Nueva Revista del Pacfico
N 54 [2009] Valparaso
EMBRY, Eduardo: Manuscritos que con el agua se borran. (Antologa). Caracas: Monte vila
Editores Latinoamericana. 2009.
.
Este libro es una antologa del poeta chileno residente en Southampon, UK, realizada en
Venezuela por Eduardo Gasca, quien ha llevado a cabo la seleccin de los textos como tambin
del prlogo con que se abre el poemario. En aquel, Gasca define al poeta Embry como una
suerte de trovador y de monje, de hombre de los caminos y del claustro, activo poeta y
erudito, emparentado con el humanismo renacentista, y vinculado, adems, a las letras patrias a
travs de Pablo de Rocka y Nicanor Parra, las figuras mayores del desenfado, como tambin a
gente de su propia generacin. Sin embargo, el prologuista y seleccionador se queda con la
imagen de poeta del desenfado para calificar que quehacer potico de Embry, argumentando
que es un trmino elogioso, pues hacer poesa cuidadosamente desenfadada no es cualquier
cosa. La antologa de Gasca tiene la gracia en el sentido prstino de la palabra- de recoger una
importante cantidad de poemas de Embry, entregndonos as una panormica de su escritura
potica. Adems, realiza una suerte de clasificacin temtica de los textos embrianos que, segn
el antologador, fueron hechura del seleccionador y no del propio autor, son producto de una
lectura y no de la escritura de los poemas, como hubiese sido lo ideal.
Por otra parte, la antologa es una buena oportunidad para conocer y valorar en su real
dimensin la poesa de un autor chileno que ha sido soslayado por la crtica y de cuyo nombre,
no todos los lectores tienen conocimiento. Adems, el libro editado en Venezuela nos permite
hacer un breve excurso en la potica y en la poiesis del autor. Comencemos, pues, por hacer
una indagacin histrica.
En 1968, Luis Fuentealba Lagos publicaba Poetas porteos; una antologa de
dieciocho poetas de Valparaso, entre los que se encontraba Eduardo Embry. El libro fue editado
por la Sociedad de Escritores de esta ciudad bajo el sello de Ediciones Ocano. Hoy el libro es
una joya bibliogrfica no slo porque ella recogi y fue una buena muestra de la produccin
potica en el puerto de Valparaso a fines de los aos sesenta del siglo pasado, sino tambin
porque la portada la ilustr Camilo Mori, un destacado pintor y grabador chileno, y presentaba a
Luis Fuentealba, el narrador porteo el hombre de Playa Ancha, as llamado por habitar en
ese cerro de Valparaso, desde donde escribo esta resea-, Carlos Len, autor de Sobrino
nico. En la pgina treinta y cinco, aparece un joven Eduardo Embry, de quien se dice que
naci en Valparaso en el ao 1938. Aqu han vivido sus padres trabajando con honestidad.
Aqu estudi. Aqu trabaja. El mbito mgico del Puerto ha sido su nico territorio de amistad y
poesa. Desde aqu ha partido hacia algunos lugares de Chile a reconocer dnde estn los ros,
los campos verdes, el monte y la gente sencilla y laboriosa que lo puebla. Embry inici, por
tanto, su actividad potica en el puerto de Valparaso, constituyndose en una voz significativa
en el espectro potico de la denominada generacin del 65. Fuentealba en su antologa recoge
estas palabras de Embry que explicaban cmo entenda l su escritura: Trato de utilizar
palabras vividas y conocidas por todos. Creo que todos, al decir todos, me refiero a los que
alguna vez aprendieron a leer y a escribir, se sienten capacitados para escribir poemas. Algunos,
por supuesto, se dan cuenta que no tienen dedos para pianistas, luego dejan la pluma. Sin
embargo, otros se dejan llevar con la esperanza de llegar a ser algn da poetas. Ms adelante,
agregaba: si escribo sobre mi infancia, es para afirmar el ser actual, y no para revivir momentos
muertos definitivamente para el ser. Y terminaba afirmando: de ninguna manera me siento
identificado con el llamado movimiento lrico, refirindose a la actitud potica que empezaba a
desplegarse por aquellos aos en nuestro pas liderada por el poeta J orge Teillier, entre otros.
Cinco aos despus de la publicacin de esta histrica antologa cuyo ejemplar tengo a
la vista, vino el golpe de estado, y Eduardo Embry, al igual que otros muchos escritores, sali al
exilio, radicndose en Inglaterra desde donde nos manda frecuentemente sus versos. Antologado
por nosotros en la Nueva Revista del Pacfico el ao 2005 con una muestra selecta de sus
versos, nos encontramos ahora preparando un libro suyo que llevar por ttulo Al revs de las
cosas que en este mundo fenecen, con un prlogo de Fernando Moreno de la Universidad de
Poitiers y un post prlogo mo. Con ello, estaremos divulgando, especialmente para las nuevas
generaciones de lectores, a uno de los poetas porteos ms significativos de la lrica chilena
contempornea, tal como lo ha hecho la antologa preparada por Eduardo Gasca en Venezuela.
