100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas777 páginas

Sociedad Civil

El documento presenta el programa del XI Congreso Nacional y IV Congreso Internacional sobre Democracia organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. El congreso recibirá a cientos de expositores nacionales e internacionales para debatir sobre los escenarios actuales y futuros de las democracias latinoamericanas. La Facultad cuenta con decanos, secretarios y comités organizadores para el evento, el cual busca analizar los límites, tensiones e innovaciones de la democracia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
1K vistas777 páginas

Sociedad Civil

El documento presenta el programa del XI Congreso Nacional y IV Congreso Internacional sobre Democracia organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. El congreso recibirá a cientos de expositores nacionales e internacionales para debatir sobre los escenarios actuales y futuros de las democracias latinoamericanas. La Facultad cuenta con decanos, secretarios y comités organizadores para el evento, el cual busca analizar los límites, tensiones e innovaciones de la democracia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Facultad de Ciencia Poltica

y Relaciones Internacionales
Decano
Franco Bartolacci
Vicedecano
Hctor Molina
Secretaria Acadmica
Sabrina Benedetto
Sub Secretaria Acadmica
Julieta Corts
Secretaria de Investigacin y Posgrado
Claudia Voras
Sub Secretaria de
Investigacin y Posgrado
Valeria Sassaroli
Secretaria de Planificacin
y Gestin Institucional
Cintia Pinillos
Secretario de Comunicacin
y Gestin de Medios
Edgardo Toledo
Secretaria Estudiantil
Lucila Dattilo
Secretaria de Extensin
Mara Ins Suidini
Sub Secretaria de Extensin
Paula Contino
Secretaria Financiera
Nadia Amalevi
Secretaria de Relaciones Institucionales
Cecilia Ruberto
Escuela de Ciencia Poltica
Mara Gabriela Benetti
Escuela de Comunicacin Social
Elizabeth Martnez de Aguirre
Escuela de Relaciones Internacionales
Gustavo Marini
Escuela de Trabajo Social
Mara Eugenia Garma
Comit Asesor
Hugo Quiroga
Osvaldo Iazzetta
Gladys Lechini
Susana Frutos
Alicia Gonzlez-Saibene
Anabella Busso
Mara Eugenia Schmuck
Marcelo Cavarozzi
Waldo Ansaldi
Manuel Antonio Garretn
Martin DAlessandro
Miguel de Luca
Comit Organizador
Cintia Pinillos
Sofa Perotti
Mara de los ngeles Zayas
Edgardo Toledo
Nadia Amalevi
Sabrina Benedetto
Claudia Voras
Lucila Dattilo
Valeria Sassaroli
Julieta Corts
Cecilia Rubio
Gisela Pereyra Doval
Andrea Calamari
Valeria Miyar
Alejandra Pereyra
Mara Carreras
Julieta Rucq
Clarisa Ramachotti
Toms Mottironi
Germn Villareal
Diego Guevara
Federico Farre
Gisela Macedo
Rita Grandinetti
Alberto Ford
Gisela Signorelli
Marco Iazzetta
Mercedes Betria
Beatriz Porcel
Mariano Sironi
Alicia Villamaj
Florencia Rovetto
Betina Rosinvalle
Mara de los ngeles Dicapua
Melina Perbellini
Comit Organizador
Estudiantil
Coordinadores Comit Estudiantil
Milocco, Mailn Noelia
Tim, Dafne Celeste
Coordinadores Comit de Prensa
Amatta, Juan Manuel
Doval, Toms
Acedo, Matas
Albini, Agustn
Agero Regina
Arrieta, Ailn
Bacciadonne, Franco
Balmaceda Clavel, Enrique
Barra, Daiana
Bendayan, Naila
Buzzano, Lucio
Cardinales, Gastn
Catalano, Ftima
Ciliberti, Fernanda
Coduri, Yael
Costello, Mariano
Cusumanos, Florencia
DAl, Pilar
Del Arca, Guadalupe
Deutsch, Vernica
De Zan, Juan Luis
Di Lenarda Pierini, Juan Pablo
Doval, Toms
Espinoza, Julieta
Felitti, Martin
Furlotti Barros, Mariano
Garavaglia, Giuliana
Garca Scavuzzo, lvaro
Graziano, Beln
Gutirrez, Andrs
Gutierrez, Maria
Hummel, Ianara
Kinderknecht, Agusto
Manso, Victoria
Mntaras, Martina
Marcaida, Paulina
Martinez, Sabrina
Martinez Prieto, Laura
Mondelli, Celina
Musto, Victoria
Nieva Atrib, Juan
Pasqualis, Liza
Pearanda, Javier
Pereyra, Magal Roco
Ponchon, Leandro
Procicchiani, Mara Florencia
Rivet, Agustina
Rubinich, Greta
Serrat, Ana
Simonetta, Juan Cruz
Schwarzstein, Julia
Schroether, Boris
Secchi, Federico
Serra, Beln
Silva, Carolina
Sullivan, Luca
Terzagui, Mercedes
Traverso, Juan Ignacio
Valenzuela, Ana Eugenia
Vallejo, Facundo
Velazquez, Ukay
Vernetti, Carla
Vern, Damin
Villar, Beln Ayech
Viola, Natalia Gisel
Zarzur, Ignacio
Zurita, Virginia Beln
19
El Congreso
El Congreso sobre Democracia es un tradicional encuentro acadmi-
co que desde 1994 se realiza cada dos aos en la ciudad de Rosario,
Argentina, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relacio-
nes Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario.
A veinte aos de aquel primer Congreso sobre Democracia,
la Facultad se prepara para recibir a cientos de expositores nacio-
nales e internacionales que se dan cita para debatir en torno a los
escenarios actuales y futuros de las democracias latinoamericanas,
en el marco de paneles, mesas redondas, simposios, presentaciones
de libros y revistas cientfcas y numerosas mesas de ponencias.
Dada la relevancia acadmica y poltica que ha ganado a lo
largo de sus primeras diez ediciones, el Congreso ha recibido, as, la
visita de prestigiosos acadmicos, lderes polticos y autoridades de
las distintas escalas gubernamentales, como tambin de destacados
comunicadores y periodistas.
Otro rasgo distintivo del Congreso es la participacin masi-
va de estudiantes de nuestro pas y la regin, quienes se han apro-
piado del evento como un espacio de socializacin acadmica, con
instancias para compartir y debatir sobre sus propias experiencias y
producciones, as como para conocer personalmente y escuchar a
referentes centrales para su formacin.
La consigna
En esta oportunidad, la consigna del Congreso es Entre el malestar y
la innovacin. Los nuevos retos para la democracia en Amrica Latina.
La democratizacin es un proceso dinmico que siempre
permanece incompleto y no reconoce un punto de llegada. Por el
contrario, se trata de de una bsqueda sin trmino que persigue un
horizonte mvil. La apuesta por la democracia requiere un perma-
nente compromiso cotidiano para profundizarla y expandirla y exige
renovar los desafos para evitar su declive y vaciamiento. Su perma-
nencia no est asegurada de antemano y est expuesta constante-
mente al riesgo de inversin, de desdemocratizacin.
El escenario internacional de estos ltimos aos nos ilustra
sobre procesos relacionados con la democracia que se mueven en
direcciones opuestas y nos muestran que el entusiasmo de algunas
experiencias convive con marcados signos de agotamiento y ma-
lestar en sociedades que perciben los lmites de los procedimientos
democrticos para procesar los desafos de un mundo globalizado.
El Congreso se presenta entonces como un mbito de discu-
sin acadmica, pero tambin poltica, para problematizar y debatir
acerca de los lmites y las tensiones de la democracia, los malesta-
res, as como las estrategias posibles e innovadoras para profundi-
zarla y mejorarla, atendiendo al desarrollo, la inclusin y el respeto
a los derechos humanos, a partir del reconocimiento de la comple-
jidad y diversidad de su despliegue en el escenario latinoamerica-
no. Un escenario atravesado por temporalidades e historias tan di-
versas, donde Amrica Latina se presenta celebrando tres dcadas
de indita continuidad democrtica, con luces y sobras, marchas y
contramarchas pero mostrando que la democracia es hoy un valor
compartido por sus sociedades que se apropian de las herramientas
que ofrece para expresar sus demandas e inscribir nuevos derechos.
La institucin organizadora
La Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones Internacionales de la
Universidad Nacional de Rosario cuenta con una vasta trayectoria
acadmica y reconocimiento pblico. Tambin es manifesto su com-
promiso institucional con la consolidacin de la calidad democrtica
y con la construccin de canales de dilogo entre la Universidad y los
actores sociales, polticos y gubernamentales.
Su oferta acadmica est compuesta por cuatro carreras de
grado que son las Licenciaturas en Ciencia Poltica, Comunicacin
Social, Relaciones Internacionales y Trabajo Social. Asimismo, la casa
presenta una importante oferta en materia de posgrado, con Espe-
cializaciones, Maestras, y Doctorados vinculados con aquellas dis-
ciplinas.
La Facultad cuenta tambin con un Instituto de Investigacio-
nes, en el que desarrollan sus actividades investigadores y becarios
del Consejo Nacional de Investigaciones Cientfcas y Tecnolgicas
(CONICET) y del Consejo de Investigaciones de la UNR y del Progra-
ma Nacional de Incentivos a la Investigacin. El Instituto nuclea a dis-
tintos Centros de investigacin que orientan sus investigaciones en
distintas reas de las Ciencias Sociales.
En 2013, la Facultad cumpli 40 aos y lo festej con diversas
actividades acadmicas y sociales, de las que particip la comunidad
educativa en su conjunto.
Entre el malestar y la innovacin:
los nuevos retos para la
Democracia en Amrica Latina


Desenvolvimento de Oramentos Participativos na Regio Metropolitana de Porto
Alegre (RMPA)


Bel. Priscila Alves Rodrigues
priscila.priae78@[Link]
UFRGS
Prof. Dr. Alfredo Alejandro Gugliano
alfredogugliano@[Link]
UFRGS


rea temtica: 11 - Sociedad Civil, Democracia Participativa y nuevos actores polticos


Este trabalho visa apresentar o estgio atual de desenvolvimento da proposta do Oramento
Participativo (OP) entre as cidades que compem a Regio Metropolitana de Porto Alegre
(RMPA), capital do Rio Grande do Sul. Comumente identificamos Regies Metropolitanas como
processos de conurbao e pelo translado da populao que saem de suas cidades para a capital a
procura de empregos, pois muitos dos municpios caracterizam-se por possuir grandes parques
industriais ou por serem municpios rurais. Em levantamento realizado entre os anos de 2009 e
2012, atravs da pesquisa Oramentos Participativos nas Cidades Gachas, foi possvel mapear
que 10 dos atuais 34 municpios da RMPA praticavam Oramentos Participativos. Assim, este
trabalho tem o intuito de verificar a relao entre o desenvolvimento de OP's e aspectos sociais,
econmicos e polticos dos municpios, buscando identificar os fatores que favorecem a
propagao de processos participativos como o Oramento Participativo.

Palvavras-chave: participao poltica; oramento participativo; cidadania

Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario.
Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014.


1. Introduo

O presente trabalho tem como objetivo explanar sobre os aspectos sociais, econmicos e
polticos das experincias de Oramentos Participativos na Regio Metropolitana de Porto Alegre,
no estado do Rio Grande do Sul. Levando em considerao os 25 anos da primeira proposta de
Oramento Participativo (doravante OP) na capital gacha - Porto Alegre e, a lacuna encontrada
sobre estudos de caso atuais de municpios limtrofes, este trabalho visa preencher este espao na
literatura, estabelecendo uma nova leitura sobre o tema.
A Constituio Federal de 1988 permitiu que a sociedade civil pudesse criar espaos
prprios de organizao que impulsionaram a criao de processos participativos na gesto, onde

intentan articular formas de participacin social o ciudadana con la gestin del gobierno
local bajo mecanismos relativamente estables y predecibles; construyen esferas pblicas
locales; impulsan transformaciones institucionales de grado variable en un ejercicio de
experimentalismo institucional. (BARRERA, 2009).


2
Exemplo de um destes mecanismos que ampliam a participao da populao nos
processos de deciso dentro do governo e, que tenha como objetivo a possibilidade de
interveno e deliberao dessa populao sobre a distribuio de recursos de forma efetiva o
Oramento Participativo.
Desde a sua experincia exitosa no governo da Frente Popular na prefeitura de Porto
Alegre, em 1989, diversos autores vm trabalhando com este tema sob diferentes olhares (DIAS,
2000; FEDOZZI, 2001; AVRITZER, 2003; GUGLIANO, 2003, 2004 e 2007; SILVA, 2001 e
2006; NEVES, 2007; DIAS, 2008; SOUZA, 2011).
Algumas perspectivas levam em considerao o papel do oramento participativo para o
avano democrtico no sentido poltico, civil, social, no sentido inclusive cultural, de autoestima
ao incluir a populao nos processos de gesto (FEDOZZI, 2001). Alm disso, o OP viabilizaria
a criao de condies que favorecem um ideal de "prtica pedaggica participativa", levando a
populao para uma educao para cidadania (DIAS, 2008).
Em seu trabalho O oramento participativo e a teoria democrtica: um balano crtico
Avritzer (2003), aponta que a literatura especializada sobre oramentos participativos possui trs
direcionamentos em relao ao avano da teoria democrtica, onde i) parte dos autores apontam
que h uma recuperao do debate reiniciado em 1988, do papel dos movimentos sociais e da
sociedade civil organizada na gerao de novas alternativas de organizao poltica; ii) em
relao as novas formas de organizao do desenho institucional gerados por estas experincias,
que estimulam alm do fortalecimento dos espaos de debate pblico, mas tambm estimulam
reformas do Estado; e por ltimo, iii) a contribuio dos oramentos participativos na tarefa de
repensar o que democracia recolocando a necessidade de pensar outros instrumentos de
participao que v alm dos processos eleitorais.
Outras pesquisas enfatizaram o OP como um mecanismo de democratizao oramentria
estatal, reunindo cidados em assembleias pblicas nas quais avaliam a gesto municipal,
elaboram propostas de acordo com suas demandas e deliberam sobre o uso e aplicao de
recursos pblicos, cabendo aos dirigentes estatais a execuo da vontade popular (GUGLIANO,
2007).
Nestes termos, o presente estudo atentar para uma nova perspectiva de anlise dos
Oramentos Participativos, que procurou observar as condies socioeconmicas dos municpios
que desenvolveram propostas de Oramento Participativo, a partir de um olhar diferenciado para
a Regio Metropolitana de Porto Alegre, baseando na relao pr-existente entre as formas de
gesto participativa no poder pblico (amplamente divulgada atravs da experincia de OP em
Porto Alegre) e, as caractersticas gerais dos municpios em que a populao tem poder de
influenciar a gesto dos oramentos municipais, deliberando sobre o destino dos recursos
pblicos.
O olhar sobre a Regio Metropolitana de Porto Alegre ainda justifica-se no entendimento
de que as metrpoles brasileiras configuram-se como espaos contraditrios de concentrao de
poder e de riqueza, de crescimento econmico e demogrfico. De modo particular, elas emergem
como lugares onde as desigualdades sociais se agravam e intensificam provocando, dentre outros
problemas, crises de governabilidade (KOCH, MAMMARELLA, BARCELLOS, 2002).
Assim, para construo deste trabalho foram utilizados de forma associada i) reviso
bibliogrfica sobre os temas e conceitos propostos, na busca de um levantamento de trabalhos
publicados que fazem referncia ao tema proposto (Oramentos Participativos na Regio
Metropolitana de Porto Alegre - RMPA); ii) banco de dados referente pesquisa "Oramentos
Participativos nas Cidades Gachas (2009-20012) e,


3
(IBGE) e, DataSOCIAL (MDS).
Diante deste panorama, este trabalho traz uma anlise inicial sobre um contexto local -
mais exatamente da Regio Metropolitana de Porto Alegre (RMPA). Alm da presente
introduo e das consideraes finais, o estudo apresenta na segunda seo, dados referentes a
constituio da RMPA enquanto regio de grande concentrao populacional no Rio Grande do
Sul; a seo seguinte, identifica a evoluo de indicadores econmicos, sociais e polticos dos
municpios da RMPA e, por fim, a ltima seo desenvolve a caracterizao dos municpios da
RMPA com propostas de Oramento Participativo, buscando identificar os fatores que favorecem
a propagao de processos participativos como o Oramento Participativo.

2. Constituio e composio da Regio Metropolitana de Porto Alegre (RMPA)

Usualmente identificamos as regies metropolitanas como local de concentrao de
diversos municpios e principalmente pelo translado da populao que saem de suas cidades
(quase sempre cidades-dormitrio) para a capital, seja pela falta de empregos no setor de servios
(pois muitos dos municpios caracterizam-se por possuir grandes parques industriais ou por serem
municpios rurais), ou ainda devido imigrao da classe mdia e alta, que procuram morar em
municpios mais distantes do seu local de trabalho "na busca de melhor qualidade ambiental,
menos violncia, etc." (OJ IMA, PEREIRA & SILVA, 2007).
Em seu trabalho "Regies Metropolitanas: uma abordagem conceitual", Freitas (2009),
procura identificar os processos de metropolizao e suas consequncias com base a necessidade
de pensar solues para estes problemas (sociais, ambientais, morfolgicos, etc.) de forma inter-
relacionada. Para isso, destaca uma conceituao do que seria uma Regio Metropolitana indo
alm de uma definio legal, segundo afirma MOREIRA (1989), in CARMO (2007):

Regio Metropolitana pressupe um fato social e econmico cuja essncia a metrpole,
esta, o polo de atrao e/ou dominao de um grande espao de produo e consumo. A
caracterizao de uma Regio Metropolitana a intensa urbanizao que d origem a
funes pblicas de interesse comum aos municpios que a compem, integrando a
organizao, o planejamento e a execuo de programas. (FREITAS, 2009 apud
MOREIRA, 1989 in CARMO, 2007)

Apesar da disparidade de entendimento entre o senso comum e as conceituaes tericas
(principalmente no campo das cincias geogrficas) podemos perceber que os aspectos que
identificam as regies metropolitanas devem ser trabalhados de forma conjunta: caractersticas
descritivas (a partir de indicadores econmicos e populacionais), mas tambm fatores envolvam
nvel de integrao entre os municpios, espaos de relaes de poder, das foras produtivas e
suas relaes de produo, alm de suas estruturas jurdico-polticas e institucionais.
A primeira experincia de integrao de municpios com objetivo de manter laos
institucionais entre eles foi do governo do Rio Grande do Sul que, em 1968 formou a regio
metropolitana de Porto Alegre, constituda na poca de 13 municpios. Nos anos 1970, fora
criado o Conselho Metropolitano de Municpios - CMM, conselho de carter deliberativo
elaborando o primeiro plano de desenvolvimento metropolitano, onde mesmo no sendo
implementado, serviu de base para propostas posteriores. Atualmente, o rgo estadual
responsvel pelo planejamento da regio a Metroplan - Fundao Estadual de Planejamento
Metropolitano e Regional.


4
Em 1973, durante o Regime Militar, medidas para manter a estabilidade e o poder
centralizador do regime em relao ao territrio foram criadas, estabelecendo-se, por exemplo, na
forma do art. 164 da Constituio, as regies metropolitanas de So Paulo, Belo Horizonte, Porto
Alegre, Recife, Salvador, Curitiba, Belm e Fortaleza, onde

3 - A regio metropolitana de Porto Alegre constitui-se dos Municpios de: Porto
Alegre, Alvorada, Cachoeirinha, Campo Bom, Canoas, Estncia Velha, Esteio, Gravata,
Guaba, Novo Hamburgo, So Leopoldo, Sapiranga, Sapucaia do Sul e Viamo.
(BRASIL, 1973)

J a Constituio Regional de 1989 estabeleceu novas condies para gesto integrada
dos espaos regionais, como por exemplo, colocando a regio metropolitana como uma instncia
administrativa superior aos municpios, complexificando a relao entre governo local, regional e
estadual. Assim, desde sua criao at 1988, a RMPA manteve o mesmo nmero de municpios
(14), resultado de seus processos de concentrao demogrfica e espacial. Esta concentrao,
segundo Romanini (2013), deu-se a partir de dois movimentos i) expanso da urbanizao porto-
alegrense sobre os municpios prximos (aglomerao urbana e conurbao
1
) e, ii) crescimento
diferenciado de Porto Alegre, polarizando-se como capital.
Atualmente a RMPA composta por 34 municpios (mapa 01)
2
. Alm disso, sua
concentrao urbana diferenciada, sendo uma conformao "multipolar" partindo de Porto
Alegre no centro da regio (polarizando o eixo leste/oeste) e, entre So Leopoldo e Novo
Hamburgo, polarizando o norte
3
.

Mapa 01 - Regio Metropolitana de Porto Alegre - 2014















Fonte: elaborao prpria a partir de MARTINS, 2012.

1
Segundo Polidoro, Takeda e Barros (2009) conurbao um processo que ocorre quando uma cidade passa a
absorver ncleos urbanos localizados a sua volta, pertenam a eles ou no a outros municpios (...) um dos
processos que acelerou a configurao social e morfolgica das cidades". (POLIDORO, TAKEDA E BARROS,
2009 apud VILLHAA, 1998).
2
Alvorada, Araric, Arroio dos Ratos, Cachoeirinha, Campo Bom, Canoas, Capela de Santana, Charqueadas, Dois
Irmos, Eldorado do Sul, Estncia Velha, Esteio, Glorinha, Gravata, Guaba, Igrejinha, Ivoti, Montenegro, Nova
Hartz, Nova Santa Rita, Novo Hamburgo, Parob, Porto, Porto Alegre, Rolante, Santo Antnio da Patrulha, So
J ernimo, So Leopoldo, So Sebastio do Ca, Sapiranga, Sapucaia do Sul, Taquara, Triunfo e Viamo.
3
Mais detalhes em ROMANINI, 2013


5
3. Aspectos socioeconmicos gerais da Regio Metropolitana de Porto Alegre

O Rio Grande do Sul, sendo o estado mais populoso da regio Sul do pas, possui cerca de
10,9 milhes de habitantes, o que representa 5,7% da populao brasileira (IPEA, 2012), sendo
que a Regio Metropolitana de Porto Alegre (RMPA) concentra 37% da populao total e cerca
de 43% da populao urbana do estado. Cabe salientar que desde a sua criao (em 1973),
diversos municpios foram agregados RMPA, mas para melhor apresentao dos dados,
apresenta-se a mdia de populao referente aos 34 municpios que compem a regio
metropolitana atualmente.

Quadro 01 - Composio populao urbana - Rio Grande do Sul e RMPA

Demografia
Censo 1991 Censo 2000 Censo 2010
Populao Urbana (hab)
Brasil 110.990.990 137.953.959 160.925.792
Rio Grande do Sul 6.996.542 8.317.984 9.100.291
RMPA* 3.094.154 3.607.033 3.908.133
Fonte: elaborao prpria a partir de Atlas Brasil, 2013.
* Mdia em relao aos 34 municpios pertencentes RMPA atualmente.

Segundo os mesmos critrios utilizados pelo IPEA (Instituto de Pesquisa Econmica
Aplicada) no relatrio "Situao Social nos Estados - Rio Grande do Sul" (2012), para captar de
forma mais ampla o poder aquisitivo da populao, utilizou-se o indicador da renda domiciliar
per capita, pois ele contempla todas as fontes de renda que uma famlia pode possuir, dividido
pela quantidade de componentes da famlia. Expressa, portanto, a parcela da renda que
efetivamente apropriada por cada membro da famlia para seus gastos (IPEA, 2012).

Grfico 01 - Renda domiciliar per capita (1990 - 2000 - 2010)

Fonte: elaborao prpria a partir de Atlas Brasil, 2013.


6
A partir do grfico acima, pode-se afirmar que houve um aumento progressivo da renda
domiciliar dos residentes da Regio Metropolitana de Porto Alegre entre os trs ltimos
CENSOS, onde segundo alguns autores, este aumento contnuo de renda uma das bases que
demonstram o crescimento econmico de uma regio. Nos ltimos 10 anos, a rendapc mdia da
RMPA vem crescendo de forma semelhante a mdia nacional, atingindo em 2010 valores bem
semelhantes (RMPA - R$ 798,01 e Brasil - R$ 793, 87), mas muito abaixo da mdia regional.
E referente desigualdade de renda, o indicador mais completo utilizado atualmente o
ndice de Gini, onde segundo relatrio do IPEA (2012), o ndice leva em considerao os
rendimentos por todo o espectro da distribuio ao medir o grau de desigualdade existente na
distribuio de indivduos segundo a renda domiciliar per capita. Seu valor varia de 0 quando no
h desigualdade (a renda domiciliar pc de todos os indivduos tem o mesmo valor), a 1, quando a
desigualdade mxima (apenas um indivduo detm toda a renda). O universo de indivduos
limitado queles que vivem em domiclios particulares permanentes.
A srie histrica entre 1991 e 2010 demonstra como as taxas de desigualdade na RMPA
caram 3% no perodo analisado, porcentagem semelhante mdia brasileira e estadual, mas
manteve-se com valores abaixo de 0,50.

Grfico 02 - ndice de Gini - srie histrica de 1990 a 2010


Fonte: elaborao prpria a partir de Atlas Brasil, 2013.
* Mdia em relao aos 34 municpios pertencentes RMPA atualmente.

Em termos de indicadores sociais tambm possvel destacar alguns elementos que nos
auxiliam a conhecer as caractersticas dos municpios da RMPA de forma conjunta. Para tal,
possumos um indicador socioeconmico utilizado regionalmente, que o caso do ndice de
Desenvolvimento Socioeconmico para o Rio Grande do Sul, conhecido como IDESE. Calculado
pela Fundao de Economia e Estatstica do Rio Grande do Sul (FEE/RS), rgo do governo
estadual, o Novo IDESE representa uma forma de complementar as anlise realizadas a partir do
IDH, essencialmente em termos dos municpios gachos.


7
Utiliza um conjunto de doze indicadores divididos em trs blocos temticos:
Educao|Renda|Sade, alm disso, o mencionado indicador sugere uma classificao baseada
em trs escalas: municpios de baixo desenvolvimento, mdio desenvolvimento e alto
desenvolvimento.
Analisando o ranking geral do Novo IDESE para o ano de 2010, a Regio Metropolitana
de Porto Alegre no possui nenhuma cidade entre os 10 primeiros municpios mais desenvolvidos
do Rio Grande do Sul. Considerando a classificao do ndice em alto (acima de 0,800), mdio
(entre 0,500 e 0,799) e baixo (abaixo de 0,499) nvel de desenvolvimento, verifica-se que as
maiores debilidades na RMPA apresentam-se nos blocos educao e renda.
Por fim, referente s relaes de poder institucionais entre os municpios da RMPA, cabe
salientar o perfil partidrio dos municpios pertencentes regio. Durante os 06 ltimos pleitos
(entre 1992 e 2012), os trs principais partidos (por nmero de prefeituras conquistas) foram
PDT, PMDB e PT. Conforme tabela abaixo, cabe salientar o progressivo aumento de prefeituras
com PT na gesto municipal.

Quadro 02 - Distribuio partidria RMPA nos pleitos de 1992, 2000 e 2012

Partido 1992 Partido 2000 Partido 2012
PDT 8 PDT 8 PDT 6
PMDB 14 PMDB 8 PMDB 9
PT 1 PT 3 PT 7
Outros 10 Outros 15 Outros 12
Fonte: Elaborao prpria a partir de TRE/RS


3. Oramentos Participativos na Regio Metropolitana de Porto Alegre


um
n
do OP. Porm, poucos so os trabalhos que desenvolveram anlises sobre os municpios
que compem a Regio Metropolitana de Porto Alegre
4
, concentrando os estudos na capital
gacha. Em levantamento realizado entre os anos de 2009 e 2012, atravs da pesquisa
Oramentos Participativos nas Cidades Gachas
5
, foi possvel mapear que 10 dos atuais 34
municpios da RMPA praticavam Oramentos Participativos. So eles: Cachoeirinha, Canoas,
Charqueadas, Esteio, Gravata, Novo Hamburgo, Porto Alegre, So Leopoldo, Sapucaia do Sul e
Viamo (mapa 2).


4
Entre os autores que utilizaram como objeto de estudo, muncipios da RMPA esto: SILVA, 2001 e 2006; BERAS
2003; BRAGA, 2010; CURY, 2010; DA SILVA, 2012; DOS SANTOS, 2012 ; LEMES, 2012.
5
Pesquisa realizada pelo Grupo de Pesquisa Processos Participativos na Gesto Pblica, coordenada pelo Prof. Dr.
Alfredo Alejandro Gugliano que contou com auxlio do Projeto Pesquisador Gacho, edital PqG 2011 FAPERGS
(Fundao de Amparo Pesquisa do Rio Grande do Sul).


8

Mapa 02 - Municpios com OP na Regio Metropolitana de Porto Alegre - 2014

Fonte: elaborao prpria a partir de banco de dados da Pesquisa OP nas Cidades Gachas (GUGLIANO, 2013).

Destes 10 municpios analisados, 03 cidades iniciaram seus processos de participao na
gesto posterior a implantao do OP em Porto Alegre, no ano de 1997 (Esteio, Gravata e
Viamo). Em seguida, as duas experincias mais antigas seriam de Cachoeirinha (2001) e So
Leopoldo (2005). Por fim, as propostas mais recentes foram encontradas nos municpios de
Charqueadas (2008), Canoas, Novo Hamburgo e Sapucaia do Sul (ambos em 2009).
Cabe salientar que os casos de Alvorada (que na gesto municipal entre 2009 e 2012 no
executou a proposta, mas re-iniciou na gesto de 2013), Gravata e Viamo foram casos
estudados de forma aprofundada por Silva (2001) em sua tese de doutorado intitulada
"Construo da "Participao Popular": anlise comparativa de processos de participao
social na discusso pblca do oramento em municpios da Regio Metropolitana de Porto
Alegre/RS".


9
Grfico 03 - Cidades com Oramento Participativo por ano de instalao
(mapeamento entre os anos 2009-2012)

Fonte: elaborao prpria a partir de banco de dados da Pesquisa OP nas Cidades Gachas (GUGLIANO, 2013).

Visando estabelecer um perfil que possa embasar pesquisas futuras, buscou-se identificar
os fatores socioeconmicos e poltico partidrios que favorecem a propagao de processos
participativos como o Oramento Participativo a partir dos municpios com OP na Regio
Metropolitana de Porto Alegre.
Quando analisamos apenas os municpios da RMPA que possuem OP, podemos inferir
que as cidades estudadas so predominantemente urbanas, sendo que 03 (trs) municpios
possuem 100% de seus habitantes na zona urbana e os demais no possuem mais que 6% de
populao na zona rural.
Em contraposio do afirmado por Ribeiro e Grazia (2003, p.32), de acordo com dados da
pesquisa "Oramentos Participativos nas Cidades Gachas (2009-2012)", a concentrao de OP's
est localizada principalmente municpios com mais de 100 mil habitantes, modificando o padro
anteriormente verificado, conforme quadro abaixo:

Tabela 01 - Classificao dos Municpios com OP entre 2009-2012, por classes de tamanho

Classes de tamanho
Municpios
do RS
Municpios
com OP*
%**
Municpios
da RMPA com OP
%
At 5.000 227 05 2,2 - -
De 5.001 at 10.000 104 05 4,8 - -
De 10.001 at 20.000 65 01 1,5 - -
De 20.001 at 50.000 58 08 13,8 01 1,7
De 50.001 at 100.000 24 08 33,3 01 4,2
De 100.001 at 500.000 17 11 64,7 07 41,2
Mais de 500.000 01 01 100 01 100
Total 496 39 - 10 -
Fonte: : Pesquisa OP nas Cidades Gachas (2009-2012) e IBGE (Censo demogrfico, 2010)
* Levantamento correspondente as propostas mapeadas entre 2009 e 2012.
** Proporo referente ao nmero de municpios com OP de acordo com a classe de tamanho, por isso soma no
totaliza 100%.


10
Conforme apresentado anteriormente neste trabalho (pg. 7), tanto para os municpios da
RMPA de forma geral, quanto anlise somente dos municpios com OP, as maiores debilidades
apresentam-se nos blocos educao e renda.
A concentrao de renda uma caractersticas pertinentes entre os casos analisados. Os
indicadores utilizados para anlise da riqueza destes municpios foram: rendapc, PIB e ndice de
Gini. A rendapc mdia dos 10 casos analisados (de R$ 937 por pessoa), supera a mdia brasileira
com um acrscimo de 14%.
Segundo Batista, Silveira e Alves (2005), a partir da anlise do Produto Interno Bruto
(PIB) e do Valor Adicionado Bruto (VAb) dos municpios do estado, observa-se que houve um
processo de concentrao econmica restrita a alguns municpios, os quais se encontram,
majoritariamente, prximos a Regio Metropolitana de Porto Alegre (RMPA). Conforme dados
abaixo apresentados, os 10 municpios analisados centralizam cerca de 34% de todo o PIB do
estado do Rio Grande do Sul, demonstrando sua importncia para o desenvolvimento econmico
do estado, mas tambm reafirmando a desigualdade de renda existente na regio.

Tabela 02 - Produto Interno Bruto (PIB) dos 10 municpios com Oramento participativo na
Regio Metropolitana de Porto Alegre, segundo o PIB total do RS 2011


Municpios PIB - 2011 (R$ mil) % em relao ao estado
Cachoeirinha R$ 4.309.481,06 1,6
Canoas R$ 15.515.128,96 5,9
Charqueadas R$ 954.558,43 0,4
Esteio R$ 2.424.753,47 0,9
Gravata R$ 7.304.667,99 2,8
Novo Hamburgo R$ 5.502.784,82 2,1
Porto Alegre R$ 45.506.017,03 17,3
So Leopoldo R$ 4.193.003,34 1,6
Sapucaia do Sul R$ 2.166.879,70 0,8
Viamo R$ 2.215.029,00 0,8
Total R$ 90.092.303,80 34,2
Rio Grande do Sul R$ 263.633.398,00 -
Fonte: Fundao de Economia e Estatstica (FEE) / Ncleo de Indicadores Sociais e Ambientais.

Analisando os dados concernentes a desigualdade social, sob o ponto de vista da linha
pobreza extrema - ou seja, famlias com renda per capita inferior ao valor necessrio para atender
to somente as necessidades bsicas de alimentao (atualmente, as famlias
$ 77,01 - MDS, 2014), as caractersticas dos municpios da RMPA com OP so dignas
de anlises mais aprofundadas (o que no coube para este estudo), pois possuem taxas de extrema
pobreza que esto na mdia de 1,32% do total da populao, abaixo da mdia do estado (1,98%).
O mesmo fenmeno se repete quando analisamos as taxas de pobreza (famlias com rendapc de
at R$ 140), onde apenas o municpio de Viamo, ultrapassa a mdia do RS.


11

Levando em considerao os dados referente ao percentual de pobres em cada um dos 10
municpios da RMPA que tinha proposta de OP ativa entre os anos de 2009 e 2012, coube a
identificao alm da porcentagem da populao pobre, nmero de famlias cadastradas e, a
proporo das famlias beneficirias de programas sociais de reduo de pobreza (como o caso
do Programa Bolsa Famlia). Pode-se afirmar que as taxas mais baixas de cobertura de
beneficirias so os municpios de Cachoeirinha e So Leopoldo; em contraposio, apenas
Canoas consegue cobrir mais de 80% da populao pobre.

Tabela 03 - Caracterizao da pobreza nos municpios da RMPA com OP

Municpios
Populao do
Municpio
(2010)
% de
pobres*
(2010)
N de Famlias Pobres do
municpio, inscritas no
Cadnico (fev/2014)**
% de Famlias Pobres
que recebem benefcios
do PBF (fev/2014)
Porto Alegre 1.409.351 3,82 81.220 63
Cachoeirinha 118.278 3,91 5.681 42
Novo Hamburgo 238.940 3,91 12.738 70
Canoas 323.827 4,4 14.461 81
Esteio 80.755 4,53 4.211 61
Charqueadas 35.320 4,56 1.224 69
Sapucaia do Sul 130.957 4,94 6.816 65
Gravata 255.660 5,39 14.403 49
So Leopoldo 214.087 5,96 15.518 45
Viamo 239.384 7,08 17.164 71
Mdia do RS - 6,37 - -
Fonte: Elaborao prpria a partir de Atlas Brasil, 2013 e CAIXA/Folha de Pagamentos do Programa Bolsa Famlia
(PBF)
* Proporo dos indivduos com renda domiciliar pc igual ou menor de R$ 140 mensais.
* Para ser cadastrado no Cadnico, os critrios so: renda familiar mensal per capita (por pessoa) de at meio salrio
mnimo, ou renda familiar mensal total de at trs salrios mnimos. Mas, para esta exposio foram selecionados
somente as famlias pobres cadastradas.

Como forma de complementar os dados referente ao setor educao
6
, cabe exposio da
anlise de desenvolvimento social nos municpios, onde o ndice mais utilizado o ndice de
Desenvolvimento Humano Municipal (IDHM), que no Brasil aplicado pelo Instituto Brasileiro
de Geografia e Estatstica (IBGE).
O bloco Educao do IDH-m calculado para 2013 (com dados do CENSO, 2010), fora
composto de forma diferenciada, adequando a metodologia global ao contexto brasileiro e
disponibilidade de indicadores nacionais. Para os municpios com OP na RMPA, praticamente
todos esto na faixa de baixo e mdio desenvolvimento, apenas Porto Alegre (0,702) alcana a
faixa de "alto desenvolvimento" para os dados dos 10 ltimos anos.

6
O Bloco Educao do novo IDESE utiliza cinco indicadores que se dividem em quatro sub-blocos, de acordo com
faixas etrias: (1.1) populao entre quatro e cinco anos (pr-escola); (1.2) populao entre seis e 14 anos (ensino
fundamental); (1.3) populao entre 15 e 17 anos (ensino mdio); e (1.4) populao com 18 anos ou mais
(escolaridade adulta). Disponvel em: <[Link]
socioeconomico/metodologia/>. Acesso em: 20 jun 2014.


12

Por fim, foca-se neste momento a anlise das caractersticas poltico-partidrios. Diversos
autores argumentam que o Oramento Participativo em Porto Alegre surgiu como um projeto
poltico do PT (Partido dos Trabalhadores), tornando a participao poltica como uma referncia
para este projeto, mas tambm para projeto de outros partidos como PSB
7
e PTB
8
(NEVES, 2007,
p. 216). O PDT
9
, segundo dados da pesquisa, o partido com maior taxa de manuteno de
experincias do OP na Regio Metropolitana de Porto Alegre.
Ao analisar os ltimos 05 pleitos municipais cruzando como a data de incio do OP em
cada municpio que possua a proposta ativa entre 2009 e 2012, podemos inferir que todas as
experincias surgiram em administraes do PT ou com a presena do partido, na prefeitura.

Quadro 03 - Caracterizao partidria dos municpios com OP na RMPA

Cidades/Ano 1992 1996 2000 2004 2008
Ano incio
do OP
Porto Alegre PT PT PT PT PDT 1989
Esteio PDT PT PSB PSB PT 1997
Gravata PTB PT PT PT PT 1997
Viamo PMDB PT PT PT PT 1997
Cachoeirinha PMDB PDT PSB (PT) PT PSB 2001
So Leopoldo PMDB PPB PMDB PT PT 2005
Charqueadas PMDB PT PTB PT PDT 2008
Canoas PDS PTB PTB PSDB PT 2009
Novo Hamburgo PMDB PPB PDT PMDB PT 2009
Sapucaia do Sul PTB PPB PMDB PMDB PT 2009
Fonte: TRE/RS (2008)

As duas excees da relao entre incio do OP e PT encontram-se nos municpios de
Cachoeirinha, em que o PT participava da coligao junto ao PSB quando da implementao do
OP e, Charqueadas que mesmo que a instalao tenha ocorrido em 2008, a primeira tentativa de
dilogo para iniciar proposta foi em 2004
10
, quando o governo era do Partido dos Trabalhadores.
Portanto, as prefeituras da RMPA que investiram em projetos que inclussem mecanismos
participativos na disputa pelos recursos (elaborao da pea oramentria), mesmo que na gesto
entre 2009 e 2012 no fossem liderados pelo PT, mantiveram a proposta. Esta singularidade abre
espao para maiores discusses e estudos mais aprofundados tanto em relao as disputas entre
partido da gesto executiva e o legislativo, quanto as particularidades de cada desenho
institucional executado.

7
Partido Socialista Brasileiro.
8
Partido Trabalhista Brasileiro.
9
Partido Democrtico Trabalhista.
10
Informao foi verificada atravs visita prefeitura de Charqueadas, trabalho de campo da pesquisa "Oramentos
Participativos nas Cidades Gachas (2009-2012).


13

Consideraes Finais

Este trabalho teve como objetivo uma verificao prvia referente a relao entre o
desenvolvimento de Oramentos Participativos (OP's) e aspectos sociais, econmicos e polticos
dos municpios, buscando identificar os fatores que favorecem a propagao de processos
participativos como o Oramento Participativo. Tratando-se de uma pesquisa inicial, sua
totalidade baseou-se em reviso bibliogrfica, dados do banco de dados do Grupo de Pesquisa
Processos Participativos nas Cidades Gachas e dados secundrios de bancos disponveis online.
Compreendendo o perodo que se iniciou na legislatura municipal passada (2009-2012),
com o mapeamento sobre as experincias de Oramentos Participativos no estado do Rio Grande
do Sul, foi possvel estabelecer algumas concluses sobre o contexto do local analisado: da
Regio Metropolitana de Porto Alegre (RMPA).
Dos 34 municpios que formam, atualmente, a Regio Metropolitana de Porto Alegre,
apenas 10 praticavam OP. Entre as propostas, h municpios com experincias com mais de 13
anos de execuo (Porto Alegre, Esteio, Gravata e Viamo), como tambm propostas iniciando
em 2009 (Canoas, Novo Hamburgo e Sapucaia do Sul).
A pesquisa permitiu, a partir dos indicadores socioeconmicos analisados, retratar (nas
reas de renda, desigualdade, desenvolvimento social e educao) que as cidades que
desenvolveram propostas de OP, apesar de algumas disparidades entre os municpios,
apresentam-se como cidades com grande desenvolvimento econmico. Os 10 municpios
concentram mais de 34% de todo o PIB do estado, alm de possurem taxas de pobreza e extrema
pobreza abaixo da mdia estadual (com exceo de Viamo).
Foi possvel tambm, aps exposio dos dados poltico-partidrios, inferir que
praticamente todos os municpios que mantiveram a proposta de OP entre 2009-2012, so
encabeados por gestes do PT (Partido dos Trabalhadores).
Assim, no contexto de 25 anos da mais conhecida experincia de gesto pblica
participativa, o Oramento Participativo de Porto Alegre, este trabalho procurou iniciar a
discusso de uma nova perspectiva de anlise dos Oramentos Participativos, observando as
condies socioeconmicas de municpios que desenvolveram propostas de OP, abrindo espao
para estudos mais aprofundados para cada municpio aqui identificado.


14

Referncias Bibliogrficas

AVRITZER, Leonardo. O oramento participativo e a teoria democrtica: um balano crtico. In:
AVRITZER, Leonardo (Org) (2003). A inovao democrtica no Brasil. So Paulo: Cortez.

. Buenos Aires: CLACSO, 2009.

BATISTA, Inajara Martins; SILVEIRA, Vicente C. Pires; ALVES, Flamarion Dutra. As
desigualdades regionais no Rio Grande do Sul e o setor agropecurio: uma anlise econmica. In:
I Congresso Internacional de Desenvolvimento Rural e Agroindstria Familiar. So Luiz
Gonzaga, 2005.

BERAS, Csar Andr Luiz. A democratizao do Estado e a participao popular: legitimao do
Estado versus autonomia da sociedade civil - uma reflexo sobre o Oramento Participativo de
Viamo/RS. - , Tese de Doutorado). UFRGS : Porto
Alegre, 2003.

BORBA, Sheila Villanova. A RMPA: condies institucionais para a gesto metropolitana e a
cooperao entre municpios. In: MAMMARELLA, Rosetta (Coord.). Como anda a metrpole de
Porto Alegre. Porto Alegre: FEE; Metroplan; UFRGS, 2006. CD-ROM.

BRAGA, Carlos Roberto Xavier. Normatizao e legitimidade do Oramento Participativo: o
estudo de caso do municpio de So Leopoldo. 41 f. (Graduao em Administrao, Trabalho de
Concluso de Curso). UFRGS : Porto Alegre, 2010.

BRASIL. Constituio (1973). Constituio da Repblica Federativa do Brasil. Braslia, DF.

BRASIL. Constituio (1988). Constituio da Repblica Federativa do Brasil. Braslia, DF,
Senado, 1988

CONSTITUIO ESTADUAL (1989). Constituio do Estado do Rio Grande do Sul - Porto
Alegre: Assembleia Legislativa do Estado, 2002.

CURY, Samia Vera. A participao comunitria no Oramento Participativo: o caso do bairro
Rondnia de Novo Hamburgo - RS. 55 f. (Graduao em Administrao, Trabalho de Concluso
de Curso). UFRGS : Porto Alegre, 2010.

DE SOUZA, Luciana Andressa Martins. Oramento Participativo e as novas dinmicas polticas
locais. Revista Lua Nova, So Paulo, 84, p. 353-364, 2011.

DIAS, Marcia Ribeiro Dias. Na encruzilhada da teoria democrtica: efeitos do Oramento
Participativo sobre a Cmara Municipal de Porto Alegre. 2000. 211f. Tese (Doutorado)
Instituto Universitrio de Pesquisas do Rio de J aneiro.



15
DIAS, Nelson. Uma outra democracia possvel? As experincias de Oramento Participativo.
E-cadernos ces [Online], 01, 2008. Disponvel em: <[Link]/149>. Acesso em: 28 fev
2014; DOI : 10.4000/eces.149

FEDOZZI, Luciano J oel. Oramento participativo: reflexes sobre a experincia de Porto Alegre.
3. ed. Porto Alegre: Tomo Editorial, 2001.

: uma abordagem conceitual. Humanae, v.1, n.3, p.
44-53, Dez. 2009.

GUGLIANO, Alfredo Alejandro. Oramentos Participativos nas Cidades Gachas (2009 2012).
Bolsa Produtividade em Pesquisa 2011/2013, UFRGS, 2011.

__________________________. Comentrios sobre a articulao entre democracia e
participao no plano da teoria social. In: GONZLEZ, Rodrigo Stumpf (org) Perspectivas sobre
participao poltica e democracia no Brasil. Iju: [Link], 2007.

__________________________. Processos participativos de gestao pblica em Porto Alegre e
Montevidu. In: Evelina Dagnino; Luciana Tatagiba. (Org.). Democracia, Sociedade Civil e
Participao. [Link]: Argos Editora Universitria, 2007, v. 1, p. 259-274.
__________________________. Las democracias y los modelos de participacin ciudadana en
Porto Alegre y Montevideo. In: Alfredo Alejandro Gugliano; Manuel Antonio Garretn. (Org.).
Democracia en las Amricas. Pelotas: Educat, 2003 , p. 279-293
IPEA. Situao Social dos Estados: Rio Grande do Sul. Braslia, 2012

LEMES, Liliani Maria. Oramento Participativo como Instrumento de Participao Democrtica:
o caso da cidade de Novo Hamburgo. 49 f. (Curso de Especializao em Gesto Pblica
Municipal, Trabalho de Concluso de Curso). UFRGS : Porto Alegre, 2012.

MARTINS, Cristina Maria dos Reis. Caracterizao da Regio Metropolitana de Porto Alegre.
Textos para discusso FEE n. 112. Porto Alegre, 2012. Disponvel
em:<[Link]/tds/[Link]
MINISTRIO DO DESENVOLVIMENTO SOCIAL (MDS). Bolsa Famlia. 2014. Disponvel
em <[Link]/bolsafamilia>. Acesso em: 02 jul 2014.
NEVES, Angela Vieira. Espaos Pblicos, participao e clientelismo: um estudo de caso sobre o
Oramento Participativo em Barra Mansa, Rio de J aneiro. Rev. katlysis, vol.10, n.2, pp. 215-
221, 2007.
OJ IMA, Ricardo; SILVA, Robson Bonifcio da; PEREIRA, Rafael H. Moraes. A Mobilidade
Pendular na Definio das Cidades-Dormitrio: caracterizao sociodemogrfica e novas
territorialidades no contexto da urbanizao brasileira. In: 5 ENCONTRO NACIONAL SOBRE
MIGRAES, 2007, Unicamp. Abep, 2007. p. 1 - 24


16
POLIDORO, Maurcio; TAKEDA, Mariane Mayumi Garcia; BARROS, Omar Neto Fernandes.
Anlise temporal do processo de conurbao na regio de Londrina-PR por meio de imagens
LANDSAT. Revista Geogrfica Acadmica, vol 3, n.1, 2009.

RIBEIRO, A. C. T.; GRAZIA, G. de. As experincias de oramento participativo no Brasil
(1997-2001). So Paulo: Paz e Terra, 2003.

ROMANINI, Anicoli. Mobilidade Populacional: estudo de caso sobre a RMPA. In: XI Encontro
Nacional da Associao Brasileira de Estudos Regionais e Urbanos. Paran, 2013

SANTOS, Alex Borba dos. A experincia do Oramento Participativo em Gravata de 1997 a
2011. 56 f. (Curso de Especializao em Gesto Pblica Municipal, Trabalho de Concluso de
Curso). UFRGS : Porto Alegre, 2012.

SILVA, Marilene Martins da. Oramento Participativo: as primeiras experincias e sua
implantao no municpio de Novo Hamburgo/RS. 76 f. (Curso de Especializao em Gesto
Pblica Municipal, Trabalho de Concluso de Curso). UFRGS : Porto Alegre, 2012.

SILVA, Marcelo Kunrath. CONSTRUO DA PARTICIPAO POPULAR: Anlise
comparativa de processos de participao social na discu
-
, Tese de Doutorado). UFRGS : Porto Alegre, 2001.





Las dinmicas de participacin y deliberacin ciudadana en el
Presupuesto Participativo en Vicente Lpez

Emilia Arpini
Instituto de Investigaciones Gino Germani Universidad de Buenos Aires
[Link]@[Link]

rea temtica: Sociedad civil, democracia participativa y nuevos actores
polticos.
Simposio: Democracia Participativa Impactos y desafos.

Resumen: Las teoras de la democracia participativa y la democracia
deliberativa han permitido actualizar la reflexin sobre la importancia de la
inclusin igualitaria de los ciudadanos en la toma de decisiones, y en relacin a
ello, qu se entiende por argumentacin. En la actualidad, resulta de inters
analizar si estos conceptos pueden iluminar la reflexin sobre las dinmicas de
intercambio comunicativo en los dispositivos participativos, tarea que el artculo
aborda a travs del anlisis de la experiencia de Presupuesto Participativo en la
localidad de Vicente Lpez. El trabajo se basa en observaciones participantes
realizadas a lo largo de 2013.


Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV
Congreso Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de
Ciencia Poltica y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de
Rosario.
Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014.


1

Hoy en da asistimos a un fenmeno de creciente multiplicacin de experiencias de
participacin ciudadana, no solamente en nuestro pas sino que en otras democracias
latinoamericanas y del mundo occidental. Estas experiencias de democracia participativa
pueden definirse, a grandes rasgos, como procedimientos en los cuales la ciudadana se
involucra de diversas maneras en la elaboracin de las decisiones pblicas que afectan a la
sociedad, reformulando la tradicional idea de que el pueblo no puede existir, querer y actuar
ms que a travs de sus representantes (Blondiaux, 2013:39). No se trata ya de las prcticas
participativas de antao, referidas a la actividad militante en el seno de los partidos polticos,
sino que se nutren de una nueva idea de la participacin que se aleja del objetivo de la
presentacin de candidatos en elecciones para ocupar los diferentes cargos representativos.
Un sinfn de actividades muy variadas suelen englobarse bajo esta idea. Una de estas nuevas
formas de participacin es el Presupuesto Participativo, nacido en Brasil hace ya veinticinco
aos. De ste cual nos ocuparemos en detalle a travs del anlisis de una experiencia
concreta, la que se lleva a cabo en la localidad de Vicente Lpez, en la provincia de Buenos
Aires.
A lo largo del presente trabajo nos concentraremos, en una primera parte, en relevar las
discusiones ms importantes que tienen lugar en la teora poltica acerca de los conceptos de
democracia participativa y de democracia deliberativa. Estas teoras han permitido actualizar
la reflexin sobre el ideal democrtico y ampliar el conocimiento de las actividades
ciudadanas ms all del momento electoral. Particularmente, nos centraremos en los debates
que podemos encontrar, dentro del rea de estudios de estas teoras, acerca de la idea de la
inclusin igualitaria de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones. Veremos que una
serie de teoras recientes han propuesto innovaciones conceptuales interesantes para pensar
esta idea. Su inters se focaliza en desentraar los mecanismos de exclusin que se dan en los
foros deliberativos, y proponen formas de comunicacin ms inclusivas. En la segunda
seccin del trabajo, que es ms extensa, nos dedicaremos a comentar y ejemplificar las
conclusiones obtenidas del trabajo de campo realizado en las rondas de foros vecinales
barriales del Presupuesto Participativo de Vicente Lpez, durante el ao 2013. Esta seccin
incluye un breve racconto sobre los orgenes del Presupuesto Participativo y los principios
que se asocian a este dispositivo, una explicacin de la organizacin y metodologa de trabajo
que se lleva a cabo en Vicente Lpez, y luego un anlisis ms concreto sobre las dinmicas
de intercambio comunicativo entre funcionarios y vecinos. Esto nos servir para pensar la
nocin de inclusin/exclusin y plantear algunas hiptesis. Finalmente concluiremos con
algunas observaciones e interrogantes que se despliegan a partir de las inferencias realizadas.

(1)
De dnde viene esta idea de democracia participativa? Dnde hunde sus races tericas?
Podemos situar el comienzo de esta idea en los trabajos de tres autores que son ineludibles
para todo aquel que desee investigar esta temtica: Carole Pateman, C.B. Macpherson, y
Peter Bachrach
1
, quienes rescatan las obras de autores como Rousseau y J.S. Mill. Sin lugar a
dudas fueron actores muy influenciados por el contexto poltico en el cual escribieron. Sus
obras, que datan de fines de la dcada de 1960 y principios de 1970, reconocen que fueron
inspiradas por el mpetu de los reclamos de estudiantes y trabajadores de apertura de nuevas
vas de participacin. Estas teoras comparten el objetivo de pensar cmo encauzar estas
demandas en el marco de una refundacin de la democracia que logre institucionalizar la
participacin directa de los ciudadanos en la toma de decisiones que los afectan. Sus

1
Podemos englobar las ideas de estos autores como teoras de la democracia participativa.

2

esfuerzos tambin se centran en combatir la primaca que posee lo que ellos denominan
doctrina ortodoxa (Pateman, 1970), teora elitista (Bachrach, 1973) o modelo de la
democracia como equilibrio (Macpherson, 1981), esto es, las teoras que asignan una
participacin mnima a la ciudadana, limitada al momento de las elecciones
2
, con un nfasis
marcado en la dimensin representativa de la democracia. Researemos los aspectos ms
salientes de las teoras de la democracia participativa, que resultan de inters para el objetivo
del presente artculo.
En primer lugar, consideran que el concepto de igualdad poltica que se refiere a la mera
existencia del derecho universal de sufragio, encubre el hecho de que las mayoras, aquellos
que poseen un nivel socioeconmico bajo, se encuentran excluidas de la vida poltica. Ms
an, las teoras elitistas de la democracia los han tratado como una masa de personas
caracterizadas por sus tendencias autoritarias y su incapacidad de actuar polticamente
(Pateman, 1970). Entonces de qu manera podran participar los ciudadanos comunes en una
democracia participativa?
Las teoras elitistas (en especial Schumpeter) asocian al hombre comn con la experiencia
cotidiana. Es decir, que los hombres y mujeres que no desempean funciones de
representacin poltica, la gran mayora de la poblacin, aquellos que no forman parte de la
elite gobernante, slo se encuentran interesados por las cuestiones con las cuales ellos deben
lidiar en su vida cotidiana, que afectan al barrio donde viven o la fbrica donde trabajan.
Como poseen una visin muy limitada de lo que significa poltica, consideran que las
cuestiones polticas, esto es, las grandes decisiones que se toman a nivel nacional, no resultan
de inters para el ciudadano comn ni ste tampoco es capaz de analizarlas por su
complejidad (Pateman, 1970). Pero las teoras de la democracia participativa no niegan la
asociacin entre hombre comn y experiencia cotidiana, sino que al contrario, la
refuerzan
3
, y la postulan como un factor posibilitante de la ansiada democracia participativa.
Al citar al J.S. Mill, Pateman afirma que es en el nivel local en donde el ciudadano aprende a
regirse, a tomar control de su entorno. Una constitucin democrtica no debera confinarse
slo al gobierno central, ya que es en el nivel local en donde las cuestiones tratadas afectan
de manera directa al individuo y a su vida cotidiana (Pateman, 1970:31). En esta lnea, la
autora tambin argumenta a favor de la participacin en el lugar de trabajo, por ser un mbito
inmediato y de inters directo del individuo. La democracia participara consistira en la
multiplicacin de esferas en donde el individuo pueda participar en la toma de decisiones
sobre cuestiones respecto de las cuales tiene experiencia cotidiana y de primera mano
(Pateman; 1970:35). De forma similar, Bachrach (1973) afirma que si bien resulta dificultoso
que todos los ciudadanos puedan lograr una igualdad de ejercicio del poder con respecto a las
decisiones del gobierno a nivel nacional, esta s puede concretarse dentro de las mltiples
esferas o subsistemas ms pequeos del cuerpo poltico. Tambin para Macpherson la
democracia participativa debe comenzar con una democracia directa al nivel del barrio o
fbrica, en donde se realicen debates directos y se tomen decisiones (1980:130).
Una asuncin de las teoras participativas es entender la participacin como un proceso de
aprendizaje. Es la ya conocida idea de que aprendemos a participar, participando (Pateman,

2
Para estas teorasel concepto de participacin-en lo que a la mayora concierne-significa [solamente]
participacin en la eleccin de quienes toman decisiones (Pateman, 1970:14) y la funcin de los ciudadanos se
limita a escoger entre grupos de polticos periricamente, en el momento de las elecciones (Macpherson,
1981:96).
3
Podemos concordar con Schumpeter y sus seguidores al menos en este respecto: es dudoso que el ciudadano
promedio est alguna vez tan interesado en todas las decisiones tomadas a nivel nacional como lo est en las
decisiones que se toman en un mbito ms cercano a l (Pateman, 1970:110).

3

1970:105), o ms, es participando en el nivel local donde el individuo aprende democracia
(1970:31). Mediante la participacin el ciudadano adquiere un sentimiento de pertenencia a la
comunidad, es decir que cada ciudadano mediante la participacin se integra a la comunidad,
abandonando la conducta de competencia con los dems y adquiriendo un sentido del inters
colectivo.
Asimismo, para las teoras participativas, es el principio de igualdad el que tiene que servir
como gua y estmulo hacia una democratizacin de la sociedad (Bachrach, 1973:137). La
democracia participativa, entonces, se refiere a la participacin igualitaria en la toma de
decisiones, entendiendo por igualdad poltica, la igualdad de poder al momento de determinar
el resultado de las decisiones (Pateman, 1970:43). Es un ideal que afirma que cada individuo
tiene derecho a hacer or su voz igual que los dems en las decisiones que afectan a toda la
comunidad (Bachrach, 1973:132). Radicalizando las expectativas puestas en la democracia
participativa, Macpherson asocia estrechamente participacin e igualdad, y afirma que el
modelo elitista de democracia propugna un sistema afn al mantenimiento de la desigualdad
social: las masas en estado de apata poltica son necesarias para mantener la estabilidad de
un sistema desigualitario. Para el autor, la poca participacin y la desigualdad social estn
tan inextricablemente unidas que para que haya una sociedad ms equitativa y ms humana
hace falta un sistema poltico ms participativo (1981:114).
El ideal participativo de inclusin igualitaria en la toma de decisiones de todos los ciudadanos
se encuentra emparentado con otro grupo de teoras, las de la democracia deliberativa. Las
fronteras que dividen a la democracia deliberativa y a la democracia participativa no son
claras, si bien es posible encontrar diferencias en cada grupo
4
. Los pensadores de la
democracia deliberativa afirman que las decisiones colectivas slo son legtimas cuando son
resultado de la voluntad del conjunto de la ciudadana. Deben estar sustentadas en un
procedimiento deliberativo, en el que puedan participar todos los ciudadanos y no solamente
la lite conformada por los lderes polticos. Sustentan una nueva forma de entender la
democracia que se basa en el intercambio comunicativo, en el intercambio de argumentos
entre ciudadanos libres e iguales (Habermas, 2001; Cohen, 2007).
Esta deliberacin es un procedimiento de intercambio de ideas, proposiciones, concepciones
diferentes, formuladas como argumentos razonables. Los ciudadanos presentan sus razones
para defender sus propuestas o ejercer crticas. Este intercambio de argumentos entre
ciudadanos posee el objetivo de formular consensos o acuerdos en torno a diferentes
problemticas que afectan a la vida comn. Son las razones ms convincentes, y no el poder
que pueden tener algunos participantes sobre otros las que determinan estos consensos
(Habermas, 2001; Cohen, 2007). Cohen considera que hay ciertos casos en los que puede que
no se arribe a un consenso, por lo cual admite que para arribar a una decisin, se utilice un
procedimiento de votacin sujeto a la regla de la mayora, pero lo importante es que esta
decisin sea precedida por la deliberacin (Cohen, 2007:134,139)
5
.

4
Blondiaux sostiene que estas teoras se distinguen por su finalidad principal. Mientras que las teoras de la
democracia participativa buscan la formacin de comunidades ciudadanas activas, ponen el acento en el
compromiso y la politizacin de los participantes, las teoras de la democracia deliberativa apuntan a
fundamentar mejor la decisin poltica relacionndola con un proceso de argumentacin racional (Blondiaux,
2013:65). Sin desatender a sus diferencias, en este artculo nos gustara subrayar sus puntos de contacto en
cuanto al ideal de inclusin que poseen ambas teoras, ms an, a la vista de recientes crticas a las teoras
deliberativas que buscan repensar este ideal teniendo en cuenta ciertas facetas. Se ver esto a continuacin.
5
Es el proceso por el cual la voluntad de todos es formada lo que confiere legitimidad al resultado, ms que la
suma de voluntades formadas de antemano. (Manin, 1987:352).

4

Este ltimo autor hace hincapi en que la deliberacin debe ser un procedimiento de
razonamiento libre y pblico entre iguales. Esta igualdad es postulada como formal y como
esencial. Es formal porque no hay jerarquas entre los individuos: todos pueden proponer
temas, todos pueden argumentar en favor de alguna solucin y tambin ejercer crticas. Pero
tambin se trata de una igualdad sustancial ya que no puede haber diferencias en la
distribucin del poder y los recursos que pueda incidir de forma desigualitaria a las
posibilidades de influir en la deliberacin (Cohen, 2001:245, 2007:133). Habermas tambin
afirma que el espacio pblico en donde se lleva a cabo la deliberacin es un espacio plural e
inclusivo, con fronteras porosas (Habermas, 2001:440-442). En primer lugar, no puede
excluirse a nadie de este espacio. Todos los que puedan ser afectados por las decisiones que
se tomen acerca de determinado tema, deben poder tener las mismas oportunidades de
acceder, de hacerse or, de participar, enunciando argumentos y escuchando los argumentos
de los dems ciudadanos. Efectivamente, la potencial inclusin de nuevos miembros hace que
siempre pueden aparecer nuevas alternativas, nuevas razones que podran no haberse
considerado con anterioridad
6
.De hecho, las minoras tienen el derecho de participar en el
espacio pblico y desafiar los consensos establecidos, reinterpretando los problemas y las
formas de enfocar las cuestiones
7
. En segundo lugar, el espacio deliberativo es un espacio
irrestricto porque no posee limitaciones [Link] afirma que solamente los
ciudadanos que participan en la deliberacin pblica pueden decidir qu constituye y qu no
constituye una preocupacin comn para ellos. No hay lmites, es decir no hay cuestiones que
no puedan ser abordadas de antemano: todas pueden ser debatidas potencialmente
(Habermas, 2001:390-392). Es un espacio de libertad, en donde no hay coerciones. No se
puede obligar a nadie a aceptar los argumentos por la fuerza: los argumentos ms razonables,
ms convincentes, triunfarn sin coercin (Habermas, 2001:382). En resumen, como no se
puede excluir a nadie de la discusin, tampoco puede excluirse ningn tema a priori.
Aunque tanto las teoras de la democracia participativa y de la democracia deliberativa
discuten la idea de una democracia limitada a la accin de los representantes electos, ninguno
de los autores que aqu reseamos fomenta la abolicin de la representacin poltica y la
realizacin de una democracia completamente directa. Cmo podra funcionar sino una
democracia participativa en una nacin moderna de millones de habitantes?, sostiene
Macpherson (1980:115). Pero aunque la democracia directa sea imposible en las condiciones
modernas, esto no implica que los ideales participativos y deliberativos no puedan
institucionalizarse. Si aceptamos la premisa de que la ciudadana es una cualidad que slo
puede realizarse en pblico, es decir, en una colectividad unida por un propsito comn
(Elster, 2007:123), cmo es posible lograr la institucionalizacin de la deliberacin pblica
entre iguales?
Cohen apoya la idea de institucionalizar la deliberacin a travs de la existencia de mltiples
foros en los que los ciudadanos pueden proponer asuntos para la agenda poltica y participar
en el debate sobre esos asuntos, foros que deberan ser sustentados con fondos pblicos
(Cohen, 2007:142). Pero al contrario de las teoras participativas, que promulgaban la
existencia del debate y la injerencia en espacios prximos a los ciudadanos, Cohen advierte

6
Manin agrega que una diversidad de puntos de vista y de argumentos es una condicin esencial tanto para la
libertad individual (los individuos deben poder optar entre varias posturas) y tambin para la racionalidad del
proceso (el intercambio de argumentos y crticas crea informacin y permite comparar las razones presentadas
para justificar cada posicin) (Manin, 1987:355).
7
El autor se interesa por lo que denominanuevos movimientos sociales que traen al espacio pblico temas
relevantes para la sociedad, los problematizan y suministran nuevas informaciones y razones para cuestionar la
manera establecida de ver los problemas (Habermas, 2001, 450-451). Tambin vase su alusin, como ejemplo,
acerca del movimiento feminista (Habermas, 2001: 390-391).

5

que [como] los foros deliberativos locales, sectoriales o centrados exclusivamente en un
asunto () renen slo unareducida gama de intereses, nicamente podemos esperar que sus
deliberaciones produzcan unos intereses sectoriales coherentes, pero no una concepcin ms
comprehensiva del bien comn (2007:142).
Estas teoras, en especial las deliberativas, no han estado exentas de crticas. Un conjunto de
apreciaciones recientes en la teora poltica apuntan a repensar la inclusin en el debate, que
como hemos visto, constituye una idea central que tiene que ver tanto con las personas y los
temas. Estas nuevas crticas buscan complejizar la idea de inclusin teniendo en cuenta
tambin prcticas comunes que se observan en los foros de debate, a fin de lograr una real
inclusin. Debemos aclarar que este nuevo conjunto de anlisis no busca descalificar la idea
de deliberacin, sino que apunta a enriquecerla teniendo en cuenta otras facetas.
Nadia Urbinati (2007) sostiene que el nfasis puesto en el consenso, en el bien comn, puede
llevar a la expulsin del desacuerdo y el antagonismo que caracteriza a la poltica
democrtica. Para esta autora, algunas teoras de la deliberacin han formulado
procedimientos de toma de decisiones que buscan reconciliar a la democracia con valores que
puedan trascender a las opiniones en conflicto y al poder poltico. La deliberacin buscara
alcanzar decisiones verdaderas a travs de la erradicacin del desacuerdo poltico. Esto
conlleva a que se fomenten espacios de debate en donde los temas que son discutidos y los
procedimientos que se llevan a cabo no son decididos ni elegidos por los participantes, con la
idea de erradicar el conflicto del seno de estos foros. La deliberacin se convertira as, en un
mtodo para domesticar las pasiones y contener los elementos verdaderamente
democrticos, es decir, que todas las cuestiones puedan ser objeto de una evaluacin pblica.
Urbinati afirma que una nueva concepcin de la democracia deliberativa que le devuelva su
carcter poltico requerira que los ciudadanos realmente contribuyan a la formacin de una
gran variedad de opiniones, y que a su vez, se escuchen todas las visiones que se expongan en
una esfera pblica libre, antes de tomar las decisiones polticas. Estas ltimas, por definicin,
deben poder ser siempre cambiadas y revocadas
8
.
Para otra autora, Lynn Sanders, apuntar al consenso implica tambin establecer ciertas formas
de expresin caractersticamente deliberativas, cierto tipo de discursos previsibles, estables,
moderados, imparciales y orientados a una problemtica comn, no sectaria. Para la autora,
se trata de un estndar comunicativo aristocrtico y antidemocrtico. Prestar atencin
solamente a lo comn, a lo compartido por todos, implicara denegar las perspectivas de las
minoras, a las perspectivas de grupos que atraviesan situaciones especficas de
marginalizacin. (Sanders, 1997). Tambin Loc Blondiaux concuerda con estas ideas y
considera que existe una disyuntiva entre participacin y consenso: o bien se favorece la
expresin, o bien se busca abolir el conflicto. Sostiene a su vez que la deliberacin debe ser
capaz de reflejar las posiciones en conflicto (Blondiaux, 2008).
Si la deliberacin debera estar estimulada por una tica de la inclusin de todos los
participantes (Schneiderhan y Khan, 2008:8), es decir, que todos los que puedan ser afectados
por las decisiones que se toman puedan participar de este procedimiento (Young, 2000;
Blondiaux, 2013), y que todas las perspectivas sostenidas por los miembros de la comunidad
sean tenidas en cuenta -por ms heterognea que sea esta comunidad- (Sanders, 1997:347),
entonces ser necesario tomar en consideracin qu puede suceder al poner los

8
Esta nocin de la permanente apertura que tiene toda decisin en una comunidad poltica libre (Urbinati,
2010:84) encuentra un parentesco, aunque menos claro, en la idea habermasiana del Estado democrtico como
empresa histrica, no como una configuracin acabada, sino como una empresa sujeta a revisin,
reinterpretacin, reinstitucionalizacin y radicalizacin (Habermas, 2001:466).

6

procedimientos deliberativos en marcha. Es el peligro de la exclusin. Qu formas de
exclusin han sido teorizadas?
1. Una forma de exclusin es aquella por la cual se mantiene a algunos individuos fuera
del foro de debate, o tambin cuando algunos individuos dentro del foro controlan
todo lo que sucede en ellos. Esto es un tipo de exclusin externa (Young, 2000).
2. Otra de estas formas es la desacreditacin de aquellas personas que a travs de su
manera de comunicarse, no logran presentar sus argumentos de modo
caractersticamente deliberativo. Pero ese estndar aristocrtico de la comunicacin
no suele concordar con los modos de expresin de las mayoras populares. (Sanders,
1997). As, la deliberacin se convierte en una tarea para los expertos y educados.
Esta forma es entendida por Young como exclusin interna. En otras palabras, esta
ocurre incluso cuando los individuos se encuentran formalmente incluidos en la
discusin, pero al privilegiarse estilos especficos de expresin, la participacin de
algunos individuos que no se amoldan a este estndar es ignorada o no tratada
seriamente. As, se establece un modo hegemnico de expresin, que hace ver a otros
modos como indignos de consideracin (Young, 2000).
Para varios autores, los individuos que suelen ser excluidos son aquellos que ya se encuentran
insuficientemente representados en las instituciones polticas tradicionales: mujeres, minoras
raciales, pobres (Sanders, 1997:349; Young, 2000:82; Kadlec y Friedman, 2007:10;
Blondiaux, 2013:66)
9
, configurando as patrones de e xclusin. De hecho, afirman que por
ms que estos grupos lograran ser incluidos en el foro de debate y presentaran sus visiones de
formas acordes a las convenciones de la razn, de todos modos seran ignorados (Sanders,
1997:349,353), lo cual contradice la idea de que la deliberacin enseara a los ciudadanos a
tener en cuenta otros argumentos, otras miradas, erradicando as los prejuicios ms
enraizados en la sociedad (Sanders, 1997:351). Por eso instan a reducir las desigualdades
estructurales en la disponibilidad de tiempo, educacin e ingresos monetarios. Tomando la
idea de Knight y Johnson (1994:278), quienes califican estas formas de exclusin basadas en
el gnero, la raza o clase social como asimetras exgenas al intercambio deliberativo en s,
cabe pensar si no pueden existir tambin asimetras creadas al interior del mismo debate, y no
solamente asimetras entendidas como precondiciones sociales que influyen en el debate.
Tener en cuenta el ideal de inclusin en la deliberacin implicara no solamente que los
individuos posean una igualdad formal de oportunidades para acceder a los foros de debate,
sino implementar mecanismos que busquen una promocin activa de la igualdad y de la
oportunidad de dilogo para los excluidos (Knight y Johnson, 1994:289; Kadlec y Friedman,
2007:10). En ese sentido, Young busca incrementar el valor que poseen los enunciados de
aquellos individuos que brindan argumentos pero no de un modo tpicamente racional, es
decir, explicitando conexiones lgicas. Sino que utilizan emociones y expresiones figurativas
para lograr el entendimiento del pblico. Una de estas formas de expresin es la narrativa,
conocimiento situado (Young, 2000) o testimonio (Sanders, 1997). Son narraciones de
historias de vida, que logran expresar la particularidad de una experiencia, las injusticias
vividas, la opresin sufrida. No son meramente ancdotas que buscan entretener a la
audiencia, sino que buscan plantear una mirada especfica sobre una cuestin, reflejar un
sentimiento y justificar un punto de vista. Asimismo, para Kadlec y Friedman (2007:22), los
ciudadanos primordialmente se involucran en los debates porque desean solucionar
problemas concretos que afrontan sus comunidades, por eso deberan promoverse estas
formas de expresin narrativas.

9
Para Sanders, las teoras de la democracia deliberativa describen a los ciudadanos como si fueran de otro
planeta en el que las desigualdades asociadas a la raza, al gnero y a la clase no existieran (1997:353).

7

Hasta aqu hemos detallado cmo estos dos grandes grupos de teoras, la de la democracia
participativa y de la democracia deliberativa, desean dar cuerpo a nuevas nociones del
significado de democracia que no limiten el rol de la ciudadana a una mnima influencia en
el proceso de toma de decisiones pblicas, entendiendo la democracia ms all de la
representacin poltica (pero sin descartarla). Tambin hemos descripto el inters de ambas
teoras en las nociones de igualdad e inclusin, y en cmo algunos aportes ms recientes nos
permiten focalizar nuestra mirada al interior de lo que sucede en los foros de discusin. Es
momento entonces de examinar la utilidad que tienen estas contribuciones para el anlisis
concreto de la experiencia del Presupuesto Participativo en la localidad de Vicente Lpez.

(2)
Si la idea misma de democracia ha sido resignificada en la teora poltica, lo es tambin a la
luz de la multiplicidad de experiencias que se fundan en nombre del ideal participativo y
deliberativo, y en particular los dispositivos institucionales. La institucionalizacin de la
participacin ciudadana cobra forma en dispositivos tan diversos como conferencias de
ciudadanos, planificacin estratgica, consejos barriales, bancas abiertas; entre otros
10
.
Podemos afirmar que el que mayor difusin y expansin ha tenido es el Presupuesto
Participativo. Se trata de un ciclo en el que los vecinos junto con funcionarios de la
municipalidad, a nivel local, elaboran y luego seleccionan un conjunto de polticas pblicas,
disponiendo de un porcentaje del presupuesto flexible de la administracin de gobierno. Lo
relevante aqu es que este proceso comienza con la participacin directa de los ciudadanos en
foros de debate en donde se proponen, discuten y eligen prioridades presupuestarias en obras
pblicas. Mediante diferentes tcnicas, se establecen las propuestas de los vecinos, y se
convierten en proyectos. stos son incorporados en el presupuesto de la administracin
municipal que debe ser sometido a la aprobacin del poder legislativo local.
El Presupuesto Participativo tambin se ha convertido en un ideal al que se asocia el principio
de justicia social. Segn Wampler, muchos de los ciudadanos que participan poseen bajos
ingresos y bajos niveles de educacin formal, por ello el Presupuesto Participativo le
ofrecera a los sectores tradicionalmente excluidos de la sociedad la oportunidad de afectar
las decisiones del gobierno local (Wampler, 2007:21). Este principio proviene de las
connotaciones de las que fue atribuido en su origen, que data del ao 1989, en la localidad de
Porto Alegre, Brasil
11
. Algunos autores no han dudado en calificar la experiencia de Porto
Alegre como capaz de ampliar el acceso de los ms pobres a los bienes pblicos,renovar
la composicin de la elite poltica brasilea (Avritzer, 2010:172) y lograr una inversin de
las prioridades en el gasto pblico, antes favorable hacia los sectores de medios y altos
ingresos, consiguiendo una reversin del patrn distributivo (Wampler, 2007:23,36). Una
segunda nocin asociada al Presupuesto Participativo es la de ser una escuela de
ciudadana, en la cual los ciudadanos que se involucran pueden comprender mejor sus

10
Pueden verse algunos ejemplos de nuestro pas en Nardacchione (2011), en donde se reportan las experiencias
a nivel local del Presupuesto Participativo en la Ciudad de Buenos Aires, Rosario y Morn, la Banca Abierta en
Morn, y el Plan Estratgico en Rosario, Rafaela y Sunchales. Asimismo, algunos autores proponen
innovaciones hacia modelos dialgicos de toma de decisiones, buscando involucrar a los afectados por las
mismas, en nombre de una legitimidad conversacional. Se rescatan las experiencias propias del Poder Judicial
(a diferencia del resto de las iniciativas que son de los poderes ejecutivo y legislativo municipales), como las
audiencias pblicas por la contaminacin del Riachuelo. Vase Gargarella (2014).
11
Algunos autores ponen en tela de juicio que el origen se encuentre en la experiencia de Porto Alegre, y citan
experiencias anteriores en municipios ms pequeos en Brasil. Sin embargo, es el caso de Porto Alegre el que
mayor relevancia y difusin ha tenido, y el que dio origen al [Link]: Goldfrank (2007).

8

derechos y deberes como tales, as tambin como las responsabilidades del gobierno
(Wampler, 2007:22). Y en tercer lugar, este tambin es relacionado con la promocin de la
modernizacin de la gestin pblica,que favorece la descentralizacin de la administracin
municipal hacia el nivel barrial y promueve la integracin de diferentes reas burocrticas en
la creacin, planificacin e implementacin de proyectos (Wampler, 2007:44-45; Lpez
Accotto et al., 2012).
El renacimiento de la idea de participacin ciudadana a partir de los aos noventa guarda
diferencias con aquel ideal promovido por los movimientos urbanos en los sesenta y setenta.
En primer lugar, se trataba por ese entonces de un movimiento ascendente que conceba a
la participacin como un instrumento de impugnacin al sistema poltico existente. Hoy en
da son las autoridades polticas electas quienes se encargan de organizar estas experiencias
institucionalizadas (Blondiaux, 2013), en el caso del Presupuesto Participativo, son los
poderes ejecutivos a nivel municipal. Esto ha llevado a considerar las experiencias actuales
de participacin ciudadana institucionalizada como producto de dinmicas top-down
(Nardacchione, 2011). Con esto se quiere sealar, no que la ciudadana no demande ser ms
escuchada por los gobiernos, sino que el Presupuesto Participativo, en tanto formato de
participacin especfica y reglamentada, es propuesto desde las esferas gubernamentales. En
segundo lugar, algunos autores consideran que hoy la participacin ciudadana sera una
respuesta a la creciente complejidad y diversidad de las sociedades, que hace cada vez ms
difcil su gobernabilidad, justificando as la creacin de espacios de debate capaces de crear
consensos y recrear lazos sociales entre los individuos (Blondiaux, 2013). En la
administracin pblica, el nuevo paradigma de la gobernanza propugna una reformulacin
de las formas tradicionales de intervencin gubernamental, basadas en una forma de ejercicio
del poder en un solo sentido, desde los gobernantes hacia los gobernados. La transicin
propuesta es hacia un formato de doble sentido, en el que los gobernantes tengan ms en
cuenta las visiones e intereses de los gobernados. As, estos nuevos esquemas resaltan la
importancia de la participacin de diversos actores en la planificacin e implementacin de
las polticas pblicas (Lpez Accotto et al., 2012).
El Prespuesto Participativo se ha expandido enormemente desde su primera implementacin
en Porto Alegre, no solamente a otras localidades en Brasil. En Amrica Latina existen
experiencias por ejemplo en Bolivia,Guatemala, Nicaragua, y Per (Goldfrank, 2007). En
nuestro pas, luego de la primer experiencia en Rosario en 2002, a 2008 veintin municipios
ya lo implementaban (Lpez Accotto et al., 2013), quienes en ese momento conformaron una
red de enlace a partir de un primer encuentro nacional. Hoy en da, la Red Argentina de
Presupuesto Participativo (RAPP)se encuentra integrada por cincuenta y tres municipios de
alta escala poblacional, veinte pertenecientes a la provincia de Buenos Aires
12
.
En la localidad de Vicente Lpez, este dispositivo se implementa desde el ao 2012, y
actualmente se lleva a cabo una tercera edicin. El comienzo de su aplicacin coincide con la
asuncin del intendente Jorge Macri y un nuevo signo poltico a cargo del poder ejecutivo
municipal, luego del desplazamiento de Enrique Garca, quien gobernaba el municipio desde
1987. El caso de Vicente Lpez posee particularidades que hacen interesante su estudio. Es el
nico municipio gobernado por el PRO que en la actualidad aplica un programa de
Presupuesto Participativo, luego de su discontinuacin en la Ciudad Autnoma de Buenos
Aires. Asimismo, se caracteriza por la manifestacin de episodios importantes de

12
Es dificultoso obtener una cifra exacta de la cantidad de dispositivos que se implementan, debido a la
amplitud o restriccin de las definiciones que se toman y tambin porque continuamente nuevos municipios
deciden implementar la herramienta, mientras que otros deciden discontinuarla. Las cifras que se vuelcan aqu
son los datos que brinda la RAPP.

9

movilizacin vecinal asociados a conflictos locales. Uno es el ocurrido a partir de 2010, en
donde un grupo de vecinos agrupados bajo el nombre Unidos por el Ro decidieron llevar
adelante protestas en contra de la construccin indiscriminada en la costa (Christel y
Wertheimer, 2010). En la actualidad la mencionada asamblea vecinal contina en
funcionamiento, resistiendo la instalacin de una subestacin de energa elctrica en la zona
costera. Otra movilizacin importante fue llevada a cabo en 2013 por la Asamblea de
Vecinos Inundados en la zona oeste del municipio, con el objetivo de aunar voluntades para
demandar la planificacin de obras que solucionen el problema de las inundaciones. Las
modalidades de accin de ambas asambleas para visibilizar su reclamo incluyeron cortes de
calle, marchas y pedidos de reuniones con funcionarios municipales, y tambin la
participacin en los foros barriales del Presupuesto Participativo. Sin embargo, mientras la
primera asamblea decidi discontinuar su participacin luego de su asistencia a la primera
edicin del Presupuesto Participativo en 2012 en donde se observa un fenmeno que
Blondiaux (2013:99) denomina desercin
13
-, la segunda asamblea tuvo un papel importante
en los foros de su barrio en el Presupuesto Participativo de 2013, logrando conseguir recursos
para obras.
Cada edicin del Presupuesto Participativo consta de un ciclo en el cual durante el perodo de
un ao, se realiza la seleccin de proyectos mediante mecanismos de debate y votacin a
nivel barrial, mientras que al ao siguiente, se realiza la implementacin de los proyectos
seleccionados:
1. Durante el primer ao, se realizan dos foros en cada barrio, en donde los vecinos
presentan ideas y propuestas a los funcionarios municipales. Luego, los funcionarios
toman estas ideas e intentan convertirlas en proyectos que sean factibles de ser
implementados, y los cotizan. Ms tarde, los funcionarios presentan esos proyectos a
los vecinos en un tercer foro barrial, mientras que finalmente en una votacin abierta
se deciden cules proyectos sern ejecutados al ao siguiente.
2. Durante el segundo ao, las diferentes reas del ejecutivo municipal ponen en
ejecucin las obras seleccionadas previa licitacin pblica, y en paralelo se rinden
cuentas del grado de avance de la ejecucin a los vecinos en los foros barriales.


13
Para el autor, la desercin es una de las artes de la resistencia que pueden ejercer los ciudadanos frente a
los dispositivos participativos para expresar la insignificancia que tienen para ellos, su vocacin puramente
decorativa, ausentndose de las reuniones (Blondiaux, 2013:99). Para los vecinos de Unidos por el Ro, el
Presupuesto Participativo no resulta una herramienta til, y es un mero acto de legitimacin del gobierno local,
incapaz de reflejar su reclamo. (Entrevista realizada en abril de 2014 a miembros de la asamblea).

10

Cuadro 1: Ciclo anual del Presupuesto Participativo en Vicente Lpez (2013)

Seleccin


Implementacin


Vecinos y funcionarios Funcionarios


Primera ronda de foros
vecinales barriales:
Presentacin de propuestas

Abril - Junio






Segunda ronda de foros
vecinales barriales:
Presentacin de propuestas





Julio

Anlisis de factibilidad y
presupuestacin de
proyectos

Ejecucin de proyectos
votados por los vecinos
el ao anterior






Agosto
Tercera ronda de foros
vecinales barriales:
Presentacin de proyectos
factibles





Septiembre
Ferias de proyectos





Votacin de proyectos



Fuente: Elaboracin propia.
Inclusin en presupuesto
municipal

11

A los fines del presente anlisis, se tomar la edicin llevada a cabo en el ao 2013, a lo largo
del cual realizamos un seguimiento de observacin participante. Los proyectos seleccionados
a fines de 2013 se encuentran en ejecucin en la actualidad.
Para la implementacin del Presupuesto Participativo se toma un criterio territorial por el cual
se divide al municipio en zonas ms pequeas, en este caso, barrios. A las mismas se les
asigna una determinada partida presupuestaria mxima a utilizar para los proyectos que se
elijan, y aquellos vecinos que deseen participar deben realizarlo en la zona que corresponda a
su lugar de residencia o trabajo. As, Vicente Lpez es dividido en 9 barrios, que responden a
la divisin tradicional e histrica del municipio: La Lucila, Olivos, Vicente Lpez, Florida
Este, Florida Oeste, Carapachay, Villa Martelli, Munro y Villa Adelina. Asimismo, la
intendencia ha decidido no distribuir el monto total de forma igual a cada barrio, sino que a
las zonas que se consideran ms desfavorecidas, se les otorga un monto mayor, anclndose en
la tradicin de la justicia social que hemos mencionado. En Vicente Lpez, se considera
que los cinco barrios del oeste
14
son ms desfavorecidos, pero sin tomar ningn ndice
especfico
15
.
El Presupuesto Participativo no se encuentra amparado por una ordenanza del Concejo
Deliberante local que dicte su continuidad, y su implementacin depende de la decisin
poltica de la intendencia ao a ao. Estn habilitados a participar en todas las instancias los
mayores de 16 aos con domicilio en el municipio, o que tengan actividad comercial,
empresarial o profesional all.
Podemos identificar cuatro diferentes tipos de decisiones que se toman a lo largo del ciclo. Es
decir que se trata de un dispositivo complejo, en el que no solamente debemos considerar la
decisin tomada mediante la votacin, sino que al analizar detenidamente, encontramos otras
cuatro instancias de decisin, en las que intervienen diferentes actores (Annunziata, 2013):
1. Primera decisin: Es tomada en la primera y segunda ronda de foros vecinales
barriales. A partir de las ideas, demandas y propuestas que surgen de las exposiciones
de los vecinos, los funcionarios elaboran listas que sintetizan cada pedido en una
frase. La lista se va conformando por los moderadores a cargo, a medida que los
vecinos exponen sus cuestiones. Al finalizar la segunda reunin ya no es posible
agregar ms ideas.
2. Segunda decisin: Es tomada en el momento de anlisis de factibilidad y
presupuestacin de los proyectos. Intervienen solamente los funcionarios encargados
a cargo del Presupuesto Participativo y funcionarios de las diferentes reas y
secretaras municipales
16
. Consiste en crear proyectos concretos a partir de las listas
de propuestas enunciadas por los vecinos. Los proyectos factibles son presentados a
los vecinos en una tercera ronda de foros vecinales barriales, pero estos no pueden
agregar ms proyectos ni impugnar los presentados.

14
Los nueve barrios son Carapachay, Munro, Villa Adelina, Villa Martelli y Florida Oeste, a los cuales se
destina, a cada uno, $ 1.933.333. El monto designado al resto de los barrios es $ 1.333.333.
15
En el modelo de Presupuesto Participativo que presenta Wampler (2007), se prev la elaboracin de un ndice
de calidad de vida que est basado en indicadores fiables de ingreso, educacin, infraestructura fsica y servicios
sociales provedos. En Vicente Lpez la idea de destinar ms dinero a los barrios del oeste surge de una
consideracin general, y no se explicita la utilizacin de ndices.
16
En otros municipios los reglamentos de Presupuesto Participativo prevn la participacin vecinal en el anlisis
de factibilidad y presupuestacin. No es as en Vicente Lpez, sin embargo, se evala a futuro implementar
alguna forma de elaboracin conjunta. En general, la incorporacin formal de vecinos en esta etapa se
implementa a travs de la seleccin de vecinos-delegados, es decir ciudadanos que ofician como
representantes del resto de los vecinos del barrio.

12

3. Tercera decisin: Consiste en una votacin abierta a los ciudadanos habilitados a
participar, hayan o no participado efectivamente enlas rondas de foros barriales. As
se eligen los proyectos a ser ejecutados en base a la lista de proyectos factibles. El
voto no es estrictamente presencial, ya que los vecinos pueden acercar varias boletas
de votacin con documentacin acreditativa de todos los votantes. Slo puede votarse
una vez en el barrio en donde se reside o se realizan actividades.
4. Cuarta decisin: Tiene que ver con la ejecucin de los proyectos. Se involucra
nuevamente a las autoridades municipales en tres pasos: la incorporacin al proyecto
de ordenanza del Presupuesto general del municipio, la aprobacin del poder
legislativo local y luego, la implementacin efectiva de los mismos. Paralelamente al
inicio de un nuevo ciclo,durante la ejecucin, se rinden cuentas a los vecinos bajo la
forma de una exposicin de los funcionarios responsables del programa en los Foros
Barriales.
Habiendo aclarado la organizacin con la que cuenta el Presupuesto Participativo, nos
dedicaremos ahora a reflexionar acerca de las dinmicas de intercambio comunicativo que se
pueden observar en las tres rondas de foros vecinales barriales, que constituyen los momentos
de dilogo entre vecinos y funcionarios [Link] primer y segundo foros vecinales son
instancias en donde los funcionarios acuden a reuniones pblicas con los vecinos en cada
barrio, cuyo objetivo de recepcionar peticiones se cumple, en el primer foro, con la
metodologa de talleres, es decir, se divide a todos los asistentes en grupos ms pequeos que
trabajan de manera separada con dos funcionarios de la municipalidad que ofician como
moderadores. En el segundo foro se trabaja en plenario, es decir, no se divide a los presentes.
El tercer foro vecinal tiene un carcter ms informativo, desde los funcionarios hacia los
vecinos, y se trabaja en plenario. En el siguiente cuadro se resean las pautas de trabajo que
sealan la dinmica que segn la organizacin deben adquirir los foros:
Cuadro 2: Pautas de trabajo para las rondas de foros vecinales barriales
Primer foro vecinal barrial Segundo foro vecinal barrial Tercer foro vecinal barrial
Presentacin de
objetivos del ciclo.
Informe de avance
proyectos ciclo anterior.
Explicacin de
metodologa de trabajo
del da.
Convocatoria a prxima
reunin.
Discurso del intendente.
Divisin en talleres de
recepcin de peticiones.
Plenario de exposicin
de las peticiones
recogidas.
Explicacin
metodologa de trabajo
del da.
Explicacin de las
instancias
subsiguientes.
Convocatoria a tercer
foro.
Resea de pedidos
hechos en el primer
foro.
Recepcin de nuevas
peticiones en plenario.
Aclaracin del objetivo
de la reunin.
Explicacin y
convocatoria a las
instancias
subsiguientes.
Informe de avance
proyectos ciclo anterior.
Informe de las tareas
realizadas en etapa de
anlisis de factibilidad.
Clarificacin de dudas
con respecto a los
proyectos.

La forma ideal que adquiere la participacin de los vecinos en los talleres y plenarios
conforma un haz de exposiciones individuales dirigidas a los funcionarios-moderadores,
segn turnos asignados. Los funcionarios llevan una lista de oradores, en la que los vecinos
se van anotando, y cada uno tiene un turno asignado para poder expresarse. En cada turno, los
funcionarios escuchan las cuestiones planteadas por cada vecino de forma individual. Los
vecinos no debaten entre ellos. Es el funcionario el que adquiere el rol central en la dinmica

13

por la autoridad que detenta, y no el vecino, a pesar de que son los vecinos quienes ms
tiempo hacen ejercicio de su palabra y quienes se dedican a argumentar acerca de una
situacin que consideran problemtica para ellos mismos. Asimismo, el funcionario suele
responder cada cuestin planteada por el vecino, aludiendo a las acciones que realiza la
municipalidad sobre el tema. Se da lugar slo de forma excepcional al intercambio entre los
vecinos, y esto produce una ruptura de la forma ideal, casos en los cuales se desordena la
reunin, y los funcionarios buscan reconducir el debate nuevamente al formato establecido.
Entonces podemos afirmar que la dinmica de interaccin adquiere una forma semicircular
en la cual las intervenciones de los vecinos conforman diferentes radios geomtricos que se
dirigen hacia el funcionario, quien constituye el punto medio, como se puede observar en el
siguiente grfico:
Cuadro 3: Tipo ideal de dinmica de participacin en los foros








Qu manera tienen de expresarse los vecinos? Como se rese en la primera seccin, existen
ciertas teoras que buscan superar el problema de la inclusin en el proceso deliberativo
argumentando a favor de otras formas de comunicacin ms adaptadas a la realidad de los
intercambios, brindando mayor posibilidad a la emergencia de mltiples opiniones. Una de
estas nuevas formas de comunicacin es la narracin de historias o storytelling. Mediantes las
narraciones, los participantes construyen argumentos a favor de la posicin que poseen sobre
un tema, describiendo los eventos ocurridos y los participantes de modos que demuestren su
propia interpretacin de la cuestin. Es otra manera de presentar un punto de vista, que
promueve la expresin de las opiniones de manera afectiva: mediante las mismas, se expresa
una visin particular acerca de las experiencias personales, es una forma de exponer lo que se
considera como un sufrimiento vivido, una opresin o una injusticia. Estas historias pueden
movilizar un apoyo en su favor, si los dems participantes del intercambio se viesen
reflejados en las historias o entendieran de forma emptica los sentimientos vividos por el
enunciador.
Este tipo de narraciones son muy comunes en los foros barriales, ya que los vecinos aluden a
sus historias personales continuamente para justificar una postura ante un problema. Lo cual
nos conlleva a pensar nuevas maneras de conceptualizar la argumentacin, asociadas a la
persuasin. Como afirma Manin, la argumentacin puede pensarse como una secuencia de
proposiciones que buscan producir o reforzar un acuerdo en los oyentes (1987:353). Las
ideas que buscan expresarse a travs de la argumentacin no pueden concebirse como
verdaderas o falsas, sino que decimos que los argumentos generan mayor o menor adhesin,
dependiendo de cun convincentes sean. Por eso, la fuerza de un argumento es siempre
relativa (Manin, 1987:353), es decir que los argumentos ms convincentes dependern del
contexto en el cual sean presentados (Cohen, 2001:246). Sin embargo, debemos preguntarnos
Funcionario
Vecinos

14

si podemos hablar de persuasin cuando los vecinos recurren al relato de historias, para ello,
nos servir observar algunos ejemplos:
Fragmento A:
Vecina: Quera saber si los coches estos que pasan cuidando el partido digamos, o haciendo una
presencia para la gente, por la seguridad, estn funcionando. Porque yo mucho no los veo. Y
quera saber tambin si sirve que haya una sola persona arriba del auto. Para qu sirve? Estar
pagando a un personal arriba de un auto que da vueltas, que no sirve mucho. Yo le pregunto esto
porque a mi hija le entraron, a la vuelta de la comisara, cuatro tipos, cuando estaba convaleciente
de perder a un beb de cinco [Link] rompieron a palos al marido, le robaron todo, cerraron la
causa a los dos [Link] pas nada, nadie se enter. Ni los mviles, ni la polica. Sufrimos todos
y nada ms. Y? Para qu sirven los mviles?
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal Barrial de Carapachay]

Fragmento B:
Vecino: Yo tengo una propuesta estrictamente puntual. La zona en la que vivo est preparada
para una lluvia de cincuenta milmetros. El da tres de diciembre, a m me tap completamente el
auto. Le he sacado una foto y enviado al sr. Macri, y todava estoy esperando a que decida qu va
a hacer con eso. El da dos de abril pas lo mismo. Falta un proyecto de infraestructura grande.
Ah hay un problema muy serio, es una zona inundable, y el municipio no se ha dado por
enterado.
[Exposicin en el 2 Foro Vecinal Barrial de Olivos]

Fragmento C:
Vecino: Yo tengo la propuesta de implementar una lnea nueva de colectivos. Es de terror,
estamos esclavizados a una sola lnea. La necesidad de la gente est. () Los casos reales que
ocurren son que ests en la parada, si tarda mucho hay ms probabilidad que te afanen. O no slo
eso, estn los nenitos en invierno, cuando llueve, es lo peor que puede pasar: un colectivo que no
para y sigue de largo
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal de Villa Martelli]

Fragmento D:
Vecina: Yo quera decir, por la salud. Los turnos del hospital. Dos meses y medio para ver a un
mdico es imposible, es mucho la espera. As que a ver si hacen algo, por favor, porque uno
necesita de los mdicos. Ya tenemos una edad, pasados los setenta aos, que necesitamos. () Yo
me ca hace dos meses en la vereda de la calle San Martn, en una chapa que estaba sobresalida, y
todava no me dan turno. En la guardia me sacaron una radiografa pero yo tengo que ver a un
oculista, y no me lo dan (). Pongan ms mdicos, es imposible estar esperando tanto tiempo.
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal de Florida Este]

Como se observa, la apelacin a los testimonios que describen la situacin de la vida
cotidiana y las experiencias que afrontan los vecinos en el barrio, constituyen una forma
comn de insistir a travs de una historia personal, acerca de la importancia de buscar alguna
solucin al problema. Se recurre a ancdotas personales, de familiares o vecinos cercanos, o a
descripciones de lo que se observa en las inmediaciones del lugar donde se vive Y a travs de
esos ejemplos puntuales, de la recreacin de evocaciones de la vida diaria en el barrio, es que
se fundamenta cada pedido, constituyendo formas de persuadir al funcionario a cargo y al
resto de los vecinos presentes de la relevancia de la cuestin. Los pedidos en cuestin se
legitiman a travs de estas pequeas ancdotas de situaciones de la vida cotidiana, que
constituyen en conjunto un saber de la experiencia que slo pueden poseer los vecinos que
residen en determinado lugar. Esto refuerza la idea de que hay muchos tipos de
conocimientos situados (Young, 2000) que no pueden expresarse a travs de las
convenciones de la razn (Sanders, 1997).
La mayora de las historias aluden a travs de sus exposiciones a un pretendido ideal de
ciudad en la cual vivir, creando imgenes de qu es lo que debe considerarse, por ejemplo,

15

como buen vecino. El buen vecino es aquel que sabe convivir, que se compromete con la
comunidad y respeta las normas. Asimismo, otra imagen asociada es la de un ideal de la
ciudad limpia, tranquila, ordenada, segura. Veamos algunos ejemplos:
Fragmento E:
Vecina: Yo estoy en un barrio que, por ms que sea villa, necesitamos luz, un relevamiento
de la zona, que pueda haber leyes de convivencia, que haya limpieza, que haya control ().
Hubo una poca en la que se entraba, se peda documento en las villas, no se hacan
allanamientos, pero s un control. Vos veas salir a un chico a la esquina, y estaba la polica
y te peda documentos. Hoy eso no pasa. Yo trabajo de noche, tomo el colectivo a la noche y
veo pasar a la gente, pero pasan En mi barrio son tres, de cien familias, las que producen
los golpes, los ruidos que enloquecen a la gente enferma. Tenemos un derecho a convivir
mejor. Mi hija ha tenido diez convulsiones por esos sonidos.
Funcionario: Y a usted qu le parece que podra hacerse?
Vecina: Hacer un proyecto en el cual la polica recurra cuando un vecino de la zona llame.
Y que las denuncias se tomen. Hacer como se haca antes. Vos te viniste sin documentos de
afuera, y tens todo el derecho de seguir jodindonos? Cuando una vez se haga, los dems
van a respetar. () Somos trabajadores, estudiamos, tratamos de salir adelante. Cuando yo
fui a hacer la denuncia a la polica, me dijo que yo no tena derechos porque no pago
impuestos. Pero soy un ser humano.
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal de Villa Martelli]

Fragmento F:
Vecina: Yo vivo en la Lucila, pero ni siquiera estamos en el plano que ustedes presentaron.
Por qu nos dejaron de lado? Hemos pedido seguridad porque vivimos en una zona en que,
cualquiera que conoce lo sabe, hay muchos baldos, gente ocupando, zonas muy inseguras
para caminar. Es como que nuestro barrio no existe. () Se instalan con carpitas, con
casitas, aparecen y desaparecen. Por eso pedimos que se consolide un poco la zona, para
evitar todo ese tipo de asentamientos que nos afectan a ustedes y a nosotros. Que se limpie y
se mantenga una vez que est limpio, que la gente pueda caminar. As no se va a instalar
gente.
[Exposicin en el 3 Foro Vecinal de La Lucila]

Fragmento G:
Vecino: Yo quera expresar una preocupacin muy seria que tenemos los vecinos cerca del
club y de los dos colegios. Es imposible para los vecinos de esa zona transitar esas calles,
salir de la casa, que nos choquen los autos, que nos ocupen las cocheras. Eso nos ocurre hoy.
Y nos preocupa enormemente que se haya aprobado el proyecto de crear una universidad en
ese lugar. Ya lo que hay, nos inunda, estamos mal a la maana, al medioda, a la tarde, y
ahora tambin a la noche. Van a transformar esto en una cosa imposible. No tienen que
afectar la vida de los vecinos que vivimos all. Adems, el barrio es residencial, la cuestin
esttica, la valorizacin de las casas es importante.
[Exposicin en el 3 Foro Vecinal de La Lucila]

Fragmento H:
Vecina: Yo vivo justo frente a la plaza. Es una invasin en las veredas, todos los das, las
botellitas de plstico. Hubo en la plaza contenedores de basura, pero desaparecieron. Y
tambin los perros, los dueos de los perros, es terrible. A la polica que est dando vueltas,
a ella se le podra dar tambin para que vigile a esos dueos. Por qu no se le cobran las
multas a esa gente? La basura es terrible. () Mi propuesta es poner contenedores. Y lo que
falta es educacin, realmente. Cartelitos habra que poner. Respeto al otro. Folletos.
[Exposicin en el 2 Foro Vecinal de Olivos]

Fragmento I:

16

Vecino: La limpieza. No puede ser que los puestos estos de verdulera estn trabajando en
la calle, en la vereda. A su vez, la noche, en cuanto terminan de trabajar, ponen todas las
bolsas al lado del depsito de agua, del pluvial. As que cuando hay una tormenta se barren
las bolsas de ah abajo. () Falta el inspector que pise y haga boletas. No hay una persona
que controle si barrieron o no barrieron. No puede ser! () Si hay vigilancia en la calle, de
personal municipal, el cual vea deficiencia de la vereda, se arregla fcilmente.
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal de Carapachay]

A travs de los testimonios se busca enfatizar en la necesidad del control de las conductas de
aquellos que no respetan las normas, a travs de patrullas municipales, pero tambin con una
educacin ciudadana que reforme los comportamientos que no se adecen al ideal de
ciudad. Se alude continuamente a normas de convivencia y reglas. Sin embargo, no siempre
se trata de leyes u ordenanzas escritas, sino que de patrones de comportamiento que deberan
ser respetados por todos para tener una convivencia tranquila, patrones de conducta en lnea
con el ideal de ciudad
17
.Incluso se llegaron a proponer soluciones como las siguientes:
Fragmento J:
Vecina: La Ciudad Autnoma de Buenos Aires tiene para hacer reclamos, un correo donde
pods mandar la denuncia, con fotos. Eso no requiere aumentar el gasto municipal, sino que
simplemente cualquier vecino, ahora con los celulares que tienen 99% camarita, podemos
comprometernos a ser un poco inspectores de nuestros propios lugares, incluyendo por
ejemplo mejorar la recoleccin de residuos.
[Exposicin en el 2 Foro Vecinal de Olivos]

Fragmento K:
Vecina: Uno de los paliativos a los robos, ms all de la educacin, de la insercin laboral,
y el control de la droga, sera poner cmaras de seguridad por todos lados. El problema es
que faltan recursos y son caras. Se puede proponer que todos los seores que sacan a pasear
sus perritos por mala educacin, y estamos barrenando excremento de perro, se cobre una
multa y con esa multa, se paguen las cmaras.
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal de Florida Este]

Queda claro que si bien a travs de los testimonios se comentan situaciones de vida
personales, de cuestiones que afectan a cada uno en particular, a travs de los mismos
tambin se construye un sentido de comunidad ideal al que todos los vecinos pueden referirse
para argumentar la importancia de los problemas sufridos. No es slo a travs de la filiacin
emptica con una situacin particular que se busca persuadir (a travs de un vnculo
emocional), sino tambin con la identificacin comn con ese modelo de ciudad anhelada.
Como sostiene Manin, cada uno al argumentar expone ideas que se asumen como
generalmente aceptadas por la audiencia a la que se dirigen, es decir que se argumenta a
partir de la asuncin de ciertos valores comunes del pblico en determinado contexto (Manin,
1987:353). Tambin Bernard Yack alude a algo similar, cuando afirma que la deliberacin
consiste en escucharnos los unos a los otros en nuestros intentos de persuadirnos acerca de
alguna solucin que pueda realizar los fines que los ciudadanos compartimos (Yack,
2006:421). Entonces, s se generaran comprensiones del inters colectivo a travs de la
participacin. Aunque como vimos, cada vecino dirige sus peticiones al funcionario, no se
olvida la presencia del resto de los vecinos. Se habla como representante de la comunidad de
vecinos, an a travs de historias personales, como si cada caso fuera representativo de algo

17
Un vecino formul esta idea a travs del concepto de ciudad transparente. Afirmaba que tener basura, vivir
hacinados, vivir con gente de otros lugares, causa delitos, entonces cuando mejoramos eso, el delito disminuye
[1 Foro Vecinal de Villa Martelli].

17

que le podra suceder a cualquiera, y como si cada solucin pudiera ser deseada por
cualquiera.
En la bibliografa citada sobre los testimonios, se enfatiza su potencial para expresar las
particularidades de las experiencias de personas excluidas, que afrontan injusticias y se
encuentran marginadas de la sociedad en distintas maneras. A travs de la narracin de
experiencias directas, los grupos subordinados pueden identificar y tratar de comunicar a los
otros las formas en las que se perpetra su opresin (Rothschild, 2014:20). En particular, en
los ejemplos E y F, las vecinas buscaban denunciar lo que ellas vivan como formas de
discriminacin. En el ejemplo E, la vecina recordaba cmo su reclamo haba sido ignorado
por un polica, quien le haba sugerido que no tena derecho a reclamar por no pagar los
impuestos. Ella expresaba as una prctica social comn de discriminacin hacia las personas
de menores recursos, que no poseen una vivienda en regla. En el ejemplo F, la vecina
denunciaba ser ignorada por los funcionarios municipales, por vivir en una parte alejada de la
zona ms poblada de La Lucila, y rememoraba aos de olvido en cuanto a la implementacin
de obras que mejoraran la situacin, que en otras zonas s se hacan. Pero los testimonios
tambin pueden constituir el sustento para la introduccin de formas de exclusin creadas a
travs de los discursos. No siempre estas formas de exclusin tienen que ver con patrones de
exclusin basados en el gnero, la raza o la clase social, como sostenan los autores que
reseamos en la seccin uno. Para el caso que estamos analizando, las exclusiones se forjan a
travs de la generalizacin del ideal de ciudad, que deja fuera a todos aquellos que no
cumplen con lo que se considera respeto, compromiso, educacin, convivencia, trabajo,
tranquilidad. Son personas que no seran verdaderos vecinos, sino infractores de las normas
de convivencia. Algunos vecinos excluyen del ideal de ciudad a personas por su clase
social, o a inmigrantes de pases limtrofes, ciertamente. Pero tambin estn excluidos
vecinos por su mero comportamiento en contra de la normatividad ideal, ms all de
pertenecer o no a un grupo social incluido dentro de los patrones de exclusin que nombran
los autores comentados. Tal es el caso de aquellos vecinos que estacionan los autos en lugares
incorrectos, que tiran basura en la calle, que causan ruidos molestos, etc.
La alusin al padecimiento sufrido es comn en estos testimonios. Las historias expresan
emociones vividas, que pueden generar sentimientos de empata con el orador, y que se logre
comprender la situacin que se afronta. Identificaciones con el lugar de la vctima, del
damnificado, del perjudicado, conviven con la insistencia en enunciar la propia vivencia
como una situacin extrema, que ya no puede tolerarse, y que necesita ser solucionada con
urgencia. Para algunos vecinos, su situacin es la ms grave de todas, y no dudan en
considerar a otros reclamos como menos importantes, menos prioritarios. La respuesta de los
funcionarios en esos casos apunta a resaltar la igual consideracin que para ellos tienen todos
los reclamos individuales, e intentan convencer a los vecinos de que son ellos mismos, a
travs de su voto, los que deben decidir qu es ms o menos importante, creando un orden de
preferencias. Por ejemplo, ante el grupo de vecinos inundados del barrio de Florida Oeste,
quienes proponan que todos los fondos del Presupuesto Participativo del suyo y de otros
barrios- fuera destinada a paliar el problema de las inundaciones, los funcionarios decidieron
dar esta respuesta
18
:
Fragmento L:

18
Tambin, en otra reunin, el funcionario adujo que nosotros no podemos excluir bajo ningn punto de vista,
un proyecto posible que un vecino haya presentado en un foro. Porque suponete que ese proyecto haya sido el
tuyo. Y yo vengo ac, y digo, a otra seora le parece que esto no es interesante, entonces lo bajo. Y vos vas a
decir, pero yo fui a las reuniones, present el proyecto. [3 Foro Vecinal de Villa Martelli].

