Blos Organizacion Pulsional Preadolescente
Blos Organizacion Pulsional Preadolescente
Organizacin pulsional
preadolescente*
Uno de los principios bsicos del psicoanlisis ha sido
siempre comprender el comportamiento humano, en cualquier
estadio, en relacin con los acontecimientos precedentes, con
temporneos y previstos, o concebirlo como un momento
dentro de un continuo de experiencia psquica. Este concepto
evolutivo ha echado luz sobre aquellos complejos procesos de la
adolescencia que, en un pasado no demasiado remoto, nica
mente eran vinculados con el advenimiento de la maduracin
sexual. El enfoque gentico de las investigaciones en este cam
po ha hecho que el comportamiento adolescente revelara algo
de su naturaleza sacando a luz algo de su historia.
Los Tres ensayos de teora sexual (Freud, 19056) estable
cieron las pautas de la secuencia de desarrollo psicosexual; ade
ms, pusieron de relieve que una caracterstica del desarrollo
sexual del ser humano es su acometida en dos tiempos. Se exa
min en detalle las primeras fases de desarrollo de las pulsiones
y de organizacin de las zonas ergenas, y en los ltimos tiem
pos se estableci con mayor precisin su coordinacin con la
formacin de la estructura psquica. Es un hecho notable que
aunque el segundo gran estadio del desarrollo psicosexual, la
pubertad, ha sido explorado en sus aspectos ms generales, to
dava se carece al respecto de una teora comprehensiva y de
una elaboracin de sus pautas de secuencia. En lo que sigue
tratar de integrar la observacin y la teora correspondientes a
un pequeo sector de la psicologa adolescente: el de la preado-
lescencia.
La conocida afirmacin de que la adolescencia es una re
edicin o recapitulacin de la niez temprana slo tiene
sentido en cuanto destaca el hecho de que la adolescencia
incluye elementos de las fases de desarrollo previas, del mismo
modo que cualquier otra fase anterior del desarrollo psicose
xual es influida en grado significativo por el desarrollo pul
sional y yoico precedente. El requisito para ingresar en la fase
adolescente de organizacin pulsional y yoica reside en la con
solidacin del perodo de latencia; si ella no se produce, el p
ber no vivencia sino una intensificacin de las caractersticas
previas a la latencia, y exhibe un comportamiento infantil que
* Publicado originalmente en Journal of the American Psychoanalytic Asso-
ciation, vol. 6, pgs. 47-56, 1958.
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tiene el carcter de una detencin ms que el de una regresin.
Sera interesante delinear los logros fundamentales de la laten-
cia que son condicin previa para un avance exitoso hacia la
adolescencia. En nuestro trabajo analtico prestamos de hecho
particular atencin principalmente cuando tratamos a pa
cientes que se hallan en los comienzos de la adolescencia a
aquellos dficit de la latencia que impiden que sobrevengan los
conflictos propios del adolescente. Cuando la latencia no ha si
do establecida de manera satisfactoria y el paciente muestra
sustanciales retrasos en su desarrollo, complementamos o pro
longamos el anlisis con empeos educativos tendientes a que
se alcancen algunos de esos logros fundamentales. En verdad,
esto se pone en prctica con ms frecuencia de !o que suele ad
mitirse; el gran nmero de nios atendidos que presentan re
tardos o desviaciones en su desarrollo yoico ha otorgado legiti
midad, a lo largo de los aos, a la ampliacin de los alcances
del psicoanlisis en lo tocante al trabajo con nios y adoles
centes.
Ejemplo
Un nio de diez aos, bien desarrollado, presentaba dificul
tades para el aprendizaje, inadaptacin social e ideas extrava
gantes; repentinamente manifest el deseo de dormir en la ca
ma de su madre y de que su padre se abstuviera de acercarse a
ella. Pretenda que la madre lo abrazara y besara, o, en otros
momentos, que lo cogiera en brazos como si l fuera un nio
pequeo o lo sentara en su regazo. L a madre tenda a avenirse
a sus deseos. Pareci esencial que, desde el comienzo del anli
sis del nio, la madre desarrollara una resistencia a sus tanteos
sexuales y aprendiera a frustrarlo al par que le ofreca gratifi
caciones sucedneas compatibles con su edad. Que fuera la
madre y no el padre quien pusiera activamente lmites a ia
concrecin de sus deseos edpicos obr de manera decisiva
sobre la reaccin del nio.
Frente a las prohibiciones de la madre, el chico reaccion
reprimiendo sus deseos edpicos y evidenciando una triste resig
nacin. Comenz a ocuparse compulsivamente de las tareas es
colares: llenaba un cuaderno de ejercicios tras otro, controlan
do sin cesar sus respuestas. Esta conducta compulsiva serva de
defensa contra fantasas de represalia anales, dirigidas contra
la madre frustradora; esas fantasas eran actuadas en relacin
con las madres de sus compaeros de colegio. Slo despus de
haber reelaborado en el anlisis esta regresin y desplazamien
to, apareci el material edpico: la angustia de castracin pas
a primer plano a travs de la desmentida, l a proyeccin y el
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pensamiento confuso. El nio encamin su inters hacia temas
vinculados con la castracin, que en su mayora procedan de
la Biblia: el sacrificio de un cordero en la Pascua, el Seor que
destruir al primognito en la tierra de Egipto, la matanza
de nios ordenada por Herodes en Beln, el temor a la presen
cia de un toro salvaje en las cercanas de su casa de campo.
Creo que sin el agregado de una injerencia educativa (la re
nuencia de la madre a satisfacer sus deseos sexuales infantiles),
el anlisis de este nio no habra sido posible.
Diferencias en el desarrollo del nio y la nia
preadolescentes
Abordemos ahora el estado de la p readolescencia., cuya apa
ricin marca, en el caso tpico, el final del perodo de latencia.
Es un hecho bien conocido que a comienzos de la pubertad! se
observa un desarrollo psicolgico muy distinto en el varn y la
mujer. L a desemejanza entre los sexos es notable; la psicologa
descriptiva ha dedicado amplia atencin a este perodo y se ha
enriquecido con un cmulo de datos de observacin significati
vos. En el varn, nos sorprende el camino indirecto que
emprende, a travs de la investidura pulsional pregenital, ha
cia una orientacin genital; la nia se vuelca hacia el otro sexo
mucho ms pronta y enrgicamente. Decir que el aumento
cuantitativo de las mociones pulsionales durante la preadoles
cencia conduce a una investidura indiscriminada de la pregeni-
talidad slo es correcto con referencia al varn; en este, el re
surgimiento de la pregenitalidad marca, en efecto, el final del
perodo de latencia. En la nia suele observarse que ese resur
gimiento es mucho ms moderado, hecho que revela, por su
propia ndole de tctica diversiva (la exteriorizacin de las pul
siones es indirecta), que esta coyuntura del desarrollo constitu
ye una crisis ms compleja para ella que para el varn.
En este particular estadio de la adolescencia masculina ob
servamos un aumento de la motilidad difusa (agitacin, impa
ciencia, desasosiego), as como de la voracidad oral, las activi
dades sdicas, las anales expresadas en placeres coproflicos, y
el lenguaje sucio. Hay una desidia en materia de limpieza,
1 El trmino pubertad" se usa aqui para designar la manifestacin fsica de
la maduracin sexual; vale decir, la prepubertad" es el periodo que precede in
mediatamente al desarrollo de las caractersticas sexual* primarias y secunda
rias. El trmino adolescencia" denota los procesos psicolgicos de adaptacin
al estado pber; o sea que la preadolescencia puede continuar durante un tiem
po excesivamente largo y no resultar afectada por el progreso de la maduracin
fsica.
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una fascinacin por los olores y una hbil produccin de ruidos
onomatopyicos. Un muchacho de catorce aos que haba ini
ciado su anlisis a los diez lo expres muy bien al decir, retros
pectivamente: A los once mi mente estaba puesta en la mugre,
ahora est puesta en el sexo; esto es muy dferente*\
Ya hemos adelantado que la nia preadolescente no muestra
las mismas caractersticas que el muchacho; o es un mari
macho, o es una pequea dama. El nio preadolescente se es
capar tmidamente de esta joven Diana que despliega su en
canto y seduccin mientras recorre el bosque con una jaura de
sabuesos. Se utiliza la referencia mitolgica para apuntar el as
pecto defensivo de la investidura pulsional pregenital del va
rn, a saber, su evitacin de la mujer castradora, de la madre
arcaica. A partir de las fantasas, juegos, sueos y conducta
sintomtica de los varones preadolescentes, he llegado a la
conclusin de que la angustia de castracin vinculada con la
mujer flica no slo es un hecho universal de la preadolescencia
masculina sino que puede considerarse su leit motiv. Esta ob
servacin recurrente, se debe acaso a que vemos en el anlisis
a tantos varones adolescentes con impulsos pasivos, provenien
tes de familias en las que hay una madre fuerte resuelta a mo
delar a sus hijos en consonancia con sus fantasas de toda la vi
da? Esas posibilidades merecen nuestro cuidadoso examen.
Ejemplo
En los sueos de un chico de once aos obeso, sumiso, inhibi
do y compulsivo apareca una y otra vez una mujer desnuda.
El no recordaba muy bien las partes inferiores de su cuerpo,
apenas entrevistas; el seno ocupaba el lugar del pene, ya sea co
mo rgano erctil o excretorio. Los sueos de este chico eran
incitados siempre por sus experiencias en una escuela mixta
donde la competencia entre varones y mujeres le daba intermi
nables pruebas de la malicia de estas ltimas, su juego sucio
y su viciosa rapacidad. I nterpretada dentro de este contexto, su
compulsiva reafirmacin mediante la actividad masturbatoria
dio origen en l a un trastorno del dormir, con la idea predomi
nante de que durante la noche su madre podra matarlo.
L a angustia de castracin, que haba llevado a la fase edpi-
ca de este muchacho hacia su declinacin, volvi a alzar su
horrible rostro con el comienzo de la pubertad. En la fase pre
adolescente de la pubertad masculina podemos comprobar que
la angustia de castracin se vincula con la madre flica, aun
que se la vivencie en relacin con las mujeres en general. Los
impulsos pasivos son hipercompensados y la defensa contra la
pasividad, en lneas generales, recibe poderoso auxilio de la
propia maduracin sexual (A. Freud. 1936). Sin embargo, an
tes de que se produzca un vuelco exitoso hacia la masculinidad,
es caracterstico que se recurra a la defensa homosexual contra
la angustia de castracin. Precisamente a esta particular y
transitoria resolucin del conflicto asistimos en el nio que se
halla en los comienzos de la adolescencia. L a psicologa
descriptiva ha titulado l a etapa de la pandilla a este tpico
comportamiento de grupo, y la psicologa dinmica se refiere a
l como la etapa homosexual de la preadolescencia.
Nada igual o semejante aparece en la vida de la nia. L a di
similitud en el comportamiento preadolescente de varones y
mujeres es prefigurada por la masiva represin de la pregenita-
lidad que la nia tiene que efectuar antes de poder pasar a la
fase edpica; de hecho, esta represin es el requisito previo para
el desarrollo normal de la feminidad. Al apartarse de su madre
debido a la desilusin narcisista vivenciada en s misma y en la
mujer castrada, la nia reprime las mociones pulsionales nti
mamente ligadas a sus cuidados maternales y la atencin que
aquella prestaba a su cuerpo vale decir, a todo el mbito de
la pregenitalidad. En su trabajo clsico sobre L a fase pre-
edpica del desarrollo de la libido, Ruth Mack Brunswick
(1940) afirma: Una de las mayores diferencias entre los sexos
es la enorme magnitud de la represin de la sexualidad infantil
en la nia. Salvo en estados neurticos profundos, ningn
hombre apela una represin similar de su sexualidad infantil
(pg. 246).
La nia que no puede mantener la represin de su pregenita
lidad se topar con dificultades en su desarrollo progresivo.
Consecuentemente, en los comienzos de la adolescencia suele
exagerar sus deseos heterosexuales y se apega a los varones, a
menudo en frentica sucesin. Helene Deutsch (1944) apunta:
Para las muchachas prepberes, el vnculo con la madre
representa un peligro mayor que el vnculo con el padre. La
madre es el mayor obstculo que se opone al deseo de la nia de
crecer, y sabemos que el infantilismo psquico que encontra
mos en muchas mujeres adultas es el resultado de un vnculo
irresuelto con la madre durante la pubertad (pg. 8).
Al examinar las desemejanzas entre la preadolescencia del
varn y la mujer, es preciso recordar que el conflicto edpico no
llega a su fin de manera tan abrupta y fatal en esta como en
aquel. Afirma Freud (1933): La nia permanece dentro de l
por un tiempo indefinido; slo despus lo derrumba, y aun as,
lo hace de manera incompleta (pg. 129). Por consiguiente, la
nia se debate contra las relaciones objetales de manera ms
intensa durante su adolescencia; de hecho, las prolongadas y*
penosas acciones que lleva a cabo para romper vnculos con su
madre constituyen la principal tarea en este perodo.
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Ya hemos sealado que el varn preadolescente lucha con la
angustia de castracin (temor y deseo) en relacin con la madre
arcaica, y, en consecuencia, se aparta del sexo opuesto; en
contraste con ello, la nia se defiende del impulso regresivo ha
cia la madre preedpica mediante un vuelco vigoroso y decisivo
a la heterosexualidad. No puede decirse que en este rol la pre-
adolescente sea femenina'*, ya que en el jugo del seudoamor
ella as, palpablemente la agresora y la seductora; en verdad,
el carcter flico de su sexualidad cobra prominencia en esta
etapa y durante un breve perodo le otorga un inusual senti
miento de suficiencia y complecin. El hecho de que entre los
once y los trece aos las nias sean, en promedio, ms altas que
los varones no hace sino acentuar esta situacin. Benedek
(1956) menciona los descubrimientos realizados en materia en-
docrinolgica: Antes de que madure la funcin procreadora y
se instale la ovulacin con relativa regularidad, domina la fase
del estrgeno, como para facilitar las tareas propias del de
sarrollo adolescente, vale decir, para establecer relaciones
emocionales con el sexo masculino (pg. 411). Helene Deutsch
(1944) se ha referido a la prepubertad de las nias como "el
perodo de mayor libertad respecto de la sexualidad infantil".
Este estado va acompaado normalmente de un vigoroso
vuelco a la realidad (Deutsch) que, a mi juicio, contrarresta
el resurgimiento de la organizacin pulsional infantil.
El conflicto especfico de la fase de la preadolescencia en la
mujer revela particularmente bien su naturaleza defensiva en
aquellos casos en que no se ha mantenido un desarrollo progre
sivo. Las mujeres delincuentes, por ejemplo, ofrecen una ins
tructiva oportunidad para estudiar la organizacin pulsional
preadolescente de la nia. Ya he citado la puntualizacin de
Deutsch en cuanto a que para las muchachas prepberes, el
vnculo con la madre representa un peligro mayor que el vn
culo con el padre. En el comportamiento delictivo femenino,
que en lneas generales constituye un acting out sexual, la fija
cin a la madre preedpica desempea un papel decisivo (vase
el captulo 11). De hecho, los actos delictivos son a menudo
precipitados por el fuerte impulso regresivo hacia la madre
preedpica y el pnico que crea esa capitulacin. En mi opi
nin, el vuelco de la nia hacia la actuacin heterosexual, que
a primera vista parece representar el recrudecimiento de de
seos edpicos, ante un examen atento muestra estar relaciona
do con puntos de fijacin anteriores, pertenecientes a las fases
pregenitales del desarrollo libidinal: se vivenci una frustra
cin excesiva, una estimulacin excesiva, o ambas cosas. La
seudoheterosexualidad de la muchacha delincuente acta co
mo defensa frente al impulso regresivo hacia la madre preed
pica Y si se resiste tan desesperadamente a este impulso, es
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porque en caso de ceder a l, ello producira una ruptura fatal
en el desarrollo de su feminidad, al recaer en una eleccin ho
mosexual de objeto. Al preguntrsele a una chica de catorce
aos por qu necesitaba tener diez novios al mismo tiempo, res
pondi con un gesto de virtuosa indignacin: Tengo que obrar
as. Si no tuviera tantos novios, ellos diran que soy una les
biana. El ellos de esta declaracin incluye la proyeccin de
las mociones pulsionales que la muchacha se empea tan vehe
mentemente en contradecir mediante su efusiva y provocativa
conducta.
L a quiebra producida en el desarrollo emocional progresivo
de la nia por el advenimiento de la pubertad constituye una
amenaza ms seria a la integracin de la personalidad en su ca
so que en el del varn. El siguiente fragmento de un historial
clnico ilustra el tpico colapso de la organizacin pulsional de
la muchacha preadolescente mediante el comportamiento de
lictivo, y pone de relieve la crucial tarca emocional que la ni
a debe cumplir normalmente en esta etapa para poder avan
zar hacia la adolescencia propiamente dicha.
Otro ejemplo
Nancy, una chica de trece aos, era una delincuente
sexual-. Mantena relaciones sexuales en forma indiscrimina
da con muchachos adolescentes, y atormentaba a su madre con
el relato de sus hazaas. Culpaba a esta ltima de su infelici
dad; desde la infancia haba experimentado sentimientos de so
ledad. Nancy crea que su madre nunca la haba querido tener
como hija, y que las incesantes exigencias que le planteaba
eran ilgicas. Nancy estaba obsesionada por su deseo de tener
un beb; todas sus fantasas sexuales apuntaban al tema de la
madre-beb y, bsicamente, a una abrumadora voracidad
oral. En uno de sus sueos, mantena relaciones sexuales con
varios adolescentes, y luego conceba 365 hijos, uno por cada
da del ao, de uno de ellos, a quien mataba de un tiro tras
lograrlo.
