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El Discurso Funebre

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Discurso fnebre de Pericles

Tucdides

Introduccin y traduccin
Patricia Varona Codeso

sequitur

ndice
sequitur [sic: skwitur ]:
Tercera persona del presente indicativo del verbo latino sequor: procede, prosigue, resulta, sigue. Inferencia que se deduce de las premisas: secuencia conforme, movimiento acorde, dinmica en cauce.

Introduccin Patricia Varona Codeso


Diseo cubierta: Bruno Spagnuolo Primera edicin: Ediciones sequitur, Madrid 2007
De la Introduccin y Traduccin: Patricia Varona Codeso 2007

Discurso fnebre de Pericles Tucdides

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Todos los derechos reservados

ISBN-13: 978-84-95363-31-2

Impreso en Espaa

Introduccin
Patricia Varona Codeso

Desde Hegel, el pensamiento moderno ha considerado el discurso fnebre de Pericles como una expresin insuperable de los ideales de la democracia griega en su perodo de esplendor. Para el filsofo alemn, Tucdides nos pinta el ms hermoso cuadro de una constitucin, donde los ciudadanos estn educados y tienen ante los ojos el inters de la patria, donde la individualidad es culta y posee una conciencia desarrollada de los negocios pblicos y los intereses generales 1. Esta visin idealizada de la Atenas de Pericles, que ha tenido en el discurso fnebre uno de sus textos fundamentales, ha ejercido una influencia considerable en la cultura europea occidental de los dos ltimos siglos. Ha inspirado innumerables obras

Patricia Varona Codeso

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literarias y acadmicas, ensayos polticos y filosficos, programas ticos y estticos. Sin embargo, no puede decirse que Tucdides haya sido un autor muy ledo ni que sus cualidades literarias resulten demasiado apreciables para el lector contemporneo 2. No comparte con Platn y Homero el Olimpo de los cien genios de Harold Bloom, ni mucho menos el del canon occidental, y no figura en ninguna antologa conocida de la literatura universal ni en ninguna biblioteca de autores imprescindibles ni siquiera en los Oxford Worlds Classics, donde tienen cabida, por ejemplo, las Meditaciones de Marco Aurelio o La guerra de las Galias de Julio Csar, sino que por lo general se lee como historia y no como literatura. Ya los crticos literarios ms reputados de la Antigedad (Dionisio de Halicarnaso, Cicern o Quintiliano) lo consideraban difcil. No cabe duda de que esto es en buena parte consecuencia de su carcter de rara avis, pues si en algo estaran de acuerdo todos sus estudiosos es en que, hasta donde sabemos, no tuvo verdaderos precursores ni continuadores, pese a la admiracin que le profesaron autores como Jenofonte, Polibio o la princesa bizantina Ana Comnena, y pese a la intensidad con que se ley y estudi durante el Renacimiento desde que entre 1483 y 1484 se publicara la traduccin

latina de Lorenzo Valla 3. En 1512, Toms Moro recomendaba su lectura en Utopa, pero nunca lleg a convertirse en un modelo literario. Ni su estilo denso y complicado, ni su aparente tibieza moral fueron del gusto de la Europa de la Edad Moderna, ansiosa de modelos a imitar en ambos sentidos. En realidad, si hay algn mbito del mundo contemporneo en el que Tucdides despierte algn inters, ste es sin duda el pensamiento poltico. Desde que Hobbes tradujo su obra al ingls en 1628 y lo calific de the most political historiographer that ever write, no ha dejado de seducir a tericos y analistas por la crudeza con que describe la naturaleza del poder y la subordinacin del individuo a sus intereses. Lord Macaulay consideraba su obra the non plus ultra of human art porque era un escritor profundamente interesado en la poltica. En este sentido fue importante tambin para pensadores como Hume, Kant, Nietzsche o Weber. Para Hume, the first page of Thucydides is the commencement of real history; para Weber, el famoso dilogo de los melios, en el que los atenienses enuncian con toda franqueza los trminos de la Realpolitik, era maquiavelismo puro y duro. Incluso la filologa ha visto en l a un partidario de una suerte de Machtpolitik, a un poltico que escribe para polticos 4. Puede decirse
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que el siglo XX ha hecho de su obra un verdadero clsico, aunque no precisamente de la literatura. En la dcada de los cincuenta inspir a la escuela del realismo poltico e interes a pensadores como Karl Popper, Hannah Arendt o Leo Strauss, que vieron en l a un gran precursor de la ideologa democrtica. Para Hannah Arendt, el discurso fnebre defina inequvocamente la naturaleza de la forma de organizacin poltica de los antiguos griegos (la plis) y su razn de ser, y tambin expresaba de una forma absolutamente nica la fe del hombre en la poltica, resultado de la interaccin entre la accin y el discurso 5. No hace mucho que el borrador del prembulo de la Constitucin europea, presentado el 28 de mayo de 2003, se serva de una cita un tanto manipulada del discurso fnebre de Pericles para definir la democracia: Nuestra Constitucin se llama democracia porque el poder no est en manos de una minora sino de todo el pueblo 6. TUCDIDES Y PERICLES. CONTEXTO HISTRICO
Y LITERARIO DEL DISCURSO FNEBRE

