RESEAS
09/12/2014
Cosas inaccesibles
Ismael Belda
Umberto Eco
Historia de la tierra y los lugares legendarios
Barcelona, Lumen, 2013 480 pp. 34,90
Ante nosotros se presenta una sucesin de lugares: un continente, un pas, una isla, un
jardn, un palacio, una cueva. Al leer esta lista, al ver esos elementos en relacin unos
con otros, un breve viento nos acaricia. Son lugares inaccesibles. No puede llegarse a
esa tierra, a esa isla, nadie sabe dnde est la entrada de la cueva, no puede accederse
al palacio. Nuestro deseo siempre tiende a ellos, por razones acaso misteriosas. Hay
algunas imgenes secundarias asociadas: una copa, una fuente o un ro, un anciano,
una reina hermosa y malvada, una habitacin, un mapa, un libro, una flor. Las
leyendas, los mitos, las historias de viajes, las narraciones religiosas, los poemas, los
cuentos de hadas, las novelas, los sueos, son los espacios donde los encontramos una
y otra vez. Son lugares supuestamente diferentes a todo lo que conocemos. Son
lugares ocultos y envueltos en misterio, y tambin olvidados, destruidos, inundados,
an no descubiertos. Escribe Jung: En alguna parte, alguna vez, hubo una Flor, una
Piedra, un Cristal; una Reina, un Rey, un Palacio; un Amado y una Amada, hace mucho,
sobre el Mar, en una Isla, hace cinco mil aos...
Valindose de numerosa documentacin de muy diversas pocas, Umberto Eco, el
autor del Tratado de semitica general y de El nombre de la rosa, ha escrito otro de sus
deleitables libros de mesita de caf, obras de medio o gran formato llenas de
fascinantes listas y de esplndidas ilustraciones, como fueron por ejemplo su Historia
de la belleza (2005) y su compaera, la Historia de la fealdad (2007), o El vrtigo de las
listas (2009). Su referencia para esta Historia de la tierra y los lugares legendarios ha
sido, segn confiesa en el prlogo, la deliciosa Breve gua de lugares imaginarios, de
Alberto Manguel y Gianni Guadalupi (cuya primera entrada, por cierto, al menos en la
edicin espaola Alianza Editorial, 1992, era precisamente la Abada de la Rosa, de la
famosa novela de Eco), pero, mientras que en el libro de Manguel y Guadalupi se
describan lugares imaginarios provenientes de obras literarias de todo tipo y siempre
ficticios, Eco ha optado por ceirse a espacios que han creado quimeras, utopas e
ilusiones, porque mucha gente ha credo realmente que existen o han existido en
alguna parte, es decir, lugares que han originado flujos de creencias, lugares la
mayora inexistentes y slo algunos histricos pero rodeados de leyenda. El material se
organiza de forma cronolgica y cada captulo un a menudo rpido recorrido por la
materia en cuestin viene seguido de una seleccin de textos originales de lo ms
variado, que van desde creaciones literarias (tenemos aqu extensos fragmentos y a
veces piezas enteras de Homero, Virgilio, Dante, Tasso, Ariosto, Rabelais, Borges,
Tennyson, Poe, Coleridge, Julio Verne, Chrtien de Troyes... Qu ms se puede
pedir?), hasta textos bblicos, libros de viajes (Marco Polo y Los viajes de Sir John
Mandeville como presencias constantes), textos ocultistas, fragmentos de obras
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filosficas (Platn, Aristteles, Lucrecio, San Agustn, Nietzsche) o textos cientficos.
