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Derrida, El Perdón

Jacques Derrida explora el concepto de perdón en su seminario, cuestionando su naturaleza, límites y su relación con la justicia y la memoria colectiva. Argumenta que el perdón no debería ser visto como algo normativo, sino como un acto excepcional que surge en respuesta a lo imperdonable. Además, destaca la influencia de tradiciones religiosas en la concepción del perdón y su creciente universalización en el contexto político y social contemporáneo.

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Derrida, El Perdón

Jacques Derrida explora el concepto de perdón en su seminario, cuestionando su naturaleza, límites y su relación con la justicia y la memoria colectiva. Argumenta que el perdón no debería ser visto como algo normativo, sino como un acto excepcional que surge en respuesta a lo imperdonable. Además, destaca la influencia de tradiciones religiosas en la concepción del perdón y su creciente universalización en el contexto político y social contemporáneo.

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Jacques Derrida

EL SIGLO Y EL PERDN
Entrevista con Michel Wieviorka[i], traduccin de Mirta Segoviano (modificada Horacio Potel)
en El siglo y el perdn seguida de Fe y saber.- !. ed., "uenos #ires, Ediciones de la $lor, %&&', ((. )-
'*. Edicin digital deDerrida en castellano.

El perdn y el arrepentimiento estn desde hace tres aos en la base del seminario de Jacques
Derrida en la cole des hautes tudes en sciences sociales. Qu significa el concepto de
perdn? De dnde iene? !e impone a todos y a todas las culturas? "uede ser trasladado al
orden de lo #ur$dico? De lo "ol$tico?% en qu condiciones? "ero& en ese caso& quin lo
concede? % a quin? % en nombre de qu& de quin?

Michel Wieviorka. Su seminario trata acerca de la cuestin del perdn. Hasta dnde se
puede perdonar? Y el perdn, puede ser colectivo, es decir, poltico e histrico?
Jacques Derrida. En principio, no ha un lmite para el perdn, no ha medida& no ha
moderacin, no ha !hasta dnde?". Siempre #ue, evidentemente, acordemos al$%n sentido
!propio" a esta pala&ra. 'hora &ien, a #u llamamos !perdn"? (u es a#uello #ue re#uiere
un !perdn"? Quinre#uiere, #uin apela al perdn? Es tan di)cil medir un perdn como
tomar las medidas de estas pre$untas. *or varias ra+ones, #ue me apronto a situar.
,. En primer lu$ar, por#ue se mantiene el e#uvoco, principalmente en los de&ates polticos
#ue reactivan despla+an ho esta nocin, en todo el mundo. El perdn se con)unde a
menudo, a veces calculadamente, con temas aleda-os. la disculpa, el pesar, la amnista, la
prescripcin, etc., una cantidad de si$ni)icaciones, al$unas de las cuales corresponden al
derecho, al derecho penal con respecto al cual el perdn de&era permanecer en principio
hetero$neo e irreducti&le.
/. *or eni$m0tico #ue si$a siendo el concepto de perdn, ocurre #ue el escenario, la )i$ura, el
len$ua1e a #ue tratamos de a1ustarlo, pertenecen a una herencia reli$iosa 2di$amos a&rah0mica, para
reunir en ella el 1udasmo, los cristianismos los islams3. Esta tradicin 4comple1a di)erenciada,
incluso con)lictiva4 es sin$ular a la ve+ est0 en vas de universali+acin, a travs de lo #ue cierto
teatro del perdn pone en 1ue$o o saca a la lu+.
5. En consecuencia ste es uno de los hilos conductores de mi seminario so&re el perdn 2 el
per1urio34, la dimensin misma del perdn tiende a &orrarse al ritmo de esta mundiali+acin, con
ella toda medida, todo lmite conceptual. En todas las escenas de arrepentimiento, de con)esin, de
perdn o de disculpas #ue se multiplican en el escenario $eopoltico desde la %ltima $uerra,
aceleradamente desde hace unos a-os, vemos no slo a individuos, sino a comunidades enteras,
corporaciones pro)esionales, los representantes de 1erar#uas eclesi0sticas, so&eranos 1e)es de
Estado, pedir !perdn". 6o hacen en un len$ua1e a&rah0mico #ue no es 2en el caso de 7apn o de
8orea, por e1emplo3 el de la reli$in dominante en su sociedad, pero #ue se ha trans)ormado en el
idioma universal del derecho, la poltica, la economa o la diplomacia. a la ve+ el a$ente el
sntoma de esta internacionali+acin. 6a proli)eracin de estas escenas de arrepentimiento de
!perdn" invocado, si$ni)ica sin duda una ur$encia universal de la memoria. es preciso volverse
hacia el pasado9 este acto de memoria, de autoacusacin, de !contricin", de comparecencia, es
preciso llevarlo a la ve+ m0s all0 de la instancia 1urdica m0s all0 de la instancia Estado4nacin.
:no se pre$unta, entonces, lo #ue ocurre a esta escala. 6as vas son muchas. :na de ellas lleva
re$ularmente a una serie de acontecimientos e;traordinarios, los #ue, antes durante la Se$unda
<uerra =undial, hicieron posi&le, en todo caso !autori+aron", con el >ri&unal de ?urem&er$, la
institucin internacional de un concepto 1urdico como el de !crimen contra la humanidad". 'h
hu&o un acontecimiento !per)ormativo" de una enver$adura a%n di)cil de interpretar.
@ncluso cuando pala&ras como !crimen contra la humanidad" circulan ahora en el len$ua1e
corriente. Este acontecimiento mismo )ue producido autori+ado por una comunidad internacional
en una )echa se$%n una )i$ura determinadas de su historia. sta se entrela+a, pero no se con)unde,
con la historia de una rea)irmacin de los derechos del hom&re, de una nueva Aeclaracin de los
derechos del hom&re. Esta especie de mutacin ha estructurado el espacio teatral en el #ue se 1ue$a
4sinceramente o no4 el $ran perdn, la $ran escena de arrepentimiento #ue nos ocupa. ' menudo
tiene los ras$os, en su teatralidad misma, de una $ran convulsin 4nos atreveramos a decir de una
compulsin )rentica?4. ?o. responde tam&in, )eli+mente, a un !&uen" movimiento. *ero el
simulacro, el ritual autom0tico, la hipocresa, el c0lculo o la caricatura a menudo son de la partida,
se invitan como par0sitos a esta ceremonia de la culpa&ilidad. He ah toda una humanidad sacudida
por un movimiento #ue pretende ser un0nime, he ah un $nero humano #ue pretendera acusarse
repentinamente, p%&licamente, espectacularmente, de todos los crmenes e)ectivamente
cometidos por l mismo contra l mismo, !contra la humanidad". *or#ue si comen+0ramos a
acusarnos, pidiendo perdn, de todos los crmenes del pasado contra la humanidad, no #uedara ni
un inocente so&re la >ierra 4 por lo tanto nadie en posicin de 1ue+ o de 0r&itro4. >odos somos los
herederos, al menos, de personas o de acontecimientos marcados, de modo esencial, interior,
im&orra&le, por crmenes contra la humanidad. ' veces esos acontecimientos, esos asesinatos
masivos, or$ani+ados, crueles, #ue pueden ha&er sido revoluciones, $randes Bevoluciones
cannicas !le$timas", )ueron los #ue permitieron la emer$encia de conceptos como Cderechos
del hom&reD o Ccrimen contra la humanidadD.
Ya se vea en esto un inmenso pro$reso, una mutacin histrica, a un concepto todava oscuro en
sus lmites, de cimientos )r0$iles 2 puede hacerse lo uno lo otro a la ve+ 4me inclinara a esto,
por mi parte43, no se puede ne$ar este hecho. el concepto de !crimen contra la humanidad" si$ue
estando en el hori+onte de toda la $eopoltica del perdn. 6e provee su discurso su le$itimacin.
>ome el e1emplo so&reco$edor de lacomisin Verdad y Reconciliacin en Sud0)rica. Si$ue
siendo %nico pese a las analo$as, slo analo$as, de al$unos precedentes sudamericanos, en 8hile
principalmente. Y &ien, lo #ue ha dado su 1usti)icacin %ltima, su le$itimidad declarada a esta
8omisin, es la de)inicin del apartheid como !crimen contra la humanidad" por la comunidad
internacional en su representacin en la E?:.
Esa convulsin de la #ue ha&la&a tomara ho el ses$o de una conversin. :na conversin de
hecho tendencialmente universal. en vas de mundiali+acin. *or#ue si, como creo, el concepto
de crimen contra la humanidad ri$e la acusacin de esta autoacusacin, de este arrepentimiento
de este perdn solicitado9 si, por otra parte, una sacralidad de lo humano puede por s sola, en
%ltima instancia, 1usti)icar este concepto 2nada peor, en esta l$ica, #ue un crimen contra la
humanidad del hom&re contra los derechos del hom&re39 si esta sacralidad encuentra su sentido
en la memoria a&rah0mica de las reli$iones del 6i&ro en una interpretacin 1uda, pero so&re
todo cristiana, del !pr1imo" o del !seme1ante"9 si, en consecuencia, el crimen contra la
humanidad es un crimen contra lo m0s sa$rado de lo viviente, por lo tanto contra lo divino en el
hom&re, en Aios4hecho4hom&re o el hom&re4hecho4Aios4por4Aios 2la muerte del hom&re la
muerte de Aios denuncian a#u el mismo crimen3, entonces la !mundiali+acin" del perdn
seme1a una inmensa escena de con)esin en curso, por ende una convulsin4conversin4con)esin
virtualmente cristiana, un proceso de cristiani+acin #ue a no necesita de la @$lesia cristiana.
Si, como su$era hace un momento, ese len$ua1e atraviesa acumula en l potentes tradiciones 2la
cultura !a&rah0mica" la de un humanismo )ilos)ico, m0s precisamente de un cosmopolitismo
nacido a su ve+ de un in1erto de estoicismo de cristianismo paulino3, por #u se impone ho a
culturas #ue no son ori$inalmente ni europeas ni !&&licas"? *ienso en esas escenas donde un
primer ministro 1apons !pidi perdn" a los coreanos a los chinos por las violencias pasadas.
*resent ciertamente sus heartfeltapologies a ttulo personal, so&re todo sin comprometer al
emperador a la ca&e+a del Estado, pero un primer ministro compromete siempre m0s #ue una
persona no p%&lica. Becientemente hu&o verdaderas ne$ociaciones al respecto, esta ve+ o)iciales
re-idas, entre el $o&ierno 1apons el $o&ierno surcoreano. Esta&an en 1ue$o reparaciones
una reorientacin poltico4econmica. Esas tratativas apunta&an, como casi siempre ocurre, a
producir una reconciliacin 2nacional o internacional3 propicia a una normali+acin. El len$ua1e
del perdn, al servicio de )inalidades determinadas, era cual#uier cosa menos puro
desinteresado. 8omo siempre en el campo poltico.
8orrer entonces el ries$o de enunciar esta proposicin. cada ve+ #ue el perdn est0 al servicio
de una )inalidad, aun#ue sta sea no&le espiritual 2li&eracin o redencin, reconciliacin,
salvacin3, cada ve+ #ue tiende a resta&lecer una normalidad 2social, nacional, poltica,
psicol$ica3 mediante un tra&a1o de duelo, mediante al$una terapia o ecolo$a de la memoria,
entonces el !perdn" no es puro, ni lo es su concepto. El perdn no es, no debera ser& ni
normal, ni normativo, ni normali+ante. Debera permanecer e;cepcional e;traordinario,
sometido a la prue&a de lo imposi&le. como si interrumpiese el curso ordinario de la
temporalidad histrica.
*or lo tanto, ha&ra #ue interro$ar desde este punto de vista lo #ue se llama la mundiali+acin
lo #ue en otra parte[ii] propon$o apodar la mundialatinizacin 4para tomar en cuenta el e)ecto
de cristiandad romana #ue so&redetermina actualmente todo el len$ua1e del derecho, de la
poltica, e incluso la interpretacin del llamado !retorno de lo reli$ioso"4. ?in$%n presunto
desencanto, nin$una seculari+acin lle$a a interrumpirlo, mu por el contrario.
*ara a&ordar ahora el concepto mismo de perdn, la l$ica el sentido com%n concuerdan por
una ve+ con la parado1a. es preciso, me parece, partir del hecho de #ue, s, e;iste lo
imperdona&le. ?o es en verdad lo %nico a perdonar? 6o %nico #ue invoca el perdn? Si slo
se estuviera dispuesto a perdonar lo #ue parece perdona&le, lo #ue la @$lesia llama el !pecado
venial", entonces la idea misma de perdn se desvanecera. Si ha al$o a perdonar, sera lo #ue
en len$ua1e reli$ioso se llama el pecado mortal, lo peor, el crimen o el da-o imperdona&le. Ae
all la apora #ue se puede descri&ir en su )ormalidad seca e implaca&le, sin piedad. el perdn
perdona slo lo imperdona&le. ?o se puede o no se de&era perdonar, no ha perdn, si lo ha,
m0s #ue ah donde e;iste lo imperdona&le. Fale decir #ue el perdn de&e presentarse como lo
imposi&le mismo. Slo puede ser posi&le si es im4posi&le. *or#ue, en este si$lo, crmenes
monstruosos 2!imperdona&les", por ende3 no slo han sido cometidos 4lo #ue en s mismo no es
#ui+0s tan nuevo4 sino #ue se han vuelto visi&les, conocidos, recordados, nom&rados,
archivados por una !conciencia universal" me1or in)ormada #ue nunca, por#ue esos crmenes a
la ve+ crueles masivos parecen escapar o por#ue se ha &uscado hacerlos escapar, en su e;ceso
mismo, de la medida de toda 1usticia humana, la invocacin al perdn se vio por esto 2Gpor lo
imperdona&le mismo, entoncesH3 reactivada, re4motivada, acelerada.

