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De Profesión, Entrenador de Fútbol Base

Este documento describe la labor del entrenador de fútbol base y la importancia de su trabajo en la formación de los jugadores más jóvenes, aunque a menudo no reciben el reconocimiento que merecen.
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De Profesión, Entrenador de Fútbol Base

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DE PROFESIÓN, ENTRENADOR DE FÚTBOL BASE

Uno de los objetivos principales de cualquier entrenador de fútbol base es o debería ser
el de hacer que los niños disfruten practicando deporte de forma que podamos
seducirlos para que sigan practicándolo en el futuro.

Existe una teoría bien razonada que defiende que los mejores entrenadores deben estar
en los equipos de base, cantera de los futuros deportistas y a largo plazo lugar del que
deben nutrirse los primeros equipos. Los mejor entrenadores, con más conocimientos,
experiencia y ganas deberían entrenar a los más pequeños ya que es en estas edades
cuando realmente se aprenden mejor los conocimientos y dónde se van a dar cambios
importantes de cara al futuro del jugador. Esta misma teoría argumenta, con gran
sentido, que la mejor inversión es trabajar bien la base de la estructura deportiva de un
club para ascender a chavales y que el primer equipo se alimente, mayoritariamente, de
chicos de la zona. Pero en la práctica, esta defensa del proceso de cantera no se cumple,
los clubes siguen eligiendo, para sus primeros equipos, caros entrenadores externos, que
siguen sus propias “ideas”, que nada tienen que ver con ese “modelo” implantado desde
su base.

Es utópica la reflexión de que en el fútbol base deben estar los mejores entrenadores, es
prácticamente imposible, aunque debemos valor lo que tenemos, y el mérito que tienen.
Cada vez es más asiduo ver jóvenes entrenadores que comienzan su carrera con el fútbol
base, educando y tratando de transmitir toda su ilusión y conocimiento a un grupo de
niños. Generalmente, muchos de ellos, utilizan este tipo de categorías para iniciarse en
los banquillos, coger experiencia, e ir progresando poco a poco. El entrenador de
cantera, aunque menos reconocido por la prensa, es el que lucha con padres y familiares
en la educación del pequeño y futuro jugador de fútbol. Este entrenador es consejero y
maestro del niño para su logro en la competición. Iniciador de sus principales nociones
para que comprenda el juego, generando una cultura en el futbolista que, a través de sus
experiencias, le facilite la toma de decisiones en un deporte en el que es muy importante
pensar.

Los educadores de cantera, con un bajo coste económico, en ocasiones ridículo, en


comparación con las horas de trabajo y dedicación, ven tremendamente dificultada su
labor por el entorno, por culpa de padres y directivos y su sola preocupación por ganar.
Este problema se nos escapa, y no podemos controlarlo, la educación del entorno. Y es
que al final, cualquier aficionado cree que sabe de fútbol, se considera entrenador,
posiblemente, más para criticar que para alabar. El entrenador de fútbol base, haga lo
que haga, será discutido. Si todos los niños juegan lo mismo, el padre que cree que tiene
una estrella se quejará de que su hijo no juegue más. Si los más destacados juegan un
poco más, el padre del que tiene un nivel inferior, se quejará de que su hijo juegue
menos. Si nos preocupamos de formar, en vez de ganar a toda costa, habrá padres que
miren más el resultado que el progreso. Incluso habrá padres que critiquen las
directrices del entrenador, que no hable o grite poco.

Pero también tenemos que hacer cierta autocrítica como profesionales de la enseñanza.
Bien es cierto que hay unos entrenadores mejores que otros, entrenadores con verdadero
espíritu de formación y otros más pendientes de resultados, para los que lo primero es el
marcador. Entrenadores que no recomendaríamos, que poco bien hacen a sus jugadores
y que deberían ser formados de nuevo. Observamos entrenadores que solo buscan éxitos
inmediatos para su beneficio, no se consideran formadores para la base, se
creen entrenadores de la victoria. Su único objetivo es ganar y ganar, y se despreocupan
totalmente del ¨como¨ ganar. Vemos partidos de etapas de base, donde solo juegan los
mismos niños. Observamos eternos suplentes, o entrenadores que hacen un sólo cambio
a lo largo de un partido, o niños que juegan unos pocos minutos. Entrenadores en
formación que usan continuamente palabras mal sonantes o insultos para dirigirse a sus
jugadores o hacia el árbitro o rival, sin darse cuenta, que él es un espejo de los jugadores
de su equipo. ¿Cómo es posible que un padre ponga a disposición de esos individuos la
educación de sus hijos? ¿Los dejarían en manos de un profesor en un colegio, con
educadores de esas características? Evidentemente NO. ¿Entonces por qué lo hacen
aquí, en la escuela o en el club de fútbol? Tan importante es la educación diaria en un
colegio, como en una escuela deportiva. Los padres debemos asistir, en la medida de lo
posible, a ver los entrenamientos de nuestros hijos y ver en manos de quien están. A
veces, este fútbol, desmotiva cuando vemos que el respeto hacia los niños y hacia el
árbitro se pierde.

La formación del entrenador es fundamental. Tiene que estar preparado para educar y
dirigir. Necesitamos unos procesos de aprendizaje y educación para poder llevar a cabo
la difícil misión de entrenar niños. Debemos estar preparados para entender por qué un
niño es tímido, o porqué un niño no evoluciona, o porqué un niño no se relaciona con
otros…El ser un buen formador es fundamental para el buen funcionamiento de un
grupo. Esto no está reñido con ganar. Lo importante es enseñar el camino para ganar. Y
para ello la formación y educación están muy por delante. Los jugadores deben recibir
enseñanzas: no gritemos a un jugador por un error, guiémoslo hacia la solución del
problema que no ha sabido resolver por sí mismo, démosle indicaciones útiles para que
logre el objetivo, aconsejémosle que hacer y que no. Cometemos el error habitual de
asociar la palabra resultado solo al marcador final de un partido, sin valorar la conducta
y evolución técnica de nuestros jugadores.

