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Interacciones de La Biología y La Antropología

Este documento discute las interacciones entre la biología y la antropología. Aborda las relaciones entre la evolución y la creación, argumentando que estos conceptos no son necesariamente antitéticos. Explora cómo los descubrimientos biológicos plantean cuestiones filosóficas y afectan la concepción del hombre. El objetivo es facilitar el diálogo interdisciplinar entre estas áreas y aclarar conceptos básicos que ayuden a los biólogos en su trabajo científico y docente.

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Interacciones de La Biología y La Antropología

Este documento discute las interacciones entre la biología y la antropología. Aborda las relaciones entre la evolución y la creación, argumentando que estos conceptos no son necesariamente antitéticos. Explora cómo los descubrimientos biológicos plantean cuestiones filosóficas y afectan la concepción del hombre. El objetivo es facilitar el diálogo interdisciplinar entre estas áreas y aclarar conceptos básicos que ayuden a los biólogos en su trabajo científico y docente.

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Interacciones de la Biologa y la Antropologa.

Parte I: La evolucin
A. Llano

a) IMPLICACIONES ANTROPOLOGICAS DE LA BIOLOGIA


El panorama cultural de nuestro tiempo viene, en gran parte, caracterizado por la extensin y eficacia de la explicacin cientfica del mundo. Las ciencias
de la naturaleza nos han proporcionado un conocimiento del cosmos que ha desvelado numerosos enigmas y ha permitido mejorar en muchos aspectos
la vida del hombre.

Se ha insistido anteriormente en que el conocimiento cientfico -por extenso y preciso que aparezca ante nosotros- no agota las posibilidades
cognoscitivas del hombre. Hemos visto cmo el nivel de la objetividad cientfica -caracterizado por su universalidad y rigor- hunde sus races en un nivel
cognoscitivo previo: el conocimiento cotidiano del que, de un modo u otro, siempre parten las explicaciones cientficas. Y tambin advertimos que las
explicaciones cientficas se refieren al aspecto emprico de la realidad: tematizan la realidad tal como se manifiesta, tal como aparece en los fenmenos
de la experiencia sensible (alcanzados, muchas veces, por sofisticados instrumentos de observacin). Por eso la Ciencia positiva se distingue de la
Filosofa. La Ciencia se mantiene -por sus propios imperativos metodolgicos- en el plano fenomnico. No pretende estudiar la realidad tal como es en s
misma, sino slo como aparece ante nosotros. Por ejemplo, la Fsica no se pregunta: qu es la materia?; se limita -y no es poco- a investigar las leyes
que rigen el movimiento o la accin de los cuerpos materiales. Por su parte, la Biologa tampoco se interroga por el ser o la esencia de los organismos
vivos; se preocupa, ms bien, por descubrir las leyes a las que estn sometidos los cuerpos vivos, los fenmenos vitales. En cambio, la Filosofa es el
conocimiento que trata precisamente acerca del ser de todas estas realidades. Se cuestiona qu es en s misma la materia, cul es la esencia de la vida,
en qu consiste ser hombre, etc. Por eso decimos que el mbito de objetividad propio de la Filosofa es el nivel ontolgico. "Ontolgico" significa lo
concerniente a la inteligibilidad de lo real (on-ontos es una palabra griega cuyo sentido es precisamente ser).

Tambin sabemos ya que el intento de reducir todo el conocimiento humano al que nos proporcionan las Ciencias positivas es un reduccionismo. Todo
reduccionismo consiste en tomar la parte por el todo: en decir "esto no es ms que...". A ese ilegtimo estrechamiento del conocimiento humano se le
llama cientificismo. En los ambientes filosficos y cientficos serios y avanzados, el cientificismo positivista est hoy completamente abandonado. Pero
an permanece -e incluso se extiende- el cientificismo como ideologa, es decir, como concepcin del mundo que pretende ser cientfica, pero que -en
realidad- no es sino un conjunto de valoraciones, representaciones y mitos, al servicio de inconfesados intereses de dominio.

La superacin del absolutismo cientificista nos abre el camino para ampliar el horizonte de nuestro saber. Es, desde luego, muy beneficiosa para la
propia investigacin cientfica, que se aparta de los dogmatismos ideolgicos y adquiere conciencia de su alcance y de sus lmites. Y esta superacin es
indispensable para avanzar hacia una concepcin filosfica del mundo y del hombre que sea rigurosa y est a la altura de nuestro tiempo.

Pero -supuesto que hayamos superado el cientificismo- no todo est hecho: es condicin necesaria, pero no suficiente. Porque, al distinguir la Ciencias
de la Filosofa, puede suceder -y sucede de hecho con mucha frecuencia- que las separemos. No es lo mismo distinguir que separar. Hay que distinguir,
pero no para separar, sino para unir, para buscar sntesis culturales que nos ayuden a orientarnos en el mundo y a tener una idea ms cierta y cabal de
la entera realidad y, especialmente, del hombre.

Por distintas que sean, la Ciencia y la Filosofa no estn -no deben estar- separadas. En realidad, entre ambos niveles de conocimiento hay constantes
interacciones. Por un lado, la propia Ciencia echa mano continuamente de nociones filosficas: causa, efecto, finalidad, existencia, etc. La Historia de la
Ciencia nos muestra cmo muchos descubrimientos cientficos tienen en su base problemas filosficos o "intuiciones" filosficas. Sin necesidad de
remontarnos a Galileo o a Newton, baste con recordar la teora general de la relatividad de Einstein o el principio de incertidumbre de Heisenberg. Mas,
por otro lado, la Filosofa tampoco puede prescindir de la Ciencia: no puede pretender limitarse ingenuamente al solo conocimiento cotidiano. De hecho,
los resultados de la Ciencia y la propia investigacin cientfica plantean al filsofo cuestiones de gran inters y problemas que no puede dejar de
plantearse e intentar resolver.

