0% encontró este documento útil (0 votos)
262 vistas724 páginas

Cronopolitica

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
262 vistas724 páginas

Cronopolitica

Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

DEPARTAMENTO DE TEORA DE LOS LENGUAJ ES Y

CIENCIAS DE LA COMUNICACIN









GLOBALIZACIN, CRONOPOLTICA Y PROPAGANDA DE
GUERRA : APROXIMACIN AL PENSAMIENTO CRTICO
DE PAUL VIRILIO









GERMN LLORCA ABAD






UNIVERSITAT DE VALENCIA
Servei de Publicacions
2007




Aquesta Tesi Doctoral va ser presentada a Valencia el dia 1 de
Febrer de 2007 davant un tribunal format per:

- D. J enaro Talens Carmona
- D. J os Antonio Mingolarra Iberzbal
- D. Fernando R. Contreras Medina
- D. Gonzalo P. Abril Curto
- D. Guillermo Lpez Garca




Va ser dirigida per:
D. Antonio Mndez Rubio







Copyright: Servei de Publicacions
Germn Llorca Abad






Depsit legal:
I.S.B.N.:978-84-370-6772-8
Edita: Universitat de Valncia
Servei de Publicacions
C/ Artes Grficas, 13 bajo
46010 Valncia
Spain
Telfon: 963864115



FACULTAT DE FILOLOGIA, TRADUCCI I COMUNICACI







GLOBALIZACIN, CRONOPOLTICA Y PROPAGANDA DE
GUERRA:

APROXIMACIN AL PENSAMIENTO CRTICO DE PAUL
VIRILIO



T E S I S D O C T O R A L

PRESENTADA POR:
Germn Llorca Abad

DIRIGIDA POR:
Dr. Antonio Mndez Rubio




Valencia, 2006

2
















































Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



3

NDICE

1. Introduccin 009
1.1. Introduccin metodolgica: la construccin del discurso 015
1.2. Una propuesta de trabajo 022
1.3. Notas personales y de agradecimiento 026

2. Modernidad y Postmodernidad: Espacio y Tiempo Pre-Modernos 031
2.1. Tiempo y Espacio (I) 037
2.2. Trazos de Modernidad 061
2.2.1. De la Ilustracin al siglo XX 070
2.3. Trazos de Postmodernidad 077
2.3.1. El Estado-Nacin: la transformacin poltica y econmica 091
2.3.2. La mutacin del discurso 107
2.3.3. La crisis del consenso 120
2.3.4. Las vanguardias y mayo del 68 127
2.3.5. La fractura definitiva 144
2.3.6. Los lmites de la postmodernidad y del anlisis postmoderno 153

3. Modernidad y Postmodernidad: Espacio y Tiempo Post-modernos 159
3.1. Tiempo y Espacio (II) 159
3.2. La sociedad postmoderna: La informacin factor de aceleracin 186
3.3. Algunos ejemplos ficcionales: efectos de realidad 203
3.4. Algunos ejemplos reales: efectos de ficcin 218

4. Propaganda y globalizacin 233
4.1. Propaganda, poltica y manipulacin: cuestiones iniciales 233
4.1.1. Evolucin histrica abreviada de la propaganda 243
4.1.2. La propaganda del siglo XIX al XX 256
4.1.3. Propaganda y la primera guerra del golfo: las bases de un cambio 275
4.1.4. El ejemplo espaol del 11-M: la propaganda que viene 289
4
4.2. Globalizacin, cultura y sociedad: cuestiones iniciales 297
4.2.1. Globalizacin: neoliberalismo y capitalismo exacerbado 310
4.2.2. Globalizacin: desaparicin del espacio pblico 317
4.2.3. Globalizacin y medios de comunicacin: masivos y no masivos 325
4.2.4. Globalizacin, cultura y sociedad: (pen)ltimas consideraciones 331

5. Paul Virilio: Introduccin 343
5.1. Sumario de datos biogrficos 343
5.2. Experiencias vitales: el nio de la guerra 346
5.3. Claves conceptuales 357
5.3.1. Urbanismo y arquitectura 357
5.3.2. La funcin oblicua 361
5.3.3. El espacio, el tiempo, la velocidad y la dromologa 371
5.4. Una propuesta de periodizacin 375
5.4.1. De Architecture principe a Linscurit du territoire 377
5.4.2. De Vitesse et politique a Linertie polaire 391
5.4.3. De Lcran du dsert a La bombe informatique 445
5.4.4. De Stratgie de la dception a Lart perte de vue 497

6. Paul Virilio: modernidad y postmodernidad 535
6.1. Cuestiones iniciales 535
6.2. Virilio y la modernidad 539
6.2.1. La nocin de verdad: el espacio, el tiempo y la velocidad 544
6.2.2. El paradigma del progreso 563
6.3. Virilio y la postmodernidad 575
6.3.1. La crisis de las definiciones: la perspectiva viriliana 579
6.3.2. El discurso viriliano 606

7. Paul Virilio: cronopoltica, guerra y propaganda 619
7.1. La democracia y el estado-nacin 622
7.2. La cronopoltica y la globalizacin 635
7.3. La guerra y la propaganda 648
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



5

8. Conclusiones 663

9. Bibliografa 689










































6
















































Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



7











Siento que lo que he hecho es una suma de derrotas,
un desfase entre lo que so hacer y lo que logr hacer
Fernando Szyszlo


































8




























Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



9

1. Introduccin

La elaboracin de un texto resulta de la interseccin de muchas
variables. Un texto es, asimismo, el resultado de un proceso y un proceso en si
mismo, ya que no finaliza con su conclusin. En este sentido, y antes de
comenzar cualquier tipo de argumentacin, es imprescindible plantear los
elementos previos a la propia reflexin. Desde esta perspectiva, no nos ser
posible seguir avanzando en nuestros razonamientos si no contestamos antes a
una serie de preguntas elementales que, de algn modo, nos darn las claves
que andamos buscando. La primera de estas preguntas podra ser: por qu
convertir a Paul Virilio en nuestro objeto de estudio? La cuestin, aunque
sencilla, no tiene una contestacin fcil, puesto que obtenemos una enorme
cantidad de respuestas dispares. Casi tantas que puede que no sea productivo
plantear las preguntas. A fin de poder enumerar las contestaciones ms
lgicas, nos permitimos hacer ya la primera cita de uno de los trabajos del
pensador francs:

Durante el desayuno son frecuentes las ausencias, y la taza volcada sobre la
mesa es una consecuencia bien conocida. La ausencia dura unos segundos,
comienza y termina de improviso. Los sentidos permanecen despiertos, pero no
perciben las impresiones del exterior. Puesto que el retorno es tan inmediato
como la partida, la palabra y el gesto detenidos se reanudan all donde fueran
interrumpidos (Paul Virilio, 1998a: 7).

En primer lugar debemos manifestar que stas son las primeras frases
escritas por Virilio que recordamos haber ledo y retenido en nuestra memoria.
Son, asimismo, las primeras frases que podemos encontrar en uno de sus
ensayos ms clebres: Esttica de la desaparicin. Despus de la lectura de
tan singular fragmento, una sensacin indescriptible y turbadora se apodera de
10
nosotros. En segundo lugar nos asalta un intenso momento de vacilacin y no
nos parece exagerado afirmar que despus de la lectura de este breve prrafo
el lector no sabe qu hacer. Proseguir con la profundizacin despus de un
argumento, a priori, tan crptico an hoy parece prometernos slo quebraderos
de cabeza. La actitud fcil hubiera consistido en eludir tal responsabilidad.
Entendemos, no obstante, que esta huida hacia delante se hubiera convertido
en una enorme irresponsabilidad por nuestra parte.

Durante las dcadas del extinto siglo XX, el desarrollo de la teora fue
testimonio de la profunda reconversin de sus bases. Este proceso ha estado
salpicado de diferentes momentos de referencia y an hoy queda por hacer una
cronologa exhaustiva de sus hitos. En cualquier caso, a lo largo de los ltimos
aos se han planteado retos y preguntas de difcil respuesta en torno a la
modernidad, la postmodernidad, la propaganda, la guerra o la globalizacin;
temas, cuyo debate est ms vigente que nunca. Y aqu debemos nos
detendremos un instante. Las preguntas que estas cuestiones suscitan en
nosotros siguen siendo an ms numerosas que las respuestas que hayamos
podido encontrar. Superar el obstculo de elaborar una tesis poniendo en el
punto de mira unas cuestiones tan espinosas supona una empresa de
proporciones gigantesca, ante la que no nos encontrbamos cmodos. En
nuestro trabajo de investigacin pre-doctoral, tratamos un acercamiento con
unos resultados que no resultaron del todo satisfactorios.

En este punto, casi en el lmite a partir del cual hubiera sido imposible
negarse a desistir, se nos ocurri que los ensayos tericos de Paul Virilio
podran erigirse en el centro de un nuevo trabajo de investigacin, con la
secreta esperanza de que ste, posteriormente, acabara siendo el cuerpo de una
tesis doctoral. Por qu? La respuesta, por una vez, pareca sencilla. Porque
Paul Virilio es uno de los pocos autores contemporneos que ha dedicado la
mayor parte de sus trabajos, precisamente, a relacionar la propaganda con la
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



11
guerra y, posteriormente, con los procesos de internacionalizacin de la
economa y la globalizacin. Asimismo, por tratarse de un autor cuyas
aportaciones en el debate contemporneo no han tenido la difusin de aqullas
de algunos de sus coetneos. En este sentido, se nos presentaba la oportunidad
de mantener vivo nuestro deseo por hablar de estas cuestiones, pero aportando
una pizca de frescura a nuestros planteamientos.

En una ocasin escuch a alguien decir que leer a Virilio resultaba
difcil, pero que al final compensaba el esfuerzo y el tiempo invertidos.
Despus de todo lo transcurrido opino que sta sigue siendo una de las
mejores descripciones de sus trabajos y aportaciones tericas. Es por ello que
la tremenda, deslumbrante y desconcertante primera impresin ha ido dejando
paso a un cmulo, mayormente positivo, de matices e impresiones, que de
manera ordenada y razonada tratamos de exponer en nuestro trabajo. Con
todo, cabe apuntar, que no ha sido fcil reunir los principales textos del autor
francs, dada su dispersin, en sentido literal y en sentido figurado. Debemos
buscar la explicacin en la escasez de las traducciones existentes y en la
discreta difusin de sus trabajos. En este sentido, nos hemos visto obligados,
en ocasiones, a trabajar con traducciones en ingls, ya que el acceso al texto
original nos ha sido imposible
1
. A este respecto, podemos afirmar que sta ha
sido una de las mayores complicaciones a la hora de realizar nuestro trabajo.
En cualquier caso, una vez superados los obstculos, determinar la primera
ocupacin fue sencilla: leer, escribir y generar ideas.

A lo largo de esta brevsima, y conscientemente imprecisa, introduccin
nos hemos podido hacer ya una idea bastante aproximada de la complejidad

1
Con el fin de facilitar al mximo la localizacin de las citas, hemos ordenado la bibliografa en
funcin de la fecha de la publicacin del texto con el que hemos trabajado. Esta apreciacin sirve
tanto para los libros como para los artculos, captulos de libro y entrevistas. El orden bibliogrfico de
los libros no se corresponde con el orden cronolgico de su publicacin. Por este motivo, en los casos
en los que hemos utilizado un texto distinto del original en francs, reproducimos junto a l la
referencia de la primera edicin.
12
del pensamiento de Paul Virilio. Una complejidad que radica en la diversidad
de fuentes de las que beben sus teoras, as como en el hecho de que el autor,
en numerosas ocasiones, se declare deudor de muchas de ellas y seguidor
acrrimo de ninguna de las mismas. Asimismo, como hemos podido constatar,
el marcado estilo propio que imprime a su escritura contribuye de forma
contundente a aumentar dicha complejidad. La mejor forma de describir este
estilo concuerda con un solo comentario gramatical: la frase subordinada. Con
frecuencia, la heterogeneidad en el fondo y en la forma ha sido la principal
crtica argida por sus detractores, que no han escatimado esfuerzos a la hora
de atacar los aspectos ms polmicos de sus teoras y desprestigiar la
vaguedad de algunas de sus argumentaciones. Pero por el momento no nos
detendremos a analizar estas contingencias.

Detenindonos a reflexionar un instante en todo lo aportado hasta este
punto, comprendemos de inmediato las dificultades que le conllevara a
cualquiera explicar esta amalgama de ideas de forma comprensible. Ms all
del posicionamiento terico del autor sometido a estudio, sin duda una de sus
contribuciones ms decisivas es la ingente capacidad de sus textos de sugerir y
evocar. Aunque ahora no pueda parecer una contradiccin, Paul Virilio escribe
siempre enviando al lector una invitacin a reflexionar, ya que lleva los lmites
del pensamiento a un territorio ms all de lo establecido, lo visible. Es
decir, que l mismo se presenta como la luz que permite la observacin de
algunos acontecimientos que han transformado y transforman la vida en
nuestras sociedades aceleradas. Precursor de un cierto nimo postmoderno,
deudor declarado de un cierto ideal moderno y enemigo acrrimo de sus
abusos, Virilio nos muestra su carcter ms cr(p)tico: Somos capaces de
vivir en un estado de desequilibrio. Por qu no hemos utilizado nunca la
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



13
desestabilizacin en el interior de nuestras casas? (Virilio y Parent, 2000: 3
Instabilisation)
2
.

Explicar, como decamos, de forma comprensible y accesible la
vastedad de estas ideas sera el fin ltimo que pretenden las pginas que
continan. A pesar de esta pretensin, no obstante, somos conscientes de que
se trata de un objetivo demasiado ambicioso. Este intento de elaborar un
completo paisaje de acontecimientos desde los trabajos de Virilio se ve
desbordado en multitud de ocasiones por la imposibilidad de rastrear todas y
cada una de las huellas que el autor desvela en sus libros, artculos y
entrevistas. Atenindonos a estos imperativos ineludibles, nuestra intencin y
primera motivacin es la de conseguir dibujar un selecto y definido paisaje de
aportaciones sobre sus reflexiones. Su ideario se enuncia a travs de un
conjunto indivisible de imgenes mentales, biolgico-oculares, fsico-pticas,
grficas o pictricas, fotogrficas, cinematogrficas, videogrficas,
hologrficas e infogrficas y todas ellas, forman una sola y misma imagen,
como una enorme nebulosa filosfica. Pero las nebulosas tambin son
observables desde la Tierra.

Encontramos un simple ejemplo de esta variedad de fuentes y textos al
analizar las publicaciones en las que Virilio se ha visto involucrado a lo largo
de su carrera. A finales de la dcada de 1960, entre 1963 y 1968, Virilio

2
Architecture principe, es el nombre del grupo de reflexin arquitectnico fundado por Paul Virilio y
Claude Parent a comienzos de la dcada de 1960. La produccin terica del grupo comprende 9
nmeros de la revista bautizada tambin como Architecture Principe. En 1996 fue publicada una
edicin especial en la que se compilaron los 9 nmeros originales en formato facsmile, a los que se
les aadi un nmero 10 revisionista. Nosotros hemos trabajado con un ejemplar de esta
compilacin de la reedicin de 2000. Las pginas de la misma no estn numeradas. Ante esta
dificultad, y con el fin de citar con la mxima precisin, hemos optado por indicar el nmero de la
revista contenido en la compilacin [1, 2, 3, etc.] y a continuacin hemos aadido el ttulo del artculo
del que extraemos el texto o idea. De este modo, las citas adoptan la forma del siguiente ejemplo:
(Virilio y Parent, 2000: 5 - "Circulation habitable [2]") Esta aclaracin slo es necesaria y vlida para
Architecture Principe. Para el resto de obras referenciadas empleamos un mtodo de citacin
tradicional, puesto que no plantean los problemas vistos en este trabajo. Asimismo, cabe destacar, que
en nuestro trabajo no abordaremos en ningn momento las contribuciones de Parent.
14
prcticamente slo habr publicado en las revistas del grupo de reflexin
arquitectnica, del cual es co-fundador junto a Claude Parent, Architecture
Principe. Ser despus de la disolucin del grupo y de su entrada en la Escuela
Especial de Arquitectura, cuando Virilio cree, junto con su amigo y
colaborador George Perec, la coleccin Espace critique, en la editorial
Galile. A partir de estos aos se abre una etapa de intensa reflexin y
evolucin terica, durante la que escribe sus primeros libros y numerosos
artculos de ensayo en las revistas Esprit, Cause Comunne y Traversas. Junto
a Flix Guattari funda Radio Tomate en 1979 y colabora en la creacin de la
revista Chimre. Pero esta prolfica labor ensaystica, mayormente centrada en
las publicaciones enumeradas, se completa a travs de sus colaboraciones
habituales y artculos publicados en numerosos peridicos y diarios:
Libration, L'autre Journal, Les Cahiers du Cinma, Le Monde Diplomatique,
Le Nouvel Observateur, La Croix, Lvnement de jeudi en Francia, El Pas
en Espaa, Die Tageszeitung y Frankfrter Rundschau en Alemania, Tages
Anzeiger en Suiza, Der Standard en Austria, The New Statesman en Gran
Bretaa, Artforum en Estados Unidos, LExpresso de Portugal, l'Illustrazione
Italiana en Italia, Gaya Scienza en Japn etc. Paul Virilio tiene en su haber
ms de 30 libros y un sinfn de entrevistas publicadas en los ms diversos
medios, incluidas la radio y la televisin.

Tomando como punto de partida esta dispersin en la produccin, es
necesario precisar la forma en la que hemos llevado a cabo nuestro esfuerzo
descriptivo y explicativo. En otras palabras, desvelar el fin ltimo de este
trabajo de investigacin, sin necesidad de tener que abordar en este punto las
conclusiones. En este sentido, nuestra principal preocupacin ha sido dar
respuesta a una serie de cuestiones elaboradas alrededor de elementos
centrales en los trabajos de Virilio. Con la primera de estas interrogaciones
nos preguntamos por el lugar que ocupa el autor francs dentro del panorama
terico del siglo XX, en relacin con la modernidad, la postmodernidad y las
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



15
modificaciones que sta acarrea en la percepcin y definicin del tiempo y del
espacio. Entender la concepcin del espacio y el tiempo y la relacin que con
estos elementos tienen los fenmenos sociales, es, pues, una tarea esencial
para comprender su trabajo

1.1. Introduccin metodolgica: la construccin del discurso

El anlisis de un objeto implica reducirlo a sus partes ms sencillas y
describir las peculiaridades de cada una de stas. Efectuar el procedimiento
inverso, es decir, reconstruir una totalidad desde sus partes ms simples, se
conoce como integracin. Poner en prctica uno de estos procedimientos
implica la ejecucin del deseo, en sentido amplio, de conocer mejor y con
mayor profundidad el objeto de estudio. En cualquier caso, ningn anlisis ni
ninguna integracin pueden efectuarse sin la utilizacin de una metodologa
definida previamente. Asimismo, la definicin de dicha metodologa estar
directamente implicada en la obtencin de unos u otros resultados. Desde este
planteamiento nos parece necesario hacer nuestras las palabras de Campbell:
La abstraccin y la generalizacin son indispensables para elaborar cualquier
teora sistemtica, porque es cierto que hasta cierto punto es a ellas a lo que
conduce teorizar (1988: 28).

En cuanto a contenido se refiere, nuestros objetivos a la hora de planear
la realizacin de este trabajo de tesis doctoral han quedado parcialmente
definidos en la introduccin. Nuestro inters ahora radica en explicar el
mtodo empleado a la hora de alcanzar dichos objetivos. En otras palabras, el
mtodo empleado de cara a construir un discurso acorde con un criterio claro
de sistematizacin, que aproxime el sentido comn de nuestras aspiraciones a
las caractersticas de un discurso cientfico. En primer lugar, destacamos las
palabras de Van Dijk cuando afirma:
16

En la primera aproximacin al concepto de discurso, hemos identificado sus tres
dimensiones principales: a) uso del lenguaje; b) la comunicacin de creencias
(cognicin) y c) la interaccin. [] Adems de brindar descripciones
sistemticas, cabe esperar que el estudio el discurso formule teoras que
expliquen tales relaciones entre el uso del lenguaje, las creencias y la
interaccin social (2000: 23).

En efecto, el conocimiento puede ser definido como el acto de
aprehensin intelectual de un objeto o concepto, o como afirma Derrida, el
resultado de la aplicacin de un sistema (1995: 103). En la ejecucin de esta
actividad podemos distinguir diversos niveles de significacin. En este
sentido, la utilizacin en la investigacin del mtodo cientfico [hipottico-
deductivo] es la cualidad esencial, que define y diferencia el conocimiento
cientfico respecto a otras clases de conocimiento. Bunge, ha descrito dichos
niveles de significacin del siguiente modo:

a) El nivel de conocimiento ms simple llamado emprico tambin nivel de la
experiencia ordinaria de las cosas o de sentido comn, que es esencialmente de
origen perceptivo o afectivo.
b) El conocimiento filosfico, resultante de problematizar el acto cognoscitivo
planteando las condiciones y los fundamentos de la adecuacin entre la
representacin mental y el objeto aprehendido.
c) El conocimiento cientfico, que es una construccin racional, crtica, objetiva,
explicativa y contrastada, obtenida de la investigacin con procedimientos
metdicos (1976: 37 y ss.).

Consideraremos, en funcin de esta argumentacin, que el mtodo de la
investigacin cientfica se desarrolla en cinco grandes etapas: El
planteamiento del problema, la construccin del modelo terico, la deduccin
de consecuencias particulares de las hiptesis, la prueba de las hiptesis y la
introduccin de las conclusiones en la teora. En nuestro caso, este sencillo
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



17
esquema contiene algunas modificaciones que deseamos resaltar. Por un lado,
el planteamiento del problema respondera mejor a la definicin de
planteamiento de las cuestiones consideradas clave. Esta afirmacin del
sentido comn, como decamos anteriormente, se tendr que ver
necesariamente apoyada en una reconstruccin histrica de los materiales
sobre los que se asientan dichas cuestiones clave. Una reconstruccin que
perseguir un planteamiento cronolgico y lo suficientemente exhaustivo.
Slo despus se podr proceder a una precisa seleccin
3
o discriminacin de
aquellos argumentos esenciales para las hiptesis que se plantearn en las
fases posteriores. A este respecto, nos vemos obligados a realizar una
matizacin:

Mientras que las definiciones pueden ser breves y agudas, la descripcin es una
actividad sin fin que se encuentra abierta/cerrada y en la que no existe ningn
lmite lgico. Hay una infinidad de hechos por descubrir, investigar, probar o
discutir. [...] Esto nos plantea el problema de definir lo caracterstico de un
enfoque. [...] Una teora es el intento de poner algn tipo de orden a la
multiplicidad sin fin de las descripciones seleccionando e incluso resumiendo
los hechos cruciales de los fenmenos en cuestin. La seleccin por s misma
no constituye un enfoque terico ya que una teora debe tener algo que decir
sobre todos los fenmenos que se consideran relevantes (Campbell, 1988: 27-
28).


3
A este respecto, Weber recurre a la explicacin dada por Meyer (1983) de cara a la seleccin de
criterios cientficos y al papel jugado por el azar: [Meyer] formula del siguiente modo la posicin que
desea criticar de manera especial. 1. No tienen importancia para la historia y, por consiguiente, son
extraos a una exposicin cientfica: a) Lo accidental. b) Las decisiones libres de personalidades
concretas. c) La influencia de las ideas sobre las acciones de los hombres. 2. Por lo contrario, son
objetos propios del conocimiento cientfico: a) Los fenmenos de masas por contraposicin a las
acciones individuales. b) Lo tpico por contraposicin a lo singular. c) El desarrollo de
comunidades, en especial de clase sociales o nacionales, por contraposicin a la accin poltica
de los individuos. 3. Y, por fin, puesto que desde el punto de vista cientfico el desarrollo histrico
slo es inteligible de manera causal, concebido como un proceso que desenvuelve legalmente, el fin
propio de la labor histrica es descubrir las etapas de desarrollo de las comunidades humanas, etapas
que se suceden de manera tpica, necesaria, e incluir en ellas la diversidad de los histrico. Meyer,
aun cuando interpreta el azar de una manera por completo determinista, concibe, sin formularla con
claridad, una afinidad estrecha entre azar y libertad de voluntad (Weber, 2001: 105).

18
A pesar de esta precaucin, slo el anlisis del discurso desde una
perspectiva multidisciplinar, proporciona las herramientas tericas y
metodolgicas necesarias para un enfoque crtico fundamentado del estudio
(Van Dijk, 2000: 62). Al final, como vemos, la fuerza que en ltima instancia
hace posible acciones racionales es la capacidad de clasificacin, de inferencia
y de deduccin, independientemente del contenido especfico que en cada caso
est en juego. Lo que aqu cuenta es, en fin, el funcionamiento abstracto del
mecanismo del pensamiento (Horkheimer, 2002: 45). La argumentacin es
clave en la construccin del discurso razonado. Argumentar es importante
tambin por otra razn. Una vez que hemos llegado a una conclusin bien
sustentada en razones, la explicamos y la defendemos mediante argumentos.
Un buen argumento no es una mera reiteracin de las conclusiones (Weston,
2005: 12). En otras palabras, la inferencia de conclusiones slo es posible
aunando en un mismo discurso las dimensiones sistemticas con aquellas no
tan sujetas a planteamientos lgicos. A decir de Bunge:

El conocimiento de la verdad emerge de las puestas a prueba, se presenta en
grados y, en principio, hay maneras de mejorar la precisin de los clculos y las
mediciones.
1. Los estndares de rigor y los estimadores de error no estn fijos de una vez
para siempre, sino que cambian a medida que cambian las metas y las tcnicas.
2. Si bien la historia del conocimiento muestra mejoramiento en las
aproximaciones, no muestra una convergencia uniforme hacia un lmite, aunque
slo fuese porque el progreso a menudo se logra cambiando el rumbo y
reemplazando ciertas hiptesis por otras con conceptos totalmente nuevos.
3. El concepto de infinitud involucrado en la definicin de convergencia
uniforme hacia la verdad (o hacia cualquier otra cosa) no se aplica a conjuntos
finitos de proposiciones contrastables (2004: 309).

Bunge hace estas afirmaciones a propsito de las matemticas. No
obstante, el propio autor reconoce la posibilidad de extrapolar estas
conclusiones al terreno de las disciplinas humansticas, en las que se
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



19
encontrara dispuesto nuestro objeto particular de estudio. No en vano, hemos
encontrado en diversos autores afirmaciones que corroboran esta necesidad:
No se puede avanzar mucho en el entendimiento de las estructuras
especficas de las teoras fsicas parciales sin utilizar los recursos aportados
por quienes exploran las cuestiones ms generales y fundamentales de la
filosofa (Sklar, 1994: 23). Lo que hoy se llama mtodo cientfico no es ya
una lista de recetas para dar con las respuestas correctas a las preguntas
cientficas, sino el conjunto de procedimientos por los cuales a) se plantean los
problemas cientficos y b) se ponen a prueba las hiptesis cientficas. [] La
metodologa es normativa en la medida en que muestra cules son las reglas
de procedimiento que pueden aumentar la probabilidad de que el trabajo sea
fecundo. Pero las reglas discernibles en la prctica exitosa en la prctica son
perfectibles: no son cnones intocables porque no garantizan la obtencin de
la verdad; pero, en cambio, facilitan la deteccin de errores (Bunge, 1976:
50-51). No obstante, creemos haber encontrado la mejor prueba de estas
afirmaciones en las palabras de Vilar
4
:

Merece la pena recordar que todas las ciencias se han elaborado a partir de
interrogantes dispares, a los que se fue dando sucesivamente respuestas cada
vez ms cientficas, con puntos de partida, saltos hacia delante y retrocesos, pero
nunca, como se dice hoy con demasiada frecuencia bajo la influencia difusa de
Bachelard y Foucault, con cortes absolutos entre las respuestas no cientficas y
las respuestas cientficas. Con mayor acierto, el filsofo Paul Ricoeur ha
observado que no existe diferencia sustancial entre, por una parte, las

4
Vilar empieza su argumentacin abordando la secular disputa entre los defensores del conocimiento
cientfico como nica fuente vlida de verdad y sus detractores. En este sentido, previamente, hace
una serie de valiosas aportaciones: La historia no se repite. El fsico puede decir, en presente
condicional: si hiciera esto, sucedera aquello, y puede verificar de inmediato la validez de su
hiptesis. Por el contrario, si el historiador dice [en pasado condicional]: si se hubiera hecho esto,
hubiera sucedido aquello, nada le permite probarlo. Como norma general se le aconseja abstenerse de
ello. Pero entonces, no est condenado a constatar? Tiene, pues, prohibido razonar? Esta cuestin
le preocupa legtimamente, puesto que constatar no es un oficio enaltecedor, mientras que s lo es el
de entender, explicar, con el fin de poder actuar. El problema se plantea pues, en estos trminos: de
qu manera razonar sobre una materia en la no se puede intervenir experimentalmente? Falta por
saber a qu llamamos intervenir, a qu llamamos experiencia, y cul es esta materia (1982: 17 y
ss.).
20
rectificaciones sucesivas que han transformado las cosmologas primitivas en
la fsica actual y, por otra, las rectificaciones que han convertido las tradiciones
primitivas en la ciencia histrica tal y como la conocemos actualmente. []
Limitmonos a evocar la fsica del siglo XVIII con sus falsos conceptos y sus
curiosidades pueriles, y el retraso de la historia nos parecer menos cruel (1982:
27 y ss.).

En este debemos nos vemos obligados a manifestar, que no estamos
tratando de construir una explicacin que nos permita, dicindolo llanamente,
decir y/o hacer lo que queramos. En este sentido, afirmamos con toda
contundencia que nos parece muy peligroso confundir la reflexin con la
simple ocurrencia. En este sentido, con las debidas precauciones, podemos
constatar que todas y cada una de las afirmaciones que efectuamos en nuestro
trabajo tratan de encontrar el refrendo en las palabras de otros textos y
autores
5
. No es un error tener opiniones. El error es no tener nada ms
(Weston, 2005: 13). Recurriendo de nuevo a Vilar establecemos el principio
de la diferenciacin bsica de los polos de esta cuestin:

Para el Occidente europeo la preocupacin cientfica en cuestin de historia
nace, como muchas otras manifestaciones, del espritu moderno. [] Esta
preocupacin se expresa bajo dos formas complementarias que inicialmente
convergen slo de forma ocasional, que divergen con demasiada frecuencia, y
cuya conjuncin condiciona, sin embargo, el desarrollo cientfico de la historia:
1) La preocupacin crtica, que consiste en no aceptar la existencia de un hecho,
la autenticidad de un texto, hasta despus de verificaciones minuciosas. 2) La
preocupacin constructiva, que consiste en elegir determinado tipo de hechos,

5
Nos parece interesante tambin reproducir la opinin de Weston al respecto: Algunas personas
piensan que argumentar es, simplemente, exponer sus prejuicios bajo una nueva forma. Por ello,
muchas personas tambin piensan que los argumentos son desagradables e intiles. Una definicin de
argumento tomada de un diccionario es disputa. En este sentido, a veces decimos que dos
personas tienen un argumento: una discusin verbal. Esto es algo muy comn. Pero no representa lo
que realmente son los argumentos. [...] Dar un argumento significa ofrecer un conjunto de razones o
de pruebas en apoyo de una conclusin. Aqu un argumento no es simplemente la afirmacin de
ciertas opiniones, ni se trata simplemente de una disputa. Los argumentos son intentos de apoyar
ciertas opiniones con razones. En este sentido, los argumentos no son intiles, son, en efecto,
esenciales (2005: 11).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



21
en confrontarlos y en buscar las correlaciones, con el fin de resolver un
problema planteado por el pasado humano [problema econmico, problema
social, problema institucional, problema espiritual, o toda una combinacin
compleja de estos problemas] (1982: 32 y ss.).

As pues, lo que hoy se llama mtodo cientfico no es ya una lista de
recetas para dar con las respuestas correctas a las preguntas cientficas, sino el
conjunto de procedimientos por los cuales a) se plantean los problemas
cientficos y b) se ponen a prueba las hiptesis cientficas. [] La
metodologa es normativa en la medida en que muestra cules son las reglas
de procedimiento que pueden aumentar la probabilidad de que el trabajo sea
fecundo. Pero las reglas discernibles en la prctica exitosa en la prctica son
perfectibles: no son cnones intocables porque no garantizan la obtencin de
la verdad; pero, en cambio, facilitan la deteccin de errores (Bunge, 1976: 50-
51).

De cara a una mayor claridad expositiva, el texto principal de nuestro
trabajo contiene aquellos elementos considerados decisivos o ms importantes
desde un punto de vista argumentativo. En este sentido las notas a pie de
pgina no pretenden ser meramente explicativas, por lo que el contenido de las
mismas es complementario y refuerza la argumentacin mantenida en el texto
principal. En este punto nos parece imprescindible efectuar una matizacin. En
el estudio de la bibliografa hemos recurrido a fuentes que la mayora de las
veces no tienen traduccin al espaol o el cataln. Por ejemplo, una buena
parte de los libros de Paul Virilio slo estn disponibles en el idioma original
francs en el que fueron escritos. Asimismo, una gran cantidad de referencias,
imprescindibles en la elaboracin de nuestro trabajo, slo las hemos podido
encontrar en ingls, puesto que la literatura crtica disponible en castellano es
an muy escasa. A fin de facilitar la lectura, hemos optado por traducir todas
las citas directas e indirectas, tratando de ser escrupulosamente fieles al
22
contenido del texto original. En aquellas ocasiones en las que por dificultades
de traduccin o interpretacin hemos estimado negativo efectuar la
extrapolacin lingstica, hemos optado, debidamente indicado, por reproducir
la lengua de origen
6
para que el lector pueda establecer sus propias
conclusiones. Con el fin de detallar con el mximo grado de precisin posible
los pasos que ha seguido la elaboracin de nuestra tesis, dedicamos un
apartado a explicar nuestra propuesta de trabajo. En ella tratamos de describir
las fases que ha ido atravesando la investigacin, as como el procedimiento
empleado para construir la propuesta final.

1.2. Una propuesta de trabajo

En el camino que nos disponemos a recorrer a lo largo de las siguientes
pginas hemos desarrollado, en un primer lugar, aquellas claves generales que
han dado el sentido global a nuestro texto. stas se han centrado en la
comprensin de las dimensiones de espacio y tiempo. El desarrollo de ambas a
lo largo de la historia del conocimiento ha sido calve, al mismo tiempo, en el
desarrollo y evolucin de la comprensin del hombre de su entorno. La
concepcin de este conocimiento, que fue evolucionando desde la invencin
de la filosofa y de la ciencia, ha sido decisiva en la elaboracin de las
propuestas cosmognicas que se han sucedido a lo largo de los siglos. Con
stas los hombres y mujeres han tratado de explicar el mundo que les rodea.
En estas definiciones del mundo ha residido la propia aproximacin que el ser
humano ha hecho al mismo, siendo en cada momento esencial la concepcin
que del conocimiento ha tenido. Estimamos que conociendo sus claves nos

6
Ninguna traduccin sera posible si su aspiracin suprema fuera la semejanza con el original. []
La fidelidad y la libertad libertad de la reproduccin en su sentido literal y, a su servicio, la fidelidad
respecto a la palabra son los conceptos tradicionales que intervienen en toda discusin acerca de las
traducciones. [...] A decir verdad, su empleo tradicional considera estos conceptos en discrepancia
permanente. Porque, en realidad, qu valor tiene la fidelidad para la reproduccin del sentido? La
fidelidad de la traduccin de cada palabra aislada casi nunca puede reflejar por completo el sentido
que tiene el original (Benjamin, 1964: 77-84).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



23
ser ms sencillo dirigir nuestras mirada hacia los planteamientos y teoras de
Paul Virilio, cuyos primeros indicios nos indican un cuestionamiento total de
las nociones de tiempo y espacio con las que an nos parecemos manejarnos.
Desde esta perspectiva articular buena parte de su trabajo.

Es posible, adems de por muchas causas que ya hemos enumerado,
que en este punto resida uno de los mayores puntos de inters de este trabajo
de tesis doctoral. Al comienzo hablbamos de la singularidad de las propuestas
de Virilio. Pero esta caracterstica debe sumarse al hecho de que los trabajos
del autor francs hayan sido poco estudiados en nuestro pas. Este hecho se
contrasta con la poca disponibilidad bibliogrfica de sus textos y la escasa
existencia de trabajos sobre su obra. No obstante, estimamos que la vigencia y
frescura de algunos de sus planteamientos est hoy muy presente. Sirva como
muestra el ejemplo de los disturbios registrados en los barrios de las grandes
ciudades francesas en el otoo de 2005
7
.

Recapitulando lo dicho hasta este punto y habiendo definido las
caractersticas de un tiempo y de un espacio que convendremos en llamar
modernos, hemos elaborado nuestro informe sobre la modernidad y la
postmodernidad, desarrollando aquellos aspectos que hemos estimado ms
tiles a nuestros fines de investigacin. Todo ello sin perder de vista la
perspectiva global del pensamiento de Virilio. En este sentido, hemos
considerado que por los objetivos que perseguamos era imprescindible
adentrarnos en el conocimiento de estos dos perodos histricos. Perodos en

7
La ola de violencia vivida en otoo de 2005 en Francia nos sugiere la aplicacin de la interpretacin
del urbanismo moderno que Virilio realiza desde hace dcadas, en confluencia con la funcin de los
mass-media. Los disturbios fueron protagonizados mayoritariamente por ciudadanos franceses,
nacidos y crecidos en Francia pero con orgenes en la inmigracin. Las grandes masas urbansticas en
las periferias de las grandes ciudades del pas han impedido que estos jvenes sean ciudadanos de
pleno derecho. Las peculiares caractersticas de los acontecimientos nos recuerdan punto por punto los
vaticinios de Virilio: Nuestras ciudades, no solamente So Paulo o Calcuta, sino tambin Washington
o las afueras de Pars, estn en una situacin absolutamente catastrfica. Hoy en da, estn al borde de
la implosin. Se tiende a la desintegracin de la comunidad de los presentes en beneficio de la de los
ausentes (1997a: 48).
24
los que se produce, siguiendo patrones diferenciados, un cuestionamiento del
tiempo y del espacio, vindose alterado sus estatutos. No obstante, no es
descabellado volver a insistir en que nuestra intencin no ha sido la de someter
a un anlisis exhaustivo todos los preceptos y argumentos de ambos perodos
histrico-tericos; cuestin sumamente interesante pero que se aleja de los
fines de esta tesis. En cada caso han sido desarrolladas las argumentaciones
pertinentes y entendemos que la utilidad principal del texto, es decir, la
descripcin histrica del contexto filosfico/terico en el que se desarrollan
los principales trabajos de Paul Virilio, ha sido lo suficientemente acometida.
En su confeccin hemos empleado como referencia los argumentos de un
amplio conjunto de autores con los que hemos construido un discurso
coherente con sus planteamientos y fines. Autores que, por sus mbitos de
trabajo y reas de conocimiento estn prximos a los objetos estudiados. En
segundo lugar, ha sido imprescindible el estudio de los elementos clave que
nos han permitido conjugar el estudio de la modernidad y la postmodernidad
con los fenmenos de la globalizacin y la propaganda. Aqu, de nuevo, la
evolucin, histricamente constatable y documentada, de los conceptos de
espacio y tiempo es fundamental a la hora de comprender los matices del
periodo histrico actual. Con todo ello hemos establecido un estado de la
cuestin ajustado a los ltimos conocimientos disponibles.

En conclusin, en la primera parte del trabajo realizamos una
aproximacin a la modernidad y la postmodernidad, tratando de establecer los
parmetros desde los que hacer la observacin, propiamente dicha, de los
trabajos de Virilio. Cabe recordar que su trayectoria personal y terica se
encuadra dentro de lo que podramos considerar la transicin entre ambas
perspectivas terico-filosficas. En este sentido, ya lo avanzamos, el trabajo
reflexivo de Paul Virilio es, en parte, fruto de este momento de
indefinicin/redefinicin y cambio. Este hecho influye decisivamente en sus
trabajos para bien o para mal. En su elaboracin hemos recurrido a una
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



25
solucin explicativa, completa pero no exhaustiva, de los elementos de esta
transicin que a posteriori nos servirn en la comprensin de Virilio.
Asimismo, hemos tratado de recurrir a los textos, que por su planteamiento,
ofrecen una perspectiva ms amplia de la modernidad y la postmodernidad. En
esta lnea, la primera parte del trabajo incluye tambin el repaso a dos
cuestiones cruciales, que sern las que con mayor profundidad extrapolemos al
estudio viriliano
8
: los fenmenos de la propaganda y la globalizacin. Con
todo ello, esperamos haber elaborado un preciso estado de la cuestin, til
para nuestros propsitos de anlisis. En segundo lugar, contempla un
exhaustivo repaso de la evolucin conceptual de Virilio. Es frecuente
encontrar una dispersin enorme de conceptos en aquellos textos descriptivos
de su obra. Antes sugeramos que la reflexin viriliana es, ante todo, un
mosaico de imgenes que se explican unas a otras. Frente a este panorama
desconcertante es frecuente que los autores que se acercan a su obra caigan en
la tentacin a-sistemtica y a-cronolgica.

Nos parece urgente y coherente ser sistemticos en la presentacin de
los conceptos, indefectiblemente ligados a los textos principales de su trabajo.
Por este motivo hemos propuesto una lectura pormenorizada de sus trabajos.
Slo as se nos antoja posible llegar a algn tipo de conclusin global en los
aspectos que habremos esbozado en la primera parte de nuestro trabajo. En la
realizacin de este apartado hemos acudido a lo que otros autores han
propuesto sobre de sus teoras, a las entrevistas que Virilio ha concedido desde
1983 y a sus artculos, pero insistiendo siempre en los textos principales. Para
ello, hemos elaborado un conjunto cronolgico de resmenes de sus libros,
con el fin de desechar aquellos textos que no aborden de manera principal las
cuestiones ligadas a la propaganda y la globalizacin. A stos los hemos

8
Algunos autores (Armitage, 2000: 19; Redhead, 2004: 18) han utilizado esta expresin para describir
las aportaciones tericas de Paul Virilio. En este sentido y para precisar un poco ms su uso, en
adelante extenderemos el uso del trmino viriliano a la descripcin, tambin, de aspectos o puntos
de vista parciales de las teoras del pensador francs.
26
considerado como la fuente principal en/desde la que corroborar afirmaciones
previas. Indudablemente, tambin hemos tenido que recurrir a los textos
considerados no principales. Esperamos haber escogido el camino ms
correcto.

1.3. Notas personales y de agradecimiento

Antes de comenzar con la exposicin del trabajo he decidido reservar
an un espacio. Hace mucho tiempo que dej de contar los meses
transcurridos desde el inicio de este trabajo de tesis doctoral. En parte debido
al malestar que me produca la lentitud con la que se desarrollaba el mismo, en
parte por la inutilidad del ejercicio y en buena parte tambin porque al
terminar la cuenta siempre me vino a la cabeza la idea de desistir. Tras superar
este estadio mental, de los muchos que atraviesa un doctorando, y llegar a la
conclusin del trabajo he decidido voluntariamente recordar slo los aspectos
positivos del proceso. Han sido muchos los aos, seguramente demasiados, y
muchas las ancdotas e infinidad de detalles los que han dado como resultado
este texto, ahora ya definitivo. De todo lo sucedido, sin duda todo fundamental
para que la tesis tenga la forma y el fondo actuales, lo ms importante ha sido
la cantidad de ayuda y nimos que he recibido por parte de amigos y amigas,
compaeros y compaeras y familia. Sin ella, sencillamente, el texto no
existira. Aqu me resulta imprescindible decir que el orden de los factores no
altera el grado de mi agradecimiento, en todos los casos altsimo. No obstante,
las imposiciones del discurso obligan a establecer una enumeracin que no
puede ser simultnea. Con el fin de no ser redundante escribir una sola vez y
vlida para todos en primer lugar:

- Quiero dedicar un profundo agradecimiento a mi director de tesis el
Dr. Antonio Mndez Rubio. Creo que diciendo: gracias por todo lo que me
has enseado, no sera suficiente para expresar por completo mi gratitud.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



27
Gracias por la infinita paciencia que has demostrado cuando otros,
seguramente, hubieran tirado la toalla. Gracias por tu forma de razonar y
proponer: gracias por conversar conmigo. S que eres una persona identificada
con causas difciles y seguramente esa cualidad tuya es la que salv esta causa
particular ma, que ms que difcil en alguna ocasin pareci perdida.

