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CORPOREIDAD Y DESMATERIALIZACIN EN EL ARTE VENEZOLANO
Moraima Guanipa Prof. Escuela de Comunicacin Social, Universidad Central de Venezuela.
Msc. en Literatura, Universidad Central de Venezuela.
RESUMEN
Los nuevos desarrollos tecnolgicos de la computacin y las llamadas
tecnologas de la informacin y de la comunicacin, TIC, estn transformado
radicalmente nuestro presente, al punto de que para algunos estamos ante un
irrefrenable proceso de digitalizacin de la vida contempornea. En este
contexto, las prcticas artsticas, as como la reflexin que de stas se derivan,
han expresado vivamente estos nuevos derroteros que van desde el uso de las
computadoras como medio para la creacin artstica, hasta su proyeccin y
experimentacin en los entornos virtuales de Internet y en el marco de la
cibercultura de nuestro tiempo. El presente trabajo explora, desde un abordaje
crtico, las relaciones entre las nuevas tecnologas y algunas expresiones del
arte venezolano en las ltimas dos dcadas.
Palabras clave: Arte, desmaterializacin, imagen digital
ABSTRACT
New technological developments in computing and Information and
communication Technologies (ICTs) are radically transformed our present. For
some authors we are facing an unstoppable process of digitization of
contemporary life. In this context the artistic practice and reflection that these
are derived, strongly expressed these new courses that range from the use of
computers as a means of artistic creation, to its proyection and
experimentation in virtual Internet and in the context of cyberculture of our
time. The present paper explores, from a critical approach, the relationship
between new technologies and some expressions of Venezuelan art in the last
two decades.
Key words: Art, dematerialization, digital imaging
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En las prximas pginas ensayaremos una lectura sobre el recorrido del
arte venezolano en el uso de medios digitales, desde los primeros asomos al
uso sistemtico de la computadora como medio expresivo hasta las
experiencias creadoras en nuevos medios de informacin y comunicacin, en el
marco de la cibercultura. Es decir, procesos creadores que se sirven de la
tecnologa digital en tanto medio (lenguaje, ambiente, interaccin), antes que
herramienta (soporte), segn la distincin aportada por Paul (2003) y Brea
(2002).
La trama binaria y el cuerpo de la obra
En pocos momentos del devenir humano como en nuestro tiempo lo
tecnolgico haba adquirido tanta preeminencia, especialmente a partir de la
Segunda Guerra Mundial, momento histrico que encarn la revelacin de que
podemos darnos la muerte, cuando el poder de las fuerzas destructoras no
se haba manifestado jams tan incontestable y tan indetenible como lo
apunt Julia Kristeva (1997, p. 184). Las tecnologas de la muerte masiva, y
las tecnologas de la informacin mostraron sus potencialidades y abrieron su
doble faz: como poder destructivo, pero tambin como posibilidad para el
desarrollo humano. Bien lo sintetiza Eduardo Vizer: Las TIC [tecnologas de la
informacin y de la comunicacin] y las denominadas industrias culturales
aunque se tiende a hablar de industrias creativas constituyen (junto a la
biotecnologa) los captulos ms brillantes y preocupantes que ha producido
la Cultura Tecnolgica de la era moderna (Vizer, 2007, p. 57).
Los nuevos mapas culturales trastocan las nociones de temporalidad y
espacialidad, as como las dinmicas culturales consagradas desde la
Ilustracin, con sus instituciones y productos (el libro, las academias, la crtica,
los museos, etc.). Los procesos globalizadores tambin han supuesto el
predominio tecnolgico de las industrias culturales, con sus consiguientes
cambios en las formas de percibir y acercarnos al arte y la cultura. Cabe el
vaticinio de Jos J. Brnner a fines del siglo XX: La historia no nos habla en el
lenguaje acostumbrado. Pronto veremos que la sociedad de donde todo esto
proviene pensamiento, arte, visin del mundo e historia tambin ha
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cambiado, hasta volverse una desconocida (Brnner, 1999, p. 61). En este
panorama, poda el arte estar al margen?
La nocin de objeto artstico y del artista mismo se ha venido
transformando desde adentro bajo los impulsos de la expansin
comunicacional, de lo digital, de la globalizacin y de la cibercultura del
presente. Tambin para el caso
de las instituciones que
tradicionalmente servan de
espacios para el arte, como los
museos y galeras.