Su actuacin sexual ces por completo tan pronto se hizo
amiga de una joven y promiscua mujer casada de 22 aos, que
tena tres hijos y estaba nuevamente embarazada. En la amis
tad con esta novia-madre, Nancy encontr gratificacin para
sus necesidades orales y maternales, al par que era protegida
contra su capitulacin homosexual. Haca el papel de madre de
los hijos de su amiga, los cuidaba con devocin mientras esta
callejeaba. A los quince aos, Nancy emergi de esta amistad
convertida en una persona narcisista, bastante pundonorosa; le
2 Se informa con mayor extensin sobre este caso en el captulo 11.
i
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interesaba la actuacin teatral y asista a una escuela de teatro.
No consigui avanzar hasta el hallazgo de objeto heterosexual.
En el desarrollo normal de la mujer, la fase de la organiza
cin pulsional preadolescente est dominada por la defensa
contra la madre preedpica; esto se refleja en los numerosos
conflictos que surgen en este perodo entre madre e hija. El
progreso hasta la adolescencia propiamente dicha est signado
por el surgimiento de impulsos edpicos que al comienzo son
desplazados, y por ltimo extinguidos, mediante un Droceso
irreversible de desplazamiento al que Anny K atan (1951) con
mucha propiedad denomin "remocin del objeto. Esta fase
del desarrollo adolescente queda fuera de los alcances de la
presente comunicacin.
El caso de Dora 3
Una vez definida la organizacin pulsional preadolescente
en trminos de posiciones preedpicas, quiero ahora vincular
mis puntualizaciones con el primer anlisis de una muchacha
adolescente, el de Dora" (Freud, 1905). Esta tena diecisis
aos cuando acudi por primera vez al consultorio de Freud, y
dieciocho cuando inici el tratamiento con l. Una vez trazado
en su libro el cuadro clnico, Freud introduce un elemento que,
segn l mismo confiesa, no podr menos que enturbiar y
borrar la belleza y la poesa del conflicto que podemos suponer
en Dora. [...] Tras el itinerario de pensamientos hipervalentes
que la hacan ocuparse de la relacin de su padre con la seora
K. se esconda, en efecto, una mocin de celos cuyo objeto era
esa mujer; vale decir, una mocin que slo poda basarse en
una inclinacin hacia el mismo sexo (pgs. 59-60). Podramos
parafrasear la ltima parte diciendo: "que slo poda basarse
en una inclinacin de la nia hacia su madre. Leemos fascina
dos el relato que hace Freiid de la relacin de Dora con su go
bernanta, con su prima y con la seora K. Apunta Freud que
esta ltima relacin tuvo mayor efecto patgeno que la si
tuacin edpica, que ella "trat de usar como pantalla" para
ocultar un trauma ms profundo vinculado con su amiga nti
ma, la seora K., quien la haba sacrificado sin reparos a fin
de no verse perturbada en su relacin con el padre de Dora
(pg. 62). En sus conclusiones finales, Freud contina sealan
do que el hipervalentc itinerario de pensamientos de Dora,
que la haca ocuparse de las relaciones de su padre con la seo
ra K ., no estaba destinado slo a sofocar el amor por el seor
3 Se hallar un examen ms amplio del caso de Dora" en el captulo 19.
%
K ., amor que antes fue conciente, sino que tambin debia ocul
tar el amor por la seora K ., inconciente en un sentido ms
profundo (pg. 62).
Es corriente observar que en la adolescencia los impulsos
edpicos se hacen notar ms que las fijaciones preedpicas, las
cuales son a menudo, en verdad, de ms profundo alcance pa
tgeno. En el caso de Dora, se puso trmino al anlisis "antes
de que se pudiera arrojar luz alguna sobre este aspecto de su vi
da anmica. El adolescente nos hace saber una y otra vez que
necesita en forma desesperada asentarse en el nivel edpico
tener una orientacin apropiada a su sexp antes de que las
fijaciones previas puedan tornarse accesibles a la investigacin
analtica. Parece pertinente, en este sentido, la referencia a un
paciente que se hallaba en los comienzos de la adolescencia, un
muchacho pasivo que durante tres aos de anlisis (entre sus
once y trece aos) mantuvo pertinazmente la fantasa de que su
padre, un hombre tmido y apocado, era la figura fuerte e im
portante dentro de la familia. El padre poderoso, imagen
ilusoria de su imaginacin, le serva como defensa contra la an
gustia de castracin preedpica. Este chico nunca se permita
criticar al analista, cuestionar o poner en duda lo que este de
ca: su analista siempre tena razn. Ni siquiera se atreva a mi
rar la hora por temor a que se ofendiera. A la postTe, el anlisis
de la trasferencia sac a la luz su temor a las represalias del
analista y al dao que este podra causarle. El anlisis de la an
gustia de castracin abri el camino finalmente a las angustias,
mucho ms perturbadoras, vinculadas con la madre preedpi
ca. La reelaboracin de estas tempranas fijaciones dio por re
sultado una evaluacin realista aunque decepcionante del
padre. El mantenimiento de una situacin edpica ilusoria
parece enmascarar una fuerte fijacin preedpica.
Conclusiones
En esta breve comunicacin me he centrado en la organiza
cin pulsional de la preadolescencia, a partir de la cual el
derrotero conduce a alteraciones en dicha organizacin que
arraigan cada vez ms firmemente en la innovacin biolgica
de la pubertad: el establecimiento del placer del orgasmo. Esta
innovacin biolgica requiere un ordenamiento jerrquico de
las numerosas posiciones infantiles residuales que, por razones
individuales, han permanecido investidas y presionan para su
continua expresin y gratificacin. Tal ordenamiento da por
resultado, en definitiva, una patita sumamente personal de
placer previo. El concomitante desarrollo yoico parte, como
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siempre, de la organizacin pulsional existente y de su interac
cin con el ambiente. En consecuencia, podemos observar que
en la adolescencia priva asimismo la tendencia hacia un orde
namiento jerrquico de la organizacin yoica; en verdad, si es
te no se produce, sobrevendr en el individuo una carencia ge
neral de propsitos y de recursos propios, que en muchos casos
impide adaptarse a un trabajo estable. Es mi experiencia que
en estos casos hay que prestar cuidadosa atencin a la patologa
de la organizacin pulsional, lo cual puede requerir un largo
perodo de indagacin clnica y de trabajo analtico.
Abandonar aqu esta idea, antes de que me haga desbordar
los lmites del presente captulo. Si he enfocado un pequeo as
pecto del problema total de la psicologa adolescente, ha sido
en la creencia de que, a su turno, las grandes cuestiones y aspi
raciones de la adolescencia sern mejor comprendidas. Desde
la poca de los Tres ensayos" (Freud, 1905&), la inteleccin
psicoanaltica de esta etapa de la vida creci en forma sosteni
da. No obstante, an merecen repetirse las palabras de Freud
en la seccin de ese trabajo titulada Las metamorfosis de la
pubertad": Vemos con toda claridad el punto de partida y la
meta final del curso de desarrollo que acabamos de describir.
L as transiciones mediadoras nos resultan todava oscuras en
muchos aspectos; tendremos que dejar subsistir en ellas ms de
un enigma" (pg. 208). Hoy, con la misma urgencia que enton
ces, lo que clama por nuestra atencin es el problema de las
transiciones mediadoras.
7. La etapa inicial de la
adolescencia en el varn*
Antes de abordar el tema de este captulo, delimitar las di
mensiones conceptuales dentro de las cuales formular mis ob
servaciones. Esta introduccin parece conveniente, porque ella
me librar de tener que hacer referencia constante a nociones
moderadoras de los problemas que habr de examinar, y en
cuadrar a estos desde el vamos dentro del contexto de una
perspectiva amplia. Debo declarar desde ya que concibo a "in
dividuo" y ambiente como abstracciones operativas comple
mentarias, cuya influencia recproca constituye un proceso
continuo (vase el captulo 5). Por lo general se describe, en
puntos de interseccin decisivos, uno u otro sector del proceso
total, o sea, ora el hombre social, ora el hombre iastintivo.
L a mejor forma de estudiar el proceso total es hacerlo en trmi
nos de sistemas de interaccin o de procesos proyectivos-
introyectivos documentables, por decirlo as, dentro del yo, o,
ms concretamente, dentro del mundo yoico de representa
ciones del objeto y del self.
En su acepcin ms amplia, considero la adolescencia como
un segundo proceso de individuacin (vase el captulo 8); el
primero se ha completado hacia el final del tercer ao de vi
da con el logro de la constancia objetal. Lo que Mahler (1963)
denomina, para la infancia, el proceso psicolgico de salir del
cascarn pasa a ser, en la adolescencia, el emerger desde la fa
milia hacia el mundo adulto, hacia la sociedad global. liasta el
trmino de la adolescencia las representaciones del self y del
objeto no adquieren lmites definidos. En ese punto, se tornan
resistentes a los desplazamientos de investiduras, con lo cual
logra establecerse la constancia de la autoestima, as como me
canismos reguladores internos de control para su manteni
miento o recuperacin (J acobson, 1964). L a individuacin ado
lescente puede describirse, asimismo, como un desasimiento
progresivo de los objeta1de amor primarios, o sea, de las figu
ras parentales infantiles o sus sustitutos (A. Freud, 1958). L a
individuacin adolescente abre el camino a las relaciones obj
tales adultas. No obstante, este avance slo es una victoria
prrica si no se lo complementa mediante el surgimiento de un
* Publicado originalmente en The Psx/choanalytic Sttidy of the Child, vol. 20,
pjp. 145-64, Nueva York: International Universites Press, 1965.
99
rol social peculiar, un sentido de finalidad y adecuacin, que
en su conjunto aseguran un firme arraigo en la comunidad
humana.
1 hallazgo de nuevas identificaciones, lealtades y relaciones
ntimas fuera de los habituales vnculos de dependencia fami
liares impregna todo el curso progresivo del desarrollo adoles
cente, pero es ms apremiante en la etapa final de la adolescen
cia que, en verdad, es definida por esos logros piecisamen-
te. Asistimos a una extraordinaria gama de acomodamientos
idiosincrsicos dentro de los mbitos de la maduracin, la
estructuracin y la adaptacin. El enfoque intercultural del es
tudio de la adolescencia, as como las investigaciones sobre su
morfologa histrica, nos han aleccionado acerca de la enorme
plasticidad de las organizaciones pulsionales y yoicas en esta
etapa, junto con la formacin y apuntalamiento de los roles e
instituciones sociales.
Como puntualizacin final de esta introduccin, quiero se
alar que la adolescencia se compone de fases de desarrollo de
finidas que no estn tan estrictamente determinadas, en cuan
to al tiempo, como las de la niez temprana; no obstante, am
bos perodos de desarrollo tienen en comn una pauta secuen-
cial de fases distintas entre s. Cada una de las fases de la ado
lescencia puede describirse segn tres parmetros: 1) las modi
ficaciones pulsionales y yoicas tpicas; 2) un conflicto integral
que debe ser resuelto, y 3) una tarea de desarrollo que debe
cumplirse (Blos, 1962; Deutsch, 1944). En otras palabras, cada
fase debe hacer su singular aporte al desarrollo de la personali
dad; en caso contrario, el proceso adolescente se descarra. La
desviacin as iniciada en el curso del desarrollo puede com
prenderse en funcin de los puntos de fijacin adolescentes.
L a orientacin bisexual, tolerada dentro de ciertos lmites
durante la niez, llega a su fin con el advenimiento de la pu
bertad, o sea, con la maduracin sexual. Sera ms exacto decir
que es tarea de la adolescencia tornar inocuas las proclivida
des bisexuales a travs de los acomodamientos pulsionales y
yoicos, que alcanzan su forma definitiva en el perodo de con
solidacin de la fase terminal de la adolescencia la adoles
cencia tard a. El desarrollo progresivo del varn y el de la
nia adolescentes no son idnticos ni paralelos, pero ambos
implican la aguda diferenciacin de las cualidades que aso
ciamos con ser un hombre o ser una mujer. Aun cuando
ciertos roles sociales contribuyen al sentido del self y trascien
den el sexo, todo anlisis revela que el fundamento del sentido
de identidad se encuentra en la claridad con que se refleja en el
self la identidad sexual. Durante la adolescencia se hace un
aporte primordial para esta conformacin en verdad, el
aporte final y decisivo (Blos, 1962; Greenacre, 1958).
100
Antes de presentar el material bsico sobre la adolescencia
masculina, debo adelantar una vislumbre. Si bien las manifes
taciones agresivas constituyen uno de los aspectos ms destaca
dos y eminentes del comportamiento del varn adolescente,
ellas no han sido satisfactoriamente situadas en relacin con el
proceso adolescente o con la reestructuracin psquica. El estu
dio de la f a inicial de la adolescencia masculina echa luz
sobre los destinos de la pulsin de agresin elucidando un par
ticular componente de esta. Dicho componente, la agresin f-
lica o sadismo flico, se recorta con gran claridad en la preado-
lescencia, cuando la fase genital vuelve a afirmarse tras su tem
poraria declinacin durante el perodo intermedio, el de la la
tericia. Tal declinacin es ms aparente que real, pues obedece
al influjo de la expansin del yo, que torna comparativamente
menos prominentes y dominantes las influencias del ello en
esta edad.
Preadolescencia en el varn
Partamos de los comienzos de la adolescencia y dirijamos
nuestra atencin a la fase de la preadolescencia en el varn. Lo
ms notable que se observa en l es su decidido apartamiento
del sexo opuesto tan pronto como los primeros impulsos pube-
ralcs incrementan la presin pulsional y trastruecan el
equilibrio entre yo y ello prevaleciente durante el perodo de
latencia. L as gratificaciones de la libido de objeto parecen blo
queadas, y, de hecho, a menudo son resistidas con violencia.
L a pulsin agresiva se vuelve predominante y halla expresin
ya sea en la fantasa, la actividad ldica, el acting out o la con
ducta delictiva.
Ustedes reconocern de inmediato a esta clase de chico si les
recuerdo las numerosas sesiones en cuyo trascurso l dibujaba
o personificaba batallas y bombardeos, acompaando sus ata
ques con un caoneo de ruidos onomatopyicos repetidos hasta
el infinito. Es el nio que ama los dispositivos y artefactos me
cnicos; inquieto y saltarn, suele estar ansioso por expresar su
queja respecto de lo injusta que es su maestra, quien se ha pro
puesto nos asegura acabar con l. En su conducta, len
guaje y fantasas es fcil comprobar el resurgimiento de la prc-
genitalidad. Un chico de once aos que haba iniciado su anli
sis a los diez ilustr muy bien este proceso al decir: Ahora mi
palabra favorita es mierda. Cuanto ms crezco, ms sucio
me vuelvo'*.
L a conducta descrita apenas logra ocultar el permanente te
mor a la pasividad. Objeto de este temor es la madre arcaica.
101
la activa (domesticadora) y preedpica madre que ha servido
de arquetipo a las brujas del folklore. El temor gira en tomo al
sometimiento a esa madre arcaica, y los salvajes impulsos agre
sivos apuntan a la avasalladora y ominosa mujer gigante. En el
nivel genital de la prcpubertad, esta constelacin se vivencia
como angustia de castracin en relacin con la mujer, la madre
preedpica. El pene erecto investido de impulsos agresivos evo
ca, en esta etapa, el temor de que la destruccin alcance una
intensidad incontrolable. En el papel contrafbico de los acci
dentes y acciones fsicas temerarias suele verse un claro esfuer
zo de apaciguar el temor a la castracin: Nada me acontecer,
saldr ileso. Es sorprendente notar cun poco de este temor se
vincula en esta fase con el padre; de hecho, la relacin del nio
con l suele ser llamativamente buena y positiva. Aunque no
haya entre ambos gran intimidad ni afinidad, por'lo comn
tampoco hay temor, compet ti vidad ni hostilidad.
En 1963, en una clnica psiquitrica infantil de Suecia, me
mostraron en trminos descriptivos (o sea, estadsticos) y en
modo alguno dinmicos que los chicos de once a trece aos
presentan predominantemente problemas de agresin contra
su madre, en tanto que en los de catorce a diecisiete esa agre
sin se desplaza al padre. Esta observacin concuerda bien con
mis formulaciones tericas, basadas en una muestra compara
tivamente pequea de varones adolescentes. El nio prcadoles-
cente percibe a su padre (a quien a menudo ha engrandecido) o
a otros hombres como aliados ms que como rivales. Suele ha
ber una llamativa discrepancia entre la flaqueza del padre y la
imagen que el hijo tiene de l. Slo despus de que esa idealiza
cin defensiva del padre se ha desmoronado llegamos a adver
tir que el hijo extraa un enorme confortamiento, frente a la
angustia de castracin, de un padre en apariencia fuerte al que
nadie haba debilitado, degradado o dominado o sea, que no
haba sido castrado por la madre bruja.
El varn preadolescente no tiene cabida para los sentimenta
lismos femeninos; preferira rporir antes que someter sus senti
mientos (y por ende su self corporal) a las trampas y tretas del
cario, la ternura y la amatividad de las mujeres. El es un
hombre entre los hombres. L incoln Steffcns (1931) nos ha deja
do un delicioso relato de esta etapa de la vida de un nio:
Uno de los males que sufren los varones es que son amados
antes de amar. Reciben tan temprana y generosamente el afec
to y la devocin de sus madres, hermanas y maestras que no
aprenden a amar; y as es que cuando crecen y se convierten en
amantas y en maridos se vengan en sus novias y esposas. Como
nunca tuvieron que amar, no pueden hacerlo: no saben cmo
se hace. Yo, por ejemplo, fui criado en una atmsfera de amor;
102
mis padres me queran mucho. Por supuesto. Pero cuando des
pert a la vida conciente ya me haban amado durante tanto
tiempo que mi amor recin nacido no tena ya posibilidades.
