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Ramses II
La Obsesin Monumental Por Uno Mismo
Rameses II, conocido como Ramss, personifica el poder que tuvo Egipto en la poca de su mximo apogeo poltico y econmico.
Ramss, Grande En Victorias
La mayor parte de la informacin recogida por los arquelogos proviene de informes oficiales o inscripciones, y tales textos aportaban la imagen del monarca que l mismo cuid de propagar. Las inscripciones en los muros de los templos nos hablan de su piedad con los dioses y enumeran sus victorias sobre los enemigos de Egipto, pero dicen poco del Ramss hombre. Aun as , en el archivo monumental se pueden llegar a vislumbrar algunos tra!os de la vida privada de Ramss. "racias a las inscripciones sabemos, por e#emplo, que en el curso de su larga vida Ramss tuvo seis esposas, engendr m$s de %& ni'os y que, al morir, hab a sobrevivido a cuatro de sus supuestos herederos. (ui!$ lo m$s sensacional fuera el descubrimiento de su cuerpo momificado en )**). +allado en un sepulcro com,n, donde se le hab a escondido de los profanadores de tumbas, la momia revel rasgos de la autntica apariencia f sica del monarca que contradec an las estili!adas representaciones que llegaban de la antig-edad. Al desvelar el cuerpo, ste resultaba ser de cerca de ),.& m, de cara larga y delgada, mand bula prominente y nari! considerable.
Ramss // proced a de una importante familia, aunque no emparentada con la reale!a. La fecha de su nacimiento se desconoce, pero se sabe que por entonces, su abuelo, cuyo nombre heredar a, ten a el t tulo de visir 0 primer ministro 0 del anciano faran +oremheb, que muri sin descendencia. 1ara evitar los peligros de una sucesin disputada, +oremheb design al visir 2pr ncipe hereditario de la tierra2, nombrando de este modo a su fiel conse#ero como heredero al trono. 3ras la muerte de +oremheb en el )4&5 a. 6., el abuelo de Ramss acceder a al poder con el nombre de Ramss /. 7o pudo go!ar de su poder m$s que por un a'o y, al morir, cedi el trono a su hi#o 8ethi /, a quien hab a formado como soldado. 6on ello, Ramss // se convert a en heredero al trono de Egipto. Al morir 8ethi en el )9%& a. 6., Ramss ya estaba preparado para el trono y su mandato asignado. 3ercer faran de la :/: dinast a, rein entre los a'os )9*% y )99; a. 6.. <urante su reinado Egipto aument espectacularmente su poder o. 3ras recha!ar una invasin de los sharden, se enfrent en 1alestina y 8iria con el rey hitita =u>atalli, contra el que disput una cruenta batalla en (ads, un baluarte estratgico de suma importancia #unto al r o ?rontes. 8us victorias frente a sus enemigos del norte 0 los hititas 0 y del sur 0 los nubios 0 le permitieron fi#ar las fronteras de Egipto en uno de los momentos de mayor expansin del /mperio. =$s que cualquier otro l der en la historia de las naciones, Ramss // lo era todo para su gente. +roe, conquistador y pacificador en su funcin mundana de faran, a la ve!, cumpl a con las necesidades espirituales del pa s en su funcin de intermediario entre dioses y hombres. <e hecho, al cabo de sus casi .& a'os de poder absoluto cada ve! se ve a m$s a s mismo como un igual entre los dioses. Ramss incorpor todo este polifacetismo en el m$s duradero de sus legados@ un prodigioso programa de construccin de templos, palacios y monumentos que proclamaban su nombre, su imagen y sus gestas por las cuatro esquinas de Egipto. A veces, el mensa#e de Ramss es descaradamente propagand stico, como en la mayor a de inscripciones y #erogl ficos conmemorativos de la 2victoria2 en (ads. En otras ocasiones, el faran se muestra humilde y piadoso. La dedicatoria de la "ran 6orte de Ramss // en el templo de Luxor dice as @ 2=onumento para su padre, AmnARa, rey de los dioses, de fina arenisca blanca, que el +i#o de Ra, Ramss, hi!o para l2. ?tros enclaves, como Abu 8imbel, obedec an a un doble propsito, pol tico y espiritual a la ve!@ las cuatro figuras imponentes de Ramss constitu an un recordatorio del poder del faran sobre la conflictiva regin nubia. B en su interior, en el santuario del templo, se veneraba una peque'a estatua del faran #unto a los dioses 1tah, Amn y Re. 6omo todo lo que los arquelogos han aprendido sobre aquel monarca, sus proyectos monumentales proclamaban un vigor y poder o herc,leo. /ncluso en condiciones ruinosas, los templos de piedra, las estatuas y los obeliscos 0 a falta de las residencias de ladrillo ya desaparecidas 0, han provocado estupor desde que los primeros via#eros griegos y romanos cru!aran el 7ilo. 1ara el mundo actual, Ramss // es pr$cticamente sinnimo de pasadas glorias de Egipto.
