Fundamentos de La Fe Cristiana
Fundamentos de La Fe Cristiana
FUNDAMENTOS DE LA FE CRISTIANA
JAMES M. BOICE
1AMSS MONKL.OMEKV BOLCh: LOS
FUNDAMENTOS FE CRISTIANA
DE LA
UNA CALUROSA NOCHE EN LOS ALBORES DE LA ERA CRISTIANA un hombre sofisticado y educado, llamado Nicodemo, vino a ver a un joven rab, a Jess de Nazaret. El hombre quera discutir la realidad. As fue que comenz la conversacin con una afirmacin sobre hacia dnde su propia bsqueda personal de la verdad lo haba conducido. Le dijo: "Rab, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas seales que t haces, si no est Dios con l" (Jn. 3:2). Con excepcin de la palabra Rab, que es slo una forma educada de dirigirse a alguien, las primeras palabras demuestran un conocimiento considerable. Nicodemo dijo: "Sabemos". Luego comenz a ensayar las cosas que saba (o que crea saber) y con las que quera comenzar la discusin: (1) que Jess continuaba realizando muchos milagros; (2) que estos milagros buscaban autenticarlo cmo un maestro enviado por Dios; y que, por lo tanto, (3) Jess era alguien a quien l deba escuchar. Desafortunadamente para Nicodemo, Jess le contest que esa forma de encarar el conocimiento era errada y que Nicodemo por consiguiente no poda conocer nada hasta que no hubiera experimentado una transformacin espiritual interior. "No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo" (Jn. 3:7). Los comentarios subsiguientes de Nicodemo demuestran al menos un reconocimiento implcito de su falta de conocimiento sobre los temas importantes, ya que comenz a realizar preguntas: "Cmo puede un hombre nacer siendo viejo? Cmo puede hacerse esto?" (vs. 4, 9). Jess le ense que el verdadero conocimiento comienza con el conocimiento espiritual, el conocimiento de Dios, y que ste se encuentra en la revelacin que Dios hace de s en la Biblia y en la propia vida y obra de Jess, en la obra del Salvador.
Esta conversacin resulta relevante hoy en da. Los problemas y frustraciones que Nicodemo tuvo que enfrentar hace casi dos mil aos tambin estn presentes en nuestro tiempo. Nicodemo posea el conocimiento, pero no tena la clave para ese conocimiento, el elemento integrador. Saba algunas cosas, pero su bsqueda de la verdad lo haba conducido al extremo de una crisis personal. Del mismo modo, mucho sabemos en nuestros das. Con respecto a la informacin y el conocimiento tcnico, hoy sabemos ms que en ningn perodo histrico anterior. Sin embargo, el tipo de conocimiento integrador de toda esta informacin, que consiguientemente le dar significado a la vida, est extraamente ausente.
La naturaleza del problema puede verse al examinar los dos casi exclusivos enfoques que existen hoy. Por un lado existe la idea que la realidad puede ser comprendida slo con la razn. Este enfoque no es nuevo, por supuesto. Es el enfoque desarrollado por Platn y, por lo tanto, asumido por mucho del pensamiento griego y romano con posterioridad a l. En la filosofa de Platn, el conocimiento verdadero es el conocimiento de la esencia eterna e inalterable de las cosas, no el mero conocimiento de los fenmenos cambiantes. Es decir, es el conocimiento de las formas, las ideas o los ideales. El equivalente ms cercano en el presente sera las as llamadas leyes cientficas. Superficialmente, este enfoque del conocimiento mediante el ejercicio de una razn supuestamente imparcial parecera ser deseable, ya que es productivo -como lo sealan los avances tcnicos del presente. Pero no est libre de problemas. Por un lado, es un conocimiento muy impersonal y, como algunos podran sealar, muy despersonalizado. Segn este enfoque, la realidad se convierte en una cosa (una ecuacin, una ley, o, peor an, un simple dato), y los hombres y las mujeres tambin se convierten en cosas, con el resultado inevitable que pueden ser entonces manipulados como cualquier otra materia prima para cualquier fin. Un ejemplo es la manipulacin que sufren las naciones pobres por parte de las naciones ricas para poder expandir la economa de estas naciones ricas; es decir, la injusticia analizada y justamente condenada por Karl Marx en El manifiesto comunista, El capital, y otros escritos. Otro ejemplo es el propio comunismo, que a pesar de sus intenciones por mejorar la suerte de las masas, en realidad las manipula con fines ideolgicos. Aun nivel personal existe la ciencia de la terapia del comportamiento y las enseanzas espeluznantes de un hombre como B. F Skinner de la Universidad de Harvard quien afirma que los individuos debieran ser condicionados cientficamente para el bien de la sociedad. Existe otro problema con el intento de comprender la realidad mediante slo la razn. Este enfoque no presta una base adecuada para la tica. Puede decirnos lo que es, pero no lo que debera ser. En consecuencia, los extraordinarios avances tcnicos del presente vienen acompaados de una permisividad moral extrema y debilitadora que apunta con el tiempo a derribar aun los valores y el sistema que posibilitaron tanto estos avances como esta permisividad. Es interesante notar que lo mismo ocurri tambin con los filsofos griegos, quienes en ocasiones llevaron vidas depravadas aunque eran hombres de gran intelecto. En aos recientes las fallas del sistema racionalista se han impreso sobre una nueva generacin con el resultado de que muchos en el mundo occidental han abandonado la razn en bsqueda de la realidad mediante la experiencia emocional. En el mundo antiguo, como reaccin a la impersonalidad de la filosofa griega se haca lo mismo mediante la participacin intensa en los ritos de las religiones de misterio. Estas prometan una unin
emocional con algn dios, inducida por las luces, la msica, el incienso y posiblemente las drogas. En el presente, el mismo enfoque ha aflorado en el culto a las drogas, el redes cubrimiento de las religiones orientales, la meditacin trascendental, el movimiento del potencial humano y otras prcticas que supuestamente "expanden la mente". Este enfoque moderno tambin presenta varios problemas. En primer lugar, la experiencia no es duradera. Es pasajera. Cada intento de comprender la realidad mediante experiencias emocionales promete alguna clase de "xtasis". Pero este "xtasis" va seguido inevitablemente de una "depresin", con el problema adicional de que se requiere de un estmulo cada vez ms intenso para que se repita la experiencia. Finalmente esto acaba en la autodestruccin o en una desilusin aguda. Otro problema es que enfocar la realidad a travs de las emociones no satisface la mente. Los promotores de este tipo de experiencias, en particular las vinculadas a las drogas, hablan de una percepcin ms intensa de la realidad como resultado de su empleo. Pero su experiencia carece de un contenido racional. La parte del ser humano que desea pensar sobre ellas y comprenderlas permanece insatisfecha. El resultado de esta situacin es la actual crisis en el rea del conocimiento, como ya sucedi en la antigedad. Muchas personas que piensan por s mismas no saben con honestidad dnde recurrir. El enfoque racionalista es impersonal y amoral. El enfoque emocionalista carece de contenido, es pasajero y tambin con frecuencia inmoral. "Es este el final?" -muchos se preguntan. "No existen otras posibilidades? No hay un tercer camino?"
A esta altura el cristianismo propone que hay un tercer camino, que justamente es firme precisamente en aquellos puntos donde los otros enfoques son dbiles. La base de este tercer camino est en que existe un Dios que ha creado todas las cosas y que da significado a su creacin. Es ms, podemos conocerle. Esta es una posibilidad excitante y que satisface. Es excitante porque implica la posibilidad de un contacto entre el individuo y Dios, no importa lo insignificante que el individuo pueda aparecerse frente a sus ojos o a los ojos de los dems. Satisface porque es el conocimiento no de una idea o cosa, sino del supremo Ser personal, y porque surge de un profundo cambio de conducta. Esto es lo que la Biblia quiere decir cuando expresa: "El principio de la sabidura es el temor de Jehov" (Pr. 1:7), y "El temor d Jehov es el principio de la sabidura, y el conocimiento del Santsimo es la inteligencia" (Pr. 9:10). Aqu, sin embargo debemos tener claro que queremos decir cuando hablamos de "conocer a Dios", porque muchos usos comunes de la palabra conocer son inapropiados para transmitir el conocimiento bblico. Existe un uso de la palabra conocer que significa "conciencia de un hecho". La usamos con este sentido cuando decimos que conocemos dnde vive alguien o
que sabemos que estn ocurriendo determinados acontecimientos en algn lugar del mundo. Es una clase de conocimiento que no nos involucra personalmente. Tiene poco peso en nuestras vidas. La Biblia, cuando habla de conocer a Dios, no la usa en este sentido. Otro uso de la palabra conocer significa "conocer sobre" algo o alguien. Es conocimiento por descripcin. Por ejemplo, podemos decir que conocemos la ciudad de Nueva York o Londres o Mosc. Significa que somos conscientes de la geografa de la ciudad; que conocemos los nombres de sus calles, dnde se encuentran las tiendas ms importantes, y otros detalles. Podemos tener este conocimiento de la ciudad por haber vivido en ella. Pero tambin es posible que tengamos dicho conocimiento por haber ledo libros. En el plano religioso este tipo de conocimiento sera aplicable a la teologa que, aunque importante, no es la totalidad ni el corazn de la religin. La Biblia nos ensea muchas cosas que deberamos saber sobre Dios. (Es ms, mucho de lo que sigue a continuacin en este libro est dirigido a satisfacer nuestra necesidad de ese tipo de conocimiento.) Pero no es suficiente. Aun los ms encumbrados telogos pueden ser confundidos y encontrar la vida carente de significado. El verdadero conocimiento de Dios es tambin ms que el conocimiento por experiencia. Para volver a un ejemplo anterior, podra ser posible que alguien que ha vivido en una determinada ciudad dijera: "Pero mi conocimiento no es conocimiento de libro. Yo he vivido realmente all. He caminado por sus calles, comprado en sus tiendas, ido a sus teatros. Yo he experimentado la ciudad. La conozco verdaderamente." A esto deberamos responder que el conocimiento involucrado es sin duda algo ms de lo que hemos estado hablando hasta ahora, pero todava no expresa el significado cabal del conocimiento en el sentido cristiano. Supongamos, a modo de ejemplo, que una persona saliera en una tibia noche de verano al campo y mirara hacia arriba, al cielo estrellado, y volviera diciendo que en ese campo conoci a Dios. Qu le decimos a esa persona? Hasta cierto punto el cristiano no tiene por qu negar la validez de esa experiencia. Es evidente que se trata de un conocimiento ms profundo que la mera conciencia de Dios ("Dios existe") o el mero conocimiento de l ("Dios es poderoso y es el Creador de todo lo que vemos y conocemos"). Pero, como cristianos insistimos que todava es menos de lo que la Biblia quiere significar por un conocimiento verdadero. Porque cuando la Biblia habla de conocer a Dios quiere decir que Dios nos hace vivir en un nuevo sentido (somos "nacidos de nuevo"), conversamos con Dios (de modo que l se convierte en algo ms que "Algo" que est en algn lado, se convierte en un amigo), y sufrimos profundos cambios en el proceso. Todo esto nos lleva, paso a paso, a una mejor comprensin del trmino conocimiento. Pero falta todava precisarlo an ms. De acuerdo con la Biblia, aun cuando podamos asignarle el significado ms exacto a la palabra conocer, conocer a Dios no es meramente conocer a Dios. No se puede conocer a Dios en forma aislada. Siempre conocemos a Dios en su relacin con
nosotros. Por lo tanto, de acuerdo con la Biblia, el conocimiento de Dios slo tiene lugar cuando tambin tenemos conocimiento de nosotros mismos y de nuestra profunda necesidad espiritual, y cuando va acompaado de la aceptacin de la gracia divina para suplir nuestra necesidad mediante la obra de Cristo y la aplicacin de dicha obra en nosotros por el Espritu de Dios. El conocimiento de Dios tiene lugar en un contexto de piedad, adoracin y devocin cristianas. La Biblia nos ensea que el conocimiento de Dios tiene lugar (cuando tiene lugar) no tanto porque nosotros busquemos a Dios, porque no lo buscamos, sino porque Dios se revela a s mismo a travs de Cristo y de las Escrituras. J. I. Packer escribe con respecto a este conocimiento que "conocer a Dios implica, primero, escuchar la Palabra de Dios y recibirla segn la interpretacin del Espritu Santo, para poder aplicarla en nuestras vidas; segundo, aprender sobre la naturaleza y el carcter de Dios, como revelado en su Palabra y en sus obras; tercero, aceptar sus invitaciones, y hacer lo que l ordena; cuarto, reconocer y regocijarse en el amor que l ha demostrado al acercarse a nosotros y atraernos a su comunin divina".1 POR QU CONOCER A DIOS?
"Un momento", puede decir alguien. "Todo eso suena complicado y difcil. Es ms, parece ser demasiado difcil. Si eso es lo que implica, yo no deseo saber nada de eso. Quiero una buena razn por la que debiera interesarme". Es una objecin razonable, pero se la puede contestar con una respuesta adecuada. Es ms, hay varias respuestas. Primero: El conocimiento de Dios es importante, porque slo a travs del conocimiento de Dios una persona puede acceder a lo que la Biblia denomina la vida eterna. Jess seal esto cuanto or: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el nico Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Jn. 17:3). A simple vista, tampoco esto resulta lo suficientemente importante para el "hombre natural" para que l desee conocer a Dios a todo precio. Pero esto se debe a que, como no tiene vida eterna, no puede comprender aquello que carece. Es como una persona que dice que no le gusta la buena msica. Que no la pueda apreciar no le quita ningn mrito a la msica; slo nos indica que esa persona no tiene sentido de apreciacin. Del mismo modo aquel que no aprecian el don de vida divino nos indica que no tienen la capacidad de comprender o valorar lo que no tienen. La Biblia nos dice: "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espritu de Dios, porque para l son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1 Co. 2:14). Puede ser de ayuda decirle a esa persona que la promesa de vida eterna es tambin la promesa
1
J. I. Packer, Knowing God (Downers Grove, III: Intervarsity Press, 1973), P. 32.
de poder vivir plenamente como un autntico ser humano. Esto es cierto, pero tambin es cierto que la vida eterna es ms que esto. Significa revivir, no slo en un sentido nuevo sino tambin en un sentido eterno. Es lo que Jess quiso decir cuando dijo: "Yo soy la resurreccin y la vida; el que cree en m, aunque est muerto, vivir; y todo aquel que vive y cree en m, no morir eternamente" (Jn. ll:25->26). Segundo: El conocimiento de Dios es importante porque, como ya lo sealamos, tambin implica un conocimiento de nosotros mismos. El presente es el presente de la psiquiatra y la psicologa. Los hombres y las mujeres gastan miles de millones de dlares para conocerse a s mismos, para comprender su psique. Es cierto que hay una necesidad de la psiquiatra, en particular de la psiquiatra cristiana. Pero esto por s solo no es cabalmente suficiente si no lleva a los individuos a un conocimiento de Dios contra el cual medir su propia vala y sus limitaciones. Por un lado, el conocimiento que podemos tener de nosotros mismos mediante el conocimiento de Dios implica tener humildad. No somos Dios, no nos parecemos a l. El es santo; nosotros no somos santos. El es bondad; nosotros no somos bondad. El es sabio; nosotros somos necios. El es poderoso; nosotros somos dbiles. El est lleno de amor y de gracia; nosotros estamos llenos de odio y de egosmo. Por lo tanto, conocer a Dios es vernos como se vio Isaas cuando dijo: "Ay de m! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehov de los ejrcitos" (Is. 6:5). 0 como Simn Pedro cuando dijo: "Aprtate de m, Seor, porque soy hombre pecador" (Le. 5:8). Por otro lado, el conocimiento que tenemos de nosotros mismos mediante el conocimiento de Dios nos reafirma y nos satisface. Porque a pesar de lo que nos henos convertido, todava somos criaturas de Dios y l nos ama. No existe una dignidad ms alta que haya sido otorgada al hombre y a la mujer que la dignidad que la Biblia les otorga. Tercero: El conocimiento de Dios tambin nos brinda un conocimiento del mundo: lo bueno y lo malo que hay en l, su pasado y su futuro, su propsito y el juicio venidero que pende sobre l en mano de Dios. En un sentido, este es un corolario de lo que acabamos de sealar. Si el conocimiento de Dios nos da un conocimiento de nosotros mismos, inevitablemente debe darnos tambin un conocimiento del mundo; ya que el mundo est conformado en gran parte por los individuos que lo componen. Por otro lado, el mundo tiene una relacin especial con Dios, tanto con respecto a su pecado y rebelda como a su valor como vehculo para los propsitos divinos. Es un lugar confuso hasta que conocemos al Dios que lo cre, y aprendemos por qu lo cre y qu es lo que le suceder. Cuarto: El conocimiento de Dios es importante porque es el nico camino para la santidad personal. Este es un propsito que el hombre natural no desea. Pero, de todos modos, es
esencial. Nuestros problemas derivan no del hecho que somos ignorantes de Dios sino del hecho que somos pecaminosos. No queremos el bien. A veces lo odiamos, aun cuando el bien obra en nuestro beneficio. El conocimiento de Dios conduce a la santidad. Conocer a Dios tal como es, es amarlo como es y desear ser como l es. Este es el mensaje de uno de los versculos bblicos sobre el conocimiento de Dios ms importantes. Jeremas, el antiguo profeta de Israel, escribi: "No se alabe el sabio en su sabidura, ni en su valenta se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas albese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehov, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehov" (Jer. 9:23-24). Jeremas tambin escribi acerca de un da en el que aquellos que no conocen a Dios llegaran a conocerle. "Y no ensear ms ninguno a su prjimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehov; porque todos me conocern, desde el ms pequeo hasta el ms grande, dice Jehov; porque perdonar la maldad de ellos, y no me acordar ms de su pecado" (Jer. 31:34) Por ltimo, el conocimiento de Dios es importante en el sentido que es slo mediante el conocimiento de Dios que la iglesia y aquellos que la componen pueden tener poder Nosotros somos dbiles, pero como escribi Daniel: "el pueblo que conoce a su Dios se esforzar y actuar" (Dn. 11:32). La iglesia de hoy en da no es poderosa, tampoco tenemos muchos cristianos poderosos. Podemos encontrar la causa en la ausencia de un conocimiento espiritual serio. Por qu la iglesia es dbil? Por qu las personas cristianas son dbiles? Es porque han permitido que sus mentes se conformen al "espritu de la poca", con su pensamiento mecanicista y ajeno a Dios. Se han olvidado cmo es Dios y lo que ha prometido a aquellos que confan en l. Pidmosle al cristiano promedio que hable de Dios. Despus de las primeras respuestas de rigor veremos que su dios es un pequeo dios de sentimientos vacilantes. Es un dios que le gustara salvar al mundo, pero que no puede. Que le gustara evitar la maldad, pero de alguna manera eso est fuera de su poder. Es as que se ha confinado en una especie de retiro, dispuesto a dar buenos consejos como un abuelo carioso, pero que la mayor parte del tiempo ha dejado que sus hijos se las arreglen por s solos en un medio ambiente peligroso. Este dios no es el Dios de la Biblia. Aquellos que conocen a su Dios perciben el error en esta clase de razonamiento y actan de conformidad. El Dios de la Biblia no es dbil; es poderoso. Es todopoderoso. Nada ocurre sin su permiso o fuera de sus propsitos -ni siquiera la maldad. No hay nada que lo perturbe o que no pueda comprender. Sus propsitos siempre son logrados. Por lo tanto, aquellos que le conocen verdaderamente actan con firmeza, en la seguridad de que Dios est con ellos para cumplir su propsito en sus vidas.
Deseamos un ejemplo? No hay ejemplo mejor que el de Daniel. Daniel y sus amigos eran hombres temerosos de Dios en el medio hostil de la antigua Babilonia. Eran esclavos, buenos esclavos. Servan en la corte. Pero las dificultades comenzaron cuando se negaron a obedecer las rdenes que fueran contrarias a las del Dios verdadero a quien conocan y adoraban. Cuando Nabucodonosor oblig a todos a adorarle y postrarse delante de la estatua que l haba levantado, Daniel y sus amigos se negaron. Cuando durante treinta das se abolieron las oraciones a cualquiera que no fuera el rey Daro, Daniel sigui haciendo como haba hecho hasta entonces: oraba a Dios tres veces al da frente a su ventana. Qu les pasaba a estos hombres? No saban prever cules seran las consecuencias? Crean que su desacato sera pasado por alto? De ningn modo. Conocan las consecuencias, pero tambin conocan a Dios. Podan ser poderosos, confiando en que Dios hara con ellos su voluntad, la salvacin o la destruccin en el foso de los leones o en el horno de fuego ardiendo. Estos hombres dijeron: "He aqu nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librar. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado" (Dn. 3:17-18). Un dios dbil no puede producir hombres poderosos, ni tampoco merece ser adorado. Un Dios poderoso, como el Dios de la Biblia, es una fuente de poder para aquellos que le conocen.
