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Las Cosas Destrozadas Pueden Repararse

Este documento habla sobre cómo Jesucristo invita a los que sufren a acudir a Él para encontrar paz y descanso. Explica que al seguir los pasos básicos de tener fe, arrepentirse y tomar el nombre de Cristo sobre nosotros, podemos establecer una conexión poderosa con Él a través de la oración, el ayuno y el servicio, entre otras cosas. Finalmente, insta a los lectores a confiar en las promesas de Cristo y no rendirse ante las dificultades.

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Las Cosas Destrozadas Pueden Repararse

Este documento habla sobre cómo Jesucristo invita a los que sufren a acudir a Él para encontrar paz y descanso. Explica que al seguir los pasos básicos de tener fe, arrepentirse y tomar el nombre de Cristo sobre nosotros, podemos establecer una conexión poderosa con Él a través de la oración, el ayuno y el servicio, entre otras cosas. Finalmente, insta a los lectores a confiar en las promesas de Cristo y no rendirse ante las dificultades.

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Las cosas destrozadas pueden repararse

JEFFREY R. HOLLAND
Cuando l dice a los pobres en espritu: Venid a m, lo que quiere decir es que l conoce el
camino hacia la salida y hacia el cielo.
Las primeras palabras de Jess en Su majestuoso Sermn del Monte iban dirigidas a los
atribulados, los desalentados y los deprimidos: Bienaventurados los pobres en espritu, porque de
ellos es el reino de los cielos 1 . Sean ustedes miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos
de los ltimos Das o personas de entre las decenas de millares que nos escuchan y que no son de
nuestra fe, me dirijo a los que se enfrentan con pruebas personales y dificultades familiares, a
aquellos que se enfrentan con conflictos que se entablan en las solitarias trincheras del corazn, a
aquellos que tratan de detener las marejadas de la desesperacin que a veces nos abruman como
si fueran un maremoto del alma. Deseo dirigir mis palabras en particular a ustedes que piensan
que su vida est destrozada, y que, al parecer, no tiene reparacin.
A todos ustedes les ofrezco el remedio ms seguro y ms agradable que conozco, que se
encuentra en el llamado fuerte y sonoro que nos hizo el Salvador del mundo al comenzar Su
ministerio y tambin al finalizarlo. Se lo dijo a los creyentes y se lo dijo a los que no estaban muy
seguros de creerle. Se lo dijo a todos, cualesquiera que fuesen sus problemas personales:
Venid a m todos los que estis trabajados y cargados, y yo os har descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de m, que soy manso y humilde de corazn; y
hallaris descanso para vuestras almas 2 .
En esa promesa, la frase introductoria, venid a m, es crucial; es la clave de la paz y del reposo
que buscamos. De hecho, cuando el Salvador resucitado dio Su sermn a los nefitas en el templo
del Nuevo Mundo, comenz diciendo: Bienaventurados son los pobres en espritu que vienen a
m, porque de ellos es el reino de los cielos 3 .
Cuando Andrs y Juan oyeron por primera vez a Cristo, se conmovieron tanto que, cuando l se
apart de la multitud, lo siguieron. Percibiendo que lo seguan, Jess les pregunt: Qu
buscis?. Ellos le respondieron: Dnde moras?. Y Cristo dijo: Venid y ved. Al da siguiente,
Cristo encontr a otro discpulo, Felipe, y le dijo: Sgueme 4 . Poco tiempo despus, llam
oficialmente a Pedro y a otros nuevos apstoles con el mismo espritu de invitacin. Venid en pos
de m 5 , les dijo.
Evidentemente, la esencia misma de nuestro deber y del requisito fundamental de nuestra vida
terrenal ha quedado captada en esas breves frases de diversas escenas del ministerio terrenal del
Salvador. l nos dice: Confiad en m; aprended de m; haced lo que yo hago; y cuando
recorris mi camino, entonces hablaremos de la direccin que vosotrossegus y de las tribulaciones
y de las pruebas que encaris. Si me segus, yo os sacar de la oscuridad. l nos promete: Os
dar respuesta a vuestras oraciones y descanso para vuestras almas.

