La Templanza
Luis I. Amors, el 24.09.11 a las 11:39 AM
El filsofo ateniense Platn (427-347) afirmaba en La Repblica que el fin del
hombre en el mundo era asemejarse a Dios practicando la Virtud, que defini
en cuatro formas: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Estas cuatro
virtudes, llamadas cardinales, pasaron al acerbo de la filosofa griega, y
posteriormente romana. El Libro de la Sabidura, escrito por un autor judo en la
helnica Alejandra 100 aos antes del nacimiento de Cristo, incorpora varios
saberes filosficos griegos, que juzga adecuados a la fe yahvista (como formas
imperfectas pero verdaderas de bsqueda de Dios), y entre ellos las cuatro
virtudes cardinales, a las que hace hijas de la Sabidura.
Si la inteligencia es creadora, quin sino la Sabidura es el artfice de cuanto existe?
Amas la Justicia? Las virtudes son sus empeos, pues ella ensea la templanza y la
prudencia, la justicia y la fortaleza: lo ms provechoso para el hombre en la vida. Sb
8, 6-7
Tanto por la sabidura judaica como por la filosofa platnica, la Iglesia ha
incorporado en su Magisterio estas virtudes como cristianas,
denominndolas virtudes morales, pues aunque no fueron afirmadas
expresamente por Cristo, apstoles tan importantes como san Pablo las
mencionan en sus escritos.
Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable,
todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Flp 4, 8
Por oposicin al vicio, la virtud es la disposicin habitual y firme del alma
humana a realizar el bien, y las virtudes son perfecciones habituales del
entendimiento y la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras
pasiones y guan nuestra conducta segn la fe y la razn. Se dice que el hombre
virtuoso es aquel que practica libremente el bien (CIC 1804).
De las cuatro virtudes cardinales, la templanza es aquella que modera la
atraccin de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes
creados (CIC 1809). El apetito es la inclinacin natural que tiene la parte material
del ser humano hacia la naturaleza que estimula sus sentidos. La respuesta
fisiolgica y psicolgica que despierta ese estmulo produce unos efectos
placenteros, incitando la repeticin de los mismos en busca de aquella
respuesta. Clsicamente se conoce este mecanismo como sensualidad.
Tan discpulo de Scrates como Platn fue Aristipo, el cual, a diferencia de este,
consideraba que el bien se hallaba precisamente en estimular la sensualidad,
pues era la nica cosa cognoscible, y los placeres el nico bien medible. Toda su teora
filosfica (que se dio en llamar hedonismo) giraba en torno a cmo moderar los
placeres para que no embotaran los sentidos. Aristipo puso escuela (a diferencia de
Scrates cobraba sus lecciones, y bien caras) con notable xito, pues hered el
escepticismo de los sofistas y puso las bases al materialismo. Su discpulo Epicuro
refin algo ms su doctrina, incluyendo los apetitos intelectuales y queriendo poner
puertas al campo de la sensualidad por medio de la evitacin del dolor. De forma
consciente o inconsciente, nuestra sociedad contempornea es bsicamente
hedonista-epicuresta.
Por frente se alza la enseanza del Antiguo Testamento, que en el libro del
Eclesistico advierte no te dejes arrastrar por tu deseo y tu fuerza para seguir la
pasin de tu corazn (Si 5, 2) y no vayas detrs de tus pasiones, tus deseos
refrena. Si te consientes en todos tus deseos, te hars la irrisin de tus enemigos
(Si 18, 30-31). Tambin en el Nuevo Testamento, san Pablo nos dice que la
gracia salvadora de Dios a todos los hombres, nos ensea a que, renunciando a
la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y
piedad (Tt 2, 11-12).
En efecto, el dominio de la voluntad sobre los instintos y las pasiones mantiene los
deseos en los lmites de la vida honesta que Cristo ensea, y nos permite orientar
positivamente hacia el bien los apetitos sensibles, hacia una meta ms elevada y
ms acorde con nuestra naturaleza espiritual. La templanza nos sirve para cumplir
el mandato cristiano sed perfectos como vuestro Padre del Cielo es perfecto.
