0% encontró este documento útil (0 votos)
144 vistas13 páginas

Hamilton - El Dios-Monstruo de Mamourth

Este documento narra la historia de un arqueólogo que descubre una inscripción fenicia que habla de la ciudad perdida de Mamurth. Decidido a encontrarla, cruza el desierto y llega a unas ruinas blancas que corresponden a Mamurth. Allí descubre símbolos extraños grabados y siente un ominoso silencio. Por la noche, observa agujeros apareciendo misteriosamente en la arena, lo que aumenta su temor a la ciudad maldita y sus secretos enterrados.

Cargado por

Nito Marsiglio
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
144 vistas13 páginas

Hamilton - El Dios-Monstruo de Mamourth

Este documento narra la historia de un arqueólogo que descubre una inscripción fenicia que habla de la ciudad perdida de Mamurth. Decidido a encontrarla, cruza el desierto y llega a unas ruinas blancas que corresponden a Mamurth. Allí descubre símbolos extraños grabados y siente un ominoso silencio. Por la noche, observa agujeros apareciendo misteriosamente en la arena, lo que aumenta su temor a la ciudad maldita y sus secretos enterrados.

Cargado por

Nito Marsiglio
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL DIOS-MONSTRUO DE MAMURTH

Edmond Hamilton

THE MONSTER-GOD OF MAMURTH, Hamilton. 1926

Sali del desierto, en medio de las tinieblas de la noche, viniendo hacia


nosotros, tambalendose dentro del crculo alumbrado por la fogata, donde
cay exnime al instante. Mitchel y yo nos pusimos rpidamente de pie
lanzando sendas exclamaciones, ya que los individuos que viajan solos y a
pie no son cosa corriente en los desiertos de frica del Norte.
Durante los primeros minutos en que nos ocupamos de l, pens que no
tardara en fallecer, pero gradualmente conseguimos hacerle recobrar el
conocimiento. Mientras Mitchel le pona entre los labios un vaso lleno de
agua, yo le examin y comprend que se hallaba demasiado agotado para vivir
mucho. Sus ropas colgaban hechas jirones, y tena las manos y rodillas
literalmente destrozadas, segn juzgu, por haberse arrastrado largo tiempo
sobre la arena. Por tanto, cuando pidi ms agua con el ademn, se la di,
sabiendo que de todos modos poco le quedaba de vida. No tard en poder
hablar con una voz cascada y dbil.
Estoy solo nos dijo en respuesta a nuestra primera pregunta, no
tienen que ir a buscar a nadie ms. Qu son ustedes... comerciantes? As me
lo pareci. No, yo soy arquelogo. Un buceador del pasado su voz se
quebr un momento. No siempre es bueno desenterrar secretos ya muertos.
Hay ciertas cosas que el pasado debe mantener ocultas.
Capt la mirada que se cruz entre Mitchel y yo.
No, no estoy loco prosigui. iganme, porque voy a contarles la
historia. Hganme caso aadi, incorporndose hasta lograr sentarse en su
avidez por hablar, y mantnganse lejos del desierto Igidi. Recuerden mis
palabras y la advertencia. Tambin a m me advirtieron, pero no hice caso. Y
baj al infierno..., ay, s, al infierno! Bien, ser mejor que empiece por el
principio. "Yo me llamo..., bien, esto no importa ahora. Sal de Mogador hace
ms de un ao, y atraves la falda escarpada del Atlas, saliendo al desierto

