100% encontró este documento útil (4 votos)
786 vistas227 páginas

Royo Marin Antonio Teologia de La Perfeccion Cristiana 01

Cargado por

Alejandra Grassi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (4 votos)
786 vistas227 páginas

Royo Marin Antonio Teologia de La Perfeccion Cristiana 01

Cargado por

Alejandra Grassi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TEOLOGA

DE LA PERFECCIN
CRISTIANA
POR EL RVDO. P.
FR. ANTONIO ROYO MARN, O. P.
DOCTOR EN TEOLOGA Y PROFESOR DE LA PONTIFICIA FACULTAD
DEL CONVENTO DE SAN ESTEBAN-
P R L O G O F L E X C MO . Y RVDMO. S R . D R .
FR. ALBINO G. MENENDEZ-REIGADA (f)
OBISPO DE CRDOBA
CUARTA EDICIN
BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS
MADRID MCMLXII
BIBLIOTECA
DE
AUTORES CRISTIANOS
Declarada de inters nacional
ESTA COLECCIN SE PUBLICA BAJO LOS AUSPICIOS Y ALTA
DIRECCIN DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA
LA COMISIN DE DICHA PONTIFICIA
UNI VERSI DAD ENCARGADA DE LA
INMEDIATA RELACIN CON LA B. A. C.
EST INTEGRADA EN EL AO 1962
POR LOS S EORES S I GUI E NT E S :
PRESIDENTE. :
Excmo. y Rvdmo. Sr. Dr. Fr. FRANCISCO BARBADO VI E-
J O, O. P. , Obispo de Salamanca y Gran Canciller de la
Pontificia Universidad.
VI CEPRESI DENTE: limo. Sr. Dr. LORENZO TURRADO, Rec-
tor Magnfico.
VOCALES: R. P. Dr. Luis ARI AS, 0. S. A., Decano de
la Facultad de Teologa; R. P. Dr. MARCELINO CABRE-
ROS, C. M. F., Decano de la Facultad de Derecho;
R. P. Dr. PELAYO DE ZAMAYN, O. F. M. Cap., Deca-
no de la Facultad de Filosofa; 11. P. Dr. JULI O CAM-
POS, Sch. P. , Decano adjunto de la Seccin de Huma-
nidades Clsicas; R. P. Dr. ANTONIO GARMENDIA DE
OTAOLA, S. L, Decano adjunto de la Seccin de Pedago-
ga; R. P. Dr. MAXIMILIANO GARCA CORDERO, 0. P. ,
Catedrtico de Sagrada Escritura; R. P. Dr. BERNARDINO
LLORCA, S. L, Catedrtico de Historia Eclesistica.
SECRETARI O: M. I. Sr. Dr. Luis SALA BALUST, Profesor.
LA EDITORIA. CATLICA. S. A. APARTADO 466
MADRID MCMLXII
Nihil obstal: Fr. Theophilus Urdnoz, O. P. , S. Theol. Rector.
Fr. Arrnandus Bandera, O. P. , S. Theol. Lector
Imprim potest: Fr. Anicetus Fernndez, O. P. , Prior prov.
Imprimatur: t Fr. Franciscas, Bpiscopus vSalmant.