-Tambin quiero darle las gracias a mi amigo el Dr. Guillermo Lpez
Garca por haber realizado una concienzuda lectura del texto a medida que
avanzaba, por haberme ayudado a pulir sus principales defectos y haberme
servido de gua en muchos de sus fundamentos. Pero por encima de esto, y de
forma especial, por sus constantes, desinteresadas y sinceras palabras de
nimo y motivacin para continuar cuando todo se volva oscuro.

- Debo agradecer al Dr. Josep Vicent Gavald el haberme ofrecido de
forma desinteresada sus conocimientos y colaboracin en la elaboracin de
esta tesis. De l he aprendido a relativizar la importancia de las cosas y la
propia relatividad del tiempo. Sin sus precisos comentarios no hubiera podido
obtener una visin de conjunto vlida de mi trabajo. En este aspecto, estoy en
deuda tambin con el Dr. Jos Mara Bernardo Paniagua, quien me ha
enseado a apreciar la riqueza del matiz en la conversacin frente a la
inflexible contundencia del aforismo.

- Al Dr. Manuel de la Fuente le debo, sin duda, el acceso a una gran
cantidad de artculos y textos sin los cuales no hubiera podido avanzar en mi
trabajo. Tambin le doy las gracias por el esclarecimiento de muchas
cuestiones en aquellos campos en los que es un especialista.

- Descubrir los secretos que Internet esconde no es una tarea sencilla.
En este sentido, debo agradecerle a la Dra. Mechthild Albert su inestimable
28
ayuda en la localizacin de bibliografa para la realizacin de esta tesis.
Tambin estoy en deuda con ella por la fantstica acogida que me dispens en
la Universitt des Saarlandes, de la que conservo un grato recuerdo.

- A lvar Peris debo agradecerle nuestras largas conversaciones,
acompaadas siempre de la risa, que me han servido para comprender el lugar
en el que creo encontrarme, que no es poco. Quiero darle las gracias por su
complicidad en la inmensidad que para m ha supuesto este reto.

- Inexcusablemente tengo que agradecerle a mi amigo Jess Bernabeu
su fina irona y capacidad para sacarme de mis casillas [a m y a la
humanidad que le rodea!]. Tambin por demostrarme que el sentido del humor
es la piedra clave de la inteligencia y la risa el primer tnico reconstituyente
para los estados de nimo decados. Por supuesto, debo agradecerle tambin a
sus infinitos conocimientos del universo de las dos dimensiones la precisin
de los ejemplos audiovisuales que he utilizado en la tesis.

- A Vernica Mira y Dlia Sendra debo agradecerles su inestimable
colaboracin a la hora de manejarme con los textos en francs. Sin su ayuda
no hubiera podido desenterrar los tesoros que esta lengua esconde.

- A Ruth Bardisa, adems, quiero darle las gracias de forma muy
especial por las horas de inclemente espera en las bibliotecas de Pars, en las
que realiz labores de buceo a la caza de algunos de los textos de Virilio.
Sin ellos no podra haber terminado mi trabajo. Tambin le quiero agradecer
nuestras largas conversaciones de nimo recproco y su sinceridad.

- Quiero agradecerle a la Dra. Rosanna Mestre sus constantes palabras
de nimo y su ayuda en la observacin de algunos de los aspectos formales de
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



29
la tesis. Tambin por no haberme pedido nada a cambio y ser por ello una
amiga incondicional en los aos que llevo en la Universitat de Valncia.

- Siempre estar en deuda con Pilar Tortajada y M. Carmen Marcos
por llevarme de la mano en cada uno de los pasos de depsito y trmites de
lectura de la tesis y ayudarme a sobrevivir al infernal proceso burocrtico
que esto supone.

- A Lus Cano y Saturnino Villanueva les debo no s cuntas horas de
paciencia, diligencia, ayuda y risas en las innumerables ocasiones en las que
he tenido que recurrir a ellos en todos los aos que llevo en la Universitat de
Valncia. Muchas gracias.

- Quiero agradecer la ayuda de una incontable cantidad de gente que,
sin saberlo, ha hecho posible que esta tesis sea una realidad.

- Por ltimo, quiero dar las gracias a mi familia y, en especial, a mi
madre. Gracias por todas las horas de paciencia tenida, por soportar siempre
mi peor carcter sin haberos pedido permiso, por prestarme vuestro apoyo
incondicional en todos los aspectos de mi vida. En definitiva, por ser un
refugio al que acudir cuando ms lo he necesitado, el lugar donde descansar
cuando ms cansado he estado y, sencillamente, por habrmelo dado.

De la ayuda recibida por parte de las personas que figuran en esta larga
enumeracin, con toda seguridad incompleta, slo aadir que todo aquello
que en esta tesis pueda haber mejorable es slo responsabilidad ma. De
nuevo, a todos y todas, gracias.


30






























Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



31

2. Modernidad y Postmodernidad: Espacio y Tiempo
Pre-Modernos

A la anciana Mrs. Crystal, en cuya casa con los marcos de las ventanas pintados
de blanco haba residido l durante un mediocre invierno (1949-1959), le
compr Pnin por tres dlares una alfombra decolorada que en sus buenos
tiempos haba sido turca. Con la ayuda del conserje sujet con tornillos en uno
de los extremos de la mesa un sacapuntas ese instrumento tan satisfactorio, tan
filosfico, que, ticonderoga, ticonderoga, se va alimentando de barniz amarillo
y dulce madera, y que termina en una especie de insonoramente giratorio vaco
eterno, tal como nos ocurrir a todos (Nabokov, 2002: 66).

Pnin es, ante todo, un ser contrapuesto a los avatares de la vida
moderna. Un personaje enfrentado a los retos de la vida cotidiana, aturdido por
la fascinacin de los artilugios tecnolgicos, entremezclada con los
quebraderos de cabeza que, al mismo tiempo, stos le provocan. ste, entre
otros muchos, podra ser un ejemplo del fondo que encierra la
postmodernidad: algo ha sucedido a lo largo del siglo XX, de un modo no
premeditado, ni profusamente preparado, incluso ni tan siquiera deseado (Ruiz
de Samaniego, 2004: 7 y ss.). Hablamos de ejemplo en la medida en que lo
sugiere la imagen de Nabokov. El afilador de lpices y dems elementos que
acomodan la vida, en su perfeccin tcnica, no evitan que podamos ser presa
de la reflexin ltima del destino que les espera a los hombres: la
incertidumbre de aquello que nos depara el futuro y que nos obliga a girar en
una espiral sin fin de comienzos, finales y reubicaciones. La modernidad
inconclusa nos devolvi a este vaco existencial, a la necesidad, en cierta
medida, de retornar una y otra vez al cogito ergo sum cartesiano. Como el
propio Nabokov sugiere: el futuro no es ms que lo anticuado vuelto del revs
(Ruiz de Samaniego, 2004: 32).
32

A la hora de planificar este apartado, nos propusimos realizar un
acercamiento a la postmodernidad, el postmodernismo, o la condicin
postmoderna
9
, con el fin de caracterizar el contexto terico en el que se
desarrolla y discurre el discurso viriliano. En otras palabras, se tratara de
ubicar a nuestro autor en el contexto de las convulsiones que se suceden en el
panorama de la teora a lo largo del siglo XX, especialmente a finales de los
aos 60 y en los aos 70. Los efectos se dejan sentir an hoy y en
determinados aspectos, como la falsificacin de la percepcin y otros que
destacamos en la introduccin, el debate acerca de la postmodernidad, con los
debidos matices, est ms vivo que en dcadas anteriores. Asimismo, segn
analizamos ms adelante, los problemas inherentes a esta cuestin abarcan un
periodo de tiempo mucho menos preciso, cuyo origen se remonta a etapas
histricas anteriores, ligndolo as a los profundos cambios sociales y
econmicos de los tres ltimos siglos
10
. La presuncin de que a lo largo de
estos siglos pudieran mantenerse ciertos rasgos como permanentes indicara el
supuesto de la existencia de criterios no estrictamente cronolgicos en vistas a
su definicin y por tanto se debera recurrir a la utilizacin de recursos
explicativos de carcter histrico (Prior, 2002: 101).


9
En la mayora de contextos podemos encontrar los tres trminos utilizados indistintamente, si bien es
cierto que esconden diferencias de matiz como vemos, por ejemplo, en la propuesta de Lyon: Como
recurso analtico aproximativo, hay que distinguir entre postmodernismo, donde el acento se pone en
lo cultural, y postmodernidad, donde el nfasis est en lo social (2000: 26). El objeto de nuestro
estudio no persigue una aclaracin exhaustiva de cada uno de los conceptos, por lo que optamos por
utilizar el trmino postmodernidad/postmoderno-a, para referirnos en todos sus mbitos al fenmeno
estudiado. Entendemos que esta misma reflexin es vlida al aplicarla al trmino modernidad y sus
derivados, que tambin nos conciernen. Asimismo, cuando empleemos los trminos postmoderno-
a/postmodernidad, mantendremos la t en el prefijo post. Algunos autores o traducciones se inclinan
por la terminologa posmodernidad/posmoderno-a, que mantendremos en las citas. Sirva ya, pero slo
como ejemplo, el uso que uno de los autores de referencia en esta materia, Jean-Franois Lyotard,
hace del trmino en el ttulo de su libro: La condicin postmoderna.
10
Segn Hobsbawm, la historia del mundo actual empieza en el siglo XVIII, o quiz mejor a
mediados del XVII [] precisamente para ser claro en el problema de la transformacin de una
sociedad precapitalista, feudal, en una sociedad capitalista (2004: 45).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



33
El concepto de la postmodernidad ha sido objeto de estudio por parte de
multitud de autores, que han tratado de perfilar los atributos de este conjunto
de significados y suposiciones, raras veces declarados y plenamente
conscientes (Mndez Rubio, 2004: 103). Nuestra aproximacin, forzosamente
parcial, pretende al menos proponer los puntos de apoyo para un mejor
entendimiento de la cuestin. El fin ltimo es tratar de poner un poco de orden
en los principios definitorios de la postmodernidad, si esto es posible, sin la
pretensin de realizar un anlisis exhaustivo. En la construccin de los
argumentos que hemos detallado, recurrimos a una serie de textos que hemos
considerado claves o interesantes en sus aportaciones, en la medida en que
arrojan luz sobre la cuestin. Sin embargo, insistimos en la idea de la
parcialidad de esta aproximacin, puesto que nicamente pretendemos acercar
nuestra visin a aquello que se ha convenido en llamar postmodernidad. Del
mismo modo, debemos destacar que aquellos aspectos a los que daremos
mayor relevancia sern los relacionados con nuestro objeto de estudio, la
produccin terica de Paul Virilio. Para empezar, anotamos el primer indicio:

Como seala Morley (Curran et al. 1998: 85), podramos considerar la
postmodernidad como una forma de sensibilidad cultural, generada a partir de
procesos sociales e histricos concretos. Esta sensibilidad afectara a amplias y
diversas zonas de la vida intelectual, comunicativa y esttica, lo que contribuye
a considerarla como un flujo tendencial relevante y no como un rasgo aislado de
nuestro contexto contemporneo (Mndez Rubio, 2004: 103-104).

La sensibilidad sealada en la cita recorrera, no obstante, cuestiones
ms extensas; econmicas, culturales y sociales en sentido amplio. ste es uno
de los elementos que nos indica el alto grado de complejidad al que
irremisiblemente tendremos que poner coto
11
. Ahora bien, podemos comenzar

11
Echeverra (1999c: 265-266), siguiendo a Alain Touraine (1969), seala: El trmino
postmodernidad fue aplicado primeramente a la literatura (Ihab Hassan, 1971), y a la cultura
(Nebamou y Caramello, 1972; Khler, 1977), estrechamente vinculado a la idea de una sociedad
34
a comprender y dibujar las claves de la postmodernidad entendindola como la
reaccin a los grandes proyectos legitimadores del orden social y cultural de
siglos anteriores (Marina, 2000b), anclados en procesos sociales e histricos
gestados durante siglos. La cuestin de los relatos globales de legitimacin
constituye el punto que ms se aproxima al comn denominador en las
discusiones sobre la modernidad (Echeverra 1999c). Han pasado doscientos
aos y muchos de estos grandes relatos, de estos metadiscursos, empleando la
terminologa habermasiana, no solamente estn en deuda con nosotros sino
que estn mucho ms alejados de lo real que hace doscientos aos (Casullo,
Forster y Kaufman, 1999: 207). En esta lnea se situara la temprana reflexin
de Lyotard acerca de la cuestin postmoderna y sus consecuencias:

En la sociedad y la cultura contemporneas, sociedad postindustrial, cultura
postmoderna, la cuestin de la legitimacin del saber se plantea en otros
trminos. El gran relato ha perdido su credibilidad, sea cual sea el modo de
unificacin que se le haya asignado: relato especulativo, relato de emancipacin
(Lyotard, 2004: 73).


postindustrial. [] A partir de Lyotard se extiende tambin a la ciencia. De este modo, el autor
ofrece una pista de cmo lo que empieza siendo un giro de perspectiva en el campo de la filosofa y el
pensamiento, se extiende a las dems reas del conocimiento. No obstante, siguiendo a Ruiz de
Samaniego (2004: 13), encontramos la siguiente explicacin: Perry Anderson traza con precisin y
claridad la historia del trmino en Los orgenes de la Posmodernidad. Un vocablo que nace en la
crtica literaria espaola de los aos treinta, pero que en la cultura anglosajona no aparece hasta los
primeros aos cincuenta, de la mano del historiador Toynbee y del poeta Charles Olson. Con ms
precisin, Ballesteros se refiere a esta cuestin del siguiente modo: El trmino postmodernidad
aparece en la historiografa, para calificar nuestra poca, por primera vez en la monumental poca de
Toynbee A Study of History, comenzada en 1922 y publicada entre 1934 y 1954. [...] Toynbee ve la
historia como resultado, sobre todo, de la libertad humana, frente a las tesis deterministas, que quieren
encontrar leyes naturales en el desarrollo histrico. De acuerdo con ello, ve la presente situacin
bajo el signo de la ambivalencia. Existe la posibilidad de la decadencia, pero existe tambin la
posibilidad de la plenitud (2000: 101). Este ltimo rasgo contrasta con el punto de vista de la ltima
postmodernidad, que ya ha desterrado de sus planteamientos la posibilidad de la plenitud. En ltima
instancia, debemos destacar el exhaustivo repaso del uso de la palabra moderno hecho por
Maldonado. En l se pone de relieve la necesidad de distincin de lo que, en palabras del propio autor,
ha sido un abuso del trmino moderno: No es nuestro propsito indagar en la historia de la palabra
moderno, investigando su genealoga y sobre sus parentescos, reales o supuestos, con otras palabras.
[] A nosotros nos urge, sin embargo, seguir el proceso de estratificacin de los significados y de las
matizaciones de sentido que se han ido acumulando alrededor del trmino moderno (1990 y ss.).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



35
Lyotard escribi su ensayo a peticin del consejo universitario del
gobierno de Qubec, con el fin de profundizar en el estatuto del saber en las
sociedades cibernticas. Desde esta perspectiva, Lyotard caracteriza la nueva
atmsfera a partir de dos rasgos fundamentales: de un lado, la mercantilizacin
creciente del saber y sus mecanismos de produccin y, de otro, la intensa
fragmentacin de ese saber, hasta el punto de hacerse insostenible la confianza
en un saber total o general (Mndez Rubio, 2004: 105). En otras palabras, un
saber unificado debajo del paraguas de la razn instrumental
12
, cuya
configuracin precisa tard siglos en consolidarse. De este modo, los grandes
metarrelatos giraran, segn Lyotard, en torno a la cuestin de la verdad, que
sera el valor ltimo que justificara toda la ciencia (Echeverra, 1999c: 266) y,
por ende, toda evolucin social. El proceso de prdida de la credibilidad
culminar, al menos en cuanto a su escenificacin se refiere, en el siglo XX
13
.
En este sentido, el punto de vista de la modernidad preexistente estara en los

12
El concepto de razn instrumental parte de los trabajos de Max Weber. Asimismo, el concepto ha
sido trabajado por autores como Habermas o Schutz. Si desde el punto de vista del modelo clsico de
explicacin causal poda darse por explicado cierto fenmeno si, y slo si, haban sido descubiertos en
su totalidad los factores determinantes de su ocurrencia, el mbito del sistema explicativo weberiano
existe la posibilidad de diversos rdenes de explicacin. De esta manera, la metodologa de Weber
logra ilustrar el alcance de la objetividad de las ciencias histrico-sociales. Resulta evidente cun
errnea es la suposicin de que una libertad de la voluntad, como quiera que se la entienda, sea
idntica a la irracionalidad de actuar, o bien que la segunda est condicionada por la primera. [...] A
la inversa, acompaamos con el mximo grado de sentimiento de libertad emprico aquellas acciones
que etenemos conciencia de haber cumplido racionalmente, es decir, en ausencia de coaccin fsica
y psquica, de afectos apasionados y de perturbaciones contingentes de la claridad de juicio, y en
las cuales perseguimos un fin claramente consciente por los medios que, segn nuestro
conocimiento, resultan ms adecuados a l, esto es, segn reglas de la experiencia (Weber, 2001:
112-113).
13
Esta afirmacin podra parecer un tanto excesiva, de acuerdo con los trminos en que la hemos
formulado. Entendemos que como en toda resolucin hipottica, tesis-anttesis, la reflexin terica en
el siglo XXI acerca de la modernidad y la postmodernidad habra llegado ya a su cspide en los aos
precedentes. Consiguientemente, autores como Marina proponen adentrarse en el trabajo sobre la
cuestin reflexiva posterior, actual, es decir, la ultramodernidad o hpermodernidad, como la ha
definido Armitage (2000). Citando a Baudrillard, Marina (2000b: 58-59) explica: ha habido una
orga total de lo real, de lo racional, de lo sexual, de la crtica y de la anticrtica, del crecimiento y de
la crisis del crecimiento. Hemos recorrido todos la produccin y la reproduccin virtual de objetos, de
signos, de mensajes, de ideologas, de placeres. Hoy todo est liberado, las cartas estn echadas y nos
reencontramos colectivamente ante la pregunta crucial: qu ha habido despus de la orga?.
Asimismo, Mndez Rubio seala: Existe asimismo acuerdo a la hora de reconocer que la crisis
econmica internacional vivida en torno a 1973 forz a una recomposicin, no slo econmica, sino
tambin poltica y cultural que ha supuesto cambios importantes, todava en marcha (Mndez Rubio,
2004: 104). De esta ltima referencia nos interesa especialmente la asercin todava en marcha.
36
orgenes de la implcita (o explcita) fragmentacin del conocimiento, de la
cultura; facilitando la trasgresin o superacin conceptual propuesta por/desde
la postmodernidad
14
. Se formula una radical superacin histrica de una
realidad. Una realidad que no es juzgada ya actual y que debe ser pues
sustituida por otra a la que se le atribuye el mrito de serlo ms (Maldonado,
1990: 15).

Para empezar, la modernidad puede no tener respeto alguno por su propio
pasado, y menos an por aquel de cualquier otro orden social premoderno. La
condicin transitoria de las cosas hace difcil la conservacin de un sentido de
continuidad histrica. [] Por lo tanto, la modernidad no slo supone una
violenta ruptura con alguna o con todas las condiciones histricas precedentes,
sino que se caracteriza por un proceso interminable de rupturas y
fragmentaciones internas (Harvey, 1998: 26-27).

Esta lgica coincide con un cierto tipo de interpretacin histrica, que
explica los acontecimientos en una sucesin de etapas de estabilidad-crisis,
similar a la espiral dibujada por el afilador de lpices de Pnin. En el caso de la
evolucin histrica del capitalismo, y de la consideracin central de la
modernidad, este planteamiento repercute, adems, transversalmente en todos
los mbitos: poltico, ideolgico, cultural, etc. Desde una posicin marxista no
ortodoxa, Hobsbawm efecta una explicacin que nos parece til a la hora de
describir estos acontecimientos. Hobsbawm propone la hiptesis de que, de
manera cclica, una poca de expansin, de crecimiento y de transformacin
llega a sus lmites y genera contradicciones y crisis, que se resuelven

14
Autores como Fredric Jameson proponen, sin embargo, que la postmodernidad es en realidad la
apuesta cultural del capitalismo en un estado avanzado. En su ensayo (1995: 105-106), nos ofrece la
siguiente reflexin: Toda nuestra argumentacin anterior conduce a la idea de que lo que venimos
llamando posmodernismo no puede concebirse sin la hiptesis de una mutacin de la esfera cultural
del capitalismo avanzado; una mutacin que lleva aparejada la modificacin de su funcin social. En
los debates de pocas anteriores acerca de la funcin, el lugar o la esfera de la cultura, [] se insista
en lo que algunos han llamado la cuasi-autonoma del dominio cultural; esto es, su existencia utpica
o fantasmal, para bien o para mal, por encima del mundo prctico-vital cuya imagen especular refleja.
[] La pregunta que hoy debemos hacernos es si esta cuasi-autonoma de la esfera cultural ha sido o
no destruida precisamente por la lgica del capitalismo avanzado.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



37
mediante una reestructuracin de los sistemas y as sucesivamente (2004: 48).
En otro de los trabajos del historiador encontramos la revisin de uno de los
argumentos ms conocidos de Marx: La historia [...] es la naturaleza mixta y
combinada de la evolucin de cualquier sociedad o sistema social, su
interaccin con otros sistemas y con el pasado. [...] Los hombres hacen su
propia historia, pero no como ellos quieren, [sino] en circunstancias que se
encuentran, dan y transmiten directamente desde el pasado (1998: 173). A
este respecto, nos parece interesante apuntar la advertencia lanzada por
Russell: Las grandes pocas y los grandes individuos han surgido del
derrumbamiento de un sistema rgido: el sistema rgido ha proporcionado la
disciplina y la coherencia necesarias, mientras que su derrumbamiento ha
liberado la energa necesaria. [Pero] Es un error suponer que los admirables
resultados conseguidos en un primer momento del derrumbamiento puedan
continuar indefinidamente (2004: 159).

2.1. Tiempo y Espacio (I)

Vides / ...de fets com rebentar un televisor/ a cops de destral/ de cremar la
muntanya de fem/ amb consumibles/ o amb falsos productes/ els declarem actes
humans/ bns dinters/ b, que no mal/ farcit de valors/ contactes i experincies
reals/ lluny de fonts denergia alienes/ lluny de morts endollades/ modelitzades/
desprovedes de vida/ i imaginaci prpia// Estarem a laltra banda de lesfera/
ben lluny de les mans/ que subjecten la collita robada/ subministrada per des-
animar/ lindividu a la cadira nuat/ a travs dels seus sentits ja atrofiats/ amb
cables i ones/ fins arribar a un minso cervell/ ressetetjada ment que mor amb
mig-realitats/ realitats dendoll/ i amb la durada dun sospir hum// Vull viure
dins la nostra realitat/ no altres poques o altres llocs/ disfressats de modes
generacionals// Vull viure all gran que s estar nosaltres/ en la complexa
riquesa del nostre voltant
15
// (Olmo & Olmo, 2003: 22).

15
Con el fin de facilitar la lectura del texto hemos credo conveniente reproducir el texto en espaol.
Cabe poner de relieve que la traduccin ha sido efectuada siguiendo un estricto criterio de literalidad
con el fin de facilitar la comprensin del poema. La traduccin no persigue ninguna finalidad esttica
38

De nuevo recurrimos a una cita literaria al comenzar una exposicin de
argumentos. La razn principal radica en el hecho de que la lectura y reflexin
de su contenido nos sugiere que pueda constituir una suerte de resumen de
aquellos elementos que centran y centrarn nuestras reflexiones en las
siguientes pginas. Reflexiones que girarn alrededor de la concepcin del
tiempo y del espacio en la pre-modernidad. La incomunicacin, la
modificacin de la percepcin de este espacio y de este tiempo, la
trascendencia de las realidades dependientes de la electricidad. Asimismo,
podemos avanzar que estos hechos pueden contemplarse tambin como una
suerte de resumen de los aspectos ms interesantes de los trabajos de Virilio.
En el fondo son ejemplos de la crisis conceptual arrastrada desde la segunda
mitad del siglo XX hasta nuestros das y que nos hemos propuesto examinar.
Una crisis irreversible arraigada profundamente en nuestra sociedad y que
sera la responsable de algunos de los sntomas enfermizos que describen estos
versos.

En las lneas que siguen, nuestra intencin es aproximarnos a la
reflexin producida en torno a la modernidad y la postmodernidad. Estimamos
imprescindible apuntar, que sobre este hecho, hemos asumido como cierta la
existencia de un cambio en la definicin del/de los paradigma/s del espacio y
del tiempo asociados a la modernidad y postmodernidad. Asimismo,
consideramos que la relacin de stos con la dimensin humana de las

en si misma: Vidas/ ...de hechos como destrozar un televisor/ a golpes de machete/ de quemar la
montaa de basura/ con combustibles/ o con falsos productos/ los declaramos actos humanos/ bienes
de inters/ bien, que no mal/ henchido de valores/ contactos y experiencias reales/ alejados de fuentes
de energa ajenas/ lejos de muertes enchufadas/ modeladas/ desprovistas de vida/ e imaginacin
propia// Estaremos al otro lado de la esfera/ muy lejos de las manos/ que toman la cosecha robada/
suministrada para des-animar/ al individuo atado a la silla/ a travs de sus sentidos ya atrofiados/ con
cables y ondas/ hasta llegar a un dbil cerebro/ reiniciada mente que muere en medio-realidades/
realidades de enchufe/ y con la duracin de un suspiro humano// Quiero vivir dentro de nuestra
realidad/ no otras pocas ni otros lugares/ disfrazados de modas generacionales// Quiero vivir la
grandeza que es ser nosotros/ en la compleja riqueza de nuestro entorno//. Al efecto de facilitar la
lectura, realizaremos la misma operacin con todos los fragmentos citados en cataln en primera
instancia.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



39
sociedades se encuentra muy prxima. Cabe recordar, que no hablamos
nicamente del tiempo y del espacio en su concepcin fsica, sino tambin de
su desarrollo filosfico. De este modo, a partir de estas, en apariencia
sencillas, premisas pretendemos concentrar ahora nuestro anlisis
16
.

Debemos, entre otras, a la insistente voz de Henri Lefbvre (1974)
17
la
idea segn la cual el dominio del espacio constituye una fuente fundamental y
omnipresente del poder social sobre la vida cotidiana. En este sentido, sera
necesario plantear desde el comienzo sobre qu elementos se articula esta
forma de poder social. Debemos advertir, sin miedo a mostrarnos repetitivos
en nuestro afn explicativo, que el estudio que aqu proponemos quedar
restringido a aquellas partes, que en funcin de nuestros objetivos,
consideremos ms relevantes. En otras palabras, hablaremos de aquellos
elementos que posteriormente extrapolaremos al propio anlisis de las teoras
virilianas. Debemos recordar la importancia que Paul Virilio concede a las
dictaduras de corte tecnolgico, ligadas al control del espacio y del tiempo y
que podran ser la causa y el fundamento de escenarios presentes y futuros de
inquietantes caractersticas. A nuestro parecer, es de una innegable urgencia la
concrecin de sus matices. Conociendo stos, podremos observar la
articulacin de las fuerzas del poder en relacin con el control del espacio y el
tiempo. Esta necesidad argumentativa abarca todo el periodo de la modernidad
y de la postmodernidad y abarca, asimismo, los trabajos, no slo de Virilio,
sino de otra gran cantidad de autores. En otras palabras, no es posible, por

16
Salvando en parte los matices podremos establecer una divisin de las proposiciones descriptivas
del mundo. stas se corresponderan con la divisin clsica entre Fsica y Filosofa. En la realizacin
las descripciones nos han servido de gua los trabajos de Lawrence Sklar (1994). Sklar construye un
discurso acerca de las concepciones y discusiones histricas del espacio y el tiempo. En ella se
enumeran las principales variables del debate y sus principales protagonistas.
17
En este punto debemos hacer una aclaracin respecto de aquellas citas en las que no incluimos
nmero de pgina en la citacin. Este hecho puede deberse a dos motivos. En primer lugar, que la cita
pertenezca a un texto con referencia a un documento web, por lo que no tiene paginacin. En segundo
lugar, como en este caso, que el contenido de las afirmaciones que atribuimos a un autor sea
extrapolable al conjunto del texto referenciado y no a una nica pgina.
40
ejemplo, abordar la nocin de teletopa viriliana sin conocer antes las
caractersticas fundamentales del espacio y del tiempo.

Como apuntbamos, estos problemas han tenido una presencia
destacada a lo largo de la historia de la Filosofa y de la Ciencia desde lo que
podramos considerar los inicios de ambas disciplinas tericas en su ms vasto
sentido. En este punto queremos hacer nuestras las afirmaciones de Sklar
(1994: 25 y ss.), en las que pone de manifiesto que la investigacin sistemtica
y exhaustiva de cualquiera de los principales problemas de la filosofa es una
tarea larga y ardua. Un intento de hacer plena justicia a cualquiera de los
problemas centrales de la filosofa en una descripcin introductoria como la
presente est claramente fuera de toda cuestin. Es por ello que debemos
afirmarnos en el carcter descriptivo de nuestro trabajo, cuyo objetivo es el de
proporcionar las claves que permitan su comprensin global. Asimismo, las
referencias bibliogrficas utilizadas, en tanto que base de la argumentacin,
estn encaminadas a satisfacer este objetivo y no estn concebidas como un
examen exhaustivo de la literatura disponible
18
.

Asumiremos desde este momento la viabilidad de una hiptesis: la
modificacin del estatus del tiempo y del espacio a lo largo de los siglos
desemboc, en un pasado reciente, en una concepcin genuinamente moderna
de ambos conceptos. Con la idea de contestar a la pregunta de cmo se llega a
esta concepcin del espacio/tiempo, que llamaremos moderno, estimamos
necesario comenzar a considerar una primera aproximacin a estas
definiciones del espacio y del tiempo en la tradicin cultural europea u

18
La indagacin profunda acerca del significado del espacio y del tiempo requerira una revisin de la
concepcin que de ambos elementos han tenido todas las culturas a lo largo de la historia. Las
consideraciones en torno a las ideas del espacio y del tiempo de las culturas orientales, las culturas
musulmanas, la influencia de Egipto en la cultura clsica griega etc., quedarn excluidas de nuestro
anlisis. Como hemos indicado, esta pretensin excede los lmites de nuestro trabajo. En este sentido,
reproducimos una consideracin de Ricoeur: La distancia en la proximidad, la proximidad en la
distancia, he aqu la paradoja que campea hoy sobre todos nuestros esfuerzos por reanudar las
herencias culturales del pasado y reactivarlas de modo actual (1979: 34).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



41
occidental. Estas nociones, que en la antigedad se haban mantenido
separadas (Mnguez, 1983: 34), vendran a ser una suerte de contenedores
de la actividad humana y su definicin, particular y respecto del sujeto, la
primera tesis formulada del conocimiento
19
humano. Para nuestra fortuna,
vivimos en un universo en el que son susceptibles de conocimiento, al menos,
algunos de sus ms importantes aspectos (Sagan, 1984: 16). A decir de
Morones Ibarra:

Esta idea surgi como consecuencia de la observacin de que algunos
fenmenos mostraban una cierta regularidad, como el aparente movimiento
diario del sol de oriente a poniente, las estaciones del ao, las fases de la luna,
etc. [...] La cognoscibilidad o inteligibilidad del mundo significa que el hombre
es capaz de explicar los fenmenos que observa a su alrededor, de reconocer un
orden y una regularidad en los fenmenos de la naturaleza y que podemos
alterar e intervenir en la evolucin y desarrollo de los mismos (2004: 56-57).

Como consecuencia de estos hechos, a lo largo de la Historia se ha
producido una confrontacin entre el sujeto y aquello que parece existir fuera
de l. Es decir, entre un elemento productor de significado y la catica
realidad exterior que lo envuelve, el objeto significante. En este sentido, el
hombre se senta estrechamente hermanado con la naturaleza, inmerso en ella,
aunque buscaba distinciones (Mnguez, 1983: 159). Ser, como defendemos a
lo largo de este apartado, es estar presente aqu y ahora. La ecologa
[planeta], el cuerpo social y el cuerpo humano estn necesariamente ligados
20
.

19
En nuestro lenguaje y prctica corrientes nos sentimos plenamente satisfechos con el uso que
hacemos de nociones espaciales tales como distancia, contencin espacial y continuidad y
discontinuidad en el espacio, cuando tratamos con las mismas estructuras que rigen el mundo material
que nos rodea. Pero cuando intentamos reflexionar sobre lo que el espacio es en y por s mismo nos
vemos desconcertados. [] Quiz lo primero que nos venga a la mente es que el espacio es una suerte
de continente de la materia del mundo. Pensamos las cosas como existentes en el espacio, de hecho,
en un nico espacio total que contiene todas las cosas materiales del mundo (Sklar, 1994: 33-34).
20
A la hora de entender esta afirmacin, observamos los versos de Panero: //Tiembla el ser adonde
ya no hay nada / sino una flor contra el ser / un silencio contra el mundo / y un ser contra la nada//
42
El carcter progresivo de las experiencias, la naturaleza inestable de las
definiciones, debe interponerse como un filtro al analizar cualquier hecho. Y
la pregunta parece haber sido siempre la misma: hasta qu punto podemos
conocer en realidad el universo que nos rodea? (Sagan, 1984: 14). En un
principio la indagacin en la naturaleza de las cosas consista en una
amalgama de reflexiones en la lnea de lo que hoy concebiramos o
definiramos como filosofa: consideraciones generales del tipo ms amplio
sobre la naturaleza del ser y la naturaleza de nuestro acceso cognitivo al
mismo (Sklar, 1994: 13). La filosofa es la evasin del mundo fenomnico
que nos permite conmensurarlo y modificarlo (Sartori, 1996: 46). Los
primeros intentos de describir y explicar el universo se basaban en la idea de
que los acontecimientos y fenmenos naturales eran controlados por espritus
que actuaban de forma impredecible. Estos espritus habitaban objetos
naturales, como ros y montaas, incluidos los cuerpos celestes como el sol y
la luna (Hawking y Mlodinow, 2005: 175). A decir de Horkheimer: El
corazn de la filosofa tradicional, la ontologa, emprende de un modo muy
distinto al de la ciencia la tarea de derivar esencias, substancias y formas de
las cosas de algunas ideas generales, que la razn se imagina descubrir por s
misma (2002: 182).

En todas las civilizaciones antiguas encontramos historias y explicaciones
fantsticas sobre los fenmenos naturales y el origen del mundo. El rasgo
comn a todas estas explicaciones es que en ellas estaba implcita la
presencia de uno o varios seres invisibles y con poderes extraordinarios. Para
los miembros de estas civilizaciones, el universo era catico. [...] Todo lo que
ocurra era resultado de caprichos o enojos de las divinidades. El hombre no
poda tener ni conocimiento ni mucho menos control de los fenmenos que
observaba (Morones Ibarra, 2004: 56).

(2005: 32). En ellos queda reflejada la preocupacin de los filsofos griegos y la primera de sus
conclusiones: el Hombre es aqul que ser capaz de definir la nada. Nos parece altamente significativo
que los enigmas que susurra esta poesa fueran descritos varios siglos despus.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



43

En este sentido Sagan (1980) apunta, que en un momento sin
determinar, con los primeros filsofos materialistas de la antigua Grecia se
desarroll una de las grandes ideas especie humana: la nocin de que el
universo se puede conocer. En la bsqueda de distinciones, Herclito de feso
tuvo la aguda percepcin de la variabilidad y fugacidad de todo lo existente,
de su diversidad y constante cambio (Gambra, 1989). En Herclito la razn
comienza a imponerse, combinando una actitud entre el ensueo y la
admiracin (Mnguez, 1983: 159). Una forma de concebir la organizacin del
estudio de las cosas que se opona a los argumentos de sonmbulos, magos,
sacerdotes de Baco y traficantes de misterios (Sagan. 1984: 47). A decir de
Castoriadis, el nacimiento de la democracia y, sobretodo, de la filosofa
caracterizan a la sociedad griega clsica en tanto que: [Una de] las sociedades
en las que se manifiestan la posibilidad y la capacidad de poner en cuestin las
instituciones y las significaciones establecidas, [y que] son una nfima
excepcin en la historia de la humanidad (1999: 96). En este sentido, los
grandes filsofos de la antigua Grecia se enfrentaron al problema de entender
qu significa tener conocimiento del mundo
21
. El estudio sobre las ideas que
los griegos tenan del tiempo, as como de otros elementos de su pensamiento
especulativo, es importante por varias razones. La primera, y ms evidente,
es la relacin original con las ideas que influyeron en la historia posterior del
pensamiento europeo (Lloyd, 1979: 131). Cules son los fundamentos, se
preguntaron, y cules los lmites de nuestra capacidad de conocer cmo es
realmente el mundo que nos rodea? (Sklar, 1994: 27). Tomemos como punto
de referencia las afirmaciones de Capra:


21
A decir de Gonzlez Ruiz la filosofa ha jugado desde siempre un papel capital en la definicin de
las imgenes del mundo, es decir, de aquello que conocemos de ste. En este sentido, afirma: Las
imgenes del mundo, por lo que tienen de sintticas y globales, las ha suministrado desde siempre
gustosamente la filosofa, muy dada de nativitate a las empresas de donacin de sentido (2003: 5).
44
La comprensin de lo que es un objeto clsico, de lo que es un observador, de lo
que es el electromagnetismo y de lo que es el espacio/tiempo, estn relacionadas
entre s. Cuando te has forjado la idea de unos fotones dciles, puedes empezar
a reconocer ciertas pautas de sucesos que representen a un observador
contemplando algo. En este sentido, creo que podemos aspirar a formular una
teora de la realidad objetiva. Pero el significado del espacio/tiempo aparecer
en ese mismo momento. No empezaremos con espacio/tiempo, para intentar
desarrollar a continuacin una teora de la realidad objetiva (1991: 71).

Pamnides, Herclito de feso o Zenn de Elea son considerados los
primeros filsofos cosmlogos (Gambra, 1989). En su bsqueda de un
principio material de todas las cosas, representan el primer grado de
abstraccin metafsica. Abren la puerta del intelecto a la formulacin de
sistemas metafsicos y cosmolgicos (Mnguez, 1983: 23). En este sentido, las
aporas de Zenn de Elea han llegado hasta nuestros das a travs de otros
autores que las transmitieron y comentaron
22
. En este punto debemos matizar
que no est en nuestro inters acometer un anlisis pormenorizado de la
concepcin de los conceptos espacio/tiempo en la antigedad, sino que
pretendemos abordar ambos conceptos desde una perspectiva ms amplia.
Tratamos de establecer un contexto interpretativo lo suficientemente amplio
como para albergar nuestros propios argumentos, donde tengan cabida la
expresin fsica del tiempo y el espacio, la dimensin filosfica de ambos y su
convergencia. La concepcin de ambos puntos de vista es determinante a la
hora de entender cambios histricos y sociales, as como para acometer la
revisin crtica de la modernidad y la postmodernidad. Estas concepciones

22
A decir de Mnguez (1983: 34): La difusin de los argumentos de Zenn ha sido, sin embargo, y
en todo tiempo amplsima, debido precisamente a la crtica formulada contra ellos por Aristteles. Si
bien, como resalta la cita, la difusin de los argumentos se le debe a Aristteles, lo cierto es que sus
repercusiones llegan hasta nuestros das. A este respecto Sklar explica: Zenn de Elea propuso
argumentos tratando de mostrar que las nociones ordinarias de tiempo estaban plagadas de
contradicciones. [No obstante] muchos logros valiosos en Filosofa, as como el desarrollo de las
matemticas apropiadas para tratar el movimiento, se han visto inspirados por las tentativas de
resolver los enigmas planteados por Zenn (1994: 36).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



45
tambin juegan un papel determinante en la evolucin de los modelos de
representacin (Childs, 2004: 18 y ss.).

La concepcin clsica del espacio y el tiempo radica en verlos como
sustancia, es decir como algo existente por s mismo. El propio Aristteles
afirmaba que no era posible la existencia del vaco, pues todo era ocupado por
la materia
23
. Aristteles sostena, no slo que no hay vacos en el mundo
terrestre, sino que, en principio, no puede haberlos en parte alguna del
universo, [ya que] en ausencia de cuerpo material nada hay que nos permita
definir el espacio (Kuhn, 2000: 129). Esta perspectiva condicion la visin
cosmolgica de toda la Edad Media y de parte del Renacimiento
24
. La propia
idea de sustancia pareca permitir pensar el espacio y el tiempo como objetos
reales en el mundo. A decir de Morones Ibarra (2004: 56): La objetividad del
universo expresa la idea de que la materia existe independientemente de la
conciencia del hombre, es decir, que la materia est ah, no importa si hay
seres que la observan o no. En este sentido, las diversas soluciones o
explicaciones dadas al problema, desde un punto de vista exclusivamente
especulativo, han sido variadas y algunas, adems, claramente decepcionantes
a la hora de plantear su demostracin prctica.


23
Posteriormente Aristteles concebir el tiempo como algo distinto al movimiento, o cambio de
cosas materiales, as como el espacio no puede ser identificado con los objetos que hay en l. Pero
sealar que sin movimiento o cambio no tendramos conciencia alguna del paso del tiempo. El
desconcierto sobre la naturaleza del espacio y del tiempo se debe en gran parte a su doble papel como
proveedor de un foro, tanto para la evolucin de los fenmenos fsicos, como para los contenidos que
intuitivamente consideramos como nuestra conciencia subjetiva o privada. [As] nuestro relato debera
explicar en qu consiste la naturaleza del espacio y el tiempo. Qu tipo de ser poseen y cmo se
relaciona su ser con el de las cosas y procesos ms ordinarios que ocupan espacio y acaecen en el
tiempo? (Sklar, 1994: 37-38).
24
La razn que explicara este fenmeno radica, a decir de Kuhn (2000), en la desconfianza de los
eruditos medievales en su propia capacidad de observacin: Se ha dicho muy a menudo que fue la
preferencia que sentan los cientficos medievales por la autoridad de la palabra escrita, en especial la
de los textos antiguos, frente a lo que pudieran indicarles sus propios ojos la que puede haberles
inclinado a seguir aceptando la absurda afirmacin de Aristteles segn la cual los cuerpos pesados
caen ms aprisa que los ligeros (2000: 137).
46
Los filsofos insistieron durante mucho tiempo en el ideal de que, slo con ser
lo suficientemente inteligentes, podramos algn da construir un edificio de
conocimiento que comprendiese todos los campos de la investigacin. [...] La
reflexin crtica demostr que en la observacin, expuesta como estaba a la
ilusin y al error de percepcin, no se poda con frecuencia confiar (Sklar,
1994: 28-30).

