out.
32
33
34
propaganda poltica, sino que es una funcin natural y simplemente humana de la
sensibilidad. (Vallejo, C., El arte y la revolucin. En Vallejo, C., Ensayos y reportajes
completos, Lima, PUCP, 2002, p. 381).
Es evidente la cercana fnica que hay entre este trmino Quivilca y Quiruvilca:
Concluidos los estudios primarios en Santiago (), en abril de 1905 Vallejo se dirige a
Huamachuco, donde ingresa al Colegio Nacional de San Nicols. Cruza entonces por
primera vez, a lomo de bruto, las rocallosas jalcas peruanas con sus paisajes cargados de
hrrido presagio (), y pasa por el sitio minero de Quiruvilca, que le depara otro horror:
el de la degradacin del hombre por el hombre, que denunciar en 1931, en El tungsteno.
(Coyn, op. cit., p. 14).
Vallejo, Csar, El tungsteno. En Vallejo, C., Narrativa y ensayos. Antologa, Lima, Orbis
Ventures, 2005, p. 166.
Alrededor de 1932, Vallejo ingresa clandestinamente a Francia.
Georgette se encontraba all, tratando de vender el departamento en que
haba vivido desde su niez. Algn tiempo despus, Vallejo regularizara su
situacin en ese pas y permanecera en l hasta 1936. Ay, cunto dinero
cuesta ser pobre, cuenta la leyenda que le escucharon decir algunos pocos
amigos ntimos en una ocasin. Y, en efecto, esta vuelta a Pars no fue en
absoluto auspiciosa en trminos econmicos. Las penurias se multiplicaron;
el dinero siempre era poco y el hambre apretaba: Cuando la miseria le
atenazaba en exceso se reclua Vallejo en el lbrego cuarto de un hotel de
ltima categora comiendo en silencio la media racin de arroz y papas que
Georgette preparaba en una lamparilla de petrleo 34.
Se trata de una imagen sobrecogedora: el gran poeta peruano, el
portento que escribiera versos como Los heraldos negros y Espergesia,
Los nueve monstruos y Masa, viva en un estado de autntica miseria.
Pero el esfuerzo creador segua rindiendo sus frutos. Entre 1933 y 1936
escribira Mosc contra Mosc (que luego vera su ttulo substituido por Entre las
dos orillas corre el ro), un drama de temtica revolucionaria; otro drama
ambientado en la poca incaica, Piedra cansada; una comedia en torno a la vida
poltica peruana, a la que intitul Colacho hermanos (o Los hermanos Colacho).
Adems, ordenara el material para la edicin de dos obras de ensayos, El arte
y la revolucin y Contra el secreto profesional.
Entretanto, la situacin poltica en Espaa iba tornndose cada vez
ms y ms tensa. El gobierno republicano de inspiracin liberal, que ejerca el
poder desde 1931, produca preocupacin y desconfianza crecientes entre los
sectores conservadores, que incluan a la Iglesia, a gran parte de la oficialidad
del ejrcito y al Partido Fascista Espaol conocido como la Falange,
siniestra instancia formada en 1933. Para 1936 la situacin era ya
insostenible. La represin sangrienta por parte del gobierno, en 1934, de la
revuelta que tuvo lugar en la regin minera de Asturias, impulsada por
socialistas, anarquistas y separatistas, determin el apoyo de la opinin
pblica a los partidos ms radicales. El voto popular, de esta manera,
favoreci a los candidatos radicales, que, en febrero de 1936, conformaron
un frente popular de base amplia. Pero las cosas no cambiaran su rumbo.
El 18 de julio de 1936, un levantamiento militar iniciado en
Marruecos desat lo que se convertira en una guerra civil que durara tres
aos. Las facciones rebeldes, guarniciones militares diseminadas por todo el
pas a cuyo mando se encontraba el general Franco, apoyaron la invasin de
34
Mongui, op. cit., p. 75.
35
las tropas rebeldes, que ingresaron por el sur de Espaa. Las potencias
fascistas la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini apertrechaban con
equipo militar a los rebeldes. Francia e Inglaterra se mantuvieron neutrales,
en tanto que la Unin Sovitica envi consejeros y material de guerra al
gobierno republicano de Manuel Azaa. Mxico fue uno de los pocos pases
democrticos que prest ayuda a la Repblica35.
Si bien Vallejo, como se ha visto 36, mantena una prudente distancia
de un rgimen como el implantado en Espaa a partir de 1931, particip de
manera muy activa para lograr el apoyo a la causa de la Repblica. La pasin
heroica de un pueblo que defenda los pocos derechos recientemente
conquistados 37, a decir del propio Vallejo, dignificaba a un rgimen que en
vista de las aciagas circunstancias que ahora enfrentaba pasaba a convertirse
en baluarte de la libertad y en promesa de justicia social (considerando la
resuelta participacin de anarquistas y socialistas) frente al totalitarismo que
defina la ideologa de inspiracin abiertamente fascista que el general Franco
encarnaba.
En el decurso de la guerra, sealadamente principiando 1937, Vallejo
participa en la fundacin del Comit Ibero Americano para la Defensa de la
Repblica Espaola. Y en julio de aquel ao regresa a Espaa. Siguiendo el
itinerario del evento que motiv esta visita el Congreso Internacional de
Escritores para la Defensa de la Cultura 38, y en calidad de delegado del
Per, va a Valencia, Madrid, Barcelona y Pars. Asimismo, en este evento
particip en la elaboracin de un documento que el congreso aprob:
Apelacin desde Madrid. A los escritores hispanoamericanos.
Vallejo no haba vuelto a publicar poesa salvo cuatro
composiciones: dos dadas a conocer a travs de Favorables Pars Poema, revista
que fundara con Juan Larrea, y otras dos a travs de Mundial 39 desde el
35
36
37
38
39
36
Cf. Fagen, Patricia, Transterrados y ciudadanos. Los republicanos espaoles en Mxico, Mxico,
FCE, 1975, pp. 10-41.
Vid. supra, nota 25.
Cf. Coyn, op. cit, p. 300.
Cf. Mongui, [Link]., p. 77. Andr Coyn menciona otro nombre en relacin con este
evento acadmico: Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. (Coyn, op. cit.,
302).
Vallejo haba hecho llegar, asimismo, algunos textos poticos a Luis Alberto Snchez. En
misiva del 18 de agosto de 1927, le dice: Le envo unos versos de la nueva cosecha.
Usted sabe, mi querido Snchez, que soy harto avaro de mis cosas inditas, y si me doy as
hacia usted, lo hago en gratsimo impulso de plena simpata intelectual. () Son los
primeros que saco a publicidad despus de mi salida de Amrica. Aun cuando se me ha
solicitado poemas continuamente, mi voto de conciencia esttica ha sido hasta ahora
lejano 1922, ao de la publicacin de Trilce. Ello, claro est, no es indicio de
que no la haya escrito. Con todo, lo cierto es que en los aos del estallido de
la guerra civil en Espaa Vallejo haba de producir poesa, dirase, a
borbotones, ya sea dando forma a antiguos textos, ya crendolos al fragor del
combate que se libraba en su espritu de modo paralelo a las acciones que los
heroicos milicianos desplegaban en el frente. La guerra civil espaola, en
efecto, es la experiencia lmite vivida por Vallejo con una intensidad
paroxstica que acaso determin un grado tal de deterioro fsico y anmico
que fue lo que quiz a la postre lo condujo a la muerte que aliment buena
parte de los versos que el poeta peruano escribira entre setiembre y
diciembre de 1937, y aun poco antes de su muerte, y que luego darn vida a
los pstumos Poemas en prosa, Poemas humanos y Espaa, aparta de m este cliz.
Compuesto de setenta y seis poemas, Poemas humanos es una obra
escrita en tiempos de crisis. Sus versos rezuman dolor; dolor, pero tambin
compromiso y honda preocupacin por el destino humano en tiempos en
que la esperanza y la angustia se entremezclan generando cuadros
verdaderamente desgarradores brotados de la trgica accin humana:
Hay que hacer un esfuerzo mental para imaginar la poca en que se gestan
los llamados Poemas humanos. La poca en que un esteta que participa en la
Primera Guerra Mundial, que tiene avidez de plenitud y lucha por la
liberacin creadora del lenguaje, es tambin un hombre de todos los
combates por la dignidad y responsabilidad del escritor: Andr Bretn.
poca en que otro inmenso poeta, sin que nada en su temperamento
indique sombras, se suicida: Maiakovski en la [URSS]. Y en Francia, en
Pars, un poeta apasionado por el surrealismo y la poltica, se suicida por la
poltica, es Ren Crevel 40.
Pero no son slo poemas que dibujan horizontes perfilados por el dolor que
el hombre experimenta en el presente, o por el dolor y el desamparo
consustancial a un ser de fibras tan sensibles como lo es el poeta, y que
Vallejo arrastraba desde incluso la poca de la niez. Se tratan tambin de
poemas que impulsan a aplicarse a la tarea de dar otro rostro a una realidad
que se muestra hostil, y, ms an, injusta. Est all, por decir algo, las lneas
finales de Los nueve monstruos: hay, hermanos, muchsimo que hacer 41.
40
41
impertrrito: no publicar nada, mientras ello no obedezca a una entraable necesidad ma,
tan entraable como extraliteraria. (Vallejo, C., Correspondencia completa, p. 243).
Henderson, Carlos, La potica de la poesa pstuma de Vallejo, Lima, BNP, Fondo Ed., 2000,
p. 13.
Vallejo, Csar, Poemas humanos. En Vallejo, C., Obra potica, p. 252.
37
Poemas humanos sera publicado pstumamente, en julio de 1939, bajo la
supervisin de Georgette Marie Philippart y Ral Porras Barrenechea, bajo
el auspicio editorial de Les Editions des Presses Modernes au Palais Royal.
Por otra parte, Espaa, aparta de m este cliz se trata, en realidad, de
quince poemas que originalmente formaban parte del corpus de Poemas
humanos, pero cuyos versos se inspiran exclusivamente en los funestos
sucesos de la guerra civil espaola42. El camino que Espaa estaba
recorriendo a duras penas, tratando de encontrar la manera de instaurar un
orden justo sobre la base de pilares democrticos, qued trunco con el inicuo
asalto al orden constitucional emprendido por los gendarmes de la Falange,
respaldados sin ningn embozo por las fuerzas fascistas de Europa: Vallejo
sinti por el pueblo espaol agredido, sangrante, combatiente por sus
derechos () la hermandad en el dolor y la solidaridad en la esperanza que
eran sus dos bsicos y motivantes sentimientos en la existencia43.
Quiz no sea un dislate hablar de la presencia en la poesa, y en la
obra en general de Csar Vallejo, de un doble registro. Por una parte,
digmoslo as, un pulso metafsico, ntimo, visceral, reconcentrado, late en su
aproximacin, siempre crispada, al dolor humano, ese dolor de nadie en
particular, el dolor consustancial a la especie; y hay tambin, por otra parte,
resonancias de una voz que grita la urgencia de una real transformacin
social que cancele para siempre aquello que Marx llamaba la prehistoria de la
humanidad 44. A su amigo Juan Larrea le escribir:
La inseguridad econmica, ya sabes t que es y [ha] sido siempre mi fuerte.
En cuanto a lo poltico, he ido a ello por el propio peso de las cosas y no ha
estado en mis manos evitarlo. T me comprendes, Juan. Se vive y la vida se
le entra a uno con formas que, casi siempre, nos toman por sorpresa. Sin
embargo, pienso que la poltica no ha matado totalmente el que era yo
antes. He cambiado, seguramente, pero soy quiz el mismo. Comparto mi
vida entre la inquietud poltica y social y mi inquietud introspectiva y ma
para adentro45.
42
43
44
45
38
Cf. Mongui, op. cit., 151. Por lo dems y como lo manifiesta Georgette de Vallejo en un
breve exordio a El secreto profesional, en julio de 1939, en Pars, a Espaa, aparta de m este
cliz y a Poemas humanos se agregar, para su primera edicin, que fue publicada en un solo
volumen, Poemas en prosa. (Vallejo, C., Contra el secreto profesional, p. 7).
Ibd., p. 150.
Marx, Karl., Prlogo a contribucin a la crtica de la economa poltica. En Marx, K.,
Introduccin general a la crtica de la economa poltica / 1857, Buenos Aires, Cuadernos de
Pasado y Presente, 1972, p. 36.
Citado por Miguel de Priego, Manuel, Vallejo. El adis y el regreso, p. 90.
El alcance humanista de la obra de Vallejo es inmenso. Sufriente y
tenazmente arraigada, su preocupacin por el hombre queda cabalmente
manifestada tanto en su aproximacin al evento limite que define el
horizonte de la existencia humana la muerte, cuanto en la expresin de
esperanza, muchas veces quiz hiperblica, en las posibilidades
autnticamente liberadoras de la solidaridad humana que, segn l lo
estimaba, eran noblemente acogidas y robustecidas por la concepcin
marxista en que se haba inspirado la revolucin socialista emprendida en la
Unin Sovitica. Vallejo, asumiendo un ideario tal, no aspiraba a un cambio
meramente local, circunscrito a un determinado espacio nacional; l buscaba
contribuir a que se produjera una transformacin radical en las races mismas
del hombre; l esperaba que el hombre sea sencillamente eso: hombre; un ser
verdaderamente humano. Su obra es un alegato a favor de la esperanza de
que el hombre venza a la muerte, no a travs de una inmortalidad terrena,
sino con las armas ms poderosas de la solidaridad y el amor fraternal:
Masa es la dramtica expresin de esta conviccin. Es pertinente recordar
sus ltimas lneas: Entonces todos los hombres de la tierra / le rodearon:
les vio el cadver triste, emocionado; / incorporse lentamente/ abraz al
primer hombre; echse a andar 46. En suma, la obra de Vallejo, su poesa,
sus creaciones literarias en general, y su accin poltica adoptan un signo que
indica inequvocamente la presencia de un compromiso que busca a toda
costa mantener un estrecho vnculo con los avatares de la trgica y, por ello
mismo, heroica condicin humana: Detrs de las imgenes de los poemas,
con los instrumentos del arte; y detrs de la exaltacin del trabajo poltico,
por lo menos tratndose de Vallejo, nos topamos con un elemento comn a
ambos: el amor al hombre 47.
La guerra civil en Espaa arrecia y la Repblica va cediendo terreno.
El fascismo se aproxima. Y se aproxima tambin el final para el poeta. En
Poemas humanos encontramos unos versos a los que Vallejo llam Piedra
negra sobre una piedra blanca. Es ste el poema clebre (uno de los tantos
que el genio del vate peruano produjo) que captura con funesto tono
46
47
Vallejo, Csar, Espaa, aparta de m este cliz, Lima, CONCYTEC, 1992, p. 43. No estar de
ms mencionar que entre sus textos agrupados bajo el ttulo de Contra el secreto profesional, se
hallan unos pasajes que, escritos en 1929, prefiguran, bajo la forma de una breve reflexin,
el contenido de aquellas conmovedoras lneas de Masa: La piedad y la misericordia de
los hombres por los hombres. Si a la hora de la muerte de un hombre, se reuniera la
piedad de todos los hombres para no dejarle morir, ese hombre no morira. (Vallejo,
Csar, Contra el secreto profesional, Lima, Ed. Vientos del Norte, 1993, p. 59)
Miguel de Priego, op. cit., p. 81.
39
premonitorio las circunstancias y el momento de su muerte momento no
exacto, ciertamente, pero cuya mencin es inquietante por la atmsfera que
entreteje: Me morir en Pars con aguacero, / un da del cual tengo ya el
recuerdo. / Me morir en Pars y no me corro / talvez [sic] un jueves,
como es hoy de otoo 48. Y as fue. Ese tal vez s es exacto. Csar Vallejo
no muri un jueves. Un jueves, s, jueves santo para ms seas se
sumergi en las brumas de la agona (murmur: All pronto navajas
me voy a Espaa) 49. Y al da siguiente da, Viernes de Pasin, el trigsimo
tercer da desde que aquellas extraas fiebres lo asaltaron, mora en una
clnica del Boulevard Arago. Eran las nueve y veinte de la maana de un quince
de abril de 1938.
48
49
40
Vallejo, Csar, Poemas humanos. En Vallejo, C., Obra potica, p. 266.
Mongui, op. cit., p. 80.
Bibliografa
De Csar Vallejo
(1992). Espaa, aparta de m este cliz. Lima: CONCYTEC.
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(2002). Correspondencia completa. Lima: PUCP.
(2002). Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin. Lima: Ed. Grfica Labor.
(2002). Obra potica. Lima: Peisa.
(2005). Narrativa y ensayos. Antologa. Lima: OrbisVentures.
Otras obras consultadas
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Fagen, P. (1975). Transterrados y ciudadanos. Los republicanos espaoles en Mxico.
Mxico D.F.: FCE.
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Fondo Ed.
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poltica. En Marx, K., Introduccin general a la crtica de la
economa poltica / 1857. Buenos Aires, Cuadernos de Pasado y
Presente.
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41
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pp. 51-60.
Pinto Gamboa, W. (1981). Csar Vallejo: en torno a Espaa. Lima: Cibeles.
42
ANTENOR ORREGO (1892-1960)
UN PENSADOR DE LA NUEVA AMRICA
ANTE LA CONDICIN HUMANA
Jos Antonio Tejada Sandoval
Antenor Orrego Espinoza, ilustre crtico literario, lder poltico y filsofo
peruano, naci en la hacienda Montn, situada en la provincia de Chota,
departamento de Cajamarca, un 22 de mayo de 1892. Sus padres fueron Jos
Asuncin Orrego Asenjo, descendiente de vascos, y Mara Victoria Espinoza
Villanueva.
En 1902, la familia sienta sus reales en Trujillo. En esta ciudad,
Orrego continuara sus estudios de nivel primario y concluira la secundaria
en el Seminario de San Carlos y San Marcelo. Sus estudios universitarios los
inicia en 1910, en la Facultad de Filosofa y Letras en la Universidad
Nacional de La libertad. Es por esas pocas cuando, dando temprana
muestra de apreciable talento literario, haba de ganar un concurso de ensayo
organizado por el diario La Nacin, con la presentacin de un texto intitulado
Arte moderno.
Orrego fue un activo y entusiasta miembro de la Bohemia de
Trujillo denominacin sta puesta en circulacin por Juan Parra del Riego
, 1 cenculo que con el correr del tiempo sera conocido tambin como
Grupo Norte, y entre cuyos ms conspicuos integrantes figuraban Csar
Vallejo, Vctor Ral Haya de la Torre, Alcides Spelucn, Macedonio de la
Torre, Jos Eulogio Garrido, scar Imaa, Eloy Espinoza, Juan Espejo
Asturrizaga, Francisco Xandval, y Federico Esquerre 2.
El Grupo Norte reuna a jvenes y brillantes intelectuales
animados por un espritu de frontal rebelda y desbordante creatividad,
rasgos merced a los cuales esta fratra adoptara no slo una actitud
decididamente innovadora en trminos estticos, sino tambin posiciones
marcadamente iconoclastas en el terreno social y en el escenario poltico. Sus
miembros asuman en pleno, como alguna vez lo dej sentado Orrego,3
1
2
Cf. Parra del Riego, Juan, La Bohemia de Trujillo. En Orrego, Antenor, Obras completas.
Tomo III, Lima, Cambio y Desarrollo. Instituto de Investigaciones, 1995, pp. 137-142.
Cf. Rivero, Teodoro, El grupo literario del norte. En Orrego, op. cit., pp. 132-137. El
texto reproduce una entrevista hecha a Antenor Orrego y publicada originalmente en
Lima, en el diario La Tribuna, el 8 de noviembre de 1959. La mencin de los miembros
que integraban aquel grupo literario es efectuada, pues, por el propio Orrego.
Entrevista con Antenor Orrego. En Orrego, op. cit., Tomo V, pp. 230-231.
43
adems de un anticolonialismo espiritual, una postura indoamericanista que
buscaba alejarse de cualquier atisbo de indigenismo anacrnico para dar paso
al surgimiento de un autntico y renovado indigenismo, que echara races
vigorosas en el suelo cultural de una nueva Amrica. El centro de reunin de
este bullente grupo lo constitua, en ocasiones, la casa de Jos Eulogio
Garrido, un antiguo solar ubicado en el lugar ocupado mucho antes por un
monasterio; otras veces, los encuentros tomaban lugar en casa de Juan
Espejo, en algn caf citadino, en el restaurante Los Tumbos, en el barrio
Chicago Bajo, o en Mansiche, en casa del propio Orrego. Eran tertulias en
que se discutan y comentaban las obras publicadas recientemente, al calor de
los poemas, en verso o en prosa, declamados por algunos de los miembros, y
en medio de lo cual, del mismo modo, se proyectaban campaas pensadas
para despertar a una ciudad que pareca dominada por el letargo de la rutina.
Algunos de ellos tambin llegaran a publicar artculos en los peridicos La
Razn, La Libertad y La Reforma, y en la revista La Semana, todos stos
rganos de expresin que llegaran a ser dirigidos por Orrego.
Orrego sera elegido, en 1917, presidente del Centro Federado de
estudiantes de la Universidad Nacional de La Libertad, y desde all brind su
total apoyo al proceso de reforma universitaria. Diez aos despus, hubo de
completar sus estudios de filosofa, pero no llegara a graduarse.
Iniciada en 1915, su labor periodstica en alguna etapa de su vida fue
intensa. Adems, como ya se dijo, de formar parte en algn momento de los
diarios La Reforma, La libertad, y La Razn, y de la revista La Semana, Orrego
fund y dirigi, al lado de Alcides Spelucn, El Norte, peridico editado entre
1923 y 1932. Asimismo, entre 1933 y 1934 dirigi transitoriamente La
Tribuna, peridico editado en Lima. Durante la poca de persecucin poltica
a que fue sometido el APRA, se encarg de la edicin de los peridicos
clandestinos apristas Chan Chan, en Trujillo, y Antorcha, en Lima.
Se dedic, del mismo modo, a las actividades universitarias. En 1946,
Orrego fue nombrado catedrtico de Cultura indoamericana, en la
Universidad Nacional de La Libertad, casa de estudios que le otorgara el
doctorado honoris causa. Y tambin ese ao, el 20 de mayo, sera elegido rector
de esta misma universidad.
Sus escritos poseen una innegable, pero quiz poco explorada
textura filosfica. En medio de sus textos se advierte la presencia de ideas de
reconocible procedencia, si bien ello no significa que la meditacin hecha a
partir de ellas no posea un sello personal y en no pocas ocasiones
verdaderamente original. El espectro de doctrinas y pensadores de que se
nutre el ideario de Orrego, ciertamente, es variado, pero preponderante en la
44
articulacin de sus planteamientos fue sin duda el influjo de Nietzsche,
Bergson, Marx y Jaspers; Dilthey, Ortega y Gasset, y Spengler; Hegel,
Unamuno, Croce y Paretto 4. Y habra que aadir a este breve pero
significativo catlogo la patente influencia de Martin Heidegger que asoma
sobre todo en el ltimo tramo de la reflexin orreguiana, dedicada en parte a
hurgar en el problema del ser y de la existencia humana. Un brevsimo
escrito publicado pstumamente, intitulado Meditaciones ontolgicas, da cuenta
de este tipo de preocupaciones5. Por lo dems, la mencin de las ideas que
Heidegger volc en Ser y tiempo ocupa un lugar de inters en la ponencia
presentada por Orrego en la Facultad de Filosofa y Humanidades de la
Universidad Nacional de Crdoba, a propsito del simposio que, en 1959,
aquella institucin celebrara en torno a la obra de Csar Vallejo 6.
Orrego dedic su vida no slo a cultivar las faenas del pensamiento
vinculadas estrechamente a sus hondas preocupaciones sociales referidas
entraablemente al destino de Amrica, como ya habr ocasin de ver, sino,
adems, y en cercansima relacin con stas, al activismo poltico. Pas a
integrar la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) desde el
mismsimo momento de su creacin, en 1924, y en 1931 pasara a formar
parte del Partido Aprista Peruano. El arraigo que su figura y labor alcanzaron
entre las bases del partido fue determinante en la decisin de los cabildos
populares de elegirlo representante de la regin norte del Per en la Junta de
Gobierno que haba de presidir, en 1931, David Samanez Ocampo. Dicha
stos son los pensadores dedicados a las labores de la reflexin filosfica que se
mencionan entre las lneas de algunos textos dedicados a exponer las principales
circunstancias de la vida y los aspectos ms saltantes de la obra de Orrego. Cf. Ramos,
Demetrio, Pensadores Norteos, Trujillo, Municipalidad Provincial de Trujillo, 2004, pp. 108109; Entrevista a Alcides Spelucn. En Orrego, op. cit., Tomo III, p. 131; Snchez, L.,
El pueblo continente. En Orrego, op. cit., tomo I, p. 241.
Quiz no est de ms referirse a un pasaje en que, al parecer, Orrego consigna una cita
atribuyndosela acaso erradamente a Dilthey. Dice Orrego: Tan pronto como un hombre
entra en la vida, ya es bastante viejo para morir. (Orrego, Meditaciones ontolgicas. En Obras
completas. Tomo V, p. 46). A menos que este pasaje provenga tambin de una obra de
Dilthey, lo cierto es que la podemos hallar en Ser y tiempo. Considerando la temtica que
Orrego aborda en esta parte de su breve texto, constituida por reflexiones en torno a la
muerte como posibilidad inminente que define la condicin trgica de la existencia
humana, es casi indudable que la cita en cuestin proceda de la obra seera del filsofo
alemn. (Cf. Heidegger, Martin, Ser y tiempo, Santiago de Chile, Editorial Universitaria,
1997, p. 266).
Cf. Orrego, Antenor, El sentido americano y universal de la poesa de Csar Vallejo. En
Aula Vallejo, N 2-4 (1961-1962), pp. 213-226.
45
iniciativa, sin embargo y debido a razones inicuas, 7 se frustr, pero el
partido en muestra de desagravio ese mismo ao promovi su candidatura al
Congreso Constituyente.
Como producto directo de su participacin en la vida poltica horas
difciles esperaran a Orrego. Entre el siete y el once de julio de 1932,
tuvieron lugar los sangrientos sucesos que seguiran al estallido de la
revolucin aprista en Trujillo. En enero del ao siguiente, el insigne autor de
Pueblo-Continente es encerrado en las mazmorras del Real Felipe. El nueve de
agosto de 1933, Benavides en el poder, luego de que fuera muerto Snchez
Cerro por el militante aprista Abelardo Mendoza Leiva promulg una ley
de amnista que permiti la excarcelacin de Haya de la Torre, Orrego y
otros presos polticos. Es en estos momentos cuando Orrego asume la
direccin de La Tribuna. Sin embargo, una vez asentado en el poder,
Benavides, desconociendo su promesa de llevar adelante una lnea poltica de
paz y concordia, ordena la captura de los ms connotados lderes apristas.
Orrego, en medio de esta opresiva atmsfera de persecucin, dirige desde la
clandestinidad los peridicos Chan Chan, de Trujillo, y Antorcha, de Lima.
Algunos aos despus, el 15 de febrero de 1937, Manuel Arvalo, su
discpulo, y quien fuera designado sucesor de Haya de la Torre en la jefatura
del Partido Aprista Peruano, haba de ser asesinado luego de ser torturado
por los esbirros de Benavides, mientras era conducido a Lima. PuebloContinente, obra que es considerada expresin mayor de su pensamiento, y en
que se entrecruzan arropados por un verbo refulgente reflexin filosfica y
pensamiento poltico, la dedic Orrego, precisamente, a este mrtir del
aprismo.
Orrego hubo de sufrir nuevamente prisin hasta en dos
oportunidades, en 1944, durante el gobierno de Manuel Prado. Al ser
liberado, en 1945, fue elegido senador en representacin de La Libertad.
Durante algunos aos del ochenio de Odra, el escritor cajamarquino
volvera a enfrentar la dura realidad de la prisin, para recuperar su libertad
en 1956.
Antenor Orrego fallecera repentinamente, luego de retornar de un
viaje a Mxico, el 17 de julio de 1960. Haba escrito, poco antes, un
sobrecogedor y premonitorio poema que dej en un sobre sellado, con
7
46
En efecto, en Lima, a travs de una maniobra indigna, se design en substitucin de
Orrego a un hacendado de posicin aristocrtica. Cf. Chang-Rodrguez, Eugenio, Antenor
Orrego. Modernidad y culturas americanas. Pginas escogidas, (Lima, Fondo Editorial del
Congreso del Per, 2004, p. 21).
indicaciones expresas de que fuera ledo durante sus exequias y, luego, puesto
sobre su pecho para ser inhumado con l 8.
El poeta Julio Garrido Malaver, compaero de rumbo en la lucha
poltica y unido a Orrego por los inquebrantables lazos de la ms sincera y
fraterna amistad, pronunci ante su tumba un conmovedor discurso. Deca
el vate en uno de los pasajes ms intensos de aqul: Tena Padre y Madre.
Pero haba nacido de la entraa doliente del pueblo, de la nica entraa en
que se han gestado todas las auroras humanas 9.
En vida, Orrego public tres obras: Notas marginales, en 1922; El
monlogo eterno (aforstica), dada a conocer en 1929; y Pueblo-Continente. Ensayos
para una interpretacin de la Amrica Latina, que conoci dos ediciones, en 1939
y 1957. Pstumamente, se editaron Discriminaciones, Estacin primera y Hacia un
humanismo americano. En 1995, luego de tres aos de cumplido el centenario
de su nacimiento, y en conmemoracin de ste, se public su obra completa,
que fue reunida en cinco tomos.
La preocupacin constante que dirigi la labor intelectual y literaria,
tanto como el accionar poltico de Orrego, fue el destino de Indoamrica. Su
adhesin al Partido Aprista Peruano y, como producto de ello, su decidida
incursin en el activismo poltico proporcionan un testimonio del grado de
compromiso que Orrego asumi con el cambio social que en sus tempranas
pocas el APRA representaba. La permanencia en la crcel y la zozobra del
perseguido poltico fueron realidades que Orrego enfrent muchas veces en
su vida. Un vvido pasaje del prlogo a la primera edicin de Pueblo-Continente
da cuenta de los sobresaltos en que se debata la vida y la actividad creadora
de un intelectual como Orrego. Refirindose a las circunstancias de
redaccin de esta obra, nos dice:
Este libro nace en medio del fragor de la batalla, cuando es ms agudo el
estridor del choque. Debajo de la serenidad que aflora a la superficie, como
8
El texto del poema es el siguiente: Desde todos los evos oscuros de la Eternidad, / Dios
est descendiendo sobre m. / Soy el vrtice supremo de las fuerzas esenciales que se
actualizan en mi carne. / Soy el punto neutro en que el ave / reposa y se apresta para el
vuelo. / Soy el hijo eterno del Padre Eterno. / Grande espritu del mundo, acompame
/ en mi camino de Dios hacia Dios! (Orrego, Plegaria. En Obras completas. Tomo V, p.
246).
Garrido, Julio, Para que lo repita el tiempo. En Orrego, op. cit., 256. Que fueron
palabras pronunciadas ante su tumba nos lo dice Jos Caciano Chiri, autor de la
recopilacin, prlogo y notas de los textos reunidos bajo el ttulo de Estacin primera, obra
publicada pstumamente. (Cf. Orrego, Antenor, Estacin primera (artculos), Lima, Obras
Grficas, 1961, p. 7).
47
dominio de la explosividad y del vocero jadeante del palenque blico,
subyace la permanente angustia del perseguido poltico, la dilaceracin del
ciudadano que ha sido cercenado, por la fuerza brutal, de su convivencia
jurdica y civil, la agrura violenta del hombre que se ve forzado a mirar la
calle por el ojo clandestino de un tragaluz 10.
Compuesta por ensayos orgnicamente relacionados y agrupados en cuatro
secciones, Pueblo-Continente es una obra en que queda expresada de manera
ferviente la esperanza acogida por Orrego de lograr la construccin de una
sociedad latinoamericana integrada, libre y soberana: una sola nacin, original
en sus creaciones culturales y portadora de un universal y autntico ser. Sin
duda, es sta la obra ms representativa de la labor reflexiva desarrollada por
Orrego, de modo tal que resultar pertinente presentar a continuacin, a
grandes trazos, los temas que en ella se abordan.
En la primera seccin de esta obra, Orrego se refiere, bajo el ttulo
de El bio-metabolismo squico del continente, a la fusin vital de dos
culturas que se dio en un determinado momento histrico, aqu en Amrica,
a travs del choque, por dems violento, entre la cultura occidental y nuestra
cultura aborigen. Orrego considera que el encuentro entre culturas es la
fuerza motriz del desarrollo histrico. La colisin que se dio en nuestros
suelos, a raz de la invasin espaola, fue un suceso sin precedentes por la
carga de inusitada violencia que posey y por el trauma histrico y cultural
que gener. Pero, aun cuando los momentos primeros fueron trgicos, a raz
del choque brutal de dos modos de ver el mundo diametralmente opuestos,
Amrica Latina tiene un papel preponderante que cumplir en el desarrollo y
consolidacin de una cultura universal, a decir de Orrego.
El enfrentamiento a que dio lugar el encuentro de dos culturas en
nuestro suelo se traduce en el nacimiento de dos tendencias que buscan
plasmar una identidad cultural propia: por una parte, la corriente indigenista,
y, por otra, la corriente europeizante. Presentando argumentos apoyados en
el recuerdo de la grandeza pasada, los propugnadores de la tesis indigenista
buscan construir una cultura que hunda sus races en el suelo nutricio de los
ancestrales valores andinos. Orrego desestima las pretensiones de la
10
48
Orrego Antenor, Pueblo-continente. Ensayos para una interpretacin de la Amrica Latina, (2 ed.),
Buenos Aires, Ediciones Continente, 1957, p. 21. La cainita accin policial se encarg de
hacer polvo parte de la obra del gran Orrego: dos manuscritos ya terminados cuyos
ttulos, de haber sido publicados, habran sido Helios y Panoramas fueron destruidos por
la insana furia de los gendarmes durante uno de aquellos oprobiosos perodos de
persecucin padecidos por Orrego. (Cf. Entrevista con Antenor Orrego. En Orrego,
Obras completas. Tomo V, p. 232).
propuesta indigenista por considerar que ella se encuentra sustentada en
argumentos poco convincentes; por lo dems, sostiene que aceptarla sera
retroceder en el tiempo, a lo cual agrega que la conquista evidenci con
carcter axiomtico que el indio haba llegado a un estado de decadencia 11
que lo haca incapaz de seguir ensanchando creativamente los cauces
culturales de su sociedad.
Pero, por otra parte, la tesis europeizante tampoco es viable, segn
Orrego. Pues sucede que a travs de ella se exaltan valores exgenos, que, en
definitiva, no son los nuestros. Orrego, fiel a su tendencia simbitica, postula
la estructuracin de un todo, de una identidad cultural propia, a partir de la
complementacin de estas dos corrientes. Ni el pasado indgena por s solo
ni los moldes europeos asumidos como arquetipos para la plasmacin de una
identidad cultural son alternativas vlidas si se las toma a cada una de manera
excluyente. Lo apropiado, segn ello, es sintetizar ambas dimensiones
creativamente poniendo en marcha un proceso dialctico de asimilacin12.
Estas dos tesis excluyentes las ve encarnadas en el ideario social de
dos pases: la corriente indigenista se manifiesta en Mxico, dice Orrego; la
corriente europeizante, en tanto, en Argentina. Si bien, segn Orrego, estas
corrientes, tesis o tendencias se encuentran conviviendo en cada pas
latinoamericano, la manifestacin ms pura de cada una de ellas se da en
cada uno de estos dos pases, sin que ello, por lo dems, suponga la presencia
de dos poderes contrapuestos con ansias de imponer una hegemona
continental.
La cultura universal que ha de germinar en estas tierras habr de
generarse como producto de aquello que Orrego concibe como una
descomposicin de sus elementos constituyentes, a saber, no slo el indio y
el europeo, sino tambin el africano y el asitico. Pues Orrego considera que
el criollo no es un fin en s mismo, sino el medio para la creacin de un
nuevo tipo de hombre americano. Y esto en la medida en que el proceso de
11
12
Orrego, Pueblo-continente. Ensayos para una interpretacin de la Amrica Latina, p. 35.
No estar de ms referirnos a la manera en que Orrego toma distancia de la seca dialctica
hegeliana: No es mi intencin aludir, con la palabra dialctica al sistema racionalista y
determinista, cerrado y rgido, de Hegel sino, ms bien, a la concepcin diagonal platnica.
O, mejor, todava, a lo que podra llamarse la dialctica histrica de la razn vital, que los
hechos mismos plantean objetivamente, ajenos a nuestra especulacin discursiva y a nuestros
previos postulados racionales. Esa dialctica viva y orgnica que excluye todo determinismo,
cualquier corselete a priori de la necesidad en el acontecer humano y que mira y
comprende la realidad como el incalculable e imprevisible juego de la libertad creadora en
el hombre. (Orrego, Antenor, Hacia un humanismo americano, Lima, Juan Meja Baca, 1966,
p. 251).
49
mestizaje tal como se ha dado hasta estos tiempos no ha logrado sintetizar de
manera conveniente las diversas tendencias culturales presentes en Amrica.
Orrego vislumbra, as, el final del proceso de desintegracin de cada una de
las razas y de los aportes culturales que se han dado cita en esta parte del
mundo, y asume que se est asistiendo ya al surgimiento de un proceso de
sntesis. El escenario de desintegracin cultural que se ha venido viviendo en
nuestros pases, pues, estara llegando a su fin, segn Orrego, y dando paso
al despliegue de un hibridismo cultural y tico que se hace patente en todos
los rdenes de la realidad latinoamericana 13.
Buceando en el abismo es el ttulo bajo el cual Orrego desarrolla la
segunda seccin de la obra. El autor seal aqu que es vital para un pueblo
determinar cul es la misin que le impone el sentido de su destino. Esta
comprensin del propio destino asocia e involucra tanto fuerzas racionales
cuanto fuerzas irracionales: en relacin con stas ltimas, Orrego pone de
relieve el papel cumplido por la intuicin como medio de conocimiento.
Sostiene, adems, que las verdades se captan intuitivamente y, luego, a travs
de la razn, se ordenan y expresan 14. La actualizacin y articulacin de esas
13
14
50
Orrego, Pueblo-Continente. Ensayos para una interpretacin de la Amrica Latina, p. 42.
A partir de estas ideas, es justo sealar en Orrego la presencia de una postura
irracionalista, y, en consecuencia, antiintelectualista. Su encono si cabe llamar as a la
expresin de sus cuestionamientos va dirigido contra el exacerbado patrocinio de la
razn como exclusivo instrumento de conocimiento, y en esa medida nuestro autor
procura socavar el imperio del saber conceptual a favor de una rehabilitacin, en clave de
reconocido sello bergsoniano, de la intuicin como fuente de conocimiento: El error
capital de la filosofa sistemtica ha sido valerse de la razn para construir conceptos
cuando la razn es instrumento para suscitar o transmitir intuiciones. El concepto es
muerto y por eso una petrificacin del pensamiento desde que se formula; en tanto que la
intuicin es viva y siempre una fluencia en aptitud de realizarse o verificarse
constantemente. () Lo que comnmente se llama filosofa es el aparato o
encadenamiento de razones o de conceptos para expresar una intuicin o conjunto de
intuiciones. Pero la filosofa no es eso, la filosofa es la intuicin misma que ilumina o
aclara un sector de la vida o el cosmos. (Orrego, Apuntes para una filosofa o
interpretacin del pensamiento. En Estacin primera (artculos), p. 18). En otra de sus
reconocidas obras, del mismo modo, nos deja las ideas siguientes al referirse a las tres
maneras en que el conocimiento puede manifestarse, otorgando un lugar de privilegio al
conocimiento intuitivo: () Una lejana o de perspectiva en que relacionamos la cosa
conocida con el paisaje y con las dems cosas. Conocimiento por ubicacin. () Otra
directa o formal en la que percibimos directamente la forma de las cosas, intrnsecamente,
por lo que es en s misma. Conocimiento por contacto. () Una ltima, profunda y
esencial, donde opera el espritu, la segunda vista del observador. Conocimiento por
intuicin. (Orrego, Antenor, El monlogo eterno (aforstica), Trujillo, El Norte, 1929, pp. 8788).
intuiciones haciendo uso para ello de las herramientas conceptuales de que
nos provee la razn hacen que una cultura desarrolle un determinado estilo,
algo que, en opinin de Orrego, le ha faltado a Amrica. Es por ello por lo
que resulta ser una demanda urgente crear y definir un estilo propio de
pensamiento. Pues Amrica, simplemente, ha sido una cultura que se ha
expresado imitando los moldes europeos. Pero Orrego avista en su poca un
proceso de integracin ya en marcha en Amrica; y as llega a afirmar: El
ojo miope y retrasado no ve sino el caos, la heterogeneidad momentnea y
epidrmica, de la cual casi no puede hablarse sino en pretrito, puesto que ha
comenzado el proceso de integracin 15. Dicho sea de paso, lo que ve
Orrego en Estados Unidos es un equvoco de la americanidad: en ese pas,
dice, se han reflejado ntidamente los valores y rasgos culturales occidentales,
europeos, y le augura a dicho pas una pronta etapa de decadencia.
Por otra parte, Orrego insiste en que es preciso que se salve el hiato
existente entre lo terico y lo prctico, es decir, entre lo puramente racional,
por un lado, y lo vital, expresin del torrente de la vida misma, por otro,
pues slo cuando hay coherencia entre estas dos instancias, aparentemente
irreconciliables, se producen procesos histricos relevantes, verdaderos
cambios y, en consecuencia, progreso; de modo que, segn nos dice Orrego,
es crucial insertarse en la vida a travs de la razn para alcanzar esta cohesin
que, finalmente, se traducir en la emergencia de transformaciones sociales
que han de marcar los tiempos. De all que Orrego site a las meras ideas en
un plano secundario cuando stas se presentan desconectadas de la realidad
social; es por esto por lo que impugna la legitimidad del clebre dictum
hegeliano: Todo lo real es racional y todo lo racional es real 16. En la
perspectiva propuesta por Orrego, la teora desprovista del armazn de una
realidad que la sustente es simple devaneo intelectual, y, por ello mismo,
manifestacin de un fro e improductivo ejercicio ideolgico. Su rechazo de
los teorizantes y de los idelogos es frontal y categrico 17.
Lejos de cualquier posicin de desbocada adoracin de la ciencia,
aun cuando la considera importante expresin de la fecunda unin entre
teora y realidad vital, Orrego se apresura a censurar cualquier actitud que
suponga una expresin de cientificismo y la errnea concepcin del progreso
que de ste se desprende, concepcin que, segn lo ve nuestro autor,
condujo al mundo a la guerra del catorce, con el dantesco saldo que dej
15
16
17
Orrego, Pueblo-Continente. Ensayos para una interpretacin de Amrica Latina, p. 58.
Orrego, op. cit., p. 64.
Ibd., p. 65.
51
aquella terrible conflagracin. Orrego, asimismo, sostiene que despus de ese
infeliz evento blico el impulso creador humano se vio significativamente
mermado. Una de las perentorias tareas de Amrica, justamente, es salir de
esta estacada: Amrica tiene por ello un rol protagnico que cumplir en la
capital tarea de dar impulso a la creacin de una cultura mundial animada por
una nueva conciencia.
La idea 18 que queda sintetizada en el ttulo de la obra que estamos
reseando se encuentra presente aqu, en esta segunda seccin del libro.
Orrego, hablando de Europa, afirma que si partimos de la observacin de la
geografa, de la composicin tnica, de la realidad social y poltica de Europa,
se puede percibir claramente que los lmites que separan a los pases de ese
continente son, hasta cierto punto, naturales. En Europa, nos dice Orrego,
estado y pueblo son, bien vistas las cosas, instancias que coinciden, pues el
estado encarna la tradicin que le es propia, ya que cada uno de esos pases
cuenta con un pasado comn y propio. Por el contrario, si nos fijamos en el
panorama latinoamericano, ste se presenta como un solo y vasto territorio
comn y, con esto, dice, somos el primer Pueblo-Continente de la historia.
Sobre esta base histrica y cultural nuestro patriotismo no tiene que ser
aislado, parroquial, sino continental, pues nuestra esencia es una sola. A
partir de la constatacin de esta realidad, Orrego hace un llamado a travs de
su obra a desplegar esfuerzos para alcanzar la integracin como paso
fundamental a ser dado para erigirnos en una cultura no slo autntica sino
tambin universal.
En el camino de las nuevas realizaciones, ttulo de la tercera
seccin de Pueblo-Continente, se inicia con una crtica custica al movimiento
socialista europeo. Orrego cuestiona lo que l percibe como un afn de este
movimiento de inmiscuirse en la construccin del socialismo en los pases de
Latinoamrica. Aqu, lastimosamente, lo que se da como producto de esta
intromisin es una repeticin mecnica por parte de los movimientos
socialistas latinoamericanos de las directivas de las cpulas partidarias
18
52
Se trata de una idea que ocupa un lugar central en el repertorio doctrinario que nos leg
Orrego. El autor cajamarquino habr de convertirla otra vez en objeto de meditacin en
una de sus obras publicada pstumamente. Refirindose a aquellas fronteras que en
Europa son espontneas, naturales y lgicas, apunta: En Amrica Latina la situacin es
absolutamente diferente. Desde Mxico hasta Argentina constituye un solo pueblo y las
fronteras polticas son enteramente convencionales, artificiales, antinaturales y no
responden a ninguna realidad sustancial y viviente. Las fronteras de los estados
indoamericanos son el mimetismo, el remedo absurdo y grotesco de la atomizacin
poltica de Europa que la etapa colonial nos impuso, el rezago de la divisin administrativa
de la metrpoli espaola. (Orrego, Hacia un humanismo americano, p. 230).
socialistas de Europa, y una repeticin tambin de las consabidas citas
marxistas, algo que ha impedido el despunte de algn atisbo de originalidad.
Esta actitud es la que no les ha permitido a los partidos comunistas y
socialistas de Latinoamrica convertirse en autnticos rganos de expresin
popular. Ante la contemplacin de esta situacin, Orrego nos habla de lo que
l pondera como un fracaso del movimiento socialista ciertamente,
recordndonos, con esto, en su condicin de militante aprista, el debate que
Haya de la Torre sostuviera con Maritegui, en 1928 situacin que, segn
l, slo habr de transformarse substancialmente una vez que este
movimiento haya comprendido que no es viable la aplicacin de la teora
marxista si se lo asume como un modelo rgido, desconociendo los propios y
especficos rasgos que exhibe la realidad social de cada pueblo. Orrego pone
el acento una vez ms en que la revolucin latinoamericana tiene que ser un
proceso creativo que se encauce por caminos distintos de los seguidos por la
doctrina socialista europea.
Siguiendo una lnea de pensamiento de raigambre tpicamente
marxista, y que, por ejemplo, Engels expresa cabalmente en una carta dirigida
a Borgius, en 1894, 19 el autor de Pueblo-Continente sostiene que las
personalidades dirigentes, los lderes, los caudillos, son simplemente
encarnacin de las demandas y expectativas generadas en el seno de las
masas; son ellos, pues, el medio a travs del cual las tendencias histricas y
19
El pasaje de la carta en mencin en que halla expresin aquella idea reza: () Que fuese
Napolen, precisamente este corso, el dictador militar que exiga la Repblica Francesa,
agotada por su propia guerra, fue una casualidad; pero que si no hubiese habido un
Napolen habra venido otro a ocupar su puesto, lo demuestra el hecho de que siempre
que ha sido necesario un hombre: Csar, Augusto, Cromwell, etc., este hombre ha
surgido. Marx descubri la concepcin materialista de la historia, pero Thierry, Mignet,
Guizot y todos los historiadores ingleses hasta 1850 demuestran que ya se tenda a ello; y
el descubrimiento de la misma concepcin por Morgan prueba que se daban ya todas la
condiciones para que se descubriese, y necesariamente tena que ser descubierta. (Marx,
Carlos y Engels, Federico, Obras escogidas, Mosc, Progreso, [sin ao de edicin], p. 732).
No estar de ms insistir en la cercana que con respecto a estas ideas se descubre en
Orrego; en un pasaje de uno de sus prlogos, escribe: La propaganda aprista ha tenido
un xito clamoroso porque defina y expresaba un estado de conciencia del pueblo. Hoy o
maana el fenmeno deba realizarse. Se ha realizado ahora porque el movimiento estaba
() sazonado, grvido para su nacimiento. Nadie ni nada poda diferirlo. La personalidad
de Haya de la Torre no es producto del acaso sino una imperativa necesidad histrica, es
uno de aquellos instrumentos que forja el tiempo y que parecen con carcter inexorable.
(Orrego, Antenor, Prlogo. El sentido vital de la revolucin indoamericana en Saco,
Alfredo, Sntesis aprista. Una exposicin completa de la ideologa del aprismo, Lima, [no se
consigna editorial], 1934, p. 9).
53
las demandas populares encuentran su rgano de expresin. As, pues, hay
una estrecha trabazn entre personalidad, genio y sucesos histricos. Los
hechos, configurados a partir de las necesidades expresadas por las masas, a
partir de las demandas de la realidad social, son canalizados a travs de la
obra de una personalidad con la capacidad adecuada para constituirse en
vehculo de expresin de esas demandas y necesidades. Los procesos
histricos en un determinado punto de madurez se manifiestan de modo
necesario a travs de grandes personalidades; stas son, sin embargo,
contingentes. En esta direccin de pensamiento, Orrego, asume que es el
aprismo el movimiento llamado a reivindicar las aspiraciones postergadas de
las clases populares, y en ste marco, es Haya de la Torre el lder a travs del
cual el sentir popular cristaliza. Orrego, de esta forma, adjudica al APRA la
tarea de llevar adelante la llamada revolucin indoamericana, vaticina la
consecucin de los objetivos revolucionarios propuestos por su partido y lo
tipifica como la autntica alternativa de cambio social.
Es importante hacer notar, luego de lo dicho y permtaseme
efectuar aqu una brevsima digresin, que Orrego se apresura a tomar
prudente distancia de toda postura caudillista, del tipo de aquella que, por
ejemplo, encarnaba en el fascismo. Luego de referirse, en un pasaje de unos
de sus escritos al papel que le corresponde cumplir a las individualidades y
temperamentos mejor dotados y capacitados 20 en la vitalizacin de las ideas
que canalizan el torrente que nace con las demandas histricas de
transformacin revolucionaria, hace esta salvedad:
Y no quiero vigorizar con esto el fetichismo del grande hombre o el
mesianismo del caudillo. Es preciso afirmar hasta la saciedad que el genio
nada puede hacer surgir de la nada. Es apenas el ejecutor, si as puede
hablarse, de los designios de su poca y de su pueblo. Simple vehculo de
expresin y de realizacin de una etapa, simple coordinador del
pensamiento y de la accin de numerosas personalidades, simple fuerza
aglutinante y convergente en el sentido de un objetivo social 21.
20
21
54
Orrego, Prlogo. El sentido vital de la revolucin indoamericana, p. 7.
Orrego, prlogo cit., pp. 7-8. Su cerrado rechazo del caudillismo es expresado tambin en
momentos en que la silueta de esta figura poltica haca su aparicin otra vez en el
horizonte peruano con la llegada de Snchez Cerro al poder; en diciembre de 1930,
escriba Orrego: Condenamos los caudillajes porque los caudillos slo hablan a la
ingenua y simplista emocionalidad de la masa y jams a su cerebro, a su discernimiento y a
su capacidad racional. Por eso la disyuntiva del Per en este momento tiene que plantearse
en los dos trminos antagnicos: O CAUDILLISMO O DOCTRINA [sic]. (Orrego,
Caudillismo o doctrina?. En Obras completas. Tomo II, p. 291).
Por otra parte, aun cuando, como se ha visto, Orrego toma distancia de los
movimientos socialistas, permanece asumiendo el marxismo como el nico
marco terico-prctico 22 contemporneo dentro del cual es posible llevar a
trmino, en virtud de su mtodo cientfico, la revolucin latinoamericana. El
aprismo, segn lo asume Orrego, nace como producto de la necesidad de
expresin de las masas y la realidad histrica, y como producto tambin de la
interpretacin original que del marxismo hiciera Haya de la Torre, al haber
adecuado esta doctrina a las circunstancias propias de Indoamrica.
Finalmente, la cuarta seccin, intitulada El tetragrama racial de
Amrica, la dedica Orrego a poner de relieve la importancia capital que tiene
para la creacin de un mensaje cultural transcendente, de proyeccin
universal, el asentamiento de los procesos polticos sociales en la tierra, es
decir, la necesidad de que las capas dirigentes y las masas establezcan
relaciones vitales. Un distanciamiento entre estas instancias transforman a las
capas dirigentes en hemoflicas. Pues, en efecto, al verse privadas de la
vivificante propulsin de las fuerzas populares, al no encontrar apoyo en
ellas, dichas capas se dispersan, no coagulan: de all aquel epteto de
hemoflicas que Orrego emplea con acierto 23.
Sostiene, adems, que los movimientos sociales que estn surgiendo
en Latinoamrica estn dando muestras de ser masivos; es en este punto
donde pone de relieve el papel cumplido por los que l llama hombresmasa, 24 aquellos personajes histricos que, como ya se mencion antes,
encarnan las fuerzas interiores del pueblo y las demandas sociales que nacen
a partir de ellas.
Orrego nos habla de la confluencia de cuatro corrientes culturales:
menciona al europeo, al indio, al africano y al oriental. Las virtudes que halla
Orrego en el europeo, y que, segn nuestro autor, se encuentran
proverbialmente presentes en Coln, son el valor, el ansia de aventura y el
herosmo, virtudes que son, precisamente, aquellas que lanzaron al navegante
genovs a los mares. Orrego ve a Coln como el portador del espritu que
llega a estas tierras buscando instrumentos de expresin. Llega a decir
Orrego: () slo l supo, entonces, con entera certidumbre, que la nueva
tierra exista 25. El aporte del negro es un aporte de naturaleza esttica, segn
Orrego. Se trata de un aporte inmenso, pues el negro, a juicio del pensador
22
23
24
25
Orrego, Pueblo-Continente. Ensayos para una interpretacin de la Amrica Latina, p. 117.
Orrego, op. cit., pp. 141-142.
Ibd., p. 144.
Ibd., p. 151.
55
aprista, trajo a Amrica lo que nadie poda llevar 26. El aporte del indio lo
considera Orrego un elemento fecundador que hace patente esta naturaleza
suya a travs de la manifestacin de su energa creadora; se trata ste del
elemento potenciador de aquel enlace universal que se est dando en
Amrica. El oriente, por su parte, trae un mensaje que es acogido por
Amrica y que expresa la necesidad de que el llamado Nuevo Continente
pugne por conocer su propio ser con el magno fin de crear una cultura
propia que proyecte sus realizaciones a los dems pueblos del mundo. El
imperativo que se escucha travs de las voces que llegan desde oriente, y que
va dirigida a esta tierra de promesa, a la Amrica nueva, es aquel que
cristaliza en un epigrama sapiencial, aquel que dice concete a ti misma 27.
El ntimo conocimiento de su propia realidad que no es ni espaola ni
autctona, sino a estas alturas portadora ya de un mensaje cultural universal
de integracin fecunda, segn Orrego, es el camino que le queda recorrer a
esta parte del mundo:
Slo as Amrica surgir del estado de involucin catica en que se
encuentra todava, a la claridad y a la precisin de una cultura que ser la
expresin ms profunda, ms entraada, ms viva de su ser 28.
Todo este caudal de ideas, expresadas en un fraseo en que se aprecia, unas
veces, un tono poseedor de un lirismo arrobador, merced al verbo
exuberante que con fluidez emplea Orrego, 29 y, otras, cadencias de
sobrecogedora altura pica, y que se perciben en la lnea que sigue el
discurso, y segn la cual Orrego asume el cabal compromiso de contribuir
decisivamente a la plasmacin de una cultura latinoamericana de contornos
26
27
28
56
Ibd., pp. 158-159.
Ibd., p. 168.
Ibd., p. 169
Luis Alberto Snchez se refiere en algn pasaje de uno de sus escritos acerca de la obra de
Orrego, a los rasgos que definen el estilo de escritura del autor de Pueblo-Continente;
escuchmosle: Orrego () se emborrachaba de esguinces verbales, de parbolas y
alegoras, como un visionario, miembro de alguna Suprema Secta de Iniciados [sic] en el
desvelamiento de los grandes misterios de la vida. () Empleaba Orrego un estilo a veces
barroco, en momentos con hermosos retorcimientos de columna salomnica, dorado de
oros viejos y nuevos como un retablo bizantino o como uno de sus maravillosos
estofados que realzan las pinturas de las escuelas cusquea y quitea, orgullo de nuestro
arte criollo. (Snchez, L., Peruano, aprista y escritor. En Orrego, Obras completas. Tomo
V, pp. 262-263).
propios y originales, haban venido siendo ya esbozadas en su primera obra
publicada, Notas marginales.
Obra elogiada con desbordante entusiasmo por el propio Vallejo, 30
Notas marginales fue publicada por Orrego all por 1922. En ella, el pensador
aprista ensaya, recurriendo al estilo aforstico y bajo un acusado tono
filosfico, sus primeras reflexiones. A travs de ellas efecta Orrego lo que
podra denominarse un ejercicio de esclarecimiento existencial que va de la
mano con hondas meditaciones acerca del misterioso sentido csmico del
ser, de la creacin esttica dimensin central del espritu humano y,
espordica pero significativamente, en torno a cuestiones de ndole poltica.
Las ideas aqu planteadas estn elaboradas desde una perspectiva vitalista y
antiintelectualista, y su ncleo bien puede decirse que est dado por el
problema del conocimiento de la existencia, 31 conocimiento que, segn l lo
asume, nace si es genuino de la intuicin antes que de la razn, y
aproxima al hombre al descubrimiento de s mismo y de las eternas y
enigmticas verdades del universo. Estas meditaciones tempranas, que no
son ajenas a la asuncin de una metafsica pantesta, 32 merced a la cual el
30
31
32
En carta dirigida a su entraable amigo, a poco de la publicacin de la obra, en enero de
1922, dice Vallejo en un desbordante tono encomistico: He ledo notas marginales [sic]
y creo, con credo que por primera vez brota y afinca en mi espritu, que la vida es
sagrada, que existen las rosas y el dolor, que ya puedo vivir en fin! Jams di con
afirmacin ms rotunda y edificante, con trampoln de mayor arranque y, sobre todo, con
fuego ms limpio y magnnimo, que obliga a los ojos a sonrer y a deificarlo todo, todo.
() Nunca, en verdad, supe de trocha ms edificante y nutricia y pura, que este silabario
de empresa y de siembra. El libro, ante todo, es para Amrica; es libro apostlico,
triptolmico, sacerdotal! Y nuestro continente, en botn, clara y yema, todava, necesita
eso, la luz de un sol obrero, en toda su diafanidad, capaz de tostar parsitos y de brindar
desnudeces. (Vallejo, Csar, Correspondencia completa, Lima, PUCP, 2002, p. 42).
En la breve introduccin de esta tambin breve obra, nos dice Orrego: El mayor
problema, el de mayor prestancia, el problema sintetizador por excelencia es el
conocimiento de la vida. Puede decirse que la vida, con respecto al hombre, vive para
hacer conciencia la vida, para sorprender el secreto de s misma. Segn entiendo, hay dos
caminos para intentar llegar a ello. El camino de la ciencia pura, el del rigorismo
experimental que comprueba y analiza el hecho y el camino de la intuicin, el de la
revelacin, cuyo nico campo e instrumento es el espritu mismo del hombre, hacia el cual
converge, como centro, la milagrosa unidad universal, la multiplicidad organizada de la
substancia eterna. Mi destino individual, la conformacin o estructura de mis
posibilidades: la organizacin de mi conocimiento me sealan el segundo camino.
