La Naturaleza del Inconsciente en Freud
La Naturaleza del Inconsciente en Freud
,
"uenos #ires$ #morrortu, %&&'.
Lo inconciente. ()*)+,.
-Das [Link]/
Nota introductoria
El psicoanlisis nos ha enseado que la esencia del proceso de la represin no consiste en
cancelar, en aniquilar una representacin representante de la pulsin, sino en impedirle que
devenga conciente. Decimos entonces que se encuentra en el estado de lo inconciente, y
podemos ofrecer uenas prueas de que aun as! es capa" de e#teriori"ar efectos, incluidos los
que finalmente alcan"an la conciencia. $odo lo reprimido tiene que permanecer inconciente,
pero queremos de%ar sentado desde el comien"o que lo reprimido no recure todo lo
inconciente. &o inconciente aarca el radio ms vasto' lo reprimido es una parte de lo
inconciente. (De qu) modo podemos llegar a conocer lo inconciente* Desde luego, lo
conocemos slo como conciente, despu)s que ha e#perimentado una trasposicin o traduccin
a lo conciente. El traa%o psicoanal!tico nos rinda todos los d!as la e#periencia de que esa
traduccin es posile. +ara ello se requiere que el anali"ado ven"a ciertas resistencias, las
mismas que en su momento convirtieron a eso en reprimido por recha"o de lo conciente.
0usti1icaci2n del concepto
de lo inconciente
Desde muchos ngulos se nos impugna el derecho a suponer algo an!mico inconciente y a
traa%ar cient!ficamente con ese supuesto. En contra, podemos aducir que el supuesto de lo
inconciente es necesario y es leg!timo, y que poseemos numerosas prueas en favor de la
e#istencia de lo inconciente.
Es necesario, porque los datos de la conciencia son en alto grado lagunosos' en sanos y en
enfermos aparecen a menudo actos ps!quicos cuya e#plicacin presupone otros actos de los
que, empero, la conciencia no es testigo. $ales actos no son slo las acciones fallidas y los
sueos de los sanos, ni aun todo lo que llamamos s!ntomas ps!quicos y fenmenos osesivos
en los enfermos' por nuestra e#periencia cotidiana ms personal estamos familiari"ados con
ocurrencias cuyo origen desconocemos y con resultados de pensamiento cuyo trmite se nos
oculta. Estos actos concientes quedar!an incone#os e incomprensiles si nos empesemos en
sostener que la conciencia por fuer"a ha de enterarse de todo cuanto sucede en nosotros en
materia de actos an!micos, y en camio se insertan dentro de una cone#in discernile si
interpolamos los actos inconcientes inferidos. ,hora ien, una ganancia de sentido y de
coherencia es un motivo que nos autori"a plenamente a ir ms all de la e#periencia
inmediata. - si despu)s se demuestra que sore el supuesto de lo inconciente podemos
construir un procedimiento que nos permite influir con )#ito sore el decurso de los procesos
concientes para conseguir ciertos fines, ese )#ito nos procurar una pruea incontrastale de
la e#istencia de lo as! supuesto. Es preciso, entonces, adoptar ese punto de vista. No es ms
que una presuncin insostenile e#igir que todo cuanto sucede en el interior de lo an!mico
tenga que hacerse notorio tami)n para la conciencia.
+odemos avan"ar otro poco y aducir, en apoyo de la e#istencia de un estado ps!quico
inconciente, que, en cualquier momento dado, la conciencia aarca slo un contenido e#iguo'
por tanto, la mayor parte de lo que llamamos conocimiento conciente tiene que encontrarse en
cada caso, y por los per!odos ms prolongados, en un estado de latencia' vale decir. en un
estado de inconciencia /0ne1usstheit2 ps!quica. ,tendiendo a todos nuestros recuerdos
latentes, ser!a inconceile que se pusiese en entredicho lo inconciente. +ero ahora nos sale al
paso una o%ecin. estos recuerdos latentes ya no deer!an calificarse ms de ps!quicos, sino
que corresponder!an a los restos de procesos somticos de los cuales lo ps!quico puede rotar
de nuevo. Es fcil replicar que, al contrario, el recuerdo latente es indudalemente el saldo de
un estado ps!quico. +ero ms importante es de%ar en claro que esa o%ecin descansa en la
igualacin no e#pl!cita, pero estalecida de antemano, entre lo conciente y lo an!mico. $al
igualacin es, o ien una petitio principii que no de%a lugar a inquirir si es verdad que todo lo
ps!quico tiene que ser conciente, o ien un asunto de convencin, de nomenclatura. En este
3ltimo carcter, como convencin, es desde luego irrefutale. 4lo queda preguntarse si es a
tal punto adecuada que ser!a for"oso adherir a ella. 5ay derecho a responder que la igualacin
convencional de lo ps!quico con lo conciente es enteramente inadecuada. Desgarra las
continuidades ps!quicas, nos precipita en las insolules dificultades del paralelismo
psicof!sico 6ver nota7, est e#puesta al reproche de que sorestima sin fundamentacin visile
el papel de la conciencia y nos compele a aandonar antes de tiempo el mito de la
indagacin psicolgica, sin ofrecernos resarcimiento en otros campos.
De cualquier modo, resulta claro que esa cuestin, a saer, si han de conceirse como
an!micos inconcientes o como f!sicos esos estados de la vida an!mica de innegale carcter
latente, amena"a terminar en una disputa terminolgica. +or eso es %uicioso promover al
primer plano lo que saemos con seguridad acerca de la naturale"a de estos discutiles
estados. ,hora ien, en sus caracteres f!sicos nos resultan por completo inasequiles' ninguna
idea fisiolgica, ning3n proceso qu!mico pueden hacernos vislumrar su esencia. +or el otro
lado, se compruea que mantienen el ms amplio contacto con los procesos an!micos
concientes' con un cierto rendimiento de traa%o pueden trasponerse en estos, ser sustituidos
por estos' y admiten ser descritos con todas las categor!as que aplicamos a los actos an!micos
concientes, como representaciones, aspiraciones, decisiones, etc. - aun de muchos de estos
estados latentes tenemos que decir que no se distinguen de los concientes sino, precisamente,
porque les falta la conciencia. +or eso no vacilaremos en tratarlos como o%etos de
investigacin psicolgica, y en el ms !ntimo entrela"amiento con los actos an!micos
concientes.
&a ostinada negativa a admitir el carcter ps!quico de los actos an!micos latentes se e#plica
por el hecho de que la mayor!a de los fenmenos en cuestin no pasaron a ser o%eto de
estudio fuera del psicoanlisis. 8uien no conoce los hechos patolgicos, %u"ga las acciones
fallidas de las personas normales como meras contingencias y se conforma con la vie%a
saidur!a para la cual los sueos sueos son, no tiene ms que soslayar algunos enigmas de la
psicolog!a de la conciencia para ahorrarse el supuesto de una actividad an!mica inconciente.
+or lo dems, los e#perimentos hipnticos, en particular la sugestin poshipntica, pusieron
de manifiesto de manera palpale, incluso antes de la )poca del psicoanlisis, la e#istencia y
el modo de accin de lo inconciente an!mico 6ver nota7.
,hora ien, el supuesto de lo inconciente es, adems, totalmente leg!timo, puesto que para
estalecerlo no nos apartamos un solo paso de nuestro modo haitual de pensamiento, que se
tiene por correcto. , cada uno de nosotros, la conciencia nos procura solamente el
conocimiento de nuestros propios estados an!micos' que otro homre posee tami)n
conciencia, he ah! un ra"onamiento que e#traemos per analogiam sore la ase de las
e#teriori"aciones y acciones perceptiles de ese otro, y a fin de hacernos inteligile su
conducta. 6+sicolgicamente ms correcta es, empero, esta descripcin. sin una refle#in
especial, atriuimos a todos cuantos estn fuera de nosotros nuestra misma constitucin, y por
tanto tami)n nuestra conciencia' y esta identificacin es en verdad la premisa de nuestra
comprensin.7 Este ra"onamiento 9o esta identificacin9 fue e#tendido antao por el yo a otros
homres, a animales, a plantas, a seres inanimados y al mundo como un todo, y result
aplicale toda ve" que la seme%an"a con el yo9individuo era arumadoramente grande, pero se
hac!a ms dudosa en la medida en que lo otro se distanciaa del yo. 5oy nuestro pensamiento
cr!tico ya vacila en atriuir conciencia a los animales, se la rehusa a las plantas y relega a la
m!stica el supuesto de una conciencia en lo inanimado. +ero aun donde la inclinacin
originaria a la identificacin ha salido airosa del e#amen cr!tico, en lo otro humano, lo ms
pr#imo a nosotros, el supuesto de que posee conciencia descansa en un ra"onamiento y no
puede compartir la certe"a inmediata de nuestra propia conciencia.
El psicoanlisis no nos e#ige sino que este modo de ra"onamiento se vuelva tami)n hacia la
persona propia, para lo cual no tenemos inclinacin constitucional alguna. 4i as! se hace,
deer decirse que todos los actos y e#teriori"aciones que yo noto en m! y no s) enla"ar con el
resto de mi vida ps!quica tienen que %u"garse como si pertenecieran a otra persona y han de
esclarecerse atriuyendo a esta una vida an!mica. &a e#periencia muestra tami)n que esos
mismos actos a que no concedemos reconocimiento ps!quico en la persona propia, muy ien
los interpretamos en otros, vale decir, nos arreglamos para insertarlos dentro de la
concatenacin an!mica. Es evidente que nuestra indagacin es desviada aqu! de la persona
propia por un ostculo particular, que le impide alcan"ar un conocimiento ms correcto de
ella.
4i, a pesar de esa renuencia interior, volvemos hacia la persona propia aquel modo de
ra"onamiento, )l no nos lleva a descurir un inconciente, sino, en rigor, al supuesto de una
conciencia otra, una conciencia segunda que en el interior de mi persona est unida con la que
me es notoria. 4olamente aqu! encuentra la cr!tica, ocasin %ustificada para o%etar algo. En
primer lugar, una conciencia de la que su propio portador nada sae es algo diverso de una
conciencia a%ena, y en general es dudoso que mere"ca considerarse siquiera una conciencia
as!, en que se echa de menos su rasgo ms importante. El que se reel contra el supuesto de
algo ps!quico inconciente no puede quedar satisfecho trocndolo por 0na conciencia
inconciente. En segundo lugar, el anlisis apunta que los diversos procesos an!micos latentes
que discernimos go"an de un alto grado de independencia rec!proca, como si no tuvieran
cone#in alguna entre s! y nada supieran unos de otros. Deemos estar preparados, por
consiguiente, a admitir en nosotros no slo una conciencia segunda, sino una tercera, una
cuarta, y qui"s una serie inacaale de estados de conciencia desconocidos para nosotros
todos ellos y que se ignoran entre s!. En tercer lugar, entra en la cuenta un argumento ms
serio. por la investigacin anal!tica llegamos a saer que una parte de estos procesos latentes
poseen caracteres y peculiaridades que nos parecen e#traos y aun incre!les, y contrar!an
directamente las propiedades de la conciencia que nos son familiares. Ello nos da fundamento
para reformular aquel ra"onamiento vuelto hacia la persona propia. no nos pruea la
e#istencia en nosotros de una conciencia segunda, sino la de actos ps!quicos que carecen de
conciencia. +odremos tami)n recha"ar la designacin de suconciencia por incorrecta y
descaminada 6ver nota7. &os casos conocidos de doule conscience 6escisin /4paltung2 de
la conciencia7 nada pruean en contra de nuestra concepcin. ,dmiten descriirse de la
manera ms certera como casos de escisin de la actividad del alma en dos grupos, siendo
entonces una misma conciencia la que se vuelve alternadamente a un campo o al otro.
Dentro del psicoanlisis no nos queda, pues, sino declarar que los procesos an!micos son en s!
inconcientes y comparar su percepcin por la conciencia con la percepcin del mundo e#terior
por los rganos sensoriales 6ver nota7. - aun esperamos e#traer de esta comparacin una
ganancia para nuestro conocimiento. El supuesto psicoanal!tico de la actividad an!mica
inconciente nos aparece, por un lado, como una continuacin del animismo primitivo, que
dondequiera nos espe%aa homlogos de nuestra conciencia, y, por otro, como continuacin de
la enmienda que :ant introdu%o en nuestra manera de conceir la percepcin e#terior. ,s!
como :ant nos alert para que no %u"gsemos a la percepcin como id)ntica a lo perciido
incognoscile, descuidando el condicionamiento su%etivo de ella, as! el psicoanlisis nos
advierte que no hemos de sustituir el proceso ps!quico inconciente, que es el o%eto de la
conciencia, por la percepcin que esta hace de )l. ;omo lo f!sico, tampoco lo ps!quico es
necesariamente en la realidad seg3n se nos aparece. No ostante, nos dispondremos
satisfechos a e#perimentar que la enmienda de la percepcin interior no ofrece dificultades tan
grandes como la de la percepcin e#terior, y que el o%eto interior es menos incognoscile que
el mundo e#terior.
