Lumbier 78
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las intrigas de 10s cardenales desveladas en un docurnento inkdito del abate ATTO MELANI, castrato y esph del Rey Sol
edici6n a cargo de
M o n a l d i G. S o r t i
Atto Melani (Pistoia, 1626-Paris, 1714) fue uno de 10s mhs grandes castrati: su canto fue alabado por La Fontaine, y la reina de Francia no se iba a dormir si no lo oia cantar un aria. El cardenal Mazzarino lo inici6 en las artes del espionaje, que Atto pronto despleg6 en las diferentes cortes que frecuentaba con ocasi6n de sus recitales. Se convirti6 en consejero y amigo de cardenales, principes, soberanos y pontifices. Para complacer a Luis XIV, a quien servia, consigui6 que eligieran Papa a un cardenal amigo. Desde entonces fue la mano oculta del Rey Sol en Roma durante las elecciones papales: nadie conocia mejor que 61 10s trucos y artimafias de 10s c6nclaves. Como todos 10s buenos espias, sirvi6 a demasiados patrones. Traicion6 y fue traicionado, subi6 10s escalones del txito y mis tarde cay6, gan6 muchas batallas y perdi6 otras tantas. Muri6, el mis longevo entre 10s castrati de todos 10s tiempos, con ochenta y ocho aiios.
las intrigas de 10s cardenales en las elecciones de 10s papas desveladas por el abate
ATTO MELANI
edici6n a cargo de
Al Rey
Sire:
Dos razones me llevan apresentar estas memorias. La primera es el deseo, antes de que terminen mis dias, de que Vuestra Maj'estad sea informada de muchos hechos que conciernen a la corte pont$cia y que tal vez nadie se haya tomado au'n la libertad de contaros. La segunda es la urgencia de hacer saber a VuestraMajestad que Vos enpersona debe'is elegir en el seno del Sagrado Colegio un buen su'bdito de Francia, capaz de defender 10s intereses de la Santa Sede y de mantener lapaz que Vos babe'is traido recientemente a toda Europa.
Si estas consideraciones merecen Vuestra aprobacidn,podre' sentirme recompensado; he intentado abstenerme de cualquier prejuicio, y estimo todo lo pue vais a leer sumamente importante para vuestro serVZCZO.
Me ha guiado el deseo de verdad, que al mismo tiempo da testimonio de la indisoluble devocidn yueprofesare'eternamente a Vuestra Sacra Persona, y elprofundo respeto con pue siempre me considerar4 Sire, el bumildisimo,jidelisimo, obedientisimoy apasionadisimo sewidor de Vuestra Majestad Abate MeZan i Paris, a60 1700
Primera Parte
La corte pontificia de Roma esti dotada de grandes medios e infinitos recursos; el pretext0 de la religion le garantiza un enorme poder sobre los espiritus dibiles, plebeyos y devotos.
3. La carte ~ontificia es mas isoderosa que todos los demas reinos del mundo
Dicha corte esta a1 corriente de todos 10s secretos e intrigas de las otras cortes. A diferencia de 10s demds soberanos, de hecho, el Papa tiene la ventaja de poseer diseminados por todo el globo terraqueo un numero elevadisimo de prelados, eclesiisticos, jefes y superiores de 6rdenes religiosas, todos conectados constantemente entre si y con 10s padres generales y 10s nuncios. Y todos proporcionan informacion a Roma, incluidos 10s secretos mas ocultos de las familias reinantes. Por tanto, no es dificil comprender por quC la corte pontificia es tan poderosa y temible. Ningun soberano deberia despreciarla jamas, mas bien deberia dedicarle mucho dinero. Si no se desea engatusarla propiamente, conviene a1 menos tratarla con prudencia y cultivar su amistad. D e esa manera se estara protegido, si no de otra cosa, a1 menos de todos 10s males de que es capaz: incluso cuando parece tranqui-
5.
Com~ortamientos que conviene evitar Para poder negociar en Roma son necesarias moderacih, complacencia, flema y capacidad de discernimiento. La volubilidad, y aun mas el desprecio, hieren prohndamente a la Santa Sede. Quien promete y no mantiene, es llamado en Romaparabolano, es decir, hablanchin. Conviene, por tanto, hacer una religi6n de cumplir todo lo que se promete a la corte pontificia. De otro modo, si se siente ultrajado, el Papa desfogari seguramente su ira. Y 6 1 esta siempre al corriente de todo: por consiguiente, puede vengarse como le plazca sin miedo a reacci6n alguna. Cuando se llega a dicho punto, las cosas podrian malograrse ripidamente: hay nuncios que, si el Papa tiene roces con alg-cin soberano, secundan su resentimiento y le refieren el contrario de lo que se les dice. Un ejemplo reciente seria el cardenal Ranucci, nuncio en Francia, que manipulaba casi
siempre la informaci6n destinada a1 papa Inocencio XI. Tanto es asi que Vuestra Majestad, para hacerle comprender que lo habia descubierto todo, lo oblig6 a repetir publicamente todo lo que le habia dicho en privado. Los franceses, por su parte, deben moderarse y liberarse de la eterna sospecha hacia todo aquello que no sea franc&. S61o en 10s c6nclaves es legitimo desconfiar de todo y de todos, incluso de aquellos que se sittian de nuestra parte. En el c6nclave no hay nadie que no tenga en mente un Papa a1 que designar, y que no estk preparado para sacrificarlo todo por la ambici6n, el inter& y la venganza.
te, no hay arte o astucia que no utilice para mostrar buena voluntad, cuando en realidad esta maquinando lo contrario. E n Roma esta forma de actuar se llama <<dar palabras per0 no la palabra,,.
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D e los papas eleaidos por error
El metodo habitualmente seguido en 10s conclaves es el siguiente: escrutinio tras escrutinio las facciones se reparten 10s votos, hasta que se llega a un acuerdo sobre el candidato que hay que elegir. Pero puede suceder que se cometa una equivocation fatal: votar a un cardenal de otra faccion solo para complacerlo, o para secundar las peticiones de amigos, creyendo erroneamente que pocos mis lo votarin. E n muchos casos ha ocurrido que, sin querer, ha acabado como Papa.