18

Funcionario: Este es un procedimiento por el cual, antes que pasara todo esto, cada barrio
recibi una partida para sus necesidades. Ustedes tienen sta, muy importante, muy grave.
Pero los otros barrios tambin. Porque yo tengo que ir a otro barrio a decirles: mir, vos,
renunci a la cmara que est cuidando la salida de tus hijos, en donde hubo hechos
delictivos, porque hay una inundacin de emergencia. Si, yo la comprendo. Pero yo tambin
quiero que me cuiden a mis hijos. Vos vas a otro barrio, por ejemplo Villa Martelli, y te
dicen: pongan reducidores en toda la calle Mxico, porque pasan los autos a sesenta
kilmetros por hora, y los abuelos no pueden cruzar, los chicos no pueden cruzar. Yo
entiendo la necesidad de Florida Oeste, pero mis hijos tienen que cruzar la calle. Entonces
desgraciadamente nosotros no podemos derivar fondos que tienen que ser aplicados a lo que
originariamente prometimos.
[Exposicin en el 2 Foro Vecinal de Florida Oeste]
Con esto tambin se intenta salvaguardar el diseo, la metodologa y las pautas de trabajo del
programa Presupuesto Participativo, que los funcionarios son muy cuidadosos en hacer
respetar. Por ejemplo, se dieron casos en que los vecinos proponan modificar la organizacin
de los talleres, para implementar talleres donde se discutiera sobre un problema especfico, y
no abiertos a cualquier tema, a lo cual los funcionarios respondieron que ya no poda
cambiarse para el ciclo en curso.
Cmo conciben los representantes municipales al Presupuesto Participativo? Para ellos, este
debe convertirse en una escuela de ciudadana, una herramienta que los transforme de
meros habitantes a ciudadanos comprometidos con su barrio. Otra expresin usada para
definirlo es la de gimnasia cvica que sirve para el futuro. Para el intendente Macri, la
transformacin hacia un ciudadano comprometido tiene que ver con abandonar las
demandas excesivas, que no pueden canalizarse a travs de la gestin pblica:
Fragmento M:
Intendente: [El Presupuesto Participativo] es un ejercicio de mucho valor para el vecino,
porque cuando nos ponemos en vecinos, nos ponemos a veces en una postura de mucha
simplificacin del fenmeno en cuestin, decimos queremos todo, actuamos ms como
chicos demandantes que como responsables de llevar adelante una familia, por decir algo. En
definitiva, lo que hacemos como padres todos los das, es tratar de definir un orden de
prioridad: no tengo para todo, pero estoy seguro para s qu quiero tener. Y ese ejercicio de
los vecinos es muy interesante. Porque los talleres comienzan primero con mucha catarsis,
mucha queja, mucha necesidad contenida de participacin durante mucho tiempo. Despus se
pasa a proponer un montn de cosas, algunas que exceden el marco de presupuesto
disponible, y el tiempo de lo que tiene que ser una obra de un ao en el barrio. Y se termina
comprendiendo de que en definitiva lo que estamos tratando de hacer es definir un orden de
prioridades: estos son los recursos que tenemos, estas son todas las cosas que nos gustara
tener, pero vayamos a ordenar las prioridades y veamos qu podemos ir haciendo primero. Y
eso nos mejora a todos.
[Exposicin en la Presentacin general de la edicin de Presupuesto Participativo 2013-
2014]
19

Asimismo, el objetivo que tiene la participacin ciudadana para los representantes queda
claro en la siguiente mencin. Se trata de que los vecinos puedan, gracias a su saber de la
experiencia, ayudar a los representantes municipales a identificar pequeas obras pblicas
necesarias que la gestin no haya podido relevar:

19
En otra alocucin similar el intendente enunci: A ustedes, los vecinos [el Presupuesto Participativo] los
obliga desde otro lugar. Porque una cosa es pararte en el rol vecino-hijo demandante y decir quiero ms y otra
cosa es decir bueno, mir, tenemos esta plata, por dnde empezamos?. () Eso nos mejora como sociedad,
desde la participacin, desde la responsabilidad, es un ejercicio muy valioso. [Exposicin en el 1 Foro Vecinal
de La Lucila].

19

Fragmento N:
Intendente: Para nosotros, es de alto valor poder definir prioridades. Porque uno desde el
gobierno a veces le pega y a veces no, o a veces le erra por poquito. Uno dice, tendramos que
arreglar esta calle. Y est bien arreglarla. O tal vereda. O tal esquina. O arreglar tal paseo, o
tal sendero. Uno puede tener la mejor atencin, pero an as, desde la visin de uno, errarle
(no por 180, pero errarle por algunos grados). Y como en definitiva, el arte de gestionar es el
arte de definir prioridades, es decir, con la plata que tenemos qu hacemos primero?, somos
conscientes de que necesitamos que ustedes nos ayuden a identificar una parte importante de
nuestra inversin. La experiencia de ustedes nos transforma en ms eficientes. Y me parece
que de eso se trata esto. () Debera haber un crecimiento del trabajo este ao para ser ms
focales: esta esquina, aquella cuadra, este lugar que tanto queremos para nosotros, y tratar de
sumar voluntades.
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal de La Lucila]
La gimnasia cvica que proponen tiene que ver tambin con que los vecinos se acostumbren
a la metodologa y a las pautas de trabajo que plantean los funcionarios. Por ejemplo, en cada
reunin hacen mucho hincapi en recordar a los vecinos cules son las reglas bsicas del
dilogo, que son: pedir la palabra, escuchar sin interrumpir, ser breve, evitar las agresiones,
silenciar los telfonos
20
. Resguardar al dispositivo del caos en el que pueden derivar las
reuniones constituye una preocupacin significativa para ellos. Pero hay una forma que puede
adoptar ese caos, cuando se da, que los representantes califican de hacer poltica. La idea
de que los foros vecinales barriales sean un espacio no invadido por la poltica es transmitida
con preocupacin por el intendente:
Fragmento
Intendente: Hay una complejidad donde el vecino va a ser central, que es que este mbito
como dije el ao pasado- sea respetado por la poltica. Este es un ao electoral. El ao pasado
los vecinos fueron muy responsables a la hora de ponerle lmites a los que venan a hacer, no
poltica, porque todos estamos haciendo poltica cuando nos dedicamos a trabajar en distribuir
los recursos pblicos. Sino que vienen a hacer poltica sectorial, poltica partidaria, o en el
peor de los casos, politiquera. Tener y proteger este mbito de participacin es muy
importante. Va a requerir de nosotros, como Ejecutivo, un alto nivel de capacidad para
administrar lo que venga como reclamo malintencionado, no como reclamo genuino. Y un
ejercicio importante del vecino, es reclamarle a la poltica que ese mbito se respete como un
mbito de participacin. No lo vamos a poder a hacer solos como gobierno. Va a ser para
nosotros imprescindible que el vecino se enamore del respeto que la herramienta democrtica
tiene que tener.
[Exposicin en la Presentacin general de la edicin de Presupuesto Participativo 2013-2014]

Fragmento O
Intendente: Cuando la poltica partidaria y electoral se metan en el foro, los vecinos van a
tener que decir: mir, est todo bien, muy lindas las elecciones, vos tens tu visin, pero ac
estamos discutiendo dnde vamos a poner esta plata para hacer esta obra, no estamos
discutiendo si lo quers o no lo quers a Jorge. No es esa la discusin. No debe ser esa la
discusin.
[Exposicin en el 1 Foro Vecinal de La Lucila]

Si las teoras de la democracia participativa reivindicaban la participacin en nombre de una
ampliacin de los mbitos de lo que se entiende como poltica, hoy la participacin no se
hace en nombre de la poltica sino que se la impugna como un elemento de obstruccin, de
impedimento. Lo que se quiere decir con poltica tiene un sentido muy particular para los
representantes. Tiene que ver con aquellos discursos que buscan generar polmica, que

20
Las mismas tambin estn expuestas por escrito en afiches.

20

intentan desviar el rumbo de la asamblea de las pautas de trabajo establecidas. Hacer
poltica puede ser tanto realizar cuestionamientos a la figura personal del intendente, como
llevar a cabo reclamos que no hara un vecino genuino, es decir, reclamos
malintencionados. Estos ltimos se realizan cuando una persona no se explaya sobre ningn
reclamo concreto o cuando no proponen ningn proyecto puntual. Solamente se ahonda en
crticas dispersas, y generalmente se acompaan de interpelaciones al rol de los
representantes. Resulta aqu interesante una afirmacin de Loc Blondiaux, quien identifica
que el fenmeno de despolitizacin de las discusiones se da cuando el rol que adquiere la
participacin se limita al relevamiento de reclamos localizados, y son los polticos electos
quienes se reservan el control de la politizacin de los problemas (2013:84). Pero tambin
son reclamos malintencionados las discusiones acerca del sentido mismo de la
participacin. Incluso un vecino sugiri que no era necesaria la existencia del Presupuesto
Participativo, porque todas las obras que se estaban proponiendo ya deberan estar cubiertas
obligatoriamente con los fondos obtenidos por el tributo municipal (ABL). En general estos
reclamos se hacen con un tono elevado de voz, y de forma muy insistente, sin respetar las
reglas de dilogo. Cuando ocurre esto, los funcionarios intentan reconducir la dinmica
pidiendo al vecino que concrete su idea. Veamos un ejemplo que cuestiona la convocatoria a
la participacin, para clarificar:
Fragmento P:
Vecina: () Me enter de que al mismo tiempo que se est hablando de participacin
ciudadana, en el Concejo Deliberante se cambi el horario de las sesiones, que pedamos
como vecinos de hacerlo por la noche, para que pudiramos acudir los que trabajamos. Y lo
han pasado en horario de la maana, justamente para evitar la participacin ciudadana. As
que hay una cosa como de dicotoma en el discurso, que no nos cierra. Y otro hecho muy
similar sucedi cuando el seor Macri quiso ir a inaugurar las obras de la estacin, pero se
anunci a la prensa que se iba a postergar. Y la inauguracin se hizo igual. Entonces nuestra
duda es, se nos cercena el espacio de participacin de verdad, nos dan cosas ms chicas a los
vecinos, y tambin a la prensa.
Funcionario: () Yo no quiero dialogar en esto. Si vos tens una propuesta concreta, de
cualquier tema, para invertir un milln trescientos mil pesos, es bienvenida. Lo van a decidir
los vecinos.
[Exposicin en el 2 Foro Vecinal de Olivos]

Podra decirse, entonces, que la participacin genuina es propuesta como aquella que se
adeca a la metodologa de trabajo, y que es capaz de aportar a la gestin de gobierno. Qu
se entiende por gestin aqu? Segn esta idea, la gestin significara en primer lugar el
compromiso de gobierno en la ejecucin concreta de las obras elegidas por los vecinos, que
ayudara a la convocatoria para el siguiente ciclo, incentivando la participacin. En segundo
lugar, implicara la asignacin de una funcin especfica al ciudadano: la de proponer obras
concretas para invertir los fondos asignados al Presupuesto Participativo, no ms ni menos-
que eso. Y la poltica sectorial no tendra lugar en ello.
~
Hemos abordado a lo largo del presente trabajo cmo se entienden, a travs de las teoras de
la democracia participativa y de la democracia deliberativa, las nociones de inclusin y su
contrario, la exclusin. Asimismo, hemos intentado reflexionar acerca de estas nociones
concentrndonos en las prcticas concretas de intercambio entre vecinos y funcionarios en el
Presupuesto Participativo que se lleva a cabo en Vicente Lpez.
Las teoras de la democracia participativa se preocuparon por la exclusin de las personas de
bajo nivel social, postularon la relevancia de la participacin de los ciudadanos en sus

21

espacios ms prximos, a nivel local reforzando la asociacin entre hombre comn y las
cuestiones con las que se lidia en la vida cotidiana. Tambin postularon una idea de
educacin ciudadana entendiendo a la participacin como un proceso de aprendizaje. Otro
aporte fue el de pensar el concepto poltica de manera amplia, incluyendo a todas las
mltiples esferas y subsistemas ms pequeos dentro de la comunidad que pueden abrirse a la
participacin.
Las teoras de la democracia deliberativa se concentraron en postular un ideal de espacio
pblico plural e inclusivo, abierto a la participacin de todas las personas y al debate de
amplios temas. Algunos autores advertan el peligro de la reduccin de los espacios de
deliberacin a nivel local o sectorial, esgrimiendo que las deliberaciones no podran generar
as una concepcin comprehensiva del bien comn. Otros autores afirmaron la
contraproducencia para la poltica democrtica de erradicar al conflicto del seno de los foros
deliberativos, y de intentar domesticar las pasiones, reforzando la idea de que se debe ampliar
el espacio de lo que puede y debe ser debatido. Asimismo, llamaron la atencin sobre las
formas de exclusin que producen los estndares comunicativos aristocrticos, que no
permiten que aquellos que se expresan diferente sean tomados en cuenta. Insistieron en la
presencia de patrones de exclusin sociales, que pueden comprenderse como asimetras
externas a la deliberacin, referidos a la discriminacin por motivos de gnero, raza o clase
social tambin puede agregarse, por condicin sexual. Postularon la importancia que tienen
otras formas de comunicacin capaces de expresar emociones, conocimientos situados,
experiencias particulares, especialmente para denunciar injusticias y opresiones.
Luego realizamos un anlisis centrado en el Presupuesto Participativo, rememorando los
ideales asociados al mismo: justicia social, educacin ciudadana y modernizacin de la
gestin. Concentrndonos en la experiencia concreta de Vicente Lpez, representamos el
modelo ideal que adquiere la dinmica de intercambio, que calificamos como un haz de
alocuciones que conforman diferentes radios geomtricos. Tambin presentamos cules son
las maneras que tienen los vecinos para expresarse, y la importancia que cobran las historias
personales y las vivencias cotidianas. Esto nos permiti repensar el concepto de
argumentacin a partir de la idea de persuasin, que se expresa tanto a travs de la creacin
de un vnculo emocional, como de la identificacin comn con un modelo de ciudad
anhelada. En cuanto a este ltimo punto, postulamos la creacin a travs de los discursos de
un ideal de ciudad al que se recurre para argumentar, ideal asentado en las concepciones de
buen vecino-quien sabe y respeta las normas de convivencia- y de ciudad transparente-
limpia, tranquila, segura, ordenada. A partir de ello, se derivaban los postulados que incitaban
a los vecinos a proponer un control de las conductas y la implementacin de programas de
educacin ciudadana para reformar comportamientos. Sostuvimos que en algunos casos se
generaban exclusiones a partir de la generalizacin de este ideal de ciudad, formas de
exclusin creadas a travs de los discursos que no siempre tenan que ver con patrones de
exclusin sociales. Finalmente, notamos cmo la idea de educacin ciudadana es retomada
por los funcionarios municipales para insistir en la formacin de un vecino capaz de
abandonar demandas excesivas y no canalizables. Asimismo, percibimos cmo los
representantes entendan la poltica como un elemento de obstruccin, que deba ser excluido
de los foros vecinales, por atentar contra una participacin genuina. La poltica conllevaba
un significado particular asociado al cuestionamiento a la figura del intendente y a la
incitacin a polmicas entendidas como reclamos malintencionados. Advertimos como los
funcionarios se interesaban en resguardar al Presupuesto Participativo en su organizacin, sus
pautas de trabajo y sus reglas de debate: era la poltica la que atentaba contra la
participacin. Ello, en nombre de una idea de participacin ciudadana entendida como
soporte de la gestin, en la que se asignaba a los vecinos la funcin de proponer obras

22

concretas para realizar inversiones, que tampoco resulta desdeable. La pregunta final que
podemos hacernos, es si pueden concebirse otras formas de Presupuesto Participativo y de
dinmicas interactivas, y si existen otras prcticas que difieran del caso que presentamos, que
podran ser motivo de nuevas investigaciones.



23

Bibliografa
- Annunziata, Roco (2013): Decisin y deliberacin en las formas no electorales de
participacin en Argentina: el caso del presupuesto participativo, en Estudios
Polticos n 43, Instituto de Estudios Polticos, Universidad de Antioquia, pp. 115-
135.
- Avritzer, Leonardo (2010): Living under a democracy: participation and its impact
on the living conditions of the poor, en Latin American Research Review, vol. 45,
pp.166-185.
- Bachrach, Peter (1973): Crtica de la teora elitista de la democracia, Buenos Aires:
Amorrortu.
- Blondiaux, Loc (2008): Dmocratie dlibrative vs. dmocratie agonistique? Le
statut du conflit dans les thories et les pratiques de participation contemporaines, en
Raisons politiques, vol. 2 n 30, pp. 131-147.
- -------------------- (2013): El nue vo e spritu de la de mocracia. A ctualidad de l a
democracia participativa, Buenos Aires: Prometeo.
- Christel, Lucas y Wertheimer, Marina (2010): En vilo contra el Vial Costero.
Ponencia presentada en las II Jornadas Internacionales de Problemas
Latinoamericanos, Crdoba.
- Cohen, Joshua (2001): Democracia y libertad, en Elster, Jon (comp.) La
democracia deliberativa, Barcelona: Gedisa.
- ------------------ (2007): Deliberacin y legitimidad democrtica, en Melero, M.
(coord.) Democracia, d eliberacin y di ferencia, Madrid: Universidad Autnoma de
Madrid.
- Elster, Jon (2001): El mercado y el foro: tres formas de teora poltica, en Melero,
M. (coord.) Democracia, deliberacin y di ferencia, Madrid: Universidad Autnoma
de Madrid.
- Gargarella, Roberto (comp.) (2014): Por una j usticia di algica. El Poder J udicial
como promotor de la deliberacin democrtica, Buenos Aires: Siglo XXI.
- Goldfrank, Benjamin (2007): Lessons from Latin Americas experience with
Participatory Budgeting, en Shah, Anwar (ed.): Participatory bu dgeting,
Washington: The International Bank for Reconstruction and Development / The
World Bank.
- Habermas, Jrgen (2001): Facticidad y validez. Sobr e e l de recho y e l E stado
democrtico de derecho en trminos de teora del discurso, Madrid: Trotta.
- Kadlec, Alison y Friedman, Will (2007): Deliberative democracy and the problem of
power, en Journal of Public Deliberation, vol. 3, iss. 1, art.8.
- Knight, Jack y Johnson, James (1994): Aggregation and deliberation: on the
possibility of democratic legitimacy, en Political theory, vol. 22, n2, pp. 277-296.
- Lpez Accotto, Alejandro; Carmona, Rodrigo y Martnez, Carlos (2012): El
presupuesto participativo en el escenario argentino reciente: alcances y desafos en
trminos polticos, sociales e institucionales. Ponencia presentada en el XVII
Congreso Internacional del CLAD, Colombia.
- Macpherson, C.B. (1981): La de mocracia l iberal y s u poca, Madrid: Alianza
Editorial.
- Manin, Bernard (1987): On legitimacy and political deliberation, en Political
theory, vol. 15, n3, pp. 338-368.
- Martnez, Carlos y Arena, Emiliano (2013): Experiencias y bue nas p rcticas e n
Presupuesto P articipativo, Buenos Aires: Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia.

24

- Nardacchione, Gabriel (comp.) (2011) Todos juntos: dispositivos de participacin de
los gobiernos locales en la Argentina reciente, Buenos Aires: Prometeo.
- Pateman. Carole (1970): Participation and democratic theory, Cambridge: Cambridge
University Press.
- Pellizzoni, Luigi (2001): The myth of the best argument: power, deliberation and
reason, en British Journal of Sociology, vol. 52, n1, pp. 59-86.
- Rothschild, Jacob Edward (2014): Race, gender and deliberative democracy:
overcoming oppression through the theatre of the oppressed. Tesis de maestra
University of Southern Mississippi. Disponible en:
<[Link] >.
- Sanders, Lynn (1997): Against deliberation, en Political theory, vol. 25, n 3, pp.
347-376.
- Schneiderhan, Erik y Khan, Shamus (2008): Reasons and inclusion: the foundation
of deliberation, en Sociological theory, vol. 26, n 1, pp. 1-24.
- Sintomer, Yves; Herzberg, Carsten y Rcke, Anja (2008): Les budgets participatifs en
Europe. Des services publics au service du public, Paris: La Dcouverte, Recherches.
- Wampler, Brian (2007) A guide to Participatory Budgeting, en Shah, Anwar (ed.):
Participatory budgeting, Washington: The International Bank for Reconstruction and
Development / The World Bank.
- Urbinati, Nadia (2010): Unpolitical democracy, en Political theory vol. 38 n 1, pp.
65-92.
- Urfalino, Philippe (2013): Cerrar l a de liberacin: t eora de l a de cisin c olectiva,
Buenos Aires: Prometeo.
- Yack, Bernard (2006): Rhetoric and Public Reasoning: An Aristotelian
Understanding of Political Deliberation, en Political theory, vol. 34, n4, pp. 417-
438.
- Young, Iris Marion (2000): Inclusion and Democracy, New York: Oxford University
Press.


Intimidades del espacio pblico online.
Particularidades y dilemas
Brbara Zeifer

El espacio pblico es el mbito privilegiado para el desarrollo de la democracia, y cada
vez adquiere un rol ms fundamental. En las democracias contemporneas, la
legitimidad de los gobernantes no se conquista de una vez y para todas con la victoria
electoral, sino que es disputada permanentemente en el espacio pblico (Rosanvallon,
2007 y 2010), mbito de una ciudadana informada, activa y expectante (Rosanvallon,
2007; Manin 1998). All tambin, los principios sobre los que se construye la sociedad y
el sistema poltico sonpuestos en cuestionamiento y debate permanente (Lefort,1985).
Este espacio pblico ampliado adquiere adems un formato particular en la era de
Internet y las redes sociales, donde la deliberacin, la construccin del lazo
representativo y la participacin ciudadana se constituyen de maneras especficas. A su
vez, en esta nueva configuracin del espacio pblico, su frontera con el mbito privado,
y especialmente con el ntimo, se desdibuja y adquiere una connotacin diferente.
Este artculo, en principio, procurar definir la nocin de Espacio Pblico, y el lugar
que ocupa en las sociedades democrticas. Luego, caracterizar su rol en las
democracias contemporneas, y ms adelante intentar identificar las caractersticas que
adquiere en el mbito virtual de las redes sociales, y de qu formatos adquieren all la
deliberacin, la construccin del lazo representativo y la participacin ciudadana. A su
vez, se prestar especial atencin a la reconstruccin de la frontera entre el mbito
pblico y el privado a partir del auge de Internet y la Web 2.0. Por ltimo, se esbozarn
algunas conclusiones preliminares, y se plantearn los dilemas que esta nueva
configuracin puede acarrear, como futuras lneas de investigacin.
Qu es el espacio pblico?
Definir el objeto de estudio del presente artculo resulta complejo a simple vista. Los
dos trminos que conforman el concepto requieren de mayor clarificacin para su
aprehensin.
Espacio remite a un mbito con fronteras delimitadas, pero si en este caso no est
constituido territorialmente, es preciso indagar acerca de su composicin. La definicin


de lo pblico tambin suscita controversias debido a la gran variedad de acepciones con
las que es abordado por los autores. Nora Rabotnikof (2005) describe tres sentidos que
puede adquirir el binomio pblico privado. El primero equipara pblico a aquello
relativo al inters comn, lo que concierne a todos, y privado al inters individual. En
un segundo sentido, pblico refiere a aquello que es visible, mientras que lo privado es
lo secreto. Por ltimo, pblico puede significar aquello accesible para todos, mientras
que lo privado es restringido.
A continuacin se har referencia brevemente a las significaciones que otorgan tres
reconocidos pensadoresdel espacio pblico al concepto, a partir de las cuales se
concebir el mismo en este artculo.
JrgenHabermas(2005) lo describe como una estructura de comunicacin
intersubjetivamente compartida, constituida lingsticamente. sta se crea con las
relaciones interpersonales que los participantes entablan al interpretar y tomar postura
frente a las expresiones de los dems. Es una red para la comunicacin de contenidos y
la formacin de opiniones, que est siempre abierta, y sus fronteras son porosas. Lo que
demarca sus lmites es el tipo de accin generadora de este espacio social: la accin
comunicativa, que tiene como objetivo el entendimiento mutuo con pretensiones de
validez universal, y se compone de argumentos desinteresados e impersonales.
El espacio pblico poltico es para Habermas el mbito de la deliberacin, es decir del
intercambio puro de informacin y razones en busca de un acuerdo racionalmente
motivado, en el que gane el mejor argumento. sta debe ser abierta, es decir que no se
puede excluir a ninguna persona ni ningn tema.
Este espacio puede tomar diferentes formas, que el autor denomina niveles, de
acuerdo a su grado de abstraccin. El primero es el episdico, aquel que surge
espordicamente, por ejemplo, en una conversacin en un bar. El segundo se conforma
en asambleas, reuniones o conciertos, en los que los participantes se dividen entre
oradores y espectadores. El tercero es el nivel ms abstracto, el de los medios de
comunicacin, en el que las relaciones interpersonales no se desarrollan
presencialmente, sino que toman la forma de oradores y audiencia. As, a mayor
cantidad de participantes, mayor nivel de abstraccin, y mayor divisin de roles.


Para Habermas, el umbral entre la esfera privada y el espacio pblico no viene marcado
por un conjunto fijo de temas y de relaciones, sino por un cambio en las condiciones de
comunicacin. La estructura simblica antes descripta es pblica porque funciona como
una caja de r esonancia en la que las cuestiones que se inician en el mbito privado
cotidiano salen de su contenido biogrfico y son generalizadas, a travs de un cambio en
la lgica comunicativa, para ajustarse a la inteligibilidad general. Sin embargo, tambin
resalta como caracterstica imprescindible del espacio pblico la bsqueda del inters
comn por sobre el individual, la visibilidad y transparencia de sus procesos, y la
inclusividad de sus fronteras.
Para este autor, las cuestiones generalizadas y tematizadas en el espacio pblico generan
influencia en el sistema poltico, que es el encargado de la toma de decisiones
colectivas. Por ello, Habermas lo llama espacio pblico poltico, y su existencia y la
deliberacin ciudadana son fundamentales para el desarrollo de la democracia.
Otra reconocida terica del espacio pblico, Hannah Arendt, lo describe como el mundo
intersubjetivo que se forma cuando se renenlos hombres libres (Arendt, 1993). Es la
trama de los asuntos humanos, que preexiste y sobrevive a los hombres, que los une y
a la vez los separa, es decir que impide que se caigan unos sobre otros (Arendt, 2006).
Est compuesto por accin y discurso, que es lo que permite a los hombres revelar, ante
s mismos y ante los dems, quines son, ms all de qu son, por lo cual lo denomina
espacio de aparicin.
La publicidad de este espacio es explicada porArendt en oposicin a lo privado,
tomando como modelo a la polis griega de los siglos V y IV a.C. Entonces, el mbito
privado era el domstico, el oikos. En l primaba la desigualdad, la violencia, el
gobierno y la soberana. All los hombres realizaban la labor y el trabajo para saciar sus
necesidades biolgicas y materiales, pero estaban privados de la accin, y por lo tanto,
al no aparecer como quines sino solamente como qus, era como si no existieran en el
mundo comn.
Por el contrario, al espacio pblico la autora lo ubica en la polis, el mbito de la libertad,
donde solo podan acceder los hombres que se hubieran librado de sus necesidades
biolgicas. All regala igualdad, pero tena como condicin la pluralidad humana, y no
exista el gobierno ni la soberana.


Al igual queHabermas, Arendt considera a la deliberacin acerca de los asuntos
comunes, y el que todo se exprese por medio de palabras y de persuasin en lugar de
utilizando la fuerza y la violencia, como actividad caracterstica del espacio pblico. Sin
embargo, las actividades principales de este mbito, la accin y el discurso, a travs de
los cuales los hombres aparecen como quienes ante sus semejantes, y dejan su huella en
la historia, no se desarrollan bajo la forma de un debate racional de argumentos, sino
que son sucesos contingentes, espordicos y trascendentales, que implican el comienzo
de algo nuevo, semejante a un milagro.
Por lo tanto para Arendt el espacio pblico refiere principalmente a la acepcin de lo
pblico como lo visible y manifiesto, en trminos deRabotnikof, ya que su caracterstica
principal es la accin y el discurso, que implican la aparicin frente a la pluralidad de
hombres libres como un quin, a diferencia de la opacidad de la esfera privada. La
nocin de lo pblico como inters comn se encuentra presente, pero no es central, ya
que como se explic, la accin es contingente, no surge de una deliberacin racional. El
concepto de lo pblico como accesible a todos para Arendt tambin resulta
controversial, dado que el pasaje del oikos a la polis solo es posible al librarse de las
necesidades, lo cual implica que otros se hagan cargo de ellas, privndolos de su propia
libertad.
En la modernidad, para Arendt, con la emergencia de la s ociedad, el mbito privado
absorbi al espacio pblico, el oikos a la polis. La administracin domstica se
generaliz como inters comn y la sociedad entera es concebida como una gran
familia, por lo que la desigualdad, el gobierno, la soberana y la violencia son los
principios ordenadores de la comunidad. Las necesidades no pueden, ni pretenden, ser
superadas, por lo que los hombres se dedican a saciarlas mediante su labor y su trabajo.
La inauguracin de la esfera de la intimidad y el individualismo han reemplazado a la
esfera privada, y el espacio de libertad e igualdad donde los hombres aparecen a travs
de la accin y el discurso, y en el que se abren nuevos comienzos, est extinto. La
bsqueda de una normalizacin de la conducta humana excluye la posibilidad de una
accin espontnea y sobresaliente. Al ser la accin lo propiamente poltico, el espacio
pblico es condicin necesaria para la existencia de la poltica.


Por su parte, Claude Lefort, siguiendo la corriente arendtiana, aade otra caracterstica
al espacio pblico. Ubica su surgimiento en de la Declaracin de los Derechos del
Hombre en la Francia revolucionaria, acontecimiento en el que los hombres se
autoproclamaron como ltimos legitimadores del orden poltico, y por lo tanto se
instituy un espacio simblico, sin fronteras definidas, en el que se lleva adelante el
debate permanente acerca de lo legtimo y lo ilegtimo, caracterstico de la democracia,
sustrado a toda autoridad que pretenda regirlo y decidir acerca de lo que es pensable y
lo que no.
Este espacio pblico es poltico ya que es el garante de la legitimidad del rgimen
democrtico, en el cual la indeterminacin y la institucionalizacin del conflicto,
caractersticos del mismo, hacen del poder un lugar vaco. El mencionado debate sobre
lo legtimo y lo ilegtimo, sin trmino ni garante, se legitima con la existencia de un
espacio pblico.
Por lo tanto, en lo que los tres autores acuerdan, cada uno desde un punto de vista
diferente, es en la centralidad del espacio pblico para la democracia, o para la poltica
en trminos de Arendt. Para los tres, sta no se agota en la libre competencia electoral
por los cargos de gobierno, sino que va ms all de la representacin y de las
instituciones, y el espacio pblico es el mbito en el que los ciudadanos participan de la
construccin de su propia sociedad de maneras diversas, e influyen en el proceso de
toma de decisiones.
El espacio pblico en las democracias contemporneas
En la actualidad acudimos, para Pierre Rosanvallon, a un proceso de complicacin de
las democracias(2009), en el que el espacio pblico cobra cada vez mayor centralidad.
En la sociedad de l a de sconfianza(2007), la democracia electoral-representativa no
basta a los ciudadanos para garantizar la legitimidad del rgimen, y surgen nuevas
formas de participacin ciudadana, a travs de un ejercicio indirecto de la ciudadana,
no institucionalizado.
Los ciudadanos, segn el diagnstico de este autor, no delegan totalmente su soberana
a sus representantes, y la legitimidad electoral de estos ltimos no se deriva en la
totalidad de su mandato, por lo que debe ser renovada en cada decisin de gobierno. La


ciudadana permanece atenta al desarrollo de los acontecimientos polticos, y participa
activamente, ms all del momento de acudir a las urnas.
Rosanvallon denomina a este formato emergente contrademocracia(2007), y lo describe
como un sistema de poderes paralelo a las instituciones de la tradicional democracia
electoral-representativa, que est conformado por una ciudadana permanentemente
alerta. No es un sistema antidemocrtico, sino que por el contrario, complementa y
multiplica la participacin en los asuntos pblicos.
El autor describe tres tipos de poderes que componen la contrademocracia. Los
primeros son los poderes de c ontrol, que ponen a prueba la legitimidad de los
gobernantes a travs de la vigilancia de los actos de gobierno, la denuncia de la
reputacin de los representantes y la calificacin y evaluacin tcnica de sus decisiones.
Los segundos son los poderes de veto, por los que la ciudadana expresa directamente su
rechazo a las decisiones de gobierno con las que no acuerda, por ejemplo a travs de lo
que Isidoro Cheresky (2006) denomina estallidos c iudadanos, en los que sta se
muestra en el espacio pblico expresando su descontento. Los ltimos son los poderes
de juicio, por los cuales los ciudadanos recurren a las instancias judiciales para dirimir
cuestiones polticas cuya resolucin no confa a los poderes ejecutivo y legislativo,
producindose unajudicializacin de la poltica.
Por otra parte, Rosanvallon tambin describe, en un proceso de descentramiento de las
democracias(2010), tres nuevas formas de legitimidad democrtica, que complementan
a la vez que pierde centralidad la legitimidad electoral. La primera de ellas es la
legitimidad de i mparcialidad, es decir aquella de la que gozan las instituciones
independientes, autoridades no electas pero en las que los ciudadanos confan por
mantener igual distancia frente a todas las partes. La segunda es la legitimidad de
reflectividad, tpicamente encarnada por las instituciones que reflexionan acerca de los
problemas comunes intentando superar las visiones parciales manifestadas en los
procesos electorales, tales como las Cortes Constitucionales. Por ltimo, la legitimidad
de proximidades aquella que obtienen los representantes y sus decisiones al mostrarse
cercanos a los ciudadanos y sus preocupaciones, como hombres comunes que
escuchan, comprenden y se interesan por las particularidades de cada uno, generando
empata.


En este proceso de complicacin y descentramiento de las democracias, el espacio
pblico adquiere un rol fundamental como mbito en el que la ciudadana se informa,
toma postura y se expresa ejerciendo poderes de control, veto y judicializacin, al
tiempo que reclama imparcialidad, reflexividad y proximidad para la legitimidad de un
sistema, ms all de la regularidad procedimental.
Por su parte, Bernard Manin (1998)tambin considera al espacio pblico como central
en las democracias, y ubica a la libertad de opinin pblica como una de las garantas
democrticas en el gobierno representativo, que permite que las opiniones de los
ciudadanos lleguen a odos del gobierno, contrapartida de la independencia parcial que
poseen los gobernantes.
Adems, otro elemento democrtico de los gobiernos representativos es, para Manin, la
toma de decisiones mediante discusin, que implica la deliberacin a travs de
argumentacin y persuasin como medio para llegar a acuerdos.
En un recorrido histrico el autor identifica tres rganos deliberativos. En los albores
del gobierno representativo, era en el Parlamento donde los representantes, libres de
todo mandato, deliberaban. En el siglo XX, con el auge delos partidos de masas, en los
que los representantes estaban sujetos a una estricta disciplina partidaria, el mbito de
deliberacin se traslad haciaadentro de los partidos polticos, en los que se discuta
acerca de las prioridades dentro del programa poltico por el cual haban sido electos.
En la actualidad, o mejor dicho hacia fines de la dcada de los 90, cuando escribe
Manin,acudimos a una nueva mutacin del gobierno representativo, formato que el
autor llama democracia de audiencia.
En ella, los partidos pierden centralidad al no poder prometer un programa de gobierno,
dada la incertidumbre y la interdependencia del mundo actual. La poltica se
personaliza, y los lderes pasan a ser los organizadores del sistema representativo. stos
se postulan presentando una imagen difusa e imprecisa de s mismos y de sus ideas
polticas, y son elegidos por sus cualidades mediticas, y por su habilidad de mostrarse
prximos al electorado, como hombres comunes, generando una sensacin de auto
[Link] mismos gestan alianzas y coaliciones con otros lderes, y utilizan a
los partidos como redes electorales para organizar campaas y fiscalizar elecciones.


Por su parte, la ciudadana no adquiere una identificacin partidaria permanente, sino
que decide de acuerdo a lo que considera que est en juego en cada eleccin. Adems, el
voto adquiere una dimensin reactiva, debido a que pareceran ser los candidatos los
que elaboran las divisiones y los clivajes en la sociedad.
En este contexto, los rganos deliberativos son, para Manin, los medios de
comunicacin, en los que los representantes se muestran ante ciudadana devenida en
audiencia, debaten entre ellos y buscan persuadir mediante argumentos a los votantes
flotantes, aquellos ciudadanos sin identificacin partidaria permanente, pero
informadose interesados en las cuestiones de la poltica.
En este sentido, para Manin el espacio pblico tambin adquiere importancia creciente
en las democracias contemporneas, y se vuelve central para la deliberacin ciudadana
y tambin como herramienta del nuevo tipo de lazo representativo.
Isidoro Cheresky, al analizar particularmente las democracias en Amrica Latina,
tambin observa una ampliacin del espacio pblico, relacionado con la efectiva
mutacin de la representacin poltica. El nuevo formato emergente de liderazgos de
popularidad subordina a los partidos polticos entablando una relacin directa con la
opinin pblica, y basando su legitimidad en su imagen. Por su parte, la ciudadana,
cada vez ms autnoma y de expresin mltiple en el en el espacio pblico, se consolida
como la ltima garante de la legitimidad de sus representantes.
La ampliacin del espacio pblico en la era de Internet
Como se ha argumentado, en la actualidad el espacio pblico poltico se ha ampliado,
traspasando los lmites de sus mbitos y rganos tradicionales, tales como la prensa, los
partidos polticos y los medios masivos de comunicacin, y extendiendo sus fronteras a
espacios novedosos tales como Web 2.0 y las redes sociales. El tipo de participacin e
interaccin entre los usuarios, los contenidos abordados y el vnculo social que se
genera simblicamente permite hablar de un espacio pblico polticoonline, que
recupera las funciones caractersticas del mismo, pero posee ciertas especificidades.
Hacia un espacio pblico online
En la ltima dcada acudimos, de acuerdo a Ral Trejo Delarbre (2011), a un auge de la
Web 2.0, que tiene como particularidad dar a los usuarios la posibilidad tanto de


consumir como de producir contenidos, y as convertirse en participantes en lugar de
simples espectadores. En particular, lo que nos interesa aqu es el uso poltico que se
brinda a esta herramienta, que la convierte en un espacio pblico poltico, de
deliberacin, participacin ciudadana y construccin del lazo representativo. Esto, para
el citado autor mexicano, implica que la poltica ha dejado de ser patrimonio de los
polticos, ya que a travs de Internet los ciudadanos pueden opinar, polemizar e incluso
proponer ideas acerca de los asuntos pblicos. En este sentido,stos hacen poltica
cuando se ocupan de las cuestiones comunes, y en las redes sociales difunden
contenidos polticos, se informan, toman posicin y expresan su apoyo o rechazo al
quehacer poltico.
As, en principio, es posible argumentar que se amplia y facilita el acceso al espacio
pblico poltico. Para YaninaWelp (2009), las nuevas tecnologas de la informacin,
entre las que incluye a Internet, las redes sociales y los dispositivos mviles,
disminuyen los obstculos para ingresar a dicho espacio e influenciar a la opinin
pblica, dada la interactividad masiva que se genera. En palabras de Manuel Castells
(2012), la Web 2.0 inaugura la autocomunicacin de m asas, es decir que permite
procesar numerosos mensajes, que pueden llegar potencialmente a numerosos
receptores. Esto conforma redes horizontales de comunicacin interactiva, y
proporciona una plataforma tecnolgica para la construccin de un espacio de
autonoma, fuera del control de gobiernos y corporaciones, que tradicionalmente
monopolizaron los canales de comunicacin como cimiento de su poder. Tod Graham y
Tamara Witschge (2003) coinciden en que Internet ha sido un remedio para el espacio
pblico, que se encuentra en otros mbitos en un proceso de achicamiento de los
espacios discursivos, y en el que los medios estn cada vez ms monopolizados.
As, como describe Laurence Monnoyer Smith (2011), la poltica abandona
progresivamente las arenas tradicionales para investir a los espacios virtuales, donde el
discurso poltico puede tomar la forma de argumentos con diversos formatos
semiticos. Las ideas, las opiniones, la toma de posturas y todos los contenidos polticos
son, en este nuevo espacio pblico, transmitidos tanto por palabras como por imgenes,
fotografas, videos, canciones, o simplemente por el hecho de poner me gusta o
compartir en Facebook, o retwittear o poner favorito en Twitter.


De este modo acudimos a un espacio pblico ampliado, y con caractersticas novedosas.
Por un lado, la virtualizacin de l e spacio en palabras de Paula Sibilia (2008). Las
fronteras territoriales de este espacio pblico poltico no necesariamente coinciden con
las de la unidad poltica, sino que en la mayora de los casos ste es global y local a la
vez. Al ser abierto, no es necesaria ninguna credencial para participar de una discusin
poltica en las redes sociales, aunque las temticas muchas veces puedan ser locales. El
nico requisito parece ser el conocimiento del idioma y de los cdigos propios de dicho
espacio, adems de los conocimientos de informtica y el acceso material a Internet, lo
cual, por supuesto, dista mucho de ser universal.
Por otro lado, Sibilia resalta tambin, como parte de la virtualizacin de l e spacio
pblico, el desdoblamiento de la dimensin temporal. En ste prima la lgica de la
velocidad y de lo instantneo, al tiempo que se genera un archivo permanente que
permite acceder al historial de contenidos de manera sencilla y ordenada.
En este sentido, la virtualizacin de l espacio pbl ico acontece no solo en las
dimensiones territorial y temporal, sino tambin en una segunda acepcin de la palabra
virtual, en trminos de la potencialidad de dicho espacio, que parecera surgir cuando
los ciudadanos utilizan este mbito para expresarse acerca de los asuntos pblicos, y
disolverse en cuanto dejan de hacerlo, pero permaneciendo siempre abierto, latente y
disponible. Incluso para cada ciudadano en particular su participacin en dicho espacio
es virtual en este sentido, ya que puede conectarse y desconectarse libremente.
Sin embargo, por ser virtual no implica que sea efmero. La participacin ciudadana en
los foros, como ya se resalt, queda literalmente grabada en el historial del espacio
pblico virtual, y se necesitan costos procedimientos y el desarrollo de especialistas
para eliminar el archivo.
Adems, cuando est activo, las potencialidades de este espacio pblico online son muy
relevantes a nivel poltico, e incluso se vinculan y logran influir decisivamente en otras
instituciones y esferas polticas ms tradicionales. Tal como relata Castells en Redes de
Indignacin y E speranza, en Tnez y Egipto, por ejemplo, movimientos sociales
organizados por Internet lograron derrocar a dictaduras muy longevas. En Espaa
principalmente, pero tambin en otros pases occidentales altamente industrializados, se
conformaron importantes movimientos de protesta que utilizaron plataformas en


Internet para comunicarse, pero tambin como herramienta para organizarse de manera
asamblearia. Tambin en Estados Unidos en 2008 Barack Obama se sirvi de una
estrategia online para su campaa electoral que logr aumentar sus electores, y
activarlos para que multiplicaran su influencia en la web, tal como lo explica Diego
Beas en La Reinvencin de la Poltica(2011).
Como se argument anteriormente, el espacio pblico adquiere relevancia central para
las democracias contemporneas, en tanto que otorga legitimidad al rgimen por medio
de la deliberacin ciudadana acerca de los asuntos pblicos, participa en la
conformacin del vnculo representativo, y constituye el mbito en el que la ciudadana
participa activamente y ejerce sus poderes contrademocrticos. La forma en la que el
espacio pblico online antes descripto participa de estas funciones debe ser
profundizada.
La deliberacin en el espacio pblico online
La existencia de verdadera deliberacin en el espacio pblico poltico online puede ser
debatida. Atenindose a las definiciones de la deliberacin descriptas por los referentes
de la democracia deliberativa en la actualidad, lo que sucede en las redes sociales parece
no encajar.
Joshua Cohen (2000) y Habermas coinciden en que para que exista deliberacin deben
estar presentes cuatro elementos. El primero es la argumentacin bajo el formato de un
intercambio puro de informacin y razones. El segundo es que la deliberacin debe ser
pblica e inclusiva, es decir que no se debera excluir a nadie, ni a ningn tema. En
tercer lugar, no deben existir coacciones internas (que nadie se siente cohibido de
participar) ni externas (imposicin de autoridad o lmite de tiempo) al proceso. Por
ltimo, se debe deliberar con el objetivo de llegar a un acuerdo racionalmente motivado,
en el que triunfe el mejor argumento.
John Elster (2001)coincide en que la deliberacin debe consistir en una argumentacin
racional, desapasionada, desinteresada, imparcial e impersonal en la que los
participantes se encuentren todos en pie de igualdad y estn abiertos a dejarse
convencer.
Manin, por su parte, en el desarrollo de su modelo de debate contradictorio (2011)
destaca la importancia de tres componentes en un proceso deliberativo ideal: oradores a


favor y oradores en contra de la cuestin a tratar, utilizando argumentos racionales, y
una audiencia dispuesta a cambiar de opinin y a dejarse persuadir por el mejor
argumento.
A partir de estas definiciones, la discusin poltica que se suscita en el espacio pblico
online no parece encuadrar como deliberacin. Los comentarios de los ciudadanos en
los foros son, por lo general, expresiones subjetivas, que muchas veces dejan entrever
pasiones y sentimientos ms que argumentos racionales. Si bien todos los participantes
estn abiertos a cambiar de opinin y a ser persuadidos, ya que no se encuentran bajo
ninguna disciplina o mandato, con frecuencia el objetivo del debate no es arribar a un
acuerdo racionalmente motivado, sino que en muchos casos los ciudadanos participan
con el solo objetivo de hacerse presentes, de aparecer en la esfera pblica tomando
postura frente a los asuntos comunes, de dar a conocer sus ideas y de dejar su aporte en
la trama de los asuntos humanos, en palabras de Arendt.
Si bien s es un mbito de horizontalidad, dada la generalizacin del acceso al mismo,
no sera correcto afirmar que existe una verdadera igualdad, ya que, por ejemplo,
aquellos ciudadanos con mejores cualidades mediticas, o simplemente con ms tiempo
disponible, tienen mayores posibilidades de hacer or su voz y de influenciar a los
dems. Adems aquellos preeminentes en otras reas, ya sean reconocidos acadmicos,
funcionarios pblicos, periodistas o artistas, acarrean su popularidad al espacio pblico
virtual, y suelen tener, por ejemplo en Twitter, un nmero mucho mayor de
seguidores que los ciudadanos comunes. Por este motivo, tampoco se cumple la
condicin de ausencia e coacciones internas y externas. De por s, en dicha red social
existe una estricta limitacin al tamao de los mensajes que pueden ser compartidos:
140 caracteres.
Sin embargo, otra corriente de autores considera a la deliberacin de una manera ms
realista. PhillipeUrfalino (2013)critica a los autores antes mencionados, invocando que
sus condiciones son demasiado ideales, y que no se condicen con lo que sucede en la
realidad, ya que en todos los foros deliberativos hay desigualdades en las legitimidades
de la palabra. Para este autor, la deliberacin es una discusin en vistas a una decisin a
tomar colectivamente, cuya nica condicin necesaria es que todas las partes estn
dispuestas a cambiar de opinin.


Otros autores de esta segunda corriente, tales como Iris Marion Young (2001) y Bryan
Garsten (2009), conciben tambin la inclusin de las pasiones y de los puntos de vista
subjetivos en los procesos deliberativos, los que consideran parte inherente y
fundamental de la comunicacin.
Pero incluso en el marco de estas concepciones resulta al menos controversial incluir a
los debates polticos en las redes sociales como deliberativos, ya que, como ya se
argument, no cumplen tampoco con la nica condicin necesaria de Urfalino: estar
orientados a la toma de decisiones colectivas.
Sin embargo, algunos autores afirman que s es posible hablar de deliberacin en el
espacio pblico virtual, aunque quizs sea de otro tipo. Monnoyer Smith (2011)
afirma que la poltica es la actividad deliberativa en la escena pblica, y la deliberacin,
el proceso deconstruccin de razn y de comprensin mutua. De este modo, concibe
como parte de sta a la deliberacin cotidiana, que no tiene un fin ms que en s misma,
y no necesariamente est orientada a tomar una decisin poltica. El autor considera que
los espacios virtuales son el lugar privilegiado para el individualismo reflexivo, y que es
preciso redefinir la nocin misma de participacin poltica, y comprender al discurso
poltico desde una acepcin ampliada, como expresin de un juicio poltico,
cualesquiera que sean las arenas y los dispositivos tcnicos a travs de los cuales se
difunda.
Manuel Castells(2012) coincide en que las redes sociales digitales, al compartir
experiencias, tambin construyen proyectos y ofrecen la posibilidad de deliberar, tomar
decisiones conjuntas y coordinar acciones. El autor resalta el poder de las imgenes y de
otras formas de expresin, que pueden generar una verdadera reflexin interna.
De este modo, tomando a Lefort, es posible argir que existe deliberacin en el espacio
pblico virtual, quizs no en torno a la toma de decisiones especficas, pero s en el
sentido de un permanente debate acerca de lo legtimo y lo ilegtimo en las sociedades,
bajo la forma de tomas de posicin pblicas y permanentes acerca de los asuntos
comunes, y de un cuestionamiento activo a la autoridad, lo cual refirma y fortalece el
principio democrtico bsico para el autor, la indeterminacin.
La construccin del lazo representativo en el espacio pblico online


Como se expres anteriormente, el espacio pblico es cada vez ms vital para la
construccin y el sostenimiento del vnculo representativo, y, en palabras de Monnoyer-
Smith (2011), Internet y las redes sociales transforman la relacin entre representantes y
representados y renuevan las formas de mediacin poltica.
Por un lado, la posibilidad que adquieren los ciudadanos de expresarse, posicionarse,
proponer, debatir e influir directamente en las decisiones pblicas sin la necesidad de la
mediacin de partidos o lderes que expresen sus ideas por ellos, dada la generalizacin
del acceso al espacio pblico, genera una sensacin de autorepresentacin ciudadana, tal
como lo expresa Castells (2012). En este sentido, refuerza la desconfianza hacia los
representantes y ampla la brecha entre stos y los representados.
Por su parte, los polticos se adentran en las redes sociales y buscan posicionarse como
lderes en dicho espacio, proponiendo cuestiones para discutir, presentando informacin
confiable y buscando instalar, como explica Manin (1998), clivajes en la sociedad.
Adems, al ingresar al espacio virtual los polticos pretenden, para Trejo Delarbre
(2011), generar ms espacios de interlocucin directa con los ciudadanos, de modo de
mostrarse cercanos y atentos a sus necesidades.
Para ello deben utilizar el mismo lenguaje y los mismos cdigos, lo cual se presenta
como una informalizacin de la poltica. Adems, al ingresar a estos foros, deben
hacerlo desde una cuenta personal, y la tendencia parece ir en la direccin de que cuanto
ms los representantes demuestren que esa cuenta es propia, y expongan en ella su vida
privada, negando ser el producto de una estrategia de campaa, ms legitimidad darn
los ciudadanos a sus contenidos. Esta es una delas formas que adquiere en las redes
sociales la legitimidad de proximidad expuesta por Rosanvallon, y que contribuye a
acortar la brecha entre representantes y representados ya generar la sensacin de un
acercamiento al ideal de auto representacin.
Los polticos en el espacio pblico online tambin deben ingresar en la lgica
vertiginosa propia del mbito virtual, y responder instantneamente a situaciones
inmediatas, lo cual, para Welp (2012), brinda a los lderes una ventaja por sobre los
partidos, reforzando la tendencia ms general de personalizacin de la poltica y de la
progresiva desinstitucionalizacin de los partidos. Mientras estos ltimos, al ser rganos
colectivos deliberativos no tienen la capacidad de respuesta instantnea, los lderes


devienen expertos mediticos y adquieren, para dicha autora, un celebrity status. Uno
de los peligros de este proceso que Welp identifica es la oportunidad que brinda a
partidos radicales nuevos, que encuentran en Internet un espacio para crecer y
desparramar su ideologa.
La participacin ciudadana en el espacio pblico online
La participacin ciudadana en este nuevo espacio pblico es variada. Existen
plataformas especficamente diseadas para la misma, que permiten a los ciudadanos
proponer proyectos de ley, generar fcilmente peticiones y expresar su opinin acerca
de las propuestas de los representantes, entre otras actividades. Sin embargo, las redes
sociales, que resultan ser un mbito privilegiado para el ejercicio de una ciudadana
activa, y principalmente de los poderes contrademocrticos descriptos por Rosanvallon.
Por un lado, las redes sociales parecen ser una herramienta que utiliza la ciudadana
para ejercer su poder control sobre los gobernantes. En primer lugar, a travs de ellas se
informan acerca de los actos de gobierno y gestionan una vigilancia permanente de los
mismos. Ya sea mediante informacin proporcionada por los propios polticos, por
periodistas o por ciudadanos devenidos en cronistas improvisados, al ingresar a las
redes sociales, y en particular a Twitter, los ciudadanos se informan, desde puntos de
vista tan variados como lo deseen, ya que pueden decidir a quin seguir. En palabras
de Trejo Delarbre (2011), las utilizan como instrumentos de fiscalizacin de acciones y
decisiones polticas.
Para Welp (2008), esto constituye una e-democracia: el uso de medios electrnicos de
comunicacin que dan poder a los ciudadanos para controlar la responsabilidad de
legisladores y polticos sobre sus acciones en el mbito pblico. E implica, para la
autora, mayor transparencia, mejor calidad de las instancias de formacin de la opinin
pblica y ms participacin ciudadana en el proceso de toma de decisiones.
En segundo lugar, las redes sociales parecen ser un mbito muy prolfico para el
ejercicio de la segunda vertiente de los poderes de control, la denuncia de la reputacin
de los gobernantes. Al generalizarse el acceso al consumo y la produccin de
contenidos, aumentan las posibilidades para los ciudadanos de compartir imgenes,
videos o textos que comprometan la imagen de los gobernantes, que pueden


viralizarse rpidamente y tener efectos devastadores en la legitimidad de la
personalidad pblica en cuestin.
El espacio pblico online tambin parece favorecer el tercer tipo de poderes de control,
los de evaluacin tcnica de las decisiones de gobierno, ya que en el mismo hay siempre
activos y disponibles especialistas en todos los temas, encargados de calificar las
medidas y esclarecer a los dems ciudadanos acerca de lo ocurre, por ejemplo con la
economa o el medio ambiente.
La participacin ciudadana en las redes sociales a su vez parece ocurrir frecuentemente
en ejercicio del segundo tipo de contrapoder descripto por Rosanvallon, el poder de
veto. En el espacio pblico virtual, la ciudadana con frecuencia expresa su rechazo
hacia los actos de gobierno o gobernantes que no son de su agrado, y lo hace dada la
reduccin de costos que esto implica en comparacin con la asistencia a
manifestaciones, y el aumento de su efectividad, comparado con los sondeos de opinin.
A su vez, las redes sociales han demostrado ser herramientas invaluables para la
organizacin estallidos ciudadanos, que se conforman y convocan en el espacio pblico
virtual, pero gestan un hbrido entre ste y el espacio urbano en el que se hacen
presentes.
As, se destaca el componente de negatividad predominante en la participacin poltica
ciudadana en las redes sociales, pero, como seala Rosanvallon, no por ello anti
democrtico, sino profundamente democratizador.
La frontera entre el espacio pblico poltico y el mbito privado en la era de
Internet
Como se detall anteriormente, para Arendt el pasaje del oikos a la polis implicaba la
liberacin. Solamente estando librados de las necesidades biolgicas y materiales, los
hombres podan acceder al espacio pblico. La vida privada, relativa al trabajo, a la
familia y al hogar, deba ser dejada a un lado para acceder a la vida poltica, donde la
accin era posible.
Por su parte, Habermas considera al pasaje del mbito biogrfico al espacio pblico
como el cambio en condiciones de la comunicacin que implica la generalizacin de las
experiencias particulares.


En la actualidad, y particularmente en la experiencia de espacio pblico ampliado, la
frontera entre ambas esferas no parece ser tan discernible, y el pasaje de una a la otra
difcilmente identificable, o quizs inexistente por innecesario.
Ya lo haba adelantado Arendt, en la modernidad el surgimiento de la sociedad implic
el desdibujamiento de las fronteras entre lo pblico y lo privado. Sin embargo, el
proceso aqu descripto no implicara la desaparicin de la esfera pblica y su absorcin
por la privada, sino una compleja superposicin de ambas.
En el espacio pblico poltico online, los ciudadanos participan polticamente desde sus
hogares y oficinas, e incluso desde mbitos muy poco tradicionales y solemnes. Lo
hacen vestidos de gala, en pijama o en traje de bao. Participan en el espacio pblico
desde lo ms ntimo del espacio privado. Acudimos, para Monnoyer-Smith (2011), a un
agotamiento de la frontera entre espacios privados y pblicos, en el que se constituye,
para Dominique Cardon (2010), un claroscuro.
Las redes sociales, para Castells (2012), son espacios vivos que conectan todas las
dimensiones de la vida de la gente. Por ello, un usuario de Twitter, por ejemplo,
puedetwittear varios comentarios seguidos, uno en carcter de amigo, otro como
familiar, y un tercero ejerciendo su rol de ciudadano al posicionarse acerca de
cuestiones polticas. E incluso puede, con un mismo mensaje, tomar roles superpuestos,
sin cambiar en absoluto el registro lingstico. Es en este sentido que la frontera entre el
espacio pblico y el privado no solo se diluye sino que carece de sentido.
Es ms, todos los contenidos compartidos por los usuarios de las redes sociales, y
particularmente los polticos, para Sibilia (2008) son considerados autnticos y
verdaderos cuando se supone que son experiencias ntimas de un individuo real. Existe,
para esta autora, una fascinacin por la vida tal como es, un auge de la exhibicin de
la intimidad y de la espectacularizacin de la personalidad. Estos relatos de s
tienden a ser cada vez ms instantneos, presentes, breves y explcitos, y se difunde la
sensacin de que hay que escribir para ser. Y la empata se vuelve un elemento
primordial en la comunicacin de contenidos polticos. Para Castells (2012), una de las
explicaciones de la multiplicacin de la conformacin de movimientos sociales en las
redes sociales es el hecho de compartir indignacin y esperanza en el espacio pblico,
que puede producir sujetos polticos.


Esta nueva configuracin de la distribucin de las esferas pblica y privada de la vida
de los ciudadanos en el espacio pblico poltico online puede considerarse una
expresin propia del proceso ms general del auge de la proximidad en las democracias
contemporneas. ste, ampliamente estudiado por Roco Annunziata (2012), implica la
puesta en escena de lo privado y lo ntimo, de la empata y la compasin como
principales vectores de la identificacin poltica. Para dicha autora, la personalizacin
de la poltica, el debilitamiento de los partidos y el rol preponderante de los medios de
comunicacin dan lugar a un nuevo modelo de representacin de proximidad, basado
en el rechazo ciudadano a la clase poltica, vista como ajena a las realidades
cotidianas de la ciudadana. En este sentido, la identificacin entre representantes y
representados es anti-carismtica, ya que los lderes no buscan presentarse como
salvadores, sino como hombres comunes, con preocupaciones idnticas a las de los
ciudadanos y disponibles para escucharlos. Esto lo consiguen mediante la puesta en
visibilidad de lo ntimo, de su vida personal, de sus historias de vida, e incluso de sus
sufrimientos, poniendo a la compasin y a la empata como protagonistas del lazo
representativo.
Para Annunziata, este formato es caracterstico de los vnculos entre representantes y
representados, y no induce ninguna forma de identificacin entre los ciudadanos
mismos. A partir de la ampliacin del espacio pblico online, y del auge de los relatos
intimistas relativos a la poltica tambin entre los ciudadanos, dicha afirmacin podra
ser relativizada. El tipo de identificacin poltica que genera la interaccin online entre
los ciudadanos, si es que existe, es una de las lneas de investigacin pendientes
derivadas del presente anlisis.
Conclusiones preliminares, dilemas y futuras lneas de investigacin
De este modo, es posible concluir que, el espacio pblico es un mbito crucial en las
democracias, y su rol se ha expandido en la actualidad, en paralelo a la transformacin
del lazo representativo y la multiplicacin de la participacin ciudadana. Acudimos a un
espacio pblico ampliado, que cobra existencia en mbitos novedosos tales como
Internet, y en particular en las redes sociales. ste es esencialmente democrtico, debido
a que participa de principalmente de tres de los elementos constitutivos de todo espacio
pblico: la deliberacin, la construccin del vnculo entre representantes y


representados y la participacin ciudadana, principalmente ejerciendo poderes
contrademocrticos.
Sin embargo, a partir del anlisis precedente es posible a su vez plantear ciertos dilemas,
o peligros que pueden suscitarse. La deliberacin online, caracterizada por un debate sin
un fin ms que s mismo, es democrtica en tanto que permite la discusin ilimitada
acerca de lo legtimo y lo ilegtimo en la sociedad, pero puede ser tambin interpretada
como un elemento que separe en lugar de unir a la comunidad poltica, ya que en lugar
de la bsqueda de un acuerdo, se pretende el conflicto infinito.
La participacin del espacio pblico online en la construccin del vnculo
representativo, combinada con un proceso ms general de representacin de
proximidad, parece conducir a los ciudadanos hacia una sensacin de acercamiento al
ideal de auto representacin. Las oportunidades que brinda la tecnologa en este sentido
son insospechadas, y podran, en un futuro no muy lejano, desarrollarse dispositivos
para la efectiva auto representacin ciudadana a travs de Internet, quizs
transformando existencialmente los trminos de la representacin y la mediacin
poltica. Nuevamente, la unidad de la comunidad poltica podra peligrar, dada la
ausencia de instancias de generacin de un sentido y una pertenencia comn, roles que
actualmente encarna la representacin (Laclau, 2007).
Por ltimo, la participacin ciudadana online, en particular el ejercicio de los poderes
contrademocrticos en dicha esfera, al estar basada principalmente en expresiones de
rechazo y negatividad, puede, como seala Rosanvallon (2010), implicar el riesgo de la
impoltica, es decir la dificultad de la construccin de un mundo comn.
Por su parte, el debilitamiento de la frontera entre el espacio pblico y el privado, y la
superposicin de las esferas, no es necesariamente problemtico para la poltica en la
actualidad. Los ciudadanos y los representantes parecen haberse acomodado fcilmente
asta transformacin, al tiempo que hay indicios que indican que incluso es visto por
ellos como un progreso. El desafo de la interpretacin terica de dicho proceso queda
an pendiente de una mayor profundizacin.
Bibliografa:
Annunziata, Roco (2012a) La lgitimit de proximit et sesinstitution, Tesis doctoral,
cole des Hautes tudes en Sciences Sociales de Paris y Universidad de Buenos Aires:


Pars.
Annunziata, Roco (2012b) Hacia un nuevo modelo de lazo representativo? La
representacin de proximidad en las campaas electorales de 2009 y 2011 en
Argentina, en Cheresky y Anunziata (comps.) Sin programa, sin promesa. Liderazgos
y procesos electorales en Argentina, Buenos Aires: Prometeo.
Arendt, Hannah (1993) La condicin humana, Barcelona, Paids.
Arendt, Hannah (2006) Los orgenes del totalitarismo, Madrid, Alianza Editorial.
Beas, Diego (2011) La reinvencin de la poltica. Internet y la nueva esfera pblica,
Buenos Aires: Planeta.
Castells, Manuel (2012) .Redes de indignacin y esperanza, Madrid: Alianza Editorial.
Cardon, Dominique (2010) La dmocratie internet, Paris: Seuil.
Cheresky, Isidoro (2006) Elecciones en Amrica Latina: poder presidencial y liderazgo
poltico bajo la presin de la movilizacin de la opinin pblica y la ciudadana, Nueva
Sociedad nro. 206, noviembre-diciembre de 2006.
Cheresky. Isidoro (ed.) (2009a). Las urnas y la desconfianza ciudadana en la
democracia argentina. Rosario: Homo Sapiens Ediciones.
Cheresky, Isidoro (2012b): Mutacin democrtica: otra ciudadana, otras
representaciones en Cheresky (comp.): Qu democracia en Amrica Latina? , Buenos
Aires: CLACSO Prometeo.
Cohen, Joshua y Arato, Andrew (2000), Civil society and political theory.
Cambridge,Mass: The MIT Press.
Dacheux, ric
, Paris : CNRS ditions.
Elster, John(2001) La democracia deliberativa. Barcelona: Gedisa.
Garsten, Bryan (2009) Saving persuasin. A defenseodrethoric and judgement.
Cambridge, Harvard UniversityPress.
Graham, Todd y Witschge, Tamara (2003) Towards a new
methodforexaminingthequality of online discussions Comunications nro. 28.
Habermas, Jrgen (2005) Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado
democrtico d derecho en trminos de teora del discurso, Madrid: Trotta.
Laclau, Ernesto(2007) La razn populista, Buenos Aires, Fondo de cultura econmica.
Lefort, Claude (1985) El problema de la democracia, Revista Opciones, nro. 6 (mayo
- agosto), Santiago de Chile.
Lefort, Claude (1987) Los derechos humanos y el Estado de bienestar, Revista
Vuelta, nro. 12 (julio), Santiago de Chile.
Manin, Bernard (1998) Los principios del gobierno representativo. Madrid: Alianza
Editorial.
Manin, Bernard (2007) Publikumsdemokratierevisited.
NachwortzurdeutschenAusgabe , en Manin, B.: Kritik der repreentativenDemokratie,
Berlin: Mattes&Seitz.
Manin, Bernard (2011): Commentpromouvoir la dliberationdemocratique? Priorit du
dbatcontradictoire sur la discussion en RaisonsPolitiques No42, 2011 2012.
Monnoyer Smith, Lawrence
evolution des practiques politiques?, en Participations, No1.
, Tim (2004), Whatis Web 2.0, ponencia dictada en la 2.0 Web Conference, San
Francisco.
Redondo, Jos Antonio (2010) Socialnets. Barcelona: Pennsula.
Rosanvallon, Pierre (2008). La contrademocracia. La poltica en la era de la


desconfianza. Buenos Aires: Manantial.
Rosanvallon, Pierre (2010). La legitimidad democrtica imparcialidad, reflexividad,
proximidad. Buenos Aires: Manantial.
Rosanvallon, Pierre (2012). La sociedad de iguales. Buenos Aires: Manantial.
Rabotnikof, Nora (2005), En busca de un lugar comn. El espacio pblico en la teora
poltica contempornea, Mxico: Universidad Autnoma de Mxico.
Sibilia, Paula (2005) El hombre postorgnico, Buenos Aires: Fondo de Cultura
Econmica.
Sibilia, Paula (2008) La intimidad como espectculo, Buenos Aires: Fondo de Cultura
Econmica.
Trejo Delarbre, Raul(2011) Hacia una poltica 2.0? Nueva Sociedad nro. 235.
Urfalino, Phillipe (2003) Cerrar la deliberacin . Teora de la decisin colectiva, Buenos
Aires, Prometeo.
Welp, Yanina (2008) Amrica Latina en la era del gobierno electrnico Revista del
CLAD Reforma y Democracia No41.
Welp, Yanina y Wheatley, Jonathan (2009) Theeffect of ICTs and new media
onPoliticalPartySystems: more democracyor more populism? ECPR General
Conference, Postdam, 2009.
Welp, Y. y Wheatley, Jonathan (2012) The uses of digital media forcontentiouspolitics
in LatinAmerica, en Digital Media and PoliticalEngagementWorldwide. New York:
Cambridge UniversityPress.
Young, Iris Marion (2001) Activistchallengestodeliberativedemocracy,
PoliticalTheory, vol. 29, nro. 5, octubre de 2001.




1

Experiencias de la extranjera y el sufragio activo en Argentina: los
casos de la provincia de Buenos Aires y CABA en las elecciones
legislativas 2013
1



Berchi, Aixa (USAL/UNLP/Fundacin Democracia Sustentable)
aixaberchi@[Link]

Etchecoin Moro, Maricel (USAL/UNSAM/Fundacin Democracia Sustentable)
metchecoin@[Link]

Ferrero, Mara Cecilia (UBA/UNSAM/Fundacin Democracia Sustentable)
ferrerofrancia@[Link]



rea temtica: Organizaciones de la Sociedad Civil

Resumen (100 palabras)
Este trabajo tiene como objetivo informar acerca del desempeo electoral en mesas de
extranjeros en ocasin de las elecciones legislativas de 2013 en los distritos de
Provincia de Buenos Aires y la CABA, en aras de monitorear el efectivo cumplimiento
de las leyes que regulan este derecho, y las posibles consecuencias de los altos niveles
de abstencin registrados en ambas instancias. Asimismo, se hace un abordaje
retrospectivo del desempeo de este grupo en la ltima dcada, as como tambin se
impulsa el debate sobre las causas del fenmeno de abstencin electoral.

1
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso Internacional
sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones Internacionales de la
Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014.

2

Si la funcin electoral es
considerada como condicin
esencial de la vida del Estado,
lo nico consecuente es hacer
del sufragio un deber del
ciudadano.
(Kelsen, 1988).

I . I ntroduccin

Argentina se ha mostrado histricamente como pionera en la integracin de minoras al
derecho de emitir sufragio. En este sentido, la incorporacin de los ciudadanos
extranjeros en los cuerpos normativos de las distintas jurisdicciones del pas persigue el
mismo espritu, de modo que busca ampliarse los espacios de participacin ciudadana
de este grupo de habitantes que otrora fuese dejado al margen.
Mucho se ha avanzado en torno a la integracin poltica de las 215 millones de personas
que residen fuera de sus pases de origen: 115 pases o territorios permiten sufragar a
ciudadanos que viven fuera de sus fronteras (voto desde el exterior); y ms de 40 pases
o jurisdicciones subnacionales permiten que extranjeros residentes en sus territorios
voten en algn nivel de sus elecciones nacionales
2
.
En lo concerniente a Amrica, el sufragio transnacional ha sido contemplado en
diecisis de los veintin pases del continente. En nueve pases, lo conceden a
extranjeros de cualquier nacionalidad, y slo uno lo restringe a extranjeros de una
determinada nacionalidad (Brasil, a los portugueses); de estos diez, seis limitan a
elecciones subnacionales el sufragio de los extranjeros residentes, y cuatro lo permiten
en todas las elecciones; y en la mayor parte de los casos, se otorga a los extranjeros
residentes tanto el sufragio activo (votar) como pasivo (ser candidatos).
Cuadro n1: Voto de los extranjeros en Amrica Latina
Pas Voto de los extranjeros

Ao de aprobacin; detalles Alcance por tipo de eleccin
Argentina
Desde 1997, previa obtencin
de documento de identidad
argentino
Elecciones municipales y
algunas de gobernador
Bolivia 1994; no se implementa an Municipales
Brasil 2001; exclusivo para
ciudadanos portugueses con 3
aos de residencia
Nacionales
Chile 1989; 5 aos de residencia
Todas las elecciones y
consultas

2
Emmerich y Peraza Torres, 2011a; IDEA, 2008.

3

Colombia
Aprobado en 1991,
implementado en 2006; 5 aos
de residencia
Municipales, distritales y
consultas
Ecuador
Aprobado en 2008,
implementado en 2009; 5 aos
de residencia
Todas las elecciones
Honduras No establecido en la
Constitucin

Mxico
No establecido en la
Constitucin

Nicaragua No establecido en la
Constitucin

Panam
No establecido en la
Constitucin

Paraguay
Slo los extranjeros con
residencia definitiva
Municipales
Per Dos aos de residencia
Municipales (excepto en
municipios fronterizos)
Puerto Rico
No establecido en la
Constitucin

Repblica
Dominicana
No establecido en la
Constitucin

Uruguay 1917; 3 a 15 aos de residencia
Todas las elecciones y
consultas
Venezuela 1983. Desde 1999, 10 aos de
residencia
Estatales y municipales
Fuente: Emmerich y Peraza Torres (2011b).

Estos avances demuestran que el otorgamiento del derecho del voto a los extranjeros
expresa un abanico de nuevas conceptualizaciones
3
:
1. Es mucho ms que una extensin de derechos, es la incorporacin de un nuevo
demos.
2. No es un simple agregado de electores, es una redefinicin de la propia democracia.
3. No extiende derechos, identifica un demos y otorga autoritativamente derechos
polticos para ese demos. No son derechos reclamados, son derechos otorgados.
4. Las preferencias individuales, difciles de identificar en la democracia liberal, son
ahora preferencias constitutivas del demos extranjero. No son demandas sino factores
de identidad histricamente construidos.
Cuadro n2: Categoras habilitadas para el voto extranjero en las provincias del pas.
Provincia Gobernador
Legisladores
provinciales
Intendente y
concejales Otros
Buenos S S S S: Consejeros

3
Emmerich, Norberto. Nuevos e spacios de participacin p oltica: el vo to d e l os ext ranjeros en la
Argentina. Ms poder local, ISSN-e 2172-0223, N. 14, 2013 (Ejemplar dedicado a: Participacin poltica
y sociedad civil) , pgs. 28-29.

4

Aires escolares,
consulta popular,
convencional
constituyente
Ciudad de
Buenos Aires
S (denominado
Jefe de
Gobierno)
S
(denominados
Legisladores
porteos)
S
(denominados
Miembros
de las
Comunas)

Catamarca S
Chaco S
Chubut S
Crdoba S S S
Corrientes S
Entre Ros S
Formosa S
Jujuy S
La Pampa S S: jueces de paz
La Rioja S S S S: Diputados
constituyentes,
Consulta popular
Mendoza S
Misiones S
Neuqun S
Ro Negro S
Salta S
San Juan S
San Luis S
Santa Cruz S
Santa Fe S
Santiago del
Estero
S
Tierra del
Fuego
S
Tucumn S S S S:
Comisionados
comunales,
Convencionales
constituyentes
Fuente: Emmerich y Peraza Torres (2011b).
En consecuencia, es menester ahondar sobre cual es el efectivo rol del extranjero en la
construccin de ciudadana en nuestro pas, traducido en los dos aspectos principales de
la normativa: la capacidad de ocupar espacios de poder siendo candidatos, y su
afluencia a las instancias de votacin. El presente trabajo busca sistematizar datos en
relacin a este ultimo punto, focalizando el anlisis en la abstencin electoral como eje
de monitoreo de la efectividad de la normativa electoral y el alcance de las polticas
pblicas de integracin de la ciudadana extranjera al mundo de lo electoral. En

5

particular, los casos estudiados corresponden a la Ciudad Autnoma de Buenos Aires
(CABA) y la Provincia de Buenos Aires.
I I . El caso de la CABA
En CABA, la ley electoral habilita a votar a extranjeros que deseen voluntariamente
empadronarse, es decir, que el voto para ellos no es obligatorio, sino que adquiere tal
carcter una ve que el ciudadano formaliza su ingreso al padrn electoral. Desde ese
momento en adelante, el voto se vuelve obligatorio, aunque el ciudadano posee la
facultad de pedir la baja si as lo deseara.
Ante esta particularidad de la normativa, en ocasin de las elecciones legislativas 2013,
los empadronados eran 13.296. Se habilitaron 15 locales de votacin, una por comuna.
Totalizaron 35 mesas, en las que se registraron la emisin de 2764 votos (20,78%). Es
decir, hubo una abstencin del 79,21%. Son entonces 10.532 ciudadanos extranjeros
que han infringido la ley electoral de la ciudad.
En comparacin con los datos de 2011, la anterior instancia de votacin, los nmeros
marcan un retroceso del 45,07% en la participacin electoral. Mientras que en 2013 la
abstencin fue del 79,21%, en 2011 fue del 57% aproximadamente tanto en primera
vuelta como en el ballotage
4
.
Los resultados de las mesas de extranjeros arrojaron los siguientes resultados:
Grfico n 1: Resultados electorales en mesas de extranjeros, CABA (2013).

Fuente: Elaboracin propia en base a datos del Tribunal Supremo de Justicia de la CABA.
Cuadro n3: Resultados electorales en mesas de extranjeros, CABA (2013).

4
Votaron 5032 extranjeros en primera vuelta y 4997 en la segunda.
Partido Votos
FPV 1180
Pro 554

6






Fuente: Elaboracin propia en base a datos del Tribunal Supremo de Justicia de la CABA.

Cabe destacar que los extranjeros, adems, solo estn habilitados para sufragar en las
categoras de legislador porteo, comunero y jefe de gobierno. Por ende, en las
elecciones legislativas de 2013 solo pudieron participar en lo concerniente a la categora
local, dejando de lado los legisladores nacionales electos por esa jurisdiccion.
Ahora bien, en un anlisis promenorizado de cada comuna, los resultados fueron los
siguientes:
Cuadro n4: Resultados electorales en mesas de extranjeros, por comuna, CABA (2013).


Total
votos
FPV Pro UNEN
Confianza
Pblica
FIT Otros
Blanco,
nulos e
impugnados
Comuna 1 301 117 82 24 15 12 42 9
Comuna 2 123 31 21 39 10 6 12 4
Comuna 3 176 65 40 14 17 10 25 5
Comuna 4 245 119 44 18 8 11 41 4
Comuna 5 152 60 30 14 20 6 21 1
Comuna 6 104 36 20 14 15 5 14 0
Comuna 7 277 135 44 14 14 19 45 6
Comuna 8 641 337 88 45 8 27 117 19
Comuna 9 226 112 41 7 11 4 38 13
Comuna 10 102 38 23 9 18 1 9 4
Comuna 11 75 32 12 9 9 3 9 1
Comuna 12 59 13 17 10 7 2 9 1
Comuna 13 86 27 20 14 14 4 7 0
Comuna 14 101 25 36 8 12 4 12 4
Comuna 15 99 33 18 16 13 5 14 0
Total 2767 1180 536 255 191 119 415 71
Fuente: Elaboracin propia en base a datos del Tribunal Supremo de Justicia de la CABA.

De las 15 comunas de CABA, el FPV triunf en 12, PRO en 2 (nmeros 12 y 14), y
UNEN en la n2.
UNEN 237
Confianza Pblica 191
FIT 116
Otros 415
Blanco, nulos e
impugnados 71
Total 2764

7

En la participacin sobre el total de votantes, se observa una mayor afluencia de
ciudadana a ejercer su deber votar en las comunas 8, 7, 1, 4 y 9; mientras que las 13, 11
y 12 son las menos convocantes. Casi 1 de cada 4 extranjeros (23,17%) que fueron a
votar en las elecciones del 27 de Octubre de 2013 perteneca a la Comuna 8.
Cuadro n5: Participacin de votos por comuna sobre el total emitido, CABA (2013).

Total
votos
% sobre el
total
Comuna 12 59 2,13%
Comuna 11 75 2,71%
Comuna 13 86 3,11%
Comuna 15 99 3,58%
Comuna 14 101 3,65%
Comuna 10 102 3,69%
Comuna 6 104 3,76%
Comuna 2 123 4,45%
Comuna 5 152 5,49%
Comuna 3 176 6,36%
Comuna 9 226 8,17%
Comuna 4 245 8,85%
Comuna 7 277 10,01%
Comuna 1 301 10,88%
Comuna 8 641 23,17%
Total 2767 100,00%
Fuente: Elaboracin propia en base a datos del Tribunal Supremo de Justicia de la CABA.

Cabe destacarse que las Comunas 1, 7 y 8 son las que congregan la mayor proporcin
de poblacin extranjera, de acuerdo con datos del Censo 2010 provistos por el INDEC.
Cuadro n6: Poblacin extranjera por Comunas (2010).
Comuna
Total de
poblacin
Poblacin
extranjera
Proporcin
de la
comuna
Comuna 1 197.226 50.948 24,70%
Comuna 8 158.403 184.703 23,40%
Comuna 7 191.572 218.953 18,60%
Comuna 4 217.640 217.640 17,80%
Comuna 3 177.537 191.572 16,20%
Comuna 9 178.116 172.528 13,50%
Comuna 5 218.953 177.537 10,60%
Comuna 14 184.703 223.772 10,40%
Comuna 10 172.528 164.815 10,20%
Comuna 15 164.815 183.216 10,20%

8

Comuna 2 192.828 158.403 9,80%
Comuna 13 199.711 230.062 8,60%
Comuna 11 230.062 192.828 7,90%
Comuna 6 223.772 178.116 7,50%
Comuna 12 183.216 199.711 6,70%
Total 2.891.082 2.744.804
Fuente: Censo 2010, INDEC.
Sin embargo, es importante analizar qu proporcin de extranjeros de cada comuna
finalmente asistieron a votar. De acuerdo a los datos del Censo 2010, no obstante, se
desconoce qu cantidad de menores de 16 aos (que estn imposibilitados de
empadronarse en CABA y no seran sujeto de nuestro estudio) estn incluidos en el
total, con lo cual la proporcin de votantes de cada Comuna puede arrojar nmeros
sesgados. Haciendo esa salvedad, la Comuna 1 es la que muestra una mayor incidencia
de la participacin electoral entre la poblacin extranjera, con un 0,59% de ciudadanos
que han asistido a votar.
Cuadro n7: Efectiva participacin de votantes extranjeros en su poblacin, por comuna.
(2013)
Comuna
Poblacin
extranjera
Total
votos de
extranjeros
Proporcin de
votantes/poblacin extranjera
de la comuna
Comuna 1 50948 301 0,59%
Comuna 2 158403 123 0,08%
Comuna 3 191572 176 0,09%
Comuna 4 217640 245 0,11%
Comuna 5 177537 152 0,09%
Comuna 6 178116 104 0,06%
Comuna 7 218953 277 0,13%
Comuna 8 184703 641 0,35%
Comuna 9 172528 226 0,13%
Comuna 10 164815 102 0,06%
Comuna 11 192828 75 0,04%
Comuna 12 199711 59 0,03%
Comuna 13 230062 86 0,04%
Comuna 14 223772 101 0,05%
Comuna 15 183216 99 0,05%
*Nota: se desconoce cuantos ciudadanos extranjeros del total de
cada comuna son menores de 18 aos.
Fuente: Elaboracin propia en base a datos del Tribunal Supremo de Justicia de la CABA e
INDEC.

I I I . El caso de la Provincia de Buenos Aires

9

En 2009 se sancionaron modificaciones en la Ley Electoral Provincial, n 14.086.
Dentro de las novedades incluidas, se encuentra la obligatoriedad de emitir el sufragio
para los residentes extranjeros que tengan DNI con domicilio en la Provincia, a
diferencia de lo que ocurra con antelacin, cuando el voto era voluntario. Sin embargo,
la mencionada ley automatiza el proceso de empadronamiento, generando que ya el
componente personal en el deseo de figurar en los registros de ciudadanos habilitados
para emitir sufragio se vea suprimido, y que tenga carcter obligatorio.
En consecuencia, desde 2011 todo ciudadano extranjero mayor a 18 aos con DNI y
residencia mnima de 2 aos en la provincia, deba presentarse obligatoriamente en cada
eleccin a emitir su sufragio. En las elecciones ejecutivas del 23 de octubre de 2011 se
dio la primera experiencia; en dicha oportunidad, el padrn estuvo compuesto por
323.677 electores habilitados de los cuales 65.906 ejercieron la funcin del voto, esto
es, el 20,36%
5
.
Las elecciones legislativas de 2013 comprendieron la segunda instancia de puesta en
funcionamiento de la ley. La Honorable Junta Electoral ha puesto a disposicin
6
los
resultados en 120 municipios presentan resultados en mesas de extranjeros, de 135 en
toda la provincia
7
.
En total, 303.952 extranjeros estaban habilitados para votar
8
, de los cuales solo votaron
63.150. Esto da un ndice de abstencin electoral del 79,22%. Es decir, 240.802
extranjeros en la Provincia de Buenos Aires han infringido la Ley Electoral. En
comparacin a la experiencia registrada en la eleccin anterior, solo se dio un avance en
la participacin, del 0,5%.
En total se asignaron 876 mesas para extranjeros en todo el territorio bonaerense. Esto
da un promedio de 347 extranjeros por mesa.
Los municipios con mayor cantidad de extranjeros habilitados para votar son:
Cuadro n8: Municipios con mayor cantidad de extranjeros empadronados (2013).
Municipio Empadronados
Participacin
en el total
provincial
La Matanza 40729 13,41%
La Plata 24783 8,16%
Lomas de Zamora 18499 6,09%
Quilmes 14907 4,91%
Lans 14009 4,61%
Gral. San Martn 13513 4,45%
Tres de Febrero 12570 4,14%

5
Datos proporcionados por la Honorable Junta Electoral de la Provincia de Buenos Aires.
6
[Link]
7
Los 17 municipios que no presentan datos son: Carlos Tejedor, Florentino Ameghino, General Alvear,
General Guido, General La Madrid, General Lavalle, General Pinto, General Viamonte, Hipolito
Yrigoyen, Laprida, Pellegrini, Suipacha, Tapalque, Tordillo, Tres Lomas.
8
Esto equivale a poco ms de la poblacin del municipio de Esteban Echeverra (298.814 habitantes
segn Censo INDEC 2010).

10

Avellaneda 10886 3,58%
Gral. Pueyrredn 10217 3,36%
San Isidro 10159 3,34%
Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

As, los 10 municipios con mayor cantidad de extranjeros empadronados abarcan el
56% del total de extranjeros del total de la Provincia.
Cuadro n9: Municipios con mayores ndices de abstencin electoral (2013).
Municipio Empadronados Votos positivos Abstencin
Lans 14009 848 93,95%
Tres De Febrero 12570 973 92,26%
Morn 8657 749 91,35%
General San Martin 13513 1406 89,60%
Baha Blanca 4351 479 88,99%
Almirante Brown 8937 1002 88,79%
Quilmes 14907 1701 88,59%
Vicente Lpez 9276 1163 87,46%
Avellaneda 10886 1440 86,77%
General Pueyrredn 10217 1386 86,43%
Adolfo Alsina 44 6 86,36%
La Matanza 40729 5772 85,83%
Junn 387 58 85,01%
Lomas De Zamora 18499 2852 84,58%
Bragado 97 15 84,54%
Tigre 6304 1016 83,88%
San Nicols 770 127 83,51%
San Fernando 3920 679 82,68%
Hurlingham 4123 772 81,28%
Colon 53 10 81,13%
Pergamino 377 74 80,37%
Florencio Varela 6805 1347 80,21%
Esteban Echeverra 7857 1580 79,89%
San Pedro 143 29 79,72%
Berazategui 6209 1268 79,58%
Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

Los municipios de Lans, Morn y Tres de Febrero registran una ausencia en las urnas
superior al 90% de los ciudadanos habilitados para votar, mientras que 22 municipios se
encuentran por encima de la media de abstencin, que, tal como se ha mencionado
previamente, es de 79,22%.
Cuadro n10: Municipios con menores ndices de abstencin electoral (2013).

11

Municipio Empadronados
Votos
emitidos
Abstencin
Rauch 31 23 25,81%
Villa Gesell 1121 675 39,79%
Alberti 34 20 41,18%
Pila 31 18 41,94%
Pinamar 1723 986 42,77%
Cnel. Brandsen 264 149 43,56%
Presidente Pern 1518 844 44,40%
Bolvar 76 42 44,74%
Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

En los casos de Arrecifes y Trenque Lauquen, no se registraron votos positivos para la
categora de legislador provincial, y se contabiliz el total en votos blancos.
Por seccin electoral, el ndice de abstencin marc los siguientes registros:
Cuadro n11: Nivel de abstencin segn seccin electoral (2013).
Seccin Empadronados
Total
votos
emitidos
Promedio
abstencin
I 109544 22080 74,01%
II 3024 826 66,56%
III 137594 21466 69,76%
IV 1419 401 67,23%
V 18928 5243 56,85%
VI 7623 1660 65,71%
VII 1037 319 63,65%
VIII 24783 11155 54,99%
Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

Las I y III seccin electoral son las que muestran mayores ndices de abstencin,
mientras que la VIII es la que arroja un mayor desempeo de asistencia de extranjeros a
las urnas.
III. a) Resultados categora legislador provincial

A nivel provincial, los resultados de la votacin arrojaron los siguientes datos:
Cuadro n12: Resultados electorales en mesas de extranjeros en la categora de
legislador provincial. Total Provincia de Buenos Aires. (2013)

12

Legislador provincial
501 -
ULyT
503 -
FPV 504 - Frente Renovador
506 -
FIT
509 -
FPCyS Otros Blancos
2.199 28.777 19.998 1.977 3.646 574 5.979

Grfico n2: Resultados electorales en mesas de extranjeros en la categora de legislador
provincial (2013).

Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

Cuadro n13: Resultados electorales en mesas de extranjeros en la categora de
legislador provincial. Por seccin electoral. (2013)
Seccin
Total
votos
emitidos
Legislador provincial
501 -
ULyT
503 -
FPV
504 -
Frente
Renovador
506 -
FIT
509 -
FPCyS
Otros Blancos
I 22080 650 7533 10418 692 1011 0 1776
II 826 29 236 261 16 125 15 144
III 21466 583 11948 5637 743 931 79 1545
IV 401 27 146 95 5 60 0 68
V 5243 239 1819 1150 59 949 175 852
VI 1660 203 589 440 40 176 5 207
VII 319 15 90 128 6 54 0 26
VIII 11155 453 6416 1869 416 340 300 1361
Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

13


III. b) Resultados categora concejal y consejero escolar

A nivel provincial, la eleccin arroj los siguientes datos:
Cuadro n14: Resultados electorales en mesas de extranjeros en la categora de concejal
y consejero escolar. Total Provincia de Buenos Aires. (2013)
Concejales/Consejeros escolares
501 -
ULyT
503 -
FPV
504 - Frente
Renovador
506 -
FIT
509 -
FPCyS Otro Blanco
2.120 26.416 16.869 1.996 4.014 8.041 3.694
Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).
Grfico n3: Resultados electorales en mesas de extranjeros en la categora de concejal y
consejero escolar. Total Provincia de Buenos Aires. (2013)

Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

Por seccin electoral, los resultados fueron los siguientes:

Cuadro n15: Resultados electorales en mesas de extranjeros en la categora de concejal
y consejero escolar. Por seccin electoral. (2013)
Seccin
Total votos
emitidos
Concejales/Consejeros escolares
501 - 503 - 504 - Frente 506 - FIT 509 - Otro Blanco

14

ULyT FPV Renovador FPCyS
I 22080 691 6643 8254 727 1028 3358 1379
II 826 28 213 251 12 149 124 49
III 21466 578 11478 5216 753 960 1354 1127
IV 401 32 149 104 1 67 31 17
V 5243 209 1462 938 55 1209 1076 294
VI 1660 138 533 192 37 208 476 76
VII 319 12 85 99 6 69 26 22
VIII 11155 432 5853 1815 405 324 1596 730
Fuente: Elaboracin propia en base a datos provistos por la Honorable Junta Electoral de la
Provincia de Buenos Aires (2013).

El desempeo de las fuerzas polticas en ambas categoras indica que en la I, II y VII
seccin electoral, triunf el Frente Renovador, mientras que en las restantes, se impuso
el Frente para la Victoria. En tercer lugar en ambas categoras, se ubic el Frente
Progresista Cvico y Social.

I V. Conclusiones
Analizados ya los resultados correspondientes a las elecciones 2013, es harto notable el
alarmante ndice de abstencin en ambas jurisdicciones: 80% del padrn electoral de
extranjeros se mantiene al margen de las jornadas electorales y no se presenta a emitir
sufragio. 240.802 extranjeros en la Provincia de Buenos Aires han infringido la Ley
Electoral, mientras que en la CABA fueron 10.532 los ciudadanos extranjeros que se
han comportado de igual modo.
Es menester en este punto focalizar cual es la tendencia que el voto extranjero viene
arrastrando de elecciones anteriores, como para discernir si estas cifras son un
fenmeno nuevo o se corresponden con experiencias previas.
En el caso de la CABA, los resultados electorales disponibles desde 2000 indican que
ha habido un franco descenso de la asistencia a las urnas por parte de los extranjeros que
se han empadronado. El indicador de participacin electoral arroja que la afluencia de
ciudadana extranjera se ha reducido en un 66% en el perodo 2000-2013, lo cual indica
que hay una necesidad de dirigir polticas pblicas que impulsen la motivacin electoral
de este grupo minoritario. Asimismo, comparando 2013 con la anterior eleccin
ejecutiva de 2011, la reduccin de la poblacin votante fue de aproximadamente un
50%. La razn podra encontrarse en el incentivo que representa a la ciudadana
participar en elecciones ejecutivas, en comparacin con las elecciones legislativas,
mucho menos motivante en trminos de afluencia.

Cuadro n16: Resultados electorales en mesas de extranjeros en CABA. (2000-2013)
Ao Tipo de eleccin Registrados Votantes % participacin

15

2000 Ejecutiva 9.235 5.619 60,84%
2000 Legislativa 9.235 5.619 60,84%
2003 Legislativa 9.258 3.034 32,77%
2003 Ejecutiva 1 vuelta 9.258 3.034 32,77%
2003 Ejecutiva 2 vuelta 9.258 3.753 40,54%
2005 Legislativa 10.312 2.747 26,64%
2007 Legislativa 10.279 3.921 38,15%
2007 Ejecutiva 1 vuelta 10.279 3.921 38,15%
2007 Ejecutiva 2 vuelta 10.279 3.942 38,35%
2009 Legislativa 10.624 3.611 33,99%
2011 Ejecutiva 1 vuelta 11.807 5.032 42,62%
2011 Ejecutiva 2 vuelta 11.807 4.997 42,32%
2013 Legislativa 13.296 2.764 20,79%
Fuente: Elaboracin propia en base a datos del Tribunal Supremo de Justicia de la CABA y
Emmerich (2001a).
Grfico n4: Evolucin en la participacin electoral de extranjeros en CABA (2000-
2013).














Fuente: Elaboracin propia en base a datos del Tribunal Supremo de Justicia de la CABA y
Emmerich (2001a).
En lo que respecta a la Provincia de Buenos Aires, se evidencia un notorio crecimiento
en la participacin electoral de extranjeros, conforme sta se vuelve obligatoria. Desde
2003, se increment la afluencia en la emisin del sufragio en un 92%. Sin embargo,
-66%

16

como se ha visto, este incremento no representa masiva afluencia de ciudadana a las
urnas, sino que aun se mantiene una gran porcin de este grupo infringiendo la ley.
Cuadro n17: Resultados electorales en mesas de extranjeros en Provincia de Buenos
Aires. (2003-2013)
Ao Tipo de eleccin Registrados Votantes % participacin
2003 Ejecutiva 314.237 34.095 10,85%
2005 Legislativa 277.279 30.630 11,05%
2007 Ejecutiva 238.809 22.736 9,52%
2009 Legislativa 272.998 s/d* 10,00%
2011 Ejecutiva 323.677 65.906 20,36%
2013 Legislativa 303.952 63.150 20,78%
* Nota: en una publicacin periodstica se informa que la cantidad de votantes fue de alrededor del
10%, por lo que se decidi utilizar ese valor.
[Link]
Fuente: Elaboracin propia en base a datos de la Honorable Junta Electoral de la Provincia de
Buenos Aires y Emmerich (2001a).

Grfico n5: Evolucin en la participacin electoral de extranjeros en Provincia de
Buenos Aires (2003-2013).

Fuente: Elaboracin propia en base a datos de la Honorable Junta Electoral de la Provincia de
Buenos Aires y Emmerich (2001a).

Se debe analizar entonces qu es lo que impacta en la propensin a la abstencin
electoral, de modo que luego se diseen alternativas de accin que logren mitigar estos
efectos nocivos para la integracin poltica de los ciudadanos extranjeros. Diversos

17

autores mencionan los siguientes factores como los mayores implicados en la afectacin
de la motivacin a votar:
Disponibilidad de recursos: La motivacin poltica de cada individuo, el inters
que ste muestra por la poltica y los costes y beneficios que le reporta la accin
de votar vienen modificados, en primer lugar, por los recursos de que dispone.
Por recursos se entiende los elementos que caracterizan a los electores y que
estos emplean en el proceso de decisin y de participacin poltica:
conocimiento y educacin, medios materiales y tiempo. Dado que la decisin de
participar requiere una inversin de recursos, es decir, un cierto coste, se ha
tendido a concluir que aquellas personas con mayor tiempo, dinero e
informacin tienen una mayor propensin a participar. El coste relativo de votar
disminuye al tener ms recursos.
Movilizacin estratgica: examina los mtodos por los cuales las lites polticas
(candidatos, medios de comunicacin, organizaciones intermedias) buscan
concientizar a los electores sobre la necesidad e importancia de su participacin.
De acuerdo con esta explicacin, a mayor grado de movilizacin, los costos que
conlleva la recogida de informacin para tomar decisiones disminuyen.
Asimismo, los electores cuentan con la seguridad que otros electores
participarn en el proceso electoral y, al reforzar la eficacia ltima del voto de
los electores, esta seguridad incrementa los incentivos ligados al proceso de
participacin.
Papel que desempean las instituciones: determinan los contextos electorales en
que participan los electores. Al elevar considerablemente el coste de votar o
reducir los beneficios que cabe esperar del acto de votar, las instituciones y
reglas electorales afectan directamente la probabilidad de participacin de los
electores. Son varios los mecanismos institucionales barajados por la literatura.
Aquellos sistemas electorales que dificultan la representacin de minoras
polticas, mediante el establecimiento de barreras legales, la utilizacin de
circunscripciones de tamao reducido y la utilizacin de frmulas de asignacin
poco proporcionales, incrementan la abstencin.
En base a estas tres variables, podemos identificar claramente que la ciudadana
extranjera es un grupo que se encuentra visiblemente afectado por la carencia de
recursos (la gran mayora son inmigrantes que buscan un horizonte ms prspero que
las oportunidades que tenan en sus lugares de origen), son segregados de las
actividades proselitistas de los partidos polticos en campaa (principalmente, por
considerarse un numero reducido de electores); y, en el caso exclusivo de CABA, se ven
impactados negativamente en su motivacin a votar por una normativa que involucra un
procedimiento de empadronamiento voluntario que requiere esfuerzo en trminos de
tiempo y dinero (nuevamente, en un contexto de estrechez de recursos) y que, a su vez,
imposibilita el acceso de su gente a espacios de poder
9
.
Por otro lado, los resultados de 2013 tambin arrojan cuestionamientos sobre las
particularidades de la normativa electoral de cada una de las jurisdicciones, a saber:
1. Falta de di fusin sobre e l pr oceso e lectoral: el desconocimiento sobre el
mecanismo de ejercer el sufragio y lo concerniente a la obligatoriedad de este

9
Aplicando el derecho comparado, cabe destacar por ejemplo, la ley n 14.086 de Provincia de Buenos
Aires, que habilita a los extranjeros con una edad mnima de 15 aos a ser candidatos a concejales.

18

deber (en Provincia de Buenos Aires) desincentiva a la poblacin a acercarse a
las urnas. La complejidad del sistema electoral se incrementa con la adhesin de
nuevas modalidades e instancias (como por ejemplo, la incorporacin de las
PASO en ambos distritos y boleta nica en CABA), con lo cual la falta de
informacin es una debilidad para la garanta de asistencia en las elecciones.
2. Caractersticas r estrictivas de l pr oceso de e mpadronamiento: en aquellas
jurisdicciones en que el empadronamiento es voluntario, implica que el
ciudadano debe movilizarse hasta cierto punto de la administracin provincial
para completar el trmite, lo cual genera inversin de tiempo y dinero que, en
muchos casos, el ciudadano no dispone.
3. Imposibilidad de ejercer como s ujeto pas ivo en derecho electoral: esto es, ser
candidato a algn cargo electivo. El hecho de no poder acceder a lugares de
representacin aleja la funcin pblica del inters personal.
4. Limitacin a la participacin solo en categoras locales y provinciales: el hecho
de no poder participar en la eleccin de las autoridades nacionales (sean
ejecutivas o legislativas), puede ser factor de desinters en el deber votar.
En el caso particular de la Provincia de Buenos Aires, los puntos 2 y 3 han sido salvados
con la nueva normativa: el empadronamiento dej de ser voluntario para ser automtico,
y los ciudadanos extranjeros pueden ser candidatos a concejales al cumplir 25 aos de
edad y poseer residencia mnima de 5 aos en territorio bonaerense. Sin embargo, en
CABA el voto an se mantiene como voluntario, exigiendo al ciudadano una erogacin
de recursos individual para empadronarse. Asimismo, la normativa es restrictiva en su
posibilidad de ejercer algn cargo electivo, lo cual colabora con el desincentivo a
participar en las elecciones.
El punto 4, vinculado a la limitacin a participar solo en instancias locales y
provinciales (considerando en esta ltima tambin a lo concerniente a la CABA),
requiere especial atencin. La posibilidad de votar categoras nacionales no ha sido
incluida en ninguna jurisdiccin puesto que requiere una ley nacional que lo regule.
Existen varios proyectos de ley en estudio
10
, pendientes de alcanzar un tratamiento
legislativo definitorio.
Es entonces el factor de la difusin el que mayor impacto tendra en la abstencin
electoral de extranjeros. Se ha evidenciado una ausencia de instancias de capacitacin
en lo que respecta al procedimiento de votacin y las caractersticas del sistema
electoral de la CABA. Considerando las complejidades que reviste una eleccin con el
sistema de primarias y Boleta nica que se ha incorporado recientemente, y debido al
gran desconocimiento existente sobre todo el proceso electoral: fechas, cargos en juego,
obligaciones y derechos a la hora de sufragar, es menester impulsar polticas pblicas
que busquen zanjar esta brecha de modo que pueda verse reflejado en mejoras en los
ndices de participacin.

10
El de mayor publicidad ha sido el del Senador Anbal Fernndez, que aspiraba a ser aprobado al
momento del tratamiento del denominado Voto Joven, aunque finalmente se decidi posponerlo. El
proyecto de ley inclua un nuevo artculo al Cdigo Electoral (Ley n 19.945), en el cual se leera: Los
extranjeros admitidos en el pas como residentes permanentes gozarn de plenos derechos polticos a
partir de los VEINTICUATRO (24) meses de obtenida tal condicin.

19

En la Provincia de Buenos Aires, se inform mediante gacetilla
11
que la Direccin
provincial Electoral y la Direccin de Colectividades recorrieron municipios
promoviendo el voto de los extranjeros y explicando su metodologa con Jornadas de
Capacitacin Electoral. Segn la misma fuente, fueron aproximadamente 100 instancias
de capacitacin, con un alcance de ms de 10.000 ciudadanos extranjeros. Sin embargo,
no se dio a conocer cules fueron los puntos de dictado de las mencionadas jornadas, ni
en que fechas se han llevado adelante, con lo cual se desconoce el modo de difusin de
esta actividad en las comunidades objetivo.
Como manifiesta Moreira
12
, El sufragio transnacional implica una redefinicin de los
derechos pol ticos t radicionales e nmarcados de ntro de l os l mites de l Estado-nacin,
con el reconocimiento de los mismos a inmigrantes y emigrantes, y por tanto se vincula
con el desarrollo de la participacin poltica a travs de las fronteras.
Los resultados de las elecciones de 2013 demuestran que aun resta mucho por caminar
en la va de integrar a este grupo ciudadano. Es deber de los distintos responsables en
cada jurisdiccin planificar estratgicamente polticas pblicas que incrementen su
participacin dado que debe fortalecerse el vnculo entre ciudadana y residencia para
lograr una verdadera integracin cvica en pos del robustecimiento del sistema
democrtico.

11
[Link]
12
Moreira, Carlos: Sufragio Transnacional: la experiencia del voto de los extranjeros en Argentina,
Revista Encrucijada Americana Ao5 N2, publicado el 26 de marzo de 2013, versin digital ISSN 0718-
5766.

20

Referencias bibliogrficas
Bidart Campos, Germn. 2010. Manual de l a C onstitucin r eformada. Buenos
Aires: Editorial Ediar.
Dalla Via, A. R. Los derechos polticos y electorales: Tribunal Europeo y Corte
Interamericana de Derechos Humanos, publicado en La Ley, 25 de junio de 2012.
Delgadillo Ibarra, Jos. 2006. La participacin ciudadana en los procesos
electorales. Podium Notarial vol. 34: 235-248.
Emmerich, Norberto. 2011. Nuevos espacios de participacin poltica: el voto de los
extranjeros en la Argentina. Ms Poder Local vol. 14: 28-29.
Gelli, Mara Anglica. Constitucin de la Nacin Argentina comentada y concordada,
tomo II, cuarta edicin, Buenos Aires, La Ley, 2011.
Gil Domnguez, A. Derechos Fundamentales y Nacionalidad, publicado en La Ley,
27 de enero de 2011.
Greloni, Mara Jos. El voto extranjero en Argentino: El caso de la Ciudad de Buenos
Aires. 2012.
Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Estudios sobre la participacin poltica
de l a pobl acin af rodescendiente: l a experiencia en Colombia. San Jos, Costa Rica.
IIDH, 2007.
Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Un ac ercamiento a l a participacin
poltica desde la dimensin de la pobreza. San Jos, Costa Rica. IIDH, 2011.
Manin, Bernard. [Link] principios del gobierno representativo. Madrid: Alianza.
Martiren, Juan. Luis. 2010 Extranjeros y poder municipal en la campaa bonaerense.
Alcances e influencias en el control del poder municipal en la segunda mitad del siglo
XIX. Trabajos y Comunicaciones vol. 36: 71-91.
McAdam, Doug; McCarthy, John y Zald, Mayer. 2001. Movimientos Soc iales:
perspectivas comparadas. Madrid: Istmo.
Merino, Mauricio. La participacin ciudadana en la democracia. Mxico: Instituto
Federal Electoral.
Moreira, Carlos. 2013. Sufragio Transnacional: la experiencia del voto de los
extranjeros en Argentina Encrucijada Americana 5 (2): 67-86.
Moreno, G. R. Constitucin de la Provincia de Buenos Aires, Librera Editora
Platense, La Plata, 2011.
Przeworski, Adam. 1998. El Estado y el ciudadano. Poltica y Gobierno 5 (2): 341-
379

21

Przeworski, Adam. 1999. Democracia y Representacin. Reforma y Democracia 10:
7-32
Sartori, Giovanni. 1994. Ingeniera c onstitucional c omparada. Una i nvestigacin de
estructuras, incentivos y resultados. Mxico D.F: Fondo de Cultura Econmica.
Sartori, Giovanni. 1990. Teora de l a Democracia: e l de bate c ontemporneo. Buenos
Aires: Rei-Alianza.


Ttulo de la ponencia: Debates
sobre democracia, militancia y juventud.

Nombre y apellido del autor: Mara Susana Bonetto- Centro de Estudios Avanzados,
Universidad Nacional de Crdoba (msbonetto@[Link])

Mesa: Democracia pos liberal: Subjetividades emergentes y participacin poltica.

Coordinadora: Mara Susana Bonetto.

Resumen: En este trabajo se pretende una aproximacin al significado y ciertas
condiciones de posibilidad de una poltica democrtica movilizada y militante, luego
de la crisis del neoliberalismo en la regin y los cambios producidos que lo cuestionan.
Esta propuesta se constituye a partir de la revisin de algunas referencias tericas que
interpelan la universalizacin de la racionalidad liberal-republicana como el nico
canon democrtico. Por otra parte, plantea la posibilidad de analizar la democracia en
su anclaje poltico regional, agonista y contingente ya que habilita una mejor
comprensin de las nuevas construcciones democrticas latinoamericanas.


Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia
Poltica y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de
Rosario. Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014.














