100% encontró este documento útil (9 votos)
2K vistas406 páginas

Hazard Paul - El Pensamiento Europeo en El Siglo Xviii

Cargado por

Jojo Lamouche
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (9 votos)
2K vistas406 páginas

Hazard Paul - El Pensamiento Europeo en El Siglo Xviii

Cargado por

Jojo Lamouche
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

El pensamiento europeo en el siglo XVIII

Alianza Universidad


Paul Hazard
El pensamiento europeo
en el siglo XVIII
Versin espaola de
Julin Maras
Alianza
Editorial


Ttulo original:
La pense europenne auXVIIIe sicle
Primera edicin en "Revista de Occidente, S.A.": 1946
Primera edicin en "Alianza Universidad": 1985 Primera
reimpresin en "Alianza Universidad": 1991
Reservados todos los derechos. De conformidad con lo dispuesto en el art. 534-bis del Cdigo Penal vigente, podrn ser
castigados con penas de multa y privacin de libertad quienes reprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra
literaria, artstica o cientfica fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva autorizacin.
Librairie Arthme Fayard, Pars Ed. cast.: Alianza Editorial, S. A., Madrid,
1985, 1991 Calle Miln, 38; 28043 Madrid; telf. 200 00 45 ISBN: 84-206-2434-9
Depsito legal: M. 38.990-1991 Compuesto en Fernndez Ciudad, S. L.
Impreso en Lavel. Los Llanos, nave 6. Humanes (Madrid)
Printed in Spain


INDICE
Introduccin ................ ................ ...................................................... 9
Primera parte. EL PROCESO DEL CRISTIANISMO
Cap. I. La crtica universal ... ....................................................................... 15
Cap. II. La felicidad ...................... ............................................................... 23
Cap. III. La razn. Las luces ................. ................................ ... ................ 34
Cap. IV. El Dios de los cristianos, procesado ................................................ 49
Cap. V. Contra la religin revelada ......................... ................................... 61
Cap. VI. La apologtica ....................................................................... ... 73
Captulo VII. Los progresos de la incredulidad. El jansenismo. La expulsin de los
jesuitas .............................................................. . ........................ ........ 88
Segunda parte. LA CIUDAD DE LOS HOMBRES
Cap. I. La religin natural ... ................ ................................ ..................... 105
Cap. II. Las ciencias de la naturaleza .................... ................... ...... ........ 119
Cap. III. El derecho .................................................. .................................... 132
Cap. IV. La moral .................................................................... ... ................ 145
Cap. V. El gobierno ... .................. ...................................................... . ... 156
Cap. VI. La educacin .................................................................. ................ 171
7


8 Indice
Cap. VII. La Enciclopedia ............................................................. ... 180
Cap. VIII. Las ideas y las letras ......................................... ................. 193
El seudodasicismo ........................................................................... 193
La literatura de la inteligencia ....................................................... 201
La literatura del placer social ......................................................... 205
La literatura del hecho: la historia ................................................. 212

Cap. IX. Las ideas y las costumbres ..................................................... 220
El aventurero ..................... ........................................................... 220
La mujer ........................................................................................... 224
El hombre de letras ..... ................................. ............................... 228
El burgus ......................................... ................ ... ... ..................... 231
El francmasn ............... .................................................................. 235
El filsofo .................................... ..... ......................... ................... 239
Cerca de la victoria .......................................................................... 241
Tercera parte. DISGREGACIONES
LIBRO PRIMERO:
Cap. I. El devenir ... ........................................................................... 247
Cap. II. Naturaleza y razn ... ............ ............. .............. ... ............. 251
Cap. III. Naturaleza y bondad: el optimismo .., ............. 272
Cap. IV. La poltica natural y el despotismo ilustrado ... 286
Cap. V. Naturaleza y libertad: las leyes son las relaciones
necesarias que derivan de lanaturaleza de las cosas ... 295
LIBRO SEGUNDO:
Cap. I. El sentimiento: uneasiness, potencia sensitiva en el hombre.311
Cap. II. El sentimiento. Primitivismo y civilizacin ............................ 321
Cap. III. Diderot ... ................................................................................ 332
LIBRO TERCERO:
Cap. I. Los desmos. Bolingbroke y Pope ........................... ................. 345
Cap. II. Los desmos. Voltaire .............................. ....................... ... 353
Cap..III. Los desmos. Lessing ................................................. ............. 365
Conclusin. Europa y la falsa Europa ... ... ................................ 381


INTRODUCCION
1

Apenas hay captulo de esta obra que no suscite problemas de conciencia;
apenas lo hay que no registre vibraciones que se han prolongado hasta nosotros.
No es que todo comience en 1715; nosotros mismos, en un estudio precedente
2
,
hemos datado de alrededor de 1680 los comienzos de la crisis de la conciencia
europea; otros han mostrado, despus, por qu caminos el pensamiento del
Renacimiento se una al del siglo XVIII. Pero desde 1715 se ha producido un
fenmeno de difusin sin igual. Lo que vegetaba en la sombra se ha desarrollado a
plena luz; lo que era especulacin de algunos pocos espritus ha alcanzado a la
multitud; lo que era tmido se ha vuelto provocador. Herederos recargados, la
Antigedad, la Edad Media, el Renacimiento pesan sobre nosotros; pero somos los
descendientes directos del siglo XVIII.
Sin embargo, dejamos a otros el cuidado de establecer relaciones y sacar
conclusiones. No hemos querido representar el papel de profeta del pasado; menos
an de doctrinario; todava menos de partidario. Los hechos, no como hubieran
debido ser, como hubieran podido ser, sino cmo han sido; esto es lo nico que
hemos intentado aprehender. No hemos tenido otra ley ms imperiosa que
repro-
1
M. Rossi, Alle fonti del deismo e del materialismo moderno, Firenze, 1942. R.
Lenoble, Mersenne ou la naissance du mcanisme, 1943. R. Pintard: Le libertinage rudit
dans la premire moiti du XVIII
e
sicle, 1943.
2
La crisis de la conciencia europea, trad. de Julin Marias, 1941.


10
El pensamiento europeo en el siglo XVIII
ducirlos en su verdad objetiva; no hemos tenido otro cuidado ms afanoso que ser
fiel a la historia.
El espectculo a que hemos asistido en ste:
Primero se alza un gran clamor crtico; los recin llegados reprochan a sus
antecesores no haberles transmitido ms que una sociedad mal hecha, toda de
ilusiones y sufrimiento; un pasado secular slo ha llevado a la desgracia; y por
qu? De este modo entablan pblicamente un proceso de tal audacia, que slo
algunos hijos extraviados haban establecido oscuramente sus primeras piezas;
pronto aparece el acusado: Cristo. El siglo XVIII no se content con una Reforma;
lo que quiso abatir es la cruz; lo que quiso borrar es la idea de una comunicacin
de Dios con el hombre, de una revelacin; lo que quiso destruir es una concepcin
religiosa de la vida. De ah la primera parte de este estudio: El proceso del
cristianismo.
Estos audaces tambin reconstruan; la luz de su razn disipara las grandes
masas de sombra de que estaba cubierta la tierra; volveran a encontrar el plan de
la naturaleza y slo tendran que seguirlo para recobrar la felicidad perdida.
Instituiran un nuevo derecho, ya que no tendra que ver nada con el derecho
divino; una nueva moral, independiente de toda teologa; una nueva poltica que
transformara a los sbditos en ciudadanos. Para impedir a sus hijos recaer en los
errores antiguos daran nuevos principios a la educacin. Entonces el cielo bajara
a la tierra. En los hermosos edificios claros que habran construido prosperaran
generaciones que ya no necesitaran buscar fuera de s mismas su razn de ser, su
grandeza y su felicidad. Los seguiremos en su labor; veremos los proyectos y los
cimientos de su ciudad ideal, La ciudad de los hombres.
Pero no han de estudiarse las ideas como si hubiesen conservado, en su
desarrollo, la pureza de su origen, y como si hubiesen salvado, en la prctica, la
lgica inflexible de la abstraccin. Las pocas sucesivas no dejan nunca detrs de
s ms que talleres abandonados; cada una se descompone antes de haber acabado
de componerse; otros, que llegan, la apremian, como ella haba apremiado a los
que haba hallado en su lugar; y se va, dejando tras de s, en lugar del orden que
haba soado, un caos que ha aumentado. Vamos a habrnoslas con los espritus
ms claros que han existido nunca; no por ello han dejado menos, en su filosofa
transparente, contradicciones que el tiempo aprovechar para ejercer sobre ella su
accin corrosiva. En lugar de reducir ideas vivas a algunas lneas demasiado
sencillas tendremos que conceder una parte a la imperfeccin que se ha deslizado
en su perfeccin ideal; y tendremos que dar cuenta no slo del modo en que
una doctrina quiere establecerse,


Introduccin
11
sino del acontecer inexorable que la arrastra. Esta ser la tercera parte de nuestra
tarea: Disgregaciones.
Para limitar un campo del que nadie dir sin duda que era demasiado
estrecho, no hemos considerado ms que una sola familia de espritus. El abate
Prvost de Manon Lescaut, el Richardson de Pamela y de Glarissa, el Goethe de
Werther, los hemos nombrado, pero slo a ttulo de contrapartida; no los hemos
estudiado; hemos ignorado voluntariamente a los representantes del hombre
sensible; no hemos seguido el ro tumultuoso que fluye tambin a travs del siglo
XVIII. Nos hemos limitado a los Filsofos, a los Racionales. Almas secas, y cuya
sequedad ha hecho surgir, por contraste, a los apasionados y a los msticos. Almas
combativas, y que no entraban de buen grado en las psicologas adversas. Almas
que no se han conmovido con la selva, la montaa o el mar; inteligencias sin
piedad. Caracteres que no han alcanzado las cimas hasta las que se elevaron un
Spinoza, un Bayle, un Fnelon, un Bossuet, un Leib- niz. Epgonos de estos genios
sublimes. Pero escritores de genio tambin ellos, y actores de primera fila en el
drama del pensamiento. No han querido, cobardemente, dejar el mundo como lo
haban hallado. Han osado. Han tenido, hasta un grado que parecemos no conocer
ya, la obsesin de los problemas esenciales. Las ocupaciones, las diversiones, los
juegos, el mismo afn de su espritu, no les han parecido ms que secundarios al
lado de las cuestiones eternas: Qu es la verdad? Qu es la justicia? Qu es la
vida? Este tormento no ha dejado de perseguirlos nunca; siempre han vuelto a las
mismas exigencias, que crean haber apartado, por la noche, slo para volver a
encontrarlas al despertarse.
Valdra la pena estudiar, dentro de este mismo conjunto, la otra familia: la de
los corazones turbados, la voluntades inciertas, las almas nostlgicas; contemplar
los seres de su deseo, consumidos por el amor y por el amor divino; escuchar sus
gritos y sus llamadas; asistir a sus arrebatos y a sus xtasis: descubrir, con ellos,
las riquezas de la sombra; ver, con ellos, los soles de la noche. Sera menester,
para acabar la historia intelectual del siglo XVIII, considerar el nacimiento y el
desarrollo del hombre de sentimiento, hasta la Revolucin francesa. Esta
empresa, ya la hemos comenzado; la continuaremos; la acabaremos quiz algn
da. Si vis suppeditat, como decan los antiguos.




Primera parte
EL PROCESO DEL CRISTIANISMO




Captulo I
LA CRITICA UNIVERSAL
Asmodeo se haba libertado, y ahora lo encontraba uno en todas partes.
Levantaba el tejado de las casas, para informarse de las costumbres; recorra las
calles, para interrogar a los transentes; entraba en las iglesias, para enterarse
del credo de los fieles; ste era su pasatiempo favorito. Ya no se expresaba con la
pesadez apasionada, con la crueldad triste de Pierre Bayle; retozaba, brincaba,
demonio risueo.
El siglo XVII haba acabado en la irrespetuosidad; el XVIII, empez con la
irona. La vieja stira no ces; Horacio y Juvenal resucitaron; pero el gnero
estaba desbordado; las novelas se hacan satricas, y las comedias, epigramas,
panfletos, libelos, vejmenes, pululaban; no haba ms que agudezas, pullas,
flechas o vayas: se hartaban de ellas. Y cuando los .escritores no daban abasto, los
caricaturistas venan en su ayuda. Signo de los tiempos: haba en Londres un
hombre sabio, mdico, fillogo, poltico tambin, que se llamaba John Arbussinot;
reuni a su alrededor algunos de los ms elevados representantes del
pensamiento ingls; todos juntos, alegremente, fundaron un club sin igual, el
Scriblerus Club, cuya tazn de ser consista en vengar al sentido comn con la
burla: como para anunciar a Europa, el ao 1713, que la poca de la crtica
universal haba llegado.
Tres estelas se sealaban en este mar irritado: y en primer lugar la
burlesca. Pronto estuvo disfrazado el Telmaco. Si hay un
15


16
Primera parte. El proceso del cristianismo
pasaje dulce en la Ilada, lleno de ingenua ternura y de amor, es aquel en que se
ve a Andrmaca despedirse de Hctor: cerca de l, se detiene y se echa a llorar; le
coge la mano, le habla llamndolo por todos sus nombres; tu ardor te perder; y
no tienes piedad ni de tu hijo, tan pequeo, ni de m, desdichada? Pero la
Antigedad dej de ser venerable, nada lo era ya; y ver en qu trminos acogi
Hctor a Andrmaca:
Dios mo!, qu bien sabes rebuznar.
Pero aunque rebuznaras mejor an,
Una roca es menos firme qu Hctor,
Y se preocupa de tu llanto Como en invierno
del moqueo...
1
.
El gusto por lo tragicmico se extendi, se fue difundiendo poco a poco y se
convirti en una moda; se gust de hinchar los asuntos pequeos o de
empequeecer los grandes. Un rizo de cabellos robado, o las palabras malhadadas
de un loro querido por los hombres, o las necedades de un estudiante quimerista,
parecieron temas suficientes para disfrazar a la musa pica y contribuyeron a
hacer de la burla una de las actitudes favoritas del espritu.
Al mismo tiempo llegaron los viajeros zumbones que, fingiendo mirar Europa
con ojos nuevos, descubrieron sus extravagancias, sus defectos y sus vicios. Se
aventur un espa turco, luego un siams, que prepararon el camino a los persas
de Montesquieu. Cuando aparecieron stos, el ao 1721, fueron saludados con
entusiasmo.
Ah, qu ingeniosos eran, qu incisivos, cuando, olvidando sus historias de
serrallo, contaban sus ingenuos asombros! Trasponan; y en virtud de esta
operacin tan sencilla, la vida francesa se despojaba bruscamente de los hbitos
que la recubran; los prejuicios, enmascarados por el uso corriente y por el carcter
familiar de su prctica, justificados a veces por las transacciones de una sociedad
que slo puede vivir imperfecta, de repente no parecan ser ya ms que lo que
realmente eran: prejuicios. Las instituciones, despojadas de su prestigio
convencional, de las obligaciones que las haban fundado, del recuerdo de los
servicios que haban prestado, de las largas indulgencias que las haban protegido,
aparecan desnudas, decrpitas. El velo de reverencia se desgarraba; y detrs del
velo no haba ms que ilogismo y absurdo. Esta labor la realizan los persas con
una mezcla tan sabiamente dosificada de habilidad y naturalidad, con tanta
alegra y travesura, con una voluntad de
1
Marivaux; Homre travest, ou l'Iliade en vers burlesques, 1717.


I. La crtica universal
17
desafo tan decidida que se entraba en el juego y se haca uno inconscientemente
de la partida; tonto sera el que no se hubiese hecho cmplice suyo. Con tanto
vigor tambin, tanta justeza en la observacin, tanta seguridad en la
reproduccin, tanta finura en el detalle, que la admiracin poda ms que las
resistencias; como si hubieran destruido la casa de un modo tan gil y tan bonito,
que el propietario mismo los hubiera felicitado dndoles las gracias.
Cuando los persas se hayan retirado, Oliver Goldsmith sacar un chino de su
biombo, para pasearlo por Londres. Lun Chi Altang, ciudadano del mundo,
comunicar sus impresiones a sus amigos lejanos y ridiculizar a los fine
gentlemen que ponen su orgullo en su peluca como Sansn tena la fuerza en los
cabellos; las fine ladies, tan bien pintadas y tan bien embadurnadas, que tienen
dos caras: una, bella y falsa, para el da; la otra, vieja y fea, para la noche. Hablar
de las beldades que lo han asediado, de la que ha venido a ofrecerle su corazn y se
ha llevado su reloj. Incluso- se animar hasta deslizar entre estos dibujos amables
y sonrientes algunos aguafuertes, de rasgos ms profundamente grabados, con
tinta ms grasa y ms negra. Mirad las banderas que estn colgadas en las
bvedas de la catedral de San Pablo: jirones de seda, que apenas tenan el valor de
algunas piezas de moneda china cuando estaban nuevos, y que ahora no valen ya
absolutamente nada. Se dice que, al dejarlos conquistar, los franceses han perdido
mucha honra y que los ingleses han ganado mucha, conquistndolos; pero el honor
de las naciones europeas, reside en trozos de tela agujereada? Mirad la carroza
que cruza las calles con gran estruendo: es la de un lord que, descendiente de una
cocinera con la que se cas uno de sus abuelos y de un mozo de cuadra a quien la
cocinera concedi favores secretos, ha conservado de la primera el gusto de comer
mucho y beber demasiado, y del segundo la pasin por los caballos: esto es lo que
se llama un noble.
El chino da tres vueltas, saluda y desaparece por los bastidores: en 1767 llega
un hurn que desembarca en la baha de la Ranee, escandaliza primero al prior de
Kerkabon y a la seorita de Kerkabon, su hermana; pretende casarse segn su
capricho, se compromete con los hugonotes y con los jansenistas, revuelve
Versalles: simplemente porque es ingenuo; porque, por no haber aprendido nada,
no tiene prejuicios; porque su entendimiento, no encorvado por el error, ha
permanecido en su rectitud; porque despus de Usbek, Rica, Redi, Lun Chi
Altangi, pretende, por primera vez, ver las cosas como son. El hurn se civiliza,
entra en los ejrcitos del rey, se convierte en filsofo y guerrero intrpido, y pierde
al mismo tiempo su inters. Espaa se preguntaba qu extranjero poda


18
Primera parte. El proceso del cristianismo
buscar todava; escogi un africano. Gazel Ben Aly. Marroqu, estudi Madrid y las
provincias, y describi a Ben Bely, en una serie de cartas, las costumbres de
Espaa, a la vez que sealaba las causas de su grandeza y de su decadencia, e
indicaba los remedios que ya comenzaban a curarla. Estas fueron, en la ltima
parte del siglo, las Cartas Marruecas, de Jos Cadalso. Entre cada uno de estos
seores, y como para llenar los intervalos, ha habido figurantes abigarrados;
turcos, chinos, salvajes despistados, siameses, iroqueses, indios, pasaron
alegremente su carnaval crtico.
Por ltimo tercer procedimiento, otros viajeros, viajeros imaginarios que
no haban salido nunca de su casa, descubrieron pases maravillosos que
avergonzaban a Europa. Eran el Imperio del Cantahar, o la Isla de las Mujeres
militares, o la nacin del centro de Africa cuyos habitantes eran tan antiguos, tan
numerosos, tan civilizados como los chinos, o la ciudad de los Filadelfos, o la
repblica de los Filsofos Agoios: no se cansaban de celebrar las virtudes de estos
pueblos inexistentes, todos lgicos, todos felices. Se reimpriman las viejas
Utopas: Domingo Gonzlez resucitaba para lanzarse a la luna. Se escriban otras
nuevas: Nicols Klimius penetraba en el mundo subterrneo, donde encontraba el
reino de los Potuanos, ilustrados y sabios; la tierra de las Urracas; la tierra glacial,
cuyos habitantes se derriten cuando los alcanza un rayo de sol; sin contar los
Acfalos, que hablan por medio de una boca que se encuentra en mitad del
estmago; y los Bostankis, que tienen el corazn situado en el muslo derecho.
Delirios de imaginacin, que no hacan olvidar el propsito principal: mostrar qu
absurda era la vida en Inglaterra, en Alemania, en Francia; en las Provincias
Unidas, y en general en todos los pases que pretenden ser civilizados: qu
hermosa podra resultar si se decidiera al fin a obedecer las leyes de la razn.
Desde 1726 se dejaba sentir en estas mltiples Utopas la influencia del
maestro del gnero, Jonathan Swift. Como los nios se han apoderado de los
Viajes de Gullver para hacer de ellos uno de sus juguetes favoritos, nos cuesta
trabajo ver todava su temible alcance.
Swift, sin embargo, coge en sus manos la criatura humana; la reduce a
proporciones minsculas; la agranda hasta darle proporciones gigantescas; la
transporta a pases en que todas las formas normales de nuestra vida estn
subvertidas; no se contenta con darnos la leccin de relatividad ms grande que
hemos recibido nunca; con una fiebre maligna, con un movimiento que resulta
devastador, ataca todo lo que habamos aprendido a creer, a respetar o a amar.
Los hombres de Estado? Ignorantes, imbciles,


I. La crtica universal
19
vanidosos, criminales; los reyes dan las condecoraciones, las cintas azules, negras
o rojas, a los que saben saltar mejor a la comba; los partidos se matan entre s
para saber si conviene cascar los huevos pasados por agua por el extremo grande
o por el pequeo. Los sabios? Locos: en la Academia de Lagrado, ste trabaja en
extraer el sol de los pepinos y encerrarlo en frascos, para el invierno; aqul
construye casas empezando por el tejado; uno que es ciego fabrica colores; otro
quiere sustituir la seda por hilos de araa. Los filsofos? Cerebros locos que
funcionan en el vaco; no hay nada absurdo o extravagante que no haya sido
sostenido por alguno de ellos. En el reino de Luggnagg, Gulliver encuentra unos
inmortales, que se llaman Staldbruggs: horrible y repugnante inmortalidad!
En algunas familias nacen nios sealados en la frente con una mancha,
predestinados a vivir siempre. Desde los treinta aos, se vuelven melanclicos; a
los ochenta aos estn agobiados por todas las miserias de los viejos, y torturados
adems por la conciencia de la caducidad que los aguarda; a los noventa aos, no
tienen dientes ni cabello, han perdido el gusto por los alimentos, han perdido la
memoria; a los doscientos aos, a los quinientos aos, despojos despreciados y
execrados, horribles de ver; ms espantosos que espectros, no tienen recursos ni
esperanza. Por ltimo, Swift nos hace odiosa nuestra misma existencia. En el
pas de los caballos viven en la esclavitud unas bestias hediondas, que se llaman
Yahs. Los Yahs tienen largos cabellos que les caen por el rostro y el cuello; su
pecho, su espalda y sus patas delanteras estn cubiertos de un pelo espeso; llevan
barba en el mentn, como los chivos. Pueden acostarse, sentarse o estar de pie
sobre las patas traseras; corren, saltan, trepan a los rboles sirvindose de sus
zarpas. Las hembras son un poco ms pequeas que los machos; sus tetas
cuelgan entre sus dos patas delanteras y a veces llegan hasta el suelo. Estos
Yahs repugnantes son los hombres... Cuando se ha acabado la lectura de los
Viajes de Gulliver, se siente la tentacin de cambiar el ttulo y darles el de un
libro perteneciente a la biblioteca de Glumdelclitch, la joven gigante de
Brobdingnog: Tratado de la flaqueza del gnero humano.
Los hijos de Gulliver, hijos legtimos y que llevan, su apellido o hijos
bastardos, proliferarn hasta el punto de formar otra tribu crtica, la de los
agriados, los inadaptados o simplemente los soadores. Mostrarn al siglo, en los
desiertos transformados en jardi-, nes, en las islas en que se oculta el Eldorado,
en la costa de Groenkaof, en el archipilago de Mangahour que ningn mapa
indica, una humanidad que ha sabido encontrar constituciones mejores, religio-
nes ms puras, la libertad, la igualdad y la felicidad. Por qu,


20
Primera parte. El proceso del cristianismo
cuando podramos procurarnos todos esos bienes, seguimos arrastrndonos en
nuestra miseria? A causa de nuestros vicios; y nuestros vicios slo vienen de
nuestro largo error.
Es la crtica universal; se ejerce en todos los dominios: literatura, moral,
poltica, filosofa; es el alma de esta edad disputadora; no veo ninguna poca en
que baya tenido representantes ms ilustres, en que se haya ejercido de un modo
ms general, en que haya sido ms cida, con sus apariencias de alegra.
Sin embargo, no pide una transformacin radical de nuestro ser; no impugna
el egosmo eterno que haban denunciado los moralistas del siglo XVII; no exige
que cambiemos nuestra naturaleza para hacernos santos, para hacernos dioses.
Hay dos tendencias mezcladas en la psicologa de estos reclamantes, una de clera
y otra de esperanza. Incluso Jonathan Swift, tan sombro, no deja de hacernos
entrever un poco de azul entre las nubes de nuestro cielo. Declara que detesta al
animal llamado el hombre y que sus viajes estn apoyados en esa gran
construccin de misantropa. Pero a veces, de repente, dice cosas menos
desalentadoras: suponiendo que la parcela de razn que hay inexplicablemente en
nosotros se desarrollara; que la poltica se redujera al sentido comn y al despacho
rpido de los asuntos; que alguien fuera capaz de hacer crecer dos espigas, o
siquiera dos briznas de hierba, en un trozo de tierra donde antes no haba ms
que una, no habra que desesperar enteramente de nuestra especie. Si nos
despojramos de nuestro vicio esencial, que es el orgullo, seramos menos
absurdos y menos desgraciados. Pero hemos agravado nuestras miserias, hemos
forjado otras: quin sabe si una nueva sabidura, un buen sentido sencillo y
modesto, una concepcin de la vida ms adecuada a nuestra naturaleza, no seran
remedios que no hemos aplicado, pero que estn siempre al alcance de nuestra
mano?
Con mayor razn se corrigen los otros. Su pesimismo no es csmico; no se
extiende a todo el universo. Denuncian ms bien un presente que los irrita, pero
que creen que se puede cambiar. Su enemigo es el estado social, tal como lo han
encontrado al venir al mundo; destryaselo, sustityaselo y el porvenir ser
mejor.
Siempre acompaa a su crtica una reivindicacin. En 1728, John Gay, que no
es un gigante, pero que es un amigo de los gigantes, Arbuthnot, Pope, Swift, da
una pieza que titula The Beggar's Opera, y que puede no parecer a primera
vista ms que una broma inocente. Lo Opera italiana de Londres le crispa los
nervios; se burlar de esos, grandes cantantes de gorgoritos, de esos sentimien-


I. La crtica universal
21
tos enfticos, de esas intrigas estpidas, indignas del genio viril de los rudos
bretones.
Para ponerlos en ridculo, sacar a escena una banda de rateros, de
cortabolsas, de mujeres perdidas, a los que aade un bandido de camino real:
contrapartida de los reyes y las reinas, de las tiernas heronas, los enamorados
lricos, los padres nobles y las dueas respetables. No haba situacin de pera,
declaracin apasionada, do bajo la luna, maldicin paterna, muerte melodiosa,
que no se reprodujera en caricatura, en los bajos fondos; y como msica, baladas
populares, viejas canciones, aires tarareados por la gente de Soho. As se
ridiculizaban la afectacin, la retrica, el melindre del talian nonsense, indigno
del genio viril de los rudos bretones.
Pero esta picarda tena ms alcance. Pues la actividad de la banda, animada
por el genio de su jefe, Mr. Peachum, encubridor, distribuidor de los papeles y
organizador de los complots, repartidor de los beneficios, tan capaz de proteger a
sus hombres y sacarlos de la crcel, si eran detenidos, como de castigarlos si
fallaban, quera ser la imagen de la vida poltica, con sus ministros que dis-
tribuyen a su tropa lo que han robado a los particulares, con su justicia fuera de la
justicia, su ley fuera de la ley. Ms an: la pieza se mofaba de la nobleza. En
suma, Mr. Peachum, Mrs. Peachum, su mujer, fanfarrona y siempre dispuesta a
proferir mximas, sabidura de las naciones; su hija Polly, el ms bello adorno del
gang y el ms til, los bribones que se renen en una taberna, las prostitutas que
huelen a ginebra, en qu difiere toda esta gente de los pomposos seores y las
nobles damas que frecuentan la corte, que viven en palacios, que se pasean en
carrozas y llevan la acera? Esa diferencia, si hay alguna, es externa: los
sentimientos son los mismos, las costumbres son las mismas, los crmenes son los
mismos, en ocasiones. Esas gentes de hermosos atavos, hacen otra cosa que
buscar su inters o su placer? Hablan de su honor: no estn siempre dispuestos a
traicionarlo? Hablan de su virtud: no tienen todos los vicios? No son infieles?
No hacen trampas en el juego? No estn al acecho del dinero? Son animales de
presa. Que hagan todos los ascos que quieran: no se sabe a punto fijo s los seores
imitan a los hombres de la calle o los hombres de la calle imitan a los seores. De
decidir entre ellos, los picaros llevaran ventaja. Los picaros valen ms que esos
hipcritas: procurndose sin tantas ceremonias lo que necesitan para vivir,
industriosos, infatigables, valientes, sin vacilar en arriesgar todos los das su
libertad y su vida, dispuestos a socorrer a un amigo y a morir por l, fieles a su
cdigo, esos filsofos prcticos tratan de repar-


22
Primera parte. El proceso del cristianismo
tir ms equitativamente los bienes de este mundo y de corregir la iniquidad de la
suerte.
Dejad pasar los aos, considerad un pas muy diferente, cambiad el gnero
literario: volveris a encontrar la misma inquietud social. Parini, hijo de un
artesano lombardo, convertido en abate, preceptor y prximo as a la aristocracia,
la juzga y la condena. Da en 1763 II mattino, al que seguir II mezzogiorno: dos
obras maestras. El joven seor cuya vida describe slo durante algunas horas,
desde que se levanta tarde basta la mitad del da, no es ms que pereza, molicie,
ociosidad; sus ocupaciones no son otra cosa que vacio. Toma el caf en porcelana
de China; charla con su maestro de baile, su maestro de canto, su profesor de
francs; recibe a su sastre, al que se niega a pagar lo que le debe; pasa largo rato
ante su tocador, mientras el peluquero, a quien injuria, lo riza y empolva; se va a
la casa de la mujer casada de quien es amante, ante los ojos del marido; hace el
desganado ante manjares exquisitos; charla a tontas y a locas y formula juicios
decisivos sobre lo que no conoce. Es fatuo, orgulloso, cruel; su carroza aplasta a los
transentes que no se apartan pronto a su paso. Cules son sus mritos? No ha
servido al Estado; no ha defendido su patria, como sus antepasados; slo lleva al
cinto un espadn. Es indigno de su nombre, de su jerarqua, de sus privilegios.
Detalle por detalle, lo persigue Parini; se burla y reprende; en algunos momentos
lo invade una clera sorda, sin declamaciones ni gritos. Por sus versos, de una
densidad y una energa desiguales, pasan sentimientos, esperanzas:
Forse vero non , ma un giorno fama Che fur gli
uomini eguali e gnoti nomi Fur Plebe e
Nobiltade...
Quiz es mentira, pero la leyenda dice que hubo un tiempo en que los
hombres fueron iguales, y en que fueron nombres desconocidos Plebe y
Nobleza...
Y as sucesivamente y hasta el final del siglo, hasta Fgaro. As
sucesivamente y en toda Europa. La crtica termina en llamada, en peticin, en
exigencia. Qu desean esos viajeros descontentos, discontented wanderers? Qu
quieren esos quejosos? Por qu proceden a una revisin a la que no ha de escapar
ni la legislacin que arguye su majestad ni la religin que hace valer su carcter
divino? Respecto a qu bien se consideran fracasados? Respecto a la felicidad.


Captulo II
LA FELICIDAD
Oh Happiness! Our Beings End and Aim!
Good. Pleasure. Ease. Content! Whateer thy Name! *
Reaparecern con frecuencia estas invocaciones, estos encantamientos casi;
sern repetidas, analizadas, definidas incansablemente esas palabras que en su
Essay on Man rene Pope como en un grito de llamada, y a las cuales aade an
todas las posibles. Las gentes de aquel tiempo no tuvieron miedo de los dioses
envidiosos, que se irritan cuando los mortales pronuncian palabras imprudentes.
Por el contrario, gritaron que queran su porcin de felicidad, que la tendran y
que ya la tenan. Rflexions sur le bonheur, ptre sur le bonheur, Sur la vie
heureuse, Systme du vrai Bonheur, Essai sur le Bonheur, Della felicit, L'arte di
essere felici, Discorso sulla felicit Die Glckseligkeit, Versuch ber die Kunst
stets frhlich zu sein, Ueber die menschliche Glckseligkeit, Of Happiness: esto es
lo que en diversas lenguas se atrevieron a inscribir en el ttulo de sus libros. Como
el descubrimiento, despus de haber colmado a los individuos, iba a aprovechar a
los pueblos, extendieron su beneficio; Trait de la socit civile et du moyen de se
rendre heureux en contribuant au bonheur des personnes avec qui on vit, Des
causes
* Oh felicidad! Fin y objeto de nuestro ser! Bien, Placer, Bienestar, Contento, y
cualquiera que sea tu nombre!
23


24
Primera parte. El proceso del cristianismo
du bonheur public, De la Felicit publque, Della pubblica felicit, La felicit
pubblica, Ragionamenti... riguardanti la pubblica felicit, Riflessioni sulla
pubblica felicit, Of National Felicity. Para tener a mano los mejores tratados
sobre la cuestin, hicieron una seleccin de ellos y la llamaron Le Temple du
bonheur. El hermoso templo estaba all, en la colina feliz; la Alegra esta delante
de la puerta e invitaba a los humanos a empezar al fin la gran fiesta de la vida.
Otra emulacin se apoderaba de los espritus. Se trataba de ver quin
criticara ms, pero tambin de ver quin repetira ms que de todas las verdades,
las nicas importantes son las que contribuyen a hacernos felices; que de todas las
artes, las nicas importantes son las que contribuyen a hacernos felices; que toda
la filosofa se reduca a los medios eficaces para hacernos felices; y que, por ltimo,
no haba ms que un solo deber, el de ser felices. Se pona en poemas la busca de
la felicidad, Graal de los tiempos nuevos. Hlvtius, que haba decidido convertirse
en el Apolo de Francia, peda consejo a Voltaire; y como Voltaire le responda que
para escribir buenos versos era menester primero un buen tema, buscaba y no
encontraba otro ms digno que ste: su felicidad propia y la felicidad del gnero
humano. Estaba prximo el tiempo en que Ormuz, el dios del bien, iba a terminar
con una victoria decisiva su lucha contra Arimn, el dios del mal: Ormuz mismo lo
anunciaba:
El infierno se aniquila, el cielo est en la tierra...
Se pona en novelas la busca de la felicidad: en 1759, Samuel Johnson, el
razonable y prudente, confiaba su aventura a su hroe Rasselas, hijo del
emperador de Abisinia. Rasselas de acuerdo con la ley del pas y en espera de que
el orden de sucesin lo llamara al poder, era encerrado en un valle sin
comunicacin con el mundo. Nada le faltaba de lo que hubiera debido satisfacerlo,
y no obstante su estado le pareca insoportable. Pronto forjaba el proyecto de aban-
donar su prisin, demasiado perfecta; se escapaba, visitaba los campos y las
ciudades, iba a El Cairo, donde se enfrentan el Occidente y el Oriente, y donde se
encuentran ejemplos de todas las condiciones; incluso entraba en las Pirmides,
que acaso esconden el secreto de la sabidura antigua; y repeta, con una voz cada
vez menos firme, a medida que sus experiencias lo defraudaban: Surely happiness
is somewhere to be found, hay seguramente algn lugar donde se encuentra la
felicidad... En 1766, Wieland creaba su Agathon: y ste recorra las diversas
regiones de la Grecia antigua, preguntando a los profanos y a los sabios, a las
cortesanas y a los ascetas:


II. La felicidad
25
Decidme si habis encontrado la felicidad. Dnde est la felicidad?
Soaban. Al otro lado de la lnea, entre el paralelo cuarenta y el cincuenta de
latitud meridional, se extenda un reino de ensueo. Su capital, Lelipolis, estaba
construida con una piedra jaspeada tan bella como el mrmol; sus casas estaban
adornadas de tapices y alfombras, en invierno; y en verano, de telas pintadas, ms
ligeras y de colores ms vivos que las muselinas y las indianas; los artesonados
estaban recubiertos de un barniz ms perfecto que el de la China. Los campos
eran ricos y poblados; las tierras, cultivadas con tanto cuidado como nuestros
jardines, producan las ms ricas cosechas que se pudieran ver en el mundo. Se
encontraban all montaas de diamantes y cantidades de piedras preciosas,
rubes, esmeraldas y topacios; los ros arrastraban oro en sus arenas, y el mar
ocultaba perlas, mbar, coral. Nada igualaba el verdor de los rboles, de las
praderas, de los cspedes; los setos mismos estaban cubiertos de flores de un
esmalte sin igual y que embalsamaban el aire. Las legumbres y las frutas eran all
excelentes, los vinos deliciosos, y numerosas las fuentes de aguas puras. Un cielo
sereno, un aire saludable, un clima suave, un poco ms amable y menos sujeto al
cambio que el nuestro, acababan de hacer a los habitantes dignos de ese hermoso
nombre, los felicianos
1
.
Se evadan con el pensamiento. Se parta, siguiendo a Robinsn, sobre las
olas inciertas; se corran las aventuras y los peligros del mar; estallaba una
tempestad que haca zozobrar al navo. Pero el nufrago encontraba siempre una
playa donde arribar, una naturaleza compasiva, un valle frtil, caza, frutas; haba
una compaera a su lado, o la encontraba por azar: entonces la pareja volva a for-
mar una sociedad, cuya sabidura avergonzaba a la vieja Europa.
Y esto pasaba en la isla de Felsenburg, en cualquier parte, en Utopa; o en una
isla an ms difcil de alcanzar, que se llamaba Die glckseligste Insel auf der
ganzen Welt, oder das Land der Zufrie- denheit: la Isla ms feliz del mundo
entero, o el pas del contento. Todos, los doctos y los frvolos, los iniciados y los
profanos, los jvenes y las mujeres y los viejos, estaban posedos de la misma sed.
En Varsovia, el Colegio de Nobles, a fin de dar a las familias una idea de la
excelencia de sus estudios, en ao 1757, presentaba en pblico a diez oradores
imberbes, que trataban De la felicidad del hombre en esta vida. En los salones
parisienses, se sustitua la carta de lo Tierno por la de la Felicidad; en el
teatro, se poda
1
[Marqus de Lassay]: Relation du royaume des Fliciens, peuples qui habitent dans
les Terres Australes..., 1727.


26 Primera parte. El proceso del cristianismo
ver representar el Dichoso, pieza filosfica en tres actos y en prosa, Haba una
Orden de la Felicidad entre las sociedades secretas, y en sus asambleas se
cantaban coplas como stas:
La isla de la Felicidad
No es una quimera;
Es donde reina el placer
Y la madre del amor;
Hermanos: corramos, recorramos
Todas las olas de Citerea,
Y la encontraremos.
La felicidad escriba Mme. de Puisieux al pintar los caracteres de sus
contemporneos es una bola tras la cual corremos cuando rueda, y que
empujamos con el pie cuando se para... Est uno muy cansado cuando se decide a
descansar y a dejar rodar la bola... Nunca se estaba cansado, de creer a
Montesqueu: Monsieur de Maupertuis, que ha credo toda su vida y acaso ha
probado que no era feliz, acaba de publicar un breve escrito sobre la felicidad.
La poca estaba obsesa de algunas ideas fijas. No se cansaba de repetirlas;
con predileccin, volva a las mismas frmulas, a los mismos desarrollos, como si
nunca estuviera segura de haber probado bastante, de haber convencido
suficientemente. La vemos aqu en una de sus actitudes favoritas y en una de sus
pasiones. Las guerras no cesaban: guerra de la sucesin de Espaa, guerra de la
sucesin de Austria, guerra de los Siete Aos; guerra en el prximo Oriente,
guerra llevada hasta el Nuevo Mundo. De vez en cuando, la peste o el hambre
devastaban algunas provincias; en todas partes se sufra, como es ordinario. Sin
embargo, la Europa occidental quera persuadirse de que viva en el mejor de los
mundos posibles; y la doctrina de optimismo era su gran recurso
2
.

Es la historia eterna de una eterna ilusin... No. Hay pocas desesperadas.
Hay pocas dolorosas, que no se atreveran a pregonar esa exigencia, porque les
pareca irrisin; que han sido heridas tan profundamente en su espritu y en su
carne, que apenas se atreven a creer en un maana mejor, y que saben que llevan
en s toda la miseria del mundo. Hay pocas de fe que, despus de haber
comprobado nuestra irremediable miseria, ponen su confian-
2
Sobre el optimismo de Leibniz y de Pope, vase la tercera parte del presente libro,,
captulo III: Naturaleza y bondad.


II. La felicidad
27
za en un ms all del que esperan justicia; sas apuestan por el infinito.
La felicidad, tal como la han concebido los racionales del siglo XVIII, ha tenido
caracteres que slo a ella le han pertenecido. Felicidad inmediata: hoy, en seguida,
eran las palabras que contaban; maana pareca ya tardo a aquella impaciencia;
maana poda aportar en rigor un complemento, maana continuara la tarea
empezada; pero maana no dara la seal de una transmutacin. Felicidad que
era menos un don que una conquista; felicidad voluntaria. Felicidad en cuyos
componentes no deba entrar ningn elemento trgico: Beruhigung der
Menschen; que la humanidad se tranquilice, que cesen las turbaciones, las
incertidumbres y las angustias! Tranquilizaos. Estis en una amable pradera
rodeada de bosquecillos, cruzada por arroyos de plata y que se parece a los
jardines del Edn: os negis a verla. Un olor exquisito se escapa de las flores: os
negis a olerlo. Si os acercis a un rosal, os las arreglis para araaros con sus
espinas; si atravesis el csped, es para correr detrs de la serpiente que huye.
Entonces suspiris, os lamentis, decs que el universo se ha conjurado contra
vosotros, que valdra ms que no hubieseis nacido nunca. No sois ms que unos
insensatos, y vosotros mismos causis vuestra desdicha
3
. O bien os complacis en
evocar un espectro, una diosa espantosa: est vestida de negro, su piel plegada por
mil arrugas, su tez es lvida y sus miradas llenas de terror; sus manos estn
armadas de ltigos y escorpiones. Escuchis su voz; os aconseja apartaros de los
atractivos de un mundo engaoso, os dice que la alegra no es el destino de la
especie humana, que habis nacido para sufrir y para ser malditos, que todas las
criaturas sufren bajo las estrellas. Entonces peds la muerte. Pero no sabis que
es la Supersticin la que os habla as, hija de la Inquietud, y que tiene como
compaeros al Temor y al Cuidado? La tierra es demasiado hermosa para que la
Providencia la haya destinado a ser una morada de dolor. Negarse a gozar de los
beneficios que el autor de las cosas ha preparado para vosotros, es dar pruebas de
ignorancia y de perversidad
4
. Nada comn con la felicidad de los msticos, que
tendan nada menos que a fundirse en Dios; con la felicidad de un Fnelon, que
senta su alma ms segura y ms sencilla que la de un nio pequeo, cuando en
pensamiento se una al Padre; con la felicidad de un Bosuet, dulzura de
sentirse dirigido por el dogma y condu-
3
I. P. Uz, Lyrische Gedichte, 1749. Versuch ber die Kunst stets frhlich zu sein.
4
S. Johnson, The Rambler} n. 44; 18 de agosto de 1750.