Salmant icae, 7 inart ii 196a
N111. Begistro 1317.196:3
Depsito legal M 3900-1962
A la Inmaculada Virgen
Mara con afecto filial
/ N D I C E GENERAL
Pginas
Prlogo del Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de Crdoba xr
Nota del autor xxxi
Carta del P. Garrigou-Lagrange al autor xxxv
Carta del P. Philipon al autor xxxvi
Juicio crtico de D. Baldomero Jimnez Duque xxxvm
Resumen histrico-bibliogrfico i
Introduccin general 27
PRIMERA PARTE
EL FIN
CAPTULO [Link] fin de la vida cristiana 45
CAPTULO [Link] configuracin con Jesucristo 49
Artculo [Link] misterio de Cristo 50
Artculo [Link] vivir el misterio de Cristo 63
CAPTULO [Link] Virgen Mara y nuestra santificacin 69
SEGUNDA PARTE
PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
CAPTULO [Link] y organismo de la vida sobrenatural. . . Si
Artculo [Link] principio formal de nuestra vida sobrena-
tural 83
Artculo [Link] potencias sobrenaturales 94
[Link] virtudes infusas 95
[Link] dones del Espritu Santo 114
Artculo [Link] gracias actuales 160
Artculo [Link] inhabitacin de la Santsima Trinidad. . . . 163
CAPTULO [Link] desarrollo del organismo sobrenatural 173
CAPTULO [Link] perfeccin cristiana 187
CAPTULO [Link] de la mstica 223
CAPTULO [Link] entre la perfeccin y la mstica 253
VI I I NDI CE GENERAL
TERCERA PARTE
EL DESARROLLO NORMAL DE LA VIDA CRISTIANA
Pginas
INTRODUCCIN 280
LIBRO [Link] negat ivo de la vida cristiana 289
CAPTULO I. La lucha contra el pecado 289
Artculo [Link] pecado mortal 289
Artculo [Link] pecado venial 294
Artculo [Link] imperfeccin 300
CAPTULO [Link] lucha contra el mundo 305
CAPTULO [Link] lucha contra el demonio 308
Artculo [Link] tentacin 308
Artculo [Link] obsesin diablica 3
J
5
Artculo [Link] posesin diablica 320
CAPTULO [Link] lucha contra la propia carne 330
Artculo [Link] sed insaciable de gozar 332
Artculo [Link] horror al sufrimiento 338
v
CAPTULO [Link] purificacin activa de las'potencias'. .'.'. . . . - . . . . ' 346
Artculo [Link] de esta purificacin 346
Artculo [Link] purificacin activa de los sentidos 349
A) Externos 350
B) Internos 363
Artculo [Link] activa de las pasiones 369
Artculo [Link] activa de las potencias del alma. . 377
CAPTULO [Link] purificaciones pasivas 393
Artculo [Link] de las purificaciones pasivas 393
Artculo [Link] noche del sentido 400
Artculo 3,La noche del espritu 409
LIBRO [Link] positivo de la vida cristiana 414
I. Medios principales de perfeccin 415
CAPTULO [Link] sacramentos 415
Artculo [Link] sacramento de la penitencia 416
Artculo [Link] Eucarista, fuente de santificacin 423
Artculo [Link] santa misa como medio ele santificacin. . . 429
CAPTULO [Link] virtudes infusas y dones del Espritu Santo. . . . 434
A) Las virtudes teologales 434
Artculo [Link] virtud de la fe 434
El don de entendimiento 440
El don de ciencia 448
NDICE GENERAL i x
Pginas
Artculo [Link] virtud de la esperanza 456
El don de temor 46!
