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O enve una carta a Creative Commons, 559 Nathan Abbott Way, Stanford, California
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Director: Pucciarelli, Alfredo R.
Tortti, Mara Cristina
Tesis presentada para la obtencin del grado de
Doctora en Historia
Cita sugerida
Tortti, M. C. (2007) El viejo partido socialista y los orgenes de la
nueva izquierda [En lnea]. Tesis doctoral. Universidad Nacional de
La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educacin.
Disponible en: http://www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/
te.259/te.259.pdf
El viejo partido socialista y los
orgenes de la nueva izquierda
1
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
DOCTORADO EN HISTORIA
TESIS: EL VIEJO PARTIDO SOCIALISTA Y LOS ORGENES DE
LA NUEVA IZQUIERDA
MARA CRISTINA TORTTI
DIRECTOR: DR. ALFREDO R. PUCCIARELLI
JULIO 2007
2
PREFACIO
Dentro del desparejo campo de los estudios sobre la nueva izquierda argentina,
resulta un lugar comn aludir a su irrupcin como un fenmeno engendrado por el
Cordobazo y propagado luego a la dcada de 1970. A la vez, el enorme impacto
producido desde entonces por el accionar de las organizaciones poltico- militares ha hecho
que la atencin tendiera a concentrarse en el tramo final del conflictivo proceso abierto con
el derrocamiento del gobierno peronista. De esta manera, se privilegia el tratamiento de
algunos actores las organizaciones armadas- en detrimento de otros y se produce una
cierta simplificacin del complejo fenmeno de activacin social y poltica desarrollado a
lo largo de dos dcadas, con el consiguiente empobrecimiento de su comprensin.
Uno de los efectos de ese doble recorte se encuentra en el hecho de que an
permanezcan en relativa oscuridad los orgenes de esas mismas organizaciones, y sobre
todo, las experiencias polticas que precedieron a la decisin de tomar las armas. De manera
complementaria, resulta difcil responder satisfactoriamente al hecho de que esa forma de
hacer poltica hubiese sido aceptada sin demasiado escndalo por buena parte de la
sociedad, al menos en sus fases iniciales.
En la bsqueda de explicaciones, algunos autores remiten a las caractersticas ms
generales de la cultura y del sistema poltico argentino, pero si bien dichas interpretaciones
resultan plausibles, no parecen suficientes a la hora de esclarecer las razones por las cuales
una o dos generaciones alcanzaron tal grado de radicalidad. Por su parte, los estudios que
dan cuenta del proceso de modernizacin cultural producido a partir de 1955, han
llamado la atencin sobre el hecho de que la renovacin se articul de manera creciente
con las ideas revolucionarias y con el sentimiento de malestar experimentado por los
intelectuales de izquierda, a raz de la distancia que social y polticamente- los separaba
del movimiento popular.
En tal sentido, al analizar el desarrollo de la nueva izquierda cultural, Oscar Tern
(1991) se interroga acerca de si detrs de la figura del trabajador, crecientemente
idealizada por estos intelectuales, no se esconda ya la del guerrero, mientras que Silvia
Sigal (1991) encuentra que, al menos en los primeros sesentas, dichos intelectuales
constituan verdaderas elites en disponibilidad. Con estas sugerencias, ambos autores
3
parecen invitar a formular interrogantes sobre los procesos a travs de los cuales las nuevas
ideas y la disposicin a la accin, dieron lugar a propuestas polticas que desbordaron los
marcos de la izquierda tradicional. De manera similar, cuando Carlos Altamirano (2002),
llama la atencin sobre la necesidad de incluir la fe en la revolucin como una dimensin
crucial para el anlisis del perodo que sigui a la Revolucin Argentina, est
convocando a considerar un fenmeno de carcter colectivo, cuyos efectos se sentiran no
slo en el nivel de las mentalidades, sino tambin en el ms prctico de la organizacin y el
enfrentamiento poltico.
En nuestro caso, la constatacin de la discontinuidad existente en el conocimiento
entre la dinmica de la nueva izquierda cultural de los sesenta y la expansin de la
poltica revolucionaria durante los setenta, estimul la necesidad de conocer las
experiencias especficamente polticas a travs de las cuales las nuevas ideas fueron
procesadas, dando curso al compromiso al que incitaban. Por lo general, esas
experiencias marcharon en un sentido inverso al propiciado hasta entonces por los Partidos
Socialista y Comunista (PS y PC), a los que se responsabiliz por el fracaso histrico de
la izquierda en la Argentina. Si bien esas crticas tenan antecedentes en la historia de
ambos partidos, los movimientos posteriores a 1955 encontraron un ambiente ms
favorable que en el pasado: por un lado, tras la cada del peronismo, las condiciones
polticas parecan ofrecer a la izquierda una nueva oportunidad para ligarse con los sectores
populares -considerados en situacin de orfandad poltica-; por otra parte, al poco tiempo,
la Revolucin Cubana, al brindar un modelo alternativo y un horizonte posible, operara
como un poderoso estmulo para la accin y facilitara, adems, la tarea de deslegitimacin
de las tradicionales -y fracasadas- dirigencias de la izquierda.
La hiptesis general que gua este trabajo considera que los movimientos de
revisin, debate y ruptura producidos en el campo de la izquierda a fines de los aos
cincuenta y principios de los sesenta, fueron el punto de partida de un proceso ms general
de renovacin de los elencos dirigentes y de la cultura poltica de la izquierda, cuyos
efectos se prolongaran hasta entrada la dcada siguiente; considera, adems, que dicho
proceso slo puede ser cabalmente entendido si se toman en cuenta sus numerosos puntos
de contacto con fenmenos similares que, muchas veces de manera simultnea, se
4
producan en otras tradiciones polticas y poltico-culturales, tales como el peronismo, el
nacionalismo y el catolicismo.
Uno de los rasgos tpicos de aquel momento que renov discursos e identidades,
consisti en que las nuevas organizaciones se lanzaron a experimentar con novedosas
frmulas polticas, en la conviccin de que la articulacin entre socialismo y peronismo
no slo era deseable, sino tambin posible. Si bien, por lo general, se trat de
organizaciones de reducidas dimensiones y corta vida, no habra que restarles trascendencia
a la hora de identificar las races del proceso de contestacin social y radicalizacin poltica
que cubri el pas a partir de 1969: cuando la atencin se vuelve sobre ellas, se comprueba
que casi todos los temas que suelen ser identificados como propios de los setenta formaban
parte de su agenda, y que muchas estrategias ya haban sido ensayadas.
En sentido estricto, esta tesis focaliza sobre uno de dichos grupos, el de la izquierda
socialista, durante los aos transcurridos entre el derrocamiento del gobierno del general
Pern y las vsperas de la Revolucin Argentina. Nacida en las entraas mismas del ms
tradicional y antiperonista de los partidos de la izquierda, la izquierda socialista se propuso
renovar al viejo PS, rescatndolo del gorilismo y volviendo a hacer de l un partido
ligado a los trabajadores. Como gran parte de la trayectoria de este grupo transcurri dentro
del mismo PS, necesariamente debieron ser reconstruidos aquellos aspectos de la vida
partidaria que permiten entender tanto los rasgos de la identidad y la cultura socialistas
como el carcter de los conflictos que atravesaron al Partido, sobre todo los derivados de su
compromiso con la Revolucin Libertadora.
El trabajo intenta dar cuenta de las razones que hicieron posible el surgimiento de
una corriente renovadora lo suficientemente fuerte como para enfrentar al sector ms
tradicional del PS liderado por Amrico Ghioldi-, y tambin de las que permiten explicar
el papel cumplido dentro de dicha corriente por la fraccin de izquierda, que desarrollaba
su propia estrategia de poder. La primera etapa del conflicto socialista permite apreciar la
profundidad de las diferencias existentes entre ghioldistas -tildados de liberales y
gorilas- y renovadores, considerados a su vez por los primeros como comunizantes y
pro peronistas; tambin ser posible advertir la densidad de la trama organizativa del PS
y la intensa utilizacin que ambas fracciones hicieron de los muy articulados mecanismos
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estatutarios -propios de un partido altamente institucionalizado-, hasta que la tensin
acumulada deriv en la divisin del Partido.
Despus de 1958, la atencin se concentra en la organizacin en la que se nuclearon
los renovadores el Partido Socialista Argentino (PSA)-, haciendo notar que tanto su lnea
opositora y obrerista como su estrategia legalista fueron producto del compromiso
que, durante cierto tiempo, moderados e izquierdistas lograron mantener. El anlisis del
papel jugado dentro de la coalicin dirigente por el ala radical, muestra que los jvenes
dirigentes de la izquierda estaban decididos a promover una poltica frentista que les
permitiera ligarse con el proscripto peronismo el electorado vacante-, an al costo de
enfrentar a hombres que como Alfredo Palacios, no estaban dispuestos a dar ese paso.
El trabajo procura dar visibilidad a los caminos a travs de los cuales los jvenes
socialistas, al tiempo que pretendan izquierdizar al propio partido, marchaban al encuentro
de ideas y tradiciones que expresaban al campo de lo nacional y popular -dentro del cual
tambin emergan grupos en proceso de radicalizacin-: en el campo de la naciente nueva
izquierda, el repudio a las formas liberales de la poltica y la reinterpretacin del
peronismo en trminos de movimiento de liberacin nacional, se daba la mano con la
admiracin por la gesta cubana que haba logrado amalgamar antiimperialismo y
revolucin social. La izquierda socialista fue un actor principal en este verdadero
ambiente paralelo que funcionaba al margen de la poltica oficial y de las direcciones de
los respectivos partidos; uno de los rasgos que la diferenci de los dems grupos, radic en
su capacidad para actuar simultneamente dentro de la estructura oficial del PS y en los
ambientes de la nueva izquierda, utilizando inteligentemente los recursos que cada uno
de ellos ofreca.
En este joven y radicalizado ambiente, el rumbo tomado por el gobierno de Arturo
Frondizi y el notorio envilecimiento de las instituciones representativas apareca como la
prueba irrefutable de que las reglas del juego poltico deban ser drsticamente cambiadas,
si es que se deseaba alcanzar una verdadera democracia: la cerrazn del sistema poltico -
y la complicidad de la mayor parte de sus actores-, los convenca de que, para que la
voluntad popular pudiera expresarse, era inevitable llegar a un momento de ruptura
insurreccional. Los intentos de la izquierda por embarcar al PSA en una estrategia de este
tipo, as como el rpido ascenso de sus hombres a los rganos de direccin, termin por
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alarmar al sector moderado y provocar una nueva ruptura de la que, en 1961, emergi el
PSA de Vanguardia (PSAV).
La tercera parte del trabajo narra la trayectoria del PSAV -un partido de la nueva
izquierda- y su intensa bsqueda de la unidad con el peronismo; junto con la identificacin
de su lnea programtica, se analizan los principales episodios polticos en los que particip
y se sealan los nexos que mantuvo con los comandos peronistas y con la izquierda del
Movimiento. Tambin se muestran los cambios que los vanguardistas produjeron en el
plano organizativo, con el fin de transformar la estructura heredada -abierta y demo-
liberal- en otra de tipo revolucionario, fundada en los principios del centralismo
democrtico y apta para la actividad clandestina. En los ltimos captulos se examinan los
efectos producidos sobre el joven partido por la sucesin de frustraciones polticas que
dieron por tierra con sus expectativas, cuando sobre el fin del gobierno de Frondizi, el
movimiento nacional no daba muestras del espritu insurreccional que se le adjudicaba:
de manera inversa a lo esperado, en el peronismo haban ido ganado terreno las
orientaciones integracionistas propiciadas por el vandorismo en el plano sindical, y por
los neoperonismos en el poltico-electoral.
Tambin se han reconstruido, hasta donde lo ha permitido la escasez de las fuentes,
los debates que casi paralelamente se desarrollaban en torno de la cuestin de la lucha
armada y acerca de la manera en que el PSAV se vinculara con los planes continentales
impulsados desde La Habana, particularmente por Ernesto Guevara. Si bien entre los
vanguardistas exista un acuerdo de carcter general sobre la necesidad de la apelacin a
la violencia en algn momento de la lucha revolucionaria, las consideraciones acerca de las
peculiaridades de la sociedad argentina generaron no pocas polmicas entre ellos, sobre
todo las relativas a la forma que asumira en relacin con la accin poltica de masas.
Sobre el final del trabajo se describe la crisis en la que ingres el PSAV hacia fines
de 1963, como consecuencia de la presin combinada que ejercan las dos cuestiones
mencionadas: cuando las posibilidades de desencadenar un proceso revolucionario -
apoyado en el peronismo- parecan naufragar, y las actividades relacionadas con la lucha
armada comenzaron a generar desencuentros y disputas, el Socialismo de Vanguardia
estall. Los grupos que de l surgieron pasaron a engrosar el proliferante campo de la
naciente nueva izquierda, que recin despus del golpe de estado de 1966 comenzara a
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revertir la tendencia a la fragmentacin, dando origen a las nuevas organizaciones que
desplegaran su potencial en la dcada siguiente.
La historia que aqu se narra descansa en la informacin recogida en una diversidad
de documentos escritos, as como en fuentes de carcter oral; en el primer caso, el material
result ser relativamente abundante para el tramo de la historia del que se ocupan las partes
primera y segunda del trabajo, y crecientemente escaso para el perodo subsiguiente. Por
esa razn, en la tercera parte, si bien la fuentes escritas no estn totalmente ausentes, ha
debido apelarse con mayor fuerza a los testimonios ofrecidos por ex -militantes y ex -
dirigentes, tanto del PSAV como de otras organizaciones con las que ese partido estuvo
vinculado.
En atencin a las caractersticas de esta etapa inicial de la nueva izquierda,
signada por apasionadas bsquedas polticas y por un intenso fluir de ideas y personas, el
trabajo ofrece en sus notas suplementarias y en dos de sus documentos anexos, una
breve noticia sobre los otros grupos que daban vida a esta franja contestataria de la vida
poltica nacional. De esa manera, se intenta suplir el vaco de conocimiento existente sobre
la mayor parte de dichos grupos, y sobre todo, mostrar que ninguno de ellos puede ser
cabalmente entendido si slo se lo estudia en relacin con la historia del partido o tradicin
de la cual proviene: los procesos de disidencia de los que emergieron no slo marcan
puntos de ruptura con sus previas historias, sino que a la vez, sealan los temas que
funcionando como puentes, facilitaron el contacto an entre grupos nacidos en reas
originalmente distantes del campo poltico.
Otra es la finalidad del anexo referido a las coyunturas electorales del perodo
1957 - 1965, particularmente aquellas en las que la izquierda socialista alent fuertes
expectativas, y cuyos resultados impactaron sobre la orientacin de su lnea poltica. Por
otra parte, los datos electorales resultan contundentes a la hora de medir el grado de
fragmentacin del sistema de partidos, y sumamente tiles para observar el comportamiento
de electorados severamente limitados por disposiciones proscriptivas; cuadros y grficos,
tambin permiten visualizar el lugar ocupado en el escenario poltico-electoral por el
Socialismo en sus diversas expresiones-, as como la dispersin experimentada por su
escaso caudal electoral, a raz de las sucesivas divisiones.
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Puede decirse, a modo de sntesis, que con la reconstruccin de la trayectoria de la
izquierda socialista, se espera contribuir a mostrar, desde otro ngulo, el conflictivo cuadro
en el que por aquellos aos se debatan la sociedad y la poltica argentinas, y en particular,
la profundidad de las grietas que comenzaban a abrirse en el pensamiento y en la prctica
de la izquierda. Dentro de ese panorama -y en respuesta a l-, se harn visibles tanto las
expectativas de la joven generacin como la suerte corrida por las empresas en las que se
embarc; tambin, las razones por las cuales sus intentos por trazar un nuevo camino, la
conducan de manera insistente, aunque no lineal, al encuentro con el peronismo y a un
paulatino abandono de las estrategias apoyadas exclusivamente en la va legal. La
imposibilidad de reorientar en tal sentido a los partidos de la izquierda tradicional, no
slo producira fracturas sino que adems trazara una gruesa lnea divisoria entre vieja y
nueva izquierda. Tambin podr notarse que, dentro de este ltimo campo, hacia
mediados de los sesenta, una apreciable variedad de opciones poltico-estratgicas conviva
con tambin variados modelos de organizacin poltica, sin que ninguno lograra imponerse
tal como lo muestra la misma proliferacin de partidos, frentes y organizaciones de
vanguardia. El anlisis de los logros y fracasos de cada una de esas experiencias, tal vez
contribuya a echar algo de luz sobre las razones por las cuales, pocos aos despus, en ese
campo, el tema de la lucha armada lleg a monopolizar los debates.
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PARTE INTRODUCTORIA
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CAPTULO I: IZQUIERDA Y NUEVA IZQUIERDA EN LA HISTORIA
RECIENTE DE LA ARGENTINA.
Este captulo tiene por finalidad exponer algunos interrogantes y revisar algunas
tesis que intentaron explicar aquellos procesos de la historia argentina que contribuyeron
al surgimiento, desarrollo y derrota del movimiento de protesta social y radicalizacin
poltica que alcanz su mximo desarrollo entre fines de los aos sesenta y la primera
mitad de los setenta, pero cuyos orgenes sociales, polticos, culturales- pueden
encontrarse en la conflictiva etapa abierta por el derrocamiento del gobierno del general
Pern, en 1955.
La etapa que entonces se abri, y que fuera dramticamente cerrada por el golpe
de estado de 1976, an no sido objeto de suficiente debate pblico ni acadmico. El
impacto producido por la ltima dictadura militar y los efectos de su poltica de
persecucin y represin sistemtica de toda forma de oposicin, ha producido entre
otros efectos, el de dificultar el anlisis del perodo precedente que tiende a quedar
encerrado entre una suerte de leyenda heroica y la pura detraccin (1).
Ms an, la explicacin misma del golpe de estado resulta incompleta si se omite
el dato de la sensacin de amenaza previamente vivida por los sectores dominantes y las
Fuerzas Armadas, a raz de la creciente oposicin social y poltica que, aunque con
sinuosidades, se vena desarrollando desde dos dcadas atrs, y que en su ltimo tramo,
haba avanzado hacia el cuestionamiento de los fundamentos mismos de la organizacin
social y de la dominacin estatal.
Por otra parte, en los casos en que el tema ha sido abordado, se ha tendido a
concentrar la atencin en el ltimo tramo desde fines de la dcada del sesenta-, y en el
papel que cupo a las organizaciones armadas; por tal razn, los aos que precedentes suelen
quedar en la oscuridad o reducidos a la condicin de antecedentes sumariamente
enunciados. De esa manera, quedan cortados los caminos que permitiran conectar el
perodo de eclosin de protesta social y de auge de la poltica revolucionaria con el
descontento acumulado desde 1955 por los trabajadores, y con el malestar que los sectores
intelectuales y de izquierda venan procesando, al menos desde los aos del frondizismo.
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1- Un punto de vista sobre la nueva izquierda (1955-1976)
Como ha sido reiteradamente sealado, la etapa abierta con el golpe de estado de
1955, estuvo signada por la crnica inestabilidad del sistema poltico cuyo dato central
radicaba en la proscripcin del peronismo-, la creciente ilegitimidad del poder del estado y
la recurrencia de la crisis econmica. La crisis del estado, que hacia fines de los aos
sesenta mostraba de manera aguda su incapacidad para dirigir a la sociedad y encauzar sus
demandas y conflictos, ha llevado a que algunos autores se refirieran al perodo en trminos
de "crisis de dominacin social", o de "crisis orgnica", o hayan puesto de relieve los
efectos deslegitimantes generados por un sistema poltico dual, en el que las instituciones
y los actores legales del rgimen democrtico convivan con el poder real y efectivo de
grupos de presin y factores de poder.
Esta dualidad tena su raz en la disociacin entre fuerzas sociales y actores polticos,
producida por la ilegalizacin del movimiento que haba sostenido al gobierno anterior y
por la generalizada incapacidad del sistema poltico para salir del atolladero en el que
estaba inmerso. Pese a haber sido desalojado del estado, el peronismo conservaba su
vigencia entre los trabajadores, y sus organismos gremiales, y an con las actividades
restringidas por las medidas desperonizadoras tomadas por la Revolucin Libertadora
(1955-1958), haba aprendido a hacerla valer tambin en el plano poltico.
Los aos del gobierno de Arturo Frondizi (1958-1962) que inauguraron un rgimen de
semi democracia-, se desarrollaran sobre el fondo de dos grandes debates entrelazados:
uno, referido al rumbo que deba tomarse para sacar a la economa del estancamiento -y
al pas del subdesarrollo-, y el otro, al problema de cmo reincorporar al peronismo al
juego poltico legal; la propuesta frondizista, que intentaba combinar desarrollo y
modernizacin del capitalismo argentino con integracin del peronismo no produjo los
resultados esperados, ya que los requerimientos para lo primero indefectiblemente
afectaban el nivel de vida de los trabajadores, y los reenviaban a la oposicin.
Durante ese gobierno y los que le siguieron, se asisti a esa particular perversin de
la vida institucional a la que G. ODonnell (1972) defini como juego imposible, en tanto
se basaba en la vigencia continuada de reglas que excluan a la porcin ms numerosa del
electorado; este juego ha sido presentado por C Smulovitz (1990) como una sucesin de
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frmulas mediante las cuales se intentara una integracin subordinada de aquellos a
quienes se exclua: la ensayada por Frondizi, integracin por interpsita persona, como
las que le siguieron, fracasaran indefectiblemente. Esta particular perversin de la vida
poltica, adems de no lograr el objetivo buscado, contribuy formidablemente al
descrdito de la democracia y tambin, segn palabras de J . C. Torre (1994), a la
alienacin poltica de toda una nueva generacin que, definitivamente, descreera de ella.
Un rasgo tpico de esos aos consisti en que, junto con la creciente conflictividad
social, se desarrollaba un intenso proceso de modernizacin cultural que, a su vez, se ira
engarzando con una notable radicalizacin poltica, acelerada a partir del golpe de estado de
1966 y la instalacin de la llamada Revolucin Argentina (1966-1973). Por eso, cuando
se vuelve la mirada hacia los ltimos aos de ese gobierno militar, la imagen ms
recurrente es la de una sociedad que, en plena efervescencia, pareca deslizarse hacia un
estado de contestacin generalizada. La modificacin de las expectativas y de las prcticas
de amplios sectores de la sociedad aparecieron entonces como una novedad en la vida
poltica nacional ya que los reclamos sectoriales y la oposicin al gobierno militar de la
Revolucin Argentina se articulaban de manera creciente con discursos que hablaban de
"liberacin nacional", "socialismo" y "revolucin". Acontecimientos como el Cordobazo
aceleraron este proceso y, a partir de entonces en los sectores dominantes se encendi la
alarma que finalmente forzara al gobierno del general Lanusse a idear una salida poltica
que resguardara la retirada militar y, sobre todo, permitiera relegitimar al Estado mediante
la convocatoria a unas elecciones que consagraran el reingreso del peronismo al juego
poltico legal.
Ese alto grado de conflictividad inclua una serie de rasgos nuevos en la relacin entre
lucha social y lucha poltica. As, la expansin de la protesta produjo la eclosin de
movimientos sociales de tipo insurreccional, el surgimiento de direcciones "clasistas" en el
movimiento obrero y la expansin de la idea que la violencia era el camino ms rpido y
efectivo para la rpida transformacin social y poltica. Mltiples lazos conectaban al
movimiento puramente poltico con las variadas formas de protesta y de innovacin en los
ms diversos mbitos institucionales. Educacin con contenidos y mtodos "liberadores",
comunidades teraputicas y "antipsiquiatra", abogados laboralistas o defensores de presos
gremiales y polticos, experimentacin en el campo de las vanguardias plsticas y debates
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sobre el cine y el teatro poltico se convirtieron en propagadores de una nueva cultura que
privilegiaba la horizontalidad, despreciaba el oscurantismo e inscriba a estos movimientos
sociales en proyectos de carcter colectivo. De esa manera, las demandas sectoriales tendieron
a politizarse rpidamente y muchos militantes sociales se convirtieron en dirigentes polticos.
Las universidades, por su parte, fueron un mbito privilegiado dentro de este proceso, y el
movimiento estudiantil una verdadera cantera de la cual emergieron buena parte de los
contingentes ms jvenes y radicales de la "nueva izquierda.
Aqu, como en un trabajo anterior (M. C. Tortti, 1999-a) , se recurre al concepto de
nueva izquierda para englobar a ese conjunto de fuerzas sociales y polticas que contribuy
decisivamente a producir el intenso proceso de protesta social y radicalizacin poltica que
incluy desde el estallido espontneo y la revuelta cultural hasta el accionar guerrillero. Pese a
su heterogeneidad, un lenguaje compartido y un comn estilo poltico fueron dando cierta
unidad "de hecho" a grupos que provenan del peronismo, de la izquierda, del nacionalismo y
de los sectores catlicos ligados a la teologa de la liberacin ya que, los discursos y las
acciones resultaban convergentes en la manera de oponerse a la dictadura y en sus crticas al
"sistema", y esa convergencia potenciaba su accionar pese a que el movimiento careci de una
direccin unificada (2). Por otra parte, la multiplicidad de lazos que sus componentes
desarrollaron contribuy a que fueran percibidos -y se percibieran a s mismos- como partes de
una misma trama: la del campo del "pueblo" y de la "revolucin".
Si bien esta "nueva oposicin" o "nueva izquierda", se volvi particularmente
amenazante a partir de la eclosin social del 69 y del crecimiento de la guerrilla durante los
setenta, su presencia se vena manifestando sostenidamente desde la dcada anterior. Una de
las races de este proceso se encuentra en el campo intelectual y cultural de los aos sesenta,
signado por el cruce entre tendencias modernizantes e ideas de corte revolucionario y en el que
ocup un lugar destacado el tema del "compromiso" de los intelectuales que, desde la simpata
por la "causa del pueblo" evolucionara hacia formas de participacin poltica directa -
incluyendo un cierto desdn por la tarea propiamente intelectual. La amplia recepcin de los
temas del debate internacional se articul con el entusiasmo despertado por la Revolucin
Cubana (1959) -y otros procesos de liberacin nacional-, y ambos con cuestiones nacionales
que, como la del peronismo, permanecan irresueltas. Como ha sido sealado por O. Tern
(1991), S. Sigal (1991) y C. Altamirano (2001-a y b), ese recorrido intelectual y poltico fue
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acompaado por un proceso de "autoculpabilizacin" por parte de los intelectuales -por su
"histrico" alejamiento de los sectores populares-, y reflejada en una amplia literatura de
mortificacin (3).
De manera casi natural, ese malestar se convirti en crtica a los Partidos Socialista y
Comunista (PS y PC), por cuanto su oposicin al gobierno de Pern al que haban calificado
como totalitario y fascista-, haba terminado por enfrentarlos con los trabajadores,
ubicndolos en las cercanas de las fuerzas liberales y de la Revolucin Libertadora;
bastante rpidamente, en el interior de los dos partidos, se produjeron movimientos tendientes
a revisar esas posiciones, lo cual derivara en el cuestionamiento a los elencos dirigentes, que
fueron sealados como los nicos responsables del fracaso de la izquierda. El embate crtico
empez a producir efectos disgregantes que, en el caso del Socialismo, tomaron la forma de
una desgastante sucesin de divisiones, y en el del PC, provocaron el alejamiento de sus
sectores radicalizados sobre todo universitarios. As, a mediados de los aos sesenta, esos
partidos, haban perdido buena parte de su influencia sobre los sectores medios y del atractivo
que haban ejercido sobre importantes franjas del campo cultural, ganadas ahora por las
nuevas ideas: adems de la bsqueda del acercamiento con el peronismo, reclamaban el
abandono de las estrategias de corte reformista definitivamente desacreditadas despus del
triunfo de la revolucin en Cuba. Similares aires de renovacin se respiraban tambin en el
mbito de otras tradiciones polticas, sobre todo en sectores del peronismo y, ms adelante, en
grupos catlicos y nacionalistas que izquierdizaron sus posiciones, confirmando as la
envergadura de un proceso que, en unos aos, llevara a una verdadera renovacin de las
vanguardias, y que adems contribuira a proporcionar un horizonte ms radical al movimiento
social de protesta.
Despus de 1966, la irrupcin de un movimiento social en proceso de
"autonomizacin" y la presencia de nuevas organizaciones polticas revolucionarias -en la
izquierda y en el peronismo-, obligara a los dirigentes tradicionales a remozar sus discursos y
reubicarse ante hechos que los sorprendan y superaban: a partir de entonces, los sectores
populares fueron objeto de una intensa disputa por parte de viejas y nuevas dirigencias. Lo
novedoso, en la protesta que creci durante la dictadura inaugurada por el general Ongana,
consisti en que tanto en la sociedad como en la poltica, el clima de malestar rebasaba la
crtica al gobierno militar y comenzaba a cuestionar el ordenamiento habitual de la vida
15
social y a desafiar las formas tradicionales de ejercicio de la autoridad y de la
representacin; se evidenciaba, de esa manera, que muchas consignas que hasta entonces
haban circulado slo en los mbitos ms bien reducidos de las vanguardias polticas,
estaban ingresando al repertorio de movimientos sociales ms amplios. A la vez, en el
mbito de esta nueva oposicin, los sectores ms "duros" tendan a simplificar el cuadro
poltico en trminos de "amigo-enemigo" y, en muchos casos, a aplicarle una lgica de guerra;
viejos y nuevos malestares se superponan y, con el horizonte que brindaban las ideas
revolucionarias, muchas voluntades se sintieron impulsadas por un proyecto de superacin
del orden existente, que llegara a cuestionar al estado la exclusividad en el uso de la
violencia (4).
Una primera revisin de la bibliografa
Este ltimo rasgo, y el catastrfico final, han hecho que pese a la variedad de actores
implicados y a la complejidad de los procesos desarrollados durante casi dos dcadas, todo el
perodo haya quedado grabado en la conciencia colectiva casi exclusivamente como un tiempo
de exasperada violencia. De manera casi invariable, la escena aparece dominada por el
enfrentamiento entre la guerrilla y las Fuerzas Armadas, y detrs de ella, la sociedad y sus
conflictos parecen esfumarse. A su vez, los estudios socio-histricos suelen concentrarse en
la dinmica del enfrentamiento poltico, en particular en su etapa ms virulenta,
dramticamente cerrada en 1976. Sin ignorar que las organizaciones armadas constituyeron
la forma ms osada del desafo, tal vez no se haya prestado suficiente atencin al hecho de
que ellas formaban parte de un conjunto social y polticamente ms amplio y diversificado,
en el cual la oposicin "sistema" inclua siempre un estilo que violentaba convenciones y
desafiaba poderes. Si bien se acepta que, en esa crtica de lo existente y en los intentos de
construccin de lo nuevo, convivieron impulsos culturales modernizantes y grados diversos
de radicalidad poltica, las formas de su combinacin an no han sido suficientemente
esclarecidas. De manera similar, sera conveniente prestar ms atencin a las razones del
vertiginoso crecimiento de esa fuerza social y poltica en la cual una gran variedad de
actores coincidi tanto en el repudio al autoritarismo militar como en la desconfianza hacia
las reglas e instituciones de la democracia formal.
16
Una primera revisin de la bibliografa muestra la coexistencia de algunos trabajos
que contienen interpretaciones ambiciosas y globales sobre el perodo -aunque no siempre
cuenten con suficiente apoyatura emprica en lo referente a las caractersticas de los actores
activados-, con otros que presentan detallados estudios de caso. Entre los primeros,
algunos estn destinados a explicar el funcionamiento del juego imposible en el que
estaba encerrado un rgimen poltico pretendidamente democrtico que, a la vez que
exclua a las mayoras, era prisionero de los factores de poder; en la perspectiva de G.
ODonnell (1972), la persistencia de este juego, y su combinacin con el comportamiento
errtico de la economa, habra precipitando a los actores sociales en una cultura
cortoplacista y desapegada de las normas que proporcionan alguna racionalidad -y
previsibilidad- a la vida social, dando lugar al despliegue del enfrentamiento desnudo y a
las puras relaciones de fuerza; en un tpico cuadro de pretorianismo de masas, la sociedad
se habra sumergido en una situacin de irracionalidad colectiva de la que, a la vez,
emergera el clamor por algn tipo de orden, generalmente proveniente de las FFAA -tal
como ocurri en 1966. Por su parte, M. Cavarozzi (1997), proporcion una clave que, sin
acudir a la idea de irracionalidad colectiva, permite penetrar en esa particular lgica en la
cual grupos sociales y actores polticos exhibieron una aguda desarticulacin y, como
consecuencia de ella, generaron ese sistema poltico dual que condujo a la
deslegitimacin general de las instituciones democrticas y de la autoridad estatal. Algunos
trabajos analizan preferentemente el tramo de la historia dominado por el proyecto de la
Revolucin Argentina y su fracaso, claramente iniciado en 1969 (G. O Donnell,1982; J .
C. Portantiero, 1977); sea que hablen en trminos de crisis de hegemona o de debilidad
del estado y crisis de dominacin social, apuntan a la doble incapacidad de unas clases
dominantes imposibilitadas tanto de modernizar la economa como de fundar un orden
poltico estable; pero tambin se sealan la combinacin de potencia y limitaciones
exhibida por las clases subalternas, capaces de impedir la consolidacin de un orden que
perciben como ajeno u hostil, pero a la vez dificultadas de elaborar respuestas polticas que
puedan trascender los marcos de una alianza defensiva, o de evitar que una estrategia
transformista desve las energas revolucionarias de los sectores activados.
En estas interpretaciones, cercanas a la idea de crisis revolucionaria, aparece
cierta dificultad a la hora de dar cuenta de la posterior y masiva participacin popular en las
17
elecciones del 11de marzo de 1973, y suele recurrirse entonces, a la idea del desvo del
movimiento contestatario respecto de sus contenidos y metas ms radicales. Pero, tanto la
emergencia del movimiento de protesta y de la nueva izquierda como el posterior
desvo por los cauces del proceso eleccionario, suelen aparecer como datos o
constataciones, sin la suficiente profundizacin en las razones que lo habran hecho posible.
Quedan as en relativa oscuridad, la naturaleza de los actores y el papel que sus estrategias
jugaron en el campo de fuerzas del que formaron parte, y sobre todo, los nexos reales que
los grupos ms radicales armados, o no- mantenan con el conjunto del amplio
movimiento antidictatorial (5). J .C. Torre (1994), ha proporcionado una clave para
interpretar la especificidad de esa coyuntura cuando seala que, a partir del Cordobazo y
por un breve perodo- la clase obrera y los sectores juveniles radicalizados convergieron en
su lucha contra la dictadura, para luego volver a separase siguiendo, cada uno, sus propias
reivindicaciones (6). Ms recientemente, C. Altamirano (2001-c), ha llamado la atencin
sobre el hecho de que la emergencia de la poltica revolucionaria no podra ser entendida
si slo fuera remitida a las frustraciones generadas por un sistema poltico fuertemente
distorsionado: desde su punto de vista, para explicarla, es indispensable incorporar otro
elemento igualmente importante, el de la fe intransigente en la revolucin, alimentada no
slo por las ideas sino tambin por el impacto producido en las jvenes generaciones
latinoamericanas por la triunfante Revolucin Cubana.
Un segundo grupo de interpretaciones corresponde a aquellos trabajos que, con
hiptesis menos abarcativas, abordaron el fenmeno de la nueva izquierda desde la
especificidad de alguno de sus ngulos ms significativos. Algunos centraron su atencin
en la constitucin de la nueva izquierda cultural de los sesenta, como antecedente
significativo o tramo inicial- del proceso de politizacin desatado a partir del Cordobazo
(7); uno de sus aportes fundamentales consiste en haber reconstruido ese peculiar cruce
entre modernizacin cultural, compromiso poltico e ideas revolucionarias, que produjo tan
significativos efectos en la dcada siguiente. Otros trabajos, tienden a circunscribir el
fenmeno de la nueva izquierda a las organizaciones guerrilleras, atendiendo tanto al
efecto que determinados imaginarios habran tenido en el desencadenamiento de la
accin poltica violenta, como al impacto que dicha accin produjo sobre el sistema
18
poltico; tambin suelen explorar en el pasado nacional buscando las causas que habran
hecho posible la legitimacin social de la violencia y destacan la continuidad de ciertos
rasgos en la cultura poltica argentina (8). Cabe sealar que algunos de dichos trabajos,
sobre todo los elaborados durante los aos ochenta, revisan el perodo desde una marcada
revalorizacin de las formas democrtico-parlamentarias y tienden a enfatizar las
diferencias entre la protesta social y el accionar poltico-militar de las organizaciones
armadas; la primera suele ser vista como espontnea y legtima, mientras que el
segundo aparece marcado por rasgos tales como el endiosamiento de la violencia o el
intento por implantarse en los movimientos sociales -lo cual habran obstruido el natural
desarrollo de sus contenidos democratizantes. Pocas veces se presta suficiente atencin al
hecho de que las organizaciones armadas crecieron manteniendo mltiples lazos con el
movimiento de protesta que se expanda en la sociedad, y que al menos desde los aos de
Frondizi, la cuestin de la lucha armada vena siendo objeto de debate y an de ciertos
preparativos adems de algunas experiencias fallidas. Por otra parte, si bien los
interrogantes siempre son formulados desde las preocupaciones del presente, no parece
adecuado proyectar sobre actores y procesos del pasado ideas y modelos normativos que
entonces tenan escasa o nula vigencia; y para ello, no es necesario fingir desconocimiento
sobre el final de la historia ni suspender el juicio sobre las consecuencias producidas por
los procesos estudiados.
En un tercer grupo, tal vez ms numeroso, pueden ubicarse aquellos estudios an
ms particularizados que reconstruyen acontecimientos como el Cordobazo -y otras
puebladas- (9), o hilvanan la historia de grupos tales como el Movimiento de Sacerdotes
para el Tercer Mundo (10), de corrientes sindicales como el clasismo (11), o de las
organizaciones armadas -tanto las nacidas durante los sesenta como las que alcanzaron gran
desarrollo a partir de 1970 (12). Se trata, por lo general, de trabajos basados en abundante
material testimonial que permiten, adems, acceder a importantes fuentes documentales;
desde el punto de vista de la interpretacin, algunos sugieren explicaciones centradas en el
conflicto de clases, mientras que otros ponen el acento en aspectos poltico-culturales de
gran incidencia sobre las generaciones ms jvenes, protagonistas principales de una
movilizacin disruptiva que involucr a una diversidad de sectores sociales y a un amplio
19
arco de grupos y organizaciones. Pero, nuevamente, resulta notable la escasez de trabajos
que reconstruyan la trayectoria de las nuevas organizaciones impulsadas por grupos de
izquierda y del peronismo y sus relaciones-, con anterioridad a 1966. Tal vez, aqu
corresponda mencionar trabajos como La Voluntad (M. Caparrs y E. Anguita, 1997),
Mujeres guerrilleras (M. Diana, 1996) o Testimonio de la lucha armada en la Argentina,
1968-1976 (C. Flaskamp, 2002), en los cuales, mediante construcciones cercanas a la
biografa o al relato testimonial, se muestra la variedad de conexiones que existan entre los
diversos mbitos de la nueva izquierda, no como fruto de sofisticadas diagramaciones
sino, sobre todo, como efecto de una intensa circulacin de ideas y personas convencidas de
que haba sonado la hora de la revolucin y deseosas de cumplir un papel en ella (13).
Formulando nuevas preguntas
Como ya se ha sealado, la complejidad del fenmeno de la nueva izquierda, an
no han tenido un adecuado tratamiento en el nivel de los estudios socio-histricos, ya que
en lneas generales, los trabajos con que hasta ahora se cuenta, no alcanzan a dar cuenta de la
variedad, extensin e intensidad de un proceso que, si bien se resolvi en el nivel poltico,
tena races sociales y culturales de ms largo alcance. En tal sentido, tal vez sea oportuno
abrir algunos interrogantes que permitan avanzar en la identificacin de las razones por las
cuales, en esta sociedad y por aquellos aos, se dio tan singular combinacin de circunstancias
como para que volvieran a trazarse las fronteras entre lo privado y lo pblico, rasgo que Z.
Bauman (1995) atribuye a los perodos tpicamente revolucionarios. En tal sentido, es
apreciable la enorme confianza depositada en la eficacia de la poltica para resolver la ms
variada gama de cuestione sociales, a la vez que en muchos grupos creca la tendencia a la
autonomizacin respecto de instituciones y dirigencias tradicionales, y tambin de los
marcos ideolgico-culturales que hasta entonces daban horizonte a sus expectativas.
Por otra parte, dichos interrogantes serviran para superar el actual estado del debate
que tiende a quedar encerrado entre perspectivas que reproducen una visin maniquea de una
etapa de la vida nacional para la cual no alcanzan ni la reivindicacin acrtica ni su condena en
bloque. Por el contrario, es necesario que la inevitable tensin valorativa generada, segn O.
Tern (Tern, 1997), por "una poca cuyo sentido no es inerte", deje espacio para el anlisis y
para que las cuestiones comiencen a ser examinadas de manera rigurosa y sistemtica,
20
apelando al instrumental terico-metodolgico de las Ciencias Sociales y de la Historiografa
(Romero, 1997). Por su importancia y complejidad, la cuestin requiere la conformacin de un
campo temtico capaz de contener a este heterogneo fenmeno en sus mltiples dimensiones
empricas e implicancias tericas.
Es necesario, adems, partir de interrogantes que, al vincular objetivos especficos con
hiptesis e interpretaciones ms abarcativas, tengan capacidad para interpelar a la variedad de
procesos y actores que conformaron vida a la "nueva izquierda, recortndolos de la masa
indiferenciada en la que habitualmente se los encierra. Es sabido que un nmero importante de
experiencias an permanece sumergido en el recuerdo de los protagonistas o circula bajo la
forma de relatos transmitidos oralmente, como mltiples fragmentos de una historia y de un
mundo que, solo muy recientemente, la literatura testimonial ha comenzado a recoger. En ellos
asoman, junto con los hilos de esa historia no reconstruida, escenas y personajes que reclaman
una mirada atenta, capaz de dar visibilidad a la cadena de relaciones y significados con la cual
se teji la trama de la que formaron parte esos pequeos mundos.
Pero, a la vez, se requiere echar luz sobre los objetivos efectivamente perseguidos por
esos actores, sin dar por descontado que una prctica poltica radicalizada expresara, en todos
los casos, metas de carcter revolucionario, ni que en todos los casos, sus invocaciones al
pueblo se correspondieran con el estado de conciencia y la disposicin ste a involucrarse.
Tambin es necesario avanzar hacia interrogantes ms complejos referidos a las razones por
las cuales toda esa energa social no logr constituir un actor poltico unificado ni liderar de
manera autnoma al conjunto de los sectores activados y por qu, una sociedad que haba
comenzado a asomarse a una nueva cultura poltica, resolvi mayoritariamente su
radicalizacin dentro de los marcos brindados por el populismo. Si se reconstruyeran los
debates y la trayectoria de muchos grupos y organizaciones de la nueva izquierda, inclusive
los de temprana formacin y vida efmera, tal vez podran apreciarse las dificultades que
entraaba la constitucin de una alternativa poltica popular por fuera del peronismo as como
el diseo de una estrategia radical que eludiera dar centralidad a la lucha armada.
Podra resultar de utilidad adoptar un enfoque o una estrategia como la que ms arriba
se sugiere, con el fin de posibilitar que las interpretaciones ms generales sobre el perodo
entren en un proceso de sostenida discusin y que, al contar con nuevo material emprico,
desplieguen el potencial explicativo que encierran. Fue la acumulacin de "dilemas
21
irresueltos" y de "crisis superpuestas" lo que gener las condiciones polticas y el estado de
nimo colectivo que predispusieron a la bsqueda de soluciones radicales? Cul fue el papel
que jug la persistente ilegitimidad del rgimen poltico? Fue esa ilegitimidad la que priv de
sus velos al Estado y lo expuso ante la mirada pblica como pura dominacin? Fue el
"bloqueo tradicionalista" el que empuj hacia una salida revolucionaria a los impulsos
renovadores de los sesenta? O ser, tal vez, que ellos se vieron sofocados por la difusin de
ideas "revolucionarias" y por el auge de la violencia poltica? En tal caso, por qu esas ideas
llegaron a convertirse en ideales y empujaron a tantos a la accin? En qu fisuras pudieron
anidar? Con cules expectativas se conectaron? (G. O Donnell, 1982; J. C. Portantiero, 1977;
L. De Riz, 1986; A. Pucciarelli, 1997; M. Cavarozzi, 1983).
Para contestar preguntas de este tipo se requiere avanzar en la identificacin de
procesos y actores que fueron parte sustancial de ese fenmeno, a la vez poltico, generacional
y cultural. Es necesario detectar los ncleos de intereses, expectativas y valores que, al
conectarse, dieron lugar a ese poderoso despliegue de energa social que pens a la poltica
como una formidable herramienta de transformacin. Y tambin las razones por las cuales ese
movimiento engendr, o se transform, en lo que N. Casullo (1997) denomina "una masa
guerrera". Se trat de un caso de extraordinaria eficacia de las ideas? Las ideas de la izquierda
revolucionaria fueron como "el huevo de la serpiente", cuyo despliegue llevara
inevitablemente de la poltica a la guerra? Detrs de la figura del "trabajador", idealizada por
los intelectuales de la izquierda y del peronismo revolucionario, se esconda la figura del
"guerrero"? O se trat de una "fuga hacia adelante" cuando se advirti que el Estado contaba
con recursos y aliados para disputar polticamente y "desviar" al movimiento popular de sus
objetivos ms radicales ? O la "fuga hacia adelante" de las vanguardias sobrevino cuando se
hizo evidente que el grueso de la clase obrera -dirigida por su lder histrico- se encaminaba
hacia la integracin en el sistema, despus de tantos aos de proscripcin? O se trat,
simplemente, de una etapa ms -la ltima- de la vida nacional signada por una concepcin de
la poltica como "guerra" ? (C. Hilb/ D.Lutzky, 1984; Sidicaro, 1991; O. Tern, 1991; J. C.
Torre, 1994; M. M. Ollier, 1998).
Tal vez, an no haya una acumulacin suficiente de conocimiento -ni de debate terico-
metodolgico- que permita responder adecuadamente a preguntas tan ambiciosas; sin
embargo, sin renunciar a ellas, sera posible avanzar formulando otras que las especificaran
22
al dirigir la atencin hacia aquellos espacios y grupos en los cuales, desde 1955, la sociedad
haba comenzado a bullir y a generar puntos de ruptura.
