EL NMERO Y SU ORIGEN PRIMITIVO
Desde el punto de visto histrico, una de las cuestiones especulativas que ha
provocado vivas discusiones en el estudio de la aritmtica ha sido el origen de los
nmeros, y ha llevado a un gran nmero de investigaciones entre las lenguas
primitivas y salvajes de la raza humana. Pero, Cundo comenz la humanidad a
pensar en trminos de nmeros? La tradicin pretende que la ciencia matemtica
empez en Grecia, hacia el siglo V a. C., pero los documentos histricos que
poseemos actualmente nos permiten suponer la existencia de relaciones
numricas muy anteriores al nacimiento de las grandes civilizaciones antiguas.
En los hechos actuales nada nos impide establecer el nacimiento de ciertas
relaciones matemticas en los primeros tiempos de la humanidad. Con la
prehistoria, nos encontramos en la fase de las conjeturas. Nos vemos obligados a
depender de interpretaciones que se basan en los pocos utensilios y documentos
que se han conservado. Gracias a los trabajos de antroplogos y etnlogos
podremos, sin embargo, intentar reconstruir el proceso natural que el hombre
primitivo ha podido utilizar para enumerar objetos concretos o para tratar de
hacer balance de los elementos contados.
En un principio, con anterioridad a la existencia de un lenguaje que
favoreciera la comunicacin verbal, el hombre primitivo poda observar en la
naturaleza fenmenos cuantitativos tales como la diferencia entre un rbol y un
bosque, una piedra y un montn de piedras, un lobo y una manada de lobos, etc.
Estas primeras observaciones le condujeron a la nocin de "correspondencia
biunvoca", que otorga la posibilidad de comparar fcilmente dos conjuntos de
seres u objetos, tengan o no la misma naturaleza, sin necesidad de cuenta
abstracta. El objeto observado es el centro de la atencin visual del hombre
primitivo, y la desaparicin de este objeto lleva consigo la prdida del estmulo, la
ausencia de nmero.
El hombre primitivo, a partir de estas observaciones, extrae de forma
gradual la idea de comparacin y asocia un signo a cada objeto observado. Es
decir, utiliza la "correspondencia biunvoca" para asociar a una coleccin de
objetos observados un grupo de signos o de cosas. Esta coleccin de signos puede
ser muy variada: desde palitos y cortes, guijarros, conchas y cocos, incisiones o
muescas sobre un palo, hasta los gestos de la mano (posiciones de la mano sobre
una parte del cuerpo) o de la cabeza.
La prctica del tallado en huesos o trozos de madera es antiqusima. Segn Ifrah
(1998: 169), los primeros testimonios arqueolgicos de ello datan de 35000 -
20000 a. C. y se trata de un numeroso conjunto de huesos, cada uno marcado
con una o varias series de muescas regularmente dispuestas, la mayora
encontrados en Europa occidental. As, Boyer (1996: 22) menciona el
descubrimiento, en Checoslovaquia, de un hueso perteneciente a un lobo joven,
hueso sobre el que aparece una sucesin de cincuenta y cinco incisiones,
dispuestas en dos series, por grupos de cinco. Ifrah (1998: 170-172) nos habla
del hallazgo, en Brassempouy, Las Landas, de un punzn de asta de reno que
tiene una talla longitudinal intercalada entre dos series de muescas transversales
regularmente dispuestas, repartidas cada una en dos grupos: tres y sietes trozos
por un lado, cinco y nueve por el otro.
Adems de la prctica del tallado, el hombre pudo tambin recurrir a otros
muchos intermediarios materiales: conchas, guijarros, frutos duros, dientes de
elefante, nueces de coco, etc. con los que haca montones o hileras
correspondientes-a la cantidad que se necesitaba enumerar. Segn Ifrah (1998:
58), muchos pueblos primitivos hacen lo mismo, pero empleando su propio
cuerpo. Gil (citado por Ifrah (1998: 58)) menciona que algunos isleos del
estrecho de Torres se tocan los dedos uno a uno, luego la mueca, el codo y el
hombro del lado derecho del cuerpo, luego el esternn, las articulaciones del lado
izquierdo, sin olvidar los dedos de esa mano. Llegan as a 17. Si eso no basta,
aaden los dedos de los pies, el tobillo, la rodilla y las caderas (de ambos lados).