28
Primera parte. El proceso del cristianismo
cido por la Iglesia, certeza de contarse un da entre los elegidos que figuran a la
diestra del Santo de los Santos; con la felicidad de los justos que aceptaban la
obediencia y la ley y esperaban la recompensa que ya no acabara; con la felicidad
de los simples abismados en su oracin; con las beatitudes...
De las beatitudes, gusto anticipado del cielo, ya no se ocupaban los que
sustituan a los antiguos maestros; una felicidad terrena es lo que queran.
Su felicidad era cierto modo de contentarse con lo posible, sin pretender lo
absoluto; una felicidad hecha de mediocridad, de justo medio, que exclua la
ganancia total, por miedo a una prdida total; el acto de hombres que tomaban
posesin apaciblemente de los beneficios que descubran en lo que cada da trae.
Era adems una felicidad de clculo. Tanto para el mal, de acuerdo; pero tanto
para el bien: y el bien es ms. Incluso procedan a una operacin matemtica.
Haced la suma de las ventajas de la vida, la suma de los males inevitables; restad
la segunda de la primera, y veris que conservis un beneficio. De un lado, el total
de los puntos favorables, multiplicados por la intensidad; del otro, el total de los
puntos desfavorables, multiplicados por la intensidad; si al final de vuestra
jornada encontris que habis tenido treinta y cuatro grados de placer y
veinticuatro de dolor, vuestra cuenta es prspera y debis daros por satisfechos
5
.
Era una felicidad construida. Miremos, tal como se contempla en su espejo, al
autor de las Lettres persanes; aprovechemos, menos que el haber bosquejado,
como todo el mundo entonces, un Ensayo sobre la felicidad, las notas que ha
tomado en cuadernos ntimos; veamos la manera como toma la direccin de una
existencia que ha logrado tan perfectamente. Partir, se dice expresamente
Montesquieu, de un dato positivo: no ambicionar la condicin de los ngeles y no
me quejar de no obtenerla; me atendr a lo relativo. Admitido este principio de
una vez para todas, observo que el temperamento representa un gran papel en
este asunto; y en este punto estoy bien dotado: Hay gentes que tienen como
medio de conservar su salud el purgarse, sangrarse, etc... Yo no tengo
5
Wollaston, Religin of nature delineated, 1722. bauche de la religin naturelle,
traducida del ingls, La Haya, 1756. Seccin II: De la felicidad nota, p. 110: Hay que dar
necesariamente una idea de la comparacin que hace el autor entre los grados de placer y
dolor y los nmeros, porque esto har entrar ms fcilmente al lector en las ms abstractas
proposicio nes de esta seccin, donde el autor hace constante alusin a la aritmtica, etc.


II. La felicidad
29
otro rgimen que guardar dieta cuando he hecho excesos, dormir cuando he velado
y no disgustarme ni por las penas ni por los placeres, ni por el trabajo ni por la
ociosidad. Su alma se aviene a todo; es de los que saludan con la misma alegra el
alba que despierta y la noche que adormece; decir que le gusta ms el campo no
quiere decir que aborrezca Pars; est perfectamente a gusto en sus tierras, donde
no ve ms que rboles, , y tambin en la gran ciudad, en medio de esa multitud de
hombres que iguala a las arenas del mar. Este bienestar vital hay que explotarlo
adems hbilmente, como hacen los pobres afiladores: lo mismo que los cuartos
acumulados acaban por convertirse en escudos contantes y sonantes, los breves
momentos de placeres menudos acaban por constituir una fortuna conveniente. No
gimamos sobre nuestras penas; pensemos, ms bien, que nos devuelven a nuestros
placeres: os desafo a que hagis ayunar a un anacoreta sin dar al mismo tiempo
un sabor nuevo a sus legumbres. Pensemos tambin que los sufrimientos
moderados no estn desprovistos de cierto agrado, y que los sufrimientos vivos, si
bien nos hieren, nos ocupan. En una palabra: pongmonos en tal disposicin de
espritu, que comprendamos cunto supera lo que nos es favorable a lo que nos es
contrario. Adaptmonos a la vida; no es ella, verdad?, la que se adaptar a nos-
otros; el jugador hbil pasa cuando se presenta una mala jugada, aprovecha sus
cartas y acaba ganando la partida; mientras que el jugador torpe pierde siempre.
Felicidad seca: cuntas psicologas fueron entonces semejantes a la suya! Se
fabricaba una mezcla de ingredientes diversos para sustituir las puras delicias y
las alegras sobrehumanas. Se haca entrar al placer, rehabilitado: por qu ese
largo contrasentido a cuenta suya? Por qu haberlo arrojado? No estaba en
nuestra naturaleza? Placer, encanto de la vida... Slo los fanticos podan poner su
gozo en las privaciones, en los sufrimientos corporales, en el ascetismo: la alegra
hace de nosotros dioses, y la austeridad, diablos
6
.
Sollt' auch ich durch Gram und Leid Meinen Leib verzehren,
Und des Lebens Frhlichkeit
Weit ich lebe, entbehren?
Por qu habra yo de consumir tambin mi cuerpo con el duelo, con el
sufrimiento? Por qu habra de privarme, viviendo, de
6
Federico II a Voltaire, Remusberg; 27 de septiembre de 1737.


30
Primera parte. El proceso del cristianismo
la alegra de vivir?
7
. La muerte, la muerte misma debe perder el aire horrible que
se le suele atribuir; las muertes demasiado serias son despreciables, a causa de la
afectacin que las acompaa; los verdaderos grandes hombres son los que han
sabido morir bromeando
8
.
En esta mezcla se haca entrar la salud; no ya una oracin para el buen uso
de las enfermedades, sino precauciones para que no viniera la enfermedad. Ms
una honesta fortuna si era posible. Todas las ventajas materiales de la
civilizacin: pues no se haba llegado todava al confort, pero se empezaba a dar un
precio ms alto a las comodidades de la vida.
Recetas prosaicas. La del marqus de Argens: La verdadera felicidad
consiste en tres cosas: 1.
a
, no tener nada criminal que reprocharse; 2., saber
hacerse dichoso en el estado en que el cielo nos ha situado y en el que estamos
obligados a permanecer; 3.
a
, gozar de una salud perfecta. La de Madame du
Chtelet: Para ser feliz es menester haberse despojado de los prejuicios, ser vir-
tuoso, tener gustos y pasiones, ser susceptible de ilusiones, pues debemos la mayor
parte de nuestros placeres a la ilusin, y desgraciado el que la pierde... Hay que
empezar por decirse uno a s mismo que en este mundo no tenemos que hacer ms
que procurarnos en l sensaciones y sentimientos agradables. Algunas veces, ms
oscura en unos, ms formalmente determinada en los pensadores que buscaban la
razn profunda de una actitud tan diferente de la de sus mayores, la idea de una
adhesin al orden universal, que quera que las criaturas fuesen felices; si no,
para qu habran recibido la vida?
Legiones del mundo brillan en los lmites sealados; y en el espacio etreo}
donde los astros innumerables se mueven en sus rbitas, todo est sujeto al orden.
Todo lo que existe ha sido formado para el orden; l gobierna los suaves cfiros
y los vientos tempestuosos; su cadena liga a todos los seres, desde el insecto hasta el
hombre.
Nuestra primera ley es el bien de toda la creacin; yo ser feliz si no infrinjo
con ninguna accin culpable la felicidad universal, nico fin de mi existencia..,
9
.
7
Hagedorn, Die Jugend, 1730.
8
.-F.-B. Deslandes, Rflexions sur les grands hommes qui sont morts en plaisantant,
1712.
9
Uz, Lyrische Gedichte, 1749. Die Glckseligkeit. Traduccin de Hubert: Choix de
posies allemandes, 1766, tomo II: Oda de M. Utz, La Felicidad.


II. La felicidad
31
As se manifestaban abiertamente nuevas orientaciones del pensamiento.
En primer lugar, la apetencia de lo absoluto era cosa acabada. Y adems se
quera que esta renuncia fuera apacible. Se simulaba creer, se crea casi que el
cliz no est lleno de hiel, y que la hiel misma no era amarga. Se pona el sistema
moral del mundo muy por debajo de la perfeccin ideal (pues somos incapaces de
concebir lo que nos es imposible alcanzar); pero, sin embargo, en un grado
suficiente para instituirnos un estado feliz, tranquilo o, al menos, soportable
10
.
Con ello se traa el cielo a la tierra. Entre el cielo y la tierra ya no poda haber
siquiera diferencia de especie. Suponiendo que otra existencia fuera concebible,
cmo creer que, siendo bienaventurada, tuviera que comprarse con la desgracia?
Que el creador y ordenador del mundo hubiera querido que los medios fuesen
opuestos para llegar al mismo fin en esta vida y en otra vida que la seguira?
Que, para ser feliz, fuera menester empezar por el sufrimiento? Dios no poda
haberse dedicado al juego de privarnos de la felicidad mientras existamos, para
drnosla cuando no existiramos ya. El presente y el porvenir, si era as, no
diferan en especie; los actos que tenamos que realizar para adquirir la felicidad
ms grande de que fuera capaz nuestra naturaleza eran los mismos que nos
conduciran a la felicidad eterna, si la haba. Nada de ruptura, nada de
contradiccin; nuestro ser seguira siendo nuestro ser, si haba un paraso en el
ms all, nuestro ser de carne, que sera semejante a s mismo en la
inmortalidad
11
.
La filosofa deba ser dirigida por la prctica; no deba ser ya otra cosa que la
busca de los medios de la felicidad. Hay un principio en la naturaleza, ms
universal an que lo que se llama la luz natural, ms uniforme todava para
todos los hombres, tan presente al ms estpido como al ms sutil: es el deseo de
ser feliz. Ser una paradoja decir que es de ese principio de donde debemos sacar
las reglas de conducta que hemos de observar, y que por l debemos reconocer las
verdades que hay que creer?... Si quiero instruirme acerca de la naturaleza de
Dios, de mi propia naturaleza, sobre el origen del mundo, sobre su fin, m razn se
confunde, y todas las sectas me dejan en la misma oscuridad. En esta igualdad de
tinieblas, en esta noche profunda, si encuentro el sistema nico que puede
satisfacer el deseo que tengo de ser feliz, no debo reconocerlo en ello como
verdadero? No debo creer
10
Bolingbroke, A Letter on the Spirit of Patriotism, 1737,
11
Maupertuis, Essai de philosophie morale, 1749.


32
Primera parte. El proceso del cristianismo
que el que me conduce a la felicidad es el que no podra engaarme?
12
.
Por ltimo, la felicidad se converta en un derecho, cuya idea sustitua a la de
deber. Puesto que era el fin de todos los seres inteligentes, el centro al cual
tienden todas sus acciones; puesto que era el valor inicial; puesto que esta
afirmacin: Yo quiero ser feliz, era el primer artculo de un cdigo anterior si se
haba merecido la felicidad, sino si se obtena la felicidad a que se tena derecho.
En lugar de: Soy justo?, esta otra pregunta: Soy feliz?
Eran unos retrasados los que pensaban de otro modo. El joven Vauvernar-
gues, que era estoico, que lloraba y se exaltaba leyendo a Plutarco, que se
esforzaba por cultivar en l la virtud por s misma y el herosmo por su belleza, a
los ojos de su primo y amigo, el fogoso Mirabeau, estaba equivocado:
Vauvenargues divagaba, cuando hubiera debido hacer un plan fijo para alcanzar
lo que debe ser nuestro nico objeto: la felicidad. A los ojos de una mujer del siglo
XVIII, la princesa de Clves, que, siendo amada y correspondiendo a ese amor,
rehusaba su felicidad y se retiraba a un desierto para huir del hombre que quera
obligarla a ser feliz a pesar suyo, estaba equivocada. La historia se haba
comprendido mal, porque los sabios que haban intentado determinar si tal pue-
blo haba sido ms religioso, ms sobrio, ms guerrero que tal otro, se
engaaban: lo que hubieran debido hacer es buscar cul haba sido ms feliz. Los
egipcios no lo haban sido; ni los griegos, a pesar de su alto nivel de civilizacin;
ni los romanos, a pesar de la fuerza de su imperio; ni la Europa sometida al
cristianismo. Para estar en disposicin de aportar un remedio a este largo in-
fortunio y para ser tiles al presente, los historiadores hubieran debido
plantearse dos cuestiones: Cuntos das al ao, u horas al da, puede trabajar un
hombre sin molestarse, sin hacerse desdichado? Cuntos das al ao, u horas al
da, hace falta que trabaje un hombre para procurarse lo que necesita para la
conservacin y la holgura de su vida? En efecto: existe en todas las condiciones
una atraccin irresistible que lleva a todos los seres hacia el mejor estado posible,
y ah es donde hay que buscar esa revelacin fsica que debe servir de orculo a
todos los legisladores. Estaba cargada de sentido esta frase que pronunciaba en
1772 el marqus de Chastellux, en su tratado De la flicit publique, o Consid-
rations sur le sort des hommes dans les diffrentes poques de
12
Maupertuis, ibid.


II. La felicidad
33
l'histoire, cargada de un sentido que haba de desenvolver el porvenir.
Todo el mundo se equivocaba, salvo quiz los precursores que el siglo XVIII
haba tenido en el siglo de Luis XIV. De ah la amargura crtica, el reproche
permanente, la queja de promesas no cumplidas, de traicin. De ah la apelacin a
la felicidad. De ah la idea de una reparacin muy prxima, gracias a la razn,
gracias a las luces.


Captulo III
LA RAZON. LAS LUCES
Para los creyentes, la razn era una chispa divina, una parcela de verdad
concedida a las criaturas mortales, en espera del da en que franquearan las
puertas de la tumba y veran a Dios cara a cara. Para los recin llegados, eso no
sern ms que las quimeras de una poca caduca y de un momento superado.
Como en su definicin de la felicidad, el pensamiento europeo empieza aqu
con un acto de humildad, que ser seguido pronto por un acto de orgullo; pero su
primer decreto contiene el anuncio de un sacrificio. Se reconoce incapaz de conocer
la sustancia y la esencia, situadas en una regin inaccesible a sus alcances. Bas-
tante tiempo, proclama, han acumulado los hombres sistemas que han perecido
sucesivamente, explicaciones siempre definitivas y siempre ilusorias. Juego de
locos, extenuarse por franquear barreras puestas como infranqueables; juego
peligroso. Usque huc venies et non procedes amplius: vendrs hasta aqu, no irs
ms adelante. Detente en el trmino que te asignan tus fuerzas; nadie lo ha
rebasado, nadie lo rebasar; slo con esta condicin asegurars la estabilidad de tus
conquistas. La razn es como una soberana que, al llegar al poder, toma la
resolucin de ignorar las provincias donde sabe, que no reinar nunca con firmeza;
as dominar mejor las que conserva. El pirronismo, eterno enemigo, vena de una
ambicin desmesurada: defraudado, este orgullo no dejaba tras s ms que ruinas.
Gracias a una moderacin que es prudencia, el pirronismo ser vencido.
34


III. La razn. Las luces 35
Qu es la razn as limitada? En primer lugar, se le niega todo carcter de
inneidad; se forma al mismo tiempo que se forma nuestra alma y se perfecciona
con ella; se confunde con esa actividad interior que, trabajando sobre los datos de
los sentidos, nos proporciona nuestras ideas abstractas y se diversifica en
facultades. Despus se pasa de prisa sobre su poder de deduccin: deducir no es
ms que un desenvolvimiento que no aade nada al conocimiento, puesto que lo
presupone en el dato primario del que dimanarn todos los dems. Pero sobre todo
se insiste en su valor de discriminacin. La verdad es una relacin de
conveniencia o de inconveniencia que afirmamos acerca de las ideas. La mayora
de las veces no nos damos cuenta de esa relacin, porque carecemos de un trmino
medio, Sean dos edificios alejados: nos es imposible saber con precisin en qu se
parecen y en qu difieren. Pero lo sabremos si aplicamos a uno y a otro una toesa
o un cordel; pues estableceremos entre ambos una relacin que los ojos eran inca-
paces de hacernos concebir. Tal es el papel de la razn: en presencia de lo oscuro y
de lo dudoso se pone a la obra, juzga, compara, emplea una medida comn,
descubre, pronuncia. No hay funcin ms elevada que la suya, puesto que est
encargada de revelar la verdad, de denunciar el error. De la razn dependen toda
la ciencia y toda la filosofa.
Se consider que no tena inters discutir sobre su esencia, y el mximo
inters, por el contrario, ver operar a esta buena operaria, conocer su mtodo y sus
realizaciones. Observa los hechos que registran los sentidos; como los hechos se le
presentan en un conjunto que parece a primera vsta inextricable, los extrae de
esa confusin: sin interpretarlos, sin aventurar acerca de ellos ninguna hiptesis,
intenta captarlos en estado de pureza, luego retenerlos como tales. El anlisis es
su mtodo favorito. En lugar de partir de principios a priori, como hacan los
hombres de otros tiempos, que se contentaban con palabras y daban vueltas sin
darse cuenta de ello, se apega a lo real; mediante el anlisis distingue sus elemen-
tos, luego los colecciona con paciencia. Tal es su primer labor; la segunda consiste
en compararlos, en descubrir los lazos que los unen, en derivar de ellos leyes.
Tarea lenta y penosa. Al menos, la razn est en situacin de solicitar los
hechos que se le escapan, de obligarlos incluso a repetirse para que los examine
con ms detalle, de comprobar la exactitud de sus relaciones, gracias a un
procedimiento que los metafsicos ignoran y que ella pone en boga: la experiencia.
La aprehensin del hecho, desprendido de sus sombras; la comprobacin del
hecho: la vuelta al hecho son los movimientos sucesivos


36
Primera parte. El proceso del cristianismo
de su prudente marcha. Entre una adquisicin provisional y un resultado
definitivo, la experiencia se sita como una garanta, una seguridad contra el
error, un remedio a la flaqueza de nuestros sentidos, a las negligencias de nuestra
pereza, a los extravos de nuestra imaginacin, a las enfermedades del espritu
que han sufrido las generaciones precedentes. As se convertir en la potencia
bienhechora que har hundirse los templos de la falsedad. El hroe de las Alhajas
indiscretas, Mangogul, por absorto que est en pasatiempos que no tienen nada
comn con las preocupaciones filosficas, no por ello est menos prendado de la
razn; con este motivo, Diderot le atribuye un sueno simblico en que se desborda
su entusiasmo por la experiencia, promovida a la categora de las divinidades
tutelares. Mangogul, dormido, se cree transportado por un hipogrifo a un extrao
edificio, que no descansa sobre ningn cimiento: sus columnas frgiles se elevan
hasta perderse de vista y se apoyan en bvedas perforadas. Las gentes que se
renen a la entrada son fofas, endebles, sin msculos y sin fuerza, casi todas
contrahechas. Atravesando esa multitud llega a una tribuna cubierta por una tela
de araa a guisa de dosel, y donde est un viejo de barba blanca haciendo pompas
de jabn con una paja: pues tal es el modo de trabajar de los sistemticos. Pero se
entrev a lo lejos un nio que se acerca poco a poco: sus miembros aumentan y se
alargan a cada paso. Toma cien formas diversas en el progreso de sus
crecimientos: dirige haca el cielo un largo telescopio, estima con ayuda de un
pndulo la cada de los cuerpos, comprueba por medio de un tubo de mercurio el
peso del aire. Se convierte en un coloso, su cabeza toca los cielos, sus pies se
pierden en el abismo y sus brazos se extienden de un polo a otro. Agita con la
mano derecha una antorcha cuya luz ilumina el fondo de las aguas y penetra
hasta en las entraas de la tierra. Es la Experiencia. La Experiencia se acerca al
vetusto edificio; sus columnas vacilan, sus bvedas se desploman y su pavimento
se entreabre; sus restos se abaten con un ruido espantoso y caen en la noche.
La razn se basta a s misma; el que la posee y la ejercita sin prejuicios no se
engaa nunca: neque decipitur ratio, neque decipit unquam; sigue infaliblemente
el camino de la verdad. No necesita ni de la autoridad, de la que es, bastante
exactamente, lo contrario, y que slo ha resultado una maestra del error, ni de la
tradicin, ni de los antiguos, ni de los modernos. Toda aberracin ha venido de que
se ha credo ciegamente, en lugar de proceder en cada circunstancia a un examen
racional. En la misma regin sin duda que el Prtico de las Hiptesis imaginado
por Diderot se encuentra el Templo de la Ignorancia, imaginado por Pie-


III. La razn. Las luces 37
tro Verri
1
. La Ignorancia habita un castillo desmantelado; su arquitectura es
gtica, y en la puerta principal est esculpida una enorme boca que bosteza. Una
multitud llena el vasto edificio: indecisos, charlatanes, estpidos, que no saben ni
el nombre de la diosa ni el lugar de su propia morada. Las paredes estn cubiertas
de pinturas horribles, naufragios y guerras civiles, la Muerte y la Esterilidad.
Desde una alta tribuna, una vieja descarnada repite a cada instante con tono
declamatorio: Jvenes, jvenes, escuchadme: no os fieis de vosotros mismos; lo
que sents en vosotros no es ms que ilusin; confiad en los antiguos y creed que
todo lo que han hecho est bien hecho. Al mismo tiempo un viejo decrpito se
agita y grita: Jvenes, jvenes: la razn es una quimera; si queris discernir lo
verdadero de lo falso seguid las opiniones de la multitud; jvenes, jvenes: la
razn es una quimera. Iconografa del mismo estilo nos muestra a la Experiencia,
que destruye los sistemas; a la Ignorancia, que preconiza la fe en el pasado, la
adhesin a los preceptos antiguos, la obediencia a los prejuicios que se oponen al
juicio libre.
Si no obstante el individuo necesita tranquilizarse sobre el valor de sus
operaciones intelectuales, posee un signo de reconocimiento: el carcter universal
de la razn. Esta, en efecto, es idntica en todos los hombres. No tiene excepciones
posibles; los viajeros que pretenden haber advertido, en los pases remotos,
oposiciones irreductibles entre los varios comportamientos de nuestra especie, slo
se han enfrentado con diferencias superficiales o accidentes desdeables: o bien
han mirado mal, o bien han mentido. Es irracional lo que no ha existido siempre,
lo que no existe en todas partes; el criterio de la Verdad es su extensin en el
espacio y en el tiempo. Los racionales tuvieron muchos motivos para irritarse
contra los entusiastas, sus enemigos personales; y uno de los ms profundos fue
ste: esos fanticos se fiaban de la emocin, del sentimiento, que son individuales;
de este modo, su pensamiento, como su conducta, llevaban al caos. Desde los
ciudadanos del mundo ms civilizados hasta los hurones del lago Michign, hasta
los desventurados hotentotes, ltimo peldao antes del bruto, del Norte al Sur y
del Este al Oeste, la naturaleza se expresa con la voz de la razn.
Su excelencia acaba de sealarse en su virtud benfica. Porque perfeccionar
las ciencias y las artes y as se multiplicarn nuestras comodidades y facilidades;
porque ser el juez que nos har sa-
1
Pietro Verri, II Tempio dell'Ignoranza, en el peridico II Caff, 10 de junio de 1764.


38 Primera parte. El proceso del cristianismo
ber, con ms seguridad que la sensacin misma, cul es en definitiva la calidad de
nuestros placeres y, por consiguiente, cules hay que dejar y cules hay que
tomar; porque la desgracia no es ms que un defecto de conocimiento o un juicio
errneo, porque remedia uno y corrige el otro: lo que el pasado haba prometido
siempre sin hacerlo, ella lo realizar, nos har felices. Traer la salvacin;
equivaldr para el filsofo, dice Dumarais, a lo que es la gracia para San Agustn;
iluminar a todo hombre que viene a este mundo por ser luz.
La luz, o mejor aun las luces, puesto que no se trataba de un solo rayo, sino de
un haz que se proyectaba sobre las grandes masas de sombra de que la tierra
estaba todava cubierta, fue una palabra mgica que la poca se complaci en
decir y repetir, con algunas otras que veremos; y qu dulces eran a los ojos de los
sabios esas luces que ellos mismos haban encendido; qu bellas y potentes eran;
cunto las teman los supersticiosos, los bribones, los malvados! En fin, brillaban;
emanaban de las augustas leyes de la razn; acompaaban, seguan a la filosofa
que avanzaba a pasos de gigante. Ilustrados, esto es lo que eran los hijos del siglo:
pues la metfora deleitable se prolongaba indefinidamente. Eran las antorchas; la
lmpara cuya luz los diriga en el curso de sus pensamientos y de sus acciones; la
aurora, anuncio del da, y el sol, constante, uniforme, duradero. Los hombres
haban errado, antes de ellos, porque haban estado sumergidos en la oscuridad,
porque haban tenido que vivir en medio de las tinieblas, de las nieblas de la
ignorancia, de las nubes que ocultaban el camino recto; se haba cubierto sus ojos
con una venda. Los padres haban sido ciegos, pero los hijos seran los hijos de la
luz.
Poco les importaba que la imagen fuera tan antigua como el mundo y que
hubiera nacido quiz en el momento en que los hijos de Adn, asustados por la
noche, se haban tranquilizado al ver apuntar el da. Poco importaba incluso que
hubiera sido teolgica: Yo soy la luz del mundo, y el que me sigue no marcha en
tinieblas. Se la apropiaban, la hacan suya, como si la hubieran descubierto. La
luz, las luces, era la divisa que inscriban en sus banderas, pues por primera vez
una poca escoga su nombre. Empezaba el siglo de las luces; empezaba la
Aufklrung.
Was ist Aufklrung? se pregunt Kant, cuando, cumplidos los tiempos,
consider conveniente proceder a un examen de conciencia retrospectivo.
Respondi que haba sido para el hombre una crisis de crecimiento, la voluntad
de salir de su infancia. Si,


III. La razn. Las luces 39
en las pocas precedentes, el hombre haba permanecido en tutela, era por culpa
suya: no haba tenido valor para servirse de su razn; siempre haba necesitado un
mandato exterior. Pero se haba recobrado, haba empezado a pensar por s
mismo: Sapere aude. La pereza, la cobarda impulsan a multitud de espritus a
permanecer en minora de edad durante toda su vida y permiten a algunos otros
ejercer un fcil dominio. Si tengo un libro que tiene opiniones por m, un director
de conciencia que tiene una moral por m, un mdico que tiene un rgimen por m,
no necesito esforzarme personalmente: en lugar mo, un vecino se ocupa de la
desagradable tarea que consiste en reflexionar. Los guardianes que han empezado
por entontecer a su rebao domstico velan porque la inmensa mayora de las
criaturas tenga miedo de alcanzar su mayor edad: muestran a esos eternos nios
el peligro que los amenaza si pretenden andar solos. De suerte que es difcil para
los individuos salir de esa segunda naturaleza que acaba por gustarles. Y, sin
embargo, es posible, es inevitable que se cree un pblico que acceda a la filosofa
de las luces. Pues algunas almas enrgicas se liberan y dan el ejemplo. Ejemplo
cuya virtud slo puede operar despacio: mientras que por una revolucin se abate
un despotismo, se acaba con una opresin, pero no se llega a nada duradero, e
incluso se crean nuevos prejuicios, por el contrario, se ejecuta una reforma
profunda mediante una evolucin. La libertad es su alma, la libertad bajo la forma
ms sana de todo lo que se designa con ese vocablo, la libertad de hacer un uso
pblico de la razn. Pero aqu se elevan gritos; el oficial dice a sus soldados: no
razonis y hacer la instruccin; el financiero: no razonis, pagad; el eclesistico:
no razonis, creed! El hecho es que cierta limitacin es necesaria, que, lejos de
perjudicar a la Aufklrung, la favorece. La libertad de pensar y de hablar es
ilimitada en el hombre cultivado, en el sabio; es limitada entre los que, ejerciendo
una funcin del cuerpo social, tienen que realizarla sin discusin; sera
extremadamente peligroso que un oficial, al recibir en el servicio una orden de un
superior, se pusiera a razonar sobre la oportunidad de esa orden; que un
eclesistico, al exponer el Credo a sus catecmenos, se pusiera a mostrarles lo que
el Credo tiene de defectuoso. En suma: el juego de los rganos de la mquina social
debe continuar sin cambio brusco; al mismo tiempo debe producirse un cambio en
el espritu de los que la dirigen, un cambio que los afecta en cuanto seres
pensantes, y que poco a poco sustituye el estado de tutela por un estado de
libertad. Dos planos: el de la accin, que provisionalmente queda inalterado; el de
la razn, donde se prepara la evolucin que al final dominar


40 Primera parte. El proceso del cristianismo
los actos, pues esta labor del pensamiento tiene como deber no detenerse.
El campo de la liberacin se ha abierto; no hemos llegado, no nos
detendremos nunca, pero estamos en el buen camino...
2
. Tal fue, como quera ser
vista bajo su forma ms elevada y en el ideal, la Aufklrung.
Varios hechos, en lo que concierne a la historia de las ideas, han contribuido
a establecer su reinado: la influencia de Bayle, el fracaso de Vico, el xito de
Wolff, el triunfo de Locke.
Bayle no ha dejado de actuar. Era obra pa refutarlo: haca medio siglo que
haba muerto; desde haca tres cuartos de siglo se encarnizaban todava con l,
como el primer da; hasta tal punto segua apareciendo en la primera fila de los
escpticos. En verdad, su Diccionario figuraba en el puesto de honor en las bi-
bliotecas; lo reeditaban, lo traducan; ya se hinchara de edicin en edicin o se lo
redujera en extractos, en anlisis, era siempre el arsenal de donde se sacaban
todas las armas, cuando se trataba de sustituir la autoridad por la crtica.
Discpulos ms o menos directos explotaban el pensamiento central del gran
enemigo de los religionarios, a saber: que religin y verdad eran inconciliables,
que religin y moral no estaban ligadas; estos discpulos iban repitiendo que no
se vea que los cristianos fuesen mejores que los incrdulos, y que era muy
posible que una repblica de ateos fuese ms virtuosa, y al mismo tiempo ms
desinteresada, que una repblica de catlicos o de protestantes. No dejaba de
servir incansablemente hasta uno de sus procedimientos favoritos: en que
consista en decir que, siendo tal dificultad insoluble por la razn, haba que
recurrir a la creencia para salir del apuro; de suerte que la fe era el recurso del
absurdo. S nuestra Sagrada Escritura ha dicho que exista el Caos, que
Zipizape ha sido adoptado por ella, lo creemos sin duda y con la fe ms viva. Aqu
slo hablamos segn los resplandores engaosos de nuestra razn...
3
. El alumno
es ms desenvuelto, pero se reconoce bien la leccin del profesor. Con frecuencia,
por ltimo, esa influencia se fragmenta: trtese de los cometas, o de Spinoza, o de
la historia, o de la Biblia, Bayle est en las memorias, Bayle dirige los espritus.
Si fuera menester hacer aqu alguna atenuacin se dira slo que, en un
momento dado, este culto es menos fervoroso. Por
2
I. Kant, Beantwortung der Frage: Was ist Aufklrung.?, 1784.
3
Voltaire, Le philosophe ignorant. Tout est-il ternel?


III. La razn. Las luces 41
una parte, en efecto, lo que pareca audaz alrededor de 1700 parece relativamente
benigno alrededor de 1750; por tanto, se necesita menos un ejemplo cuya violencia
se ha atenuado con el tiempo. Desde el artculo David del diccionario, David ha
tenido que or otras cosas, se ha acostumbrado. Por otra parte, los epgonos
estiman que la duda, actitud inicial y primera precaucin, debe ser seguida, de
una actividad positiva a la que el pirroniano por excelencia se neg. Del
Diccionario histrico y crtico a la Enciclopedia, de la coleccin de los errores al
inventario de los conocimientos humanos, se afirma una evolucin por la cual
Pierre Bayle se encuentra rebasado.
Si Italia hubiera escuchado a Giambattista Vico, y si, como en el tiempo del
Renacimiento, aqulla hubiera servido de gua a Europa, no habra sido diferente
nuestro destino intelectual? Nuestros antepasados del siglo XVIII no hubiesen
credo que todo lo que era claro era verdadero, sino, al contrario, que la claridad
es el vicio de la razn humana ms que su virtud, porque una idea clara es una
idea finita. No hubiesen credo que la razn era nuestra facultad primaria, sino, al
contraro, la imaginacin; la razn, llegada tardamente, no ha hecho ms que
desecar nuestra alma; y tal vez hubieran sentido nuestros parasos perdidos. No
hubiesen credo que haba que iluminar la tierra en la superficie, sino, al
contrario, que la explicacin de las cosas vena de las profundidades del tiempo.
No hubieran credo que nos dirigimos en lnea recta hacia un porvenir mejor, sino
al contrario, que las naciones estaban sometidas a vicisitudes que las hacan salir
de la barbarie para ir hacia la civilizacin, y de la civilizacin las volvan a la
barbarie. Todas sus ideas se habran trastornado, toda su concepcin del mundo.
Hay que admirar a este hroe del pensamiento, a este genio original y, hasta
en su derrota provisional, el hombre que hubiese querido dar otro curso al ro del
siglo. Por virtud de la enfermedad que lo haba mantenido alejado de las escuelas,
y por la de un orgullo que le haba hecho medir de un solo golpe la insuficiencia de
los maestros que repetan y ya no reflexionaban, no haba sufrido la influencia de
la escolstica, que contaba todava tantos devotos. Por virtud de su propia fuerza,
no haba sufrido la influencia de las doctrinas de moda, como la de Descartes, que,
segn l, haba embotado los espritus, dispensndolos del saber, ensendoles a
desdear los esfuerzos y la paciencia, poniendo su confianza en una percepcin
distinta, la cual haba favorecido la


42
Primera parte. El proceso del cristianismo
pereza de nuestra naturaleza, que quiere conocerlo todo en el tiempo ms breve y
con el menor trabajo. No haba sufrido la influencia de Locke, recin venida de
Londres, y que representaba la novedad del da. Su carcter no haba cedido
tampoco a las fuerzas de la esclavitud, al poder de los grandes, a la pobreza, al
fracaso de su carrera profesoral. En los apuros haba continuado trabajando,
buscando, sumergindose en el estudio de las disciplinas ms diversas, hasta el
da en que, juzgando al fin que sus aproximaciones eran suficientes, haba
publicado el libro que propona nada menos que dar los principios de una ciencia
nueva sobre la naturaleza de las naciones, sobre el derecho de gentes y, a decir
verdad, sobre la ley que presida la evolucin de la humanidad: Principi d'una
Scienza Nuova intorno alla natura delle nazioni, per li quali si ritrovano altri
principi del diritto delle genti; y era el ao 1725. Se desprenda de l la idea
grandiosa de que el sujeto y el objeto del conocimiento eran la historia que cada
pueblo, y todos los pueblos, crean inconscientemente al vivirla y conscientemente
cuando la conciben como el devenir mismo de nuestra especie. Para l, la historia
era la realidad siendo vivida; y era tambin el conjunto de los testimonios que
dejamos tras de nosotros y que, antes de ser recuerdos, son las modalidades de la
existencia; era todos los monumentos, desde las primeras piedras de las cavernas
hasta los productos ms refinados de la civilizacin; todas las lenguas que alguna
vez se hubiesen hablado o escrito; todas las instituciones que se hubiesen fundado;
todos los hbitos y todas las costumbres; todas las leyes. No haba objeto que Vico
tocara sin transformarlo en oro; el lenguaje no era ya la ciencia abstracta de las
palabras, sino una serie de inscripciones que haba que leer buscando en ellas el
reflejo de nuestros estados psicolgicos anteriores; la poesa no era ya el resultado
de un artificio, una dificultad vencida, un acierto tanto ms perfecto cuanto ms se
conformara a los preceptos de la razn, sino nuestra alma espontnea e ingenua,
un valor primitivo, que se iba degradando. La Ilada y la Odisea no eran ya
epopeyas sabiamente compuestas por un aeda ciego, llenas a la vez de bellezas
singulares y de faltas de gusto, debidas stas a la tosquedad de su tiempo, sino
una de las voces que habamos hablado, una de las formas de nuestro ser, cogida
en un momento de la duracin y llegada hasta nosotros. Y la ciencia nueva no era
ya la geometra o la fsica, sino la interpretacin de los signos, cuyo conjunto
constitua la humanidad y la vida.
En vano se diriga Giambattista Vico a los sabios, a sus compatriotas de
Npoles, a aquel Jean Leclerc que, en su gaceta de Holanda, distribua el
renombre a los escritores que revelaba a


III. La razn. Las luces 43
Europa. Europa permaneca sorda, y para empezar, Italia. Sin embargo, le haba
proporcionado uno de sus ttulos de nobleza, mostrando en la lengua latina las
huellas de una civilizacin autctona, De antiquissima Italorum sapientia,
sabidura que no deba nada ms que a un pueblo digno de volver a ser el mismo.
Slo ms tarde ser oda y recogida esta llamada. Por el momento quedaba sin
eco; este innovador no tena discpulos ni seguidores; su pensamiento no tena
accin, y ni siquiera los suyos lo aceptaban.
Christian Wolff era un profesor muy doctoral; se lo adivinara sin ms que
mirar su retrato, su peluca solemne, la gruesa corbata en que se oprime su cuello,
sus ojos desorbitados de hombre que ha ledo y escrito demasiado, su fisonoma
llena de la seguridad del pedagogo. Enseaba en la Universidad de Halle, donde
haba empezado por las matemticas, en 1706: siempre guardar la huella de la
geometra. Despus se haba hecho filsofo de profesin. En 1712 haba publicado
su primer gran libro, Vernnftige Gedanken von den Krkten des menschlichen
Verstandes, und seinen richtigen Gebrauch im Erkenntniss der Weisheit:
Pensamientos racionales sobre las fuerzas del entendimiento humano y sobre su
buen uso en el conocimiento de la sabidura. Desde entonces no haba cesado de
profesar, de poner en publicaciones ms materia de sus cursos. Sesenta y siete
obras de 1703 a 1753; algunas, en varios volmenes, y muchos, en cuarto. Todos
los aos, en torno a su ctedra y en el esplendor de su renombre, haba reunido
proslitos; se haba convertido en el maestro del pensar de Alemania.
Quera, ciertamente, haber sido discpulo de Leibniz, a condicin de que no se
tomara la palabra en sentido estricto, de que no se lo considerase como el simple
divulgador de las doctrinas de un hombre ms grande, que se reconociera muy
alto que haba transformado, corregido, mejorado la herencia de que haba re-
sultado ms que el mero depositario; Philosophia Leibnitio-Wolffiana: de los dos,
siendo para l la mejor parte. Leibniz le haba proporcionado un punto de partida
de donde se haba lanzado para tomar ms altos vuelos.
Pronto, del pensamiento magnficamente conciliador del autor de la Teodicea
haba hecho un pensamiento sistemtico; lo haba llevado a afirmaciones
categricas, casi a un dogma. La filosofa era para l la ciencia de lo posible, de
todo lo posible; y, por ende, haca entrar todo lo posible en compartimentos bien
cerrados, de manera que nada se desbordara ni se escapara; lo aprisionaba en
definiciones sin fisuras. Las ciencias, interpreta su traductor y


44 Primera parte. El proceso del cristianismo
admirador Formey, no son ni pueden llamarse tales ms que si resultan de una
reunin de verdades slidamente ligadas, sin ninguna mezcla de errores. El seor
De Wolff se ha pasado la vida entregado nicamente al cuidado de transformar en
ciencias reales y verdaderas ese cmulo indigesto de conocimientos filosficos que
entonces se haban acumulado ms que edificado. Oh, qu hermoso tablero de
ajedrez rectilneo tomaba como espejo! Lo existente se encontraba cogido, y bien
cogido, en sus casillas.
LA FILOSOFIA
I. Teortica que, se divide en
1. Lgica;
2. Metafsica, que tiene como partes:
a) Ontologa,
b) Cosmologa general,
c) Psicologa
emprica,
racional.
3. Fsica, que es
a) experimental,
b) dogmtica, en la cual se consideran las causas
eficientes, y
finales.
II. Prctica, que se divide en
1. Filosofa prctica universal;
2. Etica o moral;
3. Econmica, y
4. Poltica
4
.
Esta mana de rigor formal reapareca cuando Christian Wolff intentaba
dar un criterio de verdad. Es verdadero todo lo que no contiene contradiccin en s;
la claridad es el signo de la verdad; la oscuridad es el signo del error. La
inteligencia de las cosas es pura, si su nocin no comprende ni confusin ni
oscuridad; es impura si comprende oscuridad y confusin. Para l no contaba la
realidad de un hecho, sino la aplicacin del raciocinio a un hecho, su consecuencia
rigurosa, su desarrollo sin defectos; era menos
4
En los Principes du droit de la nature et des gens, extrait du grand ouvrage latin de M.
de Wolff, por Formey, Amsterdam, 1758, tres vols, en 12 Mmoire abrg sur la vie et
les ouvrages de M. de Wolff.