Por lo tanto, aprendamos sobre Dios y conozcamos a Dios en el sentido bblico ms... completo. Jess nos anim a hacer esto cuando dijo: "Venid a m todos los que estis trabajados y cargados, y yo os har descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de m, que soy manso y humilde de corazn; y hallaris descanso para vuestras almas" (Mt. 11:28-29). Esta es la verdadera sabidura. Para el cristiano es un privilegio y una obligacin especial. Cul ser el mejor curso de estudio para una persona que es un hijo de Dios? No ser el propio Dios? Si bien es cierto que existen otras reas de estudio tambin valedero, la ciencia ms elevada, el rea que ms abrir nuestras mentes, ser el estudio de la naturaleza divina de Dios. Spurgeon una vez escribi: Existe en la contemplacin de la Divinidad algo que perfecciona la mente. El tema es tan vasto, que todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad; es tan profundo, que nuestro orgullo se ahoga en su infinita profundidad. Hay otros temas que podemos comprender y entender; cuando nos ocupamos de ellos sentimos una especie de autosatisfaccin, y podemos seguir nuestro camino pensando: "Qu sabio soy!" Pero cuando nos encontramos con esta ciencia maestra, y vemos que no podemos sondear su profundidad, y que nuestra vista de guila no puede apreciar su altura, nos damos vuelta con la... solemne
exclamacin: "Soy slo de ayer, y nada conozco "....Pero mientras el tema humilla la mente, tambin la expande... No existe nada que pueda ampliar el intelecto de esta manera, nada que pueda magnificar el alma del hombre, como la investigacin devota, aplicada y continua del gran tema de la Deidad.2 Todo cristiano debera confiadamente perseguir esta meta. Dios ha prometido que todos los que lo buscan lo encontrarn. Si llama, la puerta se abrir.
"CASI TODA LA SABIDURA QUE POSEEMOS, ES DECIR, LA SABIDURA que es verdadera y confiable, puede reducirse a dos cosas: el conocimiento de Dios y de nosotros mismos."3 Estas palabras, del primer prrafo del libro Institucin de la religin cristiana de Juan Calvino, sealan el punto al que hemos llegado luego del captulo anterior, pero tambin introducen un nuevo problema. Si es cierto que la sabidura consiste en "el conocimiento de Dios y de nosotros mismos", esto nos lleva a preguntamos: "Pero quin tiene dicho conocimiento? Quin puede verdaderamente conocer a Dios y conocerse a s mismo?" Si somos sinceros, debemos admitir que librados a nosotros mismos y a nuestras habilidades, la nica respuesta posible es: "Nadie". Librados a nosotros mismos, nadie puede conocer verdaderamente a Dios. Tampoco nos podemos conocer a nosotros mismos en forma adecuada. Cul es el inconveniente? Desde luego, no nos conocemos a nosotros mismos porque no hemos conocido a Dios en primer lugar. Pero, por qu no conocemos a Dios? Es incognoscible? Acaso es su culpa, o la nuestra? Naturalmente, nos resulta ms grato culparlo a l. Pero antes de saltar a esta conclusin deberamos tomar conciencia de lo que implica. Si la culpa es nuestra, aunque este hecho en s pueda no ser reconfortante al menos podr ser subsanado, porque Dios puede hacer cualquier cosa. l puede intervenir. Por otro lado, si la culpa es de Dios (o, como podramos preferir decir, si la culpa est en la naturaleza de las cosas), entonces no hay nada que pueda hacerse. La clave al conocimiento inevitablemente nos eludir, y la vida es absurda. Os Guinness en The Dust of Death aclara este punto al describir un "sketch" realizado por el comediante alemn Karl Valentn. El cmico entraba al escenario que estaba slo iluminado por un pequeo crculo de luz. Caminaba dando vueltas alrededor de ese crculo con cara de
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Charles Haddon Spurgeon, The New Park Street Pulpit, Vol. 1, 1855 (Pasadena, Tex.: Pilgrim Publications, 1975), P. 1. 3 Calvino, Juan, Institucin De La Religin Cristiana. Pases Bajos: Fundacin Editorial De Literatura Reformada, 1967.
preocupacin. Buscaba algo. Al cabo de un tiempo un polica se le acercaba y le preguntaba qu haba perdido. "He perdido las llaves de mi casa", responda Valentn. El polica se le una en la bsqueda, pero sta pareca resultar infructuosa. "Est usted seguro de que la perdi aqu?", preguntaba el polica. "No!", le deca Valentn, sealando una esquina en la oscuridad. "Fue all". "Y entonces, por qu no est buscando all?" "No hay luz all', contestaba el cmico.4 Si no existe Dios o si existe Dios pero no lo podemos conocer por su culpa, entonces la bsqueda del conocimiento se asemeja a la bsqueda del comediante alemn. Donde debera realizarse la bsqueda, no hay luz; y donde hay luz, la bsqueda no tiene sentido. Pero, es este el caso? La Biblia afirma que el problema no es de Dios sino nuestro. Por lo tanto, el problema tiene solucin. Tiene solucin porque Dios puede tomar, y en realidad ha tomado, la iniciativa de revelarse a nosotros, y as proveernos con la llave que nos faltaba para el conocimiento.
Debemos enfrentar el problema, sin embargo: aunque resulte extrao, la persona que no conoce a Dios, en un cierto sentido pero igualmente vlido, le conoce pero reprime ese conocimiento. Aqu debemos volver a recordar la diferencia entre "ser conscientes" de Dios y verdaderamente "conocer a Dios". Conocer a Dios significa tomar conciencia de nuestra profunda necesidad espiritual y de cmo Dios puede suplir dicha necesidad, para luego confiar en Dios y reverenciarlo. Ser conscientes de Dios es slo saber que Dios existe y que merece ser obedecido y adorado. Los hombres y las mujeres no conocen, ni obedecen, ni adoran a Dios en forma natural. Sin embargo, son conscientes de Dios. Esto nos lleva a una de las afirmaciones ms importantes que han sido registradas para beneficio de la humanidad -en la carta del apstol Pablo a la iglesia recin establecida en Roma-. Contienen la primera tesis del apstol en su exposicin de la doctrina cristiana. Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifest. Porque las cosas invisibles de l, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creacin del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio
Os Guinness, The Dust Of Death (Downers Grove, 111.: Intervarsity Press, 1973), P. 148.
corazn fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible, en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrpedos y de reptiles. (Ro. 1:18-23) Vemos aqu tres ideas fundamentales. Primero, la ira de Dios se despliega contra el hombre natural. Segundo, el hombre ha rechazado a Dios deliberadamente. Tercero, este rechazo ha tenido lugar a pesar de la conciencia de Dios que posee toda persona naturalmente.
Nuestro punto de partida ser el tercer punto: la conciencia de Dios que toda persona posee naturalmente. Porque es aqu donde vemos que, aunque nadie conoce a Dios naturalmente, nuestro fracaso en conocer a Dios no es culpa de Dios. l se ha revelado a s mismo en dos aspectos, y todos tenemos esta revelacin. El primer aspecto es la revelacin de Dios en la naturaleza. Podemos parafrasear el argumento de Pablo diciendo que todo lo que el hombre natural puede conocer sobre Dios ha sido revelado en la naturaleza. Por supuesto, debemos admitir que este conocimiento es limitado. Pablo lo define como consistiendo slo de dos cosas: el eterno poder de Dios y su deidad. Pero aunque dicho conocimiento es limitado, es suficiente para que nadie pueda usarlo como excusa para no seguir de ah en adelante buscando a Dios en su plenitud. En un lenguaje contemporneo la frase "eterno poder" puede entenderse cmo la palabra supremaca, y "deidad" podra ser sustituida por ser. Pablo nos est diciendo que la evidencia proporcionada por la naturaleza acerca de la naturaleza de un Ser Supremo es amplia y enteramente convincente. Dios existe, y los seres humanos lo saben. Este es el argumento. Cuando los hombres y las mujeres luego se niegan a reconocer y adorar a Dios, como lo hacen, la culpa no est en la falta de evidencia sino en su determinacin irracional y resuelta de no conocerle. El Antiguo Testamento nos habla de la clara revelacin de Dios en la naturaleza. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un da emite palabra a otro da, y una noche a otra noche declara sabidura. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oda su voz. Por toda la tierra sali su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras" (Sal 19:1-4). El asunto es que la revelacin de Dios en la naturaleza es suficiente para convencer a cualquiera de la existencia y el poder de Dios, si la persona la acepta. Pero hay un segundo aspecto a tomar en cuenta en la revelacin que Dios hace de s mismo. Podramos llamarla una revelacin interior o, al menos, la capacidad interior de recibirla. Ninguna persona en su estado natural ha llegado realmente a conocer a Dios en el sentido bblico ms cabal. Pero todas las personas tienen la capacidad de recibir la revelacin natural.
Pablo se refiere a esta capacidad cuando dice que "lo que de Dios se conoce les es manifiesto" (Ro. 1:19). Supongamos que venimos manejando por una calle y vemos una sealizacin que dice: "Desvo-Girar a la izquierda". Pero ignoramos esa advertencia y continuamos conduciendo. Sucede que hay un oficial de polica cerca que entonces nos hace detener y nos impone una multa. Qu excusa podramos tener? Podramos decir que no vimos la sealizacin. Pero no har ninguna diferencia. Mientras estemos conduciendo el automvil la responsabilidad de ver la sealizacin y obedecer lo que dice es nuestra. Aun ms, seremos responsables si, por haber ignorado la sealizacin, nos caemos por un barranco destruyndonos a nosotros y a nuestros pasajeros. Pablo nos est diciendo, primero, que hay una sealizacin. Es la revelacin de Dios en la naturaleza. Segundo, tenemos "visin". Si elegimos ignorar la sealizacin, y arriesgarnos a un desastre, la responsabilidad ser nuestra. El juicio de Dios (como el del oficial de polica) se debe a que siendo conscientes de Dios nos negamos a reconocerle como Dios, no a que no le hayamos o no hayamos podido conocerle. Pablo escribe: "de modo que no tienen excusa; pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios" (Ro. 1:20-21). Pablo no est diciendo que hay suficiente evidencia sobre Dios en la naturaleza de modo que el cientfico, que detenidamente sondea los misterios de la naturaleza, puede ser consciente de Dios. No est diciendo que la sealizacin est ah pero que est oculta, que slo la podremos ver si miramos detenidamente. Pablo est diciendo que la sealizacin es bien clara. Es como un anuncio publicitario. No hay nadie, no importa lo tonto o insignificante que sea, que pueda tener como excusa no haberla visto. Hay suficiente evidencia de Dios en una flor de forma tal que tanto un nio como un cientfico pueden ser conducidos a adorar a Dios. Hay suficiente evidencia en un rbol, un canto rodado, un grano de arena, una huella dactilar, para hacernos glorificar a Dios y agradecerle. Este es el camino del conocimiento. Pero las personas no lo tomarn. Pondrn a la naturaleza o a partes de la naturaleza en lugar de Dios y se encontrarn con sus corazones entenebrecidos. Calvino llega a esta conclusin: "Pero aunque no tenemos la posibilidad natural de alcanzar el conocimiento puro y claro de Dios, no tenemos excusa, ya que la torpeza es nuestra culpa. Y tampoco podemos pretender ser ignorantes sin que nuestra conciencia nos acuse de bajeza e ingratitud".5
Calvino, Juan, Institucin De La Religin Cristiana. Pases Bajos: Fundacin Editorial De Literatura Reformada, 1967, Pp. 68-69.
Cuando Cal vino habla de la bajeza y la ingratitud nos trae al segundo punto en el argumento de Pablo a los Romanos: el hecho de que todos han rechazado a Dios a pesar de la revelacin que Dios hace de s mismo en la naturaleza. Sin embargo, cuando Pablo desarrolla este punto en Romanos (vs. 18), tambin nos muestra la naturaleza de nuestro rechazo y por qu ste tiene lugar. La clave a este rechazo universal a Dios se encuentra en la frase "que detienen con injusticia la verdad". En griego, la palabra traducida "detienen" es katechein, que significa "sostener", "sujetar", "mantener", "coger", "contener", "restringir", "reprimir". En un sentido positivo, el trmino se utiliza para significar estar sujetos a algo que es bueno. Pablo nos habla de "estar asidos a la palabra de vida" (Fil. 2:16). En un sentido negativo, se utiliza para significar cuando equivocadamente se restringe o impide algo. Es as como las nuevas traducciones de la Biblia en Romanos 1:18 hablan de los que "de tienen la verdad con su maldad" (NIV), "detienen la verdad con injusticia" (NASB), y "mantienen la verdad encarcelada en su maldad" (JB). La New English Bible dice que esas personas estn "sofocando" la verdad. Esta es, entonces, la naturaleza del problema. La ira de Dios se revela desde los cielos contra los seres humanos, no porque simplemente o por descuido no se han percatado de la verdad, sino ms bien porque en lo profundo de sus corazones, con maldad y deliberadamente, han reprimido lo que saban sobre Dios. R. C. Sproul ha llamado a este argumento "el corazn de la psicologa paulina del atesmo"6 sealando que es aqu donde radica la culpa humana. Las personas tienen el conocimiento suficiente para volverse de su forma de vida hacia Dios y as, por lo menos, comenzar a buscarle. Pero este conocimiento, como si fuera un enorme resorte, ha sido sujetado. Ahora el resorte amenaza con soltarse y demoler el punto de vista y el estilo de vida del que lo est sujetando. Entonces esa persona lo oprime an ms, deteniendo la verdad. Por qu hacemos esto? Si es cierto que, como sealamos en el captulo anterior, el conocimiento de Dios obra siempre en nuestro beneficio y si, como acabamos de decir, el principio de dicho conocimiento ya se halla presente en nosotros, entonces, por qu lo reprimimos? No tendramos que recibir esa verdad con los brazos abiertos e intentar tomar ms de ella? Acaso las personas son simplemente irracionales en este asunto? O ser que el argumento de Pablo es errneo? Pablo no est equivocado. Los hombres y las mujeres detienen la verdad. Pero el motivo por el cual lo hacen es que no les gusta la verdad sobre Dios. No les gusta el Dios a quien esa verdad los conduce. Notemos que Pablo comienza estos versculos de Romanos diciendo que la ira de Dios se revela desde el cielo contra "toda impiedad e injusticia de los hombres". La impiedad tiene varios significados. En esta ocasin no significa que los seres humanos no son
R. C. Sproul, The Psychology Of Atheism (Minneapolis: Bethany Fellowship, 1974), P. 59.
como Dios (si bien esto es cierto), sino que adems estn en un estado de oposicin a la naturaleza divina de Dios. Dios es soberano, pero a las personas no les gusta su soberana. No desean reconocer que hay Uno que con rectitud los gobierna. Dios es santo, pero a los hombres y las mujeres no les gusta su santidad. Su santidad pone nuestra propia pecaminosidad sobre el tapete. No nos gusta un Dios que ve hasta en lo ms recndito de nuestros corazones y que nos conoce ntimamente. Casi todo lo que puede ser conocido sobre Dios le resulta, de algn modo u otro, repulsivo al hombre natural. Entonces reprime la evidencia que lo podra conducir en la direccin del verdadero conocimiento de Dios. La segunda palabra es "injusticia". Al hombre natural todo lo que sea de Dios le resulta repugnante, pero el motivo sustancial de esta repugnancia es la justicia divina. Dios es santo, pero las personas no son santas. Las personas no son rectas, y estn conformes con su falta de rectitud. En consecuencia, no desean conocer a un Dios que les demandara imposiciones morales. Conocer a Dios requerira un cambio. En otras palabras, el rechazo a conocer a Dios se basa en causas morales y no intelectuales.
Hemos llegado a esta altura a la verdadera fuente del problema humano. Los hombres y las mujeres han rechazado el principio del conocimiento de Dios por razones morales y psicolgicas. Pero les resulta imposible detenerse ah. Han rechazado a Dios; pero todava son criaturas divinas y en su carcter intelectual y moral tienen necesidad de Dios (o de algo que se le asemeje). Al ser reacias y conocer el verdadero Dios y al no poder vivir sin l, se inventan dioses sustitutos para ocupar su lugar. Estos dioses pueden ser las leyes cientficas sofisticadas de nuestra cultura, los dioses y las diosas del mundo griego y romano, o las imgenes bestiales y depravadas del paganismo. La universalidad de la religin en este planeta no se debe a que los hombres y las mujeres estn buscando a Dios, como algunos han argumentado. En realidad, se debe a que no desean aceptar a Dios, y sin embargo, necesitan algo que ocupe el lugar de Dios. El proceso de rechazo es un proceso de tres etapas, bien conocido por los psiclogos contemporneos: el trauma, la represin y la sustitucin. En su anlisis del atesmo, Sproul demuestra que la confrontacin con el Dios verdadero choca y lastima a las personas. Es traumtica. Como consecuencia, reprimimos lo que sabemos. "No hay ningn trauma si los ojos permanecen siempre cerrados y la luz no puede penetrar. Pero los ojos se cierran como reaccin al choque provocado por la luz -luego de haber experimentado el dolor".7 El punto importante es que el conocimiento de Dios, aunque reprimido, no puede ser destruido.
7
Ibid, P. 75.
Permanece intacto, aunque profundamente enterrado en el subconsciente. Su ausencia es sentida, y el Dios verdadero es sustituido por "lo que no es Dios".
Llegamos as a la primera afirmacin de Pablo, habiendo tomado los tres puntos principales de la porcin en el sentido inverso: la ira de Dios se rebela contra los seres humanos porque han reprimido lo que comprendan del conocimiento de Dios. Algunas personas se sienten profundamente incmodas por la enseanza de que el Dios del universo manifiesta ira. Entienden que Dios es un Dios de amor, como sin duda lo es, y no pueden comprender cmo Dios puede poseer ambas caractersticas. En este punto, o no comprenden, o no conocen a Dios. Un Dios que no manifiesta ira contra el pecado es un Dios deforme o mutilado. Le falta algo. Dios es perfecto en su amor. Eso es verdad. Pero Dios tambin es perfecto en su ira que, como Pablo nos dice en Romanos, "se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres". En cualquier presentacin lgica de la doctrina, la ira de Dios es la primera verdad que debemos aprender sobre l. Por qu no comenz Pablo dicindonos que el amor de Dios se revela desde el cielo? No lo hizo porque Dios no sea amor, porque s lo es, como Pablo nos demostrar ms adelante. Es para que reconozcamos nuestra profunda necesidad espiritual y que estemos preparados para recibir el conocimiento de Dios a travs de nuestro Seor y Salvador Jesucristo, porque slo as podremos recibirlo. Cuando los hombres y las mujeres se acercan a Dios jactndose de su supuesto conocimiento espiritual, Dios los declara ignorantes. Si se acercan a Dios jactndose de sus propios logros, Dios no puede y no los recibir. Pero si, con humildad, reconocen que han rechazado lo que Dios con claridad revel en la naturaleza, que no tienen excusa, que la ira de Dios justamente est suspendida sobre ellos, entonces Dios obrar en sus vidas. Les mostrar que ya abri un camino para que la ira de Dios no caiga sobre ellos, que Jess lo tom, y que ahora el camino est libre para que crezcan en el amor y el conocimiento de Dios que es la salvacin.
