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Marca de Fuego - Daniel Bilbao

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SOBRE MARCA DE FUEGO

Ao 2045. En los territorios controlados por las Ciudades Estado de Al-Andalus conviven mltiples razas y culturas a pesar de las carencias que padecen. La
cosecha ha sido buena, los pantanos estn llenos y las relaciones con las Marcas Globales son distendidas. El nico punto de friccin con stas es el referente a la
explotacin de la costa Marbell como principal centro de relajacin para sus ejecutivos europeos: pero viene de largo y las interminables negociaciones seguirn abiertas
indefinidamente. Parece que el invierno que se presenta ser uno de bien merecida calma para los habitantes de Al-Andalus.
Hasta que empiezan a aparecer una serie de cadveres mutilados en varios lugares relacionados con la turbulenta Edad Media de la regin.
Eneko Amboto, alias Bolto, es el Hombre Bueno designado por los cabildos para acabar con estos brutales crmenes que amenazan con desestabilizar ms aun el
delicado equilibrio existente.
Sus pesquisas le llevan a adentrarse tanto en los milenarios y arcanos archivos de la Orden de Calatrava, como en las bases de datos ms sofisticadas y complejas de
la Mente Global. Y los asesinatos continan.
Nada es lo que parece. El cabildo le convierte en el principal sospechoso de los crmenes y los ejecutivos de las Marcas ponen precio a su cabeza.
Pero Bolto tiene su Glock de 35 milmetros y un curioso as en la manga: Gonzalerra, Inspector de la Brigada de Legitimacin de la Repblica de Euskadi.
SOBRE EL AUTOR
Daniel Bilbao (Bilbao, 1960) se licenci en Filosofa, Poltica y Economa por la Universidad de Oxford, donde tambin obtuvo el premio Cyril Jones de Literatura
Hispnica. Empez a trabajar en la City londinense a finales de los ochenta.
Posteriormente se traslad a Espaa para continuar su carrera en el sector financiero ocupando puestos de responsabilidad tanto en el sector pblico como privado.
En la actualidad es socio fundador de una productora de televisin con programas de xito en varias cadenas de mbito estatal y presidente de una empresa de tecnologa
digital.
Vive en Madrid y est casado con dos hijos. Marca de Sangre es su primera novela con Bolto como protagonista. Anteriormente public Tiburones desdentados,
Editorial Castalia, una novela de humor inspirada en el mundo de la empresa y las finanzas.
MARCA DE FUEGO
DANIEL BILBAO
Preludio
Extracto del libro electrnico de educacin secundaria de Ciencias Sociales e Historia, accesible en 2043 a travs de
TotalKnowledge.com desde San Diego, California.
Las ineficiencias en la prestacin de servicios, hasta entonces considerados pblicos, como la educacin, la sanidad o la seguridad, por parte de los gobiernos
empujaron a los ciudadanos a cubrir estas necesidades en el mbito de lo privado. Gradualmente el peso del Estado diminuy para ser sustituido por la situacin actual,
donde el interesado ejerce su libertad en un mercado abierto y transparente.
Con el fin de beneficiar al consumidor de los efectos de la globalizacin de la economa se llevaron a cabo, con xito, un gran nmero de fusiones empresariales cada
vez mayor volumen. Estas operaciones financieras hicieron posible los Acuerdos de Seattle en 2035 y la creacin de las Marcas Globales.
A partir de ese momento las Marcas Globales has garantizado el libre comercio y amparado bajo su protectorado todas aquellas zonas que representan un mercado
estable y suficiente para sus productos y servicios.
Extracto del libro de texto de educacin secundaria de Humanidades, impreso en 2043 en la Ciudad Estado de Toledo.
De 2030 a 2035 la sequa asol la mitad sur de la pennsula ibrica causando la desertizacin de grandes extensiones. Adicionalmente el incendio en la central nuclear
de Almonacid de Zorita y la epidemia conocida como la peste verde, ambos en 2034, destruyeron el tejido econmico de la regin. La reaccin de la poblacin ante estos
sucesos result en las revueltas del Dos de Mayo de 2035.
El Gobierno de Espaa recurri a las Marcas Globales para reprimir estas algaradas, aceptando formar parte de su protectorado. Sin embargo, y como consecuencia
del deterioro social y econmico de la regin las Marcas Sociales rechazaron involucrase en su reconstruccin, abandonando la zona al sur del Tajo a su suerte.
El caos se apoder de este territorio; junto con el desmoronamiento de toda estructura de gobierno, y una caresta de bienes bsicos, que pronto se convirti en
hambruna, no se consiguieron apoyos ms all de sus fronteras. nicamente en los centros urbanos se mantuvo un semblante de orden y se organizaron como ciudades
estado.
En 2040 las ciudades estado de Toledo, Crdoba, Granada, Cceres y Sevilla se agruparon para formar la Confederacin de Ciudades Estado de Al-Andalus con el fin
de estabilizar todo el territorio.
Castillo de Calatrava Territorios bajo el control de las Ciudades Estado de Al-Andalus 10 de setiembre de 2045.
1.
Haba visto muchos cadveres destrozados de manera violenta. Nunca los haba considerado como parte de mi forma de vida, pero difcilmente poda negar que fueran
una consecuencia inevitable de ella. El olor a carne quemada de un cuerpo calcinado por una bomba incendiaria es imposible de olvidar. Los ltimos espasmos de una
persona ya muerta, con muones ensangrentados en vez de piernas, o el agujero abierto que deja una bala de gran calibre en la cabeza de una persona, en su trayectoria
de salida, despus de desparramar trozos de hueso, cerebro y sangre por el suelo, forman parte de las pesadillas recurrentes que de vez en cuando me sobresaltan por la
noche. Incluso haba aprendido a convivir con la visin de un amigo que mora desangrado sin recuperar el conocimiento, despus de haber recibido una rfaga de fusil de
asalto en pleno pecho.
Todas estas imgenes formaban parte de mi subconsciente, endurecido para poder aceptar este tipo de situaciones; tena asumida la violencia como punto final para
un ser humano.
An as no estaba preparado para soportar lo que haba en aquella habitacin.
No te acerques, y aprtate de la luz, me orden una voz de mujer desde la penumbra.
Acababa de subir unas interminables escaleras de caracol y me encontraba en la entrada de una habitacin de grandes dimensiones en cuya oscuridad apenas se poda
distinguir su techo abovedado de ladrillo. Mi cuerpo impeda el paso de la luz, ya de por si tenue, que proceda de los agujeros del tejado del castillo. No fueron aquellas
instrucciones, sino el olor a sangre de un matadero lo que me hizo dar un paso atrs.
En las murallas, escaleras y techumbres se podan ver los esfuerzos realizados para reconstruir lo que fue un inmenso castillo de la Edad Media. Ms tarde supe,
gracias historiador de Toledo, Ben Benaquiel, que aquella fortaleza fue, a principios del siglo XII, una de las plazas ms importantes del Reino de Castilla en su defensa
contra las incursiones musulmanas; era el castillo de la Orden de Calatrava.
Segn sal al patio principal me fij con ms detalle en la iglesia, cuyos grandes contrafuertes cilndricos daban una impresin de robustez ms propia de un edificio
militar que de uno religioso. En mi ignorancia no era consciente de que aquella arquitectura reflejaba exactamente los principios que rigieron a los hermanos y caballeros
de Calatrava durante ms de tres siglos, donde se combinaba la espiritualidad del monje con el ardor del guerrero.
Tampoco saba, en ese momento, nada del tumultuoso, violento y contradictorio auge de la orden, nada de su poder militar y econmico, menos an de sus muchos
secretos y misterios, y de las conspiraciones que causaron su cada. Sobre todo no era consciente de la importancia que todo aquello iba a tener en pleno ao 2045, para
las Ciudades Estado de Al-Andalus.
Para mi era un castillo abandonado en ruinas y la escena de un asesinato.
Me acerqu a mi caballo que segua jadeando, intentando recuperar el resuello despus de la cabalgata que le haba forzado a realizar. Su aliento caliente se condensaba
inmediatamente con el aire fro de la sierra cada vez que resoplaba. Le di unas palmadas en su cuello sudoroso, sin saber si era para tranquilizarlo o para que
recuperarme yo despus de lo que acababa de ver.
Las noticias de aquel crimen se haban extendido rpidamente por la regin. Los detalles que me haban llegado la noche anterior a Almagro me parecieron fruto de la
exageracin que se genera cuando una noticia va de boca en boca aadindosele pequeos matices cada vez que se vuelve a contar. Sin embargo, la macabra imaginacin
de la gente que formaba parte de aquella cadena de informacin no empezaba a acercarse a la realidad de lo ocurrido en aquella estancia medieval.
Haba decidido esperar a que amaneciese antes de empezar a cabalgar hacia all. Me dijeron que haba ocurrido en la parte alta del Castillo de Calatrava, y manteniendo
un galope casi constante no tard ms de tres horas en cubrir los veinte kilmetros de distancia que nos separaban. A pesar de ser un jinete mediocre disfrut de la
maana viendo cmo se disipaba la neblina para dejar ver la planicie amarilla, marrn y ocre de aquella parte de La Mancha a principios del otoo. Curiosamente no
senta la ms mnima inquietud ni ningn tipo de premonicin subconsciente, estaba a gusto con mi entorno, con el olor a campo y el sonido de los cascos de mi caballo
sobre la tierra firme y hmeda a la vez de la maana.
Aunque tena hambre no me par a desayunar y difcilmente poda haber llegado antes al lugar del asesinato. Me hubiese gustado saber cmo la mujer que me haba
ordenado salir de la habitacin con tanta autoridad se haba adelantado a mi llegada. Necesariamente tena que haber viajado en un vehculo motorizado, algo muy
inusual, pero no tan sorprendente como el encontrarme con una persona abiertamente investigando lo que haba ocurrido all. A fin de cuentas yo era un Hombre Bueno,
con poderes absolutos para mantener el orden en aquella zona.
Los destellos de los flashes de una cmara procedentes del interior del castillo me hicieron sonrer: no me haran falta fotografas para acordarme de aquello. Me
sobresalt al darme cuenta que inevitablemente se las tena que ensear a Cintia, muy a mi pesar.
No tard en ver el coche de la mujer aparcado a unos doscientos metros de la entrada amurallada del recinto principal, al lado de unas encinas. Se trataba de un todo
terreno en bastante buen estado. Me acerqu a l, puse la mano encima del cap y comprob que an estaba caliente: ella tambin acababa de llegar. Mir en el interior y
vi dos bidones de gasolina en el asiento trasero. En circunstancias normales eso hubiese sido suficiente para detenerla e interrogarla como sospechosa de traficar con
combustible en el mercado negro. Sin embargo ya me estaba quedando claro que su propietaria los tena all legtimamente, para su uso personal, y que se trataba de
alguien lo suficientemente importante como para tener acceso a toda la gasolina que quisiese. Empec a intuir quin era aquel personaje, para confirmar mis sospechas
abr la puerta del coche para husmear en su interior. Una tos educada a mis espaldas hizo que me detuviese, al girarme vi a la propietaria del todo terreno
reprochndome mi curiosidad con su mirada.
Bolto, supongo, fueron sus primeras palabras.
Ella saba quin era yo y yo tambin empezaba a estar seguro de quin era ella.
En realidad soy Eneko Amboto, le clarifiqu. Bolto es un apodo, un mote, simplemente.
Tena entendido que Bolto era ms bien un alias, un nom de guerre, me contest. La utilizacin de aquel sofisticado uso del francs en medio de una fortaleza en
ruinas y despus de haber visto un cadver descuartizado era, cuanto menos, curioso.
Los dos nos estbamos observando; en pura lgica era mi turno decir algo, pero decid guardar silencio. No me importaba empezar aquella relacin con mal pie, pero
tampoco me senta obligado a ser especialmente brusco. Dej que fuese ella quien marcase el tono y las pautas de nuestro encuentro. Ella debi pensar algo similar y los
dos aguantamos el silencio, como si nos hubisemos retado para ver quin de los dos lo rompera antes. Yo no tena prisa y, al parecer, ella tampoco.
Era una mujer menuda de una edad difcil de calcular, podra tener cuarenta aos, que le haban dejado muy marcada, o hasta sesenta bien llevados. Su delgadez
marcaba los pmulos de su cara, resaltando las arrugas alrededor de sus ojos y de su boca, con una piel curtida por el viento y el sol: no me la imaginaba usando los
productos de belleza tan promocionados en las zonas controladas por las Marcas Globales. Tena el pelo casi rapado, en el cual se mezclaban el negro y el plateado de
sus canas, dndole un aspecto contradictoriamente femenino enfatizado por sus enormes ojos grises, lo ms llamativo de toda ella. Ms tarde me dara cuenta de que era
capaz de hacerlos sonrer con una calidez muy especial, en aquellos momentos slo reflejaban una glida bienvenida. Intent mantenerle la mirada pero no pude, como
concesin a esta pequea derrota psicolgica fue ella quien retom nuestra conversacin.
Ya he visto todo lo que tena que ver, dijo. Puedes organizar su entierro, despus ya ver lo que hacemos.
Yo no, le contest, sin dejar claro si me refera a que yo no haba terminado con mi inspeccin o a que no estaba dispuesto a organizar ningn entierro. Ella no
estaba acostumbrada a que cuestionasen sus rdenes y no pudo, o no quiso, controlar la sorpresa y contrariedad que mis palabras le suponan. No lleg a enfadarse,
nicamente su mirada se volvi an ms fra y congel su sonrisa.
Sabes quin soy?, pregunt, sin apenas mover los labios.
Esta pregunta siempre saca lo peor de m mismo. En la mayora de los casos mi respuesta automtica es: No, ni me importa, y a partir de ese momento dejo que
escale el enfrentamiento verbal, que, en algunos casos, puede llegar a la violencia fsica. Pero esta vez s saba con quien estaba hablando y opt por la prudencia del
silencio.
Soy la doctora Conde, continu, seguro que el nombre te suena.
Confirm mis sospechas sobre su identidad y poco ms. Saba que algn da tena que llegar a conocerla, nicamente esperaba que fuese en circunstancias ms
agradables.
Como ya sabrs, soy tu nueva jefa, pareci concluir para, despus de hacer una pequea pausa que me permitiese asumir esta informacin, aadir, Y te
agradecera que cumplieses mis rdenes de forma inmediata.
No, me limit a responder. Definitivamente la doctora Conde no estaba acostumbrada a que le llevasen la contraria, pero segu hablando para evitar que diese rienda
suelta a su enfado.
Ni eres mi jefa, le dije, aunque eso era algo discutible, ni te voy a obedecer ciegamente. Jams haba obedecido a nadie ciegamente y no iba a empezar a hacerlo
ahora. No supo cmo reaccionar a mi desplante; era lo suficientemente inteligente como para dominar su genio pero no lo suficientemente lista como para quitar hierro a
la tensin que se haba creado.
Le di la espalda y me dirig hacia el interior del castillo. Senta la obligacin, pero no el deseo, de ver lo que se encontraba en su interior con ms detalle.
2.
En la oscuridad se distingua un cuerpo tendido en el suelo con los brazos extendidos en forma de cruz, era una sombra ms. Saba lo que me esperaba pero an as,
me alegr de no haber desayunado.
La dbil luz daba un tono amarillento a toda la estancia, matizando la palidez de aquella persona desnuda, ya sin vida, y el rojo de su sangre. Haba sido una mujer
hermosa, con el pelo largo, moreno, el cual se extenda en torno a su cara, contrada por un rictus de dolor y de pnico.
En vez de pechos tena dos agujeros oscuros, marrones de sangre seca.
La sangre que haba fluido de aquellas arterias manchaba sus costillas hasta formar un charco viscoso debajo de ella.
Me agach para ver aquellas lesiones ms de cerca. Sus pechos estaban cortados irregularmente, sin precisin, con un objeto cortante pero no lo suficientemente
afilado como para dejar unos contornos limpios. La direccin de las heridas indicaba que los cortes se haban hecho de abajo a arriba, que el asesino haba puesto el
cuchillo debajo de cada seno para irlo cortando y desgarrando hasta llegar a la clavcula, utilizando la fuerza para compensar la falta de filo de su arma. Dentro de aquella
masa oscura, entre lquida y slida, se distinguan los pequeos destellos blancos de las costillas.
Vi los moratones de las ligaduras en sus tobillos y muecas y su vello pblico rasurado. Y no quise ver ms.
Yo no era ni forense, ni siquiera investigador: la doctora Conde era la experta. Mi trabajo consista en mantener el orden y, dentro de mis posibilidades, ser el ejecutor
de la justicia, pero tampoco necesitaba de sus conocimientos para saber lo que haba ocurrido en aquel castillo. El culpable sera ajusticiado: le haba cortado los senos
estando an viva, y, casi con seguridad, consciente de lo que le estaba ocurriendo. Despus haba dejado que muriese desangrada.
Lo que haba visto me tuvo que afectar ms de lo que pensaba y se deba reflejar en mi cara porque la doctora Conde se acerc a m ofrecindome un cigarrillo,
olvidndose del desplante que le haba hecho. Yo no era fumador pero acept. Si acaso para distraer el olor a sangre, que senta que me haba impregnado, con el humo
del tabaco.
Organizar su entierro, fue lo primero que le dije. Despus encontrar a su asesino.
Ella baj la mirada e intu que tena otros planes para m, pero que an no era el momento de contrmelos. Si as era, tendra razn.
Las conclusiones a las que la doctora haba llegado no eran distintas a las mas, por lo que no le prest demasiada atencin, concentrndome en dar profundas
bocanadas al cigarrillo.
Si hubiese estado muerta su corazn habra dejado de bombear, es la presin que ste generaba lo que hizo que la sangre saliese a borbotones por las heridas de los
senos amputados. Haban atado sus pies y manos, los moratones lo delatan, y ella intent defenderse, sus uas estn rotas como consecuencia de intentar protegerse de
su agresor y, tambin, de araar el suelo en su agona. Entr viva y muri all. Una vez muerta, el asesino solt sus ligaduras y la puso en forma de cruz, tal como la
encontramos.
Y se llev sus ropas, aad, pensando que lo haba hecho para dificultarnos la identificacin de la vctima.
No hubo ningn tipo de interferencia sexual, ni rastros de masturbacin. Sus genitales haba sido rasurados con anterioridad y de forma voluntaria, no tenan ni la
ms pequea cicatriz de un corte accidental.
Tena que reconocer que yo no haba llegado a un examen tan exhaustivo. Para algo era ella mdico.
En tiempos anteriores, y desde luego, en los territorios bajo la influencia de las Marcas Globales, los procedimientos a seguir hubiesen sido muy distintos. El lugar del
crimen se hubiese sellado a cal y canto, y los expertos de la polica cientfica se hubieran dedicado a peinar la zona para encontrar cualquier huella, pista o descuido del
asesino que pudiesen ayudar en la investigacin. Hubiesen tomado muestras de los restos encontrados en sus uas para ver si con un anlisis de ADN se podra
demostrar la identidad del agresor una vez capturado, el cadver sera sujeto de una minuciosa autopsia que permitira saber la hora exacta de su muerte y una
descripcin ms firme del arma asesina. Por desgracia en Al-Andalus no tenamos acceso a nada de eso, haba cosas ms importantes en las cuales invertir el tiempo y el
dinero: como en obtener suficiente comida para que la poblacin no pasase hambre, por ejemplo. La doctora Conde y yo ramos lo mejor que haba en este sentido-
tambin ramos lo nico- y ninguno de los dos tenamos ninguna experiencia en la investigacin de asesinatos.
No sabra decirte cundo muri exactamente, continu la doctora Conde, pero, por la viscosidad de la sangre y la rigidez del cuerpo, no ms all de dos das.
Era un lunes por la maana. El cadver fue descubierto el da anterior, domingo, por la tarde: el asesinato haba tenido lugar entre el sbado por la maana y el
domingo por la tarde. Bueno era saberlo, aunque con esa ventaja de tiempo el asesino poda estar ya muy lejos, y, en el caso de encontrar un sospechoso, sera casi
imposible descartarlo puesto que nadie podra tener una coartada que se prolongase durante tanto tiempo.
Tir la colilla al suelo y la apagu enterrndola en la tierra. Lo ltimo que me faltaba era empezar un incendio.
Me dejars las fotos que has sacado?, le dije, a sabiendas de la escasez de papel fotogrfico que sin duda exista, ya que pens que la situacin lo justificaba.
Qu piensas hacer?, me pregunt.
Intentar descubrir la identidad de esa pobre chica. La nica manera de hacerlo que se me ocurre es mostrando su cara por los alrededores.
Y si nadie la reconoce?
Extender la red, haremos copias y dejaremos que el resto de los Hombres Buenos las vayan enseando por sus zonas. Se te ocurre algo mejor?.
Hizo una mueca dando a entender que mi idea no le pareca demasiado efectiva, pero que tampoco tena otra alternativa. En cualquier caso no me preocupaba
demasiado su actitud, yo, por mi parte, estaba convencido de que la muerta perteneca a aquella vecindad.
Te sorprendern los resultados, le expliqu. Bien sabes lo difcil que es desplazarse largas distancias en Al-Andalus. No todos tienen acceso a un coche, como t,
mejor dicho, nadie tiene acceso a uno. Esto limita el punto de partida de la vctima, difcilmente pudo venir de muy lejos sin haber hecho noche por aqu cerca y no lo
dudes, si es as, alguien se acordar de ella: los viajeros son muy escasos.
Y eso te ayudar en algo?. No me gust la forma en que utiliz el singular, te, refirindose a m, y no el plural, nos, que hubiese sido ms normal. Era como si se
estuviese distanciando de aquel asesinato y nicamente yo estuviera preocupado por l. Intent que no notase esta pequea inquietud que subsconscientemente me
haba sembrado.
No creo que llegue tan lejos, continu. No he visto ni huellas de coche, ni de carreta. Vctima y asesino llegaron aqu andando o a caballo, y nada me hace pensar
que no fuera de forma voluntaria.
Curiosa conclusin, sus palabras resaltaban su escepticismo.
Simplemente no hay huellas de pisadas de ningn tipo.
El asesino las pudo haber borrado.
Tal vez. Sin embargo dos personas andando en este terreno pedregoso no dejaran rastro. Nosotros hemos estado entrando y saliendo de la fortaleza y no se nota
nada en el suelo. Los neumticos de tu coche s han dejado su marca y ms o menos se puede seguir tu recorrido, y las herraduras de mi caballo, aunque ms difciles de
ver, tambin se han hundido lo suficiente en algn lugar menos duro como para descubrir las huellas. Vinieron andando, seguro.
Y ella acompa a su asesino voluntariamente?. Era evidente que consideraba mis esfuerzos por recrear lo ocurrido ms como un ejercicio de imaginacin que
como algo basado en el rigor emprico. Quiz tuviese razn pero yo estaba convencido de mis conclusiones y, a falta de algo mejor, las seguira manteniendo.
Difcilmente pudo subir por la ladera con la mujer a cuestas. Debe, o deba, de pesar unos sesenta kilos. Muy pocas personas podran hacerlo.
La doctora Conde hizo un amago de asentimiento para, de nuevo, volver a cuestionar mis argumentos.
An as, cmo puedes concluir que son vecinos de la zona?. Sus crticas destructivas estaban empezando a fastidiarme.
Porque es muy difcil viajar sin llamar la atencin. Porque ningn extrao podra saber de la existencia de la intimidad que ofreca esta sala de antemano y porque no
tengo ningn otro punto de partida para empezar a buscar al psicpata responsable de esta carnicera, me par un instante, dejndole tiempo para pensar, y aad:
Si no tienes ninguna otra idea, te agradecera que me dieses tu cmara de fotos para empezar a trabajar. Le tend la mano para que me la diese, pero ella ignor mi
peticin. No insist, tena que hacerle otra pregunta, quera que me explicase algo que me haba inquietado desde que la vi por primera vez en el castillo.
Doctora Conde, dije en el tono ms formal posible, Cmo lleg tan rpido al lugar del crimen?.
Yo saba que yo no haba perdido el tiempo en llegar hasta all. Me haba enterado del asesinato la noche anterior en Almagro, ella tena su residencia oficial en
Toledo, a ms de cien kilmetros, y no le podan haber informado antes que a m. A pesar de tener coche, no era posible que hubiese llegado all antes que yo.
Me respondi de inmediato: No vine aqu para ver un cadver.
Le mir a los ojos, esperando que ampliase su respuesta.
Te buscaba a ti, me dijo.
Y a continuacin me explic qu quera de m.
3.
No me haba equivocado en la procedencia de la vctima, se trataba de Rosario Verdes, y haba vivido en las afueras de Aldea del Rey. No era el pueblo ms cercano al
lugar del crimen, pero apenas si estaba a ms de cinco kilmetros de donde se haba encontrado su cadver.
La doctora Conde haba accedido a regaadientes en prestarme su cmara fotogrfica, advirtindome de su valor, y responsabilizndome de su devolucin en buen
estado. No era precisamente un aparato de tecnologa punta; saba que las Canonikon que se utilizaban en las zonas bajo la influencia de las Marcas Globales eran
capaces de proyectar las imgenes captadas en tres dimensiones aunque, a ser sincero, nunca las haba visto.
En cualquier caso las imgenes que se podan ver en la pantalla de la cmara digital eran ms que suficientes para reconocer a la vctima. No ense ninguna de las
fotos donde se vean las lesiones ni el cuerpo desnudo. Yo las haba repasado rpidamente y an con el distanciamiento que supona verlas a travs de una pantalla no
dejaban de afectarme, me hacan recordar la escena que haba visto de primera mano. nicamente mostraba una foto de su cara en primer plano donde era difcil de
entrever el amoratamiento del golpe que haba recibido.
No s cmo se llama pero vive en Aldea del Rey, me dijo el dueo de la taberna, tienda y panadera que regentaba en Calzada de Calatrava. Creo que es curandera
y que estuvo tratando al Toribio de su dolencia.
No tard nada de tiempo en localizar al Toribio, el cual la reconoci inmediatamente dndole el nombre de Rosario Verdes, gitana, y alabndola de forma efusiva por
la manera en que sus ungentos le haban curado de su dolencia, que no era otra que unas almorranas. Aparte de eso no me supo decir nada ms, ni si tena familia,
marido o amante, ni de dnde vena ni con quin se relacionaba. Ahora bien, si se trataba de buscar un remedio a cualquier tipo de molestia fsica era la mejor de la
comarca, y me detall las incomodidades y dolores que padeca antes de que Rosario se cruzase en su vida. Mi caballo haba descansado lo suficiente mientras yo
efectuaba estas entrevistas y le lanc al galope tendido hasta llegar a Aldea del Rey. No poda perder tiempo.
Me da lo mismo lo que hagas. Pero dentro de tres das tenemos una cita, t y yo, en Toledo, me dijo la doctora Conde.
Desde all nos iramos a Marbella, juntos. Realmente la doctora Conde era quien tena la obligacin de viajar a ese feudo de las Marcas Globales, yo era un mero
acompaante: actuara de guardaespaldas, asesor, secretario, correveidile y factotum. Una especie de mayordomo glorificado a su servicio, al menos eso era lo que me
pareca en un primer momento y que de alguna manera justificaba mi brusquedad cuando me lo dijo.
Y una mierda, le haba contestado con el fin de que no hubiese lugar a ningn malentendido. Quiz te d igual que el asesino de esa desgraciada ande suelto. A m
no. Si te soy sincero en estos momentos es lo nico que me importa, nada me parece tan relevante como para olvidarnos de ello, correr un tupido velo y dedicarnos a
otros menesteres. Adems sabes de sobra que no me puedes dar ese tipo de rdenes.
Claro que te las puedo dar. No me cabe ni la menor duda de que ests perfectamente al corriente de mi nombramiento como Senescal de la Ciudad Estado de
Toledo.
Aquellos nombres podan conmigo: yo era un Hombre Bueno, por lo menos en lo que a mi descripcin laboral se refera, y la doctora Conde una Senescal. Aquella
nomenclatura no tena desperdicio y pens que alguien debera felicitar al iluminado a quien se le haba ocurrido. Posiblemente se tratara de un publicista de las Marcas
Globales que no tuvo ms remedio que buscar asilo en Al-Andalus por su escasa imaginacin y falta de creatividad.
Yo era un Hombre Bueno propuesto por la Ciudad Estado de Toledo y la doctora Conde era la Senescal de esa misma villa, y por lo tanto la mxima responsable de
su seguridad. En pura lgica ella se consideraba mi superior en el escalafn y con el derecho de darme las rdenes que ella considerase oportunas a su antojo, algo que no
era precisamente cierto. Los prohombres de Toledo me haban propuesto pero mi nombramiento haba sido aceptado y ratificado por el resto de las Ciudades Estado:
Granada, Crdoba, Sevilla y Badajoz.
Enhorabuena, le felicit. Pero aqu y ahora no me puedes decir ni lo que tengo que hacer ni lo que tengo que dejar de hacer.
Todos los Hombres Buenos sois iguales. No creo que estuviese haciendo un juego de palabras sobre la frase hecha de todos los hombres sois iguales; pero me
alegr or aquellas palabras. Me reconfortaba que el resto de mis colegas mantuviesen el grado de independencia personal de la que nos sentimos orgullosos y que nos
haba permitido actuar con tanta efectividad en los extensos territorios que se situaban entre las Ciudades Estado.
Os creis que estis por encima de la ley. En eso se equivocaba la doctora.
Somos la ley, le aclar.
4.
Incluso a m me pareci que aquel comentario pecaba de arrogancia, algo que no impeda que fuese cierto. A raz de las sangrientas revueltas del Dos de mayo de
2038, muchas personas buscaron asilo en las ciudades ms cercanas, donde despus del primer brote de violencia se consigui restablecer un cierto estado de orden y
seguridad. No se poda decir lo mismo de las grandes extensiones del sur de la Pennsula Ibrica donde grupos armados se dedicaron al saqueo, no necesariamente
motivados por la avaricia, el egosmo o la crueldad, sino en muchos casos por el hambre y la necesidad de supervivencia. Las Ciudades Estado bastantes problemas
tenan para implantar unas normas de convivencia internas dentro de sus propios lmites, mantener unos servicios pblicos mnimos y obtener alimentos suficientes,
como para poder destinar recursos en extender esta seguridad al campo. El hecho de que deseaban que su nueva sociedad estuviese basada en el humanismo, la tolerancia
y el respeto, la solidaridad y la participacin de los ciudadanos en su gobierno, era sin lugar a dudas absolutamente encomiable pero difcilmente compatible con una
toma de decisiones enrgica. Ese idealismo inicial, fruto del rechazo al mercantilismo imperante de las Marcas Globales, no haba llegado a disolverse ni siquiera durante
las grandes sequas del ao 2041 y 2042, con la hambruna que ambas supusieron.
La doctora Conde no acept mi aseveracin con facilidad. No s si porque yo le haba cado mal o porque, razonablemente y dentro de los principios que se
defendan en las Ciudades Estado, nadie poda estar por encima de la ley, y menos an pensar que sta poda estar personificada en alguien de mi calaa. Me pareci el
momento oportuno de echar ms lea al fuego.
Como sabes tambin tenemos la potestad de actuar como jueces en las pequeas o grandes rencillas que puedan surgir entre las Ciudades Estado. En teora, y creo
que en la prctica tambin, tendemos a ser ecunimes y en algunos casos hasta sensatos. Pero ms importante an es que nuestras decisiones deben ser acatadas. Y
sabes por qu?
La recin nombrada Senescal de Toledo era lo suficientemente inteligente para saber que se trataba de una pregunta retrica.
Porque cualquier conclusin a la que lleguemos siempre ser preferible a largas y prolongadas discusiones que al final slo serviran para socavar las relaciones entre
las ciudades enfrentadas. Porque los ciudadanos de esas villas creen en nuestra independencia a la hora de emitir un juicio. Quiz nos equivoquemos pero no lo haremos
a sabiendas ni por presiones externas: de una ciudad o de otra, o de un grupo de personas o de otro.
Me mir con un aire de cinismo mal disimulado, como si le estuviese contando la versin oficial de algo en lo que yo no crea. En eso se equivocaba, y continu con lo
que se estaba convirtiendo en un discurso, con mayor vehemencia.
Nuestra independencia, y nuestra credibilidad, se basan precisamente en que no estamos sujetos a ninguna de las Ciudades Estado. Ni t ni el cabildo de Toledo en
pleno me podis ordenar a hacer nada. Slo los cabildos de todas las ciudades, por unanimidad, pueden guiar mi conducta.
Estuve a punto de decirle que a Marbella le iba a acompaar su puta madre y que yo tena que encontrar a un asesino. Menos mal que no lo hice. Como poco hubiese
tenido que tragarme mis palabras.
5.
Mi llegada a Aldea del Rey no pas desapercibida, ya que todos los habitantes de aquel pequeo pueblo me conocan y como en casi todos estos casos algunos me
teman, otros me odiaban y el resto, que yo esperaba fuesen los ms numerosos, me respetaban. No haba regresado all desde haca tres meses y era consciente de que
la sombra de la sospecha caa sobre m. Era una sospecha infundada: yo saba que no haba matado a nadie ni hecho desaparecer ningn cadver.
Me acercaba por la misma carretera en desuso, donde el arcn empezaba a desaparecer comido por los matorrales y arbustos de los campos, y el asfalto se haba
resquebrajado, dejando crecer pequeas flores y briznas de hierbajos. Las circunstancias, sin embargo, eran distintas a las de mi anterior visita, porque all haba pasado
lo de siempre. Al principio los habitantes del pueblo se unan para garantizar su seguridad, enfrentndose a todo tipo de agresores externos: desde los grupos armados, o
bandoleros, a simples familias que intentaban buscar un nuevo lugar donde asentarse. A veces llegaban a enfrentarse o defenderse de forma violenta. A continuacin
llegaba una poca de mayor estabilidad en la que el pueblo se organizaba con el fin de conseguir la comida necesaria para alimentarse, sin una estructura preestablecida.
Los principios de solidaridad promovidos desde las Ciudades Estado tendan a aplicarse crendose una suerte de comuna donde se comparta casi todo, inclusive el
hambre. Finalmente un personaje decida que la solidaridad estaba bien mientras l tuviese ms que los dems y se eriga en lder, cacique o alcalde del pueblo. Apoyado
por su grupo de matones, pronto estableca su ley, la ley del ms fuerte, mediante la cual l obtena sus privilegios y el resto padeca sus abusos. Entonces entrbamos
en accin: a veces era suficiente dialogar y establecer unas pautas de regulacin dentro del pueblo, pero en la mayora de los casos haba que recurrir a la amenaza directa
sobre el bienestar fsico del cacique y sus aclitos y, en raras ocasiones, se detena, o para ser ms exactos se secuestraba al pequeo tirano encarcelndole en Toledo, de
acuerdo con el refrn donde se dice que muerto el perro se acab la rabia.
El cacique de Aldea del Rey se llamaba Pedro Antnez y haba conseguido controlar la produccin agrcola del pueblo de tal manera que, para poder comer, sus
habitantes slo podan recurrir a l, obligndoles a trabajar en el campo sin ms pago que su manutencin. Arropado por sus hermanos y primos utilizaba la
intimidacin para mantener a raya cualquier intento de rebelda. ste era el resumen de un largo informe escrito a mano, con una caligrafa cuidada, y firmado por un tal
Miguel Rodenas que se autoproclamaba maestro del pueblo. No sera la primera vez que alguien denunciase en falso a un vecino pero la larga y detallada lista de abusos
perpetrados por Pedro Antnez daba credibilidad a las acusaciones del maestro. Sin saber exactamente lo que me poda esperar, me ape del caballo antes de entrar al
pueblo para prepararme.
A pesar del calor me puse el chaleco anti-balas de kevlar orgnico utilizado habitualmente por las tropas de PeaceMakers Inc., la empresa contratada por las Marcas
Globales cuando requeran una presencia armada en los lugares donde vean peligrar algn mercado. Yo me haba hecho con l en circunstancias ms bien complicadas, y
tena que reconocer que nunca me arrepent de habrselo quitado a aquel soldado muerto haca ya ms de diez aos. Las fibras de kevlar entrelazadas, junto con la
utilizacin de materiales orgnicos para obtener una mayor flexibilidad, convertan a aquellas prendas en escudos imposibles de traspasar con armas cortas. Yo mismo
haba visto cmo aquellas ropas de combate convertan a los soldados de las Marcas Globales en guerreros inmunes a proyectiles de pequeo calibre, enfrentndome a
ellos vi cmo reciban el impacto de las seis balas de un revlver sin efecto alguno. Ni siquiera los disparos de un fusil de asalto les traspasaban a una distancia superior
a veinte metros. Sin embargo tenan un inconveniente; daban calor, ms exactamente impedan que el sudor se evaporase y se refrigerase el cuerpo. Al sentir que la
temperatura corporal no bajaba, el organismo continuaba generando sudor entrando en un crculo vicioso donde el cuerpo humano segua perdiendo lquido sin reducir su
temperatura. Segn me ataba los correajes del chaleco protector me preparaba mentalmente para aguantar ese calor. El sol de principios de setiembre en la meseta
manchega ya era de por s lo suficientemente feroz como para que se magnificase gracias a mi vestimenta. Iba a sudar y mucho. A pesar de no tener sed en ese momento,
me obligu a beber toda el agua de la cantimplora, pues no sera conveniente sufrir una bajada de tensin a causa de la deshidratacin.
Saqu la Glock de la cartuchera que tena colgada del cinturn en la espalda. No es que quisiese esconder que la llevaba, pero montaba mucho a caballo y, por
experiencia, haba llegado a la conclusin que era el sitio ms cmodo para llevarla: era donde menos se mova cuando galopaba y as evitaba sus continuos golpes bien
contra el pecho o el muslo. La haba desmontado y limpiado a conciencia en Toledo antes de partir, y saba que estaba en perfecto estado pero an as comprob su
mecanismo. No s si habr mejores pistolas automticas, pero yo me haba acostumbrado a ella; llevaba nueve balas de 9 milmetros en el cargador, que rara vez llevaba
lleno para evitar que el muelle perdiese tensin, y una ms en la recmara. Careca de florituras y por lo tanto de cualquier reborde que se pudiese enganchar en la ropa,
incluso su percutor estaba incorporado al mecanismo del can hacindola an ms compacta. Era robusta y fiable, pero sobre todo tena una precisin fuera de lo
comn: a diez metros era imposible fallar, y un buen tirador dara en el blanco a unos treinta. Cuando viajaba sola llevarla con el seguro puesto y la recmara vaca.
Comprob el estado del cargador presionando la primera bala con el pulgar e introduje la que faltaba, met la bala adicional directamente en la recmara antes de devolver
el cargador a su posicin original en la culata y escuchar el chasquido que indicaba que haba hecho tope. Le quit el seguro antes de volverla a guardar en la cartuchera;
prefera correr el riesgo de que se disparase accidentalmente hacindome un agujero en el culo, que perder esos preciosos instantes en el caso de tener que utilizarla. Era
un arma con la que me senta seguro, pero que no dejaba de ser un trozo de metal, una herramienta intil por s sola sin alguien que la empuase y fuese capaz de
apuntar a un hombre y apretar el gatillo.
Finalmente comprob el fusil de asalto: el cargador estaba lleno y decid no hacer una revisin ms puntillosa. No tena intencin de usarlo. Lo dejara con el caballo y
nicamente en el caso de tener que salir huyendo me sera de utilidad. Si mis perseguidores decidiesen seguirme al monte les podra mantener a raya disparndoles de
vez en cuando a larga distancia para desanimarles. Si mi fusil fuese un perro sera un mil razas: se intua que su mecanismo original proceda de un M-16 americano, pero
algn armero imaginativo haba reemplazado el asa que serva de punto de mira por una mira telescpica checa. No s si con posterioridad, o no, tambin se haba
modificado la boca del cargador para permitir utilizar el del Kalashnikov de ltima generacin en vez del estadounidense original, y como colofn haba desaparecido la
culata de fbrica para ser reemplazada por una metlica abatible con el fin de poder hacer fuego como si de una pistola se tratase. Era un arma totalmente bastarda, que
estticamente dejaba mucho que desear pero en alguna ocasin agradec aquellas supuestas mejoras; la mira telescpica permita mayor precisin a larga distancia, el
cargador ruso llevaba cuarenta y cinco proyectiles contra los treinta originales, con la ventaja que esto supona. En cuanto a poder disparar con una sola mano era algo
ridculo, yo lo intent una vez para convencerme de que se trataba de una manera muy eficaz de desperdiciar municiones, y de lesionarte, bien sea el brazo, o la mueca,
o ambos.
6.
At el caballo a la seal que indicaba el comienzo del pueblo y segu andando. Lo primero que me encontr fue una especie de casona o palacio en un estado penoso,
no porque hubiese cado en desuso, sino por su conversin en granero. Por debajo de su balcn principal entraban unas carretas con sacos de trigo, que unos campesinos
descargaban en su interior. Miguel Rodenas, maestro del pueblo entre otras cosas, me dijo ms tarde que se le conoca como el Palacio de la Clavera y que tena ms de
cuatrocientos aos de antigedad. Sus gruesas paredes de hormign de cal protegidas por fuertes machones de ladrillo servan para mantener su interior seco y fresco a
la vez, protegiendo el grano de los cambios de clima. Not que el tejado, por encima de tres escudos tallados en piedra, haba sido reparado con piezas de uralita, que
contrastaban con el color rojo manchado de verdn del resto de las tejas. Los habitantes del pueblo se haban preocupado de tener a salvo sus provisiones para el
invierno sin tener en consideracin el pasado ilustre del edificio que las albergaba, y ello no me sorprenda: la necesidad obligaba.
No llegu a acercarme a los campesinos; cuatro hombres salieron de una de las calles del pueblo y se situaron a m alrededor. Sin molestarse en saludarme, se limitaron
a mirarme. Tambin me apuntaban con sus escopetas de caza.
Eran enjutos, ya que su dieta y su trabajo no les permitan ser de otra forma, morenos y se plantaban con la seguridad que da el sentirse acompaado para enfrentarse
a un hombre solo, en un entorno familiar para ellos. Pretendan ser duros, y no dudo de que lo fuesen, pero no dejaban de ser un grupo de aficionados, unos matones a
tiempo parcial que seran muy efectivos para intimidar a los vecinos y poco ms. Al ver cmo me rodeaban no disimul una sonrisa: si me empezaban a disparar no
podran evitar que sus descargas de perdigones les alcanzasen los unos a los otros, hirindose entre ellos mismos. Claro que yo me encontrara en medio de esa lluvia de
plomo, algo que no era deseable.
Soy Eneko Amboto, un Hombre Bueno, les dije en vez de darles los buenos das. Tuve cuidado de ensear mis manos abiertas alejndolas de mi cuerpo para no dar
lugar a ningn malentendido sobre mis intenciones inmediatas que les incitase a apretar el, o los, gatillos. No necesitaba darles ms explicaciones, saban de sobra lo que
representaba y mi forma de actuar, no en vano habamos sido durante tanto tiempo la tenue barrera que separaba los ltimos vestigios de una sociedad del caos
absoluto. Aunque quiz esto les impresionase menos que nuestra expeditiva manera de resolver situaciones complicadas. No pienso que nadie nos tachase de crueles,
pero s de violentos, y algunas de las actuaciones de mis colegas se magnificaban segn se iban contando de pueblo en pueblo. Ninguno de nosotros se molestaba en
desmentirlas, eran historias de las que nacan leyendas, y nos convena que la poblacin en general nos concediese ese respeto adicional que en muchos casos evitara
que la sangre llegase al ro, puesto que siempre es ms fcil enfrentarse a alguien que se piensa es una presa fcil que a un adversario cuyas proezas, en su percepcin,
bordean lo sobrehumano. Not su disimulada reaccin a mis palabras, como si diesen un paso atrs, para luego, sin mediar palabra, valorar que mi presencia sobrepasaba
su lmite de toma de decisiones. Me indicaron con los caones de sus escopetas el camino que deba seguir. No era necesario que les dijese que quera ver a Pedro
Antnez, estaba claro que me llevaban a su presencia.
Como no era la primera vez que me enfrentaba a un cacique local, conoca de sobra sus dos posibles comportamientos. O bien se mostraba amable conmigo,
agasajndome e intentando convencerme de que las quejas que haba recibido sobre su comportamiento no estaban justificadas, y que, en cualquier caso, su actitud en el
futuro sera ms considerada hacia sus vecinos, o, me dara a entender, con un vocabulario ms o menos altisonante, que su pueblo era lo que era gracias a l, que seguira
actuando en consecuencia y que lo mejor que poda hacer era largarme por donde haba venido. El segundo acto de este pequeo drama tambin era predecible: si se
haban mostrado receptivos conmigo esperaran a que me fuese, para inmediatamente realizar una caza de brujas y descubrir a la persona que les haba delatado y tomar
las medidas oportunas para que no volviese a ocurrir. Si haba optado por el enfrentamiento directo, sera yo quien decidiese si mereca la pena que de las palabras se
pasasen a los hechos, para mantener mi autoridad y desactivar su pequea dictadura. Me preguntaba cul de esos dos caminos tomara el tal Pedro Antnez.
Me guiaron por unas calles estrechas hasta la plaza principal del pueblo donde un viejo cartel muy deteriorado por el tiempo dejaba ver que se llamaba, o se haba
llamado, la Plaza de Espaa. Cruzamos unos soportales antes de entrar en un edificio que slo poda ser el antiguo ayuntamiento, y despus de salir a la primera planta,
con la presencia continua de los caones de las escopetas apuntndome a la espalda, entr en una gran sala, donde mirando por la ventana, se encontraba un hombre bajo
de estatura y ancho de hombros. Nos hizo esperar a todos en silencio antes de dignarse a darse la vuelta.
Pedro Antnez tendra unos cincuenta aos y la primera impresin que daba era de que estaba formado de cuadrados: su cabeza era casi plana por arriba y se
incorporaba a su tronco obviando la necesidad de un cuello, su torso era tan ancho como alto y de l salan dos piernas insignificantes por su tamao en comparacin al
resto. Incluso su cara estaba formada por cuadrados; una frente cuadrada limitada por unas cejas negras y juntas, una boca grande an estando cerrada, y una nariz recta
le daban un aspecto de personaje dibujado ms que de carne y hueso. Pero nada de ello consegua enmascarar el brillo de sus ojos. No pareca ser una persona agradable
y en su caso las apariencias no engaaban.
Se acerc a m lentamente y vi cmo preparaba su golpe, echando la mano hacia atrs y cerrando el puo. No soy partidario de las peleas, principalmente porque
nunca me he distinguido en la lucha cuerpo a cuerpo, sin armas, y por lo tanto llevo las de perder, y porque adems casi nunca resuelven nada que no se pueda
solucionar, de una forma ms directa, con un arma de fuego. An as era un puetazo tan obvio que lo poda haber evitado, sin embargo opt por amortiguar el golpe
moviendo levemente la cabeza en la misma direccin que su puo en el momento en que me impactaba. Despus exager el dao que me haba hecho dejndome caer al
suelo como si hubiese estado a punto de perder el conocimiento.
Aprovechando mi supuesto aturdimiento, el propio Antnez se agach para cachearme, quitndome la Glock de la cartuchera: le dej hacer. Orden a sus hombres
que me pusiesen en pie para sentarme en una silla delante de su mesa, y, despus de buscar unas esposas en un cajn, se dispuso a ponrmelas.
Quedaba absolutamente claro quin mandaba en Aldea del Rey y la sonrisa que me dedicaba Pedro Antnez slo serva para subrayarlo. Haba desarmado y
capturado a un Hombre Bueno, enviado plenipotenciario de las Ciudades Estado de Al-Andalus, tenindole a su merced. l se senta seor de su pequea comarca y
nadie le poda impedir hacer lo que le viniese en gana. Sent que mi obligacin era advertirle.
Soy Eneko Amboto, le dije, haciendo ver que a duras penas recuperaba el conocimiento. Un Hombre Bueno. Mi presencia en Aldea del Rey se debe a una serie de
denuncias efectuadas en la Ciudad Estado de Toledo, que indican un abuso de fuerza por parte de Pedro Antnez con respecto al resto de sus habitantes.
Pedro Antnez exager una sonora carcajada que el resto de sus aclitos repiti, aunque con menos convencimiento.
Vista su forma de actuar no veo que sea necesario comprobar la veracidad de esas denuncias. Estoy convencido de que son ciertas, le dije intentando poner un poco
de hierro en mi voz.
Y qu vas a hacer al respecto?, me pregunt Pedro Antnez dirigindose a m pero para el beneficio de sus hombres, que se sintieron de nuevo obligados a rerle la
gracia.
En un principio pens que sera suficiente tener una pequea charla y llegar a un acuerdo para introducir el principio de solidaridad tan buscado por las Ciudades
Estado en sus territorios. Pero creo que, dadas las circunstancias, eso va a ser imposible. Por lo tanto tendr que obligarle a desaparecer de este pueblo para siempre, le
respond.
Esta ltima frase dicha en presencia de cuatro testigos me iba a acarrear unos problemas que ni si quiera poda imaginar en aquel momento.
Cmo?, pregunt Antnez.
Era una buena pregunta, a la cual yo no tena respuesta, de modo que me limit a encoger los hombros.
Lo primero que me hara falta era un arma.
Es ms probable que seas t quien desaparezca. De aqu y para siempre. Pocas personas te han visto llegar y puedo garantizar su silencio, dijo Antnez, mientras
encenda un cigarrillo. Si te vienen a buscar, diremos que jams llegaste a nuestro querido pueblo.
Le ped con un gesto de mis esposadas manos que me diese un cigarrillo.
El ltimo deseo del reo. Sonrea mientras lo encenda y me lo colocaba entre los labios.
Le di tres caladas seguidas y despus sopl sobre la punta, quitndole la ceniza y avivndola lo ms posible. La temperatura del cuerpo humano gira en torno a los
treinta siete grados centgrados; la punta de un cigarrillo encendido sobrepasa los cien. Lgicamente si entran en contacto hay un traspaso de calor de uno a otro, lo que
hace que se produzca una quemadura. El cuerpo humano tambin tiene distintas zonas donde el efecto de una exposicin a una fuente de calor intensa y concentrada,
puede generar ms dao y dolor inmediato. No es lo mismo apagar una colilla en la palma de la mano que en los tejidos blandos del ojo.
Me levant de la silla y le clav la punta candente del cigarrillo en el ojo, la reaccin automtica que hizo que su prpado se cerrase no impidi que el calor quemase
esa fina membrana para incrustarse, a travs del iris, en el lquido ocular. All se apag el cigarrillo y no tuve tiempo para fijarme en el lquido viscoso que resbalaba por
su cara. Intent ignorar los alaridos que lanzaba y le pas mis manos por encima de su cabeza, situndome, con el mismo movimiento, a su espalda. Estaba
estrangulando a Antnez con las esposas que l mismo me haba puesto.
Eran unos aficionados; si vas a esposar a alguien, hazlo a un objeto slido o, como mal menor, pon sus manos detrs de su espalda y, si vas a cubrir a alguien con
armas de fuego, hazlo desde distintas posiciones de tiro. Ellos estaban juntos delante de m, no podan disparar sin herir a su jefe y menos an con unas escopetas de
caza: la dispersin de los perdigones no permita un disparo limpio que slo me alcanzase a m. Antes de que pudiesen reaccionar obligu a Pedro Antnez a que me
desatase las esposas, y conmigo pegado a sus espaldas, hicimos una especie de paso de baile asincrnico hasta conseguir sacar las llaves del cajn de su escritorio. Una
vez libre, recuper la Glock, y aunque me daba la impresin de que no me hara falta, la apunt en direccin a Pedro Antnez, quien haba cambiado sus alaridos de
dolor iniciales por unos pequeos gemidos roncos, casi gruidos, que profera al comps de su respiracin. Con una mano se tapaba su ojo herido, con el otro intentaba
abarcar lo que estaba ocurriendo all. Al final me mir a m. Es difcil mirar a la cara a una persona con un solo ojo, sobre todo si el causante de que as sea eres t,
porque no sabes muy bien hacia dnde debes enfocar la vista; si en el ojo o en el resto de la cara, con el problema adicional de que lo que realmente te interesa ver es el
estado del ojo lesionado, y hacia all se te va la mirada. Pedro Antnez no tena ese problema; me mir, y yo casi ni me molest en devolverle la mirada. Hasta cierto
punto me decepcion, puesto que esperaba un destello de rabia, odio o incluso impotencia contenida en su semblante y all slo se poda leer su miedo. Pedro Antnez
responda perfectamente a la patologa psicolgica que, a falta de un nombre ms correcto, yo conoca como la del matn de patio de colegio: eran crueles y abusaban del
poder que les daba su fuerza fsica o la de sus aclitos, pero en cuanto alguien les plantaba cara eran unos cobardes.
Orden a los hombres que dejasen sus escopetas en el suelo, las recog y, sin dejar de apuntarles, pas uno de los cierres de las esposas entre los guardas de los
gatillos de las cuatro armas, unindolas y hacindolas inutilizables. No quera que me disparasen en cuanto les volviese la espalda. Obligu a Pedro Antnez a que me
acompaase hasta la salida del pueblo, no dejaba de quejarse de su dolor en el ojo y le tuve que empujar de vez en cuando para mantenerle en movimiento. Slo me
preocupaba que se desmayase, en ese caso no sabra que hacer con l, no me senta capaz de levantar su peso muerto y llevarle a hombros. Alcanzamos mi caballo sin
ver a nadie, todos los habitantes del pueblo se haban encerrado en sus casas y slo perciba su presencia por los pequeos movimientos en las cortinas que indicaban
que nos observaban. Ninguno de ellos sali a la calle para rescatar a su jefe, o al menos intentarlo, pero todos ellos vieron cmo me llevaba a Pedro Antnez.
No mont a caballo, cog las riendas con una mano y continu caminando, alejndome del pueblo, obligando a mi prisionero a avanzar dos pasos por delante de m. Su
compaa no me era agradable y no tena intencin seguir andando mucho ms tiempo. El calor del sol se empezaba a dejar sentir y, como empezaba a sudar, tambin
quera quitarme el chaleco anti-balas cuanto antes.
En seguida vi una pequea hondonada detrs de una hilera de rboles, desde el pueblo nadie nos vera y yo quera un poco de privacidad para terminar mis asuntos
con Antnez. Al ver que nos parbamos, l se temi lo peor y perdi los nervios.
No me mates. Por favor, no me mates, me dijo ponindose de rodillas y juntando las manos en actitud de rezar. Se le haba olvidado momentneamente el dolor de
su ojo y yo pude ver el resultado de mi ataque: no haba sangrado mucho y la quemadura apenas supuraba, pero la mitad de su cara ya se estaba hinchando, sobre todo
la parte superior de su mejilla, como reaccin al trauma que haba sufrido.
Si pensaba que le iba a ejecutar, yo no tena ningn motivo para tranquilizarle, de momento; apunt a su cara con mi pistola, lo que le hizo gritar an ms suplicando
que no le quitase la vida. Siempre he pensado que es mucho ms efectiva la amenaza del terror que el propio acto violento de llevar a cabo una accin sangrienta, pero,
para que esa amenaza tenga xito no debe de quedar el ms mnimo resquicio de duda sobre la voluntad y capacidad de ejecutarla. Apret suavemente el can de la
Glock sobre el ojo quemado de Antnez, el dolor le hizo gritar y llevarse de nuevo las manos a la cara, finalmente se dej caer de espaldas quedndose tumbado en el
suelo mirando al cielo. Me arrodill a su lado y volv a posar el can de la pistola en su herida, esta vez no se atrevi a moverse, y sent por el olor, que el miedo
impeda que su cerebro controlase su cuerpo: se estaba defecando.
No quiero saber de tu existencia, le susurr al odo. Nunca. Si alguien menciona tu nombre en mi presencia, para bien o para mal, volver y te encontrar. No lo
dudes.
Escuch sus balbuceos de asentimiento y luego aad: No me conformar con dejarte tuerto.
Aqulla fue la ltima vez que vi a Pedro Antnez. Nadie ms volvi a verle, simplemente desapareci.
Algunos me acusaron de haberle asesinado: no era cierto, yo le dej con vida, pero muchas veces la realidad poco tiene que ver con los rumores y esta vez me tocaba
convivir con que la versin ms aceptada de los hechos me responsabilizara de su muerte y desaparicin.
Me daba lo mismo lo que dijesen o pensasen.
7.
At mi caballo a una de las columnas del soportal del ayuntamiento y entr para subir al primer piso sin encontrarme con nadie, esta vez no tena a cuatro escopetas
apuntndome a la espalda. Abr la puerta de la sala principal, el antiguo despacho de Pedro Antnez, y pude comprobar que las cosas haban cambiado, aparentemente
para bien.
Media docena de chiquillos estaban sentados, algunos en sillas y otros en el suelo, sus edades variaban entre los ms pequeos de unos cinco aos y un adolescente a
quien ya se le notaba la sombra de la barba. Todos compartan libros y lapiceros. Mi entrada les hizo girarse para ver quin interrumpa su clase antes de mirar al adulto
que estaba de pie, delante de una pizarra improvisada, y esperar su reaccin e instrucciones. Yo no tuve ninguna duda en saber que se trataba de Miguel Rodenas,
maestro del pueblo y principal acusador del antiguo y desaparecido alcalde, y l tambin debi reconocerme en ese instante. Enseguida dio por concluida la clase, con la
alegra y pequeo alboroto que eso conlleva por parte de los alumnos, para dedicarse a m plenamente, dndome la bienvenida e invitndome a comer a su casa. Agradec
esta ltima idea infinitamente porque no haba probado bocado desde la noche anterior y, entre una cosa y otra, haba recorrido a caballo ms de cuarenta kilmetros,
algo que abre mucho el apetito, a pesar de lo que haba visto a primera hora de la maana.
Miguel Rodenas me cay simptico desde el primer momento, tena unos treinta y tantos aos y unas gafas cuya montura se haba roto y, a falta de repuestos,
mantena sujetas con un trozo de esparadrapo. Era delgado, de media estatura y con un pelo marrn inusualmente largo, tena la tendencia a hablar mucho y seguido, con
el nerviosismo causado por sus ganas de agradar. Me insista hasta la saciedad que l no haba querido reemplazar a Pedro Antnez como alcalde de Aldea del Rey, que
se haba puesto en contacto con nosotros porque no se podan aguantar ms sus abusos, que l jams se haba planteado la obtencin del poder posterior. Sin embargo
as haba ocurrido, los vecinos del pueblo le haban elegido como su cabeza visible y l se haba puesto manos a la obra, sobre todo para asegurar que todo el mundo
recibiese suficientes alimentos. No me importaba en lo ms mnimo cules haban sido sus motivaciones y, si era capaz de mantener el orden y cierto bienestar en su
pueblo, me alegraba por ellos, pero tampoco aquello era de mi incumbencia en aquellos momentos. Tena que saber, cuanto antes, todo sobre Rosario Verdes, gitana y
curandera, para poder seguir buscando a su asesino; el resto de las palabras y explicaciones de Miguel eran slo ruido. Le enseara su foto y le interrogara despus de
comer, no le quera cortar el apetito.
El exterior de la casa del maestro no la haca distinta al resto, situada en mitad de una de las estrechas calles del pueblo, constaba de dos plantas, con el saln y la
cocina en la inferior y las habitaciones, supona, en el primer piso. Lo que no esperaba ver era la cantidad de libros que cubran todas las estanteras, que a su vez
cubran todas las paredes. Ms que una vivienda pareca el interior de una librera de viejo, pero sin el olor seco y el polvo que las caracteriza. No me imaginaba a
Miguel Rodenas preocupndose por la limpieza de sus libros, ni por mantener a raya el desorden que tal nmero de volmenes genera a su alrededor de manera
espontnea. All se vea la mano de otra persona; una mujer, una madre tal vez. No me puedo resistir a la curiosidad que supone ver los ttulos de los libros que
pertenecen a otras personas y estuve ojeando durante unos instantes las estanteras que me rodeaban. Haba de todo un poco: narrativa, historia, filosofa, incluso algn
que otro tomo de matemticas, lo cual volva a remarcar mi sensacin anterior de que estaba en una librera de libros viejos, tambin porque eran ediciones de haca ms
de diez aos, previas, desde luego, a las Revueltas del Dos de Mayo de 2038. Dentro de lo heterogneo de aquella biblioteca, caba resaltar el gran volumen de libros de
poesa y la desproporcin, entre stos, por su nmero, de Federico Garca Lorca. All estaban todas sus obras; desde sus ensayos sobre el duende andaluz, a sus nanas,
desde sus obras de teatro a sus libros de poesa, y yendo an ms lejos, los ttulos se repetan en distintas ediciones y se completaban con una coleccin, que imaginaba
igualmente exhaustiva, de las biografas escritas sobre este gran escritor, y de los mltiples libros escritos estudiando su obra desde su perspectiva literaria. Yo tambin,
haca muchos aos, haba disfrutado de los poemas del granadino y, aunque con el paso del tiempo llegu a encontrarlos demasiado costumbristas y llenos de tpicos,
sonre pensando en la inocencia de mi juventud.
Te gusta Lorca?, le pregunt, dndome cuenta de inmediato que se trataba de una de las preguntas ms ridculas que haba hecho jams. Era como preguntar a un
alcohlico si le gustaba el gisqui. Una voz de mujer respondi a mis espaldas, era una voz suave que temblaba con inseguridad.
Gustarle Lorca? A veces es lo nico que le importa. El resto, el pueblo, los nios, incluso yo misma, parecemos ser una carga que le restamos tiempo para dedicar a
sus estudios.
Te presento a mi hermana Laura, dijo Miguel. l es Bolto, el Hombre Bueno, le indic sealndome.
La blancura de su piel me llam la atencin porque no estaba acostumbrado a ver esa falta de color en los territorios de Al-Andalus, donde, sin quererlo, el sol curta
los rostros de todo el mundo a poco que saliesen a la calle. No llegaba a tener la palidez del enfermo, pero sumndola a su extrema delgadez y su inquieta, e inquietante,
forma de mover las manos, no me sorprendera aprender que sus nervios no seran precisamente de acero, y que padeca de algn tipo de afeccin mental. Difcilmente
poda considerarme un experto en temas psicolgicos, pero haba tenido que aprender a reconocer los sntomas de la presin y del estrs en situaciones lmite, no por
altruismo, sino para asegurarme de que ninguno de mis colegas perdiese el control de sus actos en un momento crtico, poniendo en peligro nuestras vidas. En Laura se
vean todos los signos de estar al borde de un colapso nervioso, si estuvisemos luchando no me fiara de ella ni para doblar vendajes en la retaguardia. A pesar de su
palidez y, sobre todo, de la fragilidad interior que desprenda, sus facciones eran de una delicada belleza difcil de no reconocer. Le sonre para intentar que no se sintiese
agredida por mi presencia, pero creo que ello no sirvi de nada.
Comimos migas en la cocina, con mucho ajo y pocos tropiezos de matanza, algo habitual y a lo que me haba acostumbrado en una tierra donde sobran los ajos y
escasea la carne de cualquier tipo. El vino local, que antao hubiese sido merecido de la denominacin de origen de Valdepeas, era joven y lo suficientemente spero
como para contrarrestar el intenso sabor a ajos de nuestro nico plato.
Has venido a controlarnos?, me pregunt el maestro. Aunque sea yo quien lo diga, creo que la gente est mejor que con el antiguo alcalde. Por lo menos ya no
hay miedo.
No le contest y le ense la imagen menos grotesca del cadver de Rosario Verdes en el visor de la cmara fotogrfica.
La conoces?.
S, claro, es Rosario, dijo, para titubear antes de aadir, pero, parece que est....
Muerta, termin yo por l. Asesinada.
Miguel no pudo disimular su sorpresa, curiosidad o tal vez preocupacin. Laura se acerc para ver la foto por encima de su hombro, y si hubiese sido posible se
hubiese vuelto ms plida todava.
Claro que la reconozco... La conoca... la conocamos, lo suficiente como para considerarla como una amiga; una buena amiga, dijo Miguel.
Dios mo, Dios mo, Dios mo, repeta Laura para s misma.
Me preguntaba si era bueno o malo que Miguel y Laura fuesen cercanos a la vctima puesto que, por un lado, me podran dar informacin acerca de ella, pero, por el
otro, estaran afectados y poco comunicativos sobre temas personales que podran ser relevantes. Tampoco me pareca una buena idea pasar a un interrogatorio en toda
regla en el caso de Laura, que pareca situarse cada vez ms cerca de una crisis nerviosa.
Miguel me haca preguntas sobre el crimen que yo sistemticamente me negu a responder, y hubo un momento en que hizo la manoseada pregunta: Sufri
mucho?. Estuve a punto de decirle que padeci, ms o menos, lo que se deba esperar de una persona a quien cortaron los pechos con un cuchillo no demasiado afilado,
posiblemente sin haber perdido el conocimiento para despus dejarla morir desangrada. Le respond asintiendo con la cabeza sin entrar en ms detalles y, de la manera
ms sensible de la que fui capaz, les ped que me respondiesen a una serie de preguntas y que me acompaasen a ver su casa. Yo no era un buen investigador, mis
experiencias profesionales haban sido bien distintas, pero era de la teora que si hacas muchas preguntas a mucha gente, al final alguien respondera algo que llamara la
atencin, bien por extraa, inconsistente con otras respuestas o por inesperada. Empezaba pescando con red, indiscriminadamente, para ver si recoga algo.
Mis preguntas iban enfocadas a descubrir todo lo posible acerca de Rosario Verdes y pronto supe que lleg a Aldea del Rey hara unos ocho aos, y que haba
sobrevivido a las epidemias de peste verde que asolaron Almera en aquella poca. La enfermedad atacaba el sistema nervioso y no era contagiosa, gracias a Dios, pero
tena un perodo de incubacin muy largo, de varios aos, cuando finalmente aparecan sus primeros sntomas, el deterioro de los enfermos y su casi inevitable muerte
eran muy rpidos. Murieron a miles y poco se pudo hacer por ellos, se tard demasiado tiempo en descubrir su origen y ms an en desarrollar cualquier antdoto o
medicamento que retrasase su evolucin. Corrieron todo tipo de rumores y desmentidos con un gobierno espaol que, en un principio, minimizaba la gravedad del
asunto con explicaciones inverosmiles, para luego ser incapaz de asumir sus responsabilidades y paliar aquel desastre incontrolado. No llegaron a conocerse de forma
oficial los orgenes de la enfermedad, porque la peste verde se convirti en un motivo ms para las revueltas del Dos de Mayo y la desaparicin del gobierno, pero a
nadie le quedaba ninguna duda de que fue la propia tierra, envenenada, quien mat a sus habitantes. Los agentes qumicos, cada vez ms sofisticados, que se utilizaban
en el cultivo de Almera, tanto para alimentar las frutas y verduras como para protegerlas de enfermedades e insectos, provocaron unas reacciones internas en la tierra
que no podra sino afectar a todo su ecosistema y finalmente al hombre. Grandes columnas de gente abandonaron los cultivos de Almera, Murcia y hasta de Huelva:
cualquier sitio donde la utilizacin de agentes qumicos era habitual se converta en un lugar de riesgo. Aquellos refugiados sin guerra se esparcieron por toda la
pennsula, sin saber a ciencia cierta si ya estaba incubando la enfermedad que les matara. Rosario Verdes haba sido uno de ellos, nadie de su familia pudo acompaarla;
sus padres y dos hermanos murieron en el plazo de cuatro das.
Miguel me cont aquella historia y yo le escuch por educacin, la haba odo muchas veces, y no me deca nada singular acerca de Rosario.
Tena algn motivo para instalarse aqu? Precisamente en Aldea del Rey?, le pregunt, mientras salamos de su casa para ir a ver donde viva Rosario.
Que yo sepa, no.
Ningn familiar, aunque fuese lejano?, le insist.
No. Ni creo que nadie viniese a verla.
Me resultaba extrao que una persona de raza gitana, donde el arraigo a la familia y al clan es tan poderoso, hubiese podido romper todos los lazos con su pasado. Su
respuesta, a la vez, me daba otra indicacin, si el asesino no haba escogido a su vctima de manera aleatoria, algo que me pareca improbable, se trataba de alguien que
viva en la zona.
Aprovech la habitual bsqueda de las llaves de la casa de Rosario en posesin de una vecina, para hacer las preguntas de rigor. Todo el mundo coincida en que era
una bellsima persona y, an descontando el efecto de que nadie habla mal de un recin fallecido, me convencieron de que era cierto, y no, no tena ningn enemigo.
Rosario conoca bien las hierbas y los remedios naturales, preparaba medicinas y ungentos, y saba dar masajes para aliviar todo tipo de males menores.
El interior de su casa reforzaba estos comentarios; encima de una gran mesa en el centro de la nica habitacin se encontraban todo tipo de hierbas secas, de frascos
con etiquetas escritas a mano y de botellas con aceites y aromas. En una esquina se encontraba una mesa de masaje porttil, aunque no daba la impresin de que se
moviese de all habitualmente. Miguel y Laura haban estado conmigo y, puesto que eran visitantes asiduos, les ped que me dijesen si vean algo inusual o fuera de
lugar: no encontraron nada.
Pas la mano por encima de la cama de masaje y pregunt de la manera ms sutil de la que era capaz:
Slo haca masajes teraputicos?.
Laura no entendi la pregunta, algo que no le pas a su hermano que comprendi perfectamente a lo que me refera, por la expresin de indignacin que mostr en su
rostro. Quiso pensar unos instantes para darme una respuesta que me hiciese sentir empequeecido, pero al final se conform con un simple Cmo te atreves a
insinuar...?.
No insino nada, le interrump, pero si Rosario tena montado un pequeo negocio de relajamiento sexual, me gustara saberlo.
Esta vez fue Laura quien entendi la insinuacin y emiti un gritito que tap con su mano castamente. Ese acto reflejo me era ms que suficiente para saber que la
virtud de Rosario Verdes estaba fuera de sospecha.
Y novios?, les pregunt.
El intercambio de miradas entre los dos hermanos fue muy elocuente; Rosario haba sido algo ms que una buena amiga de Miguel Rodenas y este ltimo tambin se
haba percatado de lo que estaba pasando por mi cabeza.
No es lo que parece, me dijo.
Qu es lo que parece qu?.
Lo que piensas.
No s lo que pienso. Dime t lo que crees que estoy pensando, le dije. No quera ponerle las cosas fciles porque haba estado con l durante ms de dos horas,
comida incluida, hablando de un asesinato y el bueno de Miguel no haba credo oportuno decirme que se haba estado trajinando a la vctima.
Piensas que ramos amantes, dijo Miguel bajando la cabeza, como avergonzado delante de su hermana.
Era una manera muy delicada de expresar lo que realmente estaba pensando yo.
Y no era as?.
No, nos gustbamos y nos queramos, y es posible que con el tiempo hubisemos ido ms lejos.
Me enterneca su manera edulcorada de describir su relacin con Rosario, dignos de una novela rosa de tres al cuarto. Pero la ternura no era mi fuerte.
Te la follaste, o no?, pregunt directamente.
A ti qu te importa! hubiese sido una buena respuesta, pero fiel a su lnea romanticona, Miguel me respondi que an no haban llegado a ese punto.
Lo nuestro iba bien, nos gustbamos. De una manera adulta, sin sobresaltos, dando tiempo al tiempo. Hasta que pas lo que pas, me explic.
O sea que al final te la tiraste?. Creo que se lo pregunt por puro morbo, sin demasiada mala intencin, pero mi comentario hizo que su hermana reaccionase.
Lo que pas no tuvo nada que ver con mi hermano, sino todo lo contrario. l intent impedirlo, dijo Laura al borde de las lgrimas. Mientras esperaba que uno de
los dos me diese ms detalles sobre lo que haba pasado, pens que aquellas dos personas hacan una curiosa pareja: Miguel con su gusto por la poesa y romntico en
exceso y Laura, enfermiza y nerviosa con tendencia al melodrama.
Pedro Antnez se encaprich de ella, me explic Miguel.
Entend, por aquellas palabras, que aquel tiranuelo pensaba que el derecho de pernada no era algo extinguido en la Edad Media, sino en pleno vigor en el siglo XXI,
por lo menos en el pueblo que l dominaba.
Ella se neg y yo intent protegerla, dijo Miguel.
Como no poda ser de otra manera, acab la frase por l.
Estaba obsesionado con Rosario hasta el punto de hacerle la vida imposible. A veces la intentaba convencer con halagos y flores, y otras veces, las ms, con
amenazas explcitas.
Y t qu hiciste?.
Me enfrent a l. Le afe su conducta en pblico.
No s si llegara a la locura de Don Quijote, pero el exceso de lectura de poesa haba ablandado el cerebro al buen maestro.
Y qu pas?, pregunt, aunque me lo imaginaba.
Le golpearon y le dejaron tirado en medio de la calle, como a un perro, dijo su hermana. Lo haba imaginado correctamente.
Despus escrib unas notas sobre todas las injusticias que Pedro Antnez estaba cometiendo en Aldea del Rey y las envi a Toledo, aadi su hermano.
De modo que las denuncias de Miguel a la Ciudad Estado de Toledo no haban estado motivadas por un altruismo puro, sino por algo mucho ms personal y oscuro
como son la venganza y los celos. Yo haba credo a Miguel cuando me dijo que no quera desbancar al anterior alcalde para relevarle en su puesto y erigirse como nuevo
lder de la comuna, y no me haba equivocado. Sus motivos ahora me quedaban claros y me parecan incluso ms aceptables que los que haba utilizado en su primera
explicacin. Por lo general tengo ms fe en la debilidad humana que en su bondad espontnea.
Se la benefici Pedro Antnez?, pregunt; Laura me mir con desprecio, desesperndose conmigo.
No. No lo creo... No lo s, contest Miguel, medio avergonzado, mirando al suelo, ciertamente como caballero andante no haba sido un gran xito. Y si as fuera,
tendra que haberla violado, concluy.
Seguramente, le respond antes de hacerle una ltima pregunta. En el informe tan detallado que nos mandaste no figuraba que Pedro Antnez acosase sexualmente
a las mujeres del pueblo, ni tampoco le acusaste de violador. Por qu?.
El autoproclamado maestro se sonroj antes de contestar.
No quera mezclar mis intereses privados con los del resto del pueblo.
Me pareci una explicacin muy floja sobre todo porque era precisamente lo que haba hecho; haba utilizado a las autoridades de Toledo, y a m particularmente,
para desquitarse de la paliza que le haba dado Pedro Antnez y del acoso al que someta a su posible novia. No quise ensaarme con l en ese asunto porque me
acababa de dar la suficiente informacin como para establecer a Pedro Antnez como sospechoso principal del asesinato de Rosario Verdes.
Ella se haba resistido a sus proposiciones sexuales, haciendo que su obsesin fuese de ms a ms, negndole algo en un lugar donde l pensaba que lo era todo, que
todo le perteneca. A continuacin, de una manera inesperada en la que yo tuve mucho que ver, se vio convertido en un paria tuerto y, al menos as lo esperaba, con el
suficiente miedo metido en el cuerpo como para no acercarse por su pueblo. Tena constancia, lo haba vivido en mis propias carnes, de que se trataba de un personaje
violento y proclive a la crueldad. Con todo eso, no me costaba mucho imaginarme que perdiese la cabeza, que le diese un ataque sictico, que personalizase en Rosario
Verdes todas sus frustraciones y desgracias, y que acabase con ella de la forma en que lo hizo.
Era obvio que mi proceso mental no significaba que Antnez fuese el asesino, sino que se trataba de un sospechoso verosmil y en aquel momento era el nico que
tena. Mi obligacin era encontrarle e interrogarle.
Alguien ha visto a Pedro Antnez recientemente?, pregunt a los dos hermanos, que me hicieron ver que no entendan muy bien de que estaba hablando.
No hace falta que intentes disimular nada con nosotros, me dijo Miguel. Todo el mundo sabe que lo ejecutaste.
Era un ser cruel y despreciable que no mereca seguir con vida. Solamente por haberle hecho desaparecer de nuestras vidas se te puede perdonar todo, tus
vulgaridades, tus groseras, tu falta de sensibilidad. Y tambin que le matases a sangre fra. No nos tienes que dar ninguna explicacin.
No quise decirles que la ltima vez que vi a Pedro Antnez estaba vivo: les hubiese preocupado.
8.
Haba amanecido haca un par de horas y yo ya vea la silueta de la ciudad de Toledo en la distancia, sus torres y campanarios se dibujaban en el cielo azul cansino de
principios de otoo, donde no haba ninguna nube; lo raro hubiese sido que las hubiese. Desde haca tiempo los efectos de la contaminacin global afectaban al clima, en
el caso de la meseta manchega esto supona una sequa crnica ao tras ao, y un permanente deseo, por parte de sus habitantes, de que llegasen las lluvias que llenasen
los pantanos de agua.
Poda haber llegado a Toledo la noche anterior, pero no quera cabalgar a oscuras para no correr el riesgo de que mi caballo pisase mal y se lastimase o me tirase al
suelo, algo que ya me haba ocurrido en otras ocasiones. Sal de Aldea del Rey despus de mi entrevista con los hermanos Rodenas e hice noche en Almagro, en la casa
de Cintia, lo ms parecido a un hogar que tena.
An no haba anochecido cuando entr en la Plaza Mayor de Almagro por la esquina de la iglesia de los Agustinos, mi caballo ya haba reconocido su entorno y se
diriga directamente al establo sin necesidad de que yo le guiase, deseaba que le quitasen la montura, beber, comer y descansar. Algo parecido me ocurra a m, esperaba
que el agotamiento fsico me permitiese dormir, apartando de mi mente lo ocurrido a Rosario Verdes, pero antes deba contarle todo a Cintia y soportar el interrogatorio
al que seguramente me sometera.
Cargu con mis alforjas y armamento, anduve lentamente por debajo de las galeras de los edificios cuyas ventanas se abran a la plaza, un espacio rectangular, ms o
menos, que a lo largo de su historia haba servido de Plaza de Armas, mercado agrcola, galera de souvenirs y lugar idneo para romeras, fiestas populares, conciertos y
representaciones teatrales. Llegu a una puerta verde recientemente pintada con un acabado que dejaba mucho que desear; la haba pintado yo. Sub por las escaleras que
llevaban al segundo piso y golpe el aldabn de la puerta, que estaba an sin pintar.
Era una vivienda distinta a cualquier otra, el edificio haba sido construido originalmente en el siglo XII, como parte intrnseca del lateral de la plaza, y sus paredes de
piedra eran las mismas de entonces, as como la estructura de los ventanales por donde, en aquel momento, entraban los ltimos rayos del atardecer iluminando todo su
interior. Nadie podra decir cuntos cambios haban sufrido aquellas habitaciones, pero su ltima reforma tuvo lugar a principios de nuestro siglo, cuando Almagro era
un centro de turismo cultural de relevancia y sus edificios de ms solera se habilitaron para albergar a viajeros del exterior. El resultado haca convivir el carcter de la
piedra con la esttica del confort rural que los turistas esperaban encontrar en un establecimiento de esas caractersticas, y, a pesar del paso de los aos y de la falta de
un mantenimiento adecuado, la vivienda no haba perdido su encanto ni su comodidad. Las ansias de colorido caribeo que Cintia llevaba consigo a todas partes no
podan faltar en aquella casa, donde convivan amigablemente la austeridad de la piedra, la calidez del decorado y la alegra chillona de los colores puros. Mi habitacin
era la ms pequea de la casa, tena un ventanuco que daba a un patio interior y una cama antigua desproporcionadamente grande, que apenas caba all. Ignoraba su
procedencia y para dormir slo se me haca fra e incmoda. Era lgico que aquella habitacin fuese la ma, ya que casi nunca pernoctaba all, pero saba que siempre que
volva la tendra hecha, con sbanas limpias, y que los dibujos de Begoa, pegados en las paredes, cuidaran mis escasas pertenencias.
Cintia abri la puerta, pero no tuve tiempo para mirarla porque el grito de alegra y la sonrisa que ilumin la cara de Begoa, una nia de ocho aos, me desviaron la
atencin. Haban dejado su cena a medio comer y corra a mi encuentro. Ella saba que yo no era su padre, pero me llamaba pap; para m tambin era como una hija.
No me esperaban y tuvimos que compartir unas lentejas sin tropiezos; despus acompa a Begoa a la cama, y no me pidi que le contase un cuento, slo que le
diese un beso, algo que hice con todo el gusto del mundo. Su madre la arrop y, los dos, volvimos al saln.
La cmara de fotos de la doctora Conde, y las imgenes que sta contena, me pesaban en el bolsillo, no saba si enserselas sin ningn tipo de prembulo,
simplemente dndole la cmara, o si era preferible que las pusiese en contexto antes de mostrrselas para pedir su ayuda.
Estbamos sentados juntos en el sof y le mir a la cara, no hizo falta nada ms.
Qu quieres?, me pregunt. Tiene que ser algo importante, normalmente para pedir algo no te lo piensas tanto. Habl con toda naturalidad, sin criticarme por mi
aparente comportamiento egosta en circunstancias normales. Siempre que la vea pensaba que era la mujer ms bella que haba visto jams, pero saba que no era cierto,
era el magnetismo ertico de su cuerpo lo que me haca pensar de esa manera. Era una hija del milenio, haba nacido en el 2000, y ahora tena 35 aos, los contornos de
sus pechos y nalgas eran evidentes aunque se pusiese ropa amplia, como el vestido estampado que llevaba en aquel momento. El resto de su cuerpo era el de una atleta,
con largas piernas y fuertes brazos que no llegaban a ser musculosos. Muy a mi pesar no ramos amantes, aunque as lo pareciese de cara al exterior. Nuestra relacin
sexual se haba limitado a una nica noche de abandono animal, de la cual, a los dos, nos costaba mucho hablar.
En qu piensas?.
Difcilmente le podra contestar la verdad sin parecer un obseso y desviar el motivo principal de nuestra conversacin. Saqu la cmara de fotos del bolsillo y se la
entregu: en el visor apareca la primera foto de Rosario Verdes. Al verla Cintia se gir hacia m con una expresin no tanto de horror como de tristeza.
Por qu me enseas esto ahora?.
El nfasis de su pregunta estaba en la palabra ahora. Cintia haba encontrado un pequeo remanso de paz en Al-Andalus, en su pequea casa de Almagro cuidando de
su hija Begoa e intentando ayudar a todas aquellas personas, sobre todo nios, cuyas mentes haban sido incapaces de asumir la prdida de seres queridos y traumas
emocionales que haban sufrido a partir de la Revuelta del Dos de Mayo. Era psiquiatra y utilizaba sus conocimientos para paliar las heridas invisibles sufridas por
tantas personas y, hacindolo, ella misma alejaba a sus propios fantasmas. La visin del cadver de Rosario Verdes le acercaba a su pasado. Yo era consciente del dao
que esto le podra causar pero no me senta culpable por hacerlo, slo esperaba que no centrase su enfado en m.
A quin, sino, podra recurrir?, le respond con otra pregunta.
Sabes de sobra que los asesinatos y las muertes ya no forman parte de mi vida.
Pero ah estn.
No son mi problema.