III. La razn. Las luces
45
la concordancia del ser con la afirmacin que debe traducirlo que la concordancia
de las diferentes partes de una afirmacin una vez dada. Una vez dicho lo cual,
admiraba su obra y la encontraba perfecta.
Pensamientos racionales sobre Dios, sobre el mundo y sobre el alma.
Pensamientos racionales sobre el hombre. Pensamientos racionales sobre la
sociedad; de estos pensamientos racionales y de su filosofa racional, puestos en
alemn para los profanos, en latn para los doctos, inund su pas primero, luego
los pases vecinos. Es cierto que su carrera haba sufrido un accidente enojoso: en
Halle, el 12 de julio de 1721, haba pronunciado un discurso sobre la moral de los
chinos, reiterando el tema, que un largo uso hubiese debido hacer inofensivo, de la
elevada moralidad de las enseanzas del Confucio, las cuales llevaban al bien, no
por efecto de alguna revelacin divina, sino de una sabidura enteramente humana
que inspiraba la razn, de una sabidura racional. Inmediatamente, los profesores
pietistas, sus colegas y enemigos, se haban escandalizado; y el asunto, despus de
haber conmovido a la Universidad, haba sido llevado hasta Federico Guillermo, su
soberano. La leyenda cuenta que un cortesano hizo ver al rey sargento que aquel
seor Wolff enseaba la doctrina de la armona prestablecida; que sta conduca al
fatalismo; que, por tanto, los soldados de S. M. no eran ms que mquinas, y que
era un error castigar a esas mquinas s desertaban. Al or lo cual, el rey se haba
enojado y haba dado orden de expulsar al seor Wolff: si se encontraba todava en
Halle al cabo de veinticuatro horas, que lo ahorcaran. Pero el desquite haba
llegado. Al advenimiento de Federico II haba sido devuelto a su ciudad, a su
Universidad, a su ctedra, donde apenas tuvo ya que hacer ms que rumiar su
gloria: lo que hizo hasta su muerte, en 1754. Inmenso renombre, que se ha llevado
el viento: se deca que era el Sabio, pues el nombre de filsofo era demasiado poco
para l; que lo admiraban naciones enteras; que los franceses lo haban agregado a
la Academia de Ciencias, honor supremo; que los ingleses haban traducido varios
de sus tratados, seal infalible de la aprobacin de un pueblo que se cree el nico
en pensar y filosofar; que los italianos se haban dado pronto cuenta de su mrito y
que haban sido los primeros, tanto en Roma como en las escuelas de Italia, en
recomendar sus obras. Su Majestad Napolitana haba introducido, incluso, por car-
tas patentes el sistema wolffano en las Universidades de sus Estados. El Norte no
haba estado helado para con l; Rusia le haba conferido el ttulo de profesor
honorario de su Academia imperial, y los otros reinos de aquellos climas le
haban dado testimonios


46 Primera parte. El proceso-del cristianismo
de la estimacin ms distinguida. Este gran rumor de alas se ensordeci pronto, y
Christian Wolff no tiene ya epitafio ms que en los tratados de historia de la
filosofa. Pero muere, o no est eternamente presente entre nosotros todo hombre
que ha sabido comunicar sus vibraciones al espritu?
Siempre haba adherido a una religin positiva; haba refutado a Spinoza, a
Locke, a Bayle; haba protestado tanto contra la desagradable librepensera de los
ingleses como contra el invasor desmo, materialismo y escepticismo de los
franceses; unas dos horas antes de su muerte, sintiendo que iba a entrar en los
trabajos de la agona, descubri la cabeza, haciendo todo el esfuerzo que le
permita su extremada debilidad, y, juntando las manos, dijo: Ahora, Jess
Redentor mo, fortalceme durante esta hora... Actitud del cristiano, que reza y
espera. Sin embargo, no era cristiano en su pensamiento profundo. Para l, la
moral era racional; la fe era una operacin racional que no llegaba hasta creer en
el milagro; y Dios no era, en suma, ms que un producto de la razn humana. Este
es el sentido en que Christian Wolff ser interpretado por sus sucesores.
Cuando se llega a John Locke se queda asombrado. En una primera
apariencia, en efecto, su monarqua no tiene rival y no tolera ninguna rebelin. En
1690, su Essay on human understanding ha propuesto una orientacin nueva del
pensamiento; este Ensayo sigue siendo, hasta Kant, el libro de cabecera de la
filosofa. La frase de Helvtius en el libro De l'homme, Analogie de mes opi- nions
avec celle de Locke, vale para la inmensa. mayora; se pueden contar con los dedos
los que no lo han ledo, frecuentado, admirado, mientras la multitud de sus
seguidores es innumerable. Yo no s si ha habido nunca un manejador de ideas
que haya moldeado su siglo de un modo ms manifiesto que ste. Ha salido de las
escuelas, de las Universidades, de los crculos doctos, de las academias, para llegar
hasta los profanos; se ha convertido en uno de los accesorios indispensables de la
moda intelectual. Pope cuenta que una joven inglesa que se estaba haciendo un
retrato quiso que el pintor la representara teniendo en las manos un grueso vo-
lumen, las obras de Locke; y Goldsmith nos dice que los petimetres franceses no se
contentaban con brillar por la elegancia y el refinamiento de su atavo; adems
queran que su espritu estuviese adornado, adornado por Locke. Destouches, en
su comedia La fausse Agns pone en escena una muchacha que se ha hecho pasar
por loca para deshacerse de un pretendiente a quien no


III. La razn. Las luces
47
ama; despus de lo cual muestra que es perfectamente razonable, explicando la
doctrina del conocimiento, tal como est explicada en el Ensayo. A menudo una
alusin, una cita, una referencia, no ya siquiera de las obras maestras, sino de las
obras menos conocidas, indican que se lo tiene dispuesto en las reservas de la me-
moria, moneda de oro que se siente uno feliz de sacar y hacer relucir de paso.
Raros son los autores que van por instinto a todas las cuestiones esenciales, y
slo a sas, la creencia, la moral, la poltica, la educacin, y que en todos esos
grandes temas ponen su huella indeleble: John Locke fue de sos. Hoy se descubre
que ha hecho la revolucin hasta en literatura; no slo porque destruy de un solo
golpe las viejas retricas y las viejas gramticas, al mostrar que el arte de escribir
no consista en aplicar reglas y preceptos, y proceda ms bien de la actividad
interior del alma, sino porque dio a la impresin, a la sensacin, un puesto qu
todava no se les haba reconocido. Yo no le debo nada a la naturaleza, deca
Sterne a Suard, que se preguntaba si aquel extrao ingls no se burlaba de l; lo
debo todo al estudio asiduo de algunas obras; el Antiguo y el Nuevo Testamento y
Locke, a quien empec a leer en mi juventud y que he seguido leyendo toda mi
vida. En este sentido, Locke est en el origen de una literatura que registra,
coherentes o no, las reacciones del Yo ante los fenmenos que lo impresionan, la
literatura de la impresin, la literatura de la sensacin.
De dnde viene una influencia tan extensa como profunda? De dnde viene
esa accin que aparece en todas partes? Locke ha prefigurado la actitud que
quera tomar el siglo ante el problema del ser. De l procede la renuncia solemne a
lo incognoscible; de l procede el decreto imperial De coercendo intra fines
imperio. Suya es la idea de que lo que no nos es til no nos es necesario; el marino
no necesita sumergirse en los abismos del ocano, le basta llevar sealados en su
carta los escollos, las corrientes y los puertos. Suya es, la haya tomado
dondequiera, la idea de que no hay nada innato en el alma; de que nuestras ideas
abstractas, nuestra razn misma, son el resultado de las sensaciones que sta
registra y de la labor que ejerce sobre s misma. Suya es la idea de que el
conocimiento no es ms que la relacin entre los datos que aprehendemos en
nosotros, de que la verdad no es sino la coherencia de esa relacin. Suya es la
reduccin del hombre al hombre. Est en la fuente del empirismo.
Los portadores de las antorchas avanzaban, la verdad iba a salir de sus
escondrijos. Se llamaban orgullosamente Amigos de la


48 Primera parte. El proceso del cristianismo
verdad, los Aletfilos. En una medalla cuyo anverso representaba a Minerva hacan
grabar su divisa Sapere aude: Atrvete a conocer. Marchaban con la mirada libre y
el espritu lleno de claridad
5
.
Y lo que haba producido la tosca ignorancia
Desaparece al pleno da en un siglo de luz
6
.
5 Wieland, Die Natur der Dinge, Erstes Buch, versos 77 y 78.
6
Chabanon, Sur le sort de la posie... 1764.


Captulo IV
EL DIOS DE LOS CRISTIANOS, PROCESADO
Unicamente, el puesto estaba ocupado.
Aquellos audaces encontraban delante una concepcin de la vida que, desde
baca dieciocho siglos, se haba confundido con la civilizacin de Europa, El
cristianismo se ofreca a los hombres desde su nacimiento, los modelaba, los
instrua, sancionaba cada uno de los grandes actos de su existencia, puntuaba las
estaciones, los das y las horas, y transformaba en liberacin el momento de su
muerte. Siempre que levantaban los ojos vean, sobre las iglesias y los templos, la
misma cruz que se haba levantado en el Glgota. La religin formaba parte de su
alma en tales profundidades, que se confunda con su ser. Los reclamaba enteros y
no toleraba divisin; el que no est conmigo est contra m.
La fe cristiana estaba all, potente y actuante; y los que llegaban chocaban con
su fuerza inveterada. Enseaba que la vida no era ms que un paso, una
preparacin, el spero camino que conduce al cielo; mientras que ellos confiaban al
presente todas sus posibilidades y todas sus alegras. Deca que, como la razn nos
conduce hasta cierto punto del conocimiento, pero siempre acaba por encontrar
algn misterio, el nico recurso era poner nuestra confianza en una razn
superior, que desde ahora nos ayudaba y que algn da nos permitira desgarrar el
velo que se interpone entre nuestros ojos de carne y la Verdad; mientras que ellos
ponan su confianza en una razn totalmente humana. Deca que, puesto que va
unida a nuestra raza una maldicin, de suerte que reside
49


50 Primera parte. El proceso del cristianismo
una perversin en los ms nobles de nosotros, y que se mezcla con nuestras
aspiraciones sublimes un horrible gusto por el pecado, el nico recurso era admitir
una falta original, precio de nuestra libertad, falta que se nos lavara si nos
mostrsemos dignos de responder a la llamada de lo divino; mientras que ellos no
vean esa maldicin ni esa tara primera. Invocaba la autoridad, la tradicin; en
una no encontraba ms que un abuso, y en la otra un error.
Desde este momento se planteaba un conflicto tal como no se lo haba visto
nunca. No se trataba ya de amenazas oscuras, de reivindicaciones parciales, de
herejas o de cismas, ramas que se podan sacrificar para conservar el rbol: los
enemigos atacaban las races. No se trataba ya de revueltas aisladas, de
rebeliones limitadas a un individuo, a una secta; de disputas entre telogos; el
apetito de dominacin total se haba despertado y quera satisfacerse. El choque
se produca ante la multitud y por la multitud, a plena luz: el combate,
encarnizado por ambas partes, da al siglo su carcter doloroso.
No es que la religin cristiana y la filosofa de las luces se hayan opuesto en
estado de pureza. Ha habido fariseos y mercaderes del templo entre los defensores
de Cristo. Legin de los poderosos y los, ricos, persuadidos de que las cosas no
tenan ninguna necesidad de cambiar, puesto que estaban organizadas para su
provecho. Legin de los obstinados, de los limitados, que encontraban ms cmodo
condenar y castigar que entrar en el fondo de la controversia. Legin de los falsos
devotos, que crean conseguir la salvacin de su alma mediante la observancia de
las prcticas externas, y que se escandalizaban en cuanto se tocaba alguna
supersticin manifiesta; cristianos de nombre y ms paganos que los gentiles y los
idlatras. Gente sin caridad.
De igual modo, haba en el otro campo almas hasta tal punto desprovistas de
sentimiento religioso, que no comprendan, que no podan comprender la angustia
de los que llaman y el sosiego de los que rezan. Para aquellas almas, los cristianos
no eran ms que necios o impostores. Como ellos no sentan, por su parte, la nece-
sidad de creer, disfrazaban, caricaturizaban: el cristianismo era un ardid tan tosco
que apenas se imaginaba que pudiera haber nacido y haberse perpetuado, forjado
entre dos opresiones que se haban unido para asegurarse el reparto de la tierra,
la de los sacerdotes y la de los reyes; el cristianismo no haba producido ms que
mentiras y crmenes a lo largo de su historia; todos los males que sufrimos
desapareceran el da que hubiera desaparecido el cristianismo. De los abusos que
la Iglesia haba tolerado, a los que se haba asociado a veces, hacan lo
esencial de la fe. La fe, segn


IV. El Dios de los cristianos, procesado 51
ellos, era credulidad absurda para uso de los ignorantes y los imbciles; consista
en creer, no lo que parece verdadero, sino lo que parece falso al entendimiento.
Sustituan el culto del Dios de Israel, de Abraham y de Jacob por el culto
supersticioso de la naturaleza humana
1
. Human nature vindicated
2
. Como si
nuestra miseria hubiese venido no de nuestra condicin, sino de la religin que
haba querido interpretarla y ennoblecerla, y de Cristo.
Pero a travs de los episodios de una lucha confusa y a menudo llena de odio,
argumentos que fallan y no se aciertan, crtica que no llega a la defensa, defensa
que no responde a la crtica, acritudes y violencias; a pesar de las desviaciones, de
los errores y del carcter turbio que adquiere un debate cuando es llevado ante la
multitud, queda en pie que la cuestin que se plante fue la de saber si Europa
continuara siendo cristiana o no lo sera ya.
En estas condiciones se abri un proceso sin precedente, el proceso de Dios. El
Dios de los protestantes estaba encausado lo mismo que el Dios de los catlicos,
con algunas circunstancias atenuantes a favor del primero, porque se lo
consideraba ms cerca de la razn, ms favorable a las luces. Pero, en conjunto, no
se quera distinguir entre Ginebra y Roma, entre San Agustn y Calvino. El origen
era comn, y comn la creencia en la revelacin.
Era, dice un crtico cuyas expresiones mismas reproducimos, era como si un
rumor, nacido no se sabe cundo, se hubiera hecho al final demasiado insistente
para poder desatenderlo ms; corra el rumor de que Dios, que haba partido
secretamente durante la noche, estaba a punto de franquear las fronteras del
mundo conocido y abandonar a la humanidad. Dmonos bien cuenta de que en
aquel tiempo Dios estaba en tela de juicio. El asunto no era nada menos, en el
orden intelectual, que la causa clebre de la poca, y excitaba la emocin de los
hombres hasta un punto que difcilmente podemos comprender. Todos, los lectores
igual que los autores, estaban preocupados por conocer si haba un Dios que se
cuidara de su alma inmortal, o no haba Dios ni alma inmortal que hubiera que
cuidar. Tal era el problema para la mayora de los hombres; vivan en un mundo
gobernado por una inteligencia benfica, o en un mundo gobernado por una fuerza
sin discernimiento? Problema que acaloraba a los espritus; problema discutido en
todas partes: en los libros, en la ctedra, en los salones, en las comidas,
despus
1
Grimm, Correspondance littraire, III, p. 449, diciembre de 1757.
2
Thomas Chubb, Human nature vindicated} Londres, 1726.


52
Primera parte. El proceso del cristianismo
de haber salido los criados. No podemos imaginar tampoco a un filosofo
contemporneo que ignore o desdee la teora de los quanta...
3
. Bajo su forma
pintoresca, la observacin es justa, a condicin de que se especifique que el
acusado era el Dios de los cristianos.
De este proceso se hablaba, en efecto, en las cartas que se cruzaban a travs
de Europa; se hablaba en los peridicos; se hablaba en las epstolas, odas,
ditirambos y hasta en los versitos ligeros que se mezclaban con la prosa. Se
hablaba de l junto a los reyes y las reinas, en el Hermitage que Carolina de
Anspach haba adornado, en Richmond, con los bustos de Wollaston, Clarke,
Locke y Newton, y donde el obispo Butler iba a exponer todas las tardes, de siete a
nueve, las verdades de la religin; en Rheinsberg y en Potsdam; en la corte del rey
Estanislao-Augusto; en San Peters- burgo, ante Catalina de Rusia. Se daban
noticias de l en los salones, entre las conversaciones que dirigan Mme. de
Tencin, Mme. du Deffand, Mlle. de Lespinasse. Se aluda a l en las sesiones aca-
dmicas. Se le volva a empezar en las oficinas de la Enciclopedia, en Pars. En
Berln, en medio del humo de las pipas y del ruido de los vasos, compaeros a los
que una el mismo afn de conocer al fin el veredicto hablaban del proceso en los
bancos de la cervecera. Los hombres de ciencia, en sus laboratorios, se inclinaban
sobre sus microscopios con la esperanza de descubrir en la naturaleza algn
nuevo documento que incorporar a los autos; los viajeros que se iban al extranjero
intentaban saber si se tena all algn modo de plantearlo y resolverlo. Dderot se
encontraba en la casa de campo de su amigo d'Holbach; se haba comido copiosa-
mente y bebido en abundancia; se rea, se bromeaba, se tenan grandes bromas
bufonescas. Y luego, como si todo lo que no se refera al proceso no hubiese sido
ms que una diversin pasajera para un instante de olvido, por una pendiente
insensible se volva, como a la fuerza, a las cuestiones que no son indiferentes.
La sensibilidad general, la formacin del ser que siente, su unidad, el origen de
los anmales, su duracin y todas las cuestiones con que eso se relaciona, no son
cuestiones indiferentes. No es indiferente negar o admitir una Inteligencia
suprema...
4
.
Y siempre, por parte de los que lo intentaban, una amargura, un rencor;
siempre la idea de una responsabilidad que se haba aumentado de siglo en
siglo: era ms que tiempo de pedir cuentas.
3
The Havenly City of the Eighteenth Century Philosophers, by Carl L. Becker, New
Haven, Yale University Press, 1932.
4
Diderot, Rve de dAlembert, edicin Tourneux, tomo II, p. 135.


IV. El Dios de los cristianos, procesado 53
El Dios de los cristianos haba tenido todo el poder y se haba
servido mal de l; se haba confiado en l y haba engaado a los
hombres; stos, bajo su autoridad, haban hecho una experiencia que slo haba
llevado a la desgracia. Por qu, se preguntaba, es Cristo sombro y triste? Sin la
religin, seramos un poco ms alegres
5
. Por qu su reino no era de este mundo?
Lejos de combatirlo, que la religin fortalezca en el hombre el apego a las cosas
terrenas
6
. Por qu ha aconsejado la humillacin de la carne?
Qu triunfo desolador, qu indigna victoria Intentis tristemente lograr
sobre vosotros?
Vuestro espritu ilustrado podr nunca creer De un doble testamento la
quimrica historia,
Y los sueos sagrados de esos, msticos locos Qu, devotos
holgazanes, tontos y piadosos crueles,
Abandonan placeres verdaderos por una gloria falsa?
El placer es el objeto, el deber y el fin
De todos los seres, racionales...
Racional, esto es lo que no era, justamente; ni siquiera era lgico. Juzgado
segn las leyes de nuestra lgica y nuestra razn,
el plan de su Providencia era incoherente. Esto es lo que deca Vol-
taire, continuando su ptre a Uranie, resumen de sus agravios:
Quiero amar a ese Dios, busco en l un padre,
Me muestran un tirano que debemos odiar.
Cre humanos semejantes a l mismo Para envilecerlos mejor;
Nos dio corazones culpables
Para tener derecho a castigarnos;
Nos hizo amar el placer Para atormentarnos
mejor con males espantosos Que un milagro eterno
impide terminar.
Acababa de crear un hombre a su imagen;
Se lo ve arrepentirse de repente,
Como si el obrero no hubiera tenido que advertir Los defectos de su propia obra...
O para resumir todos los reproches en uno solo: Dios nos ha propuesto un
enigma; poda explicrnoslo, no ha querido. Un da, La Condamine haba
compuesto uno y se lo haba ledo a unos
5
Diderot, Entretien avec la Marchale, uvres, ed. Tourneux:, tomo II, pagina 514.


6
Helvtius, De l'homme, seccin I, captulo XIII.


54 Primera parte. El proceso del cristianismo
amigos que formaban crculo alrededor de l. Con gran asombro suyo, stos
haban encontrado en seguida la clave. Es que la haba escrito en caracteres
grandes al dorso del papel. Ah, por qu no ha hecho Dios otro tanto! Si Dios nos
hubiera tratado como el aturdido y bueno de La Condamine, no nos habramos
roto la cabeza desde hace cinco o seis mil aos; pero es burlarse de la gente
remitirla al Mercurio del otro mundo para saber la clave
7
.
Tal fue la atmsfera: antes de trazar a grandes rasgos la historia de este
combate, consideremos algunas de las almas ulceradas que fueron de las primeras
que dieron al tiempo su color. Un francs, un italiano, un alemn.
No era una novedad la defensa del poder temporal contra las intrusiones del
sacerdocio: incluso era el final de una larga querella; veamos el giro que tom.
Pietro Giannone haba nacido en la Apulia, el 7 de mayo de 1676; haba
estudiado la escolstica, luego haba ido a Naples para aprender all derecho.
Derecho romano, derecho cannico, derecho feudal; historia, historia eclesistica;
filosofa, convertido de gassendista en cartesiano; lo haba aprendido todo. No era
malo; haba rectitud en su carcter, honradez, confianza en la justicia. Pero no era
cmodo: espinoso, amante de las batallas; testarudo y posedo por una idea fija, a
la cual iba a consagrar su vida. Siempre haban querido los eclesisticos usurpar
las prerrogativas de los gobiernos; nunca haban sido legtimas sus pretensiones:
esto es lo que mostrara l, Giannone, a Npoles, a Italia y a Europa. Para ello
compona, apresurada y febrilmente, la Istoria civile del regno di Napoli, que
apareci en 1723.
No enteramente historia, pues el autor no se fijaba demasiado en la exactitud
de las fuentes, y en su furor de demostracin tomaba fcilmente el bien ajeno;
tampoco una obra de arte: era un ariete, una catapulta. Haba que entender bien a
Giannone; que no se esperaban de l relatos de hazaas y batallas, pinturas de
paisajes, consideraciones arqueolgicas: su propsito era enteramente civil.
Remontndose hacia atrs cuanto fuera necesario y llegando hasta el perodo
contemporneo, probara que se haba entablado una sola lucha, desarrollada a
travs de las diversas peripecias: la de los sucesores de Pedro contra los
representantes de Csar. La Iglesia, siempre interesada, siempre dispuesta a
aprovecharse de las flaquezas humanas, a seducir a los corazones vacilantes, a
jugar
7
Grimm, Correspondance littraire, tomo VII, p. 119, septiembre de 1770.


IV. El Dios de los cristianos, procesado 55
con los terrores del ms all ante el lecho de los enfermos y de los agonizantes,
acumulando el dinero, las propiedades, las ventajas de todas clases, haba
traicionado su misin a lo largo de los siglos.
El movimiento que arrastra la Istoria civile es apasionado; el tono es amargo;
el procedimiento habitual es la repeticin; Poltica ecclesiastica, Monaci e beni
temporali; lo veis, exclama Gannone, a travs de los siglos la poltica eclesistica
es la misma, a travs de los siglos los frailes tienden a apoderarse de los bienes
temporales; argumentos idnticos son repetidos con un furor creciente. El resto de
adhesin a la Iglesia que conservan a veces los que pretenden conseguir su
salvacin a pesar de ella, desaparece en sus diatribas; y Giannone, defensor del
Estado, se converta en un iconoclasta que se embriaga con su furor. Se lo vea en
el modo como hablaba de las imgenes sagradas, de las reliquias, de las
peregrinaciones, de los milagros tambin; en su odio al clero regular; en su
desprecio de la jerarqua; en la irona que era su medio de defensa contra los
ataques de que era objeto; para complacer a sus contradictores, creera en
adelante que el Papa era el dueo del mundo entero y que tena derecho a servirse
de todos los medios, tales como multas, prisiones, calabozos, confinamientos, des-
tierro, a fin de asegurar la salvacin eterna del gnero humano; creera que la
autoridad pontificia no se limitaba a la superficie de la tierra y del mar, sino que
se extenda al infierno, al purgatorio, al paraso, de suerte que en los reinos
celestes poda mandar a los ngeles...
Pietro Giannone continuaba defendiendo su tesis, indomable. No sin peligro;
no sin desencadenar las persecuciones de las potencias que desafiaba,
multiplicando los escritos polmicos, queriendo salvar la Istoria civile y difundirla,
atacando siempre. Excomulgado algn tiempo, puesto en el Indice, se haba
refugiado en Vie- na, donde haba encontrado un abrigo junto al Emperador, cuyas
prerrogativas sostena. Pero cuando en 1734 Npoles dej de pertenecer a Austria
y el Emperador dej al mismo tiempo de interesarse por Giannone, a ste se le
puso en la cabeza volver a Italia. Llega a Venecia, de donde es expulsado; a Miln,
de donde lo arrojan. Entonces va a Ginebra, donde es bien acogido. La casa de
Saboya, considerando que su permanencia en esta ltima ciudad era peligrosa por
contagio, lo atrae a una trampa: a la llamada de un hombre que crea amigo suyo,
se traslada a un pueblo piamon- ts, y la noche misma de su llegada lo prenden.
Lo encierran, lo trasladan de prisin en prisin y muere en la ciudadela de Turn,
en 1748.


56 Primera parte. El proceso del cristianismo
Pero dej un manuscrito, no publicado durante su vida, y cuyo contenido
acaba de caracterizar su pensamiento. II Triregno: los tres reinados. Ha habido
en el mundo tres reinos sucesivos, el pri- meto de los cuales ha sido el de la tierra.
Pues la civilizacin hebraica era completamente terrena, y sus creencias no
implicaban ninguna idea de supervivencia, ninguna esperanza de inmortalidad.
Moiss slo haba prometido a los que obedecieran a su ley recompensas
materiales, fertilidad de los campos, abundancia de los rebaos, salud,
prosperidad; no haba concebido en modo alguno el alma como algo que ha de
escapar a la muerte. Los egipcios haban proporcionado a los griegos, raza
ingeniosa, las imaginaciones que estos ltimos haban de complacerse en
desarrollar, sobre las lagunas estigias, sobre el Aqueronte, sobre los Campos
Elseos; y an en este desarrollo slo se encontraba todava una continuacin
figurada de las cosas de la tierra. Despus vino el reino celestial. Los Evangelios
nos dicen cmo Dios ha enviado a su Verbo al mundo, a fin de que el Mesas
sirviera de gua en el camino, por el cual los hombres, de terrestres y mortales que
eran, se haran celestes e inmortales: entendindose que la salvacin se obtena
menos por la creencia que por la prctica de algunas virtudes muy sencillas, tales
que cualquier rstico o villano, cualquier mujercilla, por tosca que se la suponga,
pudiera adaptarse a ellas. En tercer lugar haba venido la abominacin de la
desolacin, el reinado del Papa. Unos hombres se haban apoderado de ese
cristianismo primitivo y sobre sus bases haban levantado un edificio enteramente
contrario a su espritu. Se haban adueado de la ley de lo justo y de lo injusto,
haban calificado las acciones de lcitas o prohibidas, a su arbitrio, haban hecho
creer a la multitud que les corresponda a abrir o cerrar las puertas del cielo.
Aprovechndose de la ignorancia de los prncipes y de la estupidez de los pueblos,
haban enseado que se podan cambiar bienes temporales por bienes espirituales,
que donaciones y legados tenan la virtud de rescatar las almas, y que el paraso
se pagaba con buen dinero contante. As se haba vuelto al reinado terreno; para
reconquistar el reinado celestial, haba que abolir la Iglesia.
No era la primera vez que un miembro del clero bajo estaba descontento con
su suerte, se quejaba de su miseria, sufra por el desprecio de los grandes. Pero
veamos la forma que tom en uno de ellos esta protesta.
Viva en Etrpigny, en Champaa, un buen cura, o al menos un cura
bastante bueno, a juzgar por las apariencias. Era de una


IV. El Dios de los cristianos, procesado
57
familia acomodada, que haba dado varios doctores a la Iglesia; cultivado, se lo
vea dedicado a leer y releer los libros de su biblioteca. Es cierto que haba tenido
altercados con el seor del pas y que se haba negado a encomendarlo en la
pltica; el arzobispo de Reims lo haba desaprobado, exigiendo de l una satisfac-
cin pblica. Con lo cual haba subido al pulpito, el domingo que haba seguido a
esta orden: Esta es la suerte ordinaria de los pobres curas de aldea; los
arzobispos, que son grandes seores, los desprecian y no los escuchan: slo tienen
odos para la nobleza. Encomendemos, pues, al seor de este lugar y recemos por
el seor De Clry; pidamos a Dios su conversin y que le haga la gracia de no
despojar a los hurfanos. Como estas palabras no arreglaron las cosas, como es
natural, la lucha desigual haba continuado; y se cuenta que l seor mandaba
tocar la trompeta bajo las ventanas de la iglesia, el domingo, mientras el cura
predicaba. Jean Meslier no estaba considerado muy favorablemente, pero cumpla
asiduamente sus funciones y deca sus oficios; sin otra aventura, muri en 1729.
Ahora bien, dejaba tres ejemplares de un testamento animado por tales
furores, que despus de haber pasado doscientos aos no se lo puede leer sin un
estremecimiento: amargura que se exhala a oleadas; cmulo de rencores y de odios
exasperados por su impotencia; apelacin a una revuelta que Meslier no se haba
atrevido a emprender abiertamente por su cuenta: el reproche de cobarda que se
haca a s mismo participaba en el frenes de los insultos que diriga a la religin y
a Dios. Rabia de haberse dejado conducir al estado eclesistico, de haber tenido la
apariencia, de un sacerdote ortodoxo, de haber estado oprimido, de haber
rechazado toda creencia, de haberse callado. Haba estado cien veces a punto,
explicaba, de haber dejado estallar esa clera contenida durante el curso de toda
una vida; pero no haba querido exponerse a la indignacin de los sacerdotes y a la
crueldad de los tiranos, que no habran encontrado suplicios bastante duros para
castigar su temeridad.
El testamento del cura Meslier parta del deseo de felicidad que hay en el
corazn de los hombres. Por qu ha sido defraudado siempre este deseo? Porque,
como algunos quieren mandar y algunos otros adquirir reputacin de santidad, se
haban instituido dos poderes, uno poltico y otro religioso; y aliados estos dos
poderes, la desdicha del mundo haba quedado decidida para siempre. Juntos, los
reyes y los sacerdotes haban consumado su iniquidad.
Una ola de pasin lo arrebataba. Las religiones no son ms que


58
Primera parte. El proceso del cristianismo
imposturas. Son el origen fatal de las perturbaciones, de las divisiones y de las
guerras: luego no son de institucin divina. Las pruebas que da el catolicismo para
probar el carcter excepcional de su misin son todas falsas: luego no es de
institucin divina. Sus enseanzas son contrarias a las de la naturaleza, puesto
que santifica el sufrimiento; a las de la razn, puesto que exige la fe: luego no es de
institucin divina. Tolera una desproporcin injusta entre los hombres: luego no es
de institucin divina. Hace cantar Te Deums para glorificar las matanzas y las
carniceras: luego no es de institucin divina. Jean Meslier continuaba en este
tono. Tena el alma menos indulgente y menos caritativa; abominando el
fanatismo, la ms fantica; slo tena calor para las maldiciones. La llamada de lo
divino, que persista en el corazn del ms humilde de los campesinos que
frecuentaban su iglesia, nunca la haba odo. De las Escrituras nunca haba
conocido ms que la letra; nunca haba sabido lo que era un smbolo; se hubiera
dicho que nunca haba rezado.
Del mismo modo, se habra dicho que nunca haba pensado que el ejercicio de
un poder poda responder a alguna necesidad social. Todos los prncipes y todos los
reyes haba que suprimirlos, y para empezar haba que amotinarse, negarse a
pagar los impuestos, matar a palos a los monstruos a los que se encontraba
asignada una parcela de autoridad. Me acuerdo a propsito de esto del deseo que
formulaba en otro tiempo un hombre que no tena ni ciencia ni estudios, pero que,
por las apariencias, no careca de buen sentido para juzgar sanamente de todos los
detestables abusos y de todas las detestables ceremonias que yo censuro aqu...
Deseaba... que todos los grandes de la tierra y todos los nobles fuesen ahorcados y
estrangulados con las tripas de los sacerdotes. Despus de estas palabras atroces,
invocaba a los Brutos y a los Casios, los Jacques Clment y los Ravaillac del
porvenir.
De su desgracia personal acusaba a Dios mismo. Pues tal era, segn l, el
ltimo responsable: o, mejor dicho, la falsa idea que los hombres se formaban de
su existencia; y Jean Meslier se proclamaba ateo. Llegado a su paroxismo, ebrio de
sacrilegio, serenado despus cuando ya no le queda nada que destruir, slo siente
tristeza y abatimiento, ya no tiene en la boca ms que un gusto a ceniza. Entonces
hace su ltima confidencia a su compaero inerte, al manuscrito que ha
compuesto, copiado y vuelto a copiar a lo largo de sus das y sus veladas.
Confidencia desesperada del hombre que no tiene ya delante de s ms que la
nada: Despus de esto, que se piense, que se juzgue, que se diga y que se haga
todo lo que se quiera en el mundo, no me preocupa nada. Que los hom-


IV. El Dios de los cristianos, procesado 59
bres se las arreglen y se gobiernen como quieran, qne sean prudentes o sean locos,
que sean buenos o sean malos, que digan o hagan de m todo lo que quieran
despus de mi muerte, me importa poco. Ya no tomo casi parte en lo que se hace
en el mundo. Los muertos con los cuales estoy a punto de ir no se preocupan ya de
nada y no les importa ya nada. Acabar, pues, esto con la nada; apenas soy ya
ms que nada, y pronto no ser nada, etc...
No era la primera vez que un luterano abandonaba su creencia y se iba hacia
el librepensamiento; veamos el aire que tom esta evolucin en un hombre de
aquel tiempo, Johann Christian Edelmann.
No tena sus races en el siglo XVII tan profundamente como Giannone y
Meslier; haba nacido en 1698. Se haba orientado hacia la carrera eclesistica y,
despus de haber pasado por diversas escuelas, en 1720 haba hecho sus estudios
de teologa en la Universidad de Jena. Haba empezado a predicar, e incluso le
ocurri hablar contra el socinianismo con un celo que fue advertido. Pero haba
guardado de su profesores la peor idea: lo que haba aprendido con ellos no vala
una pipa de tabaco; los telogos no le haban enseado ms que necedades
acadmicas, haba estado encantado de huir de ellos; tena tiempo de hacerse
pastor, no tena prisa. De este modo, para conocer el mundo, abraz el oficio de
preceptor. Tambin aqu hubiese podido estabilizarse, nada le faltaba de lo que se
necesita para su papel: conocimientos, autoridad, una curiosidad muy despierta.
Era el familiar que gusta de aprovechar las diversiones de los nobles, la caza en
otoo, el patinar y los bailes en invierno; que no teme alzar los ojos sobre la bella
condesa, la cual lo mira a su vez. Y su vida hubiese podido continuar de este modo.
Pero justamente no era estable, la estabilidad es lo que ms le faltaba; y estaba
abrasado, de orgullo.
La Unpartheysche Kirchen und Ketzer Histoire, de Gottfried Arnold, cae en
sus manos y le produce una impresin decisiva: Gottfried Arnold tena razn: eran
los herticos los que tenan la verdadera fe, no los ortodoxos. Adis luteranismo!
Adis toda Iglesia! Estando en Dresden, una maana, oy una voz que le deca:
Escribe Verdades Inocentes. Obediente a esta llamada misteriosa, se sent a su
mesa de trabajo y empez el primero de los folletos que haban de constituir
despus toda una serie, bajo el ttulo Unschuldige Wahrheiten; y era para
demostrar la indiferencia de las religiones.
La Verdad no est en la ortodoxia, dnde est la verdad?


60
Primera parte. El proceso del cristianismo
Acaso entre los pietistas? Fue pietista, durante algn tiempo; form parte de la
secta de los Inspirados: se renen, se reza, se cantan cnticos en que se habla de
Babel y de sus infortunados habitantes; se cae de rodillas, se pone la frente contra
el suelo y se espera la inspiracin divina. As, Johan Christian Edelmann rez,
cant, esper, y fue de los celosos; hasta el da que lleg a conocer al jefe de la
tropa, que haba ido en persona para conocer al nuevo recluta, y sinti que no le
gustaba. La verdad segua estando en la heterodoxia, pero, no estaba entre los
Iluminados.
Un da, en el Evangelio segn San Juan, atrajeron su atencin estas
palabras; . Qu alegra, qu certidumbre lo invadieron al leer esto!
Dios era razn; Dios es Razn. La razn, cuya llamada no haba odo hasta
entonces, sumido como estaba en la supersticin, se le impona al fin de una
manera irrevocable. Y todo pasaba como si lo hubieran transportado a la cima de
una alta montaa, y hubiera descubierto de repente horizontes inmensos; como si
hubiera sido un esclavo aprisionado, amarrado en un calabozo, y de repente lo
hubieran devuelto a la libertad, a la luz, al sol; o como si las puertas de la tumba
se hubiesen abierto para una resurreccin. No haba ya para l otra misin que ir
predicando el culto de la razn entre los hombres. Arroja su tricornio y su peluca,
renuncia a sus puos y a su chorrera de tela fina, se deja crecer la barba, se viste
de hbito; se va por las carreteras, objeto de la irrisin pblica. Todava
atormenta, su espritu una frase, un pensamiento que viene de Spinoza: Dios es
la esencia inmanente del mundo. Su deber es conocer mejor a ese Spinoza de
quien los telogos le hablaban como de un miserable. Por tanto, escribe a un amigo
de Berln para pedirle que compre las obras del filsofo, cuando se vendan en
alguna ocasin. Nueva sorpresa y nueva alegra: lejos de ser el ms miserable de
los hombres, Spinoza es el nico que ha dado la verdadera explicacin de las cosas.
Animado por la lectura del Tractatus theologico-poltcus, Edelmann intenta
demostrar la falsedad de las Escrituras y desenmascarar a Moiss; luego publica
Die Gttlichkeit der Vernunft, la Divinidad de la Razn (1741).
En esta fecha, su papel ha terminado; est proscrito de la sociedad, es el
impo por excelencia, el agente de Satans. Sus libros son confiscados, quemados;
se multa a los que intentan ponerlos en circulacin. Vaga por el norte de Alemania
y acaba por volver a Berln, donde lo toleran a condicin de que no publique nada:
lo que fue sin duda la ms penosa ofensa, como la oscuridad en que pas sus
ltimos aos fue sin duda su mayor pesadumbre.


