Estudio Geológico del Pirineo Vasco
Estudio Geológico del Pirineo Vasco
MUNIBE
Sociedad de Ciencias ARANZADI
San Sebastin
Ao 31 - Nmero 1-2 1979 - Pginas 3-139
PROLOGO Los Pirineos Vascos, como parte integrante de la Cadena Pirenaica, estn formados por un conjunto de macizos hercnicos que, junto con su cobertera mesozoica, constituyen la terminacin occidental del conjunto montaoso que se extiende desde el Golfo de Len hasta el de Vizcaya. El rasgo ms caracterstico de los Pirineos Vascos es su disposicin, adoptando una forma arqueada, cncava hacia el N, desde el Pico de Aneto hasta la ra del Bilbao; es el Arco Vasco de P. RAT y P. FEUILLE. La rama oriental de ese arco est formada por los macizos paleozoicos (Labourd, Aldudes-Quinto Real, Cinco Villas y Larrun-Aya) y su revestimiento mesozoico. Su mitad occidental est constituida por series mesozoicas y terciarias que presentan una estructura plegada, en la que se puede adivinar una adaptacin al sustrato paleozoico. El presente trabajo constituye un estudio geolgico regional de una parte de los macizos pirenaicos vascos y de la cobertera bajo la que se soterran hacia el oeste. Hemos abordado problemas de variada ndole debido sobre todo a la diversidad de materiales que afloran en la regin, entre los que se pueden encontrar tanto rocas gneas como sedimentarias e, incluso, otras que han estado sometidas a la accin de procesos metamrficos. Adems, algunos de estos materiales han sufrido los esfuerzos de dos orogenias superpuestas, la hercnica y la alpdica, en cada una de las cuales se han producido una serie de estructuras que hemos tenido que estudiar.
* Departamento de Geotectnica. Universidad de Granada.
Desde el punto de vista estratigrfico, hemos obtenido nuevas precisiones sobre el conocimiento de las series mesozoicas que permiten un mejor conocimiento de la evolucin paleogeogrfica de la regin. Respecto a los materiales paleozoicos, su complicada estructura y la ausencia de niveles gua caractersticos impiden un estudio estratigrfico detallado. No obstante, hemos efectuado en ellos estudios sedimentolgicos y, sobre todo, puesto de manifiesto la existencia de un metamorfismo de bajo grado (anquimetamorfismo). Hemos estudiado tambin el stock grantico de Peas de Haya que encaja en trminos del Carbonfero, y su aureola de metamorfismo de contacto, llegando a algunas conclusiones relativas a su petrognesis y a las condiciones y momento de emplazamiento. Los materiales paleozoicos han sufrido varias fases de deformacin durante el ciclo hercnico y ha constituido tarea primordial el diferenciar las respectivas estructuras y asignarles una cronologa relativa. En cuanto a la tectnica alpdica nuestro mayor empeo ha consistido en establecer las relaciones entre zcalo y cobertera y analizar la huella dejada por los procesos de deformacin en cada uno de esos dos pisos tectnicos. Resalta, desde luego, el importante papel del Tras superior como nivel de despegue responsable de la disarmona existente entre las series mesozoicas y su basamento, amn de su intervencin en fenmenos halocinticos y diapricos. En fin, hemos intentado establecer la configuracin de esta regin como segmento de la cadena pirenaica y encuadrar su evolucin estructural en el amplio marco del proceso de apertura del Golfo de Vizcaya.
JUAN CAMPOS
Como aportacin destacada conviene citar la elaboracin de un mapa geolgico, en su mayor parte ya publicado a escala 1:50.000, dentro de la coleccin del Mapa Geolgico de Espaa, I.G.M.E. (Hojas n. 40, 41, 64, 65). Es difcil recordar en una pocas lneas a todas aquellas personas y entidades que han contribuido directamente o indirectamente a la ejecucin de este trabajo. En primer lugar queremos desde aqu expresar nuestro ms sincero agradecimiento al Prof. Dr. GARCIA-DUEAS, director material de este trabajo, a quien debemos no slo gran parte de nuestra formacin geolgica, sino tambin muchas de las ideas que en esta memoria exponemos. Vaya para l nuestro testimonio de respeto y gratitud por su ayuda. Agradecemos especialmente la colaboracin de M. A. LAMOLDA (Micropaleontologa) y P. RIVAS (Macropaleontologa) ; a ellos se deben la datacin de las faunas recogidas. Asimismo, agradecemos a los compaeros V. PUJALTE y M. C. COMAS sus estudios sedimentolgicos de muchas de nuestras muestras. Recordamos a J. CHACON por su gran ayuda durante nuestros estudios petrolgicos en rocas gneas y metamrficas; sus consejos y experiencia en esta especialidad nos han resultado muy valiosas. Gracias a F. NAVARRO-VILA y J. ELORZA, compaeros y amigos con los que he compartido algunas jornadas de campo en las cuales fueron discutidos algunos de los problemas planteados. Con J. GARCIA - MONDEJAR hemos con-
trastado puntos de vista que han sido de utilidad para algunos planteamientos estratigrficos y paleogeogrficos. Tambin los intercambios de opiniones y las observaciones de R. RAMON LLUCH han representado una gran ayuda para la interpretacin de datos concernientes a las estructuras formadas en relacin con las fases de deformacin hercnicas. Asimismo, queremos expresar nuestro ms sincero reconocimiento a todos los gelogos que trabajan para el Servicio Geolgico de la Diputacin Foral de Navarra por haber puesto a nuestra disposicin todo el material de que disponen. Entre ellos, agradecemos especialmente la ayuda prestada por L. VILLALOBOS, con quien hemos discutido, adems, numerosos problemas y visitado zonas adyacentes a la regin estudiada por nosotros, de gran inters para la ejecucin de este trabajo. Reconocemos tambin las facilidades dadas por la Delegacin de ICONA en Guipzcoa y el Excmo. Ayuntamiento de San Sebastin para circular libremente por zonas administradas por dichos organismos y normalmente cerradas al trfico de personas. Por ltimo, hemos de indicar que este trabajo se inici en 1970 gracias a la subvencin de una beca del Plan de Formacin del Personal Investigador otorgada por la Direccin General de Universidades e Investigacin, del Ministerio de Educacin y Ciencia. Se realiz ntegramente en el Departamento de Geotectnica de la Universidad de Bilbao; fue presentado y defendido por el autor en junio de 1976 para optar al grado de Doctor en Ciencias.
CAPITULO 1
LOCALIZACION Y ANTECEDENTES
El rea estudiada queda comprendida entre el mar Cantbrico y la frontera francesa, al norte, y una lnea que une las localidades de Tolosa (Guipzcoa) y Leiza (Navarra), al sur. Los lmites oriental y occidental estn marcados, respectivamente, por el ro Bidasoa y el meridiano de Zarauz (Guipzcoa), apro-
ximadamente. Est situada, pues, en la parte nororiental de la provincia de Guipzcoa y en el extremo NW de la de Navarra. Abarca la totalidad de las hojas nmeros 40 (Jaizkbel), 41 (Irn) y 64 (San Sebastian), la mitad occidental de la nmero 65 (Vera de Bidasoa) y, aproximadamente, el
tercio septentrional de la Hoja 89 (Tolosa). Todas ellas pertenecientes al M. T. N. a escala 1:50.000(1). La fig. 1 recoge los principales ncleos de poblacin y los accesos ms importantes. Como se puede apreciar en la fig. 2, el rea est situada en la zona de mxima curvatura del Arco Vasco (RAT, 1959: FEUILLE y RAT, 1971). Afloran materiales hercnicos, que forman parte de los macizos de Cinco Villas y Peas de Aya (Larrun-Aya), y otros mesozoicos y terciarios pertenecientes a la cobertera alpdica de estos. Existen, adems, estructuras pertenecientes a las dos ramas del Arco. Desde el punto de vista paleogeogrfico. los materiales mesozoicos y terciarios estudiados forman parte de la Cuenca Vasco-Can(1) Hemos hecho tambin algunas observaciones en la Hoja 90 (Sumbilla), pero no se han incluido en el mapa geolgico
tbrica, que se extendi desde los Pirineos hasta el Macizo Asturiano. Los primeros trabajos geolgicos en la regin de los Pirineos Vascos se remontan a finales del pasado siglo. Sin embargo, en un primer perodo, que abarca de 1880 a 1920, los autores que se ocupan de este tema (ADAN DE YARZA, AZPEITIA MOROS, STUART-MENEATH, entre otros) no hacen sino marcar las lneas generales, que ms tarde serviran como punto de partida para otras investigaciones. A partir de la dcada de 1920 y hasta 1956, P. LAMARE publica un gran nmero de trabajos, fruto de su investigacin en los Pirineos occidentales: en 1936 public una extensa obra titulada Recherches gologiques dans le Pyrnes basques dEspagne, que, an en la actualidad, sigue representando el trabajo bsico para los gelogos que se ocupan de esta zona del norte de la Pennsula
Fig. 2. Esquema geolgico de los Pirineos Vascos (segn CIRY et al. 1967)
Ibrica. P. LAMARE es autor de la primera cartografa detallada de la regin situada al este del ro Oria, de la que, sin tener en cuenta los errores de interpretacin, hay que resaltar la precisin de los contactos, a pesar de los pocos medios de que poda disponer en el tiempo de su ejecucin. P. LAMARE hace en su trabajo un estudio suficientemente preciso de la estratigrafa de las series posthercnicas y marca las subdivisiones que an hoy se aceptan en ellas. Pone un especial inters en la tectnica alpdica de la regin, sealando la influencia ejercida por el zcalo en la configuracin de las estructuras; indica que se pueden difenciar dos tipos de pliegues en la regin: pliegues de revestimiento (plis de revtement), en los que la cobertera se pliega adaptndose a su basamento: y pliegues de cobertera (plis de couverture) en los que aqulla se comporta independientemente del zcalo gracias a la existencia de un horizonte plstico, el Tras superior, que acta como nivel de despegue. P. RAT (1959) es autor de otro extenso trabajo de carcter regional, en el que trata la zona comprendida entre el ro Oria y el Macizo Asturiano. Aunque en el mismo (en el que se incluye una cartografa a escala 1:200.000) se abordan muchos problemas, presta especial atencin a la estratigrafa del Aptiense y Albiense, haciendo, sobre todo, un anlisis muy detallado de las condiciones de sedimentacin y caractersticas de las formaciones que l incluye dentro del llamado CompIejo Urgoniano. Tambin la escuela de F. LOTZE realiza desde 1931 numerosos trabajos por toda esta regin del norte de Espaa, tratando problemas tanto estratigrficos como tectnicos. Como resultado de todos estos trabajos publica en 1958 un mapa geolgico a escala 1:200.000 que abarca la zona comprendida entre, aproximadamente, Pamplona y Laredo (Santander). Desde un punto de vista estratigrfico y paleogeogrfico son dignos de mencin los trabajos de P. FEUILLE (1967) y J. RAMIREZ DEL POZO (1971 a). El primero de esos autores se ocupa sobre todo de la base del Cretcico superior y de los problemas paleogeogrficos que plantea en toda la cuenca. J. RA-
MlREZ DEL POZO, por su parte, revisa la estratigrafa y estudia las microfacies del Jursico y Cretcico de toda la zona vasco-cantbrica, aportando algunas conclusiones de orden paleogeogrfico. La cartografa ms moderna de que disponamos fue publicada por el IGME en el ao 1971. Se trata de un mapa de la provincia de Guipzcoa a escala 1:50.000 que, si bien presenta algunas modificaciones positivas respecto a las anteriores existentes, no est exento, sin embargo, de algunos errores que creemos se han corregido en el confeccionado por nosotros. Todos los trabajos que acabamos de citar se ocupan sobre todo de problemas estratigrficos o tectnicos relacionados especialmente con el ciclo alpdico. Los estudios de los materiales paleozoicos, y de la estructura, de los macizos hercnicos comienzan a realizarse con detenimiento en pocas relativamente recientes. Las primeras referencias que tenemos datan de 1963, siendo su autor D. RICHTER, quien reconoce la existencia de varios sistemas de pliegues superpuestos en los materiales del Carbonfero, algunos de cuyos pliegues pueden ser de edad alpdica. Posteriormente los gelogos alemanes de la Universidad de Clausthal (MOHR, PILGER, REQUADT, entre otros) se ocupan del estudio estratigrfico y tectnico de las series del Macizo de Aldudes y de la zona oriental del de Cinco Villas, llegando a conclusiones muy interesantes. De entre todos hay que destacar el efectuado por H. REQUADT (1966) al este del ro Bidasoa, donde puso de manifiesto la existencia de corrimientos de edad hercnica y la posicin anormal del Devnico sobre el Carbonfero. Por su inters puramente estratigrfico hay que mencionar el trabajo de C. HEDDEBAUT (1973), quien se ocupa de las series antehercnicas de los macizos vascos. Por supuesto que los citados no son los nicos trabajos existentes, consultados por nosotros; existen muchos otros de menor extensin, o que se ocupan de problemas muy concretos, no dejando por ello de ser interesantes. Quedan recogidos en nuestra bibiografa y sern comentados y discutidos a lo largo de esta Memoria.
JUAN CAMPOS
CAPITULO 2
ESTRATIGRAFIA En la regin estudiada se pueden distinguir dos conjuntos diferentes, desde un punto de vista estratigrfico. En la parte ms oriental, afloran en una vasta extensin, materiales del Paleozoico, que han sido intensamente plegados durante la orogenia herciniana; sobre ellos yacen en discordancia otros del Mesozoico y Terciario, que han sido depositados durante el ciclo sedimentario alpino y plegados en el Palegeno. En consecuencia, se podran separar los materiales, agrupndolos segn su pertenencia al zcalo o a la cobertera. Sin embargo, ambos trminos sern aplicados aqu con un sentido algo restringido, ya que las diferencias entre sus estilos estructurales, para las deformaciones alpinas, estn muy influidas por los frecuentes despegues a favor del Tras superior, plstico y mvil; en lo que toca al comportamiento mecnico diferencial, la disarmona entre zcalo y cobertura no es rigurosa. De hecho, habra que incluir como zcalo, materiales tales como el Tras inferior, netamente discordantes sobre el Paleozoico, puesto que son solidarios con l en la mayora de las estructuras alpinas. Hemos hecho la descripcin de los materiales segn hayan estado o no implicados en el ciclo hercnico. Otras subdivisiones se basan en las caractersticas paleogeogrficas de la cuenca sedimentaria en la cual se depositaron. 2.1. MATERIALES PALEOZOICOS Slo se han podido diferenciar dos sucesiones litoestratigrficas. La sucesin ms baja est representada por unas calizas marmreas, calizas de Aranaz, que afloran en el ncleo de una estructura antiforme. Sobre ellas se sita una sucesin muy montona, desprovista de fsiles caractersticos, con una estructura compleja por la superposicin de varias fases de plegamiento. Es la sucesin esquistosa de Cinco Villas, que en conjunto posee una litologa representada por la alternancia de lutitas y areniscas grauwquicas esquistosas, con algunas intercalaciones de calizas y conglomerados, que, en la medida de lo posible, se diferencian en cartografa. A pesar de la ausencia de restos fsiles en las dos sucesiones, parece razonable pensar que representen a un Paleozoico alto, posiblemente Carbonfero, sin que haya que desechar la posibilidad de que tambin est incluido el Devnico terminal. Este punto ser tratado ms adelante. La asignacin de edad para estos materiales se funda en nuestras observaciones y en los datos bibliogrficos; visitas efectuadas a sectores prximos, aunque fuera de nuestra regin, nos han permitido reconocer afloramientos de materiales silricos y devnicos. El Silrico, segn P. LAMARE (1936), es de existencia incierta y los autores ms antiguos que l, lo citan sin que concuerden sus observaciones. Al este del ro Bidasoa, en el Valle del Baztn, ha sido citado por D. JUCH y D. SCHAFER (1971), en un afloramiento que hemos visitado; se trata de unos esquistos ms francamente metamrficos, que constituyen un klippe, situados en el alto de Anzbal, un kilmetro al NE de Maya del Baztn. Si la atribucin de estos autores es cierta, se puede asegurar que no hay Silrico al oeste del ro Bidasoa ya que no se han encontrado aqu dichos esquistos. El Devnico est bien desarrollado en la parte ms oriental del Macizo de Cinco Villas y representado por litologas que tampoco son idnticas a las que han aparecido en la zona objeto de este estudio. Sus series son rela-
El Paleozoico que aflora al oeste del ro Bidasoa constituye la parte ms occidental de los macizos de Cinco Villas y Peas de Aya. Se presenta en este rea muy incompleto y de l slo estn representados los trminos ms altos. Debido a la cubierta vegetal existente, prcticamente continua, las condiciones de observacin son difciles, y esto, unido a la ausencia de fsiles y a la propia litologa, muy uniforme en su conjunto, han hecho imposible la configuracin de un mapa con todo el detalle deseado.
tivamente heterogneas, aunque algunas veces contienen pizarras similares a las que nosotros hemos considerado como carbonferas. Ha sido estudiado con mucho detalle por H. REQUADT (1966, 1972) al norte de OronozMugaire, en el seoro de Bertiz; en este afloramiento el Devnico, muy fosilfero, yace anormalmente sobre materiales del Carbonfero. El Estefaniense no est representado en nuestra rea. En la regin slo ha sido citado en la zona de Ibantelly, y all es discordante sobre el Carbonfero plegado en la orogenia hercnica. Pertenecen al Estefaniense unas pizarras negras, oscuras, con intercalaciones carbonosas, que en algunos momentos han sido explotadas, alternantes con areniscas (15 m); sobre ellas se sitan unas cuarcitas verdosas o amarillentas. La potencia total es de ms de 25 metros. Este tramo fue datado con flora por R. ZEILLER (1885) y recientemente se han efectuado nuevos hallazgos que han confirmado dicha edad (in CAMPOS, GARCIA - DUEAS, SOLE y VILLALOBOS, 1975). El Prmico tampoco ha sido encontrado. Segn los datos bibliogrficos, los materiales atribuibles a ese perodo no son fosilferos y litolgicamente son muy similares a los considerados como Tras inferior; se diferencian de ellos, nicamente, por las caractersticas de los conglomerados intercalados que, en el caso del Prmico, son ms inmaduros, con restos de calizas y otras rocas entre sus cantos. En nuestro sector, los conglomerados intercalados en la parte baja de las areniscas rojas son siempre de cantos cuarcticos. 2.1.1. Las calizas de Aranaz Como ya ha sido sealado, afloran en los ncleos de dos estructuras antiformes, alargadas en direccin NNE, entre Lesaka y Aranaz. En trminos de campo se pueden describir como calizas grises, muy recristalizadas; casi se podra decir que son calizas marmreas. Contienen pequeos cristales de pirita y son ftidas. En la parte baja son masivas y ms puras, formadas por cristales de calcita visibles, incluso sin lupa; hacia arriba la estratificacin se hace ms manifiesta, y se presentan en bancos de hasta medio metro de
espesor. En la parte alta, entre los niveles terminales, se intercalan delgados niveles detrticos que les confieren un aspecto bandeado muy caracterstico. El lmite superior de las calizas no es neto. El paso a la serie esquistosa que se les superpone, se hace gradualmente; comienza por los niveles bandeados anteriormente citados y contina por una alternancia de calcosquistos, en niveles delgados, y lutitas esquistosas; cada vez son ms frecuentes estas ltimas, hasta pasar a la sucesin francamente esquistosa superior. Al microscopio, los trminos ms calizos, que a la vez son los ms bajos en la sucesin, se presentan como un mosaico de cristales de calcita, con tamao que oscila entre 0,1 y 0,8 mm, mostrando maclas polisintticas. Contienen abundante materia carbonosa y se advierte en ellas la presencia de granos dispersos de cuarzo, muy redondeados y de tamao correspondiente a limo, que representan aproximadamente al 1% de la roca. Los niveles prximos al techo manifiestan, en lmina delgada, un mayor contenido en cuarzo (hasta un 5%) y la recristalizacin es menor; los cristales de calcita tienen un tamao que oscila entre 0,02 y 0,2 mm. La potencia de las calizas de Aranaz no se puede calcular, con las observaciones efectuadas en el campo, por cuanto no aflora el muro, pero se sabe (J. DEL VALLE, com. pers.) que, en un sondeo efectuado en las proximidades de Lesaka, se encontr la base de la formacin unos 100 m. por debajo de la superficie: por ello se puede afirmar que la potencia mxima estimada no excede de los 300 m. La ausencia de fauna, nos impide datar con seguridad las calizas de Aranaz. Los diferentes autores que, con anterioridad, han trabajado en la regin, han hecho intentos de datacin, sin llegar a conclusiones definitivas en este sentido. Se les ha atribuido diferentes edades, segn los autores, que oscilan entre el Silrico y el Carbonfero. As, en 1953, en la segunda edicin de la Hoja n. 238, de St. Jean-Pied du Port (Carte gologique, 1:80.000; France), confeccionada en su mayor parte por P. LAMARE, se les atribuye una edad Devnico indiferenciado.
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Aos ms tarde, en 1964, se publicaba la Hoja de Espelette, a escala 1:50.000 (Carte gologique de la France), a partir de datos de J. P. DESTOMBES y P. LAMARE; en este case se les atribua una edad Devnico inferior, sin que esta se justifique en la Memoria de dicha hoja. En 1973, C. HEDDEBAUT, en su tesis doctoral, describe un corte de estas calizas, en la zona de Aranaz y, ante la total ausencia de restos faunsticos, trata de compararlos con otras series datadas en reas ms orientales, estudiadas tambin por l. Cree que se podran asimilar, por su posicin estratigrfica, con unas calizas que, en el macizo de Mendibelza, son de edad Namuriense y que si litolgicamente no son idnticas a las de Yanci y Aranaz, tambin pasan a los esquistos superiores de una forma gradual, por medio de alternancias de calizas y esquistos azulados. Apoya su hiptesis en que, en el ncleo del anticlinal que forman las calizas, ha encontrado, intercalados entre ellas, unos niveles de roca silcea, de grano muy fino, que podran representar la base de esta formacin. Segn C. HEDDEBAUT, la roca silcea correspondera con el nivel de liditas que en otras reas de la regin se encuentra en la base del Carbonfero, por lo que asimila las calizas de Aranaz al Namuriense. La literatura existente sobre la estratigrafa del Carbonfero en otras zonas ms orientales del Pirineo (MIROUSE, 1966, WATERLOT, 1969) permite comprobar como hecho constante el que la base del Carbonfero est marcada por niveles de liditas, a las que se superponen calizas de potencia y caractersticas litolgicas variables, atribuidas al Viseense; en algunos casos llegan a faltar los niveles carbonatados. Como conclusin, se puede admitir, a pesar de la ausencia de fauna, de acuerdo con lo comprobado en otras reas, que las calizas de Aranaz representan un Carbonfero bajo, sin que podamos afirmar si incluyen o no el Namuriense. Ni siquiera podemos descartar el que contengan trminos de Devnico superior. 2.1.2. La sucesin esquistosa de Cinco Villas Las calizas pasan hacia arriba, gradualmente, a una sucesin eminentemente detrti-
ca, en la que alternan, de forma irregular, niveles de lutitas esquistosas y areniscas laminadas, con espaciadas intercalaciones de conglomerados y calizas de poca continuidad lateral; las lutitas constituyen la litologa dominante. El color de los materiales es oscuro, de gris a negro, y son frecuentes las estructuras de esquistosidad en los trminos de grano ms fino. La potencia total es difcilmente calculable. De una parte las observaciones suelen ser aisladas, dadas las condiciones de afloramiento, y de otra la falta de niveles gua y la propia estructura interna de los materiales impiden una correcta valoracin. Sin embargo, teniendo en cuenta la extensin ocupada por los esquistos de Cinco Villas, fcilmente se puede suponer que nos encontramos ante una potente sucesin que debe sobrepasar los 2.000 metros de espesor. La asociacin litolgica de la sucesin est integrada por: areniscas de colores grises (amarillentos por alteracin); pizarras limosas micceas, carbonosas, de colores grises oscuros y negros; paraconglomerados cuarzosos; calizas oscuras. La totalidad de la sucesin, en gran parte constituida por secuencias de tipo turbidtico, induce a considerarla como una asociacin de grauwaca, relacionada con una sedimentacin geosinclinal, en rgimen de hundimiento rpido y considerable acumulacin. Se puede suponer, pues, que nos encontramos ante una formacin flyschoide, representativa de la facies Culm, del Paleozoico alto. Salvo el graded bedding, no se han encontrado las estructuras sedimentarias propias de cualquier formacin de este tipo. En un afloramiento situado unos dos km. al NE del monte Aldudecogaa, cerca del borde NW del Paleozoico de Cinco Villas, se han visto slump y pliegues penicontemporneos de la sedimentacin, as como brechas intraformacionales asociadas. Las rocas de la sucesin de Cinco Villas presentan comnmente dos esquistosidades. segn las cuales se orientan y recrecen algunos minerales; con ellos coexisten algunos otros desorientados y superpuestos a la esquistosidad. El examen microscpico pone de manifiesto que estas rocas han estado some-
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tidas a procesos metamrficos, aunque el grado de metamorfismo alcanzado es dbil y se conservan, en parte, los caracteres de la primitiva roca sedimentaria; por esto, describiremos a continuacin los materiales como si fueran sedimentarios, dejando para ms adelante la consideracin del metamorfismo que los afecta. LUTITAS PIZARROSAS Es sta la litologa predominante en la sucesin; se trata de rocas terrgenas de grano fino, tamao limo-arcilla, consolidadas en limolitas y argilitas, que muestran normalmente las dos esquistosidades; presentan colores grises, amarillentos y verdosos, a veces negros, y laminaciones claras, marcadas por diferente contenido en cuarzo y materia carbonosa y miccea. Al microscopio, se pueden diferenciar, entre estas lutitas, tipos que oscilan entre lutitas cuarzosas (silt-shale) y lutitas micceas (silt-shale, mud-shale, clay-shale), en las cuales la relacin fraccin limosa/fraccin arcillosas suelen ocilar entre 1 y 1/3. La fraccin limosa, con tamao entre limo medio a grueso (0,03-0,05 mm.), suele estar predominantemente formada por cuarzo que, en general, est deformado y alargado en el sentido de la esquistosidad ms penetrativa. Adems de cuarzo, no es raro encontrar en la fraccin limosa feldespato (plagioclasa) y, sobre todo, minerales micceos (mica blanca y clorita); menos abundantes son turmalina (a veces neoformada), zircn y alguna mena opaca. No es raro hallar granos dispersos de cuarcita, con un tamao de hasta 1 mm. La fraccin arcillosa est formada sobre todo por arcilla, mica blanca detrtica y de neoformacin, clorita y gran cantidad de xido de hierro y materia carboncea. Todos los componentes finos estn fuertemente orientados segn la esquistosidad. ARENISCAS Se presentan como intercalaciones irregularmente repartidas entre los niveles lutticos; unas veces son escasas y en otras ocasiones la abundancia de niveles areniscosos es mayor. Las areniscas estn bien estratificadas,
en lechos que raramente sobrepasan los 50 cm. de espesor; son de colores grises, claros generalmente, y, en detalle, los lechos dejan ver una alternancia de delgados niveles claros y oscuros, con un espesor del orden del milmetro; el cambio de tonalidad corresponde a composiciones, respectivamente, ms cuarzosas o micceas. En general, las areniscas tienen menos contenido en matriz que una grauwacka promedio; la litologa habitual corresponde a subgrauwacas. La trama, que suele representar entre el 70 y el 80% de la roca, est constituida esencialmente por cuarzo (aproximadamente en un 90%), con cantidades adicionales de feldespatos, en especial plagioclasa, y fragmentos rocosos, que suelen ser de pizarra y cuarcita. Los elementos de la trama son angulosos o subredondeados y estn deformados y alargados en el sentido de la esquistosidad ms patente (Lminas I a IV). Los tamaos de estos componentes corresponden a arena fina a media, oscilando entre 0,06-0,7 mm. La matriz es luttica y est formada por cuarzo, de tamao limo, y minerales micceos y arcillosos, entre los que predominan las micas blancas y la clorita. Suelen contener, de forma diseminada, considerables cantidades de materia carboncea y xidos de hierro. El cemento es escaso o no existe, pero, cuando lo hay, est formado por cuarzo de neoformacin. No son raros los minerales pesados, sobre todo turmalina y zircn, y son frecuentes las menas metlicas, en especial xidos de hierro. CONGLOMERADOS En muchos puntos del macizo de Cinco Villas, afloran paquetes de brechas y conglomerados que tienen, todos ellos, poca continuidad lateral y un espesor que suele oscilar alrededor de los diez metros. En cada uno de estos paquetes se observa una estratificacin grosera, con bancos de ms de dos metros de potencia, separados por delgados niveles de areniscas micceas. Es difcil precisar el nmero de niveles conglomerticos intercalados entre la serie esquistosa; sin embargo, existen intercalaciones a distintas alturas dentro de la suce-
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sin, ya que han aparecido tanto cerca de los que se suponen trminos basales, como en la parte estratigrficamente ms alta de la misma. Los conglomerados estn formados por cantos, que aparecen deformados y alargados en el sentido de la esquistosidad: unos estn bien redondeados, mientras que otros son angulosos, pero con tamaos que oscilan entre los 3 mm. y un centmetro. Generalmente los cantos son de cuarzo lechoso, lo que confiere un color ms claro y hace, junto a las propias caractersticas litolgicas, que resalten en medio de la monotona de los esquistos entre los que se encuentran. Se pueden ver tambin, entre los cantos, cuarcitas blancas, liditas y esquistos, semejantes a los que se han descrito antes, por lo que supone que estos conglomerados y brechas se han nutrido, al menos en parte, de los propios materiales carbonferos. Son conglomerados polimcticos, mal clasificados: se trata de ruditas bimodales, con la moda principal en la clase rudita (y arena gruesa) y la secundaria en arena fina o limo. La trama en unas zonas est intacta y en otras rota; los cantos de cuarzo presentan halos de presin y, en algunos casos, los bordes del canto, correspondientes a la menor dimensin, aparecen triturados, y llegan a formarse texturas en mortero. La trama es litolgicamente heterognea, con cantos de cuarzo, metacuarcita, ortocuarcita, chert (liditas), limolita cuarzosa y esquistos La matriz, que representa el 10-15%, est constituida por mica blanca, cuarzo, feldespato, xidos de hierro, materia carboncea, turmalina y zircn. El cemento es muy escaso y est formado exclusivamente por cuarzo secundario. Los cantos de mayor tamao son los ms redondeados y entre los granos de tamao arena gruesa existen muchos con acusada angulosidad, aunque stos, en su mayor parte, proceden de la fragmentacin tectnica de los calibres mayores. CALIZAS Entre la sucesin esquistosa de Cinco Villas, y sin guardar relacin con las calizas de Aranaz, se intercalan, a diferentes alturas, paquetes de calizas: casi siempre tienen un es-
pesor reducido: no suelen superar los 50 m. de potencia, aunque frecuentemente son mucho ms delgados, no pudiendo ser siquiera representadas en cartografa, en la mayor parte de los casos. El mayor afloramiento de estas calizas aparece al sur de Articutza; all se han podido representar hasta siete niveles de poca continuidad lateral, el ms potente de los cuales es el ms meridional. Estas calizas son de color gris azulado, bien estratificadas en lechos de unos 20 cm. de espesor. Estn muy recristalizadas y sus contactos con los esquistos no son netos, sino que se cambia gradualmente de litologa; en los lmites de cada barra caliza, aparecen calizas arenosas y, ms lejos, intercalaciones lutticas, progresivamente abundantes a medida que desaparecen los estratos calizos. En los niveles de calizas arenosas, son frecuentes las estructuras sinsedimentarias, como slump y brechas intraformacionales, as como laminaciones paralelas, debidas a la diferencia de contenido en material detrtico dentro de un mismo lecho: en algn caso se han observado tambin laminaciones cruzadas. Al microscopio, las calizas muestran un entramado de cristales bien desarrollados de esparita, con bordes suturados, que tienen un dimetro que oscila entre los 0,02 y los 0,2 mm.; entre los cristales de esparita, hay dispersos granos redondeados de cuarzo de 0,02 mm. de dimetro, que representan el 5% de la roca. Corresponderan a calizas medianamente recristalizadas. EDAD DE LA SUCESION ESQUISTOSA DE CINCO VILLAS Tampoco en estos materiales se han encontrado fsiles que permitan la datacin; tan slo ha sido posible recoger algunos restos de flora, mal conservados. P. LAMARE (1936, p. 94) seala la existencia de lentejones de calizas diseminadas, de tono azul oscuro o negro, con aspecto marmreo una vez pulidas; l atribuye estos niveles as como parte de la serie detrtica que los contiene, al Dinantiense (1).
(1) En la Hoja n. 238 (St. Jean-Pied du Port), 2. edicin de la Carte Gologique de la France, 1:80.000 (1953) los sectores en los que afloran intercalaciones calizas aparecen comprendidos en el Devnico.
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Advierte tambin P. LAMARE que la sucesin debe ser en su totalidad anterior al Estefaniense, datado por R. ZEILLER (1885) en unos esquistos carbonosos discordantes, situados en el monte Ibantelly (Francia). Por nuestra parte y teniendo en cuenta las hiptesis de C. HEDDEBAUT (1973), hemos admitido que las calizas de Aranaz pueden corresponder al Carbonfero bajo (Viseense o Namuriense). Si esto se verifica, la sucesin de Cinco Villas representar un Westfaniense, ya que se encuentra superpuesta a las calizas de Aranaz y soporta al Estefaniense discordante del monte Ibantelly. 2.2. MATERIALES MESOZOICOS La cobertera, que fosiliza al Carbonfero plegado, se inicia con materiales trisicos; la ausencia de trminos atribuibles al Prmico ha sido ya puesta de manifiesto. El Tras es azoico y de litologa relativamente uniforme, no slo dentro de este rea, sino tambin en toda la regin. La atribucin de los materiales a esta edad, se han hecho de acuerdo con los criterios admitidos por todos los autores que han trabajado en la regin, basndose en la similitud con series datadas en otros puntos de la Pennsula y de Europa occidental. Las series representativas del Jursico y Cretcico son variables, con frecuentes cambios de facies y de potencias, como corresponde a una zona de borde de cuenca. En sus secuencias se observan, en algunos cortes, hiatos importantes. Es a partir del Cenomaniense cuando la cuenca presenta mayor subsidencia, acumulndose sedimentos de carcter flyschoide con una potencia considerable y, en general, muy uniforme, con menores variaciones para toda la cuenca. El trnsito al Terciario se localiza en unos niveles que poseen una coloracin rosada muy tpica, con un espesor normalmente reducido; contienen microfaunas que datan el Maastrichtiense y el Daniense. 2.2.1. Caracteres generales del Mesozoico Uno de los rasgos ms caractersticos de la Cuenca Vasco-Cantbrica es la sucesin de perodos transgresivos y regresivos, que
se inician con el comienzo del Jursico y se prolongan hasta el Cretcico superior. En la parte nororiental de la provincia de Guipzcoa, las oscilaciones de la Cuenca se manifiestan con particular nfasis, dada la inmediata proximidad a macizos paleozoicos, que debieran quedar emergidos en diferentes pocas de los tiempos mesozoicos. Los cambios de facies y de espesores, y los hiatos, son un claro exponente de la posicin marginal en la cual se depositaron las formaciones de nuestra regin. El comienzo del Jursico coincide con la implantacin de un rgimen de sedimentacin marina, rgimen francamente manifiesto, durante el Las superior, por la acumulacin generalizada de sucesiones calcreo-arcillosas, con ammonites; la sedimentacin marina contina en el Dogger, con depsitos calizos, que marcan una cierta tendencia regresiva, ms acentuada en el Malm. En un momento no bien determinado del Jursico superior, se alcanza la emersin y aparecen los primeros sedimentos detrticos de facies continental o de ambiente marino restringido. As, mientras en la zona occidental de la Cuenca (provincia de Santander), los ltimos materiales jursicos marinos son de edad Calloviense, en la zona oriental las influencias marinas persisten durante el Malm, y dan lugar a series ms condensadas que en la periferia del Macizo Asturiano: en el E, los sedimentos se concentran en pequeas cubetas, hacia cuyos bordes los tramos se acuan, y en los umbrales, que las separan, la acumulacin es escasa o nula. La sedimentacin se prolonga con idnticas caractersticas durante una parte del Cretcico inferior, hasta llegar al Complejo Urgoniano (RAT, 1959). La transgresin urgoniana coincide de una manera aproximada con el comienzo del Aptiense, sin que ello signifique que la base del Complejo coincida con una isocrona. Aparentemente significa el comienzo de una etapa tranquila, en la que se instala un rgimen marino nertico, apto para la gnesis de formaciones recifales; P. FEUILLE y P. RAT (1971), sin embargo, precisan que los episodios detrticos, intercalados entre las facies propiamente urgonianas, deben estar relacionados con una prolongacin, en el tiempo, de
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los movimientos iniciados en el Jursico superior. Ellos piensan en movimientos verticales, que revivificaron los relieves perifricos, ms bien que en oscilaciones tectnicas. que afectaran al fondo del rea de acumulacin. Recientemente, J. GARCIA-MONDEJAR (com. pers.) ha podido constatar la existencia de algunas discordancias intraurgonianas. que, en la provincia de Santander, estn ligadas a inestabilidad tectnica del rea de sedimentacin; aunque un comportamiento semejante pudiera existir en Guipzcoa, nuestros datos actuales nos impiden por el momento extender a toda la Cuenca Vasco-Cantbrica, tales conclusiones. Las condiciones que se implantan con la transgresin aptiense reinan, con mayor o menor duracin segn las zonas, hasta en la primera mitad del Albiense. En el Albiense superior se intensifican los movimientos verticales, provocando la elevacion del rea fuente y una subsecuente y rpida acumulacin de potentes serie terrgenas; la cuenca deba estar compartimentada en bloques levantados y cubetas subsidentes, relativamente mviles, lo que origina espectaculares cambios de facies y de potencias. De esta manera se originaron los materiales que P. RAT (1959) reuni bajo el nombre genrico e impreciso de Complejo arenoso supraurgoniano. Estas formaciones superan en su cima el lmite inferior del Cretcico superior y los ltimos niveles contienen faunas caractersticas de la parte ms baja del Cenomaniense (FEUILLE, 1967). A partir de ahora la Cuenca entra en una nueva etapa de su historia sedimentaria, de manera que, a las formaciones ms groseramente detrticas del Complejo supraurgoniano, se superponen materiales, a veces flyschoides, depositados en un rgimen marino abierto, muy subsidente. 2.2.2. Formaciones del trisico Se distinguen tres formaciones fundamentales entre los materiales atribuibles a este perodo. De ellas, la formacin intermedia est muy irregularmente representada y, en la mayora de los casos, ausente: slo aflora en pequeos girones discontinuos, debajo de las arcillas abigarradas del Tras superior. Los materiales de la formacin basal del
Tras son litolgicamente similares a los del Prmico. Los autores que han trabajado en la regin as lo sealan tambin, y tradicionalmente se los ha separado por la naturaleza de los conglomerados que se encuentran intercalados; en el Prmico hay niveles de conglomerados polimicticos, de cantos menos redondeados, mientras que los del Tras tienen cantos cuarcticos, bien redondeados, generalmente. Al W del ro Bidasoa no hemos observado los niveles de conglomerados del Prmico y se atribuyen al Buntsandstein los materiales detrticos que fosilizan a las estructuras hercnicas. Es posible, sin embargo, que en algn punto est representado el Paleozoico terminal, aunque no puede asegurarse con certeza, ya que los primeros horizontes de conglomerados, que parecen marcar el comienzo de la sedimentacin trisica, no son continuos. Tales conglomerados aparecen como lentejones de poca potencia y escasa continuidad lateral, intercalados en la parte baja de una formacin que en conjunto es areniscosa; existen muchos cortes en los que los conglomerados estn ausentes en toda la sucesin estratigrfica. La formacin intermedia es de naturaleza carbonatada, con calizas y algunas dolomas, probablemente del Muschelkalk. Muchas venes falta esta formacin y de la formacin detrtica inferior se pasa, de un modo aparentemente gradual, a la formacin superior. El Tras superior (Keuper?) es arcilloso y salfero. La potencia total del Tras es muy difcil de calcular, puesto que los materiales plsticos de la formacin superior han actuado como nivel de despeque de la cobertera, e intervenido en estructuras diapricas. Mientras que en los diapiros existen importantes acumulaciones de materiales salferos, la potencia del Tras superior se ha reducido enormemente en el borde del Macizo de Cinco Villas; el adelgazamiento seguramente no obedece a causas estratigrficas. [Link]. Materiales del Tras inferior
Litolgicamente son muy uniformes en toda la regin, por lo que no se describirn cortes tipos, sino que daremos las caractersticas de todo el conjunto.
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La formacin es fundamentalmente detrtica, disminuyendo el tamao medio de grano conforme se asciende en la serie; de esta manera la parte alta est representada por niveles en los que predominan el tamao limo o, incluso, arcilla. La similitud de los timos y arcillas rojas del Tras inferior con los niveles basales del Keuper dificulta la diferenciacin cartogrfica, cuando faltan las calizas y dolomas del Tras medio. La sucesin es eminentemente detrtica y presenta un color rojo intenso, muy caracterstico; sin embargo, no es raro encontrar en ella intercalaciones de bancos que, aunque poseen la misma litologa que aqullos entre los que se encuentran, tienen otras tonalidades, tales como blanco, verde, rosado, etc. La potencia es variable y se puede estimar que oscila entre los 100 y los 500 m. Los espesores mximos estn representados en el borde ms occidental del Macizo de Cinco Villas. En la base de la sucesin se sita normalmente un paquete (30-100 m.) de areniscas rojas de grano fino a medio, estratificadas en bancos que pueden llegar al metro de espesor. Los planos de estratificacin son irregulares y en las capas se suelen ver laminaciones cruzadas que, generalmente, son de ngulo bajo, dificultando su utilizacin como criterio de polaridad; a veces tambin pueden observarse laminaciones paralelas. En la base de este paquete inferior areniscoso, o bien intercalados en la parte baja del mismo, existen frecuentes niveles de conglomerados, cuyos cantos cuarcticos, subesfricos o ligeramente aplanados, alcanzan dimetros de hasta 10 cm. Cada nivel de conglomerados tienen poca continuidad lateral, su forma es lenticular y su potencia mxima no suele sobrepasar los 5 m. No es raro encontrar, en una misma seccin, varios de estos niveles, intercalados a diferentes alturas entre las areniscas, pero siempre en la parte baja del paquete. Los cantos cuarcticos suelen estar exteriormente teidos de color rojo. Las zonas de contacto entre cantos contiguos destacan como impresiones circulares, faltas de coloracin roja; segn P. LAMARE (1936), dichas marcas pueden tener un origen mecnico, siendo originadas por una compresin entre
unos cantos y otros, con posterior removilizacin de la slice. Las areniscas ms bajas del Tras inferior estn formadas por granos de tamao arena media (0,6-0,2 mm.), cementados por cuarzo secundario y envueltos por una matriz de naturaleza micceo-arcillosa. La trama representa por trmino medio el 60% de la roca y est constituida, en su mayor parte (75%), por granos de cuarzo, de contornos subangulosos; se encuentra tambin una apreciable cantidad (24%) de fragmentos rocosos (principalmente metacuarcitas y pizarras) y una pequea proporcin de feldespatos. La matriz est formada exclusivamente por minerales micceos y xidos de hierro, supone el 15% del total de la roca. El cemento est formado por cuarzo secundario, recrecido a partir de los granos detrticos. Inmediatamente encima del paquete inferior comienza una alternancia de areniscas y lutitas. En la parte baja de estas alternancias predominan los lechos areniscosos sobre los de grano ms fino, limitndose estos a delgadas intercalaciones entre aqullos. Las superficies de estratificacin son tambin erosivas y en las areniscas se observan con frecuencia cantos aplanados de lutitas, posiblemente arrancados por la corriente que transport y deposit las arenas. En estas areniscas, igual que en las del paquete basal de Tras inferior, se aprecian laminaciones cruzadas de bajo ngulo, as como laminaciones paralelas. Ahora el contenido micceo es aparentemente mayor, las micas se disponen en lminas paralelas a las superficies de estratificacin, lo que facilita el lajamiento de los bancos. Desde el punto de vista microscpico, las areniscas se manifiestan similares a las del paquete basal, tanto en el tamao de sus componentes como en las proporciones relativas de los mismos; slo hemos observado, como carcter diferencial, granos de cuarzo de tamao limo, formando parte de la matriz. Hacia la parte superior de la presente sucesin disminuye progresivamente el tamao de grano y el espesor de los niveles de areniscas, a la vez que su frecuencia. Progresivamente aparecen lutitas rojas, bien compactadas, entre las que se observan lechos delgados de areniscas de grano fino.
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Finalmente, el Tras inferior termina con arcillas de color predominantemente rojo, aunque localmente pueden ser verdes o amarillas; espordicamente pueden contener delgados niveles areniscosos y carbonatados. [Link]. Materiales del Tras medio En el mapa geolgico se ha recogido un slo afloramiento: se halla situado al ESE de Villabona y en l se puede observar la siguiente secuencia: Menos de 5 m. de dolomas masivas de color gris oscuro. Aproximadamente 20 m. de calizas algo dolomitizadas, en lechos de 10-15 centmetros, alternando con niveles de calizas ms arcillosas. 5 m. de calizas nodulosas, de tonalidades rosadas, con niveles ricos en Lamelibranquios y Equinodermos; entre la microfauna de algunas muestras estaba presente Nodosaria cf. raibliana, muy frecuente en el Muschelkalk(1). Unos a metros de calizas margosas y margocalizas grises, algo apizarradas. Calizas crema bien estratificadas, en lechos de unos 20 cm. y con un espesor total de 10-15 m. Los restantes enclaves de calizas y dolomas, que pudieran ser del Muschelkalk, son de dimensiones muy reducidas, dispersos y englobados entre las arcillas basales del Tras superior. Son irrepresentables en nuestra escala cartogrfica y ni siquiera permiten discernir si corresponden al Muschelkalk, al Tras superior o al Jursico; el carcter habitualmente halocintico del Tras salfero origina la incgnita de su procedencia y atribucin. [Link]. Materiales del Tras superior El conjunto est formado por materiales arcillosos de naturaleza plstica. Resulta prcticamente imposible establecer la sucesin estratigrfica as como determinar, aunque fuera de manera aproximada, sus potencias originales. El material se ha redistribuido merced a la formacin de estructuras diapricas
(1) Estas dataciones han sido efectuadas por el Laboratorio de Micropaleontologa de Enadimsa (MADRID), (cf. CAMPOS y GARCIA-DUEAS, 1975).
o a consecuencia de los esfuerzos tectnicos. Por ello, en determinadas verticales se concentran importantes volmenes, mientras que en amplios sectores, por ejemplo el borde del Macizo de Cinco Villas, slo se reconocen delgadas lminas de Tras superior. Sus arcillas abigarradas son predominantemente rojas o violceas, verdes y amarillas. Entre esta masa arcillosa se encuentran intercalaciones aisladas de delgados niveles limosos y micceos, de las mismas coloraciones, y acumulaciones de yeso. Hay indicios sobre el contenido de otras sales (evaporitas) pero nunca se encuentran en superficie por su fcil arrastre en disolucin. Es relativamente frecuente que, entre el Keuper, se encuentren dispersos pequeos cristales idiomorfos de cuarzo. En la parte ms alta del Tras superior, inmediatamente debajo de las series jursicas, se suelen encontrar pequeas masas discontinuas de dolomas cavernosas (carniolas) que segn alguno de los autores que las han descrito en esta regin, pueden ser atribuidas al Retiense. Es caracterstico del Keuper el contener masas de ofitas, englobadas entre arcillas; algunas de esas masas llegan a tener un volmen considerable, como puede apreciarse por la extensin de algunos de los afloramientos recogidos en la cartografa. Sern descritas con mayor detalle en el epgrafe 3.3.2. La disposicin original de las masas ofticas, en relacin con la estratificacin del Keuper no se puede determinar ya que, los contactos primitivos han sido profundamente modificados. Es posible que en el momento de encajarse, y antes de que el Tras superior sufriera deformaciones importantes, adoptaran una disposicin en lacolitos. 2.2.3. Formaciones marinas del Jursico Bajo este ttulo reuniremos slo a las sucesiones esencialmente carbonatadas que caracterizan al Las y al Dogger, y que, a veces, pueden incluir hasta el Oxfordiense. En realidad no son los nicos materiales marinos del Jursico, ya que, segn hemos advertido, las influencias marinas persisten en la Cuenca Vasco-cantbrica oriental durante el Jursico superior.