Te equivocas. Un asesino anda suelto. se es un problema para todos y ms para aqullos que puedan ayudar a capturarlo. Como t..
Hace mucho tiempo que no..., intent excusarse y yo le interrump.
Hace mucho tiempo que juraste fidelidad, valor e integridad. No creo que eso se olvide tan fcilmente.
Le sorprendi escuchar el lema del F.B.I de mi boca.
Haba conocido a Cintia haca apenas tres meses en la Repblica de Euskadi donde me haba demostrado que el entrenamiento que haba recibido en Quantico no
haba cado en saco roto. Tambin me cont la historia de su vida. Naci en Cuba justo antes de la muerte de Fidel Castro, cuando las Marcas Globales empezaban a
incorporar sus negocios en la isla, seguramente hubiese acabado como seorita de ocio en uno de sus hoteles, un eufemismo para describir a las antiguas jineteras, sino se
llega a trasladar a Miami donde tuvo una infancia cien por cien americana. Estudi psiquiatra en la universidad de Florida y se incorpor al F.B.I.
Por desgracia el F.B.I. ya no existe, ni nadie que suscriba ese lema, me contest.
En eso tena razn. La agencia policial haba sido privatizada y absorbida dentro de la principal Marca Global de seguridad, PeaceMakers Inc., y su principal misin
haba dejado de ser la bsqueda de la justicia para convertirse en el organismo protector de los intereses de las Marcas Globales. Ya no era de inters para ellos la
persecucin de extorsiones y abusos, si stos eran perpetrados por filiales de las Marcas Globales, y enfocaron sus esfuerzos a la investigacin de la piratera y copia
de sus productos, o a la desestabilizacin de potenciales mercados fuera de su rea de influencia. Los crmenes violentos nicamente eran investigados por su posible
efecto en las cuentas de resultados de las empresas a causa de la inquietud social que generaban, y no por el anhelo de buscar el bien superior de la justicia.
Seguramente ms de uno sigue manteniendo esos principios a pesar de todo, le dije.
Ella me haba contado que en los meses siguientes a su privatizacin muchos de los expedientes del F.B.I. haban sido paralizados, principalmente aqullos que
investigaban los temas relacionados directa o indirectamente con las Marcas Globales. Algunos agentes siguieron investigando a pesar de las nuevas instrucciones, y, en
un principio, fueron relevados de sus cargos; an as, persistieron y tuvieron que sucumbir a las amenazas, contra ellos y sus familias. Amenazas que, en algunos casos,
se hicieron realidad, y de lo cual Cintia era consciente. Ella abandon el F.B.I., ya que no consenta las injusticias que se estaban cometiendo pero tampoco se senta con
fuerzas para luchar contra ellas. Pensaba que en la Repblica de Euskadi ella, junto con su marido Josu Irati, podra vivir en paz, imaginando que la estructura social que
se haba logrado conservar all y su independencia de las Marcas Globales as se lo permitiran. No se podra imaginar que la importancia dada al componente gentico
euskaldn hara que eso fuese imposible: Cintia era negra.
Yo estaba a su lado cuando vimos cmo su marido era ejecutado, en directo, a travs de la pantalla de televisin.
Ella estuvo a mi lado cuando nos enfrentamos al propio Comit de la Repblica de Euskadi.
Finalmente me acompa, con su hija, en mi regreso a Al-Andalus. Aqu nadie era consciente del color de su piel.
Empez a mirar las fotos en el visor de la cmara, a regaadientes al principio pero, poco a poco, su sentido del deber o su curiosidad profesional le hicieron cambiar
de actitud. Estudiaba la serie de imgenes macabras, acercando la pequea pantalla a su cara, para fijarse en algn que otro detalle. No dio muestras de repulsin en
ningn momento, era como si un resorte interno le hubiese generado una barrera que impidiese que sus sentimientos se viesen afectados, permitindole concentrarse
nicamente en lo que tena delante de sus ojos, desde una perspectiva intelectual. Una vez vistas todas las imgenes volvi a repasarlas ms despacio, parando de vez en
cuando. Yo no quise interrumpirla ni romper su concentracin.
Ha tenido lugar algn otro crimen similar?, fue su primera pregunta.
No, que yo sepa, no.
Menos mal. Puede que se trate de un arrebato sictico, personal e intransferible, contra la pobre vctima. Dios quiera que as sea.
Por qu?.
Porque en ese caso difcilmente habra ms vctimas y no tardaras mucho tiempo en dar con el asesino: sera alguien del entorno de la pobre mujer. Alguien a quien
haya despreciado, a quien haya dado celos, a quien haya humillado. Si esto es as, ser una persona con un carcter violento y con un historial de conflictos. Se habr
visto en peleas, posiblemente haya maltratado a sus parejas y familiares, infundir ms miedo que respeto en su entorno. No te ser difcil identificarlo; de ah a
demostrar que l es el culpable ser ms complicado, pero tendrs gran parte del camino andado.
Y de no ser as?, pregunt, a pesar de que acababa de describirme a Pedro Antnez, antiguo alcalde de Aldea del Rey con todo lujo de detalles.
Cintia no me contest inmediatamente y empez a hacerme una serie de preguntas sobre el lugar del crimen, la hora de la muerte y mis impresiones. Le respond lo
mejor que pude, hacindole saber tambin las conclusiones a las que habamos llegados la doctora Conde y yo. Para no influenciarla me abstuve de mencionar a Pedro
Antnez, tanto en el contexto de mi enfrentamiento con l y su expulsin de Aldea del Rey, como en los comentarios que Miguel Rodenas y su hermana me hicieron
sobre su acoso a la vctima.
Sabes cundo considerbamos la existencia de un asesino en serie en el FBI?, me pregunt Cintia, de repente, de manera inconexa al resto de la conversacin.
No.
Cuando se identificaban a cinco vctimas asesinadas de manera similar. No saba qu contestar a esta informacin.
Sabes por qu?.
No tengo ni idea.
Por motivos de eficacia interna. Con cinco vctimas es posible establecer una serie de vnculos que nos permiten acercarnos a la forma de pensar del asesino.
Empezamos a distinguir lo que es relevante de lo que es accidental. Por ejemplo, Rosario Verdes muri un sbado. Debemos tener esto en cuenta?.
No lo s, contest.
Yo tampoco. Pero si los cinco crmenes tienen lugar el mismo da de la semana es muy posible que no se trate de una coincidencia. Puede ser que sea el nico
momento en la vida cotidiana del asesino que le permita estar libre sin llamar la atencin, en ese caso, ya empezamos a cerrar el crculo. De la misma manera que si
descubrimos que los asesinatos se cometen en el mismo da de la fase lunar, podremos extrapolar y llegar a conocer el momento en que el asesino volver a actuar.
Entenda lo que Cintia me estaba diciendo y me aterrorizaba la inevitable conclusin a la que quera llegar.
Entonces..., dije nuevamente. Ella me ley el pensamiento.
Si se trata de un asesino en serie tendremos que esperar a que muera ms gente. Si las vctimas no tienen ningn vnculo directo con el asesino, como sera el caso,
nicamente nos podremos empezar a acercar a l en cuanto seamos capaces de intuir cmo piensa, algo que a su vez nos permitir determinar cul es su forma de vida y
que nos dar ms indicios sobre su identidad.
Cintia me cont los conflictos emocionales que padecan sus compaeros y ella cuando se vean inmersos en una investigacin de este tipo. Su misin principal era
evitar un nuevo asesinato. Pero sin que esto ocurriese, y as obtener ms datos, eran incapaces de avanzar en sus pesquisas. La aparicin de un nuevo cadver supona,
por un lado, la tristeza de una vida sesgada con la frustracin y el sentido de culpa de no haberlo podido evitar y, por el otro, la esperanza de una nueva oportunidad
para encontrar al culpable al tener acceso a nuevas pistas.
Yo no quera ni contemplar la idea de que la muerte de Rosario Verdes fuese la primera de una lista. Me explay hablando de Pedro Antnez, intentando justificar a
Cintia, y a m mismo, que se trataba, por sus caractersticas personales, entorno, experiencias recientes y conocimiento de la vctima, de mi principal sospechoso.
Ojal, me dijo Cintia, con cierto escepticismo.
Encaja con todo lo que me has dicho.
S. En un arranque de ira la pudo golpear y maniatar. Tambin le pudo cortar los senos de la manera violenta en que lo hizo. Pero le tendrs que pedir explicaciones
sobre otras cosas.
Explicaciones? Si est loco.
Efectivamente, asinti Cintia.
Entonces, a dnde quieres ir a parar?.
Dentro de su locura, el asesino tiene que justificar y racionalizar sus acciones.
No entiendo.
Ella le rechaz y l carg toda su ira sobre ella. Desde el punto de vista de Antnez, ella se merece el castigo que le imparte, incluidas las mutilaciones y la muerte.
Pero lo ms normal, dentro de su locura, hubiese sido que la violase.
Peor me lo pones.
Si el rechazo es uno de los motivos para su ataque sictico, su primer impulso sera el del desquite. No consigui follrsela por las buenas y ahora lo hara por las
malas, despus la castigara como se merece. En cambio, Rosario no fue violada ni encontrasteis rastros de ningn acto sexual.
Piensas que Antnez es inocente?.
No. Es probable que sea el asesino. Sin embargo cuando le interrogues deberas esclarecer muchas cosas.
Primero tendr que dar con l.
Existen indicios inquietantes que van ms all de los actos de una perturbacin temporal. Puede que sean coincidencias o reacciones imprevistas, por parte del
asesino, que slo podramos evaluar con la aparicin de ms cadveres.
A m todo me parece inquietante.
Los brazos en cruz de Rosario y el lugar donde se cometi el crimen, una estancia cerrada en lo alto de un castillo en ruinas, pueden tener varias explicaciones. El
lugar podra haber sido escogido por un motivo eminentemente prctico, puesto que estaba alejado del paso de la gente y daba garanta de privacidad, y es posible que
los brazos en cruz as se quedaran cuando el asesino solt las ligaduras de la mueca. Si buscamos una explicacin ms compleja es posible identificar indicios de un
ritual macabro donde la habitacin del castillo representa una sala de ofrendas o sacrificios y los brazos en cruz de la vctima un reflejo de la crucifixin. No lo s.
Igualmente las piernas cerradas de la vctima pueden representar el rechazo del asesino al sexo femenino o nada en absoluto. Tampoco lo s.
Estaba a punto de decirle que no saba mucho y qu poco me estaba ayudando.
No lo s, ni lo sabr hasta que haya ms vctimas, concluy Cintia.
Encontrar a Pedro Antnez, le promet.
Le tendrs que interrogar para que te aclare todas estas incgnitas.
No.
Cintia me mir dejando su pregunta en el aire.
Le interrogars t, le dije. T eres la experta. T eres la psiquiatra. T me dirs si l es responsable de esa atrocidad o no.
Intent negarse a hacerlo, moviendo la cabeza de lado a lado. Despus algo tuvo que pasrsele por la cabeza porque asinti.
Si es l, le tienes que capturar cuanto antes.
Por qu?.
Es posible que vuelva a matar.
Dijo aquellas palabras con toda naturalidad, dando ms peso a su certeza. Me dio miedo.
Cmo lo sabes?.
Se llev un recuerdo de su hazaa. Para estar seguro de que lo hizo y para poder revivir la sensacin de poder que sinti.
No quera preguntarle de qu se trataba. An as Cintia me lo dijo:
Se llev los senos que haba cortado. An sangraban.
A pesar del cansancio por haber estado cabalgando la mayor parte del da, de las sbanas limpias y del colchn mullido era incapaz de dormir. Me mova de un lado a
otro de la cama intentando conseguir una postura ms cmoda. Saba que si mora otra mujer el nico culpable sera el asesino pero no poda evitar pensar que parte de
la responsabilidad sera ma. Si el asesino resultaba ser Pedro Antnez, jams me perdonara por no haberle ejecutado cuando tuve la oportunidad. O como Cintia abra
la puerta de mi habitacin, se meta en mi cama a mis espaldas y pasaba sus brazos alrededor de mi cuerpo. Sent cmo sus senos se apoyaban sobre mi espalda, ms
all de la camiseta que llevaba puesta y que los cubra. Empec a tener una ereccin y me gir para ver su cara y besarla. Ella me lo impidi.
No te muevas. nicamente quera que no te sintieses solo.
Finalmente me dorm al calor de su cuerpo.
9.
Al da siguiente hice una larga cabalgata cubriendo unos cien kilmetros a lo largo de la antigua carretera nacional que una Ciudad Real con Toledo. Por suerte pude
cambiar de montura en Los Ybenes una vez de haber cruzado los Montes de Toledo, porque mi caballo estaba al lmite de sus fuerzas. En todo el trayecto nicamente
me encontr con unos cazadores que volvan con un par de liebres y varias docenas de codornices: estrictamente les deba haber requisado sus piezas por cazar
ilegalmente, pero no les dije que era un Hombre Bueno, para no tener que actuar como tal, y acept compartir su comida, un conejo al ajillo con patatas. Cuando me
separ de ellos o cmo uno le deca al otro: Este Bolto adems de ser un Hombre Bueno es un buen hombre. No s si lo dijo para que le oyese y regalarme los odos o
de forma espontnea.
La noche anterior haba dormido al raso y el galope matutino me haba desentumecido los msculos doloridos del viaje de la vspera, hacindome entrar en calor, y me
haba dado un hambre de perros; estaba deseando llegar a Toledo para desayunar y enterarme, finalmente, de los motivos exactos para obligarme a presentarme ante el
cabildo de la Ciudad Estado dejando a un lado la bsqueda del asesino de Rosario Verdes.
Despus de haber pronunciado mi conmovedor discurso dos das antes ante la doctora Conde, Senescal de Toledo, sobre el buen hacer e independencia de los
Hombres Buenos, por encima de cualquier Ciudad Estado y haberle contrariado dicindole que no le acompaara a Marbella, la buena doctora me sonri y se sac del
bolsillo un sobre que me entreg. Lo acept de buena gana y lo abr delante de sus ojos, teniendo que reconocer que pocas veces haba visto algo parecido. No tanto por
su contenido, que al final no era ms que la orden que me instaba a presentarme en Toledo en el plazo de tres das para recibir instrucciones, sino por quienes la
firmaban: los garabatos al final del texto correspondan a los Alcaldes Mayores de las seis Ciudades Estado de Al-Andalus, enseguida reconoc a los de Toledo, Sevilla y
Granada que me eran familiares, y no tena porqu dudar de la autenticidad de los otros tres.
Para alguien que no haya vivido en Al-Andalus en la dcada de los 40 de nuestro siglo XXI, y que no haya tenido contactos continuos con los dirigentes de sus villas
principales, es muy difcil de explicar lo inusual de todas aquellas firmas en un mismo documento. Haca mucho tiempo que las ciudades haban dejado de guerrear entre
ellas, llegando a acuerdos para resolver sus pequeos conflictos, acuerdos, en muchos casos, promovidos bajo la tutela de los Hombres Buenos, pero eran casi siempre
compromisos parciales: Toledo poda firmar un convenio bilateral con Sevilla y no con el resto, porque se trataba de un tema de relevancia menor de cara a las otras
ciudades, o Granada, Sevilla y Cceres podan establecer un tipo de relacin entre ellas obviando a Toledo, sin ningn tipo de problema.
Estas relaciones entre ellas se formalizaban segn se generaba la necesidad, sin ningn tipo de planificacin previa o visin a largo plazo, en parte debido a la forma en
la cual las Ciudades Estado fueron constituidas y los mecanismos que regulaban su gobierno. No hace falta recurrir a los historiadores instalados en Toledo, para saber
que el origen de las Ciudades Estado se encuentra lisa y llanamente en la necesidad de proteger a sus habitantes del caos, la violencia y el terror que se gener tras la
desaparicin del gobierno de Espaa, y el rechazo de las Marcas Globales de tomar a Al-Andalus bajo su paraguas protector. Para estas ltimas la peste verde, el
incendio de la central nuclear de Valdembillas, que hizo inhabitable toda una extensin de ms de 10.000 kilmetros cuadrados, la perdurable sequa y la falta de recursos
naturales estratgicos simplemente impedan que esta regin fuera un mercado viable: las inversiones que tendran que efectuar, para que sus habitantes tuviesen el
poder adquisitivo suficiente para entrar en la rueda del consumismo de sus productos, eran demasiado altas. En otras palabras, no les salan los nmeros y abandonaron
a Al-Andalus a su suerte.
Los estatutos que gobernaban las Ciudad Estado, a pesar de haberse redactado sin consultarse entre ellas, se parecan en lo fundamental y se diferenciaban nicamente
en matices, ms o menos relevantes, que les permite mantener sus idiosincrasias. No es de extraar, puesto que su origen parta del deseo de evitar los males que tanto
les haban hecho sufrir, y que se resuman en: un rechazo absoluto al capitalismo a ultranza y el consumismo desatado promovido por las Marcas Globales, un recelo
enfermizo hacia los polticos y el sistema de partidos que tanto haba debilitado a las democracias por su propensin a la corrupcin, y el reconocimiento del individuo
y sus derechos por encima de las organizaciones o grupos de presin de cualquier tipo. La Ciudad de Toledo adopt como lema el de Libertad, Igualdad, Solidaridad,
adoptando el bien conocido bandern de enganche de la Revolucin Francesa; Sevilla, ahondando en sus races anarquistas de principios del siglo pasado, se decant por
el ms original Tierra, Pueblo y Libertad y Granada, ms potica, por
Humanidad, Paz y Justicia. Al final todos venan a decir lo mismo, y sus efectos fueron similares; se colectivizaron los bienes pblicos, la mayora de las tierras y
las pocas fbricas que se mantenan en produccin; las decisiones se tomaban de forma colectiva, abrindose los debates a todas aquellas personas que tuviesen intereses
en el tema, votndose en secreto por referndum. Se daban las mismas raciones de alimentos, servicios de educacin y sanidad a todo el mundo por igual, por muy
escasos o deficientes que fuesen.
Para muchos, aquellos principios altisonantes y aquellos deseos de generar una especie de utopa en sus ciudades, eran la receta perfecta para la anarqua y el caos, y
no les faltaba razn. Sin embargo, estos escpticos, no tenan en consideracin la experiencia vivida por muchos de aquellos ciudadanos, que haban visto fracasar a los
regmenes comunistas por su estrangulamiento de las libertades y del derecho a ser distinto, y que haban padecido en sus propias carnes el debilitamiento de las
democracias, a causa del mercantilismo a ultranza y de la persecucin sin freno del consumo, hasta su desaparicin. Ya partan del caos y no queran volver a l, como
tampoco deseaban volver a cometer los mismos errores que les llevaran a una forma de vida que, voluntaria o involuntariamente, haban dejado de ser opciones vlidas
para ellos.
Exista la buena voluntad de que una sociedad basada en esos ideales funcionase, y la gran mayora estaba dispuesta a sacrificarse porque as fuese. Lo que no impeda
que el gobierno de las Ciudades Estado tendiese a la confusin, la ineficiencia segn cualquier parmetro economicista, y la prolongacin y el desorden en la toma de
decisiones.
Dentro de este panorama general, el hecho de que los seis representantes principales de las distintas Ciudades Estado se hubiesen puesto de acuerdo en algo, aunque
fuese la firma de una orden que solamente incumba a mi persona, era digno de elogio, o se trataba de algo sumamente importante para el conjunto de Al-Andalus.
Pronto lo sabra.
No tard en llegar a las murallas de Toledo y antes de entrar por la puerta de Alcntara, coronada por su guila bicfala tallada en piedra, dej mi caballo en un establo,
que todava mantena un antiguo y desconchado letrero designndolo como taller mecnico. El consistorio de Toledo haba tardado mucho tiempo en prohibir el paso a
caballos, mulas y dems animales de carga al centro de la ciudad, los debates a favor y en contra se prolongaron durante meses, hasta que el peligro para la salud y los
costes de limpieza de sus cagadas obligaron a tomar esa decisin. Algo parecido haba ocurrido a finales del siglo pasado con respecto a los vehculos a motor en esta
misma ciudad.
Cargado con mis alforjas y armas, sub por la calle de Cervantes hasta llegar a la plaza de Zocodover, donde me invadieron una multitud de colores, ruidos y aromas.
La plaza haba recuperado su milenario cometido volviendo a ser el centro de mercadeo al por menor, no slo de la ciudad, sino de sus aledaos, cada vez ms extensos.
Los puestos de mercancas se apiaban unos junto a otros, debajo de los soportales y en su centro, aprovechando cualquier espacio que no impidiese el paso a los
potenciales clientes. Se venda casi de todo; frutas y hortalizas, carne y no pescado por la distancia al mar, ropa de primera, segunda y hasta tercera mano, incluso se
vean algn que otro ordenador obsoleto y telfonos mviles de dudosa procedencia, zapatos y botas a estrenar o lo suficientemente usados como para tirar, sartenes,
cuchillos y cucharas. No se vea ninguna marca ni logotipo por ningn lado y la procedencia de aquellos productos se poda identificar claramente con los contactos
directos que pudiesen tener los propietarios de los tenderetes. Cunto haba cambiado aquel lugar en apenas cinco aos, cuando los famlicos habitantes de Toledo
hacan cola, con paciencia y la esperanza de poder recibir el puado de alubias o el mendrugo de pan a los que les daba derecho su cartilla de racionamiento. Entonces se
palpaba la miseria, con un pueblo cabizbajo y silencioso, ahora se competa para ver quin gritaba ms alto para atraer la atencin de los compradores y, aunque las
cosas en venta dejaban mucho que desear en comparacin con los fabricados por las Marcas Globales, all estaban.
El olor a tocino frito que llegaba de un puesto donde se preparaban bocadillos me hizo salivar, recordndome que an estaba en ayunas e invitndome a comprar uno,
que com all mismo, mientras intentaba ver alguna cara conocida entre aquel bullicio de gente. Todos se distinguan por sus mltiples orgenes: desde los judos ms
ortodoxos con sus cabezas cubiertas por sus kippas, hasta los vendedores de fruta negros, o los nrdicos rubios y barbilampios, los rabes y, cmo no, espaoles de
muchas regiones. Sus motivos para instalarse en Toledo eran tan distintos con sus lugares de procedencia: unos huan de la desestabilizacin de sus pases, otros
buscaban escapar de una sociedad controlada por las Marcas Globales, los de ms all porque era un lugar de trnsito donde descubrieron que se les trataba como a
iguales. Toledo, la ciudad de las tres culturas, se haba convertido en la ciudad de las mil razas.
Con el estmago lleno y viendo aquel panorama, empec a sentirme contento de estar all. Una brusca ingesta de alimentos en un cuerpo hambriento tiende a subir el
nimo, pero un sbito recuerdo del cadver de Rosario Verdes desnudo y con sus senos amputados me hicieron un nudo en el estmago. Mentalmente me obligu a
pasar pgina y concentrarme en mi prxima reunin con los mandamases de la ciudad. Me hice paso entre la muchedumbre sin demasiados problemas; en cuanto la
gente vea que un hombre, polvoriento y sucio como consecuencia de un largo viaje, con barba de cinco das y posiblemente cara de pocos amigos, se acercaba a ellos
intentaban apartarse, abrindome camino. El hecho de que un fusil de asalto, por muy poco ortodoxo que fuera, colgase de mis espaldas, tambin contribua a su actitud
de exagerada educacin.
10.
Baj por la calle del Comercio, la ms ancha de aquellas estrechas vas, hasta pasar la catedral y entrar en la Plaza del Ayuntamiento, donde haba varios pequeos
grupos, compuestos por una veintena de personas, debatiendo un tema distinto en cada uno de ellos. Cualquiera poda unirse a esos corrillos para escuchar o exponer
sus puntos de vista. Al final de cada sesin, o cuando se llegase a una conclusin, sta se hara llegar a los miembros electos del gobierno de la Ciudad Estado que, en
teora, y muchas veces tambin en la prctica, haran lo posible para implantarla. Medio escuch los temas a debate y no llegu a interesarme por ninguno de ellos. El
uso del Alczar como almacn adicional para la cosecha de cereales que se prevea buena, o la ampliacin de la utilizacin del alumbrado una hora ms a partir de
medianoche, no me parecan ni bien ni mal, y as se lo parecera tambin al resto de los ciudadanos, que consideraban que tenan cosas ms provechosas que hacer que
acudir a esas discusiones. se era el problema de la democracia en accin, aunque mirndolo de otra manera si una persona pensaba que cierto tipo de regulacin, o falta
de ella, le afectaba ya se preocupara de asistir a los debates pertinentes y dar a conocer sus argumentos.
Sub por las escaleras del Ayuntamiento situadas en frente de la Catedral y entr en el edificio para encontrarme de cara con Vicente sentado, como siempre, detrs de
su pupitre elevado y con su chaqueta de ujier engalanada, con brillos y deshilachada en los puos, calvo y con las cejas blancas ms tupidas que haba visto nunca. Me
hizo el honor de levantarse, cuadrarse y saludarme tan marcialmente como sus aos y su reuma le permitan, luego me abraz.
Benditos los ojos, empez a decirme, para apartarse rpidamente y concluir con: Te podas haber duchado! Hueles a caballo!.
Yo tambin me alegraba de verle y le segu el juego haciendo que husmeaba a mi alrededor.
Yo no huelo a nada. Ya me he acostumbrado, le dije, entregndole mi alforja y el fusil. Ni siquiera se me pas por la cabeza entregarle la Glock, no porque sintiese
que la iba a necesitar dentro de la ciudad, sino porque me daba la sensacin de estar, no tanto desnudo, como sin calzoncillos, sin su peso en la parte trasera del
cinturn.
Me guardas esto?, le ped.
Con mi propia vida, se ri, aunque posiblemente fuese cierto aquel comentario, hecho tan a la ligera.
No vale tanto.
Gracias.
Muy pocas personas sospechaban del poder e influencia que Vicente mantena en el gobierno de la Ciudad Estado de Toledo desde haca mucho tiempo. La gran
mayora, si es que se paraba a fijarse en l, enseguida le catalogara como el bedel, simptico o cascarrabias dependiendo del interlocutor, cuya labor consista en llevar
papeles de un lado a otro y, que estaba all, sentado detrs de su pupitre, porque alguien tena que rellenar ese espacio y el propio Vicente en algn sitio tena que estar.
Pensaban eso porque era precisamente lo que Vicente quera que pensasen. Yo mismo haba tardado mucho tiempo en darme cuenta de su juego, hasta que vi que no se
limitaba a abrir y entregar los documentos que pasaban por sus manos, sino que tambin los lea y tomaba pequeos apuntes en una libreta. Al preguntarle lo que haca
se limit a contestarme que su memoria ya no era lo que fue antao.
Su siguiente paso consista en dar prioridad a ciertos asuntos, tramitndolos con urgencia, hacindoselos llegar a la persona ms competente para resolverlos y
presionarles, muy sutilmente eso s, para que sus decisiones fueran en la lnea que Vicente consideraba ms oportuna. En el caso de aquellos temas que l pensaba que
tenan una importancia menor, o sobre los que simplemente no se deba actuar dejando las cosas como estaban, se limitaba a ponerlos a la cola o a traspapelarlos. En
cualquier organizacin la labor desempeada por Vicente hubiese tenido su reconocimiento en el escalafn: sera el consigliere de una familia mafiosa o el secretario
general en una sociedad de las Marcas Globales, pero en la Ciudad Estado de Toledo era el conserje, y casi ninguno de los prohombres que haban ocupado cargos en la
alcalda eran conscientes de ser manipulados por aquel personaje. A fin de cuentas cmo iba a ser posible que un simple y viejo funcionario del nivel ms bajo fuese
capaz de llevar a los electos del pueblo por donde l quera.
Incluso, en el momento en el que se percat de que yo me haba dado cuenta de su manera de actuar, supo manejarme con una finura extrema, evitando cualquier
posible enfrentamiento.
El secreto de torear consiste en hacer que el toro vaya por donde t quieras que vaya y por donde l no quiere ir. Pero el verdadero arte se consigue cuando el toro
va por donde t quieres que vaya, pensando que l quiere ir por all, a pesar de no haber querido ir por all en un principio, me dijo amistosamente, y tuve que pensar
durante unos instantes para entenderlo, si es que haba algo que entender de lo que me haba dicho, sobre todo porque haba tenido problemas en vocalizar aquel
pequeo trabalenguas debido a la falta de sujecin de su dentadura postiza.
Si te pasas de la raya te pego un tiro, le respond.
Nunca ms volvimos a tratar del tema, aceptando tcitamente que habamos llegado a un acuerdo: l no se aprovechara de su posicin y yo no le delatara, con el
beneficio mutuo adicional de que l me mantendra informado de todo lo que ocurriese en la ciudad y yo hara lo mismo sobre mis andanzas en los territorios. La
informacin es poder, como bien sabamos los dos.
No te esperaba hasta ms tarde, me dijo, guardando mi fusil y alforja en el armario situado detrs de su pupitre.
Me vas a decir cmo has conseguido poner de acuerdo a todas las Ciudades Estado para que me reclamen por unanimidad?.
Exageras mi capacidad de conviccin. Nuestros lderes electos son muy capaces de pensar por s solos, dijo Vicente, para aadir. A veces.
Entonces, por lo menos, me podrs decir el motivo para el que me han hecho venir hasta aqu.
Vicente me mir directamente a los ojos, para mentirme.
No. No lo s, me dijo, y yo me di cuenta de que la gravedad del tema le impeda contrmelo. No creo que fuese un arrebato de lealtad hacia sus superiores lo que le
haca sentirse obligado a mantener la confidencialidad y, desde luego, saba de sobra el motivo por el cual yo haba sido llamado. Ms bien estaba reacio a decrmelo
porque no quera ser l quien me diese la informacin. No quera ser el mensajero de una mala noticia ni tener que aguantar mi primera reaccin al escucharla; con toda la
razn del mundo pensara que no entraba en su sueldo.
La doctora Conde me habl de ir a Marbella, le dije para intentar sonsacarle ms datos, pero l lo aprovech para cambiar de tercio.
La Senescala, se carcaje por lo bajo, rindose del apodo que le haba puesto l mismo. No s qu le hiciste, pero volvi bastante alterada. Te pone a parir, algo
que no me extraa dada tu falta de mano izquierda con las mujeres y con la autoridad en general, y con las mujeres con autoridad en particular. Entre otras cosas te llam
arrogante, indisciplinado y hasta grosero, incluso lleg a dudar de tu capacidad como Hombre Bueno. Por el tono en que dijo esa frase, entend que sus insultos hacia
mi persona haban sido acogidos con comprensin, incluso con naturalidad, pero que cuestionar a estas alturas mis habilidades profesionales ante sus colegas slo haba
servido para desacreditarla. Sin embargo, yo estaba dispuesto a ser generoso con su reaccin y al menos excusarla, ya que a m tambin me haba afectado el
descubrimiento del cadver de Rosario y, seguramente, si hubiese tenido que descargar mis sentimientos contra alguien, lo hubiese hecho contra ella, de manera injusta.
Por qu yo? Por qu no otro Hombre Bueno? Pepe Manzano, por ejemplo. Por qu, especficamente, me han elegido a m?.
Vicente deba haber alegado su ignorancia una vez ms o haberse mantenido callado.
Por muchas razones eres el ms adecuado para hacer lo que hay que hacer.
Se dio cuenta de inmediato de su desliz al hacer ese comentario que supona que l haba tenido acceso a esas conversaciones.
O eso es lo que creen todos los representantes de todas las Ciudades Estado, explic, intentando justificar sus palabras anteriores.
Y t qu piensas?.
Ni siquiera intent evadir la pregunta.
Que eres nuestra nica esperanza.
Ante esa respuesta fui yo quien sent la necesidad de hablar de cosas ms frvolas, pero no encontr nada que decir. Vicente me dio una palmada en la espalda
cariosamente.
Dejamos correr unos minutos de silencio que Vicente dio por finalizados con su sonoro suspiro, indicando que, pese a todo, la vida continuaba.
Vete al Archivo Histrico, pregunta por Ben Benaquiel y dile que vas de mi parte. l te estar esperando y sabr qu hacer.
La sonrisa, inesperadamente, haba vuelto a su cara y el tono jocoso que haba utilizado me desconcert, ms an si cabe, que sus instrucciones. No se me haba
perdido nada en el Archivo Histrico donde no haba estado en mi vida y el ir all no pareca que me fuese a aportar nada til.
No me mires as, que todava no chocheo. Considralo como un regalo, una pequea muestra de mi gratitud por todo lo que has hecho y vas a continuar haciendo.
Hara caso a Vicente por curiosidad y porque nadie me haba hecho un regalo en mucho tiempo, desde que mi hermana me entreg un pequeo silbato de plata que
haba pertenecido a mi padre.
Pero, por favor, dchate primero y cmbiate de ropa interior.
Tena que reconocer que pocas personas eran capaces de cambiar el nimo de sus interlocutores como lo haca Vicente, y era lo que acababa de hacer conmigo. Haba
desactivado mi malestar e inquietud con la idea de un regalo misterioso en un lugar desconocido para m y con cuatro palabras jocosas sobre mi lamentable estado de
higiene personal. Pero no consigui quitarme de la cabeza una imagen mucho ms sangrante.
Sabes algo del asesinato de Aldea del Rey?.
S. S cmo muri aquella pobre chica. S que te encontraste con la doctora Conde y s que quieres encontrar al asesino. Algo ms que deba saber?.
Asegrate de que busquen y encuentren a Pedro Antnez. Haz correr la voz entre los Hombres Buenos. Es un hombre fornido, moreno como tantos, pero tiene una
caracterstica que le distingue fcilmente. Vicente estaba anotando mis palabras en su pequeo cuaderno negro.
S? Cul?.
Est tuerto. Eso lo poda asegurar.
Piensas que l lo hizo.
Posiblemente. No estoy seguro, pero lo sabr en cuanto disponga de una hora a solas con l.
Vicente me mir y agach la cabeza: tena algo ms que decirme.
Bolto... Rosario Verdes no ha sido la primera mujer asesinada en esas circunstancias.
11.
Segu el consejo de Vicente y me fui a la Casa de Baos Municipales donde, tuve la fortuna de que hubiese agua caliente en abundancia, y a continuacin acept la
propuesta de un barbero francs para afeitarme y arreglarme el pelo. Tuve que aguantar su parloteo continuo sobre los beneficios que poda aportar una granja, donde se
cebasen patos y ocas, para producir foie-gras, que no sera como el francs, desde luego pero... Por fin acab su trabajo y le imped que me echase una locin perfumada
en la cara, por desconocer su origen y el olor que poda tener. Me senta limpio y el aroma a jabn negro era ms que agradable despus de cinco das de viaje sin
haberme baado.
El Archivo Histrico haba sido instalado en varios de los stanos del Alczar y all me dirig. En la entrada principal me informaron de que la entrada al archivo se
encontraba en una de las puertas laterales y tuve que recorrer todo el permetro de la fortaleza hasta dar con una puerta desproporcionadamente pequea en la inmensa
fachada donde se hallaba; estaba cerrada y tuve que golpear el aldabn varias veces antes de escuchar los pasos de alguien que se acercaba. Me abri la puerta un hombre
diminuto con una colilla apoyada en la comisura de sus labios, que me invit a entrar en la penumbra fresca del interior donde le pregunt por el seor Benaquiel.
Padre, hijo o nieto?, me respondi con otra pregunta. Vicente no me haba comentado nada acerca de una saga familiar y le contest que no lo saba.
El abuelo es el sastre y el hijo es el historiador.
Segua sin saber a quin de los dos deseaba ver.
Y el nieto?.
El nieto es aprendiz de sastre y aprendiz de historiador.
Con esta respuesta poda descontar al nieto y como no saba muy bien cul era el cometido de un sastre en un Archivo Histrico, opt por decir que quera ver al
seor Benaquiel historiador. Aquel pequeo individuo me gui por unos estrechos y labernticos pasillos cuyas paredes, me percat una vez que mis ojos se
acostumbraron a la oscuridad, estaban formadas por cajas ordenadamente apiladas una encima de la otra, pregunt qu contenan.
Slo papeles, fue la escueta respuesta de mi gua.
Desembocamos en una sala ms amplia donde media docena de personas estaban sitiadas por documentos de todo tipo; folios, legajos, algunos libros, boletines
oficiales y cuadernos. Estaban tan concentrados en su cometido que nadie advirti nuestra entrada hasta que mi acompaante se situ detrs de uno de ellos y tosi para
llamarle la atencin. Al girarse, vi que se trataba de un hombre de mi edad, entrado en los cuarenta aos, y todos los rastros faciales caractersticos del judo y, ms
concretamente del judo sefard de origen espaol. De mediana estatura y tez oscura, tena una grande y elegante nariz sobre la que se asentaban cmodamente unos
anteojos que parecan formar parte de ella. Tena el pelo rizado y corto, entrecanoso, cubierto en su coronilla por la obligad kippa de su religin. Al verme me sonri
amablemente, arqueando sus cejas para preguntarme quin era. Le dije que era Eneko Amboto y sigui mirndome con un aire de interrogacin, sin reconocerme en
absoluto.
Tambin me conocen como Bolto, y me enva Vicente del Ayuntamiento.
La sonrisa del seor Benaquiel, historiador, se mantuvo dando muestras de educacin y amabilidad, pero reflejando que desconoca quin era yo y para qu estaba
all.
A Vicente le conozco. Qu desea usted?. Sus palabras dejaban notar un claro acento extranjero en la pronunciacin, ingls tal vez, con la caracterstica entonacin
del hebreo. Al ver que no le contestaba, porque yo no tena ni idea del motivo de mi visita, Benaquiel insisti: Busca algn documento? Vicente le ha pedido algo en
concreto?.
No, dije tentativamente. Vicente me indic que estaras al tanto de todo. Los dos nos dimos cuenta simultneamente de que no era con l con quien tena que
hablar sino con su padre, el sastre.
Acompame, por favor, me invit y le segu entre aquellos recovecos. Una vez ms pregunt qu haba en las cajas y Benaquiel me contest que documentos, por
lo menos su contenido haban subido de categora, pues para mi anfitrin anterior se trataban simplemente de papeles.
Esto, dijo intentando abarcar con su mano toda la extensin del stano que estbamos recorriendo, pero limitado por la estrechez del pasillo, es el mayor archivo
documental de Al-Andalus. Luego se ri de s mismo para confesarme que lo de archivo era una exageracin. Realmente es un almacn. Hasta aqu han llegado poco a
poco todos los documentos administrativos de la regin desde el inicio de los tiempos. Hemos recibido cajas enteras de ayuntamientos, conventos, notarios y juzgados
para su custodia. Hubo un momento en el cual el papel, cualquier papel, era la manera ms fcil de encender un fuego y la gente no distingua entre lo que poda ser
valioso o no. Despus del incendio de la biblioteca de Cuenca y del robo de los registros del Palacio Episcopal de Sigenza, la Ciudad Estado de Toledo hizo esta oferta
y nos han llegado muchos documentos de muchas partes y, a decir verdad, no sabemos qu hacer con ellos. Hay veces que encontramos autenticas joyas: manuscritos
del siglo X sobre las propuestas para erigir el Monasterio de Guadalupe o la Carta Fundacional de la Villa de Ciudad Real por ejemplo, pero la mayora de ellos solo son
el reflejo de la excesiva burocracia del siglo pasado y, sinceramente, hubiesen tenido mejor uso encendiendo la lumbre de los hogares.
Subimos por unas escaleras y Benaquiel abri una puerta, sin llamar, para pasar a una estancia no muy grande pero donde la luz entraba a raudales por unos grandes
ventanales. El contraste con la penumbra del stano me hizo entrecerrar los ojos antes de poder apreciar la vista sobre el Tajo y la Hostera de la Cooperativa Agrcola,
ubicada en los edificios de la antigua Academia Militar de Infantera. Encima de una mesa cuya tapa estaba forrada de terciopelo verde, como si se tratase de una
pequea mesa de billar, se alineaban los instrumentos de trabajo de un sastre; unas tijeras de tamao desproporcionado, una cinta de medir, pequeas tizas planas y una
especie de pelota blanda ensartada con cientos de alfileres.
El personaje que se levant a saludarme no poda ser otro que Benaquiel, abuelo y sastre, el utillaje de su profesin le delataba, as como su forma de acercarse hacia
m, con la deferencia que se tiene hacia un cliente pero con la seguridad, exenta de servilismo, de saberse un experto en su materia. Fsicamente era un reflejo de su hijo, o
al revs. Tena sus mismos rasgos faciales, llevaba unos anteojos con una montura oscura, que enfatizaba el efecto de que nariz y gafas formaban parte de una misma
pieza. Su pelo era ms gris que negro y daba la apariencia de ser ms bajo de estatura que su retoo, por la curvatura de su espalda, que reflejaba el paso de los aos.
Shalom, Bolto, shalom, me salud. Por fin haba dado con el Benaquiel correcto. Veo que ests con la oveja negra de la familia, me dijo refirindose a mi
acompaante, en un tono carioso. Es el primer Benaquiel desde la invencin del ojal y del botn, all por el ao 1065, que no se dedica al arte de la sastrera, y eso
que talento no le faltaba. Menos mal que mi nieto ha vuelto al redil, aunque su padre insiste en llenarle la cabeza con el estudio y la erudicin. Como si eso sirviese para
comer!.
No dije nada a este reproche familiar, porque no tena nada que decir. Formaba parte de una discusin tantas veces repetida entre un padre y su hijo que ya, por
asumida, careca de importancia. Lo que, me imagino, haba comenzado como un conflicto en toda regla no era ms que una manera de romper el hielo ante un extrao.
Con un gesto de desesperacin exagerado de tal forma que slo se poda tomar con humor, Benaquiel hijo volvi a sus legajos. Benaquiel padre, por su parte, me sonri
como un tiburn listo para merendar. Me iba a tener a su disposicin durante un largo rato, sin escapatoria, y aprovechara para no dejar de hablar, me interesasen o no
sus historias.
Me dijo Vicente que ste ser el traje ms importante que iba a coser en mi vida. Que no escatimase en nada, y he aqu el mejor pao jams fabricado. El viejo
Benaquiel sac de un armario un paquete envuelto en papel de estraza con una cuerda, lo empez a abrir con esmero y descubri a continuacin una segunda capa de
tela fina, lino tal vez, que tambin deshizo. Debajo de ella aparecieron tres pequeos sobres del tamao de una caja de cerillas del mismo material abombadas por su
contenido.
Son cristales anhdridos, me explic al retirarlos. Absorben la humedad.
Finalmente, como si de las capas de una cebolla se tratara, quit un ltimo envoltorio de papel de seda, para mostrarme un corte de pao gris con unos sutiles cuadros
de Prncipe de Gales y una finsima veta azul entre ellos.
La tela de entretiempo ms elegante, sin duda; clsica con un toque de individualidad, lo suficientemente clara para no parecer un empleado de funeraria si sale el sol
y lo suficientemente oscura para no destacar si caen algunas gotas. Y toca, toca... , me oblig a pasar mis dedos por la tela, algo que hice y le sonre mostrando mi
aprobacin, a pesar de no saber exactamente qu deba discernir.
Me lo llev cuando sal de Londres, dijo refirindose al paquete que acababa de abrir. Lo reservaba para hacerle un traje a mi hijo para el Bar-Mitzvah de mi nieto,
pero el deber manda.
Me gustara haber sabido en aquel momento porqu Vicente pensaba que yo necesitaba un traje, supuestamente de una calidad ms que superior, y lo que le haba
contado a Benaquiel para que se desprendiese de algo que l consideraba un tesoro.
Pero el pao no hace al traje. La perfeccin del traje est precisamente en que no se note su perfeccin y ah est la maestra del sastre. Para eso estoy yo, que fui la
referencia de Saville Row, en Londres, antes de su absorcin, dentro de la gama alta de prendas para hombres, para la marca Armani. Ya nadie puede hacer un traje a
medida partiendo de cero, no saben; se han perdido los conocimientos y nadie tiene los aos de aprendizaje imprescindibles para alcanzar el grado de maestra necesario.
Las Grandes Marcas, para producir de una forma ms efectiva, parten de un traje ya cortado y semi-cosido, y se limitan a hacer arreglos para que, ms o menos, le
encaje a su cliente.
Me senta halagado por el regalo de Vicente, pero poco ms. Segn me tomaba medidas, Benaquiel me cont su historia y la de toda su familia. Se quejaba de su hijo
por no haber seguido la tradicin artesanal de sus antepasados, pero le costaba mucho disimular el orgullo que senta por l.
Mi hijo quera tener ms conocimientos, quera ser un gran sabio y quiz algn da lo sea, me dijo mientras levantaba la mirada al medirme la entrepierna. De qu
lado cargas?.
Cargar una pistola era para m un acto reflejo, sobre todo si se trataba de una automtica. Con el pulgar de la mano derecha apretaba el botn que liberaba el cargador
usado, dejando que ste cayese al suelo; en la izquierda ya tena el lleno que introduca en la culata del arma mientras que echaba el cerrojo hacia atrs, de tal manera que
la primera bala del cargador se alojase directamente en la recmara y estuviese listo para disparar. An as no entenda el motivo de aquella pregunta, hasta que me di
cuenta, por la postura de Benaquiel, en cuclillas delante de m y con la cinta de medir en la mano, que se refera a la posicin en la cual mis genitales se encontraran ms
cmodos. Le dije que a la izquierda, y tena plena confianza en que l actuara en consecuencia para que mis pantalones fuesen lo ms cmodos posible en esa zona.
Mi hijo estudi Historia las universidades Cambridge y Tel Aviv, y se especializ en las distintas disporas judas. No tena que haberse ido muy lejos, con seguir
los viajes de nuestra familia hubiese tenido suficiente. En el siglo XXII, nuestra familia viva aqu mismo, en Toledo; con la expulsin promovida por los Reyes
Catlicos tuvimos que huir e instalarnos en Miln, donde vivimos durante tres o cuatro generaciones enseando a los italianos a tejer y coser como Dios manda.
Despus de unos aos de persecucin y a causa de los continuos brotes de anti-semitismo, nos trasladamos a Amsterdam, ciudad que tuvimos que abandonar el siglo
pasado antes de la llegada de los nazis. Nos instalamos en Londres, de donde partimos al ser imposible trabajar, en mi caso, sin pertenecer al entramado de las Marcas
Globales. Mi hijo quiz hubiese podido seguir all, o en otra Universidad, pero la privatizacin de todas stas bajo el control de Harvard-Yale World Colleges, que como
bien sabes es la Marca Global de la Educacin, lo hacan imposible. Sus objetivos econmicos no eran compatibles con el estudio de algo tan financieramente poco
atractivo como la Historia. Nos vinimos a Toledo, de alguna forma sentimos que regresbamos a casa.
Me pareci curioso cmo Benaquiel hablaba de las vicisitudes de sus antepasados como si le hubiesen ocurrido a l.
Tambin me explic que el trabajo de su hijo consista en poner en orden todos los documentos del stano, tarea imposible a toda vista, pero que vea en l una gran
ilusin por descubrir algn secreto todava desconocido de la Historia.
Si existe algo ah abajo de inters, mi hijo lo encontrar, concluy.
De inters para quin, estuve a punto de preguntarle. Crea que todos tenamos demasiados problemas ms urgentes como para que nos interesase algo ocurrido haca
siglos. En aquel momento, no poda tener ni la ms remota sospecha de lo mucho que me equivocaba al pensar de esa manera.
Me revel con todo lujo de detalles el complejo proceso de la confeccin de un traje a medida segn sus perfeccionistas y centenarios criterios pasados de generacin
en generacin. Las capas y pequeos refuerzos que eran necesario poner en los hombros y pechera y as conseguir un toque de rigidez en la chaqueta, las pequeas
correcciones que se deban hacer para tener en cuenta las asimetras y defectos del cuerpo humano, y hasta su preferencia por los botones en la bragueta en vez de una
cremallera que permitan al pantaln caer de forma ms natural, confindome que era una preferencia obligada puesto que no haba ningn suministro de cremalleras en
Al-Andalus.
Cambiando de tema me pregunt por mi chaleco anti-balas; le dije que lo haba conseguido de un soldado de las Marcas Globales y que era muy efectivo. Benaquiel
mostr un inters profesional por la composicin de sus tejidos que yo no supe satisfacer y acord prestrselo para que lo pudiese analizar personalmente, tambin me
pregunt si prefera llevar mocasines o zapatos con cordones.
Con cordones, no tuve ni que pensar mi respuesta. Los mocasines tienen una tendencia peligrosa a escaparse del pie cuando empiezas a correr, y son muy poco
slidos cuando llega la necesidad de pegar una patada a alguien con la intencin de hacerle dao.
Hablar con el seor Zapatero, me dijo, nunca ms apropiadamente llamado. Creo que tiene un excelente par de robustos wing-tips casi nuevos. Qu nmero
calzas?.
Se lo dije y como de momento pareca que ya haba terminado, intent despedirme.
Tendr que trabajar toda la noche y me harn falta dos pruebas ms. Vuelve maana al amanecer para la primera y al medioda para la segunda. Todo estar listo
para tu partida, me han dicho que sales maana por la tarde.
Me inquietaba saber que un anciano sastre judo saba ms sobre mi futuro inmediato que yo mismo. Nadie me haba dicho que mi salida hacia Marbella iba a ser tan
inmediata.
12.
Todos ellos ya estaban reunidos pero an as enviaron a Vicente para hacerme esperar en el pasillo. Queran dejar claro que all mandaban ellos. A m aquel pequeo
ardid psicolgico slo me pareci una manera ms de perder el tiempo.
Qu te ha parecido mi regalo?.
Estupendo, voy a ser el jinete mejor vestido de Al-Andalus. No sabes lo mucho que la gente envidiara mi elegancia en pueblos como Caasviejas o Encinasola.
No es para eso. Es para tu viaje a Marbella.
Claro, lo entiendo.
Tienes que estar al mismo nivel que ellos, explic Vicente. Por ellos se deba de referir al resto de la comitiva de Al-Andalus, o tal vez a los ejecutivos de las
Marcas Globales que all encontraramos. Era como un padre, que no quera que su hijo fuese menos o se sintiese en desigualdad de condiciones cuando fuese de visita a
la finca del hijo del seorito, slo le faltaba decirme que tena que ser educado y comportarme como un caballero. No lo hizo: no le hubiese hecho caso y l lo saba.
Por fin me hicieron pasar a la sala del Consejo. En comparacin con la belleza y tesoros arquitectnicos que se encuentran en Toledo, aquella habitacin era
sospechosamente simple y funcional; si los prohombres de la ciudad queran dar una imagen de austeridad utilizndola como centro de reuniones principal, estaban en el
buen camino. Una mesa estndar de principios de siglo con patas de metal y doce sillas sin tapizar, a juego, se encontraban en medio de una sala de suelo de madera y
paredes lisas pintadas en blanco. Lo ms atractivo se vea ms all de las ventanas que daban a la entrada principal de la Catedral, al otro lado de la plaza.
Conoca a todos los personajes que me haban hecho esperar: Rafael Medina, Principal de la Ciudad Estado de Granada; Luis Pizarro, Maestre Mayor de la Ciudad
Estado de Crdoba; Agustn Noblejas, Condestable de las Marcas de Murcia y Almera y, como no, el anfitrin Juan Guzmn, Alcalde de Toledo y primus inter pares
de la doctora Conde, Senescal de esta ciudad, o la Senescala como la llamaba Vicente, que se sentaba a su derecha. Eran las mximas autoridades de los ncleos
principales de Al-Andalus y representaban al resto de villas y pueblos en los territorios bajo su influencia. Su viaje a Toledo no haba sido ni rutinario ni de alto relieve
protocolario, su motivo era de urgencia y si no secreto, s sujeto a una mnima discrecin.
Despus de unos educados saludos y estrechamientos de manos, tom asiento en la mesa, entre el Principal de Granada y el Condestable de Andaluca y Murcia,
como uno ms de ellos. Fue el Alcalde de Toledo, persona con quien tena la ms estrecha relacin, quien abri la reunin con una fcil pregunta.
Me imagino que ya sabrs para qu te hemos convocado, dijo. No lo saba exactamente y sobre todo desconoca el motivo por el cual yo fuese el elegido. En
cualquier caso no me senta especialmente bien tratado por ellos, sobre todo por su forma perentoria de haberme llamado a su presencia, de modo que opt por tocarles
sus colectivas narices.
Por el asesinato de Aldea del Rey, contest, sin darle forma de pregunta. Es un crimen de una crueldad extrema y me he enterado de que no ha sido el nico con
estas caractersticas. Lo estoy investigando y entiendo vuestra preocupacin.
Mir rpidamente a las caras de los all presentes para asegurarme de que la mayora de ellos no tenan ni idea de lo que les estaba contando y de que, de haberla
tenido, les hubiese importado bien poco. nicamente la doctora Conde conoca ntimamente a lo que me refera, y escondi su enfado detrs de la mirada glida a la que
ya me estaba acostumbrando. Juan Guzmn dio signos de sentirse desconcertado por mi respuesta.
No, no es eso. Es algo muy importante, explic, y dndose cuenta de que dos cuerpos descuartizados tambin eran algo de particular relevancia aadi: Bueno, de
una importancia distinta a la bsqueda de un asesino.
Si existe algo ms importante, o urgente, que poner bajo siete llaves a un criminal que mata a sus vctimas dejndolas que se desangren mientras an siguen con vida,
que ya tiene dos cadveres en su haber, por lo menos que yo sepa, y que, no tengo ninguna duda, seguir matando, estoy dispuesto a escuchar. Si no, sugiero que no me
hagis perder el tiempo, y que empiece a buscar a ese hijo de puta, porque si no lo hago la prxima muerte ser posiblemente por vuestra culpa. Slo espero que la
vctima, con los pechos violentamente cortados, no sea una hija vuestra.
Mis palabras les hicieron mirarse los unos a los otros, en parte para intentar averiguar quines de entre sus colegas estaban al corriente del motivo de mis palabras y
tambin para saber si deban continuar con la propuesta que tanto les costaba hacerme. La doctora Conde asumi el control, ante la mirada perpleja e inquisidora a la
vez, de sus colegas.
Tienes toda la razn Bolto. Quiz haya cosas ms importantes pero no tan urgentes como capturar a ese asesino, pero, y hay muchos peros, no es el motivo de esta
reunin. Estuve a punto de interrumpirla, pero me par con un seco movimiento de su mano. An as, continu la Senescal de Toledo, creo que te mereces una
explicacin, aunque sea slo para que nos dejes centrarnos en el tema principal. Yo era todo odos.
En primer lugar, los dos cadveres encontrados han sido sujetos a diversas mutilaciones, pero no necesariamente han sido vctimas del mismo asesino.
No estaba seguro de qu sera mejor, si un asesino que haba matado dos veces o dos asesinos con una sola muerte a sus espaldas cada uno.
Tambin se te ha olvidado que alguien ha tenido que descubrir el segundo cadver, que alguien ha tenido que verlo y que ese alguien est tan interesado como t en
dar con el matarife, continu la doctora Conde, y no le faltaba razn en lo que deca. Entonces se gir hacia m apuntndome con su dedo como si de un can se
tratase y se dej llevar por un ataque de clera, en lo que sigo pensando fue una prdida de papeles por su parte. Sin embargo debo reconocer que logr amedrentarme,
algo muy difcil de conseguir.
Yo tambin vi el cadver de la gitana. Te acuerdas? Incluso lo vi antes que t, y me afect tanto como a ti. Seguramente tengo la misma rabia que t y deseo tanto
como t capturar al culpable. Pero ni soy ni tan arrogante como t, ni pienso que mi bsqueda personal de la justicia es un bien en s mismo, ni me auto-otorgo la
capacidad de ser el nico que pueda descubrir lo que les ocurri a esas pobres desgraciadas. Y desde luego no tengo ninguna duda de que cualquiera que conozca el ms
mnimo detalle de estos asesinatos desea capturar al culpable, con la mxima urgencia, por lo que tus insinuaciones de lo contrario, sobran.
Aguant su ataque verbal como pude.
Qu ests haciendo al respecto?. Fue una pregunta que no deb hacer. Slo sirvi para que se volviese ms furibunda si cabe en su ataque contra m, y que, a la
postre, hiciera que me sintiese ridculo.
La primera decisin que he tomado es la de apartarte del caso, lo que te comunico en este mismo momento.
El resto de los asistentes que escuchaba pasivamente este acalorado monlogo se volvi hacia m para ver mi reaccin. Les defraud, intent no mostrar ni la ms leve
reaccin en mi rostro, y decid combatir su arrebato verbal con la templanza.
No lo hago porque te considere incapaz de llevar a cabo la investigacin, aunque posiblemente lo seas, ni porque piense que existe algo ms prioritario en lo que
ocupar tu tiempo, que tambin. Sino porque tu colega, el Hombre Bueno que investiga el otro asesinato, tiene ms experiencia demostrada que t en estos sangrientos
asuntos. Mi segunda decisin es la de ponerme en contacto con l para darle todos los detalles de lo que vi en el Castillo de Calatrava y, por cierto, te agradecera que
me devolvieses mi cmara de fotos para que l tenga tambin acceso a ellas.
Me sent un tanto derrotado despus de escuchar sus palabras. Yo tena una confianza ciega en mis compaeros y empezaba a asumir que la doctora Conde no estaba
escatimando esfuerzos para impartir justicia a Rosario Verdes.
Quin es el afortunado?.
Pepe Manzano, me contest, y no me qued ms remedio que asentir con la cabeza. Pepe fue uno de los primeros Hombres Buenos: era inteligente, cauto y duro,
muy duro. l haba sido capitn de la Guardia Civil y con mi pasado en la clandestinidad debamos haber sido enemigos naturales, sin embargo no fue as. No haba
conocido a nadie mejor para cubrirme las espaldas, ni para estar a su lado en una refriega, ni tampoco para emborracharme y hablar de la vida y de la muerte hasta perder
el conocimiento. Pepe Manzano dara con el asesino, confiaba en su buen hacer; adems, era una de las pocas personas a las que consideraba un amigo.
No tena nada que decir a la buena doctora ni a sus decisiones, que acept tan caballerosamente como pude.
El Alcalde de Toledo emiti un leve carraspeo hacindonos ver que adems de la doctora Conde, y yo mismo, haba ms personas en aquella sala.
Veo que todo est resuelto, dijo aquel hombre, mirndonos a la doctora y a m alternativamente. Entonces continuaremos con la reunin, que no tiene nada que ver
con ningn asesinato y todo que ver con Marbella.
Yo nunca haba estado en Marbella y lo que all poda encontrar era slo fruto de mi imaginacin, que fue ampliamente superada por la realidad de lo que all exista.
La franja costera que iba desde Mlaga hasta Sotogrande nunca haba formado parte de los territorios constituidos por la Ciudad Estado de Crdoba y quedaba fuera de
la influencia de Al-Andalus.
No conoca bien su historia, pero saba que durante el perodo de violencia y revueltas, que tuvieron lugar despus del Dos de Mayo por todo el sur de la Pennsula
Ibrica, Marbella se pudo mantener al margen. El gran nmero de guardaespaldas, policas y miembros de las distintas mafias que all convivan supieron agruparse y
formar una pequea tropa de choque bien armada y lo suficientemente preparada como para hacer frente a la turba que pretenda hacerse duea de todo lo que all haba,
tal vez con el firme propsito de colectivizarlo, pero en un inicio guiados nicamente por el deseo de saquear, robar y destruir de forma generalizada. El caos nunca lleg
a aduearse de aquella privilegiada franja costera y la propia riqueza personal de los personajes all afincados garantiz el apoyo de las Marcas Globales para mantener
aquel mercado, pequeo en extensin y grande en capacidad adquisitiva,
Marbella tambin tena algo ms aparte de sus playas y privilegiado clima, sus infraestructuras hoteleras y tursticas no haban sufrido ningn dao, haba campos de
golf y puertos deportivos, una doble autopista que comunicaba toda la zona, el aeropuerto de Mlaga con una ingente capacidad para recibir viajeros y turistas, y todo
ello construido desde su inicio bajo la sospecha de la corrupcin donde el dinero lo poda todo. Los ejecutivos de la Marca Global Sherahilton, con su entramado de
filiales que controlaban el sector hotelero y turstico en el mundo, detect que aquella zona poda, o deba, convertirse en el rea de asueto y descanso por excelencia de
todos los directivos de las Marcas globales en Europa, y as fue. Dentro del consumismo imperante generado por las Marcas Globales, unas vacaciones en Marbella
eran algo obligatorio para toda persona que se preciase, tan necesario como su coleccin de zapatillas Nike o sus electrodomsticos Bosch de ltima generacin.
Porque en Marbella el visitante tena acceso a todo; poda jugar sus dieciocho hoyos de golf y navegar por el Mediterrneo, poda comprar desde un coche de lujo a
las joyas ms preciadas, y perder su dinero en los casinos de los hoteles, o, si queran ser ms aventureros, en timbas o garitos, tambin controlados por las Marcas
Globales aunque en segunda derivada. La absorcin de las mafias dentro de la red Sherahilton, si bien no publicitada era de todos conocida, a fin de cuentas la obligacin
de satisfacer al visitante deba proveer tambin para sus deseos ms ocultos; prostitutas y drogas recreativas se podan conseguir fcilmente, y para vicios ms
perversos slo haba que pedrselos a los conserjes de los hoteles.
Aquello es Sodoma y Gomorra, deca Juan Guzmn con indignacin.
Y qu?, pensaba yo, as haban ido las cosas durante los ltimos aos y no haba pasado nada. De acuerdo en que la frontera con la zona costera no era
especialmente impermeable, y que el contrabando estaba a la orden del da, haciendo de Ronda una villa de mercadeo donde se podan conseguir productos de las
Marcas Globales, difciles de encontrar en el resto de Al-Andalus a causa del embargo impuesto por stas. Pero yo vea en estas pequeas ilegalidades algo beneficioso,
puesto que permitan vivir a algunas familias y facilitar bienes escasos, aunque no fueran de primera necesidad; y tampoco hacan dao a nadie. Ms triste era el flujo de
mujeres y efebos a los prostbulos de la franja marbell, pero nicamente poda condenarlos desde una postura moral y a estas alturas mi propia moralidad, o mi falta de
ella, me impeda erigirme en juez de las decisiones que personas adultas tomasen para buscarse la vida.
Que hagan lo que quieran, o decir a uno de los presentes, reflejando en voz alta mis pensamientos.
se no es el problema, dijo Agustn Noblejas, Condestable de Almera y Murcia, extendiendo un mapa encima de la mesa. Han creado lo que, a efectos de su
sociedad, es un paraso terrenal y quieren seguir mantenindolo.
Pues que lo mantengan, dije.
se es el problema: no pueden.
Por qu?.
No tienen agua.
Por fin supe cul era la raz del conflicto.
13.
El nico suministro de agua dulce de la zona viene del ro Guadalhorce y de los canales y acueductos que de l se surten, dijo Agustn Noblejas, sealando el mapa.
Se traa la leccin bien aprendida: Pero el caudal de este ro y su sistema de distribucin dependen exclusivamente de los embalses de Guadalteba y del Conde situados
al norte de la Serrana de Ronda, cerca de Antequera, y, por lo tanto, dentro de los territorios bajo el control de Al-Andalus.
En principio eso parece bueno. Si me permits el juego de palabras, tenemos la llave del grifo, apunt Juan Guzmn.
Efectivamente eso era bueno, contest Noblejas regalando una sonrisa forzada al comentario de su colega. Nos permita llevar a cabo un sistema de
compensaciones por el cual las Marcas Globales nos suministraban gasolina, productos qumicos y medicamentos imprescindibles a cambio de unos volmenes
preestablecidos de agua. Anualmente se negociaba el convenio y todos nos quedbamos, ms o menos satisfechos, hasta el siguiente ao. Ahora mismo, nosotros
podemos suministrarles el mismo volumen que el ao pasado, pero ellos nos piden ms y no podemos drselo porque nos hace falta el agua para nuestros cultivos de
regado.
Como todos sabis, tom el relevo Luis Pizarro, Maestre Mayor de Crdoba, se ha trabajado mucho para el saneamiento de las tierras, sobre todo por parte de la
comuna de senegaleses y ya se empiezan a recoger los frutos, y seguramente tambin las hortalizas, pens, de sus esfuerzos. Pero para ello se necesita cada vez ms
agua para el regado. No podemos permitir que se la lleven para que unos campos de golf estn perennemente verdes, ni para llenar piscinas y jacuzzis. Como buen
andaluz, Luis Pizarro exageraba, pero no por eso su argumento era menos vlido.
No me consideraba ningn experto en el tema pero an con mis exiguos conocimientos de economa era evidente que se deba subir el precio relativo del agua al
petrleo y otros productos, y que as, por lo menos, obtendramos mayor beneficio a cambio. Les hice saber mi forma de pensar al respecto.
sa fue nuestra primera reaccin, me explic Luis Pizarro, y aunque no lleg a aadir la palabra estpido, estaba claro que eso era lo que pensaba de m, tras or
mi sugerencia.
Pero se da la circunstancia de que nuestra sociedad ha aprendido a funcionar sin el petrleo como base de energa. A veces escasean algunos productos bsicos, pero
cada vez menos, y, con la electricidad generada por las centrales solares, elicas y de saltos de agua estamos alcanzando el autoabastecimiento. Ya hemos pasado los
peores aos y el permitir ahora una mayor entrada de los productos de las Marcas Globales distorsionara y hasta pondra en peligro el sistema econmico que, de
forma accidental y basado en el cooperativismo, ms o menos funciona en la actualidad. Adems no quiero ni pensar en quitar el agua a nuestros agricultores por unos
litros de petrleo. Sera una injusticia, toda la sociedad lo vera como tal y yo, por mi parte, estara de acuerdo con ellos.
En otras palabras, ellos necesitan nuestra agua y a nosotros el obtener ms productos de las Marcas Globales podra acarrearnos problemas, resumi el Alcalde de
Toledo, para luego dirigirse a m directamente con el fin de darse ms importancia de la que tena. Como te puedes imaginar, toda esta situacin se ha discutido entre
nosotros hasta la saciedad. Hemos llegado a la conclusin de que mantendremos el suministro de agua a Marbella en los niveles actuales, independientemente de lo que
nos ofrezcan a cambio, y esto es lo que iris a negociar.
Iris?, pregunt.
S. Te incorporars a la delegacin compuesta por la doctora Conde, Senescal de Toledo, y Luis Pizarro, Maestre Mayor de Crdoba. No me dio tiempo a
protestar y quejarme de que yo no era el acompaante de nadie. Los tres seris los representantes de las Ciudades Estado y sus territorios, y tendris delegados en
vuestras personas todos nuestros poderes. Enhorabuena, Bolto, te acabamos de nombrar embajador.
Muy a pesar mo me sent halagado por la confianza que se depositaba en m; una confianza injustificada.
Ni soy diplomtico, ni s negociar, les aclar.
De eso estamos seguros, me contest Luis Guzmn.
Entonces, por qu habis pensado en m para una misin diplomtica tan importante y delicada?.
sa era una buena pregunta, tan buena que ninguno de los all presentes quera contestar, mantenindose con la boca cerrada a la espera de que algn otro se atreviese
a darme una respuesta.
Creo que Clausewitz dijo que la guerra era la continuacin de la diplomacia pero con otras formas, dijo Guzmn crpticamente.
Yo pensaba que la guerra era el fracaso de la diplomacia, incluso me sonaba que algn otro sabio crea que la diplomacia era una guerra soslayada pero, an as, no
entend la relevancia del comentario de Guzmn. Luis Pizarro me lo aclar:
Nos ha llegado cierta informacin de Marbella: las Marcas Globales estn pensando en invadir Al-Andalus y tomar la villa de Antequera con los embalses de
Guadalteba y del Conde.
Y t eres la nica persona en Al-Andalus que te has enfrentado a sus tropas en el campo de batalla, aadi el Maestre Mayor de Crdoba.
Vencindoles, sentenci la doctora Conde.
14.
No tenan ni idea de lo que estaban diciendo. Los Acuerdos de Seattle entre las Marcas Globales, prohiban el uso de la fuerza para obtener ventajas competitivas
entre ellas. Esto no les impeda entrar en conflictos armados en aquellos lugares donde, posteriormente, pudieran sacar beneficio de sus conquistas, nunca percibidas
como tales, sino como un cambio de rgimen donde el nuevo gobierno acceda a todas sus peticiones y requerimientos. Para ello utilizaban los servicios de PeaceMakers
Inc., un ejrcito en toda regla formado por profesionales, mercenarios ms bien, equipados con el armamento ms avanzado y entrenados para desplazarse a cualquier
campo de batalla. Era cierto que yo haba luchado contra ellos en la Batalla del Guggenheim y que me nombraron Hroe de la Repblica de Euskadi, pero aquellos
soldados no se retiraron por la resistencia que les presentamos, sino por una serie de conspiraciones y conflictos entre las propias Marcas Globales que nada tenan que
ver con una victoria blica.
Intent hacrselo ver a los representantes de Al-Andalus all reunidos, y as mismo les intent explicar el razonamiento de las Grandes Marcas, donde el nico fin era
la consecucin de los mayores beneficios posibles. Para ellos se trataba de una ecuacin muy sencilla. Por un lado valoraran el beneficio de tener un suministro de agua,
suficiente y bajo su control, para los negocios tursticos de la franja marbell, y por el otro analizaran el coste de una pequea campaa para tomar Antequera y el
despliegue militar posterior requerido para mantener el control de la zona, bajo el eufemismo de tropas en misiones humanitarias. sa era su estrategia y as venan
haciendo las cosas desde la invasin de Irak a principios de siglo y ni yo, ni seguramente los propios directivos de las Marcas Globales, veamos motivo alguno para que
actuasen de forma distinta. Si los beneficios eran superiores al coste invadiran, y en caso contrario nos dejaran estar.
Para las tropas de PeaceMakers Inc., el llegar hasta Antequera y tomar los embalses ser un pequeo paseo triunfal, no hay en todo Al-Andalus ni la gente
entrenada, ni el armamento, ni siquiera la voluntad de impedirles el paso. nicamente ms tarde, con tiempo, podramos organizar una guerra de guerrillas, con
operaciones clandestinas dentro de su territorio pero con una retirada garantizada a territorio amigo.... Me sorprend y asust de mis propias palabras, no quera volver
a mi pasado y sin embargo, de una manera instintiva, ya estaba planeando la formacin de un grupo de resistencia.
Por eso te hemos nombrado embajador. Por tu forma de pensar, me anim el Alcalde de la Ciudad Estado de Toledo.
Pero yo no quera volver a la guerra.
Entonces me di cuenta de que poda evitarla. Poda evitar una contienda y no incrementar el suministro de agua a la costa marbell.
La mayor ventaja que se puede tener en un combate viene de la informacin y del conocimiento de la forma de pensar del enemigo. Ya conoca el proceso mental de
las Marcas Globales, nicamente me hara falta ms informacin, algo que esperaba obtener en mi inminente visita a Marbella.
Slo esperaba que a mi regreso Pepe Manzano hubiese capturado al asesino de Rosario Verdes y que para mi mayor satisfaccin, se tratase de Pedro Antnez. Por
desgracia no fue as.
15.
Nunca haba estado en un jacuzzi y tuve que hacer un esfuerzo para recordar la ltima vez que tom un bao, tumbado en una baera con agua caliente sin
restricciones, con jabn, sales y aceites. Normalmente me lavaba donde poda, casi siempre en una ducha sin potencia y con la temperatura del agua que variaba entre
glida y tibia, dependiendo de la estacin del ao. Para m era un lujo poder utilizar los Baos Municipales de Toledo cada vez que visitaba la ciudad. La situacin en la
que me encontraba en aquel momento no poda ser desaprovechada. No era habitual que me tratasen como a un alto dignatario en el mejor hotel de uno de los enclaves
tursticos ms lujosos del planeta; cortesa de la Marca Global Sherahilton, a la sazn propietaria del hotel.
Despus de apretar varios botones y de girar unos grifos diseados para confundir al usuario, consegu estabilizar la temperatura del agua al nivel ptimo y mantener
los chorros y las burbujas que salan de todas partes de aquella piscina en miniatura, con la potencia adecuada. Sin ser demasiado exigente en cuanto a las condiciones
fsicas, deba reconocer que el estar a remojo en aquel artilugio proporcionaba un placer relajante muy recomendable. Con esta forma de pensar hasta poda presumir de
hombre-anuncio en una de las promociones de las Marcas Globales que, sin duda, haban convertido a los jacuzzis en un bien de primera necesidad, para todo aqul que
pudiese pagarlos, claro.
Me encontraba cada vez ms a gusto cuando, de repente, mi conciencia me dio un incmodo pellizco. Se me haba olvidado el motivo de mi visita a Marbella; estaba
despilfarrando agua, cuando su caresta era precisamente el problema que se tena que resolver. Antes de partir de Toledo tuve que visitar a Benaquiel padre, o ms bien
abuelo, y sastre, para que me pudiese hacer las dos pruebas mnimas requeridas para la confeccin de un traje a medida. Tal como le haba prometido, le prest mi
chaleco anti-balas para que pudiese ver la composicin de sus materiales. Me lo agradeci de palabra, pero cuando fui a verle la segunda vez lo haba descosido y
desmontado hasta tal punto que era incapaz de visualizar cmo se podra recomponer aquel rompecabezas de piezas de distintos tejidos para que volviesen a formar
parte de la prenda original. Ante mi preocupacin, Benaquiel me asegur que me lo devolvera como nuevo o incluso mejor, ya que l lo cosera a mano con ms
precisin que la confeccin seriada a mquina de una fbrica, y, adems, me sentara mejor porque, una vez tomadas mis medidas, no le costara nada ajustarlo ms a mi
cuerpo. No me qued ms remedio que fiarme de l; al menos mi chaleco anti-balas me sentara como un guante, y no pensaba que me ira a hacer falta durante un
tiempo en mi nuevo cargo de embajador.
En la primera prueba, Benaquiel me puso una especie de chaleco con una sola manga lleno de hilos y marcas de tizas. Despus de tomar mis medidas, hacer ms
marcas y clavar una docena de alfileres arranc de cuajo la nica manga de la chaqueta murmurando algo en un idioma incomprensible, que me imagino era hebreo. A
continuacin se dedic a mis pantalones, que estaban en un estado bastante ms avanzado de produccin, estir la cintura de un lado a otro y marc la zona de la
bragueta, corrigindola hasta que se qued satisfecho. Finalmente me dio unos zapatos usados, pero con el brillo que slo se consigue despus de darles varias capas de
betn con el cepillo, para acabar frotndolos con una gamuza. Tal como haba pedido eran robustos, con cordones y, a pesar de ello, elegantes. Vicente, el bedel y poder
fctico del Ayuntamiento de la Ciudad Estado de Toledo, decidi acompaarme en mi ltima visita al sastre. Llevaba una caja debajo del brazo y una sonrisa
autocomplaciente en la cara. Esta vez Benaquiel haba aadido un segundo espejo de pie a su habitacin para permitirme verme con el traje en todo su esplendor. Sac
tres camisas de un cajn, una de seda y las otras dos de algodn, confesando que las haban confeccionado su mujer, Sara, y su nuera, Esther. Intu por su comentario
que el gremio de sastres judos tena una serie de reglas no escritas, y ciertamente machistas, por las cuales la confeccin de trajes era algo muy serio y slo accesible a
los hombres, mientras que las camisas eran un bien inferior que se poda dejar en manos de las mujeres. Me desnud delante de aquellos dos vejestorios para luego
volverme a vestir con aquel despliegue de prendas que me haban facilitado. Como si de un prestidigitador se tratase, Vicente abri la caja que haba trado para sacar un
par de corbatas de seda, sobrias y bien diseadas. En la etiqueta se vea que provenan de una de las casas de lujo perteneciente a las Marcas Globales. Le puse mala cara
a Vicente, pues no era partidario de ceder ni un pice y utilizar sus productos de consumo, especialmente los ms caros y prescindibles: era cuestin de principios.
No me mires as, dijo Vicente. La corbata ms moderna que existe en Al-Andalus tiene ms de diez aos. Desde entonces no hay ms, nadie lleva corbata aqu,
como te habrs podido dar cuenta. De algn sitio te tuve que conseguir una para que no desmereciese el traje que te ha hecho Benaquiel y, no te creas, lo suyo me cost.
Al final consegu estas dos de un amigo con contactos en el mercado negro de Ronda.
No recordaba cmo anudarme una corbata y Benaquiel me ayud a hacerlo, compaginndolo con una clase prctica para el momento en que lo tuviese que hacer yo
solito.
Me mir en el espejo, en los dos espejos mejor dicho, de arriba a abajo, por delante y por detrs y, pecando de vanidad, me gust lo que vea. Pocas personas me
hubiesen identificado con el polvoriento y maloliente jinete que lleg a Toledo haca apenas un da con sus alforjas, armado hasta los dientes. Me haba convertido en un
ser respetable y adinerado, por la calidad que se desprenda de mi vestimenta. Era la imagen perfecta de un digno representante de Al-Andalus de cara a los negociadores
de las Marcas Globales en Marbella, adems mi nueva imagen tena otras ventajas de las cuales ni Vicente ni Benaquiel eran conscientes. Mi experiencia en la
clandestinidad, y tambin en la Batalla del Guggenheim, me haban enseado que el mejor camuflaje en un entorno urbano era el vestirse como sus habitantes, en primera
instancia, y, en segunda instancia, de la manera ms respetable posible. La lgica es muy sencilla: un polica, agente de seguridad o soldado puede dudar un instante
antes de abrir fuego sobre una persona trajeada y encorbatada, ya que instintivamente creen que alguien vestido as es inocente o, al menos, inofensivo. Esa duda, esa
indecisin antes de apretar el gatillo, puede ser la diferencia entre ser capturado o poder escapar y, entre la vida o la muerte. Aunque a veces tampoco sirve de nada.
Dentro de la elegancia que vea reflejada en el espejo haba un pequeo detalle que desentonaba. En su buen hacer, las mujeres de la familia Benaquiel haban
confeccionado sus camisas con doble puo y, sin el uso de un par de gemelos para abotonarlos, haca un efecto raro asomndose por debajo de las mangas de la chaqueta
como dos colgajos de tela. Pens momentneamente que el sastre pronto improvisara una solucin, cosiendo un par de botones por ejemplo, pero el viejo Vicente haba
pensado en todo sacando de su bolsillo una pequea caja de madera muy pulida por el paso del tiempo. La abri, ensendonos dos gemelos que reposaban en el forro
de terciopelo de su interior. Los cogi y una vez que los hubo dado brillo, de una manera muy exagerada en la manga de su chaqueta, extendi la mano para drmelos.
Cada gemelo estaba compuesto por un cuadrado del tamao de una moneda muy pequea, con una cadena de cuatro eslabones que lo unan a una barrita cilndrica que se
insertara por los ojales de los puos para sujetarlos. Eran unas piezas minuciosamente trabajadas por un orfebre orgulloso de su obra, puesto que haban grabado sus
iniciales y nmero en el anverso, tenan una antigedad aparente y valan su peso en oro, porque lo eran.
No los pierdas, me advirti Vicente.
Los defender con mi propia vida, le dije con sorna.
Valen ms que eso, me contest sin sonrer.
En la cara vista de cada gemelo estaba grabada una cruz en relieve, sus cuatro aspas de igual tamao terminaban en una especie de flor de tres ptalos truncada. Ms
tarde supe que su descripcin exacta era la de cruz flordelisada. Tambin aprend entonces que se trataba del smbolo de la Orden de Calatrava.
16.
Mientras el viejo sastre judo le daba los ltimos retoques al traje, lo planchaba y finalmente lo meta en una maleta de tela para que no se arrugase, o al menos eso
dijo, yo volv a ponerme mi vestimenta habitual y me acerqu a Vicente para pedirle ms detalles del segundo asesinato.
Ya no tiene nada que ver contigo, me contest.
No le pregunt cmo se haba enterado de que yo haba sido relevado de esa investigacin.
Eso lo decidir yo, le dije.
Concntrate en tu misin en Marbella. Es ms importante.
Slo podr hacerlo si me despreocupo totalmente de esos crmenes. Eso lo conseguir cuando me quede tranquilo y para que as sea tengo que saber cmo va la
investigacin de Pepe Manzano.
Lo cierto es que an no ha llegado ninguna informacin ms detallada. Le hemos pasado las fotos, los datos y las conclusiones a los que llegasteis t y la senescala.
Estamos esperando a que se ponga en contacto con nosotros.
Dile que hable con Cintia.
No piensas que ella quera mantenerse al margen de todo esto, dijo Vicente, haciendo aparente su debilidad por Cintia.
Ya es demasiado tarde.
Y yo que pensaba que la queras. Sus palabras dejaban entrever una mezcla de decepcin y tristeza por ella, o tal vez por m.
Lo que quiero es que capturemos al hijo de puta ese antes de que vuelva a descuartizar a alguien ms.
Te mantendr informado de todo. Por fin el viejo cascarrabias haba dado su brazo a torcer, y una vez conseguida su promesa saba que la cumplira. Ahora, por
favor, no te disperses, y concntrate en que vas a Marbella a evitar una guerra sin que nos quiten el agua.
Si fallan las negociaciones.
Cuando fallen las negociaciones.
Vicente no pareca poner demasiadas esperanzas en el xito de mis compaeros embajadores, Luis Pizarro y la doctora Conde.
Son un equipo compensado. Pizarro desde Crdoba est ms cerca del problema y su postura est ms radicalizada, sabe que el agua que se trasvasa en Marbella la
podran utilizar en sus campos. Si por l fuese no permitira que se llevasen ni una sola gota. A la senescala, como a nosotros, desde Toledo, nos pilla ms lejos y nos
beneficiamos del petrleo y medicinas que intercambiamos con las Marcas Globales, en ese sentido, su postura ser ms flexible intentando llegar a un acuerdo, y
moderar la actitud de Pizarro.
Eso est bien.
S, pero no servir de nada. Las Marcas Globales ya saben la cantidad de agua que necesitan para seguir gestionando la costa marbell con el lujo requerido por sus
clientes y no se conformarn con menos. Desde luego que intentarn comprarla por las buenas o seguramente ofrecern contrapartidas generosas que, desde Toledo,
quiz podramos aceptar, pero ese agua es de vital importancia en la zona de influencia de Crdoba y, por lo tanto, no se puede trasvasar. Las Marcas Globales quieren
algo que no les podemos dar, y lo conseguirn, y como es imposible que lo hagan por las buenas lo harn por las malas.
No asistir a las negociaciones, decid en ese momento. Vicente se volvi hacia m y ya empezaba a preparar sus argumentos para volver a convencerme de la
necesidad de mi viaje.
Lo que no quiere decir que no vaya a Marbella. Me apetece ser embajador. Adems es posible que encuentre algo adicional con qu negociar, o chantajear o
extorsionar, a los directivos de las Marcas Globales.
Es probable, concluy Vicente crpticamente.
17.