'l sancionarse, en ,IJK, la le #ue decidi en Lrancia la imprescripti&ilidad de los crmenes
contra la humanidad, se a&ri un de&ate. =enciono al pasar #ue el concepto 1urdico de
lo imprescriptible no e#uivale para nada al concepto no 1urdico de lo imperdona&le. Se puede
mantener la imprescripti&ilidad de un crimen, no poner nin$%n lmite a la duracin de una
inculpacin o de una acusacin posi&le ante la le, perdonando al mismo tiempo al culpa&le.
@nversamente, se puede a&solver o suspender un 1uicio no o&stante rehusar el perdn. (ueda
a&ierta la cuestin de #ue la sin$ularidad del concepto de imprescripti&ilidad 2por oposicin a la
!prescripcin", #ue tiene e#uivalentes en otros derechos occidentales, por e1emplo, el
norteamericano3 responde #ui+0s a #ue introduce adem0s, como el perdn o como lo
imperdona&le, una especie de eternidad o de trascendencia, el hori+onte apocalptico de un
1uicio )inal. en el derecho m0s all0 del derecho, en la historia m0s all0 de la historia. ste es un
punto crucial di)cil. En un te;to polmico titulado 1ustamente
!6o imprescripti&le", 7anMlvitch declara #ue no se podra ha&lar de perdonar crmenes contra
la humanidad, contra la humanidad del hom&re. no contra !enemi$os" 2polticos, reli$iosos,
ideol$icos3, sino contra lo #ue hace del hom&re un hom&re 4es decir, contra la capacidad
misma de perdonar4. Ae modo an0lo$o, He$el, $ran pensador del !perdn" de la
!reconciliacin", deca #ue todo es perdona&le salvo el crimen contra el espritu, es decir, contra
la capacidad reconciliadora del perdn. >rat0ndose evidentemente de la Sho0, 7anMlvitch
insista so&re todo en otro ar$umento, a sus o1os decisivo. menos a%n puede ha&larse de
perdonar, en este caso, en la medida en #ue los criminales no han pedido
perdn' ?o reconocieron su culpa no mani)estaron nin$%n arrepentimiento. Esto es al menos
lo #ue sostiene, al$o apresuradamente #ui+0s, 7anMlvitch.