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Utilizaremos el trmino de Jursico marino como sinnimo al de (formaciones marinas del Jursico por razones histricas. Los autores que nos han precedido lo utilizan habitualmente, y mediante su uso han pretendido resaltar la evolucin hacia facies ms detrticas, aunque con episodios de influencia marina, a partir del Oxfordiense. A continuacin describiremos los cortes considerados como ms representativos de las secuencias del Las y Dogger. En algunos casos la descripcin se efecta a partir de observaciones hechas en un solo perfil; en otros, se resean columnas sintticas, compuestas de datos dispersos pero siempre obtenidos en puntos prximos entre s. Algunas de las series caractersticas escogidas han sido estudiadas y publicadas anteriormente por otros autores; en esos casos se ha revisado el corte correspondiente, intentando completarlo con la aportacin de nuestras observaciones, o bien se ha hecho otro ms o menos prximo, con la intencin de que al compararlos se pueda obtener una visin ms precisa de las variaciones estratigrficas. [Link]. Serie de Belaunza En la vertiente septentrional de Gaztelumendi aflora una serie jursica muy completa, descrita anteriormente por P. LAMARE (1936) y R. SOLER y JOS (1972). La base de la serie, en su contacto con el Keuper, est tectonizada a lo largo de todo el afloramiento, impidiendo la observacin en muchos casos de los niveles ms bajos. El corte realizado para revisar la secuencia establecida por P. LAMARE aprovecha el camino que, desde Belaunza, asciende a Gaztelumendi. A partir de las ltimas casas del pueblo, sobre las dolomas cavernosas (carniolas), que se consideran como los niveles de trnsito entre el Tras y el Jursico, se puede apreciar la siguiente sucesin, diferenciada en tres tramos cartografiables: TRAMO INFERIOR Comienza por un paquete, de ms de 100 metros de espesor, formado por dolomas carvenosas y dolomas brechificadas muy recristalizadas, en las que no se aprecia estratificacin aparente. Sobre este paquete basal
existen unos 30 m. de calizo-dolomas y dolomas regularmente estratificadas, en bancos de 1 m. de espesor aproximadamente; se presenta tambin recristalizacin acusada y en algunos bancos se manifiesta un fino bandeado. Culmina con alrededor de 25 m. de calizas blancas, a veces algo dolomitizadas, bien estratificadas en lechos de 25-30 cm.; estas calizas tambin estn laminadas en algunos de sus niveles. Todos los trminos descritos son azoicos y, por lo tanto inciertos de datar. Sin embargo, el paquete terminal de calizas, a veces laminadas, puede ser correlacionado con el que J. RAMIREZ DEL POZO (1971 a) atribuye al Sinemuriense inferiormedio, que, segn l es muy constante en toda la cuenca. Por nuestra parte, aceptamos que la edad de estos niveles calizos y dolomticos debe estar comprendida entre el Fetiense y el Sinemuriense superior. (Vese epgrafe [Link].). TRAMO MEDIO El segundo tramo es predominantemente margoso y margocalizo. Comienza con unos 20 m. de margas hojosas, bien estratificadas y de colores amarillentos, que poseen espordicamente intercalaciones de margocalizas. Contina con una sucesin de margas de color azulado, con intercalaciones margocalizas cada vez ms abundantes, y progresivamente ms carbonatadas; de esta manera se llega a bancos calizos, que marcan la transicin al Tramo superior. Los niveles margosos suelen contener una fauna relativamente abundante, aunque mal conservada y frecuentemente piritizada, de braquipodos, belemnites y algunos ammonites. La potencia total del Tramo medio en el corte de Belaunza se puede estimar en unos 150-160 m.; sin embargo, este espesor disminuye apreciablemente hacia el E y cerca de Elduayen no llega a alcanzar los 100 metros. P. LAMARE atribuye a los niveles margosos basales una edad Domeriense, mientras que las margas azules y margocalizas l las supone pertenecientes al Las superior por la fauna, compuesta por Ludwigia tolutaria DUMORTIER y Sonninia sp. Por otra parte R. SOLER y JOSE piensa, con reservas, que
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nuestro tramo medio es de edad Sinemuriense superior-Aaleniense. Es probable que, efectivamente, las capas superiores, ms calizas, sean de edad Aaleniense. Niveles equivalentes han proporcionado faunas del Aaleniense cerca de Leiza (VILLALOBOS y RAMIREZ del POZO, 1971). Los niveles de margas azules, situados inmediatamente debajo, tienen faunas del Toarciense en varios de los cortes que hemos estudiado. TRAMO SUPERIOR Corresponde a un paquete de unos 250 m. de espesor de calizas de color gris, oscuras en la base, a veces recristalizadas, y bien estratificadas en lechos de unos 50 cm. Hacia la parte alta la estratificacin se hace en niveles ms delgados a la vez que las calizas adquieren colores ms claros y presentan superficies de estratificacin irregulares. Algunos niveles contienen restos y huellas de ammonites: La potencia de este paquete calizo es variable,de manera que, hacia el este disminuye considerablemente. En Berstegui llega a superar escasamente los 50 m. de espesor y en el Puerto de Urto slo existen algunos pocos metros de calizas de color oscuro, casi negras, estratificadas en bancos de unos 50 cm. Tambin en este tramo est pendiente de ser concretada la edad con nuevas dataciones faunsticas y tenemos que acudir a las observaciones efectuadas en otros puntos y a los datos suministrados por los autores que anteriormente han trabajado aqu. De acuerdo con ellos se puede admitir una edad Bajociense-Calloviense para estas calizas, aunque es probable que los ltimos niveles pertenezcan ya al Oxfordiense, como ocurre en facies similares de otros cortes efectuados en el rea estudiada, en los que ha sido datado este piso con ammonites. [Link]. Serie del Monte Gazume Se ha escogido como representativa del Jursico que aflora en la alineacin montaosa que se extiende entre los montes Ernio y Pagoeta. El corte se ha realizado en el camino que, desde el Alto de Andazarrate (km. 29,500 de la carretera de Villabona a Orio, sube al monte Gazume.
La secuencia establecida, muy similar a la de Belaunza, es la siguiente: TRAMO INFERIOR Comienza con 60 m. de brechas dolomticas y calizo-dolomas mal estratificadas. Las brechas dolomticas estn constituidas por cantos angulosos de doloma unidos por un cemento calcreo impurificado por arcillas, xidos de hierro y algunos granos de cuarzo. Le siguen unos 70 m. de calizas micrticas de color gris, estratificadas en bancos de 50-60 cm. de espesor, que a veces manifiestan una laminacin paralela muy fina. Al microscopio se revelan como calizas microcristalinas, cuyo bandeado est originado por diferencias en el tamao de grano y por la presencia de lminas de cemento espartico y otras de naturaleza no calcrea, principalmente ferruginosas. Es frecuente que contengan Radiolarios y fragmentos de Equnidos. Como ocurre en Belaunza, tampoco aqu es posible atribuir a estos niveles una edad determinada, debido a la ausencia de fsiles caractersticos: debemos suponer una edad entre el Retiense y el Sinemuriense inferiormedio. TRAMO MEDIO El Las medio-superior (tramo margoso) est formado por una alternancia irregular de margas hojosas de color azulado, margocalizas y calizas arcillosas que, en conjunto, no superan los 150 m. de espesor. La litologa se va haciendo ms calcrea hacia la parte alta del paquete, de manera que en la base predominan los niveles margosos y en el techo estos se limitan a delgadas intercalaciones entre los estratos calizos. El examen microscpico de los lechos ms calizos revela la existencia de calizas microcristalinas, impurificadas por arcilla, materia orgnica y xidos de hierro, que al disponerse paralelamente a la superficie de estratificacin ocasionan una laminacin irregular. Contienen Nodosaria sp., Lenticulina sp. y Ammodiscidae. TRAMO SUPERIOR En la parte alta del jursico marino hay unos 50 m. de calizas grises, bien estratificadas y, a veces, algo nodulosas. Son calizas
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microcristalinas, con algunas recristalizaciones de caliza esptica, impurificadas por arcilla y granos de cuarzo de tamao arena muy fina. En estas calizas se han reconocido Gasterpodos, microfilamentos, fragmentos de Lamelibranquios, espculas de esponjas, placas y radiolas de Equnidos, tallos de Crinoides, Briozoos, Ostrcodos, Lenticulina sp. y Ataxophragminidae. Esta microfacies y otras semejantes han sido consideradas como caracterstica del Oxfordiense (RAMIREZ del POZO, 1971 a). Sin embargo, en el techo de estos niveles, justamente en el contacto con las facies detrticas que se les superponen, hemos encontrado, en el barranco del ro Asteasu, una fauna de ammonites muy mal conservados, entre los que se han reconocido Perisphinctidos, Haploceratidos y Subgrosuvria sp., que precisan una edad Calloviense medio. VARIACIONES LATERALES DE LA SERIE Aunque la serie del monte Gazume se repite en las vertientes septentrionales de los montes Ernio y Pagoeta, existen pequeas variaciones laterales que conviene destacar. El tramo calizo-dolomtico inferior parece ser el ms constante de los tres, tanto en las potencias representadas como en su litologa; la nica variacin ha sido observada al SW de Alkiza, en donde bajo las calizas laminadas de la parte alta existe una intercalacin de unos pocos metros de espesor de calizas muy recristalizadas, con cristales de esparita que pueden llegar a tener un tamao de 0,08 mm. El tramo medio manifiesta mayores diferencias de tal forma que en Aya (al N de Gazume) presenta una potencia un poco menor, a la vez que las facies son algo ms calizas que las descritas en el corte tipo. En Alkiza, al S del Gazume, predominan las margas sobre las calizas, a la vez que aumenta el espesor de todo el tramo, que llega a superar los 170 m. de potencia. Ms al S, en la carretera que une Tolosa con Ernialde, P. RAT (1959) realiz un corte con la particularidad de que sobre las calizas del Calloviense, datadas con Reineckeia sp., Macrocephalites sp. y Lunuloceras sp., cita la existencia de unos niveles de calizas ne-
gras con algunos Belemnites, que no hemos observado en el perfil del monte Gazume. [Link]. Serie de Aduna En un camino que parte de Aduna en direccin al monte Andatza, aflora una secuencia semejante a la descrita para el monte Gazume. Sobre el Keuper, con el que contactan mecnicamente, dificultando en muchas ocasiones la observacin de los niveles basales, se encuentran: 1) Dolomas cavernosas y brechas dolomticas, seguidas por calizo-dolomas muy recristalizadas, a las que se les superponen unos niveles de calizas, tambin recristalizadas, que a veces presentan una laminacin tpica. Corresponden al tramo inferior de las series precedentes. 2) Sucesin alternante de calizas arcillosas de colores azulados, a veces algo hojosas, y margas piritosas, de colores amarillentos por alteracin, que contienen una abundante fauna de Belemnites, Braquipodos y Ammonites. Entre estos ltimos se han podido clasificar: Hildoceras bifrons (BRUG) , var. Lombardica MITZ. Hildoceras bifrons (BRUG) , var. acarnica MITZ; Hildoceras bifrons (BRUG). Esta fauna caracteriza al Toarciense medio. igual que ocurre en otros puntos, la secuencia de este paquete vara de manera que, de abajo a arriba, va aumentando progresivamente la cantidad de niveles intercalados entre las margas. 3) Como siempre, la serie est coronada por unos niveles de calizas micrticas, bien estratificadas, con filamentos. En ellas se ha recogido una fauna que ha permitido datar al Oxfordiense por la asociacin de Sublunuceras sp., Taramelliceras sp., Perisphinctinae. Estas calizas no superan aqu los 20 m. de espesor, potencia muy reducida en relacin con la presentada en otros sectores.
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VARIACIONES LATERALES DE LA SERIE DE ADUNA Los trminos que acaban de ser descritos afloran a lo largo del flanco NW del anticlinal diaprico que se extiende desde Hernani hasta Villabona. Entre Andoain y Urnieta el Jursico est mal representado y muy reducido por laminaciones tectnicas. Slo aflora con cierta extensin el tramo medio margoso, que aqu se presenta algo detrtico; en la parte baja est formado por margas limosas de color azulado y fractura concoide, a las que siguen unos limos calcreos de color amarillo; en la parte alta hay margas pizarrosas con abundantes restos de Lamelibranquios. No se ha encontrado el nivel de calizas Oxfordienses con que culmina la serie, quiz laminadas o inexistentes; en contacto con las margas pizarrosas con Lamelibranquios, se encuentran trminos pertenecientes al Complejo Urgoniano. En el barrio de La Florida, en Hernani, aparecen de nuevo los tres tramos de Aduna; otra vez las calizas superiores de la serie vuelven a alcanzar aqu una potencia similar a la que presentan en el Ernio. En los lechos margosos se ha recogido una abundante fauna de Ammonites, que ha permitido datar con precisin. En la parte media del tramo se ha determinado el Toarciense medio con la asociacin: Hildoceras sp., grupo H. sublevisoni FUCINI; Hildoceras sp., forma intermedia entre H. bifrons (BRUG), var. y H. sublevisoni FUCINI; Hildoceras bifrons (BRUG) var. En los niveles ms altos del mismo tramo medio se ha datado el trnsito Toarciense-Aaleniense, con: Pleydellia sp. grupo P. subcompta (BRANCO); Pleydellia sp., grupo P. mactra (DUMORT); Dumortieria cf., costula (REINECK); Dumortieria bleicheri (BENECKE); Dumortieria sp., cf. D. subfasciata (BUCK); Cotteswoldia misera BUCKMAN; Pleydellia cf. subcompta (BRANCO); Walkeria burctonensis (BUCKMAN). [Link]. El Jursico entre Astigarraga y Oyarzun El Jursico que aflora en este sector presenta caractersticas ligeramente diferentes
a las observadas en las series que ya han sido citadas. Las principales diferencias estriban en la extensin vertical de las series jursicas, que aqu slo comprenden hasta el Las superior, existiendo un importante hiato que, incluso, alcanza a una buena parte del Cretcico inferior; sobre los materiales del Las superior reposan directamente trminos de edad Aptiense o, a veces, Albiense. Estos afloramientos jursicos estn relacionados con estructuras diapricas, por lo que es muy difcil establecer en un solo corte la secuencia completa. La sucesin se describe a partir de observaciones efectuadas en distintos puntos del rea y las correlaciones se apoyan en la correspondencia entre niveles bien datados por sus faunas. Cartogrficamente hemos diferenciado tres tramos litoestratigrficos, de los cuales el ms bajo es prcticamente idntico al tramo inferior de las series jursicas descritas. Los dos superiores equivalen, por su edad, al tramo medio margoso de las otras series, si bien litolgicamente se diferencian por la relativa abundancia de elementos detrticos de grano fino. LOS TERMINOS LIASICOS DE SANTIAGOMENDI Un buen corte (referido por LAMARE, 1936) de los tramos primero y segundo se puede obtener en cualquiera de los caminos que suben hacia Santiagomendi. El tramo primero, siempre en contacto tectnico con el Keuper y el Cretcico superior, comienza con unos niveles de dolomas y calizo-dolomas brechoides, localmente con estructura vacuolar; la parte inferior de este paquete, donde no est laminado, suelen tener verdaderas carniolas. Por encima se sitan unos diez metros de calizas y margocalizas lajeadas de color negro. Este nivel no lo hemos reconocido en ninguna otra serie, pero la facies ha sido citada en otros puntos de la Cuenca Vasco-Cantbrica, con el hallazgo de faunas que permiten datar el Hetangiense inferior. R. CIRY (1940, in RAMIREZ del POZO, 1971a) encontr Isosyprina germani, al Sur de Aguilar de Campo.
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Ms arriba aparecen unas calizo-dolomas brechoides, cuya potencia se puede estimar en unos 50 m., coronadas por alrededor de 30 m. de calizas bien estratificadas en bancos que, en ocasiones, presentan un fino bandeado muy caracterstico. El tramo segundo est formado por una serie alternante de calizas y margocalizas, de color azul en fractura fresca, con ndulos ferruginosos y, a veces, pirita cristalizada. Los lechos ms margosos se rompen con facilidad, mostrando una estructura hojosa y fractura ligeramente concoide. Contienen una abundante fauna, aunque siempre deformada, consistente en Belemnites, Braquipodos, Lamelibranquios y Ammonites. En la cima de Santiagomendi, junto a la ermita all existente, se ha recogido una buena cantidad de fragmentos de Ammonites del Domeriense medio-superior: Arieticeras sp.; Fuciniceras sp.; Arieticeras sp., forma asimilable a A. algovianum OPPEL in FUCINI; Arieticeras sp., grupo de A. lotti MONESTI. LOS TERMINOS LIASICOS DE OYARZUN Inmediatamente al Sur de Oyarzun aflora una sucesin cuyos tramos primero y segundo son idnticos a los de Santiagomendi; la edad del tramo segundo se ha visto confirmada por la recogida de algunos restos de Ammonites, en un yacimiento de la carretera de Astigarraga a Oyarzun; entre ellos se han podido identificar algunos Phylloceratidos, pertenecientes al grupo de Rhacophyllites libertus (GEMM), que confirman la edad Domeriense de dichos trminos. El tramo tercero de la sucesin de Oyarzun est formado por unos 50 m. de margas limosas, micceas, de colores amarillentos, con ndulos ferruginosos y una abundante fauna de Ammonites, Lamelibranquios, Braquipodos y Belemnites. En e talud de la carretera de Astigarraga a Oyarzun, unos 300 m. antes de llegar al barrio de Ugaldetxo, se han recogido los siguientes restos, determinativos del Toarciense inferior: Dactylioceras peloritanum FUCINI; Dactylioceras sp., grupo D. hispanicum SCHIE.; Dactylioceras senucelatum (SIMPSON); Spiriferina? sp.; (Rhynconella) sp., grupo R. meridionalis (DESLO). Por otra parte, en el barrio Iturrioz de Oyar-
zun se ha recogido tambin fauna del Toarciense. Hacia la mitad de estos niveles dicho piso queda definido por Harpoceras? sp.; Nodicoelocerae sp., grupo N. anulatiforme (BONARE). Y en la parte superior de los mismos se han recolectado Pleydellia fluitans (DUMORTIER); Pleydellia aalensis (ZIETEN); fsiles que ya datan al Toarciense superior (parte alta, zona de aalensis). [Link]. Otros afloramientos Jursicos Aparte de los ya mencionados, slo cabe citar algunos otros, que han sido estudiados anteriormente por diversos autores y de los que no nos ocuparemos mucho por no ser demasiado reiterativos; o bien aqullos que, a pesar de sus reducidas dimensiones, han proporcionado faunas de inters cronolgico. Entre los primeros es necesario destacar el que aparece formando parte del sinclinal del monte Uzturre, al NE de Tolosa. All aflora una sucesin muy completa (LAMARE, 1936; JEREZ MIT et al, 1971), en la que el jursico manifiesta unas facies y potencias en su conjunto muy similares a las que se han descrito en el corte de Belaunza. En el barrio de Martutene, entre Astigarraga y San Sebastin, el Jursico forma parte de varios afloramientos discontinuos, alrededor del diapiro de Martutene (LAMARE, 1936). En este caso los trminos que se presentan se pueden correlacionar con los que existen en el barrio de La Florida, en Hernani. Por ltimo, se pueden ver algunos retazos de materiales del Jursico pinzados por la falla inversa que se extiende desde las proximidades de Oyarzun hasta cerca de Villabona, y que constituye el lmite NW del Paleozoico de Cinco Villas. En general, todos estos retazos presentan unas secuencias muy reducidas por causas tectnicas, haciendo poco til su estudio con detalle. El ms interesante es el que existe en las cuevas de Aizpitarte, unos 4,5 km. al ESE de Astigarraga, por los restos faunsticos hallados; las facies que aparecen en este punto son similares a las descritas en Santiagomendi, aunque slo se pueden observar los niveles ms altos del paquete dolomtico y calizo y los basales del margoso que se le superpone; a estos ltimos pertenecen los restos fsiles
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hallados: Uptonia sp., grupo U. dayiceroides MOUTERDE y Angulaticeras? sp. La base del tramo margoso debe situarse, en consecuencia, en el Sinemuriense superior o Pliensbaquiense basal, a la vez que el tramo inferior (dolomas y calizas) queda comprendido entre el Tras superior y el Sinemuriense superior. 2.2.4. Complejo Purbeck-Weald Estudiaremos en este apartado los materiales, con facies predominantemente detrticas, situados entre los ms altos niveles del Jursico marino con ammonites y los ms bajos del Complejo urgoniano. Son los depsitos acumulados durante el perodo regresivo que culmina con los que otros autores consideran movimientos kimmricos. P. PALACIOS (1915, 1919) fue el primero que cit la existencia de una formacin wealdense en la vertiente N de la Sierra de Aralar (Navarra), por comparacin con las series Wealdenses de Soria y Logroo. P. LAMARE (1935, 1936) seal cmo en los bordes de los macizos paleozoicos vascos, el Aptiense reposa en muchas ocasiones sobre cualquiera de los trminos ms antiguos; en algunos puntos (Monte Uzturre, por ejemplo), bajo los materiales aptienses (incluidos en nuestro Complejo urgoniano) existen unos niveles de calizas negras generalmente muy alteradas, que contienen restos de Lamelibranquios, Equinodermos, etc., pero en los que no hay ningn fsil caracterstico, que permita su datacin precisa. Supuso que, por encontrarse encima de otras calizas arenosas, atribuidas por l al Lusitaniense, las calizas negras deban de ser de edad Neocomiense; aunque evit la palabra Wealdense, sus atribuciones son conjeturales. P. RAT (1959) realiza dos cortes detallados del Wealdense de Zizrquil y Uzturre y efecta la correlacin con las series de las provincias de Santander y Vizcaya: ambos cortes son referidos ms adelante. Posteriormente, J. RAMIREZ DEL POZO (1969, 1971a), revisa el corte de Uzturre y aporta nuevos datos en lo referente al contenido faunstico aunque no llega a determinaciones cronolgicas precisas.
Finalmente, R. SOLER y JOSE (1971, 1972) concluye que en la Cuenca Cantbrica oriental el dispositivo paleogeogrfico del Jursico, con una serie de cubetas (mximas potencias) separadas por umbrales, sigue siendo vlido al comienzo del Cretceo y la que l considera emersin kimmrica se acusa en los altos fondos, donde la sedimentacin llega a faltar: introduce el trmino PurbeckNeocomiense. Los referidos gelogos han utilizado denominaciones o apelativos tales como Wealdense, Purbeckiense, Purbeck-Wealdense, Purbeck-Neocomiense, Wealdico, etc., empleando, segn los casos, dichos trminos como significativos de una facies o, incluso, de una edad. Ultimamente, V. PUJALTE (1977) ha puntualizado que el uso de tales nominativos es totalmente inadecuado y puede inducir a error en las personas no familiarizadas con estas sucesiones: en cualquier caso comporta una imprecisin. La imprecisin se hace mayor, si cabe, cuando se aplican a las secuencias de la zona oriental de la Cuenca Vasco-Cantbrica, donde la sedimentacin marina ha proseguido, aunque con interrupciones en ese lapso de tiempo: por aadidura, las facies presentes son distintas a las de la zona occidental, que fueron las primeras en recibir las referidas denominaciones. En adelante, evitaremos hasta donde sea posible, el uso de la terminologa precedente. Desde nuestro punto de vista y siguiendo a V. PUJALTE, denominaremos Complejo Purbeck-Weald a un conjunto litoestratigrfico de cronologa imprecisa que rene facies heterogneas originadas durante parte del Jursico superior y Cretcico inferior. El lmite inferior del Complejo Purbeck-Weald corresponde a la desaparicin de las formaciones francamente marinas del Jursico (Calloviense-Oxfordiense, en nuestra regin) y el lmite superior coincide con la transicin al Complejo urgoniano. El Complejo Purbeck-Weald est mal representado 'en el rea estudiada: nicamente aflora en el flanco SE del sinclinal del Andatza, en los montes Ernio y Pagoeta y en el sector de Tolosa-Gaztelumendi, es decir al
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Fig. 3. Correlacin entre las principales columnas de las formaciones marinas del Jursico. Tk, Tras superior; J1, Las inferior; J2, Sinemuriense sup.-Domeriense; J3, ToarcienseJ4, Sinemuriense superior - Toarciense; J5, Dogger - (Oxfordiense?); Gw, Complejo PurbeckWeald; Gal, Complejo supraurgoniano.
W-SW de una lnea imaginaria que uniera San Sebastin y Leiza. Las sucesiones ms potentes se encuentran al S, en el sector de Tolosa-Gaztelumendi, y son las mejor estudiadas por los autores anteriormente citados. [Link]. Las secuencias de Uzturre y Gaztelumendi (Tolosa) En el monte Uzturre se encuentran los siguientes trminos: 1) Calizas negras de grano fino con algunas impresiones de ammonites (Oxfordiense?) a las que se les. superponen unos 50 m. de calizas arenosas negras, muy alterables. Estos ltimos niveles pueden corresponder al Jursico terminal, por lo que se les ha atribuido con reservas una edad Lusitaniense (LAMARE, 1936). 2) Los primeros niveles, que, para P. LAMARE, pertenecen al Neocomiense, son unas calizas negras, arenosas, mi-
cceas y con pirita, que se presentan descalcificadas en superficie y con apariencia de arenas amarillentas; (100 metros aproximadamente). 3) Calizas masivas, de color gris, a veces arenosas, que contienen (RAMIREZ del POZO, 1969) restos Equinodermos, Briozoos, Gasterpodos (Nautiloculina colithica MOHL, Pfenderina neocomiensis (PFEND), Glomospira, Quinqueloculina), Ostreidos y Polperos (50 m.). 4) Calizas azoicas negras o grises en bancos delgados, que a veces contienen cristales de dolomita (100 m). 5) Por fin, calizas ftidas, de color negro, alternando con calizas arenosas y dolomticas. Contienen Exogiras y Gasterpodos (50 m). Para P. RAT (1959) las calizas grises masivas con Equinodermos y Briozoos (tramo 3) deben corresponderse con las calizas de Briozoarios de Ramales (Santander), que l supone del Valanginiense. Asimismo se-
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ala la existencia de Serplidos en los niveles de calizas negras superiores (tramo 5), sobre las que se disponen, en concordancia aparente, los primeros materiales del Complejo urgoniano. En los montes Iturregui y Gaztelumendi se presenta una secuencia muy similar a la de Uzturre (LAMARE, 1936). En el corte de Iturregui, los materiales comprendidos entre el Calloviense y el Aptiense han sido divididos (SOLER y JOS, 1972) en tres conjuntos litoestratigrficos: 1) Malm I. Con facies de carcter regresivo. Margas arenosas micceas y pizarras oscuras, con algunas intercalaciones de calizas negras ms o menos arenosas y algunas huellas de ammonites y areniscas rojizas de cemento carbonatado; (150 m.). 2) Malm II. Calizas oscuras recristalizadas con Crinoides y Briozoos. (Oxfordiense superior? - Kimmeridgiense): (100 m.). 3) Calizas negras con Srpulas, separadas de los trminos inferiores por la discordancia kimmrica. Representan al Jursico terminal-Cretcico basal; (120 metros). Como se puede apreciar, no hay correspondencia en las edades propuestas por los diferentes autores para los tramos de la secuencia de Iturregui. Sin embargo, ninguno de ellos aporta pruebas paleontolgicas que garanticen sus atribuciones. Las nicas referencias cronolgicas bien establecidas, para todas estas secuencias y para las restantes del Complejo Purbeck-Weald, corresponden a sus lmites inferior y superior; los niveles que coronan a los materiales infrayacentes son del Calloviense u Oxfordiense y la base de los suprayacentes (Compiejo urgoniano) queda por debajo de niveles datados como Aptiense inferior alto. El Complejo Purbeck-Weald disminuye progresivamente el espesor hacia el W y, a partir de Berstegui, slo se observan unos pocos metros de calizas arenosas y areniscas de color amarillento, bajo los niveles inferiores del Complejo urgoniano; desaparecen, por tanto, las calizas con Srpulas.
Calizas arcillosas.
Fig. 4. Sucesin del Complejo Purbeck-Weald en los montes Ernio y Pagoeta (J6, Dogger; Gu, Complejo Urgoniano).
[Link]. La secuencia de los montes Ernio y Pagoeta Aqu la potencia es mucho ms reducida que en el sector de Tolosa a la vez que se acenta el carcter regresivo, sobre todo en lo que se refiere a los trminos superiores del Complejo. En el camino del Alto de Andazrrate al Monte Gazume, sobre las calizas que en Asteasu fueron datados como Calloviense, se observa la siguiente secuencia: 1) Calizas arcillosas que, en lmina delgada, presentan niveles en los que se concentran granos de cuarzo de tamao arena muy fina. Contienen restos de Lamelibranquios y fragmentos de placas de Equnidos. Son niveles con poco espesor (no llegan a superar los 20 m.) y no rigurosamente continuos lateralmente. 2) Se les superpone una alternancia de lutitas y areniscas bien estratificadas en lechos de unos 15 cm. de espesor. Hacia el techo de la secuencia aumen-
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ta la proporcin de areniscas y el tamao de grano de las mismas, a la vez que se intercalan delgados niveles de carbn progresivamente ms frecuentes, aunque sin que se aprecie ritmicidad alguna. La potencia es aproximadamente de unos 150 m. Los niveles lutticos manifiestan una clara laminacin debida a la disposicin paralela de los minerales micceos y arcillosos, entre los cuales se disponen algunos granos de cuarzo de tamao limo o arena muy fina. Entre los minerales hojosos se reconocen pequeos cristales de clorita y pajillas de mica blanca. De forma irregular aparecen xidos de hierro que se sitan en lminas groseramente paralelas a la laminacin general. Las areniscas son amarillentas y de grano fino. Sus principales componentes son cuarzo, fragmentos rocosos (rocas cuarzosas que contienen minerales micceos orientados, limonita, cuarzo, sericita y chert) y una matriz formada por cuarzo, sericita y clorita sin orientacin preferente, con cantidades subordinadas de xidos de hierro y minerales pesados (turmalina y, en menor cantidad, zircn). Directamente sobre las areniscas y lutitas, existen en este sector margas arenosas de color negro que, a veces, contienen gran cantidad de Orbitolinas y que representan la base del Complejo urgoniano. Ms al N, entre Aya y el monte Pagoeta, el Complejo Purbeck-Weald presenta en su cima unos lechos de calizas negras arenosas, con abundantes Lamelibranquios, coronados por niveles de limos y arcillas de color rojizo. Debe corresponder este paquete a las calizas negras con Srpulas que existen en la zona de Tolosa, en donde tambin representan la parte ms alta de la sucesin; las potencias no son, sin embargo, equivalentes; mientras en Tolosa pueden alcanzar los 100 m. de espesor, en Aya esas calizas negras no superan los 30 m. [Link]. La secuencia en el sector del monte Andatza En la vertiente SE del Andatza, en el flan-
co N del anticlinal diaprico del Hernani-Andoain, el Complejo Purbeck-Weald nicamente aflora el SW de Andoain. En el resto del anticlinal, el Complejo urgoniano contacta con el Jursico (vese epgrafe [Link].): a causa de las laminaciones tectnicas es imposible determinar, de forma categrica, la sucesin estratigrfica. Al SW de Andoain, resulta difcil establecer el lmite entre los Complejos PurbeckWeald y urgoniano, ya que este ltimo comienza con materiales detrticos, aqu muy semejantes a los subyacentes; la aparicin de un lentejn de caliza urgoniana al N de Aduna nos ha permitido precisar el lmite. Al parecer los trminos altos del Wealdense de Zizrquil (RAT, 1959) pueden quedar incluidos en el Complejo Urgoniano. Al N de Aduna, un corte relativamente bueno permite delimitar varios trminos del Purbeck-Weald; sobre las calizas con Ammonites del Oxfordiense, se observan: 1) Calizas arenosas, muy alteradas en superficie, que presentan una intensa coloracin amarilla al descalcificarse. 2) Calizas arenosas negras con Lamelibranquios, muy parecidas a calizas con Srpulas citadas en otros puntos. Su espesor aqu es muy reducido, pues escasamente superan los 10 m.
Fig. 5. Sucesin del Complejo Purbeck-Weald en el sector del monte Andatza (J5, dogger; Gu, Complejo Urgoniano)
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3) Culmina la secuencia con una alternancia de areniscas y lutitas de colores rojos y verdes, con ndulos ferruginosos. Las areniscas son de grano fino: su trama est constituida en su mayor parte por cuarzo (hay tambin feldespatos y fragmentos rocosos en pequea proporcin) y la matriz es principalmente ciortica. Los niveles lutticos se presentan al microscopio como un entramado de minerales micceos, clorita y minerales de la arcilla, entre las que hay dispersos granos de cuarzo de tamao limo. Los minerales foliares se disponen paralelamente a la estratificacin confiriendo a las rocas una hojosidad caracterstica. La potencia de la sucesin es aqu ms reducida an que en el rea del monte Ernio, no alcanzado en conjunto los 150 m. 2.2.5. Complejo urgoniano De acuerdo con la terminologa usada por P. RAT (1959), incluiremos bajo esta denominacin a todo el conjunto heterogneo de rocas, desde calizas puras hasta arenas perfectamente silceas, en las que se asocian los aportes terrgenos con materiales formados a expensas del propio medio sedimentario. Los constituyentes ms representativos son las calizas zogenas formadas por organismos constructores (sobre todo rudistas del grupo Toucasia) y caracterizadas por la casi total ausencia de elementos detrticos; se presentan en masas ms o menos irregulares dispuestas entre los dems tipos litolgicos que componen el conjunto. En ciertas ocasiones se utilizan trminos tales como Urgoniano o Urgo-aptense para designar a estos materiales, pero ambos nos parecen imprecisos. Efectivamente, segn las conclusiones del Coloquio sobre el Creticeo inferior, celebrado en Lyon en 1963; urgoniano (en minscula) debe ser utilizado nicamente en sentido de facies y su empleo se limitar ...a las calizas con Toucasia y a las que estn directamente asociadas a ellas. En la regin estudiada, como se ha indicado, junto a las facies tpicamente urgonianas, se
presentan otras de carcter detrtico, en las que la proporcin de aportes procedentes del continente llega a ser algunas veces francamente importante. Por otra parte, aunque normalmente estos materiales se identifican con el Aptiense, tal atribucin, no es del todo correcta. El lmite inferior del Complejo no puede ser nunca precisado con exactitud por la falta de fsiles caractersticos y, como advierte P. RAT, a pesar de que tradicionalmente se supone que la transgresin marina sobre los trminos del Complejo Purbeck-Weald coincide con el comienzo del Aptiense, no hay que pensar que la base de los niveles transgresivos sean contempornea en toda la regin VascoCantbrica. Igualmente difcil resulta precisar la edad del techo de estas formaciones; desde luego no concide con el lmite Aptiense-Albiense, que ha sido localizado en varios puntos, con ayuda de microfauna, dentro de las calizas de facies urgoniana. Los lmites cartogrficos resultan en ocasiones difciles de precisar por la semejanza litolgica de algunos de los materiales del Complejo urgoniano con las sucesiones infra y suprayacentes. El lmite inferior est marcado casi siempre por la aparicin de margas arenosas negras, generalmente laminadas, que contienen Orbitolinas y algunos restos de Ammonites (grupo de Parahoplites desayesi). El superior lo hemos situado coincidiendo con el techo de los niveles ms altos de las calizas de facies urgoniana (segundo episodio urgoniano de P. RAT); a ellas se les superponen materia les detrticos, netamente diferentes, que se consideran ya pertenecientes al Complejo supraurgoniano. LOS MATERIALES DEL COMPLEJO URGONIANO Dada la heterogeneidad litolgica del Complejo urgoniano, con importantes y rpidos cambios de facies, tanto en sentido horizontal como en el vertical, resulta prcticamente imposible escoger un corte tipo que refleje, siquiera de manera aproximada, la secuencia estratigrfica representativa de un sector determinado. Por ello las descripciones de estos materiales se harn a partir de observaciones efectuadas en zonas ms o me-
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nos amplias, analizando en cada caso los cambios de facies ms notables. Por razones litolgicas se han diferenciado en cartografa cuatro trminos: calizas zogenas masivas; calizas bien estratificadas; limolitas y margas arenosas negras, y areniscas. Pero tal distincin no refleja con mucha exactitud toda la variedad de rocas existentes, que es muy amplia. Cada uno de los conjuntos separados es a su vez bastante complejo. Adems los cambios laterales de facies se efectan muchas veces de forma gradual, lo que hace que existan rocas con caractersticas intermedias a las antes citadas. El trabajo que P. RAT (1959) realiz sobre el Complejo urgoniano de la Cuenca Vasco-cantbrica es muy completo y en l se hace un anlisis detallado y bastante preciso, tanto de la estratigrafa como de las condiciones de sedimentacin reinantes. Seguiremos las lneas generales trazadas por dicho autor y utilizaremos su misma terminologa, limitndonos nicamente a describir los materiales representados en el rea estudiada y las propias caractersticas de los afloramientos existentes. En cuanto a las dataciones de las series, hay que advertir que se han efectuado de acuerdo con la zonacin establecida por J. RAMIREZ DEL POZO (1971 a). En el mapa geolgico del NE de Guipzcoa se aprecia el desigual desarrollo que presenta el Complejo urgoniano de unos puntos a otros. Las mayores potencias aparecen en el sector ms suroccidental del rea estudiada, en los montes Ernio y Pagoeta. Hacia el N, en el monte Andatza, el espesor disminuye progresivamente y se observa a la vez que aumenta la proporcin de material terrgeno y el tamao medio de grano de las formaciones detrticas del mismo. En el borde NW del Macizo de Cinco Villas es donde peor desarrollo alcanzan estos materiales; slo aparecen pequeos afloramientos discontinuos. de pocos metros de espesor, con calizas bien estratificadas que jalonan la falla inversa que limita al Paleozoico. Ms al N, entre Oyarzun e Irn, faltan los trminos atribuibles al Complejo urgoniano; all sobre materiales ms antiguos, incluso palezoicos, reposan unas series detrticas azoicas que son considera-
das por otros autores como de edad Albiense y que pertenecen al Complejo supraurgoniano. [Link]. El Complejo urgoniano en el monte Ernio Como ya se ha indicado, es entre las proximidades de Tolosa y el monte Pagoeta, al oeste de Aya, donde el Complejo urgoniano alcanza los mayores espesores de toda la regin estudiada, superando en algunos puntos los 1.000 m. de potencia. No obstante, an aqu se aprecia una sensible variacin en el espesor de estas sucesiones de manera que las potencias totales disminuyen progresivamente de NW a SE. La distribucin de las facies urgonianas dentro del sector del Ernio es, desde luego, bastante irregular, tanto los cambios de facies como de potencia se reflejan muy bien en el mapa geolgico(1). En efecto, es frecuente que masas de varios centenares de metros de potencia de calizas cambien lateralmente a sedimentos terrgenos; tales cambios, aunque rpidos, se realizan mediante una zona de transicin, en la que se observan indentaciones entre los trminos carbonatados y los arenosos. Una secuencia caracterstica de este sector puede considerarse la existente en la vertiente norte del monte Gazume. All el complejo urgoniano comienza con una sucesin de lutitas grises, a veces casi negras, con una laminacin incipiente; entre ellas se intercalan niveles de areniscas cuarzosas con matriz limoso-arcillosa y algunas calizas arcillosas: tampoco es raro encontrar pequeos paquetes de margas arenosas negras que contienen en ocasiones gran cantidad de Orbitolinas. Estos trminos son los que se han denominado esquistos con Parahoplites, ya que en ellos se encuentran con cierta frecuencia restos de ammonites asimilables al grupo de Parahoplites deshayesi (LAMARE, 1936; RAT, 1959). Las lutitas laminares representan un horizonte muy continuo en la base del Comple(1) Consltese, adems de los mapas que acompaan a esta memoria, la ya publicada Hoja de San Sebastin (CAMPOS y GARCIA-DUEAS. 1975).
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jo urgoniano en este sector, aunque muchas veces tienen un grosor tan reducido que no pueden ser diferenciados en cartografa. Sin embargo, materiales con una litologa similar a la que acaba de ser descrita se pueden encontrar a cualquier altura de la serie, bien formando intercalaciones delgadas entre trminos calizos o en espesos paquetes, a los que lateralmente se pasa desde las facies francamente urgonianas. Sobre los esquistos con Parahoplites, en el monte Gazume, hay calizas de colores grises a rosadas, bien estratificadas en bancos de 30-40 cm. de espesor, cuya litologa vara desde biomicruditas con intraclastos a intrabiomicritas recristalizadas. En ellas se ha reconocido la siguiente asociacin: Simplorbitolina manasi ClRY y RAT, Bacinella irregularis RADOICIC, Sabaudia minuta HOFKER, Haplophragmoides greigi HENSON, Glomospira sp., Cuneolina sp., Textularia sp., afgas coralinas y fragmentos de Lamelibranquios, Gasterpodos y Equnidos. Si se acepta la zonacin establecida por J. RAMIREZ del POZO (1971 a) para el Aptiense, corresponden a la parte inferior del Aptiense superior. Estas calizas son las que P. RAT denomina pararfecifales y en gran parte son calizas biostrmicas, formadas por acumulacin de los materiales procedentes de los edificios arrecifales. En el monte Gazume, se pueden observar, entre ellas, algunas pequeas intercalaciones de forma lenticular de calizas de rudistas. El espesor y la posicin de este tipo de calizas son muy variables y lo que se ha dicho antes, a este respecto, para las lutitas y dems trminos detrticos puede hacrseles extensivo. Por ltimo, la sucesin se ve coronada por una gruesa barra, continua, de calizas zogenas masivas, ricas en Lamelibranquiv de gran tamao, que resultan como carcter distintivo. Las calizas se pueden clasificar como biolititos de rudistas, biomicruditas o dismicritas, siempre con un porcentaje muy elevado de CO3Ca. Hacia la mitad del paquete se han reconocido una microfacies caracterizada por: Mesorbitolina texana texana (ROEMER), Coskinolinella sp., Dorothia sp., Nodo-
saridae, Textularidae, Miliolidos, Algas Solenoporaceas y radiolas y placas de equnidos. Tal biofacies podran anunciar, segn los criterios de J. RAMIREZ del POZO, la proximidad del trnsito Aptiense-Albiense que, aunque no ha podido ser detectado aqu, es probable que se encuentre dentro de estas calizas, igual que ocurre en la secuencia del monte Andatza, que se describe a continuacin. [Link]. El Complejo urgoniano en el monte Andatza En este sector afloran trminos del Complejo urgoniano que, en conjunto, presentan ligeras diferencias con los que existen en el Ernio. Aqu, en general, las potencias son algo inferiores a las observadas ms al oeste. El espesor decrece progresivamente hacia el NE, a lo largo del afloramiento que se extiende por todo el flanco SW del sinclinal del monte Andatza; as, mientras al N de Zizrquil se puede estimar un espesor de unos 900 m., entre Urnieta y Hernani, slo afloran poco ms de 100 m. Es posible, que esta reduccin no sea tan exagerada como a primera vista se contempla y en parte se deba a laminaciones tectnicas, que de hecho se aprecian al NE de Andoain. La proporcin de facies terrgenas es mayor en el Andatza que en el Ernio y este incremento en la cantidad total de areniscas est acompaado de un aumento en su tamao de grano. La secuencia ms completa de estos materiales se puede obtener en un corte efectuado al norte de Aduna. Se comienza por unos niveles de lutitas arcillosas laminadas de colores grises, semejantes a los que representan la base en el monte Gazume, en las que, como nicos restos fsiles, se han observado placas y radiolas de Equnidos y Algas Dasycladceas. La continuidad lateral de estos horizontes es muy escasa; en la zona donde se ha estudiado este corte aparecen con una forma lenticular. Encima existe un pequeo lentejn, tambin poco continuo lateralmente, de calizas masivas, zogenas, con una litologa similar a la de los niveles superiores del Ernio; es decir, se trata de calizas con alto contenido
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de CO3Ca, que se pueden clasificar como bioIticos de rudistas, dismicritas, y biodismicritas, a veces recristalizadas. En la parte baja de estas calizas, la biofacies reconocida est constituida por: Sabaudia minutta (HOFKER), Haplophragmoides sp.. placas y radiolas de Equnidos, espculas de esponjas, Miliolidos, Textularidae y fragmentos de Lamelibranquios. En su cima hemos datado la parte inferior del Aptiense superior, caracterizada por la asociacin Sabaudia minuta (HOFKER), Simplorbitolina manasi ClRY y RAT, Bacinella irregularis RADOICIC, Mesorbitolina texana texana (ROEMER), Spiroculina sp., Glomospira sp., Haplopharagmoides sp., A taxophragmiide y Miliolidos. Al lentejn calizo le sigue, refirindonos todava al corte de Aduna, un tramo formado por la alternancia irregular de limolitas y areniscas, litolgicamente semejantes a las que coronan el Complejo Purbeck-Weald. En otros cortes, en los que faltan las lutitas y calizas inferiores del Complejo urgoniano, se hace problemtica la localizacin del lmite entre ambos complejos. Las areniscas de Aduna estn formadas en un 90% por granos de cuarzo muy bien redondeados: contienen adems pequeas cantidades de fragmentos rocosos y de chert: la matriz est constituida por xidos de hierro y arcilla. Aunque sin fauna, la edad Aptiense superior del tramo queda definida por las dataciones efectuadas en los materiales infra y suprayacentes. El espesor es muy constante en todo el afloramiento urgoniano al SW de Andoain; entre esta localidad y Hernani, sin embargo, est ausente, siendo difcil precisar si su desaparicin se debe nicamente a causas estratigrficas, o, por el contrario, a laminaciones tectnicas. La parte superior de la sucesin corresponde a un paquete de calizas urgonianas masivas, a veces muy recristalizadas y litolgicamente muy similares a las del lentejn calizo que acabamos de describir. La biofacies se mantiene idntica hasta aproximadamente la mitad del paquete; a este nivel destaca la desaparicin de Simplorbitolina-manasi CIRY y RAT, que es sustituida por Simplorbitolina
conulus SCHROEDER; en la parte alta hemos localizado asociaciones referentes al trnsito Aptiense-Albiense (segn RAMIREZ DEL POZO, 1971 a), tales como: Simplorbitolina conulus SCHROEDER, Mesorbitolina texana texana (ROEMER), Lythophillum amphiroaeforme (ROTHPL.), Mesophillum sp., Archaeolithothamnium sp., Haplophragmoides sp., Algas Solenoporceas, fragmentos de Lamelibranquios y Radiolas y placas de Equnidos. Segn esto, la parte terminal del Complejo urgoniano pertenece ya al Albiense. [Link]. El Complejo urgoniano en el sector de Gaztelumendi Se caracteriza por un predominio de los trminos carbonatados y por presentar un espesor ms reducido que en los sectores antes estudiados. Aqu, conforme a los criterios de datacin aceptados hasta ahora, todo el Complejo urgoniano queda comprendido en el Aptiense, localizndose por encima una laguna estratigrfica que abarca, al menos, todo el Albiense; en efecto, sobre las calizas urgonianas del Gaztelumendi, se apoya el Cretcico superior. Los primeros niveles atribuidos al Complejo urgoniano son unos lechos, en conjunto de muy poco espesor, de lutitas laminadas grises con restos de Ammonites (esquistos con Parahoplites), interestratificados con calizas arcillosas. A continuacin comienza un grueso paquete de calizas masivas, de colores generalmente grisceos, con elevado contenido en CO3Ca y gran cantidad de Lamelibranquios y Orbitolinas. En la parte alta de estas calizas se intercalan cuerpos lenticulares de areniscas de tamao de grano medio, de color amarillo-rojizo, que contienen laminillas de mica blanca, que le confieren cierta hojosidad, y ndulos ferruginosos. El cambio de facies entre las calizas y estas areniscas se hace de forma gradual, pasando por una alternancia de calizas arenosas y lechos de areniscas. En el techo de estas calizas, culminando la serie, se ha determinado una asociacin que permite situar este lmite dentro del Aptiense superior. La biofacies consta de: Simplorbitolina conulus SCHROEDER, Mesorbitolina texana texana (ROEMER), Sabaudia minu-
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ta (HOFKER), Bacinella irregularis RADOICIC y Coskinolinella sp. [Link]. Otros afloramientos del Complejo urgoniano Aparte de los ya descritos, nicamente quedan por mencionar algunos afloramientos asociados a estructuras diapricas y los que bordean, por el NW, al Macizo de Cinco Villas. De entre los primeros slo son dignos de resear los que aparecen en los diapiros de Zarauz y en el de Martutene (al SE de San Sebastin). El Complejo urgoniano en Zarauz est constituido por materiales eminentemente detrticos, sobre todo lutitas y margas arenosas, entre los que se intercala un pequeo lentejn de calizas masivas y algunas masas, tambin de forma lenticular, de areniscas micceas. Al SE de San Sebastin, afloran pequeas masas de calizas masivas en Martutene y en el monte Txoritokieta. En ambos casos, los contactos son siempre tectnicos por lo que es imposible determinar, los espesores reales. Tambin en el borde de Cinco Villas afloran de manera discontinua delgados paquetes de calizas urgonianas, alineadas segn la falla que limita al Macizo. Se trata siempre de calizas bien estratificadas, con Orbitolinas, y a veces con dbiles proporciones de granos de origen detrtico. Las potencias observadas son siempre muy reducidas, pues nunca se superan los 50 m., pero esto no es muy significativo por cuanto toda la zona est muy tectonizada y las laminaciones son muy frecuentes e intensas. Al norte de la lnea Oyarzun-Rentera no aflora el Complejo urgoniano y, como ya hemos indicado anteriormente, series detrticas del Albiense reposan sobre materiales ms antiguos. 2.2.6. Complejo supraurgoniano P. RAT (1959) denomina Complejo arenoso supraurgoniano a un conjunto potente de areniscas, margas compactas o esquistos.... que se intercala entre los ltimos horizontes del Complejo urgoniano y los primeros niveles del flysch margoso del Cret-
cico superior. Se caracteriza por su importante contenido en material terrgeno, procedente de recrudecimiento de los procesos erosivos en los mrgenes continentales de la cuenca; el relieve qued rejuvenecido a causa de los movimientos ante-cenomanenses, admitidos por muchos autores en el rea pirenaica (FEUILLE y RAT, 1971). Las secuencias, considerada la cuenca en su totalidad, son de carcter regresivo. Sin embargo, en el rea estudiada, se adopta una disposicin ms bien referible a oscilaciones, no generalizadas, de bloques, primeramente levantados y posteriormente subsidentes. Esto implicara la existencia de hiatos, aunque no los hayamos podido valorar exactamente, dada la escasez de fauna. La identidad cartogrfica del Complejo supraurgoniano es clara, pero su edad precisa es difcil de establecer. En diversos puntos de la cuenca se ha constatado la existencia de trminos del Albiense superior y del Cenomaniense inferior. El conjunto, en Guipzcoa, queda comprendido entre las calizas urgonianas, que se sitan en el lmite AptienseAlbiense y los primeros niveles, ms ricos en fauna, del Cenomaniense superior. Con todo, es probable, y as ha sido advertido (RAT, 1959), que los lmites no sean isocronas, sino que puedan coincidir con hiatos de amplitud no determinada. El carcter transgresivo del Complejo supraurgoniano se hace ms perceptible conforme nos aproximamos al Macizo de Cinco Villas. En su borde NW, los materiales detrticos supraurgonianos son de grano muy grueso y llegan a reposar discordantemente sobre el Paleozoico. Ms al interior de la cuenca, en los afloramientos de los montes Andatza y Ernio, las facies son de grano ms fino, aunque persiste la naturaleza predominante detrtica; es de sealar el incremento en la proporcin de cemento de precipitacin qumica. Al sur del Macizo de Cinco Villas, concretamente en la vertiente meridional de Gaztelumendi, no estn representados los materiales del complejo supraurgoniano y trminos del Cretcico superior reposan directamente sobre calizas datadas del Aptiense.