Sabemos muy poco de la persona de Tucdides. Puede decirse que los nicos datos relativamente fiables que poseemos a este respecto son los que l

mismo nos proporciona: su padre se llamaba loro y en el 424 a. C. el historiador era comandante militar (strategs) de la regin de Tracia, donde su familia era titular de los derechos de explotacin de las minas de oro de la zona, cuando se vio implicado en la cada de Anfpolis a manos del general espartano Brsidas 7. El hecho de que en esta fecha fuera estratego nos hace suponer que naci como muy pronto hacia 454 a. C. Tucdides tambin nos dice que vivi la guerra del Peloponeso en toda su extensin, por lo que no pudo morir hasta despus de 404 a. C., y que pas veinte aos en el exilio como consecuencia de su responsabilidad en la prdida de Anfpolis 8. Desde el comienzo de la guerra en 431 a. C. hasta su muerte se dedic a escribir la historia de la que consideraba la guerra ms importante habida hasta entonces en el mundo conocido, la que haba enfrentado a las pleis de Atenas y Esparta y a sus aliados. Posiblemente los tres aspectos ms debatidos de la obra de Tucdides han sido su mtodo de composicin, su fiabilidad como historiador y su orientacin poltica o, ms en concreto, su postura frente a Pericles y el imperialismo ateniense. Los escasos datos biogrficos que conocemos no nos permiten perfilar los rasgos de la personalidad del historiador al margen de su obra, y no hay modo de saber si las

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ideas que pone en boca de sus personajes son las suyas propias o hasta qu punto reflejan su pensamiento. En un sentido muy moderno, autor y obra se identifican en su caso de un modo que hace imposible distinguir al uno de la otra y, por lo tanto, dificulta al mximo cualquier reflexin que no parta de presupuestos estrictamente literarios 9. Desde el punto de vista de la crtica, puede decirse que pocas obras han significado la muerte del autor, en trminos de Roland Barthes, como la suya. No cabe duda de que Pericles, dominador de la poltica ateniense desde que naciera el historiador, es uno de los personajes ms importantes de la obra de Tucdides. Aunque su aparicin se limita a los dos primeros libros, pues muri en 429 a. C. como consecuencia de la peste que azot Atenas tan slo dos aos despus del comienzo de la guerra del Peloponeso, Tucdides le dedica algunos de sus mejores pasajes: tres discursos y una apologa 10. El tratamiento de su figura ha suscitado muchas reflexiones histricas y literarias sobre la ideologa poltica de Tucdides, su objetividad como historiador, las tcnicas que empleaba en la creacin de sus personajes y las dimensiones psicolgicas y literarias de los mismos. Con todo, ms que una expresin sublime de los ideales de la democracia griega, por lo

dems sustancialmente distinta de las modernas democracias occidentales, el discurso fnebre debe verse como una magnfica expresin del ideal patritico de la plis griega y, ms an, como una excelente muestra de la irreprimible admiracin que Tucdides senta por su contemporneo 11. Por su temtica y su funcin, el discurso fnebre pertenece al gnero denominado epidctico (o demostrativo), al que se adscriban los discursos concebidos no para ser pronunciados ante una asamblea (deliberativos) o ante un tribunal (forenses o judiciales), sino para desarrollar un tema cualquiera de alabanza o vituperio, gnero que surgi del inters de los sofistas por la aplicacin de los recursos poticos a la prosa. En este caso, se trata de una variante (edos) bien conocida del gnero epidctico, el lgos epitphios, cuya ocasin la proporciona el funeral de los primeros cados en la guerra del Peloponeso 12. Sus restos, en contra de la tradicin ms extendida, fueron sepultados en el Cermico, el cementerio de Atenas, en vez de en el campo de batalla, lugar que Tucdides califica como el arrabal ms bonito de la ciudad (ep to kallstou proastou ts pleos) 13. El discurso fnebre es, por otra parte, el nico del gnero epidctico que se incluye en la obra de Tucdides, frente a dos forenses y treinta y ocho deliberativos.