'hora &ien, o estara tentado a recusar esa l$ica condicional del intercambio& esa
presuposicin tan ampliamente di)undida se$%n la cual slo se podra considerar el perdn con
la condicin de #ue sea pedido, en un escenario de arrepentimiento #ue atesti$uase a la ve+ la
conciencia de la )alta, la trans)ormacin del culpa&le el compromiso al menos implcito de
hacer todo para evitar el retorno del mal. Ha ah una transaccin econmica #ue a la
vez con)irma contradice la tradicin a&rah0mica de la #ue ha&lamos. Es importante anali+ar a
)ondo la tensin, en el seno de la herencia, entrepor una parte la idea, #ue es tam&in una
e;i$encia, del perdn incondicional& $ratuito, in)inito, aneconmico, concedido al culpable en
tanto culpable& sin contrapartida, incluso a #uien no se arrepiente o no pide perdn , por otra
parte& como lo testimonian $ran cantidad de te;tos, a travs de muchas di)icultades sutile+as
sem0nticas, un perdn condicional& proporcional al reconocimiento de la )alta, al
arrepentimiento a la trans)ormacin del pecador, #ue pide e;plcitamente el perdn. Y #uien
entonces no es a decididamente el culpa&le sino ahora otro, me1or #ue el culpa&le. En esta
medida, con esta condicin, no es a al culpable como tal a #uien se perdona. :na de las
cuestiones indisocia&les de sta, #ue tam&in me interesa, ata-e entonces a la esencia de la
herencia. (u es heredar cuando la herencia inclue un mandato a la ve+ do&le
contradictorio? :n mandato #ue es preciso reorientar, interpretar activamente,
per)ormativamente, pero en la noche, como si de&iramos entonces, sin norma ni criterio
preesta&lecidos, reinventar la memoria.
*ese a mi admirativa simpata por 7anMlvitch, e incluso cuando comprendo lo #ue inspira esta
1usta clera, me es di)cil se$uirlo. *or e1emplo, cuando multiplica las imprecaciones contra la
&uena conciencia de !el alem0n" o cuando truena contra el mila$ro econmico del marco la
o&scenidad prspera de la &uena conciencia, pero so&re todo cuando 1usti)ica el rehusamiento a
perdonar por el hecho, o m0s &ien la ale$acin, del no4arrepentimiento. Aice, en resumen. !Si
hu&ieran comen+ado, al arrepentirse, por pedir perdn, hu&iramos podido considerar
otor$0rselo, pero no )ue se el caso". >uve m0s di)icultad a%n en se$uirlo a#u en la medida en
#ue, en lo #ue l mismo llama un !li&ro de )iloso)a", Le pardon& pu&licado anteriormente,
7anMlvitch ha&a sido m0s )avora&le a la idea de un perdn a&soluto. Beivindica&a entonces
una inspiracin 1uda so&re todo cristiana. Ha&la&a incluso de un imperativo de amor de una
!tica hiper&lica". una tica, por lo tanto, #ue ira m0s all0 de las lees, de las normas o de una
o&li$acin. tica m0s all0 de la tica, se es #ui+0 el lu$ar inhalla&le del perdn. Sin em&ar$o,
incluso en ese momento 4 la contradiccin por lo tanto su&siste4 7anMlvitch no lle$a&a a
admitir un perdn incondicional #ue sera entonces concedido incluso a #uien no lo pidiera.
6o central del ar$umento, en !6o imprescripti&le", en la parte titulada !*erdonar?", es #ue la
sin$ularidad de la Sho0 alcan+a las dimensiones de lo inexpiable' 'hora &ien, para lo ine;pia&le
no ha&ra perdn posi&le, se$%n 7anMlvitch, ni si#uiera perdn #ue tuviera un sentido, #ue
produ1era sentido. *or#ue el a;ioma com%n o dominante de la tradicin, )inalmente, a mi
modo de ver el m0s pro&lem0tico, es #ue el perdn debe tener sentido' Y ese sentido de&era
determinarse so&re una &ase de salvacin, de reconciliacin, de redencin, de e;piacin, dira
incluso de sacri)icio. *ara 7anMlvitch, desde el momento en #ue a no se puede punir al
criminal con una !punicin proporcional a su crimen" #ue, en consecuencia, el !casti$o
deviene casi indi)erente", uno se encuentra con !lo ine;pia&le" 4dice tam&in !lo irrepara&le"
2pala&ra #ue 8hirac utili+ )recuentemente en su )amosa declaracin so&re el crimen contra los
1udos durante el r$imen de Fich. !Lrancia, ese da, consuma&a lo irrepara&le"3. Ae lo
ine;pia&le o lo irrepara&le, 7anMlvitch deduce lo imperdona&le. Y lo imperdona&le, se$%n l,
no se perdona. Este encadenamiento no me parece evidente. *or el motivo #ue e;puse 2#u
sera un perdn #ue slo perdonara lo perdona&le?3 por#ue esta l$ica contin%a implicando
#ue el perdn si$ue siendo el correlato de un 1uicio la contrapartida de una
punicin posibles& de una e;piacin posi&le, de lo !e;pia&le".
*or#ue 7anMlvitch parece entonces dar dos cosas por sentadas 2como 'rendt, por e1emplo,
en Laondition de l!homme moderne3.

,. El perdn de&e se$uir siendo una posibilidad humana 4insisto so&re estas dos pala&ras so&re
todo so&re ese ras$o antropol$ico #ue decide acerca de todo 2por#ue siempre se tratar0, en el
)ondo, de sa&er si el perdn es una posibilidad o no, incluso una )acultad, en consecuencia un
!o puedo" so&erano, un poder humano o no3.
/. Esta posi&ilidad humana es el correlato de la posi&ilidad de punir 4no de ven$arse,
evidentemente, lo #ue es otra cosa, a la #ue el perdn es m0s a1eno a%n, sino de punir se$%n la
le4. !El casti$o", dice 'rendt, !tiene en com%n con el perdn #ue trata de poner trmino a al$o
#ue, sin intervencin, podra continuar inde)inidamente. Es entonces mu si$ni)icativo, es un
elemento estructural del dominio de los asuntos humanos [&astardillas de 7A], #ue los hom&res
sean incapaces de perdonar lo #ue no puedenpunir, #ue sean incapaces de punir lo #ue se
revela imperdona&le."