La Obsesin Monumental Por Uno Mismo
Ramss hab a ya mostrado gran inters en proyectos constructivos desde que era pr ncipe regente. +ab a visto y admirado la esplndida tumba de su padre en el Calle de los Reyes, y la construccin del hermoso templo de 8ethi, dedicado a ?siris, en Abydos. 3ambin como su padre, admiraba los dise'os monumentales y a un tiempo refinados de Amenhotep ///. 8u sue'o por seguir un d a los pasos de aquel faran, e incluso por superar sus logros, resulta bien comprensible. Aunque su padre le hab a permitido empe!ar con un templo menor propio dedicado a ?siris en Abydos, Ramss tuvo que esperar hasta la coronacin antes de promover sus planes m$s ambiciosos. Al contrario que 8ethi, quien escog a decoraciones finamente dise'adas para los ba#orrelieves de sus templos, Ramss prefer a las tallas, por ser m$s f$ciles de hacer y m$s dif ciles de anular en caso de que alg,n rey futuro tuviera la tentacin de usurpar su traba#o 0 una pr$ctica que el propio Ramss hab a perpetrado a menudo, reciclando traba#os de anteriores faraones para su provecho. 6uando 8ethi / muri, el pueblo pod a ya percibir que Ramss ser a uno de los grandes constructores de Egipto. <esde el principio, el nuevo mandatario promovi proyectos constructivos a gran escala. El primero de ellos fue 1iARamss 0 la conversin del palacio de verano de 8ethi en el delta del 7ilo en una capital enteramente nueva. Al mismo tiempo, mand llevar a cabo algunos planes monumentales al sur del pa s. Aprovechando el via#e a 3ebas para el funeral de su padre, orden finali!ar el templo funerario de 8ethi, as como la construccin de su propio sepulcro, y tra! tambin las l neas maestras de su grandioso templo funerario, el Rameseum. 3ampoco qued al margen de su af$n constructor el gran comple#o arquitectnico de DarnaE, al otro lado del Calle de los Reyes, en la orilla oriental del 7ilo. <e hecho, los arquelogos consideran que DarnaE fue ampliado y remo!ado a lo largo de los 9.&&& a'os que se mantuvo activo. 6ubr a una superficie de unos 9;& Em9, e integraba 9& templos y santuarios dedicados a distintas deidades. 8lo durante el /mperio 7uevo se construyeron al menos )F obeliscos. El padre de Ramss hab a proyectado una inmensa sala hipstila, la mayor del mundo, con unas medidas de casi ;.*&& Em9, un bosque de )4; columnas con el techo a unos 9; metros del suelo. Ramss, que hab a visto el proyecto inacabado, cambi su nombre por el de 2Eficiente es Ramss //2. Los muros internos registraban escenas de su coronacin divina y otras im$genes sagradas para las que usurp algunos relieves de su padre. +i!o decorar los muros exteriores con escenas de sus campa'as militares en 6anaan y 8iria, incluyendo la batalla de (ads, as como una copia del famoso tratado de pa! con los hititas.
En el templo mayor de DarnaE, construy un prtico en la cara este, flanqueado por dos estatuas colosales de s mismo, donde la gente com,n, a la que no se permit a la entrada en el templo, pod a hacer peticiones a los dioses gracias a su intermediario, el rey. 3ambin se construy un embarcadero en el 7ilo, que estaba conectado al templo de DarnaE por una avenida a cuyos m$rgenes se alineaban )9& esfinges con cabe!a de carnero, entre las patas de las cuales figuraba un peque'o Ramss. A tres Eilmetros de distancia, en el templo de Amn 0 hoy de Luxor 0, Ramss hi!o construir un atrio y un prtico a partir de planos preexistentes. A'adi m$s tarde nuevos relieves e inscripciones ensal!ando la gesta de (ads sobre los muros y las torres del prtico, a los que se sumaron dos enormes obeliscos y seis estatuas colosales de s mismo en el umbral del templo. 8lo uno de los dos obeliscos permanece en su enclave original, pues el segundo fue usurpado por los franceses en )*4&, como conmemoracin de las tropas napolenicas que hab an tomado parte en la expedicin egipcia de ).%*A).%%. Gste fue erigido de nuevo en la pla!a de la 6oncorde de 1ar s, ante 9&&.&&& espectadores que pudieron contemplar, aunque dif cilmente leer, la arrogante inscripcin del faran@ 2Hn monarca de ira pronta y fuer!a pu#ante ante quien tiemblan todas las tierras2. 