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Lección Inaugural-Roland Barthes

El documento resume tres fuerzas de la literatura según Roland Barthes: 1) La literatura toma diversos saberes y los organiza de manera indirecta a través de la ficción; 2) Representa lo real aunque sea imposible, generando diferentes formas de lenguaje para reducir la inadecuación entre lenguaje y realidad; 3) Tiene una función utópica al imaginar nuevas posibilidades lingüísticas como hicieron autores modernos.

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Lección Inaugural-Roland Barthes

El documento resume tres fuerzas de la literatura según Roland Barthes: 1) La literatura toma diversos saberes y los organiza de manera indirecta a través de la ficción; 2) Representa lo real aunque sea imposible, generando diferentes formas de lenguaje para reducir la inadecuación entre lenguaje y realidad; 3) Tiene una función utópica al imaginar nuevas posibilidades lingüísticas como hicieron autores modernos.

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Leccin inaugural- Roland Barthes-Pgina 1 de 4

"Leccin inaugural"
(fragmento)
Roland Barthes
Entiendo por literatura no un cuerpo o una serie de obras, ni siquiera un sector de
comercio o de enseanza, sino la grafa compleja de las marcas de una prctica, la
prctica de escribir. Veo entonces en ella esencialmente al teto, es decir, al tejido
de significantes que constitu!e la obra, puesto que el teto es afloramiento mismo
de la lengua, ! que es dentro de la lengua donde la lengua debe ser combatida,
descarriada" no por el mensaje del cual es instrumento, sino por el juego de las
palabras cu!o teatro constitu!e. #uedo entonces decir indiferentemente" literatura,
escritura o teto. $as fuerzas de libertad que se hallan en la literatura no dependen
de la persona ci%il, del compromiso poltico del escritor, que despu&s de todo no es
ms que un 'seor' entre otros, ni inclusi%e del contenido doctrinario de su obra,
sino del trabajo de desplazamiento que ejerce sobre la lengua" desde este punto de
%ista, (&line es tan importante como )ugo, (hateaubriand o *ola. $o que aqu trato
de sealar es una responsabilidad de la forma+ pero esta responsabilidad no puede
e%aluarse en t&rminos ideol,gicos+ por ello las ciencias de la ideologa siempre han
gra%itado tan escasamente sobre ella. -e estas fuerzas de la literatura quiero
indicar tres, que ordenar& bajo tres conceptos griegos" Mathesis, Mmesis,
Semiosis.
$a literatura toma a su cargo muchos saberes. En una no%ela como Robinson
(rusoe eiste un saber hist,rico, geogrfico, social .colonial/, t&cnico, botnico,
antropol,gico .Robinson pasa de la naturaleza a la cultura/. 0i por no s& qu& eceso
de socialismo o de barbarie todas nuestras disciplinas menos una debieran ser
epulsadas de la enseanza, es la disciplina literaria la que debera ser sal%ada,
porque todas las ciencias estn presentes en el monumento literario. #or esto
puede decirse que la literatura, cualesquiera fueren las escuelas en cu!o nombre se
declare, es absoluta ! categ,ricamente realista" ella es la realidad o sea, el
resplandor mismo de lo real. Empero, ! en esto es %erdaderamente enciclop&dica,
la literatura hace girar los saberes, ella no fija ni fetichiza a ninguno+ les otorga un
lugar indirecto, ! este indirecto es precioso. #or un lado, permite designar unos
saberes posibles insospechados, incumplidos" la literatura trabaja en los intersticios
de la ciencia, siempre retrasada o adelantada con respecto a ella, semejante a la
piedra de Bolonia, que irradia por la noche lo que ha almacenado durante el da, !
