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ANTOLOGÍA DE LA POESÍA
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ESPAÑOLA
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(SIGLO XX)
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ÍNDICE
Rubén Darío, “Canción de otoño en primavera”. Pág.03
Antonio Machado, “Campos de Soria”. Pág.04
Antonio Machado, “Proverbios y cantares”. Pág.06
Juan Ramón Jiménez, “Álamo blanco”. Pág.07
Juan Ramón Jiménez, “Si yo, por ti, he creado un mundo para ti”. Pág.07
Pedro Salinas, “El alma tenías”. Pág.07
Jorge Guillén, “Más allá”. Pág.08
Federico García Lorca, “La luna vino a la fragua”. Pág.12
Federico García Lorca, “Ciudad sin sueño”. Pág.12
Dámaso Alonso, “Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas)”. Pág.14
Vicente Alexandre, “Se querían”. Pág.15
Rafael Alberti, “Si mi voz muriera en tierra”. Pág.16
Luis Cernuda, “Donde habite el olvido”. Pág.16
Miguel Hernández, “Yo quiero ser, llorando, el hortelano”. Pág.16
Gabriel Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”. Pág.18
Blas de Otero, “En el principio”. Pág.19
Ángel González, “Para que yo me llame Ángel González”. Pág.19
José María Valverde, “En el principio”. Pág.19
José Ángel Valente, “Si no creamos un objeto metálico”. Pág.20
Jaime Gil de Biedma, “Intento formular mi experiencia de la guerra”. Pág.21
María Victoria Atencia, “Placeta de San Marcos”. Pág.22
2
Rubén Darío y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
Canción de otoño en primavera y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Juventud, divino tesoro, Cuando quiero llorar, no lloro...
¡ya te vas para no volver! y a veces lloro sin querer.
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer... ¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
Plural ha sido la celeste si no pretextos de mis rimas
historia de mi corazón. fantasmas de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción. En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
Miraba como el alba pura; La vida es dura. Amarga y pesa.
sonreía como una flor. ¡Ya no hay princesa que cantar!
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor. Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
Yo era tímido como un niño. con el cabello gris, me acerco
Ella, naturalmente, fue, a los rosales del jardín...
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé... Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Juventud, divino tesoro, Cuando quiero llorar, no lloro...
¡ya te vas para no volver! y a veces lloro sin querer...
Cuando quiero llorar, no lloro... ¡Mas es mía el Alba de oro!
y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
3
Antonio Machado
ya al fondo de la tarde arrebolada
elevan las plebeyas figurillas,
Campos de Soria
que el lienzo de oro del ocaso manchan.
I Mas si trepáis a un cerro y veis el campo
desde los picos donde habita el águila,
Es la tierra de Soria árida y fría. son tornasoles de carmín y acero,
Por las colinas y las sierras calvas, llanos plomizos, lomas plateadas,
verdes pradillos, cerros cenicientos, circuidos por montes de violeta,
la primavera pasa con las cumbres de nieve sonrosado.
dejando entre las hierbas olorosas
sus diminutas margaritas blancas. IV
La tierra no revive, el campo sueña. ¡Las figuras del campo sobre el cielo!
Al empezar abril está nevada
la espalda del Moncayo; Dos lentos bueyes aran
el caminante lleva en su bufanda en un alcor, cuando el otoño empieza,
envueltos cuello y boca, y los pastores y entre las negras testas doblegadas
pasan cubiertos con sus luengas capas. bajo el pesado yugo,
pende un cesto de juncos y retama,
II que es la cuna de un niño;
Las tierras labrantías, y tras la yunta marcha
como retazos de estameñas pardas, un hombre que se inclina hacia la tierra,
el huertecillo, el abejar, los trozos y una mujer que en las abiertas zanjas
de verde obscuro en que el merino pasta, arroja la semilla.
entre plomizos peñascales, siembran
el sueño alegre de infantil Arcadia. Bajo una nube de carmín y llama,
en el oro fluido y verdinoso
En los chopos lejanos del camino, del poniente, las sombras se agigantan.
parecen humear las yertas ramas
como un glauco vapor ?las nuevas hojas? V
y en las quiebras de valles y barrancas
blanquean los zarzales florecidos, La nieve. En el mesón al campo abierto
y brotan las violetas perfumadas. se ve el hogar donde la leña humea
y la olla al hervir borbollonea.