6omo parte de su aprendi!a#e para llegar a ocupar el trono, el #oven Ramss hab a sido encargado de la cantera de Asu$n, a m$s de 9;& Eilmetros r o arriba desde 3ebas, de donde se extra a casi todo el granito egipcio. <eb a supervisar, asimismo, el transporte de los 2esplndidos obeliscos y maravillosas estatuas2, tal como los describ a una inscripcin. La demanda de construccin en el antiguo Egipto era tanta que dif cilmente se pod a encontrar un roquedal sin explotar como cantera. <esde la :C/// dinast a, la mayor parte de la piedra arenisca utili!ada en los proyectos de DarnaE proced a de las enormes canteras de "ebel 8ilsila, a unos )5& Eilmetros al sur de 3ebas. 3ambin Ramss // y Ramss /// usaron piedra calc$rea de all para sus templos mortuorios al otro lado del r o. El transporte r o aba#o desde "ebel 8ilsila no resultaba extremadamente dif cil, pues los barcos pod an anclar en bah as, a manera de d$rsenas, que se encontraban a ambas orillas del 7ilo. Los bloques de piedra calc$rea eran cargados en alm$denas y arrastrados hasta el r o sobre rampas especialmente construidas. Algunos documentos encontrados en el Rameseum indican que pod an llegar diariamente a "ebel 8ilsila )& barcos con 5; bloques. Hna inscripcin en la misma cantera informa que, para producir y transportar las piedras necesarias para el templo de Ramss ///, se necesitaron 4.&&& hombres y ;& barcos. Actualmente permanecen todav a esparcidas en las canteras de "ebel 8ilsila esfinges de piedra calc$rea inacabadas, como las que se alineaban en la avenida desde el amarre del r o
hasta DarnaE. Las columnas de la sala hipstila del propio templo proced an igualmente de aquella cantera. 3odas las canteras de Egipto pertenec an al faran y Ramss // las gestion de manera m$s personali!ada que otros faraones. La experiencia de #uventud en Asu$n pareci haberle convencido de su buen o#o para distinguir un buen bloque de roca. La verdad es que en su persecucin sin tregua de la monumentalidad, el rey no de# pr$cticamente una sola piedra en su estado original. 6uenta la inscripcin de una estela que en Asu$n lleg a examinar personalmente una monta'a para certificar la utilidad de su explotacin. 1arece que en el desierto #unto a +elipolis, Ramss descubri un yacimiento de rara cuarcita 2desconocida desde el principio de los tiempos2, seg,n re!aba una estela procedente de su octavo a'o de reinado. =aterial altamente apreciado por su extraordinaria durabilidad y tremendamente dif cil de traba#ar, Ramss orden a sus escultores ocuparse de un primer bloque 2m$s alto que un obelisco de granito2. 1arece que llegaron a convertirlo en una estatua gigantesca del rey, erigida despus en 1iARamss, pero no existe ninguna tra!a de la misma. ?tros colosos de Ramss han sido menos dif ciles de locali!ar. En el Rameseum, que en general sigue el modelo de los templos funerarios establecido por los predecesores de Ramss, el faran decidi a'adir un ,nico elemento. 8e trataba de erigir en el umbral una imagen de s mismo sentado, que medir a unos 9& m. /ba a ser el mayor coloso #am$s encargado por l. La perspectiva de esta obra resultaba un desaf o incluso para los ingenieros y escultores de una nacin dedicada durante )F&& a'os a la construccin masiva. 7o en vano ser a la mayor estatua conocida esculpida de un solo bloque de granito, con un peso de ).&&& toneladas. El principal yacimiento l tico durante el reinado de Ramss fue Asu$n. A pesar de que no quedan vestigios de la obra emprendida para el coloso del Rameseum, un obelisco inacabado de mayores dimensiones todav a 0 ;& m, con un peso de ).9&& toneladas 0 da una idea de los mtodos que debieron utili!arse hasta que el proyecto fue abandonado. En primera instancia se deb a extraer la piedra de la roca y, dado que las herramientas de cobre y bronce no eran lo bastante recias para incidir el granito, el traba#o depend a enteramente de la fuer!a f sica de los esclavos. 1reviamente, los supervisores marcaban la superficie de la cantera. Luego, brigadas de traba#adores cavaban estrechas !an#as alrededor del futuro monumento con bolas de dolerita, una roca bas$ltica m$s dura que el propio granito. 6ada golpe lograba astillar slo algunos cantos, pero tras meses de traba#o se alcan! la profundidad deseada. Entretanto, en uno de los lados, otros traba#adores abr an una !an#a dentro de la cantera mientras sus compa'eros ta#aban el bloque, probablemente la parte m$s dif cil de la excavacin. En cuclillas, en una cavidad no m$s ancha de .& cm, extra#eron de la roca la pie!a entera, arranc$ndola de sus cimientos mediante el uso de enormes palancas de madera.
