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Orígenes y Evolución de la Tragedia Griega

El documento resume el origen y desarrollo de la tragedia griega. Comenzó como ritual religioso dedicado al dios Dionisio, con coreutas que lamentaban su muerte. Con el tiempo evolucionó a representaciones más complejas con actores y máscaras. Los tres grandes trágicos fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides, quienes plasmaron en sus obras las emociones y pasiones de su época a través de personajes como los reyes.

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Orígenes y Evolución de la Tragedia Griega

El documento resume el origen y desarrollo de la tragedia griega. Comenzó como ritual religioso dedicado al dios Dionisio, con coreutas que lamentaban su muerte. Con el tiempo evolucionó a representaciones más complejas con actores y máscaras. Los tres grandes trágicos fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides, quienes plasmaron en sus obras las emociones y pasiones de su época a través de personajes como los reyes.

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Hablar de una mirada trgica, no necesariamente remite a las tragedias griegas, ni siquiera a todas las obras

teatrales que pertenecen a la tragedia; tambin podemos pensar en poemas de Csar Vallejo, Miguel
Hernndez, Alejandra Pizarnik, en los cuentos brutales de Abelardo Castillo o de Horacio Quiroga, en algunas
novelas de Hctor Tizn.
El origen de la tragedia griega
A lo largo de la historia, el hombre ha dirigido su atencin hacia su propio mundo interior. Gracias a esta
bsqueda de lo intrnsecamente humano hemos podido disfrutar de grandes producciones artsticas, como las
tragedias griegas. Pues en ellas, se narran las aventuras del hombre, que explora los abismos y vericuetos del
alma.
En el ao 334 a.C. Aristteles postul que la tragedia (mediante una serie de circunstancias que suscitan piedad
o terror) es capaz de lograr que el alma se eleve y se purifique de sus pasiones.
Este proceso, que se denomina "catarsis", es la purificacin interior que logra el espectador a la vista de las
miserias humanas. El fondo comn de lo trgico ser la lucha contra un destino inexorable, que determina la
vida de los mortales; y el conflicto que se abre entre el hombre, el poder, las pasiones y los dioses.
Sus temas, sin duda grandilocuentes, no solo no han perdido vigencia, sino que adems adoptan otro
significado y se materializan continuamente, en los distintos sucesos que padece la humanidad.
Los griegos fueron los creadores de la tragedia. En un principio, le confirieron un profundo sentido religioso, ya
que la obra trgica naci como representacin del sacrificio de Dionisios (Baco) y formaba parte del culto
pblico.
Los teatros deban edificarse en las inmediaciones del templo del dios. Los actores y cantores eran
considerados por los sacerdotes, personajes inviolables y sagrados.
Para los antiguos griegos, Dionisios era la divinidad protectora de la vida y smbolo del placer, el dolor y la
resurreccin. Durante la poca de la vendimia en su honor se cantaban a coro distintos himnos llamados
ditirambos. En los poblados y en las plazas, donde el pblico danzaba, 50 coreutas hacan una ronda alrededor
del altar.
Representaban a los "hombres cabrones" o "stiros" (seres mitolgicos que tenan cuerpo de hombre y piernas
de cabra) que lamentaban el sepelio del dios.
Primitivamente, slo se trataba de una ceremonia mimtica, pero con el correr de los aos, las tcnicas fueron
evolucionando y la magia del disfraz enriqueci la puesta en escena.
Cuando los actores interrumpan sus lamentos para tomar aliento, se introduca entre las estrofas el "solo" de
un recitante.
A partir de esta primera innovacin, ya no slo se conmemoraba la pasin de un dios sino tambin, todos los
rasgos de la leyenda, que eran interpretados por gemidos que emita la concurrencia a modo de
acompaamiento. Esta ceremonia reciba el nombre de "coro cclico".
Las ofrendas del pblico consistan generalmente en un macho cabro, que era consagrado a Dionisios.
Etimolgicamente, la palabra "tragedia" tiene mucho que ver con este ritual. El nombre deriva de "trago da"
(del griego "tragos", que significa macho cabro y de "oda", que significa canto).
El primer trgico fue Tespis, que triunf en el ano 536 a.C. en el Primer Concurso Trgico instituido por
Pisstrato para las grandes dionisacas (fiestas que se celebraban durante los primeros das de abril y que
duraban 6 das).
Tespis reemplaz el pintarrajeo grosero de los coreutas por una mscara de gnero estucado. Las mscaras
representaban las facciones de los distintos personajes. Las ms primitivas estaban hechas de corteza de rbol
luego de cuero forrado con tela y finalmente, de madera.
Los creadores eran verdaderos artesanos, la abertura de la boca era grande y prolongada como un embudo
hecho de cobre. Este formato contribua a aumentar el volumen de la voz en escena.
Hubo varias clases de mscaras: cmicas, trgicas y satricas. Las primeras eran ridculamente toscas, con los
ojos bizcos, la boca torcida y las mejillas desvencijadas. Las trgicas eran notablemente grandes, tenan la
mirada furiosa, los cabellos erizados y las sienes o la frente deformes. Las satricas eran las ms repugnantes y
representaban solamente figuras extravagantes y fantsticas, tales como cclopes, centauros, faunos y stiros.
Con las innovaciones que introdujo Tespis, la mscara griega dej de lado el bestiario fabuloso y la tragedia
adquiri un tenor ms humano. A comienzos del siglo V a.C, la tragedia ya se haba instalado como gnero
dentro de la literatura.