Hubo una Cpoca en que 10s cardenales y 10s embajadores disponian de una gran ventaja. El Sagrado Colegio estaba dividido en numerosas facciones, y cada una tenia un jefe; observando sus intereses e inclinaciones, las coronas podian intuir con bastante claridad quiCn iba a ser elegido Papa y con q u i h convenia aliarse. De ese modo, 10s c6nclaves duraban poco y eran bastante sencillos. No solo eso: se evitaba ademas el resentimiento de 10s vetos manifiestos, impuestos por esta o aquella corona a la eleccion de este o aquel cardenal, y no se estropeaban las relaciones con candidatos que inmediatamente despuCs podrian resultar utiles. Por ultimo, se eludian 10s rencores del pueblo o de 10s ciudadanos individuales. Hoy, en carnbio, el conclave esta condenado a ser largo, dificil y plagado de vetos manifiestos.
De hecho, ningun cardenal esta dispuesto a renunciar a la eleccion. Y dado que hoy en dia existe una multitud de ellos sin jefe de faccion, no hay mas remedio que pedirle a cada uno el voto a favor de al@n otro, y entonces acaban por ofenderse: en realidad no existe cardenal que no se considere capaz de gobernar la Iglesia mejor que 10s demis.
rapidez requerida, ningun cardenal independiente osa oponerse. Funciona asi: con la m k m a naturalidad se cornunica a todos 10s cardenales que el nuevo Pontifice esta a punto de ser conducido a la Capilla del Conclave. E n dicho momento, el maestro de ceremonias da la sefial con la campana, y 10s cardenales se dirigen hacia la capilla, todos en fila uno detras de otro, c u d rebafio de ovejas. Como creen que las fichas ya se han movido, se preguntan unos a otros quiCn habrii sido el elegido, e inician la carrera por identificar a1 nuevo Papa a fin de ser 10s primeros en felicitarlo y precipitarse a pedirle alguna gracia. Con este sistema, las elecciones tienen lugar con orden y sin excesivos escindalos. Cuando, en cambio, la elecci6n depende de 10s estados de h i m 0 y 10s intereses de una multitud demasiado amplia, el capricho acaba por contar mas que el razonamiento. Por este motivo -y no por otros- al final todos creen que el Papa es elegido por el Espiritu Santo, mas que por 10s hombres.
Quien, encontrandose en condiciones de inferioridad, se muestra rigido, obstinado y agresivo, aun lo sera mas cuando, una vez elegido Papa, no tenga nada que perder o temer.
Es tarea de 10s embajadores desenmascarar a tales individuos e informar a sus soberanos. Y precisamente porque han podido ver en persona, cuando han tratado con cardenales y prelados con cargo, de lo que kstos serian capaces si ocuparan el grado mas alto. Asi pues, 10s embajadores seran responsables ante Dios y 10s hombres si, por complacencia o inter& personal, no actiian en consecuencia y ponen en riesgo tanto el bien de la Iglesia como el de su soberano.
ciaturas y 10s que no han cruzado el puente Mollo,' cuya insolencia y arrogancia son inimaginables. Ademis, para ser buen Papa no basta con haber sido buen obispo. El gobierno de la Iglesia Universal no tiene nada que ver con el de una sola iglesia.
13. De los prejuicios que se tienen contra los nuncios No debe creerse que 10s nuncios desarrollan apego por la corte extranjera que 10s acoge. iAl contrario! Terminan por conocer sobre todo sus defectos, y casi siempre modifican ligeramente la idea previa que se habian formado en Roma. Un ejemplo es el pontificado de Clemente IX:
1. Es decir, el puente Milvio, en el paso del Tiber por el norte de Roma. Para dirigirse a 10s demas e~tados europeos habia que cruzarlo necesariamente.
habia sido nuncio en Madrid durante nueve aiios, per0 como Sumo Pontifice h e uno de 10s papas mis favorables a Francia. Conviene siempre estar a buenas con 10s nuncios. Tor lo general consiguen llegar a1 cardenalato, e invariablemente son 10s primeros consultados sobre 10s asuntos que conciernen a las naciones a que antes heron enviados. Figura entre sus deberes convertirse en persona grata y conquistar la confianza de las tortes en que residen. Son 10s instrumentos con que se mantiene la amistad y el buen entendimiento entre el Papa y 10s soberanos. Cuando 10s nuncios cumplen con su deber es importante saber apreciar sus virtudes y evitar criticarlos, especialmente si se han revelado tan atentos como para satisfacer la dureza de 10s alemanes, la flema de 10s espaiioles o la volubilidad de 10s franceses.
Los mediocres y 10s dCbiles, en cambio, todo lo encuentran dificil y tienen miedo de cualquier cosa; con su conducta vacilante siembran el ma1 alli donde cualquier otro sabria fomentar el h e n . Defenderse de estos ultimos es casi imposible; harian bien en encerrarse en un claustro antes que ponerse a1 servicio de la Iglesia Universal.
L o mejor, por tanto, es preguntar a 10s criados del interesado: pajes, camareros y lacayos conocen mejor que nadie sus buenas o malas cualidades.
17. Criterios para ele~ir al candidato ideal para un carpo importante No debe juzgarse en absoluto lo que convierte a un hombre en digno de un cargo elevado, sin0 aquello que lo convierte en util y adecuado para la tarea. Puede suceder perfectamente que quien menos cercano estk de la santidad conduzca mejor sus deberes que alguien m i s santo, dado que se vera inducido a comportarse con m i s doctrina, prudencia, experiencia y habilidad.
19. Auteiztica firmeza que nace de la fuerza y solidez del corazdn v el espiritu
Si la firmeza es, en cambio, hija de la sabiduria, experiencia y solidez de juicio, sera una de las mejores cualidades que pueda tener un hombre de Estado.
El Papa que posea todas estas virtudes siempre sabra quk conviene mas a su dignidad, asi como a 10s intereses de la Iglesia y la Santa Sede.
vende como para el que compra: son bienes que no es licito vender ni adquirir. Y nos expondria a las iras del nuevo Papa.
22. Me'todo para obtener es~ontaneamente todus las prucias del Papa, sin oretender nada
Por el contrario, si uno se compromete a elevar a1 pontificado a un cardenal sin pretender nada a carnbio, se le inducira a creer que se act6a en su favor solo por afecto y estima. Una vez elegido Papa, querra seguramente dar prueba de su reconocimiento. El soberano y sus embajadores, por tanto, deben abstenerse de ejercer presi6n para obtener favores y limitarse a esperar. Si, en carnbio, el Papa repara en que 10s votos no le han sido regalados sino vendidos, no podra evitar el resentimiento. Y sera toda una suerte si se conforma s61o con despreciar a sus electores, sin llegar a una autkntica venganza.