con la esperanza de descubrir algunas de las ruinas cartaginesas de los


desiertos del norte de frica.
"Pas varios meses en su bsqueda, viajando entre los miserables
poblados rabes, ya junto a un oasis, ya en medio del solitario y tenebroso
desierto. A medida que me internaba en el pas, mayor cantidad de ruinas
encontraba, templos derribados y fortalezas destruidas, reliquias mal
conservadas, de la poca en que Cartago rega todo el norte de frica desde
su amurallada ciudad. Y luego, al lado de un macizo bloque ptreo, hall lo
que me encamin a Igidi.
"Era una inscripcin, trazada en el lenguaje fenicio de los traficantes de
Cartago, bastante corta por lo que puedo recordarla, palabra por palabra.
Literalmente, deca: Mercaderes, no vayis a la ciudad de Mamurth, que se
extiende ms all del paso de las montaas. Porque yo, San-Drabat de
Cartago, al quedarme en la ciudad con otros cuatro camaradas, en el mes de
Eschmoun, para comerciar, a la tercera noche de nuestra estancia all nos
vimos asaltados por unos sacerdotes, y yo pude huir, ocultndome. Mis
compaeros fueron sacrificados al malvado dios de la ciudad, que mora all
desde el alba de los tiempos, y para el cual los sabios de Mamurth han erigido
el templo ms colosal de la tierra, donde la gente de la ciudad adora a su dios.
Yo hu de la ciudad y dejo aqu este aviso para que otros no dirijan sus pasos
a Mamurth y a la muerte.
"Pueden ustedes imaginarse el efecto que me produjo tal inscripcin. Era
el ltimo rastro de una ciudad ignorada, la ltima brizna de una civilizacin
hundida en el mar del tiempo. Me pareci probable la existencia de tal
ciudad. Qu sabemos de Cartago, en realidad, aparte de unos cuantos
nombres? Ninguna ciudad, ninguna civilizacin fue jams tan completamente
borrada de la faz de la Tierra como Cartago, cuando el romano Escipin
redujo los templos y palacios a polvo, y ar la tierra con sal, y las guilas de
la vencedora Roma volaron a travs del desierto, donde una metrpolis se
haba alzado.
"Fue en los arrabales de uno de esos poblados rabes donde hall el
bloque con la inscripcin, y trat de encontrar a alguien del pueblo que
quisiera acompaarme, pero todos se negaron. Yo poda ver claramente el
paso de la montaa, una mera hendidura entre dos altsimos acantilados
azules. En realidad, se hallaba a bastantes kilmetros de distancia, pero las
engaosas cualidades pticas del desierto lo acercaban a m. Mis mapas
situaban aquella sierra como una rama inferior del Atlas, y la extensin
existente ms all era llamada Desierto Igidi, pero esto era todo lo que
saba de la regin. De lo nico que poda estar seguro era de la existencia del
desierto al otro lado del paso y de que deba llevar suficientes provisiones si
deseaba cruzar por all.

"Pero los rabes saban mucho ms! Aunque les ofrec lo que para
aquellos potares diablos era una verdadera fortuna, ninguno quiso
acompaarme cuando supieron adonde me encaminaba. Ninguno haba estado
jams all, ni siquiera haban cabalgado en aquella direccin, pero todos
posean unas ideas muy definidas del lugar que se extenda al otro lado de los
montes, motejndolo de nido de diablos y coto de los malvados Jinns.
"Sabiendo con cunta firmeza se hallan plantadas en sus mentes tales
supersticiones, no intent persuadirles y me puse en marcha solo, con dos
pellejudos camellos que transportaban el agua y las provisiones. Durante tres
das me hund en la arena del desierto bajo un trrido sol, y a la maana del
cuarto llegu al paso.
"Era solamente una estrecha grieta, y estaba sembrado de grandes
peascos por lo que su travesa resultaba sumamente azarosa y complicada.
Los riscos que se alzaban a cada lado tenan tal altura que el espacio
intermedio era un lugar de sombras, susurros y penumbra. Aquella misma
tarde llegu al otro extremo y por un momento me qued como paralizado, ya
que a partir de aquel punto el desierto descenda hacia una vasta hondonada y
en el centro de la misma, tal vez a tres kilmetros de donde me hallaba,
resplandecan las blancas ruinas de Mamurth.
"Recuerdo que me mostr muy tranquilo mientras cubr la distancia hasta
las ruinas. Yo haba dado por segura la existencia de la ciudad, por lo que, de
no haber estado all las ruinas, me habra sentido mucho ms sorprendido que
al verlas.
"Desde el paso slo acert a divisar una enmaraada confusin de
fragmentos blancos, pero al aproximarme, algunos de stos fueron adoptando
la forma de bloques derribados, muros y columnas. La arena movediza del
desierto haba enterrado por completo sectores enteros y el resto se hallaba
medio cubierto.
"Fue entonces cuando efectu un curioso descubrimiento. Me detuve a
examinar el material de las ruinas, una piedra lisa y sin vetas, muy parecida al
mrmol artificial o al concreto superfino. Y mientras miraba a mi alrededor,
absorto en mi contemplacin, observ que en casi cada pozo o bloque, en las
destruidas cornisas y columnas, haba grabado el mismo smbolo..., si se
trataba de un smbolo. Era el esbozo de un extrao ser irreal, una especie de
pulpo, con un cuerpo deforme, redondeado y varios largos tentculos o
brazos que salan del cuerpo, el cual no era tenue y sin huesos como los de un
pulpo, sino ms bien tieso y duro, como las patas de una araa. En realidad,
tal vez aquello representase a una araa, aunque tena algunos fallos. Medit
por un momento en la profusin de tales pinturas grabadas en las ruinas en
torno mo y al final abandon el problema por insoluble.