Captulo V
CONTRA LA RELIGION REVELADA
Esta era la enemiga. Los filsofos no habran hecho nada mientras no
hubiesen probado a los fieles que no haba podido manifestarse de derecho, y que
no se haba manifestado de hecho; mientras no hubiesen establecido que
lgicamente no soportaba el examen y que, histricamente, los testimonios en que
se apoyaba no merecan ningn crdito.
La revelacin pertenece al orden del milagro y la razn no admite milagros.
La revelacin pertenece al orden de lo sobrenatural, y la razn no admite ms que
las verdades naturales. Tan pronto como la razn examina la revelacin encuentra
en ella contradicciones, y, por consiguiente, falsedades. Lo que hay de
propiamente religioso en la religin, no es ms que supersticin; y por consi-
guiente, es menester que la razn ataque a esa supersticin vivaz y la destruya.
No hay otra creencia que la racional: lo divino mismo tiene que reducirse a lo
racional. Tal fue el lenguaje comn de los corifeos en todos los idiomas. En el
mapa de Europa se distinguen fcilmente los principales centros de donde
partieron; vemoslos.
Mucho ruido; escndalos sucesivos, cada uno de los cuales pareca tan grande
que el estruendo no podra superarse, y era superado sin embargo; una serie de
obras provocadoras, que hubiesen fallado su efecto si no hubiesen suscitado cada
vez indignacin, clamores; una cadena de individuos que venan de puntos muy
distintos para relevarse en una misma obra de desafo; tal fue el es-
61


62
Primera parte. El proceso del cristianismo
pectculo que ofreci Inglaterra, de donde haba partido el ejemplo mucho tiempo
antes.
En 1715, ni Toland, el autor del Nazarenus, ni Collins, el Free Thinker,
haban acabado su carrera. Pero sin esperar, otros conmovan las columnas del
sacerdocio y de la ortodoxia. Primero Thomas Gordon; despus Wolston, Wolstoni
furor: un hombre de estudios, ste, que se haba graduado en Cambridge, haba
entrado en las rdenes y, brillante y diserto, tena delante la perspectiva de una
hermosa carrera; pero se haba arrojado de cabeza en la heterodoxia. Luego
Middleton, educado tambin en Cambridge, que lleg a ser doctor en teologa y
bibliotecario de la Universidad. Despus Tyndall, que sala de Oxford, convertido
al catolicismo, vuelto al protestantismo y pasado del protestantismo al desmo
militante. Al mismo tiempo surga un hombrecillo grueso y bajo, mal educado, con
dificultades de ortografa, fabricante de candelas, despus de haber sido obrero
guantero. Thomas Grubb. Despus Thomas Morgan el Filaleto. Luego Peter
Annet: un maestro de escuela que escriba para el populacho... Libelos breves,
folletos, obras eruditas cubran el mercado con su prosa irritada. Se los degradaba
de sus empleos, se quemaba sus escritos, se los encarcelaba; en vano.
Y era cada vez un nuevo ataque. Contra la Iglesia anglicana y su jerarqua y
sus prebendas; contra toda Iglesia. Contra los milagros; contra la interpretacin
dada por los Evangelios de la vida del Seor, pues ste no era ms que el emblema
de la vida espiritual y de la resurreccin moral de cada individuo. Sobre todo
contra la mediacin divina; el fundamento de la religin era, o bien la
conveniencia moral de las cosas, o bien la voluntad arbitraria de Dios. Si Dios obra
de acuerdo con la conveniencia moral de las cosas, es sabio y bueno; si Dios tiene
una voluntad arbitraria, no es ni sabio ni bueno, hace una eleccin caprichosa
entre el bien y el mal. Pero si Dios se somete a la conveniencia moral de las cosas,
su mediacin resulta intil; pues el hombre dotado de entendimiento llega por s
mismo a la distincin entre el bien y el mal, a la legitimidad de la sumisin, a la
regla de la conveniencia moral de las cosas. Por tanto, hay que volver a la religin
natural, pues el Cristianismo slo se supone necesario en el cso en que Dios sera
absurdo o malo.
Por todas partes se bata en brecha la fortaleza. Este se encarnizaba en
probar la falsedad del Antiguo Testamento, y aqul, que haba que atribuir a San
Pablo el papel que se haba reservado a Cristo. Este estableca la exacta
conformidad que crea ver entre la Iglesia romana y el paganismo, y aquel otro
acusaba a David, el


V. Contra la religin revelada
63
hombre segn el corazn de Dios, de no haber sido ms que un criminal indigno.
Todos sustituan la revelacin por la razn.
El tratado ms significativo, en este sentido, era quiz el de Tyndall:
Christianity as old the Creation, or the Gospel a Repu- blication of the Law of
Nature: el cristianismo es tan viejo como la creacin; el Evangelio no es ms que
una nueva publicacin de la ley natural (1730). No podra ser de otro modo,
explicaba Tyndall. Dios, que es perfecto, ha dado al mundo una ley perfecta, que
no tolera ni adicin, ni disminucin, ni cambio. En adelante, la ley cristiana, til
quiz en la poca de su aparicin para restaurar el sentido debilitado de la religin
natural, no poda aportar ya nada sustancialmente nuevo, no poda ser ms que la
repeticin de la primera y nica ley. La idea de una revelacin era, hablando con
propiedad, inconcebible, peligrosa, fuente de imaginaciones falsas y de
supersticiones y de abusos, de los que ya era tiempo de volver, gracias a una
educacin filosfica, que reemplazara a la educacin religiosa.
El incendi se apag hacia 1760; desde alrededor de 1740 fue decreciendo. En
esta fecha cambia la atmsfera en Inglaterra; la opinin pblica se ha desviado; en
las almas se han desarrollado otras fuerzas distintas de la razn que profana los
altares. Pero ese pensamiento virulento ha seguido alimentando al extranjero.
Vol- taire lo ha descubierto para utilizarlo ampliamente; el barn de Holbach lo
difundir con sus traducciones y sus refundiciones. Ms viva an ser la
influencia de los destas ingleses sobre el pensamiento alemn, que buscar en
ellos menos citas, testimonios, rasgos de audacia, irreverencias, que un impulso.
Estarn en la biblioteca de los historiadores y de los exgetas, y los profesores los
darn a leer a los estudiantes; figurarn en las recensiones de las revistas
eruditas; aquellos alemanes que hacen el viaje de Londres los consultarn en su
pas y se complacern en proclamar su deuda. Cuando, en 1741, Johann Lorenz
Schmidt, el hombre que quera racionalizar la Biblia, traduzca el libro de Tyndall,
Christianity as old as the Creation, puede decirse que la corriente venida de In-
glaterra se habr unido a la corriente del pensamiento alemn, no para
confundirse con ella, sino para precipitar sus efectos.
Los franceses procedan de otro modo. No se entregaban a estudios de
exgesis; apenas se ve entre los escritores conocidos autor que se haya inclinado
sobre los textos sagrados, que se haya tomado la molestia de aprender hebreo o
siquiera griego, que haya hecho un serio aprendizaje de la funcin de crtico,
que haya re-


64 Primera parte. El proceso del cristianismo
sucitado a Richard Simn. Se contentaban con escoger en diversas obras los.
argumentos que les parecan eficaces, y les hacan un sortilegio. De igual modo
apuntaban a otro pblico que el de los doctores: los hombres de mundo, los
burgueses, las mujeres, el gran pblico. El juez a que apelaban la mayora de las
veces era el buen sentido, de un modo compacto. Con su estilo vivo y rpido tro-
pezaban adrede con las dificultades, para mostrar en un abrir y cerrar de ojos que
eran insuperables. Nada de oscuridades metafsicas, nada de largas disertaciones
capaces de desanimar a los lectores, ninguna exhibicin de erudicin, sino una
composicin, cuidada, un estilo agradable, una forma gil.
Y su claridad, y el aire de luminosa sencillez que conferan a todos los temas,
y, bajo sus apariencias ligeras, la grave preocupacin, la preocupacin permanente
que quedaba en el fondo de su pensamiento. Voltaire volva de Inglaterra, contaba
su descubrimiento, y su relato hubiese podido ser slo una relacin de viaje
despus de otras muchas, con ms penetracin y ms ingenio, Pero resulta que
aquellas cartas inglesas se convertan en cartas filosficas, que trataban de la
libertad de las sectas, de la indiferencia de las religiones y, como dice el autor, de
la menuda bagatela de la inmortalidad del alma. Montesquieu escriba una
historia romana, despus de tantos otros; y resulta que, a propsito de un caso
particular, sustitua las voluntades divinas por causas interiores, >ara explicar la
grandeza y la decadencia de las naciones. O bien compona una obra jurdica, y
resulta que lo que estaba en juego era nada menos que la autoridad del derecho
divino. No ocurra otra cosa con muchos autores de segunda fila; Toussaint
estudiaba las costumbres del siglo; pero resulta que en lugar de describir sim-
plemente un aspecto transitorio de la eterna comedia, su demostracin tenda a
separar la moral de la religin. Helvtius estudiaba al hombre, al hombre sin
misterio y sin maana.
Ms que en nign otro pas, eran numerosos y, disputas aparte, se apretaban
contra el enemigo comn; tenan entre sus huestes una multitud de talentos y
algunos genios; al menor signo, fray Thomas, fray Frtry, sor Necker, sor de
Lespinasse, Madre Geoffrin, como dice Grimm en su sermn filosfico pronunciado
el da primero de ao de 1770, venan en ayuda; y tantos otros, si era menester. Su
progreso se sealaba por pleitos resonantes, en que siempre eran vencidos por los
poderes pblicos y vencedores ante la opinin: la tesis del abate de Prades, la
prohibicin de la Enciclopedia, la condenacin del libro De l'Esprit, la censura de
la Sor- bona contra Blisaire: Confesad, seor, escribe Marmontel al sndico de
la Facultad de teologa, que se me juzga ms por el esp-


V. Contra la religin revelada 65
ritu de mi siglo que por el mo. Desde lejos se seguan estas disputas con la
curiosidad, nunca cansada, que excitaban las cosas de Francia, y se senta, en
efecto, que, representado por un pueblo que no tena pasin ms viva que la de las
ideas claras, era siempre el espritu del siglo el que estaba en juego.
Llamaban en su auxilio a todos los que, en el espacio o en el tiempo, haban
mostrado alguna vez que se poda vivir bien sin conocer la religin revelada, o se
haban rebelado alguna vez contra cualquier religin. Invocaban a los chinos, a los
egipcios, a los mahometanos; a los griegos les pedan a la vez la estatua de
Scrates y la de Epicuro; a los latinos les tomaban a Lucrecio, aquel apstol; a
Cicern, aquel determinista, aquel precursor que haba sabido ver que el culto de
los dioses era el de la razn universal; a Sneca, el filsofo. Resucitaban a Juliano,
el Apstata, traduciendo su discurso contra los cristianos, y maldecan a
Constantino, aquel mal emperador, que se haba burlado de Dios y de los hombres.
Llamaban a los grandes racionales de Italia, a los que, a decir verdad, no conocan
muy bien, pero cuyos nombres era til y glorioso citar, librepensadores que haban
padecido por la causa: Giorda- no Bruno, Cardano, Campanella, Pomponazzi y su
sucesor Vanini. Y a todos los libertinos, sus antepasados, y a los ingleses, sus ve-
cinos.
Volvan a empezar los contra en otro tono. Contra la primera revelacin;
contra los judos, esa raza miserable, tan perfectamente indigna de una misin
sagrada. Contra el Pentateuco, compilacin de Esdras. Contra la Biblia. Contra los
milagros y contra sus testigos. Contra los profetas, gentes que nunca haban
pronunciado ms que falsedades, y que por lo dems ni siquiera haban tenido
intencin de profetizar. Contra Jehov, vengativo, cruel, injusto; y lo que haba de
bueno en l slo haba venido del extranjero, de los pueblos orientales ms
avanzados en civilizacin. Contra los Evangelistas, pobres pescadores ignorantes;
contra el Evangelio; incluso contra la persona de Jess. Contra la Iglesia y contra
sus dogmas; contra los misterios; contra la idea misma del pecado original, que
pretenda haber afectado a todos los hijos de Adn. Contra la organizacin de la
Iglesia, los sacramentos, el bautismo la confesin, la comunin, la misa. Contra los
monjes y las religiosas, contra los sacerdotes, contra los obispos, contra el Papa.
Contra la moral cristiana y contra los Santos; contra las virtudes cristianas y
contra la caridad. Contra la civilizacin cristiana, contra la Edad Media, poca
gtica, poca de tinieblas; contra las cruzadas, locura.
Inventaban caricaturas de sermones, historias picarescas, ancdotas
escabrosas, pues gustaba de mezclarse en su polmica una pizca


66
Primera parte. El proceso del cristianismo
de libertinaje sensual. De pronto tomaban la actitud de Padres de la Iglesia para
reprochar a los cristianos el no vivir segn su propia ley; y el instante siguiente se
mofaban de esa ley. Para terminar, no le dejaban nada al cristianismo, ni otra huella
en la Historia que la de su maldad, ni un valor que se pudiera siquiera discutir, ni
aun la apariencia de una virtud.
En Alemania se alcanz el mismo fin medante una evolucin ms tarda, si es
cierto que hubo que esperar a los aos de 1780 para que obtuviera sus resultados
esenciales; ms compleja, pues fue doble: una mundana y en buena parte debida a la
importacin, la otra profunda y que afectaba al ser mismo de la conciencia luterana.
Bien extraa sera la llamada que el prncipe heredero de Pru- sa dirigi por
primera vez a Voltaire, en su carta del mes de agosto de 1736, pidindole que fuera
su gua y su maestro, s se tratara de un caso nico. De hecho, en la fermentacin
general y en la necesidad especial de renovacin que experimentaba Alemania,
Berln se haba vuelto ya hacia el pas que representaba la civilizacin en lo que
tena entonces de ms moderno, hacia Francia. Y no slo Berln, sino, a travs de
todo el pas, los prncipes y los nobles, que, as como sus padres haban mirado con
admiracin Versalles, miraban con admiracin Pars. Recordemos el cambio que
sobreviene en la carrera del joven Wieland: se iba del lado del sentimiento, se
entregaba a sus delicias y efusiones, segua la escuela de los suizos, que le
recomendaban el amor a la naturaleza y la poesa del corazn. Si se transforma, si,
volviendo la espalda a sus antiguos amigos, se va ahora del lado de las luces, es
porque ha frecuentado el castillo de Warthausen, cuyo seor, el conde Stadion, le ha
enseado el tono de moda, le ha dicho que convena pensar y escribir como se haca
en Francia, a poco que se quisiera estar al gusto del da. Bajo esta influencia se
encontr el verdadero Wieland, el Wieland volteriano.
A veces, al leer el libro de un Aufklrer, se tiene la impresin de no or ms que
un eco: las cosas que el autor alemn repite se han dicho primero en Londres y en
Pars. As, la obra que en 1750 public Mchal von Loens, hijo de un rico
comerciante y hombre de mundo, y que en 1751, desconfiando de los traductores, se
tom el cuidada de poner l mismo en francs: La verdadera religin, nica en su
especie, universal en sus principios, corrompida por las disputas de los telogos, dividida
por varas sectas, reunidas en Cristo. Que nadie se extrae de ver que, sin
pertenecer


V. Contra la religin revelada 67
a la Iglesia, estudie la cuestin religiosa: el tema concierne a todo cristiano,
interesa al bien pblico y a la felicidad de los hombres. Si examino la historia de los
pueblos ms antiguos encuentro en todas partes nociones sencillas y comunes,
tanto acerca de la virtud como acerca de lo que se llama Dios. Dios se manifiesta
por la naturaleza y por la revelacin: una sola y misma verdad pone de acuerdo
una y otra; entre una y otra no podra haber contradiccin o diferencia; si la
revelacin contradijera la ley natural o difiriese de ella estara fuera de la verdad.
Del mismo modo, la virtud es de una especie nica, y se reduce a un mandamiento
que nunca ha cambiado: amars al Seor tu Dios con todo tu corazn, con toda tu
alma y con todas tus fuerzas, y a tu prjimo como a t mismo... Nada hay
sustancialmente nuevo en esta manera de razonar; cualquier desta de las orillas
del Tmesis o del Sena podra firmar.
Pero lo que no hemos visto, lo que no podemos ver, por otra parte, es la
paciente labor erudita de los que examinan el texto de la Escritura y van alejndose
cada vez ms de la concepcin ortodoxa de la Revelacin. Cuntos hijos de
pastores, despus de haber seguido los cursos de la escuela secundaria prxima a
su pueblo, despus de haberse inscrito en la Universidad, hechos doctores y
profesores, han pedido a la exgess que confirmara o destruyera su conviccin!
Saban hebreo; saban por aadidura algunas otras lenguas orientales; escriban
disertaciones, tesis, gruesos volmenes hechos para los especialistas, sus hermanos.
Nada defavorable proyectado a priori sobre la religin; por el contraro, un respeto
constante, una nostalgia; incluso la esperanza de que, ante la multiplicacin de los
disidentes y el progreso de los impos, la razn proporcionara un principio de
arbitraje que volviera a la unidad perdida.
Es la Aufklrung de las Universidades alemanas ms docta, ms moderada
que la rebelin inglesa, algunos de cuyos principios aceptan, pero cuyos furores
desaprueban; menos irreverente que la de los franceses, cuyo concurso aceptan,
pero cuyo ingenio y bromas les parecen de mala ley. Siegmund Jacob Baumgarten
llega a ser en 1730 profesor adjunto; en 1743, profesor ordinario de teologa en la
Universidad de Halle; los estudiantes lo escuchan, no por el encanto de su
enseanza, pues su elocucin es montona, su voz es dbil, sus cursos son fatigosos
de seguir, sino por la dignidad de su persona y la prodigiosa amplitud de su
erudicin. Est entre el pietismo y el racionalismo; como Wolff, pronuncia con
delicia esa palabra razn, que ha de darle la clave del cristianismo ms puro: me
dirijo, dice, a los lectores razonables y cristianos.


68
Primera parte. El proceso del cristianismo
Profesa, luego escribe una historia de la Iglesia; y qu debe ser sino una
narracin que se apoya en textos? El texto tal como es y no tal como se supone
que debe ser, esta es su ley. Sin llegar a la predileccin que Gottfried Arnold
haba mostrado por los herticos, al menos manifiesta por ellos un inters
constante. Escribe tambin su historia: bosquejo de una historia de los partidos
religiosos o de las sociedades al servicio de Dios, de sus litigios y sus divisiones,
fuera y en el interior de la cristiandad: Abriss einer Geschichte der Religions
Partheyen, oder Gottesdienstlichen Gesellchaften, und der selben Streitigkeiten so
wohl als Spaltungen, ausser und in der Christenheit (1755). Los estudia en dos
revistas que publica: Nachrichten von einer Hallischen Bibliothek (1748- 1751),
Nachrichten von merkwrdigen Bchern (1752-1758): veinte volmenes en total;
y qu son esos libros que exhuma sino, en su mayora, libros de impiedad?
Ciertamente lo refuta, ciertamente indica los buenos autores que se deben oponer
a los enemigos de la religin; no por ello vive menos en la compaa intelectual de
los que quieren destruirla, como si se complaciera en resistir peligrosamente la
tentacin.
Finjamos entrar en el aula en que profesa su colega Christian Beneditc
Michaelis; ste explica al profeta Jeremas (Ch, B, Mi- chaelis S. Theologiae ac
Ph. Prof. Halensis prolegomena in Jere- miam, Halae Magdeburgicae, 4.
a
ed.,
1733).
Dice que para comprenderlo bien, lo primero que hay que hacer es volver a
situarlo en su tiempo; las circunstancias temporales son la luz que ilumina las
profecas; de ah a considerar las profecas como un simple hecho histrico que se
ha producido sin intervencin providencial, no hay mucha distancia: etenim
historia, uti temporum, sic vaticiniorum lux est, qua demta, tene- bris et caligine
plena sunt omnia. O bien explica el Nuevo Testamento, como si se tratara de
Herodoto o de Polibio (D. Ch. B. Michaelis... Tractatio critica De Variis
lectionibus Novi Testamen- ti caute colligendis et dijudicandis, Halae
Magdeburgicae, 1749). El Nuevo Testamento presenta lecciones diferentes, lo
cual es muy natural s se piensa que sus autores estaban sin duda inspirados,
pero que los que han copiado su texto no lo estaban; de ah muchas faltas,
involuntarias o intencionadas, y que pueden llegar hasta el engao. Para elegir
entre esas lecciones hace falta un mtodo: las lecciones de los Padres de la Iglesia
tienen menos valor que las de los traductores; las lecciones de los traductores,
menos valor que la de los manuscritos. Las mismas leyes de la ciencia que valen
para los autores profanos valen para los autores sagrados.
Es lo que dice Johann August Ernesti, el fillogo, de Leipzig,


V. Contra la religin revelada 69
el ilustre latinista, Germanorum Cicero, y. apenas menos ilustre exgeta.
Expresamente: un texto presenta un solo sentido y no varios. No hay sentido
alegrico; hay un sentido preciso, que depende del uso; pues, en definitiva, la
relacin entre el signo y el sentido es de institucin humana, est sometida a los
usos humanos, no a otros. Es un asunto de gramtica: nullus alius sensus est nisi
graminaticus, eumque grammatici tradunt. Libros humanos, libros divinos, deben
ser tratados del mismo modo: la Escritura no puede ser comprendida
teolgicamente, si no ha sido comprendida primero gramaticalmente; la crtica es
filolgica o no es. (Io. Augusti Ernesti Institutio Interpretis Novi Testamenti ad usus
lectionum, 1761.)
Curiosa psicologa la de estos sabios: preparan mayores audacias sin
confesrselo; sus sucesores son los que vern ms claramente los resultados de su
trabajo; ellos mismos se apegan an a la tradicin. La curiosidad, la labor histrica
y cientfica de S. J. Baumgarten no lo llevan a romper con la religin revelada; es
conservador por hbito, por temperamento, por voluntad, e innovador slo por la
punta extrema de su espritu. J. A. Ernesti, mientras preconiza, como acabamos
de verlo, el empleo del ms riguroso mtodo filolgico, estima, no sin
contradecirse, que ste no debe hacer olvidar ni la inspiracin divina, ni la
inerrancia, que es consecuencia de sta. Nos ha definido al telogo perfecto: es un
hombre que representa dos papeles a la vez: uno es comn con los gramticos; el
otro le es particular y slo le pertenece a l. Nada traduce mejor que esta frase,
una voluntad de equilibrio que otros ya consideraban como imposible de
mantener.
Pues la crtica, desencadenada de nuevo, sigue su pendiente. Johann David
Michaelis fue el hijo de Christian Benedict, y fue profesor de Gttingen, como su
padre lo haba sido de Halle; pero profesor de filosofa, no de teologa; profesor de
teologa, hubiera tenido que suscribir la confesin de Augsburgo, y esto es lo que
no quera hacer. Concienzudo hasta el escrpulo, independente hasta querer
reconstruir todas las disciplinas por s mismo, gramtico,, lingista, historiador,
exgeta, dio a los estudios orientales un nuevo impulso, al mismo tiempo que
seal de una manera decisiva lo que su escuela reivindicaba para la ciencia. En
1750 hace imprimir una introduccin a la lectura de los libros del Nuevo
Testamento, Einleitung in die gttlichen Schriften des Neuen Bundes; vuelve a ella,
la refunde, la aumenta y la conduce, en 1787- 1788, hasta una cuarta edicin. Dice
que la inspiracin de los libros del Nuevo Testamento importa menos que su
autenticidad; que aun cuando la divinidad no hubiese inspirado uno solo de
esos


70
Primera parte. El proceso del cristianismo
libros, y aun cuando los Apstoles y los Evangelistas no hubiesen tenido otro
auxilio que el talento de escribir lo que saban, admitiendo sus obras como
autnticas y dotadas de un grado suficiente de credibilidad, la religin cristiana
sera todava la verdadera. Pues se pueden tener dudas sobre la inspiracin del
Nuevo Testamento, e incluso negarla, y estar bien persuadido de su verdad; en
efecto, el hecho histrico no quedara por ello menos en pie; varas personas
manifiestan pblicamente esta opinin, o bien la tienen en privado, y sera injusto
poner a estas personas en la categora de los incrdulos. Deben contarse en el
nmero de los libros cannicos aquellos de los que se puede probar que han sido
autnticamente escritos por los Apstoles, y slo aqullos. Sentado esto, distingue
dos grupos: los escritos que componen el primero llevan los nombres de los
Apstoles Mateo, Juan, Pablo, Santiago y Judas; otros no han sido escritos por los
Apstoles, sino por sus ayudantes y compaeros, a saber: los Evangelios de San
Marcos y San Lucas y los Hechos de los Apstoles. Los libros de este segundo
grupo no los exclua cuando se puso a estudiarlos; pero como si tuvisemos
necesidad de una prueba suplementaria de la progresin inexorable de este
pensamiento cuanto ms ha profundizado en el tema, los ha comparado ms
con los del primer grupo, ms vivamente se han aumentado sus dudas. En la
tercera edicin de su obra daba todava los argumentos en pro y en contra,
inseguro de la conclusin a que deba llegar; en la cuarta se inclina a la negativa.
Si estas obras no son autnticas, hay que rechazarlas. Ni la autoridad de la
Iglesia, de la que nos dice que presupondra la cuestin de saber qu son los
herticos; ni una sensacin interior de la conciencia; ni cierto carcter de utilidad
moral pueden invocarse. Puro asunto de textos, pura cuestin de filologa, pura
cuestin de historia; slo cuenta una filiacin autntica. Johann David Michaelis
desterrar, pues, el Evangelio, segn San Lucas y segn San Marcos; y al hacer
esto tendr la impresin de servir bien al cristianismo. Su razonamiento es el
siguiente: las principales objeciones que los adversarios de la religin suscitan
contra el Evangelio se dirigen a San Lucas. Abandona a San Lucas y tambin a
San Marcos, sujeto a las mismas dudas; desarmaris a esos adversarios
quitndoles la posibilidad de hacer resaltar contradicciones que, en efecto, no se
pueden allanar enteramente.
Pero veamos el trmino en que la esencia misma del cristianismo es afectada
y modificada por un telogo que se crea calumniado e insultado cuando se le deca
que ya no era verdaderamente cristiano, Johann Salomo Semler era el
discpulo favorito de Baum-


V. Contra la religin revelada
71
garten, respecto al cual nunca dej de testimoniar admiracin y gratitud: la
filiacin es directa. La misma carrera tambin: en 1752 lleg a ser profesor de
teologa en la Universidad de Halle. Fue audaz, fue brillante; su voz reson
potente en las grandes polmicas de la poca. Para l, la religin es moralidad; su
historia es la del mejoramiento moral del hombre. Vida interior, ms o menos
intensa, segn la calidad del individuo, fuente que brota del fondo del ser, la
religin es una fuerza espontnea, una fuerza libre. Si intervens desde fuera para
canalizarla alteris su naturaleza, contrariis la expansin de su energa. La
autoridad es su gran enemiga. Ahora bien: qu hacen los
dogmticos? Cmo
proceden los telogos? Su labor es un contrasentido. Han recortado en el tiempo
esos hombres cortos de vista un momento pasajero, un hecho transitorio. En una
civilizacin condenada a perecer, en la religin juda y en la religin cristiana, han
querido ver la nica religin; a sus valores relativos les han impreso resuelta-
mente su carcter absoluto. Tal es su error: de una expresin dada del sentimiento
religioso han hecho la Religin, intangible; de una forma local han sacado una ley
sin apelacin que han declarado la nica vlida para todas las pocas y para todos
los pases. De lo que tena que cambiar han hecho lo que no cambiara nunca; y su
error ha perdurado durante siglos. Como si impusieran a todos los cuerpos, para
siempre, un traje que la moda de hoy ha puesto en uso, que la moda de maana
desterrar, han impuesto a todas las almas ese vestido, que pronto no ha sido ms
que un disfraz. Operacin funesta, contina Semler; bajo el cmulo de reglas, pre-
ceptos y ritos, han ahogado la sustancia de la fe; han transformado en prcticas
externas, en rtos desusados, la voluntad de bien, que es la fuerza profunda de la
creencia. Al punto a que han llegado, estos mismos dueos de la Iglesia han
promovido una teologa local, una manifestacin ocasional, una organizacin
social debida a la circunstancia, a la categora de Credo y a la dignidad de con-
dicin nica de la Salvacin.
Semler no se tena por un impo en modo alguno; pensaba que los malos
cristianos eran los telogos de la vieja escuela, los ortodoxos que se permitan
excluir de su comunin a tal o cual hertico, como si la hereja no fuese, ella
tambin, un revestimiento temporal de la fe, una manifestacin pasajera de la
creencia eterna. Los enemigos del cristianismo eran los que negaban toda idea de
revelacin, la cual permaneca como un hecho cuyo sentido verdadero haban dado
al fin; una comunicacin, renovada sin cesar, de Dios al hombre. En nombre de la
crtica mostraba cmo quera que se la entendiera en adelante. Se dedicaba
a estudiar


72
Primera parte. El proceso del cristianismo
el Nuevo Testamento, y afirmaba que no haba razn profunda para retener tal o
cual, texto y excluir tal o cual otro, que no haba razn para escoger entre los
textos del canon, puesto que todos representaban en algn grado una forma local
y provisional de la fe, histricamente explicable. De igual modo se dedicaba a
estudiar el Antiguo Testamento, segn los mtodos ms rigurosos, que crea
ejercitar sin ninguna prevencin, y decretaba que se trataba de una obra nacional
juda y nada ms. Los libros bblicos no haban sido escritos para revelar una
religin, puesto que contenan afirmaciones opuestas a las verdades de la
revelacin eterna; a sta volva siempre. El Dios de los judos no era el Dios de la
naturaleza; la virtud de los judos no era la moralidad que dimana de las leyes de
la naturaleza; los judos no crean en la inmortalidad del alma, pues esta idea slo
les haba llegado tardamente y despus de las influencias extranjeras, despus de
la cautividad de Babilonia y de Persia; por tanto, era un contrasentido querer dar
a la Biblia como la verdad y la vida. Era una imagen, un reflejo que vala con el
mismo ttulo que tantos otros reflejos que se podan tomar remontando el curso de
las edades y, por ejemplo, entre los paganos. Pues los paganos haban
representado, tambin ellos, un momento de la revelacin eterna; y haba habido
entre ellos religin verdadera siempre que haba habido verdadera moralidad.


Captulo VI LA
APOLOGETICA
En todas partes en que el cristianismo haca buenas migas con el Estado, el
Estado vena en su ayuda. En Espaa, la publicacin e incluso la difusin de las
obras impas era especialmente difcil; al lado, hasta por encima del poder real,
velaba la Inquisicin. Lo mismo en Portugal: el 18 de octubre de 1738, Antonio Jos
da Silva es estrangulado y quemado despus en un auto de fe, en Lisboa; todava en
1778, Francisco Manoel do Nascimento, acusado de no creer en el Diluvio, de
ridiculizar la doctrina del pecado original, es encarcelado; slo se sustrae a su
proceso evadindose. En Francia, donde todo ataque contra el derecho divino era
un crimen de lesa majestad, la censura, el privilegio de los libreros, las
condenaciones pronunciadas por los obispos y por la Asamblea del clero, las
intervenciones del Parlamento, las sanciones reales, trataban de poner un dique a
la marea ascendente de la incredulidad. En la Italia dividida, los casos eran
variables: la Toscana era indulgente y dejaba reimprimir en ella la Enciclopedia; el
gran ducado de Parma, afrancesado, mostraba poco vigor; en Venecia, ciudad del
comercio, se cerraban de buen grado los ojos sobre la naturaleza de la mercanca;
mientras que Roma era severa y el Piamonte tomaba medidas quisquillosas o
violentas. En Austria, Mara Teresa era especialmente suspicaz: en Viena, la
censura mand prohibir el Catlogo del Indice, porque la simple lectura de los
ttulos habra podido estimular la curiosidad de leer las obras cuya misma
existencia, pensaba, vala ms que permaneciese insos-
73


74
Primera parte. El proceso del cristianismo
pechada. A medida que la propaganda filosfica se haca ms activa, se acentuaba
el rigor. Vetos y prohibiciones se agravaban, incluso en los pases en que al
principio del siglo se haba cerrado los ojos.
Entre los protestantes se entenda que el pensamiento tena derecho a
expresarse libremente. Lo que no impeda que en Alemania se expulsara a Wolff
de su ctedra de Halle y de los Estados prusianos, que se persiguiera a Edelmann,
que se encarcelase a Johann Lorenz Schmidt, que se destituyera de sus empleos a
Karl Friedrich Bahrdt. Berln era en principio la ms tolerante de toda las
ciudades, acogedora para los proscritos que eran acosados en otros lugares por
cuestin de irreligin; pero en cuanto se trataba de poltica, era otro asunto, s
creemos a un testigo no sospechoso, Lessing: en Berln, decid, en materia de fe,
todas las majaderas que queris; os dejarn tranquilos; pero que se os ocurra
tocar la poltica y veris que esa presunta libertad es una esclavitud. Incluso en
Inglaterra se mostraba rigor a veces; hasta 1779, los catlicos seguan siendo
excluidos del acta de Tolerancia.
Anotemos este estado de cosas para recordarlo, y concedamos que s el
cristianismo no hubiese tenido para defenderse ms que la intervencin secular
habra justificado una parte de las acusaciones que se hacan contra l.
Puesto que la filosofa resultaba un asunto de opinin pblica, sobre todo en
Francia, sobre todo en Francia aceptaban los antif- lsofos la lucha en el mismo
terreno; l menos lo intentaban.
Acertaban algunas veces. Encontraban un nombre para ridiculizar a sus
adversarios: los Cacouacs. En 1757, L'Histore des Cacouacs empez a circular por
Pars. Hacia el paralelo cuarenta y ocho de latitud meridional se haba descubierto
recientemente una tribu ms desconocida que la de los caribes. Los Cacouacs
tenan como arma veneno oculto bajo la lengua; a cada palabra que pronunciaban,
incluso del tono ms dulce, ese veneno flua, se escapaba, se extenda hasta lejos.
No reconocan ninguna autoridad, profesaban la relatividad de todas las cosas y
repetan sin cesar la palabra Verdad. Orgullosos, crean tener el universo a sus
pes; y despreciando la sabidura divina, divinizaban la naturaleza. Con sus
hbiles y falsas mximas avanzaban poco a poco. Pero una nacin de hombres
valerosos, aunque escasos en nmero, les declaraba la guerra; se entablaba la
batalla, los Cacouacs avanzaban con gran estruendo; tal vez hubieran sido
vencedores, s los otros no


VI. La apologtica
75
hubiesen tenido un instrumento temible: el silbato. Silbados, los Cacouacs,
vencidos, huan a la desbandada.
Algunos rasgos eran certeros: El origen de los Cacouacs, si se los cree, se
remonta hasta los titanes, que queran escalar el cielo. Los Cacouacs estudian la
naturaleza en todo. No le construyen templos, porque esto parecera un culto, y los
titanes les han dejado como mxima que hay que conocer y no adorar. Como
ttulo supuesto de uno de sus libros: Plan de una religin universal para uso de
los que pueden pasarse sin ella, y en la cual se podr admitir una divinidad, a
condicin de que no se mezcle en nada. Agregad chistes, parodias, citas escogidas
por su nfasis, como el joven, toma y lee, de Diderot, y tendris un ejemplo del
estilo de Jacob Nicolas Moreau, en su Avis utile y en su Nouveau mmoir epour
servir l'histoire des Cacouacs; tuvo xito, fue imitado y desencaden la clera de
los filsofos, que queran usar el ridculo, pero no toleraban que lo usaran contra
ellos.
Pronto iban a ser puestos en escena. Todo el mundo conoce la comedia de los
Philosophes (1760), y cmo Palissot caricaturiz a Grimm, a Helvtius, a Didetot,
a Mlle. Clairon y, en especial, a Jean-Jacques Rousseau, que entraba en escena
andando a cuatro patas y que sacaba del bolsillo una lechuga. Se conoce menos
todo un trabajo de resistencia y de contraofensiva. Abraham Chaumeix la
emprenda con la Enciclopedia, era la cruzada de su vida; lleno de facundia y de
aspereza, distingua los puntos flacos; caracterizaba el espritu que animaba al
conjunto: No me he tomado la molestia de informarme de s el seor Diderot
haba hecho una descripcin exacta del oficio de hacer medias y de las diferentes
maneras de cortar una camisa; pero me he parado a considerar qu ideas me daba
la Enciclopedia del hombre, de su naturaleza, de su fin y de su felicidad. O bien
despedazaba el libro De l'esprit sin gran trabajo. Linguet reciba duros golpes. La
Filosofa? Su nombre significa amor a la sabidura. Se apodera de l con orgullo,
como se cargan los escudos de smbolos que no tienen ninguna relacin con las
acciones de los que los llevan. Muchas veces un cobarde manda pintar un len en
su escudo. El fanatismo religioso ensangrienta la tierra; pero el fanatismo
filosfico arrebata a los hombres su fuerza y su virtud. El filsofo razonador que
discute, que pesa los derechos de las potencias, que diserta sobre las virtudes y los
vicios, es demasiado cobarde para saber obedecer. Su corazn mancillado por sus
supuestas luces slo es accesible al miedo. Desengaado de las palabras patria,
honor, deber; acostumbrado a disecarlas, a analizar sus relaciones, no conoce ya ni
su fuerza ni su dulzura.


76 Primera parte. El proceso del cristianismo
El ms combativo era Frron. Bretn, cabeza dura, se levantaba despus de
cada una de sus derrotas; lo encerraban en la Bastilla, en Vincennes, en Fort
l'Evque, por haber distribuido golpes a diestra y siniestra, y con preferencia a los
poderosos; puesto en libertad y casi sin tomar aliento volva a empezar. Sus
publicaciones, las Lettres de la Comtesse, sus Lettres sur quelques crits de ce
temps, eran suspendidas; poco le importaba; se pona a redactar la Anne littraire
y, quieras o no, la arrastraba hasta su muerte. No era el primer recin llegado;
manejaba bien la pluma, era sensible al mrito literario, tena gusto; le agradaban
las novedades; vea los males de la sociedad y peda reformas; amigo de los
placeres de la vida, generoso, incluso gastador, su personalidad se sala de lo
corriente. En cuanto vea a un filsofo se encolerizaba. El nombre de ninguno de
ellos falta en sus pginas; ni siquiera de Voltaire tena miedo. Yo reapareca en la
arena, con el ardor de un atleta a quien algunas heridas que unos cobardes le han
hecho a traicin le reaniman el coraje en vez de abatirlo. Saba lo que le esperaba:
palabras feroces, epigramas tena- ces, malas pasadas, venganzas; pero se
complaca en provocar esas, represalias. Tena una misin que cumplir; los
filsofos no parecan ver que sustituan los consuelos del cristianismo por la
turbacin, la amargura y la desesperacin; l, Frron, denunciara su error. Les
mostrara que estaban locos si pensaban que una nacin que sacude un yugo
sagrado seguir soportando un yugo humano. Defendera lo que la tradicin tiene
de sano. Ningn siglo ha sido ms frtil que el nuestro en escritores sediciosos,
que, al ejemplo del poeta Linire, slo tienen ingenio contra Dios. Se dicen los
apstoles de la humanidad, y no ven que es ser un mal ciudadano, que es hacer un
mal real a los hombres quitarles las nicas esperanzas que suavizan los males de
esta vida; que es trastornar el orden de las sociedades, irritar al pobre contra el
rico y al dbil contra el poderoso, armar millones de brazos que estn retenidos
tanto como por las leyes por un freno sagrado... Ese despreciable encarnizamiento
contra la religin es, por lo dems, seal de debilidad ms que de energa de
espritu. No se hablara, no se escribira contra ella si no se la temiese
interiormente. Los prosistas, los poetas que hacen de ella el objeto de sus stiras
se parecen a esos viajeros temblorosos que tienen miedo de los ladrones y cantan
con todas sus fuerzas para ocultar el temor.
Los que formaban el ejrcito de los antifilsofos pensaban que se haba
prendido fuego imprudentemente en la vieja casa, con pretexto de darle luz.


VI. La apologtica 77
S quisiramos renovar una imagen que entonces estuvo de moda y describir
una batalla de libros, con todas las pginas revoloteando por los aires y todos los
formatos entrechocndose, nos sera fcil, pues apenas fue una figura. Nunca se
publicaron tantas obras contra la religin; nunca se publicaron tantas obras a
favor de ella. Se hubieran hecho con ellas, decan los contemporneos, bibliotecas
enteras; en los peridicos de l a poca, en cualquier pas de Europa que se
publicasen, una sola categora estuvo representada ms ampliamente que la de los
tratados agresivos: la de los tratados que defendan el cristianismo.
Los antiguos a quienes los otros invocaban en favor del materialismo, los
apologistas los refutaban. Y como los otros llamaban en su auxilio a todos los
libertinos del mundo, de igual modo los apologistas invocaban a los ilustres
defensores de la fe; reanimaban la gran voz de Bossuet para llamar de nuevo a las
almas hacia el Seor. Se atacaba la Biblia? Dom Calmet se pasaba la vida
defendindola. Se deca que el Pentateuco no era de Moiss? Es cierto, responda
Astruc el mdico, que el libro parece revelar fuentes diferentes; que se encuentra
en l una tradicin segn la cual Dios es llamado Eloim, otra segn la cual es
llamado Jehov, y otra ms, si se quiere; pero las dificultades desaparecen si se
admite que Moiss trabaj sobre varias memorias que convergieron, por decirlo
as, hacia l. Uno de los argumentos favoritos de los contradictores consista en
pretender que los valores espirituales que se reconocan en la tradicin juda
venan de la influencia de otras religiones orientales; se mostrara, pues, a
contrapelo que las grandes fbulas, los cultos y los misterios del paganismo no son
ms que copias alteradas de las historias, de los usos y de las tradiciones de los
hebreos. Algunas crticas invalidaban la historia de la primera institucin de la
Iglesia, de toda la tradicin eclesistica; entonces se sacaba la Histoire
ecclsiastique del abate Fleury, de la que Alferi cuenta que haba ledo en su
juventud sus treinta y seis volmenes; y entre los luteranos aparecan los
Institutionum Historiae ecclesiasticae antiquioris et recentioris Li~ bri IV (1726),
obra magistral de J. L. von Mosteim, el adversario de Toland, En las colecciones
de obras herticas, los filsofos buscaban sus negociaciones, pues se publicaran
otras colecciones, otras selecciones donde los creyentes encontraran con qu
robustecer sus certidumbres y, por ejemplo, la obra de Johann Albert Fabricius:
Delectus argumentorum et Syllabus Scriptorum qui veritatem reli- gionis
christianae... asseruerunt (1725). La hereja tomaba el camino de las Universidades
para difundirse: discursos universitarios, disertaciones, tesis devolveran a los
estudiantes a la ortodoxia.


78 Primera parte. El proceso del cristianismo
Ningn paso dej de provocar una accin contraria. Ss a los socinianos,
guerra a los destas, exterminemos a los ateos. El mal profundo viene de Locke;
refutemos a este filsofo mediante la filosofa. No se habla ms que de
demostraciones geomtricas: demostremos geomtricamente la verdad de la
religin cristiana. Pe- ridicos contra peridicos, cartas contra cartas, diccionarios
contra diccionarios, versos contra versos. El Filsofo cristiano; La religin
vengada...
La apologtica trabaj primero en reforzar sus propias posiciones, en hacer un
examen atento de los argumentos tradicionales y, por decirlo as, en tranquilizarse
a s misma; reley a los Padres de la Iglesia y a los grandes telogos del pasado;
reuni sus potencias interiores. Para cortar la raz del mal escribe a Montesquieu
el obispo de Soissons, monseor de Fitz-James, el 29 de septiembre de 1750 :
Habra que pensar en serio en reanimar los estudios de teologa, que han decado
totalmente, y tratar de formar ministros de la religin que la conozcan y estn en
condiciones de defenderla. La religin cristiana es tan hermosa que no creo que se
pueda conocerla sin amarla; los que blasfeman contra ella es que la ignoran. S
pudiramos hacer revivir otros Bossuet, Pascal, Nico- le, Fnelon, slo la
consideracin de sus doctrinas y sus personas hara ms bien que mil censuras.
Habl, pues, el lenguaje de la escolstica a los que lo entendan todava; pero
supo hablar otro a los que no lo entendan ya. La razn, por qu no? La razn y la
religin, son necesariamente enemigas? Por el contrario, la Iglesia las ha asociado
siempre. Slo podemos conocer los objetos segn las ideas que tenemos de ellos, y
nuestro juicio slo es cierto en la pedida en que nuestras ideas son claras; de
acuerdo. Queda, sin embargo, un dominio que nuestras ideas, oscuras, limitadas y
con frecuencia errneas, no pueden alcanzar, nadie lo niega. Dios no puede
engaarnos; esto es lo que todos los destas conceden fcilmente. Y Dios nos ha
revelado verdades que de otro modo hubiesen permanecido inaccesibles para
nosotros; hay que creerlas. La fe en los misterios no es, pues, nunca contraria a la
razn; por el contrario, la razn nos prescribe sa sumisin a la autoridad divina.
As habla uno de los apologistas ms fecundos de la poca, el abate Bergier, que
recuerda a sus lectores la expresin de San Pablo: rationale obsequium
1
.
1
Apologie de la religion chrtienne, 1769, capitulo V. Vase, del mismo autor: Le
disme rfut par lui-mme, 1765.


VI. La apologtica
79
Los hechos, por qu no? La apologtica no debe permanecer en el silencio;
tampoco debe usar la coaccin, sino persuasin, caridad, dulzura; pues no hay ms
religin verdadera que la que es voluntaria, y ningn poder humano puede forzar
el reducto impenetrable de la libertad. Su deber es, pues, escuchar los argumentos
de sus adversarios y responderles en su propio plano. Esta actitud toma otro autor,
el abate Houtteville, cuyo libro La religion chrtienne prouve par les faits, publicado
en 1722, se reedit muchsimas veces hasta fin del siglo. Se cuid de establecer con
buen mtodo los caracteres que aseguran la certeza de los hechos; despus de lo
cual mostr que los milagros referidos por la Sagrada Escritura, anunciados por
testigos oculares o contemporneos, sinceros y veraces, referentes a hechos
publicados, en conexin con hechos posteriores, reconocidos incluso por los que
tenan inters en negarlos, tenan el carcter de hechos incontestables, ante los
cuales haba que inclinarse. Contradictorios o no con las leyes de la naturaleza, se
los deba admitir. Contradiccin que, por lo dems, slo era tal para nuestras
dbiles mentes, y que desapareca para una inteligencia divina, capaz de ver la
conexin de todas las cosas y de fundir en unidad lo que para nosotros es
divergencia.
Los hechos, la razn y tambin otra potencia, que nace de la razn que observa
los hechos, que luego la sobrepasa y se convierte en exaltacin, en sentimiento. Se
descubrieron entonces las maravillas de la naturaleza. Esas fuerzas encadenadas
que obedecen al orden, esa armona que regula lo infinitamente grande y lo
infinitamente pequeo, esa belleza dispersa en los seres y en las cosas, no piden
que nuestra gratitud se eleve hasta su autor? La simple observacin de los
fenmenos no bastara para hacer justicia al Creador: elvese un himno hacia
Dios! Es demasiado poco hacer constar solamente su presencia; conviene dejar
hablar, de acuerdo con la inteligencia, a un corazn que se conmueve. Inglaterra,
con Derham; e inmediatamente despus Holanda, con Niemventydt, empezaron
esas acciones de gracias, esas efusiones, esos arrebatos lricos; la seal fue vista tan
pronto por espritus que la pedan, que se comunic gradualmente y pronto no
qued pas en Europa que no repitiese, en su lengua, que los cielos narran la glora
del Seor. Los ttulos fueron diversos, y el sentimiento unnime. No nos
corresponde hacer aqu su historia, puesto que nos limitamos al orden de la razn.
Pero ese sentimiento se desprendi de comprobaciones racionales; y la apologtica
sac partido de l. De la bondad, de la belleza, tom argumento en pro de la verdad.
Desde 1741, en su Trait sur le Beau, el P. Andr expresa la idea que vegetar en
autores oscuros y que madurar bajo


80 Primera parte. El proceso del cristianismo
la accin de los acontecimientos y de los hombres, hasta el Gnie du Christianisme:
Hemos hablado de Dios como conviene a un filsofo cristiano; hemos demostrado
su existencia, explicado su naturaleza, descrito su accin, mostrando en todo el
acuerdo estrechsimo de la religin y la fe respecto al Dios soberano. Ya con-
templando de un modo ms profundo a Dios en s mismo, hemos visto que no hay
nada ms grande, nada ms admirable, nada ms terrible que la Divinidad
ofrecida como en espectculo. Ya considerando ms en detalle cmo se comporta
Dios para con nosotros, hemos encontrado que no hay nada mejor, nada ms
amable que ese mismo espectculo de la divinidad. Hemos experimentado menos
dificultad en verlo que en explicarlo.
Los apologistas anglicanos se ingeniaron. Berkeley descendi a la liza, provoc
a los minute philosophers, los pequeos filsofos que se crean grandes
pensadores
2
. Los impos iban demasiado lejos, iban demasiado de prisa; Swift les
deca que podan atacar al cristianismo, pero no destruirlo; una multitud de
gentes pretendan que no era ms que una mentira, que ya no vala ni siquiera la
pena de proporcionar un tema de indagacin, que ya slo haba que rerse, como
por va de represalias, porque haba interrumpido durante mucho tiempo los
placeres del mundo: esto no era una razn para abandonarlo; era una razn, por el
contrario, para rehabilitar su verdadero valor. Estaba de moda poner a los buenos
cristianos en ridculo y hacerles perder su compostura; con razones adecuadas a la
poca se los tranquilizara, se les devolvera la confianza en las verdades de la fe.
Puesto que haba proceso, se juzgara. No era una metfora, pues uno de los
defensores, el obispo Sherlock, tuvo la idea de instruir un proceso en forma, en el
que figuraban un juez, un jurado, un jefe del jurado; un proceso como se los vea
todos los das en Londres y en la provincia, con la diferencia de que los testigos
encausados eran los que afirmaban la resurreccin de Cristo
3
.
El juez.Seores jurados: acabo de exponeros en sustancia lo que sido alegado
por una y otra parte. A vosotros os toca ahora reflexionar y dar vuestro juicio.
(Despus de deliberar el jurado, se levanta el jefe y habla.)
2 Alciphron, or the minute Philosopher: in seven Dialogues, containing an Apology for
the Christian Religion, against these who are called Freethinkers, London, 1732.
3
The trial of the Witnesses of the Resurrection of Jesus, London. 1729.


