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Cabildeanos 1 2 3

Los tres textos discuten temas relacionados con la libertad, el nacionalismo y las diferencias entre hombres y mujeres. El primero argumenta que la verdadera libertad surge de la obediencia a principios más altos. El segundo distingue entre diferentes tipos de nacionalismo. El tercero analiza las diferencias anatómicas y espirituales entre los sexos.

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Los tres textos discuten temas relacionados con la libertad, el nacionalismo y las diferencias entre hombres y mujeres. El primero argumenta que la verdadera libertad surge de la obediencia a principios más altos. El segundo distingue entre diferentes tipos de nacionalismo. El tercero analiza las diferencias anatómicas y espirituales entre los sexos.

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La verdadera libertad es un estado de obediencia.

El hombre se liberta de la corrupcin de la


carne obedeciendo a la razn, se liberta de la materia sujetndose al perfil diamantino de una
forma, se liberta de lo efmero atndose a un estilo, de lo caprichoso adaptndose a los usos;
se liberta de su infecundidad solitaria obedeciendo a la vida y de su misma vida caduca mortal
se liberta, a veces, perdindola en obediencia a aquel que dijo: Yo soy la Vida.
Donde el loco, es esclavo, el preso y el plebeyo dicen: Libertad, el noble dice: Honor,
Belleza, Amor o Sabidura. La mxima libertad nace del mximo rigor, dijo Leonardo da Vinci:
porque el hombre es ms libre a medida que es ms fuerte y la obsesin de la libertad es la
prueba de mxima debilidad que es la debilidad de la mente.
Esa obsesin de la libertad propia de un loco vino a servir maravillosamente a las fuerzas
econmicas que en aquel tiempo se desataron; y al poder del Dinero y de la Usura, que
tambin andaban con la obsesin de que los dejasen en paz. Los dejaron en paz: triunf
sobre el alma y la sangre, la tcnica y la mercadera; y se inaugur en todo el mundo una
poca que nunca se ha hablado tanto de libertad y nunca el hombre ha sido menos libre.
L. Castellani. Cabildo N1, pgina 19.
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Dante en su Monarqua sostiene que la Providencia ha propuesto a los hombres la
consecucin de dos fines: la felicidad de la vida presente y la felicidad de la vida eterna. A
esos fines se llega por medios diversos: al primero llegamos por las enseanzas de los
filsofos y por el cumplimiento de estas, mediante la operacin de las virtudes morales e
intelectuales; al segundo, en cambio, llegamos por los preceptos espirituales, que superan la
razn humana, y por su observancia, por medio de las virtudes teologales, fe, esperanza y
caridad. Por lo cual fue necesario que el hombre tuviera una doble direccin en orden a este
doble fin, a saber la del Sumo Pontfice, que segn la verdad revelada, lleve al gnero
humano a la vida eterna, y la del emperador, que, segn las enseanzas filosficas, conduzca
al gnero humano hacia la felicidad temporal.
Nosotros aqu actuamos en el campo del Csar, signado por las circunstancias de lugar y
tiempo, por las costumbres y tradiciones, por ideologas y realidades, por pasiones y apetitos,
por virtudes y vicios, por egosmos y altruismos. Dentro de ese campo buscamos elaborar un
programa poltico concreto integrado por soluciones a los problemas especficos que aquejan
a nuestra Patria. Por eso rechazamos de plano la adscripcin global a esquemas extranjeros,
algunos durante largo tiempo soportados, otros propuestos ahora por falsos nacionalismos
de izquierda o de derecha.
B. Montejano (hijo). Cabildo N2, pgina 9.
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La juventud no es una poca de la vida, es un estado de conciencia, es una forma de la