mediante este fulgor indirecto ilumina al nue%o da que llega. $a ciencia es basta, la
%ida es sutil, ! para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura. #or otro
lado, el saber que ella mo%iliza jams es ni completo ni final+ la literatura no dice
que sepa algo, sino que sabe de algo, o mejor a1n" que ella les sabe algo,
que les sabe mucho sobre los hombres. $o que conoce de los hombres es lo que
podra llamarse la gran argamasa del lenguaje, que ellos trabajan ! que los
trabaja, !a sea que reproduzca la di%ersidad de sociolectos, o bien que a partir de
esta di%ersidad, cu!o desgarramiento eperimenta, imagine ! trate elaborar un
lenguaje lmite que constituira su grado cero. En la medida en que pone en escena
al lenguaje en lugar de, simplemente, utilizarlo, engrana el saber en la rueda de la
reflei%idad infinita" a tra%&s de la escritura, el saber refleiona sin cesar sobre el
saber seg1n un discurso que !a no es epistemol,gico sino dramtico.
Resulta de buen tono en la actualidad impugnar la oposici,n entre las ciencias ! las
letras en la medida en que unas relaciones cada %ez ms numerosas 2!a sea de
modelo o de metodo3 %inculan a estas dos regiones ! borran a menudo sus
fronteras, ! es posible que esta oposici,n aparezca un da como un" mito hist,rico.
#ero desde la perspecti%a del lenguaje 2que aqu es la nuestra, esta oposici,n es
pertinente+ por lo dems, lo que ella pone de relie%e no es forzosamente lo real ! la
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fantasa, la objeti%idad ! la subjeti%idad, lo Verdadero ! lo Bello, sino solamente,
unos diferentes lugares de la palabra. 0eg1n el discurso de la ciencia 3o seg1n un
cierto discurso de la ciencia3 el saber es un enunciado+ en la escritura, es una
enunciaci,n. El enunciado, objeto ordinario de la ling4stica, es dado como el pro3
ducto de una ausencia del enunciador. $a enunciaci,n, a su %ez, al eponer el lugar
! la energa del sujeto, es decir, su carencia .que no es su ausencia/ apunta a lo
real mismo del lenguaje+ reconoce que el lenguaje es un inmenso halo de implica3
ciones, efectos, resonancias, %ueltas, re%ueltas, contenciones+ asume la tarea
dehacer escuchar a un sujeto a la %ez insistente e irreparable, desconocido ! sin
embargo reconocido seg1n una inquietante familiaridad" las palabras !a no son
concebidas ilusoriamente como simples instrumentos, sino lanzadas como pro!ec3
ciones, eplosiones, %ibraciones, maquinaras, sabores+ la escritura con%ierte al
saber en una fiesta.
El paradigma que aqu propongo no sigue la di%isi,n de las funciones+ no trata de
poner de un lado a los sabios, a los in%estigadores, ! del otro a los escritores, los
ensa!istas" sugiere por el contrario que la escritura se encuentra doquier las
palabras tienen sabor (saber y sabor tienen en latn la misma etimologa/.
(urnons5i deca que en materia de cocina es preciso que 'las cosas tengan el sabor
de lo que son'. En el orden del saber, para que las cosas se con%iertan en los que
son, lo que han sido, hace falta este ingrediente" la sal de las palabras. Este gusto
de las palabras es lo que torna profundo ! fecundo al saber. 0& por ejemplo que
muchas de las proposiciones de 6ichelet son recusadas por la ciencia hist,rica, pero
ello no impide que 6ichelet ha!a fundado algo as como la etnologa de 7rancia, !
que cada %ez que un historiador desplace el saber hist,rico, en el sentido ms lato
del t&rmino ! cualquiera que fuera su objeto, encontremos en &l simplemente una
escritura.
$a segunda fuerza de la literatura es su fuerza de representaci,n. -esde la
antig4edad hasta los intentos de la %anguardia, la literatura se afana por
representar algo. 89u&: ;o dira brutalmente" lo real. $o real no es representable, !
