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Quizs uno de los factores que ms determinan la actuacin
sobre patrimonio cultural sea la actitud que mantenemos hacia el
pasado y sus restos. El vertiginoso proceso de desarrollo de este
siglo ha dejado obsoletos modos de vida y costumbres que se
haban mantenido durante siglos, pero, sobre todo la defensa de
la modernidad haca que cualquier acercamiento hacia el pasado,
cualquier intento de recuperacin pareciese retrgrado. El pasa-
do era un obstculo a superar.
Nuestra actitud actual no es ms que una reaccin ante la destruc-
cin sistemtica de testimonios etnolgicos y arquitectnicos, a los
que se negaba valor alguno. Ahora, enfrentados ante la rpida de-
saparicin de gran parte de nuestro patrimonio cultural nos para-
petamos tras una actitud conservadora a ultranza: el factor tiempo
pasa a ser algo primordial, independientemente del valor intrnseco
del objeto o edificio. El patrimonio se ha conver tido en algo a
mantener obligatoriamente incluso forzando su readaptacin.
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Patrimonio Cultural
y Reutilizacin
Carmen Guerra de Hoyos
Arquitecta
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Pese a ello no nos sentimos ms cercanos que antes
al pasado, el nuestro es un mundo completamente di-
ferente del que alumbr esos restos. El respeto con
el que le tratamos ahora le confiere un carcter de
inviolabilidad y de lejana que hace an ms profundo
el abismo que nos separaba de lo inmediatamente
anterior : nos acercamos a palacios e iglesias adapta-
dos a otros usos que nos hablan de cmo han sido
otras pocas y que reflejan un vvido contraste con
nuestro presente.
Pero somos realmente nosotros tan diferentes de
otras pocas en los que se refiere a actuacin sobre
patrimonio? Hace cuarenta o cincuenta aos subsista
an la consciencia de ser herederos de los vestigios
del pasado y que, como nuestros, eran susceptibles de
modificacin o abandono. Cuando algo dejaba de ser
til se readaptaba, se reconvertan y cuando eso ya no
era posible se recogan sus restos y con ellos se edifi-
caba algo nuevo. Esta cultura de la apropiacin, en la
que algo, si quiere sobrevivir ha de tener algo que
ofrecer y ceder algo de su integridad para poder man-
tenerse en pie. El valor cultural est ah mientras el
patrimonio genera un uso fr til, una ocupacin rica,
no se convier te en un monumento del pasado sino
que sigue vivo dentro de nuestro presente.
Esta ocupacin dilatada en el tiempo hace que la ma-
yora del patrimonio que nos queda sea reflejo de mu-
chas actuaciones a lo largo de su historia particular, di-
ferentes si tuaci ones super puestas en el mi smo
soporte. Conservar una de ellas obliga al compromiso
de una eleccin que, por muy cientfica y objetivamen-
te que se haga, conlleva la destruccin de otros estra-
tos testimoniales. La riqueza del patrimonio cultural
entraa una multiplicidad de lecturas e interpretacio-
nes. Las actuaciones sobre patrimonio podran enten-
derse como otro paso en su historia particular, de ma-
nera que se inserte en su evolucin como otra etapa
de nuestro presente. Quizs, absortos en la tarea de
conser var el patrimonio, perdimos algo que resulta
ms importante que los mismos restos: cmo vivir en
dilogo con l, dejando que nos enriquezca sin impe-
dir que formulemos nuevas propuestas que respon-
dan a nuestro modo de vida, permitiendo cruces, me-
diaciones y contaminaciones entre pasado y presente.
Un ejemplo de la riqueza que puede producir esta ac-
titud hacia el patrimonio cultural es el de San Miguel
de la Brea. Se trata de un asentamiento original de
posible santuario, del que se mantienen la iglesia y el
pozo santo, transformado tras la desamortizacin en
explotacin agraria y molino de aceite. El anlisis de
este conjunto, donde se mezclan restos arqueolgicos,
etnolgicos y arquitectnicos de diferentes pocas re-
vela espacios que no habran surgido sin la ocupacin
sucesiva de un mismo soporte edificatorio.
Creemos que el asentamiento religioso original esta-
ba enmarcado por el cerramiento actual en su mayor
parte, puesto que grandes zonas del mismo son ori-
ginales, incluyendo la situacin de la entrada princi-
pal. La edificacin deban estar adosada a estos mu-
ros, en una ancho de una a dos crujas de unos cinco
metros cada una. Los otros elementos del santuario
que permanecen son l a i gl esi a, el pozo santo y l a
fuente de San Miguel.