Artculo [Link] virtud de la caridad 469
El don de sabidura 487
B) Las virtudes morales
49
g
Artculo [Link] virtud de la prudencia 499
El don de consejo 505
Artculo [Link] virtud de la justicia 511
El don de piedad 526
Artculo [Link] virtud de la fortaleza 544
El don de fortaleza 552
Artculo [Link] virtud de la templanza 559
El don de temor y la virtud de la templanza. . 579
CAPTULO [Link] vida de oracin 580
Seccin [Link] la oracin en general 581
Seccin [Link] grados de oracin 59^
A) Etapa predominantemente asctica 598
B) Etapa predominantemente mstica 626
II. Medios secundarios de perfeccin 696
CAPTULO [Link] secundarios internos 696
I. Resortes psicolgicos 696
A) Que afectan al entendimiento 697
Artculo [Link] presencia de Dios 697
Artculo [Link] examen de conciencia 700
B) Que afectan a la voluntad 703
Artculo [Link] energa de carcter 704
Artculo [Link] deseo de la perfeccin 709
Artculo [Link] conformidad con la voluntad de Dios 712
Artculo [Link] fidelidad a la gracia 720
II. Resorte fisiolgico 728
Artculo [Link] del propio temperamento 728
CAPTULO [Link] secundarios externos 734
Artculo [Link] plan de vida 734
Artculo [Link] lectura espiritual 737
Artculo [Link] amistades santas 739
Artculo [Link] apostolado 740
Artculo [Link] direccin espiritual 748
AP NDICE: El discernimiento de los espritus 774
X NDI CE GENERAL
CUARTA PARTE
LOS FENMENOS MSTICOS EXTRAORDINARIOS
Pginas
INTRODUCCIN 784
NOCIONES PREVIAS 785
CAPTULO [Link] causas de los fenmenos extraordinarios 790
Artculo [Link] como autor de los fenmenos msticos. . 790
Artculo [Link] causas puramente naturales 802
Artculo [Link] diablico 810
CAPTULO [Link] fenmenos en particular 813
I. Fenmenos de orden cognoscitivo 814
1. Visiones 814
2. Locuciones 819
3. Revelaciones 821
4. Discrecin de espritus 824
5. Hierognosis 827
6. Otros fenmenos de conocimiento 830
II. Fenmenos de orden afectivo 832
1. El xtasis mstico no es gracia gratis dada 832
2. Los incendios de amor 832
III. Fenmenos de orden corporal 835
1. Estigmatizacin 835
2. Lgrimas y sudor de sangre 842
3. Renovacin o cambio de corazones 843
4. Inedia 845
5. Vigilia 846
6. Agilidad 848
7. Bilocacin 849
8. Levitacin 857
9. Sutileza 859
10. Luces o resplandores 860
11. Perfume sobrenatural 862
Conclusin 866
NDICE ANALTICO 866
NDICE ONOMSTICO 884
NDICE DE MATERIAS 894
P R O L O G O
I
Iba Jess con sus apst oles at ravesando Samaria camino de Ga-
lilea, y, al llegar a las proximidades de Sicar, fatigado y sedient o, se
sent en el brocal del pozo de Jacob, mient ras sus discpulos se di-
rigan a la prxima ciudad en busca de aliment os. Era ya pasado el
mediod a. Y en esto, llega una mujer samarit ana a sacar agua del
pozo. Y Jess le dijo: Dame de beber.
Ext rase la mujer al or esto y replic: Cmo t , siendo j ud o,
me pides de beber a m, que soy samarit ana? Samarit anos y j ud os
no nos t rat amos. Y respondi Jess: Si conocieses el don de Dios
y quin es el que t e dice dame de beber, t seras la que a m me lo
pidieses, y yo t e dara a ti a beber agua viva... Quien bebe del agua
de este pozo, vuelve a t ener sed; mas quien bebe del agua que yo
le diere, no volver a t ener sed j ams, porque se har en su int erior
como una fuent e que salta hast a la vida eterna. Djole ent onces la
mujer: Seor, dame de ese agua para que yo no vuelva a t ener sed
ni t enga que venir ms al pozo a buscarla. . .
Dichoso encuent ro! Dos personas sedient as que por primera
vez se ven, que pert enecen a dos cat egoras de gent es, que viven
dist anciadas y rehuyendo el t rat arse, y que, sin embargo, mut ua-
ment e se necesit an y se complet an. Los dos t ienen sed... Y la sed
del uno la puede satisfacer el ot ro y la sed de ese ot ro t an slo la
puede satisfacer el primero. El uno es Jess; el que al morir en la
cruz se quejaba de su ardentsima sed, olvidndose de t odos sus de-
ms horribles t orment os. El ot ro es. . . la Samaritana, sin ot ro nom-
bre; la mujer del pueblo cismt ico y hereje que se separ del pueblo
de Dios; la mujer ardient ement e apasionada y con una sed inext in-
guible en las ent raas que nada puede saciar; la que cambia de pos-
t ura siete veces, y cambiar set ent a, sin encont rar j ams lo que an-
sia. Dichoso encuent ro, por el cual el Dios humanado suspira y
un alma sedient a y vaca ve delant e de s su t esoro, su felicidad!
