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Qurelacinviva podemosestablecerhoyconlateoracrtica?Esta
preguntaresultamsgenerosayciertamentems fecundaque interro-
garsesobre"quesloquepermanecevivoyquhamuertoenla teora
crtica". Los queplanteen la pregunta ~ estaformapuedencompa-
rarse a un cinuano que palpa un cuerpo para ver lo quc merece ser
salvado. Encambio,lapreguntatalcomolafrmulamos partedenoso-
tros, de los interesesde la razn queson los nuestros, es lade nuestra
relacinpresenteconlaemancipacin. Enefecto,sloenlamedidaen
queperseveremosenhacernuestralacuestindelaemancipacinpo-
dremos tambin instaurarun lazo con la teoracrtica.
Pero cmo aprehendereste hoy? Alcanzara quizs con ddinirlo
como renovacin de la filosofa poltica? Ysi as fuera, qu relacin
construirconla teoracrticaeneste ,mbito? En todo caso, es necesa-
riosaberdequrenovacinsetrata,Estamosenpresenciadeunretor-
no a la filosofa poltica, es decir de la restauracin de unadisciplina
acadmica, o, lo que es por completo diferente, de un retorno de lo
poltico? Para quienes sostienen la primera hiptesis, se trata de un
movimientointernodelahistoriadelafilosofa, aunsi tomanencuen-
"" ta o creen tener en cuenta lo que ellos llaman pdicamente "las cir-
, ,
1
cunstancias". Luegodel eclipse m,s o menosenigmticodelafilosofa
poltica,se estarainiciandoun retornoaestadisciplinaabandonaday,
",A'
paralelamente. una rehabilitacin del derecho yde la filosofa moral.
1
t Completamente distinto es el retorno de lo poltico. En el momento
~
f
delderrumbedelasdominacionestotalitarias,lopolticovuelveaemer-
ger. No se trata del intrprete que eligi retomar un discurso
provisoriamen tedejadodeladoparavolverloa lavida,sinoquesonlas
cosas polticas mismas las que irrumpen en el presente, saliendo del
olvido que las afcctabao poniendo trmino a los intentosde hacerlas
desaparecer. Es preciso noconfundirdos situacionesporcompletodi-
ferentes ya que puede pensarse que el retorno a la filosofa poltica
quiz tengael efectoparadjicodedesviarlo polticohastaocultarlo,
lo que paraalgunos no haramsque repetir la tendenciapropiade
23
MIGUEL ABE'.;SOIIlZ
la filosofa poltica y su tradicin. Ya Feuerbach, en 1842, en Neresidad
de una reforma de lafilo,mftn invita a distinguir entre dos tipos de reforma:
una filosofa surgida del mismo fondo histrico que sus predecesoras, o
una filosofa que emerja de una nueva era dc la historia humana. "Una
cosa es la filosofa que no es ms que el fruto de la necesidad filosfica;
otra cosa muy distinta es una filosofa que responde a una necesidad de
la humanidad"l. Debemos aprender a distinguir, entonces, en los tr-
minos de la renovacin de la filosofa poltica, en tre el despertar de
una simple disciplina acadmica que reaparecc como si nada hubiera
pasado y la manifestacin postotalitaria de la necesidad de la poltica.
Entendmonos, el redescubrimiento de lo poltico, despus que la do-
minacin totalitaria intent anular o borrar para siempre la dimensin
poltica de la condicin humana, es producto de una neccsidad de la
humanidad. Y si se nos pide que citemos una cosa poltica que retorna,
podemos hablar del retorno de la cucstin poltica misma, o del resur-
gimiento de la distincin entre poltico libre y despotismo, o
bien la pregunta que Spinoza retoma de La Botie: "por qu los hom-
bres luchan por su servidumbre como si se tratara de su salvacin?".
Si se miden bien los efectos, esta distincin en cuanto a la
cin de la renovacin de la filosofa poltica no es indiferente. Parece
que si slo designa la restauracin ele una disciplina acadmica, esta
renovacin implica al menos un desinters por la teora crtica, cuando
no una franca oposicin. A decir verdad, parece que estos "nuevos fil-
sofos" de la poltica se proponen suplantar la teora crtica en tanto
sta toma partido por la escuela de la sospecha -el tro infernal: Marx,
Nietzsche, Frcud- y con una crtica de la dominacin que, como se
sabe, debcra ser excluida dado que ella nos impide vcr la especificidad
dc lo poltico. A la inversa, si esta renovacin acepta lo poltico que
retorna, la situacin terica se presenta completamente distinta. Siem-
pre que la cuestin poltica no se reduzca a la gestin no conflictiva del
orden establccido, y se abra a una reformulacin de la cuestin de la
emancipacin hic el nunc, se impone el lazo con la teora crtica, en
tanto que crtica de la dominacin, en la medida misma en que los
caminos de la emancipacin pasan necesaria, o acaso exclusivamente,
11.. Feuerbach. Mw(i!JteJ jJhitl!.\opllUj'/leJ. FexffS clioi.\I.I (1839-1845) por 1.. Althnsser, Paris,
P.U.F., 1973. p. 9G.