Comenz, pero nunca pudo ponerse a la par. Vinieron ms tar
de mis hermanas, una tras otra. Tambin a ellas se las am des
de que nacieron, y lo lgico sera que se hubieran quedado a la
zaga como yo, pero las chicas son diferentes; mis hermanas pa
recen haber nacido amando, y no slo amadas. Sea como
fuere, lo cierto es que mi primera hermana, aunque era menor
que yo, me am (por lo que recuerdo) mucho antes de que yo
siquiera advirtiese su presencia; y nunca olvidar la perpleji
dad y humillacin que me produjo descubrir sus sentimientos
hacia m. Se haba ido cierta vez a Stockton, a visitar a la fami
lia del coronel Crter, y a la semana senta tanta nostalgia de
m que mi padre y mi madre tuvieron que tomarme consigo e
ir a buscarla. Ese era el propsito de ellos; el mo era ver al
gran conductor de la caravana en que mi padre haba cruzado
las praderas, y hablar con l sobre cuestiones de ganado.
Pueden ustedes imaginar cmo me sent cuando, al subir los
peldaos que conducan a la casa, se abri la puerta principal y
mi pequea hermana sali corriendo, me arroj los brazos al
cuello y grit de verdad, grit mientras las lgrimas le
caan por las mejillas: Mi Len, mi Lcnl.
"Y o no tuve ms remedio que aguantarlo, pero, qu pensa
ran el coronel Crter y sus hijos? [pg. 77].
Las abundantes acciones y fantasas sdicas de la preadoles-
cencia son elocuentes ecos de las luchas sadomasoquistas infan
tiles en que normalmente se traban la madre y el hijo durante
las fases pregenitalcs del aprendizaje del control corporal.
Cuando el nio entra en la preadolescencia, por lo comn asis
timos a una regresin a la pregenitalidad y a la efectivizacin
de sus modalidades en el nivel genital.' Es en virtud de este
hecho que en esta fase la delincuencia amenaza con tornarse
virulenta; que ello sea una desviacin pasajera o permanente
depende, ante todo, de la proclividad al acting out. L a condi
cin previa para el acting out no ha de hallarse en la adoles
cencia; ella est ligada a una separacin incompleta entre el
nio y el objeto que satisface su necesidad, el cual es posterior
mente remplazado, en el comportamiento delictivo, por el
siempre accesible ambiente como objeto parcial que alivia
tensiones.
De manera conciente o inconciente, la nia se le aparece al
varn preadolescente como la encarnacin del mal; a sus ojos,
ella es maliciosa, perversa, traicionera, posesiva, o directa
mente de naturaleza criminal. En los relatos de los nios de es
ta edad, el tema de la mujer ruin y peligrosa est entramado
con tal realismo a la recapitulacin de los hechos cotidianos
que a menudo es difcil discernir la verdad de la ficcin.1La
tendencia del varn preadolescentc a dar crdito su vivencia
interior soldndola a su percepcin no puede ser relegada, me
ramente, a una defensa proyectiva. Desde luego, no hay duda
alguna de que la ndole con frecuencia delirante de su percep
cin da testimonio de este mecanismo. Al mismo tiempo, hay
que reconocer un empeo adaptativo por llegar a una conci
liacin con las angustias o fantasas infantiles mantenindolas
ligadas a la realidad, para que sea posible verificarlas y domi
narlas. En s mismo, este hecho presenta un obstculo para el
tratamiento, porque obra en contra de la posibilidad de acce
der a las fantasas, as como de la toma de conciencia de los
afectos (sobre todo si estos son de naturaleza infantil, depen
diente o pasiva). Esta situacin ha llevado a muchos terapeutas
a asumir un rol directo yactivo en el tratamiento, apartndose
por necesidad del modelo psicoanaltico de terapia. Hemos lle
gado a aceptar que las modificaciones de la tcnica teraputica
para el caso de los adolescentes se basan en las condiciones de
trabajo disponibles, dictadas a su vez por la constelacin di
nmica de esta etapa del desarrollo.
Un nio revel en momentos sucesivos de su anlisis una bien
oculta fantasa, .que guardaba ms o menos desde los cinco
aos y a los once volvi a utilizar para despertar su excitacin
genital. No declar la concomitante excitacin sexual sino dos
aos ms tarde, cuando corrigi de manera espontnea su an
terior desmentida. L a fantasa era esta: Siempre pens que a
las chicas se les daba cuerda con una llave que llevaban adheri
da al costado de sus muslos. Cuando les daban cuerda se vol
van muy altas; en proporcin, los chicos eran de unos dos cen
tmetros apenas. Estos chicuelos trepaban por las piernas de es
tas chicas altas, se metan por debajo de su pollera y se introdu
can en su ropa interior. All colgaban hamacas, no se vea de
dnde. Los chicos suban a las hamacas. A esto yo siempre lo
llamaba para m mismo montar a la chica. Reconocemos en
esta fantasa el abrumador grandor de la hembra, la madre f-
lica, que ha despojado al nio de su masculinidad: l no tiene
ninguna llave que lo haga alto. Vemos tambin la pasiva dicha
con que se apoya en ella como su apndice. Una fijacin en este
I El varn preadoleseentc que se. precipita a la actividad heterosexual 00 refu
ta esta formulacin. En verdad, el anlisis de nios preadolescentes (y, ms u
menudo an, la reconstruccin de etfa fase en casos de adolescentes varones de
mayor edad) revela el aspecto contrafbico de tales relaciones heterosexuales
precoces, asi como una .sobrecoriipensaeln de tendencias pasivas. (Esta nota ue
agregada a mediados de la dcada de 1970, cuando las costumbres de la poca
alentaban las tempranas relaciones sexuales y muchos observadores estimaban
que se haba producido un cambio revolucionario en la cronologa del desarrollo
psicdsexual adolescente.)
104
nivel har que las posteriores relaciones objetales del nio con
la mujer sean pasivas, inmaduras y frustrantes.
Hay en esta fantasa elementos tpicos, que en el anlisis de
adolescentes mayores a menudo he llegado a discernir como
una fijacin a la fase preadolescente. En un caso de esta ndole,
un estudiante universitario relat dos fantasas que haba teni
do alternadamente desde su temprana pubertad: 1) ser golpe
ado en los genitales por una mujer mayor, que permanece ves
tida mientras que l est desnudo, y se sienta a su lado en tanto
que l yace acostado; 2) ser amado, admirado y engrandecido
por una chica muy hermosa e inteligente, de firmes y protube
rantes senos. L a idea de hallarse en compaa de una diosa as
(la madre arcaica) lo haca sentirse dbil y pequeo (una na
da); literalmente temblaba de miedo. Compartiendo el gran
dor de una muchacha inalcanzable, el paciente esperaba res
taurar el sentimiento infantil de complecin, poder y seguri
dad que haba tenido antao cuando era parte de su madre. En
estos casos, la angustia de castracin en relacin con la madre
arcaica se vuelve absorbente en un grado tal que impide toda
disolucin del complejo de Edipo.2 El resultado de este impase,
que yo designo como una fijacin preadolescente, se torna evi
dente en una orientacin homosexual (latente o manifiesta)
que habitualmente se afianza en la etapa terminal de la adoles
cencia y se vuelve ms o menos conciente. L a patologa pul-
sional impregna poco a poco las funciones yoicas. y prevalece
una situacin de fracaso o insatisfaccin. Este resultado hace
que muchos de estos casos nos sean trados a consulta. No obs
tante, como una advertencia contra generalizaciones dema
siado amplias, debe tenerse presente el hecho real de que la
terapia psicoanaltica atrae, en nmero preponderante, a
muchachos de tendencias pasivas. Por lo general, en tales casos
la pulsin agresiva es inhibida, relegada a la fantasa, o desti
nada a la formacin de sntoma.
Como siempre sucede en las crisis madurativas, cuando los
peligros alertan al yo para que tome medidas extraordinarias a
fin de asegurar continuidad a la integridad del organismo ps
quico, el yo a su vez avanza en su dominio de la angustia y ad
quiere una mayor independencia respecto de su desvalimiento
primitivo. As pues, tras esta prolongada descripcin de la or
ganizacin pulsional regresiva en la preadolescencia del varn,
debo destacar que normalmente el yo emerge fortalecido de su
lucha con la madre arcaica. El crecimiento del yo se vuelve
2 A pesar de la importancia >persistencia del papel del estadio preedpico. el
progreso hacia la aw edipica siempre seguir su curso. En todos los casos obser
vados hemos podido comprobar hasta qu punto est entretejida la relacin
diadica infantil con l"t oonM el aciones ed picas. debilitando y quitando vigor
conflictivo al complejo de Edipo.
105
A particularmente notorio en el mbito de la idoneidad social, en
las hazaas fsicas en contiendas de equipo, en una competen
cia de meta inhibida entre varones, en la conciencia de proba
das destrezas corporales que otorgan libertad de accin e in
ventiva e instan a practicar osados juegos; en suma: en la
emancipacin del cuerpo respecto del control, cuidado y pro
teccin de los padres, en especial de la madre. A partir de estas
diversas fuentes el nio va adquiriendo el sentido de una total
potestad sobre su cuerpo, que nunca haba experimentado en
igual grado salvo, quiz, cuando comenz a caminar.
A fin de abordar un aspecto elusivo de la preadolescencia,
me embarcar ahora en un tour de forc. No es menester exten
derse en cuanto a que la actividad delictiva durante la puber
tad suele evidenciar una detencin del desarrollo emocional o
una fijacin en el nivel prcadolescente. Esto es igualmente vli
do para varones y mujeres. Ahora quisiera llamar la atencin
de los lectores sobre un hecho clnico bien conocido por todos
los que trabajan con adolescentes: la observacin de que entre
los varones la delincuencia se manifiesta primordialmente en
una lucha agresiva con el mundo objetal y sus figuras de auto
ridad representativas, en tanto que entre las mujeres suele
incluir el acting out sexual (vase el captulo 11).3 La universa
lidad de este hecho clnico es notable; en un viaje de estudios
realizado en 1963, me fue corroborada por todos los observa
dores interesados en el fenmeno de la delincuencia desde
Oslo, a travs de todo el continente europeo, hasta J erusaln.
La explicacin que ms comnmente se da afirma simplemente
que este hecho clnico es resultado del doble patrn de conduc
ta, o que se debe a la ausencia de toda proteccin jurdica de la
virginidad del varn; ambos argumentos constituyen una peti
cin de principio. Por cierto, no puede aducirse un razona
miento anlogo para tornar ms inteligible otro hecho clnico
conexo, a saber, la relativa frecuencia, durante la adolescen
cia, del incesto entre padre e hija por contraste con la casi ine
xistencia del incesto entre madre e hijo.
L a observacin nos fuerza a concluir que el varn delincuen
te posee mayor capacidad que la mujer delincuente para la ela
boracin psicolgica de su pulsin sexual. Por ende, en el caso
del primero asistimos al remplazo de la exteriorizacin genital
directa por acciones simblicas como comportamiento regula
dor de la tensin. Atribuyo este repertorio mucho ms diversi-
tificado de conducta delectiva en el varn a su mejor acceso a
la pregenitalidad, o a su investidura regresiva de esta. En
3 Los cambios habidos en los ultime veinticinco aos en la conducta sexual,
las costumbres y la moral han conferido un valor diagnstico y pronstico total
mente distinto al comportamiento sexual adolescente. Me he ocupado de esta
cuestin en mi "Posfaeio" de 1976 al capitulo 11.
106
contraste con ello, la muchacha resiste con mucho mayor de
terminacin el impulso regresivo hacia la madre preedpica.
Huye del sometimiento a la pasividad primordial volcndose a
un acting out heterosexual, que en est etapa debera ser lla
mado, con ms propiedad, mimoseo. Parecera que en el ca
so del varn la regresin a la pregenitalidad no es tan peligrosa
para el desarrollo propio de su sexo, ni tan violentamente resis
tida, como lo es en la mujer. La conducta regresiva del varn
preadolescente es expuesta por l a la vista de todos; la nia, en
cambio, la mantiene envuelta en el secreto (p. ej., sus rateras
en-negocios), detrs de bien guardadas puertas.
En el varn pber, la excitacin sexual se manifiesta en la
activacin de los genitales, la ereccin y el orgasmo con eyacu-
lacin. En esta etapa, el orgasmo contiene la amenaza de un
estado de excitacin psicomotriz incontrolada e incontrolable,
y enfrenta al yo con el peligro de que irrumpan impulsos agre
sivos primitivos. Hay indicios de una desmezcla de pulsiones.
Sea como fuere, observamos que el nio busca, con ingenio y
persistencia, canales de descarga para su pulsin agresiva me
diante el desplazamiento o la sustitucin. No existe una si
tuacin anloga en la muchacha delincuente, quien nunca ex
perimenta el orgasmo en sus relaciones sexuales regresivas (o
sea, en su mimoseo). Ella encuentra amplia salida para sus
impulsos agresivos en la conducta provocadora, seductora, vo
luble y exigente que la caracteriza en general, y especialmente
en su relacin de pareja.
Para el varn, no hay ninguna modalidad pasiva de descar
ga somtica de las pulsiones que concuerde con el funciona
miento masculino adecuado a su sexo. En los albores de la ado
lescencia, el falo sirve como rgano inespccfico de descarga de
la tensin proveniente de cualquier fuente, y es investido en es
ta fase con una energa agresiva que se refleja en fantasas sdi
cas salvajemente agresivas. En los comienzos de la pubertad,
las sensaciones genitales y la excitacin sexual, incluido el or
gasmo, pueden provenir de cualquier estado afectivo (temor,
conmocin, ira, etc.) o ruda actividad motora (luchar cuerpo a
cuerpo, correr detrs de otros nios, trepar a la cuerda, etc.);
con frecuencia las producen una combinacin de ambas cosas.
L a pulsin agresiva o, ms bien, sdica asociada al falo puede
inhibir su empleo heterosexual al suscitar una angustia por la
represalia. Debe recordarse que en esta etapa del desarrollo
adolescente el genital masculino an no se ha convertido en el
portador de las sensaciones especficas que forman parte de las
emociones interpersonales posambivalentes. Slo a travs de la
participacin gradual en una relacin afectuosa y ertica (real
o imaginaria) podr domesticarse el componente agresivo
de la pulsin sexual. Slo entonces la meta libidinal, la preser
107
vacin y proteccin del objeto de amor, apartar a la pulsin
agresiva de la persecucin directa de su meta primitiva, y se
obtendr una gratificacin mutua. Antes de alcanzar esta eta
pa, empero, normalmente el varn elabora representaciones
simblicas de su pulsin sexual que de hecho envuelven expre
siones tanto activas como pasivas de la gratificacin instintiva.
No es preciso que nos detengamos en el prominente papel que
cumple el sadismo en esta edad; el comportamiento del varn
preadolescentc, as como el del joven delincuente, hacen que
aquel sea bien conocido.
Los varones en los comienzos de su adolescencia revelan de
continuo en las sesiones teraputicas la proximidad emocional
de sus impulsos libidinales y agresivos, y pasan rpidamente
de unos a otros. Relataremos un incidente tpico, que ilustrar
brevemente el pasaje abrupto de la preocupacin sexual a la
activacin de fantasas agresivas destructivas. Chris, un nio
de trece aos que se hallaba en psicoterapia por su conducta
exhibicionista y su inmadurez social, le estaba describiendo al
terapeuta sus "sueos de mojadura y sus teoras sexuales in
fantiles que haban sobrevivido por detrs de una fachada de
conocimiento de los hechos reales. Para l, en el coito el
hombre orina dentro de la vagina, y se aventur a preguntar
si las mujeres tenan en verdad testculos y un pene. En este
punto, su creciente excitacin qued de prontoenvuelta en el
silencio, hasta que estall en una vivida descripcin de una
nueva arma de fuego "que no desintegrara a la persona, pero
quemara sus ropas, su cuerpo y aun la dejara ciega". Frenan
do sus fantasas agresivas, de manera abrupta pas a sugerir
que los cientficos deberan encaminar sus esfuerzos hacia obje
tivos pacficos, como la invencin de un aparato de rayos X que
predijera inmediatamente despus de la concepcin si el beb
sera varn o mujer.
L a violencia desenfrenada de los impulsos flicos sdicos de
esta fase puede investigarse mejor en adolescentes mayores que
estn fijadas al nivel preadolescente y continan librando una
implacable batalla contra la madre (arcaica) preedpica. Por lo
comn, descubrimos en tales casos fantasas de ira que elabo
ran la agresin destructiva y mutiladora contra el cuerpo de la
mujer cuya proteccin se desea y cuya dominacin se teme.
Desde el punto de vista diagnstico, es importante que el clni
co determine hasta qu grado esos afectos, fantasas y actitudes
derivan de las imagos maternales escindidas infantiles la
madre buena y la madre mala, y por ende pertenecen a
la etapa preambivalente de las relaciones objtalas. Por otro la
do, hay que cerciorarse de la medida en que esa clera es gen
ticamente un resto de sadismo oral y anal, que en la fase geni
tal de la preadolescencia y bajo el impacto de la maduracin
I
108
sexual se presenta en la modalidad del sadismo flico. Este
tiene un aspecto positivo; reconocemos en 61 un empeo que
nos es familiar desde etapas anteriores y que a menudo slo ha
sido consumado de manera parcial: el empeo de lograr auto
noma con respecto a la zona ergena que ha adquirido predo
minio en una etapa particular del desarrollo psicosexual.
Cuando esta fase se atraviesa sin tropiezos, los conflictos, pro
pensiones pulsionales y empeos yoicos de la preadolescencia
apenas se evidencian borrosamente, pero toda vez que en la
etapa inicial de la adolescencia del varn hay una falla en el
desarrollo reconocemos en todo ello fuentes de angustia espec
ficas de la fase.
El caso de Ralph
Antes de pasar a la prxima fase del desarrollo adolescente,
ser til quizs ejemplificar con datos clnicos nuestra concep-
tualizacin de la preadolescencia. Adems de ilustrar la teora,
la casustica sirve tambin como un conveniente puente de
enlace con la fase posterior a la preadolescencia que an forma
parte de la etapa inicial de la adolescencia en el varn.
Ralph, de doce aos de edad, es un pendenciero crnico.