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Sin embargo, no conservamos ningn discurso deliberativo de la poca tratada por Tucdides, mientras que se nos conservan tres discursos forenses de Antifonte (ca. 480-411 a. C.) y dos epidcticos de Gorgias (ca. 483-375 a. C.), el creador de la retrica sofstica: el Encomio de Helena y la Defensa de Palamedes. Aunque no ha llegado hasta nosotros sino un fragmento, Gorgias tambin compuso un discurso fnebre dedicado a los atenienses cados en la guerra del Peloponeso. Todo apunta a que influy enormemente en el estilo tanto de Tucdides como de Antifonte. An se discute la fecha en que se instituy la costumbre de enterrar a los cados de guerra en el Cermico y de incorporar al ritual un discurso en su honor, aunque la de 464 a. C., propuesta por Jacoby hace ms de cincuenta aos, sigue siendo la ms aceptada 14. No obstante, el propio Tucdides la califica de ptrios nmos, costumbre ancestral, lo que da a entender que la consideraba originaria de la poca de Soln, si no anterior 15. Antes de proceder a su inhumacin, los restos mortales se exponan para recibir ofrendas (prthesis) y se trasladaban en un cortejo fnebre (ekphor) que transportaba los atades (lrnakes) en carros hasta, en este caso, el lugar designado para la ereccin del monumento pblico (demsion sma) que albergara su tumba (tphos).

Segn Tucdides, en esta ocasin los huesos de los muertos pues los cuerpos haban sido quemados despus de la batalla se expusieron durante tres das en una tienda (aul) instalada a tal efecto, donde los difuntos recibieron las ofrendas de sus compatriotas; despus tuvo lugar el cortejo fnebre, compuesto por carros que transportaban cajas de madera de ciprs (lrnakas kyparissnas), una por tribu (phyl), y un lecho vaco (klne), en alusin a los cados cuyos cuerpos no haban podido ser recuperados. Una vez depositados en la tumba, un hombre capaz y de posicin destacada (gnme te dok m axnetos enai ka axisei proke) Pericles se dispuso a pronunciar el discurso en su honor desde una tribuna (bma) improvisada junto a la tumba para que una gran multitud pudiera escucharle 16. La fecha de composicin del discurso tampoco est clara. La crtica filolgica se ha dividido entre los que creen que fue escrito en 431 a. C., momento en que se desarrollan los hechos a los que hace referencia, y los que creen que lo fue en 404 a. C., despus de la derrota de Atenas. En buena parte de ella, por lo general sumamente respetuosa con las fuentes clsicas, se impuso inicialmente una fecha de composicin prcticamente contempornea de los hechos 17. Pero a esta visin tradicional se opuso otra

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que lo fechaba tras la cada de Atenas y le atribua un sentido irnico y crtico que pretenda ridiculizar a Pericles, principal instigador de la guerra y, por lo tanto, responsable de la derrota 18. Esta ltima interpretacin no carece de precedentes antiguos. Para Dionisio de Halicarnaso, por ejemplo, no tena ningn sentido homenajear a las escasas vctimas de una discreta escaramuza con un discurso tan solemne e incluso pomposo 19. Se ha subrayado que esta hiptesis parte de un enfoque que subordina los discursos a la narrativa y le concede una importancia excesiva a la bsqueda de efectos dramticos. Sin embargo, la historiografa moderna ha ido decantndose paulatinamente por ella, al interpretar la profundidad de las ideas que se expresan en este pasaje como una sntesis de la ideologa de la democracia cuyo grado de elaboracin slo pudo estar motivado por una circunstancia trascendental como la derrota de Atenas. Por el contrario, desde otros intentos de aproximacin puramente textuales se aduce que lo ms verosmil es que el tono esplndido y orgulloso de estas lneas, seguramente uno de los mayores logros estilsticos de su autor, slo puede corresponderse con el espritu de la Atenas de la dcada de los treinta, en la plenitud de su poder y con las esperanzas intactas en la victoria 20.