24
POR UNA FILOSOFA POLTICA CRTICA?
por esta crtica. Es ms, precisamente porque existe una divergencia
irreductible entre poltica y dominacin no pueden ignorarse los fen-
menos que dan cuenta de la crtica de la dominacin y es legtimo
cxplorar, incluso inventar, una relacin quiz indita entre teora crti-
ca y filosofa poltica. No ser justamente ste el camino por seguir
para buscar una filosofa poltica crtica que, lejos de desviarnos de lo
poltico, del resurgimiento de la cuestin poltica, nos conduzca hacia
ella de modo ms seguro? La orientacin hacia la emancipacin nos
permitira evitar dos escollos, tan funestos el uno como el otro: el olvido
de los fenmenos de dominacin, por una parte, y la ceguera ante la
diferencia entre poltica y dominacin, por la otra.
La exploracin de lo que podra ser una filosoib poltica crtica, de
una articulacin posihle entrc teora crtica y filosofa poltica exige
recorrer un camino comp1<:io.
En un primer tiempo, es necesario el intento de responder a una
cuestin previa que no se puede evitar: la teora crtica pucde ser con-
siderada, en la medida que sea, como una filosofa poltica? () por lo
menos, existen afinidades entre teora crtica y filosofa poltica? Es
obvio que una divergencia ahsoluta entre ambas volvera muy difcil, al
lmite de lo imposible, la constitucin de la filosofa poltica crtica.
nicamente sohre el terreno de una relativa proximidad puede conce-
birse la articulacin, aun cuando no se la pucda efectivizar ms que al
precio dc desplazamientos significativos. Debemos dedicarnos a la ta-
rea de determinar si la teora crtica -uno de cuyos fundadores, Max
Horkheimer, declar: "la autoridad es una categora escncial de la his-
contiene explcita o implcitamente una filosofa poltica.
Pero no hasta con constatar una Ol;entacin de la teora crtica ha-
cia la filosofa poltica para concluir en la posihilidad y la legitimidad
de una filosofa poltica crtica. Esta orientacin es sin ninguna duda
una orientacin neccsaria, pero no tiene el valor de condicin suficien-
te. Una de las cualidades m,is preciosas de la teora crtica es la de asu-
mir la historicidad del trabajo del concepto. Lo que para nosotros sig-
nifica que nos falta, en un segundo tiempo, tomar en cuenta las dimen-
l.
,k
Max Horkhcimer. "Aulorit el Famille" (1936) en 1'horie lraditiomzelle el lhorie c/ljlte.
,: Gallimard. 1974, p. 243.
..
25
MIGUEL ABENsollR
sioncs indisociablcmente filosficas e histricas del problema. Si consi-
deramos que la novedad de la poca consiste cn el [in de las dominacio-
nes totalitarias, pensadas como destruccin de la poltica, y por lo tanto
en el redescubrimiento de la poltica, nos enfrentamos con la siguiellte
disyuntiva: alternativa o articulacin.
La alternativa se plantea entre dos paradigmas: el de la crtica de la
dominacin, que define la teora crtica, y d dd pensamiento de la
poltica como dircrente de la dominacin. Nos encontrariamos en pre-
sencia de dos campos: por un lado, la crtica de la dominacin que
continuara incansablemente investigando las manircstaciones de la
divisin entre amo y csclavo; por el otro, aquellos que, sensibles al nuevo
sol naciente de la poltica, ignoraran soherbiamellte las sombras que
proyecta la persistencia de la dominacin.
La articulacin, yena a las facilidades del eclecticismo, se asignara
la tarea titnica de concebir en COl-DUllto, en una coexistencia con11icti-
va, la crtica de la dominacin y el pensamiento de la poltica, sin quc la
existencia de una corte el camino a la otra. Todava convendra propo-
ner una pieza que actuara como hisagra entre las dos.
Si nos remitimos a nueslro ttulo. es evidente que la hiptesis de la
lllternativ:l no nos retendr, por su enojosa tendencia a encerrarse en
1 una lgica unilateral de bandos y a complacerse en la COII fnmtacin de
1 I
los paradigmas. Nos parece qne nicamente vale la pena internarse por
la va de la articulacin, puesto que, h-yo el nombre de tilosofa poltica
crtica, tiene al menos el mrito de mantenerse alejada de dos cmodas
pendientes por las que no es demasiado difcil deslizarse, esto es, el
ircnismo y el catastroftsmo.