En !6Dimprescripti&le", por lo tanto, no en Le pardon& 7anMlvitch se instala en este
intercam&io, en esta simetra entre punir perdonar. el perdn a no tendra sentido all donde
el crimen ha devenido, como la Sho0, !ine;pia&le", !irrepara&le", )uera de toda medida
humana. !El perdn ha muerto en los campos de la muerte", dice. S. ' menos #ue slo se
vuelva posi&le a partir del momento en #ue parece imposi&le. Su historia comen+ara, por el
contrario, con lo imperdona&le.
Si insisto en esta contradiccin en el seno de la herencia en la necesidad de mantener la
re)erencia a un perdn incondicional aneconmico, es decir, m0s all0 del intercam&io e
incluso del hori+onte de una redencin o una reconciliacin, no lo ha$o por purismo tico o
espiritual. Si di$o. !>e perdono con la condicin de #ue, al pedir perdn, haas cam&iado a
no seas el mismo", acaso te perdono?9 #u es lo #ue perdono? a #uin?9 #u perdono a
#uin?9 perdono al$o o perdono a al$uien?
*rimera am&i$Nedad sint0ctica, por otra parte, #ue de&era detenernos lar$o rato9 entre !"a
#uin?( !#u?(' Se perdona algo& un crimen, una )alta, un da-o, es decir un acto o un
momento #ue no a$ota la persona incriminada , en %ltimo an0lisis, no se con)unde con el
culpa&le #ue si$ue siendo por lo tanto irreducti&le a ese al$o? E &ien se perdona a
alguien& a&solutamente, no marcando a entonces el lmite entre el da-o, el momento de la )alta,
la persona #ue se tiene por responsa&le o culpa&le? Y en este %ltimo caso 2pre$unta !a #uin
se perdona?()& se pide perdn a la vctima o a al$%n testi$o a&soluto, a Aios, por e1emplo a
determinado Aios #ue prescri&i #ue perdon0ramos al otro 2hom&re3 para merecer a su ve+ ser
perdonados? 26a @$lesia de Lrancia pidi perdn a Aios, no se arrepinti directamente o
solamente ante los hom&res, o ante las vctimas 4por e1emplo, la comunidad 1uda, a la #ue slo
tom como testi$o, pero p%&licamente, es verdad, del perdn pedido realmente a Aios, etc.4.3
Ae&o de1ar a&iertas estas inmensas cuestiones.
@ma$inemos #ue perdono con la condicin de #ue el culpa&le se arrepienta, se enmiende, pida
perdn por lo tanto sea trans)ormado por un nuevo compromiso, #ue desde ese momento a
no sea en a&soluto el mismo #ue a#uel #ue se hi+o culpa&le. En ese caso, se puede todava
ha&lar de un perdn? Sera demasiado )0cil, de los dos lados. se perdonara a otro distinto del
culpa&le mismo. *ara #ue e;ista perdn, no es preciso, por el contrario, perdonar tanto la )alta
como al culpa&le en tanto tales& all donde una otro permanecen, tan irreversi&lemente como
el mal, como el mal mismo, seran capaces de repetirse, imperdona&lemente, sin
trans)ormacin, sin me1ora, sin arrepentimiento ni promesa? ?o se de&e sostener #ue un
perdn di$no de ese nom&re, si e;iste al$una ve+, de&e perdonar lo imperdona&le, sin
condiciones? Esta incondicionalidad est0 tam&in inscrita 4como su contrario, a sa&er, la
condicin del arrepentimiento4 en !nuestra" herencia, aun cuando esta pure+a radical puede
parecer e;cesiva, hiper&lica, loca. *or#ue si di$o, tal como lo pienso, #ue el perdn es loco,
#ue de&e se$uir siendo una locura de lo imposi&le, no es ciertamente para e;cluirlo o
descali)icarlo. Es tal ve+ incluso lo %nico #ue arri&e, #ue sorprenda, como una revolucin, el
curso ordinario de la historia, de la poltica del derecho. *or#ue esto #uiere decir #ue si$ue
siendo hetero$neo al orden de lo poltico o de lo 1urdico tal como se los entiende
com%nmente. 7am0s se podra, en ese sentido corriente de las pala&ras, )undar una poltica o un
derecho so&re el perdn. En todas las escenas $eopolticas de las #ue ha&l0&amos, se a&usa de
la pala&ra !perdn". *or#ue siempre se trata de ne$ociaciones m0s o menos declaradas, de
transacciones calculadas, de condiciones , como dira Oant, de imperativos hipotticos. Estas
manio&ras pueden ciertamente parecer honora&les. *or e1emplo, en nom&re de la
!reconciliacin nacional", e;presin a la #ue Ae <aulle,*ompidou =itterrand han recurrido
en el momento en #ue creeron tener #ue asumir la responsa&ilidad de &orrar las deudas los
crmenes del pasado, &a1o la Ecupacin o durante la $uerra de 'r$elia. En Lrancia, los m0s altos
responsa&les polticos adoptaron por lo re$ular el mismo len$ua1e. es preciso proceder a la
reconciliacin por la amnista reconstituir as la unidad nacional. Es un leitmotiv de la retrica
de todos los 1e)es de Estado primeros ministros )ranceses desde la Se$unda <uerra
=undial, sin excepcin' Lue literalmente el len$ua1e de los #ue, tras el primer momento de
depuracin, decidieron la $ran amnista de ,IP, para los crmenes cometidos &a1o la
Ecupacin. :na noche, en un documental de archivo, escuch a =. 8availlet decir, lo cito de
memoria, #ue siendo entonces parlamentario, ha&a votado por la le de amnista de ,IP,
por#ue era preciso, deca, !saber olvidar"9 tanto m0s cuanto #ue en a#uel momento 48availlet
insista duramente en ello4, el peli$ro comunista se viva como lo m0s ur$ente. Ha&a #ue hacer
rein$resar en la comunidad nacional a todos los anticomunistas #ue, cola&oracionistas unos
a-os antes, corran el ries$o de verse e;cluidos del campo poltico por una le demasiado severa
por una depuracin demasiado poco olvidadi+a. Beconstruir la unidad nacional si$ni)ica&a
rearmarse de todas las )uer+as disponi&les en un com&ate #ue continua&a, esta ve+ en tiempos
de pa+ o de la llamada $uerra )ra. Siempre ha un c0lculo estrat$ico poltico en el $esto
$eneroso de #uien o)rece la reconciliacin o la amnista, es necesario inte$rar siempre este
c0lculo en nuestros an0lisis. !Beconciliacin nacional", se )ue tam&in, como di1e, el len$ua1e
e;plcito de Ae <aulle cuando volvi por primera ve+ a Fich pronunci all un )amoso
discurso so&re la unidad la unicidad de Lrancia9 se )ue literalmente el discurso de *ompidou,
#ue ha&l tam&in, en una )amosa con)erencia de prensa, de !reconciliacin nacional" de
divisin superada cuando indult a >ouvier9 se )ue tam&in el len$ua1e de =itterrand cuando
sostuvo, en varias ocasiones, #ue l era $arante de la unidad nacional, mu precisamente
cuando rehus declarar la culpa&ilidad de Lrancia &a1o el r$imen de Fich 2al #ue cali)ica&a,
como usted sa&e, de poder no4le$timo o no4representativo, apropiado por una minora de
e;tremistas, mientras #ue sa&emos #ue la cosa es m0s complicada, no slo desde el punto de
vista )ormal le$al, pero de1emos esto3. @nversamente, cuando el cuerpo de la nacin puede
soportar sin ries$o una divisin menor o ver incluso su unidad re)or+ada por procesos, por
aperturas de archivos, por !levantamientos de represin", entonces otros c0lculos dictan hacer
1usticia en )orma m0s ri$urosa m0s p%&lica a lo #ue se llama el !de&er de memoria".
Siempre el mismo desvelo. actuar de modo #ue la nacin so&reviva a sus discordias, #ue los
traumatismos cedan al tra&a1o de duelo, #ue el Estado4nacin no se vea $anado por la
par0lisis. *ero aun ah donde se lo podra 1usti)icar, ese imperativo !ecol$ico" de la salud
social poltica no tiene nada #ue ver con el !perdn" de #ue se ha&la en ese caso mu
li$eramente. El perdn no corresponde, 1am0s de&era corresponder, a una terapia de la
reconciliacin. Folvamos al nota&le e1emplo de Sud0)rica. >odava en prisin, =andela sinti el
de&er de asumir l mismo la decisin de ne$ociar el principio de un procedimiento de amnista.
*ara permitir so&re todo el re$reso de los e;iliados del 8on$reso ?acional ')ricano. Y con
miras a una reconciliacin nacional sin la cual el pas hu&iera sido &arrido a san$re )ue$o por
la ven$an+a. *ero i$ual #ue la a&solucin, el so&reseimiento, e incluso el !indulto" 2e;cepcin
1urdico4poltica de la #ue volveremos a ha&lar3, tampoco la amnista si$ni)ica el perdn. 'hora
&ien, cuando Aesmond >utu )ue nom&rado presidente de la omisin
Verdad y Reconciliacin& cristiani+ el len$ua1e de una institucin destinada a tratar %nicamente
crmenes de motivacin !poltica" 2pro&lema enorme #ue renuncio a tratar a#u, como renuncio
a anali+ar la comple1a estructura de la mencionada comisin, en sus relaciones con las otras
instancias 1udiciales procedimientos penales #ue de&an se$uir su curso3. 8on tanta &uena
voluntad como con)usin, me parece, >utu, ar+o&ispo an$licano, introduce el voca&ulario del
arrepentimiento del perdn. Esto le )ue reprochado, adem0s, entre otras cosas, por una parte
no cristiana de la comunidad ne$ra. Sin ha&lar de los peli$rosos ries$os de traduccin #ue a#u
slo puedo mencionar pero #ue, como el recurso al len$ua1e mismo, ata-en tam&in al se$undo
aspecto de su pre$unta. la escena del perdn, es una con)rontacin personal o &ien apela a
al$una mediacin institucional? 2Y el len$ua1e mismo, la len$ua, es a#u una primera institucin
mediadora.3 En principio, entonces, siempre para se$uir una concepcin de la tradicin
a&rah0mica, el perdn de&e comprometer dos sin$ularidades. el culpa&le
2el !perpetrator(&como se dice en Sud0)rica3 la vctima. Aesde el momento en #ue interviene
un tercero se puede a lo sumo ha&lar de amnista, de reconciliacin, de reparacin, etc. *ero
ciertamente no de perdn puro, en sentido estricto. El estatuto de la omisin
Verdad y Reconciliacin es sumamente am&i$uo en este asunto, como el discurso de >utu, #ue
oscila entre una l$ica no penal no reparadora del !perdn" 2la llama !restauradora"3 una
l$ica 1udicial de la amnista. Se de&era anali+ar con m0s detalle la inesta&ilidad e#uvoca de
todas esas autointerpretaciones.
<racias a una con)usin entre el orden del perdn el orden de la 1usticia 4pero a&usando tanto
de su hetero$eneidad como del hecho de #ue el tiempo del perdn escapa del proceso 1udicial4,
siempre es posi&le remedar el escenario del perdn !inmediato" casi autom0tico para escapar
de la 1usticia. 6a posi&ilidad de este c0lculo est0 siempre a&ierta se podran dar muchos
e1emplos. Y contrae1emplos. 's,>utu cuenta #ue un da una mu1er ne$ra atesti$ua ante la
8omisin. Su marido ha&a sido asesinado por policas torturadores. Ella ha&la en su len$ua,
una de las once len$uas o)icialmente reconocidas por la 8onstitucin. >utu la interpreta la
traduce m0s o menos as, en su idioma cristiano 2an$lo4an$licano3. !:na comisin o un
$o&ierno no puede perdonar. Slo o, eventualmente, podra hacerlo. 2$nd %
am rot readyto forgive.3 Y no esto dispuesta a perdonar 4o lista para perdonar4". *ala&ras
mu di)ciles de entender. Esta mu1er vctima, esta mu1er de vctima[iii] #uera se$uramente
recordar #ue el cuerpo annimo del Estado o de una institucin p%&lica no puede perdonar. ?o
tiene ni el derecho ni el poder de hacerlo9 eso no tendra adem0s nin$%n sentido. El
representante del Estado puede 1u+$ar, pero el perdn no tiene nada #ue ver con el 1uicio,
1ustamente. ?i si#uiera con el espacio p%&lico o poltico. @ncluso si el perdn )uera !1usto", lo
sera de una 1usticia #ue no tiene nada #ue ver con la 1usticia 1udicial, con el derecho. Ha
tri&unales de 1usticia para eso, esos tri&unales 1am0s perdonan, en el sentido estricto de este
trmino. Esta mu1er #uera tal ve+ su$erir otra cosa. si al$uien tiene al$una cali)icacin para
perdonar, es slo la vctima no una institucin tercera. *or#ue por otra parte, incluso si esta
esposa tam&in era una vctima, de todos modos, la vctima a&soluta, si se puede decir as,
se$ua siendo su marido muerto. Slo el muerto hu&iera podido, le$timamente, considerar el
perdn. 6a so&reviviente no esta&a dispuesta a sustituir a&usivamente al muerto. @nmensa
dolorosa e;periencia del so&reviviente. #uin tendra el derecho de perdonar en nom&re de
vctimas desaparecidas? stas est0n siempre ausentes, en cierta manera. Desaparecidas por
esencia, nunca est0n ellas mismas a&solutamente presentes, en el momento del perdn invocado,
como las mismas, las #ue )ueron en el momento del crimen9 a veces est0n ausentes en su
cuerpo, incluso a menudo muertas.
Fuelvo un instante al e#uvoco de la tradicin. ' veces el perdn 2concedido por Aios o
inspirado por la prescripcin divina3 de&e ser un don $ratuito, sin intercam&io e incondicional9 a
veces, re#uiere, como condicin mnima, el arrepentimiento la trans)ormacin del pecador.
(u consecuencia resulta de esta tensin? 'l menos sta, #ue no simpli)ica las cosas. si
nuestra idea del perdn se derrum&a desde el momento en #ue se la priva de su polo de
re)erencia a&soluto, a sa&er, de su pure+a incondicional, no o&stante contin%a siendo insepara&le
de lo #ue le es hetero$neo, a sa&er, el orden de las condiciones, el arrepentimiento, la
trans)ormacin, cosas todas #ue le permiten inscri&irse en la historia, el derecho, la poltica, la
e;istencia misma. Estos dos polos, el incondicional y el condicional& son a&solutamente
hetero$neos de&en permanecer irreducti&les uno al otro. Sin em&ar$o, son indisocia&les. si
se #uiere, si es preciso, #ue el perdn deven$a e)ectivo, concreto, histrico, si se #uiere
#ue venga& #ue ten$a lu$ar cam&iando las cosas, es necesario #ue su pure+a se comprometa en
una serie de condiciones de todo tipo 2psico4sociol$icas, polticas, etc.3. Es entre esos dos
polos, irreconciliables pero indisociables& donde de&en tomarse las decisiones las
responsa&ilidades. *ero pese a todas las con)usiones #ue reducen el perdn a la amnista o a la
amnesia, a la a&solucin o a la prescripcin, al tra&a1o de duelo o a al$una terapia poltica de
reconciliacin, en suma a al$una ecolo$a histrica, 1am0s ha&ra #ue olvidar #ue todo esto se
re)iere a una cierta idea del perdn puro e incondicional, sin la cual este discurso no tendra el
menor sentido. 6o #ue complica la cuestin del !sentido" es nuevamente esto, como lo su$era
recin. el perdn puro e incondicional, para tener su sentido estricto, de&e no tener nin$%n
!sentido", incluso nin$una )inalidad, nin$una inteli$i&ilidad. Es una locura de lo imposi&le.
Ha&ra #ue se$uir ocup0ndose sin descanso de las consecuencias de esta parado1a o apora.
6o #ue se denomina el derecho de gracia es un e1emplo de esto, a la ve+ un e1emplo entre otros
el modelo e1emplar. *or#ue si es verdad #ue el perdn de&era permanecer hetero$neo al
orden 1urdico4poltico, 1udicial o penal9 si es verdad #ue de&era cada ve+, en cada caso, se$uir
siendo una e;cepcin a&soluta, ha una e;cepcin a esta le de e;cepcin, en cierto modo, es
1ustamente, en Eccidente, esa tradicin teol$ica #ue concede al so&erano un derecho
e;or&itante. *or#ue el derecho de $racia es precisamente, como su nom&re lo indica, del orden
del derecho, pero de un derecho #ue inscri&e en las lees un poder por encima de las lees. El
monarca a&soluto de derecho divino puede indultar a un criminal, es decir, practicar, en nom&re
del Estado, un perdn #ue trasciende neutrali+a el derecho. Aerecho por encima del derecho.
8omo la idea de so&erana misma, este derecho de $racia )ue readaptado en la herencia
repu&licana. En al$unos Estados modernos de tipo democr0tico, como Lrancia, se dira #ue ha
sido seculari+ado 2si esta pala&ra tuviera un sentido )uera de la tradicin reli$iosa #ue mantiene,
aun#ue pretenda sustraerse a ella3. En otros, como los Estados :nidos, la seculari+acin no es
si#uiera un simulacro, puesto #ue el presidente los $o&ernadores, #ue tienen el derecho de
$racia *pardon& clemency)& prestan ante todo 1uramento so&re la Qi&lia, sostienen discursos
o)iciales de tipo reli$ioso e invocan el nom&re o la &endicin de Aios cada ve+ #ue se diri$en a
la nacin. 6o #ue importa en esta e;cepcin a&soluta #ue es el derecho de $racia, es #ue la
e;cepcin del derecho, la e;cepcin al derecho est0 situada en la c%spide o en el )undamento de
lo 1urdico4poltico. En el cuerpo del so&erano, encarna lo #ue )unda, sostiene o eri$e, en lo m0s
alto, con la unidad de la nacin, la $aranta de la 8onstitucin, las condiciones el e1ercicio del
derecho. 8omo siempre ocurre, el principio trascendental de un sistema no pertenece al sistema.
6e es e;tra-o como una e;cepcin.
Sin discutir el principio de este derecho de $racia, por m0s !elevado" #ue sea, por m0s no&le
pero tam&in m0s !escurridi+o" m0s e#uvoco, m0s peli$roso, m0s ar&itrario #ue
sea, Oant recuerda la estricta limitacin #ue ha&ra #ue imponerle para #ue no diera lu$ar a las
peores in1usticias. #ue el so&erano slo pueda indultar ah donde el crimen lo a)ecta a l mismo 2
a)ecta por lo tanto, en su cuerpo, la $aranta misma del derecho, del Estado de derecho del
Estado3. 8omo en la l$ica he$eliana de la #ue ha&l0&amos antes, slo es imperdona&le el crimen
contra lo #ue da el poder de perdonar, el crimen contra el perdn, en de)initiva 4el espritu
se$%n He$el, lo #ue l llama !el espritu del cristianismo"4, pero es 1ustamente esto
imperdona&le, slo esto imperdona&le, lo #ue el so&erano tiene todava el derecho de perdonar,
solamente cuando !el cuerpo del re", en su )uncin so&erana, es a)ectado a travs del otro
!cuerpo del re", #ue es a#u lo !mismo", el cuerpo de carne, sin$ular emprico. Luera de esta
e;cepcin a&soluta, en todos los dem0s casos, en cual#uier parte donde los da-os a)ecten a los
su1etos mismos, es decir, casi siempre, el derecho de $racia no podra e1ercerse sin in1usticia. De
hecho& se sa&e #ue siempre es e1ercido por el so&erano en )orma condicional, en )uncin de una
interpretacin o de un c0lculo en cuanto a lo #ue entrecruce un inters particular 2el propio o el de
los suos o de una )raccin de la sociedad3 el inters del Estado. :n e1emplo reciente lo dara
8linton, #uien nunca estuvo inclinado a indultar a nadie #ue es un partidario m0s &ien a$uerrido
de la pena de muerte. 'hora &ien, l lle$a, utili+ando su right to pardon& a indultar a unos
portorri#ue-os encarcelados desde haca tiempo por terrorismo. *ues &ien, los repu&licanos no
de1aron de cuestionar este privile$io a&soluto del E1ecutivo, acusando al *residente de ha&er
#uerido as audar a Hillar 8linton en su pr;ima campa-a electoral en ?ueva YorM, donde,
como sa&emos, los puertorri#ue-os son muchos.
En el caso a la ve+ e;cepcional e1emplar del derecho de $racia, all donde lo #ue e;cede lo
1urdico4poltico se inscri&e, para )undarlo, en el derecho constitucional, hay y no hay ese
encuentro o esa con)rontacin personal, del cual puede pensarse #ue es e;i$ido por la esencia
misma del perdn. 'h donde ste de&era slo comprometer sin$ularidades a&solutas, no
puede manifestarse en cierta )orma sin apelar al tercero, a la institucin, al car0cter de social, a la
herencia trans$eneracional, al so&reviviente en $eneral9 ante todo a esa instancia universali+ante
#ue es el len$ua1e. *uede ha&er ah, de una o de otra parte, un escenario de perdn sin un
len$ua1e compartido? ?o se comparte slo una len$ua nacional o un idioma, sino un acuerdo
so&re el sentido de las pala&ras, sus connotaciones, la retrica, la orientacin de una re)erencia,
etc. sa es otra )orma de la misma apora. cuando la vctima el culpa&le no comparten nin$%n
len$ua1e, cuando nada com%n universal les permite entenderse, el perdn parece privado de
sentido, uno se encuentra precisamente con lo imperdona&le a&soluto, con esa imposi&ilidad de
perdonar de la #ue decamos sin em&ar$o hace un momento #ue era, parad1icamente, el elemento
mismo de cual#uier perdn posi&le. *ara perdonar es preciso por un lado #ue am&as partes se
pon$an de acuerdo so&re la naturale+a de la )alta, sa&er #uin es culpa&le de #u mal hacia #uin,
etc. 8osa a mu impro&a&le. *or#ue ima$nese lo #ue una !l$ica del inconsciente" vendra a
pertur&ar en ese !sa&er", en todos los es#uemas en #ue detenta no o&stante una !verdad".
@ma$inemos adem0s lo #ue pasara cuando la misma pertur&acin hiciera tem&lar todo, cuando
lle$ara a repercutir en el !tra&a1o del duelo", en la !terapia" de la #ue ha&l0&amos, en el derecho
en la poltica. *or#ue si un perdn puro no puede 4no debe+ presentarse como tal, e;hi&irse por
lo tanto en el teatro de la conciencia sin, en el mismo acto, ne$arse, mentir o rea)irmar una
so&erana, cmo sa&er lo #ue es un perdn 4si al$%n da tiene lu$ar4, #uin perdona a #uin, o
#u a #uin? *or#ue por otro lado, si es preciso, como decamos recin, #ue am&as partes se
pon$an de acuerdo so&re la naturale+a de la )alta, sa&er, a conciencia, #uin es culpa&le de #u
mal hacia #uin, etc., esto si$ue siendo mu impro&a&le, lo contrario tam&in es verdad. 'l
mismo tiempo, es preciso e)ectivamente #ue la alteridad, la no4identi)icacin, la incomprensin
misma permane+can irreducti&les. El perdn es, por lo tanto, loco, de&e hundirse, pero
l%cidamente, en la noche de lo ininteli$i&le. 6lamemos a esto lo inconsciente o la no4
conciencia, como usted pre)iera. Aesde #ue la vctima !comprende" al criminal, desde #ue
intercam&ia, ha&la, se entiende con l, la escena de la reconciliacin ha comen+ado, con ella
ese perdn usual #ue es cual#uier cosa menos un perdn. 'un si di$o !no te perdono( a al$uien
#ue me pide perdn, pero a #uien comprendo me comprende, entonces ha comen+ado un
proceso de reconciliacin, el tercero ha intervenido. *ero se aca& el asunto del perdn puro.

