Fenómenos Meteorológicos Adversos en España
Fenómenos Meteorológicos Adversos en España
n
/ x
n
, considerado un estadstico ms estable que la desviacin estndar.
En la figura 5 se muestra la dependencia entre el valor medio de las series de
mximos anuales de precipitacin en 24 horas y los factores de frecuencia k
m
observados para cada una de ellas. Tal como recomienda la OMM (WMO, 1986),
para estimar unos valores adecuados de la PMP es conveniente trazar una
envolvente que englobe todos los casos, incluyendo los ms extremos. La tcnica
habitual consiste en seleccionar los valores mayores de la muestra y ajustarlos a una
curva. Este proceso puede aplicarse a la muestra de factores de frecuencia k
m
calculados para una duracin dada (Dhar et al., 1981, Rakhecha et al., 1992). En la
misma figura se ha representado, junto a los puntos (k
m
, x
n
, la curva envolvente
representativa de la dependencia entre ambas variables.
Con el fin de estimar la PMP correspondiente a cada estacin, se ha usado el
factor de frecuencia k
m
que la envolvente asocia a la media de precipitacin en
24 horas x
n
de cada estacin, valores que sern en todos los casos superiores a
los k
m
originales observados. Con estos valores tericos de k
m
que da la envolvente
para cada estacin, la media x
n
y la desviacin estndar
n
se ha calculado la PMP
utilizando la ecuacin (4).
De forma similar a como se procedi en el apartado 3, se ha realizado el anlisis
espacial objetivo de la PMP en 24 horas en Catalua (Casas et al., 2008) haciendo
uso del mtodo de Cressman (Cressman, 1959; Thibaux y Pedder, 1987) con el fin
de obtener su distribucin espacial con una alta resolucin de 1km x 1km. Como
primera aproximacin a la PMP en todos los puntos de una malla de 1km x 1km
cubriendo toda Catalua, vamos a tomar la precipitacin en 24 horas de periodo de
retorno 100 000 aos que se obtiene en cada punto a partir del trabajo de Ninyerola
et al. (2000) y las curvas IDF obtenidas en el apartado 2 (Casas et al., 2004). Estos
valores se toman como el campo inicial de un anlisis objetivo de Cressman, que
irn modificndose con cada iteracin hasta conseguir la convergencia a los datos.
150
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Fiura 5. Curva envolvente del factor de recurrencia para Catalua ajustada a los
cuatro casos extremos de la muestra (a trazos). (Casas et al., 2008).
El resultado del anlisis de la PMP en 24 horas para Catalua, despus del
proceso de filtrado para eliminar las estructuras que presentan una longitud
de onda que no puede ser resuelta por la densidad de la red de estaciones, se
muestra en la figura 6.
Figura 6. Precipitacin Mxima Probable en 24 horas para Catalua. (Casas et al., 2008).
151
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La PMP en 24 horas para Catalua oscila entre valores inferiores a 200 mm, y valores
que superan los 550 mm, con una diferencia relativa entre el mximo y el mnimo
superior al 150 %. Los valores ms altos se esperan en la mitad oriental de Catalua,
en las zonas ms altas de los Pirineos y en el tercio sur, mientras que los ms bajos
se encuentran sobre la Depresin Central, desde su extremo occidental hasta la Plana
de Vic. Los valores ms altos de la PMP en la mitad oriental de Catalua se encuentran
sobre las reas de las Guilleries y el Cabo de Creus, y en los Pirineos el rea ms
notable con altos valores de la PMP se encuentra al norte de la Cerdanya, entre los
picos Perafita y Puigpedrs. En el tercio sur de Catalua, se halla una zona de alta PMP
alrededor del Golfo de Sant Jordi. Los principales mnimos de la PMP estn distribuidos
en gran concordancia con las reas ms secas de Catalua.
5. CONCLUSIONES
A partir de los registros del pluvigrafo de intensidades Jard del Observatorio Fabra
de Barcelona, entre 1927 y 1992, se ha calculado la cantidad de precipitacin
mxima para duraciones entre 5 minutos y 30 horas y se ha investigado la relacin
entre las intensidades mximas de precipitacin, su duracin y su frecuencia;
obtenindose una revisin de las curvas IDF para la ciudad de Barcelona y su
ecuacin generalizada, , (intensidad de precipitacin I en
mm/mm, duracin t en min y periodo de retorno T en aos).
El clculo de los parmetros de la distribucin de valores extremos de Gumbel
mediante el mtodo de los momentos L propuesto por Hosking (1990), proporciona
unos valores ms estables y realistas de las precipitaciones mximas diarias de
periodos de retorno elevados para las series de valores mximos analizadas que
cuando se calculan siguiendo el procedimiento tradicional. Con este mtodo, los
valores de lluvia en 24 horas extraordinariamente elevados que se han registrado
en algunos observatorios estudiados (La Pobla de Lillet, b0079; Cadaqus, g0433;
Vimbod Riudabella, t0019; Boh Central, l9741) no influyen de una manera tan
importante en el ajuste de la funcin de distribucin de Gumbel. Esto ha contribuido
a obtener, por ejemplo, diferencias superiores al 30% entre las cantidades de lluvia
en 24 horas, para periodos de retorno superiores a 50 aos, calculadas en este
trabajo y las obtenidas por otros autores en algunas zonas de Catalua (INM, 1999,
Lana et al., 1995). Los valores obtenidos en nuestro caso son sensiblemente
inferiores a los que han sido calculados aplicando el mtodo tradicional de ajuste
mediante la funcin de Gumbel a partir de la media y la desviacin tpica de las
series de datos. Las cantidades de lluvia mxima calculadas son ms aproximadas
a los valores reales ya que no tienen una dependencia tan grande con la magnitud
de los mximos absolutos de las series, es decir, si se prescinde de estos datos los
resultados obtenidos en este estudio sufren una variacin menor que los estimados
aplicando la tcnica tradicional.
El mtodo que se ha aplicado para analizar la distribucin espacial de las lluvias
extremas en Catalua ha permitido obtener una gran resolucin espacial (1 km x 1
km) gracias al uso conjunto de un campo inicial de lluvia calculado a partir de la
ecuacin de regresin mltiple obtenida por Ninyerola et al. (2000) y del algoritmo
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de anlisis de Cressman (Thibaux y Pedder, 1987). El uso de este campo inicial,
que presenta una correlacin aceptable con la variable analizada, mejora la
resolucin del anlisis especialmente en las zonas montaosas2 de los Pirineos y de
la Sierra Transversal en las que la densidad de estaciones no es suficiente para
representar adecuadamente las grandes variaciones asociadas a la irregularidad del
terreno (Willmott y Robeson, 1995). Adems, el anlisis realizado permite asignar
a cada km
2
un valor numrico calculado objetivamente mediante un algoritmo
matemtico, lo que mejora notablemente la estima aproximada que puede hacerse
a partir de un mapa analizado manualmente.
Haciendo uso del mtodo estadstico de estimacin, se ha calculado la Precipitacin
Mxima Probable (PMP) en 24 horas para 145 estaciones pluviomtricas en Catalua,
a partir de sus series de mximos anuales de precipitacin en 24 horas. Se ha
obtenido la ecuacin que determina el factor de frecuencia mximo k
m
en funcin de
la precipitacin media en 24 horas x
n
para esta regin, k
m
= -7,56 ln x
n
+ 40,5 (X
n
en mm), como curva envolvente calculada a partir del ajuste a los cuatro puntos
correspondientes a los extremos ms altos registrados (Puigcerd, La Pobla de Lillet,
Capdella y Cadaqus). Ms del 90% de los valores calculados de la PMP en 24 horas
presentan unos periodos de retorno entre 10
4
y 10
8
aos, prcticamente coincidiendo
con el rango establecido por el NRC (1994) para la PMP.
A partir de los valores calculados de la PMP en 24 horas se ha realizado un anlisis
espacial aplicando el algoritmo de Cressman (Thibaux y Pedder, 1987) a un campo
inicial de precipitacin en 24 horas con periodo de retorno de 100 000 aos en
todos los puntos de una malla de 1 km de brazo que contiene toda Catalua. La
distribucin espacial obtenida para la PMP en 24 horas presenta cantidades que
oscilan entre valores inferiores a 200 mm y otros que superan los 550 mm y una
diferencia relativa entre el mximo y mnimo superior al 150%. Asimismo, tal y
como ocurra con los mapas de precipitacin mxima, la distribucin espacial
obtenida presenta una gran concordancia con la de la precipitacin media anual de
Catalua, con algunas excepciones atribuibles a las diferentes escalas
meteorolgicas implicadas en cada caso en nuestra regin. As, mientras las
organizaciones a escala sinptica tienen una influencia mayor en la distribucin de
la precipitacin anual, los factores locales y de mesoescala influyen ms en el mapa
de la PMP en 24 horas.
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CAPTULO 10
CONCENTRACIN DIARIA DE LA PRECIPITACIN EN LA
ESPAA PENINSULAR. UN MAPA DE RIESGO DE
PRECIPITACIONES TORRENCIALES
Javier MARTN-VIDE
Universidad de Barcelona
[email protected]
RESUMEN
Se presenta el ndice de concentracin diaria de la precipitacin (CI) (Martn-Vide,
2004), similar al de Gini pero usando curvas exponenciales del tipo y=axe
bx
, y se
revisan los valores hallados para la Espaa peninsular, en especial para el perodo
1951-2010. Los valores ms altos, que se corresponden con un elevado aporte
porcentual de los das ms lluviosos en el total anual, se localizan en la franja
oriental, desde la desembocadura del Ebro hasta el norte de la provincia de Alicante,
prximos en algunos lugares a 0,70, rea que coincide con la de mayor intensidad
pluviomtrica de Espaa. La franja oriental ibrica es, junto con el sur de Francia,
la de mayor concentracin pluviomtrica diaria de Europa.
Palabras clave: concentracin diaria, Espaa, ndice de concentracin,
precipitacin.
ABSTRACT
We present the index of daily concentration of precipitation (CI) (Martn-Vide, 2004),
similar to Ginis but which makes use of exponential curves of the y=axe
bx
type,
and we review the values found for Peninsular Spain, particularly for the 1951-2010
period. The highest values, corresponding to a high percentage weight of the
rainiest days within the annual total, are to be found on the eastern faade, from
the mouth of the river Ebro to the north of the province of Alicante, in some places
close to 0.70, this area presenting the most intense rainfall in Spain. The eastern
faade of the Iberian Peninsula, along with the south of France, presents Europes
highest daily concentration of precipitation.
Key words: concentration index, daily concentration, precipitation, Spain.
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1. INTRODUCCIN
Como es sabido, una parte sustancial del territorio de la Espaa peninsular presenta
clima mediterrneo, con numerosas variedades, desde el litoral, al de matices
continentales de la Meseta o el valle del Ebro, o al rido del Sureste, entre otros.
Queda excluida de la adscripcin al clima mediterrneo una franja septentrional, que
incluye gran parte de Galicia, Asturias, Cantabria, las provincias vascas litorales y
el Pirineo occidental y central hasta el valle de Arn (Martn Vide y Olcina, 2001).
Esta frontera climtica es tambin geogrfica, quedando bien marcada por la
cordillera Cantbrica y, al oeste y al este, por los Montes de Len y los Pirineos,
respectivamente. A la hora de mostrar con algn ndice climtico la mencionada
frontera surgen algunos problemas. De entrada, el total pluviomtrico anual no
sirve, dado que, suponiendo que el clima mediterrneo es poco lluvioso, en
comparacin con el de la franja septentrional ibrica, que es de tipo ocenico de
latitudes medias, existen numerosos sectores en el amplio espacio de clima
mediterrneo con precipitacin media anual similar a la del norte de Espaa. As,
las vertientes meridionales de la cordillera Central en sus sectores central y
occidental, como en el norte de Cceres, la sierra de Grazalema, en Cdiz, y otros
espacios, reciben cantidades de precipitacin anual superiores a mil y aun a dos mil
milmetros, situndose entre los mbitos ms lluviosos de la Pennsula Ibrica. Pero
incluso en tierras bajas, como en el sur de la provincia de Valencia, la precipitacin
media anual llega a rebasar los 800 mm, y debera asignarse en la elemental divisin
de Iberia en lluviosa, seca y semirida a la primera. Todos estos mbitos son
claramente mediterrneos, bajo criterios ecolgicos, paisajsticos, culturales, etc.,
aunque el factor altitud aada una componente orogrfica a la precipitacin o la
orientacin de la costa favorezca la resolucin pluviomtrica de los flujos hmedos.
La definicin de clima y pluviometra mediterrnea no puede realizarse a partir de
un total pluviomtrico modesto. Cul es, entonces, el mejor criterio definidor de
la pluviometra o del clima mediterrneo en el mbito ibrico? Sin duda, la
variabilidad pluviomtrica interanual expresada mediante el coeficiente de variacin
de la precipitacin anual (CV). Un CV de 20%, o muy ligeramente superior, marca,
sin excepciones, en la Pennsula Ibrica la frontera entre el clima mediterrneo y el
ocenico de latitudes medias (Martn-Vide, 2011). La Espaa peninsular
mediterrnea supera el 20% de variabilidad pluviomtrica interanual. Es decir, la
precipitacin, y, en general, el clima mediterrneo, se caracteriza, en cualquier lugar,
por un acusado contraste entre los totales anuales, con aos marcadamente secos
y algunos notablemente lluviosos.
La variabilidad pluviomtrica interanual aumenta en la Pennsula Ibrica de norte a
sur, acorde con el reforzamiento de la mediterraneidad, o de la subtropicalidad,
hacia el sur. Tambin en la misma direccin se incrementa la longitud media de las
secuencias o rachas secas, otra variable que distingue de alguna manera los climas
mediterrneos de los martimos de latitudes medias. De esta manera, los mapas del
CV y de la longitud media de las secuencias secas muestran isopletas o franjas
zonales con valores crecientes de norte a sur. Este patrn se da en las otras regiones
de clima mediterrneo del mundo (California, Regin central de Chile, extremo
meridional de Surfrica y dos sectores en el sur de Australia). Todas estas regiones,
enmarcadas entre algo ms de 30 y poco ms de 40 de latitud, se localizan en el
oeste de los continentes o estn encaradas hacia el oeste, con el ocano en ese
157
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rumbo. La nica excepcin son, precisamente, las fachadas orientales de las
pennsulas de la cuenca del Mediterrneo, como la vertiente oriental ibrica, en las
que el mar ms prximo est al este. Este hecho puramente geogrfico aporta
algunos rasgos pluviomtricos singulares en la Pennsula Ibrica, entre los cuales
est una alta torrencialidad en la precipitacin.
2. LA CONCENTRACIN DIARIA DE LA PRECIPITACIN: CONCEPTO Y
PROCEDIMIENTO DE CLCULO
En prcticamente cualquier clima la distribucin de frecuencias de las cantidades diarias
de precipitacin muestra un elevado porcentaje de ellas en las clases inferiores y pocas
en las superiores. Es decir, hay muchos das lluviosos con cantidades pequeas y pocos
con registros elevados. En este sentido es sabido que la distribucin de frecuencias de
las cantidades diarias de precipitacin es ajustable mediante curvas exponenciales
negativas (Brooks y Carruthers, 1953). Con el objeto de evaluar la contribucin relativa
de los das ms lluviosos, Martn-Vide (2004) propuso un ndice de concentracin diaria
de la precipitacin (Concentration Index, CI), similar al ndice de Gini aplicado a las
llamadas en Estadstica curvas de Lorenz. Para ello se clasifican las cantidades diarias
de precipitacin en clases de longitud 1 mm, comenzando por la [0,1-0,9], en orden
creciente, [1,0-1,9], [2,0-2,9], etc. El histograma de la distribucin de frecuencias
resultante muestra claramente una forma exponencial negativa. A continuacin se
procede de la forma que se resume en el cuadro 1, donde se presenta el ejemplo de
Alicante (perodo 1951-2010). En la primera columna se sitan las clases mencionadas,
o sus lmites superiores, hasta la que contiene la cantidad diaria de precipitacin ms
alta registrada, y en la segunda, las marcas de las clases. En la tercera columna, n
i
,
se indican las frecuencias absolutas de cada clase y en la cuarta, n
i
, las frecuencias
absolutas acumuladas, siendo el ltimo valor el nmero total de das de precipitacin
de todo el perodo de estudio. Los valores de la quinta columna, P
i,
se obtienen
multiplicando, clase a clase, los de la segunda columna por los de la tercera, siendo
as la cantidad total de precipitacin aportada por cada clase (aproximadamente, dado
que se ha sustituido cada valor por la marca de la clase). La sexta columna, P
i
,
contiene los valores acumulados de la anterior columna, siendo el valor de la ltima
clase la cantidad total de precipitacin registrada durante el perodo de estudio. Por
ltimo, en las sptima y octava columnas se indican los porcentajes de los valores de
las columnas cuarta y sexta, respecto a los valores de sus ltimas filas,
respectivamente, n
i
(%) = X y P
i
(%) = Y. As, en los 60 aos del perodo analizado
en Alicante ha habido 3.651 das de lluvia (se excluyen los de cantidad inapreciable o
inferior a 0,1 mm) que aportaron 20.391,5 mm valores de la ltima fila de las
columnas cuarta y sexta o de las tercera y quinta de la fila suma-. Se registraron 1.380
das con una cantidad entre 0,1 y 0,9 mm inclusive, que aportaron 690 mm, lo que
supone que el 37,8% de los das lluviosos tan solo aport el 3,4% de la cantidad total.
Los das con una cantidad inferior a 2 mm fueron ms de la mitad del total, el 52,8%,
aportando solo un 7,4% del total acumulado. El da ms lluvioso recibi una cantidad
de entre 270,0 y 270,9 mm.
La representacin de los valores de las ltimas columnas, (X, Y), da lugar a una lnea
poligonal con aspecto exponencial positivo, llamada curva de concentracin, o de Lorenz.
Sobre ella puede calcularse el ndice de Gini (IG). En la figura 1 se presentan dos curvas
de concentracin, o de Lorenz, con ndices de Gini apreciablemente diferentes.
158
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Cuadro 1. Ejemplo de los clculos previos para la obtencin del ndice de
concentracin, CI (y del ndice de Gini, IG). Caso de Alicante para el perodo 1951-
2010. (Fuente: Benhamrouche y Martn-Vide (2012).
lim.sup. ma ni ni Pi Pi ni(%)=X Pi (%)=Y
0,9 0,5 1380 1380 690 690 37,80 3,38
1,9 1,5 547 1927 820,5 1510,5 52,78 7,41
2,9 2,5 318 2245 795 2305,5 61,49 11,31
3,9 3,5 239 2484 836,5 3142 68,04 15,41
4,9 4,5 151 2635 679,5 3821,5 72,17 18,74
5,9 5,5 136 2771 748 4569,5 75,90 22,41
6,9 6,5 101 2872 656,5 5226 78,66 25,63
7,9 7,5 85 2957 637,5 5863,5 80,99 28,75
8,9 8,5 92 3049 782 6645,5 83,51 32,59
9,9 9,5 63 3112 598,5 7244 85,24 35,52
10,9 10,5 50 3162 525 7769 86,61 38,10
11,9 11,5 41 3203 471,5 8240,5 87,73 40,41
12,9 12,5 43 3246 537,5 8778 88,91 43,05
13,9 13,5 32 3278 432 9210 89,78 45,17
14,9 14,5 25 3303 362,5 9572,5 90,47 46,94
15,9 15,5 27 3330 418,5 9991 91,21 49,00
16,9 16,5 26 3356 429 10420 91,92 51,10
17,9 17,5 22 3378 385 10805 92,52 52,99
18,9 18,5 23 3401 425,5 11230,5 93,15 55,07
19,9 19,5 22 3423 429 11659,5 93,76 57,18
20,9 20,5 12 3435 246 11905,5 94,08 58,38
21,9 21,5 10 3445 215 12120,5 94,36 59,44
22,9 22,5 17 3462 382,5 12503 94,82 61,31
23,9 23,5 11 3473 258,5 12761,5 95,12 62,58
24,9 24,5 15 3488 367,5 13129 95,54 64,38
25,9 25,5 11 3499 280,5 13409,5 95,84 65,76
26,9 26,5 12 3511 318 13727,5 96,17 67,32
27,9 27,5 13 3524 357,5 14085 96,52 69,07
28,9 28,5 6 3530 171 14256 96,69 69,91
29,9 29,5 6 3536 177 14433 96,85 70,78
30,9 30,5 4 3540 122 14555 96,96 71,38
31,9 31,5 7 3547 220,5 14775,5 97,15 72,46
159
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lim.sup. ma ni ni Pi Pi ni(%)=X Pi (%)=Y
32,9 32,5 9 3556 292,5 15068 97,40 73,89
33,9 33,5 5 3561 167,5 15235,5 97,53 74,71
34,9 34,5 4 3565 138 15373,5 97,64 75,39
35,9 35,5 6 3571 213 15586,5 97,81 76,44
36,9 36,5 5 3576 182,5 15769 97,95 77,33
37,9 37,5 4 3580 150 15919 98,06 78,07
38,9 38,5 3 3583 115,5 16034,5 98,14 78,63
39,9 39,5 5 3588 197,5 16232 98,27 79,60
40,9 40,5 6 3594 243 16475 98,44 80,79
42,9 42,5 6 3600 255 16730 98,60 82,04
43,9 43,5 1 3601 43,5 16773,5 98,63 82,26
44,9 44,5 3 3604 133,5 16907 8,71 82,91
45,5 45,5 3 607 136,5 17043,5 98,79 83,58
46,9 46,5 3 3610 139,5 17183 98,88 84,27
47,9 47,5 2 3612 95 17278 98,93 84,73
49,9 49,5 1 3613 49,5 17327,5 98,96 84,97
51,9 51,5 1 3614 51,5 17379 98,99 85,23
52,9 52,5 3 3617 157,5 17536,5 99,07 86,00
53,9 53,5 2 3619 107 17643,5 99,12 86,52
54,9 54,5 4 3623 218 17861,5 99,23 87,59
55,9 55,5 2 3625 111 17972,5 99,29 88,14
56,9 56,5 1 3626 56,5 18029 99,32 88,41
58,9 58,5 1 3627 58,5 18087,5 99,34 88,70
59,9 59,5 3 3630 178,5 18266 99,42 89,58
61,9 61,5 2 3632 123 18389 99,48 90,18
63,9 63,5 1 3633 63,5 18452,5 99,51 90,49
65,9 65,5 2 3635 131 18583,5 99,56 91,13
67,9 67,5 1 3636 67,5 18651 99,59 91,46
68,9 68,5 1 3637 68,5 18719,5 99,62 91,80
75,9 75,5 2 3639 151 18870,5 99,67 92,54
79,9 79,5 1 3640 79,5 18950 99,70 92,93
85,9 85,5 1 3641 85,5 19035,5 99,73 93,35
90,9 90,5 3 3644 271,5 19307 99,81 94,68
99,9 99,5 1 3645 99,5 19406,5 99,84 95,17
109,9 109,5 1 3646 109,5 19516 99,86 95,71
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lim.sup. ma ni ni Pi Pi ni(%)=X Pi (%)=Y
119,9 119,5 1 3647 119,5 19635,5 99,89 96,29
131,9 131,5 1 3648 131,5 19767 99,92 96,94
133,9 133,5 1 3649 133,5 19900,5 99,95 97,59
220,9 220,5 1 3650 220,5 20121 99,97 98,67
270,9 270,5 1 3651 270,5 20391,5 100,00 100,00
Suma 3651 20391,5
Figura 1. Curvas de concentracin, o de Lorenz, de Valencia y Valladolid, para el
perodo 1951-1990. La mayor separacin de la recta de equidistribucin de Valencia
evidencia una mayor concentracin diaria de la precipitacin que en Valladolid.
(Fuente: Martn-Vide (2004)).
Sin embargo, puede perfeccionarse lo anterior ajustando la distribucin emprica de
los porcentajes de precipitacin aportados por los correspondientes porcentajes del
nmero de das de lluvia mediante curvas exponenciales del tipo Y=axe
bx
(Guill y
Puigcerver, 1970). Entonces puede definirse un ndice similar al de Gini sobre la
curva exponencial. El ndice de concentracin (Concentration Index, CI) se define
como el cociente entre el rea (S) delimitada por la recta de equidistribucin, la
curva exponencial de ajuste y x=100, y el rea del tringulo definido por la recta
de equidistribucin, el eje de abscisas y x=100, que es 5.000,
CI = S/5000
con valores extremos ideales de 0 (todas las cantidades diarias iguales) y 1 (un
solo da de precipitacin). Ntese que cuanto mayor es el valor de CI ms peso
tienen unos pocos das muy lluviosos en el total pluviomtrico.
161
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Las constantes a y b de la curva exponencial se determinan mediante mnimos
cuadrados de la siguiente manera:
Es necesario advertir que el CI es muy sensible a la calidad de los datos. Cuando en un
observatorio no se han considerado o no se han registrado las cantidades ms pequeas,
de unas dcimas de mm (excluidos los valores inapreciables), o se han juntado las
cantidades de dos das consecutivos, el valor de CI obtenido resulta anmalo, en general
inferior al que correspondera si se hubieran contabilizado todos los datos diarios. En
este caso hay que prescindir del observatorio. Para tratar de salvar observatorios,
puede abordarse el anlisis de la concentracin diaria con clases de 5 mm o de 10 mm.
Con el mismo procedimiento de clculo indicado anteriormente pueden hallarse ndices
de concentracin diaria en base a curvas exponenciales del mismo tipo y clases de 5 mm,
que se denominar CI5, y de 10 mm, CI10. Tambin podrn calcularse los ndices de
Gini, sobre los valores empricos (X, Y) de clases de 5 mm, que puede denominarse IG5,
y de 10 mm, IG10. Los valores de IG5, IG10 e IG, en adelante, IG1, verificarn IG1 >
IG5 > IG10, porque con clases de 5 mm convertimos en lineal tramos de la poligonal
exponencial del anlisis con clases de 1 mm. Lo mismo ocurre cuando usamos clases de
10 mm respecto a las de 5 y 1 mm. Igualmente, ha de cumplirse en general CI1 > CI5
> CI10 (siendo CI1 el CI antes definido).
Para los observatorios analizados se dan muy elevados y significativos (y,
naturalmente, positivos) valores del coeficiente de correlacin de Pearson entre
CI1, y CI5 y CI10 (0,98 y 0,95, respectivamente) y una correlacin prcticamente
perfecta con IG1 (0,998). En cambio, las correlaciones de CI1, con IG5 e IG10, son
modestas (0,59 y 0,40, respectivamente). En consecuencia, no existe reparo alguno
en utilizar los ndices de concentracin CI5, CI10 e IG1 como alternativos a CI1. En
los casos de CI5 y CI10 los valores son, naturalmente, inferiores, pero las pautas
espaciales han de ser muy parecidas a las de CI1 e IG1.
La metodologa aqu descrita sobre el CI o CI1, se ha aplicado, tras el artculo de
Martn-Vide (2004), en diferentes pases y regiones, como en toda la Pennsula
Ibrica (Snchez Lorenzo y Martn-Vide, 2006), en Irn (Alijani et al., 2008), en la
cuenca del ro Pearl en China (Zhang et al., 2009), en la pennsula malaya (Suhaila
y Jemain, 2012), etc., cuyos resultados permiten encuadrar y valorar
convenientemente la concentracin diaria de la precipitacin de Espaa.
3. VALORES DE LA CONCENTRACIN DIARIA DE LA PRECIPITACIN Y
SUS PAUTAS ESPACIALES EN LA ESPAA PENINSULAR
Para el anlisis de la concentracin diaria de la precipitacin en la Espaa peninsular
se seleccionaron 32 observatorios de primer orden de la red de AEMET con alta
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garanta de calidad en sus registros diarios, que cubren razonablemente el territorio.
Los valores del ndice de concentracin CI y de los otros ndices correlacionados
para el perodo 1951-2010 se presentan en el cuadro 2.
Cuadro 2. Valores de los ndices CI1, CI5, CI10 e IG1 de 32 observatorios de la Espaa
peninsular para el perodo 1951-2010. (Fuente: Benhamrouche y Martn-Vide (2012)).
Observatorios CI=CI1 CI5 CI10 IG1
Albacete 0,60 0,54 0,50 0,61
Alicante 0,68 0,62 0,58 0,69
Almera 0,63 0,57 0,51 0,64
vila 0,59 0,52 0,48 0,60
Barcelona 0,65 0,60 0,55 0,66
Burgos 0,59 0,52 0,47 0,59
Cceres 0,58 0,53 0,48 0,58
Ciudad Real 0,57 0,51 0,48 0,57
Crdoba 0,59 0,54 0,51 0,59
Cuenca 0,57 0,51 0,46 0,57
Gerona 0,63 0,59 0,55 0,64
Gijn 0,60 0,54 0,50 0,60
Granada 0,57 0,51 0,47 0,57
Huelva 0,60 0,55 0,51 0,60
Huesca 0,60 0,54 0,50 0,61
La Corua 0,57 0,51 0,47 0,57
Len 0,57 0,51 0,48 0,58
Logroo 0,60 0,54 0,49 0,61
Madrid 0,60 0,52 0,47 0,60
Murcia 0,67 0,61 0,56 0,68
Orense 0,57 0,52 0,47 0,58
Pamplona 0,59 0,54 0,50 0,60
Salamanca 0,57 0,51 0,47 0,58
San Fernando 0,60 0,55 0,51 0,61
San Sebastin 0,60 0,54 0,50 0,60
Sevilla 0,59 0,55 0,50 0,59
Soria 0,57 0,51 0,46 0,58
Tortosa 0,69 0,64 0,59 0,70
Valencia 0,69 0,65 0,60 0,70
Valladolid 0,59 0,52 0,47 0,59
Vigo 0,59 0,54 0,51 0,58
Zaragoza 0,62 0,56 0,52 0,63
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Los valores ms elevados de CI para el perodo 1951-2010 son los de Valencia y
Tortosa (0,69), seguidos por Alicante (0,68) y Murcia (0,67), por lo que es la parte
central de la franja oriental ibrica, desde la desembocadura del Ebro hasta el norte
de la provincia de Alicante, el rea con las concentraciones diarias ms altas, ya
determinada en los trabajos de Martn-Vide (2004), para el 1951-1990, y Snchez
Lorenzo y Martn-Vide (2006). Los valores ms bajos, de 0,57, se localizan en puntos
de la Meseta norte (Salamanca y Soria), la Meseta sur (Cuenca y Ciudad Real), la
hoya de Granada y el noroeste (La Corua, Orense y Len). Como referencia, y
solo aproximadamente, un CI de 0,61 suele equivaler a que el 25% de los das ms
lluviosos aporta un 70% del total anual, porcentaje que se eleva al 75% para un CI
de 0,67, y a un 80% para un CI de 0,70.
En la figura 2 se presenta el mapa de CI correspondiente al perodo 1951-1990,
donde se aprecia perfectamente un haz de isopletas con elevado gradiente
individualizando la franja oriental ibrica, donde la concentracin diaria se califica
de alta, y de moderada en el resto del territorio. Se dibuja la isopleta 0,70, porque
en ese perodo Valencia alcanza este valor, y se insina la 0,71, en el lmite entre
las provincias de Valencia y Alicante. En el trabajo inicial de Martn-Vide (1987) se
sealaba las proximidades del cabo de la Nao, o, con ms precisin, el tramo entre
el sur de la provincia de Valencia y el norte de la de Alicante, como probablemente
el sector con ms alta concentracin pluviomtrica diaria del litoral mediterrneo
espaol, lo que coincidira con el rea de mayores intensidades pluviomtricas diaria
y horaria de Espaa (Elas Castillo y Ruiz Bertrn, 1979). Como es sabido, los
registros diarios de precipitacin ms elevados de Espaa son los de Oliva
(Valencia), con 817 mm, el 3 de noviembre de 1987, hoy considerado dudoso por
la propia AEMET, aunque en la vecina Ganda (Valencia) hay constancia de que se
rebasaron los 700 mm y se totaliz el millar en 36 horas durante el mismo episodio.
(En una ficha del Servicio Meteorolgico Nacional, precedente de AEMET,
correspondiente a Jvea, muy cerca del citado cabo, aparece un 871 mm en una
fecha de octubre de 1957, dato que nunca fue aceptado oficialmente).
En el otro extremo, en la figura 2 se dibuja la isopleta 0,55 en Orense, porque este
observatorio present ese valor de CI durante el perodo 1951-1990, mientras que
la misma isopleta y la de 0,54 en Mlaga son puro artificio grfico del programa de
cartografa usado.
El mapa del CI supone una regionalizacin pluviomtrica del territorio ibrico no
zonal, con las isopletas con disposicin meridiana en el este, al revs de las
regionalizaciones bsicas zonales de otros ndices pluviomtricos, tales como la
variabilidad pluviomtrica interanual, expresada con el coeficiente de variacin, o
la duracin de las rachas de das secos consecutivos. En estos casos como ya se
coment anteriormente- el patrn espacial fundamental es el aumento de los
valores de norte a sur en la Pennsula Ibrica, acorde con el incremento de la
mediterraneidad o subtropicalidad del clima (Martn Vide, 2011). En cambio, el
patrn espacial de la concentracin diaria es bien diferente, dibujando la influencia
de la cuenca del Mediterrneo, que se incrementa de oeste a este.
Los ndices de concentracin diaria de la precipitacin no expresan lo mismo que la
variable intensidad diaria de la precipitacin, ni, menos an, que la intensidad
horaria, la minutal y la instantnea, cocientes entre la cantidad y el perodo de
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tiempo de registro (dP/dt para la instantnea). Los ndices de concentracin valoran,
de alguna manera, el desequilibrio entre el aporte pluviomtrico del nutrido
contingente de cantidades diarias pequeas y el del reducido nmero de las ms
elevadas de la distribucin. De este modo, probablemente reflejan aspectos de la
torrencialidad de la precipitacin no directamente vinculados a la magnitud de las
cantidades, sino, por ejemplo, a la capacidad erosiva de la precipitacin. Esta
depende no solo de unos registros pluviomtricos elevados determinados, sino
tambin del tipo de medio, con mayor o menor aridez, resultado final del conjunto
de registros pluviomtricos. Como lecturas complementarias de la importancia de
la precipitacin diaria en el caso de Espaa o de sus regiones, el lector puede
consultar los trabajos de Gallego et al. (2006), Beguera et al. (2009), Burgueo et
al. (2010), Rodrigo (2010) y Gonzlez-Hidalgo et al. (2011), entre otros.
Figura 2. Isopletas del CI en la Espaa peninsular, a partir de 32 observatorios, para
el perodo 1951-1990. (Fuente: Martn-Vide (2004)).
4. LOS VALORES DE LA CONCENTRACIN DIARIA DE LA PRECIPITACIN
EN ESPAA EN RELACIN A LA DE OTROS MBITOS REGIONALES
Las investigaciones sobre la concentracin diaria de la precipitacin efectuadas con
la misma metodologa y llevadas a cabo en los ltimos aos en otros pases y
territorios permiten comenzar a valorar si los valores del CI hallados para la franja
oriental de la Espaa peninsular son realmente elevados. El trabajo de referencia
ms valioso es el relativo a Europa (Cortesi et al., 2012), que analiz 530 series de
datos diarios del perodo 1971-2010, incluyendo un cierto nmero de observatorios
165
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espaoles, con lo que la comparacin tiene las mximas garantas. En la figura 3
se expresan los valores del CI de Europa del citado trabajo. Se aprecia que la mayor
concentracin diaria de la precipitacin en el continente se da precisamente en el
litoral oriental de la Pennsula Ibrica, sur de Francia y otros puntos de la cuenca
del Mediterrneo occidental, en general con ms de 0,68. El contraste con las Islas
Britnicas, los Pases Bajos y Noruega, normalmente con menos de 0,59, es
manifiesto. Los valores extremos se sitan en Perpignan (Francia), con 0,72, y
Kirkwall (Reino Unido), con 0,51. De hecho podra establecerse una diagonal
imaginaria desde el norte de Portugal hasta las repblicas blticas, al noroeste de
la cual la concentracin diaria es baja y al sur, moderada o alta.
Figura 3. Valores del CI de Europa, a partir de 530 observatorios, para el perodo
1971-2010. (Fuente: Cortesi et al., 2012)).
La concentracin diaria de la precipitacin en Europa est bien correlacionada con
el nmero anual de das de lluvia (r de Pearson=0.68, p < 0.01), de manera que
a mayor nmero de das lluviosos, menor concentracin pluviomtrica, pero no con
el total anual (r de Pearson=-0,31).
Con respecto a otros mbitos planetarios, la concentracin diaria de la precipitacin
en la franja oriental de la Pennsula Ibrica puede considerarse elevada, claramente
superior a la de la pennsula malaya (Suhaila y Jemain, 2012), pero inferior a la
cuenca hidrogrfica china del ro Pearl (Zhang et al., 2009), con contrastes entre
cantidades muy abruptos probablemente por la ocurrencia episdica de los tifones.
166
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5. CONCLUSIONES
1) El ndice de concentracin diaria de la precipitacin (CI), definido de forma similar
al de Gini, a partir de la distribucin de las cantidades diarias de precipitacin en
clases de 1 mm de longitud, pero usando curvas exponenciales del tipo y=axe
bx
(Martn-Vide, 2004), valora el peso de los das ms lluviosos en el total anual,
reflejando la torrencialidad de la precipitacin.
2) En la Espaa peninsular el rea con valores ms elevados de CI es la franja
oriental, en especial desde la desembocadura del Ebro hasta el norte de la
provincia de Alicante, donde, dependiendo del perodo analizado, se alcanza 0,70
en algunos puntos, que equivale aproximadamente a que el 25% de los das de
precipitacin ms cuantiosa aporta un 80% del total anual. Los valores ms bajos
corresponden a puntos del noroeste y del interior peninsular, con CI de 0,57 o algo
inferiores.
3) La localizacin de los valores ms elevados del CI en Espaa coincide con la
de mayor intensidad diaria y horaria de la precipitacin, entre Valencia y el
norte de Alicante.
4) La franja oriental de la Pennsula Ibrica es, junto con el sur de Francia y otros
puntos de la cuenca del Mediterrneo occidental, la de mayor concentracin diaria
de la precipitacin en Europa. Los valores del CI en la franja oriental de la
Pennsula Ibrica son, por comparacin con los de otras regiones planetarias
estudiadas, elevados, aunque no los ms altos conocidos.
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167
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168
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CAPTULO 11
PRECIPITACIONES TORRENCIALES Y PATRONES DE
TELECONEXIN EN EL SUR DE LA PENNSULA IBRICA
Jos Manuel HIDALGO MUOZ, Sonia Raquel GMIZ-FORTIS,
Mara Jess ESTEBAN PARRA, Yolanda CASTRO-DEZ
Depto. de Fsica Aplicada. Facultad de Ciencias. Universidad de Granada
[email protected], [email protected], [email protected], [email protected]
RESUMEN
En este trabajo se estudian los patrones atmosfricos asociados a eventos de
precipitacin extrema en el sur de la Pennsula Ibrica, as como su relacin con
dos de los principales ndices de circulacin a gran escala que afectan a la
precipitacin en esta zona: la Oscilacin del Atlntico Norte (NAO) y la Oscilacin
del Mediterrneo Occidental (WeMO). Para ello, se han utilizado 86 estaciones de
medida de precipitacin diaria, con registros que comprenden el periodo 1955-
2006. Las principales configuraciones sinpticas a nivel de superficie,
relacionadas con los eventos de precipitacin extrema, se han determinado
mediante un Anlisis de Componentes Principales (PCA) en modo T. Asimismo,
se han analizado los promedios de las variables presin a nivel del mar y altura
geopotencial a 500 hPa asociados a estas configuraciones. Adicionalmente las
variaciones intraanuales e interanuales de dichos patrones han sido observadas,
as como su posible variacin entre dos subperiodos (1955-1980 y 1981-2006).
Los principales resultados indican una reduccin en la aparicin de los patrones
sinpticos asociados a la adveccin de aire procedente del Atlntico sobre la
regin de estudio, y un incremento en la ocurrencia de situaciones sinpticas
asociadas al transporte de aire hmedo procedente del Mediterrneo. Adems,
destacar que el nmero de das de precipitacin extrema muestra una tendencia
a aparecer con mayor frecuencia durante el otoo para el periodo 1981-2006,
cuando para el periodo 1955-1980 eran ms frecuentes en invierno. Finalmente,
la mayor parte de los patrones sinpticos relacionados con eventos de
precipitacin extrema en el sur de la Pennsula Ibrica, presentan elevados
valores negativos del ndice WeMO, mientras que solo algunos de ellos muestran
valores altos negativos de la NAO.
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Palabras clave: precipitacin extrema, patrones atmosfricos, Pennsula Ibrica,
NAO, WeMO.
ABSTRACT
This work studies the atmospheric patterns associated with heavy precipitation
events in the south of the Iberian Peninsula, and its relationship with two of the
main large-scale circulation indices affecting the precipitation over this area: the
North Atlantic Oscillation (NAO) and the Western Mediterranean Oscillation
(WeMO). The analysis has been made using 86 stations with daily precipitation
records for the period 1955-2006. The main synoptic configurations at the
surface level related to heavy rainfall days were found by using a Principal
Component Analysis (PCA) in T-mode. Composites of Sea level Pressure and 500
hPa Geopotential Height, associated with these main configurations, have been
analysed. In addition, the inter-annual and intra-annual distribution of the
atmospheric patterns has been also analyzed and its variation in two subperiods
(1955-1980 and 1981-2006) has been examined. The main results indicate a
reduction in the number of occurrences of patterns bringing advection from the
Atlantic Ocean, and an increase of a pattern carrying humid winds from the
Mediterranean. In addition, it is shown that heavy rainfall days associated with
these patterns tend to be grouped in autumn during 1981-2006 instead in winter
(as happened in 1955-1980). Finally, most of the synoptic patterns were related
to highly negative WeMO values, whereas only some of the patterns were linked
with high negative values of NAO index.
Key words: extreme precipitation, atmospheric patterns, Iberian Peninsula,
NAO, WeMO.
1. INTRODUCCIN
En los ltimos aos, numerosos estudios han abordado la cuestin sobre si la
intensificacin del ciclo hidrolgico puede incrementar la frecuencia e intensidad de
los eventos de precipitacin extrema. Este creciente inters se debe al gran impacto
de este tipo de eventos en la economa, el medio ambiente y en la sociedad, en
relacin a las prdidas ocasionadas. En particular, es necesario determinar los
mecanismos atmosfricos que controlan los eventos de precipitacin intensa para
evaluar los riesgos que entraan estos eventos naturales y desarrollar estrategias
de mitigacin y respuesta.
El estudio de los mecanismos atmosfricos relacionados con precipitaciones
extremas sobre distintas reas de la Pennsula Ibrica (PI) ha sido abordado por
varios investigadores (Lana et al., 2001, Fragoso and Gomes, 2008, Penarrocha et
al., 2002, Romero et al., 1999, Hidalgo-Muoz et al., 2011). En particular, este
estudio se centra en el sur de la PI, un rea de gran inters dada su localizacin
entre dos grandes masas de agua, el Ocano Atlntico y el Mar Mediterrneo, que
adems presenta una compleja topografa, con elevaciones de ms de 3000 m en
Sierra Nevada, una depresin interior (el valle del Guadalquivir) y gradientes de
elevacin de hasta 3000 m en apenas 40 km. Estas caractersticas fsicas favorecen
la ocurrencia de eventos de precipitacin extrema.
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La Oscilacin del Atlntico Norte (NAO) es el modo dominante de la variabilidad
climtica en invierno en la regin del Atlntico Norte, con una influencia importante
en el clima de Europa. En particular, se ha identificado a la NAO como el principal
fenmeno de gran escala que controla la precipitacin invernal en el centro y oeste
de la PI (Hurrell and VanLoon, 1997, Trigo et al., 2004). La NAO se caracteriza por un
patrn dipolar entre el centro de altas presiones localizadas en la zona subtropical del
Atlntico Norte y el de bajas presiones localizadas en el polo norte. La fase positiva
de la NAO corresponde a una intensificacin de dichos centros de altas y bajas
presiones, mientras que la fase negativa corresponde a un debilitamiento de los
mismos. Durante la fase positiva, la diferencia de presiones entre los centros polar y
subtropical se incrementa, lo que se traduce en un mayor nmero de tormentas ms
intensas que cruzan el Ocano Atlntico dando lugar a inviernos clidos y hmedos
en el norte de Europa, y fros y secos en el sur de Europa. Especficamente para la
PI, la fase positiva (negativa) de la NAO durante el invierno se traduce en anomalas
negativas (positivas) de precipitacin en la zona central y occidental.
En la fachada oriental de la PI, la naturaleza de la precipitacin es principalmente
de tipo convectivo, con flujo del este que transporta humedad desde el
Mediterrneo (Romero et al., 1999), y presenta escasa relacin con la NAO. Con el
objetivo de encontrar un ndice atmosfrico que se relacionase mejor con la
precipitacin en esta rea de la PI, Martn-Vide y Lpez-Bustins (2006) definieron
la Oscilacin del Oeste del Mediterrneo (WeMO). Este ndice se construye como la
diferencia de presin en dos localizaciones: Padua, en el norte de Italia, una regin
con relativamente alta variabilidad baromtrica, y San Fernando, en el Golfo de
Cdiz, cuya presin atmosfrica est a menudo controlada por el anticicln de las
Azores. Este ndice ha sido utilizado como indicador de la precipitacin en la PI,
principalmente en la fachada este (Martn-Vide et al., 2008, Lpez-Bustin et al.,
2008, Vicente-Serrano et al. 2009, Hidalgo-Muoz et al., 2011).
Este estudio pretende mejorar el conocimiento de los mecanismos dinmicos que
originan los eventos de precipitacin extrema en el sur de la PI, as como sus posibles
variaciones a lo largo del periodo analizado, 1955-2006. El estudio ha sido completado
con el anlisis de la relacin de los ndices de teleconexin NAO y WeMO con los
eventos de precipitacin extrema y los patrones sinpticos asociados a los mismos.
2. DATOS
2.1 Datos de precipitacin
Los datos de precipitacin diaria empleados en este estudio han sido recopilados de
la pgina web http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente /servtc5/WebClima/,
perteneciente a la Junta de Andaluca (Subsistema de Climatologa Ambiental,
Consejera de Medio Ambiente, Junta de Andaluca). Solo se seleccionaron para
este estudio aquellas series que presentaban menos de un 10% de datos faltantes
durante el periodo de estudio 1955-2006. La eleccin de este periodo fue el
resultado de establecer un equilibrio entre el nmero de estaciones, la longitud del
periodo y la distribucin espacial de las mismas. Adicionalmente, estas series fueron
sometidas a un control de calidad, con el objetivo de determinar posibles faltas de
homogeneidad en las mismas. Para ello se buscaron registros extremadamente
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altos o bajos, comprobando su veracidad, registros negativos, y adems se emple
un test de homogeneidad de acuerdo a la gua proporcionada por el Equipo de
Expertos en Deteccin del Cambio Climtico y sus Indicadores (ETCCDI)
(http://etccdi.pacificclimate.org/indices.shtml). El software utilizado fue el RHtestV2,
el cual se puede descargar libremente desde la pgina web anterior, que permite
detectar puntos de cambio en una serie de tiempo. Ms detalles acerca de la base
terica de este test se pueden encontrar en Wang et al. (2007, 2008a, 2008b). Este
control de calidad fue superado por 86 estaciones, las cuales estn aceptablemente
distribuidas por el rea de estudio (figura 1), cubriendo el periodo 1955-2006 y
presentando menos de un 10% de huecos.
Figura 1. Localizacin de las 86 series de precipitaciones diarias utilizadas en este
estudio (crculos) y caractersticas topogrficas de la PI. La escala de grises indica la
elevacin en m.
2.2 Datos atmosfricos
Los datos diarios de presin a nivel del mar (SLP) y altura geopotencial a 500 hPa
(HGT500), usados para la clasificacin de los patrones sinpticos asociados a
eventos de precipitacin extrema, pertenecen a los datos de reanlisis elaborados
por el centro NCEP-NCAR (Kalnay et al., 1996). Este conjunto de datos en rejilla
presenta una resolucin de 2,5
o
de longitud por 2,5 de latitud para todo el
globo,,desde 1948 hasta el presente. Para este estudio se utiliz una ventana
geogrfica definida por 20
o
N-70
o
N y 40
o
O-20
o
E, cubriendo el periodo 1955-2006.
Las series diarias correspondientes a los ndices de teleconexin, NAO y WeMO, han
sido obtenidas del Centro de Prediccin Climtica (http://www.cpc.ncep.noaa.gov/) y
de la web http://www.ub.edu/gc/English/wemo.htm, respectivamente. Ntese que,
debido a que los datos diarios disponibles para el ndice WeMO terminan en 2000, la serie
se complet desde 2000 hasta 2006 con los datos mensuales de dicho ndice (los cuales
estn disponibles hasta 2010).
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3. METODOLOGA
El primer paso en este estudio consiste en la eleccin de un umbral apropiado para
discriminar los das considerados como das de precipitacin extrema. Estudios
previos acerca de los patrones de circulacin atmosfrica asociados a eventos de
precipitacin extrema en la PI (Fragoso and Gomes, 2008, Penarrocha et al., 2002,
Romero et al., 1999, Hidalgo-Muoz et al., 2011) han aplicado umbrales en torno a
40, 50 e incluso 100 mm/da.
En este trabajo, con el objetivo de reducir la importancia de tormentas locales, se
han considerado como das de precipitacin extrema aquellos en los cuales 4 o ms
estaciones registraban una cantidad de precipitacin que exceda su percentil 95.
La eleccin de un umbral variable para cada estacin se debe a que, debido a la
variabilidad espacial de la precipitacin en el rea de estudio, un determinado valor,
como por ejemplo 50 mm, puede ser considerado un evento extremo en una
estacin y normal o moderado en otra. Los valores correspondientes a los
percentiles 95 de cada estacin, utilizados como umbral, varan entre 19,5 mm y
89,4 mm, con un promedio de 37 mm. Para el clculo del percentil 95 solo se
tuvieron en cuenta registros de precipitacin diaria superiores a 1 mm. Segn este
criterio, se ha identificado un total de 854 das de precipitacin extrema en esta
regin en el periodo 1955-2008.
En segundo lugar se clasificaron los patrones sinpticos relacionados con los das
de precipitacin extrema. Para ello, se ha aplicado un Anlisis de Componentes
Principales (PCA) (Preisendorfer, 1988) en modo T a los valores de SLP de los das
identificados. El PCA es una herramienta til para reducir la dimensionalidad de los
datos, identificando los modos de variabilidad dominantes. En este caso, el PCA se
utiliz para distinguir y agrupar das con una configuracin similar de SLP. Ms
detalles acerca de esta tcnica se pueden encontrar en Wilks (2006).
Una vez que se identificaron los principales modos de variabilidad (las
configuraciones de SLP ms comunes durante los das de precipitacin extrema), los
das se agruparon en el modo que mejor los representaba. Conviene notar que,
para cada componente principal o modo identificado, se consideran dos clases,
relacionadas su fase, positiva y negativa (Huth, 1996). Los das se agruparon en
aquella clase para la cual presentaban un mayor factor de carga en valor absoluto.
El factor de carga es una medida de la correlacin entre la configuracin espacial
de cada clase y la del propio da. En otras palabras, los factores de carga indican
en qu medida una clase representa el patrn espacial de la SLP de un determinado
da. Una vez que los das se agruparon en las distintas clases, se generaron mapas
promedios de SLP y HGT500 para cada una.
4. RESULTADOS
La variabilidad interanual e intraanual de los 854 das considerados se presenta en
la figura 2. En relacin a la variabilidad interanual, se puede observar un ligero
descenso en el nmero de das anual a lo largo del periodo. La distribucin
intraanual indica que los eventos de precipitacin extrema tienden a ocurrir durante
el otoo y los primeros meses de invierno, disminuyendo su aparicin en primavera
hasta casi desaparecer en verano.
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De los resultados del PCA realizado sobre los datos de SLP de los 854 das, se han
considerado para este estudio las seis primeras componentes, que representan el
87,29% de la varianza total (29,17%, 24,05%, 15,82%, 7,07%, 6,61% y 4,56%,
respectivamente). Por tanto, el nmero de clases identificadas, 12, corresponde al
doble de las componentes (al diferenciar entre la fase positiva y negativa). Para dar
una visin general de los principales patrones, las clases con menos de 30 das
fueron excluidas del anlisis y, por tanto, los resultados no sern mostrados.