La teora crtica como filosofa poltica?
Cuestin difcil de resolver ya que, para responderla de manera sa-
tisfactoria, es necesario an disponer de una definicin, o mejor, una
concepcin de la filosofa poltica que permita apreciar el carcter apro-
piado () no de esta identificacin. Esta dificultad resulta evidente cuan-
do nos remitimos a las respuestas, positivas o negativas, que otros han
aportado.
As G. Friedman, en su obra The Polilical Pltilo!j()j>lty (JI Ihe FranJfin1
Schoo( (Comell University Press, 1981}. responde afirmativamente. Sin
2(-;
POR UNA FI1.0S0FL\ pOLTICA cRnci\?
darse una de1inicin previa. el aUlor reconoce en la obl'a colectiva de la
Escuela de FI'ank1'ull una [Iosofia poltica, en la medida en que la teo-
ra crtica elabora una crtica de la modernidad y apunLa a intervenir
en esta crisis. Declar;lcin basLanle sOl'pl'cndente pUl' pane de un
straussiano pucsto que, segl:n Li'o Slrauss, la crisis de la modernidad,
constituida por tres oleadas -l\laquiavclo, Rousseau, Nietzsche-, tuvo
preci,,;unClllc C01l10 erecto principal la nIna de la filosofa poltica.
Para los lel'icos de Fnmkfrl, el esencial de la n-lica sel'a la
paradoja moderna, esto C!>, el advcnimiento en la modernidad de 1Ina
raciunali(bd irrazonable, de una razn que no mantiene sus promesas
y da nacimiento a nn mundo donde triunfa la irracionalidad. Una pa-
radoja que pem1Lira l'espollCicr a la preg-unLa inicial de la Dialfclica de
la Ilu.slmritn: por qu la humanidad en lug'ar de avanzar hacia condi-
ciones autnticamente humamls cst;: oscurecida po\' una nueva barba-
rie? Segn el autor. el pmhlcma del Iluminismo fue el punto de parti-
da de esa lilosofa poltica propia de la tCOI"a crtica:l , si se da crdito a
las frases iuicia1cs del captulo "El coucepto de Aufldiirllng". en la Dir{5-
etica de la Iluslml'i)n: "En todos los tiempos, la Aufldiirllngha perseguido
el objetivo de liberar a los hom bres del terror yvolverlos sob<Ta-
nos. Pero la tierra enteramente 'iluminada' resplandeca el signo
de las calamidades por doquier triunfantes"l. Si el programa de las Lu-
ces consiste en Iiherar el mundo humano del inflto del mito, la pre-
gunta es: por qu proceso inlerno la razn lIega a autodestruirse, es
decir, a invenirse en nueva mitologa? La Le!>is fundamelltal de Adorno
y Horkheimer es la de la clieacia dd movimiento interno de la nlzn
En el seno de la propia r;'lzn surge esta mitologa
autodestructiva de la razn, <ue 110 tiene nada que ver con las supervi-
vencias arcaicas, ni COH las manipulaciones concenadas. En lugar de
mantener, de (mna tranquilizadora, a la razn alt;jada del mito, la teo-
ra crtica revela su proximidad, o peor, su afinidad. Aun despierta, la
razn engendra monstruos. En eso, la teora crtica defiende lo contra-
rio de la problemtica c1sica de las Luces, que haca de la razn un
adversario declarado del mito. Para Adorno y Horkheimer existira,
G. Friedman, "1711' Political Pllo'\"ojlhy o(theFmnl(jil7t SdlOol, Cornen Unj\'ersily Press, 1081,
p.II:3.
l Max 1lorkhcilller, Theodor W. Adorno, La Dia!ectiquf> de la !faiSOIl, fYIKllumts philsopltiqlles,
Gallimard, 1974, p. 21.
" Ibid.. p. lo.
27
MIGUEL AIIENSOUR
por el contrario, una complicidad secreta de la razn y el mito. En
cuando al motor de la inversin, no reside en lajuntura entre la libera-
cin del miedo y la eleccin de la soberana? En esta juntura, en esta
identificacin se mantendra la complicidad secreta de la razn y el
mito. Pero no se trata, por parte de la teora crtica, de dar licencia a la
razn sino que, por el contrario, se afirma la voluntad de salvarla.