23. Memorable ejemplo d e u l i o II; para todos aquellos que pretendan parantias de un cardenal papable
A
Santa Sede, esa actitud le vali6 ser preferido a uno de 10s mhs ilustres prelados de la corte pontificia. Los resultados se vieron pronto: no hay mhs que observar la dureza que empleo contra Francia y la indiferencia que mostr6 por la expulsion del catolicismo en ~n~laterra,' ademis de su testarudez contra todo. Siempre desconfiado y siempre dispuesto a negar las gracias que se le solicitaban, inalcanzable para quien pedia audiencia y perpetuamente inerte, durante 10s trece afios de su pontificado dejo languidecer en 10s cargos publicos y las nunciaturas a todos 10s prelados nombrados por su predecesor.
2. E n 1688, el principe protestante Guillermo de Orange invadio Inglaterra y destrono a1 catolico Jacobo I1 Estuardo, &ado de Luis XIV, lo que determino el declive del catolicismo en Inglaterra. Francia acus6 a Inocencio XI de haber favorecido la empresa. Se@n documentos descubiertos recientemente, la familia Odescalchi financi6 en secret0 durante muchos aiios a la de Guillermo de Orange. Vhse Monaldi & Sorti, Imprimatur, Salamandra, Barcelona, 2004.
Por tanto, es culpa suya que hoy, a causa de su ineptitud, queden en la corte pontificia de Roma tan pocos que merezcan distinguirse.
25.
Conducta sepuida por el cardenal Odescalchi para conuertirse primer0 en cardenal v despuis en Papa
El cardenal Odescalchi naci6 en Como, en el estad0 de Milan. Sus familiares eran banqueros, y lo enviaron a Venecia, Gknova y Nipoles para aprender el oficio. Pero mas tarde prefiri6 convertirse en soldado ylleg6 hasta el grado de capitan. En aquella tpoca todo el mundo sabia del crtdito y favor que el papa Inocencio X dispensaba a dofia Olimpia.' Y el dinero lo podia todo.
Eso le bast6 a Odescalchi para decidir trasladarse a Roma. Se present6 a1 cardenal Panziroli, secretario de Estado, con algunas cartas de recomendaci6n. ~ s t las e encontr6 tan ma1 escritas y rudas que lo acogio con extrema frialdad. Pero apenas Odescalchi le dijo que pretendia comprar un cargo en la Prelatura,' y que disponia de trescientos mil escudos en letras de cambio, su eminencia Panziroli lo hizo sentar inmediatamente en un c6modo sofa y empezo a tratarlo con exquisita cortesia. A1 cab0 de poco, Odescalchi adquiri6 un protonotariado y mas tarde una clericatura de camara. Se dedic6 entonces a cortejar a doiia Olimpia y hacerle regalos carisimos, y acab6 por encontrar el mod0 de hacerse un sitio entre sus intimos. Vino a saber que el Papa estaba a punto de hacer algunos nombramientos y que el prelado
~ u o n v i s idecano ,~ de 10s ClCrigos de Cimara, entraria a formar parte de 10s cardenales. Odescalchi decidio entonces conquistar el favor de dofia Olimpia con las cartas: durante una partida actuo de manera que le hizo ganar diez mil escudos. La dama fue advertida por uno de sus ayudas de camara, sentado detras de Odescalchi, de que su contrincante se habia descartado de su mejor juego y habia perdido adrede. Dofia Olimpia qued6 tan conmovida por aquella galanteria que, la vispera de 10s nombramientos, se acerc6 a visitar a1 Papa y lo convencio de que borrara a Buonvisi de la lista de quienes a1 dia siguiente iban a ser nombrados cardenales e incluyera en su lugar a Odescalchi. Buonvisi, a1 descubrir que se habia preferido a un hombre que pretendia entrar a cualquier coste en las prelaturas, per0 que se habia presentado en Roma con la espada, vendio
5. Girolamo Buonvisi (1607-1667), buer? amigo
Atto Melani.
cargo y se retir6 a Lucca. Regreso a Roma s610 cuando lo llam6 el papa Alejandro VII, que primero lo hizo maestro de camara y mas tarde cardenal. El cardenal Odescalchi fue inmediatamente nombrado legado en Ferrara, donde se comport6 como si hubiese renunciado a1 mundo y 10s negocios. Despuks pas6 por el episcopado de Novara, del que dimiti6 para volver a Roma. De nuevo en la ciudad, en su apartamento recibia solo a monjes, per0 sobre todo a1 abate Favoriti, que redactaba por 61 todos 10s escritos en latin que habia que presentar a las congregaciones. Empez6 a hablarse de Odescalchi como un cardenal de gran firmeza, per0 s61o por un motivo: dado que no entendia nada de todo lo que firmaba, era incapaz de responder a las objeciones que se le formulaban. Y se quedaba callado.
aiios, mientras su tio se mostraba parsimonioso y desinteresado. Las tierras bonificadas que Livio cornpro en Italia, el dinero prestado al emperador, 10s ocho millones de florines ofrecidos a la Republica de Polonia ( ~ C O si~ estuviera O a disposicion del mejor postor!), las cifras perdidas en el juego a pesar de las admoniciones de Inocencio XI1 y, por ultimo, la oferta de cuatrocientos cuarenta mil florines por el Principado de Albano, demuestran que la fortuna de Livio h e amasada con el patrimonio de San Pedro, no con el de 10s Odescalchi.
6. Livio Odescalchi (1658-1713), sobrino y iinico heredero de Inocencio XI, se vanagloriaba de una fortuna valorada en 1,smillones de escudos, s e g h dgunos debida en parte a1 dinero de la Santa Sede.
aprobacih de su rey, amenazando con un veto manifiesto (jalgo muy humillante!). Por dtirno, deberin convencer a1 Sagrado Colegio de que presente en primer lugar a 10s cardenales no gratos a su soberano y que no han querido retirarse: de este mod0 haran recaer sobre ktos un veto manifiesto, tras el que no podran volver a presentarse. Eliminados kstos, quedari la via libre para aquellos a 10s que se pretende favorecer. La sucesi6n de vetos manifiestos provoca siempre escindalo y crea numerosas enemistades; pero, como ya he mencionado, hoy en dia es imposible seleccionar un Papa sin imponer antes numerosos vetos.
mis daiiino es retractarse. Dicho comportamiento mina la propia credibilidad en la corte pontificia y suscita antipatias.