La multi3ocidad de
lo inconciente,
4 el punto de 3ista t2pico
,ntes de seguir avan"ando queremos estalecer el hecho importante, pero tami)n eno%oso,
de que la condicin de inconciente /0ne1usstheit2 es slo una marca de lo ps!quico que en
modo alguno asta para estalecer su caracter!stica. E#isten actos ps!quicos de muy diversa
dignidad que, sin emargo, coinciden en cuanto al carcter de ser inconcientes. &o
inconciente aarca, por un lado, actos que son apenas latentes, inconcientes por alg3n tiempo,
pero en lo dems en nada se diferencian de los concientes' y, por otro lado, procesos como los
reprimidos, que, si devinieran concientes, contrastar!an de la manera ms llamativa con los
otros procesos concientes. +ondr!amos fin a todos los malentendidos si en lo sucesivo, para la
descripcin de los diversos tipos de actos ps!quicos, prescindi)semos por completo de que
sean concientes o inconcientes y los clasificramos y entramramos tan slo seg3n su modo
de relacin con las pulsiones y metas, seg3n su composicin y su pertenencia a los sistemas
ps!quicos supraordinados unos respecto de los otros. ,hora ien, por diversas ra"ones esto es
impracticale, y as! no podemos escapar a esta amig<edad. usamos las palaras conciente
e inconciente ora en el sentido descriptivo, ora en el sistemtico, en cuyo caso significan
pertenencia a sistemas determinados y dotacin con ciertas propiedades. $ami)n se podr!a
hacer el intento de evitar la confusin designando a los sistemas ps!quicos conocidos
mediante nomres que se escogiesen al a"ar y no aludiesen a la condicin de conciente
/=e1usstheit2' slo que antes deer!a especificarse aquello en que se funda la diferenciacin
entre los sistemas, y al hacerlo no se podr!a esquivar la condicin de conciente, pues ella
constituye el punto de partida de todas nuestras indagaciones. 8ui" pueda depararnos alg3n
remedio la siguiente propuesta. sustituir, al menos en la escritura, conciencia por el s!molo
;c, e inconciente por la correspondiente areviatura >cc, toda ve" que usemos esas dos
palaras en el sentido sistemtico.
Dentro de una e#posicin positiva enunciamos ahora, como resultado del psicoanlisis. un
acto ps!quico en general atraviesa por dos fases de estado, entre las cuales opera como
selector una suerte de e#amen 6censura7. En la primera fase )l es inconciente y pertenece al
sistema >cc' s! a ra!" del e#amen es recha"ado por la censura, se le deniega el paso a la
segunda fase' entonces se llama reprimido y tiene que permanecer inconciente. +ero si sale
airoso de este e#amen entra en la segunda fase y pasa a pertenecer al segundo sistema, que
llamaremos el sistema ;c. Empero, su relacin con la conciencia no es determinada todav!a
un!vocamente por esta pertenencia. No es a3n conciente, sino susceptile de conciencia
6seg3n la e#presin de ?. =reuer7 6ver nota7 vale decir, ahora puede ser o%eto de ella sin una
particular resistencia toda ve" que se re3nan ciertas condiciones. En atencin a esta
susceptiilidad de conciencia llamamos al sistema ;c tami)n el preconciente. 4i se llegara
a averiguar que a su ve" el devenirconciente de lo preconciente es codeterminado por una
cierta censura, deer!amos aislar entre s! con rigor los sistemas +rcc y ;c.. +rovisionalmente
aste con estalecer que el sistema +rcc participa de las propiedades del sistema ;c, y que la
censura rigurosa est en funciones en el paso del >cc al +rcc 6o ;c7.
;on la aceptacin de estos dos 6o tres7 sistemas ps!quicos, el psicoanlisis se ha distanciado
otro paso de la psicolog!a descriptiva de la conciencia y se ha procurado un nuevo
planteamiento y un nuevo contenido. De la psicolog!a que ha imperado hasta ahora se
distingue, principalmente, por su concepcin dinmica de los procesos an!micos' y a ello se
suma que tami)n quiere tomar en cuenta la tpica ps!quica e indicar, para un acto ps!quico
cualquiera, el sistema dentro del cual se consuma o los sistemas entre los cuales se %uega. ,
causa de este empeo ha reciido tami)n el nomre de psicolog!a de lo profundo. @s
adelante veremos que el psicoanlisis todav!a puede enriquecerse con otro punto de vista.
4! queremos tomar en serio una tpica de los actos an!micos, tenemos que dirigir nuestro
inter)s a una duda que en este punto asoma. 4i un acto ps!quico 6limit)monos aqu! a los que
son de la naturale"a de una representacin7 e#perimenta la trasposicin del sistema >cc al
sistema ;e 6o +rec7, (deemos suponer que a ella se liga una fi%acin /Ai#ierung2 nueva, a la
manera de una segunda trascripcin de la representacin correspondiente, la cual entonces
puede contenerse tami)n en una nueva localidad ps!quica susistiendo, adems, la
trascripcin originaria, inconciente* 6ver nota7 (B ms ien deemos creer que la trasposicin
consiste en un camio de estado que se cumple en id)ntico material y en la misma localidad*
Esta pregunta puede parecer astrusa, pero tenemos que planternosla si queremos formarnos
una idea ms precisa de la tpica ps!quica, de la dimensin de lo ps!quico profundo. Es dif!cil
porque reasa lo puramente psicolgico y ro"a las relaciones del aparato ps!quico con la
anatom!a. 4aemos que tales relaciones e#isten, en lo ms grueso. Es un resultado
inconmovile de la investigacin cient!fica que la actividad del alma se liga con la funcin del
cerero como no lo hace con ning3n otro rgano. 0n nuevo paso 9no se sae cun largo9 nos
hace avan"ar el descurimiento del desigual valor de las partes del cerero y su relacin
especial con determinadas partes del cuerpo y actividades mentales. +ero han fracasado de
ra!" todos los intentos por colegir desde ah! una locali"acin de los procesos an!micos, todos
los esfuer"os por imaginar las representaciones almacenadas en c)lulas nerviosas y la
circulacin de las e#citaciones por los haces de nervios 6ver nota7. El mismo destino correr!a
una doctrina que pretendiera individuali"ar el lugar anatmico del sistema ;c 6la actividad
conciente del alma7 en la corte"a cereral, por e%emplo, y situar los procesos inconcientes en
las "onas sucorticales del cerero 6ver nota7. ,qu! se nos are una laguna' por hoy no es
posile llenarla, ni es tarea de la psicolog!a. Nuestra tpica ps!quica provisionalmente nada
tiene que ver con la anatom!a' se refiere a regiones del aparato ps!quico, dondequiera que
est)n situadas dentro del cuerpo, y no a localidades anatmicas.
Nuestro traa%o, por tanto, es lire en este aspecto y le est permitido proceder seg3n sus
propias necesidades. Esto 3ltimo ser provechoso siempre que tengamos presente que
nuestros supuestos no reclaman, en principio, sino el valor de ilustraciones. &a primera de las
dos posiilidades consideradas, a saer, que la fase ;c de la representacin significa una
trascripcin nueva de ella, situada en otro lugar, es sin duda la ms grosera, aunque tami)n la
ms cmoda. El segundo supuesto, el de un camio de estado meramente funcional, es el ms
veros!mil de antemano, pero es menos plstico, de mane%o ms dif!cil. ;on el primer
supuesto, el supuesto tpico, se enla"a un divorcio tpico entre los sistemas >cc y ;e y la
posiilidad de que una representacin est) presente al mismo tiempo en dos lugares del
aparato ps!quico, y aun de que se traslade regularmente de un lugar a otro s! no est inhiida
por la censura, llegado el caso sin perder su primer asentamiento o su primera trascripcin.
8ui"s esto pare"ca e#trao, pero puede apuntalarse en impresiones e#tra!das de la prctica
psicoanal!tica.
4i comunicamos a un paciente una representacin que )l reprimi en su tiempo y hemos
logrado colegir, ello al principio en nada modifica su estado ps!quico. 4ore todo, no cancela
la represin ni, como qui" podr!a esperarse, hace que sus consecuencias cedan por el hecho
de que la representacin antes inconciente ahora devenga conciente. ,l contrario, primero no
se conseguir ms que una nueva desautori"acin de la representacin reprimida. +ero de
hecho el paciente tiene ahora la misma representacin a%o una dole forma en lugares
diferentes de su aparato an!mico' primero, posee el recuerdo conciente de la huella auditiva de
la representacin que le hemos comunicado, y en segundo t)rmino, como con certe"a
saemos, lleva en su interior 6y en la forma que antes tuvo7 el recuerdo inconciente de lo
vivenciado 6ver nota7. En realidad, la cancelacin de la represin no soreviene hasta que la
representacin conciente, tras vencer las resistencias, entra en cone#in con la huella
mn)mica inconciente. 4lo cuando esta 3ltima es hecha conciente se consigue el )#ito. +or
tanto, para una consideracin superficial parecer!a comproado que representaciones
concientes e inconcientes son trascripciones diversas, y separadas en sentido tpico, de un
mismo contenido. +ero la ms somera refle#in muestra que la identidad entre la
comunicacin y el recuerdo reprimido del paciente no es sino aparente. El tener o!do y el
tener9vivenciado son, por su naturale"a psicolgica, dos cosas por entero diversas, por ms
que posean id)ntico contenido.
+or consiguiente, en un comien"o no estamos en condiciones de distinguir entre las dos
posiilidades. $al ve" ms adelante acertemos con factores que puedan inclinar la alan"a en
favor de una de ellas. 8ui" nos aguarde el descurimiento de que nuestro planteo era
insuficiente y la diferencia entre la representacin inconciente y la conciente ha de
determinarse de un modo radicalmente diverso.
Sentimientos inconcientes
5emos circunscrito el anterior deate a las representaciones, y ahora podemos plantear un
nuevo prolema cuya respuesta no podr menos que contriuir a la aclaracin de nuestras
opiniones tericas. Di%imos que ha!a representaciones concientes e inconcientes' (e#isten
tami)n mociones pulsionales, sentimientos, sensaciones inconcientes, o esta ve" es
disparatado formar esos compuestos*
Cpino, en verdad, que la oposicin entre conciente e inconciente carece de toda pertinencia
respecto de la pulsin. 0na pulsin nunca puede pasar a ser o%eto de la conciencia' slo
puede serlo la representacin que es su representante. ,hora ien, tampoco en el interior de lo
inconciente puede estar representada si no es por la representacin. 4i la pulsin no se
adhiriera a una representacin ni saliera a la lu" como un estado afectivo, nada podr!amos
saer de ella. Entonces, cada ve" que pese a eso halamos de una mocin pulsional
inconciente o de una mocin pulsional reprimida, no es sino por un inofensivo descuido de la
e#presin. No podemos aludir sino a una mocin pulsional cuya agencia representante9
representacin es inconciente, pues otra cosa no entra en cuenta.