Los los me siguen a todas partes como una sombra", dice de
s. Se siente vctima: el mundo entero es injusto con l, todos se
abusan de su benevolencia y lo ponen en dificultades acusn
dolo indebidamente de fechoras que jams ha cometido. Es un
nio sensible que no puede tolerar la mnima crtica. I ntimida
con sus bravatas a sus compaeros y controla a sus padres con
histrinicas exhibiciones de su talento. Tiene una sed insa
ciable de reconocimiento y de obtener poder sobre la gente. A
lo largo de los aos, se ha perfeccionado en dos roles sociales: el
bromista fastidioso y el tramposo embustero. Recurre a ambos
de manera compulsiva e indiscriminada para lograr dominar a
los dems y atraer sobre l- las candilejas. En la escuela consti
tuye un grave problema de eonducta; es por entero indiferente
a los castigos o a la amabilidad con que lo traten. Sus tretas ex
citan la ira de sus compaeros cuando se vuelven francamente
sdicas. En una ocasin, sinti que el chico que estaba sentado
al lado suyo en el mnibus no haca caso de l, absorto en la
lectura de un peridico; entonces, para llamar su atencin,
Ralph sac un fsforo y prendi fuego a este ltimo. L as bro
mas que les gasta a los maestros, en cambio, suelen contar con
la entusiasta aprobacin de sus camaradas; por ejemplo, cierta
vez, para evitar que el maestro les tomara una prueba que les
haba anticipado, Ralph comenz a hablar de un tema que, se
109
gn saba, a aquel le interesaba en forma personal, y mediante
este ardid consigui que pasara la hora.
A Ralph lo fascinan el fuego, los petardos y los sangrientos
accidentes de trnsito en que alguna vctima queda destripada
o mutilada. Nunca protesta hara l la broma de poner
petardos en la boca de una rana o de quemarle la cola a un ga
to. En las chanzas y bromas de Ralph es evidente su sadismo,
como lo es su temor de ser atacado, de sufrir un dao corporal,
de ser dominado o subyugado. Estos temores son especialmente
intensos en relacin con su madre y sus maestras. Fantasea ven
garse de las mujeres mediante torturas sdicas como arran
carles el cuero cabelludo o hacerlas sangrar punzndoles las
manos. En su presente combate por eliminar a la madre ar
caica castradora a travs de sus figuras sustitutivas, Ralph ha
convertido a su padre en un aliado insistiendo en que es un
hombre fuerte e inteligente lo cual, en verdad, no es cierto, y
de seguro no lo es a ojos de su esposa. Ralph justifica las os
curas maniobras comerciales de su padre (p. ej., la compra y
venta de artculos robados) diciendo que se trata de notables
muestras de astucia y de coraje. L a identificacin con l ha
hecho de Ralph un delincuente que, verbigracia, fabric con
extraordinaria habilidad un pase de mnibus que no le corres
ponda. Este nio fue incapaz de contemplar en forma realista
o crtica a su padre hasta que pudo resolver el conflicto con su
madre preedpica; entonces, y slo entonces, la delincuencia
de Ralph pas a ser prescindible y desapareci.
El abordaje teraputico de este problema se centr en las
quejas de Ralph acerca de la integridad fsica de su cuerpo. La
angustia de castracin y la ambivalencia hacia la madre se ha
ban organizado en torno de un trauma de la niez temprana.
Ralph introdujo el trauma del dao corporal al referirse a una
gran cicatriz que tena en su bajo abdomen y sus muslos como
consecuencia de una quemadura de tercer grado que haba
sufrido cuando, contando l quince meses de edad, lo haban
dejado sobre un aparato de calefaccin. Ms tarde se compro
b que su relato de los hechos era correcto, aunque la madre no
recordaba todos los detalles. Ralph lo concluy diciendo que
tena un agujero en la pierna causado por la quemadura, y
asegurando al terapeuta que haban dejado que su piel se cha
muscara sobre el calefactor. Ahora continuamente se cortaba
las dedos por accidente, o se arrancaba las costras de sus heri
das cicatrizadas y las haca sangrar de nuevo. En un arranque
de furia impotente increp al terapeuta: Dnde estaba mi
madre cuando yo me quem?. Cuando finalmente revel que
durante su infancia ella le haba prohibido comer azcar para
que no se convirtiera en diabtico, ya estaba preparada la esce
na para familiarizar a Ralph con el hecho de que su madre te
110
na ideas extravagantes, ideas que haban pasado a formar par
te de la realidad del nio; y l se defenda contra su avasallado
ra influencia, sus distorsiones de la realidad y sus temores mr
bidos. Lleg a ver a su madre como la extraa, mentalmente
enferma, persona que en verdad era. El desenmascaramiento
de la madre-bruja facilit la indagacin de las distorsiones de
la realidad en que el propio nio incurra, as como de los pe
ligros catastrficos por los que se senta rodeado en un mundo
hostil el mundo de una imago materna destructiva, que no le
ofreca proteccin
Dos cambios se manifestaron en la terapia luego de recondu-
cir a su ncleo central el temor a la mujer (temor y deseo de
castracin): se volvi crtico respecto de su padre delincuente,
y se trasform en un consumado mago profesional, llegando
incluso a imprimir y distribuir tarjetas de propaganda y ac
tuando en reuniones sociales a cambio de una remuneracin.
El bromista y tramposo se haba socializado. El uso de sus ma
nos cobr relieve, asimismo, al interesarse por la fabricacin de
joyas, en lo cual lleg a adquirir gran habilidad ante el des
dn de su padre, que quera que l "trabajase con el cerebro y
no con las manos. Venci este mandato paterno (que en su
inconciente equivala a la prohibicin de masturbarsi*). pero
no logr xito como artesano ni una verdadera satisfaccin por
sus realizaciones. Ralph conden la corrupcin moral de su
padre y los valores vulgares a que este adhera enfrentndolo
airadamente en el pensamiento y la accin, y se sinti comple
tamente derrotado cuando aquel se mostr renuente a refor
marse y a vivir de acuerdo con el ideal de su hijo. A causa de
ello, Ralph comenz a tener frecuentes depresiones y a viven-
ciar el rechazo de sus deseos por parte del padre como una he
rida deliberada que este le infliga, y que le dejaba la sensa
cin de que lo menospreciaba, haca caso omiso de l, no lo
amaba.
Luego de cuatro aos de terapia se hizo evidente que se ha
ba conseguido evitar una carrera delictiva y perversa, res
taurando en el nio su sentido de integridad corporal, redu
ciendo en grado apreciable su temor a la mjer y manteniendo
vigente su desarrollo adolescente progresivo. No obstante, la
desilusin respecto del padre segua siendo para l una fuente
de disforia y desaliento; el intento del hijo por convertir al
padre a su modo de vida era un deseo intil pero al que nunca
renunci, confiriendo as limitadas probabilidades a la pers
pectiva de alcanzar la madurez emocional, o predestinndola
al fracaso.
111
Adolescencia temprana
Si se repasa este caso atendiendo a la secuencia de manifesta
ciones clnicas y a sus cambios, quedan pocas dudas de que la
investidura de la mago del "padre bueno el engrandeci
miento del padre y el concomitante reflujo de la marea, la
lucha conflictiva con l representa una tpica operacin de
fensiva del varn preadolescente. El engrandecimiento del A
padre atena la angstia de castracin del nio en relacin con
la madre arcaica, y por ende apenas guarda semejanza con el
complejo de Edipo positivo. En este contexto, puede hablarse
de una defensa cdpica, o, si se prefiere, de una formacin
seudoedpica. L a defensa cdpica del nio se observa clnica
mente de dos maneras. Una est dada por la obstinada perseve
rancia de la posicin edpica negativa, que, por su propia ndo
le, entraa una idealizacin exagerada del padre y una genera
lizada actitud pasiva-femenina. La otra se manifiesta en la ex
cesiva preocupacin del adolescente por su virilidad, su posesi-
vidad tierna o sensual de la madre (o de las mujeres en
general), que l verbaliza con demasiada locuacidad y a la que
se aferra como defensa contra la regresin a la pregenitalidad y
a la imago materna arcaica y castradora. Sin embargo, he lle
gado a darme cuenta de que el contenido sustancial de este
conflicto no es la constelacin edpica, pese a su similitud con
ese cuadro clnico. L a confusin proviene de la conducta mani
fiesta del muchacho: su admiracin y envidia del padre y el
aparente freno que pone a su amor posesivo por la madre edpi*
ca. Toda vez que la terapia yerra la esencia de este conflicto se
encuentra en un callejn sin salida. En el caso de Ralph vimos
que, con la resolucin del conflicto vinculado a la madre ar
caica, se hizo evidente un progreso en direccin al padre edpi-
co. Este avance en el desarrollo psicosexual est signado por el
abandono de la madre flica y el ascendiente que cobra la
madre femenina. L a envidia de esta y la identificacin con ella
son tpicas de una etapa de transicin, al final de la preadoles-
cencia. Es muy probable que este aspecto del desarrollo pre
adolescente precipite en esta fase la elaboracin conflictiva del
complejo de Edipo negativo. El derrotero de la constelacin
pulsional pasiva conduce al conflicto central de la adolescen
cia temprana en el varn. Pasaremos a ocuparnos ahora de los
destinos de las pulsiones y del yo caractersticos de esta fase.
En el punto de viraje hacia la adolescencia temprana, el de
sarrollo progresivo de Ralph lleg a un impase, a causa de su
imposibilidad de mantener la discordia con el padre y su extra
amiento respecto de este en el plano de un mtodo de vida y
de accin que abarcase las ideas, la moral, las actitudes y la vo
cacin. Era incapaz de forjarse un ideal del yo que pudiera
112
existir y funcionar independientemente de un objeto amoroso
en el mundo exterior. Ralph procur modelar a su padre para
hacer de este su compaero ideal en la vida real. Dicho de otro
modo: no logr extraer suficiente libido narcisista de objeto del
padre edpico, que le permitiera, a su vez, mantener un ideal
del yo impersonal. En consecuencia, el ideal del yo jams
qued consolidado como institucin psquica (vase el captulo
15). Los ecos de este fracaso eran claramente visibles en todos
sus empeos de reestructuracin psquica. Una fijacin en la
adolescencia temprana es la causante del aspecto psicopatol-
gico especfico que qued irresuelto en el caso de Ralph.
El progreso teraputica descrito es a menudo todo cuanto la
terapia puede conseguir en esta etapa de 1a adolescencia.
Cabra preguntar si es nuestro conocimiento de la teora y de la
tcnica el que nos enfrenta con limitaciones similares a las evi
denciadas por el anlisis de nios, o si estas limitaciones no for
marn acaso parte inherente del tratamiento cuando este se lle
va a cabo durante una fase de activo desarrollo. La experiencia
nos dice que una gran proporcin de nios pone fin a sus an
lisis luego de haber alcanzado considerables beneficios, pero
deben retomarlo en una edad ms vanzada (por lo comn en
la adolescencia tarda o la posadolescencia), cuando una nueva
oleada de insuperables dificultades emocionales amenaza otra
vez sumir sus vidas. En los casos de adolescencia prolongada,
la terapia mi$ma se convierte en-una actividad de holding,
pues representa la promesa de que las fantasas narcisistas
pueden tornaise realidad merced a la accin mgica del trata
miento, vale decir, merced a la benvola voluntad de los pro
genitores (vase el captulo 3). El estancamiento a que lleg el
desarrollo adolescente de Ralph requerir, sin duda alguna,
que retome el tratamiento ms adelante. A mi juicio, ese mo
mento llegar cuando sus fracasos en la relacin con ambos se
xos, as como las frustraciones y la vacuidad de su vida profe
sional y social, movilicen una crisis de gravedad mayor que la
usual en la adolescencia tarda o poco despus de esta. L a tera
pia realizada en la fase inicial de la adolescencia de Ralph evi
tar que este recaiga en el acting out; adems, se ha establecido
una condicin para la interiorizacin que, por as decir, ha
sentado un promisorio fundamento para la continuacin futu
ra de la labor teraputica.
Ya estamos en condiciones de ocuparnos de la adolescencia
temprana, que se inicia en el plano pulsional por ciertos cam
bios caractersticos (Blos, 1962). Uno de ellos consiste en que
del acrecentamiento pulsional meramente cuantitativo propio
de la preadolcscencia se pasa al surgimiento de una nueva vida
pulsional, cualitativamente distinta. Se torna evidente un
abandono de la posicin regresiva preadoiescente. L a pregeni-
1
113
talidad pierde cada vez ms, con frecuencia de manera lenta y
slo gradual, su funcin saciadora; al quedar relegada men
tal y fsicamente a un papel subordinado o preliminar, da
origen a una nueva modalidad pulsional: el placer previo. Esta
mudanza de la organizacin pulsional eleva a la genitalidad, a
la postre, hasta un lugar preponderante. Tanto la organizacin
jerrquica de las pulsiones como su carcter definitivo e irre
versible constituyen una innovacin que influye de manera de
cisiva en el desarrollo yoico. El yo toma como seal indicativa,
digamos as, las alteraciones en la organizacin pulsional y ela
bora dentro de su propia estructura una organizacin jerr
quica de funciones yoicas y de pautas defensivas. Volver luego
sobre esto.
En la adolescencia temprana se inicia la prolongada tentati
va de aflojar los primeros lazos objetales. o es sorprendente,
entonces, ver que surgen una serie de difciles situaciones vin
culadas a las relaciones objetales, y, en verdad, una concentra
cin cada vez menor en estas transacciones. Suponemos que este
proceso ha de seguir las lneas ontogenticas de relaciones obje
tales con que ya nos encontramos en la preadolescencia, cuan
do la ambivalencia del nio respecto de la madre preedpica
era fuente de angustia y constitua el principal conflicto que
haba que dominar.
Por lo corriente, la maduracin puberal fuerza al nio a
abandonar su autosuficiencia defensiva preadolescente y su in
vestidura pulsional pregenital. Advertimos que el avance de la
libido de objeto conduce, en su forma inicial, a una eleccin de
objeto acorde con el modelo narcisista. L a historia de las rela
ciones objetales en cada individuo trae a la mente de inmediato
aquel aspecto de la constelacin edpipa que sufre la ms pode
rosa represin en el varn, a saber, su apego pasivo al padre, el
complejo de F.dipo negativo. L a posicin edpica del nio
puede parafrasearse as: Amo a aquel que es como yo quiero
ser; esta posicin es remplazada de manera gradual, y rara
vez completa, por esta otra alternativa: Me convertir en una
persona igual a aquella que envidio y admiro. Este paso de
semboca en la disolucin del complejo de Edipo positivo y con
solida a los precursores del supery en la formacin de este lti
mo como institucin psquica. Una vez que esta estructura ha
sido completada, o al menos est en vas de serlo, el nio ingre
sa en el perodo de latencia, slo para volver a enfrentar, en las
diversas fases de la adolescencia, la temtica preedpica y ed
pica. Unicamente entonces, y de acuerdo con una cierta se
cuencia de reestructuracin psquica, se lleva a su disolucin
definitiva el complejo de Edipo.
Segn mi experiencia, el desarrollo pulsional de la adoles
cencia temprana refleja el empeo del nio por llegar a una
114
conciliacin con el padre como su objeto de amor edpico. En
mi labor analtica con varones adolescentes he hallado en esta
temtica una permanente fuente de conflicto, que exige los
mayores esfuerzos a fin de hacerla accesible al proceso tera
putico. Me inclino a opinar que el despliegue de la libido de
objeto en el varn adolescente se topa con su primer (y a menu
do fatal) impase cuando la escena emocional est dominada
por el recrudecimiento del apego pasivo al padre edpico. Des
de luego, reconocemos de inmediato en la exacerbacin excesi
va de esta difcil situacin la resolucin incompleta de la pre-
adolescencia, que culmina en la resistencia contra la regresin
a la pasividad original. Si se siguiera la tendencia regresiva, se
agravaran profundamente los conflictos y trabas que son as
pectos normales del desarrollo en la adolescencia temprana.
El estudio de la adolescencia prueba con suma claridad que
el dominio o resolucin del complejo de Edipo positivo y nega
tivo no se logra por completo en la niez temprana, sino que es
tarea de la adolescencia, o sea, de la fase genital. El perodo de
latencia intermedio desempea un importante papel econmi
co, que es decisivo para el resultado. El enorme aumento de su
expansin y autonoma que obtiene el yo durante ese perodo
proporciona los recursos estructurales esenciales para hacer
frente a la pubertad. Un perodo de latencia abortado impide
el despliegue de la adolescencia y conlleva una reactivacin
violenta de la sexualidad infantil (perversiones). Es obvio que
estas tempranas modalidades pulsionales se manifiestan n el
plano de la maduracin puberal y buscan gratificacin bajo la
gida de esos recursos yoicos adquiridos durante los aos inter
medios del desarrollo.
Para sintetizar: Luego de la posicin regresiva de la preado-
lescencia en el varn, el avance de la libido de objeto lleva, en
su primer paso, a la eleccin narcisista de objeto. No ha de
sorprender que esta eleccin quede dentro de los lmites del
mismo sexo. La adolescencia temprana es la poca de las amis
tades teidas de inequvocos matices erticos, ora atenuados,
ora vi vendados ms o menos concien temente. L a masturba
cin mutua, la prctica temporaria de la homosexualidad, las
recprocas gratificaciones voyeursticas, las trasgresiones o de
litos compartidos, las idealizaciones, el arrobamiento y la exal
tacin en presencia del amigo: he ah experiencias en que se po
ne de manifiesto la eleccin narcisista de objeto. Por lo dems,
ellas suelen provocar una terminacin sbita de la amistad to
da vez que la intensidad de la mocin pulsional genera el pni
co homosexual o, ms concretamente, moviliza deseos pasivos.
