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CONVIVENCIA

El documento habla sobre las habilidades sociales y la importancia de mantener relaciones interpersonales armónicas. Explica que las habilidades sociales incluyen comportamientos verbales y no verbales como escuchar, saludar, iniciar conversaciones, hacer peticiones, expresar opiniones y afrontar críticas. También cubre la asertividad y cómo defender los propios derechos sin afectar los de los demás.

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CONVIVENCIA

El documento habla sobre las habilidades sociales y la importancia de mantener relaciones interpersonales armónicas. Explica que las habilidades sociales incluyen comportamientos verbales y no verbales como escuchar, saludar, iniciar conversaciones, hacer peticiones, expresar opiniones y afrontar críticas. También cubre la asertividad y cómo defender los propios derechos sin afectar los de los demás.

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CONVIVENCIA

Los seres humanos no estamos solos, siempre, directa o indirectamente, nos


relacionamos y vivimos con otros. Lo ptimo es que en esta convivencia
mantengamos relaciones armnicas con la familia, los amigos (as), en el colegio, con
los padres, con los adultos, y con todos en general.
Por ello, a lo largo de la presente sesin, analizars y valorars lo que es la
asertividad y las diferentes habilidades sociales. Reflexionars a tu comportamiento
para mejorar tus relaciones interpersonales.

HABILIDADES SOCIALES

Se manifiestan en conductas que se dan con relacin a otra(s) persona(s). No es lo


mismo relacionarse con el pap que con los amigos(as); tampoco es igual
relacionarse con alguien conocido o con alguien que vemos por primera vez.
Tienen distinta complejidad, dependiendo de las personas y el, contexto en el que se
den. Por ejemplo, puede ser ms complejo afrontar una crtica sobre tu
comportamiento, si viene de una persona que estimas mucho y lo hace en un lugar
pblico.

Sera difcil hacer una lista de todas las habilidades sociales, por lo que algunos
autores las han agrupado en dimensiones. Vicente Caballo (2002), ha recopilado
ejemplos de las dimensiones conductuales ms aceptadas por diversos autores.
Estas son:
- Hacer cumplidos.
- Aceptar cumplidos.
- Hacer peticiones.
- Expresar amor, agrado y afecto.
- Iniciar y mantener conversaciones.
- Defender los propios derechos.
- Rechazar peticiones.
- Expresar opiniones personales incluido el desacuerdo.
- Expresar justificadamente molestia, desagrado o enfado.
- Solicitar cambios en la conducta del otro.
- Disculparse o admitir ignorancia.
- Afrontar la crtica sobre la propia conducta

Cada una de estas dimensiones se expresa en comportamientos que nos llevan a


mantener relaciones interpersonales armnicas. Por ejemplo:
Hacer cumplidos:
Significa decir o hacer cosas agradables a otra persona. Supone decirle que te gusta
algo de ella, como su apariencia o su comportamiento. Se manifiesta tambin cuando
felicitamos a alguien, damos un gesto de apoyo o una mirada de aprobacin. Debe
haber sinceridad cuando ofrecemos un cumplido.

Hacer una crtica:


Supone no estar de acuerdo con algo que ha dicho o hecho otra persona. Implica
algunos aspectos como:
Controlar la clera y pensar qu hacer o decir a la otra persona
Elegir el momento y lugar apropiados.
Acercarse a la persona, saludarla y, de modo claro y breve, describir la conducta que
estoy criticando. SE DESCRIBE EL COMPORTAMIENTO, NO SE ATACA A LA
PERSONA. Describo cuando digo: Me molesta que no Hayas hecho el trabajo; y
ataco a la persona cuando le digo: Eres un flojo, eres un...
Evitar el sarcasmo, la hostilidad o la burla.
Escucho las razones de la otra persona
Pido o sugiero un cambio de comportamiento.

Intimidacin:
Se da cuando una) chico(a), o un grupo, pega, intimida, acosa, insulta, humilla,
excluye, ignora, pone en ridculo, desprestigia, abusa, rechaza, amenaza, se burla,
chantajea, etc., a otro(a) chico(a), de forma repetida, y con intencin de hacerle dao
y mantenerlo(a) en una situacin de sumisin.

Rechazo e ignorancia social:

Se manifiesta cuando un chico(a) no


es aceptado ni reconocido en su grupo. El chico(a) rechazado(a), se siente muy mal
consigo mismo y con los dems y puede reaccionar con comportamientos agresivos,
depresivos o ansiosos.
Si alguno de tus compaeros se encuentra en cualquiera de estas dificultades, es
importante que se proponga desarrollar habilidades sociales, como las planteadas en
esta ficha; y si no pudiera hacerlo solo(a), debe pedir ayuda a otro(a) compaero(a), a
su profesor(a), a la psiclogo(a), a su padre o madre.

Asertividad:

La asertividad es una habilidad social que implica afirmarse a s mismo, defendiendo


sus derechos sin dejar de reconocer los de los dems. La persona asertiva sabe
comunicar sus creencias, sentimientos opiniones, ejerciendo un adecuado
autocontrol, respetando opiniones diferentes a las suyas, mostrando empata, aprecio
y respeto por los dems. Implica una buena autoestima y honestidad en el trato.

VIDEO DE REFLEXIN:

[Link]
mdq&hl=en

COMENTA:
1. Imagnate que un amigo(a) te invita a probar alguna droga. Cmo le diras que
no? Escribe una lista de posibles respuestas asertivas, que te permitan mantenerte
firme.
2. Piensa en cmo te puede ayudar la asertividad en tus relaciones con tus padres,
maestros, compaeros y/o amigos. Describe con tres ejemplos.

3. En qu aspectos te ha ayudado el contenido de este blog?


4. Haz un breve comentario del ltimo video. Que te pareci?
Profesora: Elizabeth Millones.
Institucin Eduactiva Pblica Virtual "Per"
Publicado por Paolita en 19:37 7 comentarios:
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Lazarus (1973) fue uno de los primeros en establecer, desde una posicin de
prctica clnica, las principales clases de respuesta o dimensiones conductuales
que abarcaban las habilidades sociales. Este autor indic cuatro capacidades:
decir no, pedir favores y hacer peticiones, expresar sentimientos positivos y
negativos e iniciar, mantener y terminar conversaciones. Las clases de respuesta
que se han propuesto posteriormente, y ya desde un punto de vista emprico, han
girado alrededor de estos cuatro tipos de respuesta. Las dimensiones
conductuales ms aceptadas en la actualidad (Prez-Santamarina, 1999) (Torbay
et al., 2001)(Portillo, 2001) son las siguientes:

Escuchar.
Saludar, presentarse y despedirse.
Iniciar, mantener y finalizar una conversacin.
Hacer y rechazar peticiones.
Disculparse o admitir la ignorancia.
Defender los derechos.
Negociar.
Expresar y defender las opiniones, incluido el desacuerdo.
Afrontar las crticas.
Hacer y recibir cumplidos.
Formular y rechazar peticiones (oposicin asertiva).
Expresar amor, agrado y afecto.
Expresar justificadamente molestia, desagrado o enfado.
Pedir el cambio de conducta del otro.

Cooperar y compartir.
Expresar y recibir emociones.
Dirigir a otros.
Solucionar conflictos.
Dar y recibir retroalimentacin.
Realizar una entrevista.
Solicitar un trabajo.
Hablar en pblico

Las habilidades sociales anteriormente citadas comprenden un extenso conjunto


de elementos verbales y no verbales que se combinan en complejos repertorios
conductuales. Adems, de los componentes verbales y no verbales, las
habilidades sociales dependen de procesos cognitivos (pensamientos,
autocrticas, sentimientos, etc.) para su correcta ejecucin. Pero la habilidad
social no es meramente una suma de componentes verbales y no verbales unidos
a procesos cognitivos, sino que supone un proceso interactivo de combinacin de
estas caractersticas individuales en contextos ambientales cambiantes.
Asimismo, la destreza para desempear una habilidad social puede no tener
ninguna correspondencia con la desenvoltura de otras (ej: conversar y rechazar
peticiones), incluso considerando el mismo tipo de habilidad la conducta
concreta del sujeto puede variar segn factores personales (estado de nimo,
cogniciones, cambios fisiolgicos) y ambientales (las personas con quienes est
relacionndose, el tipo de relacin, la situacin en la que se encuentre,
etc.) (Fernndez, 1999).
Un ejemplo de la importancia de los aspectos cognitivos en la interaccin social
lo constituye el sentimiento de soledad. La soledad se ha definido de varias
formas. Altman, 1975, la define como un estado desagradable que experimenta la
persona al no conseguir la relacin social que desea o al perder una relacin
estable que ya posea. Cutrona, 1982, vincula este sentimiento ms a la falta de
satisfaccin en las relaciones interpersonales mantenidas por el individuo que a la
frecuencia o cantidad de los contactos sociales. Isidro et al. (Isidro, Vega, &
Garrido, 1999) definen la soledad como un sentimiento desagradable vinculado a
un desequilibrio en la percepcin de las relaciones establecidas con los dems,
qu est determinado por la falta de confianza del individuo en su capacidad para
afrontar situaciones que potencialmente puedan llegar a generarle soledad. Por
otra parte, Shaver y Buhrmester, 1983, y Shaver, 1986, proponen una teora de la
soledad basada en la insuficiencia de las provisiones que el individuo espera le
suministre el grupo al cual se ha unido.
A partir de estas definiciones de soledad se puede concluir diciendo que el
sentimiento de soledad es una percepcin individual que puede estar motivado

por una falta de habilidades sociales que provoca la disminucin de las


interacciones sociales o hace que estas sean menos gratificantes de lo deseado
por el individuo. Pero tambin este sentimiento de soledad puede ser
independiente de las habilidades sociales que posee el individuo y sustentarse
ms en las creencias o expectativas que tiene la persona. En este ltimo caso, ms
que dotar al individuo de ciertas habilidades sociales sera ms correcto trabajar
sobre las expectativas y pensamientos de la persona con el fin de lograr que estos
fueran ms realistas y adaptativos.
Afirmacin y opinin[editar]
La opinin puede considerarse tambin como afirmacin dbil, aunque no siempre
tenemos conciencia clara de la distincin y opinamos con la fuerza de la afirmacin.

Afirmacin y decisin[editar]
A veces suele utilizarse el trmino afirmacin para significar la adhesin de la voluntad a
un enunciado entendido como propuesta de accin. Se trata entonces de una decisin o
acto de apoyo, como es el caso de una votacin.
Se confunde as la cualidad del resultado (decidir hacer esto o lo otro o no hacer nada; el
voto afirmativo o negativo) con el acto de pronunciamiento, que habra de entenderse
como afirmarse o reafirmarse pues la decisin, o el voto, se supone est fundado o
justificado en un conocimiento previo considerado como vlido respecto al fin que
pretende la decisin.4

Afirmativo y negativo[editar]
No debe confundirse la afirmacin como acto de reconocimiento de
una verdad enunciada, con el hecho de que dicho enunciado sea gramaticalmente
afirmativo o negativo. Una negacin5 sigue siendo, bajo el punto de vista lgico, una
afirmacin.
La afirmacin puede ser enunciada tanto afirmativamente como negativamente.
Afirmacin con enunciado afirmativo: Todos los pjaros vuelan
Afirmacin con enunciado negativo: Los pjaros no son mamferos
La confusin proviene del modo de entender la unidad de afirmacin lgica bajo el punto
de vista gramatical.

La filosofa tradicional basada en la lgica aristotlica y el silogismo, entenda que la


unidad de afirmacin lgica como manifestacin de la verdad del conocimiento era el
juicio categrico, entendido ste como la atribucin de un predicado a un sujeto. Dicha
atribucin ofreca dos posibles formas cualitativas: Unin del sujeto con el predicado
(juicio afirmativo) o separacin del sujeto y el predicado (juicio negativo). Aristteles
pensaba que el juicio verdadero representa adecuadamente la realidad.
Pero conocer la no-unin del predicado con el sujeto slo es posible
como consecuencia lgica derivada de una verdad previamente conocida.6 No se podra
afirmar "Antonio es un no-caballo", si previamente no hemos conocido que "Antonio es un
hombre". Qu es un "no-caballo"? As lo entendi Aristteles.
Cmo conocer la realidad de un juicio negativo? Cmo conocer lo que no-es?
Lingsticamente se oculta dicho problema negando el verbo en lugar del predicado. En
lugar de afirmar "S es no-P" se expresa "S no es P". Convirtiendo la afirmacin de un
juicio negativo (S es no-P) en un enunciado gramatical en forma de negacin (S no es P).
Pero eso no es hacer una atribucin como predicado sino aplicar la extensin de
un concepto como clase, tal como se ha venido a interpretar actualmente la lgica
aristotlica.
La negacin en la lgica actual se considera una funcin u operador lgico definido como
regla que cambia el valor de verdad de la proposicin.
La lgica actual considera que la unidad de afirmacin lgica es la proposicin en su
cualidad de poder ser verdadera o falsa con independencia de su expresin afirmativa o
negativa. Y su verdad se justifica de dos formas:

Como validez lgica formal o tautologa, cuya garanta de verdad reside en


la consistencia o no consistencia de la proposicin dentro de un sistema lgico
o teora en que se formula lingsticamente la proposicin. Es decir siempre que la
expresin lingstica del contenido del modelo sea fiel a la forma lgica de un teorema
del sistema.7

Como validez epistemolgica que depende del contenido semntico y acta


como metalenguaje respecto al sistema lingstico en el que se exprese como
afirmacin. El criterio de validez, en estos casos, es variable. El criterio de
la ciencia es el mejor fundamento de la afirmacin de un conocimiento vlido en su

dimensin representativa como contenido de realidad; sin excluir otros criterios


de validezen situaciones diferentes.8
La verdad de una proposicin y su afirmacin como expresin de verdad
semntica, Alfred Tarski, en un enunciado, no se identifica exactamente con el juicio
aristotlico y tampoco con el enunciado lingstico.

Afirmacin y conocimiento[editar]

Afirmacin y asentimiento[editar]
De manera general entendemos por asentimiento el hecho de aceptar algo. En el caso
que nos ocupa el asentimiento vendra a suponer la aceptacin como verdadera de la
proposicin en la cual se va a manifestar el conocimiento como afirmacin.
Parece pues que debemos considerar el asentimiento como una condicin previa a la
afirmacin. En el artculo Proposicin (lgica) se hace referencia a lo que los antiguos
llamaban juicio y que hoy entendemos como creencia.
Entendemos entonces que el asentimiento es la aceptacin de una creencia como
verdadera.
Artculo principal:

Evidencia (filosofa)

El problema: Es el asentimiento un acto de la voluntad, del querer o, por el contrario, una


exigencia como consecuencia de la evidencia bien intuitiva o de unas razones formales a
partir de otras evidencias?9
Los estoicos, en contradiccin con los escpticos, establecieron una "voluntad judicativa"
que completaba la manifestacin de la creencia como afirmacin de verdad.
Santo Toms distingui entre "asentimiento ante una evidencia en s" y "asentimiento de
una proposicin cuya evidencia radica en su conexin con otra u ptras proposiciones".
Pero Santo Toms distingue el asentimiento como "acto intelectivo" y el asentimiento
como "acto de la voluntad" respecto al querer, al que se le debe llamar "consentimiento".
El primero es necesario para la construccin de la ciencia y conocimiento de la verdad,
mientras que el segundo lo es para la aceptacin de las normas en relacin con el bien. Y
esto es as porque el entendimiento no tiene ms remedio que aceptar la evidencia en s,
y no puede aceptar la contradiccin.

En cambio en la voluntad puede darse oposicin entre diversas opciones por la


contradiccin de sentimientos y motivaciones por efecto de las pasiones.
Los racionalistas, Descartes y Spinoza, consideraron que el asentimiento era una opcin
entre diversas proposiciones que la conciencia puede aprehender y cuya evidencia surge
tras el anlisis.
Para Locke, en cambio, el asentimiento en s mismo es un conocimiento que, cuando es
evidente genera "certidumbre"; pero cuando no es evidencia perfecta produce un
asentimiento dbil, como opinin.
Leibniz, est de acuerdo con Locke, pero en lo referente a las verdades de hecho;10 pues
en cuanto a las verdades de razn su evidencia surge del anlisis, como en Descartes.
As pues en lo referente a las verdades de hecho han de reconocerse grados de
asentimiento a la verdad como conocimiento no cierto sino probable.
John Henry Newman distingue entre un "asentimiento nocional" referido a nociones y
"asentimiento real" referido a las cosas; esta ltima de carcter ms fuerte, aunque no por
ello garantice la existencia a las cosas a las que se concede el asentimiento.

Afirmacin y verdad[editar]
Cmo es posible afirmar lo falso?11
Artculo principal:

Conocimiento

Artculo principal:

Creencia

Una precisin fundamental. La afirmacin hace referencia al conocimiento.


La verdad hace referencia a la relacin del conocimiento conlo real entendido como algo
"distinto" de la mente o conciencia; lo real es un objeto del que pretendemos decir algo
conocido como "lo
que es
en realidad".12

El dolor de muelas deviene un "objeto" para la conciencia,


como algo separado de m, como conciencia.
El lenguaje en este caso lo expresa muy bien: "me duele la

En general, sin
embargo, la
gramtica del

muela". La muela es el sujeto gramatical al que atribuimos la


accin del dolor; y el "yo-conciencia" aparece como si fuera
un complemento.

lenguaje nos puede jugar una mala pasada. Porque solemos analizar la oracin
gramatical oenunciado, mediante la cual expresamos nuestra afirmacin, considerando

que el enunciado se constituye por un sujeto y unpredicado. Sujeto es aquello sobre lo


que se habla y predicado aquello que se dice del sujeto gramatical.
Si no somos crticos pensamos ingenuamente que el sujeto del enunciado es la propia
realidad. Y no es as; es la realidad, s, pero en tanto en cuanto la hemos conocido, o la
tenemos presente en
la conciencia, que no
es lo mismo. Es una
realidad interpretada
.

Siguiendo el caso anterior, pensemos en alguien a quien le


duele el dedo que le han amputado: "Me duele el dedo".
En este caso el sujeto gramatical, el dedo, no existe; y lo
"real" es, por un lado, el funcionamiento del sistema

Por eso
podemos errar al
conocer, y hacer una

nervioso que la conciencia no conoce, y por otro la realidad


del dolor que produce dicho funcionamiento en la
conciencia: el conocimiento del dolor.

afirmacin falsa. La realidad, nunca ser falsa. Tradicionalmente se afirmaba que en la


"simple aprehensin" no hay error.13 Pero el conocimiento mediante el cual interpretamos
la realidad, s lo puede ser.14 El error se puede producir en el proceso en el que nosotros
realizamos el conocimiento como interpretacin por un lado, y en el modo como
expresamos despus dicho conocimiento mediante el lenguaje como afirmacin.15

Esto nos obliga a precisar los modos de conocer y expresar las afirmaciones.

La realidad, como objeto conocido, suele ser interpretado como sujeto gramatical
del enunciadode la afirmacin; es fcil por eso confundir, sin ms, el sujeto gramatical de la
expresin con la propia realidad.

El proceso de conocimiento es realmente complicado y desconocemos tanto del mismo


cuanto sabemos.;16 su transformacin en expresin lingstica en su relacin con la
verdad tambin.17

La dificultad es poder establecer cundo, cmo y dnde se produce dicha aprehensin de


realidad; cundo cmo y donde se produce la interpretacin cognoscitiva; cundo cmo y
dnde se produce la expresin en el lenguaje.
Parece necesario distinguir diversas formas de afirmacin.

Clases de afirmacin[editar]
Entendemos por formas de la afirmacin la diversidad de enunciados en los que se
manifiesta el conocimiento tenido como verdadero, como aprehensin de lo real.18
En general consideramos los enunciados bajo la estructura gramatical Sujeto-predicado.
Pero hay formas de afirmacin del conocimiento que no siguen dicha estructura.
Dicho en otras palabras, no siempre la afirmacin realiza un funcin predicativa.
Se considera la distincin de Santo Toms y John Henry Newman y la exposicin
detallada de Zubiri.
Afirmacin posicional[editar]
Es la afirmacin de la mera evidencia aprehendida como real:13 abro la ventana y veo un
gato; mental pero lingsticamente formulo: un gato; afirmo lo que he aprehendido sin
necesidad de entender o comprender qu es eso que estoy viendo.
Lo percibo e interpreto en cuanto realidad.
Si, culturalmente, tengo un smbolo o trmino lingstico, como una palabra que puede ser
un sonido o una grafa para designar esa realidad, puedo utilizar dicho smbolo
para referirme a esa realidad que tengo percibida en mi mente y expresar lingsticamente
esa referencia para comunicarla a otra persona. De otra forma no tendra ms que hacer
lo que hacen los nios cuando tienen ms o menos un aito que al no poder expresar
lingsticamente eso que quieren lo que hacen es indicar sealando con el dedito en la
direccin en que se encuentra eso que quieren; esa realidad que
han percibido como "algo" que se destaca entre las dems cosas del entorno.
Imaginemos que en vez de un gato veo un fuego: la afirmacin expresiva de dicha
evidencia aprendida sera ya la formulacin: fuego!
Lo aprendido en estos casos est completo, es la manifestacin de lo real, constituye la
aprehensin de realidad que se manifiesta en todas sus cualidades y notas, en toda su
riqueza, sin necesidad de una inteleccin de "qu es eso en realidad".19

Cuando grito "fuego!" expreso o quisiera expresar esa realidad, sin ms. Afirmo toda la
realidad de ese fuego que est ah. Utilizo un "nombre", un concepto como un "ficto" que
me permite afirmar lo que he percibido. Sin ms. Y si lo pronuncio mediante el lenguaje es
algo accesorio respecto a mi afirmacin. Probablemente esta aprehensin en un animal
puede suponer no solo una huida sino un gruido, un salto, etc. que comunica a los
dems del grupo lo suficiente para "actuar adecuadamente".
Dicha afirmacin no afirma nada ms que eso. nicamente sita ante el hecho de lo
percibido como real. Por eso es "posicional".20
Ni siquiera afirmo un contenido de verdad, sino mi posicin ante ese hecho. Observemos
que no afirmo: "esto es fuego" o "aqu hay fuego".21
En realidad lo que he hecho es poner un nombre propio para designar lo que he
aprehendido como una unidad en la experiencia. A falta denombre no cabe otra cosa que
sealar con el dedo lo que percibo, como hace el nio pequeo cuando no tiene nombres
para designar lo que quiere. No en vano el dedito es el ndice.22
Afirmacin proposicional[editar]
Cuando la aprehensin es afirmada en funcin de una cualidad propia de un algo que es
as determinado.23
"Los andaluces, graciosos"; "los nios, brutos"; "las nias, cursis".
En esto casos se afirma "algo con algo". Un Algo que es de determinada forma o tiene
una determinada cualidad.
En esta afirmacin hay ciertamente dos contenidos:

Un A: (los andaluces; los nios; las nias) que hace referencia a aprehensiones de
realidad.

Un B: (la gracia; la brutez; la cursilera) no es algo real, en s, sino algo que pertenece
o se encuentra en la aprehensin de A.

No se afirma una relacin entre dos entidades, sino la cualificacin de una sola y simple
aprehensin.
Tampoco se afirma una atribucin, como veremos despus; sino que la realidad de A
lleva consigo, implica la realidad de B como algo propio. La realidad de B se constituye en
A en dicha afirmacin, no es algo concebido como ajeno a A.

A es aprehendida como una realidad que comprende a B.


Gramaticalmente se expresa mediante la supresin de verbo; se afirma nicamente un
sintagma nominal; como una designacin.
Por ello no es una atribucin de predicado a un sujeto, pero en cambio tiene y manifiesta
un contenido de verdad. Por eso tiene carcterproposicional.
Este tipo de afirmacin es de una importancia enorme, pues acta de una manera muy
eficaz sin siquiera una formulacin explcita. De esta forma es como tenemos
aprehendidas muchas de nuestras creencias como prejuicios mediante las
cuales interpretamosinconscientemente las realidades aprehendidas, considerndolas
como tales "en realidad", antes de que la experiencia nos pueda ofrecer tal vez
informacin complementaria que pudiera confirmar o negar su aplicacin correcta al caso
concreto.
Pensemos, por ejemplo, en un hombre cuya cultura le hace creer y vivir socialmente y
percibir como realidad que la esposa es un objeto de "posesin del hombre mediante
contrato de compra-venta con el padre", porque adems en su contexto social y
cultural es as.
Tendr dificultades en entender el juicio moral que una persona de otra cultura pueda
hacer sobre esa forma de considerar a la mujer. Y no es fcil cambiar ese modo de
aprehender la realidad, porque para l en su creencia interpreta el mundo de tal forma
que esposa objeto de su compra; esposa y propiedad son una y la misma realidad.
A veces una experiencia infantil puede marcar definitivamente a ciertas y determinadas
aprehensiones. Ciertas fobias podran interpretarse como afirmaciones proposicionales.
"El lobo malo; el osito bueno". "El nio bruto; la nia cursi". "Lo blanco, alegre; lo negro
triste".
Afirmacin predicativa[editar]
Es la afirmacin que ampla el conocimiento estableciendo la conexin de un predicado B,
con un objeto "aprehendido como real" que toma la forma de sujeto gramatical A al
enunciarse como tal afirmacin. Dicha conexin se expresa lingsticamente, mediante
la cpuladel verbo ser.
Se afirma entonces la realidad de B en A.