;reer!amos que la respuesta a la pregunta por las sensaciones, los sentimientos, los afectos
inconcientes se resolver!a con igual facilidad. Es que el hecho de que un sentimiento sea
sentido, y, por lo tanto, que la conciencia tenga noticia de )l, es inherente a su esencia. &a
posiilidad de una condicin inconciente faltar!a entonces por entero a sentimientos,
sensaciones, afectos. +ero en la prctica psicoanal!tica estamos haituados a halar de amor,
odio, furia, etc., inconcientes, y aun hallamos inevitale la e#traa cominacin conciencia
inconciente de culpa o una parad%ica angustia inconciente. ($iene este uso ling<!stico
mayor significado aqu! que en el caso de la pulsin inconciente*
En realidad, las cosas se presentan en este caso dispuestas de otra manera. ,nte todo puede
ocurrir que una mocin de afecto o de sentimiento sea perciida, pero erradamente. +or la
represin de su representante genuino fue compelida a enla"arse con otra representacin, y as!
la conciencia la tiene por e#teriori"acin de esta 3ltima. ;uando restauramos la concatenacin
correcta, llamamos inconciente a la mocin afectiva originaria, aunque su afecto nunca lo
fue, pues slo su representacin dei pagar triuto a la represin. El uso de las e#presiones
afecto inconciente y sentimiento inconciente remite en general a los destinos del factor
cuantitativo de la mocin pulsional, que son consecuencia de la represin. 4aemos que esos
destinos pueden ser tres. el afecto persiste 9en un todo o en parte9 como tal, o es mudado en
un monto de afecto cualitativamente diverso 6en particular, en angustia7, o es sofocado, es
decir, se estora por completo su desarrollo. 6Estas posiilidades son qui" ms fciles de
estudiar en el traa%o del sueo que en las neurosis.7 6ver nota7. 4aemos tami)n que la
sofocacin del desarrollo del afecto es la meta genuina de la represin, y que su traa%o queda
inconcluso cuando no la alcan"a. En todos los casos en que la represin consigue inhiir el
desarrollo del afecto, llamamos inconcientes a los afectos que volvemos, a poner en su sitio
tras endere"ar /Dedressement2 lo que el traa%o represivo ha!a torcido. +or tanto, no puede
negarse consecuencia al uso ling<!stico' pero en la comparacin con la representacin
inconciente surge una importante diferencia. tras la represin, aquella sigue e#istiendo en el
interior del sistema >cc como formacin real, mientras que ah! mismo al afecto inconciente le
corresponde slo una posiilidad de planteo /de amago2 a la que no se le permite desplegarse.
En rigor, y aunque el uso ling<!stico siga siendo intachale, no hay por tanto afectos
inconcientes como hay representaciones inconcientes. +ero dentro del sistema >cc muy ien
puede haer formaciones de afecto que, al igual que otras, devengan concientes. $oda la
diferencia estria en que las representaciones son investiduras 9en el fondo, de huellas
mn)micas9, mientras que los afectos y sentimientos corresponden a procesos de descarga
cuyas e#teriori"aciones 3ltimas se percien como sensaciones. En el estado actual de nuestro
conocimiento de los afectos y sentimientos no podemos e#presar con mayor claridad esta
d!ferencia 6ver nota7.
Especial inter)s tiene para nosotros el haer averiguado que la represin puede llegar a inhiir
la trasposicin de la mocin pulsional en una e#teriori"acin de afecto. Esa comproacin nos
muestra que el sistema ;c normalmente goierna la afectividad as! como el acceso a la
motilidad, y real"a el valor de la represin, por cuanto revela que no slo coarta la conciencia,
sino el desarrollo del afecto y la puesta en marcha de la actividad muscular. ;on una
formulacin invertida podr!amos decir. @ientras el sistema ;c goierna la afectividad y la
motilidad, llamamos normal al estado ps!quico del individuo. Empero, hay una innegale
diferencia en la relacin del sistema dominante con las dos acciones de descarga pr#imas
entre s! 6ver nota7. @ientras que el imperio de la E, sore la motilidad voluntaria es muy
firme, y por regla general resiste el asalto de la neurosis y slo es querantado en la psicosis,
su goierno del desarrollo del afecto es menos slido. - aun dentro de la vida normal puede
discernirse una pugna permanente de los dos sistemas, ;c e >cc, en torno del primado sore la
afectividad' se deslindan entre s! ciertas esferas de influencia y se estalecen contaminaciones
entre las fuer"as eficaces.
&a importancia del sistema ;c 6+rcc7 para el acceso al desprendimiento de afecto y a la accin
nos permite tami)n comprender el papel que toca a la representacin sustitutiva en la
conformacin de la enfermedad. Es posile que el desprendimiento de afecto parta
directamente del sistema >cc, en cuyo caso tiene siempre el carcter de la angustia, por la cual
son trocados todos los afectos reprimidos. +ero con frecuencia la mocin pulsional tiene
que aguardar hasta encontrar una representacin sustitutiva en el interior del sistema ;c.
Despu)s el desarrollo del afecto se hace posile desde este sustituto conciente, cuya
naturale"a determina el carcter cualitativo del afecto. 5emos afirmado que en la represin se
produce un divorcio entre el afecto y su representacin, a ra!" de lo cual amos van al
encuentro de sus destinos separados. Esto es incontrastale desde el punto de vista
descriptivo' empero, el proceso real es, por regla general, que un afecto no hace su aparicin
hasta que no se ha consumado la irrupcin en una nueva surogacin /Fertretung2 del sistema
;c.
T2pica 4 din5mica
de la represi2n
&legamos entonces a este resultado. la represin es en lo esencial un proceso que se cumple
sore representaciones en la frontera de los sistemas >cc y +rcc 6;c7. ,hora podemos hacer un
renovado intento por descriir ms a fondo ese proceso. 5a de tratarse de una sustraccin de
investidura, pero nos resta averiguar el sistema dentro del cual se reali"a esa sustraccin y
aquel al cual pertenece la investidura sustra!da.
&a representacin reprimida sigue teniendo capacidad de accin dentro del >cc' por tanto,
dee de haer conservado su investidura. &o sustra!do ha de ser algo diverso. ;onsideremos
el caso de la represin propiamente dicha 6del esfuer"o de dar ca"a7, tal como se e%erce
sore la representacin preconciente o aun sore la ya conciente' entonces la represin slo
puede consistir en que a la representacin se le sustraiga la investidura 6pre7conciente que
pertenece al sistema +rcc. &a representacin queda entonces desinvestida, o recie investidura
del >cc, o conserva la investidura icc que ya ten!a. +or tanto, hay sustraccin de la investidura
preconciente, conservacin de la investidura inconciente o sustitucin de la investidura
preconciente por una inconciente. Notemos, adems, que hemos puesto en la ase de esta
oservacin, como al descuido, este supuesto. el paso desde el sistema >cc a uno contiguo no
acontece mediante una trascripcin nueva, sino mediante un camio de estado, una mudan"a
en la investidura. El supuesto funcional ha arro%ado aqu! del campo, con poco esfuer"o, al
supuesto tpico.
Empero, este proceso de sustraccin de liido no asta para hacer inteligile otro carcter de
la represin. No se advierte la ra"n por la cual la representacin que sigue investida o que es
provista de investidura desde el >cc no har!a intentos renovados por penetrar en el sistema
+rec, valida de su investidura. En tal caso la sustraccin de liido tendr!a que repetirse en ella
y ese %uego id)ntico se proseguir!a interminalemente, pero el resultado no ser!a la represin.
De igual modo, el aludido mecanismo de sustraccin de una investidura preconciente no
funcionar!a cuando estuviera en %uego la figuracin de la represin primordial' es que en ese
caso est presente una representacin inconciente que a3n no ha reciido investidura alguna
del +rcc y, por tanto, ella no puede serle sustra!da.
,qu! necesitamos entonces de otro proceso, que en el primer caso Gel del esfuer"o de dar
ca"aH mantenga la represin, y en el segundo Gel de la represin primordialH cuide de su
produccin y de su permanencia, y slo podemos hallarlo en el supuesto de una
contrainvestidura mediante la cual el 'sistema +rcc se protege contra el asedio de la
representacin inconciente. En e%emplos cl!nicos veremos el modo en que se e#teriori"a una
contrainvestidura as!, que opera en el interior del sistema +rcc. Ella representa /reprIsentiert2
el gasto permanente Gde energ!aH de una represin primordial, pero es tami)n lo que
garanti"a su permanencia. &a contrainvestidura es el 3nico mecanismo de la represin
primordial' en la represin propiamente dicha 6el esfuer"o de dar ca"a7 se suma la sustraccin
de la investidura prcc. - es muy posile que precisamente la investidura sustra!da de la
representacin se aplique a la contrainvestidura.
Deparamos en que poco a poco hemos ido delineando, en la e#posicin de ciertos fenmenos
ps!quicos, un tercer punto de vista adems del dinmico y del tpico, a saer, el econmico,
que aspira a perseguir los destinos de las magnitudes de e#citacin y a otener una estimacin
por lo menos relativa de ellos. No %u"gamos inadecuado designar mediante un nomre
particular este modo de consideracin que es el coronamiento de la investigacin
psicoanal!tica. +ropongo que cuando consigamos descriir un proceso ps!quico en sus
aspectos dinmicos, tpicos y econmicos eso se llame una e#posicin metapsicolgica. ;ae
predecir que, dado el estado actual de nuestros conocimientos, lo conseguiremos slo en unos
pocos lugares.
5agamos un t!mido intento de dar una descripcin metapsicolgica del proceso de la
represin en las tres neurosis de trasferencia conocidas. Nos est permitido sustituir in
vestidura por liido, pues, como saemos, se trata de los destinos de las pulsiones
se#uales.
En el caso de la histeria de angustia, una primera fase del proceso suele descuidarse' qui" ni
siquiera se la advierte pero es ien notale para una oservacin ms cuidadosa. ;onsiste en
que la angustia surge sin que se percia ante qu). ;ae suponer que dentro del >cc e#isti una
mocin de amor que demandaa trasponerse al sistema +rcc' pero la investidura volcada a ella
desde este sistema se le retir al modo de un intento de huida, y la investidura liidinal
inconciente de la representacin as! recha"ada fue descargada como angustia. , ra!" de una
eventual repeticin del proceso, se dio un primer paso para domear ese desagradale
desarrollo de angustia 6ver nota7. &a investidura GprccH fugada se volc a una representacin
sustitutiva que, a su ve", por una parte se entram por v!a asociativa con la representacin
recha"ada y, por la otra, se sustra%o de la represin por su distanciamiento respecto de aquella
6sustituto por despla"amiento7 y permiti una racionali"acin del desarrollo de angustia
todav!a no inhiile. &a representacin sustitutiva %uega ahora para el sistema ;c 6+rcc7 el
papel de una contrainvestidura' en efecto, lo asegura contra la emergencia en la ;c de la
representacin reprimida. +or otra parte, es el lugar de donde arranca el desprendimiento de
afecto, ahora no inhiile, y en mayor medida' al menos, se comporta como si fuera ese lugar
de arranque. &a oservacin cl!nica muestra, por e%emplo, que un nio afectado de foia a los
animales siente angustia cuando se da una de estas dos condiciones. la primera, cuando la
mocin de amor /hacia su padre2 reprimida e#perimenta un refuer"o' la segunda, cuando es
perciido el animal angustiante. &a representacin sustitutiva se comporta, en un caso, como
el lugar de una trasmisin desde el sistema >cc al interior del sistema ;c y, en el otro, como
una fuente autnoma de desprendimiento de angustia. &a e#pansin del imperio del sistema
;c suele e#teriori"arse en el hecho de que el primer modo de e#citacin de la representacin
sustitutiva retrocede cada ve" ms frente al segundo. 8ui"s al final el nio se comporte como
si no tuviera ninguna inclinacin hacia el padre, como si se huiera emancipado por completo
de )l y realmente e#perimentara angustia frente al animal. 4lo que esa angustia frente al
animal, alimentada desde la fuente pulsional inconciente, se muestra refractaria e hipertrfica
frente a todas las influencias que parten del sistema ;c, en lo cual de%a traslucir que su origen
se sit3a en el sistema >cc.
+or tanto, en la segunda fase de la histeria de angustia la contrainvestidura desde el sistema
;c ha llevado a la formacin sustitutiva. El mismo mecanismo encuentra pronto un nuevo
empleo. ;omo saemos, el proceso de la represin no est todav!a concluido' tiene un
cometido ulterior. inhiir el desarrollo de angustia que parte del sustituto 6ver nota7. Esto
acontece del siguiente modo. todo el entorno asociado de la representacin sustitutiva es
investido con una intensidad particular, de suerte que puede e#hiir una elevada sensiilidad a
la e#citacin. 0na e#citacin en cualquier lugar de este parapeto dar, a consecuencia del
enlace con la representacin sustitutiva, el envin para un pequeo desarrollo de angustia que
ahora es aprovechado como seal a fin de inhiir el ulterior avance de este 3ltimo mediante
una renovada huida de la investidura GprccH 6ver nota7. ;uanto ms le%os del sustituto temido
se dispongan las contrainvestiduras sensiles y alertas, con precisin tanto mayor podr
funcionar este mecanismo destinado a aislar la representacin sustitutiva y a coartar nuevas
e#citaciones de ella. Estas precauciones slo protegen, desde luego, contra e#citaciones que
apuntan a la representacin sustitutiva desde fuera, por la percepcin, pero %ams contra la
mocin pulsional que alcan"a a la percepcin sustitutiva desde su cone#in con la
representacin reprimida. +or tanto, slo empie"an a producir efectos cuando el sustituto ha
tomado caalmente sore s! la surogacin de lo reprimido, mas nunca pueden ser del todo
confiales. , ra!" de cada acrecimiento de la mocin pulsional, la muralla protectora que
rodea a la representacin sustitutiva dee ser trasladada un tramo ms all. El con%unto de esa
construccin, estalecida de manera anloga en las otras neurosis, lleva el nomre de foia.