Diversos autores (Jameson,
1995; Brnner, 1999; Fajardo
Fajardo, 2001) se han referido a
estos tiempos en los cuales se
cruzan por igual vertiginosos
impulsos de los flujos
comunicacionales, culturales y econmicos. Un momento humano crucial en el
que asistimos a cambios y puestas en cuestin del poder de la ideologa, del
arte, de los paradigmas instituidos. Un punto de quiebre o de ruptura que
anuncia nuevos horizontes socioculturales en el marco de procesos
globalizadores de amplio alcance y que reafirman en presente la observacin
que hace una dcada ofreca Ricardo Bello: Vamos en camino de la
digitalizacin de toda la experiencia humana (2000, p. 40).
Las transformaciones cientfico-tcnicas que cambiaron la faz
comunicacional y meditica del siglo XX hicieron explosin y ensancharon sus
fronteras en el XXI, con la expansin de las telecomunicaciones, la
globalizacin va redes informticas, por lo que desde diversos mbitos
disciplinares se ha venido enriqueciendo el espacio crtico del arte y de la
cibercultura. Y es en el campo del arte y de cara a los procesos de
virtualizacin donde quizs ms se ha cantado la bienvenida a esta
inmaterialidad e incorporeidad del mundo virtual, pero tambin es en este
territorio donde se han producido y se producen algunas de sus ms firmes
inquietudes y crticas.
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Para abonar en este mismo sentido, el filsofo y escritor colombiano
Carlos Fajardo Fajardo hace nfasis en el cruce entre los procesos de
mundializacin cultural y globalizacin econmica, los cuales a su juicio
deben tenerse en cuenta a la hora de reflexionar sobre el actual estado de la
esttica y de su impacto en las concepciones del arte de nuestro tiempo y en el
marco de una postmodernidad, activa y creciente (Fajardo Fajardo, 2001).
Las preguntas que formula son una suerte de llaves que abren y alientan
cualquier reflexin en este campo:
Qu aspectos de fondo han sido sacudidos y mutados en el arte y la
cultura por los gigantescos pasos de una globalizacin sin precedentes
histricos? Cules son los impactos de la mundializacin de imaginarios
culturales en las artes nacionales, locales y regionales? Qu nuevas
fisionomas va adquiriendo la teora esttica cuando algunas de sus
categoras y estructuras son alteradas por las nuevas ondas de este
espacio-tiempo contingente y catico? (Fajardo Fajardo, 2001).
El arte est cada vez ms en contacto con los procesos globalizadores y
multiculturales, pero al mismo tiempo se encuentra atravesado por las
tentaciones de lo tecnocientfico que se expresa en los fenmenos de la
cibercultura, potenciada a su vez por los impulsos de la informtica y la
expansin automatizada de la informacin a partir del uso de las computadoras
y de la Red. Y si bien la cibercultura es un trmino casi exclusivo de lo que
ocurre y media en el ciberespacio, en la trama de los sistemas de informacin
y comunicacin de Internet, no es menos cierto que tal perspectiva viene
desbordando y transformando incluso el mundo real. Lo digital escapa a lo
virtual y entra al mundo de nuestras relaciones ms concretas y cotidianas. En
palabras del socilogo Eduardo Vizer:
Las tecnologas se han ido humanizando, pero con la condicin de que
los seres humanos nos vayamos tecnologizando. Ha comenzado la
fusin irreversible entre el hombre y la mquina, entre la carne y el
signo, entre lo real y lo virtual. La infraestructura de la sociedad real se
sostiene sobre los pilares de los sistemas expertos, y stos a su vez se
alimentan con los recursos de la informacin, los dispositivos
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ingenieriles de las nanotecnologas y los procesos de creciente
digitalizacin (Vizer, 2007, p. 57)
Preguntarnos por el arte y el uso de las llamadas TIC, de los complejos
tecnovirtuales, supone ubicar el tema en un contexto cultural y comunicacional
que vaya ms all de la idea de que la revolucin tecnolgica a la que
asistimos es un asunto de nuevas mquinas, programas y procesos
computarizados de alcances y funciones cada vez ms estructurales y globales,
para colocarnos en la perspectiva en la que la mediacin tecnolgica de la
comunicacin deja de ser meramente instrumental y de aparatos, puesto que
introduce nuevos modos de percepcin y de lenguaje, nuevas sensibilidades y
escrituras (Martn Barbero, 2007, p. 78).
La edad ciberntica, como la califica Sartori (2008) evocando el
trmino usado en los aos 40 del siglo XX por Norbert Wiener, supone tambin
una cultura multimedial, una multimedialidad en la que pierden el monopolio
aparatos y medios de comunicacin como la televisin, para dar paso a un
nuevo soberano, el computador: porque el ordenador (y con l la
digitalizacin de todos los medios) no slo unifica la palabra, el sonido y las
imgenes, sino que adems introduce en los visibles realidades simuladas,
realidades virtuales (Sartori, 2008, p. 36).