Caractersticas
Podra decirse que el eje central de toda obra trgica es el restablecimiento doloroso del orden, y el
alumbramiento traumtico del deber en su doble aspecto. Desde el plano religioso, desarrolla el antagonismo
que existe entre el hombre y el cosmos. Y en el plano poltico explica la conflagracin subyacente entre el
hombre y el poder.
Tanto en un aspecto como en otro, la representacin ser el vrtice del debate. No es casual, por ejemplo, que la
figura ms relevante de las obras clsicas sea la de los reyes. Esto se debe a que ellos representaban los blancos
ms visibles de la sociedad, y en consecuencia, eran los ms susceptibles, ya que la vida privada de los
monarcas, en un espectculo pblico perteneca a todo el mundo.
Este aspecto formaba parte de la mentalidad de los griegos. De hecho, la Polis era considerada como un todo, y
la justicia, para este pueblo era un valor excelentsimo. Si no haba justicia en sus gobernantes la Polis tampoco
poda ser justa. Por eso, para los griegos, la poltica y los polticos eran los encargados de ejecutar justicia, pero
en una dimensin propiamente humana. No haba posibilidades de realizacin individual dentro de un
rgimen injusto.
La justicia era para ellos una perfeccin valiosa; algo que no se buscaba por sus ventajas, y cuyos designios, sin
embargo eran implacables.
La finalidad de los festivales dramticos era la de exaltar la tradicin mtica, el patriotismo; aleccionar,
conmover, marcar nuevos rumbos, como as tambin dar lugar a cuestiones honorficas y cuando no,
farandulescas. Muchos actores obtenan premios tales, como la corona de hiedra o placas recordatorias
llamadas ex-voto.
Desde luego que tampoco faltaron los "intereses creados". En los teatros, en primera fila y en los palcos de
honor, haba un gran sitial destinado al sacerdote del dios.
El coro (coreutas) estaba a cargo de los ciudadanos ricos y hacendados, quienes corran con todos los gastos del
espectculo, creyendo que cumplan as un deber de piedad patritica" (piedad que, por cierto, contribua
tambin a la conquista de los sufragios populares).
Los asistentes eran clasificados por categoras: los sacerdotes, magistrados y generales; luego los ciudadanos y
por ltimo el pueblo.
Al entrar al teatro los espectadores entregaban a los revisores una ficha de hueso o de marfil, que con
anterioridad haban comprado en la taquilla a un empresario, y que indicaba el sitio que deban ocupar. El
publico poda, si quera, aplaudir la obra o silbar en seal de desagrado.
El precio de los asientos, que median unas 13 pulgadas de largo, era de dos volos para los de preferencia;
todas las dems localidades eran gratuitas, y los indigentes reciban fondos del "Theoricon".
En los anfiteatros se utilizaron distintos mecanismos. Al principio fueron pocos y rsticos; luego se fueron
perfeccionando e incluyeron plataformas mviles y todo tipo de parafernalias, gracias a las cuales los
personajes adquiran mayor movilidad y desplazamiento sobre el escenario.
Sin duda, tres de los trgicos ms grandes de la historia de la literatura son Esquilo, Sfocles y Eurpides. Cada
uno, imbuido por los sucesos de su tiempo supo plasmar en sus obras las emociones, las angustias, las dudas y
las pasiones de los hombres de su poca, con exquisito talento.

Prometeo encadenado
Entre el siglo VI y V a. C vivi Esquilo. Este hombre, nacido en la ciudad de Eleusis, fue muy temeroso de Zeus.
Los personajes de sus obras se mueven segn los designios de este dios del Olimpo, y por una aguda fatalidad.
Introdujo las primeras reformas dentro de la estructura de la tragedia. Escribi 7 obras, de las cuales solo se
conservan 5: La Orestada; Las Suplicantes; Los Persas; Prometeo encadenado y Los siete contra Tebas.
Sus personajes dramticos parecen tallados en bloques de granito. Su personalidad adusta no conoce trminos
medios, pues las figuras del teatro de Esquilo, de principio a fin permanecen idnticas a s mismas: mueren o
triunfan.