voluntad, una cualidad de la imaginacin, es el vigor en las emociones, el predominio del valor
sobre la timidez y del anhelo de aventuras sobre el espritu de comodidad. Nadie envejece por
el mero paso de los aos sino por el abandono de los ideales. Los aos marcan el rostro con
arrugas, pero renunciar al entusiasmo, arruga el alma. La desazn, la duda, la desconfianza
en s mismo, el miedo y la desesperanza, tales son los largos, largos aos, que agachan la
cabeza y hunden en el polvo al espritu que tenda a lo alto. Ya se tenga setenta o diecisis
aos, hay en cada corazn amor por la aventura, dulce asombro por las estrellas, las
maravillas y los pensamientos. Es el invencible asombro como el de los nios- y el regocijo y
el juego de la vida. T eres tan joven como tu Fe y tan viejo como tu duda. Tan joven como la
confianza que pones en tu interior, tan viejo como tus temores. Tan joven como tu esperanza,
tan viejo como tu desesperacin. Mientras tu corazn perciba mensajes de belleza, ame las
alturas, tenga coraje, grandeza y poder llegados de la Tierra, del hombre y de lo Infinito, ser
un corazn joven. Pero cuando hayan cado las murallas de tu nimo y las nieves del
pesimismo y el hielo del cinismo cubran su ms alto baluarte, entonces realmente habrs
envejecido, y habr llegado el momento que Dios se apiade de tu alma.
Gral. D. Mac Arthur. Cabildo N2, pgina 23.
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El ser nacional es lo que no puede ser otra cosa. La cultura es un criterio profundo de
valoracin que puede tenerlo lo mismo el paisano que el universitario. No hay cultura
verdadera si no est integrada entre el folklore y la metafsica. El folklore es la raz y la
metafsica la copa. La metafsica sin folklore carece de arraigo y el folklore sin metafsica
carece de fundamento. Es una cultura decantada por el tiempo hasta hacerse annima, que
lleva el pueblo por tradicin, al margen de las instituciones. Yo soy hispano-americanista. Es
decir estoy por la asimilacin y conservacin de los regionalismos que tienen posibilidades de
universalizarse. Se universalizan dentro del pueblo y en todos los pueblos. As, nuestra
guitarra, nuestra quena y nuestra caja estn presentes de modo anlogo en todos los pueblos.
Mis inclinaciones metafsicas nacen de mi inquietud por lo trascendente, por el misterio.
Porque la poesa es siempre misterio. Si bien hay formas diversas de expresar lo potico,
unas ms claras, otras ms simblicas, en definitiva, sin misterio no hay poesa. Hay un
misterio claro, que es el de la religin y un misterio obscuro, que es el de la supersticin. El
misterio religioso no repugna a la razn sino que la trasciende. En ese caso la razn razona
que hay razones superiores a la razn. El nacionalismo es el patriotismo en accin. No
puedo servir a seor que se me pueda morir.
Fragmentos de la entrevista a R. J. Snchez, el telogo telrico. Cabildo N2, pgina 24-25.
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Se habra podido saber que el gobierno espaol se ofrecera para hacerse cargo de LA
TOTALIDAD DE LA DEUDA EXTERNA ARGENTINA, estimada en seis mil millones de
dlares. Se pretendera as retribuir la actitud argentina respecto de la madre patria en 1946,
cuando esta era objeto del aislamiento mundial.
Seccin Cabildeos. Cabildo N3 (05/07/1973), pgina 8.
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Una triste experiencia nos ensea que el Parlamento es menos malo que la falta de
Parlamento. La revolucin que se hace para voltear a un mal gobierno no alcanza a ser
revolucin. La verdadera revolucin es la que se hace para meter en pretina a una mala
sociedad. El que se deja llevar por delante se expone a que maana lo lleven por detrs.
La eleccin solo es perdonable cuando importa una seleccin. Observemos que ningn
partido incluye en su plataforma el rezo obligatorio del Yo pecador. Eso permite suponer que
ninguna tiene el ms elemental propsito de enmienda. En poltica antes de coincidir con
alguien, hay que ver con quien se coincide.
I. Anzotegui. Cabildo N3, pgina 9.
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No basta entonces hablar de nacionalismo para definir a un nacionalismo. De suyo, este
vocablo no encierra hoy sino el rechazo de toda coyunda de los imperialismos triunfantes, del
de Estados Unidos y del de Rusia. Pero nadie dice de la orientacin vital que se le ha de
imprimir al Estado. Lo cierto es que si lo nacional no se abre a los valores de la Cristiandad,
ha de acabar rindiendo culto a la propia sangre nacionalismo racista-, o a la propia tierra
nacionalismo telrico-, o a la propia clase nacionalismo proletario-.
J. Meinvielle. Cabildo N3, pgina 18.
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El hombre y la mujer estn condicionados en su estructura anmico-corporal por el sexo, y as
como en los seres bien hechos esta situacin se expresa en una anatoma claramente
diferenciada, no deja de manifestarse en los movimientos ms finos y aparentemente ms
asexuados del espritu. Esto indica que el hombre y la mujer son cosas bien distintas del
macho y de la hembra, ya que sus diferencias sexuales no se ligan tan solo a la naturaleza,
sino tambin al espritu, integrndose una y otra dependencia en la unidad de la persona.
En una meditacin sobre el orden sociopoltico no es solo la existencia de tales diferencias
(sexuales) sino la integracin perfectiva que se realiza (entre ellas) en el matrimonio, y que a
travs de l fecunda todo el mbito de la vida social. Una educacin exclusivamente femenina
o masculina impide al sexo cuya preponderancia domina, abrirse a la influencia del otro y lo

cierra sobre s mismo, provocando una suerte de unilateralidad sexual que puede adquirir las
formas aberrantes del homosexualismo. Uno piensa en la misoginia de esos soldados
formados en el ideal de una vida exclusivamente masculina y para quienes se convierten en
obsesin todas aquellas debilidades que considera blanduras del sexo dbil.
La tristeza del mundo miserable que han fabricado los mercaderes reside precisamente en un
predominio de lo estrictamente masculino y en una de sus ms ruines preferencias lgicas: la
lgica de lo econmico. En una sociedad transida por las exigencias de la lgica masculina, la
primera sacrificada es la mujer. No importa que las apariencias engaosas de nuestra
sociedad de consumo presenten como libertades el desarraigo y la ruptura con las
condiciones existenciales del sexo. La realidad es otra y la negacin de una diferenciacin
impuesta por la condicin misma del hombre no har ms que acentuar hasta lo catastrfico
el crecimiento unilateral de nuestra sociedad industrial. Una cosa es la ciencia autentica y otra
la rebelin contra su propia condicin natural que auspicia el impulso revolucionario que
vivimos.
Fragmentos de la entrevista al libro de R. C. Bouchet Sobre las causas del orden poltico.
Cabildo N3, pgina 32-33.
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