Es la frma lgica clsica de la proposicin o juicio aristotlico A es B, donde A es


la sustancia y B es la categora como predicado. Dicha afirmacin supone la pretensin
de mostrar la verdad tal como la defina Aristteles: Decir de lo que es que es y de lo que
no es que no es.
Ntese la diferencia con el caso anterior. No se afirma un complejo A-B. Ni se trata de dos
aprehensiones posicionales A y B, lo que constituira dos afirmaciones independientes
que pudiramos conjuntar.
Ahora se afirma la conexin de un concepto general independiente B que se hace real en
A; la realidad de B se manifiesta como predicado de la realidad de A. Por eso la
predicacin ampla el conocimiento.
En efecto afirmar Antonio corre por el pasillo, formalizado como Antonio es un ser que
corre en el pasillo, implica aprehender a Antonio como realidad que est cumpliendo,
haciendo reales dos conceptos independientes y separables de Antonio: como son
correr y pasillo. Siendo esta verdad una ampliacin "de hecho" en el conocimiento de
Antonio.
Esta conexin en tanto que conceptos independientes, solo es afirmable por medio de la
experiencia. Tal ha sido el fundamento delempirismo. Son las verdades de hecho, y por
ello contingentes, aun cuando puedan expresar, en determinadas condiciones,
regularidades de la experiencia, "Los gatos cazan ratones"; "Las plantas florecen en
primavera" generalizables ms all de la experiencia individualizada del caso concreto.
Esta limitacin al campo de la experiencia hace que la ampliacin real de conocimientos
generalizables no obvios en la experiencia sea francamente difcil. Mxime cuando el
concepto aplicado supone una visin no plausible. Tal es la funcin de la ampliacin de
conocimientos que ofrece la investigacin cientfica.

Una experiencia interesante : La verdad del heliocentrismo

Antes del siglo XVI se afirmaba como conocimiento vlido y cierto que la
tierra es el centro inmvil del universo; evidencia de una aprehensin de
realidad indudable en la experiencia cotidiana': La tierra-quieta; tierraquietud La Tierra implica quietud en una unidad indiscutible.
Algunos sabios llegaron a aplicar a la tierra el concepto independiente de
girar y alrededor del sol, conocidos de forma separada de la experiencia
cotidiana de la tierra y pudieron afirmar con pleno sentido de
conocimiento vlido conevidencia suficiente que la Tierra gira y se mueve
alrededor del sol,; ampliando el campo de la experiencia posible.
Tal predicacin supone una ampliacin del conocimiento. Un proceso
complicado y difcil.
De ah las dificultades que experimentaron tales sabios24 pues sus
afirmaciones chocaban frontalmente con las creencias y experiencias
cotidianas cultural y socialmente admitidas.
Hoy, nuevos conceptos como la unidad espacio-tiempo relativo25 de cuatro
dimensiones, por ejemplo, aplicables en nuevos contextos de
experienciaposible permiten afirmar la "relatividad"26 cientfica, lgica y
cultural, de las afirmaciones tanto tolemaicas como copernicanas
acerca del movimiento de la tierra, al no tener ya como evidente un
espacio-tiempoabsoluto. La ciencia sigue ampliando nuestro conocimiento.

Generar conceptos nuevos a partir de nuevas formas de aprehender la realidad y


poderlas afirmar como evidencias, es el logro maravilloso de la ciencia, el arte y la
poesa.
Afirmacin conceptual o nocional[editar]
Santo Toms distingua entre asentimiento ante una evidencia en s y asentimiento de
una proposicin cuya evidencia radica en su conexin con otra u otras proposiciones, y el
cardenal Newman hablaba de la afirmacin nocional.
En ambos casos nos estamos refiriendo a lo que Leibniz llamaba verdades de razn.

Verdades cuya evidencia no parte de la aprehensin de realidad en la experiencia, sino


de la relacin de conceptos como nociones o de la relacin de unas proposiciones con
otras.
Dicho a la manera de los racionalistas, su verdad es un producto del anlisis. Son pues
verdades analticas.
En el primer caso, como afirmacin nocional, estamos hablando de definiciones, de
contenidos conceptuales. Los mamferos maman. El predicado est contenido en la
nocin del sujeto. No aportan, pues, conocimiento nuevo a lo ya contenido en el propio
concepto del sujeto de la oracin.
No hablamos entonces de la realidad, sino del mundo conceptual.27 El mundo,28 entonces,
aparece ordenado, como mundo, conforme a nuestros conceptos. Tal es la visin de
la dialctica platnica o la filosofa tradicional cristiana. Un mundo ordenado segn
esencias que responden a la realidad de las cosas, bien porque la realidad es as, bien
porque un Dios lo ha construido conforme a sus ideas. As ha sido considerada la realidad
durante muchos siglos.
Hoy la relacin realidad-concepto se explica de un modo completamente diferente. La
conexin conocimiento y realidad se considerainterpretativa, por lo que la clasificacin
esencial es un instrumento lgico no un conocimiento de realidad. Cuando utilizamos tales
evidencias no hablamos del mundo real sino de la lgica del conocimiento.
Hablamos de un mundo ordenado sin contradiccin, hablamos de un mundo posible,
como dice Leibniz. El mundo real, entonces, es una concrecin al ser percibido por la
experiencia.
Y esto es as porque el concepto como tal es considerado en su contenido extensivo con
independencia de las notas que pretenda denotar como realidad. Se interpreta entonces
como una clase o conjunto lgico, independiente de cualquier realidad.
Tal es la modificacin importante de la lgica clsica aristotlica como lgica
de trminos,29 interpretada ahora como lgica de clases.
Los conceptos definen una clase y solo sern aplicables como predicados mediante una
adecuada cuantificacin como aplicacin a la experiencia.30
En lo referente a la relacin de proposiciones, hablamos entonces de consistencia lgica,
al no admitir la posibilidad de contradiccin.

Construimos as un sistema lgico-formal, un clculo, independiente de la realidad, que


nos permite, mediante definiciones y reglas, perfectamente delimitadas, construir
un sistema lgico-matemtico que garantiza el rechazo de cualquier contradiccin. Las
afirmaciones basadas en el sistema como tal, o bien en los modelos tericos que resulten
de sustituir las variables del sistema por contenidos de experiencia no
ambiguos, argumentos, resultarn siempre verdaderas, es decir tautolgicas.

Modos de afirmacin[editar]
Los modos de afirmacin son consecuencia de los modos en que podemos afirmar
el conocimiento y su correspondencia con la ignoranciarespecto al grado validez en que lo
consideramos como verdadero.
La primera afirmacin de algo conocido como real pero que no sabemos lo que es es la
afirmacin de esa ignorancia: No s qu es en realidad; "No tengo ni idea".
Por el contrario consideraremos el conocimiento acabado y completo cuando podemos
afirmar sin sombra de duda, esto es.. en la determinacin correspondiente al grado de
conocimiento que la situacin demande.
En el presente artculo se exponen estos grados segn se manifiestan en los recursos
que la lengua espaola nos permite diferenciar, sin entrar en un anlisis de los mismos:
Ignorancia/conocimiento(segn indicios)

Se afirma
como

Descripcin

Se aprecian unos rasgos definidos


Lo borroso

Confusin

pero que pueden ser referidos a


ms de un objeto de
reconocimiento.
Lo confuso parece que se define

Indicacin

Sospecha hacia una direccin ms que hacia


algo determinado.
Las notas de lo aprehendido en

Ambigedad

Duda

realidad son consistentes y


apuntan o indican hacia objetos
concretos, pero no definen un

concreto sino una posible


duplicidad.
La duplicidad se desvanece en la
medida en que se concreta el
Preponderancia e Identificacin

Opinin (lo

objeto conocido. La aprehensin

obvio y lo

desglosa las notas propias del

plausible)31

objeto en su manifestacin
aparente (apariencia) y propia
(constitucin)
Se identifica y reconstituye la
realidad del objeto identificado
como "su ser en realidad"

Constitucin y efectividad

Certeza

mediante un concepto32 que se


afirma como juicio con
firmeza,33 que expresa la
creencia evidente de laverdad de
lo contenido en la afirmacin.

RESUMEN:
El siguiente texto versa sobre la naturaleza del dolor humano, no solo el dolor
fsico sino tambin el de tipo moral, que llamamos sufrimiento. Describe las
consecuencias del dolor y las enumera de las siguiente manera: molestia,
limitacin o invalidez, amenaza, vivencia de corporalidad, sensacin de
anormalidad, sensacin de soledad y necesidad de interpretacin. Igualmente
se realiza un anlisis de las concepciones de dolor en diferentes culturas y se
realiza una diferenciacin de los tipos de dolor.

Una visin humanista del dolor y el sufrimiento. (*)


Dr. Tulio Pizzi
El hombre es un gran misterio. Surgido de la nada, lanzado a la vida sin
quererlo, est enfrentado a la existencia. Su destino irrevocable es la nada.
Desde que nacemos estamos condenados a morir. Todos estamos

esperando nuestra sentencia de muerte que sabemos que llegar, pero no


cuando llegar. En tanto, debemos vivir, con nuestros anhelos nuestros
amores y nuestras ilusiones. Hay un sentido trgico de la existencia humana
que desde un punto de vista existencial ha hecho decir a Kierkegaard (1) que
la vida es angustia, a Heidegger (2) que el hombre es un ser-para-la muerte
(Sein zum Tode) y a Sartre(3), que la vida es una pasin intil. Y ante la gran
incgnita, el hombre se pregunta sin obtener respuesta por qu? para
qu?
Enfrentado a la tragedia de vivir el hombre siente su incompletud existencial,
su precariedad. Pero a la vez el hombre vive de esperanzas y anhelos
ilimitados. Destinado a vivir en sociedad siente un afn de necesitud. Quiere
ser considerado como necesario por otros, pero quiere tambin ser objeto de
necesidad. Sublima muchas de sus vivencias en el amor, la gran pasin que
marca su vida de manera indeleble, dndole ilusiones de inmortalidad. Y
debe ganar su vida en el trabajo dentro de una realidad social. El amor, el
trabajo y la cultura forman la trama fundamental de su quehacer existencial.
El dolor y el sufrimiento impregnan de manera indeleble la existencia humana
y plantean nuevas interrogantes a la gran incgnita del vivir. El dolor y el
sufrimiento nos acompaan desde que nacemos hasta que morimos. Estn
siempre all, a nuestro lado. Nos recuerdan nuestra precariedad humana,
pero son fuente tambin de inspiracin y de grandeza.
De all que para entender su significado debamos recurrir a un enfoque
humanstico. Es lo que intentaremos hacer como un simple ensayo en un
tema de enorme amplitud y complejidad.
El haber experimentado personalmente y en forma significativa el dolor y el
sufrimiento espero que me ayudar en la difcil tarea. No es nuestro
propsito referirnos a los extensos y profundos trabajos sobre fisiopatologa
del dolor o psicologa del sufrimiento, sino limitarnos a una visin de los
aspectos preferentemente humanistas del tema.
Conviene, desde luego, precisar algunos conceptos bsicos. Aunque el ser
humano es una unidad indisoluble, frente al dolor se expresa como una
dualidad. Como el dios Jano de la mitologa griega, tiene dos caras, es
bifronte.
As, distinguimos el dolor del sufrimiento. El primero, el dolor, es una
sensacin aflictiva que afecta a nuestro cuerpo en forma localizada y
definida. Es un desplacer corporal localizado. Es una sensopercepcin
material, que tiene un presente y que en sus caractersticas es similar a lo
que le ocurre a otros individuos. Es en esencia, repetimos, una
sensopercepcin y por lo tanto, un fenmeno neurolgico, en el cual
intervienen receptores de estmulos, nervios sensoriales, con fibras
especializadas en la conduccin, neurotransmisores, neuromoduladores y
centros ubicados en el tronco cerebral y en el encfalo. La Asociacin
Internacional para el estudio del dolor lo ha definido como: "una experiencia

sensorial y emocional desagradable, asociada a un dao tisural existente o


potencial, o descrita en trminos de ese dao."(4)
Tenemos muy numerosos productos farmacolgicos y procedimientos
diversos para combatir el dolor fsico. Por contraste, el sufrimiento, o dolor
moral, es un fenmeno psquico, un sentimiento sin localizacin somtica
definida. Es algo que nos afecta sentimentalmente y que no presupone dao
tisular.
El dolor fsico es siempre algo que nos embarga, que se apodera de
nosotros, que nos invade nos conquista y nos domina y que queremos sacar
de nuestro cuerpo. Es algo que se nos agrega limitndonos. Es una
posesin. Paul Claudel (5) ha dicho que el dolor "es una presencia que exige
la nuestra; es como una mano que nos ha atrapado". El dolor nos roba la
atencin, es demandante y desobediente. Algo se nos incorpora, se nos
agrega penosamente.
Este sentido de posesin hizo que en culturas antiguas se interpretara el
dolor como el resultado de la invasin del cuerpo por espritus malignos, o
demonios. As en el antiguo Egipto, el mdico luchaba contra la enfermedad
y el dolor, entre otras cosas, por medio de exorcismos y encantamientos que
consistan esencialmente en convencer a los invasores de la proteccin
divina que corresponda a la parte del cuerpo.
Un rebelde dolor de cabeza era tratado con la siguiente invocacin. "Vete
maligno, la sien de este hombre es la sien de Horus, su cabeza es la de Isis.
Su frente es del propio Ptha. Vete maldito, sal del cuerpo que pertenece a
Osiris."(6)
Opuesto al carcter somtico del dolor fsico el sufrimiento o dolor moral es
esencialmente espiritual y psicolgico. No se expresa en forma corporal
localizada, y definida sino que es global y difuso, aunque a veces se asocia a
una vaga sensacin opresiva precordial. A la inversa del dolor fsico, el
sufrimiento tiene un sentido de trascendencia y de profundidad psquica.
Mientras el dolor fsico se traduce por un sentimiento de apropiacin
corporal, el sufrimiento se caracteriza por una sensacin de carencia, de
vaco o de ausencia. En una de sus formas ms significativas, la angustia,
existe como una vivencia de estrechez y de falta de algo: falta de amor, de
comprensin y de afecto. Vivencialmente el sufrimiento es carencia, mientras
el dolor es adicin. Si el sufrimiento es ausencia, parece lgico que en la
base de su tratamiento pueda existir el apoyo y soporte psiquitrico, tratando
de aportar aquello que le falta al sufriente. El sufrimiento es siempre
estrictamente individual. Si hay dolores fsicos que se asemejan en sus
caractersticas de intensidad en distintos individuos, esto no ocurre en el
sufrimiento moral. Este ltimo es siempre propio, nico e irrepetible. Forma
parte de nuestra personalidad y asume un significado trascendente. El
sufrimiento, es nuestro y exclusivamente nuestro. Yo tengo un dolor, pero yo
soy mi sufrimiento.

El psiquiatra espaol Enrique Rojas, (7) autor de un notable libro titulado


"Una teora de la felicidad" dice: "El dolor tiene un sentido fsico y el
sufrimiento un sentido metafsico. El primero nos invita a reflexionar sobre el
cuerpo; el segundo suscita preguntas ms profundas y existenciales; solo el
sufrimiento nos abre las puertas del conocimiento profundo de la vida".
Sin embargo, no obstante que es posible diferenciar claramente el dolor
fsico del sufrimiento moral, no debe olvidarse que existen amplias relaciones
entre ambos. As es corriente que el dolor, especialmente el dolor crnico,
genere habitualmente sufrimiento, bajo la forma de angustia, ansiedad o
depresin.
A su vez, el sufrimiento anmico suele asociarse con sndromes dolorosos en
una combinacin tpicamente psicosomtica. Dolor y sufrimiento son slo
facetas, matices, de una sola unidad.
El hombre es una trinidad de soma, mente y espritu, pero encarnados en
una unidad, en un solo ser.
El dolor tiene dos grandes tipos de factores causales. Unos son externos y
de carcter fsico, tales como traumatismos, heridas o quemaduras. Otros
son internos, incluyendo en ellos las enfermedades de cualquier tipo. El dolor
es el sntoma ms comn de la enfermedad. Es una forma de lenguaje, por
medio del cual el cuerpo expresa de que hay algo en su naturaleza biolgica
que no est bien. Se ha insistido en que el dolor es un mecanismo de alarma
que nos alerta sobre alguna enfermedad.
Cabe sealar, sin embargo, que existen enfermedades graves, como
neoplasias o tuberculosis, por ejemplo, que pueden cursar por perodos
relativamente largos sin dolor significativo y por otra parte, algunas
patologas menos trascendentes, como podra ser alguna carie dental
pueden manifestarse por intensos dolores. No obstante, en trminos
generales no puede desestimarse el alto valor del dolor como sistema de
alarma y de orientacin diagnstica, cuando es adecuadamente interpretado.
Suele distinguirse dos tipos de dolor, a los cuales nosotros creemos
conveniente agregar un tercero. Los dos primeros son el dolor agudo y el
dolor crnico. El dolor agudo, por ejemplo el provocado por una herida, una
quemadura, una cefalea, una apendicitis aguda etc. se caracteriza por su
precisa localizacin corporal, por una intensidad inicial relativamente alta y
por una duracin limitada. Generalmente tiene un carcter episdico y es
controlable eficazmente por terapia, sin generar necesariamente un marcado
sufrimiento moral. Desde un punto de vista mdico es un sntoma,
habitualmente importante en el diagnstico. No requiere de una
implementacin mdica especial para su manejo, estando a cargo del
mdico general. Diferente es la situacin del dolor crnico, es decir aquel que
se prolonga o se repite en plazos prolongados de tiempo y que, por
definicin, es rebelde a los tratamientos habituales. Como ejemplo
caracterstico tenemos algunos dolores asociados a cnceres avanzados o a
severos cuadros reumatolgicos. A diferencia del dolor agudo, el dolor

crnico es con frecuencia menos precisamente localizado, suele ser referido


y se asocia a sufrimiento moral. Desde un punto de vista mdico se le
considera ms que un sntoma, una enfermedad y, en la actualidad en la
mayora de los pases, es tratado, en los casos rebeldes en centros o clnicas
especializadas con teraputicas sofisticadas. (8).
A estos dos cuadros, creemos que es conveniente agregar lo que podramos
llamar dolor catastrfico. Entendemos por tal un dolor agudo de una
intensidad intolerable, acompaado de una acentuada crisis angustiosa.
Como ejemplo podemos mencionar los dolores de infartos cardacos o
insuficiencia coronaria y, en otro orden de cosas, el dolor asociado a una de
las ms grandes perversiones humanas, y slo propiamente humana, (no
ocurre en los animales) como son los procedimientos de tortura.
Fenomenolgicamente, el dolor se acompaa de al menos siete vivencias
elementales limitantes que matizan y dan complejidad al fenmeno.
En primer lugar, existe una sensacin de molestia, aflictiva que se traduce
por una perturbacin penosa del fluir de nuestra existencia. Se trata de una
vivencia bsica, siempre presente, de mayor o menor intensidad y que en
cierto modo define al dolor como tal. El dolor es molestia.
En segundo lugar, el dolor se acompaa de una sensacin de limitacin, de
invalidez. De algn modo el dolor nos reduce en nuestras posibilidades de
accin. Hay algo posesivo que nos hace presente nuestra fragilidad y
precariedad vital. El dolor es limitante de nuestra libertad. El dolor es
limitacin.
En tercer lugar, el dolor se nos presenta como algo amenazante. La
experiencia nos ha enseado que el dolor es el lenguaje de la enfermedad.
Sentimos que nuestra salud est amenazada. Y an ms, que en el ltimo
trmino nos recuerda la posibilidad ltima del evento ms trascendente de la
vida: la muerte. Porque sabemos cuando el dolor comienza, pero no cual
ser su curso futuro, ni hasta que nivel traduce una grave alteracin de
nuestro organismo. La correspondencia psquica de la vivencia de amenaza
del dolor, es el miedo, esa emocin tan bsica de reaccin frente al peligro.
El dolor es amenaza.
En cuarto lugar, el dolor nos vivencia nuestra corporalidad. En condiciones
normales tenemos un cuerpo silencioso y obediente. Una de las realidades
ms extraordinarias del funcionamiento orgnico es el que no obstante las
infinitas y complejas reacciones bioqumicas que tienen lugar
permanentemente en nuestro organismo, no tenemos conciencia de ellas.
Hay un silencio orgnico de la salud. En el dolor, una parte de nuestro
cuerpo se nos hace presente, se corporaliza en forma demandante. El dolor
afecta a nuestro componente somtico, a nuestro cuerpo. En el dolor yo
siento mi cuerpo. El dolor es corporal.
En quinto lugar, el dolor nos genera una sensacin de anormalidad, de
sentirnos distintos. Algo nos cambia. Mientras estamos con el dolor sentimos
la realidad de otra manera y toda nuestra atencin est polarizada a la

sensacin que nos oprime. El dolor nos desplaza momentneamente de


nuestro curso vital. Y tratamos de eliminarlo para en, cierto modo, volver a
ser nosotros mismos. El dolor es alteridad, es anomala.
El sexto lugar, el dolor genera una nota vivencial de soledad. El dolor nos
retrae socialmente. Tendemos a aislarnos y rechazar convivencias. Salvo en
aquellas acciones encaminadas a buscar ayuda mdica, el dolor es
fundamentalmente antisocial. El dolor no se convive. En este sentido, el dolor
es en cierto modo un recurso que de alguna manera nos libera y nos excusa
en ciertas obligaciones. Cuando sufrimos de dolor queremos ser
comprendidos y justificados. Nuestra precariedad esencial se hace ms
presente, y sentimos una acentuada necesidad de ayuda. El dolor es
soledad.
Finalmente, el dolor genera en nosotros una necesidad de interpretarlo, de
darle algn significado. Es demandante de un sentido.
Resumiendo, desde un punto de vista descriptivo, podemos decir que el
dolor es molestia limitante que involucra una amenaza corporal debida a una
anomala que nos aisla que reclama un significado.
Cuando la causa no es obvia, el dolor y la enfermedad que la genera nos
obligan a interrogarnos sobre nosotros mismos, sobre nuestra realidad. El
dolor es demandante de significado. Hay un esfuerzo de introyeccin, un
mirar a nuestro interior y a conocernos mejor. Esta reflexin interna creemos
que es la explicacin del valor espiritual que el dolor y el sufrimiento tienen y
de su proyeccin y connotaciones humansticas. El dolor al ser analizado
genera vivencias que antes no existan y del anlisis profundo de nuestra
realidad puede generar estmulos artsticos creativos. El dolor yace como un
trasfondo de la creacin de grandes artistas y, en este sentido, parece ser
ms productivo que el placer. Y ello se debe probablemente a la necesidad
que crea de una bsqueda de las races ms profundas de nuestra realidad
vital. El dolor nos revela nuestros sentimientos ms profundos. El dolor
puede enriquecernos.
Aparte de su fuerza en remover nuestras vivencias ms ocultas, el dolor
puede ser generador de mltiples sentimientos que oscilan habitualmente
entre la rebelda, la ansiedad y la resignacin. En el dolor crnico,
incontrolado las etapas de rechazo y de aceptacin aparecen generalmente
bien demarcadas como ocurre magistralmente por ejemplo en la novela de
Tolstoi titulada "La muerte de Ivn Ylich".
Pero qu es en esencia el dolor? cul es su significado profundo? Cmo
interpretarlo?
He aqu una gran pregunta sin respuesta. No basta decir superficialmente
que es un proceso adaptativo de seleccin natural que nos avisa de un
peligro vital. Es necesario buscar ms profundamente su sentido ms radical.
Lan Entralgo (9) ha sealado cuatro situaciones que explican
comprensivamente la naturaleza de la enfermedad y que son aplicables al
problema del dolor. Ellas son la culpa y castigo, el azar, el desafo y la