Lo tecno-informacional media en el horizonte de lo artstico si se tiene
presente que las manifestaciones artsticas realizadas con computadoras,
independientemente de su forma y presentacin, son objetos informacionales
hechos de una sucesin numrica de ceros y unos (dgitos binarios), como
sostiene el artista y catedrtico argentino, Diego Levis (2001, p. 116). A ello
cabe sumar lo sealado por el filsofo de la comunicacin Antonio Pasquali,
cuando sostiene que en la actualidad la praxis comunicacional (y diramos que
en parte la artstica, especialmente en cuanto a su difusin), est menos
condicionada por el uso de canales naturales, la presencialidad y los cdigos
analgicos, y ms vinculada con milagros tecnolgicos como el uso de un
mismo cdigo, el dgito binario, para encifrar, conservar y producir hoy y en el
futuro cualquier cosa que la humanidad convierta en signo significante:
lenguas y lenguajes, imgenes fija o en movimiento y sonidos (Pasquali,
2009, p. 390).
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Pero nada ms lejos de nuestro nimo que seguir el impulso tecno-
fetichista que subyace al privilegiar la base tcnica de una obra y clasificarla
en funcin de la tecnologa utilizada para su realizacin, pues al contrario, son
los artistas quienes, al emplear dichas tecnologas con propsito crtico o
experimental, las redefinen como medios artsticos (Tribe y Jana, 2006, p. 7).
Y en ese mismo sentido apuntara la crtica de Jos
Luis Brea, en su libro La era Postmedia (2002), cuando
sentencia que ninguna especificacin tcnica del soporte
debiera considerarse como rasgo pertinente para una
categorizacin esttica (p.5). Brea, catedrtico espaol,
director de la revista Estudios Visuales y del portal online
sobre arte Aleph
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, sostiene que una forma artstica no
nace por la mera emergencia de una novedad tcnica, y ni
siquiera por el descubrimiento de un vocabulario formal
asociado a ella; sino slo cuando a una prctica de
produccin simblica le es dado el ejercicio de la autocrtica
inmanente (p. 30), como a su juicio viene ocurriendo con
el net art o aquellas formas de expresin esttica que
estaran transformando las formas contemporneas de
experiencia de lo artstico, ms all de los mbitos
institucionalizados del arte, como seran los museos y el
mercado artstico (Brea, 2002, p. 98).
Cumplido el vaticinio de Derrick de Kerckhove (1999),
cuando a finales del siglo XX sentenci que vivimos en la
tercera era de la comunicacin: la cibercultura, siguen vivos
los dilemas y dicotomas respecto a los alcances estticos
de aquellas expresiones artsticas afincadas en usos computacionales. Renato
Barilli, ya en la dcada de los ochenta identificaba tensiones dicotmicas al
interior de las expresiones del arte y se refera al juego de parejas:
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Estudios Visuales es una publicacin del Centro de Documentacin y Estudios Avanzados de Arte
Contemporneo, con sede en Murcia, Espaa. [Pgina Web en Lnea]. Disponible:
http://www.estudiosvisuales.net/revista/index.htm y Aleph es un portal espaol dedicado entre 1997 y 2002
al net art, el pensamiento y la crtica sobre las nuevas prcticas artsticas en Internet. [Pgina Web en
Lnea]. Disponible: http://aleph-arts.org/
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[] explosin-implosin; fugas hacia delante, hacia un futuro
hipertecnolgico, reacciones y retrocesos hacia los orgenes; el fro de
ampliados poderes tecnolgicos, o de ese grado de sensibilidad plida y
enrarecida que acompaa la imagen electrnica, y el clido del deseo
de no renunciar a la sofisticacin de los sentidos, deseo cada vez ms
estimulado por el creciente potencial del cual dispone la tecnologa de
hoy (Barilli, 1998, p. 432).
De una otra orilla: dos dcadas de arte y computadoras
Desde la segunda mitad del siglo XX las llamadas nuevas tecnologas,
especialmente la televisin y el video, se convirtieron en mbitos en los cuales
diversos artistas exploraron tanto crtica como creativamente. En palabras de
Darley, los artistas del momento comenzaron a ver en el ordenador un medio
nuevo y potencialmente estimulante de experimentacin esttica (Darley,
2002, p. 31).