&a e#presin de la huida frente a la investidura conciente de la representacin sustitutiva son
las evitaciones, renuncias y prohiiciones que permiten individuali"ar a la histeria de
angustia.
4i aarcamos con la mirada todo el proceso, podemos decir que la tercera fase ha repetido el
traa%o de la segunda en escala ampliada. El sistema ;c se protege ahora contra la activacin
de la representacin sustitutiva mediante la contra9investidura de su entorno, as! como antes
se ha!a asegurado contra la emergencia de la representacin reprimida mediante la
investidura de la representacin sustitutiva. De ese modo encuentra su prosecucin la
formacin sustitutiva por despla"amiento. Dee agregarse que el sistema ;c pose!a antes slo
un pequeo lugar que serv!a de puerta de entrada para la invasin de la mocin pulsional
reprimida, a saer, la representacin sustitutiva, pero al final todo el parapeto fico es un
enclave de la influencia inconciente. +uede destacarse, adems, este interesante punto de
vista. mediante todo el mecanismo de defensa puesto en accin se ha conseguido proyectar
hacia afuera el peligro pulsional. El yo se comporta como si el peligro del desarrollo de
angustia no le amena"ase desde una mocin pulsional, sino desde una percepcin, y por eso
puede reaccionar contra ese peligro e#terno con intentos de huida. las evitaciones ficas.
,lgo se logra con este proceso de la represin' de alg3n modo puede ponerse dique al
desprendimiento de angustia, aunque slo a costa de graves sacrificios en materia de liertad
personal. En general, los intentos de huida frente a las e#igencias pulsionales son
infructuosos, y el resultado de la huida fica sigue siendo, a pesar de todo, insatisfactorio.
De las constelaciones que hemos discernido en la histeria de angustia, uena parte vale
tami)n para las otras dos neurosis, de suerte que podemos circunscriir si' elucidacin a las
diferencias y al papel de la contrainvestidura. En la histeria de conversin, la investidura
pulsional de la representacin reprimida es traspuesta a la inervacin del s!ntoma. En cuanto a
la medida y a las circunstancias en que la representacin inconciente es drenada mediante esta
descarga hacia la inervacin, para que pueda desistir de su esfuer"o de asedio /,ndrIngen2
contra el sistema ;e, ser me%or reservar esa y parecidas cuestiones para una investigacin
especial sore la histeria. El papel de la contrainvestidura que parte del sistema ;c 6+rcc7 es
n!tido en la histeria de conversin' sale a la lu" en la formacin de s!ntoma. &a
contrainvestidura es lo que selecciona aquel fragmento de la agencia representante de pulsin
sore el cual se permite concentrarse a toda la investidura de esta 3ltima. Ese fragmento
escogido como s!ntoma satisface la condicin de e#presar tanto la meta desiderativa de la
mocin pulsional cuanto los afanes defensivos o punitorios del sistema ;c' as! es
soreinvestido y apoyado desde amos lados, como sucede en el caso de la representacin
sustitutiva en la histeria de angustia. De esta situacin podemos inferir sin ms que el gasto
represivo del sistema ;c no necesita ser tan grande como la energ!a de investidura del
s!ntoma' en efecto, la fuer"a de la represin se mide por la contrainvestidura gastada, y el
s!ntoma no se apoya slo en esta, sino, adems, en la investidura pulsional condensada en )l
que le viene del sistema >cc.
;on respecto a la neurosis osesiva, slo deer!amos agregar a las oservaciones contenidas
en el ensayo anterior que en este caso la contrainvestidura del sistema ;c sale al primer plano
de la manera ms palmaria. Crgani"ada como formacin reactiva, es ella la que procura la
primera represin' y en ella se consuma ms tarde la irrupcin de la representacin reprimida.
+odemos aventurar esta con%etura. al predominio de la contrainvestidura y a la falta de una
descarga se dee que la ora de la represin apare"ca en la histeria de angustia y en la
neurosis osesiva mucho menos lograda que en la histeria de conversin. 6Fer nota7
Las propiedades particulares del sistema cc
0n nuevo significado cora el distingo entre los dos sistemas ps!quicos si atendemos a que los
procesos de uno de ellos, el >cc, e#hien propiedades que no se reencuentran en el contiguo
ms alto.
El n3cleo del >cc consiste en agencias representantes de pulsin que quieren descargar su
investidura' por tanto, en mociones de deseo. Estas mociones pulsionales estn coordinadas
entre s!, susisten unas %unto a las otras sin influirse y no se contradicen entre ellas. ;uando
son activadas al mismo tiempo dos mociones de deseo cuyas metas no podr!an menos que
parecernos inconciliales, ellas no se quitan nada ni se cancelan rec!procamente, sino que
confluyen en la formacin de una meta intermedia, de un compromiso.
Dentro de este sistema no e#iste negacin /Negation2, no e#iste duda ni grado alguno de
certe"a. $odo esto es introducido slo por el traa%o de la censura entre >cc y +rcc. &a
negacin es un sustituto de la represin, de nivel ms alto 6ver nota7. Dentro del >cc no hay
sino contenidos investidos con mayor o menor intensidad.
+revalece Gen el >ccH una movilidad mucho mayor de las intensidades de investidura. +or el
proceso del despla"amiento, una representacin puede entregar a otra todo el monto de su
investidura' y por el de la condensacin, puede tomar sore s! la investidura !ntegra de
muchas otras. 5e propuesto ver estos dos procesos como indicios del llamado proceso
ps!quico primario. Dentro del sistema +rcc rige el proceso secundario' toda ve" que a un tal
proceso primario le es permitido %ugar con elementos del sistema +rcc, aparece como
cmico y mueve a risa 6ver nota7.
&os procesos del sistema >cc son atemporales, es decir, no estn ordenados con arreglo al
tiempo, no se modifican por el trascurso de este ni, en general, tienen relacin alguna con )l.
$ami)n la relacin con el tiempo se sigue del traa%o del sistema ;c.
$ampoco conocen los procesos >cc un miramiento por la realidad. Estn sometidos al
principio de placer' su destino slo depende de la fuer"a que poseen y de que cumplan los
requisitos de la regulacin de placer9displacer 6ver nota7.
Desumamos. ausencia de contradiccin, proceso primario 6movilidad de las investiduras7,
carcter atemporal y sustitucin de la realidad e#terior por la ps!quica, he ah! los rasgos cuya
presencia estamos autori"ados a esperar en procesos pertenecientes al sistema >cc. 6Fer nota7
&os procesos inconcientes slo se vuelven cognosciles para nosotros a%o las condiciones del
soar y de las neurosis, o sea, cuando procesos del sistema +rcc, ms alto, son trasladados
hacia atrs, a un estadio anterior, por ora de un rea%amiento 6regresin7. En s! y por s! ellos
no son cognosciles, y aun son insusceptiles de e#istencia, porque en )poca muy temprana al
sistema >cc se le superpuso el +rcc, que ha arrastrado hacia s! el acceso a la conciencia y a la
motilidad. &a descarga del sistema >cc pasa a la inervacin corporal para el desarrollo de
afecto, pero, como tenemos averiguado, tami)n esa v!a de aligeramiento le es disputada por
el +rec. +or s! solo, y en condiciones normales, el sistema >cc no podr!a consumar ninguna
accin muscular adaptada al fin, con e#cepcin de aquellas que ya estn organi"adas como
refle%os.
4lo ver!amos a plena lu" el significado caal de los rasgos descritos del sistema >cc si les
contrapusi)ramos y comparsemos con ellos las propiedades del sistema +rcc. +ero esto nos
llevar!a demasiado le%os, y yo propongo que, de com3n acuerdo, lo pospongamos y
emprendamos la comparacin entre los dos sistemas despu)s que hayamos apreciado el ms
alto 6ver nota7. 4lo lo ms apremiante dee elucidarse desde ahora.
&os procesos del sistema +rcc e#hien 9con independencia de que sean ya concientes o slo
susceptiles de conciencia9 una inhiicin de la proclividad a la descarga, caracter!stica de las
representaciones investidas. ;uando el proceso traspasa de una representacin a otra, la
primera retiene una parte de su investidura y slo una pequea proporcin e#perimenta el
despla"amiento. Despla"amientos y condensaciones como los del proceso primario estn
e#cluidos o son muy limitados. Esta situacin movi a ?. =reuer a suponer dentro de la vida
an!mica dos estados diversos de la energ!a de investidura. uno ligado, tnico, y otro mvil,
lire y proclive a la descarga. -o creo que este distingo sigue siendo hasta hoy nuestra
inteleccin ms profunda en la esencia de la energ!a nerviosa, y no veo cmo podr!amos
prescindir de )l. 4er!a una urgente necesidad de la e#posicin metapsicolgica 9qui" una
empresa demasiado osada todav!a9 continuar la discusin en este punto.
,l sistema +rcc competen, adems, el estalecimiento de una capacidad de comercio entre los
contenidos de las representaciones, de suerte que puedan influirse unas a otras, el
ordenamiento temporal de ellas 6ver nota7, la introduccin de una censura o de varias, el
e#amen de realidad y el principio de realidad. $ami)n la memoria conciente parece depender
por completo del +rcc' ha de separrsela de manera ta%ante de las huellas mn)micas en que se
fi%an las vivencias del >cc, y proalemente corresponda a una trascripcin particular tal como
la que quisimos suponer, y despu)s huimos de desestimar, para el ne#o de la representacin
conciente con la inconciente. En esta concatenacin hallaremos tami)n los medios para
poner fin a nuestras fluctuaciones en la denominacin del sistema ms alto, que ahora, de
manera aleatoria, llamamos unas veces +rcc y otras ;c.
Es atinado tami)n hacer una advertencia en este lugar. no ha de generali"arse
apresuradamente lo que aqu! hemos tra!do a la lu" sore la distriucin de las operaciones
an!micas en los dos sistemas. Estamos descriiendo la situacin tal como se presenta en el
adulto, en quien el sistema >cc, en sentido estricto, funciona slo como etapa previa de la
organi"acin ms alta. El contenido y los v!nculos de este sistema durante el desarrollo
individual, y el significado que posee en el animal, no deen derivarse de nuestra descripcin
sino investigarse por separado 6ver nota7. ,dems, en el caso del homre deemos estar
preparados para descurir, por e%emplo, condiciones patolgicas a%o las cuales amos
sistemas se alteren en su contenido y en sus caracteres, o aun los truequen entre s!.
El comercio entre
los dos sistemas
4er!a errneo imaginarse que el >cc permanece en reposo mientras todo el traa%o ps!quico es
efectuado por el +rcc, que el >cc es algo periclitado, un rgano rudimentario, un residuo del
desarrollo. C suponer que el comercio de los dos sistemas se limita al acto de la represin, en
que el +rcc arro%ar!a al aismo del >cc todo lo que le pareciese perturador. El >cc es ms ien
algo vivo, susceptile de desarrollo, y mantiene con el +rcc toda una serie de relaciones' entre
otras, la de la cooperacin. , modo de s!ntesis dee decirse que el >cc se contin3a en los
llamados retoos, es asequile a las vicisitudes de la vida, influye de continuo sore el +rcc y
a su ve" est sometido a influencias de parte de este.
El estudio de los retoos del >cc deparar un radical desengao a nuestras e#pectativas de
otener una separacin esquemticamente l!mpida entre los dos sistemas ps!quicos Ello
apare%ar sin duda insatisfaccin con nuestros resultados, y es proale que se lo utilice para
poner en duda el valor de nuestro modo de dividir los procesos ps!quicos. , esto replicaremos
que no nos propusimos sino trasponer los resultados de la oservacin a una teor!a, y no
hemos contra!do oligacin ninguna de alcan"ar al primer asalto una teor!a tersa, que se
recomiende por su simplicidad. 4aldremos de fiadores de sus complicaciones mientras ellas se
muestren adecuadas a la oservacin, y no aandonaremos la esperan"a de que precisamente
ellas harn de conducirnos, en definitiva, al conocimiento de una relacin de las cosas que,
simple en s! misma, pueda dar ra"n de las complicaciones de la realidad.