EN NUESTRO ESTUDIO SOBRE LA DOCTRINA CRISTIANA HEMOS ARRIBADO A TRES VERDADES FUNDAMENTALES: primero, el conocimiento de Dios obra en nuestro beneficio; segundo, Dios ha revelado a todos algunas verdades sobre s en la naturaleza; pero, tercero, las personas han rechazado esta revelacin y han sustituido al Creador por dioses falsos. La conciencia del Dios verdadero la tenemos en forma exterior, en
todo lo que vemos, y en forma interior, a travs del proceso de nuestras mentes y nuestros corazones. Pero hemos negado nuestra conciencia de Dios, cambiando el conocimiento que tenemos en supersticin. Como resultado, el mundo, a pesar de toda su sabidura, no conoce a Dios y tampoco puede conocerse a s mismo. Qu se deber hacer? Resulta obvio, despus de lo que ya hemos dicho, que los hombres y las mujeres no pueden hacer nada por s solos. Pero las buenas nuevas de la religin cristiana es que aunque no podemos hacer nada, Dios ya ha hecho algo. Ha hecho lo que haba de hacerse. Se ha comunicado con nosotros. En otras palabras, adems de la revelacin general pero limitada en la naturaleza, Dios ha provisto una revelacin especial con el propsito de conducir a los que no conocan a Dios, y no queran conocer a Dios, a un conocimiento salvador. Esta revelacin especial tiene tres etapas. Primero, existe la revelacin en la historia. sta se centra en la obra del Seor Jesucristo. l muri tomando el lugar de los pecadores y resucit como prueba de su justificacin divina. Segundo, existe una revelacin escrita. sta es la Biblia. Dios ha provisto un registro interpretativo de lo que l hizo por nuestra redencin. Finalmente, existe la aplicacin prctica de estas verdades en la mente y el corazn del individuo por obra del Espritu Santo. Como resultado de esto el individuo nace de nuevo, recibe al Seor Jesucristo como su Salvador, y puede seguirle fielmente hasta el final de su vida. Resulta evidente, sin embargo, la importancia crtica de la Biblia en esta revelacin especial en tres etapas. Slo en la Biblia podemos aprender sobre la redencin divina de los pecadores; a travs de la Biblia el Espritu habla a los individuos. Por lo tanto, como dice Calvino, "Nuestra sabidura debera consistir nicamente en abrazar con humildad, y sin encontrarles ninguna falta, las enseanzas de las Sagradas Escrituras."8 Sin las Escrituras nuestra sabidura es imaginaria y se convierte en necedad. Con las Escrituras, y bajo la gua del Espritu Santo podemos aprender lo que Dios es, lo que ha hecho por nosotros, y cmo podemos responderle y vivir nuestras vidas en comunin con l.
La importancia de la Biblia radica en que es la Palabra de Dios escrita. Y la primera razn para creer que la Biblia es esto se encuentra en las propias enseanzas bblicas sobre la Biblia. Es all donde todas las personas y en especial los cristianos deberan comenzar. Muchos apelan a las Escrituras para defender doctrinas bsicas: la doctrina de Dios, la deidad de Cristo, la expiacin, la resurreccin, la naturaleza de la iglesia, la obra del Espritu Santo, el juicio final y muchos otros puntos teolgicos. Y est bien que as lo hagan. Pero si la Biblia
Calvin, Institutes, P. 237.
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tiene autoridad y exactitud en estos temas no existe ningn motivo por el cual no tendra autoridad y exactitud cuando habla sobre s misma. Si encaramos el tema de esta manera, el primer versculo que estudiaremos ser 2a Timoteo 3:16. Aqu el Nuevo Testamento se refiere al Antiguo Testamento y seala que "toda Escritura es. inspirada por Dios". La frase en ingls "es inspirada por" (RSV) o "es dada por inspiracin de" (KJV) es una traduccin de una sola palabra griega. Esta palabra, como lo sealaron B. B. Warfield en los albores de este siglo, "muy claramente no significa 'inspirada de Dios'.9 La frase en ingls proviene de la Latina Vulgata (divinitus inspirata) que fuera traducida por Wycliffe ("Toda Escritura de Dios inspirada es...") y en otras versiones inglesas tempranas. Pero la palabra griega no significa "inspirada". Literalmente significa "exhalada por Dios". Esta palabra nunca ha sido correctamente traducida por ninguna versin en ingls hasta la publicacin en 1973 de la New International Versin: New Testament. El trmino griego theopneustos combina la palabra "Dios" (theos) y la palabra "aliento" o "espritu" (pneustos). En espaol la palabra Dios la encontramos en los trminos teologa, teofana, monotesmo, atesmo, y en los nombres Dorotea, Teodoro y otros. Pneuma se preserva en las palabras neumtico y neumona. Juntas, estas palabras nos ensean que las Escrituras son el resultado directo de la exhalacin de Dios. Warfield escribe: El trmino griego... nada nos dice sobre inspirar o sobre inspiracin: habla slo sobre "spirar" o "spiracin". Lo que nos dice de las Escrituras no es que "Dios ha exhalado en ellas" o que son producto de un "soplo" divino en los autores humanos, sino que han sido exhaladas por Dios. Cuando Pablo afirma, entonces, que "toda Escritura" o "todas las Escrituras" son producto del aliento divino, "son exhaladas por Dios", est afirmando con toda la fuerza posible que las Escrituras son producto de una operacin especficamente divina.10 Algunas cosas registradas en la Biblia son, por supuesto, slo las palabras de hombres dbiles y errados. Pero cuando ese es el caso, las palabras son identificadas como tales, y la enseanza divina en esos pasajes es tal que esos puntos de vista son evidentemente dbiles y errados. Para dar un ejemplo bien extremo, en los captulos iniciales del libro de Job leemos: "Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dar por su vida" (Job 2:4). Pero esto no es cierto, al menos no en todos los casos. Cmo podemos explicarlo? Si leemos el captulo con detenimiento veremos que estas palabras fueron dichas por el diablo, quien es descrito en otras ocasiones como el padre de mentira (Jn. 8:44). De manera similar, en el resto del libro nos encontramos con largos captulos repletos con el consejo en vano y a veces equivocado de los amigos de Job. Pero sus palabras no son toda la verdad, y de pronto Dios irrumpe en
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Benjamn Breckinridge Warfield, The Inspiration And Authority Of The Bible, Ed. Samuel G. Craig (London: Marshall, Morgan & Scott, 1959), P. 132.
este desatino para preguntar: "Quin es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabidura?" (Job 38:2). Aqu Dios especficamente expone las opiniones falsas de los consejeros de Job. La Biblia tiene una autoridad absoluta con respecto a los acontecimientos narrados en sus relatos, y siempre que Dios habla, ya sea directamente o por intermedio de alguno de sus profetas, tenemos no slo una precisin perfecta sino una autoridad absoluta. Se ha sealado que slo tomando en cuenta el Pentateuco la frase "Jehov habl, diciendo" aparece unas ochocientas veces y que la frase "As dijo Jehov" es un estribillo recurrente en los profetas. "DICE"/"DIOSDICE"
Podemos colocar una serie doble de pasajes, seleccionada por Warfield, al lado del versculo de 2a Timoteo, que demuestran a las claras que los autores del Nuevo Testamento identificaban a la Biblia que posean, el Antiguo Testamento, con la voz viviente de Dios. "En una de esta clase de pasajes", escribe Warfield "se habla de las Escrituras como si estas fueran Dios; en la otra clase, se habla de Dios como si l fuera las Escrituras: en ambas oportunidades, Dios y las Escrituras estn en tal conjuncin que es evidente que no se distingue ninguna diferencia en cuanto a la autoridad".11 El lector sensible, al leer la Biblia, slo puede concluir que el carcter exclusivo y divino de los libros sagrados no fue una afirmacin abstracta o inventada por los autores bblicos sino el supuesto bsico sobre el que fundaban todo lo que enseaban o escriban. Como ejemplo de la primera clase de pasajes tenemos los siguientes: Glatas 3:8, "Y la Escritura, previendo que Dios haba de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti sern benditas todas las naciones" (Gn. 12:1-3); Romanos 9:17, "Porque la Escritura dice a Faran: Para esto mismo te he levantado" (Ex. 9:16). No fue la Escritura, sin embargo (ya que sta no exista en ese tiempo), la que previendo los propsitos divinos de gracia en el futuro, habl estas preciosas palabras a Abraham, sino Dios mismo en persona: no fue la Escritura todava no existente la que hizo ese anuncio a Faran, sino Dios mismo hablando por boca de Moiss su profeta. Estos hechos pueden ser atribuidos a la "Escritura" porque en la mente del escritor se identificaba en forma habitual el texto de la Escritura con Dios cuando hablaba, una identificacin que hizo que el uso de la frase "La Escritura dice" se volviera natural, cuando lo que se quera decir era "Dios, como lo registra la Escritura, dijo". Ejemplos de la otra clase de pasajes son los siguientes: Mateo 19:4-5, "l, respondiendo, les dijo: No habis ledo que el que los hizo al principio, varn y hembra los hizo, y dijo: Por
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Ibd., P. 299.
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esto el hombre dejar padre y madre, y se unir a su mujer, y los dos sern una sola carne?" (Gn. 2:24); Hebreos 3:7, "Por lo cual, como dice el Espritu Santo: Si oyereis hoy su voz", etc. (Sal 95:7); Hechos 4:24, "t eres el Dios... que por boca de David tu siervo dijiste: Por qu se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas?" (Sa. 2:1); Hechos 13:34-35, "Y en cuanto a que le levant de los muertos para nunca ms volver a corrupcin, lo dijo as: Os dar las misericordias fieles de David" (Is. 55:3); "Por eso dice tambin en otro salmo: No permitirs que tu Santo vea corrupcin" (Sal 16:10); Hebreos 1:6 "Y otra vez, cuando introduce al Primognito en el mundo, dice: Adrenle todos los ngeles de Dios" (Dt. 32:43); "Ciertamente de los ngeles dice: El que hace a sus ngeles espritus, y a sus ministros llama de fuego" (Sal 104:4); "Mas del Hijo l dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo", etc. (Sal 45:6) y "T, o Seor, en el principio", etc. (Sal 102:25). No es en boca de Dios, sin embargo, en que se ponen estos dichos en el texto del Antiguo Testamento: son las palabras de otros, registradas en el texto de la Escritura como habladas por o de parte de Dios. Pueden ser atribuidas a Dios porque en las mentes de los escritores, se identificaba habitualmente el texto de la Escritura con los dichos de Dios, de forma que les resultaba natural usar la frase "Dios dice" cuando lo que queran decir era "la Escritura, la palabra de Dios, dice". Estas dos series de pasajes, tomados conjuntamente, nos demuestran cmo en la mente de los escritores haba una identificacin absoluta de la "Escritura" con los dichos de Dios.12
Nada en la discusin que precede es para negar el elemento humano genuino en la Escritura. En 2a Pedro 1:21, Pedro escribe: "porque nunca la profeca fue trada por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios, hablaron siendo inspirados por el Espritu Santo". No podemos enfatizar demasiado, a la luz de algunos malentendidos comunes, que Pedro reconoce que los hombres han participado en la escritura de la Escritura. Dice que "los hombres... hablaron". Pero lo que hace que la Biblia sea distinta a otros libros es que cuando hablaban (o escriban) los autores bblicos eran impulsados por Dios. Los autores bblicos escribieron a partir de su propia experiencia. Usaron si vocabulario. El valor literario de los escritos vara. En ocasiones usan fuente: seculares. Son selectivos. De muchas maneras los libros de la Biblia muestras evidencia de haber sido escritos por personas que eran muy humanas y muy de su tiempo. Sin embargo, los libros del Antiguo y Nuevo Testamento muestran evidencia, de ser algo ms que meramente humanos. Pedro dice que estos escritores: "hablaron de parte de Dios" o que "fueron inspirados por el Espritu Santo". La palabra que aqu se traduce "inspirado" es significante. Es usada por Lucas, para describir la llegada del Espritu Santo en Pentecosts
Ibd., Pp. 299-300.
como "un estruendo de un viento recio" (Hch. 2:2). Ms adelante Lucas vuelve a utilizar esta palabra en la narracin dramtica de la tormenta mediterrnea que finalmente destruye la nave que llevaba a Pablo a Roma. Lucas seala que la nave fue arrastrada por el viento. "Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, no: abandonamos a l y nos dejamos llevar" (Hch. 27:15); "arriaron las velas 3 quedaron a la deriva" (vs. 17). Lucas estaba diciendo que la nave estaba a la merced de la tormenta. No dejaba de ser una nave, pero s dejaba de tener control sobre su rumbo y su destino. De manera similar, Pedro nos ensea que los escritores de la Biblia se dejaron llevar en sus escritos para producir las palabras que Dios quera que fueran registradas. Escribieron como personas, pero como personas impulsadas por el Espritu Santo. El resultado fue la revelacin de Dios. No hay nada en el versculo de 2' Pedro que implique un mtodo particular por el cual los escritores bblicos tomaban conciencia de la palabra de Dios y la transcriban. Los mtodos que Dios us para comunicar su revelacin a los escritores bblicos difieren entre s. Algunos escribieron como cualquier persona podra escribir hoy en da, recopilando material y organizndolo para mostrar los hechos ms significativos. Es este el caso de Juan, el autor del cuarta evangelio, y de Lucas, el autor del tercer evangelio y de los Hechos de los Apstoles (Jn. 20:30; Le. 1:1-4; Hch. 1:1-2). Dios no les dict estos libros. Moiss recibi la revelacin de la ley en el Monte Sina en medio del fuego, el humo y los truenos (Ex. 19:18-19). Dios se le apareci a Daniel en una visin (Dn. 2:19). Isaas nos dice que escuch la voz del Seor como si hubiera escuchado la voz de una persona. "Esto fue revelado a mis odos de parte de Jehov de los ejrcitos" (Is. 22:14). Los mtodos fueron diversos, pero el resultado fue siempre el mismo. El producto final es la revelacin especfica de Dios. Muchos de los textos mencionados hasta ahora tienen que ver con el Antiguo Testamento. Pero tambin hay textos que sealan que la enseanza del Nuevo Testamento sobre el Antiguo Testamento tambin es aplicable a los escritos del Nuevo Testamento. As, Pablo habla del evangelio que ha predicado: "Por lo cual tambin nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que osteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino segn es en verdad, la palabra de Dios, la cual acta en vosotros los creyentes" (1 Ts. 2:13; comparar con G. 1:11-12). Pedro, de manera similar, est colocando las cartas paulinas en la misma categora que el Antiguo Testamento: "como tambin nuestro amado hermano Pablo, segn la sabidura que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epstolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como tambin las otras Escrituras, para su propia perdicin" (2 P 3:15-16).
Por supuesto, el Nuevo Testamento no habla de s mismo con la misma frecuencia y exactamente del mismo modo que lo hace sobre el Antiguo Testamento, ya que los libros del Nuevo Testamento an no haban sido recogidos en un volumen autorizado en vida de sus escritores. A pesar de ello, en varias ocasiones los escritores del Nuevo Testamento hablan de sus escritos como las palabras de Dios. En algunos casos, cundo un libro del Nuevo Testamento fue escrito con posterioridad a otros escritos del Nuevo Testamento, este libro posterior se refiere a los anteriores en los mismos trminos que los cristianos y judos usaban para referirse al Antiguo Testamento. EL TESTIMONIO DE JESUCRISTO
La razn ms importante para creer que la Biblia es la Palabra de Dios escrita y, por ende, la nica autoridad para los cristianos en cuanto a su fe y su conducta es la enseanza de Jesucristo. En la actualidad es comn que algunos contrapongan la autoridad de la Biblia en forma desfavorable con la autoridad de Cristo. Pero dicha contraposicin no tiene justificativo. Jess de tal forma se identific a s mismo con la Escritura e interpret su ministerio a la luz de la Escritura que es imposible debilitar la autoridad de una sin debilitar concomitantemente la autoridad del otro. Jess tena en muy alta estima al Antiguo Testamento como lo atestigua, en primer lugar, el hecho de que siempre apelaba a l como la autoridad infalible. Cuando fue tentado por el diablo en el desierto, Jess respondi tres veces con citas de Deuteronomio (Mt. 4:1-11). A la pregunta de los Saduceos sobre el casamiento en el cielo y la realidad de la resurreccin (Le. 20:27-40), primero les reprendi por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios y luego cit directamente de xodo 3:6, "Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob". En muchas otras oportunidades Jess apel a la Escritura para sustentar sus acciones, como cuando defendi la limpieza del templo (Mr. 11:15-17) o con referencia a su sumisin frente a la cruz (Mt. 26:53-54). Ense que "la Escritura no puede ser quebrantada" (Jn. 10:35). Declar "que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasar de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mt. 5:18). Con respecto a Mateo 5:18 debemos hacer una consideracin adicional. Es evidente, incluso cuando leemos la frase luego de un espacio de unos dos mil aos, que la expresin "ni una jota ni una tilde" era una expresin que se refera a las partes ms diminutas de la ley mosaica. La jota era la letra ms pequea del alfabeto hebreo, la letra que podramos transliterar como una i o una y. En el hebreo escrito se pareca a una coma, aunque se escriba casi arriba de las letras y no en la parte inferior. La tilde (o pice, KJV) era lo que podramos llamar a esas virgulillas que se proyectan de letras y que sirven para diferenciar un tipo de letra romano de uno moderno. En muchas Biblias el Salmo 119 se divide en veintids
secciones, cada una comenzando con una letra distinta del alfabeto hebreo. Si la Biblia que uno est usando ha sido bien impresa, el lector puede ver lo que es una tilde comparando la letra hebrea delante del versculo 9 con la letra hebrea delante del versculo 81. La primera letra es una beth. La segunda es una kaph. La nica diferencia es la virgulilla. Esta misma caracterstica es la que distingue a daleth de resh, y vau de zayin. De acuerdo con Jess, entonces, ni una "i" ni una "virgulilla" de la ley se perderan hasta tanto no se cumpliera toda la ley. Qu es lo que le da a la ley tal carcter de permanencia? Obviamente no se trata de nada de origen humano, porque todas las cosas humanas pasan. La nica base para la calidad indestructible de la ley es que realmente es divina. No perecer porque es la palabra del Dios verdadero, vivo y eterno. Esa es la parte medular de la enseanza de Cristo. En segundo lugar, Jess contempl su vida como la consumacin de la Escritura. Conscientemente se sujet a ella. Comenz su ministerio con una cita de Isaas 61:1-2. "El Espritu del Seor est sobre m, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazn; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el ao agradable del Seor" (Le. 4:18-19). Cuando acab de leer, enroll el libro y dijo: "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros" (vs.21). Jess afirmaba ser el Mesas de quien haba escrito Isaas. Estaba identificando su futuro ministerio con las pautas de la Escritura. Ms adelante en su ministerio nos encontramos con los discpulos de Juan el Bautista que se acercan a Jess con la pregunta de Juan: "Eres t aquel que haba de venir, o esperaremos a otro?" (Mt. 11:3). Jess les respondi con una segunda referencia a esta seccin de la profeca de Isaas. Les dijo, en efecto: "No tomen mi palabra sobre lo que yo digo sobre m. Miren lo que Isaas predijo sobre el Mesas. Y entonces vean si lo estoy cumpliendo". Jess desafi a las personas a que evaluaran su ministerio a la luz de la palabra de Dios. El evangelio de Juan nos muestra a Jess hablando con los gobernantes judos sobre la autoridad, y el punto crtico de lo que dice tiene que ver con la Escritura. Les dice que nadie podr creer en l si no ha credo primero en lo que escribi Moiss, porque Moiss escribi sobre l. "Escudriad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de m... No pensis que yo voy a acusaros delante del Padre; hay quien os acusa, Moiss, en quien tenis vuestra esperanza. Porque si creyeseis a Moiss, me creerais a m, porque de m escribi l. Pero si no creis a sus escritos, cmo creeris a mis palabras?" (Jn. 5:39, 45-47). Al final de su vida, cuando Jess cuelga de la cruz, otra vez est pensando en la Escritura. Dice "Dios mo, Dios mo, por qu me has desamparado?" (una cita de Sal 22:1).
Dice que tiene sed. Le dan un hisopo mojado en vinagre para que el Salmo 69:21 se cumpla. Tres das ms tarde, luego de la resurreccin, est camino a Emas con dos de sus discpulos, regandolos por no haber usado la Escritura para entender la necesidad de su sufrimiento. Les dice: "Oh insensatos, y tardos de corazn para creer todo lo que los profetas han dicho! No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moiss, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de l decan" (Le. 24:25-27). Basado en estos y muchos otros pasajes no cabe duda que Jess tena en muy alta estima al Antiguo Testamento y siempre se someta a l como la revelacin autorizada. Ense que las Escrituras daban testimonio de l, del mismo modo que l daba testimonio de ellas. Como eran las palabras de Dios, Jess las consideraba totalmente confiables, en su conjunto y hasta en los ms pequeos detalles. Jess tambin suscribi el Nuevo Testamento, aunque de manera diferente al Antiguo Testamento (porque, por supuesto, el Nuevo Testamento an no haba sido escrito). Pero l previo que el Nuevo Testamento haba de ser escrito y entonces eligi a los apstoles para que fueran los depositarios de la nueva revelacin. Haba dos requisitos para un apstol, como se seala en Hechos 1:21-26 y en otros pasajes. Primero, el apstol deba ser alguien que hubiera conocido a Jess durante los das de su ministerio en esta tierra y que hubiera sido testigo de su resurreccin en particular (vs. 21-22). El apostolado de Pablo estaba en tela de juicio en este punto, ya que se convirti al cristianismo luego de la ascensin y por lo tanto nunca lo conoci en la carne. Pero Pablo cita su visin de Cristo resucitado en el camino a Damasco como prueba de haber cumplido con este requisito. "No soy yo apstol?... No he visto a Jess el Seor nuestro?" (1 Co. 9:1). El segundo requisito era que Jess deba haber elegido al apstol para esa tarea y ese papel exclusivo. Como parte de esto les prometi un otorgamiento nico del Espritu Santo para que pudieran recordar, comprender y registrar las verdades concernientes a su ministerio. "Mas el Consolador, el Espritu Santo, a quien el Padre enviar en mi nombre, l os ensear todas las cosas, y os recordar todo lo que yo os he dicho" (Jn. 14:26). De manera similar, "An tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podis sobrellevar. Pero cuando venga el Espritu de verdad, l os guiar a toda la verdad; porque no hablar por su propia cuenta, sino que hablar todo lo que oyere, y os har saber las cosas que habr de venir. l me glorificar; porque tomar de lo mo, y os lo har saber" (Jn. 16:12-14). Cumplieron los apstoles con la comisin? S, lo hicieron. El Nuevo Testamento es el resultado. Lo que es ms, la iglesia primitiva reconoci su papel. Porque llegado el momento de decidir oficialmente cules seran los libros a incluirse en el canon del Nuevo Testamento, el factor decisivo fue percibido como siendo si haban sido o no escritos por los apstoles o si
tenan el respaldo apostlico. La iglesia no cre el canon. Si as lo hubiera hecho el canon estara por encima de las Escrituras. En cambio, la iglesia se sujet a las Escrituras como a una autoridad superior.