III
El cierzo corre por el campo yerto,
Es el campo undulado, y los caminos alborotando en blancos torbellinos
ya ocultan los viajeros que cabalgan la nieve silenciosa.
en pardos borriquillos,
4
La nieve sobre el campo y los caminos, de cien linajes hidalgos,
cayendo está como sobre una fosa. y de famélicos galgos,
de galgos flacos y agudos,
Un viejo acurrucado tiembla y tose que pululan
cerca del fuego; su mechón de lana por las sórdidas callejas,
la vieja hila, y una niña cose y a la medianoche ululan,
verde ribete a su estameña grana. cuando graznan las cornejas!
Padres los viejos son de un arriero ¡Soria fría! La campana
que caminó sobre la blanca tierra, de la Audiencia da la una.
y una noche perdió ruta y sendero, Soria, ciudad castellana
y se enterró en las nieves de la sierra. ¡tan bella! bajo la luna.
En torno al fuego hay un lugar vacío VII
y en la frente del viejo, de hosco ceño,
como un tachón sombrío ¡Colinas plateadas,
?tal el golpe de un hacha sobre un leño?. grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
La vieja mira al campo, cual si oyera su curva de ballesta
pasos sobre la nieve. Nadie pasa. en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
Desierta la vecina carretera, caminos blancos y álamos del río,
desierto el campo en torno de la casa. tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
La niña piensa que en los verdes prados del corazón, tristeza,
ha de correr con otras doncellitas tristeza que es amor! ¡Campos de Soria
en los días azules y dorados, donde parece que las rocas sueñan,
cuando crecen las blancas margaritas. conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...
VI
VIII
¡Soria fría, Soria pura,
cabeza de Extremadura, He vuelto a ver los álamos dorados,
con su castillo guerrero álamos del camino en la ribera
arruinado, sobre el Duero; del Duero, entre San Polo y San Saturio,
con sus murallas roídas tras las murallas viejas
y sus casas denegridas! de Soria ?barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra?.
¡Muerta ciudad de señores
soldados o cazadores; Estos chopos del río, que acompañan
de portales con escudos con el sonido de sus hojas secas
5
PROVERBIOS Y CANTARES - XXIX
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas Caminante, son tus huellas
grabadas iniciales que son nombres el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
de enamorados, cifras que son fechas.
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
y al volver la vista atrás
de ruiseñores vuestras ramas llenas; se ve la senda que nunca
álamos que seréis mañana liras se ha de volver a pisar.
del viento perfumado en primavera; Caminante no hay camino
álamos del amor cerca del agua sino estelas en la mar.
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero, PROVERBIOS Y CANTARES - XLIV
conmigo vais, mi corazón os lleva!
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
IX
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
¡Oh, sí! Conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita.
Me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!
6
Juan Ramón Jiménez
Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
ÁLAMO BLANCO
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamado azul,
Arriba canta el pájaro
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, ahora yo soy ya mi mar paralizado,
se me abre el alma).
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
¡Entre dos melodías,
la columna de plata! y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.
Hoja, pájaro, estrella;
baja flor, raíz, agua.
Todos los nombres que yo puse
¡Entre dos conmociones,
la columna de plata! al universo que por ti me recreaba yo,
(¡Y tú, tronco ideal,
se me están convirtiendo en uno y en un
entre mi alma y mi alma!)
dios.