Las teoras de los primeros grandes filsofos eran altamente
especulativas y, con frecuencia, errneas. Asimismo, parecan carecer de la
clase de soporte evidencias que podran haber persuadido a los escpticos. El
conocimiento fundado en los sentidos estaba sujeto a los familiares tipos de
errores sensoriales. Desde esta perspectiva, no es difcil enumerar diferentes
visiones enfrentadas ante la pregunta sobre la naturaleza del espacio y el
tiempo. Todo esto cambi al ser tratado el problema como algo sujeto al
anlisis cientfico, dejando de ser un problema exclusivo de la filosofa. As,
afirma Thom: En lo que va de Aristteles a Galileo, hemos visto la
importancia que adquiri la prolongacin analtica como criterio de
individuacin de los procesos (1990: 234). En este sentido, ser a raz del
nacimiento y cultivo de la geometra cuando comienza a cobrar cuerpo la
posibilidad de poder demostrar afirmaciones. Slo delimitando y resolviendo
problemas concretos se fundaron las ciencias, y slo as desarrollan su
mtodo
25
(Weber, 2001: 104). Asimismo, la verificabilidad pasa a ser el

25
El debate que se origina con estas cuestiones est directamente relacionado con la aparicin, en
poca ms reciente, del mtodo cientfico o de las ciencias naturales. En este sentido, las diferencias
que existen entre un conocimiento cientfico y otro de carcter filosfico, es decir, entrelazado con lo
que denominamos ciencias humanas, estaran determinadas por el mtodo mediante el cual se llega a
ese conocimiento. En lneas posteriores abordaremos la cuestin de cmo el conocimiento cientfico
ha sustituido/sustituy en las sociedades modernas a cualquier otra pretensin de verdad que no fuera
estrictamente cientfica. No obstante, a fin de ejemplificar las tensiones producidas en torno a la
cuestin del estatus epistemolgico del conocimiento, nos parece indicado reproducir la reflexin al
respecto de Gadamer. ste intenta esclarecer la historicidad del conocimiento, la estructura y
funciones de un sentido histrico que aparentemente ha desaparecido de la reflexin que se realiza
desde pluralidad de mbitos y dispersin de saberes: Es intil, en estas condiciones, limitar el
esclarecimiento de la naturaleza de las ciencias humanas a una pura cuestin de mtodo; no se trata
slo de definir simplemente un mtodo especfico, sino de reconocer una muy diferente idea de
conocimiento y verdad. Cuando la filosofa sea quien retome estas exigencias, tendr otras
pretensiones distintas de las motivadas por el concepto de verdad de las ciencias naturales (2000: 46).
Gadamer reivindica, frente a esta tendencia dominante del concepto, que las formas no normalizadas
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



47
criterio para distinguir las ciencias empricas de otros tipos de saber.
Haciendo una comparacin, la filosofa es poesa, la ciencia es prosa
(Sartori, 1996: 192). Segn Echeverra: Un enunciado es cientfico si es
verificable, y para ello sus trminos han de tener significado emprico
(1999c: 25). Mediante una cadena de razonamientos se poda finalmente
alcanzar una conclusin cuya verdad quedaba entonces garantizada con
seguridad:

Ejemplos de esta clase de verdades son que al duplicar la longitud de un lado de
un cuadrado su rea queda multiplicada por cuatro. [] stas y otras
afirmaciones de la geometra posean una claridad y una certeza no presente en
ningn otro tipo de enunciados sobre el mundo. [] Las proposiciones podan
ser derivadas por razonamientos puramente lgicos. [...] La preservacin de la
verdad de las inferencias puramente lgicas que nos conducan de los
postulados bsicos a los teoremas geomtricos pareca estar garantizada por la
intuicin (Sklar, 1994: 28-29).

Puesto que el hecho es que el cientfico califica el conocimiento como
verdadero o falso, ciertamente uno de los objetivos de la ciencia es el de
conocer la naturaleza ms y mejor (Valor Ybenes, 2000: 23). La formacin
de las ciencias significa, al mismo tiempo, su progresiva emancipacin de la
Filosofa y el establecimiento de su autosuficiencia. Este suceso pertenece al
acabamiento de la Filosofa. Su desarrollo est hoy en pleno auge en todos los
mbitos del ente. Parece la pura y simple desintegracin de la Filosofa,
cuando es, en realidad, justamente su acabamiento (Heidegger, 2003: 79).
26


de experiencia responden a resgos que estn presentes en toda experiencia y que el ideal de un saber
metdico cancela de forma sistemtica (Sevilla, 1994: 13).
26
A este respecto el propio Heidegger lanza una advertencia y hace una profunda reflexin: El final,
como acabamiento, es la reunin en las posibilidades lmite. Tendremos una idea muy limitada de
ellas, si es que tan slo esperamos un desarrollo de nuevas filosofas al antiguo estilo. Olvidamos que,
ya en la poca de la filosofa griega, apareci un rasgo determinante de la Filosofa: la formacin de
ciencias dentro del horizonte que la Filosofa abra. [...] Pueden negar su origen filosfico, pero no
eliminarlo: en la cientificidad de las ciencias consta siempre su partida de nacimiento en la Filosofa.
(2003: 79-80). En este sentido, vaticina: No hace falta ser profeta para saber que las ciencias que se
van estableciendo, estarn dentro de poco determinadas y dirigidas por la nueva ciencia fundamental,
48

A medida que las ciencias especiales, como la fsica, la qumica y la biologa,
han ido multiplicndose, dominando cada vez ms recursos y desarrollando
metodologas sumamente individualizadas, han demostrado poseer capacidad
para describir y explicar las caractersticas fundamentales del mundo en el que
vivimos. Debido al xito de los practicantes de las ciencias especiales, muchos
se preguntan si an queda algo que los filsofos puedan hacer (Sklar, 1994: 14).

A decir de Morones Ibarra: las hiptesis sobre las que descansa toda
la estructura terica de la fsica son hiptesis filosficas sobre el papel del
hombre en la comprensin del mundo o los conceptos prefsicos sobre el
espacio y el tiempo y la materia. Estos son los pilares fundamentales sobre los
que se levanta todo el edificio de la ciencia (2004: 56). La propia concepcin
geomtrica est abierta a las interpretaciones. El problema geomtrico est
tambin sujeto a las diferentes interpretaciones filosficas que han ido
sucedindose a lo largo de la historia (Gonzlez Ruiz, 2003: 115). Por otro
lado, las teoras cientficas nunca pueden facilitarnos una descripcin
completa y definitiva de la realidad. Siempre sern meras aproximaciones a la
naturaleza verdadera de las cosas. Como apunta Berger en su trabajo: Nunca
se ha establecido una relacin entre lo que vemos y lo que sabemos. [] Lo
que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas (2002:
13). Para ser sinceros, los cientficos no se ocupan de la verdad; se ocupan de
descripciones limitadas y aproximadas de la realidad (Capra, 1991: 76)
27
.

que se llama Ciberntica. sta corresponde al destino del hombre como ser activo y social, pues es la
teora para dirigir la posible planificacin y organizacin del trabajo humano. La Ciberntica
transforma el lenguaje en un intercambio de noticias. Las Artes se convierten en instrumentos de
informacin manipulados (2003: 79).
27
Estas afirmaciones estn contenidas en el trabajo de Fritjof Capra (1991). Capra es junto con otros
autores contemporneos (Gregory Bateson, autor, entre otros, de Steps to an Ecology of Mind (1972)
Mind and Nature (1979), Antonio Dimalanta, Stanislav Grof, o Carl Simonton) uno de los exponentes
clave para entender el cambio de perspectiva ocurrido en los Estados Unidos durante las dcadas de
1970 y 1980 y que obtuvo una gran repercusin en determinados crculos de la teora filosfica. En
este sentido, representa la corriente que investiga las relaciones entre la fsica moderna y la mstica
oriental. En la medida en que la fsica estara incapacitada para conocer/describir el mundo en su
totalidad, los defensores de este giro proponen una suerte de reflexin cientfica desde la filosofa
oriental. En este sentido, constituyen un importante cambio de perspectiva, puesto que su propuesta
conduce a la reunificacin de la fsica y la reflexin filosfica. La lgica es un instrumento muy
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



49

El hecho de que todos los conceptos y teoras de la ciencia son aproximaciones a
la autntica naturaleza de la realidad, vlidos slo para cierta gama de fenmenos,
fue evidente para los fsicos de principios de este siglo [siglo XX.], gracias a los
espectaculares descubrimientos que condujeron a la formulacin de la teora
cuntica. Desde entonces, los fsicos han aprendido a ver la evolucin del
conocimiento cientfico en trminos de una secuencia de teoras, o modelos,
cada uno ms preciso y de mayor alcance que el anterior, pero sin que ninguno de
ellos represente una versin completa y definitiva de los fenmenos de la
naturaleza (Capra, 1991: 78).

En este momento, teniendo en cuenta el contenido de estas
afirmaciones debemos observar cmo el ltimo tercio del siglo XX ha sido
testigo de lo que se podra considerar el planteamiento de la cuestin filosfica
desde el campo de la fsica terica. Los fenmenos descritos atestiguan como
los discursos fsico y filosfico se han reencontrado al final de un largo
camino, en el que se habran desarrollado de manera independiente. Esta
afirmacin encuentra un refrendo en las afirmaciones de Hawking y
Mlodinow: Hasta ahora, la mayora de los cientficos han estado demasiado
ocupados desarrollando nuevas teoras que describan cmo es el universo para
preguntarse por qu es el universo (2005: 179). Es bien sabido que la
convergencia, combinacin o sincretismo de ideas y prcticas separadas, ha
tenido lugar en la historia en ms de una oportunidad. La convergencia
tambin ha tenido lugar en el transcurso de la historia de la filosofa (Bunge,
2004: 247). Los sucesivos descubrimientos en el campo de la fsica
28
son los
que conducen a la teora de la relatividad especial en 1905 y a la teora general

elegante [...] y le venimos sacando un buen rendimiento desde hace unos dos mil aos. El problema,
sin embargo, es que cuando la aplicamos a los cangrejos y las marsopas, y a las mariposas y sus
costumbres a todo eso que es tan bello [...] la lgica no acaba de ser satisfactoria (Capra, 1991:
85).
28
Sklar (1994) propone en su trabajo la revisin de los mismos y destaca algunos de estos avances
como fundamentales: Newton: ley de la gravitacin universal, Maxwell: formulacin del
electromagnetismo, Gauss: definicin de las propiedades de las superficies, Riemann: anlisis de la
geometras no euclidianas, Minkowski: medicin de pseudodistancias.
50
de la relatividad en 1915 de Einstein (Morones Ibarra, 2004: 60). Las
afirmaciones de Lpez Aranguren describen con una estimulante precisin el
sentido ltimo de los argumentos que estamos defendiendo:

Decir ciencia propiamente dicha esto es, ciencia pura, no es excluir la filosofa,
sino ms bien todo lo contrario. Los fundadores de la ciencia moderna, desde
Galileo a Newton, se consideraban filsofos y cientficos, y llamaban a sus
libros Tratados de Filosofa Natural. Sin una cabeza filosfica, Einstein no
hubiera creado la Teora de la Relatividad. Los mismo procede afirmar de los
padres de la fsica cuntica, Bohr y Heisenberg []. El cientfico puro es
hermano del filsofo (Lpez Aranguren, 1991: 110).

Asimismo, los horizontes que se abren ante estas teoras conducen al
descubrimiento de nuevos planteamientos. Los postulados, en este sentido,
realizados desde la fsica cuntica o la teora de cuerdas
29
, dada la
imposibilidad de ser verificadas mediante experimentos empricos
30
, abren
debates directamente implicados en el campo de la filosofa. Todo fragmento,
o parte, de la totalidad de la naturaleza es siempre una mera aproximacin a la
verdad completa o la verdad completa hasta donde la conocemos (Feynman,
2002: 32). Estos hechos confirman las afirmaciones, que compartimos
plenamente, de Jarauta: El saber no es un dato; es el resultado de un proceso
de transformaciones a travs del cual se va desplazando la frontera

29
La Teora de Cuerdas es una de las lneas de investigacin de la fsica terica ms prometedora, de
cara a la obtencin de una teora unificada capaz de describir todos los fenmenos ocurridos en la
naturaleza. En otras palabras, la unificacin de las cuatro fuerzas fundamentales: la fuerza
gravitacional, la fuerza electromagntica y las fuerzas de interaccin fuerte y dbil. Esta teora del
todo o tambin conocida como Teora M, propone la existencia de 11 dimensiones en las que se
desarrollara la materia, en una concepcin del espacio y del tiempo totalmente revolucionaria.
Asimismo, los postulados de la Teora de cuerdas trabajan con la posibilidad de la existencia de
universos paralelos y suponen un serio desafo a las explicaciones de lo que sucede en el universo,
proporcionadas por la Teora de la Relatividad General y la Teora de la Mecnica Cuntica.
Algunos fsicos se manifiestan deudores de la reflexin filosfica, en la medida que ha permitido la
especulacin que posteriormente se ha visto plasmada en ecuaciones. Dos de los trabajos ms
importantes en este campo estn recogidas en Greene (2001) y en las conversaciones entre Mlodinow
y Feynman (2004).
30
Hawking y Mlodinow explican grficamente la imposibilidad de verificar con un experimento estas
teoras: Incluso con un ordenador [los clculos] tomaran aos, y las probabilidades de cometer al
menos un error [y seguramente ms de uno] eran muy elevadas (2005: 158).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



51
epistemolgica del no saber al saber, pero, sin que en ningn momento
podamos dar ni por terminado el proceso ni por definitiva la verdad
producida (1979: 89). Ms adelante, afirma:

Ahora bien, si el filsofo no produce ms el saber, si no puede aspirar a mostrar
su fundamento ltimo, el proyecto clsico de la filosofa debe ser repensado. A
la insaciable avidez de la metafsica, fundadora y organizadora del saber, debe
sucederle el reconocimiento de su historia y de las mediaciones que en ella se
constituyen y que determinan su especificidad. [] La tarea de la filosofa
frente a las ciencias no es otra que pensar la historia de las ciencias en el
contexto general de la historia efectiva del saber. Se trata de restituir
permanentemente un punto de partida dialctico para una lectura reproductora
de las formas posibles del saber. Ahora bien, esto exige acabar con el
presupuesto de una razn natural o trascendental, que impondra al saber la ley
invariable y esencialista de la verdad. En su lugar hay que construir una teora
histrica del sujeto, en la que encuentre su espacio una concepcin histrica de
la razn (Jarauta, 1979: 129 y ss.).

La dependencia de verdades empricas supone, segn algunos autores,
un grave problema: La ciencia moderna ha cometido un error al renunciar a
toda ontologa y al reducir todo criterio de verdad el xito pragmtico (Thom,
1990: 234). La posibilidad de indagacin que abren propuestas no verificables
de forma emprica resultara imprescindible a la hora de trabajar en la
elaboracin de nuevos conocimientos: Nuestro conocimiento del mundo se
modifica radicalmente en funcin de los paradigmas aceptados. Ello no es
consecuencia de una modificacin del mundo ni implica que el mundo se
modifique. La tesis se refiere exclusivamente a nuestro conocimiento del
mundo (Valor Ybenes, 2000: 19). De algn modo, estas afirmaciones
corroboran el sentido de esta otra realizada por Chomsky, que compartimos
plenamente: No hay ninguna cuestin humana de la que podamos hablar con
total seguridad. Incluso en las ciencias naturales exactas, esta afirmacin es
52
bastante cierta (2002: 159). El valor ltimo de lo que acordemos aceptar
como paradigma es determinante en este sentido.

Siguiendo a Kuhn, la definicin de un paradigma, en este caso de
conocimiento y del conocimiento cientfico, implica la fundacin de un
sistema disciplinado mediante el cual la sociedad se orienta a si misma. [Un
paradigma es] toda una constelacin de opiniones, valores y mtodos, etc.,
compartidos por los miembros de una sociedad determinada. [] Los
ejemplos de referencia, las soluciones concretas de problemas tenidas y
consideradas como ejemplares y que sustituyen a las reglas explcitas en la
solucin de los dems problemas de la ciencia normal (Kuhn, 1990: 175 y
ss.). A este respecto, a decir de Sklar: En las teoras del espacio y el tiempo
[] no existe una nocin clara de los lmites de observacin, ni una clara
delimitacin de la clase de posibles alternativas tericas a considerar (1994:
23)
31
. La instalacin en el terreno de una gnesis discontinua del saber hace
necesario el seguimiento de los discursos, interrumpidos y transformados por
largos desplazamientos, rupturas, obstculos y resistencias cuyo
encadenamiento ha permitido la emergencia de los conceptos, que en su
tranquila unidad representan la estructura histrica de la ciencia (Jarauta,
1979: 126).

Prigogine menciona una observacin de Bohr a Heisenberg sobre Kronberg
Castle, el castillo de Hamlet, al que haba ido a visitar: No es extrao cmo
cambia el castillo cuando uno imagina a Hamlet viviendo aqu? Como
cientficos creemos que un castillo consiste slo en piedras y admiramos el
modo en que fueron colocadas por el arquitecto. Las piedras, el tejado verde
con su ptina [...] Nada de esto tendra que cambiar por el hecho de que

31
Desde su propuesta orientalista, Capra en conversacin con Gregory Bateson cuestiona la lgica
cientfica: -Herclito ya lo saba! // -Herclito ya lo saba repiti Bateson, devolvindome la
sonrisa. // -Y tambin lo saba Lao Tzu aguegu. // -S, efectivamente, como tambin lo saben esos
rboles. La lgica no les sirve de nada. // -En tal caso, qu utilizan en su lugar? // -La metfora. // -
La metfora? // -S, la metfora. As como esa gran estructura de interconexiones que mantiene la
vida. La metfora est en la propia raz de la vida (1991: 87).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



53
Hamlet hubiese vivido aqu y, sin embargo, ese hecho lo cambia todo. De
pronto muros y defensas hablan un lenguaje diferente. ste es un buen ejemplo
para constatar cmo el gran cientfico se deja penetrar por la malla histrica de
los discursos y las visibilidades. Ese castillo no se deja reducir a una
materialidad neutra, euclidiana, sino que se edifica como percepto, espacio y
visibilidad desde sus propios registros histrico-materiales imaginarios (Castro
Nogueira, 1997: 29-30).

Y ste se erige en uno de los elementos claves de la reflexin, ya que
algunos autores continan cindose a los estrictos patrones clsicos de
demostrabilidad y definibilidad de la ciencia. En este sentido, por ejemplo,
Bunge defiende la idea de que la ciencia no debe trabajar con hiptesis
empricamente inaccesibles desde el nico mundo que conocemos: No es as
como trabaja la ciencia. En efecto, la ciencia presupone la unicidad del mundo
y procura comprenderla; y la tecnologa disea cosas terrenales posibles. Al
confundir hecho y ficcin la metafsica se revela como una ficcin ociosa
(2004: 271) A decir de Morones Ibarra: Dado que la fsica es una ciencia
experimental, cualquier hiptesis que se haga y que lleve a resultados que no
estn de acuerdo con los resultados experimentales debe ser desechada (2004:
58). Estas ideas son, ciertamente, discutibles en la medida en que una parte
importante del debate contemporneo gira alrededor de esta cuestin. En este
sentido, es en la discusin de las teoras ms fundamentales y generales de la
fsica donde la distincin de la frontera entre las ciencias naturales y la
filosofa se hace ms evidente. Las investigaciones no objetivistas en las
ciencias humanas ponen de relieve puntos de vista de la crtica moral y
esttica, que sin afectar al primado de las cuestiones relativas a la verdad,
tambin dan movimientos anlogos en los campos de la moral y de la
esttica (Habermas, 2002: 202).

En su ya clsico trabajo de crtica a la razn instrumental, Horkheimer
afirma que en una determinada etapa la ciencia puede ir mucho ms all del
54
mtodo experimental: El empirismo aniquila los principios mediante los que
la ciencia y el propio empirismo podran tal vez ser justificados. La
observacin en si no es un principio, sino un modelo de comportamiento
(2002: 104-105). Vemos una y otra vez cmo puede no estar claro en
absoluto si estamos explorando cuestiones de la ciencia natural o cuestiones de
la filosofa (Sklar, 1994: 16). Ricoeur afirma tajante: Ya que nuestra cultura
ha hecho de la ciencia y de la tecnologa la modalidad dominante en su
relacin con la realidad, nos encontramos ahora distanciados del origen griego
de la misma cientificidad. [] La tarea de hoy es volver a encontrar lo que, en
las culturas del pasado, no es solamente precientfico, lo que, por consiguiente,
no ha quedado destruido por la revolucin cientfica, lo que todava puede
hablar ms all de la revolucin galileana y newtoniana (1979: 33-34).
Tomando en consideracin la propuesta de Zeitlin (1982), puede afirmarse
que la filosofa es la actitud mediante la cual es posible descubrir la forma
fundamental de todos los fenmenos naturales y espirituales
32
. La filosofa es
el alma y la vida del saber (Derrida, 1995: 118). Sobre estas cuestiones afirma
Berger:

[...] Lo visible no existe en ninguna parte. No sabemos de ningn reino de lo
visible que mantenga por s mismo el dominio de su soberana. Tal vez la
realidad, tantas veces confundida con lo visible, exista de forma autnoma,
aunque ste ha sido siempre un tema muy controvertido. Lo visible no es ms
que el conjunto de imgenes que el ojo crea al mirar. La realidad se hace visible
al ser percibida. [] Lo visible es un invento. Sin duda, uno de los inventos
ms formidables de los humanos. De ah el afn por multiplicar los
instrumentos de visin y ensanchar, as, sus lmites (2002: 7).

32
A nuestro modo de ver, Valor Ybenes propone una atinada descripcin de la tesis que tratamos de
sostener. sta, aunque limitada por los condicionantes impuestos por el autor, reconoce la posibilidad
defendida en nuestro texto: Qu asegura la coincidencia entre la ciencia descrita por el filsofo y la
manifiesta al propio cientfico? Evidentemente, slo en el caso de que el filsofo y el cientfico
compartan el mismo contexto social y los mismos intereses podrn hablar de la misma ciencia. Esto se
concreta en la siguiente exigencia: con anterioridad a la reflexin filosfica es necesario que el
filsofo mismo haya hecho ciencia. En tal caso, es el acto reflexivo, sobre la actividad previamente
desarrollada el que permite la descripcin de la ciencia real (2000: 24).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



55

La cita coincide plenamente con la afirmacin reflejada lneas arriba:
el castillo de Hamlet se edifica como percepto. La forma que tiene el
cientfico de conocer es construir. La fascinacin [] de simular la
significatividad por medio de una figura que en el fondo carece de sentido, se
ha acreditado una y otra vez. No puede ser entendido sin tener en cuenta las
abdicaciones que exige el ideal de cientfico de la poca moderna
(Blumenberg, 2004: 82). En palabras de Valor Ybenes, esto quiere decir lo
siguiente: A diferencia de la posicin empirista, que entiende un mundo de
objetos enfrentados impertinentemente [concluimos] que el objeto que el
cientfico finalmente conoce se manifiesta tal como lo hace en funcin de las
decisiones y compromisos de los propios cientficos [...] que a su vez
interactan con otros agentes sociales (2000: 25). No obstante, no debemos
an llegar a conclusiones precipitadas. Que la ciencia y la filosofa hayan
estado separadas a lo largo de la historia hasta su reencuentro ms reciente es
un hecho suficientemente contrastado. Asimismo, entendemos que la historia
de fondo es comn a ambas disciplinas y as lo reflejan diversos autores:

En el seno de la filosofa, desde los primersimos escritos filosficos, vivas
controversias oponen a los partidarios de opiniones contrarias, a propsito del
tiempo y de toda una serie de cuestiones cosmolgicas y ticas. Se trata de
aclarar si el universo fue creado o no, si resulta de un proyecto deliberado o
del azar; as como de precisar la naturaleza del alma, el libre arbitrio y el
determinismo. En occidente, la discusin filosfica en general comienza con
los griegos. [Fueron] los primeros en comprender y explorar la posibilidad de
someter a un examen los supuestos corrientes relativos al tiempo, de valorar
puntos de vista y argumentos posibles y de ver, en el tiempo, un problema
filosfico. La historia y la ciencia contribuyeron a abrir nuevas perspectivas
(Lloyd, 1979: 165).

56
Lo que realmente nos interesa desde la perspectiva de nuestra
argumentacin ms profunda, es centrarnos en las caractersticas que definirn
en el discurrir de los siglos un tiempo y un espacio modernos. Desde esta
perspectiva, el tiempo y el espacio modernos adquirirn una serie de atributos
que los diferenciarn en su esencia de las concepciones anteriores. En la nueva
ciencia y en la filosofa, la ciencia y la filosofa de la modernidad, el tiempo, al
igual que el espacio, tiende a presentarse como un dato, una premisa objetiva y
absoluta a partir de la cual pueden determinarse las leyes principales de la
naturaleza concebidas desde una perspectiva mecanicista. El conocimiento
ser a partir del siglo XVII bsicamente conocimiento cientfico experimental
susceptible de ser aplicado (Gonzlez Ruiz, 2003: 5). Asimismo, en el siglo
XVII, la filosofa del espacio y el tiempo se convirti en una cuestin central
de la metafsica y la epistemologa a raz de las innovaciones introducidas por
Coprnico
33
acerca del universo: Esta nueva ciencia y esta nueva cosmologa
fueron creadas antes de finalizar el siglo XVII, y todos sus progenitores
pertenecan a la minora copernicana (Kuhn, 2000b: 298). Asimismo, el
atomismo se mezcl con el copernicanismo convirtindose en uno de los
principios fundamentales de la nueva filosofa que guiaba la imaginacin
cientfica. La discusin alcanz un punto culminante en el importante debate
entre G.W. von Leibniz, el gran filsofo y matemtico alemn, y Newton, el
gran fsico y matemtico ingls (Sklar, 1994: 38). En su debate perfilaron dos
teoras contrarias acerca del lugar del espacio y el tiempo en el mundo. Entres
los rasgos caractersticos del siglo XVIII se halla la estrecha relacin que

33
En su trabajo, Kuhn (2000 y 2000b) efecta un exhaustivo anlisis del cambio del paradigma del
conocimiento. Sita las aportaciones en astronoma de Coprnico como el inicio de una revolucin
que durar ms de 250 aos hasta la era contempornea. Asimismo establece diversos hitos en esta
larga trayectoria: Con la construccin del universo corpuscular newtoniano se completa la revolucin
conceptual iniciada por Coprnico un siglo y medio antes. [...] Era una nueva forma de observar la
naturaleza, el hombre y Dios. [No obstante] aunque ms potente que sus predecesores, el universo
newtoniano tampoco se revela como definitivo (Kuhn, 2000b: 337-338). Efectivamente, el universo
de Newton no se ha revelado como definitivo, pero con l se abandon la idea de que la Tierra es el
centro de universo y dej de haber motivo para suponer que el universo tena una frontera natural
(Hawking y Mlodinow, 2005: 16). En la actualidad, la investigacin fsica sigue tratando de elaborar
una descripcin total y definitiva del universo.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



57
guardan en su pensamiento el problema de la naturaleza y el del conocimiento
hasta presentarlos en unin indisoluble. A este respecto, Cassirer explica en su
reflexin acerca de la Ilustracin:

El pensamiento no puede dirigirse al mundo de los objetos externos sin volver al
mismo tiempo sobre s mismo y tratar de buscar en un mismo acto la verdad de la
naturaleza y su propia verdad. No se echa mano del conocimiento como de un
instrumento y se lo emplea despreocupadamente, sino que constantemente y cada
vez con mayor urgencia se plantea la cuestin de la legitimidad de su uso y de su
estructura (1993: 113).

Esta circunstancia nos permitira establecer, a grandes rasgos, una
distincin entre la primera modernidad del espacio y del tiempo, fundada
sobre la fsica de Newton, y la segunda modernidad, caracterizada por el
debate alrededor de ambos conceptos. Un debate con una vertiente fsica y
otra filosfica y en el que participaran de forma sucesiva las teoras de
Newton, Leibniz, Kant, Heidegger, Minkowski o Stuart Mill. Llegados a
finales del siglo XIX, todos coincidan en que haba dos vastas dimensiones de
la realidad. Se acuerda que todas las cosas materiales existan en el espacio y
todos los acontecimientos, materiales o mentales se daban en el tiempo. El
tiempo poda ser visto como un simple continuo unidimensional. El espacio
era una estructura tridimensional descrita por la familiar geometra eucldea
(Sklar, 1994: 46). Sin embargo, a principios del siglo XX
34
: Se iba a hacer
aicos este repulido y fidedigno espejo de la razn ilustrada. El XX es el siglo
en el que entra en escena quien, a la postre, se convertir en el personaje ms
clebre de la centuria, Albert Einstein, que con su Teora de la Relatividad iba
a poner patas arriba y arrinconar [...] la hasta entonces omnipotente fsica de
Newton y a dar pbulo, por ello, a una nueva cosmovisin (Gonzlez Ruiz,

34
Estimamos oportuno reproducir aqu un malicioso comentario hecho por Rorty a este respecto: Los
matemticos no estaban en condiciones de predecir la utilidad que alcanzaran sus invenciones. Ni
tampoco tenan la capacidad y la informacin requeridas para saber cundo habra de emerger la
demanda de sus productos (1998b: 143).
58
2003: 6). Por otro lado, como acertadamente ha sealado Houtart (2003: 288):
Ningn concepto resulta inocente, sobre todo cuando sirve para definir el
funcionamiento de las colectividades humana.

La fsica y la filosofa contemporneas se hacen aqu un guio de complicidad,
de manera que, la ciencia y la tecnologa desde la gran crisis anunciada por
Husserl a finales del XIX, representan para la humanidad la segunda huda
desde el Reino de las sombras o la Caverna. La Modernidad, que represent el
gran movimiento emancipatorio de la humanidad, no puede desligarse del firme
propsito de atreverse a saber y de superar los aparentes fenmenos que nos
rodean. La gran inflexin kantiana signific el principio en la construccin de la
subjetividad como primera sustancia de toda verdad venidera. Pero, el
apriorismo de espacio y tiempo, reflejo del inamovible mecanicismo
newtoniano, pronto qued superado como un vaco formalismo. Si recorremos
este debate hasta la incertidumbre de Plank o hasta los descubrimientos ms
recientes de Russell Hube y Joseph Taylor en 1975 del plsar binario [dos
estrellas de neutrones muy prximas que giran en espiral una alrededor de la
otra, como en un macabro vals que puede acabar auto colapsndolas],
entendemos mejor los orgenes comunes de fsica y metafsica (Yepes Hita,
2002: 1-2).

Tal y como hemos defendido, la posibilidad de otras ideas puramente
filosficas sobre la naturaleza del espacio y el tiempo haba existido
anteriormente al trabajo de Albert Einstein. No obstante fueron sus logros y
sus ideas por las que se explor la mayor parte de la filosofa contempornea
sobre el espacio y el tiempo. Aunque no vamos a detenernos a contestarlas en
profundidad, ste nos parece un buen momento en el que poder plantear una
serie de cuestiones decisivas. Es posible que uno de los cambios decisivos en
el trnsito de la modernidad a la postmodernidad se produjera por la propia
aparicin de la teora de la relatividad einsteniana? Significa la
potsmodernidad que ha sido abandonado definitivamente el modelo de
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



59
conocimiento newtoniano?
35
En lneas generales suscribimos las palabras de
Kuhn cuando afirma: Los conceptos newtonianos siguen usndose porque
proporcionan un compendio econmico de una ingente cantidad de
informacin. [...] Son una inapreciable ayuda para la memoria, pero han
dejado de ser una gua fiable en la bsqueda de lo desconocido (2000b: 338).
A este respecto Morones Ibarra hace la siguiente reflexin:

En la fsica clsica el espacio y el tiempo existen en forma independiente el uno
del otro y a la vez son independientes de la materia. La geometra de la fsica
newtoniana es la geometra euclidiana de tres dimensiones, donde el espacio es
homogneo e istropo. [...] En la teora especial de la relatividad, el espacio y el
tiempo estn conectados de forma inseparable, es un espacio de cuatro
dimensiones. [...] En la teora de la gravitacin de Einstein el espacio, el tiempo
y la materia estn estrechamente conectados, el uno no existe sin el otro (2004:
60-61).

De lo que no cabe duda es que se produce un cambio en el estatus de la
ciencia y de la filosofa y de sus objetivos. Este hecho lleva incrustada,
implcitamente, la cuestin de la imagen del mundo, pero tomada en sentido
estricto: Se est tratando en el fondo y a fondo, desde una perspectiva
filosfica, del problema de la realidad, del conocimiento de la misma y del
conocimiento del conocimiento de la realidad (Gonzlez Ruiz, 2003: 6). En

35
Nos parece interesante destacar las afirmaciones de Gonzlez Ruiz a este respecto: En este sentido,
puede decirse, que este hombre de a pie, el hombre medio, sigue viviendo en un mundo newtoniano,
que es el mundo que se asimila a la escuela, al mundo de los objetos de tamao medio, que es
precisamente aqul con el que nos las habemos durante toda la vida, el mundo de los pesos, los
esfuerzos, las inercias, fricciones, frenazos, fuerzas centrfugas y centrpetas, el tiempo lineal,
rectilneo, uniforme y siempre escaso, el espacio de las tres dimensiones... Poco ms, y poco menos.
se es nuestro mundo. El otro mundo, el de la relatividad [...] es el mundo de determinados hombres
de ciencia (2003: 7). El autor est confirmando que no la teora de la relatividad no suprime el
modelo de conocimiento newtoniano y sugiere que slo lo matiza. Nos parece doblemente interesante,
porque establece diferentes niveles en los que un determinado tipo de conocimiento es relevante. Este
convencimiento coincide con nuestra propia opinin acerca de los ciclos en los que podemos
distinguir la modernidad de la postmodernidad. En este sentido, no se trata de etapas hermticas o de
compartimentos estanco, sino que la definicin de ambos obliga a una perspectiva en la que ambas se
solapan y ello debido a su vigencia o consideracin en diferentes niveles.
60
otras palabras, sucede que el hombre moderno piensa que puede conocerlo
todo. El hombre postmoderno convertir la incertidumbre en su nico
conocimiento y, en algunos casos, tratar de hacerla extensible a todos los que
no piensan como l. De algn modo poco perceptible, se desvanecer la
ilusin de que todo es cognoscible mediante el mtodo, el anlisis, la
observacin o la reflexin
36
. Por este motivo, el mundo de las definiciones
entrar en crisis. Este hecho, que definimos y argumentamos con profundidad
ms adelante, generar una actitud que tender a modificar el lugar y el tiempo
que ocupaban todas las cosas. Antes de emprender el estudio del periodo
postmoderno, trataremos de enumerar con la mayor precisin posible los
argumentos explicativos de la modernidad. Con este ejercicio estaremos
preparando la base sobre la que construir la comprensin del fenmeno
postmoderno y de aquellos hechos que son relevantes de ambos periodos para
comprender los trabajos de Virilio. Al hilo de estas argumentaciones, debemos
destacar que dichos argumentos y hechos no persiguen ser exhaustivos en sus
planteamientos, sino lo suficientemente amplios para comprender la amplitud
y complejidad de ambos periodos histricos.




36
Ante las consideraciones hechas en este prrafo, nos parece adecuado reproducir un fragmento de la
Vida de Galileo de Brecht (2000). En l queda descrito de manera excelente la sntesis del que ha sido
nuestro planteamiento en este apartado: [Galileo dirigindose a Sarti] La Ciencia comercia con el
saberm obtenido mediante la duda. Al tratar de impartir saber a todos sobre todas las cosas, aspira a
hacer de todos los hombres que duden. Ahora bien, la mayor parte de la poblacin es mantenida por
sus prncipes, terratenientes y clrigos en un vaho nacarado de supersticiones y consejas, que oculta
sus maquinaciones. La miseria de la mayora es antigua como la montaa, y desde el plpito y la
ctedra se la declara indestructible como esa montaa. Nuestro nuevo arte de la duda encant al gran
pblico. Nos arranc el telescopio de las manos y lo apunt hacia sus torturadores: prncipes,
terratenientes y sacerdotes. Esos hombres egostas y brutales, que haban aprovechado ansiosamente
los frutos de la Ciencia, notaron todos que la fra mirada de la Ciencia se diriga hacia una miseria
milenaria, pero artificial, que poda ser eliminada si se los eliminaba a ellos. [] Yo sostengo que el
nico objetivo de la Ciencia es aliviar las fatigas de la existencia humana. Si los cientficos,
intimidados por los poderosos egostas, se contentan con acumular Ciencia por la Ciencia misma, se la
mutilar, y vuestras mquinas significarn slo nuevos sufrimientos. Quiz descubris con el tiempo
todo lo que haya que descubrir, pero vuestro progreso ser slo un alejamiento progresivo de la
Humanidad (2000: 122-123).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



61

2.2. Trazos de Modernidad

La introduccin hecha hasta aqu acerca de los conceptos de
modernidad y modernismo
37
, de la existencia de un tiempo y un espacio pre-
modernos, a partir de los cuales queremos encauzar el anlisis de la
postmodernidad, nos invita a profundizar un poco ms en sus caracteres ms
ntimos. A partir de este momento, podemos aventurar que dicha intimidad
permanece ligada al entendimiento de la imagen de la destruccin creadora de
la modernidad. Su gran importancia estriba justamente en que proviene de los
dilemas prcticos que tuvo que afrontar el desarrollo del proyecto modernista
(Harvey, 1998: 31). Sin duda el ideal es una cierta rigidez de accin, ms una
cierta flexibilidad de pensamiento, pero esto es difcil de lograr en la prctica
(Russell, 2004: 159). Desde sus orgenes, el conocimiento mut del plano
trascendente al plano inmanente y, en consecuencia, el conocimiento humano
devino una prctica de transformacin de la naturaleza (Hardt y Negri, 2005:
92). Un proceso que arranca con claridad en la Europa del Renacimiento,
sacudida por los profundos cambios polticos y culturales que se estaban
llevando a cabo. La modernidad comienza oficialmente en el siglo XV
(Vattimo, 1998: 74)
38
. A este respecto, Russell dir que los modernos no
siempre se dieron cuenta de hasta qu punto el Renacimiento fue un
movimiento antiintelectual: En la Edad Media se acostumbraba a probar las

37
Se le atribuye a Ernst Jung la siguiente afirmacin: todo aqul que se llena la boca de ismos,
realmente denota una falta de comprensin absoluta de los fenmenos que se ocultan detrs. Con el
fin de no caer en el error, nos limitaremos a enumerar aquellos rasgos de la modernidad que ms se
ajusten al objetivo que nos hemos trazado. Asimismo, Nicols Casullo (1998: 87 y ss.) establece un
exhaustivo anlisis de las carencias esenciales que ha padecido la revisin crtica de los fenmenos
tericos y teorizados del siglo XX.
38
Nos interesa destacar de la cita un matiz, a nuestro juicio importante y que Vattimo pone de
manifiesto en su texto. Las claves para entender las transformaciones que arrancan en el
Renacimiento, y que estn en la base de la modernidad, pasan por su ubicacin en el campo de las
artes y la representacin. Con el paso de los siglos se ir haciendo cada vez ms claro que el culto de
lo nuevo y lo original en el arte se da vinculado a una perspectiva ms general (Vattimo, 1998: 74).
62
cosas; el Renacimiento invent la costumbre de observarlas (2004: 152). A
decir de Touraine:

Mi hiptesis es que la Modernidad naci cuando se separaron la visin del
sujeto y la visin de los objetos; lo que, para ganar tiempo, corresponde al
momento de la modernizacin europea, es decir, a la ruptura posterasmiana
entre Renacimiento y Reforma, una ruptura en nombre de la fe, en nombre del
sujeto, en nombre del hombre interior; como deca San Agustn, ruptura pues
entre esta visin y el conocimiento de un orden a la vez cientfico y esttico de
la naturaleza (1998: 16).

El proyecto de la modernidad es un plan, una idea, un cmulo de
experiencias que, ms all de la cuestin de su posible legitimidad, es una de
las empresas ms sorprendentes que han podido observarse a lo largo de la
historia de la humanidad (Sloterdijk: 2002b: 96). Los hombres le arrebatan la
capacidad creadora a Dios y, con ella, la voluntad y capacidad de crear
certezas perdurables en el tiempo a travs de la dominacin de los recursos
materiales y la liberacin de la mente humana de las races de la supersticin,
que la mantenan sujeta a un supuesto e incondicionado orden natural (Ruiz de
Samaniego, 2004). Este nuevo poder se ejercer a partir del momento en que
suceda la toma de conciencia. Este hecho est revestido de una significacin
especial, puesto que, como destacan Miller y Tilley, el poder
39
, en tanto que
capacidad, es el resultado de una actitud:

El poder ha sido concebido tanto como una caracterstica puesta en prctica por
los individuos, como por las colectividades. Asimismo, ha sido definido como
la capacidad de carcter intencionado de los individuos para llevar a cabo sus
objetivos, o como una caracterstica estructural de los sistemas sociales. El
poder ha sido descrito tanto como algo que se posee o que se ejerce, con

39
El poder ha sido interpretado por diversos autores desde perspectivas ciertamente distantes. A este
respecto, nos parece interesante introducir la visin de Viejo Vias (2005: 106) quien en torno al
concepto concluye: El poder se define, por consiguiente, como el ejercicio efectivo de la dominacin
sobre el otro. El poder liberador de la modernidad acabar siendo el poder ejercido sobre el otro.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



63
caractersticas tanto negativas y represivas, como un fenmeno positivo y
productivo de las sociedades (1984: 5).

Simultneamente, el hombre, cuando empieza a comprender su
posicin en el cosmos, se encuentra colocado entre el infinito y la nada
40
,
referido a los dos e incapaz, sin embargo, de pertenecer a uno de ellos
exclusivamente (Cassirer, 1993: 165). Las sociedades ensayan la va del
artificio, del orden artificial (Barcellona, 1999: 96). Asimismo, Europa se
habra encargado de diseminar la fe en el progreso en el planeta entero (Morin,
Roger y Motta, 2003: 101)
41
. La euforia de la industrializacin y la difusin
de la confianza en el progreso a la que se vinculaba, junto con el corolario de
la constante aceleracin del cambio, invitaban a soar con grandes rupturas y
grandes audacias culturales (Marn y Tresserras, 1994: 83).


40
En este punto nos parece sugerente hacernos eco de una referencia literaria que puede hacer
comprender de manera ms sutil la afirmacin de este prrafo: Y ahora dganme, qu ha ablandado
la civilizacin en nosotros? La civilizacin se limita a desarrollar en nosotros la multilateralidad de las
sensaciones, y nada ms! Pero con este desarrollo de esa multilateralidad, el hombre quiz slo
consiga llegar al extremo de encontrarle placer a la sangre derramada. Porque esto ya le ha ocurrido
antes (Dostoievski, 2004: 39).
41
Ruiz de Samaniego (2004: 13 y ss.) destaca, por otro lado, la centralidad europea en los procesos
de la modernidad y sugiere que la expansin de la postmodernidad se correspondera con un cambio
de polaridad geogrfica. De este modo explica: Una nocin cuya preocupante ambigedad llega a
configurar la forma de vida caracterstica de la llamada sociedad postindustrial (Daniel Bell), sociedad
del espectculo (Guy Debord), sociedad de consumo, de la comunicacin o de la telemtica. Todos
aquellos mbitos en los que llev la delantera la sociedad norteamericana, hasta el punto de
equipararse con la american way of life, del que la postmodernidad muy bien podra ser su mentor a
escala planetaria. Tal vez porque la postmodernidad sea americana, e incluso porque, como piensa
Fredric Jameson, el tiempo de desarrollo de la teora postmoderna coincide con los inicios de la
exportacin del modo de ser de los Estados Unidos de Norteamrica al resto del mundo. A este
respecto, Jameson (1995: 18-19) indica: ste es el momento de llamar la atencin [] sobre algo
obvio: a saber, que toda cultura posmoderna, que podramos llamar estadounidense, es la expresin
interna y superestructural de toda una nueva ola de dominacin militar y econmica de dimensiones
mundiales [] El trasfondo de la cultura lo constituyen la sangre, la tortura, la muerte y el horror.
Asimismo, a decir de Lyon, en el plano de la reflexin terica acerca de la postmodernidad, se podra
establecer un paralelismo similar: Si bien fueron pensadores europeos los que contribuyeron a iniciar
el debate postmoderno, con frecuencia tienen conexiones americanas y, despus de todo, Estados
Unidos epitomiza la modernidad, de la que proviene la postmodernidad (2000: 33-34). En este
punto nos parece interesante reproducir la agria crtica que a este respecto realiza Cioran (2003: 43-
44). Nos parece interesante por contener una, radical aunque discutible, oposicin a la posibilidad de
una influencia beneficiosa de la modernidad europea: La fecundidad de una civilizacin estriba en la
facultad que tenga para incitar a las otras a que la imiten: en cuanto termina de deslumbrarlas se
reduce a un conjunto de desechos y de vestigios.
64
En aquellos orgenes de la modernidad, el conocimiento pas pues del plano
trascendente al inmanente y, en consecuencia, aquel conocimiento humano se
transform en hacer, en una prctica de naturaleza transformadora. [] Lo
verdaderamente revolucionario de toda esta serie de desarrollos filosficos
producidos entre los siglos XIII y XVI es que los poderes de creacin, antes
atribuidos exclusivamente a los cielos, se hacen descender a la tierra. Se
descubre la plenitud del plano de la inmanencia
42
(Hardt y Negri, 2005: 92-93).