La primera operacin que sufre el conjunto en su
adaptacin a explotacin agraria es la transformacin
de la iglesia en vivienda del propietario y molino de
aceite, manteniendo el uso religioso en una capilla la-
teral con cripta. Se respeta adems el pozo santo. Las
naves perimetrales cobijan una pluralidad de usos co-
mo almacenes, viviendas de trabajadores, cuadras,
etc, amplindolas o sustituyndolas cuando resulta
necesario utilizando la tecnologa constructiva de ca-
da momento pero respetando las dimensiones de la
cruja anterior, y edificando nuevas construcciones co-
mo la vivienda del encargado. Esta ltima responde a
una tipologa muy comn en la zona con una edifica-
cin en dos crujas, una que alberga salas y dormito-
rios, y otra, en la que se sita la sala de la chimenea y
cocina. Se completa el programa con un soberao so-
bre estas crujas. El resto de las viviendas de los traba-
jadores se disponen en las naves perimetrales, mante-
nindose an en buenas condiciones la tribuna y una
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serie de cuartos ocupados posteriormente como pa-
jares o almacenes cuando se ha reducido el nmero
de personas que residan en el cor tijo. El resto de la
eficicacin exceptuando la iglesia se dedica a establos,
almacenes o trasteros.
Pero el gesto ms significativo de la actuacin consiste
en la eleccin de la nave de la iglesia como lugar para
implantar el seoro, la vivienda de los propietarios, pa-
ra lo que se divide la altura de la nave en dos plantas,
la planta alta, o planta noble se habilita como vivienda
y la planta baja alberga el molino de aceite, sus depen-
dencias y la capilla conformada con los restos de la
iglesia tras la ocupacin por tropas francesas, en la
que se mantiene el culto, tanto como capilla del corti-
jo como con sus funciones de santuario, mientras se
mantuvo habitada la iglesia.
La entrada a la vivienda del propietario se efecta
aprovechando la puerta del crucero de la iglesia, mo-
dificando la portada mediante el aadido de un balcn
y encalando su mbito inmediato en un acercamiento
a la arquitectura domstica. A la puerta de entrada se
enfrenta la escalera, que se yuxtapone a la segunda
portada del crucero sin modificar sus huecos salvo pa-
ra cegarlos. Este zagun divide la planta baja en dos
zonas asimtricas, en una de ellas se instala el molino
de aceite y en la otra los almacenes y la capilla. Esta
dispone de una salida directa al exterior que permite
segregar el uso religioso del molino.
La aper tura de huecos para la vivienda, as como la
distribucin de habitaciones se realiza manteniendo la
serialidad impuesta por los elementos estructurales de
la iglesia y su simetra, aprovechando algunos de los
ventanales originales, cegndolos parcialmente o am-
plindolos a balcn dependiendo del uso particular de
estar, dormitorio o bao. Existe diferencia en el trata-
miento de las fachadas laterales de la iglesia estando la
que da al interior del conjunto ms modificada que la
del exterior. Las habitaciones adems tienen un orden
de distribucin, el ncleo central del estar se sita en
el crucero y a continuacin se disponen las habitacio-
nes principales, estando las estancias ms alejadas del
ncleo central menos terminadas indicando que so-
portaban un uso mucho menor.
La divisin horizontal que posibilita la ocupacin en
dos plantas y la implantacin de la escalera hacen
que, en planta baja sea difcil reconocer la existen-
cia de un espacio anterior, slo la dimensin de los
muros, apreciable en los huecos y pilastras sugiere
un espacio de mayor entidad. Es en la vivienda, por
su distribucin simtrica y su mayor cercana a ele-
mentos como arcos y bvedas, donde este espacio
se hace presente, apor tando una configuracin bas-
tante peculiar, mixta entre espacio privado y espa-
cio religioso. En la cabecera de la iglesia, la existen-
ci a de una cpul a semi esf r i ca de gr andes
dimensiones era incompatible con unas habitacio-
nes de escala domstica, por lo que se realiza una
nueva par ticin horizontal, distribuyendo el espacio
resultante en varias estancias, cuyas esquinas son
grandes pechinas que apuntan a algo situado ms
NOTA: Los planos que acompaan al artculo proceden de una trabajo realizado para la empresa
Ecodesarrollo de Sierra Morena, como parte de un trabajo de Inventario de Patrimonio Arquitectnico
disperso en la Sierra Norte de Sevilla. Realizado por el equipo mixto de antroplogos y arquitectos for-
mado por Elodia Hernndez Len, Alberto Bernab Salgueiro, Teresa Morillo Romero y Carmen Guerra
de Hoyos y dirigidos por Juan Agudo Torrico.