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[Link]. Materiales supraurgonianos del borde NW de Cinco Villas El Complejo supraurgoniano aflora a lo largo de todo el borde NW del Paleozoico, entre Villabona e Irn. Al NE de Hernani, existen tambin materiales supraurgonianos con la misma facies, pero en puntos algo alejados del actual macizo: se relacionan con los bordes de algunas estructuras diapricas (Santiagomendi, San Marcos, Oyarzun). El mejor corte, sobre todo para los niveles basales, se obtiene en la carretera que desde Oyarzun se dirige al Castillo del Ingls; en el km. 12 de la carretera se pueden observar los trminos ms bajos de su sucesin supraurgoniana, que en este punto reposa sobre materiales del Tras. Comienza esta sucesin por 3 4 m. de limos y arcillas de colores amarillentos y rojizos que, en pequeos afloramientos, se confunden con los materiales del Keuper y de hecho deben provenir de la removilizacin de sedimentos trisicos. La intercalacin de finos niveles carbonosos es un buen carcter diferencial. Sobre los limos coloreados se sitan unos 50 m. de secuencias rtmicas, en las que se repiten conglomerados, areniscas y, por ltimo, limos y arcilla. Los conglomerados son de cantos cuarcticos bien redondeados, aunque a veces se reconocen otros de areniscas, semejantes a las del Tras inferior; el tamao de los cantos oscila alrededor de los 5 cm. Las areniscas que les suceden son cuarcticas y con matriz miccea; presentan colores blanquecinos y rosados, y ocasionalmente se aprecia en ellas estratificacin cruzada. Cada ritmo termina en lutitas de colores grisceos y rojizos, que dan paso a un delgado horizonte de materia carbonosa. El espesor del ritmo completo oscila entre 3-4 m. y las superficies de separacin entre ritmos consecutivos suelen ser erosivas; a veces las secuencias se encuentran truncadas, tanto en su base como en su cima. La sucesin contina con un espesor variable (hasta 400 m.) de areniscas en gruesos bancos y con superficies de estratificacin irregulares, entre las que se disponen delgados lechos de limos de color amarillo. Eventualmente se intercalan en ellos delga-
das hiladas de conglomerados. Al microscopio, estas areniscas se manifiestan formadas esencialmente por granos de cuarzo y chert de tamao arena media, bien redondeados y seleccionados: estn cementadas por slice de crecimiento secundario; hacia la parte alta el tamao de grano disminuye y va aumentando progresivamente la proporcin de matriz micceo-arcillosa. Ms arriba y por mediacin de un tramo de limos y areniscas de grano fino, alternantes, se pasa a una sucesin de 100 m. de limos y arcillas bien estratificadas, de colores amarillentos, con lo que termina la sucesin (1). De las observaciones efectuadas en la vertiente NW de las Peas de Aya y en los alrededores de Oyarzun, P. FEUILLE (1967) concluye que la edad de su sucesin debe ser la misma que la de las areniscas de Ascain, datadas como Albiense (DELOFFRE, 1959, in FEUILLE, op. cit.). Aunque en conjunto, las sucesiones supraurgonianas son uniformes de unos cortes a otros del borde NW del Macizo, se observan algunas variaciones relativas, sobre todo, al tamao medio de grano de los componentes detrticos; tales diferencias dependen de la proximidad relativa al borde de la cuenca. Las ritmitas basales con conglomerados slo se presentan bien desarrolladas en los alrededores de Oyarzun. Ms al N, en el sector de Minas de San Narciso, el Complejo supraurgoniano, que reposa directamente sobre materiales paleozoicos, muestra en su base areniscas de grano medio, con espordicas intercalaciones de conglomerados. Al SW de Oyarzun, jalonando la falla inversa que limita el Paleozoico, las sucesiones supraurgonianas se inician con areniscas y limos, que predominan sobre materiales de granulometra ms grosera; es presumible que el lmite de la cuenca estuviera ms al E que el borde actual del Macizo. [Link]. El Complejo supraurgoniano en el Andatza y en el Ernio En el sector del monte Andatza, formando el ncleo de un amplio sinclinal de direccin NE-SW, aflora una sucesin supraurgo(1) Las potencias sealadas son vlidas para el sector Oyarzun-Irn.
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Areniscas de grano grueso con intercalaciones de bancos de conglomerados y niveles de limos y arcillas carbonosos.
Limos y margas apizarradas con intercalaciones de areniscas. Areniscas de cemento silceo con delgadas intercalaciones de limos y conglomerados.
Complejo urgoniano. Secuencias rtmicas de conglomerados, areniscas y limos. Limos y arcillas. Fig. 6. Sucesin del Complejo supraurgoniano al NE. de Oyarzun. Fig. 7. Sucesin del Complejo supraurgoniano en el monte Andatza.
niana, diferente a las descritas. Los materiales siguen siendo predominantemente detrticos, pero se aprecia en ellos una considerable disminucin en el tamao de grano, en relacin con las secuencias del borde del Macizo de Cinco Villas. La columna estratigrfica, que se describir a continuacin, se ha establecido a partir de observaciones efectuadas, por una parte, en los caminos que dirigen desde Aduna hacia el monte Andatza, para los trminos inferiores y, por otra, en las pistas forestales existentes al S de Aguinaga. Al N de Aduna, sobre las calizas masivas urgonianas, comienza la sucesin por un tramo formado por trminos detrticos, en los que se dan alternancias de areniscas y limos. con arcillas y delgados niveles carbonosos.
El color es amarillo y presentan frecuentes concreciones ferruginosas. Este primer paquete de la serie que tratamos tiene un espesor muy variable entre 50 y 300 m. Las areniscas son de grano fino y estn formadas principalmente por cuarzo y, en menor proporcin, fragmentos rocosos; la matriz, que puede representar el 30% de la roca, la constituyen arcilla, mica y xidos de hierro; el cemento es calcreo. Las limolitas tienen laminacin paralela, que resalta con gran nitidez por la existencia de finsimas acumulaciones ferruginosas, y en ocasiones se ha reconocido tambin laminacin cruzada. Por encima se sita un tramo potente y montono, de ms de 500 m. de espesor, en el que alternan repetidas veces limos y margas apizarradas con areniscas. Los primeros 20-30 m. de este gran paquete son limosos, estratificados en bancos de hasta 50 cm., con intercalaciones arcillosas delgadas; los limos son de color gris oscuro, casi negros, con
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abundantes pajitas de mica dispuestas en lminas paralelas, que confieren al material una hojosidad incipiente: el tamao de grano, en algunos bancos, sobrepasa el lmite del limo y se han clasificado como areniscas de grano fino; el cemento es calcreo. El resto se caracteriza por la alternancia reiterada de horizontes limosos y arcillosos, con estratificacin ms fina. Por el modo de presentarse, se les ha considerado como un flysch (flysch negro de RAT, 1959, y FEUILLE, 1967). Sin embargo, conviene notar la ausencia de niveles propiamente turbidticos. La sucesin supraurgoniana termina en el monte Andatza, con 300 m. de areniscas y conglomerados. Las areniscas, en bancos de 1 m. son de grano grueso, cuarzosas o cuarcticas y con matriz limoso-arcillosa: presentan colores amarillos y rojizos y suelen estar interestratificados con delgados niveles de limos y arcillas carbonosas. De vez en cuando se reconoce algn banco conglomertico, con cantos generalmente cuarcticos y algu-
nos de areniscas y limolitas micceas amarillas: son cantos poco redondeados, con tamao que no suele exceder de 5 cm. y con una matriz sobre todo limosa y arenosa, y una estratificacin grosera en bancos de hasta 2 m. Los conglomerados se distribuyen como cuerpos lenticulares dentro del conjunto detrtico ms fino. Hay que hacer notar que los materiales de grano grueso slo han sido observados en este corte; ms al W, en las inmediaciones del Alto de Andazarrate, el Cenomaniense superior reposa sobre trminos equivalentes a los del paquete de limos y arcillas alternantes. En el monte Ernio, el Complejo supraurgoniano est representado por una sucesin montona de limos calcreos y pizarras, con alguna intercalacin de calizas arcillosas bien estratificadas en lechos de poco espesor, y algn delgado nivel de areniscas de grano fino. En conjunto, la fraccin detrtica es ms fina que en el Andatza.
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Fig. 9. Ensayo de correlacin entre las principales sucesiones del Jursico y Cretcico inferior del NE. de Guipzcoa.
2.2.7. Sucesiones del Cenomanience superior-Campanience Son los materiales conocidos como flysch cretcico superior (LAMARE, 1936; RAT, 1959, etc.), si bien en esa denominacin se incluan los niveles del Maastrichtiense y los que marcan la transicin Cretcico-Paleoceno. El apelativo de flysch no es del todo correcto, puesto que slo la parte superior puede ser considerada como tal. El carcter transgresivo del Cenomaniense superior es manifiesto a escala de la cuenca, pero la transgresin se aprecia mal en nuestra rea porque la mayor parte de los contactos entre estas sucesiones y los trminos inferiores son tectnicos. Los sedimentos depositados desde el Cenomaniense superior hasta el Campaniense llegan a rebasar los 1.500 m. de espesor. De esta importante acumulacin, nicamente los 100-200 primeros metros corresponden al Cenomaniense superior-Santoniense. La desproporcionada distribucin de potencias a lo largo del Cretcico superior ha llamado la atencin de otros autores, hasta hacerles admitir hiatos anteriores al Campaniense (FEUILLE, 1967; RAMIREZ del POZO, 1971 al. La existencia de tales hiatos es problemtica ya que, como se ver, hemos conseguido obtener microfaunas del Cenomaniense, Turoniense, Coniaciense, Santoniense y Campaniense. Desde luego, no podemos garantizar absolutamente la continuidad en la sedimentacin
y, por otra parte, las sucesiones estn sujetas a importantes variaciones en sus espesores; a este respecto baste sealar que, frente a los 1.500 m. del Cretcico superior reconocidos en Orio-Usrbil, sondeos efectuados entre San Sebastin e Irn slo han conseguido cortar unos 500 m. (JEREZ MIR et al., 1971). El estudio de nuestro Cretcico superior, que quedara comprendido dentro de las facies que P. LAMARE (1936) llama flysch norpirenaico, se ha referido a tres sectores en los cuales se presenta con caractersticas ligeramente diferentes: 1) Al NW del Macizo de Cinco Villas. Es donde ms extensamente afloran las sucesiones y donde mayores potencias se alcanza. Dentro de esta zona se observan, no obstante, variaciones apreciables de unos sectores a otros. 2) Al S de Cinco Villas. Porcin perteneciente a la llamada Depresin intermedia por P. LAMARE. Es el rea en donde mejor se aprecia el carcter transgresivo del Cenomaniense superior. 3) Cuenca de Vera de Bidasoa. Dentro de nuestros lmites de trabajo slo existen pequeos afloramientos, pellizcados por la falla de Aritxulegui, zona que debi servir de comunicacin entre la cuenca de Vera y la existente al NW del actual macizo.
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[Link]. Al NW de Cinco Villas El Cretcico superior se presenta en este sector en un gran afloramiento que, desde Irn, en direccin SW, atraviesa en diagonal la hoja de San Sebastin. Al sur de esta capital el afloramiento queda dividido en dos ramas por el sinclinal del monte Andatza. La rama meridional forma parte de una estructura sinclinal limitada al NW por el anticlinal diaprico Hernani-Andoain y al SE por el macizo paleozoico; en la rama septentrional, entre San Sebastin y Zarauz, se localizan las mayores acumulaciones y las sucesiones ms completas. Las potencias son muy variables en este vasto afloramiento. Los mnimos espesores se sitan en el sector de Irn; hacia el W, el grosor aumenta progresivamente, y en la columna de Orio se puede superar los 1.500 m. A continuacin describiremos las secuencias ms caractersticas de los diferentes sectores de esta zona. ENTRE SAN SEBASTIAN Y ZARAUZ Se pueden distinguir dos tramos diferenciables litolgicamente, uno inferior de naturaleza calcres-arcillosa y otro superior y mucho ms potente, flyschoide. El tramo inferior(1) tiene una potencia difcilmente calculable, ya que frecuentemente est reducido por laminaciones tectnicas; sin embargo, es posible que no supere los 200 m. de espesor. Est formado esencialmente por calizas arcillosas, generalmente con colores rosados, a veces son verdosas o grises; suelen contener una pequea proporcin de granos de cuarzo de tamao limo, la fractura es astillosa o concoide y la estratificacin normalmente es buena, en lechos con superficies irregulares y con un espesor de 30-40 cm. En ocasiones, como ocurre unos cuatro kilmetros al este de Aya, donde, por otra parte, se manifiesta con su mximo grosor, se presenta como calizas micrticas, mucho menos arcillosas de color gris y estratificadas en bancos de ms de 50 cm. de espesor.
(1) Este tramo inferior fue considerado como Maastrichtiense en un trabajo anterior (CAMPOS y GARCIA-DUEAS, 1974 c). El error en la atribucin fue motivado por el perecido litolgico y por varias dataciones sobre microfaunas que han resultado ser incorrectas.
El tramo inferior aflora de manera continua entre Aya y San Sebastin, alinendose, generalmente con buzamientos invertidos, a lo largo de la falla inversa de Usrbil, que limita al norte la estructura sinclinal del monte Andatza. Habitualmente estos materiales son pobres en fauna y sta suele estar mal conservada: sin embargo, en varios puntos han podido ser recogidas muestras con asociaciones que datan hasta el Santoniense superior. En los alrededores de Usrbil, en el km. 10 de la carretera Bilbao-San Sebastin (1) hemos comprobado la existencia de Cenomaniense superior-Turoniense inferior con: Rotalipora greenhornensis (MORROW), Dicarine(1) Precisamente este corte ha sido citado por P. FEUILLE (1967), quien nicamente encontr microfaunas del Coniaciense.
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lla difformis (BOLLI), Praeglobotruncana stephani (GANDOLFI), Marginotruncana tarfayaensis (LEHMANN), Dicarinella schneegansi (SIGAL), Rotalipora cushmani (MORROW). Por otra parte, en el sector de Lasarte, en el camino que se dirige hacia el N desde el km. 9 de la misma carretera, hemos datado el Santoniense con: Marginotruncana angusticarinata (GANDOLFI), Marginotruncana pseudolinneiana PESSAGNO, Marginotruncana renzi (GANDOLFI) , Marginotruncana coronata (BOLLI), Archaeoglobigerina cretacea (D'ORBIGNY). En Ayete, al norte de Hernani, hemos podido constatar que todava el Santoniense superior queda incluido en el tramo inferior, ya que en la cima existe la asociacin: Globotruncana fornicata (PLUMMER), Globotruncana aff. elevata (BROTZEN), Globotruncana lapparenti BROTZEN, Marginotruncana renzi (GANDOLFI). El tramo superior corresponde a una sucesin montona con caracteres de verdadero flysch, constituida por una alternancia irregular de calizas, margas, pizarras sedimentarias, limolitas, calizas arenosas, etc., en las que se encuentran frecuentes estructuras sedimentarias primarias, caractersticas de secuencias turbidticas, tales como laminacin paralela y cruzada, lechos gradados, convoluted laminations, estructuras de deformacin sinsedimentarias, etc.; de estas estructuras se pueden observar bellos ejemplos en el talud de la carretera de Bilbao a San Sebastin, entre Usrbil y Orio. La estratificacin es muy uniforme, en lechos de unos 25 cm. de espesor. Litolgicamente, se han clasificado, entre otros tipos, limolitas calcreas, micritas arcillosas, arcillitas calcreas, areniscas carbonatadas, etc.; el contenido detrtico en todas ellas correspondiente a tamao limo o arena fina, es apreciable. Recordemos que en algunos cortes, Orio por ejemplo, el tramo superior rebasa los 1.500 m. El alto contenido faunstico de este potente tramo flyschoide permite la datacin precisa del Campaniense; aproximadamente el tercio inferior del tramo pertenece al Campaniense inferior y el resto, con ms desarrollo, al Campaniense superior. El Campaniense inferior viene caracteri-
zado por la asociacin, presente en varios cortes, de: Globotruncana elevata (BROTZEN), G. fornicata PLUMMER, G. trinidadensis GANDOLFI, G. stuartiformis DALBIEZ, G. rossetta CARSEY, G. arca (CUSHMAN), G. linneiana (D'ORBIGNY), G. sp. aff. ventricosa WHITE, Dorothia crassa (MARSSON) , Gyroidina nitida (REUSS), Lituotuba lituiformis CUSHMAN y JARVIS(1). El Campaniense superior tambin resulta muy rico en microfauna, con asociaciones de: Globotruncana arca (CUSHMAN), G. trinidadensis GANDOLFI, G. bulloides VOGLER, G. cf. austinensis GANDOLFI, Globotruncana sp. intermedia entre G. fornicata PLUMMER y G. contusa (CUSHMAN), G. gaudkoffi MARTIN, G. cf. stephensoni PESSAGNO, G. cf. plummerae GANDOLFI, G. caliciformie VOGLER, G. ventricosa WHITE, G. lapparenti tricarinata QUEREAU, Reusella szajnoschae (GRZYBOWSKI), Verneuilina cf. munsteri REUSS, Dentalina cf. lorneiana D'ORBIGNY. Paleontolgicamente no ha podido ser localizado el lmite Campaniense-Maastrichtiense. No obstante, por encima de los trminos bien datados como Campaniense superior, se sitan otros litolgicamente diferentes y que sern tratados ms adelante, que suministran una abundante fauna del Maastrichtiense; suponemos que el lmite cronoestratigrfico podra coincidir con el cambio vertical de litologa. ENTRE OYARZUN Y VILLABONA Tambin en este sector se pueden distinguir dos tramos, aunque litolgicamente algo diferentes, sobre todo el inferior, de los existentes en l, antes considerado. El tramo inferior es litolgicamente variable a lo largo del borde del Macizo: Entre Ereozu y Oyarzun se presenta bajo forma de pizarras calcreas, de color gris y superficie brillante, bien estratificadas. Son rocas formadas por minerales micceo-arcillosos y barro micrtico, entre las que hay dispersos granos de cuarzo de tamao limo en propor(1) En opinin de M. A. LAMOLDA, que amablemente ha clasificado nuestras microfaunas, existen formas ms propias del Campaniense superior que del inferior. Sin embargo la ausencia de formas de transicin a G. contusa que aparecen ms arriba, nos ha decidido por el Campaniense inferior.
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cin muy baja; diferencias alternativas de composicin confieren a la roca una laminacin caracterstica. En ocasiones se pueden observar en estos trminos cantos dispersos, angulosos y de tamao centimtrico, formados por restos de pizarras del Paleozoico; un buen ejemplo se tiene en el afloramiento existente unos dos kilmetros al S del barrio Iturrioz, de Oyarzun. Ms al SW, las facies se hacen ms carbonatadas y se pierde la hojosidad, a la vez que se intercalan niveles margosos. Este cambio litolgico es la causa de que el tramo inferior se haga parecido al superior y por ello no estn diferenciados en cartografa al SW de Fagollaga. La microfauna del tramo inferior es poco abundante, sobre todo en el sector ms nororiental, donde predominan las facies arcillosas. Ms al Sur, cuando se hace ms calcreo y abundan las intercalaciones margosas, han podido ser datados varios pisos del Cretcico superior. As, en el flanco N del domo de Fagollaga, en cuyo ncleo afloran areniscas del Complejo supraurgoniano, y a lo largo de la carretera de Goizueta a Hernani, hemos podido reconocer la presencia del Turoniense con Globotruncana aff. linneiana (DORBIGNY); en el flanco S del mismo anticlinal, las dataciones son ms precisas, al haberse reconocido el Cenomaniense superior en la parte baja del tramo y ms arriba el Turoniense y el Santoniense. El Cenomaniense superior presenta asociaciones como Pithonella sp., Rotalipora appeninica (RENZ), R. greenhornensis (MORROW), Praeglobotruncana sp., Hedbergella sp., Textularia sp., Tritaxia sp., etc. En lechos superiores, el Turoniense se caracteriza por: Marginotruncana helvetica (BOLLI), M. sigali (REICHEL), M. pseudolinneiana PESSAGNO y M. Coronata (BOLLI). Finalmente el Santoniense, con: Marginotruncana pseudolinneiana PESSAGNO, M. marginata (REUSS), M. coronata (BOLLI), Hedbergella sp., Heterohellix sp., etc. En el Km. 12 de la carretera de Astigarraga a Oyarzun, al W de un pequeo afloramiento de Kouper diaprico all existente, se ha confirmado la existencia del Cenomaniense superior con Orbitolina conice (DARCHACH),
Pseudocyclamina sp., Textularidae, placas y radiolas de Equnidos y fragmentos de Lamelibranquios; en este punto las facies basales del tramo inferior resultan algo ms arenosas. La potencia del tramo inferior es variable y en ocasiones difcil de estimar, pero suele oscilar entre 200 m. al S de Oyarzun y 50 m. en Fagollaga, como valores extremos. El tramo superior es muy similar al descrito para el sector entre San Sebastin y Zarauz. Se presenta como una alternancia montona y muy potente de calizas, margas, calizas arenosas y areniscas, bien estratificadas, con caractersticas de flysch; entre sus niveles se observan con frecuencia episodios turbidticos, con estratificacin gradada, laminacion disturbada (convoluted beds) y laminacin paralela; existen tambin huellas de corriente en la base de algunos lechos y, a veces pliegues y brechas intraformacionales. En los horizontes inferiores del paquete se ha recogido una fauna que data an el Santoniense ya que se encuentra Globotruncana aff. austinensis GANDOLFI. En este caso el tramo superior comprendera el Santoniense terminal y el Campaniense. ENTRE OYARZUN E IRUN Entre Oyarzun e Irn el Cretcico superior presenta diferencias notables respecto a las zonas anteriormente consideradas. Estas diferencias se acentan sobre todo hacia el NE, en las proximidades de Irn; estriban principalmente en la reduccin de la potencia y en una mayor abundancia de niveles detrticos. Los dos tramos distinguidos ms al W son indiferenciables aqu. Donde es posible la observacin, la sucesin presenta en su parte ms baja caractersticas similares a los ltimos horizontes del Complejo supraurgoniano; est formada por 50 m. de margas arenosas de color gris azulado, entre las que se intercalan algunos niveles muy delgados de calizas arcillosas. Al S. del monte Zubelzu, en la base de estos niveles existen horizontes de brechas formadas esencialmente por cantos calizos angulosos; mucho ms escasos son otros de areniscas y cuarcitas, estos ms redondeados que los de caliza; el cemento es calcreo.
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Hacia la parte alta de estos primeros 50 m. se hacen ms frecuentes los niveles calizos, presentndose como una alternancia de calizas arcillosas y margas. A partir de varios levigados de las margas se ha constatado la existencia de Turoniense-Coniaciense, por la presencia de Praeglobotruncana stephan (GANODOLFI) y Globotruncana sigali (REICHEL). Al S del monte San Marcial (Irn), la sucesin prosigue con un paquete (20 m., mximo) de calizas grises, a veces algo arenosas, bien estratificadas, aunque en lechos de grosor desigual. Parecen prolongar, al lado Sur de la frontera, las llamadas calizas de Behobia, (FEUILLE y SIGAL, 1965); las calizas de Behobia, mejor representadas en territorio francs, donde se las considera claramente transgresivas, han sido datadas por dichos autores como Santoniense. Al S del monte San Marcial desaparecen y, sobre los trminos atribuibles al Coniaciense, existe una sucesin muy montona (300-400 m.) en la que alternan lechos de calizas arcillosas, areniscas y margas, y algunos horizontes delgados de chert; los niveles de chert son ms escasos hacia la parte alta de su sucesin, que se hace progresivamente flyschoide, aunque sin llegar a la frecuencia de turbiditas de otros sectores. En los ltimos 100 m. y en diversos puntos, hemos obtenido microfaunas del Campaniense superior, muy rico en formas tales como: Globotruncana lapparenti BROTZEN, G. aff. caliciformis VOGLER, G. cf. rosseta (CARSEY), G. elevata (BROTZEN), G. cf. gansseri BOLLI, G. globulosa (EHREMBERG), G. linneiana (D'ORBIGNY), G. lapparenti BROTZEN, G. stuartiformis DALBIEZ, Spiroplectamina dentata (ALTH), Gaudryina laevigata FRANKE, Dorothia crasss (MARSSON), Reussella szajnochae (GRZYBOWSLY), etc. [Link]. El Cretcico superior al S de Cinco Villas Forma parte de la llamada por P. LAMARE Depresin intermedia, que se extiende desde el Sur de Tolosa hasta Elizondo. El carcter transgresivo de la sucesin, ya reconocido anteriormente por diversos autores (LAMARE, 1936; FEUILLE, 1967; VI-
LLALOBOS, 1977, etc.); no se puede apreciar por observaciones efectuadas en nuestra rea, ya que el contacto est en gran parte tectonizado. Sin embargo, ms al E, en la hoja de Sumbilla (n. 90) y particularmente al E de Ezcurra, hemos constatado que los materiales del Cretcico superior reposan indistintamente sobre trminos paleozoicos, trisicos o jursicos. Otros autores citan, para ciertos cortes, la existencia de conglomerados y brechas polignicas basales. En la vertiente S del Gaztelumendi y en el puerto de Urto el Cretcico superior se apoya sobre calizas aptienses y comienza por unos metros de argilitas calcreas, de color gris azulado (amarillas por alteracin), que poseen una hojosidad muy grosera. Ms arriba se pasa a una sucesin flyschoide de ms de 400 m., en la que alternan irregularmente margas hojosas, calizas arcillosas y algunos niveles de areniscas y calizas arenosas; todos los niveles estn regularmente estratificados en lechos que raramente superan los 25 cm. de espesor. En los horizontes ms arenosos se ven en ocasiones estructuras sedimentarias primarias (flute cast, convoluted beds, etc.). Los numerosos levigados efectuados han resultado estriles o sin fauna caracterstica. P. FEUILLE (1967) supone, sin argumentos definitivos, que los niveles basales pueden ser del Coniaciense; por su parte F. K. EWERT (1964, in VILLALOBOS, 1977), al E de Leiza consigue datar el Turoniense en las brechas y conglomerados basales. En consecuencia, es probable que la sucesin completa incluya buena parte del Senoniense. [Link]. Terminacin occidental de la cuenca de Vera de Bidasoa Son pocos los afloramientos del Cretcico superior de la Cuenca de Vera existentes al W del ro Bidasoa; por aadidura son de extensin reducida y se hallan pellizcados a lo largo de la falla de Aritxulegui. El trazado de la falla parece coincidir con la zona que debi servir de comunicacin a la Cuenca de Vera. Para el mejor conocimiento del Cretcico superior de Vera de Bidasoa remitimos al examen de algunos de los trabajos publica-
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dos (RICHTER, 1963; FEUILLE, 1964 y 1967; CAMPOS et. al., 1975). El corte del Bidasoa, el ms completo del extremo occidental de la cuenca, deja ver una sucesin compuesta por un tramo basal, con calizas brechoides y calizas masivas zogenas (calizas con Caprinidos del Cenomaniense de FEUILLE, 1964) que resultan de la consolidacin de gravas y fangos de origen arrecifal. El tramo superior est formado por una alternancia de margas apizarradas y calizas arcillosas de color azulado (amarillos por alteracin), con algunas intercalaciones de lechos de areniscas. Las muestras recogidas han resultado estriles por lo que no pueden ser hechas precisiones sobre la edad. En el sector de Vera de Bidasoa, unos kilmetros al E del rea que hemos estudiado, L. VILLALOBOS (in CAMPOS et al., 1975) ha podido distinguir dos tramos, el inferior de edad Turoniense medio-Coniaciense medio y el superior Coniaciense superior-Campaniense. 2.2.8. Materiales Maastrichtienses. Transicin Cretcico-Palegeno
Sobre los materiales del Campaniense superior y en un afloramiento prcticamente continuo que se extiende desde Fuenterraba hasta Zarauz, se sitan unos trminos de litologa y coloracin, caracterstica, en los que han podido ser datados el Maastrichtiense y el Daniense. De abajo a arriba, se distingue una variacin ciertamente apreciable en la litologa, variacin ms acusada en la mitad oriental. La parte inferior es ms margosa y est formada esencialmente por margas y calizas muy arcillosas con fractura concoide, que presentan casi siempre tonalidades rosadas o rojas vivas: otras veces y sobre todo en los niveles ms bajos, los tonos son verdosos o azulados. Este tramo margoso es siempre muy fosilfero y en l hemos datado repetidamente el Maastrichtiense con una abundante microfauna de foraminferos planctnicos. En Fuenterraba se han determinado, entre otros: Globotruncana contusa CUSHMAN, G. cf. rossetta (CARSEY), G. calcarata CUSHMAN, G. lapparenti tricarinata QUEREAU, G. linneiana (D'ORBIGNY), Rugoglobi-
gerina sp. y Robigerineloides sp. Al norte de Aguinaga, en un camino que, desde la carretera de Bilbao a San Sebastin, sube en direccin al monte Talaigaa, el Maastrichtiense contiene: Globotruncana gansseri BOLLI, G. lapparenti tricarinata QUEREAU, G. ventricosa WHITE, G. linneiana (D'ORBIGNY), G. elevata BROTZEN, G. area (CUSHMAN) y Racemiguembelina fructicosa (EGGER) . La parte superior es de naturaleza ms calcrea y representa al Daniense. Est formada por calizas de color rosa salmn bien estratificados en lechos de unos 30 cm. de espesor. Litolgicamente corresponden en ciertos cortes, a micritas arcillosas, con un contenido variable de carbonato clcico, pues hay muestras que dan hasta un 93%, mientras que otras no sobrepasan el 65-75%; en otros cortes, el paquete ostenta un carcter ms arcilloso, y los anlisis no dan ms de un 35-45% de carbonato, correspondiendo el resto a la fraccin arcillosa y fsiles. En lneas generales se puede decir que la proporcin de calizas disminuye de este a oeste. En cualquier caso los materiales son muy fosilferos, con ricas microfaunas del Daniense. En las canteras situadas 1 km. al SW de Fuenterraba, hemos encontrado: Globigerina pseudobulloides (PLUMER), G. triloculinoides PLUMMER, G. daubjergensis BRONNIMANN y Globorotalia uncinata BOLLI. En el sector de Orio, el Daniense queda caracterizado con: Globigerina gr. mackannai WHITE, G. daubjergensis BRONNIMANN, G. triloculinoides PLUMMER, G. alanwoodi EL-NAGGAR G. pseudobulloides PLUMMER, Globorotalia compresa (PLUMMER) y G. angulata WHITE. La potencia del conjunto Maastrichtiense y Daniense es reducida y ligeramente variable de unos sectores a otros. El mximo espesor se presenta entre San Sebastin y Fuenterraba, en donde se puede estimar en unos 75 metros de los que aproximadamente, los 25 m. superiores deben corresponder a las calizas del Daniense y el resto al Maastrichtiense. Hacia el W este grosor se reduce apreciablemente y en los alrededores de Orio no debe superar los 30 m., a la vez que el Daniense como ya se ha indicado, se hace ms margoso y se confunde litolgicamente con el Maastrichtiense.
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2.3.
MATERIALES PALEOGENOS
Los materiales preorognicos ms modernos de entre los que afloran en la regin estudiada tienen una edad que comprende desde el Paleoceno medio hasta el Eoceno inferior. Unicamente se presentan en la zona costera de Guipzcoa, en la que, por sus propias caractersticas litolgicas, forman una alineacin montaosa que, desde el Cabo Higuer hasta Zumaya, constituye una barrera que separa la costa de las tierras del interior. En general, las formaciones terciarias tienen un marcado carcter de flysch y en algunas de ellas se superponen turbiditas con diferentes direcciones de aporte, lo que plantea interesantes problemas paleogeogrficos. Se pueden distinguir dos formaciones bien definidas litolgicamente, que sern tratadas a continuacin. En la parte inferior se sita el que llamaremos Flysch de Guipzcoa, y, sobre l, la Formacin Jaizkbel. En el sector oriental, entre San Sebastin y Fuenterraba, las dos formaciones estn bien diferenciadas, ya que al flysch de Guipzcoa, de edad Paleoceno medio-superior, se superpone una potente sucesin areniscosa de ms de 1.000 m., que abarca hasta el Eoceno inferior (formacin Jaizkbel). Pero ms al W, en Orio, las dos formaciones se interpenetran de forma que en la parte inferior de la formacin Jaizkbel y suturados como cambio lateral de facies, se intercalan tramos de flysch de Guipzcoa. 2.3.1. El Flysch de Guipzcoa Consideramos, por una parte, los afloramientos existentes entre San Sebastin y Fuenterraba, en donde tiene menor potencia y puede ser perfectamente diferenciado de la formacin superior, y, en segundo lugar, los situados ms al W, representados por el corte tipo de Orio, en el que se observan, intercalados, algunos tramos de areniscas de Ia formacin Jaizkbel. ENTRE SAN SEBASTIAN Y FUENTERRABIA Un buen corte de estos trminos puede estudiarse en la playa de Fuenterraba, en el talud al W de la carretera que se dirige desde el centro urbano hacia la punta del Cabo Higuer.
Margas y calizas arcillosas. Fig. 11. Sucesin del Maastrichtiense y Palegeno entre San Sebastin y Fuenterraba.
En este perfil la secuencia presenta un espesor que no supera los 400 m. Se caracteriza por las reiteradas alternancias de niveles turbidticos con otros de precipitacin qumica y puede decirse que los trminos detrticos representan aproximadamente el 25 por 100 del espesor que en total corresponde a la sedimentacin de pizarras sedimentarias. Las secuencias de los ciclotemas del flysch no suelen presentarse completas, de modo que son frecuentes las secuencias truncadas en la base, carentes de su correspon-
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diente intervalo de extrema gradacin. Se reconocen en muchos bancos los intervalos de laminacin paralela, laminacin disturbada (convoluted beds) y el episodio luttico; algunas de las secuencias estn truncadas en su cima. La base de cada secuencia suele corresponder a areniscas cuarzosas feldespticas, con hasta el 5 por 100 de feldespatos, la litologa de intervalo pelgico es del tipo de biopelmicritas limosas en paso a dismicritas, que terminan habitualmente coronadas por biomicritas arcillosas. En los lechos lutticos, en Fuenterraba, hemos recogido una abundante microfauna de foraminferos planctnicos. Gracias a ella hemos confirmado la datacin del flysch, que queda incluido en el Paleoceno medio y superior; otros autores han citado una edad semejante (SAAVEDRA, 1971; KRUIT et al., 1972). En la parte inferior de la secuencia, el Paleoceno medio queda bien determinado con: Globigerina compressa PLUMMER, G. pseudobulloides PLUMMER, G. aff. triloculinoides PLUMMER, G. ex. gr. mckannai (WHITE), Globorotalia angulata (WHITE) , G. oclusa LOEBLICH y TAPPAN, Pelosina complanata FRANKE, Trochamminoides aff. proteus KARRER, Tritaxia pyramidata REUSS, Verneuilina triangulata COOK, Clavulina parisiensis DORBIGNY, etc. La parte superior puede ser considerada como Paleoceno superior por contener: Globorotalia cf. velascoensis (CUSHMAN), G. pseudomenardii BOLLI , G. triloculinoides PLUMMER, Cibicides sp., Asterigerina sp., etc. En la margen derecha de la ra de Pasasajes se puede observar una secuencia similar a la de Fuenterraba, aunque aqu las condiciones de observacin son mucho peores por estar parte de los trminos ocultos por la vegetacin o por las edificaciones. El Paleoceno medio ha librado: Globorotalia occlusa LOEBLICH y TAPPAN, G. acqua CUSHMAN y RENZ, G. cf. subbotinae MOROZOVA, G. cf. uncinata-carinata EL-NAGGAR, G. cf. simulatilis (SCH WAGER) y Globigerina linaperta FINLAY. AL OESTE DE SAN SEBASTIAN Tomaremos como tipo, para la parte inferior del flysch de Guipzcoa en este sec-
tor, un corte realizado a 3 km. al este de Orio, en el camino que parte del Km. 17 de la carretera de San Sebastin a Bilbao, y asciende hasta el monte Talaigaa. En este corte, sobre los niveles datados como Daniense, afloran: 1) En la base, un paquete de calizas grises masivas, con una potencia variable y que se acuan lateralmente. El espesor medio se puede estimar en unos 40-65 m. Litolgicamnte corresponden a biosparitas con intraclastos, con un contenido aproximado de 96-98% de carbonato clcico. 2) Sigue una alternancia de calizas de grano fino con areniscas y algunos horizontes limosos; la potencia es de aproximadamente, 50 m. y, lo mismo que el tramo anterior, se acuan lateralmente. Los lechos calizos se pueden clasificar como biomicritas ms o menos arcillosas; en ellos se observan, en ocasiones, algunas estructuras de slumping y olistostromas. 3) Ms arriba se intercala un paquete de areniscas feldespticas, con un espesor aproximado de unos 40-50 m., estratificado en bancos cuyo grosor oscila entre 1-2,5 m. Hacia el W, junto a Zarauz, cuando, tras acuarse, desaparecen los paquetes carbonatados 1 y 2 mencionados, estas areniscas reposan directamente sobre los materiales del Daniense. Litolgicamente corresponden a subarcosas y protocuarcitas pobres en fragmentos rocosos; sus caractersticas son similares a las que posee la formacin Jaizkbel, situada, ms al este, sobre el flysch paleoceno. De hecho los aportes de arenas deben guardar relacin con los mismos fenmenos y reas de alimentacin que han determinado la acumulacin de la formacin Jaizkbel; a este respecto es interesante consultar la fig. 13, en la que se ensaya la correlacin entre las columnas de Fuenterraba y Orio. 4) Se prosigue con una sucesin de caractersticas flysch, muy semejante a la observada en la playa de Fuenterra-
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ba, aunque la potencia es aqu mucho mayor: se puede estimar que oscila alrededor de los 1.000 m. Los niveles de ritmitas se encuentran tambin truncados por su base o por su cima; en la base de cada secuencia se suelen encontrar areniscas cuarzosas feldespticas (5% de feldespatos), mientras que los intervalos pelgicos son de biopelmicritas bastante arcillosas. Tambin se observan frecuentes huellas de muro en los lechos ms areniscosos, tales como flute-casts, marcas de carga, etc.; la direccin de aportes, deducida del estudio de huellas de corriente, es E-W, por lo que son, tambin axiales. En la formacin flysch y a unos 150 m. del techo se intercala un paquete de areniscas semejantes a las descritas en 3) y que, asimismo, suponemos asociables a la formacin Jaizkbel (ver fig. 12). Es estudio de las microfaunas planctnicas, en los cuatro paquetes diferenciados en el perfil de Orio, permite constatar que el lmite inferior de la sucesin, se sita en el Paleoceno medio, tal como ocurre al E de San Sebastin, mientras que el lmite superior queda incluido ahora dentro del Eoceno inferior. El paquete inferior calizo (paquete 1 de la sucesin) contiene trminos del Paleoceno medio, caracterizado por: Globorotalia compresa (PLUMMER), G. occlusa LOEBLICH y TAPPAN, Haplophragmoides aggeri CUSHMAN, Pelosina complanata FRANKE, Cibicides sp., Bathysiphon sp., etc. En el paquete 2, se ha datado el Paleoceno medio-superior, con: Globorotalia simulatilis (SCHWAGER), G. angulata WHITE, G. pseudomenardii BOLLI, G. aequa CUSHMAN y RENZ, Globigerina ex. gr. mckannai (WHITE) y G. linaperta FINLAY. En el paquete 4, ya que en el 3 los levigados efectuados han resultado estriles, todas las muestras recogidas dan faunas del Eoceno inferior. En la base hemos datado el Ypresiense inferior, con asociaciones de: Globorotalia subbotinae subbotinae MOROZOVA, G. simulatilis (SCHWAGER), G. aequa CUSH-
Areniscas faldespticas. Calizas y areniscas. Calizas masivas. Margas y calizas arcillosas. Fig. 12. Sucesin de Maastrichtiense y Palegeno en el sector de Orio.
MAN Y RENZ, G. bollii EL-NAGGAR, Acarinina cf. crassata densa (CUSHMAN), A. intermedia (SUBBOTINA) y Globigerina mckannai (WHITE). Los niveles superiores siguen siendo del Ypresiense, con abundante representacin de: Globigerina yeguaensis WEINZERL y APPLIN, Globorotalia crassata (CUSHMAN) y G. subbotinae subbotinae MOROZOVA. 2.3.2. La formacin Jaizkbel Es una potente formacin de litologa muy caracterstica, que se dispone, en la zona costera, sobre los materiales del Flysch de Guipzcoa, formando un suave arco de concavidad al N, desde el Cabo Higuer hasta unos 10 km. al W de Zarauz. Localmente, en San Sebastin y en Zarauz, el trazado del arco se
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ve perturbado por la interferencia de otras estructuras. La formacin Jaizkbel se compone de potentes bancos de areniscas cuyo grosor, de varios metros, crece de abajo hacia arriba, por lo general. Son areniscas cuarzosas de color amarillo por alteracin y cemento calcreo; estn formadas por un entramado de granos de cuarzo bien redondeados, que pueden constituir hasta el 90% de la roca (siempre ms del 75%), y cantidades subordinadas de feldespatos y fragmentos rocosos; los bancos suelen presentar una ligera graduacin en el tamao de grano y, en el conjunto de la sucesin, el tamao medio de grano se hace mayor hacia la parte alta de la misma. Es frecuente encontrar en el techo de los bancos areniscos superficies erosionadas y rellenas por nuevos sedimentos. La mayora de los lechos presentan laminacin paralela y en ellos se observan estructuras formadas durante la compactacin del material sedimentario (existen bellos ejemplos de disch-structures y pillar-structures).
Las estructuras de corriente son muy frecuentes en el muro de los estratos de areniscas. El estudio regional de las mismas refleja la existencia de un patrn divergente en abanico, en el que las corrientes, inicialmente la direccin N-S (perpendiculares, por tanto, al eje de la cuenca), se curvan hasta adquirir una direccin prxima a la E-W. Intercalados entre los gruesos bancos areniscosos, se disponen delgados niveles de naturaleza arcillosa; en ocasiones las intercalaciones son tan finas que los bancos de areniscas se apoyan prcticamente unos sobre otros. Son lutitas que presentan siempre una cierta pizarrosidad. Recientemente se ha llegado a la conclusin de que la formacin Jaizkbel se origin por acumulacin de material detrtico en la desembocadura de un profundo can submarino (KRUIT, BROUWER and EALEY, 1972). Para ellos, el hecho de que la granulometra de las areniscas sea ms grosera hacia la parte alta de la secuencia, a la vez que aumenta progresivamente el espesor de los bancos,
Fig. 13. Correlacin entre las principales sucesiones del Cretcico superior y Palegeno
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es indicativo de que se trata de la parte media de un cono de deyeccin submarino, de acuerdo con el modelo propuesto para este tipo de depsitos por WALKER Y MUTTI (1973) (in KRUIT et al., 1975). Adems, han estudiado la fauna contenida en estos materiales, encontrando fsiles que, aunque nerticos estn claramente rodados; el estudio de las especies bentnicas, por otra parte, les lleva a la conclusin de que la acumulacin se debi verificar a una profundidad variable entre 1.000 y 4.000 metros. Estiman tambin que los materiales arenosos se han depositado por corrientes de gravedad, que, como es sabido, pueden ocurrir a cualquier profundidad; por aadidura, no hay evidencias de ningn otro fenmeno o proceso propio de aguas poco profundas. Al E de San Sebastin, entre el monte Urgull y Fuenterraba, la formacin Jaizkbel alcanza su mximo desarrollo visible, superando los 1.000 m. de espesor. La base de la formacin areniscosa se sita todava en el Paleoceno superior, ya que en la ra de Pasajes hemos encontrado, en sus primeros niveles Discocyclina seunesi DOUVl LLE y Discocyclina aff. barkeri VAUGHAN y COLE, que rpidamente dan paso a microfaunas del Eoceno inferior. Nuestra atribucin concuerda con la establecida por KRUIT et al. (1975). Por otra parte, al W de San Sebastin, segn hemos sealado ya al tratar el flysch de Guipzcoa, un apreciable espesor (ms de 900 m.) de niveles flyschoides infrayacentes forman parte del Eoceno inferior, si bien poseen paquetes intercalados de areniscas de caractersticas similares a las de Jaizkbel (fig. 12). As, la formacin de Jaizkbel, entre Zarauz y San Sebastin, queda comprendida en el Eoceno inferior y muy por encima del trnsito al Paleoceno. La diacrona del lmite entre el flysch de Guipzcoa y la formacin Jaizkbel es, por lo tanto, manifiesta y puede suponerse motivada por la existencia de al menos dos grandes conos de deyeccin submarinos cuyos reiterados aportes nutren los distintos sectores de la cuenca, en diferentes momentos del Paleoceno terminal o el Eoceno inferior. En ningn punto hemos recogido faunas posteriores al Eoceno inferior, edad que con-
cuerda con la asignada desde los trabajos de M. RUIZ de GAONA (1948) a nuestra formacin Jaizkbel. Como ejemplos de algunas de las dataciones efectuadas citaremos las correspondientes a varios cortes. En la ra de Orio, y en los trminos ms altos de la formacin en este perfil, hemos encontrado: Globorotalia simulatilis (SCHWAGER), G. crassata (CUSHMAN). En la playa de Ondarreta, en San Sebastin: Globorotalia aragonensis MUTALL, G. crassata (CUSHMAN) ; Chiloguembelina sp., Bulimina sp. En fin, en el monte Jaizkbel han aparecido asociaciones, en las cuales estn presentes: Globorotalia aequa CUSHMAN y RENZ, G. aragonensis crater FINLAY, G. pseudotopilensis (SUBBOTINA), Globigerina inaequispira SUBBOTINA, G. linaperta FINLAY, G. yeguaensis WEINZERL y APPLIN, Lenticulina nitidus (REUSS), Fissurina cf. crumenata (CUSHMAN), Cibicides pseudownellerstorfi COLE. 2.4. CONSIDERACIONES PALEOGRAFICAS PARA EL CICLO SEDIMENTARIO ALPINO La historia sedimentaria post-hercnica comienza en nuestra regin a partir del Tras, puesto que es improbable que los trminos basales, de los atribuidos al Buntsandstein, representen el Prmico. Todo el perodo sedimentario que procede al paroxismo alpdico est caracterizado por una sucesin de megarritmos transgresivos y regresivos, para los cuales hay que imaginar, a veces, causas de ndole tectnica. El ciclo sedimentario culmina con la acumulacin de un flysch eoceno, que precede a la orognesis pirenaica propiamente dicha. La cordillera hercnica, levantada al final del Carbonfero, debi ser pronto arrasada y, durante el Prmico, se habra conseguido el desmantelamiento de buena parte de sus relieves. Durante el Tras se depositan sedimentos terrgenos cada vez ms maduros, lo que indica el estado de peniplanizacin previamente alcanzado. La carencia de fsiles de las sucesiones trisicas impide precisar las condiciones reinantes durante la acumulacin del Buntsandstein, que, en lneas generales
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coincide con la implantacin de un rgimen continental de clima rido. El Tras medio est localmente marcado por una leve etapa de transgresin, que da lugar a sedimentos marinos de naturaleza calcrea y dolomtica. La transgresin, sin embargo, no debe tener un carcter general; el mar debi cubrir slo pequeas reas, las ms deprimidas, quedando gran parte de la regin en condiciones subareas, como lo prueba el hecho de que, en la mayora de los sectores en que afloran materiales trisicos, no se presenten los materiales carbonatados del Muschelkalk, existiendo una aparente continuidad entre el Tras inferior y el superior. Finalmente, en el Tras superior se generalizan de nuevo las condiciones de aridez y se implanta un rgimen favorable a la precipitacin de evaporitas, junto con margas ar-
cillosas multicolores. Los niveles terminales, de naturaleza dolomtica, representan la evolucin hacia las condiciones marinas que van a reinar durante gran parte del Jursico. JURASICO Y CRETACICO INFERIOR El perodo comprendido entre el comienzo del Jursico y el del Cretcico superior es de fuertes oscilaciones y los importantes cambios de facies, reflejan la indudable existencia de inestabilidad tectnica en la cuenca de sedimentacin. Son dos los mximos de inestabilidad ms destacables, ya resaltados por los autores que han trabajado en la Cuenca Vasco-Cantbrica; el primero se sita aproximadamente en el lmite JursicoCretcico y corresponde a la conocida como fase neocimmrica, mientras que el segundo es Albiense (fase austrica). Aparte de
Fig. 14. Distribucin de los sedimentos marinos del Jursico. 1, reas que reciben sedimentacin durante el Dogger; 2, rea en la que no estn representados los materiales del Dogger; 3, lmite actual del Macizo de Cinco Villas; 4, lmite probable del rea de sedimentacin durante el Las.