La operacin, que se llev a cabo ba#o un calor sofocante que pod a alcan!ar los 5&I 6, result extenuante para los traba#adores, un colectivo compuesto por campesinos, esclavos, prisioneros de guerra, criminales y otros culpables de penas suficientemente graves como para 2mandarlo al granito2. Los campesinos slo eran empleados desde #ulio a septiembre, cuando la inundacin anual hac a impracticables sus cultivos. A cambio, el gobierno les procuraba la ayuda necesaria en las pocas del a'o en que estuvieran faltos de todo medio de subsistencia. Al igual que para otras categor as de traba#adores, era in,til pretender alivio alguno. Hn par de estelas grabadas en Abu 8imbel, con escenas de la vida de 8etau, virrey de 7ubia durante buena parte del mandato de Ramss, enumeran algunos de sus mritos en ese sentido@ 23uve a mi mando decenas de miles de siervos y cientos de miles de nubios, mano de obra ilimitada2. En otra estela, un oficial del e#rcito llamado Ramose, describe cmo en el )9;. a. 6., 2su ma#estad orden al virrey de 7ubia y otros oficiales de su entorno, que apresaran hombres de Libia para la construccin del templo de Ramss //2. Estos traba#adores eventuales no eran los ,nicos empleados en las canteras, algunos de los me#ores escultores de Egipto se encontraban tambin all . Era con estos traba#adores especiali!ados con quienes colaboraba Ramss y a los que exhortaba #ovialmente@ 2Cosotros, traba#adores escogidos, valiosos hombres de probado mrito, artesanos de la piedra, experimentados en el granito, familiares con la cuarcita, buenos hombres sufridos y atentos, yo soy vuestro proveedor sin falta. 8 que cumpl s con prontitud y capacidad, y que el traba#o slo es placentero con el estmago lleno. Los graneros cru#en repletos para vosotros, nadie va a pasar la noche lament$ndose de carest a2. Esta elite de traba#adores bien pagados iniciaban su tarea cuando el bloque del futuro obelisco o estatuas apenas hab a sido extra do de la piedra madre. A menudo, los detalles m$s minuciosos de la obra eran completados en la propia cantera, pues cuanto m$s se esculp a m$s f$cil resultar a el despla!amiento. 1ara transportar los obeliscos se constru an rampas desde la cantera a la orilla, donde barca!as gigantes eran remolcadas por botes hasta su punto de destino. 7inguna descripcin de la poca ha sobrevivido para explicar cmo estos bloques inmensos pod an ser cargados en las barca!as. 1linio el Cie#o relata, en el siglo / a. 6., el funcionamiento de un ingenioso sistema de la era ptolemaica 0 unos ).&&& a'os despus de la muerte de Ramss 0, que bien podr a haber sido el empleado por los ingenieros del faran. 1ara poner un obelisco a flote, los traba#adores deb an primero arrastrarlo a lo largo de un canal, disponiendo de una especie de puente provisionalJ luego ten an que colocar las barca!as debidamente lastradas con piedras deba#o de aqul. 6uando se despo#aba a las barca!as del lastre, stas sal an a flote con el peso del obelisco, que era transportado r o aba#o, donde presumiblemente se invert a la operacin.
La fase m$s comple#a de todo el procedimiento debe de haber sido la ,ltima, al colocar el obelisco en el empla!amiento escogido. Esta suposicin parece corroborarse por el hecho de que no existe un solo obelisco que est debidamente instalado@ todos ellos presentan una leve desviacin axial respecto a la base. Las teor as avan!adas sobre cmo se al!aba un obelisco parecen ilustrar la dificultad de esta operacin. Los traba#adores deb an primero empu#ar el monolito sobre una rampa inclinada hasta una plataforma elevada. Entonces ten an que despla!arlo hasta el borde de un agu#ero cavado en la plataforma hasta los cimientos, y luego introducirlo. 6abe pensar en lo delicado del momento cuando el gigante de piedra empe!aba a ladearse primero y desli!arse despus en el agu#ero, mientras los traba#adores su#etaban las sogas para impedir que se precipitara y quebrara por el impacto con los cimientos. 8eguramente, requer a la atencin m$s concien!uda. <e hecho, 1linio el Cie#o escribi 0 no sabemos con qu fiabilidad 0 que el faran mand a uno de sus hi#os atarse a la c,spide del obelisco para asegurarse la m$xima atencin por parte de los traba#adores. "racias a las pinturas y los relieves de tumbas y templos sabemos que los colosos eran fi#ados a trineos que arrastraban un contingente masivo de traba#adores a lo largo de un paso lubricado con barro del 7ilo. Las dos enormes estatuas de cuarcita de Amenhotep ///, conocidas como el coloso de =emnn, pesaban .&& toneladas cada una y tuvieron que ser transportadas seg,n el mtodo descrito desde la cantera de "ebel Ahmar hasta las vecindades de 3ebas, una distancia de m$s de *&& Eilmetros. En este caso, la imposibilidad de usar el 7ilo era patente@ ninguna barca podr a haber impulsado una carga tan pesada contra la corriente del r o. Afortunadamente para los traba#adores de Ramss, el Rameseum se encontraba al sur de Asu$n, y ?!ymandias, gigantesca estatua de Ramss, pudo ser embarcada la mayor parte del trayecto. <e hecho, los traba#adores pudieron incluso ahorrarse las arduas tres millas hasta la orilla, al hacer coincidir el embarque con la inundacin del 7ilo para poder llevar la estatua directamente a la puerta del templo, cerca de la cual se han encontrado vestigios de un embarcadero. Llegados al recinto del templo, slo quedaba el tercer y ,ltimo problema@ la ereccin final de la estatua. El mtodo para llevar a cabo esta operacin sigue siendo un enigma, pero seg,n c$lculos modernos, para mover el monolito de ).&&& toneladas se necesitaban 9&& bueyes o, en su defecto, ).&&& hombres. (ui!$ se empleara una rampa o plano inclinado sobre el que se desli!aba la estatua hasta sus cimientos. As , una ensima imagen del rey pod a contemplar a su pueblo desde la eternidad.