Figura 2. Variabilidad interanual (izquierda) e intraanual (derecha) de los 854 das
identificados como das de precipitacin extrema.
Los patrones sinpticos en superficie y en altura (a 500 hPa), obtenidos
promediando los das pertenecientes a cada clase, se muestran en las figuras 3 y
4, respectivamente para las fases positivas y negativas. Ntese que las clases se
identifican como CLi, donde i representa la componente y los signos + y
la fase. Por tanto, como resultado de la reduccin de la dimensionalidad obtenida
mediante el PCA, se han reducido las 854 situaciones sinpticas asociadas a cada
da de precipitacin extrema a 12 clases, 7 de las cuales (las que agrupan ms de
30 das) han sido analizadas.
Adicionalmente, se ha evaluado la variabilidad interanual de cada clase, con el
objetivo de identificar variaciones en la ocurrencia de cada patrn a lo largo del
periodo de estudio (figuras 5 y 6 para las fases positivas y negativas,
respectivamente). Asimismo, se han analizado los posibles cambios en la
variabilidad intraanual de cada clase. Para ello, se definieron dos sub-periodos
(1955-1980 y 1981-2006), y se compar la distribucin anual de los das agrupados
en cada patrn en ambos sub-periodos. A continuacin se resumen las principales
caractersticas de los patrones sinpticos representativos de cada clase:
El patrn CL1+ es el ms frecuente de los encontrados (agrupando 238 de los 854
das de precipitacin extrema). La configuracin sinptica de este patrn se muestra
en la figura 3. sta, en superficie, se caracteriza por una profunda baja presin
localizada cerca de la costa oeste de Irlanda, produciendo un fuerte flujo del oeste
sobre la PI. En altura (a 500 hPa), se encuentra que la baja est algo desplazada
hacia el norte, cerca de Islandia, y hay un flujo del oeste muy intenso sobre la PI.
En la figura 5 se aprecia que este patrn tiene lugar en otoo e invierno, aunque
se observa que en el periodo 1955-1980 se encontraba ms en invierno, mientras
que en el periodo 1981-2006 ocurre con mayor frecuencia en otoo. El valor
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promedio del ndice NAO en los das agrupados por este patrn es ligeramente
negativo (-0,29), mientras que en el caso del ndice WeMO ese promedio es algo
ms negativo (-0,61).
Figura 3. a) Patrones sinpticos promedio de la presin a nivel del mar para las fases
positivas de cada una de las clases. b) Como a), pero para el nivel de 500 hPa.
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Figura 4. Como la figura 3, pero para las fases negativas de las clases.
La configuracin sinptica del patrn CL2+ es similar a la del CL1+, con la diferencia
de que, en este caso, el centro de bajas presiones en superficie est localizado
frente a las costas gallegas, al noroeste de la PI. En el nivel de 500 hPa, la
configuracin sinptica es similar a la de superficie. Este patrn, representativo de
110 das de precipitacin extrema, es ms frecuente durante el invierno. De la figura
5 se puede observar una significativa reduccin en los eventos extremos
relacionados con este patrn en la segunda mitad del periodo de estudio, pasando
de 73 das durante el periodo 1955-1980 a 37 das durante 1981-2006. Esta
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reduccin es particularmente relevante durante los meses de invierno. De manera
anloga a lo que sucede con el patrn CL1+, se observa que durante la segunda
parte del periodo de estudio tiende a tener ms frecuencia durante el otoo,
mientras que en la primera parte acontece principalmente en invierno. Para los das
de precipitacin extrema asociados a este patrn se encuentran valores negativos
altos de los promedios de los ndices NAO y WeMO (-1,19 y -1,36, respectivamente).
El patrn CL3+ presenta una dbil vaguada en superficie (que no est definida en
500 hPa) con eje noreste, localizada sobre el noroeste de la PI y el Golfo de Vizcaya.
Sobre la PI el flujo es del sur-suroeste. Los das de precipitacin extrema asociados
a este patrn tienen lugar, predominantemente, a finales de otoo y en febrero. De
forma similar a lo encontrado para el patrn CL2+, existe una reduccin en el
nmero de das de precipitacin extrema asociados a este patrn en la segunda
mitad del periodo de estudio (pasando de 58 a 34 das), principalmente durante los
meses de invierno. Los valores promedio de los ndices NAO y WeMO para este
patrn son moderadamente negativos (-0,63 y -0,72, respectivamente).
En el caso del patrn CL4+, se observa un centro de bajas presiones en superficie
sobre la PI, junto con una profunda baja en el Golfo de Vizcaya en el nivel de 500
hPa. Esta configuracin sinptica da lugar a vientos desde el oeste sobre la PI. La
relacin de esta configuracin sinptica con eventos de precipitacin extrema en el
sur de la PI es menos frecuente que en el caso de los anteriores patrones (41 das).
A pesar de que es un patrn que sucede con mayor frecuencia en primavera, se ha
observado un descenso en su ocurrencia (pasando de 31 a 10 das), principalmente
en esta estacin, durante la segunda mitad del periodo de estudio. Los ndices NAO
y WeMO presentan unos valores promedios de 0,15 y -1,18, respectivamente, en
los das asociados a este patrn.
El patrn CL3- es el segundo patrn en trminos de das de precipitacin extrema
agrupados (154 das). Al nivel de 500 hPa presenta un sistema de bajas presiones
sobre el sur de la PI, el cual, en superficie, se adentra en el continente africano,
localizndose sobre el desierto del Sahara. Como consecuencia de esta
configuracin sinptica, aire hmedo y clido procedente del Mediterrneo
penetra en la PI por la fachada este. En relacin con su variabilidad interanual,
se observa una tendencia a que un mayor nmero de das de precipitacin
extrema se asocien a este patrn, cuyo incremento es ms notorio en invierno,
aun cuando se trata de una configuracin ms asociada a eventos de
precipitacin extrema durante el otoo. En este caso existe una marcada
diferencia en los valores promedios de los ndices NAO (0,61) y WeMO (-1,46)
para los das agrupados en este patrn.
El patrn CL4- presenta una vaguada con un eje en direccin noroeste desde el
Atlntico hacia la PI, localizada frente a la costa noroeste de la PI, siendo ms dbil
su formacin en altura y ms definida en superficie. El flujo de aire hacia la PI es
de componente suroeste. Los das de precipitacin extrema asociados con esta
configuracin sinptica (59 das) han pasado de localizarse en marzo y octubre (en
el periodo 1955-1980) a aparecer al final de otoo e invierno (en 1981-2006). Tanto
el ndice NAO como el WeMO presentan, en promedio, valores negativos durante
estos das, aunque sensiblemente mayor en el caso de la WeMO (-0,24 y -1,62,
respectivamente).
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El patrn CL5- presenta, tanto en altura como en superficie, un dipolo de presiones,
con el centro de bajas presiones frente a la costa portuguesa y el de altas sobre las
Islas Britnicas. Este patrn agrupa a 75 das, sin que exista una clara variabilidad
intraanual o interanual. Sobre los valores promedios de los ndices NAO y WeMO,
destaca el valor altamente negativo de este ltimo (-2,05) con respecto al de la
NAO (-0,52).
Figura 5. Variabilidad interanual (a) e intraanual (b) de la ocurrencia de los das de
precipitacin extrema asociados con los patrones correspondientes a las fases positivas
de los principales modos de variabilidad. En gris oscuro los das correspondientes al
periodo 1955-1980 y en gris claro los pertenecientes al periodo 1981-2006.
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Figura 6. Como la figura 5, pero para las clases correspondientes a las fases negativas
de los modos encontrados.
5. CONCLUSIONES
El objetivo fundamental de este estudio ha sido determinar los patrones
atmosfricos relacionados con los eventos extremos de precipitacin en el sur de
la Pennsula Ibrica durante la segunda mitad del siglo XX, as como identificar
posibles modificaciones en su variabilidad intraanual e interanual. Las principales
conclusiones obtenidas se resumen a continuacin.
El nmero total de das de precipitacin extrema identificados en la regin suceden
predominantemente en otoo e invierno y muestran un ligero descenso a lo largo
del periodo de estudio 1955-2006. En concreto, el nmero de das de precipitacin
extrema relacionados con los patrones CL2+, CL3+ y CL4+ muestran un
significativo descenso. Por el contrario, los das asociados al patrn CL3- aparecen
ms frecuentemente (especialmente en invierno).
En relacin a la variabilidad intraanual en la asociacin de estos patrones con los
das de precipitacin extrema, es interesante resaltar el incremento de la ocurrencia
de los mismos durante el otoo, as como el descenso en los meses de invierno y
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primavera. Particularmente, los das de precipitacin extrema asociados a los
patrones CL1+ y CL2+ ocurren ms frecuentemente en otoo durante 1981-2006,
con respecto al periodo 1955-1980, donde tenan lugar fundamentalmente en
invierno. El patrn CL4+ presenta una interesante caracterstica, y es que, durante
1955-1980 los das asociados a este patrn se concentraban mayoritariamente en
primavera, mientras que durante 1981-2006 prcticamente no sucedan en esta
estacin del ao. En cuanto a los das asociados al patrn CL4-, pasaron de
localizarse en los meses de transicin entre estaciones (marzo y octubre) durante
1955-1980, a concentrarse en los meses de invierno durante 1981-2006.
Finalmente, en cuanto a la relacin entre los patrones sinpticos encontrados y los
ndices de teleconexin NAO y WeMO, cabe destacar que aunque para alguno de
los patrones el promedio del ndice NAO es especialmente negativo (como en el
caso del CL2+), todos los patrones muestran valores moderados o incluso altos
valores negativos del ndice WeMO, lo que otorga a este ndice una especial
relevancia en cuanto a la ocurrencia de eventos de precipitacin extrema en el sur
de la Pennsula Ibrica
.AGRADECIMIENTOS
Al Ministerio espaol de Ciencia e Innovacin, con el apoyo adicional de los fondos
de la Comunidad Europea (FEDER), proyecto CGL2010-21188/CLI, el cual ha
financiado este estudio.
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181
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CAPTULO 12
DESCARGAS ELCTRICAS ATMOSFRICAS
Francisco PREZ PUEBLA
Agencia Estatal de Meteorologa (AEMET)
[email protected]
RESUMEN
Este captulo tiene por objeto describir los productos necesarios para afrontar la
realizacin de un estudio del riesgo de impacto de descargas elctricas naturales en
un lugar e instante dado. La aproximacin en trminos estrictamente empricos al
valor del riesgo se hace en funcin de la hora del da, del mes o de la estacin del
ao y del lugar geogrfico en que se pretenda siempre que haya cobertura de
observacin. Los productos que se presentan han sido realizados por el autor y se
basan en los datos registrados operacionalmente por la red de descargas elctricas
de la Agencia Estatal de Meteorologa (AEMET) de Espaa cuyo funcionamiento
operativo se inici en 1992. Esta red ha pasado dos etapas diferenciadas, la primera
hasta 1999 en la que se segua el fenmeno de modo un tanto incompleto con una
tecnologa angular ya superada. La segunda etapa, en la que hemos centrado la
consideracin de los productos presentados, en la que la exploracin se ha realizado
con tecnologa GPS, proporcionando un grado de detalle y resolucin mejor y ms
completo en el posicionamiento de las descargas que alcanzan el suelo.
Palabras clave: rayo, descarga elctrica, descarga nube tierra, tormenta
elctrica, densidad de descargas, riesgo cerunico, radiogonimetro, sensor de
rayos, fulminado.
ABSTRACT
This chapter aims at presenting the necessary products to do a study of the risk
through electrical natural discharges at a given place and time. The risk is usually
specified in terms of time of day, month or season of the year and its assessment
is wholly of a empirical nature. The products included here have been developed by
the author and are based on operationally data recorded by the electrical detection
network of the Spanish State Meteorological Agency (AEMET) which started
operation in 1992. This network has gone through two clearly defined phases, the
first one until 1999 when the phenomenon was tracked with an already obsolete
technology in a rather incomplete way; then the latter one, which has provided the
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data for the products presented here, used GPS technology thereby achieving a
degree of detail and resolution for the ground-hitting discharges considerably higher
than before.
Key words: lightning, electrical discharge, cloud to ground stroke, electrical
storm, stroke density, keraunic risk, direction finder, lightning sensor, lightning dead.
1. BREVE DESCRIPCIN DEL FENMENO
Si atendemos a la definicin establecida por la Organizacin Meteorolgica Mundial
(Manual OMM nm. 407, 1993) el trmino tormenta hace referencia a un meteoro
que se produce tan pronto estamos en presencia de descargas elctricas
atmosfricas en un lugar e instante determinado, que se manifiestan a travs de
efectos luminosos (relmpago) y sonoros (trueno). Es oportuno y conveniente
recordar inicialmente esta convencin para evitar posibles ambigedades en el
abuso del trmino tormenta que habitualmente se dan incluso en mbitos
especializados.
Figura 1. Grabado que refleja las primeras exploraciones de tormentas con cometa
realizadas por Franklin. Natural Philosophy for Common and High Schools 1881. Le
Roy C. Cooley.
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Desde los experimentos sobre electricidad atmosfrica con cometas realizados por
Benjamn Franklin en 1752, se sabe que la generalidad de los cumulonimbos, las
nubes tpicas de tormenta, disponen de un centro de carga negativa que se sita
inmediatamente por encima de la isoterma de unos diez o quince grados
centgrados bajo cero. Este ncleo negativo, mayoritariamente generado por los
efectos derivados de la friccin y fracturacin de cristalitos de hielo arrastrados por
las corrientes convectivas, induce en la superficie terrestre una redistribucin de
cargas elctricas positivas (corrientes telricas), que sigue a la nube en su
desplazamiento como si fuera su sombra elctrica.
El conocimiento de los fenmenos elctricos atmosfricos que se producen en la
troposfera ha progresado a medida que han ido evolucionando las tecnologas de
deteccin elctrica y de comunicaciones. Para hacernos una idea de su complejidad
basta describir el fenmeno rayo segn el estado actual de la ciencia y conforme a
las valoraciones estadsticas internacionales ms reputadas del fenmeno. (Rakov
et al., 2003).
A juzgar por estas valoraciones el tipo de rayo ms habitual (un rayo de polaridad
negativa que baja electrones al suelo) estara compuesto tpicamente por un
conjunto de tres o cuatro descargas simples de una duracin media de sesenta
millonsimas de segundo. La separacin entre las descargas sera normalmente de
unas treinta milsimas de segundo. Estas descargas componentes podran conectar
nube y tierra en el mismo lugar del suelo (parpadeo o centelleo clsico del rayo) o
en distintos que no tienen por qu estar muy prximos (habitualmente se considera
una distancia media de unos diez kilmetros entre ellos) aunque algunas podran
distar decenas de kilmetros o incluso llegar al centenar.
Figura 2. Muestra esquemtica de un rayo que consta de tres descargas sucesivas. La
precursora o escalonada y las dems que se conducen por el mismo canal hacia el suelo
en un lapso de tiempo de unos 100 microsegundos. Adaptada de Rakov-Uman, 2003.
La descarga simple vendra precedida por fenmenos muy variados, como la bajada
escalonada de carga como descarga precursora desde el ncleo de carga negativa
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de la nube con una duracin de pocas decenas de milisegundos. El suelo tambin
acta activamente desencadenando otras descargas preliminares procedentes del
mismo con polaridad opuesta y dirigidas hacia la nube que proporcionan la
intensificacin de los campos elctricos atmosfricos y la ionizacin de canales de
mnima resistencia elctrica por los que se encauza la descarga inicial u otras
posteriores que forman parte del mismo rayo
Las descargas disponen de unas intensidades mximas de corriente que rondan las
pocas decenas de kiloamperios y bajan una carga negativa del orden de pocos
culombios, aunque excepcionalmente pueden superar los cien culombios y varios
cientos de kiloamperios.
Por tanto, inicialmente podemos concluir que, desde el punto de vista de la actividad
humana, las descargas elctricas simples que componen los rayos, al proporcionar un
gran trasvase energtico, pueden tener consecuencias peligrosas y su incidencia podra
afectar gravemente a la seguridad e integridad de las infraestructuras y, por
descontado, tambin pueden afectar a los seres humanos poniendo en peligro su vida.
2. SISTEMAS DE DETECCIN Y LOCALIZACIN DE DESCARGAS
ELCTRICAS ATMOSFRICAS
Las sbitas corrientes elctricas establecidas entre el suelo y la atmsfera pueden
alcanzar intensidades elevadas y generar potentes pulsos electromagnticos cuyo
diagrama de radiacin presenta un mximo de emisin energtica en las bandas de
radiofrecuencia del espectro, principalmente en las bandas de radiodifusin como
ELF, LF y VLF. (extremely low frequency, low frequency y very low frequency,
respectivamente)
Antiguamente las emisiones analgicas de radio venan contaminadas por
chisporroteos sonoros que se atribuan a los llamados parsitos atmosfricos o al
ruido atmosfrico en esas bandas de radiodifusin. Hoy en da, es precisamente
ese denostado ruido la principal fuente de datos para los sistemas de radiodeteccin
dedicados al seguimiento de tormentas elctricas y constituye el objeto de su
anlisis para el conocimiento de la descarga atmosfrica que lo gener y la
deduccin de las caractersticas de la tormenta en que se produjo.
Durante todo el siglo XX para la deteccin y localizacin de las fuentes de
radiofrecuencia se introdujeron, con auxilio de la trigonometra, primero los
cohesores y despus los radiogonimetros. En el ltimo decenio del siglo pasado se
inici el uso de las antenas de recepcin de la seal de tiempo procedente del
sistema GPS (Global Position System) Este fue el origen de una nueva tecnologa
en la localizacin del fenmeno: la tecnologa temporal.
La tecnologa para la localizacin de descargas elctricas es, por tanto,
relativamente antigua (incluso mayor que la de los radares) puesto que la
metodologa de la triangulacin ha sido utilizada desde los primeros tiempos de la
navegacin area y tambin se ha aplicado a la navegacin martima. Sin embargo,
el tratamiento simultneo de la informacin procedente de varias antenas situadas
en muy distantes ubicaciones, no ha sido posible sino hasta el ltimo cuarto del
siglo XX. Esto se ha conseguido a travs de la concentracin de los registros de las
seales en sistemas de clculo y comunicacin fiables que facilitan su tratamiento.
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El constante incremento en la rapidez de los procesadores ha permitido evaluar
mediante algoritmos cada vez ms complejos la situacin de decenas e incluso
centenas de descargas simultneamente, averiguando adems sus principales
caractersticas con tal inmediatez que podra llegarnos el trueno procedente de
alguna descarga real incluso despus de que su ubicacin se presente en monitor.
La metodologa ms utilizada en la actualidad para la localizacin de las descargas
se basa en la medida del instante de llegada del pulso electromagntico a diferentes
estaciones de deteccin de una red. Cuanto mayor sea el nmero de estaciones que
nos informan de la misma seal y ms precisa sea esa medida mejor ser la
localizacin geogrfica del pulso que la gener. Durante el primer decenio del siglo
XXI se han realizado valoraciones estadsticas contrastadas de la precisin de
algunas redes, reducindose los errores de localizacin de los eventos por debajo
de los 500 metros (Schulz et al., 2012).
La precisin en la determinacin del tiempo de llegada de las seales registradas
en las estaciones de radiodeteccin es del orden de la dcima de microsegundo tras la
correccin de los retrasos temporales producidos por la diferente naturaleza conductiva
de los suelos sobre los que se propaga la seal hasta alcanzar al receptor o antena. Esta
precisin temporal abre la posibilidad de apreciar la posicin de las descargas elctricas
con una exactitud comprendida entre unas decenas y poco ms de la centena de metros
en los prximos aos. Este hecho representa una notable mejora frente a la precisin
de kilmetros que se consegua con las tcnicas y algoritmos basados en la
radiogoniometra de los aos ochenta y principios de los noventa del siglo XX. De modo
que se ha ganado en las ltimas dcadas un orden de magnitud en la precisin de la
localizacin, lo que nos ha proporcionado un primer mtodo de seguimiento continuo
del fenmeno que avanza desde la observacin en la mesoescala meteorolgica a
situarse ya en la microescala, lo que posibilita mltiples aplicaciones para la proteccin
de las infraestructuras y los bienes naturales y culturales.
El estado actual de la tecnologa de radiodeteccin de las redes terrestres permite
identificar con claridad la posicin de cada una de las descargas que llegan al suelo
y constituyen los rayos, asignndoles un instante y un lugar de impacto. El anlisis
de estas descargas nos proporciona adems otros parmetros, entre los que se
incluye la intensidad mxima de la descarga que origin la seal inicialmente.
Tambin, es posible determinar la polaridad de esta seal, lo que facilita el
conocimiento de la tipologa y naturaleza de la descarga.
Junto a la precisin media en la localizacin, una de las magnitudes que mejor
caracteriza la calidad de una red de estaciones de radiodeteccin es su eficiencia
real. Esta nos proporciona el porcentaje de descargas que se han detectado
respecto al total de las que se han producido. Se dispone de algoritmos para estimar
su valor de modo cmodo y, para su verificacin, se realizan campaas de
observacin experimental con sistemas de medida y registro alternativos
(combinacin de registros de vdeo con medidas del campo elctrico de alta
resolucin y velocidad) en pequeas regiones o comarcas escogidas, cuyos datos
se toman como referencia de la red cuya calidad se est evaluando (Schulz et al.,
2012). Estos datos de eficiencia resultan ser tpicamente superiores al 90% para
rayos o primeras descargas de los mismos y se encuentran por encima del 80% para
las dems descargas simples.
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En muchos pases tambin se realizan medidas en torres instrumentadas desde las
que se registran en directo las variables que caracterizan a las descargas que las
alcanzan. Las mediciones obtenidas directamente por el instrumental de estas torres
son contrastadas por las evaluaciones proporcionadas por las redes de
radiodeteccin operacionales, obtenindose as valoraciones altamente
concordantes entre la estimacin remota de la intensidad mxima de las descargas
y la observada directamente en las torres.
Hay redes cuya tecnologa de localizacin se basa en la interferometra de las
emisiones VHF procedentes de los rayos. El alcance de la exploracin de estos
sistemas de observacin se reduce prcticamente al interior del polgono formado
por las estaciones de la red y a pocas decenas de kilmetros alrededor. Sin
embargo, el alcance de las redes de radiodeteccin en radiofrecuencia (LF/VLF) es
mucho mayor, al mantenerse las caractersticas de calidad (precisin y eficiencia) a
una zona de vigilancia algunos cientos de kilmetros hacia el exterior de la poligonal
de la red. La reflexin ionosfrica de los pulsos electromagnticos permite su
propagacin a grandes distancias, lo que ha inducido a algunos propietarios a hablar
exageradamente de cobertura global a pesar de caer drsticamente los parmetros
de calidad de las mismas con el alejamiento a la red.
Se estn empezando a incorporar sistemas de exploracin con base en satlites (Prez,
2011) Los primeros experimentos de esta clase contaron con instrumental alojado en
los satlites Microlab y los del TRRM (Tropical Rainfall Rate Mission), ambos de rbita
polar (situados entorno a unos 1000 kilmetros sobre la superficie terrestre). Los
sensores de medida se basan ahora en la sensibilidad a los destellos lumnicos
producidos por las descargas elctricas. Por tanto, trabajan en la banda visible del
espectro en contraste con los sistemas con base en tierra. Los resultados fueron
espectaculares en cuanto a la cobertura global de estos primeros sistemas, aunque
esta no fuera total en la superficie explorada ni continua a lo largo del tiempo.
La experiencia a bordo de los satlites polares se ha trasladado a los satlites
geoestacionarios, que orbitan a una distancia de unos 30.000 kilmetros de la
superficie terrestre. La ltima generacin de GOES ya dispone del instrumento
adecuado y la prxima de Meteosat (Meteosat Third Generation, MTG) tendr
tambin otro similar que permitir una resolucin espacial de 10 kilmetros y otra
temporal del orden del milisegundo, lo que supondr un seguimiento continuo del
fenmeno a lo largo del tiempo.
Adems de la amplsima cobertura, otro punto fuerte de la observacin de
descargas elctricas desde el espacio se encuentra en la homogeneidad del mtodo
y del instrumento de exploracin. Esto garantiza unas condiciones en la observacin
instrumentalmente homognea y, por tanto, razonablemente semejantes para todo
el mbito de exploracin. No obstante, la mejor precisin y eficiencia sigue
correspondiendo a las redes con base en tierra, con respecto a las cuales habrn
de validarse necesariamente las observaciones de descargas desde el espacio.
3. EL IMPACTO EN PRDIDA DE VIDAS HUMANAS
Recientes estudios demogrficos acerca del riesgo de incidencia de rayos sobre las
personas (Holle, 2012) han detallado pormenorizadamente las caractersticas de
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los daos que se sufren y las condiciones en que estos se producen. Sintticamente,
la prctica totalidad de las vctimas se dan en el exterior de las viviendas o en
lugares abiertos. Uno de los resultados ms relevantes es que la incidencia de
fulminados (muertos por rayo) es comparativamente mucho menor en las
sociedades ms urbanas y desarrolladas frente a las ms atrasadas y de economa
ms primitiva o rural donde las vctimas pueden superar en varios rdenes de
magnitud a las primeras.
Figura 3. Distribucin anual promedio de rayos/km
2
. Imagen de la combinacin de
datos de las misiones TRRM y Microlab. Los datos son del periodo abril 1995
febrero 2003. Fuente: Global Hidrology and Climate Center (GHCC) de la NASA,
Huntsville, Alabama.
Se considera como riesgo admisible (IEC
standards, (2009).
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199
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CAPTULO 13
LA NIEBLA Y SU IMPACTO EN LA SOCIEDAD
Joan CUXART
Universitat de les Illes Balears, Dpt. de Fsica, Mallorca (Illes Balears, Espaa)
[email protected]
RESUMEN
La niebla es un fenmeno meteorolgico que reduce la visibilidad por debajo los
1000 m y representa un serio problema para todos los sectores del transporte, en
particular para el trfico rodado, donde causa un nmero importante de muertes
cada ao. El impacto sobre el transporte areo de un episodio de niebla es grande
sobre las operaciones de despegue y aterrizaje y puede crear problemas de
engelamiento en las alas de los aviones en invierno. La niebla marina densa,
especialmente cerca de los puertos, constituye una causa de choques entre barcos.
La niebla en presencia de contaminantes puede ocasionar problemas de salud en
los seres vivos. Por todo ello, resulta indispensable un buen conocimiento de la
niebla, tanto de los procesos que conducen a su formacin como a su evolucin
espacio-temporal, as como de las situaciones meteorolgicas que generan niebla
en un determinado lugar. Este trabajo resume brevemente el conocimiento actual
de la fsica de la niebla, su seguimiento y pronstico y describe su impacto en la
sociedad y el modo de intentar minimizarlo.
Palabras clave: fsica de la niebla, niebla de radiacin, niebla de adveccin,
trfico rodado, retrasos en aeropuertos.
ABSTRACT
Fog is a meteorological phenomenon that reduces visibility below 1000 m and is a
threat to all transportation sectors, especially road traffic, where it causes a
significant number of casualties yearly. Massive affectation in take-off and landing
operations takes place when fog is installed on an airport, and can also create icing
problems on wings in winter. Collisions between boats can occur in dense marine
fog, especially near harbours. Fog combined with pollutants may produce effects on
health of living beings. Therefore, a good knowledge of fog is needed, both on the
causes of formation and time-space evolution, as on the weather situations
conducting to fog in specific target locations. This work briefly summarizes the
current knowledge on fog physics, its monitoring and forecasting, and addresses the
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impact on societal issues and the strategies to minimize it.
Key words: fog physics, radiation fog, advection fog, road traffic, airport
delays.
1. INTRODUCCIN
La niebla es la presencia de gotitas de agua microscpicas que reducen la visibilidad
en la superficie por debajo de 1000 m. Para visibilidades mayores, el fenmeno se
denomina neblina. La separacin es de carcter arbitrario aunque ampliamente
aceptada y usada por los Servicios Meteorolgicos Nacionales, y es equivalente a
la existencia de contenidos de agua lquida del orden de 0,1 g por metro cbico
(Duynkerke, 1991). Diremos que una niebla es densa cuando la visibilidad se reduce
a menos de 200 metros, una situacin en que los riesgos asociados son altos,
especialmente en el trfico rodado y martimo, as como en las operaciones de
aterrizaje y despegue en los aeropuertos.
La investigacin en el conocimiento de la niebla y el desarrollo sobre su correcto
seguimiento y pronstico han sido intensos en los ltimos decenios. Un buen
resumen lo publicaron Gultepe et al. (2007) y el informe de la Accin Europea COST
722 sobre el pronstico a corto plazo (Jacobs et al., 2008) es un compendio
ilustrativo sobre los esfuerzos actuales en investigacin y desarrollo sobre la niebla.
En un nmero especial sobre niebla publicado recientemente (Gultepe et al., 2012)
se actualizan las referencias de los ltimos aos. Se remite al lector a estos trabajos
para acceder a un extenso listado de bibliografa sobre el tema.
Una capa de niebla se forma bien cuando una masa de aire se enfra y el vapor
que contiene se convierte en saturante o bien cuando se aade al aire vapor
por evaporacin hasta llegar a la saturacin. Estos procesos son funcin de un
cierto nmero de parmetros, como la cantidad y la composicin de aerosoles
en el aire, o de los mecanismos que causan el enfriamiento o la evaporacin.
La evolucin de la niebla depende asimismo de las caractersticas del rea
donde tiene lugar, pudiendo ser un fenmeno muy local o cubrir extensiones de
miles de kilmetros cuadrados, durar menos de una hora o permanecer durante
varios das.
Las reas ms favorables a la aparicin de nieblas son las depresiones
topogrficas en el fondo de los valles, donde el aire en calma se enfra
radiativamente durante las noches despejadas, as como en las zonas costeras
sobre las cuales se advecta aire ms clido y hmedo y cuyo contacto con el
terreno ms fro puede ocasionar la condensacin del agua. Otras zonas son las
pendientes de las montaas en las que el aire se condensa al ser forzado a
ascender, o superficies hmedas templadas que se evaporan en el aire ms fro
sobre ellas, como en el caso de las nieblas de ro.
Los zonas costeras y los valles suelen estar densamente poblados, con numerosas
infraestructuras que pueden verse afectadas por la niebla, como puertos,
aeropuertos y carreteras. En las zonas llanas interiores las nieblas por radiacin
pueden ser muy persistentes, y en la costa las de adveccin pueden durar tanto
tiempo como contine la adveccin. Tienen un gran impacto econmico y, en el
caso del trfico rodado, causan accidentes mortales con frecuencia.
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Aunque los mecanismos bsicos que rigen la niebla se conocen con buena
aproximacin, su pronstico preciso es todava un reto. Falsas alarmas y anuncios
fallidos ocurren ms veces de las deseables, a pesar de la terica alta predictibilidad
del fenmeno. Los errores suelen estar relacionados con pequeas diferencias entre
los valores observados y predichos del viento, la temperatura y la humedad cerca
de la superficie, o con la falta de informacin sobre la composicin de los aerosoles
en el aire. El seguimiento para la prediccin a muy corto plazo est mejorando
debido al aumento de sensores de visibilidad en reas de impacto, as como al
desarrollo de diagnsticos adecuados a partir de imgenes de satlite.
La mejora del pronstico de la niebla deber basarse en su buen conocimiento
climatolgico, la deteccin precoz de un evento mediante cmaras o sensores de
visibilidad, el uso de imgenes de satlite de alta resolucin a alta frecuencia en
tiempo real y de herramientas numricas adaptadas a las caractersticas de las reas
de inters que se ejecuten de modo casi continuo. Ello deber permitir avisar con
cierta anticipacin a la poblacin y a los operadores pblicos y privados afectados
por el fenmeno.
2. MECANISMOS FSICOS BSICOS
La condensacin del vapor de agua en el aire se rige por la ecuacin de Clausius-
Clapeyron adaptada a los rangos de valores usuales en la atmsfera, y normalmente
se usa una aproximacin emprica que expresa la presin de vapor saturante del aire
como una funcin creciente de forma exponencial con la temperatura.
En consecuencia, para una determinada masa de aire con un contenido fijado de
vapor de agua, un enfriamiento significar que su presin de vapor saturante
disminuye y que el contenido de vapor puede llegar a ser saturante si el
enfriamiento contina. Alternativamente, si la temperatura permanece constante y
se introduce ms vapor en el aire, por ejemplo por evaporacin de una superficie
hmeda, dicho aumento puede conducir a la saturacin.
Estos dos procesos son los mecanismos bsicos subyacentes para la formacin de
niebla, siendo el enfriamiento del aire el ms frecuente. Son cuatro los mtodos de
enfriamiento del aire: i) por enfriamiento radiativo, normalmente de noche; ii) por
contacto con un cuerpo ms fro, como un suelo fro o una superficie nevada; iii)
por mezcla con una masa de aire ms fra; y iv) por expansin adiabtica cuando
la masa de aire se eleva.
La condensacin del agua cerca del suelo puede ocurrir por contacto directo con
elementos de la superficie ms fros, generando roco o escarcha sobre ellos, o en
el interior de la masa de aire, formando niebla. Los elementos superficiales pueden
mantener temperaturas distintas del aire debido a la baja conductividad trmica de
ste, alcanzando cada elemento su propia temperatura radiativa de equilibrio
trmico, y el aire en contacto con ellos puede saturarse antes y condensar,
eliminando vapor del aire que ya no estar disponible para la formacin de niebla.
Para formar las gotitas de agua microscpicas, es necesario tener una partcula
sobre la cual puedan depositarse las molculas de agua, de otro modo las
sobresaturaciones necesarias seran muy grandes, y no se observan en la
atmsfera. Los ncleos de condensacin son cuerpos de radio mayor sobre los
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cuales disminuye la tensin superficial, separan las molculas entre s disminuyendo
la repulsin elctrica y, si son higroscpicos, permiten la disolucin del agua en su
interior. Los ncleos de condensacin son abundantes sobre tierra y mar y permiten
la condensacin en el aire para humedades de alrededor del 100%.
Los ncleos de condensacin higroscpicos atraen hacia ellos la humedad del aire,
aumentando de volumen y disminuyendo la visibilidad, creando gotitas y formando
neblina, la fase inicial de la formacin de niebla. A medida que la temperatura
decrece, las gotitas seguirn emitiendo radiacin y enfrindose ms deprisa que el
aire y generarn ms condensacin sobre ellas, en un proceso similar a la formacin
de roco sobre los elementos de la superficie (Bott et al., 1990). Es claro que la
composicin de los ncleos de condensacin ser clave para la formacin de la
niebla y, si no hay suficientes o no son higroscpicos, la niebla no se formar.
Para pasar de neblina a niebla, debe crearse ms agua lquida y como la cantidad
de vapor que contiene una masa de aire disminuye si la temperatura decrece, habr
menos vapor condensable en un aire inicialmente fro que en uno templado. Por ello,
la niebla se favorece ms en masas de aire templadas que puedan enfriarse
considerablemente y generar suficiente condensacin, como en el caso de
enfriamientos nocturnos intensos a partir de aire diurno templado.
3. TIPOS DE NIEBLA Y MECANISMOS DE FORMACIN
Hay cuatro tipos principales de niebla segn su formacin, es decir segn el proceso
que conduce a la masa de aire a la saturacin: de radiacin, de adveccin, de
evaporacin y mezcla, y por expansin adiabtica en ascensos a lo largo de
pendientes. Normalmente uno de estos tipos es el predominante en una
determinada localizacin donde la niebla es frecuente, y cada tipo presenta su
particular evolucin espacio-temporal.
Niebla de radiacin
En noches con vientos flojos y cielos despejados, el balance de energa en superficie
est dominado por el fuerte enfriamiento radiativo de la superficie y el aire en
contacto con ella. Los otros trminos del balance intentan compensar esta prdida
de calor, como son el flujo de calor del suelo, los flujos turbulentos de calor sensible
y latente o las advecciones trmicas de pequea escala debidas a heterogeneidades
superficiales. Habitualmente, la suma de estos trminos no consigue compensar el
enfriamiento radiativo y la superficie y el aire sobre ella sufren un enfriamiento neto
(Duynkerke, 1991; Zhou and Ferrier, 2008).
Este enfriamiento genera una inversin trmica cerca del suelo. Si el viento no es
muy dbil, el aire se mezcla hacia arriba y la inversin crece en altura con el tiempo,
permitiendo la renovacin del aire en contacto con el suelo. Por el contrario, con
vientos muy flojos, esta renovacin apenas se produce, las inversiones son mucho
ms someras y fuertes, y el aire puede enfriarse considerablemente cerca de la
superficie, favoreciendo que se llegue al punto de saturacin.
Esta situacin tiene lugar habitualmente en condiciones anticiclnicas con gradiente
de presin muy dbil, en zonas localmente llanas, ya que de lo contrario el aire
fluira pendiente abajo. Se da tpicamente en zonas de interior, en cuencas pequeas
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y grandes y en el seno de valles de ros, entre mediados de otoo y el principio de
la primavera en latitudes medias, cuando las noches son relativamente largas y las
temperaturas pueden ser suficientemente bajas al final de la noche (figura 1).
La condensacin se inicia en las cercanas del suelo y la niebla puede tener unos
pocos metros de espesor, permitiendo a la radiacin solar por la maana calentar
el suelo y disiparla rpidamente. En el caso de que la cantidad de agua
condensada sea grande, la niebla es densa y acta como un cuerpo
independiente termodinmicamente, con su cima emitiendo radiativamente hacia
arriba y enfrindose a su propio ritmo y generando mezcla hacia abajo por
conveccin, manteniendo su interior bien mezclado y con una fuerte inversin en
su tope superior.
En cuencas y valles, la interaccin con los flujos catabticos que fluyen sobre la
niebla pueden incrementar la mezcla a travs de la inversin y hacerla crecer en la
vertical (Cuxart and Jimnez, 2012). Estas nieblas densas son difciles de disipar y
pueden durar varios das, ya que la radiacin solar apenas puede penetrar unos
pocos metros, excepto cerca del medioda cuando puede despejar brevemente junto
al suelo (figuras 2c y 2d).
Niebla de adveccin
Cuando aire clido y hmedo se desplaza sobre una superficie ms fra, el aire en
contacto con sta se enfra y puede llegar a condensar. En este caso un viento
persistente y de direccin bien definida es una condicin necesaria para que el
evento se mantenga. Estos casos no estn directamente relacionados con el ciclo
diurno de temperatura, excepto para el caso particular de una adveccin marina
matutina sobre la costa enfriada durante la noche precedente. Pueden aparecer en
cualquier momento del da si se dan las condiciones apropiadas y durar tanto como
dichas condiciones persistan (Zhang et al., 2009).
El viento acta como un agente de mezcla, generando turbulencia por cizalladura
y posibilitando el intercambio de calor entre la superficie y el aire advectado,
permitiendo a la capa niebla ganar espesor a medida que avanza. Frecuentemente,
una adveccin clida no muy hmeda tambin genera niebla de adveccin siempre
que la superficie sobre la que avanza aporte humedad suficiente, sea de agua o
debido a un suelo hmedo. No obstante, si el viento es moderado o fuerte, la mezcla
turbulenta ventilar con gran eficiencia la humedad hacia arriba y no permitir la
formacin de niebla. Las nieblas de adveccin son normalmente ms espesas,
extensas y homogneas que las de radiacin, ya que stas necesitan unas
determinadas condiciones locales para su formacin.
Nieblas de evaporacin y mezcla
Cuando una superficie de agua o un rea de tierra cubierta de agua se halla bajo
un aire ms fro, la evaporacin hacia ste es muy intensa, ya que se produce segn
la temperatura del cuerpo evaporante, introduciendo vapor en el aire incluso si ste
ya se encuentra saturado. El vapor que entra en el aire saturado se condensa
inmediatamente, generando lo que habitualmente se conoce como niebla de
evaporacin, y es habitual sobre ros y lagos en las estaciones fras (figuras 1d y 1e).
La acumulacin de aire fro en el fondo de los valles por drenaje catabtico favorece
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este fenmeno. La presencia de una inversin trmica en el rea es necesaria para
evitar la dispersin hacia arriba por conveccin sobre la superficie hmeda clida.
Este fenmeno tambin ocurre sobre espacios de agua entre hielo marino. Un
efecto similar se produce cuando aire muy fro sopla sobre una superficie clida,
como en el caso de viento polar sobre las aguas adyacentes.
La niebla puede formarse por debajo de las nubes en un rea donde se est
produciendo precipitacin. A medida que las gotas de lluvia atraviesan una capa de
aire ms fro que ellas y no saturado, se produce evaporacin, que a su vez enfriar
todava ms la capa, pudiendo llegar a la saturacin. Esto ocurre a menudo cuando
pasan frentes clidos, cuya precipitacin atraviesa el aire ms fro debajo de ellos,
y se le denomina niebla pre-frontal.
Figura 1. (a) Arriba izq.: Midiendo la niebla de radiacin en Raimat (Valle del Ebro,
febrero 2011); (b) arriba dcha.: niebla en bancos en el aeropuerto de Munich (abril
2011); (c) centro izq.: niebla de pendiente al norte de Tenerife (agosto 2011); (d)
centro dcha.: niebla de radiacin y evaporacin contenida en la Cuenca de Tremp
(Pre-Pirineos, diciembre 2012); (e) abajo: niebla de valle levantndose en el valle de
la Noguera Ribagorzana (Pre-Pirineos, diciembre de 2012). Fotos del autor.
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Un caso especial de niebla generada por mezcla desde arriba se da con adveccin
marina clida sobre una capa de aire fro, como en el caso de un frente clido sobre
aire fro anticiclnico continental en invierno. En la interfase se generan remolinos
de Kelvin-Helmhotz por cizalladura de viento, que transportan aire hmedo y clido
dentro de la capa fra inferior, donde condensa formando una nube que se puede
propagar hasta la superficie. Estas nieblas son de formacin rpida y posibles
siempre que haya una inversin a pocos hectmetros sobre tierra con aire hmedo
y clido soplando sobre ella, especialmente a primeras horas de la maana.
Niebla sobre pendientes por expansin adiabtica
Se trata de un proceso idntico al de formacin de nubes por ascenso y expansin
adiabtica, que causa enfriamiento y condensacin, solamente que en este caso se
produce en contacto con las laderas de una montaa (figura 1c).
4. NIEBLAS EN EL INTERIOR, LA ZONA COSTERA Y EL MAR
Debido a que el objetivo fundamental de nuestro trabajo radica en el impacto de
la niebla sobre la sociedad, debemos describir sus peculiaridades en las reas
donde tiene mayor influencia, es decir, sobre tierra, sobre todo en valles, donde
el trfico rodado y areo sufren graves afectaciones, en reas costeras, donde
hay que aadir el impacto en la actividad portuaria, y en el mar, por su efecto
sobre el trfico martimo.
Llanuras, cuencas y valles
Sobre tierra pueden ocurrir todos los tipos de nieblas que se han descrito, con
frecuencia combinando diversos mecanismos de formacin. Un punto crtico es la
disponibilidad de agua en la superficie que puede ser determinante tanto para la
formacin de la niebla como para su duracin y desarrollo vertical. Si hay agua en
la superficie en la parte superior del suelo, la saturacin del aire cerca de ste es
ms fcil de alcanzar y la mezcla turbulenta extender la capa saturada hacia arriba.
Si la saturacin se alcanza a ltimas horas de la noche, se generan nieblas muy
poco espesas visibles a primeras horas del da, que sern destruidas por la radiacin
solar en poco tiempo.
Las masas de agua en tierra, como marismas, lagos o ros, pueden actuar de forma
contraria a las tierras que los circundan en lo que se refiere a la niebla. La niebla
de evaporacin puede formarse solo sobre las zonas hmedas clidas en relacin
con las zonas circundantes, habitualmente a primera hora. Por otro lado, la
generacin de niebla de radiacin puede interrumpirse localmente sobre las zonas
hmedas, cuyo enfriamiento por radiacin es mucho menor.
Sobre zonas llanas extensas, con accidentes topogrficos de poca importancia, no
hay otros lmites a la extensin horizontal de la niebla que la del anticicln que las
propicia y la disponibilidad de agua en la superficie (Haeffelin et al., 2010). Vientos
dbiles pueden advectar los bancos de niebla localmente, pero la llegada de vientos
sinpticos bien definidos suele implicar la eliminacin de la niebla. Por otro lado,
para zonas bien delimitadas por cordilleras, como valles o cuencas mayores, la
evolucin de la capa de niebla est condicionada por la topografa (figuras 2a y 2b).
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Los valles de montaa generan con frecuencia niebla debido a la disponibilidad de
agua en superficie, que al evaporarse queda contenida en el valle, y tambin al
hecho de que un valle enfra proporcionalmente ms que un llano, ya que tiene
mayor rea a enfriar y adems acumula el aire fro en el fondo del valle. Si el valle
tiene una pendiente general, la niebla ser advectada por los vientos de valle, ro
abajo de noche, ro arriba de da.
Las cuencas grandes combinan caractersticas de las zonas llanas y de los valles.
Suelen contener una zona llana extensa en su centro donde se forma niebla de
radiacin cuando se dan las condiciones para ello. Las montaas que las cierran
contribuyen a la acumulacin de aire fro mediante los vientos catabticos. Cuando
la niebla se ha formado, los catabticos soplan por encima y pueden generar mezcla
y crecimiento vertical, generando capas de extensin vertical considerable (Cuxart
and Jimnez, 2012), o bien conducir a su disipacin si la inversin sobre la niebla
no es muy fuerte.
Es habitual que los anticiclones invernales generen nieblas persistentes que, para
las cuencas bien delimitadas por la topografa, quedan limitadas en extensin por
las pendientes, en las que se produce una pulsacin diurna al erosionarse de da
y restablecerse de noche (Gurka, 1978 y figura 2d). Estas nieblas suelen durar hasta
que se produce un cambio de masa de aire.
La presencia de nieblas de adveccin en una regin est relacionada con la entrada
de aire clido y hmedo, normalmente relacionado con una intrusin de aire marino
en las estaciones fras, con viento bien definido que produce mezcla vertical y
nieblas espesas, y que durar mientras la situacin persista. A veces se combina la
niebla formada localmente con la adveccin marina en el caso de valles bien
definidos (Fitzjarrald and Lala, 1989). Se dan ms detalles en el subapartado de
nieblas costeras.
Las ciudades generan una isla de calor urbana bien definida, cuya intensidad es
funcin de su tamao y de cmo de compacta es su urbanizacin, con valores
tpicamente entre 3 y 7 grados ms altos que su entorno rural. Obviamente, la
formacin de nieblas de radiacin ser ms difcil sobre ellas, tambin debido al
tipo de materiales que cubren su superficie. De todas maneras, si la urbanizacin
es dispersa o hay fuentes importantes de agua (ros o lagos) la niebla puede cubrir
la ciudad si la temperatura es suficientemente baja. Las ciudades tambin pueden
disipar localmente una niebla de adveccin si se encuentran a mayor temperatura
que el aire incidente.
Mares y lagos grandes
Sobre el mar u otras grandes extensiones de agua, como lagos o ros muy anchos
y caudalosos, no se pueden formar nieblas de radiacin, debido a la alta capacidad
calorfica del agua y a que el agua enfriada cae a niveles inferiores, siendo sustituida
continuamente por agua ms caliente y menos densa, evitando la formacin de
una superficie fra en la interfase agua-aire.
El mecanismo principal en estos casos es la adveccin (Zhang et al., 2009). A escala
diurna, la temperatura del agua puede tomarse constante y, pese a que una
adveccin continua pueda lentamente alterar el valor de la superficie del agua, sta
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ser una capa muy delgada que perder calor por conduccin con el agua justo
por debajo y se mantendr normalmente a una temperatura inferior a la del aire
incidente.
La niebla de adveccin es habitual cuando hay una entrada de aire de latitudes ms
bajas sobre mares ms fros, como en el avance de frentes clidos, que van
acompaados de neblina o niebla, segn sean las caractersticas del aire que llega.
Se crea una inversin superficial en contacto con el agua fra que puede contener
niebla en su parte ms baja, mientras que la parte superior de la inversin, sin
niebla, separa la niebla superficial de los fenmenos de mezcla por cizalladura de
viento en la cima de la inversin. Tanto la inversin como la capa de niebla
aumentan de espesor a medida que la masa de aire se desplaza sobre el agua fra,
pudiendo llegar a ocupar varios centenares de metros en la vertical.
Tambin puede producirse adveccin clida sobre el mar cuando sopla en verano
aire clido continental sobre un mar ms fro, lo que se denomina niebla marina de
verano (en contraposicin a la niebla invernal costera y de tierra, cuando aire clido
entra sobre la tierra fra), y tambin cuando el aire pasa de una zona de mar clido
a una de mar fro, como en el caso de flujos que pasan primero sobre la corriente
clida del Golfo y luego sobre la fra del Labrador, un caso relativamente frecuente
en verano.
Nieblas de mezcla pueden generarse en la interfase entre una masa fra sobre el
agua y una masa clida encima, creciendo hacia abajo hasta alcanzar la superficie
del agua, especialmente en frentes clidos en invierno, como se ha descrito
anteriormente para las tierras interiores. Asimismo, como tambin se ha
mencionado antes, pueden producirse nieblas de evaporacin y mezcla en aguas
polares bajo advecciones fras.
Zonas costeras
En la costa y las tierras adyacentes se dan fenmenos que combinan las
caractersticas de las nieblas marinas y las de interior. Al tratarse de una zona de
discontinuidad entre tierra y mar, frecuentemente las nieblas tienen lugar de forma
sbita, en respuesta a cambios abruptos en las condiciones superficiales.
El principal mecanismo relacionado con las condiciones sinpticas es la adveccin
de aire clido y hmedo sobre la tierra ms fra, normalmente en la estacin fra.
La niebla se crea en la lnea de costa y se espesa al progresar tierra adentro, lo que
puede tener lugar en decenas o incluso centenares de kilmetros, segn las
condiciones. Normalmente ascensos sobre tierra por conveccin turbulenta o
forzada sobre el relieve perturbarn su avance e incluso pueden llegar a disiparla.
Por ello, las entradas de niebla suelen estar restringidas por valles con buena
penetracin en tierra, que tengan humedad en la superficie y con poca conveccin
turbulenta, condiciones que se dan en invierno.
Por lo que se refiere a la formacin de niebla sobre el mar por aire soplando desde
tierra, se da en verano cuando hay una salida de aire clido sobre el mar, ms fro
que la tierra la mayor parte del tiempo. La estabilizacin trmica del aire sobre el
mar necesita un cierto recorrido sobre el agua y la niebla se forma enfrente de la
costa.
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Ms sutil es la formacin de niebla sobre el mar relacionada con los vientos terrales
y los de pendiente. Si el mar es ms clido que el aire, se formar un rea de
conveccin dbil que perturbar el flujo y se estacionar un aire templado entre la
tierra fra y el mar clido, donde se podr producir niebla por evaporacin frente a
la costa y quizs pueda penetrar algunos centenares de metros sobre tierra por
fluctuaciones dbiles del viento a primeras horas de la maana. Si el mar es ms
fro (por upwelling, presencia de una corriente fra o en algn momento particular
de la primavera) el aire se estratificar y generar una capa delgada de niebla de
adveccin que no penetrar demasiado en el mar. Un tercer caso se dar cuando
los terrales empujen las nieblas de radiacin del interior sobre la lnea de costa.
El crecimiento hasta la superficie de una capa de estratos se puede producir,
especialmente en reas como enfrente de la costa de California, donde existe una
inversin de los alisios en la que se produce el fenmeno de mezcla turbulenta y
crecimiento hacia abajo hasta el suelo (Pili et al., 1979). .
Figura 2. Arriba: Extensin horizontal de un caso de niebla persistente en el Valle del
Ebro en enero de 2005, vista por el canal visible del Meteosat. (a) Izquierda a
medioda, (b) derecha al alba siguiente. Las diferencias se concentran en los bordes
sobre las pendientes. (c) Abajo izq.: evolucin del perfil vertical de agua de nube (en
g/kg) para una simulacin mesoescalar del mismo caso, mostrando erosin en
superficie al medioda. (d) Abajo dcha.: para la misma simulacin, extensin de la
capa de niebla (en g/kg) al medioda (corte W-E), mostrando erosin en la base y en
las pendientes.