Entre los retoos de las mociones pulsionales icc del carcter descrito, los hay que re3nen
dentro de s! notas contrapuestas. +or una parte presentan una alta organi"acin, estn e#entos
de contradiccin, han aprovechado todas las adquisiciones del sistema ;c y nuestro %uicio los
distinguir!a apenas de las formaciones de este sistema. +or otra parte, son inconcientes e
insusceptiles de devenir concientes. +or tanto, cualitativamente pertenecen al sistema +rcc,
pero, de hecho, al >cc. 4u origen sigue siendo decisivo para su destino. 5ay que compararlos
con los mesti"os entre diversas ra"as humanas que en l!neas generales se han aseme%ado a los
lancos, pero de%an traslucir su ascendencia de color por uno u otro rasgo llamativo, y por eso
permanecen e#cluidos de la sociedad y no go"an de ninguno de los privilegios de aquellos. De
esa clase son las formaciones de la fantas!a tanto de los normales cuanto de los neurticos,
que hemos individuali"ado como etapas previas en la formacin del sueo y en la del s!ntoma,
y que, a pesar de su alta organi"acin, permanecen reprimidas y como tales no pueden devenir
concientes 6ver nota7. 4e apro#iman a la conciencia y all! se quedan imperturadas mientras
tienen una investidura poco intensa, pero son recha"adas tan pronto sorepasan cierto nivel de
investidura. Ctros tantos retoos del >cc de alta organi"acin son las formaciones sustitutivas,
que, no ostante, logran irrumpir en la conciencia merced a una relacin favorale, por
e%emplo, en virtud de su coincidencia con una contrainvestidura del +rcc.
;uando, en otro lugar, investiguemos ms a fondo las condiciones del devenir9conciente,
podremos solucionar una parte de las dificultades que han surgido. ,qu! parece venta%oso
contraponer a nuestro aorda%e anterior, en que nos remontamos desde el >cc, uno que parta
de la conciencia. , esta, toda la suma de los procesos, ps!quicos se le presenta como el reino
de lo preconciente. 0n sector muy grande de esto preconciente proviene de lo inconciente,
tiene el carcter de sus retoos y sucume a una censura antes que pueda devenir conciente.
Ctro sector del +rcc es susceptile de conciencia sin censura. Esto nos lleva a contradecir un
supuesto anterior. ;uando consideramos la represin nos vimos precisados a situar entre los
sistemas >cc y +rcc la censura decisiva para el devenir9conciente. ,hora nos es sugerida una
censura entre +rcc y ;c. +ero haremos ien en no ver en esta complicacin una dificultad,
sino en suponer que una nueva censura corresponde a todo paso de un sistema al que le sigue,
ms alto' vale decir, a todo progreso hacia una etapa ms alta de organi"acin ps!quica.
;omoquiera que fuese, queda desechado con relacin a ello el supuesto de una renovacin
continuada de las trascripciones.
&a ra!" de todas estas dificultades ha de uscarse en que la condicin de conciente
/=e1usstheit2, el 3nico carcter de los procesos ps!quicos que nos es dado de manera
inmediata, por nada del mundo es idnea para distinguir entre los sistemas. +rescindiendo de
que lo conciente no lo es siempre, sino que temporariamente es tami)n latente, la
oservacin nos ha enseado que mucho de lo que participa de las propiedades del sistema
+rcc no deviene conciente' y todav!a llegaremos a saer que ciertas orientaciones de la
atencin de este sistema son restrictivas del devenir9conciente 6ver nota7. +or tanto, ni con los
sistemas ni con la represin mantiene la conciencia un v!nculo simple. &a verdad es que no
slo lo reprimido ps!quicamente permanece a%eno a la conciencia' tami)n, una parte de las
mociones que goiernan nuestro yo, vale decir, del ms fuerte opuesto funcional a lo
reprimido. En la medida en que queramos avan"ar hasta una consideracin metapsicolgica
de la vida an!mica, tendremos que aprender a emanciparnos de la significatividad del s!ntoma
condicin de conciente 6ver nota7.
@ientras sigamos adheridos a este s!ntoma veremos infringidas por e#cepciones nuestras tesis
generales. Notarnos que retoos del >cc devienen concientes como formaciones sustitutivas y
como s!ntomas, por lo regular tras grandes desfiguraciones respecto de lo inconciente, aunque
suelen conservar muchos caracteres que invitan a la represin. 5allamos que permanecen
inconcientes muchas formaciones preconcientes que, por su naturale"a, creer!amos
plenamente autori"adas a devenir concientes. Es proale que en ellas se haga valer la
atraccin ms fuerte del >cc. Eso nos lleva a uscar la diferencia ms importante, no entre lo
conciente y lo preconciente, sino entre lo preconciente y lo inconciente. &o, >cc es recha"ado
por la censura en la frontera de lo +rec' sus retoos pueden sortear esa censura, organi"arse en
un nivel alto, crecer dentro del +rcc hasta una cierta intensidad de investidura, pero despu)s,
cuando la han reasado y quieren imponerse a la conciencia, pueden ser individuali"ados
como retoos del >cc y reprimidos otra ve" en la nueva frontera de censura situada entre +rcc
y ;c. ,s!, la primera censura funciona contra el >cc mismo' la segunda, contra los retoos
prcc de )l. 4e dir!a que la censura fue empu%ada un tramo hacia adelante en el curso del
desarrollo individual.
En la cura psicoanal!tica otenemos la pruea irrecusale de la e#istencia de la segunda
censura, la situada entre los sistemas +rcc y ;c. E#hortamos al enfermo a formar profusin de
retoos del >cc y lo comprometemos a vencer las o%eciones que la censura haga al devenir9
concientes de estas formaciones preconcientes' derrotando esta censura nos facilitamos el
camino para cancelar la represin, que es la ora de la censura anterior. ;onsignemos aqu!
esta oservacin. la e#istencia de la censura entre +rcc y ;c nos advierte que el devenir9
conciente no es un mero acto de percepcin, sino que proalemente se trate tami)n de una
soreinvestidura, un ulterior progreso de la organi"acin ps!quica.
Folvmonos ahora al comercio del >cc con los otros sistemas, no tanto para estalecer algo
nuevo como para no pasar por alto lo ms notale. En las ra!ces de la actividad pulsional los
sistemas se comunican entre s! de la manera ms amplia. 0na parte de los procesos ah!
e#citados pasan por el >cc como por una etapa preparatoria, y en la ;c alcan"an la
conformacin ps!quica ms alta' otra parte es retenida como >cc. +ero el >cc es alcan"ado
tami)n por las vivencias que provienen de la percepcin e#terior. Normalmente, todos los
caminos que van desde la percepcin hasta el >cc permanecen e#peditos, y slo los que
regresan de )l son sometidos a loqueo por la represin.
;osa muy notale, el >cc de un homre puede reaccionar, esquivando la ;c, sore el >cc de
otro. El hecho merece una indagacin ms a fondo, en particular para averiguar si no
interviene la actividad preconciente' pero, como descripcin, es indiscutile 6ver nota7.
El contenido del sistema +rec 6o ;c7 proviene, en una parte, de la vida pulsional 6por
mediacin del >cc7 y, en la otra, de la percepcin. ;ae dudar sore la medida en que los
procesos de este sistema pueden e%ercer una influencia directa sore el >cc' la investigacin de
casos patolgicos muestra a menudo en el >cc un grado de autonom!a y de ininfluenciailidad
apenas cre!les. 0n total aislamiento rec!proco de las aspiraciones, una desagregacin
asoluta de los dos sistemas, he ah! en general la caracter!stica de la condicin patolgica. No
ostante, la cura psicoanal!tica se edifica sore la influencia del >cc desde la ;c, y en todo
caso muestra que, si ien ella es ardua, no es imposile. &os retoos del >cc que hacen de
mediadores entre los dos sistemas nos facilitan el camino para este logro, como ya se di%o.
+ero todo nos lleva a suponer que una modificacin espontnea del >cc por parte de la ;c es
un proceso lento y eri"ado de dificultades.
0na cooperacin entre una mocin preconciente y una inconciente, aun reprimida con
intensidad, puede producirse en esta situacin eventual. que la mocin inconciente pueda
operar en el mismo sentido que una de las aspiraciones dominantes. &a represin queda
cancelada para este caso y la actividad reprimida se admite como refuer"o de la que est en la
intencin del yo. +ara esta 3ltima, lo inconciente pasa a ser una constelacin acorde con el yo,
sin que en lo dems se modifique para nada su represin, El )#ito del >cc en esta cooperacin
es innegale' las aspiraciones refor"adas, en efecto, se comportan diversamente que las
normales, hailitan para un rendimiento particularmente consumado y e#hien frente a las
contradicciones una resistencia seme%ante a la que oponen, por e%emplo, los s!ntomas
osesivos.
El contenido del >cc puede ser comparado con una polacin ps!quica primitiva. 4i hay en el
homre unas formaciones ps!quicas heredadas, algo anlogo al instinto />nstinJt2 de los
animales, eso es lo que constituye el n3cleo del >cc 6ver nota7. , ello se suma ms tarde lo que
se desech por inutili"ale en el curso del desarrollo infantil y que no for"osamente ha de ser,
por su naturale"a, diverso de lo heredado. 0na divisin ta%ante y definitiva del contenido de
los dos sistemas no se estalece, por regla general, hasta la puertad.
El discernimiento de
lo inconciente
&o que hemos reunido en las anteriores elucidaciones es qui" todo lo que puede decirse sore
el >cc si se toma como fuente e#clusiva el conocimiento de la vida on!rica y de las neurosis de
trasferencia. +or cierto no es mucho' aqu! y all impresiona como algo no aclarado y confuso
y, sore todo, se echa de menos la posiilidad de coordinar el >cc a una concatenacin ya
conocida o de insertarlo dentro de ella. 4lo el anlisis de una de las afecciones que llamamos
psiconeurosis narcisistas promete rindarnos unas perspectivas que nos acerquen a ese
enigmtico >cc y, por as! decir, nos lo pongan al alcance de la mano.
Desde un traa%o de ,raham 6KLBM7, que este escrupuloso autor ha atriuido a una
sugerencia m!a, procuramos caracteri"ar la dementia praeco# de :raepelin 6la esqui"ofrenia
de =leuler7 por su conducta hacia la oposicin entre yo y o%eto. En las neurosis de
trasferencia 6histeria de angustia y de conversin, neurosis osesiva7 nada ha!a que empu%ase
al primer plano esa oposicin. +or cierto, se sa!a que la denegacin /frustracin2 del o%eto
generaa el estallido de la neurosis y esta envolv!a la renuncia al o%eto real, y tami)n que la
liido sustra!da del o%eto real revert!a sore un o%eto fantaseado, y desde ah! sore uno
reprimido 6introversin7 6ver nota7. +ero la investidura de o%eto misma es retenida en estas
neurosis con gran energ!a, y la indagacin ms fina del proceso represivo nos for" a suponer
que la investidura de o%eto persiste en el interior del sistema >cc a pesar de la represin 9ms
ien, a causa de ella9 6ver nota7 sin duda, la capacidad para la trasferencia, que en estas
afecciones aprovecharnos terap)uticamente, presupone una imperturada investidura de
o%eto.
En el caso de la esqui"ofrenia, en camio, se nos impuso el supuesto de que tras el proceso de
la represin la liido quitada no usca un nuevo o%eto, sino se recoge en el yo' por tanto,
aqu! se resignan las investiduras de o%eto y se reproduce un estado de narcisismo primitivo,
carente de o%eto. &a incapacidad de estos pacientes para la trasferencia 9al menos hasta
donde llega el proceso patolgico9, la inaccesiilidad terap)utica que de ah! se sigue, su
caracter!stica repulsa del mundo e#terior, el surgimiento de signos de una soreinvestidura del
yo propio, la apat!a total en que desemoca el proceso, todos estos caracteres parecen
armoni"ar perfectamente con el supuesto de una resignacin de las investiduras de o%eto. En
cuanto a los v!nculos entre los dos sistemas ps!quicos, ning3n oservador de% de notar que en
la esqui"ofrenia se e#teriori"a como conciente mucho, de lo que en las neurosis de
trasferencia slo puede pesquisarse en el >cc por medio del psicoanlisis. +ero al principio no
logramos estalecer un enlace inteligile entre el v!nculo yo9o%eto y las relaciones de
conciencia.