L a fijacin en esta fase nos es conocida por el anlisis de varo
nes adolescentes mayores cuyas relaciones objetales se hallan
perturbadas, y que se enamoran (a menudo, slo en una ef-
mera fantasa) de cada uno de sus compaeros o de cada
hombre adulto cuyas facultades mentales o fsicas envidian en
ese momento. Lo que aqu nos interesa es el curso que sigue es
te desarrollo, o sea, los acomodamientos pulsionaJ es y yoicos
que facilitan o impiden el desarrollo progresivo.
Sostengo que la fase de eleccin narcisista de objeto es fini
quitada mediante un proceso de interiorizacin, dando lugar
al surgimiento dentro del yo de una nueva iastitucin: el ideal
del yo. Tal como aqu lo concebimos, este es heredero del
complejo de Edipo negativo. Las identificaciones transitorias
de la adolescencia cumplen un papel primordial en conferirle
nuevo contenido y una direccin determinada. Desde luego, el
ideal del yo puede reconocerse en estadios previos que se re
montan a la niez temprana, pero su primer avance resuelto
hacia la consolidacin como institucin psquica coincide con
la adolescencia temprana, o, ms concretamente, con el fin de
esta fase. Mientras ella se va diluyendo, la libido de objeto
narcisista y homosexual es absorbida y ligada (neutralizada)
en la formacin del ideal del yo. De esta fuente deriva su ina
gotable vitalidad y fortaleza. El sometimiento al ideal del yo
o ms bien la afirmacin de este convierte a cualquier pa
decimiento. aun la muerte voluntaria, en una opcin inelu
dible. El establecimiento de dicha instancia atena el predomi
nio del supery, haciendo que el individuo confe en un princi
pio orientador tcitamente acorde con el yo, sin el cual la vida
pierde direccin, continuidad y significado. Las trasgresiones
contra una y otra institucin son seguidas ora de culpa (super
y), ora de vergenza (ideal del yo). Cualquier discrepancia
entre el ideal del yo y la representacin del self se siente como
un menoscabo de la autoestima o provoca vergenza, contra lo
cual el sujeto se resguarda mediante defensas "paranoides, t
picas de los adolescentes en esta etapa (J acobson, 1964). El
hecho de que el ideal del yo incluya no slo un elemento indivi
dual sino tambin un componente social, segn seal Freud
(19146), hace de l una instancia de control particularmente
apropiada para el proceso adolescente de desvinculacin res
pecto de las dependencias familiares.
En mi estudio de la formacin del ideal del yo durante la
adolescencia temprana en el varn, y, en especial, de la patolo
ga del ideal del yo, comprob que la formulacin que con refe
rencia a esto hace Freud en el trabajo citado es fundamental
para una comprensin de la adolescencia. Tengo presentes los
siguientes pasajes: "Grandes montos de una libido en esencia
homosexual fueron as convocados para la formacin del ideal
narcisista del yo, y en su conservacin encuentran drenaje y sa
tisfaccin (pg. 96). Donde no se ha desarrollado un ideal
as, la aspiracin sexual correspondiente ingresa inmodificada
116
en la personalidad como perversin" (pg. 100). En otras pa
labras, la perseverancia en la temprana posicin adolescente
impide el avance de la libido hacia el hallazgo de objeto hete
rosexual. En tales circunstancias, nunca se alcanza la fase si
guiente, la adolescencia propiamente dicha, aunque puedan
imitarse, siquiera por un tiempo, las formas sociales de una
conducta propia de una posicin ms madura.
En la adolescencia temprana, la patologa del ideal del yo
prefigurada, sin duda, por condiciones antecedentes llega
a un estadio de especificidad dinmica. El caso de Ralph nos
ofreci una vislumbre. Dentro del cuadro clnico total, no
siempre se pone claramente de manifiesto el aspecto especfico
que procede del fracaso de la consolidacin de esta instancia.
De hecho, segn mi experiencia, es a menudo empaado y
apartado de la vista por una maniobra seudoedpica, una pre
ocupacin defensiva con la heterosexualidad, o la declarada
impaciencia por crecer y hacer cosas importantes en la vida.
Puestas a prueba, esas aspiraciones con frecuencia se vienen al
suelo como un castillo de naipes, segn lo demuestra el caso de
Ralph. Atrapado en este impase, el adolescente busca en forma
desesperada un sentido a la vida, o al menos intenta (mental
mente o a travs del acting out) mantener el resultado de este
impase dentro de los confines de sus propias capacidades, su
decisin y su arbitrio. Mi experiencia con casos de adolescencia
prolongada me ha enseado que la crisis a que asistimos con
tanta frecuencia en la adolescencia tarda del varn enraza en
postergaciones o resoluciones incompletas de las tareas evoluti
vas que corresponden a la fase inicial de la adolescencia.
Con esto llego al final de mi empeo por esbozar, dentro de
esa fase, los conflictos, tareas, as como fracasos en trminos de
organizacin pulsional y yoica, que le son inherentes. Si consi
deramos estos fracasos y su catastrfico influjo en el desarrollo
como puntos de fijacin, sus ecos se observan en la psicopatolo-
ga de muchos varones en su adolescencia tarda o de muchos
jvenes incapaces de poner fin al proceso adolescente. En la
mayora de los casos, advertimos la lucha que se ha librado en
esa etapa inicial y comprobamos que ella contena obstculos
que probaron ser insuperables, constituyendo as una barrera
permanente contra el desarrollo progresivo. Por consiguiente,
el estudio de esta etapa permite comprender mejor los fracasos
evolutivas del varn adolescente, al par que arroja luz sobre un
problema ms vasto: el de los destinos de la pulsin agresiva,
que por lo comn cumple un prominente papel en el cuadro
clnico del varn adolescente.
8. El segundo proceso de
individuacin de la adolescencia*
Los procesos biolgicos del crecimiento y la diferenciacin
en el curso de la pubertad producen cambios en la estructura y
funcionamiento del organismo. Estos cambios tienen lugar se
gn un orden de secuencia tpico, llamado "maduracin.
Tambin los cambios psicolgicos de la adolescencia siguen
una pauta evolutiva, pero de distinto orden, ya que ellos ex
traen su contenido, estimulacin, meta y direccin de una
compleja interaccin de choques internos y externos. A la
postre, lo que se observa son nuevos procesos de estabilizacin
y modificaciones de las estructuras psquicas, resultados ambos
de los acomodamientos adolescentes.
Los tramos crticos del desarrollo adolescente se hallan en
aquellos puntos en que la maduracin puberal y el acomoda
miento adolescente se intersectan para integrarse. Desde una
perspectiva clnica y terica, he denominado a estos tramos
las fases adolescentes (Blos, 1962). Ellas son los hitos del de
sarrollo progresivo, y cada una est signada por un conflicto
especfico, una tarea madurativa y una resolucin que es con
dicin previa para pasar a niveles ms altos de diferenciacin.
Ms all de estos aspectos tpicos de las fases adolescentes, po
demos reconocer en la reestructuracin psquica un hilo comn
que recorre la trama ntegra de la adolescencia. Este infaltable
componente se manifiesta con igual pertinacia en la preado-
lescencia y en la adolescencia tarda. Aqu lo conceptualizare-
mos como el segundo proceso de individuacin de la ado
lescencia. En mis estudios anteriores he destacado repetidas
veces l heterogeneidad de las fases en lo tocante a posiciones y
movimientos pulsionales y voicos: ahora vuelvo mi atencin a
un proceso de orden ms general,*que con igual direccin y me
ta se extiende, sin solucin de continuidad, a lo largo de todo el
perodo de la adolescencia.
Si el primer proceso de individuacin es el que se consuma
hacia el tercer ao de vida con el logro de la constancia del self
y del objeto, propongo que se considere la adolescencia en su
conjunto como segundo proceso de individuacin.1Ambos pe
* Publicado originalmente en The Psijrhoanahjtic Stiidy of ihe Chtld. vol. 22.
pgs. 162-86. Nueva York: International Universities Press. 1967.
1. Al hablar de un segundo proceso de indiv iduacin en la adolescencia, se en-
118
rodos comparten la mayor vulnerabilidad de la organizacin
de la personalidad, as como la urgencia de que sobrevengan
en la estructura psquica cambios acordes con el impulso ma
durativo. Por ltimo, aunquc-esto no es menos importante que
lo anterior, cualquiera de ellos que se malogre da lugar a una
determinada anomala en el desarrollo (psicopatologa) que
corporiza los respectivos fracasos en la individuacin. Lo que
en la infancia significa salir del cascarn de la membrana sim
bitica para convertirse en un ser individual que camina por s
solo (Mahler, 1963), en la adolescencia implica desprenderse
de los lazos de dependencia familiares, aflojar los vnculos ob
jtales infantiles para pasar a integrar la sociedad global, o,
simplemente, el mundo de los adultos. En trminos metapsico-
lgicos, diramos que hasta el fin de la adolescencia las repre
sentaciones del self y del objeto no adquieren estabilidad y l
mites firmes, o sea, no se tornan resistentes a los desplazamien
tos de investiduras. El supery edpico en contraste con el su-
pery arcaico pierde en este proceso algo de su rigidez y de
su poder, en tanto que la institucin narcisista del ideal del yo
cobra mayor prominencia e influencia. As, se interioriza ms
el mantenimiento del equilibrio narcisista. Estos cambios
estructurales hacen que la constancia de la autoestima y del ta
lante sea cada vez ms independiente de las fuentes exteriores,
o, en el mejor de los casos, ms dependiente de fuentes exte
riores que el propio sujeto escoge.
L a desvinculacin respecto de los objetos de amor y de
odio interiorizados abre el camino en la adolescencia al
hallazgo de objetos de amor y de odio ajenos a la familia. Esto
es lo inverso de lo acontecido en la niez temprana, durante la
fase de separacin-individuacin; en ella, el nio pudo sepa
rarse psicolgicamente de un objeto concreto, la madre, mer
ced a un proceso de interiorizacin que poco a poco facilit su
creciente independencia respecto de la presencia de aquella, de
sus socorros y de su suministro emocional como principales re
guladores (si no los nicos) de la homeostasis psicofisiolgica.
El pasaje de la unidad simbitica de madre e hijo al estado de
separacin respecto de ella est signado por la formacin de fa
cultades reguladoras internas, promovidas y asistidas por
avances madurativos en especial motores, perceptuales, ver
bales y cognitivos. En el mejor de los casos, el proceso es pen-
tiende que la fase de separacin de la infancia (en el sentido de Margaret
Mahler) no est involucrada en este proceso de diferenciacin psquica, de ms
alto nivel. La experiencia primordial del yo y el "no-yo, del self y el objeto,
no tiene una resonancia comparable en el desarrollo adolescente normal. Es t
pica del adolescente psictico la regresin a esta ltima etapa; se la puede obser
var en la sintomatologia de la fusin y en fenmenos pasajeros de despersonali-
zacin durante la adolescencia.
119
dular, como volvemos a observar en el segundo proceso de in
dividuacin: los movimientos regresivos y progresivos se alter
nan, en intervalos ms cortos o ms largos, dando al observa
dor casual del nio la impresin de una maduracin despro
porcionada. Slo si esa observacin se practica a lo largo de
cierto perodo est uno en condiciones de juzgar el comporta
miento corriente del nio que empieza a caminar o del adoles
cente tpicos, a fin de evaluar si es normal o anmalo.
L a individuacin adolescente es un reflejo de los cambios
estructurales que acompaan la desvinculacin emocional de
los objetos infantiles interiorizados. Este complejo proceso ha
ocupado durante un lapso el centro del inters analtico. Hoy
ya resulta axiomtico que si esa desvinculacin no se logra con
xito, el hallazgo de nuevos objetos amorosos fuera de la fami
lia queda impedido, obstaculizado o limitado a una simple
rplica o sustitucin. En este proceso est intrnsecamente en
vuelto el yo. Hasta la adolescencia, el nio tena a su alcance,
segn su voluntad, el yo de los padres como una legtima exten
sin de su propio yo; esta condicin forma parte inherente de la
dependencia infantil al servicio del control de la angustia y de
la regulacin de la autoestima. Al desligarse, en la adolescen
cia, de los vnculos libidinales de dependencia, se rechazan asi
mismo los consuetudinarios lazos de dependencia del yo en el
perodo de latencia. Por ende, en la adolescencia observ amos
una cierta debilidad relativa del yo, a causa de la intensifica
cin de las pulsiones, as como una debilidad absoluta por el
rechazo adolescente del apoyo yoico de los padres. Estos dos ti
pos de debilidades yoicas se entremezclan en nuestras observa
ciones clnicas. El reconocimiento de estos elementos dispares
en la debilidad del yo adolescente no slo roi ste inters terico
sino utilidad prctica en nuestra labor analtica. Lo ilustrare
mos con un ejemplo.
Un muchacho en los comienzos de la adolescencia, atormen
tado por la angustia de castracin, tom en prstamo de su
madre la siguiente defensa mgica: Nada malo te pasar ja
ms mientras no pienses en ello. La forma en que el mu
chacho utilizaba el control del pensamiento al servicio del
manjo de la angustia revel estar constituida por dos compo
nentes inextricablemente unidos: el componente pulsional, que
resida en el sometimiento masoquista del nio a la voluntad y
al consejo de su madre, y el componente yoico, reconocible en
la adopcin d ese recurso mgico para mitigar su angustia. El
yo del nio se haba identificado con el sistema de control de
angustia de la madre. Al llegar a la pubertad, el empleo reno
vado y en verdad frentico de ese recurso mgico no hizo sino
aumentar su dependencia de ella, sealando as cul era la ni
ca va que poda seguir su pulsin sexual: el sometimiento sa-
120
f.
domasoquista infantil. Al apelar a los procedimientos mgicos
de su madre, l se converta en la vctima de la omnipotencia
de esta, compartiendo su falsificacin de la realidad. L a libidi-
nizacin del sometimiento obstrua el desarrollo progresivo. El
recurso mgico slo poda llegar a ser algo ajeno al yo cuando
este hubiera ganado en autoobservacin crtica y en su examen
de realidad. Dicho de otro modo: slo despus de reconocer la
angustia de castracin vinculada con la madre arcaica poda
afirmarse la modalidad flica y contrarrestar la tendencia al
sometimiento pasivo. En este caso, la creciente aptitud para el
examen de realidad corri pareja con el repudio de las posi
ciones yoicas infantiles, ampliando as los alcances del yo aut
nomo.
. L a desvinculacin del objeto infantil es siempre concomitan
te con la maduracin yoica. Tambin lo inverso es cierto: la in
suficiencia o menoscabo de las funciones yoicas en la adoles
cencia es un hecho sintomtico de fijaciones pulsionales y de la
zos de dependencia infantiles con los objetos. El cmulo de al
teraciones yoicas que marchan paralelas a la progresin pul-
sional en cada fase adolescente desembocan en una innovacin
estructural, resultado ltimo de la segunda individuacin.
Sin duda alguna, durante la adolescencia surgen nuevas y
peculiares capacidades o facultades yoicas, como los espectacu
lares avances en la esfera cognitiva (I nhelder y Piaget, 1958).
Sin embargo, ha observacin nos deja en la incgnita en cuanto
a su autonoma primaria, y, adems, su independencia de la
maduracin pulsional. L a experiencia dice que cuando el de
sarrollo pulsional queda crticamente rezagado respecto de la
diferenciacin yoica, las funciones yoicas recin adquiridas pa
san a ser utilizadas infaliblemente en forma defensiva y pier
den su carcter autnomo. A la inversa, un avance en la madu
racin pulsional favorece la diferenciacin y el funcionamiento
yoicos. L a mutua estimulacin entre las pulsiones y el yo obra
con mximo vigor y eficacia si ambos actan y progresan
dentro de una recproca proximidad optativa. El aflojamiento
de los lazos objetales infantiles no slo cede paso a relaciones
ms maduras o ms adecuadas para la edad, sino que al mismo
tiempo el yo se opone de manera creciente a que se restablez
can los perimidos, y en parte abandonados, estados yoicos y
gratificaciones pulsionales de la niez.
Los psicoanalistas que trabajan con adolescentes siempre
han sido impresionados por esta preocupacin central por las
relaciones. No obstante, la intensidad y magnitud de las mani
festaciones o inhibiciones pulsionaies dirigidas hacia los objetos
no deben hacer olvidar las radicales alteraciones que se produ
cen en esta poca en la estructura yoica. L a sumatora de estos
121
cambios estructurales sobrevive a la adolescencia, como atri
butos permanentes de la personalidad.
Lo que estoy tratando de trasmitir es el carcter particular
de la reestructuracin psquica en la adolescencia, cuando los
desplazamientos de la libido de objeto originan alteraciones
yoicas que, a su vez, dan al proceso de prdida y hallazgo de
objeto (la alternancia de movimientos regresivos y progresivos)
no slo mayor urgencia sino tambin ms amplios alcances en
materia de adaptacin. Esta reaccin circular ha disminuido,
por lo general, al cierre de la adolescencia, con el resultado de
que el yo .ha obtenido una organizacin diferenciada y definiti
va. Dentro de esta organizacin, hay amplio margen para las
elaboraciones de la vida adulta, sobre las cuales influye en gra
do decisivo el ideal del yo.