El fútbol de cantera fabrica los cimientos del joven jugador, es la base de su


conocimiento deportivo, elimina vicios y ayuda al futbolista aprovechando los recursos
que dispone. Podemos seguir vendiendo de forma populista que apostamos por la
cantera y que asistimos los fines de semana a ver a nuestros equipos en las diferentes
categorías, haciéndoles ver a sus padres nuestro interés por ellos, pero necesitamos algo
más, necesitamos que las instituciones se conciencien y nos crean, crean que el futuro
del deporte, el futuro del fútbol, es la cantera, la base, los niños, y no únicamente los
jugadores del primer equipo. No esperemos a una mala situación económica para
apostar por la cantera, hagámoslo por creencia deportiva, porque pensemos que es la
mejor forma de funcionar. Confiemos en esos chavales que quieren dejarse la piel por
su equipo del alma, por el club que han conocido y con el que han jugado desde
pequeño, por su ilusión de llegar a jugar con el primer equipo. Apostemos por cambiar
estructuras internas que requieren de tiempo y paciencia, apostemos claramente y con
pulso firme por jugadores jóvenes que probablemente estén más agradecidos y más
involucrados con el equipo que aquellos que acaban haciendo más cara la estructura de
cualquier club.

Soy entrenador de fútbol base por los buenos entrenadores que he tenido, y por los
malos también. Soy entrenador, porque me gusta transmitir conocimientos, promover
valores, porque, en ocasiones nos vemos afectados por el desánimo cuando observamos
que el entorno social no valora suficientemente nuestro trabajo, por ver el progreso del
niño, por el sentimiento de soledad que padecemos ante la enorme responsabilidad con
la que hemos de cargar en el desempeño de nuestro trabajo, por sentirme responsable
conmigo mismo, con mis alumnos, con mis compañeros. Soy entrenador para
comprometerme a mejorar la vida de los niños, animarlos a esforzarse, ayudarlos en su
formación, ver cuando ponen en práctica lo entrenado. Por ver al futbolista que educaste
unos años después y ver en lo que se ha convertido. Ese orgullo silencioso que se queda
en el interior del que educa, esa satisfacción personal del trabajo bien hecho, el haber
logrado algo bueno. Soy entrenador porque, cuando enseño, lo hago como una forma de
dárselo a los demás, intentando transmitir pasión por este deporte, me gusta porque
aprendo de mis alumnos. Soy entrenador de fútbol porque me gusta enseñar y aprender,
porque no existe nada más satisfactorio que los jóvenes expresen y desarrollen lo
aprendido, sean ellos quienes lleguen al conocimiento, atenderlos ante la adversidad,
llegar al respeto y al cariño del niño a través de su pasión por el deporte, Soy entrenador
porque cuando hablo con mis jugadores me gusta decirles que, en muchas cosas, el
fútbol es como la vida: que si tenemos un poco de talento y trabajamos en equipo, si
encontramos cuáles son nuestras virtudes y entrenamos duro para mejorarlas, nos irá
bien.

Entrenar es muy fácil, pero entrenar bien…muy difícil. Ser un buen profesional es
conocer a fondo la labor que practicamos, realizándola con vocación y agrado, con
responsabilidad y seriedad, preocupándonos de estar al día en los avances que tenga esa
profesión. El pensar antes de actuar, el concentrase en la labor, el mantener la empatía
hacia los demás y la confianza en lo que uno hace, son también factores positivos. Pero
hay algo más. Un buen profesional debe tratar siempre de facilitarles a sus colegas sus
experiencias y conocimientos. Sólo así será además un factor de confianza en su sector.
La habilidad de un entrenador, y más en concreto de uno de fútbol base, se traduce en la
capacidad de transmitir a sus jugadores sus conocimientos, con el fin de que los hagan
suyos, dotándolos de un sano espíritu competitivo. Soy entrenador de niños porque,
cuando los entreno, no pretendo que sean lo que yo quiero que sean, me importa que
lleguen a ser todo lo que pueden ser, o por lo menos que lo intenten.

Quisiera alabar y agradecer la figura del entrenador de fútbol base. Ese es el entrenador
que realmente no tiene precio. Es difícil expresar lo que significa ser ese tipo de
entrenador, que un niño a tu cargo llore por el fútbol, que tu abrazo o tus palabras de
ánimo o incluso una sonrisa pueda hacerlo feliz, le hagas olvidar sus malos momentos,
disfrutando con un balón. Ese entrenador que daría cualquier cosa por jugar el partido,
que respira tensión, preocupación, inquietud, compañerismo, el que dirige al grupo, que
se traga las lágrimas e intenta trasmitir tranquilidad a esas inquietas y aceleradas
criaturas, el que antes de salir al campo reúne al equipo, para que realicen su grito de
ánimo: ¿Qué vamos a hacer? Jugar y divertirnos.

Posiblemente, tenga la ilusión de llegar a entrenar a algún equipo de élite, cuanto más
arriba mejor, aunque no persigo con ansia tener una carrera exitosa, simplemente quiero
disfrutar, formar y enseñar. No me importaría pasar toda mi trayectoria con el deporte
de cantera, porque me encanta y soy feliz siendo entrenador de fútbol base.

Pedro Meseguer Díez


Técnico Deportivo Superior
Entrenador Nacional de Fútbol

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