"Tambin me pareci insoluble el enigma de la ciudad. Qu poda


encontrar en aquella semienterrada masa de fragmentos de piedra que me
ayudase a arrojar cierta luz sobre su pasado? No poda siquiera explorar el
lugar superficialmente, ya que la parquedad de provisiones y agua no me
permitan una larga estancia. Con el corazn oprimido tuve que regresar a los
camellos y, llevndolos a un claro entre las ruinas, me dispuse a acampar all
para la noche. Cuando sta hubo cado, y me hallaba ya sentado junto a la
hoguera, el vasto y ominoso silencio de aquel siniestro lugar de muerte me
result espantoso. No haba risas humanas, ni gritos de animales, ni siquiera
el zumbido de algn insecto o el canto de un solo pjaro. No haba ms que
tinieblas y silencio en torno mo, oprimindome, casi azotndome fsicamente
frente al resplandor de la luz que arrojaba mi pequea fogata.
"Mientras me hallaba all sentado, cavilando, me sobresalt un leve sonido
a mis espaldas. Me volv para acertar con la causa, y de nuevo me qued
paralizado. Como ya he mencionado, el espacio que rodeaba mi campamento
estaba formado por un claro arenoso, allanado por los vientos. Bien, mientras
contemplaba aquella vasta extensin de arena, apareci de repente en la
superficie un agujero de varios centmetros de dimetro, claramente visible a
la luz del fuego.
"No haba nada que ver, ni siquiera una sombra, y de repente se produjo
aquel agujero, acompaado de un suave crujido. Mientras lo estaba mirando
asombrado, el sonido se repiti y simultneamente apareci otro agujero a
cinco o seis metros ms cerca de m que el primero.
"Al verlo, unas heladas flechas de terror parecieron atravesar mi cuerpo y
cediendo a un loco impulso, agarr un leo ardiendo de la hoguera y lo arroj,
como un cometa rojo, al sitio donde acababan de formarse los agujeros. Se
produjo un rumor como de un cuerpo al escurrirse y pens que fuese lo que
fuese lo que haba dejado aquellas seales acababa de retirarse, si en realidad
se trataba de un ser vivo. No poda imaginarme qu poda ser, ya que no
haba absolutamente nada a la vista, aparte de los agujeros aparecidos como
por ensalmo.
"Aquel misterio me soliviant. Ni aun en el sueo pude hallar descanso,
ya que extraas pesadillas atormentaron mi cerebro, surgiendo de la ciudad
muerta que me rodeaba. Todos los polvorientos pecados de pasadas edades,
de aquel remoto y olvidado lugar, parecan estar enfocados sobre m durante
el sueo. Formas extraas se movan entre los mismos, tan irreales como los
habitantes de una estrella distante, entrevistos slo para desvanecerse
instantneamente. "Poco consegu dormir aquella noche, pero cuando por fin
amaneci, el sol, con sus primeros rayos dorados, alej de m mis temores y
opresiones con el manto de las tinieblas. No es extrao que los pueblos
primitivos fuesen adoradores del sol!

"Cuando volv a sentirme dueo de m mismo y de mi valor, me asalt una


nueva idea. En la inscripcin citada, aquel aventurero muerto tanto tiempo ha,
haba mencionado el gran templo de la ciudad y la majestad de su aspecto.
Dnde estaran tales ruinas? Decid que el poco tiempo de que dispona sera
mejor pasarlo investigando las ruinas del templo, que deba ser muy
prominente, si el antiguo cartagins se hallaba en lo cierta.
"Ascend a un prximo altozano y escrut el lugar en todas direcciones, y
aunque no pude distinguir ningn amontonamiento ruinoso que hubiese
podido ser un templo, por primera vez divis, muy lejos, dos grandes figuras
de piedra que destacaban en negro contra las rojas llamaradas del sol. Fue un
descubrimiento que me llen de excitacin y, despus de levantar el
campamento, ech a andar en aquella direccin.
"Se alzaban al borde del extremo ms alejado de la ciudad, y no fue hasta
el medioda que llegu all. Entonces pude percibir con toda claridad su
naturaleza: dos grandes figuras sentadas, talladas en piedra negra, de unos
quince metros de altura, y casi otros tantos de separacin entre ambas, las dos
de cara a la ciudad... y a m. Tenan forma humana y vestan una rara
armadura escamada, pero me resulta imposible describir sus rostros, porque
no eran humanos. Las facciones s lo eran, y bien proporcionadas, pero la
cara, la expresin, no sugeran ninguna de las cualidades inherentes a la
Humanidad. Me pregunt si habran sido talladas de la misma vida. En tal
caso, debi de ser un pueblo sumamente extrao el que habit en aquella
ciudad y labr ambas estatuas.
"Bien, desvi mi vista y mir alrededor. A cada lado de las estatuas se
vea lo que deban de ser los restos de una muralla con diversas
ramificaciones, formando un enorme montn de ruinas. Pero no haba muro
entre las estatuas, que deban constituir evidentemente la portalada de la
barrera. Por qu habran sobrevivido aquellos dos celosos guardianes,
aparentemente completamente ilesos, mientras la muralla y toda la ciudad se
hallaba en ruinas? Eran de diferente material, eso pude conjeturarlo
fcilmente, pero qu clase de material?
"Por primera vez, tambin, repar en la larga avenida que se iniciaba al
otro lado de las estatuas y se extenda por el desierto durante ms de un
kilmetro. Los extremos laterales de la misma estaban constituidos por dos
filas de figuras de piedra ms pequeas que corran en lneas paralelas,
alejndose de los dos colosos. Ech a andar por la avenida, pasando entre las
dos estatuas que la encabezaban. Al hacerlo observ por primera vez la
inscripcin grabada en la parte interior de cada una.
"En el pedestal de las estatuas, a diez o doce centmetros del suelo, haba
una tablilla del mismo material, de un metro cuadrado, cubierta de extraos
smbolos, sin duda los caracteres de un lenguaje ignorado, indescifrable, al