Diversos autores (Green, 2000; Manovich, 2003; Tribe y Jana, 2006)
han encontrado en las expresiones del arte de los nuevos medios los vnculos
directos con las bsquedas de las vanguardias histricas de comienzos del siglo
XX, especialmente en el carcter disconforme y cuestionador de las propias
innovaciones tecnolgicas. Lev Manovich, docente en Nuevos Medios en la
Universidad de California, San Diego, en Estados Unidos, establece un
paralelismo entre las innovaciones formales de las vanguardias artsticas de las
dos primeras dcadas del siglo XX y las ocurridas con las exploraciones
estticas en el uso de las computadoras. Para este autor, las vanguardias
reutilizaron y explotaron lo que para entonces eran considerados nuevos
medios como la fotografa, el cine, las nuevas tcnicas de impresin
(Manovich, 2003). En este sentido se ubican Tribe y Jana cuando apuntan:
Del mismo modo que el dadasmo fue en parte una reaccin a la
industrializacin y la reproduccin mecnica de textos e imgenes, el
arte de los nuevos medios puede entenderse como una respuesta a la
revolucin de las tecnologas de la informacin y la digitalizacin de
diversos medios culturales (Tribe y Jana, 2006, p. 8).
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La lnea ira desde los movimientos como el dadasmo y se prolongara
hasta la segunda mitad del siglo XX en puntos de contacto con el arte cintico,
el pop art, el performance, el arte conceptual.
Estas perspectivas bien pueden vincularse con lo que premonitoriamente
anticip desde la filosofa Walter Benjamin al referirse a las profundas
transformaciones estticas y culturales que trajo consigo la reproductibilidad
tcnica de la imagen artstica, al sealar que mientras el valor cultural de la
obra artstica disminuye por va de su reproductibilidad, se potencia su valor
exhibitivo (Benjamn, 1989, p. 30). Y esta posibilidad es la que se encontrara
exponencialmente desarrollada con los procesos de digitalizacin de la imagen,
toda vez que al carcter reproducible se aade el potencial de modificacin y
alteracin de la obra misma. Esto sin contar con la capacidad que adquiere la
imagen digital para su multiplicacin-apropiacin por la va de Internet y en
tiempos en los que la cibercultura impone dinmicas de colaboracin e
interaccin entre artista-obra-espectador, pues la obra virtual es abierta
(Lvy, 2007, p. 108), en tanto susceptible de cambios en cada actualizacin. El
aura de la obra artstica, del que hablaba Benjamin, se atrofia y muta en una
experiencia que en la cibercultura la devuelve a una suerte de nueva unicidad,
no atada a lo ritual o a la tradicin, sino ms bien a su apropiacin y recreacin
por parte de cada espectador.
De Kerckhove utiliza metafricamente la imagen de arte volcnico para
referirse a la irrupcin de una nueva tecnologa que sacude la corteza de la
realidad imperante, como habra sucedido a fines del siglo XIX y comienzos del
XX, cuando el futurismo italiano y el modernismo en las artes y la arquitectura
expresaron las alteraciones que la revolucin industrial produjo en los ritmos
lentos de la cultura agraria. Con un nfasis por lo dems optimista, da cuenta
de la aceleracin tecnolgica que en nuestro tiempo impulsa la globalizacin y
conduce a lo que llama la segunda fase del proceso volcnico del arte
tecnolgico: brotando a borbotones del volcn y enfrindose lo
suficientemente rpido como para que la gente se aproxime a l (De
Kerckhove, 1999, p. 201).
En el caso venezolano, quizs no resulte gratuito encontrar que una de
las primeras experiencias pioneras en el uso de las tecnologas
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computacionales para la indagacin artstica, fuese el trabajo de Alejandro
Otero, considerado figura clave del vanguardismo en el arte venezolano de la
pasada centuria.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, el pas cultural se asom a la
escena internacional proyectado por los procesos modernizadores que en el
plano artstico supusieron la adopcin del cinetismo y del neoplasticismo.
Impulsado por la bonanza petrolera y dejada atrs la dictadura perejimenizta,
el pas asuma los destinos democrticos, proyectaba una imagen espacial y
futurista (Traba, 1973, p. 138) y promova el imaginario social de la
modernizacin. En ese contexto, la figura de Otero, junto con la de Jess Soto
y Carlos Cruz-Diez, resultan emblemticas en el campo de la modernizacin
artstica venezolana, no slo por sus bsquedas formales, sino tambin por su
consistente presencia en el entorno urbano, con obras en distintas ciudades del
pas. Cabe incluir, no obstante, las prevenciones que igualmente estas
expresiones trajeron consigo, como lo expres Marta Traba en su crtica a los
impulsos artsticos que marcaron las por entonces nuevas experiencias del arte
latinoamericano, incluido el cinetismo:
Al fin y al cabo, el cinetismo venezolano, sus cultores,
propulsores y descendientes, as como los neoplsticos y
minimalistas, corren tras la imagen fra, irreal y a veces (no
siempre) alucinante, de un mundo de ciencia-ficcin; ninguna
sociedad artstica ha rendido tal pleitesa, como la caraquea, a
la tcnica y los experimentos destinados a perfeccionarla. No
cabe duda que tal pasin es producto de su crecimiento sbito y
del desarrollo consiguiente [] (Traba, 1973, p. 138).