Mece a la estrella el trino, El dios que es siempre al fin,
la onda a la flor baja.
el dios creado y recreado y recreado
(Abajo y arriba,
me tiembla el alma). por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.
SI YO POR TI HE CREADO UN MUNDO
EL ALMA TENÍAS
Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
tan clara y abierta,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
que yo nunca pude
y tú has venido a él, a mí seguro,
entrarme en tu alma.
porque mi mundo todo era mi esperanza.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
Yo he acumulado mi esperanza
altos y difíciles...
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
A tu alma se iba
a todo yo le había puesto nombre
por caminos anchos.
y tú has tomado el puesto
Preparé alta escala
de toda esta nombradía.
—soñaba altos muros
7
guardándote el alma—
Todas las consistencias
pero el alma tuya Que al disponerse en cosas
Me limitan, me centran!
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
¿Hubo un caos? Muy lejos
Te busqué la puerta De su origen, me brinda
Por entre hervor de luz
estrecha del alma,
Frescura en chispas. ¡Día!
pero no tenía,
de franca que era, Una seguridad
Se extiende, cunde, manda.
entradas tu alma.
El esplendor aploma
¿En dónde empezaba? La insinuada mañana.
¿Acababa, en dónde?
Y la mañana pesa.
Me quedé por siempre
Vibra sobre mis ojos,
sentado en las vagas Que volverán a ver
lindes de tu alma. Lo extraordinario: todo
Todo está concentrado
Por siglos de raíz
MÁS ALLÁ
Dentro de este minuto,
Eterno y para mí.
I
Y sobre los instantes
(El alma vuelve al cuerpo, Que pasan de continuo
Se dirige a los ojos Voy salvando el presente,
Y choca.) —¡Luz! Me invade Eternidad en vilo.
Todo mi ser. ¡Asombro!
Corre la sangre, corre
Intacto aún, enorme, Con fatal avidez.
Rodea el tiempo. Ruidos A ciegas acumulo
Irrumpen. ¡Cómo saltan Destino: quiero ser.
Sobre los amarillos
Ser, nada más. Y basta.
Todavía no agudos Es la absoluta dicha.
De un sol hecho ternura ¡Con la esencia en silencio
De rayo alboreado Tanto se identifica!
Para estancia difusa,
¡Al azar de las suertes
Mientras van presentándose Únicas de un tropel
8
Surgir entre los siglos, También su plenitud
Alzarse con el ser, En lo desconocido:
Un más allá de veras
Y a la fuerza fundirse Misterioso, realísimo.
Con la sonoridad
Más tenaz: sí, sí, sí,
La palabra del mar! III
Todo me comunica, ¡Más allá! Cerca a veces,
Vencedor, hecho mundo, Muy cerca, familiar,
Su brío para ser Alude a unos enigmas.
De veras real, en triunfo. Corteses, ahí están.
Soy, más, estoy. Respiro. Irreductibles, pero
Lo profundo es el aire. Largos, anchos, profundos
La realidad me inventa, Enigmas —en sus masas.
Soy su leyenda. ¡Salve! Yo los toco, los uso.
Hacia mi compañía
II La habitación converge.
¡Qué de objetos! Nombrados,
No, no sueño. Vigor Se allanan a la mente.
De creación concluye
Su paraíso aquí: Enigmas son y aquí
Penumbra de costumbre. Viven para mi ayuda,
Amables a través
Y este ser implacable De cuanto me circunda
Que se me impone ahora
De nuevo —vaguedad Sin cesar con la móvil
Resolviéndose en forma Trabazón de unos vínculos
Que a cada instante acaban
De variación de almohada, De cerrar su equilibrio.
En blancura de lienzo,
En mano sobre embozo,
En el tendido cuerpo IV
Que aun recuerda los astros El balcón, los cristales
Y gravita bien— este Unos libros, la mesa.
Ser, avasallador ¿Nada más esto? Sí,
Universal, mantiene Maravillas concretas.