Estas interacciones entre Ciencia y Filosofa requieren un enfoque interdisciplinar. Ante el actual astillamiento del panorama del saber, se impone
avanzar hacia nuevas sntesis, en las que se intente disear modelos conceptuales ms amplios y comprensivos, en los que se integren los
descubrimientos cientficos y las interpretaciones filosficas. Los obstculos que se presentan ante este empeo son patentes. No es el menor de ellos la
diversidad de los lenguajes, que ha conducido a lo que el Profesor Polo ha llamado "babelizacin intelectual". Los filsofos no entienden la terminologa
"tcnica" de los cientficos, y los cientficos no acaban de comprender a qu se refieren las "abstracciones" de los filsofos. Pero hay que saber convertir
las dificultades en nuevas oportunidades de accin. Para entablar un fecundo dilogo interdisciplinar, ambas partes han de ponerse en claro "aclararse"- acerca de lo que estn haciendo. Y buscar puntos de encuentro, que suelen hallarse en las nociones bsicas que utilizan los propios
cientficos y que tienen una indudable relevancia filosfica: materia, vida, finalidad, verdad, lenguaje, informacin, etc. As lo estn haciendo ya en las
mejores universidades del mundo.

La necesidad de este encuentro es especialmente interesante y urgente en el campo de las interacciones entre Biologa y Antropologa. Por una parte, la
Biologa es quizs hoy la Ciencia ms dinmica, en la que estn aconteciendo las innovaciones ms importantes. Estos descubrimientos plantean
cuestiones filosficas de gran alcance. Es evidente que as sucede en el mbito de la Biotica y de la Etica de la investigacin biolgica. Pero, ms en el
fondo, los actuales avances de la Biologa afectan a la concepcin filosfica del hombre, es decir, a la Antropologa. Para "hacerse una idea" de s mismo,
el hombre actual no puede prescindir de la Biologa. Y la propia Biologa -en muchos de sus mbitos- precisa de una fundamentacin antropolgica
cabal.

Tal es el campo en el que se van a mover las consideraciones siguientes. En ellas, naturalmente, no se pretende tratar de todas esas interacciones, ni
resolver los arduos problemas tericos y prcticos que este encuentro plantea. Se trata, ms bien, de aclarar algunas cuestiones bsicas que faciliten el
dilogo interdisciplinar y el propio trabajo cientfico y docente de los futuros bilogos.

Vamos a centrar nuestros anlisis en los puntos donde se concentran los problemas ms arduos: la evolucin y la distincin entre conducta humana y
conducta animal. Ambas cuestiones estn, a su vez, interconectadas y no es fcil discernirlas. Pero iremos paso por paso. En primer lugar, nos
ocuparemos de un tema bsico, que trasciende incluso el objeto de la Antropologa, porque es propio de la Metafsica, o sea, del estudio de la realidad
en s misma considerada o, como dicen los filsofos, del ser en cuanto ser. Se trata de las relaciones entre el concepto de evolucin y el concepto de
creacin.

b) EVOLUCION Y CREACION
Parece, de entrada, que evolucin y creacin constituyen conceptos antitticos. O se es evolucionista, o se es creacionista. O se piensa que el mundo, la
vida y el hombre surgen de un proceso evolutivo, o se cree que proceden de la accin creadora de Dios. Es una cuestin que divide los espritus desde
hace mucho tiempo; y que ha vuelto a cobrar gran actualidad por la polmica que se desarrolla, especialmente en los Estados Unidos, entre
"evolucionistas" y "creacionistas", incluso con repercusiones pedaggicas y polticas.

Como todas las grandes polmicas, tiene una base real, responde a un autntico problema. Pero tambin, como suele suceder con ese tipo de
discusiones que apasionan a las gentes, hay en ella demasiadas confusiones y malentendidos. Adelantemos ya que, bien entendidas, las nociones de

creacin y de evolucin no se excluyen mutuamente. Aunque haya un tipo de "evolucionismo" que es incompatible con la admisin de la creacin, y un
tipo de "creacionismo" que es incompatible con la aceptacin de la evolucin.

Nocin de creacin

Pasemos, en primer lugar, a precisar la nocin de creacin. Lo primero que hay que decir de ella es que no se trata slo de una idea religiosa, objeto
exclusivo de una creencia. Ciertamente, se trata de una nocin bblica, que los judos, musulmanes y cristianos aceptan como una verdad revelada. Pero
tambin se trata de una nocin metafsica; y la Metafsica es una ciencia estrictamente racional. Por lo tanto -y con independencia de si se admite o no
por una fe religiosa- la creacin es racionalmente demostrable.

No es ste el momento de intentar desarrollar la demostracin estricta de la creacin, tal como la estudian los filsofos. Baste con apuntar que el mundo
tiene que ser creado porque es un conjunto de realidades finitas, limitadas, que no tienen en s mismas su razn de ser. Por sorprendente que parezca,
lo cierto es que el mundo -el entero conjunto de realidades limitadas- no tiene en s mismo la explicacin ltima de su existencia. Este es un claro
ejemplo de la distincin entre explicacin cientfica y explicacin filosfica. Cada uno de los fenmenos csmicos puede quiz explicarse por una ley
cientfica que lo remite a fenmenos anteriores. Pero as no se explica el porqu de su realidad misma, la causa ltima que da cuenta de su ser. Pues
bien, esa causa definitiva no puede ser ninguna realidad finita, porque ninguna es el ser, sino que todas participan en el ser. Si una de esas realidades
fuera el ser, en lugar de tenerlo limitadamente, de participar en l, sera el Ser mismo y, por lo tanto, ilimitada y autosuficiente. Y ninguna de las cosas
de este mundo es de esa ndole. La Causa ltima de todas y cada una de las realidades mundanas tiene que ser un Ser absoluto y trascendente al
mundo, una suprema realidad extramundana. Esta explicacin metafsica puede parecer difcil pero, en cualquier caso, es inevitable. Si no aceptamos un
Absoluto trascendente, hemos de suponer que el propio mundo es absoluto, que da razn de s mismo; y eso equivale a divinizar al mundo, a convertir
lo finito en infinito. Como deca Jaspers, cuando se suprime el Absoluto, otro absoluto viene enseguida a ocupar su puesto. Si se quiere evitar la
Metafsica, se cae en el Mito, ms o menos ilustrado.