En realidad, el discurso fnebre slo tiene un tema: el elogio de Atenas 21. En este sentido constituye un precedente de discursos de su mismo gnero como los de Lisias, Hiprides, Demstenes y el que se incluye en el Menexemo de Platn, as como del Panegrico de Iscrates. El eco de sus ideas resuena tambin en la obra de dos de sus contemporneos ms clebres: Sfocles y Eurpides 22. Dentro de la propia obra de Tucdides se relaciona a su vez con otros dos discursos: el de los corintios en Esparta con motivo del incidente de Potidea, uno de los pretextos o causas aparentes que en opinin de su autor desencadenaron la guerra del Peloponeso, que desarrolla una serie de tpicos del elogio de Atenas, y el de Arquidamo, que es su correspondiente antiloga el elogio de Esparta, ambos en el libro primero 23. No obstante, ocupa un lugar mucho ms relevante en la obra que estos ltimos. Con respecto a ellos, representa un clmax de tensin dramtica y proyecta sobre el resto de la narracin una terrible irona trgica que el agudo contraste con el relato de la peste que viene a continuacin (47-54) no hace sino intensificar. En este sentido, se relaciona antitticamente con el ltimo discurso de Pericles, tambin en el libro segundo, que seala el comienzo del ocaso de la orgullosa potencia que se describe aqu.

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Todo indica que fue precisamente este tema, el elogio de Atenas, el que llev a su mayor grado de intelectualizacin las formas tradicionales que servan de fundamento al gnero oratorio del lgos epitphios 24. EL DISCURSO FNEBRE COMO GNERO ORATORIO
Y COMO PROGRAMA POLTICO

En la Grecia antigua, el arte del discurso parece haber florecido especialmente en Atenas, a la que Platn consideraba la plis cultivadora de la palabra por excelencia (phillogos y pollogos) 25. Mucho se ha escrito sobre la relacin entre este florecimiento de la oratoria y el sistema poltico por el que se gobernaba la Atenas de la Pentecontecia, el perodo de cincuenta aos que medi entre el fin de las Guerras Mdicas y el estallido de la guerra del Peloponeso en 431 a. C. Esta poca simboliza el esplendor de la poca clsica en el pensamiento occidental, y el funcionamiento de sus instituciones parece haber requerido en buena medida del uso del discurso y haber dado lugar, por este motivo, a una suerte de imperio de la parresa, la libertad de palabra. Tanto la obra de Tucdides como la de Platn representan en cierto sentido la culminacin del

proceso de formalizacin de la oratoria pblica que se llev a cabo en el siglo V a. C. principalmente en Atenas 26. En todos los discursos que Tucdides le hace pronunciar, Pericles insiste en la importancia de la palabra-discurso (lgos) como base de la accin, lo que a su juicio supone una de las principales diferencias entre ambas contendientes, Atenas y Esparta: primero afirma que los espartanos quieren dirimir las querellas mediante la guerra y no mediante la discusin (bolontai d polmo mllon lgois t egklmata dialesthai); luego, en el discurso fnebre, que los atenienses no creen que las palabras constituyan un obstculo para la accin, sino que ms lo es el no informarse de palabra antes de ponerse manos a la obra (ou tos lgous tos rgois blben hegomenoi, all m prodidachthnai mllon lgo prteron ep h de rgo elthen). En su ltimo discurso llega a afirmar que el que sabe algo pero no lo expone con claridad es como si no reflexionara (h te gr gnos ka m saphs didxas en so ka ei m enethymthe) 27. Como veremos, la Atenas de Pericles es tanto la ciudad de las palabras (lgoi) como la de los hechos (rga), los dos elementos de los que, a decir de su autor, se compone tambin la propia obra de Tucdides.