Pasemos ahora al curso que sigue la individuacin durante la
adolescencia. En el estudio de este proceso, hemos aprendido
mucho de aquellos adolescentes que eluden la trasformacin de
la estructura psquica y remplazan la desvinculacn respecto
de los objetos interiores por su polarizacin; en tales casos, el
rol social y la conducta, los valores y la moral, estn determi
nados por el deseo de ser manifiestamente distinto a la imago
interiorizada, o simplemente lo opuesto de esta. Las perturba
ciones yoicas, evidentes en el acting out, en las dificultades pa
ra el aprendizaje, en la falta de objetivos, en la conducta dila
toria, temperamental y negativista, son con frecuencia los sig
nos sintomticos de un fracaso en la desvinculacin respecto de
los objetos infantiles, y, en consecuencia, representan un des
carrilamiento del proceso de individuacin en s. Como clni
cos, percibimos en el rechazo total que hace el adolescente de
su familia y de su pasado el rodeo que da para eludir el penoso
proceso de desvinculacin. Por lo comn, tales evitaciones son
transitorias y las demoras se eliminan por s mismas; no obstan
te, pueden asumir formas ominosas. Nos es bien conocido el
adolescente que se escapa de su casa en un coche robado, deja
la escuela, vagabundea sin rumbo fijo, se vuelve promiscuo y
adicto a las drogas. En todos estos casos el carcter concreto de
la accin.suple al logro de una tarea evolutiva p. ej., el irse
lejos de la casa suple al distanciamiento psicolgico de los vn
culos de dependencia infantiles. De un modo u otro, por lo
general estos adolescentes se han alejado de sus familias en for
ma drstica y concluyente, convencidos de que no hay comuni
cacin posible entre las distintas generaciones. Al evaluar estos
casos, uno a menudo llega a la conclusin de que el adolescente
procede mal llevado por buenos motivos. Uno no puede de
j ar de reconocer en las medidas de emergencia de una ruptura
violenta con el pasado infantil y familiar la huida frente a un
avasallador impulso regresivo hacia las dependencias, gran
122
diosidades, seguridades y gratificaciones de la infancia. En s,
el empeo por separarse de los lazos de dependencia infantiles
concuerda con la tarea adolescente, pero los medios empleados
suelen abortar el empuje madurativo.
Para muchos adolescentes, esta ruptura violenta constituye
un momento de respiro, una posicin de holding, hasta que se
reaviva el desarrollo progresivo: pero para muchos se convierte
en un modo de vida que a la corta o a la larga las lleva de vuel
ta a aquello que desde el principio se quiso evitar: la regresin.
Al obligarse a tomar distancia fsica, geogrfica, moral e ide
olgica con relacin a su familia o al lugar donde trascurri su
niez, este tipo de adolescente hace que la separacin interior
se vuelva prescindible. En su separacin e independencia
concretas experimenta una exultante sensacin de triunfo sobre
su pasado, y poco a poco se aficiona a este estado de aparente
liberacin. Las contrainvestiduras aplicadas al mantenimiento
de dicho estado dan cuenta de la llamativa ineficacia prctica,
superficialidad emocional, actitud dilatoria y espera expectan
te que caracterizan a las diversas formas de evitar la indivi
duacin. Es cierto que, en alguna etapa crtica del proceso de
individuacin, la separacin fsica de los padres o la polariza
cin del pasado merced al cambio de rol social, a la nueva ma
nera de vestir y acicalarse, a los intereses especiales o preferen
cias morales que se han adquirido, son el nico medio con que
cuenta el adolescente para conservar su integridad psicolgica.
Sin embargo, el grado de madurez que en definitiva se alcance
depender de hasta dnde haya avanzado el proceso de indivi
duacin, o de que en algn punto haya llegado a un impase y
permanezca incompleto. De lo anterior se desprende que el
concepto de "segunda individuacin es relativo; por un lado,
depende de la maduracin pulsional; por el otro, de la perdu
rabilidad que ha adquirido la estructura yoica. Con esa expre
sin se designan, pues, los cambios que acompaan la desvin
culacin adolescente respecto de los objetos infantiles y son
consecuencia de esta.
L a individuacin implica que la persona en crecimiento asu
ma cada vez ms responsabilidad por lo que es y por lo que ha
ce, en lugar de depositarla en los hombros de aquellos bajo cu
ya influencia y tutela ha crecido. En nuestra oca hay una ac
titud muy generalizada entre los adolescentes ms refinados,
que consiste en culpar a sus padres o a la sociedad (la
cultura) por las deficiencias y desilusiones de su juventud; o
bien, en una escala trascendental, la tendencia a ver en los po
deres incontrolables de la naturaleza, el instinto, el destino y
otras generalidades por el estilo las fuerzas absolutas y ltimas
que gobiernan la vida. Al adolescente que ha adoptado dicha
postura le parece vano oponerse a tales fuerzas; declara, ms
123
bien, que el verdadero rasgo distintivo de la madurez es la re
signacin ante la falta de objetivos. Asume la actitud displicen
te de Mersault en El extranjero, de Camus. L a incapacidad de
separarse de los objetos interiores salvo mediante un distan-
ciamiento fsico acompaado de repudio y menosprecio se vi
vencia subjetivamente como un sentimiento de alienacin. Ad
vertimos que tal es el estado de nimo endmico en un sector
considerable de los adolescentes actuales, chicos y chicas de
promisorias dotes criados en hogares ambiciosos aunque indul
gentes, por lo comn de clase media, y en el seno de familias
progresistas y liberales.
Al estudiar la morfologa de la individuacin adolescente
con perspectiva histrica, notamos que en cada poca surgen
roles y estilos predominantes a travs de los cuales se instru
menta y socializa esta tarea de la adolescencia. Tales epifen
menos del proceso de individuacin siempre se hallan, de un mo
do u otro, en oposicin al orden establecido.2 L a diferencia
crucial sigue siendo que este nuevo modo de vida se convierta
en un desplazado campo de batalla donde el muchacho se libe
re de sus lazos de dependencia infantiles, y pueda as llegar a la
individuacin, o, por el contrario, que las nuevas formas pasen
a ser sustitutos permanentes de los estados infantiles, impidien
do as el desarrollo progresivo. L a valencia patognomnica de
una separacin fsica tal como el abandono del hogar o de la es
cuela, o el entregarse a modos de vida adultomorfos (especial
mente en lo sexual), slo puede determinarse si se la considera
en relacin con el ethos contemporneo (el Zeitgeist o espritu
de la poca), el medio total y sus sanciones tradicionales de las
formas de conducta que dan expresin a las necesidades pube-
rales. L a intensificacin de las pulsiones en la pubertad reacti
va relaciones objtales primarias dentro del contexto de ciertas
modalidades pulsionales pregenitales a las que se acuerda prefe
rencia. Sin embargo, durante la adolescencia la libido y la
agresin no pasan simplemente, en un giro de ciento ochenta
grados, de los objetos de amor primarios a otros no incestuosos.
El yo est intrnsecamente envuelto en todos estos desplaza
mientos de investiduras, y en ese proceso adquiere la estructura
por la cual puede ser definida la personalidad posadolesccnte.
2 Un ejemplo sera la indumentaria cmoda y ostentosamente simple introdu
cida por un sector de muchachos alemanes cultos durante la segunda mitad del
sido wni, como reaccin frente al refinamiento >delicadeza franceses en ma
teria de vestimenta masculina. Al par que se arrancaban las finas cintas de las
camisas, los jvenes desplegaban de modo abierto y exuberante sus emociones
(llantos, abrazos). Anlogamente, la peluca fue remplazada por largas cabelle
ras naturales. Estos jvenes, en quienes ecombinaba la influencia de Rousseau
con una reaccin ante la hipocresa del orden establecido", crearon su propia
moda ant (convencional y espontnea, y. ms all de esta, agregaron su cuota de
fermento poltico a la poca.
124
As pues, la individuacin adolescente es reflejo de un proceso
y de un logro, y ambos constituyen elementos inherentes al
proceso total de la adolescencia.
Dejar ahora la descripcin dp conocidos ajustes adolescen
tes y pasar a examinar sus implicaciones tericas. En la des
vinculacin de los objetos infantiles, tan esencial para el de
sarrollo progresivo, se renueva el contacto del yo con posi
ciones puLsionales y yoicas infantiles. El yo de la poslatencia es
t, por decir as, preparado para este combate regresivo, y es
capaz de dar soluciones distintas, ms perdurables y apro
piadas para la edad, a las predilecciones infantiles. L a reins
tauracin de las posiciones pulsionales y yoicas infantiles es un
elemento esencial del proceso de desvinculacin adolescente.
Las funciones yoicas comparativamente estables (v. gr., la me
moria o el control motor) y, adems, las instituciones psquicas
comparativamente estables (v. gr., el supery o la imagen cor
poral) sufrirn notables fluctuaciones y cambios en sus opera
ciones ejecutivas. El observador experto puede reconocer, en el
colapso pasajero y reconstitucin final de estas funciones e ins
tituciones, su historia ontogentica. Uno estara tentado de de
cir, mecansticamcnte, que en la adolescencia se produce un
reacomodamiento de los elementos que componen la psique,
dentro del marco total de un aparato psquico que se man
tiene fijo.
En el supery. considerado otrora una institucin posedpiea
inflexible, sobreviene durante la adolescencia una reorganiza
cin considerable (A. Freud, 1952a). La observacin analtica
de los cambios del supery en este perodo ha sido sumamente
instructiva para estudiar la variabilidad de las estructuras ps
quicas protoadolescentes. Echaremos ahora una mirada ms
de cerca a la mutabilidad de esta institucin posedpiea. En el
anlisis de adolescentes aparece con gran claridad la personifi
cacin regresiva del supery. Esto nos permite vislumbrar su
origen en las relaciones objetales. Desenvolver el proceso que
dio lugar a la formacin del supery es como pasar hacia atrs
una pelcula cinematogrfica. Lo ilustraremos con el anlisis
de dos adolescentes, ambos incapaces de adecuarse a los re
quisitos rutinarios de la vida cotidiana, ambos fracasados en
materia de trabajo, cualquiera que fuese la ndole de este, y
tambin en materia de amor, cualquiera que fuese su ndole.
A un muchacho posadolescente lo desconcertaba el hecho de
que mostraba igual indiferencia ante lo que le gustaba hacer y
ante lo que no le gustaba; esto ltimo lo entenda bien, pero lo
primero le pareca sin sentido. Advirti que cada vez que reali
zaba una actividad o la escoga, lo acompaaba esta pregunta
preconcicnte: A juicio de mi madre, sera bueno lo que yo
hago? Querra que yo lo hiciese?". L a respuesta afirmativa
125
automticamente desacreditaba la actividad en cuestin, aun
cuando esta fuera de naturaleza placentera. En este impase, el
muchacho lleg a una inactividad total, procurando ignorar la
constante presencia de la madre en su mente y la influencia
que ella tena en sus elecciones y acciones. Cuando retom el
relato de su dilema, dijo: Si compruebo que mi madre quiere
lo que yo quiero, o sea, si ambos queremos lo mismo, me turbo
y, haga lo que hiciere en ese instante, dejo de hacerlo".
Una muchacha posadolcscente haba orientado su proceder,
a lo largo de toda su niez, por el deseo de ganarse el elogio y
admiracin de sus allegados; empero, en su adolescencia tarda
se embarc en una modalidad de vida que se alzaba en franca
oposicin a la de su familia: dej de ser lo que los dems, Segn
ella pensaba, queran que fuese. Para su pesar, esta indepen
dencia elegida por ella no le garantiz en absoluto su autode
terminacin, pues a cada momento se interpona la idea de la
aprobacin o la desaprobacin de sus padres. Senta que sus
decisiones no le pertenecan, porque estaban guiadas por el de
seo de hacer lo opuesto de aquello que hubiera complacido a
sus progenitores. Como consecuencia de ello, lleg a un
completo callejn sin salida en materia de accin y decisin.
Marchaba a la deriva, llevada por la caprichosa brisa de las
circunstancias. Todo cuanto poda hacer era delegar la orien
tacin parental en sus amigos de ambos sexos, viviendo vica
riamente a travs de las expectativas y gratificaciones de estos,
al par que la atormentaba el constante temor de sucumbir a su
influencia o bien, en un plano ms profundo, de fundirse con
ellas perdiendo su sentido de s misma.
En ambos casas, el enredo del supery con las relaciones ob
jtales infantiles dio por resultado un impase evolutivo. No se
haba logrado lo que normalmente se obtiene durante la laten-
cia: la reduccin de la dependencia objetal infantil merced a la
identificacin y a la organizacin del supery. En lugar de
ello, las identificaciones primitivas yacentes en el supery ar
caico y en los estadios precursores del supery haban dejado su
poderosa impronta en estos dos adolescentes. Fantasas con res
pecto a la propia originalidad y expectativas grandiosas acer
ca de s mismos, una vez materializadas por va de la identifi
cacin con la madre omnipotente, convertan a toda accin do
tada de un propsito en algo penosamente nimio y decep
cionante. L a tarca de reorganizacin del supery, propia de la
adolescencia, sumi de nuevo a estos dos jvenes en el plano ar
caico de las identificaciones primitivas (A. Reich, 1954). El
hecho de que el supery tenga su origen en relaciones objtales
edpicas y preedpicas hace que dicha institucin psquica sea
sometida a una revisin radical en la adolescencia. No es de
sorprender que las perturbaciones superyoicas constituyan una
126
anomala peculiar de los adolescentes. Cuando durante la ni
ez slo se obtuvo tenuemente la autonoma secundaria de las
funciones yoicas, la libido de objeto contina extrayendo grati
ficacin de su ejercicio. Con el avance de la maduracin pube-
ral, esta herencia arrojar a las funciones superyoicas en un es
pantoso desorden. Si al adolescente su comportamiento le es
dictado, en forma general y duradera, por una defensa contra
la gratificacin objetal infantil, queda vedada la reorganiza
cin del supery. o, dicho de otro modo, la individuacin ado
lescente resulta inconclusa.
L a labor analtica con adolescentes pone de manifiesto, casi
invariablemente, que las funciones yoicas y superyoicas vuel
ven a estar involucradas con las relaciones objtales infantiles.
El estudio de este tema me ha llevado al convencimiento de
que el peligro que amenaza a la integridad del yo no emana
nicamente de la fuerza de las pulsiones puberales, sino, en
igual medida, de la fuerza del impulso regresivo. Descartando
el supuesto de una enemistad fundamental entre el yo y el ello,
he llegado a la conclusin de que la reestructuracin psquica
por regresin representa la ms formidable tarea anmica de la
adolescencia. As como Hamlet anhela el placer que conlleva el
dormir pero teme a los sueos que este ha de traerle, as tam-
t bin el adolescente anhela la gratificacin pulsional y yoica pe
ro teme volver a quedar involucrado en relaciones objetales in
fantiles. Paradjicamente, esa tarea adolescente slo puede
cumplirse a travs de la regresin pulsional y yoica. Slo a tra
vs de la regresin pueden ser modificados los restos de
traumas, conflictos y fijaciones infantiles, haciendo obrar
sobre ellos los ampliados recursos del yo, apuntalados en esta
edad por el empuje evolutivo que propende al crecimiento y la
maduracin. Torna factible este avance la diferenciacin o
maduracin del yo, legado normal del perodo de latencia. Du
rante los movimientos regresivos de la adolescencia, la parte
del yo autoobservadora y ligada a la realidad se mantiene por
lo comn intacta, al menos marginalmente. Quedan as redu
cidos o controlados los peligros que entraa la regresin la
prdida catastrfica del self, el retorno al estadio de indferen-
ciacin, o la fusin.
Geleerd (1961) ha sugerido que "en la adolescencia tiene lu
gar una regresin parcial a la fase indiferenciada de relaciones
objetales". En un trabajo posterior, basado en su estudio pre
vio, Geleerd (1964) ampla su concepcin y enuncia que "el in
dividuo que crece pasa a travs de muchas etapas regresivas, en
las que participan las tres estructuras. Esta ltima formula
cin ha sido confirmada por la prctica clnica y hoy forma
parte integrante de la teora psicoanaltica de la adolescencia.
Hartmann (1939) fue quien sent las bases para estas considera-
127
ciones sobre el desarrollo con su formulacin de la adaptacin
regresiva. Esta modalidad adaptativa desempea un papel, a
lo largo de la vida, en toda suerte de situaciones crticas.
Lo que aqu quiero destacar es que la adolescencia es el ni
co perodo de la vida humana en que la regresin yoica y pul-
sional constituye un componente, obligatorio del desarrollo
normal. L a regresin normativa adolescente opera al servicio
del desarrollo; la regresin como mecanismo de defensa acta
junto a la regresin al servicio del desarrollo. No es fcil dife
renciar en la clnica estas dos formas de regresin; de hecho, a
menudo es imposible hacerlo, y queda como un punto discu
tible, al menos durante cierto lapso. En un sentido estricto, el
tema de mi investigacin es la influencia mutua entre la regre
sin yoica y la pulsional (o la interaccin de ambas) a medida
que producen cambios en la estructura psquica. Conceptuali-
zamos aqu como individuacin adolescente el proceso de
cambio estructural y su logro, subrayando el prominente papel
de la desinvestidura de representaciones objtalas infantiles en
la reestructuracin psquica de la adolescencia. La regresin
especfica de la fase inaugura transitorias vicisitudes de ina
daptacin y mantiene en la juventud un estado de gran volubi
lidad psquica (vase el captulo 12). Esta condicin explica
gran parte de la desconcertante conducta y singular turbulen
cia emocional de esta edad.
A fin de exponer mejor la funcin que cumple la regresin
adolescente, ser til compararla con los movimientos regresi
vos de la niez temprana. En esta, a los estados de stress que
sobrecargan la capacidad adaptativa del nio se responde nor
malmente mediante la regresin pulsional y yoica, pero las
regresiones de esta naturaleza no constituyen pasos evolutivos
previos a la maduracin pulsional y yoica. Por el contrario, la
regresin adolescente, que no es de ndole defensiva, forma
parte inherente del desarrollo puberal. Pese a ello, esta regre
sin provoca con suma frecuencia angustia; si esta angustia se
torna ingobernable, se movilizan, secundariamente, medidas
defensivas. La regresin de la adolescencia no es, en y por s
misma, una defensa, pero constituye un proceso psquico esen
cial, que, pese a la angustia que engendra, debe seguir su cur
so. Slo entonces puede consumarse la tarea implcita en el de
sarrollo adolescente. Nunca se destacar lo suficiente que
aquello que, al comienzo, cumple en este proceso una funcin
defensiva o restitutiva, pasa luego a cumplir normalmente una
funcin adaptativa y contribuye en grado decisivo a la singula
ridad de una determinada personalidad.
En la reestructuracin psquica adolescente no slo observa
mos ua regresin pulsional sino tambin una regresin yoica.