2- Las races del malestar en los partidos tradicionales del izquierda (1955-1966)
Uno de esos espacios hasta ahora muy poco explorado, es el que corresponde a los
partidos de la izquierda argentina, en los que como ha sido sealado, muy tempranamente se
produjo un intenso debate poltico-ideolgico en el que nuevos temas se superpusieron a
viejos malestares largamente arrastrados, y en relacin con el cual surgieron varios de los
grupos que desarrollaran tempranas experiencias de lo que, ya entonces, se denominaba
neoizquierda (14). Tanto el PS como el PC, si bien tenan escasa relevancia en el juego
poltico institucional y electoral, gozaban de considerable prestigio en los sectores medios de
la sociedad y en sus capas intelectuales, por lo cual los procesos que en ellos se desarrollaron
tendieron a expandirse naturalmente en esos ambientes y contribuyeron de manera decisiva a
la gestacin de esa verdadera corriente contracultural que imprimira su sello a la vida social
de los sesenta. Por su parte, las universidades fueron un escenario privilegiado para la difusin
de las nuevas ideas y de los debates que estos grupos promovan, y en ellas, una o dos
generaciones vivieron la experiencia de conectar sus expectativas de realizacin personal con
un horizonte de "buena sociedad", identificado entonces con la realizacin del socialismo.
Para muchos de esos jvenes -que hacan sus primeros contactos con la poltica-, esas
expectativas ya no encontraban cauce natural en los partidos de la izquierda tradicional, sino
en los grupos que de ella se iran desprendiendo (15).
Despus de 1955, las tensiones que recorran a ambos partidos, se vieron
sensiblemente agravadas cuando, a los cuestionamientos por el histrico fracaso, se
agreg la evidencia de que no habra desperonizacin de la clase obrera sino que, por el
contrario, sta reafirmaba su identidad poltica en medio de un inusitado despliegue de
combatividad. Entonces, muchos sobre todo entre los jvenes- comenzaron a pensar que
haba llegado el momento de producir un encuentro que proporcionara nuevos cauces
polticos y organizativos a esa aguerrida masa a la que consideraban en disponibilidad,
en la que a la vez, comenzaban a descubrirse rasgos y potencialidades revolucionarias.
Poco despus, al influjo de la Revolucin Cubana, las direcciones partidarias debieron
enfrentar nuevos cuestionamientos por parte de quienes clamaban por una la elaboracin
23
de una estrategia revolucionaria capaz de asumir la idiosincrasia del pueblo: la izquierda
comenzaba su propia bsqueda de una frmula para la cuestin del peronismo, no ya para
integrarlo al sistema legal, sino para revolucionarlo.
De modo que la persistencia del peronismo en la clase obrera y el ejemplo de la "va
cubana", fueron la roca contra la cual se estrellaron ambos partidos, y el punto de partida de
numerosos grupos radicalizados salidos de sus propias filas. Las disidencias y las rupturas
transitaron por dos andariveles principales: uno, partiendo de la necesidad de acortar
distancias polticas con el movimiento popular, avanzaba en la reinterpretacin del
peronismo, acentuando sus potencialidades antiimperialistas y revolucionarias; el otro,
repudiando el liberalismo y el reformismo, instal el debate sobre las "vas" al
socialismo. Las experiencias producidas en el mbito de comunismo y el socialismo
durante la primera parte de los aos sesenta, mostrarn las dificultades que tal empresa
entraaba: por un lado, las estructuras partidarias carecan de la flexibilidad necesaria para
renovarse y capitalizar en su favor la izquierdizacin que comenzaba a producirse en la
sociedad; por otro, los intentos realizados por fuera de ellas, evidenciaron que las
dificultades no eran responsabilidad exclusiva de los dirigentes reformistas.
Aunque de vida generalmente efmera, la primeras organizaciones polticas de la
nueva izquierda, constituyeron espacios de confluencia -de personas, ideas y proyectos-
en los que es posible identificar los puntos de ruptura con la izquierda tradicional, y
verificar la presencia de una nueva generacin cuya voluntad militante ya no encontraba
cauce en el PS ni en el PC.
Si bien son muy escasas las referencias que la bibliografa ofrece sobre la trayectoria de
estos grupos, se cuenta con los trabajos sobre la nueva izquierda cultural, dedicados a
desentraar la relacin entre intelectuales y poltica; en ellos se muestran las inquietudes
que, en el perodo 1955-1965, animaban a buena parte de los intelectuales de izquierda y se
exponen los ncleos problemticos que los agitaban, tanto a ellos como a los que provenan
de otras tradiciones poltico-culturales, tambin en proceso de modernizacin/
radicalizacin. Pero estos trabajos prestan escasa atencin al mbito propiamente poltico,
aqul donde muchos de esos mismos intelectuales, hicieron los primeros intentos de pasar
de la "revuelta cultural a las armas". Las referencias de Tern al "bloqueo tradicionalista",
al proceso de "autoculpabilizacin" vivido por los intelectuales de izquierda, o al peso de
24
una visin "guerrera" de la poltica, son fuertes sugerencias para orientar el anlisis de los
procesos que aqu interesan. De manera similar, varias de las apreciaciones de Sigal,
resultan ineludibles a la hora de reconstruir las experiencias de esas nuevas camadas
intelectuales que, en la revolucin Cubana, habran encontrado el puente que les permita
conectar a la izquierda con el nacionalismo y con el peronismo. Segn la autora, estos
grupos y no los trabajadores- se habran encontrado en una situacin de disponibilidad:
a partir de ella, habran construido una identidad imaginaria -el partido cubano- que
les permitira pasar a la accin poltica. En el anlisis de la trama argumental elaborada por
estos intelectuales, Sigal desentraa las operaciones ideolgicas que habran hecho
posible resolver imaginariamente-, tanto la cuestin obrera como la cuestin
peronista; la primera operacin, separaba a los trabajadores de su identidad poltica, al
considerar al peronismo como expresin transitoria de la condicin de clase, y la
segunda, separaba al peronismo de su jefe para, de esta manera, poder pensar que los
trabajadores estaban disponibles para la convocatoria que la izquierda le diriga. Por su
parte, C. Altamirano (2001 a y b), ha analizado una de las cuestiones centrales que
incidieron en la ruptura entre "vieja" y "nueva" izquierda, al sealar las circunstancias en
que habra emergido la "situacin revisionista" respecto del peronismo en la izquierda
argentina, e identificar los principales ncleos de resignificacin que facilitaron la
articulacin -discursiva, y luego poltica- entre peronismo y socialismo.
Pero, los autores no se han detenido en los aspectos polticoorganizativos de esos
procesos; tal vez, entre otras razones, haya pesado el hecho de que esos primeros grupos de
la nueva izquierda, tuvieron escasa incidencia en la vida poltica nacional de aquellos
aos. Sin embargo, desde el punto de vista que aqu se adopta, se considera necesario
prestarles atencin por cuanto fueron el vehculo a travs del cual las ideas se convirtieron
en ideales, y stos, en proyectos polticos; y porque, adems, y tal como los autores
comprueban, uno de los efectos de los procesos que analizan fue el de relocalizar a la
izquierda, trasladndola del campo democrtico y progresista al de lo nacional, y del
dilogo con el liberalismo al encuentro con el populismo. Por otra parte, tal
combinacin de puntos de ruptura con la propia tradicin poltica y de tendido de puentes
con otras, en ms de una ocasin trascendi el plano de las discusiones tericas y anim
proyectos de intervencin en la vida poltica nacional; adems, no es difcil advertir que
25
mucho de su estilo y de sus consignas devino aunque no de manera lineal- en marco
referencial del movimiento de oposicin social y poltica de los aos siguientes; de manera
similar, los dilemas que enfrentaron, en ms de un caso, pueden ser ledos como
anticipatorios de aquellos con los que se encontraron, tiempo despus, las organizaciones
que s tuvieron fuerte incidencia en la vida nacional.
Podra decirse, a modo de hiptesis, que hacia mediados de los aos sesenta el nuevo mapa
poltico de la izquierda ya estaba trazado en sus lneas polticas y estratgicas
fundamentales, y que para entonces varios grupos con distinta suerte- ya haban
completado el pasaje desde el nivel terico-ideolgico al poltico-organizativo. Ha de
tenerse en cuenta que, entre nosotros, la "nueva izquierda" trascendi los lmites de una
"revuelta" puramente cultural para conectarse con sectores ms amplios de la vida social y
poltica, y que por la misma razn, estos procesos -que podra calificarse como de
reorganizacin de las vanguardias-, estimularon la incorporacin a la poltica de una
nueva camada de militantes e incidieron considerablemente en la gestacin del clima de
poca propio de los sesenta.
Por tal razn, al indagar en algunos de esos tempranos procesos, este trabajo se propone no
slo identificar los trminos del debate terico-poltico, sino adems, reconstruir los
itinerarios recorridos por quienes transformaron las nuevas ideas en propuestas polticas
alternativas. Para ello, junto con la caracterizacin de los imaginarios, ser necesario
identificar actores, seguir sus trayectorias, conocer a sus aliados y adversarios, e identificar
el campo de opciones de que formaron parte y sobre el cual intentaron incidir. Y, a la hora
de considerar los resultados de sus acciones, se deber atender tanto a los
condicionamientos que pesaron sobre ellos, como al sentido que -personal y
colectivamente- otorgaron a sus decisiones.
Si bien en trminos generales, las anteriores consideraciones son vlidas para ambas franjas
de la izquierda la socialista y la comunista-, cada una de ellas muestra particularidades que
merecen se atendidas; ellas provienen, en primer lugar, de las respectivas tradiciones
partidarias en el plano terico-doctrinario y, tambin, en el de los estilos de intervencin
poltica y en el del tipo de trama organizativa que construyeron; por otra parte, tambin
26
cuentan el lugar y el peso de cada uno de los partidos en el campo de la izquierda, las
posibilidades que en cada momento les abra o cerraba la poltica nacional, y los diferentes
alineamientos y vnculos de carcter internacional con que contaban. Todo ello parece
haber incidido en lo que respecta al momento y a la manera en que los debates y
cuestionamientos fueron procesados en cada uno de los partidos.
Esta tesis se concentra en la reconstruccin de dichos procesos en el mbito del socialismo,
donde muy tempranamente, se vivieron de manera aguda las tensiones a las que antes se
hizo referencia. Despus de 1955, los intentos desarrollados dentro del PS para renovarlo y
reconquistar el lugar perdido desde la emergencia del peronismo, tomaron el camino de
sucesivos enfrentamientos y fracturas que, entre 1958 y 1963/64, lo conduciran a un
verdadero estallido y dispersin de sus fuerzas. Sin embargo, durante ese perodo
relativamente corto, en las vicisitudes del socialismo pueden hallarse -en diferentes
combinaciones y proporciones- casi todos los elementos que marcaron, en trminos ms
generales, el pasaje desde la izquierda tradicional a la nueva izquierda.
Como parte del proceso de reorganizacin de las vanguardias, una fuerte y
expansiva corriente interna sobre todo juvenil- impuls una completa revisin de los
alineamientos polticos -incluyendo puntos tan sensibles como la caracterizacin del
peronismo-, y cuestion la tradicin y estrategia partidarias as como la misma estructura
interna del Partido. A la par que se distanciaba o rompa con la anterior dirigencia, el grupo
que lideraba a las corrientes renovadoras se vinculaba con otros que tambin estaban
promoviendo debates y disidencias dentro de tradiciones polticas tales como el comunismo, el
frondizismo y la incipiente izquierda peronista. Proveniente del sector ms gorila de la
izquierda, promovi un audaz acercamiento al peronismo, al que ahora defina como
movimiento nacional y a cuya pronta revolucionarizacin apost; por otra parte, su estilo
de intervencin poltica, aunque no desdeaba el recurso electoral, criticaba las estrategias
puramente parlamentarias y legalistas, se inscriba en una perspectiva de corte insurreccional
e iniciaba el debate sobre la lucha armada incluyendo ciertos preparativos para ella.
Los esfuerzos realizados por la izquierda socialista para alcanzar alguna frmula que,
en el plano terico y en el de la poltica prctica, combinara socialismo y peronismo,
liberacin nacional y revolucin social, la convirti en un caso paradigmtico de las bsquedas
emprendidas por la naciente nueva izquierda; tambin result innovadora en su intento por
27
reunir contingentes de distintas procedencias polticas tras los mencionados objetivos. A la
vez, su derrotero permite entrever las dificultades que implicaba la puesta en marcha de un
proyecto de ese tipo: no slo por la resistencia de los dirigentes tradicionales a revisar sus
posiciones sino, tambin, por las sinuosidades propias del peronismo que pareca demorar el
momento insurreccional de las masas.
Por otra parte, el ltimo tramo de la trayectoria de este grupo socialista mostrar que,
mientras sobre algunos de sus miembros el peronismo segua ejerciendo una indudable
atraccin, otros comenzaban a decepcionarse y a reclamar la construccin de una alternativa
independiente para los trabajadores -un partido marxista-leninista. A la manera de un
verdadero laboratorio, la izquierda socialista, en particular en la etapa en que dio vida al
Partido Socialista Argentino de Vanguardia, permite apreciar no slo la evolucin de las ideas
en los ambientes de la nueva izquierda sino, tambin, los primeros intentos realizados para
plasmarlas en programas polticos y en propuestas organizativas alternativas.
Tal vez, un conocimiento ms pormenorizado de estos procesos incluidos sus
fracasos-, permita encontrar algunas claves para explicar las formas que asumi la poltica
revolucionaria en las organizaciones que naceran en el ltimo tramo de la dcada del sesenta,
en particular, las razones por las cuales en el heterogneo mapa poltico de la "nueva
izquierda", finalmente lograron mayor expansin quienes propiciaron el acercamiento al
populismo y/ o las estrategias de lucha armada.
BREVES NOTAS BIBLIOGRFICAS
Sobre los conflictos en el PS despus de 1955
Como ha sido dicho, la bibliografa casi no registra estos procesos producidos en el
PS. Entre los pocos trabajos que s lo hacen, los dos ms antiguos han sido escritos desde
pticas militantes y poco contribuyen a la reconstruccin y al anlisis histrico y socio-poltico
(16). En el caso de P. Verde Tello (1964), connotado dirigente de la fraccin ghioldista del
PS, el abordaje de las divisiones socialistas resulta de la combinacin de argumentos
basados en disposiciones estatutarias con afirmaciones contundentes pero por dems
unilaterales. La secuencia de conflictos que sacudieron al PS a partir de 1957, es atribuida por
el autor a la existencia de dos tendencias enfrentadas en la direccin partidaria; una de ellas,
28
de carcter totalitario es decir, sospechosa de simpatizar con el peronismo y el comunismo-
, habra sido la responsable de anarquizar al Partido hasta llevarlo a la divisin de 1958 (PS
Democrtico PSD- y PS Argentino PSA-). Las referencias a las posteriores fragmentaciones
del PSA, en las que el autor ya no estuvo involucrado, son mencionadas para confirmar el
carcter destructivo del grupo que habra provocado la primera.
El otro trabajo, tambin de fuerte tono polmico, es el de J. Vazeilles (1968) por
entonces militante del Movimiento de Liberacin Nacional-, y recorre la historia del PS desde
su fundacin. Si bien el trabajo incluye una seleccin de fuentes documentales, ellas no
siempre alcanzan para fundamentar las afirmaciones del autor: ms bien, a veces, parecen
haber sido elegidas para ilustrar sus opiniones. Respecto del origen y papel histrico del PS,
Vazeilles recorre los tpicos habituales de la crtica de la poca, haciendo centro en la
composicin de clase del Partido trabajadores de origen europeo rpidamente devenidos en
aristocracia obrera o beneficiarios del ascenso social, y pequea burguesa urbana-, en su
ideologa versin positivista del marxismo-, en el carcter reformista de su estrategia,
y en la incapacidad para vincularse con los movimientos populares. En cuanto al perodo post
1955, el autor considera que la empresa de quienes intentaron la renovacin del viejo partido
termin en un rotundo fracaso porque, si bien aceleraron el debate ideolgico, no fueron
capaces de promover una autntica autocrtica; desde su punto de vista, si la revisin de la
historia partidaria hubiese sido profunda, los jvenes izquierdistas no se hubiesen empeado
en trabajar desde adentro del PS, ni en rescatar una tradicin que ya haba demostrado sus
limitaciones para construir un verdadero partido obrero. Para el autor, los jvenes de la
izquierda socialista no habran sido ms que los modernos herederos del socialismo
tradicional, y su partido el PSA de Vanguardia- se habra limitado a adornar con una
fraseologa ultraizquierdista y cubanista, el mantenimiento de la tctica electoralista.
Solo muy recientemente, C. Blanco (2005), ha presentado un panorama del complejo
cuadro interno del PS despus de 1955, identificando a sus dos principales lneas internas:
la de los histricos del PS, encabezada por A. Ghioldi, y el ala izquierda -que reuna a
dirigentes tales como A. Palacios y J . L. Romero con la J uventud partidaria. En otro
trabajo, la misma autora (C. Blanco, 2006) ha analizado con especial sutileza los cambios
que comenzaron a esbozarse en el discurso de la J uventud Socialista, a muy poco de
29
producirse en golpe de estado, cuando sin haber salido an del antiperonismo, habra
comenzado la desorganizacin de su sistema de creencias. Blanco sugiere la existencia de
una fuerte relacin entre este proceso de carcter ideolgico y los conflictos polticos que
al poco tiempo se vivirn en el PS, y de los cuales intentar dar cuenta esta tesis (y que en
parte, fuero tratados en M. C. Tortti, 2002 y 2005).
Sobre los conflictos en el PC despus de 1955
Si bien este trabajo se interna en los procesos surgidos en el seno del socialismo, la
presencia del PC es un dato ineludible a la hora de dar cuenta de los avatares del conjunto
de la izquierda argentina, y en este caso, de los suscitados en el PS: desde la histrica
rivalidad entre ambos partidos, hasta los intentos de acercamiento producidos no bien en el
PS se produjo la separacin del ghioldismo, as como los lazos entre la izquierda socialista
y los grupos que luego seran disidentes en el PC. Por tal razn, y de manera breve, se
sealan algunos obras de la no muy abundante bibliografa sobre el PC, en este perodo. En
primer lugar, corresponde decir que resulta desalentadora la lectura del trabajo escrito por
O. Arvalo (1983), debido al tono apologtico que lo recorre; las sucesivas crisis que sufri
el Partido durante los aos en cuestin son prcticamente ignoradas, y en cuanto a la "gran
ruptura" de 1967, de la que emergi el Partido Comunista Revolucionario (PCR), aparece
presentada como un acontecimiento menor sobre el que slo cabe un juicio condenatorio.
Por su parte, J . Aric (1988), uno de los lderes de las primeras disidencias las de 1963-, al
resear el itinerario del pensamiento gramsciano en Amrica Latina ha trazado, de manera
incisiva, los rasgos de cerrazn poltico ideolgica que ostentaba el Partido Comunista a
comienzos de los sesenta, cuando inmune a los cambios producidos en la sociedad
argentina y en el contexto internacional -y el campo del marxismo-, se encerr en una
actitud defensiva y expulsora hacia los militantes que reclamaban renovacin. En este
cuadro de ruptura ubica la experiencia del grupo que se nucle en torno de la revista
Pasado y Presente y da cuenta del enfoque desde el cual los "gramscianos argentinos"
introdujeron puntos de ruptura dentro del pensamiento tradicional de la izquierda argentina,
lo cual les habra permitido tender puentes hacia otras tradiciones polticas, en particular el
peronismo -que entonces pudo ser pensado en trminos de voluntad nacional-popular.
30
Ms recientemente, Jorge Cernadas (1997 y 2005) ha analizado las polticas
culturales del comunismo argentino, y su relativa prdida de influencia (aunque no
desaparicin) en los medios de izquierda, a principios de los aos sesenta. En tal sentido, el
autor pone de manifiesto el malestar producido en las filas juveniles del PC, por una
poltica que condenaba cerradamente a muchas de las corrientes culturales que, al calor de
la modernizacin cultural en curso, se expandan en nuestro medio desde el psicoanlisis y
las modernas ciencias sociales acadmicas, hasta tendencias musicales o plsticas que se
alejaban del realismo socialista. Esta suerte de tradicionalismo, ms las divergencias
estrictamente polticas como las derivadas del apoyo meramente superestructural que se
brindaba a la revolucin Cubana-, habran potenciado las siempre presentes tensiones entre
cuadros polticos e intelectuales, y estimulado la migracin de muchos jvenes
intelectuales a las filas de la nueva izquierda.
Finalmente, corresponde mencionar a R. Burgos (2004), quien en los primeros
captulos del trabajo dedicado a los gramscianos argentinos, luego de referirse a la
recepcin del pensamiento de Gramsci en el PC -y al papel desempeado por H. P. Agosti-
, aborda el itinerario del grupo que resulta expulsado del Partido; junto con el anlisis de los
tpicos de la renovacin terica y poltica presentada por Pasado y Presente en los nueve
nmeros de su primera etapa, tambin se menciona entre los expulsados de 1963, al grupo
dirigido por J . C. Portantiero, quien adems de integrar el equipo de la revista, animaba una
nueva organizacin poltica, Vanguardia Revolucionaria. Por otra parte, el autor muestra la
relacin de ambos emprendimientos con la experiencia del Ejrcito Guerrillero del Pueblo,
proyecto guevarista desarrollada entre fines de 1963 y comienzos de 1964.
Por su parte, N. Kohan (1997), ya haba sealado que para una completa comprensin de
las tempranas rupturas producidas en el PC, era necesario tomar en cuenta la existencia de
una cierta lnea de continuidad entre algunos viejos maestros y los jvenes disidentes de los
sesenta. En tal sentido, muestra cmo an en el contexto de los treinta aos de hegemona
stalinista, algunos cuadros intelectuales comunistas, como Ernesto Gidici y Hctor P.
Agosti, se esforzaron por renovar la cultura partidaria: uno recuperando la perspectiva
antiimperialista, y el otro introduciendo el pensamiento de A. Gramsci. Segn el autor,
an cuando no hayan logrado alcanzar sus objetivos renovadores, ambos intelectuales
habran ejercido un importante papel al actuar como mentores de los grupos de jvenes
31
heterodoxos que, a partir de 1963 y 1964, animaron dos influyentes y tpicas publicaciones
de la nueva izquierda, Pasado y Presente y La Rosa Blindada. En otro libro, Kohan
(1999) califica a quienes editaban La Rosa..... como jvenes discpulos de Guevara, en
tanto -a diferencia de la ortodoxia partidaria-, otorgaban un lugar privilegiado a la cultura
revolucionaria y a la praxis histrica en la construccin de una corriente verdaderamente
contrahegemnica y, en consecuencia, arremetan contra la deformacin economicista.
El autor no deja de destacar que, adems del espacio dedicado a los debates
especficamente culturales, la revista public abundante material sobre Cuba y Viet Nam,
dio lugar a las polmicas propias del campo socialista, e incluso que por un tiempo, entre
sus redactores se cont Carlos Olmedo, uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR) grupo que inicialmente se haba conformado para confluir con el
Che en Bolivia.
NOTAS
1- la expresin corresponde a T. Halpern Donghi (2001), y fue hecha por el autor en referencia al perodo
siguiente, el de la dictadura militar inaugurada en 1976. Corresponde decir que las revistas Punto de Vista y
Confines, han sido importantes vehculos de debate, particularmente en ocasin de cumplirse el 20
aniversario del golpe de estado de 1976; en los ltimos aos se han incorporado otras publicaciones, tales
como La intemperie (editada en Crdoba) y Conjetural. Por otra parte, la hoy abundante bibliografa
testimonial (M. Bonasso, 1997; M. Caparrs y E. Anguita, 1997, entre otros), ha contribuido a la discusin.
2- M. Gordillo (2003), caracteriza el perodo acudiendo al marco conceptual brindado por S. Tarrow (1997)
para analizar los ciclos de protesta.
3- entre dicha bibliografa, organizada en torno del peronismo-pequea burguesa, Altamirano incluye entre
la de ms temprana publicacin a El medio pelo en la sociedad argentina y Los profetas del odio (A.
J aurteche, 1956 y 1957); Historia crtica de los partidos polticos argentinos, (R. Puiggrs, 1956);
Imperialismo y cultura (J . J . Hernndez Arreghi, 1957); Revolucin y contrarrevolucin en la Argentina, (J .
A. Ramos, 1957); Orden y progreso (I. Vias, 1959). Esta bibliografa tambin es comentada por B. Sarlo
(2001: 33-39), quien analiza especialmente los cruces entre nacionalismo y marxismo.
4- esta expresin fue acuada por G. ODonnell (1972) para caracterizar la situacin -ms bien un cierto
estado de nimo colectivo- que habra precedido al golpe de estado de 1966; los rasgos ms salientes de esa
peculiar situacin habran consistido en la sensacin de frustracin y agotamiento experimentada por los
actores sociales, ante los resultados producidos por un juego poltico viciado y por un estado incapaz de
introducir criterios de racionalidad en la vida econmica y social; dicha experiencia habra predispuesto a la
aceptacin de soluciones venidas desde fuera del sistema poltico en este caso, las FFAA. Aqu se la toma
en prstamo para caracterizar a los sectores que, a partir de perder toda confianza en las instituciones
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democrticas -y en las estrategias reformistas de la izquierda-, fueron adoptando posiciones de carcter
revolucionario.
5- a ello apunta M. Cavarozzi (1997) cuando destaca que uno de los elementos que permitira explicar las
razones de la reabsorcin del proceso contestatario, radicara en que las prcticas sociales contestatarias
no lograron generar un discurso poltico propio y con capacidad para difundirse en el conjunto de la sociedad;
el autor da por descontado que el discurso de las organizaciones guerrilleras no ocup ni poda ocupar ese
lugar, que habra permanecido vacante.
6- la clase obrera se habra movilizado, desde 1955, en pos de sus intereses y buscando su reinsercin en la
vida poltica, mientras que los sectores juveniles habran iniciado su camino radical con posterioridad a la
frustracin producida por la traicin de Frondizi. Segn Torre, cuando se alcanz el objetivo de la
legalizacin del peronismo y su lder regres (1973), para el grueso de los trabajadores, la principal de las
metas haba sido cumplida. Un razonamiento similar al que acaba de comentarse, podra aplicarse para
analizar el conflictivo proceso abierto a partir del 25 de mayo de 1973, sobre el cual la literatura suele sealar
la dramtica superposicin de la crisis del modelo populista con el desencuentro producido entre el
lder y los sectores que haban encabezado la movilizacin contra la dictadura militar, L. De Riz (1986), M.
Svampa (2003).
7- los trabajos ms importantes: O. Tern (1991), S. Sigal (1991), E. Oteiza (1997), C. Altamirano (2001- a y
b), B. Sarlo (2001).
8- C. Hilb y D. Lutzky (1984), M. M. Ollier (1986 y 1989), R. Sidicaro (1988), L. A. Romero (2001).
9- B. Balv y M. Murmis (1973), F. Delich (1970), B. Balv y B. Balv (1989), C. Altamirano (1994), J.
Brennan (1996), L. Aufgang (1989), E. Crenzel (1991), entre otros.
10- G. Pontoriero (1991), J. Vernazza (1989), J. P. Martn (1991), J. Morello (2003).
11- J. Brennan (1996), N. Duval (1988), J. Godio (1989), P. Berrotarn y P. Pozzi (1989), D. James (1990).
12- J. Santucho (1988), M. Seoane (1991), R. Gillespie (1987), L. Mattini (1995), G. Rot (2000), P. Pozzi
(2004); D. valos (2005), E. Salas (2003). Un importante aporte a este tema, es el que desde 2005, brinda la
revistaLucha Armada, dirigida por G. Rot y S. Bufano.
13- la lista puede incrementarse con los trabajos de G. Chvez y O. Lewinger (1998), E. L. Duhalde y E. Prez
(2003), J. Amorn (2005), entre muchos otros.
14- en este trabajo no se incluye el anlisis de las corrientes trotskistas, en virtud de que en el periodo y en los
procesos que aqu se estudian, tuvieron una presencia menor y polticamente ms fragmentada; para conocer
la trayectoria y las discusiones de esta franja de la izquierda se puede consultar O. Coggiola (1985 y 1986), E.
Gonzlez (coord.) (1995-1999), H. Tarcus (1996).
15- corresponde sealar aqu la importancia que en este debate terico- poltico tuvieron, antes y despus de
1955, los intelectuales de izquierda vinculados con el frondizismo y con la revista Contorno ; buena parte
de ellos, despus de la traicin de Frondizi, daran origen al Movimiento de Liberacin Nacional (MLN), un
tpico exponente de la nueva izquierda de los sesenta.
16- tambin en A. Moreau de Justo (1983) se mencionan las divisiones socialistas, pero de manera por dems
sumaria. Para una bibliografa completa sobre la historia del PS, desde sus orgenes, ver H. Camarero y C. M.
Herrera (2005).
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PARTE PRIMERA: UN PARTIDO DE LA IZQUIERDA
TRADICIONAL
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CAPTULO II- EL PARTIDO SOCIALISTA: UN POCO DE HISTORIA
1- La tradicin socialista
Desde sus orgenes, a fines del siglo XIX (1894), el Partido Socialista (PS) se
consider a s mismo como un partido de reformas, destinado a desarrollar una amplia
accin civilizatoria que promoviera la evolucin y el progreso de la sociedad argentina,
lejos de las viciadas prcticas caudillistas de la poltica criolla y ajena, tambin, a los
mtodos que buscaban la redencin social de los trabajadores exclusiva o principalmente a
travs de la violencia catastrfica (1). La tarea que en lo inmediato se asignaba deba
centrarse en bregar por la democratizacin del sistema poltico y mejorar de las condiciones
de vida de los trabajadores, tal como lo expresaba su Programa Mnimo. A su vez, la
Declaracin de Principios y el Programa Mximo dejaban en claro que su objetivo, en el
largo plazo, consista en conducir al pueblo trabajador a la conquista del poder poltico y a
la abolicin de la explotacin capitalista.
La concepcin doctrinaria y estratgica del socialismo argentino fue articulada
fundamentalmente por el pensamiento de J uan B. J usto, quien propiciaba un plan de
profundas reformas para la sociedad argentina, destinado a desarticular el poder econmico
y poltico concentrado en el sector oligrquico-terrateniente. Su plan, destinado a
modernizar el campo y transformar la estructura de la propiedad de la tierra, apuntaba a la
conformacin de una amplia clase de medianos propietarios rurales que, en alianza con los
trabajadores, promoviera el progreso econmico y la democratizacin del pas, como
condicin previa a la realizacin del socialismo. En consecuencia, desarmar la estructura
latifundista, desarticular el sistema oligrquico y acabar con el estilo caudillista en la
poltica nacional aparecan como las tres principales tareas a realizar por el Socialismo (2).
El PS se presentaba a s mismo como el nico que en el pas desarrollaba una accin
seria, metdica y de mviles elevados, un partido eminentemente educador que, en
todas sus acciones privilegiaba, la elevacin cultural de los sectores populares. Por tal
razn, el aspecto que reiterada y justificadamente exhibira con orgullo, sera el referido a la
labor propiamente educativa desarrollada por la amplia gama de entidades culturales,
cientficas, deportivas y artsticas que propiciaba. Este extenso movimiento tena por
finalidad arrancar de la oscuridad y la supersticin a las masas incultas, a las que
consideraba presas de la manipulacin a que la sometan los partidos inorgnicos, y
35
asentada en el clientelismo y la ignorancia. Esta lnea de pensamiento, que sintetiza la
concepcin socialista tradicional, fue desarrollada y propagada por el mismo J usto y por
numerosos dirigentes y publicistas, entre los que corresponde destacar a Enrique Dickman,
Nicols Repetto y J acinto Oddone, entre otros.
En relacin con los trabajadores, el PS insista en la necesidad de su organizacin
en tres mbitos de accin, diferentes y a la vez complementarios: el del gremialismo, en el
cual los proletarios se renen en funcin de su condicin de productores y de sus
intereses de clase; el de la cooperacin libre, que los agrupa en tanto consumidores; y el
de la poltica, en virtud de su calidad de ciudadanos y contribuyentes. En consecuencia,
y dado que el trabajador a la vez que asalariado, es tambin ciudadano, corresponde que
opine y participe en las cuestiones de inters general, es decir que se involucre en la vida
poltica, unindose a las corrientes polticas que mejor representen sus intereses.
Los socialistas sostenan que, de las tres formas de organizacin, la poltica
entendida como actividad parlamentaria- revesta un carcter superior al de las otras dos, ya
que mediante ella la clase obrera eluda el riesgo del exclusivismo corporativo y se
propona la conquista del poder pblico para transformar la organizacin capitalista de la
actual sociedad en organizacin colectivista de la misma, mediante el sufragio universal
y las libres instituciones democrticas. En cuanto a los sindicatos obreros, se los
consideraba autnomos en su terreno y fin especfico, y en consecuencia, deban
organizarse segn principios de autonoma y autogobierno, evitando todo tipo de
injerencia por parte del estado y de los partidos polticos en las cuestiones especficamente
obreras. Esta concepcin respecto de la relacin entre accin gremial y accin poltica de
la clase obrera fue fuente de reiterados conflictos dentro del PS y, en ms de una ocasin,
gener importantes escisiones que produjeron el alejamiento de activos contingentes de
afiliados, en particular militantes obreros y miembros de la J uventudes, a la vez que dentro
del Partido, se acentuaba la preeminencia de los parlamentarios.
En virtud de su tctica parlamentaria, el Partido se organiz en centros que
reunan a los afiliados sobre la base de las circunscripciones electorales, vale decir,
siguiendo una divisin geogrfica o poltica, y no por afinidad de oficio, condicin social
o sexo. La primaca de este criterio organizativo, que funda la accin poltica en la
ciudadana y no en la clase, hizo que progresivamente en los centros y en los
36
organismo de direccin se viera diluido el peso de los militantes de origen obrero y que las
cuestiones atinentes al mundo sindical tendieran a ser tratadas como asuntos particulares de
un sector y fueran perdiendo centralidad en el diseo de la poltica partidaria. A la vez, si
bien los afiliados que militaban en el plano sindical se agruparon en comisiones
gremiales, stas por lo general vieron circunscripta su accin a su mbito especfico y,
paulatinamente perdieron peso dentro del propio Partido, consagrndose as cierta
separacin entre los dirigentes obreros y los niveles de direccin partidaria.
Sin embargo, desde el punto de vista electoral, sobre todo en la Capital Federal el
distrito de mayor composicin obrera-, el PS tuvo importante presencia; an antes de la
reforma electoral, en 1904, Alfredo Palacios fue consagrado diputado por la circunscripcin
de La Boca, y entre 1912 y 1926, el caudal del PS rond el 30% de los votos (3)
Este estilo, y esta manera de articular la relacin entre actividad poltica y gremial
preeminencia de la accin poltica parlamentaria y cierto descuido de la actividad sindical-
suscit peridicos conflictos dentro del PS, generalmente promovidos por sectores de
izquierda que vean en el predominio de los parlamentarios una cierta desnaturalizacin
del carcter de clase del partido. Estos conflictos culminaron, generalmente, con la derrota
de las corrientes crticas y dieron lugar a expulsiones y escisiones que le fueron haciendo
perder base obrera; en este plano, los episodios ms importantes fueron los promovidos por
la fraccin sindicalista, en 1905-1906; por los socialistas revolucionarios -y el Comit
de Propaganda Gremial, entre 1914 y 1917-; el de 1917, cuando los Internacionalistas -
luego, Partido Comunista- cuestionaron la posicin partidaria frente a la Guerra Mundial; y
el impulsado por Enrique del Valle Iberlucea y los Terceristas en 1921 -ntimamente
vinculado con el enfrentamiento entre la Segunda y la Tercera Internacional y la posicin a
asumir frente a la Revolucin Rusa (4). Una de las consecuencias de este proceso fue un
marcado languidecimiento de las comisiones gremiales y una merma de la influencia
socialista en los mbitos obreros, primero a manos de sus tradicionales rivales
sindicalistas partidarios del apoliticismo sindical-, y luego por la expansin de los
muy politizados militantes comunistas. De modo que, a mediados de los aos treinta, el PS
contaba con ms de 500 centros, cerca de 300 bibliotecas y centros culturales, y con
solamente 5 agrupaciones de oficios (5).
37
Por entonces, los sucesos nacionales -el golpe de estado que derroc a Yrigoyen y la
crisis econmica de 1930- y los internacionales -el ascenso del fascismo en Europa-,
promovieron nuevas inquietudes dentro del PS e hicieron que la contraposicin
Democracia- Fascismo se volviera dominante en la lnea y en la tctica del Partido,
acentuando as el peso de los componentes liberal-democrticos de su tradicin. Pero, esa
misma situacin hizo que a partir de 1932-33, en sus filas comenzara a manifestarse
incomodidad ante la actitud de cierta pasividad o complacencia con la que el PS haba
enfrentado la ruptura del orden democrtico y el deterioro de las condiciones de vida de los
trabajadores, y muchos comenzaron a considerar inadecuado el mantenimiento de la tctica
tradicional legalista y reformista- y presionaron por cambiarla (6).
Por un lado, entre 1932 y 1935, se desarroll un a corriente de izquierda que, con
propuestas cercanas a las orientaciones de la Tercera Internacional, buscaba reorientar
revolucionariamente al Partido y vincularlo ms decididamente con la clase obrera,
adems de dotarlo de una organizacin interna celular y centralizada, capaz de funcionar
con eficacia en condiciones de ilegalidad (7). Al tiempo que esta tendencia era
definitivamente derrotada en el Congreso de 1935, estaba en desarrollo otra corriente de
opinin que, buscando tambin la renovacin, era menos disruptiva con la orientacin
tradicional del PS. Atenta a las transformaciones econmicas y sociales en curso, y a los
planteos y experiencias de gobierno de la Socialdemocracia europea, propona que el
Partido actualizara su programa socialista, centrndolo en un plan de reformas
estructurales y de ampliacin de las funciones estatales, tal que hicieran posible la
complementacin de la democracia poltica con las instituciones propias de la
democracia econmica y social; Rmulo Bogliolo, su principal impulsor, sostena la
necesidad de que el PS se constituyera en la base de un movimiento nacional de base
socialista que impulsara un amplio plan de nacionalizaciones, con regulacin de los
sectores clave de la economa, estmulo al consumo popular e incorporacin de las masas
al Estado a travs de sus organismo autnomos partido y sindicatos (8).
Por otra parte, a lo largo de los aos treinta, los dirigentes obreros, al mismo tiempo que
haban ido perdiendo espacio dentro de la estructura partidaria, lo haban ido ganando en el
mbito sindical, llegando a co- gobernar la recin creada CGT: aliados con los
sindicalistas primero, y ms tarde con los comunistas, muchos de ellos -que mantenan
38
relaciones bastante laxas con su partido-, disputaban con firmeza en el mbito gremial y
alcanzaban posiciones de direccin que, por lo general, estaban cerradas para ellos en el
Partido. No deja de resultar sugestivo que, algunos ncleos obreros socialistas, incluyeran
en sus proyectos para un futuro no muy lejano, la posibilidad de construir un partido de
tipo laborista sobre la base del movimiento sindical: esta inquietud de los gremialistas
socialistas, sumada a la propuesta de Bogliolo programa intervencionista y redistributivo
desde el estado, con incorporacin de los organismos sindicales autnomos a la gestin
estatal-, brindan otro ngulo desde el cual pensar las razones de la posterior adhesin de los
trabajadores y de muchos dirigentes sindicales al peronismo -aunque ste, una vez en el
gobierno, actuara sin mucho resguardo por las formas de la democracia poltica (9). En
cualquier caso, proyectos de ese tipo eran una muestra ms de la creciente centralidad que
la clase obrera adquira en el panorama nacional, tanto en el plano econmico como en el
corporativo y poltico, y que el PS pareca no advertir en toda su magnitud.
Antes de que pudieran madurar proyectos de ese tipo, y tambin antes de que el
peronismo los desalojara del mundo obrero, las diferencias existentes entre los mismos
sindicalistas socialistas unos ms politizados, y otros ms tradicionales-, haban sido
partcipes de la divisin de la CGT -y de sus propias fuerzas gremiales-, en vsperas del
golpe militar de 1943, que derrib al gobierno del presidente Castillo (10). Ante el sesgo
autoritario del nuevo rgimen y su posicin neutralista en la Guerra leda como simpata
con la causa del Eje-, el PS con el resto de los partidos democrticos, pas decididamente
a la oposicin; adems de la poltica exterior, una serie de medidas ilegalizacin de los
partidos polticos, intervencin de las universidades, presencia de personalidades
nacionalistas en el gabinete-, conformaban un cuadro al que no era descabellado
emparentar con las experiencias totalitarias europeas (11). Segn hace notar S. Sigal
(2002), esta caracterizacin del rgimen del 43, explica la actitud opositora asumida por
los sectores polticos e intelectuales liberales y de izquierda, bastante antes de que Pern
lograra la adhesin de los trabajadores; por eso, cuando ste comenz a actuar desde la
Secretara de Trabajo y Previsin, dicha oposicin consider que ese activo
intervencionismo estatal era la faz demaggica de un proyecto de corte corporativo y
fascista, y se encamin decididamente hacia la construccin de un frente democrtico
desde el cual enfrentarlo electoralmente. Poco despus, la movilizacin del 17 de octubre
39
de 1945 y las elecciones de febrero del ao siguiente, dejaron a la vista los errados
pronsticos de los integrantes de la Unin Democrtica -UD-, que fue vencida por Pern -
el candidato del continuismo-; en el caso del PS, la derrota incluy otra amarga sorpresa:
el Partido haba disminuido tanto su caudal como para no obtener siquiera una banca en el
Congreso Nacional; confirmaba as, tambin por esa va, la prdida de su base obrera y de
una parte no despreciable de sus activistas gremiales, y en poco tiempo vera cmo dos de
sus afiliados se convertan en ministros del gobierno de Pern y estimulaban el pasaje de
muchos dirigentes al nuevo movimiento poltico -Atilio Bramuglia fue designado ministro
de Relaciones Exteriores, y ngel Borlenghi, ministro del Interior (12).
Disminuido y perseguido, el PS se aboc al desarrollo de una intensa actividad
opositora; prcticamente cortados sus vnculos con el mundo obrero, concentr su lnea
poltica casi exclusivamente en la dicotoma democracia-dictadura, lo cual en los hechos,
lo condujo a una situacin de enfrentamiento con el grueso de los trabajadores, a los que,
desde su prensa, alternativamente trat de manera despectiva o como vctimas de un
error. Esta poltica de oposicin sistemtica, no era compartida por el otro partido de la
izquierda el PC-, que se mostr ms oscilante y tambin ms proclive a buscar algn tipo
de acercamiento con el peronismo, sobre todo en el mbito gremial; pasadas las elecciones
que llevaron a Pern a la presidencia, los comunistas dejaron de lado la caracterizacin de
nazi-peronismo y decidieron que apoyaran lo positivo y criticaran lo negativo en el
nuevo gobierno; a raz de esta posicin y de algunas que le siguieron en los mbitos
sindical y universitario-, el PS encontr un nuevo motivo de distanciamiento y encono
hacia los comunistas, a los que desde entonces reprochara por sus actitudes filo
peronistas (13).
2- Los aos del peronismo
La nueva realidad que el Partido deba enfrentar, hizo que la mayor parte de los grupos y
tendencias que en l convivan, pese a sus diferencias, se amalgamaran en el antiperonismo
y cerraran filas en torno al grupo dirigente en el que Amrico Ghioldi era la figura
descollante. Ghioldi formaba parte, del sector ms concentrado y tradicional que, desde
dcadas atrs, manejaba al PS; algunos de sus miembros entroncaban con los orgenes del
Partido y con el mismo J . B. J usto, y en muchos casos, haban cumplido un importante
40
papel en la consolidacin de una cierta ortodoxia doctrinaria y en la defenestracin de las
corrientes que, desde la izquierda, haban intentado una renovacin. Sobre todo despus
de la muerte de J usto, dicha ortodoxia se haba desarrollado acentuando el perfil liberal-
democrtico del Partido y relegando progresivamente su inters por la cuestin obrera
(14); a la vez, este proceso haba logrado consolidar al mencionado grupo en el control de
ciertos aspectos fundamentales de la vida partidaria, dejando en posiciones ms bien
perifricas a figuras tambin prominentes, como A. Palacios, C. Snchez Viamonte o Alicia
Moreau de J usto (15).
La hostilidad que durante el peronismo rode a los socialistas no hizo ms que
exacerbar aquellos rasgos que lo conducan a un creciente aislamiento, convirtindolo en un
partido vuelto sobre s mismo y sin otro canal para el desarrollo de sus energas que la
actividad opositora y las rutinas partidarias; afirmando puertas adentro sus verdades, todo
pareca contribuir a fortalecer la posicin de un grupo dirigente, cada vez ms refractario a
toda idea o iniciativa que no partiera de l mismo (16). Tal como lo sealara C. Altamirano,
Ghioldi se convirti -a travs de las pginas de La Vanguardia (LV)-, en el contradictor
continuo de Pern, en base a una posicin de principios que l fundaba en la lnea
democrtica, liberal y socialista de su partido (17).
Pero, si bien la oposicin a Pern era ampliamente compartida dentro del Partido,
no ocurra lo mismo respecto de los trminos con que Ghioldi defina al socialismo y sus
tareas; algunos dirigentes, sin dejar de ser antiperonistas, mantenan posiciones que los
diferenciaran de la lnea oficial -ya conocida como ghioldismo-, a la que consideraban
excesivamente cercana a la de los partidos puramente liberales. Ya en febrero de 1946,
poco antes de las elecciones en las que Pern derrotara a los candidatos de la UD, el
prestigioso historiador socialista J os Luis Romero, desde el peridico de la Comisin
de Cultura del PS, tomaba distancia de la posicin de tan cerrado rechazo al naciente
movimiento popular y alertaba al Partido sobre los peligros que entraaba aferrarse a
ciertas caracterizaciones cuando, en su opinin, los hechos estaban mostrando que hoy
... apenas sabemos cmo es nuestra realidad social; poco despus, instaba a no
apresurarse a condenar a las masas que haban sido conquistadas por Pern, y a tomar en
cuenta que dicha conquista haba sido hecha con palabras arrancadas de nuestros
programas partidarios y de nuestros proyectos legislativos. Romero convocaba al PS a
41
asumir una posicin reflexiva y a interrogarse sobre las razones por las cuales no obtena
el apoyo de los trabajadores: sobre todo, lo llamaba a que se esforzara por esclarecer
cmo haba que hablarle a los trabajadores para que nos entiendan (18).
Durante los primeros aos del peronismo, voces como las de Romero,
permanecieron bastante aisladas dentro del PS, aunque no faltaron quienes sobre todo
desde el mbito gremial- pedan que fuera revisada la caracterizacin del gobierno de
Pern, y sobre todo, que fueran apoyadas algunas de las medidas que estaba tomando en
el mbito social y laboral; la cerrazn a la que ya se hizo alusin, no slo impidi tal
revisin sino que ya antes de 1949, dio lugar a expulsiones que afectaron an ms la
presencia socialista en el mundo obrero (19). Ms adelante, en 1950, durante el 37
Congreso partidario, fue J ulio V. Gonzlez quien expres el malestar que imperaba en
algunos sectores del Socialismo, cuando propuso que el PS reviera su lnea opositora y
elaborara una una posicin superadora del mero antiperonismo y se despojara del
perfil predominantemente liberal-democrtico que lo estaba impregnando; a su juicio,
adems de la necesaria oposicin al totalitarismo de Pern, el Partido deba buscar la
manera de acercarse a los trabajadores con una propuesta que avanzara ms all de las
reformas contenidas en el Programa Mnimo -reformas que por otra parte, ya habran
sido satisfechas por el mismo peronismo-, y se concentrara en los contenidos
anticapitalistas de su Programa Mximo. Gonzlez, que estaba acompaado -aunque
inorgnicamente- por algunos veteranos dirigentes como Carlos Snchez Viamonte y A.