El viaje de Toledo a Marbella fue rpido y cmodo. Nunca haba cruzado toda la extensin de los territorios de Al-Andalus en coche y con aire acondicionado. Como
era natural ramos el nico vehculo que circulaba por las antiguas autopistas construidas a finales del siglo pasado, y stas, si bien deterioradas por el paso del tiempo
con fisuras y socavones en su superficie, permitan que el todo terreno de la doctora Conde avanzase a buen ritmo. Salimos al amanecer y la doctora Conde ya haba
tomado la precaucin de llenar el tanque y los dos bidones de reserva con gasolina, ya que no encontraramos ninguna estacin de servicio a lo largo de nuestro trayecto.
Haban dejado de existir con la desaparicin de los coches causada por el embargo de las Marcas Globales sobre el petrleo. Esto qued patente cuando pasamos por
Puertollano donde los esqueletos oxidados de las grandes refineras ubicadas all parecan monstruos del pasado. La gente local se haba llevado todo aquello fcil de
desmontar o de utilidad, como si de animales carroeros se tratara, dejando las estructuras inamovibles que solamente el paso del tiempo hara desaparecer.
Cruzamos la estepa manchega donde, a la altura de Valdepeas, los viedos ya estaban casi listos para la recogida de la uva y pronto llegamos a Despeaperros para
iniciar el descenso que nos llevara hacia la costa. Intent romper el hielo con mis acompaantes para amenizar el viaje:
Doctora Conde, le dije, tienes nombre de pila?.
S, contest sin facilitrmelo.
Cul es?.
Doctora.
Ante esa respuesta decid mantener la boca cerrada y ver pasar el paisaje. Poco a poco nos adentramos en los olivares de la zona de Jan y hubo un momento en el
que slo se vean aquellos rboles, encorvados y alineados militarmente que se perdan en el horizonte.
Han estado aqu desde antes de los romanos y aqu siguen, dijo Luis Pizarro, Maestre Mayor de la Ciudad Estado de Crdoba, y compaero embajador, con
orgullo. Lo cierto era que en los aos siguientes a las revueltas nadie se ocup de su cuidado ni de la recogida de las aceitunas, lo que les haba deteriorado
considerablemente. Por suerte su forma de cultivo y mtodos de produccin milenarios haban impedido el uso indiscriminado de agentes qumicos, salvaguardando la
zona de la peste verde, y, ahora, revirtiendo al cooperativismo para su explotacin, empezaban a ser de nuevo una fuente de riqueza para la regin. El aceite de oliva de
Al-Andalus se haba convertido en su oro lquido verdadero, era un producto muy apreciado por las Marcas Globales que permita obtener, a cambio, ciertos bienes
imprescindibles para la economa de la regin. Tambin supona la existencia de contrabandistas que llevaban carretas llenas de bidones a las zonas fronterizas, tanto de
la costa marbell al sur, como del Tajo al norte, para intercambiarlos por bienes de consumo, con marca.
Hicimos una parada en Crdoba, donde Luis Pizarro hizo de anfitrin invitndonos a comer; despus seguimos viaje, dejando Antequera y la zona de los embalses de
la discordia a un lado, para adentrarnos en Mlaga. Antes de pasar el control de entrada de las Marcas Globales, la doctora Conde se dirigi a m.
Ests armado?.
S. No consider necesario dar ms explicaciones.
Somos una misin diplomtica, me amonest, haciendo ver que el llevar una pistola no entraba dentro del protocolo de este tipo de visitas.
Como bien dijo Clausewitz, la guerra es la continuacin de la diplomacia pero con otras formas. Entiendo que yo formo parte de esas otras formas.
La doctora Conde no aadi ningn otro comentario, pero con un gesto dej claro que mi pistola era mi problema, y que no quera saber ms de ese asunto. No nos
registraron a nuestra llegada a la frontera; ramos diplomticos.
Un apuesto relaciones pblicas nos estaba esperando y, despus de darnos la bienvenida en nombre de Sherahilton, se ocup eficientemente de nuestro equipaje que
fue trasladado a una limusina. Nos asegur que el coche de la doctora Conde sera repostado y custodiado hasta nuestro regreso, y nos indic que estaramos alojados en
el Royal Marbella, donde ya estaban preparadas las suites para nuestro uso y disfrute.
Es difcil transmitir la sensacin que supone pasar de una sociedad rudimentaria, en cuanto a comodidad se refiere, y al filo de la supervivencia, donde no existe nada
que no sea estrictamente necesario, como es el caso de Al-Andalus, a otra donde todo lo que se ve es superfluo. La limpieza del entorno, el buen estado de las carreteras,
el cuidadoso mantenimiento de los edificios chocaba con la precariedad de los pueblos de Al-Andalus, donde no se haba arreglado nada en diez aos. La cantidad y
calidad de los vehculos que circulaban por las carreteras de la costa tambin resultaban extraos, y la velocidad a la que viajaban me causaba una especie de
desconcierto: no estaba acostumbrado a ver coches circulando a ms de ciento veinte kilmetros por hora tan cerca los unos de los otros, ni al continuo ruido que
producan. Los colores de los carteles publicitarios y de los rtulos de los comercios y bares me producan un impacto al que no estaba acostumbrado, como me pareca
curioso el hecho que todo el mundo llevase gafas de sol y que la gran mayora de ellos estuviesen hablando por sus telfonos mviles. Haca mucho tiempo que las
ltimas gafas de sol se haban roto en Al-Andalus, sin posibilidad de ser reemplazadas, y la cobertura de telefona mvil era muy limitada, lo que haca redundantes a los
terminales.
Si La Alhambra de Granada era el reflejo de la civilizacin y cultura musulmana durante su poca ms esplendorosa, con su detallista y bien proporcionada
arquitectura, sus jardines y vistas a la sierra, el Royal Marbella era su equivalente en relacin al lujo consumista de las Marcas Globales de la actualidad. Desde las
tiendas de ropa, joyas y electrnica de diseo que se repartan en torno a su vestbulo principal, hasta su piscina con mullidas tumbonas y camareros yendo y viniendo
sin parar, todo rezumaba el materialismo exagerado de la sociedad alcanzada a la estela de las Marcas Globales. En aquel hotel se perciba la necesidad de comprar lo
ltimo o lo mejor y de disfrutar de unos lujos que la propia dinmica instaurada haba convertido en necesidades; desde los vinos franceses hasta el jacuzzi en que yo me
encontraba sumergido.
El sonido de una delicada campanilla me hizo abrir los ojos. No supe identificar su procedencia y el sonido se volvi ms insistente, por fin me di cuenta de que era el
timbre de entrada a la suite, no tuve ms remedio que salir del jacuzzi, y tapndome con una de las numerosas toallas que estaban a mi disposicin, abr la puerta. Un
joven perfectamente uniformado con la librea del hotel me entreg un sobre; se lo agradec pero vi que no se mova del umbral. nicamente cuando ya haba cerrado la
puerta en sus narices me di cuenta de que estaba esperando una propina.
Abr el sobre. Todava no me haba secado y el frescor del aire acondicionado, al cual no estaba acostumbrado, me hizo sentir un escalofro. No era comparable a la
impresin que tuve al ver las fotos que saqu del sobre: eran del cuerpo mutilado de una mujer.
18.
Se haba llamado Eulalia Robledo, segn el informe que me adjuntaba mi amigo y Hombre Bueno, Pepe Manzano, y que me haba hecho llegar a peticin de Vicente.
Tena veintids aos y era vecina de Campomojado, un pueblo cerca de las Tablas de Daimiel, donde haba pasado toda su vida. Su pelo era corto y ensortijado, su
cuerpo tena la robustez creada por muchas horas de trabajo en el campo y en su cara se lea el terror que padeci en sus ltimos minutos de vida. No me hizo falta leer
la descripcin de sus lesiones que haba escrito Pepe, las fotos lo decan todo.
Sus brazos estaban en cruz y sus piernas cerradas, como en el caso de Rosario Verdes, sus senos tambin haban sido cortados con poca precisin, violentamente,
pero no tena marcas de ligaduras en sus muecas y pies.
En su lugar tena muones.
Sus extremidades haban sido cortadas y, se vean en las fotos, abandonadas en el suelo como si fuesen los despojos de una carnicera que se tiran a los perros.
El cuerpo llevaba sin vida unos cuantos das, una semana segn las estimaciones de Pepe, y los pequeos roedores haban mordisqueado sus zonas blandas, haciendo
desaparecer sus ojos, y agrandando las heridas abiertas por el asesino. No quise imaginarme el olor a podredumbre que impregnara aquella habitacin.
Como fondo a las imgenes se vean unas paredes de piedra, busqu en el informe de Pepe y descubr que se trataba de la sala de armas de un castillo, el de Calatrava
la Vieja.
No poda quedarme ninguna duda de que se trataba del mismo asesino: su manera de masacrar a las vctimas era similar, y los lugares que escoga para llevar a cabo
sus matanzas idnticos. Le ms detenidamente el informe de Pepe en busca de ms puntos de coincidencia entre los dos asesinatos: no existan indicios de interferencia
sexual, no haba huellas ni rastros de resistencia en los alrededores de la escena del crimen, la vctima estaba viva y consciente cuando su asesino empez a
descuartizarla. Nos encontrbamos ante un asesino en serie y no hara falta seguir el protocolo del desaparecido FBI y esperar al quinto cadver para considerarlo como
tal.
En una hoja separada del resto del documento reconoc la caligrafa de Cintia, por lo visto Pepe haba seguido mis consejos y se haban puesto en contacto con ella.
Me rega amigablemente por mi viaje a la decadencia marbell y por el hecho de que no se lo haba comentado, y despus entr en materia. Sin descartar del todo a
Pedro Antnez como sospechoso, esta nueva muerte le haca menos probable, puesto que ya no se tratara de un comportamiento sictico focalizado hacia una persona
en concreto, a causa de la relacin preexistente entre el asesino y la vctima, sino en un trastorno mental ms complejo y amplio, donde los vnculos entre ellos no tenan
porqu tener sus orgenes en un conocimiento personal previo.
Cre entender lo que quera decir Cintia: Pedro Antnez, en principio, slo era un sospechoso vlido tanto en cuanto su crimen estuviese motivado por su relacin
con Rosario Verdes y el rechazo que haba sufrido. Sin ese tipo de vnculo era improbable que l fuese el asesino. Cintia seguramente tena razn en su anlisis, pero si
pensbamos que Pedro Antnez era capaz de mutilar a Rosario de la forma que lo haba hecho es que estaba loco, y si estaba loco poda hacer cualquier locura, por
definicin, como asesinar a ms gente. Me tranquiliz ver que, a pesar de su conclusin, Pepe seguira buscando a Pedro Antnez para interrogarle.
A continuacin, Cintia pensaba que merecera la pena abrir una lnea de investigacin nueva, enfocada a encontrar un vnculo entre los asesinatos y algn tipo de rito
de trasfondo espiritual o satnico que requiriese de sacrificios humanos. La posicin en forma de cruz de los cadveres y sus amputaciones indicaba que se haba
seguido algn tipo de liturgia macabra, enfatizada por los lugares donde haban tenido lugar. Si bien este ritual poda pertenecer nica y exclusivamente a la mente
enferma del asesino que lo haba diseado siguiendo unas reglas de su propia creacin, tambin poda existir la posibilidad de que lo hubiese extrado y copiado de algn
otro lugar. Si fuese as tendramos, al menos, un nuevo clavo ardiendo al que agarrarnos. Como teora me pareca coherente pero no se me ocurra la forma de
comprobarla de una manera prctica. Al seguir leyendo me di cuenta que Cintia era capaz de leerme la mente.
La base de datos del F.B.I. contena todo tipo de informacin acerca de asesinos, psicpatas y criminales junto a su manera de actuar. De ah se haban conseguido
buenas descripciones de las caractersticas psicolgicas de ese tipo de criminales y tambin detalles de rituales donde la vctima acababa siendo sacrificada. Cintia la
conoca bien, durante aos se haba sido su trabajo. Con la privatizacin del F.B.I. esta base de datos no slo sigui operativa sino que se ampli con los contenidos de
los archivos informticos de Scotland Yard, de la Surete Nationale y de Interpol tras la absorcin de estas agencias de seguridad por parte de PeaceMakers Inc. Al
mismo tiempo, los avances tecnolgicos en el rea de la bio-informtica hacan posibles unos cauces de informacin, anteriormente inimaginables, con todo tipo de datos
procedentes de innumerables fuentes. Puesto que yo me encontraba en uno de los feudos de las Marcas Globales, Cintia sugera que obtuviese acceso a esta base de
datos, para comprobar si haban existido asesinatos en serie de similares caractersticas en cualquier otro lugar del planeta.
Lo que era una autntica locura. En primer lugar mis conocimientos de informtica eran inexistentes y en segundo lugar me poda imaginar la informacin que
aparecera en el ordenador de PeaceMakers Inc. al teclear mi nombre. Quiz no me considerasen como el enemigo pblico nmero uno, pero s aparecera como un
personaje indeseable y poco de fiar y, desde luego, jams me facilitaran el acceso a cualquier tipo de informacin confidencial.
Encontr un calendario, cortesa del hotel, y marqu la fecha en que la doctora Conde y yo descubrimos el cadver de Rosario Verdes, le quit dos das para obtener el
da en que fue asesinada. Seguidamente hice un clculo similar con el descubrimiento del segundo cuerpo y los das que haba permanecido escondido: entre el asesinato
de Eulalia Robledo y el de Rosario Verdes haban pasado diez das. Era un hecho que poda no tener ninguna importancia, tampoco saba si el vello pblico rasurado de
Rosario Verdes contrapuesto a la mata de pelo que cubra el sexo de Eulalia Robledo poda ser relevante o no.
Me llam la atencin que Almagro estaba a mitad de camino entre Aldea del Rey y Campomojado, los pueblos donde vivan las dos vctimas. Esperaba que eso s
fuese una coincidencia.
Segua desnudo y me estaba enfriando, las burbujas del jacuzzi seguan haciendo un ruido de fondo montono. Decid afeitarme y vestirme con la ropa tan
esmeradamente preparada por Benaquiel y empezar a actuar como el alto dignatario en que me haban convertido. Tambin opt por llevar la Glock, en su funda,
escondida en la parte baja de la espalda. Era nuevo en esto de la diplomacia y no me podra quitar la chaqueta.
Jams me hubiese podido imaginar con quin me encontrara en el bar del hotel. Por suerte fui yo quien les vio primero y tuve tiempo de pararme a pensar unos
segundos y considerar las posibles opciones que poda tomar. Ante la duda, el uso de la violencia siempre suele dar unos resultados que, si no ptimos, son por lo
menos rpidos, y yo tena que entrar en contacto con PeaceMakers Inc., tanto para evaluar su estado de preparacin en caso de que lanzasen una ofensiva contra Al-
Andalus, como para conseguir el acceso a su base de datos que me haba sugerido Cintia.
La doctora Conde me echara en cara, ms adelante, que reaccion de una manera injustificada y primaria. No era cierto. Sin saber muy bien lo que poda llegar a
ocurrir, mis actos estaban plenamente premeditados, no saba si esto actuara como agravante o como atenuante ante sus acusaciones.
19.
Me dirig hacia el rincn donde estaban sentados, sacando la pistola de su funda. Segn llegu a su altura apret el can de la Glock en la nuca de Xabier Gonzalerra;
su acompaante Ibon Ezpeleta apenas dej escapar un acto reflejo de sorpresa que supo esconder inmediatamente detrs de su habitual semblante de relajo.
Quiero ver cuatro manos encima de la mesa, les dije. Me obedecieron al instante.
Bolto?, pregunt Gonzalerra tmidamente al reconocer mi voz.
Quin si no, dijo Ezpeleta con cierta fatalidad.
A qu juegas?.
Estuve a punto de explicarles que no tena nada especial en contra de ellos, a parte del placer que me causaba desconcertarles, pero no me dio tiempo a hacerlo. Sin
ningn tipo de alarma, cuatro hombres uniformados me rodearon, apuntndome con sus sub-fusiles. Eran profesionales y no se parecan en nada a los familiares de
Pedro Antnez. Bien equipados, con sus trajes anti-balas y los visores de sus cascos bajados, se desplegaron en torno a m dejndose el suficiente espacio entre ellos
para no molestarse en el caso de tener que abrir fuego. No tena ninguna intencin de enfrentarme a ellos. La seguridad del hotel y sus huspedes funcionaba a las mil
maravillas, tal como esperaba.
Detengan a este sujeto, les dije, sealando a Gonzalerra con la pistola y dando un tono de autoridad a mis palabras. Me hicieron caso parcialmente y nos llevaron
esposados a los dos hasta que se aclarase la situacin. Intent quedarme con mi pistola pero me la confiscaron, eso s, muy educadamente. Gonzalerra, cuya rapidez
mental no era su punto fuerte, evalu la situacin para ver si mereca la pena empezar una pelea en el bar, algo que se le daba bastante bien, pero al ver a su oposicin
desisti, para, con la mirada, implorar a Ezpeleta que actuase en su favor. ste, con una sonrisa afable, no hizo nada para ayudarle, curioso por saber a dnde llevara
aquella farsa. Los dos se estaban comportando como era habitual en ellos.
Xabier Gonzalerra era comisario de la Brigada de Legitimacin de la Repblica de Euskadi. Su apellido original haba sido Gonzlez, pero haba sabido adaptarse a los
tiempos que corran en su pas cambindolo por uno de apariencia ms autctona. No le haba visto desde haca unos tres meses y tampoco poda haber cambiado tanto;
era un personaje muy corpulento de ms de dos metros de alto, su cabeza estaba cuidadosamente afeitada, camuflando su calvicie dentro de unos parmetros estticos
ms aceptables y sus cejas parecan unirse encima de su nariz, que, por lo dems, no tena nada de reseable, algo de por s curioso, puesto que, por su forma de vida, lo
habitual hubiese sido que se la hubiesen roto en ms de una ocasin. Esto deca mucho de sus aptitudes como comisario en particular y como matn en general, lo que, a
fin de cuentas, era. Ni siquiera el intento de ir correctamente vestido con una chaqueta, que le tiraba de hombros debido a la anchura de sus espaldas, poda disimularlo.
No saba decir si era un amigo, o no, encontrndolo en Marbella, un sitio neutral y desconocido para los dos era probable que, por familiaridad, nos sintisemos ms
cercanos que en otras circunstancias, si dejaba a un lado el hecho de que le acababa de apuntar con una pistola. A fin de cuentas yo haba torturado a Gonzalerra para
sacarle informacin y l, finalmente, me traicion. En el entretiempo habamos participado en dos peleas, tres tiroteos, un secuestro, varios interrogatorios, una
ejecucin, la captura de dos asesinos, la liberacin de unos nios y el descubrimiento de una conspiracin dentro del Comit de la Repblica de Euskadi. Ese tipo de
experiencias unen a la gente. Adems no poda olvidar que era el padrino de Begoa; la nia de ocho aos que me llamaba pap.
Su jefe, Ibon Ezpeleta, Director de la Brigada de Legitimacin, era su opuesto: un sofisticado urbanita de cuarenta aos que lo mismo hablaba de arte que de filosofa,
era un personaje inteligente, calculador y con una habilidad para la manipulacin que el propio Maquiavelo envidiara; yo lo saba por propia experiencia. Con su pose
relajada de gentleman ingls y su elegancia sin estridencias, daba la impresin de ser un educado rentista sin ninguna preocupacin en el mundo. Eso hasta que tener la
desgracia de enfrentarte a l. No me fiaba, ni me fiara nunca de l, y tampoco llegara a odiarle porque, a pesar de su forma de actuar, jams haba visto en l un atisbo de
crueldad y haba demostrado ser valiente. Durante un largo tiempo haba sido un ejecutivo ejemplar en el entramado empresarial de las Marcas Globales, donde su
carrera profesional slo poda calificarse de brillante: haba sido su tapadera para espiar a favor de la Repblica de Euskadi.
Me hubiese gustado saber el motivo de la estancia en Marbella de Gonzalerra y Ezpeleta, tan lejos de su pas.
Qu haces aqu?, pregunt a Gonzalerra.
Los agentes de PeaceMakers Inc. nos haban llevado a una habitacin en el stano del hotel, una especie de sala de interrogatorios con una mesa y dos sillas
funcionales en el centro, todas ellas atornilladas al suelo. Nos haban esposado a las patas de las sillas para impedir que nos movisemos, o nos atacsemos: eran
profesionales. No me caba la menor duda de que estaban grabando todo lo que ocurra en aquella sala, aunque no consegua ver las cmaras.
Dmelo t. Estoy aqu porque me pusiste una pistola en la nuca. Si no, estara en el bar tomndome una caa.
Intent hacerle ver que nuestra conversacin estaba siendo monitorizada con un gesto de los ojos. Gonzalerra tena la suficiente experiencia en este tipo de
situaciones, aunque l no era habitualmente el detenido, como para saber que as sera. De todas maneras no vena de ms recordrselo, pues a veces no era capaz de
darse cuenta de las cosas ms obvias.
Te podra preguntar lo mismo. Qu haces t aqu? o, incluso, con ms razn, por qu me has apuntado con una pistola?.
Soy embajador de las Ciudades Estado de Al-Andalus, respond a su primera pregunta, ignorando la segunda. Quera que nuestros observadores supiesen que no
haban detenido a unos meros ejecutivos de vacaciones, aunque stos seguramente no sacasen armas en los bares muy a menudo, ni tampoco a unos criminales
habituales. Esperaba que haciendo referencia a mi rango se agilizasen los procedimientos y llegara antes a mi objetivo, como as fue. Mientras tanto seguira mi amigable
conversacin con Gonzalerra.
Qu hace la Brigada de Legitimacin en Marbella? De vacaciones?, pregunt.
Ya no somos de la Brigada.
Os han despedido? Enhorabuena.
No. La Brigada ha sido disuelta.
No me sorprendi que as fuese. A pesar de ser su mximo responsable Ibon Ezpeleta haba estado debilitando aquella organizacin desde dentro durante varios aos.
No me caba la menor duda de que haba salido reforzado despus de desmantelar aquel complot contra el Comit de la Repblica de Euskadi con mi ayuda involuntaria,
y que haba convencido a sus colegas para acabar con aquella siniestra agencia.
No me digas que estis en el paro.
No exactamente. Nos han ascendido.
Nos?, le pregunt. Nadie en su sano juicio ascendera a Gonzalerra.
Ezpeleta es el nuevo Consejero de Finanzas.
Por lo menos eso explicaba su presencia en Marbella: las pocas relaciones comerciales entre la Repblica de Euskadi y las Marcas Globales se efectuaban a travs de
esa Consejera, estara negociando las cantidades de maz transgnico que vendera a cambio de barriles de petrleo o de componentes informticos. No quera pensar
que hubiese nada ms siniestro detrs de su visita.
Y t?.
Soy su asesor de seguridad.
Su guardaespaldas, quieres decir.
Ms o menos.
Aqulla era una sabia eleccin por parte de Ezpeleta. A m tampoco me importara que Gonzalerra fuese mi matn personal.
Tienes mucho trabajo?, le pregunt.
Aqu, casi nada. La seguridad de las Marcas Globales es muy buena, perfecta, dira yo. No han tardado ni veinte segundos en detenerte despus de sacar la pistola.
Las palabras de Gonzalerra estaban dirigidas a nuestros vigilantes, a veces tena pequeos detalles de inteligencia que me sorprendan. No quise decirle que le poda
haber metido un tiro entre ceja y ceja a su jefe de haberlo querido, aunque de haberlo hecho los agentes de seguridad me hubiesen acribillado a tiros inmediatamente, todo
hay que reconocerlo.
Qu tal est Begoa? Y Cintia?.
No tuve tiempo de responderle, un agente de seguridad, vestido con traje de campaa, sin chaleco anti-balas, ni casco y aparentemente desarmado, entr en la
habitacin. Tena galones en su uniforme, pero no los suficientes, y desde el primer momento intent tomar el control de la situacin.
Cul ha sido el motivo del altercado?, pregunt.
Inmediatamente supe porqu no tena ms galones, quiz fuese un excelente jefe tctico, desplegando a su compaa en una emboscada o defendiendo una posicin,
pero como interrogador no saba por dnde se mova, incluso Gonzalerra se dio cuenta de ello, esbozando una pequea sonrisa. Nunca nos tena que haber mantenido
juntos, ni haber hecho una pregunta que pudisemos contestar a la vez y tena que haber tardado ms en entrar. No tanto para ponernos nerviosos, algo en lo que
hubiese fracasado, sino para recopilar ms informacin sobre quines ramos y detalles de los motivos de nuestra visita. Cuanto ms sepas sobre alguien ms sencillo es
interrogarlo, eso era algo que le deban haber enseado en los centros de formacin de PeaceMakers Inc., seguramente as fue, pero haba cado en saco roto.
Me imagino que el destacamento responsable de la seguridad del Royal Marbella Hotel estaba preparado para hacer frente a turistas borrachos, tramposos en el
casino, orgas que se desmadraban, maridos o esposas celosos que descubran a sus parejas en situaciones comprometidas o incluso intentos de violacin, pero no para
mediar en un posible conflicto internacional a tres bandas.
Las Ciudades Estado de Al-Andalus no estn dispuestas a tolerar ninguna injerencia ms por parte de la Repblica de Euskadi, empec diciendo con vehemencia,
mientras Gonzalerra esconda su sorpresa lo mejor que poda. No nos arrodillaremos ante nadie y menos an ante una repblica que se cree superior a todos los dems
y que siempre utiliza la violencia para conseguir sus propsitos.
El agente de la PeaceMakers Inc. intent calmarme acercndose a m, algo que fue un error por su parte porque me permiti elevar el tono de voz.
No permitir que nadie me ponga las manos encima. Yo soy embajador y represento a un estado soberano. Primero ese gorila intenta extorsionar a mi pas, y ahora
usted intenta maltratarme. Hemos venido a Marbella para limar asperezas y llegar a acuerdos y desde el primer momento nos hemos sentido acosados por este
fanfarrn, le dije sealando a Gonzalerra, y desprotegidos, en un lugar donde supuestamente se garantizaba nuestra seguridad.
Agradec llevar puesto el traje confeccionado por Benaquiel, ya que daba mayor empaque a mis palabras y el oficial no dudaba en creerme, sobre todo viendo el
aspecto de matn que tena Gonzalerra. En su mente estaba claro que Gonzalerra era culpable porque tena aspecto de tal, y por la misma lgica yo era inocente gracias
a la imagen que proyectaba. El nico problema que tena para ponerse firmemente a mi favor era que la persona que haba sacado una pistola en pblico, sin motivo
aparente, y segn mostraban las cmaras de seguridad, haba sido yo. An as el intentar solucionar un conflicto donde estaban involucrados la Repblica de Euskadi, las
Ciudades Estado de Al-Andalus y las Marcas Globales que controlaban la franja marbell, le vena grande y era lo bastante inteligente para darse cuenta de que no le
pagaban lo suficiente como para meterse en semejante lo.
Acab pidindonos disculpas por tenernos encerrados y esposados de aquella manera, pero as se lo exiga su protocolo de seguridad, y se despidi esperando no
tardar demasiado en volver, despus de haber hecho las consultas pertinentes a sus superiores.
se es mi Bolto, dijo Gonzalerra cuando nos dejaron solos y a pesar de las cmaras que nos vigilaban. Hagamos las cosas a lo grande Por qu nos bamos a
limitar a una pelea de taberna cuando podamos causar un conflicto internacional por el mismo esfuerzo? Llevamos aos intentando llevarnos bien con todos a pesar de
las tiranteces que existen y, sin ningn tipo de provocacin, intentas dar al traste con aos de paciente diplomacia. Qu queras: empezar una guerra?.
Gonzalerra no saba que eso era precisamente lo que pretenda evitar.
20.
Nos sacaron del hotel por una puerta de servicio, era comprensible, su imagen se vera, sin duda, perjudicada, si sus clientes hubiesen visto cmo nos sacaban
esposados, el uno al otro, andando como si fusemos de la manita. Nos metieron en una furgoneta con los cristales ahumados y el logotipo de PeaceMakers Inc. y nos
llevaron a su sede regional, un edificio de cristal, en tercera o cuarta lnea de playa, a la altura de San Pedro de Alcntara. Fuimos escoltados desde el aparcamiento en los
bajos del edificio, hasta el ascensor que nos llev directamente a la ltima planta. Con alivio, el oficial de uniforme que haba empezado a interrogarnos en el hotel,
entreg las llaves de las esposas y mi pistola a quien pareca ser una secretaria eficiente, dejando claro que desde ese instante dejbamos de ser su problema. Ella,
midiendo sus palabras, nos pidi que la acomparamos a una sala de espera donde amablemente nos ofreci caf o agua. Haca tiempo que no tomaba un buen caf; no
era algo que se produjese en Al-Andalus, y, slo de vez en cuando, podamos obtener algn que otro paquete de contrabando, por lo que agradec el ofrecimiento de
aquella seorita. Saba que la escasez de caf en la Repblica de Euskadi era similar a la de Al-Andalus, slo que all utilizaban un sucedneo basado en maz transgnico
de sospechoso sabor, por lo que Gonzalerra tambin acept la invitacin. Puesto que mi mano derecha estaba esposada a la mano izquierda de Gonzalerra tuvimos
ciertas dificultades a la hora de echar azcar al caf y removerla en aquellas delicadas tacitas, pero supimos resolverlo con dignidad. El caf estaba delicioso.
Estbamos en la ltima planta del edificio y, de acuerdo con las leyes no escritas, pero de obligado cumplimiento en toda organizacin, all estaran los despachos de
sus ejecutivos ms importantes. Por la ubicacin de la sala de espera, del rea de la secretaria y de la puerta cerrada del despacho donde se lea el nombre de Richard
Kenyon, saba que nuestro siguiente anfitrin ocupaba la esquina noroeste, esto le converta en el segundo de a bordo, la mejor zona sera la suroeste, puesto que desde
all se vera el mar y el campo de golf de Estepona Bay. No tena inconveniente en ver al seor Kenyon, pero hubiese preferido entrevistarme directamente con su jefe,
para ahorrar trmites.
Notaba cmo Gonzalerra estaba tirando de la cadena que nos una, comprobando su fuerza.
Y si nos vamos?, me pregunt.
Intu que Gonzalerra tena un plan, por curiosidad le dej que me lo contase. En circunstancias normales Gonzalerra es un elemento peligroso, pero cuando empieza
a pensar se convierte en un ser altamente peligroso, para s mismo y aqullos que le acompaan.
Nos acercamos a la secretaria. La sacudimos y la dejamos fuera de combate. Conseguimos las llaves de las esposas y tu pistola, nos soltamos y salimos de aqu a
toda pastilla. La sutileza no era su fuerte. No le dije que seguramente estaban escuchando nuestra conversacin, ni que aquel edificio estara lleno de personas armadas,
ni que los ascensores necesitaran de cdigos especficos para funcionar, ni que dejase de tirar de su lado de las esposas porque me empezaba a hacer dao.
Gonzalerra, le dije. Hay un momento para todo y ahora debemos ser diplomticos.
Bolto, desde que eres embajador ests irreconocible, me contest despus de meditar un buen rato su respuesta.
Al poco rato volvi la secretaria y nos hizo pasar al despacho de Richard Kenyon. A pesar de su situacin privilegiada en el edificio, la decoracin de la habitacin no
dejaba de ser aburridamente funcional: mesa de despacho, dos sillas, mesa de reuniones, seis sillas, con unas acuarelas inspidas que slo se distinguan del papel de la
pared por sus marcos. Me dio la impresin de que Richard Kenyon era un burcrata y que lo mismo poda estar dirigiendo una empresa de embutidos que una
maquinaria militar, lo hara con la misma pasin, o falta de ella, y diligentemente medira los beneficios y costes de cualquier decisin que se tomase. De mediana
estatura, no llegara a los cincuenta aos, con una calvicie incipiente y unas gafas de un tamao desproporcionado en cuanto a su amplitud. Kenyon tena una manera
muy extraa de mirarnos: tan pronto te enfocaba directamente a los ojos, consiguiendo un contacto visual incmodo y agresivo, como se le iba la concentracin y miraba
por encima de tu cabeza, sin ningn motivo aparente. Era desconcertante. Tanto como su forma de dibujar con una especie de lpiz sobre una superficie blanca donde
no dejaba ninguna marca: se le haba acabado la tinta pero l segua garabateando.
Seor Eneko Amboto, tambin conocido como Bolto, y seor Xabier Gonzalerra, bautizado como Javier Gonzlez, nos empez diciendo, ahorrndose el saludo de
cortesa, y dejando bien claro que l s haba hecho sus deberes y haba tenido acceso a los archivos que las Marcas Globales mantenan sobre nosotros. Hasta el
momento nos han obligado a desplegar una patrulla de contencin de violencia en el bar del Royal Marbella Hotel, han estado retenidos en la sala de observacin de ese
mismo hotel durante treinta y cinco minutos, posteriormente han sido trasladados hasta aqu, nuestra sede central en una de nuestras furgonetas, y se han tomado dos
cafs.
Hablaba como un autmata y segua garabateando en su hoja cermica.
Todo ello nos ha supuesto un coste de 500 crditos que sern adeudados a las cuentas de sus respectivos pases. En PeaceMakers no nos importa que nos hagan
perder el tiempo, siempre y cuando nos paguen por ello.
Yo entenda muy poco de lo que nos estaba diciendo y Gonzalerra absolutamente nada.
Segn nuestros datos, de los ltimos cinco aos, ustedes coincidieron en la Repblica de Euskadi, durante aproximadamente quince das, al principio de este ltimo
verano, dijo Kenyon, quien no se equivocaba en absoluto, su informacin era correcta y preocupante como tal.
Durante ese perodo de coincidencia, tenemos confirmaciones suficientes como para poder concluir que existieron una serie de confrontaciones violentas entre
ustedes dos.
Gonzalerra y yo nos miramos: era una conclusin errnea pero a la que llegara cualquier observador de nuestra conducta durante aquellos das. El sistema de
informacin y espionaje de PeaceMakers Inc. me estaba impresionando, peor an, me daba miedo: daban la impresin de saberlo todo.
No nos interesan en absoluto sus pequeas rencillas provincianas. No nos importa que se insulten, se peguen o se maten en sus pases. Nos da igual que su
enemistad sea por motivos personales o profesionales, por divergencias polticas o religiosas. Nada de eso nos incumbe, con tal de que no disturben la paz en las zonas
en las cuales ofrecemos nuestros servicios de seguridad.
Richard Kenyon lo haba dicho todo y con esa actitud vea difcil avanzar hacia el objetivo que me haba propuesto.
Tienen la suerte de tener inmunidad diplomtica, de formar parte de delegaciones comerciales con quienes la marca Sherahilton quiere estar a bien, que viene a ser lo
mismo. Si no les metera en un calabozo, y les aseguro que cobramos la estancia all ms cara que en el hotel de lujo donde se hospedan. Alguna pregunta?.
No se me ocurra nada. Pero como siempre, la nica pregunta estpida es la que no se hace, y Gonzalerra era un experto en hacerlas.
Se puede saber qu est dibujando?.
21.
Richard Kenyon se quit las gafas y dej su lapicero encima de la hoja de cermica.
Qu quiere decir?.Kenyon no entenda la pregunta de Gonzalerra.
Con el lpiz, en la tablilla, qu dibujaba?.
No dibujaba nada. Utilizaba la Mente Global, contest Kenyon con toda naturalidad, como si estuviese hablando a un nio obtuso.
Haba odo hablar de ese sistema que utilizaba la tecnologa informtica y de comunicaciones, junto con los avances alcanzados en microbiologa, pero nunca lo haba
visto en funcionamiento. El comportamiento de Kenyon tampoco me haba dado demasiadas pistas sobre su manejo. No quera hacer evidente mi ignorancia, a pesar de
la curiosidad que me suscitaba, y dej que Gonzalerra continuase con sus preguntas.
La Mente Global? Qu es eso?.
Es la versin avanzada de la Global Red de Microsoft, respondi Kenyon, como si aquella explicacin fuese suficiente para Gonzalerra, o para m mismo. Al ver la
cara de incomprensin de ste, Kenyon decidi ampliar sus explicaciones.
Se me olvidaba que en vuestras regiones no tenis acceso a ella, le falt aadir brbaros desgraciados, para preguntarnos: Qu conocimientos informticos
tenis?.
Yo haba sido un nio de internet, haba crecido con un ordenador en casa, y haba descargado msica y pelculas ilegalmente, hasta que las Marcas Globales pusieron
fin a esos pequeos delitos. Tambin haba visto pornografa, y buscado informacin en la red para mis estudios, ms tarde la habamos utilizado para comunicarnos
entre los distintos grupos armados, durante la poca de la clandestinidad. Sin mencionar esto ltimo le di a Kenyon una extensa descripcin de mi ignorancia sobre la
materia. Lo cierto era que, una vez desgajados del control de las Marcas Globales, el nivel de tecnologa informtica en el resto de los territorios, como la Repblica de
Euskadi o Al-Andalus, era muy bajo. En primer lugar, las Marcas Globales no facilitaban sus ltimos adelantos a causa del embargo, en segundo lugar no haba recursos
suficientes para llevar a cabo la investigacin necesaria, y, en tercer lugar, tampoco exista la riqueza suficiente que permitiese pagar a las Marcas Globales por acceder a
esa informacin o formas de ocio ciberntico. Seguan existiendo los ordenadores, pero slo se utilizaban para procesos internos en cada regin, remendados y
reconstruidos con una eficacia que se vea mermada con el paso del tiempo, la tecnologa informtica en estas zonas no era muy distinta a la que conoc a principios de
siglo.
Kenyon me entreg sus anteojos y me los coloqu, mientras Gonzalerra daba muestras de contrariedad, dejando patente que a l tambin le hubiese gustado
ponrselos. Su efecto era el de unas gafas de sol que no filtraban la luminosidad de forma uniforme, sino que generaban formas abstractas en movimiento delante de los
ojos.
Qu le interesara saber?, pregunt Kenyon.
El estado de preparacin de las tropas de PeaceMakers Inc. de cara a la invasin de Al-Andalus hubiese sido un buen punto de partida, pero no cre oportuno
preguntrselo, sobre todo porque me interesaba ver el funcionamiento de aquel aparato.
El precio del petrleo, le dije. Era una pregunta fcil para cualquier base de datos y que no levantara sospechas. Richard Kenyon escribi en su hoja cermica de
forma invisible para l, pero no para m, que vi cmo aparecan delante de mis ojos las palabras Precios del Petrleo en la caligrafa retorcida de Kenyon. A partir de
ese instante, una serie de listas se hicieron visibles: el precio del barril del crudo de Borneo, los valores futuros a varios meses del petrleo, las estadsticas de la
evolucin de los crudos en el pasado. Toda una gama de pequeos mens se abrieron ante mis ojos.
Con el lpiz puedes elegir la informacin sobre la cual quieres profundizar, me indic Kenyon, segn l mova el lpiz por su tablilla blanca, yo vea en las pantallas
generadas por las gafas como una flecha reproduca los movimientos de ste. Extend la mano para que me dejase su puntero y ser yo quien manejase aquel instrumento.
Kenyon solt una carcajada.
De buena gana te lo dejara, pero de poco te servir.
Gonzalerra no le vea la gracia, sintindose excluido por no ver las imgenes de las gafas, no entenda nada de lo que estaba pasando y pona la cara de un nio
enfurruado a quien se ignora. En realidad yo tampoco saba qu le haba hecho tanta gracia a nuestro anfitrin.
Recuerdas el abuso que sufrieron las Marcas Globales a causa de la utilizacin de internet en abierto?.
Lo que me preguntaba no me sonaba del todo extrao, aunque tampoco era algo que me hubiese interesado; los problemas de las Marcas Globales, por lo general, no
eran de mi incumbencia.
Todo el mundo tena acceso, tanto a informacin como a productos de ocio, a travs de la red. Msica, pelculas y vdeos, se podan conseguir de forma legal, o
ilegal, sin pagar un solo dbito a sus propietarios legtimos.
Que seran en todos los casos una Marca Global, pens, sin decrselo.
Era escandaloso. Por su expresin, Kenyon crea que cualquier merma en los ingresos de esas empresas era equiparable a atracar a una invlida ancianita. Claro que
la tecnologa ayud a encontrar una solucin.
Kenyon se equivocaba con su anlisis; haba puesto la causa y el efecto en el orden inverso. Para l la investigacin informtica desarroll nuevos productos que,
luego, se utilizaran para los fines que me explicara a continuacin, yo crea ms bien lo contrario: las Marcas Globales tenan un problema con sus partidas de ingresos
en internet y enfocaron todos sus recursos en desarrollar los mecanismos que las protegiesen.
Ves esto, me dijo ensendome aquel lpiz, como si fuese la varita de un mago. Le respond que s, puesto que, a pesar de los mens que vea en las gafas, poda
ver a travs de sus cristales.
Aqu est el enlace entre mi persona y la extensa, por no decir casi infinita, tela de araa de datos intercomunicados que componen la Mente Global.
Gonzalerra asinti con la cabeza, como si entendiese lo que Kenyon deca, y, dando muestras, por su expresin, de que le sorprenda que algo tan pequeo pudiese
hacer algo tan aparentemente importante.
Este Intercambiador de Datos Intransferible, en esta ocasin Kenyon se ayud del nombre tcnico del lapicero, me identifica de manera inequvoca. Reconoce
gracias a las segregaciones dactilares que soy yo quien lo est utilizando, en caso contrario dejara de funcionar. Esto permite que pueda acceder a cualquier lugar dentro
de la Mente Global, siempre que est autorizado a ello, y que me carguen los dbitos correspondientes a mi cuenta por su uso, en el caso de que los servicios que reciba
as lo requieran.
Intent pensar en alguna manera de saltar el sistema de seguridad, tal y como me lo haba descrito, y desist enseguida: mentes ms privilegiadas que la ma ya lo
habran intentado y otros cerebros, igual o ms capaces que stos, tambin habran trabajado para que no quedase ni una sola fisura. Ni siquiera cortndole mano
funcionara el dichoso Intercambiador de Datos Intransferible, puesto que dejara de segregar su sudor, la base del reconocimiento de identidad.
Hace todo eso, sin cables?. Pregunt Gonzalerra que, como Santo Toms, slo crea lo que vea.
Cables?. Kenyon no entendi la pregunta.
Ests obsoleto, Gonzalerra, le dije. El cobre, o incluso la fibra sinttica, es demasiado caro.
Ah! Esos cables!, exclam Kenyon. Efectivamente, ya no se utilizan para la comunicacin, todo se hace por el aire. Pero no me preguntes cmo. Hace tiempo
que no veo ni una miserable clavija. Con esto, dijo sealando a su lpiz, contacto con todo: voz, datos e imgenes.
Lo que haba comenzado siendo una reprimenda en toda regla se estaba convirtiendo en una afable charla entre amigos, donde el sofisticado y rico habitante de
Marbella se pavoneaba delante de sus menos afortunados colegas de provincias. Yo no haba ido hasta all para eso y decid tocarle un poco las narices al tal Kenyon, a
fin de cuentas no se trataba del primer espada de la PeaceMakers Inc., y era a ste a quien deseaba entrevistar.
Es una pena que vuestra Mente Global no tenga todos los datos del mundo civilizado en sus chips orgnicos, le dije.
Claro que los tiene. Con un nivel de acceso suficiente una persona podra encontrar cualquier informacin que existiese.
Que existiese dentro del sistema.
Pero el sistema es universal. Lo abarca todo. Lo que no est dentro del sistema no existe.
Efectivamente. No existe para las Marcas Globales ni para sus usuarios, pero no por eso se ha desvanecido en el aire.
No entiendo, dijo Kenyon.
Yo tampoco, respondi Gonzalerra, pero ya estoy bastante acostumbrado.
No s si el traje que llevaba puesto me hizo recordar el lugar donde fue confeccionado, o si las fotos de la ltima mujer asesinada en aquel castillo en ruinas haban
afectado a mi subconscientemente para pensar de aquella manera. Fuese lo que fuese, empec a hablar de una manera inconsciente:
El problema de tu Mente Global es que carece de datos histricos. Estoy seguro de que a partir de los Acuerdos de Seattle, toda la informacin generada de manera
informtica, y me imagino que no existe informacin de ningn otro tipo ms, est dentro del sistema. Incluso, pienso, que tambin tendr incorporado todo aquello que
tuvo lugar con anterioridad, tanto en cuanto se hubiese generado dentro de un marco de tecnologa digital. Desde la ms insignificante transaccin de las antiguas tarjetas
de crdito, hasta las operaciones de absorcin de empresas de ms notoriedad, y, desde el informe clnico de un pobre chiflado en un psiquitrico, a los acuerdos de
cesin de los gobiernos democrticos a favor de las Marcas Globales de sus servicios pblicos. Pero.... Dej que se generase un pequeo silencio antes de continuar, al
menos Kenyon me escuchaba, bien sea por inters o por educacin. Pero sus archivos carecen de profundidad histrica. Todo lo que ocurri con anterioridad a finales
del siglo veinte slo figurar all de forma errtica, dependiendo del inters y capacidad de los antiguos gobiernos y universidades para digitalizarlo. Adems muchos de
estos archivos se habrn perdido.
No le dije nada de lo ocurrido con los documentos de Al-Andalus almacenados en Toledo, o mejor dicho con los que no haban llegado hasta all. Kenyon se encogi
de hombros para enfatizar su respuesta: Y qu?, me dijo. Senta que la conversacin se me estaba yendo de las manos; poco inters podran tener las Marcas
Globales en un pasado tan alejado que difcilmente les generara un beneficio pecuniario.
Es posible que en esos papeles resida la solucin a un problema actual, le dije, sin pensar demasiado mis palabras.
Lo dudo.
Yo tambin, aadi Gonzalerra, sin saber muy bien a cuento de qu haca aquel comentario.
Por ejemplo, podran servir para resolver un crimen cometido recientemente, si su motivacin estuviese vinculada a un rito de origen centenario.
Es posible, pero mantengo mi pregunta anterior, y qu? A no ser, por supuesto, que la vctima fuese cercana a alguien capaz de pagar por nuestros servicios de
investigacin para encontrar al asesino.
Aquel comentario era el peor que Kenyon poda haber hecho. Yo tena muy presente mi reaccin al ver el cuerpo de Rosario Verdes y las fotos de Eulalia Robledo; el
encontrar al asesino era una cuestin de justicia, era un bien superior. El reducir una investigacin de ese tipo a algo meramente mercantilista, donde una investigacin
slo se llevara a cabo dependiendo de la capacidad econmica de la vctima, o de sus allegados, me resultaba inaceptable. Hasta ese punto haba llegado la sociedad en
las zonas bajo el control de las Marcas Globales: tenan de todo, incluso justicia, si podan pagar por ello. Me reafirm en mis convencimientos de defender los intereses
de las Ciudades Estado en Al-Andalus. Pasaramos hambre, pero no de justicia.
Hasta ese momento Richard Kenyon me haba parecido un burcrata anodino de quien me hubiese olvidado en cuanto hubiese salido de su despacho. Sus ltimos
comentarios, hechos de una forma tan inconsciente que enfatizaban su falta de humanidad, le acababan de convertir en alguien que se mereca lo peor, y si yo pudiese ser
la persona que lo llevara a cabo tampoco me desagradara.
No soy partidario, dijo Gonzalerra.
Kenyon y yo le miramos para que nos explicase esta ltima perla intelectual.
Todos los asesinos deben ser capturados. Los asesinatos son lo peor y nadie que los cometa debe andar suelto. Da igual quin sea la vctima.
Tena que reconocer que Gonzalerra era simple en sus exposiciones pero que de vez en cuando acertaba.
No creo que debamos entrar en un debate filosfico sobre este tema. No nos reportara demasiado beneficio.
Estoy de acuerdo, le dije, a pesar de no estarlo en absoluto, porque quera despejar una ltima incgnita. Hgame un favor seor Kenyon, apunte con su lpiz las
palabras: Castillos de Calatrava y sacrificios, y yo le demostrar que su Mente Global tiene alguna que otra laguna.
Kenyon asinti como si accediese a los caprichos de un nio, y escribi las palabras en su tablilla que yo vi cmo aparecan ante mis ojos con un mensaje que me
informaba que no exista interrelacin alguna entre las tres palabras buscadas, ofrecindome, sin embargo, datos adicionales acerca de la Orden de Calatrava, sus castillos
e historia, por un lado, y ritos y sacrificios por el otro. Dentro del men que se abri debajo del encabezamiento de ritos y sacrificios apareca una lnea de acceso que
me llam la atencin y que me hizo pensar que Cintia nunca se equivocaba. A mitad de aquella lista que flotaba delante de mis ojos aparecan las palabras: Base de
Datos: Fusin FBI et al.: ritos y sacrificios: asesinatos a) resueltos b) abiertos.
All es donde quera llegar. Desde el principio.
Por desgracia no pude avanzar ms.
Creo que halagando a Kenyon y al sistema de Mente Global, del que tan orgulloso estaba, podra haberle convencido para que, blandiendo su pequea varita mgica
ciberntica, o Intercambiador de Datos Intransferible, se adentrara en aquellos archivos. Pero, por desgracia, un pequeo destello rojo apareci en la esquina superior del
visor junto a un leve pinchazo detrs de mi odo. Alguien se quera comunicar con Kenyon, quien se percat de ello, y le tuve que devolver sus gafas, con la frustracin
que ello me supuso. Su interlocutor estaba por encima de l en la estructura de PeaceMakers Inc., su lenguaje corporal le delataba, y, sin llegar a cuadrarse, se puso ms
firme en su asiento. Kenyon simplemente asinti a todo lo que le deca y no perdi el tiempo en despedirse de nosotros, aludiendo a otros temas ms urgentes que
tratar. Me pregunt si realmente haba estado recibiendo instrucciones sobre algn otro asunto no relacionado con nuestra presencia, o, si le haban ordenado que se
deshiciese de nosotros. En cualquier caso haba estado escuchando al inquilino de la esquina ms deseable de aquella ltima planta, a quien me hubiese gustado conocer.
Poco saba yo que aquel deseo era mutuo, aunque por distintos motivos.
No me devolvieron mi Glock, prometindome que la recuperara a mi salida de Marbella, y me tranquilizaron dicindome que la seguridad general dentro de la fuerza
costera estaba garantizada, gracias a sus servicios. La seguridad general no me preocupaba en lo ms mnimo, pero la ma en particular s. Sobre todo entreviendo que el
mayor peligro que podra correr vendra precisamente de ellos, la misma gente que pretenda protegerme: me hubiese sentido ms tranquilo con mi pistola en su funda.
22.
La doctora Conde y Luis Pizarro me estaban esperando cuando regres al hotel, ninguno de los dos tena cara de buenos amigos. Fue la primera quien empez a hablar
con vehemencia de mi falta de responsabilidad, mi agresividad y mi conducta anti-social. No dej bien claro si su enfado se deba principalmente al altercado que yo
haba provocado en el hotel y que haba supuesto mi detencin, o si, por el contrario, lo causaba mi falta de comparecencia en la primera ronda de negociacin con los
ejecutivos de las Marcas Globales.
Me imagino que buscaba que le diese algn tipo de explicacin por mi comportamiento, o, incluso, que le pidiese disculpas, y yo no estaba dispuesto a hacer ninguna
de las dos cosas. Me mantuve en silencio mientras ella se acaloraba, hasta tal punto que Luis Pizarro tuvo que intervenir.
No te ensaes con l, le dijo y yo le agradec su intervencin, con un movimiento de la cabeza.
Tan mal os han ido las cosas?, pregunt.
Ms o menos como esperbamos. En resumen: fatal.
No s porqu te tenemos que contar nada. Haber estado all, que es a lo que has venido, arremeti la doctora Conde, an enfadada.
Nos hemos puesto de acuerdo en lo que no estamos de acuerdo, Luis Pizarro intent ser ms positivo.
Que es en todo, puntualiz la doctora Conde.
En ese caso no me he perdido nada, les dije con bastante lgica. Afortunadamente, uno de los conserjes de impecable librea se acerc a nosotros, antes de que me
pudiesen contestar, entregndome un sobre con mi nombre. No me tuve que dar a conocer, el empleado saba quin era: desenfundar una pistola en su hotel no era algo
habitual y me haba dado cierta notoriedad.
Abr el sobre ante la curiosidad de mis dos compaeros y al ver lo que contena decid darme importancia escondindolo de su vista. Se trataba de una invitacin.
Con quin habis estado reunidos?, les pregunt.
Con los representantes de las Marcas Globales en la franja marbell, lo sabes de sobra, me contest la doctora Conde.
Me refiero a sus cargos.
Eran del ms alto nivel.
Qu cargos tenan?, repet la pregunta.
Estaban el Consejero Delegado de Sherahilton-Marbella, el vice-presidente de la marca de servicios Water Utilities World Wide para toda Europa y un abogado de
Seattle para salvaguardar los intereses de las Marcas Globales en su conjunto, me dijo Pizarro.
La prxima vez acompanos a las reuniones, si tanto te interesa esa gente, apuntill la doctora.
En realidad no me interesan en absoluto, les contest. Porque dudo mucho de que con ellos lleguis a un acuerdo. No tienen el suficiente empaque. No les dej
que me interrumpiesen con sus comentarios, les ense la invitacin que me acababan de entregar y que me haba enviado Alex Stirling, presidente ejecutivo de
PeaceMakers Inc., para tomar una copa en su yate, que estaba atracado en Puerto Bans. En trminos de capacidad blica y policial era el hombre ms poderoso del
planeta. No ocupaba el mejor despacho del edificio que acababa de visitar, que estara reservado para otro de sus empleados y muy por debajo del requerido por su
cargo: por eso se alojaba en su barco personal.
Yo haba pensado en dejarme caer en la tentacin de cenar en un restaurante de alta cocina, de los cuales haba varios en Marbella. No me consideraba un gourmet
pero los platos de Al-Andalus, deliciosos, nutritivos y, en muchas ocasiones, escasos, no se podan considerar sofisticados, y me apeteca cambiar de sabores y
condimentos. A causa del seor Stirling tendra que posponer la satisfaccin de este antojo y di instrucciones en la recepcin del hotel para que me reservasen una mesa
para la noche siguiente.
Gracias a un sinnmero de privatizaciones, fusiones, adquisiciones, cesiones y operaciones financieras de todo tipo se haban aglutinado bajo el paraguas de la Marca
Global, PeaceMakers Inc., los servicios de inteligencia, las fbricas de armamento, las policas y los ejrcitos de muchos de los antiguos pases democrticos.
Seguramente Benaquiel, el historiador, me podra explicar aquel proceso en mayor detalle, pero mi impresin era que todo haba empezado con la paulatina sub-
contratacin de servicios militares o proto-militares, por parte del ejrcito de los desaparecidos Estados Unidos. En Irak, a principios de siglo, ya se contrataron a
empresas privadas para mantener la seguridad en ciertas zonas y a llevar a cabo operaciones especficas por cuenta de sus clientes. A partir de ese momento, y
conjuntamente con el deterioro de los gobiernos democrticos, debido a la avidez personal de sus polticos entre otras cosas, stos empezaron a utilizar a PeaceMakers
Inc. en su estado embrionario, con el argumento de que era ms barato utilizar su ejrcito puntualmente, si fuese necesario, que mantener uno propio constantemente.
PeaceMakers Inc. lleg a reemplazar a los mercenarios del Renacimiento, en este sentido, y pronto expandi su negocio, a todos los servicios de seguridad que
necesitaban los estados. A los gobiernos democrticos se les debi olvidar, como dijo algn sabio, que un estado se defina como el monopolio de la violencia en un
territorio, y as les fue. Segn los gobiernos electos cedan cada vez ms este monopolio a las Marcas Globales, ya que as tambin se debilitaban, hasta su desaparicin.
A pesar de la infinidad de defectos dentro de la sociedad concebida por las Marcas Globales, concurre alguna rara virtud, y una de ellas es el control que el
mercantilismo a ultranza llega a ejercer sobre la utilizacin de la violencia en sus espacios, y consecuentemente sobre los ejrcitos de PeaceMakers Inc. Como punto de
partida, las Marcas Globales toman como hecho probado que las guerras son malas para el consumo y, por lo tanto, estn prohibidas dentro de los territorios bajo su
influencia. En el caso de desavenencias entre dos Marcas Globales por un mercado o producto, el recurso a un conflicto armado no es una opcin vlida, puesto que los
beneficios que el posible vencedor pudiese obtener siempre seran inferiores a las prdidas para el resto de las Marcas Globales en su conjunto. Si dos Marcas Globales
se encuentran en este tipo de situacin deben acudir a la corte de Arbitraje de Seattle, donde se fallar una resolucin y se calcularn las compensaciones oportunas entre
ellas.
Estas circunstancias limitaban el radio de accin de Alex Stirling, mximo dirigente de PeaceMakers Inc. Pero no tanto como el hecho de que su organizacin
perteneca al mismo entorno, fundamentado en un capitalismo y consumismo a ultranza, que la haba ayudado a crear.
No te lo podrs creer, me dijo el propio Stirling esa misma tarde en su yate, todas mis decisiones estn sustentadas por cifras. Al final de todos los aos debo
rendir cuentas ante mis consejeros y accionistas, y si caen mis beneficios, tengo que dar explicaciones. Tarde o temprano, en cuanto no cumpla sus expectativas de
dividendos me despedirn. Todas las campaas que lleven a cabo mis tropas, todos los casos que investiguen mis agentes, todos los servicios de vigilancia que presten
mis empleados, tienen que tener unos ingresos que justifiquen los costes en los que incurrimos. Ms un pequeo margen de beneficio, por supuesto. Si no, te lo aseguro,
me despedirn, sin ms miramientos. Lo ms importante, no, ms bien lo nico importante es la cuenta de resultados de PeaceMakers Inc..
Alex Stirling poda ser el seor de la guerra ms poderoso del mundo, pero no poda ejercer como tal. El dinero como siempre y, especialmente, para las Marcas
Globales, mandaba.
Pas la invitacin por delante de las narices de la doctora Conde, quien, a pesar de su beligerancia contra m, no consigui esconder el hecho de que estaba
impresionada.
Para qu te quiere ver?.
Yo tambin me lo haba preguntado e ignoraba la respuesta, opt por hacerme el interesante y no contestar.
Tampoco le hice ningn comentario sobre algo que me preocupaba an ms. La presencia del mximo responsable de PeaceMakers Inc. en Marbella slo poda
significar una cosa: se estaban preparando para la invasin.
23.
El revlver estaba guardado en una caja de madera noble, con herrajes de bronce pulidos y abrillantados. Alex Stirling gir la pequea llave que la cerraba y levant la
tapa. El interior estaba forrado de terciopelo granate con los huecos hechos a medida para que en ellos reposaran, bien sujetas, todas las piezas auxiliares del arma. En
sus pequeos agujeros se vean los pistones de percusin de la parte trasera de las balas; un cepillo cilndrico que serva para limpiar el can reposaba, encastrado
horizontalmente, junto con una pequea gamuza, y, en una esquina, se encontraba un frasco de metal que slo poda contener aceite para armas. Entre aquellos
artilugios descansaba el revlver, negro azulado, como si fuese una joya: para algunos tal vez lo fuese.
Era un Colt, un revlver de 45 mm y algo muy especial: slo existan cien como l y vi que, ste en concreto, era el nmero doce de la serie. Haba odo hablar de
aquel arma, pensada para conmemorar los doscientos aos transcurridos desde la creacin del primer Colt, cuya primera patente se remontaba al ao 1835. El invento
del cilindro giratorio con seis recmaras haba servido para que Samuel Colt se ganase un lugar en la historia de las armas cortas, ya que por primera vez se podan hacer
seis tiros consecutivos sin necesidad de cargar la pistola. Un viejo dicho rezaba: Abraham Lincoln liber a los hombres, pero Samuel Colt los hizo iguales, no s
cunto haba de cierto en eso, pero nadie poda menospreciar el ingenio del armero. Personalmente pensaba que su mayor aportacin ocurri en 1872 con la invencin
del primer proyectil de vaina metlica que incorporaba el pistn de percusin, la carga de plvora y la bala en una sola pieza. A pesar de todas las mejoras posteriores
estos proyectiles no eran muy distintos a los que se utilizaban dos siglos ms tarde: haban acabado con la necesidad de medir la plvora, verterla, introducir la bala y
preparar el fulminante cada vez que se cargaba el arma.
Cada pieza del revlver conmemorativo haba sido re-diseada utilizando la ltima tecnologa informtica y fabricada con las aleaciones de metales ms complejas. Su
ensamblaje final haba corrido por cuenta de los relojeros suizos de la marca Rolex, dando absoluta precisin a su mecanismo.
Saqu el revolver de la caja e instintivamente abr el tambor para comprobar que estaba vaco. Era un arma fabricada para un zurdo, puesto que el tambor se abra
hacia la derecha y la palanca de seguridad tambin se encontraba a ese lado, para poder bajarla con el pulgar de la mano izquierda. Lo volv a cerrar y sujetando el arma
simplemente, sin la necesidad de apuntar, me di cuenta de que tena un balance perfecto justo a la altura del gatillo, su can, mecanismo y culata estaban equilibrados, a
pesar de tener una longitud de ocho pulgadas. En el momento de disparar no hara falta apuntar apenas, la pistola se convertira en una extensin del brazo. Acerqu su
tambor a mi odo y lo hice girar. Escuch el clic metlico que sonaba cada vez que una nueva cmara pasaba por delante de la posicin del percutor. Era un sonido
continuo, sin ningn tipo de pequeo salto, cuya cadencia se iba alargando segn perda fuerza, como el de una ruleta de casino bien engrasada.
Qu te parece?, me pregunt Alex Stirling.
Es un arma.
Estbamos solos en su cabina privada del Peace Hawk, un barco al cual llamarle yate sera un insulto, por su tamao, sus sistemas de defensa y el lujo de cada una
de las estancias que haba atravesado, acompaado de la relaciones pblicas que me haba recibido en el muelle. Stirling era un hombre mayor, entre los sesenta y setenta
aos, con un aspecto fsico envidiable. Alto y fuerte, el paso de los aos no haba conseguido ni encorvarle ni aadir unos kilos de ms en su cintura. An conservaba su
pelo rubio cortado a cepillo y una sonrisa donde se vea una dentadura perfecta. Se le notaba la buena alimentacin de su juventud en las grandes planicies del oeste
medio americano y una vida de soldado, al aire libre y con una necesidad de preparacin fsica extrema, que habra complementado ltimamente con sesiones de
gimnasio. Incluso vestido con un polo y unos pantalones tejanos, de manera informal, no poda disimular su porte marcial y era fcil de visualizarle arengando a sus
tropas antes de lanzarlas contra sus enemigos.
Eso es todo?, pregunt Stirling.
Yo prefiero las pistolas semi-automticas.
En efecto; la Glock de 9 mm.
O bien la informacin que la base de datos de la Mente Global tena sobre m llegaba hasta ese mnimo detalle, o Stirling haba sido informado de la incautacin de mi
arma por parte de Kenyon. En ambos casos perciba que no me estaba tomando a la ligera.
No corres el riesgo de que se te encasquille?, me pregunt.
se era el eterno argumento utilizado por los defensores de los revlveres; la simpleza del tambor giratorio de stos haca imposible cualquier fallo mecnico, por el
contrario, en una pistola automtica poda fallar desde la falta de tensin del muelle del cargador, hasta la entrada de la siguiente bala en la recmara, previa al siguiente
disparo. Adems, en el caso de encontrarte con una bala defectuosa, el revlver permita hacer el siguiente disparo sin pausa, pasando al siguiente proyectil del tambor;
en el caso de una automtica, este fallo supona hacer saltar la bala defectuosa manualmente, y obligaba a volver a cargar el arma, perdiendo unos segundos vitales. An
as...
Prefiero poder disparar doce disparos seguidos a limitarme a los seis de un revlver.
Stirling asinti, poco convencido, con la cabeza.
Prefiero hacer saltar el cargador vaco y encajar uno nuevo en tres segundos, a tener que dejar caer las vainas de las balas gastadas, para luego volver a rellenar el
tambor. Y, adems, mi Glock nunca se ha encasquillado. Disimuladamente toqu la madera de la caja del Colt, para que esto no sucediese en el futuro.
En cuestin de armas personales es necesario que todos tengamos nuestras propias creencias. A fin de cuentas nuestra vida puede depender de ellas, me respondi
Stirling.
Con una copa en la mano, una discusin sobre armas entre dos personas interesadas puede durar toda la noche. Devolv la pistola a su caja, dando por zanjado ese
tema de conversacin.
El Colt es para ti. Un regalo de mi parte.
Nunca acepto regalos de extraos. Por lo general te los hacen pagar con creces.
No seas tan suspicaz, me aconsej Stirling.
Tienes razn, no debera serlo. Pero las circunstancias me lo exigen.
No dejes que tu suspicacia se torne en paranoia.
Con eso, decid atacar, me ests diciendo que todos los rumores sobre la posible invasin de Al-Andalus, por vuestra parte, no tienen fundamento.
Alex Stirling solt una carcajada.
No s qu me hace ms gracia, si tu forma tan directa de formular una pregunta, tu ingenuidad, los rumores en s mismos, o tu pretensin de que te d una
respuesta.
Yo ni siquiera le sonre. Entonces fue cuando me empez a explicar su relacin con el resto de las Marcas Globales y su situacin personal como cabeza visible de
PeaceMakers Inc. Slo me interesaban sus problemas financieros, y los posibles enfrentamientos con sus accionistas, en tanto que pudiesen afectar la decisin de
arrebatar los pantanos de Guadalteba y Del Conde militarmente.
Si te soy sincero, me dijo, hace tiempo que se prepar una simulacin de esta campaa, de manera rutinaria. Preveamos que, tarde o temprano, las necesidades de
agua de Marbella superaran a las que vosotros estarais dispuestos a ceder, y que esta zona podra requerir de nuestros servicios. No se trataba de algo especial,
hacemos este tipo de estudios para aquellos lugares que puedan suponer una amenaza para nuestros clientes, el resto de las Marcas Globales, o que les puedan generar
grandes beneficios. Por ejemplo, siempre estamos evaluando la invasin de Madagascar para TexaShell, sus directivos no parecen saber, a ciencia cierta, si los importes
que les cobraramos por una invasin podran ser recuperados con la explotacin de los pequeos yacimientos de petrleo que se descubrieron all.
No s para qu me ests contando esto.
Para que sepas que an se puede evitar una guerra.
Siempre que se os trasvase el agua suficiente.
En efecto.
O si el coste crematstico de una campaa es demasiado alto para las marcas instaladas en la costa marbell.
Eso es cierto.
Tambin existen otras variables, le dije, l saba lo que le iba a decir a continuacin y yo tena que medir muy bien mis palabras. Hasta entonces nos habamos
estado tanteando, ahora empezaba la partida de pquer de verdad, y yo slo poda ir de farol.
24.
Alguien golpe en la puerta con sus nudillos, pidiendo entrar.
Adelante, grit Kenyon, que no mostr ningn enfado por aquella interrupcin, lo que me hizo suponer que no era accidental. Aparentemente quera testigos de
nuestra conversacin. Me present al perfecto ejecutivo, tal como lo representaban los anuncios publicitarios de las Marcas Globales, de unos cincuenta aos, sonriente
y que me estrech la mano, con la fuerza estipulada para transmitir seguridad sin agresividad, en los cursos de formacin de directivos. Llevaba un traje de marca de lujo
que, y esto se lo dira a Benaquiel, no le sentaba tan bien como a m el mo: era demasiado obvio en su elegancia. Se trataba de Paul Belair y era el abogado, enviado
desde Seattle, que representaba a las Marcas Globales en sus negociaciones con la doctora Conde y Luis Pizarro. Entonces record que estos dos le haban mencionado
como partcipe en la primera reunin que haban mantenido.
Encantado, seor embajador, me dijo Belair. Esperaba haberle conocido esta tarde con el resto de sus colegas.
Lo siento, he estado ocupado con otros asuntos, pero estoy puntualmente informado del desarrollo de las conversaciones. Me ha sido imposible asistir.
Ms que nada porque estaba esposado y detenido en nuestras instalaciones, explic el segundo personaje, que no se molest en mostrarse agradable. Era lgico que
se repartiesen los papeles: Belair sera el hombre bueno y conciliador, y ste ltimo hara de personaje duro e intransigente. Mientras tanto Alex Stirling se mantendra
por encima del bien y del mal, unas veces apoyando a uno y otras al otro, conservando siempre su potestad para tomar la ltima decisin.
Soy Hans Klein y represento a PeaceMakers Inc. en Marbella, me dijo aquel rubio musculoso que, por su apariencia fsica, bien podra ser el hermano de
Gonzalerra, aunque ms pulido y con una mirada de la que se intua una inteligencia natural que, por desgracia, no asociaba con mi amigo. No me caba la menor duda de
que ocupaba el despacho ms privilegiado de la sede marbell, estara por encima de Kenyon en el escalafn, y sera el responsable directo de poner en marcha cualquier
operacin en contra de Al-Andalus.
Alex Stirling puso a nuestros dos nuevos acompaantes al corriente del punto que haba alcanzado nuestra distendida charla. Segn Eneko, existen una serie de
factores que deberamos evaluar antes de tomar una decisin precipitada, concluy, dndome la palabra.
Sabis de sobra que estamos dispuestos a mantener el suministro de agua en los volmenes actuales.
Y t sabes de sobra que no son suficientes, me respondi Klein, nos hace falta ms agua.
Por la que estaramos dispuestos a pagar, apuntill Belair, ms conciliador.
No todo es dinero, les dije.
Tal vez tambin os podramos ofrecer asistencia en ciertos asuntos que beneficiaran a ambas partes, continu Klein. Por la expresin de Stirling vi que su
subordinado se haba apresurado demasiado en sacar ese as, a m no me quedaba ms remedio que preguntarle a qu posibles ventajas se refera.
Os podramos ayudar a encontrar al responsable de esto, dijo Klein mientras sacaba un sobre de su portafolios y pona su contenido encima de la mesa: eran las
fotos del cadver de Eulalia Robledo, las mismas que yo haba recibido en el hotel con las notas de Pepe Manzano.
No mereca la pena dar muestras de indignacin sobre el hecho de que hubiesen intervenido y copiado mi correo privado. Les hice entrever que haba asumido que
actuaban de aquella manera, y que no me sorprenda que aquellos documentos estuviesen en su poder.
Te facilitaramos acceso a nuestras bases de datos para detectar si existe un historial de crmenes similares, o para poder generar un perfil psicolgico del asesino. En
el desgraciado caso de que encontraseis a otra vctima estaramos dispuestos a desplegar un equipo de investigacin forense en la escena del crimen, en cuestin de horas
por helicptero. Analizaran el cadver, el lugar y sus alrededores con los medios tcnicos y cientficos ms avanzados, y no me cabe la menor duda la informacin
obtenida os sera de gran utilidad, Klein explic su oferta, que, durante unos instantes, me plante aceptar. Debieron notar ese momento de duda, porque Belair insisti
en el tema. se fue su error.
La informacin acumulada a lo largo de muchos aos nos permite, en casos similares, dar con los culpables con rapidez, y no tendramos inconveniente en daros el
mayor grado de acceso. Incluso, en el caso de que dieseis con uno o varios sospechosos os facilitaramos su interrogatorio utilizando el tratamiento de la Verdad
Subjetiva. nicamente si se tratase de un crimen vinculado a algn antiguo rito, o a la Orden de Calatrava, vuestro propio archivo de Toledo os sera de mayor utilidad.
Sin quererlo, Belair me dej ver que ya haban estado estudiando aquellos asesinatos a travs de sus bases de datos cibernticas, que no haban encontrado nada, y que
la siguiente va de investigacin a seguir tendra su origen en el lugar comn de los crmenes: los castillos de la Orden de Calatrava. No estaba seguro de que esa teora
llegase a algn lado pero la perseguira, sin duda, a mi regreso a Toledo.
Gracias, pero no, gracias, les dije. Tampoco quera, bajo ningn concepto, que un helicptero de PeaceMakers Inc. aterrizase en medio de Al-Andalus, aunque, en
principio, estuviese lleno de cientficos forenses. Yo tambin conoca la historia del Caballo de Troya.
No hay nada que te podamos ofrecer?, pregunt Stirling.
A m? Nada.
Seras el responsable de una guerra y de muchas muertes andaluses. Klein no se andaba por las ramas con sus amenazas. Haba llegado mi turno de contraatacar.
Donde ms les dola: en el bolsillo.
Y vosotros seris la causa de graves prdidas para PeaceMakers y de la ruina de todas las inversiones de las Marcas Globales en la costa marbell, les dije, con la
mayor conviccin de la que era capaz. Por lo menos consegu su atencin y se miraron los unos a los otros en silencio.
Habis evaluado los costes de una campaa, continu. Pero no los de la posguerra.
Saba que aqulla era una preocupacin constante en los planes de las Marcas Globales, desde la guerra de Irak que derroc a Sadam Hussein a principios de siglo. La
capacidad militar de PeaceMakers Inc. actual era comparable a la de los Estados Unidos en aquella campaa, donde la contienda, propiamente dicha, fue un paseo
triunfal. Las consecuencias en la poca posterior, sin embargo, fueron de tal magnitud econmica que debilitaron al gobierno americano, hasta el punto de tener que
recurrir a los servicios de las Grandes Marcas a unos niveles que le convirtieron en su rehn financiero. Con esto en mente, ninguna operacin militar refrendada por las
Marcas Globales se ejecutaba, sin evaluar, hasta el ltimo cntimo, el coste de la posguerra y del mantenimiento del control y seguridad del territorio invadido.
Esos costes ya estn estudiados. Hemos evaluado el nmero de tropas necesarias para salvaguardar la zona, y son asumibles, contest Belair.
Apenas si nos harn frente en el avance inicial y sofocaremos cualquier resistencia posterior sin problemas. La poblacin no tiene donde caerse muerta, son unos
desarrapados y unos muertos de hambre, no los vemos con ningn nimo de lucha, apuntill Klein. No le faltaba razn en lo que deca, y ms de uno seguramente les
dara la bienvenida.
Os equivocis, les advert. El ltimo invasor de esta zona fue Napolen y acab retirndose. Su Grande Arme tambin era muy superior al ejrcito y a la
poblacin que tena enfrente, pero an as se tuvo que marchar con el rabo entre las piernas.
Miedo me dais, respondi Klein, con una risita irnica.
Pues debera. De sobra sabes lo sangrienta y cruel que es una guerra de guerrillas, donde no hay cuartel para ninguno de los dos bandos. La diferencia entre nuestro
pueblo y vuestro ejrcito es que nosotros estaremos dispuestos a dar nuestra sangre por defender nuestro agua y vosotros slo lucharis por vuestra cuenta de
resultados.
Ahrrate tus discursos. Ests ante profesionales, dijo Klein.
Espero que PeaceMakers te tenga hecho un buen seguro de vida, le contest.
A pesar de tus elementales palabras, interrumpi Belair, que no quera que aquello se convirtiese en un intercambio de insultos, no creo que nos ests apuntando
nada nuevo que nos haga desechar la invasin como una opcin vlida.
Te equivocas, pero te voy a decir algo ms: si vuestras tropas entran en Al-Andalus no habr agua, ni para vosotros ni para nadie. Envenenaremos los pantanos;
transportaremos tierra de las zonas afectadas por la peste verde y los contaminaremos hasta hacerlos inservibles. Nuestras tierras de regado volvern a convertirse en el
pramo que eran hace unos aos, pero Marbella desaparecer. Ahora, por favor, os agradecera que calculaseis el coste que eso supondra en la cuenta de resultados de
las Marcas Globales... y en vuestra propia situacin laboral. Aad este ltimo comentario a sabiendas que una persona sin trabajo, y sin la posibilidad de obtenerlo, en
los territorios controlados por las Marcas Globales significaba su condena a la marginalidad y la miseria. Siempre convena aadir un toque ms personalizado a un
comentario que, por su magnitud, a veces se haca difcil de entender. Ahora slo era cuestin de saber si nos creeran capaces de ejecutar esta amenaza. Yo
personalmente dudaba que las Ciudades Estado de Al-Andalus se atreviesen tomar una decisin tan drstica. Pero lo que yo pensase era irrelevante, lo importante era
que aquellos tres ejecutivos tomasen en serio mis palabras y el desastre que supondra para ellos.
No me lo creo, dijo Klein. Lo siento, Eneko, pero el dao ecolgico que una accin de ese calibre supondra para Al-Andalus impedira a sus gobernantes tomar
esa decisin.
No hace falta que me creas, le contest. No nos dais otra alternativa. Si nos invads nos quedamos sin agua, y por consiguiente sin tierras. Si envenenamos los
pantanos, el resultado para nosotros ser el mismo.
Este ltimo argumento les hizo pensar, slo me haca falta un pequeo empujn final para convencerles de que no iba de farol y de que, llevados a una situacin
lmite, estaramos dispuestos a sacrificar parte de nuestro territorio, destruyendo al mismo tiempo su enclave en Marbella. Abr la caja de madera donde Stirling haba
guardado el revlver y lo saqu lentamente, despus cog una de las balas y la introduje en el tambor. Klein se levant de su asiento para intentar arrebatarme el arma,
con un gesto de la mano Stirling le indic que se quedase quieto, donde estaba.
Entiendo que estas balas no son de fogueo, dije, a lo que Stirling asinti con la cabeza. Mantuve el can de la pistola paralelo al suelo y gir el tambor hasta que se
par, despus, muy despacio, levant el arma hasta que apoy la punta del can sobre mi sien.
No se movieron. Ech el percutor hacia atrs, con el pulgar, y todos pudimos escuchar el clic metlico que hizo al cargarse. Ahora slo me faltaba apretar el gatillo.
A pesar de mi pasado, y de mi reconocimiento como hroe de la Repblica de Euskadi, no me gustaba correr riesgos intiles. Jugar a la ruleta rusa, en circunstancias
normales, me pareca una irresponsabilidad inadmisible: jams lo hara. Como tampoco suscribira ni una sola de las palabras que iba a decir a continuacin.
Nuestro concepto de la vida y la muerte es distinto al vuestro. No pertenecemos a la sociedad de consumo, sino a la de la supervivencia. No ansiamos el lujo sino
que buscamos un lugar donde vivir en paz y, sobre todo, en libertad. Hemos sufrido demasiado y el padecer una desgracia ms nos parecera normal, sa es la ventaja
que tenemos. Yo estoy dispuesto a apretar el gatillo y correr el riesgo de volarme la cabeza, algo que ninguno de vosotros estara dispuesto a hacer. Nunca. Esto me da
una gran ventaja, porque yo ser capaz de tomar decisiones que a vosotros os aterraran.
Klein volvi a repetir que no me crea.
Yo apret el gatillo.
25.
No me haba imaginado que el chasquido metlico del percutor sobre una cmara vaca fuese tan fuerte, y me sobresalt.
Tenas una oportunidad sobre seis de volarte la tapa de los sesos. Has tenido suerte, Klein rompi el silencio.
Napolen slo ascenda a general a soldados con suerte, respond. Abr el tambor de la pistola y les ense que el proyectil segua all, despus lo volv a girar. Puse
el can del revlver sobre mi sien, por segunda vez, y volv a apretar el gatillo. Esta vez no me asust el chasquido que hizo el percutor.
Sigo teniendo suerte?, Pregunt, dirigindome a Klein. Volv a girar el tambor del revlver, me apunt a la cabeza y, por tercera vez, apret el gatillo.
Ests loco, sentenci Klein. Qu pretendes?.
Que slo estoy loco sobre la base de tus criterios y no de a los mos. Que t puedes pensar que el envenenamiento del embalse de Guadalteba es una locura, pero yo
no. Porque yo estoy dispuesto a arriesgar ms que t, o que cualquiera de vosotros. O acaso no es as?.
Esta vez, despus de volver a girar el tambor del revlver, no me lo puse en la sien, sino que apunt a Belair entre ceja y ceja, echando el percutor hacia atrs. De los
tres sera el menos acostumbrado a afrontar situaciones de peligro y, por lo tanto, el primero en perder la sangre fra. As fue. No lleg a decir nada, pero su cara
palideci, sus manos empezaron a temblar y daba la sensacin de que su estmago se estaba revolviendo antes de vomitar. Belair vea a la muerte. Yo estaba seguro de
que a partir de este momento tomara en serio cualquier amenaza que viniese de mi parte. Increment la presin sobre el gatillo.
Ya est bien, Eneko, orden Stirling. Baja el arma.
No tena ninguna intencin de disparar a Belair y le obedec a medias, dej de apuntar al ejecutivo de Seattle, y dirig el arma en direccin a un mueble bar atiborrado
de botellas de todo tipo. Dispar, pero una vez ms el percutor encontr el vaco.
No ves? No te hubiese pasado nada. Seguiras con vida, le dije a Belair, que an estaba lejos de recuperar su compostura. Sin embargo tena que demostrarles que
no haba existido ningn tipo de trampa en el juego de ruleta rusa que acababa de protagonizar. Volv a apretar el gatillo y el arma no dispar. Saba que abrira fuego al
tercer intento y me prepar para ello, agarrando ms fuerte la culata para controlar el retroceso. El ruido del disparo del Colt de gran calibre se magnific, en un espacio
cerrado y relativamente reducido, impidiendo escuchar el sonido de cristales rotos de una botella que explot delante de nuestros ojos. Por contraste, el silencio
posterior pareci ms intenso.
Dos guardias armados irrumpieron en la habitacin, Stirling les tranquiliz, diciendo que slo haba tenido lugar un pequeo accidente sin importancia.
Las carga el diablo, sonri, y dirigindose a Klein, le pidi que llenase la copa de Belair para que ste volviese a su ser. Despus, dio por terminada la reunin, me
quit el Colt, lo devolvi a su caja y se ofreci para acompaarme a la salida de su barco.
Cruzamos en silencio la cubierta hasta llegar a la pasarela de entrada, all nos paramos y, antes de despedirnos, me pidi que le esperase un momento. Regres
enseguida con la caja del Colt debajo del brazo y me la entreg.
Ya te dije que no acepto regalos de desconocidos, le dije.
Ahora no se trata de un regalo. Creo que te lo has ganado.
Lo deca en serio y, en esas circunstancias, hubiese sido de mala educacin no aceptar su ofrenda, hacindolo no sentira ninguna obligacin hacia l y l lo saba. A
continuacin me di cuenta porqu Alex Stirling era el presidente ejecutivo de PeaceMakers Inc.
Les has convencido, me dijo, apoyndose en la barandilla de la cubierta. Despus de tu actuacin pensarn que eres muy capaz de morir matando, y que, contigo
al frente, es probable que lleguis a envenenar el agua de los pantanos. Si eres capaz de correr el riesgo de volarte la cabeza jugando a la ruleta rusa slo para reforzar un
argumento, qu no sers capaz de hacer en una situacin desesperada. Al menos eso es lo que piensan ellos.
Y t? Qu piensas t?.
Que he presenciado una de las artimaas improvisadas mejor ejecutadas que jams haya visto. T y yo sabemos que no corras ningn riesgo cada vez que apretabas
el gatillo, me dijo sonriendo. No me qued ms remedio que asentir y devolverle la sonrisa.