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Las ciudades costeras grandes pueden producir islas urbanas de calor considerables
y no permitir la generacin de nieblas clidas de adveccin marina sobre ellas, sino
a sotavento. Asimismo, pueden alterar los vientos de tierra a mar, calentndolos y
generando una zona distinta trmicamente del resto de la costa.
5. CONTROL Y PRONSTICO DE NIEBLAS
Debido al gran impacto social de los casos de niebla, representa una necesidad
controlarlos y pronosticarlos adecuadamente. Nuevas herramientas de seguimiento
se han desarrollado en los ltimos decenios basadas en la medida directa de la
niebla a lo largo de carreteras o en aeropuertos y se han elaborado nuevos
diagnsticos a partir de la teledeteccin por satlite. El pronstico siempre es difcil
por la sutileza de la formacin de las nieblas, especialmente debido a la falta de
informacin sobre la carga de aerosoles del aire o a los errores en el pronstico de
los valores de viento, temperatura o humedad cerca de la superficie.
Conocimiento climatolgico
En cualquier parte del mundo, las reas donde ocurren nieblas con frecuencia son
bien conocidas por sus habitantes, as como los momentos del ao en que dichos
eventos son ms frecuentes. Cuantificar este conocimiento se consigue mediante
el anlisis estadstico de los datos disponibles (Tardif and Rasmussen, 2007). Dichos
estudios se pueden realizar a partir de observaciones hechas por observadores
humanos, por sensores de visibilidad o a partir de informacin obtenida de satlites
(Bendix, 2002). Permiten planificar y anticipar las acciones necesarias, estableciendo
reas y periodos de riesgo.
Medida directa de la niebla
Hasta tiempos recientes, para declarar que se formaba niebla haca falta que un
observador humano certificara visualmente que la visibilidad era menor que un kilmetro.
Ello implica que en los registros solo hay informacin sobre si en un determinado instante
haba niebla o no, con apenas datos sobre duracin o tiempo de formacin y disipacin.
Actualmente existen diversos mtodos basados en la atenuacin de una seal entre un
emisor y un receptor para estimar la visibilidad de forma continua, y estos sensores se
encuentran funcionando en la mayor parte de los aeropuertos comerciales principales e
incluso se instalan a lo largo de las carreteras con fuerte afectacin de nieblas, lo que
permite el aviso a los conductores y las autoridades prcticamente en tiempo real. Estos
datos han de permitir un estudio estadstico ms detallado.
Determinacin de la existencia de niebla por satlite
Satlites con diversos canales espectrales pueden ser usados para la determinacin
de reas cubiertas por nubes bajas o niebla, usando diferencias entre canales del
espectro infrarrojo (Cermak et al., 2009). Se sigue trabajando sobre desarrollos
para distinguir las nubes bajas de la niebla, utilizando tambin informacin de
superficie. El seguimiento de las imgenes de satlite permite caracterizar la
evolucin temporal a escala regional de la capa de niebla. La segunda generacin
de Meteosat tiene actualmente suficiente resolucin espectral, espacial y temporal
para el control de la niebla en reas amplias casi en tiempo real.
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Estudios experimentales y numricos para reas con nieblas frecuentes
All donde la niebla es un problema recurrente, la realizacin de estudios especficos
es una buena aproximacin para caracterizar los casos ms habituales (Fitzjarrald
and Lala, 1989; Van de Velde et al., 2010; Cuxart and Jimnez, 2012; Cuxart et al.,
2012). Una estrategia a seguir consiste en combinar datos experimentales, por
ejemplo, perfiles verticales y datos superficiales -incluyendo los de satlite- con
modelizacin de alta resolucin que describa adecuadamente la topografa relevante
y que tenga una buena resolucin vertical para el estudio preciso de la capa de
niebla. Si los resultados de los modelos concuerdan correctamente con los datos
disponibles, permiten efectuar una exploracin en profundidad de los procesos que
tienen lugar, por ejemplo a travs del estudio de los balances de energa, humedad,
momento o turbulencia, y determinar cules son los ms importantes para cada
caso particular.
Pronstico directo usando datos locales
Los predictores locales estn bien preparados para la prediccin de niebla de
radiacin teniendo en cuenta las condiciones en el atardecer anterior, en el caso
de vientos encalmados o flojos, si conocen el patrn habitual de enfriamiento
nocturno, con lo que pueden estimar el momento en que puede formarse la
niebla siguiendo un conjunto de procedimientos estandarizados para determinar
la temperatura de saturacin (Castejn y Garca-Legaz, 1985). No obstante, dicho
pronstico puede resultar fallido dependiendo de los valores de flujos de calor y
humedad en la superficie. Si el suelo puede proveer a la atmsfera de calor a un
buen ritmo, la superficie no se enfriar suficientemente para causar la saturacin
del aire. La deposicin de agua sobre los elementos de la superficie tambin
puede ir contra la formacin de nube cerca del suelo. La cantidad de vapor en el
aire por encima de la capa superficial determinar si hay suficiente humedad
disponible para la generacin de niebla. Un pronstico basado en datos locales
requerira informacin del estado del suelo y un perfil de temperatura, humedad
y viento para las primeras decenas de metros en el aire. Incluso en esas
circunstancias, el pronstico podra resultar fallido debido a la falta de
informacin sobre el contenido en aerosoles del aire o a la circunstancia de que
el viento predicho sea errneo.
Simulaciones operativas mesoescalares
En la actualidad resultan habituales pronsticos numricos con simulaciones de alta
resolucin horizontal. Estas simulaciones pueden generar niebla y describir su
evolucin espacio-temporal con detalle, de forma semejante a los estudios
detallados descritos ms arriba (Bergot et al., 2007). La bondad de los pronsticos
en lo que se refiere a la prediccin de los tiempos de formacin y disipacin todava
no es muy buena, especialmente en las zonas costeras. Ello se debe a la prediccin
poco precisa de los valores nocturnos en la capa superficial de viento, temperatura
y humedad y, para modelos con un esquema de microfsica adecuado, debido
tambin a la falta de informacin sobre la carga de aerosoles del aire. Estudios
recientes muestran que, en ocasiones, ndices empricos dan mejor resultado que
sofisticadas simulaciones de alta resolucin por lo que se refiere a la prediccin de
ocurrencia de niebla (Holtslag et al., 2010).
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Modelos unidimensionales forzados
Una aproximacin alternativa, implementada en algunos aeropuertos, es la
aplicacin de versiones unidimensionales de los modelos numricos, forzados con
observaciones locales y advecciones locales conocidas (Terradellas y Cano, 2007).
La ejecucin local y frecuente de dichos modelos permite a los predictores actualizar
el pronstico con la ltima informacin disponible y superar parcialmente el
inconveniente de las poco precisas predicciones de las variables meteorolgicas en
la capa superficial.
6. IMPACTO DE LA NIEBLA EN LA SOCIEDAD
Efectos sobre la salud humana
En zonas industrializadas, los contaminantes pueden encontrarse en el interior de las
gotitas de niebla, como ncleos de condensacin, o estar simplemente disueltos en
ellas (Kokkola et al., 2003). Estas gotitas pueden volverse cidas. Los efectos de respirar
dichas gotitas son sujeto de investigacin mdica intensiva. El trmino smog se origin
en Londres para episodios en los que se combinaba contaminacin y niebla.
ltimamente tambin se usa para episodios de contaminacin seca con ozono
troposfrico, que no trataremos aqu. El episodio londinense de 1952 tuvo un impacto
alto en la poblacin con un aumento significativo de la mortalidad y la morbilidad
durante las semanas siguientes al evento. Los efectos son sobre todo de carcter
cardiovascular y respiratorio (Wichmann et al., 1989). Las polticas de calidad del aire
han disminuido el impacto en muchas partes del mundo, pero el smog sigue siendo un
problema en los pases y zonas en circunstancias de rpido desarrollo industrial.
Impacto en la agricultura
La niebla puede afectar a los cultivos de diversas maneras principales.
Primeramente, incrementando el tiempo en que las hojas de las plantas
permanecen hmedas, que es uno de los factores primordiales que conducen a la
infeccin fngica y a una bajada de la produccin si no se aplica un tratamiento
adecuado (Carroll and Wilcox, 2003). En segundo lugar, la ocurrencia frecuente de
niebla en la estacin de crecimiento puede afectar tambin a la productividad
vegetal al disminuir el nmero de horas de insolacin. Por otro lado, para climas
ridos con formacin frecuente de niebla, como en las laderas sobre las que
condensa aire de origen marino al ascender, el agua condensada puede permitir la
supervivencia de las plantas e incluso parte del agua puede capturarse mediante
dispositivos especficos para su uso agrcola (Marzol, 2002).
Trfico rodado
Las reas con niebla frecuente sufren importantes afectaciones en el trfico rodado.
Adems de la obvia reduccin en la velocidad, la baja visibilidad est asociada con
un aumento de colisiones entre vehculos. Segn un informe de la Administracin
Federal de Carreteras de los EE.UU. (FHWA, 2012), la niebla afecta a las
capacidades y el comportamiento de los conductores e implica actuar sobre la
estrategia de tratamiento de las vas de circulacin. Los accidentes relacionados con
la meteorologa se deben principalmente a las precipitaciones intensas de lluvia y
nieve, y solo el 3% de ellos se debieron a la niebla en los EE.UU. entre 1995 y 2008.
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No obstante, las vctimas mortales relacionadas con la niebla ascienden al 8% del
total, implicando habitualmente a numerosos vehculos en un accidente. El automvil
club ADAC informa que, en 2011, el 1% del total de vctimas mortales en accidente
de trfico en Alemania se produjeron en condiciones de niebla (ADAC, 2013).
Operaciones aeroportuarias
La niebla tiene efectos importantes en los aeropuertos (Allan et al., 2001). Es uno de
los fenmenos meteorolgicos que provoca ms retrasos y cancelaciones (Robinson,
1989). Muchos aeropuertos se encuentran en zonas donde se produce niebla con
relativa frecuencia, como en las llanuras en el fondo de los valles o cerca de la costa.
Un valor tpico en muchos aeropuertos es que alrededor del 1% del tiempo se
encuentran afectados por niebla de algn tipo. Segn la Oficina del Transporte de
EE.UU. (2013), alrededor de la mitad de los retrasos se deben a causas
meteorolgicas no extremas. Las estadsticas individualizadas para algunos
aeropuertos informan de que las condiciones de niebla son uno de los mayores
trastornos para su operacin normal. Solo algunos aeropuertos pueden operar en
condiciones de niebla densa y no muchos aviones estn preparados para ello. Por
ello, la niebla implica cancelaciones o retrasos de vuelos, en parte tambin por el
alargamiento del tiempo entre operaciones de despegue y aterrizaje. Otra afectacin
se da en latitudes altas en invierno, cuando hay niebla engelante que deposita hielo
sobre las alas de los aviones. Es necesario eliminar el hielo, lo que puede causar
importantes retrasos, especialmente en aeropuertos con mucho trfico.
Transporte martimo
La niebla limita severamente la movilidad de los grandes navos en los puertos y
genera las condiciones adecuadas para incidentes o colisiones entre barcos. En el
puerto de Rotterdam (2013), la visibilidad es menor de 1500 m el 1,4% del tiempo.
Por otro lado, grandes extensiones del mar pueden quedar cubiertas por niebla de
adveccin persistente, como en los mares de la China o el Canal de la Mancha,
aumentando el riesgo de colisin. La Agencia Japonesa de Investigacin sobre los
Accidentes Marinos (2007) atribuye a la niebla el 4% de los accidentes en los mares
del Japn, alrededor de 30 anuales. Las causas principales se deben a una pobre
observacin de los protocolos de seguridad (con avisos acsticos, uso de luces
antiniebla y control por radar). La mayor parte de los choques tienen lugar en las
cercanas de los puertos, donde la densidad de trfico es mxima.
7. ESTRATEGIAS PARA MINIMIZAR LOS IMPACTOS
En el pasado se explor con intensidad la posibilidad de modificar artificialmente las
nubes, bien para aumentar la probabilidad de precipitacin sobre zonas ridas, bien
para evitar el granizo o para disipar la niebla. En un rango restringido de valores de
las variables meteorolgicas, algunos intentos tuvieron xito. No obstante,
actualmente se ha aceptado que el rendimiento de estos mtodos, que intentan
modificar la composicin microfsica de la nube o su estado trmico, es
generalmente muy bajo y presenta algunos inconvenientes.
Los mtodos de dispersin de la niebla incluyen la modificacin del contenido de
aerosoles que, si se realiza de forma regular, generan preocupacin sobre la
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acumulacin de los materiales usados sobre los ecosistemas sobre los que se
depositan. Otro mtodo es el calentamiento de la capa de niebla, que implica
combustin de material o mezcla con aire ms clido situado encima. Ambos
mtodos consumen mucha energa, el primero adems puede causar problemas
de contaminacin, mientras que el segundo necesita ventilacin con molinos de
viento o helicpteros. No obstante, el principal problema de este tipo de mtodos
es que actan muy localmente y no son adecuados para reas extensas. Adems
las oscilaciones del viento dbil pueden empujar la niebla adyacente sobre las
reas tratadas. Un mtodo que ha funcionado en muchas ocasiones es la
deposicin de niebla sobreenfriada, a la que se hace congelar por contacto con
un ncleo de condensacin y que cae convertida en cristales de hielo lentamente
por gravedad.
La prctica actual se basa en profundizar el conocimiento del fenmeno
localmente, en analizar bien el comportamiento de la niebla en una localizacin
antes de decidir la instalacin de una nueva infraestructura, y en la mejora
continuada de su pronstico por parte de los fsicos de la atmsfera. Por otro
lado, debe continuar el desarrollo de mtodos destinados a detectar y evitar
este fenmeno por los medios de transporte, especialmente en la carretera y el
mar. La deteccin directa por escaneo activo de los alrededores, y la remota por
el conocimiento de la posicin de los otros vehculos, usando GPS o
herramientas parecidas, se encuentran en pleno desarrollo. El uso de cmaras
y su difusin por internet es ya una realidad. Para los aviones, la extensin de
la tecnologa de operacin en condiciones de baja visibilidad es un camino
trazado que resulta evidente.
Finalmente, evitar la formacin de smog es una cuestin de sanidad pblica que
debe ser regulada a nivel local, nacional e internacional. Por lo que se refiere a la
afectacin de la niebla sobre cultivos, la prevencin aconseja evitar la plantacin de
especies sensibles a la humedad en reas propicias a la niebla, como el fondo de
los valles, y de modo alternativo cultivarlas en pendientes en las que la presencia
de niebla sea mucho menos frecuente.
8. CONCLUSIN
La formacin de nieblas afecta a muchos aspectos de la vida diaria, en especial al
transporte. En latitudes medias, se trata esencialmente de un fenmeno invernal y
de primavera en el interior y en las zonas costeras, relacionado con los sistemas de
altas presiones en el caso de nieblas de radiacin, y con las advecciones clidas
sobre superficies fras para las de adveccin. Ambos tipos de niebla pueden ser
muy persistentes y afectar a la normalidad de las operaciones durante varios das.
Las ciudades tienen menos das de niebla al encontrarse en general ms calientes
que sus alrededores.
El tiempo en que una determinada localizacin, como un puerto o un aeropuerto, se
encuentra bajo la niebla es de alrededor del 1% del total. No obstante, el impacto
econmico o en nmero de vctimas mortales en la carretera es alto. La disipacin
artificial de la niebla no es muy eficiente, con la excepcin de la niebla superenfriada,
y la prevencin, el control y un buen pronstico son las herramientas disponibles para
abordar el reto que la niebla plantea a las infraestructuras del transporte.
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AGRADECIMIENTOS
Parte de la informacin expuesta es fruto de la investigacin financiada por el
proyecto CGL2009-12797-C03-01 del Ministerio de Economa e Innovacin del
Gobierno de Espaa cofinanciado con fondos europeos FEDER. Mara Antonia
Jimnez (IMEDEA, CSIC-UIB) ha ayudado en la realizacin de la figura 2.
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I. FENMENOS ADVERSOS
B) MIXTOS
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CAPTULO 14
UNA APROXIMACIN HOLSTICA AL CONOCIMIENTO DE LAS
INUNDACIONES
Mara del Carmen LLASAT BOTIJA
Departamento de Astronoma y Meteorologa. Universidad de Barcelona
[email protected]
RESUMEN
Segn la Estrategia Internacional para la Reduccin de Desastres, de Naciones
Unidas (UNISDR, 2009), las inundaciones se encuentran entre los llamados riesgos
hidrometeorolgicos, y ciertamente, por la fusin entre hidrologa y meteorologa
que en general implican, stas pueden ser consideradas como un ejemplo
paradigmtico. El primer objetivo del presente captulo es presentar las
inundaciones en el marco de la gestin y prevencin de los riesgos naturales
mostrando la necesidad de aproximacin desde una perspectiva holstica. El
segundo se centra en aportar unas pinceladas sobre la clasificacin de las
inundaciones de cara a su tratamiento multidisciplinar, y su distribucin temporal y
espacial en el rea Mediterrnea y, particularmente, en Catalua. Finalmente, las
tendencias observadas y previstas para los escenarios futuros permiten lanzar una
reflexin sobre su posible aumento y las propuestas de actuacin.
Palabras clave: inundaciones, lluvias intensas, riesgo, vulnerabilidad,
peligrosidad, concienciacin frente al riesgo.
ABSTRACT
According to the International Strategy for Disaster Reduction of United Nations
(UNISDR, 2009), floods are among the so-called hydro-meteorological hazards.
Meteorological and climatic factors, drainage basin factors, drainage network and
channel morphometrics and human factors play a major role, and for this reason they
can be considered as a paradigmatic example of complex hydro-meteorological
hazards. The first objective of this chapter is to present the floods from an holistic
approach, useful for the major part of natural risks, ranging from prevention to
recuperation. The second focuses on providing some key points on the classification
of floods towards a multidisciplinary treatment, and their temporal and spatial
distribution in the Mediterranean area particularly in Catalonia. Finally, trends and
future scenarios launchs a reflection on their possible increase and proposals for action.
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Key words: floods, heavy rainfalls, natural risk, vulnerability, hazard, risk
awareness.
1. INTRODUCCIN
Las inundaciones constituyen el principal riesgo natural en el mundo. Una
comparativa de Naciones Unidas, referida a la frecuencia y distribucin espacial de
desastres naturales en el mundo, muestra que en trmino medio se registran
anualmente unos 284 desastres producidos por inundaciones o temporales
(incluyendo huracanes y tornados), frente a 31 asociados a terremotos y 6 a
volcanes, afectando la mayor parte de ellas a Asia y en segundo lugar a Europa. En
trmino medio, el nmero de personas afectadas anualmente por las inundaciones
supera los ciento cinco millones, frente a los cuarenta y un millones que podran ser
afectados por tormentas, tornados y huracanes (UNISDR, 2009). En Espaa las
inundaciones constituyen el riesgo natural ms importante. As, entre 1971 y 2002,
stas representaron para el Consorcio de Compensacin de Seguros, ms de un
75% de las compensaciones efectuadas, y entre 1995 y 2004, fueron responsables
de un 31% de las vctimas mortales producidas por riesgos naturales.
Segn la Directiva Europea de Inundaciones (DIRECTIVA 2007/60/CE), se entiende
como inundacin el anegamiento temporal de terrenos que no estn normalmente
cubiertos por agua. Incluye las inundaciones ocasionadas por ros, torrentes de
montaa, corrientes de agua intermitentes del Mediterrneo y las inundaciones
causadas por el mar en las zonas costeras. La Directiva no contempla las
inundaciones de las redes de alcantarillado, que constituyen la base de la mayor
parte de las llamadas inundaciones urbanas. Atendiendo a esta definicin, las
inundaciones pueden ser tratadas como un riesgo natural en el que convergen
causas de muy diversa ndole, empezando por las estrictamente meteorolgicas, ya
sean lluvias intensas o temporales martimos. Sin embargo, y dada la existencia de
otros captulos en este libro que ya versan sobre ambas temticas, el presente
captulo se centra en las inundaciones en s, y su tratamiento desde una perspectiva
integradora. El trabajo se completa abordando una cierta climatologa de las
inundaciones y su distribucin en el rea Mediterrnea.
2. EL TRATAMIENTO MULTIDISCIPLINAR DEL RIESGO DE INUNDACIN
Dada la complejidad de los procesos involucrados en las inundaciones, stas
constituyen uno de los riesgos naturales que ms requieren un tratamiento desde
una perspectiva holstica e interdisciplinar. Consecuentemente, la primera dificultad
arranca en la necesidad de utilizar un lenguaje comn entre los diferentes actores
implicados, y, si ms no, que exista una mutua comprensin que favorezca el
proceso comunicativo y el trabajo entre diferentes disciplinas cientficas y sectores.
Palabras, por ejemplo, como tormenta, no se asocian al mismo significado en un
entorno de modelizacin hidrolgica que en el mbito meteorolgico. De hecho, ni
tan slo la clasificacin de los tipos de riesgos naturales o del contenido que incluyen
los trminos vulnerabilidad y peligrosidad, se pueden considerar normalizados para
un uso comn. Es por ello que este captulo se regir por las definiciones hechas
por Naciones Unidas dentro de su Estrategia Internacional para la Reduccin de los
Desastres Naturales (UNISDR, 2009).
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2.1 Anatoma del riesgo de inundacin
La UNISDR en esencia clasifica los riesgos entre los que derivan de un peligro o
amenaza hidrometeorolgica, de una geolgica, o de una biolgica. As, se
entendera como amenaza hidrometeorolgica, un proceso o fenmeno de origen
atmosfrico, hidrolgico u oceanogrfico que puede ocasionar la muerte, lesiones
u otros impactos a la salud, al igual que daos a la propiedad, la prdida de medios
de sustento y de servicios, trastornos sociales y econmicos, o daos ambientales.
Entre ellos se hallaran, por ejemplo, los incendios forestales, las sequas y las
inundaciones. Para estas ltimas, y atendiendo al notable entramado que
representan los aspectos sociolgicos en las mismas, se utiliza tambin la
nomenclatura de riesgos socio-naturales.
Siguiendo con el anterior discurso, el estudio de los riesgos naturales, y por ende, de
las inundaciones, requiere el conocimiento previo de algunos conceptos bsicos. En
primer lugar, cabe decir que la expresin riesgo natural se utiliza por contraposicin
a riesgo tecnolgico, pero no implica que el riesgo sea consecuencia de un fenmeno
exclusivamente natural o que el ser humano no intervenga o pueda intervenir en su
desencadenamiento o mitigacin. Esto es un aspecto inherente al estudio de las
inundaciones, ya que actuaciones tales como canalizaciones, construccin de azudes,
embalses y presas, alteraciones y desvos de los cauces, y, en general, la mayor parte
de obras hidrulicas, llevan asociados consigo un cierto riesgo. Y, por el contrario,
pueden intervenir tambin en procesos de mitigacin.
Para poder calcular el riesgo y generar una cartografa del mismo, ste se suele
considerar como el producto de la peligrosidad por la vulnerabilidad. La primera
es conocida en ingls como hazard y en francs como ala, y hace referencia a
la probabilidad de que un determinado fenmeno natural, de una cierta extensin,
intensidad y duracin, con consecuencias negativas, se produzca. Segn el tipo de
fenmeno, el hombre puede influir en esta probabilidad (por ejemplo, las
actuaciones en las cuencas hidrogrficas pueden alterar la peligrosidad de las
inundaciones). El anlisis de periodos de retorno o la representacin de mapas de
frecuencia es objeto de esta primera parte. La vulnerabilidad hace referencia al
impacto del fenmeno sobre la sociedad y los ecosistemas, y es precisamente su
incremento lo que est conllevando un mayor aumento de los riesgos naturales
(IPCC, 2011). El concepto de vulnerabilidad es muy amplio y abarca desde el uso
que se haga del territorio hasta la estructura de los edificios y construcciones, y
depende fuertemente de la respuesta de la poblacin frente al riesgo (Brilly y Polic,
2005). Aspectos tales como la existencia de planes de emergencia, la percepcin y
educacin de la poblacin frente a los riesgos, se consideran hoy en da incluidos
aqu, si bien no entran en la cuantificacin del riesgo. La exposicin hace
referencia a los bienes expuestos susceptibles de ser afectados por un riesgo, tales
como personas, edificios, vehculos, etc. En algunos entornos cientficos se incluye
dentro de la vulnerabilidad y en otros es considerado como un tercer factor en el
producto.
No se puede hablar del riesgo de inundaciones sin tener presentes las medidas de
mitigacin y adaptacin, que en esencia incluyen prevencin, prediccin, gestin de
la emergencia y resiliencia. As, existen cuatro mbitos de actuacin claramente
identificables:
221
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La prevencin mediante la intervencin sobre el territorio y el establecimiento de
mecanismos de previsin y anuncio. En general, se trata de medidas realizadas a
largo plazo y que pueden ser de carcter estructural (p.ej., presas) o no estructural
(p.ej., normativa sobre la ocupacin de zonas inundables, planes y procedimientos
de actuacin). Se incluye tambin aqu la investigacin y el estudio de los factores
implicados en el riesgo de inundaciones.
La prediccin, que hace referencia a la anticipacin del fenmeno con mayor o
menor antelacin. La prediccin est limitada por las tcnicas e instrumentos
existentes, y, en el caso de las inundaciones, depende fuertemente de las
caractersticas de los procesos asociados. Los episodios como las inundaciones que
afectaron las cuencas del Danubio o del Rhin en verano del 2002 (James et al.,
2004) requeran sobre todo trabajar con modelos hidrolgicos de propagacin,
mientras que en las inundaciones sbitas producidas en septiembre de ese mismo
ao en la cuenca del Gard (Delrieu et al., 2004), en el sureste de Francia, la
prediccin requera la utilizacin de modelos meteorolgicos de mesoscala y del
radar meteorolgico, como es usual tambin en las inundaciones registradas en la
zona Mediterrnea espaola (Atienza et al., 2011). En los ltimos aos se ha hecho
notable nfasis en los sistemas de early warning o sistemas de alerta temprana,
haciendo referencia al conjunto de capacidades necesarias para generar y difundir
las alertas de una forma oportuna y eficiente, con el fin de prepararse con la
suficiente antelacin para reducir la posibilidad de que se produzcan prdidas o
daos. Los servicios meteorolgicos e hidrolgicos se hallaran de pleno en este
mbito, si bien no se podra olvidar el papel de la investigacin para la mejora de
las herramientas de prediccin.
La gestin de la emergencia. Usualmente se halla establecida por operativos de
Proteccin Civil, y concentrada principalmente en el intervalo de tiempo
comprendido entre la alerta emitida por los medios pertinentes, y la finalizacin de
las actuaciones de coordinacin y salvamento necesarias. La gestin implica la
existencia de procedimientos de actuacin previamente definidos, y en coherencia
con los dos aspectos anteriores.
La recuperacin. Se refiere a la capacidad de volver a la normalidad tras una
inundacin, y a las medidas pblicas y privadas de ayuda y reparacin de los efectos
ocasionados por la catstrofe. Estn includas aqu las compensaciones por daos
(seguros) y los decretos o medidas extraordinarias enfocadas a la ayuda para la
recuperacin de las zonas afectadas, tales como el establecimiento de beneficios
fiscales. Estrictamente la resiliencia se referira a dicha capacidad de recuperacin,
pero dado que sta depende tambin de los mbitos anteriores, es usual evaluar la
mayor o menor resiliencia de una ciudad o regin en funcin de los cuatro mbitos.
No podemos concluir este apartado, sin hablar de la importancia de la legislacin,
que se halla tras los procedimientos, definicin de zonas inundables, medidas de
actuacin y actores involucrados, o procesos establecidos a consecuencia de un
episodio de inundaciones catastrficas o con prdidas de vidas humanas.
Finalmente, y aunque ya se ha citado, hay que insistir en la importancia de la
comunicacin en los procesos focalizados a la mitigacin de los daos por
inundaciones. El dar a conocer a la poblacin el riesgo de inundacin a la que pueda
estar sometida la zona en la que se halla, el cmo debe actuar ante una avenida
222
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fluvial, evitara muchas de las muertes que se siguen produciendo en el mundo a
consecuencia de las inundaciones.
2.2 Un diagnstico de la situacin actual
Hoy en da existe ya un consenso internacional sobre la necesidad de abordar las
inundaciones desde una perspectiva holstica con el fin de aumentar la
adaptacin y resiliencia, y disminuir los impactos negativos. As se constata en
el ltimo informe del IPCC sobre extremos y cambio climtico (IPCC, 2011), o en
las propuestas de Naciones Unidas englobadas dentro del Marco de Accin de
Hyogo 2001-2015, sobre Aumento de la resiliencia de las naciones y
comunidades frente a los desastres. Un ejemplo de estas ltimas sera la
iniciativa Making Cities Resilient. My City is Getting Ready!, con una incidencia
particular sobre las inundaciones en el caso de las ciudades mediterrneas.
Todas estas iniciativas contemplan todos los aspectos comentados anteriormente,
y, muy en particular, aquellos ligados con la vulnerabilidad. La descomposicin
factorial de las causas y consecuencias de una inundacin, y en particular de la
vulnerabilidad, constituye an hoy en da un reto.
En este contexto, y a nivel europeo la situacin actual est regida por la
Directiva Europea de Inundaciones (DIRECTIVA 2007/60/CE, Parlamento
Europeo, 2007) que contempla los planes de gestin del riesgo de inundacin
centrndose en la prevencin, la proteccin y la preparacin, y considerando el
hecho de que muchas de las cuencas europeas son compartidas entre diferentes
pases o comunidades autnomas, rigiendo el principio de solidaridad. La
Directiva considera cinco fases consecutivas: 1) La evaluacin preliminar del
riesgo de inundacin; 2) los mapas de peligrosidad por inundaciones y mapas
de riesgo de inundacin; 3) los planes de gestin del riesgo de inundacin; 4)
la coordinacin con la Directiva Marco del Agua (Directiva 2000/60/CE,
Parlamento Europeo, 2000), informacin y consultas pblicas; 5) las medidas de
ejecucin y modificaciones. Las dos primeras fases deben estar concluidas antes
de finales del ao 2013 y es en ello en lo que estn trabajando en la actualidad
todas las Confederaciones Hidrogrficas.
3. CLASIFICACIN DE LAS INUNDACIONES
No existe una clasificacin nica ni comnmente aceptada para las inundaciones.
Si se atiende a aquellas producidas por desbordamientos, en numerosos contextos
el trmino inundaciones hace referencia a las crecidas de los grandes cursos
fluviales, usualmente cuencas superiores a los 10.000 km
2
, en tanto que se utilizara
el trmino de inundaciones relmpago para aquellas que afectan a pequeas
cuencas y tienen un tiempo de respuesta de pocas horas, aunque tampoco existe
un criterio objetivo. Seguiremos aqu, sin embargo, la definicin ya introducida,
considerndose inundaciones tanto unas como otras.
3.a Atendiendo a las causas
Es la utilizada bsicamente por Proteccin Civil. En ella se distinguen las
inundaciones por:
223
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. Inundaciones por precipitaciones in situ.
. Inundaciones por avenidas o desbordamiento de los ros, rieras o ramblas, lagos
o marismas provocadas o potenciadas por precipitaciones, deshielo, obstruccin
de los lechos de los ros o la accin de mareas y vientos.
. Inundaciones por rotura o por operacin incorrecta de obras de infraestructura
hidrulica.
3.b Atendiendo a los impactos
Cuando se pretende trabajar con series de inundaciones el principal problema
estriba en la falta de informacin de niveles y caudales. El problema se hace
irresoluble si se trata de cuencas no instrumentalizadas, como lo son una gran parte
de los torrentes mediterrneos. Es por ello que se suele recurrir a fuentes
documentales, como pueden ser archivos municipales o eclesisticos,
fundamentales si se pretende trabajar con inundaciones histricas (Barriendos et al.,
2003; Barnolas y Llasat, 2007a), o noticias de prensa, informes tcnicos y
testimonios, para episodios relativamente ms recientes (Llasat et al., 2009a).
Ciertamente, son numerosos los estudios cientficos que utilizan la prensa como base
para la identificacin de eventos y de daos, para la cartografa de zonas de riesgo de
inundacin, o para estudios sobre la percepcin y comunicacin (Petrucci y Polemio,
2003; Guzzetti y Tonelli, 2004). A ttulo de ejemplo, la figura 1 muestra la distribucin
del nmero de noticias publicadas por La Vanguardia, sobre inundaciones, en
comparacin con la base de datos INUNGAMA (Barnolas y Llasat, 2007b). Aunque ya
aqu se observa una cierta correlacin, sta mejora cuando se refiere al nmero de
episodios de inundaciones, en cuyo caso es de un 0,5, con un nivel de significacin del
95%, valor que es superado cuando se acotan las noticias a las publicadas en el primer
mes despus de las inundaciones (Llasat et al., 2009b). A ttulo informativo, el
nmero de titulares por evento de inundacin es, en trmino medio, de unos cinco.
Figura 1. Comparacin entre el nmero de noticias sobre episodios de inundacin
producidas en Catalua (fuente: La Vanguardia) y el nmero de episodios segn la base de
datos INUNGAMA, para el periodo 1982-2006). (Adecuada a partir de Llasat et al., 2009).
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As pues, una de las clasificaciones ms utilizadas se basa esencialmente en los
impactos del evento y su descripcin. De esta forma se podra distinguir entre
inundaciones catastrficas, extraordinarias y ordinarias. En la literatura, sobre todo
aquella focalizada en el tratamiento y comparacin de series de inundacin
(Barriendos et al., 2003; Llasat et al., 2005; Barrera et al., 2006), dicha terminologa
hace referencia a los daos producidos en un lugar o cuenca especfica. As pues,
las catastrficas implicaran desbordamiento con daos graves y destruccin total
de una o ms infraestructuras o edificios; las extraordinarias tambin implicaran
desbordamiento, pero los daos seran menores; y las ordinarias se referiran a
subidas de nivel que se podran llevar infraestructuras temporales situadas sobre el
ro, o, en la actualidad, vehculos. La prdida de vidas humanas puede producirse
en cualquiera de ellas, si bien en las ltimas suelen ser por falta de prudencia.
El concepto de catastrfico vara, sin embargo, cuando es usado en otras
catalogaciones. Por ejemplo, en la base creada por la Universidad Catlica de
Lovaina, y conocida como EM-DAT (Emergency Events Database), se impone que
se tiene que haber declarado el estado de emergencia, o que deben haber muerto
ms de 10 personas, entre otros criterios (para ver una comparativa de criterios se
dirige al lector a Llasat et al., 2013). Es por ello que una de las lneas actuales de
investigacin de proyectos tales como HYMEX (HYdrological MEditerranean
EXperiment) se centra en la creacin de una base de datos de impactos de las
inundaciones y la propuesta de criterios homogneos.
3.c Atendiendo a las caractersticas fsicas
Este tipo de clasificacin se refiere esencialmente a la precipitacin y a la respuesta
del ro o curso fluvial, si bien tambin considera aspectos de prediccin, gestin e
impactos (Llasat, 2009). Dado que las caractersticas de las cuencas van a tener un
papel decisivo, consideraremos que stas pueden agruparse (sobre todo en zona
Mediterrnea) a grandes rasgos en tres tipos: A) Cuencas de ms de 2000 km
2
,
con ros de caudal permanente con una mayor o menor contribucin nival, que
usualmente tienen su nacimiento en alta montaa; B) Cuencas intermedias (50
2000 km
2
), con caudal permanente pero con un rgimen marcadamente estacional;
C) Cuencas pequeas (menos de 50 km
2
) de fuerte pendiente y flujos torrenciales,
que pueden distinguirse entre aquellas situadas en la cabecera de los ros de tipo
A y B, y aquellas litorales, comnmente conocidas como rieras o ramblas. En este
ltimo apartado podramos incluir tambin, algunas cuencas urbanas.
Si se toman como indicadores, la intensidad y duracin del episodio pluviomtrico
responsable de las avenidas o inundaciones, el grado de conveccin del sistema
precipitante, la respuesta hidrolgica, la posibilidad de prediccin y gestin, y los
potenciales impactos, es posible apuntar hacia la siguiente clasificacin:
Tipo 1. Inundaciones relmpago producidas por lluvias muy intensas y localizadas
Son aquellas inundaciones sbitas (flash-floods) producidas en cursos fluviales
tipo C, a consecuencia de episodios de lluvia muy convectivos con intensidades pico
muy altas (no es extrao superar intensidades minutales de ms de 3 mm/min), de
corta duracin (en torno a 1 h o menos) y con cantidades acumuladas inferiores a
100 mm. Usualmente se producen por el desarrollo de sistemas convectivos
225
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unicelulares o multicelulares, locales, en un entorno meteorolgico caracterizado por
una fuerte inestabilidad en bajos niveles, si bien no requieren un alto grado de
organizacin. Tpicamente se producen en verano y pueden afectar seriamente a
zonas densamente pobladas o con una elevada actividad turstica. Su prediccin
requiere la aplicacin de modelos meteorolgicos mesoescalares y el uso del radar
meteorolgico, y puede ser mejorada con las tcnicas de blending (Atenzia et al.,
2010). La aplicacin de modelos hidrolgicos es difcil por tratarse usualmente de
cuencas no aforadas. El tiempo de respuesta es prcticamente nulo, por lo que la
prevencin a travs de avisos y sealizacin, as como de un comportamiento
prudente, es fundamental. Los daos se centran principalmente en arrastre de
vehculos, cortes de vas de comunicacin, y, si hay actividad elctrica, puede haber
cortes elctricos locales. En general se encuentran entre las inundaciones ordinarias y
extraordinarias.
Tipo 2. Inundaciones por lluvias muy intensas y continuadas
Se trata de episodios asociados a lluvias de intensidad fuerte o moderada pero que
pueden llegar a acumular ms de 200 mm en menos de setenta y dos horas. Se
producen principalmente en otoo ya que requieren la formacin de sistemas
convectivos ms organizados, pero tambin se han registrado casos en verano
(p.ej., inundaciones de agosto de 1983 en el Pas Vasco), o en primavera (a saber,
inundaciones de junio de 2000 en Catalua). Atendiendo a su duracin y extensin
es posible distinguir entre dos subtipos.
El tipo 2a comprende las inundaciones relmpago que afectaran a cuencas del
tipo B y C, producidas por precipitaciones muy cuantiosas en un intervalo de
tiempo que va de las 2 a las 6 horas, y que suelen estar asociadas a sistemas
multicelulares estacionarios, trenes convectivos, o Sistemas Convectivos
Mesoscalares (SCM) (Rigo y Llasat, 2004). Si afectan a cuencas torrenciales
pobladas producen daos catastrficos y usualmente prdida de vidas humanas,
ya que el tiempo de respuesta para los medios de salvamento es muy corto. Los
modelos ya permiten hacer un early warning, pero las incertidumbres sobre el
cuanto y el dnde siguen siendo elevadas, requiriendo tambin del uso del radar
meteorolgico. Un ejemplo sera el caso de Biescas, de agosto de 1996, o las del
Valls, de septiembre de 1962.
Las inundaciones tipo 2b corresponderan a cuencas mayores, con un tiempo
de respuesta de uno a dos das, asociadas a precipitaciones ms continuadas
y extensas, moderadamente convectivas, con una duracin de dos a cuatro
das aunque con picos elevados de intensidad, en las que no es extrao que se
superen los 300 mm, llegndose incluso a 1000 mm. Asociadas a
configuraciones sinpticas estacionarias, como sera el caso de las inundaciones
de octubre (Valencia) y de noviembre de 1982 (Catalua). En general el radar
muestra la formacin de Sistemas Convectivos Mesoescalares, o bien tormentas
multicelulares desarrolladas en un entorno de precipitacin extensa y de
intensidad dbil. Tambin pueden producir daos catastrficos sobre todo por
las prdidas materiales, y las vctimas suelen ser consecuencia de
imprudencias, accidentes, o de quedar atrapados en edificios, sin posibilidad de
evacuacin.
226
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Tipo 3. Inundaciones por lluvias continuadas
Producidas por lluvias de larga duracin, dbilmente convectivas, pero con picos de
alta intensidad, asociados a conveccin embebida en precipitacin estratiforme (Rigo
y Llasat, 2004). Pueden producir inundaciones en cuencas de tipo A, como pueden ser
el Ebro o el Tajo, siendo un ejemplo las inundaciones de agosto de 2002 en
Centroeuropa. En este caso el tiempo de respuesta para la gestin de la emergencia
permite tomar medidas como la construccin de diques temporales, o la laminacin
mediante embalses. En cuencas muy grandes la prediccin de caudal se basa en
modelos hidrolgicos de propagacin. Ciertamente, si los picos de intensidad afectan
a subcuencas pequeas, pueden producir avenidas de los tipos anteriores. Si se
producen en primavera pueden incrementarse por la fusin nival. El tipo de daos que
producen suele estimarse como extraordinario, pero en algunos casos y debido a la
anegacin durante muchos das de bienes culturales y personales, o prdidas de
cosechas, pueden llegar a ser catastrficas (p.ej., las inundaciones de 2002).
Tipo 4. Inundaciones por fusin de nieve
No son usuales en Espaa, y en general se producen en primavera. Un caso seran las
avenidas de los ros que nacen en las altas montaas cuando se produce una fusin de
nieve temprana (invierno) a consecuencia de un aumento inusual de temperatura.
4. LAS INUNDACIONES EN EL REA MEDITERRNEA
La figura 2 muestra la distribucin de inundaciones en el Mediterrneo para el perodo
1990-2006 (Llasat et al., 2010), con un total de 185 episodios de inundacin, algunos
de los cuales afectaron a ms de una cuenca e, incluso, pases. En total, produjeron ms
de 4.500 vctimas y daos superiores a 29.000 millones de euros, siendo Italia el pas
que registr mayores prdidas econmicas en ese perodo. Los datos han sido obtenidos
a partir de diferentes proyectos europeos y bases de datos, y aunque todava presentan
unas ciertas lagunas, dada la disparidad de criterios, muestran la importancia que tienen,
sobre todo en el Mediterrneo Occidental. Un 55% se producen entre los meses de
septiembre y noviembre (poca en la que se registra el mayor nmero de inundaciones
tipo 2), mientras que en verano se registra un 17% aproximadamente, tratndose en
general de inundaciones tipo 1, mientras que el invierno registra un 15%, la mayor parte,
en el Mediterrneo Oriental. El anlisis interanual para ese perodo muestra una cierta
tendencia creciente, pero que, como ya se ha demostrado en numerosos trabajos estara
ms vinculada con el aumento de vulnerabilidad y exposicin (Barredo, 2009; IPCC,
2012). En efecto, entre 1985 y 2006 la poblacin en los pases de la costa mediterrnea
pas de 352 a 450 millones de personas, concentradas en su mayor parte en la costa,
y, en muchas de las regiones, en torno a cauces torrenciales.
Un estudio reciente (Llasat et al., 2013) sobre los episodios de inundaciones
registrados entre 1981 y 2010 en Catalua y Baleares (Espaa), Calabria (Italia) y
el SE de Francia muestra un total de 385 episodios, de los cuales un 19%
produjeron vctimas humanas y un 61% se pueden considerar como catastrficos.
La mayor parte de ellos se concentran en la costa, como es el caso de Catalua
(figura 3), en donde de los 213 episodios registrados, solo un 10,3% fueron
catastrficos, en tanto el 53,5% tuvieron impactos de carcter extraordinario. En el
227
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mismo trabajo se constata la dificultad de creacin de bases homogneas, ya que
de Francia solo constan censados 19 episodios catastrficos, no habiendo
informacin para los otros tipos de eventos. Baleares, cuyas cuencas son en su
mayora de tipo C y de caudal no permanente, de los 36 episodios registrados, un
77% fueron extraordinarios. Mientras que en las regiones anteriores dominan los
episodios tipo 1 y 2a, y los catastrficos suelen ser tipo 2b, las condiciones en
Calabria son muy diferentes, ya que de los 107 episodios una gran parte fueron del
tipo 3. El anlisis de tendencias apoya las conclusiones ya comentadas,
observndose que solo hay tendencia significativa para las inundaciones
catastrficas, y que sta desaparece con el inicio de la recesin econmica, en 2007,
lo que abre futuras vas de estudio.
Figura 2. Nmero de episodios de inundacin de los que se tiene constancia, para el
perodo 1990-2006 (izquierda), y para el perodo 1996-2004 (derecha), segn la base
de datos del proyecto MEDEX (Llasat et al., 2 010)
5. DISCUSIN Y CONCLUSIONES
Actualmente, todos los estudios apuntan a que el incremento de riesgos naturales en el
mundo se debe ms al aumento de la vulnerabilidad, del impacto econmico y de la
percepcin, que al aumento de la peligrosidad. Concretamente la Directiva Europea
(DIRECTIVA 2007/60/CE, Parlamento Europeo, 2007) y el IPCC (2011), apuntan a que
el incremento de los asentamientos humanos y los bienes econmicos en las llanuras
aluviales, la reduccin de la capacidad natural de retencin de las aguas por el suelo a
consecuencia de los cambios de usos del suelo, de la deforestacin y de la
impermeabilizacin, y el cambio climtico estn contribuyendo a aumentar las
probabilidades de inundaciones en el mundo asi como su impacto negativo.
228
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Figura 3. Nmero de inundaciones por comarca en Catalua, para el perodo 1981-
2010 (Llasat et al., 2012).
Es por ello, que en la actualidad se hace necesario abordar el estudio de las
inundaciones desde una perspectiva holstica que tenga en cuenta, adems, las
tcnicas de mejora en prevencin, prediccin, gestin de la emergencia y
recuperacin. Sin embargo, esto tambin depende de las propias caractersticas
de la inundacin, siendo posible distinguir entre diferentes tipos que iran desde
las inundaciones relmpago consecuencia de lluvias muy convectivas, cortas,
locales e intensas, hasta aquellas extendidas a grandes cuencas, asociadas a
lluvias de larga duracin, esencialmente estratiformes, con conveccin embebida
en algunas reas. El conocimiento de las caractersticas fsicas y esenciales de
este tipo de eventos, as como su distribucin espacial y temporal en algunas
zonas, sera de gran ayuda para la mejora de la prevencin. La aplicacin de
diferentes modelos hidrolgicos alimentados con diferentes salidas
meteorolgicas, ya sean de campos de lluvia procedentes de modelos
mesoescalares, como datos radar, se atisban como una necesidad futura. Para
ello, la utilizacin de sistemas tipo GRID (ordenadores, datos y modelos en red)
se revela como una valiosa herramienta.
AGRADECIMIENTOS
Este trabajo ha sido desarrollado en el marco del proyecto Distributed Research
Infrastructure for Hydro-Meteorology (DRIHM) de la convocatoria FP7-
INFRASTRUCTURES-2011-2, as como del programa HYMEX.
229
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231
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CAPTULO 15
IMPACTOS DE LOS EPISODIOS METEOROLGICOS
EXTREMOS EN LA VEGETACIN
F. Javier GARCA-HARO, M. Amparo GILABERT NAVARRO,
Joaqun MELI MIRALLES
Departament de Fsica de la Tierra i Termodinmica. Universitat de Valncia
[email protected], [email protected], [email protected]
RESUMEN
La productividad de una regin est limitada por la disponibilidad de agua. Los
datos de satlite permiten analizar las variaciones en la actividad de la vegetacin
a varias escalas temporales, en respuesta a la variabilidad climtica. Se ha
implementado una metodologa para obtener series temporales de parmetros
biofsicos de la cubierta (FVC, LAI) en la Pennsula Ibrica durante el periodo 2000-
2010 a partir de datos MODIS. Los parmetros biofsicos obtenidos han permitido
evaluar la vulnerabilidad de la vegetacin ante condiciones ambientales extremas
a nivel de Espaa. Un paso previo ha consistido en la elaboracin de una
estratificacin en regiones climticas y tipos de cubierta dominantes en la zona.
Los modelos estadsticos aplicados han evidenciado una correlacin significativa
entre las variables biofsicas extradas e ndices de sequa operacionales. Esta
interrelacin es muy dependiente del tipo de cubierta y de las caractersticas
climticas de cada regin. Claramente, las mayores correlaciones se han obtenido
en las regiones ms secas y durante los meses de mxima actividad de la
vegetacin, entre mayo y junio. Las anomalas en la vegetacin, como indicadores
de las condiciones de humedad de la misma, pueden ayudar a cuantificar y
gestionar episodios meteorolgicos extremos.
Palabras clave: sequa, vegetacin, clima, SPI, teledeteccin.
ABSTRACT
Monitoring the vegetation activity over long time-scales is necessary to discern
ecosystem responses. The use of remote sensing observations for monitoring and
detecting drought is justified on the basis that vegetation vigor is closely related to
moisture condition. We derive satellite estimates of bio-physical variables such as
fractional vegetation cover (FVC) from MODIS (2000-2010) time series. Derived
232
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maps offer a means for obtaining direct indicators of vegetation biomass, structure and
condition. The potential of derived variables in the field of drought conditions
monitoring is assessed. This study evaluates also the strength of temporal relationships
between precipitation and vegetation condition at time-lag and cumulative rainfall
intervals. From this analysis, we estimated that the climatic disturbances affected both
the growing season and the total amount of vegetation. However, the impact of climate
variability on the vegetation dynamics has shown not to be the same for every region.
The relationships between vegetation anomaly and water stress are highly significant
for the arid and semiarid areas. This implies that the anomaly of vegetation cover is a
good indicator of moisture condition and can be an important data source when used
for detecting and monitoring drought in Spain.
Key words: drought, vegetation cover, climate, SPI, remote sensing.
1. INTRODUCCIN
El anlisis de los extremos climticos en Espaa a los largo del ltimo siglo se ha
convertido en una lnea prioritaria de conocimiento con el objeto fundamental de
disear planes para la gestin y mitigacin de sus efectos. Es difcil detectar y hacer
un seguimiento del complejo fenmeno de las sequas ya que no hay un acuerdo
general tanto sobre su definicin como su impacto. Las medidas realizadas desde
satlites y la utilizacin de ndices de sequa meteorolgica aportan otros medios
para estudiar la respuesta de la vegetacin a situaciones de sequa (Martnez et al.
2011). En particular, y especialmente en las regiones mediterrneas, la
productividad agrcola est limitada, en gran parte, por los recursos hdricos (Lobo
and Maisongrande, 2006).
La teledeteccin, gracias a la homogeneidad espacial y alta frecuencia temporal, nos
permite hacer un seguimiento de la estructura y condicin de la vegetacin, y
analizar as la influencia de la variabilidad climtica sobre los ecosistemas. Un gran
nmero de estudios han evidenciado la existencia de una relacin directa entre la
precipitacin acumulada y los ndices de vegetacin (Wang et al., 2003). Dicha
relacin, que suele ser compleja, depende principalmente de las condiciones
climticas de la regin, de las caractersticas de la vegetacin y suelo, del estado
fenolgico y de la escala espacial (Paruelo and Lauenroth, 1995; Ji and Peters,
2003; Vicente-Serrano, 2006). Adems, la relacin puede estar influenciada por
otros factores (presencia de plagas, incendios forestales, prcticas agrcolas y
ganaderas, etc.)
La vegetacin, lejos de ser una componente pasiva del sistema climtico, es un
elemento clave en la forma que los flujos de energa, agua, cantidad de movimiento
y CO
2
de la superficie terrestre se acoplan con la atmsfera, especialmente en
zonas en las que la circulacin atmosfrica tiene lugar a mesoescala. La vegetacin
se acopla con el rgimen de precipitacin a diferentes escalas temporales y puede
comportarse como una memoria biofsica que acta sobre la precipitacin a travs
de retro-alimentaciones retardadas. Este poder predictivo de variables que recogen
la evolucin de la cubierta vegetal (ndices de vegetacin o variables biofsicas) ha
permitido recientemente mejorar la modelizacin de la precipitacin a varias escalas
temporales (Liu et al., 2006, Moreno et al., 2011).
233
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En este trabajo se pretende analizar las interacciones entre parmetros biofsicos
de la vegetacin e ndices de sequa meteorolgica. Para caracterizar la vegetacin
se han utilizado la cobertura vegetal (Fractional Vegetation Cover, FVC) y el ndice
de superficie foliar (Leaf Area Index, LAI) a partir de datos del sensor MODIS. Estas
variables son adecuadas para observar la dinmica de la cubierta a escala regional
y global y se consideran prioritarias para estudiar los ciclos de carbn y agua, los
cambios en el uso de suelo, la variabilidad climtica, la prediccin meteorolgica y
numerosas aplicaciones de la biosfera. Para cuantificar la sequa meteorolgica se
ha utilizado el ndice Estandarizado de Precipitacin (Standardized Precipitation
Index, SPI), que proporciona dficits de precipitacin a varias escalas temporales.