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De ambos, sin duda es el primero el que ha suscitado un mayor inters y una mayor controversia. La consecuencia ms notable de esta situacin ha sido una discusin un tanto estril entre los que consideran a Tucdides de todo punto fiable y los que, a partir de Cornford, entresacan los elementos mito-poticos de su obra, le tachan directamente de periodista y manipulador o, ms suavemente, justifican su subjetivismo con la excusa de lo literario 28. A todo ello puede objetarse que la distincin entre el historiador que registra los hechos y el narrador de lo que es plausible desde un punto de vista dramtico es bsicamente un producto del pensamiento aristotlico y que, aunque Tucdides contribuyera sin duda a ello, su obra es an contradictoria en este sentido. Como bien ha sealado Romilly, el concepto griego de objetividad no se basa en la simple distincin entre lo verdadero y lo falso, sino en el discernimiento entre lo que importa y lo que no 29. Aunque Tucdides tiene la categora de fuente principal para el perodo que nos ocupa y la escasez de testimonios limita drsticamente nuestras posibilidades de eleccin y reconstruccin, es obvio que la estructura de una obra historiogrfica no est configurada por los hechos de que da cuenta, sino por su seleccin y formalizacin de los mismos, de lo cual

no debe distraernos la consabida pretensin de veracidad de los proemios historiogrficos grecolatinos 30. En el mbito de la cultura griega antigua, la historiografa nunca dej de considerarse un gnero literario, aunque no demasiado normativizado, por lo que no cabe duda de que una aproximacin retrica mejora notablemente nuestra comprensin de la misma y, en particular, de los discursos 31. En su declaracin de principios del comienzo de la obra, Tucdides afirma que sus discursos no reproducen literalmente lo que se dijo en cada ocasin, sino que los ha compuesto tomando como base lo necesario de acuerdo con las circunstancias (t denta per tn aie parnton) y ajustndose lo ms posible al sentido general de lo que realmente se dijo. Esta sola frase ha hecho correr ros de tinta, sin que haya sido posible llegar a un acuerdo sobre su significado ni, en general, sobre la proporcin de historicidad y recreacin literaria que contienen los discursos que se incluyen en la obra 32. El discurso fnebre reviste un inters especial para esta polmica porque Pericles argumenta en l de una forma que tiene su paralelo exacto en el pasaje mencionado del libro primero. En ambos se opone la verdad a las exageraciones de los poetas, fortalecindola con la aportacin de pruebas y testimonios.

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Tucdides afirma que los poetas cantan sobre los hechos para adornarlos (hymnkasi per autn ep t mezon kosmontes) y advierte de que su obra quizs resulte inadecuada para una lectura pblica (es akrasin aterpsteron) por su carcter no fabulesco (m mythdes) (I, 21-22); Pericles, que no necesita de ninguno cuya recreacin de los hechos tergiverse la verdad (tn drgon tn hypnoian he altheia blpsei) (II, 41). En el primero, las obras de los poetas son una obra de concurso para una audicin puntual (agnisma es t parachrma akoein) (I, 22) y, en el segundo, producen un placer momentneo (t autka trpsei) (II, 41). Frente a ellas, la obra de Tucdides es una obra inmortal (ktma es aie) (I, 22) y la gloria de Atenas ha dejado recuerdos imperecederos de derrotas y victorias (mnemea kakn te ka agathn adia) (II, 41). El mtodo del historiador se revela en esta comparacin no como una tcnica determinada, como un modo particular de exposicin de los hechos, sino ms bien como una postura vital que no puede dejar de manifestarse a cada paso y cuya encarnacin poltica es, a todas luces, Pericles. La descripcin factual de los acontecimientos histricos se acompaa, adems, de la reflexin sobre el pasado.

En sentido estricto, los discursos de Tucdides no son autnticos, por ms que algunos lo crean as 33. Su combinacin con partes narrativas es un procedimiento muy antiguo que parte de la creencia primitiva en la existencia de una ntima relacin entre la palabra y la accin que se remonta a Homero y que es objeto de particular desarrollo en la historiografa y en especial en Tucdides 34. Se caracterizan por su convencionalismo, como es tpico de los historiadores de la Antigedad, lo que revela la relacin formal entre la primitiva historiografa, la pica y el drama, y, a travs de ellos, Tucdides adquiere una distancia con relacin a los hechos que le permite extraer de ellos una leccin, lo que l considera su obra por excelencia. Por lo general, se relacionan entre s en trminos de tesis-anttesis, como puede verse, por ejemplo, en los de los corintios y Pericles en el libro primero. Adems son muy cortos, en comparacin con los que conservamos de los oradores ticos, lo que sugiere que se trata de reelaboraciones sintticas destinadas a la lectura 35. No obstante, esto no significa que los inventara ex nihilo ni que no se expresara con sinceridad al describir su mtodo de composicin y afirmar la veracidad de sus informaciones, sino que, al no contar con testimonios escritos de las intervenciones pblicas de

