TEMA 6: LA POESÍA ELEGÍACA
La elegía griega, esto es, la composición poética escrita en dísticos elegíacos
(hexámetro más pentámetro), de tema variado, en su adaptación a la Literatura Latina,
sufrirá un cambio sustancial: los poetas elegíacos latinos utilizarán el metro griego, pero
su único tema será la experiencia amorosa personal o, ya dentro del concepto moderno
del género, el tema del dolor.
Si bien es cierto que ya los poetas alejandrinos emplearon la elegía con temática
amorosa, nunca la abordaron desde la experiencia personal, sino que cantaron los
amores de héroes mitológicos. Tanto la elegía amorosa personal como la dolorosa están
ya perfiladas en la obra de Catulo, pero característica de los poetas elegíacos posteriores
será la renuncia a los variados metros usados por los poetae noui para limitarse al
dístico elegíaco. En efecto, ya no se buscará en el poema tanto la perfección formal,
limitada ahora a un solo metro, sino que el tema, la experiencia personal, amorosa o
dolorosa, será el verdadero centro del poema, primando ahora la subjetividad frente a la
forma.
La elegía latina tendrá su florecimiento en la época de Augusto.
Cornelio Galo:
Hijo de un liberto, participó activamente en la política de Augusto, de quien era
amigo. Su obra, Amores, cuatro libros de elegías, cantaban su pasión por la actriz
Citeris, a quien llama en sus poemas Lícoris. Desgraciadamente, su obra se ha perdido
en su mayor parte. Galo es el iniciador de la poesía elegíaca latina.
Tibulo:
Poeta perteneciente al círculo de Mesala. Una vez aquietadas sus pasiones políticas,
se consagró por completo a la poesía. De los tres libros que se nos han conservado solo
dos son indiscutiblemente suyos: el primero compuesto de diez elegías está dedicado a
Delia, amor a la postre perdido; el segundo, compuesto por seis elegías está dedicado a
Némesis.
Son rasgos que caracterizan la poesía de Tibulo la expresión sincera de su
sentimiento amoroso, cierto bucolismo y la actitud antimilitarista, junto con el cultivo
de la forma que, en las últimas composiciones resulta algo retórica y erudita.
Propercio:
Es de origen umbro, procedente de una familia plebeya pero acomodada. Entró en el
círculo literario de Mecenas y se integró en la gran sociedad romana de la época.
Escribió cuatro libros de elegías. Los tres primeros están consagrados
predominantemente a Cintia, aunque hay también referencias a sucesos del mundo
circundante. En el cuarto libro, por influjo de Mecenas se interesa por los motivos
religiosos y las ideas de restauración moral y nacional de Augusto y busca en el pasado
de Roma y en las viejas leyendas una inspiración nueva y más amplia.
Propercio tiene el gusto por la erudición y por las curiosidades mitológicas e
históricas, pero es un poeta original, el más personal, quizá, de los poetas elegíacos del
siglo de Augusto. Su violenta pasión por Cintia hizo que el poeta expresara los
tormentos del amor y de los celos, la tristeza de las desilusiones con una fuerza
dramática que hacen de él un gran poeta lírico.
El arte de Propercio es sutil y complicado: a su lengua le falta a veces claridad y a la
composición, lógica y armonía, pero son efectos buscados por el poeta, que tiene de los
alejandrinos el gusto por el detalle pintoresco, el dibujo preciso y neto. La pasión toma
en sus versos un acento personal, y el ardor que le anima se traduce en una expresión
sobria y vehemente, verdaderamente original.
Ovidio:
El más espontáneo y fecundo de los poetas
romanos nos aporta en sus obras abundantes
datos autobiográficos, sobre todo en las Tristes,
elegías de sus últimos años. Hijo de una antigua y
acaudalada familia del orden ecuestre, nació en
Sulmona el 20 de Marzo del año 43 a. C. Se
trasladó a Roma a los 13 años donde recibió una
amplia y sólida formación retórica, bajo la
dirección de Aulo Fusco y Porcio Latrón. A los
18 años viajó a Grecia, Oriente y Sicilia. Vuelto a
Roma hacia el año 22, recorrió los primeros
escalones del cursus honorum, pero no llegó a
dedicarse a la abogacía. Se casó dos veces, se
divorció otras tantas y encontró la estabilidad con
su tercera esposa. Muy pronto entró en contacto con el círculo de Mesala, Horacio,
Tibulo y Propercio y se consagró a la poesía. Se convirtió pronto en favorito de la
juventud de su época, alcanzando un renombre e influencia no igualados por poeta
alguno. Pero esta felicidad se truncó pronto. Las iras imperiales, provocadas por su
conducta o por sus versos, lo desterraron a Tomi, a orillas del Mar Negro. Murió en el
exilio a los 60 años.
Ovidio escribió varias obras empleando el dístico elegíaco, pero por el contenido no
pueden clasificarse como elegías. Las composiciones propiamente elegíacas son:
A) Amores:
Tres libros de elegías que comprenden medio centenar de poemas. Están dirigidas a
Corina, que le sirve de pretexto para reflejar en estos poemas unos tópicos que ya
aparecen en Tibulo, Propercio y en toda la tradición alejandrina neotérica. En estos
poemas no existe un auténtico sentimiento amoroso. Sólo hay galantería, gusto por la
aventura, por la conquista, no de una mujer determinada, sino de cualquier mujer. Son
elegías frías, artificiosas, carentes de pasión y de sentimiento.
B) Tristes y Pónticas:
En el año 8 d.C. un edicto de Augusto condenó al poeta al exilio. El lugar elegido fue
Tomi, cerca de la desembocadura del Danubio. Las causas del destierro no han sido
totalmente aclaradas: su Ars amatoria había suscitado muchas críticas por su ambiente
licencioso e inmoral.
Tristes y Pónticas, elegías del destierro, apenas difieren entre sí más que en la falta
de destinatario de las primeras. Los mismos procedimientos retóricos, idénticas
metáforas, alusiones. Similares son la nostalgia, la aspereza del medio inhóspito. Todo
esto acaba por producir una sensación de monotonía quejumbrosa. No hay en ellas
grandeza de alma, hondura de pensamiento ni pasión sincera, es un hombre desesperado
por volver a su patria.