Troyanas
Eurpides vivi en una poca de la cultura griega dominada por una profunda crisis. Esta crisis puso en peligro,
y en algunos casos lleg a destruir, los valores que hasta ese entonces haban sido considerados como
inmutables: el Estado, la cultura y la religin. Vivi en el momento ms crtico de la evolucin histrica de
Grecia, durante la Guerra del Peloponeso.
Las tragedias de Eurpides reflejan, no slo los cambios coyunturales de la nacin, sino tambin el terrible
cambio espiritual que se estaba gestando en Atenas, durante la segunda mitad del siglo V a.C.
As como Ibsen, Nietzsche o Bertolt Brecht supieron retratar la profunda crisis del mundo contemporneo,
Eurpides fue el espritu de su poca, llamado a expresar en su obra la situacin del hombre griego y la
decadencia de un imperio.
Hasta bien entrado el siglo V a.C., la ideologa dominante en toda Grecia era la concepcin aristotlica de la
vida, el "Ideal Drico-dlfico", encarnado principalmente en Esparta, en lo que se refiere a la poltica; y en
Delfos, en lo que respecta a la religin (de hecho, la forma ms antigua de tragedia fue la prolongacin de la
lrica coral doria).
Dos rasgos caracterizaron esa mentalidad: la sumisin del individuo a la colectividad y la limitacin humana
frente a Dios. Sin embargo, poco a poco, al lado de esta concepcin un tanto arcaica si se quiere, comienza a
desarrollarse una doctrine existencial mucho ms libre y optimista. Ser el legado del "espritu jnico", que
permitir la elaboracin de atrevidas sntesis, con un alto grado de valoracin individual.
El ideal jnico se ocup tambin de estudiar las costumbres de otros pueblos, llegando en algunos casos, a
conclusiones relativistas sobre el valor de lo bueno y lo malo, lo decente y lo indecente, lo justo y lo injusto.
Otra caracterstica propia de este espritu fue el inicio de la reflexin sobre el hombre como tal, el investigarse a
s mismo. Sin duda fue un movimiento revolucionario para la poca, con el que Eurpides logr identificarse y
mediante el cual pudo ir tejiendo la trama de sus obras. Podra decirse que la generacin a la cual perteneci
este gran dramaturgo fue una generacin "quemada", llena de desengaos.
Esto se traduce en las tragedias de Eurpides. Sus personajes no creen ya en la grandeza humana. Se han
acostumbrado a penetrar en el corazn humano, y no han sabido encontrar all ms que pasiones desbocadas,
crueldad, ambicin, etc. Y esa desconfianza en el hombre actual, no slo se materializaba en tiempo presente,
sino que tambin se retrotraa al pasado y se proyectaba hacia el futuro.
Para referirnos a la vida de Eurpides es necesario basarnos en fuentes de diversa procedencia. En Stiro, que
vivi en el siglo II a.C., o en eruditos romanos como Aulo Gelio y Varrn. Durante la edad bizantina, la Suda
dedic su atencin a este autor (noticias de Eurpides proceden de Filcoro, lxico que vivi en el siglo III d.C).
Existen tambin fuentes epigrficas. La ms importante es el llamado "Mrmol de Paros", descubierto en el
siglo XVII. Incluso hay testimonios literarios que proceden de la comedia; ms concretamente, de las obras de
Aristfanes, el gran detractor de nuestro trgico. Sin embargo tales testimonios deberan tomarse con
precaucin, ya que los mtodos empleados por la comedia tica son conocidos: los hechos son vistos como a
travs de un lente que desorbita la realidad objetiva, convirtiendo muchas veces en algo especial aquello que en
verdad es insignificante. De hecho, lo que construyen las comedies son caricaturas.