Acercbase Jess a Jeric, rodeado por la t urba inmensa que a
t odas part es le segua. Y hab a en esta ciudad un hombre llamado
Zaqueo, que deseaba ver a Jess; pero no alcanzaba a verle por la
t urba, que le envolva, siendo como l era pequeo de est at ura. Su-
bise ent onces a un rbol que hab a en el camino por donde Jess
haba de pasar. Zaqueo se cont ent aba con verle, aunque fuera un
poco de lejos.
m
PRLOGO
Zaqueo era rico y viva tranquilo disfrutando de sus riquezas.
Era el tipo de hombre satisfecho. Y acaso su curiosidad por ver a
Jess era un poco frenada por un instintivo temor de que aquel tau-
maturgo, que tanto recomendaba la limonsa y el desprecio a la ri-
queza, condenando la injusticia de los ricos fariseos, pudiese dirigirle
a l alguna palabra perturbadora de la tranquilidad de su dormida
conciencia. Por eso, lo mejor era verle desde un rbol, un poco de
lejos.
Mas Jess al verle, envolvindole en una mirada de infinito amor,
le dijo: Baja del rbol, Zaqueo, que hoy quiero hospedarme en tu
casa. Y baj Zaqueo corriendo. Y, acercndose a Jess y sintin-
dose por dentro transformado y lleno de gozo, exclam: La mitad
de mis bienes, Seor, estoy dispuesto a dar a los pobres; y si a alguno
he podido defraudar, le devolver el cuadruplo.
Con slo ponerse en la presencia del Seor y or sus palabras, se
sinti Zaqueo inundado por un torrente de luz y estremecido en
oleadas de esa inefable felicidad que slo trae consigo el verdadero
amor. Y cambi sbitamente la escala de valores que en su alma
tena establecida y que informaba toda su conducta. Y comenz a
amar lo que no amabaa Jess y a cuanto Jess representa...y
a despreciar lo que amabalas riquezas, a las que dedicaba todos
sus cuidados.
Zaqueo es sencillamente uno ms de los que el Evangelio nos
presenta que al conocer a Jess y al contacto de Jess se transfor-
man. . . para su bien, para su felicidad, para su gloria. Y para bien
y felicidad y gloria de la humanidad entera. Y el Evangelio es eterno.
Lo que importa hoy como ayer es que los hombres conozcan a Je-
ss, que se pongan en relacin con El, que es Fuente de salvacin y
de vida.
Por el camino de Damasco marcha Saulo presuroso en busca de
cristianos que encarcelar y condenar. Un amor ardentsimo a su
pueblo, a sus tradiciones y a sus ideales judaicos le empuja hasta
el sacrificio. Conoce a Cristo de odas, y le conoce mal. Y porque
le conoce mal, y as, mal conocido, le encuentra en oposicin con
sus ideales, le odia y le persigue.
De pronto, una luz intenssima que del cielo bajaba le deslum-
bre, hacindole perder el equilibrio y caer en tierra. Y oy una voz
que deca: Saulo, Saulo, por qu me persigues? Voz que a su vez
oyeron, aunque sin ver la luz, los que le acompaaban. Y Saulo pre-
gunt: Seor, quin eres? Y otra vez la voz: Yo soy Jess, a quien
t persigues. Levntate y entra en la ciudad, y all se te dir lo que
has de hacer.
Levantse Saulo sin ver nada; y, llevado por los suyos, se dirigi
a la ciudad, donde estuvo tres das ciego y sin comer ni beber, por-
que la luz interior le haba cortado toda comunicacin con el mundo
de fuera. Y all le vino a ver Ananas, el discpulo de Cristo, para
darle a conocer debidamente el Evangelio y en nombre de Jess de-
PRtOGO XIII
cirle lo que tena que hacer respondiendo a su pregunta Qu quie-
res que yo haga?