M. W. En las situaciones m0s terri&les, en R)rica, en Oosovo, no se trata, precisamente, de una
&ar&arie de pro;imidad, donde el crimen se produce entre personas #ue se conocen? El perdn
no implica lo imposi&le. estar al mismo tiempo en al$o di)erente de la situacin anterior, antes
del crimen, comprendiendo simult0neamente la situacin anterior?
J. Derrida En lo #ue usted llama la !situacin anterior" podra ha&er, en e)ecto, todo tipo de
pro;imidades. len$ua1e, vecindad, )amiliaridad, incluso )amilia, etc. *ero para #ue el mal sur1a,
el !mal radical" #ui+0 peor a%n, el mal imperdona&le, el %nico #ue hace sur$ir la cuestin del
perdn, es preciso #ue, en lo m0s ntimo de esta intimidad, un odio a&soluto ven$a a interrumpir
la pa+. Esta hostilidad destructora slo puede diri$irse a lo #ue 6vinas llama el !rostro" del
otro, el otro seme1ante, el pr1imo m0s pr;imo, entre el &osnio el servio, por e1emplo, dentro
del mismo &arrio, de la misma casa, a veces de la misma )amilia. El perdn de&e entonces
tapar el a$u1ero? Ae&e suturar la herida en un proceso de reconciliacin? E &ien dar lu$ar a
otra pa+, sin olvido, sin amnista, )usin o con)usin? *or supuesto, nadie se atrevera
decentemente a o&1etar el imperativo de la reconciliacin. Es me1or poner )in a los crmenes a
las discordias. *ero, una ve+ m0s, creo #ue ha #ue distin$uir entre el perdn el proceso de
reconciliacin, esta reconstitucin de una salud o de una !normalidad", por necesarias
desea&les #ue puedan parecer a travs de las amnesias, el !tra&a1o de duelo", etc. :n perdn
!)inali+ado" no es un perdn, es slo una estrate$ia poltica o una economa psicoteraputica.
En 'r$elia ho, pese al dolor in)inito de las vctimas el da-o irrepara&le #ue su)ren para
siempre, se puede pensar, ciertamente, #ue la supervivencia del pas, de la sociedad del Estado
pasa por el anunciado proceso de reconciliacin. Aesde este punto de vista se puede
!comprender" #ue un comicio haa apro&ado la poltica prometida por Qoute)liMa. *ero creo
inapropiada la pala&ra !perdn" #ue )ue pronunciada en esa ocasin, en particular por el 1e)e del
Estado ar$elino. =e parece in1usta a la ve+ por respeto a las vctimas de crmenes atroces
2nin$%n 1e)e de Estado tiene derecho a perdonar en su lu$ar3 por respeto al sentido de esta
pala&ra, a la incondicionalidad no ne$ocia&le, aneconmica, a4poltica no4estrat$ica #ue ste
prescri&e. *ero, una ve+ m0s, ese respeto por la pala&ra o por el concepto no traduce solamente
un purismo sem0ntico o )ilos)ico. >odo tipo de !polticas" incon)esa&les, todo tipo de
manio&ras estrat$icas pueden ampararse a&usivamente tras una !retrica" o una !comedia" del
perdn para saltear la etapa del derecho. En poltica, cuando se trata de anali+ar, de 1u+$ar, hasta
de oponerse pr0cticamente a esos a&usos, es de ri$or la e;i$encia conceptual, incluso all donde
sta toma en cuenta, em&roll0ndose en ellas declar0ndolas, parado1as o aporas. sta es, una
ve+ m0s, la condicin de la responsa&ilidad.