Aristfanes fue el gran opositor de Eurpides, pues vea en el poeta trgico, al representante tpico y el portavoz
de las "nuevas ideas" que invadan y contaminaban al mundo ateniense.
Cuentan todos estos testimonios que el padre de Eurpides se llamaba Mnesarco o Mnesarquides y su madre,
Clito. Segn las fuentes ms antiguas, su padre era un tendero al por mayor, y de acuerdo con algunos pasajes
aristofnicos, su madre verdulera.
La exquisita educacin que recibi nos permite suponer que su familia era acomodada (Eurpides fue el primer
intelectual griego que dispuso de una biblioteca particular). Era un espritu melanclico, poco amigo de las
multitudes, y del bullicio de la vida mundana. Pasaba largas temporadas en una cueva de Salamina, isla donde
sus padres tenan algunas propiedades.
Sin embargo, este ostracismo "auto-impuesto" no le impidi seguir con suma atencin los hechos de su tiempo.
Fue un lector apasionado de los grandes filsofos de la poca: Arquelao, Anaxgoras, Prdico, Georgias, etc. Y
al parecer fue muy amigo de Scrates, del que ciertos testimonios dicen que colabor en la elaboracin de
algunas de sus tragedias. Hacia el final de su vida, el poeta recibi la invitacin del rey Arquelao de Macedonia,
aunque poco y nada se conoce de su paso por la corte.
Un rasgo tpico de la literatura clsica griega es el hecho de que muchos escritores se limitaban a cultivar un
solo gnero, y Eurpides, trgico por vocacin y conviccin lleg a ser autor de innumerables tragedias.
Compuso tambin algn epigrama y un canto triunfal, adems de los dramas satricos que contribuan al cierre
obligado de las trilogas, que los trgicos presentaban en concurso.
Los antiguos le atribuyen 92 tragedias, de las cuales solo 17 se conservan: Alcestis; Andrmaca; Bacantes;
Electra; Hcuba, Helena; Heracles loco; Herclidas; Hiplito; Jon; Ifigenia en Aulide; Ifigenia en Turide;
Cclope; Medea; Orestes; Fenicias; Reso; Suplicantes y Troyanas.
Dentro de las innovaciones introducidas por Eurpides se destacan los prlogos netamente narrativos y los
coros (ejecutados por mujeres). En todos ellos desarrolla una verdadera lucha dialctica entre los personajes de
la obra. Modific la tcnica del deus ex machina (procedimiento del hroe salvador: personaje que pasa
casualmente por el lugar de la escena, ya sea para resolver una situacin cuando ya todos crean que no haba
solucin o bien, para justificar la conducta de un personaje dentro de la obra).
Podemos observar en las obras de Eurpides, un marcado racionalismo. La tragedia eurpidea deja traslucir
cierto perfil del autor como magnfico psiclogo de su poca. Pues supo penetrar en lo ms recndito del
corazn humano, hurgando en sus miserias y sus pasiones. Pareciera que sus hroes han perdido por completo
la confianza en s mismos; dan un paso adelante, para retroceder luego dos pasos atrs.
El pesimismo es otro rasgo caracterstico de nuestro poeta. Fue precisamente esto lo que lo condujo a realizar
un anlisis tan hondo y exhaustivo de la naturaleza humana. Y lo que vio de los hombres fue el reflejo de seres
atormentados por la pasin; seres embarcados en la bsqueda acuciante y sin tregua de paz consigo mismos
(...o de la paz interior).
Hay en sus obras un alto grado de realismo psicolgico; los grandes hroes de la mitologa se convierten en las
tragedias de Eurpides en hombres tal cual son, con virtudes y falencias.
La crisis de las ideologas, la falta de fe, la muerte de las utopas y la desconfianza son factores que siempre han
rodeado la vida del ser humano, y que adquieren mayor o menor intensidad bajo nuevas formas y en distintas
circunstancias.