San Miguel de La Brea. Alanis. Seccin longitudinal de la iglesia
San Miguel de La Brea. Alanis. Planta alta
San Miguel de La Brea. Alanis. Planta baja
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all. Molduras pensadas para ser vistas desde lejos
quedan ahora al alcance de la mano, esta posibili-
dad de acceder a elementos tradicionalmente dis-
tantes es nueva y algo inquietante, especialmente
cuando se yuxtaponen a elementos de una escala
considerablemente menor, como supone encontrar
uno de los arranques del crucero al abrir una lee-
ra, el techo de una alacena formado por un trozo
de arco moldurado o el palomar situado en el es-
pacio residual de la cpula y el lucernario.
Uno de los gestos ms efectivos para hacer doms-
tico el monumento ha sido quizs la sustitucin de
la cubier ta original de la iglesia de teja, debido a su
mal estado, por una azotea transitable. Con ello se
consigue no slo un registro visual privilegiado del
territorio circundante, sino que adems se alcanza lo
ms lejano, la espadaa y la campana.
Todo este proceso no se realiza con un respeto in-
tegral haci a el sopor te, se manti ene todo l o que
acepta las nuevas funciones, pero adems hay inter-
venciones algo violentas cuando resulta necesario,
como por ejemplo la instalacin de chimeneas que
atraviesan la nave de la iglesia y la cpula. El molino
de aceite atiende a su lgica propia que se superpo-
ne a la nave de la iglesia horadando sus muros y su
suelo donde lo necesita.
Quin podra decidir cual es el momento histrico
concreto al que pertenece esta implantacin? No son
slo valiosos los momentos de implantacin, tambin
se aprende mucho de como una cultural local valora
en un momento dado un testimonio del pasado, qu
es lo que aprovecha y qu desdea. En el caso que
hemos descrito la readaptacin del conjunto ofrece la
posibilidad de estudiar una implantacin de molino y
vivienda de propietario muy completas y adems po-
ne de manifiesto aquellos de sus elementos lo suficien-
temente importantes como para imponerse al sopor-
te anter i or, y que es l o que se val or aba en ese
momento del patrimonio heredado lo suficiente como
para conservarlo an a costa de incomodar la instala-
cin posterior. No slo nos habla de las costumbres y
modos de vida de un momento concreto, sino de la
relacin entre los modos de vida y los usos de dife-
rentes pocas y explicita lo que a veces no es fcil-
mente deducible en una tipologa el grado de impor-
tanci a que pueden tener ci er tos el ementos y su
posibilidad de adaptacin.
La lectura de los diferentes momentos histricos nos
acerca, adems, sentimentalmente hacia ese edificio. Es
difcil no sentirse afectado al ver un rebao de ovejas
frenta a la fachada de la iglesia, o al subir a la cubierta.
Es imposible no implicarse y pensar en actuar sobre l
tambin nosotros, no estamos tan separados de nues-
tro pasado como para permanecer indiferentes. El mes-
tizaje se revela como una direccin enormemente frtil.
En la actualidad San Miguel de la Brea sigue funcio-
nando como cor tijo, aunque no como molino, y los
propietarios no residen en la vivienda habilitada en la
iglesia ni siquiera temporalmente. Adems la transfor-
macin de los modos de explotacin agrarios que ha-
ce posible que los trabajadores no residan en los cor-
tijos ha alterado considerablemente el modo como se
viva en el conjunto.
Frente a este tipo de situaciones cabe preguntarse so-
bre cual sera la actitud adecuada para integrarlos en
nuestros modos de vida. La respuesta est sin duda en
nosotros mismos, en qu necesitamos y qu podemos
aprovechar para ello de ese patrimonio cultural. Para
que la rehabilitacin sea efectiva ha de posibilitar no
slo un uso de los restos, sino tambin del patrimonio
natural que los rodea. Ha de, simultneamente, dar
respuesta al interrogante del presente de una comarca
y potenciar los testimonios de los que se dispone, dia-
logando con ellos, sin destruirlos y sin congelarlos.