(Orrego, Notas marginales (aforsticas). En Obras completas. Tomo I, p. 27).
Prstese cuidadosa atencin a lo que afirma Orrego en las siguientes lneas: Puede ()
definirse la Naturaleza como la esttica de Dios, porque ella lo define, [porque] ella es su
expresin. El pantesmo, ms que un sistema religioso es una teora esttica, una
metafsica de la belleza, un sumergirse del hombre en el concierto universal; no ya como
57
autor sospecha la presencia de Dios en los misteriosos e infinitos pliegues del
ser, en la naturaleza, en el conocimiento y en el creador conato esttico del
hombre, constituyen una suerte de prembulo de las ideas que a partir de
1929, con la publicacin de El monlogo eterno, otorgarn un tono ms acusado
al propsito de Orrego de contribuir al fortalecimiento del espritu de
renovacin que en los mbitos social, poltico y esttico el autor ve surgir en
esos aos en el promisorio horizonte cultural de Amrica.
Aquellas ideas, en efecto, se reiteran acaso ya con trazos ms
definidos desde las pginas prologales de la que fuera la segunda obra de las
tres publicadas en vida por Orrego, El monlogo eterno, sugestivo enjambre de
aforismos poseedores de una agudeza gratamente sorprendente e
inspiradora. En un pasaje de las lneas que abren la obra, nos dice el
pensador aprista:
Vivimos dentro de una nebulosa en la cual no hay traza ni sendero para el
caminante. Las viejas experiencias periclitadas no nos sirven sino de asidero
para no despearnos en el abismo. El escritor americano de hoy, cualquiera
que sea su categora mental, no tiene sino una palabra de orden: crear.
Imperativo tirnico que, las ms de las veces, supera nuestras humildes
capacidades.
Tengo la remota esperanza de q [sic] en el curso de estas pginas alguna
frase estremecida algn pensamiento encendido alumbren algn sector de
nuestra vida informe y la ayuden a articularse en alguna conciencia de
Amrica. Slo con ello este librito habra cumplido su misin 33.
Se encuentran, as, entre los estremecidos pasajes agonales de estas obras,
aquel tipo de reflexiones que no son sino los primeros atisbos de aquel
pensamiento suyo que anuncia cada vez de manera ms rotunda el
nacimiento heroico de una nueva Amrica, que lejos de asentarse sobre un
ideal excluyente en la consolidacin de su ser indigenismo o hispanismo,
se eriga como el producto de una desintegracin fecunda que, al decir de
Orrego, estaba dando ya frutos originales nutrindose del humus cultural
hbrido generado por la sntesis vital de los inextinguibles valores espirituales
de conquistados y conquistadores, y a los cuales ms tarde denominara el
pensador aprista grmenes histricos.
33
58
conciencia, sino como factor, como elemento, como parcela de un todo; porque la
conciencia no es sino la misma expresin subjetiva de las cosas, el universo traducido por
el hombre, Dios individualizado. (Orrego, op. cit., p. 44). Y en tono exaltado, un tanto
ms adelante, proclamar: Soy el Hombre!; []soy una parcela de Dios!... (Ibd., p. 52).
A. Orrego, El monlogo eterno (aforstica), pp. 3-4.
Esta idea la que es convocada a travs de la expresin grmenes
histricos, que segn lo dir Orrego, ya ha sido delineada en la obra de
autores como Spengler, alude en el contexto americano, al sedimento cultural
dejado por la conquista tanto como por las cultura autctona, y cuyo
fermento otorga vida a manifestaciones culturales propias, que van surgiendo
como expresin de aquella fusin enriquecedora, que ostenta perfiles
caractersticamente americanos. Los grmenes histricos son el reverso de las
realizaciones culturales sometidas al deterioro del tiempo y a la acotacin del
espacio: en efecto, son el estrato espiritual perdurable que moviliza la
dinmica cultural y le otorga sentido y direccin, y que una vez atenuada su
potencia creadora son susceptibles de resurgir cuando las tendencias
histricas entretejen una urdimbre de circunstancias favorables para ello. En
nuestra Amrica, a decir del autor de Pueblo- Continente, es eso, precisamente,
lo que se est dando:
() en la colisin de ambos orbes culturales y en la concomitante
desarticulacin catastrfica de los dos, perecieron para siempre las
estructuras morfolgicas externas, que no pueden ya reproducirse, otra vez,
en la Nueva Amrica, y perduraron las esencias o grmenes histricos de ambos,
los cuales estn destinados a continuar viviendo en el nuevo complexocultural americano, mediante el impulso dialctico de las dos negaciones
catastrficas de sus progenitores. Ambas especies de grmenes culturales
han comenzado a vivir en un nuevo alineamiento histrico, que en realidad,
es un nuevo ser cultural, enteramente distinto de las realidades culturales
anteriores. 34
Como lo decamos, Orrego se refiere al origen de la idea acerca de los
grmenes histricos, indicando que ella ya puede ser hallada en autores
como Oswald Spengler, quien la acepta al lado de su teora acerca de la
incomunicabilidad de los crculos culturales; Lewis Mumford, quien afirma
que las creaciones del hombre moderno no podran haberse generado sin el
aprovechamiento de los logros alcanzados por las culturas precedentes; y
Flinders Petrie, autor que demuestra que la cultura egipcia y el cristianismo
son el producto de una mixtura abundante de muy dispares factores
culturales 35.
Esta tesis de los grmenes histricos, por otra parte, la ve Orrego
confirmada en alguna medida por el afamado historiador Arnold Toynbee.
34
35
Orrego, Hacia un humanismo americano, pp. 283-284.
Cf. Orrego, op. cit., pp. 277-278.
59
En efecto, en 1956, en declaraciones a un peridico de Lima, Toynbee deca
que en Mxico la antigua cultura indgena estaba emergiendo a la superficie
de la sociedad. Algo similar, segn dejaba entrever, estaba sucediendo en el
Per. Estas ideas, segn lo hace notar Orrego, contradecan lo expresado por
el mismo Toynbee en el tomo IV de su clebre Estudio de la historia, obra en
que en algunos de sus pasajes aqul sostena que las civilizaciones andina y
centroamericana haban sido ya totalmente absorbidas por la cultura
occidental. Sostiene Orrego que, con todo, esta rectificacin muestra, por
otra parte, de la probidad intelectual del autor ingls no alcanza para ofrecer
una apropiada caracterizacin del estado en que se encuentra la actual cultura
americana. Pues sucede que las culturas prehispnicas no estn resurgiendo
precisamente, sino que son y traemos nuevamente a colacin su tesis sus
grmenes histricos y los de la cultura europea los que en un proceso de
sntesis vital estn dando vida a una cultura indita que va adquiriendo
formas peculiares y muy propias a travs de la emergencia de una Amrica
virginal36.
No estar de ms insistir en esto: preocupaciones recurrentes en
medio del ejercicio reflexivo de Orrego fueron aqullas referidas al destino
de Amrica y a la posibilidad de la realizacin plena de su autntico ser,
preocupaciones que, por ello mismo, exteriorizan un nimo de
cuestionamiento del carcter imitativo de nuestra cultura, y de las cuales, bien
puede decirse, que vienen a constituir un antecedente de aquel ncleo de
cuestiones referidas al problema de la dominacin y la liberacin, problema
relacionado con la ausencia de una reflexin filosfica genuina en esta parte
del mundo, ncleo de cuestiones en torno del cual con pareja insistencia
reflexionara tambin otro destacadsimo representante de nuestra
intelectualidad: Augusto Salazar Bondy 37.
36
37
60
Cf. Ibd., p. 292.
Dice Orrego, al respecto: Basta ya de bagazo erudito que no sirve ni para mejorarnos ni
para mejorar nuestra patria. Necesitamos estudiar la calidad de nuestra Amrica y crear
nuestra propia economa, nuestra propia esttica, nuestra propia historia. Los textos
europeos mal aplicados y mal comprendidos no sirven sino para desorientarnos ya lo
hemos estado 400 aos y para fatigar con grrulas palabras nuestros cerebros y nuestra
vida. Necesitamos maestros americanos que nos enseen a conocer y amar nuestra
Amrica, maestros que vivan con nosotros la infinita y heroica voluptuosidad de crear un
nuevo continente intelectual, maestros de una raza por cuya boca hablar el espritu
(Orrego, Cultura universitaria y cultura popular. En Estacin primera (artculos), p. 56).
Otro pasaje en que hallamos este tono de censura hacia nuestra crnica falta de
originalidad y potencia creativa es el siguiente: El hombre de Amrica ha solido ser el
hombre devorado por los libros europeos, el hombre que haba perdido su facultad
A lo largo de su produccin literaria, de diversas maneras y con
diversos nfasis y matices, el autor de Pueblo-Continente haba de volver una y
otra vez sobre la idea de sntesis histrica, aqulla producida como
consecuencia de la llegada de la cultura europea a estas tierras y el
consecuente enfrentamiento y sojuzgamiento de nuestros pueblos. En
relacin con la cultura llegada a estos suelos, llama la atencin Orrego sobre
su acusado racionalismo, producto del hecho de haber entronizado a la
razn, situndola por encima del pensamiento. No cree posible que pueda
producirse una cabal comprensin entre Occidente y Amrica. En nuestro
continente la cultura europea, segn dice, se descompone y se pudre, y los
rasgos encomiables y valiosos que pudiera haber aportado se pierden, y, ms
bien, afloran aquellos elementos que expresan lo peor de ella. De modo,
pues, que la americana y la europea son dos sensibilidades culturales
substancialmente distintas. En tica y en esttica expresan ellas mentalidades
opuestas, que, por ello, no llegarn a comprenderse nunca. Pero el choque de
Amrica y Occidente, con todo, da vida a una nueva realidad cultural la
cultura indoamericana, una que asoma con perfiles difusos an, pero que
puede ser barruntada como la sntesis de dos momentos que se niegan:
De esta doble antinomia indeclinable ante el apremio de la vida histrica; de
estas dos nihilizaciones absolutas: del ser del hombre europeo por el antiguo
americano y de ste por el rechazo del conquistador; de esta angustia radical
ante la Nada, de esta tenebrosa y abismtica nada, deba salir, como sntesis
dialctica y vital, el S afirmativo de la Nueva Amrica, pero un s diferente
[espontnea] de reaccionar vitalmente sobre su propia realidad especfica, porque era el
producto de una antinomia histrica, cuyos trminos se negaban recprocamente. () Por
eso, la cultura colonial que ha sido tambin la cultura de la Repblica, ha sido el mimo, el
calco, la escurraja de la cultura europea. Los hombres cultos de Amrica han sido cultos
por induccin, por mimetismo libresco y no por asimilacin y digestin vital. El alimento
que permanece extrao dentro del aparato digestivo se torna destructivo y txico. El
veneno es la sustancia que no se asimila, que no se incorpora como tejido, como clula,
como sangre, dentro de su organismo. Ya sabemos hasta qu punto nos envenenaban las
ideas inasimilables de la revolucin francesa y cmo lo que pudo ser nuestra liberacin fue
la tragedia de nuestra esclavitud. (Orrego, Prlogo. El sentido vital de la revolucin
indoamericana, pp. 12-13). Veamos, asimismo, acerca de este punto, qu nos dice
Gnther Maihold: () la obra de Antenor Orrego no recibe su significado solamente
como parte de la produccin intelectual de la generacin de los 20, sino tambin como
puente hacia las discusiones actuales acerca del problema de autenticidad y originalidad.
() el auge de esta controversia se da a finales de los aos 60 en la polmica entre el
filsofo peruano Augusto Salazar Bondy y el maestro mexicano Leopoldo Zea. (Maihold,
Gnther, Antenor Orrego: derroteros del proceso cultural latinoamericano. En
Socialismo y participacin, N 43, septiembre de 1988, p. 91).
61
de las dos negaciones anteriores. El s que es el nuevo germen autntico del
nuevo ser del hombre americano de hoy 38.
Esta nueva cultura tiene francas posibilidades de desarrollo, que Orrego
pondera: frente a la Amrica que ha calcado servilmente las formas de la
cultura occidental, y quepara decirlo con el mismo Orrego es el
pudridero de ella, se sita otra, la que llama el pensador aprista la Amrica
americana, que () comienza a revelarse en fuertes y claros
temperamentos 39.
Nuevos temperamentos: en efecto, en el mbito poltico asomaba
la figura de Vctor Ral Haya de la Torre, como lder indiscutible de la
Alianza Popular Revolucionaria Americana. En la generacin a la que
pertenecen Haya y Orrego 40 ve el pensador cajamarquino la plasmacin de
una labor de alcance histrico y trascendente: la digestin de los dos mundos
que colisionaron en estas tierras, y que a lo largo de cuatro siglos se han
excluido mutuamente. Del hibridismo colonial establecido luego de la
conquista hasta la desarticulada imposicin de las formas polticas y jurdicas
38
39
40
62
Orrego, Hacia un humanismo americano, pp. 239-240.
Cul es la cultura que crear Amrica? En Orrego, Estacin primera (artculos), pp. 40-41.
Aquella generacin de la que formaban parte personalidades de la talla de Jos Carlos
Maritegui, Vctor Ral Haya de la Torre, Jorge Basadre, Csar Vallejo, Alcides Spelucn,
Csar Falcn, Macedonio de la Torre, Ciro Alegra, Daniel Hoyle, y tantos otros;
generacin aqulla que, segn lo dira Orrego en alguna ocasin () no reconoce sino
como precursor o padre espiritual a Manuel Gonzlez Prada. (Entrevista con Antenor
Orrego. En Orrego, Obras completas. Tomo V, p. 231). El altsimo valor que Orrego
reconoca a la obra de este insigne pensador y al papel crucial que, a su modo de ver, haba
cumplido en la cimentacin de la nueva ruta cultural que Amrica estaba transitando ya, es
testimoniado por el siguiente pasaje: Gonzlez Prada es la encarnacin o interpretacin
nueva de un nuevo perodo histrico. Para el Per ms importa su nacimiento que la
proclamacin de la independencia poltica en 1821. Prada es el primer joven que nace y se
hace en el Per. La aparicin de este hombre es el anuncio de que la tierra nuestra
comienza a madurar para producir, nutrir y organizar una juvenilidad humana. () Los
viejos a la tumba, los jvenes a la obra, es una frase que representa algo ms que un giro
retrico. Es el epitafio de toda una poca y toda una casta, y el aleluya de todo un provenir
que rompa su primer broche de luz. () La aparicin de Prada no es un hecho aislado en
la historia de Amrica. El Continente, ahto ya del cadver europeo que comenzaba a
descomponerse, sedimentado ya el humus humano para la fecundacin de la nueva criatura
csmica, empezaba a sentir en sus entraas las primeras urgencias del parto. Aqu y all,
rasgados en la vasta extensin de la raza, surgen los primeros puntos luminosos y casi
simultneos que la salpican de espritu y que son los precursores del porvenir. Bolvar,
Sarmiento, Prada, Montalvo, Mart, son los sembradores y los primeros instructores del
nuevo hombre. (Orrego, Prada, hito de juvenilidad en el Per. En Obras completas.
Tomo I, p. 303).
europeas que la independencia efectu, la realidad de Amrica ha sido un
penoso desfile de despropsitos sociales, polticos y econmicos que no han
hecho otra cosa que mantener el doloroso divorcio entre la Amrica
autctona y la Europa invasora 41. Pero es el aprismo, segn Orrego, el
movimiento que ha realizado la digestin vital 42 de Amrica, en la medida
en que encarna el nuevo y universal mensaje de este continente, lugar de
feraz encuentro en que distintas tradiciones culturales han producido
novedosas creaciones espirituales que comienzan a adquirir una forma
armnica, nica y universal en virtud del proceso de sntesis que Orrego
vislumbra. Y es Haya de la Torre la expresin ms acabada del hombre que
Amrica ha forjado en sus entraas al amanecer de un siglo en que el
despunte de una aurora de frescos y luminosos matices anuncia el
aposentamiento de una novsima matriz cultural de renovador alcance
ecumnico:
Haya es por excelencia el hombre nuevo de Amrica, el hombre cuyo
cerebro y cuya accin reaccionan originalmente frente a las concretas
realidades econmicas, espirituales y morales del continente. Es el hombre
de la digestin vital de Amrica. En su pensamiento y en su accin se
concilian y se funden las contribuciones que en la vida continental se
mantenan irresolubles. Es la antinomia secular de la conquista y del
incanato trasmutada en un todo unitario. Es la asimilacin entraada de
elementos excluyentes y dispares que se resuelven en la articulacin de un
nuevo mensaje universal y humano43.
Pero no slo en el mbito poltico y social soplaban estos aires de renovacin
espiritual. En los terrenos del arte, la innovadora obra de Csar Vallejo
irrumpa de modo subversivo a travs de los inclasificables poemas de Trilce.
Era Vallejo, segn lo columbraba Orrego, () la figura () que est
destinada a lograr poderosas repercusiones vitales en la conciencia de la
41
42
43
Orrego, Prlogo. El sentido vital de la revolucin indoamericana, p. 11.
Esta idea acerca de la digestin vital tambin la menciona con insistencia en PuebloContinente; all, al inicio de un acpite que lleva por ttulo precisamente Digestin vital,
escribe Orrego, refirindose al rasgo que distingue a su generacin de las que la han
precedido: Si nos preguntamos cul es la caracterstica fundamental que diferencia la
presente generacin de las anteriores, nos responderemos los siguiente: en las actuales
generaciones est empezando a realizarse la asimilacin, la conjugacin, la digestin telrica
y csmica de dos mundos y de dos culturas que han coexistido, no solamente extraas y
aisladas, sino, recprocamente, hostiles y pugnaces. (Orrego, Pueblo-Continente. Ensayos para
una interpretacin de la Amrica Latina, p. 44).
Orrego, Prlogo. El sentido vital de la revolucin indoamericana, p. 12.
63
Nueva Amrica 44. Precisamente, fue Orrego uno de los pocos intelectuales
que celebraron la revolucionaria potica de esta obra, en la que l vea
perfilarse un sentir peculiar, una voz con timbre muy propio; en suma, una
obra que anunciaba la llegada de tiempos nuevos:
Csar Vallejo est destripando los muecos de la retrica. Los ha
destripado ya.
El poeta quiere dar una versin ms directa, ms caliente y cercana de la
vida. El poeta ha hecho pedazos todos los alambritos convencionales y
mecnicos. Quiere encontrar otra tcnica que le permita expresar con ms
veracidad y lealtad su estilo de la vida.
La Amrica Latina creo yo no asisti jams a un caso de tal virginidad
potica. Es preciso ascender a Walt Whitman para sugerir, por
comparacin de actitudes vitales, la puerilidad genial del poeta peruano45.
Vallejo, bajo la esclarecida mirada de Orrego, debi desbordar temeraria y
creativamente las formas retricas de su poca para expresar en toda su
dimensin el alcance americano de su creacin, que por ser, a la vez,
profundamente humano se transform en el primer mensaje universal de la
Nueva Amrica hacia el mundo 46. Fue el poeta de Santiago de Chuco quien
diera inicio a travs de su portentosa creacin a lo que Orrego llama esttica
americana 47.
Pero no slo celebraba Orrego la irrupcin de una voz tan original
como la de Vallejo, sino tambin creaciones como la del poeta cajamarquino
Julio Garrido Malaver y las debidas a su entraable amigo y compaero de
luchas Alcides Spelucn. Con ocasin de la publicacin de los poemas de
Garrido Malaver, reunidos bajo el ttulo de La dimensin de la piedra, deca el
autor de Pueblo-Continente, en las postreras lneas del prlogo de aquella obra:
Hemos llegado al final de este comentario. Qu le falta a este libro? Ni una
palabra ms de su autor, que ha dicho todo lo que tena que decir de la
mejor manera que pudo hacerlo, con su gran talento de artista y con la
penetrante intuicin de su emocin poltica. Por el momento, slo tiene la
44
45
46
47
64
Orrego, El sentido americano y universal de la poesa de Csar Vallejo, p. 213.
Orrego, Palabras prologales. Trilce. En Obras completas. Tomo III, p. 166.
Orrego, Antenor, Un poema del ser y de la trascendencia, en Garrido Malaver, Julio, La
dimensin de la piedra, Lima, Universidad Nacional Federico Villarreal, Ed. Universitaria,
2003, p. 20.
Cf. Entrevista del diario El Norte, Los hombres de Trujillo que han sido vctimas de la
tirana. En Orrego, Obras completas. Tomo V, p. 219.
vibracin admirativa de mi modesta voz, pero en cuyo fondo ltimo palpita
la certidumbre de su extraordinaria proyeccin en la cultura de Amrica,
como fehaciente valor universal de un mundo nuevo 48.
Garrido Malaver manifestaba, a travs de la creacin potica, a travs del
telrico pulso de sus versos, la esttica auroral del hombre nuevo de
Amrica, aquel hombre que naca bajo un nuevo horizonte cultural: ese
pedestal csmico de los Andes a que alude Orrego 49. Pues en Amrica,
segn lo entiende Orrego, se abre un nuevo ciclo vital, un renacimiento
cultural que se dibuja en el canto de creadores como Vallejo y Garrido
Malaver, y en que queda cifrado el cumplimiento de un destino de alcance
universal, universal por ser promesa de sntesis superadora de las tremendas
contraposiciones que entretejen esta Amrica nueva, 50 y, por ello mismo,
expresin de lozana savia cultural que habr de fecundar y revitalizar al orbe,
y dar inicio a la superacin de la crisis espiritual en que se debate la
civilizacin contempornea 51. se es, precisamente, el alcance cabalmente
integrador de la germinacin cultural que se est dando en esta naciente
Amrica; sa es la direccin en que enrumba el nuevo hombre americano,
portador de un autntico ser:
El S [sic] de la Nueva Amrica es la afirmacin de un Continente que
recomienza un nuevo destino, distinto de los anteriores y que no tiene su
razn de ser sino en s mismo. Es la respuesta de la Nueva Amrica, como
razn histrica de su nuevo ser, a las dos nihilizaciones absolutas y radicales
de sus progenitores. () las dos esencias germinales que son como
substratum de las antiguas estructuras morfolgicas que se quebraron con la
violencia del impacto se incorporan al nuevo ser de Amrica en una
distinta refundicin dialctica que se inicia con el signo grandioso de la
unidad, con la presencia de una sntesis humana que asume un amplio
sentido universal 52.
Y no es distinta la actitud que frente a los fulgores creativos de su camarada
entraable Alcides Spelucn haba de adoptar el maestro Orrego. En el
prlogo que escribira en 1926 para la edicin de El libro de la nave dorada,
Orrego no escatim adjetivos elogiosos y entusiastas al momento de resear
48
49
50
51
52
Orrego, Un poema del ser y de la trascendencia, p. 35.
Orrego, op. cit., p. 16.
Cf. Ibd. p. 17.
Cf. Orrego, El sentido americano y universal de la poesa de Csar Vallejo, p. 215.
Orrego, art. cit., p. 217.
65
aquella obra. Pues se trataba tambin en este caso de una muestra
inequvoca, a juicio de Orrego, de que el trnsito hacia una nueva estacin de
cultura estaba producindose. Unciendo el logro esttico alcanzado por
Spelucn al que representara en su momento el despunte de la aurora potica
del gran Vallejo a travs de Trilce, nos dice Orrego: He aqu dos puertas por
donde es posible vislumbrar, tal vez, el destino remoto, pero inexorable y
fatal, de una Amrica, hermtica todava, pero que ha comenzado a organizar
su verbo para el grito de la revelacin 53.
El avistamiento de este panorama, en que refulgan destellos
creativos, originales y poseedores de singular belleza, que ostentaban una
tonalidad que se insinuaba ya tpicamente latinoamericana, conduce a Orrego
a cuestionar la tesis mantenida por Ortega Gasset y referida a un rasgo del
arte contemporneo merced a cuya presencia el filsofo espaol ve un
proceso de deshumanizacin que se est operando en dicho arte. En efecto,
Ortega y Gasset se propone determinar en el breve ensayo que sirve de
marco a estas reflexiones, que lleva por ttulo, precisamente, La
deshumanizacin del arte, el carcter que progresivamente va adoptando el
nuevo arte europeo. Se trata de un enjuiciamiento que el filsofo espaol
lleva a cabo al advertir el impacto que va teniendo en aquella poca el arte
sobre la sociedad, y que Ortega considera que se expresa en la impopularidad
de ste entre la mayor parte de la gente. Un proceso de reduccin y
desrealizacin de elementos humanos es el rasgo distintivo que Ortega
descubre en el arte nuevo. Aunque sumado a otros ms, ste es el rasgo
principal que seala la imposicin de una nueva direccin esttica que parece
encaminarse, dice Ortega, a la plasmacin de un arte puro.
Segn Ortega, para la mayora, una obra de arte es tal si consigue
expresar sentimientos cotidianos, que incorporen en aqulla algn grado de
realidad. De este modo, a ms contenido humano, ms tolerancia esttica
habr 54. Por el contrario, la minora, portadora de un espritu especialmente
sensible y, por tanto, especialmente dotada para la fruicin esttica
propiamente dicha, acomoda su percepcin artstica slo a aquellas
manifestaciones que excluyen cualquier intromisin de elementos humanos.
Es claro que la puridad esttica no es algo efectivamente realizable, como
lo reconoce el propio Ortega, sin embargo, la realizacin de este propsito es
perseguido como ideal por tales espritus selectos. Sobre la base de estas
53
54
66
Orrego, Palabras prologales. El libro de la nave dorada. En Obras completas. Tomo III, p.
181.
Ortega y Gasset, Jos, La deshumanizacin del arte, Mxico D.F., Artemisa, 1985, p. 16.
consideraciones, Ortega denomina al arte nuevo empleando con acierto
un pleonasmo arte artstico, 55 enfatizando a travs de esta expresin la
marcada tendencia a purificar el arte, que se constata presente en el mbito
esttico europeo, y a travs de lo cual se apunta a la plasmacin de aquel
ideal esttico de pureza. De esta forma, la deshumanizacin a que se refiere
Ortega expresa la manifestacin de un arte que tiende a plasmar contenidos
estticos extrahumanos, ultrarrealidades, o, dicho de otro modo, un arte que
busca la cristalizacin de valores estticos puros, desterrando de sus predios,
cada vez con mayor insistencia, el elemento humano.
Como decamos, Orrego objeta el parecer de Ortega respecto del
arte en aquel tiempo, pues las realizaciones estticas que se manifiestan en
esta parte del mundo son para el escritor cajamarquino un desmentido
rotundo de aquello que expresa el filsofo espaol a travs de aquel ensayo.
Orrego lo pone as:
Estticamente, Ortega y Gasset ve una deshumanizacin del arte en
momentos en que ms se humaniza. Nunca el hombre, como en esta
poca, puso ms viva y palpitante su entraa en la expresin literaria y
artstica. El arte contemporneo, el arte histrico, el arte constructivo de la
nueva cultura que deviene es la expresin desgarrante del hombre colocado
en la dantesca encrucijada de dos pocas. El hombre de hoy tiene un
calcao asentado en la poca muerta y el otro sumergido en la hirviente
fluencia del porvenir. En el presente, como punto y escena beligerante,
ambas fuerzas se disputan la presa con veracidad lancinante y trgica 56.
Creacin esttica fulgurante, autntica y universal, y accin poltica
transformadora y original; en palabras de Orrego: Pensador o poeta
recompone y unifica el universo57. Los dos polos de una cultura que Orrego
ve desplegarse al futuro en busca de su propio ser. ste es el horizonte que
Orrego avizora al volver su mirada a aquella realidad naciente que l
briosamente llama Nueva Amrica: 58 un panorama en que l entrev un
porvenir bullente y preado de esperanzas, presto a dar nuevos frutos, una
cultura pronta a iniciar un gran ciclo csmico de palingenesia cultural. Un
porvenir que se inicia con el recorrido de un camino a travs del cual el
nuevo hombre americano, ante el enorme reto histrico frente al cual un
55
56
57
58
Ortega y Gasset, op. cit., p. 19.
Orrego, Estacin primera (artculos). En Obras completas. Tomo I, p. 315.
Orrego, Notas marginales (aforsticas), op. cit., p. 28.
Cf. Orrego, por ejemplo, Hacia un humanismo americano, pssim.
67
mundo en crisis lo ha situado, emprenda la crucial tarea universal de unificar
el espritu en estas tierras, y haga suyo, de esta forma, sin ambages, el
compromiso duro y quemante de una misin, de una pasin y de una
conviccin histrica 59.
59
68
Orrego, Un poema del ser y de la trascendencia, p. 20.
Bibliografa de Antenor Orrego 60
(1929). El monlogo eterno (aforstica). Trujillo: El Norte.
(1934). Prlogo. El sentido vital de la revolucin indoamericana. En A.
Saco, Sntesis aprista: una exposicin completa de la ideologa del aprismo.
Lima: [no se consigna editorial], pp. 5-14.
(1957). Pueblo-Continente. Ensayos para una interpretacin de la Amrica Latina.
Buenos Aires: Ediciones Continente.
(1961). Estacin primera (artculos). Lima: Obras Grficas.
(1962). El sentido americano y universal de la poesa de Csar Vallejo.
Aula Vallejo, N 2-4, pp. 213-227.
(1966). Hacia un humanismo latinoamericano. Lima: Juan Meja Baca.
(1995). Obras completas. 5 tomos. Lima: Cambio y Desarrollo. Instituto de
Investigaciones.
(2003). Prlogo. Un poema del ser y de la trascendencia. En J. Garrido
Malaver, La dimensin de la piedra. Lima, Universidad Nacional
Federico Villarreal, Ed. Universitaria, pp. 13-35.
60
Circunstancias diversas nos impidieron, en un primer momento, consultar la edicin de las
obras completas de Orrego. Afortunadamente, este escollo pudo superarse
posteriormente. Y sta es la razn por la que el lector encontrar referencias a algunas
obras por separado, ya que stas fueron las que se consultaron antes de contar con la
edicin de las mencionadas obras completas. Se comprender, pues, que, por estrictas
razones relacionadas con los plazos de entrega, ya no nos fue posible remitir al lector a las
citas procedentes de aquellos textos segn la ubicacin de stos en los cinco tomos de que
aquella edicin consta.
69
Bibliografa complementaria
Chang-Rodrguez, E. (ed.) (2004). Antenor Orrego. Modernidad y culturas
americanas. Pginas escogidas. Lima: Fondo Ed. del Congreso del Per.
Heidegger, M. (1997). Ser y tiempo. Santiago de Chile: Ed. Universitaria.
Mainhold, G. (1988). Antenor Orrego: derroteros del proceso cultural
latinoamericano. Socialismo y participacin, N 43, septiembre, pp. 8392.
Ortega y Gasset, J. (1985). La deshumanizacin del arte. Mxico: Artemisa.
Ramos, D. (2004). Pensadores norteos, Trujillo: Municipalidad Provincial de
Trujillo.
Vallejo C. (2001). Correspondencia completa. Lima: PUCP.
70
HONORIO DELGADO 1 (1892-1969)
Saby Evelyn Lazarte Oyague
Hijo de Juan Ramn Delgado y Mara Luisa Espinoza, naci en Arequipa el
26 IX-1892 y muri en Lima el 27-XI-1969. Curs educacin secundaria en
el Colegio Nacional de la Independencia Americana (1905-1908); luego pas
a la Facultad de Ciencias de la Universidad de San Agustn; y establecido en
Lima, ingres a la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San
Marcos (1911), optando el grado de Bachiller (1914) y Doctor en Ciencias
Naturales (1923), con tesis sobre Las grandes cuestiones de la herencia. Nuevos
problemas y teoras biolgicas y La rehumanizacin de la cultura cientfica por la
Psicologa; tambin opt el grado de Bachiller (1918) y de Doctor en Medicina
(1919) con tesis sobre El psicoanlisis y Naturaleza elemental del proceso de la
funcin, respectivamente. Se recibi como Mdico Cirujano el 24-IV-1918.
Fue incorporado a la docencia universitaria en San Marcos, en la Facultad de
Medicina ocup el cargo de Jefe de Clnica Propedutica (1918-1920); ejerci
tambin como mdico sanitario en Lima (1918-1919) y Paita (1920); luego
pas a regentar las ctedras de Fisiologa Humana (1920-1921), Patologa
General (1922-1925), Psiquiatra y Neuropatologa (1930-1961), que desde
1939 qued limitada a la primera especialidad; y transitoriamente dict las de
Biologa General (1924-1925) y Psicologa (1927-1931) en las facultades de
Ciencias y de Letras, respectivamente. Fue jefe de servicios en el Hospital
Vctor Larco Herrera (1920-1964); y posteriormente en la Facultad de
Medicina fungi como jefe del Departamento de Psiquiatra y
Neuropatologa (1941-1961) y su Decano (1961), siendo Ministro de
Educacin Pblica (17-VI a 27-X-1948) colabor con el gobierno de Jos
Luis Bustamante y Rivero. Fue uno de los fundadores de la Universidad
Nacional de Ciencias Mdicas y Biolgicas Cayetano Heredia 2 (1961) y su
primer rector (1962-1966). Fue miembro de nmero de la Academia
1
Para un detallado estudio de la vida y obra de Honorio Delgado cfr.: Bio-Bibliografa del
doctor Honorio Delgado. En Boletn de la Biblioteca Nacional. N5, pp. 10-17. Lima,
Biblioteca Nacional del Per, 1944.
Se promulg el decreto de autorizacin el 22 de setiembre de 1961. Posteriormente, el 24
de setiembre de 1965 la institucin cambia de nombre a Universidad Peruana Cayetano
Heredia. Su primer rector fue el Doctor Honorio Delgado, y el primer Decano de la
Facultad de Medicina el Doctor Alberto Hurtado, quien sera posteriormente su segundo
rector. El 2011 la prestigiosa UPCH cumple 50 aos, celebrando su quingentsimo
aniversario.
71
Nacional de Medicina (1921); la Academia de Ciencias Exactas, Fsicas y
Naturales (1939); la Academia Peruana de la Lengua (1941); y
correspondiente de numerosas sociedades cientficas extranjeras. Represent
al Per en los distintos congresos internacionales de Psiquiatra efectuados
en su tiempo. Dirigi la Revista de Psiquiatra y Disciplinas Conexas, en
colaboracin con Hermilio Valdizan (1918-1924); jefe de redaccin de Anales
de la Facultad de Ciencias Mdicas (1938-1961); y la Revista de Neuropsiquiatra
(1935-1961). Presidente de la Sociedad Peruana de Filosofa (1949-1951).
Adems de las tesis mencionadas, destacan en su obra El psicoanlisis
(1919); Algunos aspectos de la psicologa del nio (1922); Curso de Biologa general
(1924); Sigmund Freud (1926) traducida al portugus con adiciones (1933);
Psicologa (1933, 1936, 1941, 1945, 1953 y 1961); en colaboracin con Mariano
Iberico, Stefan George (1935); La formacin espiritual del individuo (1933, 1939,
1949 y 1958); Psicologa general y psicopatologa de la inteligencia (1940); Paracelso
(1941); Psicologa y ecologa (1942); La personalidad y el carcter (1943, 1946 y
1953); El tiempo y la vida anmica normal (1944); Ecologa, tiempo anmico y
existencia (1948); Compendio de Psicologa para educacin secundaria (1950) en
colaboracin con Mariano Iberico; Introduccin a la Psicopatologa (1951); El
mdico, la medicina y el alma (1952); Curso de Psiquiatra (1952, 1955 y 1963);
Nicolai Hartman y el reino del espritu (1956); Enjuiciamiento de la medicina
psicosomtica (1960); De la cultura y sus artfices (1961); Contribuciones a la Psicologa
y a la Psicopatologa (1962); adems innumerables artculos sobre todo de
temtica psicolgica y filosfica entre ellos tenemos: El psicoanlisis en
Anales de la Facultad de Medicina de San Fernando (1918, T. I, N2); Psicologa
de la locura en la Crnica Medica (1919, T. 36, N 671); La formacin de la
personalidad y el carcter en Revista de Psiquiatra y Disciplinas Conexas (1920,
T. II, N 4); Filosofa y psiquiatra en Anales de la Facultad de Medicina de San
Fernando (1959, T. 42, N3); La objetividad de los valores frente al
subjetivismo existencialista en Archivos de la Sociedad Peruana de Filosofa
(1957, T. IV).
Al abordar el tema de la condicin humana en Honorio Delgado,
encontramos a un intelectual de mucha reflexin sistemtica, lo cual se
ordena segn esta temtica: La esencia o la naturaleza humana. Posturas
gnoseolgicas. El hombre, su realizacin posibilidades y lmites. El
significado de los valores. Su actitud ante el progreso social. Ideas sobre el
desarrollo de la ciencia, la tcnica y la modernizacin. Concepciones sobre el
papel de la educacin, el arte y la literatura. El lugar de la filosofa en la
cultura latinoamericana.
72
El pensamiento de Honorio Delgado sobre la naturaleza humana y
su esencia, es constante y tema central en sus distintas reflexiones,
considerando el sentido de la existencia del hombre como un ser superior
pero complejo, dice:
() la complejidad de las manifestaciones de la naturaleza humana es tal,
que ningn punto de vista puede abarcar su realidad, ni dar una idea exacta
de toda la delicada filigrana de la vida mental, con sus infinitos repliegues,
que slo a pocos es dado columbrar en el examen reflexivo y tenaz de la
propia alma, fuente primaria e inagotable de toda ciencia de lo psquico. 3
La naturaleza humana si bien es material, para Delgado es existencia, es ser,
es esencia; es alma y mente percibir la esencia del hombre es comprender que
el hombre no es slo mvil movido, como los animales, sino tambin mvil que
se mueve 4. Con respecto al hombre de la civilizacin moderna dice:
El hombre tpico de la civilizacin moderna, con gran simpleza, se ufana
de ser superior al medieval por creerse prctico y adicto a las cosas de este
mundo. Pero en verdad slo conoce el apetito de goces materiales y el
propsito utilitario frente a lo terrenal, sin un efectivo amor a la
naturaleza. 5
Delgado, observa que el hombre, se olvida de su relacin con la naturaleza,
ha perdido el contacto con el mundo natural, el hombre moderno ha perdido
la sensibilidad humana inherente a toda naturaleza humana, transforma el
mundo muy aceleradamente dejando el ser natural a an lado, y tambin su
puesto en el mundo como ser natural, tras su anlisis afirma una imagen del
hombre moderno con cierto egosmo frente a la naturaleza, es el hombre que
deja de ser quien es y se convierte en otro que al mismo tiempo slo vive el
instante y no se proyecta frente a otros seres: En una poca como la nuestra
de tan grave empobrecimiento espiritual, creemos oportuno y til atraer la
atencin de los estudiantes hacia la profundidad y la riqueza del mundo
anmico. 6
Se afirma entonces en el pensamiento de Delgado una preocupacin
por el hombre esencial, que posee un sensibilidad frente a su propia
3
4
5
6
Delgado, H., & Iberico, M. Psicologa. Estudio metodolgico del mundo anmico. Barcelona,
Cientfico Mdica, 1969, [Link].
Delgado Honorio. Ecologa, tiempo anmico y existencia. 2. ed. Lima, UPCH, 1993, p. 48.
Ibid., p. 5
Delgado, H., & Iberico, M. Psicologa. Estudio metodolgico del mundo anmico. 1969, p. ix.
73
existencia, el hombre es un ser anmico, es un ser con vida y sentimientos
que fortalece su conducta cuando cultiva su alma, y esto depende de la vida
mental del humano.
La vida del hombre se distinguir no solo porque posee el instinto
animal, ya que la vida instintiva del animal es inseparable de la biosfera en
su conjunto7 y dada la interrelacin del hombre con el mundo, los otros
seres, la naturaleza, el instinto constituye fuente de originalidad espiritual 8.
As la distincin entre el hombre y los animales no es por su inteligencia sino,
porque es capaz de conocer lo esencial de las cosas y de conformar su
experiencia segn sistemas consecuentes de ideas; porque es capaz de
conciencia de s mismo, de reflexin, y de inhibicin de sus instintos9, se
descubre al hombre como un ser que asume su naturaleza psquica, el
hombre que posee razn tambin posee espritu, y es en el espritu donde sus
emociones descubren una vida afectiva, dice:
Se designa con el nombre de vida afectiva todo el conjunto de estados y
tendencias que el yo vive de manera inmediata, que, como realidades
psquicas, corresponden exclusivamente al sujeto que los experimenta y
que, por lo general, se polarizan en una o ms dualidades de trminos
(placer, dolor; agradable, desagradable; amor, odio), los mismos que no
agotan, empero todas sus cualidades, como sucede con el blanco y el negro
respecto de los colores. 10
Con su postura existencialista, Delgado, pretende la comprensin de la
realidad en cuanto interpreta el ser del hombre a travs de una mstica del ser
pero que es racional, el hombre salta del mundo a la Divinidad y de la vida
del espritu consciente a la existencia11. Se revela de su pensamiento una
antropologa filosfica que seguir tres momentos, el ser humano racional, el
que piensa, el que razona; otro es el que siente y se emociona; y el ltimo es
el ser superior, el ser divino donde est la perfeccin.
En el pensamiento de Honorio Delgado, si bien sus ideas sobre el
ser de la existencia del hombre abarca gran parte de su reflexin, se puede
encontrar una filosofa implcita en su pensar, cuando observamos las
posturas gnoseolgicas que se descubren de su pensamiento, no perdemos
7
8
9
10
11
74
Delgado Honorio. Ecologa, tiempo anmico y existencia. 2. ed. Lima, UPCH, 1993, p. 36.
Ibid., p. 39.
Delgado Honorio y Mariano Ibrico. Psicologa. 7 ed. Barcelona, Ed. Cientfico-Medica,
1964, p. 96.
Delgado, H., & Iberico, M. Psicologa. Estudio metodolgico del mundo anmico. 1969, p. 131.
Ecologa, tiempo anmico y existencia. 1964, p. 96.
de vista una gnoseologa muy marcada. Es una gnoseologa implcita en el
que hacer filosfico, pues de este modo se conocer la naturaleza y el mundo
que nos rodea, la fe filosfica se dirige al mundo como condicin de todo
ser 12. Es un pensamiento muy fuertemente influido por las concepciones de
su tiempo, as su reflexin filosfica tiene dosis de Herclito, Leibniz,
Scheler, Bergson, Jaspers, Nietzsche, son los filsofos de su preferencia, con
dosis muy marcadas de aceptacin teolgica para descubrir el mundo. La
filosofa para Delgado es el medio para descubrir y elevarse sobre el mundo
material, con la filosofa es que se conoce y se descubre el verdadero ser del
hombre, dice:
La filosofa presupone, pues, que el espritu es el fondo universal de la
existencia y, por lo tanto, su problema central es el espritu, ya como
actividad de conocimiento, valoracin y configuracin, ya en tanto que
estructura metafsica de la realidad. 13
Lo importante en el mundo o en la naturaleza es la existencia de este, aqu se
encuentra el hombre existencial dotado de razn y espritu, lo racional es
natural en el hombre por su naturaleza humana; lo importante en Delgado es
entonces, el ser espiritual, el espritu, es como l lo dice, su problema central,
ya que se descubre en el espritu la vida anmica donde se conocer al mbito
intelectual, moral, religioso y esttico de la naturaleza humana. Es el
momento donde la filosofa tiene importancia para la vida del hombre y para
conocer lo que nos rodea, dice:
() los resortes primarios de la actividad filosfica son la admiracin y el
amor a la existencia, el anhelo por descubrir su fundamento, de suerte que
la filosofa es tambin un saber, pero un saber espiritual, alimentado en una
profunda emocin del alma y que, como dice muy bien Eucken, ilumina
interiormente la realidad. 14
Su sentido existencial, desde la filosofa tambin se observa cuando persiste
en el tema del tiempo, dir nada hay ms efectivo y concreto para el
hombre que el tiempo que vive en cada instante de su existencia15, en este
sentido cuando se refiere al hombre y la vida anmica confronta la relacin
12
13
14
15
Ibid., p. 106
Psicologa. Estudio metodolgico del mundo anmico, p. 2.
Loc. cit.
Ecologa, tiempo anmico y existencia, p. 55.
75
pasado, presente, futuro, asumiendo la interpretacin psicolgica y la
conciencia de los sentimientos que se manifiestan mediante las acciones, en
cuanto se adopta el devenir que se impone en la conciencia del tiempo, pues
la relacin del pasado con el porvenir plasma la vocacin del hombre en el
mundo, la orientacin singular de su personalidad, cuyas expresiones
concretas se desenvuelven en la continuidad de la duracin 16.
El saber filosfico se formula como tratamiento de los grandes
problemas relativos a la naturaleza y a las posibilidades del espritu. Su punto
de vista de la teora del conocimiento es saber si nuestro conocimiento est
confinado a las formas meramente aparenciales de las cosas o si podemos
alcanzar una nocin profunda, substancial y absoluta de la realidad 17. As lo
que ms se evidenciar en nuestro autor es una visin existencialista desde la
cual ir abordando aspectos temticos de reflexin, manifestando que: La
filosofa de la existencia no persigue slo posibilidades, busca la realidad en
promocin incesante a la luz de la verdad 18. Y sobre sta sostiene que: la
verdad no nace ni se encuentra slo con el [Link] verdad no es
exclusiva de la conciencia en general: hay tambin verdades de la vida, del
espritu y de la existencia 19.
Su pensamiento sobre el hombre, su realizacin, posibilidades y
lmites, se configura al tematizar el tiempo, para Delgado observar la realidad
y la realizacin del hombre es ver la historia o el sentido histrico de
realizacin del hombre, siguiendo a Leibniz, dice:
Leibniz ha contemplado con espritu de psiclogo la experiencia del
tiempo y la situacin temporal de los acontecimientos en la vida del
individuo y el gnero humano. De ah sin duda, el aliento dinmico,
inherente a su concepcin de la continuidad conexiva de transformacin,
intercambio y configuracin de la actividad anmica personal, en una
palabra, del carcter histrico del devenir personal concreto. Pues,
anticipndose a Kierkegaard, a Nietzsche y a Bergson, piensa que ni la
suma de los instantes ni la sucesin de las percepciones constituyen la
duracin, cuya esencia es la metamorfosis interna 20.
Es precisamente la conjuncin del tiempo lo que lleva al planteamiento del
ser histrico ya que Delgado hace un anlisis del hombre en sentido
16
17
18
19
20
76
Ibid., p. 81.
Psicologa, p. 3.
Ecologa, tiempo anmico y existencia, p. 102.
Loc. cit.
Delgado, H. (1946). Leibniz: El psiclogo (separata). Verbum, Tomo III (Fasc.4), p. 416.
filosfico bajo el nfasis existencialista y marcado de una interpretacin
psicolgica que envuelve la personalidad del hombre en s mismo. Se asume
al destino, y el conjunto de experiencias que se abarcan en una conciencia
mediante un proceso de asimilacin de la cultura que en todo tiempo se
presenta como realidad histrica, es decir que:
El hombre es un ser histrico principalmente por virtud de esta capacidad
de aprehender e incorporar lo eterno en el suceso. () El alma del sujeto
capaz de sentido histrico puede enlazar ms o menos amplia y
significativamente el pasado, el presente y el porvenir. 21
Sobre el sentido histrico, asume una posicin particular, en tanto que en su
pensar existe una reflexin, donde el mundo de los ideales del sujeto, alienta
a vivir y descubrir la objetividad, declara:
Naturalmente, el afinamiento del sentido histrico consiste slo en el
mayor avance o aproximacin posible del espritu hacia una meta ideal,
pues la comprensin histrica es el arte, arte difcil, de aprehender
relaciones y significaciones, por encima de los hechos, los personajes, las
instituciones y las colectividades acerca de los cuales se documenta la
ciencia histrica 22.
Poniendo nfasis en la existencia, la verdad existencial se manifestar como
vida, conciencia en general, siguiendo las tendencias propias de la poca,
Delgado se identificar con Jaspers, asumiendo el asir como la identificacin
del ser, el ser en s23, pues este asir ser la relacin de sujeto objeto y nos
ensea a captar el sentido y la posible aplicacin existencial del
discernimiento de objetos y nociones actualizndose en los lmites del saber
sistemtico 24, es por el asir que el filosofo dice Delgado puede entrever
la originalidad del ser del hombre posible25; y esta originalidad se da en el
pensamiento filosfico como una accin ntima, cuya experiencia no se aleja
de la realidad empricamente, sino mediante fundamentacin ontolgica de la
interrelacin sujeto-objeto, que cae en el devenir propio de la conciencia
reafirmando y perdurando en el tiempo aspectos agradables de una
21
22
23
24
25
Ecologa, tiempo anmico y existencia, pp. 84-85.
Ibid., p. 85.
Introduccin a la filosofa de Jaspers. En Archivos de la Sociedad Peruana de Filosofa. Lima,
1950, Tom. III, p. 26.
Loc. cit.
Loc. cit.
77
condicin de vida que lleva a cierta calma y por ende a la felicidad esperada.
Textualmente expresa que: En tanto que soy conciencia de una vida,
dominado por tendencias instintivas vitales y sus deseos finitos de felicidad,
quiero duracin en todo tiempo, como si fuera rescate de la angustia de vivir
en la mera duracin 26.
Para Delgado, la existencia reafirma la trascendencia del yo, en
cuanto la existencia asume el ser s mismo, trasciende. Esta trascendencia,
queda suspendida en el nivel de lo eterno, asumiendo una eternidad mstica y
trascendental. Existencia es el ser s mismo que se conduce de s a s y, por
eso, a la trascendencia, con lo cual sabe que se da al par que se funda 27.
Segn esto ltimo el principio de la actividad filosfica existencial es
comprender este salto trascendente, de lo cognoscible a lo incognoscible de
lo temporal a lo intemporal, dice: Lo eterno no slo asoma en momentos
privilegiados. Toda nuestra existencia, en la medida que tiene profundidad, es
una lucha, un esfuerzo, un anhelo de sustentacin en algo ms que lo
trocable y finito del ahora 28.
En su tratado titulado Psicologa y ecologa 29 se puede observar
exclusivamente la realizacin, posibilidades y lmites del hombre respecto a la
naturaleza, para Delgado habr un modelo psicolgico que se impone en la
naturaleza para comprenderla, con profundo conocimiento de la ciencia
biolgica,-que l domina- asumiendo una idea de la naturaleza su anlisis va
mucho ms profundo y llega al plano de la fsico qumico, describiendo el
proceso de la vida mediante elementos qumicos , los cuales interactan en la
biosfera y se da una explicacin del proceso metablico de la naturaleza.
Anticipndose a todo fenmeno actual del mbito ecolgico, su reflexin
llama a una conservacin de la naturaleza, advertir que existe el peligro de
la explotacin desconsiderada de la naturaleza por el hombre 30.
Al seguir con sus observaciones de la naturaleza bajo un lente
psicolgico, propio de su formacin con predisposicin por la psiquiatra
descubrir que el instinto es parte de la naturaleza, desde la materia
inorgnica hasta la relacin de los seres vivos con la naturaleza, la biosfera
envolver al instinto donde se reconoce un dinamismo: La finalidad que se
manifiesta en el instinto revela la misma idealidad que da forma y nexo al
26
27
28
29
30
78
Ecologa, tiempo anmico y existencia, p. 87.
Ibid., p. 96.
Ibid., pp. 87-88.
Incluido en el texto Ecologa, tiempo anmico y existencia, pp. 3-54.
Ecologa, tiempo anmico y existencia, p. 12.
conjunto de la creacin31. Las reflexiones de Delgado en torno a Dios y la
religin, estarn consignadas en sus escritos a pesar de ser un intelectual
influenciado por las ideas de Nietzsche 32 y no se observa en su pensamiento
un anticristianismo, sino una presuposicin de las ideas en torno a Dios, este
existencialismo conlleva a la trascendencia, al mismo tiempo se percibe que
pretende llegar a una consecuente aceptacin del destino al referirse a la fe.
La religin para Delgado ser un factor de la condicin humana, ya que
encontrar un vnculo entre el individuo y Dios. Cuando tematiza la religin
sostiene que sta es un fenmeno social, esta vinculacin es de carcter
social, no slo entre el individuo y Dios, sino entre Dios y la comunidad y
entre los miembros de la comunidad entre s, por la participacin de todos
en el amor o en el temor a Dios.
La axiologa, y el significado de los valores, fue tematizado
definiendo su postura objetivista existencial. En su artculo La objetividad de los
Valores frente al subjetivismo existencialista33, se propone presentar la consistencia
de los valores en cuanto fundamento de la orientacin y la accin del
hombre 34. Para Delgado los valores determinan el sentido de la conciencia,
el sujeto espiritual que es el hombre se determina por los valores que posee,
ahora bien, estos valores se descubren con el desarrollo de la vida intelectual,
moral, religioso y esttico, dice: Los valores ciertamente se dan en lo real,
pero no se confunden con lo real. Tienen un ser propio, en s ideal,
relacionado con lo real, pero absoluto y autnomo por su ndole35.
Estos valores entonces, son a los que aspira todo hombre, son
valores ideales parte de la vida, y que dar sentido a la existencia. Se plantea
una distincin entre la objetividad de los valores frente al subjetivismo, pues
esta objetividad se impone, ya que para Delgado los entes de valor se
presentan en una realidad ntica, pues al presuponerse la persistencia del ser
histrico, en tanto ntico, se objetivan estos valores, afirmando que: Al
negar objetividad y ser a los valores, el existencialismo priva a la existencia de
base firme para su orientacin trascendental y para el despliegue de sus
31
32
33
34
35
Ibid., p. 48.
As nos indica Salazar Bondy, Honorio Delgado estuvo bajo la inspiracin de Nietzsche,
filsofo que lo cautiv desde su juventud Cfr. Historia de las Ideas en el Per contemporneo.
Lima, Tomo II, Op. cit. p. 298. Y tambin se descubre por las diversas citas y referencias
que se encuentran en la obra de Delgado.
Cfr. La objetividad de los Valores frente al subjetivismo existencialista. En Archivos de la
Sociedad peruana de Filosofa. Lima, 1957, Tom. IV, pp. 248-268.
La objetividad de los Valores frente al subjetivismo existencialista, p. 248.
Ibid., p. 249.
79
virtualidades positivas en el orden del espritu 36. De esta manera la
naturaleza afectiva capaz de tener emociones se dirige al cultivo de los
valores.
En el planteamiento axiolgico y moral de Delgado, se encuentra
mucha referencia a Max Scheler y Nicolai Hartman, en materia de valores
morales, asume estas perspectivas, los valores representan el fundamento del
ser del hombre, para considerar actos valorativos, siempre se observa la
realidad porque es el mundo el que se valora y es el sujeto quien valora.
Existe para Delgado una jerarqua de los valores en cuanto a su naturaleza,
pues nos hablar de valores de dos tipos, unos sern vitales y otros
espirituales, dentro de los primeros ubica como valores los hednicos, los
econmicos, los de fuerza de vida, son los que sustentan la vida material;
dentro de los segundos tenemos los de las formas de vida, los estticos, los
polticos, los sociales, los lgicos, los morales y los religiosos, son los que
sustentan la vida espiritual. Entonces habr segn Delgado una
manifestacin de estos valores, los cuales sern de dos formas como
experiencias positivas y como manifestaciones objeto- temporal. A
continuacin mostraremos un cuadro clasificatorio, que se deduce de su
planteamiento:
JERARQUIA DE LOS VALORES
VALORES VITALES
VALOR
Hednicos
Econmicos
De fuerza de vida
EXPERIENCIAS
POSITIVAS
Lo agradable
Lo til
Lo poderoso
MANIFESTACIN OBJETOTEMPORAL
El organismo de todo individuo
Las cosas
Las personas
VALORES ESPIRITUALES
VALOR
De formas de vida
Estticos
Polticos
Sociales
Lgicos
Morales
Religiosos
36
80
Ibid., p. 256.
EXPERIENCIAS
POSITIVAS
Lo noble
Lo bello
Lo respetable
Lo justo
Lo verdadero
Lo bueno
Lo sagrado
MANIFESTACIN OBJETOTEMPORAL
Las personas
Las figuras, formas, ritmos.
Las personas
Las personas
Las ideas
Las personas
Conjunto de lo existente con
necesidad de salvacin.
Hablar de valores para Delgado es referirse al hombre, es quien
posee el espritu capaz de desarrollar valores que fundamentan la existencia
de la humanidad, dice: El espritu es un mundo de valores intelectuales,
morales, religiosos, estticos, etc., mundo que, como algo ideal y eterno, se
levanta sobre el mero fluir de la conciencia.37
Las principales propuestas de Honorio Delgado son su
preocupacin humanstica y su reflexin frente a la condicin humana desde
una perspectiva existencial, filosfica y psicolgica. Su actitud ante el
progreso social, se encuentra en su fundamentacin psicolgica. Tras un
agudo estudio psicolgico, psiquitrico y de la sicopatologa de los seres de la
naturaleza presenta su descripcin y distincin entre los animales y el
hombre mediante un estudio del instinto y la vida anmica as, la fuerza que
encarna el espritu del hombre ser la que conlleva a su manifestacin
psquica, social, tica y moral en la sociedad.
Psicologa es la obra de Delgado que fundamenta su teora y
reflexin psicolgica en el siglo xx, su propuesta define los patrones de
interpretacin psicolgica en el Per y en el pensamiento de los grandes
maestros de este tiempo. La psicologa est definida como una disciplina que
aborda la vida psquica, dice:
La psicologa es una disciplina independiente, en el sentido de que
confronta la experiencia de la vida psquica sin la interposicin de
supuestos metafsicos, pero es una disciplina filosfica por la naturaleza
particular de esa experiencia y, como la sociologa y la historia, tiende a
estudiar el ser del hombre como un todo, en lo que tiene de determinable
para el conocimiento emprico. 38
As el progreso del hombre como ser social se descubre en tanto que ste se
supera, cultivando una conciencia firme existencial, la vida psquica de la
naturaleza humana permite dominar los caracteres. La psicologa estudia a
esa conciencia como realidad para observar y reflexionar sobre las conductas,
con un verdadero sentido existencial. Propone as su postura existencialobjetiva, al plantear la objetivacin de los valores y asumir una manifestacin
cultural, pues la humanidad se desenvuelve y la cultura es as como la
biosfera del ser social 39. Adems en el campo social observar tambin la
lucha entre el proletariado y el capitalismo, estudiando la interpretacin
37
38
39
Delgado, H., & Iberico, M. Psicologa. Estudio metodolgico del mundo anmico, p. ix.
Delgado, H., & Iberico, M. Psicologa. Estudio metodolgico del mundo anmico, p. 4.
Psicologa. Estudio metodolgico del mundo anmico, p. 291.
81
psicolgica de este fenmeno, pero sin encontrar un pronunciamiento
explcito en el campo ideolgico.
Sobre las ideas del desarrollo de la ciencia, la tcnica y la
modernizacin, se descubre un intelectual muy dedicado al avance del
conocimiento cientfico, ve a la ciencia como base fundamental para la
objetivacin, partidario del mtodo cientfico, observar un progreso en las
ciencias, sosteniendo que: El conocimiento cientfico de las cosas del
mundo no constituye conocimiento del ser, sino de manifestaciones o
fenmenos determinados 40. Es la ciencia como tal quien debe abarcar el
mundo. Delgado, dice: Ciencia es toda disciplina que, fundndose en
principios evidentes o considerados como tales y mediante el empleo de
mtodos apropiados a su materia, persigue la explicacin de un orden
determinado de fenmenos 41.