menos para m. Un smbolo, sin embargo, muy destacado, lo haba visto


antes. Se trataba del mismo extrao ser parecido a una araa o un pulpo, que
ya he mencionado haber hallado generosamente esparcido por doquier en la
ciudad. En las tablillas figuraba varias veces entre los dems smbolos que
componan la inscripcin. Ambas tablillas eran idnticas y nada pude deducir
de ellas. Empec a recorrer la avenida, dndole vueltas en mi cerebro al
enigma de aquel omnipresente smbolo, pero al cabo lo olvid al ir fijndome
en cuanto me rodeaba.
"Aquella larga calle era como la avenida de las esfinges de Karnak, que el
faran recorra en su litera para asistir al templo. Pero las estatuas que
flanqueaban la avenida no tenan la forma de esfinges. Posean, por el
contrario, formas muy raras, de animales desconocidos para nosotros, como
si se tratase en realidad de animales de otros mundos. No puedo describirlos,
como sera imposible describirle un dragn a un hombre que hubiera estado
ciego toda su vida. Sin embargo, tenan formas de reptil, aproximadamente, y
al contemplarlas su vista me destrozaba los nervios.
"Continu avanzando entre las dos filas de estatuas, hasta llegar al final de
la avenida. De pie entre las dos ltimas figuras, no divis ante m ms que la
amarillenta arena del desierto, hasta el horizonte. Me sent intrigado. Cul
fuera el objeto de tantos trabajos, la muralla, las dos enormes estatuas, y la
larga avenida, para acabar desembocando en pleno desierto?
"Gradualmente, comenc a ver que haba algo muy especial en aquella
parte de desierto que se extenda ante m. Era completamente llano, ya que
una rea, al parecer de forma redondeada, que deba abarcar varios acres,
pareca absolutamente llana. Era como si la arena dentro de aquel gran crculo
hubiese sido aplanada con tremenda fuerza, sin dejar ni la menor ondulacin,
ni siquiera la apariencia de una duna. Ms all de aquella zona, y a su
alrededor, el desierto estaba erizado de lomas y valles, y atravesado por
nubes de arena que se arremolinaban constantemente, pero sobre la lisa
superficie de la zona circular nada se mova, nada se agitaba.
"Sintindome interesado al instante, avanc hasta el borde del crculo, a
slo unos metros de distancia. Acababa de llegar all cuando una mano
invisible pareci abofetearme con singular bro en la cara y el pecho,
obligndome a retroceder.
"Transcurrieron unos minutos antes de que volviera a avanzar, ya que mi
curiosidad se hallaba completamente excitada. Me acerqu de nuevo, pues, a
los lmites del crculo, empuando mi revlver, pero esta vez arrastrndome
sobre el suelo.
"Cuando la automtica que tena en mi extendida mano lleg a la lnea del
crculo, choc contra algo duro, y no pude hacerla avanzar. Era exactamente
como si hubiese tropezado contra un muro, aunque no haba a la vista cosa