es debido a que los hombres quieren sin cesar representarlo mediante palabras que
eiste una historia de la literatura. 9ue lo real no sea representable sino solamente
demostrable puede ser, dicho de di%ersas maneras" !a sea que con $acan se lo
defina como lo imposible, lo que no puede alcanzarse ! escapa al discurso, o bien
que, en t&rminos topol,gicos, se %erifique que no se puede hacer coincidir un orden
pluridimensional .lo real/ con un orden unidimensional .el lenguaje/. <hora bien" es
precisamente a esta imposibilidad topol,gica a la que la literatura no quiere, nunca
quiere someterse. $os hombres no se resignan a esa falta de paralelismo entre lo
real ! el lenguaje, ! es este rechazo, posiblemente tan %iejo como el lenguaje
mismo, el que produce, en una agitaci,n incesante, la literatura. #odra imaginarse
una historia de la literatura o, para decirlo mejor, de las producciones de lenguaje,
que fuera la historia de los epedientes %erbales, a menudo mu! locos, que los
hombres han utilizado para reducir, domear, negar o por el contrario asumir que
siempre es un delirio, a saber, la inadecuaci,n fundamental del lenguaje ! de lo
real. -eca hace un instante, a prop,sito del saber, que la literatura es
categ,ricamente realista en la medida en que s,lo tiene a lo real como objeto de
deseo+ ! dira ahora, sin contradecirme puesto que empleo aqu la palabra en su
acepci,n familiar, que tambi&n es obstinadamente irrealista" cree sensato el deseo
de lo imposible.
Esta funci,n, posiblemente per%ersa ! por ende dichosa, tiene un nombre" es la
funci,n ut,pica. <qu nos reencontramos con la historia. ;a que fue en la segunda
mitad del siglo i, en uno de los perodos ms desolados de la desdicha capitalista,
cuando la literatura encontr, con 6allarm&3 al menos para nosotros, los franceses3
su figura eacta.. $a modernidad nuestra modernidad, que entonces comienza
puede definirse por ese hecho nue%o" que en ella se conciban utopas de lenguaje.
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=inguna 'historia de la literatura' .si es que a1n deban escribirse/ podra ser justa
si se contentara como en el pasado con encadenar las escuelas sin marcar el corte
que entonces pone al desnudo un nue%o profetismo" el de la escritura. '(ambiar la
lengua> epresi,n mallarmeana, es concomitante con '(ambiar el mundo',
epresi,n marista" eiste una escucha poltica de 6allarm& de los que lo siguieron
! a1n lo siguen.
-e all se deri%a una cierta &tica del lenguaje literario, que debe ser afirmada dado
que est siendo impugnada. 0e le reprocha a menudo al escritor, al intelectual, no
escribir la lengua de 'todo el mundo'. #ero es bueno que los hombres, dentro de un
mismo idioma el franc&s para nosotros, tengan %arias lenguas. 0i !o fuese
legislador suposici,n aberrante para alguien que, etimol,gicamente hablando, es
?anarquista>, lejos de imponer una unificaci,n del franc&s, sea burguesa o popular,
alentara por el contrario el aprendizaje simultneo de di%ersas lenguas francesas,
de funciones diferentes, igualmente promo%idas. -ante discute mu! seriamente
para decidir en qu& lengua escribir el (on%i%io" 8en latn o en toscano: =o es en
absoluto por razones polticas o pol&micas por las que eligi, la lengua %ulgar, sino al
considerar la apropiaci,n de una ! otra lengua a su materia" ambas lenguas como
para nosotros el franc&s clsico ! el moderno, el franc&s escrito ! el hablado
constitu!en as una reser%a en la cual se siente libre de abre%ar segn la verdad del
deseo. Esta libertad es un lujo que toda sociedad debera procurar a sus
ciudadanos" que ha!a tantos lenguajes como deseos+ proposici,n ut,pica puesto
que ninguna sociedad esta toda%a dispuesta a aceptar que eistan di%ersos deseos.
9ue una lengua, la que fuere, no reprima a otra+ que el sujeto por %enir conozca
sin remordimientos, sin represiones, el goce de tener a su disposici,n dos
instancias de lenguaje, que hable una u otra seg1n las per%ersiones ! no seg1n la
$e!.