Desde principios de este siglo, asistimos en Latinoamrica a la emergencia de nuevos
gobiernos democrticos que ostentan considerable apoyo popular. Luego del fracaso
neoliberal, parecen superar la crisis de representacin y el desencanto de la poltica,
cuestionando la hegemona neoliberal y la resignacin de un orden inevitable. Es en este
contexto desde distintas perspectivas se suscite el interrogante: Hay un real
cuestionamiento de la hegemona neoliberal? Es decir, la irrupcin de nuevos
gobiernos democrticos permiti realmente la resignificacin de la poltica como
instrumento de transformacin social?
Frente a este interrogante, en el presente, entendemos que en los diferentes pases de la
regin se advierte que hay una reformulacin de la poltica como escenario legtimo de
representacin y transformacin de la sociedad.
Estos procesos emergentes que se presentan como alternativas a la gobernanza
neoliberal estn vinculados a lo que se denomina giro a la izquierda y producen
resistencias en parte de la sociedad, ya que el neoliberalismo sigue contando con apoyos
en sectores con poder econmico o influidos por el discurso meditico. Pero tambin
las transformaciones producidas y los proyectos alternativos propuestos generan
amplias adhesiones, signadas por la participacin movilizada de distintos colectivos.
En el caso argentino lo que se denomina la dcada Kirchnerista produjo mltiples
transformaciones de la poltica, constituyendo rupturas con el pasado y un proyecto
transformador que genera conflicto, en tanto pretende imaginar la construccin de
alternativas al neoliberalismo, sosteniendo una propuesta de ampliacin de derechos y
de equidad social. Se establece as una nueva agenda post-liberal que prioriza estos
objetivos, a partir de la valoracin del poder de decisin poltico, por sobre la sujecin a
la ortodoxia socioeconmica. Se ha producido, en este marco, una apertura de los
canales de participacin poltica y movilizacin social, distancindose de las prcticas
de desmovilizacin y reclusin individualista.
Coincidiendo con Forster (2013), estos gobiernos al intervenir en la construccin del
orden social rompen con la cmoda esttica del agotamiento de la poltica y su correlato
con el miedo a protagonizar la historia, produciendo inevitablemente cuestionamientos a
la normalidad del funcionamiento poltico neoliberal. Los mayores conflictos se
suscitan si se cuestiona aunque sea parcialmente el modelo de apropiacin de riqueza
del bloque econmico hegemnico. A eso se suma el temor y rechazo que los grupos
dominantes sienten frente a procesos de protagonismo popular, cuando el pueblo se
lanza a la escena pblica para reclamar ampliacin de derechos. Segn la propuesta
analtica de Forster (2013) estos intentos de transformacin se ven descalificados por
una derecha que mantiene sus objetivos neoliberales pero es lo bastante creativa para
adaptarse a los nuevos tiempos, resignificando memorias y gramticas democrticas. En
ese marco buscan apropiarse de tradiciones populares en nombre de un modelo
normativo de democracia que propone sustituir la soberana popular por un
republicanismo virtuoso, custodio de la institucionalidad existente como una
construccin inmodificable por la voluntad del pueblo. Se proclama as como autoritario
todo proyecto que invoque valores de emancipacin y equidad no autorizados por el
mercado.


Simultneamente en este contexto, se ha producido la irrupcin de una extensa
participacin en colectivos sociales antes apartados de la poltica, entre los cuales se
destaca la movilizacin militante de movimientos sociales y organizaciones polticas de
la juventud. Frente a este escenario, se manifiesta desde los grupos neoliberales una
dura crtica a la irrupcin en el espacio pblico de conflictos antes invisibilizados, que
esas movilizaciones ocasionan y una pretendida imposicin como contrapartida de una
idea de consenso, necesario supuesto de toda prctica democrtica, postulando la
ilegitimidad del inevitable conflicto constitutivo de lo social (Mouffe 2011), que se ve
potenciado en una sociedad desigual. Por ello, los gobiernos que intentan
transformaciones democrticas que de algn modo tratan de limitar la absoluta libertad
de mercado, recortando el poder de algunos intereses socioeconmicos, para promover
una mayor igualdad, son acusados de autoritarios.
Coincidiendo con Rancire, podemos sostener que una vez que se torn innecesario
para el occidente liberal el sentido que se atribuy al totalitarismo durante la guerra
fra, sus rasgos pudieron ser desarticulados y luego rehabilitados para designar
justamente su opuesto: la democracia, entendiendo como tal el momento en el cual
irrumpe la poltica-en escena. Es decir el momento de la poltica, pensada como el
desarmado de un estado de polica, cambiando las posiciones de los sujetos y otorgando
voz a aquellos que solo hacan ruido.
Para focalizar este anlisis en nuestro pas, recuperamos la memoria del pasado reciente
en tanto permite la comprensin de estos procesos. As, debe destacarse que en la
Argentina de la transicin, a los fines de afianzar la democracia, el inters central del
nuevo rgimen al poner el acento en la interpretacin de los efectos negativos de la
dictadura militar, consider preferentemente las consecuencias endgenas de sta,
sobre todo los efectos del autoritarismo militar, y se propusieron estrategias de tipo
institucional-procedimental para modificarla. Esto es as, en tanto subyaca el temor a
una involucin autoritaria, no solo militar, sino que tambin se incluy como tal al
populismo corporativo y a la izquierda militante. A ellos se opone la voluntad de
asegurar la democracia y el Estado de Derecho. En ese contexto, la democracia liberal
ocup as el centro de la atencin como concepto liminar opuesto al autoritarismo - en
cualquiera de las formas mencionadas- razn por la cual era la nica democracia
posible. Esto implicaba en lo que se refiere a la participacin poltica que su realizacin
se circunscriba a la ciudadana individual o a la tradicin liberal de movimientos u
organizaciones de la sociedad civil. As se produjo una importante transformacin del
sentido de la democracia, sobre todo en la tradicin popular de sta.
Teniendo en cuenta esa perspectiva instalada en la transicin, y analizando los cambios
sucedidos, que terminaron interpelando esas transformaciones como el canon de lo
nico posible, este trabajo pretende indagar el significado y ciertas condiciones de
posibilidad de una poltica democrtica movilizada y militante, que plantea un sentido
de la misma distancindose de las construcciones democrticas basadas en el ciudadano
individualista racional de la tradicin liberal, y de su ltima versin de ciudadano
consumidor alentada por el neoliberalismo. Tal distincin y la consideracin de posibles
alternativas, es relevante a los fines de discutir la legitimidad de la instauracin de otra
democracia en la regin, y en especial, el sentido de una democracia militante que
requiere de una participacin colectiva y movilizada como supuesto identitario
constitutivo de la poltica democrtica regional.
Una primera mirada sobre esta cuestin nos remite a discutir el planteo de posibles
tradiciones tericas y sus prcticas que sirven a su fundamento, las que indagamos no en


el marco de la democracia liberal sino en escenarios democrticos alternativos, como
los emergentes en Sudamrica.
Por ello, se hace presente que partimos de marcos analticos trabajados desde los
supuestos de las perspectivas de la descolonizacin y la interculturalidad. Para
sintetizar sus sentidos, citamos brevemente los supuestos expresados por Mignolo
(2003:15) el giro descolonial consiste en desprenderse del chaleco de fuerza de las
categoras de pensamiento que naturalizan la colonialidad del saber y del ser y los
justifican en la retrica de la Modernidad, el progreso y la gestin democrtica
imperial. Si no se superase ste estatuto del conocimiento, el mismo operara en la
teora poltica dando prioridad a los conceptos de democracia y libertad articulados en
la supuesta universalizacin de la racionalidad de la democracia liberal - capitalista
occidental.
Por el contrario, en este texto se propone una reflexin sobre las realidades regionales,
fuera de los marcos tericos generados por las Ciencias Sociales de la tradicin
cannica de la racionalidad universalista liberal, hegemnica en los estudios de la
democracia. Esta tentativa exige y/o supone la necesidad de deconstruccin de
arraigadas conceptualizaciones tradicionales, y la liberacin de estructuras cognitivas
sometidas a valorizaciones dominantes, y tambin de conductas intelectuales,
comportamientos acadmicos y tradiciones reiterativas de las dimensiones
eurocntricas. Slo a partir de ese esfuerzo es posible desmitificar la universalidad de
los valores que sustentan el canon hegemnico de la democracia liberal y analizar
crticamente la adecuacin de sus marcos analticos para dar cuenta de las democracias
del Sur.
1

A esos fines, realizaremos un recorrido terico heterogneo, a partir de una
recuperacin intencionalmente eclctica, cuestionable y polmica de algunas
dimensiones analticas que consideramos necesario incluir como instrumentos
explicativos para iniciar aproximaciones hacia la construccin de un modelo de
Democracia militante
Para ser consecuentes con esta propuesta, se recupera selectivamente algunos de los
ms destacados aportes de la teora democrtica del siglo XX, en Latinoamrica y en los
pases centrales. En este ltimo caso, se inicia el trayecto tomando algunos de los pocos
anlisis que se realizaron de su funcionamiento en escenarios perifricos, no sesgados
por una universalizacin eurocntrica.
Primera aproximacin: un antecedente relevante
Fue Macpherson, un liberal radical, quien plante ya en el ao 1966 que la democracia
no deba ser identificada nica y exclusivamente con la democracia occidental liberal
sino que existan otras variantes como la democracia comunista y la de los pases
subdesarrollados.
2
Esta ltima nos interesa particularmente, puesto que hace referencia
a los estados perifricos, en cuyo mismo escenario podemos analizar actualmente a los
pases de la regin, siendo que sus construcciones democrticas no se identifican con la
liberal ni la marxista. Por el contrario, parecen retrotraerse a la antigua nocin inaugural

1
Para una mayor explicacin de estas referencias Bonetto-Garay Recuperacin del pensamiento social
Latinoamericano en la construccin de una reflexin crtica Revista Estudios Diciembre del 2013 (en
prensa)
2
Macpherson C. (1966) La realidad Democrtica. Liberalismo .Socialismo .Tercer Mundo,Oxford
University Press.


de democracia que consista en el gobierno de y para el pueblo oprimido, en el marco de
la polis.
Desde esa perspectiva, la idea de democracia que surgi en estos pases en el curso de
sus luchas nacionales para liberarse del colonialismo y/o del imperialismo, se acerca a
aquella concepcin originaria, ms que cualquiera de las otras. Esto es as, en tanto en
estas democracias, su construccin no ha sido resignificada por el individualismo de
posesin del liberalismo, ni moldeada exactamente segn el patrn de clases del
marxismo. As, en su constitucin, se han rechazado y aceptado algunos elementos de
las dos. Rechazan, la tendencia individualista de la democracia liberal, ya que en alguna
medida, la igualdad dentro de la comunidad es tan o ms valorada que la libertad
individual. Por otra parte, en cuanto a sus prcticas, las circunstancias de las luchas por
su liberacin favorecieron la aparicin de partidos dominantes que representan a las
mayoras populares. As tambin, continuando con la lnea de pensamiento del autor, en
el escenario de estas democracias la conciencia poltica de las vanguardias se construye
de modo nacionalista, pero en el sentido defensivo de emancipacin, no de expansin,
y buscan representar la voluntad general, la cual pueden reclamar en muchos casos con
justificacin. En este sentido entiende Macpherson (1966) que a este experimento
democtico basado en la participacin popular llamarlo democrtico es poner el acento
en los objetivos. Es utilizar como criterio de la democracia el logro de fines que
comparte la gran masa del pueblo y que sta sita por delante de los objetivos
individuales. Esta es, desde luego, una visin coincidente con la nocin de democracia
preliberal o clsica. .. El formulador paradigmtico de esta doctrina democrtica ya en
la modernidad, fue Rousseau, y fuertes son los ecos de Rousseau que se encuentran
en muchas de las afirmaciones tericas de los dirigentes de pases subdesarrollados.
(Macpherson 1966: 44).
En definitiva, segn el juicio de Macpherson, la legitimidad de este tipo de democracia
rechaza algunas de las facetas ms caractersticas de la democracia liberal, tales como el
individualismo y la absolutizacin de instituciones y procedimientos liberales; tambin
rechaza del marxismo el dogma de la lucha de clases. Sin embargo, segn el autor, se
apoya, al igual que el modelo marxista, en el anlisis crtico del capitalismo, de la
alienacin humana y la deshumanizacin que este produce, proponiendo en lugar de la
superacin de clases, la idea de equidad social e igualdad. Por otra parte, no rechaza
totalmente la institucionalidad liberal, sino que la resignifica y excede sus estrechos
sentidos fijados en las construcciones originarias del primer mundo, en tanto no
centra su atencin en las instituciones y la participacin ciudadana individual, sino en la
movilizacin colectiva que legitima las acciones polticas transformadoras en el lugar
democrtico constitutivo de la soberana popular.
A pesar de las diferencias epocales que permiten entender algunas variaciones en los
trminos de la argumentacin, con respecto a los que predominan en los debates
actuales, (ya que las referencias de Macpherson se dirigen a las democracias populistas
de los aos cuarenta y cincuenta)
3
la descripcin de la democracia planteada, se
entiende como un antecedente analtico no eurecntrico de las democracias regionales,

3
El populismo seala una vertiente fundamental de la tradicin democrtica en la regin. Dicha
tradicin desarroll su identidad poltica, en gran parte en oposicin a los regmenes democrtico-
liberales que imperaron segn lo construyeron los rdenes oligrquicos . Liberalismo y democracia
estaban imbrincados en una relacin tensa y conflictiva en la regin. La imposicin del ideal democrtico
populista debe ser vista como un emergente de dicha peculiar dialctica entre liberalismo y
democracia y marxismo


al caracterizar la peculiaridad de sus rasgos particulares. Esta tradicin es recuperada
en las actuales teorizaciones sobre los gobiernos surgidos luego de las crisis
neoliberales en la regin a comienzos del nuevo siglo que introducen una propuesta
post-liberal de democracia.

Segunda aproximacin. La transicin y el neoliberalismo en Argentina: sus efectos
Estos nuevos gobiernos sustituyen a las democracias liberales emergentes en
Latinoamrica, en los inicios de la transicin, en un escenario en la cual, como ya se
explic anteriormente, las opciones regionales no se pensaban ya como en los setenta
entre capitalismo o socialismo, sino entre autoritarismo y democracia. En ese marco,
avalado por las transformaciones de gran parte de la intelectualidad regional y su nuevas
propuestas tericas, las perspectivas institucionalistas hegemnicas, se orientaron al
resguardo de los procedimientos y los marcos jurdico-institucionales del liberalismo, en
el contexto de construcciones sociales orientadas por el mercado. Se descuida as, la
reflexin crtica sobre ciertas dimensiones analticas presentes en los estudios de la
democracia liberal que entiende al Estado de Derecho como un instrumento neutral de
intercambios y reglas, sin anticipar los efectos econmicos de una neutralidad que no
pone lmites al funcionamiento del mercado. Esta perspectiva termina transformando la
democracia en una gestin jurdico institucional del mercado, en el cual la poltica es
un instrumento funcional a los intereses de ste.
La hegemona de estos marcos conceptuales, aunque comprensibles para reafirmar la
institucionalidad luego del terrorismo de Estado, produjeron finalmente un inquietante
vaciamiento de la poltica, as como pusieron en crisis las estructuras de representacin
de los intereses colectivos y de toda movilizacin popular. Coincidiendo con Castorina
(2007.57) La utopa de libre mercado ira ganando terreno sobre las utopas de la
igualdad social, sustituyendo democracia por liberalismo y ocultando o diluyendo la
profunda interconexin entre liberalismo econmico y autoritarismo.
Se construye un escenario en el cual ya a fines de los 80 y en los 90, coincidiendo con
las formulaciones de Greppi (2006), el ala ms conservadora del liberalismo finalmente
se atrinchera en una concepcin estrictamente jurdica de la democracia. Esta reduccin
se vio avala en la regin por la influencia de autores neoliberales como Nozick que
piensan que la supervivencia de la libertad, en trminos liberales, depende de la
capacidad del sistema poltico de hacer valer una estructura jurdico-institucional de
defensa de los derechos individuales, capaz de filtrar las demandas populares y
contener la presin de las mayoras que puedan afectar esos derechos.
En este contexto, incluso constitucionalistas liberales en la regin consideran legtimo y
justificado sostener la tesis de que el establecimiento de mecanismos contra
mayoritarios, orientados a la garanta de los derechos ya plasmados
constitucionalmente, sin posibilidad de ampliacin de los mismos, no lesiona ni debilita,
sino que refuerza la democracia.
Por ello en Argentina, la recuperacin de los ideales de emancipacin e igualdad,
formulados en clave revolucionaria en los 70, no podan ser aplicados a la construccin
democrtica, en tanto se consideraban tradiciones autoritarias sepultadas que no
contaban para esta nueva instancia. A esto se debe que quedaron invisibilizados en los
80 y 90, pero fueron recuperados por el Kirchnerismo, en una interpretacin superadora
y performativa entre la ruptura necesaria para cualquier transformacin y la estabilidad


necesaria para el sostenimiento de cualquier orden, en un escenario signado ya por
formas democrticas.
Frente a un discurso de este tipo potencialmente emancipatorio, se advierte como
actualmente en la regin, ciertas perspectivas polticas liberal-republicanas, muy
expandidas por los medios de comunicacin, recuperan elementos del significado
puramente liberal-institucional de la democracia para descalificar activas formas
colectivas de movilizacin y participacin que pretenden, en nombre de la soberana
popular, transformar los marcos institucionales de esa democracia legal-liberal, en tanto
son vistas como amenazantes.
Pero, la adhesin regional de este pensamiento, tiene como efecto que el postulado
consenso implica renunciar a la mayor parte de las decisiones cruciales sobre
cuestiones socio-econmicas, las que deben ser eliminadas del terreno poltico. Por eso
se explica la apelacin al creciente rol del poder judicial como el mbito en el cual los
conflictos de este tipo pueden encontrar su forma tcnica de resolucin. En la misma
lnea, la concepcin liberal tambin pierde de vista el rol simblico fundamental
desempeado por la conviccin democrtica de la soberana popular. Esto se evidencia
en el dficit democrtico de esta propuesta, en tanto se advierte que ya no queda
ninguna posibilidad real para una participacin significativa en cuestiones polticas
importantes.

Tercera aproximacin: inerradicabilidad del conflicto y modelo adversarial
Segn los marcos analticos de Mouffe (2009), los trminos claves del discurso
neoliberal ya mencionado al final de la anterior aproximacin, son buena gobernanza
frente a democracia partisana. Por ello, su propuesta de democracia conflictual-
adversarial, que surge como constitutivo de la poltica y de la necesidad de producir
transformaciones al orden existente, es considerada como algo que debe evitarse y en su
lugar se recomienda una democracia consensual completamente despolitizada en
tanto conserva el status quo. Esto es as porque existe una negacin del conflicto
como constitutivo de la realidad social y poltica, y como tal, si damos cuenta de esta
ontologa en nuestro actuar democrtico las posibilidades de transformacin del orden
social son amplsimas en cuanto a la superacin del nico orden racional
universalmente posible.
Sin embargo, se advierte que el modelo adversarial de democracia (Mouffe 2009)
permite una ms adecuada interpretacin de los procesos polticos regionales, en tanto
propone el conflicto como constitutivo de toda relacin poltica, acepta su
inerradicabilidad y entiende que solo es posible de encauzar el antagonismo en
agonismo gracias al establecimiento de instituciones y prcticas que permiten
domesticar sin violencia el conflicto.
As, es claro que lo que est en juego en la lucha agonista es la configuracin misma de
las relaciones de poder que estructuran una sociedad. Por ello, es una lucha entre
proyectos hegemnicos, que nunca pueden reconciliarse de un modo racional, pero que
se desarrollan bajo condiciones reguladas por un conjunto de procedimientos
democrticos aceptados por los adversarios. Cabe destacar que todos los discursos y las
polticas adoptadas por los gobiernos de izquierda en Latinoamrica reflejan esta
situacin, rechazan el pretendido consenso liberal lo que les permite compartir un
fuerte rechazo al neoliberalismo. La ruptura no slo tiene un sentido econmico sino


tambin poltico, implica romper con el orden anterior (Panizza 2008), y aqu radica la
definicin del adversario poltico.
Luego de la crisis del neoliberalismo en la regin, que hizo estallar la viabilidad de una
democracia consensual de gestin del mercado, se advierte que las actuales
alternativas transformadoras de lo inevitable profundizan la radicalizacin de la
democracia, la participacin colectiva e intercultural a partir de la militancia y la
movilizacin. Por otra parte, la movilizacin requiere de politizacin, la cual no puede
existir sin la produccin de una representacin conflictiva del mundo que incluya
campos opuestos que permiten una identificacin colectiva entre excluyentes y
excludos.
Estas identidades colectivas y su lucha por superar la exclusin habilitan que las
pasiones se movilicen polticamente dentro del espectro de procesos democrticos. Esa
diversidad de identidades permite comprender la democracia como espacio de
reconocimiento de diversas alternativas posibles, que proporcionan formas polticas de
identificacin colectiva en torno a posturas democrticas claramente diferenciadas.
El consenso slo se requiere respecto a las instituciones democrticas, aunque siempre
se puede polemizar sobre su valores fundantes, porque estas no son neutras, es decir,
tienen fundamentos ideologico-polticos y no son solamente marcos institucionales. Por
consiguiente, es claro que siempre existir tambin desacuerdo en lo referente a sus
sentidos y al modo en que deberan ser implementados. Y en una democracia pluralista
esos desacuerdos no slo son legtimos, sino tambin necesarios.
Por ello no se puede ignorar, en la regin, la dimensin antagnica de lo poltico y
pensar que la poltica pueda reducirse a un conjunto de procedimientos tcnicos y
neutrales ya que esta formulacin sostiene implcitamente que la democracia liberal es
la nica solucin racional universalmente aceptable para organizar la convivencia
social.

Cuarta aproximacin: Democracia y Populismo
En ese contexto, se ha acusado a estos gobiernos de izquierda latinoamericanos de
populistas. Es imposible agotar el debate sobre el populismo en este anlisis que slo
lo referencia en relacin con el antagonismo y la construccin dicotmica de la
sociedad, ya que su discusin requerira un trabajo completo para dar cuenta de su
sentido y la fundamentacin del mismo.
Por ello slo presentamos una apretada sntesis de referencias tericas pertinentes que
permiten una mirada regional, habilitante de una articulacin positiva entre democracia
y populismo, cuestin que nos interesa presentar en este trabajo. As en cuanto al tema
que nos ocupa, es posible pensar con Panizza (2008) que la democracia es un
significante sumamente complejo que articula un gran nmero de lgicas y tradiciones
con una tensin inestable entre s. La relacin entre populismo y democracia est
condicionada por la relacin del populismo con otras lgicas que tambin son parte de
la democracia. Tanto la tradicin liberal-republicana, como la tradicin de los
movimientos de base, son constitutivas del imaginario democrtico, y cruciales para
hacer al populismo compatible con la democracia. En la medida que la lgica del
populismo se mantenga en contrapeso con la lgica liberal-republicana y la lgica de los
movimientos de base, y articule de manera adecuada esta tensin, el populismo se
transforma en una fuerza democratizante.


As, una de las interpretaciones posibles de la relacin entre populismo y democracia,
est vinculada a una comn invocacin a la soberana popular. En ese marco, el primero
permite el trnsito del lugar puramente institucional del rgimen poltico al efectivo
cumplimiento en proporciones importantes de esta relevante simbologa democrtica
de la poltica moderna. Por ello, coincidiendo con el pensamiento de Arditi (2009)
puede interpretarse que el populismo establece el suplemento participativo a los
procedimientos institucionales, y libera la energa del pueblo; por eso la movilizacin
populista y la militancia no son anomalas d la democracia, sino ms bien un elemento
paradgico, capaz de perturbar pero tambin de transformar y renovar las instituciones,
segn nuevos contextos histrico-sociales.
En este marco, el populismo, permite cuestionar el encierro de la democracia en su
formato liberal de representacin territorial y ciudadana electoral. Por otra parte en la
medida que se impulsa a las mayoras, para asegurarse de que estas no sean ignoradas,
el populismo es profundamente compatible con la democracia (Worsley, citado por
Arditi 2009)
En definitiva, no debemos olvidar que la construccin del populismo como lo
horroroso de la democracia es planteado por los tericos del liberal-capitalismo, lo
que hace interesante interrogarse una vez ms por el anlisis del populismo como lo
hace Laclau, quien toma este concepto bastardeado, y lo re-analiza, con profunda
erudicin acadmica que permite otra lectura del tema..
4
Siendo los ltimos debates del
terico argentino la compleja relacin entre populismo e institucionalismo, demostrando
que ambos registros son constitutivos de la poltica, teniendo que articularse de manera
adecuada la tensin entre ambos.
Quinta aproximacin: democracia regional, igualdad y participacin
Continuando con la demarcacin de caractersticas propias de la democracia
latinoamericana corresponde destacar otros aspectos peculiares de su construccin
popular. En este marco regional resulta relevante y muy pertinente, recuperar una muy
interesante interpretacin de la democracia realizada por Luis Tapia (2009) quien
sostiene que la nocin de democracia se ha modificado a travs de las distintas pocas,
de las sociedades y los pases, en tanto entiende que la vida poltica tiene que ser
pensada en su historicidad y en esta condicin se requiere ir modificando el modo de
conceptualizacin
Ese marco, nos habilita a reflexionar que para articular propuestas democrticas,
propias de la regin, es necesario una revisin de la estructura conceptual de las
definiciones de democracia instauradas hegemnicamente desde el pensamiento
norteamericano, en tanto sirven como discurso de legitimacin de un solo tipo de
democracia: la liberal. En particular, se destaca la relevancia de este ejercicio de
reflexin regional en el perodo que abarca desde las transiciones democrticas
regionales de fines del siglo pasado, a los nuevos gobiernos instaurados a comienzos
del presente siglo. Esto es as en cuanto Tapia (2009) da cuenta con gran solvencia
argumentativa cmo en las mayoras de las transiciones si bien se restituyeron los
derechos polticos que permitieron la renovacin de los regmenes polticos y la
seleccin de los nuevos gobernantes, estas transiciones liberales acompaadas de
procesos de privatizacin y creciente control trasnacional de las economas nacionales,
han producido resultados que tienen como efecto una mayor desigualdad en cada uno de
los pases y en toda la regin. En definitiva, siguiendo a Tapia estas transiciones

4
Ver Laclau Ernesto La razn populista


tuvieron como resultado en el conjunto del continente la desarticulacin de la
soberana poltica o de las condiciones materiales que la soportaban, o hacan posible ,
el grado y el tipo de soberana poltica que se ejercan en los distintos pases como
producto de los procesos de construccin de estado-nacin y, en algunos lugares, de
construccin de instituciones democratizantes del estado Esto ha tenido consecuencias
negativas ya que reducen las posibilidades de autogobierno y como consecuencia
tambin reducen la posibilidad de polticas tendientes a la igualdad.
Por ello, para revertir estos efectos se requiere hacer una revisin de la estructura
conceptual de las democracias instaladas en la transicin
Esto es as porque, siguiendo las teoras liberal-poliarquicas, en especial la
propuesta de Dahl, definen la democracia como un mtodo de seleccin de gobernantes
y un conjunto de instituciones jurdicas que constituyen las condiciones de posibilidad
de la misma. As se explica la democracia slo por una parte de la misma, por su
mtodo y sus condiciones de posibilidad, quedando sin teorizar el proceso de gobierno,
-en el caso de la democracia es el autogobierno con todas sus implicancias
transformadoras - que slo en algunos casos se referencia en la democracia liberal y de
una manera dbil, slo por representacin.
Sin embargo, coincidiendo con el autor este es definitorio de la democracia, de
all la importancia de la participacin. Y en la reconceptualizacin de la misma, es un
rasgo que debe ser acompaado por otro con el que constituiran el ncleo central de la
definicin de la democracia: la igualdad. Esta tampoco forma parte del ncleo central de
la democracia liberal, salvo en su versin ms dbil que es la igualdad de derechos para
participar de la seleccin de representantes. As una definicin alternativa a la
democracia liberal, implicara sostener que la democracia es una forma de autogobierno
entre sujetos polticos iguales que tienen la finalidad de ampliar reas de igualdad
socioeconmica y participacin ciudadana
Finalmente entendemos que esta propuesta, especficamente anclada en la tradicin
regional ha reiniciado su implementacin a travs de diferentes experiencias
democrticas regionales, que se orientan en este imaginario, aunque con diversas
expresiones, continuando la tradicin de igualdad y participacin de los movimientos
indgenas, campesinos y en general los nacional -populares analizados por Macpherson
(1966) .
El pensamiento de Tapia (2009) y su articulacin a las expresiones democrticas
regionales, constituye una imprescindible referencia en tanto da cuenta que los anlisis
ms sustantivos y con mayor capacidad explicativa en la Ciencia Poltica emergen de la
implicacin de espacio y tiempo. Estos marcos analticos nos permiten comprender
como se han configurado formas polticas en determinados tiempos histricos y
territorios. As se fortalece la emergencia de un rasgo central para la regin y para cada
uno de los Estados que la componen: la constitucin legtima de la diversidad. Por ello
resulta posible y necesario, analizar fundadamente la democracia regional, en su
contexto, en sus tradiciones y prcticas, y en sus distintas manifestaciones.
En este nuevo siglo, frente a las democracias latinoamericanas versin 80-90,
gerenciadoras del mercado y asentadas en la idea del consenso, y la negacin del
conflicto propias del modelo neoliberal, las actuales democracias representativas de
la nueva izquierda latinoamericana surgidas a modo de respuesta a las crisis de inicio
del siglo XX, vuelven a recuperar las perspectivas emancipadoras y populares. As
tambin retoman ese vnculo originario y lejano que, como lo entenda Macpherson
(1966) vincula estas democracias a su construccin original.


Entones, se requiere comprender que el escenario de variadas prcticas y tradiciones
de constitucin de una democracia legtima en la regin es diferente al de los pases
centrales por su distinta construccin histrica. Ya que la adhesin a la democracia,
de los sectores populares, se produce en gran medida porque habilita a la participacin
para la ampliacin de derechos y la bsqueda de igualdad socioeconmica en
sociedades dependientes e inequitativas. As, desde esta mirada, en el presente, se han
generado experiencias y prcticas acompaadas por un conjunto de formulaciones
tericas que fundamentan una construccin alternativa, o por lo menos diferente, a la
liberal tradicional aunque con distintas expresiones. Una de ellas podra ser pensada
como democracia militante.
Sexta aproximacin: Construccin contingente de los nuevos gobiernos de izquierda
En la bsqueda de apuntalar el reconocimiento de legitimidad de las democracias
regionales, resulta pertinente reiterar el anlisis de algunos dimensiones de los
actuales procesos latinoamericanos, signados por democracias participativas y
militantes, con marcos conceptuales especficos de la regin y diferentes a los clsicos
marcos analticos de los pases centrales, pero no con menor potencial explicativo.
Puede tomarse como base de los procesos regionales existentes, la adopcin de dos
presupuestos particularmente representativos: que hay un giro a la izquierda en nuestro
continente, y que cada vez es menos claro que se entiende por izquierda.(Arditi 2009)
En ese marco, indagando el sentido poltico de estas nuevas izquierdas, se advierte que
no estn apegadas al pensamiento poltico marxista, sino que resignifican las
concepciones de igualdad, solidaridad y la crtica al status quo, como dependientes del
contexto y no como un conjunto de consignas ideolgicas ( en ste sentido el momento
populista puede ser representado a partir de la pura fractura, al margen del contenido de
dicha fractura); coexisten con la propiedad privada y el mercado, aunque desafan a la
ortodoxia neoliberal como la nica racionalidad econmica posible. Y aunque la
democracia electoral integre el imaginario de estas nuevas izquierdas, tambin proponen
la experimentacin con formatos posliberales de participacin poltica.(Arditi 2009)
Coincidiendo con el autor, sostener que la izquierda busca cambiar el orden
existente y est orientada a impulsar la igualdad y la solidaridad, no basta para producir
una definicin. Esto es as, porque el significado de estos trminos esta desligado de un
determinado contenido universal, sino que en la actualidad en la regin es un efecto
contingente de polmicas entre actores polticos enmarcados en especficos contextos.
Aunque en las izquierdas latinoamericanas actuales estos rasgos son definitorios, su
configuracin es contingente y pueden ser caracterizadas a partir de la pretensin de
cambio del orden vigente, y en el momento de su emergencia y de quiebre histrico
con el Gran Otro, el adversario, contingente: el neoliberalismo. Aunque hay ideologa
en el momento de fractura (el momento populista) es de destacar, la pretensin de
quiebre y definicin del adversario para comenzar a articular la identidad del nosotros
Luego deviene el proyecto ideolgico de izquierda que toma para s ciertas banderas
postergadas y de aquellos grupos desfavorecidos y excluidos.
Por ello aunque se sostienen valores que pertenecen a las tradiciones de izquierda,
carecen de existencia poltica fuera de los casos de desacuerdo o polmica donde se
hace referencia a su efectiva defensa, en el marco de fuerzas antagnicas que
representan proyectos polticos alternativos. As, la identidad de estas agrupaciones se
va modificando de acuerdo con los aciertos y fracasos de sus proyectos, los distintos
adversarios con los que se enfrentan y las representaciones que se hacen de s mismos.
En definitiva, representan un desacuerdo con los acuerdos previamente establecidos


y una ruptura del consenso postulado por el republicanismo liberal. Por otra parte, la
contingencia de los adversarios no excluye un proyecto ideolgico en funcin del cual
se define quien va ser y quien no definido como adversario poltico.
A pesar de estas limitaciones, parece constatarse en la regin que la narrativa
de izquierda se ha constituido en nuevo eje del centro poltico. A partir del anlisis de
los procesos en curso, se entiende que estas propuestas de izquierda son parte central de
la agenda emergente, luego del ocaso del Consenso de Washington, lo que implica la
capacidad de generar alternativas al neoliberalismo.
En todos los pases, la desigualdad y la discriminacin han pasado a ocupar un lugar
central en la agenda pblica, y se reivindica al Estado como generador de polticas en
ese sentido. Los antiguos ejes neoliberales de consideracin de la poltica monetaria, el
mercado y la eliminacin del dficit pblico, han sido desplazados por una poltica
fiscal expansiva, aunque genere dficit, como mecanismo para impulsar el crecimiento
y reducir las desigualdades. Es evidente el contenido socioeconmico del significado de
la democracia que no se evidencia de la misma manera en otros lugares.
Coincidiendo con Arditi (2009) esta resignificacin del centro poltico nos
permite interpretar el giro a la izquierda de Latinoamrica, y an cuando fracasara, ya
ha logrado dos cosas: 1- haber vuelto a colocar la discusin de la igualdad, la
redistribucin y la inclusin en la agenda pblica y 2- abrir el camino al crecimiento
econmico con equidad, este reacomodamiento tiene una visin de continuidad, ms
all de los xitos electorales de estos gobiernos.
A diferencia del marxismo tradicional, esta izquierda tiende a exigir la igualdad
y dar respuestas a las demandas redistributivas, sin necesariammente abolir el
capitalismo. En este caso, en su dimensin poltico-institucional, se trata ms de un
post liberalismo que de un anti liberalismo, porque se remite a algo que no puede ser
contenido en la forma liberal .
Hay fenmenos y temas que ocurren en los bordes del liberalismo y su status es
dificil de precisar. Adems indica que la democracia no se agota en su encarnacin
liberal, como ya lo haba percibido Macpherson (1968). As, entendemos que Arditi
lleva la tesis del post liberalismo ms all de la propia argumentacin de Macpherson
(1968) y nos propone una imagen de un pensamiento poltico que incluye, pero a la vez
rebasa su formato electoral. As se insiste en que se debe usar el Estado para promover
una agenda progresista e impulsar nuevas formas de hacer poltica. Pero a diferencia del
consumismo y la pasividad ciudadana del desarrollismo bienestarista, por el contrario,
la recuperacin del Estado para limitar el capitalismo y promover mayor equidad, va
acompaada por gran parte de la poblacin con un compromiso de participacin poltica
y de militancia, con una identificacin en la construccin colectiva de un proyecto. Es
decir , como ya se ha planteado es lo que caracteriza el reencantamiento de la poltica
que se advierte en la democracias post-liberales de la regin.
Sptima aproximacin: re-encantamiento de la poltica y militancia.
En este marco, continuamos acordando con Arditi (2009) quien inscribe estas
transformaciones en lo que l denomina post-liberalismo. En ese sentido focalizaremos
nuestra atencin en una idea fuerza actualmente en expansin, que representa una de
sus dimensiones ms interesantes: el reencantamiento de la poltica que se est dando
en la regin y que se enmarca en las llamadas nuevas izquierdas latinoamericanas


(Arditi 2009). Esta idea hace referencia a la recuperacin de la fascinacin y el intenso
compromiso que se dio con la poltica en otros tiempos (en el perodo setentista) en
Latinoamrica. Pero esta recuperacin no es un simple retorno a experiencias anteriores,
en los trminos que estas ocurrieron. Hay un retorno-recuperacin de lo mismo como
otro, con una fuerza innovadora, como una restitucin de lo que se recupera. Es un
proceso de invencin e innovacin poltica, donde lo que se retoma no es una
experiencia del pasado (en tanto es irrepetible), sino el encantamiento que estuvo
presente en esa experiencia, que no es otra cosa que un fuerte entusiasmo por la poltica
como constructora de proyectos de cambio.
Entonces podemos hablar de encantamiento y de pertenencia, lo que permite el
compromiso con la construccin de un proyecto poltico; se participa en su produccin
con las acciones presentes, y se acta militantemente para que el cambio ocurra
aunque no exista un destino final inexorablemente asegurado. Por otra parte, tampoco
hay un objetivo final seguro y predecible, sino que el sentido del proceso emancipador
esta siempre siendo reconfigurado en un marco de desacuerdos y polmicas. En los
actuales procesos el re- encantamiento se articula a la democracia como superficie de
inscripcin, pero construida con prcticas y sentidos posliberales.
Reflexiones finales
A modo de reflexions finales de un conjunto de revisiones tericas que estamos
indagando en el marco de nuestra investigacin, nos interrogamos por el vnculo entre
democraciay militancia.
En Amrica latina, y en Argentina en particular, los que lucharon contra el
neoliberalismo y pugnaron por la instauracin de democracias alternativas encarnaron
un re-encantamiento de la poltica, que radica en la fuerza movilizadora de una promesa
de algo por venir, estas acciones, adems de conflictos por el reconocimiento y de
distribucin en el sentido habitual, fueron ms que eso, se produjeron asociados a
procesos de subjetivacin poltica. Es decir, se orientaron a la bsqueda de
desclasificacin del lugar que ocupaban que haba sido asignado por otros, y por otra
parte, se formula un reclamo por una identificacin con un nombre que an no resulta
ser un nombre vlido aplicable a la situacin en el orden existente (Ranciere 2000).Si se
trata de partes que no son partes , significa que slo podrn serlo si pueden generar una
re-particin del mundo-comunidad.
Hay en estos proyectos un desacuerdo con el orden existente. Por una parte, los nuevos
gobiernos de izquierda han generado una efervecencia entre quienes han sido excludos
por ser pobres, indgenas, mujeres, jvenes o afrodescendientes. En ese marco el
escenario post-liberal permite el re-encantamiento de la poltica, en tanto funciona
como medio para generar sentido de pertenencia de tantas partes que no estaban
includas en la pura representacin y aspiran a mltiples canales de consulta,
participacin y dilogo, en tanto las elecciones y la ciudadana electoral, no tienen que
ser vistas como la jaula de hierro de la participacin democrtica. Esta fuerza
instituyente-transformadora debe conciliar su percepcin de opciones post- liberales
con una reticencia a cuestionar la democracia representativa. Por ello trascender la
democracia liberal representativa no implica reditar la opcin de sta o la alternativa
participativa en los trminos tradicionales. Esta nueva realidad significa que America
Latina, aunque respetando la institucionalidad electoral, tambin esta altamente
movilizada. Pero la movilizacin es no convencional, estos grupos estn interesados en
el destino de su sociedades Pero estn negando las formas tradicionales de hacer las


cosas, inventando nuevas maneras de expresarse (Latinbarometro 2008 citado en Arditi
2009).
En Argentina, como en otros pases de la regin, la democracia iniciada en el 2003,
rescat la la relacin entre poltica y emancipacin, entre poltica y memoria popular,
entre poltica y sueo igualiario, propia de la tradicin latinoamericana , y sobre todo
desnud frente al discurso consensualista liberal, que la democracia en la regin es
inescindible de la dimensin poltica del conflicto. Esto sucede cuando la democracia es
pensada a partir del pueblo lanzado a la esfera pblica para asumir la lucha por sus
derechos y exigencias , y no se limita a la expresin del consensualismo liberal-
republicano como objetivo final de una democracia orientada al culto de la
institucionalizacin y a las formas y que termina constituyndose en la gestin de la
economa global (Forster 2013).
En este marco, entendemos que, en Argentina, los jvenes, luego de una apelacin
inicial en la transicin, quedaron excluidos y desencantados de la politica,situacin que
se agrava en los noventa. A partir de la asuncin de Nestor Kirschner como presidente y
la recuperacin en sus discursos y decisiones, de la memoria de la militancia de los
setenta, se produce un re-encantamiento de este colectivo con la poltica y el
compromiso militante, aunque resignificado a la nueva poca democrtica. Entendemos
tambin, que ms all de los aciertos y los errores ,de las marchas y contramarchas, de
los triunfos y los fracasos, esta nueva forma de compromiso y construccin democrtica
es la que expresa las mayores y mejores posibiidades de democratizacin, en
Argentina, si se entiende esta como una marcha hacia la igualdad y el autogobierno
Queremos concluir con una cita de un militante que expresa gran parte de los
significados de este nuevo compromiso por la construccin mas democrtica y
equitativa de sociedad la construccin de base, cuando es genuina, cuando genera
herramientas y elementos para la organizacin popular est acercando elementos de
organizacin a poblaciones que no estaban integradas a la poltica, esa es mi definicin
de peronismo revolucionario, no tiene nada que ver como ha sido en los setenta, hoy
aprendemos de los errores del pasado, sin ignorar que la causa era justa y
noble...Quines eran los 30.000 despareciidos? Eran los lazos sociales, eran los
maestros , eran los obreros, eran los pibes de las villas organizados, eran los barrios
organizados, eran los referentes universitarios, eran nuestros maestrosY ese es el
laburo de la militancia, no te vas a pelear y disputar por un cargo,tens que pelear y
disputar por los que todava no son argentinos, porque un pibe que no tiene salud, que
no tiene educacin, no tiene alternativa, esta excluido. por eso hay que reconstruir los
lazos sociales y la sociedad para tener confianza que podemos cambiar la historia,
cambiando la historia para los nios que vienen detrs.. (Miliante de Juventud
Peronista Descamisados. Marzo del 2013)



Bibliografa
Arditi Benjamin (2009) El giro a la izquierda en Amrica Latina : una poltica post-
libera? Ciencias Sociais Unisinos setembro/dezembro 2009 vol 45 N3
Arditi Benjamin (2009) La Politica em los bordes Del Liberalismo. Mexico Edit Gedisa
Castorina E. (2007)Transicin democrticao transicin neoliberal en Emiliozzi,
Pecheny y Unzue [Link] dinmica de la democracia. Representacin instituciones y
ciudadana en Argentina Buenos Aires. Prometeo
Casullo Nicols (2007) Las cuestiones. Buenos Aires F.C.E.
De Sousa Santos Boaventura (2010) Refundacion de l E stado e n A mrica L atina.
Perspectiva desde una epistemologa del [Link]. Edic. Abya-Yala.
De Sousa Santos Boaventura (2006) Renovar l a Teora crtica y reinventar l a
emancipacin social. Buenos Aires CLACSO
De Otto Alejandro (2009) Teoras f uertes. Frantz Fanon uy l a descolonizacin como
poltica en La teora poltica en la encrucijadadescolonial Buenos Aires. Ediciones del
Signo
Escobar Arturo (1998) La invencin del t ercer mundo. Constuccin y deconstruccin
del desarrollo. Bogot Edit. Norma
Dos Santos, Theotonio (2003). La Teora de la dependencia. Balances y perspectivas.
Buenos Aires Plaza Janes
Escobar, Arturo (1998). La invencin del tercer mundo. Construccin y deconstruccin
del [Link]. Edit Norma
Fanon, Frantz (1974). Dialctica de la Liberacin. Buenos Aires. Edit. Pirata
1974 Piel negra, mscaras blancas BuenosAires Eddit. Schapire
1994 Los condenados de la Tierra Mexico F.C.E
Forster, Ricardo (2013). La anomala Kirchnerista. Lo Poltico, el conflicto y la
Invencin democrtica. Buenos Aires Editorial Planeta
Gendzier, Irene (1995). Development against Democracy. Manipulating political
change. Hampton C.T. The Tyrone Press
Lechner Norbert. (1995) Los patios interiores de la democracia. Subjetividad y
poltica. Chile. F.C.E
Macpherson C.B. 968 La realidad democrtica . (Barcelona. Editorial Fontanella)
Marini Ruy, Mauro (1993) Democracia e integracin. (Caracas: Nueva Sociedad)
Mignolo, Walter Y OTROS Interculturalidad, descolonizacin del estado y del
conocimiento. Buenos Aires: Editorial del Signo


Mignolo, Walter (2003). La colonialidad a lo largo y a lo ancho: el hemisferio
occidental en el horizonte colonial de la modernidad en La colonialidad del saber:
eurocentrismo y ciencias sociales .Perspectivas latinoamericanas. Lander comp. Buenos
Aires CLACSO
Mouffe, Chantal (1999) El retorno de lo [Link] Barcelona.
Mouffe, Chantal (2009) En torno a lo poltico. Buenos Aires F.C.
Panizza F.(2008) Fisuras entre populismo y democracia en Amrica Latina en El
retorno Del pueblo. Populismo y nuevas democracias en Amrica Latina. Quito.
FLACSO Ministerio de Cultura.
Prada, Alcoreza Ral. (2010). Democracia y proceso de cambio Ponencia en G.T.
CLACSO
Prada Alcoreza, Ral. (2010). La fundacin del Estado Plurinacional comunitario o Mas
all del Estado. ponencia en G.T. CLACSO
Prada Alcoreza, Ral (2010). La condicin estatal en la periferia la transicin Ponencia
en G.T .CLACSO
Quijano, Anibal (2003). Colonialidad del poder , eurocentrismo y Amrica Latina en La
colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas.
Edgardo Lander comp. Buenos Aires CLACSO
Tapia, Luis (2009). Pensando la democracia geopolticamente. La Paz: CLACSO
Thwaites Rey, Mabel (2010). Documento fundacional del Grupo de Trabajo sobre
Estado. CLACSO Buenos Aires.
Viaa, Jorge (2009). La interculturalidad como herramienta de emancipacin. Hacia una
redefinicin de la interculturalidad y de sus usos estatales. La Paz Edit. Campo Iris.
Zizek, Slavoj. El sublime objeto de la ideologa. Mexico Siglo XXI.















1

Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014.


Ttulo de la Ponencia: La organizacin territorial de las organizaciones Kirchneristas
en Santiago del Estero: Los casos del Movimiento Evita, La Cmpora y Kolina.


Autor: Hernn Campos.
Licenciado en Sociologa por la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE).
Instituto de Estudios para el Desarrollo Social de la Facultad de Humanidades, Ciencias
Sociales y de la Salud de la Universidad Nacional de Santiago del Estero
(INDES/FHCSyS/UNSE). Integrante del Equipo de Investigacin Poltica y Ciudadana en
Santiago del Estero (INDES/FHCS/UNSE). Email: campos_hernan@[Link]


rea Temtica: [Link] Civil, Democracia Participativa y nuevos actores
polticos.


Resumen
La ponencia se inscribe dentro de los debates en torno a dos grandes ejes: el kirchnerismo
en espacios subnacionales y la poltica popular reflejada en la participacin de los sectores
populares en organizaciones Kirchneristas.
La reflexin gira en torno a la construccin dentro del rgimen poltico santiagueo de
organizaciones polticas con base territorial que cuentan con el apoyo de la coalicin de
gobierno nacional. Para ello, trabajaremos en torno a la organizacin territorial,
entendindola como un conjunto de prcticas y creencias vinculadas al sostenimiento de la
presencia de las organizaciones dentro de un barrio, una comunidad o una localidad en
donde se insertan los sectores populares. Para enriquecer la propuesta, nos hemos centrado
en tres casos: las organizaciones Movimiento Evita, La Cmpora y Kolina.
Se trabaj sobre una estrategia metodolgica cualitativa constructivista, realizando
entrevistas en profundidad a dirigentes, militantes y adherentes de las organizaciones como
de otras organizaciones, partidos e informantes claves que contribuyan a la comprensin
del objeto de estudio. Cabe destacar que se realiz observacin participante en distintas
reuniones, movilizaciones o actos polticos realizados por stas organizaciones.

Palabras clave: Organizacin Territorial, Poltica Popular, Kirchnerismo.






INTRODUCCIN

2


ElKirchnerismo reconfigur la relacin del gobierno nacional con las
organizaciones. El gobierno de Nstor Kirchner, con una gramtica m ovimientista
(Natalucci, 2011), retom la tradicin nac ional y popul ar (Rabotnikof&Aibar, 2012)
ante el desafo de trazar una ruptura con el modelo neoliberal imperante en la dcada del
90. Ruptura que se ver proyectada en un nuevo esquema de relacin entre Estado,
sociedad y mercado. Siguiendo la propuesta de Rinesi (2010:33-56), el proyecto
Kirchnerista ser resultante de dos legados: del orden y de la movilizacin democrtica
1
.
Para el proceso poltico nacional que se inici el 25 de mayo de 2003 fue clave: a) el
retorno del Estado en tanto construccin colectiva y orientadora del proceso econmico,
poltico y social (Abal Medina, 2006); b) la institucionalizacin del conflicto social como
clave para comprender los dispositivos de reconocimiento del Estado a las demandas
democrticas construidas histricamente en la resistencia al neoliberalismo (Gmez, 2006);
c) el proceso de integracin poltica de las organizaciones a las estructuras burocrticas y de
gobierno (Perelmiter, 2010) en pos de construir una fuerza poltica posible de desandar
cambios profundos y sostenidos.
Una de las principales innovaciones que trajo la coalicin de gobierno kirchnerista
ha sido la inclusin de organizaciones territoriales urbanas y rurales en su proyecto poltico
y en la gestin e implementacin de recursos pblicos. Esta inclusin no alterara la
fundamental poltica de acuerdos con los gobiernos provinciales que c aracteriza a l
federalismo poltico argentino (Moscovich, 2009).
Las organizaciones polticas territoriales que se identificaron con el Kirchnerismo se
caracterizan por tener un relativo grado de estructuracin organizativa que retoma
tradiciones polticas (principalmente la peronista aunque no excluyente de otras
tradiciones), capacidad de territorializar o de utilizacin del espacio pblico a travs de
movilizaciones, cortes de calle o ruta para visibilizar distintas demandas socio-econmicas
y de trazar estrategias polticas institucionales vinculada a lo social (por ejemplo,
implementacin de proyectos o programas sociales). Ergo, las organizaciones Kirchneristas
se relacionan con el entorno en pos de acumular/disputar recursos de pode r
(Saltalamacchia, 2005a)
2
.
Se pretende reflexionar en torno a la construccin y desarrollo dentro del rgimen
poltico santiagueo de organizaciones polticas con base territorial que cuentan con el
apoyo de la coalicin de gobierno nacional. Para dar cuenta de este proceso poltico en el
artculo, se abordar el caso del Movimiento Evita, La Cmpora y Kolina poniendo el foco
en su organizacin territorial.
El artculo se inscribe dentro de una perspectiva metodolgica cualitativa
constructivista (Saltalamacchia, 2005a; 2005b; 2005c), lo que permiti la reconstruccin de
las relaciones propuestas.
El trabajo de campo se realiz entre 2010 y 2014. Se trabaj con registros de
observacin participante para abordar las unidades de observacin en pos de interpretar la
complejidad de estructuras, hechos y experiencias entrelazadas que abordamos. Tambin se

1
Para una lectura ms detenida sobre el proceso poltico en relacin a las organizaciones kirchneristas, ver
Campos (2013).
2
entender que recursos de poder son todas aquellas propiedades o rasgos de las identidades, pensadas
desde su capacidad para producir fluencias entre identidades; en el interior del sistema, en el que ellas
participan y conforman (Saltalamacchia, 2005a: 158).

3

realizaron30 entrevistas se mi-estructuradas(Saltalamacchia, 1992) a dirigentes,
referentes territoriales y militantes de las organizaciones objeto de estudio y de otras
organizaciones/partidos. A stos medios de interrogacin, se sum el trabajo de archivo y el
anlisis de documentos y de diarios de la provincia.

REPENSANDO LA POLTICA POPULAR MS ALL DEL CLIENTELISMO
POLTICO

El problema que existe con la utilizacin de las herramientas conceptuales que
presentaremos a continuacin, es que pretenden ser omnicomprensivas de la poltica
popular. El problema se sustenta, principalmente, en la imposibilidad de estos aportes para
pensar la productividad poltica de los sectores populares (y del peronismo) y sus distintas
formas de organizacin que han ido construyendo para efectivizar demandas democrticas
a lo largo de la historia poltica.
Javier Auyero, sobre la base de sus estudios etnogrficos de la poltica popular en el
Gran Buenos Aires, sostiene que las relaciones clientelares son lazos sociales verticales que
se bas an e n e l i ntercambio s imultaneo de dos t ipos di ferentes de r ecursos y s ervicios:
instrumentales (polticos y econmicos) y sociables o expresivos (promesas de lealtad y
solidaridad) (Auyero, 1997: 24).
El clientelismo es a la vez una realidad objetiva de primer orden, ligada a los
intercambios, y una realidad objetiva de segundo orden, en tanto existe bajo la forma de
esquemas de apr eciacin, pe rcepcin y accin (no s lo pol tica) e n l as e structuras
mentales de l os s ujetos involucrados e n e sas r elaciones de i ntercambio (Auyero, 1997:
23), es decir, siguiendo el aporte terico de Pierre Bourdieu, como habitus clientelar. El
socilogo propondr que el clientelismo poltico, como forma de construccin de la poltica
popular y del peronismo, es una relacin durable porque los agentes involucrados en dichas
redes i nformales de r esolucin de pr oblemas (Auyero, 2001) han incorporado las
disposiciones prcticas que hacen posible las relaciones de intercambio.
Merklen (2005: 40) descart la nocin de clientelismo poltico de Auyero por
considerarla un concepto que reduce la complejidad de la poltica popular, posicionando a
stos sectores como prestos a la cooptacin y a la prdida de autonoma con el slo fin de
resolver sus problemas materiales de existencia:

Como c onsecuencia d e un v erdadero pr oceso de de safiliacin, l as c lases
populares s e e ncontraron e n un e stado d e c reciente de pendencia r especto al
Estado y a s us r endimientos e n materia de po lticas pbl icas N o obs tante,
poner todo el peso de la explicacin del lado de la heteronoma y del clientelismo
es de sconocer una vez ms l a pr oduccin pol tica de l os s ectores po pulares
durante el perodo democrtico. I ndudablemente, el complejo l azo de l as clases
populares c on e l p eronismo f orma par te de s u pr oduccin pol tica, y es e ste
movimiento el que ha c omprendido mejor l as t ransformaciones de l a pol iticidad
popular (al mismo tiempo que las orientaba y contribua a su instalacin).

Alejandro Grimson (et al. 2003), abordaron la vida poltica en barrios populares
del Gran Buenos Aires, centrndose sus estudios etnogrficos en las diversas
organizaciones polticas y sociales que inscriben su trabajo en los barrios y su relacin con
el Estado nacional, municipal y el PJ:

4


En un sentido muy preciso puede decirse que nuestro estudio ha hecho foco en la
vida pol tica de zonas populares de Buenos Aires. Ahora bi en, l a f rmula vida
poltica nos e xiga m s aclaraciones an. P oda e ntenderse que s lo nos
interesaban aquellas actividades sociales vinculadas a los partidos polticos o, en
el otro extremo, que estudibamos al conjunto de las relaciones de poder de esos
espacios. La f rmula vida organizacional, entonces, nos permite precisar qu
dimensin especfica de la vida poltica hemos analizado: aquella que implica el
agrupamiento formal o informal de un conjunto de habitantes de esas zonas para
afrontar c olectivamente l a s olucin de s us problemas urgentes ( vivienda,
alimento, t rabajo, salud, seguridad) que l os hacen establecer un r eclamo o una
demanda ante algn sector del Estado (Grimson et al., 2003: 17).

Se sealar que las relaciones de los sectores populares con el Estado nacional,
municipal y el PJ, es una relacin asimtrica. Y la que genera condiciones de posibilidad
para estos tipos de relaciones, es la presencia de una cultura clientelar:

Por cultura c lientelar e ntendemos l a i nstitucin de un s entido c omn que
supone que algunas necesidades cruciales pueden resolverse a travs de vnculos
de reciprocidad asimtrica con i ntermediarios polticos, a t ravs de una gestin
personalizada sobre alguien que tiene acceso a recursos pblicos (Grimson et al,
2003: 76).

Svampa y Pereyra (2003) abordaron la compleja relacin de los sectores populares
(que se inscribieron en las organizaciones piqueteras) con el Estado y el peronismo.
En la parte III del Captulo I: Mundo Popular y t ransformaciones del peronismo,
los autores advertan de las transformaciones del peronismo en un contexto de crisis social
con un Estado neoliberal que dej de lado las polticas pblicas integrales.
Ante la dislocacin de los sectores populares con el sindicalismo, la territorializacin
poltica del peronismo se bas en una nueva forma de relacin que los autores definieron
como clientelismo afectivo:

Por clientelismo af ectivo e ntendemos un t ipo de r elacin que e xpresa l a
convergencia al eatoria entre l a di mensin ut ilitaria de l a pol tica, generalmente
reforzada por l a omnipresencia de de mandas dirigidas hac ia l as i nstituciones
polticas, y l a di mensin af ectiva, manifiesta a t ravs de di ferentes modalidades
de identificacin con los lderes. (Svampa& Pereyra, 2003: 49).

El clientelismo afectivo se presenta como vinculo poltico y como herramienta
explicativa de la presencia y p ersistencia del peronismo en la poltica popular. En
sntesis y siguiendo el hilo conductor de los autores, la ignominia de los sectores populares
se refleja en la productividad del peronismo.
Por otro lado, el peronismo se presenta como un gran obstculo para la consolidacin
de las organizaciones piqueteras que emergieron en el proceso de crisis y representando a
las mayoras pauperizadas:


5

En l a A rgentina, las di ficultades de e sta c onstruccin dan c uenta de l a
persistencia de l pe ronismo e n l os s ectores pop ulares, ms al l de s u crisis y
debilitamiento. Constatacin e mprica que de be complementarse c on ot ro dat o,
suerte de fatalidad innegable, que habla de la capacidad histrica del peronismo
para f agocitar, abs orber, c analizar y r educir t oda e xpresin nov edosa de l
espectro poltico y social (2003: 52).

Luego de una sucinta presentacin de las herramientas conceptuales que se pondrn
en tensin con el trabajo de campo, formularemos una pregunta que movilizar los
siguientes trazos desde un aporte extra cntrico, Cmo mirar la poltica popular ms all
del yo acuso y de las visiones instrumentales y racionalistas? Correr los lmites de lo
pensable y de lo decible ser el desafo. En este sentido, hacer poltica a travs de redes
de s ociabilidades e i ntercambio (Adler Lomnitz, 2001) de las organizaciones polticas
territoriales urbanas es una forma de vincularse con el Estado y una forma posible de
politicidad de los sectores populares.
Siguiendo a Adler Lomnitz (2002:3), los intercambios pueden ser de tres tipos: a)
intercambios recprocos entre actores con recursos y necesidades similares que se dan
dentro de un contexto de sociabilidad, b) de tipo redistributivo entre actores de diferentes
jerarquas con recursos desiguales, siendo stas tpicas relaciones de poder dentro de
organizaciones polticas, e c) intercambios de mercado, en los que la circulacin de bienes
y servicios se hace a travs del mercado y sus leyes. En nuestro caso, la reciprocidad y la
redistribucin representan las formas del intercambio ms significativas.
Sawicki aplica de modo interesante el concepto de redes en la poltica al sealar que
los partidos u organizaciones se realizan como productivos a partir de su relacin con el
entorno partidista:

Dichas i nvestigaciones muestran que no s e pueden di sociar l as organizaciones
partidistas de s u e ntorno, s i s e bus ca c omprender c mo de terminado partido
logra i mplantarse e n u na s ociedad d ada. A proximndose l o m s pos ible al
terreno, v ale d ecir a n ivel l ocal, s e c onstata fcilmente l a por osidad de l as
fronteras entre los partidos polticos y su entorno social. Existe as un continuo de
relaciones entre di rigentes, militantes, adherentes, simpatizantes y electores. En
este s entido, e l par tido descansa e n r edes r elacionales que s e e ntrecruzan, que
son bas adas e n v alores o i ntereses c ompartidos, y al imentadas m ediante
interacciones e n di versos l ugares de s ociabilidad m s o m enos f ormales:
asociaciones, sindicatos, cooperativas, mutuales, cafs Propuse llamar entorno
partidista al conjunto de esas relaciones sociales y recurrir al anl isis de redes
para objetivar los contornos del entorno partidista (Sawicki, 2011: 43).

Con el aporte anterior, nos ayudar a ver cmo el entorno marca las condiciones de
posibilidad para el desarrollo de las organizaciones kirchneristas y sus formas de
organizacin territorial, en donde la politicidad de los sectores populares de Santiago del
Estero procesaron la poltica de orden nacional y la provincial, estableciendo particulares
redes partidarias de sociabilidad e intercambio.
A continuacin se presentar una contextualizacin poltica que posibilitar dar cuenta
del entorno en el cul se constituyeron las organizaciones kirchneritstasen la provincia.


6

UNA CONTEXTUALIZACIN PROVINCIAL

En el ao 2010 habitaban 874 mil personas en la provincia de Santiago del Estero
3
.
Es el 2,17% de la poblacin total del pas, concentrndose principalmente en la ciudad
capital y en los departamentos Banda, Ro Hondo y Robles, donde tambin se despliega la
mayor parte de la actividad econmica de la provincia.
El mercado laboral de la provincia es pequeo: la tasa de actividad es slo del
39,2%, aunque registra un moderado nivel de desocupacin (7,3%). La incidencia del
empleo en la administracin pblica provincial es considerable, dado que ocupa casi la
misma cantidad de personas que el sector privado formal.
Un dato a resaltar es que la pobreza se redujo significativamente en la ltima
dcada, pasando de valores superiores al 65% en 2003, al 8% en el segundo semestre de
2011. Sin embargo contina siendo elevado en comparacin con los niveles de pobreza de
la regin y del pas.
El ndice de desarrollo humano calculado para el ao 2009, muestra a Santiago del
Estero como la segunda provincia con menor nivel de desarrollo relativo del pas,
superando slo a la provincia de Formosa.
Aproximadamente el 60% del valor agregado provincial es generado por los
sectores productores de servicios (la ms relevante es la actividad comercial), que genera el
23% de los puestos de trabajo formales del sector privado. Entre las actividades primarias
ms destacadas, cabe sealar a la produccin de algodn Santiago es la segunda provincia
productora- cuya cadena productiva contina con su transformacin a travs del desmotado
e hilado. Fuera de la regin pampeana, es la provincia con mayor produccin de soja.
Asimismo, es la provincia de la regin NOA donde la ganadera se encuentra ms
extendida, en la cual adquieren importancia las actividades vinculadas a la cra de ganado
caprino y bovino.
Santiago del Estero export en el ao 2010 por un valor de 464 millones de dlares,
tan solo el 0,7% de las exportaciones del pas. Los productos primarios explicaron ms del
95% del total de las exportaciones provinciales, siendo la soja el que ms aport (60%). Las
manufacturas de origen industrial son explicadas casi en su totalidad por los hilados y
tejidos de algodn.
Las principales caractersticas econmicas y sociales han sido la baja tasa de
participacin laboral; baja asalarizacin de la fuerza de trabajo y significativa importancia
de la categora del trabajo familiar; una considerable importancia en el nivel urbano del
sector informal, el empleo pblico y el servicio domstico as como una amplia ocupacin
en el nivel rural en actividades de subsistencia y de baja productividad (Zurita, 1999).
El Estado Provincial se asent en los ingresos fiscales como la variable dinamizadora
de la economa. Desde el ao 1993 aproximadamente el 90% de los ingresos totales de la
Provincia de Santiago del Estero provienen de la Coparticipacin Federal (Allub, 2005).
Esto preform particularidades en el rgimen poltico:

en l a pr ovincia no existe ac tividad e conmica que no d ependa de l i ngreso
fiscal administrado por e l gobe rnador, s us ministros y , e n menor medida, l os
intendentes municipales (Ingreso fiscal, vale la pena aclararlo, que proviene de la

3
Los datos socio econmicos de la provincia fueron obtenidos del informe de la Direccin Nacional de
Relaciones Econmicas con las Provincias (DINREP) del Ministerio de Economa de la Nacin.

7

imposicin a e mpresas c uyos du eos no r esiden e n Sant iago d el E stero
forestales, sojeras y si milares y de l i ngreso e n c oncepto de Coparticipacin
Federal). De e se modo, s e pr oduce un t ipo de e stado c uyo gobi erno de tenta e l
control s obre l a pr incipal f uente de r ecursos: E l F isco. (Saltalamacchia,
2012:11).

En lo que respecta al rgimen poltico, el Juarismo marc la segunda mitad del siglo
XX la historia poltica de la Provincia. ste proceso poltico que tuvo al Dr. Carlos Arturo
Jurez (1917-2010) como lder del Partido Justicialista provincial y agente clave del
rgimen poltico santiagueo. ste Gobern la provincia en cinco oportunidades: entre
1949 y 1952; entre 1973 y 1976; entre 1983 y 1987; entre 1995 y 1998; y entre 1999 y
2001.
Para comprender lo que el rgimen Juarista signific en Santiago del Estero resulta
de utilidad la caracterizacin de Silveti y Saltalamacchia (2009: 140):

a) l iderazgo popul ar ( basado e n r ecursos c arismticos y e l monopolio de l as
polticas s ociales); b ) e ficaz i nfluencia r eticular, e jercida m ediante de legados
municipales y punt eros pol ticos; c ) e l c uasi m onopolio de l e mpleo, l a
adjudicacin de planes s ociales, l o que f acilit una amplia r ed de
clientelismos; d ) e l control di recto de l Parlamento, as entado e n s u manejo de l
Partido J usticialista y de s us al ianzas c on di rigentes de ot ros par tidos; e ) e l
control de l pode r j udicial m ediante nom bramiento di recto, c ooptacin y /o
corrupcin. C reando, de e se m odo, una pe culiar r epresentacin s obre l os
derechos pol ticos, s ociales y c iviles e n gr andes s ectores de l os di versos
estamentos de la sociedad santiaguea.

En base a lo sealado por los autores, el entorno provincial gener condiciones de
posibilidad al juarismo para que se consolidase como fuerza poltica predominante y con
fuerte capilaridad social de sus redes partidarias.
A principios del ao 2003, las movilizaciones de protesta por el doble crimen de la
drsena
4
donde estaban implicados y procesados por el caso funcionarios polticos y
policiales generaron una crisis institucional que trmino con la Intervencin Federal (IF) al
gobierno de Nina Jurez el 1 de Abril de 2004. Sobre el caso es pertinente resaltar:

Los i nnumerables de saciertos c ometidos dur ante l a i nstruccin po licial y
judicial de los homicidios de LeylaBshierNazar y de Patricia Villalba facilitaron
las cosas. El poder judicial, que se mova al ritmo del ejecutivo, no tuvo reaccin
y la gobernadora tampoco supo manejar los hechos. La familia Villalba organiz,
con ayuda y participacin de la Iglesia, del Foro de Entidades Intermedias y de
las di stintas as ociaciones de de rechos hum anos ( sobre t odo l a A samblea
Permanente y l a Asociacin de Familiares por l a Memoria y Justicia), marchas
de s ilencio que l ograron c ongregar a cerca de v einte mil p ersonas qu e y a s in
miedo a nada m archaban c ada v iernes por l as c alles de l a c iudad, e xigiendo
justicia y de jando al d escubierto que t ambin e l pue blo hab a comenzado a

4
As se conoci el caso de los asesinatos ocurridos entre enero y febrero de 2003 a dos jvenes mujeres en
una zona cercana a la ciudad de La Banda de esta Provincia.

8

advertir que el pode r d e l os J urez hab a menguado. (Dargoltz, Gerez& Cao,
2006:71).

El fin del rgimen juarista mostr el distanciamiento entre los reclamos ciudadanos
elevados por numerosos actores surgidos a lo largo de la dcada de los 90 y la reducida
capacidad estatal para resolverlos (Schnyder, 2013).
Siguiendo a Tarrow (1999:76) el E stado se ha ce y r ehace pe rmanentemente a
travs del conflicto, con lo que la intervencin a la provincia se interpreta a partir de una
crisis del rgimen poltico juarista (Silveti, 2009) y de las transformaciones emprendidas
por el Kirchnerismo.
Consumada la IF, el ex Fiscal Dr. Pablo Lanusse fue nombrado como interventor
federal. La IF se propuso: desarticular el aparato represivo de las fuerzas policiales, sentar
las bases de independencia del Poder Judicial ante las presiones de los gobiernos
provinciales precedentes como tambin de los poderes empresariales, intervenir y sanear el
PJ, realizar una reforma constitucional y desarticular el poder de influencia de grupos
econmicos.
Las principales bases de sustentacin a la IF provenan de agentes polticos como la
Multisectorial
5
, grupos de la Universidad Catlica de Santiago del Estero, grupos de las
comunidades de bases de la Iglesia Catlica y cercanos al Obispo Juan CarlosMaccarone
6
:

[stas] organizaciones e ran e n al gn s entido l as m s di rectas he rederas de l
movimiento s ocial que hab a s ostenido l as movilizaciones que t erminaron c on
Jurez. Si n embargo, l a de bilidad c on que estas or ganizaciones t raducan s u
poder de m ovilizacin al m bito e lectoral i mpidi que l ideraran e l pr oceso
poltico y t uvieran una pos icin m s s ignificativa e n e l e scenario c otidiano
(Dargoltz, Gerez& Cao, 2006: 87).

Con la IF se inici un proceso de apertura poltica a organizaciones territoriales a
travs del reconocimiento e institucionalizacin en el gobierno de Lanusse. En este sentido,
Vommaro (2009: 124) lo advertir en sus estudios sobre la poltica popular de Santiago del
Estero:

La di versificacin de l as or ganizaciones q ue i ntervienen e n l os bar rios
populares e n Sant iago del E stero s e de be a l a i nfluencia e n el t erritorio de
proceso pol ticos nac ionales y pr ovinciales, o m s bi en al pr ocesamiento
territorial de e stos p rocesos. E n c uanto al ni vel nac ional, e l ac ercamiento de
ciertos gr upos pi queteros c on e l gobi erno de N stor K irchner l e p osibilit
acceder a recursos y al manejo de cierta cuota de planes sociales que les permiti
expandirse en provincias en l as que su presencia era exigua, como en Sant iago
del Estero.


5
Es un espacio poltico construido en la IF que sirvi para unir distintas organizaciones sociales, sindicales y
partidarias en pos de constituirse como alternativa poltica y apoyar la gestin de la intervencin.
6
Fue nombrado en febrero de 1999 Obispo de la dicesis de Santiago del Estero. Fue un actor clave para la
organizacin de espacios polticos para la lucha contra la pobreza.

9

Ante las presiones de los partidos tradicionales, la imposibilidad de llevar adelante la
reforma constitucional y las disputas internas dentro de la IF, se convoca a elecciones.
Luego de un ao de IF, el 27 de febrero de 2005, el Frente Cvico por
Santiago(alianza de facciones partidarias del peronismo, del radicalismo y por otros
partidos y movimientos) gan las elecciones a Gobernador y Vice con el 46,5% de los
votos positivos. El Partido Justicialista con la candidatura de Jos Pepe Figueroa
7
qued
en segundo lugar con el 39,8%. El 23 de Marzo del mismo ao, asumi el Dr. Gerardo
Zamora
8
como gobernador de la provincia. El Frente Cvico por Santiago integr el
proyecto de la transversalidad que lanz el kirchnerismo con el propsito de construir-
consolidar una fuerza poltica nacional.
El significante organizaciones Kirchneristas se entiende como aquellas con
orgnica nacional y que se hayan inscripto territorialmente en Santiago del Estero, con el
advenimiento del Kirchnerismo. La orgnica nacional es un modismo de la militancia que
se refiere a organizaciones que se constituyen nacionalmente y luego de un proceso de
vinculacin con referentes polticos locales, se inscriben en el territorio provincial. La
nocin de lo territorial designa al espacio de produccin y reproduccin de las relaciones
sociales que es por lo general, el barrio.
Las organizaciones Federacin de Tierra, Vivienda y Hbitat- Movimiento
Integracin Latinoamericana de Expresin Social (FTV-MILES) y Movimiento Evita se
inscribieron en territorio provincial antes o durante la Intervencin Federal de 2004.
Mientras que Libres del Sur-Barrios de Pie, La Cmpora, Peronismo Militante, Frente
Transversal, Organizacin Barrial Tupac Amaru, JP Descamisados, La Gemes, La Martn
Fierro, EDE Nuevo Encuentro, Kolina (Corriente de Liberacin e Integracin Nacional) lo
hicieron durante la gestin de gobierno provincial de Gerardo Zamora.
La inscripcin de los sectores populares a organizaciones kirchneristas fue
fundamental, a estas ltimas, para negociar y/o tensionar activamente a las redes partidarias
del Frente Cvico y constituir estructuras de movilizacin y organizacin territorial,
Concentrando sus formas de organizacin y militancia en torno al barrio o territorio.

LA ORGANIZACIN TERRITORIAL

El Kirchnerismo retom la tradicin nacional popular y con ella, principalmente, el
peronismo. Advirtiendo la heterogeneidad de los sectores populares y lo multi cromtico de
la politicidad, van a emerger en la poltica popular de Santiago del Estero diversas
organizaciones con orgnica nacional que se autorreferenciankirchneristas pero que cuentan
con diversas formas de organizacin territorial.
El concepto de politicidad es tomado de Denis Merklen (2005: 24):

utilizar e l t rmino politicidad par a de signar l a c ondicin pol tica de l as
personas. El concepto engloba al conjunto de sus prcticas, su socializacin y
su cultura polticas. La politicidad as definida es constitutiva de la identidad de
los i ndividuos, y por e sta r azn e vitaremos l as f rmulas, ms f recuentemente

7
Ex Secretario de Desarrollo Social de la Nacin y ex Senador Nacional durante el menemismo.
8
El Gobernador electo proviene de la UCR. Fue presidente del centro de estudiante de la UCSE, Concejal de
la ciudad capital, Diputado provincial y en el momento de ser elegido Gobernador, se desempeaba como
intendente de la Ciudad Capital de Santiago del Estero.

10

empleadas, de relacin con lo poltico o de identidad poltica. En stas, lo
poltico aparece como una dimensin autnoma de la vida social con la que los
individuos entraran en relacin.

En el caso del Movimiento Evita, emergi nacionalmente como movimiento de
trabajadores desocupados en pocas del menemismo para luego, en un proceso de fusin
con otros movimientos piqueteros, constituirse en una de las organizaciones de bases
populares con mayor capacidad de movilizacin y de insercin territorial del kirchnerismo
(Natalucci, 2012).
En Santiago del Estero, se inscribi en territorio entre el ao 2003-2004. Con
trabajo territorial principalmente en Capital y La Banda, el Movimiento Evita ser unas de
las primeras organizaciones kirchneristas en tener trabajo poltico en la provincia. El
referente provincial del Movimiento Evita, Ral Lorenzo, en los ltimos 4 meses de la
Intervencin Federal fue Subsecretario de Turismo de la Provincia y con capacidad de
entablar relaciones con dirigentes polticos nacionales posibilitando posicionarse dentro del
kirchnerismo provincial.
En relacin a la organizacin interna del Movimiento Evita:

La estructura es de un movimiento, no de un par tido. Tiene una mesa ejecutiva
que l a i ntegramos a ni vel nac ional doce c ompaeros. Una mesa e jecutiva que
tiene f uncionamiento pe rmanente c on r euniones s emanales e n B uenos A ires.
Tiene una m esa f ederal que s e r ene una v ez por m es, que f unciona c on un
compaero por cada una de l as pr ovincias. El movimiento est en veintitrs de
las veinticuatro provincias. El movimiento se organiza por frentes. Fuera de esta
mesa federal tiene el frente de juventud, el frente sindical, el frente de la mujer, y
el frente agrario. Ral Lorenzo en una mesa debate. Abril de 2011.

El Movimiento Evita tendr junto con la CNP25 la experiencia de integrar a partir
de finales de 2007 un espacio poltico provincial que les posibilit a estas organizaciones
acumular recursos d e p oder poltico electoral: es la experiencia del partido provincial y
frente electoral Compromiso Social (Campos, 2014b).
Las estrategias que fueron desarrollando las organizaciones Kirchneristasestuvieron
muy vinculadas con la posesin de recursos de poder que contaban para jugar (en trminos
de la teora de Bourdieu) en sus demandas. No hay que entender la nocin de estrategia
como un resultado del clculo racional del rosqueo pol tico o e l us o pol tico de l a
pobreza, sino como las prcticas concretas que son producidas a partir del encuentro entre
las disposiciones (habitus) del agente y la estructura actual de la distribucin del capital
en juego. Bourdieu utiliza la nocin de estrategia para

de signar l as l neas de ac cin obj etivamente or ientadas qu e l os agentes
sociales construyen sin cesar en la prctica y que se define en el encuentro entre
el habi tus y una c oyuntura particular del campo (Bourdieu &Wacquant, 1997:
89).

La Cmpora en Santiago del Estero se constituy en 2009 y cuenta actualmente con
tres lneas internas con sus correspondientes dirigentes: Cesar Bendez, Javier Roitman y
Daniel Jaimes. La organizacin se estructura internamente, sobre una base territorial, en

11

secretaras. Estas son: Universidad, Organizacin, Formacin, Cultura, Profesionales,
Derechos Humanos, Diversia. La organizacin se r econocen a s mismos c omo e l
principal e spacio pol tico que e xpresa l a l ealtad al k irchnerismo (Vazquez&Vommaro,
2012: 155).
Kolina, corriente y partido poltico, que se constituy nacionalmente en la segunda
mitad del ao 2010. En el caso provincial, el partido se integr a la coalicin gobernante del
Frente Cvico y goza de fuerte capilaridad en los barrios populares por las polticas de
ayuda social del Centro de Referencia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nacin.
Actualmente Kolina tiene una Diputada provincial, es Georgina Sosa. La organizacin
integr la lista para Diputados Provinciales del Frente Cvico en las ltimas elecciones de
Octubre de 2013.
En Santiago del Estero, un rasgo en el Movimiento Evita, Kolina y La Cmpora
como del resto de las organizacioneskirchneristas- es su fuerte desarrollo poltico en el
conglomerado Santiago-La Banda, en contraste con el interior de la provincia que sigue
siendo un territorio de complejo acceso a organizaciones por una doble razn. Primero,
porque el hecho de no pertenecer al oficialismo del Frente Cvicosignific y significa un
menor acceso a recursos de poder necesarios para el desarrollo poltico en estos territorios.
Aunque el Frente Cvico est alineado al gobierno nacional, en el plano interno, ste goza
de una autonoma relativa de la autoridad poltica con respecto a la modalidad relacional
con las organizaciones kirchneristas, otorgando mayores recursos de pode r a las
organizaciones, movimientos y partidos que integran la coalicin de gobierno provincial. Y
por el otro lado, por la fuerte presencia de dirigentes locales en los municipios del interior
que dificultan la centralizacin, el funcionamiento de la orgnica y las tomas de decisin de
las organizaciones en la poltica local. A su vez, el acceso y permanencia en el territorio se
encuentra fuertemente condicionada por estos dirigentes locales.
En el caso del Movimiento Evita, se observa que sus integrantes provienen de una
diversidad de tradiciones polticas. Los principales dirigentes provinciales de la conduccin
poltica de la organizacin tienen sus experiencias dentro del peronismo de izquierda, como
la JP y de Montoneros en la dcada del 70, mientras que la mayora de las referentes
barriales
9
son mujeres que tienen trayectoria de trabajo poltico (Schnyder, 2013) dentro
del peronismo juarista.
Existen dos instancias de organizacin poltica territorial en el Movimiento Evita.
Por un lado, las reuniones de la mesa de conduccin conformada por el secretario general
provincial y los responsables de cada uno de los frentes y secretaras del Movimiento en
donde se discuten estrategias para la acumulacin de recursos d e pode r que van desde
acuerdos con distintos dirigentes, partidos y organizaciones hasta las posibilidades de
obtener recursos econmicos en pos de mantener la estructura de la organizacin. Y por el
otro, en las reuniones s emanales de t erritorio, en donde los referentes de los distintos
frentes y secretaras del Movimiento transmiten decisiones, actividades e iniciativas;
preparativos para movilizaciones de apoyo al gobierno nacional o de protesta;
implementaciones de distintas polticas sociales, la distribucin de mercadera para los
comedores y discusiones sobre coyuntura poltica. Por otro lado, las reuniones tambin

9
En los universos que estudiamos, el trmino referente barrial es utilizado para denominar a los principales
animadores de esas organizaciones territoriales. El referente tiene relacin directa y cotidiana con los
vecinos, al mismo tiempo que trabaja con o para algn candidato, figura poltica, lnea partidaria o
movimiento social, moviliza bases y recluta votantes(Vommaro& Quirs,2011:69).

12

sirven para estar al tanto del estado de situacin del desarrollo poltico que tienen los
referentes territoriales.
Cada referente barrial del Movimiento Evita, constituye un Centro de Gestin
Popular (CGP) en su barrio, generalmente se lo instala en su vivienda, en donde gestionan y
resuelven los problemas de sus vecinos y compaeros. Las actividades que se desarrollan
dentro de los CGP son frecuentes reuniones entre los vecinos del barrio, organizan
celebraciones de fiestas populares, llevan adelante gestiones de pensiones, de subsidios, de
materiales de construccin menesteres, gestionan Programa de Empleo Comunitario (PEC)
para sus vecinos, instalan centros de alfabetizacin en el marco del programa nacional de
alfabetizacin del Ministerio de Educacin de la Nacin, asesoran a los jvenes para las
becas PROGRESAR, entre otras actividades posibles. Esta forma de accin poltica
tambin se advirti en Kolina y La Cmpora.
En base a entrevistas semi estructuradas y observacin participante, el Movimiento
Evita cuenta con 25 CGP en el conglomerado Santiago-Banda. Cada CGP cuenta entre 30 a
50 vecinos que participan con diferentes grados de responsabilidad en la organizacin.
Advertimos que en procesos electorales se amplan los CGP con el sentido de acumular
mayores apoyos electorales.
En el caso de La Cmpora, su orgnica est sostenida en las figuras de sus tres
referentes provinciales. A diferencia del Movimiento Evita, La Cmpora no cuenta con
frentes polticos sino con una estructura de secretaras que no tienen participacin en la
toma de decisin como si lo tienen los frentes.
Los referentes barriales de la organizacin, fieles a la tradicin organizativa del PJ,
conforman Unidades Bsicas (UB) que responden directamente a cada uno de los tres
referentes provinciales. La procedencia de los referentes de La Cmpora responde a
espacios polticos dispares e incluso antagnicos. Cesar Bendez proviene del trabajo
poltico en el Movimiento Independiente de Bases, opositor al juarismo, en barrios
populares de Santiago del Estero; Javier Roitman proviene del radicalismo, fue candidato a
intendente en Fernndez (Departamento Robles) en 2010; Daniel Jaimes, proviene del
peronismo con actividad poltica en la ciudad capital, de relaciones fluidas con Dirigentes
del Frente Cvico, en su mayora, dirigentes que provienen del PJ juarista. A las UB se le
suman las casas compaeras que son una forma menos estable de organizacin territorial
que tiene La Cmpora:
Es complicado explicar la i nsercin territorial de La Cmpora sin entender algunos
conceptos. Casas compaeras es bsicamente las casas que estaban disponibles para
el trabajo poltico con limitaciones temporales. Por lo que si bien servan, no llegaban
a s er una plataforma c ompleta par a el d espliegue t erritorial. I gual, nuestros
principales problemas provenan de la cultura poltica santiaguea. Por lo que las UB
y l as casas variaban constantementeAntes de la PASO de Agosto tenamos muchas
ms, podemos hablar quizs de 15UB operativas
10

As como las referentes barriales del Movimiento Evita eran mayoritariamente
mujeres que provenan del Juarismo, en el caso de La Cmpora se observa un proceso
similar. La mayora de las referentes barriales son mujeres que adquirieron experiencia de
gestin, organizacin e implementacin de la ayuda social a travs de la rama femenina del
PJ juarista, marcando una impronta a la accin poltica de La Cmpora.

10
Entrevista a dirigente de La Cmpora en marzo de 2014.

13

En La Cmpora las reuniones se desarrollan en su mayora en cada una de las UB de
los barrios populares.
Las reuniones que se desarrollan en los barrios, entre referentes barriales y
adherentes de La Cmpora, cumplen una triple funcin: son organizativas, de legitimacin
y de regulacin. Organizativas porque pueden definir y coordinar acciones o tareas
necesarias de la organizacin dentro del barrio como el comedor, el merendero, o el reparto
de mercadera, de planes sociales, entre otros. Mientras las reuniones sean numerosas o con
fuerte presencia y participacin de sus integrantes, la inscripcin poltica de La Cmpora en
el barrio adquiere legitimidad. A su vez, la asistencia a las reuniones sirve como un
indicador preciso del compromiso de sus adherentes, fundamental para estar en la
consideracin sobre a quin asignar un plan o una determinada ayuda social.
Marcela es asistente social, integrante de Kolina y comenz a trabajar en el Centro
de Referencia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nacin por el trabajo poltico
desarrollado para Kolina. La experiencia de Marcela es un sntoma de lo que Marcelo
Gmez (2010) llam la politizacin militante de la gestin poltica:

Nosotros s iempre de cimos a l a ge nte que K olina no e s e l M inisterio de
Desarrollo Social pero en realidad, nosotros somos el Ministerio de Desarrollo
Social de la Nacin. Kolina creci gracias a las herramientas del Ministerio.

Politizacin militante de la gestin pblica en tanto organizaciones polticas que
incorporan en las burocracias estatales sus cuadros o integrantes para movilizar el Estado.
La forma de organizacin territorial de Kolina se sustenta principalmente en la estructura
estatal del Ministerio de Desarrollo Social de la Nacin. Los lmites entre la organizacin y
la institucin estatal no son claros, reflejndose en la constante doble pertenencia de los
dirigentes de la organizacin: son militantes y agentes del Estado. Sobre lo anterior, es
interesante volver con el aporte de LuisinaPerelmiter (2010) que explor a nivel nacional, a
partir de un trabajo etnogrfico, sobre el modo concreto en que los integrantes de
organizaciones polticas se incorporan en mbitos estatales especficos, las disputas en las
que participan, y el entramado relacional en el que construyen el valor de sus prcticas
cuando estas se invisten de autoridad estatal.
El entorno marca las condiciones de posibilidad para el desarrollo de las
organizaciones kirchneristas y sus formas de organizacin territorial aqu estudiadas, en
donde la politicidad de los sectores populares de Santiago del Estero procesaron la poltica
de orden nacional -la experiencia Kirchnerista- y la provincial -estableciendo particulares
redes partidarias de sociabilidad e intercambio. Esto ltimo, se advierte en la existencia de
una cantidad variada de organizaciones con distintas referencias provinciales y nacionales,
que hace necesario de una cierta potencialidad articulatoria para la disputa de recursos de
poder o de correlacin de fuerza.

CONCLUSIN

El artculo se inscribi dentro de los debates en torno a dos grandes ejes: el
kirchnerismo en espacios subnacionales y la poltica popular reflejada en la participacin de
los sectores populares en organizaciones como el Movimiento Evita, Kolina y La Cmpora.
Desde una mirada no instrumental y extra cntrica de la poltica popular se dio
cuenta de la organizacin territorial de las organizaciones kirchneristas en Santiago del

14

Estero desde las herramientas conceptuales como la politicidad, los entornos partidarios y
las redes de sociabilidad e intercambio.
Alejados de cualquier supuesto teleolgico, las organizacioneskirchneristas se
insertaron en territorio subnacional procesando las experiencias nacionales y provinciales
del saberhacer pol tica. En este sentido, el Movimiento Evita, kolina y la Cmpora
contienen formas de organizacin que retoman la tradicin peronista, relacionndose con
los sectores populares a travs de sedimentadas redes de sociabilidad e intercambio que se
caracterizan por su fuerte capilaridad social. En un contextoen donde las redes polticas
partidarias, en tanto redes que proveen de bienes materiales y simblicos, histricamente se
han constituido como fundamentales y razonables para forjar mayoras electorales.
Las condiciones de posibilidad para la conformacin y el desarrollo territorial yacen
sobre tres factores: a) el contexto nacional con la emergencia del kirchnerismo y el nuevo
esquema de articulacin del Estado con las organizaciones polticas; b) Las particularidades
del rgimen santiagueo y la oportunidad poltica que signific la IF y el pos juarismo para
las organizaciones; c) la potencial capacidad del Movimiento Evita, kolina y La Cmpora
para forjar una organizacin territorial flexible al entorno poltico santiagueo.
Concluyendo, el artculo dio cuenta que la organizacin territorial es un conjunto de
prcticas sostenidas en el tiempo dentro de una comunidad. Estas prcticas, comprenden
tareasespecficas distribuidas segn la posicin que ocupan los integrantes dentro de las
organizaciones. Estas tareas se inscriben dentro de la sociabilidad poltica que tienen la
conduccin de las organizaciones, los dirigentes territoriales y los militantes, brotando una
especificidad poltica que, por un lado, es razonable, y por otro, es posible.

BIBLIOGRAFA

Abal Medina, J.(2006). Crisis y recomposicin del Estado. Argentina: Revista Argentina de
Sociologa, Ao 4, N 7.
Adler Lomnitz, L. (2001). Redes s ociales, C ultura y P oder: Ensayos de A ntropologa
Latinoamericana. Mxico: FLACSO.
Adler Lomnitz, L. (2002) Redes sociales y partidos polticos en Chile. Barcelona: Redes-
Revista Hispana para el Anlisis de Redes Sociales, Nm. 3, septiembre-noviembre 2002.
Allub, L. (2005) Coparticipacin en Sant iago del Estero: un anl isis a ni vel provincial y
municipal. Santiago del Estero: CEISE.
Auyero, J. (1997). Estudios s obre c lientelismo pol tico c ontemporneo en Auyero, J.
(comp.). Favores por votos? Estudios sobre clientelismo poltico contemporneo. Buenos
Aire: Editorial Losada.
Auyero, J. (2001). La p oltica de l os pobr es. L as pr cticas c lientelistas de l pe ronismo.
Buenos Aires: Manantial.
Bourdieu, P. &Waquant, L. (1997) Respuestas por una A ntropologa r eflexiva. Mxico:
Grijalbo.
Campos, H. (2013) Orden s ocial y movilizacin de mocrtica. Una apr oximacin a l os
estudios s obre l a r elacin de l os m ovimientos sociales c on el E stado argentino e n l a
dinmica pos t 2003 en Actas del I Congreso Internacional de Ciencias Sociales y
Humanidades Perspectivas y debates actuales a 30 aos de la democracia ISBN 978-987-
1751-16-7.
Campos, H. (2014) La constitucin de l par tido y f rente e lectoral Compromiso s ocial. II
Jornadas Nacionales de Ciencia Poltica del Litoral. Organizado por la Universidad

15

Nacional del Litoral (UNL) y la Sociedad Argentina de Anlisis Poltico (SAAP). 29 de
Mayo de 2014, Santa Fe.
Dargoltz, R., Gerez, O., Cao, H. (2006) El nuevo Santiagueazo: cambio poltico y rgimen
caudillista. Buenos Aires: Biblos.
Gmez, M. (2006). Crisis y r ecomposicin de l a r espuesta e statal a l a ac cin c olectiva
desafiante en la Argentina (1989-2004). Argentina: Revista Argentina de Sociologa. Ao 4
N6 ISSN 1667-9261. pg. 88-128.
Grimson, A., et al. (2003). La vida or ganizacional en z onas popul ares de Buenos Aires.
disponible en [Link]/urbancenter/documents.
Merklen, D. (2005). Pobres c iudadanos. L as clases popul ares e n l a era de mocrtica
(Argentina, 1983-2003). Buenos Aires: Ed. Gorla.
Moscovich, L. (2009). Gobernadores v s or ganizaciones: P oltica s ocial y f ederalismo
durante los gobi ernos de Nstor Kirchner y Cristina Fernndez. Congreso de la IPSA,
Santiago de Chile, Julio de 2009.
Natalucci, A.(2011). Entre l a movilizacin y l a i nstitucionalizacin. Los di lemas de l os
movimientos s ociales (2001-2010). Venezuela: Revista Polis, N 28. Universidad
Bolivariana.
Natalucci, A. (2012), Los movimentistas. Expectativas y desafos del Movimiento Evita en
el espacio kirchnerista (2003-2010). En Prez, Germn; Natalucci, Ana (editores) (2012)
Vamos l as B andas: O rganizaciones y m ilitancia kirchnerista, Buenos Aires, Nueva
Trilce.
Perelmiter, L. (2010). Militar e l E stado. L a i ncorporacin de movimientos s ociales de
desocupados e n l a ge stin de pol ticas s ociales. A rgentina ( 2003-2008). En Massetti,
Villanueva y Gmez (Comp.) Movilizaciones, pr otestas e i dentidades col ectivas en l a
Argentina del bicentenario. Buenos Aires: Nueva Trilce.
Rabotnikof, N. &Aibar, J. (2012). El lugar de lo pblico en lo nacional-popular. Una
nueva experimentacin democrtica?. Revista Nueva Sociedad N 240, julio-agosto de
2012, ISSN: 0251-3552.
Rinesi, E.(2010) Poltica y corporaciones en Aronskind, R., Vommaro, G. (eds.) Campos
de batalla. Las rutas, los medios y las plazas en el nuevo conflicto agrario. Buenos Aires:
Prometeo-UNGS. Pp.33-56.
Saltalamacchia, H. (2012) EL Santiago del Estero: un caso de patrimonialismo electivo. VI
Congreso de ALACIP: La investigacin poltica en Amrica Latina Ciudad de Quito,
Ecuador. Junio de 2012.
Saltalamacchia, H. (1992) Las e ntrevistas se miestructuradas en Movimientos sociales,
identidad y narrativas contra-hegemnicas. Buenos Aires: Cuaderno de investigacin.
Saltalamacchia, H. (2005a). Del proyecto al anlisis: aporte a una investigacin cualitativa
socialmente til. Tomo I. Buenos Aires: El autor.
Saltalamacchia, H. (2005b). Del pr oyecto al anl isis: apor te a u na i nvestigacin
cualitativa socialmente til. Tomo II. Buenos Aires: El autor.
Saltalamacchia, H. (2005c) Del proyecto al anlisis: aporte a una i nvestigacin cualitativa
socialmente til. Tomo III. Buenos Aires: El autor.
Sawicki, F. (2011) Para una sociologa de los entornos y de las redes partidistas. Revista
de Sociologa N25/2011, Pg. 37 a 53. Universidad Nacional de Chile.
Schnyder, C. (2013). Poltica y Violencia. Sant iago de l Estero 1995 -2004. Santiago del
Estero: EDUNSE.

16

Silveti, M. (Comp.) (2009), El protector ilustre y su rgimen: redes polticas y protesta en
el ocaso del juarismo. Santiago del Estero: Ed. INDES.
Silveti, M. &Saltalamacchia, H. (2009). Movilizacin popul ar y r gimen pol tico en
Santiago del Estero. En Silveti (Compiladora) Ob. cit. Pp. 129-180.
Svampa, M. & Pereyra, S. (2003). Entre la ruta y el barrio. Buenos Aires: Ed. Biblos.
Tarrow, S. (1999). Estado y oportunidades: l a estructuracin pol tica de l os movimientos
sociales. En McAdam, McCarthy y Zald (eds) Movimientos Soc iales: P erspectivas
comparadas. Madrid: ISTMO.
Vzquez, M. &Vommaro, P. (2012). La f uerza de l os j venes: apr oximacin a l a
militancia kirchnerista desde La [Link] Prez, G. y Natalucci, A. (eds.) (2012) Ob.
cit.
Vommaro, G. (2009). Redes pol ticas y r edes t erritoriales e n l a c onstruccin de l
posjuarismo. En Silveti (comp.) Ob. Cit. Pp. 89-128.
Vommaro, G. & Quirs, J. (2011). Usted vino por s u pr opia d ecisin: r epensar el
clientelismo en clave etnogrfica. Desacatos, nm. 36, mayo-agosto 2011, pp. 65-84.
Zurita, C. (1999). El trabajo en una sociedad tradicional. Crdoba: Letras de Crdoba.

FUENTES

Archivo Diario El Liberal, Diario Nuevo Diario y Diario Digital Panorama.
Censo Nacional 2010.
Direccin Nacional de Relaciones Econmicas con las Provincias (DINREP) del Ministerio
de Economa de la Nacin (2013).
Documentos de las organizaciones kirchneristas. Revisados en Septiembre de 2012.
Entrevistas a integrantes de organizaciones kirchneristas.
Proyecto Poltica y Ciudadana en Santiago del Estero (2012) Militancia, articulacin con
el Estado y perspectiva electorales de las organizaciones polticas en Santiago del Estero.
Documento en base al panel y debate abierto realizado el 13 de Abril de 2012.
Tribunal Electoral de la Provincia de Santiago del Estero


Entre la democracia didctica y el ludus participativo. Aportes y reflexiones sobre la
participacin ciudadana de los jvenes. El caso del Presupuesto Participativo Joven
Rosario.

Mara Laura Capilla
1

mcapill0@[Link]
Direccin de J uventudes - Municipalidad de Rosario (MR)

Roco Gonzlez
2

rgonzal4@[Link]
Direccin de J uventudes - Municipalidad de Rosario (MR)

Diego Wacker
3

dwacker0@[Link]
Direccin de J uventudes - Municipalidad de Rosario (MR)

rea temtica: Sociedad Civil, Democracia Participativa y nuevos actores polticos.


Resumen
El presente trabajo pone atencin en instancias institucionalizadas de participacin ciudadana
orientadas a jvenes. Aborda en concreto la experiencia del Presupuesto Participativo J oven de
la ciudad de Rosario, Santa Fe. Se trata de realizar una aproximacin general a la iniciativa,
examinando sus caractersticas, componentes y elementos principales: diseo, actores,
actividades, herramientas y recursos. Se consignan, adems, una serie de logros y resultados
que, en combinacin con las dimensiones anteriores, le otorgan una rasgo sobresaliente por
sobre otras alternativas de similar naturaleza. Finalmente, se avanza en algunas lneas de
reflexin respecto de los retos y desafos que enfrenta esta modalidad de construccin de
polticas pblicas en el marco de los mecanismos de democracia participativa que impulsa
activamente la Municipalidad de Rosario.


Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones
Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de septiembre de
2014
4
.




1
Directora de Polticas Pblicas de J uventudes, Secretara de Promocin Social, MR.
2
Coordinadora Institucional de la Direccin de Polticas Pblicas de J uventudes, Secretara de Promocin Social,
MR.
3
Coordinador de Comunicacin, Direccin de Polticas Pblicas de J uventudes, Secretara de Promocin Social,
MR.
4
Presentado el 16 de abril de 2014 y aceptado el 27 de mayo de 2014.


Introduccin

Desde hace al menos dos dcadas, la gestin poltica de Rosario (Santa Fe) pugna por
generar un nuevo modelo de gobernabilidad democrtica
5
. Uno de los elementos que decantan
en el proceso es la participacin ciudadana como poltica pblica, la cual propone dinamizar las
relaciones entre Estado y Sociedad civil a travs de interfaces socioestatales de participacin
6
.
Una de ellas, el Presupuesto Participativo (PP), se ha posicionado como un mecanismo efectivo
de democracia con poder vinculante otorgando nuevos sentidos al ser ciudadano
7
. Por un
lado, porque genera espacios de apr endizaje con respecto a la responsabilidad que debe
asumirse necesariamente junto a otros para tomar decisiones. Por el otro, porque supone una
pedagoga urbana de proximidad, incorporando a las personas desde su entorno inmediato: su
barrio, su territorio, su vida cotidiana
8
. El escenario se configura as desde el lugar de
pertenencia y cotidianeidad, a travs de la participacin, con la intervencin activa y
propositiva, y con la redefinicin de nuevas relaciones sociales
9
.

Histricamente y por varios motivos, los jvenes han sido excluidos de los espacios formales de
toma de decisiones sobre lo colectivo. Una poltica de participacin que tenga como meta la
construccin compartida de la ciudad no estara completa y no sera congruente con sus
principios democrticos si no incorpora a los jvenes. El Presupuesto Participativo J oven (PP
J oven) va en tal sentido. Se transforma en un proceso de aprendizaje que emerge entre la
democracia didctica y el ludus
10
participativo. El juego permite el aprendizaje, lo aprendido se
transforma en ideas, la ideas guan la accin, y las acciones transforman la realidad. Esta sera la
constante bsqueda. Y junto a los sinuosos caminos de las juventudes, encuentra, explora,
prueba y se equivoca; acierta y cambia; experimenta; hace y deshace
11
. Como todas las polticas
participativas, est en constante bsqueda. Pero siempre con un objetivo claro: que los jvenes
tengan la oportunidad, sobre la base de sus intereses, necesidades, sueos y aspiraciones, de ser
protagonistas.


5
En el sentido de Prats (2001).
6
Entendidas como espacios de interrelacin intencional social y estatal que determinan proyectos, acciones o
programas pblicos (Gurza Lavalle e Isunza Vera, 2008).
7
El Presupuesto Participativo (PP) surge en 1989 en la ciudad de Porto Alegre (Brasil). Puede definirse como un
proceso de intervencin directa, permanente, voluntaria y universal, en el cual la ciudadana, junto al gobierno,
delibera y decide qu obras y servicios se debern ejecutar con una parte de los recursos pblicos locales
(Martnez y Arena, 2011: 13). Asimismo, es una forma de gobierno pblico que intenta romper con la tradicin
autoritaria y paternalista de las polticas pblicas, recurriendo a la participacin de la poblacin en diferentes etapas
de la preparacin e implementacin presupuestaria, con un nfasis especial en la definicin de prioridades para la
distribucin de los recursos de inversin (De Sousa Santos, 2004: 26). Concebido en un primer momento como
parte de una serie de experimentos democrticos que ocuparon el primer lustro de los noventa, antes de fin de siglo
se expandi a diferentes estados y ciudades de Brasil. La herramienta se populariz en Argentina luego de la crisis
socioeconmica de 2001-2002, y la primera ciudad en implementarlo fue Rosario en 2002 (Cabannes, 2005).
Desde entonces, poco ms de medio centenar de gobiernos locales argentinos han seguido ese camino.
8
Reinvencin propia de las categoras de Llamas Snchez (2002): corresponsabilidad y pedagoga ciudadana.
9
La sensibilidad de la cotidianeidad, la experiencia sensible de lo cotidiano, permite el redescubrimiento de la
poltica como herramienta transformadora (Beck, 2000).
10
Ldico en latn; perteneciente o relativo al juego. El juego refiere a un ejercicio recreativo, reglado en cierta
medida, en el cual es posible ver participantes, fines, metas, objetivos, metodologas, elementos, componentes y
diversas formas de despliegue de destreza mental o fsica.
11
Acciones y realidades que son inevitables en los experimentalismos democrticos (Ford, 2006; Baiocchi, 2003;
Avritzer, 1999). Este rtulo ha sido otorgado a los espacios o herramientas participativas encolumnadas en las
categoras democracia d irecta, democracia par ticipativa o democracia de proximidad, entre otras, que intentan
superar los discursos de inspiracin shumpeteriana sobre la democracia de fronteras mecanicistas y formales de la
arquitectura estatal y representativa.


Queremos en estas lneas destacar ese proceso y dar cuenta de la experiencia PP J oven que se
desarrolla en Rosario desde hace 10 aos para resaltar en particular los cambios ocurridos en su
diseo e implementacin en las ltimas ediciones. Tambin nos proponemos generar algunas
reflexiones que aporten a experiencias de otras latitudes que, como la nuestra, apoyen y
sostengan la participacin de los jvenes en la construccin social compartida.


Juventudes, polticas pblicas y participacin

En la actualidad nos enfrentamos con un nuevo paradigma de participacin juvenil,
distinto al tradicional que supo predominar en dcadas pasadas
12
. La intensidad que prevalece
en el presente joven relega los medianos y largos plazos. Las identidades colectivas construidas
en torno a cdigos sociales, econmicos, ideolgicos o polticos han sido reemplazadas por
espacios de accin relacionados con la cotidianeidad; lo que antes supona una reivindicacin en
la mejora de las condiciones de vida, hoy se piensa desde el ejercicio cotidiano de derechos; las
improntas utpicas y totalizantes del cambio social han dado paso al aqu y ahora; y la
participacin horizontal, flexible, en red y temporal a superado a las modalidades verticales y
burocratizadas
13
.

J unto a los cambios de paradigma, se ha tornado una necesidad conceptuar a la juventud como
juventudes. La pluralizacin de la categora obedece a varias razones, pero principalmente a la
necesidad de subrayar la heterogeneidad que existe en el colectivo social juvenil. En la
actualidad, las mltiples maneras de ser joven obligan a desestimar cualquier rtulo que intente
homogeneizar, uniformar o estereotipar. Las juventudes estn inmersas y son producto de una
constante dinmica histrica y social
14
. Asisten y son parte de movimientos de formacin,
transformacin y deformacin; construccin, reconstruccin y deconstruccin; por lo que
definirlas de una forma unvoca o esttica puede resultar un grosero error de simplificacin o
incluso una irreparable solidificacin de estigmas.

Con todo, no podemos ocultar que la juventud refiere a una etapa de vida referida al desarrollo
de las personas, que tendr tal o cual caracterstica de acuerdo con el entorno social que se
observe. Pero preferimos no focalizar en el trayecto ineludible y progresivo que los sujetos
realizan antes de recibir la etiqueta adultos, sino en las condiciones sociales y la especificidad
que implica el hecho de formar parte de las juventudes. Anlogamente, y al proponernos la meta
de generar polticas pblicas afirmativas de juventud, descartamos los paradigmas
adultocntricos, verticales y normativistas, para pensar en trminos de ciudadana: pensamos a
los jvenes como sujetos protagnicos y hacedores de su propia cultura
15
.

12
La participacin est vinculada con la capacidad de tomar conciencia de la accin transformadora que la prctica
ciudadana puede significar (Yarma, 2007).
13
Unesco (2010).
14
Dvila Len (2004); Alpzar y Bernal (2003); Duarte (2000).
15
Las polticas pblicas de juventud de nivel local, constituyen un fenmeno relativamente reciente. Comienzan a
implementarse desde los gobiernos locales como respuesta a los embates neoliberales de los noventa. Es posible
distinguir dos enfoques no excluyentes: polticas para jvenes, que incluyen acciones a largo plazo en educacin,
salud y empleo; y polticas j uveniles, que configuran trayectos de promocin social conjuntos entre Estado y
Sociedad civil, fortaleciendo el espacio pblico con y desde los jvenes (Domnguez y Morales, 2003). Desde otro
ngulo, Balardini (1999) estableci cuatro modelos de polticas pblicas juveniles: polticas para la juventud
(dirigidas, estimuladoras de conductas pasivas, estigmatizadoras); polticas por la juventud (idealistas, convocantes
y verticales); polticas con la juventud (basadas en valores solidarios y participativos, activa e interactiva); y
polticas desde la juventud, que incluyen las actividades pensadas y desarrolladas por los mismos jvenes en
condicin de autogestin o subsidiariedad. Los dos primeros modelos conforman los enfoques integracionistas,
que identifican a los jvenes como parte de una proceso de exclusin que debe resolverse a partir de dispositivos



J ustamente, nuestras acciones se enfocan a desobturar los propios lmites que el mundo adulto
ha puesto, consciente o inconscientemente, a la participacin juvenil, a travs de barreras,
destratos o asimetras forzadas. Esta situacin (de semi ciudadana en el mejor de los casos) est
en franca retirada a la luz de la emergencia de los jvenes en los escenarios de legitimacin
pblica. Potenciar y hacer valer sus derechos no ser solo objeto de acciones afirmativas que
integren una poltica pblica de juventud, sino que debe ser acompaada por toda la sociedad
16
.

El PP es una poltica pblica accionada desde el Estado local, participativa e inclusiva, y
adems, por sus propias dinmicas, generadora de otras polticas pblicas. Desde el enfoque el
Desarrollo Humano, contribuye al desarrollo de las personas en tanto fomenta la toma de
decisiones colectivas en torno al destino de los recursos pblicos que se destinan a un
determinado territorio
17
. El PP representa entonces una apuesta sustancial por ampliar y mejorar
el Estado de derecho y el sistema democrtico, por intensificar la democratizacin del Estado,
por quebrar el verticalismo y centralismo burocrtico y por legitimar las acciones pblicas a
partir de la decisin compartida entre Estado y sociedad.

En similar sentido, el PP J oven se constituye como un dispositivo de participacin que integra
una macro poltica de juventud y que a la vez propende a generar bienestar y desarrollo social,
desde la visin y con el aporte protagnico de los jvenes
18
. La posibilidad de tomar parte en la
definicin del destino de los fondos pblicos a travs del PP J oven otorga un nuevo sentido a
nuestra democracia, la cual adquiere mayor intensidad al garantizar un nuevo derecho que
facilita la intervencin en lo poltico
19
.

Esta forma de democracia participativa desparrama en el escenario joven nuevos
procedimientos, instrumentos, criterios y herramientas que se acoplan a las tradicionales
condiciones de exi stencia de la democracia
20
. A la regla de la mayora como fundamento para
poder decidir en nombre de un colectivo es necesario para el correcto funcionamiento
democrtico garantizar, adems, la posibilidad de expresin, asociacin, encuentro y circulacin
de ideas, en un marco de tolerancia, paz y fraternidad, ideales que permitan la emergencia de
ciudadanos activos
21
. Por lo tanto, abrir espacios de participacin y otorgar ms y mejores
herramientas para ejercer derechos es definitivamente la vara que mide el desarrollo de la
democracia y su grado de profundidad.


que contribuyan a su integracin social pensando en la etapa futura de adultez. Los dos segundos, constituyen las
perspectivas afirmativas, que entienden a la realidad juvenil como autnoma, compleja, con naturaleza propia.
Apuestan a las dimensiones relacionales, a la participacin, la pluralidad y la creatividad a partir de diseos
transversales e integrales.
16
Entendemos as que el desarrollo social ser un proceso de transformaciones, enriquecimiento personal y social
de las juventudes en interaccin con los entes del entorno y sustentado en la biografa, la historia y el presente de la
sociedad. (Krauskpof, 2004: 15).
17
PNUD (2004).
18
En palabras de Iglesis Larroquette (2003: 64), una poltica de juventud tambin es una poltica de construccin
ciudadana, de profundizacin democrtica, que se construye desde lo local-cotidiano-experiencial, instalando un
espacio de dilogo que contribuye al trnsito de lo micro-territorial a lo macro-local, de lo individual a lo colectivo.
19
Al menos en Argentina, es posible identificar tres formas de integracin de jvenes a los espacios de PP. La
primera de ellas es la constitucin de un dispositivo diferencial para ese sector etario; la segunda seala la
participacin general donde no hay distincin de edad; y el tercer modo constituye un hbrido entre los dos
primeros, al plantear un espacio propio dentro del PP (Martnez y Arena, 2011). El caso Rosario coincide con la
primera forma.
20
En trminos de Dahl (1999).
21
Bobbio (1996).