semejante. Extendiendo ms el brazo, toqu la misma dura barrera y en el


instante siguiente me puse de pie.
"Ahora saba que se trataba de algo duro y no una fuerza lo que me
impeda el paso. Cuando extenda las manos, el borde del crculo se hallaba
en el lmite de la longitud de mis brazos, como una pared lisa, totalmente
invisible, pero al mismo tiempo sumamente material. Pude comprender en
parte aquel fenmeno. En el pasado, los cientficos de la ciudad que se
hallaba en ruinas a mi espalda, los sabios mencionados en la inscripcin,
haban descubierto una materia slida pero transparente, aplicndola a la obra
que ahora estaba yo examinando. Tal cosa est muy lejos de ser imposible.
Incluso nuestros cientficos pueden formar una materia en parte invisible, con
los rayos X. Evidentemente, aquellos sabios conocan todo el proceso, un
secreto que se haba perdido en la oscuridad de los tiempos, como el secreto
del oro duro, el cristal maleable, y otros mencionados en escrituras antiguas.
Sin embargo, me pregunt, intrigado, de qu manera podan haberlo
conseguido, puesto que muchos siglos despus de haber desaparecido sus
inventores, la materia continuaba completamente invisible.
"Retroced y arroj guijarros hacia el crculo. Por muy altos que los tirase,
al llegar al borde rebotaban con un sonido retumbante, por lo que deduje que
el muro deba tener una gran altura. Arda en deseos de trasponer el muro y
examinar el interior del crculo, pero cmo conseguirlo? De repente, record
las dos colosales estatuas a la entrada de la gran avenida, con sus tablillas
grabadas y me pregunt qu relacin deban tener con el crculo.
"De pronto, la singularidad de todo aquello me asalt como una fiera al
acecho. La muralla que se alzaba ante m, el crculo de arena, llano e
inmutable, y yo mismo, de pie en medio del desierto... todo resultaba muy
extrao. En mi corazn pareca retumbar una voz procedente de la ciudad
muerta, aconsejndome huir de all para siempre. Record la advertencia
contenida en la inscripcin: No vayis a Mamurth. Y al recordarla, no dud
de que aquel crculo era el gran templo descrito por San-Drabat. Seguramente
estuvo en lo cierto: era diferente a todos los dems de la Tierra.
"Pero no deba irme, no poda irme hasta que hubiese examinado el muro
por el interior. Medit tranquilamente el asunto, y decid que el lugar ms
lgico para hallar la entrada a travs de la muralla sera el extremo de la
avenida, puesto que era dable suponer que aquellos que descendieron por la
misma en tiempos remotos debieron poder franquear por tal lugar las puertas
del templo. Mi razonamiento fue acertado, puesto que en aquel preciso punto
hall la entrada: una abertura en la muralla, de varios metros de anchura y
mucho ms alta de lo que caba esperar; en realidad, no tengo idea de su
altura.

"Cruc la abertura y me hall sobre un suelo de material duro, no tan


suave como la superficie del muro, pero igualmente invisible. Al frente se
extenda un corredor de la misma amplitud, que conduca al centro del crculo
y por el que fui avanzando.
"Deb resultar un tipo estrafalario, avanzando por un lugar donde no haba
nada que observar. Ya que aunque saba perfectamente bien que me hallaba,
rodeado por una pared invisible, yo no poda ver nada ms que el gran crculo
de lisa arena bajo mis pies, dorado por el sol de la tarde. Sin embargo, me
pareci que estaba andando a treinta centmetros por encima del terreno, en el
aire. Era ste el grosor del suelo, y precisamente era el peso de este suelo el
que mantena tan plano al terreno dentro del crculo.
"Anduve lentamente por el corredor, con las manos extendidas al frente, y
apenas haba recorrido una corta distancia cuando tropec con otra pared que
pareca cerrar el corredor, como un callejn sin salida. Pero no me sent
descorazonado, ya que intu que habra otra puerta no muy lejos, puerta que
empec a buscar.
"La encontr. Tanteando con mis manos el invisible muro del corredor, a
ambos lados, tropec con una especie de picaporte redondo y cuando puse mi
mano en l, la puerta se abri. Se oy como un chirrido, como una leve brisa,
y cuando volv a avanzar, el muro que me cerraba el paso haba desaparecido,
y fui libre de ir adelante. Pero no me atrev a traspasar aquel nuevo umbral,
por lo que regres al picaporte, descubriendo que ninguna fuerza ni presin
poda cerrar la puerta abierta. Seguramente, se trataba de un sutil mecanismo
dentro del picaporte, que slo necesitaba una presin de la mano para abrirse,
apartndose todo el final del corredor, quiz deslizndose hacia arriba, como
un rastrillo, aunque de esto no estoy muy seguro.
"Pero la puerta estaba abierta y entonces pas. Movindome como un
ciego en un sitio desconocido, comprend que me encontraba en un vasto
patio interior, cuyas paredes describan una gran curva. Cuando lo descubr,
volv al lugar donde el corredor se abra al patio y comenc a caminar en lnea
recta por el mismo.
"Encontr unos peldaos; el primero de los cuales perteneca
indudablemente a una escalinata de inmensas proporciones. Ascend lenta,
trabajosamente, tanteando ante m con el pie a cada paso. Era la sensacin de
sentir los peldaos bajo mis pies lo que prestaba realidad al asunto, ya que a
simple vista, yo estaba subiendo por el espacio. S que ha de resultar ms
fantstico visto que contado.
"Segu ascendiendo hasta llegar a unos treinta metros de altura, donde la
escalinata empez a estrecharse, juntndose los costados. Unos cuantos
peldaos ms, y volv a hallarme en terreno llano que, despus de algunos
tanteos, descubr era un ancho descansillo con barandillas bastante altas. Me