Termino este captulo con una pregunta que es obvia. Creemos en estas enseanzas? Creemos que la Biblia es sin duda la Palabra de Dios escrita, segn su propia enseanza y la del Seor Jesucristo? En la actualidad se ha vuelto popular dudar de esta enseanza. Esto ha causado mucha confusin en la teologa y en la iglesia cristiana. Pero la duda no es nueva. Es la ms fundamental y original de todas las dudas. Aparece en los labios de Satans, en los primeros captulos de la Biblia. "La (serpiente) dijo a la mujer: Conque Dios os ha dicho: No comis de todo rbol del huerto?" (Gn. 3:1). La pregunta es: Podemos confiar en Dios? Es la Biblia verdaderamente su Palabra? Creemos esto sin ninguna reserva mental? Si cuestionamos la Palabra de Dios o si tenemos alguna reserva mental respecto a su autoridad, nunca podremos interesarnos en el verdadero estudio de la Biblia, ni tampoco alcanzaremos la plenitud de la sabidura sobre Dios y sobre nosotros mismos, que es lo que l desea para nosotros. Por otro lado, si aceptamos estas verdades, desearemos estudiar la Biblia, y creceremos en conocimiento y devocin. El estudio de las Escrituras nos bendecir. El texto con que comenzamos este captulo termina diciendo: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y til para ensear, para redargir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra." (2 Ti. 3:16-17).
LA CAUSA PRIMARIA DE LA CONFUSIN EXISTENTE DENTRO DE LA iglesia cristiana del presente es la ausencia de una autoridad vlida. Ha habido intentos de proveer esta autoridad mediante la realizacin de pronunciamientos por parte de concilios eclesiales, encuentros existenciales con una "palabra" de Dios intangible y por otros medios. Pero ninguno de estos enfoques puede afirmar que ha sido muy exitoso. Qu es lo que est mal? Cul es la fuente de la autoridad cristiana? La respuesta protestante clsica a esta pregunta es la Palabra de Dios revelada, la Biblia. La Biblia tiene autoridad porque no son solamente las palabras de unos simples humanos, aunque humanos fueron los canales a travs de los que nos lleg, sino que es el resultado de
la "exhalacin" de Dios. Es su producto. Pero existe otro nivel donde puede surgir la cuestin de la autoridad. Este tiene que ver con la forma en que nos convencemos de la autoridad de la Biblia. Qu es lo que tiene la Biblia o el estudio de la Biblia que debera convencemos que se trata en realidad de la Palabra de Dios? El aspecto humano de esta cuestin de la autoridad nos lleva un poco ms a fondo en lo que queremos significar cuando decimos que la Biblia es la Palabra de Dios; porque el significado cabal de dicha afirmacin no es slo que Dios ha hablado al darnos la Biblia, sino que tambin contina hablando a travs de ella a cada individuo. En otras palabras, cuando como individuos estudiamos la Biblia, Dios nos habla en nuestro estudio y las verdades que all encontramos nos transforman. Se da un encuentro directo entre el creyente individual y Dios. Es a lo que Lutero se refera cuando declar en la Dieta de Worms: "Mi conciencia ha sido cautivada por la palabra de Dios". Es a lo que Calvino se refera cuando declar que "la Escritura se auto autntica"13 Slo la experiencia directa convencer a alguien que las palabras de la Biblia son autnticas y que son las nicas palabras de Dios que tienen autoridad. Como dijo Calvino: "El mismo espritu, entonces, que habl por boca de los profetas debe introducirse en nuestros corazones para persuadirnos que ellos proclamaron con fidelidad lo que se les haba encomendado."14 La Biblia es algo ms que un cuerpo de verdades reveladas, una coleccin de libros verbalmente inspirados por Dios. Se trata tambin de la voz viviente de Dios. El Dios vivo nos habla en sus pginas. Por lo tanto, no debe ser valorada como un objeto sagrado para ser colocado en una repisa y olvidado, sino como un lugar santo, donde los corazones y las mentes de las personas puedan entrar en un contacto vital con el Dios vivo, lleno de gracia y perturbador. Para poder tener una perspectiva adecuada de las Escrituras y una comprensin vlida de la revelacin deben conjugarse constantemente tres factores: una Palabra infalible y con autoridad, la obra del Espritu Santo interpretando y aplicando esa Palabra, y un corazn humano receptivo. El conocimiento verdadero de Dios no podr tener lugar si no se dan estos tres elementos.
Fue la seguridad de que Dios les haba hablado directamente a travs de su santa Escritura lo que les dio a los reformadores su osada. La creacin de esa verdad teolgica fue el elemento nuevo fundamental en la Reforma.
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El grito de batalla de la Reforma fue sola Scriptura, "slo la Escritura". Pero para los reformadores sola Scriptura significaba algo ms que el hecho que Dios se hubiera revelado a s mismo en las proposiciones de la Biblia. El elemento nuevo no era que la Biblia, al haber sido dada por Dios, hablaba con autoridad divina. La Iglesia Catlica se adhera a esa proposicin tanto como los reformadores. El elemento nuevo, como lo seala Packer, era la creencia, a la que haban arribado los reformadores por su propia experiencia del estudio de la Biblia, que los fieles pueden interpretar la Escritura desde su interior -la Escritura es su propio intrprete, Scriptura sui ipsius interpres, en las palabras de Lutero-; por lo cual no son necesarios ni los Papas, ni los Concilios, para decirnos, como proviniendo de Dios, lo que ella significa; en realidad puede oponerse a los pronunciamientos papales y conciliares, convencerlos de que no son ni divinos, ni verdaderos, y requerir de los fieles que se aparten de su compaa... Como la Escritura era la nica fuente donde los pecadores podan obtener el conocimiento verdadero de Dios y la santidad, la Escritura era el nico juez de lo que la iglesia se haba aventurado a pronunciar en el nombre de su Seor.15 En la poca de Lutero, la Iglesia Romana haba debilitado la autoridad de la Biblia elevando las tradiciones humanas a la altura de la Escritura e insistiendo en que la enseanza de la enseanza de la Biblia slo poda ser comunicada a los cristianos por intermedio de los papas, los concilios y los sacerdotes. Los reformadores restauraron la autoridad bblica al sostener que el Dios vivo le habla a su pueblo en las pginas de la Biblia, directamente y con autoridad. Los reformadores llamaron a la operacin de Dios, mediante la cual la verdad de su palabra se graba en las mentes y las conciencias de su pueblo, "el testimonio interior del Espritu Santo". Enfatizaron el hecho de que dicha operacin era la contraparte subjetiva e interior de la revelacin objetiva y exterior, y se refirieron en varias ocasiones a los escritos de Juan. "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dnde viene, ni a dnde va; as es todo aquel que es nacido del Espritu" (Jn 3:8). "Pero vosotros tenis la uncin del Santo, y conocis... Pero la uncin que vosotros recibisteis de l permanece en vosotros, y no tenis necesidad de que nadie os ensee; as como la uncin misma os ensea todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, segn ella os ha enseado, permaneced en l" (1 Jn. 2:20,27). "Y el Espritu es el que da testimonio; porque el Espritu es la verdad" (1 Jn. 5:6). La misma idea tambin est presente en los escritos de Pablo. Y nosotros no hemos recibido el espritu del mundo, sino el Espritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual tambin hablamos, no con palabras enseadas por sabidura humana, sino con las que ensea el Espritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espritu de Dios, porque para l son locura, y
J. I. Packer, "vSola Scriptura' In History And Today", En God's Inerrant Word, Of John Warwick Montgomery (Minneapolis: Bethany Fellowship, 1975), Pp. 44-45
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no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero l no es juzgado de nadie. (1 Co. 2:12-15) No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Seor Jesucristo, el Padre de gloria, os d espritu de sabidura y de revelacin en el conocimiento de l, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepis cul es la esperanza a que l os ha llamado, y cules las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cul la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, segn la operacin del poder de su fuerza, la cual oper en Cristo, resucitndole de los muertos -y sentndole a su diestra en los lugares celestiales. (Ef. 1:16-20) Estos dos pasajes tomados conjuntamente nos ensean que no slo el nuevo nacimiento sino todo nuestro crecimiento en la sabidura espiritual y el conocimiento de Dios son el resultado de la operacin del Espritu divino en nuestras vidas y mentes, mediante la Escritura, y que no hay un entendimiento espiritual posible fuera de esta operacin. El testimonio del Espritu Santo es, entonces, la razn eficaz por la cual la Biblia es recibida por quienes son hijos de Dios como la autoridad final en todos los asuntos concernientes a la fe y la prctica cristiana. EL LIBRO QUE ME COMPRENDE
Cuando comenzamos a leer la Biblia, y el Espritu Santo nos habla mientras la leemos, suceden varias cosas. Primero, la lectura nos afecta como no lo hace ninguna otra lectura. El doctor Emile Cailliet fue un filsofo francs que finalmente se radic en los Estados Unidos de Amrica y trabaj como profesor en el Princeton Theological Seminary de Nueva Jersey. Haba recibido una educacin naturalista. Nunca haba demostrado el ms mnimo inters en las cosas espirituales. Nunca haba visto una Biblia. Pero lleg la Primera Guerra Mundial, y mientras estaba sentado en las trincheras se encontr reflexionando sobre lo inapropiada que resultaba su visin del mundo y la vida. Se encontr realizndose las mismas preguntas que Levin se hizo mientras estaba sentado junto a la cama de su hermano moribundo, en Anna Karenina de Len Tolstoi. De dnde proviene la vida? Qu sentido tiene, si es que tiene algn sentido? Cul es el valor de las teoras y las leyes cientficas frente a la realidad? Ms adelante, Cailliet escribi: "Como Levin, yo tambin sent, no con mi razn sino con todo mi ser, que mi destino era perecer miserablemente cuando llegara mi hora". Durante las largas guardias nocturnas, Cailliet comenz a aorar lo que lleg a llamar "un libro que pudiera comprenderme". Haba recibido una muy buena educacin, pero no conoca un libro con tales caractersticas. As fue que, cuando fue dado de baja del ejrcito por haber sido herido y volvi a sus estudios, se propuso preparar secretamente ese libro para su propio uso. Mientras estudiaba para sus cursos, compilaba aquellos pasajes que parecan referirse a su condicin. Luego los copiaba en otro libro encuadernado en cuero. Confiaba en
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que las citas, que haba numerado e indexado cuidadosamente, lo conduciran del temor y la angustia a la libertad y el jbilo. Finalmente lleg el da cuando le estaba dando los toques finales a su libro, "el libro que lo comprendera". Sali y se sent debajo de un rbol y abri la antologa. Comenz a leer, pero en lugar de libertad y jbilo, una desilusin cada vez ms intensa comenz a tomar cuerpo sobre l mientras perciba que en lugar de hablarle a su condicin, los pasajes slo servan para recordarle el contexto del que haban sido extrados y de su propio trabajo de bsqueda y registro. Percibi que simplemente todo el trabajo que se haba tomado sera inservible, porque el libro era slo un libro creado por l. No tena ninguna fuerza de persuasin. Frustrado, lo volvi a poner en uno de sus bolsillos. En ese mismo instante, su esposa (que no saba nada de su emprendimiento) vino con una historia interesante. Caminando esa tarde por el pequeo poblado francs, haba encontrado una pequea capilla hugonote. Nunca la haba visto, pero haba entrado y, muy sorprendida por lo que estaba haciendo, haba pedido una Biblia. El anciano pastor le haba dado una. Comenz pidindole perdn a su marido, porque conoca sus sentimientos con respecto a la fe cristiana. Pero l no la escuch mientras se disculpaba. "Una Biblia, dices? Dnde est? Mustramela", le dijo. "Nunca he visto una Ella se la dio y l corri a su estudio y comenz a leerla. En sus propias palabras: La abr "por casualidad" en las Bienaventuranzas. Y le, y le, y le -ahora en voz alta, con un calor surgiendo dentro de m.... imposible de describir no poda encontrar las palabras para expresar mi asombro y lo maravillado que estaba. Y de pronto tuve una iluminacin: este era el Libro que me comprendera! Lo necesitaba tanto y, sin embargo, haba intentado escribirlo yo mismo -en vano. Continu leyendo hasta entrada la noche, principalmente de los evangelios. Y he aqu que mientras los lea, l, de quien hablaban, El que hablaba y actuaba en ellos, se me hizo realidad. Esta experiencia tan vivida marc el comienzo de mi entendimiento de la oracin. Tambin fue mi iniciacin en la nocin de la Presencia que ms tarde sera tan crucial en mi pensamiento teolgico. Las circunstancias tan providenciales que haban hecho que el Libro me encontrara mostraban claramente que, aunque pareciera absurdo hablar de un libro que comprendiera a un hombre, esto se poda decir de la Biblia porque sus pginas estaban animadas por la Presencia del Dios Vivo y el Poder de Sus hechos poderosos. A ese Dios or esa noche, y el Dios que me contest fue el mismo Dios del cual el Libro hablaba.16 En todas las pocas el pueblo de Dios ha descubierto esta percepcin que tuvo la Reforma. A continuacin, veamos cmo expresa Calvino esta misma verdad: Este poder, tan peculiar a
Emilee Cailliet, Journey. Into Light (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 1968), Pl 11-18.
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las Escrituras, resulta evidente cuando las comparamos con otros escritos humanos, no importa cuan artsticamente acabados estn; ninguno puede afectamos de manera similar. Leamos a Demstenes o a Cicern; leamos a Platn, Aristteles, o a algn otro. Debo admitir que nos encantarn, nos movern, nos atraparn en una maravillosa medida. Pero dejmoslos a un lado, y retornemos a la lectura sagrada. A pesar de uno mismo, tan profundamente nos afectar, penetrar nuestro corazn, y se fijar en nuestra mdula, que su profunda impresin har que el vigor de los oradores y filsofos casi se desvanezca. Es fcil ver que las Sagradas Escrituras, que sobrepasan todos los dones y gracias de cualquier emprendimiento humano, exhalan algo divino.17 Hacia el final del evangelio de Lucas tenemos registrado otro ejemplo. Jess acababa de resucitar de entre los muertos y haba comenzado a aparecerse a sus discpulos. Dos de ellos, Cleofs y posiblemente su esposa, estaban regresando a su aldea, Emas, cuando Jess se les acerc en el camino. No lo reconocieron. Cuando les pregunt por qu estaban tan apesadumbrados, le contestaron explicndole lo que haba acontecido en Jerusaln durante la Pascua. Le contaron sobre Jess, "que fue varn profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo". Le contaron cmo los principales sacerdotes y los gobernantes "le entregaron a sentencia de muerte, y le crucificaron". Ellos haban estado en Jerusaln esa misma maana y haban odo rumores de las mujeres que haban ido al sepulcro y haban dicho que el cuerpo no estaba y que unos ngeles se les haban aparecido proclamando que Jess haba resucitado. Pero ellos no crean en resurrecciones. Ni siquiera se haban tomado la molestia de ir ellos en persona al sepulcro, aunque estaba bien cercano. El sueo haba acabado. Jess haba muerto. Se volvan a su aldea. Pero Jess les comenz a hablar y a explicarles la misin de Cristo, ensendoles de las Escrituras. Les dijo: "Oh insensatos, y tardos de corazn para creer todo lo que los profetas han dicho! No era necesario que el Cristo padeciere estas cosas, y que entrara en su gloria?" Y luego, comenzando desde Moiss, y siguiendo por todos los profetas, les explic lo que las Escrituras decan acerca de l. Finalmente llegaron a donde vivan los discpulos. Invitaron a Jess a entrar y l se les revel mientras coman. Jess se les desapareci de su vista y volvieron a Jerusaln para contarles a los dems discpulos lo que les haba sucedido. Su propio testimonio era el siguiente: "No arda nuestro corazn el nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abra las Escrituras?" (L c. 24:13-32). Fueron cautivados por la palabra de Dios. En esta instancia, Jess en persona cumpli con el papel del Espritu Santo al interpretar la Biblia a sus discpulos y aplicar sus verdades a ellos.
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Calvin, Institutes, P; 82
La Biblia tambin nos cambia. Nos convertimos en hombres y mujeres; distintos como resultado de encontrarla. Una porcin del captulo trece a los Romanos cambi la vida de San Agustn cuando ley la Biblia mientras se encontraba en el jardn de la propiedad de un amigo, cerca de Miln, en Italia Lutero nos cuenta cmo, mientras estaba meditando en las Escrituras, recluido en el castillo de Wartburg, se sinti "renacer", y nos dice como Romanos 1:17 fue su "puerta al cielo". La meditacin sobre la Escritura de Juan Wesley lo condujo a su conversin en la pequea congregacin de Aldersgate. J. B. Phillip escribe: Unos aos antes de la publicacin de la New English Bible, fui invitado por la BBC para conversar sobre los problemas de la traduccin con el doctor E V. Rieu, quien haba recientemente producido una traduccin de los cuatro evangelios para los Penguin Classics. Hacia el final de la conversacin, se le pregunt al doctor Rieu sobre cmo haba encarado la tarea, y su respuesta, fue la siguiente: "Mi propsito personal para llevar a cabo esta tarea fue mi intenso deseo por convencerme acerca de la autenticidad y el contenido espiritual de los evangelios. Y, si reciba un nuevo entendimiento al estudiar detenidamente los originales griegos, transmitrselo a otros. Me enfrent a ellos con el mismo espritu con que lo hubiera hecho si me hubieran dicho que eran uno manuscritos griegos recin descubiertos". Unos minutos ms tarde le pregunt: "Tuvo usted la sensacin de que todo el material estaba extraordinariamente lleno de vida? ...Yo tuve la sensacin que todo estaba lleno de vida, aun cuando los estaba traduciendo. Aunque uno hiciera una docena de versiones para un pasaje en particular, todava era viviente. Tuvo usted esa sensacin?". El doctor Rieu contest: "Tuve el sentimiento ms profundo que poda haber experimentado. Me cambi; mi trabajo me cambi. Y llegu a la conclusin de que estas palabras tienen el sello del Hijo del Hombre y de Dios. Son la Carta Magna del espritu humano". Phillips concluye diciendo: "Me result particularmente excitante or a un hombre que es un erudito de primer nivel, y un hombre de sabidura y experiencia, admitir abiertamente que estas palabras que haban sido escritas hace tantos aos estaban llenas de poder. Tanto para l como para m, sonaban verdaderas".18
Otro resultado de leer de la Biblia es que el Espritu Santo que habla en sus pginas dirigir al estudiante a Jess. La Biblia contiene diversos tipos de material. Cubre cientos de aos de historia. Sin embargo, el propsito de cada una de las partes de la Biblia es sealar a Jess, y