M. W. Entonces usted est0 permanentemente repartido entre una visin tica !hiper&lica" del
perdn, el perdn puro, la realidad de una sociedad ocupada en procesos pra$m0ticos de
reconciliacin?
J. Derrida S, permane+co !repartido", como usted dice tan acertadamente. *ero sin poder, ni
#uerer, ni de&er optar. 'm&os polos son irreducti&les uno a otro, ciertamente, pero si$uen
siendo indisocia&les. *ara modi)icar el curso de la !poltica" o de lo #ue usted aca&a de llamar
los !procesos pra$m0ticos", para cam&iar el derecho 2#ue se encuentra atrapado entre los dos
polos, el !ideal" el !emprico" 4 lo #ue me interesa a#u es, entre am&os, esa mediacin
universali+ante, esa historia del derecho, la posi&ilidad de ese pro$reso del derecho43, es
necesario re)erirse a lo #ue usted aca&a de llamar !visin tica Chiper&licaD del perdn".
'un#ue o no est se$uro de las pala&ras !visin" o !tica", en este caso, di$amos #ue slo esta
e;i$encia in)le;i&le puede orientar una historia de las lees, una evolucin del derecho. Slo
ella puede inspirar, a#u, ahora, con ur$encia, sin esperar, la respuesta las responsa&ilidades.
Folvamos a la cuestin de los derechos del hombre& al concepto de crimen contra la
humanidad& pero tam&in de la soberana' =0s #ue nunca, esos tres motivos est0n li$ados en el
espacio p%&lico en el discurso poltico. 'un#ue a menudo una cierta nocin de la so&erana
est positivamente asociada al derecho de la persona, al derecho a la autodeterminacin, al ideal
de emancipacin, por cierto a la idea misma de li&ertad, al principio de los derechos del
hom&re, es con )recuencia en nom&re de los derechos del hom&re para casti$ar o prevenir
crmenes contra la humanidad como se lle$a a limitar, al menos a pretender limitar, con
intervenciones internacionales, la so&erana de ciertos Estados4nacin. *ero de al$unos, m0s
#ue de otros. E1emplos recientes. las intervenciones en Oosovo o en >imor oriental, por otra
parte di)erentes en su naturale+a su orientacin. 2El caso de la <uerra del <ol)o es complicado
de modo di)erente. se limita ho la so&erana de @raM pero despus de ha&er pretendido
de)ender, contra l, la so&erana de un pe#ue-o Estado 4 de paso al$unos otros intereses, pero
no nos deten$amos en eso4.3 Estemos siempre atentos, como Hannah 'rendt advierte tan
l%cidamente, al hecho de #ue esta limitacin de so&erana nunca es impuesta sino ah donde esto
es !posi&le" 2)sica, militar, econmicamente3, es decir, siempre impuesta a pe#ue-os Estados9
relativamente d&iles, por Estados poderosos. Estos %ltimos, celosos de su propia so&erana,
limitan la de los otros. Y pesan adem0s de modo determinante so&re las decisiones de las
instituciones internacionales. Se trata de un orden de un !estado de hecho" #ue pueden ser
consolidados al servicio de los !poderosos" o &ien, por el contrario, poco a poco dislocados,
puestos en crisis, amena+ados por conceptos 2es decir, per)ormativos instituidos,
acontecimientos por esencia histricos trans)orma&les3, como el de los nuevos !derechos del
hom&re" o el de !crimen contra la humanidad", por convenciones so&re el $enocidio, la tortura
o el terrorismo. Entre las dos hiptesis, todo depende de lapoltica #ue recurre a estos
conceptos. *ese a sus races sus )undamentos sin edad, estos conceptos son mu 1venes, al
menos en tanto dispositivos del derecho internacional. Y cuando, en ,IJK 4apenas aer4 Lrancia
1u+$ oportuno decidir #ue los crmenes contra la humanidad se$uiran
siendo imprescripti&les2decisin #ue hi+o posi&les todos los procesos #ue usted conoce 4aer
incluso el de *apon43, para eso apel implcitamente a una especie de m0s all0 del derecho en el
derecho. 6o imprescripti&le, como nocin 1urdica, no es ciertamente lo imperdona&le,
aca&amos de ver por #u. *ero lo imprescripti&le, vuelvo so&re esto, se-ala hacia el orden
trascendente de lo incondicional, del perdn de lo imperdona&le, hacia una especie de
ahistoricidad, incluso de eternidad de 7uicio Linal #ue des&orda la historia el tiempo )inito
del derecho. para siempre, !eternamente", en cual#uier parte siempre, un crimen contra la
humanidad ser0 pasi&le de un 1uicio, 1am0s se &orrar0 su archivo 1udicial. *or lo tanto, una
cierta idea del perdn de lo imperdona&le, de un cierto m0s all0 del derecho 2de toda
determinacin histrica del derecho3, ha inspirado a los le$isladores los parlamentarios, los
#ue producen el derecho, cuando por e1emplo institueron en Lrancia la imprescripti&ilidad de
los crmenes contra la humanidad o, en )orma m0s $eneral, cuando trans)orman el derecho
internacional e instalan tri&unales universales. Esto muestra claramente #ue, pese a su
apariencia terica, especulativa, purista, a&stracta, toda re)le;in so&re una e;i$encia
incondicional est0 anticipadamente comprometida, por completo, en una historia concreta.
sta puede inducir procesos de trans)ormacin 4poltica, 1urdica4verdaderamente sin lmite.