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estos episodios ms importantes es posible diferenciar otros de menor relevancia que influyeron tambin en la sedimentacin (1). Al comienzo del Jursico gran parte del rea estudiada se ve invadida por el mar; la sucesin jursica est constituida, como seala R. SOLER (1972), por dos megarritmos. El megarritmo inferior, transgresivo, comienza con brechas dolomticas, dolomas, carniolas, etc., representativas, segn el citado autor, de un medio lagunar hipersalino, caracterstico de extensas transgresiones; sobre estos trminos, las calizas laminadas, que generalmente coronan el primer tramo diferenciado en el Las, son depsitos caractersticos de plataforma de marea. Culmina esta primera etapa transgresiva con calizas arcillosas oscuras, de color gris azulado, debido a la conservacin de materia orgnica: son propias de un medio marino profundo, con un bajo nivel de energa y pobreza de oxgeno (ambiente reductor). A los trminos arcillosos de color oscuro se superponen, en la zona meridional del rea considerada, unos niveles de calizas a veces nodulosas y algo arenosas que, segn R. SOLER, representan el comienzo del segundo megarritmo antes enunciado, esta vez regresivo, que culminar, a escala regional, con una emersin casi general y la acumulacin de potentes series detrticas en el Jursico terminal y Cretcico basal. Este tramo calizo, cuya edad es atribuida al Dogger, est desigualmente representado: el mayor desarrollo se alcanza en el sector de Tolosa y Gaztelumendi (150 m.), mientras que en la vertiente N del monte Gazume no se superan los 50 m. y, en Aduna, los 20-30 m. Como sealbamos en el epgrafe 2.2.3., las posibles calizas del Dogger desaparecen hacia el N, en Urnieta, y vuelven a encontrarse pequeos afloramientos en Hernani, pero al N de esta localidad, no slo faltan las calizas del Dogger, sino que las facies del Las superior son ms detrticas (margas limosas) que las de la misma edad en otros sectores. Aunque los datos son insuficientes para elaborar un mapa de isopacas, que ilustra
(1) Algunas fases de inestabilidad secundarias, intraurgonianas, han sido precisadas recientemente (GARCIA-MONDEJAR, com. pers.).
acerca de la paleogeografa de la cuenca jursica, se pueden aadir algunos comentarios ms sobre el Jursico guipuzcoano. Ya anteriormente diversos autores han presentado modelos paleogeogrficos que, aun siendo en algunos casos producto de extrapolaciones de reas limtrofes, resultan bastante acertados. P. LAMARE (1936) hace un esquema de la distribucin de los depsitos jursicos alrededor de los macizos paleozoicos, del que se puede obtener una informacin muy exacta de la disposicin de esa cuenca sedimentaria. El mismo R. SOLER, despus de analizar las series del Jursico entre la Sierra de Aralar y Tolosa, concluye diciendo que, durante este perodo, la zona de Tolosa y Gaztelumendi funcion como una pequea cubeta marginal, alargada en direccin E-W, y separada del resto de la cuenca (el surco de Aralar) por el alto fondo de Alzo-Leiza. El modelo que se puede deducir de nuestras observaciones es muy similar al de R. SOLER, si bien al N de Tolosa se completa con nuevas precisiones. En un supuesto corte NE-SW (fig. 17), la cuenca jursica de Guipzcoa aparece constituida por dos surcos (Tolosa y Hernani), separados por una zona de umbral situada entre Urnieta y Andoain. Quizs el surco de Tolosa fuera simplemente una pequea cubeta marginal de direccin E-W, como sugiere la disminucin de la subsidencia en esa direccin, reflejada en la reduccin de los espesores representados en las secuencias. Al NE de San Sebastin, nos encontraramos en la zona marginal de la cuenca, estando emergido el sector ms septentrional del rea estudiada (sector de Irn-Peas de Aya). No se tienen datos ms al SE de la falla inversa de Ereozu, lmite actual del Macizo de Cinco Villas; sin embargo, a tenor de la extraordinaria reduccin de potencia que se observa en los pequeos afloramientos jursicos que jalonan dicho accidente, se pueden suponer que gran parte del Macizo ha debido permanecer emergido, aunque sus lmites no corresponderan a los ahora existentes. Tampoco disponemos de datos, por la falta de afloramientos, al W de una lnea que uniera Hernani, Andoain y Aya. Desde luego
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es cuestionable la continuidad de los surcos de Gaztelumendi y Hernani, puesto que podran representar un borde de cuenca, festoneado alrededor del Macizo hercnico. A partir del Calloviense, o quizs del Oxfordiense, se dejan sentir los primeros efectos producidos por la llamada fase neocimmrica. En la zona ms occidental de la cuenca Pirineo-cantbrica (en la provincia de Santander), la regresin, que ya se acusa en el Calloviense, trae como consecuencia la acumulacin de espesas series depositadas en medio continental; en la zona oriental de Guipzcoa se manifiesta asimismo el carcter regresivo aunque predomina el carcter marino de los depsitos. En opinin de J. RAMIREZ del POZO (1969) el borde la cuenca purbeck-Weald se situara siguiendo aproximadamente la lnea San Sebastin-Pamplona. Los sedimentos del Complejo PurbeckWeald son principalmente calizas arenosas, areniscas de grano fino y arcillitas. Generalmente son azoicos, aunque en algn punto se han encontrado restos de fsiles marinos y pueden contener lechos carbonosos e, incluso, pequeas lminas de carbn (vertiente norte del monte Gazume). El pequeo tamao de grano del sedimento, pese a la proximidad del borde de cuenca y la conservacin de la materia orgnica sealan como ms probable un medio de sedimentacin de aguas tranquilas, en el que la materia orgnica aportada fuese abundante. Por otra parte, el relieve del rea circundante debi de ser tan poco abrupto como para que las eventuales corrientes de agua que desembocaran en el mar no transportaran sedimentos detrticos gruesos. La distribucin de afloramientos y potencias en estas sucesiones detrticas sugieren un esquema paleogeogrfico muy similar al descrito para el perodo precedente, aunque naturalmente el rea de sedimentacin quedara ms restringida. Los materiales del Complejo Purbeck-Weald se concentran en la zona que considerbamos como ms subsidente para el Jursico, el surco de Tolosa, surco en comunicacin abierta con la cuenca vizcaina. Hacia el N y NE del surco de Tolosa se alcanzan dominios en los que posiblemente materiales aptienses se apoyan sobre los
del Dogger inferior, o quizs Lias superior; representan al umbral de Urnieta-Andoain, mal definido en sus lmites y extensin, y que se prolonga desde mediados del Jursico (fig. 17). As se da paso a la reducida cubeta (?) de Hernani, de muy difcil delimitacin por la escasez de afloramientos de Purbeck-Weald. Podemos decir que la fase neocimmrica provoc, en Guipzcoa, un dbil levantamiento general, responsable del retroceso de la lnea de costas, sin que se modificara sustancialmente el relieve preexistente; los aportes terrgenos, cuando predominan sobre la sedimentacin qumica, son poco importantes y, casi siempre de grano fino. El carcter regresivo alcanza su mximo hacia finales del Jursico, pero no es sincrnico en toda la regin. Tras la activa sedimentacin terrgena, de rgimen continental o marino restringido, con que comienza el Cretcico, la cuenca Vascocantbrica sufre una nueva transgresin a principios del Aptiense. En los bordes de los macizos paleozoicos vascos, sin embargo, esta transgresin fue an incompleta y probablemente quedaron en gran parte emergidos; los lmites del mar aptiense debieron ser parcidos a los del Las y Dogger. Efectivamente, hacia el N se observa una progresiva disminucin del espesor en las series del Complejo urgoniano y al N de Rentera ya no hay representacin de estos materiales, coincidiendo aproximadamente con la lnea a partir de la cual se efectuaba, en el Las superior, el cambio hacia facies ms litorales. En el borde del Macizo de Cinco Villas el Complejo urgoniano no rebasa los 100 m. de espesor, lo que representa tambin una importante reduccin frente a los 1.000 m. que se alcanzan ms a W (corte de Aduna, por ejemplo). Conviene advertir que una parte de las reducciones de potencia observadas obedece al carcter transgresivo o regresivo de ciertas formaciones post-aptienses. El mar aptiense sera poco profundo (alrededor de 100 m., segn RAMIREZ del POZO, 1971 a), de aguas agitadas y templadas que permitieran la vida de organismos arrecifales. La subsidencia del fondo de la cuenca y la acumulacin, incluidos los aportes detrti-
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cos fueron notables, consiguindose as la formacin de potentes sucesiones que pueden superar los 1.000 metros de espesor. A pesar de encontrarse en un mar agitado, en el interior del entramado arrecifal las aguas deban estar en calma, explicndose as la abundante matriz micrtica contenida por estas formaciones. Probablemente debido a los gases liberados por la actividad biolgica, en estos depsitos se forman galeras y fisuras que han sido ocupadas, inmediata o posteriormente, por calcita esptica, originndose dismicritas y biodismicritas, que pueden ser consideradas como microfacies tpicas de estos sedimentos. Litolgicamente, el Complejo urgoniano se compone (vase epgrafe 2.2.5.) de calizas organgenas recifales o pararecifales y de sedimentos detrticos, lutitas y areniscas. Precisamente las areniscas, clasificadas co-
mo sublitarenitas con fragmentos rocosos de origen sedimentario o de bajo metamorfismo y menos del 1% de feldespatos, nos informan sobre un rea fuente ubicada en el dominio de los actuales macizos paleozoicos. Es de suponer que la cantidad de material terrgeno aportado a la cuenca controlara en cierto modo la formacin en la misma de construcciones organgenas. Cuando los aportes detrticos fueran escasos se desarrollaran con facilidad los edificios arrecifales que condicionara a su vez, al disponerse irregularmente en el fondo de la cuenca, la acumulacin del material alctono. Intermitentemente, llegaran a la cuenca mayores cantidades de aportes terrgenos, que modifican el medio sedimentario y dificultan el proceso bioconstructor; la causa de estos aportes masivos de material podra encontrarse en una inestabilidad tectnica que pro-
Fig. 15. Extensin de rea de acumulacin del Complejo urgoniano. 1, lmite probable de la cuenca.
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Fig. 16. Distribucin de los materiales del Complejo supraurgoniano. 1, facies del borde de Cinco Villas: 2, materiales de caractersticas flyschoides (flysch negro de Rat, 1959). 3, rea sin representacin del Complejo supraurgoniano; 4, lmite actual del Macizo de Cinco Villas: 5, lmite posible del rea de acumulacin supraurgoniana.
dujera el levantamiento y rpida erosin de las zonas marginales, emergidas, de la cuenca, tal como ha sido anteriormente sugerido por algunos autores (FEUILLE y RAT, 1971) y recientemente demostrado en otras zonas de la regin Cantbrica (GARCIA MONDEJAR, com. pers.). La proximidad del rea fuente es, a nuestro juicio, la causa de que se den tan reiteradamente interpenetradas las facies organgenas y las detrticas. Hacia la mitad del Albiense y coincidiendo con la sedimentacin supraurgoniana, se contempla en la regin un nuevo perodo de inestabilidad tectnica que influye enormemente sobre los depsitos que se acumulan
a partir de entonces. Los movimientos diastrficos verticales vigorizan los procesos erosivos y, como consecuencia, la cuenca recibe enormes cantidades de materiales terrgenos que se acumulan en potentes sucesiones detrticas que, en ocasiones, llegan a alcanzar ms de 1.000 m. A escala regional esta inestabilidad tectnica origina un levantamiento general y las secuencias son de carcter regresivo sobre los materiales infrayacentes (FEUILLE y RAT, 1971). Sin embargo, como ya se indic anteriormente, en el borde norocciental de los Pirineos Vascos estos movimientos tectnicos debieron ocasionar una fragmentacin en bloques, de tal manera que quedaran unos le-
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vantados y seran fuertemente erosionados, mientras que otros seran hundidos y subsidentes, recibiendo gran cantidad de sedimentos. Con esta fragmentacin el dispositivo paleogeogrfico, que haba permanecido con pocas variaciones durante gran parte de la historia sedimentaria precedente, se ve modificado considerablemente; zonas que haban recibido importantes cantidades de sedimentos (sector de Gaztelumendi) se ven ahora elevadas y sometidas a la erosin; por el contrario, otras que haban permanecido emergidas durante largo tiempo (sector de Oyarzun-Irn) son ahora invadidas por las aguas y reciben los materiales erosionados de las reas levantadas circundantes. En la regin estudiada hemos distinguido dos tipos de facies correspondientes al Complejo Supraurgoniano. En la parte ms oriental y bordeando los macizos paleozoicos, las series son detrticas y de carcter litoral: hacia el norte, al hundirse el bloque de Peas de Aya respecto al Macizo de Cinco Villas, aqul se ve en parte invadido por las aguas y las sucesiones albienses transgreden sobre materiales bastante antiguos, establecindose a partir de este momento una comunicacin directa con la cuenca norpirenaica. En zonas ms internas de la cuenca (sectores de Andatza y Ernio) las facies, aunque siguen siendo detrticas, presentan un tama-
o medio de grano ms pequeo y alcanzan grandes espesores (unos 1.000 metros en el monte Andatza). La litologa predominante est formada por arcillitas negras impurificadas por elementos detrticos de tamao limo o arena, que en ocasiones contienen pequeas cantidades de micrita y foraminferos calcreos pelgicos. En segundo lugar, por su importancia volumtrica, se encuentran las areniscas, generalmente impurificadas por arcillas y carentes de feldespatos; ms espordicamente aparecen conglomerados y areniscas conglomerticas, cuyos cantos mayores son de fragmentos rocosos de rocas sedimentarias (chert, areniscas) y metamrficas (cuarcitas, esquistos cuarzo-moscovticos), y excepcionalmente se pueden encontrar algunos niveles de calizas. Todos estos materiales, que provienen del desmantelamiento de las zonas emergidas, se debieron acumular en una zona profunda en la que las condiciones euxnicas permitieran la conservacin de la materia orgnica. Segn P. FEUILLE y P. RAT (1971), el rea de sedimentacin sera una fosa de pequeas dimensiones que significara la continuacin hacia el este del surco norpirenaico y en la que ...se acumulan depsitos de "wild-flysch" arenoso (fluxoturbiditipo tas) .... Estas facies profundas, que se extienden en la zona ms septentrional de la Cuenca
Fig. 17. Seccin estratigrfica idealizada en la que se muestran las variaciones de facies y potencias del Jursico y Cretcico inferior. Tk, Tras superior: J, Jursico marino; Gw, Complejo Purbeck-Weald; U, Complejo urgoniano; SU, Complejo supraurgoniano.
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Vasco-cantbrica, entre San Sebastin y Bilbao, adquieren un carcter flyschoide; esto, unido al color negro que les confiere el contenido en materia orgnica, ha determinado el apelativo de flysch negro con el que se las conoce (RAT, 1959; FEUILLE, 1967). Ms al S, entre Tolosa y Leiza, se diferencia una franja, que permanece sobre elevada (umbral) y sin recibir aportes de materiales hasta el Cretcico superior. Es el umbral que separa el surco de grandes acumulaciones de un dominio epicontinental situado inmediatamente al S (cuenca navarro-cntabra, de FEUILLE y RAT, 1971). En resumen, decimos que la inestabilidad intraalbiense provoca el basculamiento de grandes bloques, que se hunden hacia el N y W. Las grandes subsidencias se trasladan en esas direcciones mientras que el umbral Tolosa-Leiza permanece levantado y sin sedimentacin.
En esta misma poca se individualiza la cuenca de Vera de Bidasoa, cuyo relleno comienza en el Albiense, con acumulacin de facies detrticas, que se indentan con otras arrecifales; esta cuenca recibir sedimentacin durante todo el Cretcico superior. CRETACICO SUPERIOR Y TERCIARIO A comienzo del Cretcico superior tiene lugar una nueva transgresin y, durante todo el perodo que resta hasta la orognesis pirenaica la mayor parte de la regin queda cubierta por un mar abierto y de fondo subsidente, en el que se dejan sentir dilatados episodios de inestabilidad durante los cuales se acumulan potentes sucesiones de flysch. La transgresin se efectu al principio de una forma tmida y, por supuesto, la sedimentacin no comenz a la vez en todos los sectores de la regin. En aquellas zonas en que la sedimentacin no estuvo interrumpida du-
Fig. 18. Extensin del rea de sedimentacin durante el Cretcico superior. 1, lmite actual del Macizo de Cinco Villas: 2, posible lmite del rea de acumulacin.
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rante la poca anterior (NW del Macizo de Cinco Villas), se constata la existencia de Cenomaniense superior, pero en los umbrales sometidos a erosin (sectores de Aritxulegui y Leiza) parece que los efectos de la transgresin se dejaron sentir algo ms tarde; as lo apoyan las dataciones efectuadas por algunos autores en los niveles basales de las secuencias del Cretcico superior. Al W de los macizos paleozoicos, la primera parte del Cretcico superior est caracterizada por la depositacin de calizas arcillosas o arcillitas calcreas, con fsiles pelgicos; son depsitos caractersticos de mar abierto. Las series estn comprimidas (en los primeros 100-150 m. se puede datar desde el Cenomaniense superior hasta el Santoniense) y es posible, aunque no seguro, que existan algunos hiatos. Segn P. FEUILLE (1967), la sedimentacin, en esta parte de la regin pirenaica, est influenciada an por los movimientos verticales de los bloques en que est compartimentado el basamento paleozoico; l apoya esta suposicin no slo en la existencia de lagunas estratigrficas, sino tambin en la presencia de niveles brechoides. Nosotros tambin hemos encontrado, en los bordes de los macizos paleozoicos, algunas muestras de esa inestabilidad; brechas calizas del SE de Irn, niveles brechticos
con cantos de pizarras en el borde de Cinco Villas y algunas brechas y conglomerados intraformacionales. Progresivamente una parte de los bloques emergidos se van hundiendo y posiblemente en el Turoniense (o quizs al principio del Coniaciense) existira clara comunicacin de la cuenca de Vera de Bidasoa con el mar abierto, a la vez que el umbral albiense de TolosaLeiza estara ya recibiendo sedimentacin. Es posible, no obstante, que quedaran algunas zonas emergidas y los macizos de Cinco Villas y Peas de Aya se presentaran como dos islas. La misma disposicin paleogeogrfica debi permanecer invariable durante todo el Senoniense. En el Campaniense la subsidencia y acumulacin se hacen considerables; los sedimentos, con ms de 1.500 m. de espesor en algunos casos, acusan los caracteres de un verdadero flysch (epgrafe [Link].). Durante el Maastrichtiense y el Daniense se deja sentir un perodo de tranquilidad en la cuenca sedimentaria. Se depositan margas y calizas micrticas arcillosas de color rojo salmn, que contienen fsiles pelgicos; los depsitos son de mar abierto y de medio oxigenado, aunque ciertamente algo profundos. Regionalmente se produce una regresin que, en algunas reas ms meridionales y lejos
Fig. 19. Distribucin de paleocorrientes durante la acumulacin del flysch de Guipzcoa y la formacin Jaizkbel (segn KRUlT et al. 1975).
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de la zona por nosotros estudiada, llegan a ocasionar la aparicin de facies continentales (Garumniense). El Paleoceno medio coincide con la reaparicin de sucesiones de carcter flysch, probablemente las ms llamativas de las existentes en la regin. La distribucin regional de las huellas de corriente indica que el surco de acumulacin tena una direccin E-W y reciba los aportes desde el E. A partir del Paleoceno superior se suceden importantes descargas de material terrgeno que, procedentes del N, se relacionan con la desembocadura de profundos caones submarinos (KRUIT, BROWER y EALEY, 1972; KRUIT et al. 1975). La distribucin de estos materiales terrgenos en el fondo de la cuenca adopta la forma de enormes conos de deyeccin, con disposicin en abanico de las huellas de corriente, que se aproximan asintticamente al eje del surco en las porciones distales externas de cada cono.
Las descargas, procedentes del N, coexistan con aportes turbidticos axiales alimentados desde el E, pero estos, mucho menos brutales, seran absorbidos y reordenados por las imponentes masas de arenas aportadas por los caones submarinos. Lateralmente, las areniscas de los antiguos conos se suturan con las sucesiones de flysch. Concretamente en nuestra rea se pueden distinguir dos conos de deyeccin submarinos, uno oriental (sector del monte Jaizkbel), que comenzara a formarse en el Paleoceno superior y continuara recibiendo aportes en el Eoceno inferior, y otro, occidental (entre San Sebastin y Zarauz), cuya base se sita en el Eoceno inferior; aparte de estos dos es posible que existiera algn otro de menor importancia, responsable de algunas otras intercalaciones de areniscas que se encuentran en el flysch de Guipzcoa, al W de San Sebastin.
CAPITULO 3
PETROLOGIA Los contactos con la roca encajante son netos, observndose alguna vez una zona de transicin, con un espesor de menos de un metro, representada por una roca de composicin feldesptica, muy alterada. En la proximidad del granito, se desarrolla en la roca encajante un metamorfismo trmico, con formacin de corneanas de andalucita y cordierita (corneanas hornblndicas); ms lejos, se pasa gradualmente a zonas de metamorfismo ms bajo, de corneanas con albita-epidota. El espesor de la aurola de contacto es variable y difcil de determinar; las rocas de las facies hornblndicas no suelen extenderse ms all de los 25 m., llegando incluso a faltar. El espesor de las rocas asociadas a la facies de corneanas con albita-epidota es ms difcil de precisar; por una parte, el tamao desmesuradamente pequeo de los minerales que se forman hace difcil la delimitacin de la aurola sobre el terreno y por otra, a escala regional, las rocas del Carbo-
3.1.
Aflora en una extensin de algo menos de 100 km.2, en la zona noroccidental de la hoja de Vera de Bidasoa. Adopta en superficie una forma ligeramente ovalada y alargada en sentido NNE. El afloramiento se introduce, en su parte ms septentrional, dentro del territorio francs, pero all su extensin es muy pequea. El stock est dividido en dos partes por la falla de Aritxulegui, importante accidente tectnico de direccin E-W de orgenes posthercnicos, que ha jugado un importante papel durante el ciclo alpdico. La roca encaja siempre en materiales carbonferos. En algn punto se pone en contacto con rocas mesozoicas, pero estas han sido depositadas cuando la erosin haba hecho aflorar en superficie al granito; el Tras, que se apoya sobre el granito de Peas de Aya, lo hace discordantemente y no muestra huellas de metamorfismo de contacto.
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Fig. 20. Esquema cartogrfico del stock grantico de Peas de Aya mostrando la distribucin aproximada de sus facies petrogrficas. 1, Mesozoico; 2, sucesin esquistosa de Cinco Villas; 3, rocas gneas de la facies de borde; 4, granito de la zona interna.
La extensin de afloramiento de las rocas representativas de las facies de borde es muy grande, no limitndose a la zona prxima al contacto. Estimamos que la superficie topogrfica actual est tallada precisamente en las proximidades de la cpula del stock, y es esta circunstancia la que determina dos caractersticas del afloramiento del cuerpo gneo. De una parte la citada extensin desproporcionada de las facies de borde y de otra, el que, incluso el rea ocupada por las facies internas, est salpicada de afloramientos de granitos porfdicos, granodioritas, etc. Dos de estos afloramientos dejan ver adems jirones de la aurola de contacto, respetadas por la erosin (fig. 20). En relacin con este granito, encajando en l o en su proximidad, aparecen tambin rocas filonianas de diferente naturaleza, entre las que cabe citar pequeos filones de pegmatitas y, sobre todo, filones de cuarzo. Estos ltimos son los ms destacables tanto por su abundancia como por su prominencia, que los hace resaltar en el paisaje. 3.1.1. La facies interna del stock [Link]. El granito con biotita de Peas de Aya La facies petrogrfica que caracteriza a la zona interna del stock corresponde a granito con biotita y, a veces, granito alcalino con biotifa. Microscpicamente las rocas de esta zona del plutn presentan un aspecto masivo, mostrando un grano medio a grueso; se observa a simple vista un mosaico de grandes cristales (hasta de 1 cm.) de feldespatos con forma irregular y cuarzo subredondeado. Entre estos cristales leucocrticos destacan otros pequeos de biotita. Superficialmente la alteracin es muy intensa, la roca se granula y desmorona fcilmente, tiindose de color pardo-rojizo por los xidos de hierro procedentes de la alteracin de la biotita. En corte fresco y debido a la gran cantidad de feldespato potsico que contiene, el granito muestra un color rosado plido. Frecuentemente presenta huellas de una fuerte tectonizacin posterior a la consolidacin, que se pone de manifiesto por el desarrollo de fracturas, microscpicas o submicros-
nfero de Cinco Villas parecen haber sufrido, entre otros, un metamorfismo trmico, cuyos efectos pueden confundirse con los de la periferia de la aurola, si es que ambos metamorfismos fuesen debidos a causas diferentes. Quiz conviene adelantar que el plutn se considera como sincinemtico tardo o postcinemtico, respecto a las dos fases de deformacin principales que se pueden distinguir en el Carbonfero; su emplazamiento posiblemente anteestefaniense, pudo tener lugar en el Carbonfero superior. Dentro del afloramiento grantico se pueden distinguir dos zonas diferenciables por sus facies petrogrficas. La zona interna corresponde a un granito con biotita, de grano medio a grueso: la zona de borde est representada por rocas desigualmente repartidas, tales como granitos porfdicos y, eventualmente, granodioritas con biotita y hornblenda, cuarzodioritas y dioritas, todas ellas con un tamao de grano inferior al presentado en la zona interna. Tambin es frecuente encontrar, englobados en el granito y cerca del contacto, enclaves de roca encajante parcialmente digerida.
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cpicas rellenas de xidos de hierro y clorita y por la extincin ondulante del cuarzo. MINERALES ACCESORIOS Estn representados por zircn y apatito principalmente: a veces hay tambin magnetita. El ZIRCON se presenta en cristales idiomorfos de tamao comprendido entre 50 y 150 micras. Normalmente est incluido en biotita, dando un halo pleocroico; se dispone con su eje cristalogrfico c paralelo al plano de exfoliacin basal de la mica. En muy pocas ocasiones est incluido en cuarzo o feldespatos y algunas de las veces en que esto ocurre, los minerales que lo incluyen han reemplazado a biotitas anteriores, que se encuentran corroidas. El APATITO es prismtico y de color verde plido, casi incoloro. Aparece en largos cristales que pueden tener varios milmetros de longitud, aunque lo normal es que no sobrepasen las 200 micras. Puede estar incluido en cualquiera de los minerales esenciales. La MAGNETITA se encuentra dispersa formando cristales cbicos de pequeo tamao. MINERALES ESENCIALES Se encuentran biotita, plagioclasa, feldespato potsico y cuarzo, que describimos detalladamente a continuacin. BIOTITA: Es el nico melanocrato existente en esta zona interna y constituye menos del 10% de la roca. Es biotita marrn, fuertemente pleocroica, que se encuentra alterada a biotita verde, de tal manera que es mucho ms comn el producto de alteracin que el mineral original. No son raros los cristales parcialmente alterados, en donde coexisten ambos tipos de biotita interestratificados. Los cristales suelen ser idiomorfos, con un tamao que puede llegar hasta los 2 mm., aunque no es raro encontrarlos mucho ms pequeos y de contornos irregulares, debido a la corrosin sufrida, cuando estn incluidos en el seno de minerales leucocratos. A veces se observan agregados intersticiales de pequeos cristales de biotita entre los minerales posteriormente formados. Algunos de estos agregados pueden haberse
originado por recristalizacin durante el crecimiento del cuarzo y los feldespatos. La biotita est fuertemente corroida por el cuarzo y el fesdespato potsico. El cuarzo se introduce entre las lminas de la biotita y la sustituye, quedando en ocasiones slo un esqueleto del primitivo cristal. El feldespato potsico reacciona con ella dando clorita y cuarzo, que forma gotas con apariencia mirmequtica. El hierro liberado queda entre las lminas de la mica y ocupa los intersticios entre los granos. En los contactos entre la biotita y el feldespato pottico no es raro que se forme, por reaccin, un estrecho anillo de mica blanca. La alteracin de la biotita es muy intensa y no slo a causa de la corrosin ejercida por los minerales formados despus que ella, sino tambin por acciones posteriores a la consolidacin del material gneo. Como productos de alteracin se forman principalmente clorita y xido de hierro, que quedan in situ o se movilizan y recristalizan rellenando grietas; tambin de forman rutilo y titanita. PLAGIOCLASA: Adems de la plagioclasa albtica, procedente de desmezcla perttica, se pueden diferenciar dos generaciones. La piagioclasa 1 se presenta en cristales que frecuentemente no superan las 400 mitras, aunque en alguna ocasin pueden alcanzar un tamao de hasta 1 mm. Estos cristales estn normalmente maclados con la ley de la albita y se encuentran incluidos en feldespato potsico perttico o en cuarzo. Se han hecho determinaciones del contenido en anortita de estas plagioclasas mediante el uso de la platina universal de cinco ejes (mtodo de Rittman). Las composiciones varan entre An9 y An18, con un valor medio de An12. Las inclusiones de plagioclasa 1 en feldespato perttico son generalmente de seccin rectangular. El borde de estas inclusiones se encuentra lixiviado con liberacin de cuarzo, que queda como una pelcula entre la plagioclasa y el feldespato potsico; este lixiviado produce una albitizacin de las plagioclasas. Como ejemplos citaremos las siguientes variaciones en la composicin zonal de las inclusiones:
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Composicin original
Borde lixiviado
La plagioclasa 2 aparece en grandes cristales tabulares que pueden tener hasta 6 mm. de largo. Est maclada con la ley de la albita y a veces de albita y periclina. En ocasiones la plagioclasa 2 crece alrededor de un cristal de plagioclasa 1, que queda incluido en ella; est corroida por el cuarzo y el feldespato potsico y, en sus contactos con este ltimo mineral, presenta bordes lixiviados, con la consiguiente albitizacin. La composicin de la plagioclasa de la segunda generacin es muy semejante a la anterior: el contenido en anortita vara entre 5 y 14%, siendo la media de An11. En los bordes albitizados se han observado variaciones en la composicin como las siguientes:
Composicin original Borde lixiviado
Slo en tres lminas de las estudiadas han sido determinadas plagioclasas con contenidos en anortita superiores a los anteriormente citados concretamente An20, An24 y An30, pero en los tres casos las muestras haban sido recogidas cerca de enclaves ms bsicos, de los que son frecuentes en la zona de borde del plutn. No es rara la presencia de pequeos cristales de albita intersticial entre los grandes cristales de feldespato potsico. Parece razonable pensar que esta albita procede de cristales de plagioclasa descalcificados, que han sido comprimidos y aprisionados durante el crecimiento de otros de feldespato potsico; as explica K. R. MEHNERT (1968) el origen de la albita intersticial, sin recurrir a un aporte exterior de sodio. FELDESPATO POTASICO: Es el mineral ms abundante; puede llegar a constituir el 50% de la roca. Se trata de ortoclasas pertticas con algunos indicios de microclinizacin, como lo demuestra el valor de los ngulos 2V medidos, siempre superiores a 60, siendo 80
el valor ms frecuente. El ngulo oscila entre 5 y 8 y el (001) vara alrededor de 7. En algn caso se ha medido un ngulo de 18, que indica la existencia de verdadera microclina. La pertita se presenta en pelculas y en manchas. Las manchas de desmezcla generalmente tienen un tamao comprendido entre 150 y 200 micras. Los cristales de ortoclasa pueden alcanzar en algn caso extraordinario hasta 1 cm., pero lo normal es que oscilen alrededor de los 5 mm. Incluyen o corroen a plagioclasa y cuarzo, mientras que se observan en el feldespato perttico golfos de corrosin originados por el cuarzo de la tercera generacin. Entre las inclusiones se encuentra cuarzo cncavo (concave quartz, MEHNERT, 1968); en este caso es clara la anterior cristalizacin del cuarzo y su posterior corrosin. Pero otras veces, adems, las inclusiones comprenden cuarzo en gotas, que pueden ocupar una parte de las zonas externas del cristal de ortoclasa. Las inclusiones perifricas de gotas de cuarzo pueden extinguir simultneamente por grupos, con la apariencia de una textura pseudogranofdica; en ocasiones las gotas incluidas extinguen a la vez que granos de cuarzo de mayor tamao en contacto con la ortoclasa. En general es difcil de precisar si el feldespato sustituye al cuarzo o es este quien corroe al feldespato, pero ciertamente ambos minerales han crecido en las postrimeras del proceso de consolidacin, de forma que pueden crecer juntas y corroerse mutuamente. CUARZO: Es siempre xenomorfo. Lo hay de varias generaciones (1), citadas indirectamente al referirnos a otros minerales, todas ellas tardas en el proceso de consolidacin magmtica. La primera de las tres generaciones principales (cuarzo 1) est constituida por cuar(1) Se excluye el cuarzo originado en los procesos pstumos o tardos, que no guardan relacin inmediata con el de cristalizacin de la roca. Es habitual en las lminas estudiadas la aparicin de pequeas fracturas rellenas de cuarzo de segregacin o hidrotermal, pero son evidentemente posteriores a la solidificacin del granito, o al menos a la solidificacin de la zona cortical del stock.
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zo incluido en ortoclasa, bien en granos con bordes cncavos, con bordes cncavos y rectos, o en forma de gotas. Otra generacin importante (cuarzo 2) est formada por el cuarzo en gotas que se encuentra en las zonas externas de los cristales de ortoclasa, formando a veces verdaderas texturas granofdicas. Por ltimo, el cuarzo 3 est representado por los grandes cristales (de hasta 5 mm.) que corroen o incluyen al feldespato potsico; tambin por el cuarzo que se introduce en los espacios intergranulares y planos de exfoliacin del feldespato potsico. La cristalizacin del cuarzo 1, cuarzo 2 y cuarzo 3, de las tres generaciones mencionadas, forma parte de un proceso prcticamente continuo que se puede jalonar segn se est formando ortoclasa o haya dejado de crecer este mineral. Las pequeas gotas de cuarzo existentes en los bordes albitizados de las plagioclasas o en los planos de exfoliacin de la biotita, originadas por reaccin de estos minerales con la ortoclasa, constituyen otra generacin de cuarzo, iniciada, como es lgico, con el comienzo de la cristalizacin de la ortoclasa. MINERALES ACCIDENTALES Estn representados, sobre todo, por los productos de alteracin de los minerales accesorios y esenciales. Entre ellos se encuentran mica verde, xidos de hierro, titanita, rutilo y clorita procedentes de la alteracin de la biotita. Tampoco es raro encontrar mica blanca, resultante de la reaccin de la biotita con el feldespato. La alteracin de la plagioclasa es muy intensa y produce sericita, que se presenta en pequeas pajitas dispersas por el mineral original. [Link]. Principales conclusiones petrogenticas
Formacin de las plagioclasas, que se inicia con la aparicin de pequeos cristales, una parte de los cuales permanecen como tales de modo que nos aparecen englobados por otros minerales, se sitan intersticialmente entre cristales posteriores, etc. Raramente, en las facies internas, se han visto indicios de si neusis a partir de los cristales de talla reducida. Muchos otros representan el papel de ncleos en la subsiguiente cristalizacin de plagioclasa que da lugar a cristales mayores, crecidos sobre los cristales embrionarios, carentes de zonacin. 4. Cristalizacin del feldespato potsico, que corroe y engloba a la biotita y plagioclasa ya formadas. Algo despus de iniciado el crecimiento de la ortoclasa comienza a formarse cuarzo, que crece conjuntamente con ella y despus. 5. Cristalizacin de cuarzo, que engloba o corroe al resto de los minerales, coincidiendo con la ltima etapa de la consolidacin del magma. 6. Posteriormente ha tenido lugar una fase hidrotermal con nueva cristalizacin de cuarzo y que ocasionara la alteracin de parte de los minerales anteriormente formados (biotita y plagioclasa sobre todo). Probablemente este hidrotermalismo constituye un proceso pstumo en la evolucin del stock. 3.1.2. Facies en la zona de borde del stock La zona de borde es muy variable petrogrficamente; la constituyen rocas desde muy cidas hasta ligeramente bsicas, que estn distribuidas con poca regularidad. En general, cuando uno se mueve desde la zona central del granito hacia sus bordes, se observa que gradualmente decrece el tamao de grano a la vez que se hace ms marcada la heterometra, llegando a aparecer una roca porfdica; en ella, a la escala de muestra de mano, se aprecian grandes cristales de forma ovoide de cuarzo y feldespato, que pueden alcanzar un tamao de
3.
Como resumen, se puede esquematizar de la siguiente manera el proceso de consolidacin magmtica y la cristalizacin de los componentes mineralgicos de la facies interna del plutn grantico: 1. Cristalizacin del zircn y del apatito. 2. Cristalizacin de la biotita, que incluye a los minerales anteriores.
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hasta un centmetro, inmersos en una matriz de grano mucho ms pequeo, en la que se encuentran los melanocratos, que le dan un color ms oscuro. Slo en ciertos casos se puede adivinar una ligera orientacin de los fenoblastos, manifestando una estructura fluidal incipiente. En la zona de contacto se pueden presentar texturas cataclsticas, observables al microscopio por la trituracin de la matriz: esta deformacin puede ser relacionada tanto con el propio emplazamiento de la roca plutnica como con una tectonizacin posterior. La mayor parte de la zona de borde est constituida por este tipo de granito porfdico, cuya composicin mineralgica es idntica a la del granito propio de las facies internas. Sin embargo y de una manera irregular se encuentran diferenciaciones ms bsicas, entre las que son frecuentes granodioritas, granodioritas porfdicas, cuarzodioritas y dioritas, as como enclaves de la roca encajante. A veces el propio granito porfdico que caracteriza a esta zona del borde, se hace algo ms rico en melanocratos, llegando a contener incluso hornblenda, mineral que en ningn caso ha sido identificado en la zona central. La tupida cubierta vegetal y la intensidad de los procesos edficos dificultan mucho la delimitacin de las distintas variedades petrogrficas, con todo es posible asegurar que cada una de las diferenciaciones ms bsicas ocupa un volumen reducido, ya que su espesor no sobrepasa en ningn caso los 15 m. y su continuidad lateral es siempre pequea, del orden de decenas de metros. No es raro encontrar zonas relativamente amplias en las cuales alternan, de forma irregular, cuarzodioritas, granodioritas y restos de la roca encajante metamorfizada, con granitos porfdicos e, incluso, con estrechas bandas de granito tpico de la zona central. Donde mejor se ha encontrado expuesta esta secuencia ha sido en el camino que, desde el km. 23 de la carretera del pantano de Articutza, desciende hasta Ergoyen; en este corte la tectonizacin es marcada y la cataclasis, a veces intensa, determina cambios texturales en la matriz del granito porfdico, que presenta abundantes muestras de alteracin y removilizacin hidrotermal.
Es posible que, al menos en parte, la aparicin de composiciones granodiorticas y diorticas representen fenmenos de diferenciacin bsica producidos dentro de la masa gnea durante la cristalizacin magmtica; pero el hecho de que se encuentren en muchos casos cerca del borde del stock y a veces en relacin con enclaves de la roca encajante, hace pensar que la causa de su formacin sea la asimilacin por el magma intrusivo de fragmentos de la roca de caja. Esto est apoyado por la presencia en algunas de estas rocas de cordierita y xenolitos de hornblenda y biotita que son productos frecuentes de la asimilacin magmtica de areniscas y lutitas (TURNER y VERHOOGEN, 1960). [Link]. Granito porfdico Est formado por una matriz de composicin grantica y fenocristales de feldespato potsico y cuarzo predominantemente, aunque tambin los puede haber de plagioclasa. La proporcin relativa de fenocristales y matriz es muy variable, encontrndose desde rocas de grano fino que aisladamente contienen algn cristal de cuarzo o feldespato de gran tamao, hasta rocas en las que predominan grandes fenoblastos con una matriz intersticial. El tamao de grano de los componentes de la matriz es bastante uniforme; oscila entre 400 y 700 micras. Los fenoblastos tienen un tamao medio comprendido entre 3 y 5 milmetros, pero no es raro encontrarlos de hasta 1 cm. MINERALES ACCESORIOS Los minerales accesorios son, como en el granito comn, zircn y apatito. El ZIRCON tambin se encuentra aqu generalmente incluido en biotita, es idiomorfo y suele dar en las micas un halo pelocroico caracterstico. El APATITO se presenta igualmente incluido en los minerales posteriormente formados, tiene hbito prismtico y suele ser de tamao muy pequeo. MINERALES ESENCIALES Son cuarzo, feldespato potsico, plagioclasa y biotita, principalmente; no es raro, sin embargo, que la hornblenda verde entre
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a formar parte de la roca en proporcin superior al 5%. Los melanocratos nicamente forman parte de la matriz.
BIOTITA: Es marrn y muy pleocroica; aparece en cristales que rara vez superan las 200 micras. Su alteracin a biotita verde y a clorita suele ser menos intensa que la presentada por este mismo mineral en la facies interna. Est fuertemente corroida por los feldespatos y el cuarzo, en los que es frecuente encontrarla incluida. El cuarzo formado en la ltima etapa de la cristalizacin suele sustituir a la biotita introducindose entre sus lminas de exfoliacin. En algunas ocasiones la biotita aparece en pequeos cristales que se adaptan a la superficie de los grandes granos de cuarzo de forma esferoidal, dando una textura seudo-orbicular; en estas estructuras globulares, la biotita puede ser el nico mineral que rodee al cuarzo o puede existir una capa ms interna de pequeos cristales de hornblenda verde. Otras veces la mica negra se presenta en la parte externa de xenolitos, cuyo ncleo est formado por un agregado de pequeos cristales de hornblenda. HORNBLENDA: No es un mineral siempre esencial. Aparece preferentemente en zonas de transicin hacia composiciones ms bsicas, sobre todo relacionadas con fenmenos de contaminacin. El contenido, por tanto, vara de una manera insensible desde algunos cristales pequeos y muy diseminados, hasta reas de gran concentracin. La elevacin en el contenido de hornblenda lleva consigo tambin un aumento en la proporcin de biotita. En ciertos casos de alta concentracin de hornblenda la roca deja de tener una composicin grantica tpica y aparece caracterizada por una relativa abundancia de feldespatos alcalinos y cuarzo, junto a una elevada cantidad de ferromagnesianos. La hornblenda es de color verde, con pleocroismo en diferentes tonalidades. Las medidas de 2Vx dan resultados comprendidos entre 65 y 80, con un valor medio de 72; el ngulo oscila entre 16 y 18. De acuerdo con estos valores la composicin debe corresponder a la de hornblenda cuyo conteni-
do en magnesio es del 50-65% del total de (Mg + Fe2+ + Fe3+ + Mn). Normalmente se presenta en cristales aislados cuyo tamao no excede de las 300 mitras, pero donde hay mayores porcentajes, no es raro que se concentre formando agregados irregulares rodeados por una corona de lminas de biotita. Como ya hemos sealado, esas concentraciones de melanocratos (hornblenda y biotita en este caso) pueden representar xenolitos tpicos de la asimilacin magmtica de areniscas y pizarras. Sin embargo, no se debe despreciar la posibilidad de que se trate simplemente de fenmenos locales de diferenciacin magmtica favorecidos por el rpido enfriamiento en la zona de borde. Los xenolitos de hornblenda frecuentemente estn muy alterados, apareciendo como productos secundarios xidos de hierro, calcita, clorita y epidota principalmente PLAGIOCLASA: Puede formar parte de la matriz y de los fenocristales, aunque es ms frecuente lo primero. Cuando aparece en fenocristales, no presenta seales de crecimientos secundarios, que tan frecuentes son en el caso del feldespato potsico y del cuarzo. Los fenocristales, que pueden alcanzar un tamao de hasta 5 mm., tienen una composicin que suele oscilar entre An10 y An20, con la media en An13. No presentan zonacin, si bien tienen los bordes corroidos por reaccin con el feldespato postsico y el cuarzo, igual que ocurre en el granito con biotita propio del ncleo del stock. Frecuentemente los granos mayores de plagioclasa no son monocristales, sino que estn formados por orientacin y agrupacin sinutica de pequeos cristales que presentan una extincin casi uniforme. En la matriz se encuentra plagioclasa de dos tipos: En cristales de 100 a 600 micras, con maclas de la albita y un contenido en anortita similar al de los fenocristales y. lo mismo que ellos, corroidos por el feldespato potsico y el cuarzo, o bien, albita intersticial o incluida en fenoblastos de microclina. La albita intersticial frecuentemente contiene cuarzo mirmequtico cuando est en contacto con el feldespato potsico, lo que hace pensar en que la albitizacin ha sido
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originada por reaccin con este ltimo mineral y no por un proceso de metasomatismo sdico tardo. En ocasiones los pequeos cristales de plagioclasa, junto con cuarzo, se agrupan en coronas que rodean a granos ovoides de feldespato potsico; ciertas ramificaciones ameboides de feldespato potsico se introducen entonces entre los granos de la matriz, a la que engloban en parte. En esos casos es tambin normal que existan inclusiones de albita y cuarzo que se disponen dentro del fenoblasto en zonas concntricas, correspondientes a las caras cristalinas que limitaron las sucesivas etapas de crecimiento del fenoblasto. FELDESPATO POTASICO: Tanto en la matriz como en los fenocristales puede aparecer como ortoclasa o microclina. La ortoclasa es perttica y anterior en su formacin a la microclina; presenta ngulos 2Vx que oscilan entre 60 y 80; aunque puede formar parte de la matriz, normalmente constituye el ncleo idiomorfo de los fenocristales. En los fenocristales de feldespato potsico se observa con relativa frecuencia cmo el crecimiento se efecta por el sucesivo desarrollo de las caras del primitivo cristal, pudiendo apreciarse en el microscopio las trazas correspondientes a las diferentes etapas de la blastesis del mineral. El cuarzo y las plagioclasas, anteriormente formadas, son empujadas hacia la periferia o son parcialmente digeridos y englobados durante la cristalizacin. El resultado es la aparicin, dentro del fenoblasto, de inclusiones de pequeos granos de cuarzo y plagioclasas, alineados en capas concntricas, que siguen el trazado de caras del cristal y, en la periferia, de una corona formada por agregacin de estos mismos minerales, entre los cuales se indentan apfisis de feldespato potsico, en continuidad con el fenocristal. A veces no se ven inclusiones alineadas y zonadas sino que la parte externa del fenocristal presenta una corona formada por intercrecimiento grfico de cuarzo y microclina. Segn K. R. MEHNERT (1968) esto indica una fase de rpido crecimiento, en un medio rico en voltiles. Normalmente estas zonas
perifricas, en las que se forman las coronas de inclusiones, estn formadas por microclina con macla en enrejado. Tambin en la matriz se encuentra con frecuencia microclina con maclas en enrejado; en este caso su crecimiento es intersticial y corroen a las plagioclasas, formndose a estas algunos bordes mirmequticos. A veces la microclina se introduce en los planos de exfoliacin de los cristales de plagioclasa a la cual albitiza y remplaza en parte. Segn V. MARMO (1971, p. 171) la nica manera por la que se puede formar microclina sin la previa cristalizacin de feldespato monoclnico es el reemplazamiento metasomtico de plagioclasa por feldespato potsico. Este metasomatismo lleva consigo la seritizacin de la plagioclasa de tal forma que, cuanto ms avanzado est el proceso, ms serictica ser esta. En casos de reemplazamiento muy avanzado se puede formar albita secundaria no alterada. En nuestro granito pordfico se puede observar este fenmeno de reemplazamiento en diversas de sus etapas de desarrollo, desde pequeas manchas de microclina que corroen ligeramente a grandes plagioclasas fuertemente seritizadas, hasta las inclusiones de albita que han quedado en la aurola de los fenocristales de feldespato potsico. Muchos de los petrlogos transformistas tratan de ver en el crecimiento metasomtico de los feldespatos en granitos porfdicos una prueba del mismo origen para toda la masa gnea. Pero, en ste lo cierto es que slo se observa el reemplazamiento como una fase final de la cristalizacin del granito cerca de la roca encajante (TURNER y VERHOOGEN, 1960). El crecimiento metasomtico de los porfidoblastos a temperaturas relativamente bajas, en la zona de la cpula de la intrusin gnea, puede estar favorecida por la existencia de una fase fluida residual rica en potasio. El potasio podra ser un excedente de la consolidacin del propio magma, o bien representar un enriquecimiento secundario por asimilacin de material arcilloso de la roca adyacente al granito. CUARZO: Se pueden diferenciar al menos dos generaciones. La primera est formando siempre parte de la matriz en pequeos granos
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dispersos, a veces incluidos en la parte externa de los fenoblastos de feldespato pottico. En la segunda generacin este mineral se presenta de diferentes maneras. Una de ellas es el cuarzo intersticial que cristaliza en los espacios intergranulares o aprovechando superficies de exfoliacin de minerales anteriormente formados. Pero el cuarzo 2 tambin puede formar fenocristales de dos tipos. Frecuentemente son grandes granos globulosos, con bordes ameboides, que a veces engloban parcialmente, en su zona ms extensa, a pequeos cristales de la matriz, incluida la microclina. El otro tipo est representado por grandes cristales, tambin esferoidales, que no tienen un borde ameboide sino neto y que estn rodeados por una capa discontinua de pequeos cristales de biotita y/o hornblenda, con una textura seudoorbicular. D. FLlNN (1969) estableci de un modo estadstico que los granos cristalizados a partir de una masa fundida tienden a localizarse en contacto con fases de diferente naturaleza a fin de conseguir una mnima energa interfacial. Esto se consigue mediante la diseminacin del cristal en el seno de la matriz o bien por la formacin de grandes cristales nicos para disminuir la superficie total de los contactos entre cristales de la misma fase. La posibilidad apuntada podra explicar la aparicin de cuarzo intersticial y los fenocristales ameboides; en estos ltimos, los brazos que se introducen entre la matriz podran representar los caminos seguidos por el cuarzo para integrarse al cristal nico. Sin embargo, en el caso de las texturas seudoorbiculares no puede ser aplicado el modelo anterior, ya que la disposicin perifrica de los cristales de biotita y hornblenda requiere la previa individualizacin del grano de cuarzo. Esta textura podra tener su origen en la separacin precoz de dos fases diferentes si la presin de vapor llega a ser superior a la litosttica en la zona superficial de la masa gnea (W. I. PHILLIPS, 1973). Se consigue entonces la individualizacin de pequeas masas globulares, ligeramente enriquecidas en componentes votliles, lo que rebajara su
temperatura de cristalizacin, con la consiguiente formacin de grandes cristales, compatibles con la tendencia a disminuir el potencial qumico; la tensin superficial de estas masas globulosas impide la incorporacin a su interior de los cristalitos de biotita y hornblenda y determina la disposicin tangencial de los mismos en el borde del cristal del cuarzo. MINERALES ACCIDENTALES Los productos de alteracin ms frecuentes que proceden de los minerales esenciales son rutilo, clorita, titanita, epidota, calcita, xidos de hierro y sericita. A veces se encuentra tambin cuarzo removilizado. [Link]. Granodioritas Tienen un tamao medio de grano que oscila entre 500 micras y 1 milmetro. Normalmente son equigranulares, pero a veces presentan textura porfdica, en la que los fenocristales son de piagioclasa exclusivamente. Los nicos melanocratos presentes son hornblenda y biotita. La HORNBLENDA es verde y generalmente muy abundante; los cristales pueden alcanzar un tamao de hasta 1 mm. y otras veces se encuentran formando agregados, iguales a los descritos en el caso del granito porfdico. BIOTITA: Es marrn y muy pleocroica. Puede llegar a ser menos abundante que la hornblenda y est, normalmente, corroida por los feldespatos y el cuarzo y muy alterada a clorita y xidos de hierro. PLAGIOCLASA: Es el leucocrato ms abundante. Se presenta en cristales hipidiomorfos que pueden alcanzar ms de 1 mm. de tamao. Su composicin oscila entre An20 y An30, siendo las ms frecuentes las situadas alrededor de An25. A veces estn ligeramente zonadas, variando la composicin en un mismo cristal desde An25 en el centro hasta An15 en los bordes. Suelen estar corroidos por el cuarzo y el feldespato potsico, presentando en ocasiones bordes mirmequticos. FELDESPATO POTASICO: Es mucho menos abundante que la plagioclasa. Se trata de ortoclasa perttica en cristales xenomorfos, cuyo tamao no suele sobrepasar las 500 micras.