Eso que uscamos parece conseguirse por el siguiente, insospechado camino. En la
esqui"ofrenia se oserva, sore todo en sus estadios iniciales, tan instructivos, una serie de
alteraciones del lengua%e, algunas de las cuales merecen ser consideradas desde un punto de
vista determinado. El modo de e#presarse es a menudo o%eto de un cuidado particular, es
reuscado, amanerado. &as frases sufren una peculiar desorgani"acin sintctica que las
vuelve incomprensiles para nosotros, de suerte que %u"gamos disparatadas las proferencias
de los enfermos. En el contenido de esas proferencias muchas veces pasa al primer plano una
referencia a rganos o a inervaciones del cuerpo. , esto puede sumarse que en tales s!ntomas
de la esqui"ofrenia, seme%antes a las formaciones sustitutivas de la histeria o de la neurosis
osesiva, la relacin entre el sustituto y lo reprimido e#hie peculiaridades que nos resultar!an
sorprendentes en los casos de esas dos neurosis mencionadas.
El doctor F!ctor $ausJ 6Fiena7 ha puesto a mi disposicin algunas de sus oservaciones sore
esqui"ofrenias incipientes' presentan la venta%a de que la enferma misma quiso dar el
esclarecimiento de sus dichos 6ver nota7. , propsito de dos de sus e%emplos mostrar) la
concepcin que me propongo defender, aunque creo indudale que a cualquier oservador le
ser!a fcil producir en aundancia este tipo de material.
0na de las enfermas de $ausJ, una muchacha que fue llevada a la cl!nica despu)s de una
querella con su amado, se que%a. &os o%os no estn derechos, estn torcidos /verdrehen2 .
Ella misma lo aclara, e#poniendo en un lengua%e ordenado una serie de reproches contra el
amado. Ella no puede entender que a )l se lo vea distinto cada ve"' es un hipcrita, un
torcedor de o%os /,ugenverdreher, simulador2, )l le ha torcido los o%os, ahora ella tiene los
o%os torcidos, esos ya no son ms sus o%os, ella ve el mundo ahora con otros o%os.
&as proferencias de la enferma acerca de su dicho incomprensile tienen el valor de un
anlisis, pues contienen el equivalente de ese dicho en giros e#presivos comprensiles para
todos' al mismo tiempo, echan lu" sore el significado y sore la g)nesis de la formacin
l)#ica esqui"ofr)nica. En acuerdo con $ausJ destaco yo, en este e%emplo, que la relacin con
el rgano 6con el o%o7 se ha constituido en la surogacin de todo el contenido Gde sus
pensamientosH. El dicho esqui"ofr)nico tiene aqu! un sesgo hipocondr!aco, ha devenido
lengua%e de rgano 6ver nota7.
0na segunda comunicacin de la misma enferma. Ella est en la iglesia, de repente le da un
sacudn, tiene que ponerse de otro modo /sich anders stellen2, como si alguien la pusiera,
como si fuera puesta. - ofrece luego el anlisis de eso mediante una nueva serie de
reproches contra el amado, que es ordinario, y que a ella, que por su cuna era fina, la hi"o
tami)n ordinaria. &a hi"o parecida a )l mismo, porque le hi"o creer que )l era superior a ella'
ahora ella se convirti en lo que )l es, porque cre!a que ser!a me%or si se le igualaa. El ha
falseado su propia posicin /verstellen2, ella es ahora como )l 6NidentificacinO7, )l le ha
falseado la posicin.
El movimiento del ponerse9de9otro9modo, oserva $ausJ, es una figuracin del giro falsear
la posicin y de la identificacin con el amado. De nuevo destaco la prevalencia, en toda la
ilacin de pensamiento, de aquel elemento que tiene por contenido una inervacin corporal
6ms ien, la sensacin de esta7. +or lo dems, una hist)rica en el primer caso har!a torcido
convulsivamente los o%os, y en el segundo har!a e%ecutado en la realidad el sacudn en lugar
de sentir el impulso a hacerlo o de tener la sensacin de )l, y en ninguno de los dos casos
har!a pose!do un pensamiento conciente sore eso ni har!a sido capa" de e#teriori"arlo
siquiera con posterioridad.
5asta ah!, entonces, esas dos oservaciones dan testimonio de lo que hemos llamado lengua%e
hipocondr!aco o lengua%e de rgano. +ero tami)n 9y esto nos parece ms importante9 nos
sealan otra relacin de las cosas, que puede registrarse cuantas veces se quiera 6pongamos
por caso, en los e%emplos reunidos en la monograf!a de =leuler GKLKKH7 y verterse en una
frmula determinada. En la esqui"ofrenia las palaras son sometidas al mismo proceso que
desde los pensamientos on!ricos latentes crea las imgenes del sueo, y que hemos llamado el
proceso ps!quico primario. 4on condensadas, y por despla"amiento se trasfieren unas a otras
sus investiduras completamente' el proceso puede avan"ar hasta el punto en que una sola
palara, idnea para ello por m3ltiples referencias, tome sore s! la surogacin de una
cadena !ntegra de pensamientos 6ver nota7. &os traa%os de =leuler, ?ung y sus disc!pulos han
aportado un rico material precisamente en favor de este aserto 6ver nota7.
,ntes de e#traer conclusin alguna de estas impresiones, queremos considerar todav!a las
diferencias finas 9pero que sin duda provocan un e#trao efecto9 entre la formacin sustitutiva
de la esqui"ofrenia, por un lado, y de la histeria y la neurosis osesiva, por el otro. 0n
paciente a quien hoy tengo a%o oservacin resign todos los intereses de la vida a causa del
deterioro de la piel de su rostro. ,firma que tiene comedones y profundos hoyos en la cara,
que todo el mundo nota. El anlisis pesquisa que )l %uega en su piel su comple%o de
castracin. +rimero se ocupaa de sus comedones sin hacerse reproches, y el apretrselos le
deparaa gran satisfaccin, porque de ah!, como )l dec!a, saltaa algo. Despu)s dio en creer
que dondequiera que )l ha!a eliminado un comedn le aparecer!a un profundo hoyo, y se
hi"o los ms amargos reproches por haerse estropeado la piel para siempre con su continuo
toquetear con la mano. Es evidente que apretarse el contenido del comedn es para )l un
sustituto del onanismo. &os hoyos que por su culpa le aparecer!an son los genitales
femeninos, vale decir, el cumplimiento de la amena"a de castracin 6o de su fantas!a
surogante7 provocada por el onanismo. , pesar de su carcter hipocondr!aco, esta formacin
sustitutiva presenta mucha seme%an"a con una conversin hist)rica, y no ostante se tiene la
sensacin de que algo ha deido de ocurrir diversamente, de que una histeria no ser!a capa" de
una formacin sustitutiva as!, y ello aun antes de que pueda sealarse en qu) estria la
diferencia. 0n hoyito diminuto, como un poro de la piel, dif!cilmente ser tomado por un
hist)rico como s!molo de la vagina, que en camio )l comparar con todos los o%etos
posiles que encierran un hueco. ;reemos tami)n que el carcter m3ltiple de los hoyitos le
har!a astenerse de usarlos como sustituto de los genitales femeninos. &o mismo se aplica a
un paciente %oven sore quien $ausJ inform hace unos aos en la 4ociedad +sicoanal!tica de
Fiena. 4e comportaa en todo como un neurtico osesivo, se pasaa las horas haci)ndose su
toilette, etc. +ero era llamativo que pudiese comunicar sin resistencia alguna el significado de
sus inhiiciones. ;uando se pon!a las medias le perturaa, por e%emplo, la idea de tener que
estirar los puntos del te%ido, vale decir, los agu%eros, y todo agu%ero era para )l un s!molo de
la aertura genital femenina. $ampoco de esto ser!a capa" un neurtico osesivo' seg3n
oserv D. Deitler, uno de estos pacientes, que actuaa con la misma morosidad en el acto de
ponerse las medias, despu)s de vencer las resistencias hall esta e#plicacin. el pie era un
s!molo del pene, y el curirlo con la media, un acto onanista' y se ve!a for"ado a ponerse y
sacarse una y otra ve" las medias, en parte para perfeccionar la imagen del onanismo y en
parte para anularlo.
4i nos preguntamos qu) es lo que confiere a la formacin sustitutiva y al s!ntoma de la
esqui"ofrenia su carcter e#trao, caemos finalmente en la cuenta de que es el predominio de
la referencia a la palara sore la referencia a la cosa. Entre el apretarse un comedn y una
eyaculacin del pene hay escas!sima seme%an"a en la cosa misma, y ella es todav!a menor
entre los innumerales y apenas marcados poros de la piel y la vagina' pero, en el primer caso,
las dos veces salta algo, y para el segundo vale al pie de la letra la frase c!nica. 0n agu%ero es
un agu%ero. El sustituto fue prescrito por la seme%an"a de la e#presin ling<!stica, no por el
parecido de la cosa designada. $oda ve" que amas 9palara y cosa9 no coinciden, la
formacin sustitutiva de la esqui"ofrenia diverge de la que se presenta en el caso de las
neurosis de trasferencia.
Deunamos esta inteleccin con el supuesto seg3n el cual en la esqui"ofrenia son resignadas
las investiduras de o%eto. $endr!amos que modificarlo ahora. la investidura de las
representaciones9palara de los o%etos se mantiene. &o que pudimos llamar la
representacin9o%eto /C%eJtvor9stellung2 conciente se nos descompone ahora en la
representacin9palara /Portvorstellung2 y en la representacin9cosa /4achvorstellung2 que
consiste en la investidura, si no de la imagen mn)mica directa de la cosa, al menos de huellas
mn)micas ms distanciadas, derivadas de ella. De golpe creemos saer ahora dnde reside la
diferencia entre una representacin conciente y una inconciente. Ellas no son, como cre!amos,
diversas trascripciones del mismo contenido en >ugares ps!quicos diferentes, ni diversos
estados funcionales de investidura en el mismo lugar, sino que la representacin conciente
aarca la representacin9cosa ms la correspondiente representacin9palara, y la inconciente
es la representacin9cosa sola. El sistema >cc contiene las investiduras de cosa de los o%etos,
que son las investiduras de o%eto primeras y genuinas' el sistema +rcc nace cuando esa
representacin9cosa es soreinvestida por el enlace con las representaciones9palara que le
corresponden. $ales soreinvestiduras, podemos con%eturar, son las que producen una
organi"acin ps!quica ms alta y posiilitan el relevo del proceso primario por el proceso
secundario que goierna en el interior del +rcc. ,hora podemos formular de manera precisa
eso que la represin, en las neurosis de trasferencia, rehusa a la representacin recha"ada. la
traduccin en palaras, que deieran permanecer enla"adas con el o%eto. &a representacin
no aprehendida en palaras, o el acto ps!quico no soreinvestido, se quedan entonces atrs, en
el interior del >cc, como algo reprimido.
@e es l!cito hacer notar cun temprano pose!mos ya la inteleccin que hoy nos permite
comprender uno de los caracteres ms llamativos de la esqui"ofrenia. En las 3ltimas l!neas de
&a interpretacin de los sueos, pulicada en KLBB, se e#pone que los procesos de
pensamiento, vale decir, los actos de investidura ms distanciados de las percepciones, son en
s! carentes de cualidad e inconcientes, y slo coran su capacidad de devenir concientes por el
enlace con los restos de percepciones de palara 6ver nota7. &as representaciones9palara
provienen, por su parte, de la percepcin sensorial de igual manera que las representaciones9
cosa, de suerte que podr!a plantearse esta pregunta. (+or qu) las representaciones9o%eto no
pueden devenir concientes por medio de sus propios restos de percepcin* Es que
proalemente el pensar se desenvuelve dentro de sistemas tan distanciados de los restos de
percepcin originarios que ya nada han conservado de sus cualidades, y para devenir
concientes necesitan de un refuer"o de cualidades nuevas. ,dems, mediante el enlace con
palaras pueden ser provistas de cualidad aun aquellas investiduras que no pudieron llevarse
cualidad ninguna de las percepciones porque correspond!an a meras relaciones entre las
representaciones9o%eto. - tales relaciones, que slo por medio de palaras se han vuelto
aprehensiles, constituyen un componente principal de nuestros procesos de pensamiento.