Aicho esto, puesto #ue usted me se-ala&a hasta #u punto esto !repartido" ante estas
di)icultades aparentemente insolu&les, estara tentado de dar dos tipos de respuesta. &or un
lado& ha, debe ha&er, es preciso aceptarlo, al$o !insolu&le". En poltica m0s all0. 8uando los
datos de un pro&lema o de una tarea no aparecen como in)initamente contradictorios,
u&ic0ndome ante la apora de una do&le inuncin, entonces s anticipadamente lo #ue ha #ue
hacer, creo sa&erlo, ese sa&er or$ani+a pro$rama la accin. est0 hecho, a no ha decisin ni
responsa&ilidad #ue asumir. :n cierto no4sa&er de&e, por el contrario, de1arme desvalido ante lo
#ue ten$o #ue hacer para #ue ten$a #ue hacerlo, para #ue me sienta li&remente o&li$ado a ello
su1eto a responder. Ae&o entonces, slo entonces, hacerme responsa&le de esta transaccin
entre dos imperativos contradictorios e i$ualmente 1usti)icados. ?o es #ue ha$a )alta no
saber''l contrario, es preciso sa&er lo m0s posi&le de la me1or manera posi&le, pero entre el
sa&er m0s e;tenso, el m0s sutil, el m0s necesario, la decisin responsa&le, si$ue ha&iendo
de&e se$uir ha&iendo un a&ismo. Folvemos a encontrar a#u la distincin de los dos rdenes
2indisocia&les pero hetero$neos3 #ue nos preocupa desde el comien+o de esta entrevista. &or
otro lado& si llamamos !poltica" a lo #ue usted desi$na !procesos pra$m0ticos de
reconciliacin", entonces, tomando al mismo tiempo seriamente esas ur$encias polticas, creo
tam&in #ue no estamos de)inidos por completo por la poltica, so&re todo tampoco por la
ciudadana, por la pertenencia estatutaria a un Estado4nacin. ?o de&emos aceptar #ue, en el
cora+n o en la ra+n, so&re todo cuando se trata del !perdn", al$o arriva #ue e;cede toda
institucin, todo poder, toda instancia 1urdico4poltica? Se puede ima$inar #ue al$uien, vctima
de lo peor, en s mismo, en los suos, en su $eneracin o en la precedente, e;i1a #ue se ha$a
1usticia, #ue los criminales compare+can, sean 1u+$ados condenados por un tri&unal , sin
em&ar$o, en su cora+n perdone.

M. W. Y lo inverso?
J. Derrida 6o inverso tam&in, por supuesto. Se puede ima$inar, aceptar, #ue al$uien no
perdone 1am0s, incluso despus de un procedimiento de a&solucin o de amnista. El secreto de
esta e;periencia perdura. Ae&e permanecer intacto, inaccesi&le al derecho, a la poltica, a la moral
misma. a&soluto. *ero o hara de este principio transpoltico un principio poltico, una re$la o
una toma de posicin poltica. tam&in es necesario, en poltica, respetar el secreto, lo #ue e;cede
lo poltico o lo #ue a no depende de lo 1urdico. Es lo #ue llamara la !democracia por venir". En
el mal radical del #ue ha&lamos en consecuencia en el eni$ma del perdn de lo imperdona&le,
ha una especie de !locura" #ue lo 1urdico4poltico no puede a&ordar, menos a%n apropiarse.
@ma$inemos una vctima del terrorismo, una persona cuos hi1os han sido de$ollados o
deportados, u otra cua )amilia ha muerto en un horno crematorio. Sea #ue ella di$a !perdono" o
!no perdono", en am&os casos, no esto se$uro de comprender, incluso esto se$uro de no
comprender, en todo caso no ten$o nada #ue decir. Esta +ona de la e;periencia permanece
inaccesi&le de&o respetar ese secreto. 6o #ue #ueda por hacer, lue$o, p%&licamente,
polticamente, 1urdicamente, tam&in si$ue siendo di)cil. Betomemos el e1emplo de 'r$elia.
8omprendo, comparto incluso el deseo de los #ue dicen. !Ha #ue hacer la pa+, este pas de&e
so&revivir, &asta a, esos asesinatos monstruosos, ha #ue hacer lo necesario para #ue esto se
deten$a", si para eso es necesario )alsear hasta la mentira o la con)usin 2como cuando
Qoute)liMa dice. !Famos a li&erar a los prisioneros polticos #ue no tienen las manos
ensan$rentadas"3, pues &ien, vaa por esta retrica a&usiva, no ha&r0 sido la primera en la
historia reciente, menos reciente so&re todo colonial de este pas. 8omprendo por lo tanto esta
!l$ica", pero tam&in comprendo la l$ica opuesta, #ue recha+a a toda costa, por principio,
esta %til misti)icacin. *ues &ien, se es el momento de la maor di)icultad, la le de la
transaccin responsa&le. Se$%n las situaciones se$%n los momentos, las responsa&ilidades a
asumir son di)erentes. ?o de&era hacerse, me parece, en la Lrancia de ho, lo #ue se aprestan a
hacer en 'r$elia. 6a sociedad )rancesa de ho puede permitirse sacar a la lu+, con un ri$or
in)le;i&le, todos los crmenes del pasado 2incluso los #ue se prolon$an en 'r$elia, precisamente
4 esto no ha terminado todava4, puede 1u+$arlos no de1ar #ue se adorme+ca la memoria. Ha
situaciones donde, por el contrario, es necesario, si no adormecer la memoria 2esto no ha&ra #ue
hacerlo 1am0s, si )uera posi&le3, al menos hacer como si, en el escenario p%&lico, se renunciase a
sacar todas las consecuencias de esto. ?unca estamos se$uros de hacer la eleccin 1usta 4uno
nunca sa&e, nunca lo sa&r04 de lo #ue se llama un sa&er. El )uturo no nos lo har0 sa&er me1or,
por#ue ha&r0 estado determinado, l mismo, por esa eleccin. Es ah donde las responsa&ilidades
de&en reevaluarse a cada instante se$%n las situaciones concretas, es decir, las #ue no esperan, las
#ue no nos dan tiempo para la deli&eracin in)inita. 6a respuesta no puede ser la misma en
'r$elia ho, aer o ma-ana, #ue en la Lrancia de ,IKP, de ,IJS4,ITU, o del a-o /UUU. Es m0s #ue
di)cil, es in)initamente an$ustiante. Es la noche. *ero reconocer esas di)erencias !conte;tuales"
es al$o mu distinto de una renuncia empirista, relativista o pra$matista. 7ustamente por#ue la
di)icultad sur$e en nom&re en ra+n de principios incondicionales, por lo tanto irreducti&les a
esas )acilidades 2empiristas, relativistas o pra$matistas3. En todo caso, o no reducira la terri&le
cuestin de la pala&ra !perdn" a esos !procesos" en los #ue se encuentra anticipadamente
implicada, por comple1os e inevita&les #ue stos sean.