9
Material jubiloso Su calidad: lo ajeno,
Convierte en superficie
Manifiesta a sus átomos Lo tan ajeno que es
Tristes, siempre invisibles. Allá en sí mismo. Dádiva
De un mundo irremplazable:
Y por un filo escueto, Voy por él a mi alma.
O al amor de una curva
De asa, la energía
De plenitud actúa. VI
¡Energía o su gloria! ¡Oh perfección! Dependo
En mi dominio luce Del total más allá,
Sin escándalo dentro Dependo de las cosas.
De lo tan real, hoy lunes. Sin mí son y ya están
Y ágil, humildemente, Proponiendo un volumen
La materia apercibe Que ni soñó la mano,
Gracia de Aparición: Feliz de resolver
Esto es cal, esto es mimbre. Una sorpresa en acto.
Dependo en alegría
V De un cristal de balcón,
De ese lustre que ofrece
Por aquella pared, Lo ansiado a su raptor,
Bajo un sol que derrama,
Dora y sombrea claros Y es de versa atmósfera
Caldeados, la calma Diáfana de mañana,
Un alero, tejados,
Soleada varía. Nubes allí, distancias.
Sonreído va el sol
Por la pared. ¡Gozosa Suena a orilla de abril
Materia en relación! El gorjeo esparcido
Por entre los follajes
Y mientras, lo más alto Frágiles. (Hay rocío.)
De un árbol —hoja a hoja
Soleándose, dándose, Pero el día al fin logra
Todo actual— me enamora. Rotundidad humana
De edificio y refiere
Errante en el verdor Su fuerza a mi morada.
Un aroma presiento,
Que me regalará Así va concertando,
10
Trayendo lejanías, Lanza la soledad
Que al balcón por países A un tumulto de acordes.
De tránsito deslizan.
Nunca separa el cielo.
Ese cielo de ahora
—Aire que yo respiro—
De planeta me colma.
¿Dónde extraviarse, dónde?
Mi centro es este punto:
Cualquiera. ¡Tan plenario
Siempre me aguarda el mundo!
Una tranquilidad
De afirmación constante
Guía a todos los seres,
Que entre tantos enlaces
Universales, presos
En la jornada eterna,
Bajo el sol quieren ser
Y a su querer se entregan
Fatalmente, dichosos
Con la tierra y el mar
De alzarse a lo infinito:
Un rayo de sol más.
Es la luz del primer
Vergel, y aun fulge aquí
Ante mi faz, sobre esa
Flor, en ese jardín.
Y con empuje henchido
De afluencias amantes
Se ahínca en el sagrado
Presente perdurable.
Toda la creación,
Que al despertarse un hombre
11
Federico García Lorca El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
La luna vino a la fragua
Dentro de la fragua el niño,
ROMANCE DE LA LUNA
tiene los ojos cerrados.
a Conchita García Lorca
Por el olivar venían,
La luna vino a la fragua bronce y sueño, los gitanos.
con su polisón de nardos. Las cabezas levantadas
El niño la mira mira. y los ojos entornados.
El niño la está mirando.
¡Cómo canta la zumaya,
En el aire conmovido ay como canta en el árbol!
mueve la luna sus brazos Por el cielo va la luna
y enseña, lúbrica y pura, con el niño de la mano.
sus senos de duro estaño.
Dentro de la fragua lloran,
Huye luna, luna, luna. dando gritos, los gitanos.
Si vinieran los gitanos, El aire la vela, vela.
harían con tu corazón el aire la está velando.
collares y anillos blancos.
CIUDAD SIN SUEÑO
Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
te encontrarán sobre el yunque
No duerme nadie.
con los ojillos cerrados. Las criaturas de la luna huelen y rondan sus
cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los
Huye luna, luna, luna, hombres que no sueñan
que ya siento sus caballos. y el que huye con el corazón roto encontrará
por las esquinas
Niño déjame, no pises,
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna
mi blancor almidonado. protesta de los astros.