Obtienen as 16 ms, por tanto 33 en total. Por encima de ese nmero, se ayudan
con un paquete de palillos . Otros isleos del estrecho de Torres emplean un
procedimiento anlogo con el que consiguen llegar hasta 19. Asimismo, los
indgenas de las islas Murray se relacionan de igual forma con cierto nmeros de
partes del cuerpo llegando de esta forma hasta 29.
Una vez enumerado el grupo de objetos observados, tiene su aparicin la
numeracin a travs de un lenguaje articulado (escrito o hablado). Segn Collette
(1985: 7), la numeracin presentar variantes segn las tribus, debido a dos
factores: primero, el lenguaje de la tribu determina las palabras de carcter
numrico y, segundo, el medio en el que la tribu evoluciona determina el tipo de
individuo y las necesidades especficas.
Sin embargo, la sustitucin de los objetos por palabras del lenguaje no significa
an que el concepto de nmero est en el pensamiento del que enumera. En esta
etapa, el hombre primitivo, que asocia a tres objetos tres palabras distintas, no
puede, sin palabras, pensar en el nmero tres. Segn Collette (1985: 8), eliminar
el soporte material del objeto observado, para no retener ms que el elemento
numrico al que corresponde en el proceso de numeracin, equivale de hecho a
exigir que el observador sea capaz de abstraer. Esta etapa decisiva se adquiere
progresivamente y en la medida en que se distinguen dos conceptos importes: el
nmero cardinal y el ordinal. Se trata de dos aspectos complementarios de la
nocin de nmero: el cardinal, que slo se basa en el principio de
emparejamiento, y el ordinal, que exige a la vez el proceso de emparejamiento y el
de sucesin. Segn Guedj (1998: 21) ambas funciones, la cardinal y la ordinal,
son inseparables. En la visin ordinal el nmero es visto como el eslabn de una
cadena; en la visin cardinal, es cantidad pura. El cardinal mide, el ordinal
ordena . Segn Dantzig (citado por Ifrah (1998: 78)) hemos aprendido a pasar
tan fcilmente del nmero cardinal al ordinal que ya no distinguimos esos dos
aspectos del nmero entero. Cuando queremos determinar la pluralidad de
objetos de un grupo, es decir, su nmero cardinal, ya no nos atenemos a la
obligacin de encontrar un conjunto modelo con el que podamos compararlo,
simplemente lo "contamos". Y nuestros progresos en matemticas se deben al
hecho de haber aprendido a identificar esos dos aspectos del nmero .
Segn Collette (1987: 8), el hombre primitivo piensa en un nmero cuando capta
bien las relaciones siguientes: primero, la naturaleza de los objetos que se van a
contar no desempea ningn papel en la numeracin; segundo, el orden en el
que los elementos son observados no influye en el resultado final, es decir, en el
nmero cardinal; y tercero, el ltimo elemento contado corresponde al nmero
cardinal de la coleccin.
Consecuentemente, el paso difcil de dar consiste en reconocer al ltimo elemento
contado como aqul que expresa "cuntos elementos contiene el conjunto que se
puede contar". A qu nivel las tribus de hombres prehistricos cumplieron las
condiciones antes citadas? Segn Collette (1985: 8) esta pregunta permanecer
probablemente sin respuesta debido a la ausencia de documentos relativo a estas
cuestiones . Sin embargo, se puede observar, entre las tribus primitivas de
comienzos de siglo XX, numerosas dificultades a la hora de contar: no se
entienden, en general, ms all de los nmeros 1 y 2 1, 2 y 3. Segn Lubbock
(1987: 402,403) los buchmanos y los indios de los bosques brasileos eran
incapaces de contar ms all de dos. Asimismo, los indgenas del cabo York
tienen nombre para los nmeros 1, 2 y 3, mientras que para cuatro dicen
"ungatua", es decir "toda" (sobreentendiendo la mano). Veamos, a continuacin,
un relato que hace Galton (citado por Lubbock (1987: 403-405)) a cerca de las
dificultades que ofrecen el lenguaje y la aritmtica de los damaras.
En la prctica los damaras no usan ningn nmero superior a tres.
Cuando desean expresar cuatro, recurren a los dedos, que para ellos son
instrumentos de clculo tan formidable como el contador para un escolar.