Y Saulo vio la Luz. Conoci a Cristo y le am con ardentsimo
amor y se le entreg por entero hasta llegar a decir: Ya no soy yo
quien vive, sino que es Cristo quien vive en m. Para afirmar en
seguida que rebosaba de gozo en cuantas tribulaciones padeca por el
amor de Jess. Y de perseguidor^se convirti en vaso de eleccin y
apstol de las gentes para llevar el nombre de Jess hasta los confines
de la tierra y dar por El todos los instantes de su vida, todos los
latidos de su corazn y hasta la ltima gota de su sangre.
Saulos, Zaqueos y Samaritanas se encuentran a todas horas por
los caminos de la vida. Esa sociedad nuestra de mitad del siglo XX
en su mayor parte y en su parte ms caracterstica; eso que en len-
guaje evanglico podramos llamar mundo; esa sociedad que muere
de sed, y que para saciar esa sed sale de s y emprende cada da nue-
vos caminos; esa sociedad muerta de miedo a la guerra, y que en plena
guerra vive dentro y fuera de s, porque ha perdido la clave para
establecer un orden sobre el cual se asienta la paz; esa sociedad que
adora dolos y persigue vacos ideales y se vuelve de espaldas a la luz,
esclava y prisionera de sus ms bajos instintos; esa sociedad que
hace ms de dos siglos viene huyendo de Jess, con el cual no quiere
trato ninguno, y al que, siendo todo amor y todo dulzura, toma por
un fantasma aterrador, siendo as que slo en El puede encontrar lo
que busca; esa sociedad de nuestros das est casi por completo com-
puesta de Saulos, Zaqueos y Samaritanas. Que esperan sin saberlo
al Redentor. Que buscan, sin decrselo ni a s mismos por cobarda,
lo que El slo les puede dar, el agua viva que satisfaga plenamente
su sed y salte hasta la vida eterna; la Luz bajada del cielo que les
haga perder de vista los fantasmas que ahora les ilusionan y ver las
cosas todas en su realidad verdadera, temporal o trascendente.
Esta sociedad no se trata con Jess o le persigue por falta de
costumbre, por una educacin al revs, porque apenas ha odo ha-
blar de El y le conoce mal, porque se han interpuesto prejuicios y
fantasmas que la atemorizan, porque no les dejan tiempo sus nego-
cios, sus diversiones, sus placeres; porque..., porque es ms fcil de-
jarse ir, arrastrados por la corriente formada por instintos y pasiones
y temor al qu dirn, que luchar como hombres y marchar como
personas libres hacia un fin previamente establecido.
Algunos, sin embargo, por especial providencia de Dios llegan
a encontrarse con El. Y encontrndole y tratndole comienzan a co-
nocerle. Y, en la medida en que le van conociendo, le van amando;
que el corazn se les va espontneamente hacia tanto Bien, hacia
tanto Amor... Por eso abundan hoy tanto las conversiones, conver-
siones de primero, de segundo y de tercer grado: conversiones a la
fe, conversiones a la gracia y conversiones a la vida de perfeccin
y al estado religioso.
El libro que con estas lneas comienza nodr dar ocasin a mu-
XIV
PRLOGO
chos para ese dichoso encuentro con Jess. Haca tanta falta! Por-
que si esta sociedad moderna llegase a conocer y preguntar siquiera
un poco el don de Dios...
II
El Evangelio comienza por ser una doctrina: Id y ensead. Era
natural que as fuese, porque Cristo es la Verdad ante todo, Cristo
es la Luz. Y es la verdad lo que predica: Si os digo la verdad, por
qu no me creis? Y para dar testimonio de la verdad ha venido al
mundo.