prueba. La nocin de castigo es la ms arcaica y aparece especialmente en


la cultura asirio babilnica. Tambin en la Biblia aparece en el Libro de
Job,(10) donde asistimos a una desgarradora demanda del justo doliente,
quien convencido de que el dolor es un castigo divino, reclama a Dios al ser
castigado sin haber pecado.
Los griegos reemplazaron la nocin de culpa y pecado, por el azar ("Tyck").
Son factores aleatorios de la armona de los componentes de la naturaleza
los que, al alterarse, pueden producir el dolor y la enfermedad. El hombre
est expuesto a una necesidad azarosa. De acuerdo con esta concepcin,
en cierto modo el enfermar o tener dolor es un problema de mala suerte, que
sucede por simple azar; el dolor es azaroso.
En la filosofa estoica (11) la enfermedad y el dolor son vistos como desafos
que nos plantea la naturaleza y que el hombre debe saber enfrentar con
grandeza espiritual. La teologa cristiana ha interpretado el dolor como una
prueba y una expiacin. El dolor material nos enriquece espiritualmente. Las
flagelaciones, comunes en la Edad Media (12) eran formas de buscar una
redencin y un perdn de los pecados mediante el tormento fsico. La vida de
muchos Santos est asociada al dolor. La resistencia heroica al dolor
engrandece y llega a santificar. San Sebastin por ejemplo, por defender su
fe, sufri el martirio de ser atravesado por mltiples flechas. Igual sentido
tienen los dolores catastrficos de los mrtires cristianos durante el Imperio
romano y en todos los tiempos.
El sufrimiento, entendido como un dolor moral, es uno de los temas centrales
de la comprensin de nuestra existencia.
Aparentemente es un problema estrictamente humano. Los animales
experimentan indudablemente dolor, pero hay pocas evidencias que hagan
pensar que tengan lo que nosotros entendemos por sufrimiento, o por lo
menos con la riqueza espiritual con que se expresa en el hombre. Ante
prdidas o dificultades la respuesta del animal es, en general, ms bien de
indiferencia; est ms regido por instintos. El hombre es un animal sufriente y
antiinstintivo. Es el nico animal que llora y re. Siendo esencialmente
humano el sufrimiento es entendido como un sentimiento aflictivo,
psicolgico y espiritual, limitante y trascendente, generalmente rebelde a la
teraputica, que se traduce esencialmente por angustia, ansiedad y pena. Es
una vivencia psquica trascendente que genera una inquietud metafsica. Al
interrogarse el hombre por su sufrimiento alcanza profundidades en la
comprensin de su ser ms ntimo. Ante el sufrimiento el hombre se interroga
a s mismo por su realidad radical. Porque el sufrimiento es algo que no
queremos. Al presentarse altera nuestra vida y por lo tanto, plantea un
interrogante. No as el placer, que lo deseamos y es nuestro. Lo aceptamos
desaprensivamente, con naturalidad, no lo cuestionamos, por el contrario lo
acogemos con gozo, sin preguntas. No al sufrimiento, que nos llena de
inquietud inquisitiva. As posiblemente se explique la fuerza creativa que
nace del sufrimiento al obligarnos a buscar en la realidad ms honda de
nuestro ser. De all que el sufrimiento no sea slo un sentimiento negativo,

sino que es un camino para nuestro conocimiento ms profundo. En esencia


yo soy mi sufrimiento. A travs de l el hombre toma conciencia de su
trascendencia y es un impulso para una sublimacin espiritual y artstica.
Mientras el dolor es circunstancial, el sufrimiento es biogrfico.
El hombre sufre por muchas causas. Se sufre por la prdida de un ser
querido. Se sufre por un amor perdido o no correspondido. Se sufre por celos
y envidias. Se sufre por los fracasos, las desilusiones, los engaos y los
desengaos, se sufre por frustraciones de nuestro proyecto vital. Se sufre
por injusticias, por privaciones y pobreza. Se sufre por los errores que
cometemos. Se sufre por stress, por enfermedades somticas y psquicas.
Se sufre solidariamente por el sufrimiento de otros.
El sufrimiento tiene numerosas formas de expresin . Una de las ms
radicales es la angustia. Desde un punto de vista existencialista la angustia
nace de la nada. Es el sentimiento de lo absurdo de la existencia que toma
conciencia de la amenaza de la nada. La angustia suele llevar a un cierto
grado de paralizacin vital. Paul Tillich (13) ha distinguido tres tipos de
angustia desde un punto de vista existencial. Las tres implican una amenaza
de la nada a nuestra existencia. La primera de ellas se denomina ntica y
consiste en que la nada amenaza la existencia misma del hombre. Su
destino, su realidad es la nada. Es una angustia de muerte. En segundo
lugar, existe una amenaza espiritual. En este caso, la nada amenaza con un
absurdo y una falta de sentido de la existencia humana. Es una angustia de
vaciedad espiritual Finalmente, existe una amenaza moral. La nada
amenaza con el castigo a la culpabilidad del hombre. Es una angustia de
culpa y condenacin.
Al igual que el dolor, el sufrimiento y la angustia creemos que puede
distinguirse en formas agudas, derivadas, por ejemplo del fallecimiento de un
ser querido, que suele diluirse con el tiempo; formas crnicas, especialmente
por pobreza y enfermedades y lo que podramos llamar formas catastrficas,
surgidas a raz de severas situaciones limites o enfermedades psiquitricas y
que pueden terminar en suicidio. La angustia existencial enfatiza la limitacin
y la precariedad de la vida humana, pero reclama al mismo tiempo una
realizacin de la existencia. En la fugacidad que media entre la nada inicial y
la definitiva, el hombre debe realizarse como hombre. Y de esta
perentoriedad fugaz de la existencia surge el valor positivo de la angustia,
que desde un punto de vista humanstico se traducir en su capacidad
creativa y trascendente. Un cierto grado de angustia existencial parecera
formar parte esencial de nuestra vida. En ocasiones, sin embargo alcanza
caracteres patolgicos, bajo formas diversas tales como las crisis de
angustia, la angustia generalizada o las fobias y es entonces del resorte de la
psiquiatra.
Afin a la angustia existe el sentimiento de ansiedad. Para algunos autores la
angustia y la ansiedad son sinnimos. De hecho en algunos idiomas, como el
alemn, slo existe un trmino para ambos sentimientos. Parecera, sin
embargo, que existen diferencias fenomenolgicas. Mientras la angustia

tiene una inquietud del presente, la ansiedad en cierto modo se proyecta


vagamente al futuro, a algo que amenazante acontecer. Mientras la
angustia tiene una tendencia paralizante, astnica, la ansiedad es ms
activa, estnica. La angustia inclina al recogimiento, mientras la ansiedad
estimula la accin. La desesperanza de la angustia tiene su contrapartida en
cierto dejo de esperanza de la ansiedad. La angustia conlleva, por lo tanto,
una aceptacin de algo difuso, global y sin objeto, mientras la ansiedad
comporta expectacin ms definida y con objeto.
Otros sentimientos, por los cuales se traduce el sufrimiento, son los de
tristeza, melancola, soledad, pena, temor y depresin que pueden derivar
hacia el aburrimiento existencial y la desesperacin. La desesperacin
significa la angustia ltima y final, aquella sin salida. Kierkegaard (1) llamaba
a la desesperacin y desesperanza la "enfermedad moral" en el sentido que
es la enfermedad propia de la persona humana que la hace incapaz de
realizarse as misma. Todos estos sentimientos y otros ms, atestiguan la
extrema riqueza afectiva que caracteriza al ser humano. Combinndose en
distintas proporciones, dichos sentimientos crean realidades situacionales
distintas en cada persona en particular. De all que anmicamente, cada
persona sea una realidad afectiva diferente e individual. El hombre est
siempre enfrentado a situaciones ante las cuales invariablemente responde
con un componente afectivo. El carcter situacional de la humana existencia
ha sido destacado, entre otros por Ortega y Gasset (14) y por Jaspers (15).
El hombre no es una entidad aislada. Est inserto en su entorno, en su
realidad ambiental fsica, biolgica y social de la cual es dependiente y con la
cual interacta.
Estamos rodeados de circunstancias. De todas estas variables proyectadas
en la dimensin del tiempo nacen las situaciones. Definida la situacin como
el conjunto de las realidades csmicas, sociales e histricas en cuyo seno ha
de ejecutar un hombre los actos de su existencia personal. La vida es una
continua sucesin de situaciones siempre cambiantes y nunca estrictamente
iguales. El hombre, es un devenir constante en direccin de sus anhelos e
inserto en la dimensin del tiempo, en la temporalidad menguante que le
recuerda el acercamiento a la muerte. El hombre vive en continuo cambio y
con la angustia de saber que ha de morir. De all surge la angustia y el
sufrimiento radical de la condicin humana. Las situaciones nos afectan con
diversa intensidad y muchas de ellas podemos manejarlas en forma
adecuada. Hay ciertas situaciones que pasan sin dejarnos una huella
profunda. Algunas las olvidamos y las ocultamos en nuestro subconsciente.
Otras son ms retenidas, ms redolentes y la memoria las atesora. Y hay
ms permanencia. Jaspers (15) ha llamado a ltimas, "situaciones lmites".
De estas situaciones no podemos salir y quedamos atrapados de ellas por
fuerzas poderosas. Como Jaspers ha dicho, las situaciones lmites nos
hacen frente con una necesidad ante la cual "nuestro poder es no poder".
Entre las ms importantes situaciones lmites encontramos adems de la
muerte, los grandes dolores y sufrimientos. Ante la encrucijada de estas
situaciones, que significan resignacin, el hombre se encuentra enfrentado a

lo ms profundo de su fuerza espiritual. No obstante lo trgico de su


existencia, de saber que es mortal, el hombre tiene un ansia de infinitud.
Desea alcanzar lo inalcanzable realizar lo irrealizable. El hombre anhela ser
ms y mejor de lo que es; quisiera ser inmortal. No le basta con existir,
quiere siempre surgir, buscar horizontes infinitos. El hombre es un animal
anhelante. En su bsqueda de la felicidad choca constantemente con el dolor
y el sufrimiento. Pero el hombre ha aprendido a subliminar sus vivencias
negativas. Ha aprendido que el dolor y el sufrimiento pertenecen a las
experiencias humanas ms radicales, que son nuestros compaeros
inseparables y que nos hacen ser lo que somos. A travs del dolor y el
sufrimiento exploramos los resquicios ms profundos de nuestro ser y nos
creamos inquietudes no slo negativas, sino aquellas que tambin nos
obligan a pensar en nuestras ms profundas posibilidades de accin y de
creacin. El dolor y el sufrimiento son creativos. Misteriosa y paradojalmente
inspiran y han inspirado al poeta, al literato, al msico, al pintor, al escultor y,
en otro orden de cosas, alimentan la fe y la esperanza del creyente. Antes
que experiencias simplemente negativas, el dolor y el sufrimiento deben ser
considerados como constitutivos bsicos de la naturaleza humana. El
hombre no se concibe sin dolor. El bienestar nos hace vivir en lo cotidiano,
en lo rutinario. El dolor nos recuerda lo trascendente de nuestra condicin
mortal. El dolor y el sufrimiento nos espiritualizan y nos hacen ser mejores.
Como el amor, el dolor y el sufrimiento han acompaado al hombre a lo largo
de toda su historia. Tenemos poca informacin directa del impacto del dolor y
del sufrimiento en las antiguas culturas deistas. No cabe duda, sin embargo
que se vieran afectadas por guerras, epidemias, por periodos de hambruna,
por enfermedades y por catstrofes naturales. El sentido de castigo
dominaba el significado del dolor . Y era necesario rogar y hacer sacrificios a
los dioses benignos para evitar sus castigos o para impedir la intervencin de
dioses malignos. Los ms desposedos y los esclavos indudablemente
soportaban el mayor peso del dolor. Los ritos funerarios revelan en dichas
culturas el sufrimiento motivado por la prdida de un ser querido con la
misma o mayor intensidad que ha tenido en todos los tiempos. Se ha
conservado del antiguo Egipto la prdica de una esposa ante la muerte de su
marido. Se expresa as:
Oh esposo mio, oh mi hermano, oh amado mio!, qudate a
mi
lado.
Mi
corazn
estar
para
siempre
solo
y
triste.
Mi
vida
estar
sin
vida.
Porque
slo
t
me
dabas
felicidad.
Llorar
siempre
tu
partida.
Mi
llanto
ser
infinito.
Tu
eras
y
sers
la
razn
de
mi
vida. Nunca tendr consuelo. Adis amado mo." (6)
Es seguro que los desencantos amorosos, la enfermedad y la pobreza, entre
otras, cosas producan manifestaciones de sufrimiento similares a las de
nuestros das, sino ms intensas, porque el lenguaje del dolor es eterno y ha
sido un sino del hombre vivir siempre con la fiel compaa del dolor y el
sufrimiento individual y social. Los cuatro jinetes del Apocalipsis han
cabalgado a travs de todas las edades.

Una caracterstica antropolgica interesante que surge con fuerza en


civilizaciones antiguas es la imagen del hroe como paradigma del hombre
capaz de realizar grandes hazaas y de vencer al dolor. En la Ilada de
Homero (16), los hroes griegos y troyanos, sufran terribles heridas en
combate, y moran sin una queja. Enfrentaban la muerte con enorme
valenta.
Sin embargo, el mismo Homero hace sufrir a su hroe Ulises en su larga
peregrinacin para volver a su patria. (17)
La rica evidencia de dolores catastrficos aparece expresada una y otra vez,
bajo diversos aspectos, en la Mitologa griega (18). Uno de los episodios ms
significativos es el Mito de Ssifo. Los dioses condenen a Ssifo a empujar
una gran roca hasta la cima de una montaa de la cual rodar obligando a
Ssifo a emprender incesantemente la dura tarea.
Este mito fue retomado en nuestros das por Albert Camus (19) como
ejemplarizador de lo absurdo e intil, pero a la vez de lo grandioso de la
existencia humana.
Las culturas asiriobabilnicas, egipcias y la griega arcaica estaban basadas,
sin embargo, en el concepto de que la vida humana era un don de los dioses,
que poda llevar al hombre a la felicidad. El dolor y el sufrimiento eran
contingencias inherentes al proceso de existir.
Independientemente, pues, de las concepciones respecto a una vida
extraterrena, la mayora de las culturas antiguas pensaban que el placer y la
felicidad eran alcanzables y posibles.
Curiosamente, en forma diametralmente opuesta, es la concepcin de las
culturas mayas y aztecas, y en este sentido constituyen, tal vez, un caso
nico en la historia. La ntima conviccin de ellos era que la vida es un lugar
de sufrimiento.Y esta creencia es desesperadamente trgica. Existe entre
muchos, un dios profundamente maligno, Tezcatiploca, destructor por
excelencia, que produce dao a su arbitrio. El pesimismo y la resignacin
inundan la concepcin de la vida. Hay mucha amargura en el siguiente relato
de un padre nahua a su hijo, que transcribo a continuacin.
"Aqu en la tierra es lugar de mucho llanto
donde es bien conocida la amargura y el
abatimiento.
No es lugar de bienestar; no hay alegra
No hay felicidad.
Ay! tu que has sido enviado a la tierra
donde uno se cansa, donde se pena,
donde hay dolor y angustia,
donde afliccin y congoja reinan e imperan.
Aqu hay molestia y fatiga, hay cansancio.
Tormento y dolor te esperan.
En verdad fuiste enviado aqu a la tierra,
y no vienes a la alegra ni al descanso.

En verdad tus huesos y tu carne


Sabrn de tormento, sufrirn dolor.
Trabajars como un esclavo.
Te cansars en esta tierra
porque aqu fuiste enviado" (20)
Los mayas llamaban al nio recin nacido "prisionero de la vida". Fueron
tambin, al parecer, los primeros y los nicos en adoptar regularmente
sacrificios humanos para apaciguar a los dioses implacables. No obstante su
visin negativa de la existencia, los mayas y los aztecas lograron una
elevada civilizacin.
Y uno de los cantares aztecas dice as:
"Slo venimos a dormir
Slo venimos a soar
no es verdad, no es verdad
que venimos a vivir
Slo venimos a sufrir..."(20)
No ha existido, probablemente, otra cultura en la cual se haya expresado con
tanta fuerza el sentido trgico de la existencia humana. Curiosamente, sin
embargo, en la mayora de los pueblos indgenas amerindios actuales,
parece haberse heredado un componente de silencio y de una cierta
melancola secular. Hay un dejo, un trasfondo redolente de tristeza primordial
que subsiste hasta nuestros das.
La cultura clsica greco-romana aport dos grandes contribuciones a la
comprensin del dolor y el sufrimiento. En primer lugar, neg el concepto de
castigo como interpretacin de ambos procesos sustituyndolo por el azar o
la contingencia frente a fenmenos naturales.
En segundo lugar, desarroll una filosofa radicalmente contraria a la
aceptacin del dolor, en la forma de la Escuela estoica. Dicha doctrina
destac, por primera vez, el concepto de que la voluntad humana era capaz
de resistir a las pasiones (entendidas como emociones desenfrenadas) y ser
indiferentes a los dolores y sufrimientos. Es tal vez el mayor intento racional
de la humanidad para anular el dolor, sin comprender que el dolor y
sufrimiento no pueden jams ser ignorados porque forman parte esencial de
la naturaleza humana, de lo que el hombre es; de su esencia ms radical.
El cristianismo rescata el dolor y sufrimiento como elementos de superacin
anmica. Para el cristiano ningn dolor es banal o carece de significado. Hay
un sentido de prueba a que somos sometidos en esta tierra como
preparacin para la vida eterna. El dolor y el sufrimiento nos enriquecen
espiritualmente recordndonos el martirio de Cristo por nuestra salvacin. La
Biblia est llena de episodios dolorosos, destacando en el antiguo
Testamento el desgarrador libro de Job y en el Nuevo Testamento, los
dramticos relatos del martirio de Cristo en la cruz.
El cristianismo impregna profundamente el largo perodo de la Edad Media .
(21) Es un etapa profundamente espiritual. El hombre se encierra y se retrae

y vive obsesionado por el concepto de pecado que vuelve a renacer, con la


amenaza de un prximo fin del mundo y con el consecuente juicio final. El
demonio vive acechando las almas para arrastrarlas a los horrores del
Infierno dantesco. Hay incesantes oraciones y penitencias. Los flagelantes
salen a las calles y los caminos, y los seores feudales se lanzan a las
cruzadas para luchar por la fe. Es sta, la fe, por lo que el hombre lucha y se
afana. Porque la fe es el arma fundamental para derrotar el dolor y el mal.
San Juan de la Cruz destacar el valor del sufrimiento en los siguientes
versos:
"Quin no sabe de penas
en este valle de dolores
no sabe de cosas buenas
ni a gustado se amores."
Y el Maestro Eckhart dir que el camino que con ms rapidez nos lleva a la
perfeccin es el sufrimiento.
La Edad Media es, pues, un perodo de profundo dolor y sufrimiento en que
el hombre vive lleno de terrores e inseguro de su futuro. (21)
Con el renacimiento, el hombre se libera de muchos de los temores que lo
acosaban. Sin embargo persisten las guerras, las grandes epidemias ( la
muerte negra asola Europa) hay pobreza y hambruna.
En el siglo XV Jorge Manrique escribir sus desgarradoras Coplas a la
muerte de su padre, recordando entre otras cosas "Como se pasa la vida,
como se viene la muerte, tan callando: cun presto se va el placer como
despus de acordado el dolor; como a nuestro parecer, cualquier tiempo
pasado fue mejor". En sus estrofas se expresa claramente la angustia de
vivir y lo efmero de la existencia.
Fco. Lpez de Villalobos escribe, a comienzos del siglo XVI, el siguiente
desolador mensaje:
"Cuantas servidumbres y yugos tiene el hombre en este mundo; cada uno si
quiere pensar en ello, lo ver por s mismo. Porque desde que nacemos
somos cautivos y sujetos a las necesidades del mundo. Conviene saber: el
hambre, la sed, los grandes fros y los calores; las enfermedades y dolores y
a las veces, los tiranos y malos jueces; a las pasiones de la carne y a sus
concupiscencias. Y finalmente a quin servimos? Servimos a la tierra;
servimos lo labrado en ella para procurarnos de comer; servimos a los
animales que nos fueron dados por esclavos, y estamos sujetos a los
peligros y destemplanzas de la misma tierra y del agua y del aire. Y a los
terremotos y las tempestades del mar; a los truenos y rayos. Y somos sujetos
a las guerras y tumultaciones y disensiones del linaje humano. Y sobre todo
somos esclavos del pecado y de otras muchas penurias. De todas ellas nos
libra la dulce muerte".
En el siglo XVII, Pedro Caldern de la Barca dir que la vida es sueo "que
es un frenes , una ilusin, una sombra y una ficcin". Y, anticipando una

angustia existencial se expresa en los conocidos versos del monlogo de


Seguismundo:
"Hay msero de m! Hay infelice!
Apurar cielos, pretendo
ya que me tratis as,
qu delito comet,
contra vosotros naciendo?
aunque si nac, ya entiendo
que delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido."
La concepcin bsica que postular despus el existencialismo, del hombre
lanzado a la existencia sin quererlo y sufriendo a causa de ello, aparece ya
dramticamente expresada en la poesa de Caldern.
A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, surge un poderoso movimiento
cultural que estremece a Europa. Es el Romanticismo. El hombre romntico
vuelve en parte a la riqueza espiritual de la Edad Media, al retraerse en
soledad en las profundidades de sus sentimientos. Es apasionado,
especialmente en el amor y en la belleza y tiene una languidez propia de una
profunda melancola. Su alma aspira al infinito en alas del amor que ensalza
como la pasin primordial. El hombre romntico es todo sentimiento. Su
anhelo constante es el amor, muchas veces desesperado. Sufre y muere por
amores imposibles, por anhelos frustrados y toda su vida paradjicamente
est impregnada de amor y de dolor. El movimiento romntico se expres
ampliamente en las artes y coincidi, en cierto modo, con la aparicin de los
filsofos existencialistas, el primero de los cuales fue Kierkegaard. Hasta
algn grado, el, existencialismo incorpor del romanticismo un componente
melanclico que lo distingue.
Al avanzar el siglo XIX la vida se va haciendo ms materialista, se refuerza la
revolucin industrial y los resabios romnticos se van extinguiendo
gradualmente. Persistirn hasta nuestros das slo en los sentimientos de los
poetas, esos filsofos soadores que llevan dentro de s un enorme cmulo
de riqueza espiritual.
Los poetas hablan con el lenguaje del alma.
Las guerras, las revoluciones, los conflictos, las hambrunas y las epidemias
abundan en el siglo XIX. Durante l, una cruel guerra civil en Estados Unidos
elimina la crueldad de la esclavitud, aunque no termina totalmente con un
cierto grado larvado de discriminacin racial.
Y sobreviene el siglo XX, con un inmenso aporte de dolor y sufrimiento. En
este sentido, ha sido, sin lugar a dudas, el peor perodo de la humanidad.
Dos guerras mundiales devastadoras con millones de muertos en lucha
fratricida. Pueblos enteros dominados y exterminados. Bombas atmicas