Pasando de cinco, se embrollan a falta de mano libre para coger y
asegurar los dedos, que han de hacer veces de unidades. A pesar de todo
rara vez pierden un buey; pero no es porque descubran la prdida, sino por
la ausencia de una figura conocida. Cuando venden carneros, hay que
pagarles cada uno por separado; supngase que el precio de un carnero
sean dos rollos de tabaco; pues de seguro se desconcertara un damara si
cogieseis dos carneros y le dieseis cuatro rollos. Yo lo hice una vez, y vi al
hombre poner aparte dos rollos, y mirar a uno de los carneros que estaba a
punto de vender. Convencido de que uno de ellos estaba debidamente
pagado, y advirtiendo con sorpresa que le quedaban exactamente dos
rollos para cobrar el segundo, le asaltaron las dudas (...)y acab por
romper el trato, hasta que al fin le puse en la mano dos rollos, y separ el
segundo carnero . Una vez que observaba yo a un damara enredado
desesperadamente en una cuenta, a un lado mo, vi al otro lado a mi
podenca Dinah, no menos apurada. Examinaba atentamente media
docena de cachorros recin nacidos, que se le haban quitado dos o tres
veces, y era excesiva su ansiedad, mientras procuraba darse cuenta de si
estaban todos presentes o le faltaba alguno todava. El animal se
deshaca, recorrindolos con la mirada, y yendo de una a otra parte, sin
quedar satisfecho. Evidentemente tena, aunque vaga, la idea de contar;
pero la cifra era demasiado considerable para su cerebro. Contemplado as
los dos, perro y damara, el hombre no sala muy favorecido en la
comparacin .
Segn Conant (1968: 21), estos hechos deben disuadir al matemtico de su
empeo en situar su investigacin sobre el origen del nmero en una poca
demasiado remota. Algunos filsofos han intentado establecer ciertas
proposiciones respecto a este problema, pero no han conseguido llegar a un
acuerdo. Whewell ha mantenido que "proposiciones como dos y tres son cinco,
que son ciertas necesariamente, contienen un elemento de certeza ms all de lo
que la mera experiencia puede darnos". Por otra parte, Mili arguye que una
afirmacin de esta clase expresa simplemente una verdad que se deriva de una
experiencia primitiva y constante; es esta opinin es apoyado calurosamente por
Tylor. Para Conant, el origen del nmero parece estar ms all de los propios
lmites de la investigacin; su concepcin primitiva reside en los fundamentos del
pensamiento humano.
Los testimonios anteriormente mencionados ilustran bien la dificultad inherente
al proceso de enumeracin y destaca tambin un elemento importante,
susceptible de prolongar la numeracin de una coleccin de objetos. Se trata de
la nocin de "agrupamiento" o "base" que permite, agrupando los objetos por
conjuntos, conseguir aumentar considerablemente el nmero de objetos
contados. As, las tribus primitivas emplearon agrupamientos de dos en dos, de
tres en tres, de cuatro en cuatro, de cinco en cinco, de seis en seis, de ocho en
ocho, de diez en diez, de doce en doce, de veinte en veinte y de sesenta en
sesenta, entre otros.
Segn Boyer (1996: 22), primero se utiliz el agrupamiento de dos en dos,
despus el de cuatro en cuatro y de seis en seis, mientras que ocasionalmente,
las variantes corresponden a agrupamientos de tres en tres. En esta opinin es
apoyado por Collette. (1985: 9). Sin embargo, los sistemas quinario y decimal
desplazaron de una manera casi invariable a los esquemas anteriores. Struik
(citado por Collette (1985: 10)) cita una investigacin emprendida por la
Universidad de Stanford sobre 307 sistemas de numeracin que se encuentran en
las tribus primitivas americanas. De estos sistemas, 146 pertenecen a los
agrupamientos de diez en diez, 106 a los agrupamientos de cinco y diez, 81 son
binarios, 35 son de base veinte y de base cinco y veinte, 15 pertenecen a los
agrupamientos de cuatro, 3 son agrupamientos de tres y uno slo corresponde a
la base ocho.
Un sistema muy natural y en boga es el correspondiente a los dedos de la mano y
puede implicar agrupamientos de cinco en cinco (dedos de una mano), de diez en
diez (dedos de las dos manos) y de veinte en veinte (dedos de los pies y de las
manos).