Moreau de J usto, adems de J . L. Romero y un grupo importante de jvenes, fue
fcilmente derrotado; el Congreso termin coincidiendo con Ghioldi, quien sostuvo
que toda la actividad partidaria deba concentrarse -sin fisuras- en el derrocamiento de
Pern pues, mientras durara la dictadura nada podra hacerse polticamente y, menos
an, por el socialismo (20); llamativamente, uno de los sectores que coincidi casi
unnimemente con Ghioldi fue el de los dirigentes sindicales que haban permanecido en
el Partido, a quienes en muchos casos, el peronismo haba despojado de sus posiciones
en el mbito gremial y persegua sistemticamente (21).
Con posterioridad al 37 Congreso, el PS vivi uno de sus perodos ms crticos: en
las elecciones presidenciales de 1951, en las que Pern logr una resonante victoria, no
alcanz siquiera el 1% de los votos; adems, enfrent algunos dramticos episodios
42
internos, entre ellos la expulsin de Dardo Cneo miembro del Comit Ejecutivo
Nacional (CEN) y de posiciones antighioldistas- y el desplazamiento de J uan A. Solari
cercano a Ghioldi-, de la Secretara General, en la que fue reemplazado por Ramn A.
Muiz (22). Indudablemente, el hostigamiento y la sensacin de despojo que el PS
sufra, no slo lo abroquelaban en una posicin cerradamente opositora, sino que adems
potenciaba los problemas internos, y quitaba espacio a la necesaria revisin de su lnea
poltica; sin embargo, la incomodidad que se haba expresado en el 37 Congreso, no
haba desparecido, y el sector derrotado, aunque algo difuso, no era despreciable dentro
del Partido.
Poco despus de finalizado dicho congreso, sera nuevamente J . L. Romero quien
esbozara una interpretacin sobre el peronismo considerablemente alejada de la
sustentada por Ghioldi, cuando en un artculo publicado en 1951, en lugar de reducir el
fenmeno a mero efecto de una manipulacin poltica de las masas, vinculaba su
emergencia con los efectos producidos por los cambios econmicos y sociales de la
posguerra; en el mismo artculo, a cinco aos de gobierno peronista, Romero tomaba
nota del innegable ascenso que se haba operado en las condiciones de vida de los
trabajadores y, sobre todo, del irreversible nivel de organizacin y politizacin que stos
haban alcanzado. En su opinin, a la hora de disear su poltica actual y futura, el PS
tendra que contar con esos datos pues, fuera cual fuere el desarrollo de los
acontecimientos polticos, las masas ya no renunciaran a esos avances (23).
El reclamo de la no muy organizada posicin renovadora apuntaba a que el PS
volviera a centrarse en las reivindicaciones econmico-sociales de la clase obrera, y en los
objetivos propios del socialismo, es decir, en los orientados a la superacin del
capitalismo; mientras Ghioldi profundizaba la concepcin del PS como partido de
ciudadanos, sus opositores pedan definirlo en trminos ms o menos cercanos a los de un
partido de clase. Aunque no logr modificar la orientacin partidaria, la mayor parte de
esos afiliados permaneci en el Partido y, sin dejar de ser antiperonista, mantuvo posiciones
crticas hacia la lnea liberal del ghioldismo (24); si bien eran minoritarios en el CEN,
contaban con importante predicamento en los sectores juveniles y universitarios que, por
entonces, eran los ms activos en la resistencia al peronismo. Segn testimonios,
muchos de esos jvenes vean la lucha que libraban desde una ptica muy influida an por
43
la perspectiva de las corrientes socialistas que en Europa, durante la Segunda Guerra
Mundial, haban ligado la resistencia antifascista con posiciones anticapitalistas, y
esperaban que la cada del peronismo no significara una mera restauracin de la
democracia, sino el comienzo de una profunda transformacin social; uno de los
protagonistas, Miguel Murmis, llama la atencin sobre lo que considera la veta
iluminista del pensamiento de los jvenes, quienes crean que el peronismo de la clase
obrera era consecuencia del engao al que haba sido sometida por un rgimen que,
adems, le haba impedido tomar contacto con quienes podran haberles proporcionado otra
visin, ms adecuada, sobre la realidad social y poltica: por eso pensaban que, cuando
cayera el gobierno, y los socialistas pudieran volver a hablarles, los trabajadores
entenderan y volveran a su partido de clase (25).
Por otra parte, en la base partidaria no faltaban otros grupos con inquietudes
similares, tal como lo evidencia la nota que un numeroso grupo de afiliados dirigi a las
autoridades del PS y a todos los centros, en marzo de 1953, pidiendo la apertura de un
amplio debate para analizar la crisis partidaria; sin ningn eufemismo, sealaban que
el Partido deba reconocer que, en buena parte haba dejado de ser el partido de la
clase obrera, y que en consecuencia, su principal tarea consista en volver a penetrar
en el mundo de los trabajadores. Para lograrlo proponan, adems de la adopcin de un
programa autnticamente socialista, modificar la estructura y el estilo partidarios con
el fin de que la accin poltica y la sindical volvieran a reunirse, a la manera de un
partido laborista; y, en lo inmediato, sostenan que las crticas al gobierno deban ser
presentadas en trminos socialistas y populares, superadores de los argumentos
liberales pues el rgimen actual merece ser combatido en tanto modalidad
institucional del capitalismo, y la libertad y la democracia que se anhelan son las que
trascienden del plano poltico al econmico y social (26).
Por su parte, el gobierno no cesaba en su accin de desgaste sobre el PS; durante ese
mismo ao, el Partido sufri el desprendimiento de un grupo de dirigentes entre ellos,
J uan Unamuno, Miguel Navas y el histrico Enrique Dickman-, que form el efmero
Partido Socialista de la Revolucin Nacional (PSRN), de orientacin pro- peronista y
promovido por el ex socialista y actual ministro del Interior A. Borlenghi; el caso de
Dickman fue el ms resonante, por tratarse de uno de los fundadores del Partido: su
44
expulsin se haba producido poco antes a raz de que haba mantenido una entrevista
con Pern, a instancias de su hijo y de Borlenghi (27).
Tambin durante 1953, se produjo un recrudecimiento de la actividad opositora a las
que el PS no era ajeno-, que llev al gobierno a endurecer las medidas represivas; uno de
los hechos ms conmocionantes fue el atentado con bombas producido el 15 de abril, en
Plaza de Mayo, mientras Pern hablaba en un acto convocado por la CGT; en repuesta,
esa misma noche, grupos comandados por la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN)
atacaron e incendiaron la Casa del Pueblo, la Casa Radical y el edificio del J ockey Club,
a la vez que numerosos opositores -entre ellos C. Snchez Viamonte, A. Palacios y N.
Repetto- eran detenidos o marchaban hacia Montevideo (28). Luego del nuevo triunfo
obtenido por el peronismo en las elecciones legislativas de 1954, las posibilidades de la
oposicin parecan reducirse cada vez ms; sin embargo, la situacin cambi
abruptamente al desatarse el conflicto entre el gobierno y la Iglesia y acelerarse la
conspiracin militar; recomenzaron los actos de protesta, y durante junio, se produjeron
la masiva participacin opositora en la procesin de Corpus Christi y el alzamiento que
culmin con el bombardeo de civiles en Plaza de Mayo (29). Despus de ese ataque, que
tena como objetivo darle muerte, Pern llam a la pacificacin nacional, y como parte
de la apertura poltica anunci que se permitira el acceso de los partidos a las radios -
habitualmente cerradas para la oposicin.
La ocasin sirvi para que el PS mostrara toda su dureza actitud opositora, ya que si bien
tramit y obtuvo del Ministerio del Interior un espacio en Radio Belgrano, finalmente
los discursos de sus dirigentes no fueron emitidos: el de Palacios, que peda la renuncia
del Presidente y contena una larga lista de crticas y reclamos acumulados en diez aos
de totalitarismo, fue prohibido; Repetto, en solidaridad, se neg a pronunciar el suyo
(30). Por su parte, los gremialistas socialistas del COASI (Comit Obrero de Accin
Sindical Independiente de Argentina), que funcionaba en Montevideo, tambin
respondieron con dureza a la convocatoria presidencial al afirmar que todo cambio
debe comenzar por el alejamiento de Pern; en sus publicaciones, los dirigentes del
COASI -que haban sufrido la poltica sindical del peronismo-, no se privaban de
comparar a la conduccin de la CGT con el sindicalismo mussoliniano y franco-
falangista, ni de anunciar que la tarea histrica y civilizadora que tenan por delante
45
consista contribuir a sepultar los mitos del peronismo: el de Eva Duarte y el de la
CGT (31).
3- El PS despus del 55
Fracasado el intento aperturista de Pern, la conspiracin sigui su marcha y en
septiembre de 1955, una coalicin encabezada por las Fuerzas Armadas en la que
convivan civiles y militares, nacionalistas y liberales, catlicos y anticlericales-, derroc a
su gobierno (32). Luego de algunos das de indefinicin, Pern entreg el gobierno y
abandon el pas, e inmediatamente, el general Eduardo Lonardi asumi como primer
Presidente de la Revolucin Liberadora (RL).
Casi inmediatamente, dentro de la heterognea coalicin que sostena al nuevo gobierno,
comenzaron a manifestar las diferencias, sobre todo en relacin a cmo habra de tratarse la
cuestin peronista. Al respecto, una reciente interpretacin ha identificado tres formas del
antiperonismo dentro del arco de fuerzas que acompa a la RL: el radicalizado, el
optimista y el tolerante. En el primero, habran militado partidos doctrinarios y de
escaso caudal electoral, tales como el PS, PDP (Partido Demcrata Progresista), PDC
(Partido Demcrata Cristiano) y PD (Partido Demcrata); en el segundo, la presencia
dominante era la de los radicales de la futura UCR del Pueblo; y en el tercero, los
radicales frondizistas, un sector del PD -luego, Partido Conservador Popular-, el PC
aunque permaneca ilegal. Para los radicalizados, el norte de toda la actividad de la RL
deba pasar por la erradicacin del aparato totalitario-fascista, combinando medidas
represivas hacia funcionarios, colaboradores o propagandistas del rgimen- e iniciativas
de reeducadoras, dirigidas a los sectores populares vctimas de la demagogia o del
miedo; pero los radicalizados consideraban que, una vez cumplida la tarea
desperonizadora, deba avanzarse en la reforma del orden poltico-constitucional con el
fin de que, en el futuro, resultara imposible reeditar el fenmeno totalitario: limitar las
atribuciones del Poder Ejecutivo y sustituir el rgimen electoral de lista incompleta por el
de representacin proporcional (33). Esta voluntad reformista, no era compartida por los
radicalismos ni el optimista ni el tolerante-, ya que cada uno de ellos esperaba ganar
las futuras elecciones con el rgimen existente.
Mientras tanto, varios connotados dirigentes socialistas, no nicamente los ghioldistas,
participaban en el gobierno de la RL: como el resto de los partidos, tenan representantes en
46
la J unta Consultiva (J C), algunos de sus miembros aceptaban cargos diplomticos o
participando en la desperonizacin, tanto en el mbito universitario como en el sindical;
en este ltimo, muchos militantes formaron parte de los comandos civiles que
desalojaron a los peronistas de los sindicatos, en algunos casos para reponer en sus puestos
a dirigentes que a su vez haban sido desalojados una dcada atrs, y en otros, para instalar
asesores democrticos de los interventores militares designados por la RL (34).
Sin embargo, durante la primera y corta etapa de la RL, los socialistas y los sectores
liberales mantenan diferencias con los nacionalistas y clericales, y pujaban por
desplazarlos del gobierno: acusaban a varios colaboradores del presidente Lonardi de
desvirtuar los fines primordiales de la revolucin, y a l mismo de no tener suficiente
voluntad para desmontar la maquinaria totalitaria. Uno de los blancos predilectos de esos
ataques estaba en el Ministerio de Trabajo, cuyo titular Luis Cerrutti Costa, negociaba con
la CGT negra -conducida por Andrs Framini- ; el otro ministerio que era objeto de
crticas -aunque algo ms matizadas- era el de Educacin, donde el clerical Atilio
DellOro Maini no resultaba del todo confiable para el reformismo que, ms bien lo
perciba como una amenaza para la recin recobrada autonoma universitaria y para el
proyecto del Rector- Interventor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el socialista J .
L. Romero (35).
Cuando en noviembre, el nacionalista Lonardi fue reemplazado en la Presidencia de
la Nacin por el liberal general Pedro E. Aramburu, comenz la verdadera
desperonizacin; recin entonces, el peronismo fue proscripto e ilegalizado, e intervenida
la CGT, y las acciones de desmantelamiento del totalitarismo se tradujeron en una intensa
represin que afect, sobre todo, a los trabajadores peronistas y comunistas que sufrieron
cesantas, detenciones, movilizacin militar de huelguistas y vigencia de tribunales
militares. Adems de la represin poltica, los trabajadores sentan los efectos de una
poltica econmica que algunos no tardaron en calificar como inspirada en el revanchismo
patronal, y cuya otra cara fue la emergencia de la resistencia peronista (36).
Como ha sido sealado por diversos autores, cuando cay el gobierno peronista, en los
crculos polticos y militares ya estaban planteadas las dos cruciales cuestiones que
marcaran por largos el desarrollo de la vida nacional: una, se refera al rumbo que habra
de imprimirse a la economa argentina, y la otra, a la manera en que se asimilara
47
polticamente a la masa peronista. Tanto M. Cavarozzi (1997) como C. Altamirano (2001),
han llamado la atencin sobre la manera contradictoria en que ambas se ligaban, y sobre la
imposibilidad de los vencedores de darles respuesta satisfactoria; a fines de 1955, el Plan
Prebisch sera un claro y primer ejemplo de esa imposibilidad, ya que sus orientaciones
para desperonizar la economa se traducan en medidas -devaluacin de la moneda,
estmulo a la produccin agropecuaria, medidas sobre el sector energtico y de transportes-
que inevitablemente, desfavoreceran e irritaran a los trabajadores a los que de alguna
manera se necesitaba integrar (37).
En medio de ese atolladero, Arturo Frondizi y los crculos que rodeaban a Rogelio
Frigerio y a la revista Qu, comenzaron a delinear una frmula a la vez poltica y
econmica- destinada a superar el atraso de la economa y a trascender el mero
antiperonismo; ya desde fines de 1955, Qu convocaba a una empresa nacional que
reuniera a trabajadores y clases medias en un programa industrialista y desarrollista,
asentado, a la vez, en el papel activo del Estado y en el auspicio a la iniciativa privada. La
promesa del desarrollo, unida al discurso antiimperialista, y a la propuesta de integrar
al peronismo y a las clases medias en un nuevo frente nacional y popular, fue cosechando
simpatas dentro de un amplio y variado espectro poltico que abarcaba desde los
ambientes del nacionalismo popular hasta ciertas franjas de la izquierda y, naturalmente,
del peronismo (38). Al poco tiempo, junto con la consolidacin de ese proyecto y del
liderazgo de Frondizi, se producira la fractura de la UCR, y con ella, la del frente
antiperonista y a la RL le naca una oposicin legal.
Procesos de diferenciacin similares se vivieron en otros partidos; en el caso del PS, el
despliegue de la poltica libertadora de Aramburu, haba ido haciendo evidente que no
todos entendan de la misma manera la consigna de la desperonizacin, ni aceptaban
cualquier mtodo para lograrla. Si bien todos pensaban que era necesario desplazar a los
dirigentes sindicales peronistas que seguan presionando sobre los trabajadores e
impidindoles actuar dentro de los cauces propios de la clase, algunos se asociaban
gustosos a la va represiva mientras que otros tomaban distancia de lo que consideraban
aspectos anti obreros de la poltica del gobierno. Para estos ltimos, en quienes tal vez
resonaban las advertencias formuladas tiempo atrs por J . L. Romero, in primer paso
consisti en diferenciar tajantemente entre la corrupta dirigencia peronista y los
48
trabajadores, a quienes esperaban reconquistar. Esto permiti que, en los ambientes
juveniles -y en los que haban disentido con la direccin partidaria durante el peronismo-,
comenzaran a orse voces crticas hacia el gobierno y hacia los dirigentes partidarios que
hacan del PS un aliado incondicional de la RL. En poco tiempo, esas discrepancias
trascendieron las discusiones propias de los crculos partidarios y se reflejaron en actos y
declaraciones pblicas, dejando en posicin desairada a los dirigentes ms comprometidos
con el gobierno, entre ellos al mismo Ghioldi, que ya no mantena las riendas del Partido
tan frreamente como antes.
4- La Juventud y el crecimiento del PS
Los testimonios coinciden en sealar que en el perodo inmediatamente posterior a la
cada del peronismo, el PS experiment un importante crecimiento atribuible, sobre todo, al
dinamismo de las Juventudes Socialistas (J J SS) y al prestigio que haban adquirido al ser
percibidas como la fuerza poltica que ms tenazmente se haba opuesto a Pern. Por otra
parte, los mismos entrevistados sostienen que una de las consecuencias de la forma en que
el Partido haba crecido ensanchando su franja juvenil-, hizo ms evidente el hecho de que
casi careca de cuadros de edad intermedia (39). Como efecto de los aos de represin bajo
el peronismo, el PS contaba con pocos dirigentes de edad intermedia: la falta de esa franja
generacional, haca ms difcil amortiguar el choque que inevitablemente se producira; los
jvenes avanzaban impetuosamente dentro del Partido, denunciando el inmovilismo y el
liberalismo de los viejos, quienes a su vez, sintindose amenazados, adoptaban una
actitud refractaria hacia ellos y los acusaban de funcionar como una organizacin dentro
del Partido y de ser portadores de diversos desviacionismos frondizismo, pro-
peronismo, filo-comunismo (40). Sobre todo rechazaban que, en el discurso juvenil
como en el comunista-, la lucha por la democracia apareciera como un simple medio para
producir posteriores transformaciones revolucionarias; pero adems, a esa perspectiva que
era ajena a la tradicin del PS, se le agregaba una cierta apertura hacia el peronismo, que
el ghioldismo rechazaba de plano (41).
De todas maneras, los militantes de las J J SS solan contar con la complacencia, y a
veces la proteccin, de algunos dirigentes veteranos ms abiertos, entre los que se
destacaban A. Palacios, y algunos ms jvenes como J . L. Romero -que por entonces
49
cumpla un descollante papel en la Universidad de Buenos Aires- o David Tieffenberg
abogado laboralista y Apoderado Legal del PS. Segn los entrevistados, en esos dirigentes
mayores, que actuaban como referentes de los jvenes, coexistan grados variables de un
real inters por la renovacin partidaria con algunos resentimientos de larga data, que los
distanciaban de las otras prominentes figuras.
Ya en mayo de 1955, an bajo el peronismo y en condiciones de clandestinidad, las
J uventudes haban celebrado su Conferencia Nacional y elegido a los miembros del
Consejo Provisional, y fines de noviembre comenzaron a editar sus dos principales
publicaciones peridicas, Futuro Socialista (FS) y Reforma (R) que expresaba a la
J uventud Universitaria Socialista (J US) (42). En sus primeros nmeros, ambas revistas an
reflejan el fuerte compromiso con la desperonizacin: insisten en el reclamo de que los
sindicatos intervenidos fueran rpidamente entregados a los gremialistas libres, y que
en la Universidad, el ministro de Educacin no condiciones la accin del Rector
normalizador.
Indudablemente, el mbito de mayor despliegue y crecimiento de las J J SS, fue el
universitario -particularmente el de la UBA-; ya desde el golpe militar de 1943 y durante el
peronismo, las J uventudes haban sido activas partcipes del movimiento de resistencia
liderado por la Federacin Universitaria de Buenos Aires -FUBA-, que no slo se haba
opuesto al contenido anti-reformista de las intervenciones, sino que tambin haba
criticado el descenso general del nivel acadmico (43). Dicho movimiento opositor,
inicialmente circunscripto liberales e izquierdistas, se haba visto engrosado cuando, sobre
el final del gobierno peronista, se incorporaron las agrupaciones catlicas humanistas; de
modo que, no bien producido el golpe de estado de 1955, reformistas y humanistas
juntos, ocuparon el Rectorado de la UBA y la gobernaron hasta que el gobierno design
Rector-Interventor al socialista Jos Luis Romero (44).
El universitario, a diferencia del gremial, era un ambiente favorable para los jvenes
socialistas; en l pudieron desplegar una lnea de trabajo en la que desperonizacin era
entendida como el paso previo, y necesario, para una posterior reconstruccin que
modernizara intelectual y acadmicamente a la universidad; as, lejos de todo espritu
restauracionista, acompaaron con entusiasmo al Interventor Romero y al crculo de
intelectuales que lo secundaba Ismael Vias y No J itrik, entre otros (45). J unto con la
50
designacin de Romero, el gobierno de Lonardi haba promulgado el decreto mediante el
cual se produca una masiva suspensin de los docentes de la UBA, medida que cont con
el beneplcito de todas las agrupaciones de la FUBA; sin embargo, no ocurrira lo mismo
cuando, un mes despus, fue sancionado el Decreto-Ley 6403, que dio origen a una fuerte
embestida de la J US y de todo el reformismo, contra el clerical ministro A. DellOro
Maini.
Dos fueron los artculos de la mencionada norma que desataron el conflicto: el 28, que
autorizaba la creacin de universidades privadas -con derecho a otorgar ttulos
habilitantes, en pie de igualdad con las estatales-, y el 32, referido a los prximos
concursos de profesores. Respecto del primero, la oposicin del reformismo derivaba de
su defensa del monopolio estatal de la enseanza as como de su gratuidad en todos los
niveles y la vigencia del laicismo; en el caso del segundo de los artculos, el rechazo se
deba a que su texto inclua una clusula considerada portadora de un principio de
discriminacin ideolgica, ya que entre las causales de exclusin de un candidato,
mencionaba la de ser promotor de ideas totalitarias. Para la J US, las nicas exclusiones
justificadas seran las que se basaran en actos de indignidad cometidos por los candidatos
-tales como delaciones y denuncias, y nunca en las ideas que stos profesaran; si bien, el
ms conflictivo de los puntos, el artculo 28, fue dejado en suspenso, las diferencias
provocaron no slo el distanciamiento entre humanistas y reformistas, sino que
adems llevaron a la simultnea renuncia del ministro de Educacin y de J . L. Romero (46).
Por fuera de los ambientes universitarios, cuando a fines de 1955 comenzaron a sentirse
los efectos de la poltica econmica y represiva del gobierno de Aramburu, las J J SS
marcaron las diferencias que, ahora, la separaban de los liberales, y criticaron el espritu
de revancha patronal que, a su juicio, impregnaba a muchas de las acciones de gobierno
en el campo laboral y sindical (47). En ese contexto, es posible advertir que en las
J uventudes, el pensamiento socialista tradicional comenzaba a articularse con nuevas ideas;
en tal sentido, la nota editorial del primer nmero de Reforma noviembre de 1955-, sin
abandonar la postura desperonizadora, desarrolla una lnea de reflexin diferente de la
que el PS sostena a travs de LV: citando largamente a J . L. Romero, afirma que la ms
acuciante necesidad del momento consiste en superar el divorcio de masas y elites en la
historia argentina, ms en sintona con la reflexin de ciertas franjas de la intelectualidad
51
desde el comunista Hctor P. Agosti hasta Contorno-, que del discurso de su propio Partido
(48). Como parte del aire contornista que se percibe en la publicacin, el editorial
sostena que, para hallar vas de comunicacin con los trabajadores que creyeron en
Pern, era preciso que los intelectuales comenzaran haciendo el propio examen de
conciencia en lugar de insistir sobre los errores cometidos por la clase obrera- (49);
esto slo alcanzaba para que los dirigentes ms tradicionales del PS miraran con
desconfianza tanto a los jvenes como a sus maestros, en especial a J . L. Romero como
antes haba ocurrido con el recientemente fallecido Julio V. Gonzlez (50).
Una parte importante de este grupo juvenil socialista tuvo una destacada participacin
en la instalacin de las ciencias sociales modernas, en la UBA; nombres como los de
Miguel Murmis, J orge Graciarena, Ruth Saut, J uan Carlos Marn, Torcuato Di Tella y
Hugo Calello, entre otros, acompaaron con entusiasmo las iniciativas de Gino Germani,
primero en el Instituto de Sociologa de la Facultad de Filosofa y Letras, y luego en la
naciente carrera. En estos jvenes, en los que la vocacin poltica se presentaba
ntimamente ligada con la avidez por conocer la realidad social, la sociologa apareca
como un instrumento de primer orden; ya en 1954, varios de ellos haban secundado a
Torcuato Di Tella en la creacin de un Instituto de Investigacin y Formacin, que aunque
no perteneca orgnicamente al PS, haba sido pensado para proporcionarle materiales y
conocimientos sobre temas considerados cruciales, y para aumentar su capacidad de
comprensin a la hora de definir polticas.
En tal sentido, los testimonios sealan que una de las preocupaciones centrales si no la
central-, pasaba por conceptuar adecuadamente la relacin entre la clase obrera y el
peronismo (51). Es indudable que la ms acabada y difundida interpretacin sociolgica
sobre dicha relacin, fue la elaborada por Gino Germani, quien por otra parte y en este
plano, tuvo gran influencia sobre los jvenes socialistas; si bien sus trabajos ms conocidos
fueron publicados hacia 1956-57, desde antes circulaban otros en los que anticipaba sus
principales tesis en temas tales como el de las repercusiones sociales de los cambios
econmicos de la dcada del cuarenta, el de la integracin de las masas a la vida poltica y
el totalitarismo, o la distincin entre vieja y nueva clase obrera. Sin ser idnticos, el
pensamiento de Germani, los aportes de J . L. Romero y la perspectiva abierta por el grupo
Contorno, iban en el misma direccin en tanto permitan apreciar los aspectos progresivos
52
de la experiencia que la clase obrera haba realizado a partir de 1945, y tambin especular
acerca de cmo dicha experiencia poda ser desarrollada desde un punto de vista
revolucionario (52).
As, dentro del ms antiperonista de los partidos, las J uventudes avanzaban en una
reinterpretacin del peronismo que, dejando de lado la versin ghioldista, pona el acento
en la necesidad de comprender las razones por las cuales las masas haban adherido a
Pern y no al PS, en lugar de condenarlas. Modificado el punto de vista, se volva
apremiante la necesidad de hallar el camino que condujera al reencuentro: del lado de los
trabajadores, logrando que transfirieran sus lealtades hacia un proyecto poltico de corte
socialista, y del lado de las izquierdas, haciendo que se desplazaran del campo liberal-
democrtico al nacional-popular (53). Semejante distanciamiento respecto de la
orientacin dominante en el PS, fue el comienzo de un viraje ideolgico-poltico de tal
magnitud que, en opinin de C. Blanco (2006), produjo una verdadera desorganizacin del
sistema de creencias en el que tradicionalmente se haba asentado la identidad socialista, y
condujo a significativas y graves consecuencias en la vida partidaria (54).
El comienzo de los cambios en el PS
Ya en la primera parte de 1956, comenzaron a producirse algunos reacomodamientos
en el PS, a impulsos de los dirigentes renovadores; mientras Amrico Ghioldi o Nicols
Repetto, defendan un apoyo sin fisuras a todas las polticas de la libertadora, Alfredo
Palacios, Alicia Moreau o el Secretario Ramn A. Muiz, con el apoyo militante de la
J uventud, buscaban la manera de separar el compartido antiperonismo poltico -anti-
totalitarismo- del anti-peronismo social - revanchismo- (55). Una primera manifestacin
de los cambios que se estaban operando en las relaciones internas, pudo apreciarse en el
multitudinario acto organizado por las J J SS en el estadio Luna Park, a principios de abril de
1956 el primero, despus de los aos del peronismo; tanto los nombres de los oradores
invitados -A. Palacios, A. Moreau-, como los de los ausentes, mostraban el papel
desempeado por los jvenes en el renacimiento de la vida partidaria. Palacios, en su
intervencin, adems de elogiar a los jvenes, sostuvo que la necesaria defensa de la RL, no
implicaba abstenerse de emitir opinin sobre las actividades del gobierno; por
su parte, Alexis A. Latendorf, rescatando la tradicin reformista de alianza
53
obrero-estudiantil, afirmaba que las J uventudes Socialistas eran antiimperialistas,
anticapitalistas y democrticas (56).
Pocos das despus, cuando el Partido celebr el 1 de mayo con un gran acto en el
centro de la ciudad de Buenos Aires, la prensa nacional le dedic extensas notas y grandes
fotografas mostrando la enorme columna encabezada por Palacios, Ghioldi, Muiz y
Latendorf; segn destacaba La Nacin, a lo largo de su recorrido, la marcha iniciada en la
Casa del Pueblo, haba sido saludada con aplausos y vtores desde aceras y balcones (57).
Sin embargo, ese da quedara en la memoria socialista no slo por el carcter
multitudinario de la concentracin sino tambin por haber constituido la primera
manifestacin pblica de los desacuerdos que ya estaban instalados en sus filas; en su
transcurso, mientras Palacios era largamente ovacionado, Ghioldi se vio obligado a
demorar el comienzo de su discurso porque desde un sector del pblico -presumiblemente
joven-, brotaron gritos de Socialismo! Socialismo!, que le impedan hablar; cuando
logr hacerse escuchar, sus palabras se centraron en la crtica al peronismo la noche
qued atrs- y en la cerrada defensa de la RL, y en una actitud ciertamente arrogante, cerr
su intervencin afirmando que los socialistas nunca haban abandonaban a los trabajadores
pese a sus errores. En las antpodas, el joven Latendorf se alejaba del antiperonismo con
un discurso que presentaba al PS como partido de la clase trabajadora y orientado a la
sustitucin del sistema capitalista, no a su defensa y apuntalamiento (58).
Otra muestra de los cambios en curso, puede encontrarse en los dos documento que, en
la misma poca, dio a conocer el CEN; uno estaba dirigido al pueblo, el otro, al
presidente Aramburu, y ambos parecen haber sido resultado de alguna solucin de
compromiso entre las corrientes internas, ya que junto con la reivindicacin de la lnea
opositora sostenida desde 1943 a 1955, se llamaba a deponer rencores y se afirmaba que el
norte de la actividad socialista pasaba por poner fin a la explotacin de los
trabajadores. Por otra parte, an en medio de frases que deseaban xito a la accin
revolucionaria -de la RL-, se mencionaban algunos graves problemas que perturban a la
opinin pblica: la caresta, y tambin, el apresuramiento con que los interventores
militares en los sindicatos declaraban ilegales los paros fundados en legtimos reclamos de
los trabajadores. De esta manera, el PS tomaba nota de la ola represiva que se alzaba
54
contra los trabajadores, sometidos a cada vez ms a cesantas, detenciones e incluso
militarmente movilizados durante las huelgas (59).
Pero, las diferencias respecto de la amplitud del apoyo que el PS deba brindar a la RL,
se convirtieron en una verdadera brecha cuando, en junio de 1956, se produjeron los
fusilamientos que siguieron al alzamiento de los generales peronistas J uan J . Valle y Ral
Tanco: mientras para algunos la poltica de la pena de muerte no poda tolerarse en silencio,
Ghioldi, desde LV, la aprobaba con terribles frases que consternaron a muchos, dentro y
fuera del Partido (60). Por otra parte, durante ese ao 1956, en medio de una inusitada
combatividad, la clase obrera pona en evidencia la solidez del vnculo que la una con sus
dirigentes peronistas; una nueva camada de gremialistas iba arrinconando cada vez ms a
los democrticos -entre los que se contaban los socialistas- y echando por tierra la
expectativa de que, librados de sus dirigentes corruptos, los obreros volveran
naturalmente a su partido de clase. Esta comprobacin impact fuertemente, no slo en
los jvenes universitarios sino tambin en un sector de la dirigencia sindical socialista, que
comenz a tomar distancia de los gremios democrticos -y de los dirigentes ms
recalcitrantemente antiperonistas, como Francisco Prez Leirs- para, poco despus,
integrarse a un nuevo agrupamiento poltico -sindical, el los Independientes (61).
Esta diferenciacin producida entre los gremialistas socialistas, fue parte del
movimiento renovador que, en sus comienzos, buscaba afanosamente la manera de salir
del gorilismo, aunque con posturas ms bien moderadas. La otra parte de la renovacin
tena su sede principal en las J J SS, y en el grupo que las lideraba; en dicho grupo, se estaba
delineando un proyecto ms ambicioso que la mera salida del antiperonismo: radicalizar al
PS, dotarlo de un perfil socialista, antiimperialista y revolucionario, y acercarlo
decididamente a los trabajadores y al conjunto de los sectores populares. Desde este punto
de vista, analizan y se vinculan con los movimientos nacionalistas y populares
latinoamericanos, tomando en cuenta ms que sus definiciones ideolgicas, su objetiva
significacin poltica; y en la vinculacin con otros partidos socialistas, tienden a
privilegiar a los latinoamericanos como el chileno o el uruguayo- y a los asiticos, por
sobre los europeos (62).
Llevar adelante semejante plan, impona como condicin ineludible el
desplazamiento del ghioldismo de la direccin del PS; para lograrlo, la estrategia elegida
55
por los jvenes fue la de la alianza con los moderados del CEN -que nunca haba
comulgado plenamente con la lnea liberal. En ese sector, haba figuras con peso poltico
y popularidad propias, a las que era conveniente retener: A. Palacios y C. Snchez
Viamonte -entre los histricos-, y J . L. Romero y David Tieffenberg -entre los ms
jvenes; entre los jvenes, segn todos los testimonios, el artfice principal del proyecto
fue el joven Alexis Abel Latendorf (63). El conglomerado antighioldista que result de esa
alianza a la que se denominar renovadora- fue producto de una doble articulacin que,
por un lado, reuni a dirigentes de distintas generaciones, y por otro, combin proyectos
poltico-ideolgicos que slo parcialmente eran coincidentes; sin embargo, y pese a las
diferencias -y a la competencia- que siempre existieron entre moderados e izquierdistas,
juntos se aprestaban a dar la batalla contra el ghioldismo.
NOTAS
1- los socialistas sostenan esta posicin -acorde con la lnea de la Segunda Internacional-, en debate con las
corrientes anarquistas y sindicalistas; estas dos corrientes, eran partidarias de la accin directa no
mediada por los partidos-, y slo reconocan carcter de clase (proletario) a las organizaciones sindicales.
Consecuentemente, negaban la posibilidad de que existiera un partido que representara los intereses de los
trabajadores, y eran particularmente hostiles con el PS.
2- J. M. Aric (1999). En la seccin introductoria al trabajo de Aric sobre la hiptesis de J usto, J . C.
Portantiero, sintetiza la propuesta del dirigente socialista sealando que l identifica en el latifundio y en el
parasitismo de un capitalismo ausentista, a los sostenedores de ese orden oligrquico y propone la
organizacin de los trabajadores en el Partido Socialista, en los sindicatos, en las cooperativas y en un vasto
asociacionismo, como alternativa para un profundo programa de reformas econmicas, polticas y sociales,
basadas en la articulacin de transformaciones socialistas con democracia agraria, a la manera de los
experimentos que contemporneamente tenan lugar en sociedades asimilables a la Argentina, como las de
Australia y Nueva Zelanda.
3- en 1913, en la Capital Federal, el PS gan las elecciones para cubrir 2 bancas de diputados (que
correspondieron a N. Repetto y M. Bravo) y 1 de senador (E. del Valle Iberlucea); en 1914 volvi a ganar,
obteniendo 7 diputados, sobre un total de 10; y en 1924, logr 13 diputados -sobre 19-, ms la banca de
senador que estaba en juego. Entre los legisladores, adems de los mencionados, figuraron el mismo J . B.
J usto, A. Di Tomasso, . J imnez, E. Dickman y F. Cneo. Ese potencial se vio disminuido entre 1927 y
1930, debido a que el PS Independiente escisin de derecha, capitaneada por A. Di Tomasso y F. Pinedo-
atrajo un caudal importante de los votos que antes haban ido al PS. Despus de 1930, si bien la bancada
socialista fue importante, la valoracin del peso electoral del PS debe hacerse teniendo en cuenta la
proscripcin del Partido Radical.
56
4- M. C. Tortti (1989 a).
5- M. C. Tortti (1989 b).
6- dem; y J. C. Portantiero (2005).
7- M. C. Tortti, op. cit. Entre los ms conspicuos dirigentes de esta corriente, que editaba la revista Izquierda,
figuraban Benito Marianetti, Ernesto Gidici y Carlos Snchez Viamonte; los dos primeros, ms adelante
ingresaron al PC, mientras que el tercero permaneci en el PS; Snchez Viamote era personal y polticamente
cercano a Alfredo Palacios, y como l haba participado de la Reforma Universitaria de 1918, y siempre se
haba alineado en la izquierda partidaria, con posiciones antiimperialistas y latinoamericanistas.
8- M. C. Tortti (1995). Los textos de R. Bogliolo convocaban al PS a superar el reformismo simple y a
apuntar a la conquista del poder del Estado, para desde producir reformas estructurales; propona una
estrategia de transicin institucional al socialismo -adecuada a la etapa del Capitalismo Organizado-, a la
que denomin revolucin constructiva. Si bien esta perspectiva contribua a que la cuestin Democracia-
Dictadura y la perspectiva puramente liberal de la poltica perdieran centralidad en las discusiones
partidarias, el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, las reinstal con ms fuerza an. El Programa
partidario de 1938, haba recogido buena parte de las propuestas propagandizadas por Bogliolo. J. C.
Portantiero, op. cit., presenta un completo panorama de los logros de los partidos socialdemcratas y
laboristas europeos, en los que se inspirara Bogliolo.
9- en los ambientes sindicalistas de la Unin Sindical Argentina -USA-, siempre hostil al PS, un proyecto
de este tipo tom forma, aunque fugazmente, con la creacin del Partido Laborista (PL), del cual participaron
Luis Gay y Cipriano Reyes, entre otros muchos dirigentes sindicales. Con la estructura del PL, Pern gan las
elecciones en 1946, pero al poco tiempo, lo disolvi. Adems de la USA, existan otras dos centrales, la CGT
n 1(alianza socialista-sindicalista) y CGT n 2 (alianza socialista- comunista), H. del Campo (1983), H.
Matsushita (1983), J. C. Torre (1990).
10- sobre el gobierno surgido del golpe de estado de junio de 1943, y el papel del GOU (Grupo Obra de
Unificacin), del cual formaba parte el coronel Pern, F. Luna (1990), R. Potash (1985), A. Rouqui (1985),
T. Halpern Donghi (1991 y 1994 a).
11- entre los funcionarios nacionalistas y catlicos, S. Sigal (2002) menciona a G. Martnez Subira (Hugo
Wast), L. Marechal, M. Amadeo, A. Silenzi de Stagni, F. Ibarguren. Por otra parte, debe recordarse que el
intervensionismo de Pern desde la Secretara de Trabajo y Previsin, inclua una buena dosis de persecucin
hacia los dirigentes sindicales socialistas y comunistas.
12- sobre la constitucin de la UD (radicales, socialistas, comunistas, demcrata progresistas), C. Altamirano
(2001-c). Sobre la previa participacin de estas fuerzas, en particular del PS, en la lucha antifascista durante la
Segunda Guerra Mundial, a travs de Accin Democrtica, A. Bisso (2005 a y b). Los asociados en la UD,
votaron unificadamente por la frmula radical (J . Tamborini-E. Mosca), y presentaron sus propias listas para
cargos legislativos. Para un anlisis de los procesos que siguieron al golpe de 1943, T. Halpern Donghi
(1991). M Garca Sebastiani (2005), ha hecho notar que el PS result ser el partido ms saqueado por el
peronismo, y J. C. Torre, op. cit., ha mostrado el papel cumplido por los dirigentes de la vieja clase obrera
en el traspaso de la lealtad de los trabajadores a Pern; J. Jaroslawsky Dickman (entrevista), se refiere a la
magnitud de la prdida que signific para el PS, ese pasaje de dirigentes sindicales. Sobre la trayectoria de
Bramuglia, R. Rein (1998); sobre Bramuglia y sus maniobras para a dividir al PS, H. Gambini (2001:esp. cap.
7).
13-sobre la caracterizacin del peronismo por parte del PS y del PC, C. Altamirano, op. cit., C. M. Herrera
(2005). Entre los numerosos dirigentes polticos y profesores universitarios que haban renunciado a sus
puestos o se haban exiliado a partir de 1943, figuraba A. Palacios -en noviembre de ese ao haba renunciado
a la presidencia de la Universidad Nacional de La Plata-, V. G. Costa (1997:313-314),H. Gambini (1999:
cap.1 y 2). Durante el mismo ao 1946, el PC produjo un reacomodamiento de su lnea frente al peronismo
triunfante, y reemplaz la consigna de la UD (Frente Antifascista y Democrtico) por la de Frente de
Liberacin Nacional (para la revolucin agraria y antiimperialista), C. Altamirano (2004:42-46), J . C.
Torre (2004:244-245); entre las decisiones del PC que, ms adelante, le granjearan cierta hostilidad por parte
del resto del antiperonismo, se cuenta la decisin de que sus militantes sindicales y universitarios ingresaran a
los organismos gremiales creados y manejados por el oficialismo: en el caso de los estudiantes universitarios,
a la Confederacin General Universitaria (CGU), organismo creado para reemplazar a las ilegalizadas
federaciones universitarias, entre ellas, la de Buenos Aires -FUBA.
14- J . B. J usto, si bien sostena una concepcin de ese tipo sobre el PS, la atemperaba con una especial
sensibilidad hacia el mundo obrero y una preocupacin porque el Partido no se alejara de los trabajadores. Por
57
ejemplo, durante los aos veinte, cuando ya era posible advertir cierta declinacin de la presencia obrera en
los centros partidarios y en la direccin del PS, fue l quien propici la creacin delas Comisiones de Oficios
a las que se reconoci el carcter de organismos del Partido (con el mismo status que los centros, en cuanto
a autonoma y derechos a elegir representantes ante los congresos partidarios, derechos que fueron suprimidos
al mismo tiempo que la izquierda era derrotada en 1934), M. C. Tortti (1989 a y b). Ver ms abajo, Nota
Suplemetaria: Estructura orgnica del PS.
15- es conocido, por ejemplo, que los J usto, los Repetto y los Dickman estaban emparentados, y que
constituan el ncleo de un crculo en el que las cuestiones polticas solan superponerse con otras de carcter
privado (familiares, amistosas). Ghioldi, algo ms joven, muy tempranamente actu en esa zona partidaria,
con el respaldo, sobre todo, de N. Repetto. Nunca fueron parte de ese crculo ni Alicia Moreau segunda
esposa de J usto-, ni Palacios, ni de Snchez Viamonte. Snchez Viamonte y Palacios, adems de ser amigos y
haber participado de la Reforma Universitaria de 1918, sostenan posiciones que se diferenciaban por su sesgo
antiimperialista y latinoamericanista; el primero, adems, haba formado parte de la derrotada lnea de
izquierda que, en el Congreso de 1934, haba sido derrotada por la ortodoxia liderada, justamente, por
Ghioldi y Repetto, M. C. Tortti, op. cit. En relacin con este orden de problemas en el interior de los partidos,
relativos a la lgica organizacional y que operan con relativa independencia de las dimensiones social e
ideolgica, resultan de mucha utilidad las categoras brindadas por A. Panebianco (1993); dicho autor llama
a observar la constitucin y caractersticas de la coalicin dominante y sus formas de legitimacin; las
relaciones entre el partido y las dems organizaciones que constituyen su ambiente; los procesos vinculados
al control y circulacin de la informacin, y de las incorporaciones y los ascensos dentro de la organizacin
partidaria. En tal sentido, y para el caso del PS, resultar de inters observar el proceso que, a la cada del
peronismo, alter las relaciones de fuerza dentro del Comit Ejecutivo Nacional (CEN), en favor de los
sectores renovadores y el papel que en tal sentido cumpli una nueva lite (juvenil y universitaria), que
aceler la deslegitimacin del ghioldismo.
16- Armona Daz (entrevista), fue dirigente de la J uventud en provincia de Buenos Aires y luego afiliada al
PS; milit junto con A. Moreau de la Unin de Mujeres. En el relato de su experiencia, describe los aspectos
ms irritantes del rgimen peronista, tales como la exigencia de la afiliacin al partido oficial, la imposicin
de la enseanza religiosa en las escuelas y el adoctrinamiento -la lectura de La razn de mi vida, de Eva
Pern-, la clausura de LV, y destaca que los nicos actos polticos que podan hacerse eran los actos
relmpago. Armona, que era la esposa del dirigentes sindical Mximo Baringoltz, asegura -respecto de la
prdida de militancia sindical socialista-, que no fueron muchos los socialistas que se hicieron peronistas,
sino que lo que ocurri fue que muchos hijos de socialistas se hicieron peronistas.
17- C. Altamirano (2002:228), destaca el papel de Ghioldi como idelogo del frente antiperonista. Desde
1948, el CEN estaba compuesto por: J uan A. Solari (Secretario General), J acinto Oddone (de Actas), Andrs
J usto (Tesorero); vocales: Manuel V. Besasso, Rmulo Bogliolo, Dardo Cneo, Enrique Dickman, Amrico
Ghioldi, J ulio V. Gonzlez, Hctor Iigo Carrera, Alicia Moreau de J usto, Guillermo Korn, Francisco Prez
Leirs, Nicols Repetto, Carlos Snchez Viamonte, J os E. Soria y Pedro A. Verde Tello (poco ms adelante,
Solari, muy allegado a Ghioldi, ser reemplazado en la Secretara general por Ramn A. Muiz). Los
miembros del Comit de Prensa eran: Dardo Cneo (Secretario), Mara L. Berrondo (de Actas); vocales:
Rmulo Bogliolo, Enrique Dickman, Amrico Ghioldi, Guillermo Korn, Nicols Repetto y J uan A. Solari
(Ghioldi era el Director de LV). El papel que cumplirn Ghioldi y LV como orientadores de la opinin
opositora, queda reflejado en la tirada del peridico antes y despus de la clausura sufrida en 1947: de
200.000 ejemplares a 300.000 (con distribucin clandestina), M. Garca Sebastin (2005:cap.1 y 3).