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CUARZO: Es el mineral que alcanza a cristalizar ms tardamente y se puede presentar en granos xenomorfos o bien en pequeos cristales intergranulares. Normalmente suele dar extincin ondulante. Como minerales accesorios puede haber en estas rocas zircn y apatito. La alteracin es muy fuerte en los melanocratos y plagioclasas; stas estn a veces tan seritizadas que resulta imposible la distincin de sus maclas polisintticas. Los productos de alteracin de los melanocratos son muy numerosos y frecuentemente no se encuentran in situ sino que han sido movilizados y rellenan grietas o impregnan la superficie de otros granos; entre ellos normalmente se pueden distinguir clorita, epidota, zoisita, calcita, titanita, rutilo y xidos de hierro. [Link]. Dioritas Se presentan al microscopio como un entramado de cristales tabulares de plagioclasa fuertemente zonada, entre los que hay, en ocasiones, grandes cristales de piroxeno y anfiboles que pueden alcanzar 3 4 mm. de tamao. La PLAGIOCLASA es andesnica, con una composicin que oscila entre An35 y An40, aunque no es raro encontrar cristales con hasta un 50% de contenido en anortita. Normalmente est zonada. El piroxeno es AUGITA y suele estar incluido en hornblenda, lo cual demuestra su anterior formacin. En ocasiones se encuentran grandes cristales, muy corroidos en sus bordes por la plagioclasa, con un ncleo formado por piroxeno que hacia su parte externa pasa a hornblenda verde. La HORNBLENDA es el ms abundante de los ferromagnesianos, siempre es de color verde y aparece tanto en grandes cristales como en otros ms pequeos, distribuidos por toda la roca. La BIOTITA no suele ser abundante; es biotita marrn, normalmente muy desferrificada y alterada a clorita. A veces hay pequeas cantidades de CUARZO intersticial, que produce grandes golfos de corrosin en el resto de los minerales. La cantidad de cuarzo es en algunos
casos superior al 5%, lo que permite entonces clasificar a esas rocas como cuarzodioritas. Como minerales accesorios suelen encontrarse zircn y apatito. Slo en una muestra hemos podido detectar cordierita, como componente accesorio de estas rocas. Los productos de alteracin son muy abundantes y entre ellos se encuentran los caractersticos de este tipo de rocas (titanita, epidota, xidos de hierro, rutilo, etc.). [Link]. Enclaves y rocas filonianas en el stock de Peas de Aya Cerca del contacto con la roca encajante es normal la presencia de pequeos enclaves, en los que generalmente no se observan sntomas de digestin y ni siquiera ha sido borrada la estructura esquistosa original. El metamorfismo trmico no ha sido muy fuerte, y en los enclaves se encuentran rocas de la facies de corneanas con hornblenda, semejantes a los de la zona interna de la aurola de contacto. La asociacin ms frecuente en rocas pelticas es cuarzo-mica blanca-biotita-cordierita, a veces tambin aparece plagioclasa sdica. La cuestin de la evolucin de metamorfismo trmico ser tratado ms adelante (epgrafe 3.2.). Existen pequeos filones de pegmatita encajados tanto en el granito, sobre todo en la zona de borde, como en la roca encajante, cerca del contacto con el stock. Estos filones tienen poca potencia, no sobrepasan los 5 m. de espesor, y escasa continuidad lateral. Su composicin mineralgica es muy simple; suelen estar formados casi exclusivamente por cuarzo y feldespato potsico crecidos conjuntamente en una estructura grfica. Entre los grandes cristales granofdicos se disponen otros tabulares de tamao muy inferior de plagioclasa albtica. Como minerales accesorios contienen turmalina verde y moscovita. Mucho ms aparentes que las pegmatitas, tanto por su frecuencia como por las caractersticas del afloramiento, son los filones de cuarzo. Encajan casi siempre en el Carbonfero, a veces lejos del granito, aunque lo normal es que lo hagan cerca de l; alinendose paralelamente al contacto del stock; tal como
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ocurre cerca del borde occidental de este, en los sectores de Alzacogaa y Usategieta. Estos filones tienen una potencia de aproximadamente 10 metros y son subverticales. Estn formados casi exclusivamente por cuarzo, con cantidades subordinadas de moscovita y xidos de hierro, pueden estar presentes pequeas cantidades de feldespatos normalmente caolinizados. No son raras las mineralizaciones asociadas de xidos y sulfuros, que han sido en alguna ocasin motivo de explotaciones en la actualidad completamente abandonadas. [Link]. Conclusiones petrogenticas sobre las facies de borde En conjunto, la composicin de la zona de borde del stock es muy similar a la facies interna, si bien se observan inclusiones con una mineraloga que refleja un mayor contenido en ferromagnesianos. Se podra pensar que estas concentraciones ms bsicas fueran debidas a fenmenos de contaminacin, o bien suponer la existencia de dos intrusiones diferentes, una ocupando la zona central y otra el borde actual del cuerpo intrusivo. Sin embargo, segn el modelo planteado por W. J. PHlLLlPS (1973), parece lgico que la variedad litolgica de la zona perifrica sea producto de una diferenciacin temprana debida a la intrusin en una posicin superficial, en la que la presin de vapor fuera superior a la presin de carga: ello acarreara la separacin de dos fases, una ms rica en ferromagnesianos que cristalizara dando rocas de composicin ms bsica, y otra rica en voltiles, que sera de composicin grantica y que provocara la formacin de granitos porfidoblsticos; la fase residual sera la causante de la actividad neumatoltica e hidrotermal que origina los filones de tipo pegmattico instruidos en la aurola de contacto y la alteracin metasomtica de los minerales de metamorfismo formados en la roca encajante. En resumen, la evolucin esquemtica de la zona de borde del stock sera como sigue: 1. Separacin de los lquidos inmiscibles en una zona superficial por descenso de la presin de carga. 2. Cristalizacin de los principales cons-
tituyentes(1), dando una roca con un tamao de grano menor que el de la facies interna por un descenso ms rpido de la temperatura. De esta primera cristalizacin, en la que se formara la matriz de las rocas porfidoblsticas, queda un residuo rico en voltiles, entre los cuales habra potasio y Si02, que permaneceran sin incorporar por completo a las fases minerales. 3. Al descender la temperatura el potasio y la slice se incorporan metasomticamente a las fases minerales anteriormente formadas, provocando el crecimiento blstico del feldespato potsico y del cuarzo cristalizados con la matriz. Simultneamente se registra la formacin de microclina y cuarzo en disposicin intersticial. 4. Otra parte de los componentes residuales voltiles actan sobre la roca encajante, en la medida en que la permeabilidad de sta lo permite y producen alteracin hidrotermal en ella. El resto aprovecha fracturas y se introduce por ellas para solidificar en forma de filones de composicin pegmattica. 3.1.3. Aureola de contacto del stock La aureola de contacto que envuelve al stock de Peas de Aya tiene un desarrollo muy variable. Normalmente, por lo que se deduce de los cortes realizados, no sobrepasa en muchos el centenar de metros de espesor, si bien su limite externo es en la mayora de los casos difcil de precisar por cuanto, a escala ms amplia, las sucesiones del Carbonfero manifiestan un ligero metamorfismo trmico, en muchos casos similar en intensidad al presentado por las corneanas. Junto al pantano de Articutza se incrementa la extensin de afloramiento de la aureola, pero ese sector se sita precisamente en la cpula del granito, como se manifiesta por la disposicin del contacto granito-aureola, que se hunde hacia el S.
(1) Para el orden de cristalizacin vanse los epgrafes [Link]. y [Link].
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Las isogradas de la aureola se disponen concntricamente al stock, aunque con ciertas irregularidades. En la zona ms interna se desarrollan asociaciones minerales indicativas de la facies de corneanas con hornblenda, hecho normal para este tipo de intrusiones: pero en ciertas ocasiones las rocas inmediatamente en contacto con el granito no reflejan un metamorfismo tan intenso, hecho que se puede interpretar como indicio de que la aureola ha sido laminada, ya sea durante el propio proceso de encajamiento del granito, que podra haberse efectuado en varias etapas, o a causa de deformaciones posteriores ligadas a esfuerzos tectnicos regionales. En cualquier caso, los espesores actualmente visibles de la aureola de Peas de Aya, no se encuentran seriamente afectados por la tectonificacin posterior al encajamiento del stock. [Link]. Las corneanas de Peas de Aya y sus asociaciones minerales En la zona externa de la aureola, el metamorfismo de contacto empieza a ponerse de manifiesto con la aparicin de pizarras moteadas, con motas que van variando su composicin segn su proximidad al stock, es decir conforme aumenta el grado de metamorfismo. En el estadio metamrfico ms bajo las motas estn constituidas exclusivamente por pequeas concentraciones de xido de hierro con forma ovalada y alargadas mimticamente segn la foliacin ms generalizada a escala regional (S1). A medida que la recristalizacin se-va haciendo ms intensa, el interior de las motas aparece ocupado por agregados desorientados con asociaciones que van desde cuarzo-albita-clorita hasta biotita roja-andalucita: el xido de hierro primitivo va quedando reducido, en las motas nucleadas, a una aureola, cada vez ms pequea. Con la proximidad del granito las rocas se van haciendo cada vez ms compactas, sin que se llegue a perder su estructura esquistosa original. El aumento de tamao de los minerales micceos proporciona a las rocas un aspecto satinado, sin que habitualmente lleguen a distinguirse a simple vista los minerales originados en el metamorfismo tr-
mico. Solo cerca del contacto con la roca intrusiva se pueden observar, en algunas ocasiones, corneanas con andalucita, en las que este mineral ha alcanzado un extraordinario desarrollo, encontrndose cristales de ms de 5 cm., dispuestos desordenadamente. En la inmediata vecindad del stock existe una zona que no suele sobrepasar el metro de espesor en la que hay seales de asimilacin. All, las rocas tienen un aspecto compacto y en ellas se ha perdido toda trata de su anterior estructura: se forma, en tales casos, un entramado visible de pequeos cristales de feldespato, de un tamao prximo al milmetro, desorientados entre una mesostasis de color oscuro con tonalidades verdosas. El examen microscpico revela la abundancia de fenoblastos de plagioclasa (alrededor de An30) y, en ocasiones, de hornblenda verde; la mesostasis se compone de cuarzo intersticial, biotita verde, clorita y cordierita. La accin hidrotermal ha sido muy intensa en estas rocas, con formacin de turmalina y apatito: tambin se encuentran gran cantidad de productos de alteracin, tales como epidota, calcita, sericita, etc., que impregnan a los minerales originales, haciendo muy difcil su identificacin. PRINCIPALES ASOCIACIONES MINERALES Salvo en el mismo contacto en donde aparecen normalmente las rocas que acaban de ser descritas, en la aureola se suelen encontrar asociaciones mineralgicas que permiten agrupar a las corneanas en dos facies: las facies de corneanas con albita-epidota, en la zona externa, y la facies de corneanas hornblndicas en la zona ms interna de la aureola. La facies de corneana con albita epidota est ms ampliamente desarrollada que las corneanas hornblndicas, ya que stas, cuando se conserva, se limitan a los 25 metros ms internos. En el sector de Articutza, es donde se observa un mayor desarrollo superficial de las rocas ms metamorfizadas, debido a la geometra del afloramiento segn ha sido expuesto. Las asociaciones minerales presentes se caracterizan por la constante presencia de cuarzo y moscovita. Adems de estos dos minerales, las asociaciones ms frecuentes que
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se observan, siempre en rocas de composicin originalmente peltica, son: a) Facies de corneanas con albita-epidota. Clorita - xido de hierro Clorita - xido de hierro - epidota Clorita - albita Albita - epidota Albita - biotita Biotita - clorita b) Facies de corneanas hornblndicas. Biotita - andalucita Biotita - cordierita Andalucita - cordierita Superpuesta a la fase de metamorfismo trmico suele haber otra, no muy intensa de carcter hidrotermal, en la que cristalizan turmalina marrn y verde en cristales que no sobrepasan normalmente un tamao de 200 micras; se provoca, adems, la alteracin de los minerales anteriormente formados, producindose clorita, xidos de hierro, sericita, titanita y rutilo. En relacin con esta accin hidrotermal se forman tambin venillas rellenas de cuarzo y pinnita. La cristalizacin ligada al metamorfismo de contacto es posterior a la formacin de las dos esquistosidades principales observables a escala regional; dichas esquistosidades son parcialmente obliteradas por la blastesis de nuevos minerales, que crecen desordenadamente. Sin embargo, en algunas ocasiones se puede asegurar que en medio del proceso metamrfico se sita una etapa cinemtica, en la cual se desarrolla esquistosidad de fractura. Algunos ejemplos han sido puestos de manifiesto en relacin con la evolucin metamrfica de las motas de xido de hierro; estas concentraciones de hierro se formaron con anterioridad al desarrollo de la esquistosidad de fractura aludida y son atravesadas por ella; posteriormente el metamorfismo progresivo determina el crecimiento sobre la marcha y a expensas de su concentracin en hierro, de biotitas y cloritas desorientadas y peciloblsticas, en cuyo interior hay reliquias de la esquistosidad de fractura y de las anteriores (fig. 21). Con posterioridad a la blastesis principal del metamorfismo de contacto existe una deformacin por aplastamiento (flattening),
que se pone de manifiesto sobre todo en las relaciones texturales de la andalucita; debe guardar relacin con el propio encajamiento del stock (fig. 22). DESCRIPCION MINERALOGICA CUARZO: Normalmente procede de la recristalizacin de granos detrticos existentes en la roca original. Con el metamorfismo creciente suele cambiar sus rasgos texturales: en la aurola externa presenta bordes indentados y los granos estn alargados en el sentido de la esquistosidad ms manifiesta (S1) y, a medida que aumenta el grado metamrfico con la proximidad al granito, los granos, se van haciendo ms equidimensionales, dejan
Fig. 21. Esquema mostrando la relacin de las motas de xido de hierro (algunas parcialmente sustituidas por biotita) con la esquistosidad de fractura. Corneanas de la aurola de contacto del stock de Aya.
Fig. 22. Esquema mostrando la disposicin de grandes cristales de andalucita con deformacin por aplastamiento (flattening).
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de tener extincin ondulante y los bordes se hacen ms rectos, formndose numerosos puntos triples cuando se ponen en contacto varios cristales del mismo mineral. En la aurola interna se suelen encontrar granos de contorno poligonal con inclusiones grafitosas, que dibujan las esquistosidades originadas anteriormente al metamorfismo de contacto. Tambin se encuentra cuarzo formado en relacin con una etapa hidrotermal tarda. En ese caso aparece en pequeos cristales poligonales que rellenan pequeas fracturas. MOSCOVITA: Lo mismo que en el caso del cuarzo, la moscovita procede sobre todo de la recristalizacin de los minerales arcillosos de origen detrtico, que estn orientados y recrecidos segn S1; por eso es frecuente encontrarse a este mineral mimetizando a esta esquistosidad. Cuando se pone de manifiesto S2, esquistosidad de crenulacin, suele aparecer la moscovita formando arcos poligonales. Con el aumento del metamorfismo trmico, la mica blanca, que en la aureola externa escasamente llega a tener un tamao de 100 micras, va presentndose en cristales cada vez mayores, a la vez que deja de estar orientada segn S1 y aparece en agregados desorientados en los cuales se pueden dar lminas desordenadas que alcanzan hasta 600 micras. ALBITA: Puede proceder de la recristalizacin de feldespatos detrticos, pero normalmente aparece en pequeos cristales peciloblsticos de tamao generalmente inferior a las 300 micras, con bordes lobulados e inclusiones de cuarzo. En algunas ocasiones presenta maclas polisintticas. Las determinaciones efectuadas para calcular su contenido en calcio revelan que, en general, suelen ser inferiores a An5 y lo ms comn es encontrar composiciones entre An0 y An2. Su alteracin hidrotermal es muy intensa provocando la formacin de pajillas de sericita que ensucian la superficie de los cristales. CLORITA: Se ha formado como mineral de
metamorfismo en la facies de corneanas con albita-epidota; su desaparicin al elevarse la temperatura, favoreciendo la formacin de cordierita, marca el lmite inferior de las rocas que hemos considerado como pertenecientes a la facies hornblndica. Suele aparecer en pequeos cristales que, en lmina delgada, presentan pleocroismo en color verde plido, que va creciendo en intensidad con el aumento del metamorfismo. Generalmente estn orientados al azar, pero pueden al igual que la moscovita, disponerse paralelamente a las esquistosidades antiguas, mimetizndolas. Tambin puede ser un producto de retrometamorfismo o proceder de la alteracin hidrotermal de la biotita. Entonces puede aparecer interestratificada con dicho mineral y contener inclusiones de rutilo y xido de hierro (este ltimo mineral dispuesto segn los planos de exfoliacin) procedentes de esa alteracin. Por ltimo, se puede encontrar clorita rellenando pequeas fracturas de origen hidrotermal; se trata entonces de cristales radiales de pinnita con color verde claro, casi incoloros, y con color de interferencia azul. EPIDOTA: Se manifiesta siempre en pequeos agregados irregulares muy sucios que estn desorientados. Su color de interferencia suele ser elevado. BIOTITA: Sus caractersticas varan con el incremento del grado de metamorfismo. En la parte ms externa de la aureola aparece en pequeos cristales pleocroicos de color verde y a medida que uno se acerca al plutn empiezan a aparecer biotitas que, al principio, tienen color marrn plido, para acabar, en la zona ms interna, formndose grandes cristales desorientados de color rojo intenso y muy pleocroicos, que llegan a alcanzar un tamao de hasta 1 mm. Es frecuente la alteracin hidrotermal de la biotita, dando clorita, rutilo y xido de hierro, como productos ms frecuentes de esa alteracin. ANDALUCITA: las corneanas interna de la presentar en Slo aparece en relacin con hornblndicas, en la zona ms aureola. Al principio se suele pequeos cristales peciloblsti-
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cos de contornos irregulares, que contienen inclusiones grafitosas y micceas, para ir despus, en zonas de mayor grado metamrfico, pasando a formar cristales idiomorfos de andalucita que pueden alcanzar un tamao enorme. En el sector de Articutza afloran corneanas con andalucita en las que se pueden ver cristales prismticos de este mineral que alcanzan casi los 10 cm. de longitud: alrededor de estos cristales se suele presentar un ligero flattening, que se supone relacionado con el aplastamiento de la roca encajante en la zona de bveda del granito por efecto de la propia intrusin. CORDIERITA: Es un mineral siempre difcil de identificar, no slo por sus propias caractersticas, sino tambin porque suele encontrarse muy alterado a minerales micceos. Habitualmente es peciloblstico y presenta contornos irregulares, contiene inclusiones de otros minerales y raramente aparece en maclas cclicas. Su ngulo 2Vx oscila alrededor de los 80. [Link]. Consideraciones sobre el desarrollo y evolucin de la aureola Dos hechos importantes han de ser tenidos en cuenta al tratar el problema de la evolucin del metamorfismo de contacto en relacin con la intrusin grantica: el grado metamrfico alcanzado por las rocas de la aureola y el espesor de la misma. El grado metamrfico alcanzado (facies de corneanas hornblndicas) es el normal en este tipo de intrusin. Como es sabido, en las rocas situadas en contacto directo con el cuerpo intrusivo no se alcanza una temperatura superior al 60% de la del propio magma ms aquella a la que se encontraban las rocas encajantes antes de la intrusin: de tal manera que suponiendo que el magma grantico tuviera una temperatura original entre 700 y 800 y la intrusin se realizara a una profundidad de 5-6 km., se alcanzaran en dicho contacto los 600-650 C. (JAEGER, 1957; in WINKLER, 1974). En el caso que nos ocupa la intrusin debi de ser poco profunda, dada la posicin estratigrfica de los materiales encajantes, con lo cual las temperaturas en el contacto seran algo ms bajas que las anotadas, pe-
ro todava se estara dentro del intervalo de temperaturas que caracterizan a la facies de corneanas hornblndicas propias de los 530 a 610 C, a presin de 1000 bars (aprox. 4 km. de profundidad). A partir de esa temperatura de borde (la ms alta de la aurola) y teniendo en cuenta la amplitud del afloramiento, se puede ensayar la reconstruccin aproximada de las isogradas alrededor del stock. En efecto, la anchura cartogrfica mnima del plutn es de unos 4 km. y la temperatura del magma no deba ser muy superior a 700C. Si la profundidad de encajamiento era de unos 2 km., la temperatura propia de las rocas para un gradiente geotrmico normal sera de unos 60. De acuerdo con estos datos y conforme a valores generalmente aceptados (WINKLER, 1965, p. 59), a unos 400 m. del contacto, la roca encajante llegara a alcanzar algo ms de 400C. Por otra parte, las corneanas con albita-epidota comienzan a formarse a partir de 400 C, aproximadamente, lo que vendra a concluir que las facies de la aureola podran prolongarse tericamente hasta casi 400 m. del borde del plutn. Sin embargo, la aureola del stock de Peas de Aya, por trmino medio, no deja ver efectos apreciables de metamorfismo de contacto a ms de 100 m. del granito. Por otra parte, las facies de corneanas con hornblenda, aunque desigualmente repartidas no tienen un desarrollo superior a los 25 m. de espesor. De acuerdo con todo lo anteriormente expuesto, es necesario hacer algunas observaciones acerca de las causas que puedan haber contribuido al desarrollo aparentemente anormal de la aureola de Peas de Aya. De entre estas causas, las ms destacables parecen ser las siguientes: 1. Temperatura de intrusin bastante baja. 2. 3. Emplazamiento superficial. Intrusin no realizada en una sola etapa. Analizaremos someramente, una tras otra, estas tres posibilidades. Es posible que la temperatura del magma
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en el momento de su emplazamiento fuera inferior a los 700 C supuestos anteriormente, con lo cual el flujo de calor hacia el medio circundante habra sido relativamente bajo; MARMO (1968) indica la posibilidad de formacin de granito en un medio hidrotermal a temperaturas inferiores a 650 C (incluso del orden de 400-500C), pero en este caso no hay pruebas para admitir tal proceso. No obstante, cabe que un magma rico en elementos voltiles y H20 pueda alcanzar, an en estado fundido, temperaturas por debajo de los 700-800 C, supuestamente normales para magmas granticos; esto puede influir en el escaso desarrollo de la aureola de contacto de Peas de Aya. Por otra parte, la intrusin pudo hacerse en niveles muy prximos a la superficie, con el doble efecto de que las prdidas de calor podran haber sido importantes y que la roca encajante se encontrara originalmente a temperaturas bajas (del orden de 60 C a 2 km. de profundidad). Es un hecho indudable la superficialidad de emplazamiento del granito de Peas de Aya, no hay que olvidar que intruye en los materiales estratigrficamente ms altos de las sucesiones paleozoicas; efectivamente, el Carbonfero en su totalidad no debe exceder los 2.000 m. y esto incluyendo el posible incremento del espesor primitivo por efecto de las deformaciones sufridas en las fases de deformacin anteriores a la intrusin. Como consecuencia, las prdidas de calor de la masa gnea debieron ser considerables y el enfriamiento relativamente rpido. Finalmente, en relacin con la tercera de las causas invocadas puede indicarse que el magma pudo haber sido emplazado primeramente en una zona ms profunda y ms tarde, a temperatura ms baja, haber ascendido hasta el nivel de encajamiento actual. Como se ha sealado en el epgrafe [Link]., al describir las corneanas de la aureola, una esquistosidad de fractura se ha desarrollado localmente, mientras las rocas sufran los efectos derivados de la proximidad del cuerpo gneo. Las primeras motas de xidos de hieror estn deformadas por la esquistosidad de fractura, mientras que los minerales de mayor temperatura, crecidas sobre la mota, obliteran dicha esquistosidad. Creemos admisi-
ble que tal esquistosidad se relacione con la presin generada en una segunda etapa de encajamiento del granito. En definitiva, el reducido espesor de la aureola parece controlado por la baja temperatura del magma intruido, menor que 700C (?), la temperatura de intrusin siendo a su vez dependiente del apreciable contenido en voltiles y de la escasa profundidad de emplazamiento (menos de 2 km. de profundidad). A todo esto hay que aadir la verosmil posibilidad de que el ascenso ocurriese en ms de una pulsacin. 3.1.4. Edad de la intrusin No se tienen datos de edad absoluta que permitan definirse acerca del momento en el cual se realiz el emplazamiento del granito de Peas de Aya, pero se pueden hacer algunas consideraciones sobre la edad de intrusin, en relacin con la edad de los materiales encajantes y la de las fases de deformacin existentes. La disposicin cartogrfica del stock es la de un cuerpo alargado .con su eje mayor de direccin N45E, aproximadamente. La geometra primitiva est modificada por el juego de la falla de Aritxulegui, falla que controla en buena medida la distribucin de las facies mesozoicas, desde el Jursico hasta el Cretcico superior. El stock de Peas de Aya tiene un trazado semejante al de otras estructuras mayores de la regin, tales como el antiforme compuesto de Aranaz, cuyo ncleo se sita en un extenso afloramiento de calizas que aparece como resultado de la superposicin de plegamientos; el eje mayor del plutn parece congruente con el mximo estadstico de distribucin de los pliegues de la segunda fase de deformacin hercnica (anteestefaniense). Sin embargo, los cristales peciloblsticos de la aureola del granito engloban a una esquistosidad de crenulacin, groseramente paralela a los pliegues de la segunda fase, adems de a la esquistosidad de primera fase. Desgraciadamente los conglomerados estefanienses afloran lejos del granito y no pueden establecerse relaciones entre uno y otros. S sabemos que las fases de deformacin mencionadas no afectan al Estefaniense.
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Por todo lo expuesto y teniendo en cuenta la edad del material encajante (epgrafe 2.1.2.), la intrusin debi ocurrir despus del Namuriense y probablemente antes del Estefaniense. En nuestra opinin el granito de Peas de Aya puede considerarse como tardi o postcinemtico, pero ciertamente hercnico. 3.2. RASGOS METAMORFICOS DE LAS SUCESIONES PALEOZOICAS
S2; slo en algunas ocasiones se ha observado un tectonic-banding originado por concentraciones diferenciales de cuarzo en las charnelas de los micropliegues. Todava, en algunos casos parece existir un recrecimiento de minerales post-S2 que sugiere la posibilidad de una ltima fase de metamorfismo trmico, contemporneo quizs de una dbil actividad hidrotermal. METAMORFISMO DINAMO-TERMICO Es conocida la dificultad que presenta la delimitacin del estadio ms bajo de metamorfismo, al no estar bien establecidos sus lmites con la diagnesis. Tiene que existir un paso gradual desde la diagnesis al metamorfismo al aumentar la carga y la temperatura, pero es difcil separar, en el estadio metamrfico ms bajo, los cambios que se producen en las rocas como consecuencia de uno y otro proceso, ya que gran parte de ellos son comunes a ambos; muchas veces es necesario recurrir a criterios no puramente mineralgicos para definir el inicio de un proceso metamrfico. En las rocas que constituyen la sucesin esquistosa del Macizo de Cinco Villas nos encontramos ante un caso en el que resulta problemtica la consideracin del metamorfismo (eventual reorganizacin diagentica avanzada?) a que han llegado a estar sometidos los sedimentos. En dichas rocas se ha desarrollado una verdadera esquistosidad y en relacin con ella se ha originado una reorientacin y crecimiento sincinemtico de algunos minerales: pero la propia naturaleza de los minerales de neoformacin, y el reducido tamao de sus granos, impiden la determinacin microscpica de los mismos, y el conocimiento del grado de cristalinidad alcanzado. Aparte de cuarzo, los nicos minerales de neoformacin reconocibles en lmina delgada son los micceos, para cuya determinacin precisa se requieren tcnicas especiales, con ayuda de Rayos X. Precisamente, basndose en el estudio de la fraccin arcillosa, B. KUBLER (1966) defini la zona de anquimetamorfismo (lmite inferior del metamorfismo), utilizando como nico criterio el grado de cristalinidad de la illita.
Las rocas que constituyen la sucesin esquistosa de Cinco Villas conservan an muchas de sus caractersticas sedimentarias, y como tales las hemos descrito en el epgrafe 2.1.2. No obstante, en ellas se presenta, de manera generalizada, una esquistosidad (S1) de flujo, que es bastante penetrativa y atraviesa, incluso, charnelas de pliegues isoclinales; los minerales aparecen entonces recristalizados y orientados paralelamente a S1. El crecimiento sincinemtico de minerales respecto a S1 hace necesario considerar la existencia de un metamorfismo dinamotrmico. Sin embargo, el grado metamrfico ha sido tan bajo que bsicamente produce una recristalizacin de los minerales preexistentes, sin que aumente su tamao de forma ostensible, lo que dificulta enormemente el estudio de las texturas metamrficas y la determinacin microscpica de las asociaciones minerales presentes. Las condiciones son tales que, inmediatamente despus de producidos los pliegues de F1, o bien, llegados a un cierto grado de evolucin de los mismos, se desarrollan cizallas que forman un bajo ngulo con las superficies axiales y que determinan la tectonizacin de los flancos. En relacin con ellas se originan texturas cataclsticas y, en ocasiones, se llegan a formar verdaderas milonitas. Los planos axiales de los pliegues P1 y las cizallas subsecuentes son plegadas por los pliegues P2, a los que se asocia una esquistosidad de crenulacin en los niveles pelticos. En relacin con esta nueva esquistosidad no hay recrecimiento de minerales, pues a lo sumo se observan reorientaciones de los minerales micceos hasta disponerse paralelamente a las superficies de esquistosidad
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De acuerdo con las constantes establecidas por B. KUBLER, H. HEDDEBAUT (1973) ha estudiado la fraccin arcillosa de un centenar de muestras escogidas en el Devnico que aflora en el Macizo de Aldudes. H. HEDDEBAUT ha revelado la presencia de illita, clorita y paragonita en el Devnico inferior; de illita, pirofilita, allevardita y paragonita en el Devnico medio, y de illita, clorita, pirofilita y allevardita en el Frasniense. Se mantienen pues asociaciones semejantes a cualquier nivel de la serie esquistosa y todas ellas son tpicas de un metamorfismo de grado muy bajo, que puede incluirse en la zona de anquimetamorfismo de KUBLER. Entre los caracteres tpicos de anquimetamorfismo de las muestras devnicas, se ha sealado la ausencia de montmorillonita, la constante presencia de illita y clorita, el desarrollo simultneo de pirofilita y allevardita y la aparicin de ciertos silicatos sdicos (paragonita), todo ello acompaado de una verdadera esquistosidad. Destaca tambin la existencia de cloritoide, en algn caso y muy disperso, hecho bastante anormal si se le supone asociado a la anquizona(1). Es muy probable que, al W del ro Bidasoa, el Carbonfero haya estado sometido a un metamorfismo similar al descrito para el Devnico del Macizo de Aldudes. En la sucesin esquistosa de Cinco Villas hemos podido constatar la presencia de cuarzo, mica blanca y clorita, adems de grafito y xido de hierro. El cuarzo es, en gran parte, detrtico pero se encuentra tambin cuarzo de neoformacin, crecido entre los granos clsicos recrecidos; los granos que formaban parte de la trama estn alargados segn S1, y en los de mayor tamao, a consecuencia del aplastamiento (flattening), se desarrollan colas de presin. En ocasiones, es posible observar en el campo pequeas venas de cuarzo, de 3 4 cm. de espesor, que estn plegadas durante la F1.
(1) Ya apunta, H. HEDDEBAUT la posibilidad de que existiera un foco trmico el cual estara ligado al cloritoide. De hecho, advierte que este mineral no guarda relacin con la esquistosidad y es claramente postcinemtico. Al W del ro Bidasoa, J. CHACON cit la presencia de cloritoide en una de las muestras de la aureola de contacto del granito de Aya (CAMPOS et al., 1975).
Los minerales micceos son de pequeo tamao, raramente alcanzan las 100 micras, y aparecen siempre bien orientados segn S1. Casi siempre se suele tratar de mica blanca y, en menor proporcin, clorita, con un color verde plido y dbilmente pleocroica. En ocasiones, la clorita parece manifestar un color de interferencia algo elevado, lo que hace pensar que pudiera tratarse de una biotita verde formada en un grado muy bajo de metamorfismo; no obstante, el pequeo tamao de los cristales impide asegurar esta suposicin, ya que muchas veces el color de interferencia verdadero puede estar enmascarado por el de otros minerales circundantes. Aunque toda la sucesin esquistosa est situada por debajo del frente de esquistosidad, parece que la intensidad del metamorfismo es decreciente hacia la parte alta de la sucesin esquistosa. As se deduce de las diferencias en el grado de recristalizacin de las rocas de unos sectores a otros; en las zonas central y oriental del Macizo estudiado es donde mejor desarrollada se encuentra S1 y donde el metamorfismo se hace ms patente, con claras muestras de crecimiento sincinemtico de los minerales. Por el contrario, en el borde NW de Cinco Villas, en los trminos mas altos de la sucesin, el tamao de grano y la orientacin preferencial de los minerales micceos es mucho menos acusada. Subsecuentemente al desarrollo del metamorfismo regional, las rocas del Carbonfero de Cinco Villas se han visto sometidas a una fuerte tectonizacin como consecuencia de la accin de cizallas que, formando un bajo ngulo con los planos axiales de los pliegues de F1, laminan los flancos de dichos pliegues llegando, en ocasiones a desenraizar los ncleos. Aparecen entonces texturas cataclsticas y las rocas se transforman en milonitas o ultramilonitas, con alguna recristalizacin de la matriz (hartschiefer); a veces, la roca se presenta atravesada por superficies anastomosadas que cortan a S1 que originan una textura lenticular, dando lugar, cuando el tamao de grano es pequeo, a una filonita. METAMORFISMO TERMICO No parece existir una nueva fase metamrfica ligada al plegamiento de la F2, ya
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que, segn hemos advertido, no se aprecia recristalizacin sincinemtica de minerales en relacin con S2; a lo sumo, se produce reorientacin de minerales anteriormente formados y, en algunos casos, aparicin de tectonic banding por segregacin de cuarzo en las zonas de charnela de los micropliegues, que contrastan con las concentraciones micceas en !as superficies de esquistosidad. Pero en bastantes muestras de las estudiadas se aprecia un crecimiento post-S2 de algunos minerales, puesto de manifiesto por las texturas desordenadas y poligonales que presentan. Tal recristalizacin sugiere la accin de un ligero metamorfismo con blastesis en medio esttico. La accin metamrfica post-F2 no parece afecta: de una manera general a toda la sucesin esquistosa de Cinco Villas; por el contrario, se reduce a pequeas reas irregularmente distribuidas por el Macizo, que no guardan siquiera relacin con la posicin estratigrfica de los materiales afectados. El rea en la que mejor se manifiestan sus efectos es la situada al norte de Leiza, entre los sectores de Leizalarrea y Goizueta; tambin se pueden apreciar sus efectos en pequeos sectores del rea del ro Bidasoa y en algunos puntos cercanos al borde NW del Macizo, como ocurre al N de Aldudekogaa. Es posible, pues, que este metamorfismo sea originado por la existencia de pequeos domos trmicos cuyo origen consideraremos ms adelante. La asociacin mineralgica que caracteriza a esta fase de metamorfismo esttico est formada esencialmente por cuarzo-mica blanca-clorita (biotita?). El cuarzo de esta fase procede, sobre todo, de la recristalizacin de granos detrticos en los que se origina una poligonizacin de sus bordes, con lmites rectos y aparicin de puntos triples. Tambin hay cuarzo de origen hidrotermal que rellena pequeas venas, microscpicas, que cortan netamente a las superficies de esquistosidad. La mica blanca suele recristalizar mimetizando a S1, pero cuando la crenulacin de F2 es bien patente se presenta formando arcos poligonales. Otras veces aparece mica blanca desorientada claramente postcinema-
tica, en cristales alargados que, en casos extremos, pueden alcanzar hasta las 200 micras; entonces es frecuente observar interestratificados de mica blanca y clorita, con xidos de hierro incluidos segn los planos de exfoliacin, hecho que induce a pensar que, al menos en parte, la moscovita proceda de cristales de biotita desferrificada por alteracin. La clorita se presenta en pequeos cristales (de unas 50 micras) desorientados, con color verde plido y dbilmente pleocroica. A veces resulta de la alteracin de biotita, formando interestratificados con mica blanca o biotita verde (o vermiculita?). Es frecuente tambin que clorita de color verde ms intenso (pinnita) rellene filoncillos de origen hidroternal. La biotita es verde. Se encuentra muy alterada a clorita y a mica blanca, como hemos indicado, por una desferrificacin intensa. El color verde plido, de tonalidades amarillentas, que presenta la biotita indica que el grado metamrfico es muy bajo, habindose logrado nicamente la formacin incipiente de este mineral. As lo han sealado diversos autores (in DEER, HOWIE y ZUSSMAN, 1962; vol. 3), para los cuales el color de la biotita depende de la composicin y del grado de metamorfismo, de tal manera que, con metamorfismo creciente, aumenta la relacin TiO2/MgO:FeO, y el color vara desde amarillo verdoso a marrn oscuro; el color verde es tpico de la biotita de rocas pelticas y psammticas que han sufrido un grado muy bajo de metamorfismo. La actividad hidrotermal asociada a esta etapa de metamorfismo produce la formacin de venas rellenas de cuarzo y pnnita, y, a veces, zeolita. Tambin hemos visto pequeos cristales de turmalina, de color verde o marrn claro, cuyo origen est ligado posiblemente al hidrotermalismo y asimismo hay pequeas concentraciones de hierro en fracturas, hierro que ha reaccionado con las micas colindantes. La existencia de una etapa de metamorfismo trmico en el Paleozoico de los Pirineos Vascos slo haba sido supuesta antes, aunque de forma velada, por H. HEDDEBAUT (1973) al no encontrar otra forma de explicar
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la presencia de cloritoide postcinemtico en el Devnico del Macizo de Aldudes. En nuestra rea el metamorfismo esttito no se manifiesta con carcter general, sino que se limita a pequeos sectores irregularmente distribuidos. El origen de esos domos trmicos as detectados se podra encontrar en el propio granito de Peas de Aya, correspondiendo a apfisis, que no llegan a aflorar, pertenecientes a un cuerpo gneo de gran volumen. De hecho aparecen pequeos enclaves de rocas granitoides sacados a la superficie en relacin con accidentes tectnicos, en zonas bastante alejadas de las Peas de Aya (zona del manto de los mrmoles de P. LAMARE, 1936; por ejemplo). Existe tambin la posibilidad de que el metamorfismo trmico sea de edad alpina. En el citado manto de los mrmoles el Jursico se encuentra afectado por un metamorfismo esttico que puede tener un origen comn con el que comentamos; no hemos estudiado el rea ocupada por ese Jursico metamorfizado y no nos podemos definir a este respecto. Sin embargo hemos de sealar que el metamorfismo asociado al llamado manto de los mrmoles aparece circunscrito a una franja muy restringida, pudiendo asociarse a algn accidente concreto y carecer de relacin con el puesto de manifiesto en la sucesin esquistosa de Cinco Villas. 3.3. ROCAS IGNEAS BASCAS Describiremos en este apartado las rocas bsicas que encajan en trminos paleozoicos y trisicos. DIABASAS Afloran diseminadas entre los materiales paleozoicos. Su forma de yacimiento es variable segn los casos: muchas veces constituyen filones que cortan netamente a la estratificacin, pero otras, ramificaciones de un filn se sitan paralelamente al trazado de las capas. Las diabasas encajan a cualquier altura de la sucesin paleozoica del rea estudiada,
pero son especialmente abundantes en el sector de Lesaka y Yanci. En las calizas de Aranaz existen mltiples afloramientos de estas rocas, que cortan netamente a la estratificacin. Las diabasas son holocristalinas, hipidiomorfas, con un tamao de grano medio y homogranulares; la textura es oftica. Sus principales componentes son plagioclasa bastante clcica y piroxeno, posiblemente augita, que se presenta alterada a biotita; a su vez la biotita pasa con frecuencia a clorita con liberacin de xidos de hierro. Otras veces adquieren un carcter porfdico, con fenocristales de plagioclasa clcica alterada y piroxeno monoclnico muy alterado; la matriz que envuelve a los fenocristales est constituida principalmente por plagioclasa. OFITAS Las ofitas muestreadas son granudas, de grano fino con textura holocristalina hipidiomorfa. Son abundantes los cristales de piroxeno augtico, de hasta 30 40 mm. de tamao, con inclusiones d plagioclasa de hasta 0,5 mm., rodeados por pequeos cristales tabulares de plagioclasa, mena metlica y productos de alteracin. La plagioclasa es del tipo labradorita y entre los minerales accesorios son especialmente abundantes los opacos, probablemente magnetita, y en menor proporcin existen apatito y zircn. La alteracin ha progresado uralitizando los piroxenos, que pasan a dar anfiboles, del tipo de actinolita, que se transforman en cloritas. En algunos casos, estas rocas, calificadas bajo el nombre de ofitas, presentan el carcter de serpentinitas constituidas por un entramado desorientado de crisotilo y antigorita, con las que coexisten carbonatos y menas metlicas. No puede hacerse el anlisis de los contactos de estas rocas con las rocas encajantes por cuanto, estando englobados en el Tras, los contactos actuales estn retocados por los movimientos halocinticos de las masas plsticas envolventes.
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CAPITULO 4
TECTONICA El contenido de este captulo es algo heterogneo, porque la propia ubicacin del rea estudiada as lo determina. La superposicin en el espacio de dos orogenias y la influencia de sucesivas fases de deformacin de cada una de ellas es la causa de la relativa dificultad de algunas interpretaciones. En cada ciclo orognico las condiciones de deformacin y la reaccin ntima de los materiales han sido diferentes. Las estructuras hercinianas se han desarrollado en su mayor parte por debajo del frente de esquistosidad mientras que para el ciclo alpino, la que consideraremos tectnica pirenaica, se exterioriza en la configuracin de estructuras de cobertera propias del nivel estructural superior. Los pliegues y fracturas alpdicas afectan de distinta forma al zcalo y a la cobertera, pero nicamente en contadas ocasiones se asocian a esquistosidades de fractura. Finalmente la misma evolucin del ciclo alpino slo cobra su verdadera significacin cuando se inscribe en un proceso de tectnica global como es el de apertura del Golfo de Vizcaya. 4.1. ETAPAS TECTONICAS HERCINICAS Una dificultad ms para el estudio de las fases de deformacin propiamente hercinianas consiste en que todo el Macizo de Cinco Villas se ha visto sometido a los esfuerzos de la orogenia pirenaica, con directrices tectnicas que interfieren con las anteriores, hasta enmascararlas en algunos casos. Las primeras conclusiones sobre la estructura del sector ms occidental del Macizo de Cinco Villas se deben a D. RICHTER (1963, 1965), que seala la existencia de pliegues con una direccin que oscila entre N-S y NNE-SSW, a los que se superponen otros de direccin E-W; en su opinin, los primeros, cuyo estilo no precisa, deben ser hercnicos, mientras que para los de direccin E-W plantea la doble posibilidad de que sean alpinos o de una fase hercnica tarda, ya que su orientacin coincide con la predominante en los pliegues que midi en materiales cretcicos, y con el trazado de las estructuras, consideradas por l de fase salica, que deforman al Estefaniense y al Prmico. Ambas direcciones estructurales han sido tambin puestas de manifiesto (MOHR y PILGER, 1965; MLLER, 1967, etc.) en el Macizo de Quinto Real, situado al SE de Cinco Villas, en el que existen pliegues cartografiables. En Quinto Real, H. F. KRAUSSE (1973) y L. VILLALOBOS (1977) sealan la existencia de una esquistosidad de plano axial ligada a los pliegues de direccin N-S, a la que se superpone otra ms espaciada de direccin predominante NW-SE. Para estos ltimos autores, tanto estos pliegues como los E-W son de edad Westfaliense, mientras que les resulta problemtica la datacin de las fracturas de direccin E-W, que coinciden con la que frecuentemente adoptan las fallas alpdicas; a este respecto, L. VILLALOBOS concluye que ...se debe considerar para esta zona la posibilidad de la formacin hercnica de fallas orientadas E-W, como rupturas transversales que han podido volver a actuar posteriormente. Para la mitad oriental del Macizo de Cinco Villas, los gelogos alemanes de la Universi-
La monotona litolgica que manifiesta el Carbonfero del Macizo de Cinco Villas, como nicos materiales aflorantes en su porcin situada al W del ro Bidasoa, complica enormemente el estudio estructural. Tan slo en el sector entre Lesaka y Yanci, los contrastes litolgicos, entre formaciones con suficiente desarrollo, hacen que se puedan dibujar contactos cuya geometra tiene valor estructural, puesto que sugieren la superposicin de dos plegamientos de direcciones diferentes. Sin embargo, el anlisis de los micro y mesopliegues, frecuentes en los materiales carbonferos, nos ha permitido deducir los rasgos de la estructura general, a la vez que se ha puesto de relieve la existencia de varias deformaciones superpuestas de diferente estilo.
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dad de Clausthal han puesto de manifiesto la existencia de importantes cabalgamientos de edad hercnica. H. REQUADT (1966), con su detallada cartografa del Seoro de BertizArana (al este de Sumbilla), mostr cmo el contacto mayor que envuelve los afloramientos devnicos es tectnico. comprobando que el Carbonfero se hunde bajo ese contacto; la superficie de cabalgamiento corta oblicuamente a las sucesivas formaciones devnicas y, por encima de la superficie principal, existen otras que determinan la individualizacin de varias unidades alctonas, cuya traslacin respectiva es difcil de evaluar. Por otra parte, al NE de Maya de Baztn, se ha constatado la superposicin anormal del Silrico sobre trminos del Devnico (JUCH y SCHAFER, 1971). Todos estos datos y conclusiones han sido recogidos con mayor extensin y ampliados con numerosos nuevos resultados en algunos trabajos recientemente aparecidos (CAMPOS y GARCIA-DUEAS, 1974c; CAMPOS et al., 1975). 4.1.1. Fases de deformacin deducidas de las estructuras menores A partir del estudio de las micro y mesoestructuras-presentes en los materiales paleozoicos hemos puesto de manifiesto varios sistemas de pliegues sobreimpuestos, asociables, en principio, a otras tantas etapas de deformacin. Algunas de las fases diferenciadas pueden identificarse sin riesgo de error como hercnicas, pero otras, las ms tardas, resultan ms problemticas de datar y no se tienen argumentos slidos para descartar su actividad durante el ciclo alpdico. Es posible, como veremos, que algunas de las estructuras formadas en fases tardas de la orogenia hercnica volvieran a funcionar ms tarde, en tiempos mesozoicos y hasta cenozoicos; as ha sido admitido por diferentes autores. Las deformaciones ms antiguas que afectan al Carbonfero corresponden a dos fases que son las ms directamente responsables de la estructura hercnica. Los efectos de esas dos fases de deformacin pueden resumirse de la siguiente manera: Fase 1 (F1).Pliegues (P1) tumbados de
flanco inverso bien desarrollado, en relacin con los cuales se origina una esquistosidad, generalmente de flujo, subhorizontal (S1), subparalela a la estratificacin (S0), en los flancos de dichos pliegues. Esta esquistosidad es bastante penetrativa y se puede diferenciar bien de S0 en las charnelas de pliegues dibujados sobre los niveles ms cuarcticos; llega a borrar toda traza de estratificacin cuando los lechos son de naturaleza luttica. A favor de S1 existe crecimiento de algunos minerales, en relacin con un metamorfismo dinamotrmico de bajo grado. Existe una fuerte dispersin en la orientacin espacial de los ejes P1, provocada por otros plegamientos sobreimpuestos; sin embargo, de las mximas concentraciones observadas, se deduce que la direccin predominante oscila entre N-S y NE-SW. Fase 2 (F2).Es apreciable la variacin de estilo de sus pliegues segn la litologa de los niveles plegados; en los ms lutticos tienden a ser similares, mientras que en los grauwquicos o cuarcticos suelen ser isopacos. Los hay de simetra rmbica o monoclnica, pero estos ltimos suelen ser pliegues parsitos de otros de mayor tamao. En relacin con los pliegues de F2 se desarrolla una esquistosidad (S2) poco penetrativa, que crenula a S1, en los lechos ms micceos y no se manifiesta o se hace de fractura, a veces muy espaciada, en los lechos cuarcticos. Dicha esquistosidad adopta una disposicin en abanico, respecto de las superficies axiales, que son subverticales casi siempre. Los diagramas de ejes B de pliegues de F2 reflejan un mximo principal para pliegues de direccin NE-SW (pliegues P2a) y otro secundario para los NW-SE (pliegues P2b): admitimos que los P2b pueden ser conjugados de los P2a. Como estructuras menos frecuentes en el Paleozoico de Cinco Villas hay que citar la existencia de kink-bands, formados con toda probabilidad en una fase hercnica tarda; el escaso nmero de estas estructuras nos ha impedido el obtener unas pautas estadsticas sobre su distribucin y direcciones, aunque
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Fig. 23. Relaciones angulares y posible pauta de interferencia de los pliegues originados en las dos principales fases hercnicas.
s destaca la presencia de dos sistemas conjugados. Adems de las fases de deformacin que acabamos de resumir, se reconocen en el Carbonfero otras estructuras de comprensin sobreimpuestas. El hecho es que sus direcciones son congruentes con los de otras estructuras pirenaicas y en ocasiones prolongan, en otro nivel estructural, algunos accidentes de la cobertera. [Link]. La primera fase de deformacin Los pliegues de primera fase, ya se ha dicho, poseen el estilo de pliegues isoclina-
les tumbados con un flanco inverso largo; para su estudio hemos tenido que limitarnos a las observaciones en trincheras, en las que son reconocibles normalmente pliegues mtricos o decamtricos, a los que se asocian pliegues parsitos de menor tamao y menor desarrollo relativo del flanco corto: este carcter se acenta especialmente en los pliegues desarrollados sobre niveles ms competentes. Las superficies axiales y la esquistosidad ligada a estos pliegues debieron ser en origen poco inclinadas y los buzamientos, a veces bastante acusados, que ahora se miden son consecuencia de la superposicin de los pliegues de F2 en menor grado, de otras deformaciones posteriores. En la fig. 24 se recogen ejemplos de las geometras ms caractersticas de los pliegues P1. En todas ellas resalta el comportamiento diferencial entre los niveles de distinta naturaleza litolgica. Los menos dctiles (grauwacas y cuarcitas) tienden a conservar su potencia constante, aunque la observacin microscpica demuestra que poseen una esquistosidad de plano axial, de bajo ngulo con el flanco. Los pliegues que afectan a paquetes ms competentes, constituidos por bancos areniscosos separados por delgadas alternancias lutticas, manifiestan caracteres isopacos y una acusada geometra similar; presentan, por tanto, grandes flancos planos y charnelas muy reducidas, es decir, el aspecto de pliegues angulares muy cerrados, con charnelas rellenas de material luttico. Para el caso de niveles lutticos bien desarrollados, tan abundantes en el Carbonfero de Cinco Villas, se desarrolla una esquistosidad de flujo y la obliteracin de S0 es habitual, los pliegues son de geometra similar con adelgazamiento exagerado de los flancos. Cuando alternan regularmente niveles de distinta litologa aparecen pliegues de comportamiento parcialmente flexural en los que se sigue evidenciando el comportamiento diferencial de las distintas capas. Mientras que en los niveles incompetentes se observa un buen desarrollo de la esquistosidad paralela al plano axial y una aparente acumulacin de material en las zonas de charnela, en las ms com-
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petentes el espesor vara muy poco de unas zonas a otras del pliegue. En esos casos se observa con cierta frecuencia refraccin en la esquistosidad; as, en las zonas de charnela de lechos ms cuarcticos, la S1 se dispone en abanico divergente, tambin hacia el ncleo del pliegue. Todava, en relacin con la primera fase de deformacin, destaca el desarrollo de cizallas tendidas que laminan los flancos de los pliegues y producen trasposiciones, a veces importantes, en les estructuras de plegamiento. Estas superficies se observan a cualquier escala: al microscopio, como despus veremos, se presentan originando una textura lenticular tpica del metamorfismo dinmico. A escala del afloramiento se manifiestan como superficies frecuentemente arqueadas, delimitando entre superficies consecutivas peces tectnicos que pueden contener charnelas de pliegues desenraizados. El desarrollo de estas superficies de cizalla, con las trasposiciones asociadas, es inmediatamente subsiguiente a la formacin de los pliegues P1 y de la esquistosidad S1. En ciertos casos favorables se ven las superficies de cizalla plegadas por pliegues de F2 y cmo consiguen laminar los flancos inversos de los P1 (fig. 30).