Pero el entusiasmo modernizador y la bonanza petrolera
encontraran un panorama dramticamente distinto en las
dcadas posteriores, marcadas por la crisis y los desajustes que
ya desde finales de los aos setenta y a partir de los ochenta se
instalaron en diversos rdenes de la vida social. El moderno
voluntarismo, como lo ha descrito con dolorosa precisin Luis
Enrique Prez Oramas (2000), empez a mostrar las costuras
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de un proyecto de modernizacin ms infraestructural que social, afianzada
en lo que este autor llama la imaginacin de la naturaleza sobreabundante,
excesiva y gratuita (2000, p. 611) y su consiguiente expresin, la de pas
petrolero.
Las artes visuales venezolanas parecen caminar en las dos ltimas
dcadas en la oscilacin que va de las bsquedas expresivas afirmadas en la
naturaleza, lo matrico, el paisaje transformado, a las indagaciones orientadas
hacia el conceptualismo, la depuracin expresiva y la asimilacin tecnolgica.
Ambas oscilaciones atienden a lo que Mara Elena Ramos distingue como las
dos grandes tradiciones en el arte del siglo XX en el pas: la lnea racional y
purista: -abstraccin, constructivismo, cinetismo- y, como su antagnico-
complementario permanente: la herencia figurativa y organicista (Ramos,
1998).
Un recorrido histrico en torno a las dcadas, que van desde los noventa
del siglo XX hasta la primera dcada del siglo XXI, nos ofrece algunas pistas
sobre los caminos ensayados para dar cuenta de cmo algunas expresiones del
arte digital venezolano aportan y dialogan crticamente con ese espacio
imaginario que es Venezuela (Pinardi, 2000). Hablamos de creadores cuya
obra excede largamente el uso de lo tecnolgico-computacional y se inscriben
en bsquedas cuyos planteamientos no slo suponen versatilidad en el uso de
medios y soportes, sino tambin un registro visual que da cuenta de la
condicin misma del arte como mbito de realizacin y de interrogacin
humanas.
Cabe advertir que en esta resea no se incluyen los valiosos aportes del
video-arte, la msica y el cine digitales, cada uno de los cuales resultara un
tema digno de estudio en s mismo y cuyas prcticas y alcances desbordan los
lmites del presente texto. Tambin se precisa que la seleccin forma parte de
un corpus ms vasto que demanda anlisis ms profundos y detenidos.
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De lo virtual a lo material y viceversa
Comencemos por los trabajos realizados por Alejandro Otero en el
Centro de Investigaciones de la IBM en Venezuela y que se dieron a conocer en
las exposiciones Saludo al siglo XXI, en 1990. Otero fue, para decirlo con
palabras de Mara Elena Ramos (1991), un artista de su tiempo, de su siglo,
encarn el espritu experimentador y fue cabeza visible del movimiento
abstracto-geomtrico que en nuestro pas haba adquirido carta de identidad
como expresin cultural cuasi-oficial a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Su obra no slo incluy un sostenido trabajo con la abstraccin geomtrica en
pinturas y dibujos, sino que tambin se expres en una presencia monumental
en estructuras cvicas y esculturas plantadas en diversos entornos urbanos del
pas, as como en sus indagaciones en la imagen computarizada.
Estamos frente a un artista que hizo de la experimentacin una
bsqueda y una lnea de trabajo constante, lo cual supuso incursionar en
experiencias tenidas entonces como tecnolgicamente pioneras y que
incluyeron pasantas en la dcada de los setenta en el Centro de Estudios
visuales Avanzados del Instituto Tecnolgico de Massachussetts (MIT), en
Estados Unidos. No obstante, cabe aclarar que el trabajo de Otero con las
computadoras apenas alcanz una fase de traslado de sus dibujos y bocetos de
esculturas cvicas al formato digital as como indagaciones respecto a la
estructura y el movimiento interno de las mismas, lo cual en modo alguno est
reido con su fidelidad a los rigores formales del plasticismo puro y su
coincidencia esttica, artstica y filosfica con la abstraccin (Ramos, 1991, p.
28).