J. B. Phillips, Ring Of Truth: A Translator's Testimony (New York: Macmillan, 1967), Pp. 74-75.
esta obra a nivel subjetivo la lleva a cabo el Espritu de Cristo. Jess dijo: "Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviar del Padre, el Espritu de verdad, el cual procede del Padre, l dar testimonio acerca de mi (Jn. 15:26). Como el papel del Espritu Santo es sealar a Jess en las Escrituras, podremos estar seguros de escuchar la voz del Espritu Santo cuando esto suceda. "No es la Biblia fundamentalmente historia?", puede preguntar una persona. "Cmo puede Jess ser el tema en el Antiguo Testamento? Cmo puede sealamos a Jess el Espritu Santo?" Jess es el tema del Antiguo Testamento de dos maneras: (1) al integrarse en todos sus temas generales, y (2) al cumplir algunas de las profecas especficas que all encontramos. Uno de los temas principales en el Antiguo Testamento es el pecado humano y nuestra consiguiente necesidad. La Biblia comienza con la historia de la creacin. Pero no ha terminado de narrar esta historia (en el primer captulo de Gnesis) cuando tambin nos narra la Cada de la raza humana. En lugar de ser humildes y agradecidos a nuestro Creador, como deberamos ser, caemos en un estado de rebelda contra nuestro Dios. Seguimos nuestro camino, en lugar del camino divino. Y as caen sobre nosotros las consecuencias del pecado (en ltimo trmino, la muerte). En el resto del Antiguo Testamento vemos cmo estas consecuencias se desarrollan: el asesinato de Abel, la corrupcin que lleva al diluvio, el satanismo, las perversiones sexuales, y, por ltimo, a pesar de todas sus grandes bendiciones, hasta la tragedia para la nacin escogida de Israel. El Antiguo Testamento est resumido en el salmo de arrepentimiento de David, un salmo que debera ser el salmo de toda la raza humana. "Ten piedad de m, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lvame ms y ms de mi maldad, y limpame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado est siempre delante de m... He aqu, en maldad he sido formado, y en pecado me concibi mi madre" (Sal. 51:1-3,5). Tenemos aqu una doctrina bblica muy importante. Pero si la entendemos correctamente tampoco esta doctrina es un fin en s misma. La verdad sobre nuestro pecado y necesidad est expuesta en la Biblia porque la Biblia puede tambin apuntar a Cristo como la solucin al dilema. Un segundo tema en el Antiguo Testamento es la existencia de un Dios que obra en amor para redimir a los pecadores. Dios el Padre hizo esto durante todo el perodo del Antiguo Testamento. Mientras lo haca, estaba apuntando a la venida de su Hijo quien habra de redimir a los hombres y las mujeres perfectamente y para siempre. Cuando Adn y Eva pecaron, el pecado los separ de su Creador. Intentaron esconderse. Dios, sin embargo, vino a ellos en la frescura de la tarde, llamndolos. Es cierto que Dios los
enjuici, como tena que hacer. Les revel las consecuencias de su pecado. Pero tambin mat unos animales, visti al hombre y a la mujer con sus pieles, cubri su vergenza, y comenz la enseanza del camino de salvacin mediante el sacrificio. En la misma historia, se dirigi a Satans revelndole la venida de Uno que un da lo derrotara para siempre: "te herir en la cabeza, y t le herirs en el calcaar" (Gn. 3:15). Nueve captulos ms adelante nos encontramos con otra referencia, un tanto velada, a la "simiente" que aplastar a Satans. Es la gran promesa de Dios a Abraham, cuando le dice que en l sern benditas todas las naciones (Gn. 12:3; 22:18). La bendicin a que hace referencia no es una bendicin que a travs de Abraham alcance a todos los seres personalmente. Tampoco es una bendicin que se cumplir por intermedio de todos los judos sin discriminacin, ya que no todos los judos son siquiera testas. Esta bendicin iba a venir a travs de la simiente de Abraham, la simiente prometida, el Mesas. Es as que muchos aos ms tarde, el apstol Pablo, que conoca este texto, lo us para demostrar que: (1) la simiente era el Seor Jess, (2) la promesa a Abraham era una bendicin por su intermedio, y (3) la bendicin iba a venir mediante la obra redentora de Cristo (G. 3:1316). Hay una profeca interesante que el Seor habl por boca de Balaam, un profeta de los das de Moiss, un tanto maoso y de poco entusiasmo. Balac, un rey que era hostil a Israel, le haba encargado a Balaam que maldijera al pueblo judo. Pero cada vez que Balaam abra su boca, lo bendeca en vez de maldecirlo. En una ocasin dijo: "Saldr estrella de Jacob, y se levantar cetro de Israel... de Jacob saldr el dominador" (Nm. 24:17,19). Cuando se estaba muriendo, el patriarca Jacob dijo: "No ser quitado el cetro de Jud, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a l se congregarn los pueblos" (Gn. 49:10). Moiss tambin habl de l que haba de venir: "Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantar Jehov tu Dios; a l oiris" (Dt. 18:15). Y otra vez, Dios habla diciendo: "y pondr mis palabras en su boca, y l les hablar todo lo que yo le mandare" (vs. 18). El libro de los Salmos contiene grandes profecas. El segundo salmo nos cuenta de la victoria de Cristo y su reino sobre todas las naciones de la tierra. Este salmo era muy popular entre los cristianos primitivos (ver Hechos 4). El Salmo 16 predice la resurreccin (vs. 10; ver Hechos 2:31). Los Salmos 22, 23 y 24 son tres retratos del Seor Jess: el Salvador sufriendo, el Pastor compasivo y el Rey. Otros salmos nos hablan de otros aspectos de su vida y su ministerio. El Salmo 110 vuelve al tema de su reinado, esperando el da cuando Jess se siente a la diestra del Padre y sus enemigos le sirvan como "estrado de sus pies".
Hay detalles de la vida, la muerte y la resurreccin de Cristo en los libros de los profetas -en Isaas, Daniel, Jeremas, Ezequiel, Oseas, Zacaras y otros. Los temas cruciales de la Biblia son el Seor Jesucristo y su obra. La obra del Espritu Santo es revelarlo. Cuando tiene lugar esta revelacin la Biblia se torna comprensible, la Escritura testimonia sobre la Escritura, y sentimos cmo el poder del Dios viviente surge a travs de sus pginas. PALABRA Y ESPRITU La clave para la doctrina cristiana del conocimiento de Dios est en la combinacin de esta revelacin, escrita y objetiva, con la interpretacin subjetiva que el Espritu Santo realiza en el individuo. Esta combinacin nos evita caer en dos errores. El primer error es sobre espiritualizar la revelacin. Este fue el error que enred a los "entusiastas" anabaptistas en los das de Calvino y que ha continuado atrapando a muchos de sus seguidores. Los entusiastas justificaban sus decisiones y conductas apelando a las revelaciones privadas, dadas por el Espritu. Pero estas revelaciones fueron varias veces contrarias a la enseanza expresa de la palabra de Dios, como, por ejemplo, cuando decidan ocasionalmente dejar de trabajar para reunirse para la venida anticipada del Seor. Sin la revelacin objetiva no haba manera de juzgar dichas "revelaciones" o mantener a los individuos libres de ser atrapados en este error. Calvino escribi con referencia a este dilema: El Espritu Santo es tan inherente a su verdad, como la expresa en la Escritura, que slo cuando la Palabra recibe la reverencia y dignidad debida, puede el Espritu Santo mostrar su poder... Los hijos de Dios... sin el Espritu Santo, se ven a s mismos, dejados sin la iluminacin de la verdad; y por lo tanto, saben que la Palabra es el instrumento por el cual el Seor ilumina con su Espritu a los fieles. Porque ellos saben que no hay otro Espritu que aquel que mor y habl por los apstoles, y cuyo orculo constantemente les recuerda escuchar la Palabra.19 Por otro lado, la combinacin de una Escritura objetiva y la aplicacin subjetiva de esa palabra por medio del Espritu Santo nos libra del error de sobre intelectualizar la verdad divina. Este error era evidente en los hbitos diligentes de estudio bblico de los escribas y fariseos durante el tiempo de Jess. Los escribas y los fariseos no eran estudiantes flojos. Eran meticulosos cuando perseguan el conocimiento bblico, hasta el punto de contar cada una de las letras de los libros de la Biblia. Sin embargo, Jess les reprendi, dicindoles: "Escudriad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de m" (Jn. 5:39). Para conocer a Dios, el Espritu Santo nos tiene que ensear por medio de la Biblia. Slo entonces tendremos una conciencia plena de la naturaleza de la Biblia y tendremos la certeza
Calvin, Institutes, P. 95-96.
de su autoridad en nuestras mentes y corazones; y nosotros nos encontramos ahora afirmando con resolucin esa revelacin tan apreciada.
LA EVIDENCIA MAYOR DE QUE LA BIBLIA ES LA PALABRA DE DIOS est dada por el testimonio interno del Espritu Santo que as lo afirma. Sin dicho testimonio, la veracidad de la Escritura nunca podr registrarse satisfactoriamente en el lector. Tanto el cristiano maduro como cualquiera que recin comienza a estudiar las aseveraciones del cristianismo deberan conocer los argumentos racionales. Cules son estos argumentos? Algunos ya han sido sugeridos. Primero, estn las aseveraciones que las Escrituras hacen de s mismas. Los libros de la Biblia afirman ser la Palabra de Dios, y, mientras esto por s solo no prueba que lo son, sin embargo es un hecho a tener en cuenta. Debemos preguntarnos cmo es posible que los libros que parecen ser tan ciertos en otros aspectos puedan estar equivocados con respecto al punto crucial sobre s mismos. Segundo, est el testimonio de Jess. Su testimonio es el argumento fundamental. Porque aun si Jess hubiera sido slo un gran maestro, no podramos dejar de ver que l consideraba la Biblia como la autoridad final en la vida. Tercero, est la superioridad doctrinal y tica de la Biblia frente a todos los dems libros. La superioridad de la Biblia ha sido reconocida en varias oportunidades aun por los no creyentes y slo es negada por muy pocos de los que realmente han ledo y estudiado sus pginas. Cuarto, est el poder de la Biblia que nos afecta mientras la leemos. Qu puede producir tales resultados si la Biblia no es divina, tanto en su origen como en su operacin en las vidas humanas? Thomas Watson, uno de los grandes puritanos ingleses, escribi: Me pregunto de dnde podra provenir la Biblia si no proviene de Dios. Los hombres malvados no podran ser sus autores. Cmo podran sus mentes redactar tales lneas santas? Podran condenar tan fieramente al pecado? Los hombres buenos tampoco podran ser los autores. Podran escribir bajo tanta tensin? Podran plagiar el nombre de Dios y escribir as dice el Seor, en un libro que ellos estn componiendo?20 Tenemos aqu cuatro buenas razones para considerar la Biblia como la revelacin de la Palabra de Dios; y otra quinta razn que surge del argumento de Watson: los escritores bblicos no podran haber alegado un origen divino para un libro que ellos consideraban propio. A continuacin tenemos otras cinco bases para la misma conclusin.
20
Thomas Watson, A Body Of Divinity: Contained In Sermons Upon The Westminster Assembly's Catechism (1692; Reprint Ed., London: The Banner Of Truth Trust, 1970), P. 26.
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Una sexta razn para considerar la Biblia como la revelacin de la Palabra de Dios es la asombrosa unidad del libro. Este argumento no es nuevo, pero sin duda es bueno. Es un argumento que se toma ms fuerte en la medida que ms se estudian los documentos. La Biblia est compuesta por sesenta y seis partes, o libros, escritos en un perodo que abarca alrededor de mil quinientos aos (entre aproximadamente 1450 a.C. hasta alrededor del ao 90 d.C), por ms de cuarenta personas distintas. Estas personas no se parecan entre s. Provenan de distintas clases sociales y las circunstancias que las rodeaban eran diferentes. Algunas fueron reyes. Otras fueron estadistas, sacerdotes, profetas, un recaudador de impuestos, un mdico, un confeccionador de carpas, pescadores. Si se les hubiera preguntado sobre cualquier tema, habran tenido puntos de vista tan dispares como las opiniones de las personas contemporneas. Pero juntos produjeron un volumen de una unidad maravillosa en cuanto a su doctrina, su perspectiva histrica, su tica y sus expectativas. En resumen, se trata de una sola historia de la redencin divina que comenz con Israel, se centr en Jesucristo y culminar con el fin de la historia. La naturaleza de esta unidad es importante. Para comenzar, R. A. Torrey seala: No se trata de una unidad superficial sino profunda. Superficialmente, a veces nos encontramos con aparentes discrepancias y contradicciones; pero, en la medida que la estudiamos, estas aparentes discrepancias y contradicciones desaparecen, y aflora la profunda unidad subyacente. Cuanto ms a fondo estudiamos, ms completa se nos presenta esta unidad. Adems, esta unidad es orgnica -es decir, no se trata de la unidad de algo muerto, como una piedra, sino de algo que est vivo, como una planta. En los primeros libros de la Biblia, tenemos el pensamiento germinante; a medida que avanzamos, tenemos la planta; y luego, el pimpollo; y luego, la flor; y por ltimo, la fruta madura. En la Revelacin tenemos la fruta madura del Gnesis.21 Cmo es posible explicar esta unidad? Existe una sola explicacin posible: detrs de los esfuerzos de ms de cuarenta autores humanos est la perfecta, soberana y conductora mente de Dios.
Una sptima razn para creer que la Biblia es la Palabra de Dios es su exactitud inusual. Para ser precisos, esta exactitud no prueba que la Biblia sea divina -los seres humanos pueden ser en ocasiones bastante exactos pero es lo que deberamos esperar que sucediera si la Biblia es el resultado del esfuerzo de Dios. Por otro lado, si la exactitud de la Biblia implica tambin su
21
R. A. Torrey, The Bible And Its Christ (New York: Fleming H. Revell, 1904-6), P. 26.
infalibilidad (que consideraremos en el captulo siguiente), entonces esto s sera una prueba directa de su divinidad. Porque, si bien el error es humano, la infalibilidad es divina. En algunas partes la exactitud de la Biblia puede ser probada externamente, como en las porciones histricas del Nuevo Testamento. Podemos tomar como ejemplos al evangelio de Lucas o el libro de Hechos. Lucas y Hechos son un intento de "poner en orden la historia" sobre la vida de Jess y la rpida expansin de la iglesia cristiana primitiva (Le. 1:1-4; Hch. 1:1-2). Esto sera un enorme emprendimiento an en la actualidad. Ms an lo era en la antigedad, cuando no haba ni diarios ni libros de referencia. En realidad haba muy pocos documentos escritos. Pero, a pesar de ellos, Lucas ilustr el crecimiento de lo que comenz como un movimiento religioso insignificante en un rincn recndito del imperio romano, un movimiento que progres calladamente y sin la sancin oficial pero que cuarenta aos despus de la muerte y resurreccin de Jesucristo ya tena congregaciones cristianas en casi todas de las grandes ciudades del imperio. Fue la labor de Lucas exitosa? S, lo fue; y exacta de principio a fin. En primer lugar, ambos libros muestran una exactitud asombrosa cuando mencionan ttulos oficiales y las correspondientes esferas de influencia. Esto ha sido documentado por F. F. Bruce de la Universidad de Manchester, en Inglaterra, en un pequeo libro titulado The New Testament Documents: Are They Reliable? Bruce escribe: Una de las muestras ms notorias de su exactitud (con respecto a Lucas) es su familiaridad con los ttulos que les corresponden a todas las personas notables que figuran en sus pginas. Esto no era una proeza tan fcil en sus das como lo es en los nuestros, cuando es muy sencillo consultar un libro de referencias. Se ha comparado el uso que Lucas hace de los distintos ttulos existentes en el imperio romano con la manera suelta y confiada con que un hombre de Oxford, en una conversacin, puede referirse a los directores de los distintos colegios: el Provost de Oriel, el Master de Balliol, el Rector de Exeter, el Presidente de Magdalen, y as sucesivamente. Uno que no vive en Oxford, como este autor, nunca se siente como en su casa con la multiplicidad de ttulos de Oxford.22 Obviamente, Lucas s se senta como en su casa con los ttulos romanos; nunca se equivoca al utilizarlos. Bruce agrega que Lucas tena otra dificultad, en cuanto los ttulos no eran siempre los mismos, sino que se modificaban con el tiempo. Por ejemplo, la administracin de una provincia poda pasar de un representante directo del emperador a un gobierno senatorial, para ser gobernada por un procnsul en lugar de un delegado imperial (legatus pro praetore).
22
E E Bruce, The New Testament Documents: Are They Reliable? (Downers Grove, I1L: Intervarsity Press, 1974), P. 82.
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Chipre, una provincia imperial hasta el ao 22 a.C, se convirti en una provincia senatorial en ese ao y fue gobernada por un procnsul en vez de un delegado imperial. Fue as que cuando Pablo y Bernab arriban a Chipre alrededor del ao 47 d.C, es el procnsul Sergio Pablo quien les da la bienvenida (Hch. 13:7). Tambin Acaya era una provincia senatorial desde el ao 27 a.C. hasta el ao 15 d.C, y luego con posterioridad al ao 44 d.C. Por eso Lucas se refiere a talin, el gobernante romano en Grecia, como el "procnsul de Acaya" (Hch. 18:12), el ttulo del representante romano durante la visita de Pablo a Corinto, pero no durante los veintinueve aos con anterioridad al ao 44 d.C.23 Este tipo de exactitud por parte de uno de los escritores bblicos es un testimonio que puede multiplicarse casi indefinidamente. Por ejemplo, en Hechos 19:38, el escribano de feso trata de apaciguar a los ciudadanos alborotados refirindoles a las autoridades romanas: "Y procnsules hay", dice, usando el plural. A primera vista, el escritor parece haber cometido un error, ya que haba slo un procnsul romano para cada regin determinada. Pero si lo examinamos vemos que poco tiempo antes del alboroto en feso, Junio Silano, el procnsul, haba sido asesinado por los mensajeros de Agripina, la madre del adolescente Nern. Como el nuevo procnsul an no haba llegado a feso, la expresin vaga del escribano puede ser intencional o puede estar referida a los dos emisarios, Helio y Celer, quienes eran los sucesores aparentes de Silano. Lucas captura el clima de la ciudad en un momento de disturbios internos, del mismo modo que tambin captura el clima de Antioqua, Jerusaln, Roma y otras ciudades, cada una con sus caractersticas exclusivas. La arqueologa ha constatado la extraordinaria confiabilidad de los escritos de Lucas y de otros documentos bblicos. Una placa fue descubierta en Delfos identificando a Galin como el procnsul de Corinto cuando Pablo visit la ciudad. El estanque de Betesda, con sus cinco prticos, fue encontrado a unos setenta pies por debajo del presente nivel de la ciudad de Jerusaln. Se lo menciona en Juan 5:2, pero se haba perdido de vista luego de la destruccin de la ciudad por los ejrcitos de Tito en el ao 70 d.C. Tambin se ha descubierto el Enlosado, Gabata, que se menciona en Juan 19:13. Documentos antiguos -de Dura, Ras Shamra, Egipto y el Mar Muerto- han echado luz sobre la confiabilidad bblica. Se han recibido informes sobre hallazgos en Tell Mardikh, en el noroeste de Siria, el sitio de la antigua Ebla. Hasta el momento, mil quinientas tabletas que datan de alrededor de 2300 a.C. (unos doscientos a quinientos aos antes de Abraham) han sido descubiertas. En ellas aparecen nombres como los de Abram, Israel, Esa, David, Jahv, y Jerusaln, lo que nos est indicando que estos eran nombres comunes antes de aparecer en los relatos bblicos. Al ser estudiadas cuidadosamente, estas tabletas indudablemente habrn
Ibid. Pp. 82-83.
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de aclarar muchas de las costumbres de la poca subsiguiente, de los patriarcas del Antiguo Testamento, Moiss, David, y otros. Su sola existencia ya tiende a verificar los relatos del Antiguo Testamento. Tambin est disponible la evidencia interna de la exactitud de la Biblia, en especial cuando tenemos relatos paralelos del mismo acontecimiento. Un ejemplo lo constituyen los relatos de las apariciones del Seor Jesucristo luego de su resurreccin. Son cuatro relatos independientes y escritos por separado; de otro modo no habra aparentes discrepancias. Si los escritores hubieran trabajado conjuntamente habran aclarado cualquier dificultad. Sin embargo, los evangelios no se contradicen realmente. Se complementan mutuamente. Aun ms, un pequeo detalle en uno de ellos, puede servir para aclarar lo que pareca ser una contradiccin entre otros dos. Mateo nos dice que Mara Magdalena y la "otra" Mara haban ido al sepulcro en la primera maana de Pascua. Marcos menciona a Mara Magdalena, Mara la madre de Jacobo (y as identificamos a la "otra" Mara de Mateo), y Salom. Lucas menciona a dos Maras, Juana, "y las dems con ellas". Juan menciona slo a Mara Magdalena. A simple vista estos relatos son diferentes, pero cuando los analizamos en detalle, revelan una notable armona. Resulta claro que un grupo de mujeres, incluyendo todas las anteriormente mencionadas, fueron al sepulcro. Al encontrarse con que la piedra haba sido removida, las mujeres ms ancianas enviaron a Mara Magdalena a decirles a los apstoles lo que haba sucedido y a pedirles consejo. Mientras ella iba, las restantes mujeres vieron a los ngeles (como lo relatan Mateo, Marcos y Lucas) pero no al Seor resucitado, al menos no hasta ms tarde. Por otro lado, Mara, volviendo ms tarde y sola, lo vio (como nos informa Juan). De la misma manera, cuando Juan menciona a "el otro discpulo" que acompa a Pedro al sepulcro, nos est aclarando el versculo de Lucas 24:24 que dice que "fueron algunos de los nuestros al sepulcro", despus de las mujeres, aunque Lucas haba mencionado slo a Pedro (un individuo singular) en su relato. Todos estos son pequeos detalles, es cierto. Pero porque son pequeos le dan ms peso a la exactitud total de los evangelios.