De cdmo se elepian los papas antan'o, y de los errores del cardenal Borphese
Jamis hay que a~ostarlo todo a un solo candidato: se acaba por ofender a 10s otros candidatos de la misma faccion, con el resultado de que 6stos votarin por otro. Apenas fallecido Pablo V,' el cardenal Borghese, su sobrino, entro en el conclave convencido de contar con cincuenta y tres protegidos suyos. Pretendia convertir en Papa a1 cardenal Campora a1 dia siguiente mismo, y ademis por aclamaci6n. Cual no seria su sorpresa, pues, a1 comprobar que la mayoria de 10s cardenales con que contaba lo habia abandonado.
7. Camillo Borghese, Pontifice de 1605 a 1621.
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Sus amigos mas intimos le hicieron comprender cuanto habia errado a1 apostarlo todo por Campora, descuidando a otros cardenales de grandes mkritos que formaban parte de su propia faccion. Asi pues, Borghese se vio obligado a cambiar de candidato y apoyar, a disgusto, a1 cardenal Alessandro Ludovisi, que h e elegido y tom0 el nombre de Gregorio XV.8 Fue precisamente este Papa el que, a1 cab0 de poco, ordeno que a partir de entonces las elecciones de 10s pontifices tuvieran lugar mediante sufragio secreto, y 10s votos se recontaran cuidadosamente en 10s escrutinios.
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El cardenal Francesco Barberini, sobrino de Urbano VIII,' no h e mas sabio que el cardenal
Borghese, aun conociendo bien su caso. Barberini disponia de un buen numero de protegidos, aun mas numeroso que 10s de su tio. Por tanto, se le meti6 en la cabeza llevar al pontificado a1 cardenal Giulio Sacchetti, que en efecto era uno de 10s mejores componentes del Sagrado Colegio. Los cardenales nombrados por el Papa recikn fallecido, en sefial de gratitud hacia su benefactor y por respeto a la costumbre, tendrian que haber votado segun 10s deseos del sobrino, es decir, del cardenal Barberini. E n cambio, casi la mitad de ellos lo abandon6 y se uni6 a1 cardenal de 10s MCdicis, enemigo
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de Sacchetti, quien por dicha raz6n no resulto elegido. Por este motivo 10s jefes de facci6n mas sabios y astutos jamas se fijan un solo candidato. Incluso buscan al principio candidatos en las otras facciones, para despuks hacerlos caer y atraer 10s votos sobre sus autknticos candidatos.
conocimiento concreto con un retrato del rey, un anillo o cualquier otro regdo. A pesar de que 10s embajadores franceses consideran un malgasto absoluto las pensiones secretas, en el pasado generosamente donadas por Francia para obtener 10s favores de la corte pontificia,10 en este caso resultan absolutamente necesarias. Ademis, cuando 10s prelados son recibidos por el embajador, conviene poner atencih en no hacerlos languidecer en la antecamara a la espera de recibir audiencia.
10. En realidad era el Rey quien concedia o retiraba las pensiones. Y Luis XIV, con el apoyo de Colbert, habia reducido dristicamente las pensiones secretas. Por lo tanto, Atto Melani esti lanzando aqui un reproche indirecto a1 Rey Sol.
34. Advertencia importantisima para los embaiadores en Roma Una vez ganado un prelado para la propia causa, supondria un grave error pretender controlar sus acciones, o exigir demostraciones publicas de fidelidad. De ese mod0 no se le ayudara en lo mas minimo a avanzar hacia cargos mis elevados. A1 contrario, se acabara por provocar su caida en desgracia, o por arrebatarle cualquier posibilidad de resultar util. El favor mas grande que se le puede hacer a un prelado no es recomendarlo abiertamente a1 Sumo Pontifice para que le proporcione un encargo relevante. Es mucho mejor hablarle bien de 61 a1 Papa en cada ocasion, alabando su independencia y sin pedir nada. Delante del Papa conviene escoger el tono mas sumiso y a1 poco desviar la conversaci6n hacia 10s prelados que componen la corte pontificia. Una vez entrados en el tema, el embajador podra insinuar que a1 soberano le ha
complacido saber que en el pontificado de Su Santidad se hallan tantos prelados de tan alta distincih, y que entre todos ellos, el rey ha nombrado d p n o a quien daria gustoso pruebas de su estima. Si se hace de ese modo, la re-
35.
Me'todo infalible para obtener aracias del Papa
Es un error hacer que el embajador en Roma solicite una gracia del Papa. Se daria la impresi6n de que la peticion no es tan importante para el soberano. Y ademas, en caso de fracasar, el embajador se arriesga a convertirse en chivo expiatorio, tanto en Roma como en la corte que lo ha enviado. Para obtener las mas importantes gracias del Papa, y si se desea que las conceda de buen grado, el medio mis seguro y preferido sera siempre el nuncio de Su Santidad en la corte.
El soberano debera dirigirse a C l personalmente, de manera que el nuncio pueda referir a1 Papa que el Rey en persona muestra por la cuestion el m;iximo inter&. Cuando el Santo Padre sepa que la petici6n proviene directamente del soberano, sentira un inmenso placer. El embajador puede intervenir en una segunda fase, para insistir. Si se sigue este consejo, el embajador en Roma podra exponer al Sumo Pontifice hasta las quejas y peticiones mas incomodas.