Mis amados amigos, no conozco otra manera de tener xito y seguridad entre todos los riesgos y
problemas de la vida, ni conozco otra forma de llevar nuestras cargas ni de hallar lo que Jacob, en
el Libro de Mormn, llam: esa felicidad que est preparada para los santos 6 .
Y cmo puede uno venir a Cristo en respuesta a esa invitacin constante? Las Escrituras nos
dan muchos ejemplos y mtodos, y ustedes ya conocen muy bien los ms bsicos. El primero y el
ms fcil es sencillamente el deseo del corazn, la forma ms bsica de fe que conocemos.
aunque no sea ms que un deseo de creer, dice Alma, ejercitando tan slo: un poco de fe
dando aunque sea una pequea cabida a las promesas de Dios, ser suficiente para comenzar 7 .
El tan slo creer, el tener aunque sea una molcula de fe el simple hecho de tener una
esperanza en cosas que an no hemos visto en la vida y que, sin embargo, realmente existen 8
ese paso sencillo, cuando se centra en el Seor Jesucristo, siempre ha sido y siempre ser el
primer principio de Su Evangelio eterno, el primer paso para salir de la desesperacin.
Segundo, debemos cambiar todo aquello que forme parte del problema y que nos sea posible
cambiar; en suma, debemos arrepentirnos, siendo sta tal vez la palabra del vocabulario cristiano
que contenga ms esperanza y aliento. Le agradecemos a nuestro Padre Celestial que se nos
permita cambiar. Le agradecemos a Jess que podamos cambiar, y finalmente lo hacemos slo con
Su ayuda divina. Es verdad que todos nuestros problemas no son el resultado de nuestros hechos;
a menudo son la consecuencia de los hechos de otras personas o simplemente las circunstancias
comunes de la vida. Pero debemos cambiar todo lo quepodamos cambiar, y perdonar lo dems.
De esa forma nuestro acceso a la expiacin del Salvador queda tan libre de obstculos como
nosotros, con nuestras imperfecciones, podamos lograrlo. l har lo dems.
Tercero, de todas las formas posibles, procuramos tomar sobre nosotros Su identidad, y eso
comienza al tomar sobre nosotros Su nombre. Ese nombre se nos otorga formalmente por
convenio en las ordenanzas salvadoras del Evangelio, las que comienzan con el bautismo y
terminan con los convenios del templo, y muchas ms, como la de participar de la Santa Cena, las
que se entrelazan en nuestra vida como bendiciones y recordatorios adicionales. Al ensear a su
pueblo el mensaje que damos en esta ocasin, Nefi dijo: [Seguid] al Hijo con ntegro propsito de
corazn con verdadera intencin [y tomad] sobre vosotros el nombre de Cristo haced las
cosas que os he dicho que he visto que har vuestro Seor y Redentor 9 .
Al seguir esas enseanzas tan bsicas, se abren ante nosotros magnficas conexiones con Cristo de
mltiples formas: orar y ayunar, meditar en Sus propsitos, saborear las Escrituras y prestar
servicio al prjimo, [socorrer] a los dbiles, [levantar] las manos cadas [fortalecer] las rodillas
debilitadas 10 , y, sobre todo, amar con el amor puro de Cristo, ese don que nunca deja de
ser, ese don que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera [y] todo lo soporta 11 . Con esa
clase de amor, pronto comprendemos que en la vida tenemos al alcance muchos caminos que
llevan al Maestro, y cada vez que le buscamos, por ms dbil que sea nuestro esfuerzo,
descubrimos que l ha estado intentando, deseoso, llegar hasta nosotros. Y as avanzamos, nos
esforzamos, buscamos y nunca cedemos 12 .