18- el artculo fue publicado en el peridico El Iniciador, rgano de la Comisin de Cultura del PS, desde
febrero de 1946: las notas aqu mencionadas son: Una misin (publicada en el nmero inicial, anterior a las
elecciones de febrero de 1946) y La leccin de la hora (del mes de abril), ambas incluidas en J .L. Romero
(2004). Por entonces, J . L. Romero, ya era una figura importante en los ambientes intelectuales que, excluidos
de la Universidad, animaban un movimiento cultural que se mova en los crculos opositores y que tena gran
influencia sobre los jvenes universitarios.
19- entre los expulsados estaban Alfredo Lpez, Carlos M. Bravo y J os Oriente Cavalieri, M. Garca
Sebastiani, op. cit. La autora relaciona el endurecimiento opositor del PS, que sigui en su 36 Congreso
(mayo de 1948), con el proyecto gubernamental de reforma de la Constitucin que, entre otras
modificaciones, introducira la posibilidad de reeleccin presidencial. Segn testimonios deH. Gambini, O.
Troncoso, V. Garca Costa, J. Constenla (entrevistas), antes ya se haba producido la expulsin de Esteban
Rey, Secretario de la Federacin Socialista de J ujuy, en 1946, y en ese mismo ao, la Federacin Socialista de
Tucumn desert en masa hacia el Partido Laborista, J. C. Torre (2002).
58
20- segn Oscar Troncoso (entrevista), la posicin de J ulio V. Gonzlez tena cierta inspiracin en el
laborismo ingls; agrega que en esos crculos partidarios, que l frecuentaba, Harold Laski era un autor muy
ledo; Gonzlez, era un reconocido dirigente de la Reforma Universitaria de 1918, se haba afiliado al PS
despus de producido el golpe de estado de 1930 y era cercano a C. Snchez Viamonte. De acuerdo con los
testimonios, y a la hora de explicar por qu Gonzlez fue fcilmente derrotado, los entrevistados afirman
que, por un lado, no representaba una corriente orgnica sino ms bien a un estado de opinin existente
en algunos ncleos del PS, y por otro, al no ser buen orador, fue fcilmente batido por la brillante oratoria
de Ghioldi. Sobre el debate Ghioldi-Gonzlez, A. Ghioldi (1950), J. V. Gonzlez (1950), C. Altamirano
(2001), C. M. Herrera (2005 a y b). Es interesante notar que, peridicamente, en el PS surgan grupos que
pensaban en un modelo partidario diferente, capaz de ligarse mejor con los trabajadores, en lo gremial y en
los poltico. Al respecto, Torcuato Di Tella (entrevista), se refiere a la fuerte influencia del Laborismo sobre
su pensamiento: relata que durante su estada en Inglaterra, en 1955, ya producido el golpe contra Pern, en
los ambientes laboristas ingleses le hicieron comprender que, en los pases del Tercer Mundo, la posicin
socialista deba ser la de apoyar a los gobiernos de tipo nacionalista popular, aunque no fueran
perfectamente liberal-democrticos.
21-sobre la persecucin sufrida por los socialistas durante el peronismo, consultar V. Garca Costa (1997:
esp.316), y H. Gambini (1999:esp. cap. 7 y 10). Los testimonios destacan que como consecuencia de la
persecucin (prohibiciones, ataques de la ALN, detenciones y tambin muerte de militantes), los centros
socialistas redujeron mucho su actividad y, por lo tanto, su posibilidad de incorporacin de nuevos militantes.
O. Troncoso (entrevista) llama la atencin sobre el prestigio adquirido por el dirigente gremial Francisco
Prez Leirs, debido a su valenta a la hora de enfrentar los mencionados ataques. Las condiciones restrictivas
y represivas hacia los socialistas se acentuaron despus del levantamiento del Gral. B. Menndez, en 1951
(poco antes de las elecciones presidenciales), levantamiento del que los socialistas haban sido, como mnimo,
simpatizantes; entonces fueron detenidos Palacios, Repetto, Muiz y otros importantes dirigentes que se
agregaron a los que ya estaban en prisin. Por otra parte, el gobierno dict la Ley 14062, que declar el
estado de guerra interno, la vigencia de la ley marcial, la suspensin de las garantas constitucionales y la
vigencia de la jurisdiccin militar, y dispuso que todos los detenidos fueran puestos a disposicin del Poder
Ejecutivo. En el mbito sindical la combinacin de medidas represivas y nueva legislacin gremial, haba
desalojado a los socialistas de los sindicatos y perseguido a quienes ofrecieron resistencia: entre los casos ms
notorios, se cuentan F. Prez Leirs y el histrico J acinto Oddone; el golpe y la ofensa fueron de tal
magnitud que dirigentes que unos aos antes, durante los 30, haban sido cercanos a la izquierda partidaria
es el caso de Luis Ramiconi-, pasaron a formar un slido bloque con el ghioldismo.
22- en esas elecciones, el PS present la candidatura del binomio A. Palacios A. Ghioldi. En ese perodo,
hubo varios episodios del tipo de los comentados; en el caso de Cneo, el incidente se haba precipitado a raz
de que, estando detenido, haba tramitado una salida por razones familiares la enfermedad de un hijo-. Algo
similar ocurri con J . A. Solari, aunque su caso no dio lugar a la expulsin, sino a la prdida del cargo; eos
pedidos, tramitados por los detenidos muchas veces a travs de Borlenghi- eran muy mal vistos en el Partido.
Cneo, ya fuera del PS, edit Accin Socialista; ms tarde se acerc R. Frigerio y A. Frondizi, en cuyo
gobierno desempe importantes funciones, tales como las de J efe del Servicio de Prensa de la Presidencia de
la Nacin y representante argentino ante la OEA, ver Nuevas Bases de febrero y de abril de 1952 (Nuevas
Bases fue uno de los peridicos que sustituy al clausurado LV), tambin Dardo Cneo, militante de la
utopa( Video Documental y texto adjunto, editado por la Biblioteca Nacional, Bs. As., 2003), y H. Gambini
(2001:cap. 7). Este ltimo autor, en p. 53, relata un episodio poco conocido, que muestra el estado de nimo
reinante en el PS hacia el peronismo: en ocasin de la muerte de Eva Pern, N. Repetto escribi en Nuevas
Bases, una respetuosa y elogiosa necrolgica, que le acarre fortsimas crticas por parte de los afiliados. En
el folleto del PS (1952) en el que se da cuenta del caso Cneo, por el CEN firman: Enrique Corona
Martnez, Hctor Iigo Carrera, Andrs J usto, Alicia Moreau de J usto, Ramn A. Muiz, J acinto Oddone,
Manuel Palacn, Francisco Prez Leirs, Nicols Repetto, Adolfo Rubisntein, J os Soria, Pedro Verde Tello.
23- se trata de Indicaciones sobre la situacin de las masas en la Argentina, originalmente publicado en
Social Science, Nueva York, en octubre de 1951 e incluido en J. L. Romero (1980). En ese trabajo, Romero
insiste en sealar como profundamente equivocados los planteos del sector que, dentro del arco antiperonista,
pensaba que, despus del peronismo, se podra retrotraer la situacin a la vigente diez o veinte aos atrs;
por eso instaba al PS a registrar los cambios producidos en la situacin de las masas, y a no caer en
situaciones de tipo restauracionista.
59
24- como ya ha sido visto, la idea de que al PS se ingresaba en tanto ciudadano que adhera al ideal
socialista, es propia de la tradicin justista que, entre otras cosas, buscaba diferenciar aunque tambin
relacionar- la lucha econmica de la lucha poltica y al partido del sindicato. En la concepcin de J usto, cada
uno de estos organismos cumpla funciones diferentes, aunque ambos desarrollaban aspectos necesarios y
complementarios de la accin obrera, pues ambos movimientos el poltico y el gremial- coincidan en
los fines ltimos del socialismo. Esta posicin, dio lugar a la tesis de la prescindencia poltica de los
sindicatos, consagrada mediante la Resolucin de Avellaneda en el congreso de 1918-; sin embargo,
siempre fue motivo de controversias entre quienes pensaban que el Partido era defensor de los intereses de
los trabajadores y quienes lo conceban en trminos ms cercanos a los de un partido de clase. La lnea de la
prescindencia, fue distanciando al partido de los sindicatos y disminuyendo la presencia de stos en los
rganos directivos partidarios, de modo que el crculo dirigente casi se identificaba con el grupo
parlamentario; todas estas caractersticas se acentuaron durante el peronismo, cuando el PS prcticamente
perdi su base obrera. En esas condiciones, y en estrecha vinculacin con la experiencia del fascismo y de la
Guerra, Ghioldi profundiz la interpretacin del PS como partido de ciudadanos y de perfil liberal-
democrtico, de manera acorde con los debates que se producan en la Segunda Internacional; sobre el fin de
la Guerra, algunos partidos socialistas abandonaban su definicin como partidos de la clase obrera ahora
seran partidos de todo el pueblo-, y se desprendan de toda identificacin doctrinaria con el marxismo: un
caso tpico fue el del Partido Socialista Alemn. La Internacional Socialista, que haba sido refundada en
Frankfurt, en 1951, se pronunci por un socialismo democrtico y caracteriz a la URSS y las Democracias
Populares como dictaduras totalitarias. La mayor parte de los partidos europeos sigui esa orientacin, D.
Saasoon (2001) y J. Godio (1986). En cambio, los renovadores del PS tenan simpata por los partidos
socialistas, que como el espaol o el italiano, no haban dado ese paso, y por experiencias como la yugoeslava
y su estilo autogestionarias.
25- J. C. Marn, M. Murmis y O. Serrat (entrevistas, adems ver, R. Almaraz, M. Corchon y R. Zemborain
(2001); H. Gambini (2001, cap. 9). Estos jvenes reconocan como maestros a J. V. Gonzlez, C. Snchez
Viamonte, A. Palacios y J . L. Romero, con quienes compartan una posicin antiimperialista,
latinoamericanista y, en lo universitario, reformista. Fuera del Partido, participaban de la lucha contra el
peronismo junto a anarquistas, comunistas y radicales en particular tenan cercana con los frondizistas-,
de modo que su campo de experiencias les daba una perspectiva ms amplia que la del simple militante de un
centro partidario. Por otra parte, como consecuencia de las huelgas de 1954, haban incrementado su relacin
con los ambientes sindicales. Al respecto, Marn destaca la importancia que tuvo para l -y otros jvenes en
proceso de radicalizacin- el haber entrado en contacto con obreros peronistas cuando, a raz de la huelga
metalrgica, muchos trabajadores y estudiantes estuvieron encarcelados juntos.
26- Al Consejo Nacional, al Comit Ejecutivo, a todas las Federaciones y Centros y a los Afiliados, es el
ttulo de la nota entregada al CEN, el 20 de marzo de 1953, y lleva la firma de cerca de cien afiliados. Es
interesante notar que, entre los firmantes, se cuentan muchos que al producirse la divisin partidaria de 1958,
pasaron al PS Argentino (R. Campbell, A. Lpez Dabat, A. Parrondo, R. Pastorino, G. Selser), pero tambin
otros que permanecieron con el ghioldismo en el Partido Socialista Democrtico. Entre los firmantes figura
tambin Marcos Merchensky, quien al igual que D. Cneo, se convertira en una figura importante del
frondizismo. En el documento se afirma que la crisis o estancamiento partidario, ya era visible antes
del golpe de estado de 1943, y que se manifestaba en dos aspectos: 1- en que el Partido limitaba cada vez ms
su existencia a los episodios electorales dentro de la Capital; 2- que sus afiliados se reclutaban cada vez
menos entre los trabajadores, y que en consecuencia, el socialismo careca de fuerza real dentro de las
organizaciones gremiales -lo cual habra facilitado la divisin de la central obrera en CGT en N 1 y CGT N
2, en 1942. Afirmaban, adems, que los militantes socialistas que haban participado de esa divisin gremial,
no tenan presencia dentro de las corrientes de opinin partidaria como consecuencia, entre otras cosas, del
concepto de autonoma gremial que el PS haba sostenido; sta situacin, de desorganizacin dentro de las
magras filas obreras del partido, habra sido la verdadera causa del apresurado trnsito de sus dirigentes
hacia el oficialismo; finalmente, afirman que en junio del 1943, las masas haban sido fcilmente seducidas
porque ya estaban hurfanas. Desde un punto de vista programtico, la Nota propicia que el PS adopte una
clara definicin antiimperialista y se pronuncie por la reforma agraria y por un amplio plan de
nacionalizaciones (medidas que recuerdan a las propuestas de R. Bogliolo). Desde el punto de vista
organizativo, pide modificar la estructura exclusivamente poltica del PS, para dar lugar al movimiento
gremial e incorporar a los gremios o a las agrupaciones gremiales a la democracia interna, segn el modelo
ingls y espaol. Por otra parte, se critica a la dirigencia partidaria por su actitud expulsora hacia los
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jvenes, y se pide que en cambio, se facilite la construccin de una poderosa J uventud Socialista con
representacin en los cuerpos colegiados del Partido.
27- E. Dickman fue separado del CEN, en febrero de 1952, y luego expulsado por el voto general de los
afiliados. Sgn J. Jaroslawski Dickman (entrevista), que milit en el PSRN, al nuevo partido ingresaron
numerosos gremialistas socialistas y varios militantes de origen trotskista. Entre estos ltimos, se contaron el
grupo de J orge Abelardo Ramos y el de H. Bressano (Nahuel Moreno), y Esteban Rey. Segn testimonios, el
PSRN, se form a instancias o bajo la influencia de Borlenghi y del hijo de E. Dickman; en 1953, cuando
particip de las elecciones, los tres dirigentes mencionados fueron como candidatos: E. Dickman como a
senador nacional, y los otros dos a diputados nacionales, Boleta electoral del PSRN, y ver H. Gambini (2001:
cap. 7) y C. Altamirano( 2004: 243-246). Pese al apoyo oficial, el PSRN, no prosper.
28- V. Garca Costa (1997:cap.26), H. Gambini (2001:cap. 8), M. E. Spinelli (2005: cap.1). Segn diversos
testimonios, en los atentados participaron militantes radicales y socialistas. Entre quienes despus marcharon
a Montevideo se encontraba el dirigente juvenil Abel. A. Latendorf, y tambin A. Ghioldi; la capital uruguaya
era un importante centro de actividad opositora, que inclua la edicin de LV como hoja adjunta al diario
socialista montevideano, que luego era introducida y distribuida clandestinamente en Argentina. Tambin en
Montevideo funcionaba la COASI. Durante ese mismo ao 1953, se produjo la divisin del Movimiento de
Intransigencia y Renovacin que gobernaba la UCR desde 1948-, en dos alas: el sabattinismo que
propona el retiro de la UCR de la actividad poltico-electoral como forma de impugnacin al rgimen, y los
sectores combatientes, que por el contrario llamaban a intervenir e insistan en que el Radicalismo no deba
confundirse con el antiperonismo conservador, C. Altamirano (2004:241).
29- a raz de la escalada entre Pern y la Iglesia, el gobierno suprimi los privilegios que, sobre todo en
materia de educacin, haba otorgado a la Iglesia. Si Pern eludi el peligro, unas trescientas personas
murieron en Plaza de Mayo, y muchas ms fueron heridas, R. Potash (2002), J. C. Torre (2002: 68-71), M. E.
Spinelli, op. cit.
30- como parte de su poltica opositora, en febrero de 1954, en su 40 Congreso, el PS haba decidido no
concurrir a las elecciones convocadas para el 25 de abril, con la consigna Sin libertad, todo es fraude; con
dicho slogan, se realiz un importante acto opositor en Plaza Constitucin, el da 15 de marzo, Nuevas Bases,
marzo de 1954 (sin lugar de edicin), y Comit Ejecutivo del PS, Nuestra actitud (hoja), 22-3-54. Ahora, al
ser censurado el discurso de Palacios, Repetto se neg a emitir el suyo. Entre los mltiples reclamos que
Palacios inclua, se destacan los vinculados con la vigencia del estado de guerra interno, la intervencin y
prdida de autonoma de las universidades, la censura de prensa y la existencia de presos polticos y
gremiales. Ambos textos, fueron luego publicados por el PS y distribuidos a la manera de un volante o
folleto- entre los afilados y en los ambientes opositores, bajo el ttulo Palabra socialista prohibida. Lo que
Palacios y Repetto no pudieron decir por radio, Bs. As. 5-8-55 (copia de la declaracin que fuera
posteriormente publicada en la prensa partidaria, consultada en Archivo de H. Gambini). Sobre la posicin del
PS en ese ao, ver tambin CEN del PS, 1 de Mayo de 1955 (hoja), 1-5-55, y H. Gambini (2001: cap.11), y
M. E.Spinelli, op. cit.
31- No hay cambio posible con Pern en el poder, La CGT, otro de los mitos peronistas, en Boletn de
COASI, ao III, n 32, Montevideo, julio de 1955.
32- segn sealan diversos autores, a fines de agosto, sin haber obtenido los resultados esperados, Pern dio
por terminada la etapa de conciliacin con el clebre discurso en el que amenaz con que por cada peronista
que cayera, caeran cinco opositores. Dentro del ambiente conspirativo en que se viva, se produjo el fallido
ofrecimiento de voluntarios al Ejrcito, por parte de la CGT. Finalmente, el 16 de septiembre, estall la
sublevacin que derroc a Pern.
33- segn E. M. Spinelli (2005: cap. 2), el antiperonismo optimista, pensaba al peronismo como un
fenmeno destinado a desparecer, no innovaba mucho en trminos econmicos ni poltico-constitucionales;
el antiperonismo tolerante, consideraba que el peronismo haba sido un proyecto de cambio econmico y
social importante, pero malogrado por el estilo poltico de Pern. Segn la autora, el presidente Lonardi,
podra ser ubicado entre los tolerantes. En el tema de las reformas polticas, los radicalizados proponan
cambiar el sistema presidencialista por uno de tipo semi-parlamentario, y modificar el rgimen electoral
establecido por la Ley Senz Pea, que sobre-representa a los partidos que obtienen el primer y el segundo
lugar; como bien hace notar la autora, a los radicalismos, que contaban con importante caudal electoral, en
este punto no les interesaba innovar: eran partidarios de la formacin de gobiernos sostenidos por fuertes
mayoras electorales. Por su parte, M. Cavarozzi (1997), ya haba distinguido -dentro del antiperonismo-,
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desde el punto de vista poltico, entre integracionistas y gorilas: tal vez los primeros puedan identificarse
con los tolerantes, y los segundos, con optimistas y radicalizados.
34- la J C fue creada durante los ltimos das del gobierno del general Lonardi y era un remedo de
participacin civil en el gobierno militar; reuna a 20 personas que representaban, de manera igualitaria, a los
partidos antiperonistas estaba excluido el PC-, y se reuna bajo la presidencia del almirante I. Rojas,
Vicepresidente de la Nacin, R. Potash II (1981: 307). Los socialistas que integraron la J C fueron A. Moreau
de J usto, R. Muiz Secretario General del PS-, A. Ghioldi -Director de LV- y N. Repetto; por otra parte, A.
Palacios fue designado embajador en Uruguay; otros dirigentes que participaron en funciones de gobierno: C.
Snchez Viamonte, en la Comisin de Asuntos Constitucionales, Leopoldo Portnoy, en la Direccin Nacional
de Poltica Econmica y Finanzas, y Andrs Lpez Accotto (Director de Vigilancia de Precios). Los
comandos civiles que actuaron en los sindicatos estaban compuestos fundamentalmente por militantes
socialistas y radicales. El estado de opinin reinante en el PS, puede apreciarse en la proclama Al pueblo de la
Repblica. La CGT por dentro y por fuera, difundida por el Movimiento Pro Recuperacin del Gremialismo
Libre, firmado entre otros por F. Prez Leirs y cuya consigna final era Viva la democracia sindical
recuperada por la Revolucin Libertadota!. El Movimiento Pro Recuperacin del Gremialismo Libre reuna
a dirigentes democrticos (socialistas, radicales, anarquistas) de numerosos gremios, entre ellos
ferroviarios, municipales, bancarios y grficos, ver tambin, FS n 1, 8-11-55. Sobre este crtico perodo, M.
Cavarozzi (1979) y D. James (1990: cap. 2).
35- algunos autores han calificado al proyecto de la fraccin ms cercana al presidente Lonardi como el de un
peronismo sin Pern, en tanto varios de sus miembros mantenan lneas de continuidad con el movimiento
del 4 de junio de 1943; en el mismo sentido lean la consigna ni vencedores ni vencidos, pronunciada por el
Presidente, sobre la puja entre nacionalistas y liberales en el gobierno de Lonardi, R. Potash (1981:296-
304) y C. Altamirano (2001:50). El peronismo sindical organizado en la CGT negra -liderada por A.
Framini- mantena dilogo con el gobierno a travs del ministro de Trabajo Luis Cerrutti Costa vinculado al
gremio metalrgico-; sobre la poltica sindical del Gobierno de Lonardi, ver M. Cavarozzi (1979), D. James
(1990), R. Ortega Pea y L. E. Duhalde (1965). J . L. Romero accedi al Rectorado de la UBA, el 2 de octubre
de 1955, y en ms de un aspecto aunque no en todos- mantena diferencias con el Ministro. Sobre la posicin
del PS: Comit Ejecutivo Nacional del PS, Comunicado de Prensa, Declaracin del PS, Bs. As.,13-11-55
(copia consultada en Archivo de H. Gambini), reproducido por Futuro Socialista (FS) n 1, Bs. As., 28-11-55
(FS era el peridico de la J uventud Socialista).
36- de este perodo data el Decreto-Ley 4161 (del 5-3-1956), que prohiba toda propaganda peronista e
incluso la mencin de los nombres de Pern y de Eva Pern; adems, inhabilitaba a quienes hubiesen
desempeado cargos en el anterior gobierno, derogaba la Constitucin Nacional de 1949 y pona en vigencia
de la de 1953 en tanto y en cuanto no se oponga a los fines de la Revolucin -, disolva el Partido Peronista,
la Alianza Libertadora Nacionalista y la Fundacin Eva Pern, intervena los sindicatos y la CGT, y creaba
numerosas comisiones investigadoras. El interventor en la CGT en la etapa de Aramburu, fue el capitn de
navo Alberto Patrn Laplacette, y el ministro del Interior, el radical Carlos Alconada Aramburu; los cambios
no alcanzaron al Ministerio de Educacin, en el cual permaneci A. DellOro Maini. Por otra parte, el 13-11-
55 fue creado el Consejo Militar Revolucionario, mediante el cual se institucionalizaba la presencia de las
FFAA en el gobierno como la J C lo haca con los partidos-; A. Palacios, entonces embajador en Uruguay, se
manifest opuesto a la medida y le hizo saber al Presidente que, de no modificarse la situacin, renunciara a
su cargo: a raz de este planteo, el organismo pas a denominarse J unta Asesora, ver R. Potash (1981 y
2002). Sobre el origen de la resistencia peronista, H. Palacios (1994:33-38), D. James (1990: caps. 3 y 4),
E. Salas (2006:cap.3 ), A. Schneider(2006:83-90). O. Serrat (entrevista) afirma que el PS tena ms afinidad
con el general Aramburu en virtud de su orientacin liberal, mientras que Lonardi y su equipo estaban
rodeados de una cierta sospecha que los presentaba como nacionalistas, clericales, corporativos y
dispuestos a entenderse con los dirigentes sindicales peronistas, tal como efectivamente ocurra cuando
Cerrutti Costa era Ministro de Trabajo, y el sindicalismo peronista orientado por Framini- se mantuvo
mayormente a la expectativa; otro elemento que los socialistas valoraban en Aramburu, era que en la
cuestin de Espaa, era anti franquista.
37- M. Cavarozzi (1997: cap. 1) ha mostrado la contradiccin en la que se vio inmerso el antiperonismo que,
desde el punto de vista poltico, se divida en gorilas e integracionistas, y desde el punto de vista de la
poltica econmica, en populistas reformistas, desarrollistas y liberales: quienes propiciaban una
poltica tolerante para con el peronismo eran quienes en lo econmico proyectaban planes de que desataran la
oposicin sindical (integracionistas en lo poltico, y desarrollistas en los econmico), mientras que
quienes no proponan grande cambios en el plano econmico, eran polticamente gorilas (en particular, los
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radicales del pueblo). Las recomendaciones de R. Prebisch, destinadas a superar la crisis econmica,
aconsejaban devaluar el peso para as reacomodar los precios relativos y alentar la produccin
agropecuaria, adems de adoptar medidas drsticas en sectores como los de energa sobre todo petrleo- y
transportes sobre todo ferrocarriles. Estas recomendaciones, as como las medidas efectivamente adoptadas,
implicaban poner en discusin temas tan cruciales como los del papel del Estado en la economa y, ms an,
el tipo de equilibrio al que se aspiraba entre el agro y la industria. R. Prebisch, que en 1949 haba sido
designado en la direccin de la CEPAL (Comisin Econmica para Amrica Latina), haba presentado su
Informe a Lonardi, fines de octubre de 1955. A. J auretche fue el ms duro de sus crticos: consider que su
plan constitua un retorno al coloniaje, C. Altamirano (2001: 50-54), R. Potash (1981:311).
38- sobre el auge de las ideas desarrollistas y cepalianas, y sobre el papel de R. Frigerio y de la revista
Qu, C. Altamirano (2002:50-72). En los ambientes de izquierda, el frondizismo tena mayor cercana con
los comunistas, quienes encontraban cierta afinidad entre las propuestas desarrollistas y la etapa de la
revolucin democrtica y antioligrquica -en la que la burguesa nacional debera desempear un papel
positivo en el desarrollo de las fuerzas productivas y en la democratizacin de la vida nacional. Entre los
socialistas, hubo cierto acercamiento a las ideas polticas del frondizistas, sobre todo entre los universitarios
que rodeaban a J . L. Romero. Entre 1956 y 1957, la divisin en el interior del Movimiento de Intransigencia y
Renovacin (MIR) que diriga al radicalismo, produjo la UCR en UCR del Pueblo (UCRP, liderada por R.
Balbn) y UCR Intransigente (UCRI, liderada por Frondizi). Esta fractura, ha sido interpretada como el
segundo episodio de fragmentacin en el arco antiperonista: el primero haba sido consecuencia del conflicto
entre nacionalistas y liberales que provoc el reemplazo del presidente Lonardi por Aramburu. En 1946,
en la revista Qu participaban B. J aramillo, D. Cneo, G. Verbitsky, M. Merchensky, R. Ortiz, E. Sbato y R.
Frigerio. En 1947 fue clausurada, reapareci en 1956 bajo la direccin de R. Frigerio, y en 1958 se incorpor
a ella el nacionalista M. Amadeo.
39- H. Gambini, E. Rando y otros ex afiliados (entrevistas), afirman que despus de 1955 ingres mucha
gente al PS y tambin al PC y a los crculos del frondizismo-, y que lo ms dinmico de la poca estaba
en el PS y en el radicalismo frondizista. V. Garca Costa (entrevista) destaca que la mayora de los jvenes
que ingresaron al PS eran universitarios, y que muchos de ellos estaban muy influidos por el pensamiento de
J . L. Romero; hace notar que, adems, entre los jvenes universitarios unos, y trabajadores otros- algunos
haban integrado los grupos de autodefensa o guardia roja- del PS, que haban adquirido importancia
debido a los enfrentamientos producidos durante el peronismo, en la defensa de locales y actos partidarios, en
contra de la ALN y en la introduccin al pas de peridicos, materiales de propaganda partidaria, y tambin,
armas generalmente desde Uruguay; una de sus zonas operativas de estos grupos era la de Tigre. Suele
sealarse que los jvenes, crecidos en cantidad e importancia, se encontraron con un Partido de viejos, en el
que faltaba una generacin intermedia, a raz de la retraccin provocada por los riesgos que haba entraado
la militancia durante el peronismo; segn H. Gambini, en el PS haba gente de 70 aos, que diriga, y gente
de 20, que recin entraba: faltaban los de 40, es decir los que en situaciones normales, habran ocupado
puestos de direccin y contado con capacidad para dirigir a los ms jvenes; el mismo entrevistado subraya
que gran parte de esa nueva generacin provena de la Universidad, la nica institucin a la cual Pern no
haba podido doblegar. La falta de esa franja generacional tal vez se haya acentuado por la fractura que el
peronismo habra introducido tambin en familias de tradicin socialista cuyos hijos no se afiliaron al PS,
sino que adhirieron al peronismo-, ver nota16.
40- la Carta Orgnica (CO) del PS, defina a las J J SS como un organismo de apoyo y, al igual que a la
Comisin Gremial, a la Unin de Mujeres y a los Organismos Culturales, las colocaba bajo la autoridad de los
respectivos centros partidarios. En el Partido de ciudadanos organizado sobre una base poltica y territorial
de los centros-, los entidades de apoyo se organizaban sobre una base de tipo funcional o por
pertenecer a un ambiente con sus propias especificidades-. A diferencia de los centros, slo tenan
autonoma en las cuestiones especficas y no participaban en cuanto tales en los procesos de toma de
decisiones partidarios no enviaban delegados a los congresos, etc. En el caso de las JJ SS, se perteneca a
ellas, en virtud de la edad -entre los 14 y los 25 aos-; sobre el fin del peronismo, el tope se extendi hasta los
30 aos, para no vaciar de dirigentes a la J uventud en la etapa que se avecinaba; a raz de esa extensin,
permanecan en las J J SS Alexis Latendorf y Elisa Rando, entre otros (de todas maneras, a los 18 aos, para
permanecer en las J uventudes, era necesario afiliarse al Partido). El conflicto que comenz a desarrollarse en
1956, sera uno ms aunque muy importante- en la larga serie histrica de problemas del PS con sus
J uventudes.
41- J. C. Marn, M. Murmis y B. Balv (entrevistas) mencionan la influencia que sobre ellos tuvo la mstica
antifascista europea, particularmente la que en Italia y Francia, haba promovido el acercamiento entre
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socialistas y comunistas y haba ligado la lucha por la democracia con proyectos de transformacin
revolucionaria de la sociedad, y an la de la Guerra Civil espaola. En cuanto a las propias experiencias,
Marn explica que el haber formado parte de grupos armados y haber conocido la crcel durante el peronismo,
gener en ellos una subjetividad de tipo conspirativo; agrega que ellos se vean como socialistas
revolucionarios -como comunistas, en el sentido de la Revolucin Bolchevique, aunque no stalinistas-.
Estos testimonios, mencionan el impacto producido no slo por el conocimiento de la existencia de los
campos de concentracin en Europa, sino tambin por la barbarie del bombardeo nuclear sobre Hiroshima,
males que atribuan al capitalismo-. Murmis seala que tambin se interesaban por el grupo de Marceau
Pivert, que intentaba una renovacin hacia la izquierda del PS Francs. En D. Saasoon (2001), se describen
las posiciones de grupos socialistas que, como el del PS Italiano Unidad Proletaria PSIUP-, desde 1943 se
haba unido a los comunistas de Togliatti en la resistencia armada. Testimonios de otras personas que no
pertenecieron al PS, como es el de Hctor Jouv (miembro del Ejrcito Guerrillero del Pueblo, dirigido por R.
Masetti, en Salta, 1963-64), tambin se refieren a dicho impacto y al atractivo que sobre muchos jvenes
ejercieron los movimientos por la paz, generalmente orientados por el PC, entrevista a Hctor J ouv, en S.
Bufano y G. Rot (2005).
42- ese primer Consejo Provisional de las J J SS estuvo integrado por Alberto Varela (Secretario General), R.
Castro, J . Koffman, J . C. Rubinstein, Alberto J uanco, Carmen Nal Roxlo, Alejandro Dehollain, Elisa Rando,
B. Cadenas, D. Cordo, R. Bonaparte (algunos de ellos haban suscripto la Nota al CE de 1953, mencionada en
nota 25). Los dirigentes de la J US eran, Augusto Pescuma, A. Ghioldi (h), Hctor Polino, R. Wasolovsky y
R. Bonaparte. El Comit Editor de FS , estaba formado por Ignacio Martins, C. Nal Roxlo, A. Dehollain,
Hctor Diguez y Oscar Troncoso; cuando en enero de 1956 renunciaron Martn y Dehollain, los lugares
fueron ocupados por Hugo Gambini y Arturo Ferrari. El Secretario de Redaccin de Reforma, era Elas
Semn, ver FS n 1, 8-11-55. A. Dehollian y Alexis Latendorf eran activos militantes en el Centro de
Estudiantes de Ciencias Econmicas; E. Weinschelbaum y J . C. Marn, en el de Ingeniera; M. Murmis, en el
de Filosofa y Letras. E. Weinschelbaum fue Secretario de la FUBA en 1952, y Marn en 1953 y 1954;
Murmis fue delegado en la FUA en 1954. Varios de ellos participaron en los grupos de autodefensa -
guardia roja- del PS, durante el peronismo, y casi todos acompaaron activamente las huelgas obreras y
universitarias producidas entre 1951 y 1954. Sobre la actuacin de los socialistas junto con otras
agrupaciones- en la UBA, R. Almaraz, M. Corchon y R. Zemborain (2001), y M. Toer (1988). Cabe aclarar
que, cuando se desataron los conflictos en el PS, no todos se ubicaron de la misma manera, aunque a la mayor
parte de los mencionados se los ver reaparecer militando en izquierda partidaria.
43- durante dicho perodo, haban sido suprimidas la participacin estudiantil en los rganos de gobierno y la
eleccin de las autoridades por parte del cuerpo de profesores, adems de las cesantas en el cuerpo docente;
se calcula que al finalizar 1946, alrededor de 1250 profesores resultaron excluidos del mbito acadmico (400
cesantas y 800 renuncias), vale decir aproximadamente un tercio de los profesores de las universidades
nacionales, S. Sigal (1991 y 2002). Cuando en 1954 se precipit el conflicto entre el gobierno y la Iglesia, las
agrupaciones catlicas humanistas se sumaron al movimiento opositor en el UBA. El Humanismo haba
nacido en 1951, en la Facultad de Ingeniera, y entre sus fundadores se contaron Enrique Oteiza, Torcuato Di
Tella y Guillermo ODonnell; estas agrupaciones tenan un tinte ms liberal que las tambin catlicas
agrupaciones integralistas con arraigo, sobre todo, en Crdoba-: apoyaban los principios generales de la
Reforma, aunque naturalmente no compartan el anti-clericalismo de los reformistas, ni su posicin a
favor del monopolio estatal de la educacin.
44- al producirse el golpe de estado de 1955, el consenso antiperonista reuni a jvenes provenientes del
reformismo radicales, radicales frondizistas, socialistas, comunistas y anarquistas- con los sectores
catlicos humanistas; juntos ocuparon y gobernaron la UBA, y apoyaron la designacin de Romero. Pero, a
diferencia de los reformistas, los humanistas defendan al ministro de Educacin, Atilio DellOro Maini.
A la vez, dentro del reformismo existan ciertas diferencias: por un lado, las que separaban a los grupos de
izquierda de los ms liberales y antiperonistas sobre todo los que luego seran radicales del pueblo-, y por
otro, dentro de la izquierda socialistas, radicales frondizistas, anarquistas- exista cierto resquemor hacia
los comunistas que, en 1952, haban disuelto sus agrupaciones para integrase a los centros estudiantiles
oficialistas de la Confederacin General Universitaria -CGU. Los estudiantes gobernaron la UBA hasta el 2-
10-1955, cuando a partir de la terna elevada por la misma FUBA (integrada por Romero, Fatone y Babini), el
ministro design a Romero en el rectorado. Entre las personalidades que acompaaron a Romero en la gestin
de la UBA, pueden mencionarse a Ismael Vias (Secretario General de la Universidad) y a No J itrik
(Secretario de Prensa) -ambos enrolados en el frondizismo.
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45- si bien existan importantes diferencias entre Romero y el ministro de Educacin, el intelectual catlico
Atilio DellOro Maini, debe hacerse notar que en la universidad, ambos formaban parte del bando
modernizador, enfrentado a los tradicionalistas o retrgados- que entendan la desperonizacin
como restauracin de la universidad de 1943. Entre los principales aspectos del proyecto modernizador de
Romero, se destacan el realce de la funcin cientfica de la universidad, el intento de reorganizarla en base a
departamentos y al impulso de la investigacin, la creacin de nuevas carreras como Sociologa-, y la del
Departamento y Comisin de Extensin Universitaria (en la cual participaron G. Germani, R. Frondizi, G.
Savloff, J . C. Marn y N. J itrik), M. Caldelari (2002), A. M. Barletta y M. C. Tortti (2002), A. No (2005:1.
parte).
46- si bien fines de 1955, el nacionalista Lonardi fue reemplazado por el liberal Aramburu en la
Presidencia de la Nacin, y con l varios ministros del gabinete, el de Educacin permaneci, y tambin el
Rector Romero en la UBA. El decreto-ley es el n 6403, de noviembre de 1955; su artculo 32 se refiere a
actos ostensibles y positivos que prueben objetivamente la promocin de doctrinas adversas a la dignidad del
hombre libre y a la vigencia de las instituciones republicanas; FS manifiesta el temor de que dicho artculo
sirviera para excluir a algunos profesores de ideas comunitas o anarquistas, FS n 4, 3-1-56 y n 8, 27-3-56. La
continuidad del desacuerdo entre DellOro Maini y Romero en torno del art. 28 dio lugar a una disputa que se
zanj con la renuncia de ambos funcionarios, en mayo de 1956; el artculo 28 qued en suspenso, aunque
no fue derogado; Romero fue remplazado por Alejandro Cevallos, y en Educacin asumi Carlos Adrogu.
M. Murmis (entrevista), entonces militante universitario socialista, recuerda que para ellos lo condenable era
la indignidad de la conducta que haban tenido muchos profesores durante el peronismo, y no sus ideas: lo
condenable era todo lo referido a haber propiciado o tolerado cesantas y detenciones, as como la
pusilanimidad de quienes se haban afiliado al partido oficial por temor, sin siquiera haber compartido sus
ideas, o haban firmado petitorios para promover la reeleccin o el otorgamiento de honores acadmicos al
Presidente de la Nacin. Un interesante estudio sobre la desperonizacin en la UBA, y en particular sobre
los concursos convocados durante la intervencin de Romero, F. Neiburg (1998 y 1999); para el papel de los
universitarios socialistas, M. C. Tortti y C. Blanco (2004). En 1957, con la universidad normalizada, el primer
Rector electo de la UBA fue Risieri Frondizi (reformista), y el segundo, E. Olivera (humanista), en 1962.
Durante el mandato de R. Frondizi, J . L. Romero fue elegido Decano de la Facultad de Filosofa y Letras,
donde continu su tarea modernizadora. El conflicto por el artculo 28 reaparecer virulentamente durante
los primeros meses del gobierno del Dr. Fronsizi, en septiembre de 1958.
47- FS n 1,8-11-55; N 3, 13-12-55; n 5, 17-1-56; n 6, 31-1-56; en el mismo peridico, al menos hasta el n
5, hubo una seccin de entrevistas denominada Opinan jvenes trabajadores, a travs de la cual se
desarrollaba el punto de vista crtico. Las crtica se orientaban hacia el plan econmico del gobierno, que
desnacionalizaba la economa y haca crecer la caresta; FS pas a defender los sectores nacionalizados
de la economa y a pedir que fueran ensanchados. Respecto de la conflictividad obrera y las huelgas, los
ttulos de FS son ilustrativos del cambio producido: La huelga es un delito?, FS n 8, 27-3-56; Un decreto
anti obrero y Obreros navales en huelga, FS n 9, 10-4-56; Derecho de huelga, FS n 10, 1-5-56;
Sabotaje n 1Caresta! y Defendamos nuestros transportes, FS n 11, 30-5-56.
48- La libertad, la cultura y el pueblo, Reforma n 1, noviembre 1955.
49- R. Pandolfi, 17 de octubre: trampa y salida, en el Contorno n 7/8, julio 1956; este tema ha sido
agudamente desarrollado por J. Cernadas (2002). Varios entrevistados se refirieron a las relaciones entre la
J US y el frondizismo universitario: H. Calelo (entrevista) -que se haba afiliado al socialismo poco antes de
1955-, recuerda que integr la Secretara de la FUBA en 1957, cuando Carlos Barb (frondizista), presida
la FUA; tambin comenta que muchos socialistas coqueteaban intelectual y polticamente con la gente de
Contorno. Por otra parte, en LV 7-6-56, se anuncian cursos organizados por las J J SS: entre los profesores
figuran A. A. Latendorf (Problemas latinoamericanos) y Tulio Halpern Donghi del grupo de la revista
Contorno- ( Movimientos Sociales). N. Kohan (2000:173-191), muestra el desarrollo del tema de la
separacin entre lites y masas en H. P. Agosti, cuando ste, dentro de una perspectiva gramsciana, aborda
temas tales como el del divorcio entre los intelectuales y el pueblo o la necesidad de una cultura de carcter
nacional y popular. Es notable la similitud en las preocupaciones y en el lenguaje, no slo entre FS y
Contorno, sino tambin con la nota escrita en 1963 por J os Aric, en Pasado y Presente, ver Anexo 3.
50- en la disputa con el ministro de Educacin, Romero fue defendido por el PS; sin embargo, en los
conflictos intrapartidarios, el ghioldismo lo criticar alegando que, en su labor en la UBA, no habra sido lo
suficientemente enrgico en la desperonizacin, sino por el contrario, en algunos casos, se haba mostrado
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condescendiente con algunos profesores peronistas; algunos dirigentes, como Ghioldi y Repetto, lo
sindicaban como filo- frondizista.
51- as lo afirman varios testimonios recogidos por la autora. En A. Germani (2004 ), est reflejada la
presencia socialista en Sociologa; al respecto, la autora afirma que su padre sola preguntarse por qu todos
los socialistas se inscriban en Sociologa; ver tambin, A. No (2005. 2. Parte). El Instituto mencionado fue
financiado, como muchos otros emprendimientos, por T. Di Tella -que se haba afiliado al PS en 1954, luego
de su pasaje por el Humanismo; segn relata el mismo Di Tella (entrevista), el Instituto era apodado el
kibutz, debido a la insistencia con que, por entonces, l hablaba de esa experiencia israel; recuerda tambin,
que le entusiasmaba la lnea yugoslava de autogestin en la construccin del socialismo, y que a todos ellos
les pareca importante que los intelectuales del PS se nuclearan a la manera de los fabianos, en relacin
con el Partido Laborista ingls-; tambin seala que para l, entender qu era el peronismo, era una
preocupacin central. Por su parte, M. Murmis(entrevista), recuerda que en ese Instituto, adems de Di Tella
que vena de estudiar Sociologa en Columbia-, participaban l que era estudiante de Filosofa-, J . C. Marn
que provena de Ingeniera-, J. Graciarena y Hctor Dieguez que venan de economa-. Por otra parte, para
estos jvenes, no todo era actividad intelectual: muchos de ellos, venan participando desde el ltimo tramo
del peronismo, en actividades de promocin social en el Dock Sud; estas actividades tomaron mayor
impulso cuando, desde el Rectorado de la UBA, Romero cre el Departamento de Extensin Universitaria,
uno de cuyos trabajos ms conocidos fue el realizado en la Isla Maciel.
52- entre los trabajos a los que se hace referencia: G. Germani (1952 y 1956). La formulacin clsica de las
tesis de Germani sobre los orgenes del peronismo, se encuentran en G. Germani (1962: esp. caps. 8 y 9, y
1973); enmarcadas en la teora de la modernizacin, partan de la distincin entre vieja y nueva clase
obrera, y consideraban a esta ltima compuesta por migrantes internos- como una masa movilizada y
disponible, que a travs de Pern se haba integrado a la vida poltica -aunque de manera heternoma-;
el peronismo sera un fenmeno de carcter nacional-popular, polticamente autoritario, pero claramente
distinguible de los fascismo europeos, sobre todo por la composicin de su base social y por la experiencia de
participacin de la que fueron protagonistas los trabajadores; dicha experiencia habra sido ms real en el
mbito de las relaciones laborales que en el de las estrictamente polticas, donde habra predominado un
erzat, o ilusin, de participacin. Una resea completa de la obra de G. Germani, en A. Germani (2004). Un
anlisis de su papel en la interpretacin del fenmeno peronista, F. Neiburg (1988: esp. caps. 4 y 5).
53- una sntesis de la posicin del grupo contornista, puede encontrarse en Anlisis del frondizismo,
Contorno n 9/10, julio de 1956, y en el mismo nmero, Orden y Progreso, de I. Vias, y en I. Vias (1960).
54- C. Blanco (2006) analiza el discurso de los jvenes socialistas, entre fines de 1955 y 1956, tal como se
expresara en las revistas Sagitario (dirigida por C. Snchez Viamonte) y en la ya mencionada FS; la autora
sigue la evolucin de la interpretacin del hecho peronista, desde la versin liberal (el peronismo como
fascismo y corruptor de las masas) hasta la que denomina sintomtica (que busca las razones de
emergencia del peronismo), pasando antes por la de carcter sociolgico (que distingui entre vieja y
nueva clase obrera). Por otra parte, tambin muestra que, pese a las novedades en el esquema
interpretativo, los jvenes socialistas conservaban un tono pedaggico y de superioridad moral en su
apelacin a los trabajadores.
55- este proceso en el PS fue ms o menos contemporneo del que en la UCR produjo la escisin en UCRP y
UCRI. Ms adelante se ver que, en ciertas posiciones, el ghioldismo tendr cercana con la UCRP, y los
renovadores o ms bien su izquierda-, la tendrn con la UCRI, ver nota 38. Lo anterior no indica identidad
en las posturas, sino que seala la lnea divisoria entre las fuerzas polticas y dentro de ellas-, a raz de la
posicin a asumir frente al peronismo.
56- la crnica del acto, en LV 12-4-56 y FS n 9, 10-4-56. En La poca, 4-4-56, se public una extensa nota
sobre el acto, as como las fotografas de varios dirigentes. A partir de ese acto, el ghioldismo -cuyos
dirigentes no haban sido invitados a la tribuna- acusar permanentemente a los jvenes de excluir a
prestigiosas figuras del Partido. Este acto fue precedido por otros realizados en ciudades del interior, entre
ellas, Rosario, LV 29-3-56.
57- los manifestantes portaban banderas argentinas y rojas, y una de la Repblica Espaola, cantaron el
Himno Nacional, la Internacional y la Marsellesa, y marcharon hasta el monumento a R. Senz Pea, en
Florida y Diagonal Norte. La prensa dice que, antes de partir, la columna cubra la calle desde la Casa del
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Pueblo Rivadavia 2150- hasta Plaza Once, LN 2-5-56. La crnica de LN reproduce extensamente el
contenido de los discursos de Palacios y de Ghioldi.
58- Ghioldi, afirm adems, que la RL era un nuevo punto de partida y que, a partir de ella, se estaba
nuevamente en el camino del progreso; agreg que el PS se ubicaba en contra de la derecha, dentro de la
cual ubic al nacionalismo rosista, el clericalismo falangista y los neoperonismos, mientras que el
progresismo estaba en la izquierda, en la democracia econmica, poltica, social y cultural. A. A.