Otro tanto encontramos en las experimentaciones cromticas e
inmersivas que desde los aos sesenta del siglo XX viene desarrollando Carlos
Cruz-Diez, una de las figuras, junto con Soto y Otero, ms reconocidas dentro
del movimiento del arte abstracto venezolano. Si bien la obra de Cruz-Diez
destaca por su vocacin urbana, con hitos monumentales en distintas ciudades
del pas, tambin ha incorporado el uso de la computadora como parte de los
planteamientos de este artista en cuanto a la participacin del espectador y
que l mismo reconoce como articuladora de su nocin del arte interactivo,
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como recoge su propio testimonio
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: Desde 1954 las obras manipulables han
formado parte de mis experiencias. Al igual que las nociones de lo aleatorio, lo
efmero y las "situaciones" en continua mutacin, expresadas en mi obra como
circunstancias capaces de poner en evidencia nociones distintas del mundo
cromtico.
Su trabajo se sirve de instalaciones y experiencias sensoriales a partir
de lo cromtico, basadas en un principio de interactividad orientado a la
inmersin total del espectador en la vivencia del color en movimiento,
requiriendo su involucramiento corporal, sensorial y mental con el color como
un evento espacial-temporal cambiante (Carvajal,
2009). Expresin de estas bsquedas es su propuesta
Experiencia cromtica aleatoria interactiva (1995),
que contempla la colocacin de computadoras y
programas, cuyo uso en la sala de exposicin le
permite al espectador crear sus propias imgenes e
interpretaciones de la obra de Cruz-Diez. Este trabajo
fue presentado recientemente como parte de la
exposicin Carlos Cruz-Diez. La experiencia sensorial
del color (2009-2010).
En las experiencias cromticas de Cruz-Diez y
ms all del carcter ldico que propone para la
interaccin y participacin del espectador, su trabajo
conduce a exploraciones en los que el color adquiere
una materialidad digital, una realidad que se reconstruye en la retina del
espectador.
En este mismo sentido de experimentacin tecnolgica figura el trabajo
que entre 1990 y 1991 desarroll Rolando Pea en el Centro Cientfico de la
IBM, en Caracas. Pea, quien a finales de los aos setenta asom entre los
artistas que irrumpieron en la escena nacional a travs de una vigorosa
participacin en performances y acciones corporales enmarcados en
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El sitio Web de Carlos Cruz-Diez [Pgina Web en Lnea]. Disponible en:
http://www.cruz-diez.com/espanol/index.htm [Consulta: 25 de mayo de 2009]
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propuestas conceptuales, se sirvi de las computadoras y de las exploraciones
en lo digital para enfatizar en la inmaterialidad lo que tanto en sus eventos y
acciones como en su trabajo plstico ha sido tema obsesivo: el petrleo, el
oro negro, como smbolo y metfora del pas. La serie de imgenes
computarizadas que reuni en los noventa bajo el ttulo de Mene Digital,
continuaron con propuestas multimedia e instalaciones como El derrame,
presentada en la Bienal de Venecia (1997) y ms recientemente han derivado
hacia exploraciones multimedios (DVD, video, instalaciones) alrededor de
conceptos de la fsica como energa y materia. Sus ltimos trabajos
conformaron la exposicin Energa oscura: Tributo a Albert Einstein (2005),
en colaboracin con el fsico e investigador Claudio Mendoza, quien tambin
trabaj con Otero en los aos 80 y en 2010 Petrleo Verde.
Y si bien tanto Otero como Pea se adentraron en las experiencias
digitales en colaboracin con especialistas de otros campos, ms familiarizados
con los sistemas y lenguajes computacionales, el artista Pedro Morales puede
ser catalogado como pionero en el pas cuanto a una propuesta esttica basada
en una suerte de manufactura propiamente digital. Ya en 1989, con la
exposicin La Mirada (Museo de Arte Contemporneo de Caracas) presentaba
una propuesta realizada con programas informticos disponibles para ese
momento y que luego lo llevaron a explorar en aspectos matemticos, con el
uso de imgenes construidas mediante la geometra fractal. Cabe destacar que
la obra de Morales ofrece una visin si se quiere anacrnica, al servirse de
lenguajes y tecnologas computacionales para ofrecer sus indagaciones que
mucho tienen de acento ntimo al explorar en la memoria, las viejas casas de
los barrios tradicionales y en su mayora desaparecidos de Maracaibo. De
una primera etapa de exploracin en la geometra fractal y en la creacin de
espacios virtuales tridimensionales que planteaban un recorrido por espacios
espectrales de antiguas casas, Morales se sirve de la llamada realidad virtual y
de los procesos de comunicacin e informacin que propicia Internet, para
cuestionar la realidad venezolana de comienzos del presente siglo, lo que llev
a que en 2003 su obra City Rooms fuese censurada por el Ministerio de
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Cultura y retirada como la representante de Venezuela en la Bienal de
Venecia
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.