La base cinco fue tomada por pueblos que aprendieron a contar con una sola
mano. Ifrah (1998: 127) nos muestra cmo en algunas regiones de frica y
Oceana cuentan manualmente: primero se cuentan las cinco primeras
unidades extendiendo sucesivamente los dedos de la mano izquierda. Una vez
alcanzado ese nmero se despliega el pulgar derecho, y luego se contina
contando hasta diez extendiendo de nuevo los dedos de la mano izquierda, tras lo
cual se despliega el ndice derecho para registrar las unidades suplementarias ya
consideradas. Se puede contar de esa manera hasta 25. Y si no basta, se puede
prolongar la operacin hasta 30, acudiendo una vez ms a los dedos de la mano
izquierda . Ejemplos de lenguas que han conservado la base cinco son las
lenguas caribe y arawak, en Amrica; el guaran, en Amrica del Sur; el api y
huayl, en Oceana; el peulo, wolof, serere, mand, krou y voltaicas, en frica; y
el jemer, en Asia (Ifrah (1998: 108)).
Diversos pueblos, al darse cuenta de que inclinndose un poco podan contar,
adems de con los dedos de las manos, con los de los pies, adoptaron la base
veinte. As, segn Ifrah (1998: 125), los cinco primeros nombres de nmero
pueden ser asociados a los cinco dedos de la mano, los cinco siguientes a los
cinco dedos de la otra, los cinco siguientes a los cinco dedos del pie, y los cinco
ltimos a los cinco dedos del otro pie. Por ejemplo, segn Lubbock (1987: 406) los
indios zamucas y muiscas para cinco dicen "mano acabada". Para seis, "uno de la
otra mano". Para diez, "dos manos acabadas" o a veces "pie". Once es "pie-uno",
doce, "pie-dos", y as sucesivamente; veinte es "pies acabados", o en otros casos
"hombre", porque un hombre tiene diez dedos en las manos y otros diez en los
pies, lo que hace en junto veinte. Ejemplos de lenguas que han conservado la
base veinte son lo tamamos de Orinoco, esquimales de Groenlandia, los anos,
zapotecas y mayas (Ifrah (1998: 108)).
La base diez, por su parte, fue la ms difundida de todas y su adopcin es hoy
da casi universal. Como hizo observar Aristteles hace ya largo tiempo, lo
extendido de sta no es sino la consecuencia del accidente anatmico de que la
mayor parte de nosotros nacemos con diez dedos en la mano y otros diez en los
pies (Boyer (1996: 21)). Adems, la base decimal presenta una ventaja muy clara
sobre otras bases, y es que los nombres de nmero o los smbolos que exige son
relativamente poco numerosos, y una tabla de sumar y multiplicar, por poner un
ejemplo, puede aprenderse de memoria sin apenas esfuerzo.
Una vez comprendida la nocin de agrupamiento, es natural que el hombre
primitivo asigne entonces un smbolo particular al agrupamiento utilizado:
inventar as su sistema de numeracin.
Segn Collette (1985: 10,11) existen varios procedimientos utilizados durante la
prehistoria que dieron lugar a los diferentes sistemas de numeracin. El primero
consiste en prolongar el agrupamiento aadiendo unidad. Por ejemplo, si el
hombre primitivo emplea los cinco dedos de su mano izquierda como
agrupamiento, utilizar uno a uno los dedos de su mano derecha (o los pies) para
prolongar la cuenta hasta diez. Otro procedimiento consiste en utilizar el
principio de la repeticin en la numeracin de los objetos contados. Por ejemplo,
segn Lubbock (1987: 402), los indgenas del Errub y algunos del cabo York
emplean el sistema repetitivo siguiente: "netat" (uno), "naes" (dos), "naes-netat"
(tres), "naes-naes" (cuatro), "naes-naes-netat" (cinco), "naes-naes-naes" (seis). El
tercer mtodo, muy poco empleado durante la prehistoria, se basa esencialmente
en el principio de posicin: cualquier smbolo posee el valor indicado por la
posicin que ocupa en la sucesin de smbolos que representa un nmero u otro.
El ejemplo por excelencia es nuestro sistema decimal. Segn Collette (1985: 11),
el desarrollo de los sistemas de numeracin de la poca prehistrica no fue,
probablemente, ms all del tipo aditivo no posicional.