12
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. o a aquel muerto que ya no tiene más que la
No duerme nadie. cabeza y un zapato,
Hay un muerto en el cementerio más lejano hay que llevarlos al muro donde iguanas y
que se queja tres años sierpes esperan,
porque tiene un paisaje seco en la rodilla; donde espera la dentadura del oso,
y el niño que enterraron esta mañana lloraba donde espera la mano momificada del niño
tanto y la piel del camello se eriza con un violento
que hubo necesidad de llamar a los perros para escalofrío azul.
que callase.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! No duerme nadie.
Nos caemos por las escaleras para comer la Pero si alguien cierra los ojos,
tierra húmeda ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!
o subimos al filo de la nieve con el coro de las
dalias muertas. Haya un panorama de ojos abiertos
Pero no hay olvido, ni sueño: y amargas llagas encendidas.
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
y al que le duele su dolor le dolerá sin Ya lo he dicho.
descanso No duerme nadie.
y al que teme la muerte la llevará sobre sus Pero si alguien tiene por la noche exceso de
hombros. musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
Un día las copas falsas, el veneno y la calavera de los
los caballos vivirán en las tabernas teatros.
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en
los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas
disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas
grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de
nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y
aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la
invención del puente
13
Dámaso Alonso
Insomnio Madrid es una ciudad de
más de ...
INSOMNIO
Madrid es una ciudad de más de un millón de
cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o
ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una
gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi
alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en
esta ciudad
de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren
lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra
podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?
14
Vicente Aleixandre
como ese mar redondo que se aplica a ese
rostro,
SE QUERÍAN dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
Se querían.
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
Sufrían por la luz, labios azules en la
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
madrugada,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
labios saliendo de la noche dura,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche,
mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas
hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y
flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna lúcida,
15
Rafael Alberti
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece
Si mi voz muriera en tierra el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un
llevadla al nivel del mar
dueño a imagen suya,
y dejadla en la ribera. Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a
frente.
Llevadla al nivel del mar
y nombardla capitana
Donde penas y dichas no sean más que
de un blanco bajel de guerra. nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
¡Oh mi voz condecorada
Disuelto en niebla, ausencia,
con la insignia marinera:
Ausencia leve como carne de niño.
sobre el corazón un ancla
Allá, allá lejos;
y sobre el ancla una estrella
Donde habite el olvido.
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!
Miguel Hernández
Luis Cernuda
ELEGÍA
Donde habite el olvido
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
Donde habite el olvido, con quien tanto quería.)
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea Yo quiero ser llorando el hortelano
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas de la tierra que ocupas y estercolas,
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. compañero del alma, tan temprano.
Donde mi nombre deje Alimentando lluvias, caracolas
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, y órganos mi dolor sin instrumento.
Donde el deseo no exista. a las desalentadas amapolas
En esa gran región donde el amor, ángel daré tu corazón por alimento.
terrible, Tanto dolor se agrupa en mi costado,
No esconda como acero que por doler me duele hasta el aliento.
En mi pecho su ala,
16
Un manotazo duro, un golpe helado, y tu sangre se irán a cada lado
un hachazo invisible y homicida, disputando tu novia y las abejas.
un empujón brutal te ha derribado.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
No hay extensión más grande que mi herida, llama a un campo de almendras espumosas
lloro mi desventura y sus conjuntos mi avariciosa voz de enamorado.
y siento más tu muerte que mi vida.
A las aladas almas de las rosas
Ando sobre rastrojos de difuntos, del almendro de nata te requiero,
y sin calor de nadie y sin consuelo que tenemos que hablar de muchas cosas,
voy de mi corazón a mis asuntos. compañero del alma, compañero.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
17
Gabriel Celaya
Estamos tocando el fondo.
LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE Maldigo la poesía concebida como un lujo
FUTURO
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y
evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido
Cuando ya nada se espera personalmente
hasta mancharse.
exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos
conciencia,
sufren
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
y canto respirando.
como un pulso que golpea las tinieblas,
Canto, y canto, y cantando más allá de mis
penas
cuando se miran de frente
personales, me ensancho.
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
Se dicen los poemas
que trabaja con otros a España en sus aceros.
que ensanchan los pulmones de cuantos,
asfixiados,
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
piden ser, piden ritmo,
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
No es una poesía gota a gota pensada.
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
No es un bello producto. No es un fruto
en lo idéntico a sí mismo.
perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
Poesía para el pobre, poesía necesaria
y es el canto que espacia cuanto dentro
como el pan de cada día,
llevamos.
como el aire que exigimos trece veces por
minuto,
Son palabras que todos repetimos sintiendo
para ser y en tanto somos dar un sí que
como nuestras, y vuelan. Son más que lo
glorifica.
mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un
adorno.
18
Blas de Otero
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
EN EL PRINCIPIO
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
un escombro tenaz, que se resiste
lo que tiré, como un anillo, al agua,
a su ruina, que lucha contra el viento,
si he perdido la voz en la maleza,
que avanza por caminos que no llevan
me queda la palabra.
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
fuerza del desaliento...
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra. José María Valverde
Si abrí los labios para ver el rostro
EN EL PRINCIPIO
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
De pronto arranca la memoria,
me queda la palabra.
sin fondos de origen perdido;
muy niño viéndome una tarde
en el espejo de un armario
Ángel González
con doble luz enajenada
por el iris de sus biseles,
PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL
GONZÁLEZ decidí que aquello lo había
de recordar, y lo aferré,
y desde ahí empieza mi mundo,
Para que yo me llame Ángel González, con un piso destartaado,
para que mi ser pese sobre el suelo, las vagas personas mayores
fue necesario un ancho espacio y los miedos en el pasillo.
y un largo tiempo: Años y años pasaron luego
hombres de todo el mar y toda tierra, y al mirar atrás, allá estaba
fértiles vientres de mujer, y cuerpos la escena en que, hombrecito audaz,
y más cuerpos, fundiéndose incesantes desembarqué en mí, conquistándome.
en otro cuerpo nuevo. Hasta que un día, bruscamente,
Solsticios y equinoccios alumbraron vi que esa estampa inaugural
con su cambiante luz, su vario cielo, no se fundó porque una tarde
el viaje milenario de mi carne se hizo mágica en un espejo,
trepando por los siglos y los huesos. sino por un toque, más leve,
De su pasaje lento y doloroso pero que era todo mi ser:
de su huida hasta el fin, sobreviviendo el haberme puesto a mí mismo
naufragios, aferrándose en el espejo del lenguaje
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un objeto incruento118
doblando sobre sí el hablar,
diciéndome que lo diriía, capaz de percutir119 en la noche terrible 10
para siempre vuelto palabra, como un pecho sin término,
mía y ya extraña, aquel momento.
si en el centro no está invulnerable120 el odio,
Pero cuando lo comprendí
tentacular, enorme, no visible,
era ya mayor, hombre de libros,
y acaso fue porque en alguno cuándo podremos poseer la tierra.