Latendorf (entrevista) se enoja recordando ese discurso porque hizo que el PS desperdiciara una importante
oportunidad de llamar a los trabajadores: en cambio, de eso, Ghioldi pronunci palabras que resultaban
ofensivas para ellos. El hecho tambin es relatado por V. Garca Costa (1997: p.325). Otros discursos, como
el de A. Palacios y el del Secretario Muiz, expresaron posiciones menos ntidas que las de los otros dos, LV
3-5-56, La poca, 2-5-56; N G, 2-5-56; L N 2-5-56..
59- CEN del PS, Manifiesto al Pueblo Argentino,1-5-56 (suelto); en el mismo tono se pronunci el Consejo
Central de J uventudes Socialistas, en su Manifiesto del 1 de Mayo. 1-5-56 y en el Memorial a Aramburu,
reproducidos en FS, 28-6-56. El PS, a instancias de sus sectores renovadores, intentaban diferenciar las
huelgas polticas -anti RL, por ejemplo convocada para el 1-11-55 por la CGT negra-, de aquellas que
tenan motivos socio-econmicos. En todas las publicaciones socialistas aparecen quejas sobre los
desaciertos de los interventores militares, que en lugar de favorecer a los trabajadores y a los asesores
democrticos de los sindicatos; desde el punto de vista de los sectores tradicionales, esa actitud anti
obrera, favorecan a los elementos totalitarios, que actan en forma conjunta (en referencia a peronistas,
comunistas y aliancistas ALN- ). En el listado de soluciones que proponan, figuraban el cambio en la
orientacin de la poltica econmica y el reemplazo de los interventores militares por civiles de probada fe
y accin democrtica y con experiencia en los correspondientes sindicatos; pensaban que los interventores
designados por el gobierno, que deberan tener como funcin canalizar las reivindicaciones obreras, por el
contrario, actuaban como representantes de la patronal avalando cesantas en masa y declaraban ilegales
todas las huelgas, an las que respondan a legtimas reivindicaciones.
60- el alzamiento se produjo el 7 de junio de 1956, y el da 9 fue promulgada la ley marcial, ver R. Potash
(1981:313-319), y R. Ortega Pea y E. L. Duhalde (1965). En relacin con esos fusilamientos, LV del 14-6-
56, en su editorial utiliz frases tales como se acab la leche de la clemencia y la letra con sangre entra, lo
cual produjo un fuerte sacudn en el Partido y el odio eterno del peronismo. En el mismo nmero, se publica
el comunicado oficial del PS en apoyo a la RL, firmado por su Secretario Interino, J acinto Oddone.
61- esos aos, fueron los clsicos de la resistencia peronista, caracterizados por la combinacin de una
extendida y espontnea reaccin de los trabajadores, con el accionar de los comandos y el surgimiento de
una nueva generacin de dirigentes combativos, ver D. James (1992), M. Cavarozzi, (1979), E. Salas (2006:
cap.3). Durante la segunda mitad de 1956 se registr un importante movimiento huelgustico en el que se
destac la huelga metalrgica-, que continu durante 1957 impulsado por esa nueva camada de dirigentes que,
en general, eran apoyados por los comunistas; uno de los productos de esa accin conjunta, fue la
conformacin de la Intersindical de la que, luego naceran las 62 Organizaciones-. Mientras tanto,
conocidos dirigentes gremiales socialistas que militaban en los democrticos, como F. Prez Leirs
(municipales) y ngel Gi Giorgi (interventor en la Unin Tranviarios Automotor), seran rebasados por sus
bases, y luego duramente cuestionados en su Partido. Por su parte, gremios importantes como ferroviarios,
comercio, bancarios, Luz y Fuerza, grficos bonaerenses, entre otros, adoptaron una posicin
independiente, tanto de las 62 como de los democrticos (o democrticos gorilas).
62- esto puede observarse en FS, pero tambin en Sagitario, dirigida por Snchez Viamonte y en la cual
escriban muchos de los jvenes. Mucho de la impronta latinoamericanista proviene de Snchez Viamonte,
Palacios y otros miembros de la generacin reformista de 1918.
63-entre los entrevistados, J. C. Marn (entrevista), sostiene enfticamente que Latendorf y Romero, son las
dos figuras clave para entender el proceso que se desat en PS; denomina proyecto a la Latendorf, a aqul
que busc construir poder radicalizando al PS y apoyndose intelectualmente en la figura de Romero.
Siempre segn el entrevistado, Romero reuna a su alrededor desde hombres del mundo intelectual hasta
jvenes que, como l mismo, no venan del PS, aunque s de experiencias armadas durante y contra el
peronismo; ms adelante, ese grupo juvenil dara un salto en su radicalidad con el desarrollo de la Revolucin
Cubana, inicialmente, democrtica y antidictatorial, y se vio a s mismo como parte de una insurgencia
latinoamericana que, entre ellos, Latendorf habra sido el primero en captar.
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NOTA COMPLEMENTARIA
ESTRUCTURA ORGNICA DEL PS
Sintticamente expuesta, la estructura orgnica y el modo de funcionamiento del PS eran los siguientes,
tal como lo presentan los Estatutos o Carta Orgnica (ver P. Verde Tello, 1952):
a) centros segn circunscripcin electoral-: organismos de base, constituidos por afiliados
individuales, y dirigidos por una Comisin Adeministrativa;
b) federaciones de distrito, constituidas por la regin o localidad que contara con ms de 5 centros,
dirigidas por las respectivas J untas de Gobierno; podan existir centros reconocidos, aunque no
integrados a ninguna federacin distrital, si su nmero no alcanzaba a 5;
c) rganos de gobierno a nivel nacional: 1- Comit Ejecutivo Nacional (CEN), elegido por el voto de
todos los afilados (voto general), y por eso considerado como el rgano democrtico del Partido;
2- Consejo Nacional (CN), integrado por delegados del CEN y de las J untas de Federaciones;
determina la orientacin general, poltica y tctica del Partido, y es considerado el rgano
federativo del Partido; 3- Congreso Nacional, que es la mxima autoridad del Partido: pueden ser
ordinarios celebrados cada dos aos- o extraordinarios; los delegados a los congresos son
elegidos por voto directo en cada centro.
d) en paralelo con el CN y el CEN, existe la Comisin de Prensa, elegida con igual mecanismo que el
CEN;
e) adems, existen los Organismos de Apoyo (J uventudes Socialistas, Unin de Mujeres Socialistas,
Comisin de Coordinacin Gremial, Organismos Culturales) que, en los congresos tienen voz pero
no voto, ya que todos los afiliados, a la vez, han votado en el respectivo centro.
En cuanto al sistema electoral, tanto para elegir candidatos a cargos legislativos nacionales, provinciales
o municipales-, como a cargos partidarios, parte del voto directo y secreto de los afiliados. El proceso
comienza con las primarias -asambleas realizadas por cada centro-, de las cuales surgan listas de pre
candidatos; luego, la Comisin Electoral del Partido, en base a los votos obtenidos por cada pre candidato,
elaboraba una lista unificada con una cantidad de nombres tres veces mayor al nmero de cargos a cubrir; esta
lista era enviada a cada uno de los afiliados para el voto general: cada afiliado confeccionaba una lista
segn sus preferencias, y la remita nuevamente al Partido; finalmente se realizaba el escrutinio. Los estatutos
prohiban la existencia y circulacin de listas de pre-candidatos una manera de prohibir las corrientes
internas- as como lo que denominaban auspicio o propaganda para alguno de ellos. Los candidatos a
Presidente y Vice de la Nacin, son elegidos en congreso extraordinario que, adems, fija la plataforma
electoral.
El voto general de los afiliados, es un mecanismo al que tambin se recurre para tomar decisiones en
situaciones de carcter extraordinario.
Otro elemento importante en la estructura y funcionamiento del PS, es la Sociedad Annima La
Vanguardia. La SA LV, fue creada por decisin del 15 Congreso (noviembre de 1919), para reunir bajo
su propiedad todos los bienes del Partido -las casas, el equipamiento para editar LV y otras publicaciones-,
resguardndolos de eventuales intervenciones del poder poltico sobre el Partido.
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CAPITULO III- LA RUPTURA DEL VIEJO PARTIDO SOCIALISTA
Si durante los aos del peronismo, el PS haba podido ubicar fuera de s mismo las
causas de su fracaso, adjudicndolo al carcter demaggico y represivo del rgimen
peronista, un ao despus de la cada de Pern, ese tipo de explicaciones mostraba
claramente su insuficiencia, sobre todo, porque los trabajadores -a los que esperaba
reconquistar- desarrollaban una creciente combatividad y no daban muestras de modificar
su identidad poltica. La evidencia de que las razones eran al menos ms complejas que las
oficialmente aceptadas, hizo que esas explicaciones se convirtieran en interrogantes sobre
el Partido y su trayectoria, y que en lo que referido a la clase obrera, se fuera abriendo paso
una perspectiva que ya no se centraba en sus errores o debilidades, sino en la
diferenciacin entre sus intereses y la transitoria adhesin al peronismo.
Muchos militantes socialistas crean estar ante una nueva oportunidad histrica de
acercarse a los trabajadores y convertirse en direccin del movimiento popular, y que para
lograrlo, se necesitaba que el Partido recuperara un claro perfil socialista, y sobre todo, que
en lo inmediato, tomara clara distancia de la RL. Tal como lo ha mostrado S. Sigal (1991)
por entonces, en los ambientes intelectuales y de izquierda se estaba produciendo el trnsito
desde el antiperonismo al rechazo del antiperonismo gubernamental, a la vez que
imaginariamente, se separaba a la clase de su identidad poltica, con la ilusin de un
posible encuentro con los trabajadores; en el PS, donde la J uventud actuaba como punta de
lanza de esta perspectiva, el proceso tena un efecto deslegitimante sobre el ghioldismo y,
por eso mismo, creaba condiciones propicias para la alianza entre la izquierda y los
renovadores -que constituan la corriente minoritaria del CEN (1).
Desde el punto de vista de Ghioldi, la desperonizacin, en lo inmediato deba
desmontar el aparato totalitario y erradicar la corrupcin en las estructuras estatales y
sindicales, pero su fin ltimo sera alcanzado cuando en el rgimen poltico fueran
introducidas aquellas reformas que evitaran que, en el futuro, pudiera surgir alguna fuerza
69
similar al peronismo; la prometida reunin de una Asamblea Constituyente sera la ocasin
adecuada para introducir mecanismos constitucionales que funcionaran como reaseguro:
un rgimen semi parlamentario y un sistema electoral de representacin proporcional,
facilitaran la alianza entre las fuerzas democrticas, y as sera posible poner freno legal
a eventuales aventuras totalitarias.
Pero esta posicin, que haba sido largamente debatida en la J unta Consultiva, slo
era compartida por otras fuerzas tambin minoritarias -como el Partido Demcrata
Progresista-, y rechazada por las de mayor capacidad electoral -los radicalismos-; stas
sostenan la conveniencia de mantener el actual rgimen presidencialista y la Ley Senz
Pea, para garantizar la formacin de gobiernos con slida base electoral -gobiernos de
mayoras. Hacia fines de 1956, uno de los radicalismos, la recin constituida UCRI, ya
haba iniciado su marcha hacia la captacin de los votos peronistas -el electorado en
disponibilidad-, y se perfilaba como partido opositor a la RL; en la medida en que
mantena conversaciones con el peronismo, el frondizismo despertaba todo tipo de
sospechas en el resto de los partidos y en las FFAA, que en esa actitud vean una traicin
a los fines de la Revolucin; al negociar con el peronismo, la UCRI rompa el tcito
acuerdo de marginarlo y, por el contrario, le reconoca un papel poltico -al tiempo que
buscaba obtener ventaja electoral de la proscripcin que sobre l pesaba.
Ante esta situacin de ruptura del frente antiperonista, que anulaba la posibilidad de
acuerdo electoral entre todos los partidos democrticos para las elecciones de
constituyentes y para las generales que le seguiran-, el presidente Aramburu tom distancia
de los antiperonistas radicalizados y se acerc a la UCRP; segn algunas opiniones, de
esa manera, se habra iniciado la etapa defensiva de la RL y el ocaso de los grupos ms
cerrilmente antiperonistas entre los que se contaba el sector ghioldista del PS.
1- El malestar en el PS: el origen de la cuestin interna
En lo que sigue se mostrar el proceso a travs del cual, durante 1957 y 1958, el PS tramit
los conflictos que, desde tiempo atrs, venan corroyendo la vida partidaria; para ello, se
intentar identificar las principales reas en las que se desarroll la disputa entre los
renovadores y el ghioldismo, los recursos polticos y organizativos con que contaba cada
sector, y el grado de flexibilidad o intransigencia exhibidos por los actores -sobre todo
70
cuando estuvo en juego la unidad del Partido. En particular, interesa detectar la estrategia
del grupo de izquierda, cuyo objetivo en esta etapa pasaba por la consolidacin de una
alianza renovadora, capaz de enfrentar al sector tradicional de la dirigencia partidaria.
El ghioldismo, era mayora en el CEN y en la crucial Comisin de Prensa -que
inclua la direccin de LV-, controlaba puntos neurlgicos del aparato partidario, tales como
la Sociedad Annima La Vanguardia (S.A.LV) -propietaria de los bienes partidarios-, y
adems, sus hombres tenan preeminencia en las J untas de Gobierno de las dos mayores
Federaciones Socialistas, las de Capital Federal y Provincia de Buenos Aires que, juntas,
reunan cerca del treinta por ciento de los afiliados del PS (2).
Por su parte, los renovadores, constituan el sector minoritario del CEN pero
contaban con algunas figuras de importante prestigio poltico y acadmico; Alfredo
Palacios reuna las dos condiciones: una larga carrera parlamentaria, iniciada en 1904 casi
en los mismos orgenes del Partido, una reconocida trayectoria universitaria, y la vez, era
una figura socialista cuya popularidad exceda las fronteras partidarias; Carlos Snchez
Viamonte, constitucionalista de nota, contaba con amplias vinculaciones internacionales y,
al igual que Palacios, era conocido por sus posiciones antiimperialistas, latinoamericanistas
y reformistas en lo universitario; J os Luis Romero, como ya fuera visto, era una figura
socialista de gran predicamento en los medios intelectuales y universitarios, aunque su
participacin en la vida partidaria era menos intensa que la de los anteriores; Alicia Moreau
de Justo, aquilataba una larga y fructfera trayectoria como dirigente partidaria, y como
organizadora de tareas de promocin y educacin en los sectores populares y entre las
mujeres (3).
Los dirigentes de la J uventud lideraban al sector que por entonces era el ms
dinmico en el PS; adems del prestigio ganado durante los aos de la resistencia al
peronismo, mantenan contacto con casi todo el arco poltico de la izquierda y con el
mundo universitario; tal vez el ms conocido entre ellos, haya sido Alexis A. Latendorf, en
quien se ligaban la militancia estrictamente partidaria con la universitaria, y ambas con los
grupos de autodefensa del PS (4).
Un anuncio de que los cambios estaban comenzando en el Partido, se produjo
durante el mismo ao 1956 cuando al elegirse Presidente para el 41 Congreso Nacional, el
sector renovador moderados e izquierda-, logr consagrar a su candidato J . L. Romero,
71
despus de haber trabajado intensamente para ello entre los delegados del interior del pas
(5). Entonces, el ghiodismo -los viejos-, que haba nominado a Nicols
Repetto, comenz a temer ser desplazado de la direccin partidaria por la
accin coaligada de los jvenes y el grupo de dirigentes veteranos que, a su juicio, se
ilusionaba con la posibilidad de convertirse en sus lderes . El resultado de esa votacin,
verdadera demostracin de fuerzas de los renovadores, fue vivido por los sectores
tradicionales como un verdadero agravio y como el origen de una tarea de copamiento
y desnaturalizacin del Partido (6).
A partir de entonces, las diferencias entre ambos sectores, y el peso de los
renovadores, comenzaron a manifestarse tanto en el seno del CEN como en el mbito
pblico; durante el acto partidario realizado el 5 de octubre en Plaza Constitucin -al que
asistieron delegaciones del interior del pas y organizaciones estudiantiles, gremiales y
femeninas-, se hizo visible el cambio de tono; el lema que lo presida, ya no haca
referencia a la RL ni a libertad reconquistada, sino que convocaba En defensa y por la
soberana de los trabajadores, a la vez que tanto el documento del CE como los discursos
pronunciados, se caracterizaron por su tono crtico hacia el gobierno. El Secretario Muiz
ligado a los renovadores- afirm que las fuerzas del capital .... creen que la Revolucin se
hizo para ellas, mientras que Lucio Luna vocero del sector gremial- seal que por haber
equivocado su poltica obrera, el gobierno ya no debera contar a los socialistas entre sus
defensores; asimismo, conviene sealar que los otros dos miembros del CEN que hicieron
uso de la palabra, A. Palacios y A. Moreau de J usto, tambin pertenecan al sector
renovador.
Por otra parte, en medio de una situacin de creciente tensin, en la ltima parte de
este ao 1956, el PS desarrollaba su proceso electoral interno, destinado a renovar
autoridades partidarias -los 17 miembros del CEN. Cuando el 16 de noviembre se realiz el
escrutinio, pudo verse que el voto general de los afiliados haba asignado un lugar
minoritario a los lderes tradicionales: los renovadores obtuvieron diez lugares y el
ghioldismo, siete (7). La magnitud del desplazamiento puede apreciarse en que figuras
histricas -como Nicols Repetto- slo alcanzaran la condicin de suplentes, o que un viejo
dirigente gremial -Francisco Prez Leirs- quedara excluido, mientras ingresaba Jos Luis
Romero (8). En cuanto a la crucial Comisin de Prensa, tambin elegida por el voto
72
general, el escrutinio mostr la repeticin de la tendencia, pues si bien el miembro ms
votado fue A. Ghioldi, la mayor parte de sus integrantes pertenecan al otro sector (9).
El cambio en las relaciones de fuerzas no tardara en producir incidentes y cruzados
reclamos de legitimidad: unos se consideraban custodios de la tradicin y la ortodoxia
partidarias ante el avance de lo que vean como infiltracin frondizista, comunista o
trotskista -sospechosos todos de simpatas hacia el totalitarismo-, mientras que los otros
exhiban su condicin de depositarios de la mayoritaria voluntad de los afiliados, y no
dejaban de recordar a sus contrincantes que el PS no tena dueos ni reconoca cargos
vitalicios (10).
El primer incidente de importancia entre la mayora y la minora se produjo el 26 de
noviembre, cuando la Comisin de Prensa se reuni con el fin de designar, entre sus
miembros, al Director de LV, cargo casi tan expectante como el de Secretario del Partido y
que desde haca varios aos desempeaba Ghioldi. Entonces pudo verse claramente que el
funcionamiento de los rganos partidarios respondera, de all en ms, a una lgica poltica
basada en la cruda competencia entre bloques, ms que en la continuidad de ciertas formas
tradicionales de resolver las diferencias y aplicar los reglamentos. El esta ocasin, el voto
de los miembros de la Comisin favoreci a Alicia Moreau, contra las expectativas de la
minora que esperaba la ratificacin de Ghioldi -histrico Director de LV-, confiando en
que se repetira la costumbre de elegir a quien hubiese obtenido la mayor cantidad de votos
de los afiliados y ocupara el primer lugar en la nmina de los miembros de la Comisin
(11).
Este traspi, que se agregaba al sufrido meses atrs con la derrota de Repetto en la
eleccin de presidente del Congreso, increment el malestar de los sectores ghioldistas que,
especialmente en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, iniciaron una verdadera
campaa de rumores, presiones y ataques, con la explcita finalidad de provocar la
caducidad de la totalidad de las autoridades recientemente electas; en diciembre de ese
mismo ao 1956, celebraron una reunin en el Centro de La Boca con la asistencia de
muchos afiliados- y redactaron una nota dirigida a la Comisin de Prensa, hacindole saber
del disgusto provocado por el desplazamiento de Ghioldi de la direccin de LV. Este
pronunciamiento puede ser considerado como el punto de partida pblico del agudo
enfrentamiento entre facciones que, de ah en ms, ser mencionado como la cuestin
73
interna (12). En la misma lnea puede ubicarse la ruidosa despedida de Ghioldi en la Casa
del Pueblo, con motivo de su alejamiento de la direccin de LV; en la ocasin,
respondiendo a los comentarios crticos que circulaban en el Partido sobre la orientacin
pro RL que l que le haba impreso a LV , afirm que en su tarea no haba hecho ms que
reflejar la posicin oficial del Partido y, alternando tonos dramticos e irnicos, se refiri a
su fallida reeleccin como una defenestracin atribuible a los claustros secretos que
nombran o excluyen oradores en alusin a los recientes actos partidarios-; finalmente,
con una frase falsamente destinada a tranquilizar a sus seguidores, expres que sean las
que fueran mis diferencias de orientacin o de criterio con su nueva directora, no hay que
olvidar que es la esposa del doctor J usto (13).
A partir de estos incidentes, los conflictos suscitados dentro del PS cobraron estado
pblico y fueron atentamente seguidos por los grandes diarios, particularmente interesados
en dilucidar las posiciones asumidas por Ghioldi y por Palacios, las dos figuras socialistas
que concitaban mayor atencin pblica.
2- 1957: un ao de disputas
Mientras el PS comenzaba a sumergirse en uno de los tramos ms amargos de su
historia, el presidente Aramburu confirmaba la convocatoria a la Asamblea Constituyente y
las elecciones generales del ao siguiente, con lo cual el PS se vio obligado a abocarse a la
discusin de programas y candidaturas y pospuso por un tiempo los conflictos internos
(14). Pero, la vida poltica nacional no dejaba de alimentar con nuevos elementos las
posiciones encontradas; el ao 1957, junto con el incremento de la conflictividad social y
poltica, trajo como novedad que las elecciones realizadas en muchos gremios haban
consagrado a una nueva camada de dirigentes sindicales peronistas muy combativos -
generalmente apoyados por las agrupaciones comunistas. Durante ese ao, el ms
importante de los reagrupamientos producidos en el mbito gremial fue el que dio origen a
la Intersindical, en la que se agruparon peronistas y comunistas; este hecho, ahond an
ms las diferencias que ya existan entre los socialistas que militaban en gremialmente y
condujo a la fractura de los llamados Gremios Democrticos, que se dividieron en
democrticos gorilas -que siguieron identificados con la RL- y democrticos
independientes (15).
74
A su vez, las J uventudes, que en junio haban elegido nuevas autoridades, venan
pronuncindose en duros trminos contra la poltica del gobierno, en consonancia con el
nuevo tono adoptado por LV -ya bajo la direccin de A. Moreau-; por otra parte, se
manifestaban enrgicamente en favor de las sanciones que la mayora renovadora del CE
peda para F. Prez Leirs y otros gremialistas gorilas, por su sistemtica oposicin a las
huelgas declaradas por los trabajadores. A raz de esas posiciones, se produjeron conflictos
en el sector juvenil de algunos centros, y durante la ltima Conferencia de las J J SS,
algunas delegaciones de orientacin ghioldista se retiraran para conformar un Ateneo
J uvenil, opuesto al Consejo Central de las J uventudes integrado entre otros, por Alexis
Latendorf, Hctor Polino y Elas Semn (16).
Las huelgas y el caso Prez Leirs
Estos hechos revirtieron inmediatamente en el Partido, dando lugar a agrios
enfrentamientos, el ms sonado de los cuales fue el referido al caso Prez Leirs,
dirigente alineado con los democrticos gorilas en el mbito gremial y con Ghioldi en el
Partido. Los hechos por los que Prez Leirs fue ms duramente criticado se haban
producido durante los primeros das de abril de 1957 cuando, en su condicin de Secretario
General de la Unin de Obreros y Empleados Municipales, se haba opuesto a la huelga
declarada por una masiva asamblea de afiliados con el argumento de que el paro tena
fines polticos y se propona debilitar al gobierno de la RL (17).
El episodio provoc indignacin en un amplio sector del PS, cuyo peridico, desde
la salida de Ghioldi, vena asumiendo una posicin de creciente solidaridad con el
movimiento huelgustico (18). A su vez, la J uventud se haba solidarizado pblicamente
con los huelguistas y organizando un acto en su apoyo, mientras que desde numerosos
centros se pedan sanciones para Prez Leirs; as fue como en mayo, el CEN se encontr
tratando la cuestin de la inconducta gremial de dicho dirigente, con el resultado de que
una ajustada mayora aconsej su expulsin del Partido.
La rispidez y peligrosidad que el caso tena para las relaciones internas en el PS
qued evidenciado en la actitud que asumieron tanto Ghioldi como Palacios, durante dicha
reunin del CEN: el primero se retir cuando comenzaba a tratarse el tema, y el segundo lo
hizo cuando no fue aceptada su propuesta de que, dada la gravedad del caso, se evitara
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emitir opinin aconsejando la expulsin de Prez Leirs-, hasta tanto la cuestin fuera
sometida al voto general de los afiliados (19).
La Convencin Constituyente y la disputa por cargos y tribunas
Tambin las actividades pre electorales fueron ocasiones propicias para los
enfrentamientos internos; a mediados de 1957, la crnica periodstica ya hablaba de la
existencia de un sector opuesto a la accin poltica del seor Ghioldi, y registraba con
regularidad el funcionamiento paralelo de dos lneas en el CEN del PS. En la Federacin
Socialista de la Capital, otro importante campo de batalla, durante el proceso de eleccin de
candidatos a convencionales constituyentes, se produjeron diversos incidentes que
culminaran con la renuncia de varios pre- candidatos, en medio de acusaciones cruzadas de
fraude y maniobras vinculadas a la circulacin de listas apcrifas; el escndalo fue lo
suficientemente serio como para motivar la intervencin del mismo CEN, e incluso la
mediacin del Dr. Frugoni, Secretario del PS del Uruguay (20). La prensa, por su parte,
ya haba hecho notar que, en el voto de los centros, Ghioldi haba sufrido un
desplazamiento. Finalmente, el PS de la Capital present sus candidatos a constituyentes
en una lista encabezada por A. Palacios, mientras que A. Ghioldi figuraba recin en el
octavo lugar, aunque si se observa la nmina completa se aprecia que la mayor parte de los
candidatos pertenecan al sector ghioldista. (21).
Durante julio de 1957, la actividad proselitista comenz con la proclamacin de los
candidatos y la presentacin de la propuesta para la reforma de la Constitucin; la
plataforma socialista se centraba en incorporar al texto constitucional de 1853 los principios
de la democracia social y el derecho de huelga, eliminar los aspectos ms nefastos de la
de 1949, como los que establecan la reeleccin presidencial y la definicin del peronismo
como doctrina nacional-, y modificar el rgimen poltico para hacerlo compatible con un
sistema semi parlamentario adems de la revisin del derecho de propiedad, la separacin
entre la Iglesia y el Estado, y la prohibicin de que los militares ejercieran cargos polticos
(22). Pero, ms all de estos puntos, en los que todos acordaban , asomaban las diferencias;
fue la J uventud la que, en medio de la campaa electoral, promovi un primer incidente,
particularmente enervante para las relaciones intrapartidarias, cuando con la firma de su
Secretario -A. A. Latendorf- dio a conocer un Comunicado dirigido al CEN, en el que
76
embesta contra N. Repetto. En el Comunicado se acusaba a Repetto de mantener contactos
con los partidos polticos de la llamada Concentracin Nacional de Independientes, lo
cual contrariaba las disposiciones del ltimo Congreso y comprometan al PS con
personajes del conservadurismo y del resucitado radicalismo antipersonalista, en la
bsqueda de apoyos a la RL -tanto en la Asamblea Constituyente como en la futura
eleccin de Presidente de la Nacin (23). Ms all de los contactos de Repetto, era
conocida la posicin de Ghioldi en la J unta Consultiva respecto de la necesidad de que los
partidos democrticos se unieran electoralmente, como nica manera de derrotar al
peronismo (24).
Cada vez ms dividido por la posicin ante la RL, el PS mostr sus divergencias
realizando dos tipos de actos: en unos, Repetto y Ghioldi insistan en elogiar al gobierno -
por haber convocado a la Constituyente y por su compromiso con la democratizacin del
pas-; en otros, Palacios, sin atacar explcitamente a la RL, dirigira su discurso a los
trabajadores y a los jvenes (25). En realidad, si se toman en cuenta los organizados por la
J uventud, puede decirse que hubo un tercer tipo de actos, en los que adems de la capacidad
de convocatoria de las J J SS, era visible la mayor toma de distancia respecto del ghioldismo
y el tono fuertemente opositor que marcaba cierta diferenciacin con el moderado
Palacios (26).
Una vez celebradas las elecciones, se supo que el PS haba obtenido el 6% de los
votos, y as, 12 convencionales; pero el dato ms interesante arrojado por el escrutinio era
el mostraba que el caudal electoral del peronismo expresado en el voto en blanco-, era
cercano al 25%, superando a la primera minora (UCRP). Esta comprobacin, producto del
recuento molecular, reafirm al ghioldismo en la conviccin de que slo una coalicin de
todos los partidos democrticos permitira vencer al peronismo en las urnas, y a los
renovadores incluida la J uventud- en el propsito de hacer del PS el canal de expresin de
ese electorado vacante -tarea en la que el frondizismo ya trabajaba (27). Durante el
asamblea, se reedit el enfrentamiento que ya se haba dado en la J unta Consultiva entre
reformistas y antirreformistas, al que ahora se agregaba la discusin acerca de si la
Constituyente era soberana, y por lo tanto poda fijar su agenda de temas, o si deba
atenerse a los establecidos por el Poder Ejecutivo. A este tema, se agreg el planteado por
la UCRI, cuyos convencionales consideraron que la Asamblea era inconstitucional, por
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convocada por un gobierno de facto, y se retiraron tempranamente. Luego, el
retiro de otros convencionales hizo que la Constituyente casi naufragara: slo
logr restituir la Constitucin de 1853, sin las reformas introducidas en 1949, e incorporar
por presin de los convencionales socialistas el derecho de huelga.
Finalizada la Asamblea, los renovadores del CEN, en franco plan de presentar al
Partido como defensor de la clase obrera, insista permanentemente en que haba sido la
firmeza socialista la que haba logrado la incorporacin del derecho de huelga, inexistente
en los anteriores textos constitucionales incluido el 1949-; el mismo objetivo se percibe en
el inters demostrado por incrementar -y mostrar- la actividad de las Comisiones de
Oficios, cuya labor es presentada dentro de la tradicional doctrina socialista de la
autonoma de los sindicatos, pero lejos de la furia democrtica que muy recientemente
haba animado a muchos de sus afiliados (28).
La disputa se extiende al Consejo Nacional y a las Federaciones
El relativo buen desempeo electoral del PS no produjo ningn efecto benfico
sobre la conflictividad interna, sino que por el contrario, superada la coyuntura electoral, la
disputa se extendi a otros organismos partidarios, nacionalizando el conflicto. Por un lado,
el Consejo Nacional rgano federal del PS- en su reunin de agosto, se vio obligado a
tratar la propuesta del ghioldismo de convocar a un congreso extraordinario para tratar la
cuestin interna (29). Como la iniciativa de convocar a un congreso fue derrotada, el
ghioldismo insisti a travs de los delegados de la Federacin Bonaerense que, como otra
manera de resolver el problema interno, propusieron convocar a nuevas elecciones para
la renovacin total del CEN y de la Comisin de Prensa -previa renuncia de sus actuales
miembros. Esta propuesta tambin result rechazada (30), pero el Consejo Nacional aprob
otra que convocaba a un congreso extraordinario en octubre, pero con el nico objetivo
de sancionar la plataforma electoral y elegir la frmula presidencial con la cual el PS se
presentara a las prximas elecciones nacionales; seguramente temiendo la fractura del
Partido, el Consejo trataba de evitar que las diferencias estallaran en el marco amplificado
que les proporcionara un congreso extraordinario; por la misma razn, hizo reiteradas
exhortaciones a deponer antagonismos, exhort a la J uventud a ajustar su accionar a las
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disposiciones estatutarias, y circunscribi el orden del da del futuro congreso a ese
nico tema (31).
LV fue el otro instrumento utilizado para nacionalizar el conflicto: sus pginas
sirvieron para continuar las disputas entre afiliados, que durante los meses siguientes
cruzaron acusaciones y sostuvieron interminables discusiones sobre cuestiones estatutarias
(32). Los representantes de la minora adoptaban una posicin ofensiva y acusaban a sus
rivales de desviacin, copamiento ideolgico y facciocidad, y hacan centro en las
actividades de la J uventud; la mayora, se defenda enarbolando su legitimidad poltica,
y desde lo formal, exhibiendo la correccin de los procedimientos mediante los cuales
haban sido elegidos sus miembros y se tomaban las decisiones en el CEN adems de
remitir sus posiciones al pensamiento de J . B. J usto (33). Esos fueron los trminos en los
que se expresaron casi todos los miembros de la mayora cuando, a ttulo personal,
firmaron una declaracin en la que respondan a las acusaciones que les haca la minora,
desestimando acusaciones de facciocidad o de infiltracin ideolgica: afirman que la
llamada cuestin interna no es otra cosa que el desacuerdo sobre dos cuestiones de
carcter poltico, la posicin ante las huelgas y el tema de la unin -o pactos- con otros
partidos (34). En la misma declaracin adelantaban que en el prximo congreso
propiciaran que el PS concurriera solo y con su propia frmula a las elecciones
presidenciales, aunque aclarando que si se adoptaba otra postura, la acataran. Y, en cuanto
al otro gran punto de friccin -las huelgas obreras-, sostenan que, aunque se consideraban
defensores de la RL y de su plan poltico, no se sentan impedidos de criticar los
errores que sta cometa en los planos econmico y gremial, pues no tenan compromisos
con los hombres del gobierno ni con los de otros partidos polticos - en clara alusin a la
cercana del grupo de Ghioldi y Repetto con Aramburu y la UCRP.
A su vez la minora, ante la imposibilidad de imprimir su tono al CEN y a LV,
dio un paso ms cuando, con la direccin de Ghioldi, comenz a publicar el peridico
Afirmacin, desde cuyas pginas confrontaba con el peridico oficial del Partido,
desplegando con toda amplitud su defensa de la RL y emprendiendo una verdadera
campaa de desprestigio hacia los miembros de la mayora del CEN y hacia las
J uventudes (35); eran las juventudes las que solan confrontar con el ghioldismo en francos
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trminos ideolgico-polticos, y frecuentemente iban bastante ms all de lo que la misma
moderada mayoraestaba dispuesta a suscribir.
Sabiendo que se avecinaban batallas de importancia, ghioldistas y renovadores
intentaban volcar a su favor a las federaciones del interior del pas que ya, como expresin
y reflejo de la polarizacin existente, comenzaban a pronunciarse pblicamente: unas lo
hacan respecto de la poltica de la RL, y otras en relacin con la cuestin interna. En un
caso, la Federacin Socialista de Santiago del Estero ligada a los renovadores- calific a
la Intervencin Federal en la Provincia de intrprete de los intereses de la clase
capitalista, e instruy a los afiliados que desempeaban cargos en ella para que
renunciaran; en otro, la ghioldista Junta de Gobierno de la Federacin Bonaerense, produjo
una declaracin en la que reafirmaba su postura a favor de la pronta convocatoria a
congreso extraordinario, para a evitar el progreso de la propaganda tendenciosa,
desarrollada en su seno con slogans tipo frondiziperonistas, a la vez que se defenda
negando que en sus filas existieran grupos enemigos del derecho de huelga y partidarios
de uniones polticas con otros sectores (36).
Hacia la divisin del Partido
Cuando finalmente el Congreso Extraordinario (43 Nacional) se reuni en Crdoba el
16 y 17 de noviembre de 1957- (37), hizo crisis el pleito que vena incubndose desde el
anterior, celebrado en 1956. Nuevamente, el candidato de la minora -N. Repetto- fue
vencido, y la presidencia del Congreso recay en A. Palacios. Este primer
inconveniente no amilan al ghioldismo que, an contrariando los trminos de la
convocatoria, insisti en incluir en el orden del da el tratamiento de la cuestin
interna. Como la mayor parte de los congresales se neg, el ghioldismo inici otra serie
de presiones tendiente a acordar alguna frmula que provocara el cese de las autoridades
partidarias y la eleccin de una nueva conduccin, con argumentos que iban desde la
agitacin del peligro de divisin partidaria hasta los ms sinceros que reclamaban las
renuncias como forma de superar los resultados deplorables de las ltimas elecciones
80
partidarias (38). Para mayor ilustracin de esos argumentos, Repetto rese los hechos
irregulares que , a su juicio, viciaban los procedimientos que venan usando los
hombres de la mayora: la eleccin de un hombre sin antecedentes de militancia
partidaria J . L. Romero- para presidir el Congreso de 1956, el reemplazo de Ghioldi
en la direccin de LV, y el tratamiento agraviante del caso Prez Leirs por parte de
la J uventud, y consentido por una parte del CEN; segn Repetto, la cuestin interna
era de carcter poltico y procedimental, y careca de envergadura doctrinaria, pero
Ghioldi, que iba al corazn de la cuestin, la localizaba en el hecho de que el PS se
hubiese lanzado a criticar a la RL en momentos en que hay conspiraciones
frondizistas en el Ejrcito y de nazi fascistas (39).
Fracasados todos sus intentos, as como la gestin conciliadora que extra
oficialmente haba encabezado Palacios, el ghioldismo se retir del Congreso en medio de
gritos y amenazas de dejarlo sin qurum. Sin embargo, la asamblea mantuvo el nmero
suficiente de delegados y sigui sesionando, aunque inmerso en un clima sumamente tenso
ya que, entre quienes se haban retirado figuraban varios miembros del CEN que, como
Ghioldi y Repetto, adems tenan una larga trayectoria en el Partido (40). Pese a ello, el
Congreso tom dos decisiones de suma importancia; la primera, previendo una escalada del
conflicto, modificaba transitoriamente el artculo 18 de la Carta Orgnica (CO), para que
en el caso de que se produjera el retiro definitivo de algunos miembros del CEN, ste
quedara vlidamente integrado por los miembros que permanecieron en sus cargos (41);
la segunda, fue la consagracin de la frmula Alfredo Palacios- Carlos Snchez
Viamonte, para las prximas elecciones presidenciales, que se celebraran el 23 de febrero
de 1958 .
Mientras tanto, ya fuera del recinto, Ghioldi y su grupo convocaron a una conferencia
de prensa en la que insistieron, ahora pblicamente, en que la pacificacin partidaria exiga
la renuncia en masa del CEN, y aclaraban que su retiro del Congreso no implicaba
abandonar los cargos y funciones en el Partido (42). De todos modos, el retiro del
ghioldismo precipit el traslado de la cuestin interna a la totalidad de los centros
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partidarios, cuyos delegados participaban del Congreso; sobre todo en Capital y Provincia
de Buenos Aires, los centros comenzaron a dividirse internamente entre quienes adheran a
la mayora y al Secretario Muiz -y lean LV-, y quienes apoyaban a Ghioldi y lean
Afirmacin -desde cuyas pginas se los exhortaba a considerar a la minora como su
verdadera gua partidaria (43).
En medio de esta situacin pre-cismtica, en el ala radical y juvenil del sector
renovador mantena una posicin intransigente hacia el ghioldismo, an a riesgo de
precipitar la fractura del Partido; sin embargo, algunos de sus dirigentes ms destacados,
entre ellos Latendorf, hacan denodados esfuerzos por mantener de su lado a Palacios,
concientes de que en esta etapa slo la alianza con los moderados les permitira
avanzar (44).
3- El fin de la Revolucin Libertadora
Si bien en el reciente congreso, el sector renovador haba logrado consagrar a dos
de sus ms notorios representantes -Palacios y Snchez Viamonte- en la frmula
presidencial, el verdadero estado de las relaciones de fuerzas en el Partido recin se
apreciara cuando se conocieran las listas de candidatos para los cargos legislativos -
surgidas del voto directo de los afiliados. En la Federacin de la Capital, por ejemplo, se
not el predominio del ghioldismo que logr ubicar a Repetto como primer candidato a
senador -el segundo correspondi a Palacios-, adems de ocupar con sus hombres los doce
primeros lugares para diputados -mientras que los renovadores quedaron relegados a la
segunda mitad de la lista (45).
Pese a ello, fueron los renovadores los que imprimieron el tono a la actividad
partidaria durante los meses siguientes, incluso en la Capital, ya que adems de controlar el
CEN y el peridico oficial, contaban con el activismo de la J uventud. Desde esas
estratgicas posiciones fueron acentuando el perfil crtico del PS: pronunciamientos de
apoyo a la huelga bancaria -cuyos trabajadores estaban siendo militarmente movilizados
por el gobierno- e intensa actividad de defensa de detenidos gremiales y polticos -
mayoritariamente peronistas y comunistas- y de denuncia, ejercida por los abogados
socialistas (46).
82
En cuanto a la campaa electoral previa al 23 de febrero de 1958, la mayor parte de
los actos realizados muestra la insistencia con que el PS buscaba diferenciarse de la RL,
presentndose como el nico partido que actuaba en defensa de los trabajadores. La
propaganda partidaria ingres por entonces al acalorado debate sobre el destino que se dara
a las empresas pblicas, en particular las de servicios y energa; en los mltiples actos y
conferencias realizados en todos los barrios de la Capital y en el interior del pas, el
discurso socialista, sobre todo a travs de Palacios, adquiri marcados ribetes
antiimperialistas que postulaban la defensa del patrimonio nacional y el
fortalecimiento del Estado frente a los monopolios (47).
Claro que ese tono no era uniforme en los actos del PS: otros candidatos
presentaban la propuesta partidaria enmarcndola en una perspectiva poltica diferente; as,
por ejemplo el veterano dirigente J acinto Oddone, no dejaba de ensalzar a la RL -
destacando el cumplimiento de su promesa de convocar a elecciones-, y Ghioldi, adems de
insistir en la crtica al peronismo, no se mostraba partidario de las nacionalizaciones
como Palacios, sino a favor de una economa basada en empresas mixtas. Aunque en su
momento no se hicieron pblicas, las diferencias en este nivel eran ms antiguas: provenan
al menos del momento en que Ghioldi haba dado su apoyo al Plan Prebisch cuando fue
discutido en los rganos consultivos creados por la RL (48). La magnitud del conflicto
interno hizo que el ambiente se cargara de especulaciones polticas en torno a la posicin
que asumira el PS en las elecciones presidenciales de febrero. En la prensa nacional
circulaban versiones sobre la posibilidad de que, pese a haber proclamado a sus propios
candidatos, cada corriente socialista apoyara a una frmula extrapartidaria diferente;
respecto del ghioldismo, las versiones reflejaban la disconformidad del sector liberal as
llamaba la prensa al ghioldismo- con la frmula Palacios- Snchez Viamonte as como
su cercana con partidos que, como la UCRP, cerraban filas alrededor de la RL; por otra
parte, los rumores se hacan eco de una supuesta simpata de del ala izquierda de los
renovadores por el frondizismo, cuyo acuerdo electoral con el peronismo ya era
conocido.
Frondizi ofreca una atractiva respuesta a las dos acuciantes cuestiones de la
Argentina pos peronista, a travs de un programa -el Programa del 23 de Febrero- que
articulaba un plan para el desarrollo de la economa y una frmula poltica para la
83
integracin del peronismo; el primero apuntaba a la industrializacin integral del pas, a la
superacin del el subdesarrollo y a una exitosa insercin en la economa mundial; la
segunda propona la reincorporacin del electorado peronista, mediante su insercin en el
frente nacional. El discurso, de resonancias antiimperialistas en el que no faltaban las
apelaciones al cambio y a la liberacin nacional, logr concitar adhesiones tanto en
franjas de la izquierda como en las del nacionalismo, y hall su frmula prctica en el
acuerdo sellado entre Pern y Frondizi a travs de J ohn W. Cooke y Rogelio Frigerio. El
pacto, cuya existencia nunca fue reconocida por Frondizi, contemplaba que, a cambio del
apoyo electoral, el futuro Presidente tomara una serie de medidas favorables al peronismo
tales como la sancin de una ley de amnista, la legalizacin plena de la actividad sindical y
la aprobacin de una ley de asociaciones profesionales que reeditara los trminos
de la vigente durante el peronismo (49).
Ante la insistencia de las versiones, el CEN dominado por los renovadores- se
apresur a diferenciarse ubicndose a la izquierda de la UCRI, a la que catalog como
partido de la burguesa; tambin critic al PC por su disposicin a reeditar la tctica de
los frentes populares y a sumarse a una nueva forma de engao a los trabajadores (50).
Si bien el intento de escapar del gorilismo daba cierta cercana a las posiciones del sector
renovador sobre todo las de su ala juvenil- con el frondizismo (51), tambin es verdad
que existan fuertes elementos de diferenciacin; uno de ellos era el referido al papel que
cada uno asignaba a la burguesa nacional, y el otro, a la perspectiva desde la cual se
intentaba el acercamiento a los trabajadores: las expectativas de los jvenes socialistas no
pasaban por integrarlos al sistema sino, al contrario, por incorporarlos a un partido -o
frente- que tuviera como meta al socialismo (52).
Los primeros meses del gobierno de Arturo Frondizi
Cuando se conocieron los resultados de las elecciones del 23 de febrero, el triunfo
de la UCRI sobre el partido de la continuidad la UCRP-, result tan contundente como
la evidencia de que Frondizi haba logrado capturar el grueso del voto peronista
obteniendo cerca del 45% de los sufragios (53). Pudo observarse, adems, que la
polarizacin del electorado entre ambos radicalismos haba incluido a una parte de los
socialistas o a muchos de sus electores-, que cortaron boleta: las listas socialistas
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para cargos legislativos duplicaron el nmero obtenido por las de la frmula presidencial
(54).
En medio de expectativas, y tambin de desconfianzas, durante el primer tramo de
su gobierno, Frondizi tom una serie de medidas de fuerte impacto en la opinin pblica y
en los medios polticos incluido su propio partido-; durante los ocho meses
desarrollistas se tomaron medidas tales como el otorgamiento de un importante aumento
salarial y las leyes de amnista y de Asociaciones Profesionales, que tendan a cumplir con
sus compromisos con el peronismo; pero tambin fueron anunciadas otras, como la batalla
del petrleo y la reforma del artculo 28 de la Ley de Educacin, que le valieron la
oposicin de los sectores progresistas y de izquierda inclusive de aquellos que lo haban
votado- (55). Entonces, empez a hablarse de la traicin de Frondizi y en la misma UCRI
comenzaron a producirse disidencias: desde el grupo de legisladores que constituy el
Bloque Nacional y Popular, reclamando el cumplimiento del Programa del 23 de febrero
y el espritu de la Declaracin de Avellaneda, hasta el liderado por Ismael Vias, ms
orientado hacia la izquierda; en el futuro, mientras los primeros tenderan a ligarse con el
PC que haba pasado la oposicin-, los segundos que se ubicaron en una zona ms
cercana a la de la J uventud Socialista-, dieron lugar a la formacin de uno los grupos
iniciales de la nueva izquierda argentina (56).