arrastr a gatas por aquella altura hasta que tropec con otra pared, donde
haba una puerta. La atraves, siempre arrastrndome, y aunque cuanto me
rodeaba era invisible, intu que ya no me hallaba al aire libre, sino en una
estancia cerrada.
"Me detuve de pronto y entonces, mientras an me hallaba agazapado en
el suelo, percib sbitamente la presencia del mal, de una maligna y
amenazadora entidad, nativa de all. No poda divisar nada, ni or nada, pero
en mi cerebro se abri paso la idea de que algo infinitamente malvado e
infinitamente antiguo formaba parte de aquel lugar. Era la conciencia del
horror que haba llenado aquel lugar en una edad ya remota y fenecida?
Fuese cual fuese la causa, no poda seguir avanzando con aquel extrao terror
que me posea; por tanto, retroced y volv al descansillo, donde me inclin
sobre la invisible barandilla para examinar el paisaje de abajo.
"El sol poniente colgaba como una enorme bola de hierro al rojo vivo a
Occidente, y a sus rayos, las dos colosales estatuas arrojaban largas sombras
sobre la amarilla arena. No muy lejos, mis dos camellos pateaban movindose
inquietos. Segn todas las apariencias yo me mantena en el vaco, a ms de
treinta metros del suelo, pero con mi mente poda imaginar los amplios patios
y corredores de abajo, por los que haba pasado poco antes.
"Mientras reflexionaba a la rojiza luz del moribundo sol, vi claramente que
me hallaba en el templo de la antigua ciudad. Qu magnfica visin debi de
ser cuando la ciudad estaba llena de vida y agitacin! Pude imaginarme la
larga procesin de sacerdotes y gente del pueblo, ataviados con ropajes
sombros y lujosos, saliendo de la ciudad, por entre las dos estatuas y
descendiendo por la amplia avenida, arrastrando tal vez en pos un desdichado
prisionero condenado a ser sacrificado a sus dioses en aquel templo.
"El sol descenda ya sobre el horizonte, y me dispuse a salir de all, pero
cuando quise moverme sent una gran rigidez en todo mi cuerpo y mi corazn
pareci suspender sus latidos. Y en el lmite del claro de arena que haba
debajo del invisible templo, acababa de aparecer un agujero en la arena,
exactamente de la misma misteriosa forma que los que haba contemplado la
noche anterior en mi campamento. Segu mirando tan fascinado como si una
serpiente me estuviese mirando. Y ante mis ojos fueron apareciendo otros
agujeros, no en lnea recta, sino quebrada. De pronto se formaban dos
agujeros a un lado, y luego dos ms al otro, despus uno en medio, formando
una especie de rastro, de unos dos metros de anchura de lado a lado,
avanzando directamente hacia el templo y, por tanto, hacia m. Y yo no
poda ver nada!
"Era como sbitamente hall la comparacin, como el rastro dejado
por un insecto provisto de innumerables patas, slo que de unas
descomunales proporciones. Y al asaltarme esta idea, la verdad se abri paso

en mi cerebro, ya que record la araa grabada en las ruinas y las estatuas, y


comprend lo que aquello haba significado para los moradores de la ciudad.
Qu deca la inscripcin? El malvado dios de la ciudad, que viva all desde
el principio del tiempo. Y al divisar aquel rastro avanzando hacia m,
comprend que aquel perverso dios segua morando en aquel lugar y que yo
me hallaba en su templo solo y desarmado.
"Qu extraos seres haban poblado la Tierra en el alborear de los
tiempos? Y aquellos que edificaron la ciudad y descubrieron a la monstruosa
araa, no le habran erigido el templo, en su pavor, aceptndolo como el dios
de la ciudad? Y ellos, que posean la magia secreta y el poder de construir
muros invisibles a los ojos humanos, no habran hecho lo mismo con su dios,
convirtindole en una verdadera deidad, invisible, poderosa, imperecedera?
Imperecedera! As tena que ser para haber podido sobrevivir a tantos
milenios. Sin embargo, yo s que algunas especies de loros viven varios
siglos, pero qu poda yo saber de esta monstruosa reliquia de una edad
pretrita? Y cuando la ciudad fue arrasada y desapareci y ya no fue posible
llevar vctimas humanas al templo para saciar el feroz apetito del monstruo,
ste habra vagado por el desierto en busca de alimentos. No era extrao que
los rabes no quisieran aventurarse por la regin en aquella direccin.
Significaba la muerte para cualquiera que llegase al alcance de tal ser, el cual
poda impunemente acechar y capturar, permaneciendo completamente
invisible. Era la muerte para m?
"Tales fueron los pensamientos que como el rayo cruzaron por mi cerebro
mientras vea acercrseme la muerte con aquellos seguros pasos sobre la
arena. De pronto sent que me abandonaba la parlisis de terror que me haba
inmovilizado, y descend apresuradamente la escalinata, hacia el patio.
Ignoraba dnde poda ocultarme en aquel inmenso templo. Ocultarme en un
lugar invisible! Pero tena que dirigirme a algn sitio, y finalmente me
aventur a abandonar la escalera y avanc hasta tropezar con un muro situado
directamente debajo del descansillo superior, y me agazap contra el mismo,
implorando que las sombras del crepsculo pudieran esconderme a las
ansiosas miradas de la monstruosa criatura cuyo cubil era el templo.
"Supe instantneamente cundo el monstruo atraves la puerta por la que
yo haba tambin penetrado en el templo. Pad, pad, pad..., era ste el rumor
amortiguado que resonaba en el corredor. Tal vez la puerta se haba abierto
ante l de manera sorprendente puesto que yo no poda calibrar la poca o
mucha inteligencia del cerebro de aquel dios. Pad, pad..., el rumor fue
cruzando el patio y al final o los pasos subiendo la escalinata. De no haber
temido respirar habra exhalado un profundo suspiro de alivio.
"No obstante, el temor todava haca presa en m, por lo que continu
agazapado contra el muro mientras el monstruoso dios segua subiendo.