La utilizacin de series temporales de observaciones de la vegetacin, de ms de
diez aos, proporciona una significacin adecuada de las relaciones encontradas.
Dada la gran variedad de tipos de cubierta y condiciones climticas que existen en
Espaa, se ha realizado un anlisis estratificado, atendiendo al tipo de cubierta y al
rgimen de precipitaciones, con el fin de identificar regiones especialmente
sensibles a la sequa. El estudio se aborda de dos formas diferentes: (1) analizando
las relaciones espaciales entre las anomalas en la vegetacin y el SPI para los
principales tipos de cubierta, y (2) aplicando tcnicas de regresin (temporal) entre
anomalas de las variables biofsicas y el SPI. Dado el carcter fuertemente
estacional de las relaciones encontradas, se han considerando diferentes retardos
(lags) y periodos temporales.
2. LA TELEDETECCIN EN EL SEGUIMIENTO DE LA CUBIERTA VEGETAL
Las tcnicas tradicionales para la estimacin de parmetros de la cubierta vegetal en
teledeteccin han utilizado principalmente los dominios espectral y temporal de la
reflectividad. La necesidad de sintetizar informacin espectral en el seguimiento de la
cubierta vegetal ha llevado al desarrollo de los ndices de vegetacin, siendo el ms
popular el NDVI (Normalized Difference Vegetation Index). La disponibilidad de largas
series temporales de este ndice obtenidas mediante el sensor AVHRR-NOAA ha
permitido el seguimiento de la vegetacin a gran escala (Pettorelli et al., 2005).
El hecho de que los ndices de vegetacin dependan con frecuencia de las
caractersticas de la escena y del sensor ha motivado en los ltimos aos el
desarrollo de algoritmos para la obtencin de parmetros biofsicos. Actualmente,
gracias al desarrollo tecnolgico de los programas actuales de Observacin de la
Tierra (Earth Observation, EO) como el Earth Science Enterprise (ESE) de NASA, el
Living Planet de ESA, o el Satellite Application Facilities (SAF) de EUMETSAT,
podemos caracterizar cada vez mejor la cubierta vegetal de la superficie gracias a
una constelacin de sensores pticos de ltima generacin (MODIS/TERRA-AQUA,
VEGETATION/SPOT, MERIS/ENVISAT y SEVIRI/MSG) que observan el planeta
simultneamente.
La metodologa para estimar la cobertura vegetal (FVC) se basa en un modelo de
mezcla espectrales probabilstico (Garca-Haro et al., 2005). El algoritmo modela la
reflectividad de la superficie a partir de la contribucin de la seal de inters
(vegetacin) y del suelo de fondo. Ambas componentes vienen caracterizadas de
una forma estadstica a partir de una suma de funciones gaussianas. Se recoge as
de una forma ms adecuada la variabilidad de cada variedad vegetal y tipo de suelo
234
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presente en la escena. El LAI fue estimado a partir de la fraccin de cobertura
vegetal (FVC) utilizando relaciones semi-empricas (Roujean and Lacaze, 2002).
La metodologa desarrollada se ha aplicado para obtener una serie temporal de
parmetros biofsicos de la cubierta (FVC, LAI) de la Pennsula Ibrica durante un
periodo de 11 aos (2000- 2010). Los mapas se han generado a una resolucin
espacial (1 km) y temporal (16 das, 23 observaciones/ao) a partir de datos MODIS
(producto MOD13A2). La figura 1 muestra diferentes ejemplos de FVC, en los que
se aprecia la evolucin intra-anual promedio a lo largo del periodo 20002010 de
la cubierta vegetal en la pennsula Ibrica. Se observa un fuerte gradiente norte-
sur en la fase de crecimiento de la vegetacin debido, principalmente, a la
variabilidad climtica, la composicin del paisaje y las prcticas agrcolas (Peuelas
et al., 2004).
Figura 1. Valores medios de la cobertura vegetal (FVC) a lo largo de 11 aos
correspondientes a cuatro periodos diferentes del ao.
3. LA PRECIPITACIN Y SU VARIABILIDAD ESPACIAL Y TEMPORAL
Los datos de precipitacin utilizados en este estudio son los registrados por la red
de observatorios de la AEMET durante el periodo 1900-2010, y corresponden a las
variables de precipitacin mensual acumulada y temperatura media mensual.
Las medidas de la red de estaciones se han interpolado espacialmente utilizando
tcnicas de kriging ordinario (Garca-Haro et al., 2008). Esto ha permitido generar
una base de datos de imgenes de precipitacin mensual acumulada durante 61
aos (1950-2010) con una resolucin de 2 km. La figura 2 muestra el valor medio
anual, calculado a partir de los valores medios mensuales, para el periodo que se
indica.
235
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Figura 2. Precipitacin anual promedio durante el periodo 1950-2007.
Para caracterizar la sequa se ha utilizado el ndice el SPI, que permite cuantificar
el dficit de precipitacin en base al concepto de sequa meteorolgica. Las
principales ventajas son su flexibilidad y la posibilidad de cuantificar la sequa a
varias escalas temporales. SPI-i (tpicamente para i=1, 3, 6, 9, 12 y 24 meses)
cuantifica la desviacin respecto a los valores tpicos acumulados en los i meses
previos. Valores positivos de SPI indican una precipitacin superior a la media,
mientras que los valores negativos nos muestran un dficit en las precipitaciones
registradas durante ese periodo de tiempo. La sequa existir cuando tengamos un
SPI continuado menor que -1,0 y finalizar cuando SPI pase a ser positivo.
Las series de SPI generadas proporcionan una informacin directa y homognea de las
condiciones climticas en cada momento, identifican los periodos secos que se han ido
sucediendo y permiten conocer su evolucin e impacto en las distintas regiones
climticas de Espaa. Durante el periodo 1950 y 2010, las zonas con ms propensin
a padecer periodos extremos de sequa se localizan en el centro y sur de la Pennsula
Ibrica, siendo el sureste una parte especialmente castigada (Poquet et al., 2008). Entre
los periodos de sequa acentuados, cabe destacar los de 1980-84 y 1990-95, adems
del ms reciente, 2004-2007. Un ejemplo de ello es la figura 3, que cuantifica la
magnitud de la sequa en Espaa durante el ao 2005. Esta prolongada sequa ha
afectado, con mayor o menor persistencia, a la mayor parte de provincias de Espaa.
4. ZONIFICACIN DEL REA DE ESTUDIO
Dada la gran variedad de tipos de cubierta vegetal y de condiciones climticas que
coexisten en la zona de estudio, se requiere disponer de una adecuada
representacin de la misma. Por ello, se ha realizado una caracterizacin de las
cubiertas vegetales con el objetivo de estratificar el paisaje en zonas homogneas.
236
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Figura 3. Distribucin espacial de la sequa en la Espaa peninsular correspondiente
al periodo enero-diciembre de 2005, a partir del SPI-12: Extremadamente hmedo
(>2.0), Muy hmedo (1.5 a 1.99), Moderadamente hmedo (1.0 a 1.49), Ligeramente
hmedo (0.99 a 0.0), Ligeramente seco (0 a 0.99), Sequa moderada (1.49 a 1.0),
Sequa severa (1.99 to 1.5), y Sequa extrema (<2.0).
4.1 Clasificacin de la cubierta vegetal
Se ha realizado una clasificacin de la zona de estudio que explota el potencial
espectral y temporal de los datos MODIS. La trayectoria temporal de la cobertura
vegetal (FVC) permiti discriminar adecuadamente los ecosistemas dominantes. La
clasificacin obtenida (figura 4) combina el uso de redes neuronales y mtodos
paramtricos (Garca-Haro et al., 2010). SIOSE (Sistema de Informacin de Ocupacin
del Suelo en Espaa) nos proporcion informacin detallada (1:25.000) para la
seleccin de reas de entrenamiento y validacin. El mapa obtenido es compatible
con los productos ms representativas y comnmente usados (CORINE, GLC2000,
GLOBCOVER, IGBP), con un acuerdo similar o incluso superior al que muestran estos
entre s. Adems, ha permitido resolver algunas de las inconsistencias que presentan.
La clasificacin indica el predominio de zonas cultivables de secano (20%) y vegetacin
herbcea (17%) en las llanuras centrales. Las principales masas boscosas incluyen
conferas (9%) en las regiones norte y franja mediterrnea, frondosas de hoja caduca,
como robles y hayas, en la franja septentrional (4,5%) y frondosas de hoja perenne
(4,8%) en el Oeste. Las reas de matorral (12%) incluyen landas y vegetacin
esclerfila mediterrnea.
4.2 Regionalizacin climtica
Para el anlisis de los resultados se ha llevado a cabo una regionalizacin climtica
de Espaa utilizando diferentes variables climticas. A partir de la temperatura
237
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media mensual durante el periodo de estudio se ha obtenido la
evapotranspiracin potencial (ETP) utilizando el mtodo emprico Thornthwaite
(Thornthwaite et al., 1948). El balance anual entre ETP y la precipitacin nos ha
permitido obtener los ndices de humedad y aridez anuales. Su combinacin
lineal da lugar al ndice hdrico anual que se representa en la figura 5a,
correspondiente al periodo 1950-2008. Se pueden distinguir regiones con
diferente grado de humedad (A: muy hmedo (>100); B: hmedo [20,100]; C:
subhmedo [-20,20]; D:semirido, [-20, -40]; E: rido (<-40)).
Figura 4. Clasificacin de la vegetacin con una leyenda de 14 clases.
(a) (b)
Figura 5. (a) Valor medio del ndice hdrico anual correspondiente al periodo 1950-
2008. (b) Distribucin de la FVC media para las regiones climticas de Espaa. Cada
caja cubre el intervalo entre los percentiles 25 y 75; el segmento central corresponde
a la mediana y el crculo al valor medio. Valores anmalos aislados se identifican por
el smbolo (+). La cifra en la parte superior indica el nmero de pixels en cada clase.
Espaa presenta un fuerte contraste entre las regiones hmedas y muy hmedas
del Norte (ndice de humedad superior a 80) y las regiones desrticas del Sur-Este
238
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(valores inferiores a -40). Las reas ridas y semiridas ocupan un 15% (provincias
de Almera y Murcia, Valle del Ebro y meseta central). Una limitacin de esta
clasificacin es que no tiene en cuenta la orografa, la cual juega un papel esencial
en la precipitacin (Poquet et al., 2008).
La figura 5b muestra la distribucin de valores de FVC media anual para las distintas
regiones de humedad. Se observa una fuerte relacin lineal entre la cobertura
vegetal y el nivel de humedad, que pone de manifiesto una fuerte interrelacin
entre el patrn de la vegetacin y la variabilidad espacial de la precipitacin en
Espaa.
5. VULNERABILIDAD DE LA VEGETACIN A LA SEQUA
A continuacin se utilizan series temporales de las variables obtenidas para analizar
la respuesta de la vegetacin a situaciones meteorolgicas extremas.
5.1 Impacto de la sequa de 2004-2007 sobre la vegetacin
Al objeto de analizar la respuesta de los diferentes tipos de vegetacin a la sequa
hemos centrado el estudio al periodo 2004-2007, distinguiendo entre zonas
forestales y de cultivo. La figura 6 muestra, en color rojo, la evolucin del ndice FVC
correspondiente al ao 2005 para los tipos de vegetacin que se indican. Como
valor de referencia se representa en azul el valor medio del periodo 2000-2010 y
las barras de error representan la variabilidad interanual para este periodo.
Para discriminar el diferente comportamiento de las clases de vegetacin a las
caractersticas climticas se han diferenciado tres regiones: subhmeda, seca y rida.
En la mayor parte de las zonas hmedas la vegetacin no presenta grandes desviaciones
respecto del valor de referencia, con la excepcin de la cobertura herbcea. Sin embargo,
en las regiones secas se puede observar fuertes variaciones para todos los tipos de
cubierta. Las anomalas se dan con valores fuertemente negativos en formaciones
herbceas, zonas cultivables no irrigadas, matorral y frondosas. La vegetacin es
especialmente sensible al dficit hdrico en los periodos de mayor actividad, como es la
fase de crecimiento, que se produce habitualmente durante la primavera. Por contra,
las anomalas son muy poco significativas durante los meses de otoo. El largo episodio
de sequa afect tambin a la fenologa en algunas clases, como frondosas y matorral,
con un retraso de aproximadamente un mes del periodo de mximo desarrollo.
En la figura 7 se representan los valores del SPI-3 por intervalos de anomalas del
FVC del mes de mayo. Para la mayora de las tipos de vegetacin, las medianas de
SPI-3 presentan valores significativamente diferentes para superficies con grado de
anomala muy diferente. Este resultado sugiere que las anomalas en la cubierta
vegetal estn muy influenciadas por la precipitacin acumulada durante los tres
meses precedentes. No obstante, mientras que las formaciones herbceas y el
matorral esclerfilo manifiestan una fuerte relacin lineal entre la anomala y el
dficit hdrico, las clases arbreas, tales como las conferas y el bosque mixto son
mucho menos sensibles a la sequa de los 3 meses precedentes. Diferentes estudios
sugieren que estas clases son poco sensibles a sequas de corta duracin aunque
las sequas intensas y duraderas pueden afectar a su estructura, limitando de ese
modo su capacidad para recuperar su actividad normal (Vicente-Serrano, 2006).
239
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Figura 6. Evolucin anual de la cobertura vegetal, FVC, para diferentes clases con
valores negativos del ndice de humedad (60% del total), que vara entre regiones
(subhmeda, seca y rida). En azul se representan los valores medios para el periodo
2000-2010 y en rojo para el ao 2005. Las barras de error representan la desviacin
estndar de cada periodo.
5.2 Asociacin entre vegetacin y variables climticas
Los mapas autoorganizativos de Kohonen (Self-Organizing Maps, SOM) (Kohonen
et al., 1996) nos han permitido identificar las regularidades, correlaciones o
relaciones ms frecuentes entre las anomalas en la cubierta vegetal y las variables
climticas analizadas (figura 8). Los SOM son mtodos de clasificacin no
supervisada que permiten identificar los patrones ms relevantes y representarlos
en un espacio bidimensional (clulas conectadas por vecindad). La clara similitud
entre las distribuciones de valores de SPI y de anomalas de la cobertura vegetal
revela una fuerte correspondencia entre ambas variables. Se observa que las
anomalas negativas de FVC ms fuertes (<-0,06) se presentan alrededor de agosto
(fraccin de ao t=0,7-0,8) en zonas muy secas, y al inicio de la primavera (t=0,3)
en zonas subhmedas. En ambos casos estn acompaadas por fuertes sequas en
los meses previos (SPI<-1).
5.3 Anlisis de correlaciones temporales
En la figura 9 se representa, para el periodo 2000-2010, la correlacin entre el
ndice de sequa mensual, SPI, y las anomalas en el desarrollo de la vegetacin. Se
pone de manifiesto que tanto la cubierta herbcea como la vegetacin esclerfila
son muy sensibles a la variabilidad de la precipitacin, siendo ambas clases las que
240
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presentan la respuesta ms rpida a la precipitacin en las zonas semiridas. Por
otra parte, la sequa severa de los aos 2004-2005 y las ms moderadas de los
aos 2001 y 2003 se corresponden con cambios en el ciclo vegetativo. Esta sequa
persistente afecta a la composicin, fisiologa y desarrollo de la vegetacin (Weiss et al.,
2004). La incidencia de la sequa resulta ser mucho menor en formaciones leosas, tales
como los bosques de conferas.
Figura 7. Distribucin de los valores de SPI-3 (febrero-abril) en funcin de la anomala en
la cobertura vegetal (FVC) del mes de mayo, para varios tipos de cubierta diferente. Las
cajas identifican los percentiles 25, 50 y 75, los crculos el valor medio y el smbolo (+)
valores anmalos. La cifra en la parte superior indica el nmero de pixels en cada clase.
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Figura 8. Mapa auto-organizativo (SOM) obtenido para el rea de estudio. Las
variables de entrada del SOM son el ndice hdrico anual y tres series temporales
durante el periodo 2000-2008: la anomala de FVC, el SPI-3, y el periodo temporal t
(fraccin del ao). Los hexgonos que ocupan la misma posicin dentro de cada una
de las 4 figuras estn asociados: corresponden a la misma clula o patrn.
Tanto la humedad del suelo como la actividad de la vegetacin responden a los
extremos meteorolgicos en una escala temporal relativamente corta. Sin embargo,
esta respuesta es altamente dependiente de la estacin. Por este motivo, se analizaron
diferentes ventanas temporales de 4 meses, con el fin de identificar periodos en los
que la vegetacin es ms vulnerable a la sequa. Se han utilizado tcnicas de regresin
lineal introduciendo variables categricas (dummy), para considerar las diferencias
mensuales en los coeficientes del modelo lineal, desechando las variables poco
significativas (p>0,05). En numerosas regiones se han obtenido correlaciones muy
significativas entre las anomalas en la cobertura vegetal y el SPI para diferentes
retardos y periodos temporales, que sin embargo dependen fuertemente del tipo de
cubierta y del rgimen de precipitaciones. La figura 10 muestra la distribucin espacial
del coeficiente de determinacin R
2
entre SPI-3 (retardado 1 mes) y FVC mensual,
usando las observaciones de 4 meses (mayo-agosto).
Claramente, las zonas ms secas como son las regiones ridas (E) y semiridas (D)
son las que han mostrado una mayor sensibilidad al estrs hdrico (figura 11), con
valores tpicos de R
2
entre 0,4 y 0,7. Dicha relacin lineal es, sin embargo, poco
significativa en el caso de las regiones ms hmedas. Por el contrario la
precipitacin tiene poca incidencia en la actividad vegetal durante el verano en las
regiones hmedas, presentando correlaciones moderadas o dbiles.
242
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Fgura 9. Evolucin del ndice de sequa SPI y de las anomalas de la FVC durante el
periodo 2000-2010 para la vegetacin esclerfila y la vegetacin dispersa.
Figura 10. Coeficiente de determinacin (R
2
) de la regresin lineal con variables
dummy entre SPI-3 meses (retardado 1 mes) y anomala mensual de FVC (periodo
mayo-agosto).
243
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Esto confirma el impacto de la disponibilidad hdrica en los periodos estivales para
estas zonas y pone de manifiesto que las anomalas de la cubierta vegetal
proporciona una descripcin representativa del estado de humedad y que puede ser
una fuente importante de informacin para detectar situaciones de sequa y a la vez
hacer un seguimiento de la misma.
Figura 11. Distribucin de los valores de R
2
(correspondientes a la figura 10) para las
regiones climticas de Espaa.
6. CONCLUSIONES
Los datos de satlite permiten analizar las variaciones en la actividad de la vegetacin
a varias escalas temporales y su respuesta a la variabilidad climtica. En este trabajo
se pone de manifiesto la vulnerabilidad de la vegetacin ante condiciones ambientales
extremas a travs de las correlaciones entre ndices meteorolgicos de sequa (SPI)
y variables biofsicas como la cobertura vegetal (FVC) extradas a partir de datos
MODIS durante el periodo 2000-2010. Los modelos estadsticos aplicados han
evidenciado una correlacin significativa entre las variables biofsicas extradas y el
dficit de precipitacin registrado en los meses precedentes. Esta interrelacin es
muy dependiente del periodo estacional, del tipo de vegetacin y de las caractersticas
climticas de cada regin. Las formaciones herbceas han mostrado una gran
vulnerabilidad a la sequa, especialmente durante la fase estacional de mximo
crecimiento. Asimismo, la mayor parte de ecosistemas presentes en las zonas ms
secas han mostrado una gran sensibilidad al dficit hdrico.
AGRADECIMIENTOS
Este trabajo se enmarca en los proyectos DULCINEA (CGL200504202), RTEMIS
(CGL200800381) y RESET CLIMATE (CGL201235831). Nuestro agradecimiento a
Fernando Belda (AEMET) por facilitarnos los datos climticos utilizados en este estudio.
244
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CAPTULO 16
LOS ALUDES EN ESPAA: EL PAPEL DE LA AGENCIA
ESTATAL DE METEOROLOGA
Gerardo SANZ ARAZ, Javier RODRGUEZ MARCOS, Samuel BUISN SANZ
Agencia Estatal de Meteorologa (AEMET ), Delegacin Territorial en Aragn
[email protected], [email protected], [email protected]
RESUMEN
Las avalanchas de nieve constituyen probablemente el mayor peligro presente en
la montaa invernal. De un modo u otro, los aludes suponen un riesgo para todos
aquellos que, por ejercer una actividad recreativa o profesional, transitan por zonas
innivadas. Desde los relativamente inofensivos aludes de tejado, hasta las grandes
avalanchas, que llegan a destruir edificaciones enteras, el peligro de los aludes
siempre est presente cuando hay un manto nivoso. En el texto se describe el
fenmeno y se repasan las herramientas para la mitigacin del riesgo que supone.
Palabras clave: alud, nieve, prediccin, observacin, peligro, riesgo.
ABSTRACT
Snow avalanches are most likely the greatest danger in the mountains in winter.
One way or the other, avalanches suppose a risk for anyone going through snowed
areas when performing a recreational or professional activity. From the relatively
harmless roof avalanches, to large avalanches which can destroy entire buildings,
the danger of avalanches is always present when there is a snowpack. This
document describes the phenomena and gives an insight of the tools available to
mitigate their risk.
Key words: avalanche, snow, forecasting, observation, danger, risk.
1. EL RIESGO ASOCIADO A LAS AVALANCHAS DE NIEVE
En Espaa los aludes causan todos los inviernos daos materiales en propiedades e
infraestructuras, as como interrupciones de trfico. A diferencia de otros pases, los
daos por alud no quedan cubiertos por el Consorcio de Compensacin de Seguros,
lo que dificulta su cuantificacin, pero han sido en ocasiones importantes: el balneario
de Baos de Panticosa durante el segundo decenio del siglo XX, el Hospital de
Benasque en varias ocasiones, la iglesia de Canfranc el 2 de febrero de 1986, el
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refugio de Respomuso el 8 de febrero de 1996, el tren cremallera de Nuria, as como
daos de diversa consideracin en estaciones de esqu como Bo-Tahull, Super Espot
y Valter 2000. Entre los siniestros, el que presenta la evaluacin ms cara realizada
hasta el momento, con 30 millones de pesetas, es el correspondiente al refugio de
Respomuso, en cuyo interior penetr un alud procedente del pico Frondellas.
Afortunadamente, sus cinco ocupantes salieron ilesos. Respecto a las carreteras, es
relativamente frecuente que vas como la A-2606 y la A-139, ambas en Huesca, se vean
cortadas por los aludes, permaneciendo cerradas en ocasiones hasta varias semanas.
Ms all de las prdidas materiales, el nmero de personas que se ven involucradas
en accidentes sobre la nieve ha crecido mucho en las ltimas dcadas. En la regin
alpina se estima en un centenar el nmero de vctimas mortales cada ao, y en los
Estados Unidos se contabilizaron 32 vctimas mortales durante el pasado invierno
2011-2012. En Espaa, un pas muy montaoso, pero donde las reas con manto
nivoso estacional son ms reducidas, segn estimaciones del Registro Estatal de
Accidentes por Alud, las vctimas mortales en los ltimos cien aos superan
ampliamente las 300, correspondiendo bastantes ms de la mitad (191) a los
ltimos 30 aos. En su mayor parte (hasta un 90%) los accidentes involucran a
esquiadores atrapados por aludes desencadenados por ellos mismos.
Figura 1. Accidentes y vctimas por alud en Espaa (de Rods y Miranda, 2011).
La reduccin del riesgo que suponen los aludes motiva actuaciones tanto a nivel
espacial como temporal. La gestin espacial del riesgo incluye la cartografa de
zonas de aludes, la colocacin de seales sobre el terreno y la construccin de
infraestructuras en las zonas afectadas. As, son bastante comunes las viseras
para proteger tramos de carretera, las redes y muros de contencin o de
deflexin, los rastrillos y otros obstculos para favorecer la acumulacin selectiva
de la nieve durante las ventiscas. En el mbito temporal, para poder adoptar
medidas preventivas es necesario analizar el peligro que en cada momento
suponen los aludes as como su evolucin. Tpicamente, si la exposicin o la
vulnerabilidad son grandes, como sucede en estaciones de esqu o en algunos
tramos de carretera, se llevan a cabo desencadenamientos preventivos cuando
la cantidad de nieve acumulada o la estructura interna del manto se consideran
peligrosas.
248
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2. LA NIEVE EN EL MANTO NIVOSO
La nieve, tanto al caer, como sobre todo una vez que se deposita en la superficie,
dista de ser un material inerte, sino que experimenta una serie de transformaciones
que sern determinantes a la hora de otorgar caractersticas al manto nivoso como
la resistencia al desplazamiento o a la rotura, factores esenciales para el
desencadenamiento de aludes y su tipologa. Habitualmente, el manto nivoso se
encuentra estratificado, predominando diferentes tipos de grano en cada estrato.
Los granos de nieve que quedan en la superficie tal como caen se denominan nieve
reciente y la cohesin entre ellos es dbil. El efecto del viento y el aumento de
temperatura y peso provocan que la nieve se transforme en partculas reconocibles,
formando estratos con una cohesin algo mayor. Una vez en el manto nivoso es
esencialmente el gradiente trmico existente entre el suelo y la base del manto el
agente conductor de la evolucin de los granos. Gradientes elevados, asociados
habitualmente a periodos de intenso fro sobre mantos de poco espesor, dan lugar
a transformaciones hacia granos de caras angulosas, caras planas y cubiletes, cuya
caracterstica principal es la baja o nula cohesin.
Bien por el efecto del viento, bien por un gradiente de temperatura dbil, o bien
-lo ms frecuente- por una combinacin de ambos, las partculas reconocibles se
van haciendo progresivamente ms pequeas y redondeadas, formando los
llamados granos finos. La caracterstica principal de los estratos formados por
este tipo de granos es su alta cohesin y resistencia, as como su capacidad para
propagar a grandes distancias una posible fractura.
El tipo de grano caracterstico de la nieve hmeda se denomina grano redondo y es
la fase terminal de todos los tipos de granos. Dependiendo de su contenido en agua
lquida su cohesin es distinta, desde muy baja hasta elevada. Llega a ser muy
fuerte cuando se forman costras de rehielo.
3. TIPOS DE ALUDES
Un alud es el deslizamiento ms o menos rpido de una masa de nieve ladera abajo.
Aunque la tipologa de los aludes es muy amplia, en funcin de las caractersticas
de la nieve se puede hablar de tres tipos principales de aludes: los aludes de nieve
reciente, los aludes de placa y los aludes de fusin. Atendiendo a su
desencadenamiento tambin se pueden considerar como espontneos o
accidentales. Desencadenamiento natural ser el de aquellos aludes en los cuales
no existe intervencin externa y su causa se debe a la propia estructura del manto
nivoso. Desencadenamiento accidental lo presentarn aquellos aludes en los cuales
existe intervencin externa al manto nivoso y consideraremos tan solo los casos en
los que el origen es una sobrecarga sobre una estructura de placa. Como agente
externo podemos considerar causas no humanas (cada de cornisa, un animal, etc.)
o humanas (esquiador, moto de nieve, etc.).
3.1 Aludes de nieve reciente
Se desencadenan de forma espontnea y se dan principalmente durante y tras la
finalizacin de las nevadas. Se producen como consecuencia de la acumulacin de
nieve reciente y del desequilibrio del balance de fuerzas entre el peso de la nieve y
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su oposicin al movimiento. Los principales factores que influyen en su
desencadenamiento, y por tanto en su tamao y nmero, son la intensidad y cantidad
de la precipitacin. Cuando la nieve es muy ligera, en general por caer con
temperaturas muy fras y sin viento, los aludes se caracterizan por el aerosol asociado
y la onda de choque producida en su desplazamiento. A este tipo de aludeS.
Figura 2. A la izquierda, trabajos de limpieza en das posteriores a un alud de nieve
reciente en la carretera de Llanos del Hospital, Benasque, febrero de 2009, foto: S.
Buisn. A la derecha, aludes de nieve reciente humidificada tras accin solar. Valle de
Ests, febrero de 2010, foto: Refugio de Ests.
se les conoce tambin como de polvo. Aunque no todos los aludes de nieve reciente
comparten este patrn, s que comparten ciertas caractersticas similares. Su salida
es puntual, alcanzan elevadas velocidades durante su recorrido, ms de 100 km/h,
y son capaces de rodear obstculos y alcanzar vas de comunicacin o
construcciones si se desencadenan cerca de ellas.
Si llueve inmediatamente despus de una copiosa nevada es habitual que el
nmero de aludes observados sea elevado. Tambin es normal que si tras una
nevada aumenta la temperatura considerablemente, observemos coladas de nieve
por humidificacin.
3.2 Aludes de fusin
Se desencadenan de forma espontnea y normalmente se observan al final de la
temporada. Por eso se les conoce tambin como aludes de primavera. Se dan
cuando el manto nivoso se encuentra a 0 C y completamente humidificado, es
decir con un contenido en agua lquida (del orden del 10-12%) que impide la
cohesin entre los granos redondos que lo forman. Esta humidificacin tiene su
origen en la percolacin de arriba a abajo debida a la fusin de la nieve superficial.
El desplazamiento se produce respecto de una capa menos permeable, bien el suelo
o incluso un estrato dentro del manto nivoso. Cuando todo el espesor se moviliza
se les conoce tambin como aludes de fondo. Su salida suele ser puntual y se
tienden a canalizar por canales y barranqueras y por eso suelen tener trayectorias
conocidas, siendo adems un gran agente erosivo. Las velocidades son menores
250
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que en el caso de nieve reciente, entre 20 y 60 km/h. En la zona de depsito
podemos observar cmo esa nieve adopta forma de bolas unidas unas con otras
debido a su alto grado de humedad. En este tipo de aludes influyen factores como
la orientacin de la pendiente, la ausencia de rehielo nocturno y la lluvia. Tambin
pueden desencadenarse durante el invierno, en episodios de altas temperaturas,
con o sin lluvia, y su tamao puede variar desde coladas hasta aludes de
dimensiones considerables.
Figura 3. Alud de fusin, zona de llegada. El alud lleg al fondo del valle canalizado
por una barranquera. La Sarra, Sallent de Gllego, abril de 2008. Foto: M. Surez (G.
Militar de Alta Montaa).
3.3 Aludes de placa
Este tipo de aludes son los que provocan la mayora de las vctimas mortales y se
desencadenan mayoritariamente de forma accidental. Cuando las placas son duras,
dejan un depsito identificable por estar compuesto por bloques de nieve. En ellos
est presente una estructura de placa como la de la figura 4, que se compone de
dos partes diferenciadas. Una capa con dbil cohesin, susceptible de ceder al ser
sometida a un esfuerzo como el que ejerce el paso de un esquiador, y una capa
superior o placa que al romperse, tpicamente por una zona de poco espesor, ladera
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arriba, es capaz de propagar linealmente la fractura producida, provocando el
desprendimiento de una parte significativa del manto nivoso.
El proceso ms tpico de formacin de este tipo de estructura es un periodo de
intenso fro, que forma el tipo de granos caractersticos de la capa con dbil
cohesin, y un episodio posterior de nevadas con viento moderado o fuerte. El
viento desmenuza la nieve y la transporta, depositndola en forma de placas de
viento. Las cornisas que se observan en collados y crestas suelen ser un indicador
de la direccin del viento y de las zonas de acumulacin donde es ms fcil
encontrar las placas: las laderas a sotavento del viento predominante. Las
estructuras de placa persisten, a menudo enterradas en el manto, a menos que se
rompan o que la propia evolucin del manto nivoso las haga desaparecer. En general
es en laderas norte donde suelen permanecer ms tiempo. Un factor agravante es
la acumulacin de nieve reciente sobre este tipo de estructuras, pues en caso de
desencadenarse el alud la cantidad de nieve movilizada es mayor.
Figura 4. A la izquierda, estructura de placa. En el centro, cornisa y placa, Pirineo
aragons, marzo de 2010, foto: Samuel Buisn. A la derecha, alud de placa friable por
acumulacin de precipitacin, P. N. de Ordesa y Monte Perdido, febrero de 2010, foto:
Iban Urbieta Etxeberria, Refugio de Griz.
Muy similares, aunque a menudo encuadrados entre los aludes de nieve reciente,
son los aludes denominados de placa friable. En ellos la capa superior es mucho
menos dura, mostrando poca resistencia a la penetracin de una sonda, pero su
grado de cohesin interna le confiere propiedades de placa y es capaz de propagar
las fracturas lineales en el manto nivoso. Aunque su capacidad para propagar la
fractura es menor que en el caso de las placas duras, por lo que los aludes que
causan son en general menores, las estructuras de placa friable tienen el peligro
aadido para el transente de que es ms fcil que pasen inadvertidas. Al no ofrecer
una clara resistencia el estrato superficial, es ms difcil identificar la estructura de
placa. En este caso el desprendimiento no se produce en bloques, sino que el
material se desmenuza, y deja un depsito similar al de los aludes de nieve suelta.
Su formacin es similar a la de las estructuras de placa dura, salvo que no es
necesario, en el caso ms habitual, la accin de un viento moderado o fuerte.
4. LA PREDICCIN DEL PELIGRO DE ALUDES: EL PAPEL DE AEMET
Estimar el peligro que en un momento dado suponen los aludes no es algo
inmediato. Se lleva a cabo a diferentes escalas, que van desde la ms local, una
ladera individual, a la regional, que engloba varios macizos montaosos. Sobre una
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pendiente, se hacen estimaciones acerca de la probabilidad de que un alud se
desencadene espontneamente, o acerca del esfuerzo necesario para desencadenar
artificialmente una avalancha. Para ello se toman medidas de parmetros fsicos y
estructurales del manto nivoso, se aplican modelos conceptuales y, cada vez ms,
se realizan simulaciones numricas. A mayores escalas, para un macizo montaoso
o una regin, la aproximacin al problema es diferente. Se elaboran boletines
nivolgicos con informacin de conjunto, que sirve de marco sobre el que planificar
itinerarios y actividades, y es tambin una ayuda para valorar el peligro concreto en
cada momento en funcin de los factores presentes y del terreno.
4.1 La Escala Europea de Peligro de Aludes
La prediccin regional del peligro de aludes se estructura en torno a un elemento de
consenso internacional: la Escala Europea de Peligro de Aludes (figura 5). Es la
referencia para indicar la posibilidad de ocurrencia de avalanchas de nieve en zonas
amplias, con una superficie de al menos 100 km
2
. Define cinco niveles de peligro en
funcin de la probabilidad de que se desencadenen aludes, sintetizando los principales
elementos a considerar. El nivel de peligro en la escala viene dado por el nmero y
tamao de los aludes esperables, de si pueden darse en muchas o pocas pendientes,
del esfuerzo necesario para desencadenarlos y de la probabilidad de que tengan lugar
espontneamente. El nmero en la escala es menor cuanto mayor es la estabilidad del
manto frente a esfuerzos o sobrecargas a las que se puede ver sometido, dbiles como
el paso de un esquiador o fuertes como el paso de un grupo de esquiadores sin
mantener la distancia de seguridad o de una moto de nieve.
Figura 5. Escala Europea de Peligro de Aludes.
4.2 La red de observacin nivometeorolgica
AEMET mantiene redes de observacin en distintas zonas de alta montaa del territorio
espaol. La primera estacin nivometeorolgica se instal en 1981 en el Refugio de
Griz, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, seguida a los pocos aos por
la del Refugio de Ests, en el Valle de Benasque. Con diversos altibajos en cuanto al
nmero de observatorios y su ubicacin, se ha ido afianzando y sistematizando la
instalacin y el mantenimiento de observatorios nivometeorolgicos.
253
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Estacin Nivometeorolgica Provincia Altitud (m) Organismo DatosS ondeos
Colaborador
Estacin esqu nrdico Isaba-El Ferial Navarra 1590 Gobierno de Navarra Anual No
Refugio de Linza Huesca 1340 Ayuntamiento Ans Anual No
Refugio de Lizara Huesca 1540 FAM Anual No
Estacin de esqu Candanch Huesca 1560 ARAMN - ETUKSA Anual S
Estacin de esqu Formigal-Furco Huesca 1855 ARAMN Anual S
Estacin de esqu Formigal-Sextas Huesca 1558 ARAMN Anual S
Refugio de Respomuso Huesca 2200 FAM Anual S
Estacin esqu de Panticosa-Los Lagos Huesca 1830 FAM Anual S
Refugio de Panticosa-Casa de Piedra Huesca 1660 FAM Anual S
Refugio de los Ibones de Bachimaa Huesca 2190 FAM Anual S
Refugio de Griz Huesca 2215 FAM Anual S
Refugio de Pineta Huesca 1240 FAM Anual No
Refugio de ngel Ors-El Forcau Huesca 2150 FAM Anual S
Refugio de Ests Huesca 1890 FAM Anual S
Estacin de esqu de Cerler Huesca 2020 ARAMN Invierno S
Refugio de la Renclusa Huesca 2140 FAM Anual S
Estacin de esqu de Valdelinares Teruel 1960 ARAMN Anual No
Refugio de Rabad y Navarro Teruel 1520 FAM Invierno No
Navacerrada Madrid 1894 AEMET Anual S
Estacin de esqu de Port del Compte Lleida 1750 Guimaru Invierno No
Estacin de esqu de Nria Girona 1967 Gobierno de Catalua Invierno No
Estacin de esqu de Vallter 2000 Girona 2160 Gobierno de Catalua Invierno No
Tabla 1. Red de observatorios nivometeorolgicos.
En este proceso AEMET siempre ha contado con la colaboracin de organismos
regionales y locales, as como entidades privadas. En el caso de Aragn,
especialmente de la Federacin Aragonesa de Montaismo (FAM). En la pennsula
Ibrica existen tambin otras redes de organismos oficiales con distintas
caractersticas. Adems, AEMET colabora con Mto-France, intercambiando datos
provenientes de su red de estaciones automticas y productos derivados.
La importancia de la red de observatorios nivometeorolgicos es que son los nicos
dentro de la red de colaboradores de AEMET cuyos partes se difunden a diario a
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travs del Sistema Mundial de Comunicaciones Meteorolgicas, cifrados conforme
a la clave NIVOMET de la Organizacin Meteorolgica Mundial. La mayora recogen
datos los 365 das del ao, tanto de medidas instrumentales (temperatura,
humedad, etc.) como de observacin visual (tipo de nieve, nubosidad, ventisca en
altura, aludes observados, etc.). Su aportacin es de gran utilidad para multitud de
campos tales como climatologa, simulaciones numricas, prediccin meteorolgica
y nivolgica, etc. Adems de la elaboracin de partes NIVOMET, en muchos
observatorios, principalmente los de mayor altura, una vez a la semana se realizan
sondeos por golpeo, perfiles estratigrficos y test de estabilidad del manto nivoso.
Figura 6. A la izquierda, plataforma de observacin en el Refugio de los Ibones -
Bachimaa. A la derecha, mapa con los macizos para la prediccin nivolgica en el Pirineo.
Como complemento de la red manual, AEMET ha desplegado 7 estaciones
automticas de alta montaa, tres en el Pirineo aragons, tres en el Pirineo cataln
y una en Sierra Nevada, que proporcionan datos horarios de temperatura, viento y
espesor de nieve.
4.3 El Boletn de informacin nivolgica y de peligro de aludes
La informacin recogida en las redes de alta montaa, junto con el resto de datos
de observacin y los pronsticos meteorolgicos, se utiliza para elaborar los
boletines nivolgicos de AEMET.
En los boletines nivolgicos se informa sobre el estado del manto nivoso, su grado de
estabilidad y el tipo de aludes que cabe esperar. Se da una estimacin acerca de la
posibilidad de que se desencadenen avalanchas de forma espontnea o accidental, en
funcin de las condiciones meteorolgicas y nivolgicas presentes y previstas, y se
aporta un nivel de peligro conforme a la Escala Europea de Peligro de Aludes.
Su contenido tiene validez en las zonas en las que el manto nivoso no ha sido
modificado artificialmente, es decir, fuera de zonas gestionadas como las pistas
balizadas y abiertas de las estaciones de esqu. Est disponible a partir de las 15
horas y se refiere bsicamente a la jornada siguiente, con un avance para el da
posterior. Se pueden consultar en Internet (www.aemet.es) y estn disponibles en
refugios de montaa y estaciones de esqu.
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La escala espacial de referencia en los boletines nivolgicos es el macizo montaoso,
una zona geogrfica de extensin limitada y con caractersticas climticas
suficientemente homogneas. Los boletines son diarios durante la temporada de
nieve para el Pirineo, y semanales para zonas de la Cordillera Central (Guadarrama)
y la Cordillera Cantbrica (Picos de Europa). En el caso del Pirineo se contemplan
una docena de macizos para la prediccin nivolgica, uno en el Pirineo navarro,
cuatro en el aragons, y siete en el Pirineo cataln (figura 6).
4.4 Los aludes como fenmeno adverso en METEOALERTA
Cuando las condiciones son objetivamente adversas, a partir del nivel 4 en la Escala
Europea, la Agencia Estatal de Meteorologa emite un aviso conforme al Plan
Nacional de Fenmenos Meteorolgicos Adversos, METEOALERTA. Los avisos se
distinguen por colores en funcin de su grado de peligrosidad:
. Amarillo: grado de peligro 4 (fuerte) con nivel de salida de los aludes por
debajo de los 2100 metros o nivel de peligro 5 (muy fuerte) con nivel de
salida por encima de los 2100 metros.
. Naranja: grado de peligro 5 con nivel de salida de los aludes por debajo de 2100
metros.
. Rojo: Situacin excepcional, riesgo generalizado de nivel naranja que afecte
a una amplia zona.
5. ANLISIS NIVOMETEOROLGICO DE DOS EPISODIOS DE ALUDES
En este apartado se analizan con detalle los factores meteorolgicos que
favorecieron dos aludes que provocaron daos materiales en edificios o impacto en
infraestructuras, sin producir vctimas mortales: uno de placa, en Astn, y otro de
fusin, en la carretera de Llanos del Hospital.
5.1 Alud de placa de viento: Astn, 25 de diciembre de 1993
La estacin de esqu de Astn tiene su base a 1730 m, y se ubica en un valle
desprovisto de vegetacin y propenso a las avalanchas. Se han construido diversas
defensas como diques vacos, rastrillos y repoblaciones forestales. En esa poca, en
la ladera de Torrullas, haba construidos 87 rastrillos, y a finales de 1995 ya haba
construidos 118. El alud cay durante la medianoche, procedente de la ladera sur
del Pico Escalar (2297 m), en ladera de Torrullas, al Norte de la base de la estacin,
fuera del rea de explotacin de sta. Entr por la parte trasera del Hotel Europa y
del edificio de apartamentos Sarrios, construido en apoyo sobre la ladera, a la altura
del sexto piso. La nieve descendi por la caja de la escalera hasta la planta baja,
causando daos materiales que fueron valorados en 12 millones de pesetas.
5.1.1 Anlisis nivometeorolgico:
Aunque no hay datos de la estacin de Astn para esas fechas, s los hay de
Candanch, a 1560 m y distante solo 3 km al SW, con unas condiciones climticas
muy parecidas. Se resume a continuacin lo ms significativo a nivel meteorolgico
de los das precedentes al alud y sus principales consecuencias de cara a la
estabilidad del manto en la zona y en la ladera en cuestin.
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Hasta el da 21 de diciembre haba muy poca nieve en el Pirineo, al menos en cotas
bajas y medias, con suelo desnudo en Candanch y slo 15 cm en la cercana
estacin de Formigal, a menos de 20 km de distancia y a 1850 m de altitud. Los das
21 y 23 nev dbilmente, con flujo del WNW. Como resultado, el da 23 ya se miden
10 y 28 cm de espesor total del manto en Candanch y Formigal respectivamente.
Estas nevadas previas, aunque dbiles, son claves para que la nieve posterior caiga
sobre un suelo ms uniforme y liso, configurando de este modo una ladera ms
proclive al desencadenamiento de aludes de tamao significativo si las condiciones
futuras resultaran las adecuadas. Otro factor importante es que las temperaturas
fueron relativamente bajas los das 22 y 23, con mnimas de -6.5 y -7.5 C y
mximas solo ligeramente por encima de cero (figura 7), con cielos nubosos en
general. A mayor altitud, en la zona de Astn, las temperaturas fueron
probablemente ms bajas, dado el tipo de situacin meteorolgica. Con estas
temperaturas y sobre todo un manto muy escaso (5 y 10 cm en Candanch las
maanas de los das 22 y 23) se favorecan los gradientes fuertes de temperatura
dentro del manto y la formacin de caras angulosas (caras planas y cubiletes),
constituyendo una capa dbil persistente.
Figura 7. Temperaturas mxima y mnima en Candanch (1560 m), 7-26 diciembre 1993.
El da 24, con un intenso flujo del NW prcticamente a todos los niveles, las
precipitaciones fueron ya importantes. Entre 20 y 40 mm en La Jacetania, con una
cota de nieve relativamente baja, alrededor de los 800 m. En Candanch, debido a
la ventisca, aunque la precipitacin fue de 38 mm la acumulacin de nieve fue de
solo 5 cm. En cotas ms altas probablemente se observaron mayores cantidades,
aunque debido a la ventisca su distribucin sera muy irregular, acumulndose
preferentemente en laderas S y E. El viento, en torno a los 90 y 120 km/h en 850
y en 700 hPa respectivamente, jug en este episodio un papel muy importante.
El sbado 25 la situacin se intensific ligeramente, con una baja que se desplaz
a lo largo del da desde las Islas Britnicas hasta el Golfo de Gnova, pasando muy
cerca de la zona de inters y favoreciendo el fuerte flujo del NW, con 140 km/h en
700 hPa (figura 8). Las nevadas en la zona fueron ms copiosas, entre 40 y 70 mm.
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En Candanch se midieron 24 cm de nieve reciente, no cifrndose ventisca en la
estacin, aunque s en observatorios cercanos como Formigal y Respomuso, lo que
indica que la ventisca fue mayor en cotas medias y altas que en bajas, formando
nuevas placas de viento sobre las que se haban formado el da anterior.
Figura 8. A la izquierda, reanlisis Era-Interim (ECMWF) de temperatura y
geopotencial en 500 hPa. A la derecha, presin a nivel del mar y temperatura en 850
hPa. 12 UTC del 25 de diciembre de 1993.
Por tanto, se dieron todas las circunstancias favorables para la formacin de
estructuras de placa en la ladera de Torrullas, que pueden resumirse como sigue:
. Ladera ya innivada previamente al episodio severo.
. Temperaturas relativamente bajas los das 22 y 23 con un manto de muy poco
espesor (difcilmente superara los 30-40 cm en la zona de
desencadenamiento del alud), una situacin favorable a la formacin de caras
angulosas, constituyendo una capa dbil persistente en superficie.
. Hasta 100 mm de precipitacin en la zona durante las 48 h previas al alud.
. Fuertes ventiscas de NW durante los das 24 y 25, con el correspondiente
transporte y metamorfosis destructiva de la nieve, que formaran placas de
grano fino bien cohesionado en orientaciones E y S. Estas placas,
posiblemente duras, se formaron sobre la capa dbil preexistente, dando
lugar a estructuras de placa.
. Finalmente, el aumento continuo de la sobrecarga sobre la capa dbil,
originado por la propia nevada y la ventisca del da 25, fue probablemente lo
que produjo la ruptura de la capa dbil y el desencadenamiento del alud.
5.2 Alud de fusin: Llanos del Hospital, 19 de enero de 2013
La carretera A-139, con direccin predominante SW-NE entre Benasque y Llanos,
suele presentar problemas relacionados con el peligro de aludes, que llegan a la
carretera siguiendo las canales que les dan nombre. En este caso, el alud se produjo
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durante la tarde-noche, canalizado a travs de la canal de las Fites y cort la
carretera en el km 67.5, a unos 7 km al NE del municipio de Benasque. En esta
ocasin, debido a las copiosas nevadas de los das 14 y 15 de enero, se haba
cerrado preventivamente al trfico el da 15 y no se abri hasta el 27, quedando
aislados los clientes y el personal del hotel de alta montaa de Llanos del Hospital.
La canal por la que se desliz el alud empieza a 2150 m de altitud y llega a la
carretera a 1450 m, con una longitud aproximada de 1.2 km. Su orientacin
predominante es SE y su inclinacin es de 40, 34, 33 y 31 (promedios por tramos
de 250 m en la horizontal) desde el tramo ms alto al ms bajo (figura 9).
Figura 9. A la izquierda, Mapa Topogrfico Nacional de Espaa 1:25000 (IGN) de la
zona. A la derecha, vista de la canal de las Fites mediante Google Earth.
5.2.1 Anlisis nivometeorolgico:
Las observaciones ms cercanas al alud son los datos nivometeorolgicos recogidos
por los refugios de Ests (1890 m) y La Renclusa (2140 m), siendo ms
representativos los de La Renclusa durante los das de flujo de N.
El 12 de enero el terreno de la zona se encontraba prcticamente desnudo a unos 1500
m de altitud, y el manto nivoso era escaso y estable en cotas ms altas (18 y 65 cm de
espesor total respectivamente en Ests y La Renclusa). Pero nevadas, dbiles la noche
del da 12 y moderadas y persistentes el da 13, dejaron alrededor de unos 50 cm de
nieve reciente en la zona, cubriendo el suelo de la parte ms baja de la canal y
homogeneizando an ms el cauce en las partes ms altas ya innivadas.
Los das siguientes sigui nevando de forma ms o menos persistente, con
intensidades en general moderadas, incluso fuertes los das 14 y 15, llegando a
acumularse unos 130-140 cm desde que empezaron las nevadas, la tarde del
sbado 12, hasta la maana del viernes 18 (figura 10). El viento sopl fuerte todos
esos das, con ventiscas fuertes desde el da 14 hasta el 17. Fue de componente
norte en general, aunque fue variando: inicialmente del NW, se aponent el da
16, para volver de nuevo al NW y, finalmente, al NE. En consonancia con las
oscilaciones en la direccin del flujo, la temperatura fue cambiando. La cota de
nieve potencial oscil entre los 200 y 750 m los das 14 y 15, subi de 550 a 1400
m la tarde del da 16, para bajar el da 17 de los 900 a los 0 m con el paso a una
situacin sinptica de adveccin de aire fro continental (figura 10).
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El da 18 se produjo un cambio brusco de N a S del flujo en niveles bajos, subiendo
rpidamente la cota de nieve potencial durante la primera mitad del da, de 0 a
1700 m, llegando a los 1950 m por la tarde. Continuaron las precipitaciones, dbiles
pero bastante persistentes, y tambin las ventiscas fuertes, pasando del NW al
WSW. En el refugio de Ests (1890 m) ya llovi a primeras horas de la maana, con
lo cual es probable que la cota de nieve subiera an ms rpido que lo estimado
por el modelo. En el perfil estratigrfico del mismo refugio, realizado a las 10:15 h
del da 18, ya apareca un manto hmedo, prcticamente isotermo en toda la
vertical, con predominio de granos finos y partculas reconocibles, fruto de las
ventiscas y de la nieve relativamente clida de la tarde del da 16, con una capa ms
hmeda en superficie.
Figura 10. A la izquierda, cota de nieve estimada por el anlisis HIRLAM 0,16 en la
canal de las Fites, 14-19 enero 2013. A la derecha, espesor de nieve en los refugios
de La Renclusa (2140 m) y Ests (1890 m), 1-20 enero 2013. La medida se toma a las
8 UTC, las 9 horas locales.
Figura 11. A la izquierda, reanlisis Era-Interim (ECMWF) de presin a nivel del mar
y temperatura en 850 hPa a las 12 UTC del da 19. A la derecha, zona de depsito del
alud, observndose la canalizacin en el tramo inferior de la canal de las Fites. Foto:
Javier Rodrguez.
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As, durante el da 18, el manto por debajo de unos 1900 m de la zona de la canal de
las Fites se vio humidificado tanto por el brusco aumento de temperatura (aumento de
8 C en 850 hPa, de -4 a +4 C) como por la lluvia. Probablemente se vio afectada la
parte ms superficial del manto, ya que los granos finos suelen actuar como una esponja,
absorbiendo una gran cantidad de agua lquida, lo cual les hara perder cohesin y
evolucionar a granos redondos, dando lugar a algunas coladas superficiales hmedas en
pendientes inclinadas. Debido a la precipitacin que se produjo durante prcticamente
todo el da, los granos creceran en tamao, formando canales de percolacin que iran
permitiendo al agua lquida llegar cada vez a ms profundidad.