Ya en este punto, es interesante preguntarse si existe en los animales el sentido
de "nmero", esto es, si son capaces de reconocer y memorizar cantidades,
aunque sean pequeas. Responder a esta pregunta es importante no slo porque
nos revela la conducta de ciertos animales, sino ms an porque ampla nuestros
conocimientos sobre la naturaleza del pensamiento, sobre el concepto y origen del
nmero y sobre las bases psicolgicas del pensamiento matemtico.
El hombre posee un tipo de facultad que le permite tener el sentido de nmero:
ste le confiere la posibilidad de advertir que algo ha cambiado en una pequea
coleccin cuando un objeto ha sido retirado o aadido sin que l haya tenido
conocimiento previo de ello. Darwin, en su Descent of Man, afirma que algunos
de los animales superiores tienen facultades (como memoria y alguna forma de
imaginacin), y cada vez resulta ms claro que la capacidad para distinguir
nmero, tamao, orden y forma no son propiedad exclusiva del gnero humano.
Segn Feller (citado por Ifrah (1998: 34)), el estudio del comportamiento animal
es relativamente nuevo, y naci del deseo de los psiclogos de definir al hombre
no slo comparndolo con sus semejantes, sino adems situndolo en el conjunto
de los seres vivos. El animal proporciona un material de experiencia paciente,
fcil de controlar. Con l se pueden variar hasta el infinito las condiciones de la
experiencia y llevarla hasta sus lmites. Ingeniosos estudios han permitido
iluminar qu acciones lograba realizar el animal, desde las reacciones reflejas
hasta las complejas funciones cerebrales, tales como la capacidad de aprendizaje,
la memoria e incluso el lenguaje o el razonamiento .
Los experimentos cientficos llevados a cabo por el notable zologo O. Koehler
parecen demostrar que los pjaros (Koehler experiment con pjaros), en
particular, y ciertos animales, en general, se hallan ms o menos dotadas del
sentido del nmero. Segn Koehler (1968: 82), nuestros pjaros no cuentan
porque necesitan palabras, no pueden dar nombre a los nmeros que perciben y
con los que trabajan, pero s se puede decir que piensan en "nmeros sin
nombre". Para Koehler (1968: 83,84) el hombre tiene dos habilidades pre-
lingsticas en comn con los pjaros. La primera es que puede comparar grupos
de unidades presentadas simultneamente slo con ver los nmeros de estas
unidades y excluyendo todos los dems datos. As, a un cuervo y a un papagayo
se les presentaron cinco cajas tapadas con 2,3,4,5 y 6 manchas cada una, la llave
era una tapa con uno de estos nmeros de manchas y estaba en el suelo frente a
estas cajas. Ambos pjaros abrieron slo la que tena cinco manchas, o sea, el
mismo nmero que contena la llave modelo. La segunda habilidad es recordar
nmeros de incidentes correlativos y as guardar en su mente los nmeros
presentados sucesivamente en el tiempo. As, se ejercitaba a los pjaros dndoles
slo para comer "X" granos, hasta que, sin ayuda alguna, de un gran nmero de
granos siempre coman la misma cantidad determinada.
Otras experiencias llevadas a cabo con avispas, cuervos, cornejas, jilgueros, etc.
apoyan la tesis de que algunas especies animales se hallan ms o menos dotadas
del sentido del nmero, aunque circunscrito a lmites muy estrechos,
reducindose a lo que una percepcin inmediata permite reconocer de un vistazo.
Sin embargo, ningn animal sabe ni puede contar, pues como subraya E. Goblot
(citado por Ifrah (1998: 37)) esa abstraccin, que distingue la cantidad de las
cosas de sus cualidades, es una caracterstica especfica de la inteligencia
humana . La facultad de contar en abstracto indica un proceso mental muy
complejo y constituye una adquisicin relativamente reciente de la inteligencia
humana.
No me gustara terminar sin mencionar la influencia que tuvo en esta poca la
astronoma y la religin en los nmeros.
En cuanto a la astronoma, los pueblos primitivos posean ciertos conocimientos
relativos al sol, la luna y las estrellas. Adems, un pueblo agrcola deba llevar la
cuenta de los das y de las noches, as como las distintas estaciones. Los pueblos
primitivos adoptan un calendario lunar con el fin de diferenciar los aspectos
cambiantes de la vegetacin y poseer unidades de tiempo tiles y convenientes.