Edipo Rey
Sfocles naci en el 496 a. C en Colono, localidad cercana a Atenas. Si bien las informaciones acerca de su vida
son relativamente escasas, es evidente que goz de un gran prestigio entre sus compatriotas, conforme a
numerosos registros histricos que narran como era su vida como ciudadano. Sfocles fue quizs, el que mayor
supo reflejar en sus obras, los principios y dilemas espirituales de la Grecia clsica del siglo V a.C., cuando
Atenas se hallaba en su mximo esplendor poltico, econmico y cultural.
Hijo del acaudalado Sifilos, cuando solo contaba con 16 aos lleg a ser encargado de dirigir un canto de gracia
a los dioses por la victoria de la batalla de Salamina, contra los persas. Posteriormente se desempe en
distintos cargos oficiales. En el 440 a.C. fue elegido como uno de los 10 estrategas o jefes militares del Ejrcito
ateniense, y en calidad de tal particip de varias expediciones. Fue un estrecho colaborador del gobernante
Pericles y del historiador Herdoto. Adems asumi dignidades religiosas.
De todos modos, su reputacin se sustent fundamentalmente en la actividad teatral, a la que se dedic toda su
vida. En el 448 a.C. derrot por primera vez al ya anciano Esquilo en el festival dramtico anual. Obtuvo la
victoria, cuanto menos en otras veinte oportunidades.
Sfocles estableci varias modificaciones en la forma tradicional de la tragedia fijada par Esquilo. Sustituy las
trilogas encadenadas por las libres (compuestas de tres piezas conexas, pero completas en s mismas).
De Los 123 dramas se conservan solo siete: Ayax; Antgona; Edipo Rey; Las Triquinias; Filoctetes; Edipo en
Colono y Electra.
Cabe destacar que el teatro de Sfocles siempre fue fiel a una determinada concepcin del mundo, segn la cual
ste se halla regido por leyes eternas, encarnadas en sus obras por los dioses, a las que los hombres se
encuentran sujetos. A diferencia de Esquilo, no centr su teatro en la inexorabilidad del destino, sino que
destac la capacidad humana para asumirlo y llevar una vida ligada a principios ticos. Para l no exista
conflicto entre la necesidad csmica y la libertad individual. La mayora de sus personajes (Electra, Antgona,
etc) ilustran la tesis de que es preciso soportar con nobleza las adversidades y los sufrimientos; y realzan la
grandeza de la voluntad que se enfrenta a las consecuencias.
Los protagonistas son de carne y hueso. No luchan contra los obstculos exteriores o la fatalidad, sino contra
las debilidades del corazn. Sin embargo, pese a todo, el idealismo de Sfocles, muchas veces influenciado por
los hroes homricos, fue capaz de crear adalides ms que convincentes.
Sfocles muri en Atenas en el 406 a. C. Fue elogiado por Aristteles que hizo de su obra el modelo de la
tragedia clsica, como el mayor de los dramaturgos griegos. Su obra puede considerarse la fuente de todo el
teatro occidental.
1- Caractersticas de la tragedia
La tragedia naci como tal en Grecia con las obras de Tespis y Frnico, y se consolid con la trada de los
grandes trgicos del clasicismo griego: Esquilo, Sfocles y Eurpides. Las tragedias clsicas se caracterizan,
segn Aristteles, por generar una catarsis en el espectador.
Caractersticas:
1 Se trata de un tema serio. Por lo general, es un episodio conflictivo de la vida de una persona, en el que
muchas veces estn en juego la vida y la muerte.
2 Los protagonistas de la tragedia son personas dignas de imitacin, es decir, representan valores de su
sociedad. Por ejemplo en la antigedad clsica, eran, por lo general, hombres nobles, hroes o semidioses.
3 El objetivo de la tragedia es provocar en los espectadores dos emociones: El temor y la compasin.
2- Caractersticas de la comedia
La comedia se origina en el mundo griego, pero se va desarrollando por el medievo y por la edad moderna,
hasta llegar a nuestros das.
1 La comedia presenta a seres inferiores, es decir seres que encarnan algn vicio. La manera de representarlos
es por medio de situaciones divertidas, graciosas o ridculas.
2 Los personajes suelen ser arquetipos, es decir, personajes que representan un rasgo caracterstico de los
seres humanos a modo general, como el avaro, mentiroso, pcaro, enamorado, el Don Juan, el estafador, etc.
3 Su objetivo es provocar la risa en los espectadores, pero no de manera gratuita, sino llevndolos a la
reflexin sobre el conflicto que se expone y que se muestra como algo que puede ocurrir en la vida real.
4 El desenlace tiende a provocar algn tipo de acuerdo que beneficie a todos.
3- Caractersticas del drama
El drama corresponde a la combinacin entre los dos gneros anteriores, por eso es tambin conocido como
tragicomedia.