Fig. 25. Pliegue isoclinal de F1, plano axial horizontal. (Esquema tomado de una fotografa). Carretera de Leiza a Hernani, Km. 36.
El propio cortejo de estructuras asociadas a la F1, hace ms difcil establecer la vergencia de los pliegues tumbados. La propia geometra casi isoclinal de los P1, con un flanco inverso bien desarrollado, condiciona el que, en los reducidos afloramientos de la regin, pueda saberse cul es el flanco ms largo y cul el ms corto; es muy raro que en un afloramiento continuo lleguen a verse varios pliegues decamtricos P1 sucesivos y, an as, cabe la incertidumbre de pensar si estarn asociados a un pliegue de un orden mayor y en qu flanco de ese posible pliegue estarn situados. No obstante y a pesar
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Fig. 26. Estructuras de F1 mostrando fuerte transposicin. Km. 45 de la carretera de Leiza a Hernani. (Segn foto).
siderando este trmino como sinnimo de slaty cleavage, flow cleavage y axialplane cleavage. La S1 es penetrativa y se presenta en general paralela a los planos axiales de los pliegues; no obstante, cuando hay alternancia de niveles de distinta litologa, sufre refraccin en las zonas de charnela y aparece dispuesta en abanico, convergente o divergente, segn la capa en la que se observa. En los flancos de los pliegues la esquistosidad se hace subparalela a S0, de tal manera que en el campo son indiferenciables con frecuencia ambas superficies, S1 y S0. En las charnelas se aprecia cmo S0 llega a mostrarse traspuesta y crenulada a lo largo de las superficies de esquistosidad. En los niveles lutticos la elongacin perpendicular al aplastamiento es apreciable
Fig. 27. Pliegues de F,. Carretera de Leiza a Hernani, Km. 26. (Segn foto).
de estas dificultades, los datos recogidos nos inducen a creer la mayor probabilidad de las vergencias generales sean hacia el W; tampoco se han visto casos de pliegues tumbados sucesivos, en los que los pliegues 1 ms altos lleguen a recubrir a sus inmediatos inferiores, situados a su W. De esta suerte, la disposicin general parece ser la recogida en la fig. 31, en la que se dibujan pliegues P1, descontados los efectos de las fases de deformacin posteriores. LA ESQUISTOSIDAD S1 Ya hemos adelantado que, en relacin con los pliegues de primera fase, llega a desarrollarse una esquistosidad de flujo, conFig. 28. Pliegue de F1 limitado por superficies de cizalla. Carretera de Leiza a Hernani. Km. 44. (Segn foto).
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con lo que la estratificacin, casi siempre borrada, tiende a coincidir con S1 en los flancos; ni siquiera en las charnelas se reconoce bien la traza de estratificacin, obliteradas por la S1 muy cerrada y por el crecimiento orientado de minerales. Al microscopio la S1 se manifiesta, en los horizontes lutticos, por una orientacin paralela de los minerales micceos de neoformacin, que rodean a los elementos detrticos residuales, algunos de los cuales, como el cuarzo, se encuentran recristalizados y alargados en el sentido de la esquistosidad; en los extremos de ciertos granos se desarrollan colas de presin(1). Cuando la litologa es ms rica en elementos detrticos, tal como ocurre en las rocas grauwquicas, se aprecia una foliacin caracterizada por la alternancia de finsimos niveles cuarcticos y micceos, cuyo espesor vara entre 500 micras y 1 mm. Las capitas cuarcticas estn formadas por cristales de cuarzo alargados en el sentido de la esquistosidad; los fenmenos de cataclasis son muy frecuentes dentro de ellas formndose texturas milonticas (los granos ms gruesos se han triturado), con claras seales de recristalizacin. No es raro que estos niveles ms cuarzosos se presenten microboudinados entre los ms micceos. En los lechos de grano ms fino S1 se encuentra bien patentizada por la disposicin paralela. de los minerales micceos de neoformacin. En las rocas ms pobres en elementos micceos (cuarcitas, microconglomerados cuarcticos), S1 slo se manifiesta por la orientacin preferencial y el aplanamiento de los granos detrticos. Examinando los diagramas de la fig. 32 se aprecia cmo la S1 se encuentra a veces fuertemente inclinada, pero tal disposicin no debe ser la original; de hecho se puede advertir, en algunos de estos diagramas, cmo los polos de la esquistosidad se distribuyen en crculos cuyos ejes tienen direcciones que coinciden aproximadamente con
(1) Superpuesta a S1, en los niveles lutticos, suele aparecer una textura lenticular, resultante de la disposicin anastomosada de superficies de transposicin. Estas superficies deben guardar relacin con las cizallas subsecuentes de los pliegues P1.
Fig. 29. Pliegues de F, limitados por superficies de cizalla. Carretera de Leiza a Hernani, Km. 44. (Segn foto).
las de plegamiento detectadas en fases posteriores. De acuerdo con tas caractersticas del plegamiento ligado a F1, la posicin original de la S1 debi, en un principio, adoptar una disposicin bastante tendida. De acuerdo con las propias caractersticas de las estructuras formadas en esta fase de la deformacin, cabe-esperar un desarrollo irregular de la lineacin de interseccin de S0 y S1. En efecto, la S1 es subparalela a la estratificacin en los flancos de los pliegues por lo tanto, slo en las zonas de charnela existe la posibilidad de encontrar una buena lineacin de interseccin. En las superficies de estratificacin de los bancos detrticos se distingue bien la lineacin de crenulacin, asociada a la de interseccin en las charnelas preferentemente.
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Fig. 30. Esquema mostrando superficies de cizalla subsecuentes de F1 plegadas por P2. Carretera de Hernani a Leiza, Km. 45. (Segn foto).
Fig. 31. Esquema de la disposicin primitiva que deban presentar los P1.
Fig. 32. Diagramas de proyeccin de polos de S1 S0, indicando el sector a que cada uno de ellos representa. Intervalos: 2-4, 6-8, 10-12 y > 12%, 1, sucesin esquistosa de Cinco Villas; 2, calizas de Aranaz; 3, granito de Peas de Aya; 4, Mesozoico.
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LAS DIRECTRICES ESTRUCTURALES DE LA F1 El estudio de la orientacin de las estructuras de plegamiento formados en la primera fase hercnica resulta difcil, ya que han sido modificadas por las deformaciones posteriores. Las condiciones de afloramiento han impedido obtener, aunque fuera en subreas reducidas el trazado cartogrfico de las figuras de interferencia originadas por la superposicin de plegamientos, para a partir de ellas emprender la reconstruccin de la forma y orientacin originales de las estructuras de F1. En consecuencia, se ha recurrido al sistema de recoger medidas de ejes de plie-
gues en diferentes sectores favorables, agrupando dichas medidas en respectivos diagramas de proyeccin equiareal, a fin de obtener una distribucin estadstica de las orientaciones (fig. 33). Como se puede apreciar en los diagramas, la distribucin de polos de ejes de P1 refleja una dispersin acentuada. Sin embargo, se pueden observar mximos que indican que las estructuras de plegamiento originadas en esta fase deban tener una orientacin preferente prxima a la N-S, al N del rea estudiada, mientras que, hacia el sur, adoptan una direccin NE-SW, describiendo en conjunto un ligero arco cuya concavidad
Fig. 33. Representaciones en proyeccin equiareal de ejes de P1. Intervalos: 4-2, 3-5, 6-7 y > 7%. Cada diagrama corresponde a la proyeccin en el hemisferio inferior de 100 ejes. A, al N del ro Urumea; B, Goizueta-Arano; C; sector del ro Bidasoa.
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est situada hacia el NW. Es posible que este arqueamiento no sea original sino que se haya provocado por efecto de esfuerzos posteriores. Adems de esos mximos, en los diagramas se observan ciertas concentraciones de puntos: examinndolas detenida mente se puede apreciar cmo, aproximadamente, se distribuyen insinuando crculos mximos o mnimos de la esfera, lo que hace suponer que se trate de distribuciones que reflejan vagamente las modificaciones en orientacin provocadas por plegamientos posteriores. Tambin y de alguna manera las cizallas ligadas a la F1 pueden haber contribuido a la dispersin en las orientaciones de los ejes de pliegues P1. En definitiva, se puede concluir, de acuerdo con lo que ya haba sido adelantado por autores anteriores (RICHTER, 1963, 1965; KRAUSE, 1973; CAMPOS y GARCIA DUEAS, 1975; CAMPOS et al., 1975; VILLALOBOS, 1977), los pliegues de esta fase debieron formarse con sus ejes orientados aproximadamente en direccin N-S. [Link]. La segunda fase de deformacin Se manifiesta por la aparicin de pliegues que deforman a los de la F1 y por el plegamiento generalizado de S1; los ms abundantes, de tamao medio, poseen una cuerda de algunas decenas de metros. Son pliegues aproximadamente simtricos (simetra rmbica) y con el plano axial subvertical; pueden presentar una ligera vergencia, pero sta es variable de unos a otros y puede ser explicada en muchos casos suponiendo que la superficie que se pliega, ya deformada anteriormente, posea una inclinacin inicial, que poda ser diferente de unos sectores a otros. En general, los pliegues decamtricos de F2 son suaves y en su ncleo se observa, a la escala del afloramiento, una fracturacin muy grosera que se abre en abanico hacia la zona de charnela; en ocasiones se desarrollan pequeas fallas inversas que extruyen el ncleo y laminan el flanco ms corto del pliegue. Otras veces los ncleos ms intensamente replegados, agrupan pliegues angulares de menor tamao, con agudas charnelas fracturadas.
Fig. 34. Pliegue de F2. Esquema dibujado sobre la superficie pulida en una muestra perpendicular al eje.
Muy frecuentemente, en el campo, se presentan pliegues de menor orden (decimtricos a centimtricos) que acompaan a los de orden mayor. Entonces poseen simetra monoclnica, con uno de los flancos ligeramente ms largo y se han formado con un fuerte componente flexural. La geometra de los pliegues de F2 est fuertemente controlada por las caractersticas litolgicas de los niveles que se pliegan: mientras los lechos de grano ms grueso, los menos dctiles, muestran un comportamiento ispaco, los horizontes lutticos tienden a engrosarse en el ncleo y a adelgazarse en los flancos. En el ncleo de los pliegues sobre materiales incompetentes en niveles finalmente filiados se desarrolla una esquistosidad de fractura poco espaciada, acompaada de trasposicin. En ocasiones la deformacin de F2 se manifiesta por la formacin de pliegues angulares de pequeo tamao. Cuando son monoclnicos, lo que es usual, desarrollan una esquistosidad en el flanco corto nicamente; tal esquistosidad no es paralela al plano axial y forma un ngulo bajo con el flanco largo, a la vez que crenula a la S1 del flanco menos desarrollado. Los pliegues de F2 se asocian en dos sistemas conjugados P2a y P2b que no tienen ne-
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Fig. 36. Pliegues de F2. Carretera de Leiza a Hernani, Km. 25. (Segn foto).
Fig. 35. Pliegues menores de F1 afectados por una S2 de fractura. Esquema dibujado sobre la superficie pulida de una muestra. Fig. 37. Pliegue de F2. Carretera de Leiza a Hernani. Km. 45. (Segn foto).
Fig. 38. Pliegue de F2. Carretera de Leiza a Hernani, Km. 44. (Segn foto).
cesariamente que ser contemporneos y que normalmente se encuentran aislados, aunque en algn caso han podido ser observados conjuntamente. El estilo de ambos sistemas de pliegues es muy semejante, y ambos sistemas responden a las caractersticas geomtricas que acabamos de describir. En la figura 39 se recogen los diagramas en los que se representan estadsticamente las orientaciones de los ejes B de pliegues de F2, agrupados por diferentes sectores. Como puede observarse, los mximos agrupamientos indican que la orientacin preferen-
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Fig. 39. Representaciones en proyeccin equiareal (hemisferio inferior) de ejes de pliegues de F2. Intervalos: 1-2, 3-5, 6-7 y > 7%. Cada diagrama representa 100 medidas. A, sector de Arano; B, sector del ro Bidasoa; C, al N del ro Urumea; D, entre las minas de Olln y el ro Leizarn.
te de estos pliegues es NE-SW y ms exactamente oscila entre N 25E y N 75E (P2a); sin embargo, en algunos de estos diagramas se perciben concentraciones de pliegues P2b, con una orientacin aproximada NW-SE, que consideramos como la conjugada del sistema anterior. Los pliegues P2a deben ser algo anteriores a los P2b y, de hecho, las mximas concentraciones en los diagramas de sus ejes, ocupan reas alargadas segn crculos mayores, cuyos polos se sitan entre las mximas concentraciones de ejes P2b. Los pliegues de ambos sistemas no son
igualmente frecuentes, siendo mucho ms abundantes los de direccin NE-SW, muchas veces homoaxiales con los P1 de primera fase; el sistema NW-SE slo se presenta localmente, por lo que el nmero de medidas representadas en los diagramas es mucho menor. LA ESQUISTOSIDAD S2 En relacin con los pliegues de F2 existe una esquistosidad que no es penetrativa, afectando nicamente a los niveles de grano ms fino.
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Fig. 40. Esquemas de los diferentes aspectos que presenta al microscopio la esquistosidad S2.
Esta esquistosidad es de fractura, de espaciado milimtrico y produce un microplegado, a veces intenso, de S1 y S0 en los niveles lutticos, mientras que no afecta nunca a los areniscosos. En los flancos de los pliegues es subparalela al plano axial, pero en el ncleo se abre formando un ligero abanico. Cuando atraviesa niveles de diferente ductilidad suele sufrir una ligera refraccin. La S2 no atraviesa a los lechos areniscosos, y cuando entre ellos se intercala uno luttico, en ste se desarrolla bien, doblndose y tendiendo a hacerse paralela al lmite que separa a las dos litologas. En lmina delgada esta esquistosidad adopta caractersticas variadas. Con frecuencia se manifiesta como una esquistosidad de fractura espaciada y muy irregular que produce una ligera crenulacin de S1 + S0, en esos casos las superficies S2 resaltan por la concentracin en ellas de xidos de hierro. En ciertas ocasiones la esquistosidad se manifiesta como un intenso microplegamiento en el que no se pierde la continuidad de las superficies de S1. Los micropliegues suelen ser asimtricos y las alineaciones de sus flancos cortos representan las superficies S2. Por ltimo, en los casos en que mejor se patentiza la esquistosidad S2, sta se materializa por una serie de planos de discontinuidad paralelos y muy poco espaciados.
entre los cuales se disponen microlitones en los que S1 + S0 se encuentran intensamente microplegadas. En este caso se aprecian dbiles trasposiciones segn las superficies de S2 y pequeas lminas de mica y concentraciones de hierro se orientan paralelamente a dichas superficies. En rocas en las que previamente exista una foliacin formada por alternancias de delgados lechos micceos y cuarzosos, S2 slo se manifiesta en los ms micceos creo nulando intensamente a S1. Raramente atraviesan los planos de esquistosidad a los horizontes cuarzosos, y cuando lo hacen, slo aparecen fracturas aisladas y muy irregulares, preferentemente en los ncleos de los pliegues. Cerca del borde de NW de Cinco Villas, donde afloran los trminos aparentemente ms altos de la sucesin carbonfera, S2 es una esquistosidad de fractura espaciada e irregular. En los casos en que la crenulacin de S2 es ms intensa, se produce en las zonas de charnela de los micropliegues una concentracin diferencial de cuarzo de segregacin o de zeolitas; entonces la roca, al microscopio, se presenta caracterizada por una repetida alternancia de delgados lechos claros y oscuros que puede ser interpretada como un tectonic-banding (DE SITTER, 1964).
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En algunas lminas transparentes se pueden observar dos esquistosidades posteriores a S1 que se cortan, siendo una de ellas posterior a la otra. Debe tratarse de los dos sistemas conjugados a los que ya nos hemos referido anteriormente al tratar los pliegues de F2. Ambos lotes de superficies (S2a y S2b), no presentan el mismo aspecto; la S2a, mucho ms patente, suele ser una esquistosidad de crenulacin y est deformada segn S2b y que coincide con los planos ms espaciados de un microplegado de apariencia angular. No se ha encontrado en el campo ninguna lineacin de estiramiento de objetos preorognicos en relacin con F2. Slo en los bancos ms lutticos se puede apreciar una lineacin producida por la interseccin de S2a con S1 + S0; adems est generalmente representada la lineacin correspondiente a la propia crenulacin producida a favor de S2a. A veces, superpuesta a las anteriores Iineaciones, se puede apreciar otra mucho ms espaciada y discontinua que se dispone paralelamente a los ejes de los pliegues P2b; coincide con la traza de delicados planos de fractura y debe corresponderse con la interseccin de S2b con las restantes superficies. La orientacin de las lineaciones consideradas coincide, lgicamente, con la de los ejes de los pliegues originados en la segunda fase de la deformacin hercnica. [Link]. Kink-bands Slo en casos aislados hemos podido constatar la existencia de kink-bands, que nicamente se manifiestan en rocas pizarrosas con una esquistosidad S1 bien desarrollada. Se presentan como pequeos pliegues angulares con los flancos rectos; las superficies axiales de tales pliegues son planas y estn marcadas por claras superficies de discontinuidad. La separacin entre cada dos superficies axiales contiguas (ancho de la banda) suele ser muy pequea; no se han observado nunca estructuras de este tipo con una anchura superior a los 5 cm., aunque lo normal es que sea menor. Es frecuente que los kink-bands se encuentren asociados en dos sistemas conju-
Fig. 41. Ejemplo de kink-band. Dibujado sobre una superficie pulida de la roca.
gados. Los ejes de los pliegues angulares que los forman suelen ser subhorizontales; los planos de kink conjugados, fuertemente inclinados, forman entre s ngulos 40-50, su interseccin es subhorizontal con una orientacin, en los pocos ejemplos que hemos medido, aproximadamente NE-SW. El sentido de giro de las bandas de kink indica un mximo acortamiento horizontal en direccin perpendicular al eje de los micropliegues y una distensin vertical. Es posible, tal como sugiere la orientacin de los esfuerzos que originan la formacin de kink-bands, que stos guarden cierta relacin con algunos de los pliegues de F2, aunque representando una etapa ms avanzada de la deformacin. Sin embargo, el nmero de los pares de kink-bands encontrados es tan bajo, que no es posible analizar estas estructuras ni relacionarlas adecuadamente con otras de las presentes en el Carbonfero de Cinco Villas 4.1.2. Los antiformes de Aranaz y Lesaka El examen de la cartografa del sector Lesaka-Aranaz ilustra sobre la existencia de dos estructuras antiformes algo complejas cuyo ncleo est formado por las calizas de Aranaz que, como indicamos en su momento, representan la base de la sucesin del Carbonfero. El trazado del contorno de ambos afloramientos sugiere que la estructura es el resultado de la superposicin de dos direcciones de plegamiento cruzadas, una aproxima-
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damente N 10E y otra N 60E; los pliegues de esta ltima direccin parecen ser vergentes hacia el SE, como lo indica la posicin vertical o ligeramente invertida de las calizas en el flanco situado al NE de Aranaz y la existencia de algunas fallas inversas de pequeo salto, cuyos planos buzan hacia el NW (fig. 42). La orientacin de los dos plegamientos cruzados en los antiformes coincide aproximadamente con los pliegues P1 y los P2a diferenciadas en los materiales pizarrosos del Carbonfero. Sin embargo, no hemos reconocido pliegues tumbados en las calizas recristalizadas de Aranaz, por lo que, si realmente no existen, cabe la posibilidad de una disarmona entre dichas calizas y los materiales suprayacentes. En tal caso el potente paquete calizo podra desarrollar pliegues flexurales de radio grande durante F1, mientras los materiales ms recientes, finamente estratificados, daban lugar a los pliegues P1 descritos (RAMBERG, 1964). A pesar de todo lo dicho hay que considerar que la direccin N 60E de los antiformes de Lesaka y Aranaz, es tambin coincimente con la de ciertas estructuras que afectan a la cobertera mesozoica y, por lo tanto, no se puede descartar completamente la posibilidad de que sea consecuencia de deformaciones alpdicas. Desafortunadamente no disponemos de los datos necesarios para resolver definitivamente este problema. 4.1.3. Correlacin estructural con otros segmentos hercnicos del Pirineo Ya hemos visto (epgrafe 2.1.2.) que la sucesin esquistosa de Cinco Villas, en la que se evidencia las etapas de deformacin referidas hasta ahora, debe pertenecer ya al
Westfaliense, aunque posiblemente los trminos basales incluyen parte del Namuriense. Los trminos ms antiguos, discordantes sobre la sucesin esquistosa y sin trazas de estar plegados por los pliegues P1, P2a y P2b, pertenecen a un Estefaniense bien datado, poco alejado de nuestra regin (monte Ibantelly). Se puede suponer, por tanto, que las que llamamos fases F1 y F2 de deformacin tuvieron lugar durante el Westfaliense. En general, los autores que han publicado sobre la zona axial del Pirineo admiten, ms o menos directamente, la edad Westfaliense de estas deformaciones hercnicas; en particular, H. J. ZWART (1963) supone que el plegamiento principal tuvo lugar durante el Westfaliense B (fase astrica). En el Macizo de Cinco Villas, la cronologa relativa de los plegamientos superpuestos parece claramente establecida e incluso la relacin con la intrusin del stock de Peas de Aya (epgrafe 3.1.4.). En efecto, la intrusin del granito es posterior a la formacin de los pliegues P1 y P2a, como lo confirma el hecho de que los minerales de metamorfismo de la aurola sean helicticos sobre las eequistosidades S1 y S2a. Las relaciones del plutn con los pliegues P2b no han sido establecidas y otro tanto puede decirse respecto a las estructuras ms tardas, tales como los kink-bands. El cuadro 1 recoge la sucesin de etapas de deformacin establecidas en diferentes sectores, ya conocidos, de los Pirineos centrales y orientales. Una ojeada a este esquema permite comprobar que en la regin estudiada por nosotros se encuentran estilos de deformacin esencialmente semejantes a los del resto del Pirineo y ello, a pesar de las diferencias derivadas del distinto grado
ZWART, 1963 Ante [Link] cos E-W Infraestructura: isoclinales E-W supraestructura: 1 concntricos E-W
MATTAUER et al 1967
ESTEVEZ, 1973
Pliegues 2 isoclinales
Kink-bands NE-SW 4
5 Kink-bands
Fracturas
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de metamorfismo de los materiales deformados. Nuestra F1, como se puede apreciar, es correlacionable con la segunda de pliegues tumbados y esquistosidad subhorizontal encontrada por H. J. ZWART (1963 a); es comparable a la fase 2 de M. MATTAUER et al. (1967) y a la fase 1 de P. F. SANTANACH (1974) y G. GUITARD (1967). En dos sectores del Pirineo Oriental (MATTAUER et al., 1967; SANTANACH, 1974) se han citado cizallamientos subhorizontales en una etapa tarda de la fase que produce los pliegues isoclinales tumbados, cizallamientos posiblemente equivalentes a los que hemos descrito para el Macizo de Cinco Villas. Aparentemente, nuestra Fase 2, tal como se desarrolla en Cinco Villas, es comparable a la Fase 3 de H. J. ZWART, quien la considera compuesta de dos sistemas de pliegues conjugados. Equivale, asimismo, a las Fases 3 + 4 de A. ESTEVEZ (1973), y en parte a las Fases 3 de MATTAUER et al. y a la 2 de G. GUITARD y P. F. SANTANACH. La relacin del plutonismo con las fases de deformacin es tambin semejante a la de otros sectores, presentndose la actividad gnea despus o al final del desarrollo de las estructuras de nuestra segunda fase; tal como indicamos al estudiar el cuerpo grantico de Peas de Aya, la intrusin se supone sincinemtica tarda o postcinemtica de nuestra F2 (epgrafe 3.1.4.).
La misma duda surge al estudiar algunas fallas existentes en los materiales carbonferos (1) con las que se encuentran asociados pliegues menores con una esquistosidad de fractura grosera y muy espaciada. La representacin estadstica de los ejes de estos pliegues menores (fig. 43) seala tambin una direccin predominante E-W, que es asimismo la que poseen las fracturas con las que se asocian; por lo dems, este tipo de estructuras, y con igual orientacin, se dan en las fases pirenaicas, como es el caso de las escamas cortadas por la carretera de Leiza a Goizueta, en las que materiales del Buntsandstein quedan pellizcados entre el Carbonfero. LAS FRACTURAS TARDIHERCINICAS De acuerdo con la mayora de los autores recientes (FEUILLE y RAT, 1971; MATTAUER y SEGURET, 1971; KRAUSSE, 1973, etctera), hay que admitir como ltima fase hercnica, o al menos como fase lmite entre esta orogenia y el inicio de la alpdica, la que coincide con la formacin de fracturas que compartimentan el edificio recin construido. Para algunos (MATTAUER y SEGURET, 1971; CHOUKROUNE, LE PICHON, SEGURET y SIBUET, 1973), en esta fase se originan fracturas con una componente en direccin importante que son caractersticas de esta etapa en todo el SW de Europa. H. F. KRAUSSE (1973) supone que, al menos en este sector del Pirineo que nos ocupa, debe tratarse simplemente de una etapa de distensin que provoca estructuras de tipo germnico y una compartimentacin como la actual de los macizos hercnicos. Segn P. FEUILLE y P. RAT (1971), la traslacin horizontal a favor de estas fracturas es difcil de valorar al menos la de su primer funcionamiento. La historia de dichas fracturas es complicada. Su funcionamiento no se limita a la fragmentacin original del edificio hercnico, antes indicada, sino que contina durante gran parte del ciclo alpdico, ejerciendo un importante control sobre la sedimentacin.
(1) Nos referimos aqu a fallas de extensin limitada. localizadas en algunos sectores, como el de las minas de olln.
4.2.
Los ejes de los pliegues de F2, especialmente los P2a, se encuentran muchas veces con inclinaciones superiores a 30-40; estas acusadas pendientes axiales no son originarias, sino debidas a otras deformaciones. Aunque en los diagramas de ejes B de pliegues de F2 (fig. 39) se aprecian suaves alargamientos en los mximos de distribucin que ya sugieren la posibilidad de que estn plegados, tales alargamientos implican un plegamiento post-F2 con direccin aproximada E-W, muy comn entre las estructuras alpdicas.
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meras deformaciones de estos accidentes pudieron no ser discontinuas, mostrndose como simples flexuras a lo largo de zonas deprimidas, sobre las que se habran de localizar las intensas deformaciones producidas por esfuerzos posteriores. El comportamiento de estas estructuras como fallas de salto en direccin y como fallas inversas, pertenece ya a la historia alpina, y como tales sern consideradas al analizar las deformaciones pirenaicas. 4.3. GENERALIDADES SOBRE LA TECTONICA PIRENAICA Es un hecho generalmente admitido para los Pirineos vascos que la inestabilidad tectnica alpdica se prolong a lo largo de un dilatado perodo de tiempo. Algunas de las fases de su evolucin tectnica no condicionan deformaciones ostensibles y ocasionan sobre todo movimientos verticales de grandes bloques, aprovechando quizs accidentes o zonas de debilidad anteriores, Son movimientos que provocan modificaciones en la cuenca sedimentaria y que influyen selectivamente en la acumulacin de material sedimentario. Entre las fases tectnicas ms precoces conocidas se pueden resaltar dos. La primera de ellas, tradicionalmente conocida como fase neocimmrica, tiene lugar coincidiendo aproximadamente con el lmite Jursico-Cretcico y determina la falta de sedimentacin, por sectores, o la aparicin de sucesiones detrticas en virtud del rejuvenecimiento de los relieves perifricos. La segunda, tiene lugar durante el Albiense superior (fase ustrica o movimientos ante-cenomanienses) y es, asimismo, la causa de la acumulacin de materiales detrticos, a veces con caractersticas flyschoides. Las condiciones de inestabilidad que rigen la sedimentacin del flysch paleoceno y eoceno inferior de Guipzcoa son ya prolegmenos de la orogenia pirenaica propiamente dicha. De las estructuras originadas en la orognesis principal, el hecho que ms resalta cartogrficamente es la agrupacin de los pliegues en dos sistemas con direcciones diferentes; al NW de Cinco Villas predominan los
Fig. 43. Diagrama de proyeccin de ejes de pliegues menores post-F2. Intervalos < 5, 5-10, 10-15 y > 15%.
Si bien en su origen pudieron responder a una distensin, en pocas posteriores han llegado a funcionar bajo efectos de compresin, hasta el punto de que hoy nos aparecen como fallas inversas que accidentan a materiales posthercnicos. Las principales fallas que hemos detectado cuyo origen es posible que se remonte a tiempos premesozoicos, son las que constituyen los bordes S y NW del Macizo de Cinco Villas y la que separa a este Macizo del de Peas de Aya (falla de Aritxulegui). Se puede, por lo tanto, considerar la existencia de dos sistemas, uno de direccin E-W y el otro NE-SW. Dentro del Macizo de Cinco Villas, existen fracturas que se orientan con las mismas direcciones y que podran ser tambin tardihercnicas; a lo sumo afectan a materiales de edad trisica, por lo que no ha podido ser puesta de manifiesto su influencia en la sedimentacin mesozoica, es decir, que no se sabe si han funcionado reiteradamente a lo largo de un dilatado perodo de tiempo. Aunque hasta ahora hemos hablado de fallas) o fracturas al referir los accidentes tardihercnicos, estos trminos no se han utilizado en su estricto sentido; las pri-
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pliegues alargados en direccin NE-SW, mientras que, al S y SW, las estructuras adoptan una disposicin que va de NW-SW a E-W; la direccin NW-SE es la de trazado de los pliegues de la cobertera entre los macizos paleozoicos vascos y el meridiano de Bilbao, es decir, la direccin dominante en la rama occidental del llamado Arco Vasco (RAT, 1959; FEUILLE y RAT, 1971). Quiz uno de los aspectos ms notables de nuestra regin sea el de significar la evolucin de ciertas estructuras cuando pasan de la cobertera al zcalo. Es curioso comprobar la diferencia en el comportamiento de los materiales de cada uno de esos pisos tectnicos, bajo la accin de los mismos esfuerzos regionales. No obstante, hay que aclarar que no se trata de un zcalo en el sentido restringido del trmino, es decir de un basamento cristalino que se comporta pasivamente ante los esfuerzos fracturndose. Por el contrario, el zcalo en los Pirineos vascos parece participar activamente de las deformaciones alpdicas y la disarmona entre zcalo y cobertera es ms una consecuencia del papel del Tras plstico como nivel de despegue, que del comportamiento mecnico diferencial entre ambos pisos tectnicos. Mecnicamente, podramos considerar como zcalo de los Pirineos vascos a todos los materiales situados por debajo del Tras superior (CAMPOS y GARCIA-DUEAS, 1975). En este sentido, P. LAMARE (1936) ya hizo la distincin entre plis de couverture y plis de revtement, entre los primeros incluye las estructuras diapricas y los pliegues de cobertera como estructuras independientes del zcalo, y entre los segundos, las adaptaciones de la cobertera a deformaciones configuradas a mayor profundidad, precisamente en el zcalo. Desde luego, la mayora de los autores precedentes han concedido prioridad al estudio de las estructuras alpdicas de la cobertera frente al conocimiento de la estructura interna de los macizos paleozoicos. Los grandes rasgos de la tectnica pirenaica son por ello conocidos. Pocos son los autores que en mayor o menor grado han invocado una tectnica tangencial al presentar un modelo de las estruc-
turas alpinas, pero los nicos que apuntan en este sentido han interpretado precisamente estructuras de la regin estudiada por nosotros. F. LOTZE (1931 a) supone la existencia de traslaciones horizontales de vergencia SE entre Astigarraga y Villabona, anteriores a los movimientos pirenaicos propiamente dichos, que daran lugar a estructuras E-W. L. JEREZ (1968) delimit un klippe (isleo de Zarauz), testigo, en su opinin, del trazado del frente de su manto de Aya-Zarauz corrido hacia el NE, que se enraza, ms al SW, en la falla inversa del Pagoeta de P. RAT (1959). Muy recientemente H. HANlSCH (1974) ha insistido y generalizado las hiptesis aloctonistas. Como se ve entre estas hiptesis hay discrepancias y tambin se apartan de nuestra propia opinin; sern discutidas ms adelante. 4.4. LAS ESTRUCTURAS DE LA CORBETERA
Ya hemos sealado antes que el rasgo ms sobresaliente de las estructuras de compresin de la cobertera, en el rea estudiada, es su disposicin en dos sistemas principales (N60E y NW-SE) que, junto con otras E-W, dibujan en conjunto un arco con su concavidad hacia el N (Arco Vasco de P. FEUIy GARCIA-DUEAS, 1974 c). Sin embargo la estructura actual del Arco Vasco es el resultado de tres tipos principales de accidentes: diapiros, pliegues y fallas inversas y fallas de tensin. Desde fuego que esto no es el orden cronolgico riguroso en que se han desarrollado; sobre todo entre los dos primeros tipos sealados no se puede hacer una distincin clara ya que algunas de las estructuras de compresin (tipo segundo) poseen un marcado carcter diaprico y las que considerarnos dentro del primer grupo se localizan en zonas bien definidas en relacin con las estructuras de plegamiento. Por otra parte, entre los pliegues y fallas inversas se presentan estilos diferentes; en unos casos son estructuras disarmnicas respecto al zcalo, con absoluto despegue de la cobertera, mientras que en otros, la disarmona no parece ser total y, de alguna manera, la cobertera se adapta a la estructura de un substrato algo ms rgido.
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Hay estructuras de compresin en las cuales intervienen zcalo y cobertera, de manera que, cuando tratemos en el epgrafe 4.5. de las estructuras alpdicas que afectan al zcalo, hay que entender que tales accidentes no son exclusivos de este ltimo. Muchas estructuras del zcalo han sido determinantes de la extensin de la cuenca sedimentaria; su historia es la del borde de la cuenca y sus pulsaciones registradas por las variaciones de las facies, ya han sido analizadas al considerar la paleogeografa. 4.4.1. Dipiros Estudiaremos aqu aquellas estructuras que se han desarrollado merced a la plasticidad y menor densidad del Keupei, consecuencia de su contenido en sales. Es posible que en algn caso la inyeccin del material salfero se haya efectuado en relacin con las fuerzas de compresin causantes de las estructuras anticlinales y de las fallas inversas que las acompaan. Pero tambin existe la posibilidad de que las estructuras anticlinales se hayan fijado sobre diapiros precoces, que quedaran englobados en el seno de un accidente regional. El resultado en ambos casos es que la mayor parte del Tras implicado se encaja actualmente por inyeccin forzada. Por ello, aunque entre las estructuras diapricas se pueden incluir tanto las cpulas como las lminas y muros diapricos, por ahora slo consideraremos a las primeras, es decir, aquellas que poseen en cartografa un contorno ms o menos redondeado y que, en principio, puedan tener su origen en la diferente densidad y plasticidad del Keuper respecto de los trminos que se le superponen. No obstante, algunas de estas estructuras guardan tambin relacin con otras originadas por esfuerzos de compresin, localizndose en la interseccin de dos anticlinales y originndose por tanto a la vez que ellas. Veremos en su momento la relacin que la situacin de tales diapiros pueden tener con el desarrollo de otras estructuras de plegamiento y el inters que ello pueda representar en orden a la consideracin de las relaciones del zcalo y la cobertera.
Los diapiros de forma subcircular son consecuencia, creemos, del campo de fuerzas gravitatorio, sin la influencia decisiva de otros esfuerzos orientados (CAMPOS y GARCIA-DUEAS, 1974 c). Se han originado directamente por el flujo centrpeto de material poco denso hacia aquellas verticales con menor carga de materiales supratrisicos o con acmulo inicial, por cualquier razn, del material potencialmente diaprico. Si concurren estas condiciones, se genera al principio una almohadilla producida por concentracin de material salino y simultneamente, la periferia de la almohadilla, que paulatinamente va evolucionando hasta conformar un domo salino, sirve de asiento a un surco perifrico (TRUSHEIM, 1960). El surco facilita la concentracin de una sobrecarga adicional de material sedimentario ms denso que el salino y, si esto ocurre, el fenmeno de migracin de la sal se autoceba, hasta conseguir la perforacin, con la consiguiente elevacin relativa del material menos denso. En algunos casos no se alcanza el estadio de perforacin; existe un ejemplo de domo, el de Fagollaga, en el que el Keuper no ha llegado a perforar y que podramos considerar como el resultado de un proceso diaprico abortado; la estructura final es un domo alargado en el sentido E-W, en cuyo centro afloran las arcillas y conglomerados albienses que aparecen rodeados de trminos cretcicos ms altos. Entre los diapiros ms importantes, que pasaremos a describir a continuacin, se encuentran los siguientes: diapiro de Oyarzun, diapiros de San Marcos y Martutene, diapiro de Santiagomendi, domo de Fagollaga y diapiro de Zarauz. Mencin aparte merece el afloramiento trisico de Villabona, que, pese a su carcter localmente perforante, ser descrito a continuacin de las estructuras diapricas enumeradas. DIAPIRO DE OYARZUN Es una estructura de contorno bastante irregular, situada en el sector en que se amortigua por el W la falla de Aritxulegui. A causa de la erosin la estructura en cpula aparece abierta por su borde oriental,
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Fig. 44. Cortes esquemticos de la estructura diaprica de Oyarzun. 1, Paleozoico; 2, Tras inferior; 3, Tras superior: 4, Jursico; 5, Complejo supraurgoniano: 6, Cretcico superior.
por lo que el Tras superior de Oyarzun se ve reposar sobre el Tras inferior de Cinco Villas. En el resto de su contorno, el trazado ms o menos radial de algunas fracturas de tensin es indicio del movimiento ascensional del material plstico. Los trminos de la sucesin supratrisica se encuentran perforados y hacia el centro grandes bloques, irregularmente dispuestos, de ofitas y materiales jursicos flotan entre las arcillas del Keuper. A pesar de que, casi en la totalidad del borde, el Keuper se pone en contacto con niveles del Cretcico, no hay que pensar en que el ascenso ha sido demasiado importante. Debemos recordar que la situacin de esta estructura coincide, aproximadamente, con el que fue el borde de la cuenca sedimentaria durante el Jursico y la mayor parte del Cretcico inferior, por lo que, localmente, sobre el Tras se llegaron a depositar sedimentos albienses; de hecho, al NE de Oyarzun se puede observar cmo los trminos que reposan directamente sobre el Tras son los niveles de conglomerados del
Albiense y, donde hay materiales ms antiguos, como los Jursicos, stos son poco potentes y presentan facies litorales. El diapiro de Oyarzun es ligeramente asimtrico con una cierta vergencia hacia el N. En el borde S, aunque existen algunas laminaciones de las sucesiones supratrisicas, el contacto entre el Keuper y los materiales encajantes buza hacia stos, no observndose superposicin anormal del Tras diaprico; por el contrario en el borde N las series albienses y, en algunos casos, el jursico se encuentran invertidos e, incluso, al N de Oyarzun, las arcillas trisicas, recubiertas por conglomerados y areniscas albienses discordantes, cabalgan sobre la prolongacin occidental del anticlinal de San Narciso, en cuyo ncleo afloran los esquistos del Carbonfero, que soportan directamente al Albiense. En la figura 44 se puede apreciar la disposicin estructural que acabamos de explicar. En el borde ms occidental, del diapiro al N de la carretera de Astigarraga a Oyarzun, se han podido localizar, prximos a la base del Cretcico superior, algunos niveles brechticos, entre los que se aprecian cantos
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de calizas jursicas y de ofitas. Este hecho se puede interpretar como producto de una perforacin precoz; en ese momento, el material diaprico y su cobertera formaban ya una estructura en domo, relieve positivo en la cuenca sedimentaria, que puede ser erosionado y los materiales arrancados, redepositados en una zona prxima, ms deprimida; esto no es obstculo para que la estructura diaprica haya evolucionado posteriormente,
incluso coincidiendo con la etapa orognica principal. Existan referencias sobre el desarrollo, en el N de la Pennsula, de un diapirismo antiguo, en el que al menos en algunos casos, se habra conseguido una perforacin total durante el transcurso del Albiense: baste citar a R. BRINKMANN y H. LGTERS (1968) entre los autores que recientemente han sostenido este punto de vista.
Fig. 45. A y B: Esquemas de L. JEREZ et al. (1971) (reducidos) para explicar las estructuras de Martutene y Santiagomendi. C. corte del Diapiro de San Marcos segn J. CAMPOS y V. GARCIA-DUEAS (1974 c); 1, Tras superior; 2, Jursico: 3, Complejo urgoniano; 4, Complejo supraurgoniano; 5, Cretcico superior; 6, Maastrichtiense-Daniense. D, interpretacin actual del mismo corte anterior.
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DlAPlROS DE SAN MARCOS Y MARTUTENE Ambas estructuras fueron descubiertas por P. LAMARE (1936) y discutidas posteriormente por L. JEREZ et al (1971). Se presentan como dos cpulas coalescentes en las que se ha conseguido la perforacin de los materiales de la sucesin supratrisica. En el borde norte de los diapiros, trminos del jursico y cretcico inferior cabalgan al Cretcico superior, invertido. En el borde S, es el Keuper el que se pone en contacto con el Cretcico superior. L. JEREZ et al suponen que, en el contacto septentrional de dichas estructuras, existen materiales que pueden ser considerados como de edad Maastrichtiense. A partir de ah concluyen que el conjunto se encuentra cabalgando en todo su contorno, mereciendo el calificativo de escamas tectnicas (figura 45 A y B). Por no disponer tampoco de una datacin precisa de las calizas arcillosas rosadas aflorantes a todo lo largo de contacto N anteriormente exageramos el carcter cabalgante de dicho borde septentrional (CAMPOS y GARCIA-DUEAS. 1974 c). Pero tales trminos no son de edad Maastrichtiense, sino que se trata de los niveles basales del Cretcico superior que, a veces, son justificadamente confundibles con aqullos por su semejanza litolgica. Las nuevas dataciones nos han permitido reinterpretar la estructura (fig. 45 D), sealando la inversin del borde N de los domos de Martutene y San Marcos. Para explicar la geometra actual no es necesario, sin que ello signifique negar su concurso, recurrir a empujes horizontales importantes. Esa disposicin se puede alcanzar en un estado avanzado del proceso diaprico, debido al creciente aflujo de material salfero hasta conseguir su extrusin. La asimetra que presenta la estructura puede ser debida a que dicha extrusin se consigui antes por el borde N que por el S. DIAPIRO DE SANTIAGOMENDI El Jursico inferior de Santiagomendi y el Albiense del Alto de Elmillaga, situado al SE, ambos en relacin con estrechos afloramien-
tos de Keuper, haban sido interpretados como unidades superpuestas al Cretcico superior (LAMARE, 1936: JEREZ et al, 1971). No coincidimos con esa opinin porque el estudio detallado de los afloramientos nos induce a pensar en la autoctona de las supuestas unidades corridas. P. LAMARE advirti que las areniscas albienses, del Alto de Elmillaga estn en contacto tectnico con la base del Cretcico superior, los otros autores mencionados piensan que dicho contacto se efecta con trminos mucho ms altos y concluyen que lo ms acertado es suponer la aloctona como mejor interpretacin de la estructura: imaginan la existencia de hasta dos escamas, la de Santiagomendi y la del Alto de Elmillaga, con una patria comn y una traslacin mnima de unos tres kilmetros procedentes ...probablemente de la charnela o de los flancos de un pliegue tumbado con el flanco inverso estirado. (fig. 45 A y B). En los niveles del Cretcico superior ms prximos a los afloramientos de Santiagomendi y Elmillaga hemos apreciado el desarrollo, slo en los lechos ms arcillosos, de una esquistosidad de fractura cuya relacin con la estratificacin permite disponer de un buen criterio de polaridad. En todo el contorno las capas del Cretcico superior buzan siempre hacia el interior de los supuestos klippes, hundindose bajo materiales ms antiguos; pero la esquistosidad, que corta oblicuamente a la estratificacin, buza siempre menos que sta, indicando que, alrededor de toda la estructura, el Cretcico se encuentra invertido. Nuestras observaciones descartan la hiptesis de aloctona, y confirman la presencia de una estructura diaprica compleja, producto de un mecanismo similar al utilizado para explicar la gnesis de los diapiros de San Marcos y Martutene (fig. 46). Ciertamente el Albiense de Elmillaga no forma parte, como L. JEREZ et al crean, del flanco invertido de un pliegue tumbado, puesto que, como se aprecia en la cartografa, la sucesin estratigrfica es normal: tal disposicin es confirmada por la existencia de Cretcico superior, yacente en contacto normal sobre las areniscas albienses. Pensamos
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que la estructura del Alto de Elmillaga posee tambin carcter diaprico, y que la falla inversa que la separa del domo de Santiagomendi puede relacionarse con los esfuerzos responsables del funcionamiento del sistema regional de fallas de direccin N60E.
DOMO DE FAGOLLAGA Es posiblemente una estructura de origen diaprico en la que el Keuper no ha llegado a perforar totalmente y que podramos considerar como el resultado de un proceso diaprico abortado, quiz por falta de alimentacin halocintica. La estructura final es de un domo algo alargado en el sentido E-W, en cuyo centro afloran las areniscas y conglomerados albienses, que aparecen rodeados de trminos cretcicos ms recientes. La simplicidad de la estructura no requiere que se insista en su descripcin, ya que queda perfectamente reflejada en la cartografa. Sin embargo debemos advertir un carcter que creemos importante; el pliegue es
ligeramente vergente hacia el N, presentando su flanco septentrional con buzamiento vertical o, incluso, ligeramente invertido, mientras que en el meridional, la sucesin estratigrfica es normal; en el extremo oriental del domo, se alcanza la mxima proximidad entre las areniscas del Tras inferior cabalgante por la falla de Ereozu y el Albiense de Fagollaga. Con estas observaciones nos sentimos inclinados a pensar que la conformacin del abombamiento es anterior a las fases de plegamiento principales. DIAPIRO DE ZARAUZ Es sta quizs la estructura ms polmica de todas las existentes en la regin estudiada, habiendo sido objeto de diversas interpretaciones por los diferentes autores que se han ocupado de ella. L. JEREZ (1968) interpreta la estructura que existe al S de Zarauz como un isleo tectnico, que representa al frente del cabalgamiento existente en la vertiente NE de los montes Gazume y Pagoeta (escama del Pa-
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Fig. 47. Esquemas de J. HANISCH (1974) mostrando las etapas del diapiro de Zarauz a partir del Cretcico superior.
goeta, RAT, 1959); el cabalgamiento pasa as a ser considerado como de un manto de corrimiento originado por un gran pliegue-falla. L. JEREZ supone que la inversin de los materiales terciarios, en el sector de Zarauz, es ocasionada por el choque del frente del manto. Recientemente, J. HANISH (1974) ha realizado un detallado estudio de esta estructura, efectuando un anlisis de su evolucin con apoyo en datos estratigrficos. En la fig. 47 se resume esquemticamente la idea que J. HANISH tiene sobre la evolucin del diapiro. Piensa, basndose en las variaciones de espesor de las sucesiones prximas a la estructura, y en la aparicin de conglomerados polimcticos (HANISH y PFLUG, 1974) que las arcillas trisicas perforantes haban ya alcanzado el fondo marino en el Maastrichtiense, aprecindose, desde esta edad hasta el Paleoceno, sucesivos soterramientos y extrusiones del material diaprico, hasta que, ms tarde, es recubierto por una sedimentacin
potente. Posteriormente, mediante una traslacin de la misma envergadura y origen que la propugnada por L. JEREZ, los materiales del Cretcico inferior llegan a superponerse al Tras, a la vez que su empuje provoca la inversin de las capas del Flysch terciario, ya buzante por efecto del diapirismo. Una vez alcanzado el diapiro por el manto, fragmentos desgajados del alctono se hundieron parcialmente en el Tras y fueron rebasados por el frente del manto: el hundimiento se acentu ms tarde por migracin y hasta disolucin de la masa salina, siendo esta la causa de que ... actualmente el isleo tectnico se encuentre al mismo nivel topogrfico que el flysch. Evidentemente la hiptesis de J. HANISH es rebuscada y tambin es muy difcil de reunir todos los datos suficientes para apoyar
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categricamente todas sus afirmaciones. Aunque coincidimos con l en el desarrollo precoz del diapirismo (1), hemos de matizar varias de las pruebas que aporta para demostrar la extrusin de las arcillas trisicas en el Maastrichtiense y Paleoceno inferior, por ser inconsistentes: en efecto, supone, por ejemplo, que el color rojo de las margas del Maastrichtiense es debido a la difusin y redepositacin en el fondo submarino de los materiales del Keuper, pretensin a nuestro juicio inexacta. Asimismo, la hiptesis del diapirismo intracretcico se ve, en su opinin, soportada por la existencia de conglomerados a diferentes niveles. Si bien es cierto que algunos de los conglomerados polimcticos, intercalados en el Maastrichtiense, pueden guardar relacin con perforaciones diapricas, no creemos que este tenga que ser el origen (HANISH y PFLUG, 1974) de otros conglomerados cretcicos citados por P. FEUILLE y B. MATHEY (1972) o por nosotros mismos. Desde el punto de vista tectnico, creemos que la inversin observada en los trminos terciarios en el sector de Zarauz es un fenmeno localizado, cuya causa no corresponde al empuje del manto de corrimiento. Por el contrario la disposicin de los horizontes invertidos, formando un arco que rodea a la estructura diaprica, sugiere que haya sido originada por el propio movimiento ascensional y perforante de la masa salina. En el borde S de la estructura, la posicin del Cretcico inferior sobre el Maastrichtiense, puede ser debida a empujes posteriores a la configuracin del diapiro o a la sucesin de extrusiones y recubrimientos, desarrollados con diferentes intensidades segn las verticales, en cada poca. Desde nuestro punto de vista y despus de valorar los datos existentes, creemos que la geometra de la estructura de Zarauz puede ser explicada por efectos de un diapirismo ms o menos complejo en el detalle, sin necesidad de invocar a la aloctona del Cretcico inferior.