En tal sentido, el PP J oven es un dispositivo que extiende el umbral de participacin a un
colectivo que de por s no tiene derechos polticos plenos, y que incluso quedan por fuera de la
dimensin representativa ms estricta, que es la de poder votar. Al mismo tiempo, aparece como
un espacio institucionalizado que permite la construccin de ciudadana
22
. Pero esta
construccin no es algo que est dado de antemano ni existe como proceso acabado, sino que
debe ser ejercido, practicado, actualizado y puesto en valor constantemente a partir de la
existencia de instituciones democrticas de peso y la articulacin efectiva entre Estado y
Sociedad civil
23
. Es una dinmica que requiere tiempo de maduracin, ajustes y aprendizajes
constantes
24
.

El PP J oven, entonces, brinda la posibilidad de tomar decisiones sobre lo pblico al tiempo que
agenda la mirada juvenil en los procesos de construccin de la ciudad, no como un inters
puntual del joven, sino como parte de una dinmica intergeneracional. Propulsa
transformaciones, en lo personal y en lo colectivo, en lo subjetivo y en lo tangible de las
polticas, a partir de la participacin entendida como un proceso esencialmente comunicacional,
dinmico, de produccin de sentidos y propulsor de cambios. Las polticas participativas con y
desde los jvenes permiten agregar voces y miradas a la construccin democrtica del espacio
pblico al hacer visibles las demandas y problemticas juveniles. Se constituyen como un nuevo
espacio de socializacin poltica y construccin de ciudadana
25
. Permiten, en definitiva,
avanzar hacia a la superacin de las respuestas polticas sectoriales clsicas e incorporar la
visin juvenil a todas y cada una de las dimensiones de poltica pblica local, a travs del
dilogo intergeneracional
26
.


El primer PP Joven: algunas referencias necesarias

Desde sus comienzos hasta hace algunos aos, el PP J oven bsicamente reprodujo el
diseo del PP
27
. Por tal motivo el marco de referencia tiene numerosos elementos y
componentes en comn, pero ofrece tambin ciertas variantes que hacen a la necesidad de
generar otra dinmica en un auditorio integrado exclusivamente por jvenes. Es posible
observar tres grandes etapas anuales: una instancia inicial de asambleas, un segundo momento
de formulacin de proyectos, y la jornada de votacin
28
. A dicho desarrollo fsico se suma un
cuarto componente que abarca todo el ao calendario y refiere a la participacin de los jvenes
en la implementacin o ejecucin de los proyectos. A continuacin retomaremos algunas de las
caractersticas que adquiri el proceso durante sus primeras nueve ediciones, incluyendo
algunas variaciones que hayan ocurrido al interior de este tramo. Esto permitir refrescar
algunas dimensiones histricas, otorgando as no solo la posibilidad de generar un contraste sino
tambin un grado de coherencia a los registros presentes.

22
Adems de las iniciativas institucionalizadas y programticas (como el PP J oven), existen en la actualidad otros
tres grandes grupos de participacin juvenil: movimientos polticos (organizaciones estudiantiles, ramas juveniles
de partidos polticos); grupos enmarcados en lgicas tradicionalmente adultas (scouts, pastorales, grupos rurales); y
grupos informales que operan en torno a expresiones de la cultura o contra cultura (Unesco, 2013).
23
Borja (2002).
24
Martnez y Arena (2011).
25
Martnez y Arena (op. cit.).
26
As lo que proponen Beretta y Verdi (2005).
27
El PP fue creado por la Ordenanza N 7326/2002; y modificado luego por las Ordenanzas N 7869/2005;
8007/2006; y 8557/2010. Por su parte, el PP J oven no tiene normativa especfica que lo regule. Tampoco est
supeditado a algn tipo de reglamentacin interna.
28
En la actualidad, y como veremos ms adelante, las asambleas pasaron a denominarse Espacios de
Participacin; y el momento de formulacin de proyectos adquiere en la actualidad el formato de Foros de
Participacin.



El PP J oven comenzaba con la llamada Primera Ronda de Asambleas Barriales, que inclua la
realizacin de 3 a 5 reuniones en escuelas secundarias por cada uno de los 6 distritos de la
ciudad
29
. La actividad principal propona a los jvenes un juego cuya meta era decidir en grupo,
consenso de por medio, qu destino colectivo darle a una cierta cantidad de dinero.
Posteriormente, una segunda actividad apuntaba a generar un diagnstico compartido que
permitiera establecer prioridades sobre problemticas existentes en el barrio o distrito. Estas
preocupaciones eran luego compartidas hacia todos los presentes, resultando muy valioso la
oportunidad de tomar la palabra y opinar de forma individual
30
. Antes de finalizar cada
encuentro se elegan consejeros, quienes representaran a la totalidad de los jvenes en la
siguiente etapa del PP J oven. Este momento permita que los jvenes que quisieran seguir
participando lo puedan hacer, proponindose como candidatos.

Una vez finalizada la etapa de asambleas, los Consejos Participativos de Distrito se reuniran
peridicamente durante tres meses para procesar, sistematizar y reelaborar las ideas surgidas en
las asambleas
31
. De esta recuperacin surge un primer listado de proyectos formulados que se
presentan a la Intendenta y el Gabinete para su aprobacin tcnica y financiera. El trabajo de los
Consejos Participativos comenzaba como una gran reunin interdistrital a la que asistan todos
los jvenes consejeros para conocerse con sus pares, intentando as generar una instancia
reflexiva sobre la importancia de ese rol, y las obligaciones y derechos que eso implicaba. Al
igual que en todo el trayecto anterior, uno de los objetivos era que los jvenes tomen la palabra
y que a la vez supieran escuchar a sus compaeros. Seguidamente, se sucedan una serie de
encuentros distritales que ocuparan a los jvenes en la definicin de las propuestas. Las
reuniones se realizaban de forma peridica
32
, alternando como lugar de reunin los Centros
Municipales de Distrito y el Galpn Centro de la J uventud. En las reuniones de Consejo, los

29
Histricamente prim la idea de realizar, cuando fuera posible, al menos una asamblea por rea barrial con el
difcilmente alcanzable objetivo de mantener cierta representatividad territorial. Las reas barriales eran
subdivisiones al interior de cada distrito; constituirn una sectorizacin utilizada durante los primeros aos del PP.
Otro dato interesante es que al menos una de la totalidad de las asambleas distritales se realizara en el Centro
Municipal de Distrito con el objetivo de reunir en un lugar no escolar a jvenes que participaban de ONG o
espacios municipales barriales. Estos encuentros han sido desde siempre muy difciles de convocar.
30
La actividad pretenda que los jvenes puedan determinar qu tipo de salida nocturna podran realizar un fin de
semana. Las reglas incluan ciertos parmetros, como la cantidad de dinero disponible y la obligatoriedad de
ponerse de acuerdo, indistintamente si uno u otro joven prefera una alternativa puntual. Para este cometido se
brindaba un listado de opciones y sus costos: entrada al boliche ($2 por persona); entrada el cine ($4 por persona);
pasaje en colectivo ($1 por persona); sndwich y gaseosa ($3 por persona); entrada a recital ($5 por persona); asado
grupal ($20 por persona). Los participantes se dividan en grupos, teniendo a su disposicin un cuarto de hora de
discutir el destino del presupuesto asignado. Al finalizar, cada grupo realizaba una puesta en comn de la eleccin,
debiendo mencionar cmo arribaron a tal resultado. Los desacuerdos se utilizaban como disparadores para
reflexionar sobre la necesidad del consenso como herramienta para superar la visin individual y contemplar la
visin colectiva. Entre los aos 2008 y 2011 hubo algunas modificaciones sobre los dispositivos que se utilizaban
en las diversas alternativas participativas de PP J oven, cambios que reflejan la intencin de correrse del eje
presupuestario hacia dinmicas que tuvieran como foco la convivencia, la identidad, el encuentro y la participacin.
En tal sentido se dispusieron nuevas actividades como por ejemplo llevar adelante un campamento ideal u
organizar un da de la primavera. Para ello deberan generarse consensos y acuerdos en torno a los elementos
necesarios para realizar dichos eventos. Con la idea de apostar ms al juego incluso se reemplaz el dinero ficticio
establecido en pesos por el nuevo medio de cambio cuantificado en quesos. En 2012, con una nueva direccin,
las asambleas se desarrollaran a partir de ejes, como J venes y derechos, J venes y salud, J venes y
deportes, entre otros. La actividad consistir en ordenarlos de mayor a menor segn la importancia que le dieran
los jvenes.
31
La cantidad de reuniones de Consejo ha variado a lo largo de los aos, pero por lo general se han formalizado
entre 6 y 10 reuniones, alternado Centros de Distrito y Galpn de J uventud.
32
De acuerdo al cronograma establecido sobre la base de los acuerdos con los establecimientos escolares que
otorgan a los alumnos la posibilidad de ausentarse.


jvenes seran parte de un proceso de anlisis y depuracin de prioridades. Se trabajaba en
formato taller, con grupos reducidos y a travs de juegos y consignas, para finalizar con una
puesta conclusiva en comn. Para elaborar las propuestas se provea a los consejeros de
herramientas bsicas que les permitieran ordenar las producciones previas. Para tal efecto se
utilizaba una ficha que establece pasos a seguir para poder concretar las ideas en propuestas
formales y conformar diseos cerrados
33
. La etapa de trabajo de los Consejos Participativos
finalizaba con otra gran reunin donde los representantes de los seis distritos se encontraban con
el Intendente y su gabinete para entregar en mano la totalidad de los proyectos elaborados
34
. Las
propuestas seran luego evaluadas por las correspondientes secretaras y reas para determinar
su factibilidad
35
.

Una vez conformado el listado final de propuestas llegaba el turno de la Segunda Ronda de
Asambleas B arriales, tambin llamada J ornada de Eleccin de Proyectos. El lugar de
realizacin coincida por lo general con alguno de los establecimientos donde se haban llevado
adelante las asambleas
36
. Se realizaba una jornada por distrito y la intencin que prevaleca era
lograr el acercamiento de los jvenes de las zonas cercanas a una escuela que sera sede de la
votacin
37
. Los proyectos ganadores se incorporaban al presupuesto del ao entrante.


Etapas, dimensiones y perspectivas del PP Joven

Desde sus comienzos, el diseo e implementacin del PP J oven estuvo a cargo del
Centro de la J uventud de la Secretara de Promocin Social de la Municipalidad de Rosario
(MR)
38
. Si bien en cada una de las direcciones polticas de la institucin adquiere rasgos

33
En las reuniones de Consejo se intentaba fortalecer los grupos, ya que se conformaban por jvenes provenientes
de escuelas y contextos dismiles. Las reuniones podan extenderse hasta por 3 horas. Era costumbre realizar las
reuniones en horario escolar: de comn acuerdo con la directiva de la institucin la inasistencia de los alumnos no
computara como falta. Se trabajaban los conceptos de democracia a partir de diversas definiciones; la diferencia
entre un reclamo y un proyecto; las alternativas que ofrece el Municipio para la resolucin de problemticas que
requieren tratamiento ms urgente; y los distintos niveles del Estado. A partir de diversos juegos, roles y funciones,
los jvenes iban incorporando la distincin entre las obligaciones de cada uno. Para la formulacin de los proyectos
se utilizaba una ficha estndar que constaba de 6 partes: nombre del proyecto; situacin diagnstico; descripcin;
beneficiarios o poblacin destino; dependencia pblica que lo llevara a cabo; costo del proyecto. Los dos ltimos
campos se conformaran a partir de la intervencin de los tcnicos municipales.
34
Este momento cumpla con dos objetivos principales. En primer lugar, generaba un mbito formal aunque
distendido de acercamiento de los funcionarios hacia los jvenes. En segundo trmino, propenda a que los
integrantes del ejecutivo se interiorizaran de las inquietudes y necesidades de los jvenes a partir del encuentro
cercano. La dinmica inclua el relato por boca de los jvenes de cada proyecto, el contexto de elaboracin y los
argumentos que avalaban su realizacin.
35
Si la devolucin de los proyectos por parte de las reas tcnicas requera la revisin de algn elemento, exista la
posibilidad de reunir nuevamente a los jvenes para redefinir estos criterios.
36
En muchas ocasiones se ha llegado con urnas a escuelas que no haban participado previamente del proceso. Esto
no solo permita hacer ms democrtica la eleccin de los proyectos, adems serva tambin para mostrar y difundir
el PP J oven.
37
Los consejeros se encargaban en la previa de explicar las propuestas elaboradas con base en las temticas
priorizadas. La metodologa de votacin constaba de una boleta con todas las propuestas elaboradas en el PP J oven
para ese distrito. Se poda elegir una nica opcin. Una vez finalizada la votacin se proceda al recuento de votos.
38
El Galpn Centro de la J uventud, inaugurado en 1998 en uno de los galpones reciclados del viejo puerto de
Rosario, ha sido el espacio pblico obligado de referencia joven. A principios de 2012, con la creacin de la
Direccin de J uventudes, se convierte adems, en referencia administrativa y poltica de la nueva rea social. Si
bien su nacimiento es reciente, la ciudad de Rosario cuenta con polticas de J uventud desde fines de los ochenta.
Los primeros pasos describen acciones fragmentadas y sectoriales, pero sucesivas transformaciones en lo poltico,
institucional y organizacional permitieron generar enfoques transversales y procesos continuados, con acciones
integradas y no concebidas como mera agregacin de productos.


particulares, creemos que es posible observarlo y caracterizarlo sobreponiendo otra divisin
temporal que no necesariamente es congruente con los mandatos ejecutivos formales
39
. De esta
manera, a partir de la historia transcurrida en el ltimo decenio, es posible dividir al PP J oven
en al menos cuatro etapas que denominamos de la siguiente manera:

a) prueba piloto (2004);
b) esparcimiento territorial (2005-2007);
c) distensin institucional (2008-2012);
d) expansin cuali-cuantitava (desde 2013).


Rosario fue la primera ciudad de Amrica latina en desarrollar algn tipo de experiencia juvenil
en PP. A los dos aos de surgido, el despliegue de un dispositivo diferencial para el sector
juvenil vino a potenciar su posibilidad transformadora. El PP J oven se implementa como
experiencia piloto en 2004 en el distrito Sudoeste
40
. Participaron 14 instituciones, entre
escuelas y organizaciones
41
. En la etapa de asambleas se llevaron a cabo 8 encuentros con una
asistencia de ms de 300 jvenes, aunque en eleccin votaron solo 76. Durante el proceso se
formularon 3 proyectos: el ms votado se realiz al ao siguiente
42
.

El buen desempeo de aquella incursin posibilit en 2005 su extensin a los cinco distritos
restantes. Ese esparcimiento territorial signific un verdadero avance que posicion al PP
J oven definitivamente como la versin joven del PP. Desde los primeros aos de gestin, el PP
J oven adopta una metodologa calcada de la versin adulta
43
.

En los aos 2008-2012 emergen algunos elementos que permiten observar en la poltica cierta
distensin institucional. Si bien algunas dimensiones del PP J oven experimentaron un leve
crecimiento, como la cantidad de proyectos electos, algunos indicadores vinculados a la
representatividad juvenil se mantuvieron iguales o con mnimos descensos, como la cantidad de
jvenes asistentes a las asambleas o la cantidad de votos en la eleccin de proyectos. Adems,
surgi cierta incomodidad para propiciar el compromiso de los consejeros hasta el final del
trayecto de formulacin de propuestas. A lo que se sum la imposibilidad de ejecutar proyectos
urbansticos debido a los altos ndices inflacionarios que impactaron de lleno en las propuestas
juveniles que incluyeran obra pblica. En 2012 la bsqueda de cobertura territorial a nivel
asambleario fue prioridad por encima de la cantidad de jvenes, pero este hecho no opacara el

39
En las ltimas dcadas, los perodos de gestin de J uventud tienen un correlato similar a los perodos de la
Intendencia. Todos se formalizan el 10 de diciembre. Las sucesivas gestiones han sido entonces: 10/12/2003 al
10/12/2007; 10/12/2007 al 10/12/2011; y desde el 10/12/2011 hasta hoy. Por comodidad y ya que el PP J oven se
ajusta al calendario escolar, preferimos directamente configurar los perodos a partir de 2004 y con referencia al
ao completo.
40
La implementacin de PP J oven fue posible gracias a una financiacin de 15 mil euros que otorg la Agencia de
Cooperacin Alemana GTZ, en el marco de la convocatoria internacional Experiencias de inclusin social con
jvenes para las denominadas Mercociudades. Tambin colabor la oficina de Ciudades Educadoras de Amrica
Latina.
41
Se priorizaron las escuelas con mayor matrcula, pero tambin algunas con las que ya haba cierto trabajo
institucional previo.
42
La propuesta electa ocup la realizacin de talleres de Murga, Teatro y Ftbol.
43
Estas primeras ediciones de PP J oven tendran algunas caractersticas en comn (Ver Cuadros en Anexo). Una
asistencia a las asambleas promedio de entre 1000 y 1500 jvenes; entre 2 y 6 proyectos formulados por distrito,
con algunas excepciones; y entre 1 y 2 proyectos ganadores posibles de ser realizados de acuerdo al monto
disponible de presupuesto. La cantidad de electores, por su parte, aumentara de 251 en 2005, a casi 3500 en 2007.
Otro dato interesante es que la asignacin presupuestaria de PP J oven con respecto al PP y al total municipal
(redefinido) casi no vara en la poca.


proceso anual que, finalmente, alcanzara un registro histrico de ms de 7 mil jvenes en la
jornada de eleccin.

En todo es tiempo el PP J oven se mantuvo vigente. Pero la participacin porcentual de PP J oven
en PP se estancara en un 1 por ciento, siendo su techo hasta 2011. Aunque en trminos
relativos, existi un decrecimiento del porcentaje de PP J oven en la participacin total del
presupuesto municipal redefinido: en todo ese perodo se reducira a la mitad
44
.

En 2012, con la creacin de la Direccin de J uventudes, se plantearon tres objetivos estratgicos
con respecto a la participacin de los jvenes. En primer lugar, transversalizar las polticas de
juventudes para poder agendar, pensar y gestionar propuestas pblicas con otras reas y
secretaras
45
.

En segundo trmino, generar un impacto en c antidad y e n c alidad. Por un lado, si bien no
existen ejemplos de polticas de participacin universales, necesariamente debera alcanzarse un
piso democrtico y llegar a ms jvenes. Por otro lado, los aspectos cualitativos deberan
profundizarse, a su vez, a travs de la intervencin en tres dimensiones que implicaran: a)
sobreponer el PP J oven a la lgica rgida del PP de tipo asamblea-consejo-eleccin; b) repensar
los nuevos modos de participacin de los jvenes, reflexionando sobre las lgicas juveniles
actuales, dinmicas, en movimiento y nunca estticas; y c) no acotar el PP J oven a las instancias
de participacin presupuestaria, sino alternar con otras instancias como jornadas ldicas,
realizacin de proyectos, encuentros.

Finalmente, volver a focalizar en la entidad de los proyectos, en dos de sus dimensiones: a) el
respeto presupuestario, esto es, acatar y subordinarse al destino de los fondos que el voto joven
decidi; y b) la esencia, lo que significara ajustar la ejecucin o materializacin de la propuesta
al contenido original manifestado previamente.

Los sucesivos ajustes y cambios introducidos desde la creacin de la Direccin comienzan a
madurar y dan pie a una etapa que, consideramos, se mantiene desde 2013. Este perodo se
caracteriza por una fuerte y sostenida aunque trabajosa expansin cualitativa y cuantitativa.

Existen al menos cuatro hechos que potencian el desarrollo del PP J oven desde el 2013:

a) el acuerdo pbl ico-pblico que suscribieron el Gobierno de la Provincia de Santa Fe
(GSF) y la MR para articular la experiencia del PP J oven en las escuelas secundarias de
la ciudad que deseen incorporarlo a sus contenidos curriculares
46
;


44
Si analizamos el Cuadro Anexo, veremos que, a pesar que en trminos absolutos la cantidad de presupuesto del
PP J oven aument hacia al final del perodo, en trminos relativos se redujo un 50 por ciento. Con todo, los
porcentajes de PP J oven en el presupuesto municipal son insignificantes.
45
Parte de este objetivo sera afianzar una relacin de trabajo con la Secretara General, dependencia encargada de
gestionar el PP. Hasta aquel momento, ambos PP haban caminado por andariveles diferentes. Coordinar acciones
conjuntas permiti acordar cronogramas, unificar instancias de comunicacin, optimizar recursos y ampliar
propuestas.
46
Es dable mencionar dos elementos contextuales que hicieron posible este acuerdo: una Ministra de Educacin
con pocos meses en funciones, integrante de un gabinete provincial predispuesto a estrechar ms an los lazos con
el Municipio; y el proyecto 30 aos de elecciones Yo nac en democracia del Gabinete J oven provincial, que
motoriz nuevos proyectos para trabajar con las escuelas.


b) el ineludible rediseo or ganizacional, i nstitucional y pr ogramtico que, por un lado,
posibilita contener la demanda estructural que requiere el nuevo escenario; y que por el
otro, unifica criterios polticos y justificaciones conceptuales;

c) una necesaria reformulacin pe daggica que, en sintona con los nuevos diseos de
polticas juveniles, posibilita nuevas y mejores alternativas a las dinmicas
participativas; y

d) la incorporacin de jvenes no e scolares y la llegada a otros espacios juveniles como
nuevo objetivo poltico.


Estas puntualizaciones que realizamos se interrelacionan, propulsan el PP J oven, y adems le
generan un desafo en trminos de gestin.

El convenio establecido con el Ministerio de Educacin del GSF pretende que las instituciones
educativas a donde concurren los jvenes puedan aportar los abordajes tericos de la formacin
ciudadana y la participacin directa como contenidos curriculares especficos que encuentran su
correlato prctico en la experiencia local del PP J oven. Este acuerdo redunda en tres beneficios
concretos: legitima el acceso del equipo municipal del PP J oven a las instituciones educativas,
que constitucionalmente estn bajo la rbita provincial; descansa a los directivos de las escuelas
al otorgar a la iniciativa un reconocimiento oficial del Ministerio; y otorga mayor visibilidad a
la propuesta al contar con el apoyo de un nivel superior de gobierno. El convenio adems tiene
ventajas tangibles y funcionales para la gestin cotidiana, como por ejemplo, despejar los
acuerdos institucionales para las salidas de los jvenes de los establecimientos, incluido el
seguro, que corre por cuenta del Ministerio.

Enseguida, la reformulacin y ampliacin de las estructuras de gestin permiten enfrentar en
parte la obvia demanda que recae sobre el PP J oven en esta etapa. En este sentido, una de las
medidas ms beneficiosas para la organizacin fue el aumento en trminos de recursos humanos
que integran el equipo tcnico
47
. Al mismo tiempo, la iniciativa Construyendo Derechos que
junto al PP J oven pasan a conformar el nuevo eje Participacin y Derechos, otorga coherencia
e integralidad a los valores, las ideas y los objetivos fundantes de la Direccin. Desde siempre,
ambos proyectos haban trabajado de forma fragmentada, desde paradigmas distintos, y cada
uno con identidad y recursos propios. Si bien tenan mucho en comn, la puesta en prctica
siempre se materializ desde espacios independientes. Finalmente, esta fusin o simbiosis
rgano-conceptual desemboc en una nueva estructura de roles y funciones, que si bien ha dado
sus primeras respuestas auspiciosas an est en proceso de consolidacin
48
.

47
Se intenta que el equipo de PP J oven est integrado por jvenes profesionales que tengan experiencia de trabajo
con jvenes, que sea responsable, que puede desplegar su trabajo en formato taller evitando la lgica individual, y
que logre aprehender la grupalidad que emerge en los espacios participativos. En 2013 el equipo territorial se
renov por completo, en 2014 se reemplaz la mitad para ajustar los perfiles a los objetivos propuestos.
48
La propuesta institucional de Construyendo Derechos parte de concebir al joven como sujeto de derechos, y
a los Derechos Humanos como una construccin colectiva, histricamente situada, que supone pensar la existencia
digna de las personas. Desde sus inicios el compromiso apunt a instalar de forma permanente ese reconocimiento
y a partir de all enmarcar cada una de sus acciones. En tal sentido, entienden al joven como un sujeto que no
solamente demanda, pide o denuncia, sino que tambin puede proyectar, proponer, enunciar y participar; un sujeto
que puede reconocer sus derechos. Construyendo Derechos ha tenido como fin la participacin, la opinin y la
discusin de los jvenes con relacin a la construccin cotidiana de los derechos. Sus acciones se han llevado
adelante en los espacios donde el joven es partcipe, como escuelas, instituciones u organizaciones barriales, y en
otros espacios que son construidos para tal fin. Hay que destacar el reconocimiento tardo otorgado a
Construyendo Derechos, una lnea de trabajo que J uventud desarrolla desde sus comienzos como institucin, y



En tercer lugar, y en parte como consecuencia de lo anterior, se destaca la reformulacin del
trayecto participativo que se da en un doble nivel: por un lado, de forma parcial en el diseo
anual del PP J oven, y por otro, en la concretizacin de nuevos dispositivos que acompaen y
posibiliten cada instancia participativa
49
.

Finalmente, entendiendo que una poltica de participacin que no tenga en cuenta al sector no
escolarizado contribuira a intensificar ms an las diferencias ya existentes entre ambos
sectores, se subraya la intencin de incorporar a dicho colectivo al trayecto del PP J oven. La
atencin de este nuevo desafo se pone en prctica a partir de la llegada poltica e institucional a
nuevos espacios de trnsito y habitacin juveniles territoriales, como los Centros de
Convivencia Barrial municipales y organizaciones barriales en general. Debe traducirse en una
medida de discriminacin positiva que contemple el acompaamiento por parte de los equipos
tcnicos a los grupos de jvenes que no asisten a la escuela, para apoyar su participacin y
expresin como ciudadanos en las mismas condiciones y con las mismas oportunidades que
tienen quienes estn insertos en el sistema educativo formal; al tiempo que debe promoverse la
participacin de pblicos no necesariamente escolares, es decir, jvenes que participan de
organizaciones no gubernamentales, asociaciones barriales, entre otras
50
.

En el perodo de expansin que se desarrolla desde 2012 varios indicadores han dado un salto
exponencial. A partir del Cuadro Anexo es posible establecer algunas notas interesantes. Por
ejemplo, a diferencia del PP que desde su origen tiene a decrecer en trminos porcentuales con
respecto al presupuesto general, el PP J oven luego de un perodo de estancamiento a aumentado
su porcentaje, alcanzando el 3% en 2013 sobre el PP, lo que significa una cifra de 385 mil
pesos. Esto se ha traducido en la posibilidad de ejecutar ms proyectos, por lo que la cifra de
proyectos electos ha aumentado desde hace algunos aos.

Con respecto a la cantidad de escuelas participantes, la cifra de 2013 ha superado el doble del
promedio histrico, e incluso lo ha cuatriplicado en 2014
51
. Con respecto a la participacin
juvenil en espacios participativos, la cantidad de jvenes de 2013 se ha quintuplicado con
respecto a 2012, y se ha doblado en 2014 con respecto a 2013. Por ltimo, es dable mencionar
la cantidad de electores. Si bien 2012 marc un precedente con respecto a todos los aos
anteriores (incluso con participacin asamblearia disminuida), en 2013 es cuando se alcanza el
nmero mayor de jvenes votantes, superando los 16 mil.


Recalculando la democracia juvenil

que vino a realizar un aporte muy importante al PP J oven, ya que dispuso todo su capital acumulado en prcticas
ldicas, juegos participativos, coordinacin de grupos, contactos institucionales y referencias territoriales. Por
razones que no vienen al caso, nunca logr sumarse al PP J oven sino hasta 2013.
49
Estas dos dimensiones se profundizan en los apartados subsiguientes.
50
En 2012 la experiencia se lleva a un puado de Centros de Convivencia Barrial aunque con la lgica
asamblearia; en 2013, con el nuevo diseo, se hace pie en dos espacios territoriales al tiempo que se suman algunas
organizaciones juveniles (Scouts, Rollers, Skaters, Vox Asociacin Civil) a los Espacios de Participacin. De todas
formas, desde la Direccin de J uventudes se entiende al PP J oven como un dispositivo ms de participacin. Como
si fuera un medio propulsor, puede utilizarse junto a otras herramientas, siempre y cuando los marcos sociales e
institucionales estn dados. A la vez, el PP J oven puede servir para convocar nuevos jvenes a la participacin,
para fortalecer grupos ya en actividad, o para cerrar un trayecto de inclusin.
51
La ciudad de Rosario tiene poco ms de 200 establecimientos escolares medios, entre pblicos y privados. Sobre
datos de la edicin 2014 de PP J oven, podemos afirmar que las escuelas ms participativas son del Distrito
Sudoeste (87%), seguidas de cerca por el Sur (75%), y los Distritos Norte, Noroeste y Oeste (entre el 60 y el 65%).
Del Distrito Centro solo participa el 31% de las instituciones escolares.



El 2012 fue un ao de transicin. En perspectiva, es posible decir hoy que se
encontraron los desafos de una nueva direccin poltica con los viejos vicios de una estructura
mecanicista y con signos de desgaste. Se hizo evidente mucho ms que antes la necesidad de
reformular un contenido que mejore las dinmicas de la participacin. Se torn ineludible la
necesidad de revisionar las actividades participativas, recuperar vnculos institucionales, generar
confianza en las estructuras colaborativas, y pensar nuevas alternativas pedaggicas.

Desde aquel momento hasta hoy se han propuesto algunas modificaciones en el PP J oven, que
lejos de ser soluciones concretas y acabadas, contribuyen a mantener en movimiento un espacio
que por su propia esencia requiere constante intervencin. En los prrafos siguientes
desplegamos algunos de esos elementos.


El diseo de la participacin

A diferencia del PP, en el PP J oven no es necesario realizar una convocatoria puntual a
los jvenes, por lo que la difusin no est supeditada a tcticas de comunicacin masiva,
extensiva o de gran escala, sino a la calidad del trabajo institucional, mediado por las relaciones
interpersonales entre los representantes del Estado local y los referentes de las instituciones que
puedan mostrar inters. Por tal motivo, en la previa, los procesos y las estrategias de difusin e
informacin apuntan a las instituciones escolares mas no a los jvenes. En tal sentido, cuantas
ms escuelas se sumen el PP J oven, mayor cantidad de jvenes participar.

El momento ms importante previo al inicio formal del PP J oven es el encuentro-lanzamiento,
actividad que congrega a todos los directivos y docentes que se interesan por la propuesta para
compartir una jornada informativa y participativa. Dicha actividad, adems de oficiar de
instancia de socializacin del PP J oven y presentar la planificacin tentativa del ao, promueve
en los presentes un acercamiento a los conceptos que se desarrollarn a lo largo del ao a travs
de postas interactivas: participacin, democracia, convivencia, derechos humanos, identidad y
juventudes. En los das subsiguientes y a medida que las escuelas van confirmando su adhesin
al PP J oven, se estipula un calendario tentativo de participacin.

Dos de los cambios ms evidentes que se implementaron fueron la transformacin de las
asambleas en espacios participativos, y el espacio de retrabajo de los consejos en foros de
participacin. Esto no significar solamente un cambio de nombres a las etapas de PP J oven,
como veremos luego, sino que tiene detrs una serie de justificaciones que otorgan coherencia a
las modificaciones. En tal sentido, fue necesario atender a las nuevas coyunturas, muchas de las
cuales ya dimos indicios, intentando dar respuestas a demandas de flexibilidad, dinamismo,
funcionalidad, renovacin y nuevos contenidos.

Los Espacios de Participacin se constituirn como la primera etapa del ciclo anual de PP
J oven. Es un perodo que se extiende por algo ms de dos meses, en el cual es posible ver
desagregados todos y cada uno de los encuentros de jvenes que se realizan mayormente en
escuelas secundarias
52
. Se propone trabajar por lo general en el marco de asignaturas especficas
que aborden la ciudadana, la identidad o los derechos humanos, buscando generar un debate y

52
Ocupa desde principios de mayo hasta el comienzo de las vacaciones de invierno escolar, esto es, en la primera
semana de julio.


reflexin en torno a las problemticas y necesidades de la juventud
53
. El espacio participativo
intenta imprimir universalidad, flexibilidad y mayor funcionalidad a los momentos iniciales del
PP J oven, recuperando parte del espritu dialogal-consensual de la antes llamada asamblea
juvenil.

Cada sede educativa aloja dos espacios por temporada, de esta manera se ha correspondido
llamarlos como Primer Espacio de Participacin y Segundo Espacio de Participacin. Como es
costumbre, los espacios son coordinados por integrantes del equipo tcnico del PP J oven de la
Direccin, a los que se suman ocasionalmente los docentes que quieran permanecer en la
actividad
54
.

El objetivo de estos encuentros duales es que los jvenes se encuentren con sus pares a
compartir intereses e inquietudes pensndose desde su propia identidad y subjetividad. Por tal
motivo, se trabaja sobre dispositivos ldicos grupales que abordan la participacin juvenil desde
los ejes juventudes, encuentro, identidad, convivencia, participacin y proyecto. Al mismo
tiempo se intenta que los jvenes empiecen a pensar y delinear las primeras ideas que le darn
sustento a sus futuros proyectos. En los Espacios de Participacin deben fluir todos aquellos
escenarios que, a su criterio, deban modificarse o alcanzarse para mejorar la calidad de vida y
generar mejores condiciones de desarrollo. Aqu es cuando comienzan a reconocer sus derechos
y responsabilidades como ciudadanos en el marco de la construccin compartida de la propia
ciudad.

La dinmica de los espacios participativos y los dispositivos puestos en juego tienen como
metas principales propiciar el debate de ideas, y colaborar con la emergencia de propuestas e
iniciativas que a posteriori darn sustento a los proyectos juveniles. Como parte del trayecto se
intenta hacer nfasis en el carcter local de la iniciativa, despejando las que sean de
incumbencia de otros niveles gubernamentales. Se trata tambin que los jvenes puedan
discriminar las situaciones barriales que demandan una solucin urgente o sean factibles de
canalizar sin necesidad de pasar por todo el proceso de las que necesariamente requieran una
formulacin proyectual. En concreto, se generan los primeros diagnsticos participativos y las
primeras tendencias de posibles propuestas que contribuyan a la problemtica.

El siguiente tramo del PP J oven agrupa los denominados Foros de P articipacin J uvenil y
conforma la segunda etapa visible del proceso. Los Foros heredan de los Consejos
Participativos aquella combinacin de elementos participativos y componentes representativos,
pero avanzan en pos de acotar el trayecto y reformularlo inserto en un contexto de
institucionalidad educativa
55
. Los jvenes que asisten a los foros adquieren un rol adicional:

53
Con la final implementacin de las nuevas currculas escolares en 2015, la estructura de tercero, cuarto y quinto
ao tendrn finalmente tres asignaturas muy concretas: Construccin de Ciudadana e Identidad, Construccin
de Ciudadana y Participacin, y Construccin de Ciudadana y Derechos, respectivamente.
54
En 2013 se llev el PP J oven a 58 escuelas y algunos espacios territoriales. En 2014 los Espacios de
Participacin se desarrollaron en 106 establecimientos escolares. La lista no est cerrada y an no se han definido
los Centros de Convivencia Territorial que cobijarn el PP J oven, por lo que la cantidad puede aumentar.
55
A propsito, las instancias de los foros refieren a una participacin de tipo representativa o delegada en jvenes
que trabajan a nombre del grueso de los participantes. A decir verdad, la esencia de la delegacin fue perdiendo
sentido con el correr del tiempo. Por ejemplo, en el PP hace ya varios aos que los participantes de las asambleas
no eligen consejeros, sino que son los mismos interesados, presentes en los encuentros, los que se autopostulan
para seguir participando. En el PP J oven, con los ltimos cambios implementados, las escuelas enviarn una
determinada cantidad representantes para asistir a los Foros.


recuperar, dar entidad, acotar, cohesionar, priorizar y transformar las ideas en proyectos
concretos, consolidados e integrados
56
.

Los Foros estn pensados para ser momentos de intercambio y exposicin de las propuestas
trabajadas por los grupos de jvenes en cada uno de los espacios por los que transitaron
previamente
57
. En esta instancia se acuerda mediante el debate y el consenso cules sern las
propuestas que se elevaran a la categora de proyecto, junto a sus correspondientes
modificaciones. Durante su realizacin se ponen en discusin las propuestas generadas en los
espacios participativos y se confeccionan por escrito las propuestas
58
. El objetivo ltimo de los
foros es que los jvenes se encuentren a pensar propuestas con otros jvenes que provienen de
contextos diferentes, y al mismo tiempo se acerquen a los funcionarios pblicos.

Se realizan 12 foros en total, 2 por distrito
59
. El primero tiene lugar en el Centro Municipal de
Distrito, y el segundo en el Galpn Centro de la J uventud. Por lo general se planifican para el
mes de agosto
60
. Una vez conformados los proyectos se envan, a travs de las mesas distritales,
a las reas municipales correspondientes para ser evaluados y otorgarles la factibilidad tcnica y
financiera. Si es necesario se les introduce alguna modificacin, las cuales debern ser
consensuadas con los jvenes. Una vez que los proyectos estn aceptados, son finalmente
presentados a la Intendenta y su Gabinete Municipal en un encuentro abierto, ameno y cercano,
para que se interioricen de los mismos.

La ltima etapa del PP J oven es la Jornada de Eleccin
61
. La herramienta eleccionaria es el
sufragio implementado a travs de urnas tradicionales, pero tambin apoyada en los ltimos ao
por otras herramientas como el voto bolita o el voto web. Se acercan urnas a las escuelas que
participaron del PP J oven y se disponen postas de votacin en lugares cntricos de la ciudad con
asiduo trnsito de jvenes. Tambin es posible votar en la tradicional Fiesta de las
Colectividades, junto al PP. De esta forma, con mltiplas alternativas electivas, se intenta
generar una masa de votantes jvenes compuesta no solo por los escolares sino por otros
colectivos juveniles que tal vez no participaron de los encuentros previos. Una vez realizado el
escrutinio, las propuestas con mayor cantidad de votos que sumadas no sobrepasen el monto
disponible para ese distrito, se incorporarn al presupuesto del ao siguiente
62
.


56
Si lo ponemos en trminos de carga horaria, el trabajo de un Consejo Participativo que podra ocupar 8
encuentros de 2 horas, se transforma en dos grandes Foros que se extienden por ms de tres horas, ms la
posibilidad de algn encuentro extra para tareas especficas. No es una cuestin que deba analizarse desde una
posicin cuantitativa, sino que el rdito est puesto en la calidad del trabajo con los jvenes.
57
La decodificacin y procesamiento de la informacin registrada en los soportes grficos corre por cuenta del
equipo de gestin del PP J oven, que se encarga de sistematizar la produccin y acercarla de manera ms amena al
foro.
58
La ficha de proyectos sigue siendo una herramienta altamente til para ordenar la formulacin de las propuestas,
ya que permite estipular algunos campos que necesariamente deben estar presentes a la hora de confeccionar una
iniciativa. stas se encuadrarn en ejes, por ejemplo, medio ambiente, convivencia ciudadana, inclusin social,
entre otros.
59
El distritos populosos, como el Centro, puede ocurrir la realizacin de mayor cantidad de foros.
60
En el primero de los encuentros se cuenta con el acompaamiento y la orientacin de los equipos municipales
distritales de las reas pertinentes, como Cultura, Salud, Desarrollo Urbano, entre otras.
61
Previo a la eleccin existe una instancia de difusin masiva de los proyectos elaborados. Este requiere la llegada
a los espacios institucionales que trabajaron durante todo el proceso con material impreso y soportes para difundir
los listados de proyecto. Tambin es factible la incorporacin de lugares que no realizaron Espacios de
Participacin como sede de votacin.
62
En los comienzos del PP J oven, los electores podan elegir 1 solo proyecto, hecho que resulta lgico ya que en
las primeras ediciones muchas veces el listado de propuestas de un distrito no superaba las 3 o 4 iniciativas. En el
ao 2012 esa cantidad se aument a 3; desde el ao pasado es posible elegir 6 proyectos, al igual que en el PP.


Esta reformulacin del PP J oven no estara completa si no mencionamos la participacin de los
jvenes en la realizacin de los proyectos que ellos mismos contribuyeron a formular. Podra
entenderse como un trayecto paralelo que se desprende del ciclo anual, pero que a la vez est
profundamente vinculado a su propia esencia terica y prctica: durante todo el ao los jvenes
son convocados a participar en actividades y encuentros de los que ellos mismos han sido
mentores y propulsores.


Entre el juego, la participacin y la democracia

Los dispositivos pedaggicos se constituyen como una parte vital de los espacios
participativos del PP J oven. En torno a ellos gira la didctica que se propone desarrollar. Por tal
motivo, aunque parezca nimio, su construccin-configuracin requiere de un proceso pensado,
puntual y reflexivo. As, es posible detectar en estos elementos una dimensin: a) terica, ya
que su contenido responde a paradigmas y posturas sobre la sociedad y el ser de las juventudes;
b) histrica, ya que permiten la emergencia de procesos situados en momentos especficos; y c)
poltica, porque estn diseados bajo una propuesta de gobierno y un proyecto social.

Los dispositivos pedaggicos ayudan a configurar un modelo activo de trabajo que ubica a los
jvenes en el primer plano. Propenden a propulsar la creatividad mediante el descubrimiento, la
experimentacin, el dilogo, el reconocimiento y sobre todo, la intervencin en igualdad de
condiciones. En concreto, constituyen la apoyatura de la participacin y a la vez la estimulan.
Las dinmicas participativas alternan modelos germinales y constructivos, hibridando en una
situacin peculiar. En este sentido, la disposicin de la estructura es apoyar procesos de escucha
activa, bsqueda y motivacin, ligados a las necesidades del joven no en su calidad de sujeto
individual, sino como parte de un grupo social inserto en un entorno. Se intenta que sus
intereses propios sean relegados en pos de los colectivos. Al mismo tiempo, se propone
recuperar los mundos ya construidos por los jvenes para ponerlos a prueba, modificarlos o
construir nuevas alternativas. En este caso los dispositivos se muestran como variables
organizativas que ordenan las diferentes etapas de los encuentros; para los jvenes significan
lgicas que pueden ser soluciones y al mismo tiempo ser viables de confrontar con otras
propuestas. Constituyen una didctica diferencial ya que tienen en cuenta un grupo etario
especfico y con caractersticas propias.

La participacin en el PP J oven implica la puesta en prctica de un conjunto de estrategias
diseadas y pensadas para generar ambientes dinmicos, donde los jvenes se sientan a gusto,
atrados hacia las actividades, en un espacio que invite al juego y al intercambio. Las
metodologas ldicas intentan que los jvenes se apropien de las propuestas que se despliegan
para promover la participacin. El objetivo no es que la actividad divierta al joven ni que oficie
de recreacin. Por el contrario, la meta es mucho ms profunda. Los juegos intentan colaborar y
generar los marcos para la emergencia de los sueos, las aspiraciones, la imaginacin, la
convivencia y la solidaridad. Lo ldico posibilita la incorporacin o el desarrollo de estas
categoras, permite construir relaciones entre jvenes, y desde ellos con el mundo. Permite un
pasaje constante de lo simblico a lo real, y de lo real a lo simblico.

Desde sus primeras manifestaciones, el PP J oven otorga dedicada atencin al conjunto
herramental que permita propulsar y poner en juego las dinmicas participativas, y que a la vez
sirva de insumo-registro para las etapas posteriores. Por tal motivo, de manera constante se
piensan y repiensan los elementos que se ponen en juego en los encuentros participativos. En
2013 se utilizaron dos soportes grficos: un Facebook ampliado e intervenido; y un mapa de la


ciudad de Rosario. Se intent con estas nuevas apuestas no hacer un relevamiento explcito de
problemticas, por ms que sea difcil evitar que decanten, sino apostar al encuentro, al
acercamiento, al conocimiento del otro a travs de mltiples lenguajes y actividades-estmulo.
La idea del Facebook fue pensada para generar un enlace con los jvenes a travs de sus
motivaciones y lenguajes ms cotidianos
63
. El mapa, por su parte, invitaba a recorrer la ciudad,
y a partir de ese viaje, pensar propuestas y de qu forma realizarlas: deporte, msica,
encuentros, entre otras alternativas.

En los Espacios de Participacin de 2014 se renovaron los soportes. En esta oportunidad,
gracias a una atenta planificacin previa se pudo alcanzar el desarrollo de dos dispositivos
innovadores, superadores de los del ao anterior, para trabajar en pequeos grupos. El primero
de ellos consta de cuatro actividades. Inicia con un acrstico con la palabra juventudes que
tiene por objetivo que los jvenes pongan por escrito como se ven a s mismos, no
individualmente sino como parte de un colectivo. Las palabras que surjan debern
caracterizarlos o describirlos. En el siguiente juego, denominado Palabras que enlazan, se
trata de unir o vincular 6 significados con 3 palabras fundamentales para la participacin:
proyecto, identidad y convivencia. La tercera actividad, ubicada al dorso de la hoja, consiste en
interpelar a los jvenes a que reflexionen sobre su pertenencia. La huella es la metfora de la
identidad, nica e irrepetible. Su grfica ampliada permite que los jvenes completen de qu se
sienten parte entre las lneas que la forman. Por ltimo, el cuarto espacio se titula Palabras en
movimiento y oficia de nexo con el PP J oven del ao anterior, a la vez que sirve para disparar
la participacin hacia el siguiente trayecto. Se retoman palabras elegidas por jvenes en la
edicin anterior de PP J oven para ser el punto de partida que permita pensar las nuevas
propuestas: encuentro, alegra, msica, movimiento, estar mejor, deportes, conocer a otros,
bailar, aire libre, ganas, transformacin, escuchar, aprender, compartir, derechos, inclusin. Se
permite elegir entre las que estn ya escritas, y a la vez agregar nuevas.

La dinmica de los Segundos Espacios de Participacin de 2014 consisti en armar una plana de
un diario ficticio que llev por nombre Rosario Ms J oven. Se utiliz un soporte prediseado
que sirva como registro e insumo para los foros. Se trata de, en primer lugar, elegir una seccin
que esconde en realidad el perfil del proyecto que se va a formular. As como en un diario existe
Deportes, Policiales, Economa, etc., ac se puede elegir entre Cultura y arte, Convivencia,
Deporte, Ecologa, Educacin, Mundo urbano, Salud, Tecnologa, Turismo. La noticia se
construye con un titular, un dibujo cual foto, y un texto o cuerpo que luego servir para inspirar
la redaccin formal del proyecto.

En los Foros de Participacin se retrabaja con las propuestas e inquietudes desarrolladas en los
Espacios. Se ponen en comn, se debaten y se seleccionan las que sern profundizadas de forma
colectiva. Se trata de que los jvenes tengan siempre presente lo igual y lo diferente, la
participacin y la construccin colectiva, lo heterogneo y la convivencia. En el primero, las
actividades pautadas buscan integrar a los jvenes y pensar iniciativas de forma conjunta
64
. En
el segundo, el material se agrupa de acuerdo a los criterios estipulados previamente, como
factibilidad, tipo de propuesta, etc. Se busca que sean iniciativas colectivas, que incluyan
perspectiva de gnero, y que estn ancladas a un espacio pblico. El escenario ideal es que los
Foros finalicen con las propuestas escritas y listas para ser llevadas a la instancia de factibilidad.

63
Aun as, las interpelaciones que el juego propuso (del estilo qu te gusta, qu no te gusta, o qu necesits)
siguieron, en algn sentido, estableciendo una va directa y amplia que debi ser procesada.
64
En 2013 se utilizaron los siguientes dispositivos: fotos grupales; juego de autgrafos; juntos a la par;
instrucciones para cambiar el mundo; iguales y diferentes; y postas participativas en general. En 2014 est
planteado retomar el segundo soporte de forma directa.




Algunos de nuestros desafos

Las polticas pblicas con y desde los jvenes necesitan ajustes constantes: nuevas
definiciones, renovados marcos institucionales, evaluaciones orientadoras, mejores
herramientas, ms recursos. Algunos de nuestros desafos son puntuales, concretos, tangibles y
alcanzables a corto y mediano plazo; otros son ms difciles, de largo plazo, de contribucin y
construccin lenta y cotidiana. Nuestros desafos, sin orden de importancia y contribuyentes a
diversas naturalezas y problemticas interrelacionas (organizacionales, polticas, institucionales,
de gestin) se pueden formular de esta manera:

Concretar espacios de reflexin institucional que permitan la emergencia de propuestas
para mejorar las herramientas; habituar a la estructura pblica vinculada al PP J oven a
producir memoria institucional, profundizando la sistematizacin de sus prcticas; y
propender a la mejora continua de los equipos de trabajo, aumentando en lo posible la
masa crtica de recursos humanos, materiales y financieros.

Mejorar los ya existentes instrumentos, herramientas y metodologas que permiten
desarrollar los contenidos participativos; y renovar cuando sea posible los dispositivos
ldico-educativos que fomenten la participacin y la ciudadana atendiendo
necesariamente a los ejes de encuentro, convivencia, diversidad y solidaridad.

Institucionalizar espacios de discusin sobre polticas juveniles que atiendan al
ineludible compromiso que deben asumir de las reas municipales como responsables de
transversalizar las acciones de juventud.

Administrar la tensin entre el PP J oven, en tanto espacio juvenil dedicado, y otros
espacios de participacin abarcativos, para tender as puentes y cruces
intergeneracionales que provean mejores articulaciones polticas.


El PP Joven: una escuela de ciudadana
Palabras finales

El PP J oven cristaliza un inters genuino y loable de profundizar la vida democrtica de
los jvenes en torno a un proyecto de ciudad. Estamos ante una propuesta sostenible de
socializacin poltica en trminos de ciudadana que ayuda a desdibujar las fronteras
socioculturales que existen al interior de los territorios de Rosario y a la vez refuerza la
legitimidad de la administracin local.

En estos diez aos, el PP J oven ha contribuido a fortalecer la participacin juvenil en un marco
formal de toma de decisiones y ha profundizado los derechos de los jvenes como ciudadanos
bajo una institucionalidad que pocas experiencias pueden acreditar. Al mismo tiempo ha
colaborado con la formacin de redes juveniles y con el fortalecimiento de sus capacidades
organizativas, apoyando el desarrollo de prcticas democrticas y participativas que permitan
transformar el entorno urbano inmediato. No obstante, su implementacin debe apuntar a
trascender la lgica pragmtica, expeditiva y cclica de proyecto-votacin-ejecucin para
apostar a la formacin ciudadana. En tal sentido, es dable solapar por unos momentos la
inmensa cantidad de propuestas que emergieron del PP J oven y se concretizaron en acciones


pblicas e iniciativas tangibles, para resaltar justamente su carcter educativo y formativo.

La gran fortaleza del PP J oven es la posibilidad intrnseca que brinda a los jvenes y sus pares
de comprender de la realidad desde otro ngulo, de comprometerse con una situacin de
cambio, y sobre todo, de implicarse en el camino de modificarla con la participacin. Y como a
participar se aprende participando, la accin misma de aprender se realiza a travs de lo ldico,
de la construccin comn y compartida. El eje pedaggico adquiere una relevancia nunca antes
fundamentada. En ese sentido, el PP J oven permite aprender en la accin misma, a travs de un
diagnstico comn y la posibilidad de proponer el cambio de estado de esa situacin. Permite
reivindicar as la bsqueda de objetivos compartidos, el respeto por las opiniones ajenas, y la
toma decisiones comprometida y responsable. En otras palabras, se trata de un ejercicio prctico
de ciudadana que se ve atravesado por la identidad del entramado social, cultural y poltico de
los jvenes en pos de rescatar la identidad, la diversidad, las miradas distintas, los intereses de
las juventudes.

El PP J oven no trata de costosos proyectos de grandes dimensiones. Se trata ms bien de la
participacin a travs de pequeas transformaciones de la realidad cotidiana, efectivamente
posibles mediante el involucramiento juvenil. En cada parte del PP J oven hay una dosis de
compromiso, responsabilidad, respeto, posibilidad de empoderamiento y transformacin de la
realidad inmediata. Su mayor desafo es que los jvenes aprendan participando y participen
aprendiendo a travs del diagnstico colectivo y la construccin asociada. El PP J oven se
inserta ah, como titulamos al principio, entre la democracia didctica y el ludus participativo.


Anexo




Anexo Proyectos electos en el PP Joven

2004 - PP Joven 2005

Distrito Sudoeste
Talleres para jvenes
65



2005 - PP Joven 2006

Distrito Centro
Concurso de bandas musicales

Distrito Norte
Movimiento J oven
66

Taller de derechos humanos

Distrito Noroeste
Construccin de rampa para
bicicletas, patines y patinetas

Distrito Oeste
Centro Tecnolgico

Distrito Sudoeste
Biblioteca y ludoteca
Taller de radio con radio abierta

Distrito Sur
Encuentro y concurso de bandas
musicales


2006 - PP Joven 2007

Distrito Centro
Centro permanente de prevencin de
adicciones
Paso a paso... jvenes educando
67


Distrito Norte
Popumsica
68

Taller de periodismo y radio

Distrito Noroeste

65
De murga, teatro y ftbol.
66
Talleres de msica, canto y baile.
67
Proyecto de apoyo escolar.
68
Taller de msica con instrumentos varios.
J ovenautas
69


Distrito Oeste
Concurso de proyectos juveniles
70


Distrito Sudoeste
Espacio de Usos Mltiples
71


Distrito Sur
Sonido joven
72

Te contamos tus derechos
73



2007 - PP Joven 2008

Distrito Centro
Taller de educacin sexual
Concurso de murales con temticas
juveniles
Taller de educacin vial

Distrito Norte
Taller de educacin sexual
Campamentos juveniles

Distrito Noroeste
100% Ftbol
Taller de danzas

Distrito Oeste
La verdad incomoda
74

Campaa de educacin sexual

Distrito Sudoeste
Taller de danzas
Taller de orientacin vocacional

Distrito Sur

69
Centro Tecnolgico con capacitacin en
informtica.
70
Financiamiento de proyectos, programas,
actividades de grupos u organizaciones juveniles.
71
Destinado a actividades culturales, artsticas,
recreativas, etc., con el acondicionamiento y la
tecnologa solicitada para dichas actividades.
72
Taller de msica con instrumentos varios.
73
Talleres de capacitacin a promotores en escuelas,
organizaciones juveniles, etc., sobre la temtica de
los DDHH.
74
Campaa de prevencin de adicciones.


Skate park


2008 - PP Joven 2009

Distrito Centro
Campamentos juveniles

Distrito Norte
Taller de danzas y hip hop
Recitales gratuitos y taller de canto

Distrito Noroeste
Campamentos deportivos

Distrito Oeste
Campamento del siglo

Distrito Sudoeste
Deportes para todos y todas
Taller de computacin
Aprendiendo a bailar en el sudoeste

Distrito Sur
Campamentos juveniles


2009 - PP Joven 2010

Distrito Centro
Talleres de baile
Graffitis en la ciudad
75

Talleres de computacin
Talleres de conciencia ecolgica

Distrito Norte
Boliche en la Florida con entrada
gratuita
Curso de computacin
Recitales a beneficio
Taller de reggaetn

Distrito Noroeste
Talleres recreativos
Radio de jvenes
Taller de graffiti y espacio para
grafitear
Taller gratuito de msica

75
Para aprender la tcnica de este lenguaje urbano.

Distrito Oeste
Taller de guitarra y canciones
Taller de computacin
Taller de baile
Taller de cocina
Talleres de sexualidad

Distrito Sudoeste
Taller de computacin
Taller de cumbia y cumbia cruzada
Taller de reggaetn
Taller de orientacin vocacional y
orientacin laboral

Distrito Sur
J venes en proyecto
76

Taller de cumbia cruzada
Taller de danzas brasileras
Taller de salsa
Taller de danzas rabes


2010 - PP Joven 2011

Distrito Centro
Aguantame un rato
77

Trueque Deporte
78

Taller de skate
79

Taller de computacin
Cine joven en verano
80


Distrito Norte
Campamentos
81

Clases de danzas brasileras y
capoeira
Pelculas al aire libre
82

Taller de graffitti

76
Relacionado a la formacin laboral juvenil.
77
Espacio dentro del Centro de la J uventud para
pasar el rato entre pares.
78
Prstamo de insumos deportivos (pelotas, redes,
aros de basquet mviles, etc.) para utilizar en
espacios pblicos abiertos.
79
Para uso de tablas y elementos de seguridad en
forma gratuita.
80
Espacio de difusin de jvenes directores, ciclos
temticos e interactivos.
81
Actividades al aire libre para generar encuentros
entre jvenes del distrito.
82
Ciclos de cine gratuito en espacios pblicos al aire
libre los fines de semana.


Clases de hockey

Distrito Noroeste
Ftbol 5 en el club
83

Taller de cumbia cruzada
Fiesta pblica
84

Arte de calle
85


Distrito Oeste
Taller de cumbia cruzada
Eventos al aire libre
86

Taller de pintura
Cine al aire libre
87

Disfrut tu sexualidad
88

Taller de canto

Distrito Sudoeste
Club deportes mixto
89

Diversin para menores
90

Bicis para todos y todas
91

Cine en el barrio
92


Distrito Sur
Taller de cumbia
Encuentros deportivos
93

Taller de reggaetn
Taller de guitarra y canciones
Taller de computacin
Gimnasio al aire libre en la Plaza las
Heras
94


83
Con jvenes de distintas escuelas.
84
J ornadas de baile y msica para generar
encuentros entre jvenes del distrito en un mbito de
respeto y convivencia.
85
Talleres de graffitti, hip hop y breakdance.
86
J ornadas de baile y msica para generar
encuentros entre jvenes del distrito en un mbito de
respeto y convivencia.
87
Ciclos de cine gratuito en espacios pblicos al aire
libre los fines de semana.
88
Talleres semanales sobre comprensin, prevencin
y educacin en base a derechos sexuales.
89
Ampliar la oferta deportiva para los jvenes en el
distrito.
90
J ornadas de baile y msica para generar
encuentros entre jvenes del distrito en un mbito de
respeto y convivencia.
91
Concientizacin en el uso de la bicicleta.
92
Ciclos de cine gratuito en espacios pblicos los
fines de semana.
93
Handball y ftbol en los espacios deportivos de
Parque Irigoyen y Parque del Mercado.
Taller de percusin


2011 - PP Joven 2012

Distrito Centro
Cumbia cruzada
95

Redes cruzadas
96

Taller de canto
Taller de reggaetn
Maquillolandia
97

Cocientizndonos
98

Sentite bien
99

Taller de salsa

Distrito Norte
Torneo de ftbol
Taller de cumbia
Recitales juveniles al aire libre
Taller de baile brasilero
Plaza Alberdi WIFI
100

Banda de cumbia y reggaetn
101

Ms lugares deportivos
102


Distrito Noroeste
Ftbol y voley para todos y todas
103

Taller de baile reggaetn
Hockey para todas
104

Taller de cocina
105


94
Un espacio en la plaza con elementos para hacer
gimnasia.
95
Taller grupal.
96
Equipamiento para hacer deporte.
97
Taller de tcnicas de maquillaje artstico.
98
Taller de educacin sexual, donde se d
informacin y se trabaje acerca de los mtodos
anticonceptivos ms eficaces y cules son las
enfermedades de transmisin sexual, prevencin y
cuidados para jvenes y adolescentes.
99
Charlas y actividades ldicas que aborden distintas
temticas para desalentar las adicciones.
100
Colocacin de mesas, bancos y granza.
101
Un taller donde aprender a tocar los instrumento
musicales relacionados con estos ritmos.
102
Acondicionar un lugar cerrado donde se pueda
practicar todo tipo de deporte.
103
Usar la cancha ya existente en Acevedo y J os
Ingenieros. Remodelarla.
104
Clases de hockey grupales para jvenes.
105
Taller semanal, de marzo a diciembre con
encuentros de 3 horas cada uno, tiene como pilar
promover una alimentacin saludable respetando
situacin econmica, etapas evolutivas, gustos,


Recitales gratuitos
Baile hip hop
106

Talleres de salud y adicciones
107

Taller de cermica

Distrito Oeste
Taller de brasilero
Taller de reggaetn
Clases de hockey
Computeiyon
108

Graffiti y algo ms
Recitales gratuitos al aire libre
Cine en el distrito
Taller de guitarra
J uventud plena
109


Distrito Sudoeste
Baile de cumbia
Encuentro de ftbol femenino y
masculino
110

Encuentro deportivo
111

Taller de computacin
112

Espacio para hacer deportes
113

Paseos por Rosario
114

Taller de artesanas
115


creencias, etc. Al finalizar se realizar una muestra
de la produccin del taller.
106
Clases grupales donde enseen hip hop.
107
Hacer jornadas grupales en forma de taller en
donde se capacite sobre las adicciones.
108
Clases semanales grupales de conocimientos
bsicos de informtica.
109
Charlas y talleres donde se d informacin y se
trabaje acerca de los mtodos anticonceptivos ms
eficaces y cuales son las enfermedades de
transmisin sexual, prevencin y cuidados para
jvenes y adolescentes.
110
Realizar un torneo de ftbol abierto para todos los
que quieran participar con una inscripcin el mismo
dia del torneo.
111
Encuentro donde el eje central sea el compartir
una jornada a travs del deporte, ya sea ftbol y
voley.
112
Clases grupales de computacin, donde se ensee
los programas bsicos de Windows.
113
Acondicionamiento y provisin de un espacio que
se utilice actualmente para actividades deportivas en
la zona de Puente Gallego.
114
Hacer una jornada de todo un da visitando los
lugares ms turstico y de inters educativo de la
ciudad.
115
Espacio de formacin, encuentro, esparcimiento
contribuyen a la idea integral del individuo, e
Clases de msica
116


Distrito Sur
Cine a la reposera
Llenemos de colores el sur
117

Respeto (Taller de salud y educacin
sexual)
118

Capacitacin para padres
adolescentes
119

Escuela de ftbol femenino
120

Charlas sobre el uso responsable del
agua
121



2012 - PP Joven 2013

Distrito Centro
Bailes, ritmos y seduccin
122

Cuidemos el medio ambiente
123

Ms radio, ms msica para todos
124

Mejoramiento del espacio pblico
125

Deporte y recreacin para todos y
todas
126

Encuentro de ftbol
127


instituciones en donde se desarrollan y generan
proyectos artsticos y laborales.
116
Clases grupales en donde se ensee a tocar
diferentes instrumentos musicales (guitarra, flauta,
bombo, etc).
117
Realizacin de un concurso donde los jvenes
produzcan lo que les gustara ver pintado en su
barrio.
118
Clases de una vez por semana en donde se
expliquen temas de educacin sexual e identidad de
gnero.
119
Clases grupales donde los jvenes se capacitarn
acerca del cuidado y crianza de un nio.
120
Clases grupales para jvenes que estn
interesadas en jugar al ftbol.
121
Realizar una jornada donde los participantes se
concienticen y aprendan acerca del uso responsable
del agua.
122
Taller de baile con diferentes ritmos: cumbia,
reggaetn, salsa, merengue, hip hop, jazz, cha cha
cha y tango.
123
Charlas con modalidad de taller con especialistas
del medio ambiente. Tema: Reciclado de basura.
124
Taller de radio con eventos de radio abierta para
eventos festivos del barrio, en distintos puntos de la
ciudad.
125
Mejoramiento de espacio pblico para la prctica
de breakdance.
126
Barrio La Repblica. Prctica de deportes varios,
convencionales y no convencionales para jvenes.


Trabajo seguro
128

Clases gratuitas de skate
129

Clase abierta de hockey
130

Cuidemos ms nuestra salud
131

Seguridad vial para todas y todos
132


Distrito Norte
Deporte para todas y todos
133

Taller de graffiti
134

Ftbol femenino
135

Proyecto Verde Rosario Respira
Para que el norte baile y se
maquille
136

Chefs del norte
137

La Peluquera
138

Reconstruyendo el playn
comercial
139


Distrito Noroeste
Reconstruccin cancha de ftbol
140

Taller de graffiti
Recitales gratuitos
Taller de primeros auxilios
Taller de reggaetn
141

Taller de brasilero
Taller de guitarra
Taller de teatro
142


127
Torneo de ftbol mixto. Categora de mujeres y
varones, en el Parque de las Colectividades.
128
Taller de Orientacin Vocacional - Sociolaboral,
en el CMD Centro y vecinales.
129
Clases para la enseanza de tcnicas.
130
Clase abierta de Hockey en Calle Recreativa para
jvenes de la ciudad.
131
Prevencin de drogas y alcohol. Talleres con
dinmicas participativas. Espacios de reflexin entre
jvenes y adultos, en distintos lugares del distrito.
132
Taller informativo sobre seguridad vial con
dinmicas participativas.
133
J ornada de diferentes actividades deportivas, en
diferentes espacios del distrito.
134
Taller de graffiti en el CMD Norte.
135
Encuentros para que practiquen el deporte las
jvenes en distintos lugares del distrito.
136
Encuentros de bailes y maquillaje en diferentes
parques del distrito Norte.
137
Taller de cocina en el CMD Norte.
138
J ornadas de capacitacin en Peluquera en el
CMD Norte.
139
Refaccionar y equipar el playn de Casiano Casas
y Ghiraldo.
140
Refaccionar la cancha de ftbol del barrio Stella
Maris.
141
Taller de baile en el barrio Stella Maris.

Distrito Oeste
Baila reggaetn
143

Taller musical
144

J uegos en red
145

Taller de reggaetn
146

Un cruzado
147

Domingos felices
148

J venes on-line
149

Recorriendo la ciudad
150

Radio winner escuchame
151

A mover los pies
152


Distrito Sudoeste
Melodas callejeras
153

Recorriendo la ciudad
154

A ponernos en movimiento
155

J venes al aire
156

Dale vida a tus ideas
157

Skate barrial
158

A mover los pies
159

Breakdance
160

Lectura entre amigos
161


142
Taller semanal de teatro con la participacin de
actores profesionales en el distrito Noroeste.
143
Clases de reggaetn en El Obrador.
144
Clases de guitarra, cajn peruano y teclado en el
Centro Cultural La Trinchera.
145
Torneos de ftbol y vley en el Distrito Oeste.
146
Clases de reggaetn en El Obrador.
147
Clases de cumbia cruzada en el Centro Cultural
La Trinchera.
148
Recitales al aire libre en el galpn del Centro de
la J uventud, con traslado para las y los jvenes del
distrito Oeste.
149
Taller de computacin para jvenes del distrito,
en el CMD Oeste.
150
Paseos culturales y tursticos por distintos lugares
de nuestra ciudad.
151
Taller de Radio en el CMD Oeste.
152
Taller de cumbia cruzada en el Centro Cultural
El Obrador.
153
Recitales de msica al aire libre con bandas
locales en el CMD Sudoeste.
154
Paseos culturales y tursticos por distintos lugares
de nuestra ciudad.
155
Encuentro de voley en el playn del distrito
Sudoeste.
156
Taller de Radio en el CMD Sudoeste.
157
Taller de graffiti en el CMD Sudoeste.
158
Clases de Skate e incorporacin de elementos en
el CMD Sudoeste.
159
Clases de brasilero en el CMD Sudoeste.
160
Taller de breakdance en el CMD Sudoeste.


La Rodante se equipa
162


Distrito Sur
Taller de reggaetn
163

Pateando al sur
164

Pintemos el sur
165

Nadar contra la corriente
166

Trabajando hacia el futuro
(cocina)
167

J uventudes y sexualidades
168

Recorriendo la ciudad
169

Proyecto B-Boy
170

Recorrido por fbricas
171

Acordes ms, palabras menos
172

Escuchando al sur
173

Trabajando hacia el futuro
(carpintera)
174

Vamos por ms
175

Conociendo derechos
176

Sacachispas (Teatro)
177



2013 - PP Joven 2014

Distrito Centro
Deport-Music
178


161
Feria del libro al aire libre en el galpn del Centro
de la J uventud.
162
Incorporacin de instrumentos para La Tocata,
CTR N 27.
163
Taller de baile en Parque del Mercado
164
Torneo de ftbol interbarrial.
165
Concurso de Murales.
166
Clases de natacin en Parque del Mercado.
167
Clases de Cocina en el Centro de Acciones
Territoriales.
168
Charla-debate acerca de las enfermedades de
transmisin sexual.
169
Paseos culturales y tursticos por la ciudad.
170
Construccin de una pista de baile de breakdance
en la plaza Nuestra Seora de la Merced.
171
Recorrido por distintas fbricas de la ciudad.
172
Taller de guitarra en el Centro de Acciones
Territoriales.
173
Recital gratuito de bandas locales.
174
Clases de Carpintera en el CMD Sur.
175
Clases de redaccin para la posterior elaboracin
de una revista del grupo de animadores del Parque
del Mercado.
176
Charla acerca de los derechos que tenemos como
jvenes cuando la polica nos detiene para
averiguacin de antecedentes.
177
Taller de Teatro en Parque del Mercado.
178
Encuentros deportivos y culturales.
T y yo
179

Socorro (Primeros auxilios)
180

Cuidemos nuestra salud
181

Nos movemos con el arte
182

Cine a la carta
183

Haciendo foco
184

Pas la voz
185

Recorriendo la ciudad
186

Taller de orientacin laboral
187

Con msica propia
188


Distrito Norte
Pasin deportiva
189

Splash de colores
190

Norte haciendo deportes
191

T y yo
192

Mejor limpito
193

Cine a la carta
194

Viva la vida
195

Baila conmigo (Reggaetn)
196

Socorro (Primeros auxilios)
197

Copemos el espacio pblico
198


Distrito Noroeste
No a la violencia social, s a la
igualdad
199

Msica con onda
200

Murales por los barrios
201


179
Recitales, pintadas de murales y espectculos.
180
Taller de capacitacin en primeros auxilios.
181
Taller sobre adicciones y violencia.
182
Pintada de murales.
183
Proyeccin de pelculas elegidas por jvenes.
184
Taller de fotografa (identidades juveniles y su
entorno).
185
Recitales y convivencia.
186
Paseos tursticos, culturales, educativos y
productivos.
187
Herramientas para la bsqueda de trabajo.
188
Taller de iniciacin musical en guitarra.
189
Encuentros de ftbol, handball, volley, basquet y
ftbol-tenis.
190
Pintada de murales.
191
Encuentros deportivos con actividades culturales.
192
Recitales, pintadas de murales y espectculos.
193
Limpieza de plazas y campaa sobre higiene.
194
Proyeccin de pelculas elegidas por jvenes.
195
Encuentros de reflexin sobre adicciones.
196
Clases semanales de reggaetn.
197
Taller de capacitacin en primeros auxilios.
198
Recitales y actividades que promuevan la
convivencia.
199
Encuentros deportivos y expresiones artsticas.
200
Recitales y convivencia.


Vamos a bailar
202

Los pintores graffiti
203

Sexualidad con conciencia
204

Ms limpia, ms ciudad
205

T y yo
206


Distrito Oeste
Deporte para tod@s
207

Msica para tod@s
208

Taller de diversin
209

Recorriendo la ciudad
210

J untos con nuestras mascotas
211

Buena salud para tod@s
212

Sexo seguro
213

Las chicas tambin jugamos
ftbol
214

Socorro (Primeros auxilios)
215

T y yo
216

Pinceles locos
217

Cine a la carta
218

Cuidar el mundo jugando
219

Haciendo foco
220

Universo diverso
221


Distrito Sudoeste
Todas y todos al playn
222

Limpiando Rosario
223


201
Pintada de murales.
202
Taller de cumbia semanal.
203
Aprendizaje de la tcnica del graffiti.
204
Taller de reflexin con jvenes.
205
Campaa de limpieza del barrio con vecinos.
206
Recitales, pintadas de murales y espectculos.
207
Ftbol mixto, handball, volley, hockey, basquet y
ftbol-tenis.
208
Recitales y convivencia.
209
Encuentros de baile, canto, teatro.
210
Paseos tursticos, culturales, educativos y
productivos.
211
Campaas sobre el cuidado de los animales.
212
Encuentros de reflexin sobre las adicciones.
213
Encuentros de reflexin sobre sexualidad.
214
Encuentros deportivos de ftbol femenino.
215
Taller de capacitacin en primeros auxilios.
216
Recitales, pintadas de murales y espectculos.
217
Pintada de murales.
218
Proyeccin de pelculas elegidas por jvenes.
219
Taller de armado de juguetes con materiales
reciclados.
220
Taller de fotografa (identidades juveniles y su
entorno).
221
Talleres de sensibilizacin en diversidad sexual.
222
Ftbol, handball, volley, basquet y ftbol-tenis.
T y yo
224

Recorriendo la ciudad
225

Socorro (Primeros auxilios)
226

Expresalizando
227

Pintando el sudoeste
228

Encuentros deportivos y culturares
Haciendo foco
229

Informarse es saber y saber es
cuidarse
230

Taller de orientacin vocacional
231


Distrito Sur
A ponerse en forma
232

Pasiones en juego
233

Hockey femenino
234

Chicas a la cancha
235

Cine a la carta
236

El sur suena
237

El sur se copa
238

Salud y bienestar
239

Contra plagas y virus
240

T y yo
241

Socorro (Primeros auxilios)
242

Yo te amo, yo tu amo?
243

Recorriendo la ciudad
244


223
Mantenimiento de los espacios pblicos del
barrio.
224
Recitales, pintadas de murales y espectculos.
225
Paseos tursticos, culturales, educativos y
productivos.
226
Taller de capacitacin en primeros auxilios.
227
Clases semanales de cumbia cruzada.
228
Pintada de murales.
229
Taller de fotografa (identidades juveniles y su
entorno).
230
Encuentros de reflexin sobre adicciones.
231
Orientacin en la bsqueda laboral y/o
vocacional.
232
Taller de hockey y gimnasia.
233
Encuentros deportivos y culturales.
234
Clases de iniciacin en el hockey.
235
Encuentros deportivos de ftbol femenino.
236
Proyeccin de pelculas elegidas por jvenes.
237
Recitales y convivencia.
238
Msica, baile, canto y teatro.
239
Encuentros de reflexin sobre las adicciones.
240
Campaa de prevencin de enfermedades.
241
Recitales, pintadas de murales y espectculos
callejeros.
242
Taller de capacitacin en Primeros Auxilios.
243
Promocin de noviazgos sin violencia.
244
Por espacios tursticos, culturales, educativos y
productivos.



El rol de la identidad en los Nuevos
Movimientos Sociales
El caso del Pacto de Unidad en Bolivia
(2004-2013)*
*Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014

Vernica Cipriota
FLACSO
veronicacipriota@[Link]

rea temtica sugerida: Sociedad Civil, Democracia
Participativa y nuevos actores polticos

Resumen: El movimiento indgena boliviano en la primera dcada del siglo XXI,
materializado en el Pacto de Unidad, se presenta como un caso de Nuevo Movimiento
Social en el que la identidad determina la agregacin de actores de orgenes diversos, la
movilizacin y la configuracin de objetivos en forma de demandas al Estado y la sociedad
civil. El trabajo que sigue se propone ilustrar las teoras sobre el rol de las identidades en
los nuevos movimientos sociales con un caso latinoamericano reciente.







El rol de la identidad en los Nuevos Movimientos Sociales:
el caso del Pacto de Unidad en Bolivia.
Vernica Cipriota

Las regiones luchan por sus demandas presentes en general de desarrollo
y progreso- pero bajo el libreto de sus identidades regionales que delinean la
forma de la protesta y el discurso del conflicto. Si bien la demanda es el contenido,
la identidad es la forma (Flores Castro, 2007, pg. 185).

Introduccin
Los Nuevos Movimientos Sociales (NMS) han sido objeto de estudio de las ciencias
sociales por ms de dos dcadas. Se trata de formas de accin colectiva que, conformada
por grupos sociales heterogneos movilizados por un inters colectivo, luchan en el marco
de la sociedad civil por modificar el orden establecido, principalmente en el plano cultural,
de las ideas y de los derechos.
Sus causas y motores se encuentran estrechamente vinculadas con la cuestin
identitaria: ya sea por un proceso individual de conformacin de la propia identidad o como
medio para defender formas de vida relacionadas a identidades colectivas, la identidad se
ubica como un tpico fundamental a tener en cuenta en el estudio de NMS.
El movimiento indgena boliviano en la primera dcada del siglo XXI,
materializado en el Pacto de Unidad, se presenta como un caso de Nuevo Movimiento
Social en el que la identidad determina la agregacin de actores de orgenes diversos, la
movilizacin y la configuracin de objetivos en forma de demandas al Estado y la sociedad
civil.
El trabajo que sigue se propone ilustrar las teoras sobre el rol de las identidades en
los nuevos movimientos sociales con un caso latinoamericano reciente y no pretende, de
ninguna manera, ser un estudio exhaustivo de la cuestin indigenista boliviana ni de la
identidad de las organizaciones sociales que integran dicho movimiento.

El Pacto de Unidad y la reforma constitucional en Bolivia
Bolivia ha protagonizado, a mi entender, uno de los cambios ms revolucionarios
que han tenido lugar en Amrica Latinaen la primera dcada del siglo XXI. La reforma
constitucional que culmin con la entrada en vigor de la Nueva Constitucin Poltica del
Estado (NCPE) en Febrero de 2009 fue la cristalizacin de un proceso de movilizacin y
organizacin de la poblacin indgeno-campesino-originaria, sus reclamos, coordinacin y
negociacin con otros sectores del escenario poltico boliviano.


Larefundacin del Estado boliviano signific el nacimiento del Estado Plurinacional
de [Link] el reconocimiento de la naturaleza multicultural de lo poltico y la
inclusin de grupos antes excluidos a la democracia(Gamboa Rocabado F. , 2010). Se trata
de una novedad no slo boliviana, sino tambin a nivel regional
1
, si consideramos, como lo
hace Donna Lee Van Cott, que la mayora de los Estados Latinoamericanos ha tratado de
eliminar o hacer invisibles sus diferencias tnicas durante la mayor parte de su historia (Lee
Van Cott, 2000)
Luego de una masiva movilizacin indgena en 2002 y los violentos eventos de
Octubre de 2003 en la denominada Guerra del gas
2
, el movimiento indgena haba
logrado incluir en la agenda poltica de Bolivia la necesidad de una reforma constitucional
que hiciera eco de sus reclamos autonmicos, el problema de la propiedad de los
hidrocarburos y la participacin y los derechos polticos de las naciones prehispnicas. Con
la Agenda de Octubre instalada, las organizaciones de base indgena, campesinas y
originarias articularon un espacio de coordinacin para lograr consensos e impulsar y dar
forma a la reforma constitucional, que denominaron luego pacto de Unidad.
A pesar de que la Ley Especial de Convocatoria a la Asamblea Constituyente de
2006 no reflej el proyecto del Pacto de Unidad en los mecanismos de seleccin de los
Constituyentes, el liderazgo poltico del primer Presidente Aymar, Evo Morales, y la
llegada del MAS (Movimiento Al Socialismo) al poder en 2005 determinaron la
conformacin de una Asamblea Constituyente con fuerte presencia indgena: el 56% de los
asamblestas se reconocan como parte de alguna nacin indgena del pas.
Quizs la expresin ms acabada del Pacto de Unidad se encuentra en el documento
de 2007: Propuesta d e l as or ganizaciones I ndgenas, O riginarias, C ampesinas y d e
Colonizadores hac ia l a A samblea C onstituyente, en la que las organizaciones
firmantes
3
expresaron sus objetivos y principales puntos necesarios de incluir en la reforma
constitucional como mandato a nuestros Constituyentes, y presentada para el debate a l a
Asamblea Constituyente, al gobi erno nacional y al pueblo bol iviano(OSAL, 2007, pg.
166). Los principales elementos de la propuesta
4
fueron, de hecho, incluidos en el texto

1
A excepcin de la Constitucin de la Repblica del Ecuador de 2008, que celebra valores y
derechos homologables a los bolivianos en cuanto a diversidad cultural y reconocimiento de las
nacionalidades prehispnicas.
2
Se conoce como Guerra del Gas a la rebelin generalizada en el Altiplano boliviano,
principalmente en la Ciudad de El Alto (vecina de La Paz), en Octubre de 2003. En medio de marcados
reclamos por la nacionalizacin de los hidrocarburos, luego de una fuerte represin policial, ms de 60
personas perdieron la vida, provocando una escalada de tensin poltica y la renuncia del Presidente Snchez
de Lozada, dejando a Carlos Mesa, su Vicepresidente, al mando.
3
La Propuesta de las organizaciones Indgenas, Originarias, Campesinas y de Colonizadores hacia
la Asamblea Constituyente ha sido producida y firmada por las siguientes organizaciones: Confederacin
Sindical nica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), Confederacin de Pueblos Indgenas
de Bolivia (CIDOB), Confederacin Sindical de Colonizadores de Bolivia (CSCB), Federacin
Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia Bartolina Sisa (FNMCB-BS), Consejo Nacional de Ayllus y
Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), Coordinadora de Pueblos tnicos de Santa Cruz (CPESC), Movimiento
Sin Tierra de Bolivia (MSTOSAL), Asamblea del Pueblo Guaran (APG) y Confederacin de Pueblos tnicos
Moxeos de Beni (CPEMB).
4
La propuesta se encontraba organizada en 7 captulos y se refera al modelo de Estado
(Plurinacional), el ordenamiento territorial y las autonomas, el rgimen de tierra y territorio, el rgimen
econmico, el rgimen social y los derechos, deberes y garantas de los bolivianos.


constitucional de la Asamblea que entr en vigor en 2009, demostrando la capacidad de
agenda y el peso del movimiento indgena en general y el Pacto de Unidad en particular en
la escena poltica boliviana.

El Pacto de Unidad como Nuevo Movimiento Social
Entendemos como Nuevo Movimiento Social (NMS) a aquellas formas de accin
colectiva que, conformada por grupos sociales heterogneos movilizados por un inters
colectivo, a veces muy localizados pero potencialmente universalizables, luchan en el
marco de la sociedad civil por modificar el orden establecido, principalmente en el plano
cultural, de las ideas y de los derechos.A diferencia de los viejos movimientos sociales
5
, los
NMS no tienen orgenes clasistas ni estn conformados por sectores sociales ms o menos
homogneos: sus causas son culturales y del plano de las ideas y su base social, interclasista
y heterognea, tiene orgenes ms difusos, relacionados a las cuestiones identitarias
individuales y colectivas (Laraa, 1999). Atacan nuevas formas de opresin no
relacionadas al conflicto de clases (machismo, homofobia, racismo) y abogan por un
paradigma social menos basado en el bienestar material que en la cultura y la calidad de
vida (de Sousa Santos, 2001).
Al proponer la modificacin de la Constitucin de un Estado, y de los valores
fundamentales en los que sta se emplaza, el Pacto de Unidad materializa lo que Melucci
consideraba parte de las caractersticas de los movimientos sociales, que implican y buscan
una ruptura de l os l mites de l s istema d e n ormas y r elaciones s ociales e n que s e
desarrolla su accin (Melucci en Laraa, 1999, pg. 177). Laraa, en su libro, supone que
los NMS persiguen objetivos limitados. El caso del Pacto de Unidad, no obstante,
demuestra que es posible la ambicin (y posibilidad) de un NMS para modificar las normas
ms fundamentales de una sociedad. El objetivo de refundar Bolivia as lo demuestra.
Para Boaventura de Sousa Santos, por su lado, la distancia de los NMS con el
Estado es ms aparente que real: las demandas de cambios en la estructura, el orden o la
normativa social siempre acaban por convertirse en demandas al Estado, quien debe dar
respuesta a las mismas (de Sousa Santos, 2001). Si bien el Pacto de Unidad ha sido
conformado por organizaciones no partidarias de la sociedad civil en un mbito no estatal,
su expresin ms acabada (la propuesta de reforma constitucional) tena como nico
objetivo influenciar el accionar de la Asamblea Constituyente, para lo cual adems
establecieron alianzas con el bloque constituyente del partido gobernante, el MAS. Su
disolucin, por su parte, tambin est directamente relacionada al MAS y a la falta de
acuerdo entre los miembros del Pacto en cuanto a la posicin respecto del Gobierno
(Alarcn, 2011)(CIDOB-CONAMAQ, 2013). En definitiva, no se trata de la negacin de
los canales tradicionales de la poltica, sino de una ampliacin del espacio y las formas de

5
Utilizamos aqu la diferenciacin empleada por Laraa entre viejos movimientos sociales
(aquellos basados en las divisiones entre clases sociales que se registran en las sociedades occidentales y
dominaron los escenarios del conflicto social en Europa desde la Revolucin Industrial hasta despus de la
Segunda Guerra Mundial) y nuevos movimientos sociales (forma de accin colectiva que prolifera a partir
de los aos 60, que no responden al conflicto de clases, sino que aglutina intereses y moviliza a sus miembros
partiendo de una motivacin en el plano cultural o de las ideas). (Laraa, 1999)


participacin y de ciudadana, colectivas y no meramente individuales. De ah tambin la
preferencia [de los NMS] por la accin poltica no institucional () dirigida a l a opinin
pblica, con vigorosa utilizacin de los medios de comunicacin social, involucrando casi
siempre actividades de protesta y confiando en la movilizacin de l os r ecursos que ellas
proporcionan(de Sousa Santos, 2001, pg. 182). Se trata, segn Laraa, del
desbordamiento de la poltica segn la entiende la teora poltica clsica, o la politizacin
de la vida cotidiana(Laraa, 1999).
En gran parte, las demandas producidas por el Pacto de Unidad en 2007 han sido
adoptadas en la Constitucin del Estado Plurinacional de Bolivia que entr en vigor en
2009, demostrando una gran efectividad en los medios de accin y su llegada tanto al poder
poltico como a la sociedad civil. En lnea con lo que sucede con la mayor parte de los
NMS, sin embargo, el logro de los objetivos produce un cambio fundamental en el
movimiento, que en el caso del Pacto de Unidad signific la accin poltica en relacin
ambivalente con el MAS y su eventual disolucin en 2013.
De esta manera, el Pacto de Unidad cumple con todos los requisitos para ser
considerado por la sociologa y la ciencia poltica como un Nuevo Movimiento Social: un
sector significativo de la poblacin que desarrolla y define intereses incompatibles con el
orden poltico y social existente y que los persigue por vas no institucionalizadas,
invocando el uso de la fuerza fsica o de la coercin (Dalton y Kuechler en Boaventura de
Sousa Santos, 2001, pg. 177).
Veremos en el siguiente apartado de qu manera juega la identidad un rol
fundamental en los NMS a partir del caso del Pacto de Unidad.

El rol de la identidad en los Nuevos Movimientos Sociales
La identidad se presenta como eje central del anlisis de los NMS. Las
reivindicaciones d e estos movimientos tie nden a presentarse as ociadas a una s erie d e
smbolos, creencias, valores y significados colectivos que tienen especial importancia para
sus seguidores por dos razones: 1) estn en el origen de los sentimientos de pertenencia a
un gr upo di ferenciado, y 2) e stn ntimamente r elacionados c on l a i magen que l os
seguidores de e stos m ovimientos t ienen de s m ismos y c on e l s entido de e xistencia
individual(Laraa, 1999, pg. 151). Es decir que, sea cual fuera el objetivo por el que las
personas se movilizan (derechos de las minoras, ecologismo, nacionalismos, etc.), la
identidad se encuentra siempre en la columna vertebral de la accin colectiva de los nuevos
movimientos sociales, crendola, llevndola a la esfera pblica, reafirmndola.
En efecto, Laraa enfatiza el lugar que ocupa la identidad en los movimientos
sociales al afirmar que es ella quien motiva la participacin de los seguidores
6
. Retoma a

6
En su libro La construccin de los movimientos sociales, Enrique Laraa realiza un recorrido sobre
la literatura que estudia la condicin juvenil como facilitador de la movilizacin en NMS por ser la etapa de la
vida de los individuos en que se forja la identidad y en la que los sujetos se encuentran ms proclives a la
accin colectiva. Sin embargo, no se trata de un factor excluyente en la conformacin social de los


Manheim, quien plante en 1936 que los grandes movimientos de la historia occidental
fueron impulsados por cuatro grandes utopas (milenarista, liberal, conservadora y
socialista, en sendos momentos histricos), que contrastan con las ideologas desde la que
se legitima el orden social existente en cada uno de esos perodos y a Turner, quien ampli
el modelo anterior al explicar los NMS a travs de la utopa existencialista, motor de la
participacin. La bsqueda de la identidad es, segn Turner, la meta de la utopa
existencialista que impulsa los movimientos en nuestra poca. La i dentidad pe rsonal y
social de los individuos progresivamente se percibe como un producto de la accin social
() Lo que las personas reivindican de forma colectiva es el derecho a realizar su propia
identidad: l a pos ibilidad de di sponer d e s u creatividad pe rsonal, s u v ida af ectiva e
interpersonal y su existencia biolgica (Melucci en Laraa, 1999, pg. 157). El sujeto, en
bsqueda de conformacin y afirmacin de la propia identidad (en el plano privado) se
moviliza colectivamente (en el plano de lo pblico) para conquistar derechos y espacios de
participacin. La ideologa hegemnica a la que se enfrenta es aquella idea modernizadora,
occidental y liberal que propone la separacin de las esferas de lo pblico y lo privado
(Laraa, 1999). En el caso de los movimientos indigenistas bolivianos, el proyecto del
Pacto de la Unidad y su propuesta de un Estado Plurinacional en Bolivia se opone, adems,
a la ideologa de homogeneizacin nacional llevada cabo en el pas andino desde la colonia
espaola.
La identidad juega un rol fundamental en la conformacin de los nuevos
movimientos sociales (NMS): ya sea desde el enfoque del comportamiento colectivo (que
analiza la pertenencia a los nuevos movimientos sociales como una manera de afirmar el
self, principalmente durante la juventud) o desde un punto de vista neomarxista-
comunitario (construccin y afirmacin colectiva de la identidad, en la que el movimiento
se plantea como motor de cambio revolucionario no-clasista en las sociedades), la identidad
no ha de dejarse de lado en los anlisis sociolgicos ni polticos sobre los NMS.

La identidad en el Pacto de Unidad
El hecho de que en la nueva Constitucin se hable de la cosmovisin indgena-
campesina, busca resolver esta tensin entre una identidad clasista y otra que se postula
al m enos e n s u f orma indigenista- como v isin de l m undo al ternativa al modelo de
civilizacin oc cidental he redero de l a c onquista e spaola.(Svampa, Movimientos
Sociales, matrices socio-polticos y nuevos escenarios en Amrica Latina.
Universittsbibliothek Kassel., 2010, pg. 12) Es decir que la identidad nacional de cada
pueblo, pero sobre todo la identidad compartida por las organizaciones que se agregaron en
el Pacto de Unidad (la identidad de pueblo originario boliviano, indgeno-campesina, con la
percepcin de opresin y su correspondiente necesidad de revalorizacin y superacin de la
dominacin colonial) ha jugado en el conflicto estudiado el rol de movilizar a los actores a
la accin organizada o, en trminos de Nogueira, a la lucha (Nogueira, 2003).

movimientos: autores como Habermas y Cohen han incluido, entre otros, a los grupos tnicos y nacionalistas
dentro del colectivo de los NMS. (Laraa, 1999)



A pesar de la diversidad que exista al interior del Pacto de Unidad e incluso dentro
de las organizaciones sociales que lo conformaron, es posible pensar en un factor
aglutinante. Ms all de las diferencias nacionales y lingsticas, de las caractersticas de
los pueblos, de la naturaleza de sus reclamos y de sus intereses econmicos, todos los
actores del movimiento indgena confluyeron en la conformacin, celebracin y defensa de
una nica identidad: la identidad indgena-campesino-originaria.
Para comenzar a abordar dicha identidad es menester entender el concepto de
colonialismo interno. Se trata de una postura ideolgica, que aparece con fuerza en los aos
setenta en Bolivia y otros pases suramericanos, y hace mencin al fenmeno de
dominacin y al sentimiento de exclusin de los pueblos pre-coloniales a la vida poltica.
Sostiene que la explotacin de los pueblos originarios se ha perpetuado desde la colonia
hasta la actualidad: primero por los conquistadores espaoles y luego por sus
descendientes, en un pas independiente pero con una cultura legal, lingstica y poltica
impuesta a los pueblos indgenas(Gamboa Rocabado F. , 2010). Si las nuevas formas de
opresin se revelan discursivamente en los procesos sociales donde se forja la identidad de
las vctimas (de Sousa Santos, 2001, pg. 178), la dominacin de la cultura hispnica
sobre las naciones originarias bolivianas ha forjado en ellas una identidad que se arraiga en
el deseo de reivindicacin de sus formas, su historia, sus lenguas y su cultura.
Podemos pensar las demandas realizadas por el Pacto de Unidad en 2007 en funcin
del objetivo de reivindicacin identitaria a partir de dos planos (el moral y el material), que
a su vez tendrn efectos diferentes en su aplicacin en las partes del Estado (ya sean
autonomas, naciones o departamentos) o bien en el Estado como un todo:
En el plano moral, el movimiento indgena demand reconocimiento de su
preexistencia, condicin que brinda mayor legitimidad tanto a su cultura
como a sus formas de organizacin poltico-jurdicas. No es una bsqueda
de tolerancia en trminos liberales, sino la convivencia de diversos
paradigmas, en igualdad de condicionese importancia, con relaciones de
complementariedad y reciprocidad en un mismo territorio. Ya vemos que es
necesario, por lo tanto, diferenciar aquellos cambios que se suscitan en el
nivel infraestatal (reconocimiento de la diversidad y legitimacin de las
prcticas poltico-jurdicas y culturales en cada una de las naciones que
componen el Estado Boliviano) y en un nivel ms abarcativo, la
transformacin o refundacin de Bolivia en tanto Estado Plurinacional. La
reivindicacin de la identidad indgena conlleva, de esta manera, la
reformulacin de la identidad boliviana en su conjunto.
En el plano material, los efectos de la reciprocidad incluyen un nuevo
rgimen de autonomas con autogobierno (en el que se disean de manera
especial las autonomas indgena-originario-campesinas), la legalizacin con
nivel constitucional de las prcticas jurdicas y polticas tradicionales, el
reconocimiento de los idiomas prehispnicos como lenguas oficiales, etc. En
el gobierno central, nuevas formas de participacin y representacin
aseguran la presencia del actor indgena en el Estado Boliviano.




Tabla 1: Efectos de la dimensin reivindicacin en las demandas del Pacto de Unidad de
2007 (elaboracin propia)



Otro posible abordaje a los NMS propuesto porMaristellaSvamparadica en el
anlisis de las matrices poltico-ideolgicas de los NMS en Latinoamrica:Por matrices
poltico-ideolgicas e ntendemos aque llas l neas di rectrices que organizan e l m odo de
pensar la poltica y el poder, as como la concepcin del cambio social. (Svampa, 2010,
pg. 7) Si bien propone cuatro matrices diferentes, Svampa nos adelanta que en la realidad
socio-poltica los movimientos suelen presentar rasgos de ms de una de ellas. Una de las
caractersticas de Amrica Latina es que no hay movimientos sociales puros o claramente
definidos, dadas las multidimensionalidades, no solamente de las relaciones sociales sino


tambin de los propios sentidos de la accin colectiva (de Sousa Santos, 2001, pgs. 180-
181).
En trminos de Svmpa, la matriz Indgeno-campesina aparece en el Pacto de Unidad
como principal elemento para comprender el NMS: ()la matriz indgena se inserta en el
marco de l a memoria larga de l os pue blos i ndgenas, c oloca e n e l centro l a i dea de
resistencia, de rechos c olectivos y pode r c omunal; y s u di nmica pol tica se inscribe
permanentemente en tensin entre un pr oyecto de recreacin de las autonomas indgenas
y e l pr oyecto i dentitario de r efundacin o v uelta a l as c omunidades
prehispnicas.(Svampa, 2008, pgs. 7-8)La identidad, en este caso, se encuentra anclada
en el colectivo y, ms precisamente, en el colectivo histrico. Aqu aparece con fuerza el
rasgo nacionalista de los diferentes pueblos que conforman Bolivia y de las diferentes
organizaciones que, a travs del Pacto de Unidad, lucharon por la refundacin de Bolivia en
un Estado Plurinacional. La matriz indgeno-campesina nos lleva a pensar en el largo plazo,
porque es en el largo plazo en el que estn pensando los actores en cuanto a objetivos e
historia de lucha.
Sin embargo, el Pacto de Unidad presenta tambin rasgos de la Matriz Autonomista:
Respecto de l a nue va narrativa aut onomista, m s bi en i nstalada e n el m arco de l a
memoria corta, los elementos centrales que configuran su matriz son la afirmacin de la
autonoma, l a hor izontalidad y l a de mocracia por c onsenso. E n e ste c aso par ticular,
hablamos de una narrativa aut onomista po rque sta s e c onstruye c omo un r elato
identitario, de pr oduccin de l s ujeto, e n e l cual c uenta l a e xperiencia pe rsonal de l os
actores (antes que una inscripcin en la comunidad, el pueblo o la clase social). (Svampa,
2008, pg. 8). Hablamos aqu de lo que refiere a la unidad menor de anlisis: el sujeto
individual. Ms all de las identidades colectivas, el individuo (base social de los
movimientos) busca libertad para profesar y vivir su identidad cultural y nacional con
plenitud de derechos. La bsqueda de autonomas, tema central en el debate constituyente
boliviano del siglo XXI, de reorganizacin territorial y de autogobierno tiene que ver con
este aspecto. Es la irrupcin del corto plazo: la emancipacin por la que se lucha tiene
como objetivo transformar lo cotidiano de las vctimas de la opresin aqu y ahora y no en
un futuro lejano.(de Sousa Santos, 2001, pg. 178).
En resumen, el nuevo despertar poltico de los pueblos indgenas se instala tanto
en el terreno de la memoria larga, como en el de la memoria corta de las luchas (Svampa,
2008, pg. 10): el largo plazo en la identidad de los pueblos originarios y el corto plazo en
los efectos que la globalizacin ha tenido en su forma de vida y en su principal recurso, la
tierra y la territorialidad, generando demandas por autonoma y autogobierno.



Matrices poltico-ideolgicas de los Nuevos Movimientos Sociales y sus efectos en
el corto y largo plazo
(elaboracin propia a partir de categoras de Svampa)



Conclusiones
El movimiento indgena en Bolivia se remonta a los inicios de la conquista espaola
y, sin embargo, la configuracin del Pacto de Unidadprodujo un quiebre en las formas de
movilizacin y accin que merece la pena atender. En tanto nuevo movimiento social, el
Pacto se bas en una identidad aglutinante del ser indgena en Bolivia, forjado en el
fuego de la historia inmemorial de los pueblos al calor del colonialismo interno, generando
deseos de reivindicacin de largo y corto plazo.
La consigna de Giuseppe Manzzini hemos creado Italia; ahora debemos crear a los
italianos luego de la unificacin italiana parece recobrar hoy un nuevo sentido en Bolivia.
La formacin del Estado-nacin requiri los esfuerzos de los Estados por dar forma a las
naciones en los siglos XIX y XX, generando (en ocasiones ex nihilo) una identidad
nacional que permitiera la realizacin del ideal 1 Estado =1 Nacin. En el caso de
Hispanoamrica,las estrategias de generacin de una identidad nacional han adoptado
formas y alcanzado resultados de lo ms dismiles. Bolivia presenta una historia de
imposicin de una identidad nacional (hispnica, liberal y catlica) por sobre otras
identidades posibles y preexistentes, generando opresin en gran parte de su poblacin. La
refundacin de Bolivia como un Estado Plurinacional, adems de las novedades
institucionales administrativas, significa un cambio radical en el plano de la identidad, en
el ser boliviano. Hemos creado el Estado Plurinacional de Bolivia; ahora debemos crear
una identidad compartida e inclusiva.


Bibliografa

Alarcn, P. (26 de 10 de 2011). El Pacto de la Unidad en terapia intensiva. La
Prensa.
CIDOB-CONAMAQ. (18 de Enero de 2013). Resolucin de disolucin del Pacto de
Unidad. Obtenido de Somos Sur:
[Link]
.pdf
de Sousa Santos, B. (2001). Los Nuevos Movimientos Sociales. Revista OSAL,
CLACSO, 177-184.
Flores Castro, F. (2007). Identidad y poltica en la periferia. Los conflictos de
Chuquisaca en 2007 y de Potos en 2010 en perspectiva comparada. En E. Crdova
Eguvar, Estado P lurinacional, i nstitucionalidad y c iudadana (pgs. 185-207).
Cochabamba: CESU-UMSS.
Gamboa Rocabado, F. (enero a junio de 2010). Transformaciones constitucionales
en Bolivia. Estado indgena y conflictos regionales. Colombia Internacional 71, pgs. 151-
188.
Gamboa Rocabado, F. (2010). Transformaciones constitucionales en Bolivia. Estdo
indgena y conflictos regionales. Colombia Internacional, 151-188.
Laraa, I. (1999). La c onstruccin de l os movimientos s ociales. Madrid: Alianza
Editorial.
Lee Van Cott, D. (2000). A political analysis of legal pliralism in Bolivia and
Colombia. Journal of Latin American Studies, Vol 32, N 1, 207-234.
Nogueira, M. A. (2003). La sociedad civil como campo de luchas, como recurso
gerencial y como espacio tico. Revista CLAD(25).
OSAL. (Septiembre de 2007). Propuesta de las Organizaciones Indgenas,
Originarias, Campesinas y de Colonizdores hacia la Asamblea Constituyente. (22), ao
VIII. Buenos Aires: CLACSO.
Svampa, M. (2008). Movimientos Sociales, matrices socio-polticas. I Jornadas de
Anlisis Crtico.
Svampa, M. (2010). Movimientos Soc iales, matrices s ocio-polticos y nue vos
escenarios e n A mrica L atina. U niversittsbibliothek K assel. Universittsbibliothek
Kassel.


Lic. Rubn A. Cortez Pgina 1

T T t tu ul lo o d de e l la a P Po on ne en nc ci ia a: :

L LO OS S M MO OV VI IM MI IE EN NT TO OS S S SO OC CI IA AL LE ES S

G GE EN NE ER RA AD DO OR RE ES S D DE E A AC CU UE ER RD DO OS S S SO OC CI IA AL L - - P PO OL L T TI IC CO OS S, , Y Y
S SU U I IN NF FL LU UE EN NC CI IA A E EN N E EL L C CO ON NT TE EX XT TO O D DE EM MO OC CR R T TI IC CO O

A Au ut to or r: : R Ru ub b n n A An nt to on ni io o C Co or rt te ez z
1 1

D DN NI I N N : : 2 25 5. .3 37 77 7. .5 55 55 5

C Co or rr re eo o: : r ru ub be en nc co or rt te ez z3 30 0@ @h ho ot tm ma ai il l. .c co om m
I In ns st ti it tu uc ci i n n


r re ea a T Te em m t ti ic ca a: :
S So oc ci ie ed da ad d C Ci iv vi il l, , D De em mo oc cr ra ac ci ia a P Pa ar rt ti ic ci ip pa at ti iv va a
y y n nu ue ev vo os s a ac ct to or re es s p po ol l t ti ic co os s. .



1
Lic. en Ciencia Poltica y Sociologa (UCSE) Postgrado en Gestin de Polticas Pblicas (Universidad
Catlica de Crdoba Instituto Ortega y Gasset). Doctorando en Poltica y Gobierno (Universidad Catlica
de Crdoba UCC)

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 2


Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso
Nacional y IV Congreso Internacional sobre Democracia,
organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones
Internacionales de la Universidad, Rosario, 8 al 11 de
Septiembre de 2014


Resumen:


En los Movimientos sociales, como generadores de acuerdos social y polticos, y
su influencia en el contexto democrtico.
Se describe sobre su implicancia y relevancia, partiendo de la cuestin a nivel local,
con el objeto de analizar particularmente el movimiento social Tpac Amaru y su impacto a
nivel nacional y regional.
Los ejes temticos descriptos, son: Cmo surgieron estas instituciones?, Que
incidencia tienen en la actualidad sobre la sociedad? Cmo fue el proceso de
institucionalizacin a nivel local? y Cul es la forma de gestin y participacin que
implican? Cmo influyen dentro de un sistema democrtico?

















Lic. Rubn A. Cortez Pgina 3




INDICE PGINA





INTRODUCCION4



DESARROLLO8



CONCLUSIN17



BIBLIOGRAFA.20








Lic. Rubn A. Cortez Pgina 4


El movimiento social Tpac Amaru

y su impacto a nivel local, nacional y regional.




Perdimos, no pudimos hacer la revolucin.
Pero tuvimos, tenemos, tendremos razn de intentarlo.
Y ganaremos cada vez que se sepa que no todo se compra,
ni se vende y se sienta ganas de querer cambiar el mundo.

Annimo





INTRODUCCIN:


En el presente trabajo, se desarrolla el tema de los Movimientos sociales
principalmente nos centramos en el estudio del movimiento s ocial Tpac Amaru en la
provincia de Jujuy. El motivo de la eleccin del tema, es indagar la influencia y relevancia
que el mismo ha tenido durante un cierto periodo de tiempo, y por lo tanto elaborar un
breve anlisis comparadorespecto de aquellos movimientos sociales que han desarrolladosu
accionar a nivel localcomo regional, tomando como contexto el continente
Latinoamericano.
Algunos de los interrogantesque orientaron a la realizacindel escrito son los
siguientes: Cmo surgieron estas instituciones?, Que incidencia tienen en la actualidad
sobre l a s ociedad? Cmo f ue el pr oceso de su institucionalizacin (Movimiento Tpac
Amaru MTA) en l a provincia de Jujuy? y Cul es l a f orma de gestin y participacin
que el/ellos implican?
Para el siguiente anlisis, se analiza sobre esta cuestin de los movimientos sociales
en la regin, que permitir la contextualizacin de los mismos.
Es importante sealar, que dentro del contexto democrtico y haciendo un anlisis
poltico y social, deducimos que sobre la situacin actual de la democracia. Se trata de un
tema que tradicionalmente se debate bajo el nombre de transformacin de l a
democracia, significa que ella, no ha logrado derrotar totalmente al poder oligrquico,

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 5

tampoco ha conseguido ocupar todos los espacios en los que se ejerce un poder que toma
decisiones obligatorias para un completo grupo social.
2

Es a partir de la falta de solucin a las demandas sociales de la ciudadana.
Partiendo del empoderamiento de los funcionarios pblicos que ostentan el poder poltico,
todo aquello se convierte en un crculo vicioso en donde algunos movimientos sociales
como actores sociales del sistema poltico acuerdan con el gobierno de turno, y all radica el
interrogante de sus acuerdos, son or ientados a s atisfacer i ntereses d e s us pr incipales
camarillas, o bien, satisfacer necesidades de los sectores vulnerables de la sociedad? Cual
es realmente su objetivo/propsito principal que ellos buscan a travs del desarrollo de sus
prcticas.
Resulta fundamental considerar que en las democracias, los ciudadanos tienen
mayor capacidad para separar las aguas, lo que equivale decir que una mayor
participacin si juega en favor del gobierno
3
.
Siguiendo la lectura de Arce Moiss, en un anlisis comparado que realiz sobre los
partidos y la protesta social en la era Neoliberal en Amrica Latina, esgrime lo
siguiente:que la liberalizacin econmica conduce a un mayor nivel de protesta en la
presencia de una poltica abierta y democrtica.
4
Las protestas callejeras en Argentina,
Ecuador y Bolivia han obligado y asediado a presidentes elegidos popularmente para salir
de la gestin tempranamente. Visto como los nuevos pobres, los grupos indgenas en
Ecuador y Bolivia, los desempleados en Argentina, los pobladores rurales del Per, entre
otros ejemplos, han sido las fuerzas sociales ms importantes de la oposicin a la
continuacin de las polticas de mercado. (Arce, 2008; Garay, 2007; Silva, 2007). El autor
hace mencin a lo siguiente, quevarios estudios de caso han sealado que cuando los
gobiernos responden a las demandas que surgen de las movilizaciones callejeras, estas
concesiones del gobierno paradjicamente a menudo conducen a mayores niveles de
movilizacin. Por ejemplo, en Argentina, Garay (2007: 303) seala: "Cuando el Estado
respondi a las protestas con disposiciones sobre las prestaciones de asistencia laboral,
desencaden nuevas demandas, el Estado nacional ha debido optar por satisfacer la
eleccin de cualquiera de las demandas que enfrentabanpara el consentimiento deaquellos
5

Prosiguiendo con el contexto analtico latinoamericano, he tomando como
referencia un artculo de Garca Linera;
6
referente a las reformas estructurales y como han
afectado a las clases sociales.
Cuando describe al sindicato como proscripto de la mediacin legtima entre Estado
y sociedad. Su correspondiente disolucin y el surgimiento de otras formas de accin
colectiva en defensa de los derechos indgenas.

2
Bobbio, Norberto: El futuro de la democracia Fondo de Cultura Econmica (Mxico). Captulo I, Pgs. 21
22.
3
Altman, David; Democracia Directa en el Continente Americano: auto legitimacin gubernamental o
censura ciudadana? En Poltica y gobierno, XII, 2,2005:225
4
Arce, Moiss: Parties and social protest in LatinAmericas Neoliberal Era. Partypolitics 16 (5), 2010: 669
686.
5
Arce, Moiss: Idem,
6
Garca Linera: (2001) La estructura de los movimientos sociales en Bolivia en Debates/OSAL N 5,
setiembre de 2001, Bs As. (Pgs. 177 - 184).