Figrense la escena! A mi alrededor no haba nada visible, nada ms que el


gran crculo de arena que se hallaba a treinta centmetros por debajo de m;
sin embargo, yo vea el templo con los ojos de mi mente, y estaba enterado de
los muros y el patio, y de la bestia que ahora se hallaba arriba, por temor a la
cual me hallaba yo acurrucado en la oscuridad.
El sonido de las patas ces arriba, por lo que juzgu que el monstruo
acababa de penetrar en el gran saln, donde yo no me atrev a entrar. Ahora
era el momento de escapar en la oscuridad. Me levant con infinito cuidado y
suavemente me deslic por el patio hacia la puerta que conduca al corredor.
Pero cuando hube recorrido la mitad de la distancia, segn calcul, choqu
contra otra pared invisible y ca de espaldas, con lo cual el mango metlico de
mi cuchillo de montaa golpe con la hebilla de mi cinturn de madera
estridente. Pobre de m! Haba calculado equivocadamente la situacin de la
puerta, yendo directamente a chocar contra el muro.
"Y me qued tendido, inmvil, mientras un temor helado me sobrecoga
de improviso. Entonces, pad, pad..., las amortiguadas pisadas del monstruo en
el descansillo, y luego un momento de silencio. Podra verme desde arriba?
Podra? Por un instante, alent cierta esperanza, al no escuchar ningn
rumor, pero no tard en saber que la muerte me tena asida por la garganta ya
que, pad, pad..., el monstruo empez a descender al patio.
"Al or aquellas pisadas perd el ltimo vestigio de control y ponindome
apresuradamente de pie vol de nuevo hacia la puerta. Plaf! Otra pared... Me
ech a temblar. Ahora no oa ninguna pisada y con la mxima quietud de que
fui capaz volv a cruzar el patio en otra direccin, sin saber si sera la
acertada, ya que todas mis ideas estaban confundidas, lo mismo que mi
sentido de la orientacin. Dios mo, qu juego ms inverosmil el que tuvo
lugar en aquel condenado crculo de arena!
"Pero ningn sonido proceda ya del misterioso monstruo y la esperanza
volvi a anidar en mi corazn. Y con espantosa irona, fue en aquel preciso
momento cuando fui a parar de bruces contra el monstruoso ser. Mis
extendidas manos tocaron y asieron lo que deba ser uno de sus miembros,
grueso, helado y peludo, que instantneamente se zaf de mis manos,
asindome a su vez, mientras otro miembro y otro y otro hacan presa en m.
El monstruo haba permanecido inmvil, esperando que fuese ya a su
encuentro: el drama de la araa y la mosca!
"El invisible ser slo pudo sujetarme un momento, ya que me sent tan
lleno de horror que logr libertarme y hu enloquecido por el patio,
tropezando con el primer peldao de la escalinata. Sub y mientras corra o la
persecucin de la bestia.
"Continu subiendo y ya en el rellano me cog a la barandilla, ya que si
caa desde arriba ello hubiera significado la muerte. Pero bajo mis manos, el