M. W. 6o #ue si$ue siendo comple1o es esta circulacin entre la poltica la tica hiper&lica.
*ocas naciones escapan al hecho, #ui+0s )undador, de #ue ha ha&ido crmenes, violencias, una
violencia )undadora, para ha&lar como Ben <irard, el tema del perdn se vuelve mu cmodo
para 1usti)icar, lue$o, la historia de la nacin.
J. Derrida >odos los Estados4nacin nacen se )undan en la violencia. 8reo irrecusa&le esta
verdad. Sin si#uiera e;hi&ir a este respecto espect0culos atroces, &asta con destacar una le de
estructura. el momento de )undacin, el momento instituente, es anterior a la le o a la
le$itimidad #ue l instaura. Es, por lo tanto, fuera de la ley& violento por eso mismo. *ero usted
sa&e #ue se podra !ilustrar" 2G#u pala&ra, a#uH3 esta verdad a&stracta con documentos
terror)icos, procedentes de las historias de todos los Estados, los m0s vie1os los m0s 1venes.
'ntes de las )ormas modernas de lo #ue se llama, en sentido estricto, el !colonialismo", todos los
Estados 2me atrevera incluso a decir, sin 1u$ar demasiado con la pala&ra la etimolo$a, todas
las culturas) tienen su ori$en en una a$resin de tipo colonial' Esta violencia )undadora no es
slo olvidada. 6a )undacin se hace para ocultarla9 tiende por esencia a or$ani+ar la amnesia, a
veces &a1o la cele&racin la su&limacin de los $randes comien+os. 'hora &ien, lo #ue parece
sin$ular ho, e indito, es el proyecto de hacer comparecer Estados, o al menos 1e)es de Estado en
cuanto tales 2*inochet3, e incluso 1e)es de Estado en e1ercicio 2=ilosevic3 ante instancias
universales. Se trata ah slo de proectos o de hiptesis, pero esta posi&ilidad &asta para anunciar
una mutacin. sta constitue de por s un acontecimiento capital. 6a so&erana del Estado, la
inmunidad de un 1e)e de Estado a no son, en principio, en derecho, intan$i&les. Evidentemente,
su&sistir0n por lar$o tiempo muchos e#uvocos, ante los cuales es necesario redo&lar la vi$ilancia.
Estamos le1os de pasar a los actos de poner estos proectos en marcha, por#ue el derecho
internacional depende todava demasiado de Estados4nacin so&eranos poderosos. 'dem0s,
cuando se pasa al acto, en nom&re de derechos universales del Hom&re o contra !crmenes contra
la humanidad", se lo hace a menudo en )orma interesada, en consideracin de estrate$ias
comple1as a veces contradictorias, en una situacin donde se depende enteramente de Estados
no solamente celosos de su propia so&erana, sino dominantes en el escenario internacional,
apurados por intervenir a#u m0s &ien o m0s pronto #ue all0, por e1emplo en Oosovo m0s &ien
#ue en 8hechenia, para limitarse a e1emplos recientes, etc., e;cluendo, por supuesto, toda
intervencin en ellos9 de all por e1emplo la hostilidad de 8hina a cual#uier in1erencia de este tipo
en 'sia, en >imor, por e1emplo 4esto podra dar ideas del lado del >&et49 o tam&in de ciertos
pases llamados !del Sur", ante las competencias universales prometidas a la 8orte penal
internacional, etctera.

Folvemos re$ularmente a esta historia de la so&erana. Y puesto #ue ha&lamos del perdn, lo #ue
hace al !te perdono" a veces insoporta&le u odioso, hasta o&sceno, es la a)irmacin de so&erana.
Esta se diri$e a menudo de arri&a a&a1o, con)irma su propia li&ertad o se arro$a el poder de
perdonar, a sea como vctima o en nom&re de la vctima. 'hora &ien, es necesario adem0s
pensar en una victimi+acin a&soluta, la #ue priva a la vctima de la vida, o del derecho a la
pala&ra, o de esa li&ertad, de esa )uer+a ese poder #ueautorizan& #ue permiten acceder a la
posicin del !te perdono". 'h, lo imperdona&le consistira en privar a la vctima de ese derecho
a la pala&ra, de la pala&ra misma, de la posi&ilidad de toda mani)estacin, de todo testimonio.
6a vctima sera entonces vctima, adem0s, de verse despo1ada de la posibilidad mnima,
elemental, de considerar virtualmente perdonar lo imperdona&le. Este crimen a&soluto no
adviene solamente en la )i$ura del asesinato.
@nmensa di)icultad, pues. 8ada ve+ #ue el perdn es e)ectivamente e1ercido, parece suponer
al$%n poder so&erano. *uede ser el poder so&erano de un alma no&le )uerte, pero tam&in un
poder de Estado #ue dispone de una le$itimidad incuestionada, de la potencia necesaria para
or$ani+ar un proceso, un 1uicio aplica&le o, eventualmente, la a&solucin, la amnista o el
perdn. Si, como lo pretenden 7anMlvitch 'rendt 2a he e;presado mis reservas al respecto3,
slo se perdona all donde se podra 1u+$ar casti$ar, por lo tanto evaluar, entonces la
instalacin, la institucin de una instancia de 1uicio supone un poder, una )uer+a, una so&erana.
:sted conoce el ar$umento !revisionista". el tri&unal de ?urem&er$ era la invencin de los
vencedores, esta&a a su disposicin, tanto para esta&lecer el derecho, 1u+$ar condenar, como
para e;culpar, etctera.
8on lo #ue sue-o, a#uello #ue intento pensar como la !pure+a" de un perdn di$no de ese
nom&re, sera un perdn sin poder. incondicional& pero sin soberana' 6a tarea m0s di)cil, a la
ve+ necesaria aparentemente imposi&le, sera entonces
disociar incondicionalidad soberana' Se har0 al$%n da?!est pas demain la veille&
[iv] como se dice. *ero, puesto #ue la hiptesis de esta tarea impresenta&le se anuncia, aun#ue
sea como una ilusin para el pensamiento, esta locura no es #ui+0s tan loca...


[i] Esta entrevista entre 7ac#ues Aerrida =ichel VieviorMa )ue pu&licada con este ttulo en el
n%mero I de'onde des dbats 2diciem&re de ,III3.
[ii] 8). infra ! Le sa&er" , p0$s. TP4TT IP.
[iii] Ha&ra mucho para decir a#u so&re las di)erencias se;uales, a se trate de las
vctimas o de su testimonio.>utu cuenta tam&in cmo al$unas mu1eres perdonaron
en presencia de los victimarios. *ero 'nt1e Oro$, en un li&ro admira&le, (he
ountry of my )*ull& descri&e adem0s la situacin de mu1eres militantes #ue,
violadas ante todo acusadas por los torturadores de no ser militantes sino rameras,
no podan si#uiera atesti$uarlo ante la 8omisin, ni tampoco en su )amilia, sin
desnudarse, sin mostrar sus cicatrices o sin e;ponerse una ve+ m0s, por su testimonio
mismo, a otra violencia. 6a !cuestin del perdn" no poda si#uiera plantearse
p%&licamente a estas mu1eres, al$unas de las cuales ocupan actualmente altas
responsa&ilidades en el Estado. En Sud0)rica e;iste una+ender ommission para este
tema.
[iv] Ael len$ua1e )amiliar, literalmente !no es ma-ana la vspera", para si$ni)icar !no
ser0 en lo inmediato". ,,- de la ('-

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