Pero no nos extendamos en este tipo de consideraciones, que nos apartaran de nuestro propsito. Lo que ahora nos interesa es precisar esta nocin
metafsica de creacin, justamente para aclarar que no es incompatible con la nocin cientfica de evolucin.

La creacin es la produccin de la realidad "ex nihilo", es decir de la nada. Pero, qu significa aqu "de la nada"? No puede significar que "la nada" es
una suerte de material, a partir del cual se hace el mundo. Precisamente se quiere decir todo lo contrario: que no hay material previo alguno. Crear es
producir algo de nada, es decir, sin partir de ninguna materia previa. La creacin no es una transformacin, sino una absoluta innovacin. La accin de
crear no es la elaboracin de algo pre-existente: es una produccin radical, un rendimiento puro.

Esto parece obvio. Pero ya no lo son tanto algunas de las consecuencias que se deducen rigurosamente de esta nocin de creacin. Es importante
retener el carcter absoluto de la negacin de una materia preexistente. Qu haba antes de la creacin? Nada. Parece, entonces, que antes haba nada
y despus algo. Pero esto es claramente engaoso: justamente porque no haba nada, no se puede hablar de un "antes" y un "despus" de la creacin.
No hay un "antes de la creacin" ni un "despus de la creacin".

La creacin no es un movimiento: es una emergencia absoluta, un surgimiento originario. Por eso no es un "acontecimiento" que se d en el tiempo.
Para que haya tiempo tiene que haber movimiento: un "antes" y un "despus". Y eso es lo que no hay en la creacin. Propiamente hablando, la creacin
no es un hecho. Esto no quiere decir que no sea real, sino que no es un evento que sucedi en algn momento y despus dej de acontecer. No se
puede entender la creacin como una especie de inicial "arrojamiento" a la existencia de las cosas, que despus continuaran siendo, abandonadas a su
suerte, por una especie de inercia ontolgica.

No. La creacin es algo mucho ms profundo y real que un hecho. Es la situacin estable de dependencia de las criaturas respecto a su Creador. Es la
condicin metafsica de lo creado, en cuanto que es mantenido en el ser por la Causa originaria. Por eso la creacin es tan real y actual hoy como en el
primer da del Gnesis.

Los cristianos sabemos, por el relato bblico, que hubo un principio del tiempo, que el mundo comenz a ser, es decir, que no es eterno. Pero no sera
contradictoria -segn Toms de Aquino- que el mundo creado fuera eterno. Porque, para que el mundo sea creado, no es necesario que tenga un
comienzo, sino que -por as decirlo- "basta" con que sea finito. Lo que nos interesa con esta observacin es insistir en que la creacin no es un
acontecimiento temporal, ni siquiera en el caso -cierto- de que el mundo haya tenido un comienzo temporal.

Como es bien sabido, en la actualidad los cosmlogos aceptan la hiptesis de la "gran explosin" (el "Big Bang"), como posible "acontecimiento" inicial
del universo. Desde luego, parece que nuestro mundo fsico no es eterno, e incluso se puede aventurar que tiene 15.000 millones de aos. Los llamados
"ultra-creacionistas" ven en estas hiptesis cientficas una pretendida demostracin del "hecho" de la creacin. Sin negar que la Cosmologa actual es
muy coherente con la Metafsica creacionista, no cabe confundir los dos planos, porque -como seala el astrofsico Hubert Reeves- es preciso distinguir
entre la existencia ontolgica del universo y los diversos mecanismos posibles de su emergencia. La Fsica se mueve en el plano del cmo, mientras
que, segn vimos, la Metafsica indaga el porqu radical. Entre otras cosas, no se puede demostrar fsicamente que el "Big Bang" no estuviera precedido
por una situacin csmica previa. Como ha dicho Stanley Jaki, "la Ciencia fsica o la Cosmologa cientfica es absolutamente impotente para mostrar que
cualquier estado de las interacciones materiales no es reducible a un estado previo, aunque sea hipottico. Si la Ciencia es impotente en esta cuestin
puramente cientfica, lo es aun ms con respecto a un problema mucho ms profundo, de naturaleza muy diferente, a saber, que un estado fsico dado
pueda deber su existencia a un acto directamente creativo, que trajo ese estado fsico al ser desde la nada". (1)

Esta observacin nos sita ya ms directamente en nuestro campo temtico. Porque lo que cabe decir de las teoras cosmolgicas se aplica con mayor
razn a las teoras acerca de la evolucin. En la medida en que son hiptesis cientficas, las teoras evolucionistas no pueden afirmar ni negar nada
respecto a la creacin del mundo, por la fundamental razn de que se mueven en un plano objetivo diverso. La cuestin de la evolucin concierne a los
mecanismos de cambio del mundo fsico y, ms en concreto, de los organismos biolgicos. Se ocupa del devenir del mundo, no de su ser. De esto
ltimo trata la Metafsica, la cual nos advierte justamente que la creacin no es un evento que pudiera ser registrado por medio de la experiencia
sensible.

La evolucin slo entra en conflicto con la creacin cuando se formula desde un evolucionismo radical, desde un transformismo universal, que no es una
teora cientfica sino una ideologa materialista. El evolucionismo ideolgico extrapola el postulado fsico de que "nada se crea ni se destruye sino que
slo se transforma", y lo transfiere a la realidad en cuanto tal, es decir, lo convierte en una tosca tesis metafsica. Segn esta "concepcin cientfica del
mundo", nada hay que no sea material y, por lo tanto, la materia tiene que dar cuenta de s misma y de sus propias transformaciones, las cuales -no se
sabra por qu- conducen de lo indeterminado a lo determinado, de lo imperfecto a lo perfecto, segn una presunta ley del progreso universal y total.

Una concepcin as excluye, desde luego, la creacin y, de paso, toda concepcin filosfica mnimamente inteligible, porque poner la materia
indeterminada como causa de todo -e incluso de s misma- no tiene sentido racional alguno.