Durante el da 19 la precipitacin fue moderada y persistente en la zona del alud,
con una cota todava muy alta (1700-1900 m) hasta el medioda, intensificndose
por la tarde al paso de una baja, con el correspondiente frente fro asociado que
pas por la zona de inters entre las 12 y 18 UTC (figura 11). A las 18 UTC la cota
de nieve estimada se situaba en 1450 m y a las 0 UTC del domingo 20 en 1150 m.
Por tanto, durante al menos 24 h las precipitaciones fueron en forma lquida por
debajo de unos 1700-1900 m, para posteriormente caer en forma slida pero
hmeda por debajo de dicha cota.
Entre las 8 UTC del viernes 18 y las 8 UTC del domingo 20 se recogieron 49 mm (36
cm) en Ests y 21 mm (60 cm) en La Renclusa. Tambin en la zona, en el refugio de
ngel Ors, que suele verse ms afectado en situaciones de sur, se recogieron 100
mm. As pues, teniendo en cuenta tambin datos de la Confederacin Hidrogrfica del
Ebro, en la zona del alud pueden estimarse como mnimo entre 30 y 50 mm entre la
maana del da 18 y la tarde-noche del da 19. Es muy probable que durante la maana
del da 19 el agua percolara hasta el suelo o hasta una capa relativamente impermeable,
una interfaz dbil que producira el deslizamiento del manto nivoso sobre una superficie
suficientemente lisa. Una superficie de este tipo, una costra de rehielo, aparece en el
perfil de Ests del da 18, originada a comienzos de enero en un perodo con ciclos de
fusin-rehielo. Todas estas condiciones, unidas a la mayor inclinacin de la canal en su
parte alta (unos 34 en la cota 1900) y al hecho de que testigos de la zona descartan
la rotura de una placa seca en cotas superiores, donde todo el episodio fue en forma
de nieve, dan como zona ms probable para la salida del alud una cota entre 1700 y
1900 m. Esto situara al alud entre los de fusin, de fondo o de la mayor parte del
manto, de tamao mediano. Como se puede apreciar en la fotografa (figura 11), tanto
la canalizacin como el tipo de depsito fueron los propios de un alud de fusin.
Paradjicamente, el alud se produjo hacia la tarde-noche, momento en el que
estaba descendiendo la temperatura (figura 10), tras el paso frontal, y
probablemente cuando la precipitacin ya caa en forma slida, aunque an
bastante hmeda, en todo el recorrido del alud. De todos modos, parece coherente,
ya que fue durante la segunda mitad del da cuando ms intensa fue la
precipitacin, lo cual producira una mayor sobrecarga, y adems la cota an segua
relativamente alta y por tanto la nieve reciente hmeda seguira aportando agua
lquida. Adems, segn la bibliografa, los aludes de fusin de fondo (glides) tienen
una cierta preferencia a producirse durante un descenso de las temperaturas tras
un largo perodo de fusin, en este caso acelerado por la abundante lluvia.
Resumiendo, los ingredientes meteorolgicos para el deslizamiento del alud de
fusin a travs de la canal de las Fites, fueron los siguientes:
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. Gran acumulacin de nieve reciente previa al episodio de fusin.
. Notable ascenso de temperaturas durante el da 18. Las elevadas
temperaturas se mantuvieron hasta el medioda del da 19.
. Lluvia dbil-moderada pero bastante persistente durante 24-30 h por debajo
de 1700-1900 m, entre la maana del da 18 y el medioda del da 19, con
acumulaciones entre 30 y 50 mm. Estos dos ltimos factores produjeron
una rpida evolucin a un manto hmedo isotermo, con predominio de un
grano redondo, cada vez de mayor tamao conforme avanzaban las horas,
lo cual favoreca la formacin de grandes canales de percolacin.
. Nevada hmeda moderada, con intervalos fuertes, durante la tarde del da
19. Favoreci una mayor sobrecarga y la continuacin del aporte de
humedad.
. Descenso de la temperatura durante la tarde del da 19, el cual favorece el
desencadenamiento final de los aludes de fusin de fondo.
AGRADECIMIENTOS
Colaboradores nivometeorolgicos de AEMET, GREIM de Benasque, gestores de la
carretera A-139, Jos Antonio Vada Manzanal (AEMET), Jos Voces Aboy (AEMET).
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CAPTULO 17
LOS INCENDIOS FORESTALES EN ESPAA
Antonio MESTRE BARCEL
Agencia Estatal de Meteorologa (AEMET)
[email protected]
RESUMEN
Los incendios forestales constituyen actualmente uno de los mayores problemas
medioambientales que debe afrontar nuestro pas. La accin del fuego no solo
arrasa la vegetacin presente sino que produce un impacto a medio y largo plazo,
que puede ser irreversible, sobre la capacidad portante de vida del suelo. Pese a que
en Espaa gran parte de los incendios son generados por el hombre, bien de forma
accidental o intencionadamente, los factores meteorolgicos y climticos
desempean un papel fundamental en la probabilidad de que se inicie un incendio
y en el posterior comportamiento del fuego, lo que pone de manifiesto la
importancia del apoyo meteorolgico en prevencin y lucha contra incendios, en
especial en relacin con el conocimiento anticipado de situaciones crticas de riesgo.
Se detallan en este trabajo diversos aspectos de la amplia relacin entre
meteorologa e incendios forestales, as como la colaboracin que los Servicios
Meteorolgicos Nacionales pueden prestar a los Organismos con competencia en
materia de lucha contra incendios, que es la base de los sistemas de alerta
temprana. Finalmente, se detallan las actividades operativas de apoyo que se llevan
a cabo en AEMET en materia de prevencin de incendios forestales. ,
Palabras clave: incendio forestal, riesgo meteorolgico de incendio,
comportamiento del fuego, meteorologa e incendios.
ABSTRACT
Currently forest fires represent one of the most critical environmental concerns that
Spain has to face up. Wildfires not only devastate the current vegetation but also
produces mean and long-term impacts that can be irreversible, leading to a
decrease of the capacity amble of life of the soil. Despite of majority of forest fires
in Spain are caused by human activity (intentionally caused or due to negligence),
the meteorological and climatic factors play an important role in both the probability
of occurrence and in his later development. This highlights the importance of having
a meteorological support specifically aimed at fire prevention and firefighting
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activities, particularly concerning the early warning of extreme fire risk conditions.
Several aspects of the relationship between meteorology and forest fires are
considered and detailed in this work. The support that national meteorological
services can provide to the Agencies with competence in the field of fire-fighting and
fire-prevention, as a base for the setup of forest fires early-warning systems it is also
considered. Finally the current operational activities in AEMET, aimed at providing
meteorological support to the forestry services for fire prevention purposes, will be
addressed.
Key words: forest fire, meteorological forest fire danger rating, fire behaviour,
fire weather.
1. INTRODUCCIN
Los incendios forestales han constituido siempre una parte del ciclo natural de los
ecosistemas en la Europa mediterrnea, donde las especies vegetales naturales
predominantes estn adaptadas a unas condiciones climticas caracterizadas por
una larga estacin veraniega muy clida y con muy escasas precipitaciones, lo que
claramente delimita una estacin de incendios. Estos incendios naturales han
desempeado un papel de seleccin que ha marcado pautas evolutivas en estas
comunidades vegetales mediterrneas.
Sin embargo, a partir del decenio de los aos 60 el nmero de incendios y la
superficie afectada por los mismos fue creciendo, de forma que los incendios
forestales, la inmensa mayor parte de ellos causados por el hombre, se fueron
convirtiendo en uno de los mayores problemas medioambientales que debe
afrontar nuestro pas. Cabe destacar a este respecto que la accin del fuego no
solo arrasa la vegetacin presente, sino que produce un impacto a medio y
largo plazo, frecuentemente irreversible, sobre la capacidad portante de vida
del suelo.
En las figuras 1 y 2 se representan, respectivamente, las series histricas de
nmero total de incendios en Espaa y la superficie total quemada desde 1961
hasta el pasado ao 2012 (los datos de 2011 y 2012 son provisionales), segn
los datos oficiales facilitados por la Direccin General de Desarrollo Rural y
Poltica Forestal del Ministerio de Agricultura, Alimentacin y Medio Ambiente
(MAGRAMA, 2012). Segn se puede apreciar en estos grficos el nmero de
incendios ha ido aumentando gradualmente (hay que hacer notar que antes de
los aos 80 no se contabilizaban los conatos o incendios con una superficie
afectada menor de 0,1 Ha.), mientras que la superficie afectada ha
experimentado grandes oscilaciones, que estn muy ligadas a la fluctuacin de
las condiciones climticas de las estaciones de primavera y verano. Fueron
especialmente catastrficos los aos 1978, 1985, 1989 y 1994, con superficies
quemadas superiores a las 400000 Ha.
Del anlisis conjunto de las figuras 1 y 2 se deduce que la superficie media
quemada por incendio se ha ido reduciendo progresivamente hasta alcanzar
valores en torno a 7-8 Ha/incendio en los aos ms recientes, si bien con un
fuerte repunte en el ao 2012.
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Figura 1. Evolucin del nmero total de incendios forestales en Espaa (1977-2012).
(Fuente: Datos del MAGRAMA, elaboracin propia).
Figura 2. Evolucin de la superficie total quemada ao por ao por los incendios forestales
en Espaa (1977-2012). (Fuente: Datos del MAGRAMA, elaboracin propia).
Un aspecto especialmente crtico en relacin con la problemtica del fuego en
Espaa es el tema de los grandes incendios, definidos como aquellos en los que la
superficie quemada excede de 500 Ha. La ocurrencia de estos grandes incendios
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est adems ligada a la presencia de unas condiciones meteorolgicas muy
especficas, frecuentemente asociadas a la presencia de vientos que inciden
perpendicularmente a una cordillera costera y que llegan muy secos y
recalentados a las zonas ubicadas a sotavento de la cadena montaosa. La
importancia de esta cuestin queda definida por el hecho de que el porcentaje
de superficie afectada por los grandes incendios respecto a la superficie total
quemada en Espaa se sita en promedio en torno al 36% para el perodo 1970-
2000 (Chuvieco y Martn, 2004), habiendo llegado en algunos aos a superar el
70% (76,6% en 1994 y 75,9% en 2012) (MAGRAMA, 2012). En la figura 3 se
representa la evolucin anual del nmero de grandes incendios; se puede
apreciar cmo el nmero anual de grandes incendios alcanza un mximo en los
aos 80 y primeros aos de la dcada de los 90, para luego disminuir
drsticamente a mediados de los aos 90 y despus iniciar un nuevo incremento
con algunos altibajos hasta el ao 2012.
Figura 3. Evolucin del nmero anual de grandes incendios (rea quemada mayor de
500 Ha) en Espaa (1977-2012). (Fuente: Datos del MAGRAMA, elaboracin propia).
Respecto a la causalidad de los incendios, en Espaa como en el resto de los pases
del rea mediterrnea, la mayor parte de los mismos son de origen humano, con
un importante porcentaje (48%) causados intencionalmente, mientras otro 24%
de los incendios son debidos a negligencias y solo un 7% tienen un origen natural,
principalmente debidos a la cada de rayos (Vlez, 2000). Hay un 17 % de incendios
cuyo origen es desconocido, si bien este porcentaje, aun siendo importante, se ha
ido reduciendo gradualmente debido a la mejora de las tcnicas de investigacin in
situ (Porrero, 2001).
267
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Si se analiza la distribucin geogrfica de los incendios se aprecia (MAGRAMA, 2012)
una distribucin muy desigual en la frecuencia de ocurrencia de los mismos. Las
zonas con mayor densidad de incendios se sitan en Galicia, noroeste de Castilla y
Len, Asturias, Cantabria, zonas montaosas del norte de Extremadura, sector
occidental del Sistema Central, franja mediterrnea desde Catalua hasta el norte
de la provincia de Alicante y algunas zonas de Andaluca y Murcia.
En lo que se refiere a la distribucin estacional de este fenmeno, la mayora de los
incendios ocurren en los meses de verano (julio, agosto y septiembre), con la nica
excepcin de la Cordillera Cantbrica y zonas del Pirineo, donde ms de la mitad de
los siniestros tienen origen al final del invierno y principios de la primavera, que es
la poca secundaria de mayor peligro. Este hecho tiene su explicacin en la
frecuencia de situaciones meteorolgicas desfavorables, con vientos secos y fros del
sur provenientes de la Meseta Central, agravado por el gran nmero de quemas que
los pastores y agricultores realizan en estas fechas en el norte de Espaa.
2. LOS FACTORES METEOROLGICOS Y CLIMTICOS EN RELACIN CON
LOS INCENDIOS FORESTALES
Los factores bsicos que determinan el comportamiento del fuego son: la
topografa, la meteorologa y los combustibles. De estos tres factores
fundamentales, los meteorolgicos son los que cambian de forma significativa en
el corto plazo, y al tiempo pueden ser objeto de prediccin, al menos en el corto y
medio plazo, lo que pone de manifiesto la importancia del apoyo meteorolgico en
la prevencin y lucha contra incendios, en especial en relacin con el conocimiento
anticipado de situaciones crticas de riesgo. Se detallan a continuacin diversos
aspectos de esta amplia y compleja relacin entre meteorologa e incendios.
2.1 Los fenmenos meteorolgicos como agentes causales de los
incendios forestales
Las tormentas, en particular aquellas que van acompaadas de escasa
precipitacin (tormentas secas), constituyen en realidad el nico fenmeno
meteorolgico que es causa directa de la ocurrencia de incendios forestales. Por
otro lado, los fenmenos tormentosos, que explican buena parte de la
precipitacin que cae en la estacin veraniega en los pases de clima
mediterrneo, suelen venir acompaados de vientos fuertes y racheados de
direccin rpidamente cambiante, lo que incrementa la potencial gravedad de
los incendios que puedan ser originados por los rayos que actan a modo de
focos de ignicin en condiciones en las que la humedad del combustible vegetal
muerto suele ser bastante baja por la fuerte estacionalidad de las temperaturas
y las precipitaciones caracterstica de estas reas mediterrneas.
En Espaa, a diferencia de pases con zonas boscosas extensas y muy poco
habitadas, como Canad y Estados Unidos, donde el porcentaje de incendios
ocasionados por la cada de rayos alcanza valores cercanos al 50%, tan soo en
torno al 4%-5% de los incendios forestales se inician por rayos (MAGRAMA, 2012).
No obstante, en determinadas reas montaosas del interior peninsular,
especialmente en el Sistema Ibrico, el nmero de incendios originados por rayos
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alcanza valores que se aproximan al 40% del nmero total de incendios. Ello es
debido a que en esta zona las tormentas son bastante frecuentes, en torno a unos
30 das de tormenta al ao, concentrndose ms del 80% de estos das entre los
meses de junio a septiembre. Por otro lado, muchas de estas tormentas presentan
gran nmero de rayos pero dan lugar a una muy escasa cantidad de precipitacin,
lo que acrecienta el peligro de que las chispas prendan en la vegetacin seca.
Si bien el nmero de incendios causados por rayos es relativamente reducido en
Espaa, el problema es ms importante por el hecho de que la superficie media de
estos incendios es en promedio bastante superior a los generados por otras causas.
Entre los factores que explican este hecho se pueden citar los dos siguientes:
localizacin preferente de las tormentas en poca estival en zonas montaosas, de
ms difcil acceso y menos pobladas que otras zonas de orografa ms suave, y el
que el momento de mayor probabilidad de ocurrencia de tormentas en verano sea
a lo largo de la tarde-noche o ya entrada la madrugada. Durante el perodo 1986-
95 los rayos causaron un 4,2% de los incendios forestales que se produjeron en
Espaa, si bien ello represent un 14,0% de la superficie total arbolada quemada
y un 6,4% de la superficie no arbolada. En el ao 1994, en el que una extraordinaria
oleada de incendios afect a toda la Vertiente Mediterrnea durante los primeros
das del mes de julio, los incendios por rayos representaron solo el 2,7% del total,
pero quemaron el 27,7% de la superficie arbolada que result afectada dicho ao.
Debido al hecho de que las descargas elctricas de las tormentas generan enormes
cantidades de energa radiante en un amplio espectro de frecuencias, es posible la
determinacin mediante sensores especiales del ngulo azimutal que definen la
direccin del punto en que ha cado el rayo. Si el rayo es registrado
simultneamente por varios sensores, su localizacin puede ser establecida con
gran precisin espacial en el mismo momento en que cae, mediante mtodos de
triangulacin. Basado en estos principios, las redes de deteccin de rayos
determinan de forma instantnea y con error que oscila entre cientos de metros y
unos pocos kilmetros la posicin en que han cado los rayos, adems de la hora
con precisin de milisegundos, su polaridad, el nmero total de descargas
componentes del rayo y la energa total liberada. La posibilidad de acceder en
tiempo real a esta informacin, as como a otros productos climatolgicos que
pueden ser obtenidos a partir del archivo histrico de los datos de rayos
almacenados en este tipo de sistemas, constituyen sin duda una valiosa aportacin
a las actuaciones de tipo preventivo. La informacin procedente de estos sensores
puede ser tambin combinada con la de probabilidad de ignicin para estimar la
probabilidad de que se produzcan incendios por rayos (Latham, 1983).
2.2 Influencia de las variables meteorolgicas en el corto plazo
2.2.a El efecto de las variables meteorolgicas y climticas sobre la probabilidad de ignicin
Las condiciones meteorolgicas, tanto las instantneas como los valores
promediados de las mismas sobre un determinado intervalo temporal, ejercen una
influencia decisiva sobre la probabilidad de ocurrencia de incendios forestales dado
que condicionan el contenido de humedad de los combustibles y, por consiguiente,
su nivel de inflamabilidad.
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La variabilidad temporal a corto plazo (escala diaria) del riesgo de incendios
forestales se explica en buena medida por el efecto combinado de los valores
instantneos de un conjunto de variables meteorolgicas sobre las caractersticas
de humedad y temperatura de los combustibles finos muertos, que son los que ms
rpidamente se adaptan a las condiciones atmosfricas del momento. El contenido
de humedad de estos combustibles finos est directamente relacionado con la
probabilidad de ignicin o probabilidad de que se origine un foco de ignicin al caer
sobre l una fuente de calor, como una brasa o pavesa. Las variables meteorolgicas
que definen este contenido de humedad son, por orden decreciente de importancia
directa, la precipitacin, la humedad relativa, la temperatura y el viento.
Se detalla a continuacin el efecto por separado de cada una de estas variables, as
como las situaciones que dan origen a la combinacin psima de estos factores
meteorolgicos:
a) Efecto de la precipitacin: La precipitacin mantiene, mientras se produce y
a partir de un umbral mnimo de intensidad, que puede ser muy bajo ( 0,5
mm/hora) , unos valores elevados de la humedad del combustible fino y, por
consiguiente, valores bajos de la probabilidad de ignicin, si bien su efecto es
muy transitorio en las condiciones de fuerte evaporacin que prevalecen a lo
largo de los perodos estivales de las zonas con estacin de incendios seca y
clida, como en el caso de las zonas de la Pennsula Ibrica con climas de tipo
Mediterrneo. En aquellas zonas en las que el nmero medio de das de
precipitacin a lo largo del perodo de riesgo mximo de incendios sea muy
reducido, el papel que globalmente desempear la precipitacin en relacin
con la evolucin temporal del riesgo de incendios a lo largo de la Campaa ser
relativamente limitado, si bien puede tener puntualmente mucha importancia en
particular en el caso de perodos estivales anormalmente hmedos.
B) Efecto de la humedad relativa: La humedad relativa constituye una variable
meteorolgica esencial en la determinacin de la variabilidad a escala temporal
diaria de la probabilidad de ignicin durante el perodo de mximo riesgo. Para
una temperatura de en torno a 25C y en condiciones de igualdad respecto a
otras variables meteorolgicas y topogrficas, una disminucin de la humedad
relativa desde valores del 60% a valores del 30% se traduce en un incremento
de la probabilidad de ignicin desde el 40% al 70% (Pouliot, 1991). Por todo lo
expuesto, los valores de los distintos ndices cuantitativos de riesgo de incendios
forestales son, en general, muy sensibles a esta variable, que se caracteriza por
su fuerte variabilidad temporal y espacial. La variabilidad temporal en el corto
plazo puede estar relacionada con cambios bruscos de la masa de aire
predominante o bien con el propio ciclo diurno de la temperatura, sobre todo en
la poca estival, que da origen a que se produzcan mnimos acusados en los
valores de la humedad relativa en las horas centrales del da, asociados al fuerte
calentamiento diurno, aunque la masa de aire no haya cambiado y mantenga en
valores sensiblemente constantes la masa total del vapor de agua atmosfrico.
c) Efecto de la temperatura: El efecto directo de la temperatura sobre la
probabilidad de ignicin es similar al anteriormente indicado para la humedad
relativa, si bien lgicamente de sentido contrario y de mucha menor intensidad.
No obstante al efecto directo de las temperaturas elevadas, debido a las
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temperaturas ms altas que alcanzan los combustibles, en especial los finos, y la
mayor velocidad de desecacin, hay que aadir el efecto indirecto ya citado de
que, para una masa de aire que permanece sobre una zona sin cambiar su
contenido de vapor de agua, a mayor temperatura le corresponde una menor
humedad relativa, por lo que a los efectos prcticos de valorar su influencia sobre
la probabilidad de ignicin los efectos de la temperatura y la humedad relativa se
suman.
d) Efecto del viento: La influencia directa de la velocidad del viento sobre la
humedad del combustible fino para valores constantes del resto de las variables
meteorolgicas es en general de poca significacin. El citado efecto se relaciona
con la mayor o menor velocidad de desecacin en funcin del viento, por lo que
solo adquiere importancia cuantitativa en el caso de que la humedad del
combustible fino sea elevada, caso que se da con poca frecuencia en las zonas
climticas caracterizadas por una larga estacin clida y seca. No obstante, y con
independencia de la citada influencia directa, el efecto global del viento sobre la
probabilidad de ignicin puede ser de gran importancia, debido al hecho de que
la direccin y velocidad del viento es con frecuencia un factor decisivo en la
determinacin de las caractersticas de la masa de aire que incide sobre una zona
determinada y por consiguiente los campos de viento suelen estar fuertemente
correlacionados con los campos de temperatura y humedad relativa. Por ello, los
efectos de estas importantes variables se aaden al directo del viento.
e) Condiciones extremas de riesgo. El caso particular de los vientos terrales:
Existe una situacin meteorolgica en la que los efectos de las variables
meteorolgicas viento, temperatura y humedad relativa se suman, crendose con
ello unas condiciones especialmente propicias a la eclosin de incendios
forestales. Se produce cuando un flujo de viento cruza perpendicularmente con
fuerza una cordillera, lo que produce un calentamiento de la masa de aire a
sotavento de la cadena montaosa acompaado de una fuerte desecacin de la
masa de aire por la elevacin de temperatura y el efecto de retencin de
nubosidad y humedad a barlovento de la cordillera. Esta consecuencia,
denominada efecto foehn, origina en el lado de sotavento temperaturas
elevadas y fuertes rachas de viento, lo que junto a la escasez de nubosidad que
acompaa en general a este tipo de situaciones y los elevados valores que
alcanza la irradiacin directa, con fuertes tasas de evaporacin y desecacin del
combustible, dan origen a un rpido incremento de la probabilidad de ignicin.
2.2.b El efecto de las variables meteorolgicas y climticas sobre la propagacin de
los incendios forestales
Una vez iniciado un incendio forestal, el viento constituye el elemento conductor del
incendio y regulador del suministro de oxgeno, por lo que su direccin, velocidad
y rafagosidad son factores que determinan el proceso de desarrollo del incendio, la
velocidad y direccin de propagacin del mismo y la tasa de energa liberada. No
obstante, se debe considerar en relacin con el papel del viento, la compleja
interaccin de los campos de viento con los factores topogrficos, as como la
significativa perturbacin que el calor generado por el propio incendio puede
introducir en el campo general de vientos. Tambin el grado de estabilidad
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atmosfrica desempea un papel muy importante, dado que una elevada
inestabilidad de la columna favorece un mayor aporte de oxgeno y propicia
condiciones de rpida propagacin de los incendios, hecho que es tenido en cuenta
en algunos ndices de propagacin de incendios.
Por otro lado, la cantidad, distribucin de tamaos y humedad del combustible
vegetal muerto y las caractersticas y estado hdrico de la vegetacin viva influyen
directamente sobre el ritmo de propagacin, y estn en buena medida
determinados tanto por los valores actuales de la temperatura, humedad relativa,
precipitacin e irradiacin, como por el efecto acumulado a lo largo de un cierto
intervalo temporal, que puede ir desde das a meses, de estas variables sobre el
estado hdrico de la vegetacin y el propio proceso de desarrollo de las plantas a lo
largo de sus diversas fases fenolgicas.
2.3 Influencia de las variables climticas (medio y largo plazo)
La propia estructura de la vegetacin natural y su mayor o menor nivel medio de
inflamabilidad depende en buena medida de los factores climticos y en particular,
del rgimen trmico, del rgimen de precipitaciones tanto en relacin con los valores
totales anuales como con la distribucin temporal y la variabilidad interanual de las
lluvias, y de la intensidad y distribucin temporal de la energa radiante que se
recibe. Por otro lado, el ritmo de desarrollo de las plantas a travs de sus diferentes
fases fenolgicas viene determinado por parmetros climticos de tipo acumulativo,
en particular con la evolucin de las temperaturas en relacin con los valores
normales.
En las regiones con regmenes climticos caracterizados por la existencia de una
larga estacin seca con temperaturas elevadas, fuertes tasas de evaporacin y baja
humedad relativa, es posible definir una estacin de incendios muy marcada, en
la que la vegetacin muerta y, en alguna medida tambin la viva, alcanzan niveles
de inflamabilidad muy elevados. Tal es el caso de las regiones de clima tipo
Mediterrneo de la Pennsula Ibrica, en las que el perodo en el que las condiciones
climticas propician un elevado riesgo de incendios forestales est claramente
delimitado entre el comienzo del mes de junio y el final del de septiembre. En la
figura 4 se ha representado la superficie afectada por los incendios en el perodo
1971-2012 en Espaa frente a la precipitacin media a nivel nacional del trimestre
veraniego. En ella se puede apreciar el importante porcentaje de variacin
interanual del rea quemada explicada por la precipitacin en los meses estivales,
aun considerando un promedio a nivel nacional.
2.4 Cuantificacin del efecto integrado de las variables meteorolgicas:
ndices meteorolgicos de riesgo de incendios
Para todo tipo de actuaciones de tipo preventivo, as como para la planificacin,
distribucin, movilizacin y asignacin de los recursos de lucha contra incendios,
resulta esencial disponer de una magnitud que cuantifique el efecto integrado de
las variables meteorolgicas sobre el riesgo de iniciacin y propagacin de los
incendios, de modo que se puedan definir estratos de riesgo y adoptar medidas
diferenciadas para cada nivel de riesgo actual o previsto.
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Figura 4. Superficie total anual quemada en Espaa frente a la precipitacin media en
el perodo estival.
Esta cuantificacin de los niveles de riesgo se lleva a efecto mediante la
utilizacin de los ndices meteorolgicos de riesgo. El desarrollo de sistemas de
prediccin del riesgo de incendios forestales basados en el uso de un ndice
numrico se inici en Estados Unidos durante la dcada de 1920, crendose un
sistema paralelo en Canad en el siguiente decenio. En actualidad coexisten
multitud de sistemas nacionales de valoracin del riesgo de iniciacin o
propagacin de los incendios, habindose tambin desarrollado otras
experiencias de ndices que solo se aplican a escala regional.
Entre los diversos sistemas de evaluacin del riesgo que se han usado o se estn
actualmente utilizando en distintos pases se destacan los siguientes:
1. ndice canadiense (Canadian Fire Weather Index), (Van Wagner, 1987; Van
Wagner y Pickett TL 1987), es un ndice meteorolgico de riesgo de incendio
forestal desarrollado por el Servicio Forestal Canadiense. La base de este
ndice es la inflamabilidad del complejo de combustibles muertos presentes
en el suelo y el subsuelo que depende de su contenido de humedad. El
sistema contiene a su vez varios subcomponentes que reflejan el efecto de
las condiciones meteorolgicas sobre la humedad del combustible fino
(FFMC), el contenido de humedad de los combustibles de mediano tamao
y la materia orgnica poco compacta (DMC), el efecto combinado del viento
y la humedad del combustible fino (ISI), as como el denominado ndice de
acumulacin (BUI), que integra el efecto de las variables meteorolgicas
sobre los combustibles de mayor tamao y las capas compactadas de
detritus orgnicos.
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2. El sistema de evaluacin del riesgo NFDRS (National Fire Danger Rate
System) utilizado en los Estados Unidos, de muy compleja estructura
clasificada en niveles jerrquicos, incorpora componentes de ignicin,
basadas en un modelo denominado BEHAVE de estimacin de la humedad
del combustible fino (Rothermel et al., 1984), as como de propagacin en
las que los factores que intervienen son la humedad relativa, la temperatura,
la nubosidad y la velocidad y direccin del viento, adems del riesgo de
cada de rayos, la duracin de la precipitacin y los valores de las
temperaturas y humedades relativas extremas del da anterior.
3. El sistema de valoracin del peligro de incendios en los bosques australianos
est basado en el clculo de la humedad del combustible fino en funcin de
los valores de la temperatura y la humedad relativa y de un factor de sequa
que integra las condiciones de lluvia y temperaturas del perodo
antecedente. El peligro se cuantifica mediante combinacin de los ndices
anteriores con el factor viento (McArthur, 1967).
4. El ndice denominado FPI (Fire Potential Index) se ha desarrollado como una
nueva forma de enfocar el clculo del ndice de riesgo. Adems de la
componente meteorolgica dinmica o variable en el corto plazo, integra
una componente de tipo estructural. que considera tanto la informacin
meteorolgica en tiempo reciente para estimacin de la humedad del
combustible fino muerto como las estimaciones del estado hdrico de la
vegetacin viva, obtenidas a travs del uso de datos de teledeteccin
satelital. Este ndice fue desarrollado en Estados Unidos (Burgan et al., 1998)
y ha sido validado con xito en California.
5. En Espaa se utiliz operativamente, hasta su posterior sustitucin por el
FWI a partir del ao 2011, un ndice basado en una adaptacin simplificada
del modelo denominado BEHAVE, mediante el cual se estima la probabilidad
de ignicin a partir de los valores instantneos de las variables humedad
relativa y temperatura, junto a otras variables no meteorolgicas
relacionadas con la topografa, la poca del ao y el grado de sombreado
(Vlez, 1988). El valor final del ndice de riesgo, clasificado en cuatro tramos,
engloba las componentes de ignicin y propagacin y se obtiene mediante
combinacin de la probabilidad de ignicin con la velocidad del viento,
incrementndose este nivel en el caso de que los vientos puedan ser
caracterizados como desecantes. Otros ndices han sido desarrollados por
AEMET para ser aplicados especficamente a nivel regional, en particular en
el caso de la Comunidad Valenciana y de Aragn.
3. EL PAPEL DE LOS SERVICIOS METEOROLGICOS NACIONALES EN LA
PREVENCIN Y LUCHA CONTRA INCENDIOS
La importante colaboracin que los Servicios Meteorolgicos Nacionales pueden
prestar a los Organismos con competencia en materia de lucha contra incendios, se
apoya en su capacidad para (a partir de datos de sus redes convencionales de
observacin, de los que se obtienen a partir de teledeteccin, de los datos obtenidos
de modelos numricos de prediccin del tiempo y de las predicciones subjetivas)
generar estimaciones en tiempo presente y predicciones a distintos alcances de los
274
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valores numricos de los ndices de ignicin y desarrollo vlidos para evaluar
determinados parmetros de comportamiento del fuego (Mestre, 1996).
Por otra parte, una vez iniciado un incendio, el apoyo de los Servicios Meteorolgicos
es bsico para la determinacin de la posible velocidad de propagacin del mismo.
Especialmente crtico es disponer de predicciones de la direccin e intensidad de los
vientos con suficiente resolucin espacial y temporal para la escala del fenmeno,
as como de predicciones de la probabilidad de que se produzcan precipitaciones.
Desde un punto de vista ms amplio se ha desarrollado una clasificacin
(Reyfsnaider, 1994) del apoyo meteorolgico que se presta, segn el nivel de
integracin que se consiga dentro del sistema general de deteccin y previsin del
riesgo, que abarca desde un nivel bsico (nivel 1) en el que el Servicio
Meteorolgico elabora predicciones y avisos especficos para la lucha contra
incendios, con un formato consensuado con los Servicios Forestales operativos,
hasta un nivel avanzado (nivel 3) que requiere que el Servicio Meteorolgico
disponga de una unidad especializada en meteorologa forestal, que eventualmente
se desplace a la zona del incendio con objeto de actuar in situ. Esta unidad, dotada
de personal altamente especializado, as como de unidades mviles de observacin
y prediccin para trabajar en el campo, en permanente contacto con los servicios
centrales de prediccin, es la responsable de evaluar los previsibles efectos de las
condiciones meteorolgicas sobre la evolucin del incendio.
Adems de los aspectos citados, el creciente desarrollo de productos basados en
datos de teledeteccin abre un ms amplio campo de colaboracin de los Servicios
Meteorolgicos por su capacidad de elaborar de forma operativa este conjunto de
productos (estimacin de biomasa, evaluacin del estado hdrico de la vegetacin
y de su nivel de inflamabilidad, seguimiento de grandes incendios, etc.) y de
procesar gran cantidad de datos procedentes de distintas fuentes. La gran ventaja
del uso de datos de teledeteccin proviene de su bajo coste y de su elevada
resolucin espacial y temporal as como de que cubren totalmente el territorio,
haciendo posible estimar parmetros de estructura de la cubierta vegetal de muy
difcil y costosa medicin in situ. No obstante, estas tcnicas deben ser siempre
validadas frente a datos terrestres antes de su uso operativo.
4. EL APOYO DE AEMET EN MATERIA DE PREVENCIN Y LUCHA CONTRA
INCENDIOS FORESTALES
AEMET presta actualmente un apoyo meteorolgico especfico a los Servicios
Forestales autonmicos, a la Direccin General del Medio Natural y Poltica Forestal,
a la Direccin General de Proteccin Civil y en general a los Organismos de mbito
autonmico con competencias en materia de Proteccin Civil y de prevencin y
extincin de incendios. Esta colaboracin se presta en el marco de actuacin
definido por la Directriz Bsica de Planificacin de Proteccin Civil de Emergencia
por Incendios Forestales que establece las caractersticas generales a las que debe
ajustarse el Sistema de Informacin Meteorolgica del Plan Estatal de Proteccin
Civil de Emergencia ante incendios forestales.
Desde 1993 hasta 2010 se generaron diariamente boletines especiales de prediccin
para apoyo a la lucha contra incendios, para cada una de las distintas Comunidades
275
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Autnomas, por los correspondientes Grupos de Prediccin y Vigilancia de las
Delegaciones de AEMET. Este apoyo se mantena activo durante los perodos de
campaa establecidos por cada Comunidad, conteniendo un conjunto de predicciones
para el da siguiente referidas a las distintas variables meteorolgicas que componen
el ndice de riesgo, para unas zonas previamente definidas en que se ha subdividido
cada Comunidad Autnoma. El boletn inclua asimismo una prediccin de la
probabilidad de ignicin mxima diaria. La metodologa utilizada para el clculo de
dicho parmetro fue la desarrollada por la antigua Direccin General de Conservacin
de la Naturaleza, segn se cit anteriormente. El valor final del ndice de riesgo,
graduado en cuatro niveles (bajo, moderado, alto y extremo) se obtena mediante la
combinacin de los valores de la probabilidad de ignicin y la velocidad de viento
previstas, as como la consideracin del viento como terral o de carcter desecante,
componindose un mapa que integraba los valores de los ndices previstos para cada
una de las zonas (Mestre y Cadenas, 1998).
Figura 5. Ejemplo de mapa de anlisis del riesgo meteorolgico de incendios
forestales generado operativamente por AEMET basado en el uso del ndice FWI.
Desde 2007 se desarroll en AEMET un proyecto para la mejora del sistema de
prediccin del riesgo meteorolgico, buscando tanto una mejora del ndice de base
del sistema como una mayor automatizacin del proceso. Tras un anlisis
comparativo sobre datos diarios de incendios y de los dos ndices de riesgo sobre
datos de una serie de 10 aos en un conjunto de zonas piloto, se apreci que el
sistema de evaluacin del riesgo basado en el FWI era ms adecuado que el que
se vena utilizando en el esquema anterior de clculo, por su mayor correlacin con
276
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la ocurrencia de incendios y superficie afectada (Manta, 2003) y porque se demostr
que aportaba un mayor valor econmico como elemento para la toma de decisiones
(Manta et al., 2006). Otro factor que se consider para adoptar el FWI fue el hecho
de que se haba ido convirtiendo en un referente a nivel mundial, siendo utilizado
por numerosos pases de nuestro entorno geogrfico. Para la implantacin operativa
del FWI se llev a cabo una calibracin local del mismo que permiti atribuir para
cada zona geogrfica una clase de riesgo en funcin del valor numrico del ndice
(Mestre et al., 2008).
En la actualidad, en el nuevo esquema de apoyo meteorolgico en materia de
incendios forestales, operativo desde la campaa de incendios de 2011 en la Espaa
peninsular y Baleares y en estado pre-operativo en Canarias, se generan
diariamente de forma automtica y a lo largo de todo el ao los valores del ndice
de riesgo FWI y de todas sus componentes (FFMC, DCM, DC, ISI, BUI) observados
a las 12 UTC del da, as como los previstos hasta H+72 horas, todo ello sobre los
puntos de una rejilla de resolucin 0,05 y rea /-9,5W/4,3E/35,5S/44,0N. As
mismo se generan los correspondientes mapas.
Por otro lado se generan los mapas y valores en rejilla de los niveles de riesgo de
incendio forestal asociados, clasificados en una escala de cinco tramos (bajo,
moderado, alto, muy alto y extremo), segn se muestra en el ejemplo de la figura 5.
Los clculos se realizan a las 12 UTC (hora del da a la que se considera que el
riesgo es ms elevado). Tambin se generan mapas de FWI, nivel de riesgo y
variables meteorolgicas que intervienen en los clculos (temperatura y humedad
relativa a 2 m, velocidad del viento a 10 m y precipitacin acumulada en 24 horas).
Los campos de las variables meteorolgicas: temperatura y humedad relativa a 2
m y velocidad del viento a 10 m, proceden del anlisis de superficie de las 12 UTC
del modelo numrico de prediccin del tiempo HIRLAM 0,05 operativo en AEMET.
Para obtener el campo de precipitacin se genera un anlisis especfico en el que
se utilizan todos los datos de precipitacin disponibles en las bases de datos BDM
(sinpticos) y BDAUT (automticas). Para la prediccin de los ndices se utilizan los
campos de temperatura, humedad relativa, viento y precipitacin, previstos a 24
horas en la pasada de las 12 UTC del HIRLAM HNR (resolucin 0,05), mientras que
en las predicciones a 48 y 72 horas se utiliza e HIRLAM OPR (resolucin 0,16).
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II. CLIMATOLOGAS CONEXAS
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280
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CAPTULO 18
LAS TENDENCIAS DE LAS PRECIPITACIONES
EN ESPAA EN EL PERODO 1945-2005
J. Carlos GONZLEZ-HIDALGO
1-2
(*), Nicola CORTESI
1-2
, Estela NADAL
1-2
,
Michele BRUNETTI
3
, Pter STEPANEK
4
, Martn DE LUIS
1-2
(1) Departamento de Geografa, Universidad de Zaragoza. 50009, Espaa (2) IUCA,
Universidad de Zaragoza, Espaa (3) Instituto di Scienze dellAtmosfera e del Clima ISAC-CNR,
Bologna, Italia. (4) Hydrometeorological Service, Brno Division, Repblica Checa
(*) e-mail: [email protected]
RESUMEN
El anlisis de las precipitaciones mensuales de la Espaa peninsular en el periodo
1946-2005 indica que las tendencias mensuales, excepto en los meses de marzo
y junio (negativas) y octubre (positivas), no presentan seales significativas.
Estacionalmente se detecta un descenso de la tendencia de los aportes porcentuales
de precipitaciones de primavera y aumento de las de otoo, que han originado un
cambio del rgimen estacional de precipitaciones. Como consecuencia, los totales
anuales durante el periodo de estudio han pasado a depender cada vez ms de los
aportes del inicio del periodo hmedo de otoo.
Palabras clave: precipitacin, tendencias, Espaa, rgimen estacional.
ABSTRACT
The analyses of monthly precipitation trends during 1946-2005 in the conterminous
Spain show that monthly trend, except in March and June (negative signal) and
October (positive), is not significant. At seasonal scale it is detected a decrease in
the spring precipitation percentage and increase in the autumn ones; as a
consequence we detected an extended seasonal rainfall change, and total annual
precipitation depens more on the beginning of wet period (autumn).
Key words: precipitation, trends, Spain, seasonal rainfall regime.
I. INTRODUCCIN
La cuenca mediterrnea se localiza en la transicin subtropical y est sometida a
una extraordinaria variabilidad climtica natural (Lionello et al., 2006). Los estudios
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realizados sobre la evolucin de las precipitaciones en el entorno de la cuenca
mediterrnea no han podido descubrir un patrn generalizado en sus tendencias
durante la segunda mitad del siglo XX, si bien se ha detectado un signo negativo
aunque sin significacin estadstica clara (Norrant y Dougudroit, 2006), un ligero
incremento durante los aos finales del pasado siglo (Xoplaki et al., 2004) y, al menos
en el sector occidental, una modificacin del rgimen estacional (de Luis et al., 2010).
En este entorno, las previsiones del ltimo informe IPCC (AR4) han sugerido que en
el siglo XXI se producira un descenso generalizado de los valores promedio y un
aumento de su variabilidad (Christiansen et al., 2007, pgs. 874-877).
La incertidumbre de estas previsiones es muy grande porque las precipitaciones
son uno de los elementos del clima ms variable en el espacio y en el tiempo y sus
cambios solamente se pueden detectar si se cuenta con una red de informacin
densa en el espacio de suficiente longitud temporal (New et al., 2001; Mitchell y
Jones, 2005; Auer et al., 2005; Valero et al., 2009). Este hecho se acenta adems
en regmenes pluviales convectivos y all donde la precipitacin se concentra en el
tiempo y el espacio, en cuyo caso los valores registrados en un observatorio son
representativos de un rea muy reducida (Mosmann et al., 2004; del Ro et al.,
2005). Por todo ello, el AR4 ha sugerido que se continen elaborando bases de
datos de la mxima densidad espacial y extensin en el tiempo para realizar anlisis
subregionales de las precipitaciones (Trenberth et al., 2007).
En el entorno de la cuenca mediterrnea los impactos que los cambios de las
precipitaciones pudieran tener podran dar lugar a repercusiones graves tanto por su
irregularidad como sobre todo por la fuerte demanda. Y la Pennsula Ibrica podra
ser uno de los lugares en donde esta situacin se extremase por el desmesurado
incremento de la demanda y su concentracin en el espacio. Ante este escenario, no
extraa que las precipitaciones hayan sido calificadas como el elemento del clima
ms importante de Espaa, tanto desde el punto de vista climtico como en cuanto
a recurso, dadas su modesta cuanta en gran parte del territorio y su elevada
variabilidad temporal y espacial (de Castro et al., 2006, pg. 9).
Los diversos estudios realizados sobre precipitaciones en la Espaa peninsular no
han detectado tendencias significativas generalizadas en la escala anual, estacional
y mensual (vase revisin en Gonzlez-Hidalgo et al., 2011). Su extrema variabilidad
y la elevada frecuencia de anomalas pluviomtricas registradas desde 1984 han
planteado la duda de si han sido oscilaciones naturales u originadas por efecto de
las emisiones de origen humano, y por tales razones la ausencia de tendencias
significativas podra estar siendo originada por la propia diversidad de mtodos y
la falta de una base de datos lo suficientemente densa en el espacio y con recorrido
temporal suficiente (Blad y Castro, 2010).
En este trabajo presentamos las conclusiones generales de la investigacin que
desde el ao 2000 hemos realizado sobre las tendencias de las precipitaciones en
Espaa peninsular. Dicha investigacin se ha desarrollado con una base de datos de
alta resolucin espacial elaborada tras un exhaustivo anlisis de la totalidad de los
fondos documentales de la Agencia Estatal de Meteorologa (AEMET); en gran parte
de los casos los resultados que se mostrarn, as como los aspectos metodolgicos
ms relevantes, han sido publicados con anterioridad y presentados en reuniones
cientficas remitiendo al lector a estas citas para los detalles.
282
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2. LA BASE DE DATOS DE PRECIPITACIONES MENSUALES EN ESPAA.
MOPREDAS
Los archivos de AEMET conservan una ingente documentacin climtica que es
parte de nuestro patrimonio comn. En el caso de las precipitaciones, dichos fondos
incluyen informacin de ms de 10.000 observatorios cuyo grado de cubrimiento
espacial, salvo en las reas de alta montaa, es extraordinario. En la Pennsula el
monto total supera con creces la cifra de 9000; a ello adems habra que sumar las
observaciones de las redes de las Comunidades Autnomas, ms recientes y no
siempre de la calidad esperada. Esta informacin es muy variable: las series son de
longitud muy variable, presentan lagunas, datos faltantes, repeticiones,
duplicidades, y no existe realmente informacin sobre sus metadatos. Hasta el
momento son pocos los estudios que han trabajado masivamente esta fuente
documental con diversos resultados (vase Cano y Gutirrez, 2004; Luna y Almarza,
2004; Hernndez et al., 1999; Ninyerola et al., 2007; Herrera et al., 2012).
La base de datos de precipitaciones mensuales (MOPREDAS, MOnthly PREcipitation
DAta of Spain) se ha elaborado mediante un control de calidad basado en el empleo
de sucesivas series de referencia e iteraciones. El control de calidad consisti en la
identificacin de datos repetidos dentro de la misma serie, identificacin de series
repetidas, deteccin de datos anmalos y contraste de homogeneidad. Las series
resultantes fueron reconstruidas con series de referencia elaboradas con vecinos a
distancias de 10, 25 y ms de 25 km. Por ltimo, las series analizadas en el periodo
1946-2005 se seleccionaron en funcin del porcentaje de datos originales y
reconstruidos a diferentes distancias; con estas series se elabor una malla de alta
resolucin (0,1 x 0,1) cuyas dimensiones se decidieron teniendo en cuenta la distancia
media entre los 2670 observatorios reconstruidos (aproximadamente 12 km). El proceso
detallado se puede consultar en Gonzlez-Hidalgo et al. (2009, 2011 y citas incluidas).
Las tendencias se analizaron mediante la prueba no paramtrica de Mann-Kendall
sobre las series mensuales, estacionales y anuales, as como con las series de
contribucin estacional (en porcentaje) al total anual.
3. RESULTADOS
En el periodo 1946-2005 MOPREDAS cuenta con 2670 series mensuales, libres de
datos sospechosos, homogneas y reconstruidas. Las series constan de datos
originales en un 69,2%; el 21,7% procede de vecinos a menos de 10 km de
distancia y el resto (9,1%) de vecinos a distancias superiores. En el periodo 1931-
2005 el total de series reconstruidas es de 900 y desde 1916-2005 son 400.
Actualmente se trabaja la informacin no digitalizada de los Libros de Resmenes
Anuales para llenar las lagunas de las reas del centro y oeste de los periodos
previos a 1946.
La densidad global de MOPREDAS en el periodo analizado 1946-2005 es de 1
observatorio cada 185 km
2
. Esta densidad se mantiene aproximadamente en los
sucesivos intervalos altitudinales de la pennsula al menos hasta 1500 m. Por ltimo,
y es un aspecto que no se suele considerar en la mayor parte de los trabajos
precedentes, MOPREDAS incluye informacin en altura. Por ejemplo, del total de
observatorios espaoles incluidos en el listado de Aup (2005) en la Pennsula
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solamente 6 se localizan por encima de 1000 m, y solo 14 superan 750 m, cuando
sin embargo un 57% del territorio rebasa los 600 m de altitud y cerca del 19%
supera los 1000 m. MOPREDAS incluye informacin en el intervalo 1000-1500 m,
bastante desconocido hasta el presente y de sumo inters por el efecto del relieve
en la Pennsula Ibrica sobre las precipitaciones. Por encima de dicha cota, aunque
se han logrado algunas reconstrucciones, stas deben estimarse como simples
informaciones locales debido a la disparidad de su distribucin.
3.1 Tendencias mensuales
El anlisis de las tendencias mensuales en el periodo 1946-2005 no descubre una
seal o tendencia generalizada a lo largo de los doce meses. La tabla 1 muestra el
porcentaje de territorio segn signo de tendencia, y con tres valores de p (p<0,10,
p<0,05 y p<0,01). Si se prescinde de valores de significacin, enero, febrero,
marzo, junio, agosto y diciembre presentan un predominio del signo negativo; en
mayo y julio aproximadamente el territorio afectado por signos positivos y negativos
es semejante, y en setiembre, octubre y noviembre predomina el signo positivo
(figura 1). Si se considera un valor de p<0,10, solamente en tres meses aparece una
seal espacial significativa: marzo y junio (negativa) y octubre (positiva).
Figura 1. Distribucin espacial de las tendencias mensuales de precipitacin. En azul
tendencia positiva, en rojo negativa. El tamao de los smbolos de mayor a menor
expresa la probabilidad (p<0.01, y p< 0.05, p<0.10, y p>0.10), a partir de Gonzlez-
Hidalgo et al. (2011).
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MOPREDAS muestra que la seal negativa de marzo no es solamente evidente en
los sectores centrales y del sudoeste, sino que afecta tambin a sectores de la
vertiente mediterrnea, como ya sugeramos en aos anteriores (Gonzlez-Hidalgo
et al., 2009). La significacin en estas reas es baja salvo en la margen izquierda
de la Cuenca del Ebro y sectores del noreste, pero el patrn es evidente. Esta
tendencia ha sido constatada en diferentes periodos en Castilla (del Ro et al., 2005),
Andaluca occidental (Aguilar et al., 2006), costa mediterrnea y Ebro (Gonzlez-
Hidalgo et al., 2009), Portugal y sectores centrales y sudoccidentales (Lpez-Bustins,
2006; Paredes et al., 2006; Trigo y Da Camara, 2000; Norrant y Douguedroit, 2005)
durante distintos periodos entre 1920 y 2000, as como en toda la pennsula entre
1921-1995 (Serrano et al., 1999b). Ms an, los descensos de precipitacin en
primavera, aunque no significativos, de algunas partes de la Meseta (Galn et al.,
1999), cuenca del Duero (del Ro et al., 2005), y nordeste (Saladi et al., 2002,
2004), se podran relacionar con el descenso de marzo que parece ser la nica seal
clara y generalizable en la escala estacional (De Castro et al., 2006), aunque del Ro
et al. (2011) desplazan este descenso a febrero, interpretado por Blad y Castro
(2010) como un ejemplo de cmo la seleccin del periodo o del nmero de
observatorios puede modificar los resultados. Este descenso de la precipitacin de
marzo se ha ligado con el desplazamiento hacia el norte de las tormentas (Paredes
et al., 2006) y segn MOPREDAS afecta al 68% del territorio. Adems es consistente
con la tendencia positiva de la insolacin y las condiciones anticiclnicas observadas
por Snchez-Lorenzo et al. (2007).
Tabla 1. Tendencias mensuales de precipitacin.