Ms recientemente, plantea (Bordados pornogrficos 2007-2008 y
Bordados erticos, 2009), una vuelta a la idea del artista artesano abocado al
trabajo de la elaboracin manual de filigranas tejidas a partir de imgenes
digitalizadas. El artista desanda el camino a la inversa y pasa de la
inmaterialidad de la imagen digital a la corporeidad de unas obras elaboradas
manualmente y utilizando tcnicas textiles tradicionales, como es el bordado a
mano.
Un mbito temtico que resulta particularmente llamativo en las
exploraciones estticas de algunos artistas venezolanos es el cuerpo en sus
infinitas posibilidades simblicas. El tema tambin encuentra espacio en
propuestas digitalizadas y en indagaciones que parecen ir en contrava de
plausibles consideraciones tecno-corporales, para afirmarse en la interrogacin
y la crtica. En particular, destaca el trabajo que en el campo de la imagen
digital ofrece la dupla Aziz + Cucher
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(A + C), conformada por el
estadounidense Anthony Aziz y el venezolano Sammy Cucher, quienes desde
inicios de la dcada de los 90 vienen ofreciendo un inquietante obra que,
mediante la manipulacin de imgenes digitalizadas, se sirven tanto de la
borradura de seales propias de la identidad y la condicin humana (Faith,
Honor and Beauty, 1992 ; Dystopia, 1994), como de objetos amorfos y
espacios que parecen recubiertos con piel humana (Chimeras, 1998;
Interiors, 1999-2001) y ms recientemente, la creacin de una paisajstica
digitalizada (Sypnaptic, 2003) que explora y socava mediante la
fragmentacin y la deslocalizacin, las certezas y condicionamientos visuales
del espectador. En estos ltimos trabajos, la imagen digitalizada se convierte
en una simulacin del espacio pictrico y juega con las semejanzas entre el
pixelado y las pinceladas que a su vez se proyectan como recreaciones del
contacto sinptico entre clulas nerviosas transformadas en paisajes digitales.
91
La direccin del sitio web en la que se aloja City rooms, de Pedro Morales [Pgina Web en Lnea].
Disponible:http://pedromorales.com/cityrooms/fachadalado2.swf [Consulta: 22 de agosto de 2007]
92
El sitio en Internet de Aziz+Cucher [Pgina Web en Lnea]. Disponible:
http://www.azizcucher.net/home.php [Consulta: 25 de mayo de 2009]
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CORPOREIDAD Y DESMATERIALIZACIN EN EL ARTE VENEZOLANO
Moraima Guanipa
La ciudad y lo urbano transformado en horizonte digital y alucinado es el
espacio de obras que se sirven de la manipulacin de imgenes fotogrficas y
del video para dar cuenta de los fracasos de la modernidad venezolana. As se
destaca en la obra reciente de Alexander Apostol
93
, artista que devino de la
intimidad del cuerpo y sus alegatos de identidad al cuerpo de la ciudad en
fotografas digitalizadas donde las fachadas de edificios y residencias pierden
su propia condicin morfolgica, carentes de ventanas, pisos y puertas (serie
Residente pulido, 2003-2007) o las imgenes espectrales de la
grandilocuencia de edificaciones de los tiempos del franquismo en Espaa (Los
rboles de El Pardo, 2008), para sumar una arquitectura que habla
crticamente del deterioro y del fracaso
urbano. La denuncia y la crtica social
tambin estn presentes en sus series What
Im looking for (2001) y Torres de Europa
(2002) en los que el artista se sirve de
recursos propios del universo informtico y
comunicacional que supone Internet. En la
primera serie da cuenta de las visiones
idealizadas de nios y jvenes
latinoamericanos que envan mensajes por la
Red a hombres europeos con la esperanza de
encontrar un futuro mejor. La segunda serie,
conformada por una hilera de CPU de
computadoras, lo relaciona con la anterior, en
tanto estas torres se erigen como imgenes
especulares de lo que todava significan las
ciudades europeas en el imaginario de la
pobreza latinoamericana. Una indagacin que habla de los deseos de emigrar,
o simplemente el deseo del centro, y encuentra resonancias en los
experimentos modernistas de la Venezuela de los aos cincuenta (Gmez y
Villanueva, 2006, p.24)
93
El sitio Web de Alexander Apostol: http://www.alexanderapostol.com/index.php [Pgina Web en Lnea].