AFLORAMIENTO TRIASICO DE VILLABONA Es el ms extenso de toda la regin estudiada y posee un tratado irregular, aparentemente ameboide. Sin embargo, su carcter diaprico es poco perceptible: en casi todo su contorno las series supratrisicas se encuentran completas, sin que se observen laminaciones ni contactos anormales, lo que indica que no ha existido la perforacin ascensional caracterstica de los diapiros. Al NE de Villabona y en el sector del Alto de Andazrrate, el Keuper se pone en contacto con trminos cretcicos. En el resto del afloramiento, los contactos entre las arcillas trisicas y los materiales lisicos estn claramente tectonizados, presentndose con frecuencia zonas brechticas en las que unos y otros materiales estn mezclados; existen tambin laminaciones parciales de las dolomas de base del Jursico. Una observacin meticulosa permite explicar la forma de este afloramiento, pues su permetro estrellado es el resultante de la interferencia de dos sistemas de pliegues que se cruzan. De sus cuatro brazos principales, en aspa, dos tienen direccin NW-SE y los otros dos NE-SW, aproximadamente: coinciden, pues, con las dos directrices principales que el plegamiento presenta en toda esta regin. Por un estrecho corredor, que aprovecha el curso del ro Oria, el afloramiento de Villabona, se comunica con otro afloramiento trisico de caractersticas similares, situado en el sector de Tolosa, aunque este ltimo, sobre todo en su borde S, presenta signos de una perforacin ms acusada, con laminaciones perifricas ms importantes. La estructura de ambos afloramientos corresponde a la de dos domos, es decir, dos culminaciones, originadas en el cruce de dos estructuras anticlinales vergentes al N, de direccin N60E, con otras dos pliegues y falas inversas NW-SE; en los dos primeros anticlinales participa el zcalo, que probablemente llega a intervenir tambin en los accidentes NW-SE. Una vez configurados los dos domos de interfetencia, la migracin del Tras superior se vera estimulada hacia el centro do las culminaciones que representan, con lo que los espesores de material salfero lle-
(1) Nuestras apreciaciones sobre el desarrollo precoz del diapirismo han sido ya publicadas (CAMPOS y GARCIA-DUEAS, 1974c, p. 34: El diapirismo podra ser en parte preoceno o ms antiguo).
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Fig. 48. Esquema cartogrfico del rea de Villabona-Tolosa. 1, Paleozoico + Tras inferior; 2, Tras superior; 3. Jursico; 4, Cretcico; Q, Cuaternario. Principales accidentes: A, sinclinal de Gazume; B, falla inversa del Pagoeta; C, sinclinal del Ernio; D, anticlinal de Mendicute; E, anticlinal de Belaunza; F, falla inversa de Ereozu; G, sinclinal de Goiburu; H, anticlinal de Hernani-Andoain; 1, anticlinal del Ondolar; J, sinclinal del Uzturre.
gan a ser muy variables segn las verticales. Si se observa el mapa esquemtico de la fig. 48, se puede apreciar la existencia de dos anticlinales principales ENE-WSW, cuyos ejes se hunden hacia el SW: anticlinales del Ondolar y de Belaunza. Entre ellos se sita el sinclinal de Uzturre, que presenta su ncleo cretcico colgado hacia el W. De las estructuras NW-SE lo ms destacable es el trazado del sinclinal del Ernio, limitado al N y al S por dos disposiciones antiformes asociadas a las fallas inversas del Pagoeta y de Mendicute.
4.4.2. Pliegues y fallas inversas En la cobertera se distinguen varias alineaciones coincidentes con ejes de pliegues y fallas inversas. Estas estructuras de compresin se pueden agrupar en dos sistemas que, adems de poseer direcciones diferentes, presentan un estilo algo distinto. El sistema mejor representado, aunque slo sea en el rea estudiada aqu, es el de direccin N60E, est formado sobre todo por pliegues que se alinean paralelamente al borde NW del Macizo de Cinco Villas, en los que el rasgo ms sobresaliente es la existen-
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cia de estrechos anticlinales con el ncleo extruido, con un marcado carcter diaprico, algunos de los cuales han evolucionado dando fallas inversas de pendiente fuerte. Cabe que la directriz N60 E se corresponda con accidentes de zcalo y ello explicara el importante desnivel estructural que existe a uno y otro lado de las ms destacables estructuras de este sistema (vese mapa geolgico): los propios accidentes, prolongndose hasta el zcalo, condicionaran el gradiente halocintico y la inyeccin forzada del Tras, perforante en las charnelas de los aparentes anticlinales fallados. El segundo sistema, NW-SE, presenta seales de mayor independencia del substrato. Est formado por pliegues volcados, vergentes hacia el NE, que al S de nuestra rea tienden a doblarse y adoptar una direccin E-W, paralela al borde sur del Macizo de Cinco Villas (alineacin de la Sierra de Aralar, manto de los mrmoles. etc.). A continuacin pasaremos a describir las principales estructuras de plegamiento y fallas inversas relacionadas con ellas, agrupndolas segn el sistema a que pertenezcan. [Link]. Las estructuras N60E Las estructuras de este sistema se agruparn segn su ubicacin en una u otra de las dos zonas separadas por la prolongacin hacia el W (hasta San Sebastin,) de un importante accidente: la zona de fractura de Aritxulegui. Esta falla, a la que nos hemos referido en repetidas ocasiones, ha ejercido un gran papel en la historia paleogeogrfica, controlando durante un largo perodo de tiem-
po la distribucin de facies de los materiales sedimentarios acumulados en la cuenca. Al ser las series estratigrficas diferentes al N y S de dicho accidente, no slo litolgicamente, sino tambin en su espesor, el estilo de las estructuras ser tambin ligeramente distinto a uno y otro lado de la zona de fractura. En el sector de Irn, el Albiense reposa directamente sobre materiales del Tras inferior y del Paleozoico, comportndose solidariamente con el zcalo en las deformaciones; la nica disarmona se presenta en el Cretcico superior, cuyos materiales manifiestan una estructura interna relativamente complicada. Por el contrario, al SW de Oyarzun las series mesozoicas estn completas y existe un Tras superior que acta como nivel de despegue de la cobertera, que se pliega en disarmona con el zcalo, aunque como hemos indicado, es posible que las estructuras de plegamiento estn localizadas en relacin con accidentes del zcalo. LAS ESTRUCTURAS DE LA COBERTERA EN EL SECTOR DE IRUN Como acabamos de decir, los materiales posthercnicos se pliegan aqu solidariamente con el zcalo, por lo que en este caso tendremos que considerar conjuntamente la estructura de ambos pisos estructurales. La nica estructura que, por sus dimensiones, puede ser representada en cartografa en el sector es el pliegue antiforme de San Narciso. Es un anticlinal en cuyo ncleo afloran los materiales carbonferos de la sucesin esquistosa de Cinco Villas, de manera que estos presuntos materiales del zcalo
Fig. 49. Dos cortes del borde NW del Macizo de Aya. A: al S de Irn, B: por las minas de San Narciso. 1, Paleozoico; 2, Tras inferior; 3, Cretcico inferior: 4, Cretcico superior.
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aceptan activamente la deformacin del plegamiento alpino. El anticlinal de San Narciso tiene una direccin aproximada N70E y es ligeramente vergente hacia el NW. En su flanco septentrional, las areniscas albienses, discordantes sobre el Carbonfero, estn invertidas y, en algunos puntos, laminadas, presentando un espesor muy reducido; esto nos ha inducido a interpretar como de falla inversa el contacto entre dichos dos trminos en ese flanco. De la observacin de la cartografa puede deducirse que la estructura anticlinal se prolonga hacia el SW por el antiforme situado al norte del diapiro de Oyarzun (fig. 44 A). En el flanco S la sucesin cretcica est normal sobre el Paleozoico; el Cretcico superior aflora en un apretado sinclinal, tambin vergente hacia el NW, y cuyo flanco S est afectado por las fallas que limitan el Macizo (fig. 49). Quizs la caracterstica ms sobresaliente, desde el punto de vista estructural, en el rea situada al sur de Irn sea la deformacin interna del Cretcico superior, con pliegues de menor orden que los cartogrficos y desarrollados sin la existencia de un despegue neto con los trminos infrayacentes. La secuencia supraalbiense posee una potencia relativamente grande y una litologa (alternancia de lechos competentes y otros plsticos) apropiada para plegarse con un estilo diferente de su substrato, que es ms rgido y con predominio de areniscas y conglomerados en el Albiense y, ms abajo, con un Paleozoico ya plegado anteriormente. Es frecuente observar cmo los lechos del flysch cretcico superior se presentan muy replegados, con pliegues decamtricos a mtricos que, mientras en los niveles ms competentes tienden a manifestar un carcter isopaco, en los ms arcillosos muestran un adelgazamiento de los flancos y engrosamiento de la zona de charnela, contribuyendo a darles una geometra prxima a la de pliegues similares, en los que se desarrolla una esquistosidad de plano axial muy irregular: la esquistosidad suele ser mejor desarrollada en los ncleos, a causa de la deformacin por aplastamiento (flattening) en el interior de los pliegues flexurales. El mecanismo de plegamiento de
conjunto es flexural, con aplastamiento para los niveles arcillosos. En algunos afloramientos hemos reconocido en estos mismos materiales, pliegues angulares mtricos que se encuentran fracturados en sus charnelas. No hemos podido medir suficiente nmero de ejes de estos pliegues como para representarlos en diagrama, pero las determinaciones realizadas indican que su direccin oscila alrededor de N60E, y su vergencia es hacia el NW, siendo pues congruentes con los pliegues mayores que existen en el sector. LOS PLIEGUES Y FALLAS INVERSAS ENTRE OYARZUN Y AYA Al SW de las estructuras diapricas que se emplazan entre Oyarzun y San Sebastin. la estructura de la cobertera est caracterizada por varias alineaciones coincidentes con la direccin de los ejes de pliegues (fig. 50). Las principales estructuras son el sinclinal de Goiburu, inmediatamente al norte de la falla de Ereozu que limita al Macizo de Cinco Villas, el anticlinal de Hernani-Andoain, con ncleo trisico inyectado, que se anastomosa por el NE con los diapiros de Santiagomendi y San Marcos-Martutene, y el sinclinal del Monte Andatza, sinclinal colgado, limitado al N por la falla de Usrbil y al S por el anticlinal de Hernani-Andoain. Estas estructuras acaban hacia el SW contra el afloramiento trisico de Villabona o chocando, en el caso de las ms septentrionales de ellas, con la falla de Pagoeta, que las cabalga. Es esto lo que ha llevado a P. RAT (1959) a hacer algunas consideraciones sobre la cronologa de los dos sistemas de estructuras de la cobertera; como veremos ms adelante, este nico hecho no es concluyente para tomar una postura al respecto y no podemos afirmar por el momento si ambos sistemas son el resultado de dos fases separadas en el tiempo o se trata de estructuras desarrolladas casi simultneamente. Aunque el tamao de estas estructuras es suficientemente grande para quedar reflejados con cierto detalle en cartografa y su simplicidad no requiere extenderse mucho en su descripcin, haremos algunas observacio-
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Fig. 50. Esquema cartogrfico en el que se indican los nombres de las principales estructuras de direccin N60E en el rea de San Sebastin-Zarauz-Tolosa.
nes acerca de los rasgos que nos parecen ms interesantes. Sinclinal de Goiburu. Es un pliegue relativamente simple, cuyo ncleo est formado por materiales del Cretcico superior. Hacia el NE acaba en un cierre perisinclinal, un tanto irregular, por interferencia con los domos de Santiagomendi y Fagollaga. El extremo SW se sita en los alrededores de Villabona, en donde se ve limitado por el Tras superior que all aflora. Sus flancos estn marcados por dos importantes accidentes tectnicos. En su flanco meridional, el Cretcico superior est afectado por la falla inversa de Ereozu, a lo largo de la cual afloran de manera discontinua materiales del Jursico y Cretcico inferior, aprovechando las escamaciones que se originan en relacin con el gran accidente. En el flanco N, los materiales cretcicos se po-
nen en contacto con el Tras diaprico del anticlinal Hernani-Andoain; dicho contacto ha sido anteriormente interpretado (LOTZE, 1931: LAMARE, 1936, RAT, 1959, JEREZ-MIR et al., 1971), como el frente de un cabalgamiento hacia el SE (escama de Buruntza, LAMARE, op. cit.), cuyo origen se encuentra en un pliegue volcado despegado a nivel del Keuper. Sin embargo, aunque en algunos puntos, sobre todo entre Hernani y Andoain, el Tras se superpone al Cretcico superior, hemos encontrado datos indicativos de que estos ltimos trminos estn invertidos, y en otros puntos, al SW de Andoain, el Cretcico buza hacia el S, adivinndose su posicin sobre las arcillas del Keuper. En definitiva, pensamos que no existen criterios para suponer la existencia de una unidad cabalgante hacia el SE y que el Tras de Andoain puede ser interpretado como diaprico, existiendo la posibilidad
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de que, en algunos puntos, el Keuper al ser extruido produjera la inversin de los materiales perforados, bien como consecuencia de la propia perforacin o por la accin, adems, de posteriores esfuerzos de compresin. El anticlinal de Hernani-Andoain. Situado inmediatamente al NW del sinclinal de Goiburu, es la estructura que los autores anteriores haban definido como escama de Buruntza a la que acabamos de referirnos. Se trata de un anticlinal diaprico cuyo ncleo, ocupado por arcillas del Keuper, ha sido extruido. El flanco N se puede considerar dividido en dos segmentos que presentan una complicacin tectnica diferente, separados por una posible discontinuidad, no observable por encontrarse cubierta por los aluviones del ro Oria, a su paso por Andoain. Al SW de ese pueblo, las sucesiones supratrisicas se encuentran completas, o, a lo sumo, estn laminados los trminos inferiores de las mismas; sus buzamientos en la proximidad del contacto son muy suaves hacia el N y la secuencia est normal. Por el contrario, entre Andoain y Hernani, el mismo flanco N est invertido, buzando hacia el SW, encontrndose laminados los materiales del Jursico y el Cretcico inferior. La inversin es progresivamente ms acusada hacia el NE, y al N de Urnieta la estructura se resuelve en una serie de pequeas escamas vergentes
al NW (fig. 51). La observacin de estas inversiones en el sector del monte Buruntza ha llevado a imaginar (JEREZ et al., 1971) que el pliegue vergente al SE supuesto por P. LAMARE se trataba en realidad de un pliegue en forma de abanico. Por nuestra parte, volvemos a insistir sobre la naturaleza diaprica de esta estructura cuyas vergencias aparentes se pueden explicar por un simple fenmeno de extrusin, sin necesidad de recurrir a traslaciones horizontales de importancia. En su extremidad ms septentrional, el anticlinal diaprico, se divide en varias ramas, que corresponden al cruce de dos accidentes de diferente direccin; el diapiro de Martutene parece representar la prolongacin del anticlinal que estamos describiendo, que en el sector de Hernani interfiere con otra estructura antiforme, de direccin aproximada E-W. En ella pueden diferenciarse dos elementos principales; hacia el E, el diapiro de Santiagomendi, del que ya nos hemos ocupado, y al W el afloramiento diaprico de Recalde-La Florida (braquianticlinal de RecaldeLa Florida, LAMARE, 1936); la estructura es alargada, ligeramente curvada, con convexidad hacia el N en cuyo ncleo afloran las margas trisicas; en sus flancos, las series jursicas se encuentran invertidas y escamadas, con vergencias divergentes respecto al eje del anticlinal (fig. 52).
Fig. 51. Dos cortes transversales del anticlinal Hernani-Andoain. A: entre Hernani y Urnieta; B, entre Andoain y Villabona. 1, Tras superior; 2, Jursico; 3, Complejo PurbeckWeald; 4, Complejo urgoniano: 5, Complejo supraurgoniano; 6, Cretcico superior.
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recurrir a empujes tangenciales. De hecho en esa parte de la estructura se aprecian vergencias contrarias, hacia el exterior de la misma y no slo hacia el NE, como es el caso en los pliegues del sector del Monte Ernio. El supraurgoniano del ncleo sindical del Monte Andatza cabalga por el NW, al Cretcico superior de Orio. La falla de Usrbil, en relacin con la cual se efecta el cabalgamiento, se extiende a lo largo de unos 17 km., entre Aya y el ro con un trazado NE-SW que al N de Urumea, Hernani, tiende a hacerse E-W. La superficie de la falla tiene un buzamiento poco variable en todo su trazado y siempre es prxima a la vertical, aunque inclinndose hacia el SE. Prximo a la falla se desarrolla una esquistosidad subvertical en los niveles ms arcillosos, tanto supraurgonianos como del Cretcico superior, mientras que en los lechos detrticos de grano grueso se forman pliegues parsitos que, en ocasiones, se encuentran traspuestos por cizallas. En su extremidad occidental la falla acaba en un pequeo afloramiento de Keuper diaprico (diapiro de Bekoerreka), al E de Aya. La estructura parece tener su origen en un accidente ms profundo, que en la cobertera se traduce, en un principio, por una flexura y que ms tarde evolucionar diapricamente, como un pliegue diaprico fallado. En efecto, una fractura en el zcalo, siendo el bloque hundido el N, provoca, al adaptarse pasivamente a l, una vergencia aparente hacia el N en los materiales de la cobertera. La desnivelacin tectnica ocasionada puede favorecer la migracin y concentracin del Tras plstico a lo largo de la zona de fractura, y el mismo Tras al tender a inyectarse entre las series suprayacentes, acenta la asimetra de la estructura de la cobertera. En una etapa posterior, el concurso de empujes horizontales puede conducir a la configuracin actual del accidente; sin embargo, el desplazamiento horizontal no debi ser muy importante, como lo demuestra el hecho de que la falla posea en casi todo su trazado un fuerte buzamiento y que apenas se encuentre deformado el pequeo diapiro de Bekoerreka.
Fig. 52. Corte del anticlinal diaprico de la Florida. 1, Tras superior: 2, Jursico: 3, Cretcico inferior: 4, Cretcico superior.
Sinclinal del Monte Andatza y Falla inversa de Usrbil. Al N del anticlinal diaprico de Hernani-Andoain, la estructura del sector del monte Andatza se presenta con un amplio sinclinal colgado, cuyo ncleo est ocupado por materiales supraurgonianos. Es un pliegue asimtrico, como puede apreciarse en el corte correspondiente al Monte Andatza, del anexo 2, con el eje ligeramente inclinado hacia el SW. Su flanco meridional sigue una direccin NE-SW, caracterstica de estas estructuras, pero al llegar a la altura de Aduna, cambia de orientacin, doblndose hacia el W y resolvindose, al N de Asteasu, en una ondulacin con concavidad hacia el SE: precisamente esta incurvacin es uno de los argumentos utilizados por P. RAT (1959) para separar en el tiempo la formacin de los dos sistemas de pliegues existentes: dicho autor la supone debida a los empujes que originaron la estructura del Monte Ernio, lo que indica para l que stos se produjeron cuando ya estaba configurada la estructura del Monte Andatza. En efecto, como ya hemos sealado en el epgrafe 4.4.1., se puede ver en ese sector la interferencia de dos sistemas de pliegues (uno NW-SE y otro N60E) que ocasionan la aparicin de una estructura de contorno estrellado, pero la pequea incurvacin que aqu se observa puede ser ocasionada por simple esfuerzo ascensional y extrusin diaprica, sin necesidad de
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[Link]. Las estructuras NW-SE Estn representadas en la regin estudiada por los pliegues y fallas inversas que existen entre el Monte Pagoeta, al W de Aya, y el sector de Tolosa. As como en las estructuras N60E, que acabamos de estudiar, predomina el carcter diaprico, sin necesidad de recurrir para explicarlas a grandes acortamientos, las de direccin NW-SE manifiestan un mayor acortamiento horizontal, con pliegues muy apretados y vergentes al NE, a la vez que las fallas inversas asociadas son mucho ms tendidas. Sugieren una mayor independencia de la cobertera, despegada de su substrato; sin embargo, el despegue no debe ser total y, de alguna manera, se localizan en relacin con ciertos accidentes del zcalo, como veremos ms adelante.
Las estructuras (fig. 53) que hemos de considerar en este apartado son: el sinclinal de Gazume y la falla inversa del Pagoeta; el sinclinal del Ernio, separado del anterior por la falla de Rgil, y que hacia el Valle del Oria incurva su eje; al S del sinclinal del Ernio se sitan el anticlinal fallado de Mendicute y el anticlinal y sinclinal de Urquizu. Los pliegues del sector de Urquizu se prolongan hacia el SE, fuera de nuestros lmites. Sinclinal del Gazume y Falla inversa del Pagoeta. Al N de Rgil, las series del Jursico y Cretcico inferior forman una estructura sinclinal, colgada, en cuyo ncleo afloran materiales supraurgonianos: es el sinclinal del Gazume (o sinclinal de Santa Engracia, P. RAT, 1959). Aunque en el ncleo los trminos cretcicos adoptan aparentemente la forma de un pliegue simtrico, en conjunto
Fig. 53. Esquema cartogrfico parcial en el que se indican los nombres de las principales estructuras del sistema NW-NE.
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presenta una ligera asimetra. En efecto, mientras su flanco NE buza de forma ms o menos constante hacia el SW, en el flanco SW, del que slo aflora en el rea estudiada su extremo SE, se puede apreciar cmo el buzamiento de los niveles va variando hacia la parte baja de la sucesin estratigrfica y los niveles jursicos se encuentran invertidos. Por el NE, la estructura del Monte Gazume cabalga, con un frente a lo largo de unos diez kilmetros, a las formaciones supraurgonianas y del Cretcico superior. Este accidente, ha merecido la atencin especial de otros autores (RAT, 1959; JEREZ, 1968), que han sealado la importante traslacin horizontal del labio cabalgante; el ltimo de ellos ha llegado incluso a considerarlo como un manto de corrimiento, suponiendo que los materiales del Cretceo inferior, que afloran en el diapiro de Zarauz, constituyen un isleo tectnico. Sin embargo, como ya hemos indicado, no existen pruebas concluyentes para admitir que sea cierta la hiptesis de L. JEREZ, y solamente es posible afirmar que el salto de la falla de Pagoeta es como mnimo de unos 4,5 km., distancia aproximada entre los puntos ms avanzados y la posicin presumible de la raz del cabalgamiento. La base del paquete cabalgante est formada generalmente por arcillas del Keuper, que suelen englobar cantos angulosos de ofitas y de dolomas de la base del Jursico; no obstante, en algunos sectores los materiales que forman el frente de cabalgamiento son estratigrficamente ms altos. La observacin detallada del mapa geolgico permite apreciar cmo las variaciones en los materiales situados en el frente festoneado actual se distribuyen segn alineaciones paralelas entre s y ello nos sugiere que la sucesin cabalgante pudiera encontrarse ligeramente plegada antes de que se desarrollara el accidente, con lo que la superficie de traslacin cortara oblicuamente a los niveles estratigrficos. Por otra parte, el trazado festoneado de la cartografa parece responder a varias causas, y no slo a la interseccin con la topografa de una superficie poco inclinada. En efecto, la falla parece estar afectada por pliegues N60E, que pueden haber contribuido a
acentuar las irregularidades en el trazado cartogrfico; de nuevo nos tropezamos con la cuestin de la cronologa relativa de los dos sistemas de pliegues y fallas de la cobertera, ya que, por lo que acabamos de exponer, se afectan unas a otras parcialmente. Segn P. RAT (1959) las propias caractersticas litolgicas de los trminos cabalgados han influido en el desarrollo de esta gran falla inversa, que no se ha debido beneficiar nicamente del papel lubricante del Tras superior plstico. En la proximidad del accidente, se aprecian algunos tipos de estructuras menores que sin duda estn relacionadas genticamente con aqul; entre ellas podemos citar la formacin, en los niveles ms detrticos, de pliegues de arrastre, de tamao centimtrico, y de una esquistosidad en los lechos ms arcillosos; en el km. 31 de la carretera de Orio a Villabona se pueden observar bellos ejemplos de estos pliegues y esquistosidad. Aunque no ha podido ser constatado a lo largo de todo el trazado (fig. 54), el afloramiento en los alrededores de Aya de trminos datados como pertenecientes a la base
Fig. 54. Dos cortes de la falla inversa del Pagoeta. A: en el sector de Aya: B: entre Aya y el monte Gazume. 1, Tras superior; 2, Jursico; 3, Complejos Purbeck-Weald y urgoniano; 4. Complejo supraurgoniano; 5, Cretcico superior.
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del Cretcico superior indica que los materiales cabalgados se encuentran invertidos junto a la falla inversa. Ello indica que la estructura podra tener su origen en un pliegue volcado que haya evolucionado hasta dar una falla inversa de ngulo tendido, con laminacin de su flanco invertido. Por ltimo, sealaremos siguiendo a P. RAT que la amplitud del desplazamiento horizontal no es constante a todo lo largo de su trazado, aumentando hacia el NW, pues vara desde poco ms de un km. en las proximidades del monte Ernio hasta unos tres kilmetros en el sector de Indamendi (fuera de los lmites del rea estudiada por nosotros); la misma progresin hacia el NW del salto sera, segn esta hiptesis, la causa de la curvatura que se aprecia en el sinclinal del Ernio. Sinclinales del Ernio y del Uzturre. La estructura del Gazume se contina hacia el SE, despus de la discontinuidad de Rgil, con la del monte Ernio. Es este un sinclinal, igual que aqul, en cuyo ncleo afloran trminos de edad Albiense. En el Ernio la asimetra del pliegue es mucho ms acusada, pues su flanco septentrional buza suavemente hacia el S y el meridional se encuentra invertido, inclinndose con un fuerte ngulo tambin en el mismo sentido (fig. 55). La falla inversa del Pagoeta no tiene tampoco continuidad al SE de la falla de Rgil; al N del sinclinal del Ernio, las series jursicas se disponen normalmente sobre el Keuper. que aflora ampliamente en el rea de Villabona, y al que ya nos hemos referido anteriormente. Al S de Alquiza, el sinclinal del Ernio, cuyo eje posea una direccin NW-SE, sufre una inflexin y adopta la N70E; aparentemente podra seguirse, despus de atravesar el valle del ro Oria, por el sinclinal del monte Uzturre, pero, si se considera la posibilidad de que existan pliegues superpuestos, parece ms razonable admitir que la terminacin del sinclinal del Ernio resulte de la prolongacin de un sinclinal del sistema N60E, quiz el sinclinal de Goiburu.
Fig. 55. Corte del sinclinal del Ernio y pliegues de Urquizu. 1, Tras superior: 2, Jursico: 3, Complejo Purbeck-Weald; 4, Complejo urgoniano: 5, Complejo supraurgoniano.
El sinclinal del Uzturre (fig. 56) es tambin un pliegue colgado, asimtrico, con su flanco meridional invertido, pero con caractersticas geomtricamente algo diferentes de las de Ernio. La estructura est relacionada con la disposicin del zcalo ya que se sita en una depresin del substrato de forma sinclinal, limitada por dos pliegues anticlinales, al N el del monte Ondolar, que se cierra periclinalmente en Villabona, y al S, el de Belaunza, que hunde su eje hacia el W (vese tambin fig. 48). La estructura sinclinal est, sin embargo, acentuada en la cobertera que se encuentra visiblemente despegada; pensamos que una migracin del Keuper hacia las zonas de charnela de los dos pliegues anticlinales citados y el posterior concurso de esfuerzos tangenciales, han podido ser las causasde la disarmona de la cobertera respecto del zcalo. Como ya hemos indicado, las estructuras del Pagoeta y del Ernio estn separadas por una superficie de discontinuidad, que llamaremos falla de Rgil (dcrochement de Zelatun de RAT, 1959). Es una fractura de trazado rectilneo y transversal a las estructuras direccin N60E), en la que se aprecia un aparente salto en direccin. Este desgarre, sin embargo, no est patentizado por un desplazamiento horizontal relativo de los dos bloques separados por el accidente, sino ms bien por un diferente comportamiento de los mismos ante los esfuerzos compresivos a que han sido sometidos. El bloque N, formado por los materiales que intervienen en la falla del Pagoeta, ha absorbido dichos esfuerzos trasladndose
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Fig. 56. Corte del sinclinal del Uzturre y del anticlinal de Belaunza, 1, Tras inferior; 2, Tras superior: 3, Jursico; 4, Complejo Purbeck-Weald; 5, Complejo urgoniano; 6, Cretcico superior.
hacia el NE, probablemente despus de formarse un amplio y suave sinclinal volcado y otros pliegues de menor longitud de onda. Por el contrario en el bloque meridional, el del sinclinal del Ernio, el acortamiento se ha conseguido con la formacin de pliegues muy apretados, sin que se produjera traslacin apreciable. Esa diferencia de comportamiento, por supuesto, no es debida a causas litolgicas, puesto que los materiales que han intervenido a ambos lados de la fractura son los mismos. Es admisible pensar que, cuando los materiales fueron sometidos a los empujes NE-SW, ya estuviera configurado un abombamiento, en la zona de Villabona por migracin del Keuper, y esta supuesta flexura evitara la traslacin por falla inversa de la cobertera; ms al NW, donde no exista esa inhomogeneidad tectnica previa, el acortamiento se consigui por traslacin horizontal en vez de por apretamiento de los pliegues, aunque stos estuvieran previamente configurados en su trazado y desarrollo parcial. Concretamente el anticlinal diaprico de Asteasu podra prolongarse hacia el W, por debajo del actual bloque cabalgante, constituyendo una discontinuidad importante que facilitara el nacimiento de la falla del Pagoeta, que terminara por biselar el sinclinal N60E del Andatza. Desde luego, la falla de Rgil parece la repercusin en la cobertera de una falla sinestrosa del zcalo, que hubiese aprovechado una fractura previa de direccin N60E.
Los pliegues del sector de Urquizu. Al S del sinclinal del Ernio, los materiales del Jursico y Cretcico inferior se disponen adoptando una estructura en pliegues apretados y vergentes al N, en los que se aprecian frecuentes laminaciones. De N a S se pueden distinguir tres pliegues que, siguiendo a P. RAT (1959), hemos llamado anticlinal de Mendicute, sinclinal de Urquizu, y. anticlinal de Urquizu. En la figura 55 se representan estas estructuras y su relacin con el sinclinal del Ernio. El anticlinal de Mendicute es un pliegue muy apretado, casi isoclinal. Sus flancos se encuentran laminados y el ncleo est formado por dolomas lisicas que afloran en una estrecha franja; el contacto entre las dolomas y los trminos ms altos est jalonado por pequeas masas de Keuper, no representables en el mapa. Hacia el SE, el afloramiento jursico del ncleo se ensancha, pero sigue en contacto tectnico con los materiales que forman los flancos, hasta enlazar con el Tras superior de Tolosa; no es posible, sin embargo, observar la naturaleza del contacto entre ambos por encontrarse cubierto por los aluviones del ro Oria. La estructura es la de un anticlinal con un ncleo diaprico extruido. El anticlinal de Urquizu, el pliegue ms meridional de los tres que aqu existen, es en su geometra muy similar al anterior, aunque en este caso el ncleo no ha sufrido una extrusin tan marcada como en el anterior.
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Es tambin muy apretado, lo que nos ha obligado a considerar en su ncleo la existencia de una fractura por la que puede haberse inyectado el Keuper, que no llega a aflorar. No hemos estudiado la prolongacin de los pliegues de Urquizu hacia el NW, pero se sabe que evolucionan hacindose progresivamente menos apretados y as, en las cercanas de Rgil, no son otra cosa que ... una serie normal, comenzando por las margas lisicas, que se apoya contra el sinclinal del Ernio (RAT, 1959).
transversales a los ejes de las mismas; se suelen agrupar en cada pliegue disponindose en los clsicos sistemas conjugados. Estas fracturas, poseen un trazado rectilneo y un salto usualmente pequeo, pues slo en algn caso aislado se han alcanzado los 100 m. en el valor del salto total. 4.5. LAS ESTRUCTURAS ALPIDICAS EN EL ZOCALO
Disposicin de la cobertera en el Sector de Gaztelumendi. Los materiales que afloran en Gaztelumendi adoptan una disposicin en sinclinal (sinclinal de Larte, LAMARE, 1936). Creemos que se trata simplemente de una ligera ondulacin originada por la concurrencia de dos estructuras de carcter diferente: las series de la cobertera se encuentran en esa zona reposando normalmente sobre la vertiente meridional del Macizo de Cinco Villas, disponindose con buzamiento hacia el S y al W, en el sector de Leaburu, esos materiales se ponen en contacto tectnico con el Tras de Tolosa, cuya accin diaprica las hace doblarse y buzar hacia el E. De esta manera la disposicin de cada uno de los flancos del sinclinal es consecuencia de un proceso tectnico diferente. Hacia el E, cerca de Berstegui y en las cercanas del Puerto de Urto, el Keuper llega a contactar diapricamente con el Cretcico inferior y superior (esto ms al SE), pero estas estructuras no guardan una relacin clara con la del sistema NW-SE. 4.4.3. Fallas de tensin No existen en la regin estudiada fallas normales que sean dignas de mencin especial. Es posible, sin embargo, que algunas de las fracturas que ahora se observan en el zcalo como fallas inversas (de las que an no nos hemos ocupado) tengan una larga historia y en pocas anteriores hayan funcionado como fallas de tensin. Entre las fallas normales las hay ligadas a pliegues o a estructuras diapricas. Las fallas normales que acompaan a las estructuras plegamiento son generalmente
Ya hemos dicho que, en nuestro caso, el trmino zcalo no se ha utilizado en un sentido estricto ya que no se trata de un basamento rgido, que nicamente responda a los esfuerzos fracturndose. Por el contrario, los materiales que forman el subtrato sobre el que se depositan los sedimentos mesozoicos participan activamente en las deformaciones alpdicas, con las restricciones, claro est, que impone su comparativa rigidez. De hecho, cuando nos referimos a zcalo y cobertera no diferenciamos entre materiales antehercnicos y posthercnicos. El Tras inferior, netamente discordante sobre el Paleozoico, se comporta solidariamente con ste y debe, desde el punto de vista de la deformacin, ser considerado como parte integrante del zcalo. Al abordar las estructuras alpdicas representadas en el zcalo nos hemos de enfrentar con el mismo problema que dificultaba el estudio de las deformaciones hercnicas, la falta de niveles gua que permitan realizar una cartografa detallada de las mismas; en este caso, sin embargo, la dificultad es menor puesto que al estar implicados materiales posthercnicos, perfectamente diferenciados, quedan mejor reflejados los grandes rasgos de estas estructuras. Para el estudio de las estructuras alpdicas del zcalo comenzaremos por la descripcin de las existentes en los bordes que limitan a los actuales macizos paleozoicos; en ellas, naturalmente, se encuentran implicados materiales del zcalo y de la cobertera. Despus nos ocuparemos de las existentes en el interior de los macizos, en los que no se encuentran afloramientos de trminos que propiamente se puedan considerar pertenecientes a la cobertera: en estos casos, la pre-
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sencia de Buntsandstein facilita la reconstruccin de la estructura y justifica la atribucin de la misma al ciclo alpino. 4.5.1. El borde NW de Cinco Villas
Se presenta jalonado por una falla inversa de gran salto, segn la cual, a lo largo de ms de 18 km., entre Villabona y Ergoyen, el Carbonfero cabalga con vergencia NW, y segn una superficie bastante inclinada, a la cobertera mesozoica. A ella se asocian otras fallas inversas satlites que delimitan escamas igualmente vergentes, constituidas por materiales cuya edad oscila entre el Las inferior y el Albiense. A todo este conjunto de accidentes los llamaremos zona de fallas de Ereozu o, simplemente, falla inversa de Ereozu. Este contacto ha sido estudiado anteriormente, pero sin que se hiciera resaltar su carcter de falla inversa; P. LAMARE (1936) describe con detalle el borde NW del Macizo de Cinco Villas, interpretndolo y resolvindolo con una familia de pliegues volcados hacia el N, la mayor parte de las cuales muestran su continuidad, especialmente desde el monte Adarra hacia el NE. En nuestra opinin, el accidente principal que jalona el borde rectilneo del Macizo es una fala inversa, de salto comprendido entre 1,5 y 3 km., segn los cortes. Este accidente produce fuertes arrastres y una escarnacin apretada en los trminos jursicos y cretcicos. En los cortes seriados de la figura 57 se intentan expresar los rasgos ms significativos de esta zona de fallas, segn los sectores. La historia de la falla de Ereozu es compleja y difcil de detallar; es posible que en un principio se tratara de una falla normal o una flexura que, ms tarde, ante esfuerzos comprensivos, evolucionara hasta transformarse en falla inversa. La razn que nos ha llevado a esta suposicin es la coincidencia de la lnea de fractura con la zona hacia la cual se acuan las series que se depositaron en la cuenca mesozoica; si esto es cierto, algunas de las fallas que determinaron la extensin de la cuenta paleogeogrfica, han podido representar zonas dbiles que absorbie-
ron gran parte de la deformacin por compresin. De acuerdo con los cortes de la figura 57 es probable que en etapas an tempranas del desarrollo del accidente se produjeran pliegues isoclinales en la cobertera; los isoclinales seran ya volcados en su origen, apareciendo con la misma vergencia NW de la falla. Despus se desarrollaran varias fallas inversas satlites, con trazado ms irregular y que, en algn caso, aprovechan parcialmente, los trazados de la estratificacin deformada por los pliegues primitivos (por ejemplo, escamas del sector de las Cuevas de Aizbitarte, unos 4 km. al este de Santiagomendi, corte B de la figura); otras veces las fallas secundarias cortan netamente al plano axial de dichos pliegues (sector de Cucutetxiki, corte D de la figura). Las distintas escamas diferenciadas se acuan rpidamente en profundidad, como parece desprenderse de la observacin de los cortes naturales ms profundos, los de Ereozu (valle del Urumea) y Ergoyen; en ambos casos en sucesin esquistosa de Cinco Vilas se superpone al Cretcico superior mediante una superficie de falla inversa. En algunos cortes, sobre todo en el corte D de la fig. 57, la geometra del conjunto de fallas parece relacionada con una falla principal de superficie cncava hacia arriba. Como resumen sealaremos que la estructura del borde NW del Macizo de Cinco Villas se resuelve en una serie de fracturas, con superficies posiblemente alabeadas, que cortan a estructuras isoclinales previas y que en parte de su recorrido pueden y deben aprovechar las trazas de la estratificacin, subparalelas a los planos axiales de los pliegues. El Cretcico superior en la proximidad del accidente, presenta una estructura interna bastante compleja; los lechos de litologa alternante que lo constituyen se encuentran muy replegados. Es frecuente observar en l pliegues de tamao decimtrico a mtrico de simetra monoclnica, a veces son muy apretados, casi isoclinales. En ellos, los niveles ms carbonatados y los de grano ms grueso, es decir, los ms competentes, tienden a formar pliegues ispacos, mientras que
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Fig. 57. Cortes seriados de la zona de falla de Ereozu. 1, Paleozoico; 2, Tras inferior; 3, Tras superior; 4, Jursico; 5, Cretcico inferior; 6, Cretcico superior.
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los arcillosos forman pliegues con geometra prxima a la similar en los que se desarrolla una esquistosidad muy grosera paralela al plano axial. Es posible tambin observar en el Cretcico superior, aunque en menor escala, el desarrollo de pequeas cizallas que laminan los flancos de los pliegues en los niveles competentes, con una disposicin que es congruente con las escamas inmediatas. Hacia el SW, las escamas que caracterizan a este borde del Macizo, van desapareciendo y el salto de la falla inversa se va haciendo menor, por lo cual el Carbonfero no llega a aflorar en las proximidades de la misma. Al W. del meridiano de Villabona el cabalgamiento se amortigua y debe quedar absorbido por el colchn plstico que supone el gran afloramiento de Keuper de Tolosa y Villabona. Por su extremo NE, la falla de Ereozu se prolonga hasta las proximidades de Ergoyen, en donde intersecta con la fractura de Aritxulegui, y la componente en direccin de este accidente debe ser la causa de su amortiguamiento y de su ausencia ms al E. 4.5.2. La falla de Aritxulegui Los macizos de Cinco Villas y Peas de Aya se encuentran separados por un importante accidente que, con direccin E-W, se extiende desde Ergoyen hasta Vera de Bidasoa; lo hemos denominado falla de Aritxulegui. Se trata de una falla inversa de vergencia norte a lo largo de la cual se puede haber realizado un movimiento diferencial entre los dos macizos, con una componente en direccin de cierta importancia. Hacia el E la fractura se relaciona con el sinclinal de Vera de Bidasoa, de manera que la falla se puede considerar como la continuacin lateral de dicha estructura. Este sinclinal es un pliegue cuyo ncleo est ocupado por series cretcicas transgresivas sobre el zcalo: ha sido estudiado con detalle por [Link] (1964), quien pone de manifiesto la diferente intensidad de la deformacin en cada uno de sus flancos y, mediante la utilizacin de diagramas, concluye que el eje del pliegue es de direccin E-W, con cierta
pendiente axial hacia el E y ligeramente vergente al N. A lo largo de todo el accidente de Aritxulegui se puede observar cmo, entre los bloques separados por la falla, quedan pequeos pellizcos de materiales cretcicos y trisicos. Es esto lo que confirma que la zona de falla representa la evolucin lateral del sinclinal de Vera, el cual, hacia el W, se va haciendo cada vez ms apretado, hasta que sus flancos llegan a laminarse completamente. La historia de esta fractura debe ser compleja y remontarse originariamente a pocas en las que an exista acumulacin de materiales en la cuenca sedimentaria. Del estudio estratigrfico se deduce que la cuenca de Vera se debi individualizar en la segunda mitad del Albiense, ya que los materiales de esta edad son en ella transgresivos sobre el zcalo; entonces quedaba comunicada con la cuenca guipuzcoana a travs de un brazo de mar de anchura desconocida y cuyo trazado podra coincidir en lneas generales con el de la falla de Aritxulegui. El trazado de esa franja hace pensar que estuviera marcada por una flexura o unas fracturas que dejaran una zona ms deprimida separando a los macizos de Cinco Villas y Peas de Aya. De todo esto se deduce finalmente que la zona de fractura que separa a los dos macizos tiene un origen que se remonta quiz a tiempos tardihercnicos. En los primeros perodos de evolucin, respondiendo a esfuerzos de tensin, se desarrollaran fallas normales que delimitaran a una estrecha y alargada fosa en la que se acumularan sedimentos cretceos; ms tarde, en la orogenia pirenaica, ante empujes horizontales, dichas fracturas rejugaran como fallas inversas con salto en direccin entre las cuales se pliega intensamente la cobertera, que adopta una estructura sinclinal. En el Cretcico superior pellizcado entre el Paleozoico se aprecia el desarrollo de una esquistosidad, circunscrita a los niveles ms arcillosos, que es paralela al plano axial de pliegues menores, con un eje de direccin ligeramente variable, aunque siempre prximos a E-W; suponemos que estas estructuras menores se han originado en relacin con el
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accidente mayor. De la misma forma, en los niveles carbonferos se pueden observar estructuras con las mismas caractersticas y direccin. Por su parte, el granito, mucho ms rgido, se comporta de diferente manera y, en la zona en donde lo atraviesa la falla, se encuentra bastante brechificado, con fracturas netas estriadas, que permiten apreciar la direccin del desplazamiento relativo de los bloques. La disposicin de las estras confirma la impresin cartogrfica de que debe ser considerada la existencia de una componente de direccin: el movimiento relativo, deducido del mapa geolgico, implica el desplazamiento hacia el E del bloque septentrional. 4.5.3. El macizo de Peas de Aya al S de Irn Ya nos hemos referido, al ocuparnos de la estructura que, en el sector de Irn, adopta la cobertera, a la adaptacin de esta a su substrato por la falta de un adecuado nivel de despegue capaz de provocar una disarmona entre ambos. En el epgrafe [Link]. describimos el anticlinal de San Narciso, en el que participa tanto el Carbonfero como el supraurgoniano y el Cretcico superior. Ms al S, el Paleozoico de Peas de Aya cabalga hacia el NW al Cretcico superior. Hacia el SW (fig. 49), las series de la cobertera participan de dicha estructura, que se contina casi hasta los alrededores de Oyarzun, en donde queda amortiguada por el colchn plstico que representa la concentracin de Keuper que all aflora. Entre esta falla inversa y el anticlinal de San Narciso, el Cretcico superior se dispone en un estrecho y agudo sinclinal vergente al N; los materiales, apretados en su ncleo, se encuentran muy replegados y desarrollan una esquistosidad bien patente. La historia de esta estructura no se reduce, como en tanto otros casos a un nico episodio, sino que debe remontarse a tiempos en que se acumulaban materiales en la cuenca sedimentaria; as parece atestiguarlo el hecho de que jalonando la zona de fractura se encuentran brechas en la base del Cretcico superior y conglomerados de edad, posiblemente, Albiense. Quizs nos encontra-
mos en una zona que primitivamente funcion como una estructura de tensin y que posteriormente, ante los esfuerzos de compresin alpdicos, evolucion como falla inversa, cosa probable porque esta falla inversa parece desempear en el sector de Irn, un papel parecido al que juega la de Ereozu ms al SW. Otro afloramiento de Carbonfero que contacta anormalmente con los materiales de la cobertera, es el que existe en el Monte San Marcial, al SE de Irn. En l se aprecia una estructura antiforme que parece significar la continuidad hacia el NE del anticlinal de San Narciso. Sin embargo, mientras en San Narciso parece existir una vergencia N, este accidente presenta su flanco septentrional normal, con las series posthercnicas reposando sobre su zcalo; es en su flanco meridional, donde el Carbonfero cabalga al Cretcico superior segn una superficie fuertemente inclinada y con brechas tectnicas. 4.5.4. El borde meridional de Cinco Villas El Cretcico superior al S del Macizo de Cinco Villas aflora en una amplia estructura sinclinal, de la que nosotros hemos estudiado slo una parte de su flanco N. En este flanco hemos de considerar dos porciones que presentan un grado de complejidad diferente. Entre Tolosa y el ro Leizarn no aparece ninguna complicacin digna de mencin, pues las series de la cobertera se encuentran normalmente dispuestas sobre el zcalo, del que se hallan despegadas a nivel del Keuper. A partir del ro Leizarn, hacia el E, la estructura se complica. El Carbonfero es levantado y se pone en contacto con el Cretcico superior; la superficie de contacto es subvertical, buzando fuertemente al N, por lo que ha de interpretarse como una falla inversa; jalonando el accidente, hay pequeos afloramientos de materiales trisicos, jursicos y cretcicos pellizcados a lo largo de la superficie de fractura. Como casi siempre que se encuentra en las proximidades de una falla inversa, el Cretcico superior muestra pliegues asimtricos, de vergencia congruente con la falla y desarrolla una esquistosidad poco penetrativa.
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Aunque aparentemente el salto de la falla parece ser grande, no debe representar un accidente de mucha importancia; el Cretcico superior es transgresivo en este sector y se pone en contacto erosivo con cualquiera de los trminos ms antiguos. Todava ms al E, en Ezkurra, hemos podido comprobar, cmo una falla inversa del borde meridional de Cinco Villas se amortigua y, a partir de all, la sucesin cretcica reposa discordante sobre trminos inferiores, cualquiera que sea su edad. 4.5.5. Estructuras alpdicas dentro del macizo de Cinco Villas La escasez de materiales posthercnicos en el interior del Macizo y la ausencia de niveles gua en la sucesin esquistosa impiden establecer de una manera precisa el grado de deformacin experimentado por el Paleozoico durante la orogenia alpdica. Afortunadamente, la existencia en algunos sectores de afloramientos trisicos permite, aunque slo sea parcialmente, la reconstruccin de la estructura. Pliegues de direccin N60E estn bien representados en la parte NW del Macizo entre Elduayen y el stock de Peas de Aya; aqu, que aflora extensamente el Bundsanstein, se aprecia perfectamente cmo ste se adapta a su basamento antehercnico y configura una serie de pliegues suaves, cuyo eje es paralelo a la estructura del borde NW del Macizo; algunos de esos pliegues manifiestan una ligera vergencia hacia el NW. Hacia el SW, los pliegues, representados fundamentalmente por los anticlinales del monte Ondolar y Belaunza, hunden su eje bajo la cobertera mesozoica; precisamente el sinclinal del monte Uzturre es en cierta medida una adaptacin al sinclinal que, en el Macizo, se interpone entre los dos anticlinales principales mencionados. En la parte S. de Cinco Villas, entre los ros Leizarn y Bidasoa, se dispone una zona de escamas de direccin casi E-W, que se apartan algo del borde meridional del Macizo. En el corte del ro Urumea, por la carretera de Leiza a Hernani, se puede apreciar algn detalle de la geometra de estas escamas. En ellas se presenta un paquete de
areniscas trisicas intercaladas tectnicamente entre las pizarras del Carbonfero; la estratificacin del Buntsandstein es subvertical y los dos contactos que limitan a las areniscas son aproximadamente paralelos a la estratificacin. En dos de las tres escamas del Urumea hemos apreciado que el paquete de areniscas tiene su techo hacia el N, sin que se haya podido reconocer el flanco septentrional de los hipteticos sinclinales pinzados por el Paleozoico; en principio, el contacto tectnico de mayor traslacin habra de ser el que limita cada una de las escamas por el N. Inmediatamente al E del Urumea las escamas desaparecen al acuarse el Buntsandstein con lo que contactan directamente trminos cerbonferos de ambos bloques; hacia el W, en el sector de Liezalarrea, un ancho afloramiento de Buntsandstein, en continuidad con las escamas, adopta una estructura sinclinal limitada por fallas subverticales. Con estos datos podra sugerirse que las escamas provienen de sinclinales agudos, cuyos flancos septentrionales se laminan con el concurso de fallas importantes y el ensanchamiento lateral de la estructura se puede explicar por la disminucin del salto de tales fallas, acompaado del despegue de una parte del Tras inferior, hasta ser extruido localmente. Conviene advertir que entre el ro Urumea y el Bidasoa existen otras escamas (VILLALOBOS, 1977) en las cuales el bloque cabalgante es el S. As, en la estructura general de la zona de escamas participan fallas inversas de vergencia N y fallas subverticales, con desplazamiento ascendente del bloque septentrional de varios centenares de metros. La asociacin en el espacio de estas estructuras puede explicarse por el funcionamiento de una falla inversa mayor de superficie cncava hacia arriba, cabalgante al S. Las fallas del tipo de las del corte del Urumea son fallas sintticas, habiendo sufrido una rotacin externa a causa de la curvatura de la superficie principal: mientras que las fallas de vergencia N. seran antitticas de la principal y consecuencia del mayor acortamiento sufrido en niveles progresivamente ms altos, tambin como consecuencia de la concavidad de la superficie principal.
