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Sigmund FREUD

El documento analiza la obra de Sigmund Freud 'El malestar en la cultura' en la que Freud argumenta que la cultura causa malestar en los individuos al reprimir sus anhelos más fuertes a través de mecanismos como el superyo, con el fin de priorizar la cohesión social por encima de la felicidad individual.

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El documento analiza la obra de Sigmund Freud 'El malestar en la cultura' en la que Freud argumenta que la cultura causa malestar en los individuos al reprimir sus anhelos más fuertes a través de mecanismos como el superyo, con el fin de priorizar la cohesión social por encima de la felicidad individual.

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Sigmund FREUD: EL MALESTAR DE LA CULTURA

La frontera de la teora de la historia es bastante fluida; para desgracia de los obsesionados por establecer lmites rigurosos entre los distintos campos de conocimiento en nombre de la seriedad cientfica, la historia se resiste a entregarse en matrimonio a un cuerpo tcnico; tiene demasiadas facetas atractivas para amantes que se acercan a ella, como Scrates a su hetaira, para entender su mundo propio. Es ms, las refle iones que abarcan a la historia en su con!unto suelen provenir, por lo general, de pensadores que originariamente vienen de otros sectores " que llegan a la historia como consecuencia de una necesidad imperativa para encontrar e plicacin a sus concepciones intelectuales; no as el historiador profesional, cu"o contacto con la materia de estudio resulta ms prosaico, " en muchos casos, operativo. #uien quiera saber historia " se limite a leer solamente a los historiadores $$orgnicos$$ nunca se enamorar de ella, que por el contrario se transformar en un lu!o aburrido. %a" hombres que de ve& en cuando galvani&an el inters por la historia como conocimiento transcendente al resto de las disciplinas intelectuales. 'ntes fueron (oltaire, %egel o )ar . En el siglo ** qui& la primaca habra que drsela a +reud, aunque a estas alturas de finales de la centuria todava no ha influido decisivamente en la orientacin de los menestrales del oficio. Lo que en +reud comen& siendo una inquisicin analtica del individuo para intentar comprender su conducta, deriv, gracias al genio de este !udo viens, en una visin de la humanidad como problema a abordar desde los mismos parmetros porque, en verdad, slo atendiendo a este segundo escaln analtico es posible entender con plenitud el primero. ,esde el principio de la teora psicoanaltica estaba claro, adems, que la e plicacin de las tensiones de los individuos pasaba por las relaciones sociales, culturales, " slo as se pudo acu-ar el concepto de $$superego$$. Es este superego, realmente, el hilo conductor que lleva a +reud a plantearse las relaciones entre cultura e individuo. Lo hace en $$.tem " .ab/$$, en $$Estudios sobre !udasmo " antisemitismo$$ " en otras obras ms especficas. En todas ellas ha" logros conceptuales inmensos !unto a hiptesis atrevidas, pero la visin est fragmentada, se echa a faltar una cone in ms amplia; no obstante, el camino estaba claro. 0a en sus /ltimos a-os se atreve +reud a abordar una sntesis de intencin puramente histrica 123456 " lo hace en un op/sculo, $$el malestar en la cultura$$, que es dinamita para los no avisados. Si Spengler haba necesitado pocos a-os antes ms de mil pginas para e poner su pensamiento, +reud lo hace en poco ms de ochenta sin reba!ar el nivel de tratamiento " dando todas las respuestas necesarias; la economa literaria es m ima, la precisin admirable; las conclusiones, contundentes en su claridad " tambin en su pesimismo.