Segn el crtico venezolano, la potica de Eduardo Embry est sustentada sobre la base
de la actitud desenfadada que adopta el hablante lrico en el modo de aprehender y representar el
mundo. Ciertamente que coincidimos con esta apreciacin esttica. La misma actitud
desenfadada e iconoclasta la han tenido otros autores en la lrica chilena, como De Rocka y
Parra, a quienes menciona Gasca. Sin embargo, creemos que esta perspectiva de los hablantes
presentes en los poemas de Embry se entrelaza con el oficio potico desarrollado por los poetas
medievales de la juglara y de la clereca, especialmente en la potica del Arcipreste de Hita. La
irona, el humor, lo iconoclasta, el desparpajo, el enmascaramiento y el carnaval, entre otros
elementos discursivos que encontramos en el Libro de Buen Amor, y que resumen la potica
de J uan Ruiz en el quiebre de la sensibilidad plenamente medieval, las evidenciamos en la
potica y en la discursividad de Embry. Es decir, Embry es un poeta dialogante con lo mejor de
la tradicin de la lrica medieval hispnica, y, adems, de la lrica post medievalista europea. En
su poema El amor diome con mesura respuesta a mis cuitas, el hablante se describe como:
Yo, el arcipreste de ninguna parte, que una vez/ el amor tuve en la palma de la mano, nos
revela lo que estamos diciendo. Embry, trasmutado en el hablante lrico, se reconoce ejerciendo
un oficio, un verdadero mester (ministerium, de donde la palabra ministro, que en su origen, en
su timo, alude al ministro sagrado, es decir, a aquel que tiene el oficio de traer y explicar el
Verbo a las gentes) al servicio de la poesa.
Los hablantes de Eduardo Embry que en definitiva, no son otros que el ser del poeta
revestido de una carnalidad distinta propia del juego poitico-, se presentan ante el lector como
sujetos degradados, es decir, yoes, que estn en diversas situaciones vivenciales (apagamiento
del yo, lo han denominado). El yo lrico embriano tiende a no tomarse muy en serio
influencia parriana, a no dudarlo-, y a caracterizarse por el desenfado con que enfrenta los
distintos momentos de acoger el mundo. Embry en su potica privilegia la actitud narrativa. Los
poemas se nos despliegan como historias que van cautivando al lector, a travs de una tonalidad
coloquial que desembocan las ms de las veces en situaciones inesperadas en que el propio
hablante hace irrisin de las mismas. La actitud narrativa y el tono coloquial lo emparientan
nuevamente con la poesa (antipoesa) de Parra.
La presencia de yoes poticos desacralizados pone a la potica y a la poesa de Embry
entre las modalidades discursivas que llevan a la despersonalizacin del sujeto lrico y, por
tanto, a su abajamiento a travs del tono prosaico. La reescritura constante de los paradigmas
poticos clsicos llevados a cabo por Embry, nos los muestra como un buen conocedor de la
lrica clsica, especialmente de la hispnica, tal como lo hemos dicho ms arriba. La confluencia
de cultismo y palabras actuales le dan a los poemas la tonalidad clasicista que no es otra cosa
que una actitud irreverente frente a las formas cannicas de la escritura potica, como la
reutilizacin de las formas prestigiosas de la misma, pero puestas en una situacin pardica y
carnavalesca en el sentido bajtiniano de los trminos.
La deconstruccin de los cnones poticos de la escritura del poeta porteo
(seguiremos llamndolo as, o mejor, poeta universal?) est revelada cuando entra en una
actitud dialogante con la escritura de un formato clsico como lo fueron los exemplos
medievales. Tanto en el arcipreste de Hita como en el Infante Don J uan Manuel tenemos los
modelos cannicos; el rasgo esencial del exemplo es que su textualidad nos lleva a la muestra
ejemplar de una enseanza moralizante. Pues bien, los exemplos embrianos son la inversin de
dicha actitud plasmada mediante la actitud ldica e irnica en el planteamiento de una
determinada temtica o actitud vitalista.
La subversin de los rdenes, es decir, el carnaval y el enmascaramiento, la actitud
festiva e histrinica de los hablantes de Eduardo Embry entran fcilmente en sintona con los
lectores. Esta actitud es propia de quien ejerce un menester (mester, ministerium) con el que
goza y se divierte; nos referimos evidentemente ahora al poeta Embry, ya no al que est
trasmutado lingsticamente en la digesis potica, sino a aquel que escribe gozamente
pensando, tal vez, que las palabras que le escribi al poeta Fuentealba in illo tempore se hicieron
realidad.
La antologa de Eduardo Gasca es una hermosa muestra de los que hemos explicado
metacrticamente. Los ejes temticos que son siete (nmero pleno y lleno de simbolismos)
despliegan los poemas sobre la poesa, el amor, el hombre, la casa, la familia, la humanidad, la
alienacin, el poder, el imperio, la libertad, la esperanza, la patria, la opresin , la rebelda, entre
otros muchos; en definitiva, la Historia y la intrahistoria unamunianas. La antologa de Gasca
nos pone enfrente a un poeta mayor que, insoslayablemente, debemos conocer y leer, pues en l
est encarnada una conciencia crtica de la cultura, de la sociedad y de la vida en general.
En Valparaso, a treinta y un das del mes de agosto de 2009 A.D.
Eddie Morales Pia, Universidad de Playa Ancha