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Bataille

El documento analiza la pornografía desde diferentes perspectivas. Se discute cómo la pornografía se ha adaptado a nuevos medios como el multimedia e internet, manteniendo dos elementos centrales: el cuerpo femenino como objeto de deseo y la genitalidad masculina. También explora cómo la pornografía representa tres momentos del acto sexual -estimulación, penetración y eyaculación- y cómo se enfoca principalmente en la perspectiva masculina. Finalmente, propone ir más allá de la certeza del orgasmo para crear imágenes que mantengan viva la

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El documento analiza la pornografía desde diferentes perspectivas. Se discute cómo la pornografía se ha adaptado a nuevos medios como el multimedia e internet, manteniendo dos elementos centrales: el cuerpo femenino como objeto de deseo y la genitalidad masculina. También explora cómo la pornografía representa tres momentos del acto sexual -estimulación, penetración y eyaculación- y cómo se enfoca principalmente en la perspectiva masculina. Finalmente, propone ir más allá de la certeza del orgasmo para crear imágenes que mantengan viva la

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Bataille, no es slo un adjetivo con determinado sentido sino un trmino que sirve para desubicar, exigiendo generalmente que

cada cosa tenga su forma. Las fantasas sexuales o erticas, pueden estar acompaadas de masturbacin y observacin de pornografa. El erotismo apela a la libertad aunque sta sea mediocre [] si se acepta la representacin de la desviacin sexual, se le llama erotismo, y si se la rechaza se le llama pornografa. Por lo dems, el erotismo estara ms o menos destinado a una elite, mientras que la pornografa se relacionara con la masa. Muchas son las formas que ha intervenido la pornografa. Desde los relatos sdicos hasta las posibilidades interactivas del multimedia, la puesta en escena del sexo en sus mltiples connotaciones constituye una rica veta tanto para la produccin como referente cultural en nuestros das. Sabemos que uno de los ms importantes giros en nuestra cultura es la primaca de la imagen como principal modo de difusin y representacin, en ese sentido, lo pornogrfico no se ha resistido a abordar este vehculo. En trminos generales, se distinguen dos principios que se han mantenido a lo largo de prcticamente toda la produccin: el del develamiento de un cuerpo femenino y el de la accin de una genitalidad masculina.i El primero juega su parte como molcula completa, total; una figura nunca fragmentada por reducciones orgnicas ni por alguna malvola concentracin compositiva. Estaticidades fugaces que lo recomponen en el movimiento de la imagen fija o en el juego de la serie. El segundo trmino, el de un cuerpo masculino, nunca es recompuesto, nunca replanteado en ningn momento ni por ningn recurso, siempre reducido a su genitalidad. De ah que lo pornogrfico se explique como documental fisiolgico,ii pero de ah tambin que el momento trascendente en la imagen pornogrfica sea el del encuentro sexual. Cuando sucede en funcin de la narrativa, lo porno se matiza, se disfraza tras un velo diegtico. La realidad es que esas historias contadas y por contar pueden suceder sin la especificidad de encuentros sexuales sin afectarlas en forma alguna, la propia genealoga de los gneros dramticos nos ha enseado eso. Por otra parte, las variaciones de sentido

connotado al interior de la imagen pornogrfica, son tantas que difcilmente se puede anclar una funcin argumental en cualquiera de ellas; los recursos de estas secuencias escapan de cualquier posibilidad de peso dramtico: estn ausentes de conflicto narrativo. El momento sexual representado en la secuencia pornogrfica atraviesa tres momentos fundamentales: la estimulacin genital, la penetracin y la eyaculacin. Culturalmente concebimos la previa nos parece inconcebible el encuentro sexual sin reproduccin u orgasmo. Por momentos la genitalidad es secundaria, la trascendencia est en la gestualidad del placer, un elemento que no evidencia, slo induce. Hasta aqu el problema es claro. El porno se nos presenta como aquella polaridad foucoltiana entre ars erotica (tradicin oriental que pasa por las habilidades) y scientia sexualis (tradicin occidental que pasa por el anlisis) Si lo simblico se organiza en flujos que entendemos como cadenas de significantes, el falo se propone como su centro, como aquel imposible de ausentarse para comprender a la imagen como porno. Una clara consecuencia del impulso libidinal del psicoanlisis: al fragmentar el cuerpo, el falo se esgrime como significante central de la ertica corprea; al eyacular, mantiene su centralidad al interior del sintagma pornogrfico. Si bien es cierto que en su impulso fisiolgico el porno pretende documentar el placer, tambin lo es que escoge el masculino por su claridad sgnica, la otra parte del binomio, lo femenino en el porno heterosexual, o lo pasivo en todos los subgneros, carece de certeza. de ah que la imagen est creada para nosotros, en una discursividad que se dice, estar completa slo cuando alcance a un receptor. El semen sobre el cuerpo de la actriz, el falo del que salpica, las nalgas que se ofrecen para recibirlo y el gesto de la guapa que completa al sintagma son ya signos existentes en el gnero, internalizados, y en dado caso, hasta exclusivos de la pornografa. Toda actriz porno debe saber cmo inclinar la cabeza, cerrar los ojos con la fuerza necesaria para alcanzar a fruncir el ceo, y mientras tanto, mantener los labios entreabiertos que permiten abrir el modelo discursivo,

cartografiarlo mediante las diversas directrices que conforman lo paradigmtico, poniendo en escena todas esas posibilidades que construyen sentidos diversos arborecindose connotativamente en torno a un significado central, por supuesto, el de un goce sexual el signo no es discurso (est mas cerca de ser su anttesis), es la ruptura de un flujo caracterstico de la prctica discursiva. No detener parece el principio, fluir sin rupturas lingsticas ni conclusiones narrativas, escapando de que la nica certeza orgsmica depende del falo. La creacin de una imagen -visual, sonora, literaria, da igual- que no se agote en la certeza del placer, un flujo de confirmacin de deseo que antes de detenerlo siga confirmndolo: la femme fatale (y sus anlogos) es entonces el modelo por seguir y el arquetipo por romper, de ser el objeto de deseo que, aun poseyndolo, no dejamos de desear. Probablemente esa sea la manera de preservar un deseo que nunca se agota, la ms superficial consecuencia del principio del placer y no de una realidad sublimada, ya que por nacer de la propia libido no le hace falta nada. Simular un sexo sincrnico que no inicia ni concluye, nos traslada a un dispositivo que cartografa el movimiento del deseo y no su consumacin.

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