De tal modo que, el campo de lo explicable, para nuestro autor
siempre est pretendiendo ser fundamentado por las ciencias, sea cual fuera
el mbito, pues el auge de la ciencia y de la tcnica ha contribuido de
manera poderosa a que el hombre moderno rompa sistemticamente la
conexin con su mundo afectivo42.
Para Honorio Delgado las concepciones sobre el papel de la
educacin, el arte y la literatura, se derivan de su obra De la cultura y sus artfices
adems de su artculo Cultura personal y cultura nacional 43, el hombre se
perfecciona en cuanto mediatiza su libertad por la realidad existencial:
existir es ante todo ser libre, es disponer de la propia experiencia y de uno
mismo 44, la condicin humana dirigida por el progreso vinculando su
existencia y la fusin de ser ntico y ontolgico al mismo tiempo ser posible
de perfeccionamiento, el cual se conseguir con la educacin, mbito
pedaggico en que l se ve inmerso como maestro y capaz de proyectar una
visin positiva del avance de la cultura, la ciencia y la tcnica, dice: En la
instruccin primaria y en la de adultos se requiere considerar y afinar la
vinculacin de la enseanza con el arraigo del sujeto y su familia a la
tradicin cultural espontnea y peculiar del grupo social 45
40
41
42
43
44
45
82
Introduccin a la filosofa de Jaspers, p. 22.
Psicologa. Op. cit. p. 1.
Ecologa, tiempo anmico y existencia, p. 61.
Cfr. Cultura personal y cultura nacional. En Mercurio Peruano. Revista mensual de Ciencias
Sociales y Letras. Lima, N 437- 440, setiembre-diciembre, 1963, pp. 255-264.
Introduccin a la filosofa de Jaspers, p. 29.
Cultura personal y cultura nacional. En Revista mensual de Ciencias Sociales y Letras. Mercurio
Peruano. Lima. N 437- 440, setiembre-diciembre, 1963, pp. 262.
El papel de la educacin en la reflexin de Delgado se debe plantear
con el respeto y la consideracin del entorno social, la naturaleza y la cultura,
alfabetizar considerando la sabidura popular tiene sentido para l, sino sera
echar fuerzas al vaco pretendiendo cambiar las mentalidades, se debe
empezar por el respeto a las tierra y busca acrecentar la conciencia ecolgica.
El humanismo que se descubre en su pensamiento, debe ser implantado en
los colegios y las instituciones de instruccin, seala refirindose a la
instruccin media: es de desear que en ella exista un nuevo tipo de plantel
en el cual el humanismo contribuya a formar a los jvenes mejor dotados del
pas 46. As se conocer del humanismo en la educacin como propuesta
para el Per del siglo xx en la dcada del sesenta.
Encontramos tambin la idea de cultura, en su pensamiento y seala
que el talante y la actividad del hombre en cuanto son guiados por ideas y
valores del espritu constituyen la cultura 47, es decir el hacer del hombre, las
tcnicas que desarrolla y el desarrollo de los valores describe al ser cultural.
Puede definirse la cultura como el conjunto ms o menos orgnico de
ideas, ideales, bienes y valores que rigen con su vigencia el porte y la
actividad de los hombres, en forma de inteligencia y dominio de la
naturaleza, de ajuste y servicio a la vida colectiva, y de disfrute,
desenvolvimiento y formacin personales48
Delgado en sus reflexiones sobre el lugar de la filosofa en la cultura
latinoamericana no se desprender del papel que juega el psicoanlisis y el
conocimiento psiquitrico, de tal modo que sus reflexiones filosficas estarn
bajo esta visin, as se observa en sus escritos Filosofa y Psiquiatra,
Psicologa, Sentido y contrasentido en la locura.
Como uno de los mejores representantes de la psicologa en el Per,
Honorio Delgado nos presenta la vinculacin directa de la psicologa y la
filosofa. Pues a diferencia de la ciencia, que abarca el estudio de la realidad
objetiva, la filosofa entendida como reflexin presupone un acercamiento
directo a la existencia y la comprensin del ser:
Y as, ya se considere la filosofa como la intuicin o la teora de la
totalidad, ya se la defina ms profundamente como el estudio del espritu,
46
47
48
Ibid., p. 263.
De la cultura y sus artfices. Madrid, Aguilar, 1961, p. 25.
Cfr. En la conferencia leda en la Casa de la Cultura Peruana, el 31 de agosto de 1963,
publicado bajo el ttulo Cultura personal y cultura nacional.
83
lo cierto es que, de un modo o de otro, el saber filosfico debe presuponer
la conciencia y trabajar con ella y para ella 49.
Este propsito de vincular psicologa y filosofa, como un tipo de reflexin
peculiar en nuestro autor, planteando su existencialismo objetivo, lo lleva a
enfatizar su postura ya que, tiene como nfasis la conciencia humana, y el
devenir del hombre desde un sustento antropolgico de su ser mediante su
existencia que perdura en el tiempo. Que el sentido de la vida forma parte del
conocimiento de s y de la condicin humana, al mismo tiempo que la
esperanza y la fe son capaces de llenar los ideales de existencia, no se observa
una subjetividad, sino mas bien, insistimos, en un cierto existencialismo
objetivo que al mismo tiempo se desvincula de lo finito para perdurar en la
eternidad.
49
84
Psicologa, p. 4.
Bibliografa
De Honorio Delgado
Leibniz: El psiclogo (separata). Verbum, Tomo III (Fasc.4), 1946.
Introduccin a la filosofa de Jaspers. En Archivos de la Sociedad Peruana de
Filosofa. Lima, 1950, Tomo III.
La objetividad de los Valores frente al subjetivismo existencialista. En
Archivos de la Sociedad peruana de Filosofa. Lima, 1957, Tomo IV, pp.
248-268.
De la cultura y sus artfices. Madrid, Aguilar, 1961.
Contribuciones a la psicologa y la psicopatologa. Lima, P. Psyches ed., 1962.
Cultura personal y cultura nacional. En Mercurio Peruano. Revista Mensual de
Ciencias Sociales y Letras. Lima, N 437-440, setiembre-diciembre, 1963,
pp. 255-264.
Delgado Honorio y Mariano Ibrico. Psicologa. 7 ed. Barcelona, Ed.
Cientfico Medica, 1964.
Delgado Honorio y Mariano Ibrico. Psicologa. Estudio metodolgico del mundo
anmico. 9 ed. Barcelona, Cientfico Mdica, 1969.
El mdico, la medicina y el alma. 3 ed. Lima, UPCH, setiembre de 1992.
Ecologa, tiempo anmico y existencia. 2da ed. Lima, UPCH, 1993.
Sobre Honorio Delgado
Celis Malca, Mara del Rosario. La psicologa del siglo XX en el Per:
Honorio Delgado y Walter Blumenfeld. El Peruano. Lima, 13 de Julio
de 2002.
85
GALLI, Enrique. Semblanza de Honorio Delgado: humanismo y
Psicopatologa. Rev Med Hered, oct./dic. 2000, vol. 11, no. 4, pp. 130135.
Maritegui J. Elogio de Honorio Delgado. Revista de Neuro-Psiquiatra. Lima,
Diciembre 1992.
Salazar Bondy, Augusto. Historia de las ideas en el Per contemporneo. Lima, Ed.
Tomo II, p. 298.
86
VCTOR RAL HAYA DE LA TORRE (1895-1979)
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Hijo de Ral Edmundo Haya y Crdenas y Zoila Mara de la Torre y
Crdenas, naci en Trujillo el 22-II-1895 y muri en Lima el 2-VIII-1979.
Egresado del Seminario de San Carlos y San Marcelo, inici estudios de
Letras en la Universidad Nacional de Trujillo (1915). Siendo estudiante
frecuent a la llamada bohemia de Trujillo (Csar Vallejo, Antenor Orrego,
Alcides Spelucn y otros), escribiendo poemas e intentando incursionar en la
dramaturgia. Altern estas inquietudes con la colaboracin como crtico
cultural en el diario La Industria, dirigido por su padre, y con frecuentes
visitas a una biblioteca obrera, dirigida por activistas anarcosindicalistas,
establecida en las proximidades de su casa. Inquietado, as, por el inters
cultural de los trabajadores, logr que el Centro Universitario desarrollara
entre ellos una sistemtica labor de difusin. Opt por trasladarse a Lima
(III-1917) para cursar Abogaca en la Universidad Mayor de San Marcos,
influyendo desde su llegada en la vida poltica universitaria. Para aliviar su
sustento, ingres como escribiente y practicante en el estudio de los doctores
Eleodoro y Eulogio Romero. Visit a Manuel Gonzlez Prada con alguna
frecuencia, desarrollando inquietudes polticas derivadas del radicalismo del
autor de Horas de lucha, del contacto con trabajadores anarcosindicalistas y de
la amplia difusin entre los estudiantes del arielismo inspirado en las ideas
del uruguayo Jos Enrique Rod. Viaj a Apurmac, Cuzco y Arequipa, y al
regresar integr la comisin universitaria que secund la lucha obrera por la
jornada de las ocho horas, al mismo tiempo que impuls la reforma
universitaria en San Marcos. Elegido presidente de la Federacin de
Estudiantes (1919-1920), particip en el primer Congreso Nacional de
Estudiantes (Cuzco, 11-III-1920), en cuyos debates obtuvo la aprobacin del
proyecto de creacin de centros autogestionarios de extensin cultural
llamados universidades populares. La primera universidad popular se
fund en Lima (22-I-1921) pero fue trasladada a Vitarte (2-II), con el fin de
estar ms cerca de los obreros. En 1922 el movimiento iniciado el ao
anterior tom el nombre de Universidades Populares Gonzlez Prada.
Invitado por los estudiantes argentinos, visit Arequipa, La Paz, Buenos
Aires y Santiago de Chile (II a VI-1922), difundiendo los ideales de la
reforma universitaria y promoviendo una participacin directa de la juventud
en la renovacin de Amrica Latina. Al perfilarse la poltica dictatorial del
presidente Augusto B. Legua, moviliz a los estudiantes en defensa de las
87
libertades constitucionales. Significativo pretexto de esta campaa fue la
oposicin a la proyectada consagracin oficial del pas al Corazn de Jess;
durante las acciones callejeras murieron un estudiante y un obrero (23-V1923) que la propaganda convirti desde entonces en smbolos de la unidad
obrero-estudiantil. Luego edit la revista radical estudiantil Claridad, en
colaboracin con Jos Carlos Maritegui (visiblemente influida por Clart de
Francia, publicada por Henri Barbusse, Anatole France y Romain Rolland,
emulada tambin en Argentina bajo el mismo nombre), como rgano de la
juventud libre del Per y de las universidades populares; y public su
primer opsculo, Dos cartas de Haya de la Torre (VIII-1923), donde expone un
ideario basado en el individualismo virtuoso del arielismo y en un difuso
anhelo, ultraigualitario, de revolucin social, sin duda derivado de discursos
anarquistas. Apresado (2-X), fue nuevamente elegido presidente de la
Federacin de Estudiantes y, como se declarara en una severa huelga de
hambre para reclamar su libertad, se prefiri desterrarlo (9-X-1923) a
Panam. Tras visitar Cuba (31-X a 12-XI), pas a Mxico, donde actu como
secretario de Jos Vasconcelos; all propuso a la Federacin de Estudiantes
Mexicanos (7-V-1924) desarrollar una fraternidad estudiantil y laboral
continental que fue el hito germinal de lo que ms tarde se llam Alianza
Popular Revolucionaria Americana (APRA), cuyo fundamento doctrinario
present recin dos aos despus Qu es el APRA?, manifiesto publicado
en la revista Labour Monthly de Londres, en diciembre de 1926, y en Amrica
Latina en los meses siguientes. Durante 1924 recorri algunas ciudades de
[Link].; viaj a Rusia (IX-1924), Suiza, Italia y Francia; y establecido en
Inglaterra (III-1925), hizo estudios de Economa en Londres y de
Antropologa en Oxford (1926-1927). Su primera versin de la doctrina
aprista, expuesta en el libro Por la emancipacin de Amrica Latina (1927),
conjuga influencias y vivencias de cuatro aos de exilio (el autoctonismo, el
antiyanquismo y la unidad indoamericana, inspirados por la revolucin
mexicana; la idea de un partido del pueblo, del Kuo Ming Tang chino; la
nacionalizacin de tierras e industrias y el capitalismo de Estado
soviticos; y el cooperativismo, del laborismo ingls). Tras una amplia
campaa difundiendo el proyecto del APRA entre los exiliados peruanos y
los grupos radicales todava presentes en el Per, organiz la primera clula
aprista en Pars (22-I-1927) y concurri al I Congreso Antiimperialista
Mundial, efectuado en Bruselas (II-1927), donde defendi sus puntos de
vista polemizando con los voceros comunistas. Pas a Nueva York (IX-X de
1927); retorn a Mxico; y luego efectu una gira a travs de Guatemala, El
Salvador y Costa Rica. Desde Mxico impuls sin xito (I-1928) la formacin
88
en el Per de un Partido Nacionalista Libertador afiliado al APRA, idea
desestimada como demaggica por el grupo de Jos Carlos Maritegui,
principal destinatario de la propuesta. Anduvo entre Mxico y Panam
brindando apoyo desde la tribuna y la prensa a la causa de Csar Augusto
Sandino en Nicaragua. Sin permitrsele desembarcar, las autoridades de
Panam lo enviaron con destino a Bremen, y desde este puerto se traslad a
Berln (I-1929). All lo sorprendi la cada del presidente Legua (27-VIII1930); sigui las iniciales incidencias de la organizacin del Partido Aprista
Peruano (fundado el 21-IX-1930) y, postulada su candidatura a la presidencia
de la Repblica (1931), prepar su campaa electoral.
Al volver, pis tierra peruana en Talara (12-VII); sigui a Trujillo
(25-VII) lleg a Lima (15-VIII); y presidi una recordada demostracin
poltica en la Plaza de Acho (23-VIII), donde expuso un clebre Discursoprograma que ofrece una versin minimizada del programa aprista, aunque
siempre enfatizando la intervencin del Estado en la economa como tema
principal. Luego inici un esforzado recorrido por el interior del pas, en un
clima de creciente tensin entre la inquietud reformista aprista y la
intransigencia de sus adversarios. Al triunfar en las elecciones (11-X-1931) el
comandante Luis M. Snchez Cerro, el lder del aprismo condujo una
intransigente oposicin, adems de desconocer la legitimidad de las
elecciones. En el Congreso Constituyente fue precariamente aprobada (9-I1932) una ley de emergencia dictada por el Ejecutivo, a la cual sigui la
persecucin del aprismo y todos los opositores, culminada con el desafuero
de 23 diputados (18-II) y su inmediato destierro. El clima de violencia se
increment con el atentado criminal que un fantico llev a cabo contra la
vida del nuevo presidente (6-III-1932). El propio Haya de la Torre fue
apresado (V-1932) y esa circunstancia lo exoner de imputabilidad en los
excesos cometidos durante la revolucin efectuada por las huestes apristas en
Trujillo (VII-1932) y, posteriormente, en el asesinato del presidente Snchez
Cerro (30-IV-1933). Slo recuper la libertad (10-VIII-1933) cuando el
general scar R. Benavides asumi el gobierno y quiso ensayar una poltica
de paz y concordia. Pero terminada sta (26-XI-1934), el jefe aprista inici
una larga etapa de clandestinidad en la que su partido se mantuvo activo y
beligerante. Volvi a la vida pblica (20-V-1945) al constituirse el Frente
Democrtico Nacional que auspici la candidatura presidencial de Jos Luis
Bustamante y Rivero. Aquella alianza fue pronto resquebrajada debido a la
tendencia hegemnica del aprismo, que, pese a morigerar su programa
original, mantuvo caractersticas intolerantes y sectarias. Tras una fracasada
sublevacin militar en el Callao (3-X-1948) que el aprismo pretenda
89
convertir en un nuevo alzamiento popular, el general Manuel A. Odra
encabez en Arequipa (27-X-1948) un golpe de Estado que puso fin al
gobierno constitucional de Bustamante y Rivero y dio origen a una poltica
duramente represiva, sobre todo contra el Partido Aprista. Acosado, Haya de
la Torre solicit asilo en la embajada de Colombia (3-I-1949); pero no se le
otorg el salvoconducto usual y entablose un litigio que fue llevado hasta la
Corte Internacional de Justicia y slo se le permiti abandonar el pas (7-IV1954) amparado en un fallo de la Corte Internacional de La Haya. Concluido
el asilo, el fundador del aprismo renov radicalmente su doctrina publicando
el libro Treinta aos de aprismo (1956) y diversos opsculos donde enfatiza la
importancia del capital extranjero en la economa y se opone a reformas
radicales, considerando adems a [Link]. una nacin modelo y ya no
antagnica para el destino de Amrica Latina. Luego Haya de la Torre
condujo al Partido Aprista a negociar un pacto que hizo posible un nuevo
gobierno de Manuel Prado (1956) y la iniciacin de una poltica de
convivencia, as como la normal postulacin de la candidatura presidencial
de Vctor Ral Haya de la Torre en el proceso electoral de 1962. Anulado
ste por la junta militar que derroc a Manuel Prado (17-VII-1962) y
convocadas las nuevas elecciones que fueron ganadas por Fernando
Belaunde Terry (1963), se gest la alianza del aprismo con la Unin Nacional
Odriista, partido fundado por el dictador de 1948-1956. La coalicin APRA
UNO determin la formacin de una mayora parlamentaria que obstaculiz
la gestin del gobierno que aqul presidi. Pero el deterioro ocasionado en
las circunstancias generales del pas condujo a la formacin del Gobierno
Revolucionario de las Fuerzas Armadas, que impuso un debilitamiento de las
actividades partidarias, aunque el jefe aprista insisti en reclamar la
paternidad doctrinal de las reformas econmicas del general Velasco
Alvarado, para lo cual reedit (1970, 1972) uno de sus libros ms
beligerantes, El antiimperialismo y el APRA, escrito en 1928. Sustituido
Velasco por el general Francisco Morales Bermdez (1975), fue convocada,
como transicin a la normalidad, una Asamblea Constituyente cuya
presidencia ejerci Vctor Ral Haya de la Torre por haber obtenido la ms
alta votacin (1978-1979). El deterioro de su salud no le permiti culminar
su gestin al frente de la Constituyente, aunque tuvo energas suficientes para
firmar la nueva carta magna desde su lecho, pocos das antes de fallecer.
Adems de una amplia produccin periodstica y panfletaria, Haya
de la Torre public: Dos cartas de Haya de la torre (1923); Por la emancipacin de
Amrica Latina (Buenos Aires, 1927); Ideario y accin aprista (Buenos Aires,
1930); Teora y tctica del aprismo (1931); Impresiones de la Inglaterra imperialista y la
90
Rusia sovitica (Buenos Aires, 1932); El plan del aprismo (Guayaquil, 1932);
Construyendo el aprismo (Buenos Aires, 1932); Poltica aprista (1933); A dnde va
Indoamrica? (Santiago de Chile 1935, 1936 y 1954); El anti-imperialismo y el
APRA (Santiago de Chile, 1936, tres edic.; Lima 1970, 1972 y 1986);
Excombatientes y desocupados (Santiago de Chile, 1936); La verdad del aprismo
(1940); La defensa continental (Buenos Aires 1942; Lima, 1946); Cartas a los
prisioneros apristas (1946); Y despus de la guerra, qu? (1946); Espacio-tiempohistrico (1948); Treinta aos de aprismo (Mxico, 1956); Mensaje de la Europa
nrdica (Buenos Aires, 1956); y Toynbee frente a los problemas de la Historia
(Buenos Aires, 1957). Tambin public una coleccin de Obras escogidas (5
vols., 1961), a cargo de Andrs Towsend y otros colaboradores; y sus Obras
completas (7 vols., 1977), a base de una compilacin de Andrs Towsend y un
equipo de editores. Han aparecido pstumamente diversas recopilaciones de
sus artculos dispersos en diarios y revistas del continente como Vctor Ral
en El Tiempo (2 vols., 1988); Vctor Ral peregrino de la unidad continental (2
vols. 1989, 1990) y Vctor Ral en Cuadernos Americanos (1990), a cargo de
Luis Alva Castro; y una compilacin de entrevistas: Haya de la Torre en 40
reportajes (1983), por Roy Soto Rivera; y sobre la herencia de Haya de la Torre
por Luis Alberto Snchez (1994), adems de diversas antologas de extractos
de sus obras ya conocidas.
Haya de la Torre tuvo como inters fundamental estar al tanto del
movimiento filosfico de occidente. Ideolgicamente estudi las filosofas
que haban influido en el quehacer de lo que l denomin indoamrica
indagando el movimiento filosfico latinoamericano desde la perspectiva de
su posible intervencin en el pensamiento universal. Desde muy joven
integr un movimiento cultural que actuase sobre el pueblo, los obreros y los
estudiantes universitarios dndoles una cultura poltica especialmente
filosfica. Cre la doctrina de un partido poltico para la accin o praxis
revolucionaria denominado APRA (Alianza Popular Revolucionaria
Americana). La primera revolucin que llev a cabo fue la del slido norte en
1932 y su ltima accin fue ejercer la presidencia de la Asamblea
Constituyente (1978-1979). Constitucin que firm pocos das antes de
fallecer.
La obra de Vctor Ral Haya de la Torre, desde la perspectiva del
pensamiento poltico en el Per y en nuestra Amrica, constituye una
reflexin personal original y autntica. Considero, por esta razn, que tanto
su filosofa, su ideologa, su concepcin sobre Indoamrica y su plan de
accin poltico, constituyen la postulacin de un cambio radical en nuestra
reflexin poltica, ya que sta no deba ser mera imitacin y repeticin de la
91
historia occidental sino que deba constituir una obra creativa basada en
nuestra propia perspectiva y realidad tempo-espacial.
En materia filosfica Vctor Ral Haya de la Torre fue un poltico
que se propuso estar al da y conocer en profundidad los autores ms
significativos y destacados de la reflexin occidental. Sus lecturas y
menciones filosficas son innumerables, sin embargo, las ms importantes
son: de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) y su dialctica de la
negacin de la negacin; de Karl Marx (1818-1888) y su determinismo
histrico; de Friedrich Engels (1820-1895) la dialctica como ciencia de las
leyes generales del movimiento y evolucin de la sociedad humana; de Jos
Ortega y Gasset (1883-1953) sus concepciones perspectivistas y raciovitalistas; de Albert Einstein (1879-1955) la cuarta continuidad dimensional
llamada Espacio-Tiempo; de Arnold Toynbee (1889-1975) los campos
inteligibles de la comprensin histrica, que son las sociedades las
primitivas y las civilizadas.
El trasfondo filosfico poltico de Haya de la Torre se desarrolla en
su tesis del espacio-tiempo histrico que constituye, igualmente, el trasfondo
filosfico de la doctrina aprista. Al referirse a ella manifiesta que:
El aprismo arranca filosficamente del determinismo histrico de Marx y
de la dialctica hegeliana adoptada por l para su concepcin del mundo.
Inspirndose en el principio de Hegel: Dialctica es la fuerza irresistible
ante la cual nada se mantiene firme en las cosas; es la progresiva
determinacin inherente al pensamiento mismo y el resultado y negacin de
ste 1
Adems se apoya en la definicin, que l considera ms especfica, la de
Engels en (Anti-Dhring): La dialctica no es ms que la ciencia de las leyes
generales del movimiento y evolucin de la sociedad humana y del
pensamiento 2.
Y reafirma, sobre las normas de metodizacin, que el aprismo
fundamenta sus normas de metodizacin filosfica en el enunciado dialctico
de la negacin de la negacin. 3
Reconoce as, el aprismo, el principio universal del eterno
movimiento, cambio o devenir como un proceso constante de
1
2
3
92
Haya de la Torre, Vctor Ral. Aprismo y filosofa. Sinopsis filosfica del aprismo. Lima,
Ed. Pueblo, 1961, Vol. III, p. 27.
Ob. cit., p 27.
Ibid., pp. 27-28.
contradicciones, negaciones y continuidad y en el marxismo una escuela
filosfica sujeta a la misma ley 4.
Considera que el marxismo no puede ignorar los progresos
incesantes de la Ciencia, el proceso tenaz de la civilizacin, el
desenvolvimiento constante de la humanidad y de las ideas. 5, y por lo tanto:
quien adopte el marxismo como norma filosfica no puede admitir, sus
conclusiones doctrinarias como dogmas inflexibles Porque una Filosofa
que marcha al comps de la evolucin del mundo no podr nunca ser
superada por ste; ser una Filosofa viva, en permanente devenir, mvil y
constantemente renovada, como la Naturaleza y como la Historia. Para alcanzar
su ritmo y sobrepasar lo transitorio y temporal de las escuelas estticas la
dialctica determinista debe negar para continuar. 6
Haya encuentra que la nueva Fsica relativista de Einstein al introducir los
dos conceptos: espacio-tiempo se enfrentaba al marxismo, e igualmente, a las
concepciones surgidas en la Inglaterra industrial del siglo XIX 7.
Como se da en la filosofa Haya de la Torre inserta como
fundamento filosfico de su reflexin poltica estos dos conceptos: el de
tiempo y el de espacio sosteniendo adems que existe una cuarta continuidad
dimensional:
El Relativismo contemporneo supera los principios euclidianos de las
tres dimensiones y con una nueva concepcin de la materia, la energa y la
gravitacin descubre una cuarta continuidad dimensional llamada EspacioTiempo, abriendo as un nuevo y vasto horizonte a la conciencia humana. 8
La importancia del estudio de las sociedades, es otra dimensin importante
de su reflexin. Haya, siguiendo a Toynbee y su Estudio de la historia,
destinado a mostrar cules son los campos inteligibles de la comprensin
histrica, no acepta el supuesto curso unitario y continuo de una progresiva
historia universal, sosteniendo que son las sociedades las que muestran los
campos inteligibles para la comprensin de la historia universal. Igualmente
Haya como Toynbee se inclina a distinguir entre impulso y detencin, entre
lo abierto y lo cerrado en el sentido bergsoniano, el mecanismo del estmulo
4
5
6
7
8
Ibid., p. 28.
Ibid., p. 30.
Ibid., p. 28.
Ibid., pp. 10-11.
Ibid., p. 28.
93
y la respuesta que son claves para la comprensin histrica. En esta forma
segn Toynbee por el impulso fundamental de toda historia podran as
colmarse de nuevo las grietas que dibujan las articulaciones de las diferentes
sociedades, y plantearse de nuevo el problema de una no unvoca, continua y
sucesiva, pero, no menos inteligible de la historia universal.
La importancia de Toynbee en Haya de la Torre puede sintetizarse
en su filosofa de la historia que consideraba que era nuestra sociedad,
incluyendo la historia (prehispnica) la que deba ser aspecto fundamental de
su estudio y desde su desenvolvimiento tempo-espacial.
Ideolgicamente Haya de la Torre consider que el fenmeno
imperialista era el principal determinante del acontecer histrico
contemporneo de Indoamrica. Atribuy al fenmeno su categora esencial
analizando su raz econmica y enfocndolo desde el ngulo de Nuestra
Amrica, donde la ltima etapa del capitalismo segn el marxismo europeo
constituira la primera etapa del capitalismo en Indoamrica. De esta idea se
desprende importantes consecuencias de orden econmico, poltico y social.
Observ el carcter ambivalente del imperialismo, de un lado los
peligros que entraa y del otro que contribuye al progreso y el inicio de la
etapa industrial. De este reconocimiento Haya dedujo la necesidad de
construir una ideologa poltica cuyo objetivo fue asegurar el desarrollo,
soberana y bienestar con justicia de los pueblos indoamericanos y que, a la
vez, aprovechara el necesario concurso del capital extranjero. Esa ideologa
es la del APRA.
Otro postulado ideolgico de Haya es el de que ninguna accin de
resistencia y defensa es viable sin la unidad econmica y luego poltica de los
pueblos indoamericanos.
Estas sera las ms destacadas contribuciones de Haya desde su
perspectiva ideolgica.
Y, en efecto, examinar el pensamiento de Vctor Ral Haya de la
Torre en una de sus reflexiones de 1938, 1940 (aos de la segunda guerra
mundial), servir para destacar no slo su aporte integracionista, es decir, su
ideologa Indoamericana, sino que expresara la problemtica de la condicin
del hombre peruano, maya y el azteca frente a la concepcin dominante
occidental, que se impuso con la conquista y que sigue pendiente de
solucin, pues nuestra Amrica sufre los efectos de su desintegracin poltica
y la ausencia de no conocer su verdadera y real identidad.
Haya de la Torre considera que:
94
Indoamrica es un nombre de reivindicacin integral, de afirmacin
emancipadora, de definicin nacional. El arte se ha adelantado a su
advenimiento; pero por l habla precursoramente la rebelda y el secreto
optimismo que van gestando una medular transformacin en nuestros
pueblos... Indias fue llamado este Continente durante tres siglos por nuestros
conquistadores, y Amrica es nombre tan europeo como nuestro 9.
Para Haya de la Torre nuestra Amrica es Indoamrica, no Hispanoamrica, ni
Iberoamrica, ni Latinoamrica como se acostumbra denominarla y
distinguiendo el afn repetitivo del afn creador manifiesta:
Y es que las gentes de egregio rango espiritual en Indoamrica saben
distinguir entre adaptacin y asimilacin de cultura -que es dialctica negacin y
continuidad: devenir-, y ese otro vasallo afn de traductores y repetidores; que
no crea sino imita; que no es raz profunda y prolongada que de sbdito aflora,
acogolla y retoa en otra planta -una y diferente-, sino adventicio y frgil
intento de vivir colgado a la sombra de follaje ajeno 10.
Esta reflexin lo conduce a definir la poltica autntica como autenticidad en
todos los campos culturales:
Y Poltica dice es Cultura cuando es poltica autntica. Y lo que
Indoamrica parece obligada a buscar en s misma en esta hora de
hecatombes, es su autenticidad en todos los campos culturales. El gran
modelo, la maestra vieja y sabia ya no nos ensea a crear sino a destruir. Si los
polticos europeizantes quieren seguir pegados y sujetos a lo que Europa
impone en esta etapa convulsiva, no podrn hacer sino algo parecido al devoto
suicidio de las viudas hindes que deban arrojarse a las piras devoradoras de
los cadveres de sus maridos en seal de fidelidad y sometimiento. O algo
peor... buscar celebridad con el incendio 11 .
Haya de La Torre se hace palpable frente a los acontecimientos de la segunda
guerra mundial cuando manifiesta:
Nadie duda ya que vivimos una poca en la que el mundo ajusta sus cuentas.
Tiempos hay, as, de decisin y de agona cuando la Humanidad se acerca al
paso de una encrucijada. Y en horas como stas lo ms elemental e instintivo
9
10
11
Haya de La Torre, Vctor Ral. El lenguaje poltico de Indoamria. En Cuadernos de
Cultura Latinoamericana N 65. Mxico, UNAM, 1979, pp. 16-17.
Ob. cit., p. 5.
Loc cit.
95
es afirmar los pies en el propio suelo y dar los pasos certeros por uno mismo
... polticos e intelectuales europeizantes ... han perdido la orientacin de
Europa al enloquecrseles la brjula como a Coln cuando cruz los trpicos
... si se piensa que tras esa locura de rumbos vendr el descubrimiento. Y el
descubrimiento, de lo que del Nuevo Mundo no est an definido y
emancipado, polticamente hablando, que es Indoamrica 12.
Al referirse a las dos Amricas la del norte y la del sur, con su caracterstico
tono antiimperialista, va a decir:
Porque del otro lado, de la Amrica norte sajona no hay que hablar, que tiene
derrotero... y esta otra que ahora se emancipa de Europa... y es, de nuevo, con
sus acervos indios, con Coln y Vespucio, con Las Casas y con nuestro
sentido mestizo y telrico, intransferible y eterno: Indoamrica 13.
Para los nuevos tiempos Haya de La Torre exige un nuevo lenguaje, un nuevo
logos, por eso dice:
Qu lenguaje poltico debe hablar Indoamrica?
Se me ocurre dice que no el del aislamiento extremo y nihilista sino el del
desprendimiento que niega y contina. Porque tan peligroso es vivir
imitando como intentar ruptura inslita y desconocimiento simplista de todos
los precedentes. Y lo biolgico, por ende lo vital, lo profundo y renovador, es
repetir la enseanza eterna de la Naturaleza que desprende el fruto maduro, el
hijo hecho, el huevo denso, para que sigan solos la lnea superadora de la vida
que, por negaciones as, se emancipa y se perenniza. 14
Y contina su reflexin sobre el lenguaje, especificando que:
Y en este lenguaje nuevo hay que comenzar por las palabras, porque no ser
nuevo aquel siendo estas viejas. Primero, definir y asentar nuestros conceptos
substantivos, nuestras denominaciones esenciales. Saber y que sepan nuestras
masas, porque sin ellas no hay poltica verdadera cul es de las Amricas la
nuestra y por qu cada patriotismo, que en ella delimitan fronteras y sombrean
banderas nacionales, debe estar slidamente completado con el amor y el
conocimiento bolivariano: con la conciencia histrica de la indivisible unidad
continental. 15
12
13
14
15
96
Ob. cit., p. 6.
Loc. cit.
Ibid., pp. 6-7.
Ibid., p. 7.
Debe, por lo tanto:
Distinguir entre las patrias de Europa separadas por barreras tnicas,
idiomticas, culturales y de tradiciones hostiles y el sentido renovado de
patria en Indoamrica que debe completarse con el sentimiento, con la
comprensin y con la positiva hermandad de sus veinte repblicas. Porque de
no ser as acabaremos como acaban los estrechos, odiosos e irrespirables
chauvinismos europeos 16.
Para Haya de La Torre Amrica tiene para los americanos el sentido de la Patria
Grande, por eso dice: Dando al significado de la Patria un nuevo valor
inseparable del sentido continental,... con Justicia Social y Libertad
Individual 17.
Y sobre el nuevo lenguaje poltico de Indoamrica que ha de ser el
de justicia, insiste en que:
tendr, pues, que salirse de la repeticin textual y servil de los tericos de la
Justicia Social y de la Libertad de los pueblos europeos, para hablar con otros
vocablos, que son antiguos pero que renuevan en estas tierras la perentoriedad
de nuestros asuntos propios. 18
Y es que Indoamrica comienza a balbucear un nuevo idioma poltico y la
agona de una grande y gloriosa etapa de cultura europea estimula el
surgimiento de nuestra fisonoma continental. 19
Con un nuevo lenguaje y dinamismo poltico hay que hacer historia y
reflejar en ella nuestra realidad social, econmica, racial y cultural:
como la Historia la hacen los hombres, toca a los nuestros asumir su
responsabilidad. Sin deslumbrarse con los resplandores de la hoguera y sin
confundir en su visin de este Hemisferio lo que es nuestro -social,
econmico, racial y culturalmente indoamericano y lo que no lo es, pero con lo
que, por vecindad, debemos convivir, hallando una equilibrada coordinacin
de fuerzas-, hay que emprender la obra bella y grave de crear nuestro lenguaje
y nuestro dinamismo polticos. 20
16
17
18
19
20
Loc cit.
Loc cit.
Ibid., p. 8.
Loc. cit.
Loc. cit.
97
Y por lo tanto el
Lema a tomarse en cuenta, sera: La Libertad limitada por la Justicia y norma
aplicada de Justicia y Libertad podra ser la Democracia Funcional. Con esto
se hace posible la estructura de un Estado que no represente a una sola clase
sino que sea expresin y baluarte de todas las que necesiten defensa, cultura y
bienestar, como suma de las mayoras. 21
En conclusin afirma que:
as se puede coordinar un cooperativismo econmico, cientficamente
vertebrado, que mueva, fortalezca y d valores de resistencia y de capacidad
creadora -sin explotacin humana- a nuestra economa.
Incahuasi, Per, Agosto de 1940.
No nos Avergoncemos de
Llamarnos Indoamericanos! 22
Las tesis doctrinales que hemos presentado tuvieron que modificarse de
acuerdo con las circunstancias polticas que se fueron presentando en el
transcurrir de las acciones polticas de nuestros gobernantes, sin embargo la
obra de Haya de la Torre ofrece como rasgo permanente la reflexin y
postulacin de un programa de reformas de largo plazo basadas en la
intervencin reguladora y planificadora del Estado en nuestra economa, lo cual
conceda al poder poltico un poder excesivo que en muchas ocasiones
difcilmente poda compatibilizarse con la alternativa y la concertacin
democrtica.
21
22
98
Ibid., p. 9.
Loc. cit.
Bibliografa de Vctor Ral Haya de la Torre
Indoamrica. Lima, Ed. Pueblo, 1961, Vol. I. 203 pp.
Ideologa aprista. Lima, Ed. Pueblo, 1961, Vol. II. 219 pp.
Aprismo y filosofa. Sinopsis filosfica del aprismo. Lima, Ed. Pueblo, 1961,
Vol. III
El plan de accin. Lima, Ed. Pueblo, 1961, Vol. IV. 238 pp.
Nuestra Amrica y el mundo. Lima, Ed. Pueblo, 1961, Vol. V. 205 pp.
El lenguaje poltico de Indoamria. En Cuadernos de Cultura Latinoamericana.
Mxico, UNAM, N 65, 1979.
99
RAL PORRAS BARRENECHEA (1897-1960)
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Historiador, catedrtico, abogado, ensayista y diplomtico. Hijo de
Guillermo Porras Osores y Juana Barrenechea y Raygada, naci en Pisco el
23-III-1897 y muri en Lima el 27-IX-1960. Establecido en Lima, curs
estudios en los colegios San Jos de Cluny (1900-1905) y de los [Link].
(1906-1911); e ingres a la Universidad Mayor de San Marcos (1912).
Mientras fue estudiante se desempe como amanuense en las facultades de
Letras (1913-1914) y de Ciencias Polticas y Administrativas (1915-1919); en
colaboracin con Guillermo Luna Cartland edit las revistas Ni ms ni menos
(1913) y Alma latina (1915); contribuy a la formacin del Conversatorio
Universitario (1919), que auspici su penetrante conferencia sobre don Jos
Joaqun de Larriva (15-VIII-1919); cooper con los iniciales movimientos de
reforma universitaria y, como miembro del Congreso Nacional de
Estudiantes (Cuzco, 1920), aport atinadas proposiciones sobre la
organizacin de la Federacin de Estudiantes. Incorporado al servicio del
Ministerio de [Link]. como secretario del ministro Melitn Porras (1919),
pas a ser auxiliar del Archivo de Lmites (1920) y bibliotecario (1922); en
calidad de asesor, integr la delegacin peruana que deba cautelar la
realizacin del plebiscito de Tacna y Arica (1924); asumi la jefatura del
Archivo de Lmites (1926), y en ejercicio de sus funciones redact la
exposicin presentada a la Comisin Especial de Lmites sobre las fronteras
norte y sur del territorio de Tacna y Arica (4 tomos en 3 vols., 1926-1927),
para reivindicar el usurpado territorio de la provincia de Tarata, e inclusive se
esforz por impedir la ratificacin del Tratado Salomn-Lozano; y luego
tom a su cargo la sucednea Seccin Lmites (1930-1931). Se inici tambin
en la docencia, como profesor de Historia del Per, en los colegios AngloPeruano (1923-1934) y Antonio Raimondi (1932-1934); y en la Facultad de
Letras, como catedrtico de Literatura Castellana (1928-1931). Opt
entonces los grados de Br. y Dr. en Letras (1928). Regent la ctedra de
Historia de la Conquista y la Colonia (1931); dirigi el Colegio Universitario,
establecido bajo el rectorado de Jos Antonio Encinas (1931); y al
clausurarse la Universidad Mayor de San Marcos (1932-1935), pas a
sustentar la ctedra de Fuentes Histricas Peruanas en la Universidad
Catlica (1933-1958). Viaj a Espaa en calidad de ministro consejero
(1935); integr la delegacin acreditada ante la Liga de las Naciones, como
ministro plenipotenciario (1936-1938); y concurri a las conferencias
100
peruano-ecuatorianas que se reunieron en Washington para negociar el
arreglo del litigio limtrofe (1938). Luego fue comisionado para efectuar
investigaciones en los archivos espaoles (1940); y retorn a Lima (1941).
Como asesor del ministro de [Link]. en asuntos culturales, organiz la
conmemoracin del IV centenario del descubrimiento del ro Amazonas
(1942); y reincorporado a la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de
San Marcos, dict en ella los cursos de Fuentes Histricas Peruanas e
Historia de la Conquista y la Colonia (1945-1960). De la cual se ausent al
ser acreditado como embajador en Espaa (1948-1949). A su regreso (1950)
asumi la direccin del Instituto de Historia de la Facultad de Letras, con
cuya cooperacin organiz el I Congreso internacional de Peruanistas (1951).
Elegido senador por el departamento de Lima (1956), ejerci sucesivamente
la primera vicepresidencia y la presidencia de su cmara. Y designado
ministro de [Link]. (2-IV-1958 a 12-IX-1960), presidi la delegacin
peruana enviada a la Conferencia de Cancilleres Americanos efectuada en
San Jos de Costa Rica (1960) para coordinar la accin diplomtica a tomarse
frente al gobierno revolucionario cubano, y en armona con la tradicin
internacional del Per defendi brillantemente el principio de no
intervencin. Fue miembro del Instituto Histrico del Per y de la Academia
Peruana de la Lengua (1941). Inici la edicin de tres series documentales:
Archivo Diplomtico Peruano (1930), que deba entregar la antigua
correspondencia diplomtica del Per a la curiosidad de los estudiosos y a
la dilucidacin de la historia, Cuadernos de Historia del Per, en la cual
incluy sus estudios sobre el testamento de Pizarro (1936) y las relaciones
primitivas de la Conquista (1937 y 1967); y Coleccin de Documentos
Inditos para la Historia del Per, a la cual pertenecen los dos volmenes del
cedulario, correspondientes a los aos 1529-1538, y su compilacin de Cartas
del Per 1524-1543 (1959). Dedic estudios histrico-biogrficos a don Jos
Joaqun de Larriva (1919), Mariano Jos de Arce (1927), Jos Antonio
Barrenechea (1928), Jos Toribio Pacheco (1928), Juana Alarco de Dammert
(1947 y 1975), Jos Faustino Snchez Carrin (1953) y Luciano Benjamn
Cisneros (1956).
Obras principales: Historia de los lmites del Per (1926 y 1930),
reproducida en facsmil pero con una serie de interpolaciones debidas a
Alberto Wagner de Reyna (1981); El Congreso de Panam, 1826 (1930 y 1974);
Pizarro, el fundador (1941); El Inca Garcilaso de la Vega (1946); La crnica rimada
de 1538 (1948); El cronista indio Felipe Guaman Poma de Ayala (1948); Crnicas
perdidas, presuntas y olvidadas sobre la Conquista del Per (1951); Mito, tradicin e
historia del Per (1951); Informacin sobre el linaje de Francisco Pizarro, hecha en
101
Trujillo de Extremadura en 1529 (1951); El nombre del Per (1951 y 1968); Fuentes
histricas peruanas (1954 y 1963), que mereci el premio nacional discernido a
los estudios histricos en 1956; Tres ensayos sobre Ricardo Palma (1954); El Inca
Garcilaso en Montilla (1955), que aport una valiosa informacin documental
para esclarecer un extenso lapso de la vida del cronista; El paisaje peruano, de
Garcilaso a Riva Agero (1955), estudio crtico distinguido con el premio
nacional otorgado a los ensayos literarios en 1956; Los viajeros italianos en el
Per (1957); La cultura franaise au Prou (1958); Los cronistas del Per 1528-1650
(1962 y aum., 1988), al cual se confiri el premio nacional discernido a los
estudios histricos en 1945, pero qued indito porque su autor deseaba
incorporarle los dos ltimos resultados de sus propias investigaciones; y El
periodismo en el Per (1970). Adems, numerosos estudios sobre los cronistas
de la Conquista, a travs de los cuales dilucid el carcter de la empresa
misma; una truncada biografa del conquistador Francisco Pizarro, anticipada
parcialmente al dar cuenta de hallazgos felices y editada, con un prlogo
explicativo, por Luis Alberto Snchez (1978); ensayos sobre la cultura
peruana de todas las pocas; dos cabales antologas histrico-literarias en
torno a Lima (1935 y 1965) y Cuzco (1961); y ediciones crticas de obras
representativas de momentos u orientaciones de la cultura peruana, debidas a
Domingo de Santo Toms, Diego Gonzlez Holgun, Antonio de Len
Pinelo, Ricardo Palma y Csar Vallejo.
El alcance humanista y existencialista de la obra de Vallejo fue
asimilado por Ral Porras Barrenechea marcando su espritu con su sufriente
y tenaz arraigada preocupacin por el hombre, ms an, presenci el evento
lmite que defini el horizonte final de su existencia humana. Porras, adems
de conocer profundamente la obra de Vallejo: su poesa, sus creaciones
literarias en general, su accin poltica y su concepcin marxista, fue el
primero en editar en Pars en 1939 Los poemas humanos de Csar Vallejo.
La reflexin filosfica humanista de Ral Porras Barrenechea se
incentiv en los aos que vivi en Espaa, con la obra filosfica de Jos
Ortega y Gasset (1883-1955), un perspectivista y posteriormente racio-vitalista. Y
en efecto es posible percibir que en sus estudios e investigaciones subyace,
como trasfondo interpretativo, la influencia de la concepcin filosfica
perspectivista racio-vitalista que l adopta y adapta a nuestra realidad y a las
circunstancias histricas en que actuaban los personajes que intervinieron en
ellas.
Considero, que la magna obra de Porras transparenta tanto la
influencia existencialista humanista de Csar Vallejo como la filosfica de
102
Ortega y Gasset 1, que enriquecieron la reflexin personalsima de Porras
Barrenechea y contribuyeron en muchos aspectos a hacerlo repensar el Per
1
Jos Ortega y Gasset (1883-1955). En una primera etapa desde 1902 hasta 1910, defendi
una tendencia objetivista que afirmaba el primado de las cosas y de las ideas sobre las
personas, pero a partir de 1910 y especialmente desde 1914 su pensamiento se orient en
dos perodos: el primero que abarca hasta 1923 aproximadamente, puede llamarse
perspectivista y el segundo desde 1923, racio-vitalista.
La caracterstica del perodo 1923 es el perspectivismo llevado hasta sus ltimas
consecuencias oponindose al idealismo y al realismo. Contra el idealismo, afirma que el
sujeto no es el eje en torno al cual gira la realidad; contra el idealismo, que no es un simple
trozo de la realidad. El sujeto es una pantalla que selecciona las impresiones o lo dado. No
es un ser abstracto, sino una realidad concreta que vive aqu y ahora. Es por lo tanto una vida,
y sta no es slo biolgica; la defensa de lo vital en lo que Ortega insiste ahincadamente,
no equivale a la defensa de lo primitivo. Si bien la cultura es producida por la vida y para la vida
y, por consiguiente, la vida es anterior a la cultura, ello no significa que los valores
culturales sean secreciones de actividades vitales y menos an meramente biolgicas.
Significa que los valores culturales son funciones vitales, aunque funciones vitales que obedecen a
leyes objetivas, y que, por consiguiente hay una continuidad completa entre lo vital y lo transvital o
cultural. Como consecuencia puede afirmarse que la razn no est fuera de la vida ni
tampoco es la vida, sino una funcin de la vida.
El desarrollo de los temas a que le haba conducido el perspectivismo lleva a Ortega a las
posiciones que hemos calificado de racio-vitalista. Una de las primeras tesis filosficas de
Ortega: la tesis formulada en 1914 segn la cual yo soy: yo y mi circunstancia, en su
desarrollo posterior adquiere un papel todava ms fundamental y permite entender la
nocin de razn vital sobre la cual va a girar su filosofa. Contra la abstraccin del
racionalismo y contra las interpretaciones pragmatistas biologistas y exclusivamente
intuitivas del vitalismo. Ortega mantiene que si quiere llamrsele vitalista, habr que
entender por tal adjetivo la posicin del que afirma que el conocimiento, aunque siendo racional, est
arraigado en la vida. Por lo tanto, la doctrina de la razn vital (o razn viviente), el raciovitalismo, desconfa solamente de ciertas interpretaciones dadas a la razn. En particular
desconfa de la reduccin de la razn a razn fsica y abstracta y mantiene que toda razn
es razn vital. Razn es, un trmino que designa todos los actos que dan razn de y
especialmente que dan razn de los hechos vitales. Por eso la filosofa no es un
pensamiento acerca de la vida, sino un partir del hecho de que toda razn es viviente y que
puede traducirse por vida como razn. De ah que el hombre no sea para Ortega un ente dotado de
razn sino una realidad que tiene que usar de la razn para vivir. Vivir es tratar con el mundo y
dar cuenta de l, no de un modo intelectual abstracto, sino de un modo concreto y pleno.
De ello se deriva el saber como un saber a qu atenerse: el hombre ha tenido que inventar la
razn porque sin ella se sentira perdido en el universo. Ahora bien la razn vital no es solamente
un mtodo, sino tambin una realidad: es una gua en el sistema de la realidad y la propia realidad
que se gua dentro del universo.
El hecho fundamental de que la vida tenga que saber a qu atenerse explica la diferencia
entre las ideas y la creencia. Vivir en la creencia -o vivir en la duda- constituye un
segmento fundamental de nuestra existencia. La doctrina ortegueana del hombre lo tiene
constantemente en cuenta. Pero esta doctrina necesita una fundamentacin todava ms
radical. sta est dada en la tesis de que la vida es la realidad radical, dentro de la cual se hallan las
103
y a los personajes que decidieron su destino lo que efectu, desde una
original, singular, propia e intransigente concepcin intelectual sostenida
hasta su muerte. Igualmente, las facetas de su concepcin perspectivista y raciovitalista que no han sido lo suficientemente analizadas, son dignas de estudio
por estar influenciadas por una filosofa que no es un pensamiento acerca de
la vida, sino un partir del hecho de que toda razn es viviente. En suma, este
concepto de razn vital transflora en los trabajos de este insigne maestro
donde cada hombre investigado parecera decir, como sostuvo Ortega: yo
soy: yo y mi circunstancia. En sus indagaciones las circunstancias que
rodean al personaje tratado son las que dan cuenta de l, no de un modo
intelectual abstracto, sino de un modo concreto y pleno frente a su vida y a
las nuevas situaciones que tuvo que enfrentar, por lo tanto, para Porras, el
personaje estudiado es l y las realidades a las que tuvo que encararse en un
determinado momento de su vida.
La vasta obra de Porras contina en la Casa-museo y sede del
Instituto de estudios Ral Porras Barrenechea en Colina 398, Miraflores que
el maestro dej en manos de sus discpulos el Dr. Flix lvarez Brun,
Presidente y legatario de los derechos de autor y el Dr. Jorge Puccinelli
Converso, Director ejecutivo. Hay que destacar que antes de morir el
maestro dej como donacin a la Biblioteca Nacional toda su biblioteca.
Igualmente el Instituto mantiene la tradicin de apertura intelectual a travs
de las actividades que se realizan en la que fuera el domicilio personal del
maestro por muchos aos.
Es gracias a la eficiente y tenaz tarea de sus discpulos que muchos
de los aportes intelectuales de Porras han sido publicados a travs del
Instituto y destacados en actividades acadmicas que recuerdan sus
dems realidades. La vida no es segn Ortega, una cosa pero tampoco un espritu. En rigor,
no es, propiamente hablando nada: es un hacerse asimisma continuamente, un autofabricarse.
La vida de cada cual es la existencia particular y concreta que reside entre circunstancias
hacindose as misma y, sobre todo, orientndose hacia su propia mismidad, autenticidad
o destino. El hombre puede, ciertamente, alejarse de su propia autenticidad, pero entonces
ser menos real. A diferencia de las cosas, la vida humana admite grados de realidad
segn su mayor o menor acercamiento a su propio destino. Por eso la vida puede ser
caracterizada por medio de las siguientes series de notas: la vida es problema, que hacer,
preocupacin consigo misma, programa vital y, en ltimo trmino naufragio un naufragio del que
el hombre aspira a salvarse agarrndose a una tabla de salvacin: la cultura. Por eso la vida
es tambin drama y por eso no puede ser una realidad biolgica sino biogrfica, es decir
una narracin en la que no hay que buscar ninguna trascendente: lo trascendente para cada uno
es la propia existencia humana, la cual se descubre, as, como una realidad desilusionada.
104
reflexiones en los campos del saber en que actu como: maestro, historiador,
investigador y diplomtico peruano y latinoamericano.
Hay que relievar que desde su fallecimiento tanto el Dr. Flix
lvarez Brun como el Dr. Jorge Puccinelli han continuado el quehacer
humanista-existencialista del maestro que consista en considerar que: Toda
faena humana por humilde o dura que sea, puede ser transformada en belleza
y en ideal, si se trabaja con alegra, con nimo de perfeccin y con amor por
la obra misma como si fuera una obra de arte 2.
Ambos, como maestros sanmarquinos perpetan en la tarea
realizada en el Instituto Ral Porras Barrenechea lo que dijo Porras en su
discurso del 17 de mayo de 1951 en el IV Centenario de la fundacin de San
Marcos:
Tenemos conciencia los profesores actuales de San Marcos, al margen de
todo egosmo o vana palabrera, de que nuestra Universidad ha cumplido,
frente a las contingencias de la realidad de todos los tiempos, sus labores
esenciales en la transmisin de la cultura occidental, en la investigacin de
la realidad peruana, en la bsqueda anhelosa de una cultura propia y en la
formacin de una conciencia de la nacionalidad. 3
Porque:
No se limit ella exclusivamente a copiar o repetir lo extrao, a trasplantar
la cultura europea humanista sino que en determinados momentos de su
vida, removidas las aguas estancadas del saber rutinario por un soplo de
renovacin, acert a hallar, debajo de la cultura importadas, los grmenes
vitales de una cultura propia que era imposible lograr de un golpe, ni
diferenciar tampoco, en un minsculo empeo cantonal, de la unidad
invisible de la cultura universal 4.
Para Porras Barrenechea:
La universidad tiene por finalidad no slo crear profesionales o
especialistas, sino educar al hombre y crear y difundir la cultura pero creo
tambin que el xito de la enseanza no radica nicamente en los
2
3
4
Puccinelli, Jorge. Antologa de Ral Porras (Discurso en el Colegio Amrica del Callao,
diciembre de 1943). Lima, Fundacin M.J. Bustamante De la Fuente, 1999, p. 16.
Porras. Mito, tradicin e historia del Per. La universidad y la cultura peruana. Lima, Ed.
PEISA, Biblioteca Peruana, 1974, p. 11 y en la edicin del FCE, 2010, p. 15.
Loc. cit.
105
programas, sino en el espritu de sta, tanto de parte del profesor como del
alumno. Es necesario mantener la universalidad del saber en nuestras
universidades, que como sabis fueron antiguos estudios generales, a los
que ninguna disciplina debe ser ajena. Vuestra cultura literaria, entendiendo
como tal los estudios de letras, historia y filosofa, necesita el complemento
de algunas disciplinas cientficas que os enseen el rigor y la lgica y
desarrollen vuestro espritu de observacin y de anlisis. 5
Y concluye diciendo:
Hombre soy y nada de lo que se refiere al hombre me es ajeno dijo ya el
viejo Terencio. El estudio de las humanidades debe ser la base esencial de la
enseanza universitaria, antes que el de cualquier especializacin
profesional. El espritu humanstico es necesario no slo para la educacin
del espritu, para la liberacin y la dignificad de ste, sino que es
indispensable para afirmar la solidaridad humana y para crear un espritu de
asociacin y comprensin internacional. 6
Como se ha dicho la obra de Porras se perpeta en el Instituto, no slo
editando sus investigaciones, reuniendo sus ensayos dispersos, sino
formando una biblioteca especializada en literatura, teatro, cine, arte, historia
y filosofa que ya cuenta con un repertorio de cuarentaicinco mil ejemplares.
Adems, el espritu que caracteriza las mltiples actividades que se realizan,
en el que fuera domicilio personal del maestro por muchos aos, es el de
mantener su apertura intelectual y su respeto a las diversas expresiones
culturales, sean filosficas, ideolgicas o doctrinales, y que antes de morir
dej su biblioteca histrica peruana:
formada especifica por cerca de 25,000 volmenes entre los que
existen libros, folletos y peridicos que no posee la Biblioteca Nacional y
que sirve ahora a mis discpulos universitarios, la he cedido
testamentariamente a nuestra Biblioteca Nacional, que conoc y en la que
trabaj con mis compaeros del Conversatorio Universitario en los das de
oro en que la dej Palma cuando era una de las primeras bibliotecas de
Amrica. Y este ser un nuevo desinteresado presente improvisado por
otro bibliotecario mendigo 7.
5
6
7
Puccinelli. Antologa de Ral Porras. Ob. cit., pp. 6-7.
Ibid., p. 7.
Ibid., p. 28.
106
La vocacin del maestro Porras queda sintetizada en las lneas siguientes:
No puede haber no hay a mi juicio mayor placer ni mayor honra
espiritual, que ser maestro de segunda enseanza. Para serlo no bastan
diplomas y ttulos acadmicos; son necesarios ante todo amor y vocacin8.
Y agrega
Yo he enseado nicamente historia e historia del Per que tambin, por
la vocacin continental de nuestro pueblo, es historia de Amrica con el
profundo deseo de recoger de la historia nuestra, todava insegura y
borrosa, las esencias morales que definen a nuestra patria y que sustentan
en el alma de todos nosotros la conciencia y el orgullo inexplicado de ser
peruanos. Mi experiencia de profesor me dice que no hay laboratorio ni
templo que supere a la clase de historia para la forja del espritu de la
nacionalidad. 9
En lo que respecta a la contribucin de Porras a nuestra historia tiene dos
aspectos fundamentales el referido a cronistas y a fuentes histricas
peruanas. En ambos aspectos renov la enseanza de la historia en la
Facultad de Letras, sus clases marcaron una nueva etapa de la enseanza de
la historia, a tal punto que escuchar una clase de este historiador era,
realmente, asistir a una conferencia magistral, porque para l:
La historia factor de enseanza cvica, de espritu humanitario, de
dignidad nacional y de desarrollo del amor a la verdad- no puede ser usada
para fines extraos a su propia misin, ni utilizarse como un instrumento
de propaganda. Todo sectarismo debe ser ajeno por completo a la funcin
de ensear. El alumno debe ser puesto por el profesor en condicin de
pensar el pro y el contra de los hechos, de discernir por si mismo lo
verdadero y lo falso y de formar libremente sus convicciones 10.
Pese a sus mltiples ocupaciones, viajes de investigacin y la tarea diaria y
constante de la enseanza manifiesta que:
he hecho algunos libros y ensayos e investigaciones originales que han
renovado algunos aspectos de la historia peruana. Comenzando por la
emancipacin y haciendo el viaje retrospectivo, hasta los Incas y las culturas
8
9
10
Ibid., p. 11.
Ibid., pp. 11-12.
Ibid., p. 10.