Una octava razn para creer que la Biblia es la Palabra de Dios la brinda la profeca. Tambin este se trata de un gran tema, que escapa a los alcances de este captulo. Sin embargo, es posible demostrar brevemente el impacto de este argumento. Primero; estn las profecas explcitas. Estas conciernen al futuro del pueblo judo (incluyen algunas cosas que ya han ocurrido y otras que todava no han tenido lugar) y el futuro de las naciones gentiles. Por encima de todo, muchas describen la venida del Seor Jesucristo, primero para morir y luego para volver con poder y gran gloria. Toney cita cinco pasajes
-Isaas 53 (todo el captulo); Miqueas 5:2; Daniel 9:25-27; Jeremas 23:5-6; y el Salmo 16:8-11 -y comenta: En los pasajes citados tenemos predicciones sobre un Rey de Israel venidero. Se nos dice el tiempo exacto de su manifestacin a su pueblo, el lugar exacto de su nacimiento, la familia en que habra de nacer, las circunstancias de su familia en oportunidad de su nacimiento (unas circunstancias totalmente diferentes de las existentes cuando se escribi la profeca, y contraria a todas las probabilidades), cmo habra de ser recibido por su pueblo (una recepcin totalmente distinta a la que sera naturalmente previsible), el hecho, el medio y los detalles en torno a su muerte, con las circunstancias especficas en cuanto a su sepultura, su resurreccin, y la victoria luego de su resurreccin. Estas predicciones fueron cumplidas con la ms exacta precisin por Jess de Nazaret.24 Otro escritor, E. Schuyler English, que fuera presidente de la comisin editorial de The New Scofield Referente Bible (1967) y editor en jefe de The Pilgrim Bible (1948), observ que ms de veinte de las predicciones del Antiguo Testamento relacionadas con eventos que rodearan la muerte de Cristo, palabras escritas siglos antes de su primera venida, se cumplieron con precisin en un perodo de veinticuatro horas durante su crucifixin. Por ejemplo, en Mateo 27:35 est escrito: "Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre s sus vestidos, echando suertes." Este era el cumplimiento del Salmo 22:18, que afirmaba: "Repartieron entre s mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes."25 Muchas de estas profecas han sido cuestionadas y se han hecho intentos de datar los libros del Antiguo Testamento en fechas ms cercanas al tiempo de Cristo. Pero aunque traigamos las fechas de algunas profecas lo ms tarde en el tiempo como lo sugieren los crticos ms radicales y destructivos, todava estarn cientos de aos antes del nacimiento de Cristo. Ms an, el testimonio acumulado de ellas es devastador. Estos son hechos, y exigen una explicacin. Cmo puede ser explicado? Esta evidencia slo puede ser explicada por la existencia de un Dios soberano. l revel con anticipacin lo que haba de suceder cuando enviara a Jess para redimir nuestra raza, y luego se encarg que dichos sucesos tuvieran lugar.
24
Torrey, The Bible And Its Christ, P. 19. E. Schuyler English, A Companion To The New Scofield Referente Bible (New York: Oxford University Press, 1972), P. 26. El autor invita al lector a comparar tambin los siguientes versculos: Mt. 26:21-25 Con Sal. 41:9. Mt 26:31, 56; Mr. 14:50 Con Zac. 13:7. Mt. 26:59 Con Sal. 35:11. Mt. 26:63; 27:12, 14; Mr. 14:61 Conls. 53:7. Mt. 26:67 Conls. 50:6; 52:14; Mi. 5:1; Zac. 13:7. Mt. 27:9 Con Zac. 11:12-13. Mt. 27:27 Conls. 53:8. Mt. 27:34, Mr. 15:36; Jn. 19:29 Con Sal. 69:21. Mt. 27:38; Mr. 15:27-28; Le. 22:37; 23:32 Con Is. 53:12. Mt. 27:46; Mr. 15:34 Con Sal. 22:1. Mt. 27:60; Mr. 15:46; Le. 23:53; Jn. 19:41 Con Is. 53:9. Le. 23:34 Con Is. 53:12. Jn. 19:28 Con Sal. 69:21. Jn. 19:33, 36 Con Sal. 34:20. Jn. 19:34, 37 Con Zac. 12:10.
25
Todava se puede decir mucho ms con respecto a la profeca. Este material que hemos visto se refiere nicamente a la venida de Cristo. Tambin hay profecas referidas a la dispersin y la reunificacin de Israel, como tambin profecas generales y especficas concernientes a las naciones gentiles y a las capitales de dichas naciones, muchas de las cuales han sido destruidas de la forma indicada por la Biblia, generaciones y hasta siglos antes. Las instituciones, las ceremonias, los sacrificios y las fiestas de Israel tambin son profecas de la vida y el ministerio de Jess.26
Una novena razn para creer que la Biblia es la Palabra de Dios es su asombroso estado de conservacin a travs de los siglos del Antiguo, Testamento y la historia de la iglesia. Hoy, luego de que la Biblia ha sido traducida en parte o en su totalidad a cientos de idiomas, y en algunos idiomas en varias versiones, y luego de que millones de copias del texto sagrado han sido publicadas y distribuidas, sera casi imposible destruir la Biblia. Pero estas no siempre fueron las condiciones reinantes. Hasta la Reforma, el texto bblico se preservaba por un proceso largo y laborioso de copiado a mano, una y otra vez; al principio sobre papiro, y luego sobre pergaminos. Durante ese tiempo la Biblia fue en varias oportunidades objeto de un odio extremo por muchos de los que estaban en el poder. Trataron de acabar con ella. En los inicios de la iglesia, Celso, Porfirio y Luciano trataron de destruirla con argumentos. Luego, los emperadores Diocleciano y Juliano trataron de destruirla con la fuerza. En varias instancias fue una ofensa capital el poseer una copia de alguna parte del Texto Sagrado. Sin embargo, el texto sobrevivi. Si la Biblia hubiera sido slo los pensamientos y la obra de seres humanos, habra sido eliminada hace mucho tiempo frente a tal oposicin, como le sucedi a otros libros. Pero ha resistido, cumpliendo as las palabras de Jess cuando dijo: "El cielo y la tierra pasarn, pero mis palabras no pasarn" (Mt. 24:35).
La dcima razn para creer que la Biblia es la palabra de Dios es su habilidad comprobada de transformar hasta los peores hombres y mujeres, convirtindolos en bendicin para sus familias, sus amigos y su comunidad. La Biblia habla de este poder: "La ley de Jehov es
26
Para una discusin ms completa sobre esta rea de estudio del Antiguo Testamento, Ver Vctor Buksbazen, The Gospel In The Feasts Of Israel (Fort Washington, Pa.: Christian Literature Crusade, 1954) Y Norman L. Geisler, Christ: The Theme Of The Bible (Chicago: Moody Press, 1968), Pp. 31-68.
perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehov es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehov son rectos, que alegran el corazn; el precepto de Jehov es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehov es limpio, que permanece para siempre; los juicio de Jehov son verdad, todos justos" (Sal. 19:7-9). Como vimos en el captulo anterior, esta transformacin tiene lugar por el poder del Espritu Santo que obra a travs de la Palabra. La Biblia transforma en realidad a los hombres y las mujeres, convirtindolos en personas santas? S, lo hace. Hay prostitutas que han sido reformadas; borrachos que se han vuelto sobrios; arrogantes que se han vuelto humildes; personas deshonestas que se han vuelto personas ntegras; mujeres y hombres dbiles que se han vuelto fuertes; y todo por la transformacin que Dios ha obrado en ellos mientras escuchaban y estudiaban las Escrituras. Tenemos una ilustracin muy notoria sacada de la vida del doctor Harry A. Ironside. Cuando comenz su ministerio este gran evangelista y expositor bblico viva en el barrio de la Baha de San Francisco y trabajaba con un grupo de creyentes llamados "Hermanos". Un domingo, caminando por la ciudad, se encontr con unos trabajadores del Ejrcito de Salvacin que estaban teniendo una reunin en la esquina de las avenidas Market y Grant. Seran unos sesenta. Cuando reconocieron a Ironside, inmediatamente le pidieron que diera su testimonio. Y as lo hizo, hablando sobre cmo Dios lo haba salvado mediante la fe en la muerte corporal y la resurreccin literal de Jess. Mientras hablaba, Ironside se haba percatado de un hombre, bien vestido, al borde de la multitud, que haba tomado una tarjeta de su bolsillo y haba escrito algo en ella. Cuando Ironside termin de hablar, el hombre se adelant, lo salud levantando el sombrero, y amablemente le entreg la tarjeta. En un lado estaba su nombre, que Ironside inmediatamente reconoci. Se trataba de uno de los primeros socialistas que se haba hecho famoso disertando no slo a favor del socialismo sino tambin en contra del cristianismo. Al mirar la tarjeta del otro lado, Ironside ley: "Seor: Lo desafo a debatir conmigo la cuestin "El gnosticismo versus el cristianismo en la Sala de la Academia de Ciencias, el prximo domingo a las cuatro de la tarde. Pagar todos los gastos". "Estoy muy interesado en este desafo...", contest Ironside, luego de releer la tarjeta en voz alta. Y sigui diciendo algo segn este tenor: "Por lo tanto, estoy de acuerdo en tener este debate si se dan las siguientes condiciones: el seor , para comprobar que est luchando por algo valedero y por algo que vale la pena debatir, se compromete a llevar a la Academia el prximo domingo a dos personas, cuyos requisitos ya le dar, como prueba de que el gnosticismo es de real valor para cambiar las vidas humanas y para forjar un verdadero carcter. "Primero, debe prometerme llevar un hombre que haya sido por aos lo que comnmente llamamos un "pordiosero". No me interesa demasiado la naturaleza exacta de los pecados
que arruinaron su vida y lo convirtieron en un marginado de la sociedad -ya sea un borracho, o un criminal, o una vctima de su apetito sexual-, pero un hombre que por aos haya estado bajo el poder de esas costumbres sin poder librarse de ellas; y que en alguna ocasin haya ido a alguna de las reuniones del seor , y haya escuchado las loas al gnosticismo y las denuncias de la Biblia y el cristianismo, y que mientras escuchaba la disertacin su mente y su corazn hayan sido movidos de tal manera que haya salido de la reunin exclamando: "He aqu, yo tambin soy un agnstico!", y como resultado de haberse permeado con esa filosofa en particular, haya encontrado un nueve poder en su vida. Que los pecados que antes amaba, ahora los odia, y que la rectitud y la honradez son ahora los ideales de su vida. Es ahora una nueva persona, un crdito para s y un activo para la sociedad -todo porque es un agnstico "Segundo, me gustara que el seor , me prometiera llevar una mujer -y creo que tendr ms dificultad en encontrar a la mujer que al hombre- que haya sido una pobre y desamparada marginada, una esclava de viles pasiones, una vctima de la vida corrupta de los hombres... quizs una que haya vivido por aos en un antro de maldad... completamente perdida, arruinada y desdichada por su vida de pecado. Pero que esta mujer tambin haya entrado a una sala donde el seor estaba proclamando su gnosticismo y ridiculizando el mensaje de las Santas Escrituras. Y que mientras escuchaba, la esperanza haya brotado en su corazn, y haya dicho: "Esto es justamente lo que necesitaba para librarme de la esclavitud del pecado!" Sigui las enseanzas y se convirti en una inteligente agnstica o librepensadora. Como resultado, todo su ser se sublev contra la degradacin de la vida que haba llevado hasta ese momento. Huy del antro de iniquidad donde haba estado cautiva tanto tiempo; y hoy, rehabilitada, se ha ganado una posicin venerada en la sociedad y lleva una vida feliz, limpia y virtuosa -todo porque es una agnstica. "Ahora bien", dijo, dirigindose al caballero que le haba presentado la tarjeta y el desafo, "si me promete llevar estas dos personas como ejemplos de lo que puede hacer el gnosticismo, yo le prometo encontrarme con usted en la Sala de Ciencias el prximo domingo a las cuatro de la tarde, y yo traer conmigo unos cien hombres y mujeres que por aos han vivido en tal degradacin pecaminosa como he tratado de describir, pero que han sido gloriosamente salvados al creer en el evangelio que usted ridiculiza. Estos hombres y mujeres estarn conmigo en la plataforma, como testigos del poder salvador milagroso de Jesucristo y como prueba actualizada de la verdad de la Biblia". "Capitn", dijo entonces el doctor Ironside, dirigindose a la capitana del Ejrcito de Salvacin, "con cuntos podra contar para acompaarme a esa reunin?". "Habra cuarenta slo de este cuerpo", contest con entusiasmo la Capitana, "y podramos darle una banda de vientos para liderar la procesin!"
inconveniente en conseguir otros sesenta de las distintas misiones, salas evanglicas e iglesias de esta ciudad; y si usted me promete llevar dos casos como le he descrito, yo entrar marchando al frente de dicha procesin, con la banda tocando "Firmes y adelante huestes de la fe", y estar pronto para el debate". Parece ser que el hombre que haba realizado el desafo tena algo de sentido del humor, porque se sonri y agitando su mano, como queriendo decir: "As no hay trato!" se retir, mientras los dems aplaudan a Ironside.27 El poder del Cristo vivo operando por medio del Espritu Santo a travs de la Palabra escrita transforma las vidas. Esto ha sido cierto en el transcurso de toda la historia. Es una prueba poderosa de que la Biblia indudablemente es la Palabra de Dios.
DESDE LOS INICIOS DE LA IGLESIA CRISTIANA HASTA BIEN ENTRADO el siglo dieciocho, la gran mayora de los cristianos de todas las denominaciones reconocieron las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento como la Palabra de Dios. Dios hablaba en estos libros. Y porque Dios hablaba en las Escrituras -como no lo haca en ningn otro lado de la misma forma- todos los que decan ser cristianos reconocan la Biblia como la autoridad divina integradora, un cuerpo de verdad objetiva que trascenda el entendimiento subjetivo. En estos libros, los actos salvficos de Dios en la historia son relatados por seres humanos para que podamos creer. Y todos los acontecimientos que tienen lugar en esa historia son divinamente interpretados para que los hombres y las mujeres puedan entender el evangelio y responder a l con inteligencia, tanto en el pensamiento como en la accin. La Biblia es la Palabra de Dios escrita. Como la Biblia es la Palabra de Dios, las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento tienen autoridad y son infalibles.
En los documentos de la iglesia primitiva encontramos varias afirmaciones que sustentan la existencia de este concepto tan elevado sobre las Escrituras. Ireneo, que vivi y escribi en
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H. A. Ironsides, Random Reminiscences From Fifty Years Of Ministry (New York: Loizeaux Brothers, 1939), Pp. 99-107. Ya haba contado esta historia en the gospel of John, vol. 1 (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 1975), Pp. 226-28.
Lyon, a principio del siglo segundo, escribi que debamos estar "convencidos que las Escritura son perfectas, ya que fueron habladas por la Palabra de Dios y su Espritu."28 Cirilo de Jerusaln, en el siglo cuarto, dijo que "no debemos pronunciar ni la afirmacin ms casual sin las Sagradas Escrituras; ni nos debemos dejar desviar por ninguna probabilidad o artificio oral... Porque la salvacin en la que creemos no depende de un razonamiento ingenioso, sino de la demostracin de las Sagradas Escrituras"29 Agustn, en una carta a Jernimo, el traductor de la Vulgata Latina, dice: "Yo... creo con certeza que ninguno de los autores se ha equivocado al escribirlos. Cuando encuentro algo en los libros que parece contradecir la verdad, concluyo que los textos son corruptos o que el traductor no tradujo fielmente lo que deca, o que yo no he podido comprenderlo... Los libros cannicos estn libres de cualquier falsedad.30 Y en su tratado "Sobre la Trinidad" nos advierte: "No debis estar dispuestos a acatar mis escritos como lo harais si fueran las Escrituras cannicas; porque en stas, cuando descubris hasta lo que antes no creais, creedlo sin titubear.31 Lo mismo sucede con Lutero. Algunas personas sostienen que Lutero al referirse a la Biblia como "la cuna de Cristo" quera decir que crea en una revelacin dentro de la Biblia (no en una que era idntica a ella) y que tena a las Escrituras en menor estima que el Cristo del que hablaban. Es por esto que algunos entienden que no toda la Biblia es la Palabra de Dios. Pero esto es un error. La frase de Lutero, "la cuna de Cristo", ocurre al final del tercer prrafo en su "Prefacio al Antiguo Testamento". Como ha demostrado el fallecido acadmico luterano J. Teodoro Mueller, Lutero est en realidad defendiendo el valor del Antiguo Testamento para los cristianos. Lejos de estar despreciando las Escrituras, Lutero lo que intenta es "expresar su ms reverente estima hacia las Sagradas Escrituras, que le ofrecen al hombre la bendicin suprema de la salvacin eterna en Cristo".32 El mismo Lutero dice: "Ruego y advierto a cada cristiano piadoso que no se deje ofender por la sencillez del lenguaje y algunas historias que hallar aqu (en el Antiguo Testamento). Que
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Irenaeus, Against Heresies, Ii, Xxvii, 2. The Ante-Nicene Fathers, Vol. 1, Ed. Alexander Roberts And James Donaldson (1885; Reimpreso Ed., Grand Rapids, Mich, Eerdmans, N. D.), P. 399. 29 Cyril Of Jerusalem, Pathetical Lectures, Iv, 17. The Nicene And Post-Nicene Fathers, Series 2, Vol. 7, Ed. Philip Schaff And Henry Wace (1893; Reimpreso Ed., Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, N. D.), P. 23. 30 Augustine, Epistles, 82. The Fathers Of The Church, Vol. 12, "St. Augustine: Letters 1-82", Trad. Wilfred Parsons (Washington, D. C.: The Catholic University Of America Press, 1951), Pp. 392, 409. 31 Augustine, "On The Trinity". Prefacio Al Cap. 3, The Nicene And Post-Nicene Fathers, Seres L, Vol. 3, Ed. Philip Schaff (Buffalo: The Christian Literature Company, 1887), P. 56. J. Theodore Mueller, "Luther's Cradle Of Christ" Christianity Today, October 24, 1960, P. 11.
nunca dude, por ms sencillas que parezcan ser, que son las mismas palabras, obras, juicios, y hechos de la gran majestad, poder, y sabidura de Dios."33 Y en otro lugar Lutero dice que "las Escrituras, aunque tambin fueron escritas por hombres, no son de los hombres ni provienen de los hombres, sino de Dios".34 Y otra vez, "Debemos diferenciar entre la Palabra de Dios y la palabra de los hombres. La palabra de los hombres es poco slida, flota en el aire y pronto se desvanece; pero la Palabra de Dios es ms grande que el cielo y la tierra, ms grande que la muerte y el infierno, porque forma parte del poder de Dios, y permanece para siempre".35 Y en algunas ocasiones Calvino es aun ms explcito. Al hacer un comentario sobre 2' Timoteo 3:16, el reformador genovs sustenta esta posicin: Este es el principio que distingue nuestra religin de las otras, que sabemos que Dios nos ha hablado y estamos plenamente convencidos que los profetas no hablaron de s sino, como rganos del Espritu Santo profirieron slo lo que les haba sido comisionado desde el cielo. Todo aquel que desee beneficiarse de las Escrituras debe aceptar primeramente este principio: que la Ley y los profetas no son enseanzas dadas por los hombres segn les plazca, o producidas por las mentes de los hombres, sino que fueron dictadas por el Espritu Santo. Y concluye: "Le debemos a la Escritura la misma reverencia que le debemos a Dios, ya que l es su nica fuente y no hay nada de origen humano mezclado en esta fuente."36 En su comentario de los Salmos, se refiere a la Biblia como "la regla segura e inequvoca" (Sal 5:11). Juan Wesley dice lo mismo. "La Escritura, entonces, es una regla suficiente en s misma, entregada al mundo por hombres divinamente inspirados".37 "Si llegaran a haber errores en la Biblia, podran haber miles. Si hubiera una falsedad en ese libro, no provino de la verdad de Dios".38
Martin Luther, "Preface To The Od Testament", What Luther Says: An Anthology, Ed. Edward M. Plass, Vol. 1 (St. Louis: Concordia, 1959), P. 71. Este pasaje fue citado, en una traduccin un poco distinta, por Mueller En "Luther's vCradle Of Christ". 34 Martin Luther, "That Doctrines Of Men Are To Be Rejected", What Luther Says: An Anthology, Vol. 1, P. 63. 35 Martin Luther, Table Talk, 44, A Compend Of Luther's Theology, Ed. Hugh Thomson Kerr (Philadelphia: Westminster, 1943), P. 10. 36 John Calvin, Calvin's New Testament Commentaries, Vol. 10, "The Second Epistle Of Paul The Apostle To The Corinthians And The Epistles To Timothy, Titus And Philemon", Trad. T. A. Small (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1964), P. 330. 37 John Wesley, A Romn Catechism, Pregunta 5, The Works Of John Wesley, Vol. 10 (1872; Reimpreso Ed., Grand Rapids, Mich.: Zondervan, N. D.), P. 90. 38 John Wesley, The Works Of John Wesley, 4:82.