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sus personajes, Tucdides se vio obligado a reconstruirlas sobre bases un tanto precarias, si las juzgamos desde el punto de vista de un historiador moderno, y, naturalmente, de acuerdo con las normas de la potica griega, les impuso las caractersticas de su propio estilo narrativo 36. Como han sealado algunos especialistas, nada de esto implica necesariamente que Tucdides manipulara los discursos de forma intencionada o que no tuviera la intencin de registrar fielmente los hechos 37. Por otra parte, en los ltimos tiempos se ha hecho notar que los discursos de Tucdides contienen ms elementos caracterizadores de lo que tradicionalmente se haba supuesto, lo que ha confirmado, en el plano formal, lo que, en el plano del contenido, fue advertido ya en el siglo XIX: la extraordinaria importancia concedida por Tucdides a individuos destacados en la trama de la obra, que haba dado como resultado la creacin de notables retratos de los mismos 38. La aparente uniformidad de los discursos revela, sin embargo, la juventud de la oratoria de este perodo, que an no se desenvuelve dentro de los esquemas formales con la flexibilidad de la que har gala Lisias 39. El lgos epitphios, como gnero oratorio que constitua una parte muy importante de la prctica poltica ateniense o, lo que an es ms, como verda-

dera institucin de la democracia personificada en un personaje poltico cuidadosamente elegido para este fin por sus conciudadanos, parece haber sido ante todo un producto ideolgico cuyo contenido se basa en la negacin de las disensiones internas de la polis, la stsis, produciendo as un retrato ideal de la misma en el que predomina el componente simblico 40. Esta voluntad de cohesin que preside todo el proceso de creacin del discurso es la que permite a Pericles afirmar, sin que la contradiccin se haga evidente, que la estabilidad de la plis no slo no se ve afectada por la persecucin de las ambiciones individuales, sino que en ellas se encuentra precisamente su fundamento. Sin embargo, el propio Tucdides deba de saber que esto no era cierto, ya que la reflexin sobre el conflicto entre el inters individual y el colectivo ocupa buena parte de su obra, de forma paralela a como se oponen en ella la Atenas de Pericles y la del demagogo Clen. Adems, la relacin entre el individuo y la colectividad que se expresa en el discurso est matizada por el pasado aristocrtico de la poltica griega, el mantenimiento de cuyo vocabulario y cuyos valores puede interpretarse como una concesin para el equilibrio interno de la democracia 41. La tensin entre lo individual y lo colectivo y entre lo privado y lo pblico es un tema fundamental

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del discurso fnebre y en l adquiere diversas dimensiones. En el proemio, Pericles establece una comparacin entre la tumba que el estado ha dispuesto (demsion) para el conjunto de los cados y su propia persona, al afirmar que la accin colectiva llevada a cabo por la ciudad le parece un homenaje ms adecuado que el discurso de un solo hombre. Cuando recapitula para condensar en un pasaje las virtudes de la ciudad y justificar as su supremaca, dispone su argumentacin en dos planos: el colectivo (tn psan plin) y el individual (kathhkaston) 42. Los atenienses gozan de libertad tanto en lo pblico (prs t koinn) como en el trato privado (prs alllous). La empresa blica es la esperanza comn (koins elpdos) que justifica la muerte y el sufrimiento de los atenienses y que los alienta a imitar el sacrificio de los cados a los que se honra con este discurso. La visin de una Atenas ideal se concibe como el fruto de la paidea, la educacin 43, y la dnamis, la fuerza (militar), resultado de la forma ms elevada de gobierno, la del nos (o, ms bien, y frente a Anaxgoras, de la gnme), que para Tucdides estaba representada por Pericles, el nico a quien, como se advierte a lo largo de toda su obra, consideraba capaz de aglutinar bajo su liderazgo la multitud de las voluntades de los ciudadanos 44.