El libro es un puro placer de principio a fin y una fiesta de la imaginacin y los
sentidos. La lectura sucesiva de todos esos fragmentos acumulados produce vrtigo y
un efecto hipntico y casi embriagador y, en su desorden y su a menudo arbitrariedad
(caractersticas que diramos consustanciales a este tipo de libros-gabinetes de
curiosidades), encontramos sin cesar joyas ms o menos conocidas que nos sorprenden
y nos llevan a otros sitios y a otros libros. En el captulo dedicado a la tierra plana y las
antpodas, leemos a Digenes Laercio citando a los pitagricos: El mundo es animado,
intelectual, esfrico, y a Lucrecio comparando a los antpodas, esos hombres del otro
lado del mundo, con las imgenes que vemos reflejarse en el agua, y un fragmento
del poema Morgante, de Luigi Pulci (1432-1484), que dice: as que la tierra por divino
misterio / suspendida est entre estrellas sublimes, / y all abajo hay ciudades, castillos
e imperio. En el apartado sobre las tierras de la Biblia, el texto de Juan de Hildesheim
(sacado de la Historia de gestis et translatione trium regum, de 1477), donde se dice
que el Mar Rojo recibe su nombre porque, aunque el agua es tan transparente que se
ven all abajo las piedras y los peces, el fondo es de color rojo, de modo que la
superficie semeja vino tinto, y el relato sobre la tumba de los magos, de Marco Polo,
donde se nos cuenta que, a cambio de los tres dones de los magos, el nio Jess les
entreg un cofrecillo en el que haba una piedra mgica, pero que stos, al no saber de
sus propiedades, la arrojaron a un pozo, tras lo cual un fuego ardiente baj del cielo y
penetr en el pozo y entonces ellos tomaron de ese fuego y lo llevaron a sus pases,
donde lo mantuvieron eternamente ardiendo en un templo, en el que lo adoraron como
a un dios. En la seccin sobre las maravillas de Oriente, se recogen la famosa y
alucinante Carta del Preste Juan o los relatos sobre los autmatas bizantinos (pjaros
dorados, leones, un trono volador) de la Antapodosis de Liutprando de Cremona. En el
captulo dedicado al paraso terrenal tienen cabida las Islas Afortunadas y el Dorado, la
maravillosa visin de Thurcill, en la Chronica majora de Matthew Paris, el relato del
paraso terrenal de John Mandeville o del pozo de San Patricio en el Tractatus de
Purgatorio sancti Patricii, o la descripcin, en la navegacin de San Brandn, del sol
verdadero, del que nuestro sol no es ms que un plido reflejo. Y, ms tarde, el
increble relato de la Casa de Salomn en la Nueva Atlntida, de Francis Bacon, ese
muestrario futurista de horrores y maravillas (que eran todos maravillas para l), de los
cuales la mayora se han cumplido ya. Y as casi inagotablemente.
El recorrido contina con la Atlntida, Mu y Lemuria; ltima Thule e Hiperbrea; los
lugares de bsqueda del Grial; Alamut y el Viejo de la Montaa; Jauja; las islas
utpicas; la Tierra Austral; y el interior de la tierra, el mito de la tierra hueca y
Agartha, y termina con un captulo titulado Los lugares novelescos y su verdad.
Quizs el inters de las selecciones decae un poco hacia el final, cuando se hacen ms
modernos y comienzan a abundar los textos de nazis de variado pelaje, a menudo
toscos y poco originales (Eco hace especial hincapi, por cierto, en la siempre curiosa
relacin entre ciencias ocultas y despistados nazis o pseudonazis a lo largo de la
primera mitad del siglo XX), pero en todas las secciones del libro hay hallazgos.
La parte iconogrfica de la obra es quiz su ms pura fuente de placer y es difcil dar
una idea de la enorme variedad del muestrario de ilustraciones y mapas de todas las
pocas. Umberto Eco, por su parte, firma unos resmenes y comentarios claros y
eruditos, y posee una gran capacidad para poner en relacin elementos diversos de
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forma sutil y elegante, pero en su pluma se encuentra quizs el nico problema del
libro: cierto tono irnico y severo del autor, el tono, digmoslo as, del clsico
aguafiestas. Eco, obviamente fascinado, y aun obsesionado, con todos estos lugares de
la imaginacin, parece preocuparse demasiado por aclarar y confirmar en cada ocasin
que todo eso de lo que habla no son ms que supercheras, extravagancias de locos, de
iluminados, de falsos profetas. Se re de autores clsicos, sospecha de cada dato.