Pero tambin cabe la postura opuesta, "creacionista" a ultranza, segn la cual el carcter creado del cosmos excluira toda evolucin. Se trata de una
posicin que tampoco es metafsicamente sostenible. Tambin en ella se confunde el plano del ser con el del devenir. Y por eso se piensa que toda
innovacin en el devenir tiene que ser una innovacin en el ser, que requerira una intervencin especial de la Causa creadora. Cada nuevo estadio del
universo fsico, toda aparicin de una especie biolgica nueva, toda autntica novedad, habra que explicarla apelando a la Causa creadora. No se tiene
en cuenta que la existencia y la accin de una Causa primera no excluye -sino que fundamenta- la existencia y la accin de las causas segundas, que
son los principios del devenir.

Claro aparece que las cosas no pueden ser as. Las cosas creadas no son trozos informes de materia que, para cambiar, requirieran constantes
intervenciones divinas. La creacin -insistamos en ello- no es un acontecimiento, no es un "factum" que tuviera que repetirse. Por su propia ndole
metafsica, la creacin incluye la conservacin en el ser de las cosas creadas. Los filsofos dicen -con razn- que entre creacin y conservacin slo hay

una distincin de razn: es decir, que realmente son lo mismo, pero que al decir "creacin" pensamos ms bien en el surgimiento originario, mientras
que al decir "conservacin" aludimos preferentemente a la estabilidad de lo creado. La conservacin de las cosas en el ser no es -como pensaba
Descartes- una especie de "creacin continuada": es simplemente la creacin de cosas que, tambin por su propia ndole, "continan" existiendo a lo
largo del tiempo.

Para las cosas materiales, continuar existiendo en el tiempo equivale a moverse, a cambiar de continuo o, si se prefiere, a evolucionar. Es impensable
una realidad material inmvil. Por lo tanto, la creacin de cosas materiales no excluye la mutacin o evolucin de estas mismas cosas; por el contrario:
la exige. La creacin tiene que ser necesariamente creacin evolutiva; bien entendido que con ello designamos algo muy distinto de la evolucin
creadora de los transformistas radicales. Hablar de "evolucion creadora" equivale a transferir a las cosas finitas una capacidad autocreadora que es
racionalmente inadmisible. En cambio, "creacin evolutiva" es una expresin que apunta al carcter dinmico de toda cosa creada y, en especial, a la
mutabilidad de las realidades materiales, por obra de las causas segundas.

Nocin de evolucin

Ahora bien, parece que el trmino "evolucin" dice algo ms que "movimiento" o "cambio". En efecto: evolucin es un cambio con un determinado
sentido. Y queda connotado tambin el matiz de que ese sentido es perfectivo, que se pasa a algo de algn modo mejor. Pues bien, si se tiene esto en
cuenta se ha de mantener todava con mayor fundamento esa compatibilidad entre creacin y evolucin que viene evocada por la expresin "creacin
evolutiva". Porque, como antes se apuntaba, esas realidades creadas por Dios no pueden carecer de sentido. Tienen que haber sido creadas para algo y
, por lo tanto, estar intrnsecamente dotadas de finalidad. Aunque sera ms largo de mostrar pormenorizadamente (2), fcilmente se comprende que
toda realidad creada ha de estar finalizada, plena de sentido, encaminada intrnsecamente hacia su realizacin perfectiva.

En el plano del devenir, ese dinamismo perfectivo -esa evolucin- corre por cuenta de las causas segundas, es decir, de las mismas realidades creadas,
que son realmente capaces de operaciones propias, por medio de las cuales se "realizan". Y, a su vez, ese devenir fsico est metafsicamente
fundamentado en una creacin que no slo conserva, sino que -al proceder de una Inteligencia suprema- tambin gobierna y ordena. Es la idea
metafsica de providencia que -a su vez- se demuestra por la existencia de un orden inteligible en el mundo.

De nuevo aqu puede parecer que se da una contraposicin. Porque la idea de evolucin evoca que el proceso del devenir csmico es completamente
autnomo, mientras que la nocin de providencia suscita la representacin de intervenciones ocasionales o contnuas de Dios en las cosas de este
mundo. Y de nuevo se observa que la presunta incompatibilidad slo responde al respectivo malentendimiento de ambas nociones. Que la evolucin -si
tal es el caso- explique cientficamente el despliegue del mundo, no equivale en modo alguno a la absoluta autonoma o completa independencia
ontolgica de tales procesos. De modo complementario, es preciso decir que la providencia es una nocin metafsica -un aspecto de la misma accin
creadora- que no se entrecruza con las causas fsicas ni interfiere en su curso, como si se encontrara en el mismo plano que ellas. La providencia -que
es muy real- no es un hecho, ni se detecta en la experiencia emprica: no entra en "competencia" con la evolucin.

Creacin-evolucin

Dando un paso ms, podemos afirmar que -lejos de contraponerse- la nocin metafsica de una creacin providente y la idea fsica de una evolucin
cosmolgica se exigen mutuamente, aunque -obviamente- no de manera simtrica. Por un lado, si hay una evolucin cosmolgica y biolgica con
sentido, es preciso remitirse- para explicarla radicalmente, es decir, metafsicamente- a una Inteligencia creadora. Y, a su vez, esta Inteligencia
creadora, si bien ha creado el mundo libremente, es preciso que haya creado un mundo ordenado a un fin y, por lo tanto, dotado de sentido.

En la visin de las cosas que as resulta, no se puede pensar tampoco que primero es la creacin y despus la evolucin. Porque ya sabemos que la
creacin es estrictamente contempornea con todas las fases o momentos del proceso evolutivo. Lo que realmente hay es una creacin -como situacin
metafsica estable- de cosas materiales que evolucionan precisamente porque han sido creadas con sentido y finalidad, y estn -por tanto- guiadas por
una sabia providencia ordenadora. Rechazamos, por consiguiente, dos posturas extremas, que no logran pensar adecuadamente esta articulacin entre
creacin y evolucin.