El revlver Colt fabricado para la conmemoracin de su bicentenario es un arma de precisin absoluta, tanto en sus prestaciones como en su mecnica. Ms que una
pistola es una pieza de relojera y esto t lo sabas desde el momento que abr la caja para ensertelo.
No me molest en interrumpirle. Alex Stirling saba muy bien lo que haba ocurrido en su camarote.
Su mecnica es tan precisa y equilibrada que, introduciendo una nica bala en su tambor, se descompensa. Al girar el tambor, manteniendo la pistola estable y en
horizontal, como hacas, el peso de la bala y la gravedad hacan que sta se quedase siempre en la posicin ms cercana al suelo, y ms alejada del percutor. No tenas
una posibilidad sobre seis de volarte la cabeza, sino una sobre un milln. Ni ests loco, ni corres riesgos intiles, a pesar de lo que puedan pensar mis colegas.
Y ahora?, Le pregunt. Me haba derrotado, a pesar de que el nico disparo lo haba hecho yo.
No dir nada. Mantendr el secreto de tu martingala.
Por qu?.
Quiz lo descubras algn da. O no. De momento considralo como un regalo y, como bien sabes, te lo har pagar con creces. Si es que te mantienes con vida.
No haca falta que me lo recordase. Era consciente de que, de cara a Belair y Klein, representaba, por mi actitud violenta y beligerante, una barrera a sus deseos de
invadir Al-Andalus. Seguramente pensaran que, conmigo fuera de la ecuacin, sus planes tendran mayores posibilidades de xito. No saba si mi condicin de
embajador me ofrecera suficiente proteccin, de lo que estaba seguro es que tena dos nuevos enemigos.
Alex Stirling me estrech la mano y empec a bajar por la escalinata hacia el muelle. Abr la caja, saqu la pistola e introduje las seis balas en el tambor, quit el seguro
y met el can por la parte trasera de mi pantaln, sujetando la culata con el cinturn. Prefera que se disparase accidentalmente, hacindome un agujero en el culo, que
tener que perder el tiempo quitando el seguro en una situacin comprometida. Volva a estar armado; aunque hubiese preferido mi Glock.
Tir la caja de madera noble al mar. Un arma es un arma y no un objeto conmemorativo.
26.
A pesar del aire acondicionado, el colchn mullido, las sbanas suaves y el ambiente de lujo que me rodeaba, nada a lo cual estaba acostumbrado, dorm
profundamente, sin sueos ni pesadillas, hasta tal punto de que cuando me quise despertar ya eran ms de las diez de la maana. Llegara tarde a la siguiente ronda de
negociaciones y pens que era preferible ausentarme que interrumpirlas con mi retraso, ya pensara en algo que contar a la doctora Conde para justificar mi desercin.
No tena noticias de Pepe Manzano ni de Cintia sobre sus investigaciones, y me imagin que estaran peinando las zonas en torno a los lugares donde se cometieron los
crmenes, interrogando a todo ser viviente. Al mismo tiempo habran hecho correr la voz de que buscaban, con urgencia, a un hombre malencarado, cincuentn y tuerto,
conocido como Pedro Antnez. La impresin que me transmiti accidentalmente Belair, la noche anterior, sobre la falta de informacin relevante en las bases de datos
de la Mente Global, me la archivara de momento.
La posibilidad de que existiese un vnculo entre la Orden de Calatrava y los asesinatos, a pesar de parecerme improbable, merecera un seguimiento posterior en los
Archivos de Toledo. Esperara a mi regreso para pedir, cara a cara, al Benaquiel historiador, que buscase en su almacn de papeles.
En cuanto a las negociaciones con las Marcas Globales, poco ms poda hacer, despus de haber sembrado la incertidumbre sobre nuestra capacidad para reaccionar,
de forma destructiva y perjudicial para todos, en caso de que decidieran utilizar la fuerza. Estuve tentado en tomarme un da de descanso, abusando de la hospitalidad
del Royal Marbella Sherahilton, beneficindome de una sesin de piscina, sauna y masaje que bien podra hacer durar hasta la hora del almuerzo. Sin embargo, haba dos
pequeos asuntos que no poda quitarme de la cabeza, como una cancin que se tararea a primera hora de la maana y te persigue todo el da; an no saba qu hacan
Ezpeleta y Gonzalerra en Marbella, y necesitaba formarme una idea de los motivos que hicieron que Alex Stirling no descubriese mi engao ante sus subordinados.
Con un poco de suerte podra matar a estos dos pjaros de un tiro, slo era cuestin de tener una amigable charla con Ibon Ezpeleta.
27.
Dirudienez, ez zande armaturik, Veo que no vas armado, me dijo Ezpeleta en euskera.
A pesar de que era nuestra lengua materna, siempre nos habamos comunicado en castellano y se me haca raro utilizar ese idioma con l.
No s si nos estarn escuchando, o no, pero si es as, no veo ningn motivo para facilitarles su trabajo. Si estn realmente interesados en saber lo que decimos que
busquen a un intrprete, se explic.
Como siempre Ibon iba un paso por delante de m, y no sera tarea fcil para los servicios de seguridad de las Marcas Globales encontrar a un traductor de nuestra
lengua con rapidez. Me haba advertido del peligro de que nos espiasen, y me haba facilitado la forma de evitarlo, con una sola frase.
Le haba localizado en la piscina, tumbado debajo de una sombrilla, con un montn de peridicos a medio leer en el suelo. Haba comprobado la eficiencia del hotel,
donde me facilitaron el traje de bao que llevaba, cuando me acerqu a l, y era evidente de que no poda esconder un arma con esa mnima vestimenta.
Siempre me fascinaba su capacidad de estar totalmente relajado, con una sonrisa afable y dando la impresin de no tener ningn problema en el mundo; slo sus ojos
le delataban, de vez en cuando, por la frialdad e inteligencia que reflejaban cuando se pona en guardia. En estos momentos se no era el caso y pens que estaba
genuinamente relajado, incluso hasta aburrido, por lo que agradeci mi llegada que rompera su tedio.
Qu haces aqu?, Le pregunt, nos conocamos demasiado como para perder el tiempo en banalidades. Y no me digas que ests de vacaciones.
Aunque parezca mentira, has acertado. Efectivamente, estoy disfrutando de un bien merecido descanso.
No me lo creo.
En realidad he venido a firmar una serie de acuerdos y contratos con las Marcas Globales. Alimentos naturales a cambio de componentes informticos, cursos de
alta cocina por medicamentos, patentes transgnicas por petrleo, ya sabes, nada que se salga de lo habitual. Este tipo de cosas, entran dentro de mi nueva
responsabilidad de Consejero de Finanzas del Comit de la Repblica de Euskadi. Se trata de una visita principalmente protocolaria y de buena voluntad, donde no
existe ningn rea de conflicto y que me permite relajarme a costa de mis anfitriones, en lo que son, a fin de cuentas, unas vacaciones.
Era posible que lo que me estaba diciendo fuese verdad, pero no toda la verdad.
Me dicen que te ests postulando para ser el prximo lehendakari.
Tal vez, contest Ezpeleta.
En cuyo caso su presencia en Marbella, o mejor dicho, su ausencia de Euskadi se deba a poderosos motivos. Me costaba creer que, mientras sus colegas y
adversarios dentro del Comit de la Repblica estaban conspirando para ver quin se converta en el prximo mandams, Ibon estuviese a ms de mil kilmetros de
distancia tomando el sol. Si de algo estaba convencido era de su ambicin.
Le dije lo que pensaba y se ri de m a la cara.
Con lo astuto que eres para ciertas cosas nunca deja de sorprenderme tu ingenuidad para otras, me coment. Yo no entenda el motivo de ese insulto disfrazado con
buen humor.
Estoy aqu, lejos de Euskadi, precisamente para mantenerme al margen de esa lucha intestina por el poder. Estoy dejando que mis adversarios polticos se
descalifiquen entre ellos. Sus pequeas desavenencias personales se convertirn en odios insuperables, en cuanto cada uno de ellos sienta amenazadas sus aspiraciones,
me explic.
Divide y vencers.
Ms o menos.
Corres el riesgo de que se pongan de acuerdo, a tus espaldas y gracias a tu ausencia, para anularte, le previne.
Es improbable. Pienso ms bien que, despus de haber estado con las espadas en alto entre ellos, todos, cuando regrese, buscarn mi apoyo.
Y luego?.
Me darn su apoyo. Cada uno de ellos preferir que sea yo quien acceda al cargo, antes de permitir que lo haga alguien con quien acaban de tener un agrio
enfrentamiento personal.
Esa es tu teora.
sa es mi estrategia.
Te deseo suerte, le dije sin pensar y, en el fondo, creo que estaba siendo sincero.
Gracias. Adems, piensa que si no salgo elegido tampoco me habr enemistado con nadie y seguir en el Comit.
Esta explicacin de su visita a Marbella me resultaba ms creble, encajaba perfectamente con la retorcida forma de pensar de Ezpeleta, sus habilidades como
manipulador y su apetito por el poder. La acept sin reparos y con la tranquilidad que me daba saber que ni Ezpeleta, ni, por extensin, Gonzalerra, estaban
involucrados en las desavenencias entre Al-Andalus y las Marcas Globales, aunque fuese lateralmente. Por lo tanto, me poda olvidar de ellos como un posible elemento
distorsionador y, si acaso, considerarlos como posibles aliados si hiciese falta.
Ezpeleta era un magnfico conversador, inteligente, divertido e irnico, y nos dedicamos a hablar de la situacin actual en la Repblica de Euskadi, en Al-Andalus, de
antiguos amigos y enemigos, y de las mejoras que se podan conseguir en nuestros respectivos territorios. Pretenda dirigir la conversacin hacia las Marcas Globales y,
de forma que pareciese casual, empezar a hablar de Alex Stirling. No me hizo falta ser tan sutil, Ezpeleta me ley el pensamiento.
Bolto, me dijo, antes de que agotemos todos los temas de conversacin, me gustara que me indicases qu tipo de informacin pretendes sonsacarme.
Apel a su amplia experiencia como ejecutivo de las Marcas Globales, sin mencionar el hecho de que tambin ejerca, al mismo tiempo, de espa para la Repblica de
Euskadi, y le ped su opinin acerca de la presencia de Alex Stirling en Marbella. Le resum los comentarios que me haba hecho ste acerca de los controles que
soportaba, tanto del consejo de administracin como de los propios accionistas de PeaceMakers Inc., y su percepcin de tener las manos atadas a causa de esa
situacin.
sa es la teora, coment Ezpeleta.
Y la prctica?.
Lo que te expuso Stirling, continu, ignorando mi pregunta, es la versin oficial de cmo funciona el capitalismo, donde los accionistas son los propietarios de la
empresa y el consejo de administracin sus representantes, que velan por sus intereses y actan como superiores de los ejecutivos. Este sistema hace ya mucho tiempo
que dej de ser efectivo, desde principios de siglo ms o menos, aunque la mentira se sigue perpetuando.
No te hagas el interesante Ibon, y dime lo que me interesa saber.
Ten paciencia, me reconvino. En primer lugar, los accionistas, como individuos, han dejado de existir. Las Marcas Globales Financieras han conseguido, por un
lado, canalizar todos los ahorros de los ciudadanos, bien sea a travs de planes de jubilacin, fondos de inversin, emisiones de bonos y hasta de humildes depsitos a
plazo fijo, y, por el otro, invertir esos dineros en las acciones de las otras Marcas Globales propiamente dichas. En este sentido ya no existen propietarios de acciones,
o de empresas, sino ejecutivos que gestionan carteras de inversin y cuyos objetivos no tienen porque ser los mismos que los de los pequeos accionistas, tal como se
conocan antao. En otras palabras, son los ejecutivos de las Marcas Globales Financieras quienes actan como propietarios de las empresas sin haber arriesgado ni un
solo cntimo de su patrimonio personal y, a su vez, son los que supuestamente deben controlar a otros ejecutivos, que son los que gestionan la operativa de las Marcas
Globales. No hace falta que te diga que un perro no muerde a otro perro, y las connivencias entre los ejecutivos, sea cual sea su origen, estn a la orden del da.
No hay nadie que pueda actuar como propietario?.
Es posible que eso ocurra en el caso de una marca menor donde una de las Marcas Globales Financieras haya conseguido un paquete de acciones importante, pero
esto sera la excepcin ms que la regla. Los procesos de fusiones y adquisiciones, que han tenido lugar, diluyeron a cualquier accionista en una empresa original hasta
tal punto que su participacin en las actuales sera ridcula. Es ms, yo te dira que, con un porcentaje extremadamente bajo, de un 0,5% por decir algo, en una Marca
Global, como PeaceMakers Inc. o Sherahilton, su propietario, aparte de ser inmensamente rico, tambin sera su mayor accionista directo.
Entonces s podra actuar como propietario.
Tal vez, aunque seran los propios directivos de la Marca los que lucharan con uas y dientes para mantenerlo lo ms alejado posible de ellos. Su influencia vendra,
ms bien, por el propio valor de sus acciones. Estaramos hablando de un patrimonio enorme, que dudo que exista en la actualidad en el mbito particular.
Qu hay del poder del consejo de administracin?.
Qu poder?, Me sonri Ezpeleta. Los miembros del Consejo de Administracin son refrendados por los accionistas, o sea por otros directivos de las Marcas
Globales, y son seleccionados por el propio presidente de la empresa. El ser consejero es una autentica bicoca, da prestigio, acceso a todos los actos de relevancia, y no
requiere ningn tipo de trabajo que no sea el asistir a reuniones en lugares privilegiados donde los tratan a cuerpo de rey. En este sentido, la propia Marbella se ha
convertido en uno de los lugares favoritos para efectuar los consejos de administracin de las Marcas Globales ubicadas en Europa. Adems de la falta de esfuerzo, los
pagos que reciben en concepto de dietas son, cuanto menos, generosos. Hay cola para pertenecer a los consejos de administracin de las Marcas Globales, y es el
presidente quien decide qu individuos formarn parte de l. Con esto en mente es difcil que ninguno de los elegidos se muestre beligerante con el presidente, le deben
su cargo y, adems, son conscientes de que si optan por una actitud dscola, ste les cesara y perderan sus prebendas. Hace ya mucho tiempo que los consejeros no
ejercen la labor para la cual fueron instituidos.
No entiendo.
El qu?, Me pregunt Ezpeleta.
Las presiones que senta Stirling. Como presidente de PeaceMakers Inc., segn lo que me dices, elige a su Consejo de Administracin que, por tanto, le apoyar y,
como parte intrnseca del entramado de las Marcas Globales, no habra accionistas de suficiente peso para inquietarle. Por cierto, cmo se le quita el silln a un
presidente de una Marca Global? Parece imposible defenestrarles.
Tu estancia en Al-Andalus te est ablandando el cerebro, contest. Todo el idealismo que pretendes defender, el concepto de un hombre un voto, la igualdad y
dems sueos, contradice lo ocurrido realmente a lo largo de la historia de la humanidad. A un presidente de una Marca Global se le reemplaza como a cualquier
dirigente en una autarqua: despus de una lucha de poder interna, de confabular, mentir y traicionar. Utilizando las mismas artimaas que en la antigua Persia, en la
Florencia del Renacimiento o en el Politbur de la desaparecida Unin Sovitica.
O en la Repblica de Euskadi actual?. Mi comentario no le ofendi, tampoco se dign a rebatirlo.
Si tu amigo Stirling est inquieto no es por los motivos que te dio, sino porque sospecha que hay alguna conspiracin contra l.
Me ests contando todo lo que sabes?.
Te aseguro que no tengo ningn dato ms. nicamente te estoy hablando desde mi experiencia.
No es que me importe, pero me gustara saber quin le quiere arrinconar.
No te puedo ayudar. No tengo ningn contacto en PeaceMakers.
Me interesara saber ms sobre sus motivos para estar aqu, en Marbella.
Tal vez est guardando las distancias con su oficina central, puesto que es all donde, generalmente, se cuecen los complots. Siguiendo una estrategia similar a la ma.
O, simplemente, est aqu de vacaciones. No lo s. Existe otra posibilidad..., dijo Ezpeleta, pensando en voz alta.
Aparte de preparar la invasin de Al-Andalus?.
Para Stirling se es un simple problema operativo, no sera algo que le preocupase en exceso.
T crees?.
Hay algo ms, querido Bolto. Algo que ignoro, y que no me incumbe, y de lo que t no sabes nada, pero que te podra afectar. Existe una variable adicional que
desconocemos. Para Stirling aqu se est jugando algo ms que el agua de Marbella.
Pensaba que yo era suspicaz y hasta paranoico, pero t me superas, era mi turno en utilizar la irona.
Hazme caso; piensa mal y acertars. Marbella, Al-Andalus y el conflicto del agua slo son piezas de ajedrez en la jugada de Stirling, y no las ms importantes.
Empezaba a dar cierto crdito a las palabras de Ezpeleta, sobre todo porque no le haba mencionado la manera en que Stirling dej que mi pequea representacin,
ante Klein y Belair, tuviese el efecto que yo buscaba, sin motivo aparente. No me pareca el tipo de persona que hiciese nada sin vislumbrarle un beneficio o una ventaja
posterior.
No dejes que te convierta en uno de sus peones, concluy Ezpeleta la analoga ajedrecstica.
28.
Sin decir nada, tanto Ezpeleta como yo, nos pusimos de acuerdo en dar nuestra conversacin por terminada. Me qued tumbado al borde de la piscina pensando en
todo lo ocurrido desde el descubrimiento del cadver de Rosario Verdes, y me puse a contar mentalmente los das transcurridos, que slo eran cinco, a pesar de
parecerme un espacio de tiempo mucho ms largo. No se me ocurra ninguna idea constructiva, ni para encontrar al asesino de las dos mujeres, ni para resolver el
conflicto del agua. Poco a poco el calor me fue amodorrando, y estaba a punto de dar una cabezadita involuntaria cuando Ezpeleta, que, evidentemente, tambin haba
estado meditando, aunque en otros asuntos, me sobresalt.
Eneko, dijo, me gustara pedirte un favor.
Me daba pnico verme envuelto en una de las maquinaciones de Ezpeleta, pero hubiese sido de muy mala educacin, por mi parte, no escucharle.
Por favor, Ibon, date el gusto..., le contest.
Gracias.
De pedirlo.
No piensas que, cuando vuelva a la Repblica de Euskadi, y me encuentre en una situacin poltica tensa, me sera de gran ayuda estar acompaado por uno de los
hroes legendarios de la Batalla del Guggenheim? Me realzara de cara a los ciudadanos y servira para presionar ms a mis oponentes. Siempre ser mejor elegir a un
lehendakari popular que a uno ms anodino.
A la pregunta que me has hecho, te puedo decir que pienso igual que t. Si lo que quieres saber es si yo estara dispuesto a hacerte de reclamo, la respuesta es
rotundamente no.
No pude evitar sonrer, Ibon Ezpeleta era un personaje constante en sus elucubraciones maquiavlicas y, en ese sentido, predecible. Por otra parte me acababa de
descubrir algo con qu negociar. De momento no quera nada de l, y esperaba que continuase as, pero si llegase a necesitar algo sabra qu ofrecerle a cambio: mi
imagen.
Me estaba preparando para soportar los mltiples argumentos que iba a utilizar para intentar convencerme, cuando fuimos interrumpidos. La doctora Conde, con
Luis Pizarro a su vera, se acercaba. Estaba furiosa, intu que conmigo. No me equivocaba.
No lavemos nuestros trapos sucios en pblico, suger a la Senescala de Toledo, antes de que abriese la boca, sealando con mis manos a los muchos turistas que
zanganeaban alrededor de la piscina. Se calm y lanzndome una de sus miradas glidas, a las que ya me estaba acostumbrando, se gir, dando por supuesto que la
seguira. Me retras unos segundos para ponerme un albornoz, cortesa del hotel, en prevencin al aire acondicionado que me encontrara dentro del edificio, y
despedirme de Ezpeleta. Despus fui tras ella.
Una vez en su habitacin, idntica a la ma, percib que exista una notable tirantez entre Luis Pizarro, Alcalde de Crdoba y la doctora Conde, que atemperaba su
enfado conmigo.
Eres un irresponsable, empez diciendo para luego explayarse sin tomar aliento. Estamos aqu como embajadores de Al-Andalus y te dedicas a comportarte como
un play-boy de poca monta. Tu obligacin era apoyarnos en las negociaciones y todava no nos has honrado con tu presencia en ninguna de ellas.
Eso es todo?.
De momento. Por desgracia tenemos una crisis ms acuciante, causada, en gran parte, por el otro embajador de Al-Andalus aqu presente, seal la doctora Conde a
Luis Pizarro.
Por lo que veo t tampoco le caes bien, dije, dirigindome a Pizarro. No te preocupes, es lo habitual.
Estbamos a punto de conseguir un acuerdo, continu la doctora Conde, sin dar importancia a mi comentario. Nos estaban ofreciendo unas contrapartidas
extremadamente generosas por un pequeo incremento en el suministro de agua. Ms de lo que nos podamos imaginar y, desde luego, muchsimo ms de lo que
pusieron encima de la mesa en su oferta inicial: medicinas, carburantes, componentes electrnicos, hasta coches, de todo.
Que no aceptaremos, le interrumpi Pizarro.
Alguien les haba metido en la cabeza que envenenaramos los pantanos en el supuesto caso de que se dispusieran a invadirnos.
Mantuve la boca cerrada, prefera no tener que mentir en cuanto a la autora de aquella idea.
Que es precisamente lo que haremos, dijo Pizarro. Y desde luego no les daremos ni una gota ms de agua.
Que nosotros tampoco tendremos.
Da igual. Sobreviviramos sin ella.
Lo que dices es una locura. Podemos obtener una serie de bienes que nos permitiran incrementar la riqueza de Al-Andalus....
Bienes que son, en estos momentos, superfluos, interrumpi Pizarro.
A cambio de unos litros de agua.
Que son necesarios para mantener la produccin agrcola que tanto nos ha costado alcanzar.
Precisamente por eso jams envenenaramos los pantanos!.
Te equivocas, yo conozco a la gente de esos campos. Entendera el sacrificio de perderlo todo a cambio de mantener vivo el ideal de la sociedad que estn creando.
Seran incapaces de soportar restricciones de agua slo para que las Marcas Globales pudieran mantener el lujo insultante de Marbella.
No me lo puedes estar diciendo en serio.
Haba observado esta discusin como un mero espectador neutral. Estaba acostumbrado a los desacuerdos entre los dignatarios de las Ciudades Estado y haba
actuado en muchas ocasiones como juez de sus pequeas rencillas, puesto que era una de las labores ms relevantes de los Hombres Buenos. Supe mantenerme al
margen de sus argumentos para dar una mayor sensacin de neutralidad, lo que tambin me daba un pequeo espacio de tiempo para poder analizar la situacin. A pesar
de haber sido idea ma, el envenenamiento de los pantanos era algo inasumible y, en ese sentido, deba dar la razn a la doctora Conde. Por otro lado, los representantes
de las Marcas Globales se haban credo mi farol y yo haba encontrado en Luis Pizarro un apoyo impagable para mantener el engao. Yo saba que no podra ejecutar
mi amenaza pero ste crea en ella, y su vehemencia daba ms credibilidad a la postura que haba tomado. Adems, si Ezpeleta haba insinuado que las Marcas Globales
eran capaces de escuchar una conversacin mantenida en una terraza, no me caba la menor duda que nuestro debate estaba siendo grabado. No tena ms opcin que
continuar con la pantomima hasta el final, apoyando a Luis Pizarro en su insensata defensa de mi artimaa.
Eso lo decidir el pueblo, dijo Luis Pizarro.
Exacto, respondi la doctora.
Haremos una votacin popular en la zona de Antequera.
De acuerdo.
Decid intervenir, tampoco era necesario acumular demasiadas ideas peregrinas.
No tenemos tiempo, les dije. Los dos me miraron, en su discusin se haban olvidado de mi presencia. No podramos informar a la gente y convocar una votacin
en menos de un mes. Para entonces las tropas de PeaceMakers ya se habrn puesto en marcha. El envenenamiento de los pantanos tampoco se hace en un da y habra
que prepararlo sin demora. La decisin es nuestra, para eso fuimos nombrados embajadores.
Bolto, no nos engaes. Pizarro y yo discrepamos, t deshaces el empate. La decisin es tuya.
No les cederemos ni una gota ms de agua. Seguiremos negociando durante dos das ms, y si no llegamos a un acuerdo, invitaremos a los representantes de las
Marcas Globales a otra ronda de reuniones en Toledo para darnos mutuamente una segunda oportunidad. Mientras tanto empezaremos a organizar la contaminacin
permanente de los pantanos de Guadalteba.
Esperaba que los micrfonos de las Marcas Globales funcionasen y hubiesen captado claramente mis palabras.
Qu te hace pensar que accedern a venir a Toledo?, Pregunt la doctora.
Ellos tambin necesitan tiempo para poner en marcha a su ejrcito, le contest.
Las Marcas Globales haran los preparativos para iniciar una matanza, y las Ciudades Estado de Al-Andalus haran lo propio para causar un desastre ecolgico. Era
necesario impedir ambas cosas.
29.
Al volver a mi habitacin puse a prueba los servicios al cliente del Hotel Royal Marbella y no me defraudaron. Cuando se trataba de gastar y consumir, sobre todo en
un lugar donde el lujo se haba convertido en habitual, todo eran facilidades. En menos de un cuarto de hora me vino a ver un vendedor de Microsoft, la nica marca de
informtica que haba sobrevivido, con una pequea caja debajo del brazo. Una vez acomodado delante de la mesa, la abri y sac una hoja de cermica flexible, unas
gafas y el punzn para explicarme que una vez que me diese de alta ya podra navegar por la Mente Global. Al preguntarle cunto tiempo llevaran esos trmites me
mir extraado, como si viniese de otro planeta, algo que, hasta cierto punto, era cierto. Me dijo que era inmediato y sac unos accesorios de su portafolios similares a
los que me estaba vendiendo, antes de ponerse sus gafas.
Sin ver la informacin que apareca en su visor era difcil desentraar lo que marcaba en su hoja cermica y el proceso que estaba siguiendo. Me pidi mi nombre y
aplic una tira adherente a mis dedos, que luego presion sobre mi lpiz y posteriormente sobre su propia hoja cermica. Entend que todo aquel proceso tena como
objetivo el reconocimiento de mis segregaciones dactilares que impediran la utilizacin de mi nuevo juguete a cualquier otra persona.
Continu con sus garabateos invisibles, me imagino que rellenando las casillas de un formulario, y poco a poco se fue exasperando, escribiendo, a veces de una manera
deliberadamente lenta y otras con trazos ms violentos.
Perdneme, se excus. Debe de haber algn fallo en el sistema.
Me encantaba or que la Mente Global no era infalible.
Nunca me haba ocurrido algo parecido, me dijo. Usted no existe.
Aqu me tiene, le contest. No sera bueno que dudase de sus propios ojos.
Segn el anlisis de sus huellas dermatolgicas, usted no tiene ninguna cuenta bancaria, ni tarjeta de crdito, ni otro tipo de bienes. Jams ha comprado nada, ni figura
en ningn tipo de asociacin pblica ni privada, no ha estado enfermo ni tiene familiares, no ha utilizado un avin y ni siquiera ha trabajado. Le digo que no existe.
O que el sistema falla ms que una escopeta de feria.
Eso nunca ha ocurrido.
De qu se fa usted ms, de la Mente Global o de sus propios ojos?.
El vendedor dudaba sobre la contestacin que deba darme y se sali por la tangente.
Incluso cuando introduzco su nombre, el sistema me niega el acceso, exigindome todo tipo de explicaciones para justificar mi peticin.
Me tranquilizaba pensar que mi vida privada no poda ser del dominio pblico a travs de la Mente Global, nicamente personajes como Kenyon y el propio Alex
Stirling, por su trabajo en PeaceMakers Inc., y sus responsabilidades sobre la seguridad de las Marcas Globales, conocan mi historial en detalle. Sin embargo esta
situacin no me ayudaba en absoluto a conseguir una terminal de bio-informtica de ltima generacin.
T quieres venderme este aparato, no?, Pregunt.
Desde luego.
Carga el coste a la cuenta de esta habitacin y alguien, seguramente las Ciudades Estado de Al-Andalus, se harn cargo de l.
Mi propuesta no pareca convencer al vendedor, dndome a entender que le estaba complicando la vida.
Siempre podrs quitarme el acceso si no cobras, y de poco me van a servir estos trastos sin poder entrar en la Mente Global.
En eso tiene usted razn. Pero an as....
Sabes quin es Alex Stirling?, Le pregunt, esperando que aquel vendedor estuviese al corriente de lo que ocurra en el mundo.
El del yate? El jefe de PeaceMakers?.
En efecto. Le dije antes de ensearle la invitacin que haba recibido el da anterior, que, como no poda ser de otra forma, le impresion. Con esto y mi garanta
deque se le pagara utilizando la cuenta de Al-Andalus, se convenci de que me poda vender aquellos aparatos, aunque slo me diese un acceso junior.
Esto le impedir efectuar transacciones y adquirir objetos o servicios. Es una salvaguarda para que los nios no arruinen a sus padres. Tampoco tendr acceso al
entretenimiento porno.
No se poda tener de todo en esta vida. Yo ya estaba impaciente por que se fuese aquel empleado, y empezar a bucear en aquel ocano de informacin. Por fin me
dej solo, dndome la mano y sonrindome como slo lo saben hacer los vendedores que acaban de conseguir una comisin.
Un nio era capaz de manejar el sistema desarrollado por Microsoft para la Mente Global, yo tuve alguna dificultad.
Despus de unos cuantos arranques en falso, consegu entender conceptualmente cmo funcionaba aquel inmenso archivo global, perfectamente referenciado, donde
se poda saltar de una informacin a otra de forma inmediata. Entonces empez a crecer mi frustracin, puesto que, en el momento en que llegaba a una fuente que me
poda ser til, la mquina me denegaba el acceso utilizando mensajes como: usuario no autorizado, informacin confidencial, acceso denegado, suscriptor no reconocido,
datos sujetos a reconocimiento de acceso superior e informacin reservada.
Me fue imposible entrar en la base de datos de PeaceMakers para profundizar en la informacin referida a asesinatos en serie, segn me haba sugerido Cintia, slo
pude tener acceso a una serie de documentos sobre torturas a cul ms siniestro. Iban desde las torturas infringidas por los romanos a sus enemigos o traidores, hasta los
ltimos adelantos utilizados por los interrogadores de PeaceMakers como el tratamiento de la Verdad Subjetiva sobre el cual no puede ahondar, pasando por la Edad
Media, la Inquisicin, el nazismo y la KGB. No era una lectura edificante y me hizo pensar que las personas que hacan esas recopilaciones tambin sufran de cierto
desequilibrio sdico. Los datos que me aportaron tampoco me eran de mucha utilidad. En cuanto a la Orden de Calatrava no tuve suerte, la informacin a la que acced
era muy escasa y se limitaba a referencias anecdticas sin demasiado rigor o profundidad, si bien, en este caso, no me encontr con ninguna barrera de acceso.
Intent obtener una idea de la forma de pensar de la sociedad de las Marcas Globales sobre Al-Andalus y de la informacin que manejaban a cerca de este territorio.
Aparte de un muy breve e inexacto repaso histrico de la zona y de unas descripciones sociolgicas y geogrficas que bien podan haber salido de una gua turstica, el
sistema no me permiti acceder a datos ms detallados y con mayor peso analtico. Incluso cuando consegu entrar en las hemerotecas de los diarios digitales no
encontr nada de inters: Al-Andalus como regin brillaba por su ausencia y no se mencionaba conflicto alguno, a causa de la escasez de agua, con las Marcas Globales.
Era aparente que todo aquello que ocurra ms all de los lmites de las zonas bajo su control no se consideraba atractivo para los lectores y, por lo tanto, se ignoraba.
Sin embargo, pude deducir que existan datos de mayor valor, por las referencias que la Mente Global me sugera que leyese; en especial los estudios de Water of the
World sobre el agua y su distribucin en la regin, pero que, a la vez, no consideraba aptos para mis ojos.
Un tanto desalentado me interes por obtener ms detalles acerca de PeaceMakers Inc., consegu ver sus vdeos corporativos y sus pginas oficiales, donde se
descubra con todo lujo de detalles su podero militar y salud econmica. La versin pblica de la biografa de Alex Stirling, su presidente ejecutivo, no poda ser ms
panegrica, y daba a entender que difcilmente se habra encontrado a alguien ms adecuado para tan elevado puesto. Algo similar ocurra con la de Klein, quien era de un
rango superior al que yo me haba imaginado como responsable de las operaciones en Marbella, puesto que tambin formaba parte del Comit de Direccin de su marca.
Prob a averiguar un posible origen para la inquietud de Stirling, sin xito, aunque descubr que el 1,31% de las acciones de PeaceMakers Inc. perteneca a accionistas
privados. Pero el sistema me impidi ir ms all para descubrir quines eran.
A pesar de los pobres resultados obtenidos, mis viajes por el ciberespacio me haban distrado hasta tal punto que no me haba dado cuenta de la hora, y de que ya
estaba oscureciendo. Me vest con mi indumentaria de diplomtico, disimul el revlver lo mejor que pude y me prepar para disfrutar de una oppara cena en soledad,
porque, como bien se dice, ms vale estar solo que mal acompaado y no quera que nadie me estropease la comida: ni mis colegas de Al-Andalus, ni mis adversarios de
las Marcas Globales, ni el maquiavlico Ezpeleta, ni siquiera Gonzalerra.
Haca una noche perfecta, la temperatura era lo suficientemente fresca como para permitir llevar una chaqueta, la brisa del mar tena ese aroma a salitre que tanto
aoraba en las planicies manchegas, no haba ninguna nube que impidiese ver las estrellas y la luna llena, acompaada de las propias luces artificiales de Marbella, daban
la suficiente claridad como para alejar cualquier posible sensacin de peligro. Segua la ruta trazada en un pequeo mapa que me facilitaron en la recepcin del hotel,
optando por un recorrido ms largo que me llevaba a lo largo del paseo martimo; all deba adentrarme en la calle que segua al rompeolas del puerto deportivo, hasta el
final. Al parecer no slo disfrutara de excelentes manjares sino tambin de una vista excepcional puesto que el restaurante abra su terraza al mar, por encima de un
pequeo acantilado.
Por desgracia no llegu a conocerlo.
Estaba adentrndome en la calle del espign. No vi ni o nada. Sent un dolor en el pecho, un golpe brusco que me hizo perder el equilibrio, como si me hubiesen dado
un martillazo con tal fuerza que me paraliz la parte izquierda de mi cuerpo. Por un instante pens que se trataba de un paro cardaco, despus me dej llevar por mis
instintos. Haba recibido un impacto externo; me estaban atacando. No les deba dar una segunda oportunidad y una pequea voz en mi subconsciente me ordenaba que
hiciese lo imprevisible; me lanc al agua del puerto.
Si alguien me quera muerto no le iba a defraudar. Me quedara bien muerto, el seguir con vida sera demasiado peligroso para mi salud. No me preocupaba que no
descubriesen el verdadero motivo de mi defuncin, era preferible que no encontrasen mi cadver.
30.
Me estaba hundiendo y pronto dejara de tener aire en los pulmones. Dicen que antes de morir te pasa toda la vida por delante: no es cierto. Me arrepenta de haber
optado por zapatos de cordones en vez de mocasines, era incapaz de quitrmelos, su peso me arrastraba hacia abajo y me impeda utilizar los pies para mantenerme a
flote. Con el lado izquierdo paralizado, intentaba bracear con el brazo derecho para alcanzar la superficie, notaba el peso muerto del revlver que, enganchado en el
cinturn, no poda sacar, y el elegante traje de Benaquiel, empapado, se haba convertido en una segunda piel de plomo que dificultaba an ms mis movimientos. Hay
que impedir que cunda el pnico, esto hace que los msculos utilicen ms oxgeno y que se resista menos tiempo sin respirar, era fcil de decir, pens, pero me estaban
estallando los pulmones y ya slo me concentraba en mantener la boca cerrada para no tragar agua. Dej de mover el brazo y senta cmo, lentamente, bajaba al fondo
del puerto.
Not que mi mano chocaba con un objeto y me forc a abrir los ojos. All, con la visin borrosa por el salitre y la oscuridad del agua, vi mi salvacin. Era la cadena del
ancla de una de las embarcaciones que estaban amarradas en el puerto, la agarr con la mano y, al principio con una lentitud calculada y, ms tarde, con la urgencia de
necesitar respirar, sub, utilizndola como si se tratase de una cuerda de escalada. Tragu bocanadas de aire en la superficie. Segua con vida.
Cuando perteneca a los grupos armados, y caamos en una emboscada, el modo de actuacin estaba claramente preestablecido. Lo primero era huir, despus llegar a
un lugar seguro y mantenerse fuera de la circulacin, hasta hacer contacto con otros miembros de la organizacin y preparar un plan de escape con su apoyo logstico.
Automticamente pens de la misma forma, deba alejarme lo ms posible del lugar y encontrar un sitio seguro donde reponer fuerzas. Sin embargo careca de una
infraestructura de apoyo, no contaba con la direccin de un piso franco, ni de ninguna lnea de comunicacin con nadie. Me encontraba en territorio hostil, una
experiencia que no me resultaba nueva, pero esta vez con dos dificultades adicionales. En primer lugar, no conoca lo suficientemente bien la sociedad en la que me
encontraba; el comportamiento de la gente y sus costumbres, dentro de la franja marbell, estaba muy alejado de mis experiencias habituales, y no saba cmo moverme
en ese entorno sin el riesgo de llamar la atencin. En segundo lugar, estaba solo.
Descart la idea de volver al hotel y pretender que no haba pasado nada, ya que estaba convencido que haban intentado asesinarme, y al verme con vida, volvera a
convertirme en su objetivo. No tena ninguna intencin de ser una diana de feria, no poda pretender protegerme contra un segundo intento, y, estaba convencido, que
los personajes encomendados para matarme no desistiran, porque eran muy buenos. Gracias a eso segua con vida. Porque ya estaba empezando a saber lo que haba
ocurrido.
A duras penas, pasando de un amarre a otro, consegu llegar al espign y pisar tierra firme. Estaba tiritando, a pesar de la temperatura templada, a causa de mi ropa
empapada. No haba perdido los zapatos, ni siquiera la corbata, pero no poda quedarme all quieto por ms tiempo. Deba encontrar un lugar seguro. Tard en darme
cuenta de que tena delante de mis ojos los habitculos ms adecuados del planeta para este fin, y la gran mayora de ellos estaban vacos, listos para que yo los
ocupase. El puerto deportivo estaba repleto de barcos de recreo atracados, slo tena que elegir el ms adecuado.
Segu un proceso de eliminacin rpido, no me servan los yates grandes, ni los que estuviesen ceca de zonas iluminadas o de paso, tambin rechac aqullos que
tenan obvias medidas de seguridad, e intent localizar las cmaras de vigilancia para evitar aparecer en sus pantallas. Me acerqu lo ms sigilosamente que pude a un
pequeo velero de un mstil y de unos diez metros de eslora, que estaba en medio de otras embarcaciones similares, sub a cubierta y enseguida forc la cerradura que
me daba paso a una estancia con cocina y mesa. No encend ninguna luz, la luna a travs de los ojos de buey era suficiente para ver por dnde me mova.
El barco perteneca a una familia sueca y, sin tener nada de valor, se hallaban all aquellas pertenencias que no encontraban una mejor ubicacin en otro lugar:
camisetas y baadores, impermeables, botas de navegar, libros de fcil lectura, una bolsa de deporte, botellas de giski y vodka medio vacas y un botiqun. Me estaba
desnudando cuando escuch el chapoteo de los remos de una barca, mir por el ojo de buey y vi cmo unos hombres con linternas buscaban en el agua cerca de donde
me haba zambullido; no encontraron nada y pens que pronto especularan sobre lo que haba ocurrido con mi cadver. Al menos sa era mi esperanza.
Pronto se fueron y termin de quitarme la ropa, tapndome con una manta para entrar en calor. Saba que no era bueno mezclar analgsicos con alcohol, pero tena
que calmar el dolor de mi pecho y recuperar la circulacin de alguna manera, y tom un par de aspirinas del botiqun con unos tragos de giski, quiz hasta me ayudase a
pensar.
El traje de Prncipe de Gales haba quedado en muy mal estado, aparte de estar empapado tena marcas de xido y verdn en la manga, donde haba rozado con la
cadena del ancla, y una de las rodillas de los pantalones estaba rota, no saba si Benaquiel sera capaz de remendarla. El agujero que la bala haba hecho en el tejido de la
chaqueta, a la altura del corazn, era aparente. Extraje el proyectil incrustado, que se haba aplanado para convertirse en una especie de moneda, donde todava se
podan distinguir las marcas del estriado, causadas por el can del fusil. Todas mis sospechas se confirmaron, segua con vida gracias al perfeccionismo requerido por
dos maestros de su oficio: uno de ellos era sastre, el otro un asesino a sueldo.
31.
La planificacin de mi asesinato no representaba ningn misterio, haba reservado una mesa en el restaurante con anterioridad y alguien haba avisado de mi salida del
hotel. Por necesidad tena que recorrer el paseo del espign hasta llegar a mi destino, durante un recorrido de ms de cincuenta metros ira andando en lnea recta, el
tirador slo tena que apostarse, a cubierto, y esperar a que me acercase a una distancia suficiente para asegurar su disparo, y as lo hizo. Si se hubiese tratado de un
mero ejecutor no se habra preocupado de ciertos detalles. Hubiese utilizado un fusil de asalto del armamento habitual de PeaceMakers, con las balas estndar cubiertas
de metal. Se hubiese escuchado el ruido de la detonacin del disparo y el silbido de la trayectoria de la bala, tambin se hubiese visto el fogonazo en la boca de fuego del
arma, causado por la explosin de la plvora propulsora. Seguramente algn testigo hubiese visto lo ocurrido y desencadenara una investigacin, o podra ayudar a los
agentes de seguridad ms adelante. Yo estara muerto.
El poder de penetracin de un proyectil blindado, junto con la velocidad de impacto, a una distancia que no sera superior a los cincuenta metros, hubiese atravesado
la capa de kevlar orgnico, que Benaquiel haba utilizado como refuerzo interior de la chaqueta, para darle ms cuerpo, y sobre todo para protegerme, como si fuese
mantequilla.
Yo no haba visto ni odo nada. Segua con vida y tena en mi mano el disco de plomo en el que se haba convertido la bala, que deba haber llevado mi nombre.
El asesino no quiso dejar ningn rastro, nadie deba saber el lugar de procedencia del disparo, ni siquiera si se haba hecho un disparo. Para ello utiliz un rifle de
tirador, con silenciador e inhibidor de gases. stos amortiguaran el sonido producido por la detonacin de la bala y absorberan el fogonazo de la plvora. Curiosamente
los inhibidores de gases no fueron desarrollados para disparar de forma invisible, sino para evitar que se produjesen incendios en lugares con una atmsfera de contenido
inflamable. El fogonazo poda prender estos gases, como as haba ocurrido en los asaltos a las refineras de Brunei. Con el inhibidor la llamarada era absorbida y
apagada, evitando ese riesgo, y como consecuencia adicional, se haca invisible a las descargas.
Estos instrumentos, aadidos a su arma, no eran suficientes para suprimir el ruido del propio proyectil en el aire durante el trayecto del arma a su objetivo, para eso
tena que usar una municin distinta a la habitual. Un proyectil blindado supera con creces la velocidad del sonido, de ah el ruido que produce. Es esta misma velocidad
la que le permite mantener una direccin constante durante una mayor distancia, antes de que la fuerza de la gravedad y el roce con el aire lo desven, y que, al alcanzar
su objetivo, tenga una capacidad de penetracin alta, apuntalada por la dureza de su cubierta, que no se distorsiona al encontrar una barrera, sino que la atraviesa.
Para impedir el ruido del proyectil, el asesino utiliz una bala subsnica, esto es que no alcanza la velocidad del sonido, sacrificando su capacidad de penetracin y
compensando la prdida de precisin dando un efecto giratorio a la bala sobre su eje horizontal. Este efecto le permite atravesar el aire de una forma ms eficaz,
impidiendo que se desve, y se consigue gracias a las estras en el interior del can del rifle. A su vez, para que las estras generen este efecto se deben aplicar sobre un
proyectil blando que les deje presionar sobre l. La bala que me haba impactado era de plomo, un metal blando, a una velocidad relativamente baja y con poca
capacidad de penetracin. Se haba estrellado contra la capa de kevlar que Benaquiel haba incorporado a mi chaqueta, sin atravesarla, pero trasladando toda su energa
cintica a mi cuerpo. No deba extraarme el dolor que sufra.
El giski, las aspirinas y el calor de las mantas empezaban a entonarme; me senta en un cobijo seguro por lo menos para pasar la noche y, siguiendo mis experiencias
pasadas, estaba pensando en buscar a una persona que me ayudase. No poda contar ni con la doctora Conde, ni con Luis Pizarro, en seguida pondran el grito en el cielo
y me haran recurrir a los servicios de seguridad de las Marcas Globales. Para lo que tena en mente Ezpeleta no me sera til, por lo que no me qued ms remedio que
pensar en Gonzalerra.
No saba a ciencia cierta quin habra dado la orden para mi ejecucin, poda tratarse de Klein o del propio Stirling, de lo que no me caba la menor duda es que
provena de PeaceMakers Inc. Ninguna otra organizacin podra haber preparado aquella accin en tan poco tiempo, ni utilizado a un profesional tan capacitado.
Independientemente del resultado de las conversaciones entre las Ciudades Estado de Al-Andalus y las Marcas Globales, yo ya estaba en guerra, ellos me la haban
declarado. Ahora deba tomar la iniciativa.
32.
Instintivamente limpi la pistola; no creo que un bao de agua salada hubiera afectado a su mecanismo ni a sus balas, pero es imposible ir en contra de las costumbres
de toda una vida. Haba buscado y encontrado la caja de herramientas, presente en toda nave que se precie, y con un trapo y aceite, repas todas las piezas antes de
colocarlas. Mi brazo izquierdo estaba agarrotado y dolorido por el impacto de la bala, lo que no facilit mi tarea.
No saba si volvera a mi refugio temporal y met todas mis pertenencias en una bolsa de deportes, corbata y gemelos incluidos, para vestirme con la ropa veraniega
del dueo del barco. Opt por ponerme la camiseta ms llamativa y una gorra de bisbol de un verde chilln, fcilmente reconocible. Ignoraba si me seguan buscando, a
m o a mi cadver, y desconoca la extensin de la cobertura de los circuitos cerrados de televisin utilizados para la seguridad general de toda la zona marbell, Solo
esperaba que los vigilantes se fijasen ms en la ropa que en la persona que la llevaba puesta, aunque no fuese muy distinta a la del resto de los turistas que merodeaban
por all.
Tampoco saba el nivel de vigilancia al que estara sujeto Gonzalerra.
Esper a que saliese del hotel y le segu durante media hora, asegurndome de que nadie le vigilaba. An siendo consciente de las limitaciones intelectuales de
Gonzalerra, tambin es justo reconocer que en ciertas circunstancias sabe lo que se trae entre manos, y consigui sorprenderme. Aceler el paso casualmente, justo
antes de girar una esquina, lo que me oblig a correr unos metros para ver qu direccin tomaba. Se limit a esperarme detrs del chafln y a darme un puetazo en el
estmago. No utiliz toda su fuerza ni se haba puesto el puo americano: me haba reconocido y no quiso hacerme dao, slo quera dejar claro que me lo poda haber
hecho.
Bolto, menuda sorpresa!, me minti, sonriendo. Crea que se acercaba un carterista o algn empleado de PeaceMakers.
Sgueme, le orden, y algo debi de ver en mi mirada que le hizo obedecer.
Yo no llevaba dinero y Gonzalerra tuvo que pagar mi desayuno en aquel bar, que no llegaba a ser un antro por estar ubicado en Marbella, alejado del circuito
turstico. Nos fuimos cada cual por su lado, con el objetivo claro y unas simples tareas que efectuar.
Me cost mucho ms convencerle de lo que haba pensado en un principio.
Explcale a tu jefe, Ezpeleta, que estars conmigo unos das y si te pone alguna traba, le sealas que un favor con otro se paga, le dije.
Saba de sobra cul sera el favor que me pedira Ezpeleta y, a pesar de no querer volver a la Repblica de Euskadi, ni siquiera como un hroe meditico, sera el
sacrificio que tendra que hacer para conseguir la ayuda de Gonzalerra. Pero, ni por esas, estaba ste dispuesto a enrolarse en mi pequea guerra.
No pienso decirle nada a mi jefe, me contest. No sabr que nos hemos visto, ni que estamos teniendo esta conversacin.
Apel a nuestra supuesta amistad, lo que le gener una risotada y, finalmente, no me qued ms remedio que utilizar el chantaje emocional.
Begoa pregunta muchas veces por ti, le dije. Lo que no era del todo falso puesto que, de vez en cuando, al acostarla en su casa de Almagro, la nia recordaba al
grandulln de su padrino, con cario. Gonzalerra reconoci aquella frase por lo que era, una argucia para apelar a sus sentimientos ms privados.
Eres un hijo de puta.
Seguramente. Pero mi intencin es que vengas conmigo a Al-Andalus. All podrs verla. A ella y a su madre.
Estn bien?.
Mejor que t y que yo. Les dara una gran alegra volver a verte. De verdad. Intent dar a mis palabras la mayor ternura posible. Ni le enga ni le convenc, pero
accedi a ayudarme. Para l tambin Cintia y Begoa eran lo ms parecido a una familia que tena.
Le expliqu mi plan.
Es una broma, me dijo.
Como siempre, le contest.
Richard Kenyon era un burcrata y, como buen representante de esa especie, llevaba una vida ordenada en su rutina diaria, lo que supona que en un momento dado
saldra del edificio de PeaceMakers para dirigirse a su casa. No tena manera de saber dnde viva, pero un somero reconocimiento del entorno de su oficina y la salida
del garaje indicaban que, durante cierta distancia, slo poda seguir un nico trayecto.
No era la primera vez que yo planeaba un secuestro.
33.
No s para qu quieres complicarnos la vida, me haba dicho Gonzalerra mientras desayunbamos. Le cogemos, le cortamos la mano, la metemos en formol para
conservarla y escapamos.
Yo no tena ningn inconveniente en ejecutar la propuesta de Gonzalerra: alguien de la organizacin de Kenyon haba intentado matarme y eso era suficiente para
justificar cualquier accin por mi parte. Me pareca una propuesta macabra y, desde luego, poco elegante, pero sobre todo inefectiva. Una vez ms Gonzalerra no se
haba enterado del problema.
El reconocimiento de usuario por la Mente Global no se basa en las huellas dactilares, sino en las segregaciones cutneas, intent explicarle.
En qu segregaciones?, pregunt.
Las cutneas, le dije, y viendo que no entenda nada, aad, En el sudor.
Ah, claro!, dijo, como si hubiese visto la luz. Todos sudamos de forma distinta.
No consider necesario explicarle que la identificacin unvoca nada tena que ver con la manera de sudar de cada cual, sino con la composicin qumica de ese mismo
sudor. Por otro lado, incluso Gonzalerra era capaz de entender que una mano amputada y baada en formol no segregara nada y, por lo tanto, no nos sera de utilidad
alguna.
El momento crtico ocurre cuando se obliga al objetivo a abandonar la proteccin de su vehculo. Las sugerencias de Gonzalerra sobre este tema tampoco haban sido
muy constructivas.
Con ese pistoln que tienes, me dijo, en referencia al Colt, le pegas un tiro al motor del coche y ya vers cmo lo paras en seco. Despus apuntas al conductor a la
cabeza y le haces salir.
La potencia de fuego del revlver y la capacidad de penetracin de sus proyectiles hubiesen traspasado el bloque del motor del coche de Kenyon hacindolo parar, de
eso no me caba ninguna duda. Tambin lo hara inutilizable como vehculo de fuga. Debamos recurrir a la distraccin y al engao, por eso me encontraba uniformado de
repartidor de pizzas de la Marca Global Telehut y sentado sobre una motocicleta cubierta con su logotipo, mientras Kenyon sala con su coche del garaje.
Pretendes que deje fuera de combate a un pobre recadero. Que le desnude y le robe la moto, me dijo Gonzalerra, indignado, cuando le hice mi propuesta. No tena
ganas de discutir con l.
Djale una buena propina y no le golpees demasiado fuerte, le haba sugerido.
Segu al coche de Kenyon unos cien metros y, aprovechando que frenaba para tomar una curva, me puse a su altura. Golpe la esquina delantera de su parachoques y
salt de la moto, acelerndola y dejndola caer delante de sus ruedas. Kenyon no pudo frenar a tiempo y atropell a mi vehculo, doblando su estructura con un fuerte
golpe. Abri la puerta de golpe y sali furibundo.
Hijo de puta, grit. A ver si....
Me imagino que iba a decirme que prestase ms atencin por donde iba, pero no lleg a acabar la frase. Le estaba apretando el can del Colt en la mejilla.
Abr la puerta trasera y le forc a entrar de nuevo en el coche, empujndole violentamente. Cog su maletn, lo abr y comprob que all estaban las gafas, la hoja
cermica y el lpiz necesarios para acceder a la Mente Global.
Una vez capturado el objetivo es necesario desconcertarle y generarle terror, para paralizarle, y as, evitar que reaccione. Normalmente se le inyecta con un
tranquilizante potente que le vuelve dcil y sumiso.
Olvdate de eso, me haba dicho Gonzalerra, y esta vez tena razn. No creo que podamos conseguir unas dosis de lidocana. Ni sabemos dnde se distribuye ese
tipo de frmacos, ni los requisitos que habra que cumplir para que nos lo diesen.
Antes de que sugiriese que siempre se le poda noquear con un golpe, le hice saber que no podamos correr el riesgo de marcarle la cara, no quera que despertase
ninguna sospecha.
Sentado al lado de Kenyon, en la parte trasera del coche, le puse una bolsa de plstico por la cabeza. Saqu un rollo de cinta adhesiva ancha, Gonzalerra no haba
tenido ningn problema en conseguirla en la seccin de fontanera de unos grandes almacenes, y la utilic para sellar la bolsa en torno a su cuello. Pronto le empezara a
faltar aire y, mientras se preocupaba por respirar, no pensara en causarnos ningn problema.
Vi cmo Gonzalerra se acercaba corriendo, con mi bolsa de deporte, al coche, mientras yo terminaba de inmovilizar a Kenyon, atando sus tobillos y muecas con la
cinta adhesiva. Jadeando, se sent en el asiento del conductor.
Sal del coche y levant la motocicleta del suelo. Con la rueda delantera totalmente doblada, tuve dificultades en arrastrarla hasta la acera y, despus, apoyarla contra
la pared de un edificio para que no llamase demasiado la atencin.
Hasta ese momento todo haba salido segn nuestros planes. Ahora Gonzalerra deba conducir el coche, pararse para que yo subiese, y salir de all. Habamos
efectuado toda la operacin sin llamar la atencin, ms all de la que genera la pequea cada de un motociclista que es capaz de levantarse por su propio pie.
El coche no arrancaba.
34.
Volv corriendo y me met en l. Vi cmo un Gonzalerra confuso estaba apretando todos los botones del salpicadero sin orden ni concierto, y escuch una voz neutra
que repeta incansablemente: Usuario desconocido. Para reconocer al usuario necesita la autorizacin y presencia de su propietario. El sistema de seguridad le impedir
arrancar el coche. No intente ponerlo en marcha. Usuario desconocido. Para reconocer....
Kenyon se estaba asfixiando, la bolsa de plstico se pegaba a su cara, marcando sus facciones.
No me vea llegando muy lejos a pie, acarreando con una vctima que, o bien dejbamos que se debilitase hasta el punto en que perdiese el conocimiento y tuvisemos
que llevarle a cuestas, o que permitiramos que se recuperase, dndole as la oportunidad de causarnos ms problemas todava. Era el momento de abortar la operacin y
huir. No quera volver a caer en las manos de PeaceMakers. Gonzalerra debi leer mis pensamientos, abri las puertas del coche y, sin perder la calma, dijo
simplemente: Vmonos.
Espera, le respond con la misma tranquilidad.
Cog a Kenyon por las muecas y le arrastr entre los dos asientos delanteros, sin miramientos, Acerqu sus manos a la llave de contacto y forzndole a agarrarla hice
que la girase. Estaban lo suficientemente sudorosas para que el sensor que identificaba las segregaciones unvocas no tuviese ningn problema en reconocer al
propietario del coche. Arranc a la primera.
Antes de llegar a la autopista de la costa abr un agujero en la parte superior de la bolsa que estaba sofocando a Kenyon, esa pequea entrada de aire le permitira
respirar, aunque con la dificultad suficiente como para tener que concentrarse en ello. Cada vez que inspiraba se le pegaba el plstico en la cara para separarse de ella al
expirar, tambin le impeda ver lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Se sobresalt cuando le empuj para que se tumbase en el piso, entre los dos asientos del coche.
No quera que nadie viese a nuestro pasajero con la cabeza tapada por una bolsa; eso hubiese despertado sospechas incluso en el ser ms ingenuo.
Gonzalerra pronto se acostumbr a la potencia del coche y le tuve que ordenar que condujese con ms prudencia, sobre todo para no llamar la atencin.
Para una vez que puedo pisarle a gusto, gru.
Dejamos Fuengirola y Torremolinos a nuestra derecha, con sus torres pegadas a las playas y al mar, para tomar la desviacin que conduca al interior. Ped a
Gonzalerra que se concentrase en la carretera y en los otros coches, en vez de mirar continuamente a la pantalla de cristal que indicaba nuestra posicin en el mapa y la
mejor ruta a seguir para llegar a la frontera. Luego me dirig a Kenyon, a quien ya consideraba estar lo suficientemente atemorizado e incmodo como para que siguiese
mis instrucciones.
Te voy a soltar y quitar la bolsa de la cabeza, y a cambio me tendrs que ayudar, le coment y entend, por los ruidos guturales que haca que estaba de acuerdo con
mi oferta. Una vez cumplida mi parte del trato le apunt con el Colt en la cabeza, para enfatizar mis palabras.
Vamos a salir de la franja marbell y tenemos dos maneras de hacerlo.
Kenyon asinti, indicando que haba entendido lo que le estaba diciendo, mientras absorba glotonamente bocanadas de aire.
Podemos salir los tres juntos, dentro de este coche, para lo cual es imprescindible tu colaboracin. Tambin podemos irnos andando Gonzalerra y yo, en cuyo caso
te encerraremos en el maletero, maniatado y con la bolsa de plstico en la cabeza. Como has podido comprobar slo podras respirar durante un tiempo muy limitado,
despus morirs de asfixia. No s cunto tiempo te mantendrs con vida, ni lo que se tardar antes de que alguien encuentre tu cadver. Con este calor, me imagino, que
tres o cuatro das sern suficientes para que tu cuerpo se descomponga y el olor llame la atencin de algn inocente ciudadano.
Por la cara que pona era evidente que el morir de asfixia en el maletero del coche no era una alternativa vlida para el burcrata.
Tampoco pienses en llamar la atencin de tus matones de PeaceMakers cuando crucemos la frontera. sa sera la peor solucin para todos. Me obligaras a empezar
un tiroteo, y eso se sabe cmo empieza pero no cmo acaba. El primer disparo te volara la cabeza, y a partir de ese punto sobrevivira el que ms suerte tenga. Pero
con los sesos esparcidos por el interior del coche, eso a ti poco te importara.
Kenyon no puso en duda mi capacidad para llevar a cabo estas amenazas, algo que era de agradecer porque, en caso contrario, me hubiese causado un grave problema.
Slo hizo una pregunta al aceptar mi propuesta:
Cmo s que una vez en Al-Andalus no me matars?.
No lo sabes, le contest. Pero habrs vivido unas horas ms.
Bolto, eres un ser generoso, aadi Gonzalerra. Ahora te dedicas a regalar horas de vida. No saba si aquel grandulln se estaba burlando de m, si estaba dando
rienda suelta a un desconocido sentido del humor macabro o si, simplemente, haba dicho lo primero que le haba pasado por la cabeza.
Fui yo quien se tuvo que meter en el maletero del coche, dejando el revlver a Gonzalerra para mantener a Kenyon a raya. Con Gonzalerra y su aspecto de chofer-
guardaespaldas conduciendo, y Kenyon, un tanto plido, en el asiento trasero, los guardas fronterizos nos dejaron pasar. A fin de cuentas Kenyon estaba unas decenas
de niveles por encima de ellos en el escalafn de PeaceMakers, tal como se desprenda del reconocimiento de identidad al que fue sometido, y si quera adentrarse en Al-
Andalus sus motivos tendra.
Era un maletero amplio pero empezaba a resultarme claustrofbico e incmodo, por lo que di las gracias a Gonzalerra cuando par el coche y me hizo salir.
Continuamos nuestro viaje por la antigua autopista que conduca primero a Antequera y luego a Crdoba. Se notaban los baches y el mal estado del piso a pesar de la
amortiguacin del coche, sobre todo despus de haber viajado por las carreteras de la costa marbell, que las Marcas Globales mantenan en perfecto estado. En algunos
lugares, pequeos desprendimientos de tierra la cubran en gran parte, haciendo que Gonzalerra tuviese que reducir la velocidad para salvarlos. Al poco tiempo la
pantalla, con el mapa informtico, del coche empez a parpadear, para enviarnos un mensaje informndonos de que estbamos en una zona fuera de cobertura de su
sistema de comunicacin. No era de extraar. Si bien en las ciudades, sobre todo en Toledo, el sistema de comunicaciones para telefona mvil se haba podido mantener,
en el resto del territorio haba desaparecido por completo. Aquel mensaje, emitido por un robot en Dios sabe dnde, me hizo sentir, ms que otra cosa, que estaba de
vuelta en Al-Andalus.
Kenyon debi notar nuestra relajacin al encontrarnos de nuevo en territorio amigo y, pensar que, quiz, pudiese llegar a salir con vida de aquella situacin. Yo
tambin estaba empezando a sentir el cansancio que causan las fuertes descargas de tensin y adrenalina, y no poda evitar que, de vez en cuando, se me cerrasen los
ojos.
An as, deb haberme dado cuenta de que el trazado de la carretera, y el terreno a su alrededor, hacan de aquel lugar el sitio perfecto para una emboscada.
35.
Los lados de la calzada eran dos paredes casi verticales, donde unos antiguos ingenieros de caminos haban decidido que era ms fcil cortar a travs de aquella colina,
antes de salvar el desnivel subiendo por encima de ella. Delante de nosotros, antes de llegar a una curva, una vieja mquina de obras pblicas, abandonada y oxidada,
bloqueaba parte de la va. Gonzalerra se vio obligado a frenar para tomar la curva en aquel espacio restringido.
O el disparo al mismo tiempo que el grito de Gonzalerra, que intentaba dominar el coche.
Mir a mi derecha y supe que estbamos a merced del tirador que nos haba emboscado. No podamos salir del coche y parapetarnos en ningn lado, las paredes
laterales lo impedan y tendramos que correr al descubierto ms de cincuenta metros antes de encontrar un refugio. Tampoco podamos quedarnos dentro del vehculo.
Una voz de mujer, distorsionada por el uso de un altavoz porttil, nos orden salir del coche de uno en uno con las manos en alto y ponerlas encima del techo del
automvil.
Fui el ltimo en salir y una carcajada ampliada por el altavoz me sobresalt.
Bolto, Qu pinta llevas! Te he pillado como a un pardillo!.
Aquellos insultos me sonaron a msica celestial. A pesar de la falta de nitidez, haba reconocido la voz de Susie Lao, quien, como yo, era un Hombre Bueno con
poderes plenipotenciarios de las Ciudades Estado de Al-Andalus para mantener el orden en la zona.
Su denominacin de Hombre Bueno haba sido el motivo de divertidos debates entre nosotros: ella mantena que deba mantenerse la nomenclatura y yo que, por
deferencia a su sexo, sera ms apropiado conocerla como a una Dama Buena o, incluso, dada su procedencia asitica, como La Bondadosa Princesa de la Tierra del Loto
Azul. Entonces ella me dibujara unos caracteres chinos con mi nombre, explicndome su significado que variaba entre Hombre Bueno de Cara Curtida Que No Sabe
Montar a caballo, y Hombre Bueno con Pistola y Poco Ms.
No me molest en buscar dnde se haba escondido, no la vera. Slo saba que no estara en la zona de donde haba procedido la voz de los altavoces. Nos habamos
topado con el control fronterizo de entrada a Al-Andalus de cuya eficacia no tena ninguna duda.
Sin darnos cuenta apareci delante de nosotros, a unos diez metros, con una sonrisa pcara de oreja a oreja, tan contenta de verme como de haberme sorprendido en su
emboscada. Era una mujer menuda con los ojos rasgados y delicada piel de su raza, su pelo negro y liso estaba recogido en una ancha cinta atada con un nudo en la nuca,
lo que le daba un aspecto de pirata, reforzado por el fusil que llevaba casualmente en la mano, la bandolera repleta de cargadores que colgaba de su hombro y una corta
espada enganchada a su cintura. Sus pantalones de montar y botas, aunque desgastadas por el uso, se podan ver en los catlogos ms elegantes de prendas de hpica de
las Marcas Globales y resultaban incoherentes con el resto de su atuendo. Era como si, preparada para un baile de disfraces, no haba decidido ni vestirse de pirata o de
rica amazona y optado por mezclar los dos atuendos.
Djate de tonteras Bolto, me dijo una vez, no es casual que los jinetes de lite lleven este tipo de botas de caa alta y pantalones, son los ms cmodos y los que
mayor control te permiten sobre la montura. Susie tambin era una de las pocas personas, por no decir la nica, que utilizaba las ligeras e incmodas sillas de montar
inglesas en preferencia a las ms amplias y cmodas castellanas, las cuales, a su entender, eran para perezosos seores de mediana edad con sobrepeso. Nunca discut
con ella sobre este tema porque sus habilidades como jinete la situaban a aos luz de las mas; haba participado en los ltimos juegos olmpicos, antes de su absorcin
por la Marca Global Nikedidas, en la modalidad de pentatln.
Imagnate a un soldado huyendo a caballo de sus enemigos; su montura se cansa y la tiene que abandonar. Mantiene a sus perseguidores a distancia disparndoles
con su rifle hasta que se le acaba la municin, momento en el que se tiene que alejar de ellos corriendo. Un barranco le impide el paso y saca su espada para defenderse
hasta que, finalmente, coge carrerilla y salta por encima del barranco para conseguir huir. ste es el origen del pentatln, me explic. Hpica, tiro, medio fondo,
esgrima y salto de longitud: el deporte olmpico ms complejo por la diversidad de tcnicas que requiere.
Al ver a un Hombre Bueno oriental todo el mundo asuma que sera una experta en artes marciales, algo rotundamente falso en el caso de Susie que, como yo, jams se
dejaba enzarzar en la pelea cuerpo a cuerpo, pero con su rifle, a larga distancia, era un enemigo terrible: su puntera era mortfera. En ms de una ocasin mientras que
yo slo asustaba con mis disparos, ella haca blanco a los bandoleros con quienes nos habamos tenido que enfrentar. Nunca la haba visto manejar la espada, pero si su
nivel haba estado al mismo que el resto de sus habilidades olmpicas no sera yo quien se enfrentase a ella.
Me imagino que por su infancia en Macao, el centro de las apuestas y casinos de toda Asia, sus conocimientos matemticos y dotes para cualquier juego de azar
sobrepasaban mi comprensin. nicamente saba que jams deba jugar a las cartas con ella por dinero, donde tambin aprovechaba el tan manido, pero no por ello
menos cierto, concepto de la capacidad oriental para conseguir que sus rostros sean inescrutables.
Nos podas haber parado de otra manera, me quejaba mientras ayudaba a Gonzalerra a cambiar la rueda tiroteada.
De haber sabido que estabas en el coche, hasta hubiera colgado una pancarta de bienvenida para recibirte.
Le expliqu la situacin en la que nos encontrbamos de cara a las Marcas Globales y las posibilidades de una penetracin armada en su territorio.
No quiero parecer derrotista, pero no existe una barrera defensiva entre la costa y Antequera, me dijo sealando a su alrededor. De hecho, ahora mismo, el nico
foco de resistencia que encontraran soy yo.
De momento eres ms que suficiente, le dije dndole una palmada en la espalda. Pero si ves una columna de tanquetas avanzando por esta carretera, no le hagas
frente. Mantn las distancias y toma nota de sus movimientos.
Despus le pregunt si saba algo acerca de las investigaciones que estaba llevando a cabo Pepe Manzano y sobre la bsqueda de Pedro Antnez.
No lo sabes?, me pregunt, con un ligero tono de preocupacin.
El qu?.
Han encontrado el cadver de Pedro Antnez.
No reaccion.
Muri hace un par de meses.
Cmo?.
Fue asesinado. No conozco ms detalles. Me lleg un mensaje de Pepe diciendo que dejsemos de buscarle, que haba sido asesinado haca tiempo. Ya te lo he
dicho.
Mi principal sospechoso acababa de desaparecer.
Al ver que no deca nada, Susie volvi a hablar.
Bolto, me dijo nuevamente, bajando la mirada.
S?.
Hay algo ms.
Dmelo. No parece que sea nada bueno.
Corre el rumor de que t le mataste. Al ver que yo no le contestaba, aadi: Pero nadie te lo est echando en cara.
Sus palabras no me servan de consuelo. Aparentemente las dos nicas personas que sabamos, a ciencia cierta, que yo no haba matado a Pedro Antnez ramos su
asesino y yo. Esto ya lo haba asumido con anterioridad, pero las circunstancias acababan de cambiar. Hasta este momento caba la duda de que hubiese huido a otros
territorios, ahora no.
36.
An era de noche cuando llegamos a Toledo, slo se vea su masa negra en contraste con el cielo poco estrellado y las solitarias luces de la Puerta de Alcntara, el
nico acceso a la ciudad abierto permanentemente. La necesidad de ahorrar energa impeda que hubiese ms iluminacin.
Mi primer impulso fue el de dirigirnos a Almagro y desde all intentar localizar a Cintia y a Pepe Manzano para que me pusiesen al corriente de sus investigaciones y
obtener ms detalles de la muerte de Antnez. Tambin cumplira mi parte del trato con Gonzalerra, llevndole ante Cintia y Begoa. Sin embargo no quera correr el
riesgo de perder mi mayor fuente de informacin. No saba cunto tiempo transcurrira antes de que alguien en PeaceMakers echase en falta a Kenyon, de lo que estaba
seguro es de que, cuando eso ocurriese la primera accin que tomaran sera la de bloquear sus accesos a la red de informacin global. Yo no tena ningn inters en
secuestrar a Kenyon como ser humano, nunca lo haba tenido, slo me era importante tanto en cuanto me serva de llave para abrirme las puertas de la Mente Global a
un nivel de usuario que, por su posicin en PeaceMakers, sera privilegiado.
No poda desperdiciar esta oportunidad, ni echar por la borda los riesgos que habamos corrido: en Almagro no haba una cobertura telefnica fiable, en Toledo s.
Una vez puesta la rueda, Susie nos acompa a una especie de almacn que haban instalado en una cueva, que relacion inmediatamente con la de Ali-Baba.
Apilados, sin ton ni son, haba una gama de productos muy heterognea, desde bolsos y zapatos de marcas de lujo, hasta frigorficos y batidoras, y desde colchones a
inodoros.
No os preocupis por el desorden, nos dijo. Son cosas que requiso a los contrabandistas.
Qu haces con ellas?.
Por lo general van a parar al Zoco de Crdoba o al de Ronda, que es a donde hubiesen llegado, en cualquier caso, si no me las hubiese apropiado. De vez en cuando
hago limpieza y entrego todas mis existencias a los alcaldes de esas ciudades y ellos se encargan de sacarles partido. Los bienes se aprovechan pero, en vez de
beneficiarse unos cuantos contrabandistas, lo hace la comunidad en general, explic Susie.
Kenyon no llegaba a entender aquel procedimiento, pero tuvo el suficiente sentido comn como para no abrir la boca.
Cargamos unos cuantos bidones de gasolina en el maletero del coche y nos aprovisionamos de comida y agua. No quera tener que parar ms de lo necesario en
nuestro viaje. Nos despedimos de Susie y Gonzalerra tom el volante, mejor dicho, no dej que yo lo tomase.
No s si Susie tiene razn al decir que montas mal a caballo, pero es imposible que lo hagas peor que conducir, me dijo.
Es la falta de prctica. Yo no soy chofer. No se me ocurri nada ms inteligente para contestarle.
Gonzalerra se concentraba en la carretera. Al poco tiempo cay la noche y Kenyon se qued dormido en el asiento trasero, exhausto, sin duda, por las fuertes
emociones que le haban deparado el da, en comparacin con su rutina habitual, y tambin, con tranquilidad que le supona saber que no morira inmediatamente. Yo
intentaba ponerme cmodo, pero el brazo izquierdo se me estaba agarrotando de nuevo y no consegua encontrar una postura para que no sintiese molestias.
Finalmente, con el ronroneo del motor y el montono paisaje, se me cerraron los ojos. Gonzalerra no me despert hasta que avist Toledo, seis horas ms tarde.
Dicen que el sueo es un gran reparador, pero se no era mi caso. Tena la cabeza en una nebulosa y no era capaz de concentrarme. La mitad de mi cuerpo estaba
entumecida y a duras penas poda moverme sin sentir fuertes dolores y calambres. Gonzalerra me tuvo que ayudar a salir del coche, tratndome como si fuese un
anciano.
Y ahora?, me pregunt, asegurndose de que me poda mantener en pie y no me desplomara delante de sus narices.
Ahora vamos a ir a una sastrera, le respond, congratulndome por mi capacidad de sorprender al grandulln, que se sinti tan desconcertado que tard unos
segundos en decir: Espero que el sastre sea madrugador.
Las calles estaban vacas. Segn nos dirigamos al Alczar por las empinadas cuestas empedradas, los primeros rayos de sol hacan que las sombras ms densas de los
portales y balcones se volviesen grises, y que, donde antes no se vea nada, ahora se dibujaban los matices de blasones y relieves en las paredes de las casas. Gonzalerra
llevaba mi bolsa de deporte y el maletn de Kenyon, este ltimo caminaba a mi lado, disciplinadamente, a lo largo de la Plaza de Armas, situada delante de la fachada
principal del Alczar. Haba dejado de estar atemorizado y daba la sensacin de empezar a recuperar la compostura, algo poco deseable desde mi punto de vista.
Quieres seguir con vida?, le dije, en el mismo tono que hubiese podido emplear para preguntarle si quera tomar un caf. Mis palabras surtieron el efecto oportuno
y volvi a ponerse nervioso.
De... desde luego, contest controlando su tartamudeo.
De ti depende, le dije, sin aadir nada ms, sembrando la inquietud en su mente y la obligacin, por su parte, de obedecerme. Intent preguntarme varias veces lo
que quera de l, pero no le salan las palabras y no hice nada por ayudarle, finalmente consigui decir: Qu quieres que haga?.
No le contest, y mi silencio increment su nerviosismo.
Har lo que me pidas.
Le segu ignorando.
Lo que sea, har lo que sea, empez a implorarme.
Dej que su imaginacin formase en su cabeza la peticin ms cruel que poda llegar a hacerle. Kenyon respirara aliviado cuando, finalmente, supiese el motivo por el
cual haba sido secuestrado y lo que pretenda conseguir de l. Con esa actitud mental estara encantado de colaborar conmigo. Al menos eso era lo que yo esperaba.
Golpe el aldabn de la puerta lateral varias veces, sin obtener respuesta alguna.
Curioso lugar para poner una sastrera, coment Gonzalerra.
Volv a golpear el aldabn con ms mpetu.
Al parecer los sastres tienen un horario de personas civilizadas, dijo Gonzalerra, lo que le gan una mirada de pocos amigos por mi parte. Por fin o cmo alguien
se acercaba a las puertas y haca girar la cerradura. El funcionario bajito se acababa de despertar, an as tena una colilla apagada en la comisura de sus labios, quiz
durmiese con ella.
Qu quieren? Saben qu hora es?, nos amonest.
Queremos ver al sastre, dijo Gonzalerra con sorna, esperando que aquel personaje le soltase una fresca, ante la incongruencia de su orden. Su sorpresa fue
mayscula cuando, al reconocerme, el funcionario nos invit a entrar y nos gui por el entramado de cajas y papeles del archivo, hasta llegar a las escaleras que
conducan a la habitacin de Benaquiel padre. All sac un manojo de llaves y nos abri la puerta, dejndonos pasar a la estancia que se iluminaba con los primeros
rayos de sol de la maana.
Gracias y adis, le dije a nuestro gua, que senta curiosidad por lo que estaba pasando all, y que no tuvo ms remedio que irse a regaadientes. Abr mi bolsa y
saqu el Colt, estudiadamente abr el tambor y lo gir, asegurndome de que Kenyon viese que estaba lleno de balas, despus lo dej encima de la mesa, al alcance de la
mano. Ped a Gonzalerra que me acercase el maletn de Kenyon e invit a ste a sentarse y ponerse cmodo antes de drselo. Despus le dije lo que quera de l.
Accedi a hacerlo sin rechistar, no fue necesario volverle a amenazar.
Estbamos en plena faena cuando apareci un Benaquiel padre, recin levantado, duchado y afeitado. Ahog un grito de indignacin por la invasin de sus aposentos
en cuanto me reconoci, a pesar de las grandes gafas que yo llevaba puestas en ese momento.
Bolto, qu haces aqu?, me pregunt, y, sin darme tiempo a responder, sigui con su interrogatorio, lanzndome preguntas sin apenas respirar.
Por qu ests vestido as? Qu has hecho con mi traje? Esas gafas son muy poco elegantes. Por qu las llevas puestas? Quin es el gorila? Y el seor? Qu est
escribiendo? Su traje es de un buen pao, pero la confeccin deja mucho que desear. Tambin debera plancharlo. Dnde estn los gemelos que te dio Vicente?.
De haberle dejado hubiese seguido as toda la maana y, ante mi incapacidad para cortar su verborrea, decid pasar a la accin: saqu el traje de mi bolsa. Al ver su
obra maestra, an hmeda despus de su remojn en el puerto de Marbella, agujereada por una bala y rota por la rodilla, con manchas de verdn y hecho un guiapo por
haberlo metido de cualquier manera en una bolsa, consegu que se callase.
Me salvaste la vida, le dije para que se recuperase.
A cambio de destrozar un traje, contest, no dejando del todo claro si el trueque haba merecido la pena.
Intent contestar a todas sus preguntas. Le dije quines eran mis acompaantes, la razn por la cual estaba vestido como un turista nrdico, excus el estado
lamentable del traje de Kenyon y, con ms dificultad, el funcionamiento de la red de bio-informtica que formaba la Mente Global. No me prestaba demasiada atencin
y no creo que entendiese nada de esto ltimo, estaba ms preocupado en valorar los daos sufridos por el traje y las posibilidades de remendarlo, insisti en saber si los
gemelos estaban a buen recaudo y slo se qued tranquilo cuando los vio en mi bolsa.
No quedar como nuevo, pero..., dijo una vez que hubo terminado su inspeccin.
Nos quedaremos aqu, encerrados, durante las prximas veinticuatro horas, le inform. Era el tiempo mximo que, calculaba, iba a transcurrir antes de que se dieran
cuenta de la desaparicin de Kenyon y bloquearan su acceso informtico.
Slo necesitaremos agua y comida, y ser mejor que nadie sepa que estamos aqu. No quiero interrupciones.
Mis peticiones no sorprendieron a Benaquiel, algo que me llam la atencin.
Tambin quiero que Vicente venga a verme inmediatamente, y, dentro de un rato, bajar a ver a tu hijo al archivo.
Yo mismo ir a buscar a Vicente. En cuanto a mi hijo, no s en qu te podr ayudar ese intil. Ms le valiera poder echarme una mano en arreglar este desaguisado,
dijo, recogiendo el traje para llevrselo.
Segn se iba hacia la puerta, se gir sealando a Gonzalerra y le dijo: El traje que usted lleva no es digno de ese nombre. Le sentara mejor un saco de patatas. Nadie
se ha molestado en que se le asiente al cuerpo y slo consigue darle un aspecto de matn de poca monta. Me indigna ver cmo se estropea un buen pao!.
Consigui dejar a Gonzalerra boquiabierto y sin opcin a contestarle, puesto que sali dando un portazo.
Antes de bajar al archivo quera hacer unas ltimas comprobaciones. Esperaba que Benaquiel, el sastre, se equivocase en cuanto a la utilidad de los conocimientos de
su hijo.
37.
Nuestra forma de trabajo era incmoda pero nos estbamos acostumbrando a ella. Parta de la base de que la identificacin de Kenyon nos dara acceso a informacin
de un alto nivel dentro de la Mente Global y, que sta slo se podra conseguir si l era quien utilizaba el lpiz ciberntico en todo momento. Sin embargo el receptor de
la informacin deba de ser yo. Habamos dibujado, con las tizas del sastre, una cuadrcula en la cartulina cermica que se replicaba en una hoja de papel que yo tena
delante de m. Me haba puesto las gafas y navegaba por su laberinto de informacin infinita, cada vez que deba seleccionar una palabra, o un men de los centenares
que aparecan delante de mis ojos, indicaba su posicin en mi hoja de papel y Kenyon copiaba mi accin en su placa cermica. Tardamos algn tiempo en sincronizar
nuestros movimientos pero, poco a poco, nuestra compenetracin era tal que me daba la sensacin de que el cursor que se mova en mi visor responda directamente a
mis movimientos, y no en segunda derivada, despus de haber pasado por Kenyon.
La predisposicin de Kenyon en ayudarme a violar los controles de seguridad de la informacin perteneciente a su organizacin era, sin lugar a dudas, forzada por el
miedo que haba conseguido transmitirle. Sin embargo, cuando vio que los datos que buscaba hacan referencia a la compilacin de archivos sobre potenciales asesinos en
serie, y sus componentes psicolgicos, empez a ayudarme de forma voluntaria, ofreciendo sugerencias de cmo y dnde profundizar en nuestra investigacin.
No quise dejarle ver que eso era precisamente lo que pretenda. Saba que, de encontrar alguna pista que me sirviese para capturar a un asesino, l no sentira que
haba traicionado de manera alguna a su gente. Eso vendra ms tarde.
Tampoco quera desanimarle en cuanto a las posibilidades de xito de nuestra bsqueda, yo haba intuido por las palabras de Hans Klein en el camarote de su jefe,
que los propios expertos de PeaceMakers ya haban efectuado ese rastreo, sin conseguir ningn dato decisivo.