1 Presenta a los seres humanos tal como son, es decir, ya no se presentan seres superiores ni inferiores.

2 En estas obras el hombre es dueo de su destino. Por lo mismo debe sobrellevarlo con su "humanidad", es
decir con sus imperfecciones y limitaciones.

3 El conflicto plantea situaciones en que se mezcla lo trgico y lo cmico. Plantea situaciones individuales o
sociales en relacin con los problemas que aquejan al hombre de la poca.

4 El desenlace puede ser feliz o infeliz.


Horacio Quiroga
(1879-1937)

Naci el 31 de diciembre de 1878 en Salto, Uruguay. Deportista y aficionado a las ciencias, funda la tertulia de
"Los tres mosqueteros" y se inicia en las letras bajo el patrocinio de Leopoldo Lugones. Viaja a Pars en 1900 y
hace una breve experiencia de la bohemia pobre, donde conoci e hizo amistad con Rubn Daro. En 1902 es
invitado a participar como fotgrafo en una expedicin por la selva de Misiones. El viaje lo deslumbra y en lo
adelante vivir durante largos aos en Misiones, lugar donde encuentra el escenario y los personajes de los
cuentos que lo hicieron famoso. La existencia de Horacio Quiroga estuvo marcada por el signo de la desgracia.
En 1902, accidentalmente, dio muerte con un revolver al mejor de sus amigos -Federico Ferrando-; su primera
esposa se suicid -Ana Mara Cirs-; sus negocios siempre resultaron un fracaso y, casado por segunda vez,
ahora con Mara Bravo, sta lo abandon en 1929, pues no soport la vida en Misiones. Esa vida dramtica,
siempre cercana a la estrechez econmica, experiencias con el hachs y el cloroformo y el constante cerco del
suicidio, alimentaron su tarea cuentista. No le son ajenas las influencias de Rudyard Kipling, Joseph Conrad y,
sobre todo, el magisterio de Edgar Allan Poe, por las atmsferas de alucinacin, crimen, locura y estados
delirantes que pueblan sus narraciones. A veces se remonta a escenas conjeturales de la vida prehistrica o
mezcla, con extraa astucia, personajes humanos y animales que hablan, como en las fbulas clsicas, pero
estableciendo una sutil frontera entre la vida natural y la civilizacin. Sus figuras de pioneros, de europeos
abandonados en los confines de la selva, de cansados de la vida y de empresarios desquiciados, crean un
mundo de intransferible personalidad, que no daa el habitual descuido de su redaccin. Horacio Quiroga
ingiriendo cianuro se suicid en Buenos Aires el 19 de febrero de 1937, al saberse vctima de un cncer gstrico
incurable.
La primera obra publicada fue su libro titulado "Arrecifes de Coral", en 1901; en sta, el autor uruguayo acusa
toda la influencia que sobre l ejerci el Modernismo. Posteriormente, Quiroga incorpora la sensibilidad
naturalista en sus obras, lo que podemos apreciar en "Historia de un Amor Turbio" (1918) -novela
autobiogrfica- y "Pasado Amor" (1929). Sin embargo, Horacio Quiroga deber la inmortalidad literaria a sus
cuentos, forma dentro de la cual es considerado uno de los ms grandes creadores de la literatura
hispanoamericana de todos los tiempos. Por tal razn, la etapa ms brillante y decisiva de su carrera como
escritor, se inicia con su libro "Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte" (1917). Esta obra es una coleccin de
quince relatos en los que la tragedia, la enfermedad, las obsesiones, el vicio y la locura son los temas
recurrentes. Con un estilo sencillo, sugerente y persuasivo, el autor exhibe la trgica debilidad del ser humano
ante las fuerzas que lo determinan y, en la mayor parte de los casos, lo aniquilan. En 1918 publica "Cuentos de
la Selva", cuyos ocho relatos conforman una muestra brillante de su prosa natural y clara, de su gran
creatividad y de la fuerza con que aparece la naturaleza americana. La selva, en este caso, es la realidad que lo
abarca todo; los animales aparecen humanizados y la intencin moralizadora de los cuentos est sabiamente
sugerida, nunca explcita. Muchos han querido ver en ellos, incluso, enfoques que anticipan el ecologismo tan
en boga por estos das. "Cuentos de la Selva" es la obra de un vigoroso mundonovismo, entregada con sencillez
e imaginacin. En ediciones posteriores, se suele agregar a los ocho relatos originales, dos cuentos publicados
aos despus por Quiroga: "Anaconda" (1921 ) y "El Regreso de Anaconda" (1926).
Algunas de sus obras: El crimen de otro (1904), Historia de amor turbio (1908), Cuentos de amor, de locura y
de muerte (1917), Cuentos de la selva (1918), El salvaje (1920), Las sacrificadas (1929), Anaconda (1921), El
desierto (1924), Los desterrados (1926), Pasado amor (1929), Suelo natal (libro de lectura para nios, en
colaboracin con Leonard Glusberg) y Ms all (1935).
EL HIJO