Por una parte, el "ultra-creacionismo" toma la Causa creadora -que es una Causa metafsica o trascendental- como si fuera una causa fsica, y pretende
hacerla intervenir en algunos momentos del proceso evolutivo. Ya hemos visto los defectos conceptuales de fondo que conlleva esta actitud. Sin
embargo, no cabe excluir por principio una intervencin especial de la causa creadora, que produjera una radical innovacin, metafsicamente
inexplicable por el propio proceso evolutivo. Se podra discutir si ste es el caso de la aparicin de la vida. Por un lado, es indudable que el surgimiento
de seres vivos representa una importante innovacin organizativa y funcional; mas, por otro, no parece imposible dar una explicacin fsica del origen
de los organismos vivientes a partir de una materia inerte, por la fundamental razn de que se trata de entidades estrictamente intramundanas. En
cambio, el origen del hombre requiere otro tratamiento, precisamente porque la persona humana no es una realidad totalmente intramundana, sino que
posee capacidades -su inteligencia y su libertad- que trascienden la materia. As pues, en el caso del hombre tenemos serios motivos para pensar que no slo en la aparicin de la especie humana, sino en la de cada hombre singular- ha de haber una especial intervencin de la Causa creadora. Pero,
para llegar a esta conclusin, hemos de recorrer an un largo camino.

Por otra parte, tampoco resulta admisible el evolucionismo ideolgico, que postula una autognesis transformista y universal de la materia: una especie
de evolucin creadora. Al rechazar toda causacin trascendental, toda creacin conservadora y providente, este evolucionismo materialista -con el que
se confunde no pocas veces el propio concepto de evolucin- se ve abocado a optar entre el reduccionismo y el preformacionismo para dar cuenta de la
aparicin de realidades nuevas. El reduccionismo, como ya sabemos, consiste en mantener que lo nuevo no es ms que las condiciones iniciales de las
que surge. Al mantener esto, el reduccionismo se convierte fcilmente en su postura antittica -el preformacionismo- para la que propiamente no hay
nada nuevo, porque todo estaba ya antes preformado. Una tercera postura, mantenida ms recientemente (3), es el llamado fulguracionismo, para el
que los cambios estructurales -sin introducir ningn elemento nuevo- producen "fulguraciones", emergencias de cosas nuevas, sin necesidad de recurrir
en modo alguno a la Causa trascendental. Como ha mostrado Reinhard Lw (4), estas variantes del evolucionismo fracasan en su intento de dar cuenta
de lo nuevo y, paradjicamente, conducen a una visin esttica del mundo.

Teleologa del mundo fsico

El fallo conceptual bsico -comn, por lo dems, a ambas visiones extremas- es el olvido de la ndole teleolgica del mundo fsico. Segn esta
concepcin finalista, las cosas del mundo fsico no se agotan en su mera facticidad, en su realidad bruta o mostrenca, sino que poseen una interna
inteligibilidad: un sentido que se manifiesta en que su funcin no es arbitraria o casual, sino que est intrnsecamente orientada hacia la consecucin de
una finalidad. Al entender as las cosas, se evitan las confusiones y crispaciones, tanto del "ultra-creacionismo" como del evolucionismo reduccionista. La
aparicin de lo nuevo slo constituye un problema insalvable para la concepcin mecanicista del cosmos, segn la cual toda la realidad fsica se agota en
la materia informal y en las leyes mecnicas de su movimiento. En cambio, el finalismo -la visin teleolgica del mundo- entiende que las cosas fsicas
no son informes fragmentos de materia, sino que estn dotadas de una naturaleza. La naturaleza de las cosas fsicas no es un misterioso principio
oculto en ellas -algo as como la "entelequia" de los neovitalistas-, sino que es su interna estructura formal, por la que son capaces de funciones
propias, dirigidas a un fin propio, es decir, natural.

Otra cosa es que conozcamos, en cada caso, cul es esa naturaleza y cul es precisamente su fn. La trivializacin del finalismo -su presentacin
simplista como una explicacin fsica- le vali el rechazo del mecanicismo moderno bajo la acusacin de antropomorfismo, es decir, de atribuir a las
realidades fsicas o biolgicas algn tipo de "intenciones" que slo el hombre puede tener. Pero nada de eso propone la concepcin teleolgica. Sobre
todo, porque no es una teora para proporcionar explicaciones fsicas concretas, sino una concepcin metafsica del mundo y del hombre, para la cual
toda realidad es inteligible y est dotada de sentido, aunque no siempre sepamos concretamente en qu consiste esa naturaleza que confiere a cada
cosa su fin propio.

El rechazo de la teleologa por parte del mecanicismo moderno ha visto ya su agotamiento histrico. La Ciencia actual es ms sensible al reconocimiento
del alcance y los lmites de sus explicaciones empricas. Y, justo por ello, est ms abierta a la interaccin con una Metafsica finalista que no pretenda

aportar, a su vez, explicaciones fsicas, sino que ofrezca un marco comprensivo -un horizonte de inteligibilidad superior- para las propias explicaciones
fsicas y biolgicas.

El concepto teleolgico de naturaleza permite entender la aparicin de lo nuevo como una actualizacin de potencialidades ordenadas a un fin. A
diferencia del mecanicismo, no entiende la realidad fsica como un tejido indiferenciado, sino como un orden diferenciado, cuyo ltimo sentido y finalidad
le viene dado por una Inteligencia trascendente. Lo nuevo no se reduce a las condiciones iniciales, ni est preformado en ellas. Tampoco debe
postularse para su surgimiento la intervencin especial de la Causa creadora. Lo nuevo tiene su origen en ese principio de operaciones que es la
naturaleza de las cosas: su estructura ontolgica, gracias a la cual son capaces de innovaciones congruentes con su propia manera de ser. Ese
planteamiento actual que llambamos fulguracionismo es el que ms se acerca a este enfoque estructural y dinmico. Pero, por prejuicios positivistas,
se mantiene en un tratamiento sistmico cerrado, que tambin acaba por remitir las nuevas estructuras a su emergencia desde condiciones materiales
iniciales. En cambio, el naturalismo teleolgico es capaz de acoger esas innovaciones emergentes -esas fulguraciones- que se producen en el mundo
fsico, precisamente porque lo concibe como un conjunto ordenado de realidades capaces de autnticas acciones innovadoras. Slo as -desde una
concepcin metafsica de la creacin evolutiva y teleolgica- se puede entender adecuadamente el significado de la evolucin biolgica.

c) AZAR Y NECESIDAD EN LA EVOLUCION BIOLOGICA


En el apartado anterior ha sido preciso realizar algunas incursiones filosficas, que quiz en algn momento no han sido fciles de seguir. Pero su
resultado general resulta muy til para nuestro propsito. Por de pronto, es de esperar que hayan contribuido a disolver el equvoco que lleva a
establecer una contraposicin entre creacin y evolucin. Pero, sobre todo, nos habrn abierto a una concepcin filosfica del mundo fsico que
constituye un marco apto para pensar rigurosamente los presupuestos conceptuales de la teora de la evolucin.