Desde el mismo momento en que el nuevo gobierno se aprestaba a asumir, el PS
adopt un perfil entre escptico y opositor; con motivo del 1 de Mayo, emiti una
declaracin en la que anticipaba sus dudas respecto del rumbo que tomara un gobierno en
el que predominaban los intereses capitalistas, particularmente del sector industrial y
auguraba que los trabajadores -que haban cado en un nuevo error al votarlo-, pronto
veran malogradas sus esperanzas. Cuando poco despus, en junio, una delegacin del CEN
-A. Moreau, A. Ghioldi y R. Muiz- se entrevist con el ya Presidente Frondizi, le hizo
saber de su preocupacin por la poltica petrolera y expuso sus reparos respecto de la ley de
amnista recientemente sancionada para el caso de que sta alcanzara al ex dictador-; de
manera similar, los dirigentes mostraron sus reparos ante las ya encaminadas iniciativas
gubernamentales de devolver el control de los sindicatos y de la CGT al peronismo y
sancionar una Ley de Asociaciones Profesionales que permitira que la Central volviera a
organizarse segn el modelo de fuerte vinculacin con el Estado (57).
85
La mayora renovadora -aunque constreida por la el ghioldismo- se esforzaba por
dotar al PS de un nuevo perfil que le permitiera acercarse a los trabajadores: sin renunciar a
sus crticas al peronismo, esbozar un tipo de convocatoria bastante novedoso en el Partido
consistente en llamar a los trabajadores a la constitucin de una gran fuerza socialista, sin
pedirles para ello una identificacin total con las ideas y mtodos de accin del Partido
(58). Centrados en la expectativa de construir un partido con perfil socialista y capaz de
atraer al electorado peronista, legitimaban su propuesta en la consigna de volver a J usto y
de recobrar un espritu obrerista para el Partido. Estos elementos constituan un cierto
mnimo comn que unificaba al heterogneo sector renovador, en l que convivan la
perspectiva de tipo social demcrata de los moderados -en general en los de mayor edad,
como A. Moreau o Snchez Viamonte-, y otra de corte revolucionario, entre los jvenes
e izquierdista, al estilo de Alexis Latendorf o Elisa Rando (59).
Por su parte, el sector ghioldista o liberal-, se alejaba decididamente de los
intentos de dar una definicin clasista u obrerista al Partido, y adoptaba una posicin ms
acorde con el nuevo revisionismo que, en medio de las tensiones de la guerra fra, se
expanda entre los partidos de la Segunda Internacional; muchos de ellos, durante los aos
cincuenta, haban ido acentuando un perfil liberal-democrtico y definindose como
partidos del pueblo ya no de clase-, en la bsqueda de adhesiones ms all del mundo
de los trabajadores que, sin embargo, segua siendo el ncleo duro de su electorado. En el
caso del PS argentino, la apelacin creciente a la figura del ciudadano por sobre la del
trabajador, no slo no haba sido ajena a la tradicin partidaria sino que pudo haber
resultado funcional para un proyecto de partido que haba perdido su base obrera, y que
adems, se postul como adalid del antiperonismo. Pero, ahora, para quienes estaban
ansiosos por superar ese enfrentamiento, el momento se presentaba como una oportunidad
histrica que no estaban dispuestos a dejar pasar, y por eso se lanzaron a elaborar un
discurso que recogieran y profundizara las aspiraciones de los trabajadores. Pero el
ghioldismo, que no toleraba que quienes pensaban as los hubiesen dejado en minora,
buscaron deslegitimarlos por todos los medios, acusndolos ante la masa partidaria de ser
infiltrados y presentndose a s mismos como guardianes de la tradicin partidaria.
Pese a lo encontrado de las posiciones, los dirigentes ms veteranos de ambos
sectores tomaban algunos recaudos destinados a evitar la ya muy posible divisin del PS;
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por una parte, no se atacaban explcitamente entre s: los anatemas contra Ghioldi y Repetto
partan siempre de la J uventud, y los que lanzaba el ghioldismo, iban dirigidos a ella o a su
maestro, J . L. Romero, pero nunca a Palacios; por otra parte, y en vistas al
enfrentamiento que pudiera producirse en el prximo congreso, esos dirigentes mantenan
contactos entre s y conservaban cierta capacidad de negociacin, concientes de los riesgos
que la situacin implicaba para todos ellos. En cambio, los grupos ligados a la J uventud, no
se mostraban muy dispuestos a las negociaciones, y ms bien empujaban a los moderados
al enfrentamiento. Pero, en lo que todos parecan coincidir, era en disputarse el favor de
Palacios, tal vez la nica figura socialista con trascendencia nacional y prestigio entre los
trabajadores (60).
4- El congreso de la ruptura
Finalmente, el 10 de julio de 1958, en un ambiente cargado de tensiones, con la
presencia de 262 delegados, se inici en Rosario el 44 Congreso del PS (61); entre las
cuestiones que segn la convocatoria deban ser tratadas, la reforma de la CO era la que
concitaba mayor atencin, ya que ella se concretaba con la cuestin interna, tal como
muestra el Cuaderno de Proposiciones que el Partido hizo circular un mes antes de la
reunin del Congreso en el Cuaderno se reuna la totalidad de los proyectos de resolucin
propuestos por los centros (62). En dicho documento, que permite apreciar el estado de la
opinin partidaria, puede apreciarse cules eran los temas que concitaban mayor atencin
entre los afiliados: posibles cambios en la composicin del CEN, disolucin o continuidad
del Consejo Nacional, atribuciones que deban otorgarse o recortarse- a la J uventud
partidaria, y el destino de la SA LV, entre otros. Pero adems, en entre las
proposiciones se advierten otras preocupaciones, como las que aluden a la concentracin
de poder en la cpula partidaria, y a veces tambin a la condicin social del crculo
dirigente: por eso, muchas propuestas aspiran a que la nueva CO establezca
incompatibilidades, tanto entre el desempeo de cargos partidarios y de representacin -
nacional, provincial o municipal-, como entre dichas funciones y la condicin de
empresario adquirida por algunos dirigentes y afiliados; otras, insisten en que el PS debe
promover la actividad gremial de sus afiliados y reconstituir la Comisin Nacional de
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Coordinacin Gremial, adems de definir claramente su carcter clasista y
revolucionario (63).
La comisin especial, constituida por el Consejo Nacional en 1957 para redactar el
proyecto de reforma de la CO, no haba logrado elaborar una propuesta unitaria sino dos
dictmenes, siendo el de la mayora -conocido como Proyecto Muiz- el que sera
presentado al Congreso para su tratamiento (64); uno de las reformas propuestas en dicho
proyecto intentaba federalizar la direccin partidaria, incorporando representantes de las
Federaciones al Comit Nacional (CN), de modo que a los 17 miembros elegidos por el
voto directo de los afiliados, se sumaran los dos que representaran a cada Federacin.
Esta propuesta implicaba cambios de importancia, por cuanto inclua la desaparicin del
Consejo Nacional o su disolucin en el nuevo CN-, pero adems en este Comit as
ampliado, la mayor parte de los miembros resultaran de una eleccin de tipo indirecto -
ya que seran designados por las respectivas J untas de Gobierno de las Federaciones (65).
La CO en vigencia, favoreca a la lnea liberal que como ya fuera sealado, era
fuerte en los distritos con mayor cantidad de afiliados -Capital y Provincia de Buenos
Aires-, mientras que de aceptarse la reforma, se pondra lmite a esa ventaja al asignar el
mismo nmero de representantes a cada Federacin, independientemente del nmero de sus
afiliados: en este punto coincidan una propuesta organizativa centralizadora y la
conveniencia poltica de los renovadores ya que, con la presencia igualitaria de las
Federaciones en el nuevo CN, esperaban contrarrestar el poder que el voto general
otorgaba al ghioldismo en los distritos ms grandes. Pese a invocar un principio federal,
en otros aspectos el Proyecto Muiz tena una evidente intencin centralizadora cuando,
por ejemplo, propona la creacin de Secretaras que dependieran directamente de este
nuevo CN (66); en este caso, el punto crucial pasaba por la conversin de la autnoma
Comisin de Prensa en una de esas Secretaras, dependientes del nuevo CN. Una tercera
reforma favorable para la lnea renovadora era la que buscaba incorporar una clusula que
impidiera, a la hora de renovar autoridades partidarias, la reeleccin de una parte de los
miembros de los cuerpos directivos, para as facilitar el ascenso de nuevos militantes que,
en general, respondan a su sector.
El ghioldismo, que se opona a las modificaciones, sostena que el Proyecto
Muiz era una rplica del estatuto vertical, propuesto aos atrs por el hoy comunista
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Marianetti, y que lejos de apuntar a la federalizacin de la estructura partidaria,
concentraba demasiadas atribuciones en el Comit y en su Secretario General. Desde
el punto de vista de la CO vigente, lo democrtico y lo federal estaban presentes en dos
principios organizativos: lo democrtico, se asentaba en el nmero de los afiliados es
decir en el voto general-, y por ello resultaba inadecuado asignar el mismo peso a las
Federaciones numerosas y a las ms pequeas; y el principio federativo estaba asegurado
por la existencia del Consejo Nacional (67).
El otro tema espinoso de la reforma era el referido al destino de la S.A.LV,
propietaria de los bienes partidarios, desde que fuera creada durante los aos veinte;
ocurra que, la S. A LV, se haba convertido en un importante recurso de poder manejado
por el ghioldismo ya que la mayor parte de las acciones estaba depositada en afiliados de su
sector, que al ser mayora en el Directorio, manejaban recursos cruciales, como las casas
del Partido o el equipamiento con el que se editaba LV (68).
De modo que, superpuesta a los debates estatutarios, se advierte la preocupacin por
mantener o minar segn los casos- ciertas posiciones de poder; para los renovadores a
los que la prensa identifica en bloque como lnea de izquierda-, era crucial acrecentar el
poder del CN -en el que ahora tenan mayora-, poniendo bajo su rbita dos cuestiones
clave: los bienes del Partido -disolviendo la SA LV-, y la prensa partidaria -convirtiendo a
la actual Comisin de Prensa en una Secretara del CN, y despojada de poder propio. En
cambio, para el ghioldismo, era vital mantener esas posiciones, no aumentar las
atribuciones de un CN que ya no manejaban, y limitar la creciente presencia de la J uventud
en el Partido.
No deja de ser llamativo que, pese al escaso peso poltico del PS y a su nula
presencia en los niveles nacional y provincial de gobierno-, la prensa brindara tan amplia
cobertura al congreso socialista. La Razn (LR), por caso, destacaba el hecho de que este
era el primero al cual la mayor parte de las delegaciones del interior llegaba con posiciones
ya tomadas, como consecuencia de las numerosas giras que los dirigentes nacionales de
ambos grupos haban hecho con el fin de asegurar el triunfo de sus posiciones; estimaba
que la lnea liberal el ghioldismo- , contaba con un 40% de los delegados, gran parte de
los cuales provena de la Capital, y que la lnea de izquierda esperaba lograr la adhesin
de un 50%, sumando fracciones significativas de las delegaciones ms numerosas
89
Capital y Provincias de Buenos Aires, Crdoba y Tucumn- otras del interior
(69).
Como esta situacin de relativa paridad de fuerzas otorgaba importancia a cada uno de
los votos que se emitiran, hubo encarnizadas discusiones en la Comisin de Poderes y
Acreditaciones, discusiones que a su vez, se trasladaron rpidamente a la misma sala de
sesiones bajo la forma de virulentos discursos que dieron lugar a varios tumultos y a ms de
un intercambio de golpes de puo; Alberto J uanco, que era un joven delegado por la
Capital, lanz el primer ataque al ghioldismo, cuando en su intervencin censur a quienes
se haban retirado del Congreso de Crdoba.La primera medicin de fuerzas importante
se produjo al momento de elegir Presidente del Congreso; se supona que los candidatos
que representaran a cada grupo seran Repetto y Palacios, aunque circulaban versiones
respecto de previas gestiones de conciliacin entre ellos y Ghioldi, para lograr un acuerdo
que evitara el enfrentamiento. Cuando lleg el momento de las nominaciones, Ghioldi
intervino dejando sugerida la nominacin de Palacios, pero ste se apresur a declinar el
ofrecimiento aduciendo que prefera que el lugar fuera ocupado por algn hombre del
interior, por lo cual result elegido Daro Mir, del Chaco, sin que resulte claro si esta
secuencia respondi a supuestos acuerdos, o si la renuncia de Palacios se debi a que
estaba siendo presionado por la J uventud. Luego, al conformarse el resto de la Mesa
Directiva y las Comisiones, se not que la derecha segn la caracterizacin del diario
LR- haba logrado preeminencia, lo cual podra atribuirse no slo a sus propias fuerzas sino,
tambin, a la mayor experiencia en el manejo de negociaciones y a su pericia para influir
sobre los sectores del interior que se consideraban independientes de los bandos en
pugna; ms an, se atribuy a la habilidad de Ghioldi el hecho de que Daro Mir, que
haba llegado al Congreso con posiciones favorables a la izquierda, hubiese virado a una
especie de tercerismo desde el cual presidira el Congreso (70).
El mismo diario La Razn haca notar el carcter heterogneo del sector renovador, y
especulaba con que, pese a contar con fuerzas suficientes, poda ir al fracaso en virtud de
sus propias contradicciones. Segn el cronista, la lnea de izquierda estaba integrada
por tres grupos: el de los avanzados -los jvenes dirigidos por A. A. Latendorf, J .
Rubinstein, E. Rando y E. Wensichelbaum-; el de los sectores obreros, representados por
el textil L. Bergonzelli y el abogado de sindicatos R. Pastorino a los que llamativamente
90
no caracteriza desde el punto de vista ideolgico-; y los dirigentes moderados que
rodeaban al Secretario Muiz. Todo parece indicar que los grupos moderados, que
respaldaban al Secretario Muiz, estaban dispuestos a acatar las resoluciones del Congreso,
aunque no los favorecieran, mientras que por el contrario, tanto la fraccin juvenil como el
ghioldismo preferan provocar la ruptura del Partido a encontrarse ante una eventual derrota
que los colocara en una situacin de subordinacin poltica, que ninguno de ellos estaba
dispuesto a aceptar (71).
El enfrentamiento
Pese a todos los esfuerzos realizados, el ghioldismo no logr que la cuestin
interna fuera incluida en el orden del da, pero sus representantes introdujeron el tema en
las deliberaciones de todas y cada una de las Comisiones del Congreso, entorpeciendo
permanentemente el desarrollo de las sesiones con su propuesta de renuncia de las
autoridades partidarias. En una de esas comisiones, la dedicada al tratamiento del Informe
de la Directora de LV -A. Moreu-, el ghioldismo descarg una verdadera batera de crticas
que comenz con la acusacin de que bajo su conduccin -es decir desde la salida de
Ghioldi-, el peridico se haba apartado de la lnea poltica del Partido que es de apoyo a la
Revolucin Libertadora, para en cambio abrir sus pginas a dirigentes gremiales
peronistas. En una de las intervenciones ms virulentas, Arturo Ravina delegado
ghioldista por la Capital-, carg contra A. Moreau, acusndola de proteger en la redaccin
de LV a los infiltrados que haban apoyado la huelga de los municipales, contrariando la
posicin de Prez Leirs. Moreau respondi diciendo que, una vez producida la RL, LV
haba intentado volver a una lnea menos liberal y ms socialista, en el sentido econmico-
social, y que tanto el apoyo a las huelgas como las crticas al Gobierno Provisional
obedecan a la necesidad de combatir lo que la Revolucin Libertadora tiene de
conservador y antipopular (72).
Fue el mismo Ravina quien, poco despus reinici los ataques dirigindolos ahora
contra la mayora del CEN por permitir que la J uventud actuara como un rgano paralelo
-un partido dentro del Partido-, dedicado a llevar inquietud al interior del pas (73).
Este dirigente remat su intervencin retomando las crticas a J . L. Romero -por sus
declaraciones pro frondizistasen Nueva York-, y desat un tumulto de proporciones
91
cuando afirm que la frmula presidencial Palacios- Snchez Viamonte, con la que el PS
se haba presentado a las recientes elecciones, haba constituido un error y era la causa
por la cual el Partido haba tenido un papel deslucido.
Por su parte, los partidarios de la mayora del CEN, respondieron a la mayor parte
de las acusaciones respaldndose en la Declaracin de Principios y en las resoluciones
partidarias, y rechazando las acusaciones de infiltracin -comunista, trotskista o
peronista- que reiteradamente reciban. Slo unas pocas intervenciones ms audaces, como
las de Enrique Hidalgo y Manuel Dobarro, ambos de la Capital y lderes del sector ms
radical, enfrentaron abiertamente el tema; segn Dobarro, la cuestin interna era un
problema de larga data en el Partido, cuyos orgenes se situaban en 1943, cuando el
socialismo comenz a quedar reducidos a pequeos grupos -ajenos a los grandes
problemas del pas-, y ms cercanamente en 1955, cuando despus de la tirana muchos
afiliados siguieron su combate por la libertad, en lugar de haber vuelto a sus lugares a
luchar por el socialismo; a su juicio, esta diferencia en las actitudes era de tal magnitud
que haca inevitable que esos afiliados abandonaran el Partido (74).
Ante el curso que adoptaba el Congreso, y la relativa paridad de fuerzas, el sector ms
izquierdista de los renovadores decidi forzar el tratamiento del proyecto de reforma de la
CO el Proyecto Muiz-, para definir la situacin: todo parece indicar que para la
izquierda, la fractura era un mal menor frente a la posibilidad de que las prximas
elecciones internas de celebrarse con la actual CO- los dejara en minora frente al
ghioldismo (75).
Pero antes de que eso pudiera ocurrir, el 13 de julio, como paradjica consecuencia
de los intentos de conciliacin cristalizados en el llamado Plan Mir, se precipit el final;
pensado para salir del atolladero en el que se encontraba el Congreso -entre quienes
presionaban por la renuncia del CEN y quienes a toda costa queran tratar la reforma de la
CO-, un grupo de dirigentes veteranos -entre ellos, Ghioldi, Palacios y A. Moreau- dise
una propuesta que combinaba el llamado a elecciones con la actual CO y la convocatoria a
un amplio debate dentro del Partido. Pero, cuando el Plan Mir fue presentado al
Congreso, logr el efecto contrario al buscado: no bien comenzada su lectura, alguien se
enardeci y desde la barra grit traidores!, y a continuacin, comenz una pelea
92
generalizada que dur ms de media hora y dej como saldo al Secretario Muiz casi
infartado y a dos jvenes heridos. Entonces, el Presidente Mir -apoyado por Palacios,
Moreau, Tieffenberg, Romero, I. Lpez y Verde Tello-, propuso un receso que, de todos
modos, no logr frenar el tumulto que produjo el abrupto final del Congreso (76).
Se concretaba as la divisin del PS, sin que hubiesen llegado a tratarse los temas
del orden del da, ni se pronunciaran los discursos ideolgicos que, segn especulaban
algunos medios, estaran a cargo de Ghioldi y de algn representante de los renovadores-
Romero? Palacios? La disputa interna haba llegado lo suficientemente lejos como para que
intentos conciliatorios de ltimo momento pudieran prosperar; sin embargo conviene
retener que esos esfuerzos fueron hechos, y tambin observar el singular papel cumplido
por Palacios quien, a lo largo de tan crispado congreso, nunca fue objeto de ataques
directos por parte del ghioldismo, y que l, por su parte, slo censur a la derecha por no
comprender a la J uventud; ms an, en posteriores declaraciones pblicas, Palacios
sostendra que diferencias profundas no hay; cuando ms puede haber matices distintos en
las ideologas, reduciendo el conflicto a la existencia de un hecho nuevo no
comprendido por los hombres maduros del Partido, esto es, la aparicin de una juventud
inteligente, capaz y honesta, que reclama su intervencin (77).
Por su parte Ghioldi, no bien terminado el Congreso, neg ante los periodistas que
su grupo tuviera intenciones divisionistas; para probarlo, remiti a su participacin en la
elaboracin del Plan Mir, diciendo: anoche se suscribi un documento ... y nosotros
pensamos que los hombres que tienen la conduccin partidaria en estos momentos van a
cumplir ese pensamiento y ese compromiso; recordaba as que el acuerdo al que se haba
llegado inclua el llamado a nuevas elecciones con la CO vigente (78).
Pero, justamente, el Congreso haba fracasado debido al revuelo provocado por ese
compromiso; para evitar que pudiera ser invocado en la siguiente reunin del CEN,
grupos de la izquierda se apresuraron a ocupar los locales partidarios de Rivadavia 2150 y
Sarandi 56, en la Capital, as como las sedes de las Federaciones Socialistas Bonaerense -en
La Plata-, y la de Santa Fe -en la ciudad del mismo nombre-, con el argumento de impedir
que fueran ocupados por la derecha (79). De esa manera, buscaban facilitar a la mayora
del CEN la aplicacin de la clusula aprobada en el Congreso de Crdoba -cuando se
produjo el retiro de los delegados ghioldistas- para el caso en que se produjera el
93
abandono definitivo de los cargos: as, al cerrarle a la minora toda posibilidad de
reingreso al CEN, le daban el golpe de gracia al ghioldismo.
Efectivamente, el 15 de julio, ya en Buenos Aires, los miembros de la mayora se
reunieron y, sin esperar demasiado para verificar si la minora se presentara o no, la
excluy al declarar que provisoriamente el CEN quedaba constituido por los diez
miembros que permanecen en sus cargos; adems, en un hecho de singular impacto, sus
hombres fueron separados del Partido: entre los expulsados se encontraban figuras
histricas del socialismo argentino, como Nicols Repetto, J acinto Oddone, y el mismo
Amrico Ghioldi (80).
Las dos Secretaras del PS
Producida la divisin cada uno de los sectores tom medidas para su reorganizacin,
y dio comienzo un largo litigio por el nombre, los afiliados y los bienes del Partido. La ex
mayora, que pas a ser conocida como PS -Secretara Muiz, disolvi las J untas
Ejecutivas de las Federaciones de Capital, Buenos Aires, Crdoba, Tucumn y Chaco, y las
reemplaz por Comisiones Administrativas Provisorias (81). Adems, reorganiz la
Comisin de Prensa -en la que permaneci A. Moreau-, incorporando en carcter de
titulares a algunos suplentes, como A. A. Latendorf, que pas a desempearse como su
Secretario -en el lugar antes ocupado por L. Pan (82).
Por otra parte, decidi convocar nuevamente -para el mes de noviembre- al
interrumpido 44 Congreso, con el fin de cumplir con el correspondiente orden del da.
Paralelamente, dio comienzo una campaa destinada a explicar a los afiliados -y al pblico
en general- la nueva fisonoma que el PS propona darse; casi inmediatamente, el Secretario
Muiz habl por Radio Splendid, y LV public numerosas notas en las que destacaba que,
despus de la crisis, el PS era un partido claramente orientado hacia los trabajadores (83).
Por su parte, los excluidos calificaron de ilegal a todo lo actuado por la mayora
accidental del CE y conformaron un Comit Ejecutivo Provisorio, que pas a ser
identificado como PS-Secretara Oddone luego, Secretara Solari (84). Al igual que el
otro sector, convocaron nuevamente al Congreso de Rosario, anunciaron un prximo
llamado a elecciones para elegir autoridades partidarias, y adelantaron que
litigaran judicialmente por el nombre y los bienes del Partido -y que, mientras
94
tanto, Afirmacin sera su rgano de prensa (85). A travs de Afirmacin, as como en
diversas conferencias y notas aparecidas en los diarios, el PS -Secretara Oddone dio su
versin sobre las causas de la divisin; segn palabras de Repetto, los motivos del
enfrentamiento quedaban resumidos en que, durante los ltimos aos, muchos socialistas
haban vivido pendientes de lo que hacan los comunistas y neutralizados por el qu
dir, qu har la masa, que no es el pueblo, sino una expresin inequvoca que se refiere
a los partidarios del rgimen depuesto (86).
Durante los meses siguientes, ambas Secretaras publicaron en los respectivos
peridicos, las nminas de adhesiones de centros y federaciones que cada uno reciba,
dando lugar a una especie de recuento de fuerzas que, a la vez, era parte de la guerra que
sostenan. La Secretara Muiz dir que con la divisin, el PS es decir, ellos- haba
perdido un tercio de los afiliados, mientras que el diario La Nacin con innegable simpata
por el ghioldismo-, afirmaba que el Socialismo se haba dividido en mitades (87). A partir
de las adhesiones y declaraciones publicadas, y de los testimonios actuales, puede estimarse
que la Secretara Muiz retuvo, aproximadamente, dos tercios de la fuerza partidaria; todas
las ediciones de LV anuncian nuevas afiliaciones y destacan especialmente aquellas que
corresponden a trabajadores y a jvenes, seguramente para marcar lo que consideran marca
su diferencia respecto de los escindidos (88). Tambin puede comprobares que la
principal fortaleza del ghioldismo estaba radicada en Capital, Buenos Aires y Crdoba (89).
Un ao ms tarde, los caminos divergentes de cada sector, quedaron consagrados
cuando el 20 de noviembre de 1959, la J usticia Electoral reconoci la existencia de dos
partidos: el PS Democrtico (PSD) y el PS Argentino (PSA) -que adicion a su nombre el
lema recuperado para la clase trabajadora (90).
5-Del PS-Secretara Muiz al Partido Socialista Argentino
Desde mucho antes de que tal cosa ocurriera, el PS-Secretara Muiz, PSA-
consideraba que la separacin se haba consumado cuando la ex minora anunci que se
constitua en CEN, es decir en un nuevo partido -el de los incondicionales de la
Revolucin Libertadora (91). Una conferencia pronunciada por N. Repetto les dio la
oportunidad de exponer ms largamente su propia versin sobre las causas de
95
la divisin, y sobre todo para presentar la imagen de un socialismo doctrinario y volcado al
apoyo de los trabajadores; en Las enfermedades de los partidos polticos, Repetto haba
afirmado que lo ocurrido en Rosario haba sido un golpe de estado partidario, amparado
por el gobierno, y que buscaba instalar un socialismo demoledor del derecho y la justicia;
la Secretara Muiz respondi acusando a los ghioldistas de ser los nuevos libertinos,
en alusin a la escisin de derecha producida en 1927, y les atribuy el propsito de haber
querido modificar la Declaracin de Principios del Partido para hacerla compatible con su
perspectiva liberal y burguesa (92).
Mientras tanto, el ala juvenil y radicalizada avanzaba mucho ms; en el primer acto
pblico celebrado despus de la divisin, A. Latendorf lanz un verdadero manifiesto de la
izquierda socialista, con trminos que desbordaban ampliamente a sus aliados moderados;
interpretando el lema adoptado por la Secretara Muiz -PS, recuperado para la clase
trabajadora- caracteriz al Partido como profundamente clasista, izquierdista y
antiimperialista, un partido para la juventud, de y para el proletariado; adems,
adelant cul era el papel, que a su juicio, deba cumplir el socialismo en el campo de la
izquierda: confrontando con el PC y con el ala izquierda de la UCRI, llam a
desenmascarar a quienes confiaban en el carcter progresista de la burguesa nacional y
en las estrategias que proponan un engaoso frente popular o nacional y popular(93).
Tanto los dirigentes juveniles, como otros algo mayores que tambin integraban el ala de
izquierda, reivindicaban un socialismo arraigado en el pensamiento de Marx, y a la vez, se
esforzaban por presentar a un J uan B. J usto marxista -lo cual no necesariamente coincida
con la perspectiva de los moderados (94).
Pese a las diferencias, moderados e izquierdistas podan convivir en el PS-
Secretara Muiz desde ahora, PSA-, porque el anti-ghiodismo produca un efecto
galvanizante; y porque adems, sobre todo en los primeros meses, la actividad partidaria
estuvo dominada por problemas relativos a la reorganizacin interna, y los derivados de la
disputa con el otro PS: campaas de re-afiliacin en los centros disueltos, afianzamiento
de las Federaciones intervenidas, litigios legales y trabajos preparatorios para el Congreso
que, en noviembre, se reunira nuevamente en Rosario (95). Cuando en noviembre fueron
lanzados los cursos de capacitacin doctrinaria, fue evidente el avance de la izquierda al
menos en ciertas reas; en la apertura de dichos cursos, organizados por la Comisin de
96
Extensin Doctrinaria que diriga Enrique Hidalgo, se cit abundantemente a Marx y su
famosa tesis 11, y la Declaracin de Principios del PS fue presentada como una sntesis
del Manifiesto Comunista adaptada a la realidad nacional por J . B. J usto (96).
Ante el gobierno de Frondizi
En el mbito nacional, el PSA se empe en delinear un perfil opositor al gobierno,
aunque siempre marcando distancia respecto de los partidos burgueses y, sobre todo, de
las conspiraciones militares que ya acosaban al gobierno (97); a fines de 1958, sus
militantes participaron muy activamente en la campaa en contra de la reglamentacin del
artculo 28 de la Ley de Educacin que autorizara el funcionamiento de las universidades
privadas. Adems del activsimo papel desempeado por las J J SS, la cuestin mereci una
declaracin del CEN, que por otra parte, tambin se pronunci en contra de la poltica
petrolera y se declar partidario de la nacionalizacin de los recursos energticos (98), y
casi inmediatamente, respald la huelga petrolera de Mendoza. Esta huelga, decidida por
una seccional del sindicato en la que tenan cierta influencia los comunistas, fue la primera
manifestacin de repudio a los contratos recientemente firmados con empresas extranjeras;
el gobierno, inmediatamente la declar ilegal por considerarla parte de un plan subversivo
comunista-peronista, decret el Estado de Sitio en todo el territorio nacional, dispuso la
movilizacin militar de los huelguistas, e ilegaliz al PC (99). El apoyo a los trabajadores
en huelga, se hizo visible en la posicin asumida por los sindicalistas del PSA que
militaban con los Independientes-, en el hecho de que LV abriera sus pginas a los
huelguistas y en la labor de los abogados socialistas en la defensa de los detenidos -lo cual
volvera a repetirse casi inmediatamente, durante la huelga ferroviaria (100).
A partir de estos episodios, se hizo ms ntido el alineamiento del PSA en los
conflictos sindicales y en la defensa de los perseguidos por razones ideolgicas o
gremiales que era la manera de nombrar a peronistas y comunistas-; pero adems, es
posible advertir un nuevo tono en la crtica a la dirigencia sindical peronista: ya no es hecha
desde el gorilismo de los gremios 32 gremios democrticos, sino desde una posicin de
izquierda que pretende superar los lmites ideolgicos del peronismo; la denuncia de los
dirigentes que se pliegan al integracionismo del gobierno, marca ya un cierto
97
acercamiento de los socialistas sobre todo, del grupo de izquierda- con los sectores
combativos del peronismo (101).
Hacia el interior del Partido, esa reorientacin de la poltica gremial incluy un
fuerte intento de activacin de las Comisiones de Oficios y de la Comisin Socialista de
Coordinacin Gremial, con el objetivo de lograr mayor presencia en el mbito sindical, y
tambin, el de modificar el status de esos organismos dentro de la estructura partidaria
dndoles ms peso; uno de los propsitos apuntaba a que dejaran de estar encuadrados
como una de las entidades de colaboracin del Partido a la manera de la Unin de
Mujeres Socialistas, el Consejo de J uventudes Socialistas o la Secretara de Cultura- y
pasaran a constituir una de la comisiones o secretaras del CEN, para as lograr que la
poltica para la clase obrera fuera asumida como cuestin central por el Partido; la
proyectada Secretara Gremial, estara acompaada por un Departamento Gremial,
integrado por tres delegados de cada una de las Comisiones Gremiales de las Federaciones,
y tendra voz en los Congresos Nacionales -en los puntos atinentes al movimiento
sindical. En realidad, y si bien se insista en la presencia de los afiliados obreros en el
diseo de la poltica sindical, en el conjunto de la vida partidaria stos no lograron
recuperar el lugar que alguna vez haban tenido las Comisiones de Oficios (102). Lucio
Luna obrero maderero-, designado Secretario Gremial, propiciaba la presencia directa y
permanente de obreros en el Departamento Gremial para asesorar en el diseo de la poltica
sindical, pero aclaraba que la responsabilidad radicar en el CE; con esta frmula se
intentaba articular elementos que muchas veces resultaran contradictorios, entre un CEN
que dicta la lnea poltico-sindical y un Departamento Gremial en el que los trabajadores
tendran protagonismo, pero slo para funciones de asesoramiento. Tomadas en su
conjunto, las iniciativas parecen responder simultneamente a la voluntad de reorientar al
PS como partido obrero reinsertndolo en el mundo sindical-, junto con la necesidad de
mantener ciertos equilibrios y evitar una alteracin drstica de las relaciones de fuerza
existentes; debe tenerse en cuenta que por entonces, los militantes gremiales socialistas
representaban una minora, tanto dentro del Partido como en los ambientes obreros, donde
adems cargaban con la fama lograda por los32 Gremios Democrticos, en cuyas filas
haban militado hasta haca relativamente poco tiempo. Por otra parte, no sera demasiado
aventurado suponer que el sector ms joven y radicalizado, no depositaba demasiadas
98
expectativas en ellos para la tarea de conectarse con los trabajadores, y por eso insista en
los aspectos que centralizaban responsabilidades en el CEN y no en los que podran
aumentar la autonoma de los gremialistas (103).
6- El cierre de un ao difcil
El ao 1958 cerr, para el PS, con la reanudacin del Congreso que haba sido
interrumpido en julio; entre el 20 y el 23 de noviembre, nuevamente en Rosario, unos 250
delgados reiniciaron las sesiones, bajo la presidencia de A. Moreau; adems de tomarse
importantes decisiones, el PSA recibi un importante aval a travs de la presencia de
Humberto Maiztegui responsable de la Oficina de la Segunda Internacional para Amrica
Latina- y la del socialista chileno Clodomiro Almeida -quien en su discurso celebr que el
PS hubiese sido recuperado para la causa revolucionaria (104). La primera resolucin de
Congreso aprobada por aclamacin- consisti en la aprobacin del Informe en el que el
CEN daba cuenta de lo actuado desde el momento de la divisin del Partido (105); tambin
fue aprobada la reforma de la CO, de acuerdo con el Proyecto Muiz, de modo que a
partir de las prximas elecciones de autoridades partidarias el CEN se transformara en
Comit Nacional (CN) -e incorporara a los representantes de las federaciones-, el Consejo
Nacional dejara de existir, y se crearan la Secretara y el Departamento Gremial (105).
Decidido a acentuar el perfil clasista del PS, el Congreso vot a favor de la
actualizacin del programa partidario, con el fin de incorporarle un plan de realizaciones
especficamente socialistas, dirigidas a transformar la estructura econmico-social y a
mostrar claramente que el Partido aspiraba a la socializacin de los bienes de produccin
(106). Concordante con ese espritu, la Declaracin Poltica criticaba al gobierno de
Frondizi, poniendo el acento en que el rumbo que se le haba impreso a la industrializacin
favoreca abiertamente al imperialismo norteamericano y postergaba a los trabajadores a
los que engaosamente haba convocado. Simultneamente, en un primer esbozo de
aproximacin, lejos de cualquier identificacin con el fascismo, al peronismo se le
reconoce el mrito de haber lanzado a la clase obrera a la vida poltica, aunque se marca
su carcter demaggico. A esa clase obrera, que ahora estara comenzando a
desengaarse con el frondizismo, el PSA los llama a ocupar un puesto en la lucha
poltica, lejos de los partidos que propugnan la conciliacin de clases (107)
99
Sobre el ltimo mes del ao, la actividad socialista estuvo dominado por la campaa
de repudio al Estado de Sitio y a la movilizacin de los huelguistas, y por la clamorosa
denuncia de un gobierno que converta a un gremio -en este caso, los ferroviarios- en
enemigo interno; adems de efectuar declaraciones polticas, el PSA asuma mediante sus
abogados, la defensa de un gran nmero de trabajadores, entre ellos, muchos peronistas;
pero uno de los casos ms sonados fue el del ferroviario santafecino Vicente Pucci quien,
junto con otros socialistas, haba sido detenido por negarse a cumplir con las horas extras
que, como castigo, les haban sido impuestas a los huelguistas (108). Por este motivo, en la
Casa del Pueblo de Rosario, se realiz un acto durante cuyo transcurso, que result
violentamente interrumpido por la polica; mientras el CEN llevaba su queja por este hecho
al mismo presidente de la nacin, los titulares de LV, con un lenguaje tan inusual como
dramtico, afirmaba que en Rosario los ferroviarios haban sido vencidos y encarcelados
por un gobierno que deseaba agradar al imperialismo, mostrndole que los obreros
argentinos estaban domados (109).
Dentro de este nuevo espritu, la prensa socialista atac el Plan de Estabilizacin
anunciado por el presidente Frondizi durante los ltimos das de diciembre, y comenz a
ocuparse de los problemas suscitados en el Frigorfico Nacional Lisandro De la Torre,
mostrando claramente su simpata por el dirigente peronista Sebastin Borro; este conflicto,
que incluira la ocupacin de la planta en el barrio de Mataderos, parece haber sido uno
de los episodios fundantes de la prolongada relacin que existira entre Borro -y otros
peronistas de la lnea dura- y la izquierda del PSA (110). Estos socialistas y esos
peronistas coincidan en la defensa de las empresas nacionales -petrleo y otras fuentes de
energa, empresas aeronuticas y ferroviarias-, ante el zarpazo del imperialismo que
actuaba amparado por el gobierno capitalista y burgus de Frondizi. A partir de esas
coincidencias, la izquierda socialista aliment expectativas sobre la inevitable
revolucionarizacin del peronismo, y las tradujo en un creciente acercamiento con los
grupos cercanos a J ohn W. Cooke -con quienes adems, comparta una perspectiva de tipo
insurreccionalista (111).
Pero los sectores moderados del PSA, pese a su simpata y solidaridad con el
peronismo proscripto y perseguido, seguan sosteniendo que la nica salida para el
obrero eternamente burlado y explotado radicaba en la lucha tenaz por
100
alcanzar el objetivo del socialismo, pero siempre aferrndose a la va democrtica; si bien
permitan que los jvenes realizaran un gran nmero de actos, conferencias y giras por el
interior del pas, y se expresaran libremente, las riendas del Partido estaban en sus manos,
tal como lo reflejan las notas editoriales de LV, y tambin las de Sagitario -que, sin ser voz
oficial del Partido, era dirigida por Carlos Snchez Viamonte, uno de las ms conspicuos
dirigentes moderados (112). Por otra parte, en el plano de los alineamientos
internacionales, tanto las publicaciones mencionadas como los documentos oficiales
declaraban, sin ninguna duda, el alineamiento del PSA con la Segunda Internacional, pese a
que los jvenes no simpatizaban con ella (113).
La Juventud avanza sus posiciones
Por su parte, el activismo juvenil no haca sino incrementarse, favorecido por un
ambiente partidario ms favorable; ya desde fines de 1958, una profusa circulacin de
documentos preparatorios de la III Conferencia de las J J SS, haca visible que el proyecto de
la izquierda apuntaba a darle un perfil cada vez ms radical al PSA, y que la J uventud era
su punta de lanza (114); disputando su lugar en la izquierda, los jvenes socialistas critican
al frondizismo porque, en nombre de la amorfa categora de nacional y popular y
usando frases antiimperialistas, buscan atraer a los jvenes a un partido que es un
heterogneo conjunto compuesto por nacionalistas, comunistas y por la burguesa
dirigente del peronismo; respecto de los comunistas, si bien les reconocen el mrito de
haber roto ya sus lazos con el gobierno, no dejan de recordarles que su apoyo inicial a
Frondizi fue un ejemplo ms de su errnea tctica de construccin frentes populares, y en
cuanto al peronismo, apuntan a los sectores neoperonistas que negocian su legalidad con
el gobierno (115).
Desde el mismo punto de vista, sostienen que el gobierno, pese a sus esfuerzos por
dividir al movimiento obrero mediante la poltica de integracin, ya no puede contener el
conflicto entre capital y trabajo dentro de los marcos del estado democrtico tal como lo
demostraran el movimiento huelgustico de los ferroviarios y el de los petroleros de
Mendoza; por eso, su apuesta consistir en buscar la confluencia entre ese combativo
proletariado y un partido poltico de mtodos y finalidades revolucionarias, es decir un
PSA, renovado segn sus propios trminos. En el PSA, como poco antes en el PS,
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comenzaban a hablarse lenguajes diferentes, y junto con la contraposicin de estrategias, se
reiniciaba la disputa por el control del aparato partidario; el proceso de diferenciacin no
hara sino acentuarse con el triunfo de la Revolucin Cubana, en la cual los jvenes
creyeron ver confirmados los propios puntos de vista: a partir de entonces, se apoyaran en
ella para respaldar sus argumentos y enfrentar a los moderados dentro del Partido (116).
NOTAS
1-informaciones aparecidas en LV sobre el CEN, se mencionan como integrantes presentes a Mara L.
Berrondo, Manuel Besasso, Enrique Corona Martnez, Emilio Carreira, Alicia Moreau, Ramn A. Muiz,
J acinto Oddone, Francisco Prez Leirs, J os Pflejer, Nicols Repetto, J os Soria, David Tieffenberg,
J ernimo Della Latta, Amrico Ghioldi, Adolfo Rubistein, Andrs J usto, LV 1-3-56 y 25-5-56 (como en toda
reunin del CEN, pueden haber estado presentes tanto titulares como suplentes, pero la informacin no lo
consigna). Entre las figuras renovadoras que integraban el crculo dirigente, puede mencionarse a Alfredo
Palacios, Alicia Moreau, Carlos Snchez Viamonte, Ramn A. Muiz -Secretario del PS-, David Tieffenberg
Apoderado Legal-, J os Luis Romero, Mara L. Berrondo, Emilio Carreira. En el sector juvenil, las figuras
ms reconocidas eran Abel Alexis Latendorf, Elisa Rando, Elas Semn, Ricardo Monner Sans, Hugo Calello,
entre otros (los dos primeros eran algo mayores que el resto, pero permanecan en la J uventud autorizados por
la disposicin que haba extendido transitoriamente la edad tope a los 30 aos). Sobre las operaciones tericas
de que se valieron los intelectuales y la izquierda para salir del antiperonismo, en S. Sigal (1991:153-156). La
nota editorial de la revista socialista Situacin n 2, abril 1960, ilustra sobre ese tipo de operacin consistente
en separar clase y partido: en Argentina no hay divisin entre partidos, sino entre clases; en dicha nota,
se llama a los trabajadores a constituir una poderosa central obrera y a unirse en un gran partido obrreo y
socialista.
2- estas dos federaciones reunan a 161 de los 363 centros socialistas del pas; en cuanto al nmero total de
afiliados del PS, los entrevistados estiman que alcanz a unos 20.000, concentrados sobre todo en las
federaciones mencionadas; en orden de importancia le habran seguido Crdoba, Tucumn, Santa Fe, Chaco,
Mendoza y San J uan; en total, haba 13 federaciones. Respecto de la S.A.LV, ver cap.2, Nota
Suplementaria: Estructura Orgnica del PS: las acciones de la Sociedad estaban en manos de connotados e
histricos dirigentes, en su mayora del sector ghioldista; era propietaria de la Casa del Pueblo (y de las
dems casas del PS, salvo la de Sarandi 56, que haba sido comprada recientemente, despus de la RL y que
estaba escriturada a nombre del PS), del equipamiento y de los insumos necesario para, por ejemplo, la
impresin del peridico y otras publicaciones.
3- Alicia Moreau tambin entroncaba con los orgenes partidarios, y como Palacios y Snchez Viamonte,
tena una larga trayectoria, no exenta de conflictos, en la vida partidaria. En el mismo sector renovador debe
ser ubicado el Ramn A. Muiz, Secretario General del Partido, de menor edad que los anteriores; segn H.
Gambini (entrevista), a Muiz se lo llamaba el secretario de la resistencia por su destacado desempeo
como Secretario del PS durante el peronismo; haba accedido al cargo cuando el anterior Secretario, J uan
Antonio Solari, fue encarcelado junto con muchos otros dirigentes, peor Solari, al ser liberado no recuper su
cargo porque el Partido lo censur a raz de que haba pedido un indulto o un permiso de salida- al gobierno
cuando su mujer enferm gravemente; el caso de Muiz, parece ser el del tpico dirigente que hace su
carrera casi exclusivamente dentro de la organizacin partidaria. El mismo Gambini, que fue secretario
administrativo del Secretario Muiz, considera que, episodios como ste haban generado rivalidades y
enconos en el crculo dirigente, lo cual contribuira a explicar, aunque slo en parte, la dureza de los
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enfrentamientos que se produjeron en el PS, despus de 1955. Otro dirigente de edad mediana, y que
tambin tena contacto con los jvenes era David Tieffenberg, quien adems de sus actividades partidarias, se
desempeaba como abogado de varias organizaciones gremiales, entre ellas, la de los empleados de comercio.
4- diversos testimonios aluden a la existencia de los grupos de autodefensa -o guardia roja. V. Garca
Costa (entrevista) destac el papel que desempearon durante los aos del peronismo, y J. C. Marn
(entrevista) ubica en ellos un principio de radicalizacin ideolgica que luego se desplegara en las filas
juveniles, ver nota 39 del cap. 2.
5- J . L. Romero ya haba dejado su cargo en la UBA. El 41 Congreso comenz el 27-6-56, LV 27-6-56.
6- a partir de entonces, tanto Repetto como Ghioldi no perderan oportunidad de quejarse por lo que
consideraban una maniobra por la cual, un dirigente nuevo y sin antecedentes de militancia en el
Partido Romero-, haba sido elegido presidente del Congreso; acusaban por ello, a sectores que consideraban
influidos por el frondizismo, el trostskismo y el comunismo; por su parte, Repetto hizo declaraciones en las
que critic a Romero por lo que consideraba falta de firmeza con algunos profesores mientras fur
Interventor en la UBA. Ghioldi, refirindose a los dirigentes que actuaban en alianza con los jvenes de
izquierda, los llamaba viejos maosos.
7- el proceso electoral comenzaba con las primarias, tal como se detalla en Nota Suplementaria del cap. 2;
como la Carta Orgnica prohiba la existencia y circulacin de listas de pre candidatos y candidatos, no era
infrecuente que surgieran acusaciones vinculadas a maniobras subrepticias destinadas a auspicios o
circulacin de listas. En virtud de este sistema electoral, la existencia de mayora y minora en el CEN
se daba como situacin de hecho, pero no revesta carcter estatutario. En LV 16-8-56, se publica la lista de
pre candidatos al CEN (50 nombres), entre los cuales, a travs del voto general, quedaran designados los
17 titulares y sus suplentes; tambin se publican los pre candidatos para la Comisin de Prensa (24 nombres).