Pude ver las imgenes de los cadveres sepultados en el jardn de la casa de la suegra del asesino conocido como el Enterrador de Santa Mara, y el proceso de
investigacin que llev a su captura. Aparecieron delante de mis ojos los complejos entramados, a travs de los cuales se protegan las redes de pederastas de Europa
Central, y los vdeos de asesinatos filmados que fueron incautados por los agentes de PeaceMakers en Hong Kong. Hubo un momento, cuando analizbamos los
sacrificios rituales llevados a cabo por la secta Precursores de la Luz, donde pensamos discernir un vnculo en cuanto a la posicin en forma de cruz en los que se
encontraron sus vctimas y las nuestras, pero lo tuvimos que descartar, sus miembros, rodeados por las tropas de PeaceMakers se autoinmolaron en la ciudad sueca de
Malm. Incluso pude comprobar que la informacin accesible superaba las fronteras de los territorios bajo la influencia de las Marcas Globales; haban hecho un
seguimiento de la desaparicin de nios en Al-Andalus haca unos meses. Mi nombre apareca en ese archivo, junto con el de Gonzalerra y Ezpeleta, y aunque no
tenan demasiados detalles sobre su resolucin, se me atribua el exitoso cierre del caso.
Pasaba el tiempo y creca nuestra frustracin. Me convenc de que all no encontrara nada y si las bases de datos bio-informticos no nos eran de utilidad, quiz fuese
el momento de recurrir a los anticuados y viejos archivos de papel que se encontraban bajo nuestros pies. Ira a ver a Benaquiel, el historiador.
38.
Buscas a mi padre?, me pregunt.
No. Te busco a ti, le contest. Se limit a arquear las cejas por encima de sus anteojos indicando a la vez su extraeza en que quisiese verle y su invitacin a que le
preguntase lo que quisiese.
Entr en la penumbra y le dije que quera una clase de historia, sus cejas se arquearon an ms, Benaquiel no pudo esconder su sorpresa por mi supuesto inters en el
pasado. Me llev hacia una especie de cubculo, formado por las siempre presentes paredes de cajas de papeles apiladas, donde una pequea bombilla colgaba del techo
para iluminar dos pequeas sillas y una mesa, y que ofreca un mnimo de privacidad. Sin esperar a su invitacin me sent en la silla dominante, la que estaba ms
alejada de la entrada; fue el acto reflejo de un interrogador que quera aprovecharse de cualquier ventaja psicolgica, por pequea que fuese.
La Orden de Calatrava, dije sin formular la pregunta.
Qu quieres saber de ella?.
Todo.
Su buena educacin no fue suficiente para impedir que soltase una carcajada. Yo no le vea la gracia por ningn lado.
Por todo te refieres a sus orgenes, sus conquistas, su ordenamiento interno, sus posesiones, sus castillos, sus batallas, sus maestres, su influencia poltica y prdida
de ella, sus iglesias o, Benaquiel hizo una pequea pausa para tomar aliento y sonrerme como a un nio que hace una pregunta ingenua, su tesoro.
No me haba planteado la posibilidad de que la Orden de Calatrava pudiese tener un tesoro escondido, aunque la idea tena cierto encanto romntico.
Un tesoro?, pregunt.
La carcajada de Benaquiel son, con eco incluido, en aquel pequeo cuchitril.
Por qu todo el mundo piensa que detrs de una orden medieval hay un tesoro escondido?.
Era una pregunta retrica que no contest. Adems, lo de la existencia o no de tesoros me era irrelevante. Estaba ms interesado en los ritos de iniciacin a la orden y
si stos podan incluir sacrificios humanos, y as se lo hice saber. Benaquiel me volvi a contestar con otra pregunta, similar a la anterior, pero expresada con ms
lasitud.
Y por qu tanta gente piensa que detrs de una orden medieval hay ceremonias secretas, confabulaciones y misterios que pueden cambiar la faz de la Tierra?.
Yo no quera llegar tan lejos, slo quera que me dijese si exista alguna posibilidad de que la Orden de Calatrava, en su apogeo, era proclive a las mutilaciones y si
estas practicas pudiesen haber sobrevivido hasta mediados del siglo XXI.
Supongo que quieres que te ensee un documento original donde se expliquen y detallen los cmos y porqus de esa sangrienta actividad por parte de los Caballeros
Calatravos, y el rastro documental que te permita seguirlo hasta el da de hoy.
Aunque el tono de Benaquiel denotaba un escepticismo burln, yo tena que reconocer que eso era exactamente lo que andaba buscando, de modo que asent con la
cabeza. No se enfad conmigo, porque no creo que fuera una persona muy dada al enfado.
Soy un historiador profesional, dijo, y estoy harto de las teoras que sin ningn tipo de rigor, salen a la calle para mayor confusin del pblico en general.
Yo tambin tena cierto recelo hacia los aficionados de cualquier tipo y as se lo hice saber.
Sabes cul es mi trabajo?.
Ms o menos.
No tienes ni idea. Para descubrir lo que pas en cualquier poca hay que construir un complicado rompecabezas con toda la informacin a la que tenemos acceso. La
mayor parte de ella se encuentra en documentos cuya fiabilidad hay que valorar.
Soy todo odos.
Imagnate que se descubre un documento que dice que vuestro Jesucristo tuvo un hijo con Mara Magdalena, y que sta estuvo presente en la ltima Cena. Se
comprueba que el papel y la tinta del documento corresponden a la poca adecuada, y que el lenguaje utilizado y la caligrafa son los utilizados entonces. A qu
conclusiones llegaras?.
Si el documento pasa esas pruebas te dira que Jesucristo tuvo un hijo.
Por qu?.
Benaquiel me trataba como a un alumno poco aventajado y lo de las preguntas socrticas no se me daba muy bien.
Porque as lo dice un documento original de la poca.
No, no y no, Benaquiel dijo con la exasperacin del profesor que no consigue traspasar la dureza mental de su pupilo. La nica conclusin a la que podemos llegar
es que alguien en el momento de la muerte de Jess, escribi que ste tena un hijo. A nada ms. Porque algo est escrito no quiere decir que sea verdad, ni en el ao
2045 ni en el ao uno. Ese documento lo podan haber escrito los fariseos, un adltere de Poncio Pilatos o incluso Judas Iscariote, con el fin de desacreditar a vuestro
Mesas. Pudo haber sido un ejercicio de manipulacin meditica para que sus seguidores y afines perdiesen credibilidad, de la misma manera que los medios de
comunicacin de las Marcas Globales lanzaban rumores sobre los gobiernos democrticos para debilitarlos y acelerar su cada. No te debes fiar de lo que lees, aunque
tenga ms de 2000 aos de antigedad.
Nunca se me habra ocurrido lo que me deca, yo no era historiador profesional, y tampoco saba muy bien a dnde quera llegar con aquella explicacin.
39.
Volviendo a la Orden de Calatrava, cambi de tercio Benaquiel, y te hablo de memoria. Los musulmanes de Abd el Mmen atacaron la lnea del Guadiana, donde
el castillo de Calatrava la Vieja era una plaza fuerte de vital importancia estratgica, cuya cada hara peligrar la defensa de Toledo. El historiador se haba levantado de
su silla y de forma enftica, con amplios y exagerados movimientos de sus brazos, reviva aquella contienda. Gracias a la pasin que pona en sus palabras no era difcil
enfrascarse en su relato, imaginando tropas de caballera ligera rabes, con sus arcos cortos y alfanjes adentrndose en los territorios manchegos
Los Caballeros Templarios haban obtenido unos aos antes, como premio a su apoyo al rey Alfonso VII El Emperador, la propiedad de esa fortaleza y aledaos,
ms las rentas que se pudieran derivar de ellos: a cambio ellos deban defenderla. Y no lo hicieron, se retiraron.
Templarios cobardes de mierda, dijo Benaquiel cambiando la voz, para hacerme ver que estaba tomando la personalidad del rey Sancho. - Os beneficiis de los
tributos y os largis cuando las cosas se ponen feas. No hay aqu ningn valiente que defienda la plaza? Yo, el rey, la ceder gustoso a aqul que la conserve fuera de
las garras de los infieles -.
Nadie dio un paso al frente, sino todo lo contrario, los nobles all presentes intentaban esconderse, unos detrs de otros, sin cruzar la mirada con la del soberano,
dirigindola al suelo o al techo en funcin de su estatura. Al cabo de un tiempo el valiente caballero Diego Velzquez, hidalgo de la Bureba burgalesa, se adelant, y
convenci al Abad Raimundo para que juntos recogieran el reto lanzado por el Rey Sancho y se hicieran con la propiedad de la fortaleza en nombre de la Orden del
Cster.
Benaquiel par su relato para tomar aire y continuar con una explicacin ms pausada.
Eso, supuestamente, es lo que ocurri, lo que describieron los escribanos presentes en aquella reunin, y lo que se hizo saber al pueblo. Yo he visto los documentos
en que se recoge y, aun siendo debidamente autentificados, me inspiraron ciertas dudas en cuanto a la veracidad de lo ocurrido. En primer lugar esos escritos no dejan de
ser el equivalente al peridico o a la televisin de la poca y entonces, como ahora, quien pagaba a los escribanos consegua que se dijese lo que ms le convena. En este
caso el Rey Sancho quera que los mticos Caballeros del Temple fuesen cuestionados en cuanto a su valenta, ya que deseaba desposeerles de la fortaleza y ensalzar las
virtudes guerreras de los nuevos propietarios. Es precisamente eso lo que se refleja en los documentos descriptivos de la poca.
Yo era un sufridor, y un convencido, de la facilidad con que se poda tergiversar la informacin. Era ese tipo de manipulacin, si bien con la tecnologa ms avanzada
de la televisin, lo que me haba convertido, en un momento dado de mi vida, en hroe y la que, utilizada a mi favor, me haba servido para no ser ejecutado. No me
extra en exceso que ese tipo de comportamiento tambin existiese en el siglo XII: la condicin humana no cambia.
Como historiador no puedo fiarme de ese documento a pesar de que est fundamentado en un hecho real, porque est viciado al ser una versin preparada con una
intencin propagandstica. Si quiero acercarme ms a la verdad de lo que ocurri debo estudiar otro tipo de archivos ms objetivos, donde el engao sea difcil o
contraproducente, por ejemplo: las cartas, los registros de propiedad, las actas de bautizo y defuncin de las iglesias, mezquitas o sinagogas y las demandas ante el rey
o sus enviados y sus resoluciones. La correspondencia del Rey Sancho con el Maestre del Temple en Espaa y entre ste y su superior en Jerusaln nos pueden dar una
perspectiva distinta. Esas cartas existen, seguro, no s si aqu, o en otro lugar similar, y si estuviese estudiando este episodio en concreto me preocupara en buscarlas,
aunque tambin te puedo decir ms o menos lo que encontrara. A mediados del siglo XII la Orden de los Templarios era la fuerza de choque de la cristiandad contra los
musulmanes, y su teatro de operaciones estaba en Oriente Medio; para ellos la Reconquista espaola era un frente de inters menor. A fin de cuentas aqu no estaban
defendiendo la tumba de vuestro seor. Sus campaas en la pennsula ibrica entraban dentro de los objetivos de su orden, pero con un inters relativo, por lo tanto no
es difcil recomponer el contenido de sus cartas.
Querido Maestre de la Orden del Temple en Toledo,
Como sabes aqu en Jerusaln estamos acuciados por los ataques continuos de los musulmanes y te agradecera, o ms bien te ordeno, que ochocientos caballeros y
sus pertrechos cojan un barco en Valencia y se vengan a Acre inmediatamente. Un fuerte abrazo, Tu Jefe. P.S. Por favor manda varias vasijas de aceite de oliva para
engrasar las armaduras que con la arena se hacen muy incmodas.
Querido Jefe,
Los musulmanes en La Mancha tambin nos acucian de modo que nos da igual que nos acucien aqu que en Tierra Santa. Un crucero en barco nos ira bien para
reponer fuerzas. El nico problema lo tenemos con el Rey Sancho que quiere que le defendamos las posiciones del Guadiana en Calatrava y no creo que tolere que nos
vayamos. Algo de razn tiene porque sin nosotros los musulmanes llegarn a Toledo sin problemas. Me acordar de llevar aceite.
Querido Maestre del Orden del Temple en Toledo,
Me importa un rbano lo que diga el Rey Sancho. Si quiere vuestros servicios que os pague en oro y nos lo mandis para contratar a ms tropas en la zona, que
tampoco andamos sobrados de guita. Vamos que o paga, u os vens hacia aqu, que buena falta nos hacis. Un abrazo, tu Jefe.
Querido Rey Sancho,
Nos vamos a Tierra Santa y ah te las veas con las tropas de Abd el Mmen t solo, a no ser que quieras pagar unos cuantos cofres llenos de oro por nuestros
servicios. No aceptamos cheques. Cordialmente el Maestre Superior de Toledo.
Estoy frivolizando, de acuerdo, pero en lneas generales su correspondencia ira en esta lnea. Lo siguiente en analizar sera la conducta del Abad Raimundo y del
caballero monje Diego Velzquez, no dudo de su valenta pero s de la pureza de sus motivos. Por qu si no iban a pedir la propiedad del Castillo de Calatrava a cambio
de su defensa? Como leales sbditos deberan seguir las rdenes de su monarca, y, como cristianos beligerantes, la lucha contra el musulmn debera darles la
satisfaccin moral y personal suficiente como para no preocuparse de las recompensas terrenales. Es ms probable que el tal Diego Velzquez fuese un guerrero de
fortuna, pero sin fortuna y que estuviese mal viviendo de los pequeos beneficios que le podan reportar sus redadas y saqueos a los pueblos musulmanes. Igualmente
es probable que el Abad Raimundo, aunque con un cargo religioso importante, no fuese el titular de una abada, por lo tanto no tendra acceso a las riquezas directas que
sta le poda aportar, y dependera de los estipendios que recibiera de su orden monstica, que por lo general no seran generosos. Lo que te cuento es mera especulacin
pero est basada en muchos aos de experiencia investigando el pasado e intuyo que no me equivoco demasiado.
Segua sin saber a dnde quera llegar aquel erudito de la Historia, pero su manera de expresarse y los conocimientos que claramente tena me imposibilitaban no
prestarle atencin: haber sido alumno suyo hubiese sido un placer.
En conclusin: el origen de la Orden de Calatrava no es fruto de la cobarda de los Templarios y la valenta y espiritualidad de dos castellanos, tal como los cronistas
nos quieren hacer ver. Sino de la falta de poder del Rey Sancho frente a los Templarios, que no acataban sus rdenes, y la sed de riquezas de un par de guerreros
profesionales. Lo que no quita veracidad al hecho cierto de que en el 1 de enero de 1158 en la villa de Almazn, el rey don Sancho, hijo de Alfonso VII El Emperador,
cumpli su promesa. He visto un facsmile de ese documento y te cito de memoria lo que deca:
Yo, Rey Sancho de Castilla, Defensor de la Cristiandad etc. etc. dono a perpetuidad la villa y fortaleza de Calatrava a la Orden del Cster, representada por el Abad
don Raimundo, y a todos sus monjes, para que la tuvieran para siempre jams, y, con la ayuda de mi Reino, la defienda de los enemigos de Cristo.
Los firmantes del documento tambin tenan un peso especfico importante, lo que le daba mayor valor, puesto que su presencia como testigos hara difcil su
incumplimiento por parte del rey Don Sancho; entre ellos figuran el rey de Navarra, el mayordomo del soberano, el Potestad de Castilla, el seor de Logroo, el Primado
de las Espaas y el prelado de Sigenza, Cerelomo. Es igualmente cierto que Calatrava la Vieja no fue tomada por Abd el Mmen. Los cronistas dicen que el Abad
Raimundo y su Capitn de Guerra, Don Diego Velzquez, por su arrojo y espiritualidad, consiguieron reunir un ejrcito de ms de 20.000 hombres, muchos de ellos
adscritos a la orden Cisterciense, y su presencia fue suficiente para que los musulmanes abandonasen su campaa de conquista. Personalmente creo que los cronistas
exageran, que el ejrcito que formaron sera menor en nmero y bastante menos espiritual, vertebrado en torno a unas centenas de caballeros y guerreros profesionales
ms preocupados por obtener provecho de los saqueos que por alcanzar vuestro cielo. Para los ms simples, o devotos, Raimundo ofreci una indulgencia en la lnea de
las utilizadas por los papas para incentivar a los cruzados, haciendo pblico que cualquiera que luchase para defender a Calatrava sera perdonado de todos sus
pecados: una indulgencia era ms barata que una soldada.
En teora se trataba de caballeros que acordaron sus costumbres a las del Cster tanto como lo permitiese su oficio guerrero, uniendo la fatiga del soldado con la
abstinencia del cenobita, las fervientes oraciones con el bravo empuje de la pelea, o por lo menos as nos lo cuenta Alonso de Estero, cronista de la poca, en lo que
nicamente se puede considerar como un manifiesto de propaganda. Esto es evidente por el conflicto que se cre una vez muertos los dos promotores, el Abad
Raimundo y Diego Velzquez; los caballeros se amotinaron no queriendo vivir con los monjes y menos an dedicarse a la oracin y la vida contemplativa. Ten en cuenta
que un caballero armado en el siglo XII era un ser violento por necesidad, pues su vida y la de sus compaeros dependa de ello, y tambin por naturaleza, en muchos
casos. Te puedes imaginar la convivencia entre unos monjes, con cierta educacin, provenientes de familias adineradas y que se daban por satisfechos con la tranquilidad
de una vida dedicada al estudio y la oracin, y unos guerreros que no saban ni leer ni escribir, mujeriegos, jugadores, bebedores, fogosos y armados. Los religiosos se
separaron de los caballeros y stos decidieron que seran ellos quienes eligiesen a su caudillo, ignorando cualquier lealtad que pudiera deber al rey, Dios o el diablo.
Era preferible, tanto para el Rey como para la Iglesia, que esta milicia bien organizada y equipada estuviese sujeta a ciertas reglas y que no se convirtiese en un grupo
de mercenarios abiertos a luchar en favor de cualquier reyezuelo o noble, musulmn o cristiano. Fue en el ao 1164, cuando el Cster, el Pontfice y el rey Don Sancho,
acordaron la primera regla para la Orden de Calatrava, que de esa manera qued formalmente constituida con sus privilegios y, algunas, obligaciones, pero, al menos,
estara incorporada dentro de las estructuras de poder vigentes y no existira como un ejrcito autnomo.
Y as empez a funcionar la Orden de Calatrava, dije como conclusin a la historia que me haba contado Benaquiel.
As es. Algo ms?.
No tengo tiempo para que me cuentes toda su historia, vidas y milagros. Pero me hace falta saber si, bajo sus dominios, se cometieron asesinatos de una crueldad
macabra, si se ejecutaron con el conocimiento o connivencia de la orden y, ms importante an, si podra existir alguna manera por la cual los motivos que los
propiciaron hace siglos pudiesen estar vigentes hoy en da, insist.
No acept de buena gana mi peticin, Benaquiel estaba seguro de que le estaba haciendo perder el tiempo y que no le haba prestado demasiada atencin a sus
extensas explicaciones.
Ya te he dicho que la historia es ms simple y ms complicada a la vez de lo que quieres pensar. No existe una gran teora de la conspiracin, ni grupos secretos que
manipulen el destino de la humanidad, o cuyos juramentos se mantengan en vigor generacin tras generacin. En cambio s existen las debilidades humanas y sus
virtudes; las ansias de poder, la avaricia, el amor, la bsqueda de la belleza o la libertad. stas no han cambiado desde que tenemos conocimiento del ser humano como
ser racional, y muchas explicaciones a los supuestos misterios de la historia los encontraremos precisamente si somos capaces de ahondar en las personalidades y
motivaciones de los protagonistas de cualquier hecho pasado.
Que algunos Caballeros Calatravos eran unos carniceros despiadados no me cabe la menor duda. Se trataba de soldados en guerra continua contra los musulmanes y
haran lo que creyeran oportuno para protegerse y obtener el mayor botn a su alcance. Tambin estoy seguro de que entre sus huestes se encontraran asesinos y
torturadores, como en cualquier ejrcito, y, dependiendo de las circunstancias, contaran con el beneplcito de sus superiores. Incluso existira ms de un sdico que, a
nivel particular, cometera crmenes inimaginables que haran palidecer a la propia Inquisicin. Sin embargo nada de esto dara la ms mnima credibilidad a una teora por
la cual la Orden de Calatrava, como organizacin, sera capaz de condonar estas actuaciones y menos an que fuese capaz de mantenerlas en vigor a lo largo del tiempo.
Benaquiel estaba convencido de lo que me deca y yo estaba de acuerdo con l, tanto en cuanto se tratase de un argumento en abstracto. No poda rebatirle, ni
defender mi sugerencia, de que una secta secreta con ritos que requeran sacrificios humanos fuese algo creble, para alguien medianamente educado, y sin la ingenuidad
suficiente como para creer en esos cuentos. Entenda su exasperacin ante mi cabezonera. Pero haba algo que l no alcanzaba a comprender: haba dos cadveres
destrozados, no sabamos ni quin era el asesino ni porqu lo haba hecho, y si exista la ms mnima posibilidad de encontrar algn tipo de explicacin a ello
investigando a la Orden de Calatrava, no sera yo quien desistiese de ello.
Te he escuchado educadamente, le dije al historiador, ahora me vas a escuchar t a m. No s exactamente lo que voy a encontrar, lo ms seguro es que nada, pero
an as te vas a dedicar en cuerpo y alma a buscar entre los millones de papeles que tienes a tu alrededor, da y noche, hasta que yo te diga que pares. Empezars por el
siglo XI y llegars al siglo XV, revisars todo lo referente a la Orden de Calatrava y a la zona del Campo de Calatrava en lo que concierna a muertes violentas: registros
de defuncin, acusaciones judiciales, detenciones, juicios y cualquier otra fuente que se te pueda ocurrir.
Benaquiel intent callarme, seguramente para decirme que lo que le peda era imposible y que sus tareas habituales no se lo permitiran, pens que era el momento
oportuno para sacar mi pistola de su funda, lo hice lentamente y la puse encima de la mesa.
Te voy a decir porqu lo vas a hacer: porque es infinitamente ms importante encontrar al asesino que anda suelto que localizar el documento ms valioso de este
almacn. Porque el descubrimiento ms notable sobre nuestro pasado no tiene ningn valor comparado con el llevar a ese carnicero ante la justicia. Pero, sobre todo,
porque va a seguir matando y, francamente, el buen orden del Archivo Histrico de la Ciudad de Toledo bien puede esperar en estas circunstancias.
Creo que estaba convenciendo a Benaquiel con mis argumentos pero sent que deba reforzar mi punto de vista para que mis rdenes se cumpliesen con el mayor
entusiasmo posible. Le apunt a la cara con la Glock.
Para m es tan importante la vida de la siguiente vctima como la tuya. Me gustara que ninguna de las dos se perdiera. Trag saliva ante la aparente prdida de
cordura por mi parte y, una vez que haba asimilado mi amenaza, guard mi arma para sonrerle.
Encontraremos al asesino y cuando lo hagamos me agradecers por haberte involucrado en la investigacin. No hay nada como salvar una vida y ayudar a la justicia
para la satisfaccin personal, ni siquiera la bsqueda de la verdad de algo ocurrido hace siglos.
Benaquiel me mir poco convencido.
Adems, quiz encuentres los planos de un tesoro.
Se comprometi a dedicarse l personalmente y todo su equipo de historiadores a la investigacin que le haba indicado, hasta que les dijese lo contrario. Me
mantendra informado de sus descubrimientos, si los hubiere.
Ninguno de los dos ramos conscientes de la importancia que tendran sus descubrimientos, aunque de poco nos serviran para encontrar al asesino.
40.
Estaba dando palos de ciego, yo lo saba y Kenyon pronto se percat de ello.
Si me dices lo que buscas, te podra ayudar, se ofreci.
No poda decirle que persegua algo que poda no existir, o, por lo menos algo de lo que no haba constancia en ningn lugar de la Mente Global.
Intua que se estaba gestando una lucha de poder dentro de PeaceMakers Inc., los comentarios de Stirling, su presidente, y la presencia de Hans Klein, en Marbella,
as lo indicaban. Al mismo tiempo, las conjeturas de Ezpeleta, sobre el funcionamiento de las Marcas Globales, servan para corroborar la intensidad de los complots
que tenan lugar en esas circunstancias. No saba si Stirling y Klein formaban parte del mismo bando, ni la influencia de Belair dentro de las Marcas Globales en su
conjunto, ni de la importancia que Marbella pudiese tener en la resolucin final de estas guerras internas. De lo que s estaba seguro era de la inoperancia de un ejrcito
dividido, y ste podra ser uno de los resultados si no se resolvan los conflictos organizativos de PeaceMakers, dentro de sus cauces ordinarios. Mi idea consista en
impedir una solucin pacfica a ese enfrentamiento, deba incrementar la beligerancia entre las distintas facciones. No se trataba de un concepto demasiado original; slo
estaba aplicando el viejo lema de divide y vencers. Pero para dividir me haca falta ms informacin.
Ms all de las biografas oficiales, la capacidad de acceso de Kenyon me permiti leer los datos ms detallados de las carreras profesionales de los ejecutivos de
PeaceMakers, extrayendo esa informacin de los archivos de personal, sin encontrar nada aparentemente fuera de lugar. Analizamos juntos los datos financieros de la
sociedad donde quedaban patentes los beneficios que sacaba de una buena guerra y las prdidas que generaba una posguerra que se alargaba en el tiempo. Finalmente
intentamos identificar la existencia de un ncleo de influencia dentro de los accionistas de PeaceMakers, cuyo apoyo pudiese decantar la balanza en un enfrentamiento.
La breve descripcin que me haba hecho el indolente Ezpeleta, tomando el sol en la piscina del hotel, ni siquiera araaba la superficie de aquel entramado de acciones
cruzadas, participaciones opacas y fondos fiduciarios que, a pesar de los intentos de Kenyon, yo no llegaba a entender.
Hay muchas personas que no quieren que se conozca la extensin de su patrimonio por diversos motivos. Por su seguridad personal, porque su riqueza se origina en
territorios fuera del control de las Marcas Globales, por no pagar impuestos, o, porque quieren esconderlo de su pareja para no arruinarse en caso de divorcio.
Supuestamente lo guardan en los distintos centros financieros de las Zonas Francas, con cuentas secretas, pero....
Le dije que no estaba all para aguantar sus pausas dramticas, y que continuase hablando.
Pero nosotros somos una agencia de seguridad global y tenemos acceso a esos datos, tan confidenciales para sus propietarios.
Se poda acceder a la informacin, pero por razones obvias era imposible realizar operaciones a travs de aquellas cuentas. Para ello haca falta utilizar el lapicero
Intercambiador de Datos Intransferible, como para todo.
Vi listas y listas de nombres en el cristal de las gafas que llevaba puestas, sus participaciones en PeaceMakers Inc. eran minsculas en trminos relativos, pero de
gran valor absoluto para sus propietarios. La gran mayora no sobrepasaba la centsima porcentual y, por lo tanto, carecan de poder de influencia. Apenas si media
docena superaba el dos por ciento, y rastreamos su origen en fondos de pensiones, entidades financieras y otras Marcas Globales, solamente una poda pertenecer a un
particular.
No te sorprenda que el titular de ese tres por ciento sea el propio Stirling, o un anterior ejecutivo nuestro. En muchos casos han amasado grandes fortunas gracias a
las opciones de la compaa que les ofrecan por sus servicios, aclar Kenyon. Tambin record las palabras de Ezpeleta: con un mero tres por ciento de participacin
se controlaba a una Marca Global. Si Stirling, o alguien cercano a l, tena esas acciones en su poder, su permanencia como presidente de PeaceMakers no corra riesgos.
En caso contrario, si perda su apoyo, ya podra empezar a buscarse un pasatiempo para su jubilacin.
Sabemos de quin son?, pregunt.
No. Pero lo averiguaremos, dijo Kenyon con seguridad.
Se poda haber ahorrado ese alarde, puesto que fue incapaz de descubrir quin era el principal accionista de su empresa.
No lo encuentro. No est aqu. No lo entiendo, repeta Kenyon una y otra vez.
Pues, mira que yo, le animaba Gonzalerra.
Le haba devuelto sus gafas para facilitar su trabajo y mova su lapicero frenticamente por la tablilla cermica.
Mi papel se haba reducido al de mero espectador, y agradec la llegada de Vicente a nuestro centro de operaciones accidental y sastrera habitual.
Qu haces aqu? No te esperaba tan pronto, me salud.
No me acostumbraba a ducharme dos veces al da.
Me dicen que la comisin de negociacin vuelve maana. Esperaba que t estuvieses con ellos.
Tambin me aburra en Marbella. No haba suficiente accin para mi gusto.
Segn mis noticias no se ha llegado a ningn acuerdo. Las negociaciones estn en tablas y hemos, o, mejor dicho, han invitado a los representantes de las Marcas
Globales a venir a Toledo para continuarlas.
Algo as ha ocurrido, le contest, sin darle importancia.
Nos atacarn?, pregunt, inquieto.
No te he llamado para hablar de Marbella, ni de guerras.
Me lo imaginaba, me dijo entregndome dos gruesos sobres que llevaba bajo el brazo.
Abr el primero y no tuve necesidad de ver sus contenidos, reconoc la foto del cadver mutilado de Eulalia Robledo como pgina de arranque. El resto de la
documentacin ya la haba estudiado en Marbella, y no tena necesidad de recordar sus macabros detalles. Sin decir nada devolv el sobre a Vicente.
No estaba seguro de que lo hubieses recibido.
Lo recib. Como tambin lo hicieron los agentes de PeaceMakers, contest, abriendo el segundo sobre.
La cara de Pedro Antnez era perfectamente reconocible: su frente cuadrada y sus anchas mandbulas resaltaban an ms que en vida por el estiramiento que haba
sufrido su piel desde su muerte, convirtindola en una especie de pergamino tensado. No sera posible saber si haba muerto sin afeitar o si su barba haba seguido
creciendo despus de perder la vida. Su sombra espesa aada al aspecto siniestro de la vctima, subrayado por la cavidad de su ojo mal cicatrizada.
41.
Despus de haber visto la rpida degeneracin del cadver de Eulalia y los estragos que en l causaron las alimaas y roedores, no encontr lgico que el de Antnez
estuviese en un estado que permitiese reconocerlo a primera vista.
Sin detenerme demasiado, pas de una fotografa a otra, para hacerme una rpida composicin de lugar. En los planos generales se vea cmo el cadver haba sido
envuelto con un grueso plstico, del que habitualmente se utilizaba como techumbre en los invernaderos. Esta especie de sbana dura haba hecho de mortaja e
impedido, o, al menos, retrasado, la corrupcin del cuerpo, conservndolo como si de una momia se tratase. Las siguientes imgenes, con el sudario de plstico ya
retirado, no dejaban ninguna duda sobre la causa de su muerte. Su camisa estaba ensangrentada y haba recibido una serie de cuchilladas en sus costillas, alguna de las
cuales le haba perforado un pulmn o, incluso, atravesado el corazn.
Aquellas heridas demostraban el ensaamiento del asesino y tambin su incompetencia. Yo no era ningn experto en el manejo de armas blancas, pero saba que clavar
una navaja en las costillas de una persona no era algo muy eficaz. stas actuaban como un escudo protector, haciendo que el golpe se desviase hacia abajo en cuanto se
encontrase con sus huesos. Era muy difcil que el navajazo se introdujese exactamente entre dos costillas, permitiendo perforar uno de los rganos vitales, en la mayora
de los casos un ataque de este tipo generara mucha sangre y pocos daos. Esto era lo que le haba ocurrido a Pedro Antnez, aunque en su caso la persistencia del
atacante consigui acabar con su vida. Una persona con ms experiencia hubiese asestado un golpe con su cuchillo justo debajo de la caja torcica, empujando hacia
arriba por debajo de las costillas hasta alcanzar el corazn. Con menos sangre y esfuerzo hubiese matado a su vctima igualmente.
Hasta ese momento no encontraba nada especialmente fuera de lugar en aquel asesinato. Alguien, seguramente con motivos ms que suficientes, quera vengarse de
Pedro Antnez y, de una forma bastante chapucera, consigui su objetivo. Una vez cometido el crimen intent que el cadver no fuese descubierto, escondindolo de
una manera tan rebuscada como ineficaz. Investigaramos el asunto y, con un poco de suerte, encontraramos al culpable que resultara ser algn desgraciado a quien
Antnez habra perseguido, maltratado o humillado durante su pequeo reinado de terror.
nicamente me inquiet cuando en una de las fotos vi, en segundo plano, las piedras de un muro de apariencia medieval. Busqu apresuradamente, entre las pginas
del dossier, para ver la ubicacin exacta de la escena del crimen: el cadver de Pedro Antnez fue hallado en las ruinas del castillo de Salvatierra, en el cerro de El
Alacranejo, en pleno Campo de Calatrava.
No le des una importancia que no tiene, me aconsej Cintia unos das ms tarde, en unas circunstancias ms complejas, cuando intentbamos dejar a un lado
nuestro dolor para analizar framente los datos que nos aportaba el asesinato de Pedro Antnez.
El castillo de Salvatierra est a unos cinco kilmetros de Aldea del Rey; es lgico que fuese asesinado cerca de su pueblo por un vecino de la zona. No le busques
tres pies al gato.
No crees que su muerte est relacionada con la de las chicas?, le pregunt.
No es posible saberlo a ciencia cierta, pero yo te dira que no. En primer lugar se trata de un hombre y no de una mujer. Bellezas en ambos casos. En segundo lugar
no se ha dejado su cuerpo en forma de cruz, y no parece ser que se haya seguido ningn tipo de ritual.
No consideras amortajarlo con plstico como un ritual?.
No. No es una manera obvia de efectuar una puesta en escena simblica. Sigo pensando que es algo oportunista, una manera de llevar el cadver de un lado a otro sin
dejar rastros de sangre ni llamar demasiado la atencin.
Me haba empeado en pensar que los asesinatos de Rosario, Eulalia y Antnez haban sido ejecutados por la misma persona. Era consciente de la prdida de tiempo
que poda suponer seguir una pista falsa, e intentaba dejar que los argumentos de Cintia me convenciesen.
Tampoco encaja dentro del marco temporal. Antnez fue asesinado el 25 de agosto, en cuyo caso hubiese sido la primera vctima, y su cadver no fue descubierto
hasta un mes ms tarde. El asesino lo escondi, algo que no se hizo con las otras vctimas, y hubiese podido permanecer all hasta el fin de los tiempos.
Si no llega a ser por el chivatazo, le interrump.
Porque fue con el envo de una nota annima, desvelando el lugar donde se encontraba el cuerpo de Pedro Antnez, cuando empezaron a surgir todo tipo de
incoherencias. Apareci clavada en la puerta de la alcalda de Aldea del Rey y su responsable en funciones, y maestro de pueblo, Miguel Rodenas, la envi directamente
a la Ciudad Estado de Toledo, donde, Vicente, haciendo uso de su prerrogativa, la redirigi a Pepe Manzano.
No se encontr a la persona que envi la nota. Nadie haba visto quin la clav en la puerta. Ni las pesquisas realizadas por Pepe en la zona, ni la recompensa
ofrecida dieron con su autor. Ninguno de los vecinos haba estado en El Alacranejo en los das anteriores a la recepcin del annimo, ni haban visto a nadie por los
alrededores.
La envi el asesino, dije convencido.
O no, contest Cintia, la pudo mandar cualquier persona lo suficientemente temerosa de meterse en jaleos, o cuyo pavor a Antnez le condicionaba incluso
despus de verle muerto.
Te equivocas, le dije, y ahora ya no se trataba de convencimiento, sino de seguridad. Lee la nota.
La hemos ledo cientos de veces.
Vuelve a hacerlo.
El cadver de Pedro Antnez est en el cerro de El Alacranejo, ley Cintia de un manoseado papel. Es muy simple y concreta, lo que escribira una persona para
transmitir informacin. Sin las florituras que se encuentran a menudo cuando un asesino se vanagloria de sus actos.
Y yo te digo que slo el asesino la pudo haber escrito.
Demustramelo.
Le ense una de las fotos del dossier, que cronolgicamente era la primera que se haba tomado. El cuerpo de Antnez estaba enrollado en plstico como si se tratara
de un capullo de seda. Indiqu el lugar en que se encontraba su cara. No se poda distinguir su rostro. De haberlo descubierto alguien accidentalmente no hubiese podido
saber a quin perteneca el cadver. No tuve que explicar nada ms a Cintia, que lleg a una conclusin ms siniestra.
El asesino quera que lo encontrsemos. Su motivacin va ms all que la simple venganza.
Tambin quera darnos la fecha exacta en la que cometi su crimen. El veinticinco de agosto.
42.
Met cuidadosamente toda la documentacin que Vicente me acababa de dar en el sobre, slo guard en la mano un papel impreso con muy mala calidad.
Y esto?, pregunt a Vicente.
Lo encontraron en uno de los bolsillos del pantaln de Antnez.
Y qu ms?.
Es informacin sobre los cortes de electricidad en la zona de Almagro.
Eso ya lo veo, le contest de malas maneras.
Corresponde a la primera semana de septiembre.
Eso tambin lo veo. Cundo fue repartida?.
El veinticinco de agosto.
As habis establecido el da exacto en que muri?.
Encaja, ms o menos, con el informe del forense mdico.
Ms o menos, me re, mostrando mis dudas sobre su fiabilidad. Antnez poda haber tenido ese papel en el bolsillo durante semanas antes de morir. Slo
demuestra que estaba vivo ese da.
No tena nada ms en los bolsillos, replic Vicente a la defensiva.
Y qu? Lo guardara para limpiarse el culo como hace la mayora de la gente.
Aunque pareciese un comentario soez, no lo era tanto, la escasez de papel haca que los ciudadanos aprovechasen todo tipo de notificaciones, una vez ledas y
asimiladas, para esos menesteres. Vicente baj la mirada, apartndola de mis ojos, hacindome ver que era reacio a contarme lo que, de cualquier forma, me iba a contar.
Eso no es todo, continu.
Te escucho.
El da 24 de agosto estabas en Torrenueva, mediando entre su alcalde y el de Santa Cruz de Mudela, enfrentados por unas lindes. Eso nos consta, empez diciendo
el viejo bedel. El 26 de agosto habas regresado a Almagro. El castillo de Salvatierra est a mitad de camino entre esos dos lugares.
Qu insinas?, le pregunt, a pesar de la obvia conclusin a sus explicaciones.
Mataste a Pedro Antnez?. Al menos Vicente lo haba enunciado en forma de pregunta, aunque no por ello dejaba de ser una acusacin en toda regla.
No le quise contestar. No caera en su trampa dialctica de tener que defender una postura que era, por definicin, indefendible: es relativamente fcil demostrar que
has hecho algo, es imposible demostrar que no lo hayas hecho. El silencio se alargaba y slo lo rompan los ronquidos de Gonzalerra, que, exhausto despus de haber
conducido toda la noche, dorma tumbado en el suelo, sobre la alfombra.
Ser mejor que te vayas.
El alcalde y el resto del cabildo quieren aclarar esto cuanto antes. Fue suya la idea de comprobar dnde habas estado esos das. Actuaban de buena fe, queran
asegurarse de que t no podas ser el asesino al situarte, durante el da del crimen, lejos de aquel lugar.
Ya lo tengo, grit Kenyon, quitndose las gafas.
Le ignor y volv a repetir, dirigindome a Vicente: Ser mejor que te vayas.
Esta vez me hizo caso.
Me gir hacia Kenyon, que me extenda sus gafas con la mano, para que me las pusiese, en un estado de excitacin. No vea ningn nombre en el visor, slo nmeros
y referencias, y as se lo dije.
Exacto, me respondi.
A quin pertenece el paquete de acciones de PeaceMakers?, le tuve que preguntar para centrarle.
No lo s.
Entonces, a qu viene este alboroto?.
La Mente Global tampoco lo sabe.
Menudo consuelo.
Pero he descubierto por qu el nombre del propietario no est en las bases de datos.
Estupendo, le dije sin entusiasmo.
La cuenta, donde estn depositados los ttulos, no est relacionada con un Intercambiador de Datos Intransferible. Nadie se ha identificado con su huella de
segregacin cutnea como titular de las acciones.
Es eso posible?.
Lo es, si no se han efectuado transacciones desde la implantacin del sistema de seguridad actual, como es el caso. El ltimo movimiento tuvo lugar en 2035, como
podrs ver en el visor, y el nuevo sistema de reconocimiento empez a implantarse en 2037. Para poder utilizar la cuenta a partir de ese momento el propietario deba
de reemplazar sus claves de acceso numricas por una identificacin de su segregacin cutnea. Al no tocar la cuenta, no ha sido necesario cumplimentar este trmite.
Pregunt a Kenyon sobre las implicaciones que esta situacin podra haber tenido a efectos de su influencia accionarial.
Ninguna. Jams se han dado instrucciones para votar en las Juntas de Accionistas. El propietario se ha mantenido neutral, como si no existiese. Hasta puede estar
muerto, en cuyo caso hay una fortuna perdida que no pertenece a nadie.
Quin sera el propietario en ese caso?.
La persona que tuviese la clave de acceso numrico de identificacin original.
As de sencillo.
As de sencillo, corrobor Kenyon.
Y nadie sabe quin es esa persona.
Nadie.
Me preguntaba cmo era posible que una de las grandes fortunas del planeta se hubiese mantenido en el anonimato ms absoluto durante una dcada, sin beneficiarse
de las riquezas, ni del poder que le correspondan. Se trataba de una inquietud abstracta, que de poco me serva resolver.
A no ser que Stirling, el presidente de PeaceMakers, o sus oponentes, hubiesen descubierto la identidad del misterioso propietario. Conseguir su apoyo inclinara la
balanza, de un lado o de otro.
43.
No me puedes pedir eso, Kenyon se rebel. Hasta ahora la informacin que te he buscado no perjudica abiertamente a mi empresa. Puedo justificar habrtela dado
bajo coaccin. Nadie me echara en cara colaborar contigo en la persecucin de un asesino en serie, ni rastrear la informacin financiera de PeaceMakers. Aunque sea
informacin confidencial, no creo que preocupe a nadie el hecho de que la hayas obtenido, poco uso podrs hacer de ella. Pero es imposible darte lo que me pides
ahora, reiter.
Le haba pedido el plan de campaa de la invasin de Al-Andalus; su despliegue de tropas, composicin de unidades, lista de armamentos, notas de suministros y
lneas de comunicacin.
Como ejecutivo de PeaceMakers en la zona, Kenyon estaba en una situacin privilegiada para darme esos datos; no slo tena el nivel de acceso requerido sino que
tambin haba participado en su preparacin, de modo que saba dnde buscarlos.
Curiosamente de toda la informacin que quera obtener la que menos me interesaba era sta. Por propia experiencia saba que si una persona, o clula armada, caa en
manos enemigas cualquier informacin confidencial pasara a sus captores en poco tiempo. Se deba asumir, de manera automtica, que esa informacin estaba
contaminada y obrar en consecuencia: cambiando planes, redistribuyendo el armamento, cancelando encuentros o destruyendo documentacin. Los protocolos de
actuacin dentro de PeaceMakers seran similares, en cuanto se percatasen de la desaparicin de Kenyon y de su acceso posterior a los planes de campaa, asumiran
que estaban en mis manos y, por lo tanto, comprometidos. No les quedara ms remedio que cambiarlos, y eso llevara tiempo, algo que yo necesitaba ganar.
Tambin me gustara saber los costes que habis presupuestado para la contienda inicial y la duracin estimada del perodo de ocupacin, le dije. Por pedir que no
quedase.
Ser mi ruina. Me despedirn. No volver a trabajar, se quejaba. En eso tena razn, las polticas de empleo en las zonas controladas por las Marcas Globales eran
inhumanas: mientras trabajases en una de ellas el nivel de vida en trminos de bienes de consumo era muy alto. En cuanto dejases de pertenecer a su personal, te
convertas en un ser casi marginal, deambulando de empleo basura en empleo basura, y, nadie despedido por motivos disciplinarios de una de ellas, encontrara una
colocacin en otra.
Es mejor estar en el paro que muerto, le anim.
se es el problema, me confes. No te creo. No creo que me mates.
No?.
Eres un hijo de puta, pero no esa clase de hijo de puta. Despus de haberte ayudado no me pegaras un tiro a sangre fra.
Tena razn. En lo de no matarle, no en lo de que yo fuese un hijo de puta.
Siempre podrs decir que s me creas y que desvelaste sus secretos para conservar la vida. Me parece una excusa razonable.
se es el problema, me volvi a repetir, como a un nio intransigente. Ellos lo sabrn.
Por ellos te refieres a los mandamases de PeaceMakers? Entiendo que conoceran la informacin que me has desvelado. Un rastreo de la Mente Global les indicara
los archivos que has abierto y de ah descubriran el contenido de los datos traspasados. Pero nada ms. No sabran si te tena aterrorizado cuando los traicionaste o si lo
hiciste por voluntad propia.
se es el problema, repeta machaconamente.
Gonzalerra se desperezaba en el suelo ruidosamente, estirando sus brazos y piernas, sin darse cuenta o sin importarle, de dnde estaba.
Sabrn que no crea en tu amenaza. Me pondrn bajo tratamiento y lo descubrirn.
Qu tipo de tratamiento?. Me estaba yendo por los cerros de beda, pero senta curiosidad.
No es doloroso, sino todo lo contrario. Mucha gente lo sigue para controlar sus miedos y, aparentemente, es muy efectivo como terapia psicolgica. Se llama el
Tratamiento de la Verdad Subjetiva y es un desarrollo del mtodo de la regresin, reforzado por componentes qumicos. Bsicamente el paciente relata su verdad de los
hechos, sin poder engaarse a s mismo y esto libera todos sus demonios internos. Tambin es absolutamente fiable como mtodo de interrogatorio. Imagnate, si no te
puedes engaar a ti mismo difcilmente lo podrs hacer al prjimo. En PeaceMakers lo hemos adaptado para estos fines con resultados extraordinarios.
No le quise resaltar que, precisamente, a causa de esa efectividad, su futuro no pareca demasiado halageo.
Lo siento, Bolto, pero no me puedes obligar a ayudarte.
Creo que Kenyon lleg a pensar que se saldra con la suya. Gonzalerra se levant y cogi mi Colt. Apunt de manera casual a Kenyon.
Vamos, le dijo, mientras que Kenyon me preguntaba con la mirada sobre lo que estaba ocurriendo. Con un movimiento de hombros, le hice ver que yo nada tena
que ver con el comportamiento de Gonzalerra.
Ya has acabado o no?, le pregunt, con sus maneras de matn.
S... creo que s, contest Kenyon, con un ligero tartamudeo.
Pues andando. Si has acabado, aqu sobras. El que no suma, resta, dijo Gonzalerra, mientras le indicaba, con la pistola, que se acercase a la puerta para salir.
Dnde me llevas?.
Mira Kenyon, me caes bastante simptico, me pareces un tipo legal, y eso est bien en los tiempos que corren, pero siempre, desde mi ms tierna infancia, he
querido decir una frase y t me has dado esa oportunidad: Esto no es nada personal`.
El sueo le haba sentado bien a Gonzalerra, jams le haba odo decir tantas palabras seguidas desde que le conoca.
Me acompaars al coche, conseguiremos una pala e iremos a un sitio solitario, alejado de miradas indiscretas. All cavars un agujero de metro y medio de
profundidad, que ser tu tumba. Despus te pegar un tiro en la nuca, con la suficiente distancia para que no me salpique tu sangre. Tu cadver caer en el hoyo, y al
utilizar un revlver, no tendr necesidad de buscar el casquillo. Te enterrar, borrar las huellas de los neumticos para que nadie sospeche que un vehculo ha estado
all, y volver aqu. Nadie sabr lo que ha pasado. Nunca.
Con lo sencillo que era. Me pregunt por qu el asesino de Pedro Antnez se haba complicado tanto la vida, envolviendo al muerto en plstico y machacar sus
costillas con un cuchillo.
Vamos!, orden Gonzalerra.
Les di la espalda para dar la impresin de que no intercedera para salvar la vida de Kenyon.
Si alguna vez Kenyon era sometido al tratamiento de la Verdad Subjetiva, dira que nos desvel los planes de campaa de su organizacin bajo una presin psquica
intolerable. Estaba absolutamente aterrorizado cuando se puso de nuevo sus gafas.
Kenyon llevaba dos horas bajando los archivos pertinentes mientras yo tomaba copiosas, e intiles, notas cuando la Mente Global dej de transferir datos. Poda
tratarse de una cada en la red de comunicaciones de la Ciudad Estado de Toledo, pero no era as. Haban descubierto la desaparicin de Kenyon y cortado su acceso
informtico. Tambin sabran dnde se encontraba y deduciran que estaba conmigo.
A todos los efectos yo volva a estar vivo.
44.
Har todo lo que est en mis manos para que se te revoquen los privilegios de Hombre Bueno, concluy la doctora Conde su discurso ante el resto de los
Concejales de la Ciudad Estado de Toledo.
Iba siendo hora de que respondiese a todas sus acusaciones, que no eran pocas ni carentes de fundamento, y, a pesar de no haberme gustado el tono empleado en su
exposicin, ni la manera en que haba sido convocado, intentara no ensaarme con ella e ignorarla al mximo.
Cuando se cort la seal de acceso de Kenyon a la Mente Global, me empezaron a doler el costado y el brazo. Despus de la tensin de la caza en el ciberespacio,
que me haba hecho olvidar mis molestias, stas volvieron con la calma.
Gonzalerra, si quieres vete a visitar la ciudad. Llvate a Kenyon, no le pierdas de vista pero tampoco le mates, le dije. A todos los efectos, la utilidad de Kenyon
haba dejado de existir, pero no por eso quera que el burcrata estuviese en un permanente estado de angustia en compaa de Gonzalerra. Yo sal del Alczar con ellos
y me dirig a la Cuesta de la Granja, cerca de la Puerta Antigua de Bisagra, donde Hang Zhou, pronunciado Jan Ch por sus vecinos, El Cantons, tena su morada.
De haber sufrido una herida de arma blanca o, incluso, de fuego, habran acudido al cirujano rabe, Al-Zumar, en la calle Cambrn. Sus suturas se volvan casi
invisibles con el tiempo y siempre tena una provisin de penicilina y desinfectantes. En mi caso actual pens ms adecuado recurrir al antiguo arte de la acupuntura.
Fue Pepe Manzano quien me llev por primera vez a aquella casa destartalada habitada por una familia china extensa, compuesta de innumerables miembros, desde
bebs hasta ancianos con ms aos que las propias piedras de la muralla. La planta baja era un restaurante decorado con una pecera iluminada, en la que nadaban
pececillos de colores, y un gran mural que representaba unos paisajes orientales dibujados con su estilo caracterstico, el resto de las paredes eran rojas con alguna
inscripcin o detalle en dorado. De no haber sabido que estaba en Toledo, poda haber estado en un restaurante chino de cualquier lugar del mundo. Segn me dicen, son
todos iguales.
Durante los aos ms duros de la hambruna, siempre se poda comer carne en el Jan Ch. Y nos hacen falta protenas, me recordaba Pepe. Por lo dems, la
condimentacin de los platos, con sus salsas picantes o agridulces, eran capaces de hacer comestible, sino delicioso, cualquier tipo de animal.
No preguntes y come, me deca Pepe. Est bueno y alimenta. No quiero ni pensar la cantidad de carne de rata que engullimos, guisada de mil maneras diferentes.
Pero haba tal escasez de alimentos que poco nos importaba. En una ocasin Pepe trajo dos patos salvajes que haba cazado en sus correras. La familia china emita
todo tipo de sonidos agudos incomprensibles para nosotros que mostraban su excitacin. No recuerdo cuntas personas comimos gracias a aquellas dos aves, pero me
dio la impresin de que el milagro de los panes y los peces no hubiese sido difcil de recrear en el restaurante de Jan Ch. Slo me inquiet en una ocasin; Pepe estaba
haciendo sus comentarios habituales sobre la procedencia de la carne y su estado de salubridad cuando se nos acerc el propio Jan. Cuando Gengis Khan siti la ciudad
de Beijing, nos dijo en tono solemne, murieron miles de personas de hambre, se aprendi a cocinar de todo, y tambin a comerlo. No quedaban ni gatos, ni perros, ni
ratas en la ciudad. Es la nica gran experiencia de canibalismo masivo que figura en los libros de Historia. Jan Ch no sonri al decirlo.
Cuatro o cinco de los mltiples componentes del clan Ch me saludaron al cruzar el comedor y dirigirme a la cocina donde estaba el padre de familia, con un cuchillo
cortaba las cabezas de unos pollos antes de desplumarlos. Se limpi las manos en el delantal antes de acercarse para estrechrmelas. Le expliqu los dolores que padeca
y me invit a seguirle al segundo piso. Me introdujo en una oscura habitacin, donde unos tenues rayos de sol se filtraban a pesar de las espesas cortinas, con una
camilla en el centro. Pronto apareci otro chino, hermano o primo de Jan, pues eran de la misma edad, a quien mi anfitrin explic lo que quera en su chillona jerga. Jan
nos dej, su primo me indic que me desnudase y me tumbase en la camilla. Al ver la zona amoratada de mi cuerpo, lanz unos sonidos de apreciacin y luego clav sus
dedos en mi hombro. Me hizo gritar de dolor, al mismo tiempo que me sonrea. Cuando me apret la parte superior del brazo con igual fuerza, desapareci el dolor
anterior tan rpido como lo haba causado. El chino asenta con la cabeza dndome a entender que haba finalizado su diagnstico y que a partir de ese momento
empezara la cura.
Yo no era consciente del paso del tiempo; sent en un principio cmo me clavaban las agujas de acupuntura, sin ms dolor que cuando te pica una mosca, en la base de
la espalda, la parte de atrs de las rodillas y la planta de los pies. En mitad de mi sueo, unas fuertes manos me agarraron y me giraron para dejarme boca arriba, sin
despertarme del todo. Esta vez ni tan siquiera not las agujas que me pusieron a lo largo del estmago, en las orejas y en la frente. No supe cunto tiempo me qued en
esa especie de limbo, ni sabra cunto tiempo ms hubiese seguido as, cuando o una conmocin al otro lado de la puerta, en las escaleras.
La voz paciente de Jan, apoyada en la cacofona de sus parientes, explicaba que me encontraba en un estado de salud penoso y que para una rpida y duradera
recuperacin, haca falta esperar hasta que se acabase el tratamiento al que estaba siendo sometido. La voz autoritaria y estridente de la doctora Conde, Senescal de la
Ciudad Estado de Toledo, exigiendo verme de inmediato, no pareca impresionar en exceso a Jan quien, adems, insista en la falta de educacin que supondra
molestarme en aquellas circunstancias, y la consecuente prdida de honor que ello acarreara a su familia, dentro de los conceptos de hospitalidad propios de su cultura.
De mal grado acept la doctora Conde estos impedimentos para sacarme de all, y o cmo bajaba las escaleras dando fuertes golpes taconazos.
Las yemas de los dedos del primo de Jan apretaban mis sienes, deslizndose por mi crneo para darme un masaje. Volv a caer en un sueo profundo. Cuando me
despert, me haban quitado todas las agujas y unas suaves manos de mujer me restregaban un aceite perfumado por todo el cuerpo. No senta ningn dolor y al estirar
el brazo apenas s notaba unos pequeos tirones.
Se lo agradec a mi mdico e intent pagarle, lo que rechaz, pidindome que, si yo, o mi amigo Pepe, cazbamos un pato, se lo trajsemos. Le promet que as lo
hara. Yo no haba cazado un pato en mi vida, pero hablara con Pepe para saldar mi deuda. Slo me quedaba ir a ver lo que quera la Senescala, como tena por
costumbre llamarle Vicente a sus espaldas, en pie de guerra.
45.
Me haba sentado con ellos en la mesa de reuniones de la sala principal del Ayuntamiento, lo que me anim de cierta manera. An me consideraban digno de ser
tratado como un igual. La doctora Conde se haba otorgado el papel de la acusacin, y no haba parado de lanzar sus agravios contra mi persona desde el mismo
momento en el que me haba presentado all. En orden cronolgico y de manera formal, denunciaba mi falta de inters en el cumplimiento de mi misin como embajador
de Al-Andalus, al no haber acudido a ninguna de las reuniones de negociacin, mi irresponsabilidad al iniciar un altercado en el bar del hotel sin provocacin alguna, mi
falta de respeto hacia mis colegas por no informarles de mis reuniones con otros representantes de las Marcas Globales, mi salida de Marbella de forma clandestina, y el
hecho de que no haba pagado mi cuenta del hotel, ni los servicios de acceso a la Mente Global.
Para colmo, te traes a tus amigotes, Gonzalerra y Kenyon, que lo primero que hacen es emborracharse y, a falta de un sitio mejor, pasan la noche en la casa de
Luca.
No era consciente del comportamiento reprochable, segn los criterios de la Senescala, de estos dos, quienes, al parecer, haban devuelto a la noche toledana su
significado.
Dej que hablase sin interrumpirla, en algn momento tendra que explicar al Alcalde la situacin en la que nos encontrbamos y dar cuenta de mis diversas
actuaciones. Informara de los motivos por los cuales las Marcas Globales pensaban que envenenaramos los pantanos con la tierra contaminada por la peste verde. Le
contara cmo intentaron asesinarme, mi fuga y el secuestro de Kenyon, cmo tena en mi poder los planes de campaa para una supuesta invasin y, al igual que
Poncio Pilatos, cmo me lavara las manos con el comportamiento de Gonzalerra y Kenyon. La balanza estaba claramente a mi favor. No me preocupaban las
reacciones que pudieran tener los ediles, saba de sobra que me haban nombrado embajador precisamente para actuar de aquella manera. Las acusaciones de la doctora
Conde me daban cierta satisfaccin perversa, puesto que la iba a dejar en ridculo delante de sus colegas, lo que la obligara, al menos en un futuro prximo, a dejarme en
paz, permitindome actuar a mis anchas.
No s qu excusas podrs dar para tu comportamiento, ni me importan, pero lo que ni yo, ni nadie, estamos dispuestos a tolerar es que te tomes la justicia por tu
mano. Ejecutando, o, mejor dicho, asesinando, segn tu criterio personal. S cul es tu forma de pensar; te crees que eres la ley, me acus la doctora Conde, antes de
avisarme de que hara todo lo posible para que dejase de ser un Hombre Bueno.
Sabemos que mataste a Pedro Antnez, dijo. Todo Al-Andalus lo sabe.
No tena intencin de defenderme de algo que no haba hecho, ni tan siquiera iba a rebajarme a negarlo.
He dedicado los ltimos aos de mi vida a proteger el sueo que, de vez en cuando, pienso que puede llegar a ser Al-Andalus. No por su territorio pobre, rido e
inhspito, sino por sus principios. Y te voy a decir cul es uno de los ms importantes: la presuncin de inocencia. No importa lo que piense la mayora de la gente, ni,
desde luego, lo que pienses t. Yo no tengo que demostrar mi inocencia. Mi acusador tiene que probar mi culpabilidad. Algo que nadie podr hacer. Me da igual lo que
t creas saber a ciencia cierta, porque si me condenas sin poder demostrarlo, habrs roto uno de los pilares sobre los cuales hemos intentado asentar a esta sociedad. No
luchar por demostrar mi inocencia, algo que no tengo que hacer, sino para que nadie pueda condenar a otro ciudadano sin poder probar su culpabilidad. Me tendrs
enfrente, y estar armado.
El Alcalde tosi para romper la tensin, incmodo por los derroteros que estaba tomando la reunin.
Nunca sabremos cmo hubiese terminado aquella discusin. La llegada de una noticia mucho ms grave dio por terminado aquel enfrentamiento. Vicente, nervioso y
plido, entr, interrumpindonos sin avisar.
Han asesinado a Pepe Manzano. Le han matado a navajazos, dijo.
46.
Haca tres aos que haba muerto el penltimo Hombre Bueno, haba cado en una refriega cerca de Ciudad Rodrigo, enfrentndose a una de las ltimas bandas de
saqueadores que se haban formado a partir de las revueltas del Dos de Mayo de 2038. Todos los Hombres Buenos nos agrupamos y no qued ningn forajido con vida.
La venganza pudo haber sido uno de los motivos de aquella masacre, que lo era, pero no era la principal razn de nuestra actuacin. Se trataba, simplemente, de una
cuestin de supervivencia: todos los habitantes de Al-Andalus deban saber, a ciencia cierta, que si caa un Hombre Bueno, los responsables de su muerte seran
ajusticiados brutalmente y sin demora. Era imprescindible que as fuera para que nadie pensase que ramos una presa fcil y que pudisemos ser eliminados
impunemente. Era consciente de las contradicciones que esta forma de actuar poda tener con el discurso que acababa de dar, pero no me causaba ningn remordimiento.
Tambin me obligaba a restaurar cierta frialdad y distancia, en mi mente, al dolor que senta por la prdida de un amigo, y a la ira que la violencia de su muerte me
causaba.
Por primera vez pude apreciar la verdadera vala de la doctora Conde. Nunca volvera a repetir las acusaciones que me acababa de hacer, tampoco se disculp por
haberlas hecho, no fue necesario. Se levant, abri su bolsa de viaje y, sin mediar palabra, me entreg mi Glock. Sin pensarlo, como uno de los perros de Pavlov, quit el
cargador, comprob que estaba lleno, y me asegur de que la recmara estaba vaca, antes de enfundarla.
Me la devolvieron cuando fui a recuperar mi coche, fueron sus nicas e intrascendentes palabras. No era necesario que dijese nada ms. Yo saba lo que tena que
hacer.
Soraya, dijo. Mi nombre es Soraya.
A pesar de lo mucho que me cost, le sonre.
A Pepe le haban asestado varias cuchilladas en Almagro. La ltima persona en verle con vida haba sido Cintia. Vicente no tena ms informacin.
47.
Llevbamos cinco das recorriendo los Campos de Calatrava a caballo, haciendo preguntas a todo aqul que se encontrase en nuestro camino. Nadie haba visto nada
ni a nadie. Cintia me acompaaba para ayudarme en los interrogatorios y lo que poda haber sido un viaje para recordar, cabalgando por las planicies castellanas con el
suave clima de principios de otoo, acompaado de la mujer que poda llegar a amar, se converta, segn pasaban los das, en una tortura. Ninguno de los dos podamos
apartar de la mente el cadver de Pepe, desnudo, sobre la camilla de la enfermera de Almagro, mientras estudibamos, de la manera ms objetiva de la que ramos
capaces, las heridas que le dejaron sin vida.
Hubiese muerto del primer navajazo. Asestado en el cuello, le rompi la yugular penetrando hasta detrs de la laringe. Sali un potente chorro de sangre que le
debilitara de inmediato, permitiendo a su agresor clavarle el cuchillo cuatro veces ms para asegurarse, innecesariamente, de que no sobrevivira.
Enterradlo en el monte, sin marcar su tumba, orden. Era lo que l me haba dicho que quera; sin nombre, sin llantos.
A partir de ese momento intentamos reconstruir los movimientos de sus ltimas horas con vida.
Vena a verme, me dijo Cintia. Volva a Almagro para que le ayudase.
Por la maana haba estado en el Castillo de Calatrava y en el cerro del Alacranejo, los lugares donde se encontraron los cadveres de Rosario Verdes y Pedro
Antnez. Haba comido en la casa de Rodenas, maestro y alcalde en funciones de Aldea del Rey.
Estaba frustrado. Quera encontrar un vnculo entre los asesinatos de las chicas y el del hijo de puta de Antnez, me explic. Aparte de eso, no pareca estar
alterado y, desde luego, no dio muestras de pensar que corra peligro.
Pepe jams hubiese hecho aparente su inquietud ante el riesgo, y este ltimo comentario no me serva de mucho.
Estuvimos hablando de la cosecha y de cmo se estaba organizando la recogida en el pueblo. Tambin se interes por mi coleccin de libros y mantuvimos una breve
conversacin sobre Lorca, resumi.
Era raro que Pepe, ex-Guardia Civil, entablase una charla sobre el poeta granadino, un acrrimo crtico de la desaparecida Benemrita. A mi amigo no poda hacerle
mucha gracia que el poeta le atribuyese tener, por eso no llora, de plomo la calavera.
Por lo menos Pepe no era de la opinin de que yo era el verdugo de Antnez.
Parti de Aldea del Rey antes de comer y se entretuvo en el puente del ro Navaln, donde dej que su caballo descansase, mientras l comparta el almuerzo con
unos campesinos que recogan la vendimia.
Estaba solo, me inform uno de ellos. No pareca ser consciente de que le acechase ningn peligro. Hablamos de la cosecha, del vino en el que se convertira. Y
poco ms.
Hablar de la cosecha era el tema de conversacin por excelencia, no era posible hablar del tiempo, puesto que siempre era el mismo; a causa de los cambios climticos,
apenas llova, y slo se distinguan las estaciones por la diferente intensidad del sol.
Fueron los ltimos en verle con vida. Su cadver fue encontrado a la maana siguiente a dos kilmetros de Almagro, en el arcn del camino principal, una antigua
carretera comarcal, mientras su caballo, pacientemente, le esperaba.
Nadie era capaz de tender una emboscada a Pepe Manzano, y conseguir acercarse a l lo suficiente como para asestarle una pualada. En una reyerta con navajas, su
agresor no habra salido indemne, seguro. Le haba asesinado alguien en quien Pepe tena confianza, en cuya proximidad no senta ningn peligro, y, para conseguir eso,
deba ser alguien cercano a l: su paranoia era comparable a la ma, eso nos haba mantenido con vida.
Haca veinte aos ramos enemigos. Recordando viejos tiempos, compartiendo queso, pan y vino, llegamos a la conclusin de que incluso habamos llegado a
enfrentarnos. Entonces, l era un novato oficial de la Guardia Civil que patrullaba los pasos fronterizos entre Francia y Espaa para impedir o, al menos, dificultar
nuestros movimientos y transporte de armamentos. Yo era un imberbe mugalari que cruzaba aquellos montes y bosques, cargado de explosivos y armas. Los dos
pasbamos el mismo fro y miedo.
Tenamos al cabrn rodeado, me contaba, entre trago y trago. Cuando explot la bomba ms grande que jams haba visto. Las copas de los rboles prendieron
fuego, y los troncos de los ms cercanos quedaron hechos astillas. Crea que nos atacaban, no saba si haba cado alguno de los nuestros y tuve que dar ordenes para
reagruparnos.
Le expliqu que llevaba unos veinte kilos de explosivos en la mochila y que no se me ocurri nada mejor para distraerles.
Joder, Bolto, hasta desde pequeito sabas hacer las cosas a lo grande, me dijo. l no haba conseguido capturarme y yo no pude llevar los explosivos a su destino.
Decidimos que la refriega se haba quedado en tablas.
Nunca ms volveramos a contarnos batallas.
No le dije a Cintia lo que pensaba sobre la cercana del asesino de Pepe Manzano a su vctima, no quera inquietarla. Una curiosidad, que no llegaba al rango de
coincidencia, era que, casi en el mismo momento en el que Pepe reciba un navajazo en el cuello, a m me disparaban en el puerto de Marbella.
Los dos podramos haber llegado al cielo, o al infierno, a la vez.
48.
Si yo era un mal jinete, Gonzalerra lo era an peor. Al menos yo llevaba los ltimos aos cabalgando de un lado a otro, y algo se aprende, pero Gonzalerra no se
haba acercado a un caballo en su vida.
Eso es un caballo?, pregunt, con temor. Parece un elefante.
Vicente le haba conseguido un perchern de ms de dos metros de alzada , al que poco le faltara para llegar a la tonelada de peso.
Se llama Poli, diminutivo de Polifemo, como el gigante de la mitologa. Es fuerte, noble, aunque violento si se le enfada, lento, seguro y poco listo. Vicente bien
podra estar describiendo al propio Gonzalerra y asum que jinete y montura se llevaran como anillo al dedo. Lo que s pude comprobar es que era lento; entre la falta
de experiencia de Gonzalerra como jinete, y la tranquilidad del caballo, nuestro viaje de Toledo a Almagro se alarg un da ms de lo habitual.
Nos habamos despedido de Vicente y Kenyon, este ltimo se quedara en Toledo hasta la esperada visita por parte de los negociadores de las Marcas Globales, en
principio, como invitado.
Eneko, no podemos dejar que la muerte de Pepe quede impune, fueron las ltimas palabras de despedida de Soraya. Nuestras desavenencias haban desaparecido;
por un lado la doctora Conde, Senescala de la Ciudad Estado de Toledo, se haba convertido en Soraya y, yo, en Eneko.
Durante nuestro recorrido por los Campos de Calatrava, reconstruyendo los ltimos das de Pepe Manzano e interrogando a cualquier posible testigo, habl largo y
tendido con Cintia de muchas cosas, algunas personales y otras no, pero inevitablemente siempre volvamos al asunto de los asesinatos.
Las muertes de Rosario y Eulalia fueron causadas por el mismo agresor. No me cabe la menor duda, argumentaba Cintia. Las similitudes son demasiadas para
tratarse de coincidencias: dos mujeres hermosas, las amputaciones, los edificios medievales, la posicin de los cuerpos. Lo importante es descubrir cul de estos detalles
es relevante o, mejor dicho, cul es el ms determinante. Uno de ellos es el que motiva, o racionaliza, la actuacin del asesino. Hasta que no sepamos cul es no
podremos enfocar nuestra investigacin, ni saber cul es nuestro siguiente paso.
Discutimos sobre la posibilidad de que el asesino de Pedro Antnez fuese el mismo, dejando patentes nuestras discrepancias.
Y Pepe?, pregunt.
En principio no parece que pueda estar relacionado, dijo Cintia.
Ha ocurrido en la misma zona.
Y poco ms. No se distingue ningn ritual. Es un asesinato puro y simple.
Para eso no hacan falta cinco cuchilladas.
No. A no ser que el criminal quisiese asegurarse de la muerte.
Por qu crees que le asesinaron?, pregunt.
Se trata de, lo que llamaramos en el antiguo F.B.I., un crimen transaccional. Los motivos del asesinato tienen como objetivo lograr un fin especfico.
Como cul?.
Quitarse a un estorbo de en medio para cometer otro tipo de fechora. Utilizar la violencia como aviso para aqullos que se atrevan a seguir sus pasos.
Desembarazarse de un testigo, desbaratar una investigacin, incluso la venganza sera un supuesto vlido, explic Cintia.
Si empezaba a hacer un recuento de las personas que, por estos motivos, hubiesen querido liquidar a Pepe, la lista sera interminable. Pero del deseo de querer matarle
a conseguirlo mediaba un abismo.
Podamos estar buscando entre uno y tres asesinos, y no tenamos ninguna idea especfica de los motivos detrs de sus acciones. De regreso a Almagro, me senta tan
frustrado como Pepe Manzano cuando sigui el mismo camino por ltima vez.
Ni siquiera la sonrisa de bienvenida de Begoa, ni el abrazo de su niera coyuntural, Gonzalerra, pudieron levantarme el nimo. Tampoco lo hicieron las dos cartas
que me esperaban en Almagro. La primera me la enviaba Soraya Conde, quien, en un tono menos imperativo del habitual, me peda que volviese a Toledo para asistir a
las negociaciones con las Marcas Globales, indicndome que Luis Pizarro, procedente de Crdoba, se incorporara all a nosotros. La segunda me la enviaba Benaquiel, el
historiador.
49.
Seor Amboto, comenzaba el informe que me enviaba Benaquiel, el historiador, dando muestras del distanciamiento que pretenda mantener conmigo y que se haca
ms evidente por el tono del contenido de su misiva.
Siguiendo estrictamente sus rdenes, el equipo de historiadores del Archivo Histrico de la Ciudad Estado de Toledo se ha dedicado exclusivamente a la bsqueda de
cualquier indicio de asesinato violento vinculado a la Orden de Calatrava o que hubiese tenido lugar en los territorios bajo su control durante los siglos X a XV, ambos
inclusive. A pesar de la extensin y dificultad de la investigacin requerida le puedo comunicar que se han cubierto la gran mayora, por no decir todas, las fuentes
documentales que estn a nuestro alcance. En este sentido le adjunto un breve resumen de nuestros hallazgos que no hacen sino corroborar mis apreciaciones sobre la
historia que le hice conocer en nuestra ltima reunin. En vista de los documentos analizados creo demostrar que no ha existido nunca ningn tipo de sacrificios
humanos bajo el auspicio de la Orden de Calatrava y que no es posible encontrar un vnculo entre cualquier episodio ocurrido en la Edad Media en la zona bajo su
control y la actualidad. Por lo tanto le agradecera que levantase la orden de investigacin, puesto que slo quedan unas mnimas comprobaciones por efectuar, que yo
me comprometo a llevar a cabo personalmente, y as dedicar el resto de mi equipo a sus labores habituales.
Como podr leer en el resumen que le envo, las contradicciones que encontramos entre las distintas fuentes son las habituales en este tipo de estudios y lo nico que
hemos intentado es acercarnos lo ms posible a la verdad, sin olvidarnos nunca de las motivaciones presentes en cualquier ser humano y en cualquier poca.
Me puse cmodo para leer, apoyando los pies encima de la mesa y acercando la jarra de agua y el vaso, y me pregunt qu mnimas comprobaciones le quedaban
pendientes por hacer a Benaquiel.
Ellos se agrandan con la gloria del rey. Los que alaban a Dios con sus salmos estn armados con espadas, y los que rezan estn preparados para defender sus
tierras. Su comida es escasa y speras son sus vestimentas. La disciplina cotidiana es su obediencia, que les pone a prueba y les mejora; honran el silencio, esto es
callar y no hablar a no ser ordenados a ello por su superior, sta es una norma de rigurosa aplicacin. Las continuas genuflexiones les hacen humildes; las
vigilias nocturnas debilitan sus ansias; las continuas oraciones les educan y el trabajo diario forma sus cuerpos. Un fraile ensea al otro en estas disciplinas,
principalmente en la obediencia sin la cual nadie tiene sitio en la orden.
Estas palabras las escribi Rodrigo Jurez de Lusa, Arzobispo de Toledo, refirindose a los calatravos a mediados del siglo XIII, y sirven para mostrarnos el ideal del
caballero de esa orden. Se inspiraron en la tradicin monstica y los ideales de la caballera, por lo menos durante los primeros siglos de su historia, antes de que el
continuo guerrear de la Reconquista y los cambios sociales afectasen a su asceticismo. Es importante tener esta declaracin como punto de partida puesto que la
degradacin posterior de la orden, en sus aspectos espirituales y de lealtad al rey, se pueden ver como consecuencia de las debilidades del ser humano, como siempre.
De estos comportamientos hemos visto innumerables ejemplos en los documentos revisados y sirven como contrapunto al ideal del caballero de la Orden de
Calatrava. En estos casos los monjes-soldado dejaban a un lado sus diversos votos de obediencia, castidad y pobreza para convertirse en unos vividores, abiertos a todo
tipo de placeres y vicios. Algunos eran aficionados a la caza: habiendo visto muchas veces a dichos monjes ir a la caza de perdices y liebres con reclamos y con
galgos, segn un tal Fray Adrin Ramrez, y otros al juego: de naypes, a primera, matacn, figurillas y otros, as como a bolos y pelota apostando asta cantidad de
quatro o seys reales; pero que al Abad visele jugar de una sentada, 10, 20 y hasta 30 ducados. En cuanto a su relacin con mujeres, la impresin que hemos obtenido
es que el cumplimiento de su voto de castidad era ms bien la excepcin que la norma, por ejemplo, y aqu cito de diversos manuscritos y diferentes testigos: Fray
Pedro Brilla estuvo amigado mucho tiempo con Mara de Arguixo, viuda de la que tiene dos hijos casados; El caballero Juan de Clavijo estuvo amigado
mientras vivi con otra casada de la que tuvo un hijo. Otro relato elocuente es el de Pedro de Soria, labrador y casado que se present un da delante del Abad de la
Orden para quejarse de que un caballero de la Orden de Calatrava, que pasaba todas las noches en su casa, no le permita entrar en ella ni estar con su mujer, teniendo
que soportar encima las burlas del vecindario, la respuesta del prelado fue tajante: Si vuesa merced no quiere sufrir enojos, vyase del pueblo y tome plaza de
soldado. Finalmente no podemos dejar de omitir las orgas preparadas por Mara de Arnedo para su pariente Fray Pedro, donde participaban Magdalena de Guete,
hija de Juan de Guete, y las mujeres de Miguel de Sancha y de Alonso Gonzlez, ni el espectculo de travestismo en el que se dejaba ver el caballero Eges vestido con
un sayo verde y capote de la misma color danando con un tamborn en presencia de Rodrigo Calvo, Francisco Vlez el barbero, Pedro el sastre y otros vecinos.
Como podemos ver lejos quedaban las sanciones estipuladas en el Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava de 1187 donde se condenaba a qui in fornicatione
publica deprenesus fuit anno uno in terra comedat (aqullos cuya fornicacin se hiciese pblica a comer en el suelo durante un ao).
Con estos comentarios sobre la laxitud moral de los caballeros calatravos, que no pasaran de la ancdota si no fuesen tan repetitivos, hemos llegado a dos
conclusiones; la primera nos indica que la Orden de Calatrava no era tanto una orden monstica sino guerrera y que el comportamiento de sus miembros, una vez
alejados del campo de batalla, era el de cualquier ejrcito desocupado donde la bsqueda del placer terrenal era muy superior a los deseos de acercarse a Dios a travs de
la oracin. En segundo lugar, las denuncias por su comportamiento son tan extensas y descritas con tanto detalle, en los distintos documentos que hemos revisado, que
difcilmente pudiese existir alguna anomala adicional en su manera de actuar, sacrificios humanos incluidos, que no hubiese sido recogida en alguno de ellos. Como
aadido a esta ltima conclusin (esto es de mi cosecha personal), y teniendo en cuenta la forma de vida de muchos de los caballeros de Calatrava a finales del siglo XV,
que era bastante disoluta, no creo que fuese posible la existencia de grupos secretos ni otras conspiraciones misteriosas, precisamente por su incapacidad para mantener
la discrecin tan necesaria para el xito de esos asuntos.
Aunque rechazamos cualquier teora conspiratoria de vigencia hasta nuestros das, s recordamos que la Orden de Calatrava estuvo envuelta en varios episodios de un
alto componente poltico en su poca de apogeo. A pesar de las flaquezas morales que hemos observado, queda patente que la Orden de Calatrava era una eficiente
mquina de guerra con un ejrcito experimentado y pertrechado, y una organizacin financieramente bien dotada de recursos. La combinacin de potencia militar y
riqueza patrimonial hacan que tuviese un peso poltico especfico y un grado de poder frente al rey y la iglesia considerable, que es preciso recordar en un reducido
recorrido por su historia.
En 1164 se aprueba la constitucin de la Orden de Calatrava mediante la correspondiente Bula del Papa Alejandro III, que es un manuscrito de apenas dos pginas
donde se adopta para ellos la reglamentacin de San Benito y las Constituciones del Cster Blanco, cuyo hbito utilizarn con una cruz flordelisada negra como
distintivo. Los veinte mil hombres que siguieron a la orden en su inicio fueron estratgicamente desplegados por las villas y aldeas del entorno para la defensa de la
zona, as cumpliendo el deseo del rey don Sancho de que formasen una barrera militar en la frontera con los reinos musulmanes. Durante veinte aos se mantuvo esta
situacin de equilibrio inestable, una especie de guerra fra medieval, hasta que, por desgracia para los calatravos el caudillo Almanzor se erigi como nico comandante
del ejrcito musulmn. Un contingente de caballeros de la orden formaba parte del ejrcito cristiano derrotado en la batalla de Alarcos en 1195, a duras penas los
supervivientes llegaron al castillo de Calatrava la Vieja perseguidos por las avanzadillas moras, preludio del asedio al cual esta fortaleza sera sometida.
Los caballeros se mantuvieron fieles a su promesa inicial al Rey don Sancho de defender la plaza, sin contemplar la huida, se mantuvieron firmes hasta el ltimo
hombre siendo pasados a cuchillo una vez derrotados. Las crnicas cuentan, y no hemos encontrado ningn documento que lo desmienta, que la cruz negra de la orden
sera roja a partir de ese momento en memoria de la sangre derramada en la defensa de su plaza fuerte.
Con los ltimos restos de sus seguidores, el Maestre Nuo, incapaz de retomar Calatrava la Vieja, ataca, y, despus de varios intentos, conquista el castillo de
Salvatierra en 1198, lugar donde se instalaran sus mermadas fuerzas. Justo en frente de esa plaza fuerte se encuentra el cerro del Alacranejo y all se decide la
construccin del castillo-convento de Calatrava la Nueva, en recuerdo y memoria del baluarte del Guadiana. La construccin de esta nueva plaza fuerte supondra una
importante barrera en la defensa de las incursiones almohades, algo de lo que estos ltimos eran conscientes, y que impidieron atacando y derrotando de nuevo a los
caballeros de la orden, despus de sitiarles durante ms de tres meses en su castillo de Salvatierra.
Apenas s quedaban un puado de calatravos, y parecan abocados a su extincin como milicia para ser absorbidos dentro del ejrcito del rey.
Sin embargo los almohades no fueron capaces de mantener el territorio ocupado, algo que benefici a la orden puesto que perdieron el castillo de Calatrava la Vieja,
dndoles una vez ms un punto de referencia para su existencia. Por otro lado sus hazaas en el campo de batalla les dieron la reputacin necesaria para su
supervivencia, como unas tropas de choque imprescindibles en la vanguardia de cualquier ejrcito. As lo demostraron en la trascendental batalla de las Navas de Tolosa
en 1212 donde su Maestre Don Ruy, a la cabeza de sus huestes, qued herido en un brazo con el cual nunca ms pudo volver a levantar su espada.
Si hubo un antes y un despus de las Navas de Tolosa para la Reconquista en su conjunto, lo mismo se puede decir en referencia a la Orden de Calatrava. Las obras
del castillo-convento de Calatrava la Nueva duraron ms de diez aos para convertirse en 1226 en la sede de la orden y la ms importante fortaleza de Castilla.
Levant la mirada del documento que lea, no era necesario que recordarse el dominio de aquella fortaleza sobre dos valles, ni el espesor de sus muros, ni las escaleras
de piedra que me llevaron hasta la habitacin donde se encontraba el cadver de Rosario Verdes. Segu leyendo.
El apogeo de la Orden de Calatrava, por ponerle una fecha, se puede identificar con la Pontificia del Papa Benedicto XIII en el ao 1397 que permiti a los
caballeros ostentar su cruz roja sobre sus vestiduras, insignia que se pusieron el da de Todos los Santos.
Para entonces los caballeros de la orden ya se haban convertido en un gran poder militar y financiero, sus territorios se extendan desde Almadn hasta Toledo y
desde Argamasilla de Alba hasta Sierra Morena. Sin lugar a dudas era un poder que se haban ganado con la espada, guerreando durante ms de doscientos aos contra
los moros. Sus campaas, asedios y batallas como fuerzas de choque, siempre en primera lnea, son en s mismas la historia de la Reconquista: la toma de Baeza, el
asedio de Crdoba, las conquistas de Martos, Andjar y Arjona, las rendiciones de Jan y Sevilla. Incluso, a requerimiento del Rey de Aragn, se adentraron en tierras
valencianas para contener a los moros en Alcaiz.