36. Conducta del embaiador que desee resultar prato al Papa v hacerse respetar por sus ministros
A 10s papas les cornplace sobre todo que no 10s molesten. El embajador que desee resultarles
grato, y de paso conquistar la estima de toda la corte pontificia, deberi impedir a sus hombres que se abandonen a 10s des6rdenes o abusen de
su autoridad y su nombre para defraudar en las aduanas. Vigilari ademis que sean puntuales en saldar sus deudas. Esta conducta seri apreciada no solo por el Papa sin0 por toda Roma, y le procurari el aplauso y la bendicion del pueblo entero. Sucede a menudo que el pueblo romano se lamenta por la partida de 10s embajadores del rey cat6lico de Espafia; y no por afecto, sino porque con 10s embajadores tambiCn se va de Roma el dinero que 10s espafioles le deben a 10s romanos. El embajador debe evitar siempre tratar con desprecio a 10s enemigos, y tiene que aludir siempre con gran moderation a la grandeza y poder de su rey. De esta manera volvera inocuos sus celos y envidia. Cuando empieza una controversia entre un embajador y la corte pontificia, conviene que todos 10s demis embajadores empleen sus buenos oficios para encontrar una solution. Jamas hay que alinearse con 10s ministros del Papa, que son maestros en sembrar cizaiia.
pensiones secretas y se intentaba ayudar a 10s prelados italianos ligados a Francia como si heran subditos de Vuestra Majestad. Desputs aquello termin6. Algunos embajadores han llevado su arrogancia hasta el extremo, e incluso se niegan a visitar a1 auditor y a1 tesorero de la Cimara Apost6lica, que son cargos del miximo rango. Pero no se comportarian asi, de todos modos, si no hubiesen recibido instrucciones precisas de la corte francesa. En la corte, por otro lado, se conocen de sobras las consecuencias de esta politica, dado que 10s auditores y tesoreros de la Camara Apostolica tienen un papel importantisimo en el gobierno de Roma, y casi siempre se convierten en cardenales.
Segunda Parte
Composicio'n del cdnclawe en que fue elepido Inocencio XI1 Partido del cardenal Altieri: 27 cardenales Partido del cardenal Chigi: 36 cardenales Aliados del cardenal Chigi: 5 cardenales Independientes: 3 cardenales Papables: 6 cardenales romanos, 5 genoveses, 4 florentinos, 4 napolitanos, 3 venecianos Sueltos: 4 cardenales Ausentes: 4 cardenales
40. Reda universal de los cdnclaves: cuando dos se fielean, se beneficia un tercero
El papa Alejandro VIII Ottoboni murio el 1de febrero de 1691, tras diecistis meses y siete dias de reinado. El dia 12 de aquel mismo mes, 10s cardenales se reunieron en conclave. Salieron tras cinco meses exactos, el 12 de julio, desputs de elegir a1 napolitano Pignatelli, arzobispo de N i p o les, que subi6 a1 trono con el nombre de Inocencio XII. No hay que maravillarse de que durante el conclave el Sagrado Colegio, compuesto entonces por seis facciones distintas, se encontrara dividido en solo dos partidos: cuando el trono pontificio esta vacante, 10s jefes de las facciones establecen por su cuenta alianzas y tratados, como principes que por ambition, cellos o cualquier otro motivo se preparan para la guerra. La Divina Providencia interviene de esta manera como para demostrar que la election de
10s papas no es obra de 10s hombres sino del Espiritu Santo. Tanto es asi que 10s mismos que en el conclave pretenden hacerse con la parte del leon, a menudo son 10s primeros en quedarse fuera. El conclave estaba dominado por las facciones de Chigi y Altieri," dos cardenales que se detestaban a mas no poder. Ninguno de 10s dos salid elegido, ni consiguid convertir en Papa a un candidato de su eleccion. Asi sucede en 10s cdnclaves cuando a dos adversarios 10s supera el odio mutuo. Ambos dicen desear la eleccion de un hombre de bien, capaz de restablecer la paz en la Cristiandad. E n realidad, solo desean ponerse la zancadilla.
[Link] llamaba en realidad Paluzzo Paluzzi degli Albertoni (1623-1698), per0 adopt6 el apellido de su tio Emilio Altieri, elegido Pontifice con el nombre de Clemente X.
42. Chipi intenta mani~ular a Ottoboni... Precisamente por su odio a Altieri, en el c6nclave anterior Chigi habia hecho elegir Papa a1 cardenal Ottoboni, que aquCl no habria votado j amas. E n un primer momento Chigi se hizo ilusiones de que Ottoboni lo recompensaria. En efecto, el Pontifice habia hecho dos promesas. La primera: casar a la sobrina de Chigi con un sobrino suyo. La segunda: nombrar cardenal a otro pariente de Chigi. Pero el papa Ottoboni, que era muy listo, encontr6 la manera de no mantener ninguna. Mand6 que el sobrino que tenia que casarse con la sobrina del cardenal visitara a Cste. El joven se present6 y dijo: <<Excelencia, siento no tener vocacion para el matrimonio, per0 os lo suplico: idecidle a mi tio el Papa que me haga cardenal!~ $maginad la c6lera de Chigi! C6lera que empeoro cuando repar6 en que Altieri acaparaba precisamente 10s privilegios
que Chigi habia esperado para si: matrimonio de sus sobrinos con 10s parientes del Papa y nombramientos de cardenales para su familia. Era para quedarse de piedra.
43. ... pero Ottoboni rie el iltimo E n materia de conclaves, sin embargo, a todo se le puede encontrar explicacion. El cardenal Chigi sabia que se habia comportado ma1 dos conclaves antes, cuando fue elegido Clemente X: habia presentado un veto clamoroso contra el cardenal Vidoni, que 61 mismo habia propuesto como candidato, s d o porque sospechaba que tenia acuerdos secretos con Ottoboni. Cuando despuks le propusieron otros candidatos, Chigi dio su aprobacih, per0 s61o a condici6n de que no se dijera ni una palabra a Ottoboni. Pretendia que el Papa fuera elegido a espaldas de kste, cosa que sucedi6.
E n Roma, que tambi6n es la mejor escuela del mundo para aprender el arte del disimulo, las injurias de esta gravedad no se olvidan ficilmente. A1 final, el cardenal Chigi acab6 tan despreciado por Ottoboni y la corte pontificia a1 completo, que durante mucho tiempo ningun jefe de facci6n quiso establecer acuerdos con 61.