Mi deseo en el da de hoy es para todos nosotros no tan slo para los pobres en espritu, sino
para todos que tengamos ms experiencia personal y directa con el ejemplo del Salvador. A
veces buscamos lo divino de manera muy indirecta, concentrndonos en los programas, en la
historia o en la experiencia ajena, lo cual es importante, pero no tanto como la experiencia
personal, como el ser un verdadero discpulo, y la fortaleza que se recibe del experimentar
personalmente la majestuosidad de la influencia de l.
Luchan ustedes contra el demonio de la adiccin del tabaco, de las drogas, de los juegos de azar o
de la perniciosa plaga moderna de la pornografa? Est pasando dificultades su matrimonio o se
encuentra alguno de sus hijos en peligro? Tienen problemas de identidad sexual o de propia
estimacin? Afrontan ustedes, o algn ser querido, enfermedad, depresin o la muerte? Sean
cuales sean los otros pasos que deban dar para resolver esos problemas, vengan primero al
Evangelio de Jesucristo. Confen en las promesas del cielo. En ese respecto, el testimonio de Alma
es mi testimonio: s que quienes pongan su confianza en Dios sern sostenidos en sus
tribulaciones, y sus dificultades y aflicciones 13 .
El confiar en la naturaleza misericordiosa de Dios es el ncleo mismo del Evangelio que Cristo
ense. Testifico que la expiacin del Salvador quitar no slo la carga de nuestros pecados, sino
tambin la de nuestras desilusiones y la de nuestros dolores, la de nuestros sufrimientos y la de
nuestra desesperacin 14 . Desde el principio, el confiar en Su ayuda ha tenido por objeto darnos
el motivo y la manera de mejorar, el incentivo para dejar a un lado nuestras cargas y labrar as
nuestra salvacin. Podr haber y habr muchas dificultades en la vida; no obstante, el alma que
viene a Cristo, que conoce Su voz y se esfuerza por hacer como l hizo, recibe, como dice el himno,
la fuerza para a otro levantar 15 . El Salvador nos recuerda que nos tiene [grabados] en las
palmas de [Sus] manos16 . Al considerar el incomprensible precio de la Crucifixin y de la
Expiacin, les prometo que l no va a darnos la espalda ahora. Cuando l dice a los pobres en
espritu: Venid a m, lo que quiere decir es que l conoce el camino hacia la salida y hacia el
cielo. Lo conoce porque l ya lo recorri. Conoce el camino porque l es el camino.
Hermanos y hermanas, cualesquiera que sean sus problemas, por favorno se den por vencidos
y por favor no cedan ante el temor. Siempre me ha conmovido el hecho de que, al partir su hijo a
su misin en Inglaterra, el hermano Bryant S. Hinckley abraz al joven Gordon y le entreg una
nota escrita a mano con slo cuatro palabras del captulo cinco de Marcos: No temas, cree
solamente 17 . Tambin pienso en aquella noche cuando Cristo se apresur para llegar a ellos y
ayudar a Sus atemorizados discpulos, cuando anduvo sobre el agua y les dijo: Tened nimo; yo
soy, no temis!. Pedro exclam: Seor, si eres t, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. La
respuesta de Cristo fue la que siempre es: l dijo:Ven. Al instante, como era su naturaleza, Pedro
descendi de la barca a las agitadas aguas. Mientras sus ojos permanecieron fijos en el Seor, el
viento le sacuda el cabello y el agua le empapaba el manto, pero todo estaba bien, porque vena a
Cristo. Fue slo cuando su fe vacil y el temor se apoder de l, slo cuando quit los ojos del
Maestro para mirar las furiosas olas y el alarmante abismo negro, slo entonces comenz a
hundirse en el mar. Con nuevo terror, grit: Seor, slvame!.

Sin duda con algo de tristeza, el Maestro, que domina toda dificultad y todo temor, que es la
solucin de todo desaliento y desnimo, extendi la mano, asi al discpulo que se ahogaba y con
esta tierna reprensin le dijo: Hombre de poca fe! Por qu dudaste? 18 .
Si se sienten solos, por favor, sepan que pueden hallar consuelo. Si se sienten desanimados, por
favor, sepan que pueden hallar esperanza. Si son pobres en espritu, por favor, sepan que pueden
ser fortalecidos. Si se sienten destrozados, por favor, sepan que pueden ser sanados.
En Nazaret, el angosto camino que quita el aliento y cansa los pies, pasa por donde una vez vivi el
Carpintero de Nazaret.
Por el polvoriento camino sola la gente del pueblo llegar y sobre el banco del Carpintero lo
destrozado depositar.
Una mueca rota llevaba la nia, un arado el hombre, una silla la mujer.
Carpintero, Lo puede reparar?, esperanzados preguntaban los tres.
Cada uno recibe lo solicitado: la mueca, la silla o el arado; lo destrozado que le haban llevado se
lo devuelve perfectamente reparado.
Ao tras ao la cuesta empinada, con paso lento y melancola, recorren de pena y dolor cargadas
las almas que imploran da a da:
Ah, Carpintero de Nazaret, Te ser posible reparar mi destrozado corazn, y mi vida destrozada
de verdad?.
Y por Su amor y gran bondad, Su vida dulce entretejer con la nuestra destrozada y vida nueva
crear.
Ah, Carpintero de Nazaret, convierte en plena perfeccin, los destrozados dolos de mi ser:
deseo, esperanza, fe y aspiracin! 19 .
Ruego que todos, en particular los pobres en espritu, vengamos a l para ser sanados, en el
nombre de Jesucristo de Nazaret. Amn.

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