Porcentaje de territorio segn signo de tendencia y probabilidad
Tendencia p Ene Feb Mar Ab May Jun Jul Ag Sep Oct Nov Di
Positiva < 0,01 0 0,3 0 0,1 0 0 0,2 0 0 4,4 0 0
< 0,05 0 1,6 0 1,7 0 0 2,2 0,4 0,2 21,4 1,2 0
< 0,10 0 2,4 0 5 0 0,1 6,1 1,6 1,3 33,7 3,3 0
+ 14,8 17,6 4,4 69,7 44,1 4,3 40,6 34,1 67,9 84,9 68 14,4
Negativa - 85,2 82,4 95,6 30,3 55,9 95,7 59,4 65,9 32,1 15,1 32 85,6
< 0,10 6,1 1,9 68,9 3,6 0,6 31,8 6,2 5,1 0,3 1,4 0 0,8
< 0,05 1,9 0,4 57,0 2,8 0,2 16,2 2,2 1,4 0,1 0,1 0 0,2
< 0,01 0 0,1 23,6 0,9 0 2,0 0,3 0 0 0 0 0
Durante junio las reas con tendencias significativas (p<0,10) se circunscriben a las
cuencas interiores meseteas, sobre todo el Duero, el sudoeste y margen izquierda
del Bajo Ebro al noreste, con una menor continuidad espacial que en marzo. La
superficie afectada en este mes desciende a 31,8% y concuerda con las reas
sealadas entre 1961-1990 por Mosmannn et al. (2004) y del Ro et al. (2005)
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durante 1961-1997 en el interior peninsular y el sudoeste. De nuevo el incremento
de las condiciones anticiclnicas, detectado en tierras del interior durante 1957-
1996 por Fernndez y Martn Vide (2004), podra justificar la tendencia negativa
generalizada que se ha encontrado en las precipitaciones de este mes, sin clara
relacin en este caso con la insolacin observada (Snchez-Lorenzo et al., 2007).
La situacin de octubre es contraria a la de marzo y junio, con tendencia positiva
mayoritaria que afecta al 33% del rea (p<0,10). La seal ms fuerte se localiza
en el cuadrante noroeste (en acuerdo con del Ro et al., 2005) y Pirineos centrales.
Estas tendencias positivas fueron brevemente sealadas por Paredes et al. (2006),
en el periodo 1941-1997 para el conjunto peninsular, mientras Norrant y
Douguedroit (2006) la han sugerido para extensas reas mediterrneas entre 1951-
2000 que no hemos encontrado. Por otro lado, esta seal positiva concuerda con
la tendencia negativa de insolacin (Snchez-Lorenzo et al., 2007).
En muchas ocasiones la delimitacin de las reas con una tendencia homognea
(significativa o no) sigue las alineaciones de las principales cadenas montaosas.
As, el arco montaoso desde la Cordillera Cantbrica, el Sistema Ibrico y el
Sistema Btico aslan la vertiente norte del interior y crean una transicin desde la
costa norte hasta el Mediterrneo a lo largo de la cuenca del Ebro. Este carcter de
transicin fue notado por Serrano et al. (1999a) y ms recientemente por Muoz
Daz y Rodrigo (2004), quienes han sugerido que la Cuenca del Ebro tiene una
componente marcadamente mediterrnea en sus caractersticas pluviales, aunque
Mills (1995) lig el valle del Ebro a la cuenca del Duero y Tajo especialmente durante
el otoo, opinin sostenida tambin por Morata et al. (2006). El rea a occidente
de este arco montaoso suele ser identificada como la zona bajo influencia de la
NAO (Rodrguez-Puebla et al., 1998), y la regularidad de las entradas de las
perturbaciones atlnticas unido a la disposicin del relieve en sentido predominante
oeste-este (Paredes et al., 2006), sugiere que dicho arco montaoso se constituye
como un lmite climtico desde el punto de vista de las precipitaciones. Este efecto
de la orografa sobre las tendencias de la precipitacin concuerda con las
conclusiones de Dnkeloh y Jacobeit (2003) en el Mediterrneo, y con las opiniones
de Sotillo et al. (2003) sobre la distribucin espacial de la precipitacin en la
pennsula. Por ltimo, MOPREDAS permite descubrir sectores de escalas
subregionales con seales de tendencia homogneas y significativas en los que
tambin el relieve parece ser un factor de su delimitacin espacial.
En conclusin, la distribucin espacial de las tendencias mensuales de precipitacin
depende en ocasiones claramente de las principales alineaciones montaosas que
dividen el espacio en sectores de fcil identificacin. Esto sugiere que el reparto en
el espacio de las tendencias de precipitacin en la pennsula depende tanto de
factores globales (tales como patrones atmosfricos), como meso y microescalares
(la topografa).
3.2 Tendencias estacionales
Los resultados generales del anlisis de tendencias estacionales expresados como
porcentaje de superficie del territorio afectada, se muestran en la tabla 2 y figura 2. En
trminos generales la seal es negativa en invierno, primavera y verano, y positiva en
otoo, aunque el rea con seal significativa es muy baja, exceptuando primavera.
286
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Tabla 2. Tendencia estacionales de la precipitacin (A, en mm) y del porcentaje de
contribucin estacional (B).
Invierno Primavera Verano Otoo
A B A B A B A B
Positiva <1% 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,1 6,5
<5% 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 0,0 3,0 36,0
<10% 0,1 0,2 0,0 0,0 0,0 0,1 10,0 60,2
+ 8,3 12,8 9,8 18,3 8,1 12,0 88,8 97,4
Negativa - 91,7 87,2 90,2 81,7 91,9 88,0 11,2 2,6
<10% 10,4 2,7 37,7 17,5 17,4 9,1 0,1 0,0
<5% 3,1 0,5 25,9 7,9 8,0 3,6 0,0 0,0
<1% 0,1 0,0 9,6 0,5 1,3 0,7 0,0 0,0
La precipitacin de invierno ha descendido en el territorio peninsular espaol, salvo a
lo largo de la costa mediterrnea y reas aisladas de la meseta norte, donde la seal
es positiva. Con carcter significativo (p<0,10) las reas con prdidas afectan al 10,4%
del territorio. La seal de primavera es ms clara y casi el 40% del territorio est
afectado por tendencias negativas (p<0,10). Las reas donde esta seal es ms
evidente se localizan en el cuadrante suroccidental a occidente del arco montaoso ya
citado. Semejante distribucin presentan las tendencias de verano aunque su grado de
significacin decrece, y solamente el 17% est afectado por tendencias negativas
(p<0,10). De modo diferente se han mostrado las tendencias de precipitacin durante
el otoo, cuando la seal es predominantemente positiva, y significativa (p<0,10) en
aproximadamente el 10% del territorio, sobre todo en el cuadrante noroccidental.
Como consecuencia, las tendencias del porcentaje anual de contribucin estacional
han variado (tabla 2). En la Figura3 se muestra su distribucin espacial, siendo el
hecho ms notable el descenso de la contribucin porcentual de la lluvia de
primavera al total anual (en un 17,5% del territorio) y en menor medida la de
invierno y verano. Por el contrario, la precipitacin de otoo ha aumentado su
porcentaje en el total anual afectando al 60,2% del territorio, a excepcin de la
costa norte y litoral mediterrneo. La seal ms clara del aumento de esta
contribucin se encuentra en el Ebro, Pirineos, ambas mesetas y extremo noroeste.
El descenso de primavera afecta sobre todo al cuadrante suroccidental, mientras el
descenso de invierno se localiza en la costa norte, Pirineos centrales y a lo largo de
las cadenas Ibrica y Bticas.
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Figura 2. Distribucin espacial de las tendencias estacionales de precipitacin (mm).
Leyenda igual que figura 1, en de Luis et al. (2010).
Figura 3. Distribucin espacial de las tendencias de la participacin porcentual de las
precipitaciones estacionales. Leyenda igual que figura 1, en de Luis et al. (2010).
288
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El resultado final durante el periodo analizado ha sido el descenso,
mayoritariamente no significativo, de las precipitaciones anuales que afecta a menos
del 10% del territorio peninsular espaol (figura 4). Las reas ms afectadas se
localizan en las Bticas, cabeceras del Guadiana y Tajo, sectores del Sistema Central,
y puntos de la orla norte, pero no existe un patrn continuo, a la par que se
intercalan reas con seales positivas, aunque dbiles, preferentemente en la mitad
norte peninsular.
Figura 4. Distribucin espacial de las tendencias anuales de precipitacin. Leyenda
igual que figura 1.
3.3 Rgimen de precipitacin
Una de las consecuencias del comportamiento observado en las precipitaciones de la
Espaa peninsular ha sido el cambio del rgimen de precipitacin estacional, cuyo anlisis
se ha realizado comparando los promedios de los dos periodos de 30 aos incluidos en
MOPREDAS. En la figura 5 se muestra la distribucin del rgimen estacional (estacin con
mximo) durante los dos periodos (1946-1975 y 1976-2005). Durante el primero de
ellos se observa un predominio en la franja norte del rgimen de invierno, variante
invierno-otoo que cambia en el sector occidental y reas meridionales a la variante
invierno-primavera (no mostradas en la leyenda); hacia el este el rgimen de primavera
era el tpico de grandes extensiones de la Cuenca del Ebro, Ibricas y sectores orientales
de las dos mesetas, con transiciones de primavera-invierno a primavera-otoo en sentido
W-E. Finalmente, el rgimen de otoo se localizaba a lo largo de la costa mediterrnea,
289
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y en dos pequeos sectores de las tierras altas de Teruel y Pirineo oriental el rgimen
predominante era el de verano.
Figura 5. Distribucin espacial de los regmenes estacionales entre 1946-1975 y 1976-
2005, en de Luis et al. (2010).
Durante el segundo periodo (1976-2005) se han detectado cambios sustanciales
que han afectado no solo a la estacin predominante sino tambin a las variantes
del rgimen (figura 5). La modificacin ms interesante es la extensin hacia el
oeste del rgimen de otoo y la reduccin de las reas con rgimen de primavera;
unido a ello se ha podido observar tambin el descenso del rea de rgimen de
verano en el Pirineo y hacia el oeste peninsular un cambio del rgimen de invierno-
primavera al rgimen invierno-otoo. Por ltimo, la variante invierno-otoo de la
cornisa cantbrica ha cambiado a invierno-primavera.
Como resultado, la superficie bajo rgimen de invierno ha disminuido de 51,1% a
42,7% entre los dos subperiodos. Las reas de rgimen primaveral, dominante en el
36,1% durante 1946-1975, han pasado a un exiguo 15%, habiendo sido sustituido
sobre todo por variantes de otoo. Finalmente, el rea de rgimen de otoo ha
aumentado desde el 10,8% del territorio, restringido a la costa mediterrnea y bajo
Ebro, al 41,4%, progresando por grandes extensiones del interior mayoritariamente
bajo rgimen de primavera en la treintena previa. Los cambios entre superficies
ocupadas por los regmenes dominantes se muestran en la tabla 3.
4. CONSIDERACIONES GENERALES
El anlisis de la base de datos de precipitaciones mensuales de mayor densidad
elaborada hasta el presente en la Espaa peninsular ha permitido observar que
durante la segunda mitad del siglo XX solamente en tres meses las tendencias de
la precipitacin presentan una seal generalizada y estadsticamente significativa:
290
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marzo y junio, con seal negativa, y octubre, con seal positiva. Adems, la
inspeccin de las cartografas tambin permite detectar reas homogneas de
escala subregional con seales claras y significativas no detectadas hasta el
momento. Al agregar estacionalmente los valores de precipitacin, la tendencia
resulta ser mayoritariamente negativa durante la primavera, el invierno y el verano,
as como en los totales anuales, mientras la seal del otoo es mayoritariamente
positiva. No obstante, debemos sealar que la significacin, salvo en primavera, es
muy baja en todos los casos y las reas con tendencias significativas son muy
localizadas. Finalmente, se han detectado tendencias significativas en el porcentaje
de contribucin estacional que afectan a amplias extensiones en primavera y en
otoo, stas como consecuencia del hundimiento de la precipitacin de primavera,
sobre todo por el efecto de marzo, antes que por un aumento real de las cantidades
recibidas en los meses otoales.
Tabla 3. Variaciones porcentuales de la superficie ocupada por los regmenes
estacionales dominantes entre 1946-1975 (filas) y 1976-2005 (columnas).
Invierno Primavera Verano Otoo
Invierno 41,1 0,7 0,0 9,3
Primavera 1,2 13,9 0,1 20,8
Verano 0,0 0,1 0,7 1,1
Otoo 0,4 0,3 0,0 10,1
La articulacin de las tendencias mensuales y estacionales es compleja y no se
explica por un solo mecanismo, pues parecen reflejar la concatenacin de factores
globales de la atmsfera y factores meso y micro escalares, cuyos efectos varan
espacialmente. Algunas de las tendencias observadas (particularmente marzo)
pueden relacionarse con el comportamiento de la NAO y los cambios en las vas de
entrada de las tormentas atlnticas que afectan a la mayor parte del suroeste
peninsular (Paredes et al., 2006); en otras ocasiones pudieran estar relacionadas
con el aumento de la frecuencia de las situaciones ciclnicas en el occidente
mediterrneo durante el verano y el otoo, con un descenso en primavera y en
invierno (Trigo et al., 2000; Bartholy et al., 2009), o tambin con la tendencia de la
insolacin (Snchez-Lorenzo et al., 2007). Por su parte, la distribucin observada de
los signos de la tendencia muestra claramente que el relieve individualiza el centro
oeste peninsular, con clara influencia atlntica, de la fachada cantbrica, valle del
Ebro y litoral este. De hecho, esta ltima zona est afectada principalmente por la
actividad ciclnica mediterrnea, con una baja persistente localizada en el occidente
mediterrneo (Jans, 2001), de la cual no se han observado cambios en su
comportamiento en los ltimos cincuenta aos (Bartholy et al., 2009). Estos
resultados coinciden globalmente con el reciente estudio de Cortesi et al. (2013)
sobre la relacin entre tipos de tiempo y precipitaciones mensuales, los cuales han
indicado que en general ms del 60% de la precipitacin de los meses entre octubre
291
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y mayo en todo el sector centro-oeste peninsular depende de ms de 4 tipos de
tiempo, mientras que en la franja mediterrnea y grandes extensiones del Ebro la
dependencia de un solo tipo de tiempo, muy variable entre meses y en el espacio,
es la norma habitual. Los tipos de tiempo con mayor efecto son SW, W, C y NW,
cuyas tendencias han podido ser una de las causas de las tendencias descritas. Es
tambin interesante resaltar como este autor indica que no solo la franja
mediterrnea y Valle del Ebro quedan ajenos a la circulacin atlntica ms
caracterstica, sino tambin la cornisa cantbrica.
El caso del mes de octubre es particular y ha sido menos analizado. En general el
rea afectada coincide con la sealada como patrn Gallego-Portugus por Serrano
et al. (1999a), consistente en una baja centrada cerca de las Islas Britnicas
asociada con precipitaciones frontales. Lorenzo et al. (2008) han sugerido que la
tendencia positiva de octubre estara correlacionada con tipos de tiempo del
sudoeste y oeste, los primeros ligados a depresiones al oeste de Irlanda con un
anticicln sobre la Pennsula Ibrica, y los segundos caracterizados por depresiones
en el Atlntico Norte y el norte de Europa con un alta en las Azores, situaciones
ambas altamente correlacionadas con el Patrn East Atlantic, que durante los
pasados decenios ha exhibido una tendencia positiva (Lorenzo et al., 2008).
Los resultados ponen de relieve que en la segunda mitad del siglo XX la precipitacin
en la Espaa peninsular, antes que haberse visto sometida a un cambio en sus totales
a la baja, ha experimentado cambios en su distribucin temporal y ha sufrido una
modificacin del rgimen estacional cuyos efectos estn todava por ser analizados con
detalle. En trminos generales, la estacin hmeda se ha acortado y los aportes anuales
han pasado a depender cada vez ms de la precipitacin al inicio del periodo hmedo.
Los efectos que esta modificacin del rgimen estacional pudieran producir son
numerosos porque la estacionalidad de las precipitaciones tiene una importancia crtica
en diferentes procesos geomorfolgicos, ecolgicos, econmicos y sociales (Caramelo
y Manso-Orgaz, 2007; Ceballos et al., 2004), entre los que se incluyen la disponibilidad
de agua en verano por las plantas (Ceballos et al., 2004), la erosin del suelo por sufrir
la cubierta vegetal escasez de agua durante la primavera (Thornes, 1985; Kirkby y
Neale, 1986), la modificacin de los calendarios y el incremento del periodo de riesgo
de incendios (Reinhard et al., 2005; Pausas 2004; Carvalho et al., 2008), la modificacin
de los regmenes fluviales, la recarga de acuferos y disponibilidad de caudales (Aguado
et al., 1992; Paredes et al., 2006; Lpez-Moreno et al., 2009), la produccin
hidroelctrica (Paredes et al., 2006), etc.
Los fondos documentales de la AEMET han permitido construir una base de
datos de precipitaciones mensuales de alta resolucin durante el periodo
1946-2005.
Mensualmente se ha observado una extraordinaria variabilidad en las tendencias
de precipitacin. Los nicos meses con patrones espaciales claros y significativos
son marzo y junio (signo negativo) y octubre (signo positivo).
El anlisis de las tendencias estacionales muestra que la primavera es la nica
estacin donde la seal negativa es clara y significativa en amplias reas del
territorio, particularmente hacia el cuadrante SW.
292
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Las tendencias anuales no muestran una seal significativa, aunque predomina
el signo negativo durante el periodo de estudio. Las nicas reas donde la seal
resulta ser significativa se alinean en el arco montaoso, donde la densidad de
observatorios lograda es inferior, por lo que cualquier conclusin debera ser
tomada con cautela.
Las principales alineaciones montaosas se muestran como fronteras en el
reparto espacial de las tendencias de la precipitacin mensual.
El rgimen de precipitacin estacional ha variado, y en extensas reas del centro-
este los mayores aportes porcentuales de precipitaciones en la segunda mitad del
siglo XX han sido en otoo, sin haberse incrementado su cuanta. Este cambio
estacional ha venido motivado sobre todo por el descenso de la primavera,
especialmente por lo ocurrido en el mes de marzo. Como consecuencia, la
duracin del periodo lluvioso se ha reducido durante 1946-2005, y la
dependencia de los aportes anuales (en trminos relativos) del inicio del periodo
lluvioso ha aumentado.
AGRADECIMIENTOS
La presente investigacin se ha realizado con financiacin del Gobierno de
Espaa y Feder (proyectos CGL2011-27574-C02-01, CGL2008-05112-C02-
01/CLI, CGL2007-65315-C03-01/CLI, CGL2005-04270, REN2003-07453,
REN2002-01023-CLI, CLI99-0957) y Gobierno de Aragn y Feder (proyecto
P003/2001). Nicola Cortesi es becario FPI y Estela Nadal es investigadora del
Programa Juan de la Cierva, ambos del Gobierno de Espaa. Los datos originales
proceden de los fondos documentales de AEMET.
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CAPTULO 19
EVOLUCIN ESPACIO-TEMPORAL DE LAS SEQUAS
PLUVIOMTRICAS EN ESPAA DURANTE EL LTIMO SIGLO
Sergio M. VICENTE-SERRANO
Instituto Pirenaico de Ecologa, Consejo Superior de Investigaciones Cientficas (IPE-CSIC),
Avda Montaana 1005, 50059 Zaragoza, Spain
[email protected]
RESUMEN
Este estudio analiza la evolucin de las sequas pluviomtricas en Espaa
considerando un perodo de tiempo largo (1910-2011). La severidad de las sequas
se ha cuantificado mediante el ndice de Precipitacin Estandarizada (Standardized
Precipitation Index, SPI) y los eventos de sequa se identificaron mediante un
mtodo de umbrales. Los resultados subrayan la fuerte variabilidad espacial de la
sequa en Espaa, identificando seis regiones en las que la sequa ha mostrado una
evolucin independiente a la de las otras regiones. Algunas regiones muestran una
disminucin en la severidad de las sequas pluviomtricas en el ltimo siglo (por
ejemplo, Galicia y el sureste de Espaa), mientras que otras regiones muestran un
aumento de la severidad (la amplia regin del suroeste, Catalua y la cuenca central
del Ebro). De hecho, el sur de Espaa ha mostrado un aumento de la duracin y
magnitud de los eventos de sequa, lo que ha incrementado, claramente, la aridez
climtica de la regin.
Palabras clave: sequa, precipitacin, Standardized Precipitation Index,
variabilidad espacial, cambio climtico.
ABSTRACT
This study analyses the evolution of precipitation droughts in Spain considering a
long time period (1910-2011). Drought severity has been quantified by means of
the Standardized Precipitation Index and the drought events identified by means of
a threshold approach. The results stress the strong spatial variability of droughts in
Spain, identifying six regions in which drought evolution has been independent from
the other regions. Some regions are showing a decrease of the precipitation drought
severity (e.g., Galicia and the Southeast) whereas other regions are showing
increased severity (e.g., Southwest, Catalonia and the central Ebro basin). Thus,
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South Spain has showed a large increase of the duration and magnitude of the
drought events, which has clearly increased the climate dryness of the region.
Key words: drought, precipitation, Standardized Precipitation Index, spatial
variability, climate change.
1. INTRODUCCIN
La sequa es uno de los fenmenos climticos ms complejos, con notables efectos
sobre la sociedad y el medio ambiente (Wilhite, 1993). Dicha complejidad est
relacionada con la dificultad inherente a la cuantificacin de la severidad de las
sequas. En realidad, identificamos una sequa por sus efectos o impactos en una
gran variedad de sistemas (agricultura, recursos hdricos, silvicultura, ecologa,
economa, etc.), pues no existe una variable fsica que podamos medir para
cuantificar el fenmeno. Por lo tanto, las sequas resultan muy difciles de identificar
en el tiempo y el espacio, pues es muy complejo determinar el momento en que
empieza y termina una sequa, adems de cuantificar la duracin, magnitud y
extensin superficial de las sequas (Burton et al., 1978; Wilhite, 2000). Adems, los
efectos de una sequa pueden persistir aos despus de que sta haya terminado
(Changnon y Easterling, 1989; McKee et al., 2002).
La sequa es uno de los principales riesgos climticos que afectan a las regiones
mediterrneas. En Espaa es un fenmeno frecuente debido a la alta variabilidad
espacial y temporal de la precipitacin. Diferentes estudios han identificado periodos
de sequa que han afectado a Espaa a lo largo de la historia (Martn-Vide y
Barriendos, 1995; Vicente-Serrano y Cuadrat, 2007; Domnguez-Castro et al., 2012).
Las sequas quedan frecuentemente registradas desde que se dispone de registros
instrumentales (Prez-Cueva, 1983; Pita, 1989; Vicente-Serrano, 2006a).
Por lo general, los patrones espaciales de las sequas resultan muy complejos en
Espaa (Vicente-Serrano, 2006b). De hecho, es muy comn que una regin de
Espaa sufra condiciones secas, mientras que otra, a menudo cercana, experimente
condiciones normales o incluso hmedas. Tal variabilidad espacial es atribuible a los
complejos patrones de circulacin atmosfricas que afectan a la ocurrencia de
sequas en Espaa (Vicente-Serrano, 2005; Vicente-Serrano y Lpez-Moreno, 2006),
complicada por el hecho de que las sequas no pueden asociarse con un nico tipo
de condiciones atmosfricas. En conjunto, esto hace que sea difcil determinar reas
en las que las sequas muestran un comportamiento homogneo en el tiempo.
En Espaa las sequas generan importantes prdidas en la agricultura de secano, y
los rendimientos de los cultivos se ven muy reducidos durante los aos secos
(Austin et al., 1998; Iglesias et al., 2003). Por otra parte, las frecuentes sequas que
afectan a las amplias zonas semiridas de Espaa constituyen un importante factor
de degradacin ambiental (Vicente-Serrano et al., 2012). Igualmente disminuyen el
crecimiento de los bosques (Pasho et al., 2011; Martn-Benito et al., 2013), y
reducen la disponibilidad de agua para la vegetacin, aumentando el riesgo de
incendio. Adems, el aumento de las tierras de regado y los usos urbanos y
tursticos han producido un importante incremento en la demanda de agua y una
mayor vulnerabilidad social y econmica a la sequa (Morales et al., 2000; Ruiz
Sinoga y Gross., 2013).
299
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El objetivo de este captulo es actualizar y mejorar estudios previos (Vicente-
Serrano, 2006a y 2006b) sobre la variabilidad espacial y temporal de las sequas en
Espaa utilizando el ndice de Precipitacin Estandarizado, entre 1910 y 2011. El
objetivo es mostrar la evolucin de las sequas, identificar los episodios ms
importantes, y llevar a cabo una clasificacin espacial en funcin de la variabilidad
experimentada por las sequas.
2. DATOS Y MTODOS
2.1 Datos
Para el anlisis de la sequa se utilizaron 42 series de precipitacin, que cubren el
perodo comprendido entre 1910 y 2011, obtenidas de la Agencia Estatal de
Meteorologa (AEMET). Algunas series fueron creadas mediante la combinacin de
datos de diferentes observatorios ubicados en la misma localidad. Esto fue necesario
debido a los frecuentes cambios de localizacin de los observatorios espaoles
durante el siglo XX. Los datos fueron sometidos a un proceso de control de calidad
para descartar registros anmalos; y para garantizar la calidad final de las series de
precipitacin, se test la homogeneidad temporal de cada una de ellas (Peterson et
al., 1998), a partir de una serie de referencia independiente para cada observatorio
generada mediante las cinco series cuya serie de diferencias se correlacionaba
mejor con la serie a testar (Peterson y Easterling, 1994). Se utiliz el test de
homogeneidad normal estndar para analizar la homogeneidad de las series (SNHT,
Alexandersson, 1986; Stepnek, 2003). Las pocas series no homogneas fueron
corregidas y las lagunas temporales se rellenaron mediante el uso de regresiones
lineales a partir de las series de referencia. La distribucin espacial de los
observatorios utilizados se muestra en la figura 1.
2.2 Cuantificacin de las sequas
Las sequas son reconocibles despus de un largo perodo de tiempo sin
precipitaciones. Sin embargo, es difcil determinar su comienzo, extensin superficial
y fin, por lo que es muy difcil cuantificar objetivamente sus caractersticas en
trminos de intensidad, magnitud, duracin y extensin espacial. Por esta razn, se
ha dedicado mucho esfuerzo al desarrollo de tcnicas para la monitorizacin y el
anlisis de las sequas. De hecho, diferentes ndices se han desarrollado para tal fin
(Heim, 2002).
Est ampliamente aceptado que la sequa constituye un fenmeno multiescalar
(McKee et al., 1993). Por lo tanto, la escala de tiempo a la que se acumulan los
dficits de precipitacin es extremadamente importante, y funcionalmente separa
entre sequas hidrolgicas, ambientales, agrcolas y otras. Por esta razn, los ndices
de sequa deben estar asociados a una escala de tiempo especfica para ser tiles
en el seguimiento y la gestin de los diferentes recursos hdricos. Esto explica la
gran aceptacin del ndice de Precipitacin Estandarizada (SPI), que es comparable
en el tiempo y el espacio, y se puede calcular a diferentes escalas temporales para
monitorizar las sequas. Recientemente, el SPI ha sido aceptado por la Organizacin
Meteorolgica Mundial como el ndice de sequa de referencia. En la Declaracin
de Lincoln sobre ndices de sequa coincidieron 54 expertos de todas las regiones
300
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del mundo para establecer un ndice de sequa meteorolgica universal,
consensuando el SPI como base para ser utilizado por los servicios meteorolgicos
e hidrolgicos a nivel mundial a la hora de caracterizar las sequas meteorolgicas
(Hayes et al., 2011).
Figura 1. Distribucin espacial de los observatorios meteorolgicos utilizados en
Espaa (1910-2011).
El SPI fue desarrollado por McKee et al. (1993 y 1995) para identificar periodos
anormalmente secos y hmedos. El SPI se basa en la conversin de los datos de
precipitacin a probabilidades mediante largos registros de precipitacin
computados a diferentes escalas temporales. Las probabilidades se transforman en
una serie estandarizada con media 0 y desviacin estndar 1. La principal ventaja
del SPI en comparacin con los ndices de Palmer es que el primero permite el
anlisis del impacto de la sequa a diferentes escalas temporales, mientras que el
segundo no. McKee et al. (1993) utilizaron la distribucin gamma para transformar
las series de precipitacin a unidades estandarizadas. Sin embargo, la distribucin
de frecuencia de las series de precipitacin muestra cambios significativos en
funcin de la escala temporal (Vicente-Serrano, 2006b). Entre los diferentes
modelos evaluados, la distribucin Pearson III muestra una mayor capacidad de
adaptacin a las series de precipitacin considerando escalas de tiempo diferentes
(Guttman, 1999; Vicente-Serrano, 2006b; Quiring, 2009). Por lo tanto, aqu se ha
utilizado el algoritmo descrito por Vicente-Serrano (2006b) para calcular los valores
de SPI a partir de la distribucin Pearson III y el enfoque de los L-momentos para
obtener los parmetros de la distribucin. Como medida general de las condiciones
de sequa, el anlisis se ha limitado a los datos de SPI a la escala temporal de 12
meses, en cada uno de los 42 observatorios de precipitacin, entre 1910 y 2011.
301
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2.3 Anlisis
Algunos estudios previos han descrito una gran variabilidad espacial de los
patrones de precipitacin en Espaa (por ejemplo, Rodrguez-Puebla et al.,
1998). Por esta razn, se llev a cabo un anlisis espacio-temporal a partir de
las series de SPI a la escala temporal de 12 meses con el fin de retener los
patrones temporales y espaciales ms generales del comportamiento de las
sequas en Espaa. El anlisis se bas en un anlisis de componentes principales
(ACP). El ACP se ha utilizado ampliamente para determinar patrones en variables
climticas. Permite identificar caractersticas comunes y locales especficas. Por
ello, se ha utilizado un ACP en modo S para obtener los patrones temporales de
las sequas en Espaa. Dado que el SPI es una variable estandarizada, la serie
correspondiente a cada componente principal puede asociarse a la variabilidad
del SPI de una regin concreta. Las reas representadas por cada modo
(componente) se identifican mediante la asignacin de las cargas factoriales.
Los componentes se rotaron (Varimax) para redistribuir la varianza explicada y
obtener patrones espaciales ms robustos (Richman, 1986).
Los cambios en las sequas pluviomtricas durante el periodo 1911-2011 se
evaluaron mediante dos procedimientos diferentes. Por un lado, la magnitud de los
cambios observados con el SPI se cuantificaron mediante un anlisis de regresin
entre la serie de tiempo (variable independiente) y la serie de SPI (variable
dependiente). La pendiente resultante de los modelos de regresin indica el cambio
(SPI por ao), con valores de pendientes ms altos correspondiendo con cambios
mayores. El cambio se analiz en tres periodos: 1911-2011, 1940-2011 y 1970-
2011 para determinar una posible acentuacin o disminucin de los cambios a lo
largo de periodos distintos. Por otro lado, tambin se llev a cabo un anlisis de los
eventos de sequa por medio de un nivel de umbral que no vara en el tiempo y en
el espacio, ya que los registros corresponden a valores normalizados. El umbral se
estableci en el 10% de probabilidad acumulada (SPI <-1,28), de tal modo que un
evento de sequa se registra cuando el SPI mensual cae por debajo de ese nivel (van
Loon et al., 2010). Sobre la base de este umbral, se llev a cabo una caracterizacin
de las sequas pluviomtricas mediante su duracin y magnitud total. La duracin
de un evento de sequa se defini como el periodo de tiempo consecutivo y sin
interrupcin (uno o ms meses) que presenta valores de SPI inferiores a -1,28. La
magnitud corresponde al dficit acumulado, que se define como la suma de los
valores de SPI durante el periodo con valores inferiores a -1,28, que define al evento
de sequa.
3. RESULTADOS
La tabla 1 muestra los resultados del ACP aplicado a las series de SPI a la escala
de 12 meses en Espaa. El primer componente agrupa el mayor porcentaje de
la varianza total (24%). Los componentes 2 a 6 representan porcentajes muy
similares (entre 7,3 y 10,3%), mostrando un descenso muy abrupto entre los
componentes 6 y 7, que nicamente representa el 2,8% de la varianza total. As
pues, para los anlisis posteriores, se han seleccionado los seis primeros
componentes, que en total agrupan el 68,8% de la variabilidad temporal del
SPI a lo largo de toda Espaa.
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Componente Total % de la varianza % acumulado
C. 1 10.454 24.891 24.891
C. 2 4.352 10.363 35.253
C. 3 3.828 9.115 44.368
C. 4 3.714 8.843 53.211
C. 5 3.491 8.311 61.522
C. 6 3.081 7.336 68.858
C. 7 1.187 2.826 71.684
Tabla 1. Resultados del anlisis de componentes principales aplicado a las series
de SPI de Espaa.
La figura 2 muestra la variabilidad temporal de los seis componentes y la figura 3
la distribucin especial de las cargas factoriales, que identifican las regiones
representadas por cada componente. El patrn espacial resulta muy robusto. El
componente 1 representa el mayor porcentaje de Espaa, correspondiendo al
suroeste y a las reas centrales de Espaa. El componente 2 representa los
observatorios cercanos al mar Cantbrico. El componente 3 representa al extremo
noroccidental. El componente 4 muestra cargas factoriales altas en algunos
observatorios de la meseta norte. Finalmente, los componentes 5 y 6 representan
las reas mediterrneas, al norte y sureste, respectivamente. Esta regionalizacin
destaca la enorme variabilidad especial de las sequas en Espaa y la diferente
variabilidad especial identificada en cada rea.
Las reas representadas por el componente 1 presentan los principales episodios
de sequa a partir de la dcada de 1970. As, las dos principales sequas se
registraron en los dos ltimos decenios (1991-1995 y 2005-2009). El componente
2 muestra sequas muy severas en las dcadas de 1910, 1920, 1940 y tambin
desde la dcada de 1980 hasta la actualidad. Se registraron dos sequas muy
severas en los aos 1990 y 2002. El componente 3 muestra un patrn muy
diferente. Las reas de Galicia representadas por este componente muestran
periodos de sequa dominantes entre 1910 y 1960, mientras que las condiciones
hmedas son el patrn dominante entre 1960 y 2011. Las reas representadas por
el componente 4 (Meseta Norte) tambin difieren notablemente de los patrones
anteriores, ya que los principales episodios de sequa se registraron en 1950, y
luego entre 1965 y 1972. En oposicin a las reas vecinas representados por el
componente 1, las dcadas de 1990 y 2000 han sido predominantemente hmedas.
El componente 5 (mayor parte de Catalua y valle medio del Ebro) muestran los
episodios de sequa ms severos en las dcadas de 1920 y 2000; de hecho, esta
rea muestra que en los ltimos aos se ha producido una sequa muy severa
(2006-2011). Por ltimo, el componente 6 muestra un patrn que en su mayor
parte se asemeja con el componente 3, ya que los principales episodios de sequa
se identifican en las dos primeras dcadas del siglo XX y, con la excepcin de
algunos perodos de la dcada de 1990 y de 2000, el perodo entre 1960 y 2011 ha
estado dominado por condiciones hmedas.
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Figura 2. Evolucin de las series de SPI correspondientes a los seis componentes
extrados.
304
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El anlisis de los cambios observados en el SPI en las ltimas dcadas tambin
destaca la fuerte variabilidad espacial observada con el ACP. Se muestra la magnitud
de los cambios en el SPI en cada uno de los 42 observatorios disponibles durante
tres perodos diferentes (figura 4). Entre 1910 y 2011 los cambios son en general
pequeos (entre -0,1 y 0,09 unidades de SPI dcada
-1
). El observatorio que muestra
el mayor aumento es Santiago de Compostela y el mayor descenso Jan. En
cualquier caso, teniendo en cuenta el perodo completo de registros, hay una
variabilidad espacial importante, incluso mostrando algunos observatorios vecinos
cambios opuestos (positivos o negativos). No obstante, la mayora de los
observatorios ubicados en Andaluca muestran variaciones negativas (intensificacin
de la severidad de la sequa), mientras que los observatorios situados en el noroeste
y sureste muestran un patrn positivo dominante. El comportamiento identificado
en el perodo 1940-2011 muestra cambios negativos dominantes en el SPI en la
mayor parte de Espaa. Se observa una fuerte disminucin (<-0,15 unidades de SPI
dcada
-1
) en Jan, Cuenca, San Fernando, Huesca y Bilbao. Con la excepcin del
observatorio de Valencia, todos los observatorios en las zonas del sur y este de
Espaa muestran cambios negativos en el SPI. En la parte noroeste de Espaa, el
patrn muestra la existencia de observatorios con cambios positivos, algunos muy
fuertes (vila, Canfranc y Santiago de Compostela). Por lo tanto, aunque con
algunas diferencias espaciales, el patrn dominante desde 1940, es un refuerzo de
las condiciones de sequa en la mayor parte de Espaa. En algunas de estas reas,
el mayor reforzamiento se ha registrado entre 1970 y 2011, principalmente en el
noreste, que registra las principales disminuciones en los valores de SPI (por
ejemplo, Barcelona, Huesca y Pamplona).
La evolucin de los episodios de sequa se ha analizado por medio de las serie de
los seis componentes principales obtenidos previamente. La figura 5 muestra los
promedios en duracin (en meses) y magnitud (en unidades SPI) de la sequa
observados en las regiones representadas por cada uno de los seis componentes
principales en tres periodos diferentes (1910-1940, 1940-1970 y 1970-2011). Las
reas representadas por el componente 1 han mostrado una mayor frecuencia de
episodios de sequa en el perodo de 1970 a 2011 (18) en relacin con las dcadas
anteriores: 4 y 6 para 1910-1940 y 1940-1970, respectivamente. Adems, la
duracin y magnitud media de los episodios de sequa ha sido mucho ms fuerte
entre 1970 y 2011 que en perodos anteriores. El componente 2 tambin muestra
una mayor frecuencia de episodios de sequa entre 1970 y 2011. No obstante, la
magnitud y la duracin media son similares a las observadas entre 1910 y 1940. En
esta regin (Norte de Espaa), el periodo entre 1970 y 2011 mostr episodios de
sequa caracterizados por una menor duracin y magnitud. El componente 3
muestra que, aunque el nmero de eventos de sequa fue similar en los perodos
1910-1940 y 1940-1970, la duracin media, la magnitud de las sequas y la
ocurrencia de eventos extremos de sequa fue mucho mayor entre 1940 y 1970.
Entre 1970 y 2011 se registraron solo tres episodios de sequa, con bajos promedios
de duracin y magnitud. En las reas representadas por el componente 4 (Meseta
norte), hay pocas diferencias en la duracin y magnitud de las sequas entre los tres
perodos analizados, aunque la mayor frecuencia y los eventos ms extremos se
registraron entre 1940 y 1970. En Catalua y la cuenca media del Ebro (componente
5) hay muy pocas diferencias en la duracin media y la magnitud de los eventos de
305
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sequa entre los tres periodos analizados. Sin embargo, hay un claro incremento en
la frecuencia de los episodios de sequa durante las ltimas dcadas (24 entre 1970
y 2011), aunque el evento sequa ms extrema, tanto en duracin y magnitud, se
registr entre 1910 y 1940. La regin sureste de Espaa (componente 6) tambin
muestra notables diferencias en la duracin media y la magnitud de los eventos de
sequa entre 1910 y 2011. La mayor frecuencia de eventos se registr entre 1910
y 1940, y ste periodo tambin mostr los episodios de sequa ms extremos en
esta regin.
Figura 3. Distribucin especial de las cargas factoriales correspondientes a los seis
componentes principales extrados.
4. DISCUSIN Y CONCLUSIONES
Los resultados de este captulo destacan la gran variabilidad espacial de las sequas
pluviomtricas en Espaa entre 1910 y 2011. De hecho, cada episodio de sequa
puede quedar restringido a zonas concretas sin que el conjunto de Espaa se vea
afectado. Con frecuencia se observan condiciones hmedas o incluso normales en
una regin, mientras que otra zona puede experimentar condiciones secas durante
306
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el mismo periodo. De hecho, algunas sequas pueden llegar a constituir episodios
eminentemente locales y, con la excepcin de los episodios ms intensos, que
pueden afectar a amplias zonas, suelen tener un carcter generalmente regional.
Adems, incluso los episodios de sequa ms severos no suelen afectar a la totalidad
de Espaa.
Figura 4. Distribucin espacial de la magnitud de cambio en los valores de SPI (en
unidades de SPI decada
-1
) entre tres periodos diferentes (1910-2011, 1940-2011 y
1970-2011).
Se han aislado seis patrones diferentes en la evolucin de las sequas mediante un
Anlisis de Componentes Principales. Cada patrn representa un rea distinta, que
muestra homogeneidad interna y con lmites bien definidos (suroeste, norte,
noroeste, meseta norte, noreste y sureste). Entre estas regiones, existen reas de
transicin, lo que introduce una mayor diversidad y complejidad espacial en el
comportamiento de la sequa y tambin una mayor incertidumbre en la evolucin
de la sequa en estas zonas de transicin que en los sectores bien definidos.
Este estudio pone de manifiesto que la frecuencia, duracin y magnitud de las sequas
han aumentado en los ltimos decenios en gran parte de Espaa considerando
exclusivamente los registros de precipitacin. Las series de SPI ponen de manifiesto un
descenso dominante en amplias zonas de Espaa (noreste, sur y centro), mostrando
episodios de sequa ms severos en las ltimas tres dcadas, caracterizados por una
mayor duracin y magnitud que en dcadas anteriores. Estas reas agrupan el mayor
porcentaje de superficie de Espaa, lo que indica que la gravedad de las sequas
pluviomtricas puede estar aumentando de forma promedio, aunque haya algunas
regiones en las que est descendiendo la severidad de las mismas.
307
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Figura 5. Duracin y magnitud de las sequas en tres periodos diferentes (1910-1940,
1940-1970 y 1970-2011) para cada uno de los seis componentes principales
seleccionados. Tringulos: 1910-1940, Cuadrados: 1940-1970, Crculos: 1970-2011.
Los smbolos representan la duracin y la magnitud media para cada unos de los dos
periodos. Las lneas gruesas indican los percentiles 25 y 75, mientras que las lneas
finas indican las duraciones y magnitudes mnimas y mximas. Los eventos de sequa
registrados en cada periodo se muestran con cifras.
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Adems, hay otro importante factor, que no se analiza en este estudio, y que
puede estar afectando a un agravamiento de la sequa en Espaa, pues el SPI
no tiene en cuenta otras variables que pueden influir en las sequas,
principalmente la demanda evaporativa por parte de la atmsfera. El efecto del
calentamiento como agravante del estrs hdrico se ha demostrado en
numerosos estudios recientes, que han analizado el impacto de la sequa sobre
la produccin primaria neta y la mortalidad de los bosques (p. ej., Anderegg et
al., 2012). El importante papel de las temperaturas en el agrvamiento de las
condiciones de sequa se hizo evidente en la devastadora ola de calor que afect a
amplias zonas de Europa en 2003, cuando unas temperaturas extremadamente
altas aumentaron drsticamente las tasas de evapotranspiracin, causando una
asimismo drstica reduccin de la produccin primaria neta (Ciais et al., 2005). Para
ilustrar cmo los procesos de calentamiento estn reforzando las sequas y los
correspondientes impactos ecolgicos en todo el mundo, Breshears et al. (2005)
enunciaron el trmino de sequa bajo condiciones de cambio climtico para referirse
al reforzamiento del estrs hdrico bajo condiciones de calentamiento global. En
este escenario, el incremento de la evapotranspiracin potencial en Espaa
(Vicente-Serrano et al., 2013) puede aumentar la aridez del clima, pues la
disponibilidad de agua en el suelo podra no satisfacer la demanda atmosfrica. Por
estas razones, parece adecuado plantear la utilizacin de otros ndices de sequa
ms robustos para analizar la evolucin de la sequa en Espaa, principalmente el
recientemente desarrollado ndice Estandarizado de Precipitacin y
Evapotranspiracin (SPEI) (Vicente-Serrano et al., 2010), que incluye el efecto de
la temperatura en las condiciones de sequa por medio de su influencia sobre la
demanda evaporativa de la atmsfera. Este ndice mejora la capacidad de los ndices
de sequa basados en datos de precipitacin al identificar y cuantificar los impactos
de las sequas en diferentes sistemas hidrolgicos y ecolgicos a escala global
(Vicente-Serrano et al., 2011 y 2012b).
AGRADECIMIENTOS
Me gustara agradecer a la Agencia Estatal de Meteorologa la aportacin de los
datos de precipitacin utilizados en este trabajo. Este trabajo ha sido posible gracias
a los proyectos de investigacin: CGL2011-27574-CO2-02 y CGL2011-27536,
financiados por la comisin espaola de Ciencia y Tecnologa y FEDER, Efecto de
los escenarios de cambio climtico sobre la hidrologa superficial y la gestin de
embalses del Pirineo Aragons, financiado por la Obra Social La Caixa y el
gobierno de Aragn e Influencia del cambio climtico en el turismo de nieve,
CTTP01/10, financiado por la Comisin de Trabajo de los Pirineos.
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CAPTULO 20
TENDENCIAS DE LA TEMPERATURA
Jos Antonio GUIJARRO
Agencia Estatal de Meteorologa (AEMET), Delegacin Territorial en Illes Balears
[email protected]
RESUMEN
Se han recopilado las temperaturas mximas y mnimas medias mensuales de todas
las estaciones de Espaa que tenan un mnimo de 10 aos de observacin en el
periodo 1951-2012, alcanzando un total de 2856 series, que se han homogeneizado
con el paquete de R Climatol. Se han calculado las tendencias de las series
homogeneizadas mediante regresin lineal con el tiempo, y se ha constatado que
las mayores tendencias positivas se dan en verano y primavera, aunque se observan
patrones diferentes segn las cuencas hidrogrficas, siendo las Islas Canarias las
que presentan mayores peculiaridades al ser all negativas las tendencias de las
temperaturas mximas medias. Se ha estudiado la distribucin geogrfica de las
tendencias, as como su dependencia con la altitud. Las tendencias ms altas se
observan en el tercio oriental de la pennsula Ibrica y en la cuenca del ro Tajo.
Palabras clave: homogeneizacin, series termomtricas espaolas, tendencias, DTR.
ABSTRACT
Mean maximum and minimum monthly temperatures have been collected for all
stations of Spain with at least 10 years of observations during the period 1951-
2012. 2856 series were compiled in total, which were homogenized with the R
package Climatol. Trends of the homogenized series were computed by linear
regression with time, whose greater positive values were obtained in summer and
spring, but with differing patterns in the main hydrological basins. Maximum
temperature trends were negative in the Canary Islands only. Geographical
distribution of trends and dependence with altitude have been studied, the higher
trends corresponding to the eastern third of Iberian peninsula and Tajo river basin.
Key words: homogenization, Spanish temperature series, trends, DTR.
1. INTRODUCCIN
En el actual contexto de preocupacin por las consecuencias del continuo aumento
313
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del CO
2
en la atmsfera, la variable climtica ms estudiada es la temperatura, puesto
que una consecuencia inmediata de una mayor concentracin de un gas transparente
a la radiacin de onda corta pero que absorbe una parte importante de la de onda larga
es un incremento en la energa retenida por la atmsfera (efecto invernadero), que
debe traducirse en un aumento de la temperatura media de nuestro planeta, si bien
este calentamiento puede variar bastante segn las reas geogrficas.
Las series termomtricas espaolas han sido ya objeto de estudio por diferentes
autores, tanto a nivel nacional (Brunet et al., 2007; Moratiel et al., 2010; del Ro et
al., 2011 y 2012) como focalizando la atencin en zonas concretas (Piol et al.,
1998; Serra et al., 2001; Morales et al., 2005; del Ro et al., 2005 y 2007; Martnez
et al., 2010; Homar et al., 2010; Moratiel et al., 2011; Martn et al., 2012). Pero la
heterogeneidad de estos estudios no se limita al rea de aplicacin, sino que
tambin difieren en la densidad de las estaciones y el periodo que abarcan las
series, as como en el control de calidad y homogeneidad aplicado a las mismas, lo
que dificulta la comparacin de sus resultados. Por este motivo, y porque de
cualquier modo las series se van alargando con el transcurso de los aos, se ha
optado aqu por actualizar el estudio de las series termomtricas espaolas,
abarcando un periodo comn y extendindolo a un gran nmero de estaciones de
observacin. A continuacin se expondr la metodologa empleada y se discutirn
las tendencias termomtricas observadas.
2. METODOLOGA
Con objeto de disponer de una amplia representatividad espacial, se han recopilado
todas las series de valores mensuales medios de temperatura mxima y mnima que
tuviesen un mnimo de 10 aos de observacin durante el periodo 1951-2012. El total
de series alcanz as un total de 2856, cuya distribucin desglosada segn las grandes
cuencas hidrogrficas puede verse en la tabla 1, al tiempo que su localizacin se
muestra en el mapa de la figura 1. El nmero total de datos mensuales ascendi a
934615 de mximas medias y 934615 de mnimas medias, aunque en la figura 2 se
observa que al principio del periodo estudiado se dispone de menos de 500 datos cada
mes, para acercarse progresivamente hasta casi 1500 hacia 1975-78 y, despus de un
ligero descenso, continuar aumentando hasta un mximo de unas 1800 observaciones
mensuales alrededor de 1995. Posteriormente se da un pronunciado descenso, hasta
alrededor de unas 1000 observaciones al mes al final del periodo.
Para el control de calidad, relleno de lagunas y homogeneizacin de las series
(correccin de saltos abruptos en la media debidos a cambios de instrumentacin
o de condiciones de observacin) se us el paquete de R Climatol V. 2.2 (Guijarro,
2013), aplicndolo de forma individual a cada cuenca hidrogrfica considerada. Este
programa est diseado para aprovechar toda la informacin climatolgica de la
zona estudiada, aun la procedente de series cortas, y es por esto por lo que se han
incluido series de hasta solo 10 aos de observacin, que obviamente no pueden
servir directamente para el clculo de tendencias representativas, pero s pueden
actuar como datos de referencia para las dems. En la tabla 1 puede verse tambin
desglosado por cuencas el nmero de datos anmalos rechazados y cortes
efectuados en las series para corregir los saltos detectados en la media. En trminos
relativos se han rechazado un 0,20% de temperaturas mximas medias y un 0,19%
314
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de mnimas, mientras que el nmero medio de cortes por serie estudiada ha sido
de 2,23 y 2,31 en mximas y mnimas respectivamente.
Figura 1. Situacin de las estaciones utilizadas de Canarias (izquierda), y Baleares y
cuencas hidrogrficas peninsulares (derecha).
Figura 2. Evolucin del nmero de datos mensuales a lo largo del periodo de estudio.
(Vlido tanto para las mximas como para las mnimas).
315
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3. RESULTADOS Y DISCUSIN
3.1 Variaciones de la temperatura media anual
En primer lugar vamos a estudiar cul ha sido la evolucin de las temperaturas a lo
largo del tiempo, promediando por cuencas las temperaturas medias anuales de
las series homogeneizadas y completadas, y aplicndoles una suavizacin mediante
una media mvil de 5 aos. La figura 3a nos muestra que la variabilidad de las
temperaturas mximas ha sido muy similar en trminos generales, con una
tendencia al aumento cuya principal excepcin consiste en el periodo de
enfriamiento que tiene lugar aproximadamente en la dcada 1965-1974. El
archipilago canario, por su situacin alejada del resto de Espaa y sujeto a un
clima diferenciado, es el que tiene el comportamiento ms discrepante, puesto que
presenta una tendencia general negativa, y el citado periodo de descenso se ve
acompaado por otro hacia 1980-90. Las mnimas, por su parte, muestran una
evolucin menos irregular, tanto a lo largo del tiempo como en el espacio, pues las
de Canarias siguen ahora la tnica general (figura 3b).
Figura 3. Evolucin temporal de las medias anuales de temperatura mxima (a),
mnima (b), media (c) y oscilacin termomtrica (d) en cada cuenca hidrogrfica.
316
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La figura 3c presenta las variaciones de la temperatura media, que obviamente
resultan intermedias entre las mximas y las mnimas, al estar calculadas como
semisuma de ambas, mientras que su diferencia da como resultado el rango
termomtrico diario medio (DTR en siglas de la terminologa inglesa), tambin
conocido como oscilacin termomtrica (figura 3d), cuya evolucin es la que
presenta ms disparidades entre las cuencas. As, en Canarias (cuenca C) se
observa una acusada disminucin entre 1983 y 1988 que se refleja nicamente en
algunas otras cuencas, pero mucho ms amortiguada. Por otra parte, la cuenca 4
(Guadiana) presenta un aumento sostenido de la oscilacin termomtrica desde el
inicio del periodo estudiado hasta 1982 que no aparece en las dems, cuyos
comportamientos muestran tendencias muy variadas, tanto de signo positivo como
negativo. Estas variaciones espaciales de la DTR merecern estudios posteriores
para evaluar sus posibles causas, entre las que se pueden encontrar variaciones de
la nubosidad, la humedad relativa, el viento y la urbanizacin del entorno de las
estaciones de medida (Karl et al., 1993).