Volvamos pues a1 c6nclave de Inocencio Tras varias votaciones sin resultado, en el Sagrado Colegio Cardenalicio muchos ya habian expresado su voluntad de elegir a un cardenal de Venecia, y casi todos se habian manifestado a favor del veneciano Delfino. ~ s t era e en efecto una persona de tan rara distinci6n que su elecci6n empez6 a parecer segura. Y seguramente habria sido elegido, de no haber ocurrido un imprevisto: dos afios antes, en el momento de
morir, el papa Inocencio XI Odescalchi no habia dejado jefe a la cabeza de los cardenales de su faccion, 10s poderosisimos ze~anti.'~ Y tampoco habia sido elegido un jefe desde entonces. Pues bien, como ya he mencionado, ksta es una de las mas graves catastrofes que pueden suceder en un conclave. Cuando se tienen que pedir 10s votos a todos 10s cardenales de una faccion, uno a uno, casi siempre la elecci6n acaba frustrada. El motivo es simple: todos 10s cardenales se creen mejor que el compaiiero para quien les piden su voto. Si es demasiado joven para ser elegido Papa, o sabe que no posee las cualidades necesarias, no se niega a colaborar en la eleccion de otro. Incluso da su palabra con sinceridad y sin vacilar. Pero en el momento decisivo siempre dara marcha atras, y se esforzara
12. Zelanti (celosos): facci6n de tendencia conservadora que sostenia que ninguna consideracicin mundana debia influir en ellos para la eleccion del nuevo Papa.
Justo entonces lleg6 la sorpresa: i10~zelanti se declararon abiertamente contra Delfino! E n el siguiente escrutinio otorgaron decenas de votos a otro xelante, y despuks siete votos a otro mas. El artifice del giro radical habia sido Chigi. Para justificarse puso como excusa algo que, seglin 61, le habia planteado un cardenal franc&: dado que todos querian elegir a un veneciano, el rey de Francia lo aceptaba, per0 queria a toda costa que h e r a Delfino. Chigi habia querido, en definitiva, lanzar una admonici6n: elegir a 10s papas es cosa de cardenales, no de reyes.
Por su parte, 10s zelanti seguian proponiendo un hombre virtuoso y desinteresado, capaz de restablecer la paz en Europa: el cardenal Barbarigo, obviamente uno de 10s suyos. Sin embargo, t a m b i h existia la candidatura del cardenal Buonvisi. Si Chigi y Altieri se hubieran unido para hacerlo elegir, el nombramiento habria llegado casi con certeza, visto que la reputacion de Buonvisi era altisima tamb i h entre 10s xelanti, pese a que estaban sumidos en un caos continuo por carecer de jefe. Las obligaciones que Buonvisi tenia tanto hacia Chigi como hacia Altieri no le permitian tomar posici6n. De hecho, habia sido maestro de camara de Chigi, per0 era Altieri quien lo habia convertido primer0 en nuncio y despuks en cardenal. Chigi le pidi6 entonces que vetara a Altieri, para cerrarle definitivamente el paso a1 pontificado. Pero Buonvisi se nego porque no queria ganarse el odio de Altieri.
47.
... v Chipi se uenpa,
pero queda como un pelele
Furioso por el rechazo, Chigi intent6 mancillar la reputation de Buonvisi ante 10s cardenales franceses difundiendo el rumor de que habia vetado a1 cardenal Acciaiuoli, apoyado por ellos. Muy al contrario, quien habia vetado a Acciaiuoli era el propio Chigi, mientras que el pobre Buonvisi no sabia nada. Sin dejarse impresionar por aquella calumnia, 10s cardenales franceses advirtieron a Buonvisi, y asi fue como Chigi qued6 como un pelele.
Para fastidiarlo y ponerlo en una situaci6n embarazosa, 10s cuatro eran 10s cardenales Casanate y Marescotti, ambos protegidos de Altieri, y Acciaiuoli y Rarbarigo, gratos a Francia, aliada de Altieri. La maniobra, aconsejada a Chigi por el cardenal Astalli y otros confidentes suyos, buscaba alejar a Altieri de Francia: estaban seguros de que 10s cardenales franceses preferirian a Acciaiuoli y Barbarigo, mientras que Altieri querria uno de sus dos protegidos, Casanate o Marescotti. Pero la faccion de Altieri renuncio tanto a la candidatura de Casanate, por espaiiol, como a la de Marescotti, por demasiado joven. Los franceses querian a Acciaiuoli, per0 tambikn 61 estaba h e r a de juego porque lo rechazaban tanto 10s zelanti como la Republica de Venecia, con la que habia tenido serios enfrentamientos, y a1 final la maniobra, en vez de resolverse con perjuicio para Altieri, acabo fastidiando a Chigi. A esas alturas, 10s candidatos eran desbancados sin tregua. Ottoboni propuso a su prote-
gido Panciatichi, per0 fue rechazado por 10s espaiioles. Se postul6 entonces a Altieri, que entre su partido, algunos amigos y 10s zelanti tenia treinta y ocho votos asegurados. Espaiia y Austria dieron su asentimiento. Faltaba solo el beneplacito de Francia y de Chigi. Pero Bouillon lo amenazo veladamente con que, si no daba su apoyo, se iba aver en graves problemas. Chigi convoco entonces a 10s cardenales amigos y anuncio que alguien intentaba extorsionarlo con amenazas para que votara a favor de Altieri. El escandalo fue tremendo: en menos de media hora veintiskis cardenales le juraron a Chigi que jamis permitirian la elecci6n de Altieri, que en efecto no result6 elegido.
49. Muerte del cardenal Ginetti, cuva candidatura no fue sometida a wotacidn por la timidex de los franceses bacia Altieri
Ocurri6 entonces el tragic0 asunto del cardenal Ginetti, hasta entonces &era de juego porque no contaba con el apoyo de Altieri. Ginetti era en realidad amigo suyo, pariente y protegido, e incluso 10 habia ayudado a convertirse en cardenal. Pero a Altieri no le gustaba sentirse en deuda y ademis, como hemos visto, habia esperado hasta el ultimo momento salir elegido. Don Livio Odescalchi, sobrino del d i h n t o Inocencio XI, tenia una especial predilecci6n por Ginetti, que habia sido nombrado cardenal precisamente por su tio el Papa. Ademas, Livio confiaba en casarse con la sobrina de Ginetti, heredera de una renta anual de mas de cuarenta mil escudos. Livio sabia perfectamente que a Altieri le habria encantado vengarse del cardenal Chigi, que habia impedido que saliera elegido. Asi
pues, hizo saber a Altieri que si apoyaba a Ginetti podria contar con quince votos zelanti, garantizados por el propio Livio. Espafia, de la que eran siibditos 10s Odescalchi, no se opondria. T a m b i h encargo a 10s cardenales franceses que presionaran por su parte a Altieri. Esta vez, las condiciones para resolver el conclave eran mas favorables que nunca. El Sagrado Colegio estaba agotado por la duration del mismo, y casi todos 10s cardenales papables ya no albergaban esperanzas de salir elegidos. Los cardenales franceses le explicaron a Altieri que no tenia que temer maniobras de 10s zelanti, dado que Livio Odescalchi d i s ~ o n i a de quince votos suyos, y tambitn que Francia habia recomendado calurosamente a Ginetti. Pero Altieri se empecino, alegando que era un error exponer a Ginetti a la intemperancia de 10s zelanti y de Chigi. El motivo, en realidad, era otro: Altieri queria, sobre todas las cosas, volver a presentarse como candidato en el siguiente conclave. Pero para hacerlo necesitaba que se eligiera a
un Papa anciano, que durara poco. La election de Altieri recayo sobre el cardenal Pignatelli que, dada su edad, moriria probablemente antes que Ginetti. Intimidados por el seco rechazo de Altieri, 10s cardenales franceses no osaron siquiera proponerle que se intentara una votacion. Pero fue un error: con 10s quince votos xelanti y 10s seis votos de 1.0s espaiioles, la eleccion de Ginetti habria sido segura. Asi que a1 final el cardenal Ginetti se vio abandonado precisamente por aquellos en quienes habia depositado toda su confianza. Poco despuks murio del disgusto.