En este sentido se pronuncia Touraine cuando afirma: La ruptura con
la cosmologa religiosa es el primer elemento que ayuda a explicar las
sociedades modernas. Revolucionarios y liberales creen en el triunfo de la auto
produccin del orden social, asentada en el orden racional de la vida, que
estara precedida de la supresin de la imposicin divina (Touraine, 2000: 7,
27). El sujeto trascendental recibe la dignidad de s mismo y no de Dios u otra
instancia y lo que contiene afecta por igual a todos y cada uno de los
individuos, que quedan subsumidos en su trascendentalidad. En otras palabras,
afectar a todos los hombres (Mate, 1999: 25). Algunas de estas
caractersticas, con el tiempo, devendrn paradjicas o sufrirn importantes
matizaciones:

Si el modernista tiene que destruir para crear, la nica forma de representar las
verdades eternas es a travs de un proceso de destruccin que, en ltima
instancia, terminar por destruir esas mismas verdades. Sin embargo, si
aspiramos a lo eterno e inmutable, no podemos dejar de poner nuestra impronta
en lo catico, en lo efmero y lo fragmentario (Harvey, 1998: 33).

As pues, ser moderno no estribara tanto en un tipo de conocimiento
como en una perspectiva, proyectada hacia el futuro, desde la que se
construye ese conocimiento. La vida se organiza en funcin de una percepcin

42
El plano de la inmanencia es aqul en el que el poder de lo singular toma conciencia y en el que la
verdad de la nueva humanidad se determina histrica, tcnica y polticamente. Por este simple hecho,
porque no se admite la existencia de ninguna mediacin externa, lo singular se presenta como
multitudinario (Hardt y Negri, 2005: 93).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



65
positivista del progreso, que se entiende como lineal y se considera infinito
43
.
La razn instrumental identificar el cientificismo con el inters de la
humanidad (Horkheimer, 2002: 110), y desplazar a las otras dimensiones de
la racionalidad a los mrgenes de la sociedad (Mar Sez, 1999: 30). Tampoco
el futuro escapa a la naturaleza esttica de la sociedad ideal (Cataln, 2002:
2). Con el fin de ilustrar esta perspectiva, podemos contemplar el argumento
de Kuhn, cuando establece las caractersticas y peculiaridades del lenguaje
cientfico en la (re)elaboracin del conocimiento:

[Del] proceso holstico de adquisicin se sigue una segunda caracterstica de los
lenguajes cientficos. Una vez que se han aprendido los trminos que forman
parte de un conjunto interrelacionado pueden utilizarse para formular un
nmero infinito de generalizaciones, las cuales son todas contingentes. Sin
embargo, algunas de las generalizaciones originales, u otras compuestas a partir
de ellas, resultan ser necesarias (2002: 251).

En este sentido, y en relacin con lo afirmado en los prrafos
precedentes, el imparable desarrollo cientfico queda ligado a la idea de
avance social, poltico y moral, cuya conclusin ser la emancipacin del
hombre frente a la naturaleza. A decir de Postman, la actitud identificada con
este cientifismo quedara definida por la combinacin de tres ideas
fundamentales: En primer lugar est la idea de que el mtodo de las ciencias
naturales puede aplicarse al estudio del comportamiento humano. [] En
segundo lugar est la idea de que la ciencia origina unos principios bsicos
que pueden ser utilizados para organizar la sociedad en funcin de criterios
racionales y humanos. [] En tercer y ltimo lugar est la conviccin de que
la ciencia puede ser utilizada como un sistema de creencias, que da sentido a
la vida, al mismo tiempo que proporciona el sentido de lo que es bueno, moral

43
No parece haber lmite en lo que podra hacerse para construir un mundo bueno si los hombres
usaran la ciencia prudentemente (Russell, 2004: 122). En esta misma lnea, Marcuse afirma: Las
capacidades econmicas y tcnicas de las sociedades establecidas son suficientemente grandes para
permitir ajustes y concesiones a los parias (2001: 286).
66
e inmoral (Postman, 1993: 147). En cierto modo, esta actitud tambin
equivaldra a rechazar las potenciales implicaciones negativas de la ciencia.
Recurriendo a la argumentacin propuesta por Subirats, el conocimiento
cientfico respondera a una suerte de determinacin material y filosfica:

El desarrollo tecnolgico e industrial se ha legitimado desde los orgenes de la
filosofa cientfica moderna como un medio para liberar al existente humano de
su condicin natural; ambos fueron considerados, a su vez, como expresin de
su creatividad y medio de su libertad, como aquella actividad que elevaba el
existente humano a la soberana sobre la naturaleza y la historia (2001: 53).

La ciencia busca un dominio controlado de la naturaleza que al mismo
tiempo se halle fundado en explicaciones tericas de mayor o menor grado de
complejidad (Valor Ybenes, 2000: 29). La indiferencia moderna frente a la
naturaleza tiene, de hecho, que ser asumida simplemente como una variante
de la actitud pragmtica, tpica de la civilizacin occidental, globalmente
considerada (Horkheimer, 2002: 124). El progreso es la certeza de la
superacin del presente dado, inmediato, en un futuro que slo puede
prometer lo mejor (Ruiz de Samaniego, 2004). La reflexin acerca de este
fenmeno hecha por Cassirer nos parece especialmente descriptiva:

La fuerza de la razn es la nica que nos abre la entrada al infinito; la que nos
lo asegura y nos ensea a ponerle medida y lmite, no limitndolo en su
mbito, pero s conociendo su ley, que todo lo abarca y penetra. Esta legalidad
del universo, descubierta por el pensamiento, y determinada por su fuerza,
constituye el correlato necesario de su intuitiva inconmensurabilidad. [...] El
nuevo concepto de la naturaleza, tal como se va constituyendo con progresiva
claridad y firmeza [...] se caracteriza, antes que nada, por esta nueva relacin
que se establece entre sensibilidad y entendimiento, entre experiencia y
pensamiento (1993: 56).

Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



67
Pero en este juego, la perspectiva de crisis perpetua se une desde sus
inicios a la cuestin de la modernidad, a medida que va tomando cuerpo su
naturaleza contradictoria, tal y como hemos indicado. O como dira Lyotard,
se cuestiona a s misma (1987). La incapacidad de elaborar una ltima
verdad inmutable favorece la descomposicin del conocimiento. La
modernidad crea vive su propia paradoja y crea las premisas de su propia
destruccin (Mariniello, 1992: 11). El lenguaje, sobre el que se basa la
capacidad operativa de la modernidad, es tambin el lugar en que se
manifiesta una resistencia fundamental a la teora (de Man: 1990). Esta
resistencia y fragmentacin preceden al dilema de la destruccin del propio
conocimiento y a la perspectiva aludida de legitimacin, construida sobre l
mismo.

El cambio y la reformulacin permanente conduce a una sociedad en la
que se ha disgregado todo lo que, hasta ahora, se mostraba homogneo en el
anlisis (Beck, 2000: 14). La primera verdad sobre la verdad es que es
mltiple (Bunge, 2004: 297). A este respecto son significativas las palabras de
Weber: Tan pronto como tratamos de reflexionar sobre la manera en que se
nos presenta inmediatamente, la vida nos ofrece una multiplicidad infinita de
procesos que surgen y desaparecen, sucesiva y simultneamente, tanto
dentro como fuera de nosotros mismos (2001: 61). Asimismo, las
transformaciones se producen en una doble lnea o desde una doble
perspectiva: cambios profundos en el plano colectivo y en el plano individual,
en el plano de las creencias y en el plano de las acciones. Estas fluctuaciones
llevan a Hardt y Negri a considerar la modernidad como un estado de crisis
por definicin:

La modernidad misma se define como crisis., una crisis nacida del conflicto
ininterrumpido entre las fuerzas inmanentes, constructivas, creativas y el poder
trascendente que apuntaba a restaurar el orden. [] En el siglo XVII, el
68
concepto de modernidad entendida como crisis qued consolidado
definitivamente (2005: 95 y ss.)
44
.

Desde esta perspectiva, podemos aventurar algo sobre lo que, como
apuntbamos, algunos autores han teorizado; es decir, la afirmacin de que la
modernidad contiene el germen de la autodestruccin en su propia naturaleza.
Siempre se ha pensado en la modernizacin en contraposicin al mundo de las
tradiciones y las religiones, como liberacin de las constricciones de una
naturaleza no domeada, es decir, de la emancipacin humana
45
. Pero, qu
sucede si la misma sociedad industrial se convierte en tradicin? (Beck,
2000: 13). En el marco de estos discursos a favor de la emancipacin
humana, la modernidad se prepara as para instaurar una nueva hegemona
(Mndez Rubio, 2003: 49). Y, posteriormente, sus exigencias, principios de
funcionamiento y bases tericas se descomponen, diluyen o desmitifican con
la misma despreocupacin y naturalidad que las pretendidas verdades
eternas de pocas anteriores? (Beck, 2000: 14). Esta poltica del
industrialismo se caracteriza, sobre todo, porque ella misma no pudo
comprender su propio carcter novedoso (Sloterdijk, 2002a: 89). En otras

44
A pesar de haber definido la modernidad fundamentalmente como conflicto, Hardt y Negri
establecen una matizacin entre dos modernidades. La primera es aquella que ya ha sido definida
como crisis, que destruye sus relaciones con el pasado y declara la inmanencia del nuevo paradigma
del mundo y de la vida (2005: 94). El segundo modelo sera aquel que propone un poder
trascendente constituido contra un poder inmanente constitutivo, el orden contra el deseo (2005: 94).
Cabe destacar que el anlisis hecho por estos autores rastrea la modernidad en Europa desde sus
orgenes. De este modo se construira la nocin de revolucin-contrarrevolucin, que definira la
historia en Europa hasta el siglo XX (2005: 94 y ss.).
45
La literatura se ha hecho eco a lo largo de las pasada dos centurias de las preguntas existenciales
que ha provocado, a posteriori, un mundo lleno de certezas y saber. Aunque reproducir una serie de
ejemplos lo suficientemente representativa sera lo ms apropiado, habremos de conformarmos con
una sola muestra: Les ruego seores que presten atencin alguna vez a los gemidos emitidos por un
hombre culto del siglo XIX al que le duelan las muelas, aproximadamente a los dos o tres das de
padecer el dolor, cuando ya no gima como lo haca el primer da, es decir, slo porque le dolan las
muelas. Comprobarn que no gime como cualquier campesino ordinario, sino como un hombre
contagiado por el desarrollo y la civilizacin europea, como un hombre que ha renunciado a su tierra
y a sus fuentes populares, como se dice ahora. Sus gemidos adquieren un cierto matiz mezquino,
abominablemente mordaz, y se prolongan durante das y noches enteros (Dostoievski, 2004: 27). El
autor pesimista por antonomasia afirma: Poseer una conciencia permanentemente despierta, definir
de nuevo sin cesar nuestra relacin con el mundo, vivir en la tensin perpetua del conocimiento,
equivale a estar perdido para la vida. El saber es una plaga, y la conciencia una llaga abierta en el
corazn de la vida. El ser humano no vive acaso la tragedia de una animal constantemente
insatisfecho que habita entre la vida y la muerte? (Cioran, 2003b: 77).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



69
palabras, no pudo perpetuar a lo largo del tiempo su propia lgica evolutiva.
En este sentido, es una dinmica que parece haberse agotado definitivamente,
que ya ofrece ms preguntas que respuestas y que estara lejos de aportar una
solucin a corto o medio plazo. La relacin dialctica entre la prdida de
sentido y la nueva creacin de sentido, o entre la erosin de sentido y su
reconstruccin se desequilibra (Berger y Luckmann, 2002: 62 y ss.).

El proyecto de la modernidad ocup un lugar central en el siglo XVIII. Ese
proyecto supuso un extraordinario esfuerzo intelectual por parte de los
pensadores de la Ilustracin, destinado a desarrollar la ciencia objetiva, la
moral y la ley universales y el arte autnomo, de acuerdo con su lgica interna.
La idea era utilizar la acumulacin de conocimientos generada por muchos
individuos que trabajaban libre y creativamente, en funcin de la emancipacin
humana y el enriquecimiento de la vida cotidiana.[] Hay numerosos
testimonios que nos hacen pensar que la mayor parte de los escritores
modernos reconoca que lo nico seguro acerca de la modernidad era su
inseguridad y hasta su propensin al caos totalizante (Harvey, 26-27)
46
.


46
Harvey, siguiendo a Schorske en Fin-de-sicle Vienna, afirma: La alta cultura entr en un
torbellino de innovacin infinita en la que cada campo proclamaba su independencia del conjunto, y
cada parte se divida a su vez en otras partes. En la violenta accin centrpeta del cambio, se hundieron
esos mismos conceptos mediante los cuales los fenmenos culturales podan fijarse en el pensamiento.
No slo los productores de la cultura, sino tambin sus analistas y crticos fueron vctimas de la
fragmentacin (2000: 26). Es una lucha entre lo efmero y lo inmutable. Una lucha entre el hombre
masa y el hombre cientfico. A decir de Ortega y Gasset (2001): Antes los hombres podan dividirse,
sencillamente, en sabios e ignorantes. Pero el especialista no puede ser subsumido bajo ninguna de
estas dos categoras. No es sabio, porque ignora formalmente cuanto no entra en su especialidad; pero
tampoco es un ignorante, porque es un hombre de ciencia y conoce muy bien su porcicula de
universo. Habremos de decir que es un sabio-ignorante, cosa sobremanera grave, pues significa que es
un seor el cual se comportar en todas las cuestiones que ignora no como un ignorante, sino con toda
la petulancia de quien en su cuestin especial es un sabio. [...] Y, en efecto, este es el comportamiento
del especialista. En poltica, en arte, en los usos sociales, en las otras ciencias tomar posiciones de
primitivo, de ignorantsimo; pero las tomar con alegra y suficiencia, sin admitir y esto es lo
paradjico- especialistas de esas cosas. Al especializarlo, la civilizacin le ha hecho hermtico y
satisfecho dentro de su limitacin. [...] La advertencia no es vaga. Quienquiera puede observar la
estupidez con que piensan, juzgan y actan hoy en poltica, en arte, en religin y en los problemas
generales de la vida y el mundo los hombres de ciencia, y claro es, tras ellos, mdicos, ingenieros,
financieros, profesores, etc.. A pesar de la contundecia de las palabras del filsofo espaol, lo cierto
es que podramos lanzar alguna pregunta. En otras palabras, si bien el conocimiento generado por los
tecncratas se remite a una porcin limitada del universo, a qu porcin de ese universo contribuye el
conocimiento del hombre-masa?
70
Llegados a este punto podemos afirmar que en el periodo que hemos
convenido en llamar modernidad, se produce un profundo cambio de las
relaciones entre el hombre y el entorno que le rodea. Este cambio podra
resumirse a que el hombre modifica su actitud hacia los contenedores de su
existencia, es decir, el espacio y el tiempo. De forma progresiva, pero en un
relativamente breve periodod de tiempo, el hombre cree poder conocer la
verdad mediante sus capacidas, cuestionando la intervencin divina en ella. La
vida se organiza en torno a esa nueva pacacidad descubierta y en torno a una
nocin de progreso muy definida. Una nocin de progreso que se identificar
con los avances tecnolgicos y cientficos que se van dando a conocer. No
obstante, esta dinmica contendr en su esencia el germen de su
autodestruccin. Dada la incapacidad del hombre por crear una verdad ltima,
se ir desarrollando un sentimiento de inseguridad. Este sentimiento de
inseguridad, vago e impreciso, incluso inconsciente, al principio desembocar
en el propio final del nimo moderno. Este proceso es el que nos proponemos
estudiar a continuacin.

2.2.1. De la Ilustracin al siglo XX

Siguiendo con estos razonamientos, el Siglo de las Luces supone un
antes y un despus en el ahondamiento de estas perspectivas. Las naciones
entran en una disputa inevitable por dominar los recursos tecnolgicos, la
gestin del conocimiento y el intercambio de informacin, dado que es en
esos espacios donde se va a fraguar el nuevo poder de la economa financiera
y del capital que circula a escala global (Mndez Rubio, 2004: 105-106). Es
decir, por un lado supone la implementacin al mximo de las sinergias
creativas y creadoras de la modernidad y de las transformaciones econmicas
y culturales que trajo consigo. Por otro, puede considerarse como el principio
del fin o el freno a estas mismas pretensiones. En otras palabras, el comienzo
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



71
del fin de la voluntad universalizadora de los principios de la razn
47
. Es
imposible decir con precisin cundo se puede comenzar a hablar de la
existencia de dos modernidades distintas y en franco conflicto (Calinescu,
1991: 50). De acuerdo con el anlisis de Mndez Rubio, podemos establecer
las repercusiones que la modernidad tuvo en el campo de la cultura:

El universalismo civilizador, al estilo de algunos escritos de Condorcet
revisados por Mattelart (2000), tan grato al llamado siglo de las luces, permite
defender modos de gobierno que superen el sistema de propiedad feudalista en
favor de una libertad y de un progreso ensombrecidos por la represin
sistemtica y violenta de toda alternativa. Los lmites de la cultura van a ser los
lmites de la democracia. [] En el trasfondo de estos cambios histricos, sin
embargo, la cultura quedaba disponible para sabotear su misin: [] a la vez
que desempeaba esta funcin estructuralmente estratgica, y para poder
realmente articular ese sistema de poder integral, la cultura quedaba emplazada
[] en el pliegue no visto de la estructura. [] Si la cultura poda convertirse,
como si dijramos, en la llave del control para la integracin de un nuevo orden
institucional, poda hacerlo slo al precio de convivir con su propia amenaza, la
de ser tambin herramienta de descontrol, de desintegracin o desorden
48

(Mndez Rubio, 2003: 53-54).

El pensamiento de la Ilustracin, a propsito de la modernidad,
abrazaba la idea de progreso y buscaba activamente la ruptura con la historia y
la tradicin
49
. Hubo una proliferacin de las doctrinas basadas en la igualdad,
en la libertad y la en fe en la inteligencia humana y en la razn universal.
Tambin se defendi la existencia de una verdad comn, de una tica

47
A decir de Bourdieu y Wacquant (2001: 7): El imperialismo cultural reposa sobre el poder de
universalizar los particularismos vinculados a una tradicin histrica singular, haciendo que resulten
irreconocibles como tales particularismos. Aventuramos que de esta afirmacin se puede extraer una
razn extra a la hora de entender el fracaso de la modernidad.
48
En este sentido, Touraine (2000: 20), afirma que los movimientos democrticos se encontraron
siempre con la resistencia de un orden que protege un dominio social y que supone la degeneracin de
los principios democrticos.
49
La historia de los siglos XVIII y XIX es particularmente compleja en su narracin y su entera
comprensin requerira de un anlisis ms pormenorizado. No obstante, estimamos oportuno matizar
que nuestras referencias estn formuladas desde la estricta observacin de este principio.
72
universal, de una historia compartida por toda la humanidad, que se desarrolla
por las sendas del progreso
50
(Marina, 2000b: 57-58). No obstante, lo que
quedar patente en todo momento es el constante desequilibrio existente entre
los medios y los fines (Harvey, 1998)
51
. sta es, a nuestro juicio y de forma
mesurada, una de las claves de mayor valor explicativo
52
: El termmetro para
averiguar la vitalidad o debilitamiento de lo moderno, fue siempre el estado de
los proyectos de cambio que trataban de consumar la promesa moderna
ilustrada (Casullo, Forster y Kaufman, 1999: 210).

El considerar la tecnologa como algo con un fin determinado es cometer la
equivocacin de suponer que la utilidad es valiosa en s misma. No lo es; lo
til tiene consecuencias slo si sirve para algo. La valoracin de los
verdaderos beneficios requiere que nosotros sigamos una cadena que va de
medios a fines, pero esta cadena de valoracin slo produce una respuesta si
llega a un fin en algn momento (Graham, 1999: 59).

Horkheimer plantea la cuestin desde la perspectiva de un cambio en la
definicin de aquello que se entiende por razn
53
. Su reivindicacin del
pensamiento autnomo y crtico no obedece a una prdida de confianza en la
razn moderna, sino a la necesidad de plantear una revisin crtica de lo que se

50
Vattimo (1998: 76) escribe a este respecto: Los ilustrados, Hegel, Marx, los positivistas, y los
historicistas de todo tipo pensaban, ms o menos de la misma manera, que el sentido de la historia
estaba en la realizacin de la civilizacin.
51
Harvey se inspira para realizar estas afirmaciones en el trabajo de Ernst Cassirer (1993), Filosofa
de la Ilustracin. Repasando el texto del filsofo alemn, observamos como esta afirmacin se
encuentra presente a lo largo de su reflexin: [El hombre] se halla por encima de todos los seres y, a
la vez, ms rebajado que ninguno de ellos; es lo ms sublime y lo ms abyecto, es grandeza y miseria,
fuerza e impotencia. Su conciencia le presenta de continuo una meta que jams podr alcanzar y en
este crculo de querer superarse y del perpetuo decaer por bajo de s mismo, se agita su existencia en
constante vaivn (Cassirer, 1993: 166).
52
La realidad vacila [] cada momento histrico est relativamente indeterminado respecto al
anterior [] No hay razn para negar la realidad del progreso; pero es preciso corregir la nocin que
cree seguro este progreso (Ortega y Gasset, 2001: 130).
53
Maldonado destaca que el debate contemporneo sigue abordando esta cuestin. En su
argumentacin propone la superacin, en una lnea similar a la de Horkheimer, del concepto clsico
de razn: Nadie pede defender hoy a la razn como principio supremo. Y sin embargo puede (y
debe) ser defendida como principio relativo. Y esto por el simple motivo de que la razn es plural: es
decir, existen tantos modos de la razn como niveles hay de complejidad del real. No hay duda de
que, para algunos niveles, la razn clsica es todava hoy insustituible. Sin embargo, quererla utilizar
para otros sera grotesco (1990: 186).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



73
entiende por razn. Desde su punto de vista, un perfil ms subjetivo de la
definicin explicara el fondo terico de estos desajustes: Cuando la idea de
razn fue concebida, tena cometidos mucho mayores que simplemente el de
regular la relacin entre los medios y los fines; era considerada como
instrumento idneo para comprender los fines, para determinarlos (2002:
50). En cualquier caso, la reflexin conceptual acerca de los elementos ltimos
de la accin humana provista de sentido se liga, ante todo, a las categoras de
fin y medio (Weber, 2001: 42). Pese a que en los tiempos que corren el
hombre, a veces, parece ver ms claro que los tiempos de la barbarie, an est
lejos de acostumbrarse a obrar de la manera que la razn y la ciencia le
indican (Dostoievsky, 2004: 40). A este respecto, poniendo el acento en el
carcter de lmite o punto de inflexin que supone el Siglo de las Luces, Hardt
y Negri proponen el siguiente argumento:

El proyecto contrarrevolucionario destinado a resolver la crisis de la
modernidad se desarroll en los siglos de la Ilustracin. La tarea primordial de
esta Ilustracin fue dominar la idea de la inmanencia sin reproducir el dualismo
absoluto de la cultura medieval construyendo un aparato trascendental capaz de
disciplinar a una multitud de sujetos formalmente libres. [] Pero, por qu es
necesaria esta relatividad? Por qu no se puede permitir que el conocimiento y
la voluntad afirmen su condicin absoluta? Porque todo movimiento de
autoconstitucin de la multitud debe someterse a un orden preconstituido y
porque sostener que los seres humanos pueden basar inmediatamente su libertad
en el ser constituira un delirio subversivo (Hardt y Negri, 2005: 98-99).

Estos razonamientos seran la base de la pregunta de si era posible la
ruptura total con el pasado y sobre qu base se poda empezar a construir el
nuevo orden. Un nuevo orden que debera de reproducirse, de algn modo,
partiendo de los moldes precedentes disponibles. Tal y como han destacado
Berger y Luckmann: [En este momento] el debilitamiento e incluso colapso
de un orden omnicomprensivo de sentido, tras el advenimiento de la
74
modernidad, no es ni con mucho un tema novedoso (2002: 70). Retomando la
propuesta de Calinescu de las dos modernidades, se define el enfrentamiento
entre una idea burguesa de modernidad y, por contraste, la otra modernidad,
la que habra de producir las vanguardias, [que] estaba desde sus principios
romnticos inclinada hacia actitudes radicalmente antiburguesas (1991: 51).
En cualquier caso, es una cuestin crucial saber si el proyecto de la Ilustracin
estaba condenado desde el comienzo a hundirnos en un mundo de horror, si
deba conducirnos ineludiblemente a Auschwitz (Harvey, 1998), ya que la
destruccin masiva de seres humanos ha sido uno de los hechos ms graves y
brutales de nuestra historia ms reciente (Ballesteros, 2000: 112). Hay que
apuntar, en este sentido, que la Segunda Guerra Mundial supone para algunos
el final trgico y abrupto de las promesas de la modernidad
54
, por lo que
constituira el ejemplo paradigmtico de su autodestruccin
55
. Auschwitz
sigue persiguiendo no la memoria, sino los logros del hombre (Marcuse,
2001: 276). Algunos autores han apuntado como causa del conflicto armado la
crisis del sistema capitalista (Aron, 1999: 274). Desde una ptica menos
materialista, lo cierto es que las guerras mundiales, en general, suponen el fin

54
Steiner escribe la siguiente reflexin en un intento por describir los motivos que conducen a una
guerra. Asmimo acaba poniendo el acento sobre el autntico absurdo que suponen los conflictos
armados: Cuando un msculo muy entrenado no se ejercita durante un cierto periodo de tiempo,
diversos cidos, un tipo de toxicidad venenosa, se acumula realmente en las fibras. Todo empieza a
doler, a descomponerse, a atormentar al cuerpo. Uno tiene que moverse, tiene que usarlo de nuevo.
Parece como si las grandes fuerzas del aburrimiento, del fastidio, construyeran en nuestro interior
complejos sistemas sociales y crearan tensin para lograr una violenta liberacin. De ser as, la guerra
no sera una espantosa forma de estupidez de los polticos, un accidente que una mente sana podra sin
duda haber evitado. No; sera una especie de mecanismo de equilibrio esencial para mantenernos en
un estado de salud dinmica. Y aunque digamos esto, sabemos que es un horrible absurdo (2004:
123-124).
55
Entendemos que no deja de ser una coincidencia fortuita, pero considerar la Segunda Guerra
Mundial como el punto de inflexin al hablar del fin formal o destruccin simblica de la
modernidad como proyecto facilita el abordaje de la figura de Virilio. En primer lugar por una
cuestin que veremos en captulos posteriores, a saber, la experiencia que vivir, de nio, en Nantes,
devastada por la aviacin aliada. En segundo lugar por su rechazo de los totalitarismos de base
tecnolgica, que han marcado la historia del siglo XX y buena parte de su discurso terico. Una
historia que, sin embargo, comienza un siglo antes con la revolucin de los transportes Virilio, (1999e
14 y ss). Asimismo, Virilio concede una gran importancia a la cuestin paralela del militarismo a la
hora de entender las transformaciones de las sociedades a lo largo de la historia. El nacimiento del
complejo industrial-militar revelado por Eisenhower en 1961 al abandonar la Casa Blanca, estaba ya
desarrollado entre 1940 y 1945. El fenmeno haba hecho ya su aparicin mucho antes, con la
produccin de medios pesados para la marina [estadounidense] de guerra hacia 1870 (Daghini,
1991). En todo caso, son cuestiones que trataremos ms adelante con mayor profundidad.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



75
de una perspectiva de futuro sin sufrimientos
56
. La historia, puede que por vez
primera, no tiene ni principio ni fin (Touraine, 2000: 87) y, por ende, tampoco
el sujeto. Cabe recordar que la centralidad del sujeto racional es uno de los
elementos fundamentales de la modernidad
57
, resultado de la puesta en
prctica de los ideales de la Ilustracin
58
. En el sujeto radica la idea de
progreso y la expansin del programa de la modernidad. A partir de la segunda
mitad del pasado siglo, se produce un punto de inflexin, dando lugar al
surgimiento de una tica de la conservacin que contrarresta el paradigma
moderno del progreso (Ruiz de Samaniego, 2004: 8).

En efecto, el siglo XX con sus campos de concentracin, escuadrones de la
muerte, militarismo, dos guerras mundiales, amenaza de exterminio nuclear y
la experiencia de Hiroshima y Nagasaki- ha aniquilado este optimismo. []
Peor an existe la sospecha de que el proyecto de la Ilustracin estaba
condenado a volverse contra s mismo, transformando as la lucha por la
emancipacin del hombre en un sistema de opresin universal en nombre de la
liberacin de la humanidad (Harvey, 1998: 28)
59
.

En palabras de Maldonado, nos encontramos ante una situacin
paradjica: La modernidad ha producido procesos y sistemas de altsima

56
Nos parece interesante explicar que la utilizacin de este ejemplo paradigmtico de destruccin de
la modernidad no se corresponde con la asuncin de la existencia de un pasado ideal. A este respecto
nos parecen esclarecedoras las palabras de Hobsbawm: Cuando el presente era poco gratificante en
uno u otro sentido, el pasado proporcionaba el modelo para reconstruirlo de un modo satisfactorio.
Entonces, para referirse a pocas pasadas se sola hablar an se hace de los viejos tiempos y de
que la sociedad deba volver a ellos. Se trata de un enfoque que contina vigente en la actualidad: en
todo el mundo surgen personas y movimientos polticos que definen la utopa como nostalgia. [...]
Salta a la vista que el presente no es, ni puede ser nunca, un simple calco del pasado; como tampoco
es posible reducir los diferentes aspectos de su funcionamiento a una mera imitacin de los modelos
de otra poca (1998: 40). Ah, demasiado lo s! replic Eugenio suspirando. Nuestra funesta
organizacin social no puede producir ms que vicios, desrdenes y miserias, mientras que vuestra
bienhechora Comunidad ha de ser fuente y manantial inagotable de perfecciones, virtudes y felicidad
(Cabet, 1985: 218).
57
Virilio dir que el hombre es el final de las maravillas del universo (Armitage, 2001: 44).
58
Paul Ricoeur defini el trabajo de autores como Marx, Freud o Nietzsche como el resultado de esta
culminacin antropocntrica en los campos de la sociologa econmica, la psicologa y la filosofa. En
este sentido, durante la segunda mitad del siglo XIX la modernidad experimentara su primera crisis
de crecimiento (Ruiz de Samaniego, 2004: 39).
59
Harvey efecta estas aserciones tomando como referencia la desafiante propuesta de Max
Horkheimer, y Theodor Adorno en Dialctica de la Ilustracin (2003).
76
complejidad que amenazan con sofocar las perspectivas de la modernidad
misma (1990: 171). El noble ideal de la emancipacin del hombre parece
haber llegado al callejn sin salida de la opresin
60
. En el proceso que deba
llevarle a este ideal de independencia el hombre compartir el destino de todo
el resto de su mundo. ste aparente aumento de la independencia ha llevado,
paradjicamente, a un correspondiente aumento de la pasividad. El dominio de
la naturaleza incluye el dominio sobre los hombres. Cuantos ms aparatos
inventamos para el dominio de la naturaleza, tanto ms tenemos que ponernos
a su servicio si queremos sobrevivir (Horkheimer, 2002: 116 y ss.). A este
respecto, nos parece interesante fijar nuestra atencin sobre la afirmacin
hecha por Rorty: Obviamente, el incremento de la flexibilidad y la eficiencia
puede ser fcilmente usado tanto para oprimir como para liberar, para
incrementar el sufrimiento o para rebajarlo, para disminuir la racionalidad o
aumentarla (1998: 90). Este largo proceso es visto como una descomposicin
por Subirats:

La descomposicin de los ideales modernos de progreso afecta asimismo a
aquella dimensin profunda de la vida humana, de su poder creador, en las
posibilidades emancipadoras encerradas en su inteligencia, en la capacidad de
establecer un mundo justo e igualitario (2001: 56).

De estas afirmaciones se deducira que no existe nada intrnsecamente
emancipatorio en un mayor grado de racionalidad. Apoyados en este punto de
vista, deberan construirse los cimientos del puente que nos conducira a la

60
Ballesteros (2000: 102 y ss.) propone cuatro momentos histricos que permitiran acotar el cambio
hacia una poca histrica postmoderna: El avance hacia el cambio de poca desde el mbito de la
opinin pblica vendra dado por determinados acontecimientos que, por su magnitud, han podido
contribuir a convulsionarla: 1) El final de la Segunda Guerra Mundial, la brutalidad del conflicto
(Auschwitz como paradigma) y el lanzamiento de las bombas atmicas sobre Hiroshima y Nagasaki.
2) La descolonizacin; que por un lado representa la decadencia de Occidente y la posible aparicin
de voces plurales. 3) La conciencia de los efectos negativos de la industrializacin en lo que se refiere
a la conservacin de los recursos naturales. Y 4) La reivindicacin en los aos setenta de los valores
femeninos y el feminismo. Esta descripcin nos proporciona una perspectiva general fundada en
hechos de gran trascendencia histrica. No obstante, se trata de una enumeracin limitada en la
medida en que no tiene en cuenta, por ejemplo, la existencia de los regmenes comunistas del sigo XX
y su estrepitosa cada al final de la centuria.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



77
comprensin de nuestro tiempo cultural, partiendo de la reflexin y revisin de
las posturas que refirieron enfticamente el primer tercio del siglo XX. En este
tiempo, la cultura expuso el cogulo de sus enfermedades y el derrumbe de la
mayor parte de los postulados sustentadores de una marcha civilizatoria y el
trnsito hacia la imprecisin de los fines humanos (Casullo, 1998: 96-97).

2.3. Trazos de Postmodernidad

Hemos tratado de poner de relieve una cuestin, a nuestro juicio,
capital: uno de los posibles finales de la modernidad supondra su posterior
disolucin en un tiempo postmoderno
61
. Asimismo, esta (in)conclusin sera el
fruto de un largo proceso histrico con complejas implicaciones en los
mbitos de la cultura, la sociedad, la economa etc. No obstante, no hemos
hecho ms que plantear las claves del cambio de la perspectiva moderna a una
perspectiva postmoderna. Hablamos de postmoderno porque consideramos
que en alguno de sus aspectos esenciales, apuntados lneas arriba, la
modernidad ha concluido. El sentido en el que se puede decir que la
modernidad ha terminado depende de lo que se entienda por modernidad
(Vattimo, 1998: 73)
62
y de si podemos decir que su proyecto esencial haya
acabado. Con el fin de definir con mayor precisin estas afirmaciones, nos
parece interesante utilizar la distincin que establece Rorty entre campaa y
movimiento. sta nos permite entender porqu el acabamiento o inconclusin
de un fenmeno depende de la definicin que hagamos del mismo: Por
campaa entiendo algo finito, algo en lo cual podemos reconocer que hemos

61
Hemos utilizado la cursiva para denotar el carcter descriptivo del trmino "tiempo postmoderno".
Por un lado da cuenta del proceso que tratamos de dibujar como un algo inconcluso. Por otro, a
nuestro juicio, se ajusta con mayor precisin a la propia imprecisin de aquellos elementos que
tomaran resguardo debajo del paraguas de la postmodernidad.
62
En un trabajo anterior, el filsofo italiano propone la siguiente argumentacin: Si la modernidad se
define como poca de la superacin, de la novedad que envejece y es sustituida inmediatamente por
una novedad ms nueva, en un movimiento incesante que desalienta toda creatividad al mismo tiempo
que la exige y la impone como nica forma de vida... si ello es as, entonces no se podr salir de la
modernidad pensando en superarla (Vattimo, 1987: 146).
78
tenido xito o en lo que, hasta ahora, hemos fracasado. En contraste, los
movimientos ni tienen xito ni fracasan. Son demasiado grandes y amorfos
para que les ocurra algo tan simple (1998: 70).

En su trabajo, Ruiz de Samaniego suscribe la propuesta barthesiana
cuando afirma: De repente, me resulta indiferente no ser moderno (2004: 7).
Esta sentencia resulta ser, como mnimo, un flagrante desafo a la hora de
discutir las posibles razones del cambio, o del propio agotamiento que
manifest en el ltimo tercio del siglo XX la modernidad. As, aunque en ella
Barthes no aduce ninguna razn concreta, de algn modo apunta hacia la
causa ltima del fracaso de la modernidad: la constante renovacin de
conceptos, en la paradjica bsqueda de razones perdurables, ha conducido a
un cierto desnimo, a un desencanto, a la desilusin. En cierta medida, es
como si este momento histrico concreto permitiera reinventarnos a nosotros
mismos con frecuencia (Ihde, 2004: 83). A este respecto, encontramos
apropiada la reflexin de Said:

En 1980, las muertes de Jean-Paul Sartre, Roland Barthes, I. F. Stone, Michel
Foucault, Raymond Williams y C. L. R. James marcaron la extincin del viejo
orden. Haban sido figuras con autoridad y conocimiento, cuya visin general
sobre muchos campos les daba algo ms que competencia profesional: posean,
en efecto, el estilo de la crtica intelectual (2004: 504).

Nos atrevemos a aventurar, que el valor argumentativo de este hecho es
de suma importancia. Aun cuando entendemos que la sustitucin generacional
se produce de manera inevitable, en la medida en que la vida humana tiene un
final para todos los seres vivos, creemos posible enumerar desde este punto de
vista cuatro
63
importantes consecuencias que trae consigo la actitud

63
Esta afirmacin puede parecer una reduccin demasiado drstica de las implicaciones de la
postmodernidad. De hecho lo es, ya que no estamos abordando ejemplos concretos, sino elaborando
una perspectiva general de los cambios acontecidos, en funcin de las cuestiones que centran nuestro
inters.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



79
postmoderna respecto al programa de la modernidad. Un predominio
absoluto del pasado implicara la exclusin de todos aquellos cambios e
innovaciones que es de esperar se produjesen y es poco probable que exista
una sociedad humana que no reconociera la presencia de ninguna innovacin
(Hobsbawm: 1998: 23).

a) Ruiz de Samaniego, siguiendo a Baudrillard, nos da la pista para
establecer la primera de ellas. De forma repentina, surge una especie de fiebre
por revisar todo el corpus terico de las dcadas precedentes, ya que la nueva
perspectiva obliga a renunciar a la pretensin de una explicacin total en
cualquiera de las reas del conocimiento humano
64
. Es una enmienda a la
totalidad del proyecto de progreso y bienestar que prometan los defensores de
la razn (Mar Sez, 1999: 143). Asimismo, se revisa el modo en el que se
construye el conocimiento. El nuevo discurso revisionista pone en duda
(casi)todo, y lleva la teora hacia posiciones desde apocalpticas a
profundamente relativistas:

La asuncin de que la Historia ya no nos va a dispensar ni la emancipacin, ni
la igualdad, ni la sabidura, acaba por cimentar visiones nostlgico-apocalpticas
que anhelan la posesin de un vnculo unificatorio y salvfico que se ha de
procurar bien que mal (ms mal que bien, a decir verdad), o por el que hay que
guardar luto y duelo. He ah el, as llamado, mal de archivo: una labor de luto
fallido, al decir de Baudrillard: la voluntad de revisarlo todo, de rescribirlo todo,
de restaurarlo todo: la paranoia de la contabilidad perfecta y el anhelo del

64
Consideramos el trabajo de Kuhn (2000 y 2000b) una de las obras de referencia del siglo XX en la
descripcin de las fases del conocimiento. En este sentido, nos parece oportuno introducir una
matizacin con el fin de suavizar la contundencia de la afirmacin hecha en este prrafo. Kuhn, al
analizar la raz de las revoluciones cientficas, establece que la sucesin de paradigmas cientficos
puede darse de forma normal o de forma revolucionaria. As pues, la transicin de un momento a otro
exige el transcurso de una determinada cantidad de tiempo. En nuestra aproximacin a la
postmodernidad proponemos que el cambio se dio de manera abrupta, en la medida en que aconteci
en un lapso de tiempo breve, afectando a la estructura misma del conocimiento. No obstante, debemos
observar la siguiente argumentacin: No se puede pasar de lo viejo a lo nuevo mediante una simple
adicin a lo que ya era conocido. Ni tampoco se puede describir completamente lo nuevo en el
vocabulario de lo viejo y viceversa (Kuhn, 2002: 25).
80
blanqueado de las memorias y los acontecimientos negativos. Cuando no en un
fin de fiesta generalizado; un carpe diem estetizante y huero en la vertiente ms
cnica y ramplona de la postmodernidad. sta deviene una eclctica apologa de
lo existente o un todo vale hedonista carente de gusto y crtica lo que Lyotard
caracteriza como grado cero de la cultura general contempornea que no hace
ms que refrendar el funcionamiento amoralmente interesado del capital (Ruiz
de Samaniego, 2004: 23).

b) En segundo lugar, el final de la esperanza
65
trae consigo una nueva
perspectiva, que podramos llamar actitud, respecto a la situacin creada. Esta
situacin contribuye a la elaboracin del nuevo discurso, de compleja
definicin, que viene a ocupar el espacio que, paulatinamente y de forma
parcialmente perceptible, ha dejado la modernidad. En este sentido, las ltimas
consecuencias del liberalismo econmico, juegan un papel importante en la
percepcin de los nuevos acontecimientos. En tanto que las representaciones
de una plenitud consumada y un disfrute ilimitado nutran una esperanza que
desencaden las fuerzas del progreso, el culto al progreso lleva a lo contrario
del progreso (Horkheimer, 2002: 162). A decir de Micha: Una de las
consecuencias ms dainas de la modernizacin comercial es la destruccin
de todo civismo (2002: 35). Hemos tomado de Edward W. Said la
argumentacin que, de forma grfica, explica el provecho que de esta

65
La desesperanza nace de la conciencia sobre las carencias del homo sapiens / demens y de las
manifestaciones histricas del ruido y del furor que barrieron tantas veces con la razn y el amor
(Morin, Roger y Motta: 2003: 138). A rengln seguido, los autores observan 6 principios inspirados
en las potencialidades sin explorar de la humanidad, de cuya aplicacin/comprensin, sera posible
recuperar la esperanza desde la desesperanza: Principio Vital: como todo lo que se autorregenera en
una tensin irreductible hacia su futuro, tambin todo lo humano regenera la esperanza regenerando su
vida. No es la esperanza lo que hace vivir, es el vivir el que crea la esperanza que permite vivir.
Principio de lo inconcebible: todas las grandes transformaciones o creaciones fueron impensables
antes de que se produjeran. Principio de lo improbable: todos los acontecimientos felices de la historia
fueron, a priori, improbables. Principio del topo: que cava sus galeras subterrneas y transforma el
subsuelo antes de que la superficie se vea afectada. Principio de salvataje: es la conciencia del peligro
que, segn Hlderlin, sabe que donde crece el peligro, crece tambin lo que salva. Principio
antropolgico: es la constatacin de que el homo sapiens ha usado hasta el presente una pequea
porcin de las posibilidades de su espritu/cerebro: esto implica comprender que la humanidad se halla
lejos de haber agotado sus posibilidades intelectuales, afectivas, culturales, civilizacionales, sociales y
polticas (2003: 138-139).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



81
situacin extraen los beneficiados del incipiente/nuevo orden ideolgico y
econmico:

Los viejos relatos inventados y las tradiciones y esfuerzos convencionales para
gobernar estn dando paso a teoras nuevas, ms elsticas y mesuradas, acerca
de qu sea lo discrepante o lo intenso de nuestra contemporaneidad. En
occidente el postmodernismo se ha apropiado de la falta de peso ahistrica, del
consumismo y de la espectacularidad del nuevo orden. A l se asociaron otras
ideas, como el postmarxismo y el postestructuralismo, todas ellas variaciones de
lo que el filsofo italiano Gianni Vatimo
66
describe como pensamiento dbil
del fin de la modernidad (Said, 2004: 505).

c) En tercer lugar, estas desviaciones, que podemos entender en la lnea
de desaparicin de un horizonte, real o no, tendran an otra repercusin en
las sociedades actuales. Autores como Micha (2002: 14) han puesto el acento
en el progreso de una ignorancia generalizada en todas las capas de la
poblacin, no tanto por lo que respectara a la destruccin de(l) conocimiento,
como al declive constante de una inteligencia crtica. Establezcamos un
paralelismo. Al igual que sucede con una lengua, no sirve de nada tenerla en
un diccionario si no sabemos qu hacer con ella. Entendiendo el contenido de
esta afirmacin como una de las consecuencias ante las que reacciona la
reflexin postmoderna, podemos establecer un vnculo claro con situaciones
anteriores: la sociedad moderna, que ha logrado un nivel de educacin formal
sin precedentes, tambin ha dado lugar a nuevas formas de ignorancia
(Micha, 2002: 13)
67
. Una ignorancia propiciada por la televisin, que

66
Vattimo, asimismo, relaciona este tipo de pensamiento con las nociones de fundamento y verdad:
Puesto que la nocin de verdad ya no subsiste y el fundamento ya no obra, pues no hay ningn
fundamento para creer en el fundamento, ni por lo tanto para creer en el hecho de que el pensamiento
deba fundar, de la modernidad no se saldr en virtud de una superacin crtica que sera un paso
dado todava en el interior de la modernidad misma. [...] La funcin del pensamiento ya no es ms,
como siempre lo crey la modernidad, remontarse al fundamento y por ese camino volver a encontrar
el valor (1987: 148-149).
67
Debemos matizar que el ensayo de Micha se centra exclusivamente en el terreno de los sistemas y
programas educativos, por lo que en algunos aspectos es una aproximacin slo parcial al fenmeno
de la postmodernidad. En las pginas siguientes Micha denuncia las formas que adoptan los procesos
82
interfiere en las formas tradicionales del aprendizaje. Los socilogos opinan
que el efecto principal de la televisin radica, precisamente, en la organizacin
social de los mtodos de aprendizaje (lvarez y Caballero, 1997: 75). Si
aceptamos que la televisin es el principal administrador de relatos de los
nios y adolescentes, compartiremos la opinin de que la percepcin que ellos
puedan tener del verbo narrar plantear algunas diferencias notables con la que
tiene el padre o profesor de lengua y literatura (Lluch, 2004: 246). La
pobreza de la representacin televisiva (pseudo)informativa elimina el debate
real sobre los problemas. Y ms que eliminar el debate, destruye la posibilidad
de que se produzca. ste es uno de los principales motivos por lo que se hace
absolutamente acuciante, la necesidad de encontrar foros de reflexin
alternativos y ms participativos. El sistema social impone y delimita las
fronteras y posibilidades del potencial expresivo humano (Marn y Tresserras,
1994: 49). Algunos autores sugieren que la ignorancia que recorre las
sociedades industriales es uno de los caldos de cultivo de la reflexin acerca
de la postmodernidad y est doblemente alimentada en la recurrencia a unos
usos y patrones desfasados. Inlcuso se podra argumentar que la reflexin
postmoderna es el resultado directo de la crisis de la inteligencia. A este
analfabetismo programado cabra aadir an otra fuente de destruccin, que
para Ulrich Beck sera la siguiente:

Por acudir a una comparacin: la teora de la sociedad industrial distingue
diferentes sectores de produccin, y, consecuentemente, siguiendo una va
inmanente a esa propia realidad, se ha elaborado, investigando y sometiendo a
discusin la existencia de un cambio de prioridades en el paso de la sociedad
industrial a la sociedad de servicios. Algo parecido sucede, en el caso de la
estructura social, con la ausencia de alternativas por razones antropolgicas,

de (des)educacin en las sociedades occidentales, en especial la francesa y en qu medida son
aprovechados por el capital. En los prolegmenos de su argumentacin, Micha establece como punto
de partida la siguiente afirmacin de Castoriadis (1983): El hombre no nace llevando consigo el
sentido definitivo de su vida. En la medida en que ese sentido es manipulable, los poderes
econmico y poltico de las sociedades modernas han tratado de ponerlo al servicio de una ignorancia
fcilmente maleable.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



83
morales y polticas. Y mientras esto sea as, la investigacin emprica seguir
dejndose ir por caminos ya trillados. Se amontonan las dudas, la falta de
explicaciones globales, las desviaciones e incluso una niebla espesa en cuanto
se refiere a la estructura social, pero no importa; todo eso se vuelca, una y otra
vez, utilizando datos masivos y metodologa intensiva, en los odres de las viejas
categoras (2000: 17).

d) En cuarto lugar ubicaramos una de las consecuencias ms
significativas del momento postmoderno, a saber, la prdida de la centralidad
del sujeto racional en los procesos histricos. En este sentido, el
debilitamiento de uno de los ideales centrales de la modernidad vendr
acompaado de una sustitucin del imperio de la razn por el imperio del
sentido. Es la puesta en crisis del individuo, del sujeto como agente
transformador, y de aquello que lo rodea
68
. Ahora, el sentimiento de
incertidumbre y de inseguridad prevalece (Fitoussi, 2004: 89). A decir de
Rubert de Vents:

La razn del iluminismo estaba en el sujeto que ordenaba la realidad de acuerdo
con ella; el sentido pertenece ahora a las cosas mismas y es su principio de
inteligibilidad porque es tambin su principio de formacin: es su cdigo
porque es su estructura misma. La razn ilustrada tena que reprimir u ordenar
el cmulo de conductas mticas, tradicionales o supersticiosas que escapaban
an de su imperio. Pero nada escapa ya al imperio del sentido: ni los fenmenos
casuales, ni las conductas instintivas, ni los acontecimientos marginales. [...] Al

68
En un devastador captulo Cioran (2003b: 63) describe a la perfeccin esta suerte de estado de
nimo. Como ya hemos apuntado en algn otro lugar de nuestro texto, el autor rumano expresa de
forma soberbia el estado de nimo postmoderno. Debemos manifestar, no obstante, que nuestra
utilizacin de sus trabajos se corresponde con un uso utilitarista de los mismos, ya que no
compartimos su fondo pesimista y apocalptic: Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin
embargo siento que mi existencia es la nica real. [] A pesar de que la vida me resulta un suplicio,
no puedo renunciar a ella, dado que no creo en lo absoluto de los valores por los quedebera
sacrificarme. Si he de ser sincero, debo decir que no s por qu vivo, no por qu no dejo de vivir. La
clave se halla, probablemente, en la irracionalidad de la vida, la cual hace que sta perdure sin razn.
Tal y como adelantbamos, la descripcin hecha coincide plenamente con el estado de crisis del
individuo, la razn y el sujeto trascendental de la que hemos hablado en el texto principal de nuestra
argumentacin.
84
imperativo racionalista de ordenar todas las cosas sucede el moderno
imperativo de explicitarlas (1998: 214)
69
.