Temp. mximas Temp. mnimas
Cuenca N de Datos N de Datos N de
estaciones anmalos cortes anmalos cortes
1 Norte 323 150 602 145 603
2 Duero 279 250 727 224 667
3 Tajo 232 146 552 131 513
4 Guadiana 271 225 658 184 645
5 Guadalquivir 264 221 548 209 556
6 Sur 104 55 214 82 262
7 Sureste 175 149 504 165 549
8 Levante 255 120 723 119 705
9 Ebro 588 414 1237 328 1323
0 Pirineo Oriental 174 109 284 140 378
B Baleares 48 13 84 26 100
C Canarias 143 45 248 62 307
TOTAL 2856 1897 6381 1815 6608
Tabla 1. Nmero de estaciones, datos rechazados y cortes efectuados en las series,
por cuencas hidrogrficas.
La variabilidad que presentan las temperaturas a lo largo del tiempo hace que las
tendencias observadas dependan de los aos usados para su cmputo, puesto que
pueden coincidir con fases de ascenso o descenso de oscilaciones de largo periodo
que sesgarn los resultados. En los 62 aos estudiados aqu se incluyen tanto la fase
de descenso termomtrico como el aumento posterior que pueden estar asociados
con las disminucin y recuperacin de la radiacin solar incidente observadas en las
317
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series (Snchez-Lorenzo et al., 2007), aunque en comparacin con la evolucin de
la radiacin solar, la de la temperatura presenta un retraso temporal de una dcada.
En cualquier caso, al quedar incluidas ambas fases de descenso y ascenso en el
periodo 1951-2012, sern estos 62 aos sobre los que calcularemos las tendencias,
que presumiblemente estarn menos sesgadas que si se adoptase algn otro
subperiodo como referencia para su determinacin.
3.2 Tendencias de la temperatura en los ltimos 62 aos
Una vez decidido el periodo base para el clculo de las tendencias se ha procedido
a obtenerlas mediante regresin lineal ajustada por mnimos cuadrados con la
variable temporal, por meses y por promedios anuales, a partir de las series
homogeneizadas, para lo que se ha usado la funcin de post-proceso que incorpora
el propio paquete Climatol. La figura 4 presenta las tendencias mensuales del
periodo 1951-2012 promediadas por cuencas, expresadas en C por siglo. Lo
primero que llama la atencin en las tendencias de las temperaturas mximas
medias (figura 4a) es la lnea correspondiente a Canarias, que es la nica con
valores negativos en todos los meses con excepcin de diciembre. Las tendencias
ms negativas, inferiores a 2C/siglo, se dan los meses de septiembre y octubre,
seguidas por las de mayo.
Figura 4. Tendencias mensuales de la temperatura mxima (a), mnima (b), media
(c) y oscilacin termomtrica (d) en cada cuenca hidrogrfica durante 1951-2012.
318
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En el resto de las cuencas las tendencias son casi siempre positivas, exceptuando
algunos valores poco significativos en septiembre, noviembre y diciembre, mientras
que las mximas tendencias se dan en verano y primavera, destacando las de los
meses de junio y agosto (ms de 4C/siglo en algunas cuencas), seguidas por las
de marzo, febrero y julio. En las cuencas atlnticas (5-Guadalquivir, 3-Tajo, 2-Duero
y 4-Guadiana) las tendencias de abril y mayo son casi tan bajas como las de los
meses comprendidos entre septiembre y enero, mientras que en las dems cuencas
son similares a las de febrero y marzo.
En lo que respecta a las tendencias de las temperaturas mnimas (figura 4b), los
patrones tienen cierta semejanza con los de las mximas, con una mayora de
tendencias positivas, mximos en junio y agosto, y valores poco significativos en
septiembre, noviembre y diciembre, pero estos patrones son ms diferentes de
unas cuencas a otras de lo que lo eran en el caso de las temperaturas mximas. La
lnea correspondiente a las Islas Canarias es muy similar a la de sus mximas, slo
que unos 3C/siglo mayores que stas, y por tanto todos los valores mensuales
presentan ahora tendencias positivas. Las cuencas orientales, principalmente las
de Levante (8) y Sureste (7), tienen las tendencias ms altas en los meses de
verano, mientras que en diciembre y enero descienden hasta valores poco
significativos. En cambio en otras cuencas no hay tanta diferencia entre las
tendencias de verano y las del resto del ao.
Nuevamente resulta innecesario comentar las tendencias de las temperaturas
medias (figura 4c), al ser intermedias entre las de las mximas y las mnimas, por
lo que pasaremos a discutir las tendencias de la oscilacin diaria de temperaturas
(figura 4d), que en general muestran las tendencias ms positivas en febrero, marzo
y junio. Las de Canarias son negativas todo el ao, con diferencia respecto al resto
de cuencas, y sin mostrar grandes variaciones de unos meses a otros. Exceptuando
estas islas, las tendencias de la DTR en las dems cuencas son bastante similares
los meses de noviembre a enero, mientras que entre junio y septiembre es donde
presentan ms disparidades, con valores mximos positivos en las cuencas Sur (6),
Pirineo Oriental (0) y Duero (2), y mnimos (la mayora negativos, sobre todo en
septiembre) en las de Levante (8), Sureste (7) y Tajo (3).
Martn et al. (2012) tambin encuentran una tendencia a la disminucin de la DTR
en la isla de Tenerife, calculada sobre un periodo de 67 aos (1944-2010), si bien
en las zonas ms elevadas esa tendencia no era significativa. En la tabla 2 se
presentan las tendencias de las temperaturas mximas y mnimas medias anuales
de cada cuenca y se analiza su dependencia con la altitud. Todas las tendencias
anuales son positivas excepto las mximas de Canarias. Adems, las tendencias de
las mximas son todas significativas a niveles de al menos 0,01, mientras que la
significacin de las tendencias de las temperaturas mnimas es ms variada, desde
altamente significativas en siete de las cuencas hasta no significativas en las del
Duero y Guadalquivir. En las Islas Canarias es donde la correlacin de estas
tendencias con la altitud es ms elevada, y de signo contrario para las tendencias
de las mximas (que disminuyen con la altura) y de las mnimas (aumentando con
ella), lo que indica un aumento de la tendencia de la DTR con la altitud (al contrario
de lo obtenido por Martn et al., 2012, para la isla de Tenerife). Sin embargo el caso
de Canarias es singular, como lo es su ubicacin geogrfica alejada de la pennsula
319
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Ibrica, y en casi todas las dems cuencas las tendencias de las mximas aumentan
con la altitud (se exceptan el Duero y el Ebro), mientras que las tendencias de las
mnimas presentan una dependencia muy variada con la altura, con igual nmero
de valores positivos que negativos.
Altitudes (m) Temp. mximas Temp. mnimas
Cu Mn. Mx. Dif. Tend. Sig. r Sig. Tend. Sig. r Sig.
1 1 1500 1499 1,44 *** 0,53 *** 0,67 * 0,04 -
2 116 1890 1774 1,49 ** -0,17 ** 0,37 - -0,08 -
3 220 1500 1280 1,94 *** 0,50 *** 2,06 *** -0,14 *
4 2 1020 1018 1,65 *** 0,66 *** 1,46 *** 0,47 ***
5 1 1592 1591 1,15 ** 0,17 ** 0,63 - 0,52 ***
6 2 1800 1798 2,59 *** 0,69 *** 0,77 * 0,45 ***
7 0 1350 1350 1,94 *** 0,33 *** 2,06 *** -0,61 ***
8 2 1730 1728 1,60 *** 0,64 *** 2,56 *** 0,14 *
9 4 2263 2259 2,42 *** -0,12 ** 2,10 *** -0,55 ***
0 0 1967 1967 2,96 *** 0,23 ** 1,70 *** -0,34 ***
B 2 1030 1028 1,39 *** 0,34 * 0,71 * -0,26 +
C 3 2367 2364 -1,07 ** -0,81 *** 1,80 *** 0,81 ***
Tabla 2. Altitudes de las estaciones de cada cuenca, tendencias de las temperaturas
mximas y mnimas medias anuales (en C/siglo), y coeficientes de correlacin (r)
con la altitud. Niveles de Significacin: 0 *** 0,001 ** 0,01 * 0,05 + 0,1 - 1.
Es de destacar que, individualmente, las tendencias anuales de las temperaturas
mximas y mnimas son positivas en todas las estaciones de la pennsula Ibrica y
Baleares, as como tambin son positivas todas las tendencias de las temperaturas
mnimas de Canarias, donde las tendencias de las mximas son, por el contrario,
negativas, tambin en todos los observatorios. Su distribucin espacial se muestra
en la figura 5, representando con crculos las tendencias positivas y tringulos
invertidos las negativas, con tamaos proporcionales al valor absoluto de las
tendencias en ambos casos. En Canarias las tendencias de las temperaturas
mximas son ms negativas en las islas occidentales, mientras que las mnimas son
ms positivas tambin cuanto ms hacia el oeste. En ambos casos se observa
tambin la influencia de la altitud en el aumento del valor absoluto de las
tendencias, como se ha comentado anteriormente.
Las tendencias en la pennsula Ibrica, tanto de las mximas como de las mnimas,
son mayores en el tercio oriental y la cuenca del Tajo. Tambin son elevadas las
Itendencias de las mximas en la cuenca Sur, pero en las Islas Baleares presentan
valores pequeos en ambos casos. No obstante, las fuertes discontinuidades de las
tendencias de unas cuencas a otras (ms visibles en las mnimas) no parecen estar
justificadas por las divisorias montaosas de las mismas, de modo que en futuros
trabajos ser conveniente no realizar la homogeneizacin y relleno de lagunas a
nivel de cuenca, sino conjuntamente para todo el territorio peninsular.
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4. CONCLUSIONES
La evolucin de las temperaturas de los ltimos 62 aos muestra una tendencia al
alza, si bien durante un periodo de unos 10 aos alrededor de 1970 se produjo una
fase de enfriamiento. En conjunto todas las temperaturas mximas tienen
tendencias positivas excepto en Canarias, donde son de signo negativo. Las
tendencias de las temperaturas mnimas son todas positivas, sin excepciones,
aunque en algunas cuencas son poco significativas.
Figura 5. Tendencias anuales de las temperaturas mximas (arriba) y mnimas (abajo)
medias durante el periodo 1951-2012, expresadas en C/siglo.
Las tendencias de las temperaturas mximas medias son especialmente altas en
verano y primavera, superndose en algunas cuencas los 4/siglo en junio y agosto.
En cambio las de Canarias son negativas en casi todos los meses.
Las temperaturas mnimas, con notables variaciones de unas cuencas a otras,
tambin presentan tendencias positivas especialmente significativas en junio y
agosto. En Canarias son positivas todo el ao, con los valores ms altos
concentrados desde diciembre hasta marzo.
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El patrn estacional de las tendencias de las oscilaciones diarias de la temperatura
es muy diverso en las cuencas estudiadas, destacando los valores negativos durante
todo el ao en Canarias.
Las tendencias de las mximas medias anuales estn positivamente correlacionadas
con la altitud en todas las cuencas excepto en Canarias, Duero y Ebro, donde la
relacin es inversa. La relacin de las tendencias de las mnimas con la altitud es
mucho ms variada, predominando las correlaciones positivas en las cuencas
atlnticas y las negativas en las mediterrneas.
En futuros trabajos ser aconsejable realizar la homogeneizacin de las series de
modo conjunto en lugar de por cuencas, para suavizar las fuertes discontinuidades
observadas en las divisorias de las mismas.
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CAPTULO 21
OLAS DE CALOR Y DE FRO EN ESPAA
Jos M. CUADRAT PRATS, Roberto SERRANO NOTIVOLI,
Ernesto TEJEDOR VARGAS
Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA) y Depto. Universidad de Zaragoza
[email protected], [email protected], [email protected]
RESUMEN
El presente trabajo describe los extremos de temperatura registrados en Espaa
desde el ao 1900 y analiza los principales episodios climticos de calor y fro. Se
detallan, asimismo, los patrones sinpticos que originan estas oleadas clidas y
fras, con sus consecuencias ms directas. Finalmente, se realiza el estudio de su
tendencia a partir de la frecuencia anual de das de calor extremo y das de fro
extremo, definidas respectivamente por el percentil 95% de la distribucin de las
temperaturas mximas diarias, y el percentil 5% de la serie de temperaturas
mnimas diarias de cuatro observatorios representativos del comportamiento
trmico de la pennsula Ibrica.
Palabras clave: Extremos de temperatura, olas de calor, olas de fro, tendencias
en Espaa.
ABSTRACT
This paper describes the temperature extremes recorded in Spain since 1900 and
analyzes the main episodes of heat and cold weather. It details also synoptic
patterns that cause heat waves and cold waves, with direct consequences. Finally,
the study describes a trend analysis from the annual frequency of extremely hot
days (EHD) and extremely cold days (ECD). An EHD has been defined as one in
which the maximum temperature exceeds the threshold of 95% of the distribution
of daily maximum temperatures; an ECD is defined as a day whose minimum
temperature is within the lowest 5% of the daily temperature series for each
observatory.
Key words: temperature extremes, cold waves, heat waves, trends in
Spain.
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1. INTRODUCCIN
Las olas de calor y de fro son episodios meteorolgicos que con frecuencia diversa
provocan una espordica alteracin del ritmo trmico normal, con efectos muy
negativos en la sociedad, la agricultura, la economa y el medio natural. En Espaa
es bien conocido que el umbral de los 40 C se rebasa casi todos los veranos en
muchos observatorios del sur peninsular, donde algunas jornadas llegan a ser
excepcionalmente calurosas. As, la localidad de cija, popularmente conocida como
la sartn de Andaluca, ha registrado en diversas ocasiones los 47 C; Sevilla,
Crdoba y Jan han alcanzado los 46 C; y es probable que se haya llegado a los
50 C en algn lugar de la cuenca del Guadalquivir. El calor sofocante de estos 40
C no es exclusivo de las tierras andaluzas, y aunque su presencia sea menor, no es
raro que se consigan y rebasen en Extremadura, Murcia y amplias zonas de la
Meseta o el Valle del Ebro. Incluso la temperatura mxima absoluta de Bilbao o
Santander ha superado este valor bajo situaciones atmosfricas del sur.
De igual modo, las olas de fro son otra constante del clima espaol. La visin turstica
desde Europa central o septentrional difiere sensiblemente de la realidad, y los
inviernos suaves solo son ciertos en el litoral peninsular o los archipilagos; por el
contrario, la continentalidad y la altitud de las tierras interiores favorecen la existencia
de registros francamente rigurosos. En la Meseta norte algunos observatorios han
padecido temperaturas inferiores a los -20 C, y an ms: -22 C en Burgos; -20,4
C en vila. Pero toda la Pennsula es susceptible de padecer das intensamente fros,
como prueban los -24 C registrados en Albacete; -21 C en Vitoria; o -28,2 C en
Molina de Aragn (Guadalajara); -30 C en Calamocha (Teruel). Y probablemente,
en las ms altas cimas del Pirineo hayan rozado alguna vez los -40 C. Por fortuna
no son valores habituales, pero no tienen nada tampoco de extraordinarios.
Estos eventos extremos son causantes de cuantiosas prdidas materiales y sobre
todo tienen un impacto inmediato en los seres humanos. Estudios recientes en
Estados Unidos han indicado que la mortalidad asociada a episodios de altas o bajas
temperaturas puede llegar a ser mayor que la provocada por inundaciones, tornados
o huracanes (Kunkel et al., 1999). Por citar un ejemplo, la ola de calor que azot
Europa en verano de 2003 caus, solo en Francia, ms de 14.000 muertos, segn
lInstitut National de la Sant (INSERM, 2003). En Espaa la situacin fue menos
alarmante, pero estas altas temperaturas son una de las causas principales de
fallecimientos relacionados con fenmenos meteorolgicos adversos, como han
subrayado, entre otros, Linares y Daz (2008) y Garca Herrera et al. (2005). En el
caso de las olas de fro las consecuencias pueden ser todava ms graves, aunque
no es fcil establecer la relacin causa-efecto debido a la accin retardada y
prolongada en el tiempo del impacto del fro (Daz et al., 2005).
En el contexto del actual calentamiento global se ha incrementado el esfuerzo
cientfico por conocer las caractersticas y evolucin de los extremos climticos. A
escala europea, Cony et al. (2008 y 2010) analizaron 7 estaciones de temperatura
espaolas entre las 135 utilizadas, y observaron un descenso de los das de fro
extremo desde el ao 1955 y un aumento en el nmero de das y noches clidas.
Los resultados coinciden en buena medida con los estudios precedentes de Klein-
Tank et al. (2002) en el marco del proyecto ECA&D, y con los trabajos de Moberg
et al. (2006) dentro del proyecto EMULATE. Idnticos resultados han obtenido para
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la pennsula Ibrica Mir et al. (2006), Brunet et al. (2007), Rodrguez Puebla et
al. (2008) y, ms recientemente, Sigr et al. (2012), a partir de series temporales
y observatorios distintos. En todos ellos, la tendencia ascendente es clara en el caso
de las olas de calor, pero el descenso de las olas de fro es menos evidente y parece
observarse un repunte de las mismas en los ltimos aos, segn sealan Yage et
al. (2006).
En el presente trabajo se hace una exposicin de los extremos absolutos de
temperatura en Espaa desde el ao 1900, se describen los principales oleadas de
fro y calor y se valoran las tendencias seguidas por estos eventos a partir del
examen de la frecuencia anual de das de fro y de calor extremo. Para ello, en
primer lugar se abordan estos episodios atmosfricos, sus caractersticas y
condiciones sinpticas; se analiza a continuacin su evolucin y tendencia; y se
presentan unas conclusiones finales.
2. DATOS Y METODOLOGA
La informacin climtica empleada ha sido los registros de temperatura mxima y
mnima diaria de las capitales provinciales espaolas disponible en la Base de Datos
Climatolgicos de la Agencia Estatal de Meteorologa (AEMET) a partir del ao 1900,
momento en el que comenzaron a normalizarse las observaciones. Con anterioridad
a esta fecha distintas estaciones meteorolgicas realizaron tambin mediciones,
pero no siempre son fiables porque no se sabe con exactitud si las observaciones
se efectuaban en condiciones adecuadas; por esta razn, se decidi prescindir de
ellas. Siguiendo este mismo criterio, tambin se han rechazado los datos de algunas
estaciones cuya informacin pareca muy dudosa. El resultado es una base de datos
muy amplia y representativa del conjunto del territorio espaol. Sin embargo, la
longitud de las series no es homognea: por ejemplo, la serie de Zaragoza empieza
en 1900, mientras la de San Sebastin se ha trabajado desde 1930; por este motivo,
un episodio rcord de calor o fro puede no estar registrado en todos los
observatorios.
Por lo que respecta al concepto de ola de calor y ola de fro, con sus extremos
trmicos, no hay un criterio uniforme para su definicin y vara segn autores y
estudios. Con mayor frecuencia se apoya en la consideracin de periodos trmicos
superiores o inferiores a un determinado umbral (Prieto et al., 2004; Daz et al.,
2005; Cony et al., 2008 y 2010), y este ha sido tambin el criterio que hemos
seguido. Se considera un Da de Calor Extremo (DCE) aquel en el que la
temperatura mxima supera el percentil 95% de la serie de temperaturas mximas
diarias de los meses de junio, julio y agosto; y Da de Fro Extremo (DFE) el definido
por el percentil 5% de la serie de temperaturas mnimas diarias de cada
observatorio de los meses de diciembre, enero y febrero; valores que tienen un
impacto intenso sobre la salud y sobre el medio, y pueden tomarse como
indicadores de la tendencia del clima. Para este anlisis se han utilizado los registros
de temperatura mxima y mnima diaria, limitados al periodo 1950-2010 por la
mayor continuidad de las medidas; y se han seleccionado cuatro observatorios que
permiten una representacin razonable del comportamiento trmico de la pennsula
Ibrica: Santander, Madrid, Sevilla y Barcelona. Los datos se han sometido a un
control de calidad y homogeneizacin aplicando el Standard Normal Homogeneity
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Test (Alexandersson y Moberg, 1997; Toreti et al., 2011) y el anlisis se desarroll
con el apoyo del software ProClim DB (www.climahom.eu/software-
solution/proclimdb).
3. OLAS DE CALOR
Las olas de calor son fenmenos de repentino e intenso incremento de las
temperaturas provocado por la invasin de una masa de aire clido que afecta a
superficies ms o menos extensas durante varios das. En la pennsula Ibrica tienen
su origen en la llegada de aire tropical, clido y seco, procedente del desierto del
Sahara, razn por la cual es frecuente la expresin invasin sahariana para aludir
a las jornadas de calor agobiante que afectan al sur de Europa. Como sealan Ayala
y Olcina (2002), a quienes seguimos en este apartado, su duracin es breve, puesto
que no suelen exceder los 3-5 das, afectan a un territorio amplio y las altas
temperaturas se acompaan de un descenso brusco de la humedad relativa.
OBSERVATORIO TC mn Fecha TC mx Fecha
Albacete (Los Llanos) -24,0 03/01/1971 45,5 31/08/1903
Alicante (Ciudad Jardn) -4,6 12/02/1956 41,4 04/07/1994
Almera Aeropuerto 0,1 27/01/2005 41,2 30/07/1981
vila -20,4 17/01/1945 37,6 24/07/1995
Badajoz Aeropuerto -7,2 28/01/2005 44,8 01/08/2003
Barcelona (Fabra) -10,0 11/02/1956 39,8 07/07/1982
Bilbao Aeropuerto -8,6 03/02/1963 42,0 26/07/1947
Burgos -22,0 03/01/1971 41,8 13/08/1987
Cdiz -1,0 11/02/1956 43,0 19/08/1982
Castelln de la Plana -7,3 11/02/1956 40,6 23/07/2009
Ceuta (Monte Hacho) -0,4 05/01/1941 40,2 30/07/2009
Ciudad Real -13,8 03/01/1971 44,2 23/07/1945
Crdoba Aeropuerto -8,2 28/01/2005 46,6 23/07/1995
Cuenca -17,8 03/01/1971 39,7 10/08/2012
Gerona Aeropuerto -13,0 09/01/1985 41,2 13/08/2003
Gran Canaria Aeropuerto 6,5 27/03/1954 44,2 13/07/1952
Granada Aeropuerto -14,2 16/01/1987 42,6 22/07/1995
Guadalajara (El Serranillo) -12,5 28/01/2009 43,5 10/08/2012
Huelva -3,2 28/01/2005 43,8 25/07/2004
Huesca (Monflorite) -13,2 12/02/1956 42,6 07/07/1982
Jan -8,0 11/02/1956 46,0 08/07/1939
Len Aeropuerto -17,4 13/01/1945 38,2 13/08/1987
Lleida -16,0 31/01/1947 42,8 07/07/1982
Logroo -16,0 30/12/1917 42,8 07/07/1982
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OBSERVATORIO TC mn Fecha TC mx Fecha
Madrid Aeropuerto -15,2 16/01/1945 42,2 24/07/1995
Mlaga Aeropuerto -3,8 04/02/1954 44,2 18/07/1978
Melilla 0,4 27/01/2005 41,8 06/07/1994
Murcia (Base Area) -6,0 21/12/1941 46,1 04/07/1994
Ourense (Diputacin) -8,6 25/12/2001 42,6 20/07/1990
Oviedo (La Cadellada) -10,0 17/01/1946 42,0 17/08/1943
Palencia -14,8 04/01/1971 40,0 19/07/1990
Palma de Mallorca -10,0 12/02/1956 41,4 25/07/2001
Pamplona Aeropuerto -16,2 12/01/1985 41,4 10/08/2012
Pontevedra -6,5 26/01/1919 40,0 14/06/1981
Salamanca Aeropuerto -20,0 05/02/1963 41,0 10/08/2012
San Sebastin -12,1 03/02/1956 38,6 04/08/2003
Santa Cruz de Tenerife 8,1 22/02/1926 42,6 12/07/1952
Santander -5,4 21/01/1957 40,2 17/08/1943
Santiago de Compostela -9,0 22/02/1948 39,4 20/07/1990
Segovia -17,0 06/01/1938 38,6 24/07/1995
Sevilla -5,5 12/02/1956 46,6 23/07/1995
Soria -15,0 17/12/1963 38,0 28/07/1951
Teruel -22,0 17/01/1945 40,2 10/08/2012
Toledo -14,4 18/01/1945 43,2 10/08/2012
Valencia -7,2 11/02/1956 43,0 27/08/2010
Valladolid -18,8 03/01/1971 40,2 19/07/1995
Vitoria Aerdromo -21,0 25/12/1962 39,8 26/07/1947
Zamora -13,4 16/01/1945 41,0 24/07/1995
Zaragoza -11,4 05/02/1963 43,1 22/07/2009
Tabla 1. Temperaturas mximas y mnimas registradas en las capitales espaolas
desde 1900. (Datos: AEMET).
Advecciones intensas de aire norteafricano pueden presentarse en cualquier
momento del ao, pero los meses de mayor riesgo son julio y agosto. Tampoco son
desconocidas en junio y septiembre, sin embargo, en ambos casos sus efectos no
son los mismos, pues la superficie del Sahara y la masa de aire en contacto con ella
estn menos calientes y las temperaturas sufren un ascenso menor. Cuando
aparecen en pleno verano, las temperaturas mximas diarias sobrepasan
generalmente los 35 C y alcanzan registros mucho ms altos; al mismo tiempo, las
temperaturas mnimas nocturnas descienden con dificultad por debajo de 20 C (el
considerado umbral del sueo, o lo que se denomina tambin noches tropicales),
lo que contribuye a incrementar el ambiente sofocante. Durante estas jornadas,
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desde media maana el calor es fuerte; a partir de medioda, bochornoso; por
la noche tarda en refrescar; y solo en la madrugada las temperaturas son
agradables.
Cuando dominan estas situaciones de entrada de aire tropical continental, el calor
se deja sentir con fuerza en el interior peninsular, pero en particular en el valle del
Guadalquivir, donde en diferentes ocasiones se han sobrepasado los 45 C, como
muestran los 47,1 C registrados en Montoro (Crdoba) el 1 de agosto de 2003, o
los 47,0 C medidos en Beas de Segura (Jan), el 15 de julio de 1978, al igual que
Hornachuelos (Crdoba) durante la invasin clida de julio de 1995. Valores
semejantes, pero de frecuencia menor, pueden observarse tambin en
Extremadura, Castilla-La Mancha o Murcia, y a veces en tierras levantinas, interior
de la cuenca del Ebro o algunos lugares de Galicia. Ejemplos no faltan: 47,0 C se
han registrado en Bohonal de Ibor, Cceres (24 julio de 1995); 47,0 C en Vianos,
Albacete (16 julio de 1978); 46,0 C en Xtiva, en Valencia (27 julio de 2003); 45,0
C en Puigverd, Lleida (6 julio de 1982).
Aunque la situacin atmosfrica ms general de ola de calor la origina el aire
sahariano, en tierras levantinas y del sureste de Espaa las llamadas ponentadas o
vientos de poniente muy recalentados, afectados por un proceso fohn, llegan a
provocar durante unas horas o una jornada sbitos rcords de temperatura mxima
en la costa levantina. Y lo mismo ocurre en la costa vasca con vientos de componente
sur y en la costa pontevedresa con advecciones de aire del este. En el caso de las Islas
Canarias las situaciones de fuerte calor se conocen con el nombre popular de tiempo
sur (por su antagonismo a los vientos dominantes del NE), cuyo origen en realidad
es la llegada de vientos del este o sureste que favorecen la invasin de aire sahariano
al archipilago, alterando la habitual suavidad canaria del rgimen de los alisios. Esta
situacin causa un ascenso generalizado de la temperatura, superior en ocasiones a
40 C, un aumento de las horas de sol en los sectores habitualmente cubiertos por
el mar de nubes y la reduccin de la visibilidad por el polvo sahariano en suspensin
en la atmsfera. Son jornadas sofocantes, con sensacin de agobio por la espesa
calima, cuya duracin media en verano ronda los cinco das.
En funcin de su intensidad y permanencia, los efectos de estos extremos de calor
pueden ser catastrficos. Algunas producciones agrarias, como los frutales o el
viedo, que no soportan las altas temperaturas y la deshidratacin prolongada,
padecen mermas considerables. Los cultivos no llegan a extraer del suelo el agua
que necesitan para restituir las prdidas por evapotranspiracin, y los frutos por su
alto contenido en agua resultan literalmente quemados; y si estn en periodo de
floracin, el trauma fisiolgico que soportan impide la adecuada polinizacin y
fructificacin. Al igual que los cultivos, la ganadera estabulada o la silvicultura llegan
a sufrir prdidas irreparables. El bosque se debilita y es ms vulnerable a las
enfermedades y ataques de insectos. La falta de agua favorece igualmente los
incendios forestales, que llegan a ser particularmente violentos, con graves
consecuencias tambin para los ecosistemas. El dao econmico que se deriva del
fenmeno puede ser muy elevado. A modo de ejemplo, en la ola de calor de 2003,
segn la Confederacin de Cooperativas Agrarias de la Unin Europea, COPA-
COGECA, los daos a la agricultura y a los bosques en Espaa ascendieron ese ao
a 810 millones de euros.
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En el organismo humano los efectos de la cancula son variados y de diversa
naturaleza; los ms importantes son las hipertermias y deshidrataciones, que pueden
provocar la muerte si no se tratan a tiempo. Es cierto que la relacin clima-mortalidad
vara en funcin de la localizacin geogrfica (existe una temperatura mxima diaria
a partir de la cual se observa un incremento acusado de la mortalidad: para el caso
de Madrid, por ejemplo, la temperatura umbral es de 36,5 C; 41 C para Sevilla) y
el impacto est a la vez condicionado por factores demogrficos y socioculturales que
pueden ampliar o minimizar sus secuelas; pero es evidente el dao de las elevadas
temperaturas en la salud, sobre todo en las regiones templadas, donde el organismo
debe forzar su capacidad termorreguladora. En el caso de la catastrfica ola de calor
que afect a Europa el verano de 2003, las consecuencias fueron fatales,
especialmente para la poblacin de ms edad. En Espaa ocasion 5.440
fallecimientos (Garca Palomares y Alberdi, 2005); en Madrid hubo 1.273 muertos
ms que en 2002; en Barcelona aumentaron un 60% los fallecimientos entre el 1 de
julio y el 15 de agosto, y en Sevilla el 100% entre el 8 y el 18 de agosto en
comparacin al ao anterior (Trejo et al., 2005).
3.1 Olas de calor extraordinarias
Desde que se efectan observaciones sistemticas, Espaa ha registrado buen
nmero de olas de calor, algunas de ellas de intensidad e impacto excepcionales.
En el siglo XIX hay anotaciones de temperaturas muy altas cuya fiabilidad es
dudosa; a partir de 1900, con datos ms normalizados y progresivo incremento de
observatorios, se tiene constancia de episodios clidos notables los aos 1933,
1935, 1943, 1947, 1957, 1982, 1995, 2003, 2009 y 2012. De varios de ellos,
repasamos sus caractersticas.
3.1.a Episodio clido de 1982
En julio y agosto de este ao la llegada de aire clido africano dio lugar a fuertes
ascensos trmicos, con varios momentos de calor agobiante que fueron
especialmente intensos en el norte peninsular. Durante los das 6, 7, 8 y 9 de julio
en la depresin del Ebro, meseta septentrional y rea mediterrnea se batieron
rcords de temperatura mxima y se superaron los 40 C en buen nmero de
observatorios: 42 C en Logroo; 41 C en Zaragoza; 39,8 C en Barcelona. El calor
sofocante, con valores rcord de temperatura mxima, muchos de ellos an
vigentes, fue la nota destacable del verano.
3.1.b Episodio clido de 1995
La ola de calor se concentr entre los das 18 al 25 de julio y afect a buena parte
de la Pennsula y las Islas Canarias. En el interior de Andaluca, sur de Castilla-La
Mancha y Extremadura se alcanzaron los 45 C en muchos observatorios (46,6 C
en Sevilla; 44,6 C en Badajoz; 42,2 C en Madrid). En la costa mediterrnea no se
lleg a estos valores, pero el ambiente tambin fue abrasador por la situacin de
bochorno y las temperaturas mnimas superiores a 20 C.
3.1.c Episodio clido de 2003
La ola de calor del verano de 2003 fue en muchas regiones una de los ms clidas
y secas desde que se tienen registros climticos. Afect ampliamente a Espaa y
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buena parte de Europa, donde por su impacto negativo ha sido considerada una de
las diez catstrofes naturales ms graves de los ltimos cien aos. El calor fue
excepcional no solo por sus temperaturas superiores a lo normal, tanto mximas
como mnimas, sino tambin por su persistencia, prcticamente sin solucin de
continuidad desde primeros de junio hasta finales de agosto.
Figura 1. Temperatura mxima diaria durante tres oleadas clidas en Madrid y Sevilla.
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Figura 2. Temperatura ( C) en el nivel de 850 hPa del da 31 de julio de 2003.
(Reanlisis NCEP/NCAR).
Casi desde mayo, una potente dorsal del anticicln de las Azores se desplaz hacia el
norte y una masa de aire clido y seco, tanto en superficie como en altura, ocup gran
parte de Europa y el Mediterrneo. La situacin anticiclnica persistente hizo que las
temperaturas mximas diurnas alcanzaran rcords sin precedentes en las series
histricas europeas (43 C registr Lisboa; 39,3 C Pars; 37,2 C Viena), las mnimas
nocturnas llegaron a valores insospechados (27,6 C en Weinbiet, Alemania), las
condiciones de sequedad fomentaron los incendios forestales y en los centros
hospitalarios se dispararon los ingresos de poblacin enferma.
En Espaa el periodo de calor ms intenso se dio entre el 27 de julio y el 14 de
agosto, durante el cual la temperatura media de las mximas se mantuvo entre 35
y 36 C. En Montoro (Crdoba) se midieron 47,1 C y valores por encima de 45 C
se alcanzaron en gran nmero de localidades. Las consecuencias son conocidas:
supuso la cada de la produccin agrcola ms importante desde que el Ministerio
tiene estadsticas fiables y, sobre todo, afect a la salud de las personas
incrementado notablemente la mortalidad.
4. OLAS DE FRO
En definicin de la Organizacin Meteorolgica Mundial, la ola de fro es un fuerte
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enfriamiento del aire (helada de irradiacin) o una invasin de aire muy fro (helada
de adveccin), con frecuencia acompaada de nevadas abundantes, que se
extiende sobre un amplio territorio.
Acompaando a las bajas temperaturas de invierno, muchos aos, principalmente
de diciembre a febrero, varias oleadas de aire fro procedentes de las regiones
rticas y polares alcanzan con mayor o menor extensin la pennsula Ibrica y
hacen descender el termmetro muy por debajo de 0 C. Estas invasiones, de
honda trascendencia para la vida y las actividades econmicas, estn asociadas
a los grandes anticiclones fros y secos del norte de Europa y a la presencia de
bajas presiones en el Mediterrneo occidental que voltean masas de aire heladas,
de naturaleza y propiedades distintas segn la posicin relativa de estos
anticiclones.
El fro riguroso que provocan tales situaciones afecta con similares caractersticas
a casi toda la Pennsula y Baleares, pero son sobre todo las continentales tierras
interiores y las reas de montaa las ms susceptibles de padecer das
intensamente glidos. En la meseta norte, donde la altitud juega asimismo un
papel importante, muchos observatorios han registrado temperaturas de -15 C
y hasta de ms de -20 C, como indican los -22 C de Burgos o los -20,4 C de
vila. Pero la crudeza de estos cifras no es muy diferente de la que podemos
encontrar en la meseta sur (Albacete -24 C), en las hoyas intrabticas (Granada
-14,2 C), en la cuenca del Ebro (Vitoria -21 C) o en el entorno del alto ro Jiloca
y cabecera del Tajo, calificado como el polo del fro de Espaa, en donde la
localidad de Calamocha registr -30 C el ao 1963, considerado el record de
nuestro pas, si exceptuamos los -32 C del lago Estany Gento, a 2140 m, en el
Pirineo central.
Tras la invasin de una masa de aire muy fra, las bajas temperaturas pueden
permanecer durante varias jornadas cuando se instalan en la Pennsula anticiclones
invernales, que crean condiciones de fuertes heladas de irradiacin nocturna y
nieblas intensas y persistentes. Con estas condiciones las temperaturas mantienen
valores muy negativos durante varios das, la insolacin es muy dbil y las mximas
diarias apenas superan los 0 C. As, las olas de fro no son solo rigurosas por sus
efectos, sino tambin por su duracin; y esta ltima quiz sea la causa de que la
crudeza del fro adquiera su valor mximo.
Las olas de fro tienen honda repercusin negativa en amplios sectores, superior
al impacto que generan las olas de calor: problemas en las infraestructuras,
mayor contaminacin urbana, fuerte consumo de energa, desarrollo de
patologas especficas, prdidas en el sector agrario, son algunas de las
consecuencias. En la agricultura, los daos varan en funcin de la poca del ao
y los cultivos practicados. En las regiones de cultivos termfilos, como son las
tierras levantinas y el sur espaol, la invasin de estas masas de aire tan fras
adquiere carcter desastroso. Los frutales se hielan en grandes extensiones; los
cultivos hortcolas fuera de estacin, se pierden; e incluso rboles ms
resistentes, como el almendro y el olivo, sufren daos graves. Aparte de no dar
fruto aquel ao, las fuertes heladas provocan la muerte del rbol o severas
heridas que tardan en cicatrizar. La conmocin es general y las prdidas
econmicas notables.
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Figura 3. Temperatura mnima diaria durante tres oleadas fras en Madrid.
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Sobre la salud los efectos del fro son ms severos que los provocados por el exceso
de calor, pero menos inmediatos. El impacto de las bajas temperaturas sobre el
organismo humano es menos intenso y ms a largo plazo, por lo que resulta ms
complicado establecer la relacin causa-efecto. De forma anloga al umbral de calor,
existe una temperatura mxima diaria por debajo de la cual se dispara la mortalidad
que, segn Daz et al. (2005), oscila entre los 2,7 C de vila y los 15 C de Alicante.
4.1 Olas de fro extraordinarias
De todas las invasiones fras, las ms rigurosas y temibles son las de aire rtico y
aire polar continental, sobre todo cuando se demoran en su acometida y se
presentan a finales de invierno, hecho ste que no es frecuente pero s probable.
Las advecciones fras de aire polar martimo constituyen un hecho bastante normal
y de consecuencias menos graves. Desde 1900 existe constancia de fros notables
los aos 1901, 1914, 1917, 1926, 1937, 1945, 1956, 1963, 1971, 1985, 2001 y
2005; algunos de ellos muy rigurosos, como los que comentamos.
Figura 4. Temperatura ( C) en el nivel de 850 hPa del da 11 de febrero de 1956.
(Reanlisis NCEP/NCAR).
4.1.a Episodio fro de 1985
Tuvo lugar entre el 5 y el 16 de enero debido a la presencia de un anticicln de
bloqueo sobre las Islas Britnicas y una baja presin en el Mediterrneo occidental
que favorecan la llegada de vientos siberianos a la Pennsula. En los das ms
crudos, las mximas de muchos observatorios del norte de Espaa se mantuvieron
por debajo de 0 C y las mnimas fueron inferiores a -10 C en varias capitales
provinciales: -16,2 C en Pamplona; -13 C en Soria; -16 C en vila.
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4.1.b Episodio fro de 1970-1971
El invierno de 1970-1971 fue muy largo y fro y las nevadas abundantes. Durante
la segunda quincena del mes de diciembre de 1970 empezaron a batirse rcords en
muchos observatorios de Espaa; las bajas temperaturas continuaron en enero de
1971 y regresaron en marzo, tras una tregua en febrero. El momento ms fro se
concentr en plenas navidades. Durante esos das las temperaturas mximas
superaron con dificultad los 0 C y las mnimas sobrepasaron ampliamente los -15
C en el interior y norte peninsular: -24 C en Albacete; -18,8 C en Valladolid; -19
C en Viella (Lrida). En los das que dur la invasin de aire polar continental el fro
adquiri un rigor jams conocido; no en vano esta oleada fue considerada entonces
por su intensidad como el fro del siglo; apreciacin que sigue siendo muy vlida
hoy en da en muchas zonas de Castilla y Len.
4.1.c Episodio fro de 1956
Febrero del ao 1956 fue un mes excepcional por las temperaturas mnimas que se
registraron, las nevadas que llegaron a caer y la duracin del intenso frio, sin
precedentes desde que se miden temperaturas en los observatorios. A principios de
mes un potente anticicln situado en el norte de Escocia arrastr aire glido de las
regiones rticas hacia el sur de Europa; la masa de aire desbord los Pirineos y
entr bruscamente en la Pennsula donde las temperaturas descendieron hasta
lmites insospechados: -12,1 C midi San Sebastin; -10 C Barcelona; -10 C
Madrid; -7,2 C Valencia; -5,5 C Sevilla. Las nicas capitales en las que no lleg a
helar, aparte del archipilago canario, fueron Mlaga (1 C) y Almera (1,2 C). La
importancia de este episodio fue su persistencia y su reincidencia a lo largo de todo
el mes, con nevadas consecutivas y fuertes heladas que dificultaron las
comunicaciones y afectaron gravemente a los cultivos. En Catalua pasara a ser
recordado como lany que el fred va matar les oliveres (el ao que el fro mat
los olivos).
5. TENDENCIA DE LAS OLAS DE CALOR Y DE FRO
Las proyecciones sobre calentamiento global indican que en el sur de Europa las
olas de calor sern cada vez ms frecuentes y severas, mientras las olas de fro
tendern a descender. Esta es la tendencia que ha seguido el clima de Europa a lo
largo del siglo XX (Cony et al., 2010), y la misma evolucin parece observarse en
Espaa, con algunas caractersticas particulares. Para su anlisis se han utilizado los
datos de temperatura mxima y temperatura mnima diaria, desde el ao 1950, de
cuatro observatorios que permiten una representacin razonable del
comportamiento trmico de la pennsula Ibrica: Santander, Madrid, Sevilla y
Barcelona.
En el caso de las olas de calor, el criterio seguido para su definicin ha sido
establecer una temperatura umbral que permita identificar los das ms calurosos,
los denominados das de calor extremo (DCE). En este caso se ha definido como
DCE aquel en el que la temperatura mxima supera el umbral del 95% de la
distribucin de las temperaturas mximas diarias para los meses de junio, julio y
agosto de cada observatorio. Los resultados obtenidos permiten destacar varios
hechos: el primero de ellos es la alta variabilidad en la frecuencia anual de los das
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extremadamente calurosos, con valores que oscilan entre 40 y ms DCE por ao y
prctica ausencia de ellos algunos aos. Y el segundo es la tendencia al aumento
en estos ltimos aos, siendo especialmente ms numerosas las olas de calor en
los noventa y en los aos recientes. Este es un hecho en el que coinciden la mayora
de los estudios publicados y refuerza la idea del incremento de las temperaturas que
est experimentando la regin mediterrnea. En cuanto a lo que podra ocurrir en
el futuro, en reciente trabajo de Fischer y Schr (2010), las proyecciones climticas
para la pennsula Ibrica estiman que los das de olas de calor se incrementarn de
una media de dos en el periodo 1961-1990 a una media de trece das entre 2021
y 2050, y hasta 40 das si el escenario es 2071-2100; y aaden que los episodios
de calor tendrn mayor duracin.
Figura 5. Frecuencia de das de calor extremo (DCE) y su tendencia desde 1950 en
cuatro observatorios.
En el caso de las olas de fro el criterio empleado ha sido tambin establecer una
temperatura umbral que permita identificar los das ms fros, los denominados das
de fro extremo (DFE). En este caso, DFE es el definido por el percentil 5% de la
serie de temperaturas mnimas diarias de cada observatorio de los meses de
diciembre, enero y febrero. Los resultados muestran asimismo acusada variabilidad
en la frecuencia anual de los das muy fros; sin embargo, la tendencia muestra
diferencias territoriales significativas: en Barcelona y Sevilla la tendencia es
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descendente, pero presenta sentido contrario en Madrid y Santander. Estas
diferencias territoriales coinciden en buena medida con los trabajos de Snchez et
al. (2004) y Cony et al. (2008) para las regiones europeas. En ambos casos se
concluye que las olas de fro disminuirn en el noreste peninsular, pero aumentarn
en la meseta y norte de Espaa. Respecto a la modelizacin del clima que realizan
estos autores, indica un cierto descenso de las olas de fro, pero con tendencias
estadsticas muy poco significativas.
Figura 6. Frecuencia de das de fro extremo (DFE) y su tendencia desde 1950 en
cuatro observatorios.
6. COMENTARIOS FINALES
En Espaa las olas de calor y las olas de fro constituyen riesgos meteorolgicos
habituales y frecuentes, de consecuencias en ocasiones muy negativas. Todos los
aos existe la posibilidad de que durante varios das masas de aire clidas
procedentes del desierto del Shara o perturbaciones fras llegadas de zonas polares
provoquen episodios trmicos excepcionales de enorme repercusin para la salud,
la economa o el medio natural. En verano, el umbral de los 40 C se supera casi
todos los aos en el sur de la Pennsula y en invierno el rigor del fro se deja sentir
con temperaturas inferiores a -20 en tierras del centro y norte de Espaa. En
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estos ltimos aos, adems, existe un incremento generalizado de las olas de calor,
y seguirn aumentando segn predicen los modelos climticos. Las olas de fro
parecen descender, pero no muestran una tendencia tan significativa. En este
contexto, y por los riesgos que comportan, sera necesario conocer con detalle su
evolucin y escenarios futuros para considerar los posibles efectos y reducir la
incertidumbre que acompaa la presencia de estos extremos trmicos.
AGRADECIMIENTOS
Este estudio se ha realizado en el marco del proyecto de investigacin CGL2011-
28255, financiado por la CICYT y el FEDER; y el programa de Grupos de
Investigacin Consolidados Grupo Clima, Agua y Cambio Global del Gobierno de
Aragn y Fondo Social Europeo.
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III. ASPECTO BIOMETEOROLGICO
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CAPTULO 22
CONDICIONES METEOROLGICAS Y SALUD HUMANA
Pablo FERNNEZ DE ARRYABE HERNEZ
Depto. de Geografa, Urbanismo y Ordenacin del Territorio
Vicepresidente de la Asociacin Internacional de Biometeorologa
Universidad de Cantabria
[email protected]
RESUMEN
La primera parte del captulo se centra en la descripcin de algunas de las relaciones
existentes entre las variables atmosfricas y la salud humana. En segundo lugar, se
realiza una breve presentacin de algunos conceptos tericos clave en el desarrollo
de los estudios biometeorolgicos. En tercer trmino, se ofrecen algunos ejemplos
de Sistemas de Alerta Biometeorolgicos (SAB) que se encuentran activos o en fase
de desarrollo para concluir con una serie de recomendaciones de cara al diseo y
desarrollo futuro de este tipo de servicios climticos.
Palabras clave: SAB, Servicios Climticos, eutrs, distrs, iones.
ABSTRACT
The first section of this chapter is focused on describing some interactions
between atmospheric variables and humans health. Secondly, it is presented
a brief review on the main theoretical concepts traditionally used by researchers
for the development of biometeorological studies. Then, some examples of
active Biometeorological Warning Systems (BWS) are given to finally conclude
with a list of recommendations for future design and development these climatic
services.
Key words: BMS, Climatic Services, eustress, distress, ions.
1. INTRODUCCIN
Resulta necesario comenzar este documento aludiendo a la necesaria diferenciacin
entre los conceptos de clima y tiempo atmosfrico. Mientras el primero se
corresponde, segn la Organizacin Meteorolgica Mundial (OMM) con el estado
medio de la atmsfera en un lugar dado del planeta durante un periodo aproximado
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de 30-40 aos, el segundo alude a la situacin de la atmsfera en ese mismo
lugar, en un da como hoy o su estado a muy pocos das vista. Es importante
sealar que este artculo se centra en cmo el tiempo atmosfrico puede afectar
a la salud de las personas, quedando fuera del mismo todos los interesantes
aspectos relativos al cambio climtico y su impacto en la salud.
Son abundantes los refranes que aluden a la relacin entre las condiciones
meteorolgicas y la salud humana. Estos refranes representan la experiencia
acumulada por las personas a lo largo de los aos (Fdez-Arryabe, 1999) y
tienen implcito en su enunciado considerable conocimiento emprico. Las
condiciones meteorolgicas son parte activa de los ciclos naturales y afectan a
los procesos fsicos, qumicos y biolgicos tanto activndolos y acelerndolos
como ralentizndolos o paralizndolos. Uno de los principales objetivos de este
artculo consiste en mostrar algunos ejemplos relevantes de la interaccin
existente entre las condiciones atmosfricas y la salud humana hasta el punto
de poder generar riesgos para el bienestar fsico y mental.
2. LAS VARIABLES ATMOSFRICAS Y LA SALUD
2.1 La temperatura
Es quiz junto con la lluvia, la variable meteorolgica a la que ms atencin le
presta el ciudadano. El aumento de la temperatura ambiental conlleva una
mayor sudoracin y una mayor frecuencia cardaca, asociada a la dilatacin de
los vasos sanguneos perifricos. Se produce entonces una prdida de calor por
irradiacin. Por el contrario un descenso de la temperatura ambiental supone un
aumento de fibrilacin muscular para generar calor y una vasoconstriccin con
el fin de reducir la prdida de calor interno a travs de la piel (Cmara, 2006).
La temperatura, en sus registros extremos, puede transformarse en un factor de
riesgo para la salud de las personas. Cuando el valor extremo se debe a una
elevada temperatura podemos encontrar una gran diversidad de situaciones de
riesgo. Una de ellas, el golpe de calor, supone un incremento de la temperatura
corporal por encima de 40 C lo que habitualmente va acompaado de fallos
orgnicos mltiples que pueden provocar la muerte del individuo. Suele afectar
a individuos jvenes que realizan prcticas deportivas en ambientes muy clidos
y a personas ancianas con patologas crnicas que se ven expuestas a un calor
muy intenso (Pieiro et al., 2004). De similar gravedad, en este caso por el
elevado nmero de personas a las que afecta, pueden ser las olas de calor
entendidas como una serie de das consecutivos en los que las temperaturas
son anormalmente elevadas. Los valores crticos de temperatura varan en
funcin los organismos e instituciones consultadas (OMM, Servicios
Meteorolgicos Nacionales, Autonmicos) y de las caractersticas climticas
de cada pas y regin. Han sido muchas las publicaciones cientficas sobre este
tema, que es objeto de un captulo especfico en este libro. De menor gravedad,
pero tambin asociados a una larga exposicin a elevadas temperaturas, son el
sncope por calor, en donde se produce una breve prdida de consciencia del
individuo, con un cuadro de deshidratacin que puede ser grave si no se acta
adecuadamente y el agotamiento por calor en donde las sensaciones de mareo
y de debilidad son habituales.
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En definitiva, algunos eventos poco frecuentes como el golpe de calor o la ola
de calor suponen un alto riesgo la salud de las personas. Por contra, otro tipo
de afecciones vinculadas directamente con las temperaturas elevadas extremas
como el sncope o el agotamiento por calor, quemaduras, dermatitis,
calambres aun siendo ms habituales, suponen un impacto menor para la
salud del individuo.
El fro extremo produce de forma directa casos de hipotermias y congelaciones
y un mayor nmero de fracturas de huesos debido a la existencia de hielo en las
calles y supone tambin una forma de estrs trmico que, indirectamente,
afecta a los sistemas respiratorio y circulatorio del cuerpo humano.
El fro intenso implica la contraccin de los vasos sanguneos y el cambio de la
composicin de la sangre, lo que lleva a un mayor esfuerzo al corazn y
posibilita la formacin de cogulos sanguneos. Las bajas temperaturas traen
consigo los habituales resfriados y el catarro comn, las faringitis, las bronquitis
y las amigdalitis, as como la proliferacin de virus y bacterias que propician el
desarrollo de infecciones respiratorias agudas (IRA) como las neumonas o la
gripe, siendo esta ltima en aos recientes motivo de gran alerta social.
En las zonas urbanas de Gales e Inglaterra, la temperatura diaria anormalmente
baja ha sido asociada con un mayor riesgo de sufrir un infarto de miocardio
(Basharan et al., 2010). Las personas ms vulnerables son las ancianas y
aquellas con alguna patologa coronaria previa.
Algunos autores han constatado un mayor nmero de infartos tras las grandes
nevadas en el Este de EE.UU., hecho que asociado al ejercicio intenso realizado
por la retirada de la nieve cada por personas de cierta edad con hbitos
sedentarios podra explicar la observacin. Como vemos, la complejidad de las
circunstancias que desencadenan un riesgo sanitario puede ser mltiple.