La Vida En El Imperio Egipcio
<urante el reinado de Ramss //, estos espectaculares cometidos eran slo una parte del esfuer!o total dedicado a la construccin. ?tros proyectos no deb an ser vistos #am$s por el pueblo, como el Calle de los Reyes, donde la tradicin contaba que la obra hab a empe!ado en el momento de la coronacin del rey. 6asi tres siglos antes de Ramss, su gran predecesor 3utmosis / hab a iniciado el ritual del entierro en estos para#es, atra do por el silencio del lugar, sin mencionar la le#an a de los profanadores de tumbas. /ndudablemente, el aislamiento creaba problemas log sticos a los equipos de construccin. 1or ello, en un valle a menos de 9 Eilmetros de la vega del 7ilo, tras una colina que le escond a de las $reas pobladas, 3utmosis / cre un asentamiento permanente 0 <eir el =edina 0 para los artesanos que habr an de construir, decorar y equipar no slo su tumba, sino la de la mayor a de sus sucesores, cortesanos y altos funcionarios. El asentamiento result ser adecuado, y los reyes sucesivos lo mantuvieron. <el )F&& al ))&& a. 6., sus residentes 0 conocidos como los 2traba#adores de la tumba real2 o 2servidores del puesto de la verdad2 0 formaron una prspera comunidad. Estos artesanos y sus familias go!aban de una categor a bien distinta a la de los traba#adores no especiali!ados explotados en la construccin de los edificios p,blicos de Egipto. <e hecho, la palabra traba#adores puede llamar a enga'o, pues muchos de ellos eran talentosos profesionales y artistas respetados por la corte. 2El gobernador y visir 1aser me ha encomendado para que los traba#adores de la tumba real reciban su recompensa 0 escribi el alcalde de la 3ebas occidental 0, o sea, vegetales, pescado, le'a, #arras de cerve!a, leche y otras provisiones. (ue no quede una pi!ca de nada2. ?tros documentos se'alan que el salario anual de estos hombres era de ;* Ehar de trigo 0 unos ;& Eilos 0, cuatro veces la paga de los porteadores. A las entradas del recinto se dispon an los destacamentos de polic a para impedir el acceso de intrusos. El temor a los profanadores de tumbas era una de las principales ra!ones que impulsaron a 3utmosis / a desarrollar el proyecto del Calle de los Reyes, e incrementar los esfuer!os para preservar la seguridad. <e otra parte, aunque el traba#o e#ecutado por los habitantes de <eir el =edina respond a a las convenciones del arte funerario egipcio, aqullos no pod an sustraerse a un cierto prurito sat rico@ algunas de las tablillas encontradas all muestran a ociosos y aristocr$ticos ratones asistidos por gatos serviles y sufridos.