Es indudable -casi nadie lo niega hoy- que la teora de la evolucin propuesta por Charles Darwin ha desempeado el papel de un positivo y muy activo
catalizador de la investigacin biolgica. Pero esto no puede hacernos olvidar que el evolucionismo darwinista se propuso -y, sobre todo, se interpret
ideolgicamente- desde una concepcin mecanicista y materialista del mundo, lo que llev a muchos de sus seguidores a un transformismo universal
opuesto a la metafsica creacionista y al reconocimiento del puesto nico del hombre en el cosmos.

La clave para entender los fallos conceptuales del darwinismo se halla en su rechazo de la nocin de naturaleza y, por lo tanto, en su olvido de la ndole
teleolgica de la realidad fsica, especialmente de los organismos vivos. La imagen darwinista del cosmos es, en ltimo trmino, la de una trama
material fundamentalmente indiferenciada, en la que la especie biolgica no es una realidad estable y definida. Por eso su idea de evolucin es,
bsicamente, la de una transformacin o mutacin de una materia homognea. Darwin entiende la evolucin biolgica como descendencia, es decir,
como transformacin sucesiva de un tipo de individuo orgnico en otro tipo de individuo orgnico. Pero, por de pronto, no es preciso entender as el
origen de los organismos vivos. Nadie dice que un hijo "desciende" de sus padres: mas bin decimos que ha sido generado por ellos. No se trata de un
simple matiz semntico. La idea de generacin lleva consigo el convencimiento de que los organismos vivos son capaces de acciones propias, de
acuerdo con su naturaleza. En cambio, la idea de descendencia parece implicar que se entiende el surgimiento de organismos nuevos como mero
producto de un proceso transformador de una configuracin material en otra, por obra de causas externas. Entre ambas concepciones media la distancia
que separa al naturalismo teleolgico del mecanicismo materialista.

Insistamos en que no se discuten aqu los indudables mritos estrictamente cientficos de Charles Darwin y algunos de sus seguidores. Se trata, mas
bien, de la concepcin filosfica del mundo que est en la base del darwinismo clsico. La cuestin es de gran trascendencia cultural, porque ese tipo de
concepcin evolucionista ha impregnado muy extensa y profundamente la mentalidad contempornea; y no slo en el campo de la Biologa, sino
tambin en el de la Antropologa, la Economa y la Sociologa (al final de estas reflexiones, nos ocuparemos brevemente de la Sociobiologa actual, que
constituye una muestra clara de lo que aqu se quiere sugerir)

Cuando Darwin publica en 1859 su libro "El origen de las especies", recogi la idea transformista que Lamarck haba ya expuesto en su "Filosofa
zoolgica" de 1809. Segn Lamarck, los organismos vivientes han surgido por un proceso de evolucin, en el que unas especies se han transformado en
otras diferentes. El mecanismo que Lamarck postula para explicar este proceso es la herencia de los caracteres adquiridos por los seres vivos, al
intentar adaptarse al medio en el que viven. La acumulacin de cambios sucesivos acabara por dar lugar a una mutacin de la propia especie. Por su
parte, Darwin recoge de Lamarck la concepcin transformista, pero propone otro mecanismo para la formacin de especies nuevas: la seleccin natural
en la lucha por la vida (5). Aunque -a diferencia de Lamarck- Darwin mantiene que las mutaciones tienen origen intrnseco, sostiene que no responden a
leyes necesarias, sino que son azarosas. En rigor, es un factor externo -la seleccin natural en una poblacin limitada por un medio- la que impone la
pervivencia de los ms aptos. Por eso fue inevitable que el Darwinismo diera la impresin de que propona una completa cosmovisin, de la que
quedaba excluda toda referencia a lo trascendente. "La razn de que las ideas de Darwin causaran semejante conmocin cuando se anunciaron por vez
primera, fue que presentaban el mundo viviente como un mundo de azar, gobernado por fuerzas materiales, en lugar de presentarlo como un mundo
gobernado por un plan divino. Sustituan la necesidad por el azar. Trasladaban la evolucin, de lo metafsico a lo natural" (6). Ya sabemos que, de suyo,
evolucin y creacin no son incompatibles. Pero no es posible conjugar una concepcin teleolgica del cosmos con otra que pone en el azar material la
causa principal de su despliegue.

Entendmonos. La metafsica finalista -por ejemplo, la aristotlica- no excluye la presencia del azar, pero siempre lo coordina y lo subordina a las leyes
naturales que rigen el despliegue de la materia viva con una necesidad finalista. Tampoco el darwinismo excluye toda ley necesaria, pero incluso este
factor de necesidad lo entiende de manera mecnica y ateleolgica. En rigor, si se suprime la finalidad, el azar y la necesidad terminan por coincidir, ya
que todos los procesos tendran una ndole mecnico-material. Un mundo dominado por el azar sera del todo necesario, en el sentido de una necesidad
mecnica. Esta convergencia entre azar y necesidad es la que -a su modo- vislumbr certeramente Jacques Monod en su ya famoso libro.