8- PS- 44 Congreso Nacional, Informes, Bs. As., 1958. El resultado de la eleccin (los destacados con
cursiva, corresponden a miembros del sector renovador: TITULARES: Ramn A. Muiz; Alicia Moreau de
Justo; Carlos Snchez Viamonte; Amrico Ghioldi; Jos Luis Romero; Emilio Carreira ; Mara L. Berrondo;
Andrs J usto; Lucio E. Luna; Teodoro Bronzini; Alfredo L. Palacios; Hctor Iigo Carrera; J acinto Oddone;
David Tieffenberg; Arturo L. Ravina; J uan A. Solari; Manuel Besasso. SUPLENTES: Nicols Repetto;
Adolfo Rubinstein; Enrique Corona Martnez; Jos E. Soria; J os E. Pflejer; J os Luis Pena; Luis Pan;
J ernimo Della Latta. La Mesa Directiva del CENresult integrada por: Amrico Ghioldi, Ramn Muiz -
Secretario General- , Andrs J usto Tesorero-, Emilio Carreira- Secretario de Propaganda- y Lucio Luna
ms adelante designado Secretario Gremial. Ante la crispacin producida por estos resultados, en un gesto
conciliador, Palacios solicit licencia por tiempo indeterminado para que su lugar de Titular fuese ocupado
por Repetto -el reemplazo no se efectiviz en virtud de que Repetto tambin pidi licencia por unos meses, y
el lugar fue ocupado por otro suplente, hasta que Palacios regres a su puesto el 5-1-57.
9- PS- 44 Congreso Nacional, Informes, Bs. As.,1958. Era habitual que se repitieran algunos de los nombres
entre los elegidos para el CEN y para la Comisin de Prensa; en este caso, resultaron TITULARES d ela
Comisin: Amrico Ghioldi; Carlos Snchez Viamonte; Mara L. Berrondo; J uan A. Solari; Luis Pan; Jos L.
Romero; Alicia Moreau de Justo; SUPLENTES: Abel A. Latendorf; Nicols Repetto; Luis Pandra; Manuel
Besasso; Juan A. Ginzo -el caricaturista Tristn- (los nombres en cursiva corresponden a miembros del
sector renovador).
10- las acusaciones a los renovadores se explican a partir del emblocamiento del ghioldismo con la RL. La
critica al ala frondizista de la UCR se deba a que sta vena haciendo oposicin al gobierno militar y
buscando acercamientos con el peronismo y con sectores nacionalistas. Por otra parte, comunistas y
trotskistas eran descalificados por el ghioldismo, sobre todo, por su cercana con el peronismo en el mbito
sindical.
11- Ghioldi haba dirigido LV de manera ininterrumpida desde 1942, aunque ya lo haba hecho por algunos
perodos, desde 1925. Era tradicin -aunque no una prescripcin estatutaria- que el ms votado fuera elegido
por sus pares como Director de LV. Este episodio es el punto de arranque de las acusaciones del ghioldismo a
sus rivales en el sentido de que, valindose del nmero, estaban desnaturalizando la vida partidaria. El
relato que sigue ilustra sobre el nivel de tensin existente en la colacin dominante y del momento en que
las diferencias de opinin comenzaron a cristalizar en una divisin duradera; ilustra tambin, sobre la
particular combinacin de buenas maneras y cruda presin poltica que fueron puestas en juego: en la tensa
primera reunin, A. Moreau propuso que Ghioldi fuera designado nuevamente Director deLV, pero ste no
acept alegando que vena sufriendo una sistemtica campaa de insidias y de falta de solidaridad con la
Direccin de LV por parte de algunos dirigentes del Partido. Luis Pan reafirm los dichos de Ghioldi y
sostuvo que, desde haca un ao, despus de la aparicin de cada nmero de LV, se producan llamados
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annimos a la redaccin insultando a su Director agregando que varios afiliados estaban comprometidos en
la campaa. Por su parte, y luego de una intervencin elogiosa hacia Ghioldi, Snchez Viamonte dijo que,
dado que las crticas a las que se aluda podan interpretarse como un deseo de cambio en la orientacin del
peridico, y propuso a A. Moreau para la Direccin. Luego habl Romero, para dar las razones por las cuales
tambin l propona a A. Moreau: consideraba acertada la decisin de Ghioldi de abandonar la Direccin de
LV -un signo de inteligencia poltica-, ya que al observarse un cierto movimiento de disconformismo
respecto de la orientacin que l le haba impreso al peridico, convena que dicha corriente de opinin sobre
LV, se disipara. Entonces Ghioldi, dijo que ya saba todo lo que tena que saber, y que dado que l es algo
en la vida del Partido, su deber sera el de dar una explicacin al pas y al Partido de lo que aqu ha ocurrido,
y amenaz con retirarse del CEN. Solari, por su parte, expres que de no ratificarse al actual Director, y
teniendo en cuenta tanto su trayectoria y que haba obtenido el primer lugar, el hecho poda ser tomado como
una desautorizacin, por lo cual propuso que el tema fuera llevado al CEN porque afectaba la orientacin
poltica del Partido. Como la propuesta de Solari fue rechazada, Pan, actuando como intrprete de Ghioldi,
afirm que ste haba esperado recibir el apoyo de la Comisin pero que, por pudor personal, no lo haba
expresado de esa manera. En una segunda reunin, intentando evitar la votacin, Pan propuso que la
Comisin exprese su apoyo a Ghioldi para que contine dirigiendo LV; al ser rechazada la propuesta, Solari
nomin a Ghioldi como candidato -propuesta que Ghioldi acept-, mientras que Snchez Viamonte ratific la
candidatura de A. Moreau. Finalmente, votaron por A. Moreau: Romero, Snchez Viamonte y M. L.
Berrondo, y por Ghioldi : Pan y Solari (Ghioldi y Moreau se haban retirado en el momento de la votacin),
ver Actas de las reuniones del 26-11 y 29-11 (las Actas fueron giradas por el Secretario de la Comisin, L.
Pan a todos los Centros, el 4-1-57), y tambin La Prensa (LP) 30-11-56.
12- la prensa capitalina sigui con mucho inters y detalle las controversias suscitadas entre los socialistas y
destac que en la reunin del centro de La Boca haba participado un histrico dirigente gremial socialista,
J acinto Oddone, La Razn (LR), 4-12-56; El Mundo (EM), 5-12-56.
13- LP 5-12-56. En su alocucin, Ghioldi volvi a advertir sobre los peligros de ceder a la tentacin de la
presin frondizista ... pues ellos trabajan con elementos de la dictadura ... y sera imperdonable que los
socialistas se dejaran ganar por las banderas de Frondizi, como lo fue para los que se dejaron engaar por
Pern. En el caso de los jvenes socialistas, Ghioldi siempre reiterar la acusacin de frondizistas, sobre
todo porque en el mbito universitario solan compartir posiciones y, en particular, evolucionaron de manera
similar respecto de los intentos de acercamiento al peronismo. La despedida de Ghioldi se realiz en la
Casa del Pueblo que habiendo sido incendiada en la noche del 15 de abril de 1953-, ya estaba nuevamente en
posesin del PS (aunque la devolucin oficial se produjo, un poco despus, el 20 de diciembre de 1956).
Segn informa la revista Qu, 4-1-57, el local de Rivadavia 2150 estaba casi en ruinas.
14- la Constituyente, adems de abocarse al tratamiento de una eventual reforma de la Constitucin, deba
servir al gobierno de la RL como test, para las elecciones generales de 1958. Para la eleccin de
constituyentes se utilizara el rgimen de representacin proporcional, rgimen especialmente apreciado por
los socialistas -y al cual se oponan los radicales-, porque posibilitaba la presencia de representantes de
partidos menores, ver Potash (1981:324). Antes de que se realizaran esta elecciones, la UCR ya se haba
dividido en UCRP (de orientacin pro gubernamental) y UCRI (opositora), ver C. Altamirano (2001 c), M.
Spinelli (2005).
15- en la Comisin Coordinadora Intersindical de Gremios Normalizados, inicialmente hubo cierto
predominio comunista porque reuna gremios ya normalizados con direcciones surgidas de elecciones-,
situacin en la que se encontraban varios dirigidos por el PC (qumicos, prensa, madera y gastronmicos). La
Intersindical lider huelgas de ferroviarios y municipales en el 1er. semestre de 1957; a raz de la primera, el
gobierno dispuso la movilizacin militar de los trabajadores; con la segunda en el gremio dirigido por
Prez Leirs- comenzara el aislamiento de los democrticos gorilas. En cuanto a la divisin de los
democrticos socialistas, radicales, anarquistas, sindicalistas-, los democrticos gorilas eran fuertes en
la Confederacin de Empleados de Comercio, la Unin Tranviarios Automotor, la Unin Obreros y
Empleados Municipales, y en algunos otros sindicatos menores; entre los democrticos independientes-anti
peronistas pero crticos de la RL-, la Asociacin Bancaria, La Fraternidad, la Federacin Grfica, el Sindicato
de Luz y Fuerza, el gremio de la industria automotriz SMATA-, y algunos grupos insertos en otros
sindicatos que tambin eran crticos del gobierno y que luego, en muchos casos, tendieron a acercarse al
peronismo. Poco ms adelante, en agosto, despus de un fallido congreso normalizador de la CGT, el
panorama sindical mostraba la presencia de las 62 Organizaciones, los 32 Gremios Democrticos y los
19 Gremios Independientes. Inicialmente, en las 62 participaban peronistas y comunistas, pero cuando
poco ms adelante, las elecciones fueron normalizando los sindicatos con nuevos dirigentes peronistas, los
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comunistas fueron quedando en inferioridad, hasta que finalmente se retiran de las 62. En septiembre de
1957, en un congreso realizado en La Falda Crdoba-, las 62 se dieron un programa econmico-social que
trascenda lo meramente sectorial y que fue considerado como indicativo de un giro a la izquierda del
peronismo, bajo la inspiracin de J . W. Cooke, que operaba desde el Comando de Reorganizacin partidaria,
ver , M. Cavarozzi (1979: 67), J. Godio (1991: 61), E. Salas (2005).
16- el nuevo CC de las J J SS, elegido en junio de 1957, estaba integrado por: Alexis Latendorf Secretario
General-, E. Weisschelbaum, E. Siri, Hctor Polino, Elas Semn, J . Matteri, Luis Cousillas, J . Pascualetti, J .
Aspiazu, LP 6-7-57. Hugo Gamini fue elegido Secretario de las J J SS de la Capital. Entre las delegaciones que
se retiraron de la Conferencia estaban las de Mar del Plata, Tmperley y Boulogne; algunos centros en los que
se presentaron conflictos con jvenes ghioldistas, fueron los de Barracas, Caseros y Lomas de Zamora.
17- Prez Leirs era el Secretario General de la Unin Obreros y Empleados Municipales (UOEM), cargo del
que haba sido desalojado en 1944, cuando el gobierno militar intervino el gremio municipal; permaneci
exiliado en Montevideo durante el peronismo, luego la RL lo design Secretario General Interino de la
UOEM, y en 1956, gan las elecciones en su gremio. Prez Leirs, que era profundamente anti peronista y
anti comunista, haba integrado el CEN hasta la renovacin de noviembre de 1956. Ahora, acumulaba pedidos
de expulsin por diferentes causas; adems del caso que se est comentando, haba otros cuestionamientos
vinculados a situaciones de incompatibilidad entre su condicin de jubilado y el desempeo de un cargo
gremial, pero sobre todo, dentro del PS se impugnaba la coexistencia de tareas gremiales con actividades
econmicas privadas negocios inmobiliarios-; ms an, fue acusado de manejos turbios en la venta de lotes
de tierra en Salsipuedes, Crdoba, que habran afectado a afiliados socialistas (suceso conocido como el caso
Colngelo).
18- algunos ttulos que marcan el nuevo tono: No se puede aplicar a los obreros el cdigo militar, LV 14-2-
57;, Con Verrier o sin Verrier: una poltica econmica contra el pueblo, LV 30-5-57; Un nuevo decreto del
plan anti obrero, LV 20-6-57; Con el estado de sitio no se resuelve el malestar obrero, LV 10-10-57.
19- los votos aconsejando la expulsin fueron nueve: Moreau, Snchez Viamonte, Carreira, Luna, Berrondo,
Iigo Carrera, Romero, Tieffenberg y Muiz. Seis defendieron al acusado: Bronzini, Solari, Besasso, Oddone,
A. J usto y Ravina; Ghioldi, que se haba retirado de la reunin, luego solicit ser incluido en ese dictamen,
ver, Aconsejase en el socialismo la expulsin de Prez Leirs, EM 22-5-57. Una resea de la actuacin de
Prez Leirs se encuentra en PS-44 Congreso,Informes, 1958, y tambin en Mesa Ejecutiva del CE
Nacional del PS, Mensaje a los compaeros socialistas, s/f (posiblemente este documento haya sido
redactado despus de julio de 1958, a ms de un ao de los sucesos, y segn testimonio, sus autores habran
sido R. A. Muiz, H. Iigo Carrera y A. Moreau de J usto). Finalmente la expulsin se concret durante los
sucesos de julio de 1958, junto con la de otros afiliados. El voto general de los afiliados era un
procedimiento estatutario que formaba parte regular de los procesos destinados a elegir autoridades partidarias
y candidatos a cargos electivos eleccionarios internos, pero tambin era una institucin destinada a resolver
como ltima palabra o a la manera de un plebiscito, en situaciones consideradas muy delicadas. Una
histrica utilizacin del voto general fue la de 1917 cuando, J . B. J usto lo impuls para someter a
consideracin de todos los afiliados los resultados del Congreso de 1917 (que se haba pronunciado por
instruir a los parlamentarios socialistas para que se votaran por la neutralidad argentina en la Guerra),
consiguiendo que la masa de los afiliados contrariara al congreso partidario; una de las consecuencias de este
episodio fue la escisin de los Internacionalistas, que luego daran origen al PC.
20- en la Federacin de la Capital, a la vez que el ghioldismo tena muy fuerte arraigo, actuaban algunos de
los grupos jvenes ms radicalizados. En una reunin realizada en el Centro Socialista de Barracas, de la que
participaron algunos miembros de la mayora del CEN renovadores- y del CC de las J J SS, los jvenes
habran manifestado su desagrado por la existencia de dos lneas de actuacin, una fiel a la doctrina y accin
de J . B. J usto, y otra conservadora, reaccionaria, es decir, antisocialista, ver en LR 3-6-57, La posicin de
la juventud partidaria, Reuniose anoche el Comit Ejecutivo del Partido Socialista, Una comisin va a
estudiar problemas del Partido Socialista; y en LP 4-6-57, Otra reunin se celebr anoche. La Carta
Orgnica del PS no admita en sus procesos electorales la presentacin de listas de candidatos, por lo tanto, su
circulacin implicaba violar las disposiciones estatutarias, aunque varios entrevistados afirman que, de
manera extra oficial, solan circular nminas impulsadas por uno u otro grupo. En esta ocasin, el hecho
adquiri otros ribetes ya que la lista que presuntamente circul -adjudicada al ghioldismo- se presentaba como
lista socialista marxista -y contena nombres del Secretario Muiz y de Latendorf-; los mencionados
consideraron que el rtulo implicaba una maniobra para desprestigiarlos ante los afiliados.
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21- los candidatos por la Capital fueron Alfredo Palacios, Enrique Rondanina, Nicols Repetto, Enrique
Corona Martnez, J os Gonzalez Iramain, Andrs J usto, J os Pfejer, Amrico Ghioldi -8 lugar-; la nmina,
que tena 32 candidatos, muestra la supremaca del ghioldismo, pues si bien el mismo Ghioldi figura recin en
el 8, los 15 primeros puestos -a excepcin del 1, que corresponde a Palacios-, estn ocupados por sus
partidarios (A. Ravina, W. Costanza, L. Pan, J . A. Solari, entre otros). Los nombres ms conocidos del sector
renovador -mayora en el CEN- recin aparecen en los puestos 17 -E. Carreira-, 19 -R. Muiz-, 21 -D.
Tieffenberg-, 24 -M. L. Berrondo-, y 29 -J . L. Romero-, ver LR, 30-6-57. Unos meses antes, haban
comenzado a producirse las renuncias de algunos socialistas que ocupaban cargos en el Gobierno de la RL, o
en organismos asesores, lo cual en muchos casos marcaba el distanciamiento con la poltica de la RL; es el
caso de Leopoldo Portnoy, que dej su cargo de Director Nacional de Poltica Econmica y Financiera, y el
de Carlos Snchez Viamonte, que se alej de la Comisin de Asuntos Constitucionales en seal de
disconformidad hacia el Gobierno por la aplicacin de la Ley Marcial y el Cdigo de J usticia Militar a los
trabajadores, y porque no se respetaba la institucin del Corpus Corpus. Por las mismas razones, Snchez
Viamonte no acept ser propuesto como candidato por su Partido, ya que a su juicio, la plataforma presentada
no resguardaba adecuadamente esos principios, y adems porque la convocatoria a la Convencin haba sido
hecha en unos trminos que implicaban lmites al ejercicio de su poder constituyente.
22- la propuesta socialista haba sido aprobada en su 42 Congreso, celebrado en Buenos Aires, entre el 20 y
el 23 de junio de 1957. Se postulaba la eleccin de Presidente y Vice por parte del Congreso, la
responsabilidad de los ministros ante l, la no reeleccin de Presidente y Vice, la prohibicin a los militares
para ser candidatos hasta seis aos despus de haber obtenido el retiro, y la completa separacin entre la
Iglesia y el Estado, ver LP, 6-7-57, y PS, Plataforma Constituyente aprobada en el Congreso Extraordinario
42 nacional- reunido en Capital Federal entre los das 20 y 23 de junio del 1957, y LN 27-7-57. En el
acto central, en el cual fueron presentados los candidatos y la plataforma, hablaron H. Polino -por la
J uventud-, E. Carreira y A. Ghioldi -por el CEN- y Carlos Fayt -en tanto miembro de la comisin redactora
del proyecto constitucional.
23- una acusacin permanente del ghioldismo a la mayora del CEN consista en que le permita a la
J uventud realizar reuniones y congresos y actuar como un organismo central del partido, transgrediendo los
lmites que correspondan a la organizacin juvenil, en su calidad de entidad de apoyo. El Comunicado se
respaldaba en las decisiones de los dos ltimos congresos, que haban decidido que el PS no concertara
alianzas con otros partidos. El PS haba obtenido su personera jurdica, en virtud del Decreto Ley 19044 (16-
10-56) Estatuto de los Partidos Polticos-, ver PS, 44 Congreso Nacional, Informes, 1958.
24- el CC de las J J SS, en su nota declaraba repudiar los pactos con los partidos de la burguesa, y peda al
CEN que interviniera ante la situacin ya que, de lo contrario, con su silencio parecera avalarla, ver LP 3-
7-57. La Concentracin ... era un nuevo intento de unificar posiciones en el campo conservador, cuando ya
se estaba produciendo el desplazamiento de una parte del radicalismo (la UCRI) y de algunos sectores
nacionalistas hacia posiciones de acercamiento con el peronismo. Ghioldi y su grupo, pensaban que la nica
manera de vencer al peronismo consista en hacer acuerdos firmes entre los partidos democrticos, antes de
las elecciones, con el fin, por ejemplo de no dividir electores en el Colegio Electoral, ver revista Mundo
Argentino n 2388, 5-12-56, El gran debate sobre el sistema electoral; el debate al que alude la revista es el
que sostenido en la J unta Consultiva, cuando Ghioldi se enfrent con los frondizistas Lopez Serrot y
Alende, que defendan el sistema de lista incompleta (Ley Senz Pea); la nota va acompaada por dos
fotos: en una se ve a Ghioldi y a Muiz, y en otra, al almirante Rojas con Ghioldi y A. Moreau.
25- Sobre la cuestin agraria habl el Dr. Nicols Repetto, LP, 20-7-57; Hablan Ghioldi y el Dr. Repetto,
LR, 21-7-57; Manifestaciones del Dr. Repetto, LN, 21-7-57. El discurso de Palacios se centraba en temas
vinculados a la legislacin laboral y social, y a diversos problemas regionales.
26- los volantes de las J JSS convocando a un acto en Plaza Lorea, el 12 de julio, llevan consignas tales como
El socialismo enfrenta a la oligarqua, Por la igualdad social, enfrente a la oligarqua (junto a un dibujo
del caricaturista Orse, que muestra a un nio pobre en una villa miseria). LR, 13-7-57, haca referencia a un
un movimiento de protesta interno, provocado por la accin que estara desarrollando el Dr. Repetto, y
tambin al numeroso pblico y a los severos discursos pronunciados por los lderes juveniles A.
Latendorf, E. Rando, E. Semn; tambin comentaba el discurso de Isidro Lpez, de la Federacin Socialista
de San J uan, quien afirm que los socialistas deben estudiar la crisis actual con criterio socialista y
revolucionario, con una lnea autnoma y sin acuerdos ni contubernios con las fuerzas burguesas. En cuanto
a los discursos de Palacios, los diarios titulaban: No voy a buscar votos. Dice al iniciar su gira el Dr.
Palacios, LR 30-7-57; Habl por radiofona en Santiago del Estero el Dr. Alfredo Palacios, LP, 9-7-57;
Palacios habl en Santiago del Estero, LN, 8-7-57. Unos meses antes, en marzo, Palacios haba anunciado
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que dejara su cargo de embajador en Uruguay para intervenir a partir de mayo en las luchas cvicas;
entonces, de una manera que era tpica en sus discursos, afirm que defendera a la RL acosada hoy por sus
enemigos, al tiempo que le manifestaba al general Aramburu su preocupacin por la existencia de presos-
especialmente los de carcter gremial, por cuya libertad peda-, y solicitaba que fuera derogada la Ley de
Residencia, ver Examin rasgos de la poltica el Dr. Palacios, en LN 10-3-57.
27- las elecciones se realizaron el 28 de julio de 1957, con el rgimen de representacin proporcional. R.
Potash (1981:343-344) seala que durante la campaa, la revista Qu despleg una intensa propaganda
dirigida al electorado peronista dicindole que la mejor manera de oponerse al gobierno era votar por la
UCRI; en esa tarea contaba con el apoyo de R. Scalabrini Ortiz y de A. Jauretche que se haban incorporado
a la revista-, aunque Pern y Cooke llamaban a votar en blanco o abstenerse. Segn el mismo autor, el voto
blanco obtuvo el 24, 3; la UCRP el 24,2%, la UCRI el 21,2% y el PS el 6%, ver tambin Anexo 1 Datos
Electorales, cap.1. De los 12 convencionales socialistas, 7 lo fueron por la Capital (A. Palacios, E.
Rondanina, N. Repetto, E. Corona Martnez, A. J usto, J . Gonzlez Iraman, J . Pflejer; cuando renunci de A.
J usto, ingres A. Ghioldi), 4 por la provincia de Buenos Aires (T. Bronzini, E. Shaposnik, F. Passini, J . C.
Marytella), y 1 por el Chaco (D. Mir), ver Informe del grupo de convencionales socialistas, en PS, 44
Congreso Nacional (32 Ordinario), Informes, 1958, y V. Garca Costa (1997:330). En las cercanas de la
UCRI se movan el Partido Laborista, el Partido Demcrata Conservador Nacional, la Unin Federal y Azul y
Blanco (todos haban obtenido personera), ver M. E. Spinelli (2005).
28- adems del crecido espacio que semanalmente LV dedica a la seccin gremial, pueden leerse titulares tales
como Saldo obrero positivo en 1957, LV 2-1-58; Por qu se producen las huelgas, LV 13-3-58. Los
gremios y conflictos a los que se hace mayor referencia son los de ferroviarios, bancarios, madereros,
metalrgicos y empleados de comercio, as como a una prolongada huelga de mdicos. Las Comisiones de
Oficios y los gremios en los cuales tienen presencia-, parecen ser: metalrgicos, industria de la carne,
vestido, transporte, ferroviarios, personal estatal, periodistas, vitivincolas, grficos y viajantes, ver LV 13-2-
58. Cabe sealar que, en octubre de 1957, mientras estaba reunida la Constituyente, el gobierno decret el
Estado de Sitio, ante el recrudecimiento del movimiento huelgustico, sobre todo en los servicios pblicos.
29- el Consejo Nacional se reuni en Rosario el 24 y 25 de agosto de 1957; la propuesta de convocar a un
congreso extraordinario para tratar la cuestin interna fue rechazada por 20 votos contra 12 entre los 12, se
contaban los representantes de las Federaciones de Buenos Aires, Capital, Tucumn y Crdoba-. Los
argumentos para el rechazo aludan a la inconveniencia de sumir al Partido en una discusin de ese tipo en
vsperas de las prximas elecciones presidenciales, ver PS-Consejo Nacional, Resoluciones aprobadas por el
Consejo Nacional del Partido Socialista reunido en la ciudad de Rosario durante los das 24 y 25 de agosto
de 1957, y PS- 44 Congreso...., op. cit.
30- dem. La propuesta tuvo 10 votos a favor y 19 en contra.
31- adems, resolvi integrar la comisin redactora del proyecto de reformas a la Carta Orgnica (CO), tal
como lo haba dispuesto el 41 Congreso Nacional Ordinario, de 1956. La Comisin deba integrarse con 1
miembro del CEN y 1 representante por cada Federacin, y deba expedirse antes del 30-3-58; los despachos
que produjera deberan ser remitidos al CEN, a ese Consejo, a las Federaciones y a los Centros. En abril de
1958, el Consejo Nacional deba considerarlos y fijar una fecha definitiva prale Congreso Extraordinario,
que tratara la reforma de la CO, ver PS- Consejo Nacional- Resoluciones aprobadas por el Consejo Nacional
del Partido Socialista reunido en la ciudad de Rosario los das 24 y 25 de agosto de 1957 sin ms datos-.
32- uno de los momentos salientes de esa disputas se produjo con el cruce de notas entre A. Ravina, Cmo se
pide: el pedido de renuncia del Comit Ejecutivo y de la Comisin de Prensa, en LV, 12-9-57, y D.
Tieffenberg, La renuncia del Comit Ejecutivo y de la Comisin de Prensa, LV, 26-9-57. Poco antes, se
haba publicado una nota firmada a ttulo personal por varios miembros de la mayora (A. Moreau de J usto,
E. Carreira, M. L. Berrondo, L. Luna, D. Tieffenberg, R. A. Muiz), El pedido de renuncia del Comit
Ejecutivo y de la Comisin de Prensa, en LV, 10-9-57. Una de las acusaciones ms repetidas por el
ghioldismo era la de facciocidad, atribuida a la mayora. Una observacin que merece ser tenida en
cuenta: por lo general, Palacios no ocupa nunca la primera fila en esas disputas, y si bien formaba parte de la
mayora, parece haber mantenido una posicin ms distante o conciliadora.
33- en general, los testimonios vinculan con J . L. Romero la consigna de la vuelta a J usto; la funcionaba
como punto de diferenciacin con el ghioldismo, al que implcitamente acusaba querer convertir al PS en un
partido puramente liberal, que abandonara el punto de vista de los trabajadores y la persecucin del
objetivo mximo. En realidad, declarar adhesin al pensamiento de J usto y a la tarea antitotalitaria de la
RL, funcionaban como lmites que ninguno de los grupos estaba dispuesto a trasponer -al menos en sus
declaraciones pblicas-, aunque el nfasis en uno u otro punto, marcaba la diferencia.
107
34- A. M. de J usto, C. Snchez Viamonte, M. L. Berrondo, E. Carreira, L. Luna, J . L. Romero, D. Tieffenberg
y R. A. Muiz, Mensaje a los compaeros socialistas, 21-10-57 (no firman Palacios ni Iigo Carrera).
35- las notas De la Revolucin a la normalidad, Congreso Socialista de Crdoba. Ningn Centro tiene que
faltar, y otras notas de Afirmacin n 1, 12-11-57, muestran la adhesin del ghioldismo a los principios de la
RL y su sistemtica crtica al peronismo y a las 62 Organizaciones; pero adems, en ellas se opina sobre la
situacin del PS y se insiste en que, cuando el congreso se rena, debe ser modificado el orden del da para
dar entrada a la crisis interna del partido; se agrega que la Federacin Bonaerense, la de la Capital,
numerosos centros y el Dr. Nicols Repetto, no slo lo propician sino que han llegado a sugerir la
conveniencia de que los actuales integrantes de los cuerpos directivos del Partido presenten su renuncia como
una forma de allanar las dificultades existentes y facilitar su mejor solucin; adjudican los problemas
internos a que en el Partido operan corrientes, sentimientos y elementos que no responden a nuestra
orientacin fundamental, y que ello ocurre, con la tolerancia de las mismas autoridades partidarias.
36- Resoluciones del Congreso Extraordinario de la Federacin Socialista Santiaguea, LV, 26-9-57; Dio
una declaracin la Federacin Socialista de la provincia de Buenos Airess, LP, 12-11-57.
37- este Congreso era el 43 Nacional y 14 extraordinario; segn LV, 21-11-57, participaron 269 delegados,
enviados por 234 centros, en representacin de unos 15.000 afiliados; para la Presidencia del Congreso,
Palacios obtuvo 117 votos y Repetto, 105. Si bien es difcil establecer un panorama completo y preciso sobre
la evolucin del nmero de afiliados del PS, pueden obtenerse datos en V. G. Costa (1997, quien afirma que
en 1903, el PS tena 1736 -884 de ellos en la Capital-; en 1915, al 2 Congreso, asistieron 110 delegados y que
el PS contaba con 129 centros. Segn LV 23-5-34, en 1934 haba 23.479 afiliados -3971 en la Capital- y 552
agrupaciones -casi todas eran centros, ya que existan slo 5 comisiones de oficios.
38- stas fueron las palabras que us Luis Ramiconi, delegado por la Capital e informante por la Comisin de
Asuntos Polticos en este Congreso. En los aos treinta, Ramiconi haba sido uno de los gremialistas que
acompaaron a la corriente de izquierda, impulsada por B. Marianetti y C. Snchez Viamonte, y que fue
derrotada por el sector Repetto-Ghioldi, ver M. C. Tortti (1989 a y b); indudablemente la experiencia del
peronismo haba dejado profundas huellas y resentimientos en estos viejos militantes, sobre todo en los
gremiales. La frmula propuesta ya haba sido rechazada la reunin de agosto del Consejo Nacional
(aunque, luego, la Federacin de Buenos Aires en su congreso haba vuelto a impulsarla); ahora, ante el nuevo
fracaso, se present otra variante consistente en que, producidas las renuncias, stas fueran sometidas al voto
general, en lugar de ser consideradas por el Congreso (tambin fracas).
39- la frase de Ghioldi aluda a las ya conocidas tratativas de Frondizi con sectores peronistas y nacionalistas
para constituirse en el candidato opositor de la RL, en las prximas elecciones; tambin se saba que Frondizi
contaba con simpatas comunistas. Por otra parte, en el gobierno de Aramaburu se estaban dando intensas
discusiones acerca de si se permitira, o no, la presentacin de los partidos neo peronistas, tales como Unin
Popular, Partido Blanco, Partido Populista y Partido de los Trabajadores, ver R. Potash (1981:351-357).
40- como el ghioldismo era fuerte en Capital, Buenos Aires y Crdoba, el retiro de la mayor parte de sus
delegados priv al Congreso de algo ms de un tercio de los delgados -alrededor de 120-; entre las figuras
notables que se retiraron estaban Ghioldi, Repetto, Oddone, Ravina y Solari. El qurum se alcanzaba con
124 delegados, y en la sala quedaron 144. Como otras veces haba ocurrido en el PS, los dirigentes
tradicionales en su disputa con los renovadores, buscaban legitimarse acudiendo al voto general que
siempre inclua una cuota importante de afiliados ms bien pasivos, a diferencia de los congresos donde, por
lo general, los delegados eran afiliados militantes.
41- el artculo 18 de la CO se refera a la constitucin del CEN con 17 miembros; la modificacin prevea que
los siete que se retiraron del Congreso, tambin dejaran de asistir a las reuniones del CEN -entre quienes se
haban retirado figuraban los titulares y los suplentes de la minora. Por eso, la modificacin del artculo 18,
hablaba de los 10 miembros que permanecen en sus cargos, es decir, Berrondo, Carreira, Luna, Moreau de
J usto, Iigo Carrera, Muiz, Palacios, Snchez Viamonte y Romero.
42- Diario Crdoba, 18-11-57; LR 18-11-57 y 18-11-57; LP 18-11-57; Crtica, 19-11-57; LV 21-11-57.
43- en Errores no enmendados hoy, se pagarn maana, Despus del retiro del Congreso: Declaracin
pblica de los delegados y Frente a la Asamblea de Crdoba, todos en Afirmacin n 2, 26-11-57, se
argumenta que el retiro de los delgados se haba debido al funcionamiento anormal del Congreso y a la
presencia de una barra cuyas actitudes e intervenciones tendenciosas y ruidosas no coinciden ... con la
tradicional cultura socialista. Tambin se dice que quienes se retiraron apoyaban la nominacin de Palacios
como candidato a Presidente de la Nacin (es de notar que no mencionan a Snchez Viamonte, candidato a
Vicepresidente), pero adems, reproducen las siguientes declaraciones de Ghioldi: Con respecto a lo que hay
que hacer, los solidarios con nosotros deben considerar que la minora del CEN es su CEN del cual pueden
108
tomar sugestiones para orientarse en la conducta interna a seguir en estas circunstancias. Diversos
testimonios (entrevistas a H. Gambini, B. Balv, Alexis Latendorf, Elisa Rando, entre otros) se han referido al
agitado desarrollo de este Congreso. Por su parte, P. Verde Tello (1963) -connotado dirigente ghioldista de la
Provincia de Buenos Aires- afirma que la mencionada reforma del artculo 18 de la CO habra sido parte de
un plan perturbador de la mayora, que buscaba apoderarse totalmente del PS. N. Repetto en Las
enfermedades de los partidos polticos, Afirmacin n 38, 12-8-58, se refiere al episodio y lo adjudica a un
grupo con motivaciones totalitarias que, llevado por su ambicin de apoderarse del Partido, viol los
estatutos partidarios.
44- varios entrevistados del ala de izquierda confirman el inters que tenan por operar como un solo bloque
con los moderados, contra el ghioldismo, pese a las diferencias existentes dentro de la alianza renovadora. En
el caso de Palacios, los esfuerzos por mantenerlo de su lado solan entrar en contradiccin con ciertas
posiciones y actitudes que los jvenes calificaban como conciliadoras; algunos de los militantes de la
izquierda no provenan del socialismo sino de otras corrientes, tales como el anarquismo (son los casos, por
ejemplo, de J uan C. Marn y Emilio Pernas); otros s eran de tradicin socialista, como Elisa Rando, J ulia
Constenla, Pablo Giussani, Alexis Latendorf; todos se haban radicalizado en la lucha contra el peronismo y
en el contacto con otros grupos juveniles; en general, adems tuvieron tempranos contactos con la Revolucin
Cubana, an antes de su triunfo, entrevistas a E. Pernas, J. C. Marn, E. Rando, J. Constenla. Ver tambin M.
Toer (1988).
45- PS, Boleta Electoral, Elecciones del 23 de febrero de 1958. Entre los candidatos ghioldistas por Capital:
J . Plejer, A. Ghioldi, E. Corona Martnez, J . Oddone, J . A. Solari; entre los renovadores: E. Carreira, R. A.
Muiz, A. Moreau de J usto, D. Tieffenberg. El mismo predominio ghioldista sobre los renovadores se
observa en los 30 candidatos a concejales; entre los primeros: A. Ravina, W. Costanza, L. Pan, L. Ramiconi;
entre los segundos: E. Rando, J . I. Martins, A. A. Latendorf, M. Dobarro.
46- Declaracin de abogados socialistas, LN 13-3-58; Declaracin del PS, LN 16-3-58; Realizar un
acto el PS, LN 17-3-58. Entre los abogados defensistas ms destacados, Enrique Hidalgo, Emilio Carreira y
Ricardo Monner Sans.
47- LV 2-1-58, resea los discursos de Alfredo Palacios, J uan C. Coral y Manuel Dobarro, pronunciados en
diversos actos celebrados durante diciembre de 1957, y tambin pasajes del de Snchez Viamonte -quien,
entre otras cosas, se defiende de la calumniosa acusacin propalada por una radio segn la cual l haba
pertenecido al PC. Entre los oradores ms frecuentes, adems de los mencionados, se contaban Elisa Rando,
Lucio Luna y Alexis Latendorf; entre los lugares del interior visitados por los candidatos: Trelew, Comodoro
Rivadavia, General Roca, Neuqun, Crdoba, entre otros; LV tambin anuncia audiciones radiales. Entre los
lugares donde realiz actos la Federacin Bonaerense: Adrogu, Zrate, San Pedro, Bragado, Los Toldos,
Lincoln, Trenque Lauquen, Pehuaj, Carlos Casares, Mrmol, Tandil, Miramar, Necochea; entre los oradores
de estos actos: J ernimo Della Latta, Nicodemo Scenna, Manuel Besasso -en general, adscriptos al
ghioldismo. En Crdoba, tambin fue intensa la actividad proselitista; all, una figura destacada era la de J os
Martorelli, candidato a diputado nacional y renovador.
48- ver, Conceptos del Dr. Palacios y Disertacin radial del Sr. A. Ghioldi, ambos en LN 6-2-58; y LN 1-
2-58;2-2-58; 4-2-58;y 9,12 y 13-2-58 (en especial En Villa Porvenir habl Ghioldi). Adems, En Berisso
habl el Dr. Palacios, Al petrleo se refiri el Dr. Repetto, ambos en LN 11-2-58; Manifestaciones del Sr.
Ghioldi, LN 19-2-58. En Habl Palacios en una reunin, LV 20-2-58, se informa que, en relacin con las
fuentes de energa, el candidato proclam la lucha del socialismo para que no se entregue ni una gota de
petrleo al capital extranjero, ver tambin, LN, 13-2-58 y 21-2-58. Respecto de las posiciones referidas a la
poltica econmica de la RL, PS-CE Mensaje a los compaeros socialistas,1958 (documento producido
despus de la divisin por el PS-Secretara Muiz), hace mencin a lo ocurrido en la Comisin Asesora
Honoraria de Economa y Finanzas del gobierno provisional, cuando Ghioldi, Ravina, Solari, Prez Leirs,
Daz y Fidanza, habran sostenido tesis privatistas, destinadas a liquidar las empresas estatales y apoyar al
Plan Prebisch.
49- sobre el acuerdo realizado Pern y Frondizi, dentro de la variada bibliografa puede consultarse R. Potash
(1985: II), C. Altamirano (1991c), C. Szusterman (1998), E. Salas (2006). Desde bastante tiempo atrs, en la
revista Qu se exponan las posiciones desarrollistas e integracionistas de Frondizi-Frigerio, que
adelantaban las lneas centrales del futuro gobierno de Frondizi y su ambicin de combinar una poltica
econmica moderna, que al menos en lo inmediato, perjudicara a los trabajadores y a los que se pretenda
integrar -en un movimiento nacional y popular, junto con las clases medias y el empresariado nacional.
C. Smulovitz (1990), considera que el intento de Frondizi de integracin por interpsita persona, fue la
segunda frmula poltica intentada despus de l955 para resolver el problema del peronismo (ya haba
109
fracaso de la primera, que haba buscado su desaparicin por una va represiva); ver tambin M. Cavarozzi
(1997).
50- LV 9-1-58, Poltica confusa y La transigente intransigencia; PS- CE, 17-1-58, Declaracin del CE
Nacional del PS (reproducida por LV 23-1-58; LN 22-2-58 (discurso de J . C. Coral en el cierre de campaa).
En esas notas se critica a los radicales frondizistas y a los comunistas por su desprecio hacia la
democracia; en el primer caso, porque sus maniobras electorales, los estaran acercando a nacionalistas
como Mario Amadeo, y en el caso de los comunistas, porque respondan a las pretensiones hegemnicas de
la URSS. A comienzos de febrero ya era pblico el apoyo del PC a la UCRI, ver LN 1-2-58, y Anexo 2
Notas sobre el PCA, 1955-1965. La inminencia de las elecciones hizo ms evidentes las diferencias de
opinin entre los socialistas; as, por ejemplo, en relacin con la medida dispuesta por el gobierno de
Aramburu, prohibiendo la realizacin de huelgas durante los 40 das previos a las elecciones, mientras el CEN
daba a conocer una declaracin calificando de inconstitucional la medida, N. Repetto, en un acto realizado
en Rosario, la consideraba acertada, Clarn, 30-1-58.
51- dentro del PS, N. Repetto insista en declaraciones destinadas a mostrar una supuesta connivencia entre la
mayora y el frondizismo-y por ende, con el peronismo-; para ello eligi nuevamente como blanco a J . L.
Romero, en quien evidentemente visualizaba a un adversario de peso, aunque lo menospreciara con sus
palabras. Entre los incidente que Repetto trajo nuevamente a la superficie, figuraba el que se haba producido
entre Ghioldi y Romero, a raz de la opinin vertida por ste ante un peridico neoyokino en el sentido de que
Frondizi ganara las prximas elecciones. Adems, volvi a acusarlo de haber sido dbil en el ejercicio de la
Intervencin en la UBA, donde habra mostrado excesiva clemencia hacia algunos profesores peronistas.
Finalmente, volvi a quejarse de que Romero haya alcanzado la presidencia del Congreso partidario de 1956,
merced a maniobras de jvenes universitarios. A sus ojos, todos estos hechos convertan a Romero en el
representante de la infiltracin frondizista en el PS. En la reunin del CEN en la que se trat la cuestin de
la actuacin de Romero en la UBA, Repetto ley una resolucin dictada por el Rector-Interventor el 11-4-56,
referida a los concursos de profesores, en la cual se afirmaba que la afiliacin al Partido Peronista no
significa por s sola base para las impugnaciones, como tampoco la firma del pedido de reeleccin
presidencial y que, en esos casos, los Delegados de las Facultades podran hacer especial mencin y poner
de relieve las circunstancias eximentes: Repetto consideraba que esa resolucin implicaba un exceso de
clemencia; el CEN vot dividido: la mayora ratific la opinin favorable que el PS haba tenido hacia la
gestin de Romero, y la minora manifest su disconformidad, ver CE Nacional. Reunin del 14 de abril
de 1958, LV 17-4-58; . Respecto de las declaraciones hechas en Nueva York, ver en LV 13-2-58 y 6-3-58,
seccin Cmo se pide, el cruce de cartas entre Repetto y Romero, en la que ste afirma que esas
declaraciones no haban sido de apoyo a Frondizi, sino que simplemente, haban expresado su opinin de
que ganara porque, si bien perdera parte de los votos radicales, ganara los peronistas; agregaba que en la
ocasin, tambin haba expresado que Frondizi representaba en Argentina algo parecido a lo que haba
significado Roosvelt y su New Deal, en los EEUU; adems, reconoca que era amigo personal de
Frondizi (leyendo entre lneas, de las cartas se desprende que habran corrido rumores acerca de que si
Frondizi ganaba las elecciones, Romero sera su ministro de educacin).
52- en la declaracin de la Segunda Conferencia Nacional de las J J SS, de junio de 1957, se deca que el
frondizismo era expresin poltica de la burguesa industrial, conjugada con el imperialismo
norteamericano; que era falazmente progresista y que jugaba con la izquierda y la derecha, con el
proletariado y con la burguesa, con la juventud renovadora y con un partido tradicional; que el PC no era
defensor de la clase obrera sino fiel servidor de la estrategia internacional de una potencia extranjera y que
propicia alianzas con la burguesa nacional, ver, CCJ J SS, El nico camino: Socialismo, s/f (el volante
que reproduce la declaracin invita a un acto de la campaa electoral).
53- los principales partidos y sus candidatos fueron: UCRP, R. Balbn-S. del Castillo; UCRI, A. Frondizi- A.
Gmez; PS, A. Palacios- C. Snchez Viamonte; P. Demcrata Cristiano, L. Ayarragaray- H. Sueldo; P.
Demcrata Progresista, L. Molinas- H. Thedy, ver: Los candidatos, LN 18-2-58. Sobre los resultados, en
LN 19-3-58, Cifras definitivas de las elecciones en los 23 distritos electorales, se consigna para presidente
y vice: UCRI, 4.090.000; UCRP, 2.624.454; DC, 289.245; PS, 262.366 (y casi el doble -514.321- para
diputados nacionales). La UCRI, adems gan todas las gobernaciones y todas las bancas del Senado. El
mismo fenmeno de polarizacin y corte de boleta se verific en otros partidos chicos, de modo que los dos
ms grandes obtuvieron ms votos para la frmula presidencial que para sus listas de diputados. Por otra
parte, hubo 831.658 votos en blanco, adjudicables a peronistas que desobedecieron la indicacin de sufragar
por Frondizi, ver R. Potash (1981: 358-365). Ms datos Anexo 1 Datos Electorales.
110
54- a diferencia de las elecciones para constituyentes celebradas el ao anterior con el sistema de
representacin proporcional, en este caso la vigencia del rgimen de lista incompleta dej sin
representacin a los socialistas, y a otros partidos, pese a haber obtenido casi la misma cantidad de votos que
en aquella eleccin (en la que haban logrado 12 representantes), ver nota 12. Fuera del mbito nacional, los
socialistas obtuvieron 4 intendencias, una en la Provincia de Buenos Aires Mar del Plata, donde triunf T.
Bronzini-, dos en Crdoba Laboulaye y Villa Carlos Paz, ganadas por A. Orlandini y J . Garca,
respectivamente-, y una en Chubut; en la Capital Federal, obtuvieron seis concejales (J osefina Marpons, J .
Gonzlez Lpez, N. Cuello, A. Ravina, W. Costanza, J . L. Pena), ver LV 27-2-58. Segn testimonios, los
votos que faltaran a la frmula Palacios- Snchez Viamonte se habran dividido entre la UCRP y la UCRI;
S. Colabella (entrevista), considera que buena parte de la izquierda socialista vot por Frondizi.
55- el gobierno asumi el 1 de mayo de 1958; el primer gabinete de Frondizi estuvo integrado por Alfredo R.
Vtolo, radical de tradicin unionista (Interior), Emilio D. Del Carril (Economa); Hctor Nobla (Salud),
Luis MacKay, catlico (Educacin), Gabriel del Mazo a quien se supona destinado a Educacin- (Defensa),
Alfredo Allende (Trabajo), Carlos Florit, nacionalista catlico (Relaciones Exteriores); entre las Secretaras
dependientes de la Presidencia: Dardo Cneo, ex afiliado socialista (Prensa), Rogelio Frigerio (Relaciones
Socio Econmicas); entre los asesores econmicos: J ulio Olivera y Aldo Ferrer. La Ley de Amnista fue
sancionada el 5-5-58, y si bien era amplia, no incluy a Pern ni legaliz al Partido Peronista; la Ley 14455
(de Asociaciones Profesionales), es de agosto de 1958, y en trminos generales, restituy la normativa vigente
durante el peronismo, ver M. Cavarozzi (1979); en cuanto al tema del petrleo, el Presidente afirm que YPF
recurrira la capital privado y se concretaron una serie de contratos que resultaban contradictorios con su
anterior prdica nacionalista; la enmienda al artculo 28, autorizando la instalacin de universidades privadas,
desat la primera oleada de manifestaciones opositoras de carcter masivo durante agosto y septiembre-, y
marc la ruptura entre el gobierno y gran parte de la opinin progresista y de izquierda que lo haba apoyado;
en dicho movimiento opositor participaron las federaciones universitarias e inclusive el rector de la UBA,
Risieri Frondizi (hermano del presidente), quien adems fue apoyado, entre otros, por el ex Rector J os Luis
Romero -durante cuya gestin se haba intentado implantar el texto que ahora se aprobaba, ver cap. 2, nota
46, y R. Potash (1981:380-385), C. Szusterman(1998: 197-202), C. Altamirano (1991 c), R. Almaraz, M.