107
primitivas *, he rastreado y descubierto o interpretado figuras fundamentales
de la Independencia como las de Arce, completamente desconocida, de
Snchez Carrin, de Vidaurre y de Pedemonte 11
Especifica que:
he revivido las figuras civiles y doctrinales de Felipe Pardo y Aliaga, de
Toribio Pacheco, de Andrs Avelino Arambur, la romntica de don
Ricardo Palma, la del cuzqueo don Jos Manuel Valdez y Palacios, el perfil
epnimo de Miguel Grau y la estampa humana de doa Juana Alarco de
Dammert. 12
Y sobre sus aportes en el estudio de las fuentes histricas sostiene:
he desvelado el secreto de cada poca con el estudio orgnico de las
fuentes de los viajeros, los mapas y los peridicos. He escrito la nica
historia del periodismo basada en el conocimiento directo de las gacetas, los
peridicos doctrinarios, las hojas satricas y las revistas literarias. 13
Y sobre el estudio de las crnicas de la conquista declara con un profundo
sentimiento de penetracin que:
me llev al descubrimiento del alma quechua y de sus manifestaciones
culturales inadvertidas u olvidadas y sus supervivencias en el lenguaje, en el
arte y en las costumbres de los mestizos actuales. As surgieron mis ensayos
sobre los mitos indgenas, la pica y la lrica incaicas, el yarav criollo, quipu
y quilca y los vocabularios indgenas. 14
Habra muchsimo que especificar sobre su gran aporte como investigador de
nuestra historia patria que tambin se dio paralela a sus actividades y
*
11
12
13
14
En su ensayo sobre el legado quechua y el nombre de la capital indohispnica del Sur
escribe: Es el ro Rmac, torrentoso, voluble y desigual, innavegable y hurfano de
transportes, desconocedor del papel unificador de los cursos fluviales, camino frustrado,
carente de paisaje y de alma, pero obrero silencioso en la fecundacin de la tierra y
creador oculto de fuerza motriz, el que impone su nombre a la capital indo-hispnica del
Sur. (Puccinelli, Jorge. Antologa de Ral Porras. Lima, Fundacin M.J. Bustamante de la
Fuente, 1999, pp. 41-42).
Ibid., p. 27.
Loc. cit.
Ibid., pp. 27-28.
Ibid., p. 28.
108
servicios como diplomtico y como investigador del archivo de lmites en el
Ministerio de Relaciones Exteriores de 1919 a 1950. Sobre este particular
manifiesta:
Me toc continuar la obra diplomtica e histrica prestigiosa de
fundamentacin del derecho a nuestra heredad, de Alberto y Luis Ulloa,
Carlos Wiesse, Carlos Larrabure y Correa, Arturo Garca y Vctor Andrs
Belande, que se haba condensado en la tarea del Archivo de Lmites, para
defender con mapas, con cdulas reales y relatos de viajes y exploraciones,
los contornos territoriales del Per. 15
Para Porras se trat de una nueva actividad que, como era propio de su
personalidad, la transform con alegra y con amor en una obra de arte pues
logr a travs de ella enaltecer la figura geogrfica de nuestro pas,
declarando sobre este particular que:
Ese estudio rido, minucioso y difcil, ocup varios aos de mi juventud,
me apart de las tares literarias e histricas propias, me encaden a la
burocracia, es decir a la pobreza y a la subordinacin, pero mi hizo conocer
el trasfondo de aventura, de esfuerzo y de azar que fue dibujando a travs
de los siglos la figura geogrfica del Per y definiendo sus constantes
territoriales y anmicas. 16
Porras es la figura estelar y ms representativa de la intelectualidad peruana
del siglo XX. No puedo terminar su presentacin sin recordar que asignaba
personalmente en su curso de Historia del Per las monografas a los futuros
historiadores de la Facultad de Letras, en un sabio dilogo mayutico, a
travs del cual descubra en cada alumno sus profundos intereses, logrando
instalarlo en el camino del trabajo intelectual y la investigacin.
Y por ltimo su vida y su obra desde la ms significativa
personalidad que vislumbraba las consecuencias de su representacin
diplomtica me lo recuerda frente a su rebelda en el caso de Cuba. Porras no
acept aislarla del contexto de la integracin latinoamericana, rebelda que le
costara el ser retirado como ministro de Relaciones Exteriores por Manuel
Prado. El haber asistido, con su salud quebrantada, a esa importante
asamblea, finalmente, lo conducira a su deceso, y el aislamiento en que
qued Cuba la obligara a su alianza con la Unin Sovitica. Porras con su
15
16
Ibid., p. 26.
Loc. cit.
109
profundo sentido humano y su intuicin histrica trat de evitar la odisea de
un pas latinoamericano.
110
Bibliografa
De Ral Porras Barrenechea
Pequea antologa de Lima (1535-1935). Madrid, 1935, 349 pp.
El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616). Lima, 1946, 34 pp.
El cronista indio Felipe Huaman Poma de Ayala. Lima, Talleres Grficos de la Ed.
Luman, 1948, 99 pp.
Prlogo a la Relacin de la descendencia de Garci Prez de Vargas (1596) por el Inca
Garcilaso de la Vega, Reproduccin Facsimilar del manuscrito
original. Lima, Ed. del Instituto de Historia, 1951, 48 pp.
El Inca Garcilaso en Montilla (1561 1614). Lima, Ed. San Marcos, Instituto de
Historia de la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San
Marcos del Lima, 1955, 320 pp.
En col. con Jos de la Riva-Agero. Precursores de la Emancipacin. Lima,
Patronato del Libro Peruano, 1957, 126 pp.
Cartas del Per (1524 1543). Lima, Ed. de la Sociedad de Biblifilos
Peruanos, Coleccin de documentos inditos para la historia del
Per, 1959, 564 pp.
Cronistas del Per (1528-1650). Lima, Sanmart y Ca., 1962, 440 pp.
Fuentes histricas peruanas (Apuntes de un curso universitario). Lima, UNMSM,
Instituto Ral Porras Barrenechea, 1963, 601 pp.
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Mito, tradicin e historia del Per. Lima, Ed. PEISA, 1974, 153 pp. (Biblioteca
Peruana N 39).
Una relacin indita de la conquista. La crnica de Diego de Trujillo. Lima, UNMSM,
Instituto Ral Porras Barrenechea, 1979, 120 pp.
111
En col. con Alberto Wagner de Reyna. Historia de los lmites del Per. Lima, Ed.
Universitaria, 1981, 200 pp.
Los cronistas del Per (1528 1650) y otros ensayos. Lima, Ed. del Centenario,
Banco de Crdito del Per, 1986, 964 pp. (Biblioteca Clsicos del
Per N 2)
Indagaciones peruanas. El legado quechua. Lima, UNMSM, Fondo Ed. Instituto
Ral Porras Barrenechea, 1999, Obras Completas, Tom I, 421 pp.
Estudios Garcilasistas. Clsicos peruanos. Prlogo de Flix lvarez Brun. Lima,
UIGV, 2009, 521 pp.
Mito, tradicin e historia del Per. Lima, Fondo Editorial, UNMSM, 2010, 104
pp.
Sobre Ral Porras Barrenechea
Puccinelli, Jorge. Antologa de Ral Porras. Lima, Fundacin M. J. Bustamante
de la Fuente, 1999, 222 pp.
112
JOS DEL CARMEN MARN ARISTA (1899-1980)
CONCEPCIN HUMANISTA DEL FUNDADOR DEL CAEN
Jos Luis Vigil Len
El Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN), antes Centro de Altos
Estudios Militares, fundado por el general Jos del Carmen Marn Arista,
naci a la vida intelectual del Per, inspirado en la teora filosfica del
Humanismo, concebida esta como una actitud de respeto profundo por el
ser humano y la afirmacin del valor incondicional de la condicin humana.
Es decir, conocer al hombre como hombre, con dignidad, libertad e
igualdad.
Este movimiento, lucha consciente y racionalmente contra las
desigualdades entre los hombres y los grupos sociedades y estados por
lograr la libertad de toda dominacin, eliminando la explotacin,
discriminacin, marginacin o sumisin. En otras palabras, el humanismo
busca la igualdad y el ejercicio pleno de los derechos fundamentales de las
personas humanas y de la sociedad. El hombre es un fin y no un medio.
De esta manera, la persona humana surge como un valor supremo
de la sociedad y el estado reconoce este valor, as como la democracia en
cuanto forma de gobierno y de vida, que garantiza que el ser humano es el
valor supremo. La Constitucin poltica del Per de 1993, en su artculo
primero establece que la defensa de la persona humana y el respeto de su
dignidad son el fin supremo de la sociedad y el Estado. Esto refleja la
concepcin humanista del Estado peruano, hecho que coincide plenamente
con lo que plantea el General Jos del Carmen Marn a travs del CAEN, al
considerar como fin supremo del Estado el Bien Comn, el mismo que
engloba dos fines esenciales que son el Bienestar General y la Seguridad
Integral de todos los miembros de la sociedad.
A la luz del bello y mgico lema: Las ideas se exponen, no se imponen,
acuada por Marn Arista, se form este centro intelectual.
Segn Luis Trigoso Reyna, la motivacin para que este gran
humanista, creara el CAEN se desprende de dos ideas: la aspiracin del ser
humano a aceptar el cambio y su concepcin moral de carcter retributivo y
lo expresa cuando dice:
la aspiracin de los seres humanos a pasar de un sistema de vida a otro
mejor, es la que ha presidido en la historia la evolucin de las sociedades,
esa misma aspiracin humana es en la actualidad, el ms poderoso estmulo
113
de los esfuerzos para la transformacin de las sociedades y cuando stas se
revelan incapaces e indolentes para hacerlo, cuando las condiciones de la
existencia humana se vuelven insoportables, se convierte en la causa de
convulsiones sociales 1.
Y es que:
para subsistir y para afrontar exitosamente la satisfaccin de sus
necesidades de todo orden, los seres humanos necesitan de la colaboracin
de sus semejantes; por moral retributiva cada uno tiene que dar para recibir,
lo cual crea entre ellos un cmulo de relaciones que se sintetizan en
derechos y deberes que es preciso normar en el marco del respeto a la
Persona Humana y del respeto al Bien Comn. 2
El general Marn recoge su propio mensaje, elaborado quiz desde nio y l
mismo se convierte en su autor y mensajero. Naci el 2 de marzo de 1899,
en el casero de El Quillo, valle de Huayabamba, provincia de Rodrguez de
Mendoza, departamento de Amazonas. Proceda de un humilde hogar y
nunca neg su origen, siempre se sinti orgulloso de ello. Sus padres fueron
don Marcelino Marn y doa Abela Arista.
Segn sus bigrafos, cuando apenas tena un ao de nacido, sus
padres se trasladaron a Iquitos, llamados por la euforia del caucho; qued
entonces al cuidado de sus abuelos y tos. Intervino directamente en su
crianza su to paterno Esteban Arista, quien lo llev a Chachapoyas para que
estudiara en el Seminario de esa ciudad. All estudi hasta el segundo ao de
secundaria y desde entonces, ya daba muestras de una preclara inteligencia
por lo que colaboraba como profesor de matemticas e historia.
Culmin sus estudios en el Colegio San Ramn de Cajamarca y en
1916, viaj a Lima. Un ao despus ingres a la Escuela de Clases del
Ejrcito, que funcionaba en el local que hoy ocupa el CAEN. Aquejado de
una enfermedad fue enviado a Ancn, donde fue asignado como uno de los
ordenanzas del general Andrs A. Cceres, quien en aquel tiempo resida en
ese balneario. Conoci de cerca al Hroe de la Brea y, como l mismo
relataba, qued gratamente impresionado por la importancia especial que
Cceres daba al soldado 3.
1
2
3
Trigoso Reyna, Luis, Gral. Ep. Concepcin humanista del fundador del CAEN. Revista
Desarrollo y Defensa Nacional (Lima), N 19, 1999, p. 24.
Loc. cit.
Velsquez, V.; Medina, L.; Mendoza, R. Centro de Altos Estudios Nacionales. 50 Aniversario.
Lima, 2000, p. 29.
114
Marn ingres a la Escuela Militar de Chorrillos venciendo no pocas
dificultades. Una ancdota muy especial da una semblanza de aquella poca.
El Director de la Escuela, en esa poca un coronel francs, vio en su fsico
un aparente impedimento para su ingreso.
Luego de rigurosas pruebas de conocimiento que se le hicieron con
resultados exitosos, l mismo se encarg de ponerle nuevos problemas
extrados de los ms adelantados textos europeos de entonces. Marn los fue
resolviendo uno a uno, haciendo exclamar finalmente al estricto Director:
Bueno seores, el Ejrcito Peruano no tendr un Oficial muy apuesto, pero s un excelente
Oficial matemtico 4.
Cuando Marn inicia sus estudios en la Escuela Militar, stos
estaban impregnados de la corriente francesa, ya que con anterioridad, los
oficiales tenan formacin espaola llenos de tradicin y costumbres de la
vida cuartelera con valores propios del ejrcito virreinal. El Ejrcito del Per,
para bien o para mal, no se libr de esa influencia hasta los ltimos aos del
siglo XIX, cuando llegaron los militares franceses contratados para dar una
nueva filosofa de la guerra y por ende de la defensa nacional.
Los franceses encontraron una institucin que tena rezagos de la
doctrina espaola y contaba con valores propios, tradicin autnticamente
peruana, una legin de hroes, soldados hechos a la dureza de nuestro
territorio y veteranos de muchas campaas guerreras, es decir, se vieron con
un ejrcito experimentado que ya saba de victorias y fracasos, como lo saba
el antiguo y glorioso ejrcito francs.
Poco a poco, Marn se fue imbuyendo de los nuevos conocimientos
de esta escuela poda notarse claramente que el espritu de confraternidad y
respeto se confundan, estrechndose los vnculos de verdadera amistad. Las
conversaciones trataban sobre temas que concernan a la vida militar, en una
palabra, en esa poca la vocacin y el deseo por el bienestar general era un
smbolo 5.
En esos momentos, ya se trasluca la idea de Bienestar General,
concebida como el grado de satisfaccin material y espiritual con la que deba
contar el ser humano, lo cual se lograra con educacin, cultura, formacin
moral adecuada y slida, pero sobre todo inmerso dentro de la seguridad y
defensa del sujeto, lo que correra a cargo del Estado. Estas ideas fueron
4
5
CAEN Revista de Publicacin Oficial (Lima), N 1, 2000, p. 30.
Comisin Permanente de Historia del Ejrcito del Per. El Ejrcito en la Repblica: siglo
XX (Lima), 2005, p. 349.
115
posteriormente desarrolladas cuando Jos del Carmen Marn ocup la
direccin del CAEN.
El cadete Marn egres de la Escuela como Oficial Espada de Honor
de su promocin. En 1922, inici sus estudios en la Facultad de Matemticas
de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde obtuvo el grado de
bachiller y posteriormente de doctor.
En mrito a su capacidad, fue enviado a Francia para cursar estudios
en la Escuela de Ingeniera de Versalles, donde se gradu en 1927, de
ingeniero militar, ocupando el segundo puesto entre ms de trescientos
alumnos. Desde el inicio de sus labores en Versalles, se dio cuenta que los
alumnos franceses mostraban diferencias notables respecto a los extranjeros;
los vea ms lgicos, sistemticos y capacitados para comprender de mejor
manera la realidad. Desde aqul momento, Marn pens como ellos.
Para l, era imperioso conocer la realidad nacional, porque de all se
derivaran los planes y el uso adecuado de los recursos materiales y humanos
dispuestos para cualquier eventualidad. Es cuando Marn apela a Descartes
para manifestar que:
lo pertinente para conocer la realidad es fraccionarla en sus partes
heterogneas y componentes y conducir nuestros razonamientos de modo
de elevarnos de la comprensin de lo menos complejo a lo que es ms y sin
que en ningn momento se pierda la conformidad imperiosa que debe
existir siempre entre el pensamiento y la realidad 6.
La realidad nacional aprendi a conocerla cuando recorri diferentes
guarniciones militares, participando en muchas obras de construccin, entre
ellas, el trazo y la construccin de la carretera Olmos-Maran por el paso de
Porculla, una ruta que une la costa, sierra y selva del Per.
All tuvo la loable iniciativa de constituir los Batallones de Ingeniera
de Construccin, el primero de ellos denominado Morro Solar N 1,
conformado por personal militar y civil, logrando de esta manera una
integracin plena en los niveles operativos y ejecutantes o sea entre obreros y
soldados, entre niveles de los que proyectaban y dirigan: los ingenieros
profesionales y los oficiales de Ingeniera Militar.
Concurrentemente con la conformacin de estos batallones, tambin
plante la necesidad de conformar en nuestras zonas limtrofes fronteras
Toche, Eduardo. Guerra y democracia. Los militares peruanos y la construccin nacional. Lima,
DESCO, p. 106.
116
vivas, sugiriendo que los soldados, una vez licenciados, con el apoyo del
Estado, se quedaran en aquellos lugares para poblarlos y lograr su desarrollo.
Es as donde surgieron las Unidades Militares de Asentamiento
Rural, UMARES, que son entidades en donde concurren los sectores
educacin, agricultura, salud y defensa para establecer progresivamente las
denominadas fronteras vivas en esas alejadas regiones de la patria.
Segn una crnica de la poca de Javier Ortiz de Zevallos, durante el
gobierno del Dr. Manuel Pardo en pleno conflicto con el Ecuador en 1941,
luego de aprobarse el Plan de Operaciones por el Estado Mayor, llegaron
hasta el Presidente de la Repblica algunas informaciones de que el entonces
Comandante Marn, no estaba de acuerdo con el mismo.
Al llamarlo a su despacho, el Presidente lo conmin a que expusiese
las razones de su disconformidad, expresando Marn que era respetuoso de
las disposiciones adoptadas y que sus discrepancias eran consideraciones
muy personales.
Prado, reuni al Estado Mayor e hizo exponer a Marn, quien los
convenci, con razones muy bien fundamentadas de su posicin errnea y
de la razn de su propuesta. El Presidente orden las correcciones
planteadas por Marn.
Segn el artculo de Apuntes histricos de hroes y personajes
militares del Per, Marn Arista en noviembre de 1942, ascendi al grado de
coronel y en febrero de 1943, fue nombrado Director de la Escuela de
Aplicacin de Ingeniera; al ao siguiente se desempe como Director del
Colegio Militar Leoncio Prado, el que organiz como un modelo de
pedagoga de acuerdo a los mtodos de enseanza moderna.
En 1945, pas a ejercer la direccin de la Escuela Militar, cargo que
cumpli con singular eficiencia, imprimiendo su idoneidad en la formacin
de oficiales y clases 7.
Durante su permanencia como Director de dicha Escuela, alternaba
diariamente con los cadetes y aprovechaba de cualquier circunstancia para
trasmitir enseanzas. Por esos tiempos, Francia haba cado derrotada y el
General Parra relata:
profunda y lgicamente francfilo, nos reuni, nos explic la cada y
nos dio una leccin: Slo los que estn en alto caen! Y luego exclam:
Francia se levantar! En esta poca tambin se lanz la primera bomba
Comisin Permanente de Historia del Ejrcito del Per. Apuntes histricos de hroes y
personajes militares del Per. Lima, 2006, pp. 100-101.
117
atmica. Nos volvi a reunir y nos explic cmo era la tctica y la estrategia
en boga y cmo la energa atmica la iba a transformar 8.
No permita el abuso ni autoritarismo de un pas sobre otro y tena una clara
idea de las consecuencias que se dieron luego de la derrota de la guerra de
1879, expresando que an la guerra poda tener rasgos humanitarios y no
eran necesarios los abusos ya que slo los pueblos dbiles son
sanguinarios, como una forma de compensar su debilidad espiritual y su
decadencia; en cambio los pueblos fuertes valoran ms la vida de los
hombres, la respetan, haciendo uso de la fuerza slo en apoyo del derecho.9
Respecto a esta derrota describa que falt preparacin y
coordinacin, ya que esto era lo mismo que una orquesta sinfnica, porque
cuando los integrantes de ella se entrenan separados, cuando se les junta para
tocar, el resultado poda ser cualquier cosa, menos una sinfona y el Per,
necesitaba sinfona y organizacin.
As, como bebi de las fuentes educativas y morales de la doctrina
francesa, Jos del Carmen Marn tambin se dio cuenta de la cultura de
dominacin en las Fuerzas Armadas. Observ, durante su trayectoria
institucional, que an quedaba un colonialismo mental en cuanto a
reglamentos tcticos basados en estudios y anlisis de realidades muy
diferentes; percibi la necesidad de elaborar estudios estratgicos
independizados doctrinariamente de normas extranjeras, constituyendo un
doble reto: el de crear una doctrina nacional de guerra de acuerdo con los
factores polticos, sociales, econmicos y geogrficos de la realidad y el de
luchar contra un grupo alienado con la ortodoxia, quienes consideraban la
inmutabilidad de la ciencia y arte de la guerra, determinada por pases
desarrollados, actores en la Segunda Guerra Mundial y sus guerras de
dominacin colonialista.
No slo se centr en lo militar, ya que consider depender directa y
sustancialmente del valor de las fuerzas espirituales y materiales del pas y
de la forma como stas se encuentran organizadas, adaptndose a la
satisfaccin de las necesidades de la guerra, lo cual implica realizar estudios
8
9
Parra Herrera, Germn Gral. Brig. Una vida al servicio de la Institucin. Revista
Actualidad Militar (Lima), N 265, Nov-Dic, 1980, pp. 16-17.
Comisin Permanente de Historia del Ejrcito del Per. La Gesta de Lima (Lima),
1981, pp. 341-342.
118
que permitan determinar, dnde est y cmo se halla sustancialmente
nuestra propia potencialidad 10.
La dependencia cultural-militar se inclinaba, desde 1950 para adelante, hacia
doctrinas militares americanas, pero Marn reclamaba que se debera ir
creando una doctrina propia, acorde con la naturaleza geogrfica, poltica,
econmica, social y cultural del Per. Es decir, estudiar todos estos campos
para plantear soluciones donde acte el soldado peruano; que si se impregn
de doctrinas espaolas, francesas y americanas, ya era hora de buscar una
propia.
Como Director de la Escuela Militar, encauz la marcha del plantel,
conteniendo un depurado cuerpo de doctrina en todo lo concerniente a la
formacin moral, intelectual y fsica del oficial y siguiendo las pautas de la
llamada educacin dirigida, que persegua el conocimiento del educando para
orientarlo, estimularlo y lograr el afianzamiento de su carcter y el vigor de su
mente.
En un Discurso-Memoria, ledo en la ceremonia de clausura del ao
de estudios en 1945, Marn seal el camino a seguir en tan arduo y noble
quehacer, en estos trminos: Nuestras Escuelas se ven a menudo absorbidas
por la parte relativamente ms fcil de su misin, que es la de instruir; ms
fcil, porque los resultados se constatan con respuestas y se materializan en
cifras 11.
Y al respecto manifiesta: frecuentemente esas constataciones se
estiman satisfactorias slo por la cantidad de conocimientos que el alumno
retiene en la memoria, prescindiendo de su habilidad para aplicarlos, es decir,
para servirse de aquellos en la accin12.
Y ya que la teora y la accin (praxis) deben constituir una unidad,
expresa que:
Trataremos de evitar este inconveniente, haciendo que la adquisicin de
conocimientos no sea la finalidad de la enseanza, sino el medio de formar
hombres de accin, es decir, hombres capaces de resolver por s mismos las
dificultades que les opongan las realidades de la vida de paz y las tremendas
responsabilidades del campo de batalla 13.
10
11
12
13
Merino Amand, Marco Tte. Crl. Ep. Las preocupaciones del Gral. Jos del Carmen
Marn Arista sobre la cultura de la dominacin: una primera aproximacin. Revista
Expresin Militar (Lima), Ao IV, N 11, 2002, p. 89.
Historia de la Escuela Militar del Per. Lima, 1962, p. 113.
Loc. cit.
Loc. cit.
119
Un ao despus, en su discurso ledo en la ceremonia de clausura del ao
acadmico-militar de 1947, Marn sintetizaba la labor cumplida en la
formacin de oficiales, con estas palabras: Nos hemos esforzado por
conocer individualmente a nuestros cadetes, a fin de estimular sus buenas
cualidades, inculcarles sanos principios morales y de civismo y corregir sus
defectos14.
Para la observacin de la vida diaria tanto en la Escuela como fuera
de ella:
hemos utilizado todos los incidentes de la vida diaria de los alumnos,
tanto en la Escuela como fuera de ella; la observacin permanente del
comportamiento individual de cada uno y de los resultados alcanzados en
sus estudios, todo lo cual ha sido sometido al anlisis metdico del
Gabinete Psicotcnico para determinar sus posibles causas as como para la
accin adecuada, para eliminarlas o robustecerlas segn convenga 15.
Con respecto a la necesidad de activar el aspecto cultural y el del deber,
manifiesta:
hemos estimulado las actividades culturales de los cadetes dejando
amplio margen a su iniciativa; peridicamente hemos hecho el comentario
impersonal de los antecedentes y consecuencias de sus acciones meritorias,
de sus faltas, para deducir enseanzas. Estos y otros medios hemos
empleado, con miras a formar oficiales que se conduzcan por s mismos sin
apartarse jams de la senda del honor, de la dignidad y del cumplimiento
austero del deber 16.
Y sobre la formacin intelectual de los cadetes sostiene que:
En la formacin intelectual de los cadetes, hemos tratado de definir con la
mayor precisin posible lo que debe saber hacer el oficial egresado de esta
Escuela, para que cumpla eficientemente sus funciones inmediatas en los
cuerpos de tropa y la formacin espiritual que debe recibir para que posea
en s mismo las posibilidades de su perfeccionamiento ulterior, por esfuerzo
propio 17.
14
15
16
17
Loc. cit.
Loc. cit.
Loc. cit.
Loc. cit.
120
En setiembre de 1948, Marn dict un ciclo de conferencias sobre: Bases en
que reposa la preparacin del Ejrcito, destacndose la prioridad que le
daba a la formacin intelectual y moral del soldado. Posteriormente,
por Decreto Supremo del 21 de diciembre de 1948, se nombr una
Comisin encargada de armonizar las acciones de los organismos del
Estado y de buscar la unificacin de las Fuerzas Armadas, en tiempos de
paz y de guerra, visando su preparacin integral. La Comisin deba hacer
los estudios correspondientes y preparar los dispositivos legales, para crear
los organismos necesarios y dictar las disposiciones adicionales de
acuerdo a este Decreto Supremo se design a Marn presidente de la
Comisin 18.
En 1950, fue nombrado Director del Centro de Altos Estudios Militares
(CAEM), fundado gracias a su visin de futuro, quien a la luz de los lemas:
Las ideas se exponen, no se imponen y Con la voluntad y el saber se
asciende a la gloria, plante la necesidad de estudiar e investigar
profundamente la Defensa Nacional. Bajo su organizacin y direccin, se
gener una corriente innovadora para la consecucin del Bien Comn, por
medio de dos aspectos fundamentales: el Bienestar General y la Seguridad
Integral, con las acciones de Desarrollo y Defensa Nacional.
Bajo su filosofa, se inici el proceso de la Poltica Nacional
llamndose Poltica del Estado, que se empez a ejercer en todos los campos
de la vida, para alcanzar los fines fundamentales de Bienestar de la nacin
prspera, mediante la suficiencia econmica y Seguridad Integral del Estado,
como condicin necesaria e ineludible para el logro del Bienestar. Se constata
que en todo este proceso, el agente fundamental y exclusivo de esa
transformacin, es el ser humano y por ende el nico beneficiario, es decir
que todo es por l y para l.
El 15 de junio de 1951, en la ceremonia de inauguracin, Marn
expuso los lineamientos generales de los estudios y trabajos a realizar
inmersos dentro de conceptos humansticos y de desarrollo, cuyos aspectos
ms resaltantes fueron los siguientes:
Sobre la finalidad de la Institucin dice:
Este Centro tiene por finalidad realizar estudios y trabajos destinados a la
capacitacin superior para el ejercicio del Alto Mando, cuya necesidad
18
Arbul Galliani, Guillermo Gral. Div. El Ejrcito y la Ingeniera militar en el siglo XX. 19001980. Lima, 1987, Vol. I, p. 354.
121
sentida, hace muchos aos en el ejrcito, ser de hoy en adelante satisfecha,
merced a las disposiciones pertinentes de las novsimas Leyes de Ascensos
y Orgnica del ejrcito, fruto de las reformas que fueron estudiadas por
orden del seor Presidente de la Repblica e impartidas personalmente,
desde el da siguiente de haber asumido las elevadas funciones de
Presidente de la Junta militar de Gobierno; esa orden fue ratificada por el
D.S. de 21 de diciembre de 1948, cuyos considerandos tenan las normas
esenciales para orientar la estructuracin de los proyectos de las
mencionadas leyes y designada la comisin encargada de prepararlos, cuya
presidencia me honr la superioridad.
Sobre el anlisis y discusin de los problemas de Defensa Nacional, otra de
las tareas a que dedicarse sostiene que:
En este Centro de Altos Estudios Militares se analizarn y discutirn los
problemas de Defensa Nacional y, en el marco de sta, los que incumben al
Alto Mando, o sea los que se relacionan, en sus aspectos ms elevados,
como la preparacin integral del ejrcito desde tiempo de paz y su empleo
en campaa, en enlace con las fuerzas del mar y aire.
Pero, que:
En la hora suprema de la prueba, las fuerzas armadas siguen siendo el
elemento principal de la lucha y por lo tanto, de la seguridad externa de la
nacin, como lo confirma el hecho, no desmentido hasta hoy en la historia
de la derrota de aquellas que dejan al pas a merced de sus adversarios.
Pero, la potencia inicial de esas fuerzas armadas, as como el mantenimiento
de su capacidad combativa en el curso del conflicto depende directa y
sustancialmente del valor de las fuerzas espirituales y materiales del pas y
de la forma como stas se hallen organizadas y adaptadas a la satisfaccin
de las necesidades de la guerra.
Para los miembros del CAEN, la solidez de los valores morales de la Nacin,
conducen a la victoria:
Esto es evidente para nosotros, sin remontarnos a la historia, puesto que
nos ha sido dado presenciar el hundimiento de ejrcitos de los ms
aguerridos, por la desorganizacin del frente interno y la quiebra de los
valores morales de su nacin; y para que no haya lugar a dudas, hemos visto
tambin que la solidez en ese frente y firmeza de esos valores morales, han
sido premiados con la victoria, a pesar de serios reveses iniciales en el
campo de batalla.
122
Por esta razn se abordar el estudio del proceso integral del pas para su
defensa:
a fin de poner en evidencia las ideas directrices que la norman, el papel
relativo de las fuerzas armadas y de las fuerzas vivas, la relacin de todo
orden que existe entre ambas; finalmente, para definir cmo se realiza y en
qu se traduce la colaboracin que corresponde al Alto Mando, en la
determinacin de sus necesidades de guerra, sobre todo, en lo referente a la
de los medios que el pas debe disponer para garantizar su seguridad
integral.
Se ha hecho necesario, agrega, que:
Un grupo selecto de profesionales, entre los que se hallan catedrticos de
nuestras Universidades y Escuelas Superiores, han aceptado, patritica y
desinteresadamente, ilustrarnos en estos elevados aspectos, as como los
relativos a poltica internacional, desde el punto de vista de la previsin de
los conflictos armados y del conocimiento de los elementos de juicio que
de aquella, interesan al estratega. Estas cuestiones sern tratadas en 30
conferencias seguidas cada una de los trabajos en seminario, a cargo de 20
conferencistas.
Y aade: Ninguna ocasin ms propicia que sta para expresar, a esa lite de
hombres de accin de las diferentes actividades del pas, nuestro profundo
agradecimiento por su invalorable ayuda.
Y finalmente reitera los objetivos que los estudios deben conducir a
la preparacin terica para la accin:
por consecuencia, las ideas doctrinarias que analicemos sern aplicadas
a nuestros casos propios, tratando de llegar a conclusiones que
probablemente, por falta de datos suficientes o de tiempo, no constituirn,
en su mayor parte, soluciones sino ms bien planteamientos
fundamentados de nuestros problemas; pero en lo que s insistiremos al
mximo es en la bsqueda y determinacin de los mtodos ms adecuados
para resolverlos 19.
En estos momentos Marn planteaba la necesidad de la capacitacin del Alto
Mando, quien sera el que dirigiera la accin en caso de un conflicto, y
debera hacer un estudio detallado militar para conocer si el pas estara
19
Ibid., pp. 16-17.
123
preparado para hacer respetar sus derechos vitales por las armas; slo el
Comando era el llamado a informar sobre estas posibilidades.
Estas posibilidades son complejas y relativas. Complejas, porque
reposan fundamentalmente en las fuerzas morales, polticas, econmicas,
industriales y financieras de la nacin, de donde provienen sus cuadros de
oficiales y sus efectivos y relativa, porque ella no se explica, no tiene sentido,
sino por lo que se quiere hacer y por las resistencias que se opongan a
nuestra accin 20
As como se necesita saber de los medios con los que se cuenta para
hacer frente a un conflicto blico, siempre le dio mucha importancia al factor
humano, desprendindose que el valor de un ejrcito est dado por el de sus
oficiales que deben ser moral y profesionalmente capacitados y as dar
ejemplo al conjunto de hombres que dirigen. El Comando, debe preocuparse
por la formacin a travs de varios medios, como las escuelas, pero ellas, no
pueden ensearlo todo, esto depende del esfuerzo individual de cada
persona.
Las fuerzas vivas del pas, es decir el elemento humano, constituyen
atencin especial para Marn, este factor humano
no se mide solamente en cifras, sino tambin por la educacin cvica de
los ciudadanos, por sus cualidades morales y por su grado de
instruccinincumbe al Comando orientar la accin bien conocida que se
lleva a cabo en los cuarteles, pero principalmente la que se ejerce sobre la
lite del pas, en los centros de enseanza, porque all se encuentra el futuro
elemento director de la nacin en todas las actividades y al que es necesario,
darle nociones precisas y suficientes sobre las necesidades, medidas y
previsiones que implica la defensa nacional, puesto que sobre l recaer un
da la pesada responsabilidad de hacer frente a ellas 21.
Una vez ms es posible constatar que Jos del Carmen Marn pone mucho
nfasis en el aspecto educacional de las fuerzas vivas del pas, pero se trasluce
tambin que para educar es muy importante poseer un slido prestigio moral
y espiritual, al afirmar que:
los ms brillantes razonamientos no nos harn estimables ante nuestros
conciudadanos sino lo somos ya previamente por nuestra abnegacin,
20
21
Marn, Jos del Carmen Tte. Crl. La organizacin del Alto Comando del Ejrcito. Lima, Escuela
Militar, 1942, p. 6.
Ibid., p. 34.
124
probidad, espritu de trabajo y competencia profesional. Por el contrario,
pensar que obtendremos esa estimacin sin merecerla, slo en nombre de
los grandes intereses de la defensa del pas, es engaarnos y atentar contra
esos altos intereses 22.
Desde su alto cargo de Director del CAEN, dictaba constantemente
conferencias sobre diversos temas, pero particularmente, sobre el rol del
Estado en el aspecto de la defensa nacional y el rol que le caba a la persona
humana, dentro de la poltica de bienestar general que el Estado deba
proponer.
La idea de Marn es que el Estado tuvo su origen y fundamento en la
sociedad de la cual formamos parte y no accidentalmente sino por causas que
emanan de la naturaleza humana.
En primer lugar, los humanos somos entre los seres vivientes los
ms desamparados y debido a su naturaleza pensaron en asociarse; este
pensamiento los hizo conocer, expresar cmo son las cosas y luego
explicarlas. Las verdades encontradas le sirvieron para descubrir otras nuevas
y por tanto, enriquecer su mente.
El ser debe seguir desarrollando su razn hasta hacerse duea de ella
y de s mismo:
ese es su destino y no podr lograrlo sino por el predominio del
espritu sobre la materia, que es lo que da calidad a la persona humana; lo
que la distingue de otros animales y la eleva por encima del comn de sus
semejantes para ser gua y ejemplo de ellos. Gracias al predominio del
espritu y de su libertad, se forja su propia ley, su lnea de conducta en la
vida sus necesidades ms intensas no son las enraizadas en su cuerpo
sino las que emanan de su espritu: justicia, libertad, dignidad, honra, son
necesidades especficamente humanas 23
Y en suma:
manteniendo esta jerarqua del espritu sobre la materia, la persona
humana no alcanzara la solucin plena de su problema existencial sino por
la satisfaccin armnica de sus necesidades espirituales y materiales. A este
Estado ideal llamamos bienestar o la satisfaccin adecuada y oportuna de
22
23
Ibid., p. 36.
CAEN. Procesos fundamentales. Chorrillos, 1972, pp. 74-75.
125
las necesidades espirituales y materiales de la persona humana, considerada
individual y colectivamente 24.
Esta sensacin de bienestar, es la que ha presidido en la historia la evolucin
de las sociedades y para este fin, son elegidos entre sus miembros a las
personas a quienes encomienda su representacin, invistindolas de poder
para que establezcan las normas de sus relaciones, las apliquen y las hagan
evolucionar con el fin de estimular el esfuerzo hacia el bien comn.
La sociedad, as organizada es lo que constituye el Estado, que tiene
por consiguiente alcanzar y mantener el bienestar de todos los miembros de
aquella, esa es su razn de ser.
Marn plantea que para que el Estado pueda alcanzar el bienestar
colectivo, debe tener seguridad. El conjunto de medidas y de previsiones que
el Estado adopta para garantizar su seguridad integral, constituyen el plan de
su poltica de seguridad o Plan de Defensa Nacional.
La seguridad no constituye un fin en s misma, sino que deriva de la
accin que realiza el Estado en procura del bienestar; pero es condicin
necesaria e ineludible de ste.
Bienestar y Seguridad las persiguen todos los Estados, cuando estas
finalidades se concretan en resultados se constituyen en Objetivos
Nacionales que comprenden dos partes: encarnar los intereses vitales y
aspiraciones de la nacin y tener soberana.
Puesto que los Objetivos Nacionales son los fines por alcanzar con
la accin de un Estado, es lgico definirlos concretamente o determinar los
hechos por realizar para el logro del Bien Comn y Seguridad Nacional.
Por otra parte Marn plantea que para que el pas alcance el Bienestar
y su Seguridad, debe ejercer lineamientos dentro de una Poltica de Estado, o
desarrollo planificado de la potencialidad del pas, pero desarrollo
permanentemente condicionado por las necesidades de Bienestar y
Seguridad.
Por consiguiente, con la planificacin del desarrollo se trata en sntesis de
transformar la realidad nacional del pas y de hacerla evolucionar
convenientemente, con el fin de adecuarla al mejoramiento permanente de
las condiciones de existencia humana y de alcanzar y mantener mejores
niveles de vida para sus habitantes 25.
24
25
Loc. cit.
Ibid., p. 87.
126
La nica fuente de todos los medios que el Estado necesita para la
realizacin de sus planes de Bienestar y Seguridad es el Potencial Nacional o
las fuerzas espirituales y materiales de la nacin. Este Potencial cuenta con
dos factores esenciales: el Humano y el Econmico.
Marn destaca que en una nacin el factor humano es esencial y
determinante, puesto que todo es por l y en funcin de l. El hombre,
individuo racional y libre, es el nico capaz de pensar y por tanto de hacer.
Su filosofa humanista, la recalca en el siguiente prrafo:
l (el hombre) es un creador de valores, el nico que los comprende y
trata de darles realidad material en el tiempo y en el espacio o sea que es un
creador de cultura y slo l concibe la divinidad, la justicia, la belleza, la
verdad, el bien, la vitalidad, etc., y trata de dar existencia real a estos valores
y de ponerlos en prctica por la religin, el derecho, al arte, la ciencia, la
moral, la organizacin econmica, etc. 26
En cuanto al factor econmico, sostiene que el hombre lo necesita para
procurarse bienes y servicios con qu satisfacer sus necesidades materiales;
comenta que hasta para ser virtuoso se requiere de un mnimo de bienes
materiales, esta es la condicin de la naturaleza humana, o por lo menos, del
comn de la gente.
Observando el sistema de relaciones interpersonales, se desprende
que este se basa en el respeto de los derechos inmanentes de la persona
humana y de los fueros de su dignidad
dentro del ms amplio concepto de libertad, que es el bien supremo de
las personas y de los pueblos, el fundamento de toda responsabilidad y, por
tanto de todo derecho. Esos mismos principios presiden nuestra
organizacin poltica, democrtica y nuestro sistema econmico capitalista.
Nuestra cultura, se inspira en las normas y patrones de vida de la
Civilizacin Occidental. 27
Respecto al entorno geogrfico o natural en que se desenvuelve el ser
humano, dice que ste es un desafo a la inteligencia, voluntad y dems
capacidades del hombre, quien responder a esos desafos de diversas
maneras: sea sometindose y adaptndose pasivamente al medio o tratando
de dominarlo y sobreponerse a l.
26
27
Ibid., p. 94.
Ibid., p. 98.
127
Por determinadas caractersticas el medio, es la fuente originaria de
todos los bienes y determina el gnero de actividades de sus habitantes, su
distribucin en el territorio y de modo general la ecologa humana y natural
el medio fsico influye en la naturaleza psicobiolgica del hombre y por
tanto en lo social, en lo econmico y en lo cultural: le plantea un desafo en
trminos de facilidades y de dificultades a su existencia. Las armas para
vencer a este desafo son la ciencia, la tcnica y la tecnologa, cuyo empleo
debe estar iluminado por un humanismo sincero. En suma, exige del
hombre una capacidad integral. 28
Ya que el Bienestar de la persona humana es el fin del Estado, Marn define a
la persona como el hombre en general, que lo convierte en actor y realizador
de su propia vida.
Define filosficamente a la persona como sustancia, individual,
espiritual, de naturaleza material y libre.
Soy porque estoy dotado de conciencia, que es lo que da la certeza de lo
que pienso, siento y quiero. Comprendo y pienso, porque estoy dotado de
razn. Me decido porque tengo voluntad. Elijo, porque tengo libertad. Soy
responsable, porque la libertad me dota de responsabilidades. Me realizo y
me supero, por el ejercicio de mi libertad. Tengo una vocacin, es decir un
impulso, una aspiracin de perfeccionamiento personal. 29
Esta persona tiene derecho a la vida fsica, con las condiciones necesarias; a
la transmisin de una vida fsica o fundacin de una familia; a la vida del
espritu ya sea moral o religiosa; a las libertades requeridas para el desarrollo
de la vida y a las condiciones sociales para el desarrollo personal. Estos
derechos, segn Jos del Carmen Marn, deben estar inmersos en un orden
social ptimo para el pas, que se apoye en el respeto a la persona humana, el
respeto del bien comn y en las relaciones jerrquicas entre persona y bien
comn.
Hay que relievar que el general Marn estaba permanentemente
preocupado por el bienestar de la persona humana, pero este bienestar es
condicionado por la seguridad. Al respecto hay una ancdota que ubica
mejor el pensamiento de Marn. Cuando en las bodas de plata del CAEN, el
28
29
Ibid., p. 100.
Ibid., pp. 108-109.
128
diario El Comercio, le hizo una entrevista y le pregunt qu es la Defensa
Nacional?, l manifest lo siguiente:
Nosotros los de cultura, podemos saber lo que es la Defensa Nacional,
pero podr entender lo que es la Defensa Nacional un hombre pobre sin
trabajo, que vive en una casa de esteras sin techo, sin piso, con los hijos
enfermos y l sin trabajo?...no, l no podr entender la Defensa Nacional,
porque no tiene nada que defender. Luego agreg que lo que hay que
hacer es darle algo a la persona que defender. El bienestar condiciona la
seguridad y por eso los planes de desarrollo y defensa deben ser concebidos
y realizados simultneamente y coordinadamente, de ninguna manera ni
separados ni sucesivamente 30
En la dcada de 1970, Marn fue ms enftico respecto a la presencia rectora
del Estado. Para entonces, el Bienestar General de la poblacin permaneca
en el centro de los argumentos, es decir, la satisfaccin adecuada y oportuna
de las necesidades espirituales y materiales de la persona, tanto en su
dimensin individual como en la colectiva, agregando que las convulsiones
sociales surgen cuando estas demandas no son satisfechas debido a la
ineficacia de las instituciones.
La filosofa humanista de Marn, comprenda al Estado como la
sociedad organizada y representada, teniendo como finalidad suprema el
bienestar de sus miembros mediante el progreso y el crecimiento econmico
conseguidos con medios propios.
El pensamiento de Jos del Carmen Marn Arista, conceba que el
desarrollo de la persona humana, dependa del avance del pas, lo que slo
poda ser alcanzado bajo la condicin de que todos y cada uno de los
sectores que componen la sociedad peruana, tambin superasen sus
diferencias. Era por ello, que surgi la necesidad imperiosa de construir
espacios como el CAEN y, an ms, aspirar a la generacin de una
institucin cuyo espectro fuera ms amplio: es lo que dcadas ms tarde sera
el Instituto Nacional de Planificacin, entidad crucial para entender los
lineamientos bajo los cuales se levant el estado desarrollista de los aos
1960-1970.
El general Jos del Carmen Marn Arista falleci el 6 de diciembre de
1980, hasta la vspera de su muerte, se encontraba en perfectas condiciones
fsicas e intelectuales. Su desaparicin fue muy sentida tanto en el medio
30
Trigoso Reyna, Luis Gral. Ep. Testimonios de ayer, de hoy, de siempre. Lima, CAEN,
Publicacin Oficial, Ao 1, N 1, 2000 p. 29.
129
castrense como civil, porque tal como lo reconoci el entonces Presidente de
la Repblica Fernando Belande Terry, durante sus exequias cuando
mencion que la desaparicin de Marn constitua una prdida nacional, no
slo por lo que realiz en al campo militar, sino tambin en las vastas
actividades que desarroll siempre inspirado en el Per.
Hay que resaltar que sus principales cualidades fueron el talento y la
modestia. Siendo un hombre multifactico, fue sobre todo un gran maestro,
conocedor de la realidad nacional y gran humanista que am profundamente
a su patria.
La idea central de su pensamiento se puede resumir en sus
elocuentes palabras: Los dos grandes aspectos de la realidad humana son: el
Social y el Econmico, que no son otra cosa que el Hombre y su Mundo de
creaciones, o sea la causa y el efecto31.
31
Ibid., p. 31.
130
Bibliografa
Arbul Galliani, Guillermo Gral. Div. El Ejrcito y la Ingeniera militar en el siglo
XX. 1900-1980. Lima, Vol. I, 1987, p. 354.
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Lima, 1981.
Comisin Permanente de Historia del Ejrcito del Per. El Ejrcito en la
Repblica: siglo XX. Lima, 2005.
Comisin Permanente de Historia del Ejrcito del Per. Apuntes histricos
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Marn, Jos del Carmen Tte. Crl. La organizacin del Alto Comando del Ejrcito.
Lima, Escuela Militar, 1942.
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Carmen Marn Arista sobre la cultura de la dominacin: una primera
aproximacin. Revista Expresin Militar (Lima), Ao IV, N 11,
2002.
Parra Herrera, Germn Gral. Brig. Una vida al servicio de la Institucin.
Revista Actualidad Militar (Lima), N 265, Nov-Dic, 1980.
Toche, Eduardo. Guerra y democracia. Los militares peruanos y la construccin
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Trigoso Reyna, Luis, Gral. EP. Concepcin humanista del fundador del
CAEN. Revista Desarrollo y Defensa Nacional (Lima), N 19, 1999.
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Trigoso Reyna, Luis Gral. EP. Testimonios de ayer, de hoy, de siempre. Lima,
CAEN, Publicacin Oficial, Ao 1, N 1, 2000.
Velsquez, V; Medina, L; Mendoza, R. Centro de Altos Estudios Nacionales. 50
Aniversario. Lima, 2000.
132
JUAN B. LASTRES QUIONES (1902-1960)
MDICO, HISTORIADOR, Y MAESTRO HUMANISTA
Magdiel Gonzales Menndez
Mdico Cirujano, maestro, investigador e historiador estudioso de los
procedimientos teraputicos y quirrgicos de las antiguas civilizaciones, as
como de los progresos cientficos registrados hasta las primeras dcadas del
siglo XX. Naci en Chiclayo, el 6-I-1902 y falleci en Lima el 15-I-1960. En
su ciudad natal sigui sus estudios primarios y termin los secundarios en el
Colegio Nacional San Jos.
En el ao de 1918, se traslad a Lima e ingresa a la Universidad de
San Marcos, realizando sus estudios preparatorios en la Facultad de Ciencias
Naturales; despus de dos aos, en 1920, ingresa a la Facultad de Medicina.
Luego en 1928, opta el grado de Bachiller en Medicina con la tesis titulada:
Consideraciones sobre los fundamentos de las principales clasificaciones de nefropatas, en
especial de la alemana de Volhard-Fah; en marzo del mismo ao se recibi como
Mdico-Cirujano. Como Doctor en Medicina se gradu en 1935 con la tesis
Investigacin histrica del pasado nervioso peruano. Viaj a diversos pases de
Europa para seguir estudios de perfeccionamiento y se especializ en el
Sistema Nervioso y Glndulas de secrecin interna.
El Doctor Lastres Quiones, siempre estuvo preocupado por la
salud en el pas y en dicha perspectiva investig sobre las enfermedades y los
diversos aspectos de la evolucin de la Medicina en el Per; fruto de esas
investigaciones es su produccin bibliogrfica que comprende 64 ttulos
entre libros y folletos, 163 artculos y ensayos, 33 discursos y 5 memorias.
Los temas que mayormente trat fueron sobre Neuropsiquiatra e
Historia de la Medicina Peruana. Los trabajos que ms se citan son: El doctor
Jos Manuel Valds (1932); El pensamiento biolgico de Unanue y algunas
consideraciones sobre el clima (1933); Investigacin histrica del pasado nervioso peruano
(1935); La semiologa en el Per (1935); Conferencia de propedutica mdica (1937);
Las enfermedades nerviosas en el coloniaje (1938); Terremotos, hospitales y epidemias de
la Lima colonial (1940); Clnicos de ayer y hoy (1941); La obra histrica de Hermilio
Valdizn (1941); La Medicina en la obra de Guaman Poma de Ayala (1941); La
enfermedad de La Mariscala (1942), ampliada en Una neurosis clebre (1945); Lope
de Aguirre, el Rebelde, en colaboracin con Carlos Alberto Segun, estudio
histrico psicolgico (1942); Vida y obras del Doctor Miguel Tafur (1943); Las
neurobartolenosis (1943) distinguida en 1946 con el premio Hiplito Unanue;
Garcilaso y la Medicina (1944); Historia de la Medicina peruana, su obra principal,
133
publicada en tres volmenes, que estudia desde los procedimientos
teraputicos y quirrgicos de las antiguas civilizaciones hasta los progresos
cientficos registrados en los umbrales del siglo XX, y que mereci el premio
nacional otorgado a la especialidad (1951); La cultura peruana y la obra de los
mdicos de la Emancipacin (1954); Hiplito Unanue (1955); La Medicina en el
descubrimiento y la conquista del Per (1956); El pensamiento de William Harvey en la
Medicina peruana (1957); Daniel Alcides Carrin (1957); La salud pblica y la
prevencin de la viruela en el Per (1958); Mdicos y cirujanos de Pizarro y Almagro
(1958). Tambin contribuy al conocimiento de la verruga peruana, en sus
aspectos neurolgicos y public: Complicaciones nerviosas de la verruga peruana
(1934); y Encefalopatas en la verruga peruana o enfermedad Carrin (1956).
Por ser su obra ms relevante la Historia de la Medicina peruana 1, sta
ser la base para este estudio sobre el Dr. Juan B. Lastres y sus
conceptualizaciones sobre el estado de la condicin humana en cada una de
estas etapas.
Luis Antonio Eguiguren 2, refirindose a la Historia de la Medicina
peruana, manifiesta que el doctor Juan B. Lastres sigue la huella de Valdizn, y
que como el Dr. Julio C. Tello y tantos otros peruanos, dedicaron horas de
su vida para transmitir el resultado de sus investigaciones. En el caso de
Lastres el estudio de la Medicina peruana, al igual que otros intelectuales
peruanos, lo hace desde su perspectiva profesional. Lastres lleg al
conocimiento del Per profundo siendo cirujano del ejrcito, ocupacin que
le permiti recorrer el territorio del pas, posibilitndole, adems, un mayor
acercamiento a la realidad peruana.
Con esta experiencia y sus dotes de investigador ofrece diferentes
temas, propios del desarrollo histrico de la medicina, desde la poca incaica,
la colonia, y la naciente repblica.
Sobre la medicina en el mundo incaico ssostena el Dr. Lastres y con
razn que, cuando inicia su trabajo, no haba ninguna investigacin
sistematizada de la medicina incaica 3; generalmente lo que se presentaba eran
Lastres, Juan B. Historia de la Medicina peruana. Historia de la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos, publicada bajo la direccin de Eguiguren, Luis Antonio. Lima, UNMSM, 1951,
Tom. V, (3 Vols.): Vol. I. La Medicina Incaica, 352 pp.; Vol. II. La Medicina en el Virreinato,
368 pp.; Vol. III. La Medicina en la Repblica, 386 pp.
Eguiguren, Luis Antonio. En la Presentacin de la obra la Historia de la Medicina peruana,
Tomo V de la Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima UNMSM, 1951,
Vol. I, p. VIII.
Lastres. Ob. cit., Vol. 1, p. 7.
134
algunos elementos de la medicina pero, desde la perspectiva occidental y
otros trabajos negaban la existencia de la medicina en el imperio incaico.
Para poder analizar esta problemtica Lastres se plantea el estudio
psquico y antropolgico del hombre del incanato, pero lo realiza en el marco
de sus costumbres, especialmente de la religin, pues como se sabe estos
factores de la vida incaica estaban muy ligados al diagnstico y tratamiento
de las diversas patologas, llegando a la conclusin que se daban dos formas
de ejercicio de la medicina: la mgica y la racional, formas ntimamente
ligadas, pero que por necesidades didcticas, l las estudia separadamente. El
estudio de la medicina en el incanato lo lleva a considerar su estructura
social, sus destrezas en la ciruga, especialmente en materia de trepanaciones
craneanas. Lastres estudia los sufrimientos y dolores que se presentaban en
sus pobladores e igualmente, analiza sus temores psquicos y sus desviaciones
sexuales.
Inicialmente su trabajo lo aborda, como ya se ha sealado, a partir
del conocimiento de las fuentes histricas a las que recurre, pero haciendo
hincapi que esa visin no est referida a una historia poltica, sino ms bien,
a la descripcin de un proceso biolgico. Por ello, se sirve de casi la totalidad
de las Crnicas, sobre el pasado prehispnico, donde investiga lo
concerniente a la medicina, el arte de curar o los procedimientos que se
utilizaban, incluyendo el aspecto folklrico. Luego estudia a la civilizacin
incaica o del Tahuantinsuyo: analiza las caractersticas que asume esa
sociedad, donde no exista la propiedad privada, sino un colectivismo agrario,
un singular socialismo de Estado, bajo un gobierno desptico, explicando,
igualmente, su dimensin geogrfica, que abarcaba a varios pases de la actual
Amrica del Sur.
Aspectos culturales que resalta Lastres es el conocimiento, dentro de
la qumica, del ndigo que aplicaron en el teido de las fibras textiles que
permite, hasta el presente, admirar y constatar la firmeza y calidad de los
colores aplicados.
La literatura como parte de esa civilizacin y como lo seala Lastres,
citando a Carlos Burga Larrea 4, manifiesta que tuvo las caractersticas
literarias de fuerza en la pica, emocin en la lrica e intensidad que llega a la
grandeza en la dramtica. Realidad y fantasa, ingenuidad y sentimiento,
predisposicin literaria y hasta cierto grado para perfeccionar la forma, fina
intencin, agudeza en el decir, lucimiento para captar sensaciones y otras
Burga Larrea, Carlos. Citado por Lastres Juan B. Ob. cit., p. 34.
135
imgenes. Este aspecto cultural entre realidad y fantasa en la literatura,
tambin se manifiesta en las prcticas de la medicina mgica.
El Dr. Lastres, con el estudio del mundo incaico, trabaja sobre las
concepciones y las prcticas de la medicina mgica. Reflexiona sobre la
medicina racional, en especial la que se tiene en la poca del Inca Pachactec.
Las yerbas, dice, deban ser conocidas en toda sus propiedades para el arte de
curar, pero sin embargo, las concepciones mgicas, no quedan desarraigadas
completamente de la inteligencia de los herbolarios o mdicos indgenas, la
prctica de la medicina adopta un carcter ms conforme con la realidad de
los casos que debe atender el hombre que cura. Los hombres que ejercan el
arte de curar, llegaron a conseguir xitos asombrosos en su actividad
humana, pues los cirujanos desde la etapa preincaica llevaron a cabo proezas
audaces que actualmente son reconocidas, como es el caso de las
trepanaciones craneanas y los instrumentos quirrgicos que utilizaron. Otra
prctica unida a sus concepciones mgico-religiosas fue, el conservar el
cuerpo mediante la tcnica de embalsamiento o momificacin, igualmente, el
enterrar con su patrimonio personal al fallecido, fue una concepcin
contraria a la occidental, pues no admita el reparto hereditario entre sus
parientes ni su comunidad.
Lastres refirindose a la ciruga dice: El hombre de las medicinas,
como los cirujanos arcaicos, practicaron su oficio en bien de la sociedad, con
elevada tica y ejercitando el arte por el arte, sin esperar recompensas, ni
honores 5 y concluye:
Todo era por el bien de la colectividad. Sin cdigos de moral, ni leyes que
reglamentasen el arte, el mdico del Incanato ejercitaba su oficio, protegido
por la clase elevada y defendindose de los explotadores, charlatanes y
envenenadores que infestaban las principales poblaciones indgenas 6
Con respecto a la medicina aborigen y el mundo actual sostiene Lastres que:
La medicina indgena, se desenvolvi dentro del marco que le limitaba la
civilizacin de aquel pueblo y como alto exponente de la cultura que haba
alcanzado y que la ciruga era una prctica rutinaria 7.
Agrega que: Del estudio de su psicologa, mentalidad pre-lgica y
pensamiento mgico, se deduce la forma de concebir el mundo y los
fenmenos biolgicos, entre ellos la medicina. Para Lastres la nica ley que
5
6
7
Lastres. Ob. cit., Vol. I, p. 285.
Loc. cit.
Ob. cit., p. 316.
136
presida la medicina y sus fenmenos es la participacin, que interviene
tambin para explicar la causa de la enfermedad y la forma como debe
tratarse y que existieron dos formas definidas del arte de curar: la mgica y
la racional, casi siempre interpoladas 8.
Lastres concluye que todo lo que ha estudiado e investigado sobre la
medicina aborigen:
indica la preocupacin del hombre del Incario, para aliviar el
sufrimiento humano, interpretar la causa de la enfermedad y contribuir a su
curacin, alejando la muerte, mejorando el standard de vida, haciendo que
la tierra, diosa primera de su sistema religioso, fuera un lugar decente y
habitable y, en que la convivencia humana se realizara en las mejores
condiciones biolgicas 9.
La conclusin, despus de haber examinado este aspecto de la medicina en
las culturas preincaicas e incaica, es que la obra de Lastres debe ser parte del
currculum de un estudiante de medicina en el Per y que los nuevos
hallazgos arqueolgicos, histricos psicolgicos y culturales deben ser
motivo de actualizacin y comparacin con la medicina y sus avances
actuales, con el fin de continuar su aporte a la actual cultura mdica.
Con respeto al estudio de la medicina en el Virreinato, sostiene el
doctor Lastres, que el conocimiento de la medicina colonial no puede
comenzar solamente con el estudio en Amrica, es necesario referirse a la
influencia espaola y las distintas escuelas europeas que fueron tradas al
Per y que luego formaron parte de la cultura mdica. Afirma tambin, que
en el tratamiento de la medicina debe tenerse en cuenta el estudio del
pensamiento filosfico, es decir que es necesario reflexionar sobre los
grupos sociales, las instituciones y el alma de los hombres, con la perspectiva
de conocer la vida y en este sentido es necesario conocer las orientaciones
filosficas de cada pueblo.