Mas como esa verdad es a la vez humana y divina y a la vez que
ilumina los caminos de la vida temporal es ante todo sobrenatural,
y, por lo mismo, trascendente al espritu del hombre, por eso, tras
su predicacin, viene la fe. La fe, que nos abre las puertas del infi-
nito; la fe, que con su luz misteriosa ilumina todos los grandes mis-
terios de nuestra vida y de nuestra muerte; la fe, que sobre nosotros
mismos nos levanta, ponindonos en paz por dentro y por fuera y
abriendo horizontes infinitos a nuestras esperanzas.
Por eso, cuanto es ms conocida esa verdad, de la cual naci la
historia universal y el verdadero progreso humano, tanto ms el
hombre se eleva y se perfecciona. La verdad evanglica, la verdad
de Dios, la verdad de la teologa (ciencia de Dios), la verdad subs-
tancial, que es Cristo. Veritas liberabit vos: La verdad os har li-
bres, con la verdadera libertad de hijos de Dios que han roto los
hierros de las pasiones, en las que toda esclavitud se apoya.
Una mirada a la historia universal para ir sealando en ella como
con el dedo los perodos de mayor santidad, de mayor perfeccin,
de ms acelerado y slido progreso humano, nos convencer de que
sos son precisamente aquellos en que es ms intensamente sen-
tida y propagada la fe, ms venerada la verdad evanglica, ms cul-
tivada y metida en la vida la teologa.
En los tres primeros siglos de luchas y de triunfos incesantes
brillaba la verdad con deslumbrante resplandor en hogueras y cru-
ces de martirio. La verdad vivida ms que la verdad predicada o
estudiada.
Despus, esos cuatro siglos magnficos en que la Iglesia de Cris-
to realiza sus mximas empresas: salvar lo que del Imperio romano
poda salvarse, sobre todo con la ingente construccin de su derecho,
y civilizar a los pueblos brbaros, convirtindolos en factores nuevos
de progreso y de cultura. Y era todo entonces evanglica cultura y
predicacin. Era todo entonces teologa, como se ve con slo echar
una mirada a esas inmensas bibliotecas de Santos Padres y escrito-
res de todo gnero hasta pasado el perodo carolingio y apagarse
los ltimos rescoldos de nuestra cultura isidoriana.
Despus, la decadencia. Parece como si el hombre-humanidad,
como si el individuo humano se cansara de estar mucho tiempo de
pie. Que estar de pie y de puntillas, mirando al cielo y pugnando
por elevarse, significa mantenerse a la altura de la verdad y de la
PRLOGO
xv
virtud, que de la altura vienen: El reino de los cielos padece vio-
lencia... La invasin musulmana, por otra parte, haba contribu-
do a obscurecer las tranquilas luces de la verdad con el incesante
relampagueo de los puales y las cimitarras.
Pero estas pocas de forzosa austeridad y de inevitable esfuer-
zo preparan de nuevo al hombre para ponerse de pie y levantar la
frente hasta que las luces de la verdad vuelvan a inundarla y soste-
nerla en los caminos del espritu. Y vuelve en el siglo XII la teologa,
que en el siglo XIII llega a su mximo esplendor, extendiendo sus
fulgores por todos los horizontes del saber humano. Una mirada
otra vez a las bibliotecas y una mirada al santoral. Y una mirada a
las instituciones sociales y polticas que all germinan. Y una mi-
rada a sus programas y a sus ms caros ideales, no de una Sociedad
de Naciones sin ley ni autoridad que las coordine y unifique, sino
de una verdadera Sociedad Humana que a todos los hombres al-
cance, porque todos son hijos de Dios y hermanos en Jesucristo, y
todos tienen el derecho y el deber de mutuamente ayudarse. Una mi-
rada a nuestros templos de aquella poca, y a nuestros poemas y
a nuestra historia, y a todo el conjunto de la cultura europea, que
a aquel siglo glorioso de la teologa tanto debe. Teologa por todas
partes, todo es teologa: teologa en piedras (catedrales y estatuas),
teologa en colores (pinturas y cdices miniados), teologa en ver-
sos (Berceo y Cantigas y Divina comedia), teologa en representa-
ciones escnicas (liturgia y danzas de la muerte...), teologa en ensa-
yos de historias particulares y de historia general o universal...