Altieri vetaba a Acciaiuoli por considerarlo demasiado ligado a Chigi; Austria y Venecia lo vetaban tambiCn, per0 por ser demasiado amigo de Francia; Ottoboni vetaba a Barbarigo por excesivamente modesto y austero; Bichi a Marescotti por intereses familiares, y asi mil y una. Tal era la confusion que en el conclave todos estaban en un estado de agitacion permanente, y nadie sabia ya qu6 hacer. Solo un hombre nuevo podia resolver la encrucijada.
51.
Observaciones sodre el cardenal Pianatelli, arzobis~o de Nu~oles Pignatelli pertenecia a una de las familias mas ilustres de Nipoles, ligada a1 famoso a~ellido Monteleone. Sus antepasados habian sido grandes de Espafia, crecidos y educados en Madrid, donde aun residia su hermana. Eso 10 convertia en grato para 10s espaiioles, mi~ntras que para 10s franceses suponia un obvio motivo de
exclusion: tras el pontificado de Odescalchi, milanes y por lo tanto subdito espaiiol, para Francia habria supuesto una insensate2 aceptar a un napolitano, tambien leal a Espafia.13
la candidatura de Pignatelli. A fin de cuentas, Chigi ya habia declarado abiertamente no tener nada contra su compaiiero napolitano. Pero ahora vacil6. Pignatelli, nacido en NApoles, era subdito espafiol: $0 votarian 10s cardenales franceses?, recel6. <Par quC habrian de preferirlo al veneciano Barbarigo, que aun seguia en liza? Por toda respuesta, Ottoboni le dijo que tenia la palabra no s61o de 10s franceses, sino t a m b i h de 10s espaiioles. La votacion qued6 fijada para las seis de la tarde del 11 de julio, hora italiana. Los riesgos no eran pocos: entre 10s zelanti, que como de costumbre no acababan de ponerse de acuerdo entre ellos, algunos seguian repitiendo que Pignatelli valia, como mkimo, para obispo, no para regir la suerte de la Iglesia Universal. Para reencontrar la unanimidad, 10s zelanti se dirigieron uno a uno a1 cardenal Colloredo, penitenciario mayor," como si fueran a confe14. Cardenal a1 cargo del examen en 10s casos de conciencia.
sarle el mas terrible de 10s secretos. Cada cardenal revel6 a Colloredo su propia preferencia, y prometio que en el conclave votaria a1 candidato elegido por la mayoria de 10s zelanti. El penitenciario Colloredo en realidad queria votar por Barbarigo. Pero una vez hechas las cuentas, tuvo que resignarse y admitio que la mayoria de 10s zelanti estaba a favor de Pignatelli. Para dar prueba de su sinceridad, anunci6 que 61 mismo iba a votarlo. Finalmente, tras cinco meses de intrigas e incidentes de todo tipo, el c a r d e d Pignatelli h e elegido Papa con cincuenta y ocho votos en el escrutinio del 12 de julio de 1691, y tom6 el nombre de Inocencio XII. No obstante, siete cardenales votaron por Barbarigo, la unica vez que ha ocurrido desde que 10s papas se eligen mediante el recuento de votos. Cuando ya es seguro que un candidato ha alcanzado la mayoria, se le elige por unanimidad.
53.
Infelicidad de los cardenales salidos del cdnclave
w
Casi todos salieron del c6nclave trasquilados, except0 Altieri y Ottoboni, que obtuvieron sus ganancias. Altieri, de hecho, consigui6 hacer nombrar secretario de Estado a1 cardenal Spada, amigo suyo y protegido. Los cardenales Albani y Panciatichi, ambos protegidos de Ottoboni, lograron respectivamente 10s cargos de secretario de 10s Breves Pontificios y datario.