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 6

Haciendo referencia al tipo de accin colectiva reactiva en forma de multitud
(grupo de base asociacionista). Destacar estrategias como la formacin de asambleas, etc.
que comenzaron a convertirse en soporte para estrategias de movilizacin.
Resulta sorprendente el desplazamiento de rebeliones indgenas exigiendo al
gobierno modificar sus polticas pblicas para atender demandas de estos grupos indgenas.
Adems, resaltar el llamado Ejercito Indgena Aymara, (EIA), la formacin de
pequeos ejrcitos regionales rurales.
Destacando dos mundos, el de ellos (los indgenas campesinos) y las elites
dominantes. La rearticulacin de la identidad nacional indgena cuyo futuro se pronosticar
en los prximos aos.
Vergara Camus, (2009); haciendo un anlisis comparado de la lucha por la tierra del
EZLN (Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional) en Chiapas y del MST en Brasil en el
marco de la globalizacin, destaca que la crisis que vive la economa campesina en
Amrica Latina se manifiesta en diferentes regiones y bajo diversas formas como una crisis
de reproduccin campesina.
7
, adquiriendo matices diferentes segn el contexto nacional y
regional en el cual se producen.
En el estudio que realiza, llega a la conclusin que en ambos casos, tanto el EZLN
(matriz social) como el MST (matriz social poltica) construyen formas de poder
popular que busca reemplazar el poder del Estado, all es importante destacar que la idea
de poder popular se constituye mediante el procesos de lucha de estos movimientos, as
como su naturaleza asamblesta que al difundir el poder en un nmero mayor de
personas, lo presenta como una modelo alternativo a la concepcin ms tradicional del
poder centrado en el Estado y la representacin poltica.
8

Yendo al contexto nacional, reseando lo siguiente respecto de que hacia el ao
2003, el movimiento de las asambleas vecinales y populares se encontraba en declive, la
denominada desmovilizacin de las asambleas. Para entonces la preocupacin central del
gobierno fue disminuir sin represin fsica al movimiento piquetero y dar un marco legal a
las fbricas ocupadas. Para ello se utiliz la distribucin de planes sociales, la
judicializacin de la protesta y la incorporacin selectiva.
Pero hacia el ao 2008, se lograran nuevas movilizaciones masivas. Entonces la
incorporacin parcial del movimiento piquetero en la coalicin sigui un proceso de
creciente formalizacin de la mano del deseo del presidente Kirchner por reconstruir una
base territorial que le permitiera depender en menor intensidad de las estructuras
tradicionales del Partido Justicialista.
El principal objetivo de los piqueteros en este mbito fue el de reconstruir el
vnculo entre las elites polticas partidarias y los sectores populares organizados.
9

Este proceso implic una gran cantidad de polticas sociales, pero tambin
clientelismo y la judicializacin de la protesta (Svampa y Pandolfi, 2004)
10


7
Vergara Camus: Globalization, land, resistance and autonomy: The EZLN and the MST. Journal of agrarian
change 3, vol, 9 (Julio): 365 391.
8
Vergara Camus: Idem (Pgs. 404)
9
Mauro, S y Rossi, F; Entre la plaza y la Casa Rosada: Dilogo y confrontacin entre los movimientos sociales
y el gobierno nacional (en La Poltica en los tiempos de los Kirchner) Pgs 169 170. En Malamud, A y De
Luca, M (Coordinadores). Edit. Eudeba (2012)
10
Svampa, Maristella y Pandolfi Claudio (2004): Las vas de la criminalizacin de la protesta en Argentina,
en Observatorio Social de Amrica Latina Vol. 14: 285 296.

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 7

Es con el triunfo de Cristina Fernndez de Kirchner, en 2007 donde accedieron al
Congreso Nacional, representantes de varios movimientos. Es all que surge en escena el
movimiento social de base indigenista Tpac Amaru (MTA), liderado por la sindicalista
Milagro Sala, fortaleciendo su accionar y consolidndose en la provincia de Jujuy.
Durante el gobierno kirchnerista, la incorporacin estatal de actores centrales en la
movilizacin social ha sido una novedad a nivel nacional. Esto quiere decir que durante
este periodo varios movimientos accedieron a canales estatales por vez primera desde el
retorno de la democracia.
El propsito es, contrastar estas visiones de autores, con la realidad local de San
Salvador de Jujuy,
11
dentro del contexto de movimientos sociales y su influencia a nivel
nacional y regional, siendo posible un momentneo anlisis comparativo del Movimiento
Tpac Amaru (MTA), dentro del contextode estos fenmenos movimientistas de la regin,
latinoamericana, tomando como eje fundamental del ensayo, lo inherente al movimiento
social objeto de indagacin.























11
San Salvador de Jujuy:Localidad de la provincia de Jujuy, cabecera del Dpto. Gral. Manuel Belgrano, provincia
situada al extremo Norte del Argentina. Limitando al Norte con el pas de Bolivia, y al oeste con el Pas de [Link] una
ciudad del noroeste de Argentina. Se encuentra ubicada en el sur de la provincia, en la confluencia de los ros Grande y
XibiXibi (Ro Chico). Tiene una poblacin de 265.249 habitantes (INDEC, 2010), y es llamada afectuosamente La Tacita
de Plata. En Teruel, Ana y Lagos, Marcelo Jujuy en la historia: De la colonia al siglo XX S. S. de Jujuy: UNJU
(Universidad Nacional de Jujuy), (2006).


Lic. Rubn A. Cortez Pgina 8




DESARROLLO:


Autores como Stratta y Barrera
12
, hacen referencia a un conjunto heterogneo de
investigaciones que retoman aportes de teoras de accin colectiva, y los movimientos
sociales, subrayando su carcter novedoso y rupturales. Haciendo referencia a los nuevos
movimientos sociales con una exposicin social y poltica de las clases subalternas.
Una definicin genrica de los movimientos sociales es la que nos propone los
autores Dalton y Kuechler,
13
que definen como un sector significativo de la poblacin que
desarrolla y define intereses incompatibles con el orden poltico y social existente y que los
prosigue por v as no i nstitucionalizadas, i nvocando e l us o d e l a f uerza f sica o de l a
coercin.
En Argentina, se destaca el nuevo sindicalismo urbano de base y algunos sectores
de movimientos de trabajadores desocupados.
14

Autores como Mauro, Sebastin y Rossi, Federico, hacen referencia a la interaccin
entre diferentes movimientos sociales y los gobiernos kirchneristas, en busca de ofrecer
claves que permitan interpretar las particularidades de cada proceso, as como las
caractersticas salientes que definieron al kirchnerismo
15

Analizando el contexto regional, en pases centrales, incluye tpicamente los
movimientos ecolgicos, feministas, antirracistas,etc.; la enumeracin en Amrica latina, es
caracterstica de los movimientos en estos pases(la nueva clase media) por cierto,
bastante heterognea. Considerando el caso del Brasil; Scherer Warren y Krischke,
destacan la parcela de los movimientos sociales urbanos propiamente dichos; el nuevo
sindicalismo urbano, tambin el rural, el movimiento feminista, sectores de movimientos de
jvenes y otros para el conjunto de Amrica Latina, es an ms hbrida e incluye el
poderoso movimiento obrero democrtico y popular surgido en el Brasil, y liderado por el
ex presidente Luis Ignacio Da Silva (Lula) y que luego deriv en el Partido de los
Trabajadores.
16

Mencionar, las diferentes formas que asume la lucha popular en el Per tanto a nivel
de los barrios (pueblos jvenes) como a nivel regional (Frentes regionales para la defensa
de los intereses del pueblo); las nuevas experiencias de paros cvicos nacionales, con la
participacin de sindicatos, partidos polticos y organizaciones populares, (comits de
mujeres, grupos estudiantiles, culturales, etc.). En Ecuador, Colombia y el Per; las
invasiones masivas de tierras por campesinos de ciudades como Sao Paulo, Caracas, Lima;

12
En Boaventura de Sousa Santos; Los nuevos movimientos sociales (Pg. 177) en Revista Debates,
OSAL/Septiembre (2001).
13
Idem; Pg. 177
14
Izaguirre Ins: (2006). Movimientos sociales y lucha de clases. Socio gnesis de una sustitucin conceptual
en el discurso acadmico. Revista Crtica de nuestro tiempo 4. Buenos Aires.
15
Mauro, Sebastin y Federico M. Rossi, Entre la plaza y la Casa Rosada: dilogo y confrontacin entre los
movimientos sociales y el gobierno nacional, en Malamud, Andrs y Miguel De Luca (coordinadores), La
poltica en tiempos de los Kirchner, EUDEBA, Buenos Aires, 2011. pgs. 167-178 [11 pp.].
16
De Souza Boaventura: Los Nuevos Movimientos sociales (Pg. 78).

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 9

Comits de defensa de Derechos Humanos y Asociaciones de Familiares de presos y
desaparecidos, habiendo surgido estas dos ltimas iniciativas, bsicamente de los
movimientos sociales.
Estas enumeraciones nos orientan a identificar nuevos factores que los movimientos
sociales de las dos ltimas dcadas introdujeron en la regulacin emancipacin y en la
relacin subjetividad ciudadana y para mostrar que esos factores no estn presentes del
mismo modo en todos los denominados nuevos movimientos sociales en todas las
regiones del mundo.
Refirindonos a nuevos movimientos sociales, reside en que constituyen tanto una
crtica de la regulacin social capitalista, como una crtica de la emancipacin social
socialista, tal como fue definida por el marxismo. Al identificar nuevas formas de opresin
y abrogar por un nuevo paradigma socia, denuncian los nuevos movimientos sociales
(NMS), con una radicalidad sin precedentes, excesos de regulacin de la
[Link], alcanzan el modo como se trabaja y produce, el modo como se
descansa y vive; la pobreza y asimetras de las relaciones sociales, son la otra fase de la
alienacin y del desequilibrio interior de los individuos, esas formas de opresin no
alcanzan especficamente a una clase social y si a grupos sociales trans - clasistas o incluso
a la sociedad en general.
La denuncia de nuevas formas de opresin implica la crtica al marxismo y al
movimiento obrero tradicional, as como la crtica al llamado socialismo real. Lo que es
visto por estos como factor de emancipacin se transforma en los nuevos movimientos
sociales en factor de regulacin. El movimiento obrero y la clase obrera no tienen una
posicin privilegiada en los procesos sociales de emancipacin, tiende a hacer de l
unobstculo, ms que un motor de emancipacin.
Al contrario, la emancipacin por la que se lucha, tiene como objetivo transformar
lo cotidiano de las vctimas de la opresin aqu y ahora y no en un futuro lejano.
Las enumeraciones de los diferentes movimientos arriba mencionadas, muestran por
s mismas que esa nueva relacin entre regulacin y emancipacin bajo el impacto de estos
nuevos movimientos sociales, es tan solo manifestacin de una constelacin poltico
cultural dominante.
Lo que la caracteriza es un fenmeno aparentemente contradictorio de globalizacin
localizacin, tanto a nivel de regulacin como a nivel de la emancipacin. La
globalizacin a nivel de la regulacin se hace posible por la creciente mixtura entre
produccin y reproduccin social sealadas atrs. Si el tiempo vital y el tiempo de trabajo
productivo, se confunden cada vez ms, las relaciones sociales de la produccin se
caracteriza como campo privilegiado de dominacin y jerarquizacin social; y el relativo
vaci simblico as creado lo llenan las relaciones sociales de reproduccin social (la
familia y los espacios pblicos) y por relaciones sociales en la produccin (relaciones en el
proceso de trabajo productivo asalariado entre trabajadores, hombres y mujeres, blancos y
negros; jvenes y adultos; catlicos y protestantes, hindes y musulmanes, etc.)
Este proceso de visibilidad social slo es posible anclado en la lgica, es decir la
difusin social de la produccin, al mismo tiempo que conduce al no privilegio relativo de
la forma de dominacin especfica de las relaciones de produccin (la explotacin a travs
de la extraccin de plusvala econmica), hace posible que la lgica de sta (extraccin de
plusvala en una relacin social que no tiene como fin explicito las extraccin), se difunda
socialmente en todos los sectores de la vida social y por esa va, se globalice.

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 10

Una de las caractersticas principales que asumen los movimientos sociales en la
actualidad, como sostiene el autor Garretn,
17
es la accin colectiva,segn el autor, tiende
a configurarse principalmente a travs de cuatro ejes: la democratizacin poltica; la
democratizacin social o lucha contra la exclusin y por la ciudadana; la reconstruccin y
reinsercin de las economas nacionales o la reformulacin del modelo de desarrollo
econmico, y la redefinicin de un modelo de modernidad.
Parafraseando a Ricardo Forster, No se puede pesar lo que est pasando en
Sudamrica sin la historia generada por la emergencia de los movimientos sociales,
fundamentalmente desde los aos 90, incluso desde algunos aos antes en la Argentina, en
Bolivia y en Ecuador han tenido un papel decisivo
18

Nos transmite la incidencia de los movimientos sociales en la sociedad actual,
adems de marcar el fenmeno de los mismos a nivel latinoamericano.
Garretn, nos plantea, el concepto de una matriz nacional popular, se puede ver la
relacin entre distintos actores sociales, ya que entiende a la misma como la fusin entre
sus componentes, es decir, el Estado, los partidos polticos y los actores involucrados.
Significa una dbil autonoma de cada uno de estos componentes y una mezcla entre dos o
tres de ellos, con subordinacin o supresin de los otros.
As, las caractersticas principales de este Movimiento social fueron, en primer
lugar, la combinacin de una dimensin simblica muy fuerte orientada al cambio social
global con una dimensin de demandas muy concretas. Demandas y pedidos que se vieron
acompaados por una fuerte presencia de un rol de liderazgo simblico, que en el caso de
los movimientos de la provincia se encuentran claramente identificados, aunque puede
existir cierta discrepancia.
Los actores sociales, son predominantemente actores que se vinculaban al mundo
del trabajo o de la produccin, es decir, alguna relacin con las clases sociales y, por otro
lado, al mundo de la poltica, es decir alguna relacin con los partidos o liderazgos
polticos. La combinacin de ambos es lo que llambamos movimientos sociales.
Lo que nos trata de plantear el autor es que nos encontramos frente a formas de
accin colectiva que dependen ms de ejes y procesos de accin histrica que del
posicionamiento estructural, lo que no quita la existencia de importantes movimientos de
resistencia y defensivos que se asemejan a las formas ms clsicas propias de la matriz
nacional popular (Garreton, 2002)
En palabras de Forster; contextualiza a los movimientos sociales en el pas, de la
siguiente manera:

Movimientos s ociales que nac ieron c omo r esistencia e n una poca de v iolencia
contra los pobres en Argentina que fue tremenda, violencia social, represiva, violencia en
la qui ta de de rechos y l a c reacin de l os movimientos s ociales f ue l a manera de hac er
visible a quin permaneca invisible y ahora los movimientos sociales se encuentran frente
a otra realidad, ya no es el Estado un enemigo, como lo era la dcada de los 90, sino que

17
Garretn, M.A (2002) La transformacin de la accin colectiva en Amrica Latina, en Rev. CEPAL N 76,
Abril, 2002. (pg. 7 a 24)
18
Forster Ricardo: Diario Digital La Voz de Jujuy. Nota: Ricardo Forster en Jujuy, hablo sobre los
movimientos sociales. Viernes 12 de Octubre de 2012.
En: http:// [Link]/general/23159-ricardo-forster-en-jujuy-hablo-sobre-los-movimientos-
sociales.

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 11

ahora e l Estado, s obre todo e l Estado Nacional, c on un pr oyecto de t ransformacin, l e
plantea un nuevo desafo los propios movimientos sociales, respecto a cul en su lugar en
este momento de la historia del pas.
19


Desde mediados de los aos 90 (noventa), se comienza a registrar en Argentina un
incipiente pero constante proceso de organizacin de los llamados "pueblos originarios".
As los califica la Constitucin Nacional de 1994, apreciacin que los habilita para
reclamar, por ejemplo, la propiedad de la tierra donde habitan. Jujuy es una de las
provincias con mayor densidad de pueblos originarios. La principal comunidad indgena es
la aymar, despus de la comunidad quechua, con races en Bolivia y Per. En el transcurso
del desarrollo del trabajo nos hemos referido a esta cuestin, siguiendo aportes de autores
como Garca Linera, Garretn, Vergara Camus, etc.
El Movimiento Tpac Amaru (MTA), se define como "americanista", indigenista
antes que como argentino, y reivindica la historia de la comunidad como anterior a la
colonizacin espaola.
Yendo a cuestiones polticas, que acontecieron a merced del surgimiento de este
movimiento social, reseamos que la oposicin al kirchnerismo acusa al gobierno nacional
de promover a este Movimiento(MTA), no slo desde el punto de vista econmico, sino
tambin utilizndolo como "fuerza de choque" contra los partidos de la oposicin. Sin
embargo El Movimiento, reconoce sus fuertes relaciones con el kirchnerismo, pero al
mismo tiempo es miembro de la CTA
20
.
En los ltimos aos se han visto a nivel provincial el intercambio de los
movimientos sociales, adems la gran relevancia que han tomado, debido a la ocupacin
del espacio pblico, que ha llevado a una gran adhesin por parte de mltiples personas de
la sociedad, especialmente de jvenes y desocupados.
Retornando a nuestra provincia, especialmente a la localidad de San Salvador de
Jujuy, mencionamos algunas de las organizaciones sociales que proliferaron en estos
ltimos aos, cabe mencionar las siguientes:


Organizacin Barrial TpacAmaru
ODIJ (Organizacin de desocupados independientes de Jujuy)
Organizacin Social Pueblos Unidos
MST (Movimiento Social de los trabajadores)
Organizacin Social Pan y Trabajo (Palpal)
Pueblos Originarios
ATD (Asociacin de Trabajadores Desocupados)
Argentina Avanza

19
Diario Digital La Voz de Jujuy. Nota: Ricardo Forster en Jujuy, hablo sobre los movimientos sociales.
Viernes 12 de Octubre de 2012.
20
CTA: Central de Trabajadores de la Argentina: es una central obrera, nacida a partir de la separacin de
un grupo de sindicatos de la CGT en 1991, disconformes con la posicin adoptada frente al gobierno de
Carlos Menem. Es conducida por una mayora social-cristiana/peronista, con una importante minora
trotskista y comunista. Es autnoma de los partidos polticos. Internacionalmente est afiliada a la
Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur, conformada por otras centrales de los pases miembros
del Mercosur, y a la Confederacin Sindical de las Amricas (CSA), regional hemisfrica de la Confederacin
Sindical Internacional.

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 12

MTL (Movimiento Territorial de liberacin)
Organizacin Social Marina Vilte
Movimiento Campesino Jujeo
Organizacin Barrial Tacur
Organizacin Barrial Titi Guerra (B Mariano Moreno)
Etc.


Muchas de estas organizaciones tienen un gran reconocimiento como ser la
TpacAmaru
21
, por el espacio o injerencia que tiene su lder Milagro Sala, en el gobierno
provincial con proyeccin nacional, donde posee ciertas injerencias y acuerdos de ndole
poltico.
Como venimos sosteniendo el crecimiento de las organizaciones ha sido
significativo, pero es acompaado de cambios tanto polticos como sociales que suceden
tanto a nivel local como regional, podemos citar por ejemplo el fenmeno de globalizacin.
Sin embargo, es bueno rescatar que el proceso de institucionalizacin vivido por
cada movimiento ha sido particular y que tambin han estado definidos por afinidades entre
sus lderes, y es as que aparece un factor importante de constitucin de los mismos, como
lo es el ideario que comparten sus integrantes, o la ideologa con la que se identifica a los
mismos. Este factor es prioritario en cualquier organizacin debido a que se establecen las
lneas de accin de los movimientos, y que a la vez se pueden corresponder o no con las
ideas fundantes a nivel general.
Que ocurri en el caso de nuestra provincia (Jujuy); han cambiado sus acciones
delimitando un sector de la poblacin (jvenes, desocupados, sectores socialmente
marginados y mujeres en estado de vulnerabilidad social); y a la vez desplegaron sus
estrategias y objetivos abruptamente con el propsito de acudir a solucionar demandas
sociales que desde la gestin poltica no posean una pronta e inmediata solucin.
Retornando al fenmeno movimientista en Jujuy, nos remitimos nuevamente a los
aos 90 (noventa), histricamente se origina el primer movimiento social en forma
concreta, surge en la Universidad Nacional de Jujuy (Facultad de Humanidades), uno de
sus referentes fue Pedro Santilln, estudiante de la carrera de Antropologa, forma all un
grupo de alumnos, que luego se extiende en las diferentes carreras y tambin con
influencias de intelectuales que vinieron de provincias como Buenos Aires, Crdoba,
Rosario, etc. a nuestra provincia, asesoraban a Santilln para formar el primer movimiento
social en Jujuy, La Triple C (Corriente Clasista y Combativa); El accionar de la Triple C,
logr a travs de la violencia, hacer renunciar al gobernador de Jujuy.
As, surge el primer movimiento en Jujuy, hace treinta aos; a su vez este
movimiento adquiere dimensin nacional. En Jujuy, se renen, el Jefe Nacional del

21
Organizacin Barrial Tpac Amaru: Agrupacin polticaargentina dentro de la organizacin de la CTA,
principalmente en la provincia de Jujuy, aunque tiene otras sedes en 15 de las 23 provincias argentinas. La
ideologa poltica de la organizacin Tpac Amaru est representada por las figuras histricas de Tpac
Amaru, el Che Guevara y Evita Pern
.
Esta agrupacin sera indigenista,
La Tpac Amaru empez a fundar delegaciones en otras provincias argentinas, como Salta, Tucumn,
Santiago del Estero, Capital Federal, Mendoza, sumando unas 16 organizaciones a nivel nacional.


Lic. Rubn A. Cortez Pgina 13

Movimiento Social Quebracho, cuyo dirigente social, Dr. Jorge Baos, idelogo del
asalto a la Tablada, quin con Santilln planean la estrategia de formacin del movimiento.
De estos movimientos sociales, surgen dos efectos negativos hacia la democracia, a
nivel provincial, derrocan al gobernador de ese momento y al cabo de un tiempo el
movimiento social Quebracho a nivel nacional intenta destituir al presidente Dr.
Alfonsn, elegido por el voto popular. Tambin, Santilln, apodado el perro, no solo se
contacta con movimientos sociales argentinos, sino que tambin; se rene con
representantes de otros movimientos sociales de Latinoamrica, como Sendero Luminoso
del Per, el MST de Brasil, etc.
Siempre la Triple C, se encarama detrs de algn sindicato de trabajadores; cuyo
argumento es defender los salarios de estos y con estas diversas alianzas logra perpetuarse
accionando violentamente.
Un hecho trascendental ocurrido en nuestra provincia, fue el efecto de los
movimientos sociales de destituir gobernadores, quienes no pudieron concluir sus
mandatos. Estos movimientos se escudaban tras la lucha salarial y reivindicaciones de los
trabajadores en diferentes sindicatos, de docentes, trabajadores de la salud, de la
administracin pblica, empleados de comercio, etc. Tambin cabe sealar otro
movimiento que es A.T.E (Asociacin de Trabajadores del Estado), un sindicato liderado
por el Sr. Acosta, que en su momento, posea la mayor cantidad de afiliados en Jujuy, all
surge el protagonismo de la Sra. Milagro Sala; ella se torna la mano derecha del Secretario
General de A.T.E y en el ao 2006 asume como vocal del sindicato. Poco tiempo despus
ella realiza una maniobra poltica, ejerciendo el poder sobre este gremio y reuniendo a poco
ms de siete mil trabajadores conformando el Movimiento Social TUPAC AMARU,
asumiendo como su principal referente, a partir de all, comienza su protesta con actos de
violencia sobre instituciones pblicas, (la Casa de Gobierno de Jujuy). Como el lder de la
Triple C (Santilln) ya no estaba aliado con el Secretario General de ATE (Acosta), se
inicia un ataque sobre el movimiento social de la Triple C, con actos de vandalismo, logra
la Sra. Milagro Sala asediar a Santilln, comenzandoa ejercer presin con actos violentos
en todos los aspectos y sobre la provincia de Jujuy. Habiendo total ausencia de los Poderes
del gobierno provincial.
Ahora bien, volviendo al Movimiento Tpac Amaru (MTA),como otros
movimientos sociales ("piqueteros"), se han constituido en Argentina en el contexto de la
crisis global de diciembre de 2001. Son movimientos sociales que reemplazan a los partidos
polticos desgastados por la crisis, y al mismo tiempo arraigan en la sociedad en tanto
sirven como herramientas para resolver problemas concretos: desempleo, alimentacin,
vivienda, salud, etc.
Estos movimientos se expanden velozmente durante los ciclos respectivos de los
aos; 2002 - 2003, canalizando y organizando la distribucin de planes sociales estatales.
Despus del ao 2003, van adoptando perfiles polticos definidos y, en general, se ubican o
bien apoyando al kirchnerismo, o bien cerca de fuerzas de izquierda no-kirchneristas.
El caso del Movimiento Tpac, no es una excepcin dentro del desarrollo de los
movimientos sociales. Pero s es original en un punto, en el cul expresa demandas no slo
sociales sino tambin indigenistas. El cooperativismo de este movimiento se asienta sobre
las antiguas tradiciones comunitarias de los pueblos quechua y aymar.

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 14

A partir de algunos opinlogos y tericos que analizan esta cuestin movimientista,
podemos caracterizar a la lder del movimiento, la Sra. Milagros Sala, como ms parecida a
una lder del zapatismo mexicano que a un dirigente de la izquierda leninista
22

Podemos decir, que consideramos que se ha convertido el movimiento, en una
poderosa cooperativa que posee fbricas metalrgicas y textiles, posee polideportivos con
piletas de natacin y comedores populares que alimentan a 50.000 nios. Las empresas del
Movimiento, dan trabajo a ms de 10.000 personas. Su capacidad de movilizacin es alta,
pues han llegado a movilizar a ms de 50.000 personas en las calles de la Capital jujea.
Segn el ideario del Movimiento de la Tpac, su inters no es participar
abiertamente en poltica electoral. Como ya mencionamos, su ideario est orientado a
organizarse al estilo del zapatismo mexicano
23
.
Por una extraa coincidencia, segn se analice, los movimientos sociales vuelven a
ocupar el centro de la escena justo en las vsperas de la discusin parlamentaria sobre la
reforma poltica. No es por decisin propia que as ocurre, como ya es pblico y notorio,
pero esta sorprendente figuracin en la agenda reinstala un debate que se haba empaado
desde el ao 2003 en adelante. La pregunta acerca de cul es el papel de los movimientos
sociales vuelve a cobrar una inusitada actualidad, aunque sus resonancias ya no sean las
mismas de entonces.
En el contexto de la crisis de hegemona que se abriera en 2001, la crisis especfica
de los partidos polticos y, por ende, la de la representacin, explicaron en buena medida la
emergencia de los movimientos sociales. Esta ltima categora utilizada para designar a los
nuevos agrupamientos de desocupados, tambin incluy al novedoso sindicalismo
expresado por la CTA, a las organizaciones de mujeres, a las organizaciones de derechos
humanos, a los familiares de las vctimas del gatillo fcil y del paco y a todo ese amplio
abanico de resistentes al neoliberalismo
24
.

22
Izquierda Leninista: El leninismo es bsicamente una extensin del marxismo. El marxismo afirma que la
clase obrera debe actuar contra la burguesa y el capital para instaurar el socialismo, y el leninismo dice
cmo hacerlo, que es creando una "asociacin" de los trabajadores ms conscientes sobre la situacin del
proletariado, que sera un Partido Comunista, el cual organizara la lucha. Una de las aportaciones ms
importantes de Lenin fue en la cuestin de la organizacin comunista. Argumentaba que la lucha econmica
del proletariado slo lo llevara a adquirir una ideologa sindicalista y que la conciencia marxista y
revolucionaria deban ser introducidas desde fuera. Adems, planteaba que la clase obrera, para llevar a
cabo su actividad revolucionaria, debera contar con un destacamento de vanguardia que dirigiera su lucha,
el Partido Comunista.
23
Zapatismo: El Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional (EZLN) naci en el estado mexicano de Chiapas,
bajo el liderazgo de Emiliano Zapata, que cre el Ejrcito Libertador del Sur, en la Revolucin de 1910, y est
compuesto en su mayora por poblacin indgena, en defensa de reivindicaciones sociales y de una mayor
justicia para las clases ms desfavorecidas.
Estn emparentados con la izquierda revolucionaria, pero sin ser marxistas, en contra del neoliberalismo,
por medio de una lucha nacional, que no pretende llegar al poder, sino forjar un camino, que no se debe
detener con la consecucin del mando, que no es un fin en s mismo.
24
Neoliberalismo: Es un modelo econmico que se enmarca dentro de las doctrinas del liberalismo
econmico a su vez dentro del sistema capitalista. Quienes defienden al neoliberalismo, llamados
neoliberales, muestran su claro apoyo a la liberalizacin en materia de economa, lo cual implica que los
mercados sean totalmente abiertos, fomentando de este modo el libre comercio, a partir de una
desregulacin de los mercados. Adems, el neoliberalismo tiene otra caracterstica fundamental que es la
privatizacin, por la idea de que la administracin privada es ms eficiente y adecuada que la administracin

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 15

Ya con Nstor Kirchner en la presidencia, los piquetes y cacerolas tomaron rumbos
distintos. Fluctuantes, las capas sociales medias disminuyeron sus mpetus turbulentos y los
acompasaron al ritmo del crecimiento econmico. Por su parte, las organizaciones
piqueteras, que ya se haban iniciado en el duro oficio de arrancarle ms planes sociales a
Duhalde, derivaron en su mayora hacia un apoyo poltico a Kirchner que se tradujo en la
efmera constitucin del Frente Patria para Todos y, ms tarde, en la incorporacin de
muchos de sus mejores cuadros a la gestin de gobierno.
Entretanto, la CTA, a la espera del otorgamiento de su personera gremial,
acompa discretamente pero, a poco de andar, se encamin hacia una postura cada vez
ms crtica del nuevo gobierno y, an hoy, no obtiene lo que por derecho propio le
corresponde. Sea como fuere, lo cierto es que el conjunto de los movimientos sociales vio
ensombrecer el destacado protagonismo que haba tenido en el perodo anterior y la teora
de que el nuevo sujeto poltico y social eran los desocupados pronto fue olvidada con
la paulatina, aunque siempre insuficiente recuperacin de las tasas de empleo.
Las viejas y nuevas expresiones partidarias ingresarn en breve en un territorio
absolutamente desconocido para los estilos y formas de la representacin ciudadana. Pero
la reforma, desde luego, aunque no est dirigida al accionar poltico de los movimientos
sociales, impactar en ellos tambin. Actualmente surge un interrogante en toda esta
cuestin y es que los movimientos sociales hacen poltica. Para algunos sectores,
siempre la hicieron y no dejarn de hacerla; sin embargo, la pregunta crucial es alcanza
con esa poltica?
Con su experiencia concreta, la organizacin Tpac Amaru ha demostrado, a
propios y extraos, que hay reservas intocadas por el neoliberalismo que, expresadas en
trminos culturales y organizativos, hablan de la existencia de una capacidad autnoma en
el campo popular para trazar y alcanzar sus propios objetivos. Por cierto, no hubieran sido
posibles sus logros sin el concurso activo y creciente de las polticas pblicas que, desde
2003 en adelante, el gobierno y el Estado han implementado. Pero la materializacin de
esos logros ha dependido enteramente de un sistema de prioridades y de gestin colectiva
que slo existen porque hay una organizacin popular en condiciones de establecerlos e
instituirlos.
Consideramos que se necesita ser muy necio, para cuestionar la legitimidad y
representatividad que surgen deimportantes realizaciones verificables en escuelas,
viviendas, empleos, recreacin, atencin de la salud, integracin comunitaria y
recuperacin y valorizacin de las culturas ancestrales. Ahora bien, si todo ello configura
un punto de partida para una organizacin en particular, es imprescindible entender que no
puede ser un punto de llegada para el conjunto de los actores que se dieron convocatoria en
Jujuy para el abrazo fraterno y solidario a la Tpac Amaru. La representatividad sectorial
no es lo mismo ni equivale a la representacin poltica, al menos al tipo de representacin
poltica que comenzar a ser tema de debates y discusiones.
Cuesta imaginar que un movimiento social se convierta en un partido poltico a la
usanza tradicional. Pero los movimientos sociales, tienen ante s la oportunidad de incidir
de nuevo en la agenda poltica de la reforma. No fue de otro modo que un dirigente sindical
encabez el reclamo por las elecciones directas en el Brasil y termin siendo presidente por

pblica. Por eso, de este modo se achica la intervencin del Estado tanto en lo que hace referencia a la
regulacin del mercado como as tambin al gasto e inversin [Link]/neoliberalismo/

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 16

dos mandatos consecutivos, (Lula Da Silva), y que un indgenaaymara, (Evo Morales),
lder de los cocaleros bolivianos, hiciera lo propio en su pas (Bolivia).
Convendr advertir, que ninguna experiencia es repetible por ms exitosa que haya
sido, pero con el mismo nfasis hay que decir que en los casos de Brasil y Bolivia, ha
existido un denominador comn. ste ha sido la abrupta toma de conciencia de que la
legitimidad y representatividad sectorial no alcanzan cuando el rumbo de la sociedad
reclama un discurso y una prctica que no pueden ser sino de contenido universal. Los
particularismos de los movimientos sociales sonla tierra frtil donde puede crecer la nocin
del inters pblico, pero ste reivindica para s un accionar poltico que est mucho ms all
del inters corporativo o sectorial. Este desafo, pues, sigue vigente en la Argentina y ms
an en nuestra regin nortea, especficamente en la provincia de Jujuy.
A los efectos, del desarroll de esta resea histrica y desarrollo del movimiento,
objeto de estudio para la Ctedra, desde sus comienzos en los aos 90 y su paulatino
desarrollo temporal en el contexto local nacional con sus correspondientes repercusiones
a nivel regional, es que enfatizamos en estos momentos su permanencia en el tiempo,
aunque sujeta a ciertas vicisitudes, objeto de numerosos interrogantes y planteamientos de
todo tipo y a todo nivel respecto de esta cuestin.



























Lic. Rubn A. Cortez Pgina 17

CONCLUSION:


He querido poner de manifiesto el tema de los Movimientos sociales, como actores
presentes en Latinoamrica, tomar como caso ejemplificativo lo que ocurre y lo que
observo en la provincia de Jujuy, contextualizando tericamente fundamentos referidos a la
cuestin del surgimiento de los movimientos sociales en diferentes lugares, posteriormente
rescatando caractersticas de los mismos en la realidad local de la provincia jujea.
En el escrito, he reflejado la incidencia y relevancia de los movimientos sociales
contextualizados en la poltica y la realidad social local a nivel latinoamericano, y
refirindome a la situacin de Jujuy. Redact el ensayo,comenzando con
conceptualizaciones tericas, y descripciones de ellos, no solamente en Argentina, sino
tambin en pases sudamericanos como Brasil y como Bolivia, en cuyo contexto, tambin
estos movimientos fueron cobrando mayor envergadura e importancia con diferentes
connotaciones.
Personalmente, realizar el escrito, me permiti objetivar la realidad que vivimos en
la provincia y contrastar ideas personales con aportes brindados por autores mencionados.
Concluyendo que en nuestra provincia emergi una incesante protesta plasmada a
travs de marchas, huelgas, piquetes, etc. que se remontan a los aos noventa (90). Durante
esos aos, la Triple C (Corriente Clasista y Combativa) logra a travs del reclamo y la
protesta el derrocamiento de varios gobernadores que pretendan ejercer clientelarmente el
poder poltico provincial.
Estos movimientos, especialmente la Triple C, se escudaban tras la lucha salarial y
reivindicaciones de los trabajadores en diferentes sindicatos (docentes, trabajadores de la
salud, administracin pblica, empleados de comercio, etc.)
Durante el periodo de gobierno kirchnerista, el movimiento Tpac,entabla redes de
conexin polticas con el propsito de ejercer presin y acrecentar ms adeptos y mayor
poder, ejerciendo una influencia decisiva en las decisiones polticas de la provincia,
adquiriendo gran relevancia, agrupando a un sinfn de adeptos, desocupados, jvenes y
mujeres con familia numerosas, fanticos, etc.; irrumpiendopor las calles de la ciudad de
San Salvador de Jujuy con antorchas, banderas indigenistas, guevaristas, bombas de
estruendo, etc. y toda la parafernalia desplegada, perfectamente dirigidos y organizados,
como ya preparados para esta ocasin.
Deduzco que, actualmente su perdurabilidad en el tiempo parece ser transitorio
como movimiento, aunque como digo est sujeto a ciertas vicisitudes y opiniones al
respecto; ya que se ha transformado en un partido poltico cuyos adeptos ahora son
afiliados polticos/partidarios. De esto deriv, que su lder (Milagro Sala), logr obtener el
poder poltico, a travs de un cargo pblico. Aunque siempre queda cierta incertidumbre
sobre la legitimidad del movimiento social referido, de sus prcticas poco ortodoxas, si se
lo contextualiza desde la teora de laaccin colectiva que entronizan algunos autores
mencionados en el ensayo.
El tiempo develar esta incgnita respecto de la esencia y permanencia de susodicho
movimiento, que surge como una organizacin barrial, hasta proliferar en distintos mbitos
provinciales, tomando envergadura por el considerable nmero de adeptos enrolados en el
mismo y logrando tener un cierto protagonismo nacional en estos ltimos tiempos polticos,

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 18

alcanzando el rango de movimiento y que aspira a consolidarse, o bien a transformarse en
un partido organizado polticamente.
Pude observar que, es tal la relevancia a nivel poltico y social que tuvo en las
elecciones del 27 de Octubre del 2013, cuya lder la Sra. Milagro Sala logr sacar cuatro (4)
diputados provinciales, veinticinco (25) concejales en diferentes departamentos de la
provincia de Jujuy. Aqu la importancia poltica y social del movimiento Tpac Amaru, que
con esto se convirti en la tercera fuerza poltica de Jujuy; es tanto en primer lugar el
justicialismo, segunda la tradicional Unin Cvica Radical (UCR), y este Movimiento
Social devenido en partido poltico, Los denominados Unidos y Organizados como la
tercera fuerza poltica de Jujuy, destacando que por primera vez particip en una eleccin a
nivel provincial y a nivel nacional. Desplazando a partidos polticos de ms de treinta aos
como el partido local Movimiento Popular Jujeo, al Partido local Lyder, con quince
(15) aos de antigedad, al partido PRO cuya participacin en Jujuy es de dos aos.
Entonces el Movimiento Social participaba por primera vez de los comicios
electorales en la provincia. Con esto demostr que a pesar de ser denostado por otros
partidos que contaban varios aos de antigedad en las elecciones no pudieron superar al
Movimiento social ya convertido en partido poltico.
Aclaro que esto demuestra un cambio poltico, social muy interesante de realizar
desde lo poltico y lo social, por cuanto en un ao de transformacin de movimiento social
a partido poltico, obtuvo la relevancia que no tuvieron antiguas y tradicionales fuerzas
polticas locales tanto a nivel local como nacional.
El movimiento se form hace ya nueve aos, pero mantiene su continuidad y su
accin en diversos sectores sociales, sobre todo en los ms humildes y vulnerables de la
provincia, obteniendo repercusin en localidades del norte de nuestra provincia, y
expandindose hacia otras provincias de nuestro pas.
Su accionar se refleja en la accin social y poltico que vena llevando con la
creacin de escuelas, hospitales, centros comunitarios, cooperativas, viviendas, donacin de
lotes, construccin de fbricas textiles y actualmente la apertura de una Universidad a nivel
local regional autctona, contando con la creacin de colegios secundarios y dos escuelas
primarias y ms de cien guarderas infantiles.
Lo descripto y analizado dentro del contexto real de lo acontecido en la provincia de
Jujuy, me demuestra que el nacimiento de un movimiento social, con nfasis en el
liderazgo, en la continuidad social, ms las polticas debilitadas a nivel provincial
permitieron el avance en lo social en la provincia, luego convertirse en una partido poltico
Unidos y Organizados que participando por primera vez ha logrado, ser en la provincia,
la tercera fuerza poltica junto a los ya mencionados partidos polticos tradicionales.
Afirmo que es una situacin nica en nuestro pas, que un movimiento social,
liderado por la Sra. Milagro Sala, haya obtenido un triunfo interesante ante los dems
partidos polticos que participaron en las elecciones. Es un fenmeno atpico y muy
particular en lo que convergen lo poltico, lo social, quizs desconocido, pero que realmente
fue un factor relevante en varios aspectos en nuestra provincia de Jujuy y tambin con
bifurcaciones a nivel regional, nacional y expandirse en un futuro prximo hacia pases con
base y raigambre indigenistas como Bolivia y el Per.
De todos modos, vuelvo a la incgnita a develar e indagar, motivo de mi estmulo
de haber realizado el ensayo, indagando sobre esta cuestin, y es s en los prximos aos
seguir teniendo permanencia en el tiempo y perdurabilidad en su esencia de movimiento

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 19

social, cuyo propsito surgi como una fuerza de choque y presin entre el sector poltico
provincial y los sectores ms empobrecidos de nuestra provincia.
De esta manera, concluyo, que una de las insolvencias de los gobiernos
contemporneos radica en su creciente discrepancia respecto de un gobierno democrtico
responsable tanto legal como legtimamente.
Esta explicacin da a entender que, frente a demandas insatisfechas del pueblo, la
alternativa radica en la utilizacin de prcticas movimientistas con el objetivo de lograr la
obtencin de resultados concretos de parte del gobierno, aunque en algunas ocasiones se
recurra a mtodos poco ortodoxos y coercitivos para que esas demandas sean satisfechas y
solucionadas como corresponden para el bien de los ciudadanos, principalmente para
aquellos sectores ms desfavorecidos y vulnerables de nuestra sociedad.







Lic. Rubn Antonio Cortez























Lic. Rubn A. Cortez Pgina 20

BIBLIOGRAFA:


Altman, David, Democracia directa en el continente americano auto legitimacin
gubernamental o censura ciudadana?, en Poltica y gobi erno, XII, 2, 2005: 203-
232 [29pp.].

Arce, Moiss, Parties and Social Protest in Latin Americas Neoliberal Era. Party
Politics 16 (5), 2010: 669 686.

Bobbio, Norberto (1986) El futuro de la Democracia, Edic. Fondo de Cultura
Econmica (Mxico)

Bobbio, Norberto, Mateucci Nicola, Pasquino Gianfranco (2002), Diccionario de
Ciencia Poltica; Pgs. 1200 Edic. Siglo XXI

De Sousa Santos, Bonaventura: Los movimientos sociales. Revista OSAL.
(Septiembre 2001)

Diario Digital La Voz de Jujuy. Nota: Ricardo Forster en Jujuy, hablo sobre los
movimientos sociales. Viernes 12 de Octubre de 2012. En: http://
[Link]/general/23159-ricardo-forster-en-jujuy-hablo-sobre-los-
movimientos-sociales.

Garca Linera, lvaro: La estructura de los movimientos sociales en Bolivia.
Revista OSAL. Septiembre 2001.

Garretn Manuel Antonio: Revista de la CEPAL (1976). Dpto. Sociologa.
Universidad de Chile (Abril 2002).

Izaguirre, Ins (2006). Movimientos sociales y lucha de clases. Sociognesis de una
sustitucin conceptual en el discurso acadmico. Revista Crtica de nuestro tiempo
N 4. Instituto de Investigacin Gino Germani, Buenos Aires

Mauro, Sebastin y Federico M. Rossi, Entre la plaza y la Casa Rosada: dilogo y
confrontacin entre los movimientos sociales y el gobierno nacional, en Malamud,
Andrs y Miguel De Luca (coordinadores), La poltica en tiempos de los Kirchner,
EUDEBA, Buenos Aires, 2011. pgs. 167-178 [11 pp.].

Moreira, Constanza, Resistencia poltica y ciudadana: plebiscitos y referndums
en el Uruguay de los 902, en Amrica Latina hoy, volumen 36, 2004, pgs. 17-45.
[28 pp.].

Svampa, Maristella; Pandolfi, Claudio (2004): Las vas de la criminalizacin de la
protesta en Argentina, en Observatorio Social de Amrica Latina Vol. 14: 285
296.

Lic. Rubn A. Cortez Pgina 21

Stratta Fernando; Barrera Marcelo: Movimientos sin clases o clases sin
movimiento? Notas sobre la recepcin de la teora de los Movimientos Sociales en
la Argentina. Revista del Programa de Investigaciones sobre Conflicto Social
Instituto de Investigaciones Gino Germani/ Fac. de Cs. Sociales (UBA)
[Link]/conflictosocial/revista

Vergara Camus, Leandro: The politics of the MST: Autonomous Rural
Communities, the State, and Electoral Politics. En Latin American Pespectives 36
(4), 2009: 178 191

Vergara Camus, Leandro: Globalizacin, tierra, resistencia y autonoma: El EZLN
y el MST: Univerisidad Nacional Autnoma de Mxico Instituto de
Investigaciones Sociales. Revista Mexicana de Sociologa N 73, (julio
septiembre, 2011). Pgs. 387 414. Mxico D.F.







Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso Internacional
sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones Internacionales
de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014



Ttulo de la ponencia: Destitucin popular democrtica: la revocatoria de mandato en Amrica
Latina. Solucin institucional a las crisis de legitimidad?


Nombre y apellido de la autora: Mara Laura Eberhardt, laura_rafaela@[Link], UNAJ


rea temtica sugerida: Sociedad civil, Democracia Participativa y nuevos actores polticos


Resumen: La revocatoria de mandato es un mecanismo de participacin que permite a los
ciudadanos mantener el control sobre los gobernantes durante su mandato, ya que los habilita a
reclamar elecciones especiales en las que puedan destituirlos. Fue incorporada desde fines de
1980 junto con otros institutos directos para contrarrestar la crisis de representacin. Ciertas
constituciones latinoamericanas la adoptaron a nivel nacional. Las normativas provinciales y
locales resultaron incluso ms prolferas. Analizar cmo fue adoptada e implementada permitir
conocer su potencial y limitaciones como salidas frente a las crisis de gobierno, para
salvaguardar la estabilidad democrtica y de los sistemas presidenciales.


I- Introduccin.
El tambin llamado recall (en ingls) es una herramienta que habilita a los ciudadanos a
revocar el mandato de aquellas personas elegidas por voto popular (un instrumento similar al
impeachment, pero ejercido por los ciudadanos) (Lissidini 2008:128-129). Se canaliza a partir
de un referendo de revocacin, el cual habilita a que los funcionarios electos puedan ser puestos
a consideracin popular a partir del pedido de un grupo de ciudadanos. Los procedimientos
varan pero en general se exige una cantidad determinada de firmas recolectadas por iniciativa
popular, como en Venezuela, California, Per (Lissidini 2007a:4).
Este mecanismo otorga a los ciudadanos la facultad de dejar sin efecto el mandato del titular
de un cargo de eleccin popular, resultado de un proceso de consulta del mismo tipo (Zovatto
2008:260) Es una institucin vigente en numerosos estados de Norteamrica, mediante el cual
un nmero de electores del 10 al 35%- impulsa la destitucin de algunos funcionarios o
diputados que dejaron de gozar de la confianza de la ciudadana (Garca Lema 1994:260).
En Amrica Latina, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Panam la adoptaron para el nivel nacional.
Los tres primeros incluyen al Presidente y a todos los cargos electivos del Estado central. Per,
Argentina, Colombia y nuevamente Panam, Ecuador, Venezuela y Bolivia disponen de
revocatoria a nivel subnacional y local.
Es un mecanismo reactivo debido a que se emplea a modo de reaccin frente a una accin
previa de alguien (el mandatario) y busca revocar el mandato de un funcionario electo por la
ciudadana (el Presidente, los legisladores u otros) (Lissidini 2007b:4). En tal sentido,


constituye un instrumento de defensa de los ciudadanos frente a gobernantes impopulares, pero
tambin presenta sus riesgos como el de poner en jaque al sistema representativo (dem),
especialmente si se abusa de l o se amenaza repetidamente con su utilizacin.
La destitucin permitira atenuar un problema que ya Rousseau encontraba en las
democracias representativas: que los representantes, una vez elegidos, no podan seguir siendo
controlados por los votantes (Lijphart 1984). La revocatoria vendra as a intentar subsanar esta
dificultad al permitir a un cierto nmero de electores insatisfechos con su representante reclamar
elecciones especiales en las que el mismo pudiera ser destituido.
En el marco de la llamada democracia directa o participativa, su principal funcin es la de
habilitar una participacin ciudadana negativa o de control, ms que de expresin o gestin
positiva de proyectos e iniciativas ciudadanas, ya que supone eliminar el contrato de
representacin erigido por el voto antes de que expire el perodo preestablecido.
Constituye por tanto un instrumento de accountability, concepto que alude a la capacidad para
asegurar que los funcionarios pblicos rindan cuentas por sus conductas, es decir, a la capacidad
de obligarlos a justificar y a informar sobre sus decisiones y a que eventualmente puedan ser
castigados por ellas (Smulovitz 2001:2). Una rendicin obligatoria de cuentas (Schedler 1999),
que no trata de una concesin generosa realizada por los representantes sino de un acto
obligatorio y necesario en democracia. Ello implica que los funcionarios informen y expliquen
sus decisiones, pero tambin la posibilidad efectiva de castigar sus conductas inapropiadas
(Abal Medina 2007:18).
La revocatoria de mandato aparece entonces como un instrumento de accountability vertical,
que surge desde la sociedad y se dirige al Estado, a diferencia de la horizontal, interna al aparato
estatal o ejercida entre sus diferentes poderes instituidos: ejecutivo, legislativo, judicial
(O`Donnell 1998). Dentro de la dimensin vertical, es asimismo un mecanismo de accountability
societal (control vertical no electoral de las autoridades polticas, basado en las acciones de un
amplio espectro de asociaciones, movimientos ciudadanos y actuaciones mediticas, tendientes a
monitorear el comportamiento de los funcionarios pblicos, exponer y denunciar sus actos
ilegales, y activar la operacin de agencias horizontales de control -Smulovitz 2001:2),
canalizado por vas institucionales (Peruzzotti & Smulovitz, 2002).

En los mecanismos de participacin ciudadana, es indispensable complementarlos con el
referendo presidencial, porque desde el punto de vista jurdico-poltico, la revocatoria del
mandato introducira la figura complementaria indispensable para que el pueblo,
efectivamente, ejerza la soberana. El voto deja de ser un cheque en blanco, pues quin es
elegido est sometido al escrutinio pblico y debe rendir cuentas a sus electores o podr ser
revocado. Una minora podr demandar la convocatoria a referendo, pero, slo la mayora
podr revocar o ratificar el mandato. Esto implica que, el cargo pblico no es propiedad del
ciudadano electo, ni del partido, la clase o la capa social a la cual se pertenezca, sino del
pueblo, por lo cual su ejercicio debe corresponder a sus valores, necesidades y prioridades
(Monroy Gmez 2006:9)

En trminos procedimentales, las revocaciones dimanan de peticiones firmadas por la proporcin
requerida de votantes (iniciativas populares), seguidas de una votacin especial para decidir si el
funcionario en cuestin debe dejar el cargo (referndum vinculante). En algunas Constituciones
(como la de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina) se fija un mnimo del 20% del electorado
(cifra bastante elevada) para solicitarla, dentro de un plazo poco mayor a la mitad del mandato


del funcionario cuestionado (habiendo cumplido al menos un ao en el cargo y mientras le
restaren ms de seis meses para finalizarlo), y por causas atinentes a su ejercicio. Si se aprueba la
revocacin, se elige a un sucesor, bien en la misma votacin o en una seleccin sucesiva
(Pomper 1987).
En cuanto a la revocatoria del Ejecutivo nacional, este es un tipo especial de recall que apunta a
flexibilizar una de las caractersticas del presidencialismo consideradas por Linz (1990) como
una rigidez propia del sistema: el perodo fijo del Ejecutivo, que elimina la posibilidad de
reemplazar a su titular en caso de prdida de legitimidad popular o de apoyo parlamentario, a
excepcin del juicio poltico (mecanismo de ms difcil aplicacin y facultad exclusiva del
Congreso).
Esto es, el mandato fijo provoca que el presidente pueda permanecer sin apoyo ya que resulta
muy difcil removerlo, y sin que ste pueda reforzar su autoridad por medio de un voto de
confianza o la disolucin del parlamento (Abal Medina 2010:172). La revocatoria sera as un
mecanismo equiparable en su resultado al voto de censura o de no confianza de los
parlamentarismos pero ejecutado por la ciudadana. De ese modo permitira resolver ciertas
situaciones crticas por vas institucionales ms directas y de abajo hacia arriba, evitando una
crisis de gobernabilidad y, en caso extremo, del rgimen presidencial o de la propia democracia.
En sntesis el recall posibilitara entonces mantener constantemente responsables ante sus
electores a los funcionarios pblicos elegidos, constituyendo por esto una modificacin del
rgimen representativo en su naturaleza, donde el mandatario no se hallaba anteriormente
obligado por sus promesas de campaa frente a sus mandantes (mandato representativo o
mandato libre, opuesto al mandato imperativo de la antigua democracia directa ateniense) (Justo
Lpez 1997).

II- Crisis de la representacin e incorporacin de mecanismos de democracia directa en
Amrica latina
Desde fines de los aos 80, gran nmero de pases democrticos occidentales estn atravesando
un proceso conocido como crisis de la representacin que alude a un clima general de
descontento popular respecto del desempeo de las instituciones de gobierno (Abal Medina,
2004; Cavarozzi

& Abal Medina, 2002). En este contexto, los parlamentos se han visto
desprestigiados como lugares donde reina la politiquera y la verbosidad, con lobbistas
operando detrs de la escena y con un funcionamiento permanentemente ineficiente y lento
(Nino, 1997:237), mientras que los partidos polticos fueron catalogados de grupos corporativos
que defienden sus propios intereses (:238).
En Amrica latina, los partidos enfrentan una situacin paradojal segn la cual, si bien por un
lado asisten a un proceso de consolidacin democrtica, por el otro enfrentan una grave crisis de
las modalidades de articulacin y de representacin de los intereses ciudadanos (Cavarozzi

&
Casullo, 2002:9). Esto es, un sndrome de consolidacin democrtica con creciente inestabilidad
(e ilegitimidad) de la poltica (:15), cuyo negativo impacto sobre los mecanismos de formacin
y expresin de las demandas sociales por los partidos alej a los ciudadanos de la actividad
partidaria y debilit el sustento de la legitimidad del sistema representativo.
Respecto de los pases de la regin, en todos los casos, aunque en diferentes grados, hubo una
cierta descomposicin del Estado junto con la deslegitimacin de los representantes polticos

(
Lissidini, 2008:127). Especficamente, los partidos han perdido centralidad, cuando no han
colapsado (como en Per y en Venezuela), y han surgido outsiders que prometieron mayor


participacin ciudadana directa a costa del poder legislativo (como Chvez en Venezuela y
Correa en Ecuador) (dem).
Numerosas constituciones y legislaciones nacionales y locales iniciaron desde entonces
procesos de reforma poltica, donde, junto con otras medidas de corte neoliberal tendientes a
reducir el tamao del Estado central y a hacer ms eficiente y transparente la administracin
gubernamental, se incluy la creacin de diversos mecanismos de participacin ciudadana,
destinados a complementar las tan cuestionadas instituciones representativas con otras vas
alternativas de intervencin ms directa de la ciudadana en los procesos de toma de decisiones
pblicas. Esto, unido a las crecientes demandas ciudadanas por ms democracia, nacidas en el
citado entorno de la crisis de representacin de masas, dieron como resultado un notable
incremento del inters en la incorporacin y el uso de tales institutos, tanto a nivel social como
poltico y acadmico.

Es verosmil sostener entonces que la democracia representativa necesita modificarse y
ajustarse a demandas polticas y sociedades cada vez ms diversas y ms complejas. Los
mecanismos que promuevan una participacin ms directa de los ciudadanos seran
entonces vas para ajustarse a las nuevas realidades sociales y polticas (Lissidini 2007:7)

Tales instrumentos de participacin ciudadana fueron por tanto concebidos como herramientas
semidirectas incorporadas en las democracias representativas para permitir a los ciudadanos
participar en la elaboracin y adopcin de las polticas a partir de la combinacin de elementos
propios de la democracia directa e indirecta. Estos regmenes pasaron as a adquirir un carcter
impuro (Justo Lpez, 1997:468469), al agregar al marco representativo o indirecto (signado
por elecciones, partidos, divisin de poderes), instituciones que habilitasen una participacin y
control ciudadano ms directo, a travs de instancias de votacin, propuesta y/o deliberacin. La
inclinacin hacia una democracia participativa abon el difcil desafo enfrentado por muchos
dirigentes en trminos de acotar la creciente brecha abierta entre representantes y representados,
permitiendo acercar la toma de decisiones a los ciudadanos (Taboada 2005:3).
La tambin llamada democracia directa

cobrara en adelante un lugar cada vez mayor en la
ingeniera institucional, en la prctica democrtica y en los estudios especializados de estos
pases durante los ltimos aos. La constatacin de que tal democracia directa era en la
actualidad tcnicamente posible debido a las condiciones favorables creadas por las nuevas
tecnologas y comunicaciones, colabor en ese sentido.
En efecto, la mayora de las constituciones en Amrica del Sur incorporaron o ampliaron los
mecanismos de democracia directa durante la dcada del noventa (con la excepcin de Chile y
Uruguay) (Lissidini, 2008:126). Estas incorporaciones fueron, para algunos Estados, originadas
en una demanda social (como en Bolivia, y, en menor medida, en Colombia), donde las reformas
pretendieron canalizar el descontento y la motivacin poltica hacia una participacin ms all
del voto electoral, pero dentro de los marcos institucionales a modo de mejorar la calidad de la
democracia, corrigiendo los mecanismos de democracia representativa e incluyendo instituciones
de democracia directa y de participacin y control por parte de los ciudadanos y grupos sociales
(dem).
Para otros; como Ecuador, Paraguay, Per y Venezuela; frente a la falta de demandas sociales
concretas, las reformas buscaron centralmente reforzar la delegacin de las decisiones en el
poder ejecutivo, evadiendo al legislativo, y promover una relacin directa del presidente con los


ciudadanos, a costa de los partidos polticos y otros mecanismos de representacin e
intermediacin (dem).
En Amrica Latina, la transicin democrtica de la tercera ola se complet, tras una primera
etapa en los aos ochenta de xito poltico en materia democrtica pero de fracaso econmico,
con otra, en los noventa, caracterizada por la crisis de representacin del sistema partidario y el
descontento creciente con la poltica, situaciones que generaron cambios en numerosos pases de
la regin a travs de una doble va: reformas constitucionales por un lado e incorporacin de
mecanismos de democracia directa por el otro, como una manera de completar, o incluso, en
algunos pases, con el propsito de suplantar la democracia representativa (Zovatto 2008:253).
Efectivamente, la tendencia a expandir los mecanismos de democracia directa en el continente
cobr fuerza en los noventa en busca de mayores niveles de participacin ciudadana para
corregir la crisis de representacin y hacer frente a los problemas de gobernabilidad (:262). En
este sentido "el proceso de democratizacin poltica en Amrica Latina ha estado acompaado
por la proliferacin de mecanismos de participacin, tanto formales como informales, de
Democracia Directa (Ipplito-ODonnell 2007:2)

En tiempos como los actuales, en que los parlamentos y los partidos gozan de una
confianza muy baja ante la opinin pblica, los mecanismos de participacin ciudadana
son vistos por ciertos sectores como una opcin vlida para mejorar la representacin,
incrementar la participacin y mantener la estabilidad de los sistemas polticos. As, se ha
instalado en la agenda poltica latinoamericana un debate en torno de los potenciales
beneficios y riesgos de estas instituciones (Zovatto 2008:254)
Estos mecanismos de participacin, muchos novedosos y otros no tanto, apuntan en su
conjunto a fortalecer las capacidades de los ciudadanos para expresar sus preferencias en
materia de polticas pblicas y controlar el accionar de los gobiernos y, al hacerlo, mejorar
la calidad de la democracia (Ipplito-ODonnell 2007:2)

As, a mediados de 2007, como resultado de este proceso, 16 pases de Amrica Latina regulan
a nivel nacional diferentes mecanismos de democracia directa en sus constituciones respectivas
(Zovatto 2008:262). De hecho, la gran mayora de las constituciones reformadas en la regin
durante las dcadas de 1980 y 1990 incluyeron el uso de mecanismos de democracia directa
(dem).

Slo dos de los dieciocho pases de Amrica Latina, Repblica Dominicana y Mxico, no
contemplan en sus textos constitucionales estos mecanismos, aunque en el caso mexicano
los instrumentos de democracia directa s estn regulados en algunos de sus estados o a
nivel local (:263)
Hay una riqueza mucho mayor, con una variedad de mecanismos y modalidades, en el
mbito estatal y local/municipal latinoamericano (:290)

Respecto de la prctica cabe igualmente aclarar que:

Pese a la generalizada incorporacin de los mecanismos de democracia directa en los
textos constitucionales, la mayora de los sistemas polticos latinoamericanos mantienen,
en la prctica, un bajo componente de democracia directa en el nivel nacional (dem)



De hecho, el espacio en el que la democracia directa ha tenido su mayor y ms fructfero terreno,
fue el subnacional y local.

III- Normativa constitucional sobre revocatoria en los distintos niveles
En ese contexto, varios pases latinoamericanos incorporaron la revocatoria de mandato en sus
constituciones nacionales, junto con otros mecanismos participativos. Algunas slo para el nivel
nacional o subnacional y otras para ambos. En adelante se analiza el diseo institucional
especfico que presenta en cada caso para valorar sus alcances, limitaciones y potencialidades
como mecanismos de control ciudadano y, asimismo, como vlvulas de escape ante posibles
crisis de legitimidad y/o de gobernabilidad en los regmenes democrticos del continente.

III- 1. Venezuela
La Constitucin de la Repblica Bolivariana de Venezuela de 1999; reconoce a la revocatoria
como un medio de participacin y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberana en el
mbito poltico; junto con la eleccin de cargos pblicos, el referendo, la consulta popular, las
iniciativas legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de
ciudadanos cuyas decisiones sern de carcter vinculante, los que sern regulados por ley (art.
70).
El artculo 72 traza los lineamientos generales de este instituto, dispuesto para todos los
cargos y magistraturas de eleccin popular. El mismo es aplicable transcurrida la mitad del
perodo para el cual fue elegido el funcionario, a solicitud de un nmero no menor del 20% de
los electores inscritos en la correspondiente circunscripcin, quines podrn solicitar la
convocatoria de un referendo para revocar su mandato.
Respecto de su aprobacin o rechazo postula que:

Cuando igual o mayor nmero de electores y electoras que eligieron al funcionario o
funcionaria hubieren votado a favor de la revocatoria, siempre que haya concurrido al
referendo un nmero de electores y electoras igual o superior al 25% de los electores y
electoras inscritos, se considerar revocado su mandato y se proceder de inmediato a
cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitucin y en la ley (art. 72).

Por su parte, la modalidad de revocacin del mandato para los cuerpos colegiados se delega a lo
que en adelante estableciera la ley. Por ltimo, aclara que, durante el perodo para el cual fue
elegido el funcionario no podr hacerse ms de una solicitud de revocacin de su mandato
(dem).
En forma complementaria, el artculo 197 resalta la capacidad de acountability de la
revocatoria cuando estipula que:

Los diputados a la Asamblea Nacional estn obligados u obligadas a cumplir sus labores a
dedicacin exclusiva, en beneficio de los intereses del pueblo y a mantener una vinculacin
permanente con sus electores, atendiendo sus opiniones y sugerencias y mantenindolos
informados e informadas acerca de su gestin y la de la Asamblea. Deben dar cuenta
anualmente de su gestin a los electores de la circunscripcin por la cual fueron elegidos y
estarn sometidos o sometidas al referendo revocatorio del mandato en los trminos
previstos en esta Constitucin y en la ley sobre la materia.



En caso de cuerpos colegiados, el nmero de votos que se considerar para los efectos de la
revocatoria ser: para los elegidos nominalmente, el nmero de votos que sac el funcionario o la
funcionaria; para los elegidos por lista, el nmero de votos de la lista (art. 61).
Finalmente, el artculo 233 enumera como faltas absolutas del Presidente: su muerte,
renuncia, o destitucin decretada por el Tribunal Supremo de Justicia, su incapacidad fsica o
mental permanente, el abandono del cargo y la revocacin popular de su mandato, que motivan a
su reemplazo por elecciones o por su Vice.
Este mecanismo fue reglamentado por la Resolucin N 030925-465 de 2003.

III- 2. Bolivia
La nueva Constitucin Poltica del Estado, de octubre de 2008, estipula, en su artculo 11, que
la Repblica de Bolivia adopta para su gobierno la forma democrtica participativa,
representativa y comunitaria, con equivalencia de condiciones entre hombres y mujeres. La
democracia puede entonces ejercerse: de un modo directo y participativo (cuyas vas son la
revocatoria de mandato junto con el referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la asamblea,
el cabildo y la consulta previa); representativo (por la eleccin de representantes por voto
universal, directo y secreto); y comunitario (por la eleccin, designacin o nominacin de
autoridades y representantes por normas y procedimientos propios de las naciones y pueblos
indgena originario campesinos, entre otros, conforme a Ley)
1
.
Ms especficamente, el artculo 157, reconoce a la revocatoria como una de las causales de
prdida del mandato por parte de un asamblesta, junto con el fallecimiento, la renuncia, la
sentencia condenatoria ejecutoriada en causas penales o el abandono injustificado de sus
funciones por ms de seis das de trabajo continuos y once discontinuos en el ao.
Algo similar sucede en el artculo 170 respecto del cese del mandato del/la Presidente/a,
donde la revocatoria se ubica como fundamento junto con la muerte, la renuncia presentada ante
la Asamblea Legislativa Plurinacional, la ausencia o impedimento definitivo, la sentencia
condenatoria ejecutada en materia penal. El subsiguiente artculo 171 aclara que, en caso de
revocatoria del mandato, la Presidenta o el Presidente del Estado cesar de inmediato en sus
funciones, debiendo asumir la Presidencia la persona que ejerza la Vicepresidencia, quien
convocar de forma inmediata a elecciones a la Presidencia del Estado.
La Constitucin Boliviana otorga igualmente esta atribucin al Consejo de la Magistratura de
Justicia, que puede promover la revocatoria de mandato de las Magistradas y de los
Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y del Tribunal Agroambiental, cuando, en el
ejercicio de sus funciones, cometan faltas gravsimas determinadas por la ley (art. 195).
Para terminar, el artculo 240 ampla la definicin de este mecanismo estableciendo que:

I. Toda persona que ejerza un cargo electo podr ser revocada de su mandato, excepto el
rgano Judicial, de acuerdo con la ley.
II. La revocatoria del mandato podr solicitarse cuando haya transcurrido al menos la
mitad del periodo del mandato. La revocatoria del mandato no podr tener lugar durante el
ltimo ao de la gestin en el cargo.
III. El referendo revocatorio proceder por iniciativa ciudadana, a solicitud de al menos el
15% de votantes del padrn electoral de la circunscripcin que eligi al/a servidor/a
pblico/a.

1
Asamblea Constituyente, 2008 Nueva C onstitucin P oltica de l E stado, Bolivia. En
<[Link]


IV. La revocatoria del mandato de el/la servidor/a pblico/a proceder si en el referendo
revocatorio el nmero de votos a favor de la revocatoria es superior al nmero absoluto y
relativo de votos obtenidos en la eleccin cuando sta se haya definido en una sola vuelta.
En caso que la servidora o servidor pblico haya sido electo en segunda vuelta, proceder
el revocatorio de mandato con la mayora absoluta.
V. Producida la revocatoria de mandato el afectado cesar inmediatamente en el cargo,
proveyndose su suplencia conforme a ley.
VI. La revocatoria slo proceder una sola vez en cada mandato constitucional del cargo
electo.

Este diseo de revocatoria tiene numerosas similitudes con su antecesor venezolano. Entre las
diferencias resalta una disminucin del piso de avales requeridos para convocar el referndum
revocador, siendo un 5% menor que el venezolano, con lo que se facilita su aplicacin
desprotegiendo a los representantes; y la exigencia de una mayora absoluta de votos para
aprobar la revocatoria de un mandato cuya eleccin previa haya requerido de dos rondas
electorales (aqu se salvaguarda la continuidad del representante).
Para el tipo especial de revocatoria presidencial, el artculo 286 prev la realizacin posterior
de una nueva eleccin, siempre y cuando no hubiere transcurrido la mitad de su mandato. En
caso contrario, la sustituta o sustituto ser una autoridad ya electa definida de acuerdo al
Estatuto Autonmico o Carta Orgnica segn corresponda.
Por ltimo, el artculo 242 define como implicancia de la participacin y el control popular,
entre otras varias, a la formulacin de informes que fundamenten la solicitud de la revocatoria
de mandato, de acuerdo al procedimiento establecido en la Constitucin y la Ley.
Este mecanismo se reglament por la Ley del Rgimen Electoral N 026 del ao 2010.

III- 3. Ecuador
En este pas, la normativa habilitante de la revocatoria de mandato es la Constitucin Poltica del
Ecuador
2
, reformada en 2008. El artculo 105 sostiene que las personas en goce de los derechos
polticos podrn revocar el mandato a las autoridades de eleccin popular, con lo que todos los
cargos, de todos los niveles, quedan sujetos a este mecanismo.
El perodo del mandato en el cul procede la revocatoria es mayor al previsto en Venezuela y
Bolivia, ya que la permite una vez cumplido el primero y antes del ltimo ao del periodo para
el que fue electa la autoridad cuestionada, pero es igualmente restrictiva en cuanto a la cantidad
de veces en que puede realizarse durante el perodo de gestin de una misma autoridad: slo una.
El piso de avales exigidos a la solicitud de revocatoria es el ms bajo de todos, un nmero no
inferior al 10% de personas inscritas en el registro electoral correspondiente, aumentando la
accesibilidad del mecanismo y fortaleciendo la participacin en detrimento de la representacin.
Para el caso de Presidente de la Repblica el mnimo exigido es superior: se requerir el
respaldo de un nmero no inferior al 15% de inscritos en el registro electoral (dem),
resguardando en mayor medida el principal cargo de gobierno, aunque manteniendo un piso
relativamente bajo.
Una vez que el Consejo Nacional Electoral acepte la solicitud presentada por la ciudadana,
debe convocar la revocatoria, la que debe efectuarse en los siguientes 60 das (art. 106).
En cuanto a los criterios de aprobacin de una revocatoria de mandato, al igual que se prev
para los referndums y las consultas populares, se requerir la mayora absoluta de los votos

2
Constitucin Poltica del Ecuador 2008, Ecuador, en <[Link]


vlidos, un porcentaje bastante elevado que protege el mandato del gobernante. Dicha base se
eleva en importante medida para la revocatoria de la Presidenta o Presidente de la Repblica en
cuyo caso se requerir la mayora absoluta de los sufragantes (dem).
Los efectos del pronunciamiento popular son obligatorios y de inmediato cumplimiento para
los tres mecanismos mencionados y, en el caso de revocatoria del mandato la autoridad
cuestionada ser cesada de su cargo y ser reemplazada por quien corresponda de acuerdo con la
Constitucin (dem). Esto ltimo se refuerza en el artculo 145, donde la revocatoria se presenta
como motivo de cese de funciones y vacancia del cargo presidencial, al igual que la terminacin
del perodo, la renuncia voluntaria aceptada por la Asamblea, la destitucin segn la
Constitucin, la incapacidad fsica o mental permanente y el abandono del cargo.
Las leyes que reglamentan esta institucin son la Ley Orgnica Electoral y de Organizaciones
Polticas de la Repblica del Ecuador Cdigo de la Democracia de 2009 y a la Ley Orgnica de
Participacin Ciudadana de 2010.

III- 4. Panam
El artculo 151 de la Constitucin Poltica de Panam
3
, vigente desde el 15 de noviembre de
2004, reconoce el derecho de destitucin a los ciudadanos electores de un circuito electoral (va
solicitud al Tribunal Electoral) para revocar el mandato de los diputados de libre postulacin que
hayan elegido.
Adems, y de forma innovadora, extiende ese derecho a los partidos polticos para revocar el
mandato de los diputados principales o suplentes que hayan postulado. Los requisitos exigen que
las causales de revocatoria y el procedimiento aplicable estn previstos en los estatutos del
partido; que las mismas se refieran a violaciones graves de los estatutos y de la plataforma
ideolgica, poltica o programtica previa del partido; que se considere tambin causal que el
legislador haya sido condenado por delito doloso con prisin de 5 aos o ms. Como
contrapartida, concede al afectado el derecho a ser odo y defenderse dentro de su partido y
sujeta a recurso la decisin del partido. Asimismo habilita a los partidos a establecer mecanismos
de consulta popular con los electores del circuito previo al inicio del proceso revocador, al igual
que a revocar el mandato de diputados va proceso de sumario cuando estos hayan renunciado a
su partido (medida contra el transfugismo).
La revocatoria alcanza tambin a los Representantes de Corregimiento (Presidentes de las
Juntas Comunales de los Corregimientos), la cual puede ser motorizada por iniciativa popular y
por los partidos polticos cuando han sido postulados por estos. En este sentido, el artculo 227
menciona a la revocatoria de mandato como uno de los motivos (junto con el cambio voluntario
de residencia a otro Corregimiento y la condena judicial fundada en delito) de prdida de la
representacin de esos funcionarios.
La Ley regulatoria de su aplicacin es la N 4 (ley antitrnsfuga), sancionada por el
Presidente el 7/02/2013 pero con aplicacin desde el 1 de julio de 2014 (luego de las elecciones
generales). Mientras tanto, rige la ltima reforma de 2010 (Ley N 14).

III- 5. Per
La revocatoria de mandato se encuentra considerada expresamente en la Constitucin Poltica del
Per
4
, aprobada en 1993. El artculo 2 inciso 17, otorga a los ciudadanos los derechos de

3
Constitucin pol tica de l a R epblica de P anam 2004, Panam, en
<[Link]
4
Constitucin Poltica del Per 1993, Per, en <[Link]


eleccin, de remocin o revocacin de autoridades, de iniciativa legislativa y de referndum. El
artculo 31 subraya lo anterior al otorgar a los ciudadanos el derecho a participar en los asuntos
pblicos mediante referndum; iniciativa legislativa; remocin o revocacin de autoridades y
demanda de rendicin de cuentas. Tambin se concede a la funcin jurisdiccional el principio
de la participacin popular en el nombramiento y en la revocacin de magistrados (art. 139,
inc. 17).
Por su parte, el artculo 134 establece un lmite a este derecho, aduciendo que no hay otras
formas de revocatoria del mandato parlamentario nacional por fuera de la facultad de disolucin
del Congreso concedida al Presidente.
Sus alcances, regionales y locales, se definen en el Captulo XXIV: De la descentralizacin, en
el que comienza por integrar al territorio de la Repblica por regiones, departamentos,
provincias y distritos, en cuyas circunscripciones se constituye y organiza el gobierno a nivel
nacional, regional y local, diferenciando luego el mbito del nivel regional de gobierno (que son
las regiones y departamentos), del mbito del nivel local de gobierno (las provincias, distritos y
los centros poblados) (art. 189). Los gobiernos regionales tienen autonoma poltica, econmica
y administrativa en su competencia, y coordinan con las municipalidades sin interferir sus
funciones y atribuciones. La estructura orgnica de estos gobiernos la conforman el Consejo
Regional (rgano normativo y fiscalizador), el Presidente (rgano ejecutivo), y el Consejo de
Coordinacin Regional integrado por los alcaldes provinciales y por representantes de la
sociedad civil (rgano consultivo y de coordinacin con las municipalidades). Lo importante
aqu es que los mandatos del Presidente, vicepresidente, y miembros del Consejo Regional son
revocables e irrenunciables (art. 191).
Las municipalidades provinciales y distritales son los rganos de gobierno local. Tienen
autonoma poltica, econmica y administrativa en su competencia. La estructura orgnica del
gobierno local la conforman el Concejo Municipal (rgano normativo y fiscalizador) y la
Alcalda (rgano ejecutivo). Aqu tambin los mandatos de los alcaldes y regidores son
revocables e irrenunciables (art. 194).
La normativa que reglamenta su ejercicio es la Ley de los Derechos de Participacin y Control
ciudadanos N 26.300 de 1994, modificada por la Ley 29.313 de 2009.

III- 6. Colombia
La Constitucin Poltica de Colombia
5
, aprobada en 1991 y reformada en numerosas ocasiones
hasta 2005, sum a su articulado la facultad de todo ciudadano de revocar el mandato de los
elegidos en los casos y en la forma que establecen la Constitucin y la ley, como parte del
derecho a participar en la conformacin, ejercicio y control del poder poltico (art. 40). Esta
facultad reaparece en el artculo 103, donde se enumera a la revocatoria del mandato como uno
de los mecanismos de participacin del pueblo en ejercicio de su soberana (junto con el voto, el
plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto y la iniciativa legislativa), todos
los cules deben ser reglamentados por ley. El Estado se compromete a contribuir con la
organizacin, promocin y capacitacin de las asociaciones civiles sin detrimento de su
autonoma con el objeto de que constituyan mecanismos democrticos de representacin en las
diferentes instancias de participacin, concertacin, control y vigilancia de la gestin pblica que
se establezcan (dem).

5
Constitucin P oltica de C olombia 1991, Bogot, Colombia, en
<[Link]


Las leyes que regulan su ejercicio son la N 131 Sobre el Voto Programtico, la N 134
Estatutaria de los Mecanismos de Participacin, ambas de 1994; y la N 741 de 2002,
reformadora de las dos anteriores.
Lo anterior vale hasta la fecha, ya que en 2012 el Congreso aprob modificaciones que se
encuentran actualmente en revisin por la Corte Constitucional.

IV- Aplicacin de la revocatoria (o intentos) en Amrica latina
A pesar de su creacin constitucional, los casos de aplicacin de revocatoria a nivel nacional
fueron pocos y aislados, ms an en cuanto a la presidencial: la dirigida contra Hugo Chvez en
Venezuela y la formulada para destituir a Evo Morales en Bolivia (2008).
En el primer caso, fue realizada el 15/08/2004 en un clima de movilizacin social y crisis
poltica, a la mitad del mandato presidencial (que inclua a representantes regionales y a
diputados oficialistas y opositores), tras un acuerdo entre ambas partes (apoyado por la OEA, el
Centro Carter y el PNUD) de alcanzar una salida a la crisis por vas institucionales (Leiras
2013:11). Sectores opositores (agrupados en la Coordinadora Democrtica), acompaados por
medios de comunicacin y algunas empresas privadas, promovieron el proceso de recoleccin de
firmas para solicitar la convocatoria. A pesar de los pocos das asignados (slo cuatro), lograron
juntar 3,6 millones de adhesiones de las cules 2,4 (el mnimo necesario) fueron validadas en un
clima de desconfianza y enfrentamiento mutuo. El resultado de la consulta, celebrada con un alto
grado de concurrencia (70%), fue el rechazo de la destitucin (59% vs. 41%), por lo que el
Presidente Chvez se ratific en el cargo, aunque entre fuertes acusaciones de fraude. Luego del
referndum se aquietaron los disturbios y, contradictoriamente con el fin del mecanismo
(revocar), el Presidente sali fortalecido y el frente opositor desarmado.
El referndum revocatorio se utiliz tambin en Bolivia, el 10/08/2008, para decidir sobre la
continuidad del Presidente Evo Morales, el Vicepresidente lvaro Garca Linera y 8 de los 9
prefectos departamentales. Al igual que Chvez, Morales fue ratificado en el cargo con el
67,43% de los votos a favor (para ser revocado los votos en contra deban superar el 57,3% con
el que haba sido elegido). Los 6 prefectos oficialistas mantuvieron sus puestos, mientras que los
2 opositores resultaron derrocados, siendo menores los porcentajes requeridos como los sufragios
que los convirtieron en ganadores: del 37,99% al 48,03%. Siendo el voto obligatorio en el pas,
la participacin fue elevada: 83,33%. Como en Venezuela, y en contra del espritu del
mecanismo, los resultados fueron conservadores y favorables al oficialismo.
Bastante ms prolfero fue el nivel subnacional. Varias capitales de pases la iniciaron para sus
funcionarios locales. Una fue la Ciudad de Buenos Aires, el 31/01/2005 contra el Jefe de
gobierno, Anbal Ibarra, al serle atribuida la responsabilidad por un trgico incendio de una
discoteca. El pedido fue elevado por ONGs sospechadas, paradjicamente, de responder a las
rdenes del mandatario incriminado, as como de abogados de familiares de las vctimas. El Jefe
de gobierno, que tambin enfrentaba un juicio poltico de la oposicin en la Legislatura por
igual motivo, comand la recoleccin de firmas para abrir el referndum, utilizando a su favor
este mecanismo como confirmacin popular frente a la certeza de la imposibilidad de reunir los
avales y votos revocadores. De hecho, slo se recopilaron 89.000 firmas (el 17%) y la
revocatoria cay. No as el juicio poltico que termin destituyndolo. Por otro lado la ciudad
argentina de Bariloche (provincia de Ro Negro) tambin vot un referndum revocador contra el
intendente Goye por su desempeo en los saqueos previos a la Navidad de 2012 (suspendido
desde entonces por ineptitud e irregularidades), resultando revocado el 7/04/203 por un 77% de
votos.


La capital peruana, Lima, realiz por primera vez en su distrito una revocatoria el 17/03/2013
contra todas sus autoridades municipales. La alcaldesa Susana Villarn de La Puente fue
ratificada en el cargo por una mnima diferencia de votos (51,52% - 48,48%), pero la mayora de
los regidores de su partido resultaron revocados (20 de los 22 destituidos), permaneciendo en el
cargo solo unos pocos regidores. Luego de ese primer caso, se celebr una segunda consulta el
7/07/2013 (coincidiendo con elecciones municipales), junto con otros 126 distritos distribuidos
en casi todos los departamentos del Per. En esa oportunidad se cuestion el mandato de 603
autoridades municipales. En este pas, se observa la multiplicacin de referendos revocatorios
que en poco ms de una dcada han superado los tres mil (Welp & Serdlt 2010:13). As, Per
es por lejos el pas ms activo en el uso de revocatoria de mandato. Se han realizado 3287 en 6
convocatorias (1997, 2001, 2004, 2005, 2008 y 2009), de las que centenares han concluido con el
mandato de la autoridad en consulta (:14). Entre las muchas causas mencionadas por los
solicitantes se encontraban desde la inoperancia a la corrupcin: malversacin de fondos,
incumplimiento del presupuesto participativo, ausencia permanente del distrito, inmoralidad
administrativa y malos manejos del programa vaso de leche, nepotismo, no rendir cuentas, no
residir en el distrito, abandono de proyectos y obras (dem). Adems, la mayor parte de las
revocatorias se producen en municipios pequeos (:15).
En la capital de Bolivia, La Paz, un ex funcionario de Transparencia de la comuna present, en
febrero de 2013, la solicitud de revocatoria para el alcalde Luis Revilla y 5 miembros del
Consejo Municipal. En la correspondiente eleccin municipal de 2010 participaron 558405
electores, con lo que deban recolectarse 83761 firmas para su admisin, las que, al no ser
reunidas en los 90 das asignados, determinaron su archivo por el Tribunal Electoral
Departamental en el mes de junio. En el ltimo tiempo se incrementaron las solicitudes de
revocatoria de mandato para autoridades departamentales y municipales. Hasta 2010 se haba
solicitado para 208 autoridades, en distintos niveles de responsabilidad, principalmente en el
mbito municipal (alcaldes y concejales), pero tambin se inici para diputados nacionales, para
el gobernador departamental de La Paz, para asamblestas departamentales y para el ejecutivo
regional del chaco tarijeo. Finalmente, el 8/12/2013 se votan las revocaciones de concejales
municipales en San Matas, Bermejo y Copa Blgica (en este ltimo tambin su alcalde).
Bogot se encuentra, desde enero de 2013, atravesando un proceso de revocatoria de su alcalde
mayor, Gustavo Petro, impulsado por el congresista Miguel Gmez Martnez (partido de la U),
acusado de mala gestin. El mandatario respondi iniciando acciones legales para detenerla,
pudiendo an pedir reposicin y apelar. Con las firmas recolectadas y validadas la votacin se
previ para noviembre. Para su aprobacin se requieren 289263 votos (el 40% de las obtenidas
por el candidato en 2011). Por otra parte, en toda Colombia, de 1996 a 2010 se votaron 37
solicitudes de revocatoria, pero ninguna de ellas fue aprobada y los mandatarios continuaron en
sus cargos. De las revocatorias votadas ninguna prosper, porque no alcanzaron el mnimo de
participacin exigido en la normativa vigente. Luego de los comicios de autoridades locales de
2011, solo 1 solicitud fue a las urnas, pero no alcanz el caudal de votos exigidos (RNEC 2013).
Por ltimo, en lo que va de 2013 (enero-agosto) se presentaron a la Registradura Nacional 28
solicitudes de revocatorias en diferentes localidades, muchas de las cuales estn en revisin,
otras en recursos y otras no fueron certificadas. Slo 2 de ellas han sido convocadas a las urnas:
una en Bolvar (25/08/2013) y otra en Caquet (15/09/2013). La gran cantidad de iniciativas se
debe al menor rango de las autoridades a ser revocadas, caso distinto si se tratara del Presidente.
Adems de la revocatoria a Chvez, en Venezuela, hacia marzo de 2007, el Consejo Nacional
Electoral haba aprobado, de un total de 65 solicitudes, la recoleccin de firmas para revocar el


mandato a 4 gobernadores, 20 alcaldes y 4 diputados de asambleas regionales. El 7/10/2007 se
someti a referendo revocatorio los mandatos de 8 alcaldes, 1 alcaldesa y 1 diputada nacional,
procediendo slo la revocatoria de la alcaldesa, 3 alcaldes y la legisladora.
Para terminar, en Panam, hacia abril de 2012, la revocatoria de mandato solo se le aplic a
un diputado; no obstante, si bien el tema cobr vigencia con la ltima reforma que se le hizo a
la ley, prcticamente se impide que se aplique (Bustamante 2012). El nico caso efectivo fue el
de Miller, a quien se expuls del Partido Revolucionario Democrtico el 7/12/1995, tras
denuncias de extorsin a empresarios (luego inocente).

V- Conclusiones.
La revocatoria de mandato es un mecanismo que, desde su creciente incorporacin en
constituciones y legislaciones nacionales latinoamericanas a partir de los 90 (salvo excepciones
como ciertas provincias argentinas que la adoptaron antes), constituye, por un lado, una instancia
de participacin ciudadana directa que, junto con la iniciativa legislativa, la consulta popular, y
otras herramientas similares, se orient a complementar a las instituciones representativas
clsicas en situacin de descrdito y crisis. En efecto, varias constituciones y legislaciones
nacionales y locales comenzaron a incluirla en sus marcos representativos presidenciales.
Algunos pases, de forma ms limitada (como la Argentina, en donde slo se la contempla en
algunas provincias y municipios y nicamente a travs de normativa subnacional), y otros,
realizando una verdadera apuesta a esta reforma, extendiendo su alcance a todas las autoridades
electivas de todos los niveles de gobierno (especialmente respecto de la mxima autoridad
estatal) y siendo expresamente mencionada en sus Constituciones Nacionales (Venezuela,
Bolivia y Ecuador).
Por otro lado, el impacto de la revocatoria, consistente en destituir, va decisin popular, a las
autoridades electas, modific en esencia el funcionamiento de la democracia representativa, y
dentro de esta, del sistema presidencialista.
La primera, concebida como un rgimen en el cual la soberana popular se transmite a los
representantes a travs del voto en elecciones libres, abiertas y competitivas, quines en adelante
gozan de la confianza de sus electores para tomar las decisiones que consideren adecuadas en las
diferentes situaciones y, por lo cual, no quedan sujetos al cumplimiento de un mandato
imperativo sino slo al juicio del electorado al final del plazo; se vio transformada por un
instrumento que estimula el monitoreo constante de los ciudadanos hacia sus gobernantes, los
que pueden ser relevados en cualquier momento por incumplimento de los planes de gobierno
o por sus malos actos y/u omisiones, debilitada la fe en sus capacidades de gobierno y la
concesin del cheque en blanco, y con una nueva certidumbre ciudadana respecto de la
obligatoriedad de cumplir las promesas de campaa.
Hasta entonces, la delegacin ciudadana del poder de gobernar, juzgar y legislar era
irreversible para la poblacin durante todo el perodo asignado formalmente al cargo, donde la
nica ocasin de que sta pudiera ejercer un control desde abajo era la subsiguiente contienda
electoral, por intermedio de un voto retrospectivo que le permitiera premiar un buen desempeo
o castigar uno malo. La facultad de disolver un mandato electivo se realizaba exclusivamente por
medio del rgano legislativo a travs de un juicio poltico (ms all de las acciones u omisiones
propias de su titular como renuncia, incapacidad, muerte, abandono, etc.). La revocatoria alter
tal funcionamiento en la medida en que asign a la ciudadana la posibilidad de desvincular de
forma directa a sus gobernantes en ejercicio, sin necesidad de intermediarios ni de esperar a la
finalizacin de los respectivos mandatos.


Respecto del sistema presidencial, la calificacin del rgimen de ser menos proclive que el
parlamentarismo a sostener gobiernos democrticos debido, entre otras razones, a la rigidez de
los mandatos electivos fijos (especialmente el presidencial), a la legitimidad popular tanto del
Ejecutivo como del Legislativo (que excluye la disolucin mutua, excepto por impeachment) y al
hecho de tender a resultados electorales de suma cero o ganador nico (que alienta a una
oposicin radical y no cooperadora y a la cada en situacin de gobierno dividido y parlisis
gubernamental), se ve en parte suavizada con la incorporacin de la revocatoria presidencial, que
lo modifica en sus bases. Ello es as porque otorga directamente a la poblacin la facultad de
interrumpir, a travs de procedimientos institucionales establecidos, el mandato de la mxima
autoridad de gobierno (nico jefe del Ejecutivo nacional), recuperar el poder soberano delegado
y celebrar una nueva eleccin para depositarlo en otras manos (al modo del lockeano derecho de
resistencia a la opresin).
En el subcontinente, los diseos institucionales variaron en su grado de permisividad de la
destitucin: algunos se inclinaron hacia un efectivo ejercicio del control ciudadano y otros a
preservar el resultado de la eleccin de investidura. El tipo y mbito de los cargos susceptibles de
revocacin, el plazo del mandato a partir del cual y hasta cundo puede iniciarse una solicitud de
revocatoria, el nmero de avales mnimos exigidos para la iniciativa popular previa, el plazo de
tiempo otorgado para la recoleccin de firmas, el piso de votos afirmativos requeridos para la
aprobacin del referndum revocador, el nivel de presentismo electoral solicitado para la validez
de la consulta, las personas habilitadas para participar y la cantidad de veces que puede
convocarse una revocatoria para un mismo mandato, son los diversos factores cuya definicin
puede facilitar o dificultar (incluso al punto de casi imposibilitar) la efectiva remocin de un
funcionario en forma directa por la poblacin.
En este sentido, mientras Venezuela, Ecuador y Bolivia la habilitan para todos los funcionarios
electivos de todos los niveles, Colombia la restringe exclusivamente a los cargos ejecutivos
subnacionales y locales (gobernadores y alcaldes). Este ltimo pas establece adems el mayor
piso de avales requeridos para acompaar la iniciativa de referndum (40% de los votos vlidos
emitidos en la eleccin del funcionario en cuestin), todo lo contrario a Ecuador, que lo reduce al
10% del padrn o al 15% en caso del Presidente. Venezuela es el pas que ms acota la
recoleccin de avales, a un mximo de 2700 sitios habilitados y de 4 das continuos, mientras
que el perodo ms largo lo da Ecuador (180 das)
6
. Colombia es el marco ms permisivo en
cuanto al plazo del mandato habilitado para iniciar una revocatoria: una vez cumplido el primer
ao y sin mencionar lmite, mientras que Bolivia lo restringe a una vez transcurrida la mitad del
mandato y antes de entrar en su ltimo ao.
En cuanto a la votacin revocatoria, el mayor presentismo lo exigen Bolivia y Per (50% ms 1
del padrn) y tambin Colombia (nmero de sufragios no inferior al 55% de la votacin vlida
del da en que se eligi al mandatario), mientras que otros pases no incluyen consideracin al
respecto (Panam) y Venezuela lo reduce al 25% de los electores. Sobre la cantidad de votos
afirmativos necesarios para revocar un mandato, Ecuador es el ms prohibitivo, exigiendo el
50% ms 1 de los electores para el Presidente y el 50% ms 1 de los votos vlidos para el resto
de los cargos (esta segunda base es igual en Colombia y Per), mientras que Venezuela slo
requiere que el porcentaje de votos a favor supere al de votos en contra y a aqullos con los que
fue elegida la autoridad en cuestin, al tiempo que Panam se conforma con la mayora simple
de sufragios. En cuanto a las personas habilitadas para participar del referndum revocador,

6
Sin embargo es un perodo breve en comparacin con el concedido por la legislacin de la Ciudad Autnoma de
Buenos Aires que lo extiende a un ao desde la entrega de las planillas por la autoridad electoral.


Colombia slo habilita a quines votaron previamente en la eleccin de investidura mientras que
los dems pases incluyen a todos los ciudadanos inscriptos en los padrones. Finalmente,
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Per y Colombia permiten slo un proceso de revocatoria por cada
mandato mientras que Panam no se expresa sobre ello. Una curiosidad la aporta Per, nico
pas que habilita al mandatario revocado a presentarse como candidato al mismo cargo en las
elecciones siguientes.
A pesar del avance normativo, los casos de aplicacin (o intentos de aplicacin) de este
instrumento de control a nivel nacional en la regin han sido hasta el momento pocos y aislados,
lo que puede estar aludiendo a la conformidad ciudadana con las autoridades (algo dudoso en el
clima de crisis de la representacin aludido), a un desconocimiento general en la poblacin sobre
el mecanismo, a dificultades en el procedimiento que desalientan la solicitud o complican su
ejecucin. Una mejor performance ha tenido en el mbito subnacional y local por el menor costo
e impacto que la destitucin de sus autoridades implica.
En sntesis, la revocatoria de mandato es un mecanismo en crecimiento en Latinoamrica,
principalmente en el nivel subnacional y local. No obstante, an subsiste desconfianza respecto
de los diseos institucionales, los que, segn se observa, suelen favorecer la permanencia de los
mandatarios al estipular requisitos muy elevados para la revocacin. Por otro lado, son
igualmente temidos respecto de la posibilidad de ser usados por la oposicin en forma
manipuladora y a modo de venganza por haber perdido las elecciones. Finalmente, algunos
mandatarios la utilizaron, en forma contraria a su fin original: para reforzar sus mandatos frente a
otros procesos destituyentes como el juicio poltico o en escenarios de polarizacin y oposicin
social y poltica.
A su favor, tiene el hallarse en proceso de difusin y expansin, bajo la perspectiva de abonar a
la estabilidad del sistema democrtico representativo tanto como para el sostenimiento de los
sistemas presidenciales.

VI- Bibliografa:
Abal Medina, Juan Manuel 2004 La muerte y la r esurreccin d e l a r epresentacin pol tica
Buenos Aires: Fondo de Cultura Econmica.
Abal Medina, Juan Manuel 2010 Manual de ciencia poltica Buenos Aires: Eudeba.
Garca Lema, A. M. (1994): La r eforma por dentro. L a di fcil c onstruccin de l c onsenso
constitucional, Buenos Aires: Planeta.
Abal Medina, Juan Manuel y otros 2007 Controlando a los representantes: una revisin terica
y conceptual de la accountability vertical, en Abal Medina, Juan Manuel (comp.) Evaluando el
desempeo democrtico de las instituciones polticas argentinas, Buenos Aires, Prometeo.
Bustamante, Aminta 2012 Revocatoria de mandato, una norma difcil de aplicar. En Panam
Amrica (02 de abril), Panam.
Cavarozzi, Marcelo & Abal Medina, Juan Manuel (comps.) 2002 El as edio a l a poltica. Los
partidos latinoamericanos en la era neoliberal Rosario: Homo Sapiens.
Cavarozzi, Marcelo &
Casullo
, Esperanza 2002 Los partidos polticos en Amrica Latina hoy:
Consolidacin o crisis?, en Cavarozzi, Marcelo y Abal Medina, Juan Manuel (comps.) El
asedio a la poltica. Los partidos latinoamericanos en la era neoliberal Rosario: Homo Sapiens,
pp. 9-30.
Justo

Lpez, Mario 1997 Manual de derecho poltico Buenos Aires: Depalma.


Leiras, Santiago 2013 La presidencia de Hugo Chvez Fras (1999-2012): la dinmica de
cambio en un rgimen en cambio ponencia presentada en el XI Congreso Nacional de Ciencia
Poltica, organizado por la SAAP y la UNER, Paran, Argentina, 17 al 20 de julio.
Linz
,
J 1990 Democracia: Presidencialismo o Parlamentarismo Hace alguna diferencia? en O.
Godoy Arcaya (ed.) Hacia una de mocracia moderna. L a opc in p arlamentaria Santiago:
Editorial Universidad Catlica de Chile.
Lijphart, Arend 1984: Las democracias contemporneas Barcelona: Ariel.
Lissidini, Alicia 2007a Cmo investigar la democracia directa? Explicaciones,
interpretaciones y prejuicios, Documento de trabajo N 27, Buenos Aires: Escuela de poltica y
gobierno UNSAM, noviembre.
Lissidini, Alicia 2007b Democracia Directa en Amrica Latina: entre la Participacin y la
Delegacin, Documento de T rabajo N 17 , Serie de Documentos de Trabajo Escuela de
Poltica y Gobierno UNSAM, marzo, pp. 1-45.
Lissidini, Alicia 2008 Democracia Directa en Latinoamrica: entre la Delegacin y la
Participacin, en Pachano, S. (comp.) Temas actuales y tendencias en la ciencia poltica, Quito:
FLACSO Ecuador.
Monroy

Gmez, Fernando 2006 La revocatoria del mandato presidencial como mecanismo de
participacin ciudadana. Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, en
<[Link]
Nino
, Carlos 1997 La constitucin de la Democracia Deliberativa Barcelona: Gedisa.
O`Donnell, Guillermo 1998 Accountability horizontal: la institucionalizacin legal de la
desconfianza poltica, gora, cuaderno de estudios polticos, N 8, Buenos Aires, pp. 5-34.

Peruzzotti, Enrique & Smulovitz, Catalina (eds.) 2002 Controlando l a p oltica. Ciudadanos y
medios en las nuevas democracias latinoamericanas, Buenos Aires, Temas.
Pomper, Gerald 1987 Voz "Revocacin", en Bogdanor, V. (editor), Enciclopedia de Instituciones
Polticas, Madrid: Alianza Editorial.
RNEC,
2013 Ya se pueden solicitar revocatorias de mandato. En Nuestra huella (1 de enero),
Bogot, Colombia en <[Link]
Schneider, C. & Welp, 2011 Transformacin democrtica o control poltico? Anlisis
comparado de la participacin ciudadana institucional en Amrica del Sur. Iconos. Revista de
Ciencias Sociales, N 40, mayo, FLACSO, Ecuador, pp. 21-39.
Smulovitz, Catalina 2001 Judicializacin y Accountability Social en Argentina, trabajo
presentado en el XXII Internacional Conference de la Latin American STudies Association,
Washington D. C, september, pp. 1-19, en
<[Link]
S/Na 2013 Revocatoria de mandato a debate. En El [Link] (16 de abril), Ecuador.
S/Nb

2013

Revocatoria de mandato, un mecanismo cuestionado. En Agencia de Noticias UN
(23 de abril), Colombia.
Taboada, Julieta 2005 Democracia Semidirecta en Amrica Latina. En Observatorio Electoral
Latinoamericano; pp. 7; en
<[Link]
Welp
,
Y. & Serdlt, U. 2010 Renovacin, crisis o ms de lo mismo? La revocatoria de
mandato en los gobiernos locales latinoamericanos,

preparada para el Seminario Internacional
sobre Democracia Directa y Derechos de Participacin Poltica, organizado por el Tribunal
Contencioso Electoral del Ecuador, Ecuador.



Zovatto, Daniel 2008 Las instituciones de la democracia directa a nivel nacional en Amrica
Latina. Balance comparado: 1978-2007, en Lissidini, A; Welp, Y. y Zovatto, D. (2008):
Democracia Directa en Latinoamrica, Buenos Aires: Prometeo.



Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014

rea temtica sugerida: "Sociedad civil, democracia participativa y nuevos actores
polticos" SIMPOSIO: IMPACTOS Y DESAFIOS DE LA DEMOCRACIA
PARTICIPATIVA

Comunicacin gubernamental y condiciones del dilogo pblico: el uso de los
portales municipales en la implementacin de presupuesto participativo
Corina Echavarra
Cecilia Bruscoli

Resumen
El Presupuesto Participativo, algunos de cuyos casos ms difundidos en Argentina son
los implementados en las ciudades de Morn (Buenos Aires), Rosario (Santa Fe) y
Crdoba (Crdoba), no ha tenido el mismo xito en su implementacin. Partiendo de la
premisa de que la difusin es una condicin de posibilidad de la participacin efectiva,
esto es, una persona solamente participa en principio- en aquello que sabe que existe y
si cuenta con informacin que le permita desempearse (qu es, cmo funciona, quines
participan, cundo se puede participar, etc.), y considerando los avances realizados en
trabajos previos podemos afirmar que, en parte, esto se debe a la manera de tratar la
informacin pblica en cada una de las mencionadas experiencias. Este trabajo,
entonces, expone de manera comparativa los casos considerados en relacin a la
comunicacin gubernamental, particularmente, a la difusin que hacen los gobiernos
en sus pginas web.

Introduccin
El estudio de la comunicacin poltica es una tarea relativamente dificultosa por dos
razones principales, porque en principio es todava un concepto en disputa y porque los
lmites entre una rama y otra dentro del espacio de la comunicacin poltica son difusos.
(Cf. Arancibia Carrizo: 2000). Tanto que es posible distinguir diversos territorios de la
comunicacin que se definen a partir de parmetros tanto geogrficos (nacional,
provincial, local, regional) como sectoriales (administracin pblica, sindicatos, etc).
Dentro de este campo de conocimiento, particularmente, el territorio de la
comunicacin gubernamental local- ha constituido el foco de la atencin de nuestro
equipo de investigacin durante los ltimos aos, con el objetivo de analizar las
oportunidades y restricciones que experimentan los diversos actores involucrados
(gobernantes, medios y ciudadanos) a partir de factores estructurales, as como,
consecuentemente, contextuales y de organizacin.
1


1
Destacamos en el contexto de estos debates los trabajos realizados o en proceso de los miembros de este equipo:
Poder comunicativo y presupuesto pblico: materializacin de las experiencias de participacin ciudadana en las
definiciones presupuestarias de los municipios cordobeses , subsidiado por GRF MinCyT Crdoba, directora: C.
Echavarra, co-director: A. Buffa (2006-2007); Democracia Deliberativa en Crdoba: anlisis de los alcances y
limitaciones de algunas experiencias participativas, contribuciones para su factibilidad, subsidiado por GRF
MinCyT Crdoba, directora: P. Cceres, co-directora: C. Echavarra (2009-2011); Pretensiones democrticas de la
comunicacin gubernamental: estudio de los mensajes del departamento ejecutivo de la ciudad de Crdoba (2012-
2013), subsidiado por SeCyT-UNC, directora: C. Echavarra.


Particularmente, considerando que en los procesos de ampliacin o profundizacin
democrtica que apelan a la proximidad como condicin de posibilidad de la
transformacin ampliamente abordados tanto desde la ciencia poltica como desde la
administracin pblica- se observa una falta de atencin a la comunicacin del sector
pblico y sus contribuciones a la ampliacin del espacio pblico. Las premisas que
sustentan dichas propuestas, tanto tericas como de gestin, se centran particularmente
en lo que refiere a la relacin gobernante-gobernado. Esto es, la publicacin de
informacin gubernamental es considerada una condicin necesaria de la minimizacin
de las asimetras de informacin existentes en las deliberaciones pblicas que orientan
la accin del Estado y, consecuentemente, una condicin de posibilidad de la
participacin informada de los ciudadanos y ciudadanas en los procesos de toma de
decisiones democrticos, de construccin de la ciudad. (Cf Wolton, 1995; Lavigne:
1998; Demers, Lavigne: 2006; Canels, Sanders: 2007; Annunziata, 2011).
Los abordajes vinculados a la comunicacin gubernamental fluctan, entonces, en un
arco de intereses entre la persuasin y el derecho a la informacin, entre los ms
destacados. Adquiriendo mayor preeminencia en la ltima dcada los debates en torno
de este ltimo, particularmente, en lo que se refiere al acceso a la informacin
pblica
2
y la transparencia (en funcin del derecho a la propiedad y la previsibilidad
de la toma de decisiones de los actores econmicos), considerados una condicin
necesaria de la comunicacin (Riorda, 2006). As, la problematizacin de la
comunicacin gubernamental como sinnimo de informacin pblica ha estado
vinculada, en los procesos de Reforma del Estado, a los desarrollos referidos a la
accountability horizontal circulacin de informacin dentro del sistema poltico para el
control entre poderes- y vertical oportunidades para el control ciudadano-, a la
preocupacin con la eficacia en el cumplimento de las funciones y tareas del gobierno
(gobierno electrnico) y a la promocin de la democratizacin de la gestin pblica
(construccin de consensos, legitimacin de la accin pblica). Y, ms recientemente, al
ejercicio de los derechos ciudadanos, cuando Sobreira, Borges y Jambeiro (2007: 104)
afirman: (...) o no acesso a informao, o acesso reduzido ou o acesso a informaes
no c onfiveis i mpede e/ou di ficulta o e xerccio da c idadania. Diante de ste f ato, o
acesso a informao, por tanto, se coloca como um direito de valor similar aos demais
direitos do cidado, como sade, educao ou moradia.
Adems, en trabajos anteriores advertamos que
la discusin sobre el acceso a la informacin pblica es ms antigua que su re-
edicin transparente y s e v incula a l as t ensiones e xperimentadas po r l as
organizaciones polticas modernas referidas a l a publicidad de sus formas de
actuacin e intervencin, de los modos en que construyen la voluntad que gua
la ac cin pbl ica. E l e je hi strico de e stos de bates y c onflictos ha estado
asociado a la tensin pblico/secreto, esto es, a la difcil relacin entre Estado y
la informacin (Buffa-Echavarra, 2010: 101).
La publicidad y la comunicacin gubernamental como ideal normativo, representan una
exigencia de visibilidad, cognoscibilidad y accesibilidad de las acciones
gubernamentales y de sus criterios de adecuacin a la opinin colectiva, para ser
sometidos a la discusin pblica formal (poder legislativo) e informal (opinin pblica).

2
Se hace necesario distinguir el derecho a la informacin, de la garanta de acceso a la informacin pblica. Esto
es, en el primer caso, la posibilidad y capacidad de los ciudadanos de buscar, recibir y difundir cualquier tipo de
informacin, por cualquier medio existente, en un contexto de ejercicio de sus derechos garantizado por el Estado; a
la que se suma, en el segundo caso, la posibilidad y proteccin del derecho de los ciudadanos de conocer la
informacin generada, recibida y/o conservada por las instituciones estatales.


Lo anterior es de carcter fundamental para comprender la importancia de analizar las
caractersticas que asume la comunicacin gubernamental, ms an cuando los debates
e intervenciones profesionales le adjudican una pretensin de gubermentalidad, es decir,
que la prctica de comunicacin de los gobiernos parte entre sus objetivos de reducir
tensiones entre las demandas de los ciudadanos y las prioridades de la accin pblica o
gubernamental (Cf. Elizalde y otros: 2006).
Por todo lo dicho, en nuestro ltimo trabajo nos propusimos analizar las caractersticas
que asume la comunicacin gubernamental de los departamentos ejecutivos
municipales, particularmente, considerando la informacin y enunciados formales de
autoridad (discursos, comunicados/conferencias, fundamentos de polticas y proyectos
de ordenanza) publicadas en los portales los gobiernos.
Tomamos como referencia para esta empresa el modelo deliberativo de democracia que
destaca la necesidad del debate, problematizacin y participacin de los ciudadanos en
la toma de decisiones, como condicin de legitimidad de las acciones del Estado. Desde
esta perspectiva, entonces, adquiere centralidad la participacin en la construccin
pblica de los problemas de gobierno de los potencialmente afectados por las
decisiones; as como tambin, la informacin pblica, el hecho de que todos puedan
hablar y la inteligibilidad de los mensajes y/o argumentos que en dichos espacios se
esgrimen son condicin de posibilidad de la participacin. (Cf. Gastil, 2008)
Con este enfoque deliberativo, ms all de establecer un horizonte normativo, buscamos
analizar las condiciones de factibilidad para la universalizacin del acceso y la
participacin en el debate de cuestiones de inters y relevancia pblica (esferas pblicas
reales y virtuales), en tanto garanta de la movilizacin e interaccin de los ciudadanos
en el decir y hacer social (Nobre, 2011). Considerando que, las exigencias de la
comunicacin pblica llevada a la esfera de lo gubernamental son considerables, tanto
para los polticos como para los empleados pblicos. Es en este punto donde se
concentran los desarrollos de este trabajo.
En tal sentido, consideramos que la comunicacin gubernamental describe rutinas
(Cf. Riorda, 2008), a partir de las prcticas que -de modo cotidiano y no necesariamente
sistematizado- dan cuenta del estilo de comunicacin del gobierno y configuran un
modo de entenderlo y/o de significar sus acciones ante la sociedad. Dentro del abanico
de prcticas de comunicacin, para analizar las formas en que se construyen los nuevos
espacios participativos, en el marco de la administracin municipal, pusimos nuestra
atencin en las pginas web de los gobiernos municipales, tomando nota de que el
alcance y el volumen de la comunicacin digital aumentan constantemente, si bien los
estudios de la ltima dcada sostienen que los ciudadanos argentinos se informan sobre
poltica principalmente a travs de los medios de comunicacin tradicionales.
Tabla 1: Cmo se informa sobre poltica?
1996 2000 2002 2008 2009 2010
Con la familia 29% 30% 43% 46% 44% 53%
Los amigos 18% 20% 28% 32% 35% 42%
Compaeros de trabajo 10% 9% 12% 18% 18% 19%
Mis compaeros de
estudio
3% 5% 6% 8% 8% 7%
Por la radio 56% 51% 59% 60% 60% 66%
Por los diarios 53% 47% 46% 47% 51% 56%
Por la televisin 77% 76% 85% 85% 91% 86%
Por Internet - - - 19% 20% 29%


Otros 2% 1% 1% 1% 1% 1%
Ninguno 3% 7% 1% 2% 4% 2%
No sabe/No responde 1% - - - - -
(N) 1.198 1.198 1.199 1.200 1.200 1.200
Fuente 1: Elaborado en base a la ltima serie disponible de LATINOBARMETRO,
para Argentina en la pregunta cmo se informa sobre poltica?
Lo dicho hasta el momento nos conduce a explorar, en primer lugar, las caractersticas
que asumen las relaciones entre la comunicacin gubernamental y el soporte de la
comunicacin digital: Internet. Para lo cual se abren distintos caminos posibles en lo
que a calidad se refiere, nosotros en este trabajo nos remitiremos a los atributos del
diseo y contenidos de las interfaces, considerando que son estas las que modelan la
interaccin y condicionan las posibilidades del ciudadano de acceso a la informacin y,
consecuentemente, de participar de manera efectiva en la definicin de los fines de la
intervencin estatal y su monitoreo.