As pues, Atenas no slo constituye un modelo en el plano colectivo, sino que se trata del marco ideal para la realizacin del individuo 45. El poder de la ciudad es la prueba evidente de su grandeza, cuya gloria habr de alcanzar a las generaciones actuales y futuras sin necesidad de las alabanzas de ningn poeta 46. El concepto de grandeza (megla) es muy importante en la obra de Tucdides y sirve como criterio de definicin de la propia materia histrica a la vez que como categora fundamental del conocimiento histrico, aspecto en el que la historia enlaza claramente con la pica 47. As, para Hannah Arendt, la plis multiplicaba las ocasiones de ganar fama inmortal las ocasiones para que el individuo se distinga, para que muestre con hechos y palabras quin es en su nica distincin y ofreca un remedio para la futilidad de la accin y del discurso; porque las oportunidades de que un hecho merecedor de fama no se olvidara, de que verdaderamente se convirtiera en inmortal, no eran muy grandes 48. No cabe duda de que la tesis del discurso es precisamente sta: la superioridad de Atenas sobre el resto de las pleis griegas. Slo ella es una leccin para Grecia (ts Helldos padeusin), afirmacin que ha trado a la memoria de la mayora de traductores y comentaristas del texto el famoso epigra-

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ma Helldos Hells Athnai que Marcelino, en la Vita Thucydidis, cree escrito por el propio historiador para la tumba de Eurpides 49. La idea no es nueva, sino que se trata de la expresin sinttica de una idea previamente descrita en el discurso de forma analtica, ya que el trmino padeusis no tiene aqu el sentido cultural amplio que a menudo se le ha atribuido, sino que todo indica que debe interpretarse en clave exclusivamente poltica. La imagen de Atenas como modelo cultural, de la que se hizo eco el idealismo decimonnico y, a travs de l, nosotros mismos, es, en realidad, una creacin posterior a Tucdides que encontraremos en Platn 50. No se trata, pues, como pensaba Jaeger, de la justificacin ms alta de las ambiciones polticas de Atenas, sino de las propias lecciones polticas que la ciudad administraba a sus vecinas por medio de su imperio 51. El propio Pericles nos ha orientado claramente poco antes sobre el sentido de sus palabras, al decir que la politea ateniense constituye un ejemplo que suscita la emulacin (chrmetha gr politea ou zelose tos tn plas nmous, pardeigma d mllon auto ntes tin mimomenoi hetrous) 52. En otro sentido, el significado de imitacin que padeusis tiene como nombre de accin puede interpretarse como expresin de la cultura agonstica

griega: fuera del agn, el certamen, la rivalidad contina en forma de imitacin y Atenas educa por medio de su aret, la cualidad aristocrtica por excelencia 53. El modelo que representa es, por lo dems, eterno e insuperable y Esparta es siempre su contramodelo: Atenas es la plis abierta (koin), la de la igualdad de derechos entre ciudadanos (isonoma), la de la libertad (eleuthera), la del placer (hedon, trpsis), la de la belleza (kllos), el saber (sopha), la amistad entre iguales (phila) y la liberalidad (chris). Esta visin se caracteriza por la estrecha unin entre teora y prctica, entre las cuales no exista distincin para el pensamiento sofstico. Por otra parte, la idea de que la plis es tanto una entidad colectiva como una suma de entidades individuales pone claramente de manifiesto la estrecha vinculacin que exista en la ciudad antigua entre la ciudad misma y el cuerpo de sus ciudadanos, entendidos como los accionistas que sientan las bases para la creacin del Estado. De ah que Pericles proclame no slo la superioridad de Atenas en el plano colectivo, sino que la relacione directamente con su carcter de mbito idneo para la realizacin de las aspiraciones individuales. Incluso hoy en da, pese a las diferencias fundamentales que separan a las democracias

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modernas de la griega antigua, percibimos sin dificultad el efecto que debi de producir el discurso en sus lectores o en sus oyentes, si hemos de creer que de alguna forma fue pronunciado tal y como lo conocemos, cuando el orador identificaba la perfeccin de Atenas como forma poltica con el libre desarrollo del individuo, campo de batalla de gran parte de la historia del pensamiento poltico occidental. El discurso fnebre deja de lado todo lo que no se refiera a la poltica o a la guerra, que Herclito llam padre y rey de todas las cosas (plemos pnton mn patr esti, pnton d basiles) por su carcter de actividad principal de los hombres libres y fundamento de su educacin, y en ese sentido podra verse como una sntesis de la propia obra de Tucdides. Aqu, Pericles aduce como prueba de la veracidad de su tesis he dnamis (ts pleos), trmino que en el conjunto de la obra debe interpretarse como fuerza militar. Pero el factor caracterizador por excelencia de la Atenas de Pericles, enlazando con las ideas esbozadas ms arriba, es su categora de justo imperio, ya que la ciudad no es despreciada por sus sbditos por tener gobernantes indignos (t hypeko katmempsin hos ouch hypaxon rchetai) 54. El imperialismo ateniense obtiene aqu una justificacin que nace del sistema aristocrtico de