Parece embarcado en una cruzada contra los oscurantistas y los cazadores de
misterios, y esa insistencia acaba por resultar enojosa. Hojeando un muy reciente
libro de Massimo Polidoro (Enigmas y misterios de la historia. Mitos, engaos y fraudes
, trad. de Lara Corts, Barcelona, Crtica, 2014), que en gran parte se basa en el mismo
material que el de Eco, encontramos un parecido tono rgido y aleccionador: La
ciencia debe contrarrestar desde su seriedad la difusin de creencias irracionales y de
teoras pseoudocientficas y antieducativas. Reljense, seores! Al fin y al cabo,
estamos entre adultos presumiblemente ya educados y no parece necesaria tanta
prevencin racionalista en una obra que no aspira a ser otra cosa que un repertorio de
curiosidades o una silva de varia leccin, verdaderamente parecida a esos Imagine
mundi que menciona el propio Eco y que se escriban en la Edad Media, para, segn l,
tratar de satisfacer el gusto por lo maravilloso. Parece innecesario insistir en que,
por ejemplo, el planeta Tierra no es realmente hueco. Sin embargo, el valor del mito de
la Tierra Hueca se encuentra quizs en otro sitio.
Estos mitos tienen significados a menudo muy concretos para nuestra percepcin
psquica de la realidad y, en su forma esencial, la forma que tiende a agruparlos a
todos, que es la del mito del Continente Perdido (en la geografa imaginal de la
angelologa irania descrita por Henry Corbin recibe el nombre del octavo clima o la
tierra de las ciudades de esmeralda), aluden originariamente a una realidad central del
ser humano, a un centro espiritual, interior, aunque, como es lgico, todo el mundo
psquico tienda a proyectarse sobre el exterior. Un lugar de esplendor que despareci,
o al que ya no se puede acceder. Eco, a pesar de su tono mojigato, y de que a menudo
parece tener una mentalidad tan literalista como la de esos nazis buscadores de griales
pero a la inversa, acepta aparentemente, aunque sea de forma tcita, el valor imaginal
(por usar la nomenclatura de Corbin) de estas narraciones, ya que, entre la avalancha
de fragmentos que incluye, hay muchos que apuntan muy claramente en esa direccin,
y unos cuantos especialmente significativos sugieren que algunos de estos mitos, si no
todos, no actan slo como meras alegoras, es decir, como abstracciones intelectuales
susceptibles de ser traducidas en trminos racionales, sino como llaves psquicas que
operan directamente sobre nuestra alma, si se me permite la expresin, por medio de
imgenes.
El Dalai Lama, en un texto citado en la obra, cuando le preguntan por el mtico reino de
Shambhala (para algunos existente bajo la superficie terrestre), lo explica as:
Shambhala es un reino real aunque suprasensible, entre el mundo de los dioses y de
los demonios y de muy difcil acceso, que el asceta slo puede alcanzar [...] a travs de
complejos ejercicios. Y Ren Gunon: Ahora bien, su localizacin en una regin
determinada, debe considerarse literalmente efectiva, o slo simblica, o es a la vez lo
uno y lo otro? A esta cuestin responderemos que, para nosotros, los hechos
geogrficos mismos y tambin los hechos histricos tienen, como todos los dems, un
valor simblico que, por lo dems, evidentemente, no les quita nada de su realidad
propia en tanto que hechos, sino que les confiere, adems de esta realidad inmediata,
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una significacin superior. Y, por ltimo, san Agustn, de su Interpretacin literal del
Gnesis, al hablar sobre el paraso terrenal: Tres son las opiniones ms comunes
sobre este tema. La primera es la de aquellos que quieren entender el Paraso
nicamente en sentido literal; la segunda es la de aquellos que lo entienden
nicamente en sentido alegrico; la tercera es la de aquellos que entienden el
Paraso en ambos sentidos. Agustn prefiere la tercera opcin.
Para Jung, el palacio, la isla, la piedra, el amado y la amada, la flor, son el Amor, la
Flor Mstica del Alma, el Centro, el S-Mismo. Eso podra ser el reino inaccesible, el
octavo clima. Aos despus, en su autobiografa, escribi: El hombre actual ya no es
capaz de crear fbulas. Por ello se le escapan muchas cosas, pero es importante y
saludable hablar tambin de cosas inaccesibles.
Ismael Belda es escritor y crtico literario.
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