Pablo V (Camillo Borghese) 1605-1621 Gregorio XV (Alessandro Ludovisi) 1621-1623 Urbano VIII (Maffeo Barberini) 1623-1644 Inocencio X (Giovanni Battista Pamphili) 1644-1655 Alejandro VII (Fabio Chigi) 1655-1667 Clemente IX (Giulio Rospigliosi) 1667-1669 Clemente X (Emilio Altieri) 1670-1676
1676-1689 Alejandro VIII (Pietro Ottoboni) 1689-1691 Inocencio XI1 (Antonio Pignatelli) 1691-1700
L o consiguio, y de entre 10s mas grandes: su canto, alabado por La Fontaine, se consideraba capaz de curar una picadura de vibora. La reina de Francia no se iba a dormir si no lo oia cantar por lo menos un aria. El cardenal Mazzarino, que sabia reconocer a 10s espiritus sutiles, lo inicio en las artes del espionaje. Atto aprendio rapido y bien. Visitando las cortes con la excusa de 10s conciertos, entre un aria y otra pasaba a escondidas mensajes en clave, recogia delaciones y distribuia dossieres cargados de veneno. Cuando murio Mazzarino, todo parecia perdido para Atto. Pero desaparecido su antiguo padrino, encontro otro en el Rey Sol, mas poderoso que nunca. Con el tiempo se convirtio en consejero y amigo de cardenales, principes, soberanos y pontifices. Para cornplacer a Francia, consigui6 que se eligiera Papa a un amigo cardenal de su Pistoia natal. Desde entonces h e la mano oculta del Rey Sol en Roma durante las elecciones papales: nadie conocia mejor que 61 10s trucos y
juegos sucios de 10s conclaves. E n sus maniobras, Atto actuaba de acuerdo con sus hermanos: todos castrati y diplomaticos, mkicos y espias (uno de ellos se hizo monje; de vez en cuando sa'iia de permiso para cantar en 10s teatros, per0 acab6 en la carcel acusado de espionaje) . E n Pistoia abundaban satiras cargadas de ironia por su erre francesa, y de envidia por sus ricos ropajes y la fortuna que iba acumulando. Compro una hacienda llamada Il Batocchio (La Tranca): objetivo facil para 10s juegos de palabras obscenos. Se enamor6 de una mujer, per0 inutilmente: aun habiendo poseido 10s medios adecuados, era Maria Mancini, sobrina de Mazzarino y primer amor del Rey Sol. Huyeron de Paris, ella exiliada y Atto perseguido por sicarios. Volvieron a verse en Roma, cuando ella ya estaba casada con el principe Colonna. M i s tarde sus caminos se separaron de nuevo: 61 otra vez a Francia, ella a Espaiia, huyendo de su marido. No volvieron a verse. Durante cuarenta afios
solo pudieron escribirse, per0 61 la am6 hasta el tin. Como todos 10s buenos espias, sirvio a demasiados patrones. Con frecuencia hablo demasiado, y lo pago caro. Traicion6 y h e traicionado, subi6 10s escalones del exit0 y mis tarde cay6, gano cientos de batallas y perdio otras tantas. El Rey Sol, que de niiio jugaba con Atto y confiaba en 61 plenamente, lo sorprendi6 copiando sus cartas y lo mand6 a1 exilio durante tres lustros. T a m b i h de la Santa Sede le llegaron castigos y amarguras. Fue despreciado, objeto de burlas y difamado. Pero a1 final consiguio parar 10s golpes del destino. En la vejez resolvi6 una controversia diplomitica entre Venecia y Lucca, y en reconocimiento 10s venecianos le concedieron un titulo nobiliario. El pobre hijo del campanero habia cumplido su milagrosa paribola. Muri6, el mis longevo entre 10s castrati de todos 10s tiempos, con ochenta y ocho aiios. Fogoso e imparable hasta el ultimo rnomento, a un paso de la muerte a h planeaba regresar a la
Toscana, a sus posesiones de Pistoia, algunas de las cuales no vio nunca. Escribi6 Los secretos del co'nclave (titulo original: Me'moires secrets contenant les henements plus notables des guatre derniers conclaves; Paris, Biblioteca del Senado, manuscrito 221) en 1700, en las proximidades del conclave que elegiria a Clemente XI. Es un manual muy grato, sorprendentemente actual, rico en ankcdotas mordaces y anotaciones sobre la corte papal y sus alquimias politicas, ademas del arte de influir con medios mas o menos licitos en la elecci6n de 10s papas para a1 final conducir a1 kxito a1 candidato preferido por Francia y el Rey Sol. El manuscrito describe con particular detalle 10s secretos y las artimaiias durante el conclave del Papa recikn fallecido, Inocencio XII, tras el que h e elegido (tcasualidad?) el candidato de Francia. Casi nadie podia usar tonos tan confidenciales con Luis XIV. Sin embargo, Atto Melani conocia a1 soberano desde la infancia: el castrato italiano, de hecho, formaba parte del sCquito
de la familia real cuando huy6 de Paris tras 10s tumultos de la Fronda. Cornparti6 el exilio con el rey nifio durante casi un afio y cantaba para 61 y su madre todas las noches. Cuando escribi6 Los secretos del co'nclave, Atto Melani sabia que podia dirigirse a1 soberano mas poderoso de Europa con la confianza de un viejo amigo.
Rita Monaldi y Francesco Sorti, a cargo del presente volumen, descubrieron el manuscrito de Melani y ofrecen por primera vez al public0 una edici6n sintetizada en el contenido y modernizada en el estilo. Monaldi y Sorti han publicado las novelas Imprimatur y Secreturn, kxitos de venta traducidos a dieciocho idiomas en cuarenta y tres paises, primeros dos titulos de una saga de siete thrillers hist6ricos protagonizados por el abate Atto Melani. El manuscrito de Los secretos delcdnclave desempeAa un papel destacado en la trama de su segunda novela, Secreturn, que Ediciones Salamandra publicara pr6ximamente.
f ndice
AlRey . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Primera Parte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Segunda Parte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los papas del siglo XVII . . . . . . . . . . . . . . . Biografia de Atto Melani . . . . . . . . . . . . . Sobre la presente edici6n . . . . . . . . . . . . . 7 9
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Memorias secretas que contienen los acontecimientos mas notables de los cuatro tilrimos cdnclaues con numerosas observaciones sobre la Corte de Roma.
scrito en 1700 por el abate Melani, castrato y espia al servicio del Rey Sol, este documento inkdito recoge 10s trucos y estratagemas necesarios para influir con exito en la elecci6n del Papa. Melani, que conocia a1 soberano francks desde la infancia, se dirige a 61 con la confianza de un viejo amigo, y pone a su disposition todos sus conocimientos y experiencia para conseguir que se nombre un Papa favorable a 10s intereses de Francia. Sus consejos debieron de ser utiles, pues en el siguiente conclave result6 elegido el cardenal propuesto por 10s franceses. Los secretos del cdnclave es un manual sorprendentemente actual, rico en observaciones y jugosas anecdotas sobre la corte papal, sus alquimias politicas y el arte de influir con medios miis o menos licitos en la eleccion de 10s papas. Rita Monaldi y Francesco Sorti, a cargo de la edicion del presente volumen, descubrieron el manuscrito de Atto Melani en la Biblioteca del Senado en Paris y ofrecen por primera vez a1 public0 una edicion revisada y modernizada. Monaldi y Sorti son autores de las novelas Imprimatur y Secretum (esta 6ltima de proxima publicaci6n en SALAMANDRA), kxitos de venta traducidos a dieciocho idiomas en cuarenta y tres paises, y primeros dos titulos de una saga de siete thrillers historicos protagonizados por el abate Atto Melani.
ISBN 84-7888-959-0