De acuerdo con los anlisis de G. Friedman, el asalto de la teora
crtica contra el filistesmo burgus, como as tambin contra el mar-
xismo institucional, se inscribira en un viraje esttico, como si la cues-
tin poltica hubiera desertado de la economa para volcarse hacia el
arte y las promesas de felicidad que ste anuncia. Hace falta un interro-
gante: es suficiente una crtica de la modernidad, por completa y pa-
radjica que sea, para constituir una filosofa poltica? No obstante, en
la conclusin de la obra se expresan algunas dudas en cuanto a la reali-
dad de esta filosofa poltica. La valorizacin de Eros, particularmente
en la obra de Marcuse, no tendra por efecto desviar al hombre de los
problemas de la ciudad? Una falta de moderacin tpicamente moder-
na, no engendrara una ignorancia de la cuestin de la justicia? Final-
mente, cmo concebir la sociedad emancipada?, como aquella que con-
serva una dimensin poltica o como la que se sita ms all de la polti-
ca, como si la emancipacin significara ser liberado precisamente de la
poltica? Esto no impide que, a pesar de la formulacin de estas dudas, el
autor mantenga la perspectiva elegida y pcrsisL.l. en ver en la crtica de la
razn moderna, los elementos de una filosofa polLica posible.
A la inversa, L. Kolakowski, en las severas pginas consagradas a la
Escuela de Frankfurt, responde por la negativa. Inspirndose en una
posicin liberal y manteniendo una definicin taxonmica de la filoso-
fa poltica a partir de sus objetos ms clsicos, le niega a la teora crti-
ca esta cualidad y la remite a diversos lados: a la ideologa, a la utopa, a
la crtica social. Ahora bien, el hecho de remitir a la teora crtica fuera
de la filosofa poltica no deja de crear problemas.
Ciertamente, la teora crtica no es una filosofa poltica en el senti-
do acadmico del trmino, sobre todo si se considera que muchos de
los que la practican se mantienen a distancia de lo que A. Schopenhauer
llamaba despectivamente la "filosofa universitaria". Pero aclarada esta
situacin, conviene tambin aadir que, en el campo de la teora mo-
28
... POR UNA FILOSOFA POLTICA CldTlCA?
. derna,la teora crtica se distingue por una sensibilidad particularmente
aguda ante la cuestin poltica o ante la cuestin de la emancipacin.
Filosofa para tiempos sombros, podramos decir. Si se considera por
.un. momento la problemtica del joven Hegel, tal como la expone L.
Feuerbach, gracias a la oposicin entre filosofa y no-filosofa, quizs
. quc poner la cucstin poltica en la cxterioridad de la filoso-
fa, del lado de la no-filosofa que no cesa de perturbar la identidad
falsamente estable de la filosofa. La poltica como prctica reintroduce
en el texto dc la filosofa -construido sobre la negacin del espacio y
del tiempo- precisamente este espacio y este tiempo que son los crite-
rios bsicos de la prctica. Segn H. Marcuse, en Razn .'Y Rpvolucin, lo
propio de la filosofa de Hegel, no es acaso haber vuelto posible el
pasaje a la teora social? Dc este modo, Marcuse no slo describira lo
que ha advenido a la filosofa poltica de Hegel (de la que habla en el
captulo VI de la primera parte), sino tambin, dado quc la obra
hegeliana es central en la modernidad, a la filosofa poltica en genel'a1.
"Sus ideas filosficas esencia1cs estn cumplidas -escribe Marcuse- en la
forma histrica especfica del Estado y de la sociedad y esta ltima ha
devenido el objeto central de un nuevo inters terico. De esta manera
el trabajo de la filosofa recay en la teora social"fi. En este punto se
abren dos caminos: o el Estado y la sociedad permanecen en el interior
del sistema, y la filosofa se convierte en ciencia administrativa con L.
.van Stein y la dialctica en sociologa, o las cuestioncs del Estado yde la
sociedad se transforman cn la cuestin dc su abolicin, es decir, en la
cuestin de la revolucin que, por definicin, es exterior al sistema. Se
opera as un desplazamiento de la filosofa poltica en la medida en
que la cuestin poltica queda de all en adelante, en cieno modo, fue-
ra de s. Este fuera de s de la poltica, esta salida de la poltica
hacia otro elemento implica una traduccin de la lengua dc la filoso-
.fia, pero sobre todo implica traducir la lengua de la poltica a la lengua
ms general de la emancipacin. "La transicin de Hegel a Marx -escri-
he Marcuse- es en todos los aSpectos una. transicin a un orden funda-
mentalmente diferente de la verdad y que no debe ser interpretado en
los trminos de la filosofa. Veremos que todos los conceptos filosficos
de la teora marxista son categoras sociales y econmicas, mientras que
. las categoras sociales y econmicas en Hegel son todos conceptos filo-
sficos. Ni siquiera los escritos del joven Marx son filosficos. Expresan
ij H. MarCllse. Reason and Revolution, Hllmauities Press, New York, 1 J. 251,
j
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