pasamanos se mova, por lo que intu que uno de los grandes bloques que
evidentemente lo formaban se haba aflojado y poda soltarse. Lo apres con
todas mis fuerzas y fui trastabillando por el descansillo con el bloque entre
mis brazos, hacia el comienzo de la escalera. Creo que dos hombres apenas
habran podido levantarlo, pero yo hice ms en aquel sbito acceso de loco
frenes, ya que cuando o los pasos del monstruo en la escalinata, levant el
bloque, invisible como es natural, por encima de mi cabeza, y lo envi
rodando por los peldaos hacia el lugar donde calcul que se hallaba el dios
en aquel momento.
"Por un instante despus del lanzamiento rein el silencio, pero despus
empez a sonar como un bajo canturreo, que acab por convertirse en un
clamoroso zumbido. Y al mismo tiempo, en un lugar situado
aproximadamente a mitad de la escalinata, donde haba ido a parar el bloque
de piedra, un lquido purpreo pareci manar del aire, dando forma a unos
cuantos de los invisibles peldaos a medida que los inundaba, y delineando
asimismo el bloque arrojado por m, as como un enorme miembro peludo que
se hallaba aplastado debajo, del cual manaba el lquido que no era otra cosa
que la sangre del monstruo. No lo haba matado, pero el bloque lo mantena
prisionero.
"Hubo como una agitacin en la escalinata y el arroyuelo purpreo corri
con ms fluidez, y gracias a la silueta de sus charcos divis, borrosamente, el
monstruoso dios que Mamurth conoci en pocas pasadas. Era como Una
araa gigante, con unas patas angulosas de varios metros de longitud, y un
cuerpo sumamente velludo y repelente. Me pregunt si el monstruo era visible
por la sangre que le daba vida, precisamente cuando sta era derramada. Si
as era no supe comprender el motivo de tal anomala. Tan pronto como
vislumbr aquella estremecedora visin, me apresur a descender. Cuando
pas junto a la araa, el intolerable olor de un insecto aplastado casi me
mare, y al verme, el animal realiz frenticos esfuerzos para libertarse. Pero
no pudo, por lo que llegu sano y salvo abajo, temblando y sin poder apenas
andar.
"Atraves el patio en lnea recta y corr apresuradamente por el corredor y
despus por la amplia avenida, hasta pasar por entre las dos colosales
estatuas. La luz de la Luna incida en ellas, y las tablillas de las inscripciones
resplandecan en los zcalos, con sus extraos smbolos y sus araas. Pero
ahora ya comprenda el mensaje!
"Afortunadamente, los camellos estaban vagando entre las ruinas, ya que
de haberse hallado en las proximidades del templo no habra tenido valor para
ir en su busca." Toda la noche cabalgu hacia el Norte y cuando amaneci no
me detuve, sino que continu la marcha en la misma direccin. Al llegar al

paso de la montaa, un camello tropez y cay, con lo cual se derram toda


mi provisin de agua.
"No qued ni una sola gota, pero segu yendo hacia el Norte, sacrificando
al otro camello con mi velocidad, por lo que tuve que proseguir a pie,
tambalendome. Me arrastr a gatas cuando mis piernas se negaron a
sostenerme, siempre hacia el Norte, alejndose de aquel templo del mal y de
su perverso dios. Y esta noche no s cuntos kilmetros he andado
arrastrndome hasta que divis su fogata. Y esto es todo.
Estaba tendido de espaldas, agotado, y Mitchel y yo nos contemplamos
mutuamente a la luz de la fogata. Despus, incorporndose, Mitchel fue hasta
el lmite de nuestro campamento y estuvo mirando largo tiempo el camino
hacia el sur. Ignoro cules eran sus pensamientos. Yo meditaba por mi parte
mientras contemplaba al hombre que yaca junto a la fogata.
Falleci a la maana siguiente, murmurando incoherencias referentes a los
muros que le rodeaban. Envolvimos su cuerpo cuidadosamente y llevndolo
con nosotros nos abrimos paso por el desierto.
En Argel cablegrafiamos a los amigos cuya direccin habamos
encontrado en el cinturn donde guardaba el dinero, y les enviamos el
cadver, ya que tal fue su ltima peticin. Ms adelante, nos escribieron,
contndonos que lo haban enterrado en el pequeo cementerio del pueblo de
Nueva Inglaterra de donde era natural. No s si su eterno descanso se ver
perturbado por los sueos del templo del mal del que huy. Ruego para que
as no sea.
Muy a menudo, Mitchel y yo hemos discutido este tema, en nuestros
campamentos solitarios y en las posadas de las ciudades costeras. Mat el
arquelogo al invisible monstruo, y ste yace ahora, como un desdichado
resto, bajo el bloque de piedra de la escalinata? O consigui liberarse y sigue
vagando por el desierto, morando de noche en el amplio templo, tan invisible
como l?
O, verosmilmente, estaba aquel pobre hombre completamente loco por
el calor y la sed del desierto, y su relato no fue ms que el producto de su
exaltada fantasa? En realidad, no s qu pensar. Creo que nos cont la
verdad, pero no puedo saberlo. Ni lo sabr jams, ya que Mitchel y yo hemos
decidido no aventurarnos nunca en el lugar del desierto donde el antiguo dios
puede todava estar viviendo, en medio de los patios y torreones invisibles, al
otro lado de la invisible muralla.

También podría gustarte