VI. La apologtica 81
El jefe del jurado.Mylord, estamos dispuestos a dar nuestro veredicto.
El juez, dirigindose a los jurados.Estis de acuerdo?
Los jurados.S.
El juez.Quin har uso de la palabra?
Los jurados.Nuestro jefe.
El juez. Qu decs, pues? Son los apstoles, s o no, culpables de falsos
testimonios acerca de la resurreccin de Jess?
El jefe del jurado.No culpables.
Entre los exgetas, los telogos, los historiadores, los predicadores, dos
hombres descuellan en relieve: Warburton, obispo de Gloucester, tena un carcter
singular: potente y rudo; gran lector, gran trabajador, gran discutidor, haba
estudiado procedimientos antes de entrar en las rdenes, y haba conservado
cierta prctica de las sutilezas; moderno, no haba tenido miedo de informarse en
Locke de la nueva filosofa y en Bayle del escepticismo. Amigo de paradojas, tena
un estilo que no le perteneca a nadie ms que a l; pareca concederlo todo a sus
adversarios, y cuando stos triunfaban, los bata por sorpresa. Por ejemplo, en su
Alliance between Church and State (1736). La Iglesia es un cuerpo aparte, y no
tiene derechos sobre el Estado. El Estado es un cuerpo aparte, y no tiene derechos
sobre la Iglesia. Con estas afirmaciones iniciales, cmo no se habran regocijado
los disidentes? Y cmo no habran credo los filsofos que haban encontrado un
nuevo amigo en el mismo clero? Pero Warburton continuaba. La religin tiene
necesidad del Estado. El Estado tiene necesidad de la religin, si no quiere
pervertirse; no podra tolerar en sus servidores la negacin de principios que
aseguran su estabilidad, como la distincin natural y esencial entre el bien y el
mal; es legtimo que exija de ellos esa garanta. De un poder a otro no hay
sumisin, sino alianza indisoluble. Y Warburton acababa por defender una
religin oficial, en nombre de las normas fundamentales del derecho natural y del
derecho de gentes.
Ms ruidosa todava fue la obra que public dos aos despus, The Divine
Legation of Moses. Todo el mundo admitir este postulado: que un legislador hbil,
cuando establece una religin y un gobierno civil, no obra caprichosamente ni al
azar; por el contrario, tiene sus razones y sus fines. Una religin ordinaria
necesita, para sostenerse, la creencia en un estado futuro. Un gobierno ordinario
necesita, para la buena marcha de la sociedad, la doctrina en la creencia de las
recompensas y de los castigos. Ahora bien: ni la creencia en un estado futuro ni la
doctrina de las recompensas y los castigos se encuentran en la ley mosaica. Qu
concluir de


82
Primera parte. El proceso del cristianismo
ello, dado que sin duda Moiss era un hbil legislador? Que se fundaba, no en
valores ordinarios, suficientes para una religin puramente humana, sino en
valores extraordinarios, excepcionales, sobrehumanos, divinos... Que los silogismos
de Warburton sean probatorios, puede discutirse; pero que hayan influido, esto lo
prueban abundamentemente las rplicas de Voltaire.
Muy distinto era Joseph Butler, que, nacido de un padre pres- biteriano, muri
siendo obispo anglicano; y salido de la disidencia, acab en el conformismo. No por
ambicin, pues era sencillo y frugal, sin fasto, sin aparatos; sin otro fin en su vida
que la busca de la verdad y la prctica de las virtudes cristianas. La naturaleza, la
razn, las aceptaba como puntos de partida; y puesto que, siguiendo a Locke, no se
quera aceptar nada que rebasara la observacin del alma humana, construy su
demostracin sobre el empirismo. De ah su oportunidad, su fuerza, y el inmenso
xito de su libro: The analogy of Religion, Natural and Revealed, to the
Constitution and Course of Nature (1736). La analoga de la religin, natural y
revelada, con el ser y el curso de la naturaleza.
Deca que el ms alto grado de la verdad es seguramente la evidencia
demostrativa; pero que en nuestra vida cotidiana no re- curramos a ella y tenamos
que contentarnos con la evidencia probable; la cual, por una serie de grados, iba de
la ligera presuncin a la ms fuerte certeza moral. Se puede suponer que habr
niebla en Inglaterra tal da preciso del mes de enero; es ms probable que la habr
durante un da cualquiera del mismo mes; es moralmente cierto que la habr en el
curso del invierno. El hombre que observa el flujo y el reflujo del mar y afirma que
se reproducir el mismo fenmeno, slo emite una hiptesis; pero como el flujo y el
reflujo se han producido durante das, semanas, meses, aos, siglos, podemos decir
con seguridad que se producirn maana. Este razonamiento, que no valdra para
una inteligencia perfecta, capaz de conocer el conjunto de las causas y de los efectos,
vale al menos para nuestras inteligencias limitadas. De hecho, la analoga
determina nuestro juicio y dirige nuestros actos, como prueba la experiencia.
Asegura igualmente la legitimidad de la religin natural. El paso de un estado
conocido a un estado desconocido: esta es, reducida a su ltima expresin, la
creencia en la inmortalidad del alma. Pero esta idea de paso, no est de acuerdo
con las operaciones de la naturaleza, tales como se producen ante nosotros? Lo
mismo que crislidas se convierten en mariposas, que unos seres reptantes se
transforman en seres alados, que unos gusanos perforan su capullo, que los
pajarillos rompen la cscara del huevo para


VI. La apologtica
83
sufrir las transformaciones ms asombrosas, de igual modo, y por analoga, es
probable que despus de nuestra muerte carnal entremos en una nueva vida. La
religin nos hace temer penas que sern el castigo de los crmenes, esperar goces
que sern la recompensa de las virtudes; pues bien!: as como nuestra
intemperancia, en un plazo dado, nos hace pasar de una salud floreciente a una
salud miserable, y nuestra buena conducta acaba por proporcionarnos fuerza y
valor, del mismo modo es probable, es moralmente seguro que nuestras ofensas al
Creador se traducirn en penas, que nuestra observancia de la ley moral se
traducir en goces.
En cuanto a la religin revelada que slo difiere de la religin natural
porque satisface una necesidad de precisin que hay en nosotros, la piedra de
toque en que tropiezan los incrdulos es la mediacin de Cristo. La mediacin, no
es tambin uno de los hechos que presiden nuestra vida y que aceptamos con
gratitud? Todas las criaturas nacen por mediacin de otras criaturas y son
alimentadas, defendidas, protegidas por ellas; todas las satisfacciones nos son
proporcionadas por otros. Luego la venida de un mediador entre Dios y el hombre,
la venida de Cristo, que se ha encarnado para lavarnos de nuestra mancha, debe
esperarse y creerse por analoga.
Voz persuasiva, que agrad a los creyentes porque les haca or que no eran
unos retrasados, y que podan pretender, tambin ellos, al nombre siempre
deseado de modernos. Voz que sorprendi a los crdulos, en el sentido de que
encontraban algunos de sus propios acentos. Reciocinio que sigue el mtodo dado
como el nico bueno, la observacin y la experiencia, Joseph Butler, obispo de
Derham, tuvo la satisfaccin de haber dado al pblico una especie de seguridad
filosfica; la hipoteca tomada sobre la venta pareca tan fuerte, que el desmo
deba tenerse por vencido.
Se entrev aqu, como una novedad que no se ha inscrito an en la historia, y
para hablar el lenguaje de la poca, un cristianismo ilustrado: todo un
movimiento europeo, un movimiento cristiano, que tiende a despojar a la religin
de las estratificaciones que se haban formado alrededor de ella, a ofrecer una
creencia tan liberal en su doctrina que nadie podra acusarla ya de oscu- rantismo;
tan pura en su moral, que nadie podra ya negar su eficacia prctica. No un
compromiso, sino la firme seguridad de que los mismos valores que durante
dieciocho siglos haban fundado la civilizacin, valan an y valdran siempre.
Si se quisiera intentar al menos el bosquejo de ese gran esfuer-


84 Primera parte. El proceso del cristianismo
zo, se empezara por recordar a los pensadores que comprendieron que el
aristotelismo perteneca a otra edad, aceptaron a Descartes cuando la generacin
precedente lo haba desterrado, y le pidieron argumentos a favor de la
espiritualidad del alma; pensadores y cristianos que frecuentaron y admiraron a
Locke, negndose a seguirlo en su agnosticismo, pero explotando las riquezas
psicolgicas que haba descubierto. Se citara a los cientficos, y del mayor mrito,
el P. Boscovitch en Ragusa, Haller y Bonnet en Suiza, Euler en Alemania, que
mostraron que el mtodo experimental, le jos de llevar a la incredulidad,
robusteca la idea de una finalidad. Se invocara a los moralistas que recordaron
al Prncipe que su poder, slo se fundaba en un deber ms riguroso, y que
exigieron de l mucho ms que lo que los filsofos le pidieron nunca: as el sabio,
el piadoso Muratori, que no estaba tan sumergido en la erudicin como para no
mirar la vida, que alguna vez sinti la tentacin de la duda, y que se refugi en
su credo; los gobernantes slo deben tener en cuenta el bien del Estado, seguir en
todas las cosas la ley divina que prohbe cometer el mal y ordena contribuir, al
bien de todos, incluso al bien de los enemigos: haced a los dems hombres lo que
querrais que hiciesen por vosotros. Pues el mejor remedio de los sufrimientos
sociales, sin tantos tratados ideolgicos, segua siendo la caridad; y la norma
nica proclamada por los destas, amaos los unos a los otros, no era suya, vena
de Cristo. Se sacara de la oscuridad la figura de los sacerdotes y los obispos que
predicaron a sus ovejas la tolerancia, que denunciaron la supersticin. Se
contaran los santos que vio nacer el siglo XVIII.
No se olvidara el esfuerzo de las Congregaciones. Tomaremos el ejemplo de
un jesuta, profesor durante casi cuarenta aos en el Colegio Luis el Grande,
colaborador de las Memorias de Trvoux? Leyndolo nos enteraremos de que el
seor Locke es el primero de estos tiempos que ha intentado desenmaraar las
operaciones del espritu humano, y que no se ha dejado llevar a sistemas sin
realidad; su filosofa parece ser en este punto, comparada con la de Descartes y
Malebranche, lo que es la historia comparada con una novela. La filosofa
razonable del P. Buffer era la del sentido comn, bastante fecunda para haber
sido reanudada y desarrollada despus, en Inglaterra, por Thomas Reid. Sus
ideas sobre la vida social no eran ni medrosas ni retrgradas: la igualdad de
naturaleza era un principio que no haba que perder nunca de vista; eran las
funciones las que eran desiguales, las de los sbditos y las de los prncipes, no los
hombres. En todo, el P. Buffier slo se propona seguir la claridad menos
sospechosa de la inteligencia humana.


VI. La apologtica 85
Tomaremos el ejemplo de un benedictino? Es difcil no tener debilidad por el
P. Feijoo, tan franco, tan robusto: se llama a s mismo ciudadano libre de la
repblica de las letras, y el nombre est bien puesto. Un tema favorito de los
filsofos, en la primera parte del siglo, era el retraso de Espaa en el camino de las
luces. Pues el hombre que, desde su celda, la incit al progreso fue precisamente
Feijo. No le faltaba el espritu crtico, e incluso lo ejerca acerca de todo. Se dice
que la dcima ola es siempre la ms fuerte. Vemoslo: no es verdad, es un
prejuicio vulgar. Se dice que el heliotropo hace girar siempre su flor hacia el sol: es
falso. Se dice que es peligroso tomar un alimento poco despus de haber tomado
chocolate; otro se dice que no resiste la prueba. Rechacemos los se dice, no
creamos ms que los hechos bien probados. Enciclopdico, Feijoo era telogo,
historiador, hombre de letras, hombre de ciencia; admiraba a Bacon y a Newton,
que representaban para l la verdad experimental; Descartes le pareca un genio
temerario, pero un genio, y rompa una lanza en favor suyo si llegaba la ocasin.
Reformador, no tema escribir contra los nobles que no justifican su privilegio,
contra la lentitud de la justicia, contra la tortura. Patriota, no tena nada ms
querido en el mundo que su pas. Cosmopolita, era partidario de las ms amplias
comunicaciones entre los pueblos, de la abolicin del espritu de partido, de la paz
universal. Y por ser todo esto era profundamente cristiano. Estimaba que se
envileca la religin con la creencia en los falsos milagros, con las prcticas
pueriles, con el modo que se tena de ligarla al pasado: no son los dogmas sagrados
los que frenan el pensamiento y ahogan la ciencia, son esas autoridades usur-
padas; y, por tanto, combata el falso aristotelismo que haba paralizado el
pensamiento espaol y que, en pleno siglo XVIII, quera todava mantenerlo
embotado. Durante siglos y siglos, los que se llamaban filsofos se haban
quemado las pestaas ante los textos de Aristteles: qu aberracin! Cunto
mejor hubieran hecho en estudiar la naturaleza! El que no emplea otro mtodo
que el de las discusiones escolsticas hace el juego del innoble Caco, que atrae
astutamente a Hrcules a su caverna, para hacer intiles sus armas cegndolo
con el humo que vomita. Por su parte, l no caera en esta trampa; limpiara el
catolicismo de las mercancas de contrabando que se haban introducido en el
templo, Feijoo se senta perfectamente cmodo a la vez en la tradicin y en la
novedad.
Integrar la novedad en la tradicin; limpiar la enseanza de las antiguallas
de la escuela; los espritus hacia la observacin de los hechos; preconizar el culto
de Bacon, de Newton; librar a los portugueses de su narcisismo; habituarlos a la
crtica, al juicio per-


86 Primera parte. El proceso del cristianismo
sonal; despertarlos, excitarlos a recuperar su puesto en la vida intelectual de
Europa: esto fue una gran tarea: fue la del autor del Verdadeiro Mtodo de
Estudar (1746-1747). El P. Luis Antonio Verney, franciscano, y sus sucesores
fueron frailes tambin, oratorianos.
Si se quisiera hacer resaltar la figura ms representativa tal vez de este
catolicismo ilustrado, habra que escoger un sacerdote, Antonio Genovesi. Lo
merece por la firmeza de su posicin inicial, que es sta: los pensadores que atacan
la religin cristiana la conocen mal, y por tanto la deforman: para refutarlos es
menester que se presente un hombre que la conozca en su interior, que la
practique firmemente y que extraiga su espritu. Desde entonces se pone a la
tarea. A todos los que han tomado partido contra la religin revelada, los ha
frecuentado, los cita si es necesario, sus pginas estn llenas de su recuerdo; a
todos los apologistas los ha ledo igualmente; todos los problemas que la poca se
ha complacido en plantear y repetir, los ha estudiado por su cuenta, francamente:
el origen de las ideas, la ley natural, el racionalismo y el empirismo, el optimismo.
Defiende la doctrina cristiana mediante el conocimiento profundo que tiene de sus
enemigos y de ella misma; la defiende tambin por medio de su accin.
Haba sido peripattico en su juventud, buen disputador en pro y en contra.
Ordenado en 1736, haba llegado a Npoles el ao siguiente; era la poca en que
monseor Galiani emprenda la reforma de los estudios: l en el partido de los
reformadores. Fue cartesiano; despus conoci el pensamiento de Locke y en parte
lo acept. Profesor de metafsica, luego de tica en la Universidad, public, a partir
de 1743, unos Elementa Methaphysicae que hicieron. poca; ya no dej de emplear
el medio ms seguro entre los que influyen sobre la vida: llegar al alma de los
jvenes. A sus alumnos les repite que no hay que jurar por las palabras de los
maestros; que la creencia debe proceder de un examen racional; que no se la debe
confundir con la beatera, que no hace ms que ahogar la llama interior; que el
catolicismo no teme enfrentarse con la filosofa moderna, ya para refutarla cuando
se equivoca o para sacar partido de ella cuando est de acuerdo con la sabidura.
Todo se repite, pero de un modo ms vivo, en materia de poltica, pues Genovesi
contribuye a un desplazamiento de inters que es capital para Npoles y para
Europa: se trata menos de legitimar la razn de Estado, de remontarse a los
orgenes teocrticos del gobierno civil, de consolidar la estructura del poder
establecido, que de afirmar el derecho de los sbditos, de pedir las reformas que
han de asegurar su felicidad. En la tierra napolitana, en que el feudalis-


VI. La apologtica
87
mo pesaba fuertemente, se produce una especie de acuerdo entre el prncipe y los
sbditos contra el poder intermedio que es hostil a los intereses de uno y otros;
Genovesi es uno de los que favorecen enrgicamente ese acuerdo. Por sus
opiniones fue molestado, denunciado a Roma; no obtuvo la ctedra de teologa que
haba deseado, pero no sali de la ortodoxia. No era un asceta; estaba bien de
carnes y beba con agrado el buen vino de Salerno. Pero en espritu permaneci
profundamente cristiano, y de todas las virtudes cristianas fue fiel a la ms pura,
a la caridad. Tena costumbre de decir: Yo adoro el Evangelio, cuya sustancia es
amor. jQu dulce es esa palabra, amor! Y qu feliz sera nuestra vida, s ella sola
reinase!
Habra ocasin, por ltimo, de seguir las transferencias del pensamiento
cristiano, lo mismo que el pensamiento filosfico se traslada de nacin en nacin.
Una de las ms curiosas es la accin de las Scuole pie, de los escolapios de Italia
sobre diversos Estados de Europa, ya se ejerza directamente, ya pase por los
extranjeros que van a terminar o recomenzar sus estudios en Roma. Su influencia
innovadora se extiende sobre Hungra, Alemania del Sur, Austria y sus
posesiones, Polonia. Cuando sta, a mediados del siglo, se moderniza,, a su vez y
siente la necesidad de renovar los programas de sus escuelas, un escolapio, el P.
Konarski, prescribe el estudio de Bacon, de Gassendi, de Descartes, de
Malebranche, de Locke, de Genovesi, con el espritu ms liberal Sapere aude: esta
era, ya lo hemos visto, la divisa de los innovadores, que queran hacer de la
indagacin de la verdad la ley nica de su vida; pues bien, el rey Estanislao
Augusto manda acuar con la efigie de Konarski una medalla que dice en el
exergo: Sapere auso.
Reunamos con el pensamiento a los obreros de la via; imaginemos aquel
ajetreo de hbitos negros, de hbitos blancos, de hbitos de sayal; recordemos, por
su parte, a los clergymen y los obispos anglicanos; y a los pastores y a los
profesores luteranos; y a los pastores de Francia; y a los laicos tambin; no
olvidemos el sueo, siempre reanudado, de una conciliacin entre catlicos y
reformados, de una unin de las Iglesias, que reunira a los discpulos de Cristo, y
podremos figurarnos, vista la vivacidad del ataque, el ardor de la defensa.


Captulo VII
LOS PROGRESOS DE LA INCREDULIDAD. EL
JANSENISMO. LA EXPULSION DE LOS JESUITAS
Un nuevo Bossuet, un nuevo Fnelon, no venan; un nuevo Pascal, no vena.
El P. Gerdil, que fue cardenal, refutaba a Locke; pero qu poda contra su
difusin? Qu poda Crousaz contra Pope? John Leland defenda el Antiguo y el
Nuevo Testamento, la Revelacin: no borraba la sonrisa de Hume. Eran buenos
luchadores, cuando hubieran sido menester genios.
A menudo, a pesar de sus intenciones, resultaban pesados y aburridos los
polemistas; sus largos prefacios, sus disertaciones pedantes, sus frases macizas,
no llegaban al pblico; razonaban como sus abuelos; el presente no los escuchaba.
O bien, en busca de novedad, no caan ms que en el ridculo. El abate Pellegrin,
pens haber acertado cuando puso aires de moda a las verdades cristianas?
Explicacin de la oracin dominical, sobre el aire de Joconde: Seor, habis
querido darme una mujer. Explicacin del Smbolo de los Apstoles, sobre el
aire: Despertaos, bella durmiente. Contra el pecado en general, sobre el aire de
Armide: Amor, qu quieres de m? De la necesidad de la penitencia, sobre el aire
de las Folies d'Espagne. La Astro-teologa, la Fsico-teologa, la Hidro-teologa,
fueron convincentes? Lesser crey haber hecho obra duradera cuando public su
Insecto-teologa? Dios obra de suerte que los insectos ms nocivos pertenezcan a
las especies menos fecundas. Quiere que los insectos sean tiles, puesto que en
ciertos pases sirven de alimento: San Juan se hubiese muerto de hambre en el
desierto si no hubiera tenido all los saltamontes. Los insectos tie-


VII. Los progresos de la incredulidad 89
nen un valor teolgico, han sido los ministros de los castigos con que Dios aflige a
los culpables, ministros tanto ms temibles cuanto que no hay medio de
defenderse de ellos. Los insectos tienen un valor jurdico; han castigado a los
adlteros, pues las leyes antiguas mandaban que se los expusiera desnudos en un
hormiguero o que se los entregara a las picaduras de un enjambre de abejas
Incluso...
Los Anticacouacs saban mal servirse del silbato, pero los Ca- couacs lo
manejaban de un modo excelente: los Guene, los No- notte, por respetables que
fuesen, eran puestos en ridculo. Cuando se quiere poner de relieve los mritos de
Frron y se intenta hacerle justicia, a pesar de uno, se imagina or el feroz
epigrama que Voltaire uni a su nombre. Jean-Jacques Lefranc, marqus de Pom-
pignan, magistrado honorable y hombre de letras infortunado, la emprendi con
los filsofos en su discurso de recepcin en la Academia francesa; el mismo
Voltaire lo cogi por el cuello y ya no lo solt; Lefranc de Pompignan se convirti
en su sfrelo todo. Otro epigrama; epstolas, stiras, alusiones siempre renovadas
lo abrumaron; tanto y tanto, que ya no se atrevi a salir de casa: Voltaire haba
suprimido a Lefranc de Pompignan.
El otro da, en el fondo de un valle,
Una serpiente mordi a Jean Frron;
Qu pensis que sucedi?
Fue la serpiente la que revent.
Sabis por qu Jeremas Tanto llor
durante su vida?
Porque, como profeta, prevea Que un da
Lefranc lo traducira.
La parte no escrita de la vida del espritu, las conversaciones, las reflexiones,
las palabras que se repiten de boca en boca quin la detendr? La filosofa est
en los clubs y en las asambleas, en los cafs, en torno a las mesas de t quin le
echar mano? Se difunde por el aire, se insina dnde cogerla? Los policas se
mezclan inocentemente con los paseantes que charlan bajo las galeras del Palais
Royal o en los jardines del Luxemburgo; consignan en sus informes que han odo
frases contra la religin, frases ateas, incluso pronunciadas por abates: imposible
detener a todos esos impos. Nicols Boindin, hombre de letras, miembro de la
Academia de Inscripciones, celebra sus sesiones en el caf Procope, donde es
conocido como libertino. Emplea una jerga propia:


90
Primera parte. El proceso del cristianismo
llama a la libertad Jeanneton, a la religin, Jacotte y a Dios, M. de l'tre. Me
atrever a preguntaros le dice un sopln que lo escucha, quin es ese M. de
l'tre, que se ha portado mal tan a menudo y del que estis tan descontento? Un
espa de la Polica, caballero. Hasta una rplica de tragedia puede resultar sos-
pechosa: se encarcelar a los espectadores que aplauden? Incluso un libro
glorioso, como Tlmaque, puede servir a la propaganda filosfica: se quemar
Tlmaque en las gradas del Palacio? Componentes todas de una atmsfera cuya
accin acababan por sufrir los mismos cristianos.
A veces, un vendedor ambulante llamaba a la puerta y dejaba, contra especies
contantes y sonantes, un manuscrito del gnero de stos: Discurso histrico contra
el Apocalipsis y al mismo tiempo contra los dems libros del Nuevo Testamento;
Ensayo histrico y crtico sobre los tres impostores ms famosos; Moiss, Jess y
Mahoma; Extracto de las opiniones de Jean Meslier; Testamento de Jean Meslier; El
alma material, y otros anlogos; en total, ms de cen ttulos. En Francia exista
una organizacin clandestina en la que tuvieron buena parte Frret, Mirabaud,
Dumarsais, y que trabajaba sobre Francia: proveedores de manuscritos;
empresarios, copistas, repartidores a domicilio; clientela de nobles, de burgueses,
de eclesisticos, en Pars e incluso en provincias; comercio fructfero de artculos
prohibidos; tcnica hbil, hecha para alcanzar a la opinin en profundidades
ignoradas. Esta empresa tenda a sustituir los libros cuya impresin hubiera
parecido demasiado peligrosa, y se anexionaba en caso de necesidad las
producciones ms recientes: Grimm engolosina a los corresponsales extranjeros, el
mes de agosto de 1755, anuncindoles que los manuscritos de la Pucelle del seor
De Voltaire se multiplican insensiblemente, y que no es imposible tener catorce
cantos por el precio de cinco a diez luises.
Los mismos libros, nunca se impide que se impriman, que se difundan,
cuando se tiene en contra al pblico. Tal obra ha sido prohibida por la censura, no
ha obtenido el permiso del sindicato de la librera; no por ello dejar de
imprimirse, gracias a las imprentas clandestinas, a las pequeas imprentas
porttiles, que se disimulan fcilmente; luego se la vender en los teatros, en los
jardines; mejor an: en los lugares privilegiados que pertenecen al rey, a la familia
real, a las rdenes religiosas. O bien el manuscrito pasar la frontera, llegar a
Londres, Lieja, Bouillon, Colonia, Ginebra, Yverdon u otros lugares; mejor an a
Holanda, donde estn instaladas manufacturas de obras prohibidas. Impreso,
encuadernado, emprender el camino de vuelta. Se comprueba corrientemente que
cuanto ms severamente es prohibido, ms vivamente


VII. Los progresos de la incredulidad
91
solicitar a los compradores. La Correspondance littraire, a propsito del libro de
Toussaint, Les Moeurs: El magistrado, al mandar quemar esta obra, ha
aumentado, como no deja de ocurrir nunca, la curiosidad de leerla. D'Alembert a
Federico II, el 10 de junio de 1770: No conozco en Essai sur les Prjugs que V. M.
se ha tomado la molestia de refutar; creo, sin embargo, que el libro se ha visto en
Pars e incluso que se ha vendido muy caro. Pero basta que un libro toque ciertos
temas y ataque bien o mal a ciertas gentes para que sea buscado con avidez y por
consiguiente no tenga precio, por las precauciones que toma el gobierno para dete-
ner esta clase de obras: precauciones que con frecuencia hacen al autor ms honor
del que merece. El caso ms llamativo es el de la Histoire philosophique et
politique des tablissements et du commerce des Europens dans les Indes, del
abate Raynal: prohibida en Francia, puesta en el Indice, desgarrada y quemada
como impa, blasfematoria, con tendencia a sublevar a los pueblos contra la
autoridad soberana y a trastornar los principios fundamentales del orden civil,
tuvo veinte ediciones, ms numerosas an fraudulentas, se vendi a trozos,
proporcion una especie de apoteosis a su autor. En una palabra, un moralista que
estudia los Prejuicios del publico, Denesle, pretende que un libro tiene poca salida
si tiene un permiso regular; que por el contrario, se vende con profusin si no pone
en su frontispicio con privilegio, s se confa a cinco o seis vendedores
ambulantes, que con aire de temor irn a llevarlo furtivamente a las casas,
hacindolo pagar diez veces su precio.
Pietro Verri vive en Miln, Alessandro se ha establecido en Roma; los dos
hermanos sostienen una correspondencia activa, en la que hablan corrientemente
de las novedades de librera, sobre todo de las novedades prohibidas. He aqu
cmo llegan. A Miln, por Suiza; por los libreros de Parma y Toscana; gracias a la
complicidad de un correo que lleva la virtuosa Histoire ecclsiastique de Fleury,
mientras se deslizan folletos incendiarios en el mismo paquete, entre los tomos. A
Roma: Alessandro a Pietro: No he recibido la Enciclopedia, pero est a doce
millas de Roma. Tengo modo de introducirla. La he hecho venir a Civitta Vecchia,
y desde ah, en ocasiones, la hago llegar a los alrededores de Roma; y en la carroza
de un Cardenal entrar impunemente. Es lo que he hecho con todo lo que me ha
llegado de Londres (20 de diciembre de 1770).
En Venecia, en 1764, se han reforzado precauciones y prohibiciones: ningn
librero puede abrir un paquete de libros llegado del extranjero sin la presencia de
un funcionario de la Serensima; se


92
Primera parte. El proceso del cristianismo
trata, pues, de engaar a la Polica. Si los libros son enviados de Alemania, se los
desembala en Padua; all, en pequeos paquetes con que se cargan las barcas que
descienden el Brenta, en caso de necesidad por la posta, acaban su viaje en las
libreras de la plaza de San Marcos. Si los libros han seguido la va martima, se
abordan durante algunos minutos las barcas que van del navio al puerto y se
efecta una sustitucin: se cogen las obras prohibidas, se ponen en su lugar obras
inocentes. A veces, la mercanca es expedida para su trnsito; pero ciertas
complacencias permiten retenerla en Veneca en vez de que contine su camino.
La franquicia diplomtica desempea tambin su papel. Conocemos esos libros
por los informes de los agentes encargados de la represin, y que a pesar de todo
consiguen decomisarlos; los de Locke, de Collins, de Mandeville, de Bolingbroke,
de Hume; los de Bayle, del marqus de Argens, de Helvtius, del barn de Hol-
bach; Rousseau, el mile, Le Contrat social; Voltaire, La Pucelle, las Questions
sur l'Encyclopdie, L'Ingnu. Sin hablar de las publicaciones licenciosas, que
abundan.
A nuevas barreras, nuevas brechas. Incluso en el pas menos permeable,
Espaa, acaba siempre por penetrar el pensamiento heterodoxo, a veces en las
formas menos previsibles: una amistad personal con tal autor extranjero, a quien
se ha conocido en otro tiempo durante un viaje; una correspondencia en
apariencia anodina, pero en la que se deslizan algunas frases reveladoras; la
resea publicada por un peridico que, indignndose contra las ideas que refuta,
empieza por exponerlas: todo esto, independientemente del comercio y del
contrabando. Uno de los numerosos libreros que favorecieron esta difusin como
Gabriel Cramer en Ginebra, Marc Michel Rey en Amsterdam, Franois Grasset,
de Lausana, escribe a J. J. Rousseau el 8 de abril de 1765: No sonreiris, muy
estimado compatriota, cuando sepis que he visto quemar en Madrid, en la iglesia
principal de los dominicos, un domingo, a la salida de la misma mayor, en
presencia de gran nmero de imbciles y ex cathedra, vuestro mile, en la figura
de un volumen en cuarto? Lo cual incit precisamente a varios seores espaoles
y a los embajadores de las cortes extranjeras a procurrselo a cualquier precio y
hacrselo llegar por la posta.
Las complicidades vienen de los gobiernos mismos. El rey de Francia nombra
a Malesherbes director de la librera, y Males- herbes tiene su poltica propia.
Personalmente, juzga que la libertad de los hombres de letras es til al Estado, y,
por otra parte,


VII. Los progresos de la incredulidad 93
que no hay ley que se ejecute cuando una nacin entera trata de favorecer el
fraude. Lo cual est muy bien visto; pero por qu encargar a Malesherbes del
servicio que debe impedir la impresin y detener la circulacin de los libros
prohibidos? El rey de Francia es el protector de la religin, y Mme. de Pompadour,
de la filosofa. El rey de Francia no quiere que Piron sea de la Academia, prefiere
darle una pensin para consolarlo. De pronto, se toman medidas brbaras que
sublevan todo sentimiento de justicia: se encarcela a Giannone a traicin, se
enroda a Calas, luego se adormecen los rigores y se olvida. Se persigue a algunos
desgraciados, pero el barn de Holbach tiene mesa franca y hace pblicamente
profesin de atesmo. Se decreta la prisin del autor del mile, pero se deja a sus
amigos tiempo de avisarle, y a l mismo tiempo de escapar; mientras emprende el
camino encuentra a los corchetes, que le hacen un saludo. Las obras
antirreligiosas de Voltaire se suspenden, pero son difundidas, entre otros, por su
amigo Da- milaville, primer oficial de la oficina de los vigsimos, que pone en las
cartas y en los paquetes el sello del contador general. Los manuscritos de Naigeon,
el ateo, son veneno, se lo sabe bien; pero los enva apaciblemente a su hermano,
inspector de libros en Sedn, de donde pasan a Lieja, y de Lieja a Amsterdam.
Cmo explicar, en buena lgica, que el consejero favorito de la piadossima Mara
Teresa, Van Swieten, haga todos los esfuerzos para sustraer a la censura
austraca las obras que sta querra condenar? Que esta misma Mara Teresa
tenga por marido un francmasn probado, Francisco-Esteban, duque de Lorena,
cuando la francmasonera ha sido condenada expresamente por Roma? Que el
trono episcopal de Lieja est ocupado por otro adepto, el obispo Delbrck, que
protege a los filsofos en general y en particular a Pierre Rousseau, el redactor del
Journal Encyclopdique, bastin de la impiedad en las posesiones austracas? El
peridico es censurado por la Facultad de Teologa de Lovaina, suprimido el 27 de
abril de 1759; Pierre Rousseau es desterrado. Se establece en Bouillon, funda el
Journal de Boillon, que contina la obra del Journal Encypclop- dique, y recibe
subsidios de la Majestad Imperial que lo ha expulsado: unin secreta del poder y
la filosofa contra la Iglesia, a la que al mismo tiempo defenda el poder.
La prohibicin, puesto que se quera una, hubiera podido ser constante y
severa; de hecho se tenda una red con mallas tan anchas que no era muy difcil
pasar por ellas. Accesos de fanatismo y anarqua. La poca era propensa a las
incoherencias, porque lo era a las facilidades. Se insista y se ceda a un espritu
general, al que halagaba la dulzura de vivir. Una ola de independencia era


94
Primera parte. El procesa del cristianismo
contenida suavemente; se reparaban las fisuras e inmediatamente despus se las
dejaba ensancharse. Contradicciones... La nobleza tena apego a sus privilegios, y
coqueteaba con los filsofos que los denunciaban. Los aventureros ms dudosos y
conocidos como tales tenan entrada en las cortes principescas. La Asamblea del
clero de Francia se negaba a pagar el impuesto; se atena a la donacin voluntaria,
cuyo importe fijaba ella; resista a la autoridad; al mismo tiempo invocaba la
autoridad contra los incrdulos. Los calvinistas franceses continuaban siendo
perseguidos, acosados, excluidos del estado civil; en este punto eran menester tres
cuartos de siglo de esfuerzos para que fuesen suavizados y luego abolidos los
antiguos rigores. Pero estos rigores se convertan en letra muerta cuando se trataba
de hacer volver a los abades a sus abadas, de impedir que el episcopado se
reclutase casi exclusivamente en la aristocracia, de castigar a los clerizontes que
ostentaban costumbres y creencias escandalosas. Los telogos, como era su deber,
no transigan acerca del dogma, mientras que en los pulpitos, los predicadores de
moda preferan no hablar del dogma y limitarse a una vaga moral, suficientemente
prxima a la moral natural para no espantar ya. Abandono doctrinal, que se poda
comprobar tambin en la Iglesia reformada. Sin hablar de la accin disolvente
ejercida por el pietismo sobre las creencias ortodoxas, que no es asunto nuestro,
recordemos las tendencias racionalistas de los dirigentes del pensamiento luterano;
agreguemos que el calvinismo francs, mientras se defenda valientemente contra
la persecucin, ceda en algunos de sus puntos especficos; y que incluso algunos
pastores de Ginebra tenan que corregirse para no aceptar las consecuencias
extremas de un socinianismo en que los filsofos estaban encantados de verlos
entrar.
La psicologa que resultaba de estos compromisos la ha definido de modo
excelente Paul Valry, a propsito de las Lettres per- sanes: El orden pesa siempre
en el individuo. El desorden le hace desear la polica o la muerte. Son dos
circunstancias extremas en que la naturaleza humana no est a gusto. El individuo
busca una poca completamente agradable, en la que sea lo ms libre y lo ms
ayudado posible. La encuentra hacia el comienzo del fin de un sistema social.
Entonces, entre el orden y el desorden, reina un momento delicioso. Una vez
adquirido todo el bien posible que proporciona el acoplamiento de los poderes y los
deberes, se puede gozar ahora de los primeros relajamientos de este sistema. Las
instituciones estn todava en pie. Son grandes e imponentes. Pero sin que nada
visible se haya alterado en ellas, ya no tienen casi ms que esa hermosa presencia;
sus virtudes se han producido to-


VII. Los progresos de la incredulidad
95
das; su porvenir est secretamente agotado; su carcter no es ya sagrado, o bien no
es ya ms que sagrado; la crtica y el desprecio las extenan y las vacan de todo
valor prximo. El cuerpo social pierde lentamente su maana...
1
.
Era cosa hecha: Port-Royal estaba destruido, del jansenismo no se volvera a
or hablar. El 8 de septiembre de 1713, la Bula Uni- genitus condena ciento una
proposiciones sacadas de un libro que se haba publicado en 1671, la Morale de
l'vangeli, y que se haba reeditado a menudo bajo el nuevo ttulo de Rflexions
morales, por un sacerdote del Oratorio, el P. Quesnel: proposiciones herticas.
Entonces todo vuelve a empezar, y durante largos aos el jansenismo va a turbar la
conciencia religiosa de Europa en diversos grados.
Florece en Utrecht, donde encuentra un apstol en la persona de Gabriel
Duparc de Bellegarde, que por sus obras, por su correspondencia, por su accin
personal proporciona a la hereja un centro de resistencia y de accin. Tiene
ramificaciones en los Pases Bajos; en la corte de Viena, donde es profesado por Van
Swieten; en Espaa, donde lo toman como aliado canonistas defensores del poder
real; en Portugal; en el Collegium germanicum de Roma; en Npoles; en Lombarda
y Toscana, Scpione de' Ricci, nombrado en 1780 obispo de Pistoia, acoge los folletos
que le enva su amigo Bellegarde, adopta para su dicesis un catecismo teido de
jansenismo, redacta cartas pastorales del mismo color, admira la obra del P.
Quesnel, favorece imprentas de donde salen tratados inspirados en sus ideas,
anima un peridico de Florencia, Gli Annali Ecdesiastici, que continan la tradicin
de las Nou- velles Ecclsiastiques; tanto y tanto, que noventa de las proposiciones
del Snodo que rene, el 18 de septiembre de 1786,, sern condenadas por el
Papado.
Por lo que se refiere a las cosas de Francia, se sabe cmo el rey orden la
promulgacin de la Bula; como el Parlamento favoreci a los que no la aceptaron;
cmo se dividieron los obispos y cmo se sigui de ellos una guerra religiosa. Cmo,
en la tumba del dicono Paris, en el cementerio de San Medardo, aparecieron con-
vulsionarios; cmo fue clausurado el cementerio de San Medardo; cmo se
multiplicaron los falsos milagros; cmo algunas religiosas se hicieron pisotear, herir
a golpes de leo, aplastar bajo tablas, crucificar, para dar pruebas resonantes de su
fe jansenista. Cmo
1
Paul Valry, Prface aux Lettres Persanes, recogida en Varit, II, 1930.


96
Primera parte. El proceso del cristianismo
se exigi a los fieles que queran recibir los sacramentos una papeleta de confesin
expedida por un sacerdote sometido a la Bula; cmo los jansenistas denunciaron
al Parlamento a los sacerdotes que se negaban a administrar los sacramentos sin
esa papeleta de confesin; cmo el Parlamento persigui a esos sacerdotes. Cmo
el Parlamento entabl contra la monarqua una larga lucha, en la que fue vencido.
Cmo la opinin pblica se dividi, se desgarr; cmo se encarnizaron los que
apelaban y los que aceptaban; qu conmocin reinaba en las almas y qu acritud.
Las consecuencias no se sealaron con menos claridad. Las materias de fe
ms delicadas se trataron en la plaza pblica, y el ms ignorante se crey dueo
de decidir si las proposiciones condenadas por la Bula se encontraban en el libro
del P. Quesnel o no estaban en l; de suerte que gentes testarudas como diablos,
mujercillas y hasta doncellas, se habran dejado descuartizar a propsito de
hechos, de distinciones y de interpretaciones de que la mayora no entendan
nada
2
. El poder civil fue llamado a intervenir en las cosas de religin, e intervino
en ellas con tanta arbitrariedad que perdi su crdito. La jerarqua eclesistica
fue amenazada. Por qu la autoridad del Papa y no la de los obispos, sucesores
directos de los apstoles? Por qu la autoridad de los obispos, sucesores directos
de los apstoles? Por qu la autoridad de los obispos y no la de los curas,
ministros del Evangelio? Por qu la autoridad de los curas y no la de los fieles,
que decidiran como miembros de la comunidad cristiana? El clero bajo fue
excitado a desaprobar a los obispos, y lo temporal se alz contra lo espiritual. En
estos desrdenes, los racionales encontraron un buen motivo de irrisin, que no
dejaron de explotar.
Es cierto que el jansenismo min desde el interior la religin que quera
defender, Las costumbres y los procedimientos jansenistas haban quebrantado
en la sociedad laica el ascendiente del magisterio eclesistico; en esa Iglesia que,
frente a los filsofos, habra necesitado cohesin, existan brechas, y los devotos
peregrinos que, portadores del pequeo manual publicado en 1767, hacan de
Pars a los Campos, como si hubiesen hecho el Viacru- cis, trece estaciones de
peregrinacin, no sospechaban que aquella religin port-royalista cuyas supremas
liturgias celebraban se haba convertido, sin querer, en la furriela de Volaire y
Diderot, cuyos nombres aborrecan
3
.
2
Diario del abogado Barbier, ano 1729.
3
Georges Goyau, Histoire religieuse, en la Histoire de la nation franaise, publicada
por G. Manotaux, tomo VI, captulo VI: El fin de la Iglesia de Antiguo Rgimen, p. 481.