Los traba#adores sab an cmo disfrutar de su tiempo libre 0 sobre todo si coincid a con la festividad del patrn del poblado, el divini!ado Amenhotep /. As , el d a 94 del tercer mes de invierno, seg,n registra una ostraca, 28e divirtieron durante cuatro d as enteros, bebiendo con sus mu#eres y ni'os, 5& personas del poblado y otras 5& de afuera2. El gran halla!go de ostracas garabateadas procedentes de <eir el =edina ha procurado esplndidas muestras de cmo funcionaba el comercio diario en una civili!acin egipcia desconocedora del intercambio monetario. Aunque no hab a nada parecido a la moneda, ni siquiera en las postrimer as del /mperio 7uevo, se desarroll un cuidado sistema de permuta por el que pr$cticamente todo ten a su equivalente en grano o metal, lo que daba una gran flexibilidad al intercambio econmico. 1or e#emplo, en una compra que registra una tablilla de <eir el =edina, se fi#aba el precio de un ata,d en 9F,F deben de cobre, algo m$s de tres on!as por deben, unos 9,F Eilos de metal. <e todos modos, el comprador no se limitaba a ofrecer el cobre a cambio. 1ropon a un puerco valorado en F deben, dos cabras al mismo precio cada una, dos troncos de sicomoro por 9 deben, y dos medidas de su provisin de cobre que sumaban )4,F. En otra transaccin, un polic a le hab a comprado un buey a un traba#ador por F& deben. Al tener slo F deben en metal, equilibr la balan!a con una #arra de grasa 0 equivalente a 4& deben 0, dos t,nicas de )& deben y F deben de aceite vegetal. El traba#o de los pobladores consist a en un turno de * horas durante die! d as, tras los cuales recib an la paga y un d a de reposo. 8in embargo, la larga duracin del reinado de Ramss durante el /mperio 7uevo produ#o una cierta depresin al poblado, con la reduccin en la demanda de tumbas reales. +acia el a'o ;& de este mandato, algunos empleados traba#aban un d a de cada cuatro, y pod an dedicarse as al cuidado de su propia eternidad esculpiendo tumbas para s mismos en la ladera de una colina cercana. El poder del faran presentaba ciertos l mites, creados no por una oposicin organi!ada sino por la misma comple#idad del aparato estatal faranico. En cierto modo, el ,nico pilar de la sociedad egipcia que escapaba al control inmediato del faran era la #erarqu a sacerdotal y la red de templos que le serv an. 7o obstante, a una distancia de 4.&&& a'os, stos pueden parecer m$s importantes de lo que realmente fueron, a tenor de los vestigios arqueolgicos diseminados por Egipto. Los palacios reales estaban construidos principalmente con ladrillos, que el paso del tiempo acab por desmenu!ar. 7o fue hasta el /mperio 7uevo que se erigieron templos monumentales de piedra, que #unto con las pir$mides se convertir an en el legado arquitectnico m$s duradero. A su ve!, en contraste con tiempos m$s remotos, estos templos empe!aron a aparecer tambin en el cora!n de las comunidades urbanas del pa s, permitiendo a los egipcios vivir cotidianamente la experiencia de una tal monumentalidad.
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1ero la proximidad visual de los grandes templos no acerc a la gente a su contenido. 7i la poderosa arquitectura interior, ni su exquisita decoracin, deb an ser contemplados por la plebeJ salvo en d as festivos, la religin no permit a la participacin p,blica. El /mperio 7uevo tambin dio mucha m$s importancia a los desfiles religiosos y festivales p,blicos, en los que las im$genes de los dioses eran tomadas de sus santuarios y transportadas ba#o un velo en una barca sagrada de un templo a otro, o componiendo una procesin hasta la orilla del r o. Algunas de estas celebraciones eran de temporada, en conmemoracin de la llegada de la primavera o el a'o nuevoJ otras estaban estrechamente ligadas a un dios en particular, como el festival de ?pet dedicado a Amn, al que Ramss asisti poco despus de su coronacin Las procesiones eran muy populares, y no sin ra!n. <urante las mismas se celebraban fiestas en las que se repart a abundante cerve!a y comida de los almacenes reales. Estos d as no slo daban color a la triste existencia del campesinado, sino que mediante la generosidad real demostraban que la relacin del pa s con los dioses estaba en buenas manos, de lo que una prueba evidente era la asistencia del faran. La supervivencia y el bienestar de la nacin depend an de la buena voluntad de los dioses, que slo pod a asegurarse con la esmerada observancia del ritual. La seriedad que revest a la adoracin de los dioses principales, como Amn, 1tah y Re, imped a que ese rito se practicase en p,blico. 3odo lo que los egipcios de a pie llegaron a ver de sus m$s respetables instituciones, fue la inescrutable solide! de unos muros tras los que se ocultaban los misterios de los templos. =uy raramente, alg,n individuo era admitido en el atrio. 6abe se'alar una excepcin sobresaliente, pues Ramss orden abrir al p,blico la sala hipstila de DarnaE. 6onsiguientemente, la llam 2el lugar donde la gente ensal!a el nombre de 8u =a#estad2. Los egipcios pod an adorar aqu a sus dioses y, sobre todo, a 28u =a#estad2, Ramss //. <e cualquier modo, los muros sol an ser barreras infranqueables. Los vestigios de una muralla en DarnaE perteneciente a la :C/// dinast a, permiten apreciar una importante estructura de fortale!a con torres. Resulta irnico, sin embargo, observar que los muros externos eran m$s fr$giles que las piedras que deb an protegerJ de modo que, tras su erosin, los turistas de hoy d a pueden contemplar los templos de Luxor y DarnaE mucho me#or que los s,bditos de Ramss. Los egipcios practicaban sus ritos en santuarios locales 0 cada provincia ten a sus propios dioses, a menudo con cabe!a de animal 0 o, en su defecto, tan cerca de los grandes templos como les estuviera permitido. 2Alaba a los de la gran muralla 0 re!aba una inscripcin en el templo de 1tah de =enfis 0, es el lugar donde se oye la plegaria2. 1ara remarcar que ste era el enclave donde los dioses escuchaban, se empla!aron grandes ore#as de piedra en la cima de cada torre. Kuera de la vista de o#os profanos, el templo cumpl a una funcin primordial que era, ante todo, su mera existencia. El templo era h>tntr, nada menos que 2la =ansin de <ios2.