cayendo sobre ciudades indefensas. Un holocausto de millones de seres


humanos sacrificados con tortura en los campos de exterminio, con una
crueldad sin parangn en la historia. Naciones enteras sin el consuelo de la
religin... Si bien la Medicina ha logrado controlar en gran parte el dolor, ste
contina afectando a millones de personas. El dolor se ha hecho ms
crnico, ms rebelde y el sufrimiento, traducido especialmente en depresin,
aprisiona a gran parte de la poblacin y constituye un serio problema de
salud mental. Las epidemias clsicas, que asolaban Europa, han sido en
gran parte controladas, pero la arrogancia de la Medicina ha sido humillada
por nuevas enfermedades virales intratables y especialmente por el Sida, ese
terrible mal que produce tanto sufrimiento y dolor y contra el cual la Medicina
se revela hasta ahora impotente. En extensas reas de frica y Asia reina
an la extrema miseria y persisten enfermedades derivadas de carencias y
de infecciones incontroladas con muy altas tasas de mortalidad infantil. Los
recursos materiales, las comunicaciones y otros aspectos tecnolgicos han
experimentado constantes avances, pero su distribucin dista mucho de ser
equitativa persistiendo muchas injusticias sociales. El hombre ha conquistado
el espacio csmico pero ha sido incapaz de conquistar su propio espacio
interior.
Se vive en codicia, en lujuria, en violencia, en rencor. Como ha dicho
acertadamente Henri Nouwen (22):
"Mira, alma ma, como un ser humano intenta hacer dao a otro; mira como
esos tratan de perjudicar a sus compaeros; mira a aquellos padres
molestando a sus hijos; mira como el amo explota a sus trabajadores; mira a
la mujer violada, al hombre maltratado, a los nios abandonados. Mira, alma
ma, el mundo; los campos de concentracin, las crceles, los reformatorios,
las clnicas, los hospitales y escucha los gritos de los pobres".
El hombre vive agobiadoramente . La vida en las grandes urbes ha agregado
adelanto, pero ha creado una sensacin de opresin de vrtigo de accin. Es
una vida gris cargada de un trasfondo de sufrimiento. Todo es agitacin y
apresuramiento.
Se dice que Pablo Neruda cuando visit por primera vez Nueva York habra
escrito los siguientes impresionantes versos:
"Casas de cincuenta pisos
y multitud de color
diarios, revista avisos
millones de circuncisos,
dolor, dolor, dolor,..." (23)
Frente al sufrimiento el hombre actual en la poca post moderna busca
desesperadamente el placer y se entrega a la drogadiccin que lo lleva a su
destruccin espiritual y material. La droga es la enorme amenaza del
presente de una humanidad sin ideales, hundida en el sufrimiento y la
depresin. La delincuencia desatada, la drogadiccin, el desempleo, el
alcoholismo, la mendicidad y la prostitucin crecen a la par que las grandes

urbes y las envuelven en un gris manto de dolor y sufrimiento. Es en el


corazn de las grandes ciudades donde se refugia el verdadero dolor de una
nacin. Incluso en su afn material, el hombre contribuye insensatamente a
contaminar y destruir sus riquezas naturales, exterminando muchas de sus
reservas ecolgicas. El hombre sufre hoy da personal y socialmente en
grados altamente significativos. Abrumado por un consumismo materialista
ha olvidado muchos valores espirituales. Como alguien ha dicho, vivimos una
poca de incesantes torrentes informativos, de imprevistos. El hombre actual
est viviendo una era de angustia. El hombre de nuestros das se ha vuelto
superficial; vive de hechos materiales, de dichos vulgares, de conceptos
epidrmicos. Est ms pendiente de todo lo exterior que de su realidad
interior. Se vive en la inmediatez de lo prctico, de lo til, de lo materialista.
No es audaz decir que el pronstico espiritual de la Humanidad en la
actualidad, es por la menos reservado.
La rpida mirada que hemos dado a la historia, nos muestra en qu forma el
dolor y el sufrimiento han sido fieles compaeros del hombre en su grandeza
y en su miseria. El caudal de sufrimiento que ha tenido el hombre a lo largo
de las edades es inmenso, ocenico y lleno de matices. La Historia nos
ayuda a conocer mejor al hombre. Nos orienta y nos aconseja. Nos muestra
el pasado en una proyeccin del futuro. Conocer la Historia es conocernos a
nosotros mismos.
Personalmente el hombre es continuamente cambiante. Cambia a lo largo de
la vida con sus diferentes edades y en consecuencia, vara la forma como,
en trminos generales, experimenta y expresa el dolor y el sufrimiento. El
nio vive en gran parte dominado por el mbito domstico. Su acentuada
precariedad lo hace estrictamente dependiente . Sufre fundamentalmente de
una radical inseguridad. Vive agobiado por el miedo y llora ms por el temor
que por dolor fsico. Anhela el apoyo y el cario de su madre, de la cual es
altamente dependiente.
El adolescente se enfrenta a la vida por primera vez con plena
independencia y su gran preocupacin es la de elaborarse un proyecto de
vida adecuado, desconociendo gran parte de las situaciones que la vida
comienza a presentarle. Es, en cierto modo un nufrago, de su apoyo
paternal. Tiene que labrarse la vida en un mundo que no comprende y que
no lo comprende. Lo acosa la inseguridad y la incertidumbre del futuro. Nace
en l el amor con todas sus inquietudes y contingencias. En su
desesperacin, cae con frecuencia en la droga y la violencia. Es la etapa
ms problemtica de la vida y la que decidir en gran parte su destino futuro.
Implica sufrimiento y ansiedad. Es la edad difcil...
El adulto ha en gran parte definido su orientacin en la vida. Sufre y se
inquieta por su quehacer laboral. Es la etapa de la vida en que ha
generalmente materializado su amor y ha establecido su profesin o
actividad. Llegan los hijos. su preocupacin fundamental es generar ingresos
y estabilizar la familia. Producir, obtener dinero y realizarse plenamente como
persona. Sufre dentro de la sociedad alienante en la que est inserto y en

cierto modo prisionero. Entra en mayor o menor en competencia con su


ambiente social, en su afn de lograr objetivos inalcanzables. Podr tener
problemas conyugales. Y luego se ver envejecido...
La jubilacin, si le corresponde, es una crisis social. Marca el momento del
ingreso al ltimo acto de la gran tragedia de la vida. En la vejez, las
depresiones son frecuentes y profundas. El anciano ve acercarse la muerte,
que si bien siempre estuvo presente, se consider que estaba distante, que
era algo que le ocurra a otros y que ahora se alza como cercana
posibilidad.(24) Van muriendo familiares, aparecen enfermedades
degenerativas y la vida se va estrechando gradualmente. Limitado
econmica y corporalmente el viejo lleva una profunda angustia interior.
Si bien estas diferencias etarias sealadas se cumplen en trminos
generales, la variedad es mucha. Cada cual vive y envejece personalmente.
El hombre no es abarcable, en mrgenes rgidos por que tiene la riqueza de
su unicidad. Cada vida humana es una epopeya particular, nica e
irrepetible.
Volqumonos, ahora al amplio campo de la literatura del dolor y el
sufrimiento. El arte en general, y la literatura en particular, tienen, a mi juicio,
tres modos principales de influir poderosamente sobre el problema del dolor
y el sufrimiento. El primero, es en el plano estrictamente esttico, que
regocija el espritu, estimulando emociones positivas, sublimando y
rescatando lo grande, lo valioso del dolor y el sufrimiento. En segundo lugar,
el arte ayuda a entender mejor el significado del dolor y el sufrimiento, a
travs de la descripcin de la rica gama de situaciones y sentimientos
particulares que se generan. Y, finalmente, el arte tiene un valor de catarsis
aristotlica, presente ya desde las primitivas tragedias griegas y que consiste
en ese proceso purificador, de naturaleza psicolgico- intelectual que
provoca el hecho de percibir y captar las resonancias del dolor ajeno. Como
dijera Aristteles: "asistir a un dolor ficticio de otros nos lleva a un desahogo
de pasiones".(25)
En la literatura del dolor nos encontraremos en un campo inagotable. En
todas las pocas el dolor y el sufrimiento no han dejado de inspirar a
escritores y poetas. La literatura universal est pletrica de estos temas.
Dentro de la gran cantidad de ejemplos, queremos arbitrariamente referirnos
a unos pocos que nos parecen paradigmticos en su manera de expresar el
padecer humano.
El dolor crnico con su acompaante de sufrimiento, se encuentra
magistralmente expresado por Len Tolstoi en su relato titulado "La muerte
de Ivn Ilych" (26). El argumento de la obra es extremadamente simple y el
lenguaje es sencillo y cotidiano. Ambas condiciones, sin embargo,
manejadas con maestra por el autor, llegan a conmovernos intensamente, a
identificarnos con el sufrimiento del personaje, tal vez mucho ms que lo que
un estilo dramtico y grandilocuente lo hubiese conseguido. All se ve la
verdadera grandeza de un gran escritor.

Ivan Ilych es un hombre corriente. Un pequeo burgus, funcionario judicial,


casado con una bella mujer. Es amable y de inteligencia normal. Fue
ascendiendo gradualmente en su profesin, pero sin alcanzar grandes
distinciones. Tena muchos amigos con los cuales le gustaba jugar el bridge.
Nada tena que lo distinguiera, pero tampoco exhiba ningn rasgo negativo. Su
vida transcurra sin sobresaltos. Un da mientras se preocupaba de la
decoracin de su nueva casa, cae desde una escalera y se golpea en un
costado. El dolor es intenso, pero pasajeroRESUMEN:
El siguiente texto versa sobre la naturaleza del dolor humano, no solo el dolor
fsico sino tambin el de tipo moral, que llamamos sufrimiento. Describe las
consecuencias del dolor y las enumera de las siguiente manera: molestia,
limitacin o invalidez, amenaza, vivencia de corporalidad, sensacin de
anormalidad, sensacin de soledad y necesidad de interpretacin. Igualmente
se realiza un anlisis de las concepciones de dolor en diferentes culturas y se
realiza una diferenciacin de los tipos de dolor.

Una visin humanista del dolor y el sufrimiento. (*)


Dr. Tulio Pizzi
El hombre es un gran misterio. Surgido de la nada, lanzado a la vida sin
quererlo, est enfrentado a la existencia. Su destino irrevocable es la nada.
Desde que nacemos estamos condenados a morir. Todos estamos
esperando nuestra sentencia de muerte que sabemos que llegar, pero no
cuando llegar. En tanto, debemos vivir, con nuestros anhelos nuestros
amores y nuestras ilusiones. Hay un sentido trgico de la existencia humana
que desde un punto de vista existencial ha hecho decir a Kierkegaard (1) que
la vida es angustia, a Heidegger (2) que el hombre es un ser-para-la muerte
(Sein zum Tode) y a Sartre(3), que la vida es una pasin intil. Y ante la gran
incgnita, el hombre se pregunta sin obtener respuesta por qu? para
qu?
Enfrentado a la tragedia de vivir el hombre siente su incompletud existencial,
su precariedad. Pero a la vez el hombre vive de esperanzas y anhelos
ilimitados. Destinado a vivir en sociedad siente un afn de necesitud. Quiere
ser considerado como necesario por otros, pero quiere tambin ser objeto de
necesidad. Sublima muchas de sus vivencias en el amor, la gran pasin que
marca su vida de manera indeleble, dndole ilusiones de inmortalidad. Y
debe ganar su vida en el trabajo dentro de una realidad social. El amor, el
trabajo y la cultura forman la trama fundamental de su quehacer existencial.
El dolor y el sufrimiento impregnan de manera indeleble la existencia humana
y plantean nuevas interrogantes a la gran incgnita del vivir. El dolor y el
sufrimiento nos acompaan desde que nacemos hasta que morimos. Estn
siempre all, a nuestro lado. Nos recuerdan nuestra precariedad humana,
pero son fuente tambin de inspiracin y de grandeza.

De all que para entender su significado debamos recurrir a un enfoque


humanstico. Es lo que intentaremos hacer como un simple ensayo en un
tema de enorme amplitud y complejidad.
El haber experimentado personalmente y en forma significativa el dolor y el
sufrimiento espero que me ayudar en la difcil tarea. No es nuestro
propsito referirnos a los extensos y profundos trabajos sobre fisiopatologa
del dolor o psicologa del sufrimiento, sino limitarnos a una visin de los
aspectos preferentemente humanistas del tema.
Conviene, desde luego, precisar algunos conceptos bsicos. Aunque el ser
humano es una unidad indisoluble, frente al dolor se expresa como una
dualidad. Como el dios Jano de la mitologa griega, tiene dos caras, es
bifronte.
As, distinguimos el dolor del sufrimiento. El primero, el dolor, es una
sensacin aflictiva que afecta a nuestro cuerpo en forma localizada y
definida. Es un desplacer corporal localizado. Es una sensopercepcin
material, que tiene un presente y que en sus caractersticas es similar a lo
que le ocurre a otros individuos. Es en esencia, repetimos, una
sensopercepcin y por lo tanto, un fenmeno neurolgico, en el cual
intervienen receptores de estmulos, nervios sensoriales, con fibras
especializadas en la conduccin, neurotransmisores, neuromoduladores y
centros ubicados en el tronco cerebral y en el encfalo. La Asociacin
Internacional para el estudio del dolor lo ha definido como: "una experiencia
sensorial y emocional desagradable, asociada a un dao tisural existente o
potencial, o descrita en trminos de ese dao."(4)
Tenemos muy numerosos productos farmacolgicos y procedimientos
diversos para combatir el dolor fsico. Por contraste, el sufrimiento, o dolor
moral, es un fenmeno psquico, un sentimiento sin localizacin somtica
definida. Es algo que nos afecta sentimentalmente y que no presupone dao
tisular.
El dolor fsico es siempre algo que nos embarga, que se apodera de
nosotros, que nos invade nos conquista y nos domina y que queremos sacar
de nuestro cuerpo. Es algo que se nos agrega limitndonos. Es una
posesin. Paul Claudel (5) ha dicho que el dolor "es una presencia que exige
la nuestra; es como una mano que nos ha atrapado". El dolor nos roba la
atencin, es demandante y desobediente. Algo se nos incorpora, se nos
agrega penosamente.
Este sentido de posesin hizo que en culturas antiguas se interpretara el
dolor como el resultado de la invasin del cuerpo por espritus malignos, o
demonios. As en el antiguo Egipto, el mdico luchaba contra la enfermedad
y el dolor, entre otras cosas, por medio de exorcismos y encantamientos que
consistan esencialmente en convencer a los invasores de la proteccin
divina que corresponda a la parte del cuerpo.
Un rebelde dolor de cabeza era tratado con la siguiente invocacin. "Vete
maligno, la sien de este hombre es la sien de Horus, su cabeza es la de Isis.

Su frente es del propio Ptha. Vete maldito, sal del cuerpo que pertenece a
Osiris."(6)
Opuesto al carcter somtico del dolor fsico el sufrimiento o dolor moral es
esencialmente espiritual y psicolgico. No se expresa en forma corporal
localizada, y definida sino que es global y difuso, aunque a veces se asocia a
una vaga sensacin opresiva precordial. A la inversa del dolor fsico, el
sufrimiento tiene un sentido de trascendencia y de profundidad psquica.
Mientras el dolor fsico se traduce por un sentimiento de apropiacin
corporal, el sufrimiento se caracteriza por una sensacin de carencia, de
vaco o de ausencia. En una de sus formas ms significativas, la angustia,
existe como una vivencia de estrechez y de falta de algo: falta de amor, de
comprensin y de afecto. Vivencialmente el sufrimiento es carencia, mientras
el dolor es adicin. Si el sufrimiento es ausencia, parece lgico que en la
base de su tratamiento pueda existir el apoyo y soporte psiquitrico, tratando
de aportar aquello que le falta al sufriente. El sufrimiento es siempre
estrictamente individual. Si hay dolores fsicos que se asemejan en sus
caractersticas de intensidad en distintos individuos, esto no ocurre en el
sufrimiento moral. Este ltimo es siempre propio, nico e irrepetible. Forma
parte de nuestra personalidad y asume un significado trascendente. El
sufrimiento, es nuestro y exclusivamente nuestro. Yo tengo un dolor, pero yo
soy mi sufrimiento.
El psiquiatra espaol Enrique Rojas, (7) autor de un notable libro titulado
"Una teora de la felicidad" dice: "El dolor tiene un sentido fsico y el
sufrimiento un sentido metafsico. El primero nos invita a reflexionar sobre el
cuerpo; el segundo suscita preguntas ms profundas y existenciales; solo el
sufrimiento nos abre las puertas del conocimiento profundo de la vida".
Sin embargo, no obstante que es posible diferenciar claramente el dolor
fsico del sufrimiento moral, no debe olvidarse que existen amplias relaciones
entre ambos. As es corriente que el dolor, especialmente el dolor crnico,
genere habitualmente sufrimiento, bajo la forma de angustia, ansiedad o
depresin.
A su vez, el sufrimiento anmico suele asociarse con sndromes dolorosos en
una combinacin tpicamente psicosomtica. Dolor y sufrimiento son slo
facetas, matices, de una sola unidad.
El hombre es una trinidad de soma, mente y espritu, pero encarnados en
una unidad, en un solo ser.
El dolor tiene dos grandes tipos de factores causales. Unos son externos y
de carcter fsico, tales como traumatismos, heridas o quemaduras. Otros
son internos, incluyendo en ellos las enfermedades de cualquier tipo. El dolor
es el sntoma ms comn de la enfermedad. Es una forma de lenguaje, por
medio del cual el cuerpo expresa de que hay algo en su naturaleza biolgica
que no est bien. Se ha insistido en que el dolor es un mecanismo de alarma
que nos alerta sobre alguna enfermedad.

Cabe sealar, sin embargo, que existen enfermedades graves, como


neoplasias o tuberculosis, por ejemplo, que pueden cursar por perodos
relativamente largos sin dolor significativo y por otra parte, algunas
patologas menos trascendentes, como podra ser alguna carie dental
pueden manifestarse por intensos dolores. No obstante, en trminos
generales no puede desestimarse el alto valor del dolor como sistema de
alarma y de orientacin diagnstica, cuando es adecuadamente interpretado.
Suele distinguirse dos tipos de dolor, a los cuales nosotros creemos
conveniente agregar un tercero. Los dos primeros son el dolor agudo y el
dolor crnico. El dolor agudo, por ejemplo el provocado por una herida, una
quemadura, una cefalea, una apendicitis aguda etc. se caracteriza por su
precisa localizacin corporal, por una intensidad inicial relativamente alta y
por una duracin limitada. Generalmente tiene un carcter episdico y es
controlable eficazmente por terapia, sin generar necesariamente un marcado
sufrimiento moral. Desde un punto de vista mdico es un sntoma,
habitualmente importante en el diagnstico. No requiere de una
implementacin mdica especial para su manejo, estando a cargo del
mdico general. Diferente es la situacin del dolor crnico, es decir aquel que
se prolonga o se repite en plazos prolongados de tiempo y que, por
definicin, es rebelde a los tratamientos habituales. Como ejemplo
caracterstico tenemos algunos dolores asociados a cnceres avanzados o a
severos cuadros reumatolgicos. A diferencia del dolor agudo, el dolor
crnico es con frecuencia menos precisamente localizado, suele ser referido
y se asocia a sufrimiento moral. Desde un punto de vista mdico se le
considera ms que un sntoma, una enfermedad y, en la actualidad en la
mayora de los pases, es tratado, en los casos rebeldes en centros o clnicas
especializadas con teraputicas sofisticadas. (8).
A estos dos cuadros, creemos que es conveniente agregar lo que podramos
llamar dolor catastrfico. Entendemos por tal un dolor agudo de una
intensidad intolerable, acompaado de una acentuada crisis angustiosa.
Como ejemplo podemos mencionar los dolores de infartos cardacos o
insuficiencia coronaria y, en otro orden de cosas, el dolor asociado a una de
las ms grandes perversiones humanas, y slo propiamente humana, (no
ocurre en los animales) como son los procedimientos de tortura.
Fenomenolgicamente, el dolor se acompaa de al menos siete vivencias
elementales limitantes que matizan y dan complejidad al fenmeno.
En primer lugar, existe una sensacin de molestia, aflictiva que se traduce
por una perturbacin penosa del fluir de nuestra existencia. Se trata de una
vivencia bsica, siempre presente, de mayor o menor intensidad y que en
cierto modo define al dolor como tal. El dolor es molestia.
En segundo lugar, el dolor se acompaa de una sensacin de limitacin, de
invalidez. De algn modo el dolor nos reduce en nuestras posibilidades de
accin. Hay algo posesivo que nos hace presente nuestra fragilidad y
precariedad vital. El dolor es limitante de nuestra libertad. El dolor es
limitacin.

En tercer lugar, el dolor se nos presenta como algo amenazante. La


experiencia nos ha enseado que el dolor es el lenguaje de la enfermedad.
Sentimos que nuestra salud est amenazada. Y an ms, que en el ltimo
trmino nos recuerda la posibilidad ltima del evento ms trascendente de la
vida: la muerte. Porque sabemos cuando el dolor comienza, pero no cual
ser su curso futuro, ni hasta que nivel traduce una grave alteracin de
nuestro organismo. La correspondencia psquica de la vivencia de amenaza
del dolor, es el miedo, esa emocin tan bsica de reaccin frente al peligro.
El dolor es amenaza.
En cuarto lugar, el dolor nos vivencia nuestra corporalidad. En condiciones
normales tenemos un cuerpo silencioso y obediente. Una de las realidades
ms extraordinarias del funcionamiento orgnico es el que no obstante las
infinitas y complejas reacciones bioqumicas que tienen lugar
permanentemente en nuestro organismo, no tenemos conciencia de ellas.
Hay un silencio orgnico de la salud. En el dolor, una parte de nuestro
cuerpo se nos hace presente, se corporaliza en forma demandante. El dolor
afecta a nuestro componente somtico, a nuestro cuerpo. En el dolor yo
siento mi cuerpo. El dolor es corporal.
En quinto lugar, el dolor nos genera una sensacin de anormalidad, de
sentirnos distintos. Algo nos cambia. Mientras estamos con el dolor sentimos
la realidad de otra manera y toda nuestra atencin est polarizada a la
sensacin que nos oprime. El dolor nos desplaza momentneamente de
nuestro curso vital. Y tratamos de eliminarlo para en, cierto modo, volver a
ser nosotros mismos. El dolor es alteridad, es anomala.
El sexto lugar, el dolor genera una nota vivencial de soledad. El dolor nos
retrae socialmente. Tendemos a aislarnos y rechazar convivencias. Salvo en
aquellas acciones encaminadas a buscar ayuda mdica, el dolor es
fundamentalmente antisocial. El dolor no se convive. En este sentido, el dolor
es en cierto modo un recurso que de alguna manera nos libera y nos excusa
en ciertas obligaciones. Cuando sufrimos de dolor queremos ser
comprendidos y justificados. Nuestra precariedad esencial se hace ms
presente, y sentimos una acentuada necesidad de ayuda. El dolor es
soledad.
Finalmente, el dolor genera en nosotros una necesidad de interpretarlo, de
darle algn significado. Es demandante de un sentido.
Resumiendo, desde un punto de vista descriptivo, podemos decir que el
dolor es molestia limitante que involucra una amenaza corporal debida a una
anomala que nos aisla que reclama un significado.
Cuando la causa no es obvia, el dolor y la enfermedad que la genera nos
obligan a interrogarnos sobre nosotros mismos, sobre nuestra realidad. El
dolor es demandante de significado. Hay un esfuerzo de introyeccin, un
mirar a nuestro interior y a conocernos mejor. Esta reflexin interna creemos
que es la explicacin del valor espiritual que el dolor y el sufrimiento tienen y
de su proyeccin y connotaciones humansticas. El dolor al ser analizado

genera vivencias que antes no existan y del anlisis profundo de nuestra


realidad puede generar estmulos artsticos creativos. El dolor yace como un
trasfondo de la creacin de grandes artistas y, en este sentido, parece ser
ms productivo que el placer. Y ello se debe probablemente a la necesidad
que crea de una bsqueda de las races ms profundas de nuestra realidad
vital. El dolor nos revela nuestros sentimientos ms profundos. El dolor
puede enriquecernos.
Aparte de su fuerza en remover nuestras vivencias ms ocultas, el dolor
puede ser generador de mltiples sentimientos que oscilan habitualmente
entre la rebelda, la ansiedad y la resignacin. En el dolor crnico,
incontrolado las etapas de rechazo y de aceptacin aparecen generalmente
bien demarcadas como ocurre magistralmente por ejemplo en la novela de
Tolstoi titulada "La muerte de Ivn Ylich".
Pero qu es en esencia el dolor? cul es su significado profundo? Cmo
interpretarlo?
He aqu una gran pregunta sin respuesta. No basta decir superficialmente
que es un proceso adaptativo de seleccin natural que nos avisa de un
peligro vital. Es necesario buscar ms profundamente su sentido ms radical.
Lan Entralgo (9) ha sealado cuatro situaciones que explican
comprensivamente la naturaleza de la enfermedad y que son aplicables al
problema del dolor. Ellas son la culpa y castigo, el azar, el desafo y la
prueba. La nocin de castigo es la ms arcaica y aparece especialmente en
la cultura asirio babilnica. Tambin en la Biblia aparece en el Libro de
Job,(10) donde asistimos a una desgarradora demanda del justo doliente,
quien convencido de que el dolor es un castigo divino, reclama a Dios al ser
castigado sin haber pecado.
Los griegos reemplazaron la nocin de culpa y pecado, por el azar ("Tyck").
Son factores aleatorios de la armona de los componentes de la naturaleza
los que, al alterarse, pueden producir el dolor y la enfermedad. El hombre
est expuesto a una necesidad azarosa. De acuerdo con esta concepcin,
en cierto modo el enfermar o tener dolor es un problema de mala suerte, que
sucede por simple azar; el dolor es azaroso.
En la filosofa estoica (11) la enfermedad y el dolor son vistos como desafos
que nos plantea la naturaleza y que el hombre debe saber enfrentar con
grandeza espiritual. La teologa cristiana ha interpretado el dolor como una
prueba y una expiacin. El dolor material nos enriquece espiritualmente. Las
flagelaciones, comunes en la Edad Media (12) eran formas de buscar una
redencin y un perdn de los pecados mediante el tormento fsico. La vida de
muchos Santos est asociada al dolor. La resistencia heroica al dolor
engrandece y llega a santificar. San Sebastin por ejemplo, por defender su
fe, sufri el martirio de ser atravesado por mltiples flechas. Igual sentido
tienen los dolores catastrficos de los mrtires cristianos durante el Imperio
romano y en todos los tiempos.