Pero la Orden de Calatrava no luchaba nicamente por lealtad a su rey y para la mayor gloria de su Dios cristiano, sino tambin por el botn y las riquezas. El rey
acept que una parte de las tierras conquistadas por los calatravos seran de su propiedad y que tambin participaran en el reparto del oro, joyas y tesoros capturados
junto al propio monarca. No es necesario mirar un mapa de Al-Andalus para darnos cuenta de que la Orden de Calatrava se haba convertido en su principal
terrateniente, cobrando arrendamientos, impuestos y todo tipo de tasas en las villas y territorios de su propiedad. Los ingresos generados por la orden, por esta va,
eran inmensos, similares a los del propio monarca y superiores a los de cualquier noble. Adicionalmente los maestres de la orden supieron utilizar sus influencias
polticas con habilidad, hasta el punto de convencer al pontfice que una vez disuelta la Orden de los Templarios todos sus bienes en la pennsula pasaran a manos de
los Caballeros de Calatrava.
Fue precisamente esta concentracin de poder militar y riquezas lo que finalmente causaron la cada de la Orden de Calatrava, una vez que su ejrcito ya no era
necesario para combatir contra los moros.
(Bolto: permteme un inciso a esta breve historia cronolgica de la Orden de Calatrava. Como sabes mi especializacin acadmica se ha centrado sobre las disporas
padecidas por el pueblo judo, y uno de los eventos ms significativos sobre este tema es la expulsin sefard de Espaa por parte de Isabel la Catlica. En este sentido
me he tomado la libertad de utilizar mis conocimientos sobre esa reina y la sociedad toledana de esa poca, para situar en el contexto el contenido de la documentacin
encontrada en los archivos que marcaban el principio del fin para la Orden de Calatrava. Asimismo me han surgido ciertas dudas sobre lo ocurrido en ese perodo y en
este lugar, que espero poder despejar en breve. No veo que sean especialmente relevantes para la bsqueda de tu asesino, pero espero que no niegues esta satisfaccin a
mi prurito profesional.)
Benaquiel haba abandonado el tono fro con el cual haba empezado su misiva, no creo que fuese porque su opinin sobre m hubiese cambiado, sino porque, como
toda persona entusiasta de su trabajo, se haba dejado llevar por sus hallazgos, por muy intiles que fueran para mis propsitos.
50.
Siendo judo de origen sefard, me debes excusar cierta antipata hacia la figura de Isabel la Catlica, que intentar reprimir por mi condicin de historiador que, a fin
de cuentas, siempre he procurado mantener la mayor objetividad posible. No creo que sea necesario recordar los complejos conflictos familiares y hereditarios que tuvo
que padecer la joven princesa Isabel durante su infancia hasta que, por fin, accedi al trono de Castilla en 1474. Baste decir que durante el perodo previo a su
coronacin, el reino de Castilla estaba en un estado de guerra civil de baja densidad continua y que la principal aspirante al trono, aparte de Isabel, era Juana La
Beltraneja, la hija reconocida del hermanastro de Isabel, Enrique de Trastmara, pero cuya paternidad se adjudicaba a Don Beltrn de la Cueva, de ah su nombre.
En un principio Isabel no tena demasiadas oportunidades de acceder al trono, y lo mximo a que poda aspirar sera a una relevante boda poltica con algn prncipe
para reforzar las alianzas de su pas. En este sentido se estuvieron negociando acuerdos nupciales con las casas de Inglaterra y Francia. Es en ese momento, con una
Isabel en los inicios de su adolescencia, cuando entra la Orden de Calatrava en su vida, lo que nos demuestra la influencia y poder de esta ltima: el Maestre de la Orden,
Pedro Girn, negoci con su padre y obtuvo el beneplcito del resto de la nobleza para contraer matrimonio con la joven princesa.
La fecha de la boda se fij para el 12 de mayo de 1466 y tendra lugar en la Catedral de Segovia; todos los acuerdos entre el rey y la Orden de Calatrava concernientes
a los esponsales haban sido discutidos y cerrados, las representaciones de la nobleza, Iglesia y embajadores en la ceremonia confirmados. Una princesa del reino de
Castilla se unira al gobernante de los calatravos, consolidando la influencia de stos en la Corte y facilitando al monarca soldados y dinero. Solamente la muerte poda
evitar aquel enlace, y as fue. Don Pedro Girn, Maestre de la Orden de Calatrava, muri el 2 de mayo de 1466 en Villarrubia de los Ojos: fue asesinado.
No es probable que la princesa Isabel tuviese algo que ver con ese crimen, era una nia, pero s podemos intuir que vindose forzada a casarse en esas circunstancias,
la Orden de Calatrava no gozase de sus simpatas a partir de entonces. De la misma manera, los oficiales de la Orden no asumieron de buena manera la muerte de su
maestre y, aunque ninguna sospecha recay sobre la princesa, no dudaron en cambiarse de bando y apoyar a La Beltraneja en la lucha por el trono. Como bien
sabemos ahora, se equivocaron.
He intentado obtener ms documentacin sobre los detalles de la muerte de Pedro Girn, aunque claramente se tratase de un asesinato poltico y difcilmente
relacionable con los cadveres mutilados actuales, encontrndome con varias contradicciones. Segn el Libro de Muertos de la iglesia de Santa Mara de Villarrubia Peio
Giron colicum miserere mortuus est, el colicum miserere no es una enfermedad como tal sino que se utilizaba como descripcin general cuando se desconocan las
causas del fallecimiento; poda tratarse de un envenenamiento o de una pulmona, y no nos sirve de mucho. En la carta enviada por el caballero Ramn Ziga a sus
superiores en el castillo de Calatrava hace referencia a dos largas flexas, traspasado su yelmo la prima e su malla la seconda, causaren su morte, y, finalmente, en el
recuento de sus pertenencias se describe su jubn con sangre por encima de la cruz calatravense, entiendo que este inventario tambin ira destinado a los oficiales
de la orden.
No es posible que el clrigo de la Iglesia de Villarrubia de los Ojos pudiese interpretar que un cadver con dos heridas de flecha hubiese muerto de colicum miserere,
como es igualmente improbable que el caballero Beltrn Ziga pudiese ver cualquier tipo de seal de violencia en alguien que hubiese muerto por causas naturales o,
pensando mal, envenenado: uno de los dos miente.
Me inclino a pensar que la versin correcta corresponde a la carta enviada al Castillo de Calatrava y que su maestre fue asaeteado, por el simple hecho de que Ziga
era su compaero y no tena ningn motivo aparente para engaar a sus superiores. La versin del acta de defuncin oficial, o lo ms parecido que exista entonces,
refleja el deseo por parte del asesino, o de sus protectores, de que no se investigase el crimen. En este sentido actuaron de forma inteligente puesto que el asiento en el
Libro de Muertos era de acceso pblico y daba fe de las causas del fallecimiento, mientras que la correspondencia de la Orden de Calatrava eran documentos privados,
sin ms. El cadver del Maestre sera enterrado rpidamente antes de que el calor y el tiempo llegaran a descomponerlo y, tanto por motivos religiosos como por
supersticin, no se desenterrara nunca. En el caso de que alguien quisiese investigar el fallecimiento se encontrara con que no tena motivos para hacerlo, puesto que en
el nico documento oficial no exista ningn indicio de que la violencia formase parte de la muerte del maestre.
No me cabe la menor duda, por lo tanto, que Pedro Girn, Maestre de la Orden de Calatrava, fue asesinado en las vsperas de su boda con la princesa Isabel, y la
futura Reina Catlica. Pero dando por vlida la descripcin del otro caballero, Ziga, surgen ms preguntas sobre la manera en la cual el maestre fue asesinado; recibi
dos flechazos, uno de ellos atraves su yelmo y otro su cota de mallas, algo inusual. Las armaduras de los caballeros en la Edad Media les hacan invulnerables a las
flechas, especialmente a aqullas lanzadas por los musulmanes. Era precisamente esta proteccin la que les haca tan efectivos en el campo de batalla, algo que se haba
demostrado con creces durante los dos siglos anteriores y ms an en el caso concreto de los calatravos. Slo haba dos tipos de proyectiles capaces de daar a un
caballero; el dardo de la ballesta y la flecha de un arco largo ingls.
Poco a poco me haba ido deslizando en la silla y la referencia a proyectiles, armaduras y capacidad de penetracin hicieron que me incorporase. A pesar de haber
pasado ms de seis siglos y de que la tecnologa hubiese cambiado varias veces, los problemas de los proyectiles y de las armaduras, o chalecos, que nos protegen de su
impacto siguen siendo los mismos. En el fondo los nueve gramos de peso de una bala de mi Glock era el equivalente a la punta de una flecha y la cota de mallas de un
caballero comparable a un chaleco anti-balas de kevlar. Volv a mi lectura con un inters profesional adicional.
Por la referencia de Ziga a dos largas flexas pude descartar que se tratase del dardo de una ballesta, puesto que ste tiene apenas un palmo de longitud.
Curiosamente la presencia de tropas de ballesteros genoveses, mercenarios a sueldo en todos los casos, no era tan rara en la Pennsula y me hubiese sorprendido menos
que la de un arquero ingls, porque las flechas que atravesaron a Pedro Girn no podan tener otra procedencia.
Durante muchos siglos los arqueros ingleses haban formado la columna vertebral del ejrcito de sus monarcas y se haban convertido en los autnticos dueos de los
campos de batalla durante la Guerra de los Cien Aos, en Francia. Sus flechas podan penetrar la armadura de un caballero armado a trescientos metros y eran capaces
de lanzar tres proyectiles por minuto. Mientras que los soldados de la Orden de Calatrava vean cmo las flechas de los pequeos arcos rabes se clavaban en sus
escudos sin atravesarlos, o resbalaban en el acero de sus yelmos y cotas de malla, sus homnimos al otro lado de los Pirineos, los nobles franceses, tenan que soportar
una lluvia mortfera de proyectiles que traspasaban todos los tipos de armaduras que llevasen encima, hasta alcanzar sus cuerpos. Ni siquiera la llegada de los
ballesteros, con un alcance superior de disparo y penetracin, tuvo un efecto desequilibrante en las contiendas entre ingleses y franceses. Una ballesta se tardaba en
cargar unos dos minutos, en ese tiempo los arqueros haban efectuado seis disparos; la cadencia de fuego no era comparable. Las victorias de Eduardo III y Enrique V en
Crzy y Azincourt contra ejrcitos franceses superiores en nmero y mejor pertrechados se deben exclusivamente a la utilizacin del arco largo, el long-bow, un palo
de madera de tejo de dos metros de largo y diez centmetros de espesor con muy poca flexibilidad y aparentemente imposible de doblar para alguien no entrenado en su
manejo desde la juventud.
De ah vena su poca utilizacin fuera del ejrcito ingls. La preparacin y adiestramiento de un arquero no era algo inmediato, como la de un infante o lancero, sino
que requera que se hubiese dedicado a manejarlo desde su infancia, entrenado por su familia y arropado por su entorno. El nmero limitado de estos profesionales hara
que fuesen reclamados por los nobles ingleses para formar parte de sus huestes en exclusividad, no conocindose que prestasen sus servicios en otros ejrcitos. No me
consta que los arqueros ingleses participasen en ninguna campaa de los ocho largos siglos de la Reconquista.
Todo esto envuelve el asesinato de Pedro Girn con un enigma adicional. Qu haca un arquero ingls en Castilla asesinando al Maestre de la Orden de Calatrava?
Ms interesante an es el hecho de que hemos encontrado dos referencias adicionales: la primera menciona a un anglo sin linaje agitator e provocator en una
misiva enviada a la Reina Isabel explicando los pormenores de la algarada de Fuenteovejuna. La segunda le describe como un archero sinistro sindedos y est
vinculada al licenciado Felipe Argensola y este personaje s que forma parte de la historia entre la Reina Catlica y la Orden de Calatrava, aunque en estos momentos no
s exactamente cul fue su papel. Es uno de los cabos sueltos que me gustara seguir investigando, tal como ya he comentado; por curiosidad y prurito profesional.
Adems no te puedo ocultar que la mencin al arquero se hace en una acusacin al licenciado Felipe Argensola ante la Santa Inquisicin, un documento firmado por el
propio Toms de Torquemada y fechado en 1491, aqu, en Toledo.
No entenda muy bien cmo un arquero sin dedos pudiese manejar su arma, se lo comentara a Benaquiel la prxima vez que le viese, quiz este detalle le hara
cambiar de opinin sobre la culpabilidad de su principal sospechoso.
51.
Mientras la actitud de Benaquiel me pareca digna de elogio, en cuanto a la bsqueda de una verdad histrica se refiere, y me haca sentir cierta ternura por l, me
estaba dando cuenta de que sus investigaciones poco tenan que aportar a las mas. Para conspiraciones ya tena suficientes con las del presente; le plus a change le
plus cest la mme chose, pens, invocando el pretencioso uso del francs que haca la doctora Conde. Yo estaba en Toledo en el ao 2045 y los conflictos y luchas de
poder entre las Marcas Globales y las Ciudades Estado no se diferenciaban en lo fundamental de las que haban ocurrido a finales del siglo XV entre Isabel la Catlica y
las rdenes Militares. Fue ese paralelismo el que me oblig a seguir leyendo, era posible que aprendiese algo. En eso no me equivoqu, nicamente infravalor su
importancia.
La joven princesa Isabel, ahora Reina de Castilla, se encontr con una tesorera donde no haba ni un msero maraved, dos guerras en ciernes, con Francia y Portugal,
unos nobles, sus supuestos vasallos, con ms soldados y posesiones directas que ella, y un clero ms preocupado por sus placeres y bienes terrenales que por su
salvacin eterna. No lo tena fcil y examinando los primeros aos de su reinado encontramos la semilla de sus posteriores acciones unificadoras, o absolutistas, segn lo
miremos, y sus ansias de conseguir un pas fuerte en lo militar, financieramente solvente y temeroso de Dios: costase lo que costase.
Porque en un inicio tuvo que hacer muchas concesiones, sin ir ms lejos a la Orden de Calatrava, de quien desconfiaba tanto por haber intentado que ella se casase con
su maestre, como por su posterior apoyo a La Beltraneja, cuando intent arrebatarle la sucesin al trono. No poda enfrentarse a ellos y necesitaba su apoyo en la
defensa de Andaluca contra las incursiones musulmanas desde Granada. Tuvo que dejar su orgullo a un lado y hacerles concesiones en contra de sus principios
unificadores, algo que, como se vio ms tarde, no les perdon. A peticin del comendador de la Orden, Fernn Gmez de Guzmn, Isabel desmembr al pueblo de
Fuenteovejuna, en Crdoba, de sus posesiones, ordenando que sus diezmos y heredades no pasasen a la corona y que la justicia se estableciese de acuerdo con las
autoridades y leges de la Orden Calatravense, excluindose las potestades de otros y dems jueces.
Gracias a Lope de Vega todos sabemos cmo acab esta historia, que, bien ficcionada por su parte, la podemos considerar como basada en hechos reales. La bsqueda
en los archivos confirma que el Comendador era lasscivo, pre-potente, pecador de avaricia e malhablante, y que no tena escrpulos en folgar con doncellas y
mulieres, casaderas y desposadas. Otros que todas las cosas arriba dichas, malos tratamientos que se han hecho a los vecinos, y los jocos y cuchilladas e hurtos se
han cometido y cometen, disimulado y disimulan a causa de tener usurpado el Comendador y su orden la jurisdiccin del dixo lugar, vecinos y trminos daqul.
El pueblo se tom la justicia por su mano, linchando al tirano, harto de tanto despotismo y crueldad.
Por su forma de actuar no vea gran diferencia entre Fernn Gmez de Guzmn y Pedro Antnez, el, ahora tuerto, ex-alcalde de Aldea del Rey. Los dos haban
aterrorizado a un pueblo de similares caractersticas amparados por su fuerza, crueldad y, sobre todo, impunidad, pens, pasando a la siguiente pgina del relato de
Benaquiel.
No obstante de la rebelin ocurrida en Fuenteovejuna, un hecho sobradamente contrastado, existen inconsistencias en ese episodio que, desde unos conocimientos
ms amplios de la sociedad en esa poca, me resultan difciles de entender o explicar. Es fcil para nosotros en el ao 2045 entender el concepto de revolucin, del
levantamiento de las masas contra un poder opresor. Sin embargo sta es una idea que nace en la revolucin francesa y, an as, con matices ya que fue encabezada por
la burguesa y no por el pueblo llano. Una sublevacin donde los labriegos, molineros y herreros tomasen armas contra el poder establecido en el ao 1479 es algo
absolutamente improbable e inverosmil. Aparte de que una docena de caballeros armados hubiesen podido acabar con cualquier amotinamiento local, por su violencia en
el manejo de las armas y por la inmunidad que les ofrecan sus armaduras ante unos campesinos desarrapados, el condicionamiento social era tal que a ningn plebeyo se
le hubiese ocurrido la idea de que poda enfrentarse a sus superiores; las guerras eran cosas de los nobles y monarcas, no de la chusma. La Iglesia era la nica va para la
salvacin de las almas, la superioridad de los reyes y nobles provena directamente de Dios; en eso estaba basado el feudalismo. Los siervos no tenan nada que decir
sobre la forma en la que se les trataba, es ms, ni se les ocurrira tener opinin alguna al respecto puesto que eran incapaces de concebir un estado distinto de su
situacin. Cualquier idea contraria a esta tesis peca de romanticismo e incorpora conceptos posteriores a los mantenidos en la poca, lo que me lleva a concluir que la
rebelin de Fuenteovejuna no fue espontnea, sino que necesit de un elemento catalizador para que pudiese ocurrir. La presencia del anglo sin linaje agitator e
provocator ya mencionado encajara perfectamente para cubrir este objetivo. Alguien conocedor de las artes de la guerra y con un apoyo externo, aunque fuese
simplemente de palabra, s poda enfrentarse al tiranuelo aunando el seguimiento del pueblo detrs de s.
Claro que eso era posible. A m o a cualquier Hombre Bueno se lo iban a decir.
La otra incongruencia consiste en la reaccin de la reina Isabel al linchamiento del Condestable: orden que el procesamiento fuese sobresedo. La imagen de
Fuenteovejuna, todos a una, donde los habitantes del pueblo se autoinculparon de su crimen es tan romntica que es hasta enternecedora, pero absolutamente
inverosmil. La vida de siervos y villanos no tena ningn valor ms all de su capacidad para cultivar los campos o ser utilizados como soldados, era infinitamente ms
importante el mantenimiento del orden y del status quo. Desde luego, para un monarca, la vida de un Comendador, aunque fuese deleznable, superara con creces la de
los habitantes de todo un pueblo. En el caso de que los vecinos de Fuenteovejuna insistiesen en mantener su responsabilidad colectiva, el monarca se limitara a diezmar
al pueblo, ahorcando a uno de cada diez de sus habitantes, en los cadalsos instalados en su plaza mayor. Sin embargo esto no ocurri y en estos momentos no te podra
explicar los motivos de este arrebato de piedad por parte de Isabel la Catlica.
Poco a poco la reina fue tomando las riendas del poder en Castilla, sutilmente en un inicio y con ms vigor e intransigencia al final. La Historia tiene tendencia a
repetirse y la mayora de los gobiernos absolutistas se han formado al amparo de unos servicios secretos, de contraespionaje o policiales que actan en paralelo a las
leyes establecidas y con atribuciones que les sitan por encima de stos. Como ejemplo podemos citar a la KGB, en la Unin Sovitica, la Gestapo en la Alemania de
Hitler o la propia Brigada de Legitimacin en la Repblica de Euskadi actual. Isabel la Catlica form en 1476 una siniestra y muy eficaz organizacin llamada la Santa
Hermandad cuyo propsito aparente era el control del brigandismo, en muchos casos amparados por los nobles, que exista en su reino. Pronto se convirti en una
potente organizacin de informacin con la capacidad de actuar segn las indicaciones de la reina; sus primeras vctimas fueron los nobles que tenan la posibilidad de
traicionarla o confabular contra ella, fuesen culpables o no. Sin embargo esto no era suficiente, puesto que an siendo inocentes deba existir un indicio de posible
culpabilidad por parte de los acusados, para que los nobles ms cercanos a la reina no pensasen, o no pudiesen declarar pblicamente, que la Santa Hermandad actuaba
de forma arbitraria e injusta. La coartada de la espiritualidad y la religin sirvi para ampliar los poderes de la Santa Hermandad que, durante las celebraciones de la
unificacin de los reinos de Castilla y Aragn, se reorganiz, adoptando las atribuciones adicionales que le concedi el Papa Sixto IV para la persecucin de la hereja,
tomando el nombre de la Santa Inquisicin. Su primer primado fue Fray Toms de Torquemada, el confesor de la reina Isabel, para que no cupiese ninguna duda de que
la Inquisicin, si bien de origen religioso, dependa directamente de ella. A partir de ese momento no caba distinciones entre nobles traidores, herejes, descontentos,
judos, brujas o desviados: la Santa Inquisicin dara buena cuenta de ellos, sobre todo si eran ricos y sus posesiones podan pasar a la corona.
Su sistema era infalible, si cualquier ciudadano representaba un peligro o un simple incordio de cara al monarca o a la Iglesia, se le acusaba de algo tan difcil de probar
como que se mantena en comunin con el diablo. La presuncin de inocencia no exista para los inquisidores, y los reos eran culpables hasta que demostraran lo
contrario; si nos paramos a pensar es imposible probar que uno no est en comunin con el diablo. Sin embargo esto no era suficiente, habiendo establecido a priori la
culpabilidad del acusado queran obtener su confesin, y le torturaban. El prisionero tena dos opciones: confesar o no confesar. Si confesaba, l mismo declaraba su
culpabilidad, si no reconoca su crimen quedaba patente que el diablo le haba posedo de tal forma que su alma no poda ser redimida. En el primero de los casos el reo,
una vez hecho pblica su confesin y arrepentimiento, sera ejecutado e ira al cielo, tambin se habra ahorrado mltiples torturas; en el segundo caso sera quemado en
la hoguera con la esperanza de que el efecto purificador del fuego elevase su alma al paraso cristiano.
El beneficio para Isabel la Catlica tena varias vertientes: en primer lugar se poda deshacer de cualquier contrapoder poltico o personaje incmodo con impunidad,
en segundo lugar la expropiacin de los reos reputaba generosos ingresos a su tesorera y, finalmente, consegua crear un clima de inseguridad y de terror, donde nadie se
senta, ni estaba, a salvo de las acusaciones de los inquisidores y, por lo tanto, obtena una obediencia absoluta por parte de todos sus sbditos.
Por principio la Orden de Calatrava deba estar a salvo de cualquier acusacin de hereja, desde su inicio haban defendido, con sus espadas y su sangre, al Dios
cristiano contra los musulmanes. Adems sus caballeros estaban fuera de toda sospecha en lo que se refera a su pureza de sangre, puesto que de ellos era requerido
que probaran en sus cuatro apellidos ser hidalgo de sangre a fuero de Espaa, y no de privilegio, con escudo de armas, l, su padre, madre, abuelos, abuelas, sin
haber tenido oficios l, ni sus padres ni abuelos, segn leemos en la Addenda al Bullarium Ordinis Militiae de Calatrava fechada en 1422, siendo Maestre de la
Orden Luis Gonzlez de Guzmn.
A pesar de esto, en Toledo, en el ao 1492, Garca Lpez de Padilla, el entonces Maestre de la Orden de Calatrava fue destituido. La reina Isabel nombr a su marido
Fernando de Aragn nuevo Gran Maestre y pasaron a ser propiedad de la corona todos castillos, fortalezas, iglesias, conventos, parroquias, villas, aldeas y dems
haciendas y derechos de la Orden de Calatrava.
Los motivos que subyacen tras de esta decisin por parte de Isabel la Catlica son fciles de discernir: los caballeros calatravos haban intentado que se desposase
con su maestre cuando apenas tena uso de razn, contra su voluntad, haban apoyado a La Beltraneja en su lucha sucesoria, slo haban seguido a su lado a cambio de
prebendas, como en el caso de la cesin de Fuenteovejuna, y su comportamiento se distanciaba mucho de los estrictos cdigos morales que ella suscriba. Adems tenan
un poderoso ejrcito, que supona una barrera dentro de su proyecto de unificacin del reino, y posean grandes riquezas que necesitaba para financiar su campaa
contra Granada.
El misterio no est en el porqu, sino en el cmo. Cmo consigui Isabel la Catlica desbancar a la Orden de Calatrava de su situacin de poder y privilegio? Los
caballeros de la orden haban demostrado a lo largo de su historia que no eran nicamente valerosos guerreros sino tambin hbiles polticos y, sin embargo, haban
cedido todo su poder sin una aparente lucha. Por qu?
Como no poda ser de otra manera, he empezado a investigar esta incongruencia centrndome en el perodo entre 1476, cuando se forma la Santa Hermandad, y 1492,
la fecha de cesin de la Orden a la corona. Hasta el momento lo que ms me ha llamado la atencin ha sido el alojamiento del licenciado Felipe Argensola en las
dependencias de invitados del Castillo de Calatrava durante tres meses, de enero a marzo, en el ao 1487, segn consta en el registro del propio convento, sin explicitar
ni el motivo de su visita ni a quin representaba. Esta estancia por parte del licenciado puede tener una explicacin tan sencilla como banal; simplemente quera huir del
mundanal ruido y dedicarse a la oracin, pero en la revisin de las cuentas de las haciendas, gastos e ingresos de la Orden para el ao 1486 he detectado unas curiosas
anotaciones, al margen de los asientos habituales, que me han extraado y sorprendido. Una vez analizados con mis colegas hemos llegado a la conclusin de que se trata
de apuntes contables de partida doble!.
52.
No entenda el motivo para usar puntos de exclamacin por parte de Benaquiel en su relato. No saba muy bien lo que era la contabilidad de partida doble, ni creo que
me interesase aunque estuviese recogida en unos libros del siglo XV. Benaquiel me empezaba a cansar con sus continuos deseos en buscar tres pies al gato de la
Historia.
Esto es un hecho inslito, los primeros en utilizar este mtodo de contabilidad, segn todos los historiadores, fueron los mercaderes genoveses y los documentos
ms antiguos donde se detect por primera vez datan de 1502: trece aos despus de los apuntes que hemos encontrado en los libros de contabilidad del Castillo de
Calatrava. En circunstancias normales este descubrimiento me dara pie a escribir una tesis de primer orden, que, no lo dudes, me aportara cierta relevancia y prestigio
entre mis colegas. Esta forma de contabilidad, donde cada importe en un registro se hace dos veces, una en el debe y otra en el haber, ha permitido dar mayor fiabilidad a
las cuentas financieras facilitando la deteccin de errores y complicando la realizacin de desfalcos y estafas, y se sigue utilizando en nuestros das.
Al pie de cada una de estas anotaciones de partida doble en el libro de cuentas de la orden, figuran las iniciales FA que no he dudado en otorgar al licenciado Felipe
Argensola. Con el fin de obtener ms informacin sobre este personaje, y sobre los avances de sus conocimientos contables hemos buscado en los archivos para ver si
su nombre volva a aparecer y en qu circunstancias. Desgraciadamente slo lo hemos visto en la acusacin del Gran Inquisidor Torquemada, algo poco halageo para
l; su crimen era algo tan genrico como la desviatio, que abarca desde tener una chepa, a baarse desnudo o a ser amanerado. Una de las supuestas pruebas en su
contra es el haberle visto acompaado en hermandad y discurso con el arquero sinistro sindedos, personaje que comprensiblemente no se present como testigo, a
pesar de que consta que la Santa Inquisicin lo estuvo buscando.
La Historia nos demuestra que las casualidades y coincidencias existen, pero, en mi experiencia, creo que las fuentes documentales, a las que hemos tenido acceso, son
suficientes para avanzar una teora por la que un arquero ingls estuvo implicado en el entorno de la Orden de Calatrava, desde la muerte del Maestre Girn, frustrado
prometido de la joven princesa Isabel, hasta su absorcin por la corona. Igualmente pienso que el licenciado Felipe Argensola, acompaado por el arquero, jug un
papel, ms o menos importante, en este episodio y que, por motivos que an desconozco, haba aprendido a utilizar la contabilidad de partida doble y acab en manos
de la Inquisicin.
An no hemos encontrado el nombre de Felipe Argensola en los autos de fe en Toledo, de modo que todava quedan esperanzas de que no fuese quemado en la
hoguera. Tampoco hemos encontrado su confesin al Inquisidor Torquemada, que tiene que existir. Si damos con ella quiz nos aclare los orgenes, revolucionarios para
la poca, de la contabilidad de partida doble.
A partir de 1492 la Orden de Calatrava entr en un irreversible declive que se culmin cuando los pocos frailes adscritos a ella desmantelaron y destruyeron su
propio castillo y convento en el ao 1826.
(Bolto: Te reitero que la Orden de Calatrava no efectu ningn tipo de ritual con sacrificios humanos. Asesinatos, muertes, violaciones, abusos de poder, etc. fueron
frecuentes a lo largo de su historia, pero slo a nivel individual, y por lo tanto se puede desestimar que esas actuaciones hayan podido perdurar a lo largo del tiempo, al
amparo de una supuesta secta secreta con su origen en la orden.
En este sentido siento no poder ser de ms utilidad en tu investigacin.)
En cualquier caso seguir investigando en los archivos a Felipe Argensola, el arquero y sus relaciones con la Orden de Calatrava. Entiendo que el nico inters que
esto pueda tener desde tu punto de vista es meramente anecdtico, pero an as te mantendr informado.
Acab de leer el informe de Benaquiel y estuve de acuerdo con l en que no nos haba servido demasiado, y en que si el destino de Felipe Argensola en manos de la
Inquisicin me preocupaba bien poco, sus conocimientos contables me importaban an menos.
Sin embargo me haba surgido una pequea inquietud, un dato al que Benaquiel no haba dado ninguna importancia y que se haba escapado a su mente inquisitiva. l
mismo haba dicho que un historiador no deba limitarse a dar por bueno lo que lea, sino que deba incorporarlo con otros datos, para buscar la explicacin ms
verosmil posible. Yo haba estado en el Castillo de Calatrava, all haba descubierto el cadver descuartizado de Rosario Verdes, y recordaba claramente las obras de
reconstruccin efectuadas a finales del siglo pasado, se poda distinguir el estado en el que estaba la fortaleza antes de que stas se efectuasen, donde apenas s quedaba
piedra sobre piedra. El castillo estaba situado en lo alto de una colina, con fuertes pendientes en todas sus laderas, y las piedras de sus muros y construcciones eran de
grandes proporciones, como no poda ser de otra manera en una de las plazas fuertes ms importantes de la Reconquista. Benaquiel desconoca estos datos, estaba
enfrascado en sus documentos, papeles y legajos.
Me imagin a unos monjes del siglo diecinueve destruyendo el Castillo, con unas herramientas manuales e inadecuadas, quitando las piedras de sus muros una a una,
y no tuve dificultad en reconocer el esfuerzo que esa tarea representaba. Era incapaz de encontrar una explicacin lgica que les pudiese justificar ese arduo trabajo.
Hubiese sido ms sencillo abandonar la fortaleza y dejar que la naturaleza y los elementos se encargasen de su destruccin.
La nica prueba de que los frailes calatravos estuviesen destruyendo su castillo provena de un documento de 1826, que as lo deca, y del propio hecho que la
fortaleza se convirti en ruinas. Slo se me ocurra otra explicacin para esta ltima accin de los frailes de Calatrava.
Estaban buscando un tesoro.
53.
Haba perdido la costumbre de leer y al terminar el informe de Benaquiel tena la cabeza cargada. Sal de la casa de Cintia para tomar el fresco, como lo hacan gran
parte de los habitantes de Almagro. Estaban sentados en pequeos corros, bajo los soportales, hablando de sus cosas, mientras que los nios jugaban en la plaza.
Gonzalerra comparta su silla de montar con Begoa y se paseaban sobre Polifemo, rodeados y perseguidos por la chiquillera, que admiraba el tamao del perchern.
Al no tener una banqueta, me tuve que conformar con sentarme en el suelo, apoyando la espalda contra la pared, an as me senta a gusto, observando la normalidad
que reinaba a mi alrededor. Estaba disfrutando de aquel momento de tranquilidad y me molest reconocer a los dos jinetes que entraban en la plaza. Tuve la esperanza
de que no me viesen y as evitar los saludos obligados por la cortesa y la mnima conversacin que conlleva la buena educacin. Por desgracia me vieron, se acercaron y
desmontaron de sus caballos delante de m.
Descansando?, me pregunt Miguel Rdenas, mientras su hermana se mantena en un segundo plano, saludndome tmidamente con la mano. Estuve a punto de
decirle que estaba sujetando la pared y que si me mova se caera el edificio, pero era un chiste demasiado fcil. Me incorpor y le estrech la mano antes de dar un casto
beso a Laura en la mejilla. Incluso ese insignificante contacto fsico pareci incomodarla.
Me falt valor para decir al maestro del pueblo que no me interesaban sus problemas para conseguir papel donde sus alumnos pudiesen aprender a escribir y que,
adems, tampoco era algo que me incumba ni que pudiese solucionar. Tuve que aguantar su largo discurso y sus deseos de llegar a un trueque con el alcalde de Almagro,
con quien pretenda intercambiar las hortalizas de su pueblo por cuadernos y folios. No le dije nada acerca de los montones de documentos apilados en los stanos del
Alczar de Toledo, seguramente se podran aprovechar muchos de ellos para escribir en su reverso. El verme involucrado en una operacin entre Rdenas y Benaquiel,
y el tener que soportar sus intiles comentarios sobre la literatura y la historia respectivamente, no formaba parte ni de mis prioridades.
Por suerte Cintia pronto se incorpor a nuestra conversacin. Por desgracia les invit a compartir nuestra cena. No me preocupaba tanto su presencia por el
aburrimiento que su conversacin me poda provocar, siempre era ms entretenido discutir con alguien complejo, como Ezpeleta por ejemplo, que con dos personajes
tan intrnsecamente buenos como los hermanos Rdenas, como por el rumbo que inevitablemente tomara nuestra charla. Saba, a ciencia cierta, que acabaramos
hablando de los asesinatos.
54.
Estbamos sentados en la mesa de la cocina y Cintia nos serva de la cazuela. Gonzalerra acababa de acostar a Begoa, exhausta por sus juegos, y remova la comida
de su plato con cara de preocupacin. Miguel Rdenas y su hermana, Laura, esperaban educadamente a que Cintia terminase de repartir el cocido antes de empezar a
comer. Yo ya haba descorchado la botella de vino y me dedicaba a llenar sus vasos.
Laura, a pesar de su timidez, consigui preguntar a Gonzalerra, con una voz que apenas se escuchaba, si le ocurra algo. Hubiese esperado que su respuesta hiciese
referencia a los recientes crmenes, a la muerte de Pepe, a la guerra en ciernes con las Marcas Globales o, incluso, al hecho que, tarde o temprano, tendra que volver a la
Repblica de Euskadi, abandonando a Begoa y a Cintia.
No encuentro ningn tropiezo, contest.
Laura no supo cmo continuar aquella conversacin.
Nunca he comido lentejas sin panceta, o sin unos trozos de chorizo o, incluso, morcilla, continu Gonzalerra, y al ver que Laura no pareca entender sus
explicaciones, aadi, Las lentejas, y tambin las alubias o los garbanzos, en fin, las legumbres en general, deben de ser guisadas con trozos de matanza, sino no tienen
ningn sentido. Es como.... Yo era consciente de la lentitud del proceso mental de Gonzalerra y su bsqueda de una comparacin apropiada dur unos largos segundos
que nos tuvieron en vilo. Esperaba que hiciese referencia a ducharse con una gabardina aunque tambin era posible que lo comparase a follar con condn, lo que hubiese
podido generar una interesante reaccin por parte de Laura.
Es como ver un partido de ftbol sin goles, dijo finalmente. Pens escuchar un suspiro de alivio por parte de Cintia, quien, como yo, conoca bien a Gonzalerra y
tambin esperaba un comentario soez, que hubiese podido incomodar a sus invitados. En cualquier caso era evidente que para que una mujer llegase al corazn de
Gonzalerra primero tendra que pasar por su estmago y ser conocedora de las reglas del fuera de juego futbolstico. Entre la tosquedad de Gonzalerra y la delicadeza
espiritual e inquietud intelectual de los hermanos Rdenas mediaba un abismo. No saba si el vino me dara el apoyo suficiente como para sobrellevar aquella cena. A m
tampoco me entusiasmaban las lentejas sin tropiezos.
Quien a hierro mata a hierro muere, dijo Miguel Rdenas en un momento de la conversacin, utilizando la tan manida frase hecha, en referencia a la muerte de Pedro
Antnez. Yo tambin hubiese podido recurrir a la inconveniencia de mentar la soga en la casa del ahorcado, puesto que su comentario, con Gonzalerra y conmigo
presentes, slo nos auguraba un mal fin. Lo dej correr, algo que Cintia me agradeci con la mirada.
Al parecer yo era el nico que mantena la idea de que haba un solo responsable para todos aquellos asesinatos. Yo conoca de sobra las ideas de Cintia, Gonzalerra
no tena opinin, y de haberla tenido no hubiese sido demasiado esclarecedora, y las contribuciones de los dos hermanos a la conversacin no dejaban de ir en
concordancia con su carcter. Laura se pona nerviosa y se agitaba en cuanto empezbamos a hablar de la maldad del ser humano y su capacidad para llevar a cabo actos
crueles. Su hermano lo relacionaba todo con un sentido romntico y trgico de la vida que reflejaba la influencia que la lectura de Garca Lorca haba tenido sobre l y a
quien citaba continuamente, no s si por un deseo de demostrar sus conocimientos o por una obsesin que su subconsciente traicionaba, hacindole utilizar los versos
del poeta granadino en todo momento.
Para Miguel Rdenas no era suficiente describir a Pedro Antnez como el acosador de su querida Rosario, sino que tena que ir ms all y aplicarle versos lorquianos
para enfatizar su deseo carnal:
Nia deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.
Incluso cuando hablbamos de la muerte de Pepe Manzano, no pudo evitar hacer referencia a la Guardia Civil:
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por las carreteras.
Yo hubiese elegido otros versos ms adecuados para recordar la reyerta que caus la muerte de mi amigo a navajazos, pero no me acordaba de la cita exacta y lo dej
correr. An as me pareci extrao que Miguel Rdenas no hubiese echado mano de aquellos versos.
Sus referencias literarias me estaban hartando a pesar de que ya habamos vaciado la tercera botella de vino.
Lo cierto era que no bamos a ningn lado. Nuestra conversacin vagaba sin rumbo, desde la irrealidad de la poesa, a los conceptos tericos de la psicologa lanzados
por Cintia, aderezados por algn comentario de Gonzalerra quien, evidentemente, slo segua parcialmente los argumentos de aquella reunin.
Es importante descubrir cul fue el primer crimen, dijo Cintia. Normalmente es el ms cercano al asesino y donde ms rastros deja de su forma de pensar.
Cronolgicamente Pedro Antnez fue el primero, le dije.
No lo sabemos. Aceptando tu teora de que slo hay un asesino, el proceso que ha seguido para descubrirnos a sus vctimas ha variado. Escondi a Pedro Antnez
pero no lo hizo en el caso de Rosario y Eulalia, cuyos cadveres fueron encontrados con relativa rapidez. Despus de haberse dado cuenta de su capacidad para matar,
sofistic la forma de presentar a sus vctimas. Las amputaciones que realiz son una muestra del poder que senta, y el hecho que las dej para ser descubiertos reflejan
la impunidad que l supone que tiene.
Est loco, dijo Gonzalerra.
Nadie lo pone en duda, le contest.
No creo que Pedro Antnez fuese su primera vctima, continu Cintia. Su actuacin es demasiado compleja, en un primer crimen el componente emocional sera
ms evidente.
Crees que hay otro cadver an por descubrir?, le pregunt.
Seguramente, o un hecho singular y violento que desconozcamos.
Como cul?, pregunt Laura, forzndose a hablar.
Si lo supiese te lo dira, continu Cintia. Lo nico que s a ciencia cierta es que el asesino volver a matar.
Por Dios, no digas eso, se estremeci Laura, retorciendo sus manos.
No me cabe la menor duda.
Entend perfectamente el dilema, al cual Cintia se haba referido la primera vez que hablamos del asunto, y que, inevitablemente, ocurra en el curso de la investigacin
para descubrir la identidad de un asesino en serie. Por un lado te sentas responsable de la siguiente muerte, al no haber podido evitarla por haber sido incapaz de
encontrar al asesino a tiempo. Por el otro, sabas que slo podras avanzar con el descubrimiento de un nuevo cadver, donde posiblemente apareceran pistas o claves
adicionales para enfocar la bsqueda. Sent un egosmo injustificable al desear que la siguiente vctima fuese un total desconocido para m y que se encontrase cuanto
antes.
En ese mismo instante un hombre se estaba desangrando sobre las losas del suelo de la sacrista de la Iglesia de la Asuncin en Valdepeas. Sus brazos estaban en
forma de cruz y la sangre no consegua coagularse en las heridas causadas al desgarrarle los genitales con un cuchillo mellado. Lo ltimo que pudo ver aquella persona era
la cruz flordelisada de la Orden de Calatrava tallada en la piedra caliza de una de las paredes.
Por desgracia yo conoca a esa ltima vctima.
55.
Una mujer vestida con uniforme de campaa nos impeda el paso a la iglesia, su subfusil colgaba del hombro y no pareca pensar que sera necesario utilizarlo; su
simple presencia era suficiente. Incongruentemente llevaba unos guantes de ltex, un gorro y unos cubre zapatos ms corrientes en un quirfano que en el patio de una
iglesia. Por el rabillo del ojo vi cmo Gonzalerra se situaba a mi izquierda, meta la mano en el bolsillo de su chaqueta e, imperceptiblemente, cambiaba el peso de su
cuerpo, apoyndolo sobre su pie trasero, para dar mayor fuerza y velocidad a su golpe. No haca falta decir nada, l ya haba metido sus dedos dentro del puo
americano y slo esperaba que yo distrajese momentneamente a aquella soldado para que l pudiese dejarla fuera de combate.
Estaba en Al-Andalus, en mi territorio, y nuestra actuacin hubiese estado ms que justificada, an as no quera que la prxima ronda de negociaciones con las
Marcas Globales empezase con tan mal pie. No fue necesario que distrajese a la centinela, todos omos unos pasos apresurados que se acercaban desde la oscuridad del
interior de la iglesia y ella se gir para ver su proveniencia. No lleg a darse la vuelta del todo, para entonces Gonzalerra ya la haba dejado fuera de combate.
Simultneamente haba sacado el Colt que me haba regalado Stirling, y que yo le haba prestado, y apuntaba a la sombra que estaba cada vez ms prxima. Desenfundar
la Glock hubiese sido excesivo por mi parte.
Bolto, qu has hecho ahora?, dijo la inconfundible voz de Soraya Conde, Senescal de Toledo, quien, al darse cuenta de lo ocurrido, haba dejado de llamarme
Eneko.
Me impidi el paso con un arma, le dije, explicando que en mi caso, y en el Al-Andalus, se era suficiente motivo para noquear a alguien.
Tena rdenes de no dejar pasar a nadie.
Quin se las dio?, fue mi turno en preguntar.
Su jefe, Klein.
Ya nos han invadido?.
No seas tan simple.
Un soldado de PeaceKeepers me cierra el paso, siguiendo las rdenes de su jefe, con un arma en la ciudad de Valdepeas. Qu quieres que piense?.
No te estaba cerrando el paso, estaba intentando que nadie contaminase la escena del crimen.
Quin les autoriz entrar en Al-Andalus?.
Yo.
Se lo poda haber echado en cara pero no lo hice. Soraya haba tomado una decisin difcil porque estaba all para tomarla, posiblemente yo hubiese actuado de una
forma muy distinta. Me pareca arriesgado permitir el paso a cualquier elemento de PeaceKeepers a nuestro territorio. Tambin deba reconocer que, con nuestros
medios, habamos sido incapaces de encontrar ninguna pista que nos llevase al responsable de los asesinatos, y que las tcnicas de investigacin cientficas, aportadas
por PeaceKeepers, podran descubrirnos nuevos datos.
La comitiva negociadora de las Marcas Globales viajaba a Toledo. Llegaron a Valdepeas al poco tiempo de descubrirse el cadver. Belair, con el asentimiento de
Klein, nos ofreci su asistencia, se explicaba Soraya. Yo acced y en poco tiempo un helicptero con un equipo de cientficos forenses aterriz aqu. Necesitamos
ms....
No sigas, le interrump. No te justifiques. No hace falta.
Me agarr del brazo y me mir a los ojos. Gracias, me dijo. Era la primera vez que, aunque someramente, nos habamos tocado.
Desrmala, orden a Gonzalerra, cambiando de tercio. Tmbala a la sombra, en uno de los bancos de la iglesia, y asegrate de que pueda respirar. Aparte del
golpe que haba recibido, no quera que la soldado sufriese ningn otro percance. No era necesario.
Haban instalado su centro de control en una de las naves transversales que llevaban a la puerta de la sacrista. Un tcnico estaba sentado delante de cuatro monitores
donde se vea la escena del crimen desde distintos ngulos y con diferentes colores e intensidades. Utilizando su lpiz bio-informtico cambiaba los ngulos, distancias y
la composicin cromtica de lo que estbamos viendo en las pantallas. Siguiendo las instrucciones de Soraya nos pusimos unos guantes, botines y gorros que impidiesen
que trasladsemos las partculas microscpicas que inevitablemente desprendamos en todo momento, a la escena del crimen.
Eneko Amboto, bienvenido a esta tu casa, dijo Hans Klein, con una mirada que desdeca sus palabras.
En efecto. sta es mi casa, le contest. Y sera yo quien te tuviese que dar la bienvenida a nuestro humilde territorio, aunque fuese por pura cortesa.
No creo que la cortesa sea una de tus fuertes. Desapareciste de Marbella sin despedirte. Eso es, cuanto menos, de mala educacin, contest Klein ante las miradas
de su acompaante Belair, Soraya y Gonzalerra. El tcnico que manejaba las pantallas hubiese deseado ser invisible al darse cuenta de la violencia latente de nuestras
palabras. Soraya y Belair empezaban a inquietarse y a hacer gestos conciliadores para que nuestro enfrentamiento no llegase a ms. Gonzalerra, precavido, se preparaba
para la accin. Hubiese sido interesante ver un combate entre Klein y Gonzalerra, pero se no era el momento ni desde luego el lugar, una iglesia, para permitirlo.
Acepta mis disculpas, le propuse. La prxima vez me asegurar de darte un buen apretn de manos antes de seguir por mi camino.
No tengo ningn problema en aceptar esas excusas.
Soraya y Belair respiraron aliviados, demasiado pronto.
Pero lo que no te puedo perdonar, ni lo har, es el secuestro de Richard Kenyon, la amenaza de Klein era meridiana y no le faltaba razn en hacerla. Ms te vale
que no le haya ocurrido nada. Recuerda que, a pesar de sus mltiples y diversos negocios, PeaceKeepers es una organizacin militar, y que el primer deber de un
soldado es no abandonar a su compaero en peligro.
El discurso de Hans Klein era impecable. Uno puede empezar a luchar por un ideal, como lo haba hecho yo, por una bandera o, incluso, por dinero, como lo hacan
los empleados de PeaceKeepers. Pero cuando los hombres empiezan a caer y las balas a silbar, slo combates por el grupo de personas que estn a tu lado en la refriega,
con la esperanza de que ellas hagan lo mismo por ti y que, juntos, lleguis a sobrevivir. Igualmente todos y cada uno de esos soldados deba de tener la fe ciega de que si
caan, se haran todos los esfuerzos posibles para ponerles a salvo. Si tuviesen la ms mnima sospecha de que podan ser abandonados, slo pensaran en la retirada y
nunca en la victoria, la moral se desplomara y dejaran de existir como fuerza militar. Yo saba muy bien lo que Hans Klein me estaba diciendo.
Volver con vosotros en breve y en perfecto estado de salud, le promet en tono conciliador.
Entonces slo quedara pendiente el cargo de espionaje industrial por tu acceso ilegal a los datos estratgicos y comerciales pertenecientes a PeaceKeepers, dijo
Klein, quien a pesar de ser militar, no haba llegado a su puesto en la organizacin sin tener unos mnimos conocimientos jurdicos.
Lo siento, le dije con una pesadumbre artificialmente exagerada.
No es suficiente, me contest.
Lo siento, repet, pero no estaba excusando mis actos. Simplemente lamento que no exista ninguna legislacin sobre espionaje industrial en Al-Andalus: hay pocas
industrias y no merece la pena que sean espiadas. Y, te recuerdo, que ahora mismo ests en este territorio.
Belair se dio cuenta que la tensin entre nosotros volva a resurgir y decidi intervenir.
Estamos aqu para ayudar. En un principio para que podis capturar a vuestro asesino y en segundo lugar para llegar a un acuerdo sobre el agua de Marbella, dijo,
interponiendo su cuerpo entre el de Klein y el mo.
El agua de Al-Andalus, querrs decir, apostill.
Dejadlo ya, orden Soraya Conde, con su tono imperativo de Senescal.
Klein y yo nos lanzamos una ltima mirada. No nos faltaran oportunidades para solventar nuestras diferencias y, por el momento, era ms urgente encontrar al
asesino.
Klein no me haba preguntado por los motivos de mi desaparicin y fuga de Marbella. Era posible que no sintiese ningn tipo de curiosidad al respecto, o que no le
interesasen mis idas y venidas; o que ya conoca la respuesta.
Desde uno de los monitores vimos como uno de los cientficos que se encontraba en la cripta hizo el signo universal de OK con su pulgar e instaba a sus otros dos
colegar a salir. En su caso no llevaban nicamente la proteccin en sus pies, manos y cabeza, sino que todo su cuerpo estaba cubierto por un mono blanco con la
apariencia del papel.
Y esto?, pregunt, sealando sus atuendos.
Es un traje desechable que no desprende ningn tipo de fibras, explic Klein. No queremos que se contamine la escena del crimen.
Listos para la explosin, avis el operario que trabajaba delante de las pantallas. Es la tercera y ltima. Un fogonazo hizo que las pantallas se volviesen blancas
durante unos instantes antes de retomar sus imgenes originales.
Ahora tendremos que esperar unos minutos antes de entrar, dijo el operario. Si alguien hubiese tenido la modestia de explicarme qu estaban haciendo quiz llegase
a entender lo que ocurra y cul era su objetivo.
Pon las imgenes en neutral y ensea el cadver a nuestros invitados, orden Klein. El operario dio las instrucciones pertinentes a su sistema informtico y una de
las pantallas perdi sus colores sicodlicos para convertirse en un monitor de imagen normal. Agradec no tener que ver el cadver directamente. El observarlo a travs
de una pantalla generaba una barrera fsica y tambin psicolgica, consiguiendo que el impacto de ver un muerto mutilado se atenuase, hacindolo irreal.
El tcnico guiaba la cmara desde su tablilla cermica, ofrecindonos un plano general de la cripta con el cadver expuesto, desnudo en forma de cruz, con los pies
juntos y los brazos extendidos, tal como yo haba encontrado a Rosario Verdes. Su vello pblico ensortijado se volva rojo oscuro y un agujero viscoso pareca
extenderse entre sus piernas donde haba fluido la sangre de sus genitales extirpados. Nunca le haba visto sin ropa y, en su desnudez, me pareca ms flcido y plido
de lo que me hubiese imaginado. El rictus inmvil de terror y agona que reflejaban sus facciones hacan olvidar la afabilidad, o contrariedad, que transmita en vida. An
as no caba ninguna duda sobre su identidad.
Luis Pizarro, Alcalde de Crdoba y embajador de las Ciudades Estado de Al-Andalus, yaca muerto ante mis ojos, asesinado en un rito cruel.
56.
Para qu sirven las explosiones?, pregunt, haciendo un esfuerzo por extraerme mentalmente de lo que estaba viendo. A casi todo el mundo le gusta explicar los
detalles de su trabajo, sobre todo a alguien tan ignorante en la materia como yo, y el forense, tras obtener la autorizacin de Klein en un intercambio de miradas, empez
a hablar:
Acabas de ver la tercera etapa del proceso. Hemos hecho detonar un artefacto que dispersa partculas qumicas y biolgicas, con un mnimo componente radiactivo
de bajo nivel, de manera uniforme por todas las superficies de la escena del crimen. Esta ltima capa detecta cualquier material orgnico que se encuentre en el lugar. Nos
indicar, en primera instancia, la manera en que se ha distribuido la sangre de la vctima, tanto espacialmente como temporalmente. Despus introduciremos los
parmetros orgnicos del muerto para que no los considere en sus anlisis y resaltar aquellas materias con otra procedencia, como pueden ser cabellos, semillas, sudor,
o incluso esperma, en la esperanza de que sean del asesino.
Si sa era la tercera explosin, por lgica deban haber habido dos anteriores y as lo pregunt.
La primera dispersin de partculas detecta los movimientos que hayan sufrido las superficies del lugar en cuestin. El suelo, las paredes, las mesas o cualquier otro
elemento, por muy liso o limpio que est, acumula en un breve espacio de tiempo una serie de elementos distribuidos por el aire, si no se tocan estas partculas se hacen
visibles para convertirse en lo que normalmente llamaramos suciedad o polvo. Nuestro sistema detecta no slo estos cambios sino tambin, por las distintas capas
enturbiadas, la secuencia en que se produjeron. El anlisis de las superficies nos permite detectar todo tipo de huellas: digitales, de pisadas y de roces. Estas huellas son
comprobadas con todas las bases de datos integradas en la Mente Global y en muchos casos nos permiten identificar a las personas que se encontraban en el lugar
durante el tiempo precedente al crimen, o el tipo de marca del zapato que dej su huella en el suelo. Tambin, como pronto veremos, procesar toda la informacin en
un plano cronolgico indicndonos el orden en que ocurrieron los hechos que estamos investigando.
Gonzalerra se me adelant para preguntar la utilidad de la segunda explosin, las explicaciones del tcnico parecan interesarle y hasta daba la sensacin de
entenderlas.
La segunda dispersin molecular, continu el forense, identifica y resalta elementos inorgnicos cuya presencia es anmala. En otras palabras, reconoce aquellos
elementos que por su composicin encajan con el entorno en el que nos encontramos y los descarta para resaltar nicamente aqullos que no deberan estar all. Si el
suelo es de piedra caliza, por ejemplo, nos permitir detectar partculas de otro tipo de tierra. Esto nos ayuda a menudo cuando el crimen no se cometi en el sitio
donde se encontr el cadver.
Yo asent con la cabeza indicando que entenda las explicaciones, me preocup que Gonzalerra estuviese haciendo lo mismo.
Ya est procesado?, pregunt Klein, inquieto.
Casi.
Veamos lo que ocurri, orden a su subordinado, que utilizando su lapicero apag y puso en marcha de nuevo una de las pantallas.
Si alguna vez me encuentro con el hombre invisible, s lo que vera. Sobre el suelo de la cripta se formaban las huellas de unas pisadas que caminaban marcha atrs.
Haban sido recreadas por el ordenador en base al movimiento en las partculas del suelo, pero me costaba entender que no las estaba haciendo una persona a quien era
incapaz de ver. Segn las pisadas reculaban, internndose en la habitacin, dos lneas paralelas se formaban siguindolas. Eran los talones de Luis Pizarro que estaba
siendo arrastrado por su agresor, unos crculos se formaban al paso de donde se intua estaba su cabeza, asum que se trataban de gotas de sangre del golpe que le habra
dejado inconsciente.
De repente se dibuj una silueta humana en el suelo, el asesino haba dejado caer a su vctima removiendo con el impacto las molculas invisibles del polvo. A
continuacin vimos una especie de baile grotesco alrededor de la silueta, parndose delante de sus pies, de su cabeza y de sus manos: el asesino ataba y amordazaba a su
vctima. Todos sabamos lo que veramos en unos instantes.
No haba sonido, ni siquiera se poda distinguir la textura viscosa de la sangre. Una lnea rpida sali de entre las piernas de la silueta tendida en el suelo, como si un
artista trazase con seguridad una raya de referencia para un dibujo. En el chorro de sangre que caus el primer corte del asesino, despus el flujo se ralentiz,
encharcando en parte la silueta y extendindose por el suelo.
Unos espasmos bruscos hicieron que la silueta cambiase de lugar. Eran los ltimos movimientos de un Pizarro moribundo.
No saba cmo reaccionar ante aquellas imgenes, irreales por la falta de cuerpos slidos pero igualmente macabras en los detalles que desvelaban. Nadie era capaz de
decir nada, acabbamos de presenciar cmo mora una persona pero sin ver al cadver ni al asesino.
Por los movimientos de las pisadas que aparecieron en el monitor fue fcil visualizar que el asesino, ayudado de un cuchillo, desat a su vctima ya muerta. La
desnud y puso en forma de cruz. Recogera la ropa para llevrsela y despus de quedarse inmvil durante unos instantes, comprobando el estado de su obra, se acerc
de nuevo al cuerpo. No me caba la menor duda que era para coger los genitales ensangrentados del cadver y llevrselos como trofeo.
Aqu se acaba todo, nos inform el tcnico. Ya podemos levantar el cadver para la autopsia y ver si encontramos algo ms. En un par de horas tendremos todo
analizado.
Esperara impaciente, con el despliegue de tecnologa que acababa de presenciar no me caba la menor duda de que encontraramos algn indicio que nos permitiese
avanzar. Ahora ya sera demasiado tarde, los lugares donde encontramos a las otras vctimas ya estaran contaminados, utilizando la expresin de los expertos de
PeaceKeepers. Me arrepent de no haber recurrido a ellos con anterioridad. No permit que me remordiese la conciencia.
57.
Nos quedamos en la iglesia, sin hablar, descansando en los bancos, o quien sabe, si rezando. El grito de Klein nos sobresalt.
Como que nada!.
No pudimos escuchar la respuesta del subordinado.
Sois un atajo de imbciles, volvi a gritar Klein. Es imposible que no hayis encontrado nada en absoluto.
No hay huellas reconocibles. Vemos las pisadas pero nada que las identifique, son lisas como un espejo. Vemos dnde puso los dedos pero no ha dejado ninguna
huella dactilar. Los nicos materiales que hemos detectado pertenecen a la ropa, ensangrentada en la mayora de los casos de la vctima. No hay ninguna fibra procedente
del agresor, todas son de la vctima.
Volver a comprobarlo todo. Absolutamente todo, orden Klein con un enfado evidente, causado en parte por la frustracin que compartamos, como por el hecho
de que la tecnologa de PeaceKeepers haba quedado en evidencia ante nosotros.
Para cuando hicieron la segunda comprobacin ya haban llegado los resultados de la autopsia. Nos dijeron con exactitud que Luis Pizarro haba muerto la noche
anterior a las veintids horas y once minutos, justo en el momento que comparta la cena con Cintia, Gonzalerra y los hermanos Rdenas. Y poco ms. Tampoco
encontraron ningn tipo de sustancia o pista que nos pudiese ayudar para identificar al agresor.
Klein no saba cmo excusar su fracaso. A pesar de la utilizacin de la ltima tecnologa seguamos como al principio.
Sois todos igual de intiles, me dijo Gonzalerra en privado.
Sorprndeme Xabier. Dime que t has descubierto algo que se nos ha escapado a todos, incluido al cerebrn de la informtica.
Desde luego que no. Sino ya te lo habra dicho.
Es verdad que yo no descubr nada, le dije, pasndome a la defensiva, No tena acceso a todos estos medios. Si no, te aseguro, que algo hubiese encontrado.
Si t lo dices, dijo Gonzalerra recalcando sus dudas al respecto.
No le contest porque, de repente, empec a darme cuenta de lo que esta ocurriendo. Yo y Pepe habamos sido incapaces de encontrar ningn indicio fsico sobre la
identidad del asesino por falta de medios. Klein y su gente haban fracasado porque no haba nada que encontrar.
58.
Aunque me ofrecieron viajar con ellos a Toledo en el confort de sus limusinas, declin su oferta, prefera volver a un paso ms tranquilo, a caballo, porque necesitaba
repasar una serie de ideas que empezaban a formarse en mi cabeza. Al llegar a la ciudad estado consider que mi presencia en las negociaciones era necesaria y que
convendra que fuese vestido adecuadamente. Despus de utilizar los baos pblicos y pasarme por la barbera, donde tuve que soportar, de nuevo, las ideas
empresariales peregrinas para montar una granja de ocas, me dirig al Alczar para recuperar mi traje y los dems complementos que, supuestamente, Benaquiel haba
remendado. Gonzalerra, por su lado, ira en busca de Kenyon, a quien pareca apreciar como compaero de juergas nocturnas.
En un mundo inestable daba seguridad comprobar que algunos cosas no cambiaban, y que, al golpear el aldabn de la puerta lateral del Alczar, automticamente
apareca el hombre bajito con la colilla en sus labios, para guiarme a travs del stano.
Bolto!, o que me llamaba la voz de Benaquiel el historiador desde la oscuridad. Tengo ms informacin. Sent un golpe de adrenalina. Por fin llegara una
explicacin a los crmenes que nadie era incapaz de solventar. El tono de excitacin que Benaquiel daba a sus palabras me hizo presagiar lo mejor. Me equivocaba.
Hemos podido encontrar ms datos acerca de Felipe Argensola y estamos llegando a conclusiones extraordinarias sobre los inicios de la contabilidad de partida
doble, me agarr obligndome a tomar asiento en su pequeo cuchitril. Disimul mi decepcin e intent interrumpirle. Esperaba que me hablase de sacrificios humanos
y en su lugar me iba a dar una charla llena de erudicin profundizando en los orgenes histricos de los asientos contables, algo que no me interesaba en absoluto. Sin
embargo su entusiasmo era tal que no tuve el valor de defraudarle y dejarle con la palabra en la boca. Me prepar para escuchar y tambin para esperar al momento
oportuno de hacerle un par de preguntas, sobre temas irrelevantes, pero que me tenan desconcertado. Por un lado, sera interesante ver su reaccin a mi sospecha de
que los ltimos hermanos de la Orden de Calatrava en 1826 no estaban destruyendo su castillo sino buscando un tesoro. Por el otro, me gustara saber cmo un hombre
sin dedos poda disparar un arco.
Por fin estamos empezando a saber quin era el caballero Argensola y apoyar la tesis que la contabilidad de partida doble se utilizaba en el reino de Castilla por lo
menos cincuenta aos antes de su primera aparicin en Italia. Esto es un descubrimiento histrico.
En ambos sentidos de histrico, le dije con una irona que no percibi.
Efectivamente, continu, nos hace cambiar la fecha del inicio de la contabilidad moderna, adems de su lugar de origen, y, con toda la modestia del mundo, pienso
que se trata de un descubrimiento de especial relevancia para los historiadores. Hasta ahora el tratado Summa de Arithmetica, Geometria, Proportioni et
Proportionalita escrito por el monje franciscano Luca Paccioli, en Venecia en 1494, era la referencia tomada como el punto de partida en este tema. Especialmente su
exposicin en el captulo noveno del libro donde habla de De Computis et Scripturis. En l indica que para llevar bien un negocio hace falta estar suficientemente
capitalizado, tener un buen contable, y, en tercer lugar, organizar convenientemente todas las transacciones con sus registros de dbito y crdito. Si todos los apuntes se
anotaban correctamente, entonces, al sumarlos en el summa summarium, el balance de sumas y saldos como lo conocemos hoy da, el total de los dbitos sera igual que
el de la suma de los crditos. En caso contrario, escribi Paccioli, sabramos que hay un error en el balance, un error que se debe buscar con toda la industria e
inteligencia que Dios nos ha dado.
En la segunda edicin de su libro, impreso en Toscolano por el ao 1523, Paccioli tuvo la generosidad de admitir que se limitaba a describir el mtodo aplicado en
Venecia y otras ciudades italianas: Adoptar el sistema veneciano, el cual debe ser recomendado sobre cualquier otro, escribi. Es cierto que existen libros de
contabilidad anteriores al Summa Aritmetica donde se ve la utilizacin de las partidas dobles. Incluso otro italiano, Benedetto Catragli, escribi un tratado sobre la
necesidad de cuadrar las cuentas, aunque con una posterior publicacin en el ao 1573. Pero en ningn caso se haba descubierto, hasta ahora, el uso de la contabilidad
en la pennsula ibrica en fechas tan tempranas, adelantndose incluso a los italianos, supuestos inventores del sistema.
Y qu?, pregunt sin pensar. Me arrepent de haberlo hecho porque, para Benaquiel, la importancia de su descubrimiento era tan evidente que no requera una
mayor explicacin. Ignor mi pregunta y continu con su narracin.
Con todo esto hemos llegado a la conclusin que Argensola era un experto contable que utilizaba, o incluso haba desarrollado, un mtodo desconocido en Castilla.
Esto es un hecho cierto y lo trataremos como tal. En cuanto al origen de la contabilidad de partida doble yo estara dispuesto a defender mi tesis y dejar el nombre de
Argensola en el lugar que le corresponde.
Todo esto me pareca estupendo pero no me llevaba a ningn lado.
Si nos adentramos en su vida tambin intuimos que, sin ser uno de los grandes protagonistas de su poca, su nombre aparece en una serie de situaciones cuanto
menos interesantes. Ya te adelant que haba sido detenido por la Santa Inquisicin y que de alguna manera escap de ser quemado en la hoguera. An no hemos
encontrado su confesin, a pesar de que tenemos la seguridad de haber estudiado todos los documentos pertinentes a ese perodo en Toledo. Esto es algo de por s muy
extrao, puesto que quien no haca pblica su culpa era inexorablemente torturado y quemado. Por otro lado, en el registro de acusaciones s existen ms detalles sobre
Argensola que amplan nuestros conocimientos sobre l.
En ese momento Benaquiel me acerc un gran libro, que abri y donde pude ver anotaciones a mano, tan ilegibles e incomprensibles a mis ojos como reveladoras para
mi interlocutor.
Mira, me dijo, y yo miraba pero no vea nada. Finalmente pude descifrar el nombre de Argensola y la palabra desviato subrayada.
Aqu lo tienes junto con la acusacin genrica de desviacin. Un crimen que lo mismo serva para un roto que para un descosido. En primer lugar vemos que nuestro
protagonista era el tercer hijo de Praxmides Coccolini, un marchante della Toscania en papiros e curtidos, y Catalina Argensola nica hija del Infanzn Joannes.
Indicndonos que la unin entre la riqueza del mercader y la sangre noble fue el motivo del matrimonio a sus progenitores. Con el origen italiano de su padre, y su
trabajo como comerciante, es lgico que Felipe tuviese acceso a un aprendizaje en los tcnicas contables que l fue capaz de desarrollar ms adelante. Es igualmente
interesante ver que renunci al apellido de su padre para utilizar el de su madre. Sera ridculo insinuar que pudiera haber ocurrido algn tipo de conflicto entre padre e
hijo que llevasen a este ltimo a tomar esa decisin, ni hay ni podramos encontrar algn documento que lo refrendase. Por otra parte sera ms corriente, y lgico, que
Argensola tomase esa decisin para tener un acceso ms fcil a la corte donde un apellido de cristiano antiguo le abrira ms puertas que el de un comerciante italiano.
La sustentacin del encarcelamiento de Argensola por desviado se basa en su xoroba maligna, tocata por Beelzebub, y su pie de cabrio, apoyado en artiluxios de
hebreos. En otras palabras, nuestro amigo tena un fsico deplorable, era cheposo y una de sus piernas estaba deformada, lo que le obligaba a utilizar un soporte
rudimentario para poder andar. No me extraa que fuese un judo quien fabricase ese mecanismo ortopdico, eran los mdicos y artesanos de la poca por excelencia,
aunque esto fuese en contra de Argensola, de cara a su defensa con la Inquisicin. Como ya te dije anteriormente el hecho de que tena como amigo a un arquero sin
dedos, que, cuando llamado a testificar haba desaparecido, no ayudaba a probar su inocencia.
Sin embargo, las deformaciones fsicas de Argensola, utilizadas por Torquemada y sus secuaces para condenarle a por su relacin con el diablo, no dejan de ser unas
justificaciones espurias. Argensola hubiese podido vivir tranquilamente, con su joroba y cojera, sin que nadie le acusase de nada, a no ser que hubiese hecho algo que le
convirtiese en un peligro para la Inquisicin o para la reina Isabel la Catlica, en cuyo caso sus deformidades se convertan en la excusa perfecta para vincularle con
Satans y mandarle a la hoguera.
Debemos buscar los verdaderos motivos para su detencin en otro lado.
59.
Si no hubiese tenido otras preocupaciones ms urgentes, ubicadas en el presente y no haca cuatro siglos, me hubiese encantado seguir escuchando el relato de
Benaquiel. La llegada de su padre fren momentneamente su discurso. Despus de un fugaz saludo con la mano, y viendo la intensidad con la cual su hijo retomaba la
historia, el viejo se acomod encima de una de las pilas de papeles que formaban el mobiliario de aquel habitculo. De cara tanto al padre como al hijo, mi partida
hubiese sido cuanto menos de mala educacin, y no me qued ms remedio que quedarme donde estaba.
En primer lugar pudimos identificar a los acusadores de Argensola que aqu figuran, dijo el historiador, extendindome una vez ms el libro de registro de la
Inquisicin toledana, y donde yo apenas poda descifrar los nombres de Augustinianus Oaterra, Rui de Tobalina y Hernn Noceda.
Agustn Oaterra haba sido, y posiblemente an fuese, el ecnomo de la Orden de Calatrava.
Finalmente pareca que nos encontrbamos ante un dato vagamente relevante con el propsito inicial de la investigacin histrica.
Rui de Tobalina era el escriba del mismsimo Torquemada y Hernn Noceda era un hidalgo ayudante de campo de la Reina Isabel. En otras palabras nuestro hroe
haba sido capaz de granjearse la enemistad de los mximos poderes de Castilla; la Orden de Calatrava, la Inquisicin y la Reina. En aquellas circunstancias, an sin la
excusa de las deformidades, que le implicaban en una supuesta relacin con Satans, la vida de Argensola no vala un maraved. Sin embargo se salv. De esta manera
tenemos dos pequeos misterios sin resolver. En primer lugar debemos encontrar los motivos de las autoridades del momento para querer deshacerse de Argensola y, en
segundo lugar, descubrir cmo pudo salir ileso de esa situacin.
Dado que Argensola era un contable, con unos conocimientos superiores a cualquiera de la poca, y que ya sabamos de su presencia en el castillo de Calatrava y de la
revisin de sus estados financieros, decidimos tirar de ese hilo y pronto encontramos lo que buscamos. En la Rendicin de Cuentas de la Orden de Calatrava a la Reina
Isabel de 1491, un ao antes de que la orden pidiese su independencia para caer en manos de la corona, observamos varias curiosidades.
Benaquiel se agach para recoger un voluminoso libro y ponerlo encima de la mesa delante de m. Empez a mostrarme con el dedo una serie de nmeros y palabras
que no entenda, le dije que tena plena confianza en l para descifrar aquellos garabatos y que creera a pies juntillas todo lo que me tena que decir.
Las cuentas no estn firmadas por el Maestre de la Orden como corresponda y como se haba hecho en aos anteriores, sino por Agustn Oaterra, el ecnomo.
Pero ms importante an, las cuentas estaban llenas de incoherencias segn se desprende de las numerosas raspaduras y correcciones que vemos.
Me las ense y esta vez s pude ver lo que quera decir. Las hojas de grueso papiro estaban marcadas en muchos lugares donde alguien, con un cuchillo afilado, haba
raspado las cifras originales para reemplazarlas por otras.
Para m podran ser las cuentas del Gran Capitn, le dije. Mi comentario no le hizo ninguna gracia, lo ignor y continu con su relato.
Inicialmente pens que Argensola haba descubierto un fraude utilizando sus revolucionarios conocimientos contables y que el ecnomo haba intentado salvar su
pellejo haciendo las correcciones pertinentes y acusndole ante la Inquisicin. Sin embargo haba demasiada informacin que no tena sentido y que no justificaba los
deseos de la Inquisicin y la Reina para que Argensola desapareciese.
Recordemos que Argensola fue al castillo de Calatrava aos antes y dadas sus habilidades podemos asumir que descubri el desfalco con rapidez. Aparentemente no
dijo nada al respecto, manteniendo en secreto todas aquellas irregularidades. Cuando stas salen a la luz se encuentra con que el ecnomo de la orden quiere verle en la
hoguera, con amplios motivos, que la Inquisicin tambin, para que no se divulgue la avaricia de los hermanos calatravos y que la propia Reina Isabel le considera
culpable de haber visto mermados sus ingresos. Esta explicacin, aunque ms compleja, me parece ms verosmil y sirvi para enfocar el siguiente paso de mis estudios.
Como bien sabes ninguno de mis colegas ha sabido explicar convincentemente el traspaso de todas las propiedades y ejrcitos de la Orden de Calatrava a la corona de
una manera tan pacfica, sin ningn tipo de conflicto o revuelta. En el ao 1494 el Maestre de la Orden de Calatrava era el general de unas tropas expertas y bien
armadas y el seor de un vasto territorio que le generaba unos ingresos superiores a los de la propia corona. Los caballeros calatravos ostentaban un poder considerable
y, aunque enfrentados a sus votos monacales, gozaban de la suficiente riqueza como para vivir muy cmodamente. Y dejaron que la Reina se quedase con todo, sin ms.
No es creble.
En este sentido mi investigacin sobre Argensola nos ofrece una explicacin ms convincente y de acuerdo con la forma de actuar de la poca y de la Reina Isabel la
Catlica: el chantaje.
Gracias a los descubrimientos de Argensola, la Reina Isabel es consciente de la desviacin de ingresos que est teniendo lugar en las haciendas de la Orden de
Calatrava. Como buen servidor, ste le mantiene bien informada desde el principio y la soberana toma la decisin de no hacer nada al respecto a la espera de una ocasin
ms oportuna. Debemos ser conscientes de que en 1492 sus ejrcitos estaban sitiando Granada y que los soldados de la Orden formaban parte de sus tropas de choque
ms aguerridas, un enfrentamiento con ellos, o su retirada, hubiese significado el fin temporal de su campaa de unificacin territorial. Simplemente no era el momento
para perder el apoyo de los calatravos.
Esper unos aos para asestar el golpe que significara la desaparicin de la Orden de Calatrava como poder militar y econmico. No he encontrado ningn
documento que apoye mi tesis pero estoy convencido que la reina Isabel present las pruebas del desfalco al Maestro de la Orden y le dio dos opciones. O bien ceda
todas sus posesiones y ejrcitos a la corona, con toda dignidad y manteniendo la honra, o, desde el primer mandatario hasta el ltimo caballero, seran acusados de robo,
traicin y estafa. A la reina Isabel no le convena realizar un juicio generalizado, con las condenas y ejecuciones correspondientes, puesto que inevitablemente la
efectividad de sus tropas se vera afectada y el entramado de control sobre las tierras debilitado. El Maestre de la Orden tambin pensara que sera ms provechoso,
para conservar su cabeza, ceder la independencia y el poder que ostentaba a la corona, de una manera ordenada. En esas circunstancias pronto llegaron al acuerdo que
conocemos.
Tambin es lgico que la ltima Rendicin de Cuentas no fuesen legitimadas por el Maestre, de quien la reina poco se poda fiar, sobre todo en asuntos financieros.
Esa responsabilidad pasara al ecnomo, quien, a su vez, debi hacer todas las correcciones necesarias para que los bienes traspasados a la corona reflejasen de una
manera, ms o menos fiel, la realidad econmica de la orden. Las tachaduras y correcciones que te he enseado daran fe de esto.
Benaquiel haba conseguido atraparme en su relato, tanto como a su padre, que asenta a sus conclusiones.
Si eso es as, interrump, Por qu quiso la reina deshacerse de Argensola? Fue l quien la haba dado la posibilidad de chantajear al Maestre de la Orden de
Calatrava.
No estoy muy seguro, y voy a seguir investigando. Tampoco s el papel que jug el arquero sin dedos en esta conspiracin, pero lo averiguar. Creo que es una
figura clave para entender lo ocurrido.
No s si te servir de algo pero tengo una pregunta que hacerte sobre el arquero, le dije.
Adelante.
Cmo puede un arquero sin dedos disparar sus flechas?.
Por su cara me di cuenta de que no se le haba ocurrido plantearse ese problema. Benaquiel se centraba en el estudio de la poltica palaciega sin darle ninguna
importancia a los pequeos detalles cotidianos de la violencia. Su padre hizo varios gestos con sus manos y brazos, dndose por satisfecho de que no sera tarea fcil
sostener una flecha y tensar la cuerda sin utilizar los dedos.
Sera tan difcil como coser, sentenci.
No lo s. Pero nadie hara referencia a l como arquero si no fuese capaz de usarlo.
Otra pregunta, le anunci. Me dijiste que a principios del siglo XIX los pocos hermanos de la Orden de Calatrava que quedaban destruyeron el castillo piedra a
piedra.
As es y as consta no slo en los libros de historia sino en las crnicas de la poca. Mira, me respondi, acercndose a una de las mltiples estanteras que nos
cercaban para sacar un libro con tapas de cuero. Busc durante unos instantes entre sus pginas para sealarme un prrafo especfico. Si bien el papel estaba
amarillento, la tipografa de las letras impresas era fcilmente legible, se trataba de los bandos y rdenes municipales de los pueblos de Aldea del Rey y de Calzada de
Calatrava. En ellos se instaba a todos aquellos hombres de fortaleza que quisieran a ayudar en las arduas tareas de demolicin que proponan llevar a cabo los
hermanos calatravos, acercando al alto sus carretas de bueyes o caballos para cargar con aquellas piedras que deseaban utilizar para su uso posterior. Se indicaba que
el trabajo en el interior del castillo se realizara nicamente por los miembros de la orden para la gloria de sus antepasados y con el fin de mantener intacta la grandeza
espiritual de la Orden de Calatrava.
Creo que esto lo deja bien claro, me dijo Benaquiel.
Nunca he dudado de que los calatravos destruyesen su castillo.
Entonces, qu quieres saber?.
Sus motivos para hacerlo. Mi respuesta le sorprendi y enseguida ech mano del libro.
Aqu lo dice bien claro, para que sean los propios caballeros de Calatrava quienes destruyan su bastin, irreducto por el enemigo e inviolado por el tiempo.
Te lo crees?.
No hay motivo para no hacerlo. Es una de las muchas acciones romnticas que tuvieron lugar en aquella poca, por muy ridculas que nos parezcan.
No me sirve de explicacin.
Seguro que t me dars una mejor.
Has estado all? Has estado en el castillo de Calatrava?, le pregunt.
Baj la mirada reconociendo que no lo haba visitado. Le expliqu las dificultades de acceso y el trabajo que supondra destruir, piedra a piedra, sus paredes.
Estaban buscando un tesoro, conclu, lo que le caus una gran carcajada. De repente se par de rer, algn mecanismo se haba disparado en su cerebro entrelazando
los numerosos conocimientos y datos histricos que deba tener almacenados all dentro.
Joder Bolto, dijo por fin. Esto puede ser la explicacin.
No digas palabrotas, le amonest su padre, que se levantaba, dando la clase de historia por terminada. Y t, Bolto, te vienes a probar tu traje o no?.
60.
La reconstruccin de unos hechos ocurridos haca tanto tiempo era interesante pero no dejaba de ser un divertimento intelectual ocioso. Sera interesante conocer
cmo un historiador en el futuro reconstruira el enfrentamiento de Al-Andalus con las Marcas Globales por el agua de Marbella, o si los crmenes de un psicpata
mereceran un diminuto pie de pgina. Me gustaba ver el entusiasmo profesional que Benaquiel hijo mostraba, pero an ms el desconcierto que mis preguntas le haban
causado. No crea que los conocimientos histricos que acababa de adquirir me sirviesen de mucho pero tena que reconocer que me haban servido para alejarme
mentalmente de la presin que empezaba a sentir dando vueltas y ms vueltas a los asesinatos que se seguan cometiendo.
Me haba equivocado en el enfoque de la investigacin, me dijo Benaquiel compungido apenas unas horas ms tarde.
Yo estaba tumbado en el silln de la sastrera y, con los ltimos rayos de sol de la tarde, dormitaba. Mientras su padre cortaba paos en silencio, me haba quedado
medio dormido. Me molest aquella interrupcin en uno de los pocos momentos de tranquilidad que haba conseguido en los ltimos das.
Fue precisamente uno de tus comentarios que me hizo cambiar el rumbo de mis estudios, explic.
Has encontrado el tesoro?, ironic, sin ms intencin que la de tocarle las narices. La pregunta le cogi por sorpresa.
Todo a su debido tiempo, respondi, lo que me hizo pensar que la existencia de un tesoro fuese una posibilidad real. Esta vez fui yo quien tuvo que esconder mi
perplejidad. A Benaquiel padre le interesaron las palabras de su hijo y, sin ningn tipo de rubor, se incorpor a nuestra conversacin, abandonando sus tareas.
Cuando mencionaste las cuentas del Gran Capitn no te hice demasiado caso, pero luego, meditando sobre ello, me di cuenta del error que haba cometido en mi
anlisis. Como judo era normal que demonizase a Isabel la Catlica y que centrase sobre ella el protagonismo de la prdida de independencia de la Orden de Calatrava,
as como las acusaciones a Argensola. Como historiador no deba haberme dejado llevar por mis prejuicios personales.
Todo el mundo sabe que el Gran Capitn, Fernando Gonzlez de Crdoba, fue el general que cambi la forma de desplazar tropas en el campo de batalla. Sus tcticas
militares representan el fin de la Edad Media en lo que al arte de la guerra se refiere. Fue el primero en utilizar a la infantera como columna vertebral del ejrcito, creando
lo que se convertira en los temibles tercios espaoles, e incorpor a la artillera como una unidad integral de sus tropas. Sus victorias en Garellano, o Garigliano como lo
llaman los italianos, y Cerignola contra los franceses, hicieron que el reino de Npoles pasase a la corona espaola y que l entrase en la leyenda. En lo que nos
concierne a nosotros, es importante saber que era uno de los favoritos de la reina Isabel, que le apoy en todo momento. Tras la muerte de sta, Fernando el Catlico
dej lo de tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando para convertirse en el monarca absolutista tpico del Renacimiento y como tal movido por la paranoia, los
celos y la avaricia. El Gran Capitn con sus victorias, popularidad entre sus tropas y la riqueza que amasaba en sus campaas pronto se convirti en el blanco de los
sentimientos ms bajos de su monarca, y sin el paraguas protector de la reina, empez a sufrirlos.
Gonzalo Fernndez de Crdoba se defendi como pudo y la leyenda de las Cuentas del Gran Capitn son una buena muestra de ello.
Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados... por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los espaoles ciento cincuenta mil ducados... por
guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados... por reponer las campanas averiadas a causa del
continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados... y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeeces del rey a quien he regalado un
reino, cien millones de ducados...