VII. Los progresos de la incredulidad 97
Pero quiz tambin, cuando hubo lanzado sus ltimas llamaradas y no fue
ms que ceniza, desapareci de la conciencia pblica un elemento de austeridad y
de rigor, del que los filsofos sentan bien que representaba la extrema oposicin a
sus facilidades.
La expulsin de los jesutas asombr a los contemporneos, tan poderosa
pareca an la Compaa. Los Padres eran ricos y numerosos; en toda la parte
catlica de Europa, la flor de la juventud frecuentaba sus escuelas; dirigan la
conciencia de los reyes y de las reinas; tenan misiones en la China; su autoridad
era preponderante en las colonias espaolas y portuguesas de Amrica del Sur. En
algunos aos se derrumb todo; su fin tuvo el carcter de un drama rpido y
brutal.
Los reproches que se les dirigan eran tan antiguos, tan repetidos, que
parecan desgastados. Se iba repitiendo que su moral era demasiado indulgente,
siempre favorable a las transacciones, dispuesta a los arreglos; que su sutil
casustica estaba hecha para dar la razn a los pecadores; que su Dios, al otorgar
la gracia a los que no la pedan, al encontrar en todas las faltas un motivo de
justificacin, era dbil y parcial; que se haban mezclado demasiado en los asuntos
de este mundo, olvidando el cielo. Pero eran viejas cantinelas, cantadas
incansablemente por sus enemigos los jansenistas, enemigos vencidos. Pero a
mediados del siglo, esas crticas se repitieron, se multiplicaron; se hicieron
violentas y amenazadoras; todos los actos de los jesutas se interpretaron en mala
parte, todos sus errores resultaron criminales; una ola de opinin se alz contra
ellos y los arrastr.
La seal parti de Lisboa; fue dada por Sebastin Jos de
Carvalho e Mello, en 1759 conde de Oeyras, en 1770 marqus
de Pombal. Haba sido encargado de negocios en Londres, em
bajador en Viena; en 1750, poco despus de su advenimiento, el rey Jos I lo haba
llamado al ministerio; en l adquiri un poder que pronto se hizo dictatorial.
Reformar Portugal, esto es lo que quera hacer; transformar su desorden en
disciplina, su miseria en prosperidad; y en seguida, y sin discutir sobre la eleccin
de medios, sobre su legalidad, sobre su moralidad; para l, estas dos ltimas
palabras apenas tenan sentido. Quebrantaba todos los obstculos a la autoridad
del Estado, a su poder total y soberano. Tropez con los jesutas y entabl el
combate. Hizo campaa contra ellos, explotando sus debilidades, sus defectos, las
envidias y los odios que haban suscitado. Los atac aisladamente siempre que
tuvo ocasin de ello. Luego vinieron las medidas decisivas:


98 Primera parte. El proceso del cristianismo
en 1757 les prohibi ser en adelante confesores de la familia real y los desterr de
la corte; en 1758 les prohibi predicar y confesar en todo el reino. El 3 de
septiembre del mismo ao se produjo un atentado contra la vida del rey de
Portugal, Jos I; Pombal complic a los jesuitas en la conjura, mand detener a
diez, encarcelar a tres. El 19 de enero de 1759, los Padres fueron internados en
sus casas y se confiscaron sus bienes. El 17 de septiembre, ciento tres jesuitas
abandonaron el puerto de Lisboa, expulsados. El 5 de octubre apareci un decreto,
con fecha 3 de septiembre, que los desterraba definitivamente, prohibindoles bajo
pena de muerte la permanencia en los dominios portugueses. Entre los jesuitas
acusados de haber participado en la conjura se encontraba un P. Ma- lagrida, con
el que el ministro haba tenido que habrselas en las colonias, de donde haba sido
llamado, luego en Portugal. En el calabozo del P. Malagrida se encontraron dos
manuscritos compuestos por l, uno sobre la vida de Santa Ana y otro sobre el
Anticristo. Esto fue bastante para entregarlo al tribunal de la Inquisicin como
hertico; la Inquisicin lo conden, y muri en la hoguera, a las cuatro de la
maana, el 21 de septiembre de 1761; como si el conde de Oeyras hubiese
necesitado este auto de fe y estas llamas para anunciar su triunfo a Europa.
Tambin en Francia era grande la impopularidad de los jesuitas; ellos
mismos provocaron los rayos que se preparaban, y de dos maneras. El P. Berruyer
haba publicado en 1728 una obra titulada: Histoire du Peuple de Dieu, que desde
aquella poca haba removido desagradablemente la opinin; en 1753 public la
segunda parte, que fue condenada por las autoridades eclesisticas; en 1758, la
tercera, reprobada con no menos energa. El P. Berruyer parta de la idea de que
las Sagradas Escrituras, aun traducidas, son oscuras; de que presentan equvocos
que necesitan ser explicados; de que necesitan tambin, para remediar la seque-
dad de los hechos, reflexiones morales y polticas, tales como las que ofrece la
historia profana. En suma: la Biblia, el Evangelio y hasta la historia de los
Apstoles carecan de una composicin regular y de una presentacin agradable;
haba que corregirlos. En adelante, las diferentes partes, bien ligadas entre s,
formaran un cuerpo nico; cada dato se referira a un fin general; los personajes,
concertados entre s, mantendran una escena ininterrumpida hasta el desenlace
total, escenas en que los hroes pensaran, hablaran y obraran; sus acciones
seran pintadas y no indicadas, se oiran sus discursos y se descubriran sus
sentimientos. Esta hermosa empresa la llevaba adelante el autor con una
intrepidez, un


VII. Los progresos de la incredulidad
99
contento de s mismo, una suficiencia, una ceguedad que todas las censuras
dejaban intactos.
Aunque el P. Berruyer hubiera sido formalmente desautorizado por sus
superiores, el escndolo recay sobre la Orden entera. Sus enemigos tuvieron
buena ocasin para decir que los jesutas no se contentaban ya con dulcificar la
moralidad; profanaban la Escritura. Y esta era su tctica: continuaban; si
hubieran permanecido inflexibles acerca de los objetos de la fe; si hubiesen anun-
ciado a gentes frvolas y corrompidas un Dios en tres personas, un Dios que se
encarna en el seno de una Virgen, para morir sobre un leo infame; si hubieran
predicado el Evangelio en su integridad, el mundo de que gustan y cuyo favor y
apoyo buscan se les hubiera escapado. Y, por tanto, les ofrecan un Cristo sin
corona de espinas y sin cruz. Los jesutas no eran ms que destas disfrazados
4
.
Cuando el P. La Valette, visitador general y prefecto apostlico, hizo malos
negocios en sus empresas coloniales y en sus establecimientos de la Martinica;
cuando quiso pagar en gneros a los negociantes de Marsella, y el buque que
llevaba esos artculos fue apresado por el bloqueo ingls; cuando los jesutas,
condenados por los jueces consulares de Marsella, se negaron a pagar y apelaron
al Parlamento; cuando presentaron sus constituciones y el Parlamento se puso a
examinarlas, la rden estuvo perdida. El 3 de julio de 1761, el abogado general
del Parlamento de Pars, Joly de Fleury, pronunci una requisitoria de la que
resultaba que la existencia de esta Orden constitua un peligro para el Estado.
Ocurri lo mismo con diversos Parlamentos provinciales; el Informe sobre las
constituciones de los Jesutas, por M. Louis-Ren de Caradeuc de La Chalotain,
procurador general del rey en el Parlamento de Bretaa, tuvo un xito muy
especial; su idea central es que los jesutas han jurado obediencia absoluta al
Papa, incluso en el orden temporal; que el Papa ha delegado su poder en el
general de la Orden, y que as la Orden es contrara al Estado, a las leyes del
Estado, a la esencia misma del Estado. Hay que condenarla, y lo ms urgente es
quitarle la educacin de la juventud. Y la idea subyacente: el clero regular es
intil, es peligroso por su pululacin; perjudica al clero secular, a los curas, a los
vicarios, que soportan el peso de la poca. Ahora bien; los jesutas son la
4
Lettres thologiques, dans lesquelles l'criture Sainte, la tradition et la foi de
l'glise sont venges contre le systme impie et socinien des PP. Berruyer et Hardouin,
Jsuites. Ouvrage posthume de M. l'Abb Gaultier..., 1756, tomo III, p. 359 y siguientes.


100
Primera parte. El proceso del cristianismo
aristocracia de las rdenes; al atacarlos se alcanzar a las constituciones de todas
las rdenes. Se promulgan decretos sucesivos contra una Sociedad inadmisible
por su naturaleza en un Estado bien gobernado; el 18 de noviembre de 1764, el
rey de Francia la excluye de su reino cristiansimo.
Pronto le toc la vez a Su Majestad Catlica. No estaba en conflicto, pero s en
desavenencia con Roma, contra quien quera defender las perrogativas de la
corona de Espaa; por eso los mejores servidores de Roma, los jesutas, haban
dejado de estar en favor. Tambin all se los atac aisladamente; tambin all se
utiliz contra ellos la hostilidad de las otras rdenes; all tambin se resolvi su
prdida. En 1766, un motn popular, llamado de los sombreros, haba asustado al
rey Carlos III, que con ese motivo sali de Madrid. Reprimido el motn, fue
menester encontrar culpables; nada ms sencillo que decir que los jesutas tenan
una parte de responsabilidad en la revuelta; y si faltaban pruebas, no haban
envenenado el espritu pblico, en una guerra de libelos que la haba precedido?
Tal fue el pretexto; el modo de ejecucin era ms difcil de encontrar en el pas en
que haba nacido la Compaa y al que estaba todava ligada por multitud de
vnculos; se podan temer tumultos. Las autoridades civiles recibieron un pliego
sellado, para abrirlo, en Madrid, en la noche del 31 de marzo al 1. de abril; en
provincias, en la noche del 1. al 2 de abril de 1767. Encontraron en l la orden de
ocupar al punto, con ayuda de la fuerza armada, las casas de los jesuitas; de
reunir a los Padres, de leerles la orden de destierro que haba firmado el rey; en el
plazo de veinticuatro horas, y escoltados, deban dirigirse a un lugar de reunin, e
inmediatamente despus a un puerto por el cual abandonaran Espaa para no
volver. Lo cual se hizo con tal rapidez, que en Madrid los doscientos jesuitas que
habitaban en la ciudad fueron expulsados varias horas antes del amanecer.
La fuerza que abati a los jesuitas fue, en primer trmino, el espritu de la
nueva poca; las luces. Entre los filsofos que manifestaron su sorpresa y su
alegra a propsito de un acontecimiento que no se haban atrevido a desear
expresamente y que los colmaba de placer, el ms explcito acaso fue dAlembert,
en su memoria Sur la destruction des Jsuites en France ( 1765). El hecho,
explica a sus lectores, debe figurar entre los acontecimientos ms extraordinarios
de un siglo que har poca en la historia del espritu humano; entra en la misma
categora que los terremotos, las guerras, los cambios de alianzas, los atentados
contra


VII. Los progresos de la incredulidad
101
los reyes; es digno de atraer principalmente la atencin. La Orden era superior a
todas las dems, a causa del puesto eminente que tenan los jesutas en las
ciencias y en las artes, de la regularidad que su conducta y de sus costumbres, a
causa tambin de la habilidad que tenan para acomodar la moral a la flaqueza
humana. Haba conocido en tiempo de Luis XIV su mxima prosperidad. Pero
ahora haba cado, pues haba querido dominar la tierra, y nada extraa tanto a
espritus racionales como el ver a unos hombres que han renunciado al mundo y
que intentan gobernarlo. La Chalotais ha dicho muy bien: El espritu monstico
es el azote de los Estados; de todos los que estn animados por ese espritu, los
jesutas son los ms perjudiciales, porque son los ms poderosos; hay que
empezar, pues, por ellos a sacudir el yugo de esa nacin perniciosa. Pues si se
abate a los jefes de la tropa, el resto se dispersa luego a travs de los bosques; y,
por tanto, las otras congregaciones quedarn afectadas a su vez. Reflexionando
sobre las pequeas causas que han producido este gran efecto, sobre el hecho de
que la tormenta ha partido de la nacin ms estrechamente ligada a los
sacerdotes y a los frailes, de que una secta moribunda y envilecida ha terminado,
contra toda esperanza, la empresa que los Arnaud, los Pascal, los Nicole no haban
podido ejecutar, dAlembert determina el verdadero enemigo a quien corresponde
la gloria del triunfo: la Filosofa. Ella ha pronunciado la sentencia contra los
jesutas; los jansenistas slo han sido los demandantes.
La fuerza que abati a los jesutas fue tambin el instinto y la voluntad del
Estado, que se secularizaba definitivamente y que no quera admitir, ni por
encima ni al lado, una fuerza sobre la que no tena poder. Los Borbones
reaccionaron del modo ms violento porque, reyes de las monarquas ms
catlicas, sentan ms imperiosamente la necesidad de romper con aquellos
servidores de Roma. Federico II recibi a los jesutas en sus Estados protestantes,
porque su poder no tena nada que temer de ellos; pero Jos, corregente del
Imperio austraco con su madre Mara Teresa, los hubiera expulsado de buena
gana, si hay que creer las confidencias que haca a Choiseul: Por lo que se refiere
a los jesutas y a vuestro plan de suprimirlos, tenis mi completa aprobacin. No
contis mucho con mi madre; el apego a la orden de los jesutas se ha hecho
hereditario en la familia de la casa de los Habsburgo; Clemente XIV tiene pruebas
de ello. Sin embargo, Kaunitz es amigo vuestro y hace lo que quiere de la
emperatriz. Es de vuestro partido y del del marqus de Pombal para la supresin
de los jesutas, y es un hombre que no deja nada a medio hacer. Choiseul,


102
Primera parte. El proceso del cristianismo
yo conozco a esas gentes como nadie, conozco todos los planes que han realizado,
los esfuerzos para difundir las tinieblas por la tierra y para gobernar y perturbar
Europa desde el cabo Finisterre hasta el mar del Norte; en Alemania son
mandarines; en Francia, acadmicos; en Espaa y en Portugal, los grandes de la
nacin, y en el Paraguay, reyes... Al menos todo esto era, Choiseul; pero preveo
que las cosas van a cambiar.
Despus de que la Orden fue expulsada de la Repblica de Venecia, del gran
ducado de Parma, del reino de las dos Sicilias; despus de algunas resistencias
vanas, por la bula Dominus ac Re- demptor, de fecha 21 de julio de 1773, fue
suprimida la Compaa de Jess.
En esta Bula, en vano apelaba Clemente XIV a todos los miembros de la
cristiandad, conjurndolos, en nombre de ese mismo sacrificio, a restablecer la paz
de la Iglesia, ante los ataques insistentes del enemigo comn. Los fieles estaban
llenos de confusin; sus pastores no dejaban de quejarse de los progresos de la
irreligin; los diques estaban rotos, y suba la marea de la impiedad.
Los filsofos que tomaron entonces la direccin del pensamiento, se haban
arrancado de verdad su viejo corazn cristiano? No los tena obsesos la fe, hasta
en lo ms profundo de su rebelin? No haban planteado todos los problemas en
funcin del cristianismo, y nunca fuera de l? Su mismo encarnizamiento, no
escubra la presencia de una fuerza obstinada, nunca vencida?
En todo caso se crean liberados. Lo que el historiador de las ideas debe
inscribir primero en su cuenta es el inmenso esfuerzo que haban realizado para
transformar en una Europa no cristiana la Europa cristiana que haban
encontrado delante. Lo que hay que estudiar despus es lo que propusieron para
reemplazar lo que haban abolido.


Segunda parte
LA CIUDAD DE LOS HOMBRES




Captulo I
LA RELIGION NATURAL
La ciudad de los hombres se construira segn lneas sencillas, una vez
destruidas las arquitecturas desordenadas que cubran la tierra, e incluso los
cimientos antiguos, que slo haban sostenido edificios frustrados. En un suelo
allanado levantara sus construcciones lgicas; sus obreros, sin tratar de sacar
partido del pasado, de mejorarlo mediante correcciones de detalle, faena
demasiado lenta, trazaran un plano perfecto para habitantes que dejaran al fin
de no tener otra morada que Babel, otra esperanza que un cielo inseguro,
Una palabra exaltaba a los audaces que se ponan a la tarea, una palabra
talismn que se agregaba a las que ya hemos visto, la razn, las luces; y era la
palabra Naturaleza. Le atribuan una virtud an ms eficaz, puesto que la
naturaleza era la fuente de las luces y la garanta de la razn. Era sabidura y
bondad; que el hombre consintiera en, escuchar a la naturaleza y ya no se enga-
ara nunca; le bastaba obedecer a su benfica ley.
Por tanto, para empezar, la religin deba hacerse natural. Natural, porque
ya no sera ms que la emanacin de la naturaleza; y, adems, porque seguira el
instinto que la naturaleza pone en nosotros para permitirnos distinguir lo
verdadero de lo falso y el bien del mal; y tambin porque, en lugar de hacernos
considerar nuestra vida mortal como una prueba, obedecera a la ley natural que
quiere, sin prueba, nuestra felicidad. Haca mucho tiempo que algunos profetas
haban anunciado su venida; se haba preparado
105


106 Segunda parte. La ciudad de los hombres
lentamente, en profundidades desconocidas de la multitud; desde entonces
apareca a plena luz; y no era su contenido, sino su orgullo, su audacia y su
proselitismo los que la hacan aparecer como un advenimiento prodigioso.
Se conservara un Dios; pero tan lejano, diluido y plido, que ya no
molestara a la ciudad de los hombres con su presencia, ni la turbara ya con sus
cleras, ni la ofuscara ya con sus glorias. El desmo o tesmo no implifcara ya
ningn acto de fe, por ser el resultado de una pura operacin intelectual, que
conduce a una afirmacin elemental y suficiente: la existencia de Dios. Una mi-
rada lanzada sobre la creacin basta para comprobar efectos admirables; ahora
bien: no se pueden concebir efectos sin causa; tenemos ante los ojos un reloj bien
dispuesto, luego existe un hbil operario que lo ha fabricado, que lo regula, y que
es Dios.
Para qu fines ha sacado Dios el mundo de la nada? La cuestin es
dificultosa. Pero sera ms dificultoso todava admitir la hiptesis de un mundo
que no habra sido concebido por nadie, que funcionara azarosamente y no se
diriga hacia ningn fin; lo mismo sera decir que se habran creado entes
racionales sin intervencin de la razn. Prefiramos, en buena lgica, lo difcil a lo
absurdo, y admitamos las causas finales, expediente que satisface an.
El desmo proceda a una especie de depuracin. Si quitamos todo lo que nos
parece supersticioso en la Iglesia romana, luego en la Iglesia reformada, luego en
toda Iglesia y en toda secta, al final de estas sustracciones quedar Dios. Un Dios
desconocido, un Dios incognoscible; por esto slo se le ha conservado el ser; entre
todos los calificativos posibles, slo se le ha dado el ms vago y ms honroso, y se
le ha llamado el Ser supremo.
Para qu, sacramentos, ritos, iglesias, templos, mezquitas? La isla de la
razn sera ms bella sin cpulas ni campanarios. Para qu sacerdotes o
pastores? Dios slo puede ser honrado por el culto interior que reside en el alma.
Reconocer, en general, un primer Ser; elevar de vez en cuando el corazn hacia
l; abstenerse de las acciones que deshonran en el clima que se habita, y cumplir
ciertos deberes en relacin con la sociedad, esto es lo nico necesario; todo el resto
es accidental. En estos deberes no entran los ejercicios piadosos que apartaban a
los fieles de la verdadera adoracin. Ocupados en or el sermn, descuidaban el
socorrer a su prjimo. Orgn tena por nica compaa a su hija Filotea. Le dio
un sncope; su hija le hizo respirar agua de los Carmelitas, que no lo alivi. Sin
embargo, la hora del oficio apremiaba; Filotea encomienda a su padre a Dios y a
la criada, coge


I. La religion natural
107
su cofia y su libro de horas y corre a los Agustinos; el oficio fue largo; era un oficio
de cofrada. Orgn muere sin auxilio... Pero Filotea haba credo que el taido de
las campanas era la voz de Dios que la llamaba, y que era hacer una accin
heroica preferir el mandamiento del cielo al grito de la sangre; por ello, a la
vuelta, hizo generosamente a Dios el sacrificio de la vida de su padre y crey su
devocin tanto ms meritoria cuanto ms le haba costado... Toussaint el desta,
que cuenta esta historia
1
, piensa que nada impedir a los hombres entregarse a
la virtud cuando Filotea haya dejado de santiguarse.
Renuncia a las imgenes del Hijo en su cruz, de las asambleas de los
ngeles, de los rostros transfigurados de los santos, abandono de las tradiciones
que reunan a los fieles en torno al pesebre, cuando llegaba Navidad, que les
hacan cantar el Aleluya el da de Pascua; ni siquiera los nios tendrn ya
derecho a prestar a Dios un cuerpo; brazos para atraer y manos para bendecir; si
no queremos hacer de ellos idlatras, importar prohibir a los maestros
elementales, toda alusin, toda expresin que tendera a hacer creer a sus
discpulos que el Ser puede representarse. Se cuenta que el dicono Fotino,
hombre sabio, visitando un da a los Padres del yermo, encontr entre ellos a un
santo monje que se llamaba Serapin. Este era muy austero y de conducta
irreprochable, pero tena la costumbre de figurarse a Dios a semejanza de los
mortales. Fotino habl tan bien al viejo Serapin que lo desenga de su error, y
luego continu su viaje. Pero desde aquel momento, Sera- pin, cuando quera
rezar, senta una gran desesperacin: Ay, qu desgraciado soy; me han quitado
a mi Dios! Ahora ya no s a quin he de apegarme, o a quin tengo que adorar, o
a quin puedo dirigirme...
2
. Para el pobre Serapin, para sus sentimientos y sus
lgrimas, los destas no hubieran tenido la sombra de una indulgencia, slo
desdn.
Esperaban que esta permanencia de Dios, conservada, les asegurara una
catolicidd ms vasta que la que el catolicismo mismo alcanz nunca. Pues segn
ellos, la religin de Cristo, por no haber empezado hasta una fecha relativamente
prxima y no haberse promulgado ms que a una minora de los habitantes de la
tierra, era doblemente limitada; mientras que el desmo reclutaba sus partidarios
en la inmensidad del tiempo y del espacio. Profesamos que nuestra religin es
tan antigua como el mundo, que es la de Adn, de Set y de No; ese Li, ese
Changti, ese Tien que adora-
1
Toussaint, Les Moeurs, 1748; Discurso preliminar sobre la virtud.
2
Jean Brmond, Les Pres du dsert, 1927, tomo II, p. 524-526.


108 Segunda parte. La dudad de los hombres
ban los sricos; ese Birmah, padre de Brahma, que adoraban los pueblos del
Ganges; ese Gran Ser llamado Ormuz entre los antiguos persas, el Demiurgos
que Platn celebr entre los griegos, el Jpiter ptimo y mximo de los romanos,
cuando, en el Senado, stos dictaban leyes a los tres cuartos de la tierra entonces
conocida, son figuraciones diversas de un mismo Dios, del Ser Supremo
3
. Incluso
si hubiese habitantes en las estrellas de la Va Lctea, esos tambin seran
destas. Yo meditaba esta noche; estaba absorto en la contemplacin de la
naturaleza; admiraba la inmensidad, el curso; las relaciones de esos globos
infinitos que el vulgo no sabe admirar; admiraba ms an la inteligencia que
preside esos grandiosos resortes. Me deca yo: hay que estar ciego para no
sentirse deslumbrado por este espectculo; hay que ser estpido para no
reconocer a su autor; hay que estar loco para no adorarlo. Qu tributo de
adoracin debo rendirle? Este tributo, no debe ser el mismo en toda la
extensin? Un ser pensante que habite en una estrella de la Va Lctea, no le
debe el mismo homenaje en toda la extensin? La luz es uniforme para el astro
de Sirio y para nosotros...
4
.
Nadie ser ya excluido; nadie ser ya condenado: toda criatura humana
participa en esta religin universal. Los americanos participaron en ella, aunque
estuvieran perdidos en su continente no descubierto; los paganos participaron en
ella, todos los paganos de buena voluntad que vivieron antes de la revelacin
cristiana.
Cules fueron, al lado del desmo, las fuerzas del atesmo?
Contemos ante todo entre sus partidarios a ciertos herederos de la tradicin
libertina. Por ejemplo, un pequeo abate jorobado llamado Mhgan, que,
cuando el clebre Boindin tuvo que abandonar el caf Procope, donde profesaba
bastante abiertamente el atesmo, quiso sucederle en este hermoso cargo; y no
contento con dogmatizar de viva voz, escribi un libro bastante mal hecho,
titulado Zoroastre, en el que aplastaba toda revelacin para establecer el
naturalismo. Esta obrita hizo que lo encerrasen en la Bastilla durante ms de un
ao
5
. O aquel piamonts, irritado contra todos y contra s mismo, que tuvo que
salir de su pas y fue a Inglaterra, donde trab relacin con Thomas Morgan,
pas de Inglaterra a Holanda y muri sin dejar con qu pagar su entierro: segn
Alberto Radicati di Passerano, de catlico convertido en
3
Voltaire, Les Adorateurs ou les louanges de Dieu, 1769.
4
Idem, Questions sur l'Encyclopdie, artculo Religin, 1771,
5
Grimm, Correspondance littraire, tomo II, p. 218, 1754.


I. La religin natural
109
calvinista, de calvinista hecho desta y de desta ateo, no hay ni justicia en este
mundo, ni vida eterna: la idea de comienzo es un absurdo, como la idea de fin; la
muerte no es ms que la disolucin de elementos de que se sirve la naturaleza
para fabricar nuevos seres; no hay que temerla, y si se es desgraciado basta con
matarse, simplemente.
Estos exaltados se recortan sobre un conjunto que se va haciendo menos
hostil a sus negaciones. En lugar de considerar al ateo como un criminal, se
gust de concederle algunas circunstancias atenuantes; acaso no era ms que un
hombre que se equivocaba; a decir verdad, haba dos clases de ateos, los ateos
viciosos e inmorales, que estn contra la religin porque la religin declara
contra su vida: esos merecen reprobacin. Pero no existan tambin ateos
virtuosos, que amaban lo que es bueno, razonable y bello? Amaban a la
humanidad, se mostraban sociables, slo haban cado en el prejuicio a causa de
su honradez nativa; haban mamado la supersticin con la leche de su nodriza, y
entonces haban confundido supersticin y religin. Equvoco perdonable;
despus de todo, era ms fcil de corregir un ateo que un entusiasta o un
fantico.
Muchos de los que han repetido la paradoja de Bayle han tenido cuidado de
aadir, en defensa del ateo, que sin duda no tena razn, pero que, en fin, no se le
deba sealar el ltimo lugar en la escala de los hombres. Por otra parte, no se
abusaba del nombre? No se lo utilizaba para desacreditar a filsofos muy esti-
mables, que no haban tenido otra culpa que la de querer disipar los prejuicios de
la multitud? No se lo haba aplicado a pensadores admirables, como Scrates?
Se haba quemado a Vanini por acusacin de atesmo y Vanini no era ateo.
Una vez admitido que una larga meditacin, un estudio profundo, buenas
costumbres, una perfecta renuncia a los prejuicios, pueden conducir a un gran
genio al atesmo; o, si se quiere, que el atesmo es el vicio de algunas personas de
talento; dado que por primera vez un ateo, M. de Wolmar, se convirti en figura
de hroe simptico en la ms clebre de las novelas del siglo, la Nouvelle
Hlise: esta sombra de indulgencia, que sucede a una severidad total, ndica
una primera modificacin del estado de espritu anterior; he aqu la segunda.
Un deslizamiento hacia un materialismo filosfico.
El espritu difera especficamente de la materia, nada estaba mejor
establecido. Ahora bien: esta diferencia se desvanece por


110 Segunda parte. La ciudad de los hombres
obra de un hombre que quera seguir siendo cristiano, Locke, y de otro hombre
que permaneca desta convencido, Voltaire. No faltan ejemplos de que algunas
ideas se desven, se tomen en sentido contrario y, en este contrasentido mismo,
encuentren su xito. Esta escap a su inventor y lo traicion; hecha para mostrar
mejor la omnipotencia de Dios, sirvi para confundir el espritu con la materia y
para probar, para toda una categora de filsofos, la inutilidad de lo que
llamaban la hiptesis alma.
Locke, en efecto, haba conservado una conciencia puritana; tena al
Evangelio como norma de su fe y se afliga cuando se lo clasificaba entre los
impos. Pero, ocupado en sealar los lmites estrictos de nuestro conocimiento,
mostraba hasta la saciedad la imposibilidad en que estamos de encontrar las
certidumbres a que aspiramos:
Por ejemplo: tenemos las ideas de un cuadrado, de un crculo y de lo que
significa igualdad; sin embargo, quiz no seamos nunca capaces de encontrar un
crculo igual a un cuadrado y de saber ciertamente si lo hay. Tenemos ideas de la
materia y del pensamiento; pero acaso no seamos nunca capaces de conocer si un
ente puramente material piensa o no, por la razn de que nos es imposible
descubrir, mediante la contemplacin de nuestras propias ideas, sin revelacin, si
Dios no ha dado a algunos montones de materia, dispuestos como juzga
conveniente, la facultad de apercibir y de pensar; o si ha juntado y unido a la
materia as dispuesta una sustancia inmaterial que piensa...
6
.
Voltaire se detuvo ante este pasaje, cuando consagr al incomparable Locke
la decimotercera de sus Lettres philosophiques; le hizo un sortilegio, alegrndolo
un poco, para no chocar de frente con los seores telogos, gentes que ven tan
claramente la espiritualidad del alma, que haran quemar, si pudieran, el cuerpo
de los que dudan de ella. As hablaba en sus confidencias a sus amigos; en su
texto destinado al pblico mostraba ms prudencia, pero su actitud era apenas
menos decidida:
Locke, despus de haber eliminado las ideas innatas... considera por ltimo
la extensin o, mejor dicho, la nada de los conocimientos humanos. En este
captulo es donde se atreve a insinuar modestamente estas palabras: Acaso nunca
seamos capaces de conocer si un ente puramente material piensa o no.
Con este motivo, telogos y devotos dieron la alarma.
Se grit que Locke quera destruir la religin: no se trataba, sin embargo, de
religin en este asunto; era una cuestin pura-
6
An Essay concerning Human Understanding, libro IV, captulo III.


I. La religin natural
111
mente filosfica, muy independiente de la fe y de la revelacin; slo haba que
examinar sin acritud si hay contradiccin en decir: la materia puede pensar, y
Dios puede comunicar el pensamiento a la materia.
Voltaire volvi diez veces, veinte veces, sobre la misma idea; a su modo, la
adorn; la hizo chispear, le dio una resonancia y un alcance nuevos. Antes de l,
y desde la publicacin del Ensayo sobre el entendimiento humano, amigos y
enemigos se haban afanado acerca de ella: habindose escandalizado Edward
Stillingfleet, obispo de Worcester, Locke haba respondido; Coste, el traductor,
haba resumido esta respuesta: El seor Locke viene a decir que no hay
contradiccin lgica en suponer que la omnipotencia de Dios pueda llegar hasta
dotar a la materia de pensamiento: nada ms. Bayle, que se haba impuesto la
funcin de extraer el contenido de todas las frmulas, haba preguntado a aqulla
lo que quera decir en suma: Esta doctrina del seor Locke nos conduce
derechamente a no admitir ms que una especie de sustancia, que por uno de sus
atributos se aliar con la extensin, y por otro con el pensamiento: sentado lo
cual, no se podr ya concluir que si una sustancia piensa es inmaterial. Collins y
Toland se haban dado cuenta del partido que podan sacar de un argumento
tanto ms precioso cuanto que vena de su adversario, y se haban regocijado
malignamente. Leibniz se haba afligido de que la religin natural misma se
debilitaba extremadamente: algunos hacen corpreas las almas; otros hacen
corpreo a Dios; el seor Locke y sus partidarios dudan si las almas no son
materiales y perecederas. Clarke, replicando a Leibniz, haba puesto las cosas en
su punto: s, algunos pasajes en los escritos de Locke pueden hacer sospechar que
dudaba de la inmaterialidad del alma; pero en esto slo ha sido seguido por
algunos materialistas, que no aprueban en las obras del seor Locke casi nada
ms que sus errores. La idea contaba ya casi medio siglo de vida, ya se haba
cargado de un grave peso de discusiones e interpretaciones, cuando la hizo
rebrotar Voltaire, encontrndola tan sencilla, tan luminosa, que al punto
desapareca una dificultad que se haba tenido por invencible: Mi carta sobre
Locke se reduce nicamente a esto: la razn humana no podra demostrar que
sea imposible para Dios agregar el pensamiento a la materia. Esta proposicin
es, creo yo, tan verdadera como sta: los tringulos que tienen la misma base y la
misma altura, son iguales. (A M. de la Condamine, 22 de junio de 1734.)
Por tanto, despus de Voltaire, los adversarios del espiritualismo
consideraron que el asunto estaba zanjado y tomaron su argu-


112 Segunda parte. La dudad de los hombres
mento como decisivo. Para qu conservar una dualidad de sustancias? Locke lo
ha dicho bien: el alma puede ser material.
Una tentativa de materialismo cientfico.
Toda la vida se explica por la materia, y slo por la materia, decan sabios
que venan en ayuda de los ms audaces de los filsofos, mientras los desdeaban
un poco. Pues los desdeaban como a gentes que se satisfacen con su verborrea y
que, aunque pretenden no tener en cuenta ms que hechos, slo razonan sobre
palabras. Mientras que ellos, los hombres de ciencia que pretendan ser, ha-
blaban como observadores qu estudian la naturaleza en vivo y saben lo que es.
Si proseguan obstinadamente, de obra en obra, el debate sobre la cuestin de
saber si los animales tienen alma o no la tienen, es porque juzgaban que los
espiritualistas mismos les proporcionaban un argumento precioso: seres
organizados pueden vivir muy bien sin almas, decan. El sistema de Epicuro, los
tomos y las combinaciones de tomos, las innumerables tiradas que han
producido la jugada de dados que ha formado el mundo, todo esto segua siendo
caro a su espritu; sin embargo, esos sistemas no les parecan capaces de explicar
totalmente el fenmeno vital; convena rejuvenecerlos.
Es lo que hicieron varios originales. Aquel diplomtico retirado, Benot de
Maillet, que despus de haber sido cnsul en Egipto, embajador en Abisinia,
cnsul en Liorna, inspector de los establecimientos franceses de Levante y en las
costas de Berbera, public en 1748 su Telliamed, o Entretiens, dun philosophe
indien avec un missionaire franais, sur la diminution de la mer, la formation
de la terre, lorigine de lhomme, etc... Recuerdos del Oriente, pas de las
maravillas y pas de los sabios; la influencia de Fontenelle y de sus Entretiens; el
deseo de responder a una preocupacin contempornea, por qu se encuentran
conchas en la cima de las montaas, verdades avant la lettre; y, todo junto,
credulidades ingenuas... Los lmites del mar no son fijos; retroceden, la extensin
del mar disminuye: esto se prueba con medidas ciertas. Por otra parte, sondeos
no menos ciertos muestran que el fondo del mar presenta semejanzas con la
disposicin de nuestras montaas, de nuestros valles. Luego el mar recubri en
otro tiempo toda la tierra; las conchas que encontramos hasta en las cumbres lo
atestiguan. Luego el Diluvio no es ms que la interpretacin de un hecho cien-
tfico, que no supone intervencin divina. Luego nuestro planeta se ha formado
por una lenta evolucin de la materia, que excluye la idea de una creacin ex
abrupto. La materia eterna toma formas


I. La religin natural 113
que varan, como puede comprobarse mediante la contemplacin del sistema
solar, en que nada es fijo ms que con una fijeza relativa; unas estrellas han
desaparecido y otras aparecen; la suerte de nuestra misma tierra es incierta,
acaso algn da se desecar, se calcinar. Tal vez la vida ha nacido en el mar,
como atestigua la existencia de las sirenas y de los hombres peces...
Al principio era un caos de semillas, que se organizaron despus de su
fecundacin. La tierra y el agua, el aire y el fuego se pusieron a crecer; las
piedras y los metales empezaron a surgir; las montaas y los picos se formaron
lentamente; aparecieron los vegetales; la naturaleza multiplic los ensayos que la
conducirn a la formacin del hombre; y tal fue el origen de la vida en nuestro
planeta, segn Robinet y sus Considerations philosophiques de la gradation
naturelle des formes de l'tre, que se publicaron en 1768. A estas visiones
grandiosas agregaba Ronibet que las huellas que encontramos en las piedras
fsiles, los guijarros que tienen la forma de un dedo, de una oreja, de una tibia o
de un corazn son los ensayos de la naturaleza, que, torpe y pacientemente,
trazaba los primeros esbozos del hombre.
Hardey el mdico: mantena la autoridad de la revelacin e incluso construa
una teologa; una teologa a su manera, que exclua la posibilidad de las penas
eternas; al mismo tiempo, afirmaba que el pensamiento se reduce a movimientos
de las fibrillas de la sustancia medular, y que el alma es material.
Priestley el qumico: desta, finalista, partidario del cristianismo razonable:
el alma es material, y por qu temer la demostracin de este, hecho? Nos hace
admirar ms al Ser Supremo que ha dado a la materia la capacidad de pensar.
Maupertuis. Y el ms ruidoso de todos: La Mettrie. El materialismo es la
salvacin, clama a grito pelado; el materialismo es la verdad. Hay que partir de
la naturaleza, fuerza sin conocimiento ni sentimiento, tan ciega cuando da la
vida como inocente cuando la destruye. Cmo opera? Crea semillas de todas las
especies, esparcidas por el universo y que acaban por encontrarse? Sigue una
especie de evolucin, siendo las primeras generaciones imperfectas, monstruosas,
y sobreviviendo slo los entes a los que no haya faltado ninguna parte esencial?
Lo que es cierto es que todas las experiencias, anatmicas y fisiolgicas,
muestran que lo que se ha convenido en llamar alma no es ms que una
dependencia del cuerpo. Sus manifestaciones estn ligadas, en efecto, a estados
corporales; se altera en las enfermedades, se calma con el opio, se excita con el
caf y el vino; el hambre la pone cruel y salvaje; es adolescente, madura,
decrpita; cambia con la edad, lo mismo que


114 Segunda parte. La ciudad de los hombres
vara con los climas. En una palabra, no existe, en cuanto diferente de la
materia; es materia. Es un trmino vano del que no se tiene idea y del que se
sirve uno para nombrar la parte que piensa en nosotros; cuando el pensamiento
no es ms que una propiedad de la materia organizada, tal como la electricidad,
la facultad motriz, la impenetrabilidad o la extensin. Su estudio entra en la
historia natural, Histoire naturelle de lme (1745). El hombre no se distingue por
ningn privilegio del conjunto mecnico de los seres vivos: Lhomme machine
(1747). Ser mquina, sentir, pensar, saber distinguir el bien del mal, como el
azul del amarillo; en una palabra: haber nacido con la inteligencia y un instinto
seguro de moral, son cosas que no son ms contradictorias que ser un mono o un
loro y saber proporcionarse placer. O si se quiere, es planta, pues las plantas
mismas son mquinas: Lhomme plante (1748): El que ha considerado al hombre
como una planta no ha perjudicado a esa hermosa especie ms que el que ha
hecho de l una pura mquina. El hombre crece en la matriz por vegetacin, y su
cuerpo se descompone y se arregla como un reloj, ya por sus propios resortes,
cuyo juego suele ser feliz, ya por el arte de los que los conocen, no los relojeros,
sino los fsicos qumicos. Aceptemos esta fatalidad: No somos ms criminales al
seguir el impulso de los movimientos primitivos que nos gobiernan, que lo es el
Nilo por sus inundaciones y el mar por sus estragos. O, mejor dicho,
alegrmonos de ello: Sabis por qu hago todava algn caso de los hombres?
Porque los creo seriamente mquinas. En la hiptesis contraria, conozco pocos
cuya compaa fuese estimable. El materialismo es el antdoto de la
misantropa.
La Mettrie, de aventura en aventura y de escndalo en escndalo, haba
encontrado asilo junto a Federico II; el ateo del rey, deca Voltaire. Tena ms
materia que el trmino medio de los hombres, pues era gordo, mofletudo,
panzudo, enorme y glotn; el 11 de noviembre de 1758, su mquina muri a
consecuencia de una indigestin.
Una vulgarizacin del atesmo, por ltimo, se expres en una multitud de
obras, y en dos en particular, Le systme de la nature (1770) y Le Bon sens, ou
ides naturelles opposes aux ides surnaturelles (1772), resumen del primero.
Hubo un ateo de profesin, que se hizo leer por los sabios y los ignorantes, por las
duquesas y las doncellas; y fue Paul Thiry, barn de Holbach. Alemn de origen y
nacido en Hildesheim, haba ido a Pars para hacer all sus estudios, y se haba
quedado. Un hotel propio, bue-


I. La religin natural
115
nas comidas dos veces por semana; una casa de campo acogedora: qu medios de
accin! Muchos europeos de nota recibieron la hospitalidad de la calle real de
Saint-Honor, o del castillo de Grandval. No es que el barn tuviese genio; sus
ideas son recogidas a diestra y siniestra: su prosa es pesada y pastosa, y sus efec-
tos de grandilocuencia no bastan para levantarla, la hinchan. Tampoco es que su
carcter fuese perfecto: lleno de contrastes, caprichoso; imaginad, para repetir
las expresiones de Diderot, que fue de sus ntimos, un stiro alegre, mordaz,
despreocupado, nervioso; un tono original y libre; un humor variable, que lo
llevaba a contrariar y tratar con brusquedad a sus amigos; un corazn generoso y
que gustaba de hacer beneficios, pero capaz tambin de amarguras que hacan
difcil la vida en su proximidad; los buenos momentos compensaban los malos,
pero no siempre; atraa y repela... Pero era rico, era sociable y tena su puesto
sealado en la mejor sociedad; era laborioso y activo, y senta en s una vocacin
imperiosa: su funcin era disminuir, aniquilar, si poda, toda religin.
Contra el cristianismo nunca eran bastantes las injurias, nunca. A los
innumerables libros que entonces haban aparecido contra la religin, aada
otros, en montn, que ofrecan a la masa el pasto ms groseramente anticlerical:
Le Tableau des Saints, De 1'impos- ture sacerdotale, Les Prtres dmasqus, De
la cruaut religieuse, LEnfer dtruit. Tan numerosos, que es difcil establecer su
lista exacta y difcil distinguir su parte personal de la de los colaboradores que le
ayudaban. Si haba en los tiempos antiguos o en los tiempos modernos alguna
obra que pudiera servir para su designio, la mandaba traducir. Si entraba en
posesin de algn manuscrito que fuese til para su campaa, lo exhumaba;
como el que haba dejado el difunto seor Boulanger sobre L'Antiquit dvoile
par ses usages, donde probaba que nuestras ideas religiosas venan de la
impresin de terror que el Diluvio haba dejado a los escasos supervivientes.
Diriga el taller, la oficina, el despacho de donde sala una propaganda tan
simplista, tan encarnizada, que cansaba hasta a los cofrades, que acababan por
ver en su persona un capuchino ateo.
Algunos otros los acompaaban y prolongaban su accin; una pequea tropa,
no ya de despreciados y humillados, sino de orgullosos, que no teman reivindicar
un puesto en la sociedad, el primero, puesto que se proclamaban los sabios y
aadan que el sabio es superior a la divinidad. Boulanger, Naigeon, Charles-
Franois Dupuy, Sylvain Marchal, Jrme Lalande, para no citar sino a los ms
conocidos, ofrecen un aire de parentesco: la misma mo-


116 Segunda parte. La dudad de los hombres
nomana. Naigeon, el secuaz de Diderot, el proveedor y revisor del barn de
Holbach, rene en su Recueil philosophique, ou Mlanges de pices sur la religion
et la morale (1770) los textos esenciales de la irreligin, breviario a contrapelo.
Sylvain Marchal quiere ser el Lucrecio francs y compone un poema cuyos
versos son un desafo:
No existe la virtud si se admiten los dioses.
Compila un Dictionnaire des athes, donde atrae hacia s a los personajes ms
inesperados, desde Abelardo hasta Zoroastro, Berkeley y Boccaccio, Gregorio de
Nazianzo y Jurieu, Wolff el filsofo y Young el poeta; y donde figuran pueblos
enteros, los ingleses, los brasileos, los chilenos y los americanos en general. Este
diccionario es la obra de un manitico; y el Discurso preliminar, hinchado de
pretensin, desbordante de vanidad, no tendra ms valor si no, nos mostrara la
exasperacin de ideas cuyo nacimiento y desarrollo hemos visto: el ateo es el
hombre de la naturaleza; el hombre que, aceptando la limitacin del
conocimiento, no ve cmo ese conocimiento limitado le permitira llegar a Dios; el
hombre que, deseoso slo de su felicidad presente, no necesita a Dios para
realizarla. La cuestin de saber si hay un Dios en el cielo no es para l ms
importante que el saber si hay animales en la luna; el hombre que, por haber
admitido que toda la civilizacin cristiana se funda en un error, quiere que la
destruccin de ese error que se mezclaba con todo, que lo desnaturalizaba todo,
hasta la virtud; que era una trampa para los dbiles, una palanca para los
poderosos, un barrera para los hombres de genio; la destruccin plena y completa
de ese imponente error cambiara la faz del mundo.
Su influencia fue menor que el ruido que hicieron.
Un contemporneo, Pilati, declara que no hay ninguna parte del mundo que
est tan llena de ateos y de destas como Italia; aunque la expresin del
pensamiento italiano no nos mostrase lo contrario, la confusin que comete entre
destas y ateos bastara para invalidar su decir. La evolucin de la psicologa
inglesa, lejos de conducirla a las negaciones, la devuelve a la fe. En Francia,
Helvtius declara que los telogos han abusado tanto de la palabra materialista,
que se ha hecho sinnima de espritu ilustrado, y que designa a los escritores
clebres que se leen vidamente: no es ms que un rasgo polmico. Se conoce esta
ancdota: vuelto a


I. La religin natural 117
Pas como secretario de embajada, Hume declara en una comida que no cree que
baya ateos porque nunca ha visto ni a uno slo. Somos dieciocho a la mesa, le
responde su anfitrin; quince son ateos, los otros tres no saben qu pensar. Pero
estaba en casa del barn de Holbach. Todo el esfuerzo de los Aufklrer alemanes
tiende a establecer, no el atesmo, en modo alguno, sino eine vernnftige
Brkenntniss Gottes, un conocimiento racional de Dios.
Si ya no se peda que se quemase a aquellos impos, sus libros daban todava
horror. Cuando La Mettrie dedic su Homme machine al sabio Haller, ste se
consider insultado y envi al Journal des Savants, el mes de mayo de 1749, una
protesta solemne: Como el autor annimo de Lhomme machine me ha dedicado
esta obra, tan peligrosa como poco fundada, creo deber a Dios, a la religin y a m
mismo la presente declaracin, que ruego a los seores autores del Journal des
Savants insertar en su obra. Desautorizo ese libro como totalmente opuesto a
mis opiniones. Considero la dedicatoria como una afrenta ms cruel que todas las
que el autor annimo ha hecho a tantas personas honradas, y ruego al pblico
que tenga la seguridad de que nunca he tenido relacin, conocimiento,
correspondencia ni amistad con el autor de Lhomme machine, y que mirar
como la mayor de las desgracias toda conformidad de opinin con l. Haller era
piadoso; pero dAlembert, Federico II, Voltaire, no lo eran; y refutaron Le systme
de la Nature.
Contra los ateos, los destas argumentaban profusamente, contradiciendo
sus argumentos unos tras otros; la experiencia prueba, dicen los ateos, que las
materias que consideramos inertes y muertas adquieren accin, inteligencia y
vida cuando se combinan de cierta manera; no es verdad, dicen los destas. La
materia y el movimiento bastan para explicarlo todo; no es verdad. La materia es
eterna y necesaria; no es verdad; cuando se atreve uno a asegurar que no hay
Dios, que la materia acta por s misma, por una necesidad eterna, hay que
demostrarlo como una proposicin de Euclides, sin lo cual no apoyis vuestro
sistema ms que en un quiz. Qu fundamento para la cosa que interesa ms al
gnero humano!
7
.
Pero los teos no se abandonaban, y tenan para el desmo la actitud
despreciativa que los destas tenan para la devocin. Un materialista, un da,
me deca que un desta era una especie de hombre que no tena bastante
debilidad para ser cristiano, ni bas-
7
Voltaire, Dictionnaire philosophique, artculo Ateo, Atesmo; artculo Dios.