El sufrimiento, entendido como un dolor moral, es uno de los temas centrales


de la comprensin de nuestra existencia.
Aparentemente es un problema estrictamente humano. Los animales
experimentan indudablemente dolor, pero hay pocas evidencias que hagan
pensar que tengan lo que nosotros entendemos por sufrimiento, o por lo
menos con la riqueza espiritual con que se expresa en el hombre. Ante
prdidas o dificultades la respuesta del animal es, en general, ms bien de
indiferencia; est ms regido por instintos. El hombre es un animal sufriente y
antiinstintivo. Es el nico animal que llora y re. Siendo esencialmente
humano el sufrimiento es entendido como un sentimiento aflictivo,
psicolgico y espiritual, limitante y trascendente, generalmente rebelde a la
teraputica, que se traduce esencialmente por angustia, ansiedad y pena. Es
una vivencia psquica trascendente que genera una inquietud metafsica. Al
interrogarse el hombre por su sufrimiento alcanza profundidades en la
comprensin de su ser ms ntimo. Ante el sufrimiento el hombre se interroga
a s mismo por su realidad radical. Porque el sufrimiento es algo que no
queremos. Al presentarse altera nuestra vida y por lo tanto, plantea un
interrogante. No as el placer, que lo deseamos y es nuestro. Lo aceptamos
desaprensivamente, con naturalidad, no lo cuestionamos, por el contrario lo
acogemos con gozo, sin preguntas. No al sufrimiento, que nos llena de
inquietud inquisitiva. As posiblemente se explique la fuerza creativa que
nace del sufrimiento al obligarnos a buscar en la realidad ms honda de
nuestro ser. De all que el sufrimiento no sea slo un sentimiento negativo,
sino que es un camino para nuestro conocimiento ms profundo. En esencia
yo soy mi sufrimiento. A travs de l el hombre toma conciencia de su
trascendencia y es un impulso para una sublimacin espiritual y artstica.
Mientras el dolor es circunstancial, el sufrimiento es biogrfico.
El hombre sufre por muchas causas. Se sufre por la prdida de un ser
querido. Se sufre por un amor perdido o no correspondido. Se sufre por celos
y envidias. Se sufre por los fracasos, las desilusiones, los engaos y los
desengaos, se sufre por frustraciones de nuestro proyecto vital. Se sufre
por injusticias, por privaciones y pobreza. Se sufre por los errores que
cometemos. Se sufre por stress, por enfermedades somticas y psquicas.
Se sufre solidariamente por el sufrimiento de otros.
El sufrimiento tiene numerosas formas de expresin . Una de las ms
radicales es la angustia. Desde un punto de vista existencialista la angustia
nace de la nada. Es el sentimiento de lo absurdo de la existencia que toma
conciencia de la amenaza de la nada. La angustia suele llevar a un cierto
grado de paralizacin vital. Paul Tillich (13) ha distinguido tres tipos de
angustia desde un punto de vista existencial. Las tres implican una amenaza
de la nada a nuestra existencia. La primera de ellas se denomina ntica y
consiste en que la nada amenaza la existencia misma del hombre. Su
destino, su realidad es la nada. Es una angustia de muerte. En segundo
lugar, existe una amenaza espiritual. En este caso, la nada amenaza con un
absurdo y una falta de sentido de la existencia humana. Es una angustia de
vaciedad espiritual Finalmente, existe una amenaza moral. La nada

amenaza con el castigo a la culpabilidad del hombre. Es una angustia de


culpa y condenacin.
Al igual que el dolor, el sufrimiento y la angustia creemos que puede
distinguirse en formas agudas, derivadas, por ejemplo del fallecimiento de un
ser querido, que suele diluirse con el tiempo; formas crnicas, especialmente
por pobreza y enfermedades y lo que podramos llamar formas catastrficas,
surgidas a raz de severas situaciones limites o enfermedades psiquitricas y
que pueden terminar en suicidio. La angustia existencial enfatiza la limitacin
y la precariedad de la vida humana, pero reclama al mismo tiempo una
realizacin de la existencia. En la fugacidad que media entre la nada inicial y
la definitiva, el hombre debe realizarse como hombre. Y de esta
perentoriedad fugaz de la existencia surge el valor positivo de la angustia,
que desde un punto de vista humanstico se traducir en su capacidad
creativa y trascendente. Un cierto grado de angustia existencial parecera
formar parte esencial de nuestra vida. En ocasiones, sin embargo alcanza
caracteres patolgicos, bajo formas diversas tales como las crisis de
angustia, la angustia generalizada o las fobias y es entonces del resorte de la
psiquiatra.
Afin a la angustia existe el sentimiento de ansiedad. Para algunos autores la
angustia y la ansiedad son sinnimos. De hecho en algunos idiomas, como el
alemn, slo existe un trmino para ambos sentimientos. Parecera, sin
embargo, que existen diferencias fenomenolgicas. Mientras la angustia
tiene una inquietud del presente, la ansiedad en cierto modo se proyecta
vagamente al futuro, a algo que amenazante acontecer. Mientras la
angustia tiene una tendencia paralizante, astnica, la ansiedad es ms
activa, estnica. La angustia inclina al recogimiento, mientras la ansiedad
estimula la accin. La desesperanza de la angustia tiene su contrapartida en
cierto dejo de esperanza de la ansiedad. La angustia conlleva, por lo tanto,
una aceptacin de algo difuso, global y sin objeto, mientras la ansiedad
comporta expectacin ms definida y con objeto.
Otros sentimientos, por los cuales se traduce el sufrimiento, son los de
tristeza, melancola, soledad, pena, temor y depresin que pueden derivar
hacia el aburrimiento existencial y la desesperacin. La desesperacin
significa la angustia ltima y final, aquella sin salida. Kierkegaard (1) llamaba
a la desesperacin y desesperanza la "enfermedad moral" en el sentido que
es la enfermedad propia de la persona humana que la hace incapaz de
realizarse as misma. Todos estos sentimientos y otros ms, atestiguan la
extrema riqueza afectiva que caracteriza al ser humano. Combinndose en
distintas proporciones, dichos sentimientos crean realidades situacionales
distintas en cada persona en particular. De all que anmicamente, cada
persona sea una realidad afectiva diferente e individual. El hombre est
siempre enfrentado a situaciones ante las cuales invariablemente responde
con un componente afectivo. El carcter situacional de la humana existencia
ha sido destacado, entre otros por Ortega y Gasset (14) y por Jaspers (15).
El hombre no es una entidad aislada. Est inserto en su entorno, en su

realidad ambiental fsica, biolgica y social de la cual es dependiente y con la


cual interacta.
Estamos rodeados de circunstancias. De todas estas variables proyectadas
en la dimensin del tiempo nacen las situaciones. Definida la situacin como
el conjunto de las realidades csmicas, sociales e histricas en cuyo seno ha
de ejecutar un hombre los actos de su existencia personal. La vida es una
continua sucesin de situaciones siempre cambiantes y nunca estrictamente
iguales. El hombre, es un devenir constante en direccin de sus anhelos e
inserto en la dimensin del tiempo, en la temporalidad menguante que le
recuerda el acercamiento a la muerte. El hombre vive en continuo cambio y
con la angustia de saber que ha de morir. De all surge la angustia y el
sufrimiento radical de la condicin humana. Las situaciones nos afectan con
diversa intensidad y muchas de ellas podemos manejarlas en forma
adecuada. Hay ciertas situaciones que pasan sin dejarnos una huella
profunda. Algunas las olvidamos y las ocultamos en nuestro subconsciente.
Otras son ms retenidas, ms redolentes y la memoria las atesora. Y hay
ms permanencia. Jaspers (15) ha llamado a ltimas, "situaciones lmites".
De estas situaciones no podemos salir y quedamos atrapados de ellas por
fuerzas poderosas. Como Jaspers ha dicho, las situaciones lmites nos
hacen frente con una necesidad ante la cual "nuestro poder es no poder".
Entre las ms importantes situaciones lmites encontramos adems de la
muerte, los grandes dolores y sufrimientos. Ante la encrucijada de estas
situaciones, que significan resignacin, el hombre se encuentra enfrentado a
lo ms profundo de su fuerza espiritual. No obstante lo trgico de su
existencia, de saber que es mortal, el hombre tiene un ansia de infinitud.
Desea alcanzar lo inalcanzable realizar lo irrealizable. El hombre anhela ser
ms y mejor de lo que es; quisiera ser inmortal. No le basta con existir,
quiere siempre surgir, buscar horizontes infinitos. El hombre es un animal
anhelante. En su bsqueda de la felicidad choca constantemente con el dolor
y el sufrimiento. Pero el hombre ha aprendido a subliminar sus vivencias
negativas. Ha aprendido que el dolor y el sufrimiento pertenecen a las
experiencias humanas ms radicales, que son nuestros compaeros
inseparables y que nos hacen ser lo que somos. A travs del dolor y el
sufrimiento exploramos los resquicios ms profundos de nuestro ser y nos
creamos inquietudes no slo negativas, sino aquellas que tambin nos
obligan a pensar en nuestras ms profundas posibilidades de accin y de
creacin. El dolor y el sufrimiento son creativos. Misteriosa y paradojalmente
inspiran y han inspirado al poeta, al literato, al msico, al pintor, al escultor y,
en otro orden de cosas, alimentan la fe y la esperanza del creyente. Antes
que experiencias simplemente negativas, el dolor y el sufrimiento deben ser
considerados como constitutivos bsicos de la naturaleza humana. El
hombre no se concibe sin dolor. El bienestar nos hace vivir en lo cotidiano,
en lo rutinario. El dolor nos recuerda lo trascendente de nuestra condicin
mortal. El dolor y el sufrimiento nos espiritualizan y nos hacen ser mejores.
Como el amor, el dolor y el sufrimiento han acompaado al hombre a lo largo
de toda su historia. Tenemos poca informacin directa del impacto del dolor y

del sufrimiento en las antiguas culturas deistas. No cabe duda, sin embargo
que se vieran afectadas por guerras, epidemias, por periodos de hambruna,
por enfermedades y por catstrofes naturales. El sentido de castigo
dominaba el significado del dolor . Y era necesario rogar y hacer sacrificios a
los dioses benignos para evitar sus castigos o para impedir la intervencin de
dioses malignos. Los ms desposedos y los esclavos indudablemente
soportaban el mayor peso del dolor. Los ritos funerarios revelan en dichas
culturas el sufrimiento motivado por la prdida de un ser querido con la
misma o mayor intensidad que ha tenido en todos los tiempos. Se ha
conservado del antiguo Egipto la prdica de una esposa ante la muerte de su
marido. Se expresa as:
Oh esposo mio, oh mi hermano, oh amado mio!, qudate a
mi
lado.
Mi
corazn
estar
para
siempre
solo
y
triste.
Mi
vida
estar
sin
vida.
Porque
slo
t
me
dabas
felicidad.
Llorar
siempre
tu
partida.
Mi
llanto
ser
infinito.
Tu
eras
y
sers
la
razn
de
mi
vida. Nunca tendr consuelo. Adis amado mo." (6)
Es seguro que los desencantos amorosos, la enfermedad y la pobreza, entre
otras, cosas producan manifestaciones de sufrimiento similares a las de
nuestros das, sino ms intensas, porque el lenguaje del dolor es eterno y ha
sido un sino del hombre vivir siempre con la fiel compaa del dolor y el
sufrimiento individual y social. Los cuatro jinetes del Apocalipsis han
cabalgado a travs de todas las edades.
Una caracterstica antropolgica interesante que surge con fuerza en
civilizaciones antiguas es la imagen del hroe como paradigma del hombre
capaz de realizar grandes hazaas y de vencer al dolor. En la Ilada de
Homero (16), los hroes griegos y troyanos, sufran terribles heridas en
combate, y moran sin una queja. Enfrentaban la muerte con enorme
valenta.
Sin embargo, el mismo Homero hace sufrir a su hroe Ulises en su larga
peregrinacin para volver a su patria. (17)
La rica evidencia de dolores catastrficos aparece expresada una y otra vez,
bajo diversos aspectos, en la Mitologa griega (18). Uno de los episodios ms
significativos es el Mito de Ssifo. Los dioses condenen a Ssifo a empujar
una gran roca hasta la cima de una montaa de la cual rodar obligando a
Ssifo a emprender incesantemente la dura tarea.
Este mito fue retomado en nuestros das por Albert Camus (19) como
ejemplarizador de lo absurdo e intil, pero a la vez de lo grandioso de la
existencia humana.
Las culturas asiriobabilnicas, egipcias y la griega arcaica estaban basadas,
sin embargo, en el concepto de que la vida humana era un don de los dioses,
que poda llevar al hombre a la felicidad. El dolor y el sufrimiento eran
contingencias inherentes al proceso de existir.

Independientemente, pues, de las concepciones respecto a una vida


extraterrena, la mayora de las culturas antiguas pensaban que el placer y la
felicidad eran alcanzables y posibles.
Curiosamente, en forma diametralmente opuesta, es la concepcin de las
culturas mayas y aztecas, y en este sentido constituyen, tal vez, un caso
nico en la historia. La ntima conviccin de ellos era que la vida es un lugar
de sufrimiento.Y esta creencia es desesperadamente trgica. Existe entre
muchos, un dios profundamente maligno, Tezcatiploca, destructor por
excelencia, que produce dao a su arbitrio. El pesimismo y la resignacin
inundan la concepcin de la vida. Hay mucha amargura en el siguiente relato
de un padre nahua a su hijo, que transcribo a continuacin.
"Aqu en la tierra es lugar de mucho llanto
donde es bien conocida la amargura y el
abatimiento.
No es lugar de bienestar; no hay alegra
No hay felicidad.
Ay! tu que has sido enviado a la tierra
donde uno se cansa, donde se pena,
donde hay dolor y angustia,
donde afliccin y congoja reinan e imperan.
Aqu hay molestia y fatiga, hay cansancio.
Tormento y dolor te esperan.
En verdad fuiste enviado aqu a la tierra,
y no vienes a la alegra ni al descanso.
En verdad tus huesos y tu carne
Sabrn de tormento, sufrirn dolor.
Trabajars como un esclavo.
Te cansars en esta tierra
porque aqu fuiste enviado" (20)
Los mayas llamaban al nio recin nacido "prisionero de la vida". Fueron
tambin, al parecer, los primeros y los nicos en adoptar regularmente
sacrificios humanos para apaciguar a los dioses implacables. No obstante su
visin negativa de la existencia, los mayas y los aztecas lograron una
elevada civilizacin.
Y uno de los cantares aztecas dice as:
"Slo venimos a dormir
Slo venimos a soar
no es verdad, no es verdad
que venimos a vivir
Slo venimos a sufrir..."(20)
No ha existido, probablemente, otra cultura en la cual se haya expresado con
tanta fuerza el sentido trgico de la existencia humana. Curiosamente, sin
embargo, en la mayora de los pueblos indgenas amerindios actuales,
parece haberse heredado un componente de silencio y de una cierta

melancola secular. Hay un dejo, un trasfondo redolente de tristeza primordial


que subsiste hasta nuestros das.
La cultura clsica greco-romana aport dos grandes contribuciones a la
comprensin del dolor y el sufrimiento. En primer lugar, neg el concepto de
castigo como interpretacin de ambos procesos sustituyndolo por el azar o
la contingencia frente a fenmenos naturales.
En segundo lugar, desarroll una filosofa radicalmente contraria a la
aceptacin del dolor, en la forma de la Escuela estoica. Dicha doctrina
destac, por primera vez, el concepto de que la voluntad humana era capaz
de resistir a las pasiones (entendidas como emociones desenfrenadas) y ser
indiferentes a los dolores y sufrimientos. Es tal vez el mayor intento racional
de la humanidad para anular el dolor, sin comprender que el dolor y
sufrimiento no pueden jams ser ignorados porque forman parte esencial de
la naturaleza humana, de lo que el hombre es; de su esencia ms radical.
El cristianismo rescata el dolor y sufrimiento como elementos de superacin
anmica. Para el cristiano ningn dolor es banal o carece de significado. Hay
un sentido de prueba a que somos sometidos en esta tierra como
preparacin para la vida eterna. El dolor y el sufrimiento nos enriquecen
espiritualmente recordndonos el martirio de Cristo por nuestra salvacin. La
Biblia est llena de episodios dolorosos, destacando en el antiguo
Testamento el desgarrador libro de Job y en el Nuevo Testamento, los
dramticos relatos del martirio de Cristo en la cruz.
El cristianismo impregna profundamente el largo perodo de la Edad Media .
(21) Es un etapa profundamente espiritual. El hombre se encierra y se retrae
y vive obsesionado por el concepto de pecado que vuelve a renacer, con la
amenaza de un prximo fin del mundo y con el consecuente juicio final. El
demonio vive acechando las almas para arrastrarlas a los horrores del
Infierno dantesco. Hay incesantes oraciones y penitencias. Los flagelantes
salen a las calles y los caminos, y los seores feudales se lanzan a las
cruzadas para luchar por la fe. Es sta, la fe, por lo que el hombre lucha y se
afana. Porque la fe es el arma fundamental para derrotar el dolor y el mal.
San Juan de la Cruz destacar el valor del sufrimiento en los siguientes
versos:
"Quin no sabe de penas
en este valle de dolores
no sabe de cosas buenas
ni a gustado se amores."
Y el Maestro Eckhart dir que el camino que con ms rapidez nos lleva a la
perfeccin es el sufrimiento.
La Edad Media es, pues, un perodo de profundo dolor y sufrimiento en que
el hombre vive lleno de terrores e inseguro de su futuro. (21)
Con el renacimiento, el hombre se libera de muchos de los temores que lo
acosaban. Sin embargo persisten las guerras, las grandes epidemias ( la
muerte negra asola Europa) hay pobreza y hambruna.

En el siglo XV Jorge Manrique escribir sus desgarradoras Coplas a la


muerte de su padre, recordando entre otras cosas "Como se pasa la vida,
como se viene la muerte, tan callando: cun presto se va el placer como
despus de acordado el dolor; como a nuestro parecer, cualquier tiempo
pasado fue mejor". En sus estrofas se expresa claramente la angustia de
vivir y lo efmero de la existencia.
Fco. Lpez de Villalobos escribe, a comienzos del siglo XVI, el siguiente
desolador mensaje:
"Cuantas servidumbres y yugos tiene el hombre en este mundo; cada uno si
quiere pensar en ello, lo ver por s mismo. Porque desde que nacemos
somos cautivos y sujetos a las necesidades del mundo. Conviene saber: el
hambre, la sed, los grandes fros y los calores; las enfermedades y dolores y
a las veces, los tiranos y malos jueces; a las pasiones de la carne y a sus
concupiscencias. Y finalmente a quin servimos? Servimos a la tierra;
servimos lo labrado en ella para procurarnos de comer; servimos a los
animales que nos fueron dados por esclavos, y estamos sujetos a los
peligros y destemplanzas de la misma tierra y del agua y del aire. Y a los
terremotos y las tempestades del mar; a los truenos y rayos. Y somos sujetos
a las guerras y tumultaciones y disensiones del linaje humano. Y sobre todo
somos esclavos del pecado y de otras muchas penurias. De todas ellas nos
libra la dulce muerte".
En el siglo XVII, Pedro Caldern de la Barca dir que la vida es sueo "que
es un frenes , una ilusin, una sombra y una ficcin". Y, anticipando una
angustia existencial se expresa en los conocidos versos del monlogo de
Seguismundo:
"Hay msero de m! Hay infelice!
Apurar cielos, pretendo
ya que me tratis as,
qu delito comet,
contra vosotros naciendo?
aunque si nac, ya entiendo
que delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido."
La concepcin bsica que postular despus el existencialismo, del hombre
lanzado a la existencia sin quererlo y sufriendo a causa de ello, aparece ya
dramticamente expresada en la poesa de Caldern.
A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, surge un poderoso movimiento
cultural que estremece a Europa. Es el Romanticismo. El hombre romntico
vuelve en parte a la riqueza espiritual de la Edad Media, al retraerse en
soledad en las profundidades de sus sentimientos. Es apasionado,
especialmente en el amor y en la belleza y tiene una languidez propia de una

profunda melancola. Su alma aspira al infinito en alas del amor que ensalza
como la pasin primordial. El hombre romntico es todo sentimiento. Su
anhelo constante es el amor, muchas veces desesperado. Sufre y muere por
amores imposibles, por anhelos frustrados y toda su vida paradjicamente
est impregnada de amor y de dolor. El movimiento romntico se expres
ampliamente en las artes y coincidi, en cierto modo, con la aparicin de los
filsofos existencialistas, el primero de los cuales fue Kierkegaard. Hasta
algn grado, el, existencialismo incorpor del romanticismo un componente
melanclico que lo distingue.
Al avanzar el siglo XIX la vida se va haciendo ms materialista, se refuerza la
revolucin industrial y los resabios romnticos se van extinguiendo
gradualmente. Persistirn hasta nuestros das slo en los sentimientos de los
poetas, esos filsofos soadores que llevan dentro de s un enorme cmulo
de riqueza espiritual.
Los poetas hablan con el lenguaje del alma.
Las guerras, las revoluciones, los conflictos, las hambrunas y las epidemias
abundan en el siglo XIX. Durante l, una cruel guerra civil en Estados Unidos
elimina la crueldad de la esclavitud, aunque no termina totalmente con un
cierto grado larvado de discriminacin racial.
Y sobreviene el siglo XX, con un inmenso aporte de dolor y sufrimiento. En
este sentido, ha sido, sin lugar a dudas, el peor perodo de la humanidad.
Dos guerras mundiales devastadoras con millones de muertos en lucha
fratricida. Pueblos enteros dominados y exterminados. Bombas atmicas
cayendo sobre ciudades indefensas. Un holocausto de millones de seres
humanos sacrificados con tortura en los campos de exterminio, con una
crueldad sin parangn en la historia. Naciones enteras sin el consuelo de la
religin... Si bien la Medicina ha logrado controlar en gran parte el dolor, ste
contina afectando a millones de personas. El dolor se ha hecho ms
crnico, ms rebelde y el sufrimiento, traducido especialmente en depresin,
aprisiona a gran parte de la poblacin y constituye un serio problema de
salud mental. Las epidemias clsicas, que asolaban Europa, han sido en
gran parte controladas, pero la arrogancia de la Medicina ha sido humillada
por nuevas enfermedades virales intratables y especialmente por el Sida, ese
terrible mal que produce tanto sufrimiento y dolor y contra el cual la Medicina
se revela hasta ahora impotente. En extensas reas de frica y Asia reina
an la extrema miseria y persisten enfermedades derivadas de carencias y
de infecciones incontroladas con muy altas tasas de mortalidad infantil. Los
recursos materiales, las comunicaciones y otros aspectos tecnolgicos han
experimentado constantes avances, pero su distribucin dista mucho de ser
equitativa persistiendo muchas injusticias sociales. El hombre ha conquistado
el espacio csmico pero ha sido incapaz de conquistar su propio espacio
interior.
Se vive en codicia, en lujuria, en violencia, en rencor. Como ha dicho
acertadamente Henri Nouwen (22):

"Mira, alma ma, como un ser humano intenta hacer dao a otro; mira como
esos tratan de perjudicar a sus compaeros; mira a aquellos padres
molestando a sus hijos; mira como el amo explota a sus trabajadores; mira a
la mujer violada, al hombre maltratado, a los nios abandonados. Mira, alma
ma, el mundo; los campos de concentracin, las crceles, los reformatorios,
las clnicas, los hospitales y escucha los gritos de los pobres".
El hombre vive agobiadoramente . La vida en las grandes urbes ha agregado
adelanto, pero ha creado una sensacin de opresin de vrtigo de accin. Es
una vida gris cargada de un trasfondo de sufrimiento. Todo es agitacin y
apresuramiento.
Se dice que Pablo Neruda cuando visit por primera vez Nueva York habra
escrito los siguientes impresionantes versos:
"Casas de cincuenta pisos
y multitud de color
diarios, revista avisos
millones de circuncisos,
dolor, dolor, dolor,..." (23)
Frente al sufrimiento el hombre actual en la poca post moderna busca
desesperadamente el placer y se entrega a la drogadiccin que lo lleva a su
destruccin espiritual y material. La droga es la enorme amenaza del
presente de una humanidad sin ideales, hundida en el sufrimiento y la
depresin. La delincuencia desatada, la drogadiccin, el desempleo, el
alcoholismo, la mendicidad y la prostitucin crecen a la par que las grandes
urbes y las envuelven en un gris manto de dolor y sufrimiento. Es en el
corazn de las grandes ciudades donde se refugia el verdadero dolor de una
nacin. Incluso en su afn material, el hombre contribuye insensatamente a
contaminar y destruir sus riquezas naturales, exterminando muchas de sus
reservas ecolgicas. El hombre sufre hoy da personal y socialmente en
grados altamente significativos. Abrumado por un consumismo materialista
ha olvidado muchos valores espirituales. Como alguien ha dicho, vivimos una
poca de incesantes torrentes informativos, de imprevistos. El hombre actual
est viviendo una era de angustia. El hombre de nuestros das se ha vuelto
superficial; vive de hechos materiales, de dichos vulgares, de conceptos
epidrmicos. Est ms pendiente de todo lo exterior que de su realidad
interior. Se vive en la inmediatez de lo prctico, de lo til, de lo materialista.
No es audaz decir que el pronstico espiritual de la Humanidad en la
actualidad, es por la menos reservado.
La rpida mirada que hemos dado a la historia, nos muestra en qu forma el
dolor y el sufrimiento han sido fieles compaeros del hombre en su grandeza
y en su miseria. El caudal de sufrimiento que ha tenido el hombre a lo largo
de las edades es inmenso, ocenico y lleno de matices. La Historia nos
ayuda a conocer mejor al hombre. Nos orienta y nos aconseja. Nos muestra
el pasado en una proyeccin del futuro. Conocer la Historia es conocernos a
nosotros mismos.