Aunque con un sentido del humor encomiable, este comentario forma parte de una campaa de propaganda cuyo objetivo era engrandecer la figura del general ante sus
tropas, con la crtica al monarca que conlleva. Pero esta leyenda, como todas, tiene su punto de partida en un hecho real. Fernando el Catlico pidi a su general no slo
que le rindiese cuentas sino que envi a un emisario para que las comprobase y verificase su fiabilidad. Tard en comprobarlo pero aqu tengo la prueba: Non est
possibile entregare a D. Felipe Argensola los detalles de gastos que nos requiere y ms adelante las soldadas pagados y el fundimiento para obuses son justificados,
no as los forrajes de los caballos y los toneles de vino, a la satisfaccin de D. Felipe Argensola. Te puedo dar ms ejemplos. Estas referencias las he encontrado en
diario del Jefe Intendente de Gonzalo Fernndez de Crdoba en fechas coincidentes con la guerra de Npoles. No tengo la ms mnima duda de que Argensola, y sus
investigaciones contables, fueron la causa directa de las Cuentas del Gran Capitn. Ante la imposibilidad de justificar sus gastos de campaa con el detalle exigido por
Argensola, Gonzlez de Crdoba hizo de la necesidad virtud, y para no tener que responder con la minuciosidad requerida, se invent lo de las famosas cuentas.
Seguramente se arrepentira de esa ocurrencia, porque no deja de ser triste que un gran soldado sea principalmente recordado por este episodio y no por sus xitos
militares. Adems de poco le sirvi porque Fernando se encarg de que volviese a Espaa para acabar sus das en el olvido en un pequeo pueblo andaluz. Ya se sabe
que donde manda capitn no manda marinero, pero donde manda el rey no manda capitn, por muy grande que sea.
El intento de Benaquiel por ser gracioso fue fallido, y yo me re educadamente, su padre, sin embargo, solt una carcajada de apreciacin. Deba formar parte del
sentido del humor judo.
A la conclusin a la que he llegado finalmente es que Argensola no trabajaba para Isabel la Catlica, sino que, desde el principio, era un hombre de confianza de su
esposo, Fernando, por el tono de sus palabras intu que esta conclusin deba de dejarme boquiabierto, y, por lo tanto, abr la boca.
Esto cambia mucho las cosas, puntualiz Benaquiel.
Fernando de Aragn no era Isabel en muchos sentidos. Mientras que ella era polticamente pragmtica con una serie de principios enraizados en sus creencias
religiosas, l no estaba lastrado por estos ltimos. Muchos historiadores han identificado a Fernando con El Prncipe de Maquiavelo y yo soy de su opinin. No creo
que fuese Fernando quien leyese el libro del escritor florentino y actuase segn sus pautas sino, ms bien, que Maquiavelo estudiase la forma de actuar del monarca y la
plasmase en sus escritos.
Maquiavelo nos dice cuando habla de los Consejeros del Prncipe que Hay tres clases de cerebro: el primero discierne por s; el segundo entiende lo que otros
disciernen y el tercero no discierne ni entiende lo que otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero intil. No podemos esperar que
Fernando el Catlico tuviese conocimientos detallados de contabilidad, pero s que fuera muy capaz de discernir los conocimientos de Argensola en la materia y pasarle
a su servicio personal. De la misma manera que reconoci las habilidades del hasta ahora misterioso archero sindedos y las utiliz tanto como pudo, y a lo largo de toda
su vida.
Antes de la unin de Castilla y Aragn por el matrimonio de Isabel y Fernando, ste ltimo era el heredero de un reino que, a lo largo de su historia, haba mantenido
una vecindad, digamos que difcil, con los franceses. Estas relaciones variaban del conflicto abierto a las alianzas temporales, y su situacin habitual podra describirse
de guerra fra permanente. No era de extraar que a la corte del prncipe Fernando llegase un arquero ingls lisiado en busca de empleo y eso fue lo que investigu en los
archivos hasta dar con su nombre: Gilliam de Canford, quien segn las soldadas pagadas directamente por Fernando en la Lista Bellorum de 1471, figura como teniente
infante. Con un nombre se puede llegar lejos, y, tirando del hilo descubr que nuestro ingls muri a la edad de sesenta y dos aos, y que fue enterrado en el camposanto
de Trujillo segn los ritos religiosos de la poca, no antes de haberse confesado y de haber recibido la extrema uncin por parte del arcipreste de la regin. Entre los
documentos rescatados de la iglesia de Santa Marta de Trujillo, figuran los detalles de la misa funeraria por su alma y los nombres de los asistentes a este ltimo adis.
Entre ellos estn los de Fernando el Catlico y la de Felipe Argensola. Gilliam de Canford no era un soldado comn. Como tampoco lo fue su vida.
Sus conversaciones con el arcipreste, o quiz sus confesiones, llamaron tanto la atencin al religioso que no dud en hacer unas breves anotaciones al respecto. Estas
me han sido ms que tiles para recomponer lo ocurrido y encajarlo con los datos que ya conocemos. Nacido en el condado de Dorsetshire, cerca del lugar del burgo de
Wimborne Minster, fue bautizado en la parroquia de Canford Magna, de ah su nombre. Como tantos otros, desarroll su fortaleza y habilidad en el manejo del arco
largo para incorporarse a las huestes de los soldados ingleses en la Guerra de los Cien Aos contra los franceses. Era eso o trabajar en el campo.
Todava tena todas sus dedos. En una de las mltiples escaramuzas que sin duda sobrevivi, fue capturado y sufri el castigo que le corresponda como archero del
diavolo. El odio que los nobles franceses tenan a los arqueros ingleses estaba fundado, tanto en su efectividad en el campo de batalla como en el hecho de que unos
campesinos pudiesen enfrentarse a ellos haciendo intiles sus armaduras. Si era capturado, todo los arquero saba a qu atenerse, la amputatio digitalis, los dedos
ndice y corazn de su mano derecha seran cortados por un hacha, imposibilitando el desempeo de su profesin en el futuro. Gilliam no escap a esta condena.
Sin embargo, y como bien me has indicado, Gilliam s pudo seguir utilizando su arco. La explicacin es bien sencilla y la podramos haber descubierto desde el
principio; siempre hemos pensado que las referencias a un archero sinistro indicaban que era un personaje siniestro, en el sentido de malvado o peligroso, cuando en
realidad nicamente describan que era zurdo, del latn sinister. La derivacin de sinister, izquierdo, a su significado actual proviene de la identificacin de los zurdos
como seres anmalos y proclives a influencias demonacas, segn los criterios medievales. A Gilliam le cortaron los dedos de su mano derecha, sin darse cuenta los
franceses de que utilizaba la otra mano para tensar la cuerda del arco, cuya madera bien poda sujetar a pesar de estar lisiado.
Como siempre hay necesidad para soldados con experiencia en cualquier ejrcito, Gilliam no tuvo problemas en encontrar su lugar entre las huestes del joven
Fernando, quien, enseguida identific en l algo ms que un mero guerrero. No sabemos ni cmo ni cundo pero Gilliam se convirti en el sicario de confianza de su
nuevo seor, en otras palabras, en su asesino a sueldo.
Con esta idea como partida nos empiezan a encajar muchos de los eventos posteriores. No tenemos constancia de que, ya en el ao 1466, Fernando estuviese
considerando sus nupcias con la princesa Isabel, con quien se cas tres aos ms tarde, como una de sus prioridades polticas. Pero s debi pensar que la unin de sta
con la Orden de Calatrava a travs de su boda con Pedro Girn, el Maestre de la Orden en ese momento, le perjudicara tanto en cuanto habra una concentracin de
poder que poda volverse contra el reino de Aragn. La manera ms expeditiva de acabar con esa alianza era con la muerte del novio, y Fernando no dud en utilizar los
servicios de Gilliam.
No me queda la menor duda de que Pedro Girn muri con dos largas flexas atravesndole el pecho, tal como deca Ziga el caballero calatravo en el informe a su
orden, y no del colicum miserere que el cura hizo figurar en el Libro de Muertos, seguramente sobornado por el propio Gilliam.
En cuanto a la revuelta en Fuenteovejuna, que acab con el linchamiento de su Comendador, todo lo ocurrido tiene una explicacin ms sensata si tenemos en
consideracin no slo la presencia de Gilliam, de la cual ya tenamos noticias por las referencias al anglo sin linaje agitator e provocator, sino tambin su relacin con
el rey Fernando el Catlico. La experiencia militar del ingls habra servido para organizar a los habitantes del pueblo en algo ms que una chusma, permitindoles hacer
frente a unos pocos caballeros armados. Incluso pudiera haber ayudado a los amotinados de una forma ms activa, disparando sus flechas desde la distancia para herir o
descabalgar a la guardia del Comendador.
Por otro lado, si Gilliam fue una pieza clave en la ejecucin del motn, slo poda estar all cumpliendo las rdenes del rey Fernando, en cuyo caso los orgenes de la
revuelta no slo se encontraran en la ira justificada de los oprimidos habitantes de Fuenteovejuna, sino tambin en la agenda poltica del monarca. Desconocemos los
motivos especficos del monarca para encomendar a Gilliam esta misin, pero es fcil intuir que deseaba debilitar la influencia de la Orden de Calatrava, sin llegar a un
enfrentamiento abierto con sta y sin levantar sospechas acerca de su actuacin. Sus deseos de mantenerse en la sombra son comprensibles si tenemos en cuenta que en
aquellos aos le estaba asediando Granada y que las tropas de la Orden de Calatrava formaban parte fundamental del ejrcito de los Reyes Catlicos y que eran
necesarios para conseguir derrotar a Boabdil. Ms a ms, slo con la connivencia real desde el principio se puede explicar el perdn general a la poblacin de
Fuenteovejuna. Un pueblo o aldea que se sublevase contra el poder establecido era castigado, ahorcando a varios de sus habitantes pblicamente como ejemplo para los
supervivientes. Era una forma de actuar automtica. El hecho de que esto no ocurriese en Fuenteovejuna, independientemente de lo que nos cuenta Lope de Vega, slo
es atribuible a que los lugareos estaban siguiendo los designios del rey, si bien indirectamente y de forma inconsciente.
Al parecer Fernando el Catlico haba encontrado en Gilliam de Canford el perfecto ejecutor de sus polticas ms inconfesables y Gilliam en l un digno seor. Pero
para el monarca no siempre era cuestin de utilizar la violencia para conseguir sus propsitos, la conspiracin, la sutileza y el conocimiento eran, en muchas ocasiones,
armas ms poderosas. Para estos menesteres le era ms til la experiencia del Bachiller Argensola y, ms an, la unin de las habilidades de nuestros dos protagonistas.
La combinacin de un guerrero fuerte, con pocos escrpulos, y un contable tullido, con una mente privilegiada, fue ms valiosa para Fernando que toda una tropa de
caballeros. A fin de cuentas, gracias a ellos dos consigui convertirse en Maestre de la Orden de Calatrava.
La sala del sastre se haba quedado a oscuras por la cada de la noche. Benaquiel, padre, se levant para correr las cortinas y encender la nica bombilla que nos
iluminara. El suministro elctrico en la Ciudad Estado estaba sujeto a restricciones y no se permita ms potencia que la estrictamente necesaria para poder ver, an as
se apagara el generador principal a medianoche, dejando en funcionamiento una pequea cobertura de servicios imprescindibles. Unos educados golpes en la puerta
precedieron la entrada del celador y su perenne colilla en los labios. Nos inform que estaba a punto de cerrar y pregunt si desebamos algo. El viejo sastre se acerc a
l y le dio una serie de instrucciones que no alcanc a or.
He pedido comida, nos dijo. Un viejo aguanta mal el ayuno.
Yo tambin tena hambre pero no la suficiente como para molestarme en ir a buscar algo de comer. Sin darme cuenta la habitacin del Alczar se haba convertido en
un refugio que no quera abandonar. Ms all de su puerta se encontraba un asesino en serie a quien ramos incapaces de parar, una delegacin de las Marcas Globales
que negociando la redistribucin del agua, un ejrcito listo para marchar sobre Al-Andalus y, todava mas lejos, una conspiracin para desbancar al presidente de
PeaceKeepers y las conjuras polticas requeridas para elegir al nuevo lehendakari de la Repblica de Euskadi. La luz amarillenta de la bombilla acentuaba la sensacin de
estar en un mundo aparte, desligado y protegido de la realidad, donde nuestra preocupacin inmediata era conocer el desenlace de unos hechos ocurridos haca ms de
cuatro siglos y cuya relevancia no pareca ser especialmente directa.
En cuanto a Felipe Argensola, Benaquiel hijo retom la palabra. Empezamos a saber bastante sobre su vida y podemos ubicarle, con toda seguridad, como una
especie de experto financiero al servicio del rey Fernando el Catlico que estaba acompaado por Gilliam de Canford, tanto para protegerle como para ayudarle en sus
pesquisas. El espacio de tiempo que ms nos interesa conocer transcurre desde 1489, cuando sabemos que Felipe Argensola llega por primera vez al Castillo de
Calatrava, hasta 1492 cuando Fernando el Catlico es nombrado Maestre de la Orden. En ese periodo, Argensola descubri un fraude a la corona que se mantuvo en
secreto durante tres aos. No sabemos, de momento, los motivos para ese retraso. Tambin fue detenido por la Santa Inquisicin, acusado por los tres poderes fcticos:
la iglesia, la corona y la Orden de Calatrava. Conocemos la base formal de la acusacin pero no las causas reales que la originaron. Igualmente sabemos que nunca lleg a
confesar sus supuestos crmenes, pero que se salv de la hoguera. Una vez ms no hemos encontrado ninguna justificacin para estos acontecimientos.
Pens que el relato de Benaquiel estaba tomando unas tintes en exceso barrocos.
Con estas incgnitas abiertas nos ha sido posible seguir las pertinentes lneas de investigacin en distintas reas y hemos tenido la suerte, o el buen hacer, de
encontrar ms datos relevantes. Por ejemplo en los archivos de la Orden de Calatrava consta que Garci Lpez de Padilla, el ltimo Maestre, haba dado instrucciones
por carta sobre una serie de asuntos menores, a sus oficiales. Por s slo esto no es reseable, lo curioso es que las misivas haban sido enviadas desde Le Marais en
Pars, con fecha de mayo de 1483, desde Il Ghetto Ibraico di Venezia, el 21 de julio de 1483 y desde Jodenbeerstrat en Amstelledamme, sin fecha. El Maestre se haba
convertido en un gran viajero que, adems, recorra grandes distancias con relativa rapidez. No parece que viajase en el confort que su rango le hubiese proporcionado,
sino a caballo y cubriendo largas y duras etapas. El destino de estos viajes deba ser de gran importancia, sin duda.
Como no puede ser de otra manera las referencias al Maestre que hemos encontrado son innumerables. Sobresale su firma y sello en la cesin de la Orden de
Calatrava al rey Fernando, donde, adems de los propios monarcas, asistieron como testigos Don Bernardo de Balea, Duque de Masquesada y Don Diego de
Orellana,Conde de Trujillo, entre otros.
Unos meses ms tarde el 31 de marzo, Garci Lpez de Padilla firmaba una orden de pago a favor de D. Rui Bornoz, tabernero de la calle Santo Tom de Toledo por
panes, viandas y brebajes, por una suma de cuarenta ducados, especificando que cinco de ellos fuesen para las mulieres e sirvientas que acomparonnos en aquesta
noche. Mis colegas me confirman que se trataba de una importante cantidad para gastarse en una fonda y que la fiesta que se organiz debi ser memorable.
sta es la ltima referencia que hemos encontrado de Garci Lpez de Padilla en los archivos. A partir de ese momento desaparece por completo de la historia.
Por lo general yo no creo en las coincidencias y, menos an, en este caso. El da 21 de marzo de 1492 era la fecha final para la ejecucin del Edicto de Expulsin
promulgado por los Reyes Catlicos. Los judos deban abandonar los territorios de la corona. Nuestra dispora haba comenzado.
El viejo sastre se estaba conmoviendo con el relato de su hijo y se quit disimuladamente lo que poda ser una lgrima de sus ojos. Esta reaccin me pareca exagerada
pero nunca haba conseguido entender el sentimiento colectivo de los judos como raza ni sus reacciones ante el recuerdo del sufrimiento de sus antepasados.
Puesto que no encontrbamos ms informacin sobre Felipe Argensola ni Gilliam de Canford, decidimos remover los archivos en busca de ms datos sobre los
testigos de la acusacin que delataron a Argensola a la Inquisicin. Si algo podemos decir a favor de vuestra Iglesia es la minuciosidad y diligencia con la que ha
mantenido su documentacin, sobre todo en sus estamentos ms elevados. Rui de Tobalina, como escriba de Torquemada, formaba parte de esta maquinaria registral y,
obviamente, no poda eludir su presencia en ella. Pronto vimos que su destino no se encontraba en las influyentes esferas del clero, sino en el de salvar almas. Antes,
incluso de que Argensola fuese puesto en libertad, el clrigo formaba parte de la tripulacin de la nave La Sagrada, viajaba para maior gloria Deus et Regina Catolica
et Sacra Inquisitione. Era la segunda expedicin que se haca al Nuevo Mundo.
El fin de Hernn Noceda, el hidalgo perteneciente a los ayudas de cmara de la Reina Isabel, fue tan trgico como glorioso. En una cacera a caballo se separ de su
grupo de compaeros, penetrando en un bosque en la persecucin de un jabal. Su cadver fue encontrado tendido en el musgo, con lana ensangrentada en su diestra
e xabal morto a su vera. La conclusin de los alguaciles fue que se cay de su caballo y que fue atacado por un jabal a quien consigui matar antes de morir.
Por lo menos pareca un accidente, coment.
En cuanto al ecnomo de la Orden de Calatrava, fra Oaterra, poco podemos aadir a la descripcin recogida en el registro de la Santa Inquisicin que se ocup de
investigar su muerte: degollado cual animal, con corte de oreja a oreja y abandonado en el campo del vertedero ms all de la Iglesia de San Juan Bautista. No
hace falta que os diga que no fueron capaces de encontrar al asesino.
Ser delator de Argensola era un oficio peligroso, le dije.
Eso parece. En poco tiempo todos los testigos en su contra estaban muertos o no disponibles, me corrobor Benaquiel.
La mano de Gilliam parece que fuese larga.
Tanto como la sombra del rey Fernando, finaliz Benaquiel.
Me imagino que, por falta de testigos y de pruebas en su contra, Argensola sera puesto en libertad, conclu.
No es un tanto excesivo?, pregunt. Dos asesinatos para salvar a alguien de la hoguera, cuando, seguramente, una orden de Fernando hubiese tenido el mismo
efecto.
Seguramente. Pero creo que Fernando no quera que se le asociase con ese asunto bajo ningn concepto. No quera que Argensola confesase bajo tortura, ni quera su
muerte porque, aparte de todo, le era un colaborador muy til. Pero tampoco quera que se le vinculase a l.
Algn motivo en especial para que pienses as?.
Slo sospechas y el hecho de que Fernando, despus de la muerte de Isabel, pudo disponer del suficiente dinero como para sobornar al Bei de Melilla y enfrentar a
sus piratas contra el rey Manuel de Portugal. Aparentemente su tesorera estaba vaca y esos ingresos salieron de la nada. Y esto es todo.
Cmo que esto es todo?, le pregunt, intentando no gritar. No me poda creer que Benaquiel me haba obligado a escucharle durante tanto tiempo slo para
demostrarme su capacidad como historiador.
Esto es todo en cuanto a los datos que hemos encontrado, lo que pensamos que son hechos ciertos. Son los mimbres que tenemos a nuestra disposicin, y ahora se
trata de hacer un cesto. Debemos entrelazarlos para dar la versin, sino real, al menos la ms verosmil de los hechos.
No me interesa, le dije, harto de tanto diletantismo intelectual.
Claro que te interesa, me contest. A fin de cuentas todo ha sido idea tuya.
No lo creo.
Desde luego. No te quites ese mrito.
No tena ni idea de mi mrito y, por lo tanto, era difcil que me lo quitase.
T dijiste que haba un tesoro escondido. Recuerdas?.
El de chorizo es para ti, me dijo Vicente sacando un bocadillo del petate. Con un poco de suerte la procedencia original del embutido sera un cerdo, por lo tanto no
hubiese sido correcto ofrecrselo a nuestros dos colaboradores judos. El viejo bedel acababa de llegar, vestido con su uniforme desgastado, con la comida que haba
pedido Benaquiel y que en esos momentos reparta entre nosotros. Los bocadillos de queso tenan mejor aspecto que el mo, pero no era cuestin de quejarse.
Comamos los cuatro como si estuvisemos en el recreo antes de volver a retomar la clase de historia.
De vez en cuando preguntan por ti, me informaba Vicente, pero sin demasiado entusiasmo. Nadie echa en falta tu presencia en las negociaciones. Adems, con la
desaparicin de Luis Pizarro, nuestra postura de fuera ha retrocedido bastante. La doctora Conde intenta hacer ver que la contaminacin de los pantanos sigue siendo
una opcin posible, pero nadie le cree porque, en el fondo, ella tampoco piensa que se pueda ejecutar.
Soraya haba cambiado de actitud resolviendo la postura del difunto Pizarro. Sabiendo, como yo saba, que nuestras conversaciones al respecto haban sido
monitorizadas en Marbella y cul haba sido su forma de pensar entonces, no me extraaba que sus amenazas no fuesen tomadas demasiado en serio por Klein y Belair.
Y Kenyon?, pregunt. No es que me preocupe el devenir del burcrata, pero tampoco le deseaba ningn mal.
No fue recibido con los brazos abiertos por sus jefes, explic Vicente. l est convencido de que albergan dudas sobre su comportamiento y que su lealtad a la
empresa est en tela de juicio. Esto le ha puesto nervioso y pide consejos sobre su futuro a Gonzalerra, que se ha convertido en su confidente.
Que Dios le pille confesado.
Confidente no es exactamente la palabra correcta. Beben juntos y de ah que Kenyon decida contarle sus penas. Su relacin es una especie de sndrome de
Estocolmo con efectos retardados incrementado por los excesos etlicos.
Alguna novedad?, haba dejado esta pregunta en ltimo lugar, no haca falta decir a qu me refera. Vicente baj la mirada y se dio un momento para pensar.
No se han encontrado ms cadveres, fue su lacnica respuesta.
Echaba un trago de la botella de vino para bajar el ltimo bocado cuando Benaquiel hijo di muestras de impaciencia en su deseo de explayar sus conocimientos: el
recreo se haba terminado.
Eneko tena razn al decir que los pocos supervivientes de la Orden de Calatrava en el siglo XIX buscaban un tesoro. nicamente se equivocaban en el tipo de
riquezas que pertenecan a su Orden, empez Benaquiel su relato.
Con los datos en la mano hemos podido reconstruir una cronologa de lo ocurrido que se debe parecer bastante a la realidad. El Bachiller Felipe Argensola fue
nombrado por la corona para inspeccionar las cuentas de la Orden de Calatrava. En un sentido estricto, la corona se refiere a Isabel y Fernando, pero en el caso del
contable su primera lealtad se deba al segundo. En otras palabras, Argensola actuaba en nombre de los dos pero nicamente pasaba sus informes a Fernando, dejando a
Isabel en la ignorancia.
Felipe Argensola descubre el desfalco y se lo cuenta a su protector. ste, con la frialdad y capacidad para la intriga que le caracterizan, estudia la manera ms
provechosa de sacar partido a ese descubrimiento para su propio beneficio, y no incluye, necesariamente, a su esposa Isabel en sus cavilaciones. Como todo buen
gobernante, lo primero que quiere saber Fernando es el importe que ha estado desapareciendo de las arcas de la orden y para ello vuelve a contar con la ayuda de su
contable. En vista de que Argensola revis los libros de cuentas correspondientes a los quince aos previos, intuimos que el desfalco haba sido perpetrado durante un
largo perodo de tiempo y que las sumas de dinero que haban desaparecido eran incalculables. El Maestre de la Orden de Calatrava haba estado redistribuyendo el
patrimonio de sta de una manera continuada durante una larga temporada, acumulando as lo que quiz fuese una de las fortunas ms grandes de la poca.
Para qu?, pregunt. El Maestre ya controlaba esas riquezas. Se estara robando a s mismo, que incluso en la Baja Edad Media es un sin sentido.
Por los mismos motivos que han guiado al capitalismo desde el principio de los tiempos y que han llegado a su apogeo con las Marcas Globales: la evasin de
impuestos y la diversificacin de riesgo. Todas las rdenes, todos los seores feudales y todos los burgueses deban pagar impuestos a la corona basados, generalmente,
en el valor de sus propiedades y los ingresos que stas les generaban. Al infravalorarlos, los calatravos pagaran menos impuestos.
La idea de reducir los importes de las declaraciones de hacienda era algo corriente antes de la cada de los estados democrticos y seguramente fuese una de las
constantes de la historia universal, era curioso saber de su aplicacin en el siglo XV. No interrump a Benaquiel.
La diversificacin de riesgo bien se puede identificar como la definicin financiera de no poner todos los huevos en la misma cesta. Garci, el Maestre de la Orden,
conoca los deseos unificadores de la reina Isabel y su animadversin hacia ellos, tambin era consciente de que gran parte de su influencia vena del poder financiero que
ostentaban.
Por lo tanto tom la decisin de alejar las riquezas de la Orden lo ms posible de Isabel la Catlica, reduciendo de esa forma el riesgo de que pudiesen ser confiscados,
como estaba ocurriendo con las posesiones de muchos nobles de dudosa lealtad a la corona. La forma en que lo hizo se adelant a los tiempos.
En la Edad Media existan dos tipos de patrimonio: las tierras, por los ingresos en impuestos y arrendamientos que generaban, y el tesoro propiamente dicho,
compuesto de oro, plata, en cualquier variante, y dems objetos de valor. En una expropiacin Garci difcilmente poda llevarse sus tierras y el traslado de un tesoro en
carretas, de un lado a otro, era peligroso tanto por los potenciales asaltos de bandoleros como por los ataques que podan sufrir de las huestes de los propios nobles al
cruzar sus tierras.
Los viajes que efecta por toda Europa y de los que tenemos constancia eran la clave de su operacin.
En todos los casos se haba dirigido a las juderas ms importantes del continente donde se haba puesto en contacto con una red bancaria incipiente organizada por
las distintas familias hebreas. Garci mostr ms confianza en los judos que en su propia soberana aceptando sus letras de cambio y documentos de depsito, que no
dejaban de ser documentos de papel, como contrapartida al oro fsico que l les entregara en Castilla y que se difuminara a travs de la red familiar y comercial de
stos.
En otras palabras, haba montado una operacin de blanqueo de dinero en toda regla, donde la gran parte de los tesoros de la Orden de Calatrava se haban esfumado,
y donde l era el poseedor de unos derechos de cobro, en cualquier ciudad europea donde se encontrase una importante comunidad juda. Ni que decir tiene que la
titularidad de estos documentos no constara en ningn lado, haciendo del patrimonio de la Orden de Calatrava, posiblemente, la primera gran fortuna en cuentas
secretas de la historia.
Intent hacerle la pregunta obvia pero Benaquiel no me dej que le interrumpiese.
Por desgracia para el Maestre de la Orden de Calatrava, no haba contado con la pericia financiera de Argensola ni con la avidez poltica de Fernando el Catlico.
Argensola descubri, o intuy, el entramado y se lo desvel en primera instancia a su seor, quien a su vez confrontara a Garci.
Conociendo ya un poco a estos dos personajes es imposible saber si fue Garci quien soborn a Fernando o si fue ste quien chantaje al primero. El caso es que
llegara a un acuerdo donde por una suma de dinero, en una cuenta secreta, fuera del control y conocimiento de su esposa la reina, Fernando guardara el secreto de los
calatravos permitindoles sacar la mayor parte de su fortuna. Era un buen negocio para los dos, puesto que Fernando obtendra un fondo reservado para su uso personal
y secreto, que financiara sus varios complots polticos, y Garci perdera una insignificante parte del patrimonio calatravo. Es posible que Fernando se hubiese
conformado con mantener este acuerdo indefinidamente, puesto que le representaba unos ingresos constantes fuera del control de su esposa. Por desgracia, la reina
Isabel quera imponer su concepto de la unificacin y su estado monoltico por encima de todo, y haca poco por esconder sus deseos de desmantelar las rdenes
militares en general y la de Calatrava en particular.
Consciente de los vientos que soplaban, no era de extraar que existiesen algunos cambios de lealtades, entre ellos el de fra Oaterra, ecnomo de la Orden de
Calatrava. Con el fin de granjearse el favor de la reina catlica, el ecnomo le contara sus sospechas, o conocimientos ciertos, acerca de las manipulaciones financieras de
su superior, sin saber que, con su traicin, converta tambin a Fernando en su enemigo.
Es posible imaginarse, no slo la reaccin de la reina al enterarse del desfalco sino tambin la de su marido cuando sta le diese los pormenores de su hallazgo. Por un
lado, se vera obligado a apoyar a su mujer, aceptando que no podra seguir incrementando su fondo de reptiles, y por el otro deba mantener en secreto su conocimiento
anterior de aquellos temas financieros. Isabel en su enfado quera que rodasen cabezas, empezando por la de Garci, el Maestre de la Orden de Calatrava, pero
seguramente Fernando la convencera para que se limitase a chantajearle y as obtener la cesin de la Orden a la corona, como ya he apuntado. Sin embargo Isabel no se
dara por satisfecha y fue necesario encontrar a un chivo expiatorio que slo poda ser el licenciado Felipe Argensola, quien, como ya sabemos, acab en manos de la
Santa Inquisicin. Esto concuerda con el hecho de que sus acusadores fuesen el ecnomo traidor, un caballero cercano a la reina y un representante de la propia
Inquisicin.
Con la detencin de Argensola, el problema de Fernando el Catlico tena su enjundia. No poda dejar que torturasen a su experto contable puesto que, a pesar de su
probada lealtad, era inevitable que en manos de la Inquisicin diese informacin que le comprometiese. Tampoco poda actuar de manera directa para que lo soltaran sin
levantar sospechas o tener que dar explicaciones a su esposa por su inters sobre un msero burcrata. Opt por la solucin ms expeditiva y recurri, una vez ms, a
los servicios de Gilliam de Canford.
El resto ya lo sabemos: el clrigo se va a los confines de la tierra, el noble muere de manera supuestamente accidental y el ecnomo es asesinado.
Aunque no necesariamente en ese orden, le interrump, para su sorpresa. Primero muri el hidalgo y Gilliam hizo que pareciese un accidente para no levantar
sospechas. Despus asesin a fra Oaterra de una manera visiblemente cruel y esto le facilit el trabajo de amenazar al inquisidor, que viendo el final que le esperaba
puso tierra, o mejor dicho mar, por medio.
Benaquiel me dio la razn en mis conjeturas reconociendo que en los temas de extorsin, asesinatos y amenazas le superaba en experiencia.
Sin testigos ni pruebas, retom su relato, y con una mnima presin, Fernando consigui que Felipe Argensola fuese liberado y el resto es historia. Tanto Gilliam
de Canford como Felipe Argensola siguieron al servicio del rey catlico desempeando con xito sus correspondientes papeles en las misiones que les encomendaban.
La Orden de Calatrava pas a la corona, con la prohibicin de la elexin del maestre bajo pena de excomunin y nulidad segn la Bula Papal de Inocencio VIII. Su
ltimo Maestre, Garci Lpez de Padilla, desapareci despus de un gran banquete de despedida con sus compaeros de armas en la Posada de Rui Bornoz,
aprovechando la marcha de los judos y seguramente incorporndose a sus caravanas, vistas las buenas relaciones que mantena con ellos.
Haba sido una bonita historia mientras dur y no me aportaba nada. Las nicas muertes violentas a las que haba hecho referencia Benaquiel no tenan su origen en un
ritual calatravo sino en todo lo contrario. Gilliam de Canford era un asesino profesional sin ms, como el que me haba disparado en Marbella.
Finalmente pude hacer la nica pregunta que faltaba.
Qu pas con las riquezas de la Orden de Calatrava? Dnde est su tesoro?.
Benaquiel hijo iba a empezar a hablar de nuevo, pero yo tendra que esperar para escuchar su respuesta.
Vicente, el viejo y entraable bedel del Ayuntamiento de Toledo, haba sacado una escopeta recortada de su bolsa.
Me apuntaba con ella a la cabeza.
61.
Era un buen caballo rabe y no se mereca ese fin. Recibi el impacto de la bala en el cuello y se le doblaron las patas cayendo al suelo lentamente, a plano. No tuve
que saltar de la silla y me encontr de pie, encima de su cuerpo, empapada de la sangre que sala de su herida. No haba odo ni visto nada y me sent totalmente
vulnerable, no estaba paralizada por el miedo, sino por que no saba hacia dnde ponerme a cubierto. Ignoraba la posicin del tirador y no quera dirigirme hacia l por
equivocacin, dndole un blanco ms fcil.
En un segundo que me pareci eterno, pero que slo dur el tiempo suficiente para que mi agresor volviese a apuntar y apretar el gatillo, reconstru instintivamente lo
que haba ocurrido. Mi caballo perdi ligeramente el paso, resbalando en unas piedras sueltas, haciendo que yo me inclinase hacia delante, mientras que l suba la
cabeza. All le alcanz el proyectil que estaba dirigido a mi pecho. Haba partido de mi derecha. Me lanc a la izquierda y me met lo ms que pude debajo del cuerpo
caliente del animal, intentando no ser visible desde la posicin donde asuma que se encontraba el tirador.
No o la detonacin del segundo disparo, ni el vuelo de su proyectil que impact con un sonido brusco en la silla de montar.
Estaba atrapada en una posicin fija bajo fuego enemigo, la peor situacin posible para una exploradora. Slo tena una pequea ventaja, mi asesino haba perdido el
factor sorpresa.
Susie estaba acostada en la camilla, que yo haba ocupado unos das antes, en la habitacin ubicada encima del restaurante de Jan Ch. Debido a la gravedad de sus
heridas o, tal vez, a su religin, los chinos haban encendido velas aromticas a su alrededor, generando un claroscuro, ttrico y relajante al mismo tiempo.
Al-Zumar, el cirujano rabe estaba comiendo unas pequeas delicias asiticas en un rincn, ofrecidas por los dueos del local como reconocimiento debido a un
husped honorable. El hermano de Jan Ch preparaba en silencio las largas agujas que utilizara para pinchar a su paciente, reduciendo su dolor y acelerando su
recuperacin. Mientras tanto dejaron que me hablase.
Luego pens que ya estaba muerta. Mi asesino slo tena que disparar al cadver de mi caballo una serie de rfagas. Sus proyectiles atravesaran sin dificultad su
carne blanda para alcanzarme. Pero no lo estaba haciendo. Esto, junto con la falta de ruido de sus disparos, me hizo ver que su arma tendra un alcance limitado y poca
capacidad de penetracin. Haba sacrificado potencia de fuego y distancia efectiva por silencio. Algo muy deseable para un asesino en una ciudad pero un tanto absurdo
para una emboscada en campo abierto, sobre todo si no haca valer su primer disparo.
No le dije que, sin conocer personalmente a su agresor, saba muy bien de quin me hablaba y cul era su arma de preferencia. Benaquiel padre haba tenido que
utilizar toda su experiencia y arte para remendar el agujero que me haba hecho en el traje.
El tiempo corra a su favor, an era media tarde pero con la cada de la noche su ventaja se multiplicara. Yo no tena un visor nocturno y asuma que l s lo tendra,
en cuanto dejase de haber luz se podra acercar a m, vigilndome en todo momento, sin que yo me enterase, y conseguir un disparo limpio, a placer. No me agradaba
estar atrapada, me empezaban a molestar las moscas atradas por el olor del caballo muerto, su sangre empezaba a secarse en mi ropa hacindola incmoda y, sobre
todo, me cabreaba que me hubiesen disparado.
Yo no estaba tan seguro que su enfado se debiese estrictamente al hecho que le dispararan sino, ms bien, a la manera en que haba cado en una emboscada, como una
novata. Yo le haba pedido que vigilase a distancia cualquier movimiento inusual procedente de Marbella y Susie debi pensar que la comitiva de negociacin, formada
por cuatro automviles, bien mereca ser controlada, tanto para protegerla de posibles bandoleros, como para asegurarse de que no hiciesen nada ms all de lo requerido
por una delegacin diplomtica.
A modo de disculpa, me lleg a decir:
No tena ningn motivo para pensar de que yo no era la nica persona que estaba vigilando a distancia a la comitiva de Marbella. A fin de cuentas yo era una
Hombre Bueno dentro de mi territorio. Mi agresor tambin les estaba siguiendo los pasos y debi darse cuenta de mi presencia, sobre todo con el folln que se mont
en Valdepeas despus de la muerte de Luis Pizarro y las idas y venidas de los helicpteros de PeaceKeepers.
Ya tendra yo tiempo ms adelante de mofarme de Susie por su falta de precaucin, y del disparo que recibi. A pesar de encontrarse fuera de peligro, gracias a los
cuidados tanto del musulmn como de su compatriota, todava me duraba el sobresalto que sent al enterarme de su llegada, medio desnuda, desmayada y
desangrndose, aunque mantenindose en su montura, a las puertas de Toledo.
Tena un saliente de rocas a unos quince metros detrs de m, me deca Susie. Si lo alcanzaba ya tendra la suficiente cobertura como para moverme y salir de all,
pero saba que tardara tres segundos en cruzarlo, en ese tiempo recibira por lo menos dos balazos. Era el trayecto obvio y el que estara cubriendo con su mira
telescpica. Hacia la derecha y la izquierda corra el sendero que haba estado utilizando antes de ser emboscada, en esas direcciones no haba ni una msera mata tras la
cual esconderme. Por delante slo poda ver, a travs del hueco entre el cuello de mi caballo y el suelo, uno de esos pequeos rboles milenarios que tiene el don de nacer
donde no hay ni tierra ni agua. Para acercarme a l tendra que correr directamente hacia el tirador algo ms de treinta metros y, peor an, debera saltar por encima del
cuerpo del caballo convirtindome en un blanco ridculamente fcil. Cmo hubieses salido t de sa, Bolto?, me pregunt. Su sonrisa y el tono burln de sus palabras
me alegraron ms de lo que Susie se poda imaginar.
Seguramente hubiese sido mi fin, le contest con una exagerada irona, para esconder la realidad de que posiblemente se hubiese sido el desenlace.
Intent pensar como l. Era un tirador en una posicin dominante donde saba que podra dispararme a placer en cuanto me moviese, ni siquiera podra devolverle el
fuego puesto que, en cuanto levantase la cabeza para disparar, me la volara. Los tiradores, si alguna virtud tienen es la de la paciencia, son capaces de esperar inmviles
hasta que, por fin, su pieza les da la oportunidad de disparar. Por su entrenamiento no pensara en cambiar su posicin y asum que no intentara atacarme por un flanco
o, con ms riesgo, posicionarse a mi espalda.
Pero si pensaba que yo era incapaz de disparar sin dejarme ver: se equivocaba.
Y si pensaba que no le podra ver tambin estaba cometiendo un error. Nadie es invisible.
Abr la panza del caballo con mi sable y le vaci las entraas. Sus intestinos estaban an calientes y todo ola al dulce ocre de la sangre, que atraa a una multitud de
moscas a cada cual ms grande. Cortaba y apartaba aquel amasijo de vsceras intentando mantener la respiracin, abriendo los ojos lo mnimo imprescindible. Slo
vomit una vez. Finalmente la punta del sable choc con una barrera ms dura y supe que haba dado o bien con las costillas o con la columna vertebral de mi montura.
No me qued ms remedio que meter la cabeza dentro del hueco que haba hecho dentro del cadver y, con la mayor rapidez de la que fui capaz, abr un agujero al
otro lado del caballo, en su lomo, cerca de la silla de montar. Trabaj con la hoja de la espada, ensanchando el agujero hasta que pude ver con facilidad a travs de l. El
negro pelaje del caballo, as como la propia oscuridad de su interior vaciado, hacan imposible ver mi obra de carnicera desde el lado opuesto. Hubo un momento en el
cual dej de ser consciente del olor que me rodeaba. Ni siquiera las moscas me molestaban.
Insert el can de mi rifle en la mirilla de carne que acababa de fabricar, teniendo cuidado de que no sobresaliese del propio cuerpo del caballo. Despus empec a
ajustar la mira telescpica. Por fin poda disparar sin tener que descubrirme.
La mira telescpica me acercaba el pramo que tena antes mis ojos y lo estuve estudiando ordenadamente de izquierda a derecha y de arriba abajo. No vi nada.
Tampoco lo esperaba.
Quien dispara primero, sin estar seguro de su blanco, es hombre muerto. se era el principio a seguir cuando un tirador se enfrentaba a otro. Estaba convencida que
mi enemigo no slo haba odo este consejo hasta la saciedad, sino que lo haba aplicado en ms de una ocasin con xito, puesto que segua vivo. Esperaba que se
sintiese seguro, sabiendo que yo era una pieza acorralada y que no le representaba un peligro aparente. Esperaba que mordiese mi anzuelo, que disparase y que
descubriese su posicin.
Me quit una de las botas de montar y la llen con las vsceras esparcidas a m alrededor. No quise darle un blanco fcil y nicamente hice asomar la puntera por la
parte trasera del caballo, como si hubiese resultado estirarme e inconscientemente la hubiese dejado salir fuera de su escudo protector.
Era bueno, muy bueno. Hizo diana en la bota de donde sali un borbotn de sangre. Su disparo fue tan rpido que apenas si me acord de gritar, como si me hubiese
malherido. Pero yo no haba visto ni odo nada, aparte del impacto final sobre el cuero de la bota. Haba fracasado en mi intento de localizarle. Lo que no quera decir
que no le hubiese engaado. Dej la bota a la vista durante unos instantes para que tuviese la oportunidad de ver que sala sangre del agujero que le haba hecho. No tena
ninguna razn para sospechar que no fuese la ma.
Me apost lo ms cmodamente que pude, lista para disparar, apuntando a travs del hueco que haba hecho en el cuerpo del caballo. Era mi turno para ser paciente.
l dejara que me debilitase por la prdida de sangre y, despus de un tiempo prudencial, se acercara para darme el tiro de gracia, si fuese necesario. Volv a ser
consciente de la casquera sanguinolenta en la que estaba embutida, de las moscas, del calor y de la sed. Me tuve que obligar a no cambiar de postura y mantener la
concentracin para observar cualquier movimiento en el esttico paraje.
Estaba ms cerca de lo que pensaba, apenas a unos treinta metros, entre un arbusto y una roca. Se levant con agilidad, apuntando con su fusil al caballo muerto
detrs del cual saba que me encontraba. A esa distancia yo no poda fallar y opt por un disparo a la cabeza. Apret el gatillo, preparndome para aguantar el retroceso.
Era hombre muerto.
En ese momento sent como una llamarada me atravesaba la espalda. Debi intuir algo, vio el fogonazo de mi arma, o simplemente una reaccin instintiva le hizo
flexionar su dedo an despus de que la mitad de su cabeza hubiese desaparecido en una nube roscea.
El ltimo disparo del asesino haba rozado la espalda de Susie para incrustarse en su glteo.
Te dio en el culo, le dije con una carcajada.
No te reiras tanto si tuvieses que montar a caballo en esas condiciones, me contest Susie. El asesino haba dejado el suyo cerca de donde me haban atacado. Me
tuve que quitar los pantalones para ver la gravedad de la herida y, con la camisa hice una especie de venda para, contener la hemorragia. No poda cabalgar sentada en la
silla y al final la tuve que quitar, abandonndola en medio del campo. Me tuve que acostar boca abajo sobre su espalda, apoyando mi cabeza en su cuello y sujetndome
con los pies en su grupa, para no presionar sobre mis glteos.
Glteos es lo mismo que culo?, le pregunt. Estaba suficientemente cansada como para que mi humor escatolgico le hiciese gracia. Despus, ms serio, le
pregunt si su agresor estaba muerto. Susie me lo confirm sin tener ninguna duda al respecto. Haba un asesino suelto menos en Al-Andalus.
Me hubiese gustado haber sido yo quien hubiese acabado con su carrera, a fin de cuentas tambin haba intentado matarme en Marbella. No me caba la menor duda
de que se trataba del mismo personaje. Pero no se puede tener todo en esta vida y todava me quedaba la satisfaccin de descubrir quin le haba contratado.
Mientras que Susie empezaba a cabalgar dolorosamente hacia Toledo, a m me estaba apuntando con una escopeta recortada.
Antes de su llegada yo ya tena ms datos, los suficientes como para saber hacia dnde enfocar mis siguientes pasos, eso, sin lugar a dudas, era algo inusualmente
positivo. Por desgracia tambin tena su parte negativa, necesitaba, una vez ms, recurrir al buen hacer de Gonzalerra y de Kenyon.
62.
Hay pocas cosas ms patticas que dos hombres adultos embriagados que te empiezan a contar sus penas, sobre todo si se genera una competicin entre ellos para
establecer quin es el ms desgraciado de los dos.
Las cosas no van bien en la Repblica de Euskadi, deca Gonzalerra.
Van peor en PeaceKeepers, le contestaba Kenyon.
Yo no era consciente de que existiera ninguna crisis en esos estamentos aparte de las ya conocidas luchas por el poder.
Las cosas ya no son lo que eran, deca el uno.
Todo es un desastre, le haca eco el otro.
No me quieren.
Y menos a m.
Slo les faltaba abrazarse y romper en lgrimas sobre sus hombros.
Entre sus diversas quejas pude sonsacar que la fra recepcin que Kenyon haba recibido por parte de Belair y Klein, los representantes de las Marcas Globales, a su
llegada a Toledo, no era sino un indicio de lo que le esperaba. Cada vez que haba querido verles le haban dado largas y slo despus de casi asaltarles fsicamente, con
Gonzalerra como apoyo moral, se haban dignado a escucharle. A pesar de las disculpas presentadas por Kenyon, los dos ejecutivos le dejaron muy claro que la
sospecha de su falta de lealtad hacia su empresa hara imposible su vuelta a un puesto de responsabilidad. Su carrera profesional estaba terminada, y si no volva a
aparecer por los territorios de las Marcas Globales, nadie le echara en falta.
Les doy los mejores aos de mi vida y me pegan una patada, como a un perro, concluy Kenyon. Llname el vaso Xabier. Gonzalerra le obedeci haciendo
esfuerzos para no derramar el alcohol, no sin antes haber colmado el suyo.
Y a m ms. A m me tratan como si.... Gonzalerra tena problemas no slo de diccin sino tambin para encontrar una comparacin adecuada. Como si...,
continuaba, repitindose, como si fuese... dos perros. Eso es, como si fuese dos perros. Yo tambin les he dado los mejores aos de mi vida. Me llamaba Gonzlez y,
para darles los mejores aos de mi vida, como todo buen borracho, el matn se repeta en sus incoherencias. Me cambi de nombre a Gonzalerra. Utilizan mi fuerza
fsica, deca, y pidiendo a Kenyon que se le acercase para susurrarle un secreto al odo, aadi, Pero lo que es peor, tambin se aprovechan de mi intelecto.
Hay un lmite para todo, y Gonzalerra acababa de traspasarlo. Pegu un puetazo encima de la mesa, lo que me vali sendas miradas de incomprensin.
Dnde estis alojados?, les pregunt.
En La Casa de Lola, respondi Kenyon.
Eso es un burdel, les dije.
Nos tratan muy bien, dijo Gonzalerra, con el asentimiento de Kenyon.
Me preguntaba cmo coo, nunca mejor dicho, haban conseguido esos dos gaanes instalarse en un burdel como si fuese un hotel. La respuesta no era relevante pero
la curiosidad me pudo y se lo pregunt.
Le dimos a la seora Lola el coche de Kenyon como garanta de pago, me contest Gonzalerra. No estbamos muy seguros si el vehculo le segua perteneciendo a
l, por haberlo comprado en un principio, o a m, por haberlo robado. Tambin pensamos que en parte era tuyo, pero dimos por hecho que no te importara que lo
usramos para encontrar un sitio donde descansar.
Tambin descansamos y dormimos all, corrobor Kenyon.
No quera or ms. Les saqu del bar a empujones y les llev a la Casa de la Lola.
El recibimiento que la titular del establecimiento les dio era el reservado para los muy buenos clientes. Su efusividad se evapor en cuanto me vio.
Soy Bolto. Un Hombre Bueno, le dije para que no hubiese lugar a engaos.
Encantada, me respondi. Yo soy Lola, y aqu todas somos personas decentes. Incluso estamos buenas.
No pude reprimir una sonrisa a su respuesta, que ella supo reflejar en su rostro.
Dchalos, dales caf y les quiero de vuelta en media hora, sobrios y listos para trabajar, le orden.
Slo eso?.
Nada ms.
Y t, qu vas a hacer en esa media hora?.
Esperar aqu, le contest. Despus se los llev hacia el interior de la casa.
Me acomod en el sof del vestbulo lo mejor que pude, distrayndome mirando a los grabados erticos que colgaban de las paredes. Al poco rato una belleza, vestida
con una vaporosa ropa interior, entr para ofrecerme algo de beber. Le ped un caf, a poder ser de contrabando.
Y nada ms?, me pregunt, mirndome a los ojos y pasndose la lengua por los labios. No ests nada mal, sabes?.
Le agradec el cumplido, sin decirle lo cerca que estaba de caer en la tentacin.
Cuando Lola me trajo de vuelta a mis dos colaboradores parecan personas normales, dentro de lo que cabe. Les dije lo que quera de ellos, repitindolo hasta que me
qued satisfecho de que lo entendan a la perfeccin. La resaca manifiesta que padecan jugaba a mi favor, no tenan ganas de discutir mis instrucciones.
Presenta que todo acabara pronto, pero ignoraba cul sera la resolucin final y quines seran los hroes o villanos. Las piezas empezaban a encajar, aunque exista
una contradiccin de tal magnitud que me bloqueaba cada vez que intentaba cerrar el crculo. Sentado en el vestbulo del burdel no me poda imaginar que en esos
momentos una malherida Susie haba llegado a Toledo, con la clave que me faltaba.
63.
Despus de escuchar el relato de Susie, desayun como pude en uno de los garitos de la calle Del ngel y fui al encuentro de Kenyon con quien haba quedado en el
Ayuntamiento. Si haba sido diligente ya haba tenido tiempo de sobra para cumplir sus instrucciones. Al entrar por la puerta principal constat que el siempre presente
Vicente brillaba por su ausencia.
Kenyon se haba instalado en el despacho de la Doctora Conde, la Senescala, a sabiendas, tal como yo le haba dicho, de que sta estara ms que ocupada con las
negociaciones referentes al agua y a Marbella. El ex-burcrata no estaba precisamente cargado de energa positiva, el visor de la Mente Global que llevaba puesto apenas
esconda sus ojeras y hablaba lentamente, esforzndose por modular sus palabras.
Pudiste contactar con l?, le pregunt sin saludar.
No.
Entonces?, dije sealando a su lapicero ciberntico esperando que me explicase porqu estaba en funcionamiento.
Yo slo tena el nmero de contacto de su oficina. Habl con su secretaria, que le pas el mensaje y a quien dio instrucciones para que yo volviese a tener acceso a la
red. Se neg, especficamente, a hablar conmigo. Slo estara disponible para Eneko Amboto.
Me halagaba saber que Alex Stirling, Presidente Ejecutivo de PeaceKeepers Inc., me tena en tan alta estima.
Tendr que esperar, contest a Kenyon, a quien le pareci un tanto irrespetuosa mi actitud hacia su ex-jefe. Has buscado el resto de informacin?.
S. Una vez que has encontrado el camino es fcil volverlo a seguir, contest, pasndome sus gafas. Pude ver las referencias accionariales de PeaceKeepers Inc. y el
flujo informtico que me llevaba a la cuenta secreta propietaria de las acciones de PeaceKeepers.
Pero estamos en las mismas, continu Kenyon. Esa cuenta est fuera del sistema del reconocimiento dactilar unvoco. Nadie puede saber a quin pertenece ni
nadie puede operar con ella. Para ello hace falta el cdigo numrico original y su conversin al nuevo sistema identificatorio.
Ya lo s.
Iba a dar un salto al vaco y era plenamente consciente de ello. Me consolaba pensar que no me quedaba ms remedio que hacerlo.
Teclea este nmero, le orden, dndole un papel escrito con la temblorosa caligrafa de Vicente, y toma una muestra de mi segregacin dactilar para que la mquina
me reconozca.
Eras t?, dijo Kenyon, tan sorprendido como preocupado.
Me acababa de convertir en uno de los hombres ms ricos del mundo y en el accionista independiente ms importante de PeaceKeepers Inc., la mquina de guerra ms
poderosa en existencia, y responsable de la seguridad de todos los territorios controlados por las Marcas Globales.
As de fcil.
Me pregunt cunto tiempo tardara Alex Stirling en enterarse de la identidad de su nuevo accionista. Seguramente muy poco. An as esperara antes de ponerme en
contacto con l. No creo que consiguiera ponerle nervioso por el retraso, pero quera que hubiese meditado bien sus opciones. Tenamos que negociar y por primera vez
yo tena buenas cartas.
64.
Cintia estaba indignada conmigo y yo no les esperaba tan rpido pero, en ocasiones, Gonzalerra es capaz de pensar por s slo, con sorprendentes resultados.
Cog prestado el coche de Kenyon, me explic. Hice que lo arrancase con su lpiz mgico y a partir de ah slo he tenido que asegurarme de que no se parase el
motor. A ti se te hubiese calado, dijo finalmente, dando por cierta su superioridad en lo concerniente a vehculos a motor. Pudo recorrer los ciento y pico kilmetros
que separaban a Toledo de Almagro y Aldea del Rey, en unas dos horas, siguiendo la antigua carretera nacional de Ciudad Real. El viaje de regreso haba durado lo
mismo.
A veces Gonzalerra puede ser ingenioso pero nunca ha dado la menor muestra de sutileza.
Miguel y Laura Rdenas estaban maniatados en el asiento trasero del coche, para mayor seguridad en el cumplimiento de sus instrucciones Gonzalerra les haba
puesto un trapo en la boca para impedirlos hablar. El moratn, todava enrojecido, que tena Miguel en su ceja derecha, haba sido iniciativa de Gonzalerra. Yo slo le
haba dicho que los trajese y que no permitiese que hablasen entre ellos. En cuanto a Cintia, slo le haba pedido que le invitase a venir voluntariamente, indicndole que
se trataba de un asunto de vida o muerte, como as crea que era.
No tienes ningn derecho a tratar as a la gente, me grit Cintia. Estuvieron cenando con nosotros, en mi casa, hace unos das !Joder Son unas personas decentes
y unos amigos y t no eres quien para tratarles como a unos criminales.
Slo quiero volver a interrogarles, intent excusarme.
Les has estado haciendo preguntas hasta la saciedad, y ellos han colaborado contigo en todo. Qu ms quieres? Adems, qu coo les vas a preguntar ahora?.
De todo y en serio, la respond. Por eso necesito tu ayuda.
No cuentes conmigo. Olvdate de m.
Desde luego que cuento contigo y, no lo dudes, me vas a ayudar.
Era consciente de que mi indescriptible, por indefinida, relacin con Cintia iba a sufrir un cambio a causa de mi actitud. No saba si para bien o para mal, slo deseaba
que en un futuro me entendiese o, al menos, me llegase a perdonar. Pero en aquellos momentos no necesitaba el amor de esa mujer sino sus conocimientos y experiencia
como psiquiatra y ex-agente del FBI.
No era bueno que los hermanos Rdenas nos viesen discutir y, a falta de una idea mejor, le dije a Gonzalerra que los llevase a La Casa de Lola y que los encerrase en
habitaciones separadas. Saba que el desconcierto y el aislamiento eran dos armas importantes previas a un interrogatorio, el verse solos en un burdel debera cumplir
estos requisitos en el caso de los dos hermanos. Tambin sospechaba que Lola nos podra proporcionar una serie de instrumentos que nos facilitaran el trabajo. Por fin
pude dedicarme exclusivamente a convencer a Cintia, y, como Gonzalerra, yo tampoco tena ganas de perder el tiempo en sutilezas.
No s si por separado o conjuntamente, ni tampoco te sabra decir cul de los dos, pero estoy convencido de que Miguel o Laura Rdenas son el asesino en serie
que buscamos.
Cintia no entenda nada, y se lo tuve que explicar.
A pesar de todo tuve que admitir que no tena ningn tipo de pruebas que apoyasen mi acusacin.
Por eso es tan importante que confiesen, le dije.
Entre t y Gonzalerra, con los mtodos que solis utilizar, les haras confesar el asesinato de Hillary Clinton, cuando era Presidenta de los Estados Unidos, fue la
respuesta de Cintia que no esconda su desacuerdo conmigo.
Sabes de sobra de que sa no es la cuestin. Debemos descubrir, a travs de un interrogatorio, si ellos, o uno de ellos, es el responsable de esas carniceras. Si son
inocentes y les obligamos a que confiesen su supuesta culpabilidad, aparte de comportarnos como unos dignos herederos de la Inquisicin, no nos servira de nada: el
verdadero asesino an andara suelto. Pero si son culpables y no somos lo suficientemente hbiles para que nos lo digan, a pesar de la falta de pruebas, entonces
quedarn libres. Para seguir matando.
Si son inocentes, contraatac Cintia, les vamos a hacer sufrir innecesariamente y, sinceramente, no creo que Laura tenga la fortaleza mental para salir ilesa
psicolgicamente de lo que le espera.
No se lo dira nunca a Cintia, pero yo contaba, precisamente, con la endeble personalidad de la hermana Rdenas para concluir este asunto con rapidez. Sus traumas
mentales posteriores no me importaban en absoluto, fuese culpable o inocente.
No quiero ser una aguafiestas, me dijo cuando ya estaba convencida. Pero tienen la coartada perfecta para el ltimo asesinato. Cuando el asesino le cortaba los
genitales a Luis Pizarro en la iglesia de Valdepeas, Miguel y Laura Rdenas estaban cenando en mi casa. T tambin estabas all.
65.
Cintia no tard en elaborar una estrategia, recalcando todo aquello que ya me haba explicado con anterioridad. Independientemente de los orgenes de la inestabilidad
mental del psicpata, existen dos hechos claves en su desarrollo, me deca. El primero es el desencadenante, que, por lo general, es una accin cercana a su entorno. El
segundo es la justificacin, sus esquemas mentales siguen una pauta lgica que, para l, ha reemplazado cualquier cdigo moral que sera aceptable por la sociedad.
An no era el momento de decrselo pero yo ya me haba hecho una idea clara acerca de la justificacin que motivaba sus crmenes.
Sobre todo debes ser consciente de que un asesino en serie no se considera a s mismo como loco, ni que padece ninguna enfermedad. En realidad no est peor que el
resto de nosotros, todos, en algn momento, hemos sentido deseos de matar a alguien, de destruir algo, de dar rienda suelta a la lujuria, pero tenemos unos mecanismos
emocionales que nos impiden efectuarlos. En el psicpata este fusible de seguridad ha dejado de funcionar, lo que le ha liberado del sentimiento de culpa y le hace
sentirse bien, con un poder absoluto sobre la vida y la muerte. Es emocionalmente libre y socialmente omnipotente. Ambas cosas son algo a lo que todos, de vez en
cuando, aspiramos pero que, gracias a Dios, somos incapaces de conseguir.
Por otra parte, y por suerte para nosotros, son exhibicionistas, quieren que conozcamos y temamos su fuerza, de ah las diferentes y macabras puestas en escena que
nos ayudan a capturarles. Un asesino en serie humilde sera casi imposible de capturar. Lo que no quiere decir que sean estpidos, sino todo lo contrario, desean que
admiremos su poder y reconozcamos su inteligencia.
66.
Si Cintia se extra con el recibimiento que me dio Lola al entrar en el vestbulo de su establecimiento supo esconderlo con una altiva mirada de desprecio.
Lo siento, Hombre Bueno, pero aqu no se puede traer comida de fuera, dijo La Lola sealando a Cintia. Si no te gustan mis seoritas, no hace falta que vengas.
Le dije lo que quera, y no me haba equivocado al pensar que su burdel tendra la infraestructura necesaria para complacer esos gustos.
Jams me hubiese imaginado que fueses un voyeur, me dijo pcaramente, para a continuacin volver a su negocio e indicarme que debera cobrarme por dos
habitaciones, una donde tendra lugar la accin y la segunda donde me instalara para ver lo que estaba ocurriendo. La conversacin se estaba yendo por derroteros poco
deseables y decid cortar por lo sano, explicndole que uno de nosotros interrogara a un sospechoso mientras que el otro observara sus reacciones sin ser visto. No
creo que entendiese lo que le deca.
Yo no soy quien para meterme en los gustos privados de cada cual. T me pagas por dos habitaciones y los servicios de las seoritas correspondientes, y luego
haces de tu capa un sayo.
No mereca la pena discutir. Se lo puedes cargar a la cuenta de Kenyon, le dije.
Empezaramos por Laura Rdenas. Cintia la interrogara, yo observara desde fuera. Esto no va a ser bonito, advirti Cintia antes de entrar. Acordamos que la
intentaramos romper rpidamente, sin contemplaciones.
Cundo te violaron?, pregunt Cintia sentndose en frente de Laura.
Qu?, Laura, sorprendida, intent hacer ver que no entenda la pregunta que Cintia volvi a repetir.
Nunca, respondi Laura. Primera mentira.
No haca falta ser un experto en lenguaje corporal para ver cmo desviaba la mirada y entrelazaba sus dedos.
No te niegues el beneficio de decrselo a alguien. A veces el simple hecho de contarlo ayuda a sobrellevarlo, le aconsejaba Cintia.
A m no me ha violado nadie, repiti Laura. Segua mintiendo.
No me importa que me mientas, pero no te puedes engaar a ti misma.
Te lo puedo repetir hasta la saciedad. No me ha violado nadie.
Si te sientes sucia o culpable, es normal, pero injustificado. T no eres culpable de nada, sino todo lo contrario. Eres la vctima.
No soy vctima de nada ni de nadie. Quiero irme.
Quin fue?, pregunt Cintia. Laura guard silencio.
Te gustara vengarte de l?.
Ms silencio.
A veces la venganza es un sentimiento que deberamos dejar aflorar.
Laura haba optado por sellar sus labios y mirar a un punto vago en el infinito. Por desgracia ese punto se encontraba en el espejo de su habitacin, detrs del cual yo
les observaba. Pareca que me miraba fijamente, con sus ojos idos, carentes de vida y de enfoque, me gener una sensacin angustiosa, siniestra.
No debes encerrarte en ti misma. Eso es lo peor que puedes hacer, continuaba Cintia infructuosamente con sus preguntas. Haba llegado un punto en el que Laura
no pareca capaz de escucharla, era posible de que ni siquiera la oyese. No bamos a ninguna parte.
Se lo contaste a tu hermano?.
Cintia deba percibir el insignificante destello de vida que, por un instante, volvi a la mirada de Laura, e insisti.
Miguel te protegi, verdad?.
Laura volvi a su distante inmovilidad. Era imposible saber si su hermano le haba ayudado, si le haba escuchado o si haba llegado a contrselo.
Cintia jams lleg a perdonarme por lo que hice a continuacin. Se lo justifiqu como fruto de la frustracin al ver que el interrogatorio de Laura no nos llevaba a
ningn lado, pero yo saba que no era cierto. Lo hice premeditadamente, consciente del dao que poda causar. Mir a los ojos vacuos de Laura a travs del cristal que
nos separaba. Me levant y me dirig a su alcoba.
Abr la puerta y le indiqu a Cintia que saliese, asumiendo que tomara la posicin de observacin que yo vena de abandonar. Me qued a solas con Laura, que
aparentaba no ser consciente del cambio de interlocutor.
Me acerqu a ella por detrs y le acarici el pelo, dejando ver las manos lentamente hasta que toqu la delicada piel de su cuello y de sus hombros, muy suavemente,
con toda la delicadeza de la que era capaz. De no haber estado esperando una reaccin suya no me hubiese dado cuenta del temblor imperceptible que el contacto de mis
dedos le caus, traspasando su barrera de hermetismo. Era imposible saber si su reaccin era a causa del nerviosismo, el miedo o la expectacin. Me puse delante de ella
y con el dedo ndice debajo de su barbilla la hice levantarse, sin brusquedad, hasta que los dos, de pie, nos miramos a los ojos. Ella no tena voluntad propia y segua mis
indicaciones como una autmata. Levant la mano y le acarici la mejilla. Hizo un esfuerzo sobrehumano para mantenerse inmvil y no apartarse de m, o al menos eso
fue lo que pens, quiz ya, en ese momento, estuviese ms all de la realidad. Me acerqu ms y sin quitar mis ojos de los suyos le susurr:
Desndate.
Me desabrochaba la camisa, apoyando mi palabra con ese movimiento.
Desndate, le repet, ms alto esta vez.
Sus manos empezaban a temblar y sus ojos dejaron de estar desenfocados para mirarme al torso desnudo.
Desndate!, le grit. No saba qu hacer con sus manos y su cara se empezaba a desencajar.
Desndate!. Esta vez lanc un alarido salvaje que acompa con un brusco movimiento de mi cara que lleg a tocar la suya. Todo su cuerpo se estremeca,
espasmdicamente.
No. No. Por fin habl.
Hazlo!. Me estaba quitando el cinturn.
Noo.... Dej escapar un hilillo de voz.
Desgarr su camisa, dejando su sujetador al aire. Ella intentaba taparse con sus manos, como si eso pudiese proteger su pudor.
Esto acaba de empezar, le dije en un tono ronco, amenazante.
Soy... soy virgen, me implor. Esa mentira hizo que yo perdiese cualquier tipo de remordimiento. La agarr del pelo e hice que se arrodillase delante de m.
Apret su cara contra mi cuerpo. No tena una ereccin, estaba pensando en otras cosas. Esperaba que ella no lo notase.
Quin te viol?. Pregunt de nuevo.
Nadie, sollozaba. Nadie. Soy virgen. Repeta.
Haba conseguido ir ms all de su bloqueo mental, ahora necesitaba sacarle la informacin que buscaba. An as me preocupaba su negacin y la insistencia sobre su
virginidad. Claramente, Laura haba sufrido un trauma psicolgico que yo estaba agravando, sin atenerme a cualquier consecuencia posterior. Se trataba de algo ms all
del sentido de culpa que poda tener una vctima de violacin. No era capaz de encontrar la explicacin a la negacin absoluta que Laura haca de su sexualidad.
Te violaron y te gust, volv a la carga. Sentiste placer, verdad?.
Se agarr a mis rodillas, sollozando.
No hay nada de malo en eso, continu. Te excitaste. Tuviste un orgasmo?.
Haba roto las compuertas y lloraba, aferrndose a m.
Nadie me viol.
Pero no eres virgen.
Asinti con la cabeza.
Slo se me ocurra un acto sexual, ms all de la violacin, que pudiese llevar a la culpabilidad, a la negacin y al trastorno mental que sufra Laura. Laura no era presa
de unos remordimientos fijados por la religin, ni siquiera por la moral, haba ido en contra de una ley natural que se haba mantenido constante a lo largo de la historia
de la humanidad.
Te acostaste con tu hermano, dije, sin formularlo como pregunta.
Laura empez a vomitar, unas grandes arcadas hacan que todo su cuerpo se estremeciese. El lquido verde de la bilis caa por su barbilla y en su ropa.
No o a Cintia entrando en la habitacin y para cuando quise verla era demasiado tarde. No pude esquivar el puetazo que me lanz en la cara con todo el peso de su
cuerpo detrs de l. Me tambale sin llegar a perder el conocimiento y Cintia ya estaba agachada, cogiendo a Laura en sus brazos intentando consolarla.
Desde el suelo Cintia me mir, con odio o con desprecio, no lo s, por mi comportamiento en el interrogatorio de Laura. No me justifiqu ante ella. Hubiese sido tan
innecesario como intil. Yo ya haba conseguido mi propsito.
Saba quin era el asesino en serie, haba descubierto el desencadenante que dio origen a sus crmenes y empezaba a reconocer la lgica macabra que utilizaban para
realizar sus actos.
An as deba asegurarme. No tena el derecho a equivocarme. Me haca falta su confesin.
Me forc para poner una sonrisa en mi cara y entr en la habitacin del burdel donde estaba retenido Miguel Rdenas, maestro de pueblo.
67.
Te pido disculpas por Gonzalerra, le dije. A veces cumple sus rdenes con exceso de celo. Mi tono le haba tranquilizado, que era lo que yo quera.
Deberas contenerle. Por qu me has trado?.
Nada de importancia. Realmente Gonzalerra ha dado a mis palabras una relevancia que no tenan. A veces ocurre. La vitola de Hombre bueno hace que te tomen en
serio aunque digas, o hagas, tonteras. Por ejemplo, yo le digo a Gonzalerra que me interesara tener una charla contigo y lo siguiente que pasa es que ha robado un
coche, te golpea y te trae maniatado.
Y amordazado, aadi Rdenas.
Ves lo que te digo? Es lo que tiene el poder. No slo ests por encima de ellos sino que, adems, son capaces de excederse en cumplir tus propios deseos. Pero t
tambin sabes de eso.
Yo?, dijo, sorprendido. Nunca he tenido ese poder. Ni ahora siendo alcalde de mi pueblo.
Pero lo padeciste. Antnez, antes de que perdiera su ojo, lo ostentaba utilizando a su corte de aclitos y aterrorizando a todos. Era un dictador pattico pero an
as, y a su nivel, disfrutaba de la sensacin que ese poder le daba.
Antnez era un ser despreciable y si te refieres a ese tipo de poder, efectivamente lo sufr y lo rechazo.
Tienes razn, el abuso de un cacique lleva demasiadas ataduras. Sobre todo la del miedo. Sabes que la gente te odia y que algn da llegara un cabronazo ms grande
que t que te derrocar, generalmente por las malas. No me refera a eso, le dije pensativo, sino ms bien a la sensacin que tienes cuando te sabes capaz de decidir
sobre la vida o la muerte de una persona. se es el verdadero poder, el sentirse superior y decidir sobre el ser o no ser de otra persona: sin remordimientos, sin ataduras
y con impunidad.
No s de qu me ests hablando, respondi con cautela.
Vamos, vamos, le tranquilic. Son sentimientos de lo ms normales. Lo que ocurre es que la mayora de la gente es incapaz de expresarlos y casi nadie es capaz de
llevarlos a cabo.
Para qu me cuentas esto?.
Para que me comprendas, le contest, en mi bsqueda por encontrar un punto de empata con un psicpata, cuyos esquemas mentales slo llegaba a entender en un
plano terico.
Yo s me he sentido en posesin de la vida y de la muerte. Conozco la sensacin de superioridad, poder y libertad que ello te da. En las planicies de Al-Andalus
nadie cuestiona a un Hombre Bueno que haya matado a un forajido en un tiroteo. Nadie se alarm cuando se pensaba que haba acabado con Antnez. He podido matar
con impunidad y lo he hecho, le ment, sacando mi pistola de su funda. Y lo seguir haciendo, conclu apuntndole con ella.
No. No lo hagas, suplic.
Dame una razn. Apretar el gatillo por la sensacin que me dar ver morir a una persona. Me da igual que seas t.
Ests loco. No entiendes nada.
Por fin, pens, estoy avanzando. Sabiendo muy bien a dnde me diriga.
Me has llamado loco? Qu es lo que no entiendo?, le hice las dos preguntas seguidas, sabiendo que optara por contestar slo a la segunda. No es recomendable
explicar a alguien que te apunta con una pistola por qu le has llamado loco, es muy posible que lo est de verdad.
Tu percepcin del ser humano es muy bsica. Vives rodeado de violencia y te crees que pegar un tiro a alguien, por el placer que te da, te convierte en un ser
poderoso y superior. No sabes lo que dices. Eres igual que el desgraciado de Antnez de quien te mofabas. La tragedia, la belleza y las sensaciones del ser humano son
mucho ms sublimes. A veces algunos grandes maestros de la msica o la poesa son capaces de acercarse a describir esos sentimientos.
Como Federico Garca Lorca, le apunt, aunque no pareci escucharme.
En el fondo ellos son los ms desgraciados de todos porque saben expresarlo pero no saben vivirlo. De qu le sirve a Lorca captar la esencia de la muerte de un
torero cuando no ha sentido el miedo de la embestida de un morlaco. No es capaz de vivir lo que escribe y sus versos se convierten en una sublime frustracin.
T no fuiste capaz de vivir con esa frustracin, le alent. Garca Lorca describa las sensaciones y t quisiste vivirlas, verdad?.
Me di cuenta de que haba tirado del anzuelo demasiado pronto. El instinto de supervivencia de Rdenas le advirti de que haba ido demasiado lejos con sus palabras
y que deba cerrar la boca. Maldije mi impaciencia y decid continuar con mi acusacin.
Los versos de Garca Lorca te conmovan pero no dejaban de ser un pobre sustituto para las sensaciones que percibiras ejecutando las situaciones que describen.
Rdenas negaba mis palabras con la cabeza, todava con aplomo.
Violaste a tu hermana.
Esta vez consegu sorprenderle y, aunque segua moviendo la cabeza de un lado a otro, su mirada empez a reflejar un atisbo de inseguridad.
No es necesario que lo niegues. Lo s. Es un hecho cierto. Sin embargo hay algo que desconozco y, que seguramente, me puedas aclarar. Creo asumir correctamente
que la violacin de Laura fue tu primer acto criminal, pero no s si fue algo premeditado inspirado en el poema del Romancero Gitano Thamar y Amnn, donde se
describe la relacin y consumacin incestuosa entre esos dos hermanos:
Ya le coge del cabello
Ya la camisa le rasga
Corales tibios dibujan
Arroyos en rubio mapa
.recogen las gotas
de su flor martirizada..
Violador enfurecido
Amnn huye con su jaca.
O si, fruto de la pasin o la lujuria, desvirgaste a tu hermana y luego te justificaste utilizando a los versos de Lorca como escudo emocional. Me puedes sacar de esta
incertidumbre, si quieres.
No quiso facilitarme una explicacin y guard silencio. Al menos haba dejado de negarlo todo con la cabeza y se limitaba a mirarme a los ojos, seguramente con odio.
No me senta amenazado. La pistola la tena yo.
La violacin de Laura fue el desencadenante. La poesa y la realidad se haban fundido en tu mente y experiencia vital. Estabas por encima de la ley, de la moralidad
y del resto de los mortales. Y Laura? Debi ser fcil convencerla para que se callase, ella, en su interior, se consideraba tan culpable como t de ese acto. Slo que ella
no pudo mantener su conciencia a raya y su mente empez a resquebrajarse. Al final se rompi como una mueca de cristal.
Omit mencionar mi participacin en la reciente crisis nerviosa de su hermana, de la cual, por otra parte, Rdenas no conoca ningn detalle. Cuando hablaba de Laura,
Miguel tuvo la pequea decencia de bajar la mirada, avergonzado. Pero pronto se recuper.
Lo que pudo pasar entre mi hermana y yo es algo que slo nos incumbe a nosotros, y a nadie ms. El resto de tus conclusiones son el fruto de tu retorcida mente, y
de unos anlisis psicolgicos sin fundamento, efectuados por un aprendiz con unos conocimientos mal digeridos. No me cargues el muerto de algo que no he hecho.
Estuve a punto de dejarme convencer, dndome cuenta de que no tena ninguna prueba concluyente que le condenase a ciencia cierta. Yo poda estar equivocado, en
cuyo caso de nada me servan mis conjeturas: el asesino seguira en libertad. O Miguel Rdenas confesaba los crmenes por su propia voluntad, de manera indiscutible, o
todo el entramado que yo haba montado en mi cabeza para llegar a su culpabilidad se desmoronara como un castillo de naipes.
68.
En algn recndito lugar de mi subconsciente estaba grabada la necesidad de mantener vivo el principio de la presuncin de inocencia. Miguel Rdenas no tena que
probarme su inocencia. Yo tena que probar, o al menos convencerme a m mismo sin ninguna duda, de su culpabilidad. No di muestras de mi titubeo y prosegu con el
interrogatorio.
La siguiente vctima fue Pedro Antnez, el ex-alcalde de Aldea del Rey, aunque su cadver fue descubierto ms tarde, le dije.
A ese hijo de punta le mataste t. Todo el mundo lo sabe, replic Rdenas.
No. Slo dos personas saben que yo no lo hice con toda seguridad: su asesino y yo. Es decir, t y yo.
No vuelvas con esas monsergas, me dijo, forzando una risa.
Te suena de algo la fecha del 25 de junio?, pregunt.
No, me minti.
Ests seguro?, le quise dar la oportunidad de decirme la verdad.
Totalmente.
Fue el da en que fue asesinado Antnez.
Rdenas encogi los hombros como si no le importase ese dato en absoluto.
El asesino se tom muchas molestias para indicarnos que cometi su crimen ese da. Dej la notificacin de los suministros elctricos con el cadver. En un principio
pens que se trataba de una manera de hacer que la sospecha del crimen recayese ms sobre m, pero no hice caso de mi paranoia porque esa explicacin careca de
coherencia. Ni yo mismo saba dnde iba a estar ese da y poda haber tenido una coartada perfecta. Te sigue sin decir nada la fecha del 25 de junio?, insist.
Nada de nada. Rdenas se empecinaba en su mentira.
Recuerdas cmo se descubri el cadver?
Desde luego. Alguien dej una nota en la puerta de la alcalda. Yo la recog.
En efecto. Pero la persona que llev aquel aviso no era un ser annimo. Se trataba del asesino. Le expliqu cmo haba llegado a aquella conclusin en mis
conversaciones con Cintia.
Es lgico, me contest. Y yo sigo sin tener nada que ver con esta historia.
T viste el cuerpo.
Sabes de sobra que as fue. Acompa a Pepe Manzano al cerro de El Alacranejo.
Descrbemelo, le orden.
Estaba envuelto en un rollo de plstico, del que se usa en los invernaderos.
Envuelto o amortajado?, le pregunt.
Podra utilizarse la palabra amortajado, supongo.
Creo que en este caso sera la correcta. A fin de cuentas estamos hablando de un cadver y poco importa que la mortaja sea de lino, algodn o plstico.
Si t lo dices.
Cundo fue descubierto el cadver?, le pregunt, cambiando de tema.
A finales de agosto, creo recordar.
Recuerdas bien. Exactamente el da 25 de agosto, exactamente tres meses despus del da en que muri, y fue descubierto exactamente en el momento que el asesino
quiso que lo encontrsemos.
Rdenas se dio cuenta de la direccin en que le llevaban mis preguntas pero no supo, o no quiso, desdecirse de sus respuestas anteriores. Una vez ms le di la
sensacin de permitirle un respiro.
Te gusta la poesa de Garca Lorca, le dije. No le qued ms remedio que asentir.
Es ms, te consideras un experto en su obra. Un erudito.
No s si tanto como eso.
No peques de humildad, le anim.
Gracias.
Yo estaba allanando el camino para lanzar mi pregunta crucial. No me interesaba tanto su respuesta como su reaccin.
Lo debes de saber todo sobre l, le halagaban mis palabras. En especial el Romancero Gitano. Estoy seguro de que lo podras recitar de memoria.
No te equivocaras, me respondi con un orgullo mal disimulado.
Pero has sido incapaz de reconocer la nica fecha que figura en esos poemas, cambi el tono de mi voz por completo, no pretenda esconder la agresividad de mis
palabras. El 26 de junio, y ninguna ms. Me mentas cuando decas que no te quera decir nada, verdad?.
No... No... No se me ocurri. Estaba fuera de contexto, balbuceaba sus excusas.
Aparece en el Romance de El Emplazado. Me lo podras recitar?.
As lo hizo, con una calidad en su declamacin notable dadas las circunstancias. Entre sus versos escuch:
El veinticinco de junio
Le dijeron...
Pinta una cruz en tu puerta
Y pon tu nombre debajo.
Porque dentro de dos meses
Yacers amortajado.
Y la sbana impecable
De duro acento romano
Daba equilibrio a la muerte
Con la recta de sus paos.
Miguel Rdenas me acababa de describir, con las palabras de Garca Lorca, el ritual que haba seguido en el asesinato de Pedro Antnez, que descansaba en el infierno.
Pedro Antnez mereca algo peor que la muerte, continu. T habras hecho lo mismo.
En eso se equivocaba. Yo tuve la oportunidad de ejecutarlo y, a pesar de la ira que senta en aquel momento, no lo hice. Poda haber apretado el gatillo, con la
impunidad que ser un Hombre Bueno me conceda, y haber volado la cabeza de Pedro Antnez. No s si me hubiese temblado el pulso porque matar a alguien a sangre
fra no era algo que me plantease, ni siquiera en abstracto. Dijesen lo que dijesen y pensasen lo que pensasen yo no quera verme como un asesino.
Mi silencio oblig a Rdenas a seguir hablando.
Son todo una serie de coincidencias. No intentes involucrarme en esto.
Fue tu segundo crimen. La venganza te ayud a cometerlo pero en el fondo empezabas a racionalizar tus actos como una sublimacin de los sentimientos poticos.
Despus mataste a Rosario Verdes, la gitana.
Rosa la de los Camborios
Gime sentada en su puerta
Con sus dos pechos cortados
Puestos en una bandeja.
Y all descubriste tu verdadera superioridad. Era tu amiga, la acompaaste a recoger hierbas para sus remedios naturales, y la identificaste como tu siguiente vctima,
encajndola dentro de tus planes macabros. Ya sabas cul era tu propsito y cmo lograrlo.
Era mi amiga. Cmo puedes decir eso?.
Por desgracia para ella, era tambin gitana y t necesitabas saber cmo reaccionaba un ser humano al trgico fin que Garca Lorca proclamaba en sus poemas. Te
convertiste en un depredador.
Miguel Rdenas se tap la cara con sus manos, no queriendo reconocerse en el monstruo que le describa.
Rectame el poema del Martirio de Santa Olalla, le ped.
Por favor, no. No puedo, sollozaba.
Hazlo, hijo de puta!, le grit, cogiendo la Glock y apretando el can en su mejilla.
Empez a declamar con una fina voz entrecortada que apenas poda escuchar. Poco a poco se fue transformando y con firmeza lleg a los versos donde deca:
Por el suelo, ya sin norma,
Brincan sus manos cortadas...
Por los rojos agujeros
Donde sus pechos estaban
Se ven cielos diminutos
Y arroyos de leche blanca.
No le importaba ni mi presencia ni mi pistola. El sonido de los versos llenaba la habitacin, para Rdenas no eran meras palabras, l las haba vivido. l era el asesino.
As haba matado a Eulalia, como a una Santa Olalla del siglo XXI. Agotado, Rdenas se hundi en la silla.
Por qu acuchillaste a Pepe Manzano?, continu con el interrogatorio.
Qu ms da.
Empezaba a sospechar de ti?.
Tal vez.
Por eso tuviste que matarle?, insist, no quera que mi amigo hubiese muerto por el capricho de un desequilibrado. Me hubiese gustado saber que estaba a punto de
descubrir la identidad del asesino cuando ste acab con l, para protegerse.