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Es una gloria de la iglesia de los primeros diecisis o diecisiete siglos que los cristianos de todo lugar, por encima de sus diferencias de opinin sobre teologa o en cuestiones relativas al orden eclesial, exhibieron al menos una alianza mental con la Biblia como la autoridad suprema e infalible para el cristiano. Podra ser descuidada; podra haber desacuerdos sobre sus enseanzas; hasta podra ser contradicha; pero era la Palabra de Dios. Era la nica regla infalible en cuanto a la fe y la prctica.
Luego del perodo de la Reforma la perspectiva ortodoxa de la Escritura sufri crecientes ataques devastadores. En la Iglesia Catlica Romana, los ataques provinieron de las tradiciones establecidas. Despus de haberse debilitado por siglos, apelando a los padres de la iglesia en lugar de apelar a las Escrituras para dilucidar algn punto doctrinal, y como una reaccin violenta a la Reforma Protestante, en 1546 la Iglesia Catlica Romana coloc la tradicin de la iglesia en el mismo nivel que las Escrituras como fuente de revelacin. Sin duda en el Concilio de Trento no se consideraron todas las consecuencias de esta decisin, pero fueron monumentales. Este acto tuvo consecuencias trgicas para la Iglesia Catlica Romana, como lo indica el desarrollo de doctrinas debilitadoras, el culto a Mara y la veneracin de los santos. En teora, la Biblia segua siendo infalible, al menos para grandes sectores del catolicismo. Pero la profunda preferencia humana por las tradiciones en desmedro de la Palabra absoluta e infalible hizo que la autoridad de la Palabra de Dios cada vez pesara menos. En el protestantismo el ataque provino de la llamada alta crtica. Por un tiempo, como resultado de su herencia y de la aguda polmica con el catolicismo, las iglesias Protestantes se mantuvieron firmes en la nocin de una Biblia infalible. Pero durante el siglo dieciocho, y en particular el siglo diecinueve, la crtica de las Escrituras, respaldada por un naturalismo racionalista, logr desalojar la Biblia del lugar que haba ocupado hasta ese entonces. Para la iglesia en la era del racionalismo la Biblia se convirti en la palabra del hombre sobre Dios y el hombre; en lugar de ser la palabra de Dios al hombre. Finalmente, habiendo rechazado el carcter divino y nico de la Biblia, muchos crticos rechazaron tambin su autoridad. La Iglesia Catlica debilit la perspectiva ortodoxa de la Biblia al elevar las tradiciones humanas a la altura de las Escrituras. El protestantismo debilit la perspectiva ortodoxa de las Escrituras bajando la Biblia al nivel de las tradiciones. Hay grandes diferencias, pero el resultado fue el mismo. Ninguno de estos grupos neg la calidad revelacional de las Escrituras, pero en ambos caso el carcter nico de las Escrituras se perdi, su autoridad fue invalidada, y la voz reformadora de Dios dentro de su iglesia fue olvidada.
El hecho de que ninguna de estas posiciones puede ser defendida resulta evidente para cualquiera, y debera impulsar a la iglesia a regresar a su postura original. Sin embargo, esto no parece estar sucediendo. Por el contrario, algunos evanglicos que tradicionalmente han insistido en la inerrancia de la Palabra parecen moverse en una direccin ms liberal, desplegando una actitud ambivalente con respecto a la infalibilidad. Debemos ser extremadamente cuidadosos en este punto. Existe la posibilidad de cuestionar lo que significa "inerrancia", que no es lo mismo que rechazarla peligrosamente y sin ambages. Por ejemplo, algunos acadmicos muy conservadores se han preguntado si inerrancia es el mejor trmino para usar con referencia a la Biblia, ya que demandara una precisin de detalles tan estricta que debera incluir hasta una gramtica perfecta, la que no existe. Han preferido el trmino infalibilidad. Otros no prefieren el trmino inerrancia porque este requiere unos estndares de exactitud modernos y cientficos que los autores antiguos no posean. Dichos acadmicos han preferido referirse a la Biblia como confiable o verdadera. Pero estas reas no son tan importantes. Puede no haber acuerdo en estas reas, ya que sabemos que no hay ningn trmino que describa a la perfeccin lo que queremos significar -inerrancia, infalibilidad, confiabilidad, carcter de fidedigna, veracidad, y otros. De donde no debemos movernos es de sostener el carcter nico y la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios, en su totalidad y en parte. La palabra infalibilidad, con sus limitaciones, preserva este nfasis.
A la crtica bblica moderna se le suele adjudicar el papel de haber derrumbado la vieja postura de la inerrancia. Se sostiene que la inerrancia era una opcin posible cuando los hombres y mujeres conocan muy poco sobre los textos bblicos y sobre la historia bblica. Pero los descubrimientos modernos han cambiado la situacin. Hoy sabemos que la Biblia tiene errores, as se nos dice, y por lo tanto el derrumbe de la infalibilidad es fait accompli. Por ejemplo, Cirenio, "no era estrictamente" el gobernador de Siria durante el tiempo del nacimiento de Cristo (Le. 2:2). Moiss "no escribi" el Pentateuco. Un acadmico escribi que "el desarrollo cientfico del siglo pasado ha vuelto insostenible el concepto de la Biblia como el libro verbalmente inspirado al que podemos recurrir con absoluta certeza para la gua infalible en todas las cuestiones de fe y de conducta"39 Pero, la crtica moderna nos impone cambiar radicalmente nuestro concepto de las Escrituras? Comienzan a surgir las dudas cuando tomamos conciencia que muchos de estos
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W. L. Knox, Essays Catholic And Critical (London: Society For Promoting Christian Knowledge, 1931), P. 99.
supuestos errores de la Biblia no son descubrimientos recientes debido a la crtica cientfica, sino dificultades conocidas por los estudiosos bblicos desde hace siglos. Orgenes, Agustn, Lutero, Calvino y muchsimos otros estaban conscientes de estos problemas. Saban que los distintos perodos bblicos son relatados en forma distinta por los diferentes autores. (Por ejemplo, en Gnesis 15:13 se nos dice que la duracin de la esclavitud de Israel en Egipto fue de cuatrocientos aos, mientras que segn xodo 12:41, fue de cuatrocientos treinta aos.) Saban que algunos detalles en los relatos paralelos a veces discrepaban (como en el nmero de ngeles en el sepulcro de Cristo luego de su resurreccin). Pero entendan que estos eran slo el resultado de los distintos enfoques de los autores o de un intento especfico al escribirlos. No se sentan obligados a tirar fuera de borda el concepto que tenan de las Escrituras por causa de estos problemas. El problema verdadero con la inerrancia va ms all de la informacin producida por la crtica cientfica, se remonta a la filosofa que sustenta la crtica moderna. Esa filosofa es el naturalismo. La perspectiva mundana niega lo sobrenatural, o busca colocarlo fuera de la investigacin cientfica. Lo sobrenatural, por lo tanto, no tiene ninguna correlacin directa con las palabras especficas del texto bblico. Para usar el trmino de Francis Schaeffer, es una realidad de "estrato superior", ms all de toda prueba o confirmacin. As escribe Pinnock: La crtica negativa es la herramienta de la nueva teologa. No se la utiliza ahora para aclarar de forma rpida las caractersticas de las enseanzas bblicas que pueden estar sujetas a objecin. Sirve ahora para desacreditar toda la nocin en el corazn del cristianismo: que hay un cuerpo de informacin revelada, normativo para la teologa cristiana. En el inters moderno de la hermenutica no vemos resurgir la preocupacin por tomar la verdad de la Escritura seriamente, sino slo un intento de usar la Biblia de una manera nueva, no literal, y existencial.40 Un ejemplo supremo de esto es la teologa de Rudolf Bultmann, quien escribe volmenes de exposicin teolgica pero que niega que la revelacin cristiane posea algn tipo de contenido proposicional. Si este es el meollo de todo el debate sobre la inerrancia, entonces, es obvio que el debate es ms serio que si slo se tratara de la posibilidad de demostrar que existe n unos pocos errores insignificantes en las Escrituras. Lo que est en juego es todo el tema de la revelacin.
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Clark's H. Pinnock, A Defense Of Biblical Infallibility (Philadelphia: Presbyterian And Reformed, 1967), P.
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Puede Dios revelarse a la humanidad? Y para ser ms especficos, puede revelarse a travs del lenguaje, que se torna normativo para la fe y la accin cristiana? Con la Biblia inerrante estas cosas son posibles. Sin la inerrancia, la teologa entra en el pramo de la especulacin humana. La iglesia, que necesita de una Palabra de Dios firme, flaquea. Sin una revelacin inerrante, la teologa no slo est a la deriva: carece de sentido. Si repudia su derecho a hablar de las Escrituras en base a la Escritura, desiste de su derecho a hablar sobre cualquier otro tema.
Debajo de cualquier defensa de las Escrituras como la Palabra de Dios fidedigna y con autoridad, est la roca firme de la veracidad divina. Los pasos a seguir en esta defensa son los siguientes: 1. La Biblia es un documento fidedigno. Podemos establecer que es fidedigna si la tratamos como si fuera cualquier otro documento histrico, como, por ejemplo, las obras de Josefo y los informes de guerra de Julio Csar. 2. Basado en la historia registrada en la Biblia tenemos suficientes razones para creer que el carcter central de la Biblia, Jesucristo, hizo lo que dice haber hecho y por lo tanto es quien dice ser: el nico Hijo de Dios. 3. Siendo el nico Hijo de Dios, el Seor Jesucristo es una autoridad infalible. 4. Jesucristo no slo asumi la autoridad de la Biblia; la ense, hasta el extremo de ensear que est libre de error y es eternal, por ser la Palabra de Dios. "Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasar de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mt. 5:18). Si la Biblia es la Palabra de Dios, como Jess ense, entonces debe ser enteramente fidedigna e infalible, porque Dios es un Dios de verdad. 5. Por lo tanto, basado en las enseanzas de Jesucristo, el infalible Hijo de Dios, la iglesia cree que la Biblia tambin es infalible.41
En otras palabras, la defensa de la inerrancia descansa en, y es una consecuencia de, el tipo de material presentado en los Captulos 3 y 4. La Biblia como documento histrico nos da informacin fidedigna de un Cristo infalible. Cristo tiene a las Escrituras en gran estima. En consecuencia, las doctrinas de Cristo deberan, y deben, ser las doctrinas de sus seguidores.
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Esta manera clsica de encarar la defensa de las escrituras ha sido desarrollada en toda su extensin Por R. C. Sproul En Su Ensayo "The Case For Inerrancy: A Methodological Analysis", En God's Inerrant Word, Pp.
Muchos de los que siguen la lgica de la defensa tradicional de la inerrancia de las Escrituras, se sienten de todos modos incmodos frente a lo que parecen ser objeciones insuperables. Veamos cules son estas objeciones y veamos si son tan insuperables como parecen ser. La primera objecin se basa en el carcter de los textos bblicos. Alguien podra decir: "Supongamos que se trata de documentos histricos fidedignos, no ser justamente ese uno de los problemas? Si es evidente que son documentos histricos, entonces son documentos humanos. Son selectivos con respecto a su contenido. Usan el lenguaje limitado, y a veces figurativo de la poca en que fueron escritos. Los relatos paralelos revelan distintos puntos de vista sostenidos por diferentes autores. La terminacin literaria del material vara. Eso es lo que habra de esperar de una revelacin divina? No prueba esto que lo que en realidad tenemos entre manos es simplemente un libro humano? No nos incumbe a nosotros, sin embargo, decir de qu forma tendra que ser dada la revelacin divina, ni insistir que la revelacin no puede ser divina porque tiene determinadas caractersticas. Es evidente que nada humano puede ser un vehculo apropiado para la verdad de Dios. Pero Dios no est impedido de rebajarse al lenguaje humano para transmitir su verdad infalible. Calvino compar las acciones de Dios a las de una madre que usa un lenguaje infantil para comunicarse con su hijo. Se trata de una conversacin limitada, ya que el nio no puede conversar al nivel de la madre. Pero, sin embargo, es una comunicacin verdadera. Por lo tanto, el carcter de los documentos en s no tiene importancia con respecto a la cuestin de la inerrancia. Una segunda objecin a la inerrancia surge a partir de la primera. No se basa tanto en el carcter de los libros bblicos sino en el hecho de que es evidente que son producciones humanas. "Errar es humano", sostienen estos crticos, "por lo tanto, la Biblia, al ser un libro humano, debe contener errores". A simple vista este argumento parece resultar lgico, pero si lo examinamos ms detenidamente, veremos que no necesariamente lo es. Si bien los seres humanos cometemos errores, no es necesariamente cierto que un individuo dado cometer errores a toda hora y en todo lugar. Por ejemplo, el desarrollo de una ecuacin cientfica para el propsito para el que es vlida, es literalmente infalible. Lo mismo puede decirse de un aviso correctamente impreso que anuncia una reunin, las instrucciones para operar un automvil y otras cosas. John Warwick Montgomery seala, al desarrollar este argumento: "Si bien es cierto que la produccin de sesenta y seis libros que son inerrantes: y complementarios, a lo largo de los siglos, y por parte de diferentes autores, es un emprendimiento de gran envergadura -a tal punto que apelamos con gozo al Espritu de Dios para realizarlo-, no hay nada
metafsicamente inhumano o contra la naturaleza humana en la realizacin de dicho emprendimiento" .42 Puede resultar instructiva la analoga entre la concepcin y el nacimiento de nuestro Seor Jesucristo y como nos lleg la Biblia. Leemos que cuando el Seor fue concebido en el vientre de la virgen Mara, el Espritu Santo la cubri con su sombra para que el hijo que iba a nacer fuera llamado "el Hijo de Dios" (Le. 1:35). Lo divino y lo humano se encontraron en la concepcin de Cristo, y el resultado fue humano y divino a la vez. Cristo fue un hombre real. Fue una persona en particular, un judo. Tena un fsico que poda pesarse y una apariencia que poda ser reconocida. Se le podra haber sacado una fotografa. Empero, tambin era el Dios Todopoderoso y sin pecado. Podemos comparar la manera como el Espritu Santo cubri a la virgen Mara para que concibiera al Hijo de Dios humano en su vientre, con la forma como el Espritu Santo cubri las clulas cerebrales de Moiss, David, los profetas, los evangelistas, Pablo y otros escritores bblicos, para que de sus mentes emanaran los libros que constituyen la Biblia. Sus escritos llevan las marcas de la personalidad humana. Varan en su estilo. Sin embargo, la fuente primaria es divina, y el toque humano no las tie de errores del mismo modo que el vientre de Mara no manch de pecado al Salvador. Una tercera objecin a la inerrancia se basa en el hecho de que se afirma que slo los escritos originales son inerrantes, no as las copias que fueron hechas de los mismos con posterioridad, y en las que se basan nuestras traducciones contemporneas. Como ningn ser vivo ha visto alguna vez estos escritos originales, y por lo tanto no podemos ni verificar ni desacreditar esta afirmacin, no se trata de un epistemolgico sin sentido apelar a ellos? "Qu si existe un original inerrante?", podra argumentar alguien. "Como no lo tenemos, no tiene sentido afirmar que la Biblia es inerrante". Pero, acaso no tiene sentido hacerlo? No tendra sentido si las siguientes dos condiciones fuesen ciertas: (1) si el nmero de supuestos errores permaneciera constante cuando nos remontamos en el tiempo de copia en copia hacia los escritos originales, y (2) si los que creen en la infalibilidad apelaran a un original que difiere sustancialmente de las mejores copias de manuscritos en existencia. Pero ninguna de estas condiciones se cumple. Por el contrario, cuando se examinan las copias que se remontan en la direccin de los escritos perdidos, el nmero de errores textuales disminuye, lo que anima a suponer que si se pudiera llenar el intervalo entre los originales y el primero textos y fragmentos (algunos papiros del Nuevo Testamento se remontan al primer siglo), todos los supuestos errores desapareceran... El evanglico conservador slo apela a los escritos ausentes como autoridad por encima de los mejores textos existentes en aquellas instancias, limitadas y especficas (como el registro de
Montgomery, God's Inerrant Word, P.36.
numerales), donde la evidencia independiente muestra que desde el principio pudo haber una alta probabilidad de errores transcripcionales.43 Los que creen en la infalibilidad tratan los problemas textuales de la misma manera que un acadmico secular trata los problemas relacionados con cualquier documento antiguo. Sin embargo, debido al nmero y la variedad extraordinaria de los manuscritos bblicos, no hay ningn motivo para dudar que los textos contemporneos no son idnticos a los textos originales, excepto en muy pocos lugares. Y estas reas problemticas son conocidas por los comentaristas bblicos. Una cuarta objecin a la doctrina de la inerrancia tiene que ver con la funcin del lenguaje corno vehculo de la verdad. Algunos acadmicos sostienen que la verdad trasciende el lenguaje, de modo que la verdad de las Escrituras slo puede hallarse en los pensamientos de las Escrituras ms que en sus palabras. Pero, esto tiene algn sentido? "Aceptar la inspiracin de los pensamientos pero no de las palabras de los escritores bblicos contradice las afirmaciones de las Escrituras, y adems carece intrnsecamente de sentido. Qu es un pensamiento inspirado expresado en un lenguaje no inspirado?"44, plantea Pinnock. Si la Biblia ha sido inspirada, debe haber sido verbalmente inspirada. Y una inspiracin verbal es sinnimo de infalibilidad. Para ser precisos, existen algunas partes en las Escrituras donde la eleccin de una palabra puede no hacer mucha diferencia para registrar un hecho o una doctrina. La manera como estn expresados algunos versculos puede ser cambiada, como lo hacen los traductores para poder transmitir el significado real a una determinada cultura. Pero tambin existen otros lugares donde las palabras son cruciales, y una doctrina se ver afectada si no tomamos las palabras con la seriedad que ellas se merecen. Para poder tener una Biblia que tenga autoridad, es necesario que tambin tengamos una Biblia verbalmente inspirada y, en consecuencia, infalible; una Biblia que sea infalible en esta cuestin como tambin en otras. Esta opinin est de acuerdo con las propias enseanzas de la Biblia y con la naturaleza del lenguaje.