Esta ltima connota la revivenciacin de estados yoicos aban
128
donados total o parcialmente, los cuales o bien fueron ciudade-
las de proteccin y seguridad, o constituyeron otrora formas es
peciales de hacer frente al stress. L a regresin yoica siempre se
evidencia en el proceso adolescente, pero nicamente opera en
contra de la segunda individuacin cuando acta de manera
puramente defensiva. Viendo las cosas en retrospectiva, no po
demos dejar de admitir, ante muchas de las extravagancias de
los adolescentes, que una retirada estratgica era el mejor ca
mino hacia la victoria: Reculer pour mieux sauter. El de
sarrollo progresivo se estanca slo cuando la regresin pul-
sional y yoica alcanza la inmovilidad de una fijacin adoles
cente.
L a regresin yoica se hallar, por ejemplo, en la reviven-
ciacin de estados traumticos, que no faltan en la niez de na
die. En enfrentamientos que l mismo inventa con reproduc
ciones en miniatura o representaciones vicarias del trauma ori
ginal en situaciones de la vida real, el yo adquiere poco a poco
dominio sobre situaciones peligrosas arquetpicas. L a dramati-
zacin y experimentacin de los adolescentes, as como gran
parte de su patologa delictiva (vase el captulo 13), corres
ponden a esta actividad yoica, a menudo inadaptada. Por lo
comn, sin embargo, de la lucha contra los restos de traumas
infantiles surge una mayor autonoma yoica. Desde este punto
de vista, puede decirse que la adolescencia ofrece una segunda
oportunidad para hacer las paces con situaciones de peligro
abrumadoras (n relacin con el ello, el supery y la realidad)
que sobrevivieron a la infancia y la niez.
Los estados yoicos adolescentes de naturaleza regresiva
pueden reconocerse, asimismo, en un retorno al "lenguaje de la
accin, a diferencia de la comunicacin verbal simblica, y,
adems, en un retomo al lenguaje corporal, a la somatiza-
cin de los afectos, conflictos y pulsiones. Este ltimo fenme
no es el respoasable de las numerosas afecciones y dolencias f
sicas tpicas de la adolescencia, ejemplificadas por la anorexia
nerviosa y ia obesidad psicgena. Dicha somatizacin es ms
evidente en las nias que en los varones; forma parte de esa di
fusin de la libido que en la mujer normalmente produce la
erotizacin del cuerpo, en especial de su superficie. L a libido
de objeto, desviada hacia diversas partes del cuerpo o sistemas
de rgano, facilita la formacin de sensaciones hipocon
dracas y de cambios corporales que son bien conocidos clni
camente a partir de los estadios iniciales de la psicosis (A.
Freud, 1958, pg. 272). Durante la adolescencia podemos to
parnos con estos mismos fenmenos, pero sin que se presenten
secuelas psicticas.
Contemplando el lenguaje de la accin de los adolescen
tes, uno no puede dejar de reconocer en l el problema de la ac
129
tividad versus la pasividad, la anttesis ms antigua de la vida
del individuo. No cabe sorprenderse de que con el estallido de
la pubertad, con el pasmoso crescendo de la tensin pulsional y
el crecimiento fsico, el adolescente recaiga en viejas y conoci
das modalidades de reduccin de la tensin. L a regresin pul
sional, en busca de una de estas modalidades, conduce en lti
ma instancia a la pasividad primordial, que se alza en fatal
oposicin frente al cuerpo que madura, sus incipientes capaci
dades fsicas y sus aptitudes mentales recientemente desplega
das. El desarrollo progresivo apunta a un grado creciente de
confianza en s mismo, a un dominio cada vez mayor del am
biente y, en verdad, a la trasformacin de este ltimo por obra
de la voluntad, que aproxime ms la concrecin de los deseos y
aspiraciones.
Los estados yoicos regresivos se disciernen, asimismo, en la
conocida idolatra y adoracin de hombres y mujeres clebres
por parte del adolescente. En nuestro mundo actual, estas figu
ras son escogidas predominantemente en el mbito de los es
pectculos y los deportes: son los grandes astros del pblico.
Nos recuerdan a los padres idealizados por el nio en sus ms
tiernos aos. Sus imgenes glorificadas constituyen un regula
dor indispensable del equilibrio narcisista del nio. No ha de
llamar nuestra atencin que las paredes de su cuarto, cubiertas
con posters de los dolos populares, queden desiertas tan pronto
la libido de objeto se compromete en relaciones personales ge-
nuinas. Entonces, esa pasajera bandada figurativa de dioses y
diosas efmeros se vuelve prescindible de la noche a la maana.
Los estados yoicos infantiles son tambin reconocibles en es
tados emocionales prximos a la fusin, y que con frecuencia se
vivencian en conexin con abstracciones como la Verdad, la
Naturaleza, la Belleza, o en la brega por ideas o ideales de n
dole poltica, filosfica, esttica o religiosa. Estos estados de
cuasi-fusin en el mbito de las representaciones simblicas se
buscan como un respiro temporario, y sirven como salvaguar
dias contra la fusin total con los objetos infantiles interioriza
dos. A esta esfera de la regresin yoica pertenecen las conver
siones religiosas o los estados de fusin provocados por drogas.
La regresin yoica limitada que es caracterstica (y obligato
ria) en la adolescencia slo puede tener lugar dentro de un yo
comparativamente intacto. Por lo general, el aspecto del yo al
que designamos como el yo crtico y observador contina
ejerciendo su funcin, aunque esta haya disminuido en forma
notoria, e impide as que la regresin yoica se deteriore y con
vierta en un estado infantil de fusin. Sin duda alguna, esta
regresin adolescente impone una severa prueba al yo. Ya se
alamos que, antes de la adolescencia, el yo parental se vuelve
asequible al nio y brinda estructura y organizacin al yo de
este ltimo como entidad funcional. Ia adolescencia perturba
esta alianza, y la regresin yoica deja al desnudo la integridad
o las falencias de la temprana organizacin yoica, que extrajo
decisivas cualidades positivas o negativas de su trnsito a travs
de la primera fase de separacin-individuacin, en el segundo
y tercer aos de vida. L a regresin yoica adolescente en una
estructura yoica fallida sume al yo regresivo en su primitiva
condicin anormal. L a distincin entre una regresin yoica
normal o patolgica radica, precisamente, en que ella se apro
xime al estado indifercnciado o lo alcance en forma consuma
da. Esta distincin es anloga a la que existe entre un sueo y
una alucinacin. L a regresin al yo seriamente defectuoso de
la niez temprana trasforma el tpico impase evolutivo de la
adolescencia en una psicosis pasajera o permanente. El grado
de insuficiencia del yo temprano a menudo slo se pone de ma
nifiesto en la adolescencia, cuando la regresin deja de estar al
servicio del desarrollo progresivo, impide la segunda indivi
duacin y cierra el camino a la maduracin pulsional y yoica.
Siguiendo el desarrollo de nios esquizofrnicos a quienes
trat con xito en el comienzo y en el perodo intermedio de su
niez, comprob que en su adolescencia tarda volva a reinci
dir, con ms o menas gravedad, su patologa primitiva. Esta
recada por lo comn se produca cuando abandonaban el ho
gar para cursar sus estudios universitarios, luego de haber
hecho, en los aos intermedios, notables avances en su de
sarrollo psicolgico (v. gr., en materia de aprendizaje y comu
nicacin) as como en su adaptacin social. La funcin evoluti
va de la regresin yoica adolescente quedaba reducida a cero
cuando los estadios yoicos tempranos, de los que debe extraer
su fuerza el segundo proceso de individuacin, eran reacti
vados y demostraban poseer falencias crticas. L a patologa
nuclear volvi una vez ms a fulgurar. Su imposibilidad de
desvincularse emocionalmentc de su familia durante la adoles
cencia puso de relieve hasta qu punto estos nios haban vivi
do, en el lapso intermedio, tomando en prstamo la fuerza
yoica. L a terapia les permiti derivar nutrimento emocional
del ambiente. Esta capacidad les fue til, por cierto, durante
su segundo episodio agudo; ella hizo que lo atravesaran y pu
dieran recuperarse. Cuando, en la adolescencia, debe cortarse
el cordn umbilical psicolgico, los nios con temprano dao
yoico recaen en una estructura psquica fallida que resulta
completamente inadecuada para la tarea del proceso de indivi
duacin. Estos casos arrojan luz sobre los problemas estructu
rales de cierta psicopatologa adolescente, y a la vez insinan
un continuum de tratamiento de la psicosis o esquizofrenia in
fantil, que llega a la adolescencia (por lo comn la adolescen
cia tarda) o debe ser retomado en ese perodo.
131
Un rasgo de la adolescencia que no escapa a nuestra atencin
reside en el frentico empeo por mantenerse ligado a la reali
dad movindose de un lado a otro, mostrndose activo, ha
ciendo cosas. Se revela adems en la necesidad de tener expe
riencias grupales o relaciones personales en que haya una vivi
da e intensa participacin y afectividad. Los cambios frecuen
tes y repentinos en estas relaciones con cualquiera de los dos se
xos pone de relieve su carcter espurio. Lo que se busca no es
un lazo personal sino el aguzado afecto y la agitacin emo
cional que l provoca. Pertenece a este dominio la urgente ne
cesidad de hacer cosas por divertirse", para escapar a la sole
dad afectiva, la apata y el tedio. Este cuadro sera incompleto
si no mencionramos al adolescente que busca estar a solas en
un esplndido aislamiento" a fin de conjurar en su mente esta
dos afectivos de extraordinaria intensidad; para estas inclina
ciones, no hay mejor rtulo que el de hambre de objeto y de
afecto. Lo que todos estos adolescentes tienen en comn es la
necesidad de penetrantes e intensos estados afectivos, ya sea
que estos se distingan por su exuberante exaltacin o bien por
el dolor y la angustia. Podemos concebir esta situacin afec
tiva como un fenmeno restitutivo que es secuela de la pr
dida del objeto interno y el concomitante empobrecimiento
del yo.3
L a experiencia subjetiva del adolescente expresada en el
dilema: Quin soy yo?" contiene mltiples enigmas. Refle
ja lo que conceptulizamos como prdida o empobrecimiento
del yo. L a prdida del yo es, a lo largo de la adolescencia, una
amenaza constante a la integridad psquica y da origen a for
mas de conducta que aparecen anmalas, pero que hay que
evaluar como empeos por mantener en marcha el proceso
adolescente mediante un vuelco frentico (aunque inadaptado)
hacia la realidad. El cuadro clnico de muchos delincuentes,
visto desde esta perspectiva, suele revelar ms componentes sa
nos de los que por lo general se le acreditan (vanse ejemplos,
clnicos de esto en el captulo 12).
3 A primera vista, parecera una contradiccin hablar de empobrecimiento
dd yo cuando la libido de objeto es desviada hacia el sdf, pero un yo sano no to
lera bien durante mucho tiempo que se lo ceroene de las relaciones objtales. La
inundacin del self con libido narclsista slo se toma acorde con el yo en el ado
lescente pslctfco, para quien el mundo real es opaco e incoloro. El adolescente
normal Uene una sensacin de aterradora irrealidad ante un creciente aisla
miento narcisista respecto del mundo de los objetos. Por consiguiente, lu mas
turbacin no le proporciona jams una forma de {ratificacin permanente, ya
que a la postre reduce su autoestima. Si bien es cierto que las fantasas mastur
batorias pueden despertar sentimientos de culpa a travs de la prohibicin su-
peryoica, no podemos ignorar el hecho de que la merma de la autoestima deri
va, en gran medida, dd debilitamiento dd vinculo con d mundo de los objetos,
o sea, en otras palabras, de un critico desequilibrio narcisista.
132
Quisiera reconsiderar aqu el hambre de objeto del adoles
cente y su empobrecimiento yoico. Estas dos pasajeras si
tuaciones evolutivas encuentran compensatorio alivio en el
grupo, la pandilla, el crculo de amigos, los coetneos en gene
ral. El grupo de pares sustituye (a menudo literalmente) a la
familia del adolescente (vase el captulo 5). En la compaa
de sus contemporneos el muchacho o la chica hallan estmulo,
sentido de pertenencia, lealtad, devocin, empatia y resonan
cia. Recuerdo aqu al saludable nio del estudio de Mahler
(1963), un caminador novel, quien durante la crisis de
separacin-individuacin revel una sorprendente capacidad
para extraer de la madre suministros de contacto y participa
cin. En la adolescencia, estos suministros de contacto son
proporcionados por el grupo de pares. El nio que empieza a
caminar requiere del auxilio de la madre para alcanzar la auto
noma; el adolescente se vuelve hacia la horda de sus con
temporneos, de cualquier tipo que ella sea, para obtener esos
suministros sin los cuales no es posible materializar la segunda
individuacin. El grupo permite las identificaciones y los ensa
yos de rol sin demandar un compromiso permanente. Tambin
da lugar a la experimentacin interactiva como actividad de
corte con los lazos de dependencia infantiles, ms que como
preludio a una nueva, duradera relacin ntima. Por aadidu
ra, el grupo comparte y as, alivia los sentimientos indivi
duales de culpa que acompaan la emancipacin de las depen
dencias, prohibiciones y lealtades infantiles. Resumiendo, cabe
afirmar que, en lneas generales, los contemporneos allanan
el camino para pasar a integrar la nueva generacin, dentro de
la cual el adolescente debe establecer su identidad social, per
sonal y sexual en cuanto adulto. Si la relacin con los pares no
hace ms que sustituir los lazos de dependencia infantiles, el
grupo no ha cumplido su funcin. En tales casos, el proceso
adolescente ha sufrido un cortocircuito, con el resultado de que
las dependencias emocionales irresueltas se convierten en atri
butos permanentes de la personalidad. En esas circunstancias,
la vida en el seno de la nueva generacin se desenvuelve, extra
amente, como sombras chinescas del pasado del individuo: lo
que ms deba evitarse se repite con fatdica exactitud.
Una adolescente mayor, estancada en una rgida postura an
ticonformista que le serva como proteccin contra un impulso
regresivo inusualmente intenso, expres tan bien lo que yo me
he empeado en decir que le ceder,1a palabra. Reflexionando
sobre un caso de inconformismo, acot: Si uno acta en oposi
cin a lo previsto, se da de porrazos a diestra y siniestra con las
reglas y normas. Hoy, el hacer caso omiso de la escuela
simplemente no fui me hizo sentir muy bien. Hizo que me
sintiera una persona y no un autmata. Si uno contina rebe
133
lndose y choca lo suficientemente a menudo con el mundo que
lo rodea, en su mente comienza a esbozarse un bosquejo de s
mismo. Eso es indispensable. Tal vez, cuando uno sabe quin
es, no necesita ser distinto de aquellos que saben (o creen que
saben) cmo debera ser uno. Una declaracin como esta re
afirma el hecho de que para la conformacin de la personali
dad adolescente es condicin necesaria una firme estructura
social.
Abordar ahora las vastas consecuencias que tiene el hecho
de que la regresin de la adolescencia sea la condicin previa
para un desarrollo progresivo. L a observacin clnica me llev
a inferir que el adolescente tiene que entablar contacto emo
cional con las pasiones de su infancia y de su niez temprana a
fin de que estas depongan sus investiduras originales. Slo en
tonces podr el pasado desvanecerse en los recuerdos concien*
tes e inconcientes, y el avance de la libido conferir a la juven
tud su singular intensidad emocional y firmeza de propsitos.
El rasgo ms profundo y peculiar de la adolescencia reside
en la capacidad de pasar de la conciencia regresiva a la progre
siva con una facilidad que no tiene parangn en ningn otro
perodo de la vida humana. Esta fluidez da cuenta, quiz, de
los notables logros creadores y decepcionadas expectativas
de esta particular edad. L a experimentacin del adolescente
con el self y la realidad, con los sentimientos y pensamientos,
otorgar, en caso de que todo vaya bien, contenido y forma du
raderos y precisos a la individuacin, en trminos de su realiza
cin en el ambiente. Una de esas formas decisivas de realiza
cin es, por ejemplo, la eleccin vocacional.
En el proceso de desvinculacin de los objetos de amor y odio
primarios, una cualidad de las tempranas relaciones objetales
se manifiesta bajo la forma de ambivalencia. El cuadro clnico
de la adolescencia pone de relieve la desmezcla de las mociones
pulsionales. Actos y fantasas de agresin pura son tpicos de la
adolescencia en general, y de la masculina en especial. No
quiero decir con ello que todos los adolescentes sean manifies
tamente agresivos, sino que la pulsin agresiva afecta el
equilibrio pulsional existente antes de la adolescencia y exige
nuevas medidas de adaptacin. En este punto de mi indaga
cin no me interesa la forma que puedan adoptar esas medidas
desplazamiento, sublimacin, represin o trastorno hacia lo
contrario. El anlisis de la agresin manifiesta conduce, en
ltima instancia, a elementos de furia y sadismo infantiles; en
esencia, a la ambivalencia infantil. Revividas en la adolescen
cia, las relaciones objetales infantiles habrn de presentarse en
su forma original, vale decir, en un estado ambivalente. De
hecho, la tarea suprema de la adolescencia es fortalecer las
relaciones objetales posambivalentes. L a inestabilidad emo
cional en las relaciones personales, y, por encima de ello, la
inundacin de las funciones yoicas autnomas por la ambiva
lencia en general, crea en el adolescente un estado de precaria
labilidad y de contradicciones incomprensibles en cuanto a los
afectos, pulsiones, pensamientos y conducta. L a fluctuacin
entre los extremos del amor y el odio, la actividad y la pasivi
dad. la fascinacin y la indiferencia, euna caracterstica tan
conocida de la adolescencia que no tenemos que detenernos
aqu en ella. Sin embargo, el fenmeno merece ser explorado en
relacin con el tema de este estudio, a saber, la individuacin.