Personalmente el hombre es continuamente cambiante. Cambia a lo largo de


la vida con sus diferentes edades y en consecuencia, vara la forma como,
en trminos generales, experimenta y expresa el dolor y el sufrimiento. El
nio vive en gran parte dominado por el mbito domstico. Su acentuada
precariedad lo hace estrictamente dependiente . Sufre fundamentalmente de
una radical inseguridad. Vive agobiado por el miedo y llora ms por el temor
que por dolor fsico. Anhela el apoyo y el cario de su madre, de la cual es
altamente dependiente.
El adolescente se enfrenta a la vida por primera vez con plena
independencia y su gran preocupacin es la de elaborarse un proyecto de
vida adecuado, desconociendo gran parte de las situaciones que la vida
comienza a presentarle. Es, en cierto modo un nufrago, de su apoyo
paternal. Tiene que labrarse la vida en un mundo que no comprende y que
no lo comprende. Lo acosa la inseguridad y la incertidumbre del futuro. Nace
en l el amor con todas sus inquietudes y contingencias. En su
desesperacin, cae con frecuencia en la droga y la violencia. Es la etapa
ms problemtica de la vida y la que decidir en gran parte su destino futuro.
Implica sufrimiento y ansiedad. Es la edad difcil...
El adulto ha en gran parte definido su orientacin en la vida. Sufre y se
inquieta por su quehacer laboral. Es la etapa de la vida en que ha
generalmente materializado su amor y ha establecido su profesin o
actividad. Llegan los hijos. su preocupacin fundamental es generar ingresos
y estabilizar la familia. Producir, obtener dinero y realizarse plenamente como
persona. Sufre dentro de la sociedad alienante en la que est inserto y en
cierto modo prisionero. Entra en mayor o menor en competencia con su
ambiente social, en su afn de lograr objetivos inalcanzables. Podr tener
problemas conyugales. Y luego se ver envejecido...
La jubilacin, si le corresponde, es una crisis social. Marca el momento del
ingreso al ltimo acto de la gran tragedia de la vida. En la vejez, las
depresiones son frecuentes y profundas. El anciano ve acercarse la muerte,
que si bien siempre estuvo presente, se consider que estaba distante, que
era algo que le ocurra a otros y que ahora se alza como cercana
posibilidad.(24) Van muriendo familiares, aparecen enfermedades
degenerativas y la vida se va estrechando gradualmente. Limitado
econmica y corporalmente el viejo lleva una profunda angustia interior.
Si bien estas diferencias etarias sealadas se cumplen en trminos
generales, la variedad es mucha. Cada cual vive y envejece personalmente.
El hombre no es abarcable, en mrgenes rgidos por que tiene la riqueza de
su unicidad. Cada vida humana es una epopeya particular, nica e
irrepetible.
Volqumonos, ahora al amplio campo de la literatura del dolor y el
sufrimiento. El arte en general, y la literatura en particular, tienen, a mi juicio,
tres modos principales de influir poderosamente sobre el problema del dolor
y el sufrimiento. El primero, es en el plano estrictamente esttico, que
regocija el espritu, estimulando emociones positivas, sublimando y

rescatando lo grande, lo valioso del dolor y el sufrimiento. En segundo lugar,


el arte ayuda a entender mejor el significado del dolor y el sufrimiento, a
travs de la descripcin de la rica gama de situaciones y sentimientos
particulares que se generan. Y, finalmente, el arte tiene un valor de catarsis
aristotlica, presente ya desde las primitivas tragedias griegas y que consiste
en ese proceso purificador, de naturaleza psicolgico- intelectual que
provoca el hecho de percibir y captar las resonancias del dolor ajeno. Como
dijera Aristteles: "asistir a un dolor ficticio de otros nos lleva a un desahogo
de pasiones".(25)
En la literatura del dolor nos encontraremos en un campo inagotable. En
todas las pocas el dolor y el sufrimiento no han dejado de inspirar a
escritores y poetas. La literatura universal est pletrica de estos temas.
Dentro de la gran cantidad de ejemplos, queremos arbitrariamente referirnos
a unos pocos que nos parecen paradigmticos en su manera de expresar el
padecer humano.
El dolor crnico con su acompaante de sufrimiento, se encuentra
magistralmente expresado por Len Tolstoi en su relato titulado "La muerte
de Ivn Ilych" (26). El argumento de la obra es extremadamente simple y el
lenguaje es sencillo y cotidiano. Ambas condiciones, sin embargo,
manejadas con maestra por el autor, llegan a conmovernos intensamente, a
identificarnos con el sufrimiento del personaje, tal vez mucho ms que lo que
un estilo dramtico y grandilocuente lo hubiese conseguido. All se ve la
verdadera grandeza de un gran escritor.
Ivan Ilych es un hombre corriente. Un pequeo burgus, funcionario judicial, casado con
una bella mujer. Es amable y de inteligencia normal. Fue ascendiendo gradualmente en
su profesin, pero sin alcanzar grandes distinciones. Tena muchos amigos con los cuales
le gustaba jugar el bridge. Nada tena que lo distinguiera, pero tampoco exhiba ningn
rasgo negativo. Su vida transcurra sin sobresaltos. Un da mientras se preocupaba de la
decoracin de su nueva casa, cae desde una escalera y se golpea en un costado. El dolor
es intenso, pero pasajeroRESUMEN:
El siguiente texto versa sobre la naturaleza del dolor humano, no solo el dolor fsico sino
tambin el de tipo moral, que llamamos sufrimiento. Describe las consecuencias del dolor
y las enumera de las siguiente manera: molestia, limitacin o invalidez, amenaza,
vivencia de corporalidad, sensacin de anormalidad, sensacin de soledad y necesidad
de interpretacin. Igualmente se realiza un anlisis de las concepciones de dolor en
diferentes culturas y se realiza una diferenciacin de los tipos de dolor.

Una visin humanista del dolor y el sufrimiento. (*)


Dr. Tulio Pizzi
El hombre es un gran misterio. Surgido de la nada, lanzado a la vida sin quererlo, est
enfrentado a la existencia. Su destino irrevocable es la nada. Desde que nacemos

estamos condenados a morir. Todos estamos esperando nuestra sentencia de muerte


que sabemos que llegar, pero no cuando llegar. En tanto, debemos vivir, con nuestros
anhelos nuestros amores y nuestras ilusiones. Hay un sentido trgico de la existencia
humana que desde un punto de vista existencial ha hecho decir a Kierkegaard (1) que la
vida es angustia, a Heidegger (2) que el hombre es un ser-para-la muerte (Sein zum
Tode) y a Sartre(3), que la vida es una pasin intil. Y ante la gran incgnita, el hombre se
pregunta sin obtener respuesta por qu? para qu?
Enfrentado a la tragedia de vivir el hombre siente su incompletud existencial, su
precariedad. Pero a la vez el hombre vive de esperanzas y anhelos ilimitados. Destinado
a vivir en sociedad siente un afn de necesitud. Quiere ser considerado como necesario
por otros, pero quiere tambin ser objeto de necesidad. Sublima muchas de sus vivencias
en el amor, la gran pasin que marca su vida de manera indeleble, dndole ilusiones de
inmortalidad. Y debe ganar su vida en el trabajo dentro de una realidad social. El amor, el
trabajo y la cultura forman la trama fundamental de su quehacer existencial.
El dolor y el sufrimiento impregnan de manera indeleble la existencia humana y plantean
nuevas interrogantes a la gran incgnita del vivir. El dolor y el sufrimiento nos acompaan
desde que nacemos hasta que morimos. Estn siempre all, a nuestro lado. Nos
recuerdan nuestra precariedad humana, pero son fuente tambin de inspiracin y de
grandeza.
De all que para entender su significado debamos recurrir a un enfoque humanstico. Es lo
que intentaremos hacer como un simple ensayo en un tema de enorme amplitud y
complejidad.
El haber experimentado personalmente y en forma significativa el dolor y el sufrimiento
espero que me ayudar en la difcil tarea. No es nuestro propsito referirnos a los
extensos y profundos trabajos sobre fisiopatologa del dolor o psicologa del sufrimiento,
sino limitarnos a una visin de los aspectos preferentemente humanistas del tema.
Conviene, desde luego, precisar algunos conceptos bsicos. Aunque el ser humano es
una unidad indisoluble, frente al dolor se expresa como una dualidad. Como el dios Jano
de la mitologa griega, tiene dos caras, es bifronte.
As, distinguimos el dolor del sufrimiento. El primero, el dolor, es una sensacin aflictiva
que afecta a nuestro cuerpo en forma localizada y definida. Es un desplacer corporal
localizado. Es una sensopercepcin material, que tiene un presente y que en sus
caractersticas es similar a lo que le ocurre a otros individuos. Es en esencia, repetimos,
una sensopercepcin y por lo tanto, un fenmeno neurolgico, en el cual intervienen
receptores de estmulos, nervios sensoriales, con fibras especializadas en la conduccin,
neurotransmisores, neuromoduladores y centros ubicados en el tronco cerebral y en el
encfalo. La Asociacin Internacional para el estudio del dolor lo ha definido como: "una
experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada a un dao tisural existente o
potencial, o descrita en trminos de ese dao."(4)

Tenemos muy numerosos productos farmacolgicos y procedimientos diversos para


combatir el dolor fsico. Por contraste, el sufrimiento, o dolor moral, es un fenmeno
psquico, un sentimiento sin localizacin somtica definida. Es algo que nos afecta
sentimentalmente y que no presupone dao tisular.
El dolor fsico es siempre algo que nos embarga, que se apodera de nosotros, que nos
invade nos conquista y nos domina y que queremos sacar de nuestro cuerpo. Es algo que
se nos agrega limitndonos. Es una posesin. Paul Claudel (5) ha dicho que el dolor "es
una presencia que exige la nuestra; es como una mano que nos ha atrapado". El dolor
nos roba la atencin, es demandante y desobediente. Algo se nos incorpora, se nos
agrega penosamente.
Este sentido de posesin hizo que en culturas antiguas se interpretara el dolor como el
resultado de la invasin del cuerpo por espritus malignos, o demonios. As en el antiguo
Egipto, el mdico luchaba contra la enfermedad y el dolor, entre otras cosas, por medio de
exorcismos y encantamientos que consistan esencialmente en convencer a los invasores
de la proteccin divina que corresponda a la parte del cuerpo.
Un rebelde dolor de cabeza era tratado con la siguiente invocacin. "Vete maligno, la sien
de este hombre es la sien de Horus, su cabeza es la de Isis. Su frente es del propio Ptha.
Vete maldito, sal del cuerpo que pertenece a Osiris."(6)
Opuesto al carcter somtico del dolor fsico el sufrimiento o dolor moral es esencialmente
espiritual y psicolgico. No se expresa en forma corporal localizada, y definida sino que es
global y difuso, aunque a veces se asocia a una vaga sensacin opresiva precordial. A la
inversa del dolor fsico, el sufrimiento tiene un sentido de trascendencia y de profundidad
psquica. Mientras el dolor fsico se traduce por un sentimiento de apropiacin corporal, el
sufrimiento se caracteriza por una sensacin de carencia, de vaco o de ausencia. En una
de sus formas ms significativas, la angustia, existe como una vivencia de estrechez y de
falta de algo: falta de amor, de comprensin y de afecto. Vivencialmente el sufrimiento es
carencia, mientras el dolor es adicin. Si el sufrimiento es ausencia, parece lgico que en
la base de su tratamiento pueda existir el apoyo y soporte psiquitrico, tratando de aportar
aquello que le falta al sufriente. El sufrimiento es siempre estrictamente individual. Si hay
dolores fsicos que se asemejan en sus caractersticas de intensidad en distintos
individuos, esto no ocurre en el sufrimiento moral. Este ltimo es siempre propio, nico e
irrepetible. Forma parte de nuestra personalidad y asume un significado trascendente. El
sufrimiento, es nuestro y exclusivamente nuestro. Yo tengo un dolor, pero yo soy mi
sufrimiento.
El psiquiatra espaol Enrique Rojas, (7) autor de un notable libro titulado "Una teora de la
felicidad" dice: "El dolor tiene un sentido fsico y el sufrimiento un sentido metafsico. El
primero nos invita a reflexionar sobre el cuerpo; el segundo suscita preguntas ms
profundas y existenciales; solo el sufrimiento nos abre las puertas del conocimiento
profundo de la vida".

Sin embargo, no obstante que es posible diferenciar claramente el dolor fsico del
sufrimiento moral, no debe olvidarse que existen amplias relaciones entre ambos. As es
corriente que el dolor, especialmente el dolor crnico, genere habitualmente sufrimiento,
bajo la forma de angustia, ansiedad o depresin.
A su vez, el sufrimiento anmico suele asociarse con sndromes dolorosos en una
combinacin tpicamente psicosomtica. Dolor y sufrimiento son slo facetas, matices, de
una sola unidad.
El hombre es una trinidad de soma, mente y espritu, pero encarnados en una unidad, en
un solo ser.
El dolor tiene dos grandes tipos de factores causales. Unos son externos y de carcter
fsico, tales como traumatismos, heridas o quemaduras. Otros son internos, incluyendo en
ellos las enfermedades de cualquier tipo. El dolor es el sntoma ms comn de la
enfermedad. Es una forma de lenguaje, por medio del cual el cuerpo expresa de que hay
algo en su naturaleza biolgica que no est bien. Se ha insistido en que el dolor es un
mecanismo de alarma que nos alerta sobre alguna enfermedad.
Cabe sealar, sin embargo, que existen enfermedades graves, como neoplasias o
tuberculosis, por ejemplo, que pueden cursar por perodos relativamente largos sin dolor
significativo y por otra parte, algunas patologas menos trascendentes, como podra ser
alguna carie dental pueden manifestarse por intensos dolores. No obstante, en trminos
generales no puede desestimarse el alto valor del dolor como sistema de alarma y de
orientacin diagnstica, cuando es adecuadamente interpretado.
Suele distinguirse dos tipos de dolor, a los cuales nosotros creemos conveniente agregar
un tercero. Los dos primeros son el dolor agudo y el dolor crnico. El dolor agudo, por
ejemplo el provocado por una herida, una quemadura, una cefalea, una apendicitis aguda
etc. se caracteriza por su precisa localizacin corporal, por una intensidad inicial
relativamente alta y por una duracin limitada. Generalmente tiene un carcter episdico y
es controlable eficazmente por terapia, sin generar necesariamente un marcado
sufrimiento moral. Desde un punto de vista mdico es un sntoma, habitualmente
importante en el diagnstico. No requiere de una implementacin mdica especial para su
manejo, estando a cargo del mdico general. Diferente es la situacin del dolor crnico,
es decir aquel que se prolonga o se repite en plazos prolongados de tiempo y que, por
definicin, es rebelde a los tratamientos habituales. Como ejemplo caracterstico tenemos
algunos dolores asociados a cnceres avanzados o a severos cuadros reumatolgicos. A
diferencia del dolor agudo, el dolor crnico es con frecuencia menos precisamente
localizado, suele ser referido y se asocia a sufrimiento moral. Desde un punto de vista
mdico se le considera ms que un sntoma, una enfermedad y, en la actualidad en la
mayora de los pases, es tratado, en los casos rebeldes en centros o clnicas
especializadas con teraputicas sofisticadas. (8).
A estos dos cuadros, creemos que es conveniente agregar lo que podramos llamar dolor
catastrfico. Entendemos por tal un dolor agudo de una intensidad intolerable,

acompaado de una acentuada crisis angustiosa. Como ejemplo podemos mencionar los
dolores de infartos cardacos o insuficiencia coronaria y, en otro orden de cosas, el dolor
asociado a una de las ms grandes perversiones humanas, y slo propiamente humana,
(no ocurre en los animales) como son los procedimientos de tortura.
Fenomenolgicamente, el dolor se acompaa de al menos siete vivencias elementales
limitantes que matizan y dan complejidad al fenmeno.
En primer lugar, existe una sensacin de molestia, aflictiva que se traduce por una
perturbacin penosa del fluir de nuestra existencia. Se trata de una vivencia bsica,
siempre presente, de mayor o menor intensidad y que en cierto modo define al dolor como
tal. El dolor es molestia.
En segundo lugar, el dolor se acompaa de una sensacin de limitacin, de invalidez. De
algn modo el dolor nos reduce en nuestras posibilidades de accin. Hay algo posesivo
que nos hace presente nuestra fragilidad y precariedad vital. El dolor es limitante de
nuestra libertad. El dolor es limitacin.
En tercer lugar, el dolor se nos presenta como algo amenazante. La experiencia nos ha
enseado que el dolor es el lenguaje de la enfermedad. Sentimos que nuestra salud est
amenazada. Y an ms, que en el ltimo trmino nos recuerda la posibilidad ltima del
evento ms trascendente de la vida: la muerte. Porque sabemos cuando el dolor
comienza, pero no cual ser su curso futuro, ni hasta que nivel traduce una grave
alteracin de nuestro organismo. La correspondencia psquica de la vivencia de amenaza
del dolor, es el miedo, esa emocin tan bsica de reaccin frente al peligro. El dolor es
amenaza.
En cuarto lugar, el dolor nos vivencia nuestra corporalidad. En condiciones normales
tenemos un cuerpo silencioso y obediente. Una de las realidades ms extraordinarias del
funcionamiento orgnico es el que no obstante las infinitas y complejas reacciones
bioqumicas que tienen lugar permanentemente en nuestro organismo, no tenemos
conciencia de ellas. Hay un silencio orgnico de la salud. En el dolor, una parte de nuestro
cuerpo se nos hace presente, se corporaliza en forma demandante. El dolor afecta a
nuestro componente somtico, a nuestro cuerpo. En el dolor yo siento mi cuerpo. El dolor
es corporal.
En quinto lugar, el dolor nos genera una sensacin de anormalidad, de sentirnos distintos.
Algo nos cambia. Mientras estamos con el dolor sentimos la realidad de otra manera y
toda nuestra atencin est polarizada a la sensacin que nos oprime. El dolor nos
desplaza momentneamente de nuestro curso vital. Y tratamos de eliminarlo para en,
cierto modo, volver a ser nosotros mismos. El dolor es alteridad, es anomala.
El sexto lugar, el dolor genera una nota vivencial de soledad. El dolor nos retrae
socialmente. Tendemos a aislarnos y rechazar convivencias. Salvo en aquellas acciones
encaminadas a buscar ayuda mdica, el dolor es fundamentalmente antisocial. El dolor no
se convive. En este sentido, el dolor es en cierto modo un recurso que de alguna manera
nos libera y nos excusa en ciertas obligaciones. Cuando sufrimos de dolor queremos ser

comprendidos y justificados. Nuestra precariedad esencial se hace ms presente, y


sentimos una acentuada necesidad de ayuda. El dolor es soledad.
Finalmente, el dolor genera en nosotros una necesidad de interpretarlo, de darle algn
significado. Es demandante de un sentido.
Resumiendo, desde un punto de vista descriptivo, podemos decir que el dolor es molestia
limitante que involucra una amenaza corporal debida a una anomala que nos aisla que
reclama un significado.
Cuando la causa no es obvia, el dolor y la enfermedad que la genera nos obligan a
interrogarnos sobre nosotros mismos, sobre nuestra realidad. El dolor es demandante de
significado. Hay un esfuerzo de introyeccin, un mirar a nuestro interior y a conocernos
mejor. Esta reflexin interna creemos que es la explicacin del valor espiritual que el dolor
y el sufrimiento tienen y de su proyeccin y connotaciones humansticas. El dolor al ser
analizado genera vivencias que antes no existan y del anlisis profundo de nuestra
realidad puede generar estmulos artsticos creativos. El dolor yace como un trasfondo de
la creacin de grandes artistas y, en este sentido, parece ser ms productivo que el
placer. Y ello se debe probablemente a la necesidad que crea de una bsqueda de las
races ms profundas de nuestra realidad vital. El dolor nos revela nuestros sentimientos
ms profundos. El dolor puede enriquecernos.
Aparte de su fuerza en remover nuestras vivencias ms ocultas, el dolor puede ser
generador de mltiples sentimientos que oscilan habitualmente entre la rebelda, la
ansiedad y la resignacin. En el dolor crnico, incontrolado las etapas de rechazo y de
aceptacin aparecen generalmente bien demarcadas como ocurre magistralmente por
ejemplo en la novela de Tolstoi titulada "La muerte de Ivn Ylich".
Pero qu es en esencia el dolor? cul es su significado profundo? Cmo interpretarlo?
He aqu una gran pregunta sin respuesta. No basta decir superficialmente que es un
proceso adaptativo de seleccin natural que nos avisa de un peligro vital. Es necesario
buscar ms profundamente su sentido ms radical. Lan Entralgo (9) ha sealado cuatro
situaciones que explican comprensivamente la naturaleza de la enfermedad y que son
aplicables al problema del dolor. Ellas son la culpa y castigo, el azar, el desafo y la
prueba. La nocin de castigo es la ms arcaica y aparece especialmente en la cultura
asirio babilnica. Tambin en la Biblia aparece en el Libro de Job,(10) donde asistimos a
una desgarradora demanda del justo doliente, quien convencido de que el dolor es un
castigo divino, reclama a Dios al ser castigado sin haber pecado.
Los griegos reemplazaron la nocin de culpa y pecado, por el azar ("Tyck"). Son factores
aleatorios de la armona de los componentes de la naturaleza los que, al alterarse,
pueden producir el dolor y la enfermedad. El hombre est expuesto a una necesidad
azarosa. De acuerdo con esta concepcin, en cierto modo el enfermar o tener dolor es un
problema de mala suerte, que sucede por simple azar; el dolor es azaroso.