Todo y por todas partes teologa, por que todo giraba en torno de
Dios y toda construccin tena a Cristo por cimiento.
Y otra vez el cansancio y la decadencia al correr del siglo XIV
y todo el XV. La teologa cae y se extrava; la verdad se esconde;
la moral deja el campo a la corrupcin, que lo invade todo; y hasta
las artes y la cultura pierden originalidad y bro, y todo es confu-
sin y desorden. Guerras, intranquilidad por doquier, crmenes
siempre impunes, si no es que imponga su castigo la personal ven-
ganza; total ausencia de autoridad y de justicia... Siempre lo mismo.
Porque te has vuelto de espaldas a la ciencia (a la ciencia divina,
a la verdad trascendente), te rechazar..., dijo Dios por un profeta.
Y otra vez el exceso del mal volvi a los hombres cuerdos.
Y otra vez volvi la teologa a iluminar con los ms vivos resplan-
dores el mundo. Y otra vez el mundo, como despertando, volvi
a elevar el tono de su historia para dejar paso a ese glorioso siglo XVI
y parte del XVII, que es uno de sus mejores perodos. Siglo de la
teologa, siglo de la luz (no de las luces). Siglo de caballeros y san-
tos, en que la tierra conocida casi se duplica en extensin y la hu-
manidad ve ante sus ojos atnitos abrrsele por delante horizontes
infinitos nunca sospechados.
Y es el alma mater de todo esto la sagrada teologa. Es la que
crea el derecho internacional. Y vuelve a sentir a la humanidad
como una sola familia. Y precisa las leyes por las que esa familia
ha de regirse. Y empuja de nuevo la literatura y las bellas artes
XVI PRLOGO
hacia alturas an hoy no superadas. Y afianza la personalidad del
hombre, que nunca se siente tan grande y tan fuerte como cuando
se apoya en Dios y pone a Cristo por ayudador y por modelo.
En el siglo XVI, la teologa lo llena todo. Se llena Espaa de
universidades, y en ellas se ensea principalmente teologa y todo
gira en torno a la teologa. En los pulpitos se predica teologa. En
los confesonarios se ensea y se aplica la teologa. Se escriben libros}
de piedad (asctica y mstica) que no son sino teologa. Y sale a
a
teatro, en mucha mayor proporcin que en siglo XIII, la teolog_
(autos sacramentales)... y se escriben poemas de teologa (la Cris
tiada, la Jerusaln libertada). Y est empapada en teologa ms de
la mitad de la lrica. Y hasta en el Quijote, y en el Romancero, y. . .
en la literatura picaresca se hacen constantes referencias a la teo-
loga. Y mucho ms an en los libros destinados al buen gobierno
de los pueblos y a la educacin de los prncipes y, en general, a
la formacin de nios y jvenes. Y en los problemas que suscita
la conquista del Nuevo Mundo. Y, en fin, en todo el ya entonces
amplsimo contenido de la cultura humana. De tal manera, que
bien se puede decir que ese siglo, el ms alto y el ms brillante de
nuestra historia, est todo informado y empapado, ms an que el
siglo XIII, en el claro resplandor de la sagrada teologa. Teologa
que en todas sus ramas florece (dogma, moral, derecho cannico,
Sagrada Escritura, patrstica, mstica, asctica...) y a todas las cien-
cias afines, en las que puede y debe influir (filosofa en todas sus
ramas, derecho en las suyas, etc.), extiende su influjo. Siglo de es-
plendor teolgico, siglo de intensa cultura y acelerado progreso
humano.
III
Despus, siglos XVIII y XIX; otra vez la decadencia de la teolo-
ga y otra vez la decadencia de la humanidad. Quizs esa decadencia
no se note hasta bastante ms tarde; quizs hasta nuestros das,
p