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En el centro geomtrico del mismo se erig a el santuario del dios, donde una estatua sagrada en la penumbra recib a el servicio ritual ofrecido diariamente por unos pocos y selectos iniciados. En teor a, slo el faran pod a representar a su pueblo frente a los dioses, debido a su propio estatus divino. 1ero, en la pr$ctica, no pod a asistir a cada funcin lit,rgica y, en su ausencia, le sustitu a alg,n alto sacerdote. La #erarqu a eclesi$stica egipcia presentaba distintos rangos@ en la c,spide estaban los sumos sacerdotes, o 2primeros profetas2, quienes a menudo hab an sido altos funcionarios del estado emparentados con la reale!a, escogidos m$s por su probada lealtad que por su formacin religiosa. El eslabn siguiente inclu a a los segundos, terceros y cuartos profetas, 2padres de <ios2, estudiosos encargados de los aspectos m$s arcanos de la teolog a y el ritual. 1ero la mayor a de individuos registrados con t tulos sacerdotales parecen haber sido empleados del templo que reali!aban oficios tres veces al a'o, aunque en su categor a inferior les estaba incluso negado el acceso al santuario, la bendicin de las bendiciones. Antes de regresar a sus ocupaciones regulares, estos sacerdotes ten an que ser especialmente purificados. Aparte de los rituales y ceremonias, buena parte del traba#o en un templo era de tipo administrativo, gestionar y supervisar las haciendas de los dioses. =$s all$ de la religin hab a multitud de asuntos de los que ocuparse, pues los templos desarrollaban una importante actividad econmica. <e hecho, eran inmensamente ricos, se hab an convertido en grandes terratenientes gracias a las dotaciones reales, y no era raro ver barca!as de los templos cru!ando el 7ilo en misin recaudadora. A su ve!, administraban buena parte de las haciendas del rey y, despus de victoriosas campa'as militares, recib an bot n de guerra como ofrenda a los dioses por el triunfo. La generosidad real iba, a menudo, m$s all$. Ramss // cedi un barco con su tripulacin al templo de su padre en Abydos. Es m$s, tanto Abydos como DarnaE ten an traba#adores asignados y derechos sobre las minas de oro del desierto. 3odos los templos principales ten an sus propios barcos de mercanc as y sus mercaderes, que manten an relaciones comerciales m$s all$ de la frontera egipcia y cuyo traba#o consist a en intercambiar bienes excedentes por otros m$s necesarios para el templo. Los templos no slo administraban y creaban rique!a, tambin la almacenaban. Las despensas del Rameseum pod an llegar a contener cereales para alimentar a m$s de 9&.&&& personas al a'o. 3ales reservas supon an un seguro contra las hambrunas, pero representaban asimismo un capital que pod a usarse para financiar grandes proyectos. <e hecho, los templos eran las instituciones egipcias m$s cercanas al sistema bancario. 1or otra parte, no eran una excepcin al binomio que suele aunar rique!a con poder. 1or m$s que estuvieran sometidos a la autoridad real, le eran igualmente indispensables. El sacerdocio y
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el alto funcionariado sol an solaparse, y la cantidad de traba#o burocr$tico asumido por los primeros 0 como la paga a los obreros de la construccin 0 hace dif cil, a veces, distinguirles del aparato estatal. La camarilla de sacerdotes de alto rango era el ,nico colectivo con influencia suficiente como para poder desafiar la voluntad del faran. /ncluso Ramss tuvo que ir m$s all$ de Asu$n y al norte del delta, fuera de la #urisdiccin de la #erarqu a sacerdotal del Alto Egipto, para poder presentarse no slo como intermediario entre los dioses y los hombres, sino en igualdad de condiciones con aqullos. En Abu 8imbel y otras partes de 7ubia, el faran pod a proclamar su estatus divino en vida y muerte sin provocar el enfado del estamento sacerdotal. 1ero los proyectos de Ramss, y su autodivini!acin 7ilo arriba, ten an claros motivos pol ticos fundados en la pretensin de impresionar a la poblacin nubia con sus asombrosos poderes.