As, Ifrah (1998: 73) nos muestra una representacin del "calendario lunar"
usado antiguamente por indgenas del antiguo Dahomey, en frica. Se trata de
una franja de tejido que lleva cosidos treinta objetos (granos, pipas, conchas,
piedras, etc.) alineados en sentido longitudinal, y cada uno representando uno de
los treinta das del perodo as simbolizado.
En cuanto a la religin, es indispensable subrayar su influencia sobre la vida
primitiva, tanto en el plano espiritual como en el de las acciones diarias del
hombre primitivo. Usualmente se supone que los nmeros aparecieron para
responder a necesidades prcticas del hombre, pero hay estudios antropolgicos
que sugieren la posibilidad de un origen ritual. En un artculo aparecido en 1962,
Seidenberg (citado por Collette (1985: 15,16)) pretende demostrar que el arte de
contar pudo aparecer en conexin con ciertos rituales religiosos primitivos: en los
ritos ceremoniales que escenifican los mitos de la creacin era necesario llamar a
los participantes a escena en un orden preciso y determinado, y quiz la
numeracin se invent para resolver este problema. As, partiendo de la hiptesis
de que una sucesin definida de palabras acompaada de una actividad familiar
en la que la estas palabras son empleadas constituyen los elementos esenciales
para contar, emprende la demostracin de la siguiente conjetura: primero, los
nombres de los participantes de un ritual son de carcter numrico y, segundo, la
base utilizada correspondera al nmero de personas de un ritual fundamental y
la necesidad de utilizar nmeros altos provendra de la continua repeticin de
este ritual de base. Se propone explicar, utilizando el testimonio de la historia, la
procesin ritual, la procesin ritual por pares, la presencia en escena de los
participantes en el ritual y la llamada que toma forma de nmero. Como
conclusin, el autor, que considera el mito como la forma de las palabras
asociadas al rito, pretende que el hecho de contar era con frecuencia el elemento
central de un ritual y que se contaban los participantes en el mismo. Esto le hace
sugerir la hiptesis de que la cuenta fue inventada como un medio de llamar a
escena a los participantes de un ritual. Segn Boyer (1996: 23,24) si son
correctas las teoras del origen ritual de la numeracin, entonces el concepto de
nmero ordinal puede haber precedido al de nmero cardinal. Por otra parte, un
origen de este tipo tendera a apuntar a la posibilidad de que la numeracin
surgiera en un origen local nico, para extenderse despus a otros lugares de la
tierra. Este punto de vista, aunque est an lejos de estar bien establecido,
estara en armona con la divisin ritual de los nmeros enteros en pares e
impares, considerando a los primeros como femeninos y a los segundos como
masculinos .
En conclusin, nosotros slo podemos hacer conjeturas acerca de qu fue lo que
impuls al hombre primitivo a contar, pero lo que est claro es que los orgenes
de los nmeros son ms antiguos que las civilizaciones ms antiguas. Ir ms
lejos e identificar categricamente un origen concreto en el espacio o tiempo sera
tomar, de manera equivocada, conjetura por historia . (Boyer 1996:22)
Bibliografa
BOYER, C. B.
1996 Historia de la matemtica. Madrid, Alianza.
COLLETTE, J. P.
1985 Historia de las matemticas. Madrid, Siglo Veintiuno.
CONANT, L. L.
1968 "Contar". En: Sigma: el mundo de las matemticas (Seleccin de textos
matemticos de odos los tiempos, con notas y comentarios por James R.
Newman). Barcelona, Grijalbo. Volumen 4. pp: 20-29
CRUMP, T.
1993 La antropologa de los nmeros. Madrid, Alianza Editorial.
GUEDJ, D.
1998 El imperio de las cifras y los nmeros. Barcelona, Ediciones B.
IFRAH, G.
1998 Historia universal de las cifras: la inteligencia de la humanidad contada por
los nmeros y el clculo. Madrid, Espasa, D.L.
KOEHLER, O.
1968 "La capacidad de los pjaros para contar". En: Sigma: el mundo de las
matemticas (Seleccin de textos matemticos de todos los tiempos, con notas y
comentarios por James R. Newman). Barcelona, Grijalbo. Volumen 4. pp: 80-86
LUBBOCK, J.
1987 Los orgenes de la civilizacin y la condicin primitiva del hombre. Barcelona,
Alta Fulla.