7o puedo negar que la primera ve& que le esta obra me sent impactado por ese pesimismo, contrapuesto al optimismo mar ista, el otro gran impacto que tardamente en relacin con el resto de Europa nos produ!o a quienes, en plena !uventud, nos fue dado asistir al $$boom$$ de libros de ambos autores, tanto tiempo fuera de circulacin en Espa-a. Luego, al leer a )arcuse el contraste se difumin8 era posible la convergencia8 dmosle primero la ra&n a +reud, pero al final el optimismo triunfar cuando el ser humano est colmado de satisfacciones. 9or ello en mi peque-o crculo se defini el marcusianismo como $$un optimismo dentro de la adversidad$$, frase empleada incluso para sobrellevar las cosas de cada da. 'l volver sobre este libro ahora, tras una nueva lectura, " a la lu& de la realidad que nos rodea, recono&co que el optimismo mar ista se desvanece " los fantasmas freudianos avan&an. Los dolos que han envenenado la vida del ser humano no slo no son derribados, sino que son resacrali&ados. 9arece como si al hombre le gustaran las cadenas. 0 vamos a ver, pues, cmo8 El concepto de cultura 1vale decir estructuras sociales polifacticas con continuidad temporal6 nunca ha tenido el predicamento que ho" posee8 todo el mundo est orgulloso de pertenecer a una " le indigna la equiparacin con cualquier otra. Es un concepto diversificado a nivel territorial " de poblacin. Se utili&a como referencia de identidad del individuo que a ella pertenece. .enemos una $$esencia$$ cultural determinada a la que debemos someternos con entusiasmo... .ras un par de horas de lectura de $$el malestar en la cultura$$ el pesimismo resultante, aqu " ahora, es mucho ma"or que en cualquier perodo anterior. Si quien procede a esa lectura es un incondicional de la identidad cultural ", al mismo tiempo al menos durante esas dos horas, hace funcionar a su cerebro con autonoma, es for&oso que perciba de inmediato lo ridculo, pattico " perverso de sus creencias propias, a no ser que su guardin interior obnubile su capacidad de raciocinio. 9orque para +reud la :ultura ; las culturas seran estadios evolutivos de un mismo proceso ; es precisamente la causa de la prdida de nuestra autenticidad, de nuestra libertad, de nuestra plena individualidad. Somos lo que nos de!a ser la cultura, cu"a finalidad no es la felicidad de los individuos, sino la represin de nuestros anhelos ms fuertes. 0 es el propio hombre el que ha for!ado sus cadenas porque, por su propia condicin, depende de los dems en mucho ma"or grado que el resto de los seres; las necesidades biolgicas de supervivencia " de conservacin de la especie slo se pueden cumplir en sociedad; el hombre no es bueno ni malo, el hombre es en sociedad " es inimaginable sin ella. La bondad o maldad son referentes que esa misma sociedad establece para armoni&ar la convivencia, que es lo prioritario. 0 esa convivencia e ige sacrificios mu" crueles8 todo aquello que no est especficamente destinado a ella en la conducta del individuo, es tab/, " la presin es tan fuerte que no se limita a manifestarse mediante le"es, sino que se introduce en el mismo individuo 1superego6 como vigilante interno para convertirse en su mismo represor. :uanto ma"or es la fragilidad del hombre ante la naturale&a, ms intensa es la presin a la que el hombre est sometido por la tribu o el colectivo correspondiente 1primero, por

supuesto, la familia6. 0 eso es comprensible " hasta inevitable. 0 es, adems, la causa de que todas las energas ahorradas por el individuo al no actuar frente al tab/ se transformen, por sublimacin, en energas creativas que incrementan el poder del hombre sobre la naturale&a 1tcnica6 o producen placebos sustitutorios 1arte, pensamiento, religin6. Se supone que en un estadio final, cuando el hombre "a no deba temer a una naturale&a dominada, se ir ampliando la autonoma individual frente a las e igencias e ternas 1culturales6. Esa es la tesis mar ista " la nueva utopa marcusiana. 9ero +reud, que se lo pregunta, da una respuesta bien distinta8 el principio del placer, gua de la felicidad individual, es el enemigo permanente de la cohesin social, de la cultura, que no puede permitirse concesiones que la sit/en en un segundo plano. 9ero como las e pectativas del individuo s que bara!an la posibilidad de una ma"or reali&acin personal en un mundo ms ale!ado de las urgencias de las sociedades primitivas, se percibe la relacin individuo ; cultura no como integracin, sino como oposicin. La cultura produce malestar, cuando ha llegado al triunfo sobre la naturale&a " ha creado maravillas para la satisfaccin del espritu, porque ha" individuos que e igen los dividendos de tantos siglos de represin " piden a la cultura, a las culturas 1no al Estado6, ma"or libertad. 9ero la cultura no puede acceder a ello por la sencilla ra&n de que su ob!eto es suplantar esa libertad " convertirse en /nico su!eto digno de ella.

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