Intimidacin Y Poder
La rique!a aur fera de 7ubia hab a sido un ob#etivo de la monarqu a egipcia desde los tiempos de la primera dinast a, en el 4&&& a. 6. +acia fines del /mperio =edio, se hab an erigido fortale!as y ciudades fortificadas a lo largo de unos F&& Eilmetros, de la primera a la segunda catarata. En el /mperio 7uevo, los asentamientos del poder egipcio llegaron ya hasta la quinta catarata. Esta $rea tan vasta, que se extend a unos ).F&& Eilmetros 7ilo arriba desde Asu$n, constituy el m$s rico yacimiento de oro y esclavos del faran. 1ero 7ubia no era en absoluto la m$s fiel de las provincias. 8u poblacin se hab a mantenido siempre inquieta ba#o el dominio egipcio, y los al!amientos se reproduc an con regularidad. En el )9%; a. 6., cuatro a'os antes del coronamiento de Ramss, un simple rumor de rebelin en el frtil distrito de /rem, m$s all$ de la tercera catarata, indu#o a 8ethi / a un severo ataque preventivo. 3al como registr el virrey de 7ubia@ 28u =a#estad di#o entonces a los altos oficiales, la corte y su squito@ L+asta qu punto son despreciables en /rem que se permiten sublevarse contra 8u =a#estadM2 1osteriormente, hi!o avan!ar a su infanter a y sus carros que, seg,n lo documentado, obtuvieron una victoria estrepitosa@ 2El bra!o fuerte del faran estaba all ante ellos como un a!ote de fuego asolando las monta'as2. En una semana todos los rebeldes fueron reducidos o e#ecutados. Hna generacin m$s tarde, el mismo Ramss envi tropas para ayudar al virrey de 7ubia en otra campa'a contra las gentes de /rem. El faran prefer a intimidar a sus s,bditos nubios mediante monumentales proyectos arquitectnicos, pero no vacilaba en tomar represalias m$s severas contra los insumisos. La intimidacin era, de hecho, una de sus pr$cticas de poder preferidas. <e entre todos los monumentos de Ramss, ninguno es tan ostentoso como el templo de Abu 8imbel, en el interior del territorio nubio. El rey parece que se decant por este proyecto tras contemplar dos colinas de piedra rosada presidiendo la orilla occidental del
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7ilo. En otro orden de cosas, nada sirvi me#or como amena!a contra elementos conflictivos que este comple#o arquitectnico de Abu 8imbel. A su ve!, la le#an a de la #erarqu a sacerdotal le otorgaba al faran un poder sin ataduras de ning,n tipo.
El templo principal, cuya funcin original era honrar a los grandes dioses de Egipto y 7ubia, se convirti en el centro del culto personal a Ramss en 7ubia. En su fachada se erigieron cuatro estatuas sedentes del faran, de unos 9& m de altura, esculpidas en la roca madreJ detr$s de los colosos, los salones y estancias del templo estaban perforados a 5& m ba#o la roca. 7o le#os de all , el segundo pe'asco fue convertido en un templo subsidiario dedicado a la diosa +athor. La fachada comprend a en este caso cuatro estatuas del faran y dos de 7efertari, la reina de reinas, flanqueada por im$genes menores de pr ncipes y princesas. <e acuerdo con la inscripcin que las rodea, el templo hab a sido esculpido como homena#e a 7efertari, 2por cuya bendicin el sol brilla2. En caso de que Abu 8imbel no fuera suficiente, el rey orden que otros templos fueran construidos en $reas estratgicas de 7ubia para asegurarse que ser a adorado como una deidad local en cada una de las poblaciones mayoresJ incluso las esfinges ornamentales que se alineaban a lo largo de grandes avenidas se esculp an con la apariencia de Ramss. Esta campa'a de saturacin personalista y autoglorificacin dio sus resultados, y durante el reinado de Ramss los nubios no provocaron nuevos conflictos. 6on el paulatino declive del poder egipcio al final del /mperio 7uevo, los grandes monumentos de Abu 8imbel quedaron sepultados ba#o la arena del desierto. 6uando el inventor y arquelogo aficionado italiano, "iovanni Nel!oni y su equipo los desenterraron en )*)., eran las primeras personas en contemplar el templo en m$s de ).&&& a'os. +oy d a, millones de personas est$n familiari!adas con 2el rostro #ovial y expresivo2 de Ramss // y se preguntan qu clase de persona ser a para mandar levantar tan tit$nico monumento a s mismo.
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La respuesta m$s inmediata es que el faran ten a un egocentrismo monstruoso. Ramss fue efectivamente un megalmano 0 tal como cualquier faran, en calidad de mandatarios m$s poderosos de la tierra, era susceptible de serlo. 8in embargo, parece que el puro af$n de construir mov a a Ramss m$s que la propia vanidad. B al observar su deber con la eternidad, no hac a m$s que cumplir con el rango que ten a asignado.