=ien comprendemos que el enlace con representaciones9palara todav!a no coincide con el
devenir9conciente, sino que meramente rinda la posiilidad de ello' por tanto, no caracteri"a
a otro sistema sino al del +rcc 6ver nota7. ,hora reparamos en que con estas elucidaciones nos
apartamos de nuestro tema genuino y nos situamos en medio de los prolemas de lo
preconciente y lo conciente, que hemos reservado para un traa%o independiente, donde los
trataremos de manera e#presa.
;on respecto a la esqui"ofrenia, que por cierto tocamos aqu! slo hasta donde nos parece
indispensale para el conocimiento general del >cc, dee presentrsenos una duda, a saer, si
el proceso que en este caso hemos llamado represin tiene todav!a algo en com3n con la
represin de las neurosis de trasferencia. &a frmula seg3n la cual la represin es un proceso
que ocurre entre los sistemas >cc y +rcc 6o ;c7, con el resultado de que algo es mantenido
le%os de la conciencia 6ver nota7, sin duda tiene que ser modificada para incluir el caso de la
dementia praeco# y de otras afecciones narcisistas. +ero el intento de huida emprendido por el
yo, que se e#teriori"a en el quite de la investidura conciente, sigue siendo de cualquier modo
lo com3n /a amas clases de enfermedad2. - la refle#in ms superficial nos muestra que ese
intento de huida, esa huida de parte del yo, se pone en ora en las neurosis narcisistas de
manera mucho ms radical y profunda.
4i en la esqui"ofrenia esta huida consiste en el recogimiento de la investidura pulsional de los
lugares que representan /reprsentieren2 a la representacin9o%eto inconciente, cae
e#traarse de que la parte de esa misma representacin9o%eto que pertenece al sistema +rcc
9las representaciones9palara que le corresponden9 est) destinada a e#perimentar ms ien
una investidura ms intensa. Esperar!amos que la representacin9palara, en cuanto es la
porcin preconciente, resistiese el primer asalto de la represin y se volviese por completo no
investile despu)s que la represin avan" hasta las representaciones inconcientes9 cosa. 4in
duda es esta una dificultad para la comprensin. ,qu! viene en nuestra ayuda la refle#in de
que la investidura de la representacin9palara no es parte del acto de represin, sino que
constituye el primero de los intentos de restalecimiento o de curacin que tan llamativamente
presiden el cuadro cl!nico de la esqui"ofrenia 6ver nota7. Estos empeos pretenden
reconquistar el o%eto perdido, y muy ien puede suceder que con este propsito emprendan
el camino hacia el o%eto pasando por su componente de palara, deiendo no ostante
conformarse despu)s con las palaras en lugar de las cosas. Es que, en sentido muy general,
nuestra actividad an!mica se mueve siguiendo dos circuitos contrapuestos. o ien avan"a
desde las pulsiones, a trav)s del sistema >cc, hasta el traa%o del pensamiento conciente, o
ien una incitacin de afuera le hace atravesar el sistema de la ;c y del +rcc hasta alcan"ar las
investiduras icc del yo y de los o%etos. , pesar de la represin sorevenida, este segundo
camino dee de permanecer transitale, y en un tramo queda e#pedito para los esfuer"os que
hace la neurosis por reconquistar sus o%etos. ;uando pensamos en astracto nos e#ponemos
al peligro de descuidar los v!nculos de las palaras con las representaciones9cosa
inconcientes, y es innegale que entonces nuestro filosofar cora una indeseada seme%an"a, en
su e#presin y en su contenido, con la modalidad de traa%o de los esqui"ofr)nicos 6ver nota7.
+or otro lado, puede ensayarse esta caracteri"acin del modo de pensamiento de los
esqui"ofr)nicos. ellos tratan cosas concretas como si fueran astractas.
4i realmente hemos discernido al >cc y si hemos definido con correccin la diferencia entre
una representacin inconciente y una preconciente, entonces nuestras investigaciones deern
reconducirnos desde muchos otros lugares a esta misma inteleccin.
#p6ndice #.
Freud 4 [Link] 7ering
GEntre los maestros que tuvo Areud en Fiena se cont el fisilogo E1ald 5ering 6KMQR9KLKM7, quien, seg3n nos
relata ?ones 6KLSQ7, en KMMR le ofreci al %oven Areud un puesto como ayudante de )l en +raga. 0n episodio
acontecido unos cuarenta aos despu)s parece sugerir, como seala Ernst :ris 6KLST7, que 5ering pudo haer
influido en las concepciones de Areud sore lo inconciente 6;f. mi Nota introductoria a &o inconciente
6KLKSe77 En KMMB, 4amuel =utler pulic su liro 0nconscious @emory, el cual inclu!a la traduccin de una
conferencia pronunciada por 5ering en KMUB, Ver das Eedchtnis als cine allgemeine AunJtion der
organisierten @aterie /4ore la memoria como funcin universal de la materia organi"ada2' =utler declaraa
coincidir, en general, con 5ering. 0n liro de >srael &evine con el t!tulo $he 0nconscious fue pulicado en
>nglaterra en KLWQ, y su traduccin al alemn, hecha por ,nna Areud, apareci en KLWT, aunque una de sus
secciones 6parte K, seccin KQ7 fue traducida por el propio Areud' en ella, &evine mencionaa la conferencia de
5ering, pero se ocupaa ms de =utler que de este 3ltimo. En tal sentido, Areud agreg, en la pgina QR de la
versin alemana, la siguiente nota al pie.H
El lector alemn, familiari"ado con la citada conferencia de 5ering, a la que considera una pie"a maestra, en
modo alguno se inclinar, desde luego, a conceder prioridad a las elucidaciones que en ella asa =utler. En
5ering, por lo dems, hallamos certeras oservaciones que confieren a la psicolog!a el derecho a suponer una
actividad an!mica inconciente. X(8ui)n podr!a confiar en que desentraar la trama de nuestra vida interior,
formada por millares de hilos, si quiere perseguirlos slo hasta donde discurren dentro de la conciencia* 6 ... 7
;adenas como estas de procesos nerviosos materiales inconcientes, que culminan en un eslan acompaado de
percepcin conciente, han sido designadas como series de representaciones inconcientes y ra"onamientos
inconcientes, y esto puede %ustificarse tami)n desde el punto de vista de la psicolog!a. En efecto, a la psicolog!a
con mucha frecuencia se le escurrir!a el alma de las manos si pretendiera no considerar sus estados
inconcientesX. G5ering, KMUB, pgs. KK. y KQ.H
#p6ndice ".
El paralelismo psico18sico
G;omo seal) en mi Nota introductoria a &o inconciente 6KLKSe7, las primeras concepciones de Areud sore
la relacin entre la psique y el sistema nervioso fueron muy influidas por 5ughlings9?acJson. Es muy revelador
al respecto el siguiente pasa%e e#tra!do de su traa%o sore las afasias 6KMLK7. Desulta particularmente
instructivo comparar las 3ltimas frases, sore el tema de los recuerdos latentes, con la posicin posterior de
Areud. H
$ras esta digresin, volvemos a la concepcin de la afasia y recordamos que sore el terreno de las doctrinas de
@eynert creci la hiptesis de que el aparato del lengua%e consistir!a en distintos centros corticales en cuyas
c)lulas se contienen las representaciones9palara' estos centros estn separados por una regin cortical e#enta de
funciones y se enla"an mediante firas lancas 6haces asociativos7. 5e aqu! lo primero que puede preguntarse.
(Es en general admisile y correcto un supuesto de este tipo, que alo%a representaciones en c)lulas* -o creo que
no.
Despecto de la tendencia de )pocas anteriores de la medicina a locali"ar !ntegras facultades an!micas, tal como
las deslinda la terminolog!a psicolgica, en determinadas regiones del cerero, no pudo menos que presentarse
como un gran progreso la afirmacin de PernicJe en el sentido de que slo era l!cito locali"ar los elementos
ps!quicos ms simples, las representaciones sensoriales singulares, y ello sin duda en la terminacin central del
nervio perif)rico que recii la impresin. (+ero en el fondo no se comete el mismo error de principio, ya se
intente locali"ar un concepto comple%o, una actividad an!mica !ntegra, o slo un elemento ps!quico* (Es l!cito
tomar una fira nerviosa, que en todo su recorrido era meramente un producto fisiolgico sometido a
modificaciones fisiolgicas, sumergir su e#tremo en lo ps!quico y proveer a este e#tremo de una representacin o
una imagen mn)mica* 4i ya se ha reconocido que voluntad, inteligencia, etc., son t)rminos creados por la
psicolog!a a los cuales corresponden en el mundo fisiolgico estados de cosas muy comple%os, (acaso respecto
de la representacin sensorial simple se sae con mayor certe"a que no es una palara creada como aquellas*
&a cadena de los procesos fisiolgicos dentro del sistema nervioso proalemente no mantiene un ne#o de
causalidad con los procesos ps!quicos. &os procesos fisiolgicos no cesan en el momento en que comien"an los
ps!quicos' ms ien, la cadena fisiolgica contin3a, slo que cada eslan de ella 6o algunos eslaones7 empie"a
a corresponder, a partir de cierto momento, a un fenmeno ps!quico. &o ps!quico es, por tanto, un proceso
paralelo a lo fisiolgico 6a dependent concomitant7. 6Fer nota7.
=ien s) que no puedo imputar a los homres cuyas opiniones pongo aqu! en entredicho haer hecho
irrefle#ivamente este salto y este camio de v!a del aorda%e cient!fico Gdel fisiolgico al psicolgicoH. Es
evidente, slo quisieron decir que la modificacin 9perteneciente a la fisiolog!a9 de la fira nerviosa a ra!" de la
e#citacin sensorial produce otra modificacin en la c)lula nerviosa central, que pasa a ser el correlato
fisiolgico de la representacin . - puesto que saen decir mucho ms acerca de la representacin que acerca
de aquellas modificaciones desconocidas, no caracteri"adas todav!a en t)rminos fisiolgicos, se sirven de esta
e#presin el!ptica. en la c)lula nerviosa se locali"a una representacin. Empero, esta surogacin lleva enseguida
a confundir las dos cosas, que no necesariamente han de tener seme%an"a alguna entre s!. En la psicolog!a, la
representacin simple es para nosotros algo elemental, que podemos distinguir ta%antemente de sus cone#iones
con otras representaciones. ,s! llegamos a la hiptesis de que tami)n su correlato fisiolgico, la modificacin
que parte de la fira nerviosa e#citada con su terminacin central, es algo simple que puede locali"arse en un
punto. 0na trasferencia as! es, desde luego, totalmente il!cita' las propiedades de esta modificacin tienen que
determinarse por s! y con independencia de su contraparte psicolgica. 6Fer nota7
,hora ien, (cul es el correlato fisiolgico de la representacin simple o de la representacin que retorna en
lugar de ella* @anifiestamente, no es algo quieto, sino algo de la naturale"a de un proceso. Este 3ltimo es
compatile con la locali"acin' parte de un lugar particular de la corte"a y desde )l se difunde por toda ella o a lo
largo de v!as particulares. 0na ve" trascurrido, este proceso de%a, en la corte"a afectada por )l, una modificacin.
la posiilidad deH recuerdo. Es sumamente dudoso que a esta modificacin corresponda tami)n algo ps!quico'
nuestra conciencia nada sae de algo seme%ante, algo que %ustifique el nomre de imagen mn)mica latente
desde el lado ps!quico. +ero tan pronto vuelve a ser incitado el mismo estado de la corte"a, lo ps!quico surge de
nuevo como imagen mn)mica. G ... H
#p6ndice 9.
:alabra 4 cosa
G&a seccin final del art!culo de Areud sore &o inconciente parece tener ra!ces en su temprana monograf!a
sore las afasias 6KMLK7. $al ve" sea de inter)s, entonces, reproducir aqu! un pasa%e de ese traa%o
6correspondiente a las pgs. UR9MK de la edicin alemana original7 que, si ien no es en s! mismo fcil de
entender, echa lu" sore los supuestos en que se asaron algunas concepciones posteriores de Areud. Ctro inter)s
incidental de este pasa%e radica en que Areud emplea en )l, como, no era haitual que lo hiciera, el lengua%e
t)cnico de la psicolog!a acad)mica de fines del siglo Y>Y.