En teologa moral clsica (vase Royo Marn, 479 y ss), la templanza opera
principalmente con los dos pecados relacionados con la subsistencia animal
del hombre, la alimentacin-bebida (gula) y la generacin (lujuria). Frente a ellos
se emplea la abstinencia (comida) y la sobriedad (bebida) para evitar la gula, y la
castidad para evitar la lujuria. Los vicios opuestos a la templanza son la
inmoderacin (es decir, desbordar los lmites de la fe y razn en la cesin a los
apetitos), que ofusca al hombre reducindole a condicin animal, pero tambin la
insensibilidad (eliminar completamente cualquier apetito de subsistencia), que
pone en riesgo la subsistencia, y que solo es admisible cuando persigue un fin
sobrenatural (por ejemplo, en aquellas personas consagradas enteramente a
Dios), y normalmente con unos lmites.
Actualmente existen numerosos mecanismos de sensualidad directa.
Satisfaccin de apetitos, bien por medio de agentes externos, normalmente
sustancias qumicas que conocemos como drogas que pueden tratar de
desinhibir (alcohol), calmar el dolor (opioides), estimular (nicotina, cocana,
anfetaminas), provocar alucinaciones sensoriales (los diversos cidos), animar
(marihuana) o sedar (barbitricos o benzodiacepinas). Satisfaccin de apetitos a
base de estimular repetidamente la secrecin de agentes qumicos internos, por
medio de actividades de riesgo (adrenalina) o el coito (endorfina). Tambin existe
una forma psicolgica de satisfaccin de apetitos a base de la bsqueda de
recompensas psquicas provocadas por una tendencia a la que retroalimentan,
generando un crculo vicioso. Hay numerosos ejemplos, desde la ludopata hasta
la vigorexia, y todas ellas se estudian como trastornos del comportamiento en
psiquiatra. Se han establecido algunas bases genticas que pueden generar una
mayor predisposicin a ciertas adicciones, pero ninguna de ellas se considera
actualmente causante per se de las mismas.
Existen asimismo sensualidades intelectuales (pues la materia es tanto cuerpo
como mente), como la contemplacin de la belleza, el estmulo intelectual, el afn
de discusin o la perfeccin tcnica de un arte humano, cuya satisfaccin
encauzada moderadamente hacia un orden elevado y til, redunda en un bien,
pero cuyo empleo repetido como un fin en si mismo no conduce sino a una
ataraxia estril en los deberes del hombre hacia Dios y hacia sus hermanos.
Ciertamente el mecanismo de estmulo-recompensa acaba por aparecer casi en
cualquier tipo de adiccin, convirtiendo un acto espordico en un hbito de
vida. En moral lo llamaramos una satisfaccin sensual recurrente, proveniente del
pecado, que termina por conducir al vicio.
Podemos recapitular afirmando que tanto la enseanza magisterial como la propia
experiencia humana nos muestran que poner el corazn en los apetitos, o dejarse
arrastrar por ellos inmoderadamente, llega a convertir al hombre en esclavo de sus
propias pasiones. La templanza es virtud humana que nos permite dominar la
sensualidad, liberndonos de la esclavitud del pecado y permitindonos
servir a nuestro nico seor verdadero: Dios.
Nada hay para el sumo bien como amar a Dios con todo el corazn, con toda el alma
y con toda la mente, lo cual preserva de la corrupcin y de la impureza del amor, que
es lo propio de la templanza. San Agustn, De moribus Ecclesiae Catholicae, 1, 25
Debe el cristiano (y cualquier hombre que se tenga a s mismo por racional)
perseverar en el ejercicio del bien, amar el decoro de la prctica virtuosa y
comprender la importancia de la vergenza propia. Todas estas armas nos ayudan
en nuestraobservacin vigilante de nuestros propios apetitos, para
comprender cuando nos estn dominando, en lugar de servirnos. La
moderacin es la medida y el servicio a un bien superior el objeto de la templanza.
Evitar hbitos que racionalmente sabemos dainos para nuestra salud corporal y
espiritual, practicar ocasionales renuncias para asentar con solidez nuestra
libertad (por ejemplo, el ayuno, que no es nicamente oracin de los sentidos sino
elevacin espiritual) y por supuesto, la oracin pidiendo templanza, pues no hay
virtud natural que no pueda ser auxiliada sobrenaturalmente.
Del mismo modo que esta teologa de lo cotidiano y humano es vlida para cada
hombre, lo es tambin para las sociedades, pues la promocin pblica de la
templanza evita muchos males y gana muchos bienes para cualquier
comunidad humana.
El objetivo de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios. San
Gregorio de Nisa. De Beatitudinibus, oratio 1