Disponible [Consulta: 25 de mayo de 2009]
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CORPOREIDAD Y DESMATERIALIZACIN EN EL ARTE VENEZOLANO
Moraima Guanipa
De necesaria mencin estn tambin las exploraciones en medios
digitales y en la Red que no escapan ni a lo ldico ni al cuestionamiento del
presente poltico nacional del artista Marcos Salazar
94
, quien luego de
experimentar en la escultura con polmeros y materiales no convencionales,
adems de explorar en el mbito de la msica electrnica, deriv en una
propuesta enteramente digital y en lnea, que apela al contexto poltico y
cultural venezolano.
El presente recorrido incluye tambin expresiones que a lo largo de la
presente dcada y mediante el uso de las tecnologas computacionales y la Red
asoman como bastiones del arte en la llamada cibercultura, el Net Art. En el
caso venezolano figura el nombre de Yucef Merhi, un artista que tiene varias
dcadas explorando en las conexiones entre la tecnologa y el lenguaje para
derivar en lo que l mismo denomina construcciones poticas
95
y quien
quizs sintetice como ninguno la diversidad de bsquedas y abordajes que lo
digital e interactivo en el arte suponen y exigen.
La aparicin de Yucef Merhi en el horizonte de la plstica venezolana no
poda ser ms llamativa y reveladora: en el ao 1999, en ocasin de una
nueva edicin del Saln Pirelli de Jvenes Artistas, Merhi intervino la pgina
Web oficial del entonces Museo de Arte Contemporneo Sofa Imber, a la que
suplant con lo que llam Saln Pirelli de Jvenes Artistas Digitales y que
segn sus propias palabras buscaba enfatizar lo tecnolgico como herramienta
y soporte para el arte contemporneo, algo de poco desarrollo en Venezuela
(Alfonzo, 2001). Esta accin del artista, que despert polmica as como
inters en el medio cultural venezolano, atiende cabalmente a la actitud de un
hacker. Este trmino paradjicamente alude tanto a conocedores y activistas
que se sirven de sus conocimientos informticos para promover la creacin y
acceso libre a software y recursos informticos, como a piratas informticos
que cometen prcticas dolosas y delictivas penalizadas en muchos pases.
Inscrito en una lnea de trabajo propia de los hacktivistas del arte, que
94
La pgina de Marcos Salazar: http://www.alcayata.com/
95
El sitio Web de Yucef Merhi [Pgina Web en Lnea]. Disponible: http://www.cibernetic.com/ [Consulta: 18
de junio de 2009]
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Moraima Guanipa
emplean sus tcnicas como concepto o contenido de su obra (Tribe y Jana,
2006), Merhi parte de la idea de la poesa como acto esencialmente
subversivo. El artista utiliza el ciberespacio, ese territorio sin fronteras que
Rushkoff (2000) bautiz con el nombre de Ciberia, para realizar proyectos y
acciones dirigidos a poner en evidencia la fragilidad de los sistemas sociales y
que en su caso incluyen el hackeo del correo electrnico de un presidente de la
Repblica o de una corporacin empresarial y de un artista, como el ingls
Damien Hirst.
En su ms reciente exposicin, High-Tech (noviembre 2010), Merhi
presenta una sntesis de ms de dos dcadas de creacin pionera en la
exploracin esttica en la que se sirve tanto de los dispositivos, aparatos
tecnolgicos como la ya hoy universal consola de videojuegos, Atari (Bin@ri,
1985), hasta el proyecto en Internet Supernumerarios (2009), una propuesta
interactiva mediante una pantalla tctil que lleva a los nombres y fichas de
identificacin de ex presidentes venezolanos. La obra de Merhi ofrece, desde
una aparente simplicidad, un complejo y elaborado registro crtico de nuestro
tiempo, adems de transformar, de deconstruir la complejidad de los sistemas
informticos y ponerlos al servicio de una potica personal.
El contenido y la hondura de algunas de las propuestas conceptuales y
estticas que hasta aqu se resean, se proyectan por encima de alardes
tecnocientficos. Bien cabe esperar desarrollos creadores que cumplan con la
aspiracin de ser obras que no ocultan con sofisticacin tcnica una carencia
de calidad artstica [] que pretenden hacer algo ms que adornar la
Infocultura comercial (Broeckmann, 2005), y que incluso investigan en
interfaces secos, antidiseados, espacios que lo sacrifican todo al contenido, a
la apertura de espacios de intervencin, dilogo y comunicacin (Brea, 2002,
p. 108).
Son muchas y diversas las lecturas que se ofrecen de trabajos que
desde la virtualidad de lo binario y digital encarnan en preguntas sobre lo que
somos como pas y como presente.
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CORPOREIDAD Y DESMATERIALIZACIN EN EL ARTE VENEZOLANO
Moraima Guanipa
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