Este fragmento contin3a una serie de argumentos anatmicos y fisiolgicos, de orden tanto negativo cuanto
confirmatorio, que llevaron a Areud a plantear un esquema hipot)tico de funcionamiento neurolgico que )l
denomina el aparato del lengua%e. Dee sealarse que hay entre la terminolog!a que utili"a aqu! y la de &o
inconciente una importante diferencia, que puede dar origen a confusiones. &o que aqu! llama representacin9
o%eto /CieJtvorstellung2 es lo que en &o inconciente denominar!a representacin9cosa
/4achvorstellung2, mientras que lo que all! designar!a representacin9o%eto denota una cominacin de la
representacin9cosa y la representacin9palara, a la cual no le da ning3n nomre espec!fico en este pasa%e.H
E#aminemos ahora las hiptesis que nos hacen falta para e#plicar las perturaciones del lengua%e sore la ase
de un aparato del lengua%e construido de ese modo' dicho en otros t)rminos. lo que el estudio de las
perturaciones del lengua%e nos ensea respecto de la funcin de este aparato. ,l hacerlo distinguiremos en lo
posile entre el lado psicolgico y el anatmico de la cuestin.
+ara la psicolog!a, la unidad de la funcin del lengua%e es la palara. una representacin comple%a que se
demuestra compuesta por elementos ac3sticos, visuales y Jinest)sicos. El conocimiento de esta composicin lo
deemos a la patolog!a, que nos ensea que en caso de lesiones orgnicas en el aparato del lengua%e soreviene
una fragmentacin del hala siguiendo esta composicin. De tal modo, nuestra e#pectativa es que la ausencia de
uno de estos elementos de la representacin9palara har de resultar la marca ms esencial que nos permitir
inferir la locali"acin del proceso patolgico. 4uelen citarse cuatro ingredientes de la representacin9palara. la
imagen sonora, la imagen visual de letras, la imagen motri" del lengua%e y la imagen motri" de la
escritura. +ero esta composicin se muestra ms comple%a cuando se entra a considerar el proale proceso
asociativo que soreviene a ra!" de cada operacin ling<!stica.
K. ,prendemos a halar en cuanto asociamos una imagen sonora de palara con un sentimiento de inervacin
de palara 6ver nota7. 0na ve" que hemos halado, entramos en posesin de una representacin motri" de
lengua%e 6sensaciones centr!petas de los rganos del lengua%e7, de modo que la palara, desde el punto de
vista motor, queda dolemente comandada para nosotros. De los dos elementos de comando, el primero, la
representacin de inervacin de palara, parece el de menor valor psicolgico, y aun puede ponerse en
entredicho, en general, su intervencin como factor ps!quico. ,dems, reciimos, despu)s de halar, una
imagen sonora de la palara pronunciada. En tanto no hayamos desarrollado ms nuestro lengua%e, esta
segunda imagen sonora slo dee estar asociada a la primera, no precisa ser id)ntica a ella 6ver nota7. En este
estadio 6del desarrollo del lengua%e en el nio7 nos servimos de un lengua%e autocreado' nos comportamos como
afsicos motores asociando diferentes sonidos de palara a%enos con un sonido 3nico producido por nosotros.
W. ,prendemos el lengua%e de los otros en cuanto nos empeamos en hacer que la imagen sonora producida por
nosotros mismos se pare"ca en todo lo posile a lo que dio ocasin a la inervacin ling<!stica. ,s! aprendemos a
pos9halar /repetir lo dicho por otro2. Despu)s, en el halar sintctico /"usammenhngenden 4prechen2,
ilamos las palaras entre s! en cuanto para la inervacin de la palara que sigue aguardamos hasta que nos haya
llegado la imagen sonora o la representacin motri" de lengua%e 6o amas7 de la palara anterior. &a seguridad de
nuestro halar muestra ser de comando m3ltiple G<erestimmtH y soporta ien la ausencia de uno u otro de los
factores de comando. +ero esta ausencia de la correccin e%ercida por la segunda imagen sonora y por la imagen
motri" de lengua%e e#plica muchas peculiaridades de la parafasia 9fisiolgica y patolgica9.
Q. ,prendemos a deletrear en cuanto enla"amos las imgenes visuales de las letras con nuevas imgenes sonoras
que no pueden menos que hacernos recordar los sonidos de palara ya conocidos. Enseguida repetimos /pos9
halamos2 la imagen sonora que caracteri"a a la letra, de modo que esta 3ltima se nos aparece tami)n
comandada por dos imgenes sonoras que coinciden y por dos representaciones motrices que se corresponden la
una a la otra.
R. ,prendemos a leer en cuanto enla"amos, seg3n ciertas reglas, la sucesin de las representaciones de
inervacin de palara y motri" de palara que reciimos a ra!" de la pronunciacin de las letras aisladas, y ello
de tal suerte que se engendran nuevas representaciones motrices de palara. $an pronto pronunciamos estas
3ltimas, descurimos, por la imagen sonora de estas nuevas representaciones de palara, que las dos imgenes, la
motri" de palara y la sonora de palara, que as! hemos reciido nos son familiares desde hace tiempo e
id)nticas con las usadas en el hala. ,hora asociamos con estas dos imgenes ling<!sticas otenidas por deletreo
el significado que corresponde a los sonidos de palara primarios. ,hora leemos entendiendo. 4i primariamente
no hemos halado una lengua escrita sino un dialecto, tenemos que superasociar las imgenes motrices de
palara y las imgenes sonoras adquiridas por deletreo con las antiguas' as! nos es preciso aprender una lengua
nueva, lo cual es facilitado por la seme%an"a entre dialecto y lengua escrita.
&a anterior e#posicin permite advertir que el aprendi"a%e de la lectura es un proceso muy comple%o, en el que la
v!a asociativa camia repetidamente de curso. ;ae esperar, entonces, que las perturaciones de la lectura en la
afasia se presenten de maneras muy diversas. &o 3nico decisivo para indicar una lesin del elemento visual en la
lectura es la perturacin en el deletreo. &a cominacin de las letras en una palara se produce trasfiri)ndose a
la v!a del lengua%e' por tanto, queda suprimida en la afasia motri". &a comprensin de lo le!do se otiene slo
por medio de las imgenes sonoras producidas por las palaras pronunciadas, o por medio de las imgenes
motrices de palara surgidas en el proceso del hala. 4e presenta as! como una funcin que no slo desaparece a
ra!" de una lesin motri", sino tami)n de una lesin ac3stica' adems, como una funcin independiente de la
e%ecucin de la lectura. &a autooservacin nos muestra que e#isten varias clases de lectura, de las cuales una u
otra renuncia a la comprensin de lo le!do. ;uando leo prueas de imprenta, para lo cual procedo a prestar
particular atencin a las imgenes visuales de las letras y otros signos de la escritura, se me escapa el sentido de
lo le!do, tanto que para un me%oramiento estil!stico de las prueas se necesita de una relectura especial. 4i leo un
liro que me interesa, por e%emplo una novela, paso por alto todos los errores de imprenta, y puede ocurrir que
del nomre de los persona%es actuantes no recuerde ms que una impresin confusa, y, tal ve", que son largos o
reves y contienen una letra llamativa, una # o una ". ;uando deo leer en vo" alta, para lo cual tengo que
prestar particular atencin a las imgenes sonoras de mis palaras y a sus intervalos, corro tami)n el peligro de
cuidarme demasiado poco del sentido' y tan pronto me fatigo, leo de tal modo que los otros todav!a pueden
entenderme, pero yo mismo ya no s) lo que he le!do. $odos estos son fenmenos de una atencin dividida, y
surgen aqu! precisamente porque la comprensin de lo le!do Ose produce siguiendo tan amplios rodeos. &a
analog!a con nuestra conducta en el curso del aprendi"a%e de la lectura aclara que no puede halarse de esa
comprensin cuando el proceso mismo de la lectura tropie"a con dificultades, y nos guardaremos muy ien de
considerar la ausencia de comprensin como signo de interrupcin de una v!a. &a lectura en vo" alta no puede
considerarse un proceso diverso de la lectura para s!, salvo el hecho de que contriuye a apartar la atencin de la
parte sensorial del proceso de lectura.
S. ,prendemos a escriir en cuanto reproducimos las imgenes visuales de las letras mediante imgenes de
inervacin de la mano, hasta dar origen a imgenes visuales iguales o seme%antes. +or lo general, las imgenes
de escritura son slo seme%antes a las imgenes de lectura y estn superasociadas a ellas, pues leemos en letras
de imprenta y aprendemos a escriir en letra manuscrita. &a escritura se presenta como un proceso relativamente
ms simple y no tan fcil de perturar como la lectura.
T. +uede suponerse que tami)n ms tarde e%ercitamos las funciones singulares del lengua%e por las mismas v!as
asociativas que seguimos al aprenderlas. ,qu! pueden sorevenir areviaciones y surogaciones, pero no
siempre es fcil indicar su naturale"a. &a significacin de estas disminuye, adems, por la oservacin de que en
casos de lesin orgnica el aparato del lengua%e proalemente se ver daado en alguna medida como un todo y
for"ado a retroceder a los modos de asociacin primarios, ien estalecidos y ms minuciosos. En cuanto a la
lectura, es indudale que en el caso de las personas e%ercitadas se hace valer el influ%o de la imagen de palara
visual, de suerte que palaras individuales 6nomres propios7 pueden leerse aun prescindiendo del deletreo.
&a palara es, pues, una representacin comple%a, que consta de las imgenes que hemos consignado' e#presado
de otro modo. corresponde a la palara un complicado pro.. ceso asociativo, en el que confluyen los elementos
de origen visual, ac3stico y Jinest)sico enumerados antes.
,hora ien, la palara cora su significado por su enlace con la representacin9o%eto, al menos si
consideramos solamente los sustantivos. , su ve", la representacin9o%eto es un comple%o asociativo de las ms
diversas representaciones visuales, ac3sticas, tctiles, Jinest)sicas y otras. +or la filosof!a saemos que la
representacin9o%eto no contiene nada ms que esto, y que la apariencia de ser una cosa /Ding2, en favor de
cuyas diversas propiedades aoga cada impresin sensorial, surge slo por el hecho de que a ra!" del recuento
de las impresiones sensoriales que hemos reciido de un o%eto del mundo /Eegenstand2 admitimos todav!a la
posiilidad de una serie mayor de nuevas !mpresiones dentro de la misma cadena asociat!va 6?. 4. @ill7. &a
representacin9o%eto nos aparece entonces como algo no cerrado y que dif!cilmente podr!a serlo, mientras que
la representacin9palara nos aparece como algo cerrado, aunque susceptile de ampliacin.
Esquema psicolgico de la representacin9palara.
&a representacin9palara aparece como un comple%o cerrado de representacin' en camio, la representacin9
o%eto aparece como un comple%o aierto. &a representacin9palara no se enla"a con la representacin9o%eto
desde todos sus componentes, sino slo desde la imagen sonora. Entre las asociaciones de o%eto, son las
visuales las que surogan al o%eto, del mismo modo como la imagen sonora suroga a la palara. No se indican
en la figura las cone#iones de la imagen sonora de la palara con otras asociaciones de o%eto que no sean las
visuales.
5e aqu! la tesis que, sore la ase de la patolog!a de los trastornos del lengua%e, no podemos menos que
formular. &a representacin9palara se anuda por su e#tremo sensile 6por medio de las imgenes de sonido7 con
la representacin9o%eto. ,s! llegamos a suponer la e#istencia de dos clases de trastornos ling<!sticos. K 7 una
afasia de primer orden, afasia veral, en la que solamente estn perturadas las asociaciones entre los elementos
singulares de la representacin9palara, y W7 una afasia de segundo orden, afasia asimlica, en la que est
perturada la asociacin entre representacin9palara y representacin9o%eto.
0so el t)rmino asimolia en otro sentido que el corriente desde AinJe>nurg 6ver nota7, porque la relacin que
media entre representacin9palara y representacin9o%eto me parece ms merecedora del nomre simlica
que la que media entre o%eto y representacin9o%eto. +ropongo llamar agnosia a las perturaciones en el
conocimiento de o%etos del mundo que AinJe>nurg resume a%o el t)rmino asimolia. ,hora ien, ser!a
posile que trastornos agnsticos 6que slo pueden producirse en caso de lesiones ilaterales y e#tensas de la
corte"a7 conllevaran tami)n una perturacin del lengua%e' en efecto, todas las incitaciones para el hala
espontnea provienen del campo de las asociaciones de o%eto. , estas perturaciones del lengua%e las llamar!a
yo afasias de tercer orden o afasias agnsticas. -, de hecho, la cl!nica nos ha permitido conocer algunos casos
que reclaman esta concepcin. G ... H