leí la gran perogrullada:
que no hay más mente que el lenguaje,
Y si no está el amor petrificado 15
y pensamos solo al hablar,
y el residuo del fuego no pudiera
y no queda más mundo vivo
tras las tierras de la palabra. hacerlo arder, correr desde sí mismo, como
semen o lava,
Hasta entonces, niño y muchacho,
creí que hablar era un juguete, para arrasar el mundo, para entra como un río
algo añadido, una herramienta, de vengativa luz por las puertas vedadas,
un ropaje sobre las cosas,
cuándo podremos poseer la tierra. 20
un caballo con que correr
Si no creamos un objeto duro,
por el mundo, terrible y rico,
o un estorbo en que se aludía resistente a la vista, odioso al tacto,
a lo lejos, a ideas vagas:
ahora, de pronto, lo era todo,
incómodo al oficio del injusto,
igual que el ser de carne y hueso,
interpuesto entre el llanto y la palabra,
nuestra ración de realidad,
el mismo ser hombre, poco o mucho. entre el brazo del ángel y el cuerpo de la
víctima, 25
entre el hombre y su rostro,
José ángel Valente. entre el nombre del dios y su vacío,
entre el filo y su espada,
SI NO CREAMOS UN OBJETO
METÁLICO… entre la muerte y su naciente sombra,
cuándo podremos poseer la tierra. 30
Si no creamos un objeto metálico cuándo podremos poseer la tierra.
de dura luz, cuándo podremos poseer la tierra.
de púas aceradas,
de crueles aristas,
donde el que va a vendernos, a entregarnos, de
pronto 5
reconozca o presencie metódica su muerte,
cuándo podremos poseer la tierra.
Si no depositamos a mitad del vacío
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Jaime Gil de Biedma Y Segovia parecía remota
INTENTO FORMULAR MI como una gran ciudad, era ya casi el frente
EXPERIENCIA DE LA GUERRA
-o por lo menos un lugar heroico,
un sitio con tenientes de brazo en cabestrillo
Fueron, posiblemente,
que nos emocionaba visitar: la guerra
los años más felices de mi vida,
quedaba allí al alcance de los niños
y no es extraño, puesto que a fin de cuentas
tal y como la quieren.
no tenía los diez años.
A la vuelta, de paso por el puente Uñés,
buscábamos la arena removida
Las víctimas más tristes de la guerra
donde estaban, sabíamos, los cinco fusilados.
los niños son, se dice.
Luego la lluvia los desenterró,
Pero también es cierto que es una bestia el
los llevó río abajo.
niño:
si le perdona la brutalidad
Y me acuerdo también de una excursión a
de los mayores, él sabe aprovecharla,
Coca,
y vive más que nadie
que era el pueblo de al lado,
en ese mundo demasiado simple,
una de esas mañanas que la luz
tan parecido al suyo.
es aún, en el aire, relámpago de escarcha,
pero que anuncian ya la primavera.
Para empezar, la guerra
Mi recuerdo, muy vago, es sólo una imagen,
fue conocer los páramos con viento,
una nítida imagen de la felicidad
los sembrados de gleba pegajosa
retratada en un cielo
y las tardes de azul, celestes y algo pálidas,
hacia el que se apresura la torre de la iglesia,
con los montes de nieve sonrosada a lo lejos.
entre un nimbo de pájaros.
Mi amor por los inviernos mesetarios
Y los mismos discursos, los gritos, las canciones
es una consecuencia
eran como promesas de otro tiempo mejor,
de que hubiera en España casi un millón de
nos ofrecían
muertos.
un billete de vuelta al siglo diez y seis.
Qué niño no lo acepta?
A salvo de los pinares
-pinares de la Mesa, del Rosal, del Jinete!-,
Cuando por fin volvimos
el miedo y el desorden de los primeros días
a Barcelona, me quedó unos meses
eran algo borroso, con esa irrealidad
la nostalgia de aquello, pero me acostumbré.
de los momentos demasiado intensos.
Quien me conoce ahora
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dirá que mi experiencia
nada tiene que ver con mis ideas,
y es verdad. Mis ideas de la guerra cambiaron
después, mucho después
de que hubiera empezado la postguerra.
María Victoria Atencia
PLACETA DE SAN MARCOS
Amárrate, alma mía; sujétate a este mármol,
Sebastián de tu tronco, con cuantas cintas
pueda
ofrecerte en Venecia la lluvia que te empapa.
Amárrate a este palo, alma Ulises, y escucha
-desde donde la plaza proclama su equilibrio-
el rugido de bronce que la piedra sostiene.
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