Desde su formulacin inicial, el darwinismo fue objeto de una dursima polmica, en la que se dieron cita motivos ideolgicos y explicaciones cientficas
(7). Pero el acontecimiento cientfico que vendra a cuestionar ms seriamente el planteamiento darwinista fu el surgimiento de la Gentica moderna
por obra de Gregor Mendel. Aunque Mendel dio a conocer sus experiencias en 1866, su difusin no sobrevino hasta que en 1900, de Vries, Correns y
Tschermak expusieron teoras genticas que venan a coincidir con las de Mendel. Segn estos planteamientos, los caracteres genticos tienen una
ndole estable y se transmiten de un organismo a otro por mecanismos que son independientes del ambiente y del soma. La reciente Biologa molecular,
adems, descubri que los mecanismos de la herencia se hallan en el nivel de los genes, en la estructura de la molcula del DNA. Slo en ellos se
encuentran las posibilidades de cambios hereditarios. Cada vez ms, esos mecanismos genticos estn siendo explicados por rigurosas leyes
bioqumicas.

Advirtamos que, frente a las generalizaciones darwinistas, las investigaciones genticas tienen la ndole de estrictas explicaciones cientficas. Pero lo que
ahora nos interesa ms es destacar que el enfoque gentico y bioqumico ya no responde a una concepcin indiferenciada de la materia viva como la
que propona el mecanicismo materialista, sino que recupera -en el nivel fenomnico- la idea de forma, que en ltimo anlisis, es perfectamente
compatible con la nocin de naturaleza. Lo que domina ya no es el azar ms o menos necesitarista. Reaparece la idea de leyes de cambio que no
excluyen, e incluso reclaman, una visin finalista del cosmos.

Como es bien sabido, el darwinismo -que continu su curso, intentando argumentar con descubrimientos paleontolgicos, que mostraran la existencia
de series continuas de organismos- se replantea hacia 1930, incorporando la Gentica al esquema del evolucionismo transformista, dando as origen a lo
que se llam neodarwinismo y hoy se conoce por "teora sinttica de la evolucin" (8). Lo que esta teora prentende sintetizar es justamente la Gentica
con la idea darwinista de la seleccin natural. El neodarwinismo comienza a reconocer que no todos los cambios genticos son azarosos y admite que,
por lo general, son biolgicamente inviables e incluso letales para el organismo. Pero sostiene que la acumulacin gradual de mutaciones genticas
azarosas puede dar lugar a nuevas configuraciones biolgicas que se adapten favorablemente a un ambiente determinado. Es precisamente ese
ambiente el que selecciona un determinado carcter. Para que ese carcter resulte transmisible, es preciso que sea acogido por la poblacin de la
especie correspondiente que habite en el mismo ambiente ecolgico. Se supone, pues, que tales cambios se producen con una frecuencia suficiente en
una determinada poblacin, de manera que se establece una barrera reproductora con los individuos de la poblacin anterior y acaba por surgir una
nueva poblacin dominante que finalmente se impone.

As caracterizan dos cualificados neodarwinistas esta teora sinttica: "La evolucin tiene lugar por seleccin natural de las diferencias hereditarias que
surgen aleatoriamente en cada generacin, de manera que aquellas que confieren a sus portadores una mayor adaptacin al medio se multiplicarn y,

las perjudiciales, se eliminarn. Al igual que el darwinismo, la teora sinttica pone de relieve la naturaleza oportunista de la evolucin por seleccin
natural, en cuanto que las diferencias aludidas se generan por azar y son seleccionadas en respuesta a las exigencias del medio, y, por otra parte,
postula la condicin gradual de este proceso" (9).

No nos corresponde entrar ahora en una discusin detallada del conjunto de hiptesis que el neodarwinismo pretende sintetizar. Conviene, con todo,
recordar que la conjugacin de cambios microevolutivos graduales con el contexto macroevolutivo de una poblacin en un ambiente determinado, ha
sido seriamente cuestionada por los planteamientos de los paleontlogos Gould y Eldrege, los cuales, desde 1972, han discutido la existencia de los
estadios intermedios -los famosos "eslabones"- que siguen siendo postulados por el neodarwinismo para explicar el trnsito gradual de una especie a
otra. Segn estos autores, lo que se habran dado son cambios bruscos y puntuales seguidos de largos perodos de estabilidad (10). Pero an est por
explicar la posibilidad bioqumica y gentica de cambios evolutivos grandes y rpidos que sean, adems, viables. Y es precisamente de la Biologa
Molecular de donde ha partido la segunda y mas dura serie de objeciones al neodarwinismo.

Los propios representantes de la teora sinttica reconocen la fuerza de estos enfrentamientos, pero minimizan los ataques provenientes tanto de la
Biologa molecular como de la Paleontologa: "Estas disputas no pasan de ser conflictos de matiz y opinin dentro de una visin evolutiva comn. Es
ms, estamos convencidos de que modificando tanto la postura tradicional como las teoras competidoras, la mayora de los desacuerdos pueden
encajarse en una versin ms amplia de la teora sinttica" (9). Pero otros son menos optimistas o menos conciliadores, como el director del Instituto
Max-Planck, el bilogo J. Illies, quien llega a decir: "el darwinismo, a pesar de sus muchos intentos por revivir, est muerto desde hace tiempo. La
tragedia de nuestro tiempo es que la mayora de los bilogos no lo quieren aceptar o que ni siquiera lo han advertido an" (11).

La objecin cientficamente ms seria -y filosficamente ms relevante- al neodarwinismo es la que proviene de la Biologa molecular, para la que cada
vez resulta ms claro que la aparicin de variantes de DNA tiene mucho ms de determinacin molecular que de puro azar. Como ha sealado Lima de
Faria (12), hoy empezamos a estar ya en condiciones de abandonar gran parte de las simplificaciones del neodarwinismo y de cambiarlas por
interpretaciones moleculares. Ciertamente nuestro conocimiento de los sistemas moleculares en la clula est an en sus inicios. Todava no sabemos
cmo los procesos atmicos originan las estructuras celulares. Las interacciones entre los niveles atmicos y los celulares son reas an poco
desarrolladas de la Qumica, porque ha sido muy reciente el descubrimiento de su importancia en conexin con los patrones bioqumicos y con la
morfognesis celular. Sin embargo, a medida que aumenta nuestro saber acerca de las leyes que gobiernan el reconocimiento molecular y las leyes que
rigen la organizacin de DNA, de los genes y de los cromosomas, aparece como ms viable la presentacin de una "alternativa molecular" frente al
neodarwinismo, que se muestra cada vez ms como una simplificacin de los procesos evolutivos. Esto no quiere decir que la seleccin natural no
juegue papel alguno en la evolucin, sino que su importancia -como contrapeso de unas supuestas alteraciones azarosas- disminuye a medida que crece
el conocimiento de las determinaciones moleculares. Los conceptos de mutacin y de seleccin adquieren un nuevo significado (13).