En la filosofa estoica (11) la enfermedad y el dolor son vistos como desafos que nos
plantea la naturaleza y que el hombre debe saber enfrentar con grandeza espiritual. La
teologa cristiana ha interpretado el dolor como una prueba y una expiacin. El dolor
material nos enriquece espiritualmente. Las flagelaciones, comunes en la Edad Media
(12) eran formas de buscar una redencin y un perdn de los pecados mediante el
tormento fsico. La vida de muchos Santos est asociada al dolor. La resistencia heroica
al dolor engrandece y llega a santificar. San Sebastin por ejemplo, por defender su fe,
sufri el martirio de ser atravesado por mltiples flechas. Igual sentido tienen los dolores
catastrficos de los mrtires cristianos durante el Imperio romano y en todos los tiempos.
El sufrimiento, entendido como un dolor moral, es uno de los temas centrales de la
comprensin de nuestra existencia.
Aparentemente es un problema estrictamente humano. Los animales experimentan
indudablemente dolor, pero hay pocas evidencias que hagan pensar que tengan lo que
nosotros entendemos por sufrimiento, o por lo menos con la riqueza espiritual con que se
expresa en el hombre. Ante prdidas o dificultades la respuesta del animal es, en general,
ms bien de indiferencia; est ms regido por instintos. El hombre es un animal sufriente y
antiinstintivo. Es el nico animal que llora y re. Siendo esencialmente humano el
sufrimiento es entendido como un sentimiento aflictivo, psicolgico y espiritual, limitante y
trascendente, generalmente rebelde a la teraputica, que se traduce esencialmente por
angustia, ansiedad y pena. Es una vivencia psquica trascendente que genera una
inquietud metafsica. Al interrogarse el hombre por su sufrimiento alcanza profundidades
en la comprensin de su ser ms ntimo. Ante el sufrimiento el hombre se interroga a s
mismo por su realidad radical. Porque el sufrimiento es algo que no queremos. Al
presentarse altera nuestra vida y por lo tanto, plantea un interrogante. No as el placer,
que lo deseamos y es nuestro. Lo aceptamos desaprensivamente, con naturalidad, no lo
cuestionamos, por el contrario lo acogemos con gozo, sin preguntas. No al sufrimiento,
que nos llena de inquietud inquisitiva. As posiblemente se explique la fuerza creativa que
nace del sufrimiento al obligarnos a buscar en la realidad ms honda de nuestro ser. De
all que el sufrimiento no sea slo un sentimiento negativo, sino que es un camino para
nuestro conocimiento ms profundo. En esencia yo soy mi sufrimiento. A travs de l el
hombre toma conciencia de su trascendencia y es un impulso para una sublimacin
espiritual y artstica. Mientras el dolor es circunstancial, el sufrimiento es biogrfico.
El hombre sufre por muchas causas. Se sufre por la prdida de un ser querido. Se sufre
por un amor perdido o no correspondido. Se sufre por celos y envidias. Se sufre por los
fracasos, las desilusiones, los engaos y los desengaos, se sufre por frustraciones de
nuestro proyecto vital. Se sufre por injusticias, por privaciones y pobreza. Se sufre por los
errores que cometemos. Se sufre por stress, por enfermedades somticas y psquicas. Se
sufre solidariamente por el sufrimiento de otros.
El sufrimiento tiene numerosas formas de expresin . Una de las ms radicales es la
angustia. Desde un punto de vista existencialista la angustia nace de la nada. Es el
sentimiento de lo absurdo de la existencia que toma conciencia de la amenaza de la nada.
La angustia suele llevar a un cierto grado de paralizacin vital. Paul Tillich (13) ha

distinguido tres tipos de angustia desde un punto de vista existencial. Las tres implican
una amenaza de la nada a nuestra existencia. La primera de ellas se denomina ntica y
consiste en que la nada amenaza la existencia misma del hombre. Su destino, su realidad
es la nada. Es una angustia de muerte. En segundo lugar, existe una amenaza espiritual.
En este caso, la nada amenaza con un absurdo y una falta de sentido de la existencia
humana. Es una angustia de vaciedad espiritual Finalmente, existe una amenaza moral.
La nada amenaza con el castigo a la culpabilidad del hombre. Es una angustia de culpa y
condenacin.
Al igual que el dolor, el sufrimiento y la angustia creemos que puede distinguirse en
formas agudas, derivadas, por ejemplo del fallecimiento de un ser querido, que suele
diluirse con el tiempo; formas crnicas, especialmente por pobreza y enfermedades y lo
que podramos llamar formas catastrficas, surgidas a raz de severas situaciones limites
o enfermedades psiquitricas y que pueden terminar en suicidio. La angustia existencial
enfatiza la limitacin y la precariedad de la vida humana, pero reclama al mismo tiempo
una realizacin de la existencia. En la fugacidad que media entre la nada inicial y la
definitiva, el hombre debe realizarse como hombre. Y de esta perentoriedad fugaz de la
existencia surge el valor positivo de la angustia, que desde un punto de vista humanstico
se traducir en su capacidad creativa y trascendente. Un cierto grado de angustia
existencial parecera formar parte esencial de nuestra vida. En ocasiones, sin embargo
alcanza caracteres patolgicos, bajo formas diversas tales como las crisis de angustia, la
angustia generalizada o las fobias y es entonces del resorte de la psiquiatra.
Afin a la angustia existe el sentimiento de ansiedad. Para algunos autores la angustia y la
ansiedad son sinnimos. De hecho en algunos idiomas, como el alemn, slo existe un
trmino para ambos sentimientos. Parecera, sin embargo, que existen diferencias
fenomenolgicas. Mientras la angustia tiene una inquietud del presente, la ansiedad en
cierto modo se proyecta vagamente al futuro, a algo que amenazante acontecer.
Mientras la angustia tiene una tendencia paralizante, astnica, la ansiedad es ms activa,
estnica. La angustia inclina al recogimiento, mientras la ansiedad estimula la accin. La
desesperanza de la angustia tiene su contrapartida en cierto dejo de esperanza de la
ansiedad. La angustia conlleva, por lo tanto, una aceptacin de algo difuso, global y sin
objeto, mientras la ansiedad comporta expectacin ms definida y con objeto.
Otros sentimientos, por los cuales se traduce el sufrimiento, son los de tristeza,
melancola, soledad, pena, temor y depresin que pueden derivar hacia el aburrimiento
existencial y la desesperacin. La desesperacin significa la angustia ltima y final,
aquella sin salida. Kierkegaard (1) llamaba a la desesperacin y desesperanza la
"enfermedad moral" en el sentido que es la enfermedad propia de la persona humana que
la hace incapaz de realizarse as misma. Todos estos sentimientos y otros ms,
atestiguan la extrema riqueza afectiva que caracteriza al ser humano. Combinndose en
distintas proporciones, dichos sentimientos crean realidades situacionales distintas en
cada persona en particular. De all que anmicamente, cada persona sea una realidad
afectiva diferente e individual. El hombre est siempre enfrentado a situaciones ante las
cuales invariablemente responde con un componente afectivo. El carcter situacional de

la humana existencia ha sido destacado, entre otros por Ortega y Gasset (14) y por
Jaspers (15). El hombre no es una entidad aislada. Est inserto en su entorno, en su
realidad ambiental fsica, biolgica y social de la cual es dependiente y con la cual
interacta.
Estamos rodeados de circunstancias. De todas estas variables proyectadas en la
dimensin del tiempo nacen las situaciones. Definida la situacin como el conjunto de las
realidades csmicas, sociales e histricas en cuyo seno ha de ejecutar un hombre los
actos de su existencia personal. La vida es una continua sucesin de situaciones siempre
cambiantes y nunca estrictamente iguales. El hombre, es un devenir constante en
direccin de sus anhelos e inserto en la dimensin del tiempo, en la temporalidad
menguante que le recuerda el acercamiento a la muerte. El hombre vive en continuo
cambio y con la angustia de saber que ha de morir. De all surge la angustia y el
sufrimiento radical de la condicin humana. Las situaciones nos afectan con diversa
intensidad y muchas de ellas podemos manejarlas en forma adecuada. Hay ciertas
situaciones que pasan sin dejarnos una huella profunda. Algunas las olvidamos y las
ocultamos en nuestro subconsciente. Otras son ms retenidas, ms redolentes y la
memoria las atesora. Y hay ms permanencia. Jaspers (15) ha llamado a ltimas,
"situaciones lmites". De estas situaciones no podemos salir y quedamos atrapados de
ellas por fuerzas poderosas. Como Jaspers ha dicho, las situaciones lmites nos hacen
frente con una necesidad ante la cual "nuestro poder es no poder".
Entre las ms importantes situaciones lmites encontramos adems de la muerte, los
grandes dolores y sufrimientos. Ante la encrucijada de estas situaciones, que significan
resignacin, el hombre se encuentra enfrentado a lo ms profundo de su fuerza espiritual.
No obstante lo trgico de su existencia, de saber que es mortal, el hombre tiene un ansia
de infinitud. Desea alcanzar lo inalcanzable realizar lo irrealizable. El hombre anhela ser
ms y mejor de lo que es; quisiera ser inmortal. No le basta con existir, quiere siempre
surgir, buscar horizontes infinitos. El hombre es un animal anhelante. En su bsqueda de
la felicidad choca constantemente con el dolor y el sufrimiento. Pero el hombre ha
aprendido a subliminar sus vivencias negativas. Ha aprendido que el dolor y el sufrimiento
pertenecen a las experiencias humanas ms radicales, que son nuestros compaeros
inseparables y que nos hacen ser lo que somos. A travs del dolor y el sufrimiento
exploramos los resquicios ms profundos de nuestro ser y nos creamos inquietudes no
slo negativas, sino aquellas que tambin nos obligan a pensar en nuestras ms
profundas posibilidades de accin y de creacin. El dolor y el sufrimiento son creativos.
Misteriosa y paradojalmente inspiran y han inspirado al poeta, al literato, al msico, al
pintor, al escultor y, en otro orden de cosas, alimentan la fe y la esperanza del creyente.
Antes que experiencias simplemente negativas, el dolor y el sufrimiento deben ser
considerados como constitutivos bsicos de la naturaleza humana. El hombre no se
concibe sin dolor. El bienestar nos hace vivir en lo cotidiano, en lo rutinario. El dolor nos
recuerda lo trascendente de nuestra condicin mortal. El dolor y el sufrimiento nos
espiritualizan y nos hacen ser mejores.

Como el amor, el dolor y el sufrimiento han acompaado al hombre a lo largo de toda su


historia. Tenemos poca informacin directa del impacto del dolor y del sufrimiento en las
antiguas culturas deistas. No cabe duda, sin embargo que se vieran afectadas por
guerras, epidemias, por periodos de hambruna, por enfermedades y por catstrofes
naturales. El sentido de castigo dominaba el significado del dolor . Y era necesario rogar y
hacer sacrificios a los dioses benignos para evitar sus castigos o para impedir la
intervencin de dioses malignos. Los ms desposedos y los esclavos indudablemente
soportaban el mayor peso del dolor. Los ritos funerarios revelan en dichas culturas el
sufrimiento motivado por la prdida de un ser querido con la misma o mayor intensidad
que ha tenido en todos los tiempos. Se ha conservado del antiguo Egipto la prdica de
una esposa ante la muerte de su marido. Se expresa as:
Oh esposo mio, oh mi hermano, oh amado mio!, qudate a
mi lado. Mi corazn estar para siempre solo y
triste. Mi vida estar sin vida. Porque slo t me
dabas felicidad. Llorar siempre tu partida. Mi
llanto ser infinito. Tu eras y sers la razn de mi
vida. Nunca tendr consuelo. Adis amado mo." (6)
Es seguro que los desencantos amorosos, la enfermedad y la pobreza, entre otras, cosas
producan manifestaciones de sufrimiento similares a las de nuestros das, sino ms
intensas, porque el lenguaje del dolor es eterno y ha sido un sino del hombre vivir siempre
con la fiel compaa del dolor y el sufrimiento individual y social. Los cuatro jinetes del
Apocalipsis han cabalgado a travs de todas las edades.
Una caracterstica antropolgica interesante que surge con fuerza en civilizaciones
antiguas es la imagen del hroe como paradigma del hombre capaz de realizar grandes
hazaas y de vencer al dolor. En la Ilada de Homero (16), los hroes griegos y troyanos,
sufran terribles heridas en combate, y moran sin una queja. Enfrentaban la muerte con
enorme valenta.
Sin embargo, el mismo Homero hace sufrir a su hroe Ulises en su larga peregrinacin
para volver a su patria. (17)
La rica evidencia de dolores catastrficos aparece expresada una y otra vez, bajo
diversos aspectos, en la Mitologa griega (18). Uno de los episodios ms significativos es
el Mito de Ssifo. Los dioses condenen a Ssifo a empujar una gran roca hasta la cima de
una montaa de la cual rodar obligando a Ssifo a emprender incesantemente la dura
tarea.
Este mito fue retomado en nuestros das por Albert Camus (19) como ejemplarizador de lo
absurdo e intil, pero a la vez de lo grandioso de la existencia humana.

Las culturas asiriobabilnicas, egipcias y la griega arcaica estaban basadas, sin embargo,
en el concepto de que la vida humana era un don de los dioses, que poda llevar al
hombre a la felicidad. El dolor y el sufrimiento eran contingencias inherentes al proceso de
existir.
Independientemente, pues, de las concepciones respecto a una vida extraterrena, la
mayora de las culturas antiguas pensaban que el placer y la felicidad eran alcanzables y
posibles.
Curiosamente, en forma diametralmente opuesta, es la concepcin de las culturas mayas
y aztecas, y en este sentido constituyen, tal vez, un caso nico en la historia. La ntima
conviccin de ellos era que la vida es un lugar de sufrimiento.Y esta creencia es
desesperadamente trgica. Existe entre muchos, un dios profundamente maligno,
Tezcatiploca, destructor por excelencia, que produce dao a su arbitrio. El pesimismo y la
resignacin inundan la concepcin de la vida. Hay mucha amargura en el siguiente relato
de un padre nahua a su hijo, que transcribo a continuacin.
"Aqu en la tierra es lugar de mucho llanto
donde es bien conocida la amargura y el
abatimiento.
No es lugar de bienestar; no hay alegra
No hay felicidad.
Ay! tu que has sido enviado a la tierra
donde uno se cansa, donde se pena,
donde hay dolor y angustia,
donde afliccin y congoja reinan e imperan.
Aqu hay molestia y fatiga, hay cansancio.
Tormento y dolor te esperan.
En verdad fuiste enviado aqu a la tierra,
y no vienes a la alegra ni al descanso.
En verdad tus huesos y tu carne
Sabrn de tormento, sufrirn dolor.
Trabajars como un esclavo.
Te cansars en esta tierra

porque aqu fuiste enviado" (20)


Los mayas llamaban al nio recin nacido "prisionero de la vida". Fueron tambin, al
parecer, los primeros y los nicos en adoptar regularmente sacrificios humanos para
apaciguar a los dioses implacables. No obstante su visin negativa de la existencia, los
mayas y los aztecas lograron una elevada civilizacin.
Y uno de los cantares aztecas dice as:
"Slo venimos a dormir
Slo venimos a soar
no es verdad, no es verdad
que venimos a vivir
Slo venimos a sufrir..."(20)
No ha existido, probablemente, otra cultura en la cual se haya expresado con tanta fuerza
el sentido trgico de la existencia humana. Curiosamente, sin embargo, en la mayora de
los pueblos indgenas amerindios actuales, parece haberse heredado un componente de
silencio y de una cierta melancola secular. Hay un dejo, un trasfondo redolente de tristeza
primordial que subsiste hasta nuestros das.
La cultura clsica greco-romana aport dos grandes contribuciones a la comprensin del
dolor y el sufrimiento. En primer lugar, neg el concepto de castigo como interpretacin de
ambos procesos sustituyndolo por el azar o la contingencia frente a fenmenos
naturales.
En segundo lugar, desarroll una filosofa radicalmente contraria a la aceptacin del dolor,
en la forma de la Escuela estoica. Dicha doctrina destac, por primera vez, el concepto de
que la voluntad humana era capaz de resistir a las pasiones (entendidas como emociones
desenfrenadas) y ser indiferentes a los dolores y sufrimientos. Es tal vez el mayor intento
racional de la humanidad para anular el dolor, sin comprender que el dolor y sufrimiento
no pueden jams ser ignorados porque forman parte esencial de la naturaleza humana,
de lo que el hombre es; de su esencia ms radical.
El cristianismo rescata el dolor y sufrimiento como elementos de superacin anmica. Para
el cristiano ningn dolor es banal o carece de significado. Hay un sentido de prueba a que
somos sometidos en esta tierra como preparacin para la vida eterna. El dolor y el
sufrimiento nos enriquecen espiritualmente recordndonos el martirio de Cristo por
nuestra salvacin. La Biblia est llena de episodios dolorosos, destacando en el antiguo
Testamento el desgarrador libro de Job y en el Nuevo Testamento, los dramticos relatos
del martirio de Cristo en la cruz.
El cristianismo impregna profundamente el largo perodo de la Edad Media . (21) Es un
etapa profundamente espiritual. El hombre se encierra y se retrae y vive obsesionado por

el concepto de pecado que vuelve a renacer, con la amenaza de un prximo fin del
mundo y con el consecuente juicio final. El demonio vive acechando las almas para
arrastrarlas a los horrores del Infierno dantesco. Hay incesantes oraciones y penitencias.
Los flagelantes salen a las calles y los caminos, y los seores feudales se lanzan a las
cruzadas para luchar por la fe. Es sta, la fe, por lo que el hombre lucha y se afana.
Porque la fe es el arma fundamental para derrotar el dolor y el mal. San Juan de la Cruz
destacar el valor del sufrimiento en los siguientes versos:
"Quin no sabe de penas
en este valle de dolores
no sabe de cosas buenas
ni a gustado se amores."
Y el Maestro Eckhart dir que el camino que con ms rapidez nos lleva a la perfeccin es
el sufrimiento.
La Edad Media es, pues, un perodo de profundo dolor y sufrimiento en que el hombre
vive lleno de terrores e inseguro de su futuro. (21)
Con el renacimiento, el hombre se libera de muchos de los temores que lo acosaban. Sin
embargo persisten las guerras, las grandes epidemias ( la muerte negra asola Europa)
hay pobreza y hambruna.
En el siglo XV Jorge Manrique escribir sus desgarradoras Coplas a la muerte de su
padre, recordando entre otras cosas "Como se pasa la vida, como se viene la muerte, tan
callando: cun presto se va el placer como despus de acordado el dolor; como a nuestro
parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor". En sus estrofas se expresa claramente la
angustia de vivir y lo efmero de la existencia.
Fco. Lpez de Villalobos escribe, a comienzos del siglo XVI, el siguiente desolador
mensaje:
"Cuantas servidumbres y yugos tiene el hombre en este mundo; cada uno si quiere
pensar en ello, lo ver por s mismo. Porque desde que nacemos somos cautivos y
sujetos a las necesidades del mundo. Conviene saber: el hambre, la sed, los grandes fros
y los calores; las enfermedades y dolores y a las veces, los tiranos y malos jueces; a las
pasiones de la carne y a sus concupiscencias. Y finalmente a quin servimos? Servimos
a la tierra; servimos lo labrado en ella para procurarnos de comer; servimos a los
animales que nos fueron dados por esclavos, y estamos sujetos a los peligros y
destemplanzas de la misma tierra y del agua y del aire. Y a los terremotos y las
tempestades del mar; a los truenos y rayos. Y somos sujetos a las guerras y
tumultaciones y disensiones del linaje humano. Y sobre todo somos esclavos del pecado
y de otras muchas penurias. De todas ellas nos libra la dulce muerte".

En el siglo XVII, Pedro Caldern de la Barca dir que la vida es sueo "que es un frenes ,
una ilusin, una sombra y una ficcin". Y, anticipando una angustia existencial se expresa
en los conocidos versos del monlogo de Seguismundo:
"Hay msero de m! Hay infelice!
Apurar cielos, pretendo
ya que me tratis as,
qu delito comet,
contra vosotros naciendo?
aunque si nac, ya entiendo
que delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido."
La concepcin bsica que postular despus el existencialismo, del hombre lanzado a la
existencia sin quererlo y sufriendo a causa de ello, aparece ya dramticamente expresada
en la poesa de Caldern.
A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, surge un poderoso movimiento cultural que
estremece a Europa. Es el Romanticismo. El hombre romntico vuelve en parte a la
riqueza espiritual de la Edad Media, al retraerse en soledad en las profundidades de sus
sentimientos. Es apasionado, especialmente en el amor y en la belleza y tiene una
languidez propia de una profunda melancola. Su alma aspira al infinito en alas del amor
que ensalza como la pasin primordial. El hombre romntico es todo sentimiento. Su
anhelo constante es el amor, muchas veces desesperado. Sufre y muere por amores
imposibles, por anhelos frustrados y toda su vida paradjicamente est impregnada de
amor y de dolor. El movimiento romntico se expres ampliamente en las artes y
coincidi, en cierto modo, con la aparicin de los filsofos existencialistas, el primero de
los cuales fue Kierkegaard. Hasta algn grado, el, existencialismo incorpor del
romanticismo un componente melanclico que lo distingue.
Al avanzar el siglo XIX la vida se va haciendo ms materialista, se refuerza la revolucin
industrial y los resabios romnticos se van extinguiendo gradualmente. Persistirn hasta
nuestros das slo en los sentimientos de los poetas, esos filsofos soadores que llevan
dentro de s un enorme cmulo de riqueza espiritual.
Los poetas hablan con el lenguaje del alma.