A estos argumentos podemos aadir lo afirmado por Touraine (2000:
50-51), la desmodernizacin supondra ms o menos una regresin, ya que lo
que se le opone es un liberalismo salvaje, cerrado e intolerante. El liberalismo
econmico, que emplea los medios de comunicacin de masas como ariete,
parece ocupar todo el espacio disponible. Las afirmaciones de Williams nos
confirman esta aseveracin: El satlite se percibe como la mejor y ms
moderna va de penetracin en la cultura y el comercio de zonas controladas o
reguladas por autoridades nacionales locales: es decir, sociedades con su
propia organizacin y gobierno (1999: 122). Los parmetros culturales y
sociales se desarrollan en paralelo a los criterios econmicos y de rentabilidad,
hasta el punto que la postmodernidad es considerada el espacio mundial del
capital multinacional (Jameson, 1995: 80). En su ensayo, Jameson defiende la
idea de que la postmodernidad es, en realidad, fruto de la postrera evolucin
del capitalismo
70
. Para construir este argumento toma como punto de anclaje
la propuesta hecha por Ernest Mandel
71
y su descripcin de las fases que ha
atravesado el capitalismo. En este sentido, su propuesta suma una cuarta fase,
que considera postmoderna, ligando el desarrollo del capitalismo a la eclosin

69
Posteriormente, el propio Rubert de Vents ofrece una enumeracin de los pares de oposiciones que
diferenciaran la actitud ilustrada o iluminada de la que no lo es: Formacin/Informacin,
Ordenacin/Dramatizacin, Saber/Noticia, Razn/Sentido y Comprensin/Asimilacin (1998: 224).
70
Castro Nogueira ha hablado de la sustitucin de un capitalismo autoritario por una suerte de
capitalismo hedonista y permisivo: inaugura una mutacin antropolgica, una nueva era del
individualismo, centrada en la nueva figura mtica de Narciso (1997: 239). El autor se refiere a la
novedad de la figura de Narciso, en tanto que dimnsin oculta del inconsciente. Asimismo, en funcin
de la interpretacin que le han dado autores como Kant, Freud o Marx, la define: Narciso son Figuras
sucesivas de la subjetividad burguesa (1997: 239).
71
Mandel propone, en una descripcin que cuenta ya con ms de 30 aos, la separacin de tres
momentos en la historia del capitalismo: Las revoluciones bsicas del poder tecnolgico la
tecnologa mecnica de mquinas motrices- aparecen entonces como los momentos determinantes de
la revolucin tecnolgica globalmente considerada. La produccin mecnica de motores de vapor
desde 1848; la produccin mecnica de motores elctricos y de combustin desde la ltima dcada del
siglo XIX; y la produccin mecnica de ingenios electrnicos y nucleares desde la dcada de los aos
cuarenta del siglo XX: tales son las tres revoluciones generalizadas de la tecnologa engendradas por
el modo de produccin capitalista a partir de la revolucin industrial originaria de finales del siglo
XVIII (Mandel, 1971: 18).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



85
definitiva y masiva de la tecnologa, al creciente colapso de la naturaleza y a
una redefinicin forzosa de las sociedades postindustriales:

Desde un punto de vista marxista, la tecnologa es el resultado del desarrollo
capitalista y no una causa primera en sentido estricto. [...] As pues, este
capitalismo estricto que caracteriza nuestro tiempo elimina todos aquellos
enclaves de la organizacin precapitalista que hasta ahora haba tolerado y
explotado de forma tributaria: sentimos la tentacin de relacionar esta tesis
con una nueva penetracin y una colonizacin histricamente original del
inconsciente y de la naturaleza (Jameson, 1995: 79-81).

Ante esta afirmacin, y la enumeracin de elementos que hemos
establecido, nos parece interesante abundar en la propuesta de Jameson acerca
de los cambios que siguen a la poca modernista, partiendo del anlisis que
realiza desde un punto de vista esttico. No obstante, a pesar de estar referidas
a una temtica tan acotada, estas afirmaciones encuentran su reflejo en
mbitos de mayor amplitud. El primero y ms evidente es el nacimiento de un
nuevo tipo de insipidez o falta de profundidad. Un nuevo tipo de
superficialidad en el sentido ms psquico, pero tambin fsico y literal
72

(1995: 29). sta afecta a las formas esenciales de percepcin del mundo y de
lo que nos rodea, no limitndose al objeto artstico y al del propio sujeto
protagonista de la modernidad. A decir de Ballesteros (2000: 89): La
disolucin de la verdad en interpretacin indefinida y sin objeto constituye la
cara epistemolgica de la misma moneda, cuya cruz es la disolucin del Yo en
el Ello. El pretendido desenmascaramiento de la verdad culmina en el del
sujeto y el de la persona.


72
Jameson (1995: 23 y ss.) efecta esta afirmacin en su anlisis y comparacin entre el cuadro
Zapatos de labriego, de Van Gogh, y la obra Zapatos de polvo de diamante, de Andy Warhol.
Asimismo, llega a afirmar con contundencia: Creo que no se trata ya de una cuestin de contenido,
sino de una mutacin ms fundamental del mundo objetivo en s mismo convertido ahora en un
conjunto de textos o simulacros y de la disposicin del sujeto (1995: 30) .
86
Aunque ms adelante nos detendremos con mayor detalle en esta
cuestin, nos parece sumamente interesante apuntar ya el establecimiento de
este paralelismo, en la medida en que denota una patologa cultural que
desplaza la alienacin del sujeto hacia su fragmentacin (Jameson, 1995: 37).
Este derrumbe precedera, sucedera o sera simultneo a la fractura del tiempo
histrico, que queda reducido a una vasta coleccin de imgenes y en un
simulacro fotogrfico multitudinario (Jameson, 1995: 46).

Si es cierto que el sujeto ha perdido su capacidad activa para extender sus
protensiones y sus retenciones a travs de la multiplicidad temporal y para
organizar su pasado y su futuro en una experiencia coherente, sera difcil
esperar que la produccin cultural del tal sujeto arrojase otro resultado que las
colecciones de fragmentos y la prctica fortuita de lo heterogneo, lo
fragmentario y lo aleatorio (Jameson, 1995: 61)
73
.

Ante este ocaso de los afectos y estado de las cosas, no nos extraa la
existencia de esta esquizofrenia provocada por la ruptura de la cadena
significante (Jameson, 1995: 64), a la que contribuyen de forma significativa
los medios de comunicacin de masas
74
. Los mass-media son, en este sentido,
un reductor de la complejidad de las diferencias a un comn denominador. Los
medios, principalmente la televisin, deben contentarse con ir relatando de
forma imprecisa y coartada una insignificante parte de lo que sucede. As las

73
La prdida de la profundidad temporal, histrica, privilegia el hecho de que las manifestaciones
culturales vayan organizndose internamente con referencia a un solo plano, el presente, y se perciban
ms como espacio sintetizante que como jerarqua analtica (Fernndez Serrato, 2002: 158).
74
En este apartado estimamos oportuno introducir una matizacin que nos parece necesaria, vista la
contundencia de la afirmacin: La capacitat de supervivncia de les concepcions dels sistemes
socials humans que genricament podem catalogar com espirituals s en lorigen duna de les
dificultats metodolgiques ms notables amb qu topen les aproximacions cientfiques en lmbit de
la comunicaci social: larticulaci dels sistemas informatius i/o comunicatius amb la resta del sistema
social (Marn y Tresserras, 1994: 58). [La capacidad de supervivencia de las concepciones de los
sistemas sociales humanos que genricamente podemos catalogar como espirituales est en el
origen de una de las dificultades metodolgicas ms notables con las que chocan las aproximaciones
cientficas en el mbito de la comunicacin social: la articulacin de los sistemas informativos y/o
comunicativos con el resto del sistema social.]
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



87
cosas, todlogos y estadistas se esfuerzan en explicar lo que sucede y
sobretodo aquellos que suceder en el futuro.

El progreso hacia la utopa se ve frenado hoy en primera lnea por la
relacin, de todo punto descompensada y desproporcionada, que existe entre el
peso de la avasalladora maquinaria del poder social y las masas atomizadas
(Horkheimer, 2002: 187). Esto habra posibilitado la emergencia de una
sociedad organizada sobre discontinuidades, donde el sujeto se encuentra
perdido en un presente que no puede aprehender como totalidad sistemtica,
sino como dispersin de efectos de realidad (Fernndez Serrato, 2002: 256). A
decir de Russell: La continuidad de un cuerpo es cuestin de apariencia y de
conducta, no de substancia (2004: 130). Las cosas son, en efecto, en tanto
que imagen o noticia y se definen en relacin con el flujo informativo
(Rubert de Vents, 1998: 223). Eco (2000) ha definido el relato televisivo,
desde un punto de vista discursivo, como series, cuya repeticin afectara a
la estructura narrativa de los acontecimientos. La irrupcin de la comunicacin
de masas provoc una crisis de los lenguajes y exigi su renovacin. Puede
que una de las revoluciones que todava est pendiente, tenga que ver con el
nacimiento de un nuevo paradigma o paradigmas de la comunicacin, an no
completamente definido
75
. A decir de Mar Sez:

Vivimos en un mundo que se ha vuelto ilegible. Cuando ms herramientas
conceptuales estn a disposicin de la persona para comprender la realidad,
resulta que sta se le vuelve opaca, sin sentido, incomprensible. [...] la rpida
sucesin de transformaciones y la avalancha de informaciones hacen ms

75
Las afirmaciones hechas por Rodrigo Alsina a este respecto son altamente aclaratorias. Asimismo,
dan cuenta de la situacin en la que nos encontraramos inmersos: No creo que se pueda afirmar que
estamos ante el fin de los paradigmas, por el contrario nos encontramos con paradigmas concurrentes.
Es una situacin pluriparadigmtica. Se produce la coexistencia de teoras alternativas que no
necesariamente son complementarias, pueden ser incluso contradictorias. Todo lo dicho no resta valor
a las teoras y los paradigmas clsicos, yo dira que simplemente les resta su valor absolutista (2001:
144).
88
compleja esta tarea de anlisis de la realidad en la que [...] ninguna institucin
educativa oficial cualifica adecuadamente al ciudadano (1999: 135 y ss).

El conjunto de lenguajes humanos no es automticamente asimilable a
la caracterizacin que se hacen de la lengua, pero comparten muchos
elementos. Asimismo, Marn y Tresserras apostillan: De manera parecida a
cmo la escritura o la imprenta hicieron posible el cambio cualitativo de
algunos de los paradigmas culturales anteriormente dominantes de la oralidad
a la literalidad, la comunicacin y la cultura de masas han transformado los
paradigmas culturales de la humanidad contempornea (1994: 69). No
obstante, la pregunta de fondo que cabra hacerse despus es hasta qu punto
los cambios han sido fruto de un proceso espontneo o frreamente dirigido.

La observacin de la grfica descripcin, que a este respecto, nos
facilita Barcellona, permite acceder a uno de los puntos nodales de la reflexin
de Jameson. El flujo informativo y la gran unificacin planetaria abandonan a
la indiferencia y al desinters el mundo de las relaciones de sentido, de las
particularidades irrepetibles, de las formas de vida inscritas en los cuerpos de
las casas, en las iglesias y en los edificios municipales (Barcellona, 1999: 36 y
ss.)
76
. La cultura de masas presupone el fracaso de todo intento de hacer de

76
En su estudio, Barcellona enmarca en este contexto la eclosin de los nacionalismos, como una
reaccin a estos procesos de homogeneizacin e incluso como mecanismo de defensa: Hoy parece
posible reproducir al individuo sin producir forma alguna de comunidad. [...] La vuelta de los
nacionalismos [...] se encuadra en este marco. En l aparece la angustia por lo indiferenciado, de lo
indeterminado, de la homologacin sin residuos. [...] Los nacionalismos tratan de poner en juego las
diferencias tnicas, religiosas, culturales: todo lo que puede producir elementos de cohesin interna y
de defensa externa, incluso en la forma extrema y aberrante de la exclusin y persecucin del
otro/distinto (1999: 64). Liah Greenfeld, defiende una postura similar a la de Barcellona. No
obstante, la aproximacin de Greenfeld al fenmeno de los nacionalismos adopta una perspectiva ms
intracomunitaria, es decir, ms centrada en las comunidades locales. Por este motivo, o a consecuencia
del mismo, atribuye al nuevo sistema de clases, generado por la modernidad, la responsabilidad de la
reaccin nacionalista: El nacionalisme era una resposta dindividus afectats per disfuncions de la
societat de classes lestrutura tradicional que la societat moderna va reemplaar i pel sentiment de
desordre que es va crear. Y aade: Moltes altres respostes podrien haver-hi estat possibles; la tria
del nacionalisme no era indefugible, sin contingent (Greenfeld, 1999: 157-158). [El nacionalismo
era una respuesta de individuos afectados por disfunciones de la sociedad de clases la estructura
tradicional que la sociedad moderna reemplaz y por el sentimiento de desorden que se cre. []
Podran haberse dado muchas otras respuestas; la eleccin del nacionalismo no era inevitable, sino
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



89
uno alguien diferente. Y esto lo hace de manera legtima, habida cuenta de
que su dogma determina que slo nos podemos distinguir de los dems bajo la
condicin de que nuestros modos de distinguirnos no supongan ninguna
distincin real. Masa obliga (Sloterdijk, 2002b: 91)
77
. Lippmann, desde la
perspectiva de la teora de la comunicacin, habla una suerte de generacin de
consenso social en funcin de los sistemas de estereotipos, que actuaran como
reductores de la complejidad del mundo
78
. Esta reduccin o simplificacin
actuara en tanto que sistema de defensa ante una realidad cada vez menos
definida y/o definible. Aunque las afirmaciones fueron hechas en el contexto
de los medios de comunicacin de masas en Estados Unidos a finales de los
aos 20, an hoy siguen teniendo una alarmante vigencia:

Los sistemas de estereotipos deben ser el centro de nuestra trayectoria personal,
la defensa de nuestro lugar en la sociedad. stos constituyen una fotografa, ms
o menos ordenada, del mundo a la que se han adecuado nuestros hbitos,
gustos, capacidades, comodidades y esperanzas. Posiblemente no constituyen
una imagen completa del mundo, pero s son la imagen de un mundo posible al
que nos hemos adaptado. En ese mundo las personas y las cosas ocupan un
lugar bien definido y se comportan como se espera de ellos. Nos sentimos en
casa. Encajamos en l (1997: 63).

La dislocacin espacial estara fundamentada en una ruptura entre el
cuerpo y el espacio urbano exterior (Jameson, 1995: 97). Ms adelante (1995:
108) concluye: nuestros cuerpos posmodernos han sido despojados de sus

contingente.] Autores como Cebrin (1998: 191) consideran contradictorios los movimientos de auto-
afirmacin en un mundo que tiende a la concentracin y a la unidad.
77
Lneas ms adelante Sloterdijk aade: Se cuenta con que, tanto en los mercados como en los
estadios, la distincin entre vencedores y perdedores no es testimonio ni origen de ninguna distincin
esencial, sino slo una lista de honor que siempre es susceptible de posible revisin (2002b: 95).
78
Esta formulacin clsica se inscribe en la lnea de la hiptesis de la agenda-setting. Si bien los
medios de comunicacin de masas no pueden conseguir la mayor parte del tiempo decir a la gente lo
que deben pensar, s son capaces de reducir los temas sobre los que deben pensar. Las propias
caractersticas del mensaje del medio propicia esta matizacin. La informacin televisiva cotidiana
presenta por tanto una situacin de aprendizaje imposible: el pblico es asediado por informaciones
fragmentarias, totalmente inapropiadas para formar un marco cognoscitivo adecuado a las opciones
que el lector deber llevar a cabo (Wolf, 2000: 169).
90
coordenadas espaciales y se han vuelto en la prctica [...] impotentes para todo
distanciamiento
79
. En realidad, la reflexin ltima que hace Jameson es la de
si es posible explicar histricamente el presente, un presente postmoderno que
ha olvidado pensar histricamente. Las perturbaciones ocasionadas por los
medios de comunicacin tendran, en ltima instancia, la responsabilidad de
este fenmeno. Un fenmeno que comenzaba con la propia invencin de la
cmara y el objetivo.

La cmara aislaba apariencias instantneas y al hacerlo destrua la idea de que
las imgenes eran atemporales. O en otras palabras, la cmara mostraba que el
concepto de tiempo que pasa era inseparable de la experiencia visual [salvo en
las pinturas]. Lo que veamos dependa del lugar en el que estbamos cuando lo
veamos. Lo que veamos era algo relativo que dependa de nuestra posicin en
el tiempo y en el espacio (Berger, 2002: 24-25).

De esta aclaracin se deducen muchos de los principales debates de la
actualidad, en torno a la profunda transformacin en la que se encuentran
inmersas las sociedades del planeta. Ms adelante, sta ser tambin una de las
cuestiones ms importantes a la hora de abordar el anlisis de los trabajos de
Paul Virilio. No slo entran en juego los elementos fsicos que constituyen las
ciudades, sino aquellos que se derivan del uso masivo de las tecnologas de la
comunicacin y que pervierten o condicionan gravemente la percepcin de la
realidad. Esta perversin consiste, fundamentalmente, en que el uso de dichas
tecnologas media entre la percepcin humana y la realidad que envuelve al
hombre. De este modo, las tecnologas de intermediacin se convierten en una
suerte de filtro de la realidad, cuyas caractersticas nos permiten relacionarlas
con el control de la informacin y la propaganda. Hacemos estas matizaciones,
ya que la construccin de un mundo virtual en funcin de estas tecnologas
ser una de las claves explicativas de los trabajos de Virilio.


79
Distanciacin en el original.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



91

2.3.1. El Estado-Nacin: la transformacin poltica y econmica

Paralelamente a las transformaciones sugeridas, la postmodernidad
implica un cambio profundo en la organizacin poltica y econmica de las
sociedades modernas. La nueva situacin asiste, entre otras consecuencias, al
declive del papel desempeado por el Estado-Nacin. La modernidad haba
trado consigo la implantacin del modelo poltico y econmico del Estado-
Nacin
80
, un modelo en el que las sociedades se organizan asentadas sobre el
principio o requisito democrtico, en el que la misma sociedad civil se procura
una administracin que satisfaga sus necesidades
81
. La soberana estatal no
puede ser efectiva si no reconoce como nica fuente de derecho la voluntad
general (Cassirer, 1993: 292). Asimismo, la forma que adopten los estados
depender de la particular combinacin de fuerzas econmicas, sociales y
polticas existentes en un territorio (Taylor, 1994: 174). Atendemos en este
punto la descripcin planteada por !i"ek:

En la era moderna la forma social predominante del universal concreto es el
Estado-Nacin en tanto que vehculo de nuestras identidades sociales
particulares, esto es, determinada forma de mi vida social [por ejemplo, ser

80
Lipovetsky (2002: 88) escribe: El modernismo es de esencia democrtica. Debemos matizar que
el autor hace esta afirmacin en su anlisis de la creacin artstica dentro de la modernidad, aunque la
afirmacin no queda circunscrita exclusivamente a este mbito.
81
Bryce, en su ya clsico trabajo, establece una clasificacin de estados, en funcin de las
instituciones con las que han sido capaces de dotarse y de sus sistema poltico. En este sentido, la
definicin del primero de los modelos se correspondera plenamente con la definicin de los estados-
nacin que estamos tratando: 1) Naciones que han creado y mantenido instituciones polticas
permanentes, asignando funciones especiales a cada rgano de gobierno y concediendo a los
ciudadanos algn grado de participacin en los asuntos gubernamentales. [] 2) Naciones en las que
las instituciones antes mencionadas existen en teora, pero raramente estn funcionando normalmente,
porque pertenecen a Estados con disturbios polticos crnicos y la mayora de ellos gobernados por
aventureros militares poco respetuosos con el derecho. [] 3) Naciones en las que, aunque con una
clase superior educada, por el atraso de la mayora de la poblacin, no ha empezado a desear las
instituciones que hemos mencionado anteriormente. [] 4) Naciones que estn, por una razn u otra,
por debajo del nivel intelectual y fuera de la esfera de las ideas que las instituciones polticas
permanentes ya mencionadas presuponen y necesitan para su propio funcionamiento (1988: 131-
132).
92
obrero, profesor, poltico, campesino, abogado] constituye la forma especfica
en que participo en la vida universal de mi Estado-Nacin (1998: 166).

Este modelo, otrora poderoso, es descrito por Weber del siguiente
modo: Slo en l, entre todas las comunidades sociales, se le atribuye hoy
poder legtimo sobre la vida, la muerte y la libertad. [...] Su forma
empresaria moderna, racionalizada, en numerosos mbitos ha permitido logros
que, sin duda, no hubieran podido ser alcanzados por otra forma de accin
asociada (2001: 267-268). Para Weber el rasgo distintivo de las relaciones
sociales es el hecho de que stas tienen sentido para aquellos que participan en
ellas. [Weber] cree que lo complejo de las relaciones sociales que constituyen
una sociedad puede hacerse slo inteligible cuando se consiguen comprender
los aspectos subjetivos de las actividades interpersonales de los miembros de
esa sociedad (Campbell, 1988: 198). En este sentido, podemos asegurar que la
postmodernidad registra una prdida paulatina de su influencia, ponindose de
manifiesto una importante crisis del poder representativo que para los
individuos habra dejado de tener. Su rol se ha deteriorado como vnculo entre
lo individual y lo universal (Mndez Rubio, 2003: 153). En cualquier caso,
nos parece importante destacar en este punto la conclusin a la que llegan
Berger y Luckmann en su anlisis, puesto que ofrencen una perspectiva que
matiza la contundencia de las afirmaciones vertidas hasta este punto: Los
ciudadanos se sienten menos tentados a cuestionar la legitimidad de un orden
cuando su supervivencia se ve asegurada por la prosperidad materia. Sin
embargo [] sera un grave error pensar que este estado de cosas podra
considerarse una situacin segura e irreversible (2002: 70). A decir de
Sloterdijk:

Desde las desiertas construcciones imaginarias del tero social se precipitan
innumerables en pnicos postpolticos y difusos desamparos, para los que el
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



93
nombre comn de Postmodernidad es todava el nombre civilizado (2002a:
76)
82
.

El pleno desarrollo de las potencialidades del Estado-Nacin llegar a
su culminacin con la aparicin en el siglo XX del Estado del Bienestar, cuyo
periodo de mximo auge coincide con el final de la Segunda Guerra Mundial y
la crisis del petrleo de 1973 (Mar Sez, 1999: 111)
83
. Por este motivo, la
crisis del modelo del Estado Nacin supone tambin la crisis del Estado del
Bienestar. El Estado-Nacin ya no puede garantizar plenamente el
cumplimiento de las leyes, al quedar en manos de la lgica del capital (Ruiz de
Samaniego, 2004: 28)
84
. Son los consejos de administracin de las
multinacionales y las empresas transnacionales los que toman las decisiones

82
Creemos que en este punto es imprescindible mencionar un trabajo clsico en el mbito del anlisis
de las instituciones modernas. Castoriadis, en LInstitution imaginaire de la socit, propone: Uno no
puede dejar de comprender ya las instituciones slo como una red simblica. Las instituciones forman
una red simblica, pero esa red, por definicin, conduce a otra cosa ms all del simbolismo. Toda
interpretacin meramente simblica de las instituciones abre, inmediatamente, las siguientes
cuestiones: por qu este sistema de smbolos y no otro?, por qu catalizan los smbolos el
significado? Etc. (1975: 191). Y propone una respuesta coordinada a estas preguntas, en las que
argumenta el modo en el que las sociedades instituyen su imaginario: a) Entender la eleccin que una
sociedad hace se su simbologa, exige la superacin de las consideraciones formales o estructurales.
[...] b) Comprender y al mismo tiempo asimilar, el simbolismo de una sociedad, es asimilar las
connotaciones que ste conlleva. [...] c) Est en la naturaleza del hombre la eleccin de auto
alienacin a los smbolos que utiliza (1975: 192 y ss.).
83
Aunque ciertamente discutibles, Mar Sez tambin propone una enumeracin sumaria de las
caractersticas que definiran el Estado del Bienestar en las sociedades occidentales: 1) Un proceso de
permanente expansin de la demanda. 2) Unas lneas de produccin que se organizan para hacer frente
a una demanda de consumo generalizado y masivo. 3) Una generalizacin de los sistemas de crdito.
4) Un clima social de consenso y de ausencia de conflictos (1999: 111). Por todas las razones que
hemos ido detallando a lo largo de nuestro trabajo, estamos especialmente en contra de la vigencia
ltima de las caractersticas propuestas por el autor. En todo caso, s que es posible observar que la
crisis del petrleo de 1973 se corresponde con la trasgresin y cuestionamiento de las tres primeras.
84
Tambin, siguiendo a Mndez Rubio: La nueva poca postindustrial (as calificada, con frecuencia,
al precio de invisibilizar la industrializacin salvaje de numerosas zonas subdesarrolladas del mundo)
o postmoderna (as calificada, con frecuencia, al precio de borrar del mapa la reconsideracin de
momentos alternativos a la modernidad hegemnica) despliega un diseo cultural sistmico que est
anteponiendo la dinmica econmica a la poltica (2003: 154). Comprender actualmente en qu lugar
queda el intervencionismo estatal es de suma importancia, en la medida en que no se ha abandonado
completamente el modelo estado-nacin y ste sigue teniendo un peso especfico importante en el
contexto internacional. Por ejemplo, desde el punto de vista simblico. No obstante, nos parece
imprescindible afirmar que, cada vez con ms frecuencia, los estados delegan las obligaciones y
funciones que haban asumido en su fundacin en manos de terceras instituciones y/u organizaciones.
Un ejemplo muy expresivo de la delegacin de obligaciones que el Estado ha ido cediendo a lo largo
de los ltimos 50 aos, nos lo ofrece el filme Robocop, de mediados de la dcada de los ochenta. En
una sociedad futura no muy lejana, el gobierno deja en manos de una fundacin privada la gestin de
la seguridad y las fuerzas policiales, al no poder hacer frente a su coste.
94
ms importantes. En este sentido, como explica Alain Touraine, la democracia
ya no est asociada a un principio de esperanza
85
, puesto que no es
representativa de la riqueza movimientos cvicos y sociales que existen.
Asimismo, entendemos que no est asociada a este principio porque, adems,
los estados han delegado parte de sus competencias y responsabilidades en
organizaciones supranacionales como el Banco Mundial, la Organizacin
Mundial de Comercio o la Unin Europea, sobre las que no tienen un control
absoluto. Cmo entender que la fortuna de un puado de personas sobrepasa
la renta de pases poblados con cientos de millones e habitantes? (Fitoussi,
2004: 93).

Por otra parte, la democracia permite y favorece no tener que pensar en
el Estado, ni en el arte de la copertenencia mutua
86
(Sloterdijk, 2002a: 95), ya

85
Escrito en plena Segunda Guerra Mundial, El principio esperanza, de Ernst Bloch, es una de las
obras principales del siglo XX en cuanto al tratamiento profundo y directo de las luces y las sombras
generadas por la humanidad. Antes apuntbamos que el segundo conflicto armado mundial constituye
uno de los lugares de referencia de la Historia en la cronologa de la modernidad, en tanto que
destruccin abrupta de las esperanzas depositadas en la ciencia. La destruccin masiva (tambin) es
cientfica. En este sentido, nos llama poderosamente la atencin el texto de Bloch, donde el autor
reflexiona acerca de las diversas conformaciones de la utopa humana: Comenzamos con las manos
vacas. [...] Desde muy pronto se busca algo. Se pide siempre algo, Se grita (Bloch, 2004: 47).
86
A decir de Crouch: El concepto de posdemocracia nos ayuda a describir aquellas situaciones en las
que el aburrimiento, la frustracin y la desilusin han logrado arraigar tras un momento democrtico,
y los poderosos intereses de una minora cuentan mucho ms que los del conjunto de las personas
(2004: 35. Posteriormente aade: Durante la posdemocracia sobreviven prcticamente todos los
elementos de la democracia, lo cual es compatible con la complejidad de un periodo pos. No
obstante, debemos esperar una erosin a lago plazo, a medida que, hastiados y desilusionados, nos
alejamos cada vez ms de nuestro concepto mximo de democracia (2004: 39). Price aduce cinco
argumentos que han atrado de forma ms continuada la atencin, inherentes a la opinin pblica, que
explicaran la incapacidad de sta, en un rgimen democrtico, de imponerse al dominio poltico:
Falta de competencia. Las reservas respecto a la capacidad del pblico general para dirigir los
asuntos pblicos. [] Falta de recursos. El problema no es la incompetencia del pblico, sino ms
bien una falta de mtodos suficientes para la comunicacin pblica. [] Tirana de la mayora. Es el
peligro de que prevalezca una mediocridad en la opinin, creada y mantenida por la presin de la
mayora. [] Susceptibilidad a la persuasin. Es la sensibilidad del pblico a llamamientos altamente
emocionales y no racionales. Dominio de las lites. Aumento de la pasividad por parte del pblico, lo
que conduce a su dominio por parte del gobierno y de las lites agrupadas (2001: 30 y ss.). En la
conocida obra de Alexis de Tocqueville (1996/1998), en la que analiza las caractersticas de la
incipiente democracia norteamericana, el escritor francs establece una descripcin de la misma en
tanto que un rgimen tirnico ejecutado por las manos de una minora. No obstante, creemos
necesario explicar que la consideracin general de Tocqueville de la democracia es positiva,
atendiendo a su consideracin de los sistemas democrticos como regmenes legalistas que rechazan
toda desigualdad jurdica. No obstante, ello no es un obstculo para que el autor llegue a hacer
contundentes afirmaciones acerca de sus carencias.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



95
que se difuminan las lneas divisorias que antao permitan definir el entorno.
Es como si, de algn modo, los sujetos hubieran sido inoculados con una
suerte de virus que les privara de su capacidad para encontrar y/o buscar
apoyo, cooperacin o cercana con otros individuos sociales; ya que si est
plenamente desarrollada, la unin de fines no constituye una formacin
social efmera, sino duradera (Weber, 2001: 197). La bsqueda del sentido
de la existencia es una larga historia cuyos orgenes se remontan varios siglos
(Deleuze, 2002: 32). Despus de la gran marcha hacia la igualdad, y de la
nueva plasticidad inherente a todas las cosas, pretendemos y debemos estar
ah presentes, delante de nuestras diferencias, en la medida en que stas por
regla general se hacen, ya no se encuentran (Sloterdijk, 2002b: 92). Y aqu, la
globalizacin se ofrece como falsa ilusin de desaparicin de los conflictos,
como superacin de las diferencias y como garante del bienestar de toda la
ciudadana
87
. Es falsa porque vemos un mundo cada vez ms interdependiente,
pero al mismo tiempo y progresivamente, ms asimtrico (Xamb, 2001: 160).
El globalismo, en efecto, ha tenido una magnfica acogida, fruto de sus
igualmente magnficas relaciones pblicas (Tortosa, 2001: 233). Hay que
aadir que el estado actual de la democracia permite la destruccin,
industrializacin, masificacin, vulgarizacin y homogeneizacin de la
cultura. Y no slo de la cultura popular. No se camina como se debiera hacia
la construccin de contextos reales de intercambio y participacin, sino a la
exacerbacin de sentimientos, ideas y actitudes que tendran que haber
quedado superados. Touraine propone que una de las razones para entender
este hecho cabe ubicarla an en la fe en la tecnologa que propugnaba la
modernidad:


87
En su ensayo, Ramonet liga esta idea de la falsa superacin de los conflictos propugnada por desde
las posiciones ms globalizadoras, a la vulneracin del sentido moderno de progreso: la idea de
progreso est forjada desde finales del siglo XVIII y atraviesa un poco todas las actividades de una
sociedad. El progreso consiste en hacer desaparecer las desigualdades, en hacer las sociedades ms
justas; consiste en creer que la modernidad entraa, por definicin, la solucin de un cierto nmero de
problemas. Pero la idea de progreso se ha visto vulnerada por esta crisis (1998: 61).
96
[La] confianza en el futuro y la conciencia de que es preciso renunciar a los
modelos heredados del pasado no contaban con demasiada aceptacin hace
todava pocos aos, por lo que an era necesario insistir en ese sentido. Pero
actualmente se ha invertido la situacin, convirtindose en una prioridad la
crtica a cierta adhesin descerebrada a la modernidad, una modernidad que
olvida tomar en consideracin las formas de poder y de conflicto que estn en
activo en nuestra sociedad. As, aunque sigue siendo indispensable romper con
el pasado, se hace necesario igualmente rechazar el pensamiento de que las
innovaciones tcnicas y la aceleracin de los cambios econmicos mundiales
generarn por s mismos nuevas formas de democracia, en esta ocasin a escala
mundial, puesto que el concepto de nacin queda desbordado, como se repite
hasta la saciedad, por la misma naturaleza de las redes multinacionales y de los
cambios econmicos (que son en esencia transnacionales) (1999: 49).

La libre eleccin de amos no suprime ni a los amos ni a los esclavos
(Marcuse, 2001: 38). Se suele utilizar como excusa el hecho de que ningn
rgimen haya ofrecido buenos resultados en materia de libertad-igualdad
88

(Touraine, 2000: 28-41). En otras palabras: al igual que un producto de
mercado, se vende la falsa idea de que no es posible un mundo diferente del
que tenemos. El trnsito de una sociedad capitalista, fundada en un modelo
poltico y econmico, hacia una sociedad globalizada marcara el penltimo
estadio del modelo ultraconsumista e individualista de globalizacin
89
. La
ideologa actual quiere construir todo el sistema poltico sobre la idea de un
individuo ahistrico y asocial (Castoriadis, 1999: 159). Una cosa parece
mostrarse de forma clara, como indica Beck, y es la permanente distancia

88
Negri y Hardt (2005) proponen en su libro elementos de reflexin acerca de esta cuestin, es decir,
elementos que contesten a la cuestin de si la globalizacin es o podra ser el final de la
postmodernidad.
89
Raymond Aron, en su anlisis de las causas de la inestabilidad de las democracias actuales, enumera
una serie de factores que exceden la perspectiva exclusivamente econmica y poltica. Y abarca los
conflictos religiosos y culturales y cuestiones relacionadas con la psicologa social (1999: 91 y ss.). En
este sentido, nos parece indicado hacer esta matizacin, en la medida en que los cambios que ha
experimentado el Estado-Nacin en el ltimo siglo, atienden a numerosas causas, en las que no nos
podemos detener. Los flujos migratorios, las guerras y conflictos locales as como la reordenacin se
los sistemas econmicos estaran detrs de estos cambios. Por otro parte, Castells (1998a, 1998b y
1998c) propone un exhaustivo anlisis, desde una vertiente sociolgica, de las profundas
transformaciones operadas en este sentido.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



97
existente entre la realidad social y las figuras de consenso social, cuestin que
retomaremos en un apartado posterior:

La sociedad industrial como sistema, es decir, la dinmica de economa, poltica
y ciencia, provoca la descomposicin de la sociedad industrial como entramado
de experiencias. Las personas quedan libres [] Los hombres ya no son
necesariamente padres, ni los padres, necesariamente, los nicos que traen
dinero a casa, y con frecuencia los que traen dinero a casa en solitario no son
maridos. La consistencia de los sistemas sociales encuentra su abrigo en la
cultura. Obviarlo ha sido posible mientras existi una correspondencia, en las
formas bsicas, entre la sociedad de las instituciones y la sociedad de los
individuos []Desaparecen las bases vitales de las instituciones y las formas de
consenso que contribuyeron a darles consistencia [] La disolucin de la
jerarqua de los sexos, choca contra las buenas costumbres de los requisitos
funcionales [] La sociedad moderna sufre la distorsin de una imagen de s
misma en las instituciones que sigue conservando las viejas seguridades e ideas
normativas de la sociedad industrial y a la vez de una serie de realidades vitales
cada vez ms lejanas de esa imagen. [] Se deshacen las frmulas de consenso:
la clase, la familia nuclear, el matrimonio, la profesin, los papeles de la mujer
y del hombre (2000: 15 y ss.).

Esta situacin se alimenta de la desaparicin de los papeles sociales
estables y regulares y del ascenso de la insignificancia y de la impotencia
cvica
90
. En este punto nos parecen apropiadas las afirmaciones de
Castoriadis: Una sociedad es una totalidad extremadamente compleja, y sus
distintas partes se cohesionan de mil maneras. No hay ninguna garanta de
que, por ejemplo, con la dislocacin de las significaciones y de los roles
tradicionales del hombre y de la mujer que tiene lugar en la sociedad
occidental contempornea, el resto del sistema pueda seguir funcionando

90
A decir de Jameson: Hay dos formulaciones posibles de esta nocin: la historicista, segn la cual
existi en cierto momento una subjetividad fuertemente centrada, en el periodo del capitalismo clsico
y la familia nuclear, que se ha disuelto en el mundo de la burocracia administrativa; y la posicin post-
estructuralista, ms radical, segn la cual tal sujeto nunca existi primariamente (1995: 37).
98
como si tal cosa (1999: 123). Las instituciones, de primer y segundo orden
segn la terminologa empleada por Berger y Luckmann, son las que
conservan los elementos bsicos y de reserva de sentido del mundo (2002:
108). La destruccin o puesta en crisis de estas instituciones supone,
simultneamente, la puesta en crisis del significado del orden social, cultural,
poltico, etc.; puesto que, como argumenta Aug: Lo que nosotros llamamos
instituciones, orden social, filiacin y alianza se inscribe en el pensamiento de
la identidad, de la alteridad y de la relacin (1995: 21). Asimismo, stas
seran las circunstancias o el caldo de cultivo para el desarrollo de lo que
Baudrillard
91
bautiz como mayoras silenciosas, sin proyectos de futuro.
Resulta evidente que la masa no va a realizar o dar como vlidas distinciones
que puedan hacerla caer en desventaja. Una vez que se arroga la completa
potestad de hacer diferencias las hace, siempre y sin ambages a su favor
(Sloterdijk, 2002b: 89). A decir de Rorty: Cuando la gente pierde el sentido
de pertenencia a un grupo y ya no saben cmo el grupo forma sus vidas,
pierden su propia identidad, su sentido de la situacin, su compromiso con las
actividades que creen que merecen la pena y, por lo tanto, cualquier esperanza
realista de una existencia significativa (1998: 177). Hablamos de una suerte
de sociedad feliz, reflejo de un nuevo conformismo que se presenta como
una faceta de la racionalidad tecnolgica y se traduce en una forma de
conducta social (Marcuse, 2001: 114). Se deduce de estas afirmaciones que
es la condicin de anomia la que se expresa en los desrdenes y desgracias de
las sociedades postindustriales. Esta situacin conduce a una polarizacin y
empobrecimiento de las perspectivas y entraa un peligro que Marina ha
descrito del siguiente modo:

Vivimos una cultura de escaldados. Oscilamos entre el fanatismo y el
relativismo. Puestos en esa falaz alternativa, el relativismo parece menos
cruento porque favorece una tolerancia benevolente. Lo malo es que tambin

91
Podemos encontrar el desarrollo completo de este concepto en: Baudrillard (1978) A la sombra de
las mayoras silenciosas.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



99
abre las tragaderas para admitir cualquier cosa. El relativismo, antes o despus,
es reaccionario (2000b: 47-48).