$a utopa, ciertamente, no preser%a del poder" la utopa de la lengua es recuperada
como lengua de la utopa, que es un g&nero como cualquier otro. #uede decirse que
ninguno de los escritores que emprendieron un combate sumamente solitario
contra el poder de la lengua pudieron e%itar ser recuperados por &l, !a sea en la
forma p,stuma de una inscripci,n en la cultura oficial, o bien en la forma presente
de una moda que impone su imagen ! le prescribe conformarse a lo que de &l se
espera. =o resta otra salida para este autor que la de desplazarse u obcecarse, o
ambas a la %ez.
@bcecarse significa afirmar lo Arreductible de la literatura" lo que en ella resiste !
sobre%i%e a los discursos tipificados que la rodean las filosofas, las ciencias, las
psicologas, actuar como s ella fuere incomparable e inmortal. Bn escritor ! !o
entiendo por tal no al soporte de una funci,n ni al sir%iente de un arte, sino al
sujeto de una prctica3 debe tener la obcecaci,n del %iga que se encuentra en el
entrecruzamiento de todos los dems discursos, en posici,n tri%ial con respecto a la
pureza de las doctrinas (trivialis es el atributo etimol,gico de la prostituta que
aguarda en la intersecci,n de tres %as/. @bcecarse quiere decir en suma mantener
hacia todo ! contra todo la fuerza de una deri%a ! de una espera. ; precisamente
porque se obceca es que la escritura es arrastrada a desplazarse. #uesto que el
poder se aduea del goce de escribir como se aduea de todo goce, para
manipularlo ! tornarlo en un producto gregario, no per%erso, del mismo modo que
se apodera del producto gen&tico del goce amoroso para producir, en su pro%echo,
soldados ! militantes. Desplazarse puede significar entonces colocarse all donde no
se los espera o, toda%a ! ms radicalmente, abjurar de lo que se ha escrito .pero
no forzosamente de lo que se ha pensado/ cuando el poder gregario lo utiliza ! lo
ser%iliza. #asolini fue as conducido a 'abjurar' .la palabra es su!a/ de sus tres
filmes de la riloga de la %ida porque comprob, que el poder los utilizaba, sin no
obstante arrepentirse de haberlos escrito" ?#ienso dice en un teto p,stumo que
antes de la acci,n no se debe nunca, en ning1n caso, temer una anei,n por parte
Leccin inaugural- Roland Barthes-Pgina 4 de 4
del poder ! de su cultura. Es preciso comportarse como si esta riesgosa
e%entualidad no eistiera... #ero pienso igualmente que despu!s es menester
percibir hasta qu& punto se ha sido utilizado, e%entualmente, por el poder. ;
entonces, si nuestra sinceridad o nuestra necesidad han sido sometidas o
manipuladas, pienso que es absolutamente necesario tener el coraje de abjurar.'
@bcecarse ! desplazarse pertenecen en suma ! simultneamente a un m&todo de
juego. <s no ha! que sorprenderse si, en el horizonte imposible de la anarqua del
lenguaje all donde la lengua intenta escapar a su propio poder, a su propio
ser%ilismo, se encuentra algo que guarda relaci,n con el teatro. #ara designar lo
imposible de la lengua he citado a dos autores" Cier5egaard ! =ietzsche. 0in
embargo, ambos han escrito, pero los dos lo hicieron en el re%erso mismo de la
identidad, en el juego, en el riesgo etra%iado del nombre propio" uno mediante el
recurso incesante a la seudonimia, el otro colocndose, hacia el fin de su %ida de
escritura como lo ha mostrado Closso%s5i, en los lmites del histrionismo. #uede
decirse que la tercera fuerza de la literatura, su fuerza propiamente semi,tica,
reside en actuar los signos en %ez de destruirlos, en meterlos en una maquinaria de
lenguaje cu!os muelles ! seguros han saltado+ en resumen, en instituir, en el seno
mismo de la lengua ser%il, una %erdadera heteronimia de las cosas.
Texto extrado de "El lacer del texto" ! "Leccin inaugural"" R# Barth$s"
Pgs# 122%132" ed# &iglo ''(" Buenos )ires" )rgentina" 2**3#
Edicin original+ ed# ,u &euil" Pars" 1-.3#
&eleccin+ /#0#
1uente+ 2on-3ersiones dicie45re 2**3

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