ES UN PODEROSO da de verano en Misiones, con todo el sol, el calor y la calma que puede deparar la
estacin. La naturaleza plenamente abierta, se siente satisfecha de s.
Como el sol, el calor y la calma ambiente, el padre abre tambin su corazn a la naturaleza.
Ten cuidado, chiquito dice a su hijo; abreviando en esa frase todas las observaciones del caso y
que su hijo comprende perfectamente.
Si, pap responde la criatura mientras coge la escopeta y carga de cartuchos los bolsillos de su
camisa, que cierra con cuidado.
Vuelve a la hora de almorzar observa an el padre.
S, pap repite el chico.
Equilibra la escopeta en la mano, sonre a su padre, lo besa en la cabeza y parte.
Su padre lo sigue un rato con los ojos y vuelve a su quehacer de ese da, feliz con la alegra de su
pequeo.
Sabe que su hijo es educado desde su ms tierna infancia en el hbito y la precaucin del peligro,
puede manejar un fusil y cazar no importa qu. Aunque es muy alto para su edad, no tiene sino trece
aos. Y pareca tener menos, a juzgar por la pureza de sus ojos azules, frescos an de sorpresa infantil.
No necesita el padre levantar los ojos de su quehacer para seguir con la mente la marcha de su hijo.
Ha cruzado la picada roja y se encamina rectamente al monte a travs del abra de espartillo.
Para cazar en el monte caza de pelo se requiere ms paciencia de la que su cachorro puede
rendir. Despus de atravesar esa isla de monte, su hijo costear la linde de cactus hasta el baado, en
procura de palomas, tucanes o tal cual casal de garzas, como las que su amigo Juan ha descubierto das
anteriores.
Slo ahora, el padre esboza una sonrisa al recuerdo de la pasin cinegtica de las dos criaturas.
Cazan slo a veces un yactoro, un surucu menos an y regresan triunfales, Juan a su rancho
con el fusil de nueve milmetros que l le ha regalado, y su hijo a la meseta con la gran escopeta Saint-
tienne, calibre 16, cudruple cierre y plvora blanca.
l fue lo mismo. A los trece aos hubiera dado la vida por poseer una escopeta. Su hijo, de aquella
edad, la posee ahora y el padre sonre...
No es fcil, sin embargo, para un padre viudo, sin otra fe ni esperanza que la vida de su hijo,
educarlo como lo ha hecho l, libre en su corto radio de accin, seguro de sus pequeos pies y manos
desde que tena cuatro aos, consciente de la inmensidad de ciertos peligros y de la escasez de sus
propias fuerzas.
Ese padre ha debido luchar fuertemente contra lo que l considera su egosmo. Tan fcilmente una
criatura calcula mal, sienta un pie en el vaco y se pierde un hijo!
El peligro subsiste siempre para el hombre en cualquier edad; pero su amenaza amengua si desde
pequeo se acostumbra a no contar sino con sus propias fuerzas.
De este modo ha educado el padre a su hijo. Y para conseguirlo ha debido resistir no slo a su
corazn, sino a sus tormentos morales; porque ese padre, de estmago y vista dbiles, sufre desde hace
un tiempo de alucinaciones.
Ha visto, concretados en dolorossima ilusin, recuerdos de una felicidad que no deba surgir ms de
la nada en que se recluy. La imagen de su propio hijo no ha escapado a este tormento. Lo ha visto una
vez rodar envuelto en sangre cuando el chico percuta en la morsa del taller una bala de parabellum,
siendo as que lo que haca era limar la hebilla de su cinturn de caza.
Horrible caso... Pero hoy, con el ardiente y vital da de verano, cuyo amor a su hijo parece haber
heredado, el padre se siente feliz, tranquilo, y seguro del porvenir.
En ese instante, no muy lejos suena un estampido.
La Saint-tienne... piensa el padre al reconocer la detonacin. Dos palomas de menos en el
monte...
Sin prestar ms atencin al nimio acontecimiento, el hombre se abstrae de nuevo en su tarea.
El sol, ya muy alto, contina ascendiendo. Adnde quiera que se mire piedras, tierra, rboles, el
aire enrarecido como en un horno, vibra con el calor. Un profundo zumbido que llena el ser entero e
impregna el mbito hasta donde la vista alcanza, concentra a esa hora toda la vida tropical.
El padre echa una ojeada a su mueca: las doce. Y levanta los ojos al monte.
Su hijo deba estar ya de vuelta. En la mutua confianza que depositan el uno en el otro el padre de
sienes plateadas y la criatura de trece aos, no se engaan jams. Cuando su hijo responde: S, pap,
har lo que dice. Dijo que volvera antes de las doce, y el padre ha sonredo al verlo partir.
Y no ha vuelto.
El hombre torna a su quehacer, esforzndose en concentrar la atencin en su tarea. Es tan fcil, tan
fcil perder la nocin de la hora dentro del monte, y sentarse un rato en el suelo mientras se descansa