A pesar del reconocido efecto del calor extremo sobre la morbilidad y la
mortalidad, es necesario recordar que durante las estaciones fras la mortalidad
resulta mucho ms elevada que en los periodos clidos.
2.2 La humedad atmosfrica
El contenido de vapor de agua del aire tiene una importante relacin con los
estados de salud. Un buen ejemplo es la relacin que este meteoro tiene con las
enfermedades respiratorias y las alergias.
El asma alrgica por caros, tradicionalmente conocida como alergia al polvo, y
la rinitis aparecen en Espaa en otoo normalmente. Segn la Sociedad
Espaola de Alergologa e Inmunologa Clnica (SEAIC), las condiciones
meteorolgicas ptimas para el desarrollo de los caros se dan con una
temperatura entre los 20 C y 25 C y con una humedad relativa del 75 %.
Cuando la humedad desciende en torno al 65% es ms difcil encontrar
poblaciones de caros, que desaparecen cuando este porcentaje est por debajo
del 45 %. Al ser la elevada humedad un factor clave, tendr una mayor
incidencia en la costa que en el interior.
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Por el contrario, las alergias a los plenes de gramneas poseen una distribucin
espacial en la Pennsula Ibrica opuesta. Los mayores niveles de concentracin
se registran habitualmente en el interior y los valores mnimos en la costa. En
esta ocasin la existencia de una humedad relativa elevada puede desempear
un papel beneficioso dado que cuando el grano de polen se carga de humedad,
aumenta su peso y su dispersin espacial resulta ms difcil.
La aparicin de este tipo de alergias responde habitualmente a los periodos de
polinizacin de los rboles, plantas y arbustos por lo que, en trminos
generales, el volumen de precipitacin registrado en los meses de invierno
previos es un indicador importante del impacto futuro de la afeccin. Algunos
servicios meteorolgicos ya proporcionan informacin al ciudadano de este tipo
de riesgo.
2.3 La presin atmosfrica
Los cambios bruscos de presin atmosfrica se encuentran en el origen de
algunas cefaleas, dolores de cabeza y migraas. Un estudio prospectivo
elaborado por Jehle and Moscati en 1994, en el que durante 10 aos se estudi
a 257.000 hombres entre 25 y 64 aos, detect una relacin en forma de V
entre la presin atmosfrica y la tasa de episodios coronarios. Landers et al.
(1997) encontraron una asociacin clara entre el comienzo de los sntomas
indicativos de un aneurisma intracraneal y un cambio en la presin media de
ms de 10 hPa el da previo al inicio de los sntomas.
En otro estudio (Scott et al., 1989) basado en un anlisis retrospectivo de 5
aos de ingresos por neumotrax espontneo, observaron que hasta el 72% de
los casos haban estado expuestos al menos a un cambio inusual de presin
atmosfrica en los cuatro das previos al inicio de los sntomas.
Adems de este tipo de estudios, la mayor evidencia del impacto de la diferencia
de presin sobre la salud viene dada por algunos vientos que tienen la capacidad
de alterar el sistema nervioso de las personas meteoro-sensibles como el Foehn
en Austria, el Siroco en el Sahara y algunos pases del Mediterrneo, el Mistral
en Francia, el Santa Ana en California, el Chinook en EE.UU. y Canad, el Zonda
en Argentina, o el viento Sharav en Israel y Oriente Medio (Sulman et al., 1974).
La presencia de algunos de estos vientos ha sido considerada como atenuante
en algunas legislaciones penales europeas como la suiza.
2.4 La radiacin solar
En su amplio espectro, la radiacin solar desempea un papel clave en el
desarrollo y mantenimiento de la vida en el planeta. El rango visible incide, a
travs de la retina del ojo, en los neurotransmisores de nuestro cerebro que a
su vez actan sobre nuestra atencin, nuestro comportamiento y nuestro estado
de nimo.
Niels Ryberg Finsen recibi el Premio Nobel por sus logros en el tratamiento del
lupus tuberculoso aplicando terapias de luz y es considerado el fundador de la
Fototerapia.
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El estilo de vida de las ciudades y el descubrimiento de la electricidad nos ha
alejado en gran medida de los ritmos naturales del ciclo solar da/noche. La falta
de luz solar est asociada con diferentes patologas como el trastorno afectivo
estacional (TAE), que acontece en los climas templados y fros en las estaciones
de otoo e invierno.
Tambin en los ltimos decenios, desde la arquitectura de interiores, se ha
observado cmo nuestras oficinas, escuelas y viviendas estn iluminadas con
una intensidad de luz, entre 300 y 500 lux, muy por debajo de los 10.000 lux
que ofrece un da nublado o los 15.000 lux de un da soleado de verano
(Requejo, 2010).
En ciertos pases de clima templado y fro, las terapias de luz han comenzado a ser
habituales, consistiendo en la exposicin del individuo a una fuente de 2500 lux
durante unas horas con el fin de ajustar la secrecin de melatonina en la glndula
pineal, sustancia que se libera por la noche y se inhibe con la luz.
Por el contrario, el exceso de luz o la falta de oscuridad pueden alterar los ritmos
circadianos y afectar a procesos fisiolgicos (Chepesiuk, 2009). Entre estos procesos
se incluyen los patrones de las ondas del cerebro, la mencionada melatonina y la
regulacin de otras actividades biolgicas cuya alteracin extrema puede contribuir
al desarrollo de insomnio, depresin, y otras enfermedades.
La radiacin ultravioleta (RUV) es tambin otro tipo de radiacin electromagntica.
Su longitud de onda cubre las frecuencias situadas entre los 315-400 nm (tipo A),
280-315 nm (tipo B) y 100-280 nm (tipo C), siendo realmente perjudiciales para la
salud los tipos A y B. Estos lmites pueden variar dependiendo de la disciplina en la
que estemos trabajando. La posicin geogrfica y las condiciones meteorolgicas
son importantes en relacin a la cantidad de RUV recibida, siendo la cobertura
nubosa y el ozono atmosfrico habitualmente elementos protectores (Bais et al.,
2011). Las mediciones de RUV realizadas en las ltimas dcadas han posibilitado la
creacin del ndice ultravioleta (IUV) solar mundial.
Tal como indica la Organizacin Mundial de la Salud (OMS), y aunque parezca
contradictorio, una escasa exposicin a la radiacin ultravioleta supone un riesgo
para la salud humana. Una muy baja exposicin facilita el desarrollo de
enfermedades diversas relativas a nuestra componente sea (raquitismo,
osteomalacia y osteoporosis) dado que el 90% de la vitamina D, que produce de
forma endgena nuestro organismo, se adquiere a partir de la accin de la radiacin
ultravioleta sobre nuestra piel (Lucas and Ponsonby, 2002); (Hughes et al., 2011).
Sin embargo, una sobreexposicin supone un aumento del riesgo evidente al
encontrarse claramente relacionada con el desarrollo de ciertos tipos de cncer de
piel y de diversas afecciones oculares como las cataratas.
2.5 La electricidad atmosfrica
La correcta ionizacin de la atmsfera influye en nuestro equilibrio fsico y
psicolgico. La atmsfera se carga de forma positiva a partir de la propia
radioactividad de la misma tierra, con la friccin de masas de aire en los das previos
a tormentas, en las fases de luna llena y al encontrarse la ionosfera ms prxima
a la superficie terrestre.
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La ionizacin positiva de la atmsfera puede verse reforzada tambin de forma
artificial mediante la presencia de televisores, ordenadores, aparatos elctricos
en lugares cerrados, poco ventilados, o incluso por algunas fibras sintticas. La
abundancia de iones positivos puede producir sensacin de cansancio, o
irritabilidad, afectar al sueo provocando insomnio o potenciar estados
depresivos. Una carga positiva excesiva est tambin asociada con dolores de
cabeza y malestar general.
Los iones atmosfricos afectan a la biologa. Cientficos como Albert Krueger junto
a Tchijewsky y otros colegas demostraron que una alta concentracin de iones
negativos detena el crecimiento de algunas bacterias comunes (Krueger et al.,
1975; 1985) sealando que el exceso de iones positivos en la atmsfera afecta a la
qumica de los seres vivos.
Las experimentaciones se realizaron sobre ratones (Krueger and Smith, 1958)
a los que infectaron con un hongo, bacteria o virus de gripe con el fin de
exponerlos a tres entornos: dos entornos ionizados positivamente y
negativamente y un tercero en condiciones normales. El 35% de los ratones
expuestos a las condiciones normales y el 59% de los que habitaron en el aire
ionizado positivamente murieron. De los sometidos a la ionizacin negativa
fallecieron el 19%. La explicacin dada fue que la funcin de filtrado de la
trquea se vea mejorada por un ambiente cargado negativamente.
Un segundo descubrimiento en esta lnea (Krueger et al., 1968); (Danon and
Sulman, 1969); (Yuliwer et al. 1970); (Tal et al., 1976) indicaba que los iones
positivos aumentaban los niveles en sangre de una hormona llamada serotonina y
los ambientes con iones negativos rebajaban dichos niveles. Esta hormona es un
potente constrictor de los vasos sanguneos, juega un papel relevante en la
transmisin de seales qumicas en el cerebro e interviene en la regulacin del
estado de nimo de las personas.
Al aire cargado con iones negativos se le atribuyen mltiples funciones favorables
para el bienestar del individuo como la de limpiar el aire de partculas propias de la
contaminacin, una accin bactericida, producir una sensacin de frescura y
bienestar, despejar la mente, as como la mejora de funciones del aparato digestivo
y de algunas enfermedades respiratorias.
2.6 Otras variables atmosfricas
Adems de los sealados hay muchos otros factores atmosfricos que afectan al ser
humano. La precipitacin en forma de lluvia, nieve o granizo, los eventos
tormentosos extremos y sus rayos, suponen en muchas ocasiones riesgos directos
para la salud de las personas (impacto directo de rayos, aludes de nieve,
inundaciones) y para sus bienes, siendo sus consecuencias indirectas en muchas
ocasiones catastrficas.
Es importante sealar brevemente la relevancia que tiene el efecto combinado de
las variables meteorolgicas en relacin con el riesgo sanitario. La sensacin trmica
de fro o calor es dependiente no solo de la temperatura sino tambin del viento,
de la humedad existente, de las prendas de vestir llevadas...
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Una humedad relativa elevada en un ambiente fro puede agravar los sntomas de
enfermedades como la artritis, artrosis, reumas, fibromialgias o aumentar los
procesos de infeccin de las vas respiratorias, mientras que un ambiente muy seco
(humedad relativa por debajo del 20 %) supone un mayor riesgo frente a
eventuales infecciones vricas o bacterianas como las meningitis.
3. EL CONCEPTO BIOMETEOROLGICO DE SALUD
3.1 La Biometeorologa
La Biometeorologa es una disciplina cientfica que estudia las relaciones entre la
atmsfera y los seres vivos atendiendo a tres lneas de investigacin diferenciadas
que analizan la interaccin de las condiciones atmosfricas con el reino vegetal,
animal y con los seres humanos.
Desde la Biometeorologa Humana se plantea un concepto de salud fundamentado
en la capacidad de las personas, como seres vivos, para conciliar el desarrollo
normal de sus funciones vitales con la variabilidad y el cambio climtico, (Fdez-
Arryabe, 2012).
Este acto de conciliacin es algo que tiene lugar de forma permanente a lo largo
de la vida de cada individuo. Cuando el esfuerzo exigido al organismo para lograr
esta conciliacin aumenta, se desencadena, desde un punto de vista
biometeorolgico, una crisis de salud que puede llegar a tener un desenlace fatal
en el supuesto de que la conciliacin exigida sea extrema y la persona implicada no
pudiera acometerla.
Figura 1. Adaptacin a la variabilidad y el cambio climtico.
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Los mecanismos empleados por el ser humano en la bsqueda de ese proceso de
conciliacin son los siguientes:
. La termorregulacin, entendida como un proceso asociado al funcionamiento
del hipotlamo y a procesos homeostticos que afectan al cuerpo humano y
acontecen a nivel microscpico y suceden en cortos periodos de tiempo.
. La aclimatacin, concebida como un conjunto de cambios compensatorios
que tienen lugar en el organismo ante mltiples desviaciones naturales del
entorno ambiental, sean de origen estacional o geogrfico. Es una respuesta
gradual a corto-medio plazo que sucede ante la exposicin continuada de la
persona a un nuevo contexto ambiental.
. La adaptacin como un proceso biolgico, entendido como el resultado de
la seleccin natural que tiene lugar a largo o muy largo plazo con la finalidad
de mejorar la oportunidad de supervivencia de una especie.
. La adaptacin como un proceso cultural, infraestructural o tecnolgico
(Burton et al., 2009). Es aqu en donde el desarrollo y la complejidad de los
sistemas sociales representa un gran reto para el estudio de los riesgos
atmosfricos para la salud.
El ltimo tipo de adaptacin, figura 1, tiene como principal consecuencia el
desarrollo de un amplio abanico de estrategias de mitigacin por parte del ser
humano que pueden ir desde el uso de un sombrero para protegerse del sol
hasta grandes movimientos migratorios. Es aqu en donde el desarrollo de
Sistemas de Alerta Biometeorolgicos (SAB), como servicios climticos, toma
pleno sentido.
3.2 Confort atmosfrico
La sensacin de confort generada por las condiciones atmosfricas es controlada por
nuestro hipotlamo, que acta de forma homeosttica en nuestro organismo. Sea
cual sea la variable o conjunto de variables analizadas, los umbrales de confort son
relativos para cada persona. En ello influyen aspectos como la latitud geogrfica, el
grado de pigmentacin de la piel, el historial gentico y biometeorolgico, el tipo de
constitucin del individuo y otros muchos factores. El confort trmico se define como
el estado mental que expresa satisfaccin con la temperatura del entorno (Parsons,
2003). La idea de confort climtico ha sido ampliamente trabajada por muchos
investigadores (Steadman, 1979), (Fiala et al., 1999), (Jendritzky, 2000), (Jendritzky
et al., 2008), (Hppe, 1999), (Blazejczyk, 1994), (Matzarakis et al., 2010), (Lindberg
et al., 2008) quienes han desarrollado nmeros ndices (McGregor, 2011) a partir del
anlisis de una, dos o ms variables atmosfricas combinadas, pudiendo llegar a ser
complejos modelos matemticos relativos al balance de energa entre el cuerpo
humano y la atmsfera.
El profesor Tromp S.W. (1963) defini el estrs biometeorolgico o climtico como
el exceso de tensin impuesta sobre diferentes sistemas neuroendocrinos, nerviosos
o psicolgicos por estmulos intensos y prolongados debidos a la exagerada
demanda, alteracin o agresividad del medio externo areo y que es capaz de poner
a prueba los mecanismos de adaptacin homeostticos.
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Las relaciones meteorologa-salud no atienden a procesos estrictamente lineales
sino a funciones en forma de V, U, W o mucho ms complejas (figura 2). Cuando
las condiciones meteorolgicas son las de un entorno de confort (Zona E) se
produce un eutrs biometeorolgico y segn nos alejamos de esa zona, el individuo
camina hacia una situacin de progresivo distrs biometeorolgico (Zonas D1 y D2).
Figura 2. Grado de exposicin a variables atmosfricas y nivel de riesgo para la salud.
El riesgo sanitario aumenta con el distrs, estando la progresin del riesgo
sujeta a muchos matices, como por ejemplo la zona de distrs (D1 D2) hacia
la que nos encaminemos, la enfermedad considerada, la variable atmosfrica
estudiada, el perfil socio-cultural del individuo, su edad, factores genticos y
otros muchos factores.
Una situacin de distrs biometeorlgico mltiple, en un contexto de aislamiento
social de la poblacin envejecida y con unas tasas de contaminacin atmosfrica
elevada puede crear un contexto de riesgo extremo en donde el impacto sobre la
mortalidad o la morbilidad humana puede ser catastrfico.
El distrs biometeorolgico puede producirse generalmente:
. Por agotamiento: son aquellas situaciones de condiciones meteorolgicas
extremas y de anmala persistencia.
. Por contraste: son aquellas situaciones de variabilidad extrema respecto a
los umbrales normales en los que la persona ha vivido.
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3.3 Perfil biometeorolgico
La meteo-sensibilidad es un elemento clave en la definicin del riesgo sanitario. Un
elevado porcentaje de personas presienten los cambios atmosfricos a travs de su
cuerpo. Podemos hablar, segn la clasificacin del profesor Sulman (1966), (Moreno,
2002) de cinco tipologas hormonales diferentes que dan lugar a cinco perfiles
biometeorolgicos (PB):
. Perfil vagotnico, especialmente sensibles a los cambio de tiempo, ya que
su nervio vago reacciona con intensidad ante los cambios meteorolgicos
debido a una hiperfuncin del sistema parasimptico.
. Perfil simpaticotnico, como perfil opuesto al anterior, caracterizados por una
secrecin elevada de adrenalina y noradrenalina frente a las variaciones
bruscas de la atmsfera.
. Perfil serotnico, cuya respuesta a la variabilidad meteorolgica y ambiental
extremas es la produccin de serotonina.
. Perfil tiroideo, reaccionan con hipersensibilidad de la glndula tiroides a los
frentes fros y clidos y soportan muy mal las temperaturas extremas.
. Perfil equilibrado, constituido por las personas con una importante flexibilidad
hormonal en los ajustes a la variabilidad climtica. Se corresponden con las
personas no meteoro-sensibles a los que la variabilidad climtica media anmala
y la persistencia anmala de los meteoros no les afecta o lo hace mnimamente.
4. SERVICIOS CLIMTICOS Y SISTEMAS DE ALERTA
La Organizacin Meteorolgica Mundial a travs de su Marco Global para los
Servicios Climticos (GFCS) tiene como principal fin lograr una mejor gestin de los
riesgos de la variabilidad y el cambio climtico y de la adaptacin al cambio
climtico. Para ello se propone el desarrollo y la incorporacin, en las polticas de
planificacin, de informacin climtica y de pronsticos de base cientfica a escala
global, regional y nacional
Los Sistemas de Alerta Temprana (SAT) son un conjunto de instrumentos, datos,
procedimientos y conocimientos que mediante la vigilancia y el monitoreo de fenmenos
concretos permiten anticipar niveles de riesgo para las personas o sus propiedades,
siendo su funcin la emisin de alertas y la puesta en marcha de protocolos de
actuacin y de planes de emergencia con la intencin de evitar o minimizar el riesgo.
Es relativamente habitual el diseo y la implementacin prctica de este tipo de
sistemas en aspectos relacionados con los incendios, las inundaciones, los
huracanes, deslizamientos, sequas
Sin embargo, resulta menos frecuente la existencia de sistemas de alerta que
anticipen el impacto que unas determinadas condiciones atmosfricas van a
ocasionar en la salud, la morbilidad o la mortalidad de una determinada poblacin.
Como en otros sistemas de alerta, en el campo de la salud humana, la gestin de
los riesgos debe nacer de la existencia de un profundo conocimiento cientfico previo
de la interaccin atmsfera-enfermedad que permita el desarrollo de un Sistema
de Alerta Biometeorolgico (SAB) basado en ese conocimiento.
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La importancia de un SAB radica en que nos permite conocer con cierto tiempo la
importancia de una amenaza futura para la salud de las personas as como la
delimitacin de los lugares geogrficos ms expuestos y los niveles del riesgo
esperados.
Un ejemplo de SAB basado en el estudio de la relacin entre el calor extremo y la
mortalidad humana es el desarrollado por el profesor L. Kalkstein para algunas de
las principales ciudades de los EEUU, (Kalkstein, 1996, 1997). Este know-how ha
sido aplicado a otras ciudades europeas como en Italia (Kirchmayer et al., 2004) o
de otros continentes (Jianguo et al., 2003), en muchas de las cuales se encuentran
actualmente en funcionamiento. El fundamento terico de los sistemas
desarrollados radica en la elaboracin de una clasificacin estadstica de los tipos
de masas de aire que afectan a cada ciudad y un anlisis del riesgo que cada una
de ellas tiene asociado a una mortalidad anmala.
Otro sistema de alerta diferente es el desarrollado por el profesor Luis B. Lecha
Estela (1981, 1999, 2007, 2008) y su equipo de colaboradores del Centro de
Estudios Ambientales de Villa Clara (CESAM), Cuba, en colaboracin con el Servicio
Meteorolgico de Villa Clara http://www.cmp.vcl.cu/area/000001 donde
actualmente se ofrecen los pronsticos diarios para Cuba, el Caribe y Norteamrica.
Este SAB se encuentra inspirado conceptualmente en los estudios desarrollados por
la doctora Ocharova (1987) acerca del impacto fisiolgico de las variaciones de
oxgeno sobre ratones.
Se apoya en el clculo de la variacin interdiaria de la densidad parcial de oxgeno
disuelto en la atmsfera en g/m
3
(ndice DOA), definiendo situaciones de hipoxia e
hiperoxia atmosfrica que se encuentran asociadas a patologas concretas dentro
de los grandes grupos de enfermedades respiratorias y circulatorias.
El riesgo de impacto meteoro-trpico viene definido de forma cartogrfica a travs
de una escala de color que expresa esa variacin, en donde los tonos ms claros
indican zonas de hipoxia atmosfrica y los ms oscuros, las reas con riesgo de
hiperoxia atmosfrica. A modo de ejemplo, se presenta en la figura 3 el Pronstico
Biometeorolgico del ndice DOA sobre la Pennsula Ibrica el da 1 de marzo de
2013 (pronstico realizado el 26 de febrero de 2013) en donde se observ una
hipoxia elevada en la zona de Cantabria, Pas Vasco y gran parte de la vertiente Sur
de los Pirineos y una moderada hiperoxia en la zona de Extremadura. Los
pronsticos se calculan diariamente por sus creadores y el sistema est siendo
actualmente validado en diferentes zonas del planeta a travs de miembros de la
Comisin de Clima y Salud de la Asociacin Internacional de Biometeorologa.
Algunos resultados del proceso de validacin llevado a cabo en Espaa ya han
sido publicados, (Fdez-Arryabe, P. y Lecha, L., 2008), (Olcina, J. y Martn, D.,
2012) lo que pone de manifiesto el inters del ndice para estas latitudes. En
breve, este ndice ser publicado diariamente para Europa y para la Pennsula
Ibrica a travs del grupo Geobiomet http://www.geobiomet.es de la Universidad
de Cantabria.
Otro ndice que participa tambin de la idea del estrs por contraste y que se
encuentra en fase de desarrollo es el ndice de Contraste Meteorolgico (ICM) (Fdez-
Arryabe y Rasilla D., 2008), (Fdez-Arryabe, P., 2012) aplicado recientemente en
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el estudio de las epidemias gripales en Espaa. En esta ocasin el objeto de anlisis
es una enfermedad infecciosa como la gripe y el sistema busca identificar las
condiciones atmosfricas en las que los riesgos de expansin de la enfermedad son
ms elevados.
Figura 3. Pronstico Biometeorolgico sobre la Pennsula Ibrica - Indice DOA
Creado por L. Lecha y A. Estrada.
5. CONCLUSIONES
Algunos autores expertos en el desarrollo de sistemas de alerta
biometeorolgicos proponen una serie de caractersticas que todo sistema de
alerta debe considerar:
. El desarrollo de ndices y metodologas relativamente sencillas para que
cualquier investigador pueda participar en el proceso de validacin.
. Deben estar diseados sobre los esquemas operativos bsicos de los Servicios
Meteorolgicos. As son fcilmente implementados si resultan efectivos.
. Uno de los mayores inconvenientes en el desarrollo de este tipo de sistemas
se encuentra en la necesidad de acceso a la informacin mdica, lo que en
muchas ocasiones resulta difcil por el carcter privado de este tipo de datos.
. Los protocolos de actuacin con las autoridades deben estar claramente
definidos y acordados, implicando en ello a los servicios de emergencia o al
personal mdico que se considere oportuno dependiendo del servicio que
preste el sistema de alerta.
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Por ejemplo, las olas de calor en Europa son ya un problema de salud pblica que ha
recibido cierta atencin (Sari and Ebi, 2006). Sin embargo, una intervencin eficaz
requiere integrar informacin y datos meteorolgicos y sanitarios que permitan el
desarrollo de verdaderos sistemas de alerta sanitaria (Sheridan y Kalkstein, 2004) y
la implementacin de protocolos de toma de decisiones similares a los existentes para
otro tipo de riesgos naturales. Es importante indicar que las alertas deben atenerse
a protocolos de informacin muy rigurosos con el fin de no infundir ni propiciar
situaciones de pnico entre aquellas personas que padezcan alguna de las
enfermedades o afecciones crnicas que puedan verse afectadas por las condiciones
meteorolgicas de un determinado da. Las alertas pueden tambin servir como
herramientas de gestin de los recursos sanitarios. Para que un SAB resulte efectivo
y eficiente debe someterse a un proceso de validacin previa y de mejora continua.
Figura 4. Ciclo de calidad de un Sistema de Alerta Biometeorolgico.
El desarrollo de sistemas de alerta biometeorolgicos a medida es el gran reto que
se nos presenta para las prximas dcadas. La necesidad de trabajar en equipos
interdisciplinares y compartir informacin y conocimiento es condicin indispensable
para poder transformar el conocimiento cientfico en sistemas de alerta
biometeorolgicos aplicables y tiles.
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IV. ASPECTO ASEGURADOR
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CAPTULO 23
EL CONSORCIO DE COMPENSACIN DE SEGUROS Y LA
COBERTURA DE LOS RIESGOS METEOROLGICOS ADVERSOS
Carmen GARCA CANALES, Alfonso NJERA IBEZ
Consorcio de Compensacin de Seguros
[email protected], [email protected]
RESUMEN
Los fenmenos de la naturaleza no son algo nuevo, pero s lo es el nivel de prdidas
econmicas y sociales que estn ocasionando en los ltimos tiempos, mostrando
-como consecuencia del aumento de la vulnerabilidad y del desarrollo- una
tendencia claramente ascendente. El seguro constituye un mecanismo de
financiacin de prdidas. El comportamiento de los peligros naturales reviste unas
caractersticas especiales que deben ser tenidas en cuenta a hora de su tratamiento
asegurador, porque su frecuencia es baja con respecto a otros riesgos ordinarios
cubiertos por el seguro, pero cuando ocurren pueden ocasionar ingentes daos,
afectando simultneamente a un nmero muy amplio de asegurados. El alto (y
creciente) potencial de prdida de los peligros naturales y la necesidad de hacer
viable una cobertura aseguradora ms generalizada, ha llevado en muchos pases
a la implicacin del Estado en esquemas especficos de aseguramiento, con diverso
grado de colaboracin con el mercado privado. Espaa cuenta con un sistema de
seguro de catstrofes muy desarrollado, consolidado y estable, gestionado por el
Consorcio de Compensacin de Seguros.
Palabras clave: catstrofes naturales, tormenta, inundacin, daos, seguro,
Consorcio de Compensacin de Seguros.
ABSTRACT
Weather phenomena are nothing new, although the level of economic and social
loss they have recently caused is as a result of increased vulnerability and
development clearly on the rise. The international insurance industry constitutes
a mechanism for the financing of part of total losses. The behaviour of natural
hazards takes on special characteristics which must be considered in relation to
their treatment for insurance because they are relatively infrequent compared to
other ordinary risks covered by insurance, but when they do occur they can cause
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vast amounts of damage, simultaneously affecting a very large number of insureds.
The high (and rising) potential for loss from natural hazards and the need to make
a more generalised insurance cover viable has led many countries to involve the
State in specific assurance schemes, collaborating to varying degrees with the
private market. Spains disaster insurance system, managed by the Consorcio de
Compensacin de Seguros or CCS (Insurance Compensation Consortium), is highly
developed, consolidated and stable.
Key words: natural disasters, storm, flood, damage, insurance, Consorcio de
Compensacin de Seguros.
1. INTRODUCCIN
Adems de los factores de carcter fsico, abordados ampliamente en esta
publicacin, los fenmenos atmosfricos tienen efectos sociales, econmicos,
financieros e incluso polticos. Desde una perspectiva global, se observa que las
consecuencias econmicas de ciertos eventos meteorolgicos no han dejado de
aumentar en las ltimas dcadas, debido al crecimiento de la poblacin, la
concentracin de activos y el desarrollo econmico y social. Por otra parte, como
consecuencia del cambio climtico, los expertos prevn un incremento significativo
en la frecuencia y la intensidad de los fenmenos climticos extremos.
La tendencia alcista en los daos producidos por los fenmenos meteorolgicos
adversos est siendo motivo de creciente preocupacin por parte de los gobiernos
y las organizaciones internacionales, representando un autntico reto la bsqueda
de mecanismos de financiacin de prdidas derivadas de estos eventos.
El seguro es un buen instrumento de financiacin de prdidas producidas por
eventos impredecibles. Mediante una pliza de seguro, se transfiere el riesgo de un
individuo a una gran comunidad de individuos, de tal forma que, cuando acaece un
evento que produce daos a uno de ellos, la carga financiera es repartida entre
todos. As, el seguro presenta la ventaja de eliminar la incertidumbre respecto de
la carga financiera a soportar por el asegurado.
Sin embargo, la baja frecuencia y alta intensidad que caracterizan a las catstrofes
naturales dificultan su tratamiento desde el punto de vista asegurador. Las
inundaciones, por ejemplo, han sido tradicionalmente un riesgo no asegurable en
muchos pases, debido, adems de a su potencial de dao, a la escasa informacin
disponible y, consecuentemente a la imposibilidad de valorar el riesgo, esto es, el nivel
mximo de prdida que, para determinados perodos de retorno, la inundacin, o
cualquier otro fenmeno natural, puede alcanzar. Si bien, durante las dos ltimas
dcadas las nuevas tecnologas han permitido la recogida de informacin topogrfica
y climtica muy detallada, la informacin disponible sigue siendo desigual, y la
incertidumbre relativa a la frecuencia y a la intensidad persiste, considerando que el
cambio climtico podra estar alterando el patrn meteorolgico.
Si bien los mercados de seguros y reaseguros se han adaptado, y han innovado
para ofrecer soluciones aseguradoras asequibles a los asegurados, la exposicin a
grandes prdidas potenciales ha conducido a que en algunos pases se exploren
frmulas de colaboracin pblico-privada. Adems de la funcin regulatoria de los
Estados, stos pueden implicarse de diversas formas en el desarrollo de soluciones
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aseguradoras contra los riesgos de la naturaleza: introduciendo la obligatoriedad de
aseguramiento y la aplicacin del principio de solidaridad nacional; utilizando
frmulas de seguro y reaseguro con la garanta del Estado; implantando
mecanismos financieros de acumulacin de recursos; fomentando el conocimiento
de los riesgos, etc.
Espaa cuenta con un sistema de seguro de catstrofes especfico y adecuado a las
especiales caractersticas financieras y de gestin de este tipo de riesgos, cuya
figura central es el Consorcio de Compensacin de Seguros (CCS). Este organismo
se constituye como una entidad pblica empresarial adscrita al Ministerio de
Economa y Competitividad, con personalidad jurdica propia y con patrimonio
tambin propio e independiente del Estado.
2. LA COBERTURA ASEGURADORA DE LOS RIESGOS CLIMTICOS EN
ESPAA
2.1 Riesgos cubiertos
El sistema asegurador de los riesgos catastrficos gestionado por el CCS se
denomina con el nombre de seguro de riesgos extraordinarios y abarca tanto a los
riesgos de la naturaleza como a los de carcter poltico-social (como terrorismo y
tumulto popular). A lo largo de la trayectoria histrica del CCS han ido variando los
riesgos incluidos en su mbito de cobertura. Riesgos climticos como el huracn,
el granizo, la nieve y la lluvia estuvieron cubiertos en el pasado. No obstante,
atendiendo a la naturaleza subsidiaria y complementaria al sector privado del CCS,
la inclusin o exclusin de determinados riesgos ha obedecido a la propia dinmica
del mercado espaol de seguros. Actualmente, los riesgos naturales cubiertos por
el sistema son: terremotos y maremotos, inundaciones extraordinarias, erupciones
volcnicas, tempestad ciclnica atpica (T.C.A.) que comprende a los tornados- y
la cada de cuerpos siderales o aerolitos.
Con relacin a los riesgos meteorolgicos, desde el ao 1987 el seguro de riesgos
extraordinarios se hace cargo del fenmeno denominado tempestad ciclnica
atpica. Su concepto ha ido variando a lo largo del tiempo y, en el ao 2004 se
ampli sustancialmente para abarcar tambin a los daos ocasionados nicamente
por el viento. Actualmente, bajo el acontecimiento tempestad ciclnica atpica, el
CCS cubre los daos ocasionados por ciclones violentos tropicales y extratropicales,
borrascas fras, tornados y vientos superiores a 120 km/h, en la forma en que se
definen por el Reglamento de Riesgos Extraordinarios
1
.
El otro riesgo cubierto por el CCS y relacionado con los fenmenos meteorolgicos
son las inundaciones, causadas por la accin directa de la lluvia, el deshielo, el
desbordamiento de los ros o el embate de agua de mar en las costas.
2.2 Aspectos bsicos de la cobertura
Los importes abonados por el Consorcio a los afectados por el acaecimiento de un
evento extraordinario cubierto por el sistema, no son ni ayudas ni subvenciones,
sino que se trata de indemnizaciones de seguro. A ellas tendran derecho los
tomadores que, con anterioridad a la ocurrencia del evento catastrfico, hubieran
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contratado para proteger a las personas y los bienes situados en Espaa, una pliza
de seguro inscrita de alguno de los siguientes ramos de aseguramiento (o
modalidades combinadas de los mismos):
. En los seguros de daos: plizas de vehculos terrestres
2
, vehculos
ferroviarios, incendios y eventos de la naturaleza, otros daos en los bienes
(robo, rotura de cristales, daos a maquinaria, equipos electrnicos y
ordenadores) y prdidas pecuniarias diversas.
. En los seguros de personas: las plizas del ramo de vida y del ramo de
accidentes.
La contratacin de una pliza de seguro en alguno de estos ramos, obliga al
tomador del seguro al pago de un recargo a favor del CCS, quien responder de las
prdidas producidas por eventos extraordinarios en el caso de que no sean
explcitamente asumidos por la compaa aseguradora de los riesgos ordinarios.
Esto es, el CCS no emite pliza propia, sino que asume la cobertura de los riesgos
extraordinarios sobre la base de la pliza contratada con la compaa de seguros
para los riesgos ordinarios, con los mismos bienes y personas protegidos, las
mismas sumas aseguradas y los mismos pactos de inclusin facultativa (seguros a
primer riesgo, a valor de nuevo, con revalorizacin automtica de capitales, etc.)
contemplados en la pliza.
El citado recargo, que es recaudado por la compaa aseguradora junto con sus
primas, nutre los recursos con los que el CCS hace frente a las obligaciones
indemnizatorias que le corresponden.
A diferencia de otros sistemas que operan en el mundo, la cobertura espaola
se caracteriza por ser automtica y cualitativa con respecto de los siniestros
que deben ser indemnizados. Cuando en territorio espaol se produce un
siniestro de carcter extraordinario, afectando a personas y bienes situados en
Espaa y protegidos por plizas de los citados ramos, la entrada en
funcionamiento del mecanismo indemnizatorio es automtica: no es necesario
que ningn rgano consultivo o de decisin se pronuncie sobre el particular,
ni es relevante la declaracin de zona catastrfica por parte de las
autoridades. A efectos del derecho a la indemnizacin no se tiene en cuenta
el nmero de reclamaciones, ni la extensin geogrfica afectada, ni la cuanta
de los daos totales ocasionados en el siniestro, porque prima el criterio
cualitativo, atendiendo a la especificidad, naturaleza y potencial de dao de los
eventos cubiertos. Al estar stos definidos legalmente, los nicos requisitos
necesarios para tener derecho a una indemnizacin por parte del CCS son: 1)
tener suscrita una pliza de seguro en alguno de los ramos anteriormente
mencionados con una compaa privada; 2) encontrarse al corriente del pago
del recargo a favor del CCS, y 3) que la cobertura del riesgo extraordinario
causante del dao por parte de la compaa de seguros privada, no est
explcitamente incluida en la pliza.
Adems de compensar los daos directos sufridos por las personas y los bienes
asegurados, desde el ao 2004 es tambin indemnizable por el CCS la prdida de
beneficios ocasionada por la alteracin del proceso productivo como consecuencia
de un dao directo en los bienes asegurados.
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2.3 Experiencia siniestral
En Espaa, si bien los fenmenos climticos extremos no han demostrado el
potencial destructor de otros pases, los daos ms cuantiosos tienen su origen en
esa causa. En concreto, las inundaciones, que condicionadas por factores
geolgicos, son provocadas en una alta proporcin por precipitaciones torrenciales
(inundaciones relmpago), han sido histricamente el evento de consecuencias
catastrficas ms recurrente. Los episodios de los que se conserva memoria
histrica, se extienden prcticamente por todo el territorio nacional, aunque con
distintas frecuencias e intensidades.
La inundacin aglutina la mayor proporcin de indemnizaciones pagadas por el
conjunto de riesgos extraordinarios cubiertos por el CCS. Tomando, a modo
ilustrativo, las compensaciones por daos en los bienes del periodo 1987-2011, la
siniestralidad causada por la inundacin soporta un peso del 67,9%.
Inundacin 67,9%
Terremoto 8,3%
Tempestad ciclnica atpica 16,5%
Cada de cuerpos siderales y aerolitos 0,0%
Terrorismo 6,0%
Motn 0,0%
Tumulto popular 1,3%
Hechos de las Fuerzas Armadas 0,0%
Varios 0,0%
TOTAL 100%
Tabla 1. Porcentaje de cada causa en las indemnizaciones por daos en los bienes.
Las histricas inundaciones que se produjeron en el Pas Vasco el 26 agosto de
1983, ostentan el rcord en prdidas aseguradas indemnizadas por el CCS por
un solo evento, con un monto de 813 millones (a precios constantes de 2011).
Las inundaciones se debieron a intenssimas lluvias que provocaron el
desbordamiento del ro Nervin, ocasionando daos materiales muy cuantiosos
y varias decenas de fallecidos. Se vieron afectadas la prctica totalidad de la
provincia de Bizkaia, parte de la provincia de Gipuzkoa y las localidades de Llodio
y Amurrio en lava.
Por lo que se refiere a los fenmenos huracanados de intensidad, y como ya se ha
mencionado anteriormente, stos han sido cubiertos por el CCS a partir del ao
2004. Las cuantiossimas prdidas ocasionadas por la violenta tormenta Klaus los
das 23, 24 o 25 de enero de 2009, han marcado un hito en la historia
indemnizatoria del CCS, al convertirlo en el fenmeno natural ms costoso de los
ltimos 25 aos.
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TEMPESTAD CICLNICA ATPICA (T.C.A.)
Importes en euros actualizados a 31-12-11
AO N de Expedientes Indemnizaciones Costes Medios
1987 a 1991 - - -
1992 904 2.668.367 2.952
1993 a 1996 - - -
1997 930 2.836.202 3.050
1998 - - -
1999 20 1.949.819 97.491
2000 - - -
2001 6.891 32.735.834 4.751
2002 - - -
2003 3.829 16.191.996 4.229
2004 6.195 19.100.056 3.083
2005 16.024 88.742.282 5.538
2006 3.332 15.113.435 4.536
2007 10.133 56.811.245 5.607
2008 3.312 15.543.605 4.693
2009 272.970 551.928.514 2.022
2010 89.500 133.625.866 1.493
2011 2.675 4.420.275 1.652
TOTAL 416.715 941.667.495 2.260
Tabla 2. Indemnizaciones pagadas por daos en los bienes producidos por
tempestad ciclnica atpica.
Atmosfricamente, se trat de un proceso denominado por los meteorlogos como
ciclognesis explosiva. Klaus se desplaz de oeste a este desde la islas Azores hasta
el golfo de Gnova pasando por el mar Cantbrico y generando vientos de hasta 190
km/h y olas por encima de los 20 metros de altura, que afectaron, especialmente,
al norte de Espaa y sur de Francia.
La tormenta gener un nmero de expedientes de siniestro sin precedentes, casi
270.000, y hasta el momento representa para el CCS el segundo siniestro de la
naturaleza ms importante por volumen de prdidas, con 533,6 millones de euros.
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De caractersticas atmosfricas similares a Klaus, aunque menos severos desde el
punto de vista de la gestin y el coste para el CCS, fueron los ciclones Floora y
Xynthia, desencadenados en enero y febrero de 2010.
La tormenta Floora se origin en mitad del ocano Atlntico el 11 de enero de 2010,
como una borrasca muy profunda. En su evolucin, recorri las provincias cantbricas
de oeste a este y se dej notar en gran parte del territorio peninsular, afectando
principalmente a Galicia y el levante. Las rachas de viento, muy superiores a 120
km/h en algunos puntos, ocasionaron innumerables daos materiales.
Por su parte, la depresin Xynthia afect en Espaa a las islas Canarias y a parte de
la pennsula, especialmente el tercio norte, con rachas huracanadas asociadas que
superaron los 120 km/h en muchos puntos de Espaa, alcanzando los 180 km/h en
la provincia de Segovia. A su paso por Francia caus varias decenas de fallecidos.
El gran impacto cuantitativo y cualitativo que en el mbito asegurador tuvieron las
mencionadas tempestades Klaus, Floora y Xynthia aconsej llevar a cabo una
revisin tanto del alcance de la cobertura del CCS, como de los procedimientos a
seguir para establecer los casos en que tal cobertura se hiciese efectiva. Como
resultado, en el ao 2011 se redujo la velocidad de los vientos extraordinarios
cubiertos, de 135 a 120 km/h.
3. SISTEMAS DE SEGURO DE RIESGOS CLIMTICOS EN OTROS PASES
El alto potencial de prdida de los peligros naturales explica que en muchos pases
el mercado asegurador privado no tenga capacidad para asumir su cobertura. Solo
algunos mercados de pases ms desarrollados ofrecen algn tipo de solucin
aseguradora para alguno o algunos de esos peligros, caso de Alemania, Reino
Unido, Canad, Australia Pero tambin en muchos de esos pases el mercado no
dispone de capacidad financiera para cubrir determinados riesgos a los que son
ms vulnerables, y son excluidos de las coberturas o tienen tasas de prima muy
elevadas, difciles de asumir por el tomador: inundacin en Holanda, terremoto en
Japn (salvo cobertura de viviendas), terremoto y erupcin volcnica en Italia, etc.
La cobertura de catstrofes naturales en los pases en que es ofrecida por el
mercado privado es voluntaria, salvo algunas excepciones, como es, por ejemplo,
el caso de Noruega.
Es evidente que para la gestin aseguradora de ese alto potencial de prdida se
necesitan mecanismos especficos que, entre otras cosas, hagan posible una
suficiente capacidad financiera y una eficiente gestin de un volumen de
reclamaciones que puede ser muy elevado. En respuesta a ello, muchos pases han
diseado soluciones aseguradoras acordes con sus particulares circunstancias
(peligros ms amenazantes, nivel de desarrollo, estructura del mercado asegurador,
cultura aseguradora, etc.) y con diferente tipo de respaldo e implicacin pblicos.
La heterogeneidad que se observa en la configuracin y funcionamiento de esos
sistemas especficos de cobertura responde precisamente a esa diversidad de
situaciones. Comparten la finalidad de ofrecer a su poblacin cobertura universal a
precios asequibles y con garantas de solvencia financiera. Y en la mayora de los
casos se trata de sistemas basados en la colaboracin estrecha de las instancias
pblicas con el mercado asegurador.
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EVENTOS INDEMNIZADOS CON IMPORTES SUPERIORES A 50.000.000 + T.C.A.
FLOORA Importes en euros actualizados a 31-12-11
N de Mes y Ao de Lugar de Causa del N recla - Indemni-
Orden Ocurrencia Ocurrencia Siniestro maciones zaciones
1 Agosto 1983 Pas Vasco, Inundacin 25.664 813.538.204
Cantabria,
Navarra
2 Enero 2009 Varios TCA 268.046 533.610.416
(Klaus)
3 Mayo 2011 Murcia Terremoto 27.962 452.843.543
(Lorca)
4 Noviembre 1987 C. Valenciana, Inundacin 18.800 282.119.857
R. de Murcia
5 Octubre de 1982 C. Valenciana Inundacin 9.136 220.113.070
6 Noviembre 1989 Andaluca, Inundacin 7.548 158.734.835
C. Valenciana
7 Junio 1997 Pas Vasco Inundacin 5.701 107.124.809
8 Octubre 2000 C. Valenciana, Inundacin 8.939 98.171.878
R. de Murcia
9 Noviembre 2005 Canarias Inundacin 15.482 95.847.708
y T.C.A.
10 Octubre 2007 C. Valenciana Inundacin 10.782 92.943.990
11 Octubre 1994 Catalua Inundacin 4.631 76.284.712
12 Septiembre 2006 Catalua Inundacin 3.872 64.549.480
13 Septiembre 1989 C. Valenciana, , Inundacin 5.999 63.544.528
R. de Murcia, Il
lles Balears,
Andaluca Este
14 Junio 2008 Pas Vasco Inundacin 5.832 63.413.283
15 Junio 1977 Pas Vasco Inundacin 3.889 59.520.597
16 Noviembre 1982 Catalua Inundacin 1.587 58.118.201
17 Febrero 2010 Varios T.C.A. 39.463 57.842.168
(Xynthia)
18 Septiembre 1997 C. Valenciana Inundacin 7.489 55.967.205
19 Abril 1982 C. de Madrid Terrorismo 46 54.740.888
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N de Mes y Ao de Lugar de Causa del N recla - Indemni-
Orden Ocurrencia Ocurrencia Siniestro maciones zaciones
20 Diciembre 2010 Andaluca Oeste Inundacin 3.439 54.324.121
21 Noviembre 1983 Catalua, Inundacin 6.846 52.918.762CCC
C. Valenciana
22 Septiembre 2009 C. Valenciana Inundacin 10.419 52.505.023
23 Julio 1988 Pas Vasco Inundacin 2.322 51.445.220
24 Noviembre 2011 Pas Vasco Inundacin 4.121 51.436.780
25 Octubre 2005 Catalua Inundacin 5.328 50.662.230
y T.C.A.
28 Enero 2010 Varios T.C.A. 39.472 47.641.712
(Floora)
Tabla 3. Eventos indemnizados con importes superiores a 50.000.000 + T.C.A. Floora.
Esa participacin pblica directa en los sistemas de cobertura de catstrofes reviste
diferentes frmulas, que determinan que el sistema se configure como un rgimen
de cobertura directa, como en Espaa a travs del Consorcio de Compensacin de
Seguros, o de reaseguro, como en Francia a travs de la Caja Central de Reaseguro.
En algunos sistemas creados ms recientemente un pilar bsico lo constituye la
cesin de riesgos al mercado de capitales, a travs de los bonos de catstrofes,
como en la Autoridad de California para Terremotos.
A diferencia de lo que ocurre en las soluciones aseguradoras privadas, en
aquellas que se da participacin pblica la cobertura es, en la mayora de los
casos, obligatoria para los riesgos incluidos en el sistema, que, como se ver,
no son todos. Esa obligatoriedad es la que hace viable, generalizable y
asequible la cobertura otorgada por los sistemas, que, de otra forma, dejaran
de funcionar como consecuencia de la antiseleccin, esto es, por el hecho de
que solo los tomadores con los intereses ms expuestos se inclinaran a adquirir
cobertura.
La citada obligatoriedad puede ir ligada a la posesin de un bien, generalmente
un inmueble. Esto es, los propietarios, por el hecho de serlo, deben adquirir una
cobertura contra incendios, a la que va unida la de riesgos naturales. As ocurre
por ejemplo en Suiza, Islandia, Rumania o Turqua. Pero la obligacin tambin
puede ir unida a la contratacin, en este caso voluntaria, de una pliza de daos
en los bienes (habitualmente incendios), como sucede en los sistemas de
Espaa, Francia, Blgica, Dinamarca, Nueva Zelanda, Taiwn As, en estos
supuestos, y salvo casos excepcionales en que los sistemas emiten pliza propia
(Turqua y programa de inundacin de EE.UU.), la cobertura de los riesgos
naturales tiene como base una pliza de riesgos ordinarios emitida por un
asegurador privado.
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Como ya se apuntaba anteriormente, estos sistemas especficos de aseguramiento
no cubren todos los riesgos naturales, movindose en un abanico donde se
encuentran, en un extremo los ms inclusivos, como los de Francia y Espaa y, en
el otro, aquellos que solo cubren un nico riesgo, que no son pocos, como los de
Dinamarca (inundacin marina), Japn, Turqua y Taiwn (terremoto en vivienda),
Estados Unidos (inundacin), etc.
Tambin difieren los sistemas en el tipo de daos que cubren, porque unos solo
incluyen en la garanta los daos materiales directos (EE.UU., Islandia, Nueva
Zelanda, Japn, Turqua); otros aaden junto a esos daos la prdida de
beneficios (Francia, Noruega, Dinamarca), y finalmente est el caso excepcional
del sistema espaol que, adems de todo ello, cubre daos personales. Adems,
muchos de los sistemas solo cubren daos cuando afectan a viviendas (Japn,
Nueva Zelanda, Rumana, Turqua).
Para poder proporcionarse una suficiente capacidad financiera, muchos de los
sistemas estn autorizados, cuando no obligados, por sus respectivas
legislaciones a constituir provisiones de estabilizacin (Espaa, Francia,
Noruega, Turqua, Japn, Blgica). Vienen a ser unos fondos de catstrofes
cuya finalidad es acumular recursos para casos de grave siniestralidad, y que
gozan de tratamiento fiscal favorable dentro de unos lmites cuantitativos y
temporales. Para el caso de que tales recursos fueran desbordados por el
cmulo de daos, algunos sistemas gozan de la garanta de sus respectivos
Estados, bien de forma limitada (Dinamarca, EE.UU., Taiwn, Japn, Blgica)
o ilimitadamente (Francia, Espaa, Nueva Zelanda).
Preocupa en las grandes organizaciones internacionales (Naciones Unidas, Banco
Mundial, G-20, OCDE, 2012) la incidencia de las catstrofes naturales en el
desarrollo de los pases, sobre todo los ms desfavorecidos, as como la forma de
poder gestionar esos riesgos de manera integral (conocimiento, mitigacin,
financiacin) con vistas a la reduccin de prdidas en vidas y en bienes (Banco
Mundial, OCDE, G-20, 2012). El Banco Mundial es especialmente activo en la
cooperacin con pases en desarrollo para disear mecanismos de financiacin de
prdidas por catstrofes naturales.
1
La definicin completa dada por el Reglamento del seguro de riesgos
extraordinarios es: el tiempo atmosfrico extremadamente adverso y riguroso
producido por:
1.- Ciclones violentos de carcter tropical, identificados por la concurrencia y
simultaneidad de velocidades de viento superiores a 96 kilmetros por hora,
promediados sobre intervalos de 10 minutos, lo que representa un recorrido de
ms de 16.000 metros en este intervalo, y precipitaciones de intensidad superior
a 40 litros de agua por metro cuadrado y hora.
2.- Borrascas fras intensas con adveccin de aire rtico identificadas por la
concurrencia y simultaneidad de velocidades de viento mayores de 84 kilmetros
por hora, igualmente promediadas sobre intervalos de 10 minutos, lo que
representa un recorrido de ms de 14.000 metros en este intervalo, con
temperaturas potenciales que, referidas a la presin al nivel del mar en el punto
costero ms prximo, sean inferiores a 6C bajo cero.
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3.- Tornados, definidos como borrascas extratropicales de origen ciclnico que
generan tempestades giratorias producidas a causa de una tormenta de gran
violencia que toma la forma de una columna nubosa de pequeo dimetro
proyectada de la base de un cumulonimbo hacia el suelo.
4.- Vientos extraordinarios, definidos como aquellos que presenten rachas que
superen los 120 kilmetros por hora. Se entender por racha el mayor valor de
la velocidad del viento, sostenida durante un intervalo de tres segundos.
2
Daos al vehculo, no la responsabilidad civil derivada de su circulacin.
REFERENCIAS
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la profundizacin violenta de una borrasca-Ciclognesis explosiva asociada. En:
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02-2010(3).pdf.
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catstrofes naturales. Diversidad de sistemas. CCS, Madrid.
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extraordinarios en Espaa. CCS, Madrid.
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Serie 1971-2011. CCS, Madrid.
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Madrid.
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Financial Resilience. En:
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