Marina abunda an ms sobre la cuestin, afirmando que desde la
perspectiva del relativismo, cualquier afirmacin puede ser vlida, ms all de
que sea verdad o no. Se ha extendido la idea de que el relativismo es un
sntoma de progresismo poltico, y que la equivalencia de todas las opiniones
es el fundamento de la democracia (Marina, 2000b). Compartimos esta idea
si bien que llevndola a los extremos podra convertirse en peligrosa
92
. Tal y
como explica Campbell en el siguiente prrafo:

La inextirpable naturaleza del desacuerdo moral que existe entre personas que
estn igualmente formadas y son imparciales, la evidencia que tiene la
diversidad de las creencias morales en sociedades diferentes, clases y periodos
histricos, y la dificultad intelectual que implica aclarar qu tipo de valores
podemos hacer sobre la realidad objetiva, todo esto se combina produciendo el
escepticismo acerca de la verdad y la falsedad moral (1988: 274)

Del mismo modo, esta especie del todo vale en la que parecera que
estn inmersas las sociedades occidentales se escondera detrs de la actitud
pasiva de determinadas capas de esas mismas sociedades
93
. Con el fin de
garantizar y reforzar una nueva forma de sumisin, el papel de las ciencias de

92
A decir de David Lyon: Si el talante postmoderno presenta tendencias nihilistas, eso significa que
la realidad es difusa y que el proceso de hallar la verdad es menos directo de lo que se crea antes. No
significa necesariamente que la gente no crea en nada o que est paralizada por el absurdo de la
existencia (2000: 26).
93
Una de las definiciones de este momento, en las que se recoge de una forma precisa el contraste
entre la poca moderna y la postmoderna, es la hecha por Lipovetsky: La sociedad posmoderna es
aquella en que reina la indiferencia en masa, donde domina el sentimiento de reiteracin y
estancamiento, en la que la autonoma privada no se discute, donde lo nuevo se acoge como lo
antiguo, donde se banaliza la innovacin, en la que el futuro no se asimila ya a un progreso
ineluctable. La sociedad moderna era conquistadora, crea en el futuro, en la ciencia y en la tcnica, se
instituy como ruptura con las jerarquas de sangre y la soberana sagrada, con las tradiciones y los
particularismos en nombre de lo universal, de la razn, de la revolucin (2002: 9). Desde este
contraste, Lipovetsky apunta a la apata hacia el cambio como uno de los fundamentos de la
postmodernidad. Debemos recordar, tal como hemos defendido, que la idea del cambio continuo, es
uno de los pilares de la modernidad.
100
la educacin es el de sustituir las condiciones normales de aprendizaje, para
lograr el desarrollo de un pensamiento ilgico polticamente aprovechable
(Micha, 2002: 43). El criterio clave es la competitividad y de ello proceden
mandatos que se hacen universales, en desregulacin, privatizacin, y la
restriccin de la intervencin pblica en los procesos econmicos (Iyanga
Pendi, 2003: 78). A este respecto, como explican Guattari y Negri: El poder
se ha esforzado en responder a esta decadencia de las instancias de
representacin de las fuerzas populares mediante mecanismos de sustitucin y
de previsin, que jugaban un papel de simulacin simblica de adaptacin y
control (1999: 31). Si asumimos que el proceso y los productos que dan a los
signos su significado particular forman la representacin y, a travs de sta,
los conceptos abstractos e ideolgicos reciben una forma concreta; el lugar
donde estas nociones toman cuerpo es el discurso (Sardar y Van Loon, 2005:
13-14).

El cuerpo entero es un rgano de expresin mimtico. Gracias a esta facultad
adquiere una persona su forma particular de rer y de llorar, de hablar y de
juzgar. Slo en las fases tardas de la infancia pasa a verse subordinada la
imitacin inconsciente a la imitacin consciente y a los mtodos racionales de
aprendizaje. [] El nio tiene que aprender a reprimir sus impulsos mimticos
y a dirigirlos hacia un determinado fin. [] Este deliberado convertirse en
idntico-al-mundo-que-le-rodea-a-uno es un principio que afecta al todo de la
civilizacin (Horkheimer, 2002: 132-133).

Este proceso de disolucin de la lgica, como explica Debord (2003),
conduce a la prdida de la posibilidad de reconocer instantneamente lo que es
importante y lo que es accesorio o est fuera de lugar; lo que es incompatible
o, por el contrario, lo que podra ser complementario; todo lo que implica tal
consecuencia y lo que, al mismo tiempo, impide. Este fenmeno estara ligado
a la consolidacin de una sociedad cada vez ms tecnificada y dependiente de
la tecnologa. En su reflexin, Postman extiende este anlisis al campo de la
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



101
educacin
94
: Ante la pregunta de porqu deben introducirse ordenadores en
las aulas, la contestacin es siempre: porque as se hace el aprendizaje ms
eficiente y entretenido. Esta contestacin se considera completamente
adecuada, en la medida en que en Tecnpolis la eficiencia y el inters no
necesitan de ninguna justificacin mayor (1993: 171).

El ciudadano se encontrar adiestrado, desde el principio, al servicio del
orden establecido, aunque su intencin haya podido ser absolutamente
contraria a ese resultado. En esencia conocer el lenguaje del espectculo, ya
que es el nico que le ser familiar
95
: el lenguaje con el que le han enseado a
hablar. Sin duda querr mostrarse como enemigo de su retrica, pero utilizar
su sintaxis. Las garantas, slidamente concretadas, que pretenda ofrecer el
Estado-Nacin, parecen haberse disuelto desde esta perspectiva. En este
sentido, como explica Ruiz de Samaniego:

Es como si de la resaca y el fracaso de las ideologas emergiese la irona y un
cierto spleen
96
decadente como conciencia no slo de la propia contradiccin y
la complejidad en la diversidad de interpretaciones, sino como positivo factor
desenmascarador de todo dogmatismo, de toda tentacin de una verdad
totalitaria. Es precisamente esta condicin de precariedad asumida (tambin,

94
En cierta medida el anlisis de Postman estudia una de las dimensiones del discurso de la
modernidad que, convenientemente deformada, ms xito tiene en el discurso poltico y cultural
actual. En otras palabras, la consolidacin de un discurso cientifista y tecnolgico se correspondera
con una exacerbacin del valor moralmente incuestionable del progreso cientfico. En pginas
subsiguientes Postman afirma: La historia de Tecnpolis, con su nfasis en el progreso sin lmites, en
los derechos sin responsabilidades y la tecnologa sin costes, es una historia sin un centro moral. Pone
el nfasis en la eficiencia, el inters y el progreso econmico y margina cualquier discurso cultural
simblico que pueda sugerir estabilidad u orden. En su lugar, propone una vida basada en el
conocimiento y habilidades tecnolgicas y el xtasis del consumo (1993: 179).
95
A nuestro juicio, un claro ejemplo de la imposibilidad de sustraerse al lenguaje del espectculo,
incluso en las cuestiones de mayor gravedad social, son los trabajos recientes del cineasta
norteamericano Michael Moore. Roger y Me, Bowling for Columbine o Farenheit 9/11 son tres
desgarradas denuncias de la lgica capitalista e imperialista de los Estados Unidos. No obstante, el
autor utiliza en todo momento un lenguaje, verbal y audiovisual, que nos recuerda al del simple
espectculo. En todo caso, la discusin acerca de la conveniencia o no de utilizar un registro menos
denso est abierta, puesto que los reportajes consiguen llevar a cabo su cometido desde el punto de
vista narrativo.
96
Este trmino significa bazo, pero en el original spleen decadente se utiliza con el sentido de
plexo y por extensin ambas palabras remiten a depresin o melancola.
102
digmoslo as, su espritu de pasibilidad, de ser sometido a pasin) la que hace
a Barthes y a Kuhn y tantos otros sospechar de una ciencia que slo se quiere
sostener sobre los valores de neutralidad, indiferencia, clausura categorial,
ensimismamiento, inflexin, impasibilidad [] Es tambin esta condicin la
que hace al pensamiento posmoderno enfatizar el carcter de construccin
social que toda descripcin cientfica tiene (2004: 38)
97
.

La modernidad estuvo atravesada por el convencimiento de poder
utilizar la razn universal en un proyecto totalizador, dirigido a la
emancipacin humana. El sujeto pasaba a ser el centro de esa razn y la
unidad que meda la verdad objetiva que exista fuera de l. Una razn que era
considerada como fuerza fundamental del hombre, dada desde el principio y
que es por todas partes una y la misma (Cassirer, 1993: 246). Sin embargo,
con Marx, Nietzsche y Freud, comienza a considerarse la posibilidad de la
existencia de un sujeto no metafsico, que lo aleja de la percepcin estable de
su subjetividad. Se abandona su certeza (Ruiz de Samaniego, 2004) y se
procede a su descentralizacin y multiplicacin
98
, incluso a la proclamacin de
su muerte (Foucault, 1995). Hay algo an sobre esta tierra que escape a la
duda, aparte de la muerte la nica cosa segura en este mundo?, proclama
Cioran (2003b: 68).


97
Otros autores como, Sami Nar (1998: 59 y ss.), se han decantado por ofrecer una visin alternativa
del papel que los Estado-Nacin podran ejercer en el actual contexto de globalizacin liberal.
Reconociendo las dificultades de la propuesta, Nar observa: Ms all de la situacin de crisis, el
Estado-Nacin puede por lo tanto jugar un papel decisivo en la reorientacin del curso de la
mundializacin. Antes, los estados tendran que coordinar una macropoltica regional, para oponer
una dinmica de frente unido a los flujos econmicos mundiales. [] Ningn Estado puede luchar
contra el proceso de mundializacin liberal si l mismo es vector del liberalismo mundializado; la
reorientacin debe operarse primeramente en el centro, es decir, en la actividad del propio Estado.
Por otra parte, en relacin con lo afirmado respecto a Kuhn, queremos matizar que ste no pone en
cuestin los procedimientos cientficos. En su trabajo (2000 y 2000b) describe la evolucin de lo que
se entiende por conocimiento cientfico vlido y trata de hacer una evolucin ms acorde con las
incongruencias que en ocasiones parecen defender las teoras cientficas.
98
El progreso se concibe slo asumiendo como criterio un determinado ideal de hombre, que, en la
modernidad, coincide siempre con el del hombre moderno europeo es algo as como decir: nosotros
los europeos somos la mejor forma de humanidad(Vattimo, 1998: 77). sta es, en sntesis, la
concepcin del sujeto que comienza a cuestionarse y que cuestiona al mismo tiempo las propias races
de la modernidad.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



103
El empirismo lgico tuvo un importante desarrollo y una gran
influencia hasta la dcada de los 60. La mayor parte de los comentaristas
admite que el empirismo lgico entra en crisis a partir de la publicacin de la
obra de Kuhn La estructura de las revoluciones cientficas. El discurso de
Kuhn est fundamentado en un relativismo epistemolgico y en la distincin
de dos tipos de desarrollo cientfico, normal y revolucionario. En lneas
generales, su tesis epistemolgica puede ser resumida como sigue: la
experiencia que los cientficos tienen del mundo investigado est en funcin
de los paradigmas aceptados colectivamente por las comunidades cientficas a
las que pertenecen (Valor Ybenes, 2000: 38). En este punto, nos parece
interesante introducir el matiz aportado por Albrecht Wellmer. En su defensa
de la modernidad, se niega a aceptar la muerte del sujeto:

Per a Wellmer, el descentrament del subjecte en la filosofia del llenguatge no
parla de la mort del subjecte no legitima les conseqncies irracionalistes
que en ocasions se nhan derivat en els cercles del postmodernisme. [...]
Buscar noves possibilitats de la ra, o millor dit, dargumentaci racional
des de la nova concepci de llenguatge i el significat. [...] Per tant, la crtica de
la filosofia del llenguatge no t per qu significar el descrdit de la modernitat
ni la mort del subjecte, sin la crtica de formes determinades dentendre la
ra i el subjecte, que fonamentalment es basaven en un oblit del llenguatge
o, millor dit, en un oblit duna forma de concebre el llenguatge des del seu s,
des de formes plurals i diverses (Campillo: 2001: 242)
99
.

99
[Para Wellmer, el descentramiento del sujeto de la filosofa del lenguaje no est hablando de la
muerte del sujeto no legitima las consecuencias irracionalistas que en ocasiones se derivan de los
crculos postmodernos. [] Buscar nuevas posibilidades de razn, o mejor dicho, de
argumentacin racional desde la nueva concepcin del lenguaje y el significado. [] Por lo tanto, la
crtica de la filosofa del lenguaje no tiene porqu significar el descrdito de la modernidad ni la
muerte del sujeto, sino la crtica de formas determinadas de entender la razn y el sujeto, que
fundamentalmente se basaban en un olvido del lenguaje o, mejor dicho, en un olvido de una forma
de concebir el lenguaje desde su uso, desde formas plurales y diversas.] Es interesante matizar que el
razonamiento de Wellmer entronca con los postulados del denominado giro lingstico, en cuya
introduccin en la Escuela de Frankfurt tendr un marcado protagonismo Jrgen Habermas: Albrecht
Wellmer me ha hecho observar cmo una experiencia esttica que no puede convertirse de inmediato
en juicios de gusto cambia de valor. En cuanto se utiliza este juicio a ttulo exploratorio para la
aclaracin de una situacin histrico-vital y se refiere a problemas vitales, entra en un juego
lingstico que ya no es el de la crtica esttica. La experiencia esttica no slo renueva las
104

El final de la historia y del sujeto entraara la desaparicin de la idea
de progreso (Fukuyama, 2002): si no hay un curso unitario de las vicisitudes
humanas no podr sostenerse tampoco que stas avancen hacia un fin, que
efecten un plan de mejoras, educacin y emancipacin (Vattimo, 1998: 74).
El ideal europeo de humanidad se ha ido desvelando como un ideal ms entre
otros, no necesariamente peores, un ideal que no puede, sin violencia,
pretender erigirse en la verdadera esencia del hombre, de todo el hombre
(Vattimo, 1998: 77). Asimismo, lo que hace ms de doscientos aos fuera
celebrado casi sin discusin como productividad humana, muestra ahora, de
forma crecientemente visible, su carcter destructivo y creador de adiccin
(Sloterdijk, 2002a: 101-102). La ciencia, que en el pasado se consideraba la
piedra de toque del conocimiento legtimo, ha perdido su supuesta unidad
(Lyon, 2000: 35). Y si el genocidio mecanizado es todava algo extraordinario,
la devastacin mecanizada del medioambiente es ya una rutina. La misma
ciencia que invent la mquina de vapor y el automvil preside la
pulverizacin de la naturaleza
100
: polucin, desertificacin, reduccin del
ozono, calentamiento global, todo a gran escala (Gitlin, 1999: 140). Cmo
satisfacer las exigencias del desarrollo sin menoscabar la calidad del ambiente,
cmo conciliar desarrollo y calidad de vida? (Maldonado, 1990: 99).

Ante estos acontecimientos, no nos resulta extrao que ya en 1936
Russell afirmara: Los estados civilizados gastan ms de la mitad de sus
ingresos en matar a los ciudadanos de los otros estados (2004: 135). Por otra
parte, los cambios sucedidos en la concepcin de la guerra y el medio

interpretaciones de las necesidades a cuya luz percibimos el mundo, sino que interviene al mismo
tiempo en las interpretaciones cognoscitivas y las expectativas normativas y cambia la forma en que
todos estos momentos remiten unos a otros (Habermas, 2002: 394).
100
Con el fin de prevenir la ceguera ante la negatividad especfica de la ciencia y la tecnologa,
Virilio ha propuesto la creacin de un museo especfico de los accidentes. Se trata de un acercamiento
postpositivista a la ciencia, con el fin de combatir los efectos negativos a causa del desconocimiento
de sus implicaciones ms negativas: Exponer el accidente es exponer lo inhabitual y sin embargo
inevitable. Se acostumbrara as a lo inverosmil, preparados para reaccionar eficazmente a los
peligros de los hbitos (1999c: 120).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



105
ambiente a lo largo de la ltima centuria han sido mucho ms profundos.
Asimismo, podemos afirmar que son tambin mucho ms retorcidos de lo que
cabra esperar de una contestacin moderada y ponderada de los interrogantes
que hemos propuesto. Sloterdijk lo explica del siguiente modo: El siglo XX
pasar a la memoria histrica como la poca cuya idea decisiva de la guerra ya
no es apuntar al cuerpo del enemigo sino a su medio ambiente (2003c: 45).

En suma, se conjuran una serie de factores que obligan a considerar la
hondura de los cambios y la importancia de los nuevos discursos que surgen a
raz de las transformaciones de la sociedad y los individuos que las
constituyen. La postmodernidad se relaciona con aquello que ya no funciona
en la modernidad dando paso a la era del vaco (Lipovestky, 2002). La
situacin actual podra definirse como proceso de cambio y no como orden
social (Touraine, 2000: 59). Una convulsin de la que Edgar Morin observa:

Hay que llegar, finalmente, a la crtica de fondo: el liberalismo mundial est
fundado en un universo mental doctrinario, lineal, cuantificado, unidimensional.
Perpeta una visin progresiva de la Historia que ha perdido toda credibilidad.
[] Hay que reconocer aqu la inanidad de los tres dogmas de la vulgata
economicista:
1. La idea de que el crecimiento econmico slo puede ser considerado desde el
punto de vista econmico, cuando debe ser considerado desde distintos puntos
de vista no econmicos.
2. La idea de que el bienestar y la prosperidad son por s mismos pacificadores
(se buscan siempre causas econmicas a los conflictos, cuando para las guerras,
las revueltas, hay causas que no son ni solamente ni siempre materiales, sino
tambin culturales, motivaciones mitolgicas o religiosas)
3. La idea del desarrollo ilimitado. Sabemos sin embargo que, ms all de
determinados lmites, la industrializacin produce y va a producir degradaciones
ecolgicas que amenazan la biosfera y la humanidad en su conjunto. Tenemos
que aprender que el propio desarrollo crea tantos problemas como los que
106
resuelve y que conduce a la crisis profunda de civilizacin que afecta a las
prsperas sociedades de occidente (1998: 41).

En este sentido, esta situacin crtica no se restringira a elementos de
reflexin estrictamente econmicos, sino que quedan abiertas las puertas a
interpretaciones ms amplias
101
. Asimismo, a la inviabilidad de las recetas del
desarrollo de la cultura moderna occidental en las otras regiones del planeta,
se suma la de la destruccin de culturas milenarias y la sabidura de sus
pueblos (Morin, Roger y Motta, 2003: 104). La cultura de masas no es el
producto inevitable de la sociedad industrial, es el fruto de una forma
especfica de industrialismo que organiza la produccin con vistas al beneficio
(Eagleton, 1994). Al mismo tiempo, la retrica del postmodernismo ayud a
provocar y articular una sensacin de fin generalizada, que est en el frente del
rechazo a las totalidades, a los sistemas explicativos y a las viejas
certidumbres de cualquier tipo (Hebdige, 1998: 110). El discurso
postmoderno, en su dimensin ecolgica, viene a subrayar los lmites de lo
mercantil y, por tanto, tambin de la capacidad de disponer de la naturaleza
(Ballesteros, 2000: 143)
102
.

101
Una de las implicaciones actuales estara directamente relacionada con la progresiva destruccin,
de lo que algunos autores han denominado medio ambiente fsico. Un deterioro que repercutira
directamente en la salud de la poblacin y cuyos riesgos no han sido suficientemente ponderados. La
falta de evidencias palpables en este sentido, en la medida en que se habla de un problema de
composicin compleja, sera la caracterstica ms preocupante de este fenmeno. Asimismo, se pone
de manifiesto la incapacidad de la ciencia para dar respuestas claras a los nuevos problemas
originados por la propia ciencia. Muchas enfermedades de causa desconocida se ha visto que son el
resultado de la combinacin de una alimentacin de baja calidad junto a la sensibilidad a diversas
sustancias medio ambientales habituales. Esta situacin se ha desarrollado a partir de la aceptacin
ciega de las conveniencias de las nuevas tecnologas. Hasta ahora casi toda nueva tecnologa ha
venido acompaada de riesgos sutiles que slo se han hecho aparentes despus de aos de exposicin
masiva.[] Todos estos peligros sutiles se aaden a los riesgos bien conocidos de fumar, la fisin
nuclear, el comer en exceso, es asbesto, los vertederos qumicos y la intoxicacin qumica. Las
posibles interacciones sinrgicas de estos factores y sus efectos dainos son arrolladoras. La ciencia
no puede hacer ni una aproximacin al problema, debido al gran nmero de variables implicadas
(McGee, 1992: 233-234).
102
Estos argumentos provienen del mbito de los estudios culturales. Los orgenes de esta corriente
terica pueden rastrearse hasta comienzos del siglo XX. Los estudios culturales abordan la
problemtica de la destruccin de la cultura, desde una ptica muy particular y con unos orgenes bien
definidos: La crisis del espritu [], el derrumbamiento de los valores de la alta cultura heredados
de la Ilustracin y la irrupcin de una cultura masiva producida industrialmente, fenmenos todos
ellos percibidos en la Europa de la posguerra, adquieren una especial resonancia en Inglaterra en
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



107

2.3.2. La mutacin del discurso

Las consecuencias que se pueden extraer de este conflicto de
perspectivas son mltiples. Cindonos a los elementos que ms nos interesan
del debate, volvemos a fijar nuestra atencin sobre los indicios que aceleraron
la descomposicin del discurso de la modernidad. As, revisamos lo apuntado
al final del epgrafe anterior. La disolucin de la impronta modernista tiene
sus repercusiones sobre el discurso legitimador del orden establecido, la
representacin del sujeto y la cultura, la emergencia de los mass media y la
preponderancia de su discurso. A decir de Mariniello, la esttica se convertir
en necesaria para la sociedad totalizadora:

Qu papel representa el cine en el interior de la modernidad? El cine ha sido
institucionalizado segn las necesidades y los principios de la modernidad, pero
por su propia naturaleza de medio, de mediacin, pone en discusin los
fundamentos mismos de la modernidad (1992: 11).

Lluch (2004: 245 y ss.) dedica un extenso captulo de su trabajo al
estudio de las inferencias de la televisin sobre el discurso literario y, por
extensin, a uno de los soportes tradicionales de la cultura. Analiza las
repercusiones que tiene el consumo de televisin en la recepcin de dicho
discurso literario, as como la manera de leerlo y escribirlo. Por otra parte,

trance de cederle a Estados Unidos el puesto clave que, en la economa-mundo, desempeaba desde
los comienzos de la revolucin industrial (Mattelart y Neveu, 2004: 33). Posteriormente, estos
orgenes describirn perfectamente el nexo de unin entre los estudios culturales y la crtica del
capitalismo desaforado. Ello a pesar de que hasta la dcada de 1980 estos estudios, tanto en Europa
como en Estados Unidos, se limitaban al entorno nacional (Ydice, 2002: 109). Tal y como explica
Wolf: Los estudios culturales atribuyen a la cultura un papel que no es meramente reflexivo ni
residual respecto a las determinaciones de la esfera econmica: una correcta sociologa de las
comunicaciones de masas debe por tanto tener por objeto explicar la dialctica que se instaura entre el
sistema social, la continuidad y las transformaciones del sistema cultural, el control social (2000:
121-122). Esto estara motivado por la conviccin de que la comunicacin de masas es un texto
indicativo de los valores culturales: Consideraban que tanto la literatura como los medios de
comunicacin eran textos representativos que ponan de manifiesto la estructura ms profunda de la
cultura y la sociedad (Rodrigo Alsina, 2001: 204).
108
deduce que las influencias que en general el consumo televisivo ejerce sobre la
cultura estn subestimadas y poco sistematizadas: Las relaciones
intertextuales mayoritariamente se realizan con la cultura meditica, la creada
en el cine y la televisin, de manera que es habitual la presencia de iconos
mediticos en las portadas e ilustraciones. [...] Y otra influencia importante
tiene que ver con las opciones estilsticas escogidas por el autor: un lenguaje
similar al utilizado en los textos expositivos y periodsticos. [...] La televisin
es el principal administrador de relatos de los nios y adolescentes. En el
entorno de una reflexin ms extensa, podramos afirmar que la evolucin
cultural parece haberse instalado en un (co)lapso creativo. Una pausa que
parece interminable y que precisamente la televisin contribuye a eternizar
103
,
a travs de una sucesin imparable de imgenes empobrecidas, que fluye hasta
el espectador sin que podamos detenerlas. Es por eso que, en ocasiones, el
botn ms til del televisor es el que nos permite apagarlo. Martn-Barbero y
Rey proponen, asimismo, que la televisin desordena la idea y los topes de la
cultura en tres coordenadas esenciales:

a) El espacio. La televisin provoca un desarraigo del lugar concreto, una
desterritorializacin de la forma de percibir lo prximo y lo lejano. Incluso
hace ms prximo aquello vivido en distancia.
b) La nacin. Es un conector con la globalidad de manera que la cultura pierde
la ligadura orgnica con el territorio y la lengua, que eran las bases del tejido
propio, y reestructura la anterior concepcin de nacin.
c) El tiempo. La percepcin del tiempo en el cual se inserta la televisin est
marcada por las experiencias de simultaneidad, de lo instantneo y del flujo.
La televisin confunde los tiempos porque fabrica un presente a la vez que

103
Tal y como indica Lpez Garca (1998: 15) existe una tendencia generalizada a equiparar la
importancia de los medios de comunicacin: Una propensin muy comn en los estudiosos de la
comunicacin es la de dar por supuesto que los distintos medios contribuyen de la misma manera a la
construccin social de la realidad. El valor argumentativo de esta afirmacin radica en que cada
medio de comunicacin influye de forma diferente. En este sentido, nos ayuda a dilucidar la
conclusin de que la televisin es el medio ms influyente. El propio Lpez Garca (1998: 52) llega a
hablar de la religin televisiva.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



109
descontextualiza el pasado (lo deshistoriza) y lo reduce a una pura cita (1999:
27)

El discurso es el lugar en movimiento donde lo social, nuestras
visiones y nuestras vivencias de lo social construyen y destruyen mundos
diferentes (Mndez Rubio, 1997: 25). Como forma de pensamiento, es
frecuente que un discurso represente una estructura de conocimiento y poder.
En lenguaje de la televisin posee cdigos de representacin sutiles cuya
complejidad es variable. Un anlisis del discurso revela estas estructuras y
ubica el discurso en unas relaciones histricas, culturales y sociales ms
amplias (Sardar y Van Loon, 2005: 14). En un apartado anterior
apuntbamos la posibilidad de que los procesos actuales de globalizacin
constituyan el resultado lgico o natural de ciertas consecuencias
pronosticadas por la reflexin postmoderna. Incluso que la crtica de la
globalizacin comprenda la revisin de los propios postulados de las teoras
postmoderna en las sociedades postindustriales. Como dir Jameson,
comprendemos que todo este nuevo espacio global, tan sumamente
desmoralizador y deprimente, constituye, precisamente, el momento de
verdad del posmodernismo (1995: 108-109). En este sentido, partiendo de la
crisis del discurso de la modernidad, debemos centrar nuestra atencin sobre
la importancia que el advenimiento de la sociedad de la informacin
104
ha

104
Nos parece necesario sealar en este punto que lo que hoy conocemos como sociedad de la
informacin hunde sus races en un perodo histrico que abarcara significativamente los siglos XIX
y XX, desde la invencin y uso masivo del telgrafo y la revolucin de los transportes. No
pretendemos abordar ahora las fases que constituiran este largo proceso histrico, pero tal vez sea
interesante resaltar el fenmeno de la expansin, precisamente, de las telecomunicaciones en el origen
primero del desarrollo actual de la sociedad de la informacin. Dan Schiller (1999: 231 y ss.) propone
la tesis del primer intento de liberalizacin de las telecomunicaciones en los Estados Unidos en 1957 y
que pronto se extendi ms all del mbito nacional estadounidense. La internacionalizacin del
proceso nos da una pista del status quo en el que se encuentran los procesos de globalizacin de la
comunicacin, ya que como el propio Schiller apunta: La globalizacin de los sistemas de
telecomunicaciones est profundamente atravesada por innumerables ejes de transformacin social en
marcha (1999: 239-240). Al calor de los ltimos desarrollos en este proceso concluye: Las
desigualdades [...] pueden localizarse cada vez ms tambin en los corazones opulentos del
capitalismo desarrollado. La desigualdad social y su complemento, la creciente estratificacin del
acceso a las telecomunicaciones, son cada vez ms evidentes (1999. 243-244).
110
tenido en la transformacin del discurso de la modernidad y en el desarrollo
de las sociedades postmodernas y, en consecuencia, de las sociedades
globalizadas. El culto de la informacin (Roszak: 1986), desarrollado y
puesto en prctica en dichas sociedades, podra ser el responsable de esta
transformacin:

Pero, cmo representar lo eterno y lo inmutable en medio del caos? En la
medida en que el naturalismo y el realismo resultaban inadecuados, el artista, el
arquitecto y el escritor deban encontrar una forma especial de representarlos.
Fue as como desde el comienzo el modernismo se concentr en el lenguaje y en
la bsqueda de alguna forma de representacin especfica para las verdades
eternas. [] El modernismo poda abordar lo eterno slo si proceda al
congelamiento del tiempo y de todas sus cualidades huidizas. [] El recurso a
las tcnicas del montaje / collage
105
constituy uno de los medios para abordar
este problema, ya que al superponer los diferentes tiempos y espacios fue
posible crear un efecto simultneo (Harvey, 1998: 36-37).

sta es, tambin, una de las ideas defendidas por Gianni Vattimo y que
a nuestro juicio contiene un principio argumentativo que ayuda a comprender

105
El collage es una forma voluntariamente autoexpresiva (Ruiz de Samaniego, 2004: 93). Esta
reflexin nos conduce a la otra de mayor calado en la perspectiva postmoderna. La unidad, la
continuidad la homognea percepcin de la realidad se hace cada vez ms imposible, exigiendo la
adopcin de un punto de vista fragmentado y de naturaleza paradjica. Jameson hace las siguientes
reflexiones acerca del asunto y nos ofrece las claves para comprender mejor la cuestin: Me gustara
poder caracterizar la experiencia posmodernista de la forma con lo que espero parezca una frmula
paradjica: la tesis de que la diferencia relaciona. [...] La obra de arte [...] ya no se presenta de forma
unificada u orgnica, sino prcticamente como un almacn de desperdicios o como un cuarto trastero
para subsistemas disjuntos, impulsos de todo tipo y materiales en bruto dispuestos al azar. En
resumen, la antigua obra de arte se ha transformado en un texto para cuya lectura se debe proceder
mediante la diferenciacin y no ya mediante la unificacin. [...] algo para cuya definicin el trmino
collage no es todava ms que una definicin muy pobre (Jameson, 1995: 72-74). En este sentido
concluye Lyon: El collage se convierte en el estilo postmoderno (2000: 38). Creemos que es
necesario hacer mencin al modelo deconstructivista de Derrida, en tanto que pensamiento que
desestructura, descompone e incluso disloca las estructuras que sostienen la arquitectura conceptual de
un determinado sistema. Derrida pretende desautorizar la interpretacin habitualmente crtica de la
deconstruccin como destruccin gratuita y nihilista del sentido y reflexiona: Determinar el lenguaje
como representacin, no es el efecto de un principio accidental, una falta terica o una manera de
pensar, un lmite o un cierre entre otros, justamente una forma de representacin que ha sobrevivido
un da y de la que podramos deshacernos mediante una decisin llegado el momento (1989: 87).
Podramos considerar la existencia del video-clip musical como uno de los ejemplos emblemticos del
collage postmoderno.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



111
muchos procesos de la postmodernidad y la disolucin de los metarrelatos.
Lo que intento sostener es: a) que en el nacimiento de una sociedad
postmoderna los mass media desempean un papel determinante; b) que stos
caracterizan tal sociedad no como una sociedad ms transparente, ms
consciente de s misma, ms iluminada, sino como una sociedad ms
compleja, catica incluso; y finalmente c) que precisamente en este caos
relativo residen nuestras esperanzas de emancipacin (Vattimo, 1998: 78).
El filsofo italiano hace estas afirmaciones desde el fondo postestructuralista
de su teora y anuncia, adems, el fin de todo proyecto y norma histrica
totalizante (Vattimo, 1994). No obstante, para rastrear los cambios
acontecidos en el discurso de la modernidad, estimamos conveniente observar
la afirmacin hecha por Harvey
106
:

La transformacin en el tono modernista se origin adems en la necesidad de
enfrentarse en forma directa con la idea de anarqua, desorden y desesperacin
que Nietzsche
107
haba sembrado en un momento de asombrosa agitacin,
inquietud e inestabilidad en la vida econmico-poltica: inestabilidad que el
movimiento anrquico de fines del siglo XIX utiliz y profundiz en diversas
formas. La expresin de las necesidades erticas, psicolgicas e irracionales
[que Freud identific y Klimt represent con su fluido arte] agreg otra
dimensin a la confusin. Por lo tanto esta vertiente particular del modernismo
tena que admitir la imposibilidad de representar el mundo mediante un lenguaje
nico
108
. La comprensin deba constituirse a travs de la exploracin de

106
Touraine (2000: 93) plantea el debate de esta misma cuestin, haciendo hincapi en el proceso de
disolucin del Estado iniciado en la segunda mitad del siglo XX.
107
A este respecto, Peter Sloterdijk puntualiza acerca de los motivos de la agitacin provocada por
Nietzsche a decir de Harvey: Declarar muerto a Dios implica, en una cultura condicionada por el
monotesmo, una dislocacin de todos los nexos y el anuncio de una nueva forma del mundo. Con la
muerte de Dios se elimina el principio de la pertenencia comn de todos los hombres en la unidad de
un gnero creado. [] La postmodernidad es la poca despus de Dios y despus de los imperios
clsicos y de todas sus sucursales locales (2002: 66-67).
108
Las cosas particulares son tantas, que no tenemos palabras para designarlas [] Si las personas
usaran mejor las palabras y el lenguaje, habra un progreso hacia la verdad (Locke, 1999: 29 y ss.) El
breve ensayo de Locke fue publicado por primera vez en 1688 y constata la fijacin del discurso de la
modernidad, por atribuir al lenguaje la capacidad de definir la realidad. La ruptura de esta concepcin
unitaria y totalitaria del mismo es una de las fracturas ms importantes dadas en la postmodernidad y
la que apunta Harvey en la cita.
112
mltiples perspectivas. En definitiva, el modernismo adopt el relativismo y la
mltiple perspectiva como la epistemologa que dara a conocer aquello que an
se consideraba como la verdadera naturaleza de una realidad esencial pero
compleja (Harvey, 1998: 46)
109
.

As, la imposibilidad de discernir aquello que es real de lo que no lo es
en los medios de comunicacin de masas se ha convertido en uno de los
principales argumentos de discusin en las sociedades postmodernas
110
. Pues
sin duda la lgica del simulacro, al convertir las antiguas realidades en
imgenes audiovisuales, hace algo ms que replicar simplemente la lgica del
capitalismo avanzado: la refuerza y la intensifica (Jameson, 1995: 102).
Asistimos a la progresiva disociacin de la realidad y su reflexin. Como nos
indica Lpez Garca: La cultura del simulacro en la que el modelo precede a
lo real y lo hieratiza sin remedio es una cultura que, en efecto, padecemos []
en el mundo occidental (1998: 54). En este aspecto redunda la reflexin de
Subirats: El simulacro se encuentra por definicin ms all de los lmites de
la experiencia humana y sus posibilidades de control, porque en sus mismas
condiciones epistemolgicas de produccin han sido borradas las ltimas
huellas de sus referentes lingsticos (2001: 74). Se nos condena a un

109
A decir de Campillo: La postmodernitat es donaria quan el procs de modernitzaci acaba, quan la
naturalesa sha convertit totalment en una construcci cultural, quan es pot considerar la cultura una
segona naturalesa. Seria aquella societat en qu lesfera cultural fra omniabraadora i en la qual
shauria produt una aculturaci dall real (2001: 108). [La postmodernidad se dara cuando el
proceso de modernizacin concluye, cuando la naturaleza se ha convertido totalmente en una
construccin cultural, cuando se puede considerar la cultura una segunda naturaleza. Sera aquella
sociedad en que la esfera cultural fuera omniabarcante y en la que se habra producido una
aculturizacin de lo real.]
110
En su breve pero furioso ensayo, Contra la imaginacin, Cristophe Donner denuncia la extrema
importancia que se le concede a la imaginacin, en tanto que glorificacin del simulacro en las
sociedades occidentales y las distorsiones que genera sobre la percepcin de una realidad no mediada.
La imaginacin roba, pilla, trinca e ingurgita, y no deja de reconstruir, de rehacer en mucho ms feo
y falto de vida lo que ha captado y no ha tenido la cortesa de mirar ni la paciencia de esperar. []
Todo le est permitido y todo se le permite, por el mero hecho de ser la imaginacin. [] Y de ah a
pretender que es la libertad misma no hay ms que un paso, que alegremente damos (2000: 46-47).
Es una descripcin poderosa de la dinmica desrrealizadora de las sociedades modernas en la lnea
descrita. Adems, segn Donner, las ocurrencias de la imaginacin conduciran siempre a los mismos
clichs culturales, por singulares y sorprendentes que parezcan a primera vista; en la medida en que
los verbos imaginar y mentir compartiran significados idnticos. Donner denuncia con nfasis que la
imaginacin juega un papel decisivo en la negacin de sentidos y desprecio hacia lo real, en la
medida en que lo que se dice ya no tiene importancia, porque todo est en el estilo.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



113
ostracismo interior contra el que es complicado enfrentarse, ya que los
elementos que lo originan se encuentran instalados en la misma entraa de
nuestra maquinaria conceptual y reflexiva. Esta tendencia, segn explica
Umberto Eco (2000), invade los medios de comunicacin y en especial la
televisin, porque la reflexin se asocia a actitudes crticas, por lo que siempre
es sospechosa para el poder. De este modo, el informativo nos explica lo
que vemos y en este juego del correveidile es donde encuentra su espacio la
mentira, precisamente por ese peligro intrnseco que tiene la utilizacin de las
palabras y del que ya hemos hablado. Simultneamente, el lenguaje empleado
por los medios de comunicacin, especialmente los audiovisuales, incurren
en transgresiones de las normas acadmicas con ms asiduidad, fuerza y
empecinamiento que los peridicos escritos (Hernando, 1990: 31).
Asimismo, a este respecto contribuira el fracaso de las teoras unificadas y de
las pretensiones totalizadoras de las primeras dcadas del siglo XX, es decir,
favoreciendo la desorientacin de la crtica intelectual (Marn y Tresserras,
1994: 111).

El pluralismo moderno socava ese conocimiento dado por supuesto. El
mundo, la sociedad, la vida y la identidad personal son cada vez ms
problematizados. Pueden ser objeto de mltiples interpretaciones y cada
interpretacin define sus propias perspectivas de accin posible. Ninguna
interpretacin, ninguna gama de posibles acciones puede ya ser aceptada como
nica, verdadera e incuestionablemente adecuada (Berger y Luckmann, 2002:
80).

En este sentido, mentir, engaar, decepcionar, manipular; son verbos
cuyo significado queda peligrosamente prximo al de informar, segn la
escala de los acontecimientos que hemos descrito
111
. El sistema democrtico

111
Uno de los ejemplos ms claros de cmo las imgenes son utilizadas para mentir lo constituye la
seccin no coment del canal de noticias europeo Euro News. Una sucesin de imgenes absurdas se
presenta ante el espectador sin la ms mnima explicacin de lo que puedan ser y/o significar. Y las
consideramos absurdas en la medida en que no tienen ningn sentido a priorstico como se pretende.
114
de las sociedades occidentales no slo legitima este juego viciado, sino que lo
fomenta desde su base. Quin habla ahora de la guerra de Sudn? Quin
habla ahora de la guerra de Timor Este? Prcticamente nadie, pese a que son
guerras en las que hay muertos cada da (Ramonet, 1998: 106). El conflicto
de Ghana no sale en los telediarios, porque es parte de la realidad que no
interesa a los gobiernos ni a los mass-media porque no da espectculo
(Lederach, 2002)
112
. El poder poltico, asociado irrebatiblemente al poder
econmico, utiliza el medio televisivo para perpetuar de forma obscena su
propia existencia. Los medios de comunicacin ejercen una evidente
fascinacin sobre el ciudadano comn (Lpez Garca, 1998: 7). En la medida
en que podemos establecer este parmetro, somos capaces de nombrar la
direccin en la que acta esta dependencia audiovisual.

La informacin como ficcin no se distingue de la ficcin como informacin.
Cuando el programa de TVE Camale se invent, en un falso telediario de
urgencia, la muerte de Gorbachov, result tan convincente como la invasin de
Nueva York por los marcianos que medio siglo antes haba inventado Welles
(Tubau, 1995: 139).

Si antao la modernidad estaba poseda, con jbilo o con alarma, por
las imgenes de la maquinaria que habra de desbrozar el ruido natural con el
objetivo de inscribir al hombre en unas determinadas coordenadas, ahora la

Slo cuando avanza el informativo podemos entender, al menos, de qu asunto se trata. Este ejercicio
de enajenacin mental pretende que sea la ms que cuestionable rotundidad de la imagen, la que
cuente la historia. No slo no es posible, sino que incluso con la explicacin que ms tarde se nos
ofrece no hay suficiente. El tiempo del informativo es escaso. En l sencillamente no puede caber la
totalidad de los matices que haran falta para comprender plenamente la magnitud del hecho
presentado. En esta lnea podemos an aportar otro ejemplo. El da del ataque terrorista sobre las
torres gemelas de Nueva York se cometieron una gran cantidad de aberraciones informativas. De todo
lo dicho, debemos destacar la declaracin de perpleja honestidad de la presentadora de los
informativos de Tele 5 ngels Barcel. La periodista confes en voz alta, no sabemos si sinceramente
o porque fue sobrepasada por lo que estaba sucediendo, lo que millones de personas en todo el planeta
pensaban: no entiendo nada. Ninguna otra frase puede explicar de forma ms elocuente lo que
queremos decir.
112
John Paul Lederach es profesor de Mediacin en la Universidad Menonita de Virginia. Esta
afirmacin apareci publicada en una entrevista del diario La Vanguardia, del lunes 4 de febrero de
2002.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



115
postmodernidad se ve presa de una maquinaria de imgenes (Anderson, 2000:
122)
113
. Si tuviramos que hacer un resumen o establecer una conclusin
apresurada sobre el significado de los argumentos que estamos defendiendo
sera el de que las imgenes son engaosas. El espectculo no es la realidad
en el sentido en que lo haba sido el objeto racionalmente constituido en el
sistema de conocimiento de Kant, es decir, como sntesis de lo real en la
unidad determinada de una experiencia subjetiva (Subirats, 2001: 17). Las
imgenes engaan porque su esencia est ligada a la realidad que llevan en su
interior. Y cabe recordar que la realidad es compleja y oscura. Las diferencias
explican la alterabilidad de la realidad. Podemos cambiar la realidad a nuestro
antojo con el simple acto de cambiar las palabras que utilizamos para definirla,
razonarla o sistematizarla. Defendemos pues que la imagen, per se, es
engaosa porque potencialmente remite a un nmero ilimitado de significados.
La realidad es, en ese sentido, ilimitada.