Internet, comunicacin y gobierno
El gobierno ha usado la tecnologa de la computacin desde que existe; sin embargo,
con el boom que produjo internet a finales de los '90 se abrieron otras posibilidades de
uso, en especial todo lo que concierne a la posibilidad de ofrecer servicios a los
ciudadanos, apoyados en su carcter multimedia (incluye texto, imagen, audio y
material audiovisual). Si se compara su evolucin respecto a la de los medios
tradicionales, la diferencia es abismal: para llegar a los 50 millones de usuarios, el
telfono tard 74 aos, la radio 38, las computadoras 16, la televisin 13 y el acceso a
internet tan solo 4 aos (Vega, 2003). Esto tambin lo podemos ver en la evolucin que
ha tenido Internet como fuente de informacin sobre poltica en los ltimos aos (Cf.
Latinobarmetro).
Es en este contexto, que la literatura destaca la importancia de las pginas web
dedicadas a los espacios de participacin, en la medida en que "permita[n] (de forma
sencilla, dinmica y atractiva) explicar el funcionamiento () a toda la poblacin,
informar de la Convocatoria a las Asambleas, realizar propuestas online, y permitir el
seguimiento en la ejecucin de las propuestas finalmente priorizadas." (Francs Garca
y Carrillo Cano, 2008: 73). Esto es, informar sobre las caractersticas del espacio
participativo, mantener actualizada la agenda de su funcionamiento, habilitar el uso de
la voz en los procesos decisorios y facilitar el monitoreo ciudadano del proceso y de la
ejecucin de las decisiones all tomadas.
La publicidad y la comunicacin gubernamental son tensionadas, entonces, en trminos
de accesibilidad, considerando que "when websites, web t echnologies, or web t ools
are badly designed, they can create barriers that exclude people from using the Web"
3

y, consecuentemente, de la informacin necesaria para la toma de decisiones. Esto es,
mientras ms y mejor informacin tenga una persona sobre un hecho o asunto (acceso a
la informacin no se refiere solamente a "cantidad" sino -y sustancialmente- a "calidad":
veraz, certera, actualizada y pertinente), son mayores sus posibilidades de actuar para
conseguir los resultados que desea obtener, en nuestro caso, para participar.
Repensando la accesibilidad

3
Como afirma el World Wide Web Consortium, una organizacin internacional que desarrolla estndares abiertos
para la programacin web, procurando asegurar el crecimiento de la web. Disponible en:
[Link]


La accesibilidad es definida como la posibilidad de que un sitio o servicio web pueda
ser visitado y utilizado de manera satisfactoria por el mayor nmero posible de
personas, independientemente de las limitaciones personales que tengan o aquellas
limitaciones que sean derivadas de su entorno (INTECO, 2008: 5). En tal sentido, la
discusin sobre accesibilidad en el contexto de los espacios destinados a la participacin
ciudadana busca poner el acento en la factibilidad del acceso universal que supone la
web, esto es, relevar las condiciones contingentes en las que dicho principio se
desarrolla. Tales como que el pblico al que se dirige la informacin referida a espacios
participativos es heterogneo, se compone de ciudadanos y ciudadanas cuyas
competencias comunicativas y de manejo del medio para interactuar con diseos
complejos varan considerablemente. Otra diferencia radica en que, a pesar de la
proliferacin tecnolgica, no todos los sectores sociales cuentan con acceso a internet,
por lo que muchas personas acceden desde lugares pblicos tales como los
denominados cyber. Adems de reconocer que para el usuario web, que posee las
competencias y capacidades necesarias, resulta ms agradable y hasta un incentivo
navegar por un sitio en el que no tiene que investigar dnde se encuentra la
informacin, sino que puede acceder a ella de manera rpida y efectiva, disminuyendo
los costos de la participacin al menos en trminos de tiempo.
En trminos generales los principios del diseo accesible refieren a: la igualdad de uso,
la flexibilidad respecto de las preferencias y habilidades individuales respecto de
mecanismos y ritmos de interaccin, el carcter simple e intuitivo, la facilidad tanto
para el aprendizaje en el uso de la interfaz como para la percepcin de la informacin a
travs de la misma (comprensible), la tolerancia a los errores de los usuarios, el escaso
esfuerzo fsico requerido para el uso y las dimensiones apropiadas en tamaos y
espacios.
4
En funcin del presente trabajo, nos enfocamos en cuatro de estos principios
que consideramos son de utilidad al momento de realizar el anlisis de pginas web
destinadas a procesos participativos:
El carcter simple e intuitivo del diseo (amigable): este debe ser fcil de
entender independientemente de la experiencia, los conocimientos, las
habilidades o el nivel de concentracin del usuario.
La facilidad para la percepcin de la informacin (comprensible): el diseo debe
ser capaz de intercambiar informacin con el usuario, independientemente de
sus condiciones ambientales/contextuales o sus capacidades sensoriales.
Escaso esfuerzo fsico: el diseo debe poder ser usado eficazmente y con el
mnimo esfuerzo posible (por ejemplo, evitando las acciones repetitivas).
Dimensiones apropiadas: los tamaos y espacios deben ser apropiados para su
manipulacin y uso por parte del usuario, independientemente de su tamao,
posicin, y movilidad.
Con base en estas pautas, hemos construido tres dimensiones de anlisis, a saber:
identificacin, usabilidad y contenido.
La identificacin hace referencia a la posibilidad de reconocimiento del sitio web y de
los servicios que ofrece por parte del usuario. Sus indicadores son:
- caractersticas de la direccin del sitio web (URL) y de sus pginas internas;

4
El Instituto Nacional de Tecnologas de la Comunicacin (INTECO) de Espaa, ha trabajado -desde su
centro de referencia en accesibilidad y estndares web- en la elaboracin de guas prcticas de
comprobacin de accesibilidad", los parmetros utilizados en este trabajo parten de los propuestos en la
gua denominada "Introduccin a la accesibilidad web (2008). Disponible en:
[Link]/file/bpoTr1nHdohApbHgFsyFSw


- la existencia de logotipos y eslogans;
- la presencia de datos de contacto e informacin acerca de la reparticin a cargo
del la implementacin del proceso;
- la explicitacin de objetivos de la pgina interna y su correlacin con los
servicios que ofrece;
- fuentes y fechas de los contenidos.
Cabe estacar que los expertos en User E xperience (UX) diferencian entre el diseo
accesible y usable. Mientras las accesibilidad, para estos especialistas, refiere a la
posibilidad de que la informacin pueda ser visualizada desde cualquier dispositivo (o
en una gran mayora de ellos), la usabilidad refiere a la simplicidad, rapidez y
posibilidad de acceder a la informacin, sin obstculos ni ayuda de terceros, incluso en
situaciones de alguna imposibilidad fsica por parte del usuario, aproximndose a las
discusiones sobre accesibilidad tal y como las hemos presentado ms arriba.
5
Siempre
considerando que un diseo no es usable en s mismo en funcin de sus usuarios
potenciales y contextos especiales de uso (en nuestro caso: vecinos de la ciudad que
participan, pero tambin aquellos que no participan, de los espacios existentes para la
toma colectiva de decisiones). En este sentido, entonces, observamos las pginas web
municipales distinguiendo la navegabilidad y el diseo.
La navegabilidad nos refiere a todos los aspectos que ayudan al usuario a navegar por el
sitio, es decir, a la estructura de navegacin. Los indicadores que hemos tomado para
esto son:
- formas de acceder a la informacin;
- longitud de la pgina;
- caractersticas y estado de los enlaces;
- elementos que orientan al usuario (breadcrums, enlaces para regresar);
- compatibilidad del sitio con diferentes navegadores;
- software necesario para visualizar correctamente la informacin;
- posibilidad de imprimir;
- recursos de bsqueda;
- secciones de ayuda.
Mientras que el diseo nos remite a las cuestiones estticas de la interfaz, donde
adquieren relevancia:
- uso de colores;
- espacios (separacin en prrafos y/o unidades de sentido);
- tipografas;
- limpieza.
Finalmente, el contenido, nos pone en contacto con la informacin propiamente dicha
publicada en los sitios web. En tal sentido, los indicadores que construimos derivan de
las caractersticas usualmente asociadas a la informacin pblica, tales como veracidad,
oportunidad, inteligibilidad y/o sencillez
6
. As como tambin especficamente para los
casos considerados:
- disponibilidad de informacin bsica sobre el proceso participativo (qu es,
cmo funciona, quines pueden participar, cules son los objetivos);

5
Cabe destacar que la Convencin de los Derechos Humanos para personas con discapacidades (realizada en
diciembre 2006) establece el acceso a la informacin como un Derecho Humano Bsico, igualado a otros como
vivienda, educacin, salud. Entonces, en la literatura, cuando se habla de accesibilidad web se habla de diseos que
permitan la navegacin para todo tipo de usuarios, incluyendo a aquellos que no tienen discapacidades pero presentan
otro tipo de dificultades como la edad, escasos recursos tecnolgicos, ambientes poco propicios y poco conocimiento
sobre el uso de tecnologas (Cf. [Link]
6
Cf. Buffa-Echavarra 2011.


- publicacin de sus cronogramas;
- existencia de espacios de intercambio de opiniones entre el Estado y los
ciudadanos (foros y correo electrnico);
- instrumentos de transparencia (proyectos votados; cantidad de asistentes;
avances de ejecucin de proyectos que permitan el monitoreo ciudadano);
- lenguaje y redaccin (amigable, cercano, formas de nombrar a los actores
involucrados).

Los casos considerados
Desde el retorno a la democracia en 1982, el principio representativo que sustenta
nuestra democracia ha sido constantemente tensionado. En especial luego de la crisis de
2001 que oblig a repensar las formas de ejercicio del poder que se manejaban hasta
entonces, los gobiernos locales necesitaron desarrollar acciones en orden a dar respuesta
urgente en sus contextos particulares a las desigualdades econmico-sociales que
enfrentaba el pas, pero tambin para recuperar legitimidad social de las formas de
accin privilegiadas.
Se puso en agenda, entonces, la revisin de los fundamentos de legitimidad que
sustentan la intervencin del Estado en sus distintos niveles, para que el sistema poltico
administrativo pudiera acceder a la habilitacin de las voces con poder para incidir en la
formulacin de polticas. (Cf. ECHAVARRA, 2011) En este contexto y a simple vista,
las ciudades argentinas parecan atravesar un proceso de profundizacin de la
democracia y de promocin de la ciudadana activa. Discursos y tecnologas, desarrollos
institucionales promovidos en los niveles nacional y trasnacional, confluyeron
estratgicamente en el espacio local, donde fueron adoptados y despus socializados en
comprensiones domsticas. Particularmente en lo que respecta al conjunto de
lineamientos que orientan la discusin y definicin del Presupuesto Participativo, como
institucin para la gestin participativa de los recursos pblicos, cuya implementacin
se multiplica en este nuevo siglo a lo largo del pas. Los diversos anlisis atribuyen su
difusin a la necesidad de legitimacin referida, apelando al potencial de la proximidad
y de redistribucin del dispositivo de gestin.
El caso del PP en Porto Alegre sirvi como referencia para su implementacin en
distintas ciudades argentinas en lo que, parafraseando a Dagnino, podramos denominar
una "confluencia perversa"
7
con las experiencias de microplanificacin estratgica
caractersticas de la dcada de los '90. De hecho, son estas microplanificaciones las que
se reconocen en las distintas ciudades como antecedentes del PP en trminos de
prcticas de gestin participativa.
Los casos de Presupuesto Participativo que, desde entonces, ms difusin han obtenido
en Argentina son los implementados en las ciudades de Morn (Buenos Aires), Rosario
(Santa Fe) y Crdoba (Crdoba). En el caso de los dos primeros, tenidos como exitosos,
su suceso se asocia sobre todo en los flujos crecientes de participacin que
experimentaron en los primeros aos de implementacin, a diferencia de la ciudad de
Crdoba (Crdoba) que no ha tenido la misma penetracin en la sociedad a pesar o
quizs por las diversas tentativas de implementacin que se sucedieron desde 2001 (Cf.
ECHAVARRA-ROMANUTTI, 2014).

7
Dagnino (2006) utiliza este trmino para referirse a la confluencia entre el proyecto neo-liberal y su correspondiente
configuracin del Estado y los proyectos participativos de la profundizacin de la democracia que se difunden en
Latinoamrica. Dicha confluencia sera perversa ya que los sentidos de la participacin ciudadana y del proyecto neo-
liberal son diferentes y hasta opuestos.


Rosario fue la primera ciudad en implementar PP (2002)
8
, en un contexto en el que se
haban ensayado otras alternativas posibles de carcter gerencial, donde la participacin
se concretaba espordicamente y a travs de distintos niveles de reconocimiento y de
decisin: actores relevantes en la construccin de la ciudad (planificacin estratgica
de ciudad en los aos 1996 y 2002); los vecinos para integrar diagnsticos en los barrios
y Distritos (micro-planificacin participativa a escala barrial y jornadas participativas de
Distrito, de carcter consultivo en 1989 y 2001). Si bien no es posible identificar una
nica razn que explique la decisin gobierno de optar por el PP, Ford (2007) advierte
que su puesta en marcha se dio en el marco de una concepcin gradualista y consultiva
propia del denominado modelo cataln
9
de la participacin: ...siempre se habl del
ciudadano al estilo del que hablan los documentos tcnicos de la descentralizacin en la
lnea de los catalanes [en los que] la participacin se ve como el sucedneo legitimado
frente a la pura eficiencia tcnica (FORD, 2007: 55).
En Crdoba, el antecedente inmediato del PP es tambin la micro-planificacin
estratgica, que se implement durante de la dcada de '90 en algunos barrios de la
ciudad, al mismo tiempo que la ciudad era pensada para el mediano y largo plazo en lo
que se conoci como Plan Estratgico para la Ciudad de Crdoba (PEC). A pesar de
diversos intentos de implementacin que se registran pos crisis del 2001, ser recin en
2004, cuando una experiencia participativa en el gobierno municipal reciba el nombre
de PP, para ser reconocido normativamente en 2008 en estrecho vnculo con otra
institucin incorporada a la estructura municipal: las juntas de participacin vecinal.
En el caso de Morn, la implementacin del PP tiene lugar a partir de 2006, con un
diseo apoyado en el de Rosario. En un municipio que era considerado como "la capital
de la corrupcin", la institucin se presenta como respuesta a las demandas por de
transparencia.
En el siguiente cuadro identificamos los momentos de la participacin que describe el
proceso del PP en los tres casos considerados en este trabajo.
Tabla 2: El proceso participativo en las experiencias argentinas de Presupuesto
Participativo
Rosario (2002) Crdoba (2004) Morn (2006)
Asambleas Barriales Cabildos/Asambleas a
escala barrial o zonal
Reuniones barriales o
Asambleas por zonas
Asamblea en la que con la participacin de los vecinos de la zona de
referencia se identifican ideas, propuestas y/o problemas (diagnstico de la
situacin barrial, en el caso de Crdoba en el perodo 2004-2011 esto tambin
inclua una priorizacin de problemas) y se eligen representantes vecinales
para participar de la elaboracin de proyectos referidos a los resultados de la
misma.
Consejos Participativos
de Distrito, redactan los
Talleres de presupuesto
participativo (x zona
Consejos Vecinales:
elabora un informe

8
En el Concejo Deliberante de la ciudad de Rosario se registran diversos proyectos de PP anteriores a su
implementacin definitiva: 2000 del bloque UNIR (Unidad de la Izquierda y la Resistencia) y vuelto a presentar por
el PPS (Partido del Progreso Social) en el mismo ao; 2001, el Frente Grande, convoc a una Audiencia Pblica no
vinculante para discutir el presupuesto municipal 2001, en la que el PP se menciona de manera reiterada. (Cf. Ford,
2007)
9
Tanto la experiencia de Rosario como la de Crdoba reconocen claramente la impronta del modelo de planificacin
que se desarroll en Barcelona en ocasin de los preparativos de la ciudad para sediar los juegos olmpicos a inicios
de la dcada del noventa, que incluida la identificacin/diferenciacin de diferentes niveles de planificacin micro,
meso y macro-.


proyectos y envo a las
distintas secretarias para
su evaluacin
barrial se redactan los
proyectos asociados a
los problemas
identificados)
territorial, que luego
ser analizado por las
distintas reas del
gobierno
En los tres casos los tcnicos municipales participan de las reuniones junto a
los vecinos, se prev alguna forma de informacin y/o capacitacin para los
representantes vecinales
Estudios de factibilidad Las reas temticas del
gobierno, que han
recibido los informes de
cada territorio, elaboran
proyectos
Reuniones de las reas
de gobierno con los
CPD para informar estas
evaluaciones, como as
tambin buscar
alternativas a los que
tienen factibilidad
negativa
Ronda de consultas: los
funcionarios presentan
los pre-proyectos a los
vecinos para discutir
alternativas a lo
planificado
Confeccin de lista de
proyectos a votar en la
Segunda Ronda y
difusin
Las reas del gobierno
finalizan la elaboracin
de proyectos
2 Ronda de Eleccin de
Proyectos
Votacin de proyectos
(desde 2013)
Ferias de Proyectos
Jornada de cierre -
Evaluacin del Proceso
de PP del ao en curso /
Encuentros
Interdistritales
Comisin de
Seguimiento (personas
designadas por cada
Consejo Vecinal)
Fuente 2: Adaptado de ECHAVARRA, 2013

Los sitios web gubernamentales y el PP
A continuacin presentamos el anlisis de los sitios web de los tres municipios
considerados, teniendo en cuenta dos unidades de observacin: el home o pgina de
inicio de cada uno de los gobiernos municipales, y las respectivas pginas internas
referidas al PP. Para este trabajo se realiz un seguimiento a intervalos regulares durante
el perodo 2012-2013.
A) IDENTIFICACIN
Las URL de las 3 pginas web de los municipios son sencillas y fciles de recordar. Se
construyen con el nombre del mismo (rosario, moron y cordoba) y la extensin .gov o
.gob . Mientras que en lo que respecta a las pginas internas destinadas a los espacios de
participacin, solamente en el caso de Morn la URL comparte esas caractersticas,
dado que suma a la direccin principal las palabras "presupuestoparticipativo"
(indicando la separacin de los trminos por la barra oblicua que se utiliza para
construir URLS). Mientras que en el caso de Rosario ya presenta cierto grado de
dificultad al incorporar dos tramos intermedios (sitio, informacin-municipal) antes de
pp y la pagina interna de Crdoba resulta inaccesible para recordar de memoria, ya


que demanda reproducir la secuencia del organigrama municipal hasta llegar a la
dependencia responsable del proceso participativo:
[Link]
[Link]
[Link]
participacion-ciudadana/direccion-de-presupuesto-participativo/
En lo que se respecta a los objetivos del sitio, Rosario los presenta en la seccin
"Bienvenida", mientras que las pginas de Crdoba y de Morn no presentaban
objetivos generales del sitio y en sus pginas internas tampoco presentan objetivos de
las mismas, lo cual presupone un usuario conocedor de los contenidos que all se ponen
a disposicin y de su importancia y pertinencia para el proceso participativo. A su vez,
Rosario es el nico municipio que cuenta con un logotipo (inclusive traducido a la
lengua Quom) que permite identificar clara y rpidamente ms all de los colores el
sitio gubernamental y particularmente la informacin referida al PP. Finalmente,
ninguna de las tres ciudades posee un eslogan, que en la pgina interna refuerce las los
ejes que orientan la implementacin del espacio participativo en el contexto de la
gestin o coyunturalmente en el ao de intervencin.
Con respecto a los datos de contacto, todos los sitios ponen a disposicin del ciudadano
usuario de la web algn tipo de contacto, desde las ms tradicionales, como el nmero
de telfono de la reparticin responsable y la direccin fsica de la misma (Crdoba),
pasando por el correo electrnico que permita un intercambio en el mismo soporte en
que el vecino se aproxima o busca informacin (Morn y Rosario), hasta la previsin de
una lnea telefnica gratuita (Rosario), que busca eliminar las diferencias de recursos
existentes entre los ciudadanos para la participacin.
Por ltimo, respecto a fuentes y fechas de publicacin, que permiten al ciudadano
usuario valorar la actualidad, pertinencia y relevancia de la informacin que accede en
el sitio, son datos que estn presentes en los casos de Rosario y Morn, inclusive en este
ltimo el usuario web puede ver la cantidad de veces que cada materia ha sido visitada.
Mientras que en el caso del sitio cordobs solamente en algunos casos aparecen las
fechas de actualizacin y no se citan las fuentes de las noticias incorporadas.
Tabla 3: IDENTIFICACIN
Ciudad
Crdoba Rosario Morn
Indicadores
URL HOME clara y fcil de
recordar
X X X
URL de pgina interna, clara y
fcil de recordar
X
Existencia de objetivos del sitio X X
Existencia de logotipo X
Existencia de slogan
Datos de contacto con la institucin X X X
-Telfono X X X
-Direccin Postal X X
-Correo Electrnico X X
-Otros X
Fuente 3: Elaboracin propia

B) USABILIDAD


B.1) NAVEGABILIDAD
En estrecho vnculo con la identificacin de la informacin que el ciudadano est
buscando, cuando comenzamos a analizar la navegabilidad, el denominado
posicionamiento de los elementos es clave, ya que el recorrido que hace el usuario con
la vista describe un recorrido tpico: izquierda-derecha-abajo. Por ese motivo, los
expertos en usabilidad recomiendan ubicar el logo (identificacin) a la izquierda y
arriba, para que el usuario sepa dnde est. Despus del logo, la estructura de
navegacin, para que sepa rpidamente a dnde ir, y a continuacin el contenido
destacado y normal.
En el caso de Rosario, la pgina de inicio posee un men vertical ubicado a la
izquierda, con diferentes vnculos. Al PP se puede acceder desde "Gestin", desde
"Administracin Financiera" (que se encuentra dentro de "Informacin Municipal"), y
desde un men desplegable ubicado arriba a la derecha (que se corresponde a la opcin
de "navegacin" descrita ms arriba), donde el PP se encuentra en 3er lugar entre 48
disponibles. De esta manera la informacin sobre el espacio de participacin tiene un
total de 3 accesos posibles. Si bien, en los dos primeros, se asume que el usuario sabe
que el PP se relaciona a las actividades de la Gestin o a la Administracin Financiera,
estos "nombres" podran asumirse como fcilmente relacionables con el PP. No obstante
lo cual, sera recomendable avanzar en un estudio de percepcin del usuario al respecto.
Al igual que en la anterior, en la pgina de Inicio de la web de Morn hay un men
vertical ubicado a la izquierda con diferentes vnculos. Al PP, en este caso, se puede
acceder desde los enlaces: "Organizaciones comunitarias" y "Desarrollo Estratgico".
Adems, ofrece un vnculo propio, destacado con un imagen grfica en un men vertical
ubicado a la derecha. De esta manera, la pagina principal tiene un total de 3 accesos,
adems de la opcin "mapa del sitio" (si bien este enlace no estaba funcionando
correctamente durante el perodo relevado).
Finalmente, la mayor complejidad en trminos de posicionamiento lo encontramos en la
pgina de inicio del municipio de Crdoba. Como en las anteriores, en el inicio hay un
men vertical ubicado a la izquierda, que contiene diferentes links que responden a la
organizacin funcional del municipio. De esta manera, a la informacin sobre PP se
puede acceder desde "Secretara de Gobierno", a travs de "Subsecretara de
Participacin ciudadana y desarrollo social". Este recorrido es la nica posibilidad de
acceso. Decimos que es la ms compleja o dificil para el usuario, en principio, porque
asume que el usuario sabe que el PP se encuentra dentro de la Secretara de Gobierno,
instancia de la que depende la "Subsecretara de Participacin ciudadana y desarrollo
social" encargada de la implementacin del proceso participativo. Pero adems, porque
en este men, finalmente no se despliega la opcin de vnculo a la informacin buscada,
sino que procede a desplegar otro men vertical a la derecha en cuyo interior se
encuentra la opcin Direccin de Presupuesto Participativo. Es decir, que el usuario
debe advertir que el camino que vena realizando cambi sin previo aviso y sin
especificar hacia dnde. Adems, en ese nuevo men los nombres de los vnculos
aparecen cortados, por lo tanto, es necesario posicionar el mouse sobre cada uno de los
links para saber cul es el del PP.
En las discusiones sobre navegabilidad entre los diseadores y programadores web, el
"mito de los 3 clicks" ha sido muy difundido, asumiendo que si el usuario se ve
obligado a hacer ms de 3 clicks para llegar a aquello que busca, termina saliendo de la
pgina. Sin embargo, distintos estudios
10
demuestran que esto no es as, ya que al
usuario no le molestara la cantidad de clicks mientras pueda llegar a eso que busca sin

10
Disponible en: [Link]


problemas. Como afirma el experto en UX/UI Carlos Bruscoli, "Lo ms importante en
la web/formato digital, es que el contenido llegue correctamente a los usuarios (...). Una
prctica importante es identificar cules son los contenidos principales para poder darles
un lugar de fcil y rpido acceso, evitando as que el usuario tenga que hacer +2 clicks
para llegar al punto ms importante de la aplicacin / website." (C. Bruscoli, entrevista,
26 de marzo de 2014)
As de acuerdo a lo expuesto anteriormente, en la pgina de Crdoba, para acceder al PP
hay que hacer 4 clicks, y para llegar hasta la ordenanza que contiene la informacin
bsica, 6. Mientras que en la pgina de Rosario, con dos clicks es suficiente para
acceder a la informacin sobre el PP y en la de Morn, por su parte, con un click es
suficiente para acceder a la informacin sobre el PP.
La pgina interna del PP de Crdoba se encuentra condensada en una sola pgina, por lo
tanto obliga a scrollear (desplazar lnea a lnea) para acceder a los contenidos que ella
se publican. En este sentido, cabe destacar que dicha la pgina posee un header o
encabezado fijo para todas las paginas internas del sitio, con las novedades de la accin
de gobierno (noticias), que ocupa casi la mitad superior de la pantalla; por lo que
siempre es necesario scrollear para visualizar la informacin a la que se intenta acceder.
Con respecto al scrolling, Loranger (2014) afirma que puede ser un reemplazo elegante
para la paginacin, pero que "(...) i ts not t he ans wer f or m ost w ebsites. Infinite
scrolling is probably not for you if site visitors want to achieve goal-oriented activities,
such as when they need to backtrack or find specific information quickly."
11
Adems, la
autora explica que el scrolling "paraliza" al usuario ya que no tiene necesidad de hacer
click para acceder a ms informacin. Tambin es un tipo de diseo que genera
ansiedad, como un "abismo de informacin", solamente jerarquizada segn la ltima
actualizacin.
Mientras que Rosario y Morn, por su parte, tienen la informacin distribuida por
paginacin, por lo tanto para acceder a la informacin hay que hacer click en los enlaces
que indican las distintas secciones. De esta manera es la estructura de la navegacin la
que da cuenta de las jerarquas en los contenidos en la pgina.
Los enlaces tambin son importantes en cuanto a la navegabilidad, ya que son los que
nos permiten ir desde un punto de la pgina hacia otro, es decir, de una informacin
hacia otra. Por lo tanto, es importante poder reconocerlos fcilmente, y adems estos
deben funcionar. En la pgina de Crdoba, algunos enlaces son difciles de reconocer,
dado que como afirmramos anteriormente los nombres aparecen incompletos (enlaces
que ocupan ms de una lnea) y se hace necesario posicionar el mouse sobre dichos
enlaces para poder leerlos completos, tambin hay enlaces que no llevan a ningn sitio y
otros que llevan al diseo anterior de la pgina, como el de Presupuesto, donde aparece
el mensaje "presione el siguiente link y ser re-direccionado al nuevo portal de la
Municipalidad de Crdoba". En los casos de Rosario y Morn los contenidos asociados
al municipio y al PP son fcilmente reconocibles ya que el texto es de otro color. No
existen enlaces "rotos", todos funcionan y es posible acceder a la informacin desde el
ao 2003, cuando se implement por primera vez el PP en el municipio de Rosario, y
desde el ao 2006, cuando se implement por primera vez el PP en el municipio de
Morn (si bien este dato podra ser atribuible a otras razones que exceden al diseo
como la continuidad de la fuerza poltica en el gobierno de la ciudad).
Los enlaces tambin aparecen en forma de elementos que orientan al usuario, por
ejemplo aquellos que permiten volver a la pgina anterior. Estos son muy tiles ya que
ofrecen una experiencia de uso ms agradable al permitir que el usuario evite subir y

11
Disponible en: [Link]


bajar por toda la pgina o volver a hacer click en las secciones a las que quiere acceder.
En este sentido, se destaca el sitio rosarino que ofrece, cuando se revisa o accede a
cualquier informacin, en la parte superior de la pgina un enlace para volver al
principio o atrs. Los sitios de Crdoba y de Morn no tienen estos elementos de
navegacin que orienten al usuario, pero todos los links de acceso permanecen fijos a la
derecha, dejando visible la estructura de la misma.
En un nivel ms tcnico, la compatibilidad del sitio con diferentes navegadores y el
software necesario para visualizar correctamente la informacin son aspectos
fundamentales si queremos hablar de accesibilidad. Por eso, durante los diversos
accesos hemos probado acceder a los sitios desde los navegadores Google Chrome,
Safari, Mozilla Firefox e Internet Explorer, y en todos ellos las pginas funcionan
correctamente, por lo tanto son compatibles. No obstante lo cual, independientemente
del navegador, todas las pginas requieren de software adicional para visualizar
correctamente la informacin, tales como software que permite ver imgenes en
movimiento. Es en la pgina de Rosario, al pie, que se advierte en algunas secciones la
necesidad del uso de Flash (para visualizar imgenes en movimiento) y de Adobe
Reader (para leer archivos de extensin .pdf); as como tambin que el mismo sitio
facilita su descarga en el caso de que sea necesario.
Otra recomendacin al momento de realizar una pgina web es hacerla pensando en que
pueda ser impresa, ya que hay muchos usuarios que -por distintos motivos- prefieren o
necesitan imprimirla. En este caso, solamente la pgina de Crdoba no se puede
imprimir sin problemas. En primer lugar, no hay opciones de impresin en la propia
pgina, y cuando se marca esa opcin desde el navegador que se est usando el formato
de la pgina se "desarma" y la informacin no queda organizada para imprimirla
correctamente. En los casos de Rosario y Morn, si bien tampoco presentan la opcin
de imprimir en la misma pgina, desde el navegador se accede y la vista previa la
informacin aparece organizada exactamente igual que en la pgina web, es decir que el
diseo est pensado para que sea imprimible.
Los recursos de bsqueda tambin son necesarios y tiles para encontrar ms rpido y
en forma ms sencilla la informacin que buscamos. Las pginas de Crdoba y Rosario
ofrecen navegadores en sus pginas de inicio, no as Morn. En el caso de Crdoba, no
permite una bsqueda avanzada: el buscador solamente permite ingresar palabras clave,
con una caja de texto es infinita. El navegador de Rosario permite la bsqueda por
palabras y nmeros de ms de 3 caracteres y tambin permite realizar bsquedas
especficas, mediante un formulario de bsqueda avanzado. En este caso, la caja de
texto posee un lmite de 40 caracteres. En la pgina de Morn, como se dijo, no hay
opcin de bsqueda excepto en algunas secciones (que no estn relacionadas al PP). En
dichos casos, la bsqueda es avanzada y la caja de texto es infinita.
Los resultados de las bsquedas se muestran de manera clara en todos los casos, pero
solamente Rosario asiste al usuario en el caso de que la bsqueda sea infructuosa. La
mencionada pgina arroja un enlace para realizar una "Nueva bsqueda" sin tener que
volver al buscador y adems ofrece ayuda sobre cmo buscar.
Por ltimo, las secciones de "Ayuda" ofrecen al usuario respuestas a las posibles
preguntas que le pueden surgir durante la navegacin, como por ejemplo dnde
encontrar alguna informacin o cmo realizar alguna accin. Ninguna de las pginas
posee una seccin de ayuda, excepto la de Rosario que presenta un enlace de ayuda
dentro del buscador, que como decamos explica cmo realizar una bsqueda exitosa.
Tabla 4: Usabilidad de sitios web municipales
Crdoba Rosario Morn


Cantidad de accesos a pgina interna 1 3 3
Cantidad de clicks para acceder 4 2 1
Enlaces fcilmente reconocibles x x
Existencia de enlaces rotos x
Elementos de orientacin x
Control de longitud de pgina x
Compatibilidad del sitio con distintos
navegadores
x x x
Necesidad de software adicional para
la correcta visualizacin
x x x
Posibilidad de imprimir
correctamente
x x
Permite la bsqueda avanzada? x
Los resultados son comprensibles x x x
Caja de texto suficientemente ancha x x x
Asistencia al usuario x
Existencia de Ayuda x
Fuente 4: Elaboracin propia

B.2) DISEO
Una de las caractersticas ms generales en el diseo es la "limpieza" de la interfaz, es
decir, la minimizacin de ruido visual. Revisando esta caracterstica encontramos que,
en principio, la jerarqua visual
12
est bien expresada dentro de las tres pginas, las que
como analizamos anteriormente utilizan mens desplegables y, en los textos,
diferencian claramente los ttulos de los contenidos.
El sitio de Rosario presenta una interfaz limpia. La mayor parte de la pgina es de color
blanco, lo que permite un mayor contraste con el texto y las imgenes adems de
permitir descansar la vista. La de Morn, por su parte, es una interfaz que presenta
algunos elementos que contribuyen al ruido visual, asociados al color rojo usado de
manera dominante, si bien posee zonas en blanco que permiten descansar la vista, y a
las imgenes en movimiento de la botononera del men situado a la derecha de la
pgina. En el caso de la pgina web de Crdoba, al acceder a la misma en primara
instancia visualizamos una ventana emergente (pop-up) que va cambiando su contenido
segn la agenda de gobierno. La portada, como dijimos anteriormente, se mantiene fija
obligando al ususario a scrollear para acceder a la informacin. Con predominio del
color verde, se registran zonas en blanco pero son mnimas, por lo que la vista no
descansa mucho. En sntesis, las pginas de Rosario y Morn usan el color negro para el
texto, el cual contrasta con sus respectivos fondos (blanco en el caso de Rosario, gris en
el caso de Morn), mientras la pgina de Crdoba usa el color gris para el texto, el cual
disminuye el contraste con el color de fondo (blanco).
Es interesante mencionar que un buen diseo debera tener en cuenta que existen
personas que sufren de daltonismo o que son ciegas a percibir algunos colores, por lo
tanto se recomienda usar colores como azul, blanco, negro, gris. En este sentido, el
verde no es un color recomendable ya que es uno de los colores que las personas con
estas dificultades visuales suelen confundir.

12
Entendiendo a "jerarqua visual" como una forma de diagramacin de texto donde se entiende que
cierta informacin est contenida dentro de otra, es decir que pertenece a una parte mayor.


Finalmente, cabe destacar en este punto que, para conseguir una mejor experiencia de
lectura, en especial cuando se trata de artculos largos, las recomendaciones que dan los
diseadores no se remiten solamente al color, sino que tienen que ver con el uso de
tipografas con caracteres separados, que los prrafos y las lneas estn lo
suficientemente separados, que los ttulos y los links estn diferenciados. Adems se
recomienda utilizar grillas de texto con un ancho de hasta 70 caracteres por lnea.
Los ttulos de los textos aparecen bien diferenciados en las tres pginas, no as los
enlaces (ver anlisis sobre navegabilidad). Respecto a los caracteres por lnea,
reforzando lo anterior, el sitio de Crdoba tiene un promedio de 80; el de Morn de 63 y
el de Rosario de 50. Las pginas de Rosario y Morn respetan la separacin entre
prrafos y trminos en todos sus textos; sin embargo, en la pgina de Crdoba hay
textos que no presentan la debida separacin, como por ejemplo en la publicacin de los
proyectos y obras para el PP 2013: todo el contenido aparece condensado y sin espacios
en blanco, por lo tanto para distinguir los bloques de informacin hay que observar
atentamente. As, para no confundir los datos es necesario que el ciudadano realice un
esfuerzo de lectura, adems, demandar la utilizacin otros comandos para aumentar su
tamao (zoom de pantalla), lo cual se puede hacer si el usuario cuenta con los
conocimientos necesarios para llevar a cabo dicha accin.
Tabla 5: Diseo de los sitios web municipales
Crdoba Rosario Morn
Interfaz limpia x x
Jerarqua visual bien usada x x x
Uso de colores x x
Existencia de "zonas en blanco" x x x
Contraste entre texto y fondo x x
Tamao de texto legible x x
Separacin entre prrafos/trminos x x
Ancho de texto hasta 70 caracteres x x
Fuente 5: Elaboracin propia.

C) CONTENIDO
Retomando la idea central del trabajo, que afirma que la informacin es condicin de
posibilidad para la participacin ciudadana, la dimensin de anlisis referida al
contenido es en este caso en la que podremos ver la pertinencia y adecuacin de la
informacin ms all de los diseos y los obstculos para encontrarla. Por que como
afirmbamos anteriormente, si la informacin est completa y bien elaborada de manera
que resulte significativa para el ciudadano y responda a las bquedas del usuario, los
problemas de usabilidad pasan a un segundo plano. Es decir, de nada servira una pgina
que cumpla con todos los estndares web y no provea de la informacin necesaria.
En este sentido, al comparar las pginas web de los 3 municipios encontramos que las
pginas de Rosario y Morn tienen enlaces especficos dentro del PP donde explican
qu es, cmo funciona, cules son sus objetivos, quines pueden participar y cundo. La
Municipalidad de Rosario, inclusive, incluye un manual donde se explica cmo hacer
un Presupuesto Participativo. Mientras que en el caso de Crdoba, esa informacin se
encuentra contenida solamente en la ordenanza que regula el proceso participativo,
escrita en lenguaje jurdico. En lo que respecta a los objetivos del PP, Morn y Rosario
los explicitan de manera clara y ordenada, con enlaces propios los llamados


"Objetivos", en el caso de Morn, y los "Fundamentos", en el caso de Rosario. En la
pgina de Crdoba se encuentran consignados los objetivos.
En cuanto al lenguaje que se utiliza para producir la informacin, es recomendable que
sea cercano y amigable para el usuario, redactado de forma clara y sencilla para agilizar
la lectura. En el caso de Crdoba, el lenguaje es neutro y la redaccin sencilla, pero la
ordenanza donde el ciudadano debe remitirse para obtener detalles del proceso
participativo, esto es, donde se encuentra la explicacin de qu es y cmo funciona el
PP est escrita en lenguaje jurdico (es una ordenanza), por lo que demanda contar con
cierto vocabulario tcnico para comprenderla en su totalidad. En los casos de Rosario y
Morn, el lenguaje y la redaccin son sencillos y claros, adems Rosario posee toda la
informacin traducida a la lengua Quom.
Otro dato que es interesante de conocer es quines son los actores que participan, para el
usuario web que busca informacin quien puede participar y quienes participan o han
participado en su regin o barrio, ya que ese registro puede generar datos de contacto
para promover otras instancias de participacin y articulacin. Adems, esto dara
cuenta tambin de la cantidad de as istentes y permitira llevar un control sobre el
proceso en general y su evaluacin en trminos de aumento -o no- de la participacin.
Las pginas de Rosario y Morn, publican la cantidad de asambleas realizadas y a la
cantidad de participantes. En Rosario est disponible la cantidad de votos que recibi
cada proyecto y un detalle de la cantidad de asistentes en versin .pdf para descargar
desde la biblioteca. El municipio de Morn tambin lleva el registro de participantes por
ao, expresado en nmeros enteros y expresados en trminos porcentuales mostrando
aumento o merma respecto a los aos anteriores. En ningn caso se pone a disposicin
de los vecinos el listado de los delegados resultantes en las diferentes instancias,
mucho menos alguna forma de contacto posible con los mismos.
En lo que respecta a la forma de nombrar a los actores involucrados, en todas las
publicaciones de las pginas se usa la palabra "vecino" como sinnimo de "ciudadano",
lo cual demandara avanzar, en futuros anlisis, sobre los sentidos atribuidos a la nocin
de vecino en cada uno de los casos y sus implicancias para los procesos democrticos
implementados.
Otro tipo de contenido que es importante que aparezca es la informacin sobre el estado
de las obras votadas, lo que permite el monitoreo ciudadano no solo de los que
continan participando de manera directa a lo largo del proceso, sino tambin de los
ciudadanos en general. En Rosario, en la seccin "Biblioteca" estn todos los archivos
que contienen las ejecuciones de obras (segn criterios de la ejecucin presupuestaria) y
los proyectos votados disponibles para descargar en .pdf, adems de informar sobre los
proyectos votados y obras concretadas en la seccin noticias. En la pgina moronense la
informacin sobre las obras pautadas, ejecutadas y a ejecutar debe buscarse en la
seccin noticias. El avance y ejecucin en la pgina de la municipalidad de Crdoba es
confuso, debido a la coexistencia de dos diseos (el de la gestin actual y el de la
anterior) y la falta de fechas en las publicaciones. Tambin es posible conocer la
concrecin de algunas obras, por las publicaciones realizadas en la seccin noticias del
home, en las que generalmente se informa las actividades desarrolladas por el
intendente.
En este sentido, es importante sealar que una de las caractersticas que define a internet
como medio de comunicacin es su capacidad de actualizacin. Bajo esta premisa e
incorporando el concepto de inmediatez, han surgido herramientas como Twitter,


aplicaciones de bsqueda como google instant s earch
13
, software de transmisin o
streaming
14
, o aplicaciones para telfonos mviles como whatsapp
15
, para mencionar
algunas. La actualizacin y la inmediatez son -adems de caractersticas propias de
internet- las ventajas distintivas del medio. En los casos que estamos analizando,
entonces, es esperable que la informacin est actualizada para que cumpla con el
requisito de oportunidad, de manera de extender el proceso participativo de la
priorizacin de las obras al monitoreo continuo de su ejecucin. En ese sentido, se
observan distintos ritmos de actualizacin entre las pginas, tal vez asociados a los
propios ritmos que asume la implementacin del proceso participativo.
Ms especficamente, relacionado con lo ltimo que afirmamos, observamos la
publicacin de cronogramas de asambleas, dato que consideramos necesario para
ampliar la convocatoria (ms all de las formas de comunicacin directa, propia de estos
espacios) y hacer efectiva la participacin. Tanto las pginas de Morn como la de
Rosario, anunacian la inminencia del comienzo del proceso, as como las fechas,
horarios y direcciones de las distintas reuniones que tendrn lugar a lo largo de la
ciudad. En el caso de Crdoba, durante el perodo observado, fue publicado un
cronograma que no contiene ninguna especificacin sobre la naturaleza de la reunin a
la que hace referencia.
En todos los casos, las oportunidades para el dialogo se restringen a formas
individuales definidas por las formas de ofrecidas (telfono, correo electrnico).
Ninguno de los casos avanz, durante el perodo considerado, en la creacin de foros o
salas de chat que habiliten la interaccin dialgica no solo ciudadano-funcionario, sino
tambin ciudadano-ciudadano y/o ciudadano-funcionario-ciudadano. Lo que permitira
tanto el intercambio de informacin y saberes, como la integracin y/u organizacin de
aquellos ciudadanos que por primera vez se aproximan a la experiencia.
Tabla 6
Crdoba Rosario Morn
Informacin bsica sobre el
proceso
x x
El sitio est actualizado x x
Lenguaje adecuado x x
Existencia de instancia de dilogo
Publicacin de cronogramas de
asambleas
x x
Registro de la cantidad de
participantes
x x
Publicacin de actas de reunin
Existe informacin sobre proyectos x x x
Informacin sobre estado de obras x x x

13
Consiste en la bsqueda sugerida que efecta el buscador: al tipear las primeras letras de una palabra,
se despliega un men que contiene sugerencias de bsqueda que coinciden con esas letras. De esta
manera la bsqueda se agiliza y se hace ms fcil.
14
El streaming permite ver transmisiones radiales y televisivas en vivo y en directo por internet.
15
Es un sistema de mensajera gratuito que se utiliza con los telfonos celulares. Actualmente pertenece a
Facebook, que lo ha incorporado a su red.


De qu manera se refieren a los
ciudadanos?
Usa "vecino"
como
sinnimo de
"ciudadano".
Usa "vecino"
como
sinnimo de
"ciudadano".
Usa "vecino"
como
sinnimo de
"ciudadano".
Fuente 6: Elaboracin propia.

Consideraciones generales
La revolucin tecnolgica se expande aceleradamente y modifica la vida en la ciudad.
Las TIC juegan un papel importante en esos cambios, ya que pasan a ser un factor
esencial para que las personas se inserten plenamente en las sociedades. Por lo tanto,
estas transformaciones trazan nuevas responsabilidades al poder pblico, que se ve
obligado a concebir y realizar acciones que ayuden a los ciudadanos a acceder a la
informacin, proveyendo de infraestructura y de servicios de informacin y
comunicacin de calidad (Ribeiro, et al

, 2007).
En lo que respecta a los procesos de democratizacin de las decisiones colectivamente
vinculantes, la incorporacin de las TICs suma nuevas tensiones y complejidades que
demandan ser tenidas en cuenta porque, como afirman Ribeiro et. Al. (2007, p.52),
"Esses recursos tecnolgicos podem tambm provocar o aumento de desigualdades j
existentes, sobretudo nos planos scio econmico, educacional e cultural. Em tal
sentido sostienen: O ideal que seu uso se faa sob inflluncia de conceitos que
garantem os direitos humanos, como democracia, cidadania e identidade cultural, e que
sejam usadas para promover a inclusao social, isto , a plena participao dos
indivduos nas sociedades em que vivem".
En tal sentido, nosotros en este trabajo exploramos las formas que asume la
comunicacin gubernamental en internet, particularmente, observando los sitios web de
los municipios. Donde la proximidad fsica pareciera haber relevado, en la literatura y
en la prctica, cualquier esfuerzo en las iniciativas gubernamentales por poner en
consideracin los elementos necesarios para consideracin efectiva de todas las
posiciones y la participacin informada de todos los actores.
Es por eso que, apelando a la visibilidad, cognosibilidad y accesibilidad de las acciones
gubernamentales y a la necesidad de su sometimiento al debate pblico, esto es, a la
problematizacin ciudadana como ideal normativo, buscamos analizar las condiciones
de factibilidad del acceso a la informacin pblica, o ms ampliamente, del derecho a la
informacin en el mbito pblico. Para lo cual pusimos nfasis en la identificacin de
indicadores vinculados a los atributos de los diseos y contenidos de las interfases
generadas por los gobiernos locales.
As, retomando discusiones anteriores, realizadas sobre acceso a la informacin y
transparencia, resignificamos en este trabajo la nocin de accesibilidad, de uso corriente
en el campo de la discusin tecnolgica. Para esto intentamos salir del anlisis de las
barreras derivadas centralmente de las condiciones fsicas del sujeto usuario de la
tecnologa, para poner sobre relieve los limites contextuales que afectan la capacidad
comunicativa de los sujetos en ese campo y, en tal sentido, demandar en la utilizacin
del medio por parte de los gobiernos la generacin de entornos amigables,
comprensibles, eficaces y apropiados para los procesos participativos.
Con base en estas premisas observamos tres grandes dimensiones en las pginas web
municipales: la identificacin, la usabilidad y el contenido.


As, de acuerdo a lo observado en cada caso, el trabajo comparativo sobre los tres sitios
web de los municipios considerados -Crdoba, Rosario y Morn- evidencia diferentes
niveles de desarrollo del medio, en relacin al intercambio comunicativo iniciado por el
gobierno para difundir y sostener los espacios participativos. En trminos generales,
podramos establecer un arco entre las experiencias, que ofrece cierta complejidad en el
caso de Rosario y grandes limitaciones en el caso de Crdoba. Aunque en todas puede
afirmarse que el contexto de implementacin de las polticas tie la finalidad de la
comunicacin: la transparencia de resultados ms que la informacin de procesos
decisorios participativos. Privilegiando, entonces, el acceso a datos presupuestarios en
el contenido, lo decidido, antes que a elementos que informen el proceso de toma de
decisiones o que faciliten la integracin/articulacin entre los ciudadanos en el propio
proceso, para decidir lo que se va a hacer.
A partir de los atributos del diseo tambin creemos que es posible en este punto
generar algunas hiptesis sobre el mensaje gubernamental que nos permitan continuar a
futuro los anlisis, considerando los vnculos a los que se asocia el proceso
participativo. Esto es, en principio, no se tratara de pensar solamente de los recorridos
(cantidad de clicks) que demanda al ciudadano usuario de los sitios web llegar a la
informacin sobre los espacios participativos y sus decisiones, sino tambin al
posicionamiento de la misma en relacin a su propia relevancia, en cuanto generadora
de voluntad colectiva directamente vinculante para la administracin, o supeditada a las
formas de la burocracia local. Todo lo cual nos permitira hablar, en un segundo
momento, de la pretensin democrtica de la comunicacin de los gobiernos que
adoptaron iniciativas de apertura democrtica de las decisiones, ms all de las
caractersticas particulares que asumen la identificacin, la navegabilidad y el
diseo en cada uno de los casos. Y en tal sentido, todava demandar, adems de la
publicidad de lo hecho, la divulgacin de los datos relevantes (tales como vnculos a
diagnsticos actualizados sobre las reas de intervencin estatal sometidas a debate) y el
establecimiento de las condiciones necesarias, en el entorno de las TICs, para discutir
sobre lo que se est haciendo y se va a hacer (informacin sobre participantes,
habilitacin de foros, divulgacin de las actas de los espacios participativos, entre
otros).
Bibliografia de referencia
ANNUNZIATA, R. (2011). Proximidad, representacin y participacin: El
Presupuesto Participativo en Argentina Revista de Ciencias Sociales ICONOS, No. 40,
Mayo. Quito Ecuador.
ARANCIBIA CARRIZO (2000). Prefacio al concepto de comunicacin poltica: una
discusin bibliogrfica. Revista Investigacin y Crtica, N4, FLACSO.
BUFFA, A., ECHAVARRA, C. (2010). La transparencia presupuestaria a partir de
la experiencia de los municipios de la provincia de Crdoba. Revista Studia Politicae,
Nro 22, primavera verano 2010-2011, Crdoba.
CANEL, M. J.; SANDERS, K. (2010). Para estudiar la comunicacin de los gobiernos:
un anlisis del estado de la cuestin. Rev Comunicacin y Sociedad, vol XXIII, num 1.
Pp 7-48


CARVALHEIRO, J. R. (2005) "O tringulo bloqueado: media, poltica e cidados na
democracia local". En Correia, J. C. (org.), Comunicaao e P oltica. Estudos em
Comunicaao. Covilh: Ed. de la Universidade da Beira Interior.
DAGNINO, E. Concepciones de la ciudadana en Brasil: proyectos polticos en disputa.
En: CHERESKY, Isidoro (comp). Ciudadana, sociedad civil y participacin poltica.
Buenos Aires: Mio y Dvila, 2006. Pp 387-410
DAHLGREN, P. (2004). Theory, Boundaries and Political Communication: The Uses
of Disparity. European Journal of Communication; Vol 19(1). pp. 718.
DEMERS, F.; LAVIGNE, A. (2007) La comunicacin pblica: una prioridad
contempornea de investigacin. Rev. Nueva poca, N. 7, enero-junio. Pp 65-87.
ECHAVARRA, C. PRESUPUESTO PARTICIPATIVO EN ARGENTINA: limites y
potencialidades del relato cvico. SEXTO CONGRESO ARGENTINO DE
ADMINISTRACION PBLICA. Resistencia, 2011.
ECHAVARRIA, C. Aprendizajes democrticos y ciudadanos? Lmites de las
experiencias de implementacin del Presupuesto Participativo en Argentina. Encontro
Internacional Participao, Democracia e Polticas Pblicas: aproximando
agendas e agentes. Araraquara, 2013.
ECHAVARRA, C.; MAURIZI, V. La comunicacin gubernamental: herramienta
para la legitimacin de polticas o condicin de posibilidad de la participacin
ciudadana?. En: VALDS y MORALES (comp) Industrias culturales, medios y
pblicos: de la recepcin a la apropiacin. Crdoba: Universidad Nacional de
Crdoba, 2013. COMPANAM. Escuela de Ciencias de la Informacin, UNC, 2013.
Disponible en:
[Link]
ol%C3%ADtica%20y%20Derechos%20Humanos/ComunicacionyPolitica_echevarria.p
df
ELIZALDE, L.; FERNNDEZ PEDEMONTE, D.; Y RIORDA, M. (2006) La
construccin del consenso. Buenos Aires: Ed. La Cruja.
FRANCS GARCA, F. Y CARRILLO CANO, A., "Gua metodolgica propia de los
Presupuestos Participativos", Colectivo Preparaccin, Alicante, 2008.
GARNETT, J. (2003) Comunicndose con la ciudadana En: IZURIETA et al.
Estrategias de comunicacin para gobiernos. Buenos Aires: Crujia.
GASTIL, J. (2008) Political communication and deliberation. Estados Unidos: SAGE.
GERSTL, J. (2005) La comunicacin poltica. Santiago de Chile: Lom.
GRNLUND, A.& HORAN, T.A., (2004) "Introducing e-gov: History, definitions, and
issues", Communications of t he Association f or I nformation Sy stems, volume 15, pp.
713-729.


HABERMAS, Jrgen. Facticidad y Validez: una conversacin sobre cuestiones de
teora poltica. In: _________. Ms all del Estado Nacional. Madrid: Trotta, 1997a. p.
144-166.
IZURIETA, R. (2002) La comunicacin poltica en la era del entretenimiento. Un
estudio de la comunicacin y las relaciones pblicas para gobiernos. En: IZURIETA,
R, Perina, R. y otros. Estrategias de Comunicacin para Gobiernos. Buenos Aires: Ed.
La Cruja.
SOBREIRA, R., BORGES, J., JAMBEIRO, O.. Polticas e gesto da informao
pblica: caso da Prefeitura de Salvador. En: JAMBEIRO, O.; PEREIRA DA SILVA, H.
Y BORGES, J., "Cidades contemporneas e polticas de informao e comunicaes".
Salvador: Edufba, 2007.
LANDER, Edgardo. Lmites actuales del potencial democratizador de la esfera
pblica no-estatal. Disponible en:
[Link] .
(mar.2003)
LATINOBARMETRO. Series de tiempo, Cmo se informa de poltica?. Disponible
en: [Link]
LORANGER HOA, (2014), en "Infinite Scrolling is Not for Every Website", disponible
en: [Link]
NOBRE, G. Frguas. (2011). Capital social, comunicao pblica e deliberao: a
gesto do capital comunicacional pblico. En: MARQUES, A. y MATOS, H.
Comunicao e pol tica. C apital s ocial, r econhecimento e d eliberao pblica. Sao
Paulo: Ed. Summus. PP 255-272
PORTER, J. (2013), en User Interface Engineering, disponible en:
[Link]
RIBEIRO, A.P. et al , "Dilemas urbanos: municipalidades e polticas de informao e
comunicaoes". En: JAMBEIRO, O.; PEREIRA DA SILVA, H. Y BORGES, J.,
"Cidades contemporaneas e polticas de informaao e comunicaoes", Edufba, Salvador,
2007.
RIORDA, M (2006). Hacia un modelo de comunicacin gubernamental para el
consenso. En: Elizalde, L., Fernndez Pedemonte, D. y Riorda, M. (Eds.), La
construccin del consenso. Gestin de la comunicacin gubernamental, Buenos Aires:
La Cruja.
RIORDA, M (2008). Gobierno bien pero comunico mal: anlisis de las Rutinas de la
Comunicacin Gubernamental, Revista del CLAD Reforma y Democracia, 40, Caracas.


Jornadas de junho: o Movimento Passe Livre e as lutas que espantaram o Brasil
1
.
Ailton Laurentino Caris Fagundes
2

Amir El Hakim de Paula
3


rea Temtica: Sociedad Civil, Democracia Participativa y nuevos actores polticos

Resumo: este trabalho discute alguns dos aspectos centrais das manifestaes ocorridas
em junho de 2013 no Brasil a partir das estratgias e organizao e ao do Movimento
Passe Livre, um pequeno grupo radical de esquerda, e busca apontar algumas possveis
interpretaes para os acontecimentos que abalaram o pas e que colocaram em pauta
uma srie de reivindicaes que vo muito alm da questo do transporte pblico.


A luta contra o reajuste de tarifas no transporte pblico foi o estopim que levou
milhes de brasileiros s ruas nas maiores manifestaes populares da histria recente
do pas. Aparentemente o movimento surgiu e desapareceu do nada, deixando imprensa,
governos, especialistas e a populao em geral perplexos diante da sua magnitude. Este
trabalho pretende analisar esses acontecimentos a partir das aes do Movimento Passe
Livre, um grupo autnomo e apartidrio, organizado horizontalmente e sem dirigentes,
que iria definir as pautas e as estruturas das manifestaes at chegar perto de perder o
seu controle diante do gigantismo das massas, do poder de influncia das mdias e do
aumento das demandas represadas, e mostrar que essas manifestaes resultam de mais
de uma dcada de luta e de estratgias claras e bem definidas e que vo muito alm da
questo do transporte

Pode-se no perceber nada na superfcie, mas nas profundezas o inferno est em chamas.
Y. B. Mangunwijaya

1
Trabajo preparado para su presentacin em el XI Congreso Nacional y IV Congreso Internacional sobre
Democracia, organizado por La Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones Internacionales de la
Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 a 11 de septiembre de 2014.
2
Doutor em Cincia Poltica pela Universidade de So Paulo, professor adjunto de Cincia Poltica na
Universidade Federal de Gois. E-mail: aailton@[Link]
3
Doutor em Geografia Humana pela Universidade de So Paulo, professor assistente de Geografia na
Universidade Estadual Paulista. E-mail: elhakim@[Link]


As lutas dos movimentos sociais evidenciam duas coisas: as demandas
reprimidas na busca reconhecimento, igualdade, liberdade, direitos, etc, e a perspectiva
de mostrar novos rumos para uma comunidade, sociedade ou, de modo mais amplo,
para a humanidade. Como afirma Alberto Melucci
4
, esses movimentos so os profetas
do pr esente, aqueles que antecipam e falam sobre o devir; apresentam novos cdigos
culturais, com valores, normas e percepes que tentam superar aqueles existentes e que
condicionam as escolhas que as pessoas fazem, colocando em xeque os cdigos
vigentes, os estilos de vida ou as formas de organizao social. Formam assim novos
frames, quadros de referncia que lutam no mundo dos smbolos, dos cdigos e das
normas da sociedade.
, sobretudo, a partir dessa linha referencial, que este trabalho buscar discutir
alguns aspectos da organizao e atuao do Movimento Passe Livre, o grupo que
organizou os eventos que serviram como estopim para as grandes manifestaes que em
junho de 2013 tomaram as ruas de diversas cidades do Brasil. Seguindo a lgica do
MPL, esse conjunto de protestos, que se diferencia, de um lado, pelo modelo de
organizao horizontal dos diversos grupos e indivduos participantes e de outro pela
sua prpria natureza, forma e contedo, como veremos adiante.
Ainda que o Brasil tenha um histrico de mais de uma dcada de manifestaes
contra o aumento das tarifas do transporte pblico, com as jornadas de junho esses
protestos ganham uma nova realidade servindo de estopim para a expresso de diversas
insatisfaes reprimidas, o que seria um conjunto delimitado de aes de luta pelo
transporte pblico acabou como o maior conjunto de protestos ocorridos no Brasil nas
ltimas duas dcadas, s comparvel s grandes manifestaes populares ocorridas em
1992 na campanha pelo impeachment do presidente Fernando Collor. Em So Paulo,
principal foco dessas jornadas, as primeiras manifestaes comearam com algo em
torno de 2000 pessoas e em pouco mais de duas semanas, em 20 de junho, o nmero de
manifestantes chegaria a mais de um milho, espalhados por diversas cidades do pas.
frente dos protestos, como ator mais importante, estava o Movimento Passe Livre.
O Movimento Passe Livre se apresenta como um movimento horizontal,
autnomo, independente e apartidrio e o reconhecimento de ele realmente se organiza
dessa forma fundamental para explicar o apoio que conquista e como ele consegue se
manter frente das manifestaes mesmo quando estas j no esto sob seu controle.

4
MELLUCI, Alberto. A inveno do presente, movimentos sociais nas sociedade complexas. So Paulo,
Vozes, 2001


Apesar de mostrar como um grupo radical de esquerda, o MPL visto como um grupo
sem vnculos com os partidos ou instituies polticas tradicionais, geralmente mal
vistas ou rejeitadas pela populao mais jovem. Uma das caractersticas marcantes das
manifestaes foi a intensa rejeio aos partidos e isso no pode ser explicado como
uma simples rejeio s formas tradicionais de poltica ou como uma negao deste
quadro mas como uma forma de expressar a ideia de que cada manifestante representa
antes de mais nada a si mesmo e a uma coletividade maior e indefinida, a sociedade ou a
nao, e no um grupo que tem como interesse a conquista do poder. Como afirma
Pablo Ortellado
5
,
Temos assistido nas ltimas dcadas ao nascimento de movimentos
horizontais na forma de organizao e autnomos em relao a partidos e
instituies. Esses movimentos frequentemente valorizam mais o processo
do que o resultado: o meio pelo qual atuam, a horizontalidade, a
democracia direta, assim como a criatividade das suas aes, que do a eles
sabor e sentido. As lutas so ao mesmo tempo experincias vivas de uma
democracia comunitria e espao de autoexpresso contracultural. Algumas
vezes, essa dimenso processual sobrevalorizada e mesmo contraposta aos
resultados prticos da ao poltica.
O tipo de luta no qual se insere o MPL e no qual se enquadram as jornadas de
junho se assemelham a outros importantes eventos ocorridos em diversas partes do
mundo como nos Estados Unidos, Turquia, Egito, Grcia e Espanha. Todos eles
convergem em pontos importantes como a desconfiana em relao aos poderes
institudos, a presso poltica por vias no institucionais, o uso de redes de comunicao
baseadas em novas tecnologias e o fato serem formados principalmente por jovens. Em
geral, esses novos movimentos no visam o poder poltico, mesmo que indiretamente,
mas buscam ganhar fora no debate acerca de mudanas nas condutas, nas mobilizaes
e nos cdigos. Entretanto, ainda que procurem influir sobre decises no mbito dos
cdigos (leis, sobretudo) no campo das condutas que esto suas principais linhas de
combate.
Organizaes como o MPL evidenciam o desejo de participao poltica de uma
parcela da populao jovem mas que no tem interesse pelos partidos polticos
tradicionais ou que rejeitam ou desconfiam do sistema poltico institucionalizado. Esses
jovens buscam na micropoltica, na participao em grupos horizontais, geralmente com

5
ORTELLADO, Pablo. Os protestos de junho entre o processo e o resultado. In. JUDENSNAIDE,
Elena et. al. Vinte centavos: a luta contra o aumento. So Paulo: Veneta, 2013.



propsitos pontuais. sintomtico que esse movimento tenha ganhado fora no apenas
parte dos partidos tradicionais mas tambm atuando na contramo deles. A descrena
generalizada de que os partidos e as instituies polticas no so capazes ou no
possuem interesse em mudanas profundas ou ainda que essas agremiaes no
representam os seus interesses
O MPL representa assim um novo modelo de atuao poltica, incomum no
Brasil, onde desde a dcada de 1980 os mais diversos movimentos sociais buscaram a
via institucional como estratgia de luta poltica e isso se acentua a partir da chegada do
Partido dos Trabalhadores presidncia, em 2003. Historicamente ligado, desde o seu
nascimento, a diversos movimentos sociais, o PT ao assumir o poder no plano federal
atraiu diversos desses movimentos, por vezes cooptando-os, por vezes imobilizando-os
em nome de uma agenda positiva de mdio e longo prazo que dependeria da sua
permanncia no poder e de uma suposta ordem que a sustentasse. Parte da poltica
oficial ou consequncia dela, o fato que as grandes mobilizaes sumiram das ruas e
os movimentos sociais estiveram cada vez mais imobilizados nos governos petistas.
Paradoxalmente, ao mesmo tempo, em que os movimentos tradicionais saiam das ruas
uma srie de pequenos grupos se organizavam a partir de pautas especficas e
estratgias de luta distintas daquelas vistas nas dcads anteriores.
Em comum, esse movimentos apontam para uma crtica a toda forma de
hierarquia, para a defesa de uma horizontalizao sem limites, para a prtica da ao
direta e a organizao autogestionria, confirmando, mesmo quando negam isso, uma
forte influncia do anarquismo e dos socialismo libertrios. No difcil entender que
isso ocorra a partir do momento em que os partidos, inclusive os de esquerda, so
colocados em cheque, num contexto ainda marcado pelo fracasso das experincias do
chamado socialismo real do sistema sovitico e das frustradas e frustrantes prticas
autoritrias dos regimes socialistas, sobretudo as do leste europeu.
Contudo, como afirma Melucci, podemos entender o carter espontanesta, anti
autoritrio e anti-hierrquico, que parecem comuns a muitas formas recentes de ao
coletiva, como um risco para uma atuao mais efetiva e de longo prazo, segundo ele
exatamente dessas caractersticas que vem a fragmentao, a f ragilidade organizativa
e a descontinuidade que ameaam continuamente tais formas de ao
6
. um risco que
no passa desapercebido. Se a substituio do modelo de organizao centralizado e

6
MELLUCI, Alberto. A inveno do presente: movimentos sociais nas sociedades complexas. So Paulo,
Vozes, 2001. Pg. 84.


hierarquizado por uma forma de horizontal e sem direo foi importante para o MPL e
para a forma como as jornadas desenrolaram, mas a falta de direcionamento tambm
pode significar limitaes. Por um lado pode-se alegar que algumas das pautas do
prprio movimento exigem uma interlocuo com o poder pblico e por outro que a
rejeio ao campo institucional ignora as chances de afetar ou regenerar as instituies
existentes
7
.

Uma certa narrativa.

Em So Paulo o rejuste das tarifas de nibus, metr e trens metropolitanos
ocorrem no dia 2 de junho, passando de R$ 3,00 para R$ 3,20. As primeiras
manifestaes se mantm no mesmo padro daquelas ocorridas em anos anteriores,
levando cerca de 2000 pessoas s ruas, a maioria delas militantes de movimentos sociais
e partidos de extrema esquerda. A diferena desta vez estava na estratgia, diferente dos
anos anteriores desta vez o MPL, grupo que organizava e liderava os protestos, buscou
uma campanha intensiva, com manifestaes quase que dirias, buscando chamar a
ateno da populao e da imprensa com aes em alguns dos mais importantes
terminais de nibus e com a tomada de importantes vias em horrios de pico. A ideia
que o transtorno causado no poderia deixar de ganhar espao nos grandes meios de
comunicao, mesmo que estes se coloquem contra, e, assim, colocar a pauta de
reivindicaes para o maior nmero possvel de pessoas.
Realmente, de modo geral a tnica da imprensa recaa sobre os transtornos
causados e a violncia das manifestaes, destacando os atos de vandalismo
praticados. No fosse a ideia de desobedincia civil, isto , o fato de no obedecer s
recomendaes e imposies do governo que atravs da Polcia Militar tentavam limitar
as manifestaes a determinadas vias e horrios, o movimento no teria ganhado
tamanho destaque. Na primeira quinzena de junho diversas outras manifestaes
ocorreram em bairros da periferia da cidade, mas a maioria delas foi quase que
totalmente ignoradas pela grande mdia. Se por um lado os protestos conseguiam
destaque na imprensa, por outro, a nfase no discurso da ordem e o destaque dado aos
atos de vandalismo no apenas naturalizavam como justificavam as aes repressivas
violentas por parte da polcia. O resultado que o MPL passaria, em pouco tempo, a ser

7
RUCCI, Rud e ARLEY, Patrick. Nas ruas: a out ra pol tica que e mergiu e m j unho d e 2013. Belo
Horizonte: Letramento, 2014.


visto no mais como um grupo violento mas como vtima da violncia repressiva do
Estado e portador de uma reivindicao justa, defensvel e possvel, o que seria decisivo
para arregimentar novos manifestantes.
As manifestaes do dia de 13 de junho foram fundamentais para uma mudana
no direcionamento do movimento. A violenta represso policial atingiu no apenas os
manifestantes mas tambm jornalistas da grande imprensa, a priso de manifestantes e
jornalistas. O saldo do dia mostrava cerca de cem feridos, entre eles mais de uma
dezena de jornalistas ligados grande imprensa, alguns deles atingidos por balas de
borracha. Alguns veculos de comunicao mostravam ao vivo as manifestaes e no
dia seguinte a grande mdia assumia, pela primeira vez, que os atos de violncia haviam
partido dos policiais numa represso abusiva orquestrada pela Polcia Militar com o
aval do secretrio de Segurana Pblica e do governador do Estado. Ainda nesse dia as
prises arbitrrias se tornam evidentes ao atingir jornalistas, presos por portarem
garrafas de vinagre, lquido que supostamente serviria para atenuar os efeitos do gs
lacrimogneo.
No possvel, entretanto, imaginar que o apoia ao movimento consequncia
da mudana na abordagem dada pela grande, exemplo disso que ainda na tarde do dia
13 em programa ao vivo o apresentador Jos Luiz Datena, do Brasil Urgente, faz uma
enquete com os telespectadores com a seguinte questo: voc a favor de protesto com
baderna? Ainda que o jornalista buscasse no apenas se posicionar contra mas tambm
influenciar os votantes a votar no no, a maioria dos votantes se posicionaram a favor de
protestos com baderna, 2179 votos sim contra 915 nos. As anlises repetiam a ladainha
de o protesto para ser legtimo deve ocorrer dentro da ordem, tem que ser pacfico, sem
obstruir vias pblicas ou atrapalhar o trnsito, sem criar tumultos ou transtornos. um
discurso comum sociedade brasileira, que percebe a violncia num ato de quebrar
vidraas mas no o percebe no cotidiano de crianas de ruas ou da populao que no
tem acesso a condies mnimas de sobrevivncia.
Ao contrrio do que apareceu em grande parte da mdia, as revoltas tiveram um
foco bastante claro: a revogao do aumento no preo das passagens do transporte
pblico. Segundo o movimento no surgiu espontaneamente. A aparente desorganizao
dos protestos, evidente nas chamadas convocaes pela Internet, na verdade mostra uma
nova forma de organizao, horizontal, sem lideranas organizadas.



Em dez anos de atuao o MPL se articulou a partir de uma lgica horizontal
aprendida tanto com a prtica das mobilizaes, desde a revolta do buzu, ocorrida em
2003 na cidade de Salvador, quanto nas experincias internacionais de diversos
movimentos sociais que se articularam e cresceram a partir dos anos 90. Ao mesmo
tempo conseguiu estabelecer um objetivo claro e exequvel capaz de mobilizar pessoas
que ideologicamente esto distantes do grupo. Ao mesmo tempo em que coloca um
objetivo muito bem determinado o MPL coloca uma srie de questionamentos
estrutura social vigente e um programa amplo de longo prazo que ao fim das contas
radical, ambicioso e transformador.
Em So Paulo, onde ocorreram as maiores mobilizaes, essas manifestaes
podem ser analisadas em dois perodos razoavelmente distintos, no primeiro, que vai at
o dia 13 de junho, os manifestantes tinham basicamente a pauta da reduo das tarifas.
At ento a imprensa se posicionava radicalmente contra as reivindicaes e contra os
mtodos considerados violentos. Alguns dos principais meios de comunicao do pas
pediam em editoriais a represso ao movimento
Nesse segundo momento a grande mdia se coloca a favor de manifestaes
desde que elas sejam pacficas, ao mesmo tempo diversos grupos buscam colocar em
pauta uma srie de novas reivindicaes, quase todas pouco concretas como mais sade,
investimentos em educao, fim da corrupo etc. Pesquisa realizada em julho pelo
Ibope mostra que entre aqueles que participaram dos protestos, a corrupo aparecia
como principal razo para 27% deles.
Uma questo talvez seja decisiva para se pensar o engajamento de uma parcela
significativa da classe mdia, a ideia de que o governo tem no apenas a obrigao de
oferecer bons servios como tambm tem a capacidade e possibilidade de faz-lo. Essa
sensao de d, sobretudo, a partir de duas perspectivas, uma de longa e outra de curta
durao, na primeira tem-se em conta o prprio processo recente de desenvolvimento
econmico, o pas cresceu e o poder de compra da populao aumentou
significativamente nas ltimas duas dcadas trazendo uma melhoria nas condies de
vida que no foi acompanhada pela melhoria dos servios pblicos oferecidos. No curto
prazo, a questo dos gastos dos governos em obras para a Copa do Mundo colocaram o
questionamento acerca no apenas desses gastos mas tambm sobre as prioridades
desses governos; sem conhecer oramentos, parte da populao passa a repetir o
discurso de que esse dinheiro seria melhor empregado se fosse destinado reas como
educao e sade.


O valor do reajuste, algo em torno de 6%, efetivamente no cobria sequer a
inflao do perodo anterior ao ltimo aumento, o que serviria de justificativa para o
poder pblico municipal e estadual e pretexto para que grande parte da mdia colocasse
que as manifestaes no eram pelos 20 centavos. Ocorre que aumento do valor das
tarifas envolve no apenas uma questo financeira, ainda que ela seja relevante, algo em
trono de 500 milhes de reais deixaro de ser gastos anualmente pelos usurios do
sistema. A questo da mobilidade urbana importante pelo seu papel central na vida
cotidiana de milhes de pessoas que vivem nas grandes cidades brasileiras, o tempo
mdio que um paulistano passa no transporte pblico o segundo maior do mundo, s
perdendo para os moradores de Xangai. Alm do tempo gasto, aqueles quem moram nas
periferias chegam a passar mais de 3 horas em metrs e trens superlotados; nos nibus,
alm da superlotao h ainda o problema dos constantes congestionamentos, soa
reflexos de uma cidade que nunca priorizou o transporte coletivo.
A resposta do governo e tambm dos principais partidos foi no sentido de tentar
propor uma trgua, inicialmente, e propor uma nova pauta para agenda poltica,
posteriormente. Antigas discusses foram retomadas como as da reforma poltica, do
financiamento das campanhas eleitorais, voto distrital e outras questes que pouco ou
nada tinham a ver com as reivindicaes das ruas. A justificativa de a questo das
escolhas polticas passam por debates tcnicos cairia junto com a revogao do
aumento, o movimento mostrou que a questo tcnica na verdade pode se submeter a
escolhas polticas.
Surge uma separao entre os manifestantes pacficos que protestam por um pas
melhor e os vndalos que se aproveitam da situao para promover atos de violncia,
esses arruaceiros no deveriam ser levados em considerao e ou no teriam motivaes
polticas claras ou seriam ligados a grupos polticos que por motivos diversos poderiam
estar interessados na desordem, a direita acusando a esquerda e a esquerda acusando
grupos direita.
Com esses novos manifestantes as diferenas se tornam maiores e mais
evidentes. Desde a Constituinte, na dcada de 1980, o pas passou por um processo
constante de desmobilizao dos movimentos sociais, desde ento atores das mais
diversas reivindicaes sociais buscavam espao a partir da via institucional ou no
dialogo direto com ela, seja atravs de partidos polticos seja atravs de lobbies ou
influncia direta nos poderes executivo e legislativo. O resultado que houve uma
desmobilizao generalizada dos movimentos populares.


As pautas de reivindicao, mesmo aquelas colocadas pela imprensa e pela
classe mdia ao longo das jornadas, so fundamentalmente de esquerda exigindo maior
atuao do Estado e polticas que beneficiam a populao mais pobre: investimentos em
transporte coletivo, sade e educao. Nesse sentido podemos pensar que h, em certa
medida, uma cobrana daquilo que os governos, sobretudo os do Partido dos
Trabalhadores, prometeram e no cumpriram. Pesquisa realizada pelo Ibope em julho de
2013 mostrava que entre aqueles que participaram dos protestos apenas 13% se
identificavam com o PT enquanto que entre os que no participaram esse nmero
chegava a 23%. Por outro lado o principal partido oposicionista esquerda, o PSOL, era
visto com o partido preferido por cerca de 9% daqueles que saram s ruas e por apenas
0,5% por aqueles que no protestaram.
A manifestao do dia 17 evidencia no apenas o aumento exponencial no
nmero de participantes como tambm uma mudana significativa no perfil dos
participantes. De acordo com pesquisa realizada pelo Datafolha, 71% dos manifestantes
estavam participando de um protesto pela primeira vez. Eram jovens, 53% deles com
menos de 25 anos, sem preferncia partidria, 84% deles, em sua maioria com ensino
superior, 77%. Durante os momentos finais da campanha contra o aumento das
passagens, a luta foi tomada de assalto pela difuso de pauta. Quando o aumento foi
revogado, a agitao permaneceu rf e a difuso de pauta se apoderou de vez do
processo. Estabeleceu-se assim um ativismo bastante difuso e muito pouco orientado a
resultados.

Uma histria ainda presente

Uma das facetas que demonstraram a fora dos movimentos reivindicatrios em
Junho de 2013 no Brasil, e principalmente em So Paulo, refere-se apropriao
espacial da cidade. Embora essa apropriao ocorresse em quase todos os dias das
manifestaes de rua, sendo a causa principal dos primeiros conflitos com a polcia,
pouco se falou acerca desse aspecto. A luta pelo transporte tambm uma batalha pela
ocupao de uma cidade que expressa as relaes de classe e segregada uma parcela
significativa de seus habitantes.
De um lado v-se uma clara disputa entre aqueles que acreditam no direito de
autodeterminao dos manifestantes, expresso na prerrogativa de escolher quando e
onde podem protestar, e o poder pblico que deseja limitar esse direito recomendando


os horrios e determinando o trajeto que as manifestaes devem seguir. Na lgica
seguida pelo MPL, cidade cindida e articulada pelos interesses das classes dominantes
e, nesse sentido, no seguir as orientaes da polcia militar , de alguma forma,
questionar os espaos que a elite econmica junto com o poder pblico se acham no
direito de impor queles que entendem as ruas como um espao de luta de classes.
Para melhor compreendermos esse processo de formao de uma cidade cindida,
separada por classes sociais, necessrio analisarmos de que forma a metrpole foi
sendo delineada. Para isso, uma questo inicial entender que desde o incio do sculo
XX houve uma grande expanso geogrfica da cidade, com a transformao de antigas
chcaras em bairros; uma expanso no ocorreu de forma espontnea. A incorporao
de novas reas ao projeto oficial de urbanizao promove uma valorizao desses
espaos, que passam a receber infraestrutura e melhorias valorizando reas que depois
serviriam para a especulao imobiliria. Segundo Rolnik (1999), o surgimento dos
bairros mais ricos possibilita um forte processo de valorizao espacial na cidade de So
Paulo,
Esse processo de valorizao espacial permite, entre outras coisas, o surgimento
de dois tipos de bairro: aquele com melhorias e equipamentos urbanos, direcionados
elite, e aqueles que pouco ou nada possuem de infraestrutura bsica, relegado aos mais
pobres, entre esses, o operariado. Essa diferenciao entre bairros permite elite
marcar no espao sua presena, sua fora econmica, ao se definir um diferenciado
padro de construes de casas na regio central, propiciando a formao de uma cidade
espacialmente excludente, no qual ricos habitem, enquanto que nas baixadas midas e
pantanosas se aglomerava a pobreza, com casas minsculas e cortios, representando o
local de moradia da populao operria.
Essa separao geogrfica ocasionava, alm das grandes diferenas de
tratamento pelo poder pblico (acesso a saneamento bsico, ruas arborizadas), o reforo
de um preconceito econmico e social que vai permanecer como um aspecto central da
sociabilidade paulistana. Da cidade onde viviam muitos estratos sociais servia apenas a
uma elite. Quase tudo nela levava em considerao a lgica do lucro fcil e imediato.
Aqueles que podiam pagar mais recebiam tambm mais benefcios. Aqueles que foram
os que realmente realizaram a tarefa de transformar a cidade de So Paulo em grande
capital estadual, pouco usufruram dessas mudanas.
A cidade que surgiu dessa dinmica como segregada, j que, determinada
espacialmente pela elite e dirigida por ela, os melhoramentos que a cidade aos poucos


recebia, quase nunca chegavam s regies mais pobres, ou chegavam de modo bastante
atrasado em comparao aos bairros de elite. Isso aconteceu, porque a cidade de So
Paulo entraria num processo de valorizao de suas terras que se acentuava com a
"privatizao" dos servios de melhorias que aqui entraram com as empresas
estrangeiras interessadas nesses negcios. Ao Capital, interessou primeiramente o lucro
e depois o uso da melhoria. Aos operrios sobraram as reclamaes.
Dito isso, preciso pensar o transporte pblico no apenas como uma questo de
locomoo no cotidiano entre casa e emprego ou escola. Mais que isso a possibilidade
de usufruir e viver a cidade, questionar as relaes mercantis do transporte pblico
significa impor um questionamento acerca do papel do poder pblico e ainda das
relaes sociais e econmicas na ocupao do espao urbano. Como afirma o prprio
MPL em sua carta de princpios, o movimento pretende fomentar a discusso sobre os
aspectos polticos e econmicos da cidade e para isso preciso ir alm da proposta de
tarifa zero, preciso rediscutir o crescimento desordenado das metrpoles, as relaes
entre a cidade e o meio ambiente, a especulao imobiliria e a desigualdade social
8
.

Uma possibilidade de interpretao

Ainda que no se possa dizer com certeza que essas manifestaes tenham sido
efetivamente maiores que as do Fora Collor, em 1992, ou as da campanha pelas eleies
diretas, em 1994, certamente elas podem ser entendidas como mais significativas em
pelo menos dois aspectos: em relao Diretas J, esse movimento se mostrou
vitorioso, dado que em os reajustes foram revistos em mais de cem cidades e, por outro,
pela forma horizontal e pelo carter autogestionrio, isto , por se tratar de um
movimento sem lderes e sem partidos que fossem capazes de lhe direcionar. Para alm
da reivindicao central, as mobilizaes de junho no apenas colocaram ou
recolocaram novas pautas na agenda poltica como pressionou o governo federal a
adotar programas a muito tempo desejados por movimentos sociais como o aumento
nos investimentos federais em sade e educao.
Durante muitos anos, os novos movimentos viveram sob uma tenso entre
processo e resultado. A experincia dos protestos de junho deixa dois legados opostos: o
da mais extrema disperso processual e o da frtil conjugao de processo e resultado na

8
[Link]/apresentao/carta-de-principios


luta contra o aumento. A revogao dos aumentos foi uma vitria importante dos
movimentos sociais, no apenas pelo valor representado mas sobretudo pelo carter
pedaggico e pela estratgia utilizada. Quando comparado a outros movimentos com
organizao semelhante este pode apresentar um ganho claro justamente por propor
uma meta bem definida e [Link] se distancia, por exemplo, das manifestaes
como do Occupy Wall Street.
Partindo da anlise de Gohn
9
, a construo de novas concepes e possibilidades
de luta, aliada s transformaes ocorridas no apenas na estrutura das sociedades
capitalistas ocorridas nas ltimas trs dcadas, abriram espao para a formao de novos
movimentos sociais com estratgias distintas das utilizadas at ento e, mais que isso,
com novas reivindicaes. Esses movimentos, como diversos outros, questionam as
tradicionais relaes entre Estado e sociedade e mercado, sem entretanto buscar
insero nas esferas de poder, como ocorre geralmente com as Organizaes No-
Governamentais (Ongs), nem tampouco tentam suavizar os conflitos ou prestar
assistencialismos.
Assim as manifestaes no convencionais (boicotes, protestos, intervenes
urbanas, atividades ilegais de diversas ordens incluindo atividades violentas, etc) no
tentam buscar o apoio daqueles que possuem maior prestgio social ou poder de deciso
dentro das esferas governamentais, mas, ao contrrio, despertar uma parcela da
sociedade que vitimada por aqueles. Para isso, entretanto, sabe-se que no possvel
abrir mo de protestos no convencionais que chamem a ateno da mdia, que ganhem
a maior cobertura possvel (ainda que, segundo acusam, disso possa vir menos
informao que manipulao ou distoro).
Com essa exposio na mdia abre-se, entretanto, a possibilidade de transformar
determinadas questes em problemas e que, a partir disso se abram espaos para debates
pblicos nos quais de algum modo possam apresentar proposies alternativas. Essa
linha de pensamento descarta a viso habermasiana de democracia deliberativa e tende a
se aproximar de Ehremberg
10
, segundo a qual o prprio capitalismo, em seu
funcionamento, pode estar pondo em risco as demandas democrticas da sociedade.
Assim, a aposta na fora da sociedade civil significa tambm apostar em uma estratgia

9
GOHN, Maria. Teoria dos movimentos s ociais: par adigmas c lssicos e contemporneos. So Paulo:
Edies Loyola, 1997. Pg. 301 e ss.
10
EHRENBERG, John. Civil society, the critical history of an idea. New York University Press, 1999.


com elevado risco de fracasso no prprio sentido da luta, como lembra Ortellado, para
um grupo como o MPL
precisa ser muito cuidadoso na maneira como conduz o processo, na maneira
como zela por sua democracia interna. Outro elemento que ajuda a entender
isso que essa nova democracia traz para o jogo poltico pessoas que no
tm experincia poltica. Com os envolvimentos de massa antigos, voc
tinha lideranas que conduziam. As opes estratgicas e as decises eram
tomadas por dirigentes que tinham pleno entendimento do funcionamento da
poltica. Como esses movimentos so muito mais democrticos, no sentido
de que eles efetivamente tomam as decises importantes conjuntamente, isso
faz com que pessoas que no tm experincia poltica participem da poltica
e tentem aplicar restries caractersticas da vida pessoal, que o
principismo: a ideia de que devo reger minhas aes por princpios. Ao que
passo que, na poltica, quando voc busca resultados prticos de curto prazo
voc mede suas aes no por princpio, mas por resultado.
Ao contrrio das Ongs que buscam fazer a mediao entre os coletivos
organizados e as instituies governamentais, esses movimentos sabem que suas
reivindicaes principais no sero levadas a cabo dentro das esferas de poder
institudas, mas ao mesmo tempo reconhecem o poder do Estado como esfera de
deciso dos destinos dos povos e que este, junto com o poder mais abstrato e mais
impessoal do mercado, no apenas produz ou reproduz uma ideologia como tambm
desenha a estrutura mental e a estrutura objetiva sob as quais os homens pensam e
agem. Assim contrapor-se a ambos necessariamente a motivao fundamental desses
movimentos.
Nega-se a viso do Estado enquanto agente de reao e transformao social. O
Estado deixado de lado na medida em que esses movimentos passem a travar suas
batalhas num espao, cada vez mais, de natureza simblica. Numa anlise da sociedade
enquanto sistemas simblicos complexos baseados na informao pode-se vislumbrar a
potencialidade de aumento de autonomia dos indivduos ao mesmo tempo em que novas
possibilidades simblicas ampliam as suas possibilidades de atuao. Nesse sentido, a
fora dos movimentos sociais esta cada vez mais nas palavras e menos nos aparatos pois
so estas palavras que tendem a impulsionar novas relaes sociais isso,
evidentemente, se aceitarmos que estas espelham as relaes entre os atores sociais.
As manifestaes de junho evidenciam uma tentativa de reunir o maior nmero
possvel de militantes de diversos grupos e movimentos no maior nmero possvel de


cidades. As manifestaes tm um carter de contestao e ao mesmo tempo um carter
pedaggico para os militantes. Essas pessoas formam um grupo difuso no momento das
manifestaes, dado que no possuam vnculos anteriores, e muitas vezes assim
permanecem devido inexistncia de uma direo ou liderana externa.
A partir do estudo de Larissa Lomnitz
11
, acerca da populao marginalizada da
Amrica Latina, podemos apontar alguns subsdios para a anlise do modo como se
organizam: a partir de redes de comunicao nas quais os grupos ou indivduos se
afiliam e cooperam; essas redes so constitudas e operam de acordo com interesses ou
ideologias ou seja, por afinidades e reconhecimento mtuo; o tamanho e a estabilidade
das redes independem de fatores geogrficos; as afiliaes s redes se baseiam na
igualdade entre os seus membros.
De acordo com Alberto Melucci, nas sociedades complexas a substncia das
transformaes em curso s podem ser entendidas a partir da anlise dos conflitos no
campo da cultura. Assim, os movimentos sociais possuem fora na medida em detm
capacidade de interveno sobre a ordem simblica. Nesse sentido as lutas possuem
duas caractersticas distintas e ao mesmo inseparveis: a imanncia e a transcendncia.
Possuem um diagnstico do real e ao mesmo tempo tentam extrair deste um potencial
emancipatrio, ou seja apresentam um diagnstico que s possui sentido quando aliado
a um prognstico. Significa dizer que as molduras ou quadros interpretativos
apresentam valores culturais e pressupostos morais.
Ao conseguir a revogao do aumento e, em certa medida, conseguir colocar em
pauta o debate acerca da tarifa zero o MPL impe um novo debate na agenda poltica.
Significa dizer que o movimento conquista uma dupla vitria, a de reduzir o custo das
passagens e trazer para a centralidade do debate poltico a tarifa zero por meio de uma
ao autnoma com uma estratgica clara o mais importante legado dos protestos de
junho, colocando com isso no apenas um novo paradigma para as lutas sociais no
Brasil, mas um modelo de ao que combina a poltica horizontalista dos novos
movimentos com um maduro sentido de estratgia.
H assim uma normatividade, no apenas apresentam as coisas tal qual elas so
como tambm vislumbram buscar uma certa teleologia. Como sugere Ernesto Laclau
12
,

11
LOMNITZ, Larissa. Como sobrevivem los marginados. Mxico: Siglo Veinteuno, 1975. Obs.: usamos
essa obra como um certo referencial metodolgico e, sobretudo, um ponto de referncia para comparao.
12
LACLAU, Ernesto. Os novos movimentos sociais e a pluralidade do social. In. Revista B rasileira
Cincias Sociais, v.1, n 2, 1986.


preciso questionar se esse tipo de chave interpretativa que explica sobretudo as novas
lutas scias das sociedades capitalistas complexas ou ps-industriais podem ser usadas
para os conflitos sociais do terceiro mundo. Enquanto os movimentos sociais da Europa
do Welfare State buscam expandir direitos, abrir novas possibilidades em cdigos,
normas e condutas, repensar formas de insero e participao polticas, no Brasil, e nos
pases perifricos do capitalismo em geral, as reivindicaes populares ainda
concentram-se em na busca de garantir um suporte mnimo de direitos sociais que lhes
garanta a sobrevivncia.
Se tentarmos analisar dentro de um quadro terico pautado por autores como
Honneth ou Fraser, no qual o sentimento de injustia vai alm das questes puramente
econmicas, tenderamos a nos associar a esse diagnstico quando nos reportamos s
questes mais especficas das novas lutas, entretanto no h como negar o carter
classista das reivindicaes e menos ainda a centralidade do fator trabalho, ou mais
exatamente a crise da sociedade baseada no emprego formal e do Estado de bem-estar
social como catalisadores dos sentimentos de injustia. Para os movimentos sociais que
buscam transformaes sociais, a partir das jornadas de junho houve uma nova luz,
novas imagens, narrativas e anlises novamente irromperam. Ainda que qualquer
balano disso seja ainda incerto, certo que o fogo no se apagou e que uma pequena
fagulha ainda pode causar grandes incndios.

Bibliografia

BATISTA, Pedro C. Jornadas de junho: as ruas so ocupadas e ganham vozes.
Curitiba: Cromos, 2014.
BAYNES, Kenneth. A Critical perspective in civil society and the State, in:
N.L. Rosenblum & R.C. Post (ed.). Civil society and government. Princenton: Princeton
[Link], 2002.
CHOMSKY, Noam. Notas sobre o anarquismo. So Paulo: Imaginrio: Sedio
Editorial, 2004.
DELLA PORTA, Donatella e Mario Diani. Social movements, an i ntroduction.
Oxford: Blackwell,
DOIMO, Ana. A voz e a v ez do popul ar: movimentos s ociais e par ticipao
poltica no Brasil ps-79. Rio de janeiro, ANPOCS, Relume Dumar, 1995.


EHRENBERG, John. Civil s ociety, the c ritical history of an idea. New York
University Press, 1999.
FRAZER, Nancy & HONNETH, Axel. Redistribution or r ecognition? A
political-philosophical exchange. London: Verso, 2003
GOHN, Maria. Teoria dos m ovimentos s ociais: par adigmas c lssicos e
contemporneos. So Paulo: Edies Loyola, 1997.
HONNETH, Axel. Luta por r econhecimento: a gramtica moral dos conflitos
sociais. So Paulo, Editora 34, 2003.
JUDENSNAIDE, Elena et. al. Vinte centavos: a luta contra o aumento. So
Paulo: Veneta, 2013.
KLEIN, Naomi. No Logo: a t irania das marcas em um pl aneta vendido. Rio
de Janeiro: Record, 2002.
LACLAU, Ernesto. Os novos movimentos sociais e a pluralidade do social,
Revista Brasileira Cincias Sociais, v.1, n 2, 1986.
LUDD, Ned (org.). Urgncia das r uas: Black Block, Reclaim t he St reets e os
Dias de Ao Global. So Paulo: Conrad Editora do Brasil, 2002.
MARICATO, Erminia et. al. Passe Livre e as manifestaes que tomaram as
ruas do Brasil. So Paulo: Boitempo: Carta Maior, 2013.
MELLUCI, Alberto The new social movements: a theoretical approach,
Social Science Information 19, 2, 1980.
MELLUCI, Alberto. A i nveno do pr esente, m ovimentos s ociais nas
sociedades complexas. So Paulo, Vozes, 2001.
OFFE, Claus. New social movements: challenging the boundaries of institutional
politics, in: Social Research, v. 52, n.4, 1985.
ORTELLADO, Pablo e RYOKI, Andr. Estamos vencendo: r esistncia global
no Brasil. So Paulo: Conrad Editora do Brasil, 2004.
RITZER, George. The McDonaldization of Society. Thousand Oaks: Pine Forge
Press, 1996.
RUCCI, Rud e ARLEY, Patrick. Nas ruas: a outra poltica que emergiu em
junho de 2013. Belo Horizonte: Letramento, 2014.
SOUZA, Jess. A c onstruo s ocial da s ubcidadania: par a um a s ociologia
poltica da modernidade perifrica Belo Horizonte, Editora UFMG, 2003.
WINTERS, Matthew e Rebeca Shapiro. Partisans protesters and nonpartisan
protests in Brazil. Journal of Politics in Latin America. Vol. 6, n1 (2014).





En las fronteras del sistema representativo
La no penetracin estatal y el abstencionismo menonita


A. Gabriel Daz Zolorzalo
32.390.120
[Link]@[Link]
Senado de la Nacin
Politlogo UBA/UTDT

Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso Internacional sobre Demo-
cracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosa-
rio. Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014
Posibles reas temticas:
Instituciones polticas y calidad de la democracia
Sociedad Civil, Democracia Participativa y nuevos actores polticos

Abstract
El trabajo busca centrarse sobre los lmites del sistema de representacin poltica.
La democracia representativa tiene como caracterstica distinguida la eleccin de los representantes
por medio de la participacin electoral de la ciudadana. Ahora bien, se realiza un estudio de caso que busca
dar cuenta del porqu de la continuacin del abstencionismo electoral menonita. Cerca de 200 miembros de la
comunidad Colonia Menonita Nueva Esperanza se encuentran inscriptos en el padrn electoral de Gua-
trach (La Pampa), pero se rehsan a elegir representantes. De frreo cumplimiento del ascetismo protestan-
te, se apegan a una vida de sacrificios para alcanzar la salvacin.
En paralelo, no se comprueba de los partidos polticos guatrachenses el comportamiento esperado.
Desde Anthony Downs, se aguarda que estos busquen maximizar su caudal electoral de una eleccin a otra, en
competencia con sus rivales por acceder a la oficina pblica. No obstante ello, el fenmeno de la captacin
electoral no ocurre actualmente. Qu costos enfrentan los partidos? Qu condiciones limitan la coopera-
cin de la minora religiosa? Se pretende contribuir a una dimensin importante para los partidos polticos en
su conexin con la sociedad: Cmo maximizar votos frente a electorados reacios a la movilizacin electoral?
Se da cuenta de la fuerte estructura de costos para la vinculacin partidaria con esta porcin de la
sociedad y se aporta una explicacin sobre los fenmenos que explicaran la impotencia de los partidos para
la convocatoria.










2


Desde nuestra perspectiva, sabemos que puede hallarse suficiente evidencia para la inferencia
causal mediante un anlisis denso de los casos. Particularmente se entiende que la perspectiva me-
todolgica de la etnografa bien aplicada a la Ciencia Poltica puede echar luz sobre los lmites del
sistema de representacin poltica.
En este trabajo se buscar un acercamiento a la cuestin de manera exploratoria, tratando de
dar cuenta mnimamente de la relacin entre la variable explicada y las explicativas. Es importante
destacar igualmente que siendo este un estudio de un solo caso, las posibilidades de generalizar es-
tos postulados se ven reducida en su mxima expresin. Dicho suceso sobreviene necesariamente a
partir de la excepcionalidad que enfrentan las unidades de anlisis; o sea, los partidos polticos loca-
les.
Para dar cuenta del porqu de la continuacin del abstencionismo electoral menonita es preci-
so reducir la amplitud del espectro para enfocarnos intensivamente sobre las motivaciones y limita-
ciones de los actores. En el mismo sentido, la observacin no puede hacerse desentendida de una
pieza de teora que nos guie en el propsito de responder una pregunta de investigacin.
Es fundamental enmarcar este anlisis inserto en el recorrido que otros ya han iniciado con la
pretensin de coadyudar a promover nuevas explicaciones. En este sentido, el carcter exploratorio
que tiene este trabajo busca observar en los mrgenes del sistema representativo cual es el desem-
peo de los partidos polticos en su relacionamiento con la sociedad en general, pero particularmen-
te con minoras recalcitrantes no dispuestas a emitir su voto.
De este modo, cabe preguntarse porqu los partidos polticos de Guatrach no han pretendido
maximizar sus votos por medio de la conquista de los 198 menonitas empadronados en su ejido
municipal, pero residentes a 30 kilmetros en la Colina Menonita Nueva Esperanza.
El enfoque respecto de las motivaciones y costos de los actores es central, pero tambin es
importante dar cuenta de la estructura institucional que recortan sus mrgenes de accin y preferen-
cias. La respuesta a ello viene dada por la trayectoria de los casos, donde los lderes de los partidos
tienen diversos incentivos y se sopesan distintos costos, lo que los determinan por accionar o no.
Las restricciones del ambiente a la decisin recortan considerablemente el margen de maniobra de
los polticos en su pretensin por maximizar los votos. De esta manera, anticipamos que habiendo
198 que no estn siendo emitidos, esperaramos que el Partido Justicialista de Guatrach (PJ) y/o el
Frente Pampeano Cvico y Social (Frepam) libren los medios que consideren necesarios para con-
quistar ms votos que su contrincante en elecciones.
La eleccin de las unidades de anlisis debe ser aclarada en este punto. La literatura de la
Ciencia Poltica es frondosa en cuanto a formas de contar partidos. En este caso en particular, podr-
an haberse incluido tambin nuevos partidos que en algn punto han ido reconfigurando el clsico
bipartidismo pampeano. Especficamente para el caso de Guatrach, desde la eleccin desde 2011
se comprueba la aparicin de nuevas asociaciones polticas, en su mayora extracciones del Partido
Justicialista. Por un lado, el Encuentro por la Democracia y la Equidad (EDE-Nuevo Encuentro)
con 371 votos, en su debut electoral en la eleccin general del ao 2011. Por otro, Comunidad Or-
ganizada (CO) debut en los mismos comicios obteniendo 142 votos para la categora Intendente.
Es importante destacar que ambos partidos se contenan en una lista sbana en virtud de sus acuer-
dos a nivel provincial y nacional.

3

El Nuevo Encuentro concurri con la candidatura de Cristina Fernndez de Kirchner a la ca-
beza y a continuacin listas propias, incluyendo la de Diputado Nacional a la que adhiri el Justicia-
lismo. Por otro lado, CO tambin posea una lista propia para todos los candidatos provinciales,
incluido un candidato a gobernador de relativo peso especfico en la ciudad de Santa Rosa y con
altos niveles de conocimiento entre los votantes, a diferencia del EDE-NE. Como candidato a Presi-
dente, encabezaba la boleta Alberto Rodrguez Saa (Alianza Compromiso Federal).
Ahora bien, se considera que para afrontar los costos que insumira la movilizacin de los
menonitas con fines electorales es requerido determinado arraigo que se logra slo con tiempo
afianzado en el terreno, habiendo gobernado la Municipalidad local en al menos una ocasin desde
el retorno de la democracia. En estas condiciones, los lderes partidarios gozaran de mayor infor-
macin y disposicin de bienes para movilizar electoralmente a los menonitas. Solamente el Frepam
y el PJ se han alternado en el ejercicio de la Intendencia desde 1983 hasta la fecha y bien conocen
las vas para maximizar sus votos al menos entre el electorado tradicional. Entre ambos, concentra-
ron el 75,8% de las preferencias electorales (sobre un participacin del 80%) del padrn para las
elecciones de 2011 (Tabla 1).
A pesar de ello, tambin se incluye la entrevista de Hctor Rolando, ex Intendente durante los
aos 90 por el Partido Justicialista. Actualmente, el lder partidario dirige una extraccin poltica
peronista de centroderecha (CO) y ha ido incrementando sistemticamente los votos desde 2011,
tanto en elecciones PASO como en las generales para todos los cargos. Por eso se considera impor-
tante y necesaria la inclusin de su testimonio. Se entiende que su posicin dota al actor de la in-
formacin necesaria y acceso a medios para, al menos, intentar una aproximacin con los menonitas
independientemente que no posea una estructura militante tan nutrida como la de los dos partidos
mayoritarios, elemento vital para concretar la avanzada.

Tabla 1.
ELECCIONES 2011 - GUATRACHE
INTENDENTE

Electores: 3724 - Votantes: 2956 79,38%

Nombre
N Partido Intendente %
2 P.J. 997 34,30% Jacob, O.
501 FREPAM 1244 42,79% Lehr, R.
516 NUEVO ENCUENTRO 371 12,76% Herbsommer, D.
522 COMUNIDAD ORG. 142 4,88% Castao, N.
BLANCO 153 5,26%
IMPUG. 49
TOTALES 2956 100,00%
Fuente: datos oficiales. Elaboracin propia

4


La premisa fundamental de este trabajo se obtiene del postulado de Anthony Downs en su
An economic theory of democracy de 1957. All, el autor sostiene que los partidos polticos encuen-
tran fortsimos incentivos para participar en elecciones de modo de acceder a cargos pblicos y di-
cha conquista no puede ser alcanzada sino es por medio de la maximizacin de los votos, en tanto
compiten entre ellos bajo las reglas de una democracia representativa.
Political party is a coalition of men seeking to control the governing by legal means. They make efforts
to get some of their being elected to office. (DOWNS, Anthony. An economic theory of democracy. 1957.
Pg. 24-25)

Desde la perspectiva terica propuesta por Downs, los partidos seran un conglomerado de
personas unidas por el mismo objetivo: conseguir votos. Entonces, no buscan ganar para implemen-
tar una serie de polticas pblicas sino, por el contrario, obtener las retribuciones especiales que
emanan de la oficina pblica. Entonces, la propuesta electoral es un mero medio para acceder a los
cargos y, por lo tanto, se revela fundamental para los lderes maximizar la cantidad de votos de
eleccin en eleccin de modo de garantizar una victoria que les permita continuar en sus puestos o
bien conquistarlos desde la oposicin.
Parties formulate policies in order to win elections, rather than win elections in order t o formulate policies.
(DOWNS, Anthony. An economic theory of democracy. 1957. Pg. 28)

Segn postula la teora, el objetivo principal de los lderes sera que los elijan para poder
ocupar una posicin gubernamental. En este sentido, es importante subrayar que se esperara una
preocupacin central de los dirigentes de los partidos polticos por sacar ms votos que cualquier
otro. La competencia electoral en la democracia liberal posee reglas claras que enmarcan las accio-
nes de los actores a los mrgenes legales pero que tambin proporcionan incentivos que promueven
la adaptacin y el cambio.
Since none of the appurtenances of office can be obtained without being elected, the main goal of every
party is the winning of elections. Thus all its actions are aimed at maximizing votes, and it treats policies
merely as means towards this end. (dem. Pg. 35)

Las asociaciones de participacin poltica poseen la capacidad de vincularse con el medio so-
cial. En este sentido, desarrollan estrategias para agregar demandas de grupos de individuos orde-
nados segn intereses y preferencias similares. Resulta entonces que, a lo largo del tiempo, diversas
y profundas diferencias dieron lugar a transformaciones entre los grupos de la sociedad y ello podr-
a haber derivado en cambios que afectan la forma en la que los partidos hacen uso de distintas es-
trategias para vincularse. Entonces, se puede sostener que, en trminos generales, ha habido un
sistemtico proceso de adaptacin al medioambiente, al que los partidos slo han podido modificar
parcialmente. A partir del desenvolvimiento de las fuerzas sociales, las organizaciones partidarias
no slo han readaptado su organizacin interna sino que tambin han invertido recursos para otor-
gar nuevos o distintos incentivos, explorando novedosas vas para relacionarse con la sociedad.
Poguntke (2002. Pg. 59) ofrece un acercamiento a esta cuestin al sostener que si bien se
asiste a un claro y marcado descenso en los niveles de afiliacin en relacin al electorado, los parti-
dos polticos de Europa Occidental han sabido sostener el vnculo con la sociedad de diversas ma-
neras. Una de ellas ha sido a travs de una organizacin colateral al partido, siendo la primera una

5

va de este ltimo para salvaguardar la ligazn que conecta la elite partidaria y los segmentos tradi-
cionales de la sociedad. Incluye a potenciales miembros del partido y participantes de las organiza-
ciones colaterales que defienden, desde estas, intereses sociales relativamente homogneos.
While l inkage t hrough collateral organizations has been l argely maintained despite a gradual
erosion of its effectiveness, the decline of the party membership has been directly visible. (dem)
Asimismo, Poguntke sostiene que los partidos tambin pueden vincularse a partir de nuevos
movimientos sociales que proveen una conexin con segmentos individuales del electorado. Posi-
blemente, como se podra asumir, los cambios que describen los distintos tipos ideales partidarios
responden a mutaciones en la sociedad. Las sucesivas transformaciones, entonces, podran haber
causado el fin de algunos partidos, cambios en los existentes o dieron vida a nuevas asociaciones
que se insertaron en las divisiones de los distintos grupos que interactan en el medio social.
La estructura de cleavages imprime necesidades de adaptacin, lo que requiere inversiones
para posibilitar el cambio de su organizacin interna. Entonces, las transformaciones podran en-
tenderse, en parte, por el medio social con el que se intercambiaran alternativamente distintos
vnculos. La propuesta de Poguntke puede interpretarse como una conexin indirecta con el medio,
en tanto participa como canal una organizacin colateral o nuevo movimiento social. Asimismo, la
disminucin de la membresa no sera otra cosa que el parcial atrofiamiento de una porcin de la
estructura interna del partido, especficamente aquella dedicada a ligar la asociacin con la socie-
dad. En resumen, la disminucin de la membresa y los activistas partidarios dispuestos a la movi-
lizacin podran estar dando paso a una mediacin an ms directa con la sociedad a travs de los
medios masivos de comunicacin, por ejemplo.
Ahora bien, puede creerse que esta vinculacin ms directa con la sociedad repercuta en la
naturaleza del vnculo tambin. Es posible asumir que dicha relacin puede devenir a partir de so-
pesar costos y beneficios. En este trabajo se contemplan los intercambios basados en programas y
proyectos de gobierno e incentivos selectivos tales como el patronazgo o compra de votos para
atraer candidatos, obtener votos y ganar cargos para el partido. En contraposicin, el patrn domi-
nante de la relacin con la sociedad podra ser con arreglo a valores, guiado por la emocin ms
que por la razn, propio del lder carismtico y la masa.
Charisma pertains to an individuals unique personal skills and powers of persuasion that instill
followers with faith in the leaders ability to end suffering and create a better future. Charismatic au-
thority involves asymmetry between leaders and f ollowers, but also directness and passion. (Kitschelt,
Herbert. 2000. Linkage between citizens and politicians in democratic polities, en Comparative Polit-
ical Studies 33: 6/7. Pg. 849)
En lo que respecta a los intercambios racionales, es importante destacar que para el caso de
Brasil, Hagopian; Gervasoni y Moraes (2009) encuentran un cambio en la naturaleza de la relacin
con el medio social al comprobar que podra darse un nuevo patrn dominante de la vinculacin.
Por un lado, vemos que el clientelismo constituye una lgica de intercambio asimtrico pero de
mutuo beneficio donde a cambio del voto se transan incentivos selectivos materiales. Adems, por
otro lado, los links programticos con el electorado implican el ofrecimiento de una serie de medi-
das de poltica pblica mediante la cual pretenden acceder al gobierno. En este ltimo caso, los
votantes slo son compensados indirectamente sin el otorgamiento de ningn incentivo selectivo y

6

sera un nuevo cleavage que se estabiliza en el sistema de partidos brasilero desde medios de los
90.
The definitional difference, between programmatic and clientelist parties, is not teleological in
the purposes that the parties serve. The definitional distinction is procedural, in terms of the mode of
exchange between constituencies and pol iticians. (Kitschelt, Herbert. 2000. Linkage between citizens
and politicians in democratic polities, en Comparative Political Studies 33: 6/7. Pg. 850)

Antes de abordar la cuestin de fondo de este trabajo, se cree necesario un encuadre mayor
que contextualice nuestro objeto de estudio. Tal vez Poguntke pueda estar pensando ms bien en
partidos de la Europa Occidental al apreciar nuevas formas de vinculacin. Si bien Hagopian; Ger-
vasoni y Moraes (2009) encuentran que los vnculos partidarios con la sociedad han y/o estn mu-
tando en Brasil, se requiere mayor detenimiento sobre la transformacin y mutacin de los partidos
en Amrica Latina. Entonces, frente a la pregunta acerca del fenmeno de este lado del mundo, va-
rios autores han demostrado que ha ocurrido un proceso de adaptacin de los partidos a las varia-
ciones del ambiente.
There has been a c hange i n the nat ure of t he party-organization l inkages: t here have become
more diversified, less organic, and more instrumental. (Collier, Ruth Berins y Samuel Handlin (Eds.).
2009. Reorganizing Popular Representation in Latin America, Penn State University Press. Pg. 143)

Levitsky y Roberts (eds.) (2011), directamente asumen que los partidos latinoamericanos (es-
pecialmente aquellos de izquierda) se han readaptado a todo un nuevo contexto de competencia
democrtica y bajo una suerte de compromiso histrico regional, prometen en elecciones realizar
los principios de la justicia social e igualdad en el acceso a la riqueza por la va constitucional,
abandonando la lucha insurreccional y revolucionaria. Entre ambos grupos de autores reconocen la
adaptacin de los partidos a novedosas formas de vinculacin. En el mismo sentido se orienta el
aporte que realizan a la adaptacin de los partidos populistas de Amrica Latina Burgess y Le-
vitsky (2003). Los cientistas proponen que las asociaciones polticas enfrentan incentivos externos
que combinados con la capacidad organizacional para la adaptacin, arrojan diferentes estrategias y
variaciones de grado respecto del xito adaptativo. De este modo, parece comprobarse que algunos
partidos y movimientos latinoamericanos han experimentado importantes transformaciones en la
forma que se organizan y vinculan con el medio social.
Particularmente la Argentina no ha sido ajena a este fenmeno y prueba de ello es el ejemplo
del Partido Justicialista. Steven Levitsky (2005) propone un anlisis de caso donde analiza la trans-
formacin del Justicialismo desde lo que l denomina como el partido de base sindical al partido
de base clientelista entre 1983 y 1999.
La veloz adaptacin del PJ fue posible merced a una estructura partidaria de masas muy dbilmente institucio-
nalizada. El PJ conserva una poderosa organizacin de masas, con profundas races en la clase obrera y los sectores
populares, pero difiere de otros partidos obreros ms prototpicos por la fluidez de su estructura interna. (Levitsky, S.,
traduccin Wolfson, L. (2005). La transformacin del justicialismo: Del partido sindical al partido clientelista, 1983-
1999 (Vol. 5). Buenos Aires: Siglo XXI. Pg. 4)

El autor reconoce que a partir de 1983 el PJ sufri un notable cambio en la composicin de su
coalicin y, en poco ms de una dcada, se transform de un partido de base sindical en un partido
que se vincula principalmente con la sociedad va clientelismo. Con el correr del tiempo, el parti-
do pareciera haber ido sufriendo la fuga de los cuadros sindicales con el objetivo de atraer a votan-

7

tes de clase media e independientes (dem. Pg. 148). Asimismo, Levitsky sugiere que, afianzado
el cambio, dichos vnculos sindicales fueron reemplazados por la extensin de redes clientelares
extendidas desde las oficinas pblicas del Estado para vincularse con la clase obrera y los sectores
populares.