Para terminar, tenemos los que pueden seguir el argumento hasta aqu, y aun estar en parte de acuerdo con las conclusiones, pero que, sin embargo, sienten que algunos "errores" han sido sacados a la luz por los "resultados irrefutables" de los acadmicos bblicos. Existen errores comprobados? En algunos lugares hay dificultades. Nadie cuestiona eso. Pero, los
43 44
John Warwick Montgomery, "Biblical Inerrancy: What Is At Stake?" En God's Inerrant Word, P.33. Pinnock, Biblical Infallibility, P. 8.
acadmicos han podido realmente demostrar que los libros de la Biblia son falibles y que por ende fueron escritos slo por hombres? Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando afirmaciones tales como esta eran expresadas por personas influyentes, sin ningn tapujo. Hace unos aos casi todos los acadmicos y telogos bblicos hablaban de determinados resultados o hallazgos que se supona habran de acabar con el concepto ortodoxo de la Biblia para siempre. Hoy, sin embargo, como cualquiera que haya tenido la oportunidad de analizar en profundidad estas cuestiones lo sabe, estas aseveraciones no ocurren con tanta frecuencia. En realidad, casi no ocurren en absoluto. Por qu? Sencillamente porque, como resultado de los avances de las investigaciones arqueolgicas y bblicas, dichos resultados que se decan ser irrefutables han sido destruidos en las propias narices de quienes los sostenan. En 2a Reyes 15:29 hay una referencia a un rey de Asira llamado Tiglat-pileser. Se nos dice que haba conquistado a los israelitas del reino del norte y haba llevado a muchos cautivos. Hace slo una generacin, los acadmicos nos decan -todava tenemos sus libros en nuestras bibliotecas- que este rey nunca haba existido y que el relato de la derrota de Israel por parte de Asira lindaba con la mitologa. En la actualidad, sin embargo, los arquelogos han excavado la capital de Tiglat-pileser y conocemos su historia. Se han encontrado bloques de ladrillo con su nombre grabado que rezan: "Yo, Tiglat-Pileser, rey de las tierras al occidente, rey de la tierra, cuyo reino se extiende hasta el gran mar..." El lector puede encontrar relatos de sus batallas con Israel en el libro Ancient Near Eastern Texts Relating to The Od Testament de James B. Pritchard. Por ese mismo entonces, algunos acadmicos negaban que Moiss pudiera haber escrito los primeros cinco libros de la Biblia, alegando que la escritura an no haba sido inventada en sus das, un argumento que pareca irrefutable. Desde ese entonces, sin embargo, los arquelogos han desenterrado miles de tabletas e inscripciones escritas cientos de aos antes de Moiss y aun antes de Abraham. Se conocen, en realidad, seis diferentes idiomas anteriores al perodo de Moiss. En tiempos recientes tambin podamos encontrar muchos que negaban que los libros histricos del Nuevo Testamento hubiesen sido escritos lo suficientemente cerca en el tiempo a los acontecimientos que relatan para ser confiables. Los evangelios sinpticos (Mateo, Marcos y Lucas) en particular se fechaban tardamente; y Juan, que pareca tener mucha influencia griega, se llevaba al siglo segundo de la era cristiana, y algunos acadmicos lo llevaban hasta el siglo tercero. Con el tiempo, sin embargo, se descubri en Egipto un papiro que oblig a los acadmicos a fechar el cuarto evangelio con anterioridad al ao 125 d.C, y posiblemente con bastante anterioridad a esa fecha. Los resultados de la erudicin, en lugar de desacreditar la Biblia, cada vez ms confirman sus afirmaciones. No son prueba de su infalibilidad -ni toda la informacin podra ser capaz de
hacer eso-, pero s contribuyen a la confiabilidad de la Biblia. No revelan nada que sea incompatible con las afirmaciones de las Escrituras. La revista Time, en una cobertura que hizo sobre la Biblia en 1974, reconoci que, La amplitud, sofisticacin y diversidad de todas estas investigaciones bblicas es asombrosa, pero plantea una interrogante: ha convertido la Biblia en algo ms creble o menos creble? Los que la leen de manera literal, que sienten que el piso se les mueve cada vez que un versculo es cuestionado, dirn que la credibilidad ha sufrido un golpe. Se ha sembrado la duda, la fe corre peligro. Pero los creyentes que esperan algo distinto de la Biblia, podrn bien concluir que su credibilidad ha sido fortalecida. Despus de dos siglos de enfrentarse a las armas cientficas ms potentes, la Biblia ha sobrevivido -y posiblemente est en una mejor posicin despus de haber sido sitiada-. Aun en el campo de los crticos -los hechos histricos- las Escrituras parecen ser ms aceptables ahora que cuando los racionalistas comenzaron sus ataques.45 El cristiano no debe sentir ningn temor de basarse en la Palabra de Dios, reconocindole su autoridad del mismo modo que lo hizo el Seor Jesucristo. Podr haber perodos en que las teoras crticas la contradicen. Los argumentos pueden parecer irrefutables, hasta tal extremo que si uno se enfrenta a ellos puede ser tildado de oscurantismo. Los sabios de este mundo dirn: "Puedes creer eso si lo deseas, pero los resultados de la crtica cientfica nos ensean otra cosa". Estas cosas ya han sucedido y seguirn sucediendo. Pero los cristianos que se basan en las Escrituras vern aun durante su vida cmo se desmoronan a los pies de los acadmicos los resultados que se decan irrefutables, y cmo las afirmaciones de la Biblia sustentadas por el Seor Jesucristo, las creencias histricas de la iglesia, prevalecen. Hace unos aos el lder de la Iglesia Anglicana, el Obispo Ryle de Liverpool, escribi: "Prefiero la teora verbal absoluta sobre la inspiracin de la Biblia, con todas las dificultades que conlleva, antes que la duda. Acepto las dificultades, y humildemente espero que se diluciden. Pero mientras espero, estoy firme sobre la roca".
HA SIDO LA CRITICA BBLICA MODERNA, MAS QUE NINGUNA OTRA cosa, lo que ha debilitado y casi destruido el alto concepto que la cristiandad tena sobre la Biblia. Se hace por lo tanto necesario que consideremos las lneas principales de esta crtica en el transcurso de los ltimos dos siglos, y que luego reflexionemos sobre ella desde una perspectiva evanglica.
"The Bible: The Believers Gain", Time, Diciembre 30, 1974, P. 41.
El mtodo crtico del Antiguo y el Nuevo Testamento desde un punto de vista literario no es privativo de los siglos diecinueve y veinte. Teodoro de Mopsuestia, uno de los telogos ms salientes de la escuela de Antioqua, releg algunos salmos (como el 51, el 65 y el 127) a la poca del Exilio. Durante la Edad Media, Ibn Ezra, un acadmico judo, declar haber descubierto varios anacronismos en el Pentateuco. Hasta Martn Lutero aplic una forma de crtica literaria cuando ocasionalmente se pronunci sobre la autenticidad y el valor relativo de los libros bblicos. Pero no fue hasta entrado el siglo dieciocho, 1753, para ser exactos, cuando la alta crtica se introdujo en la escala y con el propsito como la entendemos hoy en da. En ese ao un cientfico y mdico de la corte francesa, Jean Astruc, public una obra sobre las fuentes literarias del Gnesis dejando establecido un mtodo de estudio bblico que fue masivamente aceptado, primero el Alemania, y luego por toda Europa y los Estados Unidos. Astruc observ que en el texto hebreo del Gnesis se le asignan a Dios dos nombres distintos. El primero es Elohim, que aunque este nombre tiene otros significados en hebreo, se lo aplica especialmente al Ser Supremo. El otro es Jehov... el gran nombre de Dios, que expresa su esencia. Ahora bien, uno podra suponer que ambos nombres son usados indiscriminadamente como sinnimos, como un mero recurso estilstico. Esto, sin embargo, sera un error. Los nombres nunca son entremezclados; hay captulos enteros, o partes largas dentro de un captulo, donde siempre se usa Elohim para referirse a Dios, y otras partes igualmente numerosas, donde siempre se lo llama Jehov. Si Moiss fuera el autor del Gnesis, deberamos otorgarle esta tan extraa y rigurosa variacin. Pero, es posible concebir dicha negligencia en la composicin de un libro tan corto como el Gnesis? Le impondremos a Moiss este error que ningn otro autor ha cometido? No resultara ms natural explicar esta variacin si suponemos que el Gnesis est compuestos por dos o tres memorias, cuyos, autores asignaron diferentes nombres a Dios, uno us Elohim, el otro Jehov, y el otro Jehov Elohim?46 La observacin de Astruc es la expresin primitiva del espritu crtico, y ya exhibe caractersticas que pronto se convertiran en representativas de la crtica literaria. Primero, est revelando una fractura con la concepcin tradicional, segn la cual Moiss fue el autor del Pentateuco. Segundo, manifiesta un cambio en el objeto de estudio, del simple significado de las palabras a cuestiones tales como la autenticidad y la integridad de los libros bblicos. Tercero, demuestra un nuevo mtodo para proceder. Al dejar de lado el testimonio
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Encyclopedia Of Religin And Ethics, Vol. 4, Ed. James Hastings (New York: Charles Scribner's Sons, 1912), P. 315.
de la historia y la tradicin, al menos temporalmente, esta crtica se concentra en el estilo, el vocabulario, la sintaxis, las ideas y las caractersticas de los documentos como la nica base sobre la cual responder a las cuestiones de la autenticidad y la integridad. En un principio, la obra de Astruc pas desapercibida. Pero pocos aos ms tarde fue recogida por algunos acadmicos alemanes y fue ampliada para incluir todo el Antiguo Testamento. Johann Eichhom aplic el enfoque de Astruc a todo el Pentateuco. Wilhelm De Wette y Edward Reuss intentaron hacer concordar estos resultados con la historia juda. Reuss concluy que en una secuencia histrica correcta, los profetas son anteriores a la ley, y los salmos son posteriores a ambos. La obra ms popular, y en cierto sentido, la obra culminante en este campo, fue la Prolegomena de Julius Wellhausen, publicada en 1878. Esta obra disemin la hiptesis de las cuatro etapas documentaras, conocidas como la JESD (J para la fuente de Jehov, E para la fuente de Elohim, S para el cdigo y los documentos sacerdotales, y D para el ulterior trabajo editorial de la escuela deuteronomista o deuteronmica). Wellhausen fech la escritura de la ley con posterioridad al exilio babilnico y slo coloc el Libro del Pacto y las ms antiguas ediciones de las secciones narrativas J y E con anterioridad al siglo octavo a.C. El cambio profundo que esto implic est claro en las palabras de E. C. Blackman, quien encomi el logro de Wellhausen por hacer posible "el entendimiento del Antiguo Testamento en trminos de una revelacin progresiva... una verdadera liberacin"47. Emil G. Kraeling Seala que tambin "marc el comienzo de un estudio secular y evolucionista de las fuentes del Antiguo Testamento".48 EL JESS DE LA HISTORIA
En los estudios del Nuevo Testamento las energas de los crticos se han dirigido en una direccin un poco distinta: recuperar al "Jess histrico" mediante el estudio de los orgenes de los relatos de los evangelios y el desarrollo de la teologa neotestamentaria como se conserva en las epstolas paulinas y pastorales, la literatura juanina y el Apocalipsis. Pero se basan en los mismos principios, los que han sido aplicados en los estudios del Nuevo Testamento aun con mayor radicalidad que la aplicada en las investigaciones del siglo diecinueve sobre el Pentateuco. El origen de los estudios del Nuevo Testamento segn los principios del criticismo se suele adjudicar a Ferdinand Christian Baur (1792-1860), quien prob organizar el material
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E. C. Blackman, Biblical Interpretation (Philadelphia: Westminster, 1957), P. 141. Emil G. Kraaling, The Od Testament Since The Reformation (New York: Harper And Brothers, 1955), P.
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histricamente. Hegel haba desarrollado la teora que la historia se desenvuelve pasando por la tesis, la anttesis y la sntesis. Baur aplic los principios hegelianos a la historia bblica, citando el supuesto conflicto entre la teologa de Pedro y la de Pablo como evidencia de una tesis y anttesis doctrinal dentro de la iglesia primitiva. Desde el punto de vista de Baur, esto condujo a la sntesis del catolicismo primitivo. Hoy la tesis general de Baur es rechazada. Empero, logr sacudir las concepciones tradicionales con respecto a la autora y la composicin de los libros del Nuevo Testamento y llam la atencin del mundo acadmico hacia el redescubrimiento del Cristo histrico como el problema clave del Nuevo Testamento. La llamada bsqueda del Jess histrico se remonta a 1768 cuando muere Hermann Samuel Reimarus, el historiador con quien Albert Schweitzer comienza su estudio de la investigacin en el siglo diecinueve. Reimarus no era un experto en el Nuevo Testamento, pero a su muerte dej un manuscrito que iba a tener mucha repercusin. Argumentaba que los historiadores deban distinguir entre los "propsitos" de Jess y los "propsitos" de sus discpulos; es decir, entre el Jess de la historia y el Cristo de la predicacin cristiana primitiva. Puesto a elegir entre lo que consideraba dos propsitos mutuamente excluyentes, Reimarus opt por el primero, postulando la existencia de un Jess no sobrenatural. De acuerdo con l, Jess predic la venida del Reino de Dios, pero muri abandonado por Dios y desilusionado. El cristianismo era visto como el producto de los discpulos que robaron el cuerpo, proclamaron una resurreccin corporal y consiguieron seguidores. Reimarus fue un extremista y su obra muy polmica. Pero su concepcin sobre el origen del cristianismo marc las pautas para un siglo de investigaciones sobre el Jess histrico. Al rechazar el elemento sobrenatural de los evangelios y buscar los medios para elaborarse un Jess a su imagen, los idealistas encontraron en Jess al hombre ideal; los racionalistas lo vieron como un gran maestro de moral; los socialistas lo consideraron como un amigo de los pobres y un revolucionario. Las ms populares "vidas de Jess", ambas por David Friedrich Strauss, rechazaban la mayor parte del material de los evangelios por considerarlos mitologa; y Bruno Bauer acab su bsqueda negando que haya existido alguna vez un Jess histrico. Bauer explicaba todas las historias sobre Jess como el producto de la imaginacin de la comunidad cristiana primitiva. No podemos menos que quedar impresionados aun hoy en da por la inmensa energa y talento que los acadmicos alemanes volcaron en su bsqueda del Jess "original", pero los resultados fueron magros y las conclusiones a las que arribaron, equivocadas, como lo prob Schweitzer en su estudio. Los acadmicos haban intentado modernizar a Jess, pero el Jess que produjeron no era ni el Jess histrico ni el Cristo de la Escritura.
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En aos ms recientes, el criticismo del Nuevo Testamento se ha centrado alrededor de la obra de Rudolf Bultmann, que fuera profesor de la Universidad de Marburg, en Alemania y a quien se lo reconoce como el padre de la crtica de las formas, o la crtica formal. Mucha de las energas de Bultmann se gastaron en despojar lo que l senta que era la "mitologa" de los escritores del Nuevo Testamento: el cielo, el infierno, los milagros. Pero no estaremos comprendiendo correctamente los puntos de vista de Bultmann si nos imaginamos que el Jess histrico real yaca debajo de la capa mitolgica. De acuerdo con Bultmann lo que subyace debajo de la mitologa es el entendimiento ms profundo que tiene la iglesia sobre la vida, surgido de su experiencia con el Seor resucitado. Consecuentemente, no es posible saber nada de Jess en trminos histricos excepto el hecho de que existi. Bultmann, en su libro Jess and the Word, afirma: "Sabemos prcticamente poco y nada con respecto a la vida y la personalidad de Jess".49 Basado en el supuesto que existi un perodo de transmisin oral entre los aos del ministerio de Cristo en la tierra y la transcripcin de las tradiciones sobre l en los evangelios, Bultmann contempla una iglesia creativa, que gradualmente sobre impone su propia idea de mundo sobre lo que recibi de los tiempos y las enseanzas de Jess. Esta creatividad de la iglesia tuvo lugar durante una "etapa oral" en el desarrollo de la tradicin. Durante este perodo, gran parte del material de los evangelios circul bajo la forma de unidades orales separadas, que hoy podemos clasificar y ordenar en una secuencia temporal basado en sus formas. Bultmann, y otros de su escuela, creen que podemos inferir mucho sobre la situacin de la iglesia si partimos desde estas "unidades" de evangelio. Pero no podemos aprender casi nada sobre el Jess real e histrico. Las expresiones de fe de la iglesia primitiva, conservadas para nosotros en el Nuevo Testamento, deben ser reinterpretadas en trminos existenciales si es que tienen que tener algn significado para nuestra era moderna. Al rechazar la supuesta mitologa del Nuevo Testamento, Bultmann rechaza una preexistencia literal de Cristo, su nacimiento virginal, su ser libre de pecado y su deidad, el valor de su muerte expiatoria, una resurreccin y ascensin literal, y el futuro juicio de todos los pueblos. Se habla ms bien de una nueva "posibilidad de existencia", queriendo significar la posibilidad de desligarse del pasado (morir con Cristo) y abrirse al futuro (resucitar con Cristo). El abrazar esta posibilidad trae consigo una liberacin interior y una libertad arrolladora (la salvacin). El estudioso luterano Edgar Krentz comenta sobre las conclusiones de Bultmann:
Rudolf Bultmann, Jess And The Word (New York: Charles Scribner's Sons, 1934), P.8.
Por un lado las Escrituras se asemejan a cualquier otro libro, un objeto de investigacin histrica, que busca conocer los hechos. Pero no es posible encontrar ningn significado absoluto en los hechos. El significado slo es posible hallarlo cuando el hombre personalmente se enfrenta a la historia y halla el significado para su propia existencia (interpretaciones existenciales). Slo cuando el hombre no se sujete a una concepcin extraa del mundo podr ser libre para creer. El trabajo de interpretacin est determinado por este auto comprensin, ya que la interpretacin debe dar rienda libre a la fe, creacin de Dios.50 En resumen, de acuerdo con la escuela de Bultmann: (1) las fuentes cristianas ms tempranas no muestran inters alguno en la historia y personalidad real de Jess, (2) los documentos bblicos son fragmentarios y legendarios, (3) no existen otras fuentes con las cuales verificar la informacin aportada por los escritores bblicos, y (4) la preocupacin con el Jess histrico es en realidad destructiva para el cristianismo, ya que en lugar de conducir a la fe en Jess como Dios, conduce al culto de Jess, cuyos efectos se ven claramente en el pietismo. Los puntos dbiles de algunas de estas concepciones estn apareciendo a la vista en algunos mbitos. En consecuencia, el liderazgo teolgico est pasando a otras manos.51
Si bien escueta, nuestra resea del criticismo revela gran diversidad. Los puntos de vista estn en constante cambio, y aun en un mismo perodo, los que estn trabajando en reas similares pueden contradecirse. Sin embargo, a pesar de la diversidad, existen algunas caractersticas comunes a las expresiones del criticismo. Primero tenemos el humanismo. En casi todas las formas que asume el debate moderno, las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son tratadas como la palabra del hombre sobre Dios, ms que la Palabra de Dios al hombre. Pero esto, como bien lo seala J. I. Packer, es simplemente la filosofa romntica de la religin como la presenta Friedrich Schleiermacher (1768-1834), "que el tema real de la teologa no son las verdades reveladas, sino la experiencia religiosa".52 Dentro de este marco la Biblia es slo el registro de la reflexin y accin humana en el campo de la religin. La tarea del intrprete es la de tamizar esa experiencia y evaluarla para ver la posible utilidad que pueda tener en nuestra poca.
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Edgar Krentz, Biblical Studies Today: A Guide To Current. Issues And Trends (St. Louis: Concordia, 1966), P. 16. 51 Partes de este material sobre la bsqueda del Jess histrico y sobre bultmann ya aparecieron en un artculo del autor titulado "New Vistas In Historical Jess Research", Christianity Today, Marzo 15, 1968, Pp. 3-6. 52 J. I. Packer, "Fundamentalism" And The Word Of God (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1960), P. 148.
Debe reconocerse, por supuesto, como ya lo sealamos en captulos anteriores, que la Biblia tiene un componente humano genuino. Por otro lado, debemos oponernos a cualquier intento por convertirla en humana en desmedro de su carcter divino. Como bien agrega Packer: Si es necesario enfatizar una de las caractersticas en desmedro de la otra, se pierde menos si se tratan a las Escrituras simplemente como los orculos escritos de Dios que como una mera coleccin de las ideas judas sobre Dios. Porque no existe ninguna razn para considerar las palabras humanas como inerrantes y con autoridad; si adoptamos el punto de vista liberal, lo que tendr autoridad ser nuestro propio juicio con respecto hasta dnde podemos confiar en ellas y hasta dnde no. Aterrizamos, sin ton ni son, en el subjetivismo.53 Un ejemplo muy claro de dicho subjetivismo lo constituye la seccin sobre "Las Escrituras" del The Common Catechism, una afirmacin de fe moderna que ha recibido bastante publicidad, realizada por un grupo considerable de telogos catlicos y protestantes contemporneos. Dice: Todo lo que tenemos que discutir... se basa ahora en esta suposicin no cuestionable de que la evidencia de la Biblia puede y debe ser examinada como la evidencia de la fe de un nmero de hombres y un nmero de generaciones... En el futuro no podemos decir: "La Biblia es la palabra de Dios". Aun decir que "la palabra de Dios est en la Biblia" sera errneo, si con esto queremos significar que un conjunto de afirmaciones de la Biblia son puramente humanas y el resto son la palabra de Dios. Debemos decir algo segn estas lneas: "La Biblia no es la palabra de Dios, sino que se convierte en la palabra de Dios para quienquiera que cree en ella como la palabra de Dios". Esto suena peligroso...54 Y llegado este punto, realmente debemos decir que s suena peligroso. La segunda caracterstica comn al criticismo es su naturalismo, expresado en la creencia de que la Biblia es el resultado de un proceso evolutivo. Tenemos evidencia de esta creencia en los estudios del Antiguo Testamento, en la forma como se desarroll la teora documentara del Pentateuco. Esta creencia tambin resulta evidente en la crtica de las formas, de Bultmann, ya que todo depende del desarrollo gradual que la iglesia primitiva tuvo de su comprensin de la realidad y de cmo conserv este desarrollo en diversas etapas mediante las tradiciones escritas. Se presupone que el entendimiento primitivo y temprano de Dios y la realidad dieron lugar ms tarde a concepciones ms desarrolladas. Estas ideas llamadas primitivas pueden ser rechazadas a favor de ideas ms modernas. As es que podemos desestimar los milagros. Tambin, de acuerdo con este punto de vista, podemos excluir de la religin del
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Ibid. The