Un estado de ambivalencia enfrenta al yo con una situacin
que, a causa de su relativa madurez, el yo siente como intole
rable, no obstante lo cual el manejo constructivo de esa si
tuacin desborda, al menos temporariamente, su capacidad de
sntesis. Muchas aparentes operaciones defensivas, como el ne-
gativismo. la conducta opositora o la indiferencia, no son sino
exteriorizaciones de un estado ambivalente que ha penetrado
en la personalidad total.
Antes de proseguir con estas ideas, las ilustrar con un frag
mento tomado del anlisis de un muchacho de diecisiete anos.
En lo que sigue me centrar en aquellos aspectos del material
analtico que reflejan la desvinculacin respecto de la madre
arcaica y que tienen relacin directa con el tema de la ambiva
lencia y la individuacin. Este muchacho, capaz e inteligente,
se vinculaba con los dems en un plano de intelectualizacin. y
mejor con los adultas que con sus pares. Todas sus relaciones
personales, en especial dentro de su familia, estaban impregna
das de una actitud pasivo-agresiva. Uno adverta en l una tu
multuosa vida interior que no haba hallado expresin en la
conducta afectiva. Era dado al malhumor y a la reserva sigilo
sa; su desempeo escolar era irregular; se volva por perodos
terco y negativista. y framente exigente en el hogar. Dentro de
este cuadro fluctuante era posible discernir una generalizada
e impenetrable altanera, rayana en la arrogancia. Esta anor
malidad se hallaba bien fortificada por defensas obsesivo-
compulsivas. En s misma, la eleccin de este mecanismo de
defensa insina el papel predominante que desempeaba la
ambivalencia en la patognesis de este caso.
Hasta que no se logr acceso a las fantasas del muchacho no
se pudo apreciar su necesidad de una rgida, inatacable organi
zacin defensiva. Cada uno de sus actos y pensamientos iba
acompaado de una involucracin (hasta entonces inconcien
te) con la madre y de su fantaseada complicidad, para bien o
para mal, en su vida cotidiana. Tena una iasaciable necesidad
de sentirse prximo a la madre, quien desde sus primeros aos
l<>haba dejado al cuidado de una parienta bienintencionada.
De nio siempre haba admirado, envidiado y alabado a su
135
madre; el anlisis lo ayud a vivenciar el odio, desprecio y te
mor que senta hacia ella cada vez que eran frustrados sus in
tensos deseos de ser objeto de la generosidad material de ella.
Se volvi claro que sus procederes y talantes estaban determi
nados por el flujo y reflujo del amor y odio que experimentaba
hacia su madre, o que l imaginaba que ella senta hacia l.
As, por ejemplo, no haca sus tareas escolares cuando privaba
en l la idea de que su buen rendimiento en los estudios
complacera a la madre. En otros momentos suceda lo inverso.
En cierta oportunidad en que se le otorg un premio en el cole
gio, lo mantuvo en secreto para que su madre no se enterara y
utilizara su logro como una pluma de su propio sombrero
o sea, se lo robara. Sala a caminar a escondidas, pues su
madre prefera a los muchachos que hacan vida al aire libre,
y, para ponerla a ella en una situacin censurable, l se dejara
regaar por no tomar aire fresco. Si l disfrutaba de un espec
tculo o invitaba a un amigo a la casa, todo el placer del acon
tecimiento se le estropeaba si su madre se senta encantada por
ello y mostraba su aprobacin. A modo de venganza, tocaba el
piano, tal como quera su madre, pero lo haca con un perma
nente jortissimo, sabiendo muy bien que la intensidad del soni
do a elia le crispaba los nervios. Tocar el piano fuerte era una
accin sustitutiva de gritarle. Cuando tom conocimiento de
esta agresividad suya, se llen de angustia.
En este punto, el anlisis de la ambivalencia del muchacho
qued bloqueado por una defensa narcisista: se senta como un
espectador ajeno al drama de la vida, no comprometido en los
sucesos cotidianos, y vea su entorno en trazos borrosos e indis
tintos. Para hacer frente a esta emergencia no vino en su ayuda
la usual defensa obsesivo-compulsiva (catalogar, archivar, re
mendar o reparar). Este estado de despersonaizacin le result
sumamente incmodo y desconcertante. I -a labor analtica pu
do seguir adelante cuando l tom conciencia del aspecto sdi
co de su ambivalencia; lo abandon entonces el extrao estado
yoico. Vivenci y expres verbalmente su violento impulso de
golpear y herir fsicamente a su madre cada vez que esta lo
frustraba. El sentimiento de frustracin dependa, ms que de
las acciones objetivas de ella, de la marea de sus propias necesi
dades interiores. L a rplica de la ambivalencia infantil era evi
dente. Ahora, l estaba en condiciones de diferenciar entre la
madre del perodo infantil y la de la situacin presente. Este
avance permiti rastrear hasta qu punto estaban involucradas
sus funciones yoicas en su conflicto de ambivalencia adolescen
te, y restaurarles su autonoma.
Fue interesante observar que en la resolucin del conflicto
de ambivalencia ciertos atributos de la personalidad de la
madre pasaron a serlo del yo del hijo; por ejemplo, la capaci
dad de trabajo que ella tena, el uso que daba a su inteligencia
y su idoneidad social, todo lo cual haba sido objeto de la envi
dia del muchacho. En cambio, otros de sus valores, criterios y
rasgos de carcter eran rechazados por l considerndolos in
deseables o repulsivos. Ya no se los perciba como la arbitraria
renuencia de la madre a ser todo aqi/ello que pudiera agradar o
confortar a su hijo. Qued establecida una constancia de obje
to secundaria en relacin con la madre del perodo adolescen
te. L a madre omnipotente del perodo infantil fue relevada al
comprobar el hijo sus falencias y virtudes, en suma, al hacer de
ella un ser humano. Unicamente a travs de la regresin pudo
el muchacho revivenciar la imagen materna e instituir las en
miendas y diferenciaciones que neutralizaron su relacin obje-
tal ambivalente preedpica. L a reorganizacin psquica que
aqu describimos fue subjetivamente vi vendada por l como
un aguzado sentido del self, esa toma de conciencia y ese
convencimiento que la frase Este soy yo" sintetiza mejor que
cualquier otra. Tal estado de conciencia y sentimiento subjeti
vo reflejan la incipiente diferenciacin en el interior del yo que
aqu conceptualizamos como el segundo proceso de indivi
duacin.
El alborozo que produce el sentirse independiente del proge
nitor interiorizado, o, ms exactamente, de la representacin
de ese progenitor como objeto, es complementado por un afec
to depresivo que acompaa y sigue la prdida del objeto inte
rior. El afecto concomitante de esta prdida de objeto ha sido
comparado con el trabajo de duelo. Normalmente, luego de re
nunciar al carcter infantil de la relacin con el progenitor, la
continuidad de esta no se interrumpe. L a tarea de la indivi
duacin adolescente est vinculada con ambas representa
ciones objetales de los progenitores, la infantil y la contempo
rnea; estos dos aspectos derivan de la misma persona pero en
distintos estadios de desarrollo. Esta constelacin tiende a con
fundir al adolescente en la relacin con su progenitor, ya que lo
vivencia, parcial o totalmente, como aquel del perodo infan
til. Dicha confusin se agrava cuando el progenitor participa
en las cambiantes posiciones del adolescente y demuestra ser
incapaz de mantener una posicin fija como adulto frente al
nio que madura.
L a desvinculacin del adolescente respecto de los objetos in
fantiles exige, ante todo, que estos sean desinvestidos, a fin de
que la libido pueda otra vez ser vuelta hacia el exterior en bus
ca de gratificaciones objetales especficas de la fase dentro del
ambiente social global. En la adolescencia observamos que la
libido de objeto es desasida (por cierto, en grado diverso) de los
objetos externos e internos y, desvindola hacia el self, se la
convierte en libido narcisista. Este viraje del objeto al self da
137
por resultado la proverbial egolatra y ensimismamiento del
adolescente, que fantasea ser independiente de los objetos de
amor y odio de su niez. Al ser inundado el self con libido nar
cisista, se produce un autocngrandecimiento y una sobresti-
macin del poder del cuerpo y la mente propios. Esto tiene un
efecto adverso en el examen de realidad. Recordar, para men
cionar una consecuencia bien conocida de este estado, los fre
cuentes accidentes de trnsito que tienen los adolescentes pese
a ser hbiles conductores y conocer la tcnica del manejo del
automvil. Si el proceso de individuacin se detuviera en esta
etapa, nos encontraramos con toda clase de patologas narci-
sistas, dentro de las cuales el retraimiento respecto del mundo
de los objetos, el trastorno psictico, representa el impase ms
grave.
Los cambios internos que acompaan a la individuacin
pueden describirse, desde el lado del yo, como una reestructu
racin psquica en cuyo trascurso la desinvestidura de la repre
sentacin objetal del progenitor en el yo ocasiona una inestabi
lidad general, una sensacin de insuficiencia y de extraamien
to. En el empeo por proteger la integridad de la organizacin
yoica, se pone en marcha una conocida gama de maniobras de
fensivas, restitutivas, adaptativas e inadaptativas, antes de que
se establezca un nuevo equilibrio psquico. El lograde este lti
mo se reconoce por el estilo de vida autnomo e idiosincrsico.
En el momento en que el proceso de individuacin adoles
cente se halla en pleno vigor, cobra prominencia la conducta
desviada osea, irracional, voluble, turbulenta. El adoles
cente recurre a esas medidas extremas para poner su estructura
psquica a salvo de la disolucin regresiva. En este estado, plan
tea al clnico una muy delicada tarea de discriminacin en
cuanto a la transitoriedad o permanencia, o, ms simplemen
te, la naturaleza patolgica o normal de los respectivos fen
menos regresivos. L a desconcertante ambigedad a que debe
hacer frente la evaluacin clnica deriva de que una resistencia
contra la regresin puede ser signo de un desarrollo tanto nor
mal como anormal. Es signo de un desarrollo anormal si impi
de la cuota de regresin indispensable para desvincularse de
las tempranas relaciones objetales y estados yoicos infantiles
condicin previa para la reorganizacin de la estructura ps
quica. El problema de la regresin, tanto yoica como pul-
sional, reverbera ruidosa o calladamente a lo largo de toda la
adolescencia; la fenomenologa es multiforme, pero el proceso
es siempre el mismo. Estos movimientos regresivos posibilitan
alcanzar la adultez, y as debe entendrselos. Representan
tambin los ncleos o puntos de fijacin en torno de los cuales
se organizan las fallas del proceso adolescente. L as perturba
ciones de la adolescencia han atrado nuestra atencin, de ma-
-C.Wrt
138
era casi exclusiva, hacia la sintomatologa regresiva dentro
del contexto de la gratificacin pulsional, o hacia las opera
ciones defensivas y sus secuelas; sostengo que la resistencia
contra la regresin es, en igual medida, motivo de inquietud,
pues puede oponer una tenaz e insuperable barrera en el curso
del desarrollo progresivo.
L a resistencia contra la regresin puede adoptar muchas for
mas. Un ejemplo es el enrgico vuelco del adolescente hacia el
mundo exterior, hacia el movimiento corporal y la accin. Pa
radjicamente, la independencia y autodeterminacin en la
accin y el pensamiento se tornan ms resucitas y violentas
cuando el impulso regresivo posee una fuerza fuera de lo co
mn. He observado que nios apegados y sometidos en extremo
a un progenitor pasan en la adolescencia a la actitud inversa,
vale decir, se apartan a toda costa de ese progenitor y su cdigo
de conducta. Al hacerlo, obtienen una victoria aparente, slo
ilusoria. Fn tales casos, lo que determina la accin y el pensa
miento del joven es simplemente que representen lo opuesto de
las expectativas, opiniones y deseos de los padres o sustitutos y
sucedneos sociales, como los maestros, policas y adultas en
general, o, en trminos ms abstractos, la ley, la tradicin, la
convencin y el orden en cualquier lugar y forma en que estos
se presenten, y con independencia de todo propsito o finali
dad social. Tambin en este caso, los disturbios transitorios en
la interaccin.entre el adolescente y su ambiente son cualitati
vamente distintos de aquellos que adquieren una permanencia
prematura al moldear, de manera definitiva, la relacin del yo
con el mundo exterior, haciendo que el proceso adolescente se
detenga antes de su debido tiempo, en lugar de alcanzar su fi
nal normativo.
Basndonos en nuestra experiencia con los nios y adultos
neurticos, nos hemos habituado a centrarnos en las defensas
como principales obstculos en el camino del desarrollo nor
mal Adems, tendemos a concebir la regresin como un proce
so psquico opuesto al desarrollo progresivo, a la maduracin
pulsional y a la diferenciacin yoica. La adolescencia puede
ensearnos que estas connotaciones son a la vez limitadas y li
mitativas. Es verdad que no estamos bien preparados para re
conocer lo que en un estado regresivo de la adolescencia es me
ra resurreccin esttica del pasado y lo que anuncia una re
estructuracin psquica. Es razonable suponer que el adoles
cente que se rodea en su cuarto de lminas de sus dolos no slo
repite una pauta infantil de gratificacin de necesidades narci-
sistas, sino que a la vez toma parte en una experiencia colectiva
que lo convierte en un miembro emptico de su grupo de pares.
Compartir los mismos dolos equivale a integrar la misma fa
milia; pero hay una diferencia crucial que no puede escaprse
139
nos: en esta etapa de la vida, la nueva matriz social promueve
el proceso adolescente merced a la participacin en un ritual
tribal simblico, con estilo propio y exclusivo. Bajo estos auspi
cios, la regresin no procura simplemente reinstaurar el pasado
sino alcanzar lo nuevo, el futuro, dando un rodeo que pasa por
los senderos ya conocidos. Viene a mi memoria aqu una frase
de J ohn Dewey: El presente no es slo algo que viene despus
del pasado. [...] Es aquello que la vida es cuando deja el pasa
do atrs.
L as ideas aqu reunidas han confluido hacia una meta con
vergente porque tienen el comn objetivo de elucidar los cam
bios que la maduracin puLsional produce en la organizacin
yoica. L as investigaciones clnicas del proceso adolescente han
puesto convincentemente en claro que tanto la desvinculacin
de los objetos primarios como el abandono de los estados yoicos
infantiles exige un retorno a fases tempranas del desarrollo.
Esa desvinculacin slo puede lograrse merced a la reanima
cin de los compromisos emocionales infantiles y las concomi
tantes posiciones yoicas (fantasas, pautas de confrontacin,
organizacin defensiva). Este logro gira, pues, en torno de la
regresin pulsional y yoica: ambas introducen en su decurso
una multitud de medidas que, en trminos pragmticos, son
inadaptadas. De un modo paradjico, podra decirse que el de
sarrollo progresivo se ve' impedido si la regresin no sigue su
curso apropiado en el momento apropiado, dentro de la se
cuencia del proceso adolescente.
Al definir la individuacin como el aspecto yoico de la tarea
regresiva de la adolescencia, se torna evidente que el proceso
adolescente instituye, en esencia, una tensin dialctica entre
la primitivizacin y la diferenciacin, entre las posiciones
regresivas y progresivas; cada uno de estos elementos extrae su
mpetu del otro, a la vez que lo torna viable y factible. L a con
secuente tensin que implica esta dialctica somete a un esfuer
zo extraordinario a las organizaciones yoica y pulsional o
ms bien a su interaccin. A este esfuerzo le debemos las nu
merosas y variadas distorsiones y fracasos clnicos y subclni-
cos que sufre la individuacin en esta edad. Gran parte de lo
que a primera vista parece defensivo en la adolescencia debera
designarse, ms correctamente, como una condicin previa pa
ra que el desarrollo progresivo se ponga en marcha y prosiga su
curso.
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9. Formacin del carcter
en la adolescencia*
El problema de la formacin del carcter es de tan vastos al
cances que casi cualquier aspecto de la teora psicoanaltica se
vincula con l. Este hecho nos est diciendo, desde el comien
zo. que abordamos un concepto de enorme complejidad o pro
cesos integrativos del mas alto orden. Es una sensata y bienve
nida limitacin la de centrarse en el perodo adolescente e-in
dagar, dentro de este dominio circunscrito, si este estadio par
ticular del desarrollo nos permite inteligir el proceso formativo
del carcter, y. por ende, arrojar luz sobre el concepto de ca
rcter en general. No sera la primera vez en la historia del psi
coanlisis que la naturaleza de un fenmeno psquico es escla
recida mediante el estudio de su formacin.
Quienquiera que haya estudiado la adolescencia, indepen
dientemente de cules sean sus antecedentes tericos, habr
advertido los cambios en la personalidad que madura comn
mente identificados con la formacin del carcter. Aun el
adulto que. sin una capacitacin especial, observa la conducta
de los jvenes, o el que contempla de manera retrospectiva su
propia adolescencia, no puede dejar de notar que al terminar
esta se pone de manifiesto una nueva manera de manejar las
necesidades objetivas de la vida. El comportamiento, actitudes
e intereses del individuo, as como sus relaciones personales, re
sultan ms predecibles, muestran mayor estabilidad y tienden
a tornarse irreversibles, incluso en situaciones de stress.
El observador psicoanaltico de la adolescencia da testimo
nio de todo esto, pero se pregunta qu mecanismos psquicos o
procesos evolutivos operan en la formacin del carcter. El
proceso formativo, de hecho, plantea las preguntas: Qu es
lo que toma forma? y Qu es lo que da forma?". Adems,
cules son las precondiciones de la formacin del carcter,
por qu se produce en la etapa de la adolescencia y en qu me
dida se produce en esta etapa? Pueden discernirse abundantes
precursores del carcter en la niez; pero a estas maneras bas
tante habituales con que el yo se relaciona con el ello, el super-
y y la realidad no las designaramos como carcter, pues
an falta en ellas una pauta integrada y ms o menos fija que
* Publicado originalmente en The Pnjchoanalyllc Studi/ of the Child. vol.
23, pjp. 245-63, Nueva York: International Universties Press, 1968.
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