Inicia su estudio de la medicina en la Colonia con un panorama
mdico y filosfico, en el mundo y en Espaa a principios del siglo XVI, que
guarda estrecha relacin con el inicio de la cultura mdica. Es as, que indica
que la medicina venida de Espaa es importante para poder comprender la
historia mdica peruana; de tal forma se refiere a las distintas corrientes que
surgieron en Espaa, Italia y Francia, especialmente en las universidades de
Bolonia, Padua y Montpellier. Las universidades de Espaa como Alcal de
8
9
Loc. cit.
Ibid., p. 317.
137
Henares, Salamanca, Toledo, Crdoba, cultivaban la medicina rabe y
tambin recepcionaran la influencia de las universidades de Francia e Italia.
Lastres, advierte que en el ao de 1526, Pizarro y Almagro durante
su viaje al imperio incaico tuvieron que enfrentarse a diversos tipos de
enfermedades, entre ellas la verruga, que Garcilaso de la Vega dice que, es
un enfermedad extraa y abominable, que consista en multitud de verrugas
que aparecan en la piel de todo el cuerpo, que muchas de ellas crecan
desmesuradamente y se ponan como brevas, que sangraban mucho,
afeando el rostro, pues, muchas colgaban de la frente, otras de las cejas, del
pico de la nariz, de las barbas y orejas 10.
Gran preocupacin tiene Francisco Pizarro por estas nuevas
enfermedades desconocidas por ellos y que refuerzan su idea de fundar
Lima, tratando de que en la Ciudad se establecieran reglas mnimas de
higiene; as espaoles e indios construyen esta nueva ciudad como columna
biolgica de la nueva colonia, dice Lastres. Pizarro determina que se debe
dotar a la ciudad naciente de todo lo necesario para su desarrollo, as mismo
consigna normas para su buena marcha sobre la polica municipal. El arreglo
de las acequias para la distribucin del agua, el arrojo de basura, el entierro
de cadveres, as como la tala de rboles. Inclusive se implanta sanciones
contra los indios y negros que mutilaran los rboles.
Desde la fecha de fundacin de Lima el 18 de enero de 1535, Carlos
V Rey de Espaa regula el ejercicio de la medicina o la ciruga y prohiba la
prctica de aquellos que no tuvieran grado. Tambin informa sobre los
primero mdicos que llegaron al Per y que se presentaron al Cabildo de
Lima solicitando permiso para ejercer la medicina.
La prctica mdica, afirma Lastres, estuvo muy asociada al
pensamiento cristiano, por tal razn la caridad y la filantropa eran los
factores que ms se daban en el tratamiento de las enfermedades; existan
rdenes religiosas encargadas de organizar y administrar los diferentes
hospitales; se puede decir que, la medicina en la colonia fue prcticamente
asistencial, menos tcnica pero con caridad y fraternidad cristiana11. Desde
casi inicios de la Colonia, se hace necesario contar con centros hospitalarios a
fin de combatir las enfermedades en esa poca.
Como parte de la preocupacin por el desarrollo de la Medicina el
Dr. Lastres, manifiesta, que a mediados del siglo XVII se pide al Rey para
implementar en la Universidad la enseanza de Anatoma y que recin en el
10
11
Lastres. Ob. cit., Vol. II, p. 20.
Ob. cit., Vol. II, p. 40.
138
ao de 1711 se dio dicha autorizacin. A mediados del siglo XVIII relata
Lastres, fueron fundadas las dos primeras ctedras de Medicina, la Ctedra
de Prima que se dictaba en la maana y en la que se lea los libros de
Hipcrates, Galeno o Avicena y la de Vsperas que se dictaba en las tardes en
las que se haca aplicacin prctica de los conocimientos tericos.
En su estudio de la Medicina en la Repblica el Dr. Lastres, refiere
que la ciruga en el siglo XIX se encontraba atrasada, a pesar de que haban
ejercido ese arte excelentes prcticos y de existir una ctedra de anatoma 12.
Con este entorno describe una intervencin cesrea y los instrumentos con
los que se contaba en aquella fecha. Hace referencia, igualmente, a las
epidemias de viruela. Agrega que la UNMSM atravesaba una grave crisis
econmica; sin embargo, s se daba la presencia de varios mdicos que
supieron enfrentar, no solamente a las enfermedades, sino tambin los
problemas econmicos que se presentaban en las instituciones mdicas y
otros graves problemas sociales como la discriminacin racial.
Sobreponindose a todos estos problemas, se constituyeron en grandes hitos
en la medicina nacional mdicos como los doctores Hiplito Unanue (Arica
1755 - Caete 1833) y Jos Manuel Valds (Lima 1767 - Lima 1843).
De Hiplito Unanue dice que fue un maestro, educador y prcer de
la Independencia Nacional y se refiere a l como humanista y gran
conocedor de los clsicos de la Patologa General y de la Anatoma, en
especial. Refiere que naci en la riberea ciudad de Arica, el 13 de agosto de
1755, sus padres, don Antonio Unanue de Montalivert y doa Manuela
Pavn y Salgado, descendientes directos de espaoles peninsulares, no
contaban con grandes recursos econmicos; por el contrario, su padre unos
das antes del nacimiento haba quedado en las lindes de la miseria por la
prdida de una embarcacin que constitua su nica fuente de ingresos.
Refiere que fue quien tambin influy, a la distancia, en la carrera de
Cayetano Heredia en especial, cuando le recomienda a ste para que
practique la necropsia a Snchez Carrin. Sostiene as mismo, que ste tiene
gran influencia en el estudio de las ciencias naturales y afirma que son
necesarias para el pas. En su cuadro sinptico de la educacin mdica, se
advierte el rol preponderante que da a la enseanza de las ciencias naturales
como la botnica, la fsica, la qumica y la mineraloga que dice ser la piedra
angular del edificio mdico. Unanue fue el creador del Anfiteatro Anatmico
de San Marcos y lo inaugur el 21 de noviembre de 1792; se preocup por la
12
Ob. cit., Vol. III, p. 14.
139
higiene y la medicina preventiva, porque consideraba que la costumbre de
enterrar a los personajes importantes en los templos, que se acostumbraba en
Espaa y se conservaba en Lima, resultaba perjudicial para los moradores de
la ciudad de Lima. Pero sin duda lo ms destacado fue su lucha contra la
viruela siendo uno de los primeros en iniciar la vacunacin oficial en 1802.
Para Lastres, una de las principales obras de Unanue es El Clima de
Lima donde describe la ciudad capital, estudia tambin las aguas, los vientos y
observaciones metereolgicas. Trata en esta obra las influencias del clima
sobre los seres humanos, sus efectos en las enfermedades y cmo ste
influye para curarlas.
Lastres refiere que la obra de Unanue, no slo es importante desde
el punto de vista mdico sino tambin, desde la idea del pensamiento
cientfico de la poca. Como se puede ver de la obra de Lastres, Unanue
desde su regreso de Europa se dedica por entero a la poltica integrndose as
a todos los peruanos que luchaban por la libertad del Per. Contribuy a la
formacin de la sociedad acadmica de Amantes del Pas (1790), en cuya
publicacin, El Mercurio Peruano, empieza a escribir bajo el seudnimo de
Aristo. Los temas del Mercurio Peruano son diversos y de un inters notable;
Unanue contribuye con artculos, cuya importancia ideolgica se anuncia en
la Idea general del Per aparecida en su primer nmero.
Sobre Jos Manuel Valds dice, que fue un clebre mulato, que
nacido de humildsimos orgenes, pudo elevarse, merced a sus excepcionales
mritos, a los ms altos cargos y honores de la medicina peruana, as mismo
fue lingista, matemtico, filsofo, telogo, literato y humanista, quien
explor todos los campos del saber humano y en torno de ellos, dej huellas
de su clara inteligencia13.
Como lo seala el Dr. Lastres, sinti las resistencias sociales
convencionales de esa poca y casi siempre fue magnnimo con los que lo
ofendan; muchas veces tuvo que responder con su irnica pluma, a fin de
contener las diatribas. As mismo, indica que Valds, estudi en el Colegio de
San Idelfonso, bajo la direccin del Padre Sala, donde hizo sus primeros
ejercicios literarios aunque ya senta la postergacin de sus compaeros que
no perdonaban su raza. La sociedad conservadora de fines del virreinato
espaol le cerraba las puertas, pero l segua desarrollando su intelecto en la
literatura y en la teologa, llegando a ser telogo y gran conocedor de la
lengua latina. Esta aficin a las letras march por igual a la medicina y a los
veintin aos se recibi de cirujano. La anatoma y la ciruga lo atrajeron
13
Ob. cit., Vol. III, p. 129.
140
vivamente y as practic en el Hospital de San Andrs al lado del doctor Juan
de la Roca donde se orient eficientemente en la clnica, la gran
preocupacin de su vida; pero tuvieron que transcurrir veinte aos, para que
despus de la autorizacin del Monarca espaol Carlos IV pudiera optar el
ttulo de mdico.
El trabajo del Dr. Lastres, abarc los perodos del incanato, colonia
y la repblica. Pero su estudio no slo estuvo dirigido al mbito histrico de
la medicina en el Per, revis tambin otros campos como el cientfico y el
acadmico, as se ocup de la medicina en la Universidad de San Marcos y en
la cultura europea, con el fin de encontrar los fundamentos de la ciencia
mdica occidental, indicando, por ejemplo, que en Europa de fines del siglo
XVIII la idea preponderante acerca de la medicina preventiva se adoptara en
el Per, desarrollando un gran esfuerzo destinado a prevenir la viruela.
Otro de los aspectos relevantes en el trabajo del Dr. Lastres, en su
estudio sobre el desarrollo de la Medicina en el Per, es recordar el
pensamiento y la trayectoria de mdicos que no solamente contribuyeron al
avance de la medicina, sino que fueron tambin artfices de las ideas
nacionalistas, muchas de ellas se conocieron a travs de las pginas del
Mercurio Peruano. Su ejemplo de dignidad, estudio y trabajo queda an latente
como un faro que alumbra y alumbrar el desarrollo de la medicina en el
Per.
141
Bibliografa
De Juan B. Lastres
Historia de la Medicina peruana. Historia de la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos, publicada bajo la direccin de Eguiguren, Luis Antonio.
Lima, UNMSM, 1951, Tom. V, (3 Vols.): Vol. I. La Medicina Incaica,
352 pp.; Vol. II. La Medicina en el Virreinato, 368 pp.; Vol. III. La
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El pensamiento de William Harvey en la Medicina peruana. Lima, UNMSM, Ed.
San Marcos, 1957.
La trepanacin del crneo en el antiguo Per. Lima, UNMSM, 1960.
Otras obras consultadas
Basadre, Jorge. Historia de la Repblica del Per. Lima, Ed. Universitaria, 1983,
Tom. I.
Salaverry Garca, Oswaldo. Historia de la Medicina peruana en el siglo XX. Lima,
Universidad, Fondo Editorial, 2000, Tomo I.
142
CSAR A. GUARDIA MAYORGA (1906-1983)
Andrs Espritu vila
La preocupacin por la condicin humana es un eje transversal en las
reflexiones filosficas. Es as que en el siglo XVI, durante la Conquista
espaola, se produce el encuentro de dos formas culturales sin interseccin
histrica previa: la europea y la americana, producindose as para los
intelectuales europeos preocupaciones teolgicas, ontolgicas, gnoseolgicas
y antropolgicas. Sobre esta ltima, recordemos las reflexiones de Francisco
de Vitoria sobre los indgenas americanos y su derecho a la tierra, as como
su rechazo al uso de la violencia para bautizar.
No todos los argumentos de los intelectuales europeos, sin embargo,
fueron a favor de mejorar la condicin del indgena americano. Gins de
Seplveda opinaba, sobre la base de argumentos aristotlicos, que los
indgenas americanos han nacido por naturaleza para ser siervos y, por ende,
les conviene servir a los espaoles. Crtico de estas ideas, Bartolom de las
Casas considera que los indgenas americanos han nacido bajo condiciones
naturales favorables, y alab el grado de desarrollo de alguno de sus pueblos,
comparndolo con la historia de otras civilizaciones.
En el siglo XVIII, con las reformas administrativas y polticas de los
gobernadores borbones, y las ideas ilustradas, surge un conjunto de
intelectuales progresistas, entre los que destaca Hiplito Unanue. Hay en
ellos una nueva mirada a la condicin humana, debido al conocimiento de
ideas naturalistas y empiristas en relacin con el cuerpo humano. Reflejo de
ello es la fundacin de la Escuela de Medicina de San Fernando. En el siglo
XIX, en los primeros decenios de nuestra etapa republicana y teniendo como
escenario la crisis econmica y poltica, que se refleja en el caudillismo
imperante, hay debates que giran en torno de temas polticos. Dos facciones
importantes surgen en este contexto la de los conservadores y la de los
liberales. El lder de los conservadores es Bartolom Herrera, quien propone
la soberana de la inteligencia en oposicin a la soberana popular. Con ello
muestra su tendencia tradicional hacia la educacin de una lite que debe
gobernar. Crtico de los conservadores es el intelectual liberal Benito Laso,
quien, preocupado por las propuestas de los conservadores, asevera que sus
argumentos tienen como fondo mantenerse en el poder. Para ello usan en la
prctica la fuerza, la ignorancia, y la corrupcin.
Heredero del espritu de Laso es Manuel Gonzlez Prada, quien,
frente a la derrota en la Guerra del Pacfico, y preocupado por la condicin
143
del peruano de inicios de siglo XX, critica a los polticos y a la Iglesia
catlica: a los primeros por su ineptitud y a los segundos por sembrar
ignorancia. De la misma forma que Gonzlez Prada, pero desde el marxismo,
Jos Carlos Maritegui elabora una interpretacin de la realidad peruana,
tocando el tema de la condicin del indgena y su principal contradiccin,
que es econmica. Plantea la superacin de este problema mediante el
proyecto de una revolucin socialista. Considero que, insertadas en esta
lnea de preocupacin por la condicin del hombre, estn las ideas
filosficas de Guardia Mayorga, quien de forma semejante a Bartolom de
Las Casas, Benito Laso, Gonzlez Prada y Maritegui, denuncia los
atropellos, as como la violencia sutil o directa a la mayora de la poblacin.
Csar Guardia Mayorga naci en Lampa, provincia de Parinacochas
(Ayacucho), el 15-V-1906 y muri en Lima el 18-X-1983. Hijo de Pedro
Guardia y de Trinidad Mayorga, concluy su educacin primaria en el
Colegio Nacional Nuestra Seora de Guadalupe (1921-1923).
Posteriormente, se traslada al Colegio Nacional de la Independencia
Americana (1924-1928) en Arequipa, donde curs la secundaria. Estudi en
la Universidad Nacional San Agustn de Arequipa, en la cual obtuvo los
ttulos de profesor de primero y segundo grados (1931); y, a mrito de tesis
sobre Apuntes de la sierra y El nio en el hogar y en la escuela, los grados de Bach.
(1931) y Dr. en Letras (1934), as como de Bach. en Jurisprudencia (1936) y
el ttulo de abogado (1937). Incorporado a la docencia (1937), regent en la
Facultad de Letras las ctedras de Historia de la Filosofa Antigua y
Metafsica, Introduccin a la Filosofa (1943), Psicologa General y Psicologa
del Nio y del Adolescente (1946); inclusive fue subdecano de la misma
(1945-1946), director del Colegio Universitario (1949), y editor de la Revista de
la Universidad (1948-1951). De ah su formacin humanstica, que busc
comprender la totalidad de la realidad mediante la filosofa y llegar a la
justicia social. Para ello se vali de su formacin jurdica. Tambin lleg a ser
decano de la Facultad de Letras de su Alma Mater.
Por su posicin filosfica y poltica, fue retirado de la universidad
por imposicin gubernativa. Tuvo que irse a Cochabamba (Bolivia), donde
continu con la enseanza de los cursos de Introduccin a la Filosofa e
Historia de la Filosofa Antigua, y dirigi el Seminario de Filosofa (19251955); y all fue tambin vicerrector de la Universidad Obrera, en la cual
expuso un curso de Filosofa. Pudo retornar al pas (1956) cuando termin el
rgimen dictatorial del general Manuel A. Odra, para ejercer la docencia en
colegios particulares de educacin secundaria, as como tambin abrir su
bufete de abogados. Postul a la Universidad de Huamanga, donde ejerci la
144
ctedra de filosofa (1960-1962). Posteriormente, ense en la Universidad
San Luis Gonzaga de Ica (1963-1967), en la cual dict lecciones de
Introduccin a la Filosofa y Psicologa. Luego de acogerse a la jubilacin,
fue solicitado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1968) para
asumir la nueva ctedra de Materialismo Dialctico; pero, una
incompatibilidad legal lo oblig a suspender su enseanza. Aparte de unos
textos escolares de Historia, public: Manual de legislacin obrera (1938);
Reconstruyendo el aprismo (1945), exposicin y crtica del espacio-tiempohistrico y otras concepciones de Vctor Ral Haya de la Torre; Filosofa y
ciencia (1948); Terminologa filosfica (1949); Psicologa (1951), publicada en
fascculos; Historia de la filosofa griega (1953); Reflexologa (1954); La reforma
Agraria en el Per (1957); De Confucio a Mao Tse Tung (1960); Problemas del
conocimiento (1965); Job el creyente [y] Prometeo el rebelde (1966); Cultura humana (2
vols., 1966-1971); Psicologa del hombre concreto (1967); Filosofa, religin y ciencia
(1979); En el camino (1978), compilacin de dilogos enderezados a divulgar
problemas de filosofa y sociologa, pensamientos y poesas; Vida y pasin de
Wamn Poma de Ayala (1980). Adems Diccionario kechwa-castellano y castellanokechwa (6 eds., de 1961 a 1980); Sonqup jarawiinin (1961); Runa simi jarawi
(1975), poemarios en lengua quechua aparecidos bajo el seudnimo de Kusi
Paukar; Gramtica kechwa (1974); Conceptos de filosofa; Lxico de filosofa;
Problemas de la cultura humana; Carlos Marx y Engels; e Introduccin al materialismo
dialctico.
Como se observa por los ttulos de los textos, Guardia Mayorga fue
un intelectual de amplia cultura, que se refleja en su inters por la
comprensin de las diversas dimensiones de la actividad humana: filosofa,
ciencia, poltica, legislacin, historia, etc. As mismo, en la lectura de la
mayora de sus textos se muestra un enfoque filosfico y poltico marxista,
vinculado a su compromiso con los grupos sociales oprimidos. Este
compromiso, en la prctica, le va a acarrear muchos sinsabores, como
persecucin poltica y problemas econmicos para l y su familia. Sin
embargo, a pesar de estas adversidades, l nunca renunci a su papel de
maestro y crtico de los problemas que se presentaban en la sociedad
contempornea.
Guardia Mayorga considera al ser humano como el nico que puede
conocer la realidad; por lo tanto, quedan excluidos otros tipos de entidades,
sean fsicas, como animales o plantas, o metafsicas, como ngeles o Dios, de
acuerdo con la tradicin cristiana. El hombre es el nico ser que puede
conocer, pero esa posibilidad de conocimiento se suscribe slo a la realidad
exterior a su conciencia, al mundo material en sus diversas formas. Este
145
mundo es independiente de la conciencia del hombre y tiene sus propias
leyes dialcticas. Esta realidad se aprehende mediante la prctica social: El
sujeto de la verdad es el hombre y el objeto de la verdad es el mundo
exterior 1. Con esta distincin, Guardia Mayorga cuestiona toda concepcin
idealista del conocimiento, la cual cae en especulacin y subjetividad, y
tergiversa el conocimiento sobre la realidad: Slo el idealista puede darse el
lujo de decir esta es mi verdad, porque ella depende de l, al convertir su
opinin en una verdad que aspira a imponer a los dems, aunque no tenga
ms fundamento ni control que a su propia razn 2.
Las teoras del conocimiento idealista ponen excesivo inters en la
capacidad del hombre para conocer el mundo. Si bien el hombre es el ser
capacitado para conocer, el objeto de conocimiento es el mundo exterior a la
conciencia del hombre, que en ltima instancia debe determinar el
conocimiento e imponerse en la conciencia. Los idealistas, por lo tanto, han
cado en error y lo han extendido a todos aquellos hombres que se han fiado
slo de discursos, y no se han valido de la realidad misma, no la han
refrendado en la prctica social.
Si bien el criterio de verdad sobre lo que se es en el mundo es la
prctica social, este conocimiento no es instantneo, sino que se produce en
un constante proceso, a travs del desarrollo histrico de la humanidad,
mediante la actividad interconectada de los sentidos, la razn y la prctica del
hombre con el mundo: Ahora bien, si la verdad se da al hombre a travs del
conocimiento y la prctica, ella no puede ser alcanzada de una sola vez como
un todo, sino parcial y lentamente en el proceso histrico de la sociedad
humana 3.
Es as que el hombre no nace con ideas innatas ni predispuesto para
comprender la realidad en forma objetiva, sino que aprehende mediante una
formacin en la prctica social, en la participacin activa y racional del
conocimiento tcnico, cientfico, filosfico acumulado por la humanidad y en
constante perfeccionamiento. Por ello, para Guardia Mayorga es
fundamental una educacin cientfica, ya que el conocimiento cientfico,
producto de la investigacin emprico-racional, experimental y aplicativa,
garantiza un mayor nivel de objetividad sobre el conocimiento del mundo.
Una educacin mitolgica, religiosa o idealista slo produce hombres con
conocimientos especulativos, que imposibilitan la labor central del
1
2
3
146
Guardia Mayorga, Cesar A. Concepto de filosofa. Ica, Imprenta Fnix, 1965, p. 21.
Loc. cit.
Ibd., p 20.
conocimiento que es la interpretacin objetiva de la realidad y la bsqueda de
la transformacin de sta, mediante la prctica social para el progreso de la
humanidad.
Otra problemtica, la de la historia de la humanidad, es abordada por
Guardia Mayorga y desde la filosofa marxista interpreta la historia humana.
Desde Marx, la comprensin de la realidad concreta se enfoca a una
comprensin materialista histrica. Aquello, es fundamental para dar a
comprender el devenir dialctico de la humanidad: sus contradicciones, sus
luchas, sus avances y dificultades. La historia del hombre es la historia
dialctica de la humanidad, donde todo est interconectado. Asumiendo
aquello, Guardia Mayorga realiza un deslinde con las historias positivistas,
que se orientan a los hechos, fechas, datos particulares, buscando la
objetividad, pero sin existir objetividad pura, ya que siempre hay mediacin.
En el caso del marxismo, la mediacin es la concepcin materialista
dialctica.
Para Guardia Mayorga la historia de la humanidad no est exenta de
ser evaluada y de tomar posicin frente a los acontecimientos que se
producen. De ah su parcialidad, ya que puede estar a favor o en contra de
algo, dependiendo de la concepcin del mundo que se tenga y de la posicin
de clase: Pienso que la historia no es para recitarla framente de memoria, y
que sus hechos y acciones no puedan estar nunca al margen de la
condenacin o del elogio. Las acciones de los hombres deben estar valoradas
por los hombres 4. Para l es absurdo presentar la historia humana en forma
neutral, imparcial; el hombre siempre est instalado en un contexto histrico,
en una posicin social, y desde all juzga.
La visin que tiene Mayorga sobre la historia, y especialmente sobre
la historia de la filosofa, es una lucha constante entre el materialismo y el
idealismo. Es as que considera que la filosofa surge en Grecia como opuesta
a la concepcin mtica de los griegos, sin tomar en cuenta que la filosofa
griega est llena de misticismo debido a la influencia de culturas orientales
ms desarrollas que la de los griegos de los siglos VII y VI a.n.e: En Grecia
la filosofa aparece como una reaccin contra la concepcin mstica, como
explicacin racional del mundo. El filsofo surge humanizndose y
revelndose contra los propios dioses inventados por la imaginacin
humana 5. En el esquema materialismo-idealismo de Guardia Mayorga,
4
5
Guardia Mayorga. Cultura Humana. Del renacimiento a la revolucin francesa. Lima, Ed. los
Andes, 1971, p 19.
Guardia Mayorga. Concepto de filosofa. Ob. cit., p. 4.
147
contradictoriamente con la idea del progreso, que considera de forma
determinista que siempre hay un avance, pero coherente con la idea dialctica
de los saltos de lo cuantitativo a lo cualitativo y viceversa (se puede
retroceder), considera que en el desarrollo filosfico de Grecia se ha pasado
de un naturalismo materialista a una metafsica idealista. Con ello se aleja el
saber filosfico de la realidad concreta y se olvida el papel liberador que
tuvo intrnsecamente: En el proceso filosfico que va de Tales a Aristteles,
se pasa de la naturaleza a entidades ideales, como objetivos de la filosofa, es
decir, de la filosofa materialista a la filosofa idealista. En este ltimo caso, la
filosofa se aparta de su papel libertador de la conciencia humana 6.
Esta visin pesimista de la filosofa griega, es una limitacin que no
le permite apreciar suficientemente el aporte de filsofos como Platn y
Aristteles, que fueron en su tiempo propuestas progresistas frente a las
explicaciones exclusivamente mticas. Esta misma dificultad no le permite
comprender los aportes en la reflexin teolgica y filosfica de la Edad
Media, por ejemplo, en los trabajos de Boecio en campo de la lgica y de
Toms de Aquino en lgica y filosofa poltica. Es as que, en algunos
momentos de su extensa obra, contradicindose con el materialismo
histrico e identificndose con las ideas de los intelectuales ilustrados del
siglo XVIII, considera a la poca medieval como un tiempo de oscurantismo,
en que la humanidad (occidental) estuvo enceguecida por la religin cristiana:
Los diez siglos que dur la Edad Media fueron conspirados como un error
trgico, como una larga noche 7.
Para Guardia Mayorga la conciencia humana es la misma en todas
las pocas. Esa es una fuerte idea que no le permite contextualizar
adecuadamente los hechos: Y cuando la conciencia humana, ya ms
civilizada y liberada, conden la accin inquisitorial, los religiosos se
disculparon como hasta hoy siguen disculpndose aduciendo que esa labor
se debi al empleo poltico que se dio a la Santa Inquisicin 8. Claro que los
hechos histricos como el ajusticiamiento de miles de personas por motivos
de sus creencias religiosas y polticas no son justificables, pero s son
comprensibles por el contexto histrico donde se desarrollan. La
interpretacin del mundo cambia cuando las condiciones materiales de
existencia de un determinado grupo humano cambian, porque ha cambiado
la lgica de sus participantes.
6
7
8
148
Loc. cit.
Guardia Mayorga. Cultura Humana. Del renacimiento a la revolucin francesa. Ob. cit., p. 23.
Ibid., p. 34.
En su interpretacin crtica de la historia, Guardia Mayorga enfatiza
la condicin de la mayora de la humanidad, que tiene que sujetarse a la
condicin de dominado, sea esclavo, siervo u obrero. Esto puede ser
considerado como una forma pesimista de interpretacin de la historia,
pero, frente a ello, Mayorga propone una visin optimista del mundo. Para
l la historia de la humanidad en la que se produce lucha de clases es en
verdad su pre-historia que, llegar a su fin con el trmino de la explotacin
del hombre por el hombre. Aquello es el fin del capitalismo y el trnsito al
socialismo. Este Apocalipsis del capitalismo llegar necesariamente dado que
hay leyes en la historia que se tienen que cumplir tarde o temprano: nadie
puede detener el proceso transformador porque es la expresin de leyes que
son ajenas a la voluntad del hombre. As lo demuestra la historia hasta
nuestros das 9.
A pesar de su determinismo en relacin a las leyes que gobiernan la
sociedad, consider que es importante la voluntad de los hombres, de todos
aquellos que han tomado conciencia de la situacin de la explotacin y que
por diversos medios, sean polticos, culturales o educativos, buscan cambiar
la sociedad: Lo que tienen un carcter de necesidad es el paso del
capitalismo al socialismo, el tiempo y la forma en que esto deba producirse
en escala nacional y mundial depender de la accin de los hombres 10.
Guardia Mayorga no slo menciona la historia europea, con lo que
realiza un deslinde con el eurocentrismo. Tambin toma en cuenta la historia
de otros pueblos, entre ellos Latinoamrica, Diccionario Quechua-Castellano cuya
historia prehispnica observa en forma idealizada, considerando que el
gobierno era tan bueno que todos eran felices, asunto que no es cierto
porque tambin existan divisiones sociales. Lo que iba a llamarse
Latinoamrica tuvo que soportar el nuevo sistema impuesto, despus de
presenciar la destruccin de sus organizaciones econmicas, sociales y
polticas, que brindaron a los nativos una vida relativamente feliz11.
La posicin filosfica de Guardia Mayorga tiene estrecha relacin
con su procedencia familiar de clase media que considera la educacin como
medio para poder progresar y mejorar las condiciones econmicas y sociales
en que la vive, por ello se le da una esmerada educacin. Es as que lo vemos
estudiando en un colegio de prestigio, para la poca, como Nuestra Seora
de Guadalupe, y la Universidad San Agustn de Arequipa. En esta ltima, ya
9
10
11
Guardia Mayorga. Concepto de filosofa, p. 32.
Guardia Mayorga. Cultura Humana. Del renacimiento a la revolucin francesa, p. IX.
Ibid., p. 14.
149
asume sus propios gastos econmicos al trabajar como docente en algunos
colegios. De esta forma va teniendo una mayor autonoma como individuo y
en el pensar. Es en la universidad en la que va asumiendo una posicin
marxista, y es desde este enfoque filosfico que desarrolla sus clases en los
colegios y en la universidad que ensea. El tratamiento de sus clases y el
enfoque de sus textos son crticos de la sociedad, ya que busca develar los
principales problemas que hay en ella, como por ejemplo la contradiccin
entre las clases sociales. Su interpretacin crtica y su denuncia de las grandes
miserias de la sociedad peruana lo llevaron a tener muchos enemigos, sobre
todo con poder poltico, como el dictador Odra.
Guardia Mayorga, al asumir la filosofa marxista, considera que el
mundo est regido por leyes dialcticas, que se resumen en la ley universal de
la contradiccin, que est presente en naturaleza, sociedad y pensamiento.
Considera que hay contradiccin en toda la realidad, por ello en su
interpretacin de la sociedad afirma que hay lucha de clases sociales, en la
que se siente y escribe como parte de la clase dominada.
Esta concepcin filosfica materialista lo lleva a una posicin
ontolgica dicotmica y a una posicin poltica donde considera a los
idealistas como defensores de los grupos dominantes y a los materialistas
como adalides de la clase dominada: El materialismo ha sido siempre la
ideologa filosfica de las clases insurgentes, as como el idealismo ha
representado la ideologa de las clases dominantes y conservadoras 12.
Aquella posicin clasista lo enfrenta a la crtica de ser considerado
dogmtico. Pero Guardia Mayorga no asume esta observacin dado que
considera su concepcin filosfica, como una lgica de movimiento y
cambio, que constantemente asume los aportes de la ciencia y por lo tanto es
ajena a una concepcin esttica, como es una posicin filosfica dogmtica:
Cmo pensar que sea dogmtica una filosofa que considera lo existente
como proceso frente a la inagotabilidad de la materia? Es diferente que
exista materialistas dogmticos que pretenden ver en esta doctrina un
conjunto de verdades absolutas y eternas y que se reducen a aprenderlas,
repetirlas y defenderlas. 13
Se aprecia su deslinde con un materialismo dogmtico, que fue la actitud
tpica de muchos materialistas de su poca, quienes asuman los escritos de
los clsicos del marxismo sin contextualizar. Sin embargo, no supera en
12
13
150
Guardia Mayorga. Concepto de filosofa, p. 27.
Ibid., p. 30.
forma general la crtica a su posicin dicotmica, ya que no asume una
interpretacin de la realidad con los aportes de aquellos intelectuales que
considera idealistas, como s fue el caso de Jos Carlos Maritegui, que valor
los aportes de filsofos considerados idealistas como el italiano Benedetto
Croce.
En general, su posicin filosfica, a pesar de no salirse de ciertos
mrgenes que se ha autoimpuesto, no excluye la valoracin del ser humano, a
la que aprecia por los avances en ciencias y tcnica, que han sido producto
del trabajo colectivo. Mayorga valora todo lo que considera como
conocimiento que permite el progreso de la humanidad; pero del conjunto
de la humanidad, valora sobre todo al sector de la humanidad que
histricamente ha sido explotada. Es de esta manera que asume un partido y
una identificacin. Su papel de filsofo no debe ser de simple reproductor y
admirador de la obra de los filsofos y cientficos, sino de un interpretador
crtico, un denunciador de las atrocidades a las clases trabajadoras.
Por lo tanto para Guardia Mayorga la filosofa es un conjunto de
ideas que permite comprender la realidad y poder transformarla. Con ello
asume el marxismo como autntica filosofa cientfica. Para Mayorga slo el
marxismo tiene una comprensin objetiva del mundo. La filosofa como
conjunto de ideas es reflejo dialctico de las condiciones materiales de
existencia de un grupo humano. Estas condiciones son histricas y se van
transformando en la medida en que cambien por las contradicciones que se
producen en la realidad:
Es verdad que los hombres como los pueblos tienen siempre una manera
especial de considerar el mundo como totalidad, de tener, digamos, una
cosmovisin; de afrontar los problemas de la naturaleza, de la sociedad y
del hombre de acuerdo con el nivel cultural que han alcanzado y en
estrecha relacin con su sistema socioeconmico 14.
Para Guardia Mayorga la filosofa no slo debe ser una interpretacin del
pasado, de sus problemas, conflictos, contradicciones, aportes y retrocesos;
debe ser ante todo una reflexin terica del presente, de las condiciones
materiales realmente existentes, y debe orientar la transformacin del mundo
a mejores condiciones de existencia para toda la humanidad, de ah la
importancia del papel del filsofo: Si la filosofa es un producto humano
14
Guardia Mayorga. Es posible la existencia de una Filosofa Nacional o una
Latinoamericana?. En Revista Letras (Arequipa), Universidad Nacional de San Agustn,
Facultad de Letras, N 3, 1963-1966, p 44.
151
social, tiene que mirar el presente y el futuro y no adormitarse en la
contemplacin del pasado15.
En conclusin Guardia Mayorga se suma a la lnea de intelectuales
crticos que recorre la historia de las ideas en el Per, y que enfatiza su
preocupacin por comprender la realidad del ser humano, especialmente del
ser peruano, su condicin econmica y social en la realidad concreta y dar
sugerencias para su liberacin.
Debido a su formacin humanstica en Filosofa, Educacin y
Derecho lo llev a estar comprometido en conocer, explicar y proponer
soluciones a los grandes problemas humanos, como el de la justicia social.
Con especial preocupacin valor y se identific sobre todo con las
clases sociales oprimidas, a las que intent contribuir a su liberacin del
estado en que se encuentran mediante su anlisis crtico.
Por considerar al hombre como nico ser consciente, con capacidad
de conocer y transformar la realidad mediante la prctica social y la adecuada
educacin, afirmando que una educacin especulativa y metafsica no
permite comprender objetivamente la realidad, y hace caer al hombre en el
error. En cambio, una educacin tcnica, cientfica y filosfica, permite al
hombre liberarse de las creencias y los prejuicios que le impiden comprender
el mundo objetivamente.
Liberar al hombre constituye la problemtica ms importante de la
historia de la humanidad y desde el esclavismo se ha dado la lucha de clases
sociales antagnicas, sea desde la concepcin idealista o materialista,
situndose en la concepcin materialista.
A pesar de su lectura de la historia, en la que critica la forma como
ha sido explotada una gran parte de la humanidad, Guardia Mayorga tiene el
optimismo de pensar en una nueva sociedad, con nuevas condiciones
materiales de existencia que permita justicia y bienestar para todos.
Al asumir una posicin filosfica materialista, se identifica con las
clases sociales menos favorecidas, en las que por medio de sus denuncias a su
explotacin, pretende contribuir a su liberacin.
Considera que el papel de la filosofa no slo es comprender las
contradicciones que se han dado en el pasado, sino que tambin es til para
entender el presente, orientar y mejorar a la humanidad en el futuro.
15
152
Guardia Mayorga. Concepto de filosofa, p. 32.
Bibliografa
De Csar A. Guardia Mayorga
Es
posible la existencia de una Filosofa Nacional o una
Latinoamericana?. En Revista Letras (Arequipa, UN de San Agustn,
Facultad de Letras), N 3, 1963-1966.
Concepto de filosofa. Ica, Imprenta Fnix, 1965.
Cultura Humana. Del renacimiento a la revolucin francesa. Lima, Ed. los Andes,
1971.
Otras obras consultadas
Gonzlez Prada, Manuel. Ensayos escogidos. Lima, Universo, 1977.
Salazar Bondy Augusto. Historia de las ideas en el Per contemporneo. Lima,
Labor, Tomo I y II, 1967.
153
CIRO ALEGRA BAZAN (1909-1967)
Martn Arroyo Benites
Naci el 4 de noviembre de 1909 , en la Hacienda Quilca, distrito de
Sartimbamba, Provincia de Huamachuco, Departamento de La Libertad. Sus
padres fueron Jos Alegra Lynch y Mara Herminia Bazn Lynch, primos
hermanos de ascendencia irlandesa y mestiza. Es el mayor de cinco
hermanos: Danilo, Hildita, Gerardo y Elmer, pertenecientes a una familia de
terratenientes de la Sierra norte del Per. Aprende a leer y escribir a los cinco
aos en base a la enseanza de su padre y se convierte en un voraz e
incansable lector, actitud intelectual que cultivar toda su vida. Realiza sus
estudios de educacin bsica en el Colegio San Juan de la ciudad de Trujillo,
conoce a Csar Vallejo (1917), su profesor en primaria. Trabaja como
periodista en los diarios El Norte, donde conoce a Antenor Orrego (1928), y
en La Industria (1930). Ingresa a la Universidad Nacional de Trujillo (1930),
pero no terminara sus estudios universitarios por entrar en poltica. Es cofundador del partido aprista en esta ciudad.
Debido a la conspiracin y rebelin aprista en Trujillo (1932) contra
el gobierno de Luis Miguel Snchez Cerro, es encarcelado, y en el gobierno
de scar Raimundo Benavides deportado a Chile (1934), pas en el que
atraviesa serias dificultades econmicas y de salud (padece de tuberculosis).
En este pas escribe sus tres famosas obras que dan vuelta al mundo y gan
tres premios literarios con otras tantas novelas que le da nombrada de
escritor y fama de novelista. As public La serpiente de oro (1935) por la cual
gan el Primer Premio del concurso de novela convocado por la Editorial
Nascimento de Chile; Los perros hambrientos (1938), el Segundo premio del
concurso de novela convocado por la Editorial Zig-Zag de Chile; y, El mundo
es ancho y ajeno (1941), Primer premio del concurso Latinoamericano de
Novela convocado por la Editorial Farrar & Rinehart de Nueva York. Estas
obras fueron prohibidas en el Per 1. Se casa con Rosala Amzquita Alegra
Segn hace notar su esposa, Dora Varona en su libro sobre la biografa de Ciro Alegra, el
ao de nacimiento es, en realidad, 1908, pero no fue inscrito en el registro civil. Cuando
Alegra necesit de la partida de nacimiento para ingresar a la Universidad, fue inscrito
con un ao menos y, a partir de aqu, el autor afirma haber nacido en 1909. Este dato fue
proporcionado por su to materno, Constante Bazn, quien lo vio nacer. Sin embargo, su
esposa, para evitar desautorizarlo conviene que el ao sea el que Alegra afirma.
La razn de esta prohibicin por los gobiernos oligrquicos en el Per se debi a que,
segn stos, su contenido sera sedicioso dado que su autor era aprista. Sin embargo,
154
(1935), ta en segundo grado de parentesco. Tienen dos hijos, Ciro y Alonso;
y tiempo despus se divorciaran. Viaja a Estados Unidos (1941) a recibir el
premio por su obra cumbre El mundo es ancho y ajeno, con todos los gastos
pagados, hecho que le da cierta holgura econmica, toda vez que viva en la
pobreza. Para entonces, ya es un consagrado escritor de talla mundial.
Escribe para diferentes diarios y revistas internacionales, as como tambin
para los diarios limeos sobre actualidad poltica, social y cultural. En este
pas se casa con la portorriquea Ligia Marchand, no tiene descendencia y
pronto se divorciara.
Se separa definitivamente del APRA, por no coincidir con el tipo de
prctica poltica de su lder, Vctor Ral Haya de la Torre, y la del partido en
su conjunto. En sus diferentes viajes a Cuba, donde realiza conferencias y
cursos sobre literatura latinoamericana, conoce a su tercera y ltima esposa
(1956), la cubana Dora Varona, con quien tiene cuatro hijos: Cecilia, Ciro,
Gonzalo y Diego (naci cinco meses despus de la muerte del novelista).
Luego de ms de veinte aos de exilio, regresa al Per (1957) con una aureola
de fama internacional, hace vida poltica apoyando al partido Accin Popular
y es elegido diputado por el Departamento de La Libertad (1963). Falleci
del mal que lo aquej durante muchos aos, tuberculosis, en Chaclacayo,
Lima, en 1967, a la edad de 58 aos.
El novelista nunca pudo vivir a expensas de sus libros que le dieron
fama internacional.
Se sabe cmo bregamos los escritores en todas partes y ms en nuestros
pases. Yo lograba ganarme la vida escribiendo artculos para peridicos,
vendiendo tal cuento, componiendo solapas y buscando libros de dominio
pblico para las editoriales, corrigiendo pruebas y originales de otros,
etctera. Y en tal etctera va envuelto un permanente trajn de huidizos
logros. 2
Sin embargo, no obstante la adversidad, escribi una vasta obra literaria entre
novelas, cuentos, poemas, ensayos y crnicas. Adems de las ya
mencionadas, sus dems obras comprenden los siguientes ttulos: Tcnica de la
podra decirse, ms bien, que la causa radicaba en que su obra era prcticamente una
denuncia, en forma de novela, contra la explotacin que los gamonales ejercan hacia los
indgenas. El estado oligrquico peruano tema una rebelin mayor a la de Trujillo
realizada por los apristas. Aun as, sus obras entraban de contrabando y, aunque en forma
limitada al inicio, se llegaron a conocer.
Alegra, Ciro. Novela de mis novelas: El mundo es ancho y ajeno. En Ciro Alegra,
trayectoria y mensaje. Dora Varona (compiladora). Lima, Ed. Varona, 1972, p. 187.
155
novela (1949); Posibilidad de un teatro nuevo en Indoamrica (1950); Cien aos de vida
constructiva (1957); La desconocida (1961), novela corta; Duelo de caballeros
(cuentos, 1962); El grito (1967), cuento inconcluso; Panki y el guerrero (1968),
cuentos y leyendas de origen amaznico; Sueo y verdad de Amrica (1968);
Gabriela Mistral ntima (1969); La ofrenda de piedra (1969), cuentos; Siempre hay
caminos (1969, y sexta ed. en 1989); Lzaro (1972), novela inconclusa; La
revolucin cubana - Un testimonio personal (1973); Mucha suerte con harto palo (1976)
memorias formadas con los testimonios y las confidencias; Siete cuentos
quiromnticos (1978); El hombre que era amigo de la noche (1979), novela
inconclusa; El dilema de Krause (1979), novela pstuma e inconclusa; Fbulas y
leyendas americanas (1992); Once animales con alma y uno con garras (1997); Nace un
nio en los Andes (2004); Mi alforja de caminante (2007); y otros ttulos ms,
muchos de los cuales quedaron inconclusos. La publicacin pstuma de estas
obras ha sido un trabajo paciente y gradual en la compilacin realizada por su
esposa Dora Varona, quedando todava muchas inditas para ser publicadas.
Gracias a ella, podemos tener un conocimiento ms certero de la capacidad
del gran escritor peruano. Asimismo, sus obras han sido traducidas a varios
idiomas: ingls, francs, alemn, italiano, portugus, ruso, hebreo, holands,
sueco, noruego, dans, chino, serbio-croata, polaco, rumano, hngaro, rabe
y checo 3; lo que da cuenta de la importancia internacional del trabajo literario
de Ciro Alegra. A ello, se unen las mltiples ediciones realizadas por diversas
editoriales.
La novelstica del autor presenta dos etapas de desarrollo. La
primera, constituida por su novelstica mayor, que rene obras como: La
serpiente de oro, Los perros hambrientos y El mundo es ancho y ajeno, las que por su
temtica y estilo literario obtienen la fama y el reconocimiento mundial. Son
las obras mejor logradas de Alegra, pues en ellas trata el conflicto social
entre el gamonal y el comunero indgena, en el contexto geogrfico andino.
La segunda etapa, conformada por su novelstica menor, como: Lzaro y El
dilema de Krause, obras literarias inconclusas que despiertan expectativas en el
mundo literario, porque en ellas trata el conflicto del trabajador asalariado de
la Costa con el orden econmico y poltico imperantes, pero que el autor por
razones de indignacin ante la estafa y piratera editorial, no contina
desarrollndolas. Por este motivo, se vio obligado a ganarse la vida en otras
modalidades literarias como cuentos, ensayos, crnicas, etc., que contienen
un valor literario complementario, en tanto son gneros diferentes, pero
afines a la temtica que desarrolla en sus obras anteriores.
3
Ibid., p. 52.
156
Teniendo en cuenta este enfoque de la obra de Alegra el anlisis que
sigue abordar, en lo fundamental, estas dos etapas. Sin embargo, es
inobjetable tambin sealar que detrs de una novela literaria, subyace todo
un proceso de investigacin sobre el tema a escribir por el autor.
En tal sentido, la composicin literaria de una novela funciona
como puente que pone en contacto vivencia e imaginacin y, por lo tanto, su
lenguaje emite seales reconocibles y descifrables ms all de la literatura. 4
Estas caractersticas de la literatura en general, tienen su particularidad en la
novelstica de Alegra, quien al hacer referencia a su obra precisa que, sus
ingredientes bullan en m desde mi infancia y volcarlos dentro de la
concepcin del hecho en s fue ms tarea de redescubrimiento que de
imaginacin. 5 Adems, por el tipo de novela social que realiza, expresa:
Pero tanto por experiencia e ideas cuanto porque entiendo que en una
novela del pueblo deben entrar los conflictos del pueblo mismo, mi posicin
personal frente al indio es de adhesin y como escritor afronto sus
problemas bsicos. 6 De ah que la reflexin que sigue tomar los aspectos
de la obra literaria del autor, bsicamente en su primera etapa, enfocndola
en la perspectiva de la condicin humana 7 en la naturaleza del hombre
andino 8, como el intento de encontrar su aporte al tema en la realidad del
Per profundo.
4
5
6
7
Gazzolo, Ana Mara. En qu momento se haba jodido el Per? Interrogacin o
afirmacin?. En qu momento se jodi el Per. Lima, Ed. Milla Batres, 1990, p. 202.
Alegra. Novela de mis novelas: Los perros hambrientos Ob. cit., p. 150.
Ibid., p. 193.
La condicin humana reposa sobre la dbil e inestable base del medio social y de la
educacin; pero al liberarse del despotismo de la herencia, la humanidad ha podido
transformarse y crecer con una rapidez desconocida hasta entonces. (Vandel, A. El
fenmeno humano. Los procesos de hominizacin. [Link]. Mxico, Ed. Grijalbo, 1969, p.
33, (Coleccin 70).
Es necesario hacer notar la concepcin de Ciro Alegra al respecto, suscitado ante la
crtica comparativa que hace Mario Vargas Llosa sobre el indio de Jos Mara Arguedas y
el indio de Ciro Alegra. Para Vargas Llosa, los indios de ste ltimo no tienen el estilo de
los quechuas de aqul, lo que nos permitir conocer el objeto de la novelstica del autor.
ste, al respecto aclara lo siguiente: Mi indio es el norteo, un indio que no habla
quechua, amestizado, de decisiones rpidas, un tanto pragmtico. El indio de Arguedas es
el sureo y ms especficamente el apurimeo, ms silencioso y ms lricoEl indio del
norte es ms rebelde que el indio de Arguedas, pero carga tambin con toneladas de dolor.
En todos esos caracteres dismiles reside el futuro sustrato anmico del Per integrado.
Porque una de las preocupaciones fundamentales de los novelistas de estas latitudes es,
precisamente, formar patria. (citado en la obra de Dora Varona. La sombra del cndor.
Biografa ilustrada de Ciro Alegra. Lima, Ed. DISELPESA, 1993, p. 325).
157
Alegra describe en su obra la naturaleza andina en cuanto a su
geografa y climas de mltiples variedades asimtricas, as como una tierra
ubrrima en recursos materiales en provecho para el hombre y dems seres
vivos. Asimismo, al hombre andino que tras largusimos siglos de adaptacin,
conocimiento y formacin de su cultura ha podido organizar su propia
estructura productiva comunal y su consiguiente superestructura ideolgica,
centrado en sus creencias mgico-religiosas. Al respecto, Earl M. Aldrich
precisa que estos elementos caracterizan su obra novelstica: riqueza de
tema, conocimiento profundo de lo humano, y una construccin dctil para
expresar los sentimientos de los protagonistas y captar la esencia del
paisaje. 9 Dentro de este marco se observa que Alegra hace una penetrante
explicacin de cmo el hombre andino est ligado a la naturaleza, al punto
que se podra decir que el hombre es la naturaleza y la naturaleza es el
hombre en su realidad histrica milenaria.
Sin embargo, Alegra en su obra cumbre anota que:
los seres que se haban dado la tarea de existir all, entendan, desde
haca siglos, que la felicidad nace de la justicia y que la justicia nace del bien
de todos. As lo haban establecido el tiempo, la fuerza de la tradicin, la
voluntad de los hombres y el seguro don de la tierra. 10
En tal sentido, el proceso por el cual el hombre andino se adapta a los
rigores de una naturaleza agreste ha realizado un gran esfuerzo por construir
una civilizacin sobre la base de la justicia, el bienestar, la tradicin y el
cultivo de la tierra, valores que no fueron entendidos por el conquistador
ibrico y, mucho menos, por los mestizos criollos de las capitales costeas
formados en el sistema de valores occidentales.
Sobre estas dos realidades entre la del hombre del ande y el
occidental escribe: Los hombres tienen cabeza y corazn y de all las
diferencias, en tanto que el trigal no vive sino por sus races. 11
Alegra, a travs de sus obras, expresa su pensamiento social, el cual
refleja el problema del comunero indgena norteo en una etapa histrica de
la patria perteneciente a lo que los historiadores llaman repblica
aristocrtica o repblica oligrquica, de la era contempornea. A l le
interesa el sentido que adquiere las relaciones sociales entre el poblador
9
10
11
La ofrenda de piedra. Lima, Ed. Varona, 1978, p. 6.
El mundo es ancho y ajeno. Cap. I, p. 10.
Ibid., p. 15.
158
andino y el gamonal 12 en su lucha social, cultural y productiva, con el orden
establecido de la cultura occidental impuesta desde la colonia y continuada
en la repblica oligrquica, con todo sus consabidos resabios que sta
arrastra histricamente. As, muestra la divisin del trabajo dentro de la
comunidad andina compuesta por la tradicin, afirmando que:
Abram, el mayor era un diestro jinete; segundo, Pancho, amansaba toros
con mano firme; Nicasio, que le segua, labraba bateas y cucharas de aliso
que eran un primor, y el ltimo, Evaristo, algo entenda de acerar barretas y
rejas de arado. Estas resultaban, en verdad, sus habilidades adicionales.
Todos eran agricultores y su vida tena que ver, en primer lugar, con la
tierra. Se haban casado y puesto casa a parte. En cuanto a las hijas [las
hermanas de stos], Teresa, Otilia y Juanacha, ya estaban casadas tambin.
Como conviene a la mujer, saban hilar, tejer y cocinar y, desde luego, parir
robustos nios. 13
Se evidencia, pues, que sobre la base de la agricultura se realizan actividades
de artesana y ganadera como actividad productiva, que a su vez configura la
organizacin social y cultural de los hombres para el trabajo, las mujeres a
parir y criar nios, tradicin en la que se desarrolla la tradicin comunal
andina.
El carcter comunal de la organizacin social del poblador andino
est en relacin directa con la naturaleza, la cual comparten sin lmite, salvo
para medir la produccin acorde con sus necesidades. Esto implica la
formacin del culto mtico, mgico y religioso sobre la tierra que hace su
tradicin. Sin embargo, esta condicin humana del poblador andino est
enmarcada dentro de un orden social mayor cuya estructura productiva e
ideolgica occidental no los ha integrado como sus iguales en una sola gran
nacin. Desde la colonia y durante la repblica, stas estructuras se han
mantenido, en lo esencial, inclumes y, por consiguiente, la asimetra social y
cultural entre la cultura tradicional del ande con la cultura occidental de la
costa, ha derivado en hacer perennizar el statu quo que diferencia al amo del
12
13
El trmino gamonal es un peruanismo, acuado en el transcurso del siglo pasado [siglo
XIX], buscando establecer un smil entre la planta parsita y los terratenientesTena,
como es evidente, una connotacin crtica y despectiva. Pero ms all de las pasiones, el
trmino designaba la existencia del poder local: la privatizacin de la poltica, la
fragmentacin del dominio y su ejercicio a escala de un pueblo o de una provincia.
(Flores Galindo, Alberto. Buscando un inca: identidad y utopa en los andes. En Obras
completas. Lima, Ed. Sur Casa de Estudios del Socialismo, Tom. III, 2008, p. 262).
El mundo es ancho y ajeno, p. 15.
159
esclavo. Este carcter social de la realidad peruana es el que Alegra deja
claramente determinado a lo largo de su obra novelstica; configurndose as,
no slo la visin de una fractura social y cultural peruanos, sino la imagen
desgarradora de una existencia fsico-espiritual desintegrada en la vida del
hombre andino, que ve un destino no slo incierto sino vaco y carente de
sentido ante las condiciones a las que se ve sometido.
Esto explicara la actitud del hombre andino encerrado en s mismo,
como tratando de buscar para sus adentros la proteccin que en el mundo
exterior, dominado por los hombres occidentales en las relaciones sociales,
no encuentra ningn tipo de realizacin humana, en tanto que para stos el
hombre andino no es humano 14, y si lo es, est en inferioridad de condicin,
lo que trae como consecuencia exclusin, racismo, esclavismo y todo tipo de
vejacin inhumana a la cual est sometido. As se ha construido la historia
peruana y as la refleja Alegra con la caracterstica particular de su novela.
Este antagonismo social no es una mera especulacin terica de una
determinada ideologa poltica, es un hecho real y concreto como destaca
Alegra, entre gamonales y comuneros indgenas. Mientras los primeros
conciben su accin social en la apropiacin de la tierra comunal campesina
justificndola en la ley y el derecho; los segundos, conciben su accionar
social labrando la tierra, de esto se sigue que, el trabajo no debe ser para que
nadie se muera ni padezca sino para dar bienestar y la alegra. 15 Ciro Alegra
reafirma esta relacin entre gamonales y comuneros en palabras de uno de
sus personajes: Cuando un hacendado habla de derecho es que algo est
torcido y si existe ley, es slo la que sirve pa fregarnos. Ojal que a ninguno
de los hacendaos que hay por los linderos de Rumi se le ocurra sacar la ley.
Comuneros, tmanle ms que a la peste! 16
Esta actitud de rechazo ante la ley y el derecho, como la interpreta el
gamonal y por la institucionalidad del Estado, hace que el comunero se sienta
excluido, desprotegido como ciudadano peruano, pues es menospreciado y
vilipendiado por su raza, su ignorancia, su pobreza y sus condiciones
inhumanas de vida17. Y es as que Alegra exclama: A pesar de su ignorancia
14
15
16
17
esta gente no habla, no sabe comunicarseest como muerta. (Roncagliolo,
Santiago. Abril rojo. Lima, Ed. Santillana, 2006, p. 123).
El mundo es ancho y ajeno, p. 16.
Loc. cit.
El origen de esta demencial repulsin por lo aborigen y sus descendientes deviene despus
de la rebelin de Tpac Amaru. Atribuyendo al estallido de la rebelin no slo factores
econmicos (los repartos) sino tambin factores culturales, la administracin colonial
arremete contra todo lo que podra ser considerado como cultura andina: prohben el
160
y su pobreza decase, los comuneros jams haban hecho mal a nadie,
tratando de prosperar como se lo permitan sus pocas luces y sus escasos
medios econmicos. Por qu, seor, esa maldad? 18. Pese a ello, el Estado
pone de manifiesto, a travs de su estructura institucional, su actitud poltica
frente al comunero del ande, cuando ste tiene que afrontar sus derechos
frente a la burocracia estatal. Los diligentes funcionarios casi nunca
funcionaban y entretenan sus ocios pasando, a sus inmediatos superiores o
inferiores, oficios vacuos. 19 O cuando el Estado, a travs de sus rganos
competentes, busca mantener el orden pblico y acta frente a la comunidad
siguiendo el viejo esquema:
Los conscriptos para el servicio militar caan en una sola redada; no haba
medicamentos para combatir y ni siquiera prevenir las epidemias; las
escuelas carecan de tiles y estaban regidas por maestros tan ignorantes
como irremovibles, pues su nombramiento se deba a influenciasEn el
Per las cosas se hacen solas. nicamentecuando algn gamonal o
diputado reclamaba sus servicios, desplegaban una actividad inusitada. 20
Es evidente que el Estado mxima expresin poltica de la sociedad civil
responde, en la prctica, a los intereses del poder econmico de los ms
poderosos del pas; muy por el contrario, al poblador andino no lo ve, no lo
escucha, no le habla, ms que para darle imposiciones legales. De ah la
expresin en el Per las cosas se hacen solas, refirindose a intereses
particulares, elitistas que desarrollan este modo operandi y, en continuos actos
conspirativos tejen la maraa de sus mezquinos intereses proyectando la
sensacin de una mano invisible: las cosas se hacen solas. Alegra lo expresa en
un pasaje muy representativo de su novela cumbre, cuando dice:
Lo ms malo se puede guardar cuando se trata de gamonales. He visto, he
sentidoMi agelo perdi juicio de aguas que le gan un gamonal. Y qu
iba hacer el viejo sin el agua? Tuvo que venderle la tierra a precio regalao.
18
19
20
teatro y la pintura indgena, la lectura de los Comentarios Reales, el uso del quechua, la
vestimenta tradicional. Etnocidio? Lo cierto es que el indio empieza a ser tan
menospreciado como temido por quienes no lo son. La cultura andina deja los espacios
pblicos y se torna clandestina. Es entonces que los distingos raciales cobran una
importancia que no haba tenido antes. (Flores Galindo, A. Ob. cit., p. 240).
Alegra, Ciro. Ob. cit., p. 54.
Ibid., p. 65.
Ibid., pp. 65-66.
161
Mi taita vivi en arriendo, penando. Aqu todos han visto, pero no han
sentido. 21
He all la cuestin, el sentir de un ser humano que por su condicin humana
inferior ante el statu quo que lo rige en un medio social asfixiante y desolador,
empieza a surgir en l todos aquellos sentimientos de rechazo contra el
poderoso y las instituciones del Estado que, en contubernio, se muestran
indiferentes cometiendo tropelas. Surge entonces el descontento, que al ir
acumulndose, bastar una mnima accin de abuso para que estalle una gran
rebelin o convulsin social, hacindose incontrolable 22. Al Estado no le
queda ms que defender los intereses de la propiedad privada y de la clase
privilegiada a la cual responde en realidad, enviando a sus fuerzas represivas
para imponer el orden y conservar el estado de derecho.
La propiedad de la tierra siempre ha sido motivo de conflicto social
entre quienes la trabajan con su esfuerzo y quienes se la apropian por
privilegio, ilcitamente o con el apoyo de la ley. En esto el Estado
oligrquico, ha sido siempre juez y parte. Tal es el caso de la historia del
Per, la cual es testigo de las argucias polticas y legales de los poderosos y
opresores de este pas. Alegra lo expresa en los trminos siguientes:
Si tomo la comunidad, as me ayude la ley, se pensar siempre en un
despojo. Hay que guardar las apariencias en relacin con mi candidatura.