Tampoco procede abandonar el azar-seleccin neodarwinista para caer en un nuevo determinismo bioqumico que, a su modo, tambin sera
reduccionista. Lo que corresponde es advertir, con Pierre Paul Grass, que "la intervencin de factores internos se impone a nuestra razn" (14). De
manera que "recurrir a un mecanismo diferente al mutacional y aleatorio se impone a todo sistema que pretenda explicar la evolucin" (15). Ya no hay
tanta resistencia como hace unos decenios a reconocer que el proceso evolutivo parece mostrar ciertas tendencias directivas, como si respondiera a un
designio o a un cierto plan (16), aunque todava se mantenga la precaucin -por lo dems, parcialmente justificada- frente a explicaciones "vitalistas" o
"msticas". Se abre paso, cada vez ms, el concepto de programa evolutivo, que reconoce "puntos crticos" y soluciones favorecidas (17).

Lo importante es que de nuevo se ha abierto camino en la ciencia, la explicacin finalista, porque "la finalidad inmanente o esencial de los seres vivos se
clasifica entre sus propiedades originales. No se discute, se comprueba" (18). Un investigador tan poco sospechoso de antidarwinismo como es Ayala,
ha advertido que "algunos evolucionistas han rechazado las explicaciones teleolgicas porque no han reconocido diversos significados que pueden tener
el trmino teleologa (...). Se equivocan al afirmar que todas las explicaciones teleolgicas tendran que ser excludas de la teora evolutiva. Estos
mismos autores utilizan en realidad explicaciones teleolgicas en sus trabajos" (19). Aunque Ayala se apresure a precisar que la presencia de tendencias
naturales en los organismos vivos no revela una conducta intencionada, ni se dirigen hacia una determinada finalidad. Y esto es frecuente entre algunos
bilogos actuales. No discuten que la materia viva manifieste propiedades teleolgicas, "pero si se pronuncia la palabra finalidad, se ponen en guardia.
Probablemente porque no distinguen la finalidad de hecho o inmanente de la finalidad trascendente. Sobre esta ltima, el bilogo tiene poco o nada que
decir; pertenece al terreno de la Metafsica" (20).

Tal es el planteamiento del que habamos partido. No se trata de que las explicaciones metafsicas sustituyan a las estrictamente biolgicas o las
interfieran. Se trata de que la Biologa no acepte como si fuera un planteamiento cientfico la visin del mundo materialista y mecanicista que, como
ahora se comprueba, ha constitudo un obstculo para el autntico progreso cientfico; y, al mismo tiempo, de que se abra distinguiendo bien los
respectivos planos epistemolgicos a la interaccin con la concepcin teleolgica del mundo, propia de la Metafsica finalista. La propia Ciencia biolgica
aporta continuamente explicaciones finalistas -por ejemplo se refiere a cambios evolutivos para adaptarse al entorno ecolgico-, pero en ella la finalidad
se entiende ms en trminos de funcin que en trminos de causa final.

En la Metafsica finalista, la necesidad tiene primaca sobre el azar, precisamente porque se entiende que el fin es la primera de las causas. Por lo tanto,
el sentido primario de la necesidad no es el de una determinacin mecnica, que -por s sla- acaba por conducir al necesitarismo mecanicista, el cual -a
su vez- se confunde con el azar. El sentido primario de la necesidad es formal y teleolgico: viene dado por la naturaleza de cada cosa, que es su
principio estable de formalizacin y de actividad. Pero como, adems de las causas formal y final, se reconoce la existencia de las causas material y
eficiente, la necesidad metafsica de la que estamos hablando no es absoluta, ni excluye la presencia de un cierto margen de azar. El azar se produce
precisamente cuando la causa eficiente no se encamina hacia la causa final propia de aquella cosa u organismo (lo cual, en ltimo trmino, acontece
porque el ajuste entre la materia y la forma nunca es perfecto). As pues, el mantenimiento de la primaca de la necesidad no excluye el reconocimiento
del azar, por ms que ste sea siempre un factor negativo y marginal.

Ni el completo determinismo ni el indeterminismo completo permiten explicar la evolucin biolgica. Esta slo se puede entender desde un
determinismo limitado, que es -simultnea e inseparablemente- un limitado indeterminismo. Unicamente en un mundo as entendido tiene cabida una
evolucin finalizada que no se confunda con el transformismo evolucionista. Para que haya evolucin, es preciso que existan formalidades biolgicas,
necesariamente determinadas en su accin propia; pero, al propio tiempo, esas mismas formalidades son susceptibles de mutacin intrnseca, de
cambio sustancial, lo cual implica un indudable factor de indeterminacin, que viene dado por la propia ndole material de los organismos. As pues,
nuestro mundo -y, ms claramente aun, el conjunto de los organismos vivos- no es un reino de formalidades puras que se desplegaran con la
implacabilidad de una deduccin matemtica; pero tampoco es un tejido indiferenciado de materiales homogneos. Es un mundo material y formalizado
a la vez, cuyos sistemas fsicos y organismos estn teleolgicamente orientados con una necesidad no necesitarista, que permite un margen de
indeterminacin.

Tal imagen diferenciada y articulada de la realidad biolgica concuerda perfectamente con los resultados de la Ciencia. Es una imagen abierta. Y se abre
tambin a la insercin en ese mundo de un ser no estrictamente intramundano: el hombre (21). Pero esta ltima cuestin presenta dificultades propias
y exige un tratamiento detallado.

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