El cambio al que aludimos con este ejemplo condujo a la hegemona
absoluta de lo efmero y lo superficial. El hedonismo, individualismo
114
y
utilitarismo exacerbados a travs de la persuasin ejercida por los media
115
. La
individualizacin tiene como contrapartida la degradacin de las antiguas
solidaridades y la atomizacin de las personas (Morin, Roger y Motta, 2003:

113
En torno a esta afirmacin surgen las dudas que muchos autores, desde el propio Said hasta
Jameson, han planteado. Es decir, las dudas que hacen sospechar que la llamada nueva situacin no
es ms que una sutilizacin de los mecanismos del viejo poder liberal. Una desaparicin que Mndez
Rubio (2003: 156) caracteriza as desde la perspectiva de los estudios culturales: El sistema
institucional contemporneo, reforzando sus resortes consumistas (Pic, 1999), se ha recompuesto
sobre las bases de la hegemona, o de consenso invisible, que le ofrece la llamada cultura de la imagen
o sociedad del espectculo. Como proyecto de control democrtico que se pretende omniabarcante, y
que exige del resto de modos de produccin cultural [] que se adapten a sus parmetros si pretenden
sobrevivir. A decir de Navarro, entre las limitaciones de la democracia est la escasa diversidad de
los mayores medios de comunicacin (2002: 137).
114
Lipovestky distinguira entre una pendiente peligrosa del individualismo que conduce al cada
uno los suyo, al culto al xito individual por todos los medios, a la negacin de los valores morales, a
la delincuencia; a la que llama individualismo irresponsable y que es equivalente al nihilismo, al
despus de m, el diluvio. Junto a ste existira un individualismo responsable, que coincidira con
una demanda y una preocupacin ticas, la tolerancia, la ecologa, el respeto a los nios, la exigencia
de lmites, etc.(2003: 53-54).
115
A este respecto Reardon explica: [la persuasin es] la actividad de intentar modificar la conducta
de al menos una persona mediante la interaccin simblica" (1981: 31).
116
105). Quien abandona la transparencia de lo conocido, se encuentra con lo
oscuro, lo que se protege con su sombra (Jarauta, 1998: 169). Esto no quiere
decir que antes de inventarse la cmara y sus aplicaciones en fotografa, cine y
televisin los hombres creyeran que cada cual poda verlo todo. A este
respecto cabe destacar la aportacin de Williams: La imagen visual simblica
y reproductible se convirti en un modo de definir un rea social de crdito o
de poder (1994: 89). Pero la nueva perspectiva ha organizado el campo visual
como si eso fuera realmente lo ideal y/o real (Berger, 2002: 25). A este
respecto podemos decir que se afronta un nuevo paradigma de competencia
comunicativa.

Podemos hablar, definitivamente, de un cambio global de sistemas de
comunicacin que se centra en aspectos fundamentales como la complicacin
y diversificacin de los usos lingsticos, la profusin de informacin que se
almacena y difunde sin que apenas d tiempo a contrastarse, la confusin ante
la cantidad de informacin y el conocimiento supuestamente generado
sociedad de la informacin, sociedad del conocimiento, sociedad red-, la
construccin de significados, la superposicin de unos lenguajes con otros,
y en consecuencia la transformacin de las condiciones de enunciacin
lingstica [] El problema, desde nuestro punto de vista, es que los medios y
las tecnologas han cambiado las bases de la interaccin comunicativa y
comunitaria y la produccin de sentido (Prez Rodrguez, 2004: 154-155).

Para llevar a cabo este fin es imprescindible la omnipresencia de los
dispositivos mediticos
116
, que devienen la autoridad espectacular (Debord,

116
Para comprender mejor las implicaciones culturales y econmicas de la globalizacin de dichos
dispositivos, es imprescindible el reconocido estudio de Mattelart, La mundializacin de la
comunicacin: Uno de los axiomas de la bsqueda de un comn denominador mundial es la
convergencia cultural de los consumidores, un producto de los elementos que ha hecho calar la
cultura de masas, con el transcurso de los aos, en el imaginario de consumidores pertenecientes a
distintas culturas (1998: 88). No obstante, no es nuevo considerar el uso de imgenes en tanto que
herramientas de control. En este sentido, podramos hablar de un problema de escala en la medida que
hablamos de la globalizacin. A este respecto nos parece interesante aportar la afirmacin de Castro
Nogueira: Todas las grandes civilizaciones han pretendido reservarse la escritura para las lites y
servirse de las imgenes (Egipto, Edad Media, Barroco) para el buen encauzamiento de las
muchedumbres (1997: 108). Aunque despus el autor hace la siguiente matizacin: Sin embargo,
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



117
2003b). Y de forma emblemtica, la televisin. El espacio de la casa parece
ser ahora el nico escenario de la vida: el mundo es cada vez ms una
hiptesis
117
(Echeverra, 1999a). Probablemente, la matizacin que se debiera
hacer a esta afirmacin es que se viven tantos presentes en tiempo real como
canales de televisin se tienen. Se deduce de esta situacin una prdida
paulatina del horizonte geogrfico y de su tempo. El aumento de la velocidad
en los transportes ha concluido con la posibilidad de estar en cualquier
rincn del planeta en breve lapso de tiempo
118
. Hoy, el viajero del siglo XXI,
puede desplazarse a los ms recnditos lugares sin moverse del silln de casa
gracias a la televisin y a la informtica aplicada a las comunicaciones. No en
vano, los recientes avances tecnolgicos en materia de comunicacin nos
permiten estar virtualmente en espacios alejados a miles de kilmetros. El
mundo se ha encogido a causa de la movilidad de sus habitantes y de las
interdependencias que se han establecido en las ltimas dcadas.

Los elementos tradicionales que definiran, por ejemplo, un espacio de
comunicacin se ven sometidos a una profunda revisin. El ltimo horizonte
de visibilidad es la televisin (Virilio, 1994: 3). A decir de Rubert de Vents:
Aparte de mi presente fsico, tengo un presente americano, brasileo, bosnio.
Tengo tantos presentes como nmero de canales, ms uno: mi hogar. Y tengo

tambin las imgenes han supuesto modos de conocimiento y razonamiento de gran riqueza para la
humanidad (1997: 108).
117
El confinamiento del individuo en su casa es lo que Peter Sloterdijk ha denominado tercera
insularidad y observa: Uno podra tener la impresin de que la vivienda unipersonal es el punto de
fuga de la civilizacin; y quienes viven solos, la coronacin de un proceso de refinamiento
antropolgico que se ha desarrollado durante milenios; as queremos definirlo, aunque fuertes indicios
hablan a favor de que, de modo creciente, refinamiento y embrutecimiento, mimo y desesperacin
acaban en lo mismo. [] En este individualismo de apartamento de las grandes ciudades
postmodernas, la insularidad llega a convertirse en la definicin misma del individuo. [] El tercer
aislamiento insular produce [] un individualismo postsocial (2002a: 96-97).
118
Autores como Brzezinski (2003) han hecho constar cmo el desplazamiento de los soldados
britnicos, japoneses y norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial, ayud a consolidar una
percepcin empequeecida del planeta: Dado que se luch simultneamente en tres continentes, y
que los ocanos Atlntico y Pacfico fueron tambin muy disputados, su dimensin global qued
demostrada simblicamente cuando soldados britnicos y japoneses que representaban
respectivamente una remota isla europeooccidental y una isla de Asia Oriental igualmente remota
entraron en colisin a miles de kilmetros de sus hogares en la frontera indo-birmana. Europa y Asia
se haban convertido en un nico campo de batalla (2003: 15).
118
que decidir, una vez se haya dicho y hecho todo, en qu presente deseo vivir, o
cmo me las arreglo con esa amplia variedad (1998b: 39). En este sentido, la
televisin es un instrumento que dirige no slo nuestros conocimientos del
mundo, sino tambin nuestra percepcin de las maneras de conocer
(Postman, 1991: 83-84). Estaramos, asimismo, hablando de la posibilidad de
dejar de percibir la realidad para percibir slo aquella que el manipulador
quisiera, borrando las huellas de lo real y limitando la capacidad de
observacin, de discernimiento, de posibilidad de reflexin racional
119
. Tal y
como indica Umberto Eco (2000), tiene valor poltico negativo toda accin
que tiende a bloquear el proceso del conocimiento. Asimismo, siguiendo a
Mndez Rubio:

En la mirada quasi-divina de los medios masivos en rigor, ms informativos o
propagandsticos que plenamente comunicativos se estaran activando filtros
ideolgicos que operan no slo en ciertos contenidos, sino a travs de las
formas perceptivas propuestas por el sistema audiovisual. A diferencia entonces
de la autoridad medieval, y por el camino esbozado por la vigilancia de tipo
moderno, el poder contemporneo no se exhibe, sino que opta por desplazar sus
centros, por moverse entre lo financiero, lo informacional, lo militar y lo
poltico, a partir de un esquema oligoplico, de conglomerados empresariales de
mbito global (2003: 157).

Ante esta situacin, se prev de forma urgente introducir un nuevo
elemento para la reflexin. El cambio de paradigma econmico correra, as,

119
Lippmann describe de un modo sencillo pero extremadamente certero el mtodo de funcionamiento
de los medios de comunicacin de masas. La creacin de un consenso que pueda devenir en la
construccin y/o manipulacin de la opinin pblica, parte del trabajo ejercido por los medios: La
ms sutil y perversa de todas las influencias es la que crea y mantiene el repertorio de estereotipos
[sociales]. Se nos dice cmo es el mundo antes de verlo. Imaginamos muchas cosas antes de haberlas
experimentado. Y estas concepciones, a menos que la educacin nos haya puesto en alerta, interfieren
profundamente en todo nuestro proceso de percepcin. Definen determinados objetos como familiares
o extraos enfatizando las diferencias. De este modo, lo que nos es ligeramente conocido deviene muy
familiar y lo que nos pueda parecer extrao se convierte en absolutamente ajeno a nosotros (1997:
59). A este argumento podemos aadirle la reflexin hecha por Dader: El fenmeno complejo de la
opinin pblica contempornea no puede entenderse, ni en sus facetas psicosociales ni en el mbito
poltico, sin la comprensin y clarificacin de los complejos mecanismos de influencia de la
mediacin periodstica (1992: 176).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



119
parejo a las transformaciones, en cuanto a la legitimacin del conocimiento,
que hemos descrito. Sirvindonos de una terminologa marxista, observamos
que en el trnsito de las sociedades medievales a las sociedades burguesas,
tuvo gran importancia la transformacin tcnica de los modos de produccin.
Cuando las sociedades industriales desarrolladas comienzan a dotar de valor
intrnsecamente econmico a la informacin y los procesos de comunicacin,
se inicia el desarrollo de un tercer modelo, que definira, asimismo, las
actuales relaciones de poder. El conocimiento y la informacin se convierten
en la principal fuerza econmica. Hardt y Negri (2005: 303 y ss.) proponen
llamar a este proceso informatizacin. El paso de una economa basada en la
agricultura, la ganadera y la minera y de sta a una economa industrial sera
la causa, en el plano econmico, de la modernizacin. No obstante, segn
estos autores, nos encontraramos ante la eclosin de un tercer momento, en el
que la modernizacin llega a su fin y en el que la informatizacin es su
consecuencia. En esta coyuntura, la economa informatizada es la que
compone el sector terciario de los servicios, caracterizados por el papel central
que juega el conocimiento, la informacin, la influencia y la comunicacin
(Hardt y Negri, 2005: 308)
120
. En este sentido, la economa postindustrial
sera una economa informacional; al menos en aquellas sociedades en las
que est instituida
121
. Junto al nuevo paradigma, emerge una nueva clase
dominante que controla los flujos internacionales de dinero e informacin
(Lasch, 1996).


120
En esta lnea, seguimos a Toffler (1992), quien relaciona el fenmeno de la guerra con el cambio
en el paradigma econmico: Estamos en un proceso de transformacin del modo de crear riqueza;
antes era con la industria, ahora es con la informacin, [] En la guerra se est produciendo un
cambio paralelo, del que la del Golfo [la Primera] da slo una ligersima idea. De hecho, entre finales
de los aos setenta y principios de los ochenta, empez la transicin hacia una nueva forma de
confrontacin, basada en la superioridad informativa. Esto refleja hasta qu punto la economa ha
llegado a depender de la informacin (Schiller, 1996: 65).
121
Hardt y Negri ponen inters en discernir que estos procesos slo se daran en aquellas sociedades
en las que los cambios en la economa coinciden con la postmodernidad: Por supuesto, no todos los
pases, ni siquiera todos los pases capitalistas dominantes, se han embarcado en el proyecto de
modernidad siguiendo el mismo camino (2005: 309). La existencia de al menos dos grandes modelos
econmicos, propuestos por Castells y Yuko (1994), estara en la base de tal matizacin.
120

2.3.3. La crisis del consenso

La nocin de progreso se ha vuelto incierta (Morin, Roger y Motta,
2003: 105). Con la desaparicin de la creencia de un sujeto colectivo
universal, que busca la emancipacin y que supedita sus enunciados a la
contribucin del proyecto emancipatorio, el consenso se ha convertido en un
valor anticuado y sospechoso (Ruiz de Samaniego, 2004: 56). El consenso se
funda en la frmula tranquilizadora, difundida desde todas partes, de que
progreso tcnico equivale a progreso social (Beck, 1998: 256). Al inicio de
nuestra reflexin, apuntbamos que la modernidad significaba la renovacin
constante en la bsqueda del progreso y el avance cientfico. Ante los procesos
de innovacin continua y la necesidad de elaborar las teoras explicativas,
surge un nuevo reto, que redundar en la innovacin constante del lenguaje, la
produccin de nuevos trminos y/o categoras con los que definir lo nuevo. La
nocin de consenso se dar en torno a los elementos definitorios de lo real
122
.

La realidad de la vida cotidiana se preserva gracias a los procesos de
rutinizacin, que constituyen la esencia misma de la institucionalizacin.
Adems, la realidad de la vida de cada da se reafirma permanentemente en la
interaccin del individuo con los otros. [] El individuo, a fin de poder estar
seguro de saber quien de verdad cree ser, necesita la implcita confirmacin de
su identidad que le proporcionan los contactos cotidianos [] y la confirmacin
explcita y llena de efectividad, que le otorgan los otros significantes. [] En
este terreno de preservacin de la realidad, la relacin existente entre los otros
significantes i el corazn, es una relacin dialctica. [] El vehculo ms
importante para preservar la realidad es la conversacin. La vida cotidiana del
individuo es como una constante elaboracin de un sistema destinado a

122
A decir de Castro Nogueira: Lo real se consideraba un producto o resultado de la conciencia
trascendental, fenomenolgica o existencial. Una conquista de las hazaas del yo moderno. La
imaginacin moderna como el resto de las dimensiones que caracterizan esa poca de nuestra
historia ha sido, ella misma, una posibilidad inscrita en el imaginario cultural de la modernidad
(1997: 23)
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



121
preservar y a reconstruir su realidad subjetiva (Berger y Luckman, 1996: 208-
212)
123
.

Pero la postmodernidad acenta el carcter moderno de la
autorreflexividad, llegando a la lectura derridiana de que no existe una
exterioridad al propio discurso
124
, hasta el punto de volverse indiscernibles los
lmites de las disciplinas y la frontera misma entre el discurso crtico y el
institucional
125
. El consenso, entendido en la forma descrita, queda sustituido
por el consenso sin historia que plantean los medios de comunicacin. Edward
W. Said habla de fabricacin de consentimiento
126
, en el que los medios de
comunicacin constituyen una red prctica plenamente integrada y un
sistema de articulacin muy eficiente para unir a todo el mundo (2004:
476). A decir de Weber:


123
El influyente trabajo de Berger y Luckman, La construccin social de la realidad, fue publicado
por primera vez en 1966. Aunque en algunos aspectos la teora del yo primario y el yo secundario y
las nociones de socializacin primaria y secundaria han sido superadas o matizadas, sigue siendo un
referente en primer lugar, del reflejo en la corriente sociolgica de la complejidad del yo. En segundo
lugar, de la constatacin de la importancia del discurso en la construccin de la realidad y de la nocin
de verdad, aqu adscrita a la definicin de consenso que tratamos de elaborar. Una verdad, asimismo,
centrada principalmente en la realidad de la vida cotidiana, que se presenta en tanto que realidad por
excelencia.
124
Lo que describe como la imposibilidad de enmarcar un texto en su contexto, o lo que es lo mismo,
distinguir un texto de su contexto (Ruiz de Samaniego, 2004: 34).
125
A este respecto, Jameson (1995: 33) establece una clasificacin en 5 modelos fundamentales en los
que se ha basado la interpretacin de la complejidad por parte de la teora: 1) Hermenutico, con la
distincin interior/exterior; 2) Dialctico, esencia/apariencia; 3) Freudiano, latente/manifiesto; 4)
Existencialista, autenticidad/inautenticidad y 5) Semitico, significante/significado. Y aade un
comentario devastador: Lo que ha sustituido a estos diferentes modelos es [...] una concepcin de las
prcticas, los discursos y el juego texto [...] La profundidad ha sido reemplazada por la superficie o
por mltiples superficies (lo que suele llamarse intertextualidad ya no tiene, en este sentido, nada que
ver con la profundidad) (1995: 34).
126
Crouch, observa que la apata de una parte de la opinin pblica, radica en el deterioro de la
comunicacin poltica, ya que, influenciada por la televisin, sta trata de imitar los modelos
publicitarios. Y aade: Un fenmeno adicional que ha aparecido por la degradacin de la
comunicacin poltica de masas es la creciente personalizacin de la poltica. Las campaas
electorales fuertemente basadas en la personalidad de los candidatos solan ser propias de las
dictaduras, o de la poltica electoral de sociedades con sistemas partidistas y de debate poco
evolucionados. Asimismo, como indica Lpez Garca: la poltica se ve totalmente invadida por las
necesidades de los medios de comunicacin. Son stos los que transmiten los mensajes polticos, y lo
hacen segn sus propias reglas. No puede extraarnos, en consecuencia, que la poltica se convierta a
menudo en un espectculo, ni tampoco que el discurso poltico quede diluido ante las necesidades del
medio (2004: 127).
122
Los individuos que entran en comunidad mediante consenso pueden infringirlo
deliberadamente, del mismo modo como los individuos asociados pueden
sustraerse del pacto. [...] Una insatisfaccin permanente amenaza por cierto las
oportunidades de subsistencia emprica del consenso, pero no lo elimina
mientras el dominador tenga una oportunidad considerable de poder contar
objetivamente con el cumplimiento de sus mandatos (2002: 205).

Esta mutacin se observa tambin al analizar el crecimiento de las
comunidades de internautas, cada vez ms desarrolladas
127
. El desarrollo de
las ideas acerca de las posibilidades que el potencial de las tecnologas de la
comunicacin ofrece, se produjo mucho antes de que sucediera el desarrollo
real de la red. Hoy en da nadie pone en duda, que las ideas que en un
principio fueron pensadas para ser aplicadas en la red, padecieron un
desarrollo prematuro, pero decisivo a la hora de entender su situacin actual.
Diariamente millones de personas interactan en red en Internet. Lugar que
hoy es una gigantesca maraa de millones de ordenadores conectndose y
desconectndose constantemente. A dnde conduce este hecho, en la medida
en que lo hemos planteado? Hasta hoy, Internet ha estado construyendo un
nuevo usuario-tipo, que trata todava de probar todas las posibilidades de la
interactividad. Este usuario tiene un perfil completamente diferente del aqul
del medio tradicional.

La propia esencia del nuevo espacio de comunicacin multiplica de
forma exponencial las fugas, los trasvases, las interferencias de

127
Publicada a finales de la dcada de 1990, La era de la Informacin de Manuel Castells se ha
convertido en una obra de referencia para comprender el fenmeno de Internet. Asimismo, en muchos
aspectos, dada la velocidad con la que se ha desarrollado el fenmeno, algunas de sus predicciones
nos parecen hoy profticas. En este sentido habla de una sociedad cada vez ms segmentada y rota.
Rico o pobre, culto o ignorante, a igual que pas con la televisin, la popularizacin de Internet
depender del abaratamiento del acceso a las redes y de los equipos necesarios para su acceso, as
como la simplificacin de su uso. No obstante, matiza: La comunicacin a travs del ordenador
puede ser un medio poderoso para reforzar la cohesin social de la lite cosmopolita, al proporcionar
respaldo material al significado de una cultura global, desde un buen tono de una direccin de correo
electrnico hasta la rpida circulacin de mensajes de moda. [Pero] La mayora de las contribuciones
a la interaccin son espordicas, ya que la mayor parte de la gente entra y sale de las redes segn
cambian sus intereses o siguen sin cumplirse sus expectativas (Castells, 1998a: 395-397).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



123
informacin
128
. En este sentido retomara, con una fuerza insospechada, la
vieja funcin de la ciudad en tanto que lugar de aceleracin. Atravesar
fronteras nunca fue tan fcil como ahora. Internet, al subvertir las fronteras
nacionales, pone en entredicho el poder del Estado como la fuerza dominante
en la vida social y permite la reorganizacin de las comunidades humanas en
conformidad con los deseos individuales (Graham, 1999: 46). Pero cuando se
llega al lmite, a la frontera de las cosas, todo se derrumba o se disuelve
instantneamente en la mayor de las confusiones (Virilio: 1999c: 56). La red
global que constituye la sociedad presente usa el espacio que hay entre las
hebras para construir lugares orientados hacia una perspectiva global,
fragmentada y multidisciplinaria. Esta perspectiva est ms cerca de la
categora foucaltiana de heterotopa que de la aldea global de McLuhan
129
.
Una heterotopa es capaz de yuxtaponer en un espacio real simple varios
lugares que son incompatibles de por s (Sichel, 1998: 102). Por proximidad,
en cuanto a su concepcin, a la idea de Virilio de la destruccin del espacio
por el tiempo, podemos apuntar la afirmacin de Castro Nogueira (1997: 77)
de que: La red global de comunicaciones provoca el colapso de las viejas
barreras espaciales. Todos los lugares, todos los espacios son accesibles,
ahora, instantneamente.

128
Cebrin (1998) hace en su trabajo una valoracin positivista de los efectos beneficiosos que traer
consigo el desarrollo de las tecnologas de la comunicacin. Debemos tener en cuenta que han pasado
ms de siete aos desde la publicacin del libro, pero no deja de sorprendernos la valoracin
abiertamente favorable de la red Internet. sta est fundada en el convencimiento de Cebrin de que
las posibilidades de liberacin de la informacin que las nuevas tecnologas traen consigo
desembocarn en un aumento de los movimientos de liberacin. En otras palabras, plantea la
posibilidad de que por el simple hecho de tener acceso a una mayor cantidad de informacin la
humanidad ser ms libre: En la historia de la humanidad todos los movimientos de liberacin se han
caracterizado por la ruptura de los cdigos secretos que garantizaban la dominacin e las lites que los
posean sobre el resto de la comunidad (1998: 58-59). Por muchos motivos, algunos de los cuales
hemos anotado, pensamos que esto no es ni ser as.
129
La afirmacin se aprecia de un modo ms claro cuando atendemos a las explicaciones que ofrece
McLuhan en su ya clsico ensayo El medio es el mensaje: Es el medio el que modela y controla la
escala y forma de las asociaciones y trabajos humanos. Los contenidos o usos de estos medios son tan
variados como incapaces de modelar las formas de accin humanas. Ms adelante nos da un ejemplo:
El mensaje del medio cinematogrfico es uno de transicin desde las conexiones lineales a las
configuraciones. Es la transicin la que produjo la ahora muy correcta observacin. [...] Cuando la
velocidad elctrica sustituya an ms las secuencias mecnicas de las pelculas, entonces la lnea de
fuerza en las estructuras y los medios se volvern claras y obvias (McLuhan y Zingrone [Eds.], 1998:
187-190).
124

Desde esta perspectiva, la globalizacin poco tiene que ver con la aldea
global de McLuhan, en la que la tecnologa elctrica pareca haber vuelto
anticuado el individualismo (McLuhan, 1967)
130
. Esta negacin, moderna en
esencia, implcitamente negaba la posibilidad de diferencia: La
reestructuracin del trabajo humano asumi formas impuestas por la tcnica
de la fragmentacin, esencia de la tecnologa de la mquina. La esencia de la
tecnologa de la automatizacin es precisamente lo contrario. Es
profundamente integral y anticentralista del mismo modo que la mquina era
fragmentaria, centralista y superficial en su configuracin de los esquemas de
relaciones humanas (1996: 30). Esta perspectiva multicentrista dejara
entreabierta la puerta a la posibilidad de una suerte de heterogeneidad
salvadora. Marn y Tresserras han relacionado el fenmeno de la
desterritorializacin a la comprensin del carcter paradjico del fenmeno:

La desterritorializtaci, la barreja de tradicions de diversa procedncia, i la
reterritorialitzaci en laiguabarreig de la ciutat defineixen la primera estapa
dun procs que els nous mitjans de comunicaci encara haurien de radicalitzar.
Duna banda provocant el fenomen de la mundialitzaci, o de la globalitzaci, o
de la uniformitzaci de les pautes de producci i de consum de la cultura
industrial a escala planetria. De laltra, plantejant la possibilitat duna nova
forma dexistncia dall local, dall divers, dall especfic
131
(1994: 158).

Si los grandes rdenes se parten en dos, el arte de la pertenencia mutua
slo puede comenzarse de nuevo desde los rdenes pequeos (Sloterdijk,
2002a: 86). Ahora bien, uno de los cambios que con menos claridad se

130
La luz elctrica es informacin pura. Es un medio sin mensaje, a menos que se emplee para
difundir un anuncio verbal o un nombre (Mcluhan, 1996: 30).
131
[La desterritorializacin, la mezcla de tradiciones de diversa procedencia y la reterritorializacin en
el mare mgnum de la ciudad definen la primera etapa de un proceso que los nuevos medios de
comunicacin iban a radicalizar an ms. De un lado, provocando el fenmeno de la mundializacin o
de la globalizacin, o de la uniformizacin de las pautas de produccin y de consumo de la cultura
industrial a escala planetaria. De otro lado, planteando la posibilidad de una nueva forma de existencia
de lo local, de lo diverso y de lo especfico.]
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



125
perciben es, precisamente, la mediacin, homognea o heterognea, que los
medios de comunicacin ejercen sobre la experiencia; hasta el punto de que
todo lo experimentado se convierte en representacin. Las imgenes
desprendidas de cada aspecto de la vida se amalgaman en una corriente comn
en la cual resulta ya imposible restablecer la unidad de la vida. La realidad se
despliega como un pseudomundo (Debord, 2003: 37). Es lo que Virilio ha
denominado el descrdito de la ptica directa (Ruiz de Samaniego, 2004: 20).
Esta muerte de la mirada introduce la renuncia relativista
132
. No obstante, el
razonamiento sugiere un nuevo riesgo que habra de aparecer en el horizonte y
que ejemplifica el estado en el que se encuentra el debate sobre esta cuestin:

Si fuera verdad que ha terminado la poca de los grandes relatos, como defenda
recientemente el desaparecido Lyotard, entonces habra terminado la gran
historia de la emancipacin humana. Si fuera verdad que hemos de rechazar la
idea de progreso, resultara que la democracia occidental y el rgimen de Pol
Pot son equivalentes (Marina, 2000b: 59)
133
.

Del mismo modo que multitud de autores rechazan la idea de la muerte
de los grandes relatos
134
, lo cierto es que existe una inflexin o cambio en el

132
Nos parece sumamente interesante traer aqu a colacin las afirmaciones hechas por Ernst Bloch a
propsito del medio cinematogrfico de los aos treinta y cuarenta del siglo XX.: La cmara se
apodera del ojo, cambia constantemente los puntos de vista del espectador, que son los mismos que
los de los actores, no los del espectador en el patio de butacas. [...] El cine [...] no se ha desarrollado
en vano en una poca de sucedneos de la vida, en una sociedad que tiene que distraer la atencin de
sus empleados o engaarlos por medio de fuentes elctricas. [...] La crtica social, que antes apareca
espordicamente en algunos filmes, [...] era ya entonces, frente al capitalismo, poco ms que el
refinamiento de una apologa crtica (Bloch, 2004: 464-467).
133
A decir de Lyon: El hecho de que la anterior fe en el progreso haya sido infundada, no significa
que sean intiles los esfuerzos por comprender o guiar el desarrollo tecnolgico. De hecho, estas dos
tareas son imperativas actualmente (2000: 102).
134
En el campo de la ciencia, Echeverra efecta una crtica muy dura acerca de las posiciones de
ciertos investigadores postmodernos, poniendo en cuestin sus argumentos ms manidos. Si bien es
cierto, que el campo de la ciencia tambin experiment una revolucin a mediados de siglo con la
irrupcin de la Fsica Cuntica y el estudio profundo de las leyes de probabilidad, no de causalidad.
En todo caso, Echeverra afirma: Llegamos a un punto clave en la filosofa crtica de la ciencia y de
la tecnologa, a saber: no es nada fcil desarrollar ese tipo de filosofa, si se quiere tener un cierto rigor
al hacerlo. Hay mucha filosofa pseudocrtica de la ciencia, y ello es muy frecuente en el caso de las
corrientes postmodernas. [...] Si tomamos este punto [Echeverra est haciendo referencia al postulado
postmodernista de la desaparicin de los grandes metarrelatos de la modernidad] como referencia
126
statu quo de lo social. A decir de Touraine, la creencia de la fe del progreso y
el conflicto social haban servido para elaborar la idea de los derechos sociales
(2000: 37)
135
. Pero en el instante de cambio, estos derechos, no obstante,
peligraran a causa de la inestabilidad y la supresin progresiva de los
elementos internos que les daban coherencia. Estos elementos, expuestos al
calor de cierta crtica sociolgica, estaran ms vinculados a la superacin de
una poca histrica, que podra definirse como industrial, dando paso a una
nueva etapa an no bien definida nominalmente: sociedad del riesgo, la
sociedad de la informacin, postindustrialismo, la era comunicativa, la
segunda edad media, adems de aquellos que simplemente aaden un
calificativo o prefijo a lo que haba antes, como modernidad tarda, alta
modernidad, metamodernidad, hipermodernidad, supermodernidad y, por
supuesto, postmodernidad (Lyon, 2000: 76, 77). Lo que se pone de
manifiesto, en esencia, es que los orgenes de esta transformacin se
encuentran en el paso de una sociedad industrial a una postindustrial, cuya
nueva base se sustenta en el manejo y transmisin de informaciones de toda

para juzgar sobre la validez de las tesis de los autores postmodernistas aplicadas a la ciencia, entonces
hay que constatar que la ciencia de finales del siglo XX mantiene vigentes algunos grandsimos
relatos (teora darwinista de la evolucin, informacionismo, teora relativista del espacio y del
tiempo, cosmologa del Big-Bang, fsica de partculas, biogentica, etc.) y, sobre todo, enormes
proyectos por realizar (proyecto genoma, teora unificada de los campos, conquista del espacio,
robotizacin de la produccin, construccin de la sociedad de la informacin, etc., en los que la
ciencia y la tecnologa tienen un papel muy relevante (1999c: 271, 266-267). Pero quiz sea el
trabajo de Sokal y Brickmont (2002) una de las crticas ms reconocidas del relativismo atribuido a
ciertos autores postmodernos. Ya en la introduccin de su libro manifiestan su ms enrgico rechazo
hacia un modelo de conocimiento que parece rechazar el ideal racional de la modernidad y que, en
palabras de los autores, parece decantarse por los resultados oscurantistas y la confusin mental:
Desde hace aos, estamos asombrados e inquietos por la evolucin intelectual que han
experimentado ciertos medios acadmicos [...] Al parecer, amplios sectores pertenecientes al mbito
de las humanidades y de las ciencias sociales han adoptado una filosofa [...] caracterizada por el
rechazo ms o menos explcito a la tradicin racionalista de la Ilustracin. [...] El deseo que nos anima
es muy simple: denunciar la impostura y la deshonestidad intelectuales (2002: 19-33). Por otra parte,
su trabajo tampoco se ha librado de las crticas.
135
Torres (1999: 256-258) seala lo siguiente: El desarrollo ms significativo de este siglo ha sido,
indudablemente, el vnculo establecido entre el Estado del bienestar y su red de servicios, para
recalcar la plena expresin de la ciudadana democrtica. [...] En vez de aceptar la ciudadana como un
estatus social y poltico, la agenda neoconservadora y la neoliberal han intentado reafirmar el papel
del mercado, negando la idea de que la ciudadana otorgue un estatus independiente de la posicin
econmica.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



127
clase (Lpez Garca, 2005: 37 y ss.). Una sociedad regida por tecncratas
136
,
de la que, efectivamente, habra sido suprimida del imaginario colectivo la
idea de los grandes relatos de emancipacin
137
.

2.3.4. Las vanguardias y mayo del 68

A lo largo de las pginas precedentes, hemos puesto de relieve diversos
puntos de inflexin sobre los que podran anclarse fenmenos decisivos de la
construccin del momento postmoderno. De ellos, destacamos especialmente
la Ilustracin, que hunde sus races en el Renacimiento, como periodo de
ascenso de las propuestas modernistas. En orden cronolgico, la segunda
mitad del XIX asisti al apogeo de las mismas tesis de la modernidad y al
inicio del fin del proyecto, caractersticamente europeo, de emancipacin
humana. En este sentido, la primera mitad del XX, fundamentalmente los
treinta primeros aos, constituir la acentuacin de dicho proceso, en especial
a la vista del proceso crtico de las vanguardias artsticas. La profundidad del
movimiento se expresa no slo desde una perspectiva artstica. En efecto es
un rechazo a la tradicin esttica, pero que tambin afecta a la totalidad del
mundo de los valores, de las conductas, los ideales y las metas. Las ideologas
no son el mero reflejo de determinadas relaciones sociales, sino partes. La
crtica trata de separar la verdad y la falsedad de la ideologa (Brger, 1987:
41). Se trata de una manifestacin de las contradicciones entre el modernismo
y la modernizacin (Garca Canclini: 2001: 87). Dnde debemos situar la

136
A decir de Said: Al contrario de como dice Lyotard en La condicin posmoderna, los tecncratas
son especialmente competentes para resolver problemas locales pero no para preguntarse por los
grandes relatos de la emancipacin y la ilustracin (2004: 504).
137
En su estudio acerca del debate modernidad/postmodernidad, Campillo propone considerar lo
moderno ms como una actitud que una finalidad. En este sentido, el triunfo de las sociedades
tecnocrticas respecto al individuo habra sido el de la supresin del nimo emancipatorio moderno:
Direm que la modernitat no s un projecte inacabat perqu no hi ha res a dur a terme, perqu no s
un projecte sin una actitud, un ethos filosfic articulat al voltant de la crtica-llibertat que es
planteja en la qesti filosfica del present [Diramos que la modernidad no es un proyecto
inacabado porque no han nada que realizar, porque no es un proyecto sino una actitud, un ethos
filosfico articulado alrededor de la crtica-libertad que se plantea en la cuestin filosfica del
presente] (2001: 144).
128
dimensin crtica del arte, sino entre la ruptura y la protesta, generadora de un
evento, y la construccin de un proyecto poltico que reclama continuidad?
(Chevrier, 2000: 297). El arte tradicional se identificaba con la clase
dominante y con el ritual de perpetuacin de control sobre las clases
sometidas
138
. Brger abunda en esta idea al afirmar que la obra de vanguardia
no negaba la unidad general, sino un determinado tipo de unidad, la conexin
entre la parte y el todo caracterstica de las obras de arte orgnicas (1987:
112). Esta concepcin coincide plenamente con el planteamiento defendido
por Berger:

El arte de cualquier poca tiende a servir los intereses ideolgicos de la clase
dominante. Pero si nos limitramos a decir que el arte europeo de 1500-1900
sirvi los intereses de las sucesivas clases dominantes, todas ellas dependientes
de diversas maneras del nuevo poder del capital, no diramos nada
especialmente nuevo. Nosotros nos referimos a algo un poco ms preciso: un
modo de ver el mundo, que vena determinado en ltimo trmino por nuevas
actitudes hacia la propiedad y el cambio, encontr su expresin visual en la
pintura al leo [...] (2002: 97).

Berger tambin recuerda que la invencin de la cmara cambi el modo
de ver de los hombres. Lo visible lleg a significar algo muy distinto para los
artistas
139
. Y esto se reflej inmediatamente en el arte (2002: 25). Ante el
desafo de reinventar la pintura y el arte en general, el artista de la vanguardia
plantea superar, eliminar, para empezar algo nuevo (Casullo, Forster y
Kaufman, 1999: 96). Se trataba, en definitiva, de incorporar las tcnicas y sus

138
La apreciacin hecha por Brger (1987: 103). a este respecto resulta altamente significativa. El
autor propone que los movimientos europeos de vanguardia se pueden definir como un ataque al
status del arte en la sociedad burguesa. En este sentido, no impugnan una expresin artstica
precedente, sino la institucin del arte en su separacin de la praxis vital de los hombres.
139
Zunzunegui elabora una interesante propuesta acerca del dilogo habido entre las artes pictricas y
el cine desde la invencin del llamado sptimo arte y propone la siguiente argumentacin: Si en la
pintura de paisaje se trata de fijar para siempre el instante que huye, construyendo el oxmoron de
inmovilizar el movimiento, de capturar lo que se modifica definitivamente, las vistas [utilizo a
conciencia la denominacin que se daba a las imgenes de Lumire] del cinematgrafo permiten
atrapar el cambio en su mismo devenir (1996: 85).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



129
posibilidades al utillaje cotidiano del artista. La pintura, en este momento,
tena que ser capaz de interpretar el mundo con su propio lenguaje (Marn y
Tresserras, 1994: 88). La separacin de la praxis vital, que ha sido siempre el
modo de funcin del arte en la sociedad burguesa, se transforma ahora en su
contenido (Brger, 1987: 101). Como ha indicado Sol-Morales: Slo el arte
y la arquitectura, que reconocen la precariedad de los cuerpos, su objetivada
fragmentacin, pero [tambin] el persistente dinamismo y energa que circula
por ellos, son capaces de presentar un discurso convincente sobre el tiempo
presente (2000: 361). Pero en un lapso de tiempo reducido, la vanguardia
artstica deviene repeticin ritual: la rebelin queda convertida en
procedimiento, la crtica en retrica y la trasgresin en ceremonia (Octavio
Paz en Lipovetsky, 2002: 82)
140
.

El uso del montaje visual, una de las principales invenciones de la vanguardia,
ya se haba convertido en un procedimiento estndar en la publicidad
comercial y de pronto podan hallarse ecos del modernismo literario incluso
en los anuncios del Volkswagen escarabajo. [...] El vanguardismo y el
modernismo no slo haban sido aceptados como expresiones culturales
capitales del siglo XX. Se estaban convirtiendo rpidamente en historia. [...]
El postmodernismo se impona; corran vientos de novedad y cambio cultural
(Pic [ed], 2002: 142-143).

Este agotamiento crtico de las vanguardias precede, a decir de
Lipovetsky, al marasmo postmoderno, resultado de la hipertrofia de una

140
Octavio Paz, en un texto sobre la modernidad, habla de ella como una tradicin antitradicionalista,
casi un contrasentido lgico; es decir, una tradicin que arremete contra toda tradicin, y en ese gesto
de arremeter contra toda tradicin, funda su propia tradicin. El modernismo esttico, las vanguardias
estticas y las vanguardias polticas, que arremeten contra el pasado, que arremeten contra las
tradiciones establecidas, fundan tambin tradiciones. Una de las diferencias entre la Ilustracin y la
posmodernidad es que la posmodernidad elimina ese dilogo con el pasado (Casullo, Forster y
Kaufman: 1999: 262). En su anlisis de la modernidad artstica, Childs propone que las vanguardias
suponen, tambin, una ruptura de dilogo con el presente y el futuro: El modernismo puede ser
entendido como una contestacin de artistas y escritores ante determinadas cosas, incluyendo la
industrializacin, la sociedad urbana, la guerra, el cambio tecnolgico y las nuevas ideas filosficas
(2004: 21).
130
cultura cuyo objetivo es la negacin de cualquier orden estable. El dispositivo
modernista, encarnado de forma ejemplar en las vanguardias, est acabado
(Lipovetsky, 2002: 82-83). A decir de Marcuse: La alienacin artstica
sucumbe, junto con otras formas de negacin, al proceso de la racionalidad
tcnica (2001: 95). El arte moderno era vertical e indagaba en las prcticas
del pasado a fin de renovarlas y convertirlas en el presente. El arte
postmoderno sera deudor de una caracterstica tpica de la modernidad, el
cuestionamiento del presente y la integracin de arte y vida. La vanguardia era
proftica, volcada al futuro y a la emancipacin, aunque conviene recordar que
el arte postmoderno vive de la herencia lingstica de las vanguardias (Ruiz
de Samaniego, 2004: 80). A pesar de su crtica radical y legtima al evangelio
del modernismo, el postmodernismo, que en sus prcticas artsticas y su teora
era un producto de los aos sesenta, debe ser visto como la jugada final del
vanguardismo y no como la ruptura radical que a menudo pretenda ser
(Huyssen, 2002: 150). Sobre este supuesto, Hobsbawn dir que se
sobreestima su poder de transformacin de las cosas:

Estoy convencido desde hace mucho tiempo de que las verdaderas
transformaciones artsticas nuestra manera de ver el mundo- no proceden de
los paladines de la vanguardia, sino de una especie de industrializacin del
proceso de creacin, de una reproductividad del arte. Por otro lado, tambin
estoy muy convencido de la importancia de las fuentes populares del arte. El
jazz, especialmente, [] el tango argentino, la msica latinoamericana, no son
una creacin de las lites, sino todo lo contrario. [] La vanguardia ha hecho lo
que siempre ha hecho: perder el contacto con las masas. [] Ha habido
momentos en los que la vanguardia ha tenido un contacto con las masas a las
que siempre pretenda impresionar; fue a finales del siglo XIX, a travs del
compromiso social y poltico. El deseo de los partidarios de la vanguardia de
transformar el mundo, tanto esttica como socialmente, funcion y, por
ejemplo, cre en gran parte de la arquitectura moderna. [] Esa gente, que
aspiraba a cambiar la sociedad, lo hizo en un cierto sentido, pero con
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



131
limitaciones. Hacia finales del siglo XIX y tras la Primera Guerra Mundial se
dio una politizacin de la vanguardia (2004: 54-56).

En este sentido, Daniel Bell observa: Las vanguardias no cesan de dar
vueltas en el vaco, incapaces de una innovacin artstica importante
141
. A este
respecto nos parece interesante revisar la aportacin de Kroker y Cook (1988:
169): Frente al actual impulso de la teora y arte postmodernos [finales de la
dcada de los ochenta], que rechaza el pasado y la originalidad, a favor de la
parodia y lo kitsch, nosotros afirmamos lo contrario. La parodia ya no es
posible, ya que en (Norte)Amrica, as como en los sistemas de las avanzadas
sociedades modernas, lo real ha devenido parodia. No obstante, cabe poner
de relieve que el final del vanguardismo clsico, el nacido en el ltimo tercio
del siglo XIX, tiene lugar en 1939, con la Segunda Guerra Mundial. Ya no
volvern a ser claramente reactivadas hasta la dcada de los sesenta, donde
esta experiencia modernista por excelencia reaparece como una suerte de gesto
final de toda una gran y larga poca tratando de recuperar [...] las rebeliones
juveniles y libertarias (Casullo, Forster y Kaufman, 1999: 95). Pero para
entonces la negacin ha perdido su poder creativo, los artistas no hacen ms
que reproducir y plagiar los grandes descubrimientos del primer tercio de
siglo
142
. Asimismo, los diferentes mtodos de reproduccin aumentan el

141
El cut and paste, la accin de cortar y pegar es una variante vanguardista del collage. Ya no se
crea nada y a ello han contribuido los nuevos entornos digitales (Ruiz de Samaniego, 2004: 95). A
este respecto, Fernndez Serrato hace la siguiente observacin: La esttica de la diferencia, del
pastiche, del simulacro, lleva aparejada como funcin caracterstica la desrealizacin del mundo, la
separacin de los textos de cualquier dependencia del referente, vagando libres en un presente
atemporal. (2002: 258). A decir de Foster: El uso del pastiche en el arte y en la arquitectura
postmodernos priva a los estilos no slo de un contexto especfico, sino tambin de sentido histrico
(2002: 251).
142
Nos ha parecido oportuno incorporar el matiz que ofrece la opinin de uno de los cantautores
valencianos ms representativos del momento. sta nos permite tener otro punto de vista sobre los
elementos que han influido e influyen en la evolucin del arte, desde una perspectiva estrictamente
personal: La fusi no lhem inventada nosaltres. Un dels mecanismes que mantenia viva la msica
tradicional era eixe precisament. Lintercanvi dinformaci o les funcionalitats de la msica. Si shan
perdut funcionalitats, del que es tracta s de fer parets noves, funcionalitats noves. Ara hi ha
transistors. La gent no es fa els batres per a batre al camp. Connecta el transistor al tractor i laire
condicionat... per sort. Per aix, possiblement, hem de posar en el transistor eixos batres. Hi ha
funcionalitats noves frut de la barreja i levoluci (Gil, 2004: 14). [La fusin no la hemos inventado
nosotros. Uno de los mecanismos que mantena viva la msica tradicional era se precisamente. El
132
carcter de exponibilidad de la obra de arte y en consecuencia, cambia sus
funciones (Mariniello, 1992: 18). A decir de Vattimo:

Un hecho decisivo en el paso de la explosin de lo esttico, tal como se da en
las vanguardias histricas, [] a la explosin tal como se verifica en las
neovanguardias, es el impacto de la tcnica en el decisivo sentido indicado por
Benjamn en su ensayo de 1936 sobre La obra de arte en la poca de su
reproductividad tcnica. En esta perspectiva, el hecho de que el arte se salga de
sus confines institucionales ya no se manifiesta exclusivamente y ni siquiera
principalmente vinculado con la utopa de la reintegracin [metafsica o
revolucionaria] de la existencia, sino vinculado con el advenimiento de nuevas
tcnicas que de hecho permiten y hasta determinan una forma de generalizacin
de lo esttico (1987: 51-52).