Luego del recorrido bibliogrfico, hemos podido establecer el marco terico que se cree nece-
sario para encuadrar el presente anlisis. Contrariamente a lo que se ha demostrado, los partidos
polticos de Guatrach pareceran no haber adoptado novedosas formas de vincularse con la socie-
dad. Luego del retorno de la democracia y el asentamiento de los menonitas en la zona a mediados
de los aos 80, no se comprueban intentos por maximizar sus votos intentando romper con el abs-
tencionismo menonita. De all la motivacin de este trabajo.

Hiptesis 1. En presencia de una minora tnica religiosamente homognea no dispuesta a vo-
tar, los partidos polticos tendrn que invertir recursos para adecuar su organizacin para movilizar
ese electorado a las urnas.
Hiptesis 2. Donde coincida el lder religioso con el lder poltico, los partidos vern menos
incentivos y ms resistencias para la maximizacin electoral. Ms an si se da en contextos de alta
homogeneidad religiosa.
Hiptesis 3. La falta de internalizacin de las prcticas democrticas en la comunidad recal-
citrante volvera inalcanzables los recursos partidarios requeridos para preconizar una educacin
cvica de los ciudadanos. En contextos patriarcales, la movilziacin de las mujeres a votar podra
ser un desafo maysculo que alzara los costos.
La primera de las hiptesis hace referencia a las fortalezas y debilidades inherentes a la orga-
nizacin, atendiendo a la necesidad de invertir una gran cantidad de recursos para adaptar el partido
a un ambiente que es muy difcil de moldear. Se puede anticipar que en el caso explorado los lderes
encuentran, en la conquista electoral menonita, un desafo maysculo, lo que supone la hiptesis
nmero 3. En este sentido, el arreglo sociocultural y poltico menonita, la falta de una cultura y va-
lores democrticos, podra elevar los costos insumiendo recursos sumamente altos que los partidos
no poseen ni pueden adquirir. De la misma manera, los partidos polticos estaran encontrando an
ms complejo su camino a la maximizacin electoral en contextos de este tipo donde el lder polti-
co mximo coincida con el lder religioso supremo, mxima instancia local de la interpretacin de
las sagradas escrituras y sealador del camino a la salvacin, como en el caso menonita.

Instalados en las llanuras del Sureste de La Pampa hacia 1986, los menonitas son una minora
tnica originaria de los Pases Bajos y Alemania que surgieron de la Reforma Protestante del siglo
XVI, cuando el sacerdote de la Iglesia Catlica Menno Simons (nacido en 1946 en Witmarsum,
Frisia, Holanda) protest, junto a Martn Lutero y Juan Calvino, contra los usos y costumbres de la
Iglesia Catlica y el rol del Papa en Europa. Los seguidores de Menno Simons fueron luego conoci-
dos como menonitas y se han esparcido por todo el mundo, principalmente por Amrica. En este
sentido, puede asumirse que tal dispora haya sido la causa de los distintos tipos de colonias que se
han ido configurando. Dentro de la constelacin pueden ser encontradas algunas ms contempori-
zadoras y abiertas a las influencias del ambiente, mientras que otras, como la de La Pampa, se man-

8

tienen luego de 27 aos muy poco permeables, bajo una frrea interpretacin de las sagradas escri-
turas y el cumplimiento de los deberes en vida como manda Dios para alcanzar la salvacin.
La Colonia Menonita Nueva Esperanza est emplazada en el casco de la antigua Estancia
Remec Chico, final de un importante ramal ferroviario del Ferrocarril General Roca, terminado de
construir por la compaa Ferrocarril del Sud en 1896. Los lotes 20 y 21, que comprenden alrededor
de diez mil hectreas, se organizan en 9 grandes extensiones cuadradas que llaman campos y fue-
ron comprados por los menonitas a mediados de los aos 80, donde residen desde entonces. Segn
relata el menonita Cornelius Knelsen (SANTARELLI, Silvia; CAMPOS, Marta y EBERLE, Claudia. (2004).
Religin, Migraciones y paisaje: los menonitas en Guatrach. 1 edicin: Universidad Nacional del Sur. Baha Blan-
ca. Pg. 66) ingresaron hasta 1999 112 familias en 24 etapas, provenientes de Mxico en su mayora,
de Paraguay y Bolivia. Es importante destacar el alto componente inmigratorio en la familia meno-
nita en tanto se comprueban desplazamientos entre las colonias en el pas o en el extranjero.
Para el caso que se aborda, es preciso destacar la fuerte organizacin de los miembros de la
sociedad frente a la religin. La autoridad poltica deriva de velar por su cumplimiento y no sera
poco riguroso sostener que se han dado para su organizacin poltica interna una teocracia, donde el
lder poltico coincide con el lder religioso que imparte los lineamientos generales que servirn de
base para la interpretacin de la Biblia en la Iglesia y las escuelas. El gobierno menonita tiene como
institucin central un Consejo, que est integrado por un Obispo -mxima autoridad poltica dentro
de la comunidad-, 6 Ministros los predicadores-, 2 Mandatarios conocidos como los representan-
tes de la Asociacin Civil o jefes generales-, 2 Fidelcomisarios guardias internos- y 9 jefes de
campo uno perteneciente a cada campo-. Son elegidos por los varones casados mayores de 18
aos, los nicos habilitados para votar. Los puestos de los jefes de campo se renuevan cada dos
aos y pueden ser reelegidos, mientras que el resto del clero permanece en sus puestos de manera
vitalicia.

Ahora bien, no es objetivo de este trabajo un anlisis exhaustivo del gobierno menonita, pero
sin embargo se releva necesaria una aclaracin que se considera importante a los fines que nos pro-
ponemos aqu. Si bien el gobierno parece ser una institucin colegiada, la mxima instancia es
quien toma las decisiones luego de haber escuchado las opiniones de todos. Un estudio etnogrfico
podra demostrar que el Obispo ocasionalmente intercede en las disputas sino es luego de haber
escuchado las partes y reflexionado al respecto. No es la autoridad suprema quien se relaciona di-
rectamente con el exterior, ya que dicha funcin es de los mandatarios. Cualquier asunto que impli-
que un relacionamiento de la comunidad con los otros es competencia exclusiva de estos menonitas,
que habiendo recabado la informacin necesaria, dan cuenta en la reunin semanal del Consejo los
jueves. De cualquier manera, la ltima instancia de decisin poltica del gobierno resulta ser quien
tambin vela por el cumplimiento del ascetismo protestante.









9

Tabla 2.
Consejo Menonita
Vitalicios
Obispo
Ministro Ministro Ministro Ministro Ministro Ministro


Mandatario Mandatario


Fidelcomisario Fidelcomisario



Electos
cada dos
aos

Jefe Campo #1 Jefe Campo #2 Jefe Campo #3 Jefe Campo #4

Jefe Campo #5 Jefe Campo #6 Jefe Campo #7 Jefe Campo #8
Jefe Campo #9

Por ltimo, en las escuelas se distingue la enseanza de su idioma originario y de religin, no
estando incorporada a la enseanza oficial pblica del Estado pampeano. No obstante estas cuestio-
nes importantes, el objeto de este trabajo no es un anlisis de la comunidad tnica en s, pero rastre-
ar rasgos intrnsecos de la misma podran haber quitado incentivos al PJ y al Frepam para impulsar
su campaa en el territorio de modo de hacerse de los 198 votos menonitas.
Para lograrlo no debemos analizar la cuestin descolocada del contexto. Para dar cuenta de
ello, se propone la revisin de material periodstico que da cuenta de los intentos de penetracin del
Estado provincial en la Colonia Menonita durante el ao comprendido entre octubre de 1997 y el
mismo mes de 1998. Sin dudas, este ha sido el perodo de mayor intensidad en el intercambio entre
los menonitas y el Estado a partir de que es el nico momento en 27 aos en el que el Gobierno de
La Pampa plante avanzar sobre una serie de temas con los colonos.
Como sugiere Oszlak (Oszlak, Oscar. (1982). Reflexiones sobre la formacin del Estado y la construccin
de la sociedad argentina. Desarrollo econmico. Pg. 541), se elige el concepto de penetracin que permite
dar cuenta de una categorizacin analtica. El autor sostiene que el Estado nacional tom forma a
partir de 4 penetraciones: la represiva, que supuso la construccin de una fuerza militar nacional y
la abolicin de los ejrcitos provinciales; la cooptativa, que implic alianzas y acuerdos entre las
elites centrales de Buenos Aires y el interior; la material, que da cuenta del avance de obras y ex-
pansin de los servicios como la salud y la educacin, necesarios para el desarrollo econmico. Fi-
nalmente, la penetracin ideolgica, que consisti en la difusin de valores y smbolos nacionales
que permitan legitimar el sistema de dominacin establecido.
Ahora bien, para el caso que nos ocupa, se considera que el Estado provincial pampeano ha
avanzado solamente con la penetracin represiva, en tanto no existe un cuerpo policial menonita
que impida el ejercicio de la ley. Sin embargo, ms importante aqu se cree que es dar cuenta de la
penetracin del tipo material. En este sentido, el avance de la salud como servicio del Estado ha
sido hasta el momento la nica penetracin exitosa en tanto an se presta amplia y sistemticamente
desde finales de 1997 a los mas de 2000 colonos. Por el contrario, la educacin pblica oficial no
ha logrado hacer mella de manera exitosa y los lderes continan resistiendo las escuelas del Estado.
Por ltimo, y lo que ms nos interesa aqu, los partidos polticos no han penetrado ideolgicamente
a los menonitas en su bsqueda por maximizar los votos. Una encuesta a los miembros de la Colo-
nia seguramente mostrara que ninguno podra posicionarse en una escala de izquierda derecha y

10

mucho menos de identificarse con un partido poltico. Ms an, son muy pocos los que conocen a la
Presidenta o cualquier poltico, sea nacional, provincial o local. Entonces, esto adems de servir
como evidencia observacional del escaso avance de los partidos, tambin permite dar cuenta de que
el Estado tampoco ha podido permear en los colonos de manera de incentivar su participacin elec-
toral.

Penetracin material.
La salud.
La primera penetracin del Estado no provino desde arriba, es decir, desde la cumbre de la
pirmide gubernamental pampeana. Por el contrario, la primera relacin sistemtica se establece a
partir de la aparicin de lo que un principio se pens era una epidemia de diarrea o, an peor, cle-
ra. Luego de que en el hospital local apareciera una familia menonita con su beb con un avanzado
cuadro de deshidratacin por diarrea, y que los padres manifestasen que ya haban ocurrido casos
similares, las autoridades del nosocomio pidieron la asistencia de la Direccin de Epidemiologa.
En la primera avanzada los mdicos, como agentes del Estado, advirtieron que uno de los menonitas
ejerca ilegalmente la medicina, distribuyendo medicamentos que slo podran hacerse bajo estricta
prescripcin autorizada.
La falta de control del Estado se vio en su mxima expresin en cuanto las autoridades toma-
ron nota con preocupacin acerca de la desproteccin sanitaria. En este punto, la Justicia intervino a
instancias de una denuncia formulada por uno de los mdicos. Ms an, se realizaron exhumaciones
y requisamiento de medicamentos en la investigacin contra el colono Julio Loewen. No obstante
ello, no fue preso y hoy no figura en el padrn. Los recortes periodsticos dan cuenta que el personal
local comenz a requerir la activa intervencin de las autoridades ms encumbradas del Estado so-
bre este grupo de personas sobre el que no se tena control mdico. Para noviembre de 1997, en un
rpido movimiento de los agentes mdicos, la penetracin material sanitaria estaba completamente
en despliegue, pudiendo hacer un trazo sobre las enfermedades prevalentes, estado general de salud
de la poblacin, salud dental y, principalmente, garantizar atencin obsttrica y peditrica. La canti-
dad de muertos por nacer se redujo considerablemente a partir que se sistematiz el control prenatal
y el nacimiento asistido con profesionales del sistema de salud estatal, en las instalaciones del hos-
pital y con personal de Guatrach, distante a 30 kilmetros. Finalmente, el director del Hospital
local Manuel Freire declara que a partir de la intervencin del Estado (y la continuacin de la
misma) se ha podido realizar un relevamiento efectivo centrado en embarazadas y nios, incluyn-
dolos en campaas de vacunacin y vitaminizacin. La noticia demuestra que adems el personal
estatal ha generado empata con los colonos menonitas, aunque amables hasta ese momento, reti-
centes a abrirse a la comunidad exterior.
Por declaraciones recolectadas para este trabajo, los mdicos sostuvieron que se dio un espa-
cio de apertura ntima dentro de los consultorios y algunas veces dentro de las casas de los menoni-
tas. Al parecer, los habitantes de la Nueva Esperanza dieron cuenta que los mdicos no estaban para
poner barreras en su camino a la salvacin, sino ms bien a hacerla posible. La modalidad estable-
cida hoy contina y los colonos acuden de manera asidua al hospital local. Se observa entonces que
la penetracin se ha estabilizado y sostenido durante 18 aos, siendo el nico avance exitoso del
Estado.

11

La educacin.
Tal vez a la par, o un poco rezagado, el Estado pretendi avanzar en materia educativa en
la Colonia Menonita Nueva Esperanza, a partir de la constatacin que menores de edad no esta-
ban siendo escolarizados. Segn reportes periodsticos, los menonitas se negaban a enviar a cerca de
200 nios a las escuelas del Estado. La cuestin, hacia diciembre de 1997 tom gran estado pblico
y los colonos se vieron en el centro de la escena meditica discutiendo con las autoridades provin-
ciales del Ministerio de Educacin. Mas an, el Secretario de Estado nacional, Vctor Ramos titular
del recientemente constituido INADI sostuvo que los menonitas discriminan a sus nios al no
permitirles elegir entre su educacin y la del Estado. Textualmente sostuvo que el Estado debe
supervisar la realizacin de este derecho [la educacin] que puede interferir en la garanta efectiva
de los Derechos Humanos de las personas. En el mismo sentido, las autoridades provinciales pre-
sionaron para que se acepte la instalacin de una escuela del Estado en el predio comprendido por
los lotes 20 y 21 y de la antigua Estancia Remec Chico. An ms, el Consejo Federal de Educa-
cin, presidido por la Ministra de Educacin Nacional Susana Decibe, expres segn consta en la
en distintos peridicos provinciales y regionales que el legtimo respeto a las pertenencias religio-
sas y culturales que consagra la Constitucin para todos los habitantes no excluye la ineludible ne-
cesidad de dar cumplimiento a la obligatoriedad de la escolaridad que la misma Constitucin y las
leyes establecen en garanta de la igualdad de oportunidades de sus habitantes.
Segn consta en las declaraciones recogidas, el entonces Ministro de Educacin de La
Pampa, Luis Roldn, propona la instalacin de una escuela de gestin privada, administrada por los
mismos menonitas, incorporada a la enseanza oficial pblica con una currcula y docentes aproba-
dos por el Ministerio de Educacin provincial. Para presionar la adhesin se fij lo que los medios
definieron como un ultimtum, establecido inicialmente para el ltimo da de diciembre de 1997.
Como puede denotarse a partir de la lectura de los recortes periodsticos de distintos diarios de la
poca, el Estado pampeano, luego de 11 aos de no innovar en la cuestin, decidi en diciembre de
1997 otorgar una prrroga al ultimtum mientras se le dotaba de mayor tiempo a los colonos para
que continen discutiendo la propuesta.
Frente a este avance del Estado, ms adelante y dilaciones mediante, los menonitas decli-
naron cualquier propuesta que implicase la radicacin de una escuela en el predio. De la misma
manera, el grupo caracterizado por su ortodoxia, tambin rechaz la posibilidad de que docentes de
la provincia enseen en las Iglesias o casas particulares. Como represalia, amenazaron con mudarse
de la localidad e instalarse en otro lugar de la Argentina, Bolivia, Paraguay o Mxico. Su carcter
migrante haca creer esto posible, al punto tal que fue confirmado por el entonces Ministro de Edu-
cacin pampeano. A pesar de estas amenazas, de las que estaban anoticiados todos los lderes parti-
darios segn lo ratifican en las entrevistas, ningn menonita abandon la Colonia Nueva Esperan-
za por las presiones educativas. Como lo ratifica Ral Garca, presidente de la Iglesia Evanglica
Menonita Argentina, los que decidieron irse fueron pocos y por razones econmicas, razones de
tradicin, de culturas y dems.
Finalmente, el Estado admiti una opcin de mnima con los menonitas. Frente a su resis-
tencia, se acord la obligatoriedad de la enseanza del idioma espaol en el hogar a cargo de fami-
liares o amigos miembros de la Colonia. Mediante un acuerdo suscripto entre el Ministro de Educa-

12

cin de La Pampa, Luis Roldn, y el Obispo menonita Pedro Blatz, los colonos se comprometan a
incorporar la enseanza del espaol en 6 meses. No obstante ello, nunca se destin el material nece-
sario ni tampoco se hicieron evaluaciones de manera de comprobar la realizacin de dicha iniciati-
va. A pesar de ello, para este trabajo este hecho resulta importante porque arroja evidencia respecto
de la capacidad del lder religioso y poltico para abogarse la representacin de todos los menonitas
en su persona. Sin embargo, sera requerido un estudio en profundidad para desentraar la autonom-
a de los mandos medios, especialmente la de los Mandatarios a partir de su capacidad de distribuir
recursos de la Asociacin Civil, figura bajo la que opera impositivamente la Colonia. Todo ello a
partir de lo que se refleja en los diarios, donde consta que en el mes de mayo de 1998 habra existi-
do una reunin en un hotel de Santa Ros entre el Mandatario Juan Fehr y una pareja que le habra
prometido mover influencias en la rbita del gobierno nacional para que La Pampa desista con su
avanzada educativa. A cambio de ello, la pareja reclamaba como contraprestacin la suma de cin-
cuenta mil pesos ($50.000). Segn las reconstrucciones periodsticas que surgen del expediente ju-
dicial, das despus la Asociacin Civil es denunciada por el incumplimiento de pago de un docu-
mento por doscientos cincuenta mil dlares (US$250.000). El denunciante, Carlos Luis Malandrini,
expuso ante la justicia que los menonitas le adeudaban US$250.000 por servicios prestados en la
compra de 6.500 hectreas de campo en el lmite entre Salta y Santiago del Estero. Ahora bien, sin
importar el final de la causa, no se obtiene evidencia emprica que el Mandatario Juan Fehr haya
actuado siguiendo expresamente las rdenes del Obispo Blatz, pero tampoco de lo contrario. De
esta manera, los hallazgos en los recortes parecen no menoscabar el argumento respecto de la dis-
crecionalidad de la decisin por parte de la autoridad ms encumbrada.
De este modo, estaramos en condiciones de sostener que la penetracin material, a travs
de un servicio como la educacin, no ha sido exitosa. Incluso ello es reconocido por los lderes de
los partidos de Guatrach, que tienen inscriptos en sus padrones a 198 menonitas. Del mismo modo,
no se puede comprobar que el plan educativo de espaol haya sido respetado. En este punto, es inte-
resante destacar que los padrones no identifican como analfabetos a los menonitas, tem que aparece
destacado ante la imposibilidad que podra presentar un elector al momento del voto, pudiendo re-
querir asistencia de las autoridades de la mesa. Entonces, a pesar de no haber realizado ninguna
medicin respecto del nivel del idioma, el Estado considera a los miembros como personas que sa-
ben leer y escribir el espaol.
Por ltimo, una categora que es difcil de encuadrar en esta penetracin. Sin embargo, es
preciso destacar que el Estado nacional lleva al da el estado de cada uno de los menonitas, certifi-
cando los nuevos nacidos con documento nacional de identidad y constatando los fallecimientos. De
all se explica que los empadronados sean slo aquellos que nacieron a partir de 1986 y que no se
han mudado a otra locacin. Para viajar al exterior, los menonitas requieren la tramitacin del pasa-
porte y casi todos los extranjeros (la mayora) poseen la residencia permanente o sus trmites de
turista camino a regularizarse. Por ello, se cree que el Estado ha sido exitoso llevando adelante el
registro de la poblacin y ha estado atento a los constantes flujos inmigratorios de los que se nutre
esta y el resto de las colonias.
La no penetracin ideolgica.
Los partidos polticos.

13

Frente a la ausencia de las instancias de nacionalizacin ms importantes como la escuela
o los medios de comunicacin, los partidos polticos ven la necesidad de conducir ellos mismos un
proceso de educacin ciudadana para con los menonitas, ponindolos al corriente de sus derechos y
obligaciones. An ms, seran ellos quienes adems tendran que motivar un comportamiento de-
mocrtico al que ninguna mujer est acostumbrada. A sabiendas que slo votan los hombres casa-
dos mayores de 18 aos, las resistencias seran difciles de cuantificar pero se estiman infranquea-
bles y todo ello suponiendo que 197 empadronados tiene entre 28 y 18 aos. Solamente un elector
no naci entre la dcada comprendida entre 1986 y 1996. Entonces, se vislumbra que ningn lder
religioso estara obligado a votar, teniendo presente que es poco probable encontrar un jerarca me-
nor de 28 aos. De esta manera, los lderes de los partidos tendran que disear estrategias para lo-
grar que voten los jvenes, lo que significa contravenir el mandato del ortodoxo Obispo.
No votan a i nstancias del Obispo. La autoridad religiosa local se opone totalmente, aduciendo
que los domingos son sagrados. Los menonitas que he tratado informalmente, me han comentado que
ellos dicen no estar autorizados por el obispo y los jueces. Hctor Rolando, ex intendente y lder parti-
dario local. (Ver anexo)
Los lderes partidarios parecen estar al tanto de esta situacin. Demuestran entender la
obediencia y reconocimiento al liderazgo del Obispo, interpretando como pecado no hacer lo que l
manda. La ex intendenta local, hoy senadora nacional, Mara Higonet, oriunda del lugar, tambin
concuerda con este postulado pero sostiene que son meras excusas. En este sentido, considera que
no es cierto que no conozcan quienes son los candidatos o cmo funciona el sistema.
Viven permanentemente comunicados y relacionados con cada uno de nosotros. Entienden muy
bien muchas de nuestras leyes (casi todas), sino cometeran muchas ilegalidades e infracciones y sin
embargo nada de esto ocurre. Por lo tanto, creo que nada impide, en mi opinin, dejar que no voten.
Mara Higonet. (Ver anexo)
Finalmente, el nico que no encuentra la causa inmediata del abstencionismo en la negati-
va de los lderes menonitas es el actual Intendente Sergio Arrese (Frepam). Sin mencionar especfi-
camente la dirigencia, estima que pueden no estar votando por sus costumbres y la lejana con el
sistema democrtico de la representacin. No obstante ello, el entrevistado sostiene que no conoce
bien la forma de organizacin social y tambin declara no saber cuntos menonitas hay empadrona-
dos.
Se revela importante destacar que el nico que dijo saber cuntos menonitas estn obliga-
dos a votar fue Rolando, quien sostuvo que con seguridad existen ms de 300. Al respecto, este
trabajo demuestra que los menonitas ciudadanos argentinos inscriptos en los registros electorales
son 198. No obstante ello, y a pesar de desconocer con certeza el nmero de votos en disponibili-
dad, todos acuerdan que los colonos deben cumplir con su obligacin porque as lo estipula la ley.
Pero cuando son interpelados respecto si es moralmente adecuado, hubo significativas diferencias
en las respuestas. Higonet, como lder del PJ local, plante que no slo es obligatorio sino tambin
necesario. Podra asumirse que Arrese, lder del Frepam e incumbent, redunda en la idea de convivir
y no generar conflicto con una avanzada de los partidos polticos que pueda perturbar la pauta cul-
tural. Finalmente, Hctor Rolando cree que s sera adecuado que ejerzan el sufragio, pero no de
manera alienada, sino que se enmarque dentro de una gran agenda con el Estado.

14

Es necesario que se configure una serie de puntos a tratar con ellos, incluyendo la cuestin de los meno-
res, la necesidad de la construccin de una posta sanitaria en la Colonia; que se puedan elegir entre ellos y que
se cree el ejido correspondiente a la Estancia Remec.
Esta propuesta resulta interesante porque es la alternativa que sugieren dos lderes distin-
tos. Por un lado, Rolando entiende que debera establecerse un ejido municipal correspondiente a
los lotes 20 y 21 de la antigua estacin de la Estancia Remec Chico. De la misma manera, por la
diversidad cultural entre ambas comunidades, el intendente Arrese sostiene que la autoridad poltica
de Guatrach no podra estar atenta y ser receptiva con los problemas de una sociedad distante a 30
kilmetros.
Ahora bien, estos elementos podran echar un poco de luz respecto de las motivaciones,
restricciones e incentivos que tienen los lderes. La arena electoral de la regin cambia constante-
mente, en tanto la tendencia es a la ampliacin de los obligados a votar. La unidad elemental meno-
nita tambin es la familia, pero esta se destaca por su numerosidad. Cada una tiene un promedio de
5 hijos, situacin que ha ido acentundose a partir de las mejoras en la prestacin del servicio de
salud y condiciones de seguridad laboral. Por lo tanto, lo que puede esperarse es la continuidad de
una expansin progresiva de los inscriptos en el padrn en la medida en la que los nacidos en el pas
adquieran la edad para votar.
Los lderes de los partidos locales no han invertido en estrategias para maximizar sus vo-
tos dentro de este cmulo de disponibilidad. Al respecto, entre las respuestas de los lderes prima la
autocrtica, al reconocer que ninguno se ha interesado decididamente por romper el abstencionismo
menonita. Salvo el actual Intendente, Rolando e Higonet insisten en que es momento de actuar y
avanzar sobre la cuestin. Arrese cree que no es deber de los partidos locales llamar a los colonos a
que cumplan con su obligacin democrtica. Contrariamente a lo que podra suponerse de un lder
de una asociacin poltica que busca maximizar su caudal electoral, el radical propone que tal acto
sera estril en tanto los partidos no podran consustanciarse con una comunidad alejada de Gua-
trach.
Quienes ahora dicen tener la iniciativa para captar los votos y reconquistar la Intendencia
parecen ms decididos a innovar estrategias que capten ms preferencias, como podra esperarse
segn el postulado de Downs. No obstante ello, hasta el momento no se han determinado por con-
cretar una accin directa tendiente a la maximizacin de los votos por fuera del electorado tradicio-
nal.







15

Conclusiones
Los partidos estaran encontrando altos costos y pocos recursos para movilizar el electora-
do menonita. Esto podra explicar por qu no se constata una estrategia que tienda a maximizar los
votos. Ahora bien, la forma de desagregar el postulado implica reconocer la heterogeneidad causal
del fenmeno. Se considera que las restricciones y variaciones del ambiente imprimen sobre los
partidos necesidades de adaptacin de modo de adecuarse al nuevo contexto. De esta manera, se
cree que las decisiones de los lderes se encuentran ms bien condicionadas en situaciones como las
que hemos descripto, dnde limitantes exgenos a la organizacin dificultan el proceso de vincula-
cin efectiva de los partidos con la sociedad poltica.
Podra estarse en lo cierto en cuanto a que las asociaciones polticas presentan limita-
ciones a la adaptacin medioambiental y maximizacin de los votos en contextos de
alta homogeneidad religiosa, cuando exista una postura abstencionista. Como asume la
hiptesis 1, los lderes tendran que adaptar su estructura para ofrecer alternativas que
los vinculen con un colectivo muy especial. El componente religioso en la oferta ofre-
cida por los partidos, en caso que su estrategia sea programtica, implica un tremendo
desafo para los cuadros dirigenciales que, en mayor o en menor medida, desconocen
en profundidad las costumbres y prcticas menonitas. La lgica mediante la cual los
colonos entienden la vida es tanto la religin como el sacrificio y de all la necesidad
de comunicarse en dicha clave;
Como sugiere la hiptesis 2, los partidos polticos estaran encontrando dificultades
tambin por la coincidencia del lder poltico con el lder religioso. La observancia de
la norma protestante podra no ser inherentemente contraria a la democracia, ya que en
definitiva la autoridad sigue emanando de una ciudadana, restringida en este caso. No
obstante, el cumplimiento de los mandatos impedira s un relacionamiento intenso
con el mundo exterior a sabiendas que para el Obispo ninguna integracin es necesa-
ria. Su pretensin es perpetuar los usos y costumbres que sostuvieron sus antecesores,
impulsando un modo asctico de vida dedicado al trabajo.
Asimismo, se considera que los efectos de la coincidencia entre lder religioso y pol-
tico se potencian an ms porque dentro de los inscriptos en el padrn no figura la ac-
tual jefatura menonita. Por el contrario, la movilizacin tendra que realizarse sobre un
electorado mayormente joven donde tampoco los padres de los empadronados estaran
obligados a votar. Ello presentara resistencias, entonces, no slo en el nivel comunita-
rio sino tambin en el seno de la familia menonita.
Tambin se cree se ha arrojado evidencia que demuestra que los lderes enfrentan im-
portantes costos al intentar una educacin cvica de los menonitas. La lder del PJ lo-
cal, Higonet, fue quien sostuvo explcitamente que el partido deba invertir recursos en
lograr esto como una va para conectarse con los votantes, independientemente de lo
que opinen los integrantes del Consejo. En este sentido, se enfatiza aqu que las aso-
ciaciones polticas de Guatrach no han desarrollado la capacidad de poder realizar es-
te trabajo en el territorio, an a sabiendas que es necesario.
De la misma manera, la carencia del derecho a votar por parte de las mujeres se pre-

16

senta como una cuestin sumamente importante. Del anlisis del padrn se desprende
que 105 son mujeres, o sea el 53% de los obligados a votar no posee siquiera la autori-
zacin para realizar dicho acto para la eleccin de las jefaturas internas. Por lo tanto,
se considera que la resistencia de los lderes a favorecer o no impedir que los jvenes
voten podran verse aumentada exponencialmente. De la misma manera, el problema
sobrevendra con los hombres solteros. Se considera aqu que las obligaciones electo-
rales y los arreglos de la democracia representativa no operan sobre el vaco, sino ms
bien sobre una sociedad que posee prcticas y costumbres sedimentadas. Por lo mis-
mo, se anticipa una enorme dificultad para los lderes guatrachenses que no podran
tener certezas de xito en la movilizacin aun invirtiendo fuertemente para adaptar su
organizacin.
Si bien no ha sido contemplado en nuestras hiptesis, se cree necesario destacar que la
carencia de penetracin de los medios de comunicacin en la comunidad es un ele-
mento que dificulta la vinculacin del partido con una porcin de la sociedad y no to-
dos los lderes parecen estar al tanto de esto. Se puede comprobar que casi ninguna
familia posee radio y en muy pocos hogares puede encontrarse un peridico. En la Co-
lonia no hay ni un solo televisor.
Asimismo, al no tener evidencia respecto del cumplimiento del plan de enseanza de
espaol acordado con el gobierno pampeano, no se puede tener certeza respecto del
manejo del idioma oficial por parte de los ms jvenes. Ello aumenta considerable-
mente los costos comunicacionales, en tanto los partidos tendran que invertir para
adaptarse y relacionarse por medio del alemn antiguo, idioma que hablan los colonos.
Tambin se comprueba una frrea negativa menonita para con la identificacin con
smbolos, doctrinas o juramentos, que resultan totalmente ajenos con su tradicin cul-
tural. No existe, por ejemplo, una bandera de la nacin menonita. Esto podra recor-
tar los beneficios que los partidos distribuyen entre los electores para captar votos y
adhesiones, en tanto los incentivos colectivos hacen referencia principalmente a la
identificacin con los smbolos que la organizacin se encarga de producir.
De esta manera, la no ocurrencia del fenmeno poltico bien podra estar explicada por
motivos racionales. Se entiende aqu que los lderes no estn completamente al tanto de determina-
dos aspectos sumamente relevantes para el propsito de la movilizacin. En este sentido, se com-
prueba que el hecho de que no sepan cuantos son los colonos empadronados, ni conozcan la condi-
cin de los potenciales votantes abona elementos para entender que no han realizado un riguroso
anlisis del estado de situacin, clculo que se considera fundamental. La mayora de ellos propuso
que ellos mismos se elijan bajo nuestras normas, pero en la prctica esto resultara contrario a las
normas que rigen para la eleccin de los cargos internos en tanto es poco probable que un menonita
de 27 sea el jefe poltico del lder religioso, quien no se encuentra empadronado. Asimismo, la si-
tuacin de inferioridad participativa de la mujer representa un obstculo que los lderes no demos-
traron conocer.

17

A pesar de la carencia de informacin, recurso esencial, se estima que los lderes de
los partidos polticos locales han podido, de alguna manera, estimar la dificultad de la empresa. En
primer lugar, entienden los elevados costos que le insumen a su organizacin la movilizacin de
este electorado principalmente por las diferencias lingsticas y la oposicin de la jerarqua interna.
De esta manera, la apreciacin podra ser parcial y determinadas visiones de extremo voluntarismo
y optimismo declaradas podran verse limitadas por la comprensin de una realidad ms compleja a
la percibida. Por otro lado, los partidos polticos locales seran impotentes no slo por no poder
afrontar altos costos, sino tambin por la improbabilidad de lograr hacerse de todos los recursos
necesarios. Como se vio, la inversin organizacional debera ser extensa y la adaptacin a la compe-
tencia en este contexto representara cuantiosos esfuerzos con resultados sumamente inciertos.
Entonces, bajo las circunstancias descriptas, no sera racional para los actores la
maximizacin de los votos como estrategia para obtener los cargos, en tanto que las retribuciones
que emanan de la oficina pblica no seran suficiente estmulo al no retribuir las inversiones necesa-
rias. De este modo, se entiende como racional que continen ignorando el electorado minoritario
concentrndose en vincularse exclusivamente con su base urbana.


















18

Bibliografa
BURGESS, Katrina y LEVITSKY, Steven. (2003). Explaining Populist Party
Adaptation in Latin America: Environmental and Organizational Determinants
of Party Change in Argentina, Mexico, Peru, and Venezuela, en Comparative
Political Studies, Vol. 36, n 8;
COLLIER, Ruth Berins y HANDLIN, Samuel (Eds.). (2009). Reorganizing
Popular Representation in Latin America, Penn State University Press;
DOWNS, Anthony. (1957). An economic theory of democracy;
HAGOPIAN, Frances; GERVASONI, Carlos y MORAES, Juan Andrs.
(2009). From patronage to program. The emergence of party-oriented legisla-
tors in Brazil, en Comparative Political Studies 42: 3 (pp. 360-391);
KITSCHELT, Herbert. (2000). Linkage between citizens and politicians in
democratic polities, en Comparative Political Studies 33: 6/7;
LEVITSKY, Steven y ROBERTS, Kenneth (Eds.). (2011). The Resurgence of
the Latin American Left. Baltimore: The Johns Hopkins University Press. In-
troduccin y conclusiones;
LEVITSKY, Steven., traduccin Wolfson, L. (2005). La transformacin del
justicialismo: Del partido sindical al partido clientelista, 1983-1999 (Vol. 5).
Buenos Aires: Siglo XXI;
OSZLAK, Oscar. (1982). Reflexiones sobre la formacin del Estado y la
construccin de la sociedad argentina. Desarrollo econmico;
POGUNTKE, Thomas. (2002). Party organizational linkages: Parties without
firm social roots?, en K. Luther y F. Mller-Rommell (eds.), Political Parties
in the New Europe, New York, Oxford University Press (pp. 43-62);
SANTARELLI, Silvia; CAMPOS, Marta y EBERLE, Claudia. (2004). Reli-
gin, Migraciones y paisaje: los menonitas en Guatrach. 1 edicin: Univer-
sidad Nacional del Sur. Baha Blanca.







19

ANEXO
Entrevistas
Sergio Arrese Intendente Municipal. Frepam.
Le parece correcto que los menonitas voten?
Yo creo que es obligatorio que ellos voten porque es lo que marca la ley.
Para la ley, somos todos ciudadanos argentinos que tenemos obligaciones y votar es una de ellas.
Por lo tanto, si lo dice la ley creo que tendran que votar.
Por qu cree que no votan?
Nunca he dialogado directamente con alguno de ellos sobre este tema. Slo tengo comentarios e
informacin por terceros que me han transmitido un poco cul es su sensacin respecto de este te-
ma.
Creo que es un tema cultural. Veo un desinters por parte de ellos y me parece que la principal
cuestin que surge es la de las costumbres. Por sus formas peculiares de organizar la sociedad,
podran ser reacios a participar electoralmente. La forma democrtica de eleccin de los represen-
tantes me parece que les resulta muy extraa y genera desconfianza sobre lo que podra generar en
su comunidad. Ellos no van al conflicto.
Por qu le parece que los partidos polticos de Guatrach no han sido exitosos movilizando
electoralmente a los menonitas?
Yo no llegara a movilizarlos. Creo necesario que hay que respetar sus costumbres y entender su
pauta cultural para aprender a convivir dentro del marco de normas, reglas y procedimientos que
marca la democracia. La convivencia es un elemento central en esto y por lo tanto creo que hay que
hacer todo lo necesario para lograrla.
Se tendra que definir otro ejido, su propio ejido. Que tengan autoridades propias bajo este princi-
pio. Estando en lugares es complicado. Se dificulta para responder problemticas de esa comunidad.
Le parece adecuado que ellos ejerzan el sufragio?
Creo que hay que convivir. Ellos no son conflictivos y por lo tanto es importante respetar sus cos-
tumbres. [El intendente redunda sobre la misma idea una y otra vez]. Se sabe que tienen que hacer-
lo, pero hay que convivir respetando la pauta cultural.
Sabe cuntos menonitas hay empadronados?
No. Claro que los he visto en los padrones, pero no tengo idea cuantos hay.



20

Mara Higonet ex Intendenta Municipal. Senadora Nacional. PJ.
Le parece correcto que los menonitas voten?
Me parece democrticamente y soberanamente correcto que voten los menonitas. Quizs esto lo
aceptamos totalmente en un principio, donde aparecieron en nuestra comunidad casi como seres
extraos. No entendamos ni conocamos esa forma de vida, pero lo cierto es que a travs de los
aos ellos se fueron interrelacionando totalmente en nuestra sociedad y con las formas de vida de
nuestra provincia y por ende de nuestro de pas. Eso s, siguieron con su educacin por mas acer-
camiento (creo que muy dbil) por parte de nuestro gobierno provincial para que acepten y adopten
nuestra educacin (evidentemente este un primer punto que explica el hecho que no entiendan,
quizs en su total concepcin, por qu es importante votar y participar en las decisiones de la tierra
que adoptaron como propia).
Ellos hoy utilizan nuestros hospitales, nuestros profesionales mdicos han hecho un excelente traba-
jo para que se acerquen a los centros de salud y entiendan, por ejemplo, que un embarazo y parto
tienen que tener la atencin de un profesional, evitar as muertes de sus nios y una mejora en la
salud en general. Interactan totalmente en la faz comercial ya que venden sus productos en cuanto
punto de nuestro pas consideren que pueden hacerlo; utilizan todas las rutas y caminos llevando su
produccin ms sobresaliente en estos momentos que es la metalrgica; nuestros hermosos calde-
nes, que llevaban cientos de aos enraizados en nuestro suelo pampeano, les brindaron la madera
con la cual sobresalieron en sus trabajos de carpintera. Muchos de sus hijos se engendraron y na-
cieron en estas tierras en el contexto de salud y proteccin que coment. Fueron inscriptos en el
juzgado de paz de nuestra localidad, viviendo en esta interrelacin diaria descripta y hoy tienen
edad para votar y aparecen en nuestros padrones. Son ciudadanos.

Por qu cree que no votan?
Comenzamos a preguntarnos... las excusas son diversas. Sus jefes religiosos no se lo permiten
"...como no acceden a los medios masivos de comunicacin no conocen de poltica, ni quines son
los candidatos... [parafrasea al Obispo menonita]. Pero lo cierto es que viven permanentemente
comunicados y relacionados con cada uno de nosotros. Entienden muy bien muchas de nuestras
leyes (casi todas), sino cometeran muchas ilegalidades e infracciones y sin embargo nada de esto
ocurre. Por lo tanto, creo que nada impide, en mi opinin, dejar que no voten.

Por qu le parece que los partidos polticos de Guatrach no han sido exitosos movilizando
electoralmente a los menonitas?
Ahora s, cunto hemos insistimos o hicimos para acercarnos a lograr esto? Muy poco, casi nada.
Ese es, quizs, nuestro error. Debemos acercarnos ms decididamente a ellos, quizs a sus jefes
religiosos y luego a cada uno de los empadronados para darles alguna primera clase de Formacin
Cvica (podramos llamarlo as) y hacerlos ver de manera directa casi como "observadores electora-
les" una eleccin. Adems, podramos alcanzarles mucho material de lectura, conversar con ellos
que esa libertad con la cual viven y se manejan, en este pas tan generoso y respetuoso de todas las
ideologas, clase tnicas y religiosas tambin, requiere de cada uno obligaciones. Es importante que

21

el que puedan elegir y participar porque ello puede ayudarlos an ms en su vida diaria, en sus lo-
gros personales; colectivos; econmicos y sociales.

Le parece adecuado que ellos ejerzan el sufragio?
S, claro. Como deca, no slo es legal sino que tambin necesario.
Sabe cuntos menonitas hay empadronados?
No s cuntos menonitas hay empadronados pero uno de mis prximos pasos, como legisladora
Nacional, ser intentar que en la prximas elecciones haya menonitas votando y ejerciendo este
derecho sublime que nos da la democracia para poder elegir.

































22

Hctor Rolando ex Intendente Municipal. Lder poltico local.

Le parece correcto que los menonitas voten?
S, claro. Los menonitas se encuentran inscriptos en el padrn.
Durante el bienio 97/98 se presion con la educacin. El Estado provincial intent avanzar con la
educacin sobre la Colonia Menonita, donde ellos [los menonitas] deban avanzar sobre determina-
dos puntos. Sin embargo, no se cumpli con nada y an ms, se dificulta su participacin electoral
porque para ellos el domingo se dedica exclusivamente a la consagracin de las festividades religio-
sas y la vida social.
Por qu cree que no votan?
Yo creo que por no votar van a tener problemas y tambin me parece que no les importa no votar y
muestra de ello por qu amenazan con irse del pas. No obstante, creo que algo debe hacerse, hay
que tomar cartas en el asunto y evaluar alternativas para que ellos se elijan a s mismos. Entiendo
que la mejor propuesta que puede hacerse sera erigir un ejido que circunscriba un rea delimitada
donde la autoridad poltica tenga poder de decisin. Se deberan establecer los lotes donde se en-
cuentra asentados bajo la forma de una Comisin de Fomento en el predio conocido como Estancia
Remec.
No votan a instancias del Obispo. La autoridad religiosa local se opone totalmente, aduciendo que
los domingos son sagrados. Los menonitas que he tratado informalmente, me han comentado que
ellos dicen no estar autorizados por el obispo y los jueces.
Por qu le parece que los partidos polticos de Guatrach no han sido exitosos movilizando
electoralmente a los menonitas?
Me parece necesario hacer un mea culpa. Reconozco que no hemos ido y creo que el avance de los
partidos tiene que ser con todo, con una agenda amplia y completa. Son ciudadanos argentinos! Y
por esto creo que es algo que se viene. Es necesario que se configure una serie de puntos a tratar
con ellos, incluyendo la cuestin de los menores, la necesidad de la construccin de una posta sani-
taria en la Colonia; que se puedan elegir entre ellos y que se cree el ejido correspondiente a la Es-
tancia Remec.
Esto se tiene que llevar a cabo siguiendo una serie de etapas:
1) El Gobierno provincial tiene que tomar cartas en el asunto;
2) Remarcar que el voto es obligatorio;
3) La educacin formal.
Es necesario que sientan un pum [onomatopeya de golpe].

23

Nada de todo esto deja de ser difcil. Ellos se reciclan todo el tiempo. Van y vienen de aqu para
all, mudndose entre las comunidades existentes en Mxico y Bolivia. La respuesta a una agenda
que se trate junto con ellos es la de nos vamos de ac. Siempre han amenazado con lo mismo en
caso de que se quiera avanzar con la situacin.
Le parece adecuado que ellos ejerzan el sufragio?
S, claro que s. Siempre en las circunstancias y bajo las condiciones que mencion.
Sabe cuntos menonitas hay empadronados?
S. Hay ms de 300, seguro.

1

La construccin participativa de intervenciones en los espacios pblicos. Una reflexin en
torno al Presupuesto Ciudadano de la ciudad de Rafaela, Provincia de Santa Fe
1


Davicino, Ma. Julia (jdavicino@[Link])
Alfaro, Ma. Beln ([Link]@[Link])
MUNICIPALIDAD DE RAFAELA


rea temtica sugerida: "Sociedad civil, democracia participativa
y nuevos actores polticos".
SIMPOSIO DEMOCRACIA PARTICIPATIVA


Resumen
El trabajo consiste en una reflexin en torno a las polticas participativasa partir de los aspectos
facilitadores y limitadores de la creatividad utilizando como caso de estudio la experiencia del
Presupuesto Ciudadano de Rafaela. Con ese propsito se planteanalgunos aspectos terico-
conceptuales para entender el marco en el que se inscriben los mecanismos participativos. En
una segunda parte se desarrolla el caso a partir de un recorrido que retoma cuestiones centrales
de la gobernanza. Finalmente, se propone una integracin terica con el caso, remarcando los
elementos que permiten avanzar en la reflexin sobre la innovacin de las polticas
participativas.



1
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones
Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014.


2

Introduccin
A partir del proceso de descentralizacin que se inicia en Argentinaen la dcada del 90, se
vienen realizando diversos esfuerzos por pasar de un estado verticalista y jerrquico a formas de
gobiernos ms flexibles y horizontales. En ese marco de reestructuracin del Estado-Nacin, los
gobiernos locales han adquirido un rol ms predominante, principalmente en lo que refiere a
disear, gestionar e implementar polticas que implican cuestiones ms cercanas al territorio y a
las problemticasdel desarrollo local.
En este escenario de reestructuracin estatal, tambin dominadopor el proceso de recuperacin
de la democracia iniciado en la dcada del 80, se comienza a debatir sobre la necesidad de
instaurar mecanismos que permitan concretar estas nuevas formas de gobernanza que replantean
la relacin entre el Estado y la sociedad civil.
Conocer este marco es fundamental para comprender los desafos y las opor tunidadesque
enfrentan hoy los municipios con miras a alcanzar estos objetivos de achicar la distancia entre
gobernantes y gobernados. El presente trabajo pretende aportar algunos elementos a este debate,a
partir de recuperar ciertos aspectosterico-conceptuales sobre la gobernanza y la planificacin
participativa con vistas a discutir sobre las disposiciones facilitadores y limitantes de la
creatividad en las polticas participativas. Para poder evaluar su aplicabilidad a un escenario
particular presentamos la experiencia del Presupuesto Ciudadano de Gestin Participativa
(PCdGP)que viene desarrollando la ciudad de Rafaela en el marco de un proceso de apertura del
gobierno.
Algunos interrogantes que motivan este trabajo. Cules sonlas oportunidadesque tiene hoy el
municipio de la Ciudad de Rafaela de poder implementar instrumentos de participacin
ciudadana? Cmo se pueden adaptar los mecanismos existentes para generar instancias de
participacin ciudadana que sean creativas y acordes a las necesidades locales?Cules son los
desafos con que se enfrentan hoy los gobiernos, tanto hacia adentro de la estructura municipal
como hacia afuera al momento de la bsqueda de creatividad de las polticas participativas?
En ese sentido la primera parte del trabajo presenta en lneas generales algunos aspectos tericos
que permiten entender las nuevas formas de gobernanza en la cual deberan inscribirse los
procesos de participacin [Link] estos conceptos como marco, la segunda parte del
trabajo presenta la experiencia del presupuesto ciudadano de Rafaela como un caso para discutir
la innovacin de las polticas participativas y los diseos institucionales. Inspirado en el famoso
caso del presupuesto participativo de Porto Alegre (Brasil), el PCdGP tuvo sus inicios en el ao
2008 en la ciudad y fue adaptndose a las necesidades y demandas locales. Las enseanzas y
desafos que fueron dejando las tres primeras ediciones permitieron alcanzar hoy un esquema
que logra abordar algunos temas vinculados a la gestin urbana desde enfoques que priorizan la
participacin ciudadana, especficamente abriendo la participacin en decisiones sobre la futura
intervencin de los espacios [Link] artculo cierra con algunas reflexiones sobre los desafos

3

que surgen del anlisis a la luz de este caso, planteando algunos interrogantes en torno a la
creatividad de las polticas pblicas.
1. El papel de la participacin ciudadana en el avance hacia la gobernanza
Los objetivos y alcance que tuvo el proceso de descentralizacin han sido ampliamente
discutidos desde diversas perspectivas. Esta primera parte pretende recuperar algunas cuestiones
que nos permite entender el marco en dnde surgen y se expanden las polticas basadas en
mecanismos participativos, conmira hacia la consolidacin de un nuevo modo de gobernanza.
Uno de los fines que persegua esta reestructuracin poltico-institucional se vincul a la
necesidad de reducir la burocracia que caracterizaba al Estado-Nacin a partir de fomentar una
relacin ms estrecha entre quienes formulan las polticas (policymakers) y los ciudadanos
(Montecinos, 2005; Cao y Vaca, 2006).En ese sentido, se inici un proceso de traspaso de
responsabilidades y deberes desde el gobierno nacional hacia los gobiernos provinciales y
locales. Sin embargo, la escasez de normativas y regulaciones actualizadas tanto a nivel nacional
como local, la limitada autonoma local para generar ingresos propios, sumado a otras falencias
de la manera en que tuvo lugar el proceso de descentralizacin en la regin
2
, han dejado a los
gobiernos locales con una sobrecargada agenda local y un gran desafo por delante (Orlanski,
1998; Cravacuore, 2009).
La posibilidad de enfrentar estas nuevas responsabilidades quedaba sujeta a la capacidad de los
gobiernos locales de poder girar hacia forma de gobierno ms flexibles y horizontales. Estas
formas de gobernanza estn garantizadas por un enfoque ms cooperativo y colectivo para el
abordaje problemticas y resolucin de conflictos, que se contrapone al modelo jerrquico y
centralista (Mayntz, 2003: 27). En este nuevo esquema, actores gubernamentales y no-
gubernamentales, incluyendo el sector privado, instituciones intermedias y ciudadanos,
participan y cooperan regularmente en la formulacin e implementacin de polticas pblicas a
partir de diferentes mecanismos (Mayntz, 2001). En otras palabras, el fin ltimo de la
gobernanza pasa por la bsqueda colectiva de soluciones a los problemas y por alcanzar el bien
comn, segn plantea la autora. Se trata de formas emergentes de toma de decisiones sobre
asuntos colectivos que configuran nuevas relaciones a partir de procesos que muestran diferentes
niveles de acuerdo, replanteando quines y cmo se toman las decisiones (Barreiro, 2008 en
Marsiglia, 2009).
Segn Mayntz (2001), existe una serie de condiciones estructurales e institucionales que son
necesarias para que se pueda generar la gobernanza. Entre ellos menciona la distribucin de

2
Algunas otras limitaciones que la literatura crtica desarrolla, incluyen ladependencia de fondos
provinciales y nacionales, la delimitacin de responsabilidades poco claras, la privatizacin y la
desregulacin de algunos servicios que vino aparejada al Consenso de Washington (Montecinos, 2005,
Cao y Vaca, 2006; Restrepo, 2001).

4

poder; la legitimidad democrtica de las autoridades pblicas; un sistema gubernamental con
relativa autonoma financiera, que sea diversificado en sus funciones y con competencias
especficas. Completando estos aspectos, es tambin esencial contar con una sociedad civil
fuerte, diversificada y bien organizada, as como una identidad e inters comn que posibilite
entrelazar las diversas organizaciones y sub-sistemas. En trminos de Marsiglia (2008), el
fortalecimiento institucional es un requisito ineludible que se vincula con la innovacin en las
modalidades de gestin. Segn el autor, otros elementos que deben atenderse son la capacidad
tcnico-administrativa de las estructuras municipales, ya sea en trminos cuantitativos (dotacin
de recursos) como cualitativos (el knowhow), la disponibilidad de recursos y particularmente la
cultura organizacional o tradicin institucional (Marsiglia, 2008).
1.1 La introduccin de mecanismos de gobernanza como innovacin
Como vemos la incorporacin de mecanismos de gobernanza se inscribe dentro del marco de
descentralizacin y reestructuracin del Estado. En dicho contexto, los gobiernos locales,
presionados por las nuevas demandas y responsabilidades, se encontraron ante un escenario de
escasez de recursos e incertidumbre. Tal como plantea Cravacuore y otros (ver 2004), la crisis
obliga a l a r evisin, m s o m enos pr ofunda de ac uerdo a l os contextos, de l os obj etivos,
polticas, procesos y sistemas, lo que la transformara en el contexto propicio para el desarrollo
de la innovacin en la gestin pblica.
En ese sentido la crisis, a pesar de los desafos que plantea a la gestin local, se convierte en un
escenario favorable para la introduccin de cambios e innovaciones. Siguiendo a los autores
mencionados, consideramos que innovar es enfrentar los hechos de manera diferente, mediante
el empleo de tcnicas y procedimientos nuevos y ms eficientes, que permitan la construccin de
nuevas c apacidades y d e e se modo faciliten el logro de obj etivos ms eficaces. Desde esta
perspectiva, es posible distinguir entre tres tipos de innovaciones:la original, que es la que
nunca ha sido desarrollada por ninguna institucin pblica o privada, y por ello ms riesgosa y
menos comn; en segundo lugar, la adaptacin, proceso mediante el cual se adoptan tecnologas
utilizadas en otra organizacin pblica o privada, que generan un nuevo conocimiento adaptado a
las condiciones locales. Segn los autores, este tipo de innovaciones es propio de los gobiernos
que poseen recursos humanos calificados, que evalan crticamente las condiciones del medio y
pueden evaluar las mejores estrategias para la implantacin exitosa del cambio. Por ltimo, un
tercer tipo de innovacin est representado por el trasplante, entendida como la copia de
tecnologa o conocimientos generados en otra organizacin, sin mayores modificaciones.
Ahora bien, las innovaciones son necesariamente creativas?, toda idea creativa resulta
innovadora? Y respecto a los mecanismos de participacin ciudadana, son per se por su
novedad innovadores?
Tal como manifiesta Schweinheim citado por Cravacuore (2004), en cuanto a la innovacin, si
bien la creatividad es importante, tambin lo son la observacin del desarrollo y maduracin de

5

los aprendizajes previos, y la capacidad de anlisis de las condiciones del contexto para disear
la mejor estrategia de implementacin, a lo que volveremos ms adelante en el desarrollo del
caso de Rafaela. Es decir, en algunas circunstancias, como por ejemplo al hablar de la
innovacin como adaptacin, la creatividad no significa exclusivamente la originalidad de la
idea, sino la capacidad de identificar el contexto y las mejores variables para su incorporacin.
Respecto a los mecanismos de gobernanza, consideramos que su reciente configuracin e
incorporacin en las agendas locales apunta a generar mayores niveles de innovacin en esa
bsqueda de replantear la relacin Estado-sociedad civil y en priorizar formas de gobierno ms
abiertas, transparentes y flexibles. Es decir, resulta complejo plantear mecanismos innovadores
en la formulacin de polticas pblicas cuando no existen los condicionantes necesarios, como
por ejemplo recursos humanos calificados para plantearlos e implementarlos y decisin poltica
para sostenerlos.
En ese propsito de reestructuracin del estado local y en redefinir su rol, es necesaria la
implementacin de mecanismos que permitan el real empoderamiento (empowerment) de la
ciudadana. En ese sentido, la participacin ciudadanase convierte en un medio y un fin;
procesos que son tan importantes como los resultados, y que permiten avanzar en la bsqueda del
inters colectivo (Restrepo, 2003).
Es importante sealar que la participacin ciudadana, ya sea estimulada o no por el gobierno, se
comienza a instalar y fortalecer gracias a otras particularidades del contexto econmico, social y
poltico. El mismo, estaba caracterizado no slo por el proceso de descentralizacin, la
reestructuracin del Estado y la privatizacin, sino por el impacto de estos procesos en la
sociedad civil, que reflejan la desconfianzade la sociedad hacia la democracia representativa y
hacia la capacidad estatal en la formulacin de polticas.
Si bien ello ha derivado en una sociedad cada vez ms demandante e interesada por los asuntos
pblicos, ese hecho no implica el xito y la eficacia de mecanismos participativos. Existe una
gran diversidad de desafosy limitacionesque se imponen para poder propiciar mayores niveles
de participacin. El primero de ellos radica en el riesgo que representa abrir el juego del
modo en que las polticas pblicas se definen, principalmente para aquellos funcionarios
acostumbrados a la tomar las decisiones en un esquema de arriba hacia abajo. Los procesos
participativos implican sumar a las discusiones y decisiones a otros actores e instituciones
propiciando instancias para que los mismos tengan un rol activo. Esa delegacin de poder de
alguna manera interpela la manera en que funciona la gestin pblica, si es eficiente y eficaz en
la prestacin de servicios y en el desarrollo de las polticas pblicas. Para que haya
empoderamiento ciudadano es necesario que los procesos participativos busquen ms all de la
simple consulta o legitimacin
3
. En ese proceso de delegacin existen relaciones desiguales de

3
Como analiza ampliamente la bibliografa sobre participacin ciudadana existen diferentes niveles o grados de
participacin. La famosa y pionera contribucin de Sherry Arnestein en 1969 ya plantea la escalera de la


6

poder, por lo que se torna necesario generar reglas de juego claras para asegurar que los
objetivos se cumplan (Marsiglia, 2008).
Otro de los aspectos limitantes para la generacin de procesos participativos se encuentra en
elchoque entre la lgica de los objetivos polticos y la de los objetivos tcnico-
[Link] se suma a la contraposicin que existeentre aquellas reas acostumbradas a
trabajar desde un abordaje ms simplista y fraccionario y aquellas que comprenden la necesidad
de trabajar articuladamente, tanto hacia adentro de la gestin como hacia [Link] veremos
ms adelante, para que las instituciones pblicas puedan moverse hacia esquemas ms flexibles
que privilegien la participacin es necesario superar esa mirada de la realidad por reas para
alcanzar un trabajo ms holstico e integral.
Como otro desafo es necesario sealar que la democracia participativa deber ser entendida y
concebida como un proceso recurrente, impulsando de manera permanente estas instanciascomo
parte de una poltica de gobierno (Restrepo, 2003). Ello hace que los procesos de decisin sean
ms largos, demandantes, y con tiempos difciles de predecir. Comprender esta lgica que tienen
estos mecanismos participativos es an ms difcil en instituciones de gobierno que se
caracterizan por ser estructuras complejas, fuertemente marcadas por el legado verticalista y
burocrtico.
Finalmente, otro de los limitantes que de alguna manera es externo a la gestin y organizacin
institucional es la dificultad de lograr un compromiso e involucramiento de los ciudadanos en los
asuntos pblicos en general. Despertar el inters de la sociedad es uno de los desafos ms
grandes para cualquier gestin, as como tambin generar la confianza necesaria que se requiere
para que se cumplan los objetivos de las instancias de participacin.
La posibilidad de enfrentar y superar estos desafos depende de la capacidad, innovacin y
decisin poltica de los gobiernosy en comprender el conjunto de beneficios e implicancias que
tiene la implementacin de instanciasparticipativas.
- Propician y a su vez se nutren de la presencia deredessociales que se van tramandoen el
territorio y de la generacin de un fuerte capital social. Ambos aspectos son centrales en
el fortalecimiento de la sociedad civil y de la participacin cvica (Putnam, 1993).
- Brinda el espacio de encuentro y trabajo conjunto entre la diversidad de actores y las
instituciones para la concertacin y legitimacin de las decisiones
- Se convierten en instancias de aprendizaje, donde confluye el conocimiento poltico-
tcnico y el conocimiento territorial y cotidiano

participacin que van desde grados de no-participacin (como son la manipulacin y la terapia), pasando por la
informacin, consulta, aplacamiento hasta grados de poder ciudadano que incluyen la asociacin, delegacin de
poder hasta la mxima expresin que es el control ciudadano.

7

- Fortalece la democracia y permite el pleno ejercicio de los derechos cvicos,
comprometiendo a los ciudadanos con los asuntos pblicos
- Genera mayor confianza en las instituciones de gobierno y brinda mayor transparencia y
control ciudadano sobre los procesos
Como se aprecia en lneas generales, el desarrollo de este tipo de mecanismos en el marco
poltico-institucional predominante no es una tarea sencilla de encarar. Sin embargo, existen
oportunidades reales que en algunos casos adems se encuentran con factores y condiciones
propicias para su desarrollo. Los actores territoriales, en particular los gobiernos locales,
mediante su gestin tienen un rol importante facilitando y tendiendo pue ntes e ntre l as
diferentes l gicas de ac cin pr esentes e n el e scenario par a pr ocurar sinergias c olectivas
(Marsiglia, 2008: 174).
1.2 Un giro en los mecanismos de gestin urbana: la planificacin participativa de los
espacios pblicos
En trminos generales, la mayor intensidad de instancias de participativas se da en aquellos
mbitos que fueron descentralizados, y en los cuales el estado local tiene un mayor control, como
son la salud, la educacin, las polticas sociales, recreativas y culturales y el ordenamiento
territorial (Restrepo, 2003). Asimismo, se trata de aspectos vinculados a la promocin del
desarrollo econmico y social que van ganando lugar en la agenda local y en el porcentaje de
recursos que manejan los municipios (Marsiglia, 2008).
En el caso de la intervencin y gestin urbana contar con instancias que permitan la participacin
y la bsqueda de consensos es fundamental, principalmente cuando se trata de polticas
orientadas a los espacios [Link] e s e l obj etivo de ge nerar mayores ni veles de
participacin de di versos actores en el proceso de pl anificacin urbana?En general, los temas
vinculados a la gestin urbana se caracterizan por la diversidad de intereses y en consecuencia la
presencia de conflictos. Este desafo se convierte al mismo tiempo en una oportunidad desde
donde generar una planificacin estratgica, basada en la participacin ciudadana, el trabajo
colectivo y la bsqueda del inters comn.
Es importante sealar que no todas las decisiones pueden ser concertadas. Sin embargo, cuando
el problema afecta a una diversidad de actores de manera diferente el mismo amerita y requiere
ser abordado desde la participacin de modo tal de poder capitalizar dicha diversidad y poder
encontrar la solucin ms viable. Asimismo, la complejidad que caracteriza a la realidad
territorial demanda que este tipo de decisiones y polticas se trabaje a partir de esquemas de
gobernanza, ms flexibles, horizontales, y participativos. Estas configuraciones implican trabajar
interdisciplinariamente y de manera ms articulada, hacia adentro de la gestin y hacia afuera,
con los actores e instituciones de la comunidad. En palabras de Marsiglia, la ac tuacin por

8

sectores muchas veces se contradice con la necesaria visin integral que requiere el desarrollo
territorial (2008: 178).
Entre los fundamentos de plantear una planificacin participativa la literatura (Resse, 2007;
Garrido, 2002) seala:
ofrecer espacios de debate, que vayan ms all de la consulta y que motiven la reflexin
y la creatividad al momento de plantear sugerencias en torno a los usos del espacio
urbano
facilitar procesos de construccin de consensos, de aprendizaje conjunto entre la gestin
y los vecinos y de fortalecimiento mutuo
concebir a los vecinos y representantes de instituciones de la ciudad como agentes
activos en el proceso de desarrollo de la cuidad, entendido como un proceso de
construccin social
posibilitar una visin integral del entorno en el que vivimos, asumiendo y trabajando los
conflictos y los intereses dispares de los actores involucrados
Es necesario enfatizar que se trata de una nueva concepcin en la manera en que se toman las
decisiones en cuanto al espacio urbano, y no simplemente de aplicar mecanismos de
participacin aislados. Como veremos en el caso de Rafaela, la posibilidad de tomar un
mecanismo participativo que ya se encuentra en funcionamiento puede significar un punto inicial
en esa transicin hacia la gobernanza y la planificacin participativapero no se debe pasar por
alto que se trata de cambios ms integrales y no acciones aisladas.

El potencial que presentan los espacios urbanos para poder incrementar los niveles de
participacin es an ms evidente cuando se trata de los espacios pblicos. En trminos de Jordi
Borja (2012), se trata de lugares de democratizacin por excelencia y que permiten una
apropiacin colectiva. Son los espacios donde se genera la interaccin social, que permiten
fortalecer los vnculos sociales, donde todos somos iguales.

Algunas de las ventajas de la planificacin participativa de los espacios pblicos, que han
motivado tambin la introduccin de innovaciones en el caso de las instancias participativas que
se proponen en el caso de Rafaela, incluyen:
definir intervenciones de calidad que se basen a las preferencias y necesidades de los
vecinos, principales destinatarios de esos lugares
desarrollar formas colectivas e interactivas de gestin planificada de los espacios
pblicos, trabajando de manera conjunta en mejorar la calidad de vida de los todos los
ciudadanos
ofrecer instancias donde los ciudadanos puedan comprometerse con la ciudad,
movindolos de la mirada particular e individual, consolidando una visin ms integral y
compartida de la ciudad

9


Si bien en la teora resulta ms evidente la necesidad de disear polticas territoriales, y en
particular urbanas, desde enfoques que permitan incrementar los niveles de participacin los
obstculos para llevar a la prctica este tipo de mecanismos siguen presentes. A continuacin
intentaremos analizar el caso del Presupuesto Ciudadano de Gestin Participativa y su viraje
hacia el Presupuesto Ciudadano Urbano de la ciudad de Rafaela, a partir del marco conceptual
introducido, indagando acerca de la innovacin en dicha poltica a partir de los factores
promotores y obstaculizadores de la creatividad en el proceso.
2. La experiencia de Rafaela en su transicin hacia esquemas ms participativos
Esta segunda seccin ofrece un anlisis de la implementacin y el giro que vienen
experimentando los esquemas participativos en la ciudad de Rafaela (Provincia de Santa Fe) en
el marco de los cambiospoltico-institucionales que acontecen desde hace ms de treinta aos. El
objetivo es poder debatir crticamente sobre la creatividad o innovacin de estas herramientas en
la bsqueda de los fines de la gobernanza frente a las nuevas responsabilidades y demandan que
debe enfrente el estado local.
2.1 Un contexto favorable para la innovacin
Diversos estudios analizan las particularidades del caso Rafaela, modelo de desarrollo territorial
que comienza a consolidarse a partir de la dcada del 90 en base a elementos distintivos
(Costamagna, P: 1998; Ferraro, C. y otros: 2003).Entre ellos,el rol activo del Estado localcomo
dinamizador de polticas innovadoras, que a comienzos de dicha dcada inici un proceso de
modernizacin de la administracin pblica basado en estndares de calidad (que mereci la
consagracin del Premio Nacional a la calidad otorgado por la Presidencia de la Nacin
Argentina en 1995), con reestructuraciones internas que dieron origen a nuevas reas de
gobierno, como la creacin de la Secretara de Programacin Econmica (1991), luego
aggiornada en la Secretara de Desarrollo, Innovacin y Relaciones Internacionales (2007), y en
lo referente en las temticas de participacin ciudadana la Secretara de Gestin y Participacin
(2007). Adems, la capacitacin de su personal y la construccin de informacin como base para
la toma de decisiones, consolidada a partir de la conformacin del Instituto de Estudios y
Capacitacin para el Desarrollo Local (ICEDeL). Otra de las caractersticas distintivas del caso
local, alude a su fuerte entramado institucional, con organizaciones de la sociedad civil
culturales, sociales, deportivas, cientfico-tecnolgicas y en especial, de apoyo a la produccin,
que interactan con el Estado local dando origen a un modelo de gestin asociada de fuerte
articulacin entre lo pblico y lo privado.
Esta vasta experiencia de trabajo conjunto fue hacindose posible tambin a partir de la
conduccin de liderazgos institucionales, tanto en lo pblico como en lo privado, que han tenido
la capacidad de lectura y revisin de los procesos, generando adaptaciones y nuevas
herramientas, en especial, en lo productivo. A la generacin de planes estratgicos de los 90, le

10

sigui la figura de una Agenda Estratgica ms flexible y el fortalecimiento de espacios de
articulacin intermedios, como la agencia de desarrollo ACCIDAR; en dependencias de la
Secretara de Desarrollo, Innovacin y RRII se cre la Subsecretara de Economa Social y
Empleo, en funcin del anlisis de la necesidad de contar con un rea especfica que abordara los
temas de empleo desde una visin productiva y tambin vinculada al desarrollo social de los
sectores ms vulnerables, por citar ejemplos de renovaciones institucionales.
En este contexto de ejercicio de introduccin de prcticas innovadoras, producto de anlisis y
aprendizajes liderados por referentes institucionales, y en funcin de la profundizacin de la
relacin entre el Estado y la sociedad civil en una ciudad con una importante presencia
institucional, se inscribe el surgimiento de un mecanismoparticular de participacin ciudadana.
2.2 El Presupuesto Ciudadano de Gestin Participativa como prctica innovadora:
a. Antecedentes y consolidacin del mecanismo
La experiencia del Presupuesto Ciudadano de Gestin Participativa (PCdGP) se inicia en la
ciudad de Rafaela en el ao 2008. Luego de un debate en el seno del Concejo Municipal, donde
el partido opositor a la gestin de gobierno introdujo la temtica proponiendo su incorporacin
tal como se lo vena implementando en la ciudad de Rosario, el Ejecutivo retoma la propuesta
profundizando la reflexin acerca de la posibilidad de introducirlo en la ciudad.
Desde este planteo, la gestin de gobierno inici un proceso de revisin acerca de las cuestiones
esenciales que implican los presupuestos participativos(en adelante PP), es decir, la discusin
conjunta entre municipio y sociedad civil, ya sea de manera individual o a travs de
organizaciones, acerca de una parte de los fondos pblicos. Reflexin que implic un planteo
inicial innovador acerca del modo de construir un presupuesto participativo ms vinculado a las
tradiciones locales y alejado del modelo brasilero, matriz de los esquemas que se venan
desarrollando en Argentina.
En este planteo, aparecen antecedentes claves en la historia local, ntimamente relacionados con
una caracterstica propia de los rafaelinos que data de la poca dela colonia, y refiere a su
tradicin de participacin ciudadana en instituciones sociales, culturales, gremiales, deportivas y
culturales, entre otras.
4
Esta prctica asociativa, promovi la creacin de un esquema de
participacin ciudadana novedoso, la Comisin Asesora Municipal de Discapacidad. sta, creada
en 1991 a partir de la ordenanza municipal N 4.237/91 a la que luego siguieron las Comisiones
Asesoras Municipales de Deportes, Cultura y Entidades de Bien Pblico. Estas comisiones
agrupan a instituciones de la sociedad civil relacionadas a cada temtica, que organizadas a partir
de un estatuto propio confeccionado por ellas mismas, reciben mensualmente fondos del Estado

4
La Sociedad Obrera de Socorros Mutuos y la Sociedad Obrera Suiza La Unin, ambas de 1890 a las
diferentes logias Masnicas (1910), las diferentes logias Masnicas, las cuales a su vez fueron fundadoras de otras
instituciones en la ciudad impliquen una importante clave de lectura en los procesos de asociatividad local

11

Municipal (un porcentaje de tasas) y mediante deliberaciones internas del cuerpo que componen
deciden el destino de los fondos. Cabe mencionar que en dichas comisiones el Estado municipal,
mediante representantes del Poder ejecutivo y concejales, tienen participacin actuando como un
representante ms. Es decir, al momento de pensar el PP local, el accionar de dichas comisiones
fue un aspecto a tener en cuenta, en especial, acerca de la importancia del respeto y puesta en
valor de la participacin institucionalizada, cuestin que introduce otro antecedente clave de la
experiencia local: el rol de las comisiones vecinales.
La ciudad de Rafaela se divide en una trama urbana conformada por 38 barrios, los cuales cada
uno de ellos cuenta con su Comisin Vecinal. Las mismas, reguladas por ordenanza municipal
(N 3521) son elegidas por los propios vecinos de los barrios de manera democrtica cada dos
aos, de manera tal que sus dirigentes, personas que habitan cada barrio, son considerados los
legtimos representantes de los vecinos. A su vez, estas organizaciones sociales se agrupan en
una Federacin de Entidades Vecinales (FEV) con referentes elegidos por ellos mismos. Las
comisiones vecinales ejercen el vnculo con el municipio, el Concejo y otras instituciones
locales, provinciales o nacionales, en tareas de reclamo y gestin de soluciones vinculadas a la
lgica territorial. Alguna de ellas presentan importantes antecedentes de trabajo que han
implicado la concrecin de obras pblicas en cada uno de sus sectores: cloacas, agua, pavimento,
mejoras en la iluminacin; llevando adelante reclamos o propuestas vecinales donde el dilogo y
la gestin con los organismos gubernamentales implic la clave en la solucin. Su eficaz
accionar, junto al de otras instituciones y un sentimiento propio de los habitantes locales
vinculado a la construccin y adquisicin de las viviendas, entre otros aspectos, fue generando
un fuerte sentido de pertenencia, lo que contribuy a la construccin de una identidad vinculada
a lo barrial, otra cuestin central al momento del diseo del PP local.
De esta manera, a partir del liderazgo de la Secretara de Gestin y Participacin, de por entonces
reciente formacin, el ejecutivo local llev adelante el diseo del PP con particularidades
propias. La primera de ellas fue la decisin de trabajar con el barrio como unidad territorial,
no generando sectores, distritos o zonas, como en otras experiencias. Como fue mencionado
recientemente, esto se basa en la importancia de preservar la identidad barrial y adems teniendo
en cuenta el rol asignado a las comisiones vecinales, en cuanto a la comunicacin con los
vecinos y su accionar privilegiado al momento de tomar determinadas decisiones, tal como
funciona la figura del delegado en otros casos.
En cuanto al marco normativo, se defini incorporar un artculo en la ordenanza de presupuesto
pblico que se vota cada ao, que contemple que entre el 5 (cinco) y 10 (diez) por ciento de los
recursos T otales anua les c orrientes si n as ignacin e specfica pr esupuestados por l a
Administracin central se discutirn con los vecinos e instituciones en el marco del Presupuesto
Ciudadano de Gestin Participativa. Dada su amplitud y generalidad, el diseo del esquema
adoptado consisti en una propuesta del ejecutivo municipal, que si bien consensuada con las
comisiones vecinales, no implic la formalizacin de un reglamento expreso, hecho distintivo

12

que a lo largo de la experiencia fue un gran facilitador de los procesos de monitoreo,
evaluacin y replanteo del propio esquema.
Al momento de discutir la asignacin de montos para cada barrio, debate abierto realizado con
cada presidente de las 37 comisiones vecinales (por entonces uno de los barrios an no estaba
constituido como tal), no hubo acuerdo en cuanto a los criterios a priorizar para la distribucin de
los mismos. Se propona su determinacin en funcin de porcentaje de cumplimiento en pago de
impuestos, necesidades insatisfechas, cantidad de habitantes, necesidad de obras pendientes,
poblacin vulnerable o una combinacin de criterios, entre otros. Frente a ello se defini que los
fondos se asignaran en funcin de las necesidades, independientemente de las caractersticas
de la poblacin, ejecutando una obra por barrio. De esta manera, se beneficiara un criterio de
equidad en funcin estrictamente de la necesidad, hecho reflejado en las obras que se ponan a
consideracin de cada barrio.
5

En cuanto a la organizacin de la experiencia en su surgimiento y en las tres primeras ediciones,
la primera etapa consista enAsambleas Vecinales en cada barrio, donde se planteaban reclamos,
necesidades y propuestas. Todos esos insumos eran luego analizados desde las reas tcnicas
municipales, quienes eran las encargadas de elaborar las propuestas para cada barrio (entre 2 y 4
para cada uno), previo anlisis tcnico y econmico. Las mismas eran dialogadas en primer
orden con las Comisiones Vecinales, y una vez aprobadas, se elaboraban encuestas para cada
barrio detallando cada una de las propuestas. La opcin a priorizar deba marcarse en la encuesta
y depositar el troquel en una urna en la sede vecinal de cada barrio. Luego se realizaban los
escrutinios barriales que determinaban el plan de obras a ejecutar.
En funcin de lo recientemente descripto, se fue generando una modalidad con algunos aspectos
similares al funcionamiento de otras experiencias (la realizacin de asambleas, el planteo de
propuestas a los vecinos, la votacin ciudadana). Sin embargo, mantuvo rasgos distintos desde el
comienzo que lo diferenciaron, siendo adems uno de los objetivo al momento de implementar el
mecanismos, hecho que se reflej adems en el nombre que adopta, Presupuesto Ciudadano de
Gestin Participativa. El nombre implic plantear el concepto de ciudadana, entendiendo la
universalizacin de una experiencia previa de marcada participacin a partir de las instituciones;
hacia un esquema que promovera la participacin de los vecinos ms all de su pertenencia a
alguna organizacin en particular, intentando llegar al vecino de a pie. Este objetivo se plante
fundamentalmente en la llegada casa por casa de las distintas opciones a votar por barrio,
ms all de la asistencia a asamblea vecinal, primera etapa del PCdGP. Adems el voto se
determin por familia, no de manera individual.

5
De esta manera, a lo largo de las experiencias, barrios con poblacin en condiciones de vulnerabilidad social
recibieron obras de mayor envergadura y costo, pero tambin en barrios de clases media pudieron ejecutarse obras
pendientes como etapas de desages

13

Este esquema se implement durante tres ediciones consecutivas. Para el 2011, ao en que
cambia la gestin, se realiza una evaluacin de la manera en la que se vena desarrollando el
presupuesto participativo y frente a la demora y dificultad de completar las obras en el trmino
de un ao se decide discriminar entre diferentes vertientes. Analizando otras experiencias de PP
en Argentina, se decidi generar un presupuesto ciudadano temtico, diferenciando en la
seleccin de obras por un lado, y de propuestas culturales, educativas y recreativas por el otro,
siendo stas ltimas vitales para las comunidades barriales y de sencilla organizacin y ejecucin
principalmente en comparacin a las primeras.
6
Al mismo tiempo se continu avanzando en la
ejecucin de las obras que quedaron pendientes en la ltima convocatoria de 2011 mientras se
avanzaba en una discusin sobre las posibles adaptaciones que tendra el mecanismo.
b. El giro hacia una nueva concepcin en la gestin urbana y la participacin: el
Presupuesto Ciudadano Urbano 2014-2015
A pesar de los obstculos sobre los que fue necesario trabajar, el mecanismo se fue instalando en
la ciudadana y dentro de la gestin, al tiempo que se logr la ejecucin de una gran cantidad de
obras para los diferentes barrios. Hubo diversos elementos que motivaron proponer un nuevo
esquema depresupuesto participativo para el 2014que se caracteriz por la definicin de
intervenciones en espacios pblicos claves en la visin de ciudad.
Se comenz debati internamente en la gestin cmo generar un proceso participativo de
discusin de temas urbanos en la ciudad, que retome la experiencia vena desarrollando la ciudad
de Rafaela y que contine avanzando en ese proceso de darle voz a los vecinos. Necesariamente
el proyecto deba contar con instancias de dilogo para debatir propuestas y en funcin de ello se
disearon los Foros de Ideas. Se trata deespacios de planificacin participativa abiertos al
pblico en general en diversos sectores territoriales, con el objetivo de facilitar la accesibilidad
de los ciudadanos. En esa instancia se invitaba a todos los vecinos a discutir proyectos sobre
determinados espacios pblicos de la ciudad, los cuales en funcin de la mirada urbana de la
ciudad, se haban determinado previamente a partir del liderazgo de la Secretara de Desarrollo
Urbano, Suelo y Vivienda. Dichos espacios que se ponen a discusin
7
tenan que ver con lugares
de la ciudad con un importante potencial de crecimiento, generalmente ubicados en la periferia y
que requeran de un proyecto de revitalizacin capaz de generar impactos de importante
envergadura para toda la ciudad. A diferencia de la escala territorial en la que se vena trabajando

6
Se trata del Presupuesto Ciudadano Social, Cultural y Ambiental que se desarrolla de manera anual desde el ao
2011 y que permiti el desarrollo de ms de 70 talleres barriales en la ciudad. El mismo se fue consolidando como
una de las vertientes temticas que se desarrolla de manera paralela a las otras vertientes del mecanismo.
7
Los siete espacios que se proponen intervenir son: 1. Intervencin Urbanstica Champagnat; 2. Av. E. Salva; 3.
Galpn N.C.A; 4. Parque Balneario; 5. Cordn Verde Suipacha Av. Williner Plazoleta Suiza; 6. Av. Podio y
conexin con espacios verdes; 7. Av. Aristbulo del Valle. Para acceder al mapa de los 7 espacios:
[Link]

14

en las ediciones anteriores, la propuesta en esta oportunidad pasaba por superar la mirada barrial,
y que todos los vecinos puedan comprometerse con generar una visin integral de los espacios
pblicos y de la ciudad. Tal comosealramos en la primera parte de la discusin terica de este
trabajo, el nfasis en los espacios pblicos se basa en el hecho de que son entendidos como
lugares estratgicos y democrticos constitutivos de la trama urbana y social, que son lugares que
nos identifican como comunidad y que permiten una mejora en la calidad de vida urbana, entre
otros factores.
Una vez definidos los espacios y foros, comenz otro debate al interior del equipo tcnico y
luego con el gabinete de funcionarios, que implic discutir la modalidad de la instancia de
dilogo, los objetivos y el producto esperado. Esto implic el debate entre visiones ms
controladas de participacin y otras ms proclives a la discusin abierta, que refleja los planteos
propios de las miradas acerca de la participacin ciudadana, siendo los descredos de estos
mecanismos aquellos ms proclives a esquemas de alto control y menos delegativos de poder al
ciudadano.
Luego de acordar el objetivo del dilogo como premisa fundamental, decisin poltica
fuertemente sostenida por el Intendente de la ciudad, se procedi a generar una metodologa
especfica de trabajo que result sumamente innovadora
8
. Esa metodologa implic un trabajo
conjunto, en mesas de trabajo por proyecto a discutir, basado en el dilogo entre los tcnicos,
equipos de jvenes profesionales de la arquitectura, y vecinos, mediados por la figura del
facilitador, persona con aptitudes de escucha activa y con capacidades de motivar la
participacin de los presentes. Para facilitar este trabajo se utiliz el recurso de planos, stickers y
post-its para poder identificando determinados aspectos de los espacios (tales como lugares de
esparcimiento, reas de conflicto, sectores para la circulacin de peatones y ciclova, entre otros).
Este trabajo serva para iniciar la discusin planteando un diagnstico compartido del lugar que
daba lugar luego al planteo de ideas y propuestas superadoras de los reclamos y dificultades, y
que apunten no a un simple maquillaje del lugar sino a un cambio en el concepto del espacio
con el fin renovarlo profundamente su rol en la trama urbana.
Sumado a los foros territoriales que fueron cuatro, uno en cada cuadrante de la ciudad, se
agregaron 3 foros sectoriales, los cuales promovieron la participacin de colectivos
especficos: los adultos mayores, como agentes privilegiados al momento de pensar la
accesibilidad de los espacios, los jvenes, sector ms populoso de la ciudad, ya que el 48% de los
habitantes de Rafaela posee menos de 30 aos, y son adems actores que difcilmente se acercan

8
Con el fin de llegar a las instancias con los vecinos de la mejor manera se realizaron dos instancias de capacitacin,
donde se trabaj la metodologa, se conformaron los grupos de trabajo por proyecto y se les proporcion el material
terico e informativo necesario a quienes estaran interviniendo y colaborando en el proceso participativo.

15

a las instancias de participacin, y los estudiantes de arquitectura de una universidad con sede en
la ciudad, intentando generar un dilogo ms tcnico con profesionales en formacin.
9

Los resultados de los foros arrojaron anlisis pormenorizados de los espacios, reclamos
puntuales, propuestas concretas e ideas generales a tener en cuenta para el abordaje de los
proyectos. Una cuestin interesante fue que a medida que se iban sucediendo las instancias, se
fue consolidando un cuerpo de ideas que se convirtieron en las bases a tener en cuenta en el
diseo de los anteproyectos.
Si bien la convocatoria y comunicacin general del proyecto merecera un anlisis
pormenorizado, que excede a este artculo, es posible aseverar que ms de 700 personas se
hicieron presentes en los foros. Se trat de dirigentes vecinales e institucionales, vecinos de a
pie y referentes polticos, los cuales a partir de intereses y recursos diversos debatieron sobre las
caractersticas actuales y futuras de cada lugar. A modo de reflexin, el anlisis posterior del
equipo de trabajo concluy en la importancia fundamental de la existencia de vnculos previos
con los vecinos al momento de su convocatoria, entendiendo que la relacin de confianza y
legitimidad del convocante resulta central en tal compleja y determinante tarea. Esto se vincula
directamente a la importancia que tienen las redes socialesen este proceso, lo que sealbamos
al comienzo del trabajo en el debate terico de los esquemas participativos.
Luego de finalizada la primera etapa de foro de ideas, el proyecto continu con el diseo de los
anteproyectos, proceso monitoreado por las reas de Desarrollo Urbano, Suelo y Vivienda, quien
supervis los aspectos tcnicos y econmicos de las iniciativas y por la Subsecretara de Gestin
y Participacin, rea de coordinacin general del proyecto, quien junto a facilitadores, se ocup
principalmente de identificar y controlar que los aportes de los vecinos en las propuestas.
Asimismo, dada la importancia del proyecto en la gestin de gobierno, el propio intendente
estuvo presente en este proceso, realizando aportes y sugerencias.
A la actualidad, el proyecto se encuentra en la etapa de preparacin de la instancia de
presentacin pblica de los anteproyectos, organizada previamente con el gabinete municipal y
la FEV, actores a los que se contina otorgando un peso relevante en el esquema. Luego vendr
la etapa de votacin ciudadana donde los vecinos podrn elegir, mediante un sistema de votacin
electrnica las tres obras que consideran importante priorizar para la ciudad.
2.3 Sntesis de la evaluacin del caso de estudio a la luz de las contribuciones tericas
De la descripcin precedente, se desprenden algunos puntos de anlisis en los cuales nos gustara
realizar un nfasis particular recuperando el debate terico-conceptual.

9
El siguiente video resume la dinmica de los
Foros[Link]

16

Por un lado, se identifican distintos niveles de innovacin en el caso descripto, cuyo puntapi
inicial est marcado por un contexto proclive a la innovacin en la ciudad de Rafaela, que
nuestro anlisis enfoca a partir de los aos 90
10
en un escenario de reestructuracin del Estado-
nacin y los Estados locales, que abre la oportunidad a un escenario de cambios. En ese
contexto, las polticas de participacin ciudadana reflejan la intencin de promover relaciones
ms horizontales entre gobernantes y gobernados, que por su lgica misma implicaron una
innovacin poltico-institucional en el gobierno local, cuya estructura estatal, diseada en base a
cannes de jerarqua y centralidad se vio modificada.
En el presente trabajo observamos cmo en el caso de estudio, diversas condiciones promovieron
el surgimiento de mecanismos de participacin ciudadana, que fueron uno de los antecedentes
que permitieron, junto a otros, el surgimiento del PCdGP en 2008. El mismo, signific una
innovacin entendida como adaptacin, en trminos de Cravacuore (2004), que precedida por
un anlisis del contexto gener la incorporacin de una herramienta poltica propia de otras
latitudes, pero diseada en base a las particularidades locales. Dicha herramienta, en un contexto
propicio de condiciones polticas y estructurales, y en funcin de la flexibilidad del marco legal y
metodolgico que caracteriza al caso rafaelino, sumado a una revisin crtica de un equipo
tcnico y poltico, permiti la implementacin de una nueva innovacin, el Presupuesto
Ciudadano Urbano 2014-2015. El mismo resulta novedoso no slo en su diseo metodolgico de
caractersticas inditas, sino tambin en el hecho de propiciar un mecanismo de participacin
ciudadana para la discusin de temas urbanos, en particular la revitalizacin de los espacios
pblicos.
En cuanto a la reflexin en torno a los aspectos que favorecen la creatividad, consideramos que
la existencia de un contexto estructural e institucional que la permita y promueva, generado en
base a la firme decisin poltica de incentivar y liderar una gestin que se plantee la posibilidad
de innovar, sumado a la presencia de recursos profesionales capacitados tcnicamente y con
capacidad de reflexin sobre los procesos, se tornan en condiciones fundamentales.
Como se puede evidenciar, al plantear esta experiencia aparecen aspectos importantes que la
fueron moldeando y que a nuestro entender, facilitaron un proceso innovador en el diseo de
polticas participativas. A los ya mencionados se agrega la decisin poltica de disear una
herramienta que contemple las particularidades locales, en este caso, la tradicin de
participacin en organizaciones de la sociedad civil, en especial, las comisiones vecinales, el
antecedente de esquemas de participacin asociada como fueron las Comisiones Asesoras
Municipales, y la preeminencia de la identidad barrial por sobre la creacin de divisiones
artificiales sin arraigo popular. Por otro lado, la flexibilidad del marco normativo general, que
permiti generar una herramienta desde el Ejecutivo municipal y a partir del consenso de las

10
Esto no significa que no haya existido innovacin anteriormente a la fecha descripta, sino que a los motivos del
presente anlisis se ha focalizado en dicha etapa temporal

17

comisiones vecinales como actores centrales, sin reglamento votado por el Concejo municipal,
que se monitoreaba y evaluaba cada ao hacia dentro de la estructura municipal y hacia
afuera, con vecinos y referentes institucionales, que permiti la incorporacin de elementos de
mejora, en trminos de plazos, de generacin de mayores instancias de dilogo y devolucin con
los vecinos, y que condujeron al replanteo en profundidad del esquema local a partir de 2011.
En cuanto a los elementos que obstaculizan la creatividad, aparecen rasgos propios de la
estructura del Estado, como la burocratizacin de sus funciones, el funcionamiento
jerarquizado y centralizado de rea de gobierno, que impiden la mejora en el proceso de PP
que, por ejemplo para su ejecucin en plazos anuales exiga mayor celeridad en la resolucin de
proyectos y por lo tanto, introducir una diferenciacin en el trmite burocrtico que per se atenta
contra la concepcin misma de la burocracia planteada por Weber.
11
En ese contexto, la
introduccin de una cartula de un color distinto para llevar adelante los trmites del expediente
en el caso analizado signific un hecho a primera vista incomprensible e inconcebible para
determinados empleados municipales, o la exigencia de trabajo coordinado y transversal para dar
respuesta a los reclamos mediante proyectos que necesariamente necesiten una mirada compleja
(el vandalismo de nios y jvenes en determinados sectores de la ciudad puede no responder
nicamente a la falta de espacios de ocio y recreacin, que podra solucionarse con la
construccin de playones polideportivos, sino tambin con programas sociales que luego
promuevan el uso y apropiacin de esos espacios).
Por otro lado, un gran obstaculizador de los procesos participativos y su profundizacin y
creatividad est relacionado a las concepciones ideolgicas de los empleados pblicos y
funcionarios polticos acerca de la necesidad del Estado de encarar procesos de
participacin ciudadana, que no comparten y por lo tanto, no promueven e impiden, tal como
mencionamos al comienzo del trabajo. Diversas opiniones tales como para qu ge nerar
esquemas engorroso, ms lentos y conflictivos, sobre temas para los cuales la ciudadana ya nos
eligi?, o los v ecinos t e pi den c ualquier cosa, no e ntienden, no s aben, son argumentos
cotidianos frente a los cuales los participacionistas deben luchar a diario.
A raz de este reflexin acerca de los aspectos facilitadores y obstaculizadores de la creatividad,
entendida como el proceso de reflexin que implica la introduccin de cambios en las
caractersticas actuales que asume determinada poltica pblica, consideramos pertinente retomar
la nocin de Mayntz (2001) propuesta en el marco terico de condiciones condiciones
estructurales e institucionales que permiten, promueven o impiden la creatividad. En el caso de

11
Tal como plantea Weber en el legendario libro Economa y Sociedad, en la burocracia rige el principio
administrativo de atenerse al expediente, aun all donde las declaraciones orales sean de hecho la regla o estn
hasta prescritas; por lo menos se fijan por escrito los considerandos, propuestas y decisiones, as, como las
disposiciones y ordenanzas de toda clase. Adems, este tipo de dominacin legal se ejerce a cargo de un cuadro
administrativo donde la jerarqua administrativa rigurosa y las competencias rigurosamente fijadas son aspectos
centrales.

18

estudio existi un contexto propicio que favoreci la creatividad en la poltica pblica del
presupuesto ciudadano.
Profundizando en este aspecto, y siguiendo a Medelln Torres (1997), consideramos que la
poltica pblica es entendida en su estrecha relacin con el rgimen poltico, encargado de definir
las instancias, grados y escalas en que stas se producen y estructuran.
desde e l r gimen pol tico, l as polticas pbl icas r evelan y e specifican l a pue sta e n
juego de un proyecto de direccin poltica del Estado y la sociedad que se gobierna y un
proyecto de di reccin i deolgica ac erca de cmo de be moldearse e l Estado par a que
interacte con la sociedad y viceversa.

En cuanto a este direccionamiento poltico e ideolgico del Estado, hacia finales del ao 2011
cuando asume el gobierno de la ciudad un nuevo intendente, el cual si bien conserv
prcticamente la mitad del equipo de gabinete que acompa a su predecesor, el mismo introdujo
cambios en la estructura afectando sectores con roles centrales respecto al Presupuesto
Ciudadano. Una de las reas en las que hubo modificaciones fue en la ex Secretara de Obras
Pblicas y Planeamiento Urbano, la cual se dividi en dos importantes secretaras: la de Obras
Pblicas por un lado y la de Planeamiento Urbano, Suelo y Vivienda, por otro, que conserv el
rea de Arquitectura, departamento primordial al momento de disear los proyectos del PCdGP.
Asimismo, la mirada del intendente asumido, de profesin arquitecto, le imprimi a esta nueva
estructura un lugar privilegiado en su programa de gobierno, donde temticas como el
urbanismo, la planificacin urbana, el acceso al suelo y la poltica de vivienda adquirieron un rol
central. A su cargo, design a una funcionaria de carrera, referente de los temas urbanos en la
gestin municipal. Dichos aspectos relacionados a la direccionalidad poltica de la gestin y
su reflejo en la estructura de gobierno, merecen una especial atencin, ya que a nuestro
criterio, plantearon una de las condiciones que permitieron el nuevo esquema.
Otra de las condiciones que permitieron y promovieron la innovacin estuvo dada por la ya
mencionada flexibilidad del marco legal y metodolgico, no sujeto a reglamentos estrictos y
ms proclive a la generacin de acuerdos, que a su vez permiti encarar un proceso de reflexin
que diera origen a un nuevo esquema sin demasiadas restricciones estructurales que impidan su
instauracin. En tal sentido, luego de 3 ediciones, se llev adelante una profunda revisin del
proyecto que coincidi, no de manera casual, con una nueva gestin de gobierno, que si bien
implic un cambio de intendencia, no as de lnea poltica, ya que ambos intendentes compartan
el mismo marco poltico-ideolgico. En esta reflexin se analizaron aspectos relacionados a las
caractersticas de las obras realizadas, mayormente vinculadas a infraestructura barrial como
playones polideportivos, construccin o restauracin de sedes vecinales, instalacin de Centros

19

Tecnolgicos Barriales
12
, remodelaciones de plazas y avenidas entre otros. Dicho anlisis reflej
que la inversin realizada haba contribuido a dar solucin a demandas antiguas y que haba
contribuido adems a actualizar y dotar de importante infraestructura de escala barrial a los
diversos barrios de la ciudad. Adems, se presentaba un agotamiento de nuevas propuestas, en su
gran mayora ya concretadas. Por otro lado, se visualizaban proyectos que presentaban un
impacto en su entorno cercano, a veces carentes de una mirada global que priorice el carcter de
la ciudad como gran proyecto urbano y social. Es decir, el hecho de haber realizado ms de 150
proyectos durante las 3 ediciones, no slo haba completado, sino tambin agotado la inversin
en pequeas y medianas obras de alcance barrial, colocando en segundo plano una mirada desde
la planificacin urbana de la ciudad en su conjunto. Esta ltima cuestin, especialmente
advertida por la nueva Secretara de Desarrollo Urbano, Suelo y Vivienda sirvi como aspecto
central para plantear una nueva forma de entender al pp.
Otra modificacin que aparece producto de la evaluacin de la trayectoria fue la necesidad de
plantear procesos ms extensos de trabajo, ya sea en la etapa de planificacin participativa como
de ejecucin de proyectos. El PCdGP haba generado en sus ediciones un sobrecargo de la
administracin pblica, que sumaba una treintenta de proyectos por ao que requeran su diseo,
presupuestacin, y ejecucin, en base a los lineamientos econmicos y legales propios del
Estado. De esta manera, procesos de licitaciones truncos, dificultad de los proveedores
disponibles para ejecutar la gran cantidad de proyectos, y dficit en el control de las obras,
fueron generando proyectos de baja calidad y que superaban el plazo de un ao para su
ejecucin. Esto implic que se proyectara una edicin de seleccin de obras cada dos aos.
Por otra parte, el hecho de proponer diferentes vertientes temticas dentro del mecanismo de PP
que respondan a necesidad especficas pone de manifiesto tambin, la capacidad de lectura de
otros procesos y la adaptacin de aspectos que puedan favorecer el planteo de la experiencia
local, sin generar copias exactas de otros casos. En tal sentido, se trata de una forma de
introducir cambios a partir de adaptar mecanismos y elementos de otras experiencias,
apuntando a generar una mejora en el proyecto local.
Como otro aspecto vinculado a las disposiciones de la creatividad es necesario volver a
mencionar la importancia del diseo metodolgico de las prcticas participativas. En el caso de
Rafaela, para poder lograr ese salto en el nuevo esquema del mecanismo fue esencial contar
con una metodologa cuidadosamente pensada y ajustada a las demandas locales y a los objetivos
del proyecto. La misma fue tomando forma a partir de un anlisis de las ediciones anteriores de
presupuesto ciudadano en la ciudad, una evaluacin de los activos e insumos que se podan poner

12
Gabinetes de informtica ubicados en las sedes vecinales donde se facilitan trmites virtuales y se
realizan cursos de computacin bsicos, y que en definitiva ofician como elementos bsicos de
descentralizacin municipal)

20

a disposicin, la mirada tcnica e interdisciplinaria preparada terica y metodolgicamente para
el diseo de PP y la flexibilidad en el cronograma.
Otra de las aspectos importantes a tener en cuenta, no ya en trminos de condiciones, pero s
haciendo referencia a los aspectos que favorecen la creatividad, est relacionado a la capacidad
de liderar desde lo poltico y organizacional las polticas de participacin ciudadana innovadoras
a implementar. En un caso como el PCdGP esta capacidad adquiere una importancia central dada
la flexibilidad del marco legal, que se suman a otras variables como la escasa tendencia de la
estructura gubernamental a trabajar de manera transversal y articulada, aspecto vital para los PP
y la gobernanza. Por tales motivos, la existencia de un rea coordinadora del proceso en general
se torna fundamental, ya que implica superar la mirada de cada rea municipal, que por s sola
muchas veces carece de una mirada superadora del proyecto en general.
Finalmente, consideramos importante incorporar la variable subjetiva al anlisis, que vemos
reflejada en la capacidad de liderazgo en la coordinacin, que entendemos implica capacidad
de reflexin crtica que permita evaluar los procesos desde lo tcnico y lo poltico; con capacidad
de evaluacin y proyeccin; la aptitud para motivar a las dems reas intervinientes a ser parte
del proyecto, en especial, frente a visiones ideolgicas con dbil compromiso hacia y conviccin
de las prcticas de participacin ciudadana.
Es importante destacarel liderazgo poltico del intendente en primer lugar planteando su decisin
de implementar este proyecto, haciendo nfasis en la priorizacin del dilogo y el encuentro con
los vecinos como aspecto central, y luego de las reas a cargo de la coordinacin, la
Subsecretara de Gestin y Participacin y la Secretara de Desarrollo Urbano, Suelo y Vivienda.
Reflexiones finales
En el presente trabajo pretendimos aportar a la discusin sobre creatividad de las polticas
participativas a partir de sealar una serie de elementos vinculadas a las disposiciones
limitadoras y facilitadores de dicha innovacin. En el intento de comprender los desafos y las
oportunidades que enfrentan hoy los gobiernos locales, enmarcamos dicho debate en el proceso
de descentralizacin y la consecuente reestructuracin del estado. Frente a ese escenario, los
mecanismos participativos aparecen como un medio y un fin en el giro hacia nuevas formas de
gobernanza flexibles, ms horizontales y transparentes que permitan redefinir la relacin entre el
Estado y la sociedad civil.
Resulta esencial poder avanzar en la reflexin crtica de experiencias concretas con el fin de
motivar cambios e innovaciones que sean pensadas en las demandas, necesidades,especificidades
y potencialidades locales con el fin de evitar trasplantes fallidos de modelos que puedan resultar
en otros contextos. Finalmente, la decisin de generar mayores niveles de participacin
ciudadana requiere de la decisin poltica que la sustente, para que no se trate slo de
mecanismos aislados sino de un proyecto local ms integral.

21

Bibliografa
ARNSTEIN, S. 1969. Ladder of participation, Journal of the American Planning Association,
Volume 35, Issue 4: 216-224.
BARREIRO, F. 2008. Gobernar las ciudades en tiempos de cambio. A propsito del buen
gobierno local y de la participacin de los ciudadanos en los asuntos pblicos. Revista Prisma
N 22. Universidad Catlica del Uruguay. Uruguay.
BORJA, J. 2012. Espacio pblico y conquista del derecho a la ciudad, Caf de las Ciudades,
Ao 4 Diciembre. [Link]
CAO, H., VACA, J. 2006. El fracaso del proceso descentralizador Argentino. Una
aproximacin desde la crtica a sus supuesto conceptuales, Nmades, Revista Crtica de
Ciencias Jurdicas y Sociales, Publicacin Electrnica de la Universidad Complutense, 14
(2):[Link]
COSTAMAGNA, P. 1998. Desarrollo econmico local: la experiencia de Rafaela. Aportes
para el Estado y la administracin gubernamental, ao 5, N. 10.
CRAVACUORE, D. 2009. Perspectiva de los gobiernos locales en Argentina, in Molina, G.
(coord.) Territorio y Gestin Municipal. Pautas de Gestin Territorial Hacia Un Municipio
Innovador, Instituto de Ciencias Humanas Sociales y Ambientales del Consejo Nacional de
Investigaciones Cientficas (CONICET), Mendoza, Argentina: 149-170.
CRAVACUORE, D; ILARI, S. VILLAR, A. (2004); El fenmeno de la innovacin en los
gobiernos locales En: CRAVACUORE, D; ILARI, S. VILLAR, A; La articulacin en la gestin
municipal. Actores y [Link] de la Universidad Nacional de Quilmes. Buenos Aires
(Argentina): 23 - 32.
FERRARO, C; COSTAMAGNA, P.; MIRABELLA, R.; CARMONA, R. 2003. Desarrollo
econmico local, articulacin entre instituciones y cooperacin publico privada La experiencia
de Rafaela, Argentina, Julio. [Link]
mirabella-y-carmona-del-articulaci%C3%B3n-y-coop-la-experiencia-de-rafaela (consultado el
28/7/2014, disponible)
GARRIDO, J. (2002) Planificacin participativa para el desarrollo [Link] del CIMAS
Observatorio Internacional de ciudadana y medio ambiente sostenible.
[Link]
MARSIGLIA, J. 2008. Los gobiernos locales y las organizaciones de la sociedad civil: desafos
para la gestin concertada, Revista Prisma,N 22, Ejemplar dedicado a: Lo local y sus desafo:
167-192.

22

MARSIGLIA, J. 2009. Cmo gestionar las diferencias? La articulacin de actores para el
desarrollo local. Tesis de Maestra en Desarrollo Local, Universidad Nacional de San Martn
(UNSAM) Argentina.
[Link]
JAVIER%20MARSIGLIA-06-09-%[Link]
MAYNTZ, R. 2001. TheState and civil society in moderngovernance, presentado en el VI
Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administracin Pblica,
Buenos Aires, Argentina, Noviembre, 2001. Traduccin al espaol publicada enRevista del
CLAD Reforma y Democracia, N 21, Octubre, Caracas.
[Link]
democracia/articulos/021-octubre-2001/0041004
MAYNTZ, R. 2003. New challenges to governance theory, in Bang, H.P. Governance as social
and political communication, Manchester University Press Manchester: 27-40.
MEDELLN TORRES, P. 1997 Instability, uncertainty and restricted autonomy: elements for a
theory of public- policy structuring in countries with low autonomy of governance. Revista del
CLAD, Reforma y Democracia, No. 8, Caracas, Julio.
MONTECINOS, E. 2005. Estudios de descentralizacin en Amrica Latina: una revisin sobre
el estado actual de la temtica, Revista EURE, Vol. XXXI, n 93, Agosto, Santiago de Chile: 77-
88.
ORLANSKY, D. 1998 Las polticas de descentralizacin, Desarrollo [Link] de
Ciencias Sociales,Vol 38, N 151, Octubre- Diciembre. Buenos Aires: 827-843.
PUTNAM, R. 1993. Making Democracy Work: civic traditions in Modern [Link]
UniversityPress.
REESE, E. 2006. La situacin actual de la gestin urbana y la agenda de las ciudades en la
Argentina, Revista Enfoques Urbanos: 3-21.
[Link]
20de%20la%20gestion%20urbana%20y%20la%20agenda.%[Link]
RESSE, E. (2007) Planificacin Participativa y estratgica. Aportes para su aplicacin a
procesos de Desarrollo. Bloque de Formacin de Fundamento: Desarrollo Local. Centro de
Documentacin Virtual. Instituto Nacional de Formacin Docente.
RESTREPO, D. 2001. Dimensin espacial y poltica de la reestructuracin capitalista, Revista
Economa. Sociedad y territorio, Vol. III, N 9, enero-junio, El Colegio Mexiquense, A.C.
Toluca, Mxico: 93-126.