No has entendido nada, verdad?, me dijo con desprecio. Lo que me conviniese o importunase no tena nada que ver con mis actos. Slo importaba el seguimiento
de los versos y la literalidad de las palabras que hacan de su poesa mi realidad.
Tres golpes de sangre tuvo
Y se muri de perfil.
Miguel Rdenas recit las palabras que le empujaron a matar a Pepe sin molestarse en esconder su locura.
Consciente o inconscientemente fue la muerte de Pepe Manzano quien me hizo sospechar de ti, le dije. Si incluimos la violacin de tu hermana, se hubiese sido tu
quinto crimen, pero no tuvimos que llamar al FBI. Miento, al final s recurrimos al FBI, o a PeaceKeepers que viene a ser lo mismo, cuando apareci el cadver de Luis
Pizarro. Pero eso, como t bien sabes, es otra historia.
En efecto, por lo que he odo no tena ningn sentido. No entiendo porque alguien quiso descuartizar a aquel hombre de una manera tan horrorosa.
No quise contestarle. Haba racionalizado sus asesinatos de tal forma que no slo no se senta culpable por ellos, sino que era capaz de condenar una conducta
idntica en otra persona.
Fue un comentario tuyo sobre la muerte de mi amigo, volv de nuevo a la conversacin inicial, que me rechin de tal manera que me hizo pensar que escondas
algo.
S?.
Hablbamos de su muerte y t citaste a Lorca.
Eso te extra?.
No. En absoluto.
Entonces?.
Me llam la atencin los versos que utilizaste. Yo no soy un gran experto en su poesa, pero esperaba que empleases la cita que acabas de utilizar. Era sin lugar a
dudas la ms apropiada, era la que me vino a la mente de manera instintiva. Sin embargo t no la utilizaste, preferiste hacer referencia al Romance a la Guardia Civil,
que, an siendo relevante, lo era slo de forma marginal. Por qu? Una cita equivocada no era gran cosa para hacer recaer sobre ti la sospecha de ser un asesino en serie,
pero me sembr una pequea duda que pude utilizar para reenfocar mi forma de pensar.
Enhorabuena, su sarcasmo era palpable.
Ahora el que no entiende nada eres t. No eres tan especial, creme. Eres un asesino que se adhiere estrictamente al perfil psicolgico del psicpata ms
convencional.
Estas palabras le ofendieron, lo que no dejaba de tener su gracia.
Segn las pautas marcadas por Cintia, de todas las referencias simblicas que dejabas en las vctimas, tena que descontar aqullas que eran accidentales. La
ubicacin de los cadveres en lugares vinculados a la Orden de Calatrava era un nexo en comn entre todos ellos y, creme, durante mucho tiempo pens que era
relevante. Hasta que me di cuenta que si alguien quera buscar lugares abandonados y poco frecuentados en esa zona, ira a parar inevitablemente a un edificio
relacionado con la Orden. Toda la regin en torno a Almagro perteneci a los caballeros calatravos durante ms de cuatro siglos, cualquier edificio abandonado sea
castillo, convento, ermita o iglesia habra sido suyo y en ellos se encontraran sus blasones y smbolos. No era una coincidencia que todos los cadveres apareciesen en
esos lugares sino al revs; los mejores sitios para desprenderse de ellos eran las ruinas de los edificios de la Orden de Calatrava.
Si te sirve de algo ni me plante a quin haban pertenecido esas ruinas. Simplemente las us, me dijo.
Me aferraba a la idea de que todo asesino en serie racionalizaba sus crmenes y esto se reflejaba en la manera en la que destrozaba a sus vctimas, pero segua sin
verte vnculo en las distintas muertes. Hasta que te equivocaste en tu cita. Te pasaste de listo por querer esconder algo de lo que no tena la menor sospecha.
Lo tena demasiado reciente, me confes, tranquilamente, con el sosiego que le daba no tener que esconderse ni sentir ningn remordimiento.
No quera que se reflejase en mi rostro el instante sublime que haba vivido, entendiendo plenamente el sentido de .
Pensaba que todo el mundo sera capaz de ver el xtasis que reviva cada vez que formulaba esos versos.
A partir de ese momento, continu, con una copia del Romancero Gitano en mano volv a analizar todos los crmenes. El nexo en comn se hizo aparente, aunque
tambin poda tratarse de una serie de coincidencias o de mi deseo desesperado de encontrar un vnculo donde no lo haba. Tambin desconoca el desencadenante de tu
locura, algo que Cintia consideraba de vital importancia, y el papel que Laura poda haber jugado en todo esto. Ahora ya lo s.
Guard mi arma en la funda, no quera tener la tentacin de usarla.
Y el asesino de Luis Pizarro?, me pregunt como si le importase.
Sal de la habitacin sin contestarle.
69.
Cuando me encaonan con un arma me cabreo. No con mi agresor, sino conmigo mismo por haberme dejado sorprender. La velocidad en desenfundar una pistola es
secundaria a la inteligencia que te hace prevenir la situacin preparndote para afrontarla: no es necesario ser Billy el Nio si ya tienes tu arma en la mano. Esta vez me
haban pillado a contrapi. Mi segunda reaccin consiste en evaluar la voluntad y capacidad del adversario para apretar el gatillo: apuntar un arma es fcil, matar a
alguien es ms complicado.
Vicente no estaba nervioso al amenazarme con la recortada, la sujetaba de una manera relajada, desde la cadera, apuntndome al pecho sabiendo que el retroceso
elevara la trayectoria ligeramente para destrozarme la cabeza. Tampoco le haca falta mucha puntera, a esa distancia y con la dispersin de los perdigones era imposible
que fallase. Su cara no mostraba ninguna emocin y sus ojos haban perdido su calidez habitual; nunca le haba visto tan serio. Fui incapaz de valorar si me disparara o
no y no cre conveniente jugarme la vida para saber la respuesta.
Finalmente calibr mis propias oportunidades de contraataque. Senta la Glock enfundada a mi espalda, apretada contra el respaldo del silln, tena las piernas
cruzadas y los brazos cruzados. Para cuando me hubiese levantado y sacado el arma, Vicente hubiese podido disparar con tranquilidad. Era mejor quedarse quieto.
Todos estos pensamientos eran instintivos y no duraran ms de unos instantes, los suficientes para darme cuenta que no me haba hecho la nica pregunta
pertinente: Por qu me apuntaba ese vejestorio con una escopeta?
Benaquiel padre hablaba a su hijo en hebreo, o incluso en arameo, porque yo no entenda nada de lo que le deca. Le haba apartado de la lnea de fuego y, por sus
gestos, le instaba a que se quedase quieto, ste, boquiabierto, no era capaz de contestarle y, menos an, de llevarle la contraria. Claramente un historiador no saba
reaccionar con la frialdad que produce la costumbre cuando una recortada aparece en escena.
Tengo tu atencin?, me pregunt Vicente.
Eso, tena que reconocer, lo haba conseguido, y as se lo dije.
Sabes lo que era el espaldarazo en la Edad Media?.
Despus de haber recibido una larga clase magistral por parte de Benaquiel hijo, ya me estaba empezando a hartar de la historia medieval. Tampoco saba de ningn
alumno dscolo que tuviese que asistir a clase a punta de escopeta recortada.
Al grano, Vicente, le ped.
Cuando un hijo de la nobleza era nombrado caballero, su seor le golpeaba levemente en la espalda con su espada. Esto, me dijo sealando a su arma, es el
equivalente a una espada, pero en el siglo veintiuno.
Si Vicente estaba chocheando no lo haca slo, Benaquiel padre asenta a su explicacin con la cabeza.
Voy a ser yo quien te d el espaldarazo. Con la presencia de los Benaquiel como testigos, que, como vers, no pueden ser ms aptos.
Era incapaz de encontrar lgica alguna a las palabras de Vicente, no tena ni idea adnde quera ir a parar con sus rebuscadas comparaciones histricas.
Sers nombrado Caballero de la Orden de Calatrava. Sers su nuevo Maestre.
Ahora s que no entenda nada.
Voluntaria o involuntariamente, aadi.
Sin dejar de apuntarme, Vicente se dirigi a Benaquiel padre.
Cunto tiempo hubiesen tardado en atar cabos?.
Los dos ancianos compartan un secreto que tanto yo, como el historiador, desconocamos.
Con los conocimientos de mi hijo y su capacidad para la investigacin en documentos antiguos, respondi el judo, no sin cierto orgullo paternal, y el acceso que
el seor de las gafas tena a la red informtica. El viejo no tena en alta estima a Kenyon. Su uso de la Mente Global le pareca tramposo. Tenan cubiertos el principio
y el fin, a partir de ah enlazar la historia central hubiese sido cuestin de tiempo.
Tenas razn, dijo Vicente, ahora hablando a Benaquiel hijo, Garci, el ltimo Maestre electo de la Orden, haba estado traspasando las riquezas de Calatrava
durante un largo perodo de tiempo, en prevencin de tiempos peores. Lo que no te puedes imaginar es el volumen de esos traspasos, ni la complejidad de la red
financiera que ayud a montar. Slo piensa que en aquella poca la riqueza que l controlaba exceda a la de un reino, y que las letras de cambio eran algo excepcional y
relativamente local, no haba una sistemtica detrs de su uso.
Pero, interrumpi el historiador, los Reyes Catlicos, si no me equivoco, confiscaron todas las letras de cambio tomadas o emitidas por judos cuando les
expulsaron. Tampoco les dejaron sacar oro, plata o joyas.
Ah estaba la verdadera visin de Garci, respondi Vicente. Mientras todos pensaban en reinos y estados, l ya estaba poniendo en prctica el concepto de la
globalizacin del capital. l no tena ninguna letra de cambio emitida por judos espaoles, todas tenan su origen en las distintas juderas de Europa, de Venecia a
Amsterdam, lejos del alcance de la avidez de Isabel la Catlica y de su esposo. En cuanto al tesoro fsico, el oro y la plata ya haban salido de Castilla a lo largo de los
aos anteriores. Haba sido una fuga de capitales en toda regla, en trminos relativos una de las ms grandes de la historia. No me extraa que Garci decidiese
desaparecer de su pas. Sabes algo de banca?, me pregunt Vicente por sorpresa, para asegurarse que le estaba prestando atencin.
Puedes asumir una ignorancia absoluta, le dije.
Los bancos estn basados en la confianza que ofrecen a sus depositarios, quienes deben pensar no slo que su dinero ser retribuido con intereses, sino que su
devolucin est garantizada. Los financieros pudientes saben que deben de tener unos recursos suficientes para hacer frente a esas devoluciones, pero que deben prestar
la mayor cantidad de dinero posible para poder remunerar a sus clientes. Para que su negocio funcione, les hacen falta fondos de seguridad, y cuanto ms crezca ms
grandes sern estas necesidades. En otras palabras deben estar suficientemente capitalizados, explicaba Vicente, con el asentimiento de los dos Benaquiel.
Haba pasado de recibir una clase de historia a una de economa, con el inconveniente de que esta vez tena que prestar atencin a punta de escopeta.
Las familias judas, en la Baja Edad Media, haban conseguido crear una red en torno a la confianza que exista entre sus diversos clanes, pero, siendo honrados y
prudentes, o, ms bien, siendo conscientes de la necesidad de garantizar la viabilidad en su negocio, su crecimiento estaba limitado por su falta de capital propio. Garci y
el tesoro de los calatravos se lo proporcion. Fue el gran salto cuantitativo que les permiti incorporarse al Renacimiento y el origen de las grandes estirpes de
banqueros judos en Europa. Las familias Rothschilds, Salomon, Goldman o Ham, tuvieron su apogeo en lo siglos XIX y XX, pero no eran sino la consecuencia de la
semilla plantada por sus antepasados, que floreci gracias a la inversin de la Orden de Calatrava. Una inversin, cuyo origen siendo secreto se mantuvo como tal, y que
creca en la misma medida que las fortunas de los banqueros judos, garantizando, en el peor de los casos, el valor inicial. El vnculo creado por Garci con la comunidad
juda perdur a travs de los herederos de ambas partes, no me refiero a una descendencia de sangre directa, de padres a hijos, sino a unos herederos electos en funcin
de sus aptitudes y de las necesidades del momento histrico en los que les toc vivir.
Electos por quin?.
Por el Maestre anterior y por el representante elegido por la comunidad financiera juda, me contest.
De modo que t te crees que eres el actual Maestre de la Orden de Calatrava?, le dije, con una carcajada de incredulidad.
Estrictamente no. No lo soy. La Orden, a todos los efectos prcticos, dej de existir despus de Garci.
Eso es as, interrumpi Benaquiel hijo. Te hablo de memoria, pero en 1503 un tal Johannes Fernndez de la Gema imprimi el Corpus Moderno de las rdenes
Hispanas, que sirvi como punto de partida para debatir y defender sus posiciones ante el monarca de turno. Durante trescientos aos se estableci un juego terico
entre canonistas, telogos y letrados que no fue a ningn lado y cuyo ltimo proponente fue Melchor Gaspar de Jovellanos, como Consejero de rdenes, en 1830.
Cinco aos despus de esta fecha, el proceso de desamortizacin de Mendizbal, hace que las rdenes desaparezcan como fuente de rentas, para mantenerse nicamente
como instituciones honorficas, sin influencia.
Me di cuenta de la relevancia de este perodo por el comentario de Bolto en cuanto a la destruccin del Castillo de Calatrava, por parte de los ltimos hermanos, que
l asoci con la bsqueda de un tesoro. Era inevitable que, con la desamortizacin en ciernes, los calatravos volviesen a revisar sus archivos de haciendas y pertenencias
y que encontrasen las discrepancias ocurridas en tiempos de los Reyes Catlicos. Pensaron que en algn lugar se tenan que hallar esas riquezas extradas. Cometieron
el error de pensar que se trataban de plata, oro y joyas. Visto lo visto, seguramente se estaban empleando para financiar la Revolucin Industrial a travs de la banca
juda.
Posiblemente, contest Vicente.
Para qu?, pregunt. Para qu sirve o ha servido ese patrimonio? No tiene sentido el tener por tener.
El Custodio de los fondos puede hacer con ellos lo que quiera. Por eso su eleccin ha sido siempre de vital importancia. Nunca han sido personas con ansias de
poder ni con deseos de vivir en un lujo desmesurado, y han utilizado el patrimonio a su cargo para inclinar la balanza en situaciones especiales, en secreto. Por ejemplo,
no es casual la pujanza de California en los ltimos dos siglos, ni la influencia espaola que all existe. Desde los primeros asentamientos siempre han existido apoyos
financieros a las comunidades de nuestro origen, y, no te engaes, las mayores fortunas de esa regin siempre han pertenecido a familia espaolas, que no hispanas.
Tal vez sea demasiado joven para recordar el cambio, en lo que entonces era Espaa, durante las ltimas dcadas del siglo pasado. De un pas empobrecido por la
dictadura se pas a alcanzar econmicamente a sus vecinos europeos. El motivo para esto siempre se ha identificado con los grandes flujos de dinero que invirti la
boyante Unin Europea en sus carreteras, trenes, educacin e industria, lo cual es cierto. Cmo tambin es cierto que nunca se dej de hacer nada en Espaa, en esa
poca, por falta de apoyo del sistema bancario internacional. La influencia de los fondos contratados por Borja Bustamante, mi antecesor, mucho tuvieron que ver con
eso.
Tambin ayudamos a nuestros socios y amigos judos, finaliz, pensativamente, para pasar el testigo de su historia a Benaquiel padre.
Por mi parte, no tena que tener una mente privilegiada para llegar a la conclusin de que los frutos del fraude descubierto por el aventajado contable, Felipe
Argensola, encubierto por el propio Fernando el Catlico, y efectuado por Garci con el patrimonio de la Orden de Calatrava a finales del siglo XV, se haban convertido
en una cuenta secreta propietaria de un importante paquete accionarial de PeaceKeepers Inc. En breve conocera cmo se haba llegado a esta situacin, slo tena que
escuchar.
El Estado de Israel: el nico pas que ha estado siempre en guerra desde su fundacin. A veces eran conflictos abiertos y otras ms soterrados, dependiendo de sus
gobernantes. Si eran agresivos, masacraban impunemente a los palestinos y ocupaban sus territorios, si ms pacficos, aceptaban sus propias vctimas, asesinadas por
terroristas palestinos o islamistas. Comprensiblemente su poltica se ha sustentado siempre en un ejrcito altamente profesionalizado, y equipado con la tecnologa
blica ms puntera. Era para tener acceso a sta que se utiliz el podero financiero de la Orden de Calatrava.
Con sus fondos imbricados en el sistema bancario global, desde haca, literalmente, siglos, y cuyo propietario ltimo se desconoca, se empez a cambiar el peso de
sus inversiones, dando preponderancia a las empresas de tecnologa y de armamentos.
La estrategia consista en tomar posiciones accionariales en empresas de relevancia, o cuyos departamentos de investigacin estuviesen desarrollando armamento de
especial inters para el ejrcito israel. Dassault-Mirage en Francia, Westlands en Inglaterra, Saab en Suecia, Fabrique Nationale en Blgica e incluso Lockheed y Boeing
en Estados Unidos, por citar algunas de las empresas y pases que tenan un peso especfico entonces, fueron los blancos de esta estrategia. Pronto recibieron peticiones
por parte de uno de sus principales accionistas, a las que, en mayor o menor grado, accedieron. De esa forma, el ejrcito israel nunca tuvo problemas de suministros
para la reposicin de su armamento, ni para beneficiarse de cualquier avance tecnolgico que precisasen e incorporarlo a sus propios diseos. En pocas palabras, Israel,
gracias al peso financiero de la Orden, se haba convertido en el cliente ms privilegiado del sector armamentstico. La estrategia haba funcionado, concluy Benaquiel.
El resto ya lo conoces.
Israel, por las noticias que llegaban a Al-Andalus, era uno de los pocos enclaves del planeta que posea un ejrcito propio, capaz de enfrentarse al de PeaceKeepers.
No haban bajado la guardia. El vivir all consista en estar en un estado permanente de militarizacin, todas las personas, a partir de los dieciocho aos y hasta los
sesenta y cinco, podan ser llamados a filas. Su servicio militar duraba diez aos, y las posibilidades de que en ese perodo hubiese ms de una campaa eran altas. Era el
precio que pagaban por su libertad que a m se me antojaba demasiado alto. Aparentemente a los Benaquiel tambin, puesto que se haban instalado en Toledo.
Conozco la situacin de Israel, y poco ms, dije, para dirigirme a continuacin a Vicente. Pero todava no s porqu un vejestorio me amenaza con una recortada.
Vicente ignor mi comentario.
A principios de este siglo, la cartera de inversores de la Orden estaba concentrada en el sector armamentstico, despus vino el furor globalizador. No entrar en
demasiados detalles, pero Dassault se fusion con Saab y posteriormente con Lockheed, mientras que Boeing adquiri Westlands y, a su vez, fue adquirida por
SigSauer. Finalmente todos ellos formaron parte del nuevo holding que opera bajo la Marca Global de PeaceKeepers, que tan bien conoces.
Las distintas empresas en las que se haba invertido se haban convertido en una nica.
Por qu no vendisteis las acciones en su momento?, pregunt, y Vicente baj la mirada.
Eran muy rentables, contest por fin. Cada vez que ocurra una operacin financiera, veamos cmo intercambiaban nuestras acciones por las de la sociedad
compradora a valores muy ventajosos. O nos daban dinero, o acaparbamos el mercado de ciertos productos.
Hay que joderse, dije para m, pero lo suficientemente alto para que me oyesen.
Adems podamos seguir influyendo a sus ejecutivos para beneficiar a Israel, se justific.
Algo que nadie ha hecho en los ltimos siete aos, le dije.
sa fue la informacin que te facilit Kenyon. No es as?.
S, pero la buscaba por distintos motivos. Por qu no se ha movido esa cuenta? Por qu no la has utilizado en favor de Al-Andalus?, le pregunt.
Por cobarda, fue su respuesta.
No se molest en recordarme el proceso de debilitacin del Gobierno de Espaa, y de todas las democracias occidentales, a causa de las Marcas Globales. Tampoco
hizo referencia a las revueltas del 2 de mayo de 2038, ni a los mltiples desastres que asolaron a Al-Andalus.
Eran tiempos difciles, fue lo nico que dijo. No haba ni ley ni orden. Vinieron a buscarme para asesinarme. En el caos que reinaba nadie se hubiese dado cuenta
de mi desaparicin.
Quin vino a buscarte?.
Profesionales enviados por PeaceKeepers. Alguien desde su oficinal central habra hecho la misma investigacin que Benaquiel pero al revs. Partiendo de la cuenta
que ostentaba los ttulos de PeaceKeepers haban trazado su composicin original e intentaban averiguar quin la controlaba. El anonimato se mantuvo, pero algn
indicio debieron encontrar que los dirigiese a Toledo.
Para ellos era de vital importancia descubrir la identidad detrs de la cuenta, puesto que su propietario podra incomodar a sus ejecutivos o, incluso, condicionar sus
decisiones, para bien o para mal. Queran saber quin era y controlarlo o, mejor an, hacerlo desaparecer.
Me parece una solucin un tanto dramtica, le dije.
No. Es simplemente prctica. Un accionista vivo puede ejercer su derecho de voto, y los directivos de la empresa viven en la permanente incertidumbre de
desconocer qu decisiones pueda tomar, porque no saben ni quin es. Si muere saben a ciencia cierta que no tomar ninguna decisin, y que si nunca vota, esas acciones
siempre se considerarn que apoyan la mocin del presidente.
Se fueron?.
S. No llegaron a sospechar del conserje del Ayuntamiento, en el que me convert temporalmente para despistarles. Desde entonces, no he podido hacer nada. Para
mover la cuenta tendra que dar mi identificacin unvoca y, aunque supuestamente se mantuviese mi anonimato, tanto t como yo, sabemos que PeaceKeepers tendra
acceso a mi identidad.
An me quedaban tres preguntas por hacerle:
Por qu ahora?.
Porque por primera vez hay un ejrcito preparado para invadir Al-Andalus. Y da la casualidad de que soy el principal accionista de ese puto ejrcito. La irona est
bien, pero el ser invadido por tu propio ejrcito no es algo que se pueda permitir con los brazos cruzados. Algo deba hacer.
Por qu la recortada?, le dije sealando a su arma. Te hubiese escuchado igual sin ella.
No es para llamarte la atencin, me contest. Es para obligarte a ser el nuevo Maestre de la Orden de Calatrava, o al menos el propietario de sus bienes.
Si no lo hago?.
Te volar la cabeza, lo dijo con tanta tranquilidad que le cre.
Generalmente yo me considero un hombre de palabra, pero en aquellas circunstancias estara ms que justificado en seguirle la corriente al viejo bedel armado,
prometindole todo lo que quisiese, y, una vez fuera de su alcance, desdecirme y hacer lo que me diese la gana. Vicente me miraba como si fuese capaz de seguir mi
proceso mental, esperando mi reaccin.
Me tena pillado por los huevos.
En cuanto me diese a conocer, a travs de mi identificacin unvoca, para reemplazar el cdigo numrico antiguo que daba acceso a la cuenta, me habra convertido de
facto en el nuevo Maestre de la Orden de Calatrava. Para PeaceKeepers, Eneko Amboto, alias Bolto, sera su nuevo y principal accionista.
No hara falta que cumpliese ninguna promesa a Vicente. Ya se encargaran, tarde o temprano, de recordarme desde PeaceKeepers las responsabilidades de mi
nombramiento.
Entre ellas se encontraba ser asesinado.
70.
No hizo falta que Vicente me acompaara para obligarme a contactar con la Mente Global bajo la amenaza de rellenarme de perdigones. Acept con toda la dignidad
que pude el hecho de que, al menos intelectualmente, me haba ganado la partida. No sera necesario forzarme fsicamente a hacerme cargo de la cuenta de la Orden de
Calatrava, lo hara voluntariamente, aun a sabiendas de los riesgos que esto conllevaba. Eso fue lo que le dije y, aun siendo cierto, no inclua todos los motivos para mi
aceptacin.
Utilic a Kenyon para contactar con Stirling, en mi nombre, y que ste le devolviese su acceso a la Mente Global. Kenyon cambi el cdigo numrico de la cuenta por
uno de reconocimiento unvoco, que me identificaba como su nuevo titular.
Durante la espera a una reaccin por parte del presidente de PeaceKeepers, lleg Susie maltrecha por su enfrentamiento con el mercenario. Su tiroteo con el
mercenario me facilit una pieza ms del rompecabezas. Sin ser aparente, se trataba de un dato fundamental puesto que, por un lado, serva de nexo de unin entre los
crmenes en serie y el conflicto del agua con las Marcas Globales y, por el otro, marcaba radicalmente, sin ninguna contradiccin, la separacin entre los dos. Sirvi para
centrar mis sospechas en Rdenas y permitirme interrogarle sin distracciones.
71.
Me estaba despertando y, por la luz que se filtraba a travs de los pesados cortinones de fieltro granate, deba estar muy entrada la tarde. No haba dormido en toda
la noche que haba empezado con la clase de historia de Benaquiel, al atardecer y terminando con la confesin de Rdenas. Me senta cansado fsicamente y exhausto
mentalmente despus del desgaste emocional que me haba supuesto ese ltimo enfrentamiento. Haba pedido una habitacin a Lola, enfatizando que la utilizara slo
para descansar. Me qued dormido en un instante.
Saba que tena que levantarme pero me aferraba al nebuloso espacio de tiempo que separa el sueo de la consciencia, donde se dan vueltas a las ideas sin orden ni
concierto. Se abri la puerta en silencio.
Ninguna de las pupilas de Lola era tan bella como Cintia en la acogedora penumbra.
Se acerc a la cama y me cogi de la mano con ternura. Al ver que tena los ojos abiertos fij en ellos su mirada, con tristeza. No reflejaba la ira con la que me haba
golpeado unas horas antes, pero tampoco perdonaba.
Podas haber sido el hombre de mi vida, me susurr, acaricindome el cabello. Me bes en los labios y se incorpor. Se desnud, sin prisas y sin contoneos, a
sabiendas que la natural belleza de su cuerpo los haca innecesarios. Despus se meti debajo de las sbanas conmigo.
Hicimos el amor con el sosiego de dos personas que se conocan desde haca tiempo y que haban sufrido demasiadas emociones juntas. Alejados del desenfreno y la
pasin nos acariciamos, dndonos todo el placer del cario que compartamos.
Ya habamos visto el reflejo de nuestros cuerpos anudados en el espejo que colgaba del techo. Ahora, slo agarrados de la mano, mirando hacia arriba, disfrutbamos
del relajamiento que nos envolva. No era fumador pero echaba en falta un cigarrillo.
sa es una de las ventajas de follar en un burdel, dijo Cintia, sealando el espejo, para romper el hielo. No haba humor en su voz slo lasitud y tristeza.
Supe lo que la nica mujer que me importaba en la vida me iba a decir. No poda cambiar nada, ya la haba perdido.
Esto es un adis, dijo.
Mantuve el silencio.
Te quiero, pero te tienes que alejar de m, continu. Y de Begoa.
No le contest.
Estaba encontrando la paz en Almagro y mi hija creca con toda la felicidad que se merece un nio. Tambin estabas t, y era maravilloso.
Para m tambin lo era, y lo puede seguir siendo, le dije.
No. Trajiste la investigacin de unos asesinatos en serie a mi casa, sin pararte a pensar en las consecuencias. Slo queras aprovecharte de mis conocimientos.
No lo volver a hacer, me excus, en vano.
No seas absurdo, replic. Siempre estars rodeado de violencia, y siempre utilizars los mtodos y a las personas que consideres oportunos. Sin malgastar ni un
pice de tu inteligencia en pensar cmo se puedan ver afectados, o el dao que les puedas causas. Ni yo, ni nadie, te podemos cambiar.
Yo no quera saber si Cintia tena, o no, razn en sus acusaciones. Era responsable de mis actos y no me reprochaba ninguna de mis acciones. Tampoco tena que
explicarlas. Haba hecho lo que honradamente pensaba que tena que hacer.
Destruiste a Laura Rdenas, me dijo. Sabas que estaba al borde de un colapso nervioso y te ensaaste con ella, con crueldad y alevosa. Hubiese sido preferible
haberle pegado un tiro en la cabeza.
No le dije que gracias a ello haba descubierto al psicpata asesino de Pepe Manzano, mi amigo. Slo me contestara que Laura era una vctima ms. Cintia no
aceptara que, en este caso, el fin pudiera haber justificado los medios.
Le puse la yema del dedo en los labios para que dejase de hablar. Quera recordar mis ltimos momentos con ella en la cama de un burdel, y no sus explicaciones para
dejar de verme.
Ni siquiera te has preguntado qu ser de ella, dijo Cintia, ignorando mi gesto. Tampoco saba qu hacer con su hermano Miguel, pero prefer callrmelo.
Intentar conseguir medicacin y la tratar como pueda, sin demasiadas esperanzas. Volver a Almagro de inmediato, para cuidar a Begoa, all intentar encontrarle
alojamiento. Con Laura cerca de m, tendr presente todos los das lo que eres capaz de hacer y, por mucho que te quiera, mantenerte a distancia.
No mereca la pena explicarle que el nico responsable del estado catatnico de Laura era su hermano.
No saba qu decir para despedirme.
Tard en identificar el ruido que nos interrumpi, eran unas pulsaciones mecnicas que se acercaban desde el cielo. No era de extraar que no reconociese su
procedencia de inmediato, ningn helicptero haba sobrevolado Al-Andalus en los ltimos diez aos.
72.
No tena prisa por ver a un helicptero sobrevolando la Ciudad Estado de Toledo y su posterior aterrizaje. No senta la ms mnima curiosidad por saber lo que
estaba ocurriendo. Era del todo predecible, y prefer que fuesen ellos quien me esperasen. Puesto que Kenyon estaba pagando todo, aprovech para ducharme y
afeitarme, impresionado, una vez ms, por la calidad de las instalaciones que La Lola ofreca a sus clientes, sin entrar en servicios ms carnales. Haba agua caliente en
abundancia, o al menos no se termin mientras me duchaba, jabn y toallas limpias, unos lujos poco corrientes en la ciudad. Me vest con el traje remendado por
Benaquiel y comprob el cargador y mecanismo de mi pistola. Se trataba de una buena costumbre, como cepillarme los dientes. Esperaba no tener que utilizarla.
Otra vez a la guerra?, pregunt Cintia, desnuda, desde la cama, pero por su tono no quera decir eso, sino No ves como yo tena razn?.
Ya nos veremos, le dije, enfundando el arma.
O no, se despidi de m, segn abra la puerta para salir.
Recorr los pasillos de la casa en busca de Lola, encontrndome con una rubia medio vestida con un liguero y corpio rojo, que insista en llamarme guapo y guiarme
el ojo, mientras me pellizcaba el lbulo de la oreja. Por fin le hice entender que slo quera ver a su jefa. Me llev a la cocina que haca a la vez de despacho, donde Lola
estaba haciendo complejos clculos en un cuaderno. Levant la mirada y no escondi su enfado al verme.
Te dije que no se poda traer comida de fuera, me rega. Puse cara de no saber a qu se refera.
Te tiraste a la mulata, me culp. Resumir lo que haba transcurrido entre Cintia y yo de aquella manera tan vulgar me ofendi, despus record dnde estaba.
Lo siento pero te tendr que cobrar como si hubieses utilizado los servicios de una seorita.
El negocio es el negocio, pens. Le dije que quera que me prestase unas esposas.
Slo unas esposas? Tambin te puedo dejar un ltigo o una fusta. Incluso tenemos unos correajes de cuero, con tachuelas, que excitan mucho a los clientes.
Slo unas esposas, repet.
Eres un caso curioso, me dijo. No conozco a ningn mirn que tambin sea sado-masoquista.
Me dijo que cargara el coste del alquiler de las esposas a la cuenta de Kenyon, a lo que acced, sin que se me escapase la irona de que, siendo en esos momentos uno
de los hombres ms ricos del planeta, estaba negociando en un burdel el uso y disfrute sexual de un objeto, del que slo quera servirme para lo que haba sido
originalmente diseado.
Entr en la habitacin donde estaba encerrado Miguel Rdenas, quien me recibi con una sonrisa de superioridad. No abr la boca, le cog una mueca y le at con las
esposas a la cabecera de hierro de la cama. Estuve tentado en pegarle una hostia para borrarle la sonrisa de la cara.
No pas a ver a Laura. No era necesario y me sera desagradable.
73.
Sal a la calle donde brillaba el sol plido, sin fuerza, de la tarde en invierno, para encontrarme, de frente, con una muchedumbre excitada, haciendo toda suerte de
comentarios en las distintas jergas que utilizaban entre ellos. Los habitantes de Toledo podan haber reaccionado de muchas formas a la llegada de un helicptero; con
miedo, por pensar que se trataba de una avanzadilla de reconocimiento del ejrcito invasor, con rabia, al ver al enemigo en forma fsica y no como una concepcin
abstracta, o, con una curiosidad. Esta ltima haba sido la reaccin ms generalizada, segn deduca por las conversaciones que escuchaba, aunque tambin se oan
comentarios contrapuestos de indignacin, y de aprobacin, a la conducta del colectivo senegals.
El helicptero aterriz en la explanada del Alczar donde se congreg una multitud de curiosos para ver aquel acontecimiento. Entre ellos se encontraba un grupo de
senegaleses que haban trado la cosecha de sus huertos al Zoco. Sus comunas eran las ms afectadas por la escasez de agua en la zona de Crdoba y el trasvase que se
negociaba con las Marcas Globales, para abastecer a la franja marbell. De manera espontnea empezaron a abuchear a los ocupantes del helicptero y, pasando a la
accin, les lanzaron las frutas y verduras podridas que no haban podido vender. El civismo del resto de los curiosos hizo que las cosas no pasasen a mayores. La
llegada de la doctora Conde, Senescal de la ciudad, para dar la bienvenida a los recin llegados aplac finalmente los nimos. Me hubiese gustado ver el impacto de unos
tomates o unas berenjenas, pasadas de maduras, en la carrocera y cristales del helicptero o, mejor an, a Stirling, presidente de la todopoderosa Marca Global
PeaceKeepers Inc., esquivndolos.
Me dirig hacia el Ayuntamiento, all saba que me estaban esperando. Pas por delante de la Catedral y se me pas por la cabeza entrar all para encender una vela y
rezar. Me iba a hacer falta toda la ayuda posible. Viniese de donde viniese.
Al entrar por el vestbulo del Ayuntamiento vi a Gonzalerra y Kenyon sentados en un banco como dos chicos buenos esperando a sus padres. Vicente, detrs de su
mesa y vestido con un uniforme de bedel nuevo, seguramente confeccionado por Benaquiel padre, se levant, cuadrndose delante de m.
Arque las cejas para preguntarle si haba algn nuevo acontecimiento que debera conocer, l lo neg con la cabeza y se dispuso a guiarme a la sala del Concejo. Con
la mano indiqu a Gonzalerra que nos acompaase.
Era la misma sala donde apenas un mes antes haba sido nombrado Embajador de las Ciudades Estado de Al-Andalus. Si acaso la vista de sus ventanas haba variado
ligeramente, las piedras de las grgolas y frisos de la Catedral no tenan la nitidez que les haba dado la luz del sol de finales de verano sino que estaban ms borrosas,
ms desdibujadas, ms tristes. De los personajes en torno a la mesa de aquella ocasin slo se repetan la doctora Soraya Conde y Juan Guzmn, el Alcalde de Toledo,
el resto de la comitiva de las Ciudades Estado haban sido reemplazados por mis viejos conocidos y representantes de las Marcas Globales: Hans Klein, Paul Belair y
Alex Stirling.
Todos me miraron cuando Vicente abri la puerta de la sala para permitirme el paso, no fue necesario que me presentase. Senta los pasos de Gonzalerra detrs de
m. Ni tom asiento, ni fui educado.
Gonzalerra, orden. Llvate a los seores Belair y Klein a las celdas. Encirralos por separado, hasta que baje a interrogarles.
Hubo un rpido intercambio de miradas entre los all presentes que me demostraron que haba conseguido mi objetivo: causar sorpresa y desconcierto, como en todo
buen ataque.
Procura no maltratarlos, aad.
Para facilitar el cumplimiento de sus instrucciones, Gonzalerra sac el Colt de su cintura, a pesar de su gran tamao pareca de juguete en sus manos.
Belair y Klein hablaban a la vez, dando rienda suelta a su indignacin y amenazndome con todo tipo de repercusiones violentas. Soraya no esconda su perplejidad,
pero ya empezaba a conocerme lo suficiente como para darme el beneficio de la duda y no interrumpir mi actuacin. Juan Guzmn, como era de esperar, ya empezaba a
hacer gestos conciliatorios en busca de una explicacin y una posterior resolucin pacfica. Me gir hacia Alex Stirling, su semblante era inescrutable y nuestras miradas
se cruzaron. Sus ojos no reflejaban nada, y esperaba que l viese el mismo vaco en los mos. ramos dos tahres frente a frente: la partida haba comenzado.
Dej que sus subordinados acabasen de cacarear, y cuando se hizo el silencio, me pregunt por qu quera detenerles.
Por asesinato, intento de asesinato, instigacin al asesinato y encubrimiento de asesinato. Me imagino que esos crmenes tambin estarn reconocidos por las
Marcas Globales.
Espero que lo puedas demostrar.
Lo suficiente. Yo fui su primer objetivo, le dije, tocando el remiendo casi invisible de mi chaqueta, donde se haba alojado la bala de un asesino a sueldo.
No s de qu me ests hablando, interrumpi Klein. Con un gesto brusco de su mano, Stirling le orden guardar silencio.
Contrataron a un profesional. En PeaceKeepers tendris a unos cuantos en nmina, o si no, los contactos suficientes como para subcontratar a un tercero.
No lo puedes demostrar, se defenda Klein.
Espero no poder hacerlo, tengo demasiado respeto a vuestro buen hacer como para estar seguro de que no existir nada que os vincule directamente al asesino.
Entonces reconoces que todo son conjeturas tuyas. Ests loco, dijo Klein, bajo la atenta mirada de su jefe. Me tranquilizaba saber que Klein y Rdenas compartan
la misma opinin sobre mi persona; los dos pensaban que yo no estaba del todo cuerdo.
No son conjeturas. Primero lo intentasteis conmigo y despus conseguisteis asesinar a Luis Pizarro, continu con mis acusaciones.
A se lo mat un psicpata. Le descuartiz vuestro asesino en serie. Incluso os ayudamos en la investigacin, os dimos acceso a nuestros expertos y tecnologa.
Que no sirvi para nada, resum.
Te aseguro, dijo Belair, con una voz temblorosa, que no se escatimaron medios, que no hubo ningn tipo de encubrimiento.
Yo te creo, le contest con sinceridad, lo que, errneamente, le alivi.
Si no se encontr ninguna pista sobre el asesino fue porque no dej ningn tipo de rastro, continu Belair con su justificacin.
Precisamente. No dej nada que pudiera ser detectado utilizando unos mtodos cientficos capaces de identificar hasta la ms mnima partcula.
As es.
De verdad crees que un psicpata de Al-Andalus pudiese cometer un acto tan sangriento sin dejar el ms mnimo rastro?, pregunt tanto a Klein como a Belair.
Os aseguro que no. A Luis Pizarro le asesin un profesional con unas instrucciones muy especficas. Deba asegurarse de que la causa del asesinato no recayese de
ninguna manera sobre las Marcas Globales. Le facilitasteis toda la informacin acerca de las distintas vctimas, algo muy sencillo puesto que ya la habais obtenido al
revisar los dosieres correspondientes que me llegaron de Al-Andalus a Marbella. El cadver deba ser encontrado en un lugar vinculado a la Orden de Calatrava.
Recordad que por entonces todava estbamos siguiendo la pista equivocada de unos posibles sacrificios rituales, el arma utilizada era un cuchillo mellado, tenais fotos
detalladas del tipo de amputaciones que llevaba a cabo. Con esos datos, el asesino recre una escena semejante a las que el psicpata nos tena acostumbrados, y jams
sospecharamos que no hubiese sido l. Slo deba tener cuidado en no dejar ninguna huella que pudiese delatarle. Vosotros mismos me indicasteis cmo era posible
hacerlo al enfundarnos aquellos trajes blancos que nos impedan contaminar la escena del crimen, cuando vuestros forenses la analizaban. El asesino saba lo que haca y
utiliz uno de esos trajes para mantener el lugar impoluto de cualquier partcula que pudiese desprender.
Precisamente esta falta de huellas fue lo que me hizo pensar en un trabajo profesional. Lo que me hizo sospechar de que era un asesinato promovido por las Marcas
Globales, desbaratando el montaje que deseaba indicar todo lo contrario.
No tena ni idea de esto, implor Belair a Stirling. Sera incapaz de montar algo as. Soy un directivo de las oficinas centrales de las Marcas Globales, no sabra
dnde empezar a buscar un mercenario.
Sent una pequea satisfaccin al ver que la relacin entre Belair y Klein empezaba a resquebrajarse, de una manera no muy sutil Belair se quera lavar las manos de
todo ese asunto, cargndole las culpas a Klein. Stirling no se molest en mirarle, esperaba a que yo siguiese hablando.
Tengo que reconocer, sin embargo, que vuestro engao surti efecto al principio. Cre, como todos, que el responsable de la muerte de Pizarro era el asesino en serie,
sin pensar que la carnicera macabra que reconstruyeron vuestros expertos pudiese tener a otro responsable. Tambin conseguisteis desviar mi atencin del verdadero
asesino.
No les dije que le haban ofrecido la coartada perfecta; yo estaba con l cuando mataron a Pizarro.
Sigues sin poder probar nada, repiti Klein. Ningn juez en el mundo, dentro de los territorios de las Marcas Globales o fuera de ellos, sera capaz de condenar a
nadie con la historia que nos cuentas. No est sustentada en ninguna prueba.
Klein tena razn en su comentario, pero se equivocaba al pensar que yo quera llevarle ante un tribunal. No sera necesario. De momento me contentara con que Alex
Stirling, su jefe, creyese mi versin de los hechos o, al menos, los considerase lo suficientemente verosmiles como para poder actuar sobre ellos.
Por desgracia para vosotros, continu con mi tesis, vuestro asesino a sueldo tuvo un percance que no estaba contemplado. Ahora est fuera de combate.
Evit precisar que su cadver estaba sirviendo de comida para los distintos animales carroeros de los Montes de Toledo, no quera que descartasen la idea de que le
haba capturado e interrogado. Quien quiera que le hubiese enviado simplemente habra perdido contacto con l, no tena porqu saber su paradero final.
Su misin en Al-Andalus consista en acompaaros discretamente como proteccin adicional y para que tuvieseis a mano un brazo ejecutor, en caso de necesidad,
les dije. Esta suposicin, por mi parte, no deba alejarse demasiado de la realidad y, encajaba dentro del marco de lo que haba ocurrido. Nadie crey oportuno
desdecirla.
Por desgracia un Hombre bueno, Susie, estaba haciendo algo parecido, ella tambin estaba controlando, desde la distancia, el avance de vuestra comitiva. Vuestro
mercenario se percat de ello, decidi que su presencia le incomodaba y que lo ms expeditivo sera quitrsela de en medio. Fracas.
No entiendo en qu te ayud una refriega, en medio de un pramo, para desencadenar toda una serie de conclusiones descabelladas. Esta vez fue Stirling quien se
dign a hablar, con el agradecimiento visible de sus aclitos.
Porque hasta ese momento no saba quin poda haber sido capaz de matar a Luis Pizarro, exceptuando al asesino en serie. Porque hasta entonces slo poda
sospechar del psicpata, y ya le haba descartado. Era imposible que pudiese ejecutar su crimen de una manera tan perfectamente asptica que no dejase el ms mnimo
rastro de su persona.
De repente s a ciencia cierta que en el momento y en el lugar del asesinato de Pizarro, un experto tirador y profesional de operaciones encubiertas, seguramente
contratado por las Marcas Globales, se encontraba all. Eso sera suficiente para cargarle el muerto, nunca mejor dicho. Pero an hay ms.
S lo que es un asesinato y todo lo que conlleva: lo nico importante es la mentalidad de la persona que aprieta el gatillo. Tambin he aprendido que para seguir con
vida tienes que conocer a tu enemigo y, desde el momento que recib su balazo en Marbella, saba a qu atenerme. Te tienes que meter en su cabeza y pensar como l,
algo relativamente fcil en este caso. Desde su arma, hasta la manera de preparar emboscadas, era patente que su forma de actuar se rega por el sigilo, la necesidad de
mantener su presencia en secreto y una obsesin por el anonimato. No me extraara descubrir que atacase a Susie por este motivo. Sencillamente no quera correr el
riesgo de ser visto por ella y, peor an, identificado. Da igual que utilice un rifle preparado para que no se vea la llamarada del disparo ni de noche, ni se oiga el silbido
de su proyectil, o que su arma sea un cuchillo mellado. Su forma de actuar ser siempre la misma, nunca dejar ningn rastro por donde haya pasado.
A no ser de que se trate de su propio cadver.
Por qu?, les pregunt Soraya. Por qu matasteis a Luis Pizarro?.
Ella, al menos, estaba convencida de mis conclusiones, aunque hubiese sido un detalle por su parte haber mostrado un mnimo inters por el atentado que yo haba
sufrido.
Yo no he matado a nadie. Ni he dado rdenes para hacerlo. Ni s nada de esto, insista dbilmente Belair, cada vez ms hundido en la miseria. No tena ningn
motivo para hacerlo, y tiene razn la doctora, no sabemos por qu fue asesinado.
Por mi culpa, les dije.
En ese caso, no nos culpes a nosotros, replic agresivamente Klein.
Os convenc, con la ayuda del propio Pizarro, que, en caso de ser invadidos haramos inservibles los pantanos de Guadalteba y de El Conde. Marbella se quedara
sin agua en cuanto las tropas de PeaceKeepers hicieran el primer disparo contra Al-Andalus. Ahora os puedo reconocer que la idea era una insensatez, y que as lo
pensaba desde el primer momento en que lo dije. Pero para Luis Pizarro se convirti en una opcin vlida, y preferible a ceder a vuestras presiones. As os lo hizo saber
en las mesas de negociacin, defendiendo su postura con vehemencia, frente a la doctora Conde, como bien sabis por las conversaciones que grababais en nuestro hotel
de Marbella.
La prdida total del suministro de agua era algo que no habais considerado ni en vuestros peores planes de contingencia. Era algo que no podais permitir que
ocurriese y decidisteis impedirlo de la manera ms expeditiva, con la muerte de las personas que lo defendan y que seran capaces de ejecutarlo. La desaparicin de Luis
Pizarro y de un servidor os dejara va libre para seguir negociando con Al-Andalus, dentro de los parmetros que esperabais. Firmasteis nuestra sentencia de muerte,
conclu.
Yo no. Yo no saba nada, Belair estaba perdiendo la compostura. Klein estaba ms acostumbrado al cuerpo a cuerpo e intent hacer una inteligente maniobra de
retirada.
No me sirve. Nada de lo que me has dicho me sirve, negaba con la cabeza. Has utilizado argumentos dignos de la Inquisicin. Tus conclusiones se basan en la falta
de pruebas encontradas en la escena del crimen de Valdepeas. Has echado la culpa del asesinato de Pizarro sobre un supuesto mercenario y, por extensin, sobre
nosotros sin poder demostrar nada. Yo pensaba que dentro de la visin social de la que tanto os vanagloriis en Al-Andalus, el principio de la presuncin de inocencia
estara vigente. Belair y yo somos inocentes hasta que demuestres lo contrario. Es ms yo te dira que, puesto que no hay ningn tipo de rastro, tu argumento es igual
de vlido para demostrar que Luis Pizarro fue vctima del psicpata que estamos persiguiendo, que del asesino a sueldo.
An no se haba dado cuenta de que yo no necesitaba probar nada, que lo nico que tena que hacer era facilitar unos argumentos lo suficientemente slidos para que
Alex Stirling actuase en consecuencia.
No, contest a Klein.
Ests absolutamente seguro de que el psicpata no acab con Pizarro, me dijo con sorna. El cadver mutilado. El lugar donde fue encontrado, con la cruz de
Calatrava de fondo. La posicin de sus brazos, sos son hechos reales que s demuestran su culpabilidad y no la falta de indicios forenses.
Klein mir complacido hacia Stirling, satisfecho por su actuacin. Me inclin hacia l, por encima de la mesa que nos separaba, invadiendo su espacio personal.
No me toques los cojones, le dije mirndole a los ojos. Ni me hables de presuncin de inocencia. Ordenaste que me matasen. Distes instrucciones para que
mutilasen a Luis Pizarro y l s que era inocente, sin presunciones ni leches. Y no. El asesino en serie no es culpable de esa muerte.
Cmo puedes estar tan seguro?. Belair hubiese hecho mejor de haberse callado. Me gir hacia l y le di un puetazo en la cara. No pude golpearle con demasiada
fuerza, pero fue lo suficiente como para que se llevase las manos a la cara y empezase a gimotear.
El asesino de Pedro Antnez, Rosario Verdes, Eulalia Robledo y Pepe Manzano ha confesado sus crmenes. Estaba conmigo y Gonzalerra, aqu presente, cuando
Luis Pizarro era descuartizado.
Alex Stirling movi levemente su labio superior, mostraba su desprecio y se desentenda de sus colegas. l estaba por encima del bien y del mal.
Gonzalerra, llvatelos ya, le orden. Y....
Procurar no maltratarlos, acab la frase por m.
Stirling asinti con la cabeza, dando la venia para que se cumpliesen mis rdenes. Haba considerado oportuno dar su aprobacin a la farsa que yo acababa de
protagonizar.
l saba lo que en verdad haba ocurrido. Ignoraba que yo lo supiese.
74.
Estoy convencido de que, a pesar de este desagradable incidente, seremos capaces de retomar nuestras conversaciones para llegar al buen fin deseado por todos. El
afn de conciliacin del Alcalde de Toledo no tena lmites, lo que le vali una de las ms glidas miradas del repertorio de la doctora Conde.
La sensacin de poder que transmita la presencia de Alex Stirling era independiente del lugar donde se encontraba, o de las personas que le rodeaban. Se haba
quedado solo frente a tres oficiales de Al-Andalus, mejor dicho cuatro si contamos tambin a Vicente, en su propia casa y, an as, era capaz de dictar lo que se deba
hacer, y que siguisemos sus instrucciones. Ignor la mano tendida de Guzmn y pidi a los all presentes que se retirasen.
Quiero un momento a solas con el seor Amboto, les dijo.
La doctora Conde hizo un pequeo amago de rebelda, indicando que todos ellos estaban tan cualificados como yo para mantener esa conversacin, y que cualquier
cosa que quisiese decir lo poda hacer delante de ellos.
No lo creo, respondi secamente Stirling.
Yo tampoco, apoy, al Presidente de PeaceKeepers.
La doctora quiso seguir insistiendo pero, una vez ms, Stirling me hizo ver porqu estaba en la cspide de Marca Global. La desarm con una sonrisa, cambiando el
tono de la conversacin.
No se trata de nada trascendental, le dijo. Pero me tiene que decir quin es su sastre. Te has fijado en el corte de la chaqueta que lleva?.
La vanidad era una debilidad incompresible para la doctora, y ,con un gesto, as nos lo hizo saber. Acept la salida que Stirling le ofreca para dejar la habitacin con
su dignidad intacta, murmurando, cre entender, que los hombres ramos todos unas nenazas.
Si vamos a hablar de mi sastre, ser mejor que se quede Vicente. l fue quien me lo present, dije, indicando a Vicente que se sentase con nosotros.
Stirling accedi a mi peticin, asumiendo que mis buenas razones tendra para que la presencia de un viejo bedel no resultase del todo incongruente en el cara a cara
que bamos a tener.
Con la puerta cerrada, Stirling se ech para atrs en su asiento, desabrochndose el botn del cuello de su camisa y bajando ligeramente el nudo de su corbata. El
comandante en jefe del ejrcito ms poderoso del planeta tena que entrevistarse con uno de sus jvenes oficiales y deseaba que ste se sintiese relajado, al menos sa era
la impresin que me dio.
Yo ni era uno de sus soldados, ni quera sentirme relajado.
Decid empezar nuestra conversacin de forma agresiva, que era exactamente lo que Stirling deseaba que hiciese. Me haba evaluado y supo cul sera mi reaccin ante
su actitud paternalista. Me vino a la mente el consejo de Vicente sobre el arte de torear, y los beneficios de hacer que alguien cumpla tus deseos pensando que haba sido
idea suya, y me sent como un novillo trasteado. No embest, recordando otro dicho igual de cierto: si tienes cogido a alguien por los cojones, su corazn y
pensamientos tambin son tuyos. Esper a que Stirling hablase primero.
Bonito traje, en efecto, dijo, manteniendo su estrategia de distensin.
No tiene nada que envidiar al tuyo, le contest afablemente. Es un bonito pao de entretiempo, pero, yo que t, le dira a tu sastre que no es necesario hacerte la
pechera tan rgida. Tienes los hombros y pecho lo suficientemente fuertes para no necesitarlo y te acartona los movimientos.
Era difcil valorar qu le haba sorprendido ms, si la inconsecuencia de mi respuesta, mi erudicin sobre la confeccin de trajes a medida, o el que su sastre pudiese
ser criticado. No se trataba de una gran victoria por mi parte, pero haba conseguido descentrarle. La conversacin ya no seguira las pautas que l quera marcar.
No estamos aqu para hablar de frivolidades, dijo cortantemente.
T me dirs en qu puedo ayudarte, contest con exagerada cortesa.
Lo sabes de sobra.
Para hablar del futuro inmediato de Klein y Belair, tal vez?.
se no era el tema que Stirling quera tratar y ambos lo sabamos, pero tambin representaba un as en mi mano.
Tendrs que permitir que me los lleve, asever sin ninguna duda. No les puedo dejar aqu, y lo sabes.
El deber ms sagrado de un comandante militar es hacia sus soldados: nunca abandonara a sus heridos en el campo de batalla, y utilizar toda la fuerza a su
disposicin para rescatar a las unidades cadas detrs de las lneas enemigas. No se trata de ningn cdigo de honor sino de una forma de actuar puramente pragmtica;
ningn soldado arriesgara su vida en una misin sabiendo que su jefe no mover un dedo para salvarle, si se encontrase, en apuros. No haca falta que Alex Stirling me lo
explicara.
Eres lo suficientemente inteligente para saber que, por las buenas o por las malas, les sacar de Al-Andalus.
No estaba seguro si Stirling hubiese dado la orden para invadir Al-Andalus por ese motivo, pero no tena ninguna duda que lanzara una misin para rescatar a sus
subordinados, sin mirar el coste ni el impacto que supondra en la cuenta de resultados de PeaceKeepers.
Te he hecho un favor, verdad?, le dije.
A qu te refieres?.
A Klein. Te lo he quitado de encima. Formaba parte del grupo de ejecutivos de PeaceKeepers que, junto con otros directivos de las Marcas Globales, entre los que
sin duda se encuentra Belair, conspiraban para que adelantases tu jubilacin.
No me dices nada nuevo, pero si alguna vez Kenyon cae en mis manos le arrancar la lengua, despus de haberle cortado los cojones. No le haba sido muy difcil
adivinar de dnde vena mi informacin.
A partir de ahora podrs hacer con Klein lo que quieras. O bien le desprestigias por la incompetencia manifiesta que ha demostrado en la crisis del agua de Marbella,
o le haces deberte su eterna gratitud por haberle salvado de las garras de la justicia de Al-Andalus. Haz lo que quieras, le dije, y para mi sorpresa me di cuenta que me
importaba una mierda lo que les pasase a Klein y a Belair.
No quieres que se les castigue?, me pregunt.
Por qu?.
Acabas de acusarles de estar detrs del asesinato de Pizarro y de intentar matarte. Esos crmenes....
De los cuales son inocentes, le interrump, observndole para detectar alguna reaccin en su rostro, que no pude ver.
No te entiendo, respondi.
Hans Klein y Paul Belair son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Yo no puedo demostrar su culpabilidad. Son tan inocentes y tan culpables como t,
porque t tambin podas haber contratado al asesino.
Pensaba que esta explicacin era ms probable que la anterior. No me imaginaba a Belair adentrndose en el proceloso mundo de los crmenes violentos. Ni a Klein
tomando este tipo de decisin por s slo, sin el beneplcito de los otros conspiradores de PeaceKeepers, a los que no haba tenido tiempo de contactar y convencer
antes de que yo recibiese el primer disparo. Alex Stirling, sin embargo, hubiese sido muy capaz tanto de tomar la decisin como de ejecutarla.
Me ests acusando?, pregunt Stirling.
No.
No podras probar nada.
Por eso no te he hecho detener.
Piensas que yo orden que te ejecutasen?.
Estamos en Al-Andalus, tenemos el derecho de pensar lo que queramos.
A qu juegas, Bolto?.
No pretendo que confieses nada, pero de manera terica me gustara saber qu ha estado ocurriendo aqu. Desde el principio.
Como bien has dicho, siempre podrs pensar lo que quieras, tambin me puedes preguntar lo que te d la gana. Yo te contestar, si as lo deseo, y te mentir cuando
me convenga.
No fuiste a Marbella por la crisis del agua, se era un tema demasiado nimio para ti. Por qu estabas all?.
Lo sabes de sobra.
Quiero que t me lo expliques.
Stirling me cont con todo lujo de detalles el trabajo de investigacin que haba llevado a cabo su equipo para descubrir la identidad del accionista independiente de
PeaceKeepers. Haba dedicado a ello a su mejor gente, con todos los recursos que necesitasen, pero se encontraban con la barrera que representaba el cambio del cdigo
numrico al nuevo reconocimiento de segregaciones unvoco. Vicente evitaba cualquier contacto visual con Stirling, puesto que no haban sido capaces de dar con su
identidad no quera que, por un descuido, se empezase a sospechar de l ahora.
Sin embargo siguieron el rastro para descubrir que los ltimos movimientos tuvieron su origen en lo que ahora se ha convertido en Al-Andalus. Tambin encontraron
referencias ms antiguas, en soporte fsico de mediados del siglo pasado, a la Orden de Calatrava, explicaba Stirling. La situacin en la que estaba me iba bien, con un
accionista pasivo sus derechos polticos recaan sobre la presidencia y yo los utilizaba para obtener una representacin superior.
An no me has explicado tu presencia en Marbella, insist.
Sabes de sobra que empezaba a ser cuestionado dentro de las Marcas Globales, y que los tiburones empezaban a oler sangre. Me haca falta el control sobre esas
acciones para asegurar la presidencia y, de repente, me encuentro con otro problema adicional: al parecer estaba en marcha una operacin para invadir Al-Andalus. Ante
una situacin tan extrema, la posibilidad de que el accionista inactivo decidiese cambiar su postura y tomar cartas en el asunto se incrementaba, y se era un riesgo que
no poda correr.
Vicente asenta con la cabeza, olvidndose por un momento de su obsesivo deseo de anonimato.
Me dirig a Marbella para actuar en cuanto se detectara cualquier movimiento por parte de ese accionista. Le encontrara para negociar con l.
O para matarle.
Vicente reaccion a mis palabras con un suspiro, aliviado de que la sangre no hubiese llegado al ro.
Con el beneficiario de las acciones muerto, sabras a ciencia cierta que nadie las utilizara en tu contra, es ms, t las controlaras a efectos de cualquier votacin.
Como respuesta, Stirling se encogi de hombros, sin darme ni quitarme la razn.
Entonces apareciste t, continu Stirling. Eneko Amboto, con su variopinto pasado, embajador de las Ciudades Estado de Al-Andalus y enfrascado en una
compleja investigacin donde, aparentemente, figuraba de manera importante la Orden de Calatrava. En esas circunstancias tena la obligacin de conocerte y te invit a
mi barco.
No me estaba contando nada nuevo.
All apareciste con tu traje nuevo y unos gemelos de oro con la cruz flordelisada de la Orden de Calatrava. Eran demasiadas coincidencias, algo tenas que ver con esa
orden de caballera que a su vez mis investigadores haban relacionado con mi accionista misterioso.
Mir a Vicente y no le tuve que decir nada. l haba influido en mi nombramiento como embajador para que fuese a Marbella. No para que negociase con los
representantes de las Marcas Globales, ni para que utilizase mtodos menos ortodoxos para presionarles. Sino para que fuese su cebo. Quera saber hasta qu punto las
Marcas Globales ocultaban al titular de la cuenta secreta de la orden y el riesgo que conllevara reactivarla. Sutilmente haba ofrecido suficientes pistas a Stirling para que
me identificase a m como al misterioso accionista, a la espera de su reaccin.
A mi derecha estaba sentado Vicente, bedel de la Ciudad Estado de Toledo, que me haba manipulado y utilizado como seuelo, para ver la procedencia de los
disparos. Delante de m estaba sentado Alex Stirling, todopoderoso presidente de PeaceKeepers Inc., quien haba dado rdenes para que disparasen a ese seuelo.
Ninguno de los dos supieron lo cerca que estaban de la muerte en ese instante. Deb sacar la pistola y acabar con esos hijos de puta de dos tiros, all mismo. De lo
contrario saba que quedaran impunes, como as fue.
El tiempo me ha dado la razn, continu Stirling, que no se percat de mi rabia y frustracin, o prefiri ignorarlas. No me sorprendi que fueses t quien,
finalmente, desvelase su identidad a travs de la Mente Global. En cuanto lo supe he venido a verte. Siempre me he vanagloriado en tratar bien a mis accionistas, dijo
con una sonrisa que de buena gana hubiese borrado con un puetazo.
Espero contar con tu apoyo, concluy cnicamente.
Irracionalmente pens que yo, Eneko Amboto, era el ltimo Maestre de la Orden de Calatrava. No tena a una hueste de caballeros armados, mitad monjes mitad
soldados, a quien capitanear en el campo de batalla, pero s era el heredero de su glorioso pasado, del valor que demostraron en las tomas de , y del honor de su sangre
derramada en la desesperada defensa del castillo de Salvatierra. Yo no luchara a lomos un caballo de batalla, con la espada en alto, eso se parecera demasiado a mi forma
de actuar habitual como Hombre Bueno, sino que emulara a Garci, mi antecesor, en la corte de los Reyes Catlicos.
No te apoyar. Tampoco luchar contra ti, como oposicin en la Junta de Accionistas y en el Consejo de Administracin.
Mis palabras tranquilizaron momentneamente a Stirling.
Te destruir, afirm.
Me respondi con una carcajada que quiso subrayar mi impotencia, tratndome como a un iluso desencaminado.
Vender las acciones, le dije. Mi amenaza no detuvo su risa.
Si las vendes a buen precio yo mismo, a alguna institucin amiga, compraremos tu paquete. No tendremos problemas en encontrar la financiacin. Valoraremos tus
acciones justamente y te daremos muchsimo dinero, el suficiente como para comprar todo Marbella y con la calderilla comprar tambin Al-Andalus.
Te he dicho que vender las acciones, pero no te he dicho cmo, le dije, consiguiendo poner fin a su buen humor.
Si se trata de un acontecimiento positivo: compra con el rumor y vende con la noticia. Si es algo negativo: vende con el rumor y compra con la noticia. Eso es lo que
aconsejan los especuladores en bolsa. Van a existir muchos rumores sobre PeaceKeepers y, por desgracia para ti, poseo las suficientes acciones para mover su valor,
dotando de veracidad de esos hechos inciertos. De ser una de las cotizaciones ms estables del mercado, PeaceKeepers se convertir en una de las ms voltiles. Y
sabes por qu podr hacerlo? Porque a diferencia de cualquier especulador, no estar buscando ganar dinero, ni controlar la empresa. Todas las operaciones estarn
enfocadas a generar inseguridad, una inseguridad que pronto se contagiar al resto de los accionistas.
Stirling no dudaba de mis deseos de cumplir mi amenaza pero no me vea capaz de ejecutarla.
No tienes ni idea de lo que dices. Perders una fortuna para nada, te esquilmarn en los mercados.
Tena razn, parcialmente. Stirling ignoraba la inusual relacin que yo mantena con Ibon Ezpeleta con quien, una vez asumida nuestra mutua desconfianza para
ciertos asuntos, poda contar con l para otros. Si su matn, Gonzalerra, era el mejor secuaz para una pelea de taberna, Ezpeleta era igual de efectivo en esferas ms
elevadas. No saba cmo haban acabado sus intrigas para acceder al poder en la Repblica de Euskadi, pero, segn las noticias que llegaban, las cosas no le haban ido
demasiado bien. No dudara ni un instante para gestionar unos fondos, casi ilimitados, con el nico fin de causar caos y confusin en los mercados financieros de las
Marcas Globales en general, y en la cotizacin de PeaceKeepers en particular. Es ms, lo disfrutara.
Es un riesgo que tendr que correr, continu mi conversacin con Stirling. Pero no quisiera estar en tu pellejo como presidente de una compaa donde nadie sabr
qu ocurrir con sus acciones, ni por qu. Te cortarn los huevos.
Eso es ilegal. La manipulacin de los mercados est severamente penalizada por las Marcas Globales. Stirling se estaba poniendo nervioso.
Dennciame. Me encontrars cabalgando en los territorios de Al-Andalus.
Eres un terrorista, me dijo a falta de otra definicin mejor. No era la primera vez que me lo llamaban.
Y t un asesino. No tena nada ms que decirle.
Me gir hacia Vicente.
Le salv la apresurada entrada de Soraya Conde en la sala, la frialdad de su carcter era la nica barrera que le separaba de la histeria.
Eneko. Ven conmigo. Ahora!, exclam. Acompame a la casa de La Lola.
75.
No le ped ninguna explicacin, ni ella la ofreci. Corrimos hombro con hombro por las estrechas calles toledanas, esquivando o empujando a los transentes que se
asustaban o nos insultaban, segn les diese.
Slo pensaba en Cintia.
Llegamos a la puerta del burdel donde se agrupaban unos curiosos para mirar a las chicas, que haban salido a la calle en su ropa de trabajo. Jadeaba despus de la
carrera y vea las cosas a mi alrededor a cmara lenta, percibiendo el ms mnimo detalle. Como si estuviese en medio de una refriega. Las chicas, semidesnudas, se
cubran como podan con lo primero que haban encontrado, una vieja gabardina, un cubrecamas o una toalla. Todas miraban con miedo y, encogidas, se acercaban las
unas a las otras haciendo un grupo cerrado para protegerse. A ninguna de ellas se le ocurri lanzar una fresca, o un improperio, a los mirones.
Sub las escaleras que desembocaban en el vestbulo de la casa de putas. Seguan los mismos grabados erticos en las paredes y el papel recargado de colores, Kenyon
y Lola se abrazaban en el sof. Ella lloraba y l, plido, la consolaba, yendo ms all de una relacin mercantil entre el cliente y su proveedora.
Gonzalerra cerraba el paso a las habitaciones.
Cintia?, le pregunt, jadeando.
Ni puta idea, me contest. Le hubiese besado en los labios por su ignorancia.
Se apart para dejarme pasar, Soraya me sigui. Abr la puerta de la habitacin donde haba dejado esperando a Miguel Rdenas.
La sangre haba salpicado la pared por encima de la cabecera de la cama.
Laura, sentada en la cama, acariciaba en su regazo el pelo de su hermano. La sangre que brotaba de su cuello empapaba su falda. Incongruentemente el brazo de
Miguel apuntaba al techo, sujeto por las esposas. Un cuchillo brillaba rojo y plateado en el suelo.
Laura Rdenas haba degollado a su hermano. Ahora, mirando al infinito, le cantaba una nana.
Gonzalerra se acerc y me puso su pesada mano sobre el hombro, con cario, o como deca:
Sangre que ve la luz se la bebe la tierraVale ms ser muerto desangrado que vivo con ella podrida.
Le mir, perplejo.
No son palabras mas. Son de Federico Garca Lorca.
Gonzalerra no haba perdido su capacidad para sorprender.
Si te ha gustado
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1.
Cercanas de Aranjuez Territorios bajo el control de las ciudades-estado de Al-Andalus 15 de enero de 2046.
Un cadver me oblig a dar un pequeo rodeo mientras cabalgaba hacia mi cita con Gonzalerra en la ciudad fronteriza de Aranjuez. bamos a comprar armas: al
menos eso crean nuestros supuestos vendedores. Esperaba no retrasarme demasiado.
En aquella zona, donde el secarral manchego se convierte en una huerta verde gracias al Tajo, planeaba un buitre solitario que me indicaba el camino. Intentaba
mantener la mente en blanco para no llegar con ningn tipo de idea preconcebida. Una muerte violenta ms, de entre las tantas que haban sufrido los territorios de Al-
Andalus desde los alzamientos del Dos de Mayo de 2038, resultaba casi irrelevante. Pero no lo consegu. Tampoco imaginaba las consecuencias que iba a tener el
descubrimiento de aquel cadver, en primer lugar por el misterio que lo rodeaba, pero sobre todo por cmo me afectara personalmente.
Los dos campesinos me esperaban al borde del camino, en la entrada de aquel terreno a medio arar, con dos bueyes y sus aparejos listos para continuar con su
trabajo. Uno de ellos era castellano, enjuto y con la piel curtida por el fro y el calor. El otro era negro como un tizn, con un cuerpo atltico forjado por la dureza del
campo. Este era el que estaba ms alterado.
Soy Bolto. Un Hombre Bueno, me present. Las maysculas de mi cargo se daban por sobreentendidas. Desde haca una dcada ramos la nica barrera entre la
violencia e inseguridad de una anarqua incontrolada y cualquier atisbo de normalidad social en las grandes extensiones de la desaparecida Espaa al sur del Tajo.
Mientras el campesino castellano hizo un ademn para darme la bienvenida con una mezcla de educacin, respeto y alivio, el atleta de color se me echaba encima
balbuceando:
Es magia negra consigui decir.
No me pareci oportuno hacer un juego de palabras fcil. Esper a que se explicase.
Nadie lo ha podido llevar hasta all. Ha aparecido de la nada dijo sealando el cuerpo en medio del campo.
El otro asinti con la cabeza e hizo una mueca, con la que admita desconocer el origen del cadver, pero negaba magias de cualquier color. Yo ni siquiera me plante
esa posibilidad.
Aun as no era fcil dar una explicacin lgica a lo que estaba viendo.
El cadver se encontraba a unos cien metros, en el centro de un campo a medio arar. No haba ningn rastro de pisadas, ni siquiera de las suyas propias, algo
imposible en aquella tierra suelta, recin arada en surcos rectos y sin alteracin alguna. Por un momento me olvid de que se trataba de alguien que haba estado vivo
unos das antes y adopt un enfoque puramente acadmico. No dejaba de tener su enjundia.
Me volv para mirar el cadver. A esa distancia pareca un hombre corpulento pero de pequea estatura, un enano casi; estaba boca abajo con los brazos en cruz.
No habis visto nada? me poda haber ahorrado la pregunta, los dos negaron con la cabeza. Nada fuera de lo habitual? insist. Algn viajero?
Segua interrogndoles solo para demorar el instante en que tendra que ver el cadver de cerca. Aquellos dos no saban nada ni tenan la imaginacin para aventurar
ninguna idea sobre el suceso.
Entr en el campo con paso firme para poder distinguir las pisadas que iba dejando. Saqu mi Glock de su funda y me asegur de que tena una bala en la recmara.
Era un acto reflejo que me hizo sonrer en mi interior: all no haba ningn peligro aparente. La volv a enfundar.
Intentaba encontrar alguna huella alrededor del cadver. Me convenc de que no las haba y que ni los expertos en analizar escenas de crimen de las Marcas Globales,
con todos sus artilugios tecnolgicos, habran hallado nada. Segn me acercaba vi que mi percepcin inicial de que se trataba de un enano era errnea.
El buitre solitario que me haba indicado el camino estaba ahora acompaado por otros dos. Record lo que me dijeron al poco tiempo de llegar a Al-Andalus; si ves a
un nico buitre se trata de un conejo, si ves a tres o cuatro es una oveja, una manada solo se junta para despiezar a un caballo, una vaca o un hombre.
Esta vez se trataba de un hombre sin piernas. Por la manera en que estaban cosidos los pantalones, tapando sus muones, quedaba claro que la amputacin haba
tenido lugar haca mucho tiempo. Su invalidez no tena relacin con su muerte, nicamente agrandaba el misterio de cmo haba llegado hasta all. Al llegar a su altura me
sobresalt sin motivo aparente y tuve que forzarme para darle la vuelta y ver su cara.
No tendra que preocuparme por identificar al cadver: saba quin era.
Levant el cadver como pude y lo transport torpemente hasta los dos campesinos. Era difcil encontrar un punto de equilibrio para compensar su falta de piernas y
no me senta cmodo manipulando como si fuese un saco a alguien que haba considerado un amigo.
Enterradlo orden a los labriegos sin ms explicaciones. Mi semblante bast para disuadirles de hacer preguntas. Cuando acabaron de cavar una fosa lo
suficientemente profunda como para proteger al cadver de los animales carroeros, estaban sudorosos. Me miraron esperando las siguientes instrucciones. Yo les
apuntaba con mi arma.
Debieron pensar que les haba hecho cavar su propia tumba y que donde cabe un cadver, caben tres. Eso era exactamente lo que quera que pensasen.
Nadie debe saber nada de lo que ha ocurrido aqu les advert. Los dos asintieron pero cre oportuno subrayarlo. La mejor forma de asegurarme es pegaros un tiro
y enterraros aqu mismo. Tragaron saliva a la espera de una opcin menos drstica. Este hombre muri de causas naturales mientras paseaba por el campo y yo di
permiso para sepultarlo.
Optaron por la prudencia, no cuestionaron las incongruencias que les obligaba a aceptar. Tena dos piernas y fue andando hasta el centro del campo, como podis
ver les dije sealando las huellas que haba dejado yo. Este asunto est cerrado y no volveris a hablar de l. A nadie, nunca. O me arrepentir de haberos dejado con
vida.
Les o suspirar aliviados cuando enfund la Glock.
El asesinato de Koldo Arrieta era un problema mo y solo mo. Record cmo le pas la mano por el pelo rapado la ltima vez que le haba visto manejando su silla de
ruedas en el pequeo taller de informtica de Barakaldo, en la Repblica Independiente de Euskadi. Mientras cubran su cuerpo con la tierra pedregosa de La Mancha
mantuve una expresin impasible, ya tendra tiempo de llorar en mi solitaria cabalgata hacia Aranjuez, a solas con mis recuerdos. Saba que no podra evitar revivir
aquellos desesperados momentos en los alrededores del museo Guggenheim haca ya diez aos.
2.
Bilbao 1 de octubre de 2035.
El soldado de PeaceMakers Inc. levant el visor de su casco, sac su pistola y dispar a la cabeza del hombre que estaba tendido en el suelo. Su compaero utiliz la
punta de su bota para dar la vuelta al cuerpo inerte del escolta vestido de negro y descubrir su pecho y estmago destrozados por una metralla de cristales, y despus
comprob que la joven que yaca a su lado, todava empuando su metralleta, estaba igualmente muerta. Yo solo vea, haba perdido el sentido del odo despus de la
explosin y a pesar de mis esfuerzos por moverme pareca hacerlo a cmara lenta, como si estuviese inmerso en una materia viscosa e invisible. Me aferraba a mi vieja
Star como a un salvavidas, pero era incapaz de levantarla, sencillamente pesaba demasiado.
El soldado del visor levantado avanz un paso para ponerse encima de Koldo, que gema dbilmente; sus piernas estaban cubiertas de sangre y componan unos
ngulos inverosmiles, pareca que solo se mantenan unidas a su cuerpo gracias a los andrajos en los que se haban convertido sus pantalones. El soldado pis la pierna
de Koldo y vi su desgarrador grito de dolor que no poda or, despus dirigi la pistola a su cabeza.
Lo ms triste de aquella escaramuza es que haba sido un accidente, ni nosotros estbamos interesados en aquel pelotn de soldados ni ellos deseaban especficamente
nuestra destruccin. Se haban apostado detrs de unos contenedores de basura con un misil antitanque y al vernos cruzar la calle decidieron malgastar su municin
disparando contra nosotros. A pesar de su velocidad vimos, o quiz sentimos, su estela y cmo se estrellaba contra el escaparate del nico concesionario de automviles
de la ciudad para explotar en su interior. Los cristales, rotos en mil pedazos, volaron como cuchillos en direccin al cmara y los dos escoltas, que quedaron
destrozados. Gorka y yo estbamos cubriendo la retaguardia, a suficiente distancia de ellos para que solo nos afectase la onda expansiva. A Koldo, entre tanto, los
cristales le haban segado las piernas. Dos de los soldados de aquel pelotn se acercaron para rematar a los supervivientes. Para rematarnos.
Estas muertes no dejaban de ser un pequeo drama dentro del caos y la destruccin que tenan lugar a nuestro alrededor, pero en aquel momento no poda ser tan
objetivo. De hecho, no poda ser objetivo en absoluto. Mi vida dependa de ello.
No llegu a or el disparo que parti detrs de m. Un medalln rojo apareci en la frente del soldado y cay de espaldas sin llegar a rematar a Koldo. Su compaero se
gir, apunt su fusil por encima de mi cabeza y, sin que le diera tiempo a abrir fuego, recibi dos impactos de bala en su visor, que ni tan siquiera se resquebraj, apenas
le hicieron retroceder dos pasos. Encaj los siguientes tiros por todo su cuerpo y solo se tambale sin llegar a caerse, la proteccin antibalas de su traje de combate
resisti a la penetracin de los proyectiles de un arma de pequeo calibre. El chasquido metlico de una pistola que se dispara con un cargador vaco es para m, por
encima de cualquier otro, el sonido de la impotencia.
Aquel soldado finalmente apunt su arma y dispar. Su rfaga alcanz a Gorka Zelaia en pleno pecho.
La adrenalina generada por la rabia y el pnico que me invadi en aquel instante me hicieron sentir el peso de la pistola en mi mano como si formase parte de mi
cuerpo. Pero el soldado no correra ms riesgos, se limitara a asegurarse de mi muerte.
En cualquier caso, de poco me servira dispararle. En mi estado de aturdimiento le vea como un superhroe de los cmics de mi infancia, su armadura de material
orgnico de ltima generacin le haca invulnerable a una pattica pistola. Solamente el calibre ms pesado de los rifles de asalto conseguira daarle a una distancia
relativamente corta. Era como una especie de Aquiles moderno sin necesidad de haberse baado en la laguna Estigia. Inmediatamente supe cmo iba a acabar con aquel
hijo de puta.
Apenas sin moverme, apunt a sus botas. No llegu a vaciar el cargador, la Star se me encasquillo al sexto disparo, pero a esa distancia y a pesar de mi lamentable
estado creo que no fall ningn tiro: tres balas en el pie izquierdo y otras tres en el derecho. Se arrodill a causa del dolor y, olvidndose de su arma, perdi el
conocimiento casi de inmediato. Me imagino que algn da alguien descubrir un sustituto para el calzado con la flexibilidad y comodidad del cuero y que adems resista
a los impactos de bala. Hasta entonces las botas de los soldados de las Marcas Globales sern su taln de Aquiles. Creo que ha sido la nica vez que mis conocimientos
de mitologa griega me han servido para algo: para seguir con vida.
Lanc la Star encasquillada al otro extremo de la calle y me hice con la pistola del primer soldado, una Glock. Comprob el cargador, cog toda la municin del cadver,
le quit la parte superior de su traje antibalas y me lo puse. Quera estar listo para la siguiente refriega.
Me acerqu a Gorka y vi que segua con vida, respirando a duras penas, con su traje y corbata cubiertos de sangre: le levant la cabeza y la apoy en mi regazo. No
tena fuerzas para decir nada. Aparte del lejano ruido de los combates, solo escuchaba los dbiles gemidos de Koldo a unos pasos de distancia y o, de repente, cmo
alguien pisaba sobre los cristales rotos del escaparate, me gir, le encaon y a punto estuve de disparar a un joven larguirucho, desgarbado e imberbe con las manos en
alto.
Bolto? me llam inseguro.
Quin coo eres? No haba dejado de apuntarle.
Gonzlez, Javier Gonzlez contest no s si con timidez o aterrorizado por la escena que acababa de presenciar.
Qu quieres?
Me han ordenado que me acompaes al puesto de mando.
Olvdate de tus rdenes y aydame.
Desobedecer rdenes no entraba en su esquema mental. Sali corriendo y yo no tuve fuerzas para gritar que se detuviese, as que hice un disparo en su direccin.
Fren en seco y le indiqu que regresase.
Coge a ese herido le exig sealando a Koldo.
Pero mis rdenes...
Tus rdenes ahora son recoger a ese herido- reforc mis palabras con la pistola.
Gonzlez logr llevar a Koldo hasta una ambulancia y le ingresaron en el hospital. Consiguieron salvarle la vida pero no sus piernas.
3.
Cercanas de Aranjuez Territorios bajo el control de las ciudades-estado de Al-Andalus 15 de enero de 2046.
No necesitaba concentrarme para controlar mi montura, dejaba que me llevase a su ritmo en direccin a Aranjuez mientras me suma en mis recuerdos. Ms all de los
campos marrones y ocres del invierno reviva como en una proyeccin aquellos momentos sangrientos, cuando pareca que luchbamos por algo ms importante que
nuestras propias vidas.
El nombre de Koldo Arrieta nunca figurar en el monumento de granito que conmemora a los Cados en la Batalla del Guggenheim, al fondo del cementerio de Derio.
En l consta una fecha, el 1 de octubre de 2035, que se aprende de memoria en todas las ikastolas como el da en que la Repblica Independiente de Euskadi gan su
lugar en el mundo. Koldo Arrieta simplemente yacera en un agujero olvidado. No s si le importara, al final se lo acabaran comiendo los gusanos, como a todos. Yo le
haba salvado la vida en aquel tiroteo, tambin era el responsable de que perdiera sus piernas, pero los dos habamos aprendido a vivir con esa extraa mezcla de
agradecimiento y culpabilidad.
Le vi por ltima vez haca un ao, en mi visita a la Repblica Independiente de Euskadi, y una vez ms recurr a l para que me ayudase con su generosidad habitual.
Aplic el sonido que emita un silbato para perros, imperceptible al odo humano, para fabricarme un amplificador que los asustara. Tcnicamente debi ser una
tontera para l pero su aparato me salv la vida, otro favor que le deba. Sonre al recordar que no le ped que me devolviese aquel silbato de plata que haba pertenecido
a mi familia durante generaciones, quiz fue mi forma de darle las gracias.
La vista de las torres del Palacio de Aranjuez y el verde de los jardines me hicieron volver a un presente en el que Koldo haba sido asesinado. No estaba seguro de
cmo haba ido a parar su cuerpo a aquel campo inhspito, aunque empezaba a tener algunas ideas. Desde luego ignoraba por completo cules haban sido los mviles
pero saba que tenan algo que ver conmigo. Una vez ms era responsable de la muerte de un amigo y el cuerpo me peda venganza; sin embargo, era lo suficientemente
maduro, o as lo crea, para sobreponerme a esos sentimientos.
Deba descubrir a sus asesinos por mi propia supervivencia.
2012, Daniel Bilbao
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Portada
Sobre la novela y el autor
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