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4.6. CONSIDERACIONES SOBRE LAS DEFORMACIONES ALPlDlCAS En muchas cadenas de montaas es obligado distinguir entre dos pisos tectnicos que han reaccionado de manera diferente ante los esfuerzos orognicos responsables del plegamiento y de la configuracin tectnica del conjunto. En estos casos es posible diferenciar el zcalo, rgido y habiendo sufrido los efectos de una orogenia ms antigua, y la cobertera, con caractersticas mecnicas tales que conducen a un estilo de deformacin diferente, con estructuras disarmnicas de las del zcalo. Si, adems, entre el zcalo y la cobertera se intercala un, paquete potente, mvil y muy plstico, la disarmona llega a ser brutal, aunque puede reducirse si el zcalo es aceptablemente dtil y se deforma en condiciones muchas veces distantes de las que se necesitan para su acortamiento frgil. Estas caractersticas estn presentes en nuestra regin y, de una manera indirecta, se han resaltado al describir las estructuras de zcalo y cobertera. Sin embargo, en la descripcin no se ha llegado a abordar el hecho de que zcalo y cobertera se deforman simultneamente y de que el acortamiento de ambas, funcin de estructuras de compresin diferentes, se mantiene en el mismo orden de magnitud. Por ello parece necesario culminar nuestras descripciones con alguna consideracin acerca de los estilos de deformacin de zcalo y cobertera, para extendernos finalmente sobre la evolucin tectnica de conjunto del Pirineo occidental. 4.6.1. Comportamiento del zcalo y de la cobertera Al tratar de las relaciones entre zcalo y cobertera se plantean algunas cuestiones previas. Cmo se deforman los materiales del piso tectnico ms bajo hasta conseguir el grado de acortamiento necesario? de qu manera estas estructuras profundas llegan, si esto ocurre, a repercutir sobre la cobertera? A. CAlRE (1960) ha estudiado para el caso del Jura los tipos de soluciones posibles, con modalidades, que permiten explicar el
mecanismo por el que el zcalo ha podido acortarse despus de las fases de plegamiento. De las soluciones propuestas por el autor, las que mejor pueden aplicarse en nuestro caso son aqullas que suponen una contraccin del zcalo. Tal contraccin se puede conseguir bien por plegamiento o por escamacin. aunque el primero de estos mecanismos implicara el desarrollo de pliegues muy apretados y, por tanto, un comportamiento plstico de zcalo. En los Pirineos la incgnita sobre el modo de la deformacin del zcalo se reduce por cuanto aflora en cierta extensin y se pueden reconocer en l estructuras de edad alpdica. M. MATTAUER (1968) seala que la caracterstica ms sobresaliente en los Pirineos es la disposicin en abanico de las estructuras. La zona axial cabalga tanto al norte como al sur, sobre los materiales mesozoicos mediante fallas inversas de gran buzamiento. Esta disposicin estructural se consigue, segn M. MATTAUER, como consecuencia de la aproximacin de dos bloques de la corteza, las placas europea e ibrica, con una aproximacin entre ambas que puede haber ocasionado un acortamiento estimado en unos 50 km. P. CHOUKRONE y M. SEGURET (1973) aceptan el valor estimado por M. MATTAUER y concluyen que la deformacin de las rocas afectadas por la tectognesis pirenaica representa un acortamiento aproximadamente N-S, perpendicular a la cadena, acompaado por una extensin mxima en direccin vertical. En el extremo occidental del Pirineo, el Macizo de Cinco Villas cabalga hacia el norte sobre el Cretcico superior de Vera, y hacia el sur sobre el Cretcico de Leiza; ha habido pues un acortamiento N-S. Pero, a su vez, el Macizo cabalga hacia el NW a lo largo de la zona de falla de Ereozu, por lo que tambin hay que invocar un acortamiento en esa direccin. La deformacin, mediante fracturas, del zcalo implicara la existencia de horts, de los cuales tendramos un ejemplo en el Macizo de Cinco Villas. La compartimentacin del zcalo en blo-
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ques no se consigue, sin embargo, a causa de esfuerzos de compresin, sino por tensin, y la primera accin sufrida por nuestro zcalo fue una extensin. A tal conclusin hemos llegado por consideraciones de ndole paleogeogrfica, las sucesiones mesozoicas se acuan hacia los bordes de los bloques en que queda compartimentada la cuenca y las oscilaciones sedimentarias se originan por movimientos verticales relativos entre unos bloques y otros. Los lmites de los macizos no deben haber variado ostensiblemente a lo largo de la historia geolgica de la regin, y las que ahora observamos como fallas inversas, en tiempos en que la cuenca reciba acumulacin de materiales, deban ser flexuras o fracturas de tensin. Segn este esquema, la regin deba estar dividida en una serie de bloques separados por dos sistemas de accidentes: uno de direccin aproximada E-W (falla de Aritxulegui, ,borde S de Cinco Villas) y otro N60E (falla de Ereozu). Esta compartimentacin condicionara la distribucin de sedimentos en la cuenca, con mximas acumulaciones en las reas deprimidas y rpidos acuamientos de las sucesiones hacia las reas de relieve positivo. Indirectamente, la existencia de bloques a diferentes niveles en el zcalo acarrearan otras reacciones en los materiales de la cobertera adems de esa distribucin de materiales. Una reaccin inmediata debe ser la tendencia al desarrollo de un diapirismo por migracin de Tras superior hacia las zonas de mayor desnivel, que por otra parte, son aqullas en los que se acuan las sucesiones sedimentarias, con la consiguiente disminucin de la carga de la columna litolgica. Otra de las consecuencias de la tectnica de bloques es la desaparicin por sectores del nivel de despegue. En las reas en las que se conserva el nivel de despegue, la disarmona de la cobertera respecto al zcalo puede ser enorme; pero en aquellas otras en que ha sido erosionado, la cobertera se adaptar pasivamente a las deformaciones del zcalo. En nuestra regin se diferencian dos zonas en las que se reconocen ambos tipos de fenmenos; al N de la lnea Oyarzun-
San Sebastin, la falta de materiales del Tras superior (nivel de despegue regional) hace que las sucesiones del Cretcico se plieguen solidariamente con el zcalo sin que se aprecie una clara disarmona entre los pisos tectnicos; pero, al SE, la existencia de un nivel plstico y poco denso en la base de la cobertera hace que esta se deforme en disarmona con su zcalo, si bien es posible que los accidentes de ambos tengan correspondencia en vertical. De todo lo expuesto podemos extraer la conclusin de que hay una deformacin solidaria del zcalo y de la cobertera. Analizando la regin no parece que se pueda invocar la existencia de grandes mantos gravitatorios, como ocurre en otras regiones del Pirineo, con migracin de cobertera desde la zona axial hacia el exterior. No pretendemos que dichos fenmenos no existan en esta transversal, sino nicamente que no aparecen en nuestra regin. Aunque con ciertas diferencias, admitimos que la cobertera actual debi yacer siempre sobre el zcalo que ahora tiene debajo. Un hecho que prueba las relaciones de la cobertera mesozoica con los macizos hercnicos es la transgresividad de aquellas sucesiones sobre los bordes de los actuales afloramientos paleozoicos. Podra admitirse un cierto deslizamiento gravitatorio a favor del gran antiforme de Cinco Villas, pero la forma redondeada del Macizo hara que la cobertera, con el deslizamiento, perdiera continuidad, por aparicin de tensiones radiales: pero a lo largo del borde del Macizo no se ven otros ensanchamientos que los que representan los afloramientos de Tras superior. Ms problemtico, en principio, es el planteamiento de que slo una parte de la cobertera fuera autctona. Nos referimos a la posibilidad de que hubiera no cabalgamientos importantes, sino a la de que grandes volmenes de cobertera estuvieran desenraizados y superpuestos a sucesiones mesozoicas autctonas. En este sentido, hemos de sealar cmo algunos autores han invocado a la aloctona para explicar algunas de las estructuras de la cobertera. Sin embargo, a la vista del mapa geolgico parece imposible tal planteamiento ya que las grandes unidades
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Fig. 58. Esquema tectnico del rea estudiada. 1, Granito de Peas de Aya; 2, Paleozoico y Tras inferior: 3, Tras superior-Terciario; 4, Cuaternario. (Q)
que se pudieran suponer alctonas (sinclinal del Andatza, por ejemplo) no se encuentran aisladas. Por otra parte, dada la disposicin de la cuenca, parece que las coberteras que eventualmente pudieran existir en Cinco Vilas deban ser incompletas y, probablemente, sin Keuper. En definitiva, podemos admitir que, salvo pequeas diferencias localizadas, zcalo y cobertera se corresponden en verticales a lo largo de toda la historia geolgica, ya que no se observan traslaciones importantes en el despegue basal. No obstante, comparando en los cortes las estructuras alpinas visibles en
el Macizo de Cinco Villas con las de la cobertera, es necesario imaginar la existencia de un despegue. Salvo en el caso de la zona de escamas entre los ros Leizarn y Bidasoa, en donde necesariamente tiene que existir un acortamiento importante, en general la estructura alpdica de los macizos parece producir menos acortamiento que el que aparenta presentar la cobertera, deducible de los cortes. No obstante, en casi todos los cortes se representan estructuras diapricas, en las que las violentas curvaturas de las capas no responden a un acortamiento.
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Ahora bien, admitida la existencia de un diapirismo anterior a los esfuerzos de compresin, es inevitable considerar que las estructuras con Tras perforante debieron ser modificadas por el acortamiento orientado que sufre toda la regin. Segn el eje menor del elipsoide de deformacin regional los diapiros tendern a ser estrangulados y esto provoca una inyeccin forzada adicional del material plstico. Simultneamente, las bvedas de los domos podrn llegar a hacerse cabalgantes sobre los flancos. Es esta, a nuestro juicio, la razn que ha determinado que algunos de los domos diapricos existentes hayan sido interpretados como klippes. Acabamos de hablar del elipsoide de deformacin regional y, aunque lo hemos mencionado con referencia exclusiva a nuestra regin, conviene hacer todava algunas precisiones. A la vista del esquema tectnico de la fig. 58 se observa con toda claridad que los acortamientos ms importantes se han producido en dos direcciones principales, segn el rea considerada. Es evidente que las alineaciones NW-SE y N60E no se han superpuesto en toda la regin, sino nicamente en la zona lmite de los dominios correspondientes a cada una de ellas.
En las estructuras N60E es notable la intervencin activa del zcalo (estructura del borde NW de Cinco Villas, por ejemplo), intervencin que se manifiesta en la cobertera con la formacin de pliegues, muchas veces relacionadas con diapirismo, sea por adaptacin a curvaturas previas, por inyeccin forzada durante el acortamiento, o por ambas cosas a la vez. En cualquier caso la disposicin de los pliegues est condicionada por la distribucin de los espesores de las series, controlada por accidentes en el zcalo durante el perodo de sedimentacin. La conformacin del surco sedimentario del flysch de Guipzcoa (Paleoceno y Eoceno inferior), con direcciones de aportes para las turbiditas axiales desde el E, confirma que todava en el Terciario persista la influencia de accidentes o flexuras de direccin ENE-WSW. Las estructuras de direccin N60E de la cobertera sufren una suave inflexin en las proximidades de la falla de Aritxulegui, inflexin que coincide con el movimiento dextro a lo largo de la falla y que se refleja, adems, en el contorno estructural del contacto Mesozoico-Terciario, el juego de la falla de Aritxulegui se prolonga entonces, ms o menos amortiguado, segn la direccin Oyarzun San Sebastin, sin que la componente en direccin del salto se manifieste en la cober-
Fig. 59. Corte transversal a las estructuras de direccin N60E en el que se ha dibujado la traza probable del zcalo. 1, Paleozoico y Tras inferior; 2, Tras superior; 3, Cretcico superior.
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tera. Al N de la falla, en el sector de Irn, el espesor de la cobertera se ve muy disminuido, estn ausentes el Keuper y sus singulares efectos mecnicos y los pliegues N60E tienen una longitud de onda menor. En consecuencia, admitimos que las estructuras N60E de la cobertera deben reflejar con cierta fidelidad la existencia de correspondientes estructuras en el zcalo, aunque stas no tengan un estilo exactamente homologable con el de las primeras: en la diferencia de estilo ha influido notablemente el diapirismo. Para los pliegues y fallas inversas de direccin NW-SE nuestro planteamiento es menos amplio ya que nicamente estn presentes en el sector del Ernio. Los pliegues son ms apretados que los N60E y su vergencia ms evidente. Adems estn asociados al cabalgamiento del Pagoeta, que supone una traslacin de varios kilmetros. El papel del Tras superior en la configuracin de estas estructuras parece haber sido diferente. El Mesozoico de la cobertera, hacia el W, es muy potente y las variaciones en las potencias de las sucesiones son menos aparatosas. En estas condiciones la independencia entre zcalo y cobertera puede haber sido mayor y la funcin esencial del Keuper corresponde a la de facilitar la autonoma entre una cobertera de ms de 4 km. de espesor que se pliega flexuralmente, si bien con disarmonas internas, y un zcalo cuyos mecanismos de deformacin pasan desapercibidos. Ciertamente el zcalo aqu se ha fracturado tambin, a causa de tensiones habidas a lo largo de la historia de la cuenca, y esas fracturas han canalizado el ascenso de magmas bsicos (doleritas, lavas baslticas, etc.) aflorantes a lo largo del anticlinal y sinclinal de Vizcaya (RAT, 1959). Pero es indiscutible que estas fracturas han influido mucho menos que las localizadas en los bordes de la cuenca, en las proximidades de los macizos paleozoicos actuales, y que su direccin puede apartarse de la que adoptan los pliegues. Tanto para la extensin ocupada para los pliegues N60E como para la de alineaciones NW-SE, hay que pensar que el zcalo ha su-
frido, durante el ciclo alpdico, primero un proceso de alargamiento (pocas de tensin y subsidencia) y despus un acortamiento que, lgicamente, ser transversal al trazado de los pliegues. Para la porcin entre Zarauz, San Sebastin y el Macizo de Cinco Villas, con pliegues y fallas inversas de direccin N60E, ya hemos indicado que, en parte por efecto de los diapiros, la cobertera aparenta un acortamiento que no se sabe cmo habr de manifestarse en el zcalo.
Fig. 60. Esquemas que muestran la evolucin posible de la estructura del zcalo en la vertical del anticlinal Hernani-Andoain. 1, Paleozoico y Tras inferior; 2, Tras superior; 3, Jursico; 4 y 5, Cretcico inferior: 6, Cretcico superior.
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A este propsito es interesante dibujar, como se ha hecho en la figura 59, el trazado previsible de dicho zcalo (al que incorporamos el Tras inferior) por debajo de la cobertera, completando por encima del perfil de erosin actual algunas estructuras. En este corte se aprecian tres zonas de discontinuidad en la cobertera, que de SE a NW son: la falla de Ereozu (borde de Cinco Villas), el anticlinal de Hernani-Andoain (ncleo de Keuper diaprico) y la falla de Usrbil (cabalgamiento hacia el NW). Estas tres discontinuidades persisten con continuidad de ms de 15 km. hasta la falla de Aritxulegui y su hipottica prolongacin Oyarzun-San Sebastin. El comportamiento del zcalo a favor de la falla de Ereozu no ofrece dudas y ha sido detenidamente expuesto al tratar de la estructura del borde de Cinco Villas (epgrafe 4.5.1.). El Paleozoico, previamente levantado, cabalga a la cobertera, dando lugar a una escamacin intensa, que parece precedida por un plegamiento violento de los materiales mesozoicos. La cobertera, inmediatamente al N de las escamas, se ve afectada por estos empujes, llegndose a la inversin (flanco sur del sinclinal de Goiburu, por ejemplo). Entre los efectos no perceptibles del empuje hay que considerar la dbil traslacin hacia el NW de todo el sinclinal de Goiburu, deslizndose respecto al zcalo a favor del Tras plstico; el deslizamiento puede ir acompaado de una rotacin externa de todo el sinclinal (1), en el mismo sentido en que rota el flanco S del pliegue. En el caso de la falla inversa de Usrbil, el trazado del zcalo en profundidad parece que puede corresponderse con la estructura superficial. El accidente, a nivel del zcalo, podra ser una falla o zona de escamas equiparable a la de Ereozu, y as se ha dibujado en la figura. A favor de la discontinuidad, y a consecuencia del acortamiento, el Tras superior puede ser inyectado, aunque es posi(1) Si esta rotacin ha existido, debi ser ms acentuada hacia el extremo SW del sinclinal, y casi precisa, como condicin previa, la existencia de la discontinuidad, del ncleo del anticlinal de HernaniAndoain, con lo que el ncleo sinclinal quedara prcticamente envuelto por el Keuper. (Vase la figura 59).
ble que estos movimientos, sincrnicos con la compresin, hayan sido precedidos de alguna extrusin localizada, a la que se adapta la estructura de la cobertera: este puede ser el caso del diapiro de Bekoerreka, en la terminacin occidental de la falla inversa, que puede representar una chimenea diaprica deformada con inyeccin adicional. Las relaciones del anticlinal Hernani-Andoain con el zcalo son ms complejas y requieren un anlisis ms detenido. La disposicin del zcalo por debajo del pliegue carece de desniveles estructurales o los tiene muy pequeos, conforme se deduce de la figura 59; sin embargo el pliegue, en cuyo ncleo el Keuper es netamente diaprico, expresa un acortamiento que puede calcularse fcilmente con el auxilio de las trazas superpuestas de las formaciones erosionadas, esquematizadas por encima del perfil topogrfico del corte. Por otra parte, el anticlinal es muy disimtrico, con su flanco septentrional casi completo y colocado vertical o ligeramente invertido, mientras que al S el muro de Keuper, algo cabalgante sobre el Cretcico superior, est limitado por una superficie muy inclinada que corta bruscamente al flanco norte del sinclinal de Goiburu. Es de resaltar asimismo el heteropismo de la cobertera de uno a otro lado del pliegue, ya que al N, la sucesin, desde el Jursico basal hasta el lmite con el Cretcico superior, supera los 2,5 km. de espesor; al S, y considerando que en el borde de Cinco Villas aparece reducido el Jursico, apenas si existe Complejo urgoniano y el sugraurgoniano transgresivo est muy mermado en su potencia, el espesor extrapolado no puede suponerse muy superior a 1 km. Si este importante cambio en la potencia de la cobertera hubiera estado condicionado por el funcionamiento de una falla normal en el zcalo, cosa muy probable, la disposicin hacia finales del Cretcico inferior deba ser comparable a la que se esquematiza en la figura 60 A(1) Las acciones diapricas, promovi(1) El cambio de espesor es de 1.5 km. y la distancia entre ambos flancos es ahora menor que 1 km., de tal forma que, si el desnivel se hubiera producido nicamente por una flexura, el flanco monoclinal habra tenido que alcanzar buzamientos de 40-50 sin haberse llegado a la fracturacin. La direccin del
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das por las diferencias de carga, podran haber producido la perforacin del Keuper a lo largo de la franja en la que el zcalo est fuertemente desnivelado, tal como se representa en el esquema B de la misma figura; el movimiento ascensional del Keuper, acompaado del descenso simultneo de la potente sucesin del flanco N, lleva consigo la verticalizacin de dicho flanco y el arqueamiento ms suave del flanco s, que por su menor espesor tiende a dejarse cabalgar por la masa perforante. Cuando sobrevienen, en el Terciario, las deformaciones pirenaicas, tanto cobertera como zcalo sufren un acortamiento. Como resultado de este acortamiento, el zcalo vuelve a nivelarse, reduciendo la brutal desigualdad de su trazado, hasta alcanzar el que parece tener en la actualidad (fig. 59); para simplificar este movimiento hemos supuesto que se aprovecha exactamente la misma superficie que en tiempos mesozoicos tuviera la falla normal (fig. 60 C). La recuperacin del nivel del zcalo supone ahora un acortamiento de varios centenares de metros (2), acortamiento que se muestra en la cobertera como una aproximacin de los dos flancos del pliegue, hasta la extrusin del Keuper y la inversin del flanco N, que estaba ya prximo a la vertical. Creemos que la evolucin tectnica recogida en la figura 60 constituye una hiptesis que explica bastante bien estructuras como el anticlinal diaprico de Hernani-Andoain, con rasgos geomtricos tan curiosos como aparentar estar despegado del zcalo y mostrar una disimetra estratigrfica entre sus flancos, con elevacin generalizada del que presenta las sucesiones ms potentes. Indirectamente, el mecanismo propuesto puede constituir una explicacin para ciertos acortamientos de cobertera que no aparecen reflejados en el zcalo. Para la correcta aplicacin de este mecanismo es necesario poder demostrar que existieron fallas de tensin
accidente, de acuerdo con las observaciones estratigrficas, tuvo que ser ENE-WSW. (2) La cuanta exacta del acortamiento depende del buzamiento de la superficie de falla y de que se haya conseguido o no la nivelacin completa del zcalo. Para una falla que buce 60 y con recuperacin de la posicin de origen, el acortamiento es de 1 km.
en el zcalo y localizarlas a lo largo de pliegues de cobertera; adems el salto de la falla normal, valorado en funcin de los cambios de potencias, ha de tener una componente perpendicular a la direccin cuyo valor debe ser comparable al acortamiento que supone el pliegue de cobertera, y esto suponiendo el zcalo nivelado bajo el pliegue. Para el caso de los pliegues NW-SE y el cabalgamiento del Pagoeta es difcil deducir el comportamiento del zcalo. Es muy posible que el cabalgamiento tenga su correspondiente estructura en profundidad, aunque estara representado por varias fallas inversas de zcalo, si es que stas tienen mayor buzamiento. Desde luego, para el sistema NW-SE, aunque el rea que ocupa, estudiada por nosotros, es reducida, parece mayor la independencia de zcalo y cobertera, y as lo hemos hecho constar. 4.6.2. Resumen de la evolucin tectnica del Pirineo occidental
Casi todos los autores que se han ocupado de la geologa pirenaica estn de acuerdo en admitir que la cadena resulta de una larga evolucin tectnica en la que hay que separar dos tipos de fenmenos: 1) Aquellos que tienen lugar durante los perodos de sedimentacin y que consisten sobre todo en movimientos verticales, causantes de una compartimentacin de la cuenca en bloques. 2) Los relativos a etapas de compresin coincidentes con la etapa orognica principal, que conducen a la creacin de estructuras de plegamiento o cabalgamiento. La configuracin e individualizacin de la cuenca sedimentaria mesozoica debi quedar estructurada ya en los albores del cicloalpdico. Las primeras manifestaciones posthercnicas se refieren a una etapa de distensin que provoca la aparicin de grandes lneas de fractura, mediante las cuales el edificio hercnico queda compartimentado (epgrafe 4.2.). La edad de estos accidentes, segn H. F. KRAUSSE (1973), slo est constatada por la acumulacin de grandes espesores de
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materiales prmicos y trisicos en cuencas alargadas, con parecida disposicin que la cuenca jursica y cretcica que va a sobrevenir. Esta compartimentacin conduce a la aparicin de bloques levantados entre otros deprimidos y subsidentes que reciben la acumulacin de grandes cantidades de material terrgeno, procedente de la erosin de las reas con relieve positivo. Aunque esa morfologa se consigue en tiempos tempranos del ciclo alpdico y, en lneas generales, la disposicin de la cuenca sedimentaria sufre pocos cambios, no hay que pensar que se mantenga constante a lo largo de toda su historia. Por el contrario, las condiciones de sedimentacin sufren continuados y, a veces, profundos cambios, debido al movimiento relativo en sentido vertical de los bloques. Los movimientos verticales provocan la sucesin de perodos transgresivos y regresivos, y la acumulacin de sucesiones en las que se aprecian importantes cambios de facies, tanto horizontales como verticales: las sucesiones terrgenas se relacionan con el intervalo de colmatacin que sigue a cada perodo de marcada inestabilidad. De acuerdo con el estudio estratigrfico de las secuencias post-trisicas, se pueden distinguir tres mximos en la inestabilidad ligada a movimientos verticales. La primera oscilacin se sita aproximadamente en la transicin Jursico-Cretcico (fase neocimmrica) y se manifiesta como un levantamiento muy generalizado que provoca la sedimentacin de series regresivas, en las que predominan los materiales terrgenos. La segunda tiene lugar durante el transcurso del Albiense (fase ustrica) con acusados movimientos diferenciales entre los bloques, de manera que las series acumuladas presentan caracteres transgresivos o regresivos segn las reas; en esta poca los lmites de los macizos hercnicos adquieren ya una configuracin muy similar a la actual. Por ltimo, al comienzo del Cenomaniense tiene lugar un nuevo episodio de inestabilidad a consecuencia del cual aumenta la subsidencia de los surcos sedimentarios, a la vez que se incrementa la superficie de la cuenca; esta subsi-
dencia aumenta durante el Senoniense y, despus de un ligero retroceso durante el Maastrichtiense-Daniense, contina durante el Paleoceno y Eoceno inferior, edades de las potentes sucesiones de flysch. Aparte de estas fases ms significativas, todava se deben mencionar algunos otros momentos de inestabilidad, aunque menos importantes. As, por ejemplo, es muy posible que los episodios terrgenos intercalados en el Complejo urgoniano y la acusada variacin local de sus potencias, sean debidas al juego de accidentes con importante salto vertical (vense a este respecto los epgrafes 2.4. y 4.6.1.). Los accidentes que motivan los movimientos verticales estn bien localizados en el espacio por los cambios de facies observados en la cuenca sedimentaria y porque coincicen con las zonas hacia las cuales se acuan las formaciones, es decir, con los bordes de la cuenca. Recordemos a este respecto cmo la prolongacin de la fractura de Aritxulegui, limita la extensin septentrional de las series antealbienses, a la vez que contribuye a la comunicacin entre las cuenca de Vera de Bidasoa y la cuenca de Guipzcoa durante el Cretcico superior. Asimismo la alineacin de falla inversa que limita al NW los macizos paleozoicos coincide aproximadamente con una zona hacia la cual se situaba el borde del rea de sedimentacin, y, por lo tanto, es posible que correspondiera a otra de las estructuras a favor de las cuales se realizaron esos movimientos verticales. Otro tanto se puede decir del borde meridional del Macizo de Cinco Villas. Segn se ha hecho constar (epgrafe 4.6.1.) las zonas de fallas que han facilitado los movimientos verticales relativos entre bloques, o incluso antiguas superficies de falla, han sido utilizadas durante la fase orognica principal de manera que, funcionando ahora como fallas inversas y de salto en direccin, han permitido el acortamiento del zcalo, como respuesta a los esfuerzos de compresin. Pero adems, los propios movimientos verticales y las fallas a ellos asociadas han producido estructuras en la parte de cobertera ya existente en el momento de su fun-
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cionamiento. Efectivamente, debieron determinar la aparicin de fallas de tensin o de monoclinales en la cobertera, dependiendo del grado de disarmona de sta respecto al sustrato, en funcin de la concentracin ms o menos acusada de Tras superior en la zona mvil. Por otra parte, los propios accidentes, por acumulacin de sedimentos en los bloques hundidos, contribuyen a variar las cargas que soporta el Tras plstico segn las verticales y esto, unido a la desigual distribucin de ese mismo Tras bajo los monoclinales de cobertera; tiende a desarrollar estructuras halocinticas y, a la postre, diapricas. Es seguro que las estructuras diapricas que ahora se observan llegaron a perforar, en muchos casos, antes de la orognesis propiamente dicha y esto an en los casos en que no guardan relacin aparente con accidentes del substrato. La existencia de un diapirismo submarino ya en el Cretcico superior ha sido suficientemente constatada (BRINKMANN y LOGTERS, 1968; HANISH, 1964). De lo expuesto se deduce que importantes ondulaciones de la cobertera se encontraban configuradas embrionariamente antes de que los esfuerzos tangenciales se pusieran en juego y es as como ciertos anticlinales diapricos se disponen alineados paralelamente a las fracturas de zcalo deducidas por consideraciones estratigrficas o paleogeogrficas. Puede decirse que, hasta el Eoceno inferior, las condiciones reinantes en la terminacin occidental del Pirineo son de tensin; existen movimientos verticales de unos bloques respecto a otros, pero no se reconocen signos de acortamientos. Es indudable que las estructuras de compresin son posteriores al Eoceno inferior, edad bien establecida para diversos tramos de flysch de Guipzcoa. El mismo flysch es concordante con los materiales subyacentes y aparece plegado conforme a las directrices tectnicas generales visibles. Como no existen materiales ms recientes, hemos de aceptar como edad de las estructuras de acortamiento la que diferentes autores han propuesto para el Pirineo. P. RAT, P. FEUILLE, M. MATTAUER, P. CHOUKROU-
NE, etc. admiten que durante el Eoceno superior tienen lugar los mximos acortamientos y algunos de ellos sostienen que, hacia el E de la cadena, el acortamiento principal tiene lugar en el Eoceno para el Pirineo central y en el Cretcico terminal para el Pirineo oriental (CHOUKROUNE, LE PICHON, SEGURET y SIBUET, 1973). Durante el Oligoceno y Mioceno otros movimientos de compresin de menor importancia han afectado a otros dominios ms externos. En la provincia de Guipzcoa, los esfuerzos de compresin se han materializado en la formacin de pliegues y fallas inversas de direcciones NW-SE y N60E. Existen algunas estructuras menos generalizadas de direccin E-W, es decir intermedias entre las anteriores, y hemos subrayado la verosimilitud del rejuego de accidentes antiguos para dar origen a estructuras del sistema N60E (epgrafe 4.6.1.). Asimismo se observa que las estructuras NW-SE se reconocen preferentemente al W del meridiano de Tolosa y que las N60E se sitan al E de dicho meridiano y al NW del Macizo de Cinco Villas. En el borde meridional de Cinco Villas las estructuras se disponen E-W, hasta que ms al E de Leiza se incurvan algo hacia el N para proseguir por la depresin de Elizondo. El Arco Vasco de P. FEUILLE y P. RAT (1971) corresponde a la suave inflexin de las estructuras que se seala cuando se sigue, por ejemplo, el anticlinal de Bilbao, la Siera de Aralar y el Macizo de Aldudes, hasta enlazar, ms al E, con las directrices propiamente pirenaicas. La concavidad hacia el N que se manifiesta en el rea que hemos estudiado, cuando se pasa desde las estructuras NW-SE a las N60E, es netamente ms acusada que la que dibuja el Arco Vasco considerado en su totalidad (vese fig. 2). Tal concavidad simula cerrarse inmediatamente al N de Tolosa, en el afloramiento trisico de Villabona. A nuestro entender, se trata de dos directrices tectnicas independientes, sin que exista un verdadero arqueamiento progresivo de unas a otras (epgrafes 4.4.1. y [Link]) Mientras que las estructuras NW-SE son coherentes con el acortamiento general de la Cuenca
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Vasco-cantbrica en su porcin situada al E del meridiano de Bilbao, las estructuras N60E, frecuentemente representadas por las fallas inversas fuertemente inclinadas, parecen guardar relacin con accidentes del sustrato de historia compleja y probablemente responsables del trazado paleogeogrfico del borde NW de los macizos paleozoicos (epgrafe 4.6.1.). La cronologa relativa de estos dos sistemas de accidentes principales no es claramente deducible. El cabalgamiento del Pagoeta (de direccin NW-SE) llega a disecar a estructuras como el gran sinclinal colgado del Andatza, pero la superficie de talla inversa parece ser posterior, adems, a pliegues NW-SE anteriormente conformados. Es muy posible que ambos sistemas de estructuras sean casi contemporneos, representando el N60E una adaptacin al borde de un bloque paleozoico sobreelevado desde muy antiguo. Si esto es cierto, la disposicin actual del Macizo de Cinco Villas y de las estructuras de cobertera que lo envuelven por el N no precisan para su explicacin del concurso de ningn giro del propio Macizo, que se habra tenido que efectuar en senticontrario a las agujas del reloj. La correcta imagen de la evolucin tectnica de los Pirineos Vascos tiene que insertarse en el cuadro ms amplio del conjunto de movimientos que han determinado la abertura del Golfo de Vizcaya y el desplazamiento relativo de la placa ibrica respecto a la placa europea. No tenemos el propsito de resear y discutir los modelos propuestos para reconstruir dichos movimientos. En muchos de ellos se hacen intervenir giros y traslaciones hasta llegar a la posicin actual de la Pennsula Ibrica respecto de Europa, pero unos y otros difieren en el mecanismo y trayectorias de los movimientos que determinan la abertura del Golfo y tambin a la poca en que sta se ha realizado (LE PICHON et al., 1971; MATTAUER y SEGURET, 1971; MONTADER y WINNOCK, 1971; BACON y GRAY, 1970; CHOUKROUNE et al., 1973, etc.). De entre estas hiptesis vamos a retener la de X. LE PICHON et al. (1971), modificada despus en diferentes publicaciones (CHOU-
KROUNE, LE PICHON, SEGURET y SIBUET, 1973, y CHOUKROUNE, SEGURET y GALDEANO, 1973). Estos autores suponen que la falla norpirenaica es una falla transformante y que la placa ibrica ha sufrido un giro con respecto a la europea, estando situado el polo de giro en los alrededores de Pars. A medida que progresa el movimiento de rotacin, el polo se desplaza de N a S (fig. 61). Este movimiento determina que la colisin entre la placa ibrica y la europea se efecte en la que actualmente es parte oriental de la falla norpirenaica; entre tanto, en el Pirineo central y, sobre todo, en el occidental reinan condiciones de tensin. Como se indica en la fig 62, la colisin tuvo lugar hacia el fin del Cretcico superior (CHOUKROUNE, SEGUREY y GALDEANO, 1973). Hasta el Eoce no medio se acumulan sedimentos en el Pirineo occidental y a partir de este momento se hace patente en este segmento de la cadena la aproximacin N-S de las placas ibrica y europea, pivotando ligeramente la primera de ellas alrededor del punto de colisin (fig. 62, C y D). De esta manera el mximo de las compresiones pirenaicas tiene lugar a finales del Cretcico o a principios del Terciario en el Pirineo oriental y en el Eoceno superior en el occidental. Tomando como referencia la tectognesis del Pirineo, se distingue ...un movimiento prectectnico de la placa ibrica en relacin a la placa Europa que puede ser considerado como un cizallamiento siniestro a lo largo de la direccin transformante norpirenaica. Despus de la colisin de las placas que interrumpe el movimiento cizallante, sobreviene una aproximacin N-S; el hecho mismo de la colisin y la aproximacin ulterior se consideran movimientos sintectognicos. Durante los prolongados movimientos pretectocnicos las condiciones de tensin facilitan la individualizacin de bloques con movimientos verticales, segn direcciones a veces transversales y frecuentemente oblicuas a las trayectorias de desplazamiento de la placa ibrica: estos accidentes de tensin asumen el papel paleogeogrfico de limitar los macizos paleozoicos y el borde de la cuenca hasta el Cretcico superior. En este mo-
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Fig. 61. Modelo cinemtico de la apertura del Golfo de Vizcaya (segn CHOUKROUNE. SEGURET y GALDEANO. 1973).
mento en el cual, por el E, se inician los movimientos de compresin por colisin de las placas, el Pirineo occidental muestra todava condiciones de extensin y subsidencia; se diferencia entonces un surco de direccin E-W que recoge los sedimentos que van a constituir el flysch de Guipzcoa, transportados desde el E, y los de la Formacin Jaizkbel, que provienen del N y se extienden formando conos de deyeccin. Despus del Eoceno inferior y en una poca que nosotros no podemos precisar exactamente, sobreviene la aproximacin de las placas, con el consiguiente desarrollo de compresiones N-S. El acortamiento N-S hace que la falla de Aritxulegui se convierta en un accidente ca-
balgante hacia el N, que pinza la terminacin occidental de la cuenca de Vera. La misma falla tiene una componente de salto en direccin que pensamos compatible con la situacin de los esfuerzos; el bloque SSW de la falla se desplaza hacia el W y es quizs en relacin con este movimiento cuando se genera la zona de escamas de Ereozu (N60E). cuyas fallas inversas se amortiguan al alcanzar la falla de Aritxulegui. Simultneamente a estos movimientos se producen otros cabalgamientos como el del borde S de Cinco Villas o la falla inversa de Usrbil. Ms al W, donde la cobertera se hace ms potente, se conforman pliegues de direccin NW-SE, superpuestos a los N60E en el
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sector de Villabona. El cabalgamiento del Pagoeta supone la traslacin hacia el NE de la sucesin del Gazume, como respuesta a las condiciones regionales de acortamiento. Las estructuras NE-SE y N60-E resultan en nuestro planteamiento casi contemporneas a la vez que se explica su desigual distribucin para determinadas reas. As, en el contexto de movimientos y tendencias ms generales de la corteza terrestre, puede insertarse la evolucin de un segmento de cordillera como el nuestro, comparativamente reducido. Es cierto que muchos detalles de nuestro trabajo no tienen por el momento cabida en una interpretacin tan vasta, pero tambin es verdad que la sujecin a una hiptesis generalizada, a pesar de los riesgos que suponen presumibles modificaciones, proporciona un aspecto grandemente esclarecedor.
Fig. 62. Imagen de la evolucin del dominio pirenaico plegado en relacin con los desplazamientos relativos de la placa ibrica y de la placa europea (segn CHOUKROUNE, SEGURET y GALDEANO. 1973). A, entre el Tras y el Cretcico superior; B, al final del Cretcico; C, en el Eoceno medio; D, en el Eoceno superior-Oligoceno.
RESUM Dans lensemble des Pyrnes Basques on tudie la zone de plus grande courbature de lArque Basque (entre le Bidasoa et Zarauz): ou affleurent des matriaux palozoques qui forment partie des massifs de Cinco Villas y Larrun-Aya, et doutres mesozoques et tertiaires appartenant a la couverture alpine de ceux-ci. Le Palozoique de Cinco Villas et LarrunAya se prsente a louest du Bidasoa trs incomplet, seulement les termes stratigraphiquement les plus hauts y sont reprsents; supposant que dans lensemble ils appartiennent au Carbonifre. La partie la plus infrieure est reprsente par une formation calcaire (calizas de Aranaz), qui est couronne par une paise succession trs monotone reprsente par lalternance de schistes et grs schisteux, avec intercalations de calcaires et poudingues (Sucesin esquistosa de Cinco Villas). Dans la Sucesin esquistosa de Cinco Villas sencaissent de rocks granitodes qui dveloppent une aurole de mtamorphisme thermique. La couverture msozoque-tertiaire qui recouvre en discordance les matriaux palozoques est forme par des rocks dons lge est comprise entre le Trias infrieure et lEocene infrieur. Lhistoire sdimentaire du cycle alpidique est caractrise, de mme que dans lensemble du bassin Basque-cantabrique, par la succession de priodes transgressifs et regressifs. Ces cycles du bassin se manifestent dune faon particulire dans la zone NE de Guipuzcoa, a cause de la proximit des massifs palozoques, qui restrent probablement mergs dans des poques diffrents dans le Msozoque. Les changements de facis et paisseurs, et les hates sont un exposant trs clair de la position marginale o
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se dposent les formations de notre rgion. Du point de une tectonique, le trait le plus important dans la rgion est la superposition de deux cycles orogniques qui laissent, chacun deux son trait particulier dans les matriaux dformes. Dans lorognese hercynien, le Palozoque de Cinco Villas est soumis a plusieurs tages de deformation succssives. Il est difficile de les reconnatre a grande chelle a cause de la monotonie lithologique des formations carbonifres, mais a partir de ltude dtaill des micro et meso-structures on peut diffrencier deux phases principales de dformation. La premire phase est represente par des plis couchs avec flanc inverti bien developp. En relation avec ces plis une schistosit sorigine, gnralment de flux, subhorizontale et parallle a la estratifications dans les flancs des plis. Les plis de cette premire phase hercyniene sont dforms par dautres plis appartenant a la phase deux. Leur style est diff-
rent selon la lithologie des nivaux dforms. S2 est une schistosit de crnulation peu penetrative. Linestabilit tectonique alpidique se prolongea le long dune large priode de temps. Quelques phases noriginent que des mouvements verticaux de grands blocs, profitant peut-tre des accidents antrieurs. Le style des structures alpines est diffrent dans la couverture et dans le socle, daccord avec les caracteristiques mcaniques de chacun des tages tectoniques. La structure de la couverture est le rsultat de la combination de trois types daccidents: des diapires, des plis (de deux directions, N60E et NW-SE) et des failles inverses. Mme entre les structures dun mme type il existe quelques diffrences de style; dans quelques cas elles sont dissarmoniques par rapport au socle, dans dautres cas la dissarmonie semble ne pas tre totale et la couverture sadapte au sustrat le plus rigide.
LABURPENA Euskal Pirinioen multzoaren barrenean. Euskal Herriko Arkuaren Kurbatura handieneko aldearen estudioa kokatzen da (Bidasoa eta Zarautz artetik) hemen bost hirietako eta Larrun-Aiako harrietako materiale hertzinikoak eta beste batzu mesozoikoak eta tertziarioak, aurrekoen estalki-geruza (cobertera) alpidikokoak lur gaineratzen dira. Bost hirietako eta Larrun-Aiako harrietako Paleozoikoa, Bidasoaren Mendebal aldean azaltzen da, ez oso osatua. Bakarnk maila estratigrafiko gorenak agertzen dira, eta pentsatzen da, bere asotasunean, karbonifero adinekoak direla. Behekaldean Karre arrizko formazio batez dago osatua (Arantzeko karearriak) honen gainean suzesio oso haundi eta monotono bat dago bere litologia lutitak eta Rarearriak dira, karearrizko eta konglomeratuen interkalazio batzurekin (Bost hirietako eskistozko suzesioa). Bost hirietako eskistozko suzesioa harkaitz granitoideaz intruitoa dago, hauek inguruko harkaitzean metamorfismo termikoaren aureola (eraztun) bat sor arazi dute; hau 100 Km.2 luzaeran lur gaineratzen da, Aiako harrietako stockean. Diskordantzian, materiale paleozoikoak tapatzen dituen estalki-geruza mecozoiko-tertziaroa, Behe Triasiko eta Behe Eozeno arteko harkaitzez dago osatua. Ziklo alpidikoaren historia sedimentarioaren bereizgarria, Kantauri harro guztian bezala, lurbarneratze eta lurratzeratze garaien suzesioa da. Harroen oszilazio hauek Gipuzkoako meroriental aldean oraltzen dira bereziki, Macizo paleozoikoen hurbiltasunagatik; hauek mesozoiko adinetako garai ezberdinetan lur gainean egon ziren. Fazies eta lodiera aldaketak eta hiatoak, ondo adierazten dute, gure eskualdeko formazioak jalkun direneko posizio marjinala. Tektonikoki, beharbada harroaren berezitasun nabariena, bi orogenien gainkokatzea da, bakoitzak bere seinale berezia uzten duelarik materiale deformatu ezberdinetan. Orogenia hertzinikoan, Bost hiretako Paleozoikoa batak bestearen atzeko deformaziozto etapak jasan ditu, eta zailak dira eskala handian ezagutzeko, formazio karboniferoen berdintasun litologikoarengatik; baina mikro eta mesoestrukturen estudio zehatze-
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tuk hasita, bi tolestaduraren fase garrantzitsuak bereiz daiteke. Lehenengoa. tolestadura etzandagatik ezagutzen da, alderantzizko flankoa ondo bilakatua dutelarik, eta, hauekin batera, eskistositate bat sortzen da, fluxuzkoa gehienetan, subhorizontala, estratifikazioaren subparaleloa, esandako tolestaduren flankoetan. Lehenengo fase hertziniko hontako tolestadurak, bigarren faseko beste batzurengatik daude deformaturik. Hauen tankera, maila deformatuen litologiaren arauera aldatzen da. S2 krenulaziozko eskistositatea, penetrazio ahulekoa da. Inestabilitate tektoniko alpidikoa, denbora haundi batetan zehar luzatu zen. Bere bilakaeraren fase batzuk ez dituzte deformazio nabariak baldintzatzen, eta gehienetan bloke
haundien higidura bertikalak sortzen dituzte, akzidenteak, edo ahultasmaren alde zaharrak erabiIiz. Estruktura alpidikoen tankerak estalki-geruza eta zokaloari ezberdinak dira, maila bakoitzaren berezitasun mekanikoei begira. Estalki-geruza estruktura hiru akzidente motaren konbinazioa da: Diapiroak (Oiartzun, San Marcos-Martutene. Santiagomendi, Zarauz) tolestadurak (Bi direkziotan N60E eta NW-SE) alderantzizko failak (Eremotzuko faila, Pagoetakoa) eta tentziozko failak. Mora berdineko estrukturen arteau ere, ba dira zenbait tankerazko diferentziak. Kasu batzutan zokaloarekiko disarmonikoak dira, besteetan ez dirudi disarmonia erabatekoa denik eta estalki-geruza estratu gogorrenari adaptatzen da.
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Fot. 1. Grauwaca cuarzosa. Granos de la trama de tamao arena fina a gruesa. Matriz limoso-arcillosa. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (nicoles cruzados).
Fot. 2. Lutita la Sucesin esquistosa de Cinco Villas, mostrando los elementos orientados paralelamente a S1. (nicoles cruzados).
Fot. 3. Rudita bimodal con la moda principal en el tamao limo. Cantos rotos y alargados segn S1. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (nicoles cruzados).
Fot. 4. Rudita bimodal mal clasificada. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (nicoles cruzados).
Fot. 6. Rudita bimodal con cantos groseramente alargados segn S1. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (nicoles cruzados).
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Fot. 7. Fenocristal de cuarzo rodeado de una corona de pequeos granos de biotita y hornblenda verde. Granito de Peas de Aya, facies del borde (nicoles cruzados).
Fot. 8. Fenocristal de feldespato potsico con desarrollo de textura granofdica en su borde externo. Granito de Peas de Aya, facies interna (nicoles cruzados).
Fot. 9. Fenocristal de feldespato potsico con inclusiones de cuarzo en su borde externo. Stock de Peas de Aya, facies del borde (nicoles cruzados).
Fot. 10. Fenocristal de cuarzo de contorno ameboide. Stock de Peas de Aya, facies del borde (nicoles cruzados).
Fot. 11. Biotita parcialmente desferrificada. corroida por cuarzo. Granito de la zona interna del stock de Peas de Aya (nicoles cruzados).
Fot. 12. Cuarzo redondeado de cristales de biotita. Granito de Peas de Aya, facies de borde (nicoles cruzados).
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Fot. 13. Cristal de plagioclasa incluido en feldespato potsico. Stock de Peas de Aya, zona interna (nicoles cruzados).
Fot. 14. Cristales de cuarzo poligonizados, mostrando puntos triples. Aureola de contacto del stock de Peas de Aya (nicoles cruzados).
Fot. 15. Cristales de Mica y cuarzo poligonizados. Corneanas de la aureola del stock de Peas de Aya (nicoles cruzados).
Fot. 16. Cristales de biotita y turmalina desorientadas. Corneana de la aureola de contacto del stock de Peas de Aya (slo polarizador).
Fot. 17. Aspecto del moteado producido por concentraciones de xido de hierro. Corneana de la aureola de contacto del stock de Peas de Aya (nicoles cruzados).
Fot. 18. Detalle de las motas de oxgeno de hierro. Corneanas de la aureola del stock de Peas de Aya (nicoles cruzados).
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Fot. 19. Motas de xido de hierro parcialmente sustituidas por mica y andalucita. Aureola del stock de Peas de Aya (nicoles cruzados).
Fot. 20. Cristal peciloblstico de andalucita. Aureola del stock de Peas de Aya (nicoles cruzados).
Fot. 21. Cristales de andalucita de la aureola de contacto del stock de Peas de Aya, sector de Artientza (nicoles cruzados).
Fot. 22. Micas poligonizadas en las corneanas de la aureola de contacto del granito de Peas de Aya (nicoles cruzados).
Fot. 23. Aspecto de una S2 de fractura. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (slo polarizador).
Fot. 24. Crenulacin de F, en lutitas de la Sucesin esquistosa de Cinco Villas (slo polarizador).
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Fot. 25. Esquistosidad de fractura de F2. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (slo polarizador).
Fot. 26. Aspecto de la crenulacin de F2, afectando slo a los niveles ms lutlicos. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (nicoles cruzados).
Fot. 27. Micropliegues de F2 en los que se aprecia el desarrollo de una crenulacin de los minerales de grano ms fino. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (slo polarizador).
Fot. 29. Crenulacin de F2 afectando slo a niveles lutticos. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (slo polarizador).
Fol. 30. Aspecto de S1 en una zona de charnela de un P1. Sucesin esquistosa de Cinco Villas (nicoles cruzados).