23

WEBER, M. 1993. Economa y Sociedad. Primera reimpresin en Fondo de Cultura Econmica,
Espaa. Disponible en:[Link]
[Link]


Democracias subnacionales en la mira: un anlisis de Neuqun y Santiago del Estero

Di Battista, Giannina; gdibattista@[Link] (UADE)
Fernndez, Mara Emilia; emi_fernandez92@[Link] (UADE)
Lopes, Jonathan; lopesjonathan@[Link] (UADE)


rea temtica: Instituciones Polticas y calidad de la democracia.


RESUMEN
En el siguiente trabajo se llevar a cabo un anlisis de caso a partir de las realidades polticas
de las provincias argentinas de Neuqun (1995-2011) y Santiago del Estero (2005-2014). El objetivo
principal es examinar cmo ha sido en la ltima dcada la dinmica de estas democracias
subnacionales con rasgos delegativos.
En este sentido; teniendo en cuenta los aportes realizados por Guillermo ODonnell,
Jacqueline Behrend, Carlos Gervasoni y Matilde Ollier; se realizar un minucioso estudio acerca del
liderazgo que ejercen los Ejecutivos provinciales, el juego cerrado que se produce entre los actores
anteriormente mencionados y la ausencia de una democracia institucionalizada que llevan a
regmenes hbridos con una fuerte dependencia del Gobierno Central.
Debemos ser capaces de pensar en la construccin de herramientas que contribuyan a
consolidar democracias representativas por sobre democracias delegativas, ya que si la estabilidad
descansa en liderazgos cuyo xito depende del ejercicio del poder concentrado y personalista se
produce a expensas de una baja institucionalizacin.
Palabras clave: Democracia Subnacional Democracia Delegativa - Liderazgo Provincial
Argentina Hibridez


Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso Internacional
sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y Relaciones Internacionales de la
Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de septiembre de 2014.


En los aos posteriores al fenmeno conocido como la tercera ola de democratizacin, el
anlisis acadmico estuvo centrado en el funcionamiento de los regmenes democrticos nacionales.
El traspaso de regmenes autoritarios a gobiernos popularmente electos (en Amrica Latina en
general y en Argentina en particular) eclips el escenario poltico dejando en un segundo plano el
accionar de los gobiernos subnacionales.
Tal como lo seala Gervasoni (2009), fueron los medios de comunicacin quienes primero
pusieron foco en el avance de verdaderos feudos provinciales (Morandini 1991; Zicolillo y
Montenegro 1991; Wiazki 1995), caracterizados por una pobre representacin de los intereses de
los ciudadanos, bajos niveles de participacin poltica en las votaciones, violaciones frecuentes a la
ley por parte de los funcionarios gubernamentales, elecciones de legitimidad dudosa, niveles muy
bajos de confianza del pueblo en las instituciones estatales y un persistentemente pobre desempeo
institucional del Estado que es visto como corrupto e ineficiente.
Poco tiempo despus, comenzaron a surgir nuevos trabajos periodsticos y acadmicos que
destacaban los dficits democrticos de estas provincias (Curiotto y Rodrguez 1994; Trocello 1997;
Wiazki 2002; Chavez 2003; Aostri 2004; Dandan, Heguy y Rodrguez 2004; Gervasoni 2005;
Gibson 2005; Dargoltz, Gerez y Cao 2006; Samper 2006; Behrend 2011).
Estos dficits democrticos originaron un debate acadmico sobre la construccin
terminolgica que calificaba de manera ptima esta situacin. Algunos autores (Fox 1994, Cornelius
1999, Snyder 1999, Gibson 2005) prefieren clasificarlos como autoritarismos subnacionales. Sin
embargo, en consonancia con lo expuesto por Gervasoni, este uso terminolgico lleva a caer en el
inconveniente del estiramiento conceptual descripto por Sartori (2002).
Una aproximacin ms exacta que caracteriza a estas unidades subnacionales viene dada por
la expresin rgimen hibrido, combinacin de autoritarismo y democracia. En este sentido, se
observa la celebracin de elecciones libres, justas y regulares; pero los cargos ms altos estn
ocupados por una o varias familias; se ejerce un control de los medios de comunicacin provinciales,
del poder judicial, de las oportunidades de negocio y de los recursos del Estado y redistribucin en
forma de clientelismo. (Behrend, 2008)
No basta contar con un rgimen poltico democrtico si su sociedad civil y su Estado
reproducen prcticas que no resultan consistentes con aquel. El Estado necesario tras la
democratizacin del rgimen poltico no se obtiene espontneamente y ello exige aceptar al Estado
como parte del proceso de democratizacin iniciado. (Iazzetta, 2011)


Un aspecto esencial a considerar dentro de una democracia viene dado por las elecciones, que
deben celebrarse peridicamente y de manera competitiva. El sistema de mayora basado en
elecciones funda las instituciones democrticas.
Sin embargo, esto no basta para que un poder, luego de haberse llevado a cabo las elecciones,
sea plenamente democrtico. Tambin se debe tener en cuenta que las elecciones puedan ser
sometidas a control y que stas sean de la expresin mayoritaria.
De este modo, la toma de decisiones y el control cobran un papel preponderante. As, por un
lado se deben tener en cuenta cules son las decisiones de las autoridades luego de haber sido elegido
y cmo van a ejercer sus cargos; por otro es crucial poseer accountability horizontal, entendida como
la capacidad y disponibilidad de instituciones estatales para llevar a cabo el control y/o sancin sobre
acciones u omisiones en principio ilcitas por pate de otras instituciones estatales.
En consecuencia, la accountability horizontal no slo es importante por las acciones que
genera sino tambin por las que disuade. En los pases donde el sistema legal no funciona con
efectividad, se vuelve fundamental la accountability horizontal en los niveles subnacionales.
Los regmenes subnacionales menos democrticos o hbridos subsisten en parte porque no
son autoritarismos claros y funcionan dentro de las reglas del juego establecidas a nivel nacional. Es
decir, muchos de estos regmenes subnacionales menos democrticos funcionan dentro de los
requisitos mnimos de un rgimen democrtico y son democrticos en lo que respecta al rgimen.
(Behrend, 2012)
Las dos dimensiones de la democracia y los tipos de rgimen poltico






REGLAS PARA
ACCEDER AL
PODER
REGLAS PARA EJERCER EL PODER
Gobierno
Limitado
Gobierno Semi
Limitado
Gobierno
Absoluto
Elecciones
competitivas
Democracias
Liberales (varias
provincias)
Democracias
Iliberales
(ninguna
provincia)
Elecciones poco
competitivas
Regmenes
Hbridos (varias
provincias)
Autoritarismo
(ninguna
provincia)
Otras
(designacin,
Autocracias
liberales



sucesin
hereditaria,
elecciones no
competitivas)
(provincias
intervenidas)
Fuente: Gervasoni, Carlos (2009), Democracia y autoritarismo en las provincias argentinas.

Teniendo en cuenta la realidad poltica de Argentina podemos ver que es igual de importante
el decisionismo sin control como la parlisis decisoria. Sin embargo, esta forma poco convencional
de decisin sin contencin, en cierto modo distingue a las democracias delegativas, no solo en su
aspecto terico sino tambin desde el lado prctico vaciando de apoyo a la democracia y generando
cierta erosin en su legitimidad.
En muchos casos, puede suceder que el decisionismo compulsivo o sin control muestre que
haya un gobierno, aunque en realidad solamente es un alivio inicial que, en su mayora, deriva en una
gran decepcin e inquietud cuando ese gran momento inicial termina en improvisacin unilateralidad
y rechazo a sentarse a negociar con otros actores polticos y econmicos.
Si bien la democracia representativa y la democracia delegativa guardan muchas similitudes
como la competitividad y la inclusividad en el momento electoral, tambin difieren en varios
aspectos. La principal diferencia se ve en el modo en el que se ejerce el poder, es decir, viendo cmo
utilizan los recursos del Estado, cmo se relaciones con actores intra-estatales y, a su vez, el modo en
que se mantiene la separacin entre el sector pblico y el privado.
A partir de los aportes de Matilde Ollier (2011), podemos afirmar que la democracia
delegativa posee dos aspectos importantes: la centralidad, es decir, la preponderancia del liderazgo
de los Ejecutivos y la baja institucionalizacin, tanto de la parte informal como de la formal, de las
relaciones polticas. En la relacin de estos dos aspectos se puede ver la clave del patrn delegativo:
a menos institucionalidad de las democracias presidenciales mayor preponderancia del liderazgo
institucional. De este modo, se puede entender que existen diferentes grados de institucionalizacin
como grados de liderazgo presidencial.
Al hablar de liderazgo se entiende una actividad que supone una relacin activa para resolver
determinado problema, o para promover un resultado decisional deseado, desarrollado en un
contexto y tiempo.


Siguiendo a Ollier, los mandatarios de las democracias delegativas tienen ocho rasgos
distintivos: la centralidad del liderazgo viene dada por la concentracin de decisiones en sus manos,
reforzado por un sesgo individualista fundado en la creencia de que l se erige en el mejor poltico
para gobernar; existe la conviccin de que el jefe de estado representa la nacin, ubicndose por
encima de las partes; hay una dicotomizacin del campo poltico, donde la sociedad se encuentra
frente al salvador de la patria; los dems poderes son percibidos como estorbos indebidos,
aislndose de las instituciones polticas y de los intereses organizados; todo esto conduce al
aislamiento del gobernante, el cual es culpado por los problemas irresueltos de la sociedad ya que es
el nico responsable.
Segn ODonnell, la debilidad de las instituciones polticas implica que la rutinizacin de las
reglas y procedimientos del rgimen poltico se produce de manera parcial. Esto conduce a una falta
de accountability horizontal (por la centralidad exclusiva en la toma de decisiones), inadecuada
interdependencia de las instituciones, dificultad para crear un sistema de partido y factores externos.
Las democracias delegativas, no son democracias consolidadas pero son democracias
duraderas. La democracia delegativa es fuertemente mayoritaria, es ms democrtica pero menos
liberal que la democracia representativa. Entre sus principales rasgos, se destacan: individualismo
extremo al constituir el Poder Ejecutivo y un presidente como la encarnacin del pas, e intrprete de
sus intereses.
La democracia delegativa implica una institucionalizacin dbil, otorgndole al presidente la
ventaja de no tener rendicin de cuentas horizontal y de concentrar en su persona la responsabilidad
por los resultados.
Las democracias delegativas se basan en la premisa de quien sea que gane una eleccin
presidencial tendr el derecho a gobernar como l (o ella) considere apropiado, restringido slo por
la dura realidad de las relaciones de poder existentes y por un perodo en funciones limitado
constitucionalmente (ODonnell, 1994).
Las democracias delegativas, teniendo en cuenta el caso de Argentina en particular, sugieren
ciertas prcticas no del todo democrticas como ciertas formas de concentracin particularistas del
poder estatal, la constante ignorancia de la lnea divisoria entre la esfera pblica y privada.
Es preciso destacar; que se ha optado por analizar las unidades subnacionales expuestas a
continuacin, debido a que a priori, parecieran reflejar claramente los rasgos propios de las
democracias delegativas que se dan en Argentina.


El caso de Santiago del Estero
A partir de los aportes de Victorio Ortiz de Rozas (2011), Santiago del Estero pertenece a los
llamados oficialismos invencibles debido a que hay un control de los recursos polticos por parte
del oficialismo y posee adems, la potestad de manipular las instituciones a su favor.
Este rgimen da muestras de atributos autoritarios como producto de las estrategias de las
lites polticas locales, relativas al control de fronteras en cuanto a flujos de fondos, de cargos y de
informacin que circulan entre el centro y la periferia. Al mismo tiempo, dispone de legitimidad
electoral: existen elecciones limpias y regulares, as como partidos opositores que si bien no ganan la
gobernacin obtienen cargos en las municipalidades y legislaturas provinciales.
En Santiago, hay alternancia limitada entre las fuerzas polticas, dnde el oficialismo slo es
despojado del poder luego de crisis polticas que culminan, como en 2004, con intervenciones
federales.
La provincia de Santiago del Estero fue gobernada por peronistas desde el retorno de la
democracia. En 2005 asumi como gobernador el radical Gerardo Zamora, liderando el Frente
Cvico, fuerza transpartidaria formada por radicales y dirigentes polticos del peronismo.
El Frente Cvico se constituy originalmente por la Unin Cvica Radical, algunas
agrupaciones peronistas provinciales y otros partidos polticos menores. Tras la ultima intervencin
federal llevada a cabo el entonces presidente Nstor Kirchner, el partido sufri un cambio ideolgico.
El interventor federal Pablo Lanusse, llam a elecciones para reestablecer el orden provincial
en 2005. Aqu, Gerardo Zamora (intendente en aquel entonces de la ciudad capital) lider el Frente y
result electo gobernador.
El flamante gobernador, llam a eleccin de Convencionales Constituyentes para reformar la
constitucin provincial, pues la que se encontraba vigente haba sido empleada por el rgimen
juarista. El Frente Cvico se incorpor al Frente de Unidad Santiaguea (frente que inclua a otros
sectores opositores del Justicialismo provincial y del Movimiento Viable).
Con la creacin de la Concertacin Plural
1
a nivel nacional para apoyar el gobierno del
presidente Nstor Kirchner, el Frente Cvico se adhiri a la misma, tomando un perfil

1
La Concertacin Plural fue una alianza electoral fundada en 2006 para sostener el gobierno de Nstor Kirchner y la
candidatura presidencial de su esposa.


marcadamente kirchnerista. Esto le vali al frente y a sus referentes de origen radical el ttulo
de Radicales K. En 2007, el Frente apoyara la candidatura a la Presidencia de Cristina Fernndez
de Kirchner.

Periodo de
Gobierno
Gobernador
1983-1987 Carlos Jurez (PJ)
1987-1991 Cesar Iturre (PJ)
1991-1995 Carlos Mujica (PJ -Renuncia en 1993)
Fernando Lobo (PJ Intervencin federal)
1995-1999 Carlos Juarez (PJ)
1999-2002 Carlos Jurez (PJ- Renuncia en 2001)
Carlos Daz (PJ)
2002-2005 Carlos Daz (PJ Renuncia en 2002)
Mercedes Aragons de Jurez (PJ Intervencin
federal en 2004)
2005-2009 Gerardo Zamora (UCR)
2009-2013 Gerardo Zamora (UCR)
2013-2016 Claudia Ledesma Abdala de Zamora (FPV)
Fuente: Elaboracin propia

La formacin de regmenes provinciales con elementos autoritarios tiene relacin con la
distribucin de los recursos fiscales propios del federalismo argentino. Las elites de provincias
pequeos acceden a abundantes recursos que utilizan para consolidar su poder, a travs de prcticas
clientelares y otras formas de utilizacin de los recursos pblicos. Cuanto mayor es el nivel de
transferencias federales per cpita, menor es el nivel de democracia provincial.
Behrend (2012) habla de un juego cerrado de la poltica provincial para caracterizar un
rgimen poltico subnacional donde una familia, o un reducido grupo de familias (Zamora y su
familia) domina la poltica en una provincia controlando el acceso a las posiciones de gobierno, el


aparato estatal, los medios y las oportunidades de negocios, y a travs del dominio del aparato estatal
desarrollan una clientela poltica. Se destaca la centralidad de los procesos electorales, momentos
claves para comprender la lgica de acumulacin poltica imperante en las provincias, en particular
los mecanismos de acceso y exclusin al poder poltico.
Presentar una candidatura alternativa a la del oficialismo provincial sera un suicidio poltico,
en virtud de su monopolizacin de los recursos pblicos y su consecuente capacidad de controlar a
un electorado mayoritariamente sujeto a la manipulacin de sus voluntades.
Los procesos de descentralizacin del Estado y las prerrogativas institucionales y fiscales de
los estados provinciales permiten a los gobernadores y/o fuerzas polticas auto perpetuarse en el
poder poltico, conduciendo a oficialismos inquebrantables.
Actualmente, el oficialismo provincial gobierna casi toda la Provincia. Zamora ha sido
reelecto con el 85, 3 por ciento de los votos en 2008. El Frente Cvico gobierna la totalidad de los
municipios, con excepcin de la segunda ciudad ms importante, La Banda.
El nuevo gobierno es ms hegemnico que el juarista, pese a que se ha dado un proceso de
democratizacin ya que se ha desmontado el aparato de inteligencia y persecucin de los opositores,
avanzando en la vigencia de las libertades civiles y polticas.
El alineamiento con Zamora es la nica forma de acceso al poder. Las campaas electorales
consisten en inauguraciones de obras y entregas de subsidios de parte de los candidatos, lo cual
supone que quien controla el gobierno no solo tiene posibilidades de acceso a la principal fuente de
acceso a los recursos pblicos, sino tambin a la principal fuente de legitimacin poltica.
El poder del gobernador est limitado por las necesidades de articulacin de un armado
poltico ms vasto, as como por la necesidad de elegir candidatos atractivos para los votantes.
Para el gobernador es mejor que los dirigentes representativos se integren al oficialismo,
incluso cuando no resultan del todo de su confianza. Es decir, el gobernador termina siendo un gran
elector donde todos terminan por alinearse con l. Adems, hay un despliegue del aparato poltico,
ya que en una sociedad donde hay muchas necesidades, la voluntad popular es manipulable.
Ser un aliado del oficialismo supone aceptar el poder del gran elector, el cual a su vez se
encuentra sometido a las presiones de diferentes sectores (en este caso los radicales).


En una provincia donde las principales fuentes de recursos son las pblicas, una de las formas
principales de relacin con la poltica de la ciudadana santiaguea es aquella que la visualiza, como
un modo de "conseguir cosas" relativas a la subsistencia cotidiana como empleo o alimentos
(Farinetti, 2005).
En el ao 2013 en el medio de una controvertida medida judicial, Zamora fue habilitado a un
tercer mandato tras una resolucin de la jueza en lo Civil y Comercial de II Nominacin de la
provincia, Andrea Surez, la cual declaraba inconstitucional la clusula transitoria 6 de la
Constitucin Provincial, a travs de la cual se considera el perodo 2005-2009 como primer mandato.
Repitiendo la frmula, con su entonces vicegobernador ngel Hugo Niccolai, el gobernador anunci
su postulacin a la gobernacin.
Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia de la Nacin, el 22 de octubre anul su
postulacin, tras una presentacin de la Unin Civica Radical alegando la inconstitucionalidad del
fallo que habilitaba a Zamora para un tercer mandato.
Dicho alegato fue confirmado por la Corte Suprema de Justicia y las elecciones fueron
suspendidas para el 1 de diciembre del mismo ao. En consecuencia, el Frente Cvico por Santiago
postul a la esposa de Zamora, Claudia Ledesma Abdala, como gobernadora y a Jos Emilio Neder,
el entonces Ministro de Gobierno y Seguridad, como vicegobernador. Resultando electos con el
64,67% de los votos.

El caso de Neuqun
En la provincia surea de Neuqun existe un partido poltico que gobierna desde 1963 casi
sin interrupciones: Movimiento Popular Neuquino (MPN). Este partido hegemnico, es el nico
partido provincial en todo el pas que se ha mantenido por casi 60 aos con muy pocas
interrupciones, entre ellas, en los golpes de Estado que ha sufrido la Argentina. Muchos autores
mencionan que su gran podero se debe a un gran conservadurismo popular y debido a un gran
desarrollo funcional, es decir, dependiendo el contexto nacional el partido se acomoda a los
intereses de ese contexto en particular.
A partir de la dcada del 90, este partido-estado deja de interactuar con los otros partidos,
y comienza un perodo de subordinacin total hacia el Movimiento Popular Neuquino. Por ello,
teniendo en cuenta las categoras de Giovanni Sartori (1976), el Movimiento Popular Neuquino es un


partido predominante, ya que el 75% de su poblacin lo ha votado en reiteradas elecciones
provinciales.
La provincia de Neuqun se la puede definir por dos grandes caractersticas. En un primer
lugar, por una gran presencia del estado local a lo largo de toda su provincia, as como tambin de su
partido hegemnico. En segundo lugar, por una gran redistribucin de aportes y subvenciones por
parte del Estado Nacional, suministrndolas a travs de polticas pblicas o por medio de proyectos
de infraestructura para la provincia neuquina.
Neuqun ha sido una provincia que, en sus comienzos, resaltaba la heterogeneidad debido a la
gran cantidad de ciudadanos migrantes originarios de otras provincias hacia Neuqun.
Porcentaje de migrantes interprovinciales a Neuqun dividido en perodos
Provincias de
Origen
1965-70 1975-1980 1986-1991
Ro Negro 23.3% 30.0% 26.9%
Buenos Aires 19.4% 20.5% 27.9%
Crdoba 12.0% 4.7% 5.3%
Capital Federal 10.4% 7.9% 6.4%
Mendoza 6.3% 7.7% 8.8%
Otras 28.7% 29.1% 4.7%
Fuente: Direccin de Estadsticas y Censos, Neuqun, 1998.

Esta gran diversidad de ciudadanos de diferentes provincias, las cuales cuentan con diferentes
realidades por ms que se congenien en una misma nacin hizo que Neuqun carezca en un principio
de una misma cultura poltica. Por ello, se debe afirmar que el Movimiento Popular Neuquino creci
al mismo ritmo que el sentimiento de pertenencia de los ciudadanos; y quizs esta sea una respuesta
a la duracin y predominio de este partido poltico en la provincia de Neuqun.


Asimismo, los aos 90 le han servido tanto a Jorge O. Sobisch como a Felipe Sapag, ambos
elegidos como gobernador representando al Movimiento Popular Neuquino, para poder construir y
reforzar la identidad del estado subnacional, por ejemplo, con diversas leyes que ayudan a los viejos
ciudadanos neuquinos que son quienes han contribuido a poblar la provincia a comienzos del siglo
XX.
Por ello, se puede hacer referencia al texto de Behrend (2011), en el cual se menciona que la
creacin de diversas unidades administrativas subnacionales, provinciales, puede llegar a fomentar el
desarrollo de comunidades cvicas y, por eso, desencadenar un proceso de desarrollo identitario en la
provincia neuquina. Desde este punto de vista, podemos entender que la desnacionalizacin del
sistema poltico entendida por Escolar (2010) nos lleva a pensar que no slo se dan en Estados
multitnicos sino que tambin pueden aparecer como consecuencia de una descentralizacin
administrativa o poltica, como ocurre en el caso de Neuqun.
De este modo, los gobernadores han ayudado tambin a construir una identidad y una cultura
poltica, entendiendo que son los propios neuquinos quienes deben defender su provincia as como
tambin sus recursos. Por ello, la fuerza partidaria ha servido como recurso para defender estos
intereses. En este caso, la nica fuerza partidaria se refiere al partido hegemnico: el Movimiento
Popular Neuquino.
Se puede observar, que en uno de sus discursos en 1995 Felipe Sapag deca: () no
aceptamos seguir siendo una c olonia, de la que slo se extraen recursos. El federalismo pareciera
agotarse en su antiguo molde: el centralismo. El gobierno de Neuqun se nutre en la vigencia de un
sano y autntico federalismo, no queremos seguir siendo un ciudadanos de segunda o tercera ().
Aqu se explicita la construccin de una identidad puramente neuquina defendiendo valores tales
como la ciudadana y el federalismo nacional.
Un dato que no se nos debe olvidar: desde la vuelta a la democracia en 1983 en la Argentina,
el Movimiento Popular Neuquino no ha perdido una sola eleccin para gobernador de la provincia.
Desde 1983 que ha sido elegido Felipe Sapag, luego en 1987 Pedro Salvatori, en 1991 Jorge Sobisch,
en 1995 Felipe Sapag nuevamente, en 1999 Jorge Sobisch nuevamente y luego reelegido hasta el
2007 donde fue elegido Jorge Augusto Sapag (hijo de Felipe Sapag) y que ha sido reelegido hasta el
2015.
Esto es una clara sucesin de liderazgos, y a su vez, se puede ver las grandes falencias de la
oposicin quines no han podido lograr el hacer llegar nuevas propuestas a los ciudadanos en


ninguna de todas las ocasiones que han podido desde la vuelta de la democracia. Por otro lado, cabe
resaltar la astucia del Movimiento Popular Neuquino entendiendo las necesidades y reclamos de sus
ciudadanos al ser elegidos durante tanto tiempo.
Perodo Partido Poltico Gobernador
1970-1972 De facto (Revolucin Argentina) Felipe Sapag
1972-1973 De facto (Revolucin Argentina) Pedro Salvatori
1973-1976 Movimiento Popular Neuquino Felipe Sapag
1976-1978 De facto (Proceso de Reorganizacin
Nacional)
Jos Andrs Martinez Waldner
1978-1983 De facto (Proceso de Reorganizacin
Nacional)
Domingo Manuel Trimarco
1983-1987 Movimiento Popular Neuquino Felipe Sapag
1987-1991 Movimiento Popular Neuquino Pedro Salvatori
1991-1995 Movimiento Popular Neuquino Jorge Omar Sobisch
1995-1999 Movimiento Popular Neuquino Felipe Sapag
1999-2003 Movimiento Popular Neuquino Jorge Omar Sobisch
2003-2007 Movimiento Popular Neuquino Jorge Omar Sobisch
2007-2011 Movimiento Popular Neuquino Jorge Augusto Sapag
2011-2015 Movimiento Popular Neuquino Jorge Augusto Sapag
Fuente: Elaboracin Propia
Luego de ver esta sucesin de amigos y familiares entre los gobernadores neuquinos
podemos analizar desde Behrend (2012) que, en los Estados federales, como en Argentina, puede
existir cierta variacin de la democracia entre el Estado federal y los Estados subnacionales. Es decir,
si bien en teora todas las unidades dentro del Estado nacional deberan ser democrticas siendo


Argentina un estado democrtico, muchas veces surgen variaciones y alejamientos de estos
regmenes democrticos.
Al igual que en el caso de la provincia de Santiago del Estero, en Neuqun se puede hablar de
un juego cerrado tal como lo menciona Behrend (2011), donde en este caso la familia Sapag
domina la administracin pblica y el juego poltico ejerciendo el control no slo del acceso a los
cargos pblicos en la provincia sino tambin controlando los negocios de esta por medio del control
del aparato estatal desarrollando clientelismo poltico.
Por esto mismo, se puede ver en el cuadro que Felipe Sapag ha sido elegido gobernador en
cuatro ocasiones y lo han sucedido amigos y/o familiares como es el caso del actual gobernador de
Neuqun: Jorge Augusto Sapag. Tambin se puede ver dentro de la administracin pblica neuquina
que los altos cargos los ejerce parte de la familia Sapag: dos senadores, una intendente, un
intendente, un candidato a vicegobernador, una candidata a diputada, un miembro del directorio del
banco provincial y el director del organismo de planificacin estatal.
Gibson (2009) suele llamar a esta situacin yuxtaposicin de regmenes, donde existe un
Estado nacional que contiene un rgimen democrtico y dentro de ese Estado sus unidades
subnacionales tienen ciertos rasgos autoritarios que, por ello al tener estas caractersticas se los
denomina como regmenes hbridos. Cabe resaltar que, al ser Argentina un Estado democrtico, la
autonoma subnacional siempre va a ser limitada por ello no se podra llamar al Estado subnacional
completamente autoritario, pero s, al igual que afirma Behrend, un rgimen hbrido.
Por otro lado, Gervasoni plantea que es el federalismo fiscal el culpable de la variacin en el
rgimen democrtico dentro de las provincias debido a la constitucin de las stas. Como hemos
sealado anteriormente, Neuqun en particular ha tenido una gran heterogeneidad en cuanto a la
constitucin de su poblacin, resaltando sus tradiciones y sus propias prcticas polticas.
Asimismo, sostiene que para que se de este rgimen hbrido (que surge en casos
excepcionales) no existe una nica causa que lo genere, es decir, tiene mltiples causas, como por
ejemplo, la tradicin histrica de la provincia, el funcionamiento de la justicia y la polica provincial
como as tambin las dinmicas partidarias, entre otros.




Consideraciones finales
Luego de los estudios de caso realizados (Neuqun y Santiago del Estero), es preciso afirmar
que resulta necesario pasar de democracias delegativas a democracias representativas, debido a que
si bien se ve cierta estabilidad, es producto del ejercicio del poder concentrado y personalista, lo cual
no garantiza, como hemos podido ver a lo largo de nuestro anlisis, la calidad democrtica ya que
afecta la institucionalizacin.
Por otro lado, es el Estado Nacional el que permite este tipo de juego poltico perverso a
nivel subnacional debido a que le es conveniente para capturar polticamente a las provincias. El
Gobierno Nacional no tiene inters alguno en los asuntos internos de los Estados subnacionales, es
evidente la ausencia de una puesta en prctica slida y coherente del federalismo poltico y fiscal tal
como lo establece la Constitucin Nacional.
La realidad da muestras de que el Estado Nacional argentino es un Estado fuertemente
centralizado que permite que se susciten estos tipos de regmenes provinciales que oscilan entre
autoritarismo y democracia.
Por ello; podemos ver que, tanto el juego cerrado como el rgimen hbrido no tienen una
sola causa, si no que la tradicin histrica de las provincias, as como tambin el mal funcionamiento
de la justicia debido a polticas clientelsticas, la corrupcin policial, y las dinmicas partidarias,
entre otras causas, ayudan a que puedan consolidarse estos regmenes excepcionales que menciona J.
Behrend.
A partir de las falencias institucionales anteriormente mencionadas, podemos afirmar que el
juego cerrado y el rgimen hbrido son las dos caras de una moneda. Es decir, que el juego
cerrado viene acompaado por el rgimen hbrido y viceversa, todo esto producto de las
discrecionalidades. Por lo tanto, es necesario que el Estado Nacional, a nuestro entender, garantice en
todo el territorio argentino un juego abierto para no permitir que esto se perpete.
El debilitamiento institucional, las reglas de juego del sistema poltico argentino y la forma en
la que se da el federalismo, genera una ausencia de controles (dnde no se sabe quin es responsable
de cada acto) y competencia por los recursos y la no cooperacin. En suma, esto abre la puerta (a los
gobernadores con rasgos autoritarios) hacia la carrera por la presidencia aun cuando tienen nula o
escasa insercin nacional. Los ejemplos a tomar son simples: se puede apreciar claramente en el caso
de Carlos Sal Menem y Nstor Kirchner.


Por ltimo, creemos necesario que para evitar los problemas mencionados por los Estados
subnacionales, se debe tener no slo un sistema institucional claro y formal, sino tambin una cultura
cvica y ciudadana, donde se compartan valores y todos podamos sentirnos representados de manera
efectiva, para que pueda haber un federalismo eficaz donde el sistema poltico sea transparente,
conduciendo, de este modo, a un mayor control de la ciudadana.

Bibliografa

[Link]. Con una diferencia de casi 50 puntos. Pgina 12. [En lnea]. Diciembre de 2013. [Consulta
20 jul. 2014]. < [Link] >.

[Link]. El peso de los Sapag. La tecla Patagonia. [En lnea]. Agosto 2012. [Consulta 15 jul.2014]. <
[Link] >.

[Link]. Ledesma Abdala se proclam nueva gobernadora de Santiago del Estero. Clarn. [En lnea].
Diciembre 2013. [Consulta 15 jul 2014] < [Link]
elecciones-Santiago-Estero_0_1039696374.html >

[Link]. Un clan siempre en guerra. La nacin. [En lnea]. Enfoques. [Consulta 11 jul.2014]. <
[Link] >.

Aostri, Fernando (2004). San Luis y sus Claves Polticas, 1983-2004. Buenos Aires: Editorial
Dunken.

Behrend, Jacqueline (2011). The unevenness of democracy at the subnational level. Provincial
Closed Games in Argentina, en Latin American Research Review, Vol. 46, N1.

Behrend, Jacqueline (2012). Democratizacin subnacional: algunas preguntas tericas, en Post Data
17 N2, Octubre de 2012, pp. 11-34.

Bergero, Fabin. 8300 Web. Cooperativa de trabajo por la comunicacin. Los Sapag regresan al
gobierno: Atendida por sus propios dueos. [En lnea]. 2 jul, 2009. [Consulta: 24 jul, 2014]. <
[Link]
duenos/ >.

Calvo, Ernesto (2004). La letra chica del contrato democrtico: Poltica subnacional y representacin
poltica, en Lo que vendr, Publicacin de la carrera de Ciencia Poltica de la Universidad de Buenos
Aires, Ao 1, Volumen 2.

Camarasa, Jorge. Los Sapag: el poder obsoleto. La nacin. [En Lnea]. Enfoques. [Consulta 11
jul.2014]. < [Link] >.

Cao, Horacio, Mnica Francs, y Angel Vaca (1997). Empleo Pblico en las Provincias Rezagadas,
en Aportes para el Estado y la Administracin Gubernamental N 8.



Carothers, Thomas (2002). The End of the Transition Paradigm, en Journal of Democracy 13, pp. 5-
21.

Chavez, Bill Rebecca (2003). The Construction of the Rule of Law in Argentina: A Tale of Two
Provinces, en Comparative Politics 35.

Cornelius, Wayne (1999). Subnational Politics and Democratization: Tensions between Center and
Periphery in the Mexican Political System, en Subnational Politics and Democratization in Mexico,
eds. Wayne Cornelius, Todd Eisenstadt, y Jane Hindley. La Jolla: Center for U.S.-Mexican Studies.
University of California, San Diego.

Curiotto, Jos y Rodrguez, Julio (1994). Arde Santiago. San Miguel de Tucumn, Ediciones El
Graduado.

Dandan, Alejandro, Heguy, Silvina y Rodrguez Julio (2004). Los Jurez: Terror, Corrupcin y
Caudillos en la Poltica Argentina. Buenos Aires: Grupo Editorial Norma.

Dargoltz, Ral, Gerez, Oscar Gerez y Cao, Horacio (2006). El Nuevo Santiagueazo. Cambio
Poltico y Rgimen Caudillista. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Diamond, Larry (2002). Thinking about Hybrid Regimes, en Journal of Democracy 13, pp. 21-35.

Escolar, Marcelo (2011). Nacionalizacin, comunidad cvica y coordinacin electoral: Problemas
para la integracin del sistema poltico en estados democrticos multinivel, en Revista SAAP vol.5
no.2 Ciudad Autnoma de Buenos Aires jul./dic. 2011.

Farinetti, Marina (2005). Violencia y risa contra la poltica en el Santiagueazo: indagacin sobre el
significado de una rebelin popular, en Schuster, Federico,Francisco Naishtat, Gabriel Nardacchione
y Sebastin Pereyra (comps.),Tomar la palabra, Buenos Aires, Prometeo.

Favaro, Orietta. 2011. Sociedad y poltica. La concordancia de dos sustantivos en el Neuqun del
siglo XX-XXI. [Link]

Fox, Jonathan (1994). Latin America's Emerging Local Politics, en Journal of Democracy 5

Gervasoni, Carlos (2005). Poliarqua a Nivel Subnacional. Aspectos Conceptuales y Normativos en
el Contexto de las Democracias Federales, en Coleccin 16.

Gervasoni, Carlos (2009). Democracia y Autoritarismo en las Provincias Argentinas. Revista
Aportes (para el Estado y la Administracin Gubernamental) Ao 15-N 27.

Gibson, Edward (2005). Boundary Control: Subnational Authoritarianism in Democratic Countries.
World Politics 58.
Gibson, Edward L. (2009). Subnational Authoritarianism and Territorial Politics: Charting the
Theoretical Landscape. Presentation delivered at the IPSA World Congress. Santiago, Chile, July
1216.



Gibson, Edward L. (2010). Politics of the Periphery: An Introduction to Subnational
Authoritarianism and Democratization in Latin America, en Journal of Politics in Latin America,
Volumen 2, pp. 3-12.

Gibson, Edward L. y Suarez Cao, Julieta (2010). Federalized Party Systems and Subnational Party
Competition: Theory and an Empirical Application to Argentina, en Comparative Politics 43.

Godoy, Mariana (2009). El PJ-juarista en la espesura de la crisis del rgimen. Un mapa de la
estructura partidaria para ir hacia las prcticas, en Silveti, Marisa (comp.), El protector ilustre y su
rgimen: redes polticas y protesta en ocaso del juarismo, Santiago del Estero, Universidad Nacional
de Santiago del Estero.

Gutierrez, Alfredo. Los Jurez quedaron presos y Lanusse asumi en Santiago. Clarn. [En lnea].
Abril 2004. [Consulta 28 jul. 2014]. < [Link] >

Huntington, Samuel P. (1994). La tercera ola: La democratizacin a finales del siglo XX. Paids,
Barcelona.

Iazzetta, Osvaldo (2011). La democracia delegativa y su cara estatal: un abordaje del caso argentino,
en Guillermo ODonnell y Osvaldo Iazzetta (comp.), La democracia delegativa revisada. Buenos
Aires, Prometeo.

Levitsky, Steven y Lucan Way (2002). The Rise of Competitive Authoritarianism. Journal of
Democracy 13.

Morandini, Norma (1991) Catamarca. Buenos Aires: Editorial Planeta.

Morlino, Leonardo (2009). Are there hybrid regimes? Or are they just an optical illusion? en
European Political Science Review, 1:2, pp. 273-296.

ODonnell, Guillermo (1994). Delegative Democracy, en Journal of Democracy, Vol. 5, No. 1,
January 1994, pp. 55-69.

ODonnell, Guillermo. (2007). Disonancias: criticas democrticas a la democracia. Buenos Aires,
Prometeo.

Ollier, Matilde (2011). Centralidad presidencial y debilidad institucional en las democracias
delegativas, en Guillermo ODonnell y Osvaldo Iazzetta (comp.), La democracia delegativa revisada.
Buenos Aires, Prometeo.

Ortiz de Rozas, Victoria (2010). Rgimen poltico provincial y formacin de dirigencia poltica. El
caso de Santiago del Estero, ponencia presentada en III Jornadas de Estudios Polticos, Argentina.

Ortiz de Rozas, Victoria (2011). El gran elector provincial en Santiago del Estero (2005-2010): Una
perspectiva desde adentro de un "oficialismo invencible", en Revista SAAP vol.5 no.2 Ciudad
Autnoma de Buenos Aires jul./dic. 2011.

Rodriguez, Julio C. El "sucesor" de Boudou, tironeado entre su mujer y Cristina. Clarn. [En lnea].
30 jun. 2014. [Consulta 27 jul. 2014]. < [Link]
Cristina_0_1166283709.html >



Samper, Jos (2006). San Luis. Entre el Atraso y el Autoritarismo. Buenos Aires, Editorial Dunken.

Sartori, Giovanni (1976). Parties and Party Systems: A Framework for Analysis, Vol. 1. Cambridge:
Cambridge University Press.

Sartori, Giovanni (2002). Cul es el mtodo?, El mtodo de la comparacin y la poltica comparada,
en La Poltica: lgica y mtodo en las ciencias sociales. Mxico, FCE, cap. IX.

Schedler, Andreas (2002). The Menu of Manipulation, en Journal of Democracy 13, pp. 36-50.

Snyder, Richard (1999). After the State Withdraws: Neoliberalism and Subnational Authoritarian
Regimes in Mexico, en Subnational Politics and Democratization in Mexico. Eds. Wayne Cornelius,
Todd Eisenstadt, and Jane Hindley. La Jolla: Center for U.S.-Mexican Studies. University of
California, San Diego.

Trocello, Mara Gloria (1997). Poder Poltico vs. Poder Judicial. San Luis: Un Ring Patrimonialista,
en Boletn SAAP (Sociedad Argentina de Anlisis Poltico), Ao 3, Nmero 5.

Wiazki, Miguel (1995) El ltimo Feudo. San Luis y el Caudillismo de los Rodrguez Sa. Buenos
Aires: Editorial Planeta.

Wiazki, Miguel (2002) El Adolfo. Crnicas del Fascismo Mgico en la Argentina. Buenos Aires:
Editorial Planeta.

Zicolillo, Jorge y Montenegro, Nstor (1991) Los Saadi. Historia de un [Link] Aires,
Editorial Legasa.




1
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



Ttulo de la ponencia: Movilizaciones ciudadanas y democracia: el impacto de las nuevas
tecnologas

Autor: Lucas Jolas (UNQ) lucasjolias@[Link]

rea temtica sugerida: Sociedad Civil, Democracia Participativa y nuevos actores
polticos / Desafos de la democracia en el mundo.



Resumen
En el presente trabajo, se analiza el impacto de los nuevos medios de comunicacin en las
movilizaciones ciudadanas, as como los retos que implican estos nuevos fenmenos para el
rgimen democrtico. Analizando diversos aspectos sobre la organizacin y coordinacin
mediante las TIC de los movimientos sociales de los ltimos aos, se proponen algunos
desafos que deber afrontar el rgimen democrtico a nivel global en lo que respecta a la
accin colectiva y la participacin ciudadana. En la primera parte del artculo se compara la
morfologa de las movilizaciones organizadas institucionalmente con las nuevas
movilizaciones de los ltimos aos, coordinadas principalmente mediante el uso de
Internet. En la segunda parte del trabajo se analiza el caso particular del 8N argentino, para
luego estudiar el impacto que los nuevos medios implican para el rgimen democrtico y su
gobernanza.


Palabras Claves
Democracia Internet Movilizaciones Ciudadanas Nuevos Medios Organizacin


2
1. Introduccin

Han pasado casi 50 aos desde que Mancur Olson trajo al debate de las Ciencias
Sociales la problemtica de la accin colectiva, dando inicio una serie de discusiones sobre
los dilemas que se plantean a la hora de conjugar intereses individuales con objetivos
grupales en la persecucin de un bien colectivo. Su libro La lgica de la accin colectiva
(1965) se enmarcaba en una sociedad industrial y de masas, en pleno siglo del
corporativismo, y en donde su referente emprico eran principalmente los sindicatos. Fue el
puntapi inicial de una discusin que hoy, a casi medio siglo, todava sigue abierta.

No hace falta precisar que la sociedad actual es bastante distinta a la que observaba
Olson;si Karl Marx se levantara de su tumba y se le ocurrira reescribir El C apital,
seguramente cambiara el ttulo por El Conocimiento. La irrupcin de las Tecnologas de
Informacin y Comunicacin (TIC) no slo ha generado nuevas formas de produccin y
difusin del conocimientosino tambin de relacionamiento entre individuos, creando un
nuevo ecosistema de relaciones interpersonales. Los postulados clsicos de la accin
colectiva deben ser analizados bajo los cambios acaecidos por esta nueva etapa de la
historia, tomando en cuenta las transformaciones socio-culturales y los avances de la teora
social en la materia.

Hoy nos encontramos frente a nuevas formas de articulacin de intereses
individuales en acciones colectivas, en donde la topologa y la lgica de su accionar son
diferentes a aquellas mostradas por las organizaciones movimentistas del siglo pasado.
Expresiones como indignados/M15, el Ocuppy Wall St reet, los estudiantiles en Chile y el
#yosoy123 en Mxico, los cacerolazos del #8N en Argentina, o las ms recientes
movilizaciones de Brasil, por citar slo algunos, ponen de manifiesto que las concepciones
tericas sobre los movimientos sociales y la accin colectiva, deben ser repensadas bajo el
nuevo escenario de la sociedad interconectada. En esas manifestaciones no existieron
lderes ni organizaciones formales que canalicen y guen el accionar de los manifestantes,
ni incentivos selectivos para evitar la lgica del free-rider, ni una ideologa que permita
identificar claramente sus reclamos. Ms bien se caracterizaron por su
desinstitucionalizacin, la coordinacin descentralizada y emergente, y la multiplicidad de
reclamos y demandas, que en muchos casos resultaban contradictorias. Tampoco fue una
accin planificada por una serie de idelogos o lderes populares que guiaron el accionar
de la protesta. Sin embargo, existieron y ms all de la efectividad de sus reclamos, la
magnitud que tomaron dichas manifestaciones fue notable, hasta el punto que muchas
lograron globalizarse y tener rplicas en otros pases.

A pesar del gran optimismo surgido en muchos especialistas y medios de
comunicacin con respecto al papel que cumplieron las redes sociales e Internet en estos
procesos hasta el punto de afirmar que la causa de esos movimientos fueron Facebook o
Twitter contamos con pocos estudios especficos que determinen su verdadero impacto.
En este artculo se analiza el impacto de los nuevos medios de comunicacin en las
movilizaciones ciudadanas, as como los desafos que implican estos nuevos fenmenos
para el rgimen democrtico.



3
2. Nuevos medios, nuevas movilizaciones

Es una movilizacin que supera los mecanismos
tradicionales de las instituciones, partidos polticos o
sindicatos, y suponen un mensaje directo
a los gobernantes en todas las instancias"
DilmaRousseff
1


El sentido comn nos indicara que individuos que pertenecen a un grupo social con
intereses similares, coincidiendo el inters individual con el grupal, no tendran problemas
en alcanzar sus fines. En otras palabras, existir un correlato entre los intereses individuales
y los intereses grupales, por lo que la suma de intereses individuales es el resultado de los
intereses de grupo. Bajo este punto de vista, no cabra suponer que existen problemas de
agregacin de los intereses individuales: si todos los miembros de un grupo tienen el
mismo inters, no habra por qu suponer que el colectivo no actuar para obtener el bien
pblico deseado.

Sin embargo, esto no siempre es as, y el gran aporte de MancurOlson (1965) fue
mostrar cmo la efectividad del grupo depende del tipo de bien que se persigue. Si el
colectivo persigue un bien pblico, entonces es probable que la agregacin de intereses
individuales sea conflictiva. Los bienes pblicos poseen la cualidad de tener costos muy
altos de excluir a posibles beneficiarios, se otorgan de manera homognea sobre el grupo,
de modo que aunque yo no aporte nada para la consecucin de ese bien, igualmente
disfrutar de sus beneficios. El ejemplo ms utilizado es el de las marchas o protestas:
imaginemos que el sindicato de camioneros planea realizar una huelga -paro y
movilizacin- con la finalidad de generar un aumento de salarios. Seguramente todos los
camioneros (a nivel individual) estaran de acuerdo con dicha medida, sin embargo, el
hecho de que tengan los mismos intereses no necesariamente implica que la marcha se
llevar a cabo. Como el bien que persiguen posee las particularidades de un bien pblico,
una vez que el aumento de salarios se produzca, el beneficiario ser el sector de los
camioneros en su conjunto, sin importar quienes fueron o no a la huelga. Si los
individuosactan racionalmente,
2
evaluarn los costos y beneficios de sus acciones, y por lo
tanto (sabiendo que el aumento de salarios ser para la totalidad del grupo) muchos de ellos
considerarn que el costo de ir a la marcha es muy alto (posibilidad de represin, tiempo
perdido que podran aprovechar en otras actividades, etc.). Simplemente el razonamiento
ser para qu voy a afrontar los costos de ir a la marcha si el beneficio ser para
todosMejor, que otro lo haga. La lgica indicara que si el beneficio perseguido es un
bien pblico, entonces existir la tentacin de obtener ese bien sin aportar nada a cambio.


1
A propsito de lasmanifestacionesocurridaspor el aumento de la tarifadel autobus en San Pablo, junio de
2013.
2
Racional no significa egosmo o inters propio, sino que estn teoras toman la racionalidad en el sentido
weberiano del clculo entre medios, fines y consecuencias. Una persona altruista, bien puede actuar
racionalmente.

4
Esta situacin expone la famosa paradoja del free-rider,
3
en la cual el esfuerzo o
costo a realizar para la obtencin de un bien colectivo es notoriamente considerable, bajo
una situacin en que la obtencin del bien no depende exclusivamente de uno, como es el
caso de los bienes pblicos. En situaciones de free-rider, los costos son individuales y los
beneficios grupales. Para una parte considerable del colectivo el precio a pagar por la
movilizacin es mayor que el beneficio esperado, por lo que la accin colectiva no se
producir o lo har en una magnitud mucho menor: la clave del razonamiento es que el
beneficio esperado de la accin es pblico, general (lo reciben tambin quienes no se
movilizaran en defensa de sus intereses), mientras que los costes son siempre individuales,
por lo que existir una tentacin muy fuerte de esperar se sean otros los que se movilicen y
obtengan beneficios, si la accin tiene xito, para todos (Paramio 2000: 69). La paradoja
del free-rider explica por qu la agregacin de intereses individuales en intereses colectivos
no es automtica y suscita problemas, aunque existan individuos con intereses comunes, no
hay por qu suponer que la accin en conjunto de ese colectivo se llevar a cabo.

Los tipos de accin colectiva pensados por Olson debemos circunscribirlos dentro
de un anlisis institucional de la accin colectiva. Las movilizaciones o manifestaciones
colectivas en las que el autor se sustenta, estn circunscriptas dentro de instituciones
formales, principalmente en la lgica de los sindicatos. Las organizaciones formales, con
sus recursos y estructuras de incentivos, son fundamentales para escapar a la lgica del
free-rider, al mismo tiempo que absorben los costos de transaccin y coordinacin de la
accin colectiva (March y Olsen, 1989). Segn Olson, sin instituciones formales,
difcilmente la accin colectiva puede ser llevada a cabo.

Sin embargo, lo que muchos de los crticos no llegan a dilucidar, es que Olson
analiza una de los varios tipos de accin colectiva posibles: la accin colectiva
institucionalizada. La pregunta que debemos hacernos tiene que ver con lo siguiente: la
accin colectiva descrita por Olson y muchos de los estudiosos del tema es la nica
posible? Existen casos en donde efectivamente se produzca accin colectiva pero que no
est mediada por instituciones formales? Con el avance de las TIC (principalmente de
Internet y sus plataformas) es posible pensar en otros escenarios, no presentes en la poca
que Olson escribe su obra, que nos ayuden a replantear y pensar nuevas formas de
estructuracin de la accin colectiva.

El desarrollo de plataformas entre pares (peer to peer), la construccin colaborativa
o los wiki-proyectos desafan las nociones tradicionales sobre el rol de las instituciones en
la accin colectiva. Mientras que las instituciones han sido centrales para coordinar y dirigir
la accin grupal, nuevas formas de relacionamiento permiten que ciudadanos se activen
grupalmente, prescindiendo de organizaciones formales (Shirky, 2008). Lo importante para
generar acciones conjuntas no es la organizacin, sino poder organizarse. Las innovaciones
tecnolgicas generan nuevas formas de comunicacin y relacionamiento, en las que el
cambio no slo es cuantitativo sino que tambin cambian los patrones por los cuales las
personas se relacionan, intercambian informacin o coordinan acciones.

3
En algunas traducciones al castellano se puede encontrar como la paradoja del polizonte, el gorrn o el
francotirador.

5

Para ejemplificar esto, supongamos la siguiente situacin: imaginemos que un
individuo, al que llamaremos Juan, tiene la intensin de organizar un partido de ftbol con
sus amigos. Para ello, Juan debe comenzar por tomar una serie de decisiones que se
relacionan con el medio tecnolgico disponible para coordinar la accin. En este caso
(imaginemos que la situacin transcurre en la dcada de 1980), Juan seguramente utilice el
telfono para comunicarse con sus amigos, adems de reservar la cancha y coordinar entre
todos los posibles jugadores el horario y lugar en donde se desarrollar el partido. Juan
toma el telfono, llamar primero a sus amigos que nunca le fallan o ms proactivos para la
organizacin, y les pedir que ellos hagan lo mismo con el resto de los posibles jugadores.
Si Juan debe llamar a cada jugador hasta completar los 22, seguramente tendr costos de
transaccin muy altos, como son, adems de llamar a todos, coordinar que puedan a la
misma hora y el mismo da. Por ello, Juan (que es racional) tratar de dividir esos costos de
transaccin en el resto de los involucrados, y por ello l llamar a los primeros dos amigos,
pero les encargar a estos que hagan lo mismo con el resto de los jugadores. De este modo,
Juan llama a dos personas, estas llaman a otras dos personas ms, y as hasta completar los
22 jugadores. Cualquiera que haya organizado un partido de ftbol por va telefnica sabe
muy bien cmo funciona la cadena de llamadas para coordinar este tipo de acciones.

Esta situacin ejemplifica cmo cada innovacin tecnolgica posibilita o restringe
(segn de qu lado se lo vea) el accionar y coordinacin de acciones colectivas, como en
este caso, ir a jugar al ftbol. Si Juan hubiese vivido en una poca en donde no exista el
telfono (o su difusin no era lo bastante masiva), seguramente sus costos de organizacin
seran considerablemente mayores. Basta con imaginarse organizar un partido de ftbol por
medio del correo postal. De all que, de no contar con medios tecnolgicos que permitan la
organizacin entre pares de actividades colectivas, las instituciones son centrales a la hora
de coordinar acciones, fijar conductas regulares y as posibilitar la el encuentro de
individuos con intereses comunes. Pertenecer o ser socio de un club de ftbol me permita
(entre otras cosas) tener un espacio comn de encuentro y una masa crtica de personas que
posibilite organizar un partido de ftbol en situaciones en las que no estaban disponibles los
medios tecnolgicos de coordinacin y comunicacin: si voy al club, seguramente
encuentro a muchas personas que quieran jugar un partido de ftbol.

Debemos pensar que la accin colectiva se desarrolla dentro de un espacio
determinado. El espacio fsico, el lugar de encuentro, fue central durante el siglo XX tanto
para coordinar y planificar la accin colectiva como para llevarla a cabo. La transformacin
que producen las TIC sobre el espacio de la accin colectiva tiene que ver con la
virtualizacin de la coordinacin, se rompen los lmites espacio-temporales, lo que permite
una coordinacin mucho ms eficiente, en tiempo real y sin estar atados a una lgica
espacio-temporal. El espacio fsico sigue siendo central para llevar a cabo la accin
colectiva, pero su coordinacin y articulacin pueden virtualizarse. Las instituciones han
sido centrales a la hora de asumir los costos de transaccin y organizacin, as como
tambin en generar que individuos con intereses comunes puedan encontrarse.

Las acciones individuales no slo son circunscriptas o condicionadas por las reglas
formales o informales, sino que tambin se encuentran estructuradas por los medios
tecnolgicos de comunicacin y relacionamiento. Si Juan tuviese a su disposicin una

6
forma ms efectiva, con menos costos de transaccin y organizacin, de comunicarse con
sus amigos seguramente su accionar hubiese sido otro. Como vimos con el ejemplo, ya no
dependo exclusivamente de mi club de barrio para poder organizar un partido de ftbol, ya
que gracias al surgimiento de nuevos medios de comunicacin es posible la coordinacin
entre pares de acciones colectivas. Aunque siguen existiendo costos para realizar acciones
conjuntas, ahora es posible realizarlas sin la necesidad de contar con organizaciones
formales.

No todos los medios de comunicacin e informacin son iguales, cada medio
tecnolgico permite transmitir informacin y coordinar acciones de maneras diferentes.
Analicemos las caractersticas de los medios de comunicacin teniendo en cuenta dos
variables: la capacidad de transmitir un mismo mensaje a una cantidad determinada de
personas, y la capacidad de feedback o intercomunicacin. Si tenemos en cuenta estos dos
criterios, podemos subdividir a las distintas innovaciones TIC en cuatro subgrupos, lo que
nos da un cuadro de doble entrada como el que sigue. En la parte superior izquierda
encontramos aquellos medios con baja capacidad de transmisin de un mismo mensaje a
una cantidad determinada de receptores y tambin una baja capacidad de respuesta, en la
que el correo postal es el ejemplo caracterstico. En la parte superior derecha del cuadro
encontramos a los medios masivos de comunicacin, aquellos con una alta capacidad de
transferencia de un mensaje para una determinada cantidad de personas, pero que el
feedback es muy limitado (o con costos muy altos). Por otro lado, el sistema de telefona
nos permite tener una capacidad de respuesta instantnea, aunque el tipo de comunicacin
es de uno a uno y, por ltimo, encontramos los nuevos medios tecnolgicos, aquellos que
nos permiten transmitir un mismo mensaje a una gran cantidad de gente y al mismo tiempo
puedo obtener un feedback de muchos con muchos (N a N personas).



7
Cuadro 1. Tipologa de medios


Alcance
Feedback

Bajo Alto
Bajo Correo Postal
Medios Masivos de
Comunicacin (TV, diario,
radio, cine)
Alto Telfono
Medios Sociales (mail, redes
sociales, mensajera instantnea,
chats)

Lo relevante de categorizar a cada medio bajo estas dos variables es que nos permite
identificar la estructura de relaciones y comunicaciones que posibilita cada uno, lo que
producir diferentes tipos de redes relacionales. Volviendo al ejemplo del partido de ftbol,
ahora que Juan tiene a su disposicin los medios sociales, le resultar mucho ms fcil
coordinar las acciones individuales en un accin colectiva (ir a jugar al ftbol) y, lo que es
ms interesante, su funcin como lder organizador ya no ser tan relevante: con slo enviar
un mail a la base de amigos, puede obtener respuestas casi instantneas sobre sus
preferencias, tiene costos de organizacin considerablemente menores a los del telfono,
por lo que le es mucho ms fcil que cualquiera del grupo active la propuesta. Al contar
con medios de comunicacin y organizacin ms efectivos, que permiten entablar
relaciones entre pares y multitudinarias, los costos de transaccin son considerablemente
ms bajos, permitiendo que no necesariamente exista una organizacin formal o un
liderazgo que se haga cargo de esos costos, sino que la accin puede surgir desde cualquier
integrante del grupo que est interesado en producirla. Las estructuras de relacionamiento
de los individuos cambian a medida que existen nuevos medios tecnolgicos, por lo que la
morfologa de la red ser distinta. La emergencia de Internet y los medios sociales ha
permitido que surjan con mayor facilidad estructuras de organizacin distribuidas. Como
puede observarse en el siguiente grfico, en las estructuras distribuidas de organizacin no
existe un nico nodo coordinador de la acciones, lo que permite nuevos flujos de
comunicacin e interaccin.

Grfico 3. Diferentes estructuras de organizacin de una red


Centralizada Descentralizada Distribuida



8
Los medios sociales permiten tener una estructura de la red diferente a las formas
centralizadas, en donde la comunicacin adopta una estructura de muchos con muchos.
En el caso de la organizacin mediante el telfono, si Juan no est disponible para organizar
el partido de ftbol, y debido a la morfologa que adopta una red centralizada, seguramente
la accin difcilmente se lleve a cabo. Con una estructura en red como la de la figura 1, es
necesario que existan personas u organizaciones que se hagan cargo de los costos de
organizacin para que la accin colectiva sea efectiva. Es por ello que existe una estrecha
relacin entre los costos de transaccin y la necesidad de generar instituciones (reglas que
perduren en el tiempo), ya que se torna necesario formalizar conductas o acciones con la
finalidad de no caer siempre en los costos de la organizacin: institucionalizamos el partido
de ftbol, fijando un da y una hora, con la finalidad de no depender siempre del pobre Juan
y de no volver a pagar altos costos cada vez que queramos realizar el partido. En definitiva,
las instituciones sirven para bajar la incertidumbre y as poder lidiar con los altos costos de
organizacin. La objetivacin de la realidad (institucionalizar conductas) nos permite no
volver a cero cada vez que queremos realizar una accin, en este caso colectiva.

Sin embargo, lo que la teora no nos dice, es que la necesidad de institucionalizar
ciertas reglas va de la mano con las capacidades y medios de comunicacin que tenemos a
nuestro alcance. Bajo ciertas condiciones, es razonable que formalicemos conductas y
acciones, lo que nos traer previsibilidad y con ello no tendremos que pagar siempre altos
costos de transaccin. Transformaciones en los sistemas de comunicacin repercuten en las
capacidades organizativas de los individuos. En todo caso, ahora es mucho ms fcil
organizar (o cambiar para otro da) un partido de ftbol con amigos que hace dos dcadas,
lo que nos permite generar acciones conjuntas sin la necesidad de una organizacin formal
o de un liderazgo que absorba los costos de coordinacin.

En definitiva, en la Era de Internet, las redes y la movilidad, lo que se modifica son
son los flujos de informacin y comunicacin, dando como resultado las siguientes
caractersticas:

Mayor creacin de datos, de informacin y de conocimiento. Mayor capacidad de
almacenamiento, reproduccin y distribucin a menor costo y mayor velocidad.
Los usuarios pasan de ser de receptores pasivos a creadores activos de contenidos
(ProAm: productores amateur), intercambiando datos e informacin entre pares y
con emisores tradicionales (medios masivos, gobierno, etc).
Movilidad e Internet de las cosas como aceleradores de la creacin de datos,
contenidos.
Interaccin masiva, en tiempo real, y potencialmente viral, como efecto o
consecuencia del uso de redes masivas y de dispositivos de acceso mviles, ms
simples, econmicos y de inteligencia creciente.
Acceso descentralizado, los intercambios de informacin y de comunicacin en
formato horizontal bidireccional entre pares, ya no solo verticales y unidireccionales
como con los medios de masas tradicionales.
Creciente capacidad de formacin de grupos por tema, (afinidades religiosas,
polticas, econmicas, de entretenimiento, sexo, etc). Baja el costo y plazo del

9
armado de grupos espontneos y perecederos. Sea para movilizaciones polticas o
flash-mobs de menor contenido poltico.
Desaparecen o se reducen los lmites de espacio, masa y tiempo entre personas e
informacin. Eso deriva en un blur, o confusin de lmites o fronteras fsicas y
virtuales, entre pblico y privado, ocio y negocio, entre otros.

Al observar las nuevas movilizaciones, tanto las ocurridas en Europa y los Estados
Unidos como casos de Latinoamrica (Yosoy132 mexicano, el 8N argentino o las
movilizaciones en Brasil), la caracterstica que ms llama la atencin es su
desinstitucionalizacin, o para decirlo correctamente, su capacidad de movilizacin sin la
intermediacin de instituciones formales. En tiempos de una creciente desconfianza sobre
las instituciones polticas (Rosanvallon 2007), la utilizacin de los medios sociales para
generar acciones colectivas ha modificado radicalmente la morfologa de las mismas. Si los
movimientos tradicionales estaban caracterizados por la presencia de instituciones
formales, por un lder que genere una identidad colectiva y por procesos de comunicacin
descendentes, entonces la accin conectiva est determinada por una organizacin
descentralizada posibilitada por la utilizacinde medios sociales, la inexistencia de fuertes
liderazgos y por procesos de comunicacin y organizacin horizontales (entre pares). Sin
embargo, esta lgica de movilizacin no institucionalizada, necesita de una cantidad
determinada de participantes para lograr su cometido, lo que permitir reducir los efectos
del free-rider y generar un cambio de estado de la accin conectiva.

3. Un caso en particular: comunicacin y organizacin del #8N argentino

Junto con un grupo de profesores y alumnos de diversas universidades, hemos
realizado un estudio sobre el impacto de Internet y las redes sociales en la organizacin y
coordinacin de la protesta del 8 de noviembre de 2012 en la Ciudad de Buenos Aires.
4
El
objetivo del estudio fue relevar la opinin de los manifestantes en el #8N sobre el impacto
de Internet, as como el perfil de los mismos. Para ello se realizaron encuestas personales
con preguntas abiertas y cerradas a los manifestantes que se encontraban en el Obelisco, la
Plaza de Mayo y la Quinta de Olivos, utilizando un muestreo aleatorio con tcnica de
seleccin de caballo de ajedrez. Se realizaron un total de 369 encuestas afectivas.

La importancia de este relevamiento radic en que se encuest directamente en la
marcha, de manera personal, y con la intensin de analizar la percepcin de los
participantes en cuanto a la lgica de organizacin y coordinacin. En cuanto al perfil de
los encuestados, existi un equilibrio entre hombres (49,3%) y mujeres (50,7%), la gran
mayora de los manifestantes provenan de clase media-media (69,2%) y la muestra
evidencia un alto nmero de usuarios de internet (94,6%) y redes sociales (75,3%), por
encima de la media nacional (70% aproximadamente). Al igual que en otros pases en
donde existieron acciones conectivas, el perfil de los manifestantes era claramente de clase
media universitaria, con una fuerte presencia de usuarios de internet.

4
El estudio realizado por Lucas Jolas (UNQ) y Alejandro Prince (UBA/UTN) en conjunto con alumnos y
egresados de carreras de Ciencia Poltica y [Link]. de la UADE, UBA, Di Tella, San Andrs y Ortega y
Gasset.

10

En trminos generales, los manifestantes se enteraron por primera vez de la marcha
tanto por medios on-line (78,3%) como del mundo off-line (74,1%). Aqu es donde
debemos diferenciar entre el rol de los medios sociales e internet para organizar este tipo de
acciones, y el rol de los medios tradicionales para la difusin de los mismos. El gran
impacto de las redes sociales e internet estuvo dado por el hecho de haber sido una
plataforma de coordinacin y organizacin, ms all de que luego los medios tradicionales
se sumaron a la difusin de la marcha. Es verdad que el inicio de la organizacin y difusin
del 8N estuvo en las redes sociales e Internet, pero la viralidad de la informacin trascendi
los medios on-line. Las redes sociales (especialmente Facebook) cumplieron un papel
importante, ya que un 46,6% de los entrevistados se enter de la marcha por ese medio,
aunque el boca a boca (37,9%) y la informacin recibida por Radio y TV (25,3%) tambin
tuvieron un rol importante. Que casi un cuarenta por ciento de los entrevistados se haya
enterado de la marcha por el boca a boca tambin confirma que los flujos de
comunicacin son de tipo horizontal, y son los pares (y no la estructura institucional) los
encargados de la viralizacin del proceso. Asimismo, los datos confirman la idea de que
Internet es una tecnologa que corta al resto de los medios de comunicacin, ya que una
noticia o informacin puede comenzar all pero luego traspasa a la radio, la TV o el diario.

Cuadro 2. Medio por el cual se enter de la manifestacin (respuesta mltiple)

Porcentaje
A travs de redes sociales 46,6
Por e-mail 24,0
A travs de sitios, blogs, medios o pginas de
internet 5,2
SMS o Mensaje instantneo por celular (Chat BB
o WhatsUp) 2,5
Boca a boca, de manera personal 37,9
Radio y/o Televisin 25,3
Diarios y/o revistas en papel 10,9


A diferencia de las movilizaciones estructuradas centralmente (por Partidos,
sindicatos, etc.), la legitimidad del 8N estuvo dada por la horizontalidad. La mayora de los
encuestados afirm recibir informacin sobre el 8N de amigos o parientes (58,0%), o de
conocidos o colegas (48,3%). Como mencionaba anteriormente, el potencial de estas
movilizaciones viene dado por el hecho de que la legitimidad de las fuentes de informacin
no es vertical, sino que proviene de personas como uno (amigos, parientes o conocidos) y
no de celebridades, periodistas o polticos. Esto tambin se evidencia en que un 71,0% de
los encuestados afirm haber difundido el 8N, lo que tiene que ver con la estructura de red
descentralizada de las acciones conectivas. Anteriormente me refera a que las periferias de
la red cumplen un rol activo en la organizacin y difusin de las acciones, pasando de ser
simples receptores de informacin a comunicadores. Que ms de un 70% de los
encuestados haya afirmado que adems de enterarse de la marcha la difundi a sus
conocidos, muestra cmo los costos de organizacin y difusin estn divididos entre cada
Mundo on-line 78,3%
Mundo off-line 74,1%

11
participantes de la accin conectiva, y no son necesariamente absorbidos por la estructura
central de una institucin.

Cuadro 3. Procedencia de los mails o mensajes recibidos (Respuesta mlitple)

Porcentaje
De amigos ntimos o parientes cercanos 57,0
De conocidos, colegas o socios, compaeros de trabajo, etc. 48,3
Desconocidos o No identificados 24,8
De sus profesores o alumnos, o de sus jefes o empleados 8,3
Ns/Nc 6,5

Por otro lado, los mismos participantes del 8N tuvieron una percepcin muy
positiva sobre el impacto de internet en la manifestacin, ya que un 85,4% consider que
las redes sociales influyeron mucho o bastante, mientras que slo un 10,3% respondi que
influyeron poco o nada. Entre los 5 temas o reclamos por los cuales se manifestaban, se
destacan: la inseguridad y falta de justicia (78,7%), la corrupcin y falta de calidad
institucional (50,3%), el rechazo a la re-reeleccin y la reforma constitucional (34,0%), el
estilo y actitudes del gobierno o funcionarios (30,6%), y la inflacin (26,7%). Un punto
importante de la accin conectiva es su adaptacin. Algo que evidenci el caso de los
indignados, y que en los cacerolazos argentinos se puedo ver en menor escala, es que las
movilizaciones aprenden, es decir, que a medida que se repiten en el tiempo los discursos
se van unificando. Al no existir una institucin que agrupe las demandas y el discurso, las
primeras marcha tienen una apariencia catica sobre lo que reclaman. Por ejemplo, en el
caso argentino, en la primera de las marchas (el 13 de septiembre de 2012) uno de los
reclamos ms mencionados era el tema del cepo al dlar, lo que fue muy criticado por
algunos medios de opinin y funcionarios del gobierno nacional, diciendo que se
manifestaban porque no podan comprar dlares. Existen reclamos que frente a la opinin
pblica legitiman la marcha ms que otros, y esto fue captado por los manifestantes. En la
siguiente marcha (8 de noviembre), slo un 7,3% manifest que se movilizaba por el
problema del dlar.

Continuado con la comparacin de la marcha del 13S con la del 8N, un 57,3% de
los encuestados afirm que la manifestacin del 8N fue menos o mucho menos
espontnea que la del 13S. Esto quizs se deba, ms all de la mayor difusin de medios
tradicionales y de la injerencia de algunos partidos polticos, a que la gran mayora de la
gente (73,2%) tom la decisin de ir a la marcha varias semanas antes a que sta se
produzca. El menos o mucho menos espontnea puede interpretarse de dos maneras:
porque existieron organizaciones o lderes polticos que intervinieron o se manifestaron
abiertamente a favor de la misma, o porque la gente tom la decisin de participar con
bastante tiempo de anticipacin, das despus de la primera marcha del 13S.

Uno de los puntos ms interesantes, y que claramente muestra lo innovador de estas
marchas con respecto a aquellas organizadas por organizaciones formales, es que casi un
90% de los encuestados no pudo reconocer o nombrar a las organizaciones que convocaron
al 8N. La organizacin descentralizada y la coordinacin en manos de grupos creados ad

12
hoc para la protesta demuestra que la accin conectiva puede prescindir de instituciones
formales. Al igual que en el caso espaol (Anduiza, Cristancho y Sabucedo 2012, Bennett y
Segerberg 2012) , la informacin que compartan los mismos manifestantes fue central para
la generacin de una masa crtica descentralizada, sin la presencia de lderes ni grupos
referenciales: el 97,5% de los encuestados no pudo identificar a algn lder de la
convocatoria. Por ltimo, y respaldando la desconfianza de los manifestantes sobre las
organizaciones, un 63,7% no se identifica polticamente con ningn partido poltico,
mientras que slo un 14,1% lo hace con el PRO, y un 4,3% con la
[Link], organizacin descentralizada e informacin compartida
mediante plataformas virtuales, parecen ser las caractersticas centrales de las nuevas
acciones conectivas.


4. Democracia y cambio tecnolgico

La historia de la democracia es la historia de cmo conjugar ideales y valores en
instituciones y prcticas concretas. Las tensiones que se han generado a los largo de siglos
no slo tienen que ver con discusiones tericas, con ponernos de acuerdo en lo que significa
para cada uno la democracia, sino que adems tienen que ver con cmo transformamos esos
valores en reglas, procesos y prcticas de la vida poltica cotidiana. Uno puede estar de
acuerdo en que la democracia implica la participacin ciudadana en las decisiones de
gobierno, y sin embargo no concordar en si esa participacin se har mediante reglas de
mayora absoluta o simple, si ser imperativa o consultiva, o si esa participacin ser
obligatoria o voluntaria. Es ms, el principal conflicto est en cmo transformamos esos
ideales en prcticas concretas y no tanto el los ideales en s mismos. Para una democracia
de calidad importan tanto las prcticas e instituciones como los valores que esa democracia
representa, no es posible lo uno sin lo otro.

Hoy estamos frente a un cambio profundo en la forma mediante la cual nos
relacionamos y, como veamos anteriormente, eso tambin tiene fuertes impactos en las
capacidades comunicacionales y relacionales de los individuos. Sin embargo, no debemos
caer en el error de pensar que la historia es un proceso binario en el que cada nueva etapa
elimina por completo la anterior. El proceso dialctico de la historia es un poco ms
complejo que suponer una linealidad en la relacin entre tecnologa y poltica. A pesar de
que existe una relacin estrecha entre innovaciones tecnolgicas y formas de poder, esa
relacin no siempre es unidireccional ni tenemos bien claro el sentido causal de la misma
(qu condiciona qu). La velocidad con la cual las nuevas tecnologas penetran en la vida
cotidiana de las personas puede darnos la falsa imagen de que los cambios sociopolticos
llevarn el mismo ritmo; o algo mucho peor, que la obsolescencia de algunas tecnologas
implicar la muerte de prcticas y costumbres arraigadas socialmente.

En esa larga historia de discusiones sobre valores y prcticas, la democracia se ha
ido transformando constantemente. Ms all de que podamos o no estar satisfechos con sus
resultados, la democracia nunca es un proceso estancado, sino que se transforma y
evoluciona al mismo tiempo que otros procesos sociales. Basta con echar un vistazo a la
idea y prctica que se tena en de la democracia a comienzos del siglo veinte, para darse
cuenta que en cien aos la cosa ha cambiado, y mucho. Lo interesante quizs, sea que en la

13
gran mayora de esos cambios no se vieron como revolucionarios en ese momento: aquellos
que pregonaban la representacin en vez del mandato imperativo no se presentaban a s
mismos como los actores centrales de un proceso inevitable, as como la profesionalizacin
de la poltica no estuvo liderada por ningn sector especial. Muchos de los grandes cambios
que ha sufrido el rgimen democrtico han sido producto de procesos no planificados, con
consecuencias indirectas, que surgieron de manera emergente ms que como un cambio
propulsado por un sector particular (Schmitter 2011).

La democracia tambin ha sufrido modificaciones en donde las tecnologas han
ocupado un rol importante. Autores como Bruce Bimber (2003) han mostrado como el
surgimiento del correo postal en Estados Unidos permiti, entre otros factores, la
conformacin de un sistema de partidos a nivel nacional y con escala territorial. Gracias al
correo, los partidos polticos comenzaron a contar con un sistema de comunicacin que
permiti conectar distritos alejados, transmitir lineamientos y directivas ms complejas, as
como direccionar de forma unificada las estructuras partidarias en un amplio territorio. La
tesis principal de Bimber es que innovaciones en el sistema de informacin y comunicacin
implican cambios en el rgimen del poder o, mejor dicho, cambios en las mediaciones entre
los ciudadanos y el poder. La mediacin implica las formas en que los miembros de un
determinado pblico estn en relacin con las estructuras institucionales del gobierno. La
morfologa de la mediacin est intrnsecamente asociada a cada etapa tecnolgica de una
sociedad. Como mencionaba anteriormente, el surgimiento del sistema nacional de correos
permiti, entre otros factores, una nueva forma de mediacin: los partidos polticos
modernos. La propuesta de Bimber es pensar al sistema poltico (instituciones, partidos,
burocracias) integrado a un ecosistema de tecnologas de comunicacin (sistema postal,
peridico, radio TV, internet), por lo que modificaciones en ste ltimo implica un impacto
en el rgimen de informacin.

En la actualidad, las transformaciones producidas por internet, produce una nueva
ecologa de informacin, caracterizada por la abundancia de informacin y por el
comienzo de un nuevo rgimen al que algunos llaman pluralismo postburocrtico
(Bimber 2003). La informacin es fcilmente producida por cualquiera que tenga acceso a
un dispositivo, con una capacidad de distribucin superior y muy a bajo costo. Esta nueva
etapa implica por lo menos cuatro cambios en el ambiente de los intermediarios: 1) los
recursos necesarios para la organizacin se reducen drsticamente, 2) los lmites
organizacionales se tornan ms difusos y menos jerrquicos, 3) la membresa a los grupos
de inters se vuelve menos comprometida, pasando de afiliaciones basadas en intereses a
afiliaciones por eventos, y 4) las comunicaciones se tornan ms segmentadas y especficas
gracias a la informacin personalizada.

En resumen, las revoluciones de informacin han generado cambios en las
estructuras de intermediacin poltica: de los partidos polticos (favorecidos por el
surgimiento de la prensa y el sistema de correos) a los grupos de inters (propios de una
etapa de industrializacin y urbanizacin), de las organizaciones de campaas (facilitadas
por el broadcasting) a los grupos polticos post-burocrticos de la era de internet. Si la
secuencia es correcta, entonces estaramos presenciando el paso de los grupos de inters, a
los grupos de cuestiones (issue groups), y de stos a los grupos de eventos (events groups).
Cada nuevo surgimiento no implica la desaparicin de los anteriores ni mucho menos, sino

14
ms bien la multiplicidad de formas de expresin y manifestacin. Debemos esperar que
convivan partidos polticos, sindicatos y grupos de presin, con movimientos auto-
organizados, sin estructuras formales ni liderazgos claros.

El mayor impacto de estas innovaciones tecnolgicas se da a nivel organizacional,
no individual. No debemos esperar grandes cambios en los niveles de participacin poltica
de ciudadanos, as como tampoco suponer la desaparicin de las estructuras tradiciones de
representacin (Prince 2005). Ms que en un cambio cuantitativo, debemos pensar en uno
cualitativo. Sera ingenuo pensar en soluciones tcnicas a cuestiones de motivacin o
participacin poltica. No todas las posibilidades tecnolgicas se transforman en realidad
sociales y la direccin del cambio depende en gran parte de la distribucin de poder y
recursos. El determinismo tecnolgico o el solucionismo en palabras de Morozov (2013),
puede darnos una falsa idea sobre el impacto de internet en la poltica, suponiendo que
innovaciones tecnolgicas pueden suplir falencias instituciones, culturales o
motivacionales. La democracia no puede ser reducida a un problema de distribucin y
produccin de informacin, as como a una mera cuestin de ms o menos participacin.
Que los problemas que trae aparejada la democracia por siglos, sern resueltos por un
software o nueva aplicacin, es atribuirle a la historia relaciones unicausales, propias de la
especulacin intelectual ms que de un anlisis serio sobre representacin y TIC.


5. Concusiones: los desafos de la democracia a futuro

Como vemos, la democracia es un proceso en constante cambio en el cual las
innovaciones tecnolgicas han jugado un rol importante. La pregunta central es cmo
impactar Internet y las nuevas tecnologas en los sistemas democrticos actuales. Algunos
sucesos de los ltimos aos nos dan un indicio. Los movimientos sociales y las
manifestaciones de indignados mencionadas anteriormente, no slo nos muestran el poder
que las nuevas tecnologas han dado a la gente para organizarse prescindiendo de
organizaciones formales, sino tambin nos sealan un cambio de legitimidad sobre el
ejercicio democrtico. En un reciente anlisis comparado sobre las manifestaciones de
estudiantes en Chile y los indignados espaoles, Javier Sajuria (2013) nos muestra cmo
existe una adecuacin entre el ideal que los manifestantes tienen sobre la democracia y la
visin acerca de cmo funciona Internet. Si su hiptesis es correcta, entonces estaramos
presenciando un nuevo cambio en la legitimidad de lo que debera ser la democracia. Este
cambio nuevamente est influenciado (entre muchos otros) por innovaciones en las
tecnologas de comunicacin. La hiptesis es que estamos presenciado el paso de una
legitimidad de estrellas y famosos, con una lgica verticalista y de uno a muchos, a una
legitimidad de pares en donde formas de participacin directa (como el presupuesto
participativo), la apertura del rgimen a la participacin de vecinos comunes, y la
exigencia de mecanismos de toma de decisiones entre pares, sern los pilares de esta nueva
subjetividad democrtica.

Ahora bien, cambios en las formas de legitimidad no implican que la gente est
dispuesta a participar ms en la cosa pblica, ni que vayamos a una democracia directa. En
muchos casos existe una gran brecha entre lo que la gente piensa sobre la democracia y lo
que la gente est dispuesta a hacer por ella. Que los ciudadanos reclamen regmenes

15
democrticos ms abiertos o transparentes, no implica necesariamente que la gente est
dispuesta a dejar su tiempo libre para dedicarlo a participar en problemas pblicos. Las
protestas globales de los ltimos aos pueden ensearnos algo sobre ello. Cuando la
efervescencia de la movilizacin pas, y comenzaron a analizarse seriamente las protestas,
una de las cuestiones relevantes fue el hecho de qu no necesariamente los manifestantes
pedan por mayor participacin, sino ms bien la posibilidad de auto-expresarse sin la
intermediacin de partidos, sindicatos, medios u otras organizaciones. Haciendo una
analoga, as como las redes sociales dieron a la gente la posibilidad de expresarse sin
intermediaciones y el switch para transformar cuestiones privadas en pblicas, movimientos
como el Occupy, los Indignados o el #8N argentino, fueron sucesos en donde los
participantes buscaban expresarse sin ser interpelados por ninguna otra organizacin
(Kreiss y Tufekci 2013). Aunque tengan una estrecha relacin, no debemos confundir
expresin con participacin.

La segunda cuestin tiene que ver con la confusin existente entre organizacin
descentralizada y des-organizacin, que a pesar de ser palabras parecidas, tienen
connotaciones completamente diferentes. Las nuevas movilizaciones poseen una
organizacin, pero diferentes a aquellas iniciadas por instituciones formales (partidos,
sindicatos, etc.). Como todo proceso emergente, la estructuracin de las nuevas formas de
accin colectiva se da de manera descentralizada, mltiple y cambiante. Al igual que en el
ejemplo del partido de ftbol, son las periferias de la red las que pueden activar la accin
colectiva, y no necesariamente un poltico, una celebridad o una institucin (las que
podramos considerar como el centro de la red). Tanto en el caso de los indignados
espaoles, como el movimiento Occupy, como el resto de las movilizaciones mencionadas,
fueron micro o nano organizaciones creadas a partir de la red las iniciadoras del proceso. La
caracterstica principal de todas ellas es que se crearon espacios ad-hoc y especficos para
la coordinacin de la accin colectiva. Las externalidades de la red jugaron un papel central
a la hora de generar y coordinar el proceso de movilizacin, cuya finalidad exclusiva era la
movilizacin misma. Estas nano-organizaciones ad-hoc (comnmente creadas a partir de
Facebook o Twitter) fueron el eslabn que comenz con la viralizacin del proceso, y
aunque no cabe dudas que luego los medios tradicionales amplificaron su difusin, la
coordinacin estuvo casi exclusivamente en sus manos. Estas movilizaciones emergentes
no estn desorganizadas, sino que su coordinacin proviene de manera descentralizada y de
la periferia de la red de relaciones interpersonales. Para que muchos de estos movimientos
se activen, simplemente hace falta la levadura que haga crecer la masa, y esa levadura ha
hecho efecto desde la periferia hacia el centro.

Por ltimo, no podemos dejar de mencionar que todas estas acciones se dan en un
contexto de metamorfosis de la representacin poltica. Y por metamorfosis nos referimos a
la prdida de legitimidad de las instituciones de intermediacin de intereses (Iglesia, clubes,
sindicatos, partidos polticos, etc.). La potencialidad que nos brinda el nuevo ecosistema de
medios tiene que ver con la capacidad para encontrar a aquellas personas con los mismos
intereses a costos muy bajos. Esto no quiere decir que la poltica de ahora en ms se
estructure por fuera de las instituciones formales, sino que debemos comenzar a entender
que es posible que coexistan variadas formas de accin colectiva. Decir que estas
movilizaciones son dbiles porque no poseen un partido u organizacin que los represente,
es no entender que las formas democrticas cambian con el tiempo, y que el reto est en

16
interpretar estos movimientos como algo innovador y no como un desperfecto del sistema
representativo.

El gran desafo de la democracia en los aos venideros tiene que ver con la
gobernanza del sistema frente a movilizaciones des-institucionalizadas. La democracia es el
nico sistema que no rechaza sino que abraza e incluye los conflictos sociales; pero esos
conflictos se han estructurado histricamente mediante instituciones (partidos, sindicatos,
ONG, etc.). Los gobiernos democrticos tienen herramientas para negociar, acordar o llegar
a soluciones con aquellos reclamos que vienen canalizados por organizaciones
intermediarias, pero la situacin es mucho ms compleja a la hora de encontrar soluciones
con movimientos que no tienen un lder, una estructura o reglas fijas. El gran desafo futuro
estar en encontrar mecanismos que permitan resolver estas demandas sin poner en riesgo
la gobernabilidad del rgimen democrtico.



6. Bibliografa

Anduiza, Eva, Cristancho, Camilo y Jos Sabucedo (2012): Mobilizationthrough online
social networks: thepoliticalprotest of the indignados in Spain, version borrador,
disponible en [Link]
Bennett, Lance y Alexandra Segerberg (2012): The logic of connective action, publicado
en Information, Comunication and Society,15:5, pp. 739-768.
Bimber, Bruce (2003): Information and American Democracy: Technology in theEvolution
of PoliticalPower, Cambridge UniversityPress.
Kreiss, Daniel and Tufekci, Zeynep (2013): Occupying the Political: Occupy Wall Street,
Collective Action, and the Rediscovery of of Pragmatic Politics, publicado en Cultural
Studies, vol. 13, N 3.
March, James G. y Johan P Olsen (1989):Rediscovering institutions: t he or ganizational
basis of politics. New York Press.
Morozov, Evgeny (2013): To Save Everything, Click Here. Technology, Sol utionism and
the Urge to Fix Problems That Dont Exist, Allen Lane, Londres.
Olson, Mancur (1965):The L ogic of Collective Action: Public Goods and t he T heory of
Groups. Harvard UniversityPress, 1 edicin.
Paramio, Ludolfo (2000): Decisin racional y accin colectiva. Leviatn, 2000, Nro. 79,
pp. 65-83.
Prince, Alejandro (2005): Consideraciones, aportes y experiencias para el voto electrnico
en Argentina, Editorial Dunken, Buenos Aires.
Rosanvallon, Pierre (2007): La contrademocracia, la poltica en la era de la desconfianza.
Editorial Manantial, Argentina.

17
Sajuria, Javier (2013): Is the internet changing our conception of democracy? An analysis
of the internet use during protest and its effect on the perception of democracy, publicado
en Revista de CienciaPoltica Vol. 51, N 1, pp. 9-29.
Schmitter, Philippe (2011): Information and communication technology: Yet another
revolution in real-existing democracy?,conferenciapronunciada en el Plenario del X
Congreso de AECPA,septiembre. Disponible en [Link]
Shirky, Clay (2008): Here comes everybody. New York: Penguin press, 2008.




Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



Los Pueblos Originarios y la democracia en Argentina: avances y
desafos.
Macarena Del Pilar Manzanelli
1
(mdpmanzanelli@[Link]; UNLaM-IDAES-
Universidad Nacional de San Martn)
rea temtica: Instituciones Polticas y calidad de la democracia.
Resumen:
Mediante la presente ponencia se propone reflexionar acerca de los avances,
obstculos y desafos del Estado argentino en relacin al proceso de visibilidad-
invisibilidad de los Pueblos Originarios entre los aos 1990 a 2010. Se pretende indagar
acerca de las variaciones entre un rgimen democrtico de carcter neoliberal y otro de
corte popular respecto a la cuestin indgena. Especficamente, dejar expuestas ciertas
inquietudes y planteos respecto a la relacin entre el Estado y los Pueblos Originarios en
dicho perodo, el cual se puede profundizar con futuros trabajos.













1
Licenciada en Ciencia Poltica, Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM)
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



Introduccin
Desde la dcada de 1970 en adelante, nociones como la de multiculturalismo,
diversidad cultural e interculturalidad han emergido tanto en las agendas de los gobiernos
en Amrica Latina y organismos internacionales como en los trabajos acadmicos. Incluso
con cambios en las Constituciones, leyes y formas de regular el territorio en los pases.
El inters por las mismas se encuentra acompaado por diversas reivindicaciones de
comunidades indgenas a lo largo del continente, las cuales han llevado a replantear el tipo
de relacin entre estos grupos y el Estado. Argentina, no se encuentra exento a estos
movimientos y a los cambios en las leyes indigenistas, presentando en los ltimos aos
diversos movimientos indgenas que han emergido con fin de reivindicar su identidad y con
la incorporacin y el reconocimiento formal de ciertos derechos.
A su vez la relacin entre el Estado y los Pueblos Originarios no puede dejar de lado
las transformaciones que ha tenido la matriz del mismo en las ltimas cuatro dcadas, a
saber: desde la dcada del setenta el llamado Estado Mnimo o Neoliberal y desde
comienzos de siglo, uno de corte popular con una recuperacin de su rol de promotor del
bienestar social junto a diversos servicios pblicos y derechos sociales.
El presente trabajo se enmarca en este contexto y en una serie de interrogantes que
surgen del mismo. Desde un enfoque de los estudios culturales considerando ideas como la
de proyecto hegemnico, identidad y acciones de los llamados grupos subalternos, las
preguntas-eje son: cmo se ha planteado la relacin entre los Pueblos Originarios y el
Estado argentino entre la dcada de 1990 y comienzos del nuevo siglo?; hubo variaciones
entre un perodo y el otro?
En este sentido, en esta ponencia se propone indagar acerca de los avances,
obstculos y desafos del Estado argentino en relacin al proceso de visibilidad-
invisibilidad de los Pueblos Originarios dentro de los aos de 1990 a 2010. Si bien no se
trata de un trabajo exhaustivo, el mismo pretende dejar expuestas ciertas inquietudes y
planteos respecto a la relacin entre el Estado y los Pueblos Originarios en dicho perodo, el
cual se puede profundizar con futuros trabajos.
Para ello, en primer lugar, se plantear al proyecto del Estado-nacin argentino
como uno de carcter hegemnico, retomando ideas de ciudadana y de visibilidad e
invisibilidad de los grupos llamados subalternos. Luego se expondr, en funcin de lo
anterior, modalidades que ha tomado el Estado- nacin en las ltimas dcadas respecto a
los Pueblos Originarios con el fin de problematizar esta relacin. Finalmente se dar lugar a
las conclusiones.


Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



Proyecto nacional y hegemnico. Revisin y caractersticas
La relacin entre los Pueblos Originarios y el Estado
2
argentino ha estado
atravesada por la relacin asimtrica de poder establecida a partir de la conformacin los
sistemas polticos, econmicos y socio-culturales e institucionales del Estado-nacin.
En las diversas modalidades que ha atravesado dicha relacin, el proyecto nacional
se ha caracterizado por ser de carcter hegemnico. El mismo, es entendido como un
proceso social, organizado por prcticas embebidas en valores y significados que son
dominantes y que poseen un carcter dinmico y en constante redefinicin. Al no agotar
toda la prctica y energa humana puede ser resistido, limitado y alterado por presiones por
fuera o dentro de l, es decir, no se trata de un todo homogneo y esttico (Hall, 2003;
Williams, 1980). Asimismo, siguiendo la nocin de cultura como el conjunto de procesos
sociales de produccin, circulacin y consumo de significaciones en la vida social (Garca
Canclini, 2004: 16), se puede esclarecer que el sector dominante es aqul que controla
dichos procesos. En el caso del Estado-nacin argentino ha sido liderado por una lite
unitaria y liberal que ha constituido una nocin de ciudadana de este tipo (Manzanelli,
2012). Dicha idea de ciudadana conlleva asimismo en una identidad nacional. J ustamente,
una de las condiciones de estaticidad es la de interiorizar en la poblacin una serie de
valores, significados y smbolos de forma tal de conformar una nacin (Abal Medina y
Nejamkis, 2003).
No obstante, y como se mencion este proyecto no es omnipresente, sino que puede
ser contestado por los otros, distintos al ser nacional. Aqu toma lugar la nocin de lo
cultural o lo intercultural como un subconjunto de diferencias que fueron seleccionadas y
movilizadas con el fin de articular las fronteras de las diferencias (Garca Canclini,
2004:39). As se suma la idea de la diferencia como aqulla que da luz sobre las relaciones
o interacciones que se encuentran entre los diversos grupos, a saber, dominantes y
dominados, unos y otros, sus alianzas, negociaciones o confrontaciones.
Lo mencionado posee ciertas implicancias: por un lado, este proyecto hegemnico
del Estado-nacin y su idea de identidad y de ciudadana ha sido elaborada desde una
lgica moderna de la diferencia, de la cual surgen efectos de poder al momento de pensar
las luchas y reivindicaciones de estos otros (Grossberg, 1996). Por otro, y siguiendo este
principio, en primera instancia es el Estado argentino el que mediante este proyecto
nacional regula los procesos de visibilidad y de enunciacin de los que son distintos al
nosotros cvico que se ha pretendido idealizar e interiorizar. Asimismo, establece qu es
pblico y qu cuestiones quedan relegadas o excluidas al mbito de lo privado, lo natural o
metafsico, esttico como acultural (Williams, 1980), como ha acontecido con los Pueblos
Originarios a lo largo de dcadas generando relaciones asimtricas de poder. Como

2
Se entiende por Estado nacin, siguiendo a Oslazck (2007), una relacin social y entidad poltica que
articula un sistema de dominacin social que requiere de instituciones que materialicen el poder y los recursos
de dominacin poltica y presupone la formacin paralela o preexistente de una nacin independiente.

Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



menciona Thompson (1995), la idea de folclore, y agrego de mestizaje, ha reflejado esta
situacin, indicando la subordinacin de la cultura de los sectores considerados populares o
subalternos
3
e incluso la cosificacin y fijacin de sus costumbres, consideradas reliquias
del pasado.
En lneas generales, las poblaciones indgenas son incorporadas al modelo poltico-
jurdico-institucional y econmico liberal siendo consideradas como una poblacin atrasada
y que requiere integrarse al modelo de sociedad y de mercado del Estado-nacin
(Stavenhagen, 2002). Es necesario aclarar que, como se nombr anteriormente, el proyecto
hegemnico es heterogneo y contingente, de forma tal que en las lneas precedentes se ha
buscado de forma sinttica exponer una imagen del mismo, no desconociendo las
diversas tensiones y diferencias que existen dentro de l de acuerdo al perodo histrico que
se considere y a los actores y sectores involucrados dentro del mismo en cada uno de ellos.
A continuacin se aborda la cuestin de la ciudadana como un mecanismo de este
proyecto hegemnico del Estado-nacin y sus consecuentes procesos de visibilidad e
invisibilidad de ciertos sectores de la poblacin.
La lgica moderna de la diferencia: ciudadana y procesos de visibilidad e
invisibilidad
La idea de ciudadana es considerada desde la desde la tradicin marxista
4
como un
mecanismo del proyecto hegemnico, es decir, como parte del modelo de dominacin
material y simblico. Ambas dimensiones se encuentran entrelazadas y complejizadas por
la paradoja que engloba dicha nocin: si bien es vista como un mecanismo de mediacin
donde desde el derecho enuncia que son todos i guales, en las relaciones efectivas se
demuestra que esta situacin no se cumple, existiendo un acceso desigual a los recursos
materiales y simblicos. De esta forma, queda explcita cmo al ser un mecanismo del
proyecto dominante indica accesos, formas de visibilidad y de enunciacin. Asimismo,
refleja diversas dimensiones complementarias: por un lado, desde una dimensin jurdica,
regula el acceso a derechos; por otro, desde una dimensin socio-cultural, tipos de
identificaciones, es decir, cmo cada grupo es representado siguiendo desde la lgica
moderna de la diferencia- binaria, o como parte del ser nacional idealizado (del tipo
crisol de raza, homogneo y blanco) o como un otro, alterno.

3
Ver Diversidad y recurrencia en las culturas populares actuales. En: D. Mguez, P. Semn (edit.), Entre santos,
cumbias y piquetes: las culturas populares en la Argentina reciente, pp. 11-32. Buenos Aires: Biblos, 2oo6.
4
Es necesario aclarar si bien se entiende a la ciudadana, desde la tradicin marxista, como un dispositivo del proyecto
hegemnico que encierra dicha paradoja, no se consideran las nociones de estructura y de superestructura como
instancias separadas, es decir, siguiendo a Williams (1980), Hall (2003), Thompson (1995), entre otros autores se piensa a
lo material y a lo simblico como parte de un proceso dinmico en el cual las condiciones materiales ofrecen
determinantes, es decir limitantes para el libre actuar de la otra cultura, aunqueno obstaculizando totalmente el carcter
de la misma, ni sus posibilidades de accin.

Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



Ahora bien, es necesario detenerse en el punto mencionado sobre el proceso de
visibilidad e invisibilidad de estos otros o alternos que regula el proyecto hegemnico.
Dicho proceso es considerado como un efecto de esta forma de concebir a la ciudadana y a
la identidad. As desde las maquinarias modernas de produccin de diferencias (Grossberg,
1996) hay invisibles dado que hay visibles, es decir, los primeros son representados como
el otro constitutivo y por la negatividad de los segundos.
La visibilidad, siguiendo a Thompson (1995) refiere a aqullas acciones que son
codificadas o que se pueden expresar con exactitud. En contraste, la invisibilidad refiere a
las que se restringen al mbito privado. Lo dicho retoma ideas trabajadas en otra ocasin
por la autora y sealas por otros autores (Ciccone y Hirsh, 2010) donde se identifican cmo
ciertas prcticas no autorizadas como vestirse de cierta forma, utilizar la lengua
originaria, entre otras, se recluyen al mbito privado o ntimo.
Este proceso de visibilidad-invisibilidad se ha llevado a cabo a travs de diversas
tecnologas de poder (Grosso, 2007), o en trminos de Grossberg (1996) mediante
maquinarias estratificadoras, diferenciadoras y territorializadoras, que han establecido
distintas identificaciones y pertenencias -lugares y no lugares-que determinan la agencia de
los sujetos. As, diversas estrategias han operado: tanto materiales como la obtencin de los
recursos naturales a travs de la ausencia de acciones legales ante usurpaciones por parte de
los terratenientes, robos, establecimiento de mtodos de arrendamiento, entre otros; como
simblicas, la formacin de una identidad homognea, la cual se encuentra ntimamente
relacionada con la mencionada idea de ciudadana y su clasificacin de identificaciones y el
acceso a derechos y deberes. Es importante destacar que aqu el trmino estrategias es
utilizado desde la mirada de Certeau (1996), que a diferencia de tcticas (no lugares), son
consideradas como aqullas que poseen un lugar propio y desde el cual pueden enunciar y
capitalizar sus experiencias y relaciones de poder. A su vez, este proceso de visibilidad-
invisibilidad hace alusin a lo que Briones (2005) menciona como formaciones de
alteridad, es decir, clasificaciones dispares contingentes en un continum que abarca desde
inapropiados inaceptables a subordinados tolerables, las cuales varan dentro de los
mismos Estados de acuerdo a las provincias que se consideren.
En resumen, y para dar paso al ltimo punto, desde la constitucin del Estado -
nacin argentino y su proyecto nacional de carcter hegemnico de corte liberal se intent
eliminar, silenciar o asimilar a la poblacin indgena. Sin embargo, aunque este era el
objetivo, en la realidad lo indgena se transform, paradjicamente, en una ausencia que
est presente en las subjetividades nacionales en mltiples niveles (Gordillo y Hirsh 2010).
De aqu surgen ciertas ideas complementarias.
En primer lugar, estas tecnologas de poder o estrategias del Estado-nacin son
consideradas modalidades que adopta este proceso de invisibilidad de los Pueblos
Originarios, en contraste con los visibles identificados con el denominado crisol de
razas. En segundo lugar, desde una lgica moderna de la diferencia, el Estado- nacin ha
propuesto una idea de identidad constituida a partir de la negatividad de dos partes: un ser
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



nacional homogneo, blanco y al estilo europeo y formaciones alternas, otros. Estas
identidades son representadas y corporizadas de forma hegemnica en la nocin de
ciudadana liberal que en la prctica ha establecido un rgimen democrtico desigual de
acceso a recursos simblicos y materiales, es decir ya sea en trminos de derechos polticos,
sociales, socio-culturales como en el acceso a tierras y recursos naturales como se ve en la
mayora de las luchas indgenas. Por ltimo, surgen efectos de poder generados por estas
representaciones, entre ellos, condicionar las posibilidades de agencia de los sujetos, es
decir, sus oportunidades de participacin y acceso en/a los mbitos estructurados, en este
caso el Estado, sus enunciaciones y acciones al establecer identificaciones relacionadas con
los trminos expuestos de visibilidad e invisibilidad y pertenencias de acuerdo a lo lugares
geopolticos desde donde se ubican.
A continuacin se expondr cmo se gestionan estos procesos de visibilidad e
invisibilidad de los Pueblos Originarios desde la gestin de la diversidad cultural,
multiculturalismo o interculturalidad y la cuestin indgena desde la dcada de 1990.

Gestin de la diversidad cultural y la cuestin indgena en
Argentina y los procesos de visibilidad-(in)visibilidad de los Pueblos
Originarios
En un breve repaso histrico, se pueden mencionar tres lgicas complementarias en
la modalidad que ha adopta el Estado argentino frente a los Pueblos Originarios a lo largo
de los siglos
5
: una de progreso por el puerto y expulsin-exterminio de los estorbos-
incivilizados, seguida de otra de argentinizacin y extranjerizacin y otra de negacin e
interiorizacin de las lneas de color (Briones, 2005). En este sentido, Carrasco (2000)
menciona tres tipos de imgenes que se creado en torno al indgena que se entremezclan y
conviven en el imaginario social: la de indio estatua, cercano a la animalidad, como un
primitivo testimonio o reliquia del pasado; la de salvaje indmito y nmada, culturalmente
inferior que requiere de los mandatos civilizatorios; y la de ausencia indgena, donde el
llamado crisol de razas triunf y borr toda huella de diferencias. Hay que advertir que
estas modalidades e imgenes fijan y descontextualizan las realidades de los Pueblos
Originarios y hacen a la construccin de un relato histrico o tradicin en trminos de
Williams (1980) que funciona como la nica verdad o al menos la nica verdad autorizada
y posible de contarse y conocerse.
Ahora bien, y como se ha mencionado en otro trabajo (Manzanelli, 2012) desde las
dcadas de 1980 y 1990 se ha producido una redefinicin y un replanteamiento del
paradigma social, poltico y cultural establecido desde la Paz de Westfalia desde el cual los
Estados nacin configuraron y redujeron la pluralidad de identidades en una hegemnica,

5
Para mayor informacin ver Briones (2005), Carrasco (200), Grosso(2007), Lenton (1997), Lenton y Lorenzetti (2005),
entre otros autores
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



monotnica y homogenizante unidad que ha sostenido la legitimidad poltico de los mismos
(Bursese 2011, Sieder 2002). El reconocimiento del multiculturalismo desde una mirada
jurdico legal como tambin social, ha provocado un desafo para los gobiernos y
democracias de Amrica Latina dado que conlleva a la aceptacin e inclusin de la
existencia de diversos grupos tnicos, como las comunidades indgenas, que desde el
perodo colonial fueron subsumidos y oprimidos (Stavenhagen 2002).
Como indica Briones (2008) y Garca Canclini (2004), es prudente revisar cmo se
ha interpretado este multiculturalismo y cmo se lo ha gestionado. De all deriva su
oportunidad para cuestionar estos proyectos nacionales y junto a ellos, la idea de
democracia representativa- liberal
6
, su concepcin de ciudadana, o de continuar y
reconfigurar bajo nuevas modalidades el tipo de relacin entablada por el Estado con los
otros, en este caso Pueblos Originarios.
Es por ello, que las prcticas polticas, especialmente en leyes, y otras estrategias
polticas llevadas a cabo por el Estado argentino desde la dcada de 1990 abren una nueva
modalidad en la relacin entre ste y la poblacin originaria. Resulta interesante observar
cmo estas nuevas modalidades adoptadas respecto a la cuestin diversidad cultural e
interculturalidad, repercuten en el proceso de visibilidad-invisibilidad de los indgenas.
En Argentina, desde fines de la dcada de 1980 y en sintona con los diversos
movimientos indgenas que han emergido a lo largo de Latinoamrica para reivindicar su
identidad (Escolar 2007; Gordillo y Hirsch, 2010; Isla 2002; Lzzari 2003; Schwittay 2003,
entre otros), se ha comenzado a incorporar y a reconocer formalmente ciertos derechos y a
los mismos indgenas como sujetos de derecho a travs de la reforma constitucional,
sancin de leyes y ratificacin de tratados internacionales como lo es el Convenio 169 de la
Organizacin Internacional del Trabajo (OIT) (Carrasco 2000; GELIND 1999 e Iturralde
1996). En este sentido, el prolifero cuerpo legislativo tanto a nivel nacional como
internacional (Ender y Ayala 2012), sirve como piso y antecedente jurdico para nuevos
impulsos de reformas y cambios. Entre los principales antecedentes se encuentran: la Ley
23.302 que crea el Instituto Nacional de Asuntos Indgenas (INAI, sancionada en 1985 y
reglamentada en 1989); la adopcin del Convenio 169 de la OIT por la Ley 24.071 en 1992
y posterior ratificacin en 2001, que establece el criterio de autodeterminacin, el respeto a
sus prcticas culturales y la responsabilidad de los gobiernos de desarrollar junto a los
Pueblos una accin coordinada y sistemtica con miras a proteger los derechos; la reforma
de la Constitucin Nacional (1994) con la inclusin del Art.75 inc. 17 que reconoce la
preexistencia de los Pueblos Originarios, sus autoridades y formas de organizacin social y
cultural, de la propiedad comunitaria de las tierras, obligatoriedad de consulta y
participacin en los asuntos que los afecte; la Ley 24.544 (1995) que aprob la

6
Desde el surgimiento del liberalismo en el siglo XVII surge una nueva concepcin de lo social y de la
poltica que se bas en el respeto a libertades individuales frente al poder del Estado. En este sentido, los
individuos libres son sujetos de derecho, poseedores de derechos inalienables (a la vida, a la libertad, a la
seguridad, etc.). En este contexto, surge el gobierno representativo y la democracia moderna queda identifica
con la representativa-liberal (Respuela 2007: 285-287)
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



Constitucin del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indgenas de Amrica Latina y el
Caribe; la Ley 24.874 (1997) que adopta el Decenio Internacional de las Poblaciones
Indgenas del mundo (ONU); el Segundo Decenio Internacional de los Pueblos Indgenas
del Mundo (Resolucin de la ONU, 2005); la Ley 26.160 (2006) de posesin, propiedad y
personara jurdica de las tierras que ocupan tradicionalmente evitando los desalojos; y la
Declaracin de las Naciones Unidas sobre Asuntos Indgenas (2007) donde el eje principal
est dado en la auto-determinacin.
Los avances recientes son notorios pero no completos ni satisfactorios. Estas leyes,
si bien implican reconocimientos formales de derechos indgenas y avances en esta causa,
como es el paso de ser considerados sujetos-objeto a sujetos de derecho, no slo pueden ser
interpelados por el contraste con lo que ocurre en la prctica, es decir, si realmente se
cumplen esos derechos la distancia entre el derecho y el hecho- sino tambin, y como se
ha indicado, por la forma en que es tratada la diversidad cultural.
Asimismo la interculturalidad ha tomado dos tipos de representaciones o umbrales:
uno de integracin y otro de tolerancia (Briones, 2008).
En cuanto al primero, se busca adaptar y asimilar a los otros a la produccin
simblica, en este caso a una identidad nacional, al ser nacional o al nosotros cvico.
Aqu el tratamiento de la interculturalidad, y por lo tanto de los sectores minoritarios
considerados otros, se da a travs de una mera exposicin de las diferencias como si
fueran un mosaico de culturas distintas sin atender a sus causas histricas ni a las
construcciones histricas que se han dado alrededor de la misma, con el fin de una
integracin o de reparacin histrica. En este sentido los Pueblos Originarios son
considerados ciudadanos incompletos a los cuales el Estado debe tutelar y ofrecer
garantas para su desarrollo. En cuanto al segundo, se le otorga un valor potencial a la
diversidad cultural, como capital social, para el desarrollo cultural y socioeconmico de los
Pueblos Originarios, aunque con ciertos sesgos de ndole econmicos neoliberales, es decir,
el reconocimiento de derechos culturales junto una retraccin de derechos socio-
econmicos. As, aparece la idea de tolerancia de las diferencias, donde se busca la
inclusin dando participacin a los diferentes en la gestin de sus propios intereses,
aunque con la limitacin de que esos espacios creados no se redefinen en funcin del
espritu de estas nuevas ideas condicionando as los tipos de participacin. En ambos
casos, ya sea remarcando una lnea de integracin o de tolerancia, no se permite pensar la
diversidad cultural o la interculturalidad como una construccin histrica (Briones, 2005)
donde los actores negocien, interaccionen y confronten en torno a estos espacios de
diferencias y fronteras. En este sentido, el llamado multiculturalismo en los aos noventa
ha sido representado como una respuesta hegemnica a los movimientos y reclamos de los
sectores minoritarios (Carrasco, 2000; Taylor, 1992).
Asimismo, el Estado argentino ha adherido a diversas disposiciones jurdicas de
organismos internacionales, como el Convenio 169 de la OIT como uno de los ms
representativos- donde se presenta a la diversidad cultural como un valor en s misma. La
Trabajo preparado para su presentacin en el XI Congreso Nacional y IV Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Poltica y
Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 8 al 11 de
septiembre de 2014



cuestin ser ver qu uso se le da al mismo. Es necesario aclarar que las distintas
declaraciones se enmarcan en un contexto donde organismos internacionales, como la
Organizacin de Naciones Unidas (ONU), se pronuncian en torno a lo indgena articulando
la forma de definir a los Pueblos Originarios por parte de los Estados
7
.
Entiendo que ambas lgicas se entremezclan en las diversas prcticas llevadas a
adelante por el Estado argentino respecto a los Pueblos Originarios en la dcada del
noventa y comienzos del nuevo siglo. As, por un lado Briones (2008) y GELIND (1999)
encuentran u