118 Segunda parte. La ciudad de los hombres
tante valor para ser ateo
8
. Se cita la frase de una adoradora arrebatada de la
filosofa, que deca de Voltaire que, siendo desta, era beato. Qu entendan esos
espritus dbiles, partidarios de las causas finales, por una religin sin misterio?
Y por qu timidez conservaban un Dios del que ellos mismos decan que no
podan concebirlo? La diferencia entre el Dios del desta, del optimista, del
entusiasta, y el del devoto, del supersticioso, del celoso, slo reside en la
diversidad de las pasiones y los temperamentos: nunca habr ms que un paso
del desmo a la supersticin
9
. El desta, y cualquier otro sectario que admita una
religin, podra ser designado con la expresin vulgar: Ecce homo; mientras que
el ser viril que no dobla la rodilla ante nadie es el ateo: Ecce vir...
10
.
En estos trminos se interpelaban, en tono agudo, aquellos aliados de un
momento, que haban querido luchar juntos contra un enemigo comn, pero que
crean cada vez ms claramente que su pensamiento discrepaba en una cuestin
esencial.
El siglo XVIII, en su conjunto, fue desta, no ateo. Pero tuvo que dejar lugar,
de grado o por fuerza, a un atesmo que le reproch la misma timidez de que los
destas acusaban a los creyentes.
8
P. Bonhomme, L'anti-Uranie ou le disme compar au christianisme, 1763.
9
Barn de Holbach, Le Bon Sens, ou ides naturelles opposes aux surnaturelles, III.
10
Sylvain Marchal, Dictionnaire des athes, ao VIII. Discurso preliminar.


Captulo II
LAS CIENCIAS DE LA NATURALEZA
La ciencia sera la de la naturaleza; y, en efecto, la historia natural fue
puesta en primer lugar; la geometra, en el segundo.
Ciertamente, muchos continuaron deleitndose con las matemticas,
consideradas como el ms hermoso ejercicio de la razn, el ms claro, el ms
slido y el ms metdico. Europa no se qued de repente sin matemticos
ilustres: todava abundaron. Siempre habr en el mundo gentes semejantes a
aquel seor de Lagny, cuya historia se nos cuenta; cuando estaba moribundo y le
decan en vano las cosas ms tiernas, lleg el seor de Maupertuis y puso
empeo en hacerle hablar: Seor de Lagny, el cuadrado de doce? Ciento
cuarenta y cuatro, respondi el enfermo con voz dbil; y ya no dijo una palabra
ms.
Unicamente la geometra perdi la supremaca que se le haba conferido,
porque se advirti decididamente que no aada nada al conocimiento, que se
contentaba con desarrollar, por deduccin, principios ya establecidos y que, por
consiguiente, no aprehenda lo real. Dado que en la naturaleza no existe ni
superficie sin profundidad, ni lnea sin anchura, ni ningn punto sin dimensin,
ni ningn cuerpo que posea la regularidad hipottica que le supone el gemetra,
su ciencia no parece ya ms que un sueo puesto en ecuaciones. Ilusin el querer
recrear el mundo con el movimiento y la extensin: haba sido la del seor
Descartes, cuyo reinado haba pasado.
Haba llegado el reinado de Newton, que haba puesto las ma-
119


120
Segunda parte. La ciudad de los hombres
temticas al servicio de la fsica, reducindolas as a su papel justo. Porque no
haba partido de abstracciones ni de axiomas, sino de hechos, para llegar a otros
hechos debidamente comprobados; porque haba sacado de la naturaleza las
leyes de la naturaleza, la generacin ascendente lo haba adoptado entre sus
semidioses. Haba salido del perodo de las incomprensiones, y se lo explicaba a
los ltimos incrdulos. Sus discpulos, en las Academias, en las ctedras,
comentaban sus obras, cuyo contenido pareca inagotable; incluso se lo pona al
alcance del gran pblico, como haca Voltaire en su claro francs; como haca
Algarotti en italiano: eccovi il Neutonianismo per la Signore. Su gloria se
afirmaba progresivamente: los sabios enviados al Per en 1735 y a Borneo en
1736 para comprobar sus medidas de la tierra volvan diciendo que, hecha la
experiencia, no se haba equivocado. Ante la vieja Sorbona misma encontraba
defensores, y penetraba en las escuelas, guardia- nas de las ideas, lentas en
adoptarlas, obstinadas en mantenerlas. El furor de la atraccin es hoy ms
fuerte en Holanda y en Inglaterra que lo fue nunca en Francia el de los
torbellinos imaginarios de Descartes. Se ven abogados que abandonan el foro
para ocuparse del estudio de la atraccin; hay eclesisticos que olvidan por ella
todos los ejercicios teolgicos...
1
.
Galileo, sin alcanzar la misma gloria, obtuvo reparacin: en 1737, con una
ceremonia solemne, haban sido trasladadas sus cenizas a Santa Croce, la iglesa
florentina donde Italia celebra el culto de sus muertos ilustres. Pero haba un
nombre que simbolizaba una ciencia menos abstracta, menos altiva, ms
fcilmente accesible que la fsica matemtica; ms natural todava, si puede
decirse: el del canciller Bacon. El precursor, el sabio de los sabios, el enemigo de
las hiptesis vanas, el maestro del pensar, el que haba restaurado el imperio de
la razn, trazado los caminos, suprimido las dificultades, indicado los trabajos
que quedaban por hacer, el ms grande y el ms universal de los filsofos; el
genio experimental en persona. Cuando Bacon haba dicho, con su acento a la vez
sencillo y pattico, que la lgica formal era ms propia para consolidar y
perpetuar los errores que para descubrir la verdad; que el silogismo ataba las
inteligencias y no llegaba a las cosas; que no haba que jurar ya sobre las
palabras de los maestros, ni adorar los dolos; que haba que cambiar de mtodo,
practicar la observacin, recurrir a la experiencia, haba sembrado ideas que,
unos cien aos despus del Novum Organum, han germinado, han fermentado,
1
El marqus de Argens: La philosophie du Bon Sens, 1746. Reflexin
III, par. 20.


II. Las dendas de la naturaleza 121
han formado una cosecha que cubri Europa. Aphorismi de inter- pretatione
naturae et regno hominis.
Desde la superficie, y a la primera ojeada, se percibe una efervescencia. En
todas partes se ponen a la obra curiosi; ste empieza una coleccin de mariposas,
y este otro un lbum de plantas; ste hace traer del extranjero los prismas que, le
permitirn, descomponer la luz, o los anteojos que le harn ver el anillo de Sa-
turno. El que quiere agradar a su amada le enva insectos raros que se colocarn
en su vitrina; el que quiere parecer sabio publica la descripcin de un gabinete de
historia natural; el que viaja se provee de cajas, de redes, de tijeras y de lupas.
Gersaint no vende slo cuadros, sino conchas. Los grandes seores dan el ejem-
plo; y tanto mejor, dice otro, porque, arruinados por arruinados, ms vale que lo
sean por un qumico que por un hombre de negocios: la ciencia, por lo menos,
saldr ganando. El contagio alcanza a los reyes: Luis XV quiere poseer
colecciones; el Delfn toma lecciones de fsica; Jorge III es botnico; Juan V asiste
a investigaciones astronmicas, y Vctor Amadeo II repite con Gerdil las
experiencias del abate Nollet. A la puerta del abate Nollet, que en Pars, calle del
Mouton, cerca de la Grve, profesa un curso de fsica experimental, se agolpan
las carrozas de las duquesas, que quieren ser electrizadas. Los burgueses siguen
el movimiento; y los jvenes, a los que el abate Pluche muestra el Espectculo de
la naturaleza, o las particularidades ms adecuadas para volverlos curiosos y
formar su espritu.
Si, extraado por estas primeras apariencias, se busca su fundamento, se
comprueba pronto la gravedad del esfuerzo que la moda no ha hecho sino
explotar. Los peridicos dan a la recensin de las publicaciones cientficas un
lugar tan considerable, que es invasor; libros de fsica, de botnica, de medicina,
son cada vez ms numerosos; pero por el progreso mismo de la disciplina a la que
pertenecen, pronto envejecen y piden ser sustituidos, y lo son. A estos mltiples
libros, a las comunicaciones que anuncian tal o cual novedad, se abren de par en
par las Academias: la Academia de Berln, vivificada por Federico II en 1744; la
Academia de San Petersburgo, fundada en 1725; la Academia de Estocolmo,
fundada en 1739; la Real Sociedad de Copenhague, fundada en 1745; mientras el
Instituto de Bolonia, la Academia de Ciencias de Pars, la Royal Society de
Londres, venerables sociedades, mantienen su tradicin, pues cada compaa se
honra asociando a los extranjeros a estos trabajos. Es una prueba de estimacin,
vivamente


122 Segunda parte. La dudad de los hombres
deseada, ser discutido ante su tribunal; en 1746, habiendo escrito Voltaire una
Disertacin sobre los cambios ocurridos en nuestro globo y sobre las
petrificaciones que se pretende ser todava sus testimonios, la dirige en italiano al
Instituto de Bolonia; en ingls, a la Real Sociedad de Londres; incluso se propona
ponerla en latn, para enviarla a la Academia de San Petersburgo. En 1735, esta
ltima haba ofrecido libros a la Academia de Lisboa, cuyo presidente era
entonces el viejo conde de Ericeira, el mismo que en otro tiempo haba traducido
a Boileau. El conde pronuncia un discurso de gracias, todava lleno de frases
redundantes y floridas; habla de la reina de Saba, de la Sibila de Oriente que,
desde los hielos del Septentrin, ha expedido, escritas en hojas de oro, las obras
de su acadmicos; pero habla tambin de Bacon, del sutilsimo Ren Descartes,
que supo aliar el lgebra con la geometra; de Newton, el ms grande filsofo de
Inglaterra, que ha demostrado lo que es demostrable en filosofa natural y cuyos
principios son seguidos muy justamente. A la vez las viejas figuras retricas y la
expresin del gusto nuevo.
El movimiento es doble: una expansin, una voluntad que impulsa a los
investigadores a salir de su provincia, de su reino, de su continente, para
conquistar poco a poco todo lo creado: Cata- logus plantarum quibus consitus est
Patavii amoenissimus hortus; Flora Noribergensis, Botanicon parisiense; Hortus
uplandicus, Flora lapponnica, Historia naturalis curiosa regni Poloniae, The
Natural History of England; Flora cochinchinense Como se presiente todava la
existencia de algunas tierras desconocidas, los barcos que parten para el
descubrimiento llevan a bordo naturalistas, que llevarn a Europa ejemplares de
una flora y una fauna que hasta entonces se haban ocultado a los hombres. A
medida que la indagacin se extiende, el nmero de especies animales y vegetales
aumenta desmesuradamente, ya no se llega a contarlas; las cifras que se inscri-
ben hoy, resultarn falsas maana; se est como desbordado por esas incesantes
aportaciones; la vida, la vida inmensa, trastorna las nociones que se tenan de
ella. Al mismo tiempo se produce una concentracin: los ms curiosos de esos
curiosos se encierran entre cuatro paredes y llaman hacia s a esa misma vida
prolfica. Se entregan a operaciones misteriosas, recortan, disecan, miran con mi-
croscopios, agitan frascos en que han encerrado extraas sustancias: el sabio de
laboratorio ha nacido. Pobres laboratorios, que carecen con frecuencia de los
instrumentos ms sencillos; investigadores mal equipados, que vacilan en
quitarse los trajes de terciopelo y remangarse sus mangas de encaje, pero que no
por ello dejan de empezar a vivir la epopeya de la experimentacin.


II. Las ciencias de la naturaleza
123
Entonces aparecieron, como en serie, los nombres que permanecen unidos,
cada uno, al recuerdo de una victoria: en astronoma, la lnea de los Cassini; en
geologa, Johann Gottlob Lehman y Horace Bndict de Saussure; en botnica,
Carlos de Lnneo y los primeros de los cinco Jussieu; en entomologa, Ren-
Antoine Ferchault de Raumur, Charles Bonnet; en fsica, Guillermo-Jacobo
SGravesande, Leonardo Euler, Alessandro Volta; en fisiologa, Her- mann
Boerhave, Friedrich Hoffmann, Albrecht von Haller, Caspar- Friedrich Wolff,
Lazzaro Spallanzani, Georg-Ernest Stahl, Joseph Priestley, Carlos-Guillermo
Scheele; con frecuencia es un error confinarlos en una especialidad: todo se
descubra a la vez. Evoquemos para no nombrar a tantos como son, las figuras
legendarias: un Galvani, provocando las contracciones musculares de las ranas
desolladas; un Lavoisier, ante sus tubos y retortas, grave y apuesto.
Pertenecan a los pases ms diversos, pues casi ninguno haba dejado de
delegar algunos de sus representantes en la gran obra; a decir verdad, no
formaban ms que una nacin nica en medio de las naciones. Sus sbditos
continuaban su trabajo aun en medio de las guerras; incluso en los momentos en
que las comunicaciones eran ms difciles, se hacan seales; se inspeccionaban
unos a otros, se aprobaban, se felicitaban. Tal era la repblica ideal de los
hombres de ciencia.
No era tan fcil.
Las ambiciones eran demasiado vastas; se repeta que slo se poda avanzar
con pies de plomo, pero se parta con un impulso tan gozoso que se crea tener
alas, y se lanzaban, para empezar, en proyectos desmesurados; como el que
inici, el ao 1719, la joven Academia de Burdeos: nada menos que la historia de
la tierra y de todos los cambios que se han producido en ella, tanto generales
como particulares, sea por los terremotos y las inundaciones o por otras causas;
con una descripcin exacta de los progresos de la tierra y del mar, de la
formacin o la prdida de las islas, de los ros, de las montaas, de los valles,
lagos, golfos, estrechos, cabos, y de todos sus cambios; de las obras hechas por la
mano del hombre que han dado una nueva faz a la tierra... Las Memorias deban
ser enviadas al seor de Montesqueu, presidente de birrete del Parlamento de
Guyenne, que pagara su porte. Tuvo que pagar mucho el seor de
Montesquieu? Nunca se ejecut el proyecto.
Ya no se queran prodigios. Pero costaba trabajo desprenderse de lo
maravilloso, sobre todo al principio, cuando todava no esta-


124
Segunda parte. La dudad de los hombres
ba asegurado el mtodo. Ya no se queran hiptesis. Pero qu cmodo era
enunciar una, siempre que se encontraba uno en un apuro! La peste hace
estragos en Marsella y Provenza: qu es la peste y cmo se propaga? No es
contagiosa, sera un absurdo negro sostenerlo. Es contagiosa, pero slo al modo
de una epidemia, y sta viene de la mala alimentacin. Es contagiosa por las
llagas, por las orinas, por la transpiracin, y, por tanto, por los colchones, por las
ropas, por todo lo que el enfermo ha tocado. Cul es su naturaleza? Consiste en
miasmas, en partculas gorg- nicas, en partculas de antimonios, en gusanillos
que por la maana nadan como peces, a medioda vuelan como pjaros y mueren
por la noche; consiste en insectos que se insinan por los ms pequeos orificios
de la piel, sobre todo en invierno, porque son frioleros. Cmo curarla? Con caf.
Con agua tomada en abundancia. Con cocimientos de escorzonera, a los que se
aadirn unas gotas de zumo de limn o de espritu de azufre. Con tintura de
oro, esencia emtica, pociones cordiales, pldoras purgantes, sudorficos. Sobre los
bubones, cataplasmas o piedras de cauterio, que se dejarn durante varias horas.
Lyon, Montpellier, Pars, Zurich, Londres, discutieron, y los enfermos se moran
siempre.
No bastaba con maldecir el espritu de sistema para librarse de l. Se
atacaba lo ms difcil; el problema de la generacin, el problema de la formacin
de los cuerpos orgnicos; y antes de haber acumulado las observaciones se
formulaban teoras, a las que respondan en seguida otras teoras: pronto la
confusin resultaba inextricable, Preformacin y encajonamiento? Epignesis?
Moldes y matrices?
2
. Para probar la superioridad de una u otra de estas
explicaciones, se discuta indefinidamente, y se hubiera dicho que la ciencia,
desviada, no progresaba ya.
A veces, un error atraa la atencin por su carcter espectacular. En 1748,
John Tuberville Needham, fsico ingls, haba visto producirse generaciones
espontneas. Dejmosle la palabra, escuchmoslo mientras nos cuenta las
experiencia que ha dispuesto, las precauciones que ha tomado contra todo posible
error, los resultados sorprendentes que ha obtenido: Tom jugo de carne muy
caliente y lo puse en un frasco, que cerr con un tapn de corcho, pegado con
tantas precauciones que era como si se hubiese sellado
2
Se encontrarn estas teoras formuladas del modo ms preciso en los textos
siguientes:, para el encajonamiento: Maupertuis, Essais sur la formation des corps
organises, pargrafos IX y X. Para la epignesis: Charles Bonnet, Contemplation de la
nature, sptima parte, captulo X: La generacin. Para los moldes y matrices: Buffon,
Histoire naturelle, De los animales, captulos III y IV.


II. Las ciencias de la naturaleza
125
el frasco hermticamente. Elimin as el aire exterior para que no se pudiera
decir que mis cuerpos mviles tenan su origen en insectos o huevos esparcidos
por la atmsfera. La pequea cantidad de agua que mezcl con el jugo para
hacerlo un poco ms fluido no constitua, creo yo, ms de un sexto, y la ech
hirviente, por miedo a que pudiera imaginarse que hubiese algunos grmenes
contenidos en esa agua... No descuid ninguna precaucin, ni siquiera la de
meter entre cenizas muy calientes el cuerpo del frasco despus de haberlo
tapado, para que, si haba algo en la pequea fraccin de aire que llenaba el
cuello, se consiguiera destruirlo y hacerle perder la facultad reproductora... Todo
mi frasco se llen, en cuatro das de tiempo, de animales microscpicamente
vivos... Y era admirable, y no era verdad; y se necesitaron aos para examinar
la teora de Needham, inspeccionarla, refutarla, para probar que la fermentacin
de vida comprobada por l vena de grmenes trados del exterior, por mucho
cuidado que hubiera tenido en eliminarlos: detencin, indecisin, vuelta atrs...
Todas las aventuras de que nos da el espectculo la historia de las ideas, las
filiaciones inesperadas, las victorias que terminan en derrotas, los fracasos
fecundos, se encuentran aqu en su paroxismo. Los botnicos, imbuidos de
espritu cientfico, aspiraban a hallar una clasificacin de las plantas que no se
fundara sino en hechos objetivamente observados; y despus de Tournefort,
Linneo crey haber acertado, a partir de su Systema naturae (1735). Yo soy el
primero que ha inventado el utilizar para los gneros los caracteres naturales...
Pero al mismo tiempo, estos botnicos, como los dems cientficos hermanos
suyos y como los filsofos, sus maestros confesados o inconfesados, intentaban
hacer entrar el universo y sus producciones en un plan preconcebido.
Imaginaban lo que llamaban la gran escala de los seres; los seres no podan
ordenarse de otro modo que segn esa escala, donde no faltaba ningn tra-
vesao; se pasaba de uno a otro por gradaciones tan menudas que apenas se
podan distinguir, pero que no eran menos reales; lo discontinuo estaba excluido
a priori; ningn lugar tena derecho a quedar vaco; no haba corte entre los
grados de una serie, entre la serie animal y la serie vegetal, entre la serie vegetal
y la serie mineral; una conexin imperceptible exista entre los hombres y las
criaturas superiores, los ngeles; en la cspide, el nico, aislado, se encontraba
Dios. Era menester a cualquier precio que todas las casillas estuviesen ocupadas;
si no se distinguan an sus ocupantes, stos no dejaran de aparecer algn da.
De suerte que los mismos hombres que se proclamaban servidores del hecho so-
metan el hecho, de grado o por fuerza, al a priori.


126 Segunda parte. La dudad de los hombres
Para pasar del dogma de la fijeza de las especies a la idea de una evolucin
vital era necesaria una larga y dura lucha. Sin embargo haba que hacer constar
que, bajo la influencia de los climas exticos, ciertos animales, ciertos vegetales
haban cambiado. Haba que aceptar los resultados aportados por la
paleontologa, que encontraba en las capas profundas del suelo la huella de seres
desaparecidos; los resultados aportados por la fisiologa, que registraba
fenmenos de degeneracin y otros de hibridacin. Pero no sin resistencia, Se
tomaba a Maupertuis por un cerebro extrao; sus visitantes contaban con
asombro que su casa era una casa de fieras, llena de animales de todas clases,
que no mantenan en ella la limpieza, y que l se diverta de un modo extrao en
aparear animales dispares. Ms loco todava pareca La Mettrie, que afirmaba
que las primeras generaciones haban tenido que ser muy perfectas, que aqu
haba faltado el esfago y all los intestinos; que slo haban sobrevivido los
animales dotados de todos los rganos necesarios y los ms fuertes. Haba que
levantar un peso inmenso de ignorancia y de prejuicios para ver emerger poco a
poco el transformismo de Lamarck.
Largos trabajos, contratiempos, sinsabores; pero tambin exaltaciones y
alegras. Se traicionara a la poca si no se mostrase el estremecimiento que la
anim. Oh maravillas, oh mundo prodigioso de los insectos! He aqu que Charles
Bonnet descubre, observando los pulgones, el ms asombroso de los fenmenos:
se reproducen sin intervencin del macho, por partenognesis. Oh mundo
prodigioso de las plantas! He aqu que Abraham Trembrey descubre, observando
unos tallos acuticos, que se alargan, mueven cuernos o brazos y hasta se
desplazan; seran animales? Corta esos plipos en varios trozos, y cada uno de
estos trozos da otro plipo: son plantas, se reproducen por esquejes. Pero no, no
son plantas; los plipos cogen pequeos gusanos, los introducen por la boca en la
cavidad de su cuerpo, los digieren: son animales. Son animales plantas; las dos
cosas a la vez...
3
. Raumur reproduce algunas de las experiencias de Trembley:
Confieso que cuando vi por primera vez formarse poco a poco dos plipos del que
haba cortado en dos, me cost trabajo creer a mis ojos; y es un hecho que no me
acostumbro a verlo, despus de haberlo visto y revisto cien y cien veces.
Entonces se cortaban en trozos gusanos
3
Abraham Trembley, Mmoire pour servir lhistoire dun genre de
Polypes deau douce..., 1744.


II. Las ciencias de la naturaleza
127
de agua dulce llamados nyades, incluso lombrices de tierra, y siempre se
regeneraban por s mismos. Spallanzani les cortaba los cuernos o la cabeza a los
caracoles; los cuernos volvan a brotar, la cabeza volva a formarse. Dirigindose
entonces a las salamandras acuticas, animales de sangre roja, les cortaba las
patas, y esas patas volvan a crecer! Se haba vuelto al tiempo de los milagros,
pero milagros naturales. Las plantas respiraban; el aire no era ya uno de los
cuatro elementos simples; se compona de bases que se consegua disociar; desde
Filadelfia, en el Nuevo Mundo, se anunciaba que un hombre, Benjamn Franklin,
haba captado el rayo, haba tomado posesin del fluido celeste, como se deca; lo
haba arrebatado a los dioses. Estoy cansado de contar prodigios
4
.
La recompensa haba llegado ya: del saber naca el poder; se dominaba la
naturaleza conocindola. La materia estaba subyugada. Qu bien se haba hecho
al abandonar la vana indagacin de los primeros principios, de las esencias y las
sustancias! Poco importaban las causas primeras, desde el momento en que se
encontraba medio de hacerlas producir de una manera segura los efectos que se
necesitaban; de este cambio resultaba una abundancia de sus bienes. Bienes
reales, a los que llegaban las ciencias ms desinteresadas en apariencia: Los
descubrimientos de los hombres de ciencia son las conquistas del gnero
humano
5
. Man is no weak
6
: ya no era verdad que el hombre fuese dbil; su
fuerza ira creciendo de da en da.
Gracias a la ciencia, la vida se hara buena y bella. Entonces apareca,
rodeado de una nueva aureola, el que posea la ciencia, el que correga a la
naturaleza cuando se extraviaba, el que curaba los males de la vida: el mdico. El
teatro continuaba rindose de Diafoirus, por costumbre; pero Boerhave de
Leyden, Tronchin de Ginebra, Bordeu de Pars, ilustres en toda Europa,
encarnaban el nuevo poder. El pblico asista al largo debate sobre la inocula-
cin; y al final, la viruela estaba vencida. Todo cede al gran arte de curar,
exclamaba La Mettrie, que entonces olvidaba sus diatribas contra sus colegas; el
mdico es el nico filsofo que merezca de su patria... Aparece como los hermanos
de Helena en las tempestades de la vida. Qu magia, qu encanto? Slo su
visin calma la sangre, devuelve la paz a un alma agitada y hace renacer
4
Charles Bonnet, Considrations sur les corps organiss, 1762, captulo XI.
5
Joseph Landon, Rflexions de mademoiselle X, comdienne franaise, 1750, p. 54.
6
S. Johnson, Rasselas, 1759, captulo XII: Man is no Weak answered his compassion
(Imlac); Knowledge is more than quivalent to Force.


128 Segunda parte. La dudad de los hombres
la dulce esperanza en el corazn de los desdichados mortales. Anuncia la vida y
la muerte, como un astrnomo predice un eclipse...
7
. El nico filsofo, en verdad;
el nico que habla en nombre de la experiencia, pues slo l ha visto los
fenmenos, la mquina tranquila o furiosa, sana o rota, delirante u ordenada,
sucesivamente imbcil, esclarecida, estpida, ruidosa, letrgica, actuante, viva y
muerta
8
.
El 14 de febrero de 1750, Buffon mismo registraba el xito de su Histoire
naturelle, tres de cuyos volmenes se haban publicado el ao precedente; la
primera edicin, aunque tirada en gran nmero, se ha agotado al cabo de seis
semanas; se han hecho ya una segunda y una tercera, que van a aparecer; la
obra est traducida al alemn, al ingls, al holands... Buffon no es tal vez el ms
grande genio cientfico de su poca, pero es el ms representativo.
Se le deba un nuevo Discurso del mtodo, De la maniere de traiter l'histoire
naturelle. All haba descalificado las matemticas, haba proclamado que las
mentes, mejor que una evidencia geomtrica, pedan ahora una certeza de hecho.
Una revolucin se indicaba en estas lneas:
Hay varias especies de verdades, y se acostumbra a poner en el primer orden
las verdades matemticas; sin embargo, no son ms que verdades de definiciones;
estas definiciones se refieren a suposiciones sencillas, pero abstractas; y todas las
verdades de este gnero no son ms que consecuencias compuestas, pero siempre
abstractas, de esas definiciones. Nosotros hemos hecho suposiciones, las hemos
combinado de todas maneras; ese cuerpo de combinaciones es la ciencia
matemtica; no hay, por tanto, en esa ciencia nada ms que lo que nosotros
hemos puesto en ella... Las verdades fsicas, por el contrario, no son en modo
alguno arbitrarias y no dependen de nosotros, en lugar de estar fundadas en
suposiciones que hemos hecho, no se apoyan ms que en hechos... En matemtica,
se supone; en fsica se afirma y se establece. All son definiciones, aqu son hechos.
Se va de definiciones en definiciones en las ciencias abstractas; se marcha de
observaciones en observaciones en las ciencias reales. En las primeras se llega a la
evidencia; en las ltimas, a la certeza.
Llevaba hasta la paradoja la voluntad de poner al hombre en el centro del
universo. No le gustaba la clasificacin de las plantas
7
La Mettrie, dedicatoria de L'homme machine, 1748.
8
Diderot, Encyclopdie, artculo Locke.


II. Las ciencias de la naturaleza 129
que haba propuesto el seor Linneus: su propia clasificacin, que no se limitara
a las plantas, sino que comprendera la creacin entera, partira de otro
principio. Un individuo se despierta como si lo hubiera olvidado todo; est en un
campo donde los animales, los pjaros, los peces, las piedras se presentan a sus
ojos nuevos. Primero estar perdido, sin distinguir nada, confundindolo todo.
Pero pronto percibir una diferencia entre la materia inanimada y la materia
animada; en esta ltima no tardar en percibir una diferencia entre los animales
y las plantas; de ah esa primera gran divisin, reino mineral, reino vegetal,
reino animal. Mirando los animales, ese mismo individuo llegar en poco tiempo
a formarse una idea particular de los que habitan la tierra, o el agua, o el aire; de
ah la divisin en cuadrpedos, aves, peces. Clasificar los cuadrpedos segn las
relaciones que tengan con l mismo; los ms tiles a su vida ocuparn la primera
fila: el caballo, el perro, el buey. Una vez agotada la lista de estos animales
familiares, se ocupar de los que no dejan de habitar los mismos lugares, como
seran las liebres, los ciervos y otros animales salvajes. Slo al final, su
curiosidad, lo llevar hacia los que habitan en los climas extraos, los elefantes,
los dromedarios, etc... Poner juntas las cosas que se parecen, separar las que
difieren, organizando semejanzas y diferencias en relacin con el hombre; ofrecer
al hombre un retrato de la naturaleza, obtenido por medio de una descripicin
completa: tal era su ambicin.
Su Histoire de la terre y Les poques de la nature sirvieron para sustituir
por una concepcin evolutiva la concepcin esttica de la ciencia. Mostr que no
se poda conocer esa realidad, cuya masa y cuyo detalle ambiciona aprehender,
ms que si se la vea formarse en su existencia anterior y en las vicisitudes de su
pasado. Haba partido del aspecto catico de la naturaleza alturas, abismos,
llanuras, mares, pantanos, ros, cavernas, simas, volcanes, montaas hundidas,
rocas hendidas y rotas, comarcas sumergidas para penetrar, gracias a la
geologa, en sus profundidades. Por la accin milenaria del fuego, de las grandes
aguas, haba explicado ese enigma; como deca en su lenguaje sonoro, haba
registrado los archivos del mundo y puesto piedras numerarias en la ruta eterna
del tiempo.
Todo pareca hacer de l un smbolo, incluso sus errores. Pues se equivoc
algunas veces: haba mirado mal cuando haba acercado el ojo al microscopio que
le haba prestado el seor Needham, y que era sin embargo mejor que los suyos;
haba hecho mal sus preparaciones; haba comprobado mal sus resultados; haba
considerado como una tarea inferior las ocupaciones menudas, indignas


130
Segunda parte. La ciudad de los hombres
de l. Aquel enemigo de los sistemas se haba enfrascado a fondo en la teora de
las matrices y los moldes, que haba sostenido mucho tiempo y con ardor. Pero si
haba pecado era contra su propia sabidura, contra la ley a que siempre volva; de
suerte que, siendo falible, no por ello legaba menos a los que vendran despus de
l, el mtodo que permitira refutarlo.
Simboliza la labor y la larga paciencia que resulta genio. El tiempo, el
precioso tiempo que los dems malgastan en futilezas, en placeres, incluso en
ocupaciones exteriores a su tarea, l lo reservaba para su obra, el Jardn del Rey,
la Historia natural. Haba resistido a las tentaciones de la holgura, de la vida
social, de los viajes, pues no haba pasado ms que algunos meses en Italia y
haba permanecido en Inglaterra justo lo bastante para hacer all su aprendizaje
cientfico; y, dueo de su vida, despus de haber disciplinado su temperamento, su
carcter, su fuerza, daba tranquilamente el mximo de su esfuerzo. La hora de
levantarse; de la comida, del paseo, la haba fijado de un modo inmutable: como el
que no descansa nunca, porque sabe que nunca ha acabado.
Simboliz la moralidad de la ciencia, la constancia de su dura ley. Simboliz
las esperanzas que da la ciencia: Acumulemos siempre experiencias y
apartmonos, si es posible, de todo espritu de sistema, al menos hasta que
estemos informados, encontraremos fcilmente un da dnde colocar esos
materiales; y aun cuando no fusemos bastante afortunados para construir el
edificio entero, nos servirn ciertamente para poner sus cimientos, y quiz para
adelantarlo incluso ms all de nuestras esperanzas
9
.
Para l no haba anochecer; al envejecer entraba en una apoteosis. Sus
defectos, cierto aspecto material de su carcter, su habilidad para hacerse ayudar
por colaboradores escogidos, su gusto por los amores rpidos y fciles, todas sus
imperfecciones se difu- minaban en una humareda de incienso. Uno de los
cuarenta de la Academia francesa, tesorero perpetuo de la Academia de Ciencias,
miembro de las Academias de Londres, Edimburgo, Berln, San Pe- tersburgo,
Florencia, Filadelfia, Boston; coronado, adulado, mimado, pudo ver en sus jardines
el monumento que su hijo haba hecho elevar a su gloria, y su propia estatua en
su amadsimo Jardn del Rey. Montbard se converta en un lugar de
peregrinacin, rival de Ferney; el prncipe Enrique de Prusia iba a visitar al hom-
bre ilustrsimo, al que enviaba luego un juego de porcelana que representaba
cisnes; Jean-Jacques Rousseau se pona de rodillas para
9
Buffon, prefacio a la traduccin de La esttica de los vegetales, de Ha- ller, 1735.


II. Las ciencias de la naturaleza
131
besar el umbral de su puerta. Le dirigan versos, en que lo celebraban como el
espritu creador y el genio sublime; madame Nec- ker lo llamaba el hombre de
todos los siglos; Catalina de Rusia, en una carta autgrafa, le escriba que,
despus de haber dado Newton el primer paso, l haba dado el segundo. Cuando
se haban recorrido las trece terrazas se haba contemplado el gabinete de
trabajo, austero, y desnudo, donde se haba elaborado la obra maestra, y se
llevaban los ojos a su autor, se vea un porte majestuoso, un rostro hermoso y
tranquilo, todava fresco a los setenta y ocho aos. Houdon haba podido
reproducir, en el busto que le haba hecho, su gravedad, su nobleza, pero no el
brillo de sus ojos, el color de sus cejas negras en contraste con sus hermosos
cabellos blancos. Se pareca al hombre tal como lo haba representado: el hombre
se mantiene erguido y levantado; su actitud es la del mando; su cabeza mira el
cielo y presenta una faz augusta en la cual est impreso el carcter de su
dignidad.
Todo este trabajo, todo este esfuerzo, todas estas discusiones, para hacer
valer esa verdad tan sencilla de que en asuntos de ciencia hay que partir de la
observacin escrupulosa del hecho? Seguramente. Ya haba sido afirmada, y en
diferentes ocasiones; aun habr de serlo en el porvenir; Claude Bernard no har
sino volver a Bacon. Todo sucede como si las mareas recubriesen, de siglo en
siglo, de generacin en generacin, las islas descubiertas, y como s fuese
menester cada vez sealarlas de nuevo, con gran gasto de trabajo y de genio.