El posmodernismo es la fase de declive de la creatividad artstica cuyo
nico resorte es la explotacin extremista de los principios modernistas
(Lipovetsky, 2002: 82). No solamente Picasso y Joyce han dejado de ser
repugnantes, sino que ahora los encontramos, en conjunto, bastante
realistas. A decir de Huyssen (2002, 152-153): A pesar de que el
postmodernismo se rebel contra la cultura y la poltica de los aos 50, le
falt, no obstante, una visin radical de transformacin poltica y social como
la que haba sido tan esencial para el vanguardismo histrico. Lo que no es
sino el resultado de la canonizacin e institucionalizacin acadmica del
movimiento modernista en general, que puede fecharse al final de la dcada de
los aos cincuenta (Jameson, 1995: 16-17).

La cultura popular fue aceptada acrticamente y la experimentacin
postmodernista perdi la conciencia vanguardista de que el cambio social y la

intercambio de informacin o las funcionalidades de la msica. Si se han perdido ciertas
funcionalidades, de lo que se trata es de levantar nuevas paredes, funcionalidades nuevas. Ahora
tenemos aparatos de radio. La gente ya no prepara sus batres [Piezas de msica tradicional] para ir a
trabajar al campo. Conecta su radio en el tractor y el aire acondicionado por suerte. Por eso,
posiblemente, deberamos poner en la radio esos batres. Existen nuevas funcionalidades fruto de la
mezcla y la evolucin.]
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



133
transformacin de la vida cotidiana estaban en juego en cada experimento
artstico (Pic [Ed.], 2002: 153). En este punto hacemos nuestras las
reflexiones de Baudrillard (1993), quien considera que el arte de las
vanguardias clsicas jugaba con la ilusin de la disolucin de la obra de arte y
del objeto artstico. Es decir, se mantena, todava, algn tipo de distancia
crtica. Sin embargo, despus, al arte pareca autocomplacerse en la exhibicin
de su propia banalidad e insignificancia. Irnicamente, la vanguardia se vio a
si misma fracasando gracias a un estupendo e involuntario xito (Calinescu,
1991: 123).

A la muerte del arte por obra de los medios de comunicacin de masas, los
artistas a menudo respondieron con un comportamiento que tambin l se sita
en la categora de la muerte por cuento se manifiesta como una especie de
suicidio de protesta: contra el Kitsch y la cultura de masas manipulada, contra la
estetizacin de la existencia en un bajo nivel, el arte autntico a menudo se
refugi en posiciones programticas de verdadera apora al renegar a todo
elemento de deleite inmediato de la obra el aspecto gastronmico de la obra
, al rechazar la comunicacin y al decidirse por el puro y simple silencio
(Vattimo, 1987: 53).

Desde esta perspectiva, se pueden descifrar algunas de las claves de los
acontecimientos que tienen lugar en la dcada de 1960. En muchos sentidos,
los acontecimientos de mayo de 1968 en toda Europa tuvieron una gran
incidencia en el desarrollo de las sociedades europeas actuales y sus efectos
no se pueden minusvalorar. Son el resultado de la eclosin de largos procesos
sociales, que culminan con las revueltas estudiantiles de los miembros ms
jvenes de las clases acomodadas francesas y europeas
143
. En palabras de
Hobsbawm:

143
En realidad, a pesar de que algunos tiendan a olvidarlo, el movimiento de mayo del 68 fue
tambin el momento de la mayor huelga obrera de la historia de Francia (Micha, 2002: 88). A decir
de Casullo, Forster y Kaufman: Los estudiantes [...] consiguen una semana de paro general que
involucra a toda la Francia obrera y estudiantil (1999: 177). Este argumento no slo es vlido por su
134

Es absolutamente indispensable juzgar las dimensiones cuantitativas de
cualquier fenmeno. [] Es imposible poner en un mismo plano cualitativo a
los estudiantes revolucionarios del 48 y del 68, ya que se trata de fenmenos
sociales completamente diferentes. Su participacin en la Revolucin del 48
se reduca a 2.000 personas en toda la gran Rusia, mientras que el movimiento
del 68 reuni a centenares de miles de estudiantes (2004: 48).

No en vano, los acontecimientos de la revolucin modernista de mayo
del 68 y las consecuencias posteriores, suponen de algn modo el paso
definitivo hacia la consolidacin de las sociedades postmodernas
144
. La
pretendida ruptura con el viejo orden no fue sino una aceleracin de sus
consecuencias ms perniciosas. Castoriadis establece el inicio de esta
regresin ideolgica y cultural casi dos dcadas antes. Las consecuencias del
retroceso se veran al final de la dcada de los 60: este retroceso de la
creatividad, corre pareja al triunfo, durante este periodo [1950-1968], del
imaginario capitalista y con un retroceso cada vez ms pronunciado del
movimiento democrtico, del movimiento hacia la autonoma, en el plano
social y poltico (1999: 102). Toda perspectiva de capitalismo progresista,

contenido histrico. En su argumentacin, Casullo, Forster y Kaufman profundizan en el autntico
papel que obreros y estudiantes tuvieron en las revueltas de 1968, como protagonistas reales de las
transformaciones sociales unos y como idelogos otros. Los autores recuerdan que la separacin de
roles est relacionada con la propia separacin de fuerzas que en la estructura social representaban
estudiantes y obreros: Los sujetos sociales polticos e ideolgicos de la protesta, de la revuelta y de la
oposicin, estn todava claramente constituidos: la clase obrera, el campesinado. [...] Esto tiene que
ver con la plena modernidad de las circunstancias, los sujetos sociales estn plenamente constituidos.
La clase obrera todava es el elemento motor, en su constitucin clsica, de la posibilidad de una lucha
y del cambio social. Entonces todo este movimiento estudiantil es como si le entregara la posta al
movimiento obrero. Luego, por supuesto, esto se diluye (1999: 170-178). Guattari y Negri asocian
esta disolucin a la contundente reaccin del CMI (Capitalismo Mundial Integrado) despus de los
acontecimientos a finales de la dcada de 1960: Con el retorno de la derecha al poder a lo largo de
los aos setenta, se ha asistido a una resegregacin de la clase obrera que se replegaba sobre sus
ventajas adquiridas, sobre sus ventajas y privilegios corporativos (1999: 46). Sea como fuere, lo
cierto es que las consecuencias de las revueltas hay que buscarlas en mbitos de mayor profundidad y
trascendencia, aunque puede que no tan evidentes como se habra esperado.
144
Con el fin de clarificar un poco esta cuestin, nos parecen apropiadas las reflexiones que al
respecto hace Micha: Cmo reconocer sin margen de error, treinta aos despus, a unos de esos
petit matres que se formaron a bulto en las asambleas generales de mayo del 68? Por esa manera
inimitable, que sigue sindoles propia, de cortar la palabra a todo el mundo, en todas las
circunstancias de la vida, monopolizndola despus slo para decir que va a devolverla (2002: 93-
94).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



135
que hubiese implicado una participacin creciente de las masas populares, fue
sistemticamente bloqueada (Guattari y Negri, 1999: 30). Por otra parte, las
consecuencias posteriores supondran el paulatino debilitamiento de la accin
de izquierdas en toda Europa y un debilitamiento de las teoras marxistas. A
este respecto, Rorty afirma, no sin cierta malicia:

Estamos, con todo, esperando un sucesor al marxismo, esperando una
concepcin terica amplia que nos permita poner a nuestra sociedad en un
nuevo y excitante contexto. Esperamos que ese nuevo contexto nos sugiera algo
que decir que sea menos banal que la gente debera ser ms amable, ms
generosa y menos egosta (1998: 66).

Fueron los cambios posmodernos prohibido prohibir los que han
ayudado a la instalacin del consumismo y el no pensar (Micha, 2002: 84).
Una ruptura, contenida en la esencia de la reflexin modernista, tal y como
hemos defendido en pginas anteriores. Entramos entonces en la cultura
postmoderna, esa categora que designa para Daniel Bell el momento en que la
vanguardia ya no suscita indignacin, en que las bsquedas innovadoras son
legtimas, en que el placer y el estmulo de los sentidos
145
se convierten en los,
prcticamente nicos, valores dominantes de la vida corriente (Lipovetsky,
2002: 105). Brger (1987: 54-55) indica que, aunque la neovanguardia se
propone los mismos objetivos que proclamaron los movimientos histricos de
vanguardia, la pretensin de un reingreso del arte en la praxis vital ya no
puede plantearse seriamente desde la sociedad existente, una vez han
fracasado las intenciones vanguardistas. Ms adelante (Brger, 1987: 115)

145
En este punto nos parece sumamente interesante reproducir las reflexiones de Marcuse. Nos
interesan especialmente porque fueron realizadas cuatro aos antes de la revolucin del 68 y suponen
una premonicin en la lnea de lo argumentado en estos prrafos. Asimismo, es doblemente
interesante, si tenemos en cuenta que algunos autores atribuyen (Habermas, 1969: 11 y ss.) a Marcuse
la paternidad ideolgica marxista del movimiento estudiantil: Al censurar el inconsciente e implantar
la conciencia, el superego tambin censura al censor, porque la conciencia desarrollada registra el acto
malo prohibido no slo en el individuo sino tambin en su sociedad. Al contrario, la prdida de
conciencia debido a las libertades satisfactorias permitidas por una sociedad sin libertad, hace posible
una conciencia feliz que facilita la aceptacin de los errores de esta sociedad (Marcuse, 2001: 206).
136
afirmar que la neovanguardia institucionaliza la vanguardia como arte,
negando sus intenciones genuinas.

Fue en esas condiciones radicalmente nuevas [todo y ahora mismo!
Considerad vuestros deseos como realidades! Gozad sin lmites y vivid sin
tiempos muertos! [] que pronto se convertiran en el material de base de las
agencias de marketing], y basndose en la metafsica del deseo y la felicidad
que les corresponda, cuando el Consumo, que hasta entonces slo haba sido un
momento particular de la vida humana, pudo al fin convertirse en lo que
actualmente es en todas partes: una forma de vida completa (Micha, 2002: 34).

Algunos autores como Casullo efectan una descripcin ms
contundente: Los sesenta y setenta parisinos son esa abstraccin estetizada de
hippies, estudiantes, psicodelia, guevarismo cultural y no a Vietnam con que
una generacin se impregn de un ideario hoy reducido a mito desde el
consumo o los juegos retricos intelectuales (1998: 174-175). Una
abstraccin que desembocara en la segunda mitad de la dcada de 1970 y, en
especial, desde 1980 a 1990, al fenmeno sintomtico de la postmodernidad,
fruto de los cambios histricos habidos durante las tres ltimas dcadas
(Mndez Rubio, 2004: 103). La paradoja cultural acaecida en la dcada de
1970 no es la contradiccin intrnseca a la propia vanguardia postmodernista,
es decir, la paradoja de un arte que simultneamente quiere ser arte y
antiarte. La paradoja de los aos 70 es ms bien el regreso a la tradicin de
despreciar y negar todas las tradiciones (Pic [Ed.], 2002: 152). A este
respecto, la crisis energtica de 1973 fue el aviso de lo que vendra despus.
La dcada de 1970 es testigo de la incipiente crisis industrial crnica que se
desatara en las sociedades de capitalismo avanzado y que se habra
perpetuado hasta nuestros das. Durante los aos posteriores, la depresin
econmica se contagia a otros mbitos.

Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



137
En el mbito cultural y comunicativo se revitaliza en esta poca el eslogan del
fin de las ideologas, que haba propuesto Daniel Bell en los aos de la guerra
fra y que ahora se ver respaldado por la debacle de la Unin Sovitica y el
comunismo de estado, debacle cuyo icono ser la cada del muro de Berln
(Mndez Rubio, 2004: 105).

Apuntbamos antes sucintamente las palabras de Guattari y Negri
acerca de la reaccin del CMI [Capitalismo Mundial Integrado]
146
en contra
de los cambios que podran derivarse de las turbulentas revueltas de la dcada
de los 60. En este sentido, los autores apuntan a la puesta en marcha durante la
dcada de los 70 de una quntuple estrategia, encaminada a detener el avance
de la contestacin y la contracultura. La dcada de los aos 80 supondra la
consolidacin de la misma. En esta dcada, adems, se produce una honda
transformacin del contexto poltico internacional, que se manifiesta en dos
fenmenos perfectamente identificables: la cada del motor del modelo
econmico comunista al final del decenio y la consolidacin de un modelo
econmico neoliberal, cuyos mximos exponentes polticos fueron Ronald
Reagan en los Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido.

Hamelink (1981) ha hablado de la aldea empresarial para describir el actual
grado de lucro y expansin mundial alcanzado por el modo capitalista de
produccin, distribucin y consumo. Su evolucin [...] ha sabido pasar de la
coercin poltico-militar a la econmica y de sta, eficazmente, a la cultural
(Mndez Rubio, 1997: 178).

146
Llamamos Capitalismo Mundial Integrado (CMI) a esta figura de dominio que recoge y exaspera
la unidad del mercado mundial sometindola a instrumentos de planificacin productiva, de control
monetario, de intervencin poltica, con caractersticas casi estatales (Guattari y Negri, 1999: 37).
Este concepto comparte una gran similitud con la propuesta de Ramonet de definir el nuevo sistema.
Ramonet lo ha llamado PPII y resume muchas de las caractersticas del CMI de Guattari y Negri.
Ramonet se pregunta: Qu es el sistema PPII? Es el que estimula todas las actividades (financieras,
comerciales, culturales, mediticas) poseyendo cuatro cualidades principales: planetario, permanente,
inmediato e inmaterial. Cuatro caractersticas que recuerdan los cuatro atributos principales del propio
Dios. Y, de hecho, este sistema se erige en moderna divinidad, exigiendo sumisin, fe, culto y nuevas
liturgias. Todo tiende ya a organizarse en funcin de los citerior PPII: valores burstiles, intercambios
comerciales, valores monetarios, informacin, comunicacin, programas de televisin, multimedia,
cibercultura, etc. (1997: 89).
138

Bourdieu (2000b y 2001) propone que una de las consecuencias de la
desaparicin del bloque comunista fue la liberacin de la Teora. Pero como
tambin seala, todo el espacio parece haber sido ocupado por la doxa
neoliberal. sta dinmica de mltiples facetas, explicara en parte las
expectativas frustradas de Mayo del 68 que mencionbamos anteriormente:

Como demuestra el ciclo reaccionario de la dcada de 1970, los intrumentos
utilizados por el CMI para canalizar y producir la lucha de clases dentro del
marco de la integracin institucional han consistido en: 1) la capacidad de poner
en funcionamiento sistemas de concurrencia transnacionales entre sectores de
clase; 2) la utilizacin de polticas monetarias deflacionistas que generan
desocupacin; 3) la reconversin de la poltica del Estado del Bienestar hacia un
crecimiento controlado de la pobreza. Esta poltica se acompaa por una
represin pulverizada, molecular, de todas las tentativas de resistencia y libre
expresin de las necesidades. Es esencial que el control promovido llegue a ser
eficaz sobre el imaginario colectivo, determinando as una situacin de crisis
difusa de la cual se intenta separar: 1) la parte del proletariado con la cual las
instancias de poder esperan negociar una garanta de produccin; 2) la inmensa
masa de los excluidos, de los no-asistidos (Guattari y Negri, 1999: 45-46).

Pero las consecuencias estn presentes en nuestros das de un modo
mucho ms evidente del que cabra imaginar. Guattari y Negri son conscientes
de ello y no vacilan al afirmar que durante todo el periodo revolucionario de
los 60 el objetivo de conseguir un mayor grado de libertad lleg a ser la
principal de las finalidades: Las luchas sociales que han estallado en 1968 y
en los aos siguientes han conferido una gran fuerza a la toma de conciencia
de [...] los movimientos de reivindicacin de las diversidades
147
. [...] 1968

147
Al igual que la biodiversidad es necesaria para la conservacin del equilibrio en los sistemas vivos,
Bourdieu plantea la necesidad de pensar la sociedad en estos mismos trminos. Es decir, la necesidad
de preservar la diversidad cultural, social, informativa. Con el manido argumento de la
competitividad, se est acometiendo un sistemtico esfuerzo de empobrecimiento y homogeneizacin
(2001: 84). Se nos ocurre que una de las consecuencias ms caractersticas del fenmeno de la
supresin de la diferencia lo constituye la relativizacin del tiempo y del espacio. Esta actitud dejara
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



139
constituye tambin una magnfica reafirmacin de la democracia [...] El
anticapitalismo y el antisocialismo han llegado a ser la nica forma que
permite el renacimiento de la democracia (1999: 34-36)
148
. Asimismo, la
rebelin en los campos de la poltica y la ideologa, la rebelin cultural en el
campo de las costumbres, de las normas y de los modelos de vida, y la
rebelin acerca de los procesos polticos sobre el tercer mundo nos conducen a
hablar de la ms contundente actualidad (Casullo, Forster y Kaufman, 1999:
170 y ss.). En este mismo cruce de tensiones, se abre una nueva dimensin en
el debate, a tenor de la significacin que adoptan o debieran adoptar los
conceptos de territorialismo/regionalismo y universalismo. Percibimos que el
movimiento universalista de nuestra conciencia pblica, moral y poltica, se
tie de pluralidad de acentos, se expresa en pluralidad de lenguajes, y adopta
una tonalidad que reclama de prcticas locales y de tradiciones especficas.
Incluso la conciencia de lo global no puede pensarse sino en referencia a lo
local
149
: Resistmonos tanto a la demonizacin de la universalidad como la
de la diferencialidad y forcmonos a pensar de manera distinta intentando
integrar ese doble momento en una aprehensin ni exultante ni desesperada
(Thiebaut, 1999: 62-63). Entender el pluralismo es tambin entender de
tolerancia, consenso, disensin y conflicto (Sartori, 2001: 41). A decir de
Touraine:


reducido el mundo, sus culturas y sus lugares, a un mero objeto de consumo. Aug, en este sentido,
afirma: A los ojos de los occidentales, la India, el Tbet o el Shara existen antes que nada por el
turismo de aventura y el excursionismo (2003: 63). A este respecto, Braudel profetizaba, no sin una
cierta dosis de sarcasmo: Apresurmonos a viajar antes de que la tierra ofrezca por doquier el mismo
aspecto! (1968: 90).
148
Esta afirmacin nos resulta un tanto sorprendente si atendemos a los argumentos propuestos por
Micha: El capitalismo slo es viable histricamente si las comunidades donde se impone su poder
son los suficientemente slidas y vitales para contener en s mismas los efectos antropolgicamente
destructores de la economa autonomizada (2002: 25). La afirmacin, simultneamente, contendra
un principio de esperanza, contrariamente a lo afirmado por Guattari y Negri, pero tambin una
descripcin del proceso histrico en curso. En este sentido, coincide con la argumentacin de una
evolucin en ciclos de avance y regresin propuesta por Hobsbawm y que hemos referido
anteriormente.
149
Castells y Borja desarrollan ampliamente esta tesis en Local y global (2004).
140
Se tratara () de la progresiva separacin del sistema econmico (y sobre
todo de la economa financiera) de un conjunto social en el cual debera estar
integrado, y de unas reacciones sociales, culturales y polticas que cada vez se
hacen ms identitarias, es decir, fundadas sobre la afirmacin de ciertos
intereses que ya no son econmicos, sino que se alimentan de su propia
conciencia colectiva (ya sea tnica, nacional o religiosa). El mundo no tiende a
unificarse, sino ms bien a fragmentarse (1999: 26-27).

De nuevo nos vemos obligados a retomar, en parte, la cuestin del
papel de los nacionalismos (Greenfeld, 1999) centrpetos y centrfugos en la
(post)modernidad, entendidos como la afirmacin en lo [aparentemente]
diferencial frente a las amenazas de la tecnologa. En este sentido, la gente
inmersa en batallas de identidad teme ms a la victoria definitiva que a una
sucesin de derrotas
150
. La construccin de la identidad es un proceso
inacabable y siempre incompleto y debe seguir sindolo para cumplir su
promesa o, ms exactamente, para mantener la credibilidad de su promesa de
cumplimiento (Bauman, 2003: 78). El proceso de conseguir le gusta [al
hombre], pero la consecucin en s misma no tanto y esto, naturalmente,
resulta terriblemente cmico (Dostoievski, 2004: 55). A decir de Wellmer:

No deben considerarse como posiciones abstractas [regionalismo y
universalismo], sino ms bien como dos polos opuestos en un campo dialctico
de fuerzas. La defensa de lo particular no es posible si adopta la forma de una
pura conservacin. [...] Antes su defensa slo es posible si lo particular
amenazado y condenado al silencio tiene una oportunidad de levantar su voz y
de hacer valer esa voz y con ello a la vez sus fuerzas, talentos, perspectivas y
tradiciones especficas en el concierto de las muchas voces diversas. El

150
Hobsbawm (1998: 40) considera el nacionalismo, asociado a los estados-nacin y los movimientos
nacionalistas como un invento del siglo XIX. En su anlisis indica en qu medida la tarea de
construccin de la identidad nacional corresponda al falso anlisis de los hechos y hace la siguiente
propuesta: Una de las tareas de las que deben ocuparse los historiadores profesionales es
precisamente la de desmantelar dichas mitologas, a menos que se contenten como creo que les
ocurre a menudo a los historiadores nacionalistas con ser esclavos de los idelogos. En esta lnea,
Taylor (1994: 204), considera los nacionalismos como una consecuencia de la modernidad: El
nacionalismo es consecuencia del maremoto de la modernizacin que barri Europa en el siglo XIX.
[] El nacionalismo es una reaccin compensatoria ante la desigualdad de desarrollo.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



141
universalismo es, en un sentido de la palabra, nuestro destino, y en otro nuestra
tarea [...]. [El] pluralismo de voces, individualidades y capacidades [...] es el
enemigo natural y el nico enemigo efectivo de la igualacin tecnolgica y la
destruccin tecnolgica (1996: 286-287)
151
.

Finalizado el debate en caliente, la situacin se traslada hacia otras
latitudes en las que se gira en torno a nuevos desafos tericos. Se produce una
eclosin de afirmaciones que proclaman el fin de las ideologas
152
y el fin de la
Historia (Niethammer, 1989 y Fukuyama, 1992)
153
. No obstante, y sin temor a
equivocarnos, debemos apuntar que en la mayora de las ocasiones en las que
estas afirmaciones salen a la luz, cabe la posibilidad de la contestacin y el
argumento opuesto. Asimismo algunas de estas ideologas, la neoliberal, por
ejemplo y como demostraremos posteriormente, no slo no ha dejado de
extenderse, sino que ha calado en una parte significativa de la opinin pblica.
En el mbito neoconservador, muy a menudo, se sostiene que nos
encontramos frente al ocaso incontenible de todas las ideologas (Maldonado,

151
Los derechos de la humanidad vienen a aumentar las obligaciones que la idea de la posteridad
moral del gnero humano impone a los individuos y a los pueblos. El cosmopolitanismo abarca la
serie de todas las generaciones por venir, cuya consideracin se impone como un deber de las
generaciones presentes, obligndolas a salir de su egosmo y particularismo y a convertir su propio
porvenir en norma de sus actuaciones (Carvajal Cordn, 1999: 57-58).
152
Bourdieu afirma: La historia ha agotado el universo de las soluciones polticas posibles. En este
espacio poltico finito con sus vas todas ya exploradas que no llevan a ninguna parte, como el
fascismo, continuacin ahora imposible de la democracia liberal por otros medios, o que, como el
comunismo, en el mejor de los casos slo llevan al mismo punto, es decir, al crecimiento, y a un
precio incomparablemente ms elevado [al menos para los antiguos dominantes], las ideologas han
acabado y, fuera del reformismo ilustrado, slo quedan las utopas (2004: 171). Nos parece
interesante resaltar estas palabras de Bourdieu, en la medida en que responden, en parte, a un
sentimiento generalizado en la dcada de 1970. Ahora bien, el matiz de la reflexin que nos parece
ms atractivo es aquel en el que liga la falta de una alternativa ideolgica al despliegue sin remisin
del liberalismo: Una vez desechadas todas las alternativas superadas, slo queda la evidencia de la
opcin forzada, la del crecimiento y de la planificacin liberal (2004: 172).
153
Originalmente la idea principal desarrollada por Fukuyama en su libro sali a la luz en forma de
artculo en una publicacin en Washington: The end of History. The National Interest (1989).
Asimismo, como apunta Anderson (2000: 11), este trabajo apareci slo dos meses despus de la
publicacin del de Niethammer y, presumiblemente, sin conocimiento previo del trabajo del autor
alemn. En este sentido son trabajos simultneos: La tesis central de su ensayo original era, por
supuesto, que la humanidad ha alcanzado el punto final de su evolucin ideolgica con el triunfo de la
democracia liberal a la manera de Occidente sobre sus presuntos mulos en las postrimeras de nuestro
siglo. El fascismo, otrora un rival poderoso, fue abatido de una vez por todas en la Segunda Guerra
Mundial. El colapso del comunismo, el gran adversario de la postguerra, resultaba evidente, pues
ceda como sistema ante el capitalismo, que antes pretenda vencer (Anderson, 2000: 12).
142
1990: 61). A decir de Benjamin: Articular histricamente lo pasado no
significa conocerlo tal y como verdaderamente ha sido. Significa aduearse
de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro (1989: 180).
Estos argumentos vienen a construir la confirmacin de este otro: La
realidad, cuando se ve desde el punto de vista de los perdedores, ofrece otro
balance radicalmente opuesto al de Fukuyama (Mar Sez, 1999: 141). En
este sentido, segn Ignacio Ramonet: la teora de el fin de la historia, por
Francis Fukuyama y la del choque de civilizaciones de Samuel Huntington
[] han mostrado rpidamente sus debilidades y sus carencias ante la
complejidad de la catica situacin contempornea (1997: 240).

A pesar de esta matizacin necesaria, el fenmeno caracteriza de modo
singular el estado de nimo postmoderno. Es a finales de la dcada de los
ochenta cuando aparece en escena la idea del final de la historia, de la mano
del filsofo alemn Lutz Niethammer (1989). Asimismo, la repercusin de la
teora de Niethammer se fundamenta en la profundidad de su anlisis histrico
y habra que rastrear sus claves y planteamientos en un momento histrico
anterior, que hunde sus races en el final de Segunda Guerra Mundial. Este
hecho, asimismo, nos reafirma en la observacin realizada de que el perodo
postmoderno no es, en absoluto, un perodo completamente determinable
desde un punto de vista exclusivamente temporal:

En aquella poca un nmero abrumador de pensadores plante que la historia se
acercaba a su fin. En una brillante hazaa de reflexin intelectual, Niethammer
saca a la luz los lazos o las afinidades ocultas, culturales o polticas, entre una
serie de pensadores de aquel perodo, que por lo dems se muestran distantes:
Henri de Man, Arnold Gehlen, Bertrand de Jouvenel, Carl Schmitt, Alexandre
Kojve, Ernst Jnger, Henri Lefbvre y, en ciertos aspectos, incluso Walter
Benjamin y Theodor Adorno. El trmino francs posthistoire, que se emplea en
alemn, fue adoptado en los aos cincuenta por Gehlen a partir de su lectura de
Henry de Man. Para Niethammer represent no tanto un sistema terico como
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



143
una estructura de sentimiento, el precipitado de cierta experiencia histrica
comn (Anderson, 2000: 8).

La descripcin de nuestra experiencia actual en trminos de
posthistoricidad supone ciertamente un riesgo, pues parece dar en un
sociologismo simplificador del que a menudo son culpables los filsofos
154
.
La condicin que Gehlen llama posthistrica no slo refleja una fase extrema
de desarrollo de la tcnica, a la cual no hemos llegado pero que
razonablemente cabe esperar (Vattimo, 1987: 15). A decir de Raymond Aron
(en Anderson, 2000: 63) el final de la historia es para los hombres como la
prdida de la vivencia histrica y explica: El concepto de la historia no est
necesariamente ligado a la hiptesis de un orden total. [...] Vivir
histricamente es preservar, re-vivir y juzgar la existencia de los propios
antepasados y de sus sociedades (Aron, 1948: 19 y ss.). Con la destruccin
que algunos quieren de la historia, incluso el acontecimiento contemporneo
se pierde inmediatamente en una lejana fabulosa, entre relatos imposibles de
verificar, estadsticas incontrolables, explicaciones inverosmiles y argumentos
insostenibles (Debord, 2003b: 28). Las terribles experiencias de este siglo nos
hacen desconfiar de las utopas y de las empresas megalmanas y salvadoras.
En este sentido, nos parece enormemente esclarecedora la reflexin de Aug,
puesto que propone una interesante conexin entre el pasado, el presente y el
futuro de los acontecimientos histricos. Asimismo, este fragmento constituye
una suerte de resumen de muchos de los elementos argumentativos que hemos
considerado hasta el momento:

La historia resulta desalentadora cuando sus tartamudeos la privan de sentido.
La locura de la historia es una locura de episodios repetitivos. Los horrores se
repiten. Los progresos de la tecnologa no hacen ms que amplificar sus
efectos. La Primera Guerra Mundial fue testigo de la masacre de millones de

154
Acerca del papel que desempean los filsofos, Rorty afirma: Todo lo que nosotros los filsofos
podemos hacer es, sospecho, agudizar los temas conflictivos un poco (1998: 99).
144
jvenes, unos jvenes de quienes seguimos sin atrevernos a decir que
murieron para nada, como no fuera para crear las condiciones de una nueva
masacre veinte aos despus. Lo absoluto del terror y del horror se alcanz
con la Segunda Guerra Mundial, con los campos de la muerte y con las armas
de destruccin masiva. Hoy, los cementerios de Normanda y la lnea Maginot
se han convertido en lugares tursticos. A juzgar por cmo se concentran las
masacres y las destrucciones en el de ahora en adelante Tercer Mundo, uno se
dice que el nuevo orden mundial, global, no es sino la recurrente figura del
horror a escala planetaria (Aug, 2003: 154).

El pasado y el presente no son ms que una masa de hechos en bruto, o
de materiales empricos. Por este motivo, somos nosotros los que debemos
avalarlos crticamente. La historia es, constantemente, creacin y destruccin
(Castoriadis, 1990: 128 y ss.). Al hilo de estas argumentaciones, desde una
perspectiva mucho ms pesimista, Cioran afirma: La Historia, marco donde
realizamos lo contrario de nuestras aspiraciones, donde las desfiguramos sin
cesar, no es, evidentemente, de esencia anglica. Pero carecer de grandes
proyectos no es ninguna liberacin. Sin ellos, el presente se desmigaja en la
repeticin o en la insignificancia (Marina, 2000b: 209-210). La proliferacin
del discurso relativista en lo espistmico, esttico, metodolgico y tico se
erigira como la causa ltima de esta actitud (Sokal y Brickmont, 2002: 63 y
ss.).

2.3.5. La fractura definitiva

De acuerdo con lo sealado anteriormente nos ocuparemos ahora del
anlisis de los elementos generales del fenmeno, detenindonos en aquellas
lneas de razonamiento que nos interesan de manera especial. En otras
palabras, volveremos al enfrentamiento suscitado alrededor de la ruptura con
la modernidad y su proyecto emancipador del hombre.

Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



145
Estn aquellos que, como Habermas, siguen sosteniendo el proyecto, ms all
de una fuerte dosis de escepticismo en cuanto a los objetivos, una gran
angustia con respecto a la relacin entre medios y fines, y cierto pesimismo en
cuanto a posibilidad de llevar a cabo ese proyecto en las actuales condiciones
econmicas y polticas. Y luego estn aquellos y esto, como veremos, es el
ncleo del pensamiento filosfico postmodernista- que insisten en la
necesidad de abandonar por completo el proyecto de la Ilustracin
155
en
nombre de la emancipacin del hombre. La posicin que adoptemos
depender de cmo nos expliquemos el lado oscuro de nuestra historia
reciente y de si lo atribuimos a los defectos de la razn de la Ilustracin o ms
bien a un error en su aplicacin (Harvey, 1998: 29).

Las consecuencias o resultados de este, en ocasiones, agrio debate son
las que configuran o dan forma a los propios lmites de la postmodernidad. El
espacio entre sta y la modernidad se nos antoja demasiado amplio como para
poder ser sometido a un examen exhaustivo. En otras palabras, en algunos
aspectos el salto de una perspectiva a otra se produce sin las necesarias
cautelas. Desde un punto de vista lgico, no es comprensible que los
posicionamientos tericos oscilen de tal suerte, que sea imposible establecer
un trmino medio o una evolucin menos abrupta. Antes apuntbamos que La
condicin postmoderna de Lyotard supuso un hito en cuanto a la percepcin
consolidada del fenmeno postmoderno. De algn modo, Lyotard es el
primero que, de forma contundente, tratar de certificar la defuncin del
proyecto modernista. En este sentido, supuso la afirmacin de su invalidez a
causa de los razonamientos ya explicados, que oponan serias e incluso
razonables dudas a los planteamientos de la modernidad. De este modo,

155
A este respecto Vattimo precisa: La Aufklrung no es slo una etapa o un momento preparatorio
de la emancipacin, sino su esencia misma. La sociedad de las ciencias humanas es aquella en la que,
finalmente, lo humano ha llegado a ser objeto de conocimiento riguroso, vlido, verificable. La
importancia que revisten, en el programa de emancipacin ilustrado, aspectos como el de la libertad
de pensamiento o el de la tolerancia no obedece slo ni principalmente a una reivindicacin general de
libertad, sino ms bien, a la asuncin de que una sociedad libre es aquella en la que el hombre puede
hacerse consciente de si mismo en una esfera pblica: la de la opinin pblica, no estorbada por
dogmas, prejuicios o supersticiones (1998: 97).
146
Lyotard denuncia la perspectiva de la crtica dialctica defendida durante
medio siglo por la escuela de Frankfurt, en su esencia conceptual plenamente
moderna
156
, de la que Habermas es heredero. De este modo afirma: No
parece posible, [] como hace Habermas, la elaboracin del problema de la
legitimacin en el sentido de la bsqueda de un consenso universal por medio
de lo que l llama el Diskurs
157
, es decir, el dilogo de argumentaciones
(Lyotard, 2004: 116-117).

El que [Lyotard] qestiona del projecte modern s la perspectiva en qu el situa
Habermas de construir una teoria de la racionalitat que tracta dinterrelacionar
els diferents mbits: cientfic, tic i esttic
158
(Campillo, 2001: 65).

Las reacciones a favor y en contra del texto registraron un momento de
especial controversia, cuando Habermas pronuncia su polmico discurso La
modernidad, un proyecto inacabado
159
. En muchos sentidos, ambos textos son
como las esquinas diametralmente opuestas de dos posturas irreconciliables
que no encuentran puntos de acercamiento. Aunque en su ensayo Habermas
comienza admitiendo que el proyecto modernista ha perdido vigencia, se

156
La investigacin social practicada por la teora crtica, se propone como teora de la sociedad
entendida como un todo: de ah la polmica constante contra las disciplinas sectoriales, que se
especializan y que diferencian progresivamente distintos campos de competencia. Al obrar as estas
ltimas [] se encuentran desviadas de la comprensin de la sociedad como totalidad, y acaban
desarrollando una funcin de conservacin del orden social existente (Wolf, 2000: 91).
157
El concepto de conocimiento como representacin est asociado al concepto de verdad como
correspondencia. Cuando abandonamos uno, no podemos retener el otro. Si el lenguaje y la realidad se
interpenetran de un modo que resulta indisoluble para nosotros, la verdad de una sentencia slo puede
justificarse con la ayuda de otras sentencias que damos ya por verdaderas (Habermas, 2003: 79).
Siguiendo a Halliday (1978): El lenguaje es controlado por la estructura social y la estructura social
es mantenida y transmitida a travs del lenguaje (Citado en: Marina, 1999: 70).
158
[Lo que [Lyotard] cuestiona del proyecto moderno es la perspectiva en la que lo sita Habermas de
construir una teora de la racionalidad que trata de interrelacionar los diferentes mbitos: cientfico,
tico y esttico.]
159
Como el propio Habermas describe (2002: 373), el texto es el de la conferencia pronunciada el 11
de septiembre de 1980, con motivo de la concesin del premio Adorno de la ciudad de Frankfurt.
Posteriormente, Habermas reelaborar su propuesta en su texto El discurso filosfico de la
modernidad. Tal y como explica Sevilla (2000: 44-45): La intervencin de Habermas de 1985 vuelve
a poner de manifiesto la estrecha vinculacin que existe entre la actitud que se adopta hacia la
modernidad filosfica y la actitud terica con la que se realiza el diagnstico de nuestra poca. []
Habermas considera que Adorno y Horkheimer infraestiman el potencial racional de las ciencias
empricas al entenderlas slo como razn instrumental puesta al servicio de la dominacin sobre la
naturaleza, y sobre la propia humanidad.
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



147
niega a aceptar la imposicin de una posmodernidad ofrecida como una
antimodernidad (Habermas, 2002: 373).

Los escritores como Condorcet, seala Habermas, estn imbuidos de la
extravagante expectativa de que las artes y las ciencias promoveran no slo el
control de las fuerzas naturales, sino tambin la comprensin del mundo y la
persona, el progreso moral, la justicia de las instituciones y hasta la felicidad
de los seres humanos (Harvey, 1998: 28).

De este modo, el terico alemn apunta como principal problema de
esta situacin, transitoria desde su punto de vista y sus propuestas, el
distanciamiento entre la experiencia vital y las instituciones, ya que no es
posible liberar la vida cotidiana racionalizada de la rigidez del
empobrecimiento cultural (Habermas, 2002: 391). Desde esta perspectiva,
aboga por invertir la relacin desequilibrada que existe entre los subsistemas
de la racionalidad que caracterizan a los tipos de modernizacin que han
tenido lugar hasta ahora, el capitalista y el socialista burocrtico. Y en
particular lo que debe perderse es la dominacin del susbsistema de la
racionalidad cognitivo-instrumental (Jay, 2001: 210). sta es la base de la
teora de la accin comunicativa. En la base de la accin comunicativa se
encuentra la cuestin de la posibilidad de una generacin consensual, o sea
democrtica, de valores y normas en el mundo de la vida. El autor alemn
desarrolla estos preceptos en los aos 60 y 70 y podemos observar como
queda refrendada con la siguiente reflexin:

La peculiar base experimental de las teoras de la accin, habra ms bien que
investigarla previamente desde el punto de vista transcendental de bajo qu
condiciones se constituyen las experiencias comunicativas en general. Punto de
partida de tales anlisis no es ya la situacin de la investigacin, sino la red de
interacciones en que tambin la prctica de la investigacin est inserta. Se trata
de las condiciones transcendentales de la intersubjetividad de los sistemas de
148
accin mediados por el lenguaje en general, es decir, de la estructura lgica del
mundo social de la vida, el cual posee para la investigacin un doble significado
(Habermas, 2002c: 179).

Esto, no obstante, slo supone el punto de partida para anunciar que en
ningn caso se tendra que renunciar a los fines planteados por el programa de
la modernidad. Al afirmar que en Europa siempre se ha manifestado la
conciencia de una nueva poca por mediacin de una relacin renovada con la
antigedad (Habermas 2002: 375), el autor confirma que se ha producido un
cambio de situacin en los aos precedentes, pero siempre dentro del mbito
de una renovacin de la propia modernidad: Creo que debemos aprender de
los extravos que han acompaado al programa de la Modernidad y de los
errores del desvariado programa de superacin en lugar de dar por perdida la
Modernidad y su proyecto (Habermas, 2002: 393)
160
. Abandonar un punto de
vista que es, si no trascendental, por lo menos universalista, le parece que es
como traicionar las esperanzas sociales que han sido centrales para la poltica
liberal (Rorty, 2001: 255). Sera injusto, pues, no admitir la parte de culpa
correspondiente en el estrepitoso fracaso que supone la frustracin de las
esperanzas en el presente y el futuro.

Habermas admite incluso, con resignacin, los fracasos histricos de la
vanguardia esttica en su intento por conectar el dominio artstico con el
mundo de la vida y admite tambin una fractura capital de este mismo
discurso, ya detectada por sus maestros frankfurtianos, y confunde a muchos
de sus comentadores en una especie de indiferenciacin, que asimila

160
Hobsbawm va ms all al considerar una anomala psquica la incapacidad de aprender de los
propios errores: No podemos dejar de situarnos dentro del continuo de nuestras vidas, de la familia y
del grupo al que pertenecemos. No podemos evitar comparar el pasado y el presente: esa es la funcin
de los lbumes de fotos y de las pelculas caseras. No podemos evitar aprender de todo ello, porque
ese es precisamente el significado de la palabra experiencia. Es posible que aprendamos cosas
equivocadas y para decirlo sin rodeos, eso es lo que solemos hacer, pero si no aprendemos, o si no
hemos tenido la oportunidad de aprender o nos hemos negado a aprender de cualquier pasado que
fuera vlido para nuestros propsitos, es que, en ltimo extremo, padecemos alguna anomala
psquica (1998: 38).
Globalizacin, cronopoltica y propaganda de guerra:
aproximacin al pensamiento crtico de Paul Virilio



149
perversamente a Foucault, Derrida, los postestructuralistas y los nuevos
filsofos franceses bajo la categora de pensamiento neoconservador
161
(Ruiz
de Samaniego, 2004: 11)
162
. No obstante, esta afirmacin podra tener un
punto de apoyo importante en la afirmacin hecha por Jameson: toda
posicin posmodernista en el mbito de la cultura ya se trate de apologas o
de estigmatizaciones es, tambin y al mismo tiempo, necesariamente, una
toma de postura implcita o explcitamente poltica sobre la naturaleza del
capitalismo (1995: 14).

Asimismo, Habermas aboga por la integracin de todos los dominios
del conocimiento especializado en un marco comn enraizado en la
experiencia cotidiana, donde, supuestamente, se podra dar la integracin
entre formas de pensamiento y formas de expresin material (Ruiz de
Samaniego, 2004: 11). En este sentido, asigna el ideal de autotransparencia a
la comunicacin social
163
y a las ciencias humanas, con un carcter no slo

161
Habermas considera el pensamiento postmoderno como antimoderno y neoconservador
(Berciano: 1998: 31). En efecto, Habermas, no sin cierta amargura e irona, construye una
clasificacin en tres niveles, en los que incluye a todos los que, en funcin de su apreciacin, le han
dado la espalda a la Modernidad: Los jvenes conservadores se apropian de la experiencia
fundamental de la Modernidad esttica, del descubrimiento de una subjetividad descentrada, liberadas
de todas las limitaciones de la cognicin y de la actividad finalista, de todos los imperativos del
trabajo y de la rentabilidad. Y, tras habrsela apropiado, ignoran el mundo moderno. [...] Los viejos
conservadores no se dejan contagiar en modo alguno por la Modernidad cultural. Persiguen con
desconfianza la destruccin de la razn sustantiva, la diferenciacin crtica, la moral y el arte, la
comprensin moderna del mundo y su racionalidad puramente procedimental y recomiendan un
retorno a las posiciones anteriores a la Modernidad. [...] Los neoconservadores son los que se
comportan de un modo ms claramente afirmativo en relacin con los logros de la Modernidad. [...]
Una tesis sostiene que, para la orientacin