Con la comunidad y la hacienda vecina, adems de la explotacin del
mineral, ser el hombre ms poderoso de la provincia y uno de los ms
poderosos del departamento. Ser senador
Y calificndose como hombre de empresa, sostiene que:
El Per necesita de hombres de empresa, que hagan trabajar a la gente.
Qu se saca con humanitarismos de tres al cuarto? Trabajo y trabajo, y
para que haya trabajo precisa que las masas dependan de hombres que las
hagan trabajarNecesitamos hombres prcticos. 23
El gamonal de la repblica oligrquica peruana, siempre ha querido el poder
de dominio, conservar su feudo provincial como expresin de su riqueza y
valerse de la ley del Estado para consolidar su poder hegemnico de
21
22
23
Ibid., p. 118.
Slo falta uno para que la tierra se estremezca, se incendien las praderas, lo de arriba
quede abajo y lo de abajo, arriba. (Roncagliolo, Santiago. Ob. cit., p. 317).
Alegra, Ciro. Ob. cit., p. 154.
162
influencia en beneficio propio. El bienestar del poderoso est en la
apropiacin de tierras, y en la explotacin del comunero indgena; conservar
los mismos privilegios es competir por ms poder haciendo uso de los
medios polticos de la organizacin democrtica con aquellos semejantes a
l, los de su misma clase social. A esto ellos llaman ser hombres de bien,
honestos y respetables. A la clase social inferior, los campesinos indgenas,
se les ha impuesto el trabajo esclavizador, en condiciones inhumanas, para
que produzca una riqueza que no le pertenece y acabe su vida producindola
en absoluta enajenacin. Entonces, muy en sus adentros, comenzaban a
llegar a la conclusin de que eran indios, es decir que, por eso, estaban
solos. 24 Qu le queda al hombre andino si en medio de sus coetneos y
compatriotas, es excluido injustamente y el contexto social coadyuva a
aislarlo sin ninguna forma de defenderse, pues si lo hace utilizando los
medios que instituye el poderoso, siempre sale perdiendo en esta repblica
en la cual ellos no son considerados ciudadanos? Muy luego crecen los
expedientes cuando empapelan al pobre. Ya han visto que naides quiso
declarar en nuestro favor y al que quiso lo encarcelaron. 25 Esta es la forma
de la que se valen los encargados de hacer cumplir la ley, pues detrs de ella
existe el poder econmico.
Cuando el poder econmico privado encuentra su continuacin y
realizacin poltica en los poderes del Estado, el resultado no puede ser otro
que el abuso de poder en desmedro del trabajador asalariado. En la urbe ste
se poda valer de los derechos que le asiste en la ley y cuando haba que
reclamar lo haca a travs de paros, huelgas, etc.; pero en el rea rural, la cosa
era muy distinta sobre todo en el periodo de la repblica oligrquica ya
que los comuneros andinos no conocan de derechos, y la ignorancia, el
analfabetismo y el aislamiento cultural, lo han hecho muy vulnerables a la
explotacin indiscriminada e inhumana por parte de esa elite de gamonales, a
quienes los comuneros, en acto de sumisin, los llamaban patronos: Los
patronos lo pueden todo, mandan sus caporales pa que nos apresen y a ellas
les ayuda la fuerza pblica. Todo por una maldita deuda y la vida se nos va a
terminar entre la caa sin haber sabido nunca lo que es comer un pan con
tranquilidad. 26
Ante tal iniquidad, qu le queda al indio y su prole para evitar tanta
injusticia, evitando la violencia confrontacional contra el poder econmico
24
25
26
Ibid., p. 179.
Ibid., p. 196.
Alegra, Ciro. Ob. cit., p. 355.
163
del sistema que los aflige, sino slo guindose por lo aprendido por la iglesia
en los designios del amor al prjimo, los mandamientos de Dios para la
redencin del pecado y la salvacin eterna? A ese afn de paz religiosa se
puede creer en buscar mejor suerte por otros lugares, despus de todo el
mundo es ancho (tierra prometida?). Qu lugar en el Per est libre de
injusticias en la cual se pueda vivir con libertad, trabajar con justicia, lograr el
bienestar y reconocerse como seres humanos unidos sin discriminaciones o
prejuicio cultural de cualquier tipo? En la Costa, existe la servidumbre y el
racismo contra el indio; en la Sierra, la esclavitud, la pobreza y la muerte sea
por el gamonal o en el aislamiento; en la Selva, nadie vive en la selva sin
recibir su marca de ltigo, bala, zarpa, vbora, flecha, caucho. 27 De esto se
sigue que el mundo tambin es ajeno para el indio. Si el mundo es ancho y ajeno
en su propia patria, qu ms puede esperar el poblador andino. Es la
ignominia existencial ms grande que sentimiento humano alguno pueda
resistir en esta raza. La justicia en el Per, para ellos al parecer, no existe.
Ciro Alegra lo refiere en los siguientes trminos:
no hay justicia, no hay patria. Onde estn los hombres probos que la
patria necesita? Todos son unos logreros, unos serviles a las rdenes de los
poderosos. Un rico puede matar y nadie le hace nada. Un pobre da un
puete juerte y lo acusan de homicidio frustrao Onde est la igualdad
ante la ley? No creo en nada, mtenme si quieren 28
He aqu la resignacin y el escepticismo de un poblador peruano que no se
siente como tal, porque las leyes del Estado, que son para todos los
peruanos, organizndolos, dndoles deberes y reconocindoles derechos, al
comunero andino, no le reconoce nada. Son, por lo tanto, los ms pobres del
Per que viven en el reverso de la historia de esta patria, la ms cruel realidad
que los dems peruanos ignoran o son indiferentes ante esta situacin y
viven creyendo que la historia oficial, es la verdadera historia y nica, Qu le
queda a esa otra parte del Per que viven como despojos humanos? Dentro
del sistema actual, la toma de conciencia y la organizacin. Cuando los
pobres sepamos ser pobres, acabarn nuestras desgracias. Los pobres
tenemos el deber de la unin. No la unin casual, sino la unin organizada, el
sindicato.29 Es decir, la asuncin de una postura poltica, aquella que
permita enfrentar, ya no en la pasividad ignominiosa del abuso del poderoso,
27
28
29
Loc. cit.
Ibid., p. 361.
Ibid., p. 378.
164
sino a travs de la conciencia social de clase que permita identificarse y
organizadamente lograr un mejor estndar de vida, como un ser humano
civilizado. Pero para lograr esto, se hace necesario luchar por la libertad, por
leyes que se cumplan con justicia para todos y el trabajo sea realizacin
humana, de esta manera dejar de ser considerados como no personas 30.
Ante este estado de cosas, la protesta es la respuesta a la toma de
conciencia de una situacin de injusticia. Al respecto, Alegra expone
primero, en palabras de los comuneros, la conciencia que ellos tienen sobre
su situacin de explotacin:
Cuando la ley de tierras, se olvida de lo que va a ser la suerte de los
hombres que estn en esas tierras. La ley no los protege como hombres.
Los que mandan se justificarn diciendo: vyanse a otra parte, el mundo es
ancho. Cierto, es anchodonde nosotros, los pobres, solemos vivirel
mundo es ancho pero ajenoEn ese mundo ancho, cambiamos de lugar,
vamos de un lao pa otro buscando vida. Pero el mundo es ajeno y nada nos
da, nada, ni siquiera un gen salario, y el hombre muere con la frente
pegada a una tierra amarga de lgrimas. 31
Para luego, expresar la protesta que surge de esa toma de conciencia:
Defendamos nuestra tierra, nuestro sitio en el mundo, que as
defenderemos nuestra libert y nuestra vida. La suerte de los pobres es una
y pediremos a todos los pobres que nos acompaen. As
ganaremosMuchos, muchos, desde hace aos, siglos, se rebelaron y
perdieron. Que nadie se acobarde pensando en la derrota porque es peor
ser esclavo, sin pelear. Quin sabe los gobernantes comiencen a
comprender que la nacin no le conviene la injusticia. Pa permitir la muerte
de la comunid indgena se justifican diciendo que hay que despertar en el
indio el espritu de propied y as empiezan quitndole la nica que tiene.
Defendamos nuestra vida, comuneros. Defendamos nuestra tierra! 32
30
31
32
Concebir la historia como un proceso de liberacin del hombre, es percibir la libertad
como conquista histrica; es comprender que el paso de una libertad abstracta a una
libertad real no se realiza sin lucha con escollos, posibilidades de extravo y tentaciones
de evasin contra todo lo que oprime al hombre. Esto implica no slo mejores
condiciones de vida, un cambio radical de estructura, una revolucin social, sino mucho
ms: la creacin continua, y siempre inacabada, de una nueva manera de ser hombre una
revolucin cultural permanente. (Gutirrez, Gustavo. Teologa de la liberacin. Perspectivas.
Lima, Centros de Estudios y Publicaciones (CEP), 1984, p. 53).
Alegra, Ciro. Ob. cit., p. 449.
Loc. cit.
165
Escindida la sociedad en un sistema econmico y social que acenta el
antagonismo, sobre la base de la propiedad privada, se impone la
explotacin, la exclusin social, el racismo y la muerte gradual en una lucha
por la existencia entre clases sociales antagnicas. Donde quiera que haya
riqueza natural para la vida y en la cual se desarrolle este antagonismo
econmico y social de explotadores y explotados el mundo ser ancho y
ajeno. Mientras existan unos que se vean obligados a servir como
herramientas de produccin para producir riqueza para otros que se la
apropien apoyndose en la ley del Estado, siempre habr la necesidad
imperativa de la organizacin para luchar por la libertad real o morir por ella
para ser libres. En esta perspectiva, Alegra dice: Con el indio se comete
injusticia material tanto como injusticia intelectual, que es la peor de todas.
Es frecuente escuchar a los miembros de nuestras llamadas clases altas
dirigentes e intelectuales, hablar de los indios considerndolos una raza
incapaz o decadente. 33
Y expresa que:
Habra, en cambio, que buscar la decadencia y la incapacidad en esas
oligarquas criollas que no han sido capaces de asimilar siquiera los
principios de la Revolucin Francesa, de los cuales, para mayor irona, se
proclaman partidarias. Al menos, atenindose a lo que dicen sus ms
caracterizados voceros, son demcratas. 34
Si bien esta realidad social que destaca Alegra en su novelstica se
desenvuelve dentro de la poca de nuestra historia denominada repblica
oligrquica, tambin es cierto que las cosas, en la actualidad, la repblica
liberal del siglo XXI, no ha variado mucho la situacin del comunero
indgena, en tanto se tiene por principio de filosofa poltica y econmica la
privatizacin de tierras o como tambin se le conoce con el eufemismo de
inversin privada, que ser la que generar crecimiento econmico y
empleo para muchos.
Es evidente, que los problemas de la tierra, el hambre y los
conflictos sociales entre el dominante poderoso como el gamonal contra el
comunero indgena en el contexto de la repblica oligrquica que destaca
Alegra en su novelstica, no se reduce a esa etapa histrica de nuestra patria.
El mundo ha cambiado, cierto, pero slo cambi de rostros y categoras,
gamonal provinciano por ejecutivo transnacional, lo que se mantiene, en
33
34
Novela de mis novelas: El mundo es ancho y ajeno Ob. cit., p. 195.
Loc. cit.
166
esencia, son las condiciones sociales y econmicas antagnicas y, por
supuesto, su consecuencia derivada: el hambre y la pobreza. Es decir, que el
mundo globalizado es ancho, nadie lo niega, pero nadie podr negar que en
igual medida tambin sea ajeno para el excluido social, el expoliado, el
miserable, el que vive en condiciones de despojo humano, o sea, la mayora
de la poblacin mundial 35. En otras palabras, el espritu de la obra de Ciro
Alegra, es ms actual que nunca, en tanto los problemas que hace notar, son
propios de los sistemas antagnicos, como en el que vivimos.
Cmo afrontar tal situacin en el contexto global de la llamada era
del conocimiento, dentro del mbito de nuestra realidad nacional teniendo en
cuenta la cosmovisin del comunero andino, sobre la base de su actual
condicin social y econmica? Es algo sobre lo que tambin el autor da las
pautas referenciales para vislumbrar una salida.
La forma que tiene de entender el mundo el comunero indgena, es a
travs de su sistema de creencias amalgama de catolicismo, supersticin,
pantesmo e idolatra estructurada en el proceso del tiempo. En efecto,
dentro de este conglomerado de elementos tan dismiles, se forma la
cosmovisin de su existencia, en la cual la imaginacin juega un rol
determinado 36. Y, en tanto estos elementos se mueven en el plano de la
subjetividad, la emotividad es la base de los mismos que se despliega a travs
del sentimiento de fe, por lo que conlleva asociarla con una conducta moral y
sagrada que norma sus relaciones sociales y comportamiento intimista. Todo
esto no es sino la expresin de un pasado teocrtico con una religiosidad
mtica y mgica muy acentuada, que subyace en su devocin religiosa,
35
36
Este problema se vive en la actualidad con la aplicacin masiva de cultivos transgnicos
no slo no conseguira resolver el problema del hambre, sino que, antes al contrario,
podra perpetuarlo e incluso agravarlo. Si las semillas transgnicas continan siendo
desarrolladas y promovidas exclusivamente por empresas privadas, los agricultores pobres
no podrn costearlas. Si la industria de la biotecnologa sigue protegiendo sus productos
con patentes que impidan que el agricultor guarde semilla de su propia cosecha para la
siguiente siembra o para intercambiar, los pobres sern cada vez ms dependientes y
estarn ms marginados. (Capra, Fritjof. Las conexiones ocultas. Barcelona, Ed. Anagrama,
2003, p. 243).
el universo se refiere tanto a la parte de la naturaleza con la cual el hombre y el grupo
tienen contacto as como a su proyeccin en la esfera de la imaginacin simblica, sin que
se advierta la separacin entre lo que nosotros llamamos natural y sobrenatural; puede
decirse que el universo est animado de una suerte de latencia numinosa que se condensa
en una serie de entidades supranaturales, cada una con un papel y una ubicacin
especficos, y en cuyas relaciones el hombre afirma y define su condicin existencial.
(Silva Santisteban, Fernando. El pensamiento mgico-religioso en el Per
contemporneo. En Historia del Per. Lima, Ed. Meja Baca, 1980, Tom. XII, p. 33).
167
catlica, adquirida en la conquista por imposicin. A ello se suma la geografa
agreste que lo hace inaccesible al comercio nacional, predominantemente
limeo, de fuerte arraigo occidental, lo que conlleva a su aislamiento cultural
y, por supuesto, a reafirmar aquella idiosincrasia peruana que se refleja en la
poltica gubernamental, segn la cual Lima es el Per y viceversa. Esto
explica por qu a la cosmovisin andina centrada en lo tradicional ancestromedieval, le cuesta mucho tener que adaptarse a la dinmica cultural
occidental; adems, claro est, de afrontar los prejuicios racistas costeos.
Ello los hace ms susceptibles de ser utilizados como medio de explotacin
de riquezas.
En la novelstica de Ciro Alegra, destaca este problema expresado
en trminos generales. As, nos dice:
Ellos creen que Dios es el rbol ms alto y el ro ms grande y tienen sus
ritos y sus brujos que los adoctrinan. Si se hacen cristianos es por el inters.
En tiempos pasados iban frailes misioneros que obsequiaban a los indios
con el objeto de atrarselos, porque las prdicas ms todava teniendo que
emplear intrprete no daban resultado. Les parece muy embrollado lo de
los misterios de la virginidad de Mara o de la Santsima Trinidad y menos
pueden aceptar eso de que un hombre se deje matar para salvar a otros. 37
Es evidente que para entender la doctrina catlica parten de lo que ellos
siempre han credo, la naturaleza real y concreta, pues es sta la que las
prodiga de la vida, por lo que entender la teologa catlica les ha sido
sumamente difcil y pueril.
Se sabe, por lo que dicen los historiadores, arquelogos y
antroplogos, que los indios eran politestas y, entre otras cosas, crean en el
dios Sol, as como en Pachacmac y Viracocha (o Wiracocha). Sin embargo,
Alegra destaca en su novela y diferentes cuentos, el culto sagrado a la piedra
por parte del comunero indgena. As, destaca: La piedra no es cosa de
despreciarla Qu fuera el mundo sin piedra? Se hundira. La piedra
sostiene la tierra. 38 Por lo que su significado sagrado no solo conduce a
rendirle culto, sino a compenetrarse espiritualmente para entender el
designio de la vida y las cosas por venir. Rumi quiere decir piedra El
cerro Rumi era a la vez arisco y manso, contumaz y auspicioso, lleno de
gravedad y de bondad. El indio Rosendo Maqui crea entender sus secretos
fsicos y espirituales como los suyos propiosdebemos considerar el amor
37
38
La serpiente de oro. Lima, Ed. Varona, 1972, p. 72.
La ofrenda de piedra. Lima, Ed. Varona, 1978, p. 32.
168
como acicate del conocimiento y la posesin39. As se expresa Alegra en un
pasaje de su obra cumbre, pero tambin destaca que la comunicacin entre el
indio y la piedra tiene un rito prctico, como chacchar coca y beber chicha de
maz. Con estos componentes, se sita en lo ms alto del cerro Rumi en
actitud de solemne concentracin y soledad para entrar en contacto con el
espritu de la piedra. El viento de la altura y el roce que ste hace en las
roquedades ptreas del cerro hace sugerir la voz de la piedra. Este culto
sagrado por la piedra como significado del deber ser y el destino, explicara el
que las diferentes edificaciones sagradas incaicas, y antes de ellas las preincas, sean de piedra. Esto nos sugiere conjeturar que aqu se encontrara la
base del pensamiento organizativo del incario, que los amautas supieron
desarrollar y reservar como poltica del Estado teocrtico inca, en el sentido
de que les sirvi de impulso emotivo y de instinto e intuicin creativa hacia la
formacin de una racionalidad prctica y efectiva de su sociedad y cultura,
aunque est cubierto con el velo de la religiosidad mtica y mgica 40.
Esta prctica ritual es algo que los extirpadores de idolatras no
pudieron eliminar del sistema de creencias del indgena. Si bien, dadas las
condiciones de su existencia material y espiritual, l acept muy a su pesar la
religin catlica, la entendi a su manera. De ah que ella no pudo
compenetrar su ser, esto es conseguir eliminar de su fuero interno la
pervivencia de su intimismo mtico-pantesta. Sin embargo, en un ensayo de
tal pretensin, habra que observar aqu un proceso de aculturacin 41 en
donde se funden dos creencias que dejan ver sus aspectos distintivos: por un
lado, la tradicin ancestral exclusivamente andina que proviene de un pasado
milenario, y, por otro, la tradicin catlica que proviene de cuatro centurias
de conquista y continuada en los casi dos siglos de repblica. Desde una
perspectiva filosfica, podramos caracterizar a la cosmovisin andina
contempornea, como un eclecticismo religioso aculturado, lo que supondra un
rasgo de originalidad en el proceso de su configuracin histrica42. Pero en
39
40
41
42
El mundo es ancho y ajeno, Cap. I, p. 9.
Es evidente que las creencias mticas y mgico-religiosas son para quienes las poseen una
forma de conocimiento y teora de la naturaleza del hombre y del mundo. (Silva
Santisteban, Fernando. Ob. cit., p. 95).
Se entiende por aculturacin el conjunto de fenmenos que resulta del contacto directo y
continuado de grupos de individuos que participan de culturas diferentes. (Ibid., p. 23).
los vencidos se apropian de las formas que introducen los vencedores pero les otorgan
un contenido propio, con lo que terminan elaborando un producto diferente. No repiten
el discurso que se les quiere imponer pero tampoco siguen con sus propias
concepcionesLos personajes podrn ser los mismos Cristo, el Espritu Santo, el rey
169
tanto el medio en que vive le obliga a seguir las normas culturales
imperantes, el comunero indgena las sigue dentro de su entendimiento. De
all en decir: El indio, ser terrgena, entiende lo religioso en funcin de
humanidad 43. Mientras la prdica religiosa catlica se caracteriza ms por su
lirismo retrico 44, la religiosidad indgena, por el contrario tiende a ser
prctica y entregar resultados efectivos. Esto explica por qu mucha gente
acude a los curanderos indgenas ante el asombro de la raza dominante,
que ve los efectos prcticos inmediatos de ese tipo de creencia.
Alegra hace notar ese dinamismo de las creencias de los indgenas,
en el sentido que venimos analizando, cuando las contrasta con la de los
clrigos cristianos y, por extensin, a la de los pastores de las dems
confesiones religiosas. As, por ejemplo, destaca que eso de andar con
sotana y hablar sin que lo entienda nadie delante de un libro, que siempre es
el mismo libro, no demanda gran trabajo 45, no les ha dado a esos
predicadores el ascendiente moral en los comuneros indgenas, como s lo
tienen los brujos curanderos de la comunidad, pues, mientras aquel espera el
milagro en plegarias 46, ste hace el milagro en la prctica 47.
El alma indgena, no es un espectro sin sentido, es el hbitat de sus
sentimientos oprimidos de impotencia, de soledad, de abandono y toda
sensacin de desgarro desintegrador de sus emociones como humano,
debido a la situacin de injusticia a la que se ve sometido y que ya hemos
expuesto anteriormente. Una de las fuentes de desahogo que tiene es el arte
en la msica. Alegra nos dice: Es contagiosa la tremenda congoja de esos
cantos que articula el dolor desde las entraas de una raza sufrida y paciente,
vctima de una servidumbre despiadada y de la cordillera abrupta y la niebla,
43
44
45
46
47
pero el producto final es inconfundiblemente original. (Flores Galindo, Alberto. Ob. cit.,
pp. 66-68).
El mundo es ancho y ajeno, p. 186.
El cristianismo es una religin de la palabra: privilegia la transmisin oral, la lectura y el
comentario de los textos sagrados, la prdica y el sermn, la confesin y la absolucin.
(Flores Galindo, A. Ob. cit., p. 44).
La serpiente de oro, pp. 114-115.
El sacerdote catlico, cuya misin es atender el culto de Dios, la Virgen y los Santos,
predicar el Evangelio, administrar los sacramentos y conducir a la grey por el camino de
salvacin. (Flores Galindo, A. Ob. cit., p. 31).
La religiosidad andina permite vivir y resolver problemas muy inmediatos. Cules?
Desde un animal perdido hasta las amenazas de un vecino pero sobre todo: protege ante
la precariedad de la vida a los miembros de una sociedad siempre prximos a los desastres
(temblores, terremotos, derrumbes) y que subsisten asediados por epidemias. Las
consultas ms frecuentes se refieren a la salud. (Ibid., p. 83).
170
de la soledad y del viento. 48 De muy poco sirvi antao las protestas de
Bartolom, con todo el valor que estas tienen, as como del ms
contemporneo como Gustavo Gutirrez, para denunciar el abuso, la
exclusin y el racismo. El problema, en realidad, no es de conceptos y
discursos, el fondo de todo subyace en la base productiva del sistema sobre
la cual se erige el campo ideolgico y de la cual a su vez, dependen los
conceptos y discursos. Esta realidad es un hecho y el hecho es historia, la
historia como suceso humano, registra sus acciones y sus comunicaciones,
las que juzgan su recta medida a travs del tiempo, y esto, es algo que no se
puede borrar, tal vez distorsionar mal intencionadamente, pero jams
eliminarla porque es el alma de un pueblo.
Al comunero indgena, los telogos le quisieron hacer creer que
Dios da la vida, y es probable que les creyera, pero el indio tambin les
demostr que cuando el poderoso gamonal lo somete al hambre y pobreza
injusta a extremos prfidos, Dios, Santos y cualquier reliquia cristiana, no es
ms que un mero simbolismo espurio e intil. En este sentido Alegra
expresa:
Qu se iba a comer ni beber, si alimento no haba, y chicha se hace de
maz y no de piedras. Qu se iba a tocar si la nica tonada era la fiera del
viento. Qu se iba a bailar ni cantar si ya no haba corazn. La Virgen
hallbase olvidada de sus hijos lo mismo que San Lorenzo, el santo patrn
de Pucar la imagen tena tradicionalmente, un manojo de espigas. Los
campesinos se la ofrendan todos los aos, pues para ellos son las espigas las
ms bellas flores que florece la tierra. Y ya no estaba all el grano haz. 49
Aqu se demuestra que si no se suple lo bsico para la vida, la mente no
podr elucubrar otra cosa que no sea la forma de conseguir el sustento
material para sostener la vida; por eso la expresin: no slo de pan vive el
hombre, es una mezquina y pueril ideologa de la dominacin medieval que
se puede responder: sin pan, el hombre simplemente no vive! Todas las
argucias teolgicas que afloran en la imposicin de la religin catlica en
particular y de la religin en general, para evangelizar al indio (o al inocente
en general), slo tuvo (y tiene hasta hoy) un resultado: Todo quedaba
aparentemente claro y a la vez tan oscuro como antes. 50 No obstante los
denodados esfuerzos de los clrigos para atraerlos con premios. El premio
48
49
50
La serpiente de oro, p. 78.
Los perros hambrientos. Lima, Ed. Mantaro, 1994, pp. 116-117.
La ofrenda de piedra, p. 132.
171
consista en herramientas, telas, armas, espejos y todo lo necesario para el
hombre, y en una vida mejor dentro de la iglesia. 51 Es irnico cmo la
iglesia tiene que valerse de objetos materiales y anteponerla como medio de
dar a conocer la espiritualidad religiosa al indio, que el milagro de la palabra
de Dios, segn la Biblia, no es capaz de convencer con slo predicarla, lo que
conduce a la distorsin interpretativa de la realidad para alcanzar el fin
deseado, la evangelizacin, que en trminos reales se refleja en la ignorancia y
mansedumbre de los creyentes cristianos y que constituyen su base social.
Esta es la forma y la esencia de la superestructura ideolgica andina,
es decir, mostrar la configuracin de su estructura interna y la manifestacin
en su vida prctica a travs de este anlisis, que ha constituido el objetivo, en
el estudio de la obra de uno de los mejores literatos, Ciro Alegra. El autor
expresa descarnadamente el problema fsico y psquico del indio en el Per;
pone en tela de juicio su trato social, econmico, poltico y cultural; llama la
atencin que el indio es un ser humano de una cultura ancestral milenaria
diferente a la occidental que actualmente predomina, pero que en vez de
integrarlo se le ha aislado con el trato despectivo y racista. Alegra expone el
problema nacional en su novelstica que otros autores como J. C. Maritegui,
J. Basadre, G. Gutirrez, etc., lo han hecho desde otras perspectivas literarias.
La obra del autor, es pues, humanista en un horizonte social-progresista, que
lo expresa cuando dice: mi punto de vista dialctico est relacionado con la
liberacin integral del hombre antes que con ningn ismo circunstancial.52
Se puede percibir que lo expuesto por l en sus obras, si bien reflejan
un problema adquirido en el decurso de la historia, tambin hace evidente
que el destino histrico se construye con la participacin de todos los
ciudadanos y ciudadanas; y por lo tanto, la necesidad de transformacin del
estado de cosas existentes mientras no surja como una decisin colectiva, y
con el conocimiento a fondo de lo que se desea transformar, de acuerdo a la
realidad natural y social, difcilmente se podr esperar una solucin real a los
aparentemente sempiternos problemas. Se hace evidente tambin que
sumidos en las creencias, sean estas cristianas o mtico-mgicas, no se
conduce a la solucin de los problemas pues el misticismo distorsiona la
realidad natural y social. El pensamiento de Alegra se actualiza, asimismo,
cuando desliza entre lneas la idea de conocer la ciencia que ha trado
progreso al mundo occidental, entendindola, desde una perspectiva
ecolgica, social y progresista.
51
52
Sueo y verdad de Amrica. Lima, Ed. Universo, 1973, pp. 30-31.
Novela de mis novelas: El mundo es ancho y ajeno Ob. cit., p. 194.
172
La perspectiva del indio del ande peruano ante el proceso de
globalizacin en su etapa de la era del conocimiento, es de expectativa
como ser humano. Alegra, contra todo tipo de prejuicio racial de
superioridad o de otra ndole, dice: el indio, segn comprobacin cientfica,
no ha perdido su capacidad intelectual es apto para asimilar la cultura
moderna haciendo adems una sagaz seleccin de valores con claro juicio de
fina sensibilidad, llegaremos a concluir que su postergacin es transitoria. 53
Ya en su obra cumbre, el autor muestra dos tipos de lderes indios: Entre la
actitud resignada estoica y de alianza mstica con la tierra de Rosendo Maqui
y la decididamente moderna y revolucionaria de Benito Castro, parece
quebrarse toda esperanza. Es como si la servidumbre fuera su nico destino.
As ocurre en la realidad. 54 El significado social y poltico de estos dos
personajes es importante porque si por un lado, muestra al viejo Rosendo
Maqui, sabio, de decisiones prcticas, mstico, que vivi en la comunidad
toda su vida, lo caracteriza la resignacin estoica y la lucha por el bien de la
misma; por otro lado, a su sucesor Benito Castro, joven que obligado a servir
en el ejrcito, fue destacado a diferentes partes del pas, lo que le dio un
panorama mayor de la realidad en que viva y al asimilar la cultura occidental
costea, adopta una actitud revolucionaria de conciencia social por la lucha
de los derechos de la comunidad ante el abuso del gamonal, y aunque esto
lleve a la muerte por la libertad, da importancia al carcter del indio en no
dejarse vencer por el sistema opresor y mostrarse, as mismo, con la
capacidad para progresar resistiendo con paciencia en medio de la
servidumbre que lo oprime. De esto se sigue que una educacin aislada no
trae progreso, por muy talentoso que se pueda ser, mientras una educacin
intercultural de perspectiva moderna, conlleva a la formacin de una
concepcin del mundo integral y global, algo que revoluciona la mente y la
accin social, en un sentido individual o colectivo. El comunero indgena,
por tanto, es capaz de aprender con inteligencia creativa y en la misma forma
al desarrollo nacional. Slo es cuestin de pensar en l como ser humano e
integrarlo para la formacin de una cultura integral de progreso y desarrollo.
Lamentablemente la tradicin colonial, dominada por el esquema
mental del conquistador de clase superior sobre el pueblo vencido, una vez
abatida su cultura, ense, impositivamente, a travs de ms de cuatro
centurias, que el indio debe ser visto como objeto o herramienta para la
53
54
Ibid., p. 196.
Ibid., p. 195.
173
extraccin de riqueza, por lo que no era necesario educarlo, en tanto es
objeto para una sola cosa, a lo sumo evangelizarlo, como sinnimo de
civilizacin. Esta concepcin absurda se ha venido practicando en casi dos
centurias de vida republicana independiente. Se ha credo lo que han hecho
creer, que ese objeto indgena, no tiene sentimientos, no piensa, no es capaz
en nada, es un lastre para la sociedad, inducindolos a ser un ser con sentido
de utilidad econmica de segunda categora: ms vale el metal precioso que
se extrae de las minas que el indio que lo extrae arriesgando su vida en ello;
ms vale el producto comestible que produce la tierra en el ande, que el indio
que la hace producir en condiciones climticas adversas que ningn costeo
con toda la sabidura que se precie tener de clase superior, podra resistir.
El problema ha sido, y lo sigue siendo, dentro de la concepcin como pas, el
que nosotros slo hemos credo una tradicin colonial, actuando
irracionalmente, indiferentes como seres humanos respecto al indio andino y
amaznico: que el primero viva en las altas punas en las cuales hacen vida
comunal en base a una economa domstica, no ha interesado y es
indiferente, salvo para cuando se le requiera como fuerza de trabajo en las
minas o alguna otra actividad productiva que demande mano de obra barata
no calificada que emplee fuerza bruta; as como tampoco nos ha interesado
y nos es indiferente que el segundo viva entre las espesas vegetaciones
boscosas de la selva, o si hace una vida tribal con arco, flecha, cerbatana y
balsa en base a una economa de caza y recoleccin, en permanentes
conflictos tribales que evoca al primitivismo pre-histrico. Estos slo
cobraron importancia econmica en la extraccin del caucho, tan preciado
oro negro, que perteneci a una poca que se esfum como progreso y
desarrollo de la Amazona peruana, para pasar a ser recuerdo en las pginas
de los libros de historia; y, en la actualidad, sus tierras tienen valor para el
capital transnacional que el Estado pretende vender y/o concesionar en
forma inconsulta a sus pobladores oriundos, generando conflictos sociales.
De lo que se trata es de integrarlos como parte nuestra, para ello hay
que despojarse de supersticiones y prejuicios de herencia colonial. Esto no se
va a lograr si no se tiene una perspectiva de pas integral, con base en un
horizonte humanizador, no de esos lricamente teolgicos o ideologas de
todos los ismos, sino ese humanismo con identidad propia que debe ser
construido desde las entraas de nuestro ser como peruanos; es decir, en
todas sus dimensiones: geogrficas, climticas, ecolgicas, productivas,
sociales, culturales y, por cierto, humanas en todas sus variedades raciales.
Un humanismo que se oriente hacia una modernidad cientfica y tecnolgica
como propuesta de desarrollo ajustado a nuestra realidad y perteneciente a
174
ella, posible de mostrarse al mundo como un modelo propio. Sin embargo,
hasta que no se tenga claro este horizonte, la educacin del indio nunca ser
un hecho humanizador, seguir siendo, como lo es hoy, excluyente y/o
displicente e indiferente.
Ahora se analizar la segunda etapa de su novelstica que transcurre
en la Costa. Esta regin se caracteriza por una geografa relativamente
uniforme, es decir, plana, cuyos accidentes geogrficos son mnimos, zonas
desrticas, ros, valles y colinda con el Ocano Pacfico; su clima es tropical
en el norte, semitropical en el centro y fro en el Sur. La produccin
caracterstica es la agricultura y la industria. La agricultura en esta regin est
ms desarrollada que en los Andes y la tecnologa que emplea mejora
notablemente la produccin. En el periodo de la decadencia de la repblica
oligrquica, en que comienza a penetrar el capitalismo, se desarroll la
produccin de caa de azcar en los ingenios azucareros, los cuales
empleaban a obreros tanto costeos como indgenas andinos bajo el sistema
de enganche. La realidad social y econmica que refleja la pobreza de los
obreros de la Costa, es la que Alegra trata en esta etapa de su novelstica menor
e inconclusa. El conflicto social se centra bsicamente en el trabajador
asalariado y la lucha poltica que se deriva de la explotacin econmica en el
sector agrcola de la Costa norte.
Las relaciones sociales en la Costa, por el adelanto de la industria y la
tcnica de la agricultura, as como por las cuestiones ideolgicas inmersas en
ella que comprometen a movimientos polticos y sociales, se vuelven mucho
ms complejas, por lo que el conflicto antagnico entre clases sociales es ms
encarnizada, que oscila entre la vida y la muerte, entre el sufrimiento de
muchos y el placer de pocos, en mutua relacin. La asimetra social es ms que
evidente cuando se genera en la produccin material, pero es aparente a
guisa de engao cuando la dan a conocer los medios de comunicacin
masiva que, en su mayora, son de capital privado.
Alegra deja entrever el antagonismo social existente en la Costa que
estriba en la produccin material y cmo esto genera la angustiosa necesidad
por obtener lo bsico para la vida en medio del conflicto que emerge de las
relaciones sociales. A diferencia de la realidad social del comunero indgena
en los Andes, el trabajador asalariado de la Costa es ms organizado
polticamente; llevado por los ideales socialistas o anarquistas, se organizan
en sindicatos en cada factor productivo, para defenderse de la explotacin
injustificada de la patronal y hacer respetar la calidad del asalariado por un
mejor estndar de vida que le permita vivir como ser humano.
175
El sistema imperante establece toda una estructura de argucias
legales y una fuerza armada de contencin para salir siempre victorioso
contra cualquier amenaza que ponga en peligro sus intereses. stos, por
cierto, bajo el eufemismo de la poltica, la proyectan como inters del pueblo,
por lo tanto, ste debe acatar las reglas del pacto social que lo conducira al
bienestar y la felicidad. Sin embargo, cuando el hambre arrecia sobre la base
de la injusticia y la explotacin, los pobres, organizados polticamente, hacen
uso de su derecho a la protesta y a la paralizacin del trabajo para reclamar
reivindicaciones laborales que el empresario se apropia. Cmo responde el
sistema oligrquico? Alegra responde: Con el propsito de rendir a los
huelguistas por hambre e impedir sus reuniones, la guardia civil haba
prohibido que las bodegas, restorantes, pulperas y bares abrieran sus puertas
y atendiesen en cualquier forma al pblico.55 Y para que esto se cumpla,
utilizan diferentes formas de imposicin desde las legales hasta las ilegales. La
forma legal es la fuerza pblica. Mandan al ejrcito a reprimir pa que el
pueblo lo odiepa que se sienta odiao y no quiera al puebloy el ejrcito
sea nada ms que una guardia de los que mandan, de los tiranos y los
ricos. 56 La otra forma, la ilegal, es el uso indebido del servicio de
inteligencia. La polica secreta de carcter poltico existe en la misma
Europa. Es una institucin nacional al servicio del Estado. Un instrumento
del orden. 57 Si bien el servicio de inteligencia tiene carcter legal, como
parte de los rganos de un Estado, su utilizacin poltica al margen de la ley
para combatir organizaciones sociales y laborales, la vuelve ilegal, en tanto
esto significa, capturar y/o liquidar a los lderes de tales organizaciones. Aqu
el Estado y la clase social dominante, en mutuo contubernio defienden el
sistema en el cual ellos son los privilegiados a costa del trabajo del vulgo.
Cuando se logra capturar a los lderes de tales organizaciones entra a tallar
otro rgano legal del sistema, el Poder Judicial. La justicia en el Per, es
relativa, de ah que Alegra haga notar: Aunque las leyes lo reconocen, para
el hombre de pueblo peruano y especialmente para el indio, no rige el habeas
corpus. En el mejor de los casos, conseguir que se lo aplique demanda
abogados y dinero. 58 Con esto se cierra el cerco para el pobre y el sistema
triunfa; aqul va a parar al sistema de carcelera que son verdaderas
sepulturas, donde lo van matando lentamente, y con eso, las cosas se
55
56
57
58
Alegra, Ciro. Lzaro. Lima, Ed. Varona, 1979, p. 99.
Ibid., p. 25.
Ibid., p. 128.
Ibid., p. 60.
176
mantienen en el punto que sus defensores quieren, pero esto lo logran a un
altsimo costo de vidas humanas, la de los pobres.
Esta experiencia forja en el ideario poltico de los agobiados por la
pobreza cierta resignacin que Alegra recalca:
Hay puertas cerradas con dos candados y quizs con tres. Uno es la
pobreza. Naces pobre, ste es el primer candado. No te puedes educar, se
es el segundo candado. Y el tercero, pues, que los ricos tienen la fuerza. Ese
es el tercer candadoEntonces, si el pobre se desespera, la pobreza le
duele msUn poco de resignacin en el pecho, y el pobre va pasando. 59
He aqu el consuelo, el padecimiento, el sufrimiento, resignacin aciaga de un
pueblo que lucha en silencio contra el sistema que lo oprime. La condicin
del sufrimiento nos iguala a todos los pobresuna cosa es sufrir los dolores
corrientes de la vida y otra sufrir injusticias. 60 As han reducido al pueblo la
elite gobernante, tanto en lo poltico como en lo econmico,
ensombrecindolo en el temor que causa su tirana, limitndolos a lo bsico
para la vida. La actividad concreta y su ideologa se reducen al primitivismo
histrico de lucha por la vida, que Alegra expresa: Cunto sudor y
pensamiento dedica el pobre al mero problema de sustentarse! 61
El pobre al que se refiere Alegra en la Costa, es aquel que trabaja en
los ingenios azucareros del Norte del pas, haciendas pertenecientes al capital
privado. ste, para poner en marcha esta actividad productiva, requiere de
brazos humanos que la hagan producir y, para ello, se valen del sistema de
enganche, segn el cual, se contrata al trabajador pagndole una cantidad
monetaria determinada por adelantado. Y mientras ms solicite el
enganchado, ms tiempo estar comprometido con la patronal a quien ahora
le pertenece; no importa la condicin del trabajo, lo central es que, con su
trabajo, pague el adelanto dado. Los trabajadores contratados pueden ser de
la Costa o de los Andes, su procedencia no cuenta, sino el producto de su
trabajo, la ganancia para la patronal. En tal sentido, Alegra en su novela,
expresa lo siguiente:
Como veinte nos vinimos cerros abajo, a pie y alforja al hombro, trote y
trote por los andes, cinco das, hasta llegar a la costa. El calor y el cambio
de presin nos tuvieron atontados varios das. Y fue extrao, algo grande,
59
60
61
Ibid., p. 48.
Ibid., p. 69.
Ibid., p. 73.
177
hermoso y extrao, ver el mar. El caaveral nos recibi como a todos. De
los veinte que bajamos en esa partida, ya han muerto quince. 62
Si el trabajo dignifica al hombre, las condiciones del mismo deben
permitrselo y el resultado de ello debera ser esa dignidad humana de amor al
trabajo. Sin embargo, en el Per no parece ser as, la esclavitud es su
condicin y la muerte la desgracia inevitable, si a cambio de ello redunda en
ganancia al empresario. Por lo tanto, el conflicto social entre el poderoso y el
dbil, est precisamente en la estructura econmica y social que lo rige; de
esta manera, el poderoso se asemeja al verdugo que impone su ley al dbil
que en s, es la vctima del despojo. Alegra al respecto dice: Si el hombre
fuera capaz de matar a los verdugos, no habra injusticia y tirana en el
mundo. 63 Las mismas condiciones de injusticia hacen que vaya forjndose el
rencor y el rechazo contra el abuso que viene desde las altas esferas del
poder.
Entre el Estado y la elite econmica en el Per ha existido siempre
una alianza implcita. sta se ha roto transitoriamente slo cuando han
llegado al poder del Estado caudillos populistas que no se dejaron dominar
por esa elite, pero que duraron muy poco en el mismo, debido a todo el
sistema de conspiracin y confabulacin existente. Mas como los casos que
resaltan, son la tendencia uniforme de tal alianza como parte del statu quo y su
modo operandi, Alegra destaca este carcter, en el manejo de las haciendas
azucareras en el Norte del pas, que constituye el reflejo de lo que en efecto
pas y que algunos idelogos liberales, hoy en da, pretenden restar
importancia. As, dice:
el contador va hacer un chanchullo. Aparentar en los libros que la
hacienda gana poco, para pagar menos impuestos. Es decir, para robarle a
la nacin. Dijo que no lo haca por su cuenta. Que estaba de acuerdo con el
dueo de la hacienda. Y que el dueo estaba tambin de acuerdo con el jefe
de la Oficina de Almagro encargado del cobro, para que haga la vista gorda,
mediante cierto soborno desde luego. Y eso no es todo. Los que nombran a
dicho funcionario, es decir, en Lima, la gente del gobierno, ya saben que los
sobornos de las haciendas son parte de las ganancias del puesto y por eso se
lo dan a quien desean favorecer con la excelente rebusca. 64
62
63
64
Ibid., p. 78.
Alegra, Ciro. El dilema de Krause. Bogot, Ed. La Oveja Negra, 1980, p. 74.
Lzaro, pp. 81-82.
178
El sistema funciona, por lo general, de esta manera, por lo que no nos
sorprende. La otra parte que completa el mismo, es que los perjudicados son
los pobres porque con su trabajo, si lo tienen, se ven obligados a pagar
impuestos y con ello, cubrir lo que los ricos no pagan y que el Estado no
hace pagar, lo que va en desmedro de obras pblicas, menos educacin para
el pueblo y la que existe es deficiente, etc. Aun el que no tiene trabajo, si
quiere ser parte del sistema, tiene que ajustarse. Pero como suele ocurrir, la
angustiante pobreza lleva al robo, la prostitucin, etc., hasta convertirse en
estilo de vida de algunos pobres y con ello el sistema ha creado una lacra
social, por lo que los procesos legales en el Per, en general, son perjudiciales
para los pobres. Esto lleva a Alegra a expresar: El Per de la pobreza era el
procesado. 65
Al resto de los pobres les queda, como ya se ha visto, slo
resignacin; y en ello radica el consuelo religioso que alivia el dolor en la
esperanza de la salvacin, la redencin y la vida eterna en la justicia divina.
Sobre esta opcin Alegra dice: En los espritus religiosos he advertido,
frecuentemente, un fondo de tristeza y aun de temor. 66 A pesar de ello, a los
trabajadores asalariados les queda la lucha poltica organizada en el sindicato
para protestar contra la iniquidad, la injusticia y la explotacin, aunque ello
traiga riesgos. Hemos aguantao de hambre un mes. Y qu? Mandan ms
guardia civil y a la tropa. 67 O, arriesgarse a morir ante la fuerza militar del
Estado, enceguecida irracionalmente, que Alegra lo expresa as: El pueblo
slo se detiene cuando tropieza con sus muertos. Disparen. 68
La aciaga lucha de los pobres por su vida, en el sistema antagnico,
conlleva a un conflicto social permanente, en el cual entran a tallar intereses,
mezquindades, injusticias, etc. La permanente lucha del pobre lo enfrenta a
un mundo sin corazn y con el corazn partido en dos mitades vive: en un
lado se alojan los sentimientos, sus pocas alegras y esperanzas que son
momentos de tregua en una guerra constante y sin cuartel; en el otro lado, el
inmenso dolor que agobia al pueblo, ste resiste se hace fuerte, pero tambin
se forma el rencor, odio y dems sentimientos encontrados que en la voz de
libertad los volcar contra sus opresores, como otrora, stos lo hicieron con
los suyos en la Revolucin Francesa. De all que Alegra sentencie: El dolor
hace fuerte al hombre, pero lo daa tambin. 69 Pero a ello, habra que
65
66
67
68
69
Ibid., p. 63.
Ibid., p. 106.
Ibid., p. 49.
Ibid., p. 55.
El dilema de Krause. Ob. cit., p. 114.
179
agregar, que el hombre cuando forja sus condiciones propicias se transforma
a s mismo y con ello se renueva.
En un pas como el Per, que es tierra frtil para la injusticia, crece la
vejacin, el servilismo, la explotacin, el racismo, etc., floracin aciaga que
refleja la existencia de su situacin como pas heredero de una historia
contingente, asimtrica e incierta. Sin embargo, en los espacios de tal
floracin crece, pugnando por la vida, la hierba verdeamarillenta clamando
libertad real y no virtual, luchando por la vida en la produccin de los
nutrientes que la floracin dominante aprovecha para imponerse. stas,
vierten las lgubres y turbias aguas de religiosidad cristiana para evitar su
crecimiento, podndolas con herramientas coercitivas polticas y militaristas
propias del sistema, postrndolas en su desarrollo natural, condenndolas a la
mansedumbre y doblando su cerviz hacia la tierra, manteniendo inclume la
injusticia como norma moral y de derecho jurdico estatal. Y en tanto regadas
con tales aguas que envenenan su raz, crece la sed, el hambre, la ignorancia,
etc., agobiadas por cambios climticos que se caracteriza en la primavera por
la esperanza de salvacin, redencin y vida eterna en el paraso celestial; el
verano, la desolacin, el decaimiento, la depresin y la desidia; el otoo, por
el escepticismo y el conformismo; el invierno, por el abandono material y
espiritual en las fronteras del lugar donde nacieron. Las lgrimas que brotan
de su situacin inmisericorde es el mejor riego que le permite sobrellevar la
vida con resignacin, buen humor y estoicismo. Tal es el espectro de la
realidad peruana desde el reverso de la historia.
180
Bibliografa
De Ciro Alegra Bazn
El mundo es ancho y ajeno. Lima, Ed. Varona, 1971.
La serpiente de oro. Lima, Ed. Varona, 1972.
Sueo y verdad de Amrica. Lima, Ed. Universo, 1973.
Mucha suerte con harto palo. Buenos Aires, Ed. Losada, 1976.
La ofrenda de piedra. Lima, Ed. Varona, 1978.
7 cuentos quiromnticos. Lima, Ed. Varona, 1978.
Lzaro. Lima, Ed. Cientfica, 1979.
El sol de los jaguares. Lima, Ed. Varona, 1979.
El dilema de Krause. Bogot, Ed. La Oveja Negra, 1980.
Los perros hambrientos. Lima, Ed. Mantaro, 1994.
Sobre Ciro Alegra Bazn
Varona, Dora. Ciro Alegra, trayectoria y mensaje. Lima, Ed. Varona, 1972.
_______ La Sombra del cndor. Bibliografa ilustrada de Ciro Alegra. Lima,
DISELPESA, 1993.
181
Otras obras consultadas:
Capra, Fritjof. Las conexiones ocultas. Barcelona, Ed. Anagrama, 2003.
Flores Galindo, Alberto. Buscando un inca: identidad y utopa en los andes.
En Obras completas. Lima, Ed. Sur Casa de Estudios del Socialismo,
Tom. III, 2008.
Gazzolo, Ana Mara. En qu momento se haba jodido el Per?
Interrogacin o afirmacin?. En qu momento se jodi el Per. Lima,
Ed. Milla Batres, 1990.
Gutirrez, Gustavo. La fuerza histrica de los pobres. Seleccin de trabajos. Lima,
Centros de Estudios y Publicaciones (CEP), 1979.
_______ Teologa de la liberacin. Perspectivas. Lima, Centros de Estudios y
Publicaciones (CEP), 1984.
Roncagliolo, Santiago. Abril rojo. Lima, Ed. Santillana, 2006.
Silva Santisteban, Fernando. El pensamiento mgico-religioso en el Per
contemporneo. En Historia del Per. Lima, Ed. Meja Baca, Tom.
XII, 1980.
Spinoza, Baruch. Tratado teolgico-poltico. Barcelona, Ed. RBA Coleccionables,
2002.
Vandel, A. El fenmeno humano. Los procesos de hominizacin. [Link].
Mxico, Ed. Grijalbo, 1969. (Coleccin 70).
182
MARIA LUISA SACO MIR QUESADA (1911-1982)
ARTISTA HUMANISTA
Sara Acevedo Basurto
Mara Luisa naci en 1911. Terminados sus aos escolares, en los Sagrados
Corazones de Beln, Mara Luisa Saco ingres a la Escuela de Bellas Artes,
en la que conoci y cultiv el oficio plstico y se nutri de las propuestas
artsticas del momento, como las del pintor Daniel Hernndez, quien fuera
convocado por el presidente Pardo para la creacin de la escuela y la
enseanza acadmica, cuyos postulados propendan a una formacin artstica
moderna, pero dentro de los cnones academicistas; las del espaol Piqueras
Cotol, quien diriga la corriente denominada neo peruana que buscaba
conjugar los elementos del arte barroco y del arte indgena; y tambin las del
movimiento indigenista liderado por el joven Jos Sabogal, quien propona el
rescate de los valores del arte indgena como un arte nacional. Estas ideas
debieron decidir su quehacer posterior. Es decir estudiar nuestras
expresiones artsticas en el marco de la teora y de la historia universal del
arte as como orientar sus investigaciones hacia el arte del Per antiguo,
aspectos que profundizara con estudios paralelos de esttica, historia general
del arte y literatura en la Universidad de San Marcos y su vinculacin al
material arqueolgico en el Museo de Arqueologa Peruana a travs de las
facilidades que le brindara el arquelogo Julio C. Tello quien destacaba por
sus importantes aportes al conocimiento del Per prehispnico.
Entre sus grados acadmicos figuran el de Profesora de Segunda
Enseanza en Gramtica y Literatura por la UNMSM, 1939; Master of Art
por la Universidad de Mills, Oakland, California, 1944; Bachiller en Letras,
Especialidad de Arte por la UNMSM, 1960; Profesora de Artes Plsticas por
la Escuela Nacional de Bellas Artes; y Doctora en Arte por la UNMSM,
1973.
En lo que respecta a sus trabajos de investigacin y publicaciones
hay que mencionar Arte Medieval Espaol en Nueva York (1955), Joyas
del Arte de los Museos Norteamericanos (1969), La cermica Ibrica y su
relacin con la cermica del perodo orientalizante, Tesis para optar el grado de
Bachiller en Letras (1960), Estilos artsticos pre-tiahuanacoides en el Antiguo Per,
Tesis para optar el grado de Doctor en Arte (1973), Escultura Chavn de
Huantar y de los Valles de Casma y Nepea (1974), Algunos aspectos de los
tejidos Paracas (1977), La cultura Vics. Hallazgos y expresiones artsticas
(1977-79) y Fuentes para el estudio del arte peruano precolombino (1980).
183
En su permanente bsqueda de perfeccionamiento Mara Luisa Saco
complement su formacin en diversos centros superiores de los Estados
Unidos y, sobre todo, de Mxico, donde estudi los monumentos
prehispnicos coloniales y modernos, amplindolos con otros
complementarios en tcnicas artsticas, cermica, acuarela, grabado y pintura
mural. Durante su estada en Norteamrica estudi las colecciones de arte
precolombino y arte moderno en Museos de Chicago; realiz investigacin
artstica en la Galera Willenstein de Nueva York; dict cursos de lengua
espaola en Berkeley y de historia del arte en la Universidad de Marymount,
de Nueva York, y fue traductora en las Naciones Unidas.
Desde su retorno al pas, en 1955, desarroll una intensa labor
docente en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes, en la Seccin
Superior de Investigaciones Artsticas de la misma escuela, en la Universidad
Nacional San Cristbal de Huamanga y en la Universidad Comunal del
Centro, filial Lima (hoy Universidad Nacional Federico Villarreal).
Posteriormente form parte del Comit Organizador de la Escuela Nacional
de Turismo en la que dict varios cursos que permitieron despertar el inters
por las riquezas culturales y artsticas del pas porque ofrecieron
conocimientos seria y adecuadamente documentados y organizados, que
facilitaron su difusin por los alumnos.
En 1965 se integr a la plana docente de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, a la que accedi por concurso. Es en esta institucin
donde desarroll una connotada pero silenciosa carrera acadmica hasta su
jubilacin en 1982. Todas sus acciones las dedic a la universidad y, con su
natural capacidad acadmica y generosidad personal, logr importantes
avances en el desarrollo de su especialidad: la Historia del Arte. Empez
dictando cursos complementarios de Arte Colonial Peruano e Historia General de
Arte II en el Departamento de Arte de la Facultad de Letras y Ciencias
Humanas. Luego asumi la titularidad de las asignaturas de Arte Republicano,
Arte Colonial del Per II (arquitectura) y Arte Colonial de Per II (pintura y escultura).
A partir del ao 1970 se hizo cargo de los cursos de arte universal, los que
comprendieron desde la Edad de Piedra hasta la poca Barroca, y tambin le
fueron encargadas las asignaturas dedicadas al Arte Precolombino del Per y de
Amrica.
A partir de 1974 decidi aplicar el mayor tiempo disponible a la
Universidad y fue profesora a dedicacin exclusiva. Esto le permiti
desarrollar una encomiable labor acadmico-administrativa en el entonces
Departamento Acadmico de Humanidades. Intervino en las Jornadas
Curriculares universitarias proponiendo, conjuntamente con los profesores
184
de la Escuela de Arte, de la que era miembro fundador, el perfeccionamiento
de sus planes de estudio. Mara Luisa Saco aport en ellos su visin
integradora del proceso creativo as como la importancia de la investigacin
aunada al reconocimiento del pas como una fuente primaria del trabajo de
campo. A partir de ello profundiz en la indagacin del contexto geopoltico
en el que las manifestaciones culturales se producan, y en su anlisis como
hechos artsticos. Posteriormente intervino como Coordinadora del
Programa de Arte y en el comit organizador del Instituto de Investigaciones
Humansticas que se cre para brindar apoyo a la investigacin de los
docentes y propiciar la publicacin de sus resultados. Por ello tuvo especial
inters en organizar una biblioteca especializada en ese espacio acadmico.
Representando a la Seccin Arte fue miembro del Comit Directivo del
Instituto en varias gestiones para posteriormente asumir la Direccin.
Durante esta ltima etapa promovi muchos proyectos, en especial del
cuerpo docente joven al que incentivaba con su entusiasmo, generosidad,
dedicacin y ejemplo. A la par, fue elegida delegada del Departamento
Acadmico de Humanidades por el rea de Arte, ante el Programa
Acadmico de Filosofa, Psicologa y Arte. Su labor permanente en beneficio
de la institucin la llev a la direccin del Programa, que asumi por esos
aos. Su amplia capacitacin en diversos aspectos de la actividad artstica
permiti que se hiciera cargo, de manera interina, de la Direccin del Museo
de Arte y de Historia, hoy Museo de Arte del Centro Cultural de la
Universidad.
Como Delegada de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas
integr, en varias ocasiones, el Jurado Calificador de los Premios Nacionales
de Cultura como el Baltasar Gaviln de escultura y el Ignacio Merino de
pintura que otorgaba el gobierno central en reconocimiento a los artistas
peruanos que haban contribuido con su obra al desarrollo del arte en el
Per. Estos encargos fueron en virtud tanto de su calidad acadmica como al
espritu de justicia que conduca sus acciones, a la vez que permita la
presencia de la Universidad, una preocupacin que mantuvo durante toda su
actividad profesional. Por su inters en involucrar a la Universidad en el
quehacer cultural acept ser miembro del Jurado en los Juegos Florales de la
misma en el ao 1970.
Movida por su vocacin hacia las expresiones artsticas del Per
antiguo, materia de sus cursos, emprendi un sistemtico trabajo que tom
como fuente primaria las descripciones de los cronistas, quienes vieron
algunos de los monumentos y objetos de arte cuando formaban parte de la
vida y el quehacer cotidiano de los pueblos en tiempos de la conquista y
185
durante la colonia cuando eran expresin de algo viviente, de una cultura
que no se haba extinguido, y an ostentaba toda su prestancia 1; estudi a
los cronistas indios; a los viajeros de la ilustracin y las fuentes de la
arqueologa cientfica, cuyos descubrimientos fueron relevantes por dar a
conocer las realizaciones del pasado para una mejor comprensin de lo que
consideraba genuinamente peruano, y expresin de nuestra tierra y de la raza
aborigen, con el fin de ir extrayendo de este acervo cultural valiosos
elementos que integrasen y enriquecieran nuestra cultura moderna 2. Parte de
esta investigacin se concreta en la publicacin de las Fuentes para el estudio del
arte precolombino (1978). El fino y profundo trabajo hermenutico y crtico de
este texto lo ha convertido en una gua segura e indispensable para las
investigaciones acerca del Per antiguo, y una presencia permanente en las
relaciones bibliogrficas pues por vez primera se sistematiz la informacin
brindada por las fuentes testimoniales europeas iniciales, desde su
importancia para el conocimiento y la mejor comprensin del arte indgena.
Otros proyectos de mayor envergadura como El arte del antiguo Per
descrito por los cronistas y El tejido en el antiguo Per, quedaron
lamentablemente inconclusos. En ellos, trabaj a pesar de la precariedad de
su salud, hasta sus ltimos das.
Particip en el Congreso Internacional de Americanistas, en el
Simposio Bruno Roselli organizado por el Programa de Arte y en el III
Congreso del Hombre y la Cultura Andina exponiendo algunas de sus
investigaciones sobre lo que siempre fue su inters: el arte peruano
precolombino.
Recordar a la Dra. Mara Luisa Saco Mir Quesada es sumamente
grato para quienes fuimos sus alumnos en la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos. Tuvimos la ocasin de recibir de ella no slo sus enseanzas en
el aula, sino valorar su disciplina, sensibilidad, generosidad e integridad,
cualidades que demostrara en los complejos e importantes cargos
acadmico-administrativos que le toc asumir en nuestra universidad.