valores, pero, en su calidad de fenmeno reciente, constituye con toda certeza el tema principal de la obra de Tucdides, la cual puede considerarse en buena parte un producto del mismo 55. La dominacin exterior es la garanta de la integridad de la plis, ya que la identificacin entre el individuo y la ciudad determina que la independencia de la segunda sea la condicin para la libertad del primero 56. Ms an, no es la libertad individual de obrar de un modo u otro lo que realmente importa, sino la libertad alcanzada por la ciudad para esclavizar a otros. Tal y como Pericles lo plantea, el imperialismo aparece como la consecuencia natural de un determinado sistema poltico y econmico, tan necesaria como inevitable. Pero son precisamente los individuos quienes marcan las diferencias. El imperialismo de la Atenas de Pericles, presidida por la moderacin y la razn, no es el de la Atenas de Clen, caracterizada por la ambicin y la desmesura, y la oposicin entre ambas es tan radical que a menudo se ha puesto de manifiesto lo que la mayora considera una parcialidad excesiva en el tratamiento que Tucdides hace de la figura de Clen 57. Su juicio acerca de Pericles, que en gran medida ha dado forma al nuestro al parecer en oposicin a la postura poltica de su familia, le ha granjeado, sin embargo, reputacin de

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Patricia Varona Codeso

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objetivo. En el ltimo discurso que le hace pronunciar, Pericles seala inequvocamente sus propias virtudes: la sagacidad, la oratoria, el patriotismo y la riqueza 58. Con todo, no podemos dejar de compararlo con el de otros contemporneos suyos como Aristfanes 59. En la comedia, Pericles a menudo es un lder todopoderoso que corre el riesgo de deslizarse hacia la tirana 60. Como ya se ha mencionado, se ha especulado mucho sobre el pensamiento poltico de Tucdides, lo que en aos recientes ha tenido como resultado que se pusieran de relieve una serie de contradicciones presentes en su obra que han arrojado dudas sobre su condicin de demcrata. En realidad, en los pasajes que dedica a Pericles no expresa en modo alguno su admiracin por los aspectos ms innovadores o radicales del sistema poltico ateniense ni por un programa poltico determinado. En el discurso fnebre, Pericles basa su argumentacin en el imperio (arch) y la fuerza militar (dnamis) de Atenas, y establece una cierta relacin de oposicin entre la demokrata (gobierno del dmos) y la isonoma (igualdad de derechos) 61. Tambin destaca la importancia de la aret (entendida como virtud, valor o mrito) y, en trminos generales, del modo de vida ateniense, caracterizado por la prospe-

ridad y el placer. Al margen de esto, el discurso pone de manifiesto, como hemos visto, los mritos del orador. Slo esta interpretacin da sentido a los elogios que Tucdides dedicar en el libro octavo al golpe oligrquico del 411 a. C y a sus lderes, uno de los cuales era el orador Antifonte 62. En la apologa que dedica a Pericles al final del libro segundo afirma que, bajo su liderazgo, Atenas era de nombre una democracia; de hecho, el gobierno de su principal ciudadano (eggnet te lgo mn demokrata, rgo d hyp to prtou andrs arch), el lder que gua al pueblo y no se deja llevar por l, en contra de la visin del Gorgias de Platn, que lo considera una personificacin de la demagogia 63. En este sentido, no deja de resultar paradjico que, en su interpretacin de Platn, Karl Popper comparara las ideas de este ltimo con la imagen idealizada que Tucdides ofrece de Pericles como campen de la individualidad 64. Es muy posible que el historiador forzara la anttesis entre Pericles y Clen, al igual que en otras ocasiones, en su afn por construir un esquema organizado y demostrativo, explicativo de unos acontecimientos interpretados, de acuerdo con la ptica antigua, en trminos de ambicin de poder y degradacin.

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