inmvil...?
El tiempo ha pasado; son las doce y media. El padre sale de su taller, y al apoyar la mano en el banco
de mecnica sube del fondo de su memoria el estallido de una bala de parabellum, e instantneamente,
por primera vez en las tres transcurridas, piensa que tras el estampido de la Saint-tienne no ha odo
nada ms. No ha odo rodar el pedregullo bajo un paso conocido. Su hijo no ha vuelto y la naturaleza se
halla detenida a la vera del bosque, esperndolo.
Oh! no son suficientes un carcter templado y una ciega confianza en la educacin de un hijo para
ahuyentar el espectro de la fatalidad que un padre de vista enferma ve alzarse desde la lnea del monte.
Distraccin, olvido, demora fortuita: ninguno de estos nimios motivos que pueden retardar la llegada de
su hijo halla cabida en aquel corazn.
Un tiro, un solo tiro ha sonado, y hace mucho. Tras l, el padre no ha odo un ruido, no ha visto un
pjaro, no ha cruzado el abra una sola persona a anunciarle que al cruzar un alambrado, una gran
desgracia...
La cabeza al aire y sin machete, el padre va. Corta el abra de espartillo, entra en el monte, costea la
lnea de cactus sin hallar el menor rastro de su hijo.
Pero la naturaleza prosigue detenida. Y cuando el padre ha recorrido las sendas de caza conocidas y
ha explorado el baado en vano, adquiere la seguridad de que cada paso que da en adelante lo lleva, fatal
e inexorablemente, al cadver de su hijo.
Ni un reproche que hacerse, es lamentable. Slo la realidad fra terrible y consumada: ha muerto su
hijo al cruzar un...
Pero dnde, en qu parte! Hay tantos alambrados all, y es tan, tan sucio el monte! Oh, muy sucio
Por poco que no se tenga cuidado al cruzar los hilos con la escopeta en la mano...
El padre sofoca un grito. Ha visto levantarse en el aire... Oh, no es su hijo, no! Y vuelve a otro lado, y
a otro y a otro...
Nada se ganara con ver el color de su tez y la angustia de sus ojos. Ese hombre an no ha llamado a
su hijo. Aunque su corazn clama par l a gritos, su boca contina muda. Sabe bien que el solo acto de
pronunciar su nombre, de llamarlo en voz alta, ser la confesin de su muerte.
Chiquito! se le escapa de pronto. Y si la voz de un hombre de carcter es capaz de llorar,
tapmonos de misericordia los odos ante la angustia que clama en aquella voz.
Nadie ni nada ha respondido. Por las picadas rojas de sol, envejecido en diez aos, va el padre
buscando a su hijo que acaba de morir.
Hijito mo..! Chiquito mo..! clama en un diminutivo que se alza del fondo de sus entraas.
Ya antes, en plena dicha y paz, ese padre ha sufrido la alucinacin de su hijo rodando con la frente
abierta por una bala al cromo nquel. Ahora, en cada rincn sombro del bosque ve centellos de alambre;
y al pie de un poste, con la escopeta descargada al lado, ve a su...
Chiquito..! Mi hijo!
Las fuerzas que permiten entregar un pobre padre alucinado a la mas atroz pesadilla tienen tambin
un lmite. Y el nuestro siente que las suyas se le escapan, cuando ve bruscamente desembocar de un
pique lateral a su hijo.
A un chico de trece aos bstale ver desde cincuenta metros la expresin de su padre sin machete
dentro del monte para apresurar el paso con los ojos hmedos.
Chiquito... murmura el hombre. Y, exhausto se deja caer sentado en la arena albeante, rodeando
con los brazos las piernas de su hijo.
La criatura, as ceida, queda de pie; y como comprende el dolor de su padre, le acaricia despacio la
cabeza:
Pobre pap...
En fin, el tiempo ha pasado. Ya van a ser las tres...
Juntos ahora, padre e hijo emprenden el regreso a la casa.
Cmo no te fijaste en el sol para saber la hora..? murmura an el primero.
Me fij, pap... Pero cuando iba a volver vi las garzas de Juan y las segu...
Lo que me has hecho pasar, chiquito!
Piapi... murmura tambin el chico.
Despus de un largo silencio:
Y las garzas, las mataste? pregunta el padre.
No.
Nimio detalle, despus de todo. Bajo el cielo y el aire candentes, a la descubierta por el abra de
espartillo, el hombre devuelve a casa con su hijo, sobre cuyos hombros, casi del alto de los suyos, lleva
pasado su feliz brazo de padre. Regresa empapado de sudor, y aunque quebrantado de cuerpo y alma,
sonre de felicidad.
***
Sonre de alucinada felicidad... Pues ese padre va solo.
A nadie ha encontrado, y su brazo se apoya en el vaco. Porque tras l, al pie de un poste y con las
piernas en alto, enredadas en el alambre de pa, su hijo bienamado yace al sol, muerto desde las diez de
la maana.

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