Igualmente fue una destacada investigadora del arte peruano, que supo
enriquecer con sus amplios conocimientos del arte universal y
latinoamericano.
Su formacin humanista, especialmente en el campo de las artes, y el
inters por difundir sus conocimientos en beneficio del fortalecimiento de la
1
2
Saco, Mara Luisa. Fuentes para el estudio del arte peruano precolombino. Lima, Retablo de Papel
Edic., INIDE, 1978, Introduccin.
Loc. cit.
186
especialidad de Historia del Arte la llev a consolidar, al lado de destacados
profesores, la hoy Escuela Acadmico Profesional de Arte de la Facultad de
Letras y Ciencias Humanas. Esta especialidad tiene una presencia singular en
el mbito acadmico nacional por brindar un plan curricular bsicamente en
Historia del Arte, pero que aborda el estudio de los diferentes aspectos del
fenmeno artstico y de sus procesos de desarrollo tanto tericos cuanto
histricos, analticos y crticos; se busc profundizar en el examen y la
apreciacin de la plstica, la msica, la danza, el teatro, el cine y las artes
populares; insertando los estudios en la historia del arte universal, del arte
latinoamericano y en especial el arte peruano en todas sus etapas.
Mara Luisa Saco Mir Quesada falleci en Lima en 1982 cuando
estaba preparando un texto sobre la crnica de fray Martn de Mura. Fue la
Dra. Saco, como la llamaban sus alumnos, una insigne maestra cuya vida la
dedic a su alma mater, donde difundi las artes de todos los pueblos en
tanto expresin humana, cultural e histrica. Hoy muchos de sus discpulos
se encuentran emulndola, ya en la ctedra, y/o trabajando en el estudio y la
proteccin de nuestro patrimonio artstico. Cabe reconocer su presencia en
el reducido mbito de una generacin de mujeres intelectuales, de la primera
mitad del siglo XX, que opt por una profesin y una formacin humanista
que aplicara al estudio del arte precolombino como una de las primeras
historiadoras del arte del pas. La Universidad Nacional Mayor de San
Marcos, a travs de sus discpulos, la ha recordado permanentemente como
modelo de prctica acadmica, de profunda concepcin humanista, as como
de principios ticos y voluntad indesmallables, que conjugaban con su gran
generosidad en el trato humano con los otros.
Mara Saco Mir Quesada, fue una humanista que inici la corriente
acadmica neo peruana. En su estada en Mxico comprendi la
importancia de estudiar los monumentos prehispnicos, coloniales y
modernos. Su docencia por eso fue fundamentalmente dedicada al estudio
sobre el arte peruano antiguo, colonial, republicano, la arquitectura, la
pintura y la escultura en el Per y en nuestra Amrica. En su visin del
proceso creativo fue una integradora, pero, aunada al reconocimiento del
pas que estudiaba como fuente indispensable y primaria del trabajo de
campo. Tuvo tambin inters especial en la organizacin de una Biblioteca
especializada en la Universidad para atender a las fuentes de informacin
indispensable, mostrado igualmente en su apoyo en el Museo de Arte y de
Historia. Movida por su profunda vocacin hacia las expresiones artsticas
del Per antiguo, emprendi el estudio de los Cronistas, interesndose sobre
todo en los cronistas indios, de los viajeros de la ilustracin y de las fuentes
187
de arqueologa cientfica cuyos descubrimientos, desde Julio C. Tello, fueron
relevantes para dar a conocer las realizaciones humanas del pasado peruano y
llegar as a una mejor comprensin de lo que consideraba original y sui generis
de nuestra tierra o pachamama y de sus pueblos originarios. Tal como seal:
Resaltar la labor paciente de tantos investigadores ha constituido para m
un incentivo ms para escribir esta obra, pues es justo que se rinda
homenaje a quienes han realizado una epopeya silenciosa, descubriendo o
estudiando con muchos desvelos y fatigas las antiguas culturas y sus tesoros
artsticos, muchos de los cuales pueden hoy admirarse en los museos y
colecciones del Per y otras partes del mundo, expresando el mensaje de
belleza de nuestro arte milenario 3.
Por ello anunci que ampliara este trabajo con una publicacin que,
lamentablemente, no tuvo el tiempo de concretar El Arte del Antiguo Per
descrito por los Cronistas
Mara Luisa Saco ser recordada como una intelectual humanista
desde la perspectiva prehispnica y desde la occidental trasladada a nuestra
Amrica con la conquista, siguiendo su proceso de creacin hasta llegar a la
etapa del arte contemporneo.
Ibid., pp. 9-10.
188
Bibliografa de Mara Luisa Saco Mir Quesada
Arte Medieval Espaol en Nueva York. En Cultura Peruana (Lima), Vol.
15, N 85, 1955, (6 p.) *.
Joyas del Arte de los Museos Norteamericanos. En Cultura Peruana,
(Lima), Vol. 17, Nos. 103, 104 y 105, 1957 (Tres artculos de 7 p.
cada uno) **.
La cermica ibrica y su relacin con la cermica griega del perodo orientalizante. Tesis
de Bachiller en Arte. Lima, Facultad de Letras y Ciencias Humanas,
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1960 (indita).
Estilos artsticos pre tiahuanacoides en el Antiguo Per. Tesis de Doctorado en Arte.
Lima, Facultad de Letras y Ciencias Humanas, Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, 1973 (indita).
Escultura Chavn de Huantar y de los Valles de Casma y Nepea. Ponencia en el
Simposio Bruno Roselli. Lima, 1974 (indita).
Algunos aspectos de los tejidos Paracas. En III Congreso del Hombre y la
Cultura Andina. Actas y trabajos. Lima, Matos M., Ramiro (ed.), Tomo
II, 1977, pp. 765-781.
La cultura Vics. Hallazgos y expresiones artsticas. En Letras (Lima), Nos.
86-87, 1977-1979, pp. 5-16.
Fuentes para el estudio del arte peruano precolombino. Lima, Retablo de Papel Edic.,
Subdireccin de Publicaciones y Material Educativo del Instituto
Nacional de Investigacin y Desarrollo de la Educacin INIDE,
1978.
*
**
La revista no consigna la numeracin de las pginas.
La revista no consigna la numeracin de las pginas.
189
EL CONCEPTO DE LA CONDICIN HUMANA EN
EMILIO ADOLFO WESTPHALEN (1911-2001)
Leonel Patricio Silva Montellanos
El escritor Emilio Adolfo Westphalen Milano nace en la ciudad de Lima, el
15-VII-1911 1. Hizo sus estudios escolares en el Colegio Alemn, teniendo
como condiscpulos a los literatos Rafael de la Fuente Benavides y Estuardo
Nez y egresando en 1926. Al ao siguiente, dada su aficin por los
nmeros, postula a la Escuela Nacional de Ingeniera. Al fracasar esta
tentativa, inicia, en 1928, sus estudios de Letras en la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos, estudios que concluir en 1932. Westphalen, ya desde
su adolescencia, posee una rica vida interior 2. Dicha espiritualidad lcida, sin
embargo, lo prepara para ser un esteta, un creador y un hombre de
pensamiento; ms no un mstico o un creyente:
Lo que me sorprende () es que desde tan temprano no aceptara otros
principios y creencias sino los que en mi fuero propio encontrara vlidos.
Me apart as a los catorce aos de toda prctica religiosa, sin ninguna
ostentacin pero sin hacer tampoco concesin alguna (). 3
Es notable, que siendo un poeta, haya sabido orientarse en el mbito de la
creacin con espritu crtico pues, a pesar de su inicial impulso surrealista no
sucumbi al delirio ni a la atraccin de los excesos irracionalistas. Cabe
recordar que el autor siempre seal su deuda con el poeta simbolista
peruano Jos Mara Eguren 4, cuya sensibilidad mgica y pura se ubica lejos
de la sordidez y la pesadilla.
Los estudios biogrficos no hacen mencin de una militancia
especfica en los partidos de izquierda de la poca (partido aprista, partido
comunista) o de haber sido un partidario del anarquismo. Pero Westphalen
pertenece a una generacin todava marcada por la impronta de Manuel
Gonzlez Prada y que haba presenciado el proceso contingente de la
1
2
3
4
Martos, Marco. Emilio Adolfo Westphalen. Poesa completa y ensayos escogidos. Lima, PUCP,
2004, pp. 45-47.
Comparar con el racionalismo individualista cartesiano. Cf. Descartes, Ren, Discurso del
mtodo. Madrid, Biblioteca EDAF, 1982, pp. 50-51.
Westphalen, Emilio Adolfo. Escritos varios sobre arte y poesa. Poetas en la Lima de los aos
treinta. De dos soledades. Instituto Nacional de Cultura, 1974. Lima, FCE, 1996, p. 136.
Ob. cit., pp. 137-138.
190
revolucin mexicana, la revolucin bolchevique, la I Guerra Mundial y la
aparicin del fascismo, en su vertiente reaccionaria y nazi; as como en su
vertiente stalinista y pseudo-marxista. En plena juventud, en el ao de 1936,
junto con Csar Moro (Alfredo Quispez Asn) y Manuel Moreno Jimeno,
publican un boletn a favor de la Repblica Espaola que enfrentaba la
revuelta fascista del Gral. Francisco Franco. Teniendo en cuenta la cercana
ideolgica de Westphalen con el surrealismo cercana que se mantuvo an
cuando el poeta afirmaba, ya en su madurez, no ser un surrealista y que
dicho movimiento tuvo una relacin problemtica con el marxismo que lo
hizo pasar de la militancia en el PC francs, al troskysmo en el exilio
mexicano de Breton, para en 1955, adherirse al movimiento anarquista
francs podemos ubicar a Westphalen en lneas generales, como un
pensador crtico de ideologa progresista:
() se me acus al menos de dos crmenes maysculos. El primero ser
poeta, el segundo ser comunista, aunque respecto al primero, si alguna vez
lo fui, ya haba abandonado toda veleidad de pretenderlo; y lo segundo solo
poda entenderse en la acepcin de una disconformidad total con el
rgimen establecido, pero tambin de un desconocimiento completo de los
medios concretos para volcar la situacin 5.
Slo comprenderemos a cabalidad su labor potica y reflexiva, si tenemos
presente dicho marco ideolgico que condicionaba, a modo de
weltanschauung 6, su acercamiento a la realidad, su comprensin de la
problemtica socio-cultural de occidente y de Latinoamrica y el desarrollo
de la propia labor intelectual:
[la actividad potica] Seria una expresin ms de la condicin humana,
del impulso a no admitir lo real como definitivo e incambiable, a querer
superarlo. En la poesa, en la revolucin y en el amor veo actuantes los
mismos imperativos esenciales: la falta de resignacin, la esperanza a pesar
de toda previsin razonable contraria. 7
Westphalen publica en Lima, en 1933, su primer poemario: Las nsulas
extraas. Su escritura se enmarca en los cnones vanguardistas del momento;
propiamente surrealistas. Tres aos despus, junto con su amigo, el poeta
5
6
7
Ibid., p. 133.
Concepcin del mundo (idioma alemn).
Ibid., p. 145.
191
Csar Moro publica un contundente manifiesto contra las imposturas
intelectuales que con el pretexto de la originalidad vanguardista,
aprovechaban la oportunidad con descaro: Vicente Huidobro o El obispo
embotellado. Posteriormente, Westphalen se consagrar a la labor de
activista cultural publicando revistas prestigiosas como Las Moradas (19471949) la Revista Nacional de Cultura (1966) o Amaru (1967-1971) publicacin
de la Universidad Nacional de Ingeniera. Tambin fue agregado cultural
peruano en Italia (1971-1977), Mxico (1977-1980) y Portugal (1980-1981).
Recibi del Estado peruano las Palmas Magisteriales y la Orden del Sol
(1995) la medalla Jos de la Riva Agero y el Doctor Honoris Causa de la
Universidad Nacional de Ingeniera (1997) as como el Doctor Honoris
Causa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1999). Nuestro
autor fallece en Lima el 18-VIII-2001.
Pasemos ahora, al anlisis de las concepciones filosficas del autor.
Westphalen concibe al hombre como un ser libre, que aunque est inmerso
en una cultura y sociedad organizadas de modo autoritario y utilitario, tiene
la capacidad de generar sus propios espacios de socializacin, labor y
creacin, de modo libre y tolerante. Para el autor, el problema del
nacionalismo carece de sentido en un arte como el contemporneo, en el que
la profundizacin en los aspectos subjetivos, emotivos e irracionales, no
busca la mercantilizacin del arte ni la hegemona de determinado modelo
cultural o tnico, sino, hacer de este un documento de reflexin y conciencia
espiritualizada en medio del caos contemporneo.
() Por nuestra parte no comprendemos cul sea la estructura mental de
Braque 8, a que se refiere, que lo hace tan distinto de los pintores
americanos. Como tampoco nos explicamos en qu sentido pueda hablarse
de una mentalidad arcaica en estos ltimos. Si existe un desnivel entre uno
y otros, tal vez sea, no por diferencia de estructura mental, sino de
capacidad artstica, lo cual naturalmente es otra cosa 9.
La actitud de vanguardia se manifiesta en la crtica radical de los paradigmas
oficiales. Pero esto no significa desconocer, que aun en la crtica de la
tradicin, existe el reconocimiento de referentes. Aquello que dar valor a la
produccin esttica o cultural propia de Amrica, no ser el gastado
estereotipo de lo que debe ser americano sino el ser fiel a una autenticidad
8
9
Braque, Georges, (1882-1963) escultor y pintor cubista francs.
Westphalen. Nota sobre el arte americano. Las Moradas (Lima), FCE, 1996, Vol. III, N
7-8, enero-julio 1949, p. 254.
192
que en el debate de la modernidad, sabe defenderse y hacerse entender en un
dilogo intercultural, que asimila lo mejor y ms productivo de lo
propiamente humano, sin repeticiones carentes de alma, burdamente
mecnicas.
() La preocupacin del artista no puede ser un programa arte
americano, arte moderno sino por poner fuera de l y de acuerdo con
las reglas de su arte, de manera convincente, que a muchos o unos pocos
turbe, lo que dentro de l bulle por la contraposicin perenne del hombre y
el mundo, y por el pertenecerse eterno del hombre y el mundo 10.
Lo propiamente americano, en el mundo contemporneo, no est reido con
una sociedad, en que la ciencia, la tcnica, la tecnologa y la industrializacin,
favorecen al progreso material y as permiten a los individuos y a las
colectividades organizarse de manera racional y equitativa, con sentido tico,
moral y solidario.
Ciertamente, en la reflexin de nuestro autor, el mundo del arte es
un mundo de libertad, pero al igual que los juegos infantiles, es un juego con
reglas que deben tomarse muy en serio. El arte, en tanto producto del
humanismo, debe sostener valores reafirmantes y si artistas como los
surrealistas, procuraban una ruptura radical con la academia y la tradicin, lo
hacan porque dichas academia y tradicin eran baluarte del autoritarismo,
del belicismo y la injusticia. La genuina vanguardia es, pues, libertaria, en
tanto defiende la justicia; radical, en tanto aspira a un mundo en que el deber
y el derecho coexistan de modo sano y correcto en la humana cotidianeidad;
honesta, en tanto no acepta las imposturas, oportunismos, ni fraudes. El
surrealismo, como correlato esttico del pensamiento socialista y libertario
aspira a disolver las fronteras de lo real y lo fantstico, haciendo de lo
maravilloso, algo constante y vivo. La historia de guerras, masacres y
conquistas debe ser reemplazada por una historia de paz, justicia y liberacin.
Dichos valores deben ser el legtimo contenido del arte. Un arte de la crtica
y una crtica de la vida en el real sentido del trmino.
() El seor Dal () Tiene entonces el cuajo de proclamarlo con
desfachatez dentro del mismo grupo surrealista. Le toc ser uno de los
primeros artistas de vanguardia en aceptar y ensalzar a los nuevos amos
difusores de una irracionalidad manida peligrosamortfera [que]
esparcirn sus miasmas por el mundo y desenfrenaran guerras civiles e
10
Ibid., p. 256.
193
internacionales con su secuela de las mas grandes hecatombes y genocidios
que registren los anales histricos 11.
El Valor de lo acadmico solo puede justificarse, en tanto el arte es un
producto social definido que requiere de ciertas reglas bsicas para ser tal. Es
un producto de la cultura humana y, en tanto tal, hace referencia a los
conflictos, las vicisitudes, las esperanzas y los ideales del ser humano. Es una
perfecta continuidad de los debates de la filosofa, la religiosidad, la ideologa
poltica, la opcin sexual, profesional, existencial, etc. Pero para su real
comprensin, no basta con la aplicacin consciente de una racionalidad
crtica; tambin requiere de una sensibilidad que se comienza a desarrollar en
los primeros aos y que forma parte del mundo interior; tanto del artista
como de aquel que aprecia y juzga.
Si la intencin es estructurar una teora del arte moderno, establecer las
grandes coordenadas que sirven de puntos fijos de referencia a esas
mltiples (y desconcertantes) expresiones del arte de nuestros das, quiz la
mejor introduccin seria () dilucidar,el momento (o los momentos) en
que hemos tomado conciencia de lo que arte significa en nuestra vida 12.
Si asumimos que el arte es producto de sensibilidad, de tcnica y de decisin,
cabe sealar que el artista es un individuo que desempea una determinada
labor en la estructura econmica de la sociedad que lo alberga. Para el autor,
el artista es un ser humano que interacta con sus semejantes y que, si bien
tiene determinadas peculiaridades de personalidad y visin, no es ni un
mstico, ni un anacoreta, ni un orate. Ser artista no es ni ms ni menos que
una manera de encarar la propia humanidad.
El valor del humanismo y de la modernidad a la que dio origen,
radica en ser un espritu y un clima de cambio. La objetividad y actitud de
mesura permiten a diversas teoras con sus matices y puntos de vista,
coexistir, enriquecindose y expresando la humana diferencia y riqueza, que
lejos de anularse en la diversidad; constituye una polifona, con sus
correspondientes polisemias, reflejos y tonalidades.
11
12
Ob. cit. Sobre surrealismo y Csar Moro entre los surrealistas. Ponencia del Coloquio.
Avatares del Surrealismo en el Per y la Amrica Latina (Lima), 3, 4 y 5 de julio 1990, p.
211.
Ob. cit. La teora del arte moderno. Las Moradas, Vol. I, N 3, diciembre 1947 - enero
1948, p. 231.
194
Hay adems, un descubrimiento en nuestra poca que respecto al arte
tiene la misma significacin que los descubrimientos geogrficos tuvieron
para el hombre europeo del Renacimiento (), pues Qu otra cosa quiere
decir sino que reconocen sus aspiraciones relativas y que no est asido a
eternidades, a preceptos invariables y permanentes? 13.
El arte contemporneo, desde las pre-vanguardias de mediados del siglo XIX
y las vanguardias propiamente dichas de comienzos del siglo XX14 expresa
en las artes escnicas, urbansticas, visuales, musicales y literarias la crisis, el
conflicto y las diversas aportaciones de los colectivos e individualidades al
problema reflexivo que hace de la condicin humana, su objeto y su meta.
Creemos que Amrica Latina, desde la obra de intelectuales y creadores
como Emilio Westphalen, participa de dicha discusin con aportes valiosos.
El tema de la vanguardia, en sus acepciones artstica, cultural,
poltica, fue abordado por nuestro poeta: el hombre en tanto, ser social; se
define por el rol que desempea en compaa de otros seres humanos, en la
sociedad que conforma. Esta primaca del hecho material, sin embargo; no
anula las otras dimensiones de la vida como la subjetiva, espiritual, mental,
esttica, ldica, etc. Esta vulgarizacin del marxismo; que menciona el autor
citado, ciertamente fue asimilada por el surrealismo en su inicial y truncado
acercamiento al estalinismo burocrtico del Partido Comunista Francs. Los
propios surrealistas superaron esta etapa y enriquecieron su actividad crtica y
creativa en Europa. As mismo, en Amrica latina Emilio Westphalen, quien
encontr en el surrealismo 15 un impulso inicial para su actividad potica e
intelectual, super las limitaciones dogmticas de dicho discurso elaborando
un planteamiento original en el que el humanismo y la preocupacin por los
valores y riquezas morales del ser humano eran fundamentales. Esta
importancia de la condicin humana y su anlisis ideolgico, llev a
creadores y pensadores al mbito del debate, con lo que se benefici y
diversific el espectro de voces novedosas, cada cual con sus perspectivas y
delimitaciones.
() Los surrealistas () aceptaron demasiado pronto () la realidad de
la interpretacin materialista, () en todo tiempo los artistas significativos
13
14
15
Ibid., p. 236.
Revisar el papel de la vanguardia, sus recursos tecnolgicos y sus implicancias ideolgicas.
Cf. Benjamin, Walter. La obra de arte en la era de su reproductibilidad tcnica. Discursos
Interrumpidos. Madrid, Taurus, 1982, pp. 20-23.
Breton, Andr. Primer manifiesto del surrealismo, Paris, 1924. Manifiestos del Surrealismo,
Visor Libros. Trad. Andrs Bosch. Madrid, 2002, p. 34.
195
han sido, ms o menos, teorizantes pero cuando subsista un sistema de
coordenadas de una actividad intelectual comn, no era necesario que se
saliera del campo de su experiencia especfica. Es evidente que en nuestro
tiempo no se da tal sistema. 16
Westphalen, surrealista y divergente, seal que no exista solo la tradicin
del autoritarismo. Exista tambin la tradicin de la inconformidad y la
diferencia. Esta riqueza de lo humano, lo social y cultural es el mejor
fundamento contra extremismos, intolerancias, burocracias de iluminados y
toda secta con pretensiones de inmaculada infalibilidad. La existencia de
tradicin, en s misma no es negativa. Lo perjudicial ha sido que a lo largo de
2000 aos en la historia de occidente ha servido para justificar abusos,
prepotencias, crmenes y miserias. Pero una tradicin libertaria y renovadora,
en la que el ser humano recupere su lugar de dignidad y futuro, no es
imposible, simplemente debe construirse todos los das, respirando
conviccin y esperanza.
Por fin ocurre, () que dentro de esta sociedad, los heterodoxos, que
nunca antes fueron ms que un pequeo nmero, en ella, se han vuelto
legin; en realidad muchas legiones de heterodoxos, para quienes muy poco
es comn y entre si se miran extraos y distantes. Ser reconocible en esta
situacin la del mundo actual; () 17.
Una tradicin se justifica en la medida que proporciona un marco terico y
metodolgico para el vivir, sustentndose en paradigmas y jerarquas de
valores. La obra de arte como texto no solo esttico, sino de valor
conceptual e ideolgico, adquiere su justificacin como elemento del debate,
expresando ideas, creencias, puntos de vista y opciones de vida.
Una obra de arte dentro de una cultura, y en la vida del individuo, ha
estado siempre destinada a llenar una funcin, () como componente
imprescindible de lo que entendemos por condicin humana. (), este
hundirse en las esencias del ser, que para nosotros es la apreciacin del arte,
no parece que est alentado por esa institucin de los museos. 18
16
17
18
Paalen, Wolfgang. View, New York, No 8-9, octubre-noviembre 1939. Citado por
Westphalen. La teora del arte moderno. Las Moradas. Ob. cit., Vol. I, p. 234.
Westphalen. Ob. cit. La tradicin, los museos y el arte moderno. Las Moradas, Vol. II,
No 5, julio 1948, p. 244.
Ibid., p. 250.
196
Solo esta conciencia de la importancia de la poesa, las artes y la actividad
intelectual, puede permitir un desarrollo fructfero de la sociedad en su
conjunto, desarrollo que no puede ignorar la importancia del factor humano,
sensible, consciente, actuante, pleno de memoria y vitalidad. Creemos que el
autor, lo tena en consideracin.
Lneas atrs, hemos afirmado que el autor estudiado, podra ser
catalogado como un pensador pues la poesa y los ensayos de esttica son a
fin de cuentas, pensamiento, reflexin, algo que no est reido con la
creatividad ni con la inteligibilidad de actitud progresista. Esto se evidencia
en sus posiciones respecto de la libertad, valor fundamental en la condicin
humana. Su actitud de apertura enfrent los autoritarismos que abundaron
en el siglo XX y que lamentablemente en nuestros das, no han
desaparecido. Como el autor afirma ms adelante, ser intelectual es ser un
buscador de la verdad, ya no solo alguien que ama la sabidura, como en la
clsica definicin del filsofo contemplativo, sino alguien que ubicado en el
mundo concreto asume los principios de la verdad y tambin las
consecuencias. Si en el pasado, hubo autores que sirvieron a la mezquindad
de intereses polticos srdidos; el intelectual que postula nuestro autor se
pone al servicio de la vida justa, de la razn valiente, en su austera belleza.
() lo que nos interesara aqu es esclarecer por qu algunos intelectuales
aparentemente en oposicin a los fundamentos mismos de su condicin
de investigador de la verdad o de las verdades, pues no seria esta la
definicin mas admisible de lo que esencialmente es un intelectual? no
hallan otra manera de combatir ideologas contrarias si no es arrogndose
poderes para la condenacin, para sentenciar a pena de exterminio las obras
que no son de su agrado. 19
Si bien la moral es un principio de accin individual y la tica, el producto
social y consensuado de las diversas morales coexistentes, con el respeto y
tolerancia necesarios, esta afirmacin carecera de sentido si se la asume solo
como elegante juego de palabras sin consecuencias prcticas en el mundo
real. Hemos sealado que el mundo social es el mundo de los hechos, de la
ciencia, la tcnica, la tecnologa y la industria; pero todo ese mundo quedara
vaco sin los escrpulos morales, sin la sensibilidad ante las situaciones
crticas 20. Tanto los surrealistas como nuestro Westphalen, en su valoracin
19
20
Ibid. Quin habla de quemar a Kafka, Vol. I, No 1, mayo 1947, pp. 367-368.
Estaramos aqu ante el moderno proceso desacralizador de los discursos fundamentales:
un paso de la metafsica teolgica a la ideologa con base cientfica que en su
197
de la afectividad y el amor, hacen un llamado a enfatizar lo ms noble del ser
humano: ante la angustia de la sinrazn y el caos de la brutalidad, contestan
con la afirmacin de la vida. Pero: no es el surrealismo, el arte de la belleza
convulsiva y de lo extrao? La respuesta es afirmativa, pero al igual que en
Kafka autor que Westphalen defiende en la presente citano estamos ante
un elogio del absurdo y la barbarie. Los surrealistas y Franz Kafka 21 de
quien se ha sealado afinidades de estilo con el expresionismo alemn,
adems de su relacin crtica con su propia tradicin tnica y religiosa juda
no defienden el absurdo. Lo muestran planteando un mundo de belleza
nueva y plenamente humana. Un mundo en que la crtica es libertad tolerante
y no una justificacin de condenas a beber la cicuta o llamado al
linchamiento. Reconocer la autoridad del conocimiento no debe significar el
someterse a la prepotencia, el oprobio o la sevicia. De no ser as en qu se
convierte el hombre?
() Se cita a un seor que ha decidido que la literatura es una
supervivencia condenada a desaparecer () y que hay que quemar a Kafka
porque la sociedad debe tomar medidas contra las actividades que ponen
en peligro sus intereses esenciales. La obra de Kafka seria merecedora de
tales medidas, ya que expresa de manera contagiosa un cierto estado de
descomposicin social 22.
Un genuino humanismo solo puede funcionar en una libertad plena que
reconozca el rol crtico y social del arte. Un artista de tiempos de vanguardia,
en adelante, no puede aislarse del mundo pues vive en el mundo! Y es desde
su lugar en este, que realiza sus afirmaciones, mostrando con metforas o
diciendo categricamente lo que piensa de la realidad en la que le ha tocado
vivir. El artista, aquel que tiene el don innato de la imaginacin esttica y que
adems, gracias a un contexto favorable puede ejercitarse en el oficio de la
creacin; no por ello est realizando un rol semi-divino! ms bien, est
21
22
secularizacin no debera perder valores propiamente humanos como la libertad y la
dignidad. En dicha evolucin y contraste, la moralidad superara sus bases tomadas de
discursos religiosos irracionalistas, consolidndose en prctica tico-poltica. Puede
compararse el humanismo testa del iluminismo con el humanismo agnstico de la
vanguardia, en distintos momentos de la modernidad. Kant, Inmanuel. Crtica de la razn
pura. Madrid, Alfaguara, 1988, p. 648.
Kafka, Franz. Obras completas. Novelas-Cuentos-Relatos. Barcelona, Edicin al cuidado de
Alberto J. R. Laurent, Edicomunicacin, 2003, Tomo I, pp. 9-13.
Westphalen. Ob. cit., Quien habla de quemar a Kafka, Vol. I, No 1, mayo 1947, pp. 368369.
198
oyendo su voz interior y realizando sus capacidades innatas. En un mundo
libertario, el que planteaban los surrealistas y con ellos, nuestro poeta;
utpico pero no por ello imposible, esta libertad de desarrollar las
capacidades innatas no sera el privilegio de determinada casta, sino una
conquista para todos los hombres que hermanados por la libertad consciente
viviran plenamente su condicin de seres finitos e imperfectos, pero
liberados de la opresin deshumanizante del capitalismo, de sus guerras y su
contaminacin destructora.
[A Franz Kafka] Al artista podran aplicarse las palabras que se dirigen
al hroe de El Castillo 23 en la misma novela: porque qu es lo que
persigue?, qu extraa especie de sujeto es este?, qu es lo que pretende?
Qu importantes asuntos son esos que le tienen ocupado y que le hacen
olvidar lo ms cercano, lo mejor, lo mas hermoso? 24
La necesidad del arte y de la libertad es evidente para aquel que en el mundo
contemporneo, se plantea la defensa de aquello que nos hace
verdaderamente humanos y dignos en nuestra imprevisible y diversa
condicin. Creemos que en la obra de Westphalen, tanto la potica como la
ensaystica, se da una apologa de valores ciertamente histricos y
contingentes, pero que rescatan lo mejor y ms valioso de la sociedad
humana; como el amor, la libertad, la justicia, la solidaridad y la esperanza. El
mundo que le toc vivir a nuestro autor fue un mundo cambiante,
antecedente del nuestro actual y, este mundo solo cobrar sentido en tanto se
desarrolle teniendo presente al hombre y sus necesidades concretas. Toda
especulacin metafsica, deca Marx en las ya clsicas tesis sobre Feuerbach 25,
se resuelve en la vida prctica. Esa fue la orientacin del surrealismo y ese
fue el impulso nunca perdido de Westphalen. Creemos que dicha intencin
es noble y correcta.
() Se nos admitir si concluimos que toda amenaza contra las libres
expresiones artsticas, que toda limitacin del campo de influencia del arte
grande y excelso, nos parece atentar contra el nivel muy inestable de una
cultura adquirida a gran costo y esfuerzo, de una cultura siempre vulnerable
23
24
25
Kafka, Franz, Ob. cit. El Castillo (Der Schloss, 1922). Munich, Tomo 3, 1926.
Westphalen. Ob. cit., p. 374.
Marx, Karl, Engels, Friedrich. Tesis sobre Feuerbach (1845). Obras escogidas. Apndice
de Engels, Friedrich: Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofa clsica alemana, 1888,
traduccin al espaol (Tesis). Mosc, Ed. Progreso, 1973, N 8, p. 9.
199
y que tiene menester a cada instante que la defendamos contra las
corrientes del oscurantismo y el egosmo? 26.
A modo de reflexin final, cabe agregar lo siguiente: Si la dimensin ticopoltica del arte es algo indiscutible, esto es as porque la filosofa solo es
legtima filosofa como factor dinmico de la vida social de la comunidad. Y
el arte es expresin de la filosofa de su tiempo y de los constantes
cuestionamientos que revisan la tradicin vigente, la consolidan o la
redefinen 27. Sea en el caso del autor que analiza Westphalen Franz Kafka
sea en el caso del mismo Emilio Westphalen, la literatura y la reflexin crtica
alcanzan su valor porque elijen ser cuestionamiento de lo vigente, de aquello
que por sentado no es criticado y es aceptado con la resignacin que se
acepta lo eterno.
() comenta Hannah Arendt: no tenia amor por el mundo como se le
ofreca y tampoco tenia amor por la naturaleza. El deseaba construir un
mundo de acuerdo con las necesidades humanas, un mundo donde las
acciones del hombre estn determinadas por l mismo y que se rija por sus
leyes y no por misteriosas fuerzas que emanen de lo alto o de lo bajo 28.
La condicin humana, aquello que nos hace ser lo que somos y que se
manifiesta tanto en los grandes momentos irrepetibles como en lo ms
simple de nuestra vida diaria, solo puede desarrollarse en la libertad de una
sociedad en que la vida est por encima de todo y en que la libertad de creer,
de crear, de existir y de fundamentar con la propia labor, no sean ya una
utopa, sino la alegre conviccin y aliento de cada despertar, en cada cielo, en
cada libro ledo, en cada poema imaginado.
Sostenemos que la obra de Emilio Westphalen; tanto desde la
poesa, como desde la prosa ensaystica y reflexiva, constituye un aporte
desde las letras latinoamericanas, a la discusin y reflexin crtica de temas
genuinamente filosficos, como el tema de la condicin humana, aqu
analizado. La sntesis, por l realizada, es un hito a alcanzar y desde el cual, se
puede desarrollar toda una veta de nuestro pensamiento colectivo. Creemos
que esta obra suya esperanzada, debe considerarse parte del mejor legado del
26
27
28
Westphalen. Ob. cit., p. 375.
Recordar la importancia que para el surrealismo tiene el discurso esttico de la filosofa
hegeliana. Cf. Hegel, Georg Friedrich Wilhelm. Esttica. Barcelona, RBA Coleccionables,
2002, Vol. I, p. 70.
Arendt, Ana. Franz Kafka. A Revaluation, Partisan Review, New York, Fall, 1944.
Westphalen, Ob. cit., p. 379.
200
surrealismo, correlato esttico del socialismo libertario y que autores como
Emilio Westphalen, contribuyeron desde la coherencia de vida y obra, a
superar, redefinir y consolidar.
201
Bibliografa 29
De Emilio Adolfo Westphalen
Poesa
Las nsulas extraas. Lima, Compaa de Impresiones y Publicidad, 1933.
Abolicin de la muerte. Lima, Ediciones Per Actual, 1935.
Otra imagen deleznable (poemas 1930-1978), incluye seccin indita Belleza de
una espada clavada en la lengua. Mxico D.F., FCE, 1980.
Arriba bajo el cielo. Lisboa, 1982.
Mximas y mnimas de sapiencia pedestre. Lisboa, 1982.
Nueva serie (de escritos). Lisboa, 1984.
Belleza de una espada clavada en la lengua (poemas 1930-1986). Lima, Ediciones
Rikchay, 1986.
Cul es la risa, Auqui. Barcelona, 1988.
Ha vuelto la Diosa Ambarina. Tijuana, 1988.
Bajo zarpas de la quimera (poemas 1930-1988). Madrid, Alianza Tres, 1991.
Falsos rituales y otras patraas (poemas en prosa). Presentacin de Ivn Ruiz
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29
Martos, Marco. Emilio Adolfo Westphalen. Poesa completa y ensayos escogidos. Lima,
PUCP, 2004, pp. 697-699.
202
Prosa
La poesa, los poemas, los poetas. Mxico, Universidad Iberoamericana, 1995.
Escritos varios sobre arte y poesa. Lima, FCE, 1996.
Revistas dirigidas por Emilio Adolfo Westphalen
El Uso de la Palabra (Codirigida con Csar Moro) (Lima), nico nmero,
diciembre 1939.
Las Moradas (Lima), ocho nmeros, 1947-1949.
Revista Peruana de Cultura (Lima), nmeros del 2 al 8, 1964-1966.
Amaru (Lima), catorce nmeros, 1967-1971.
Sobre Emilio Adolfo Westphalen
Fernndez Cozman, Camilo. Las nsulas extraas de Emilio Adolfo Westphalen.
Lima, Naylamp, 1990. 2 ed. Lima, Fondo Editorial UNMSM, 2003.
Rodrguez Padrn, Jorge. El pjaro parado (Leyendo a E. A. Westphalen).
Madrid, Ediciones del Tapir, 1992.
Ruiz Ayala, Ivn. Potica vanguardista westphaleana. Lima, PUCP, 1997.
zquiza, Jos Ignacio. La Diosa Ambarina: Emilio Adolfo Westphalen y la creacin
potica. Cceres, Universidad de Extremadura, 2001.
203
JAVIER PULGAR VIDAL (1911-2003)
DEFENSOR DEL INDIO Y DE LOS DESCENDIENTES
DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Gegrafo. Hijo de Francisco Javier Pulgar Espinoza y Eumelia del Carmen
Vidal Ijurra. Naci en Panao (Hunuco) el 2-I-1911 y muri en Lima el 18V-2003. Egresado del antiguo Colegio Nacional de Minera de Hunuco
(1929), trasladse a Lima; curs estudios en la Pontificia Universidad
Catlica del Per, en la cual opt los grados de Br. en Filosofa, Historia y
Letras (1936) y Dr. en Historia y Letras, especialidad de Geografa (1939),
presentando para este ltimo una erudita tesis que defini como Introduccin
al estudio del ro Huallaga (4 vols.); y luego de graduarse tambin como Br. en
Derecho y Ciencias Polticas (1941), con una tesis sobre la Situacin jurdica del
profesor de institutos particulares de enseanza, opt el ttulo de Abogado; tambin
estudi Ciencias Econmicas y Anlisis Integral del rea y Planificacin en
su calidad de Gegrafo Analista en The National Planning Association de
Washington D.C. Incorporado a la docencia en la Pontificia Universidad
Catlica del Per (1932), regent las ctedras de Filosofa de la Religin, de
Geografa Humana General del Per y de Arqueologa (1934), a pedido de su
maestro, el sabio Julio C. Tello. Fue profesor de secundaria en Lima y Callao.
Nombrado secretario del Ministerio de Fomento y Obras Pblicas (19411944); viaj a Estados Unidos, en relacin con The National Planning
Association, de Washington (1943-1944). Elegido diputado independiente
por la provincia de Pachitea, Hunuco (1945-1948); ingres al partido
Aprista, por invitacin de Haya de la Torre y de Manuel Seoane Corrales
(VIII-1945); ejerci la secretara de su cmara (1945-1947). Asumi la ctedra
de Geografa del Per en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos (1946), donde funda el Instituto de Geografa (1947) y
el Fondo Toponmico Peruano (1948). Desterrado a Colombia (1948), sirvi
como profesor en la Universidad Nacional, donde fund la ctedra de
Geografa Econmica General de Colombia (1949-1958) y la Divisin de
Recursos Naturales (1956); fue tambin catedrtico en el Gimnasio
Moderno, en la Universidad de Amrica, la Universidad de los Andes, la
Gran Colombia. Gegrafo Asesor de la Oficina de Censos Nacionales (19491951); fund y dirigi el Fichero Cientfico Agropecuario del Ministerio de
Agricultura (1951-1954); el Fichero Cientfico del Arroz para la Federacin
de Arroceros (1954); fund la Universidad de Bogot Jorge Tadeo Lozano
204
(1954), donde cre facultades nuevas como las de Geografa, Recursos
Naturales, Oceanografa y Diplomacia, en la cual tuvo a su cargo el decanato
de la Facultad de Recursos Naturales y de Ciencias Geogrficas. De vuelta en
el Per, es nombrado Asesor Jurdico de la Cmara de Diputados (19581959); trabaj para el Plan del Sur (1959); miembro de la Comisin Mixta
Peruano-Colombiana. Fundador y primer Rector de la Universidad Comunal
del Centro del Per en Huancayo (1959) y de sus filiales en Lima, Huacho,
Cerro de Pasco y Hunuco; cre ocho facultades nuevas en el pas y que
fueron luego adoptadas por casi todas las universidades: Ciencias
Geogrficas y Planeamiento, Recursos Naturales, Zootecnia, Ciencias
Forestales, Acuicultura y Oceanografa, Ingeniera Industrial, Administracin
Pblica y Privada y Contabilidad, Comercio y Clculo Actuarial. A partir de
1961 se nacionalizan estas cinco universidades convirtindose en las
Universidades Nacional del Centro (Huancayo), Federico Villarreal (Lima),
Hermilio Valdizn (Hunuco), Daniel Alcides Carrin (Cerro de Pasco) y
Jos Faustino Snchez Carrin (Huacho).
Se reincorpora a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos (1962), donde retoma sus ctedras de Geografa y de
Recursos Naturales; durante varios perodos ejerci en ella la direccin del
departamento de Geografa y del Instituto de Investigaciones Toponmicas
hasta su jubilacin (1975); opt el ttulo de gegrafo profesional (1975) e
inici la compilacin de un ambicioso Diccionario geogrfico toponmico del Per.
Al solicitar su jubilacin (X-1975), se le design catedrtico emrito. Asesor
de la Asamblea Constituyente en las Comisiones de Recursos Naturales,
Descentralizacin y Amazona (1978-1979). Integr el equipo vencedor en el
concurso promovido por el gobierno para planear la fundacin y la
construccin de Ciudad Constitucin, en la regin trasandina (1982); recibi
las Palmas Magisteriales en el Grado de Amauta (12-XII-1984). Fue
nombrado director de la Oficina Nacional de Evaluacin de los Recursos
Naturales (1985) y luego embajador extraordinario y plenipotenciario en
Colombia (VII-1986 a VIII-1988 y V-1989 a VI-1990). Fue nombrado
profesor emrito de la Universidad Nacional Hermilio Valdizn de Hunuco
(1986) y de la Universidad Nacional Federico Villarreal (1993); y profesor
honorario de la Universidad Nacional de Piura (1984) y de la Pontificia
Universidad Catlica del Per (1989). Tambin recibi la orden de San
Carlos en el grado de Gran Cruz de Colombia (11-VII-1988); fue asesor
cientfico del Instituto Nacional de Salud (1992).
Fue miembro de las siguientes instituciones: del Comit Nacional de
Proteccin a la Naturaleza, la Sociedad Peruana de Historia, la Sociedad
205
Geogrfica de Lima, del Instituto Panamericano de Geografa e Historia, la
Orden de la Legacin Mariscal Andrs A. Cceres-Olmo, de la Red Nacional
de Accin Ecologista del Per, de la Academia Colombiana de Historia, de la
Academia Colombiana de Letras y Filosofa, de la Sociedad Bolivariana de
Colombia, de la Sociedad Geogrfica de Colombia (1987), del Frente
Ecolgico Peruano (1991), entre otras. Fund la primera maestra en
Ecologa en el Instituto Cambio y Desarrollo, conjuntamente con la Escuela
de Post-grado de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega (1991). Presidente
de la Comisin Organizadora de la Universidad Alas Peruanas (1995-1996),
primer Rector de esa casa de estudios (1996-2000); Rector Honorario y
Vitalicio de la misma (III-2000 a 18-V-2003), da en que falleci.
Obras: Algo sobre el indio que yo conoc (1931), Filosofa de la religin
(1932), Geografa humana general y del Per (1932, 1944), Ensayos geogrficos (tres
tomos, 1938, 1939-1941), Introduccin al estudio del ro Huallaga (cuatro tomos,
1939), En torno a la condicin jurdica del profesor del Instituto Particular de enseanza
del Per (1941), Geografa del Per - Las ocho regiones naturales del Per (1941,
corregida y aumentada en sucesivas ediciones; onceava edicin, 1998), que
expone una original teora sobre diferenciacin de las regiones en relacin
con los pisos ecolgicos; Lambayeque Arid Zone (Estados Unidos, 1944),
Historia y geografa del Per (1946), Apuntes del viaje de Bogot a Ipiales (Colombia,
1949), El curi, cuy, sucuy, cuye, jaca o conejillo de Indias en Colombia (Colombia,
1951), Bibliografa de la fiebre aftosa en Colombia (Colombia, 1952), Geografa
econmica general de Colombia (Colombia, 1953), Primer Diccionarios biogrfico
profesional de ingenieros agrnomos [dos tomos, Colombia, 1953), El mangle
(Colombia, 1953), Rplica del Doctor Javier Pulgar Vidal al Licenciado Milciades
Chaves (Colombia, 1953), La quinua o suba en Colombia (Colombia, 1954), El
hombre de la Guajira (Colombia, 1954), El eucalipto (Colombia, 1955), El ganado
blanco orejinegro (Colombia, 1955), El arroz en Colombia (Colombia, 1955), La
Universidad de Bogot Jorge Tadeo Lozano (Colombia, 1955-1956), Los recursos
naturales de Colombia (Colombia, 1956), Voces claves agropecuarias de la Amrica
tropical (Colombia, 1957), Realidad Universitaria y Normal en el sur del Per
(1959), Universidad Comunal del Centro del Per (tres tomos, 1960), Primera
Exposicin Nacional de Quilcas (1962-1963) como Director del Departamento
de Geografa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Notas para un
diccionario de huanuqueismos (1967), El cuy en el Per (1968), El cocotero (1977),
Los recursos naturales del Per (1985), Perfil ambiental del Per (1986); Anlisis
geogrfico de la regin Nor Oriental del Maran (1989), Mapa de las ocho regiones
naturales del Per (1989), Regionalizacin transversal del Per (2006), de la cual
206
efectu tres proyectos, adems escribi folletos y diversos artculos sobre
este particular.
Fue casado con Margarita Biber Poillevard compaera intelectual y
eficiente colaboradora de todas sus obras, a quien se deben muchas
publicaciones ya editadas e inditas de sus estudios sobre nuestro singular y
complejo espacio geogrfico.
En este ensayo interpretativo sobre Javier Pulgar Vidal ante la
condicin humana slo ser posible resumir sus conceptualizaciones sobre
el indio, la geografa de las ocho regiones, sus estudios sobre la quilca
y, por ltimo, la regionalizacin transversal del Per.
Javier Pulgar Vidal escribi en 1931 una monografa para el curso de
Geografa Humana en la Pontificia Universidad Catlica del Per
denominada Algo sobre el indio o El indio que yo conoc1. El profesor
del curso Dr. Rodolfo Goycochea calific el trabajo con la nota de veinte.
Hay que agregar que esta monografa permaneci extraviada por ms de
setenta aos y que en ella se expresan las races de su pasin defensora del
indio.
En El indio que yo conoc puntualiza en la introduccin lo siguiente:
INDIO, de ti se ha dicho tanto que talvez ya te perturbe al escuchar de tus
dolores el innmero relato Fuiste grande!... Has sido el mitimae de los
blancos caballeros 2.
Terminada la introduccin desarrolla cuarenta temticas a travs de
las cuales se percibe la hondura de su conocimiento del indio con el cual
convivi; y ms todava llama la atencin cun apasionante resulta la forma
de querer transmitir todo ello al lector. De esta manera, su verdad sobre el
indio se desliza desde la primera temtica en la que hace referencia a su
nacimiento, para terminar con el desarrollo de sus artes. Un resumen del
recorrido que realiza Pulgar Vidal en El indio que yo conoc permitir que el
lector se juzgue a s mismo sobre la validez y vigencia de posibles
apreciaciones discriminatorias que tenga:
Su nacimiento: Naci una tarde en la cumbre i la lluvia lo ba. Su
madre con una manta lo cubre, se echa a la espalda al nio i con l, tras los
carneros, hasta su choza baj 3. Su muerte: Dir que el indio es pobre
an para la muerte El entierro se hace al da siguiente donde lloran las
mujeres con sus voces destempladas, desgarrando el alma con sus ayes,
1
2
3
Algo sobre el indio o el indio que yo conoc. Lima, Universidad Alas Peruanas, 2007, 302 pp.
Ob. cit., p. 7.
Ibid., p. 21.
207
haciendo llorar a los curiosos i rer de miedo a los incrdulos 4. El indio
de la puna: Indio de la puna, tu eres bueno, tu eres sano como un
chuo. Helados en T se encuentran el bien i la moral No es que t seas
inservible Pues el medio es la causa Cuando de algo de comodidad se
dote a tus casuchas indio-puna, estas frases que yo escribo, necedad sern,
sin vala alguna. 5 Indio de la regin de poblamenta: t, que vives
en los contrafuertes, laderas i lomas de los Andes T, que eres cual
ganado trashumante Esa vida de caminante te ha marcado
profundamente i ya no aspiras tener t mucho, sino lo poco para un
verano, por so eres ocioso: tu ambiente es causa i no t mismo I
como dije, cuando haya moral, caminos i santo empeo, sers t, el
NUEVO. 6 Indio de la montaa: Indio que jams la luz del siglo veinte
a ti lleg tienes tus primitivos conocimientos del bien Tus buques
surcarn los ros... Ms ahora, indio, aislado en tu idioma i en tu raza por el
desprecio i el olvido slo versos (!), en verdad de ti se pueden hacer ante la
triste realidad. 7 El indio de las llamadas haciendas: A ti no podr
menos que darte lo que es tuyo, t que naces entre caaverales o cafetos o
cocales Trabajar desde los siete aos, sin escuela ni botica, sin ms que el
antojo del dspota patrn que es ley, Eres esclavo aunque no parezca:
catorce horas de trabajo diarias Destruyamos esa hacienda mal
administrada. Vayamos contra quienes maltratan a sus peones. 8 El
empleado en la ciudad: Muchas veces el hacendado lleva al indio a la
ciudad. Aunque mejora momentneamente esa servidumbre es un mal
para todos: para l mismo, sus iguales, el mestizo i la urbe Por llo,
mucho tino i estudio, educacin, escuelas, gimnasios, lectura, jornada i al
txico repudio para mejorar al mestizo i se crear al nuevo indio, se
libertar del todo a los hombres para vivir nuestro siglo. 9 El hortelano de
la ciudad: Alguno que huy de aquel infierno de la hacienda que tanto
hasta, jurando no volver por el ETERNO, empez de puerta en puerta un
da. No a pedir caridad que no conoce, sino con la pica al hombro Hay
trabajo?, Hay trabajo? Reglamentar el latifundio. Que el terrateniente
sea bueno i no habr tu miseria Que se te eduque. Que se te pague ms.
Educacin, hacendado. I caridad, justicia con el ser humano 10. El indio
soldado: Ah! no es que yo haga cargos Llega la vez de recluirlos
porque casi nunca hay voluntarios No se le ensea gran cosa que pueda
4
5
6
7
8
9
10
Ibid., pp. 31-32.
Ibid., pp. 41-42.
Ibid., pp. 45, 47, 49.
Ibid., pp. 53, 55.
Ibid., pp. 61-62, 65, 70.
Ibid., pp. 73, 79-80.
Ibid., pp. 83, 87.
208
serle til, pero a ocioso se le acostumbra en dos o tres aos Soldado
indio, algn da no lejano ni utpico sino real i cercano, te haremos digno
en la vida i vivirs con la honra i contento 11. El indio licenciado:
CUANDO CONCLUYE el llamado servicio, se le da un pasaje al
cachaco para que se vaya a su tierra Cuando no result enfermo,
corrompi su corazn, adquiri tctica en el engao, insensatez en la
accin Soldado!... no luches por tu jefe que es igual que T. Pelea
valiente cuando se trata del Per. 12 El cargador i el aguador indios:
Pobre cargador de la sierra: eres el ms explotado Con que se te pague,
revolucin tendremos resignado agero, noble corazn que imita el oficio
de nazareno 13. El indio arriero: De cargador otra clase existe que
carga an ms duro que muchas veces encontr Va detrs de sus
mulos cargados durante muchos das por caminos no enlozados sino por
sobre dbiles huellas que han marcado las pisadas. Va junto a su bestia
detenindola, siempre del lado del abismo quitar impuestos a la rstica i
al predio, al azcar i a la sal, es mejorar al indio arriero de su mal. 14 La
alimentacin del indio: Es sobrio, vegetariano i miserable, gusta poco
del sabor, Montona comida come toda su vida El maz es la base de
su vida: en mote, choclo i cancha La papa es su indispensable de cada
da Calabazas i zapallos come tambin, pero muy poco; come oca,
mashua i olluco todos ellos con rocotos (aj muy picante)15. Su
vestido: Lana, lana i lana, eso es todo su vestido. I si usa algodn, es
porque es suyo siendo spero peruano El hombre usa un pantaln de
hilo grueso, calzoncillo, camisa fuerte cotn (camisa con cuello pegado,
generalmente blanca i de bayeta gruesa) de lana pura, poncho i chalequillo
i manta a la cintura 16. La obscuridad en que vive el indio: Ms
cuando haya luz pblica i barata, ya tendr el indio otro alumbrado que
fogata Pues ama la luz 17. Su falta de relojes: Como puede el indio
dedicar diez y veinte soles a comprar un reloj que le indique la hora de
salida i la de entrada? Sin relojes, no es puntual 18. Sus
enfermedades: Desde antiguo tiene sfilis en sus mltiples aspectos i
algunas otras variedades de la especie de venreas; algn anquilostoma
alguna fiebre paldica i el reumatismo i as l se fabrica unos emplastos
de yerbas i brebajes que lo matan sin curarlo Con educacin e higiene, el
11
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14
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18
Ibid., pp. 91, 93, 95, 97-98.
Ibid., pp. 101, 105.
Ibid., pp. 109, 111, 113-114.
Ibid., pp. 117, 121.
Ibid., pp. 125-126.
Ibid., p. 131.
Ibid., p. 139.
Ibid., pp. 143, 145.
209
problema ya es sencillo; unas boticas i asilos; baos pblicos ya sera el
msculo sano i vigoroso que construy los acueductos i los innmeros
andenes. 19 Los llamados vicios el tritxico: Coca, tabaco i
aguardiente ese es el estupefaciente con que se mata i degenera el indio i la
raza entera EL CUATRITXICO es el vicio de los seres ms
degenerados: es shacta, tabaco, coca i cal, sin comida ni sueo Contra
tantos males slo queda una espada que esgrimir: LA EDUCACIN20.
Sus labores personales i sus cras: El indio trabaja seis meses en lo
suyo, seis meses en lo ajeno. Sabe l lo que es ayne (voz quechua que
literalmente significa ayuda) la ms grande moral de una ley natural
Ayuda a sus vecinos i parientes Sus cras son escasas i a veces
redcense ellas a unas cuantas gallinas Con escuelas tcnicas i establos
modernos es fcil de solucionar 21. Sus transacciones: Sus
transacciones comerciales i jurdicas son los hechos ms desleales que se
pueden contemplar Sus transacciones comerciales son a base del engao,
de lo que tambin l ha aprendido En lo jurdico es un litigante
incansable i muy puntual con catolicismo cumplido tendr solucin i
para ello necesitamos EDUCACIN. 22 Por qu pelean
judicialmente?: Lo que parece que se pelea no es la tierra, es la idea de
conservar supremaca, de ser el rey de sus dominios. El sentimiento de ser
dueo, el placer de litigar i no por hombre bruto, sino porque eso es lo
SUYO i nada ms 23. Sus contribuciones: Su contribucin de sangre
es la ms crecida que percibe la nacin el ms ultrajado i estropeado es el
primero que salta a defenderla en la guerra 24. Su instruccin: Sabias
leyes nos han dado un buen nmero de escuelas Pero los nuestros
profesores jams cumplen su deber. No es cargo que levante ni calumnia
que yo invente Adems, los profesores deben saber quechua i
castellano algo les ensean en dialecto i nada en nuestro idioma, 25.
Su religin: Fue el adorador de Viracocha, Pachactec, Pachacmac,
trinonimia que responde a uno, a un Dios creador de Pacha. Los espaoles
dironle de Cristo la Santa Religin Es en consecuencia un catolicismo a
su manera Los sermones de los frailes, los descalzos misioneros influyen
grandemente sobre ellos el indio an es catlico. Por ello es, creo yo, que
se resiste porque espera otra vida con gran resignacin Para mejorar la
religin, para mejorar todo el Per, hay que hacer maestros a los Santos
19
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22
23
24
25
Ibid., pp. 149, 152.
Ibid., pp. 155, 160, 162.
Ibid., pp. 165-166.
Ibid., pp. 171, 173, 174.
Ibid., p. 177.
Ibid., p. 181.
Ibid., pp. 187, 189, 191.
210
Misioneros 26. El fetichismo: De esta forma religiosa algo tiene
nuestro indio: adora a los cerros i a la luna, no ya con necia idolatra sino
como a genios subpotentes Cuando viajan i encuentran la apacheta
(montones de piedras. Adoratorios de caminantes), la piedra es infalible no
dejar hacindose as la apacheta inmensa. Como stos son residuos de
antiguos ritos incanales, los conservan por costumbre, que con algo de
conocimientos quedaran olvidados para siempre. 27 El tabuismo: Del
tab de los primeros le ha quedado al cholo el tab domstico. Una
mazorca de maz que sea triple o de extraa formacin, de colores no
comunes i de granos mal dispuestos: se es el gran tab Una papa
caprichosa, una coca achatada, una calabaza en miniatura, son todos para
ellos el tab, inviolables i sagrados, que ni los comen, ni los venden, pues es
peligro inminente el hecho de pensar as 28. El culto a los muertos:
Ellos juzgan que los muertos, el Da de Finados, regresan siempre a verlos
i casi tienen un culto para llos As como la ofrenda, es indispensable la
luz ardiendo cinco das en la casa en que velaron al difunto; al cabo de los
cuales lo despiden, haciendo el ttrico pichigachi (ceremonia familiar que
se realiza cinco das despus de fallecida una persona adulta y durante la
cual se velan los vestidos que dej el difunto) Cuando haya educacin i
verdadero cristianismo, ya no habr tal presuncin. 29 Un filn que el
indio explota: El indio reconoce su ignorancia i la explota como medio
de pedir Hay que instruirlo prctica i sencillamente para tener jornaleros,
ciudadanos, peones i obreros que sepan leer i discurrir; no enciclopedistas
lechuguinos sino prcticamente sindicalistas dentro del catolicismo.
Educacin!!!! i habr indios nuevos. 30 Sus costumbres pblicas: El
indio, como todos, siguiendo la ley de multitudes, cambia claramente su
carcter; se torna guapo i atrevido, destructor e insolente. Es capaz de
movimientos decisivos. Se renen los ancianos, la Junta de Mayores (los
viejos del pueblo), i con gran solemnidad son ellos los jurados, fiscales i
compurgadores que deciden de los pleitos, de declarar algn litigio, de
hacerse una acequia o un camino de devolver algn prestigio Salvo
algunas, no son malas todas las costumbres Instruyendo a los Tenientes i
a los Jueces de Paz, no habr temor de que ignorantes se dejen engaar. 31
Sus diversiones: Despus del gashpanacuy (llamado tambin
gaspanacuy, es un juego que se practica en los velorios cuando el sueo a
vencido a los dolientes. Consiste en quemarles el cabello o el vello),
26
27
28
29
30
31
Ibid., pp. 195, 196, 198, 199, 200.
Ibid., pp. 203-204.
Ibid., p. 207.
Ibid., pp. 211-212.
Ibid., pp. 215, 217.
Ibid., pp. 221-224.