Las guerras, las revoluciones, los conflictos, las hambrunas y las epidemias abundan en
el siglo XIX. Durante l, una cruel guerra civil en Estados Unidos elimina la crueldad de la
esclavitud, aunque no termina totalmente con un cierto grado larvado de discriminacin
racial.
Y sobreviene el siglo XX, con un inmenso aporte de dolor y sufrimiento. En este sentido,
ha sido, sin lugar a dudas, el peor perodo de la humanidad. Dos guerras mundiales
devastadoras con millones de muertos en lucha fratricida. Pueblos enteros dominados y
exterminados. Bombas atmicas cayendo sobre ciudades indefensas. Un holocausto de
millones de seres humanos sacrificados con tortura en los campos de exterminio, con una
crueldad sin parangn en la historia. Naciones enteras sin el consuelo de la religin... Si
bien la Medicina ha logrado controlar en gran parte el dolor, ste contina afectando a
millones de personas. El dolor se ha hecho ms crnico, ms rebelde y el sufrimiento,
traducido especialmente en depresin, aprisiona a gran parte de la poblacin y constituye
un serio problema de salud mental. Las epidemias clsicas, que asolaban Europa, han
sido en gran parte controladas, pero la arrogancia de la Medicina ha sido humillada por
nuevas enfermedades virales intratables y especialmente por el Sida, ese terrible mal que
produce tanto sufrimiento y dolor y contra el cual la Medicina se revela hasta ahora
impotente. En extensas reas de frica y Asia reina an la extrema miseria y persisten
enfermedades derivadas de carencias y de infecciones incontroladas con muy altas tasas
de mortalidad infantil. Los recursos materiales, las comunicaciones y otros aspectos
tecnolgicos han experimentado constantes avances, pero su distribucin dista mucho de
ser equitativa persistiendo muchas injusticias sociales. El hombre ha conquistado el
espacio csmico pero ha sido incapaz de conquistar su propio espacio interior.
Se vive en codicia, en lujuria, en violencia, en rencor. Como ha dicho acertadamente
Henri Nouwen (22):
"Mira, alma ma, como un ser humano intenta hacer dao a otro; mira como esos tratan de
perjudicar a sus compaeros; mira a aquellos padres molestando a sus hijos; mira como
el amo explota a sus trabajadores; mira a la mujer violada, al hombre maltratado, a los
nios abandonados. Mira, alma ma, el mundo; los campos de concentracin, las
crceles, los reformatorios, las clnicas, los hospitales y escucha los gritos de los pobres".
El hombre vive agobiadoramente . La vida en las grandes urbes ha agregado adelanto,
pero ha creado una sensacin de opresin de vrtigo de accin. Es una vida gris cargada
de un trasfondo de sufrimiento. Todo es agitacin y apresuramiento.
Se dice que Pablo Neruda cuando visit por primera vez Nueva York habra escrito los
siguientes impresionantes versos:
"Casas de cincuenta pisos
y multitud de color
diarios, revista avisos

millones de circuncisos,
dolor, dolor, dolor,..." (23)
Frente al sufrimiento el hombre actual en la poca post moderna busca
desesperadamente el placer y se entrega a la drogadiccin que lo lleva a su destruccin
espiritual y material. La droga es la enorme amenaza del presente de una humanidad sin
ideales, hundida en el sufrimiento y la depresin. La delincuencia desatada, la
drogadiccin, el desempleo, el alcoholismo, la mendicidad y la prostitucin crecen a la par
que las grandes urbes y las envuelven en un gris manto de dolor y sufrimiento. Es en el
corazn de las grandes ciudades donde se refugia el verdadero dolor de una nacin.
Incluso en su afn material, el hombre contribuye insensatamente a contaminar y destruir
sus riquezas naturales, exterminando muchas de sus reservas ecolgicas. El hombre
sufre hoy da personal y socialmente en grados altamente significativos. Abrumado por un
consumismo materialista ha olvidado muchos valores espirituales. Como alguien ha dicho,
vivimos una poca de incesantes torrentes informativos, de imprevistos. El hombre actual
est viviendo una era de angustia. El hombre de nuestros das se ha vuelto superficial;
vive de hechos materiales, de dichos vulgares, de conceptos epidrmicos. Est ms
pendiente de todo lo exterior que de su realidad interior. Se vive en la inmediatez de lo
prctico, de lo til, de lo materialista. No es audaz decir que el pronstico espiritual de la
Humanidad en la actualidad, es por la menos reservado.
La rpida mirada que hemos dado a la historia, nos muestra en qu forma el dolor y el
sufrimiento han sido fieles compaeros del hombre en su grandeza y en su miseria. El
caudal de sufrimiento que ha tenido el hombre a lo largo de las edades es inmenso,
ocenico y lleno de matices. La Historia nos ayuda a conocer mejor al hombre. Nos
orienta y nos aconseja. Nos muestra el pasado en una proyeccin del futuro. Conocer la
Historia es conocernos a nosotros mismos.
Personalmente el hombre es continuamente cambiante. Cambia a lo largo de la vida con
sus diferentes edades y en consecuencia, vara la forma como, en trminos generales,
experimenta y expresa el dolor y el sufrimiento. El nio vive en gran parte dominado por el
mbito domstico. Su acentuada precariedad lo hace estrictamente dependiente . Sufre
fundamentalmente de una radical inseguridad. Vive agobiado por el miedo y llora ms por
el temor que por dolor fsico. Anhela el apoyo y el cario de su madre, de la cual es
altamente dependiente.
El adolescente se enfrenta a la vida por primera vez con plena independencia y su gran
preocupacin es la de elaborarse un proyecto de vida adecuado, desconociendo gran
parte de las situaciones que la vida comienza a presentarle. Es, en cierto modo un
nufrago, de su apoyo paternal. Tiene que labrarse la vida en un mundo que no
comprende y que no lo comprende. Lo acosa la inseguridad y la incertidumbre del futuro.
Nace en l el amor con todas sus inquietudes y contingencias. En su desesperacin, cae
con frecuencia en la droga y la violencia. Es la etapa ms problemtica de la vida y la que
decidir en gran parte su destino futuro. Implica sufrimiento y ansiedad. Es la edad difcil...

El adulto ha en gran parte definido su orientacin en la vida. Sufre y se inquieta por su


quehacer laboral. Es la etapa de la vida en que ha generalmente materializado su amor y
ha establecido su profesin o actividad. Llegan los hijos. su preocupacin fundamental es
generar ingresos y estabilizar la familia. Producir, obtener dinero y realizarse plenamente
como persona. Sufre dentro de la sociedad alienante en la que est inserto y en cierto
modo prisionero. Entra en mayor o menor en competencia con su ambiente social, en su
afn de lograr objetivos inalcanzables. Podr tener problemas conyugales. Y luego se
ver envejecido...
La jubilacin, si le corresponde, es una crisis social. Marca el momento del ingreso al
ltimo acto de la gran tragedia de la vida. En la vejez, las depresiones son frecuentes y
profundas. El anciano ve acercarse la muerte, que si bien siempre estuvo presente, se
consider que estaba distante, que era algo que le ocurra a otros y que ahora se alza
como cercana posibilidad.(24) Van muriendo familiares, aparecen enfermedades
degenerativas y la vida se va estrechando gradualmente. Limitado econmica y
corporalmente el viejo lleva una profunda angustia interior.
Si bien estas diferencias etarias sealadas se cumplen en trminos generales, la variedad
es mucha. Cada cual vive y envejece personalmente. El hombre no es abarcable, en
mrgenes rgidos por que tiene la riqueza de su unicidad. Cada vida humana es una
epopeya particular, nica e irrepetible.
Volqumonos, ahora al amplio campo de la literatura del dolor y el sufrimiento. El arte en
general, y la literatura en particular, tienen, a mi juicio, tres modos principales de influir
poderosamente sobre el problema del dolor y el sufrimiento. El primero, es en el plano
estrictamente esttico, que regocija el espritu, estimulando emociones positivas,
sublimando y rescatando lo grande, lo valioso del dolor y el sufrimiento. En segundo lugar,
el arte ayuda a entender mejor el significado del dolor y el sufrimiento, a travs de la
descripcin de la rica gama de situaciones y sentimientos particulares que se generan. Y,
finalmente, el arte tiene un valor de catarsis aristotlica, presente ya desde las primitivas
tragedias griegas y que consiste en ese proceso purificador, de naturaleza psicolgicointelectual que provoca el hecho de percibir y captar las resonancias del dolor ajeno.
Como dijera Aristteles: "asistir a un dolor ficticio de otros nos lleva a un desahogo de
pasiones".(25)
En la literatura del dolor nos encontraremos en un campo inagotable. En todas las pocas
el dolor y el sufrimiento no han dejado de inspirar a escritores y poetas. La literatura
universal est pletrica de estos temas. Dentro de la gran cantidad de ejemplos,
queremos arbitrariamente referirnos a unos pocos que nos parecen paradigmticos en su
manera de expresar el padecer humano.
El dolor crnico con su acompaante de sufrimiento, se encuentra magistralmente
expresado por Len Tolstoi en su relato titulado "La muerte de Ivn Ilych" (26). El
argumento de la obra es extremadamente simple y el lenguaje es sencillo y cotidiano.
Ambas condiciones, sin embargo, manejadas con maestra por el autor, llegan a
conmovernos intensamente, a identificarnos con el sufrimiento del personaje, tal vez

mucho ms que lo que un estilo dramtico y grandilocuente lo hubiese conseguido. All se


ve la verdadera grandeza de un gran escritor.
Ivan Ilych es un hombre corriente. Un pequeo burgus, funcionario judicial, casado con
una bella mujer. Es amable y de inteligencia normal. Fue ascendiendo gradualmente en
su profesin, pero sin alcanzar grandes distinciones. Tena muchos amigos con los cuales
le gustaba jugar el bridge. Nada tena que lo distinguiera, pero tampoco exhiba ningn
rasgo negativo. Su vida transcurra sin sobresaltos. Un da mientras se preocupaba de la
decoracin de su nueva casa, cae desde una escalera y se golpea en un costado. El dolor
es intenso, pero pasajeroLa juventud y los retos de la actualidad
Dr. Gerardo Machado Alfonso
MCs. Luis Gmez Surez
MCs. Rodrigo Espina
La necesidad de visionar a la juventud como un actor importante de los cambios sociales
supone
comprender la nueva realidad del siglo XXI, muy diferente a las de pocas anteriores, lo
cual
obliga a una reflexin ms precisa en funcin del realismo que debe presidir la labor de
propaganda
e interaccin con las nuevas generaciones. Como afirm Jos Mart, no pocas veces se
precisa del
intercambio de criterios y la reflexin profunda con vistas a conocer los retos y las leyes
de la
transformacin social. En particular afirm: Bueno es que en la ciencia se discutan los
preceptos
cientficos Estas exigencias son ms indiscutibles en el contexto actual, cuando la
variedad de
anlisis no siempre posibilitan comprender los mejores caminos del perfeccionamiento del
quehacer social y la transformacin de circunstancias en que viven y actan las nuevas
generaciones.
Lo dicho posee una particular relevancia por ser este el ao en que ha de celebrarse la
Cumbre
Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno en San Salvador, el Salvador, cuyo
tema central

estar dedicado a la juventud. No deja de ser dudosa la seleccin del asunto por apelar a
viejas
frmulas con nuevos ropajes; es decir, el examen de los valores democrticos y prcticas
polticas
que solo han servido para el ejercicio de la demagogia social con lo cual se sienta
impunemente en
el banquillo de los acusados a los genuinos garantes de la democracia real, o para hacer
gala de
discursos que solo quedan en el marco de las palabras y nunca se concretan en la
prctica, al tiempo
que no hacen frente a los grandes males que afectan a la regin. Llama la atencin que el
pas sede
de la cita regional constituye uno de los ms cruentos ejemplos de la violencia juvenil y de
otros
muchos males consecuencia de la aplicacin de las concepciones neoliberales y de la
violacin de
los derechos de una poblacin vctima del abandono sistemtico. Frente a este desafo
para las
fuerzas progresistas, una rplica puede ser poner de manifiesto las particularidades de las
generaciones actuales como resultado de la repercusin en ellas de los problemas que
aquejan a
nuestros pases. Se trata de abordar su involucramiento en los movimientos que buscan
respuestas
alternativas al neoliberalismo y sus secuelas, el abandono ante las catstrofes naturales,
el
encarecimiento de los alimentos por su empleo en la produccin de biocombustibles, la
lucha contra
los tratados de libre comercio con los Estados Unidos, la apropiacin de los postulados
del proyecto
alternativo del socialismo del siglo XXI y las propuestas de cooperacin y unidad del
gobierno
bolivariano de Venezuela, entre otros.
Bases contextuales de las polmicas en torno a la juventud.

Nunca antes como ahora fueron ms polmicas las ideas acerca de la juventud. Tampoco
anteriormente el mundo haba adquirido tal complejidad situacional que lo hace
simultneamente
1 IV Conferencia Internacional "La obra de Carlos Marx y los desafos del siglo
XXI"controvertido y vulnerable. En tal sentido, la diversidad de realidades existentes
resulta
concomitante con la confrontacin de criterios en torno a los jvenes, cuestin que en
nuestra
sociedad no siempre resulta evidente. Para algunos especialistas, despus de la
desintegracin del
campo socialista que divida al mundo en dos polos de poder, aument la variedad de
interpretaciones y respuestas que pudieran explicar un mismo hecho social. Se afirma,
incluso que
esta variedad de explicaciones podra tener su legitimidad en un intento de progreso
coherente,
lgico y humano pasando por alto las esencias desgarradoras del mundo de hoy.
Un examen de la situacin social de la juventud en la contemporaneidad no puede obviar
los
referentes conceptuales de partida que explican su esencia y peculiaridades. En tal
sentido, no existe
un consenso que permita definir su naturaleza compleja y diversa.
Hoy, en contraposicin a enfoques anteriores (de corte biologicistas, positivistas y
funcionalistas)
asistimos a la comprensin de la juventud como un actor aislado de la sociedad que
construye sus
identidades a partir de los requerimientos culturales, tecnolgicos o personolgicos. En
esta
perspectiva posmoderna cada realidad juvenil es legtima en tanto expresa una lgica
existencial
que encuadra con una democracia plural sin hegemona.
En correspondencia con este punto de vista ya no es posible hablar de juventud dada la
existencia

de jvenes diversos segn el rango de partida y en correspondencia con la clase, gnero,


raza,
entre otras, lo cual hace heterogneo este grupo social. Obvian que la referencia a un
trmino vital
como este, se vincula tambin a una ciencia que asume la sistematizacin terica y el
examen
histrico en funcin de comprender la lgica, esencias y regularidades de la juventud.
En la actualidad se abre paso la conceptualizacin del joven en trminos socioculturales,
pues es
en este mbito donde se han vuelto visibles ante las instituciones. 1
Para sistematizar, en alguna medida, los esfuerzos tericos por delimitar al grupo,
parecen
oportunos los nueve criterios que el investigador Antonio Prez Islas recoge en el Informe
sobre
jvenes 1994-2000 del Instituto Mexicano de la Juventud,2
los cuales constituyen los elementos
coincidentes de las definiciones ms divulgadas en los medios acadmicos. As, desde
esta
perspectiva, la juventud es:

y en su
relacin con lo no juvenil (la interaccin con categoras como las de gnero, tnicas, de
clase
social, etctera).

aos, el
contexto social, econmico y poltico configura caractersticas concretas sobre el vivir y

Discurso a los jvenes sobre


liderazgo
percibir lo joven.

El liderazgo es algo que brota de dentro, es algo que se construye en el


fondo del alma y que aflora justamente en el servicio a los dems
Por: Don Carlos Abascal | Fuente: [Link]

Amigas y amigos todos.


Jvenes, estar con ustedes es cargar bateras, es mirar el presente y el futuro de Mxico con
una gran ilusin. Ustedes, mtanselo muy bien en la cabeza, no son el futuro de Mxico; lo
que ustedes no hagan hoy no lo podrn dar despus, lo que
ustedes no sean hoy no podrn hacerlo fructificar despus.
Ustedes son presente, no deleguen al tiempo lo que su voluntad y su inteligencia no sepan
hacer ahora.
Por lo que estar hoy en este XXV aniversario con ustedes, es motivo de particular
entusiasmo para el Secretario de Gobernacin porque la responsabilidad que asumimos es
la de la gobernabilidad democrtica de este pas y la de la
construccin de acuerdos para lograr un pas ms justo, ms grande, ms libre, ms
prspero, ms acorde con la dignidad de la persona.
Quiero en esta intervencin hacer slo una gua, sin explicaciones ms profundas, slo una
gua de aquello que considero que es clave en el ejercicio del liderazgo de
excelencia, en el ejercicio de liderazgo de accin positiva, con una primera y muy
importante aclaracin, slo hay un lder digno de ser seguido, slo hay un modelo, slo hay
un maestro.
Mxico vive un momento verdaderamente apasionante, vive inmerso en una transicin en
la que caminamos de una manera de ser hacia otra manera de ser. Esa transicin est llena
de ilusiones y de esperanza, y al mismo tiempo, por qu no, tambin de decepcin, cuando
a veces las expectativas no se han cumplido por diferentes motivos.
Pero esta transicin que vive Mxico es un momento apasionante porque es nuestro
momento histrico, porque es nuestra responsabilidad. Mxico ya super las etapas
de los colectivismos que negaron la individualidad nica, irrepetible del ser humano, la
dignidad de la persona humana.
Mxico ya est consciente de que tiene que superar los individualismos que niegan la
vocacin y el sentido social de la persona; Mxico hoy se enfrenta a la oportunidad de
construir una sociedad humanista, que haga girar todas las estructuras polticas, sociales,
econmicas y culturales alrededor de la dignidad de la persona.
La sociedad poltica tiene que organizarse en la medida de la persona misma, para que

responda a sus ilusiones, a sus ambiciones legtimas, a su esencia de la manera ms


autntica.
La persona humana hoy es recuperada, sobre todo por Karol Wojtila, como el centro de
toda la accin poltica, social, econmica y cultural. Un apersona revestida de una dignidad
imprescriptible e irrenunciable, dotada de alma y cuerpo,
dotada de inteligencia para conocer la verdad, de voluntad para amar y conocer el bien, de
libertad para ejercer su voluntad con responsabilidad, de conciencia para discernir entre el
bien y el mal, de individualidad nica e irrepetible, pero al mismo
tiempo contrapesada por una vocacin social que lo marca por siempre, porque el hombre y
la mujer solo nos realizamos en sociedad, por eso nacemos en sociedad, en la clula bsica
de la sociedad, que es la familia, para de esta manera volcar hacia la sociedad todos
nuestros talentos, todas nuestras aptitudes y habilidades, toda nuestra inteligencia y
voluntad, para de esta manera desarrollarnos en plenitud, y al mismo tiempo contribuir al
desarrollo pleno de la propia sociedad.
Somos personas llamados a la felicidad, una felicidad que consiste en la armona plena del
ser con su creador, con la naturaleza, pero sobre todo consigo mismo y con los dems. Esa
felicidad que aqu se alcanza de manera limitada, porque es ser humano, la persona, es
trascendente, puesto que viene de la mente eterna y camina hacia la casa, hacia su casa para
siempre.
Esta condicin de persona es la que le da sentido a la creacin entera, porque cada persona
vale ms que todo el universo creado, esta persona as concebida, es pues el eje de nuestra
preocupacin poltica, social, econmica y cultural.
La organizacin humana que mejor responde a esta condicin de la dignidad de la persona
humana es la democracia; una democracia entendida como ese sistema poltico, jurdico,
como esa manera de ser y de vivir en la que todos somos responsables de todos. En la que
todos somos idnticos en dignidad frente a la ley y frente a la sociedad.
Ese sistema de organizacin que usa de la poltica como el vehculo para construir la
justicia social y el bien comn; poltica que a su vez usa el dilogo como la expresin ms
genuina de la dignidad de la persona, para ponernos de acuerdo en el marco de la pluralidad
y la diversidad de una humanidad tan amplia como la que hoy vivimos, de un pas tan
grande de 105 millones de habitantes, como el que hoy tenemos.
Esta democracia no es el origen de la felicidad del ser humano, es slo una manera de
organizarnos para darle forma a la organizacin socio-poltica de los seres humanos.
La democracia tiene que transformarse en libertad responsable de todos los integrantes del
Estado y tiene que transformarse en igualdad de acceso a las oportunidades para todas y
todos los mexicanos. Para que cada mexicana y mexicano sepa usar su libertad responsable
para aprovechar esas oportunidades.
Ustedes, jvenes, hoy aqu dan testimonio de que son los privilegiados de este pas, han
tenido acceso a oportunidades de educacin y de desarrollo a las que millones de

mexicanos no han tenido y, probablemente todava por una generacin, no


tendrn acceso.
Esto es un reto enorme, porque lo que gratis han recibido, porque t no escogiste tu cuna,
porque t no escogiste nacer un determinado mbito social, esas oportunidades que has
recibido tienes que devolvrselas a la sociedad, precisamente a travs del ejercicio de un
liderazgo de accin positiva, de un
liderazgo de excelencia.
Todos los seres humanos somos lderes, no perdamos el tiempo en discusiones ms o
menos acadmicas de s se nace lder o si se hace lder, todos somos seres relacionales y
todos tenemos una corresponsabilidad con los dems, en la
construccin de la justicia social y del bien comn, a la luz de los principios de la
solidaridad y la subsidiariedad.
Esto ya no debiera estar a discusin, porque todos somos responsables de los dems. Tu
derecho no llega hasta donde llega el derecho del otro, no basta para construir la
convivencia pacfica que t no afectes los derechos de los dems.
La convivencia armnica se construye cuando todos entendemos que los derechos de los
dems son mis obligaciones y mis derechos son las obligaciones de los
dems, porque slo la solidaridad, as entendida, hace de la comunidad humana una
autntica comn unin que nos hace girar alrededor del objetivo central de la existencia
temporal, que es la plena realizacin del ser humano, la felicidad
alcanzable en el devenir histrico, temporal de la persona humana.
Este liderazgo que todos estamos llamados a ejercer es un liderazgo de calidad. Liderazgos
hay muchos, Hitler fue un lder, Hitler fue seguido, Hitler fue un destructivo arquitecto de
la sociedad.
Pero no estamos hablando de liderazgos cualesquiera, estamos hablando de liderazgos que
sepan construir esta sociedad a la medida del hombre, sta sociedad a la medida de la
persona humana.
Y estos liderazgos no son slo aquellos que cumplen con las formalidades externas de un
liderazgo: Mira que bien habla; mira que buena presentacin tiene; mira que diccin; mira
que tablas; mira que corbata.
Eso no es liderazgo, eso es apariencia, esas son externalidades que debieran cuidarse como
parte, en efecto, del ejercicio de la responsabilidad de que a cada quien le toque.
No. El liderazgo es algo que brota de dentro, es algo que se construye en el fondo del alma
y que aflora justamente en el servicio a los dems.
Yo quiero simplemente, tambin de manera enunciativa, enfatizar esas cualidades del alma
en las que hay que trabajar intensamente para ser autnticamente lderes de accin positiva.

un compromiso indeclinable con la vida


Primero que nada, un compromiso indeclinable con la vida, la poltica. El ejercicio de la
poltica, la organizacin poltica de la sociedad no es para muertos, es para
vivos.
El compromiso con la verdad para saber, en efecto, identificar la realidad de las cosas y a
partir de ella transformarla para el bien y la justicia; La congruencia, la capacidad de
pensar, decir y hacer de la misma manera. La humildad, porque no somos sino meros
instrumentos.
La capacidad de escuchar consejo, porque no lo sabemos todo, y por lo tanto la capacidad
de formar equipo, porque hay que sumar las fortalezas de todos y amortiguar las
debilidades de todos para hacer un gran equipo.
El amor a la justicia, ese compromiso indeclinable con la voluntad de dar a cada quien lo
suyo, y lo suyo ms propio de las personas es el respeto a su propia dignidad.
La democracia tiene la cualidad de que considera a cada persona idntica y por eso los
votos se suman, no se pesan. Porque en la democracia todos valemos igual, todos pesamos
igual.
La prudencia, la rectitud en la eleccin de los fines y de los medios. La fortaleza para ser
sereno en la adversidad y templado en el xito. La templanza, la capacidad de ser dueo, de
ser lder de ti mismo.
Jvenes: Mal podemos aspirar a conducir a otros, si no conducimos nuestra propia vida, si
no somos dueos de nuestras propias pasiones, la capacidad de tomar decisiones. El lder
decide y arrostra las consecuencias de sus decisiones.
La perseverancia, porque todo conspira contra tu perduracin en la responsabilidad que has
asumido.
La esperanza, para mirar el futuro conciente de que tu haz de hacer todo lo que corresponde
a tu responsabilidad, porque otro har lo que a ti te falte, que es casi todo.
Y, finalmente, la alegra. El liderazgo no se puede ejercer con rostros tristes y largos,
mostrndole a la comunidad una carga enorme en el ejercicio de liderazgo que contrista el
alma para mostrar lo importante que es el lder.
No, el lder es alegre, es comunicativo, es cercano, es prximo, es igual. Y esa alegra le da
razn de ser a muchas de sus decisiones, a muchas de sus acciones para contagiar a los
dems de la alegra de vivir.
Porque, regreso al principio, el lder tiene que estar enamorado de la vida y al estar
enamorado de la vida tiene que tener pasin por el hombre, tiene que amar al hombre con
toda el alma, para de esta manera poder servir al hombre.

De esta manera, ojo, cuidado, hay anttesis de liderazgo de accin positiva. Aquellos que
cifran su felicidad en el dinero, en el poder, en el placer en el xito personal a cualquier
precio, por encima de los dems, por encima de la sociedad,
por encima de los empleados, por encima de los colaboradores.
Estas anttesis del ejercicio del liderazgo ah estn, ni siquiera hay que nombralas, existen y
hay que estar eternamente, completamente, permanentemente alertas para que, con una
vigorosa vida interior, estar combatiendo estas inclinaciones
naturales, que vencindolas te vuelven fuerte y te vuelven ms apto para ejercer ese
liderazgo que la sociedad espera de ti.
Yo quisiera, por ltimo, resumir en tres grandes frases esta visin, este compromiso con
Mxico, esta pasin de servicio que cada lder de este pas en su espacio ha de tener.
No todos vamos a ser Presidente de la Repblica, no todos vamos a ser maestros, no todos
vamos a ser jefes de empresa. Todos tenemos una visin personal que cumplir.
Si todos hacemos nuestra parte y sumamos nuestras partes, Mxico, sin duda, vencer esos
rezagos histricos que hoy todava nos reclaman a nuestra conciencia.
La pobreza, la marginacin, la discriminacin, la explotacin comercial sexual infantil.
Tantos males, tantos daos estructurales a la sociedad que nosotros tenemos la
responsabilidad de poner nuestro grano de arena para que esta
sociedad avance.
Al mismo tiempo, con esta actitud, con este resumen puntual en tres frases que quiero
hacer, quiero invitarlos a que miren de manera positiva su compromiso con la sociedad
desde el espacio que cada uno de ustedes ocupa.
Hay que amar para saber servir.
Hay que saber para amar y servir.
Hay que servir para saber amar.
Muchas felicidades por su XXV aniversario. Que ustedes sigan haciendo su especfica
contribucin al bien comn de este pas, particularmente a favor de los que menos tienen y
que Dios les bendiga.

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