Captulo III EL
DERECHO
Manos a la obra, para explotar las conquistas de Grocio, de Pufendorf, de
Cumberland, de Leibniz, de Gravina; para que toda Europa y toda la tierra
comprendan al fin que no existe ms que un solo derecho del que se derivan
todos los dems: el derecho natural.
Manos a la obra, para refutar a los que se atreven an a atacarlo, para
alcanzar en el pasado hasta al malvado Hobbes, que quiso hacer de la fuerza el
nico principio de las relaciones humanas. Manos a la obra, para definir,
desarrollar tambin, para transformar en ciencia adquisiciones todava confusas,
para pasar de la teora a la prctica, si es posible. La enseanza del derecho
natural se multiplica en toda Europa; se fundar una ctedra de derecho natural
en el Colegio real, en 1771. La edad de los inventores est cerrada, ha llegado la
de los profesores.
Y sern Ensayos, Investigaciones, largas explicaciones verbosas; en
apariencia, un oscuro juego de especialistas. Y ser en realidad un poderoso
esfuerzo, que se sita en el corazn mismo de la vida; un esfuerzo que concuerda
con todos los que se intentaron entonces, y que con frecuencia los domina; un
esfuerzo para arrebatar a la divinidad la Ley, organizadora del mundo; la divini-
dad no conservar el derecho entre sus atributos sino en la medida en que no
ser ya otra cosa que la razn.
132


III. El derecho
133
1730. Elementa juris naturae et gentium.
Es un hombre muy sabio Johann Gottlieb Heinecke, en latn Heineccius, que
slo deja la Universidad de Halle para volver a ella, hasta tal punto se encuentra
all en su lugar; un jurista de primer orden, un clsico. Quiere proporcionar a los
estudiantes un manual que sellar la unin del derecho natural y la jurispruden-
cia. Pues la jurisprudencia sera vana si no estuviese animada del espritu de ese
derecho; en el fondo, es otra cosa la jurisprudencia que el derecho natural
aplicado a los hechos humanos? Definicin: El derecho natural es el conjunto de
las leyes que Dios ha promulgado al gnero humano por medio de la recta razn.
Si se lo quiere considerar en tanto que ciencia, la jurisprudencia natural ser la
manera prctica de conocer la voluntad del legislador supremo, tal como se
expresa por la recta razn y de aplicarla a todos los casos especiales que puedan
presentarse.
1740-1748. Jus naturae methodo scientifica pertractatum.
Johann Christian Wolff entra en la partida, ya no se detendr. Le toca hacer
del derecho natural una lgica e insertarlo en el gran cuadro sistemtico que
representa la verdad con la vida.
El hombre est compuesto de alma y cuerpo; del mismo modo que el conjunto
de nuestros rganos tiende a la conservacin de nuestro cuerpo, as la razn
tiende a conducir al alma hacia su perfeccin. Por ello, nuestras acciones
adquieren un carcter de bondad o de malicia intrnseca: es bueno lo que
contribuye a esa perfeccin; malo lo que la contrara, As lo quiere la ley natural,
que tiene su razn suficiente en la esencia de los hombres y de las cosas. Como
la naturaleza, siempre ntimamente unida a la verdad, no tolera la contradiccin,
enemiga eterna de la verdad, la nica direccin de las acciones humanas que le
conviene es que estn determinadas por las mismas razones finales que las
natura- les, y que as tiendan juntas al mismo fin. Sentado esto, vengamos al
derecho. Para que podamos cumplir esas obligaciones naturales, hemos de tener
la facultad de hacer aquello sin lo cual no podramos cumplirlas; y de ah viene
un derecho, ya a usar de las cosas, ya a realizar ciertos actos. La organizacin en
sociedad ha hecho nacer otros deberes que los que se imponen al individuo; luego
ha hecho nacer otros derechos, que se llaman el derecho privado, el derecho
pblico, el derecho de gentes. Y Wolff realiza el alarde de hacer derivar todos los
casos particulares de esas premisas. Des-


134
Segunda parte. La ciudad de los hombres
ciende al detalle, habla del dominio, de los derechos qne resultan de l, de las
obligaciones inherentes; de las donaciones, de los contratos, de los cuasi-
contratos, de los deberes y los derechos domsticos que se refieren a las
sociedades conyugales, paternal y heril; del derecho de los Estados, del derecho
de gentes. Ante la lgica de su demostracin, uno de sus admiradores, Formey, se
maravilla: La naturaleza quiere que el hombre sea tan sano de cuerpo y de
espritu como pueda serlo; la razn lo quiere tambin. Suponed un hombre en
quien la naturaleza y la razn obren siempre de concierto: tendris un hombre
perfecto. Ese es el gran principio en que se apoyan todas las demostraciones del
seor Wolff, y ningn filsofo los haba empleado an tan luminosos y tan fecun-
dos. A decir verdad, todava falta algo a la jurisprudencia; pero el seor Wolff ha
trabajado tan bien que la ha llevado no muy lejos de su acabamiento. Ahora es
como una mquina a la que no le falta ms que ajustar las partes para poder
emplearla. Otro llegar que, aprovechando las luces del seor Wolff, corregir lo
que se le ha escapado, de menos exacto; llegar tal vez un tiempo en que este
sistema, desarrollado en toda su extensin, se establecer sobre las ruinas de los
dems y servir de gua a todos los jurisconsultos.
1740. Recherches nouvelles de l'origine et des fondements du droit de la nature.
Desde 1732, al comprobar que ni los autores ni los profesores se entendan
sobre la definicin de las leyes naturales, y consultando sus propias luces,
Frdric Henri Strube de Piermont public su Recherche de l'origine et des
fondements du droit de la nature. Ahora cree tener el gran secreto.
Los filsofos ms antiguos designaban con el nombre de leyes naturales el
orden eterno e inmutable de todas las cosas creadas; los jurisconsultos, romanos
vean en ellas instrucciones dadas por la naturaleza a todos los animales; la
mayora de los moralistas las han tomado como normas dictadas por la razn, y
las han limitado slo al hombre. En realidad, son otra cosa. Todo ente creado no
puede haber sido hecho sino para su conservacin; cierta identidad de razn lo
obliga tambin a pensar en la conservacin de los dems. Luego todo hombre
debe conservarse a s mismo, conservar a los dems que estn unidos con l y, en
una palabra, hacer durar el gnero humano. Este es el primero, el nico y el gran
principio de las leyes o del derecho natural.


III. El derecho
135
Unicamente la razn, que se limita a considerar las relaciones que se
presentan entre las ideas, no est en condiciones de hacernos descubrir aquello de
que es menester que las leyes nos instruyan. Otra de nuestras facultades, la
voluntad, es igualmente incapaz de ello. La pasin, por el contrario, es el principio
activo del alma; est acompaada por una fuerza que asegura la ejecucin. Ella es
la que nos incita a la aplicacin del derecho natural.
1742. Essai sur les principes du droit et de la morale.
Le toca la vez al seor dAube, maitre des requtes de su estado, y por su
familia sobrino de Fontenelle: la ley natural, que tiene un carcter de eternidad y
universalidad, que no puede ser abrogada y que no necesita intrprete, est
grabada en todos los corazones. El hombre es un ente material, luego tiende a su
conservacin; un ente espiritual, luego tiende a su felicidad. La naturaleza,
garantizada por Dios, supremo seor del universo, es la inspiradora de esa ley, que
se confunde con el bien de la sociedad.
1748. Principes du droit naturel.
Intrpido, locuaz geomtrico y analtico, ms dogmtico que lo que piensa,
Jean-Jacques Burlamaqui, profesor de derecho natural y civil en Ginebra, define
sin descanso: define el hombre, puesto que la idea del derecho, y ms an la del
derecho natural, son relativas a la naturaleza del hombre; define la felicidad a que
el hombre aspira naturalmente, el entendimiento que es naturalmente justo, que
posee en s mismo la fuerza suficiente para reconocer la verdad y distinguirla del
error; define la evidencia contra la cual no podran prevalecer las pasiones
humanas; la razn que lleva siempre consigo una idea de perfeccin, y la virtud.
As provisto ampliamente, aborda la nocin de ley:
Se entiende por Ley natural una Ley que Dios impone a todos los hombres, y
que pueden descubrir y conocer con las solas luces de la razn, considerando con
atencin su naturaleza y su estado.
El Derecho Natural es el sistema, la reunin o el cuerpo de esas mismas
Leyes.
Por ltimo, la jurisprudencia natural ser el arte de llegar al conocimiento de
las leyes de la naturaleza, de desarrollarlas y aplicarlas a las acciones humanas.
La ley natural es tambin:
Todo lo que la razn reconoce ciertamente como un medio seguro y breve de
llegar a la felicidad, y que aprueba como tal.
Una ley que Dios impone a todos los hombres: conservara


136 Segunda parte. La ciudad de los hombres
Burlamaqui algn vestigio del derecho divino? Entendmonos: como Dios es el
autor de la naturaleza de las cosas y de nuestra constitucin, si a consecuencia de
esa naturaleza y esa constitucin estamos determinados racionalmente a juzgar
de cierta manera y a obrar de acuerdo con ella, la intencin del Creador est bas-
tante manifiesta, y ya no podemos ignorar cul es su voluntad. El lenguaje de la
razn es, pues, el lenguaje de Dios mismo. Como Dios es razn, y la razn es la
razn humana, la obligacin no viene de Dios, en el sentido de que no se puede
obedecer a la orden de un superior ms que por una adhesin previa a un
principio que inspira esa orden. En suma: Dios se reabsorbe en la razn, la razn
en la naturaleza y el antiguo derecho divino se convierte en un derecho natural y
racional. Del derecho divino es menester que no quede ninguna huella; hay que
llegar a la definicin de la Enciclopedia, artculo Ley: la ley, en general, es la
razn humana, en tanto que gobierna todos los pueblos de la tierra; y las leyes
polticas y civiles de cada nacin no deben ser ms que los diversos casos
particulares en que se aplica esa razn humana.
1757. Essai sur l'histoire du droit naturel.
Cmo se hubiese querido mostrar que el derecho natural estaba inscrito en
el corazn de todos los hombres, hasta los confines de la tierra y desde el origen
del tiempo! Qu bueno hubiese sido remontarse al estado de naturaleza y apoyar
as sobre datos experimentales la teora de ese mismo derecho! Qu emocin
excit la noticia de que se haba encontrado una muchacha salvaje en los bosques
de Champaa, un hombre salvaje en las selvas de Hannover! Se iba a poder
interrogarlos y apuntar las respuestas de la naturaleza, al natural! El teatro, la
novela, suplieron con la imaginacin la decepcin de esos personajes. En la
comedia titulada La Dispute, Marivaux busca de dnde ha venido la inconstancia
inicial: del hombre o de la mujer? El Prncipe a quien pone en escena lo decidir.
El mundo y sus primeros amores van a reaparecer ante nuestros ojos tales como
eran, o al menos tales como debieron ser... El padre del Prncipe, que era
filsofo, hizo trasladar a un lugar solitario, fuera de todo contacto con la sociedad,
cuatro nios todava en la cuna. Aquellos dos nios y aquellas dos nias, criados
aparte, y que no se han visto nunca, han crecido; ha llegado el momento en que
se les dejar la libertad de salir de su recinto y encontrarse: Se puede considerar
el comercio que van a tener juntos como la primera edad del mundo. Pero Mari-


III. El derecho
137
vaux no se decide y no sabremos nunca de quin ha venido la inconstancia, pues la
conclusin es que los dos sexos no tienen nada que reprocharse y que el vicio y la
virtud les pertenecen igualmente. En su novela L'lve de la Nature (1766),
Beaurieu es ms audaz. Un marido haba conseguido de su mujer esta concesin:
que si tenan ms de seis hijos, el exceso se dedicara a interrogar a la naturaleza.
Como tuvieron siete, el sptimo y ltimo fue encerrado en una jaula, sin contacto
con nadie: se le pasaba su alimento por medio de un torno. La jaula fue trasladada
a una isla desierta; slo a la edad de veinte aos empez el hroe de la novela a to-
mar contacto con los dems hombres. Y fue bueno, fue razonable, cre una familia
que lleg a ser luego una sociedad perfecta...
La literatura no cuenta. Pero lo que se poda bosquejar al menos, y por
primera vez, era una historia del derecho natural: un dans, Martin Hubner,
intent la empresa. Gozo, en l, al repetir las frmulas embriagadoras: he
razonado como un hombre que no tiene otro gua que las luces de la razn; llamo
derecho natural al conjunto de las normas obligatorias que la razn sola nos pres-
cribe para conducirnos seguramente a la felicidad; la idea de ley natural es
indiscutiblemente relativa a la naturaleza del hombre, es decir, se refiere a su
esencia; el hombre quiere ser feliz, el hombre slo obra en vista de su felicidad;
pero para satisfacer ese deseo que lo aguijonea sin cesar y para llegar al fin que se
propone con tanta constancia, tiene que querer necesariamente los medios propios
para conducirlo a l; d ah se sigue que el hombre necesita algunas normas, y las
normas de direccin de nuestra conducta, los medios de la felicidad humana, son
lo que llamamos leyes naturales; la naturaleza misma del hombre ha sido, por
decirlo as, el primer doctor en derecho natural... Entonces exhumaba del fondo de
las edades a los grandes hombres que haban encarnado sucesivamente a ese
doctor; el escritor respetable a quien debemos la historia del tiempo que precedi
al Diluvio, que dio un resumen muy sucinto de las leyes naturales: y era Moiss;
los chinos; los griegos; el Montesquieu de la antigedad, por el cual fue reconocido
formalmente el derecho natural: y era Scrates. Los romanos, a pesar de las
presunciones polticas que tuvieron algo de fanatismo: y eran Cicern, Sneca. Y
luego Epicteto, y despus Marco Aurelio. En la Edad Media se haba producido un
descenso, como era de esperar, puesto que la poca era gtica y brbara. Pero el
Renacimiento haba enseado a pensar bien: haba surgido Bacon. Se llegaba as a
Grocio, Pufendorf, Cumberland, Wolff, Barbeyrac, Burlamaqui. El derecho
natural conquistaba a los ingleses y a los daneses; en Alemania, el xito era casi
demasiado vivo:


138 Segunda parte. La ciudad de los hombres
este vasto imperio de mltiples provincias rebosa, por decirlo as, de
Universidades, y en cada una existe por lo comn una ctedra establecida para el
derecho natural; los Ensayos, los Compendios y los Sistemas se multiplican all
basta tal punto, que se ba perdido el hilo bace mucho tiempo. Se podra componer
con ellos toda una biblioteca, si valiera la pena reunirlos y hacer esos gastos. In-
cluso las personas que son menos apropiadas para reflexionar se repliegan con
frecuencia en ese pas sobre esa materia cuando no saben cul elegir para ejercitar
la actividad de su pluma. El derecho natural haba encontrado, ciertamente,
adversarios; incrdulos, como Spinoza; herticos, como Bayle y Mandeville y
Bollingbroke. Pero sus escritos ya no podan hacer nada, o tan poco, contra ver-
dades reconocidas...
1783-1788. Detta Scienza della Legislazione.
Goethe ha hecho de Gaetano Filangieri, a quien encontr en Npoles y que le
hizo conocer a un viejo autor llamado J.-B. Vico, un elogio memorable. Forma
parte de esos jvenes dignos de estimacin que no pierden de vista la felicidad de
los hombres y una libertad bien entendida. En sus maneras se puede reconocer el
soldado, el caballero y el hombre de mundo; este aire aristocrtico, est templado,
sin embargo, por la expresin de un sentimiento moral delicado que, difundido por
su persona, irradia con mucho encanto de sus palabras y de todo su ser.
Benedetto Croce lo llama un apstol del nuevo Evangelio, el Evangelio de la razn.
Con la Ciencia de la Legislacin, el derecho acaba de perder su carcter de
hecho histrico para convertirse en una ideologa que, tan pronto como entre en la
prctica, reformar la vida. El conocimiento histrico slo podr dar, en efecto, el
espectculo de una desoladora confusin; la experiencia nos muestra un cmulo
de leyes emanadas de diversos legisladores, en diversos momentos. Al contraro,
reduzcamos los hechos a una ciencia sistemtica; entonces todo resultar fcil y
bueno. Simple e infalible naturaleza, cada vez observo ms tu plan y aborrezco
ms el de los hombres; intento ms seguir el tuyo y estoy ms contento de
alejarme del suyo... Partamos de definiciones seguras, y por una cadena de
principios sabremos cul debe ser el derecho criminal, civil, poltico, religioso;
cules deben ser la educacin, la familia, la propiedad. En la oscura selva donde se
solazaban nuestros padres brbaros, el sabio legislador trazar avenidas
rectas, que nos conducirn a la justicia y a la felicidad. Los prncipes escucharn
su voz y seguirn


III. El derecho
139
sus consejos: a los ministros de la verdad, a los filsofos pacficos, corresponde
este sagrado ministerio. El amor a la humanidad sustituir a los egosmos; el
sentido de la equidad abolir los abusos; se rasgarn los viejos pergaminos, los
comentarios y las glosas; no se invocarn ya ms los precedentes; pleiteantes,
abogados, jueces, se convertirn en discpulos de la pura ley natural, y el mundo
se salvar. Al hablar as, Gaetano Filangieri se conmueve; se siente animado por
una pasin vehemente; predica, catequiza; cuando considera los errores antiguos,
sufre y lo dice; se exalta cuando entrev los progresos del porvenir; no habla
solamente su razn, sino su corazn.
Con todo, por qu ese gran desorden en las leyes, ese barullo, ese caos? La
traicin de los legisladores, imbciles o interesados, de un modo o de otro,
guardianes infieles de un depsito sagrado: sea. Pero se senta que esto era hablar
demasiado de prisa,
Montesqueu es grande porque tuvo esta voluntad de explicacin: para llegar
al punto culminante en que el orden aparece en el desorden, hizo de su vida una
ascensin hacia las ms altas cimas. Es hermoso verlo instalarse en su hacienda y
no contentarse con ella; conquistar una reputacin provincial y no contentarse;
llegar a la gloria literaria con el xito europeo de las Lettres per- sanes y no
contentarse; lejos de descansar, vuelve a partir, slo tiene ambicin de lo ms
arduo. Ha trabajado: cunto ha traba
jado! Ha ledo: cuntos libros ha ledo!; los ms ricos de sustancia y los ms
ingratos, los que le gustaban y los que le parecan fros, secos, inspidos y duros,
que tragaba como la fbula dijo que, Saturno devoraba piedras. Llegado el
momento, ha salido de su gabinete de trabajo; y, abandonando su querida
Guyenne, su cargo, su patria, ha partido, para ver de cerca el juego de las cons-
tituciones y la vida de los hombres. Ha vuelto a Francia, a La Brde, y ha vuelto a
empezar a trabajar, a leer, a meditar, para dominar la masa de los conocimientos
adquiridos. Dominados todos los conocimientos y madurados todos los
pensamientos, ha empezado a ver desde ms alto lo que los dems haban visto
mal. Tanto saber y tanta inteligencia; un derroche tan prodigioso de claridad; una
conciencia tan precisa del tema que hay que escoger, del modo de tratarlo, del
estilo mismo; una moderacin que le ha permitido no dejarse nunca arrebatar ms
all de la verdad; un egosmo sagrado, que lo ha defendido contra todo lo que
aparta del fin, las pasiones, incluso los afectos, el amor a los bienes fal-


140 Segunda parte. La ciudad de los hombres
sos, la dulzura del ocio; y para acabar, la recompensa: Aqu es donde hay que
darse el espectculo de las cosas humanas...
1748. L'esprit des lois.
Las leyes, en la significacin ms amplia, son las relaciones necesarias que se
derivan de la naturaleza de las cosas.
La inquietud del tiempo, la experiment. Leyes de los romanos y leyes de los
francos; leyes de Africa y de Asia, leyes del Nuevo Mundo; leyes que regan, hace
miles de aos, la vida de los hombres todava salvajes, leyes que dictan hoy los
fallos de la Audiencia de Londres o del Parlamento de Pars: no se puede
considerar su multiplicidad y su incoherencia sin una especie de desesperacin.
Luego se manifest a su observacin una primera claridad. Una ley, por
caprichosa que parezca, supone siempre una relacin. Una ley es relativa al
pueblo para el que ha sido hecha, a un gobierno, a la realidad fsica de un pas, al
clima, a la calidad del terreno, al gnero de vida, a la religin de los habitantes, a
sus riquezas, a su nmero, a su comercio, a sus costumbres, a sus maneras. Las
leyes tienen relaciones entre s, las tienen con sus orgenes, con el objeto del
legislador.
Cmo se establece esta relacin? Es la consecuencia de la naturaleza de un
ente; va de un ente dado a las manifestaciones de su existencia. Dado el mundo
material, existen las leyes que convienen a su naturaleza material; dado un ngel,
existen las leyes que convienen a su naturaleza anglica; dado un animal, existen
las leyes que convienen a su naturaleza animal. La divinidad misma tiene sus
leyes; Dios tiene relacin con el universo como creador y como conservador; las
leyes segn las cuales ha creado son aquellas segn las cuales conserva; obra
segn esas reglas, porque las conoce; las conoce porque las ha hecho; las ha hecho
porque tienen relacin con su sabidura y su potencia.
Esta relacin no es arbitraria, sino lgica; es racional. Est ordenada por una
razn primitiva, que preexista a las cosas. Antes de que hubiese entes
inteligentes eran posibles; tenan, pues, posibles relaciones de justicia. Al pasar de
lo posible a lo real, esas relaciones de justicia se han adaptado a la razn que las
presupona. Decir que no hay nada justo ni injusto ms que lo que ordenan o
prohben las leyes positivas es decir que antes de que se hubiesen trazado este
crculo no eran iguales todos los radios. Ocurre lo mismo con todas las leyes.


III. El derecho
141
Consideremos las que conciernen al caso humano. El hombre es un ente fsico,
y por consiguiente est, como tal, sometido, a las leyes de la naturaleza. Pero es
tambin un ente inteligente; tendr, pues, leyes que convienen a la naturaleza de
esta inteligencia, que es limitada y que, adems, es desviada a menudo por las
pasiones, est sujeta a la ignorancia y al error. Estas leyes sern las de la religin,
que lo volvern a llamar hacia su Creador cuando se haya apartado de l; las leyes
de la moral, que lo harn volver a s mismo cuando se haya desconocido; las leyes
polticas y civiles, que le recordarn sus deberes para con la sociedad.
El origen divino de la ley, Montesquieu no quiere considerarlo; no es telogo,
es escritor poltico; slo examina las diversas religiones del mundo en relacin con
el bien que se saca de ellas en el Estado civil, ya hable de la que tiene su raz en el
cielo o bien de las que tienen la suya en tierra; sabe que hay en su libro cosas que
no seran enteramente verdaderas ms que dentro de un modo de pensar humano.
Pero esta misma exclusin, y esta explicacin, y esta precaucin que cuida de
tomar, as como tambin el cuidado que tiene, en el cuerpo de la obra, de mostrar
los enojosos resultados que se han producido siempre que los representantes del
poder divino han querido intervenir en el dominio temporal, revelan el fondo de su
pensamiento. Sanciona el divorcio entre el derecho natural y el derecho divino.
Deja la pluma; su movimiento ha terminado, sus observaciones lo han elevado
hasta un principio nico; de este principio, esencia de la ley, derivan todas las
leyes del mundo.
En la prctica era otra cuestin. Cuando La Chalotais pronunci su
requisitoria contra los jesuitas ante el Parlamento de Bretaa, se declar que iba a
confrontar sesenta y una instituciones y las reglas de las rdenes religiosas con los
principios de la ley natural y luego con las leyes positivas divinas y humanas, en
particular con las del reino de Francia; pero de las primeras ya no habl ms a lo
largo de su discurso. Cuando Morelly public su Code de la Nature, para
responder, segn anunciaba, al deseo de toda Europa, que desde haca mucho
tiempo peda un tratado elemental de derecho natural, Europa no tuvo ms que
una disertacin ms. Hubiera sido de desear que de todos los libros compuestos
sobre la teora del derecho hubiese resultado alguna ley til, adoptada en todos los
tribunales de Europa, sea sobre las sucesiones, los contratos, la hacienda, los
delitos, etc. Pero ni las citas de Grocio, ni las de Pufendorf, ni las del Espritu de
las leyes


142 Segunda parte. La ciudad de los hombres
produjeron nunca una sentencia del Chtelet de Pars o del Old Bailey de Londres
1
.
Sin .embargo, bajo la fermentacin de ideas que en apariencia no cambiaban,
se reforzaba una voluntad de justicia. La Ciudad, juzgando que los poderes
temporales abusaban de su fuerza, intentaba definir un valor inalienable que
perteneciera en propiedad a cada uno de sus individuos y que protegiera por s
mismo sus derechos; lo quera actuante. El hecho es que actuaba sobre lo real; las
ideas modificaban la vida. Haba todava pases en Europa donde la Inquisicin
lanzaba an sus llamaradas. Si se apagaron, quin discutir a los filsofos su
parte en ese beneficio?
La esclavitud, que algunos explicaban por el hecho de la conquista, por las
necesidades de la colonizacin, por las ventajas del
comercio, por el uso establecido, no poda justificarse ni por la naturaleza, que
confiere una dignidad igual a todos sus hijos, ni por la razn, que no admite que
una diferencia de color en el pigmento de la piel acarree una condenacin a
la desgracia y a la
infamia. Se produca, pues, un movimiento intelectual que lentamente trabajaba
por su abolicin; se elaboraba una literatura antiesclavista, que actuaba sobre la
opinin pblica, y por medio de ella, sobre el poder. Sobreviven en nuestras
memorias los pasajes del captulo V del libro XV del Esprit des Lois. Aquellos de
que se trata son negros de pies a cabeza, y tienen la nariz tan aplastada, que es
casi imposible compadecerlos. No se puede comprender que Dios, que es un ser
sapientsimo, haya puesto un alma buena en un cuerpo todo negro. A
continuacin, Montesquieu llamaba en su socorro a la caridad cristiana: s
imposible que pensemos que esas gentes sean hombres; porque si los
supusiramos hombres se empezara a creer que nosotros mismos no somos
cristianos. Siempre en el mismo tono, en que la burla no es sino indignacin con-
tenida: Algunos infelices exageran la injusticia que se hace a los africanos, pues s
fuera tal como dicen, no se les hubiera ocurrido a los prncipes de Europa, que
hacen entre s tantas convenciones tiles, establecer una general en favor de la
misericordia y la piedad? El decir esto no impeda a los traficantes vender los es-
clavos en el mercado de Trpoli; pero preparaba el da en que se cerrara el
mercado, se perseguira a los traficantes y se libertara a los esclavos.
Se haba formado en Miln un valiente grupo de jvenes, burgueses y nobles,
que haban tomado el partido de combatir los
1
Voltaire, Questions sur l'Encyclopdie, artculo Leyes,. Espritu de las leyes.


III. El derecho 143
gustos retrgrados de sus padres, como ocurre en cada cambio de generacin, pero
que haban intentado algo ms que una simple fronda. Para sealar su honor
combativo haban escogido un nombre provocativo; la Societ dei Pugni, la
Sociedad de los Puetazos. Publicaban una revista que se titulaba II Caff,
porque se supona que sus redactores se reunan en un caf ideal, centro de sus
discusiones. Su animador era Pietro Verri, que llevaba tras s, entre otros, a un
pesado mocetn llamado Beccaria. Cesare Beccaria tena tiempo libre, era hijo de
un patricio de la ciudad; pareca, ms an de lo que era, aptico y perezoso;
condiciones que lo hubiesen llevado a pasar una vida intil, si no hubiese sido por
sus relaciones, s no hubiese sido por el espritu del tiempo. Vagamente deseoso de
emplearse en alguna gran empresa, se cultivaba, lea con preferencia a los autores
que estimulan el pensamiento, a los filsofos franceses; y bajo su influencia, que se
aada a la de sus amigos, a la de una ciudad cuya ley es la actividad, se
despertaba de su somnolencia. Primero escribi sobre las monedas, buscando su
camino; al fin se encontr; entre la indolencia de su juventud y el vaco de su edad
madura produjo una obra maestra, el libro Dei delitti e delle pene, en 1764.
Pagaba su tributo a las ilusiones del tiempo; que es muy desdichado que las
leyes no hayan sido, desde su nacimiento, obra de la razn; que se viva, sin razn,
bajo las leyes de un antiguo pueblo de conquistadores; es decir, bajo las leyes
romanas; que, al haber sido completadas stas por la arbitrariedad de un prncipe
que viva en el siglo XII en Constatinopla, se haba aadido otro frrago, producto
del oscurantismo de la Edad Meda; y que as haba que rehacerlas todas,
modelndolas sobre la ley natural.
Pero despus de esto, Beccaria tena la sensatez de acantonarse en un
dominio que conoca ms especialmente, porque haba sido visitador de las
prisiones milanesas, hablaba a los acusados, escuchaba a criminales, y su
sensibilidad haba sido herida por las injusticias de que haba sido testigo. La
irregularidad del procedimiento, el capricho de los jueces, la crueldad de las leyes
penales no se haban sealado an en un acta de acusacin; esta acta l la
redactara. Sociales, esto es lo que eran las leyes; sociales es lo que deban ser,
tanto en su aplicacin como en esencia. Cualquiera que fuese su origen, no eran
otra cosa que el sostn de la sociedad. Por tanto convena juzgar, castigar, no
segn algn principio externo al bien de la sociedad, sino segn la importancia
social del delito. De suerte que toda la jerarqua de los castigos se encontraba
trastornada.
En virtud del mismo dato convena tambin prevenir las fal-


144
Segunda parte. La ciudad de los hombres
tas, mejor que condenar a los culpables despus de que el mal hubiese resultado
irreparable. Aberracin tratar al acusado, miembro l mismo del cuerpo social, a
priori como a un criminal; era un hombre a quien el cuerpo social peda que se
explicara ante sus delegados, los cuales deban proporcionarle todas las garantas de
su libertad moral. Aberracin el hacer proporcionarles las penas a las intenciones, y
no al dao real que se haba inferido. Aberracin confundir la dureza, la ferocidad,
con la justicia. La dureza, la ferocidad, no conseguan nunca, era probado, ms que
resultados contrarios al bien general. Un medio de inquisicin era inicuo entre todos:
la tortura. Como permaneca secreta, no tena la virtud de ejemplardad, que es
quiz la razn esencial de los castigos; por permitir a los criminales robustos escapar
al veredicto y obligar a los inocentes incapaces de resistir el suplicio a confesar faltas
que no haban cometido, era el colmo de la sinrazn; abominable y criminal ella
misma deba desaparecer de todo Estado que pretendiera ser civilizado.
En virtud del Tratado de los delitos y las penas, Beccaria no abola
inmediatamente la tortura; pero por l haba de desaparecer poco a poco la tortura
de los cdigos de justicia criminal. No haba quiz una lnea de su libro que,
actuando sobre el espritu de los legisladores, no actuase a su vez sobre la ley.


Captulo IV LA
MORAL
Esta era la gran prueba, francamente aceptada. Como se reconoce el rbol por
sus frutos, el valor de una filosofa se mide por lo benfico de su accin. Descartada
de una vez para todas la moral cristiana, baca falta una que fuese ms alta y ms
pura. Si no, la obra total quedaba frustrada.
La moral estoica ya no la queremos. Tenemos cierta estimacin por Zenn, pero
preferimos a Epicuro; admiramos a Sneca, el enemigo del despotismo, pero sera
un consejero demasiado austero para guiarnos hacia la alegra. La moral mundana
ya no la queremos. En los preceptos que madame de Lambert diriga a su hijo y a su
bija, en los que lord Chesterfield diriga al joven Chesterfield, y en tantas otras
cartas, avisos, tratados, nunca encontramos ms que un relente del siglo XVII. Ya
no queremos que el honnte homme sea nuestro gua, est retrasado; sus
cualidades se adquieren a precio demasiado vil para que las envidiemos; mucba
suficiencia, una fortuna holgada, vicios aplaudidos constituan su patrimonio; la
virtud no entraba en l para nada, y todas las honntes gens del mundo no valen lo
que un hombre virtuoso.
Ya no queremos nada del hroe, lo han elogiado demasiado, nos impacienta y
nos irrita. Tommoslo por blanco y acribillmoslo; nunca tendremos bastantes
flechas para abatirlo; pues se ha insinuado en el corazn de los hombres, los cuales
conservan an por l una antigua reverencia, que destruiremos: ser una de nues-
tras tareas ms urgentes. Ese hroe demasiado alabado no es ms
145


146
Segunda partea La ciudad de los hombres
que un orgulloso, un temerario, un destructor, un infame ladrn, ilustre
malhechor. Ese vanidoso necesita siempre teatro y espectadores; brilla, se aureola
de gloria; pero en cuanto se lo mira de cerca se ve su ambicin, azote del gnero
humano. Que lo encomien los antiguos, si quieren; nosotros lo aborrecemos e
inspiraremos el mismo horror a nuestros hijos, por los siglos de los siglos. Dejemos
de llamar grandes hombres a los monarcas incmodos y turbulentos que devastan
la tierra; reservemos ese hermoso nombre a los que han descollado en lo til y lo
agradable; los saqueadores de provincias no son ms que hroes
1
. Destruyamos
sus estatuas; pongamos en su lugar las de los prncipes que, obligados a ponerse a
la cabeza de sus ejrcitos para rechazar a un agresor, han partido con pena, han
conseguido una rpida victoria, han depositado sus laureles y se han apresurado a
volver a ser filsofos, como el Sthos del abate Terrasson. Destinado al trono de
Egipto, perseguido, desterrado, Sthos emplea el tiempo de un largo destierro en
buscar pueblos desconocidos a los que libra de las persecuciones ms crueles y en
cuyo legislador se convierte; al volver, salva con su valor a una poderosa repblica
de un enemigo que estaba a sus puertas, y no exige de ella como recompensa ms
que la salvacin del pueblo vencido, cuyo rey o tirano lo haba atacado; vuelto por
fin a su patria, se convierte en bienhechor de aquellos a los que tena motivo para
considerar como enemigos o rivales...
2
. Sthos y sus semejantes representan no el
falso herosmo, sino el verdadero, el herosmo pacfico, cuyo ejemplo es el nico
que conviene a las almas ilustradas. ,
En ninguna poca sin duda hubo tanto ajetreo de moralistas; no de los que
estudian el corazn humano; el corazn humano, se crea saber cmo estaba
hecho; siempre y en todas partes el mismo, no se poda descubrir nada en l. Se
trataba de los tericos de la moral, no de los psiclogos; de los que quieren primero
dar principios a nuestra conducta, Se trataba de rehacer una moral que estuviera
iluminada por las luces.
Este debate lo resumi Diderot en un breve pasaje con su habitual vigor;
Queris saber la historia abreviada de nuestra miseria? Es sta. Exista un
hombre natural; se ha introducido dentro de ese hombre un hombre artificial y ha
surgido en la caverna una guerra continua que dura toda la vida. Ya es ms fuerte
el
1
Voltare a Thriot, 15 de julio de 1735.
2
Abate Terrasson, Sthos, 1731, prefacio, XV-XVI,


IV. La moral
147
hombre natural, ya es derribado por el hombre moral y artificial; y en uno y otro
caso el triste monstruo es zamarreado, atenaceado, atormentado, extendido sobre
la rueda, incesantemente desdichado. . .
3
. O ms sencillamente an en una sola
lnea: Se entiende por moral lo que en un hombre de bien equivale a lo natural
4
.
Sigamos, en efecto, a la naturaleza en sus operaciones primarias: nuestras
sensaciones son agradables o desagradables, nos traen placer o dolor. De la
experiencia pasamos a la nocin abstracta de injuria y beneficio; las huellas
impresas pronto en el alma se hacen indelebles, atormentan al malvado dentro de
s mismo, consuelan al hombre virtuoso y sirven de ejemplo al legislador
5
. S se-
guimos a la naturaleza en sus voluntades manifiestas veremos que sta es buena,
que tiende a la felicidad del hombre; y en esto tambin hay que obedecer a su ley.
Se ha cometido un error inicial, se ha credo que el hombre naca vicioso y malo, o al
menos que se haba vuelto as, inmediatamente despus de su pecado original. De
ah una moral atrabiliaria, que slo tenda a oprimirlo. Favorezcamos, por el
contrario, el instinto que nos lleva a ser felices, y la razn que nos proporciona los
medios de llegar a serlo. Moral, oder Sittenlehre, oder Anweisung zur
Glckseligkeit: Moral o ciencia de las costumbres, o vademcum de la felicidad,
escribir K. Fr. Bahrdt
6
, y en estas palabras se consumar toda una revolucin.
Las pasiones son un hecho natural, luego sera un error querer suprimirlas; un
error y una imposibilidad... Las pasiones son como la savia de las plantas: nos
hacen vivir; son necesarias para la vida de nuestra alma, como los apetitos son
indispensables para la vida de nuestro cuerpo; negaremos el hambre y la sed? Las
pasiones son tiles, y para probarlo se repeta una metfora que se legaba de libro
en libro, aadiendo cada autor algunas variaciones al tema: as como los pilotos
temen las calmas chichas y llaman a los vientos que impulsan su barco, aunque
estos vientos hubiesen de producir a veces tempestades, del mismo, modo las
pasiones nos animan, nos exponen a sumergirnos si no tenemos cuidado; pero sin
ellas no podramos navegar. La moral, que dirige las pasiones, ser el timn, el
comps y la carta que permitirn al hombre seguir la ruta que la naturaleza le
indica hacia la felicidad. Ms an, el placer mismo debe ser rehabilitado. Es un don
que el Ser supremo ha hecho a sus criaturas; en el orden de las sensaciones, es la
que
3
Diderot, Supplment ou voyage de Bougainville, 1772.
4
Encyclopdie, artculo Letbnizianismo,
5
Diderot, Apologie de l'Abb de Prades, uvres, I, p. 470,
6
Karl Fiedrch Bahrdt, Handbuch der Moral fr den Brgerstand, Halle, 1790, p. 81.


148
Segunda parte. La ciudad de los hombres
buscamos espontneamente, la que nos indica los bienes que debemos desear y los
males que debemos rehuir; bajo su forma ms viva, la voluptuosidad, est ligada a
la reproduccin de nuestra especie; de suerte que est lejos de ser incompatible
con la filosofa. Yo soy, dice Voltaire, yo soy un filsofo muy voluptuoso.
Por otra parte, la naturaleza, que es razn, ha establecido entre todas las
cosas creadas relaciones racionales. El bien es la conciencia de esas relaciones, la
obediencia lgica a esas relaciones; el mal es la ignorancia de esas relaciones, la
desobediencia a esas relaciones; en el fondo, el crimen es siempre un juicio falso.
Los lgicos no vacilan en sacar de este principio consecuencias extremas; si un
hombre roba un caballo es que ha cometido un error acerca de ese caballo, por no
haber comprendido que el caballo era propiedad de otro hombre. Le bastaba
comprender mejor para no robar.
La razn es la gran ley del mundo; el Ser supremo mismo est sometido a la
Verdad, que, en el orden terico, es el fundamento de la moralidad; de suerte que
esta ltima no viene de l, sino de una potencia que est por encima de l, de la
Razn eterna. No es menester, para concebir el ejercicio de un poder infinito, que
haya posibles independientes de ese poder? No es menester, para concebir la
manifestacin de una voluntad divina, que haya voluntades independientes de esa
voluntad? De otro modo, la voluntad divina se habra creado a s misma, lo que es
imposible de suponer. De igual modo, si no hubiese una moralidad independiente
de la divinidad, no podra haber atributos morales de esa divinidad.
Naturaleza emprica o naturaleza racional; la moral deba ser natural, o no
ser.
Las consecuencias de estos principios irn divergiendo. Pero si queremos
sealar aqu las voluntades comunes, encontramos que al menos dos datos fueron
admitidos como ciertos por la mayor parte de los moralistas de la poca.
El primero: legitimidad del amor propio. No hay amor desinteresado. Esa
fuerte afeccin que la pura naturaleza nos inspira hacia nosotros mismos nos dicta
nuestros deberes para con nuestro cuerpo y para con nuestra alma
7
. El amor al
bienestar ms fuerte que el de la existencia misma, debera ser a la moral lo que la
7
Toussaint, Les Moeurs, 1748, I, I.


IV. La moral
149
gravedad es a la mecnica
8
. O, para decirlo ms prosaicamente, como Madame
dEpinay al abate Galiani, en una carta del 29 de septiembre de 1769: La primera
ley es tener cuidado de s mismo, no es cierto?
Tal es el hecho de observacin, innegable; ofrece adems la ventaja de estar al
alcance de todo el mundo. Ni el cristianismo ni la filosofa han trado la virtud
sobre la tierra; sin duda porque se han engaado sobre los motivos que invocaban
para recomendar la virtud. Para recomenzar la tarea hay que invocar cerca del
vulgo un principio ms general y ms sencillo que el amor divino, que el amor de
la pura sabidura: ser el amor propio
9
.
Entendmonos bien: no se tratara de un desencadenamiento del egosmo sin
freno. La razn debe dirigir la complacencia que nos lleva a perseguir nuestro
inters; elige, muestra que nuestra felicidad no es ni la de los brutos, de los que
nos separamos por nuestros atributos superiores, ni la de los ngeles, inaccesible;
distingue entre la calidad de los placeres, los jerarquiza, segn una ley de
moderacin aconseja abandonarlos tan pronto como amenazan convertirse en
tirana; en una palabra: permanece dominante. Qu es el vicio y qu es la
virtud? El vicio, pienso yo, no es otra cosa que el exceso, el abuso, la mala
aplicacin de los apetitos, de los deseos, de las pasiones, que son naturales e
inocentes, incluso tiles y necesarios. La virtud consiste en la moderacin y el
gobierno, en el uso y la aplicacin de esos apetitos, de esos deseos, de esas
pasiones, de acuerdo con las normas de la razn, y, por tanto, en oposicin
frecuente a sus impulsos ciegos
10
.
En este punto aparece la segunda afirmacin, que marca el lmite de la
primera; la busca de nuestro inters no debe perjudicar al inters del prjimo, y
tampoco hay felicidad individual sin felicidad colectiva.
El Sabio.
Cules son, en vuestra opinin, los deberes del hombre?
El Proslito.
Hacerse feliz. De ah deriva la necesidad de contribuir a la felicidad de los
dems o, en otros trminos, de ser virtuoso
11

8
II Caff, semestre primo: La fortuna dei libri.
9
Federico II, Essai sur l'amour-propre envisag comme principe de morale, 1770.
10
Bolingbroke, Letters on the Study and Use of History, 1752, carta III.
11
Diderot, Introduccin aux grands principes. uvres, tomo II, p. 85.


150
Segunda parte. La ciudad de los hombres
Virtud, igual a sociabilidad. El barn de Holbach ha definido esta sociabilidad
virtuosa: La sociabilidad es en el hombre un sentimiento natural, robustecido por
la costumbre y cultivado por la razn. La naturaleza, al hacer al hombre sensible,
le inspir el amor al placer y el temor al dolor. La sociedad es obra de la naturaleza,
puesto que es la naturaleza la que pone al hombre en la sociedad... El hombre es
sociable porque ama el bienestar y se complace en un estado de seguridad. Estos
sentimientos son naturales; es decir, manan de la esencia o naturaleza de un ente
que trata de conservarse, que se ama a s mismo, que quiere hacer dichosa su
existencia y que echa mano con ardor a los medios de conseguirlo. Todo prueba al
hombre que la vida social es ventajosa para l; el hbito lo apega a ella, y se siente
desgraciado en cuanto est privado de la existencia de sus semejantes. Este es el
verdadero principio de la sociabilidad
12
. Pero es acaso dAlembert el que ha
sealado mejor la conexin, cuando dijo, en el captulo IV de sus lments de
philosophie: La moral es quiz la ms completa de todas las ciencias, en cuanto a
las verdades, que son sus principios, y en cuanto: al encadenamiento de esas verda-
des. Todo est fundado en ella en una sola verdad de hecho, pero indiscutible, sobre
la necesidad mutua que los hombres tienen unos de otros y sobre los deberes
recprocos que esa necesidad les impone. Supuesta esta verdad, todas las normas
de la moral derivan de ella por un encadenamiento necesario... Todas estas
cuestiones que se refieren a la moral tienen en nuestro propio corazn una solucin
siempre dispuesta, que las pasiones nos impiden algunas veces seguir, pero no
destruyen nunca; y la solucin de todas las cuestiones converge siempre por ms o
menos ramas en un tronco comn, en nuestro inters bien entendido, principio de
todas las obligaciones morales.
El inters del individuo y el inters del grupo no se oponen, pues, nunca?
Nunca. En apariencia, el segundo parece exigir renuncias, abandonos, sacrificios;
pero stos redundan siempre en provecho de quien los consiente. El egosmo
integral se castigara a s mismo aislndose. La reciprocidad es absoluta: al
trabajar para el prjimo se trabaja para s mismo; la obligacin de cada uno es la de
todos.
Pero los viajes y la historia, no refieren extraas variaciones de la moral segn
los suelos, segn el cielo? Se encontraban en el fin del mundo salvajes que se
coman a los ancianos de la tribu; los lacedemonios honraban el robo, por el cual se
condenaba a
12
Holbach, De la politique naturelle, 1772, discurso I: De la sociabilidad.


IV. La moral
151
las minas entre los atenienses; estaba prohibido a un hombre casarse con su
hermana en la antigua Roma, pero era permitido casarse con la hermana de su
padre, entre los egipcios... A lo cual se responda que se variaba, en efecto, en la
interpretacin de ciertos valores, pero no acerca de la idea de lo lcito y lo
prohibido. Prevalecan algunos casos aislados contra la ley del inters general,
presente a todas las mentes, inscrita en todos los corazones?
B.Qu es la ley natural?
A. El instinto que nos hace sentir la justicia.
B, Qu llamis justo e injusto?
K.Lo que parece as al universo entero
13
.
De suerte que tambin aqu, y no sin algn esfuerzo, la universalidad de
hecho se una a la universalidad de razn. En suma; la moral se organizaba como
una ciencia experimental, como una psicologa natural. Desde este momento,
todo resultaba sencillo y claro. No haba ms que seguir algunas frmulas
elementales: no hagas a otro lo que