211
tenemos la tirapa (primera labor de desyerbe que da al trigo y que adems
tiene por objeto doblar las plantas a fin de que echen races adventicias y
macollen) Cuando el trigo est en estado de arrancarle la maleza, se
renen hombres i mujeres, nios i ancianos, a jugar i sobre el trigo
tiernecillo se revuelcan i retozan, hasta no dejar un tallo sin voltear Para
la primavera cambia el juego, usndose entonces el chuchunacuy
(mamar) Cuando llega el carnaval se juega bruscamente las cuadrillas
de auquillos (danzantes que representan viejos), de jijas (danza aborigen
tradicional), de caballos (danzantes que representan caballos) i de pallas
(danzantes mujeres que representan a las servidoras del Sol), son otras
tantas diversiones que el indio tiene en sus programas Estas i otras
diversiones no estn muy arraigadas i bien podranse quitar con tal de
presentarles otra diversin en su lugar. 32 Sus costumbres privadas:
Cuando un mozo se enamora, acude presuroso a compromiso i el cambio
de aros se realiza en el camino, a la sombra de un aliso Cuando son ms
habladores van a pedir la mano a sus paps. La piden por mujer por medio
de sus representantes: sus tos o sus tas i pap, acto al que le llaman el
rimayacu (es el hablado, peticin) a lo que casi siempre llegan; o de
hecho en matrimonio, aunque es casi nunca visto que se casen sin tener un
hijo En su hogar son felices, ms o menos. La mujer es respetada como
esposa i como madre; pero nunca puede oponerse a las disposiciones del
marido, no porque sea esclava, sino por su honor i fama, desde que el
huarmi-mandana (hombre que se deja mandar por la mujer) es el mayor
degenerado Son estas las saltantes i sui generis, sus propias formas de
actuar que no son muy peligrosas ni tampoco santas son 33. El
bandolerismo: Son muy pocos. Ya no quedan los llamados bandoleros
pero por una gran desgracia, el cinema ha contagiado sus maldades a
mestizos i han sido reemplazados debemos destruirlos totalmente,
corruptores maldecidos de la vida i del vivir i que pronto a los indios
volvern a corromper. 34 La adivinacin: Parece que de antiguo el indio
conservara una actitud de pitonisa. Con granos de maiz blancos i morados,
un hauiruro i su caliza a la que llama keka (piedra blanda que parece el
calcreo asirio, muy susceptible de modelar; tiene consistencia de talco
laminar i molida sirve para los mismos usos que aqul. Los indios la
emplean para sus criaturas.), dispone en figuras caprichosas i moviendo
uno por uno traza, segn dice, el plano de la suerte. Con coca masticada
exclusiva i especialmente para adivinar, despus de haberle avisado en
secreta confidencia el objeto de su adivinacin: sabe que si sta est dulce,
ser feliz el porvenir; si est amarga, que habr desgracias, que padece algn
32
33
34
Ibid., pp. 227-230.
Ibid., pp. 233-234, 236.
Ibid., pp. 239-240.
212
mal. En fin, sabe de todo. I muchas veces, yo no s por qu, han coincidido
los tales vaticinios hasta el extremo de merecer f Es pues el indio un
elemento digno de aprovechar muy bien; no como hasta ahora despreciado,
con el miserable desdn de serrano inservible 35. La brujera: La
brujera incuestionablemente no pasa de ser mito, pues los indios mismos
persiguen a los brujos i los queman en hogueras Usan el chamico i la
tierra de panten. El floripondio, el barbasco i quien sabe el curare
(veneno activsimo). Pero esa clase de individuos no abundan ni se sabe si
habr Ah el gran peligro de comer si se es mal querido, de beber si no se
sabe que antes el indio haya bebido. 36 La supersticin: Algo de ella el
indio tuvo; pero si algo ha aprendido de su detractor con barba, es a ser un
gran credo [muchas son sus supersticiones] Son defectos heredados que
no los tienen todos i son sencillos de extirparlos con cierta educacin. 37 El
shogpi (prctica mgica o mdica que consiste en frotar o sobar animales o
vegetales en el cuerpo de un enfermo, con el objeto de curarlo o de
averiguar qu dolencia le afecta): La medicina entre llos tiene un valor
egipcio casi. Se cura a todos en la misma forma i esa es la vernacular del
shogpi. Un hombre que se enferma, quiz de hipocondra enfermedades
ellas de baja calora, las diagnostica el indio como susto. Recoge flores, no
de cultivadas sino del campo i con ellas le frota murmurando
enigmticas palabras Otras veces se cambian las flores por sapos i
cuyes La f influye mucho i el enfermo credo, con su gran tranquilidad,
obtiene el alivio que impone la psiquis a la enfermedad. 38 La yagua (se
dice que una persona, principalmente un nio, es yagua a o yagua de
otra persona, animal o cosa. As, del nio que tiene la frente calzada y es
velludo, se dice que es yagua-mono) Los yaguas son muchos: hay a los
sonsos, al gallo, a los muecos i perros, a la calabaza i zapallo, al toro i al
buey Hay algo de misterioso en tales acciones que a los mdicos debe de
interesarles i se sepa el valor del shogpi i el yagua. Se sabr que los Incas
no han sido los legos de una civilizacin material; pues ya que sus quipus
han sido destruidos i el secreto jurado por todos los indios, ha hecho que
nadie traduzca los muchos misterios que llos tenan. Los crneos
trepanados, la escasez de enfermedades, nos revelan buenos mdicos que
han dejado sus recuerdos en los shogpis i en los yaguas como actos
externos capturados de una ciencia de valor 39. Las comunidades: he
odo tanto de Comunidad, la que yo he visto se reduce solamente al agua i
al pasto. Las comunidades son por nombre Es un comunismo especial:
35
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37
38
39
Ibid., pp. 243, 245.
Ibid., pp. 249-250.
Ibid., pp. 253-254.
Ibid., pp. 257-258.
Ibid., pp. 261-262.
213
los caminos los hacen todos, as como las acequias, la Iglesia i el casern
municipal COMUNIDAD DE IDEAS all existe COMUNIDAD DE
RAZA I DE TALANTE la raza de peruanos ha de ser el indio que algn
da volver a imponerse con valor. Pues el medio es el de l. 40 Su
industria: Desde el punto de vista comercial no tiene industria en verdad.
Si su materia prima la transforma no es para cumplir algn proceso de
movimiento econmico, sino para cambiarla o usarla. I si llega a vender no
es tampoco para acumular fortunas de dinero, sino para pagar impuestos o
adornos para l con los colores que pondr a su vestido. Tiene telares de
carcter primitivo donde teje para l i su familia, a quince centavos cada
medro Tiene la callhua (telar aborigen. Se dice tambin de una de las
piezas de dicho telar que se usa para ajustar los hilos de la trama) i los
moldes con que hace mantas para llos i hace medias que las vende De la
leche hace queso De las papas, el chuo i el moray; de la oca, el pano i la
caya; i la chochoca del maz. Hace jamn de sus cochinos, chalona de sus
cabras i carneros Curte suelas de novillos Nunca aspira hacerse rico,
no le importa el dinero Le gusta trabajar i as se podra dar gran
movimiento a todo lo incipiente en que trabaja el indio hoy. 41. Sus
artes: No es escultor ni arquitecto, ni dibuja, ni versifica. Pero se
compone, se personifica en lo rtmico-doliente de su msica. La cermica
que a l le d oportunidad de expresarse Es el indio el que armoniza
todos esos sentimientos, cuando vive, cuando es libre; pero cuando ya es
operario de la hacienda i ganar salario, cuando ya su alma se ha muerto por
el contagio del alma del patrn, olvida, se asimila a l i su msica es alegre
por el sarcasmo de la vida Pero en fin, en tesis general, es el caso que el
indio msico tampoco crea a cada rato. Es un bardo que se entretiene en
siempre repetir las mismas expresiones Porque esa profunda cisterna es
siempre la misma sin cambiar en su sistema, sin pedir ya nada nuevo,
porque hasta ahora no se sacia, porque nadie la ha cegado respondiendo a
lo que pide. 42
En la Conclusin de lo inconcluso Pulgar Vidal pide literalmente pensar
en la necesaria participacin de los indios porque:
nadie hace, cuando habla del indio, REALIDAD se exagera o se
describe de acuerdo con las leyes de alguna comunidad i en falsas
generalizaciones se cree resolver el problema de explicar nuestras
cuestiones. I nos presenta el dilema: o se le salva, se dice, o se le mata i no
hay ms. PERO NOSOTROS ESTAMOS LOCOS. Hemos perdido el
40
41
42
Ibid., pp. 265-267.
Ibid., pp. 271-272.
Ibid., pp. 275, 278-280.
214
juicio ciegos de toda realidad i nadie hasta ahora ha pensado en
CONVOCAR A AUN CONGRESO DE MAYORES, A UNA
DISCUSIN DE INDIOS, EN LOS QUE LLOS DIERAN EL
MATERIAL DE SUS NECESIDADES I EL MESTIZO LA FORMA
DE LA LEY 43.
La justicia y el conocimiento antropolgico del indgena son dos verdades
expuestas en este largo ensayo del Indio que yo conoc, sobre cuya antropologa conocimiento del indgena, de su espacio y de su historia- ha de crear Javier
Pulgar Vidal su Geografa de las ocho regiones naturales del Per 44, a travs de la
cual renov la concepcin del espacio geogrfico transversal de costa, sierra
y montaa por el de las ocho regiones naturales. Esta obra, que fuera
publicada por primera vez en 1941, comprende en su versin ampliada
cuatro partes: (i) Las ochos regiones naturales del Per (ii) Otros criterios
sobre la divisin y sub-divisin del territorio peruano (iii) La regionalizacin
transversal del Per y (iv) La sabidura ecolgica tradicional.
En apretada sntesis se expondr la primera parte, que se refiere a
estas ocho regiones naturales del Per. Al respecto Pulgar Vidal sostiene que:
Atenindome a la sabidura geogrfica tradicional, procuro ofrecer
en este libro una visin completa de nuestra geografa. Para ello, se
han recogido las experiencias milenarias de quienes, en el Antiguo
Per, divulgaron sus conocimientos geogrficos escribiendo en el
suelo las caractersticas ms importantes de lugares, conjuntos
orogrficos, cursos de ros y regiones naturales. 45
Experiencias milenarias de aquellos hombres que en aquel entonces,
recorrieron nuestro vasto territorio llegando a conocerlo a plenitud y
adquiriendo as conocimientos prcticos que expresaron mediante el
significado de los nombres geogrficos. 46
Para Pulgar Vidal la divisin de un territorio en regiones naturales
debe basarse necesariamente en la consideracin analtica de todos los
factores del medio ambiente natural de dicho territorio 47.
43
44
45
46
47
Ibid., pp. 283, 286-288.
Geografa del Per. 10 ed. Lima, PEISA, 1996, 302 pp.
Ob. cit., p. 9.
Loc. cit.
Ibid., p. 16.
215
Y reitera que el anlisis cabal del territorio slo es posible mediante
la consideracin ntegra de todos los factores del medio ambiente natural,
combinados de manera armoniosa y en proceso histrico y actual con la
obra, la adaptacin y las modificaciones que el hombre ha realizado y realiza
en el territorio peruano. 48
Y en relacin con este criterio asegura que:
los antiguos peruanos y los campesinos, sus actuales herederos
poseedores milenarios de esta tierra, llegaron a configurar una imagen
clara del territorio peruano, conforme a la cual el Per est dividido en
OCHO REGIONES NATURALES, cuyos nombres han quedado
guardados en la Toponimia Regional Peruana: Chala, Yunga, Quechua,
Suni, Puna, Janca, Rupa-Rupa y Omagua. 49
1. La Regin Chala o Costa. En el pasado, esta regin recibi los
nombres de CHALA, CHALLA, TCHALLA, LLANOS y COSTA.
Actualmente, se le designa preferentemente con el de Costa, aunque
nosotros proponemos se adopte el nombre de CHALA, conforme a su
etimologa y al contenido geogrfico que conlleva CHALA es la
REGIN DE LAS NIEBLAS. Por otro lado, CHALLANI es sinnimo de
gara o lluvia fina que engendra la niebla al rozar el piso ocupado por el
hombre.50
se extiende desde la orilla del mar, a cero metros, tiene adentro hasta
donde la pendiente alcanza los 500 metros de altitud se extiende de sur a
norte, a lo largo del Pacfico, en forma de una faja longitudinal de anchos
diversos, con una inclinacin variable que la hace subir desde cero metros
hasta ms o menos 500 metros sobre el nivel del mar 51.
El hombre adaptado secularmente a esta regin es el chalaco, maestro en
el desvo de las aguas fluviales por medio de canales o brazos de ro con el
objeto de irrigar los valles costaneros en toda su amplitud. 52
El paisaje de la Costa corresponde al de un inmenso desierto interrumpido
longitudinalmente por estrechos oasis transversales, en los que estn situados
las ciudades, pueblos, villas y haciendas con sus cultivos y fbricas 53.
48
49
50
51
52
Loc. cit.
Loc. cit.
Ibid., p. 33.
Ibid., pp. 34, 37.
Ibid., p. 56.
216
2. La regin Yunga. En lengua Runa-Shimi, la palabra YUNGA o
YUNCA significa valle clido. Segn esta etimologa, habra una perfecta
relacin entre la idea de valle clido y el hecho geogrfico de que los
lugares clidos del Per reciban, por lo general, la denominacin de
YUNGAS, YUNCA o YUCAY o algunas de sus mettesis, tales como
Cuyo o Cuyun en el valle del ro Chancay o Pasamano.
En lengua Aymara, esta misma palabra significa mujer estril o que no
tiene hijos por haberlos perdido que corresponde tambin, en forma
plenamente satisfactoria, a la realidad geogrfica de todas las tierras yungas
del Per que, ms arriba de la lnea de canales de riego, son yermas,
abertales, ptreas y desrticas. 54
La obra del hombre antiguo en la Yunga: el poblador tradicional es el
yunga llamado yuncachu y despectivamente mapayunga. Como las tierras
cultivables en la yunga son muy escasas el hombre antiguo procedi a la
construccin de numerosos andenes siendo el andn de la quebrada Yunga el
ms tpico de los andenes peruanos:
sobre la pendiente escarpada y rocosa de los cerros construyeron
importantes muros de 2 y 5 metros de altura, empleando piedras grandes,
medianas y pequeas, acomodada con mortero de barro o sin l; la cavidad
resultante entre el plano inclinado del monte y la perpendicular del muro,
fue rellenada acomodaron piedras grandes, sobre ellas echaron las
piedras medianas y chicas, luego piedra menuda y cascajo y la parte superior
se rellen con tierra cultivable trada desde grandes distancias 55.
Sobre el hombre actual Pulgar Vidal dice que:
ha descuidado las tierras de las quebradas de la Yunga Martima y los
andenes y miles de andenes, con centenares de kilmetros de extensin,
yacen abandonados en nuestro territorio constituyendo un tesoro difcil de
aprovechar y un ejemplo de la magnitud de las tareas cumplidas por los
hombres que pusieron el esfuerzo comunal al servicio del bienestar
social. 56
53
54
55
56
Ibid., pp. 57-58.
Ibid., p. 61.
Ibid., p. 75.
Ibid., pp. 76-77.
217
3. La regin Quechua. Las palabras QUECHUA, KESWA,
QUICHUA, QUESHUA o QUECHA se empleaban, en el Antiguo Per,
para designar a las tierras de clima templado y este trmino se ha
desfigurado en su significado y se emplea ahora para designar al idioma
aborigen ms difundido en el pas y para calificar al elemento tnico
descendiente de los pobladores del imperio del Tahuantinsuyo. O sea, que
la palabra QUECHUA es actualmente, por doble error, tanto el nombre de
un idioma, cuanto el de una raza. 57
La Regin Quechua se encuentra ubicada en los declives oriental y
occidental del sistema andino y se eleva entre los 2,300 y los 3,500 metros
sobre el nivel del mar, constituyendo fajas longitudinales que se extienden a
lo largo de todo el pas, entre las fronteras con Bolivia y Ecuador. 58
Con relacin a la obra del hombre antiguo en la Quechua, Pulgar
afirma que:
Por la esplendidez del clima, esta regin fue aprovechada ms que ninguna
otra por el hombre antiguo y le fue fcil desarrollar en ella una intensa
actividad agrcola los ayllus fueron posesionndose de toda la tierra
cultivable; y parcelndola, la poblaron de numerosas casas, alejadas unas de
otras. Abrieron canales para atender a las necesidades de la vida
domstica y de la agricultura, logrando as aumentar la densidad de la
poblacin, que en algunos sitios se acumul formando pueblos. Para
impedir que la erosin destruyera los suelos, construyeron muros de
contenciny plantaron rboles que con sus races contrarrestaron la
accin destructora de las aguas las tierras de la Quechua guardan en s el
valor que les otorgan millones de jornadas de trabajo que les dedicaron,
colectivamente, hombres quechuas de otras edades, que fijaron sus
moradas en la mejor regin natural para la vida del hombre, los animales y
las plantas. 59
Al referirse a la obra del hombre actual en la Quechua, Pulgar dice que
desde hace algunos aos se ha venido contemplando la posibilidad de
continuar las obras de irrigacin de la Quechua. Hay que mencionar que la
reforestacin por medio de eucaliptos produce troncos que se emplean como
lea y la explotacin de las hojas de eucaliptos comenz en el valle del ro
57
58
59
Ibid., p. 79.
Ibid., p. 81.
Ibid., pp. 93-94.
218
Mantaro donde se ha instalado una planta extractora de esencias que
abastece y da lugar a un pequeo negocio de exportacin 60.
4. La Regin Suni * o Jalca. Pulgar, al ocuparse de esta regin, dice
al respecto:
En Runa-Shimi, la palabra SUNI significa alto, largo; por extensin y
con relacin a las tierras Quechuas, se aplica a los lugares altos que, debido
a su altitud, tienen clima fro. En lengua chibcha, la voz sone o suni es el
nombre de una gramnea alta (Chasquea sp), que en diversas lenguas
peruanas recibe tambin los nombres de suro, chaglla, chaclla, chiclla,
chicla, shaglla, jaclla, jalca, etc. 61
Sobre la ubicacin y elevacin de la Suni o Jalca, sostiene que est ubicada
en los declives oriental y occidental de los Andes, en parte de los altiplanos
del Collao y sobre el lomo de los Andes en el norte del pas. Se eleva desde
los 3,500 hasta los 4,000 metros sobre el nivel del mar. 62
Con respecto a la obra del hombre antiguo en la Suni, debido a la
falta de tierras para la agricultura, se vio obligado a construir andenes y a la
tpica construccin de corrales: muros de uno o dos metros de altura que
destinaban para asentamiento del lodo contenido en las aguas durante las
crecientes de la poca lluviosa en la actualidad, casi todos los corrales
estn cultivados y se dedican al sembro de tuberosas. 63
En la actualidad a causa de la estrechez de las tierras cultivables, de
la deforestacin y de la exigidad de sas, la mayor parte de los habitantes de
la Suni emigran las parcelas quedan abandonadas. Asistimos pues al
despoblamiento de la Suni, en consecuencia no podemos hablar de ninguna
obra en esa regin. 64
5. La Regin Puna. Pulgar al tratar sobre la etimologa del trmino
explica que:
La palabra PUNA est muy extendida en la geografa de la Amrica
Meridional, pues se la utiliza en casi todas las naciones andinas. Su
60
*
61
62
63
64
Ibid., p. 94.
Anota Pulgar que la palabra Suni queda como nombre de muchos parajes del pas, y
corresponden a toda una enorme extensin como es la pampa de Sunin o Junn, que
ocupa el lmite superior de la Regin Suni.
Ibid., p. 97.
Loc. cit.
Ibid., pp. 109-110.
Ibid., p. 110.
219
significado vara algo segn los pueblos y as, en el Ande chileno-argentino,
Puna es lo mismo que soroche o mal de altura. Como es fcil apreciar,
dicha sinonimia tiene un fundamento en el hecho geogrfico de que el
mareo, los vmitos, etc. se producen, en la mayora de las personas, slo al
llegar a la regin Puna; de lo cual se ha inferido que estar en la Puna es lo
mismo que tener Puna o apuntarse 65.
Sobre la ubicacin y elevacin de la Puna, Pulgar, asegura que se eleva
desde los 4,000 metros hasta los 4,800 metros sobre el nivel del mar Su
ubicacin es variada. As, aparece a ambos lados del declive andino,
separando cumbres nevadas entre s, reuniendo las cumbres de menos de
4,800 metros para formar nudos y mesetas y hendiendo las cordilleras para
dar paso a las abras y portachuelos. 66
Con respecto a la obra del hombre antiguo de la Puna, Pulgar, dice:
construy andenes en las punas del sur y del centro; pero como el
resto de las punas se dedic preferentemente al pastoreo ms que a la
agricultura, su verdadera obra modificadora de la geografa est
representada por los bofedales artificiales. Se llama bofedales a aquellos
lugares en que la presencia de una delgada capa de agua permanente
transforma la vegetacin de gramneas en juncos y otras especies de plantas
acuticas, que viven sumergidas o semisumergidas y cuyas hojas carnosas
son buen forraje Los bofedales pueden ser naturales y artificiales. 67
Y sobre la obra del hombre actual en la Puna, afirma que gracias a la
apertura de los caminos carreteros, se ha comenzado actualmente el
aprovechamiento de las lagunas de la Puna por medio de obras de
represamiento, con el objeto de captar las aguas pluviales durante la poca de
lluvias y almacenarlas para regularizar la dotacin de aguas durante la poca
de escasez. 68
Concluye Pulgar en que la Puna es el ms perfecto diorama de
todos los fenmenos meteorolgicos del Ande. En su infinito escenario
surgen a la vista desde el gris de los estratos, el aborregado luminoso de los
cmulos y el asperjado blanquecino de los cirrus, hasta la compleja nube de
las tempestades. 69
65
66
67
68
69
Ibid., p. 113.
Ibid., p. 114.
Ibid., p. 104.
Ibid., p. 134.
Ibid., pp. 135-136.
220
6. La Regin Janca. Para Pulgar Vidal:
La palabra JANCA aparece numerosas veces en el mapa peruano y
siempre corresponde a las tierras frigidsimas del remate de nuestras
cumbres andinas En cauqui, JANCA significa blanco. En aymara,
existen las palabras jonco y onco, parecidas a JANCA, que tambin
significan blanco. En runa-shimi JANCA o JAMCA corresponde a maz
tostado o reventado, vale decir maz blanco o simplemente blanco 70.
Nosotros preferimos la palabra JANCA porque es la ms generalizada
entre los campesinos para designar a los lugares ms encumbrados del
Ande y porque hay correspondencia perfecta entre el significado
etimolgico de la palabra y la blancura de los nevados 71.
Pulgar, aclara que la Janca est ubicada en lo ms alto del Ande. Es la cima y
remate de un complejo sistema de cadenas y contrafuertes 72.
Sobre la obra del hombre peruano antiguo en la Janca, Pulgar
sostiene que:
visit frecuentemente la Janca con los fines econmicos principales: el
primero era construir cochas o pequeas lagunas, aprovechando la obra
natural de las morrenas, con el objeto de almacenar muchsimos pequeos
volmenes de agua que aprovechaban para irrigar las chacras ubicadas en
las regiones ms bajas: el segundo fin era extraer hielo que arrancaba de los
glaciares y llevaba a las poblaciones para fines de consumo y de
anestesia. 73
7. La Regin Rupa-Rupa o Selva Alta, Pulgar explica que:
La palabra Rupa-Rupa procede del Runa-shimi Rhpha, adjetivo que
significa ardiente o lo que esta caliente. En la misma lengua, la palabra
Rphay designa al astro sol. En ambos casos, es perceptible la referencia
que hace el nombre al clima clido de la Selva Alta El nombre de RupaRupa es el menos difundido de todos los topnimos de tipo regional que
venimos estudiando. 74
70
71
72
73
74
Ibid., p. 139.
Ibid., p. 140.
Loc. cit.
Ibid., p. 153.
Ibid., p. 155.
221
Pulgar afirma que la Rupa-Rupa est ubicada en el lado oriental del Per en
la base del Ande, entre los 400 y los 1,000 m.s.n.m. Al igual que la Omagua o
Amazona es una regin exclusivamente oriental 75.
Al referirse a la obra del hombre antiguo en la Rupa-Rupa, indica
que: Es indudable que los antiguos utilizaron la RUPA-RUPA como tierra
ptima para obtener la coca, la miel, ciertos remedios y venenos, las
hermosas plumas de colores de sus aves y el oro deslumbrante. Los hombres
de la selva la poseyeron sin dejar un solo lugar por explotar, ni planta por
aprovechar, ni animal por conocer. 76
Con relacin a la obra del hombre en la actualidad, en la Selva,
Pulgar reconoce que son mltiples las obras y que se estn realizando en
forma creciente, indicando que las ms importantes son: las carreteras de
penetracin, la instalacin de centros poblados, la extraccin de maderas
preciosas, la tala de los bosques cuyas maderas malas se emplean para la
fabricacin de maderas prensadas, el cultivo en escala de ciertas especies
vegetales y la aclimatacin de numerosas especies de animales.77
Pulgar concluye afirmando que la Selva Alta ofrece toda clase de
seguridades a la vida del hombre, pues sus tierras son fciles de sanear es
la imagen clara del Dorado misterioso, realidad inconclusa del relato
indgena y un Regalo de Dios para el Per, cuna para los hijos de
nuestros hijos, morada de dicha y abundancia penetra en los ojos y en el
corazn de la juventud! 78
8. Regin Omagua, Selva Baja o Amazona. Pulgar al respecto
afirma que Esta importantsima regin natural ha tenido y tiene varios
nombres: algunos se encuentran en desuso; otros pertenecen a la mitologa
geogrfica oriental, como los de Gran Paititi, Imperio de Enim, etc.; otros
se usan a veces, como los de llano amaznico y regin de los lagos; pero
los ms empleados son Amazona y Selva Baja. 79
La palabra Omagua tiene muy diversas acepciones: es el nombre de una
tribu, de un gran sector de la selva, de una cultura primitiva, de un
legendario pas que haca par al del Dorado. Etimolgicamente, significa la
regin del pescado de agua dulce La palabra Amazona es un
peruanismo o americanismo derivado de la voz Amazonas, nombre de
75
76
77
78
79
Ibid., p. 156.
Ibid., p. 174.
Ibid., p. 175.
Ibid., p. 177.
Ibid., p. 179.
222
cierta tribu legendaria que los descubridores del Gran Ro creyeron haber
hallado durante aquel clebre y tremendo viaje a rdenes de Francisco de
Orellana. El uso confiri el nombre de Amazonas al ro; y ste, a la
inmensa regin en la que discurre solemnemente. 80
A pesar de todos los inconvenientes para la vida del hombre no oriundo,
los inmigrantes, ya sean de otras regiones del Per o del exterior y
principalmente los blancos, se adaptan perfectamente y con un rgimen de
vida regular, higinico y buena alimentacin, la vida en la Amazona se
desenvuelve rodeada de grandes atractivos de alegra y de salud 81.
El hombre peruano procede de la Selva, segn Julio C. Tello, en
consecuencia, dice Pulgar, su obra creadora es tan importante que por s
sola da materia para un volumen y ante la imposibilidad de hacer un anlisis
completo de ella, nos limitaremos solamente a insinuar algunas de las tareas
colosales que llev a cabo el hombre antiguo en la Selva Baja.82 Y agrega:
Su obra no ha sido transformadora del paisaje geogrfico como en las
dems Regiones Naturales, sino transformadora y creadora de cultura
tuvo que enfrentar la terrible tarea de conquistar un mundo completamente
desconocido la conquista primitiva de la Selva es la ms maravillosa obra
creadora del hombre centenares de tribus se han extinguido, llevndose a
la tumba su sabidura, sus conocimientos sobre plantas, animales, suelos,
etc 83.
Para Pulgar el hombre arranc a la Selva el secreto de la yuca y la hallamos
en las antiguas tumbas de la Costa. El camote es todava en la Selva una
enredadera avasalladora y terrible por su feracidad que mata a las malezas;
pero sus dulces tubrculos han sido hallados en las tumbas ms
antiguas 84.
Desde la perspectiva del conocimiento de aclimatacin, seleccin y
creacin, exclama Pulgar:
Qu procesos magnficos de aclimatacin, de seleccin y de creacin
fueron realizados por el hombre antiguo de la Amazona!... Aprendamos a
sentir al hombre antiguo de la Amazona como al genio creador de las
80
81
82
83
84
Loc. cit.
Ibid., p. 187.
Ibid., p. 214.
Loc. cit.
Loc. cit.
223
simientes que han hecho florecer y fructificar al Ande. Su obra no pasar
mientras los andinos y selvticos actuales comprendan que deben continuar
la tarea: hay miles de especies vegetales por aprovechar, hay decenas de
miles de animales por domesticar, hay ingentes depsitos y yacimientos por
trabajar. 85
Tarea que es de vital importancia para la selva amaznica, cuando se sabe,
como dice Pulgar, que:
El hombre actual es un transformador del paisaje amaznico casi tan
activo como los grandes ros de la Selva: en cada alto construye un centro
poblado y cuando no lo hace as (como en Contaman) el ro se encarga de
destruir al pueblo mal ubicado. Est abriendo caminos a travs de los filos y
de las pampas; y est tendiendo puentes sobre los grandes ros... 86.
Agrega que pero para destruir y para crear, para vivir, se necesita caminos,
hospitales, escuelas, centros industriales transformadores de las materias
primas, leyes democrticas y probos funcionarios que fomenten el reinado de
la paz y la justicia. 87
La naturaleza es rica y eminente para el hombre que ha vivido hasta hoy
en tan intolerable inferioridad, sin culpa suya. Los otros hombres, los
nuevos, deben ser justos, buenos y severos. Si no cumplen con las normas
morales y legales, si no buscan el bien y la justicia, la Selva no podr rendir
la riqueza que guarda en su corazn. 88
La Amazona aguarda la vuelta del hijo que sali de la casa paterna para
adiestrarse, para adquirir mtodos que capaciten a fin de poder aprovechar
los tesoros primitivos de la selva; y cuando vuelva consciente de su destino,
cuando vuelva a construir una patria y no a destruirla, la selva lo recibir
plena de gozo y l volver a ser hombre pleno de vida.89
Con estas palabras finaliza Pulgar Vidal la presentacin de las Ocho
regiones naturales del Per.
En la Segunda parte de la obra, Pulgar se refiere a Otros criterios
sobre divisin y sub-divisin del territorio peruano, donde responde a cada
85
86
87
88
89
Ibid., p. 215.
Loc. cit.
Ibid., p. 216.
Loc. cit.
Ibid., p. 218.
224
uno de los criterios expresados por otros gegrafos, que no es posible tratar
este aspecto de la publicacin, por su extensin; e igualmente, la Cuarta parte
que trata sobre La sabidura ecolgica tradicional y donde agrega: a las ocho
grandes zonas ecolgicas del Per, las veinticuatro zonas medianas de la
ecologa, las cuarenta y ocho zonas menores de la ecologa y las noventa y
seis zonas pequeas de la ecologa peruana.
Otro de los aportes de Javier Pulgar Vidal fue el estudio sobre las
Quilcas. Siendo director del Departamento de Geografa de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, en Diciembre de 1962 y en enero de 1963,
hizo la presentacin de la Primera Exposicin Nacional de Quilcas 90, donde
puntualiza que:
Esta Exposicin es el resultado de largos aos de trabajos previos: En
1947, fundamos el DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIONES
TOPONIMICAS, como dependencia del entonces recientemente creado
Instituto de Geografa. El mencionado Departamento inici las
investigaciones relativas a la ejecucin de Diccionarios Toponnimicos del
Per y de la Amrica Andina. Despus de quince aos de paciente labor, se
ha logrado reunir ms de doscientos mil topnimos y se ha procedido al
estudio de algunos de los numerosos gneros toponmicos, como el
Gnero Toponmico GRAFIA cuyos topnimos ms representativos son:
QUILCA, QUILLCA, QUIL, QUILLA, QUIRCA, QUELCA,
QUELLCA, QUELLL 91.
Indicando que ya En 1959, se realiz el Mapa del Gnero Toponmico
GRAFIA y que ha permitido establecer la existencia de casi trescientos
nombres de lugares en los cuales el antiguo peruano ha inscrito en el suelo,
por medio del topnimo; la importante indicacin de que en dichos sitios
existen pictografas o petroglifos.92
Las quilcas que presentamos en la Exposicin son calcos fieles de los
originales, al tamao natural; y hemos procurado, en lo posible, reproducir
sus colores. En las pictografas predomina el rojo indio u ocre; el negro es
muy escaso: slo se utiliza para hacer el diseo previo a la pintura; tambin
aparecen los colores amarillo, verde y azul. 93
90
91
92
93
Primera Exposicin Nacional de Quilcas. Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos,
Facultad de Letras, Departamento de Geografa, 1963.
Expos. cit. Presentacin, p. 1.
Loc. cit.
Loc. cit.
225
En esta Exposicin dice Pulgar ofrecemos parte del material recogido en
veinticuatro Centros de Quilcas: ciento cuarenta y nueve lminas con un gran
total de ms de dos mil figuras, grafas o temas susceptibles de anlisis
ulteriores. 94
Los trabajos de campo han corrido a cargo del suscrito, fundador y actual
Director del Departamento de Investigaciones Toponmicas; del Profesor
Mximo Barrantes Zamora, Jefe de la Seccin de Toponimia; del Dr. Ciro
Hurtado Fuertes, Catedrtico de Geografa del Per; del Profesor Ernesto
Curril, Catedrtico de Meteorologa; y del Profesor Amrico Albarrn,
actual Secretario del Departamento de Geografa y Jefe de la Seccin de
Quilcas. En todos los trabajos de campo han intervenido un equipo
especializado de alumnas y alumnos del Departamento de Geografa,
quienes han realizado los calcos y siguen actualmente estudiando otros
centros. Ellos son: Csar Alcntara, Alberto Andrade Gamarra, Patrn
Contreras, Enriqueta Gutirrez, Consuelo Juregui, Nuri Kuong, Julio
Llanos, Roger Montesinos, Moiss Muoz, Leticia Ponce de Len, Mara
Luisa Rivara, Leonidas Silva, Tefilo Sotomayor, Matilde Taboada, Juana
Torres, Pedro Valencia, Flix Vidal y Lidia Ziga. 95
Para Pulgar Vidal el vocablo Quilca:
es el nombre peruano actual de antiguos y an suprstites sistemas grficos muy bien
representados en el Per y en Amrica y tambin fuera de nuestro Continente. Segn el
valioso testimonio de Fray Domingo de Santo Toms, autor del primer
lxico del idioma Runa-Shimi, hoy conocido con el nombre de Quechua, la
palabra Quilca significa: letra o carta mensajera. El no menos renombrado
autor del Vocabulario de la Lengua Quechua, Diego Gonzlez Holgun,
dice que la palabra Quilca significa: papel, carta o escritura . Y en el idioma
Aymara conforme al testimonio de Antonio Ricardo la palabra Quellca
significa: papel, carta o escritura 96.
Y un Centro de Quilcas es:
todo lugar en el cual exista una piedra aislada, grande o pequea; un
grupo de piedras, un roquedal, un acantilado, un desfiladero, una marmita
elica, una semi-caverna, una caverna pequea o una gran caverna, en cuyas
94
95
96
Loc. cit.
Loc. cit.
Ibid., p. 2.
226
superficies, planas, cncavas o convexas, se haya inscrito, por medio de
pintura o por incisin, una grafa cualquiera o un conjunto de llas. 97
Las grafas o quilcas en el Per son de dos clases: las Pictografas y los
Petroglifos. Las pictografas o petrogramas suelen estar pintadas a mano, sin
plantilla, con colores diversos: rojo indio, distintos tonos de ocre, amarillo,
azul, verde, negro, blanco, etc Los petroglifos o litoglifos son, por lo general,
incisiones cuya profundidad vara entre medio milmetro y tres o cuatro
milmetros o ms. Segn la edad del glifo, ofrecen o la coloracin
superficial de la roca en que han sido practicados o el color de la roca
despus de raspada y despojada de la capa superficial. 98
Los Centros de Quilcas estudiados estn, adems, localizados, segn los
anexos, a lo largo del territorio peruano *.
En suma, la importancia de la Quilca y los aos de constante estudio
sobre estas manifestaciones sustentan la teora de una escritura que
conducira a la creacin del Quipu, como instrumento sui generis de
acumulacin y transmisin del conocimiento.
97
98
*
Loc. cit.
Loc. cit.
El segundo mapa me ha sido proporcionado del archivo del autor por su esposa la Dra.
Margarita Biber viuda de Javier Pulgar Vidal.
227
228
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240
Como ltima temtica de los aportes del ilustre gegrafo que se
aborda en este ensayo, es su novedosa propuesta sobre la Regionalizacin
transversal del Per, de carcter eminentemente tcnica y geopoltica, que l la
resume en la siguiente expresin se regionaliza para descentralizar y se
descentraliza para desarrollar 99.
Ha sido examinada, discutida y aprobada en numerosos foros,
seminarios y talleres de estudio, as como por la Asociacin de Clubes
Departamentales del pas, igualmente respaldada unnimemente por los
Alcaldes Provinciales de la Costa del Per, reunidos en la III Mesa Redonda
de Coordinacin Tcnica, convocada por el Instituto de Fomento
Municipal (INFOM) en la ciudad de Ica, el 30 de mayo de 1985 100.
Para Javier Pulgar Vidal:
Regionalizar transversalmente el territorio nacional es dividirlo en sectores
que, partiendo del mar territorial con sus doscientas millas de amplitud,
comprendan todas las regiones naturales, pisos ecolgicos y geosistemas
andinos, hasta terminar en el semi-llano surcado por el ro Amazonas y sus
grandes afluentes. 101
La regionalizacin transversal del territorio peruano tiene como propsito
asegurar a cada futura regin la posibilidad de disponer de toda clase de
riquezas y recursos naturales que le permitan alcanzar un desarrollo
sostenido y lograr la consiguiente abundancia y holgura. 102 Es decir que:
cada regin debe disponer de las protenas animales y vegetales del
Ocano Pacfico, que es muy rico en especies comestibles; debe aprovechar
todas las riquezas mineras, agrcolas, pecuarias y las fuentes de energa
existentes en la Costa y en las cadenas andinas; y, finamente, debe utilizar,
conservar y mejorar los recursos forestales, hidrobiolgicos, agrcolas y
pecuarios de las Selvas Alta y Baja, as como de la Ceja de Selva. 103
Los fundamentos de su teora de Regionalizacin transversal, seran:
1. El Fundamento Geogrfico, que demuestra que nuestro
territorio es de forma alargada en el sentido de los meridianos, es decir, de
99
100
101
102
103
Pulgar Vidal. La regionalizacin transversal del Per. Lima, Universidad Alas Peruanas, 2006, p.
7.
Ob. cit., p. 9.
Ibid., p. 13.
Loc. cit.
Loc. cit.
241
sur a norte o al revs, con cierta inclinacin hacia el noroeste. En dicha
direccin se extienden cuatro grandes elementos geogrficos: el Mar Pacfico,
el Semi-Llano Costanero, la Cadena de los Andes y el Semi-Llano
Amaznico 104.
2. El Fundamento Ecolgico, determinado por el minucioso
anlisis de la ecologa peruana demuestra que desde la orilla del mar
territorial hasta el Semi-llano Amaznico se extienden, emplazadas
longitudinalmente, ocho regiones naturales, pisos ecolgicos o geosistemas.
3. El Fundamento Prehistrico y Arqueolgico que, conforme a
la teora del sabio Julio C. Tello, el hombre lleg a los Andes siguiendo el
curso inverso de los ros que bajan a las selvas. Subi como los peces, contra
la corriente, hasta que alcanz la Puna, regin natural rica en camlidos, en
papa amarga, en huevos de aves sedentarias. 105 Las quilcas que se
encuentran en los valles de ambas vertientes de los Andes demuestran
claramente que sus autores conocan las Selvas orientales y la Puna106.
Lo cual prueba que haba indudablemente un intercambio
transversal entre todos los geosistemas del territorio patrio. Las gentes iban
desde las Selvas hasta la Puna y a travs de las abras, proseguan hasta la
Chala o Costa y retornaban siguiendo los mismos senderos. 107
Por ltimo el relato recogido por Felipe Guaman Poma de Ayala
sobre las primeras edades o cuatro generaciones de hombres anteriores a la
conquista ofrece, dice Pulgar, el ms valioso cuadro de la sabidura
tradicional. El singular proceso evolutivo del hombre peruano en cuatro
edades, y desde la perspectiva de ocupacin del territorio peruano habra
sido: 1. Los Pacarimoc-runa: gentes de la aurora de la humanidad. 2. Los
Wari-runa: agricultores primitivos. 3. Los Purun-runa: agricultores, pastores,
ceramistas, tejedores, orfebres, arquitectos, etc. 4. Los Auca-runa: guerreros,
conquistadores, polticos, etc.108
En conclusin, las investigaciones prehistricas y arqueolgicas
demuestran que efectivamente el relato reordenado de Guamn Poma
guarda armona con los hechos recientemente descubiertos 109.
4. El Fundamento Histrico. En el momento anterior a la llegada
de los espaoles al Nuevo Mundo, el territorio del actual Per era calificado
104
105
106
107
108
109
Ibid., p. 17.
Ibid., p. 21.
Ibid., pp. 21-22.
Ibid., p. 22.
Loc. cit.
Ibid., p. 23.
242
por sus vecinos del norte como el rea privilegiada que gozaba de
abundancia, riqueza y bienestar. 110 Los pobladores del Tahuantinsuyo
nunca denominaron Per a su pas dice Pulgar Vidal. Fueron los espaoles
quienes impusieron dicho nombre creado por los aborgenes del Darin y del
Choc. Y andando los aos, la voz Per rod por el mundo como el
nombre de un pas muy rico, suntuoso y opulento. 111 Y agrega:
Una vez descubierto el Per y recorrido su territorio, se comprob que, en
realidad, era un pas con abundancia porque estaba bien
administrado: se guardaban, convenientemente protegidos, los alimentos
de los aos buenos para los aos de reducidas mieses, utilizando
innumerables y singulares construcciones, llamadas colcas, tambos, piras,
collonas o cullanas, huachipas, etc. 112
Es significativo dice Pulgar Vidal que:
Una de las causas de la abundancia era el trabajo tesonero y
metdico, coordinado con las cuantiosas posibilidades de la
geografa Los restos arqueolgicos prueban que en aquel entonces, se
cumpla a plenitud lo que actualmente se llama el dominio vertical de las
ecologas y que nosotros venimos estudiando, desde hace muchos aos,
con el nombre de complementacin armoniosa de las ocho regiones
naturales o pisos ecolgicos en altitud.113
5. El fundamento de la experiencia actual. En el momento actual, dice Pulgar,
no existe ninguna disposicin que permita hablar de un criterio operante de
regionalizacin transversal, slo el propsito del Gobierno de las Fuerzas
Armadas expresados en el Anteproyecto de Decreto Ley de Regionalizacin
Administrativa, publicado el ao de 1975 que sostiene: las regiones
administrativas se han conformado buscando la integracin neoeconmica
transversal. 114
Se incluye como anexo el mapa del Primer Proyecto de
Regionalizacin Transversal del Dr. Javier Pulgar Vidal de 1976 que
comprende nueve regiones, el mapa del Segundo Proyecto de
Regionalizacin Transversal en Seis Regiones y el rea Metropolitana de
110
111
112
113
114
Ibid., p. 27.
Ibid., p. 29.
Loc. cit.
Ibid., p. 30.
Loc. cit.
243
1982 y el mapa del Tercer Proyecto de Regionalizacin Transversal en Cinco
Regiones, y el rea Metropolitana de 1984.
244
245
246
247
248
249
250
A manera de conclusin, no obstante que en el presente ensayo no
se ha cubierto la totalidad de la obra de Javier Pulgar Vidal, el breve
recorrido efectuado por cuatro de sus grandes aportes como indigenista,
estudioso del espritu religioso del mundo andino y su asimilacin con el
catolicismo, investigador sobre quilcas * y, por ltimo, su vocacin de fundar
universidades constituyen referencias importantes para tomar conciencia de
su grandeza intelectual y su posicin ante la condicin humana, adems de que
el anlisis de los temas seleccionados ha permitido visibilizar que en su obra
la palabra inclusin adquiere tempranamente la dimensin y significacin que
hoy en da no slo la filosofa sino tambin las ciencias sociales
principalmente la antropologa y la sociologa pretenden legitimar como
expresin de una humanidad que se reconoce o debe ya reconocerse a s
misma como multicultural, multitnica y plurilinge.
Ese carcter inclusivo de la obra de Pulgar Vidal se expresa en El indio
que yo conoc cuando el autor pone el nfasis de manera directa en la
descripcin de las diferentes manifestaciones de la condicin humana del
indgena con quien convivi, segn precisa, como intentando resumir en
sus cuarenta temticas toda una historia de grandeza y sometimiento en la
que se sincretizan costumbres y prcticas ancestrales y las aprendidas a travs
de la evangelizacin occidental. Asimismo, en el estudio de las quilcas cuando
se percibe su deseo de transmitir a las futuras generaciones, a travs de las
toponimias, la magnitud que alcanzaron los saberes del antiguo peruano. Y
finalmente, con su presentacin de las ocho regiones, estructuralmente
articuladas a su propuesta de la regionalizacin transversal del pas, en la que
invoca la reivindicacin del indgena como imperiosa necesidad de integrarlo
a la nacin, desde su defectiva realidad.
Que continan siendo investigados como lo ha hecho en el 2007 Guffroy, Jean. Imgenes y
paisajes rupestres del Per. Lima, Fondo Editorial/USMP, IRD/Institut de recherche pour le
dveloppement, 2009, 307 pp.
251
Bibliografa de Javier Pulgar Vidal
Primera Exposicin Nacional de Quilcas. Lima, Universidad Nacional Mayor de
San Marcos, Facultad de Letras, Departamento de Geografa,
diciembre 1962 - enero 1963.
Geografa del Per. Las ocho regiones naturales. La regionalizacin transversal. La
sabidura ecolgica tradicional. 10 ed. Lima, PEISA, 1996, 302 pp.
La regionalizacin transversal del Per. Lima, Universidad Alas Peruanas, 2006,
66 pp.
Algo sobre el indio o el indio que yo conoc. Lima, Universidad Alas Peruanas, 2007,
302 pp.
252
CARLOS DANIEL VALCRCEL (1911-2007)
LA HISTORIA COMO CIENCIA ANTROPOLGICA ESPECFICA
DE LO HUMANO
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Historiador. Hijo de Carlos Valcrcel y Mara Esparza, naci en Lima el 3-I1911 y muri el 4-VI-2007. Egresado del Colegio Nacional Ntra. Sra. de
Guadalupe (1929), ingres por un tiempo al ejrcito; luego curs estudios
superiores en la Universidad Catlica (1935-1936) y en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos. Sucesivamente, opt en sta los grados de
Br. en Humanidades (11-XI-1941), Dr. en Filosofa (10-XII-1941), Dr. en
Pedagoga (20-XII-1944) y Dr. en Historia (7-XII-1945), con tesis
consagradas a Ideas para una fundamentacin terica de la historia; Filosofa de la
historia (primera investigacin); La historia en la educacin secundaria; y Levantamientos
anteriores y contemporneos a la rebelin de Tpac Amaru y de su continuador Diego
Cristbal. Ejerci la docencia en la seccin nocturna del Colegio Nacional
Alfonso Ugarte y en la Escuela Normal Superior; y desde 1945 en la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde tambin dirigi el
archivo central de la Universidad y la direccin universitaria de Biblioteca y
Publicaciones (1977-1981). Fue director de la Sociedad Peruana de Historia
(1954-1956). Dict ctedra en diversas universidades peruanas y de Amrica
Latina; y ejerci como investigador asociado en la Escuela de Estudios
Hispanoamericanos de Sevilla y en el Instituto Panamericano de Geografa e
Historia. Ha sido nombrado profesor emrito de la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos (1990) y ha recibido las Palmas Magisteriales en grado
de Amauta (1990).
Obras principales: Garcilaso Inca (1939, 1986); Rebeliones indgenas
(1946); La familia del cacique Tpac Amaru (1947, 1979); La rebelin de Tpac
Amaru (1947; corr., 1965, 1973; y trad. al japons, 1980); Recibimientos a San
Martn y a Bolvar en la Universidad Mayor de San Marcos (1951); La historia como
ciencia antropolgica (1952); Ignacio de Castro, humanista tacneo y gran cuzqueista
1732-1792 (1953), que en 1949 mereci el Premio Nacional de Cultura en
Historia; Fidelismo y separatismo en el Per (1954); Teora de la historia (1956);
Biografas hispanoamericanas en el Archivo de Indias (1959); Per borbnico y
Emancipacin (1960); Historia de la educacin incaica (1961); La Facultad de Letras y
Ciencias Humanas (1967); Tpac Amaru (1965, 1966 y 1980), ensayo dramtico;
Historia de la educacin colonial (1968); San Marcos, universidad decana de Amrica
(1968, 2001); Fuentes documentales para la historia de la Independencia de Amrica
253
(1974); Tpac Amaru, el revolucionario (1970); Relaciones de mritos y servicios
(1975), suscritas por personajes que actuaron en el Per durante el dominio
hispnico; Breve historia de la educacin peruana (1975); Tpac Amaru, el precursor
de la Independencia (1977), obra ganadora del premio internacional de la OEA
en torno al tema; Introduccin a una teora de la Historia (1980); Rebeliones
coloniales sudamericanas (Mxico D. F., 1981); Bolvar y la integracin
hispanoamericana (1982); El problema de Maynas? (1983); Ensayo de Filosofa de la
Historia (1988); Lincoln, prcer de justicia (1990); Garcilaso, el inca humanista
(1995). Adems, ha publicado algunos inventarios de documentos,
destacando los referidos a la rebelin de Tpac Amaru incluidos en la
Coleccin Documental de la Independencia del Per (tomo II, vols. I-III,
1971); y La relacin del Cuzco del prcer tacneo Ignacio de Castro (1978).
El Dr. Carlos Daniel Valcrcel, transparenta, entre sus libros y
opsculos editados, que llegan a algo ms de cincuenta ttulos, sus
inquietudes pedaggicas y reflexivas en el campo de la Historia de las ideas
en el Per y en el de la Filosofa de la historia.
En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en 1961 tena a
su cargo el curso de Filosofa de la historia, curso que corresponda al quinto
ao de estudios doctorales en Historia. La materia cubra dos aspectos, el
prctico que consista en ir al Archivo de la Nacin a inventariar y fichar
manuscritos inditos del siglo XVI y XVII, que obligaba a la lectura
paliogrfica de los mismos y a localizar temticas de investigacin originales
para la tesis; el otro aspecto era propedutico y consista en estudiar las
problemticas tericas fundamentales del quehacer histrico.
De su magna obra cabe destacar que en el curso de Filosofa de la
historia desarrolla sus investigaciones: Sobre la historia (1949) y La historia como
ciencia antropolgica (1952), impresos que corregidos y aumentados lo
conducen a la elaboracin de su Ensayo: Teora de la historia 1 en 1956, texto
universitario que cubra el aspecto terico del curso, y el de las condiciones a
priori que deba tener en cuenta el historiador, es decir su obligada
propedutica.
A la que se refiere en la parte introductoria, cuando dice:
... no trata este ensayo de los hechos humanos empricamente realizados,
su inters est dirigido al estudio de las condiciones que hacen posible el
conocimiento de stos, es decir a las condiciones a priori de la Historia. 2
1
2
Valcrcel, Daniel. Teora de la historia (Ensayo). Lima, 1956, 81 pp.
Ob. cit., p. 6.
254
Se trata agrega de un planteamiento especulativo, independiente de toda
realizacin concreta, es sin embargo imprescindible para un posterior estudio
descriptivo-interpretativo de la vida histrica de pueblos, hombres e
instituciones3.
Su Ensayo Teora de la historia consta de seis partes: 1. Problemtica;
la 2. Estructura de la historia; la 3. Modalidad de la historia; la 4. El
historiador y la crtica; la 5. Ciencias auxiliares de la historia y la 6.
Conclusin y eplogo.
En cada una de las partes desarrolla aspectos de su concepcin
terica coherentemente expuestas, sobre la historia, para esta ocasin se ha
escogido sus conceptualizaciones referidas a la historia como disciplina
cientfica, y al historiador, como el hombre especfico que redescubre lo que
una vez acaeci.
Para Carlos D. Valcrcel la historia es una ciencia, porque persigue el
conocimiento positivo de fenmenos, es, por lo tanto, un saber
objetivamente vlido. Posee un principio y un mtodo. Su materia muestra
constantes que permiten al historiador prever no profetizar. Su perfil
caracterstico, no es el de la heterognosis conocimiento hacia afuera que
constitua el conocimiento tradicional, el del mundo, sino el complementario
y renovado de la autognosis conocimiento hacia dentro y es por eso
dice que la historia aparece, de inmediato como una ciencia antropolgica,
como una ciencia especfica de lo humano.
La estructura de la historia est constituida por dos partes
correlativas: una descriptiva o historiogrfica, donde se enuncia el cmo de la
vida histrica; y otra interpretativa o historiolgica, enunciativa del qu, de su
correspondiente significado.
El inters fundamental de la historia nos dice est orientado hacia
el estudio de los acontecimientos o hechos univaliosos de la vida histrica, es
decir, limitada a los fenmenos humanos y a la actividad del hombre, pero en
todo posible campo donde l haya intervenido.
Intenta, finalmente, una definicin de historia ms all de toda
pretensin dogmtica interrogndose: podra definirse la historia como una
ciencia antropolgica que describe, comprende e interpreta el sentido de los
acontecimientos humanos? con lo cual entiende la historia como historia de
los acontecimientos humanos.
Loc. cit.
255
Otro aspecto significativo de su Teora de la historia est referido al
historiador y la crtica por eso anticipa que abordar el tema referente al
historiador y a la crtica histrica, significa destacar aspectos dueos de una
importancia fundamental para comprender el por qu y el cmo de la
historia.
Al destacar el papel del historiador seala:
Sin documentos testimonios de vida histrica no hay posible Historia,
pero slo con documentos tampoco existe sta. Para que haya Historia es
necesario la presencia del hombre especfico: el Historiador, cuya labor
crtica haga patente su proceso, objetivando un disperso y latente
contenido. Porque la multiplicidad de documentos constituyen trozos de
un suceso, cuya primitiva unidad orgnica es susceptible de restablecer
gracias al esfuerzo tcnico del Historiador 4.
Y concluye en que:
en lugar de girar la Historia alrededor del documento, gire en torno al
hombre especfico que es el Historiador La verdad histrica saldr no de
algo aislado, sino de una pluralidad de documentos, tcnicamente tratados
por el Historiador, quien descubre la verdad de lo acaecido. 5
De las breves menciones extradas de su Ensayo Teora de la historia es posible
destacar dos connotaciones importantes sobre su reflexin: su afn de
verdad y su humanismo.
En lo que respecta a la temtica corresponde a su preocupacin por
hacer desde esa tempo-espacialidad que es el Per, filosofa de la historia y es
por esta razn que se constituye, en la historia de nuestro pensamiento, en la
primera y autntica reflexin sobre una materia no abordada por
historiadores peruanos.
En conclusin y, en verdad, la audacia de Carlos Daniel Valcrcel
consisti en que, sin complejo de inferioridad, frente al pensamiento
occidental, se afirm como pensador, peruano reflexionando y respondiendo
sobre las cuestiones problemticas en torno a la historia y al historiador en
nuestro pas.
4
5
Ibid., p. 54.
Ibid., p. 56.
256
CARLOS RADICATI DI PRIMEGLIO (1914-1990)
Mara Luisa Rivara de Tuesta
Historiador. Hijo de Carlos Radicati di Primeglio y Rosa Peracchio, naci en
Coconato, en el norte de Italia, cerca de Turn el 6-VII-1914 de una vieja y
noble familia que hunde sus races en los tiempos medievales. l, muy
orgullosamente, recordaba siempre que era conde. An queda una calle de
los Radicati en su pueblo natal. Falleci en Lima el 20-II-1990. Iniciados sus
estudios en la Escuela Ludovico Antonio Muratori, pas al Gimnasio
Gioberti (1925-1926). Su padre era diplomtico y cuando lleg al Per (1926)
para asumir el cargo de cnsul Italiano del Callao, l tena tan slo once aos.
Hizo los estudios secundarios en el Colegio San Jos, regentado por los
maristas en el Callao. Luego ingres a la Facultad de Letras de la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos (1931), y no pudo concluir los estudios por
el receso de sta, continundolos en la Pontificia Universidad Catlica del
Per, donde curs las especialidades de Letras y Ciencias Polticas y
Econmicas. Tras optar los grados de Bachiller en Letras (1935) y Bachiller
en Ciencias Polticas y Econmicas (1937), graduse de Doctor en Ciencias
Polticas y Econmicas (23-VII-1937) con una tesis acerca De las antiguas a las
modernas corporaciones. Tambin se gradu de Doctor en Letras con
especialidad en Historia (30-XII-1952) con un estudio sobre Seis quipus
peruanos que demuestra sus investigaciones sobre el Quipu como un sistema
mnemotcnico (o nemotecnia) de conservacin y transmisin del
conocimiento, y la historia en esta parte del continente sudamericano,
temtica en la que concentr su mayor preocupacin y esfuerzo intelectual,
llegando a recolectar, silenciosamente, una importante coleccin. Opt,
adems, el grado de Doctor en Ciencias Polticas (1-VI-1939) en la
Universidad de Miln. Finalmente obtuvo una Licenciatura en Historia en la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos en el ao 1974.
Ejerci la docencia en el Colegio Antonio Raimondi (1939-1963) y
se desempe como asesor de catalogacin en la Biblioteca Nacional (19411943). Su profundo conocimiento del idioma italiano lo llev a hacer
traducciones o ayudar a hacerlas. As, con Fernando Tovar, tradujo el drama
de Pirandello Enrico IV, que fue representado por primera vez en el Per en
el Teatro Municipal el 20-XI-1948. Incorporado a la Universidad Catlica
(1934-1966), dict cursos de Historia Universal y de la Cultura en las
facultades de Letras y de Ciencias Econmicas. Asimismo lo hizo en la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1949-1990). Particip
257
activamente en los Congresos de Americanistas, de Historia de Amrica y de
las Sociedades Bolivarianas. En 1951 fue miembro de la Comisin
Organizadora del Primer Congreso Internacional de Peruanistas que se
realiz en Lima. En 1961 fue Delegado de la Facultad de Letras de la
Pontificia Universidad Catlica del Per ante la Comisin Tcnica que tuvo
que evaluar el concurso nacional del Premio Nacional de Fomento a la
Cultura Inca Garcilaso (1959-1960). Fue tambin profesor de la
Universidad Nacional de Ingeniera (1957-1962, 1959-1960 y 1969), y en la
Universidad Nacional Agraria (1962-1963). En 1967, el Centro de Estudios
Histricos Militares le otorg el Premio de mencin honrosa por su
publicacin sobre Girolamo Benzoni. Fue miembro fundador de la Sociedad
Peruana de Historia en la que lleg a ser Director Interino en 1952 y
Secretario General. Adems, entre los aos 1949 y 1950 fue Director de
Documenta, publicacin de dicha institucin. Fue tambin miembro de la
Sociedad Peruana de Numismtica de la que form parte en varios consejos
directivos; asimismo, fue Miembro Honorario del Departamento de Estudios
Etnogrficos y Coloniales de Santa Fe (Argentina), de la Sociedad Geogrfica
de Lima, del Instituto Peruano de Cultura Hispnica, del Instituto Riva
Agero de la Pontificia Universidad Catlica del Per y del Instituto Peruano
de Investigaciones Genealgicas. En 1985 es reconocido como profesor
Emrito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Obras: De las antiguas a las modernas corporaciones (1938); LInca Garcilaso
(1539-1939) (1939); Giovanni Reginaldo Carli, economista y americanista del siglo
XVIII (1944, 1948); Los incas del Per (1960), edicin ilustrada
simultneamente aparecida en espaol, ingls, francs e italiano; edicin de la
Historia del Mundo Nuevo, de Girolamo Benzoni, traducida por primera vez al
castellano y precedida de un estudio alusivo (1966); Azarosa vida y obra de
Jernimo Benzoni (1967); Antonio Ricardo Pedemontanus (1984), nuevos aportes
para la biografa del introductor de la imprenta en la Amrica Meridi