Corchon y R. Zemborain (2001), y M. Toer (1983).
56- ms adelante podr verse el papel jugado por los grupos desprendidos de la UCRI, tanto en el caso de los
que participaron de la constitucin de los que el PC consideraba sus partidos amigos, como la evolucin del
grupo de izquierda que reuna a buena parte de la gente de Contorno- y que dara origen al Movimiento de
Liberacin Nacional MLN-, ver Nota Suplementaria Movimiento de Liberacin Nacional, en cap. 5.
57- ver CE del PS, 1 de Mayo de 1958, y tambin la Declaracin de la Mesa Directiva del CE Nacional del
PS, 13-5-58, sobre la proyectada Ley de Amnista; en esta ltima se dice que la amnista debera comprender
los delitos polticos y comunes conexos, pero no alcanzar con sus beneficios a los que delinquieron desde los
cargos pblicos, a los que se enriquecieron dolosamente con los dineros pblicos, ni a los torturadores. Sobre
la tambin proyectada Ley de Asociaciones Profesionales, ver Preguntas socialistas al Presidente de la
Repblica, en LV 5-6-58. Los socialistas parecen haber recibido respuestas aceptables por parte del ministro
Vtolo, quien les asegur que, en su mbito, los sindicatos tendran libertad; por otra parte, pese a la
posicin opositora, los socialistas saludaron que en junio, despus de 56 aos de vigencia ininterrumpida
fuera derogada la Ley de Residencia (4144), ver LV 12-6-58. Un pronunciamiento previo sobre la cuestin
sindical, en Documento Gremial del CEN del PS, Comunicado de Prensa 916, 22-5-58, en el que se
manifiesta oposicin a la propuesta de los sectores gremiales que pedan al gobierno que decretara el estado
de asamblea en los sindicatos -aduciendo que quienes actualmente ocupan cargos haban sido elegidos en
situacin de inhabilitacin de algunos dirigentes-; ante este pedido del peronismo, el CEN sostiene que de
ser aceptado, el argumento valdra tambin para las autoridades nacionales recientemente electas. Ver
adems, Plan de entrega, en LV 3-7-58, y Pacificacin, en LV 10-7-58. Pese a las crticas al gobierno, el
PS no dej de destacar como positiva la derogacin de la Ley de Residencia (4144), despus de 56 aos de
vigencia ininterrumpida, ver Documento del Consejo Nacional del PS, reproducido en el Comunicado de
Prensa n 913, 19-5-58 y LV 12-6-58.
58- el PS comenz a convocar a los trabajadores en tanto tales, y no como genricos ciudadanos; de esa
manera, adems de dar un sentido clasista a su apelacin, eludan la cuestin de la identidad poltica
peronista; tambin le permita afirmar que al PS no le importa de dnde provienen, sino trabajar para que el
Partido pueda recibirlos y formarlos, en lugar de enfrentarlos, ver en LV 10-7-58, El Congreso Socialista
y R. Monner Sans, Contribucin para un anlisis poltico. Sin embargo, para los moderados del sector
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renovador, definir un nuevo perfil para el Partido no implicaba dejar de ser antiperonista. La idea de un gran
movimiento de base socialista haba estado presente, durante los aos treinta en los trabajos de R. Bogliolo,
ver cap. 2, nota 9 (ahora, Bogliolo estaba alineado con el ghioldismo).
59- la consigna de volver a J usto, desde un punto de vista terico o doctrinario, a veces implicaba un cierto
forzamiento del pensamiento de J . B. J usto, al querer identificarlo plenamente con el marxismo.
60- de todas maneras, la actitud conciliadora de Palacios no dejara de provocarle tensiones con las
J uventud, tal como lo sealan varios entrevistados, entre ellos J.Constenla. En ese contexto podra entenderse
el episodio que se suscit al conocerse que, en la casa de Palacios, se haba celebrado una de esas reuniones
conciliadoras de la que haban participado N. Repetto, A. Moreau y A. Ghioldi. Entonces, dos tpicos
representantes del sector ms izquierdista del Partido Elisa Rando y Manuel Dobarro, ambos de la
Federacin de la Capital-, acompaados por dirigentes de la J uventud, visitaron a Palacios para hacerle saber
de su desagrado ante este tipo de arreglos; Palacios se habra limitado a responder que slo haba
facilitado el local para la reunin y que haba escuchado las gravsimas acusaciones del Dr. Repetto hacia
la J uventud y la Direccin del Partido, no sin aclarar que l no comparta esas opiniones y que todo haba
sido parte de los preparativos del prximo congreso a realizarse en Rosario, ver Noticias Grficas, 8-4-58.
61- LV 10-7-58, El jueves 10, a las 9 hs. Iniciar sus sesiones el 44 Congreso Ordinario; LN 11-7-58, El
congreso de los socialistas; LR 9-7-58 menciona alrededor de 300 delegados al congreso, sin aclarar cuntos
estaban presentes al inaugurarse las sesiones. Los delegados representaban a los centros partidarios, y eran
elegidos en asamblea de afiliados, en un nmero variable segn el nmero de afiliados del centro. Por
entonces, el PS tena cerca de 20.000 afiliados. La mayor parte de los centros integraban Federaciones, pero
stas no tenan representacin en los congresos, sino ante el Consejo Nacional; las Federaciones eran 14:
Capital Federal, Buenos Aires, Crdoba, Tucumn, Chaco, Santa Fe, Mendoza, San J uan, Santiago del Estero,
Entre Ros, La Pampa, Salta y J ujuy, Ro Negro y Neuquen, y Misiones.
62- hasta 60 das antes de la reunin de un congreso, los centros podan hacer llegar propuestas de resolucin
referidos a los temas del orden del da; luego, el Partido las pona en circulacin mediante el llamado
Cuaderno de Proposiciones.
63- PS, XLIV Congreso Nacional 32 Congreso Ordinario-, Cuaderno de Proposiciones,1958, y PS, XLIV
Congreso Nacional 32 Congreso Ordinario-, Informes,1958. Reiteradamente se manifiesta preocupacin
ante la pasividad de muchos afiliados y se trata de fijar un mnimo de militancia para poder ejercer
ciertos derechos, como el de votar en determinadas ocasiones o el de ser candidato a cargos partidarios. Este
tema haba dado lugar a histricas controversias en el PS, generalmente impulsadas por corrientes de
izquierda que pedan un partido de militantes y no de meros afiliados. En cuanto al tema de las
incompatibilidades, parece que desde bastante tiempo atrs, exista malestar con algunos dirigentes
socialistas que se haban convertido en empresarios o miembros o asesores de sociedades annimas, o que
mantenan vnculos con asociaciones patronales; a veces, adems, se los sospechaba de actividades poco
claras o directamente fraudulentas, llegando inclusive a motivar la intervencin de la Comisin de Disciplina
del PS. Los casos que se han visto mencionados en las fuentes disponibles, corresponden a dirigentes del
ghioldismo (Ravina, Bogliolo, Solari, Prez Leirs).
64- la Comisin haba sido integrada por el CEN, en 1957, de la siguiente manera: un miembro del CEN, y un
representante por cada una de las 14 Federaciones; entre los miembros figuraban Muiz CEN-, Monfort
Mendoza- y vila- Crdoba-, ver PS, Carta Orgnica (reproducida por P. Verde Tello, 1963). Tambin, LV
29-3-58, Reforma de la Carta Orgnica, LV 5-6-58 , Reforma de la Carta Orgnica, PS- 44 Congreso
Nacional, Informes,1958. sobre el Proyecto Muiz, PS-CNResolucin del CEN del PS, 18-8-58 y LV 21-
8-58. En ese mismo nmero de LV se publicaEl conflicto partidario, firmado por R. Lucchini, de Santa
Fe, donde se resea extensamente la cuestin interna.
65- segn la CO vigente, el Consejo Nacional era el organismo de carcter federal; sus funciones eran algo
imprecisas y tena escasa incidencia en el manejo cotidiano del Partido, que estaba en manos del CEN.
66- H. Gambini, Deben crearse tantas secretaras como ministerios, LV 5-6-58. Tal como el ghioldismo lo
recordar de manera insistente, este proyecto tena varios puntos en comn con el que en los congresos de
1934 y 1935 haba sido presentado por la izquierda, y que efectivamente tenda a un modelo leninista de
partido, ver Tortti (1989-a). Segn recuerda H. Gambini (entrevista), un proyecto similar haba sido
propuesto tambin por la Federacin Socialista de San J uan, en 1946. En un volante, firmado por Militancia
socialista-obrera- ala izquierda del PS(junio de 1958), se propone que el PS se ajuste resueltamente a las
ideas marxistas tomando una actitud realista ante la situacin de la clase trabajadora, y se pronuncia a favor
de la reforma de la CO; adems, ataca directamente a la minora del CEN, y califica a sus hombres de
112
afiliados caducos -de los cuales el Partido debera desprenderse para poder salir del camino liberal burgus
que pretenden Repetto, Oddone y Bronzini, etc..
67- M. Besasso, Reforma de la Carta Orgnica: contrarrplica al compaero Muiz, LV 12-6-58. En el
Cuaderno de Proposiciones del Congreso, junto con las propuestas, puede identificarse la posicin de los
centros en relacin con el alineamiento mayora- minora, ver 44 Congreso Nacional (32 Congreso
Ordinario), Cuaderno de Proposiciones, julio 1958.
68- el Directorio de la SA LV se integraba con: Presidente, N. Repetto; Vice, A. Ghioldi; Vocales
Titulares: E. Carreira, E. Corona Martnez, A. Moreau, C. Snchez Viamonte, J . A. Solari; Vocales Suplentes:
T. Bronzini, J . Della Latta, A. J usto, J . Oddone; Sndicos: J . Berra y A. Ravina. Salvo Carreira, A. Moreau y
Snchez Viamonte, el resto formaba parte del ghioldismo, ver O. Palmeiro, Un propsito descentralizador,
LV 26-6-58. La casa de la calle Sarandi 56, era la nica que no estaba escriturada a nombre de la SA LV,
sino del partido. Maniobras tpicas del ghioldismo, posibilitadas por ese control de los bienes, eran las impedir
o dificultar el uso de los locales a la J uventud, o el retaceo de papel y otros insumos a LV, cuando A. Moreau
pas a ser su directora. Por tales razones, muchos pensaban que los bienes deban volver a ser registrados a
nombre del Partido -o de las Federaciones-, y que la entidad civil S. A LV , debera ser disuelta. Como el
problema no fue resuelto, durante los aos que aqu se consideran, las casas del Partido fueron objeto de
duras disputas (muchas veces, armas en mano).
69- LR 9 a15- 7-58 (notas firmadas por Luis Gonzlez ODonnell).
70- entre los motivos de la negativa de Palacios puede suponerse que quiso evitar presidir un Congreso que,
casi seguramente, consagrara la divisin del Partido; tambin puede pensarse que la J uventud le hubiese
hecho saber de su disgusto por esas gestiones de conciliacin -tal como volvera a ocurrir entre Palacios y la
J uventud, en otras ocasiones. M. Henault (1983), en su biografa de Alicia Moreau reproduce un testimonio
que habla del espritu dubitativo de Palacios ante la posibilidad de ruptura del PS; contraponindola a la
actitud de A. Moreau, dice que a Palacios hubo que convencerlo. Por su parte, el cronista de LR
evidentemente bien informado-, opina que la nominacin de Palacios fue una maniobra de Ghioldi para
atraerlo a sus filas; tambin dice que se prevea que, en caso de quedar en minora, Ghioldi abandonara el
PS. Adems del elegido Mir, se haban propuesto otros nombres del interior para presidir: Isidro Lpez, de
San J uan; Renato Della Santa, de Mendoza; Pedro Soria, de Santiago del Estero, pero todos renunciaron a la
nominacin. Mir, que se declar prescindente en el conflicto interno, fue elegido, aunque con muchas
abstenciones; reflejando el clima reinante, al ser consagrado presidente agradeci con irona al decir he aqu
a la vctima, no s si agradecer mi designacin como un homenaje a favor, o como un homenaje en contra,
ver LV 17-7-58 , El clima de violencia reinante oblig a clausurar el Congreso Socialista. Tambin, LN 11-
7-58 y12-7-58, El congreso de los socialistas; LV 17-7-58, El clima de violencia reinante oblig a
clausurar el Congreso Socialista. Los cargos quedaron distribuidos as: Presidente, D. Mir -Chaco,
independiente-; Vice 1, J . Rozas -Bs. As.-, derecha; Vice 2, M. vila Crdoba-, derecha-; Secretarios:
O. Daz -Tucumn-, derecha, y B. Movsichoff -San Luis-, derecha. Las 6 Comisiones, con una
conformacin ms equilibrada entre las lneas internas, fueron: 1- Informes del CE y del CN; 2- Comisin de
Prensa; 3- Reforma de la CO; 4- Situacin poltica y gremial; 5- Entidades de colaboracin; 6- Asuntos
generales.
71- ambos grupos extremos prevean que los resultados de la votacin sobre la reforma de la CO indicaran,
adems, cul era el sector con mayores posibilidades de ganar las prximas elecciones internas; pero adems,
la reforma o no de la CO, incida directamente sobre esas elecciones ya que si se hacan con el actual estatuto,
era probable que el ghioldismo conservara su preeminencia en el prximo CEN; en cambio, si se aprobaban
las reformas propuestas, era el ghioldismo quien sentira amenazadas sus fuentes de poder: una Comisin de
Prensa sin autonoma, un CN ampliado con representantes de las Federaciones, prdida de control de los
bienes partidarios. Adems, no se descartaba la puesta en marcha de mecanismos disciplinarios que
terminaran en expulsiones.
72- Ravina agreg que, adems, a causa de la lnea adoptada, LV haba perdido una gran cantidad de
suscriptores. La izquierda le respondi diciendo que el peridico haba perdido a sus suscriptores
reaccionarios, que ahora compraran Afirmacin. Realmente, LV haba pasado de una tirada de 250.000
ejemplares en 1955, a 55.000 en julio de 1958; tambin es evidente que una parte de sus lectores ms
frreamente antiperonistas no necesariamente socialistas- dejaron de comprarla cuando Ghioldi dej de ser
su director. Por otra parte, desde que Alicia Moreau era la directora, el administrador y otros funcionarios
ligados al antiguo director, realizaban diversas maniobras tendientes a obstaculizar la edicin del peridico
(entre ellas, y no la nica, el retaceo del papel), ver PS- Mesa Ejecutiva del Comit Ejecutivo Nacional,
Mensaje a los Compaeros Socialistas, 1958 (se supone que el documento fue redactado por R. Muiz, H.
113
Iigo Carrera y A. Moreau), ver tambin LV 17-7-57, y ver nota 67. Finalmente, el informe de la directora de
LV fue aprobado por el Congreso (en realidad, ste fue el nico informe que pudo ser sometido a votacin).
73- los renovadores fueron acusados de permitir que las J J SS celebraran sus propios congresos, y que se
les permitiera realizar actos, como el celebrado en la Casa del Pueblo, con la presencia del Secretario Muiz,
en apoyo de los municipales en huelga (y en contra de Prez Leirs). Otras acusaciones hacan referencia a
maniobras de la izquierda vinculadas con afiliaciones recientes y creacin artificial de centros
mediante desdoblamientos, afiliaciones prematuras o artificiales.
74- Dobarro sostuvo que las divergencias en el CEN partan, o reflejaban, las existentes en la base del Partido;
fue al hacer referencia a la huelga de los municipales, cuando dijo que algunos afiliados deberan irse del
Partido.
75- la decisin de forzar el tratamiento de la CO, y la previsin respecto de las prximas elecciones internas,
pueden explicarse por la comprobacin que la misma izquierda haba hecho en el Congreso: sus clculos
sobre la cantidad de delegados adictos se haban visto alterados cuando algunos, como el mismo Daro Mir,
cambiaron de posicin. El diario LR interpret el episodio Mir como un triunfo de Ghioldi, quien habra
logrado fracturar, o quitar apoyos, a los renovadores, asustando a los delegados con las posiciones
radicalizadas de la izquierda, o simplemente, con el riesgo de la divisin del Partido. Para ellos, la opcin
parece haber sido: nueva CO, o fractura del PS.
76- al grito de traidores le sigui el volar de una silla, desde la barra al recinto de deliberaciones, ver LV
17-7-58, LN y LR del 14-7-58. El episodio es relatado por casi todos los entrevistados (H. Gambini, B.
Balv, O. Troncoso; J. Constenla, y otros). As como las agresiones que se produjeron en los comienzos del
Congreso el caso J uanco- parecen haber partido del ghioldismo, algunos entrevistados aseguran que el
vuelo de la silla que precipit el final, provino de los jvenes. Lo ms probable es que calificativo
traidores haya estado dirigido a los moderados (por haber conciliado con el ghioldismo).
77- Palacios sostuvo que ha faltado reflexin, tolerancia y comprensin hacia la juventud; y explica que,
si alguna vez exagera est movida por un ideal generoso, y compara las actitudes de los jvenes con sus
propias experiencias juveniles de desencuentro con la direccin del PS. El cronista de LR opina que el
Congreso termin de este modo porque la derecha demor demasiado en dar la batalla ideolgica, y porque
Ghioldi -conciente de la debilidad de la derecha-, se mostr conciliador, al punto de estar dispuesto a aceptar
algunos cambios en la CO; a su vez, los sectores extremos de la lnea de izquierda habran decidido forzar
la divisin, presionando a quienes slo eran centristas, como Palacios y Moreau. El cronista opina que los
moderados los habran dejado hacer porque servan a sus propsitos de batir al ghioldismo y porque
pensaban que muy difcilmente el Congreso aceptara todas las reformas y medidas que ellos impulsaban;
entre estas medidas figuraba la puesta en consideracin de 26 expulsiones; los moderados suponan que el
Congreso poda llegar a aceptar la expulsin de Prez Leirs, pero nunca, por ejemplo, las de Repetto y
Oddone que tambin figuraban en la lista, ver PS, 44 Congreso, Informes y Cuaderno de
Proposiciones, 1958. Por su parte, P. Verde Tello (1963:15-19), dirigente ghioldista de la provincia de
Buenos Aires, en el Congreso estaba latente un problema doctrinario; cree que, como la mayor parte de los
delegados, no responda a la mayora del CEN, sus adherentes provocaron los tumultos que llevaron a la
disolucin del Congreso.
78- LN 14-7-58.
79- LN 15-7-58, Fue ocupada la sede socialista. Tom la J uventud el Comit Central y la Casa del Pueblo
(en la nota se adjudica el hecho a la mayora de los representantes de la J uventud, adicta al Dr. Palacios). El
hecho tambin es relatado por casi todos los entrevistados.
80- las reuniones del CEN se realizaron en los domicilios de Palacios y de Muiz, y el comunicado
correspondiente fue entregado a la prensa por A. A. Latendorf , ver LN 16-7-58, Ha hecho crisis la situacin
en el socialismo. Los separados del CEN eran Nicols Repetto, J acinto Oddone, Andrs J usto, Amrico
Ghioldi, J uan A. Solari, Manuel Besasso, Teodoro Bronzini, Arturo Ravina, adems de los suplentes Enrique
Corona Martnez, J os Soria, J os Pflejer, J os L. Pena, Luis Pan y J ernimo Della Latta. Parece que
Palacios, nuevamente se limit a facilitar el local, ya que no firm las separaciones, ver LN 16-7-58,
Posicin del Dr. Palacios.
81- PS- CEN, Resolucin del CEN del PS del 15-7-58; PS- CEN, Comunicado de Prensa, Bs. As., 18-7-58
(informa sobre la disolucin de 20 centros de la Capital); PS- CEN, Disolucin de la Junta Ejecutiva de la
Federacin Socialista de Tucumn; PS-CEN, Disolucin de la Junta Ejecutiva de la Provincia de Buenos
Aires; adems ver LN 16-7-58;19-7-58; 20-7-58; 21-7-58 (siempre bajo el ttuloLa crisis en el socialismo).
En Afirmacin n 36, 29-7-58, el ghioldismo repudia la decisin de la mayora accidental del CEN que
declar caducos los mandatos de la J unta Ejecutiva de la Federacin Bonaerense; la considera
114
antiestatutaria y antidemocrtica, y en consecuencia, la desconoce; adems, reproduce una gran cantidad
de adhesiones recibidas.
82- LN 7-8-58. Conviene recordar que, antes de la ruptura, en la Comisin de Prensa, los suplentes -salvo
Repetto- respondan a la mayora, mientras que en el CEN, los suplentes eran adictos a la minora y por
eso fueron expulsados junto con los titulares.
83- Palabras del Dr. R. A. Muiz a los escuchas de Radio Splendid el 17-7-58 (el texto completo fue
publicado por LV 24-7-58. Entre los ttulos aparecidos en esos das en LV: El socialismo llama a sus filas al
pueblo trabajador, Socialismo, La clase trabajadora debe estar alerta, ver tambin P. Verde Tello
(1963.).
84- LN 17-7-58, La crisis en el seno del Partido Socialista. Los dirigentes ghioldistas hicieron llegar a la
prensa un comunicado en el que afirmaban no haber sido convocados a la reunin del 15 de julio, y que han
sido eliminados sin haber sido escuchados; firman la declaracin: N. Repetto, A. Ghioldi, J . A. Solari, E.
Corona Martnez, M. Besasso, J . Oddone, A. Ravina, T. Bronzini, J . Soria, A. J usto, J . Pfejer, J . L. Pena, L.
Pan y J. Della Latta.
85- el Congreso del PSA Secretara Oddone o Solari se reuni en la Capital, el 22 y 23 de noviembre de
1958, ver LN 22-7-58, La escisin del Partido socialista. Expulsaron de la agrupacin a la minora del
Comit; LN 30-7-58, Partido Socialista.
86- LN 1-8-58 ,El pleito socialista. Una conferencia, y tambin LN 14-7-58.
87- LN 24-7-58, La crisis en el Socialismo. Durante el perodo de reacomodamiento, las Federaciones no
actuaron en bloque sino que ms bien ocurra que sus centros adheran a alguno de los dos nuevos Comits
Ejecutivos, y a nivel regional a la J unta de su Federacin o a la Comisin Administrativa Provisoria, en el
caso de que hubiese sido intervenida, ver LN 29-7-58, Se perfecciona la divisin; LN 1-8-58, Partido
socialista. Adhesiones a un comit; LN 2-8-58 ,La crisis del socialismo. Asaltan la sede cordobesa; LN 4-
8-58, La escisin del socialismo. El juez electoral orden la clausura del local de La Plata. Varios meses
despus, en LN 14-2-1959, se ubica el origen del problema socialista en la etapa peronista, y se lo analiza
como conflicto entre generaciones, surgido cuando cado el peronismo, se les habra presentado el dilema
de hasta dnde seguir a las masas obreras ahora devenidas peronistas; a partir de all, se habran perfilado
dos sectores en pugna dentro del PS: uno marcadamente antiperonista y favorecedor de alianzas con partidos
burgueses, y otro de filiacin obrera y antiburgus; el articulista compara la divisin en el PSA con la
producida en el PS Italiano, entre la fraccin de Giussepe Saragat (socialdemcrata) y la de Pietro Nenni
(socialista, con cierta cercana con el comunismo), ver cap. 2, nota 24. Muchas veces, las listas de adhesiones
a una y otra Secretara eran reproducidas por la prensa de circulacin nacional.
88- LV 4-11-58, informa que el PS Secretara Muiz recibi 141 solicitudes de afiliacin, y el Consejo
Central de las J uventudes, 200 jvenes de entre 13 y 18 aos-; cuando se menciona la afiliacin de
trabajadores, se suele indicar el oficio.
89- LV 28-8-58 publica el siguiente cuadro (referido a los centros partidarios):
Con CEN En contra del CEN Sin definicin
Capital 14 19 -
Bs. As. 40 47 41
Crdoba 15 20 -
E. Ros 8 1 -
Formosa 1 - -
La Pampa 6 - -
Mendoza 19 - -
Misiones 5 - -
Neuquen 3 - -
Ro Negro 9 2 -
Salta y J ujuy 4 - 1
San J uan 18 - -
San Luis 1 - -
Santa Fe 20 3 2
S. del Estero 10 - -
Tucumn 6 14 -
Catamarca - - -
Corrientes - - -
Chubut - - -
115
178 106 44
Es de hacer notar que aqu se cuentan 328 centros, mientras que en ocasin del Congreso de 1957, se hablaba
de 234. Tal vez la diferencia se deba a que algunos centros se hayan dividido, o a que hayan sido creados
otros nuevos. El tema de los nuevos centros, y el de su adecuacin estatutaria, fue uno de los temas
conflictivos al comenzar el Congreso de 1958. Ver tambin, Declaracin de los Representantes de todas las
Juntas de Distrito producida el 17-8-58-, que consideraba irreversible la divisin del Partido y aprobaba
todo lo actuado por el CEN, en particular las resoluciones tomadas a partir del 15 de julio de 1958, y PS- CEN
Comunicacin a los Secretarios de las Federaciones, 30-9-58, firmado por el Secretario Muiz. Las cifras
son corroboradas, en trminos generales, por los testimonios (O. Serrat H. Gambini, V. Garca Costa, y
otros).
90- los principales dirigentes del PSA eran A. Palacios, R. Muiz, E. Carreira, J . L. Romero, E. Tieffenberg,
L. Luna, A. Moreau y R. Muiz -que continu en el cargo de Secretario General-; otros, que cobrarn
creciente importancia: A. Latendorf, E. Rando, M. Dobarro, Enrique Hidalgo, R. Monner Sans, Pablo
Giussani, entre otros. El PSD tendr entre sus principales dirigentes a N. Repetto, A. Ghioldi, J . Oddone, J . A.
Solari elegido Secretario General-.
91- LV 24-7-58, El CE Nacional y LV reciben las adhesiones del PS, y Consider el CE la actitud de dos
J untas Ejecutivas; PS-CE- Declaracin del 21-7-58 La situacin de los ex miembros del CE.
92- en LV 31-7-58, La Declaracin de principios y los libertinos encapuchados, David Tieffenberg ya
comparaba a la ex minora con el PS Independiente, liderado Antonio Di Tomasso y Federico Pinedo,
cuyos cuadros se incorporaron a los gobiernos conservadores en la dcada del treinta, ver tambin Opina M.
Dobarro (Dobarro era el Secretario de la Comisin Administradora Provisoria de la Federacin de la
Capital). Repetto pronunci su conferencia el 2-8-58, y fue reproducida por Afirmacin n 38, 12-8-58. La
respuesta de la Secretara Muiz, que apareci en LV 14-8-58, El CE del PS contesta falsos cargos, hace
una serie de cargos al ghioldismo, entre ellos: sostener tesis liberales en lo econmico; mantener una
posicin hostil hacia las huelgas y ante la movilizacin de los huelguistas, y en general un tono despectivo
hacia los trabajadores por ejemplo, referirse a la masa los negros del norte, cuando eran examinadas
fichas de afiliacin provenientes del Chaco o San J uan-; desarrollar contactos con fuerzas reaccionarias;
consentir incompatibilidades que no deben tolerarse en un partido socialista -entre gestin capitalista y
representacin gremial, u otras de carcter tico, como las relativas a vinculacin de intereses entre
dirigentes; sobre este ltimo punto, los entrevistados coinciden en que se aluda a afiliados que haban
realizado cierto tipo de negocios inmobiliarios el ms sonado sera el de Prez Leirs, en Crdoba-; ver
tambin LN 15-8-58.
93- LN 15-8-58 y Comunicado de Prensa del CEN del PS, Discursos pronunciados en el acto del PS, jueves
14, 19 hs., y tambin LV 21-8-58. En ese acto, Palacios habl de la pasada tirana y de los intentos de
golpe de estado que ya acosaban al presidente Frondizi -a quien, a la vez, critic duramente por su poltica
econmica. El Secretario Muiz, denunci al ghioldismo por la actitud expulsora respecto de los jvenes y
por la aversin que mostraba hacia los trabajadores: presentndose como el reverso de esa actitud, dijo que
su sector siempre haba buscado incorporarlos, sin preguntarles por sus ideas polticas anteriores y
celebrando su presencia en el Partido aunque sean negros. Latendorf dijo que, una vez desprendidos de la
infiltracin conservadora y del gremialismo amarillo al estilo Prez Leirs, trabajaran por la unidad de la
clase obrera, e inscribi su discurso en la Declaracin de Principios y en una lnea de dirigentes tales como
del Enrique del Valle Iberlucea, J ulio V. Gonzlez, Leonilda Barrancos, Mario Bravo y Alfredo Palacios; a
los socialistas de Ghioldi, lo identific con el liberalismo manchesteriano y los aristcratas, y los ubic
junto a Federico Pinedo y Antonio Di Tomasso.
94- Ghioldi haba dicho en ms de una oportunidad, que el socialismo no necesita profesar adhesin a
ningn sistema filosfico; la izquierda socialista, en cambio sostena la continuidad entre el socialismo
cientfico y el pensamiento de J . B. J usto; adems, criticaba a Ghioldi porque reemplazaba al socialismo por
una vaga solidaridad, y en vez de la anttesis burguesa-proletariado, planteaba la oposicin masa-
pueblo a la primera la desprecia, y se erige en intrprete del segundo-. Segn Isidro Lpez dirigente de la
izquierda, de la Federacin de San J uan-, ese tipo de pensamiento acercaba a Ghioldi a los radicales que
hablaron del aluvin zoolgico, y aleja a los trabajadores del PS.
95- uno de los litigios estaba referido a los apoderados del PS ante la J usticia Electoral; hasta el momento
de la divisin, esa funcin recaa en J os Pleger y Enrique Corona Martnez, ambos ghioldistas; luego, la
Secretara Muiz comenz los trmites para reemplazarlos por David Tieffenberg y Emilio Carreira uno
116
cercano a la izquierda, y el otro a los moderados-. Por otra parte, LV 21-8-58 informa sobre los
pronunciamientos que van produciendo los centros y las federaciones; en la reunin realizada el 16-8-58, se
encontraron el CEN y los delegados de las J untas de Gobierno de las Federaciones que, enteras, haban
permanecido en la Secretara Muiz, y tambin las comisiones provisorias de la federaciones intervenidas
es decir, las que se dividieron-; en esta ltima categora figuraban las Comisiones de Buenos Aires
(Echeverra, H. Vila Pl, R. Ivine, C. Rotundo, D. Pastore), Capital (M. Dobarro, A. Varela, L. A.
Bergozelli, G. Bianchi), Crdoba (S. Gobatto, M. Calvo, P. Daz Martnez), Chaco (E. A. Siri), Tucumn (C.
Roldn), Santiago del Estero (R. Soria), Entre Ros (J . J . Miranda, O. C. Cito), La Pampa (H. Deballi, O.
Maraschini), Mendoza (J . Egea), Ro Negro y Neuquen (P. Schapira), San J uan (I. Lpez), Santa Fe (J .
Brailovski, A. Gabeta) la de Misiones no pudo viajar. Tambin particip de la reunin, el CCJ J SS; cabe
recordar que la J uventud tambin haba sufrido una escisin, y que una parte de ella numricamente menor-
permaneci ligada al ghioldismo; la escisin haba quedado prefigurada cuando en algunos centros, sobre todo
de la Capital, se haba constituido la Liga J uvenil Socialista, ver PS-CE Mensaje a los compaeros
socialistas, 1958.
96- en una operacin que se parece bastante a la que luego hara la J uventud Peronista con Pern, se hablaba
del verdadero J . B. J usto y se criticaba a quienes, dicindose sus herederos, eran liberales en lo
econmico y conservadores en lo social. Estos cursos fueron consagrados a la memoria de J ulio V. Gonzlez
que haba muerto en noviembre de 1955-; la clase del primer da fue dictada por D. Tieffenberg, y tanto en
sta como en las seis restantes, se repas la Historia del Socialismo, ver LV 11-11-58, Con un gran acto se
anunciaron los cursos de capacitacin doctrinaria. D. Tieffenberg, era un dirigente de edad mediana,
abogado de varios sindicatos, y fue el principal apoyo de los jvenes izquierditas para su avance dentro del
aparato partidario en esta nueva etapa; segn diversos testimonios(H. Gambini, S. Colabella, J. C. Marn),
para los jvenes, l representaba una lnea de continuidad con el viejo PS.
97- LV 14-8-58, Democracia a cuartelazos, Declaracin del CEN del PS-Secretara Muiz, en contra de los
intentos de revuelta militar, y Declaracin del CE, Ningn socialista participa en conspiraciones, en la que se
afirma que H. Sueldo de la J unta Nacional de la Democracia Cristiana- denunci un intento de derrocar al
gobierno y mencion la existencia de reuniones secretas a las que asistieron dirigentes radicales,
conservadores, socialistas y nacionalistas; el CE consideran que se trata de acusaciones injuriosas y que, en
el caso de que alguien se hubiese presentado en esas reuniones como socialista, sera repudiado por el Partido,
ver tambin R. Potash (1981: 385-390).
98- CE- PS, Declaracin del CE sobre la reglamentacin del art. 28, 27-8-58. Este tema, que vena siendo
objeto de tratamiento desde el momento mismo de la sancin del Decreto-Ley, en 1955, por parte de los
peridicos juveniles -Futuro Socialista y Reforma-, tal vez haya sido uno de los pocos temas en los que,
despus de 1955, todos los socialistas -jvenes y viejos, ghioldistas y antighioldistas- haban coincidido.
99- LV 4-11-5, reproduce la declaracin del CEN, que se pronunciaba por la anulacin de los contratos
petroleros. El 11 de noviembre de 1958, once das despus de que la huelga comenzara y fuera declarada
ilegal, el gobierno decret el Estado de Sitio en todo el territorio nacional; este decreto fue seguido luego por
otras disposiciones que lo prorrogaban y completaban: el 14 de noviembre, se dict un decreto secreto,
referido a la declaracin del Estado de Conmocin Interna del Estado -el Plan Conintes, recin fue
oficialmente decretado el 15-3-60-, ver D. James (1992:147), R. Ortega Pea y L. E Duhalde (2002), R.
Potash (1981:393-396) y C Szusterman (1997: 205)). LV y especialmente la revista Sagitario -dirigida por C.
Snchez Viamonte-, llevaron adelante una intensa campaa denunciando el Estado de Sitio; si bien no era
rgano oficial del PSA, Sagitario expresaba, desde antes de la divisin del PS, las posiciones del sector
moderado.
100- LV 23-12-58, menciona a los abogados socialistas que, por la Secretara Gremial, atendan en el local de
Sarandi 56: A. Austerlic, R. Pastorino, E. Semn, R. Lordi, E. Hidalgo, y por correspondencia, D. Tieffenberg
que, a la vez, era asesor legal del sindicato de los Empleados de Comercio.
101- LV 11-11-58, En defensa de la huelga petrolera; PS-CE, Comunicado de Prensa, Declaracin del PS
sobre el actual momento poltico argentino,13-11-58: en este comunicado se repudian los motines militares y
los golpes de mano palaciegos de quienes no respetan la voluntad popular expresada en el sufragio, y se
reclama que la suspensin del Estado de Sitio. En LV 18-11-58 se reproduce la Declaracin del CEN del PS
El socialismo ofrece una solucin: que el gobierno rectifique toda su poltica, y Posicin de profesionales
universitarios de YPF frente al problema del petrleo. Adems hay numerosas referencias al Estado de Sitio
y se informa sobre el levantamiento de la huelga por parte del SUPE (sindicato petrolero nacional); en Basta
de confusiones, el peridico socialista se pregunta sobre qu prometi el gobierno a las 62 Organizaciones,
para que decidieran levantar el paro general que haba sido programado para los das 20 y 21, en apoyo de los
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petroleros; en realidad, el paro fue inicialmente saboteado por el peronismo que, en esos momentos, an no
haba roto con el gobierno y, en cambio, haba recibido con agrado la sancin de la ley de Asociaciones
Profesionales y buscaba obtener los beneficios prometidos por la poltica de integracin; luego, cuando
Pern orden denunciar los contratos petroleros, las 62 convocaron a un paro que finalmente no
concretaron. Por entonces, en el campo gremial, existan las 62 peronistas-, los 32 -democrticos o
gorilas-, y tambin los 19 , que agrupaban a los Independientes y a los comunistas; los comunistas ya
haban abandonado las 62 -que haban contribuido a formar-, cuando el peronismo, fortalecido, les fue
reduciendo el espacio, ver M. Cavarozzi (1979: 9 ), y tambin J. Godio (1991). El PSA critica a los dirigentes
peronistas, en los que ya es visible la tendencia a la integracin frondizista.
102- ver la pgina gremial de LV 7-8-58,14-8-58, 21-8-58, en la que se Para ello, se convoca la celebracin de
conferencias nacionales de gremialistas y a iniciar cursos de capacitacin sindical. En LV 28-8-58, Se
reorganizan todas las agrupaciones Socialistas de Oficios, se mencionan los gremios donde stas ya existen:
ferroviarios, periodistas, bancarios, madera, textiles, petroleros, caucho, portuarios, martimos, canillitas,
plstico, calzado, jaboneros, gastronmicos, vidrio, vitivincolas, grficos, msicos, actores, alimentacin,
telegrafistas, papel, qumicos, cerveceros, personal aeronutico, peones de taxis, fideeros, telefnicos,
aceiteros, personal del estado, peluqueros, fotgrafos, panaderos, enseanza privada, industria
cinematogrfica, aguas gaseosas, correos y telecomunicaciones, empleados de comercio; tambin se informa
el 18-8, se realiz la asamblea que dej constituida la Agrupacin Socialista Municipal. En el mismo nmero,
se el CEN convoca a Conferencia Nacional de Gremialistas, para los das 4 y 5 de octubre, en la Casa del
Pueblo, con el siguiente temario: 1- situacin obrera del pas; 2- posicin de los gremialistas frente al tema del
salario y la caresta, huelgas, CGT, legislacin obrera, leyes represivas, Ley de Asociaciones Profesionales,
afiliacin y cotizacin obligatorias; 3- consideraciones sobre el artculo de la CO que corresponde a la
Secretara Gremial (la nota afirma que la separacin del sector liberal, permitir un mejor tratamiento de
este temario). Sin embargo, del artculo se desprende que no haba unanimidad respecto de si se creara una
Secretara Gremial dependiente del CEN-, o si simplemente se revitalizara la Comisin Socialista de
Informacin Gremial (CSIG); antes de 1934-35, la CSIG y las Comisiones de Oficios, mantenan cierto poder
dentro del PS: eran autnomas respecto de los Centros y del mismo CEN, ya que elegan sus autoridades;
despus de esa fecha, las Comisiones de Oficios fueron disueltas, y los militantes remitidos a los respectivos
centros barriales; los miembros de la CSIG pasaron a ser elegidos por el CEN, y no tenan presencia en l.
Ahora, se intentaba volver a dar vida a esos organismos, pero todo indica que haba cierta resistencia a
devolverles autonoma. Tal como acusaban los ghioldistas, estas propuestas eran semejantes a las de la
izquierda partidaria que entonces diriga B. Marianetti; como uno de los aspectos de esta propuesta inclua la
prdida de autonoma de las Comisiones de Oficios y de la CSIG, a manos del CEN-, la mayor parte de los
dirigentes sindicales que, en trminos generales, simpatizaban con la izquierda, finalmente no la apoyaron en
los congresos de 1934 y 1935. De todos modos, cuando la izquierda fue derrotada, los derechos de las
agrupaciones gremiales fueron suprimidas por los triunfadores el sector liderado por Repetto y Ghioldi-, ver
M. C. Tortti (1989 a y b).
103- LV 14-11-58 , L. Luna nos habla de la reforma del Estatuto Partidario . En este tema conviene tener
en cuenta, adems, que las diferencias entre la lgica gremial y la lgica poltica suelen producir
desencuentros y conflictos, como lo muestra la misma historia del PS (y la historia del movimiento socialista,
a nivel internacional). En este caso, los dirigentes gremiales formados en la autonoma de su mbito
especfico, la valoraban, aunque a veces criticaran los excesos a los que haba dado lugar. Por otra parte,
como gran parte de los afiliados del PSA, los dirigentes gremiales, aunque apoyaran las huelgas y se
solidarizaran con los obreros peronistas perseguidos, seguan siendo antiperonistas. Debe tenerse en cuenta,
tambin, que eran ellos los que trataban con los peronistas reales y no los jvenes que tendan a
idealizarlos. Todos estos problemas se vern un poco ms adelante, cuando las directivas emanadas del
CEN impulsen una lnea de trabajo gremial que, para muchos dirigentes sindicales, resultara demasiado
izquierdizada y peronizada.
104- en la reunin original del 44 Congreso, en julio, se haba estimado la presencia de unos 300 delegados;
ahora, despus de la divisin, el PSA cuenta con unos 250: esto hablara de la relativa fortaleza con que
emergi la Secretara Muiz, aunque es difcil comprobarlo. En sus crnicas, LV destacaba que entre los
delegados haba tanto jvenes como viejos militantes. Por su parte, el otro sector socialista -la Secretara
Solari, o PSD-, casi simultneamente realiz su propio Congreso; segn Afirmacin n 53, 25-11-58, se
celebr en la ciudad de Buenos Aires, bajo la presidencia de Daro Mir, quien haba cumplido esa misma
funcin en el malogrado Congreso de julio, en Rosario; este congreso decidi que el an PS -Secretara Solari
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designara un CEN provisorio, cuya misin principal consistira en llamar a elecciones para renovar
autoridades de acuerdo con la CO vigente.
105- el relato de las sesiones del Congreso, puede leerse en las notas deLV 25-8-58: El Congreso Socialista
de Rosario, Mantener el Partido libre de toda clase de compromisos, afirma R. A. Muiz , Discurso de A.
Moreau de J usto, Por unanimidad se dio carcter irrevocable al proceso de divisionista del Partido . Para
presidir las sesiones tambin haban sido propuestos Palacios y Luna, pero ambos declinaron sus candidaturas
a favor de A. Moreau. En Comisiones del Congreso, se detalla la composicin de las mismas: Comisin 1-
Informe del CE y del Consejo Nacional; el representante del CE fue E. Carreira, y entre los integrantes figura
R. Monner Sans; Comisin 2- Prensa: representante de la Comisin de Prensa, A. Latendorf ; Comisin 3-
Reforma de la CO: representante del CE, Muiz, y entre los miembros, E. Hidalgo; Comisin 4- Poltica y
Gremialismo: representantes del CE, H. Iigo Carrera, y entre los miembros, J. L. Romero y D. Tieffenberg;
Comisin 5- Entidades de Colaboracin: representante del CE, D. Tieffenberg; 6- Comisin Asuntos Varios:
representante del CE: C. Snchez Viamonte; Comisin 7- Asuntos Internacionales: representante del CE, E.
Carreira; Comisin 8- Agraria: representante del CE, A. Palacios (en algunos casos en que se menciona a
algunos de los integrantes de las comisiones, se lo hace para mostrar cmo se distribuyeron en las Comisiones
los integrantes de la izquierda que no contaban con ninguno de sus hombres en el CEN-. Debe recordarse
que el actual CEN actuaba desde fines de 1956, y corresponda que el interrumpido Congreso de julio de
1958, evaluara su desempeo, y despus del Congreso, deba abrir el proceso eleccionario para renovarlo; los
sucesos de julio impidieron que esto se concretara. En LV 25-11-58, Informe del CE, se lee se aprobaron
las resoluciones del CE constituido el 26-11-56, en particular, se destacan: a- haber aplicado el 15-7-58, el
acuerdo del 43 Congreso (Crdoba, 1957), por la cual el CEN qued integrado con A. Palacios, A. Moreau
de J usto, H. Iigo Carrera, E. Carreira, D. Tieffenberg, J . L. Romero, M. L. Berrondo, L. Luna, C. Snchez
Viamonte y R. Muiz; b- la ratificacin, hecha el 21-7-58, de la separacin por propia voluntad de J .
Oddone, A. Ravina, A. J usto, J . Solari, N. Repetto, J . E. Soria, L. Pan, E. Corona Martnez, J . Pflejer, T.
Bronzini, M. Besasso, A. Ghioldi y J . L. Pena; c- la disolucin de las J untas Ejecutivas de las Federaciones de
Capital, Buenos Aires, Crdoba, Tucumn y Chaco, y la separacin del PS de sus integrantes; d- denunciarlos
pblicamente por la divisin del Partido.
105- segn el nuevo art. 30 de la CO, el CN estara constituido por 12 miembros titulares y seis suplentes
todos elegidos por voto general de los afiliados-, ms dos representantes designados por cada Federacin,
ver LV 2-12-58 y PS- 44 Congreso Nacional, Informes Complementarios, noviembre 1958. El 27 de
noviembre, el viejo CEN convoc a todos los centros para que den comienzo al proceso eleccionario; dicho
proceso se iniciara en la asamblea extraordinaria primaria- que cada centro celebrara el 26 de
diciembre; de ella podran participar todos los afiliados con al menos seis meses de antigedad; luego de
cumplirse todos los pasos (ver Nota Suplementaria del cap. 2), el voto general de los afiliados seleccionara
a los 12 titulares y 6 suplentes (antes de esta reforma, el CEN constaba de 17 miembros titulares, y sus
suplentes); posteriormente, se incorporaran los dos que enviara cada Federacin.
106- con tal objetivo fue creada una Comisin de Actualizacin del Programa. Otras resoluciones estaban
referidas a: prohibir a los afiliados concertar alianzas polticas, aceptar cargos en el gobierno u otras
instituciones si en ellas se contraran principios socialistas; llamar al Partido a los ex afiliados -o los
actualmente desorientados por la divisin-; prorrogar los mandatos de los actuales miembros del CEN y del
resto de las autoridades partidarias, por un mximo de seis meses, dentro de los cuales se realizarn las
elecciones, de acuerdo con la CO reformada; iniciar trmites para obtener la transferencia, a nombre del PS,
de los bienes inscriptos a nombre de la S.A. La Vanguardia o de terceras personas, ver PS, XLIV Congreso
Nacional (32 Ordinario), Informes Complementarios,1958 y, PS, Resoluciones y Declaraciones del XLIV
Congreso Nacional (XXXII Congreso Nacional Ordinario) del PS, 1958.
107- en LV 25-11-58, Mensaje socialista a los trabajadores- Declaracin Poltica del 44 Congreso del PS
(el documento, adems dice PS as siguen denominndose a s mismos- no depende de intereses extraos,
ni del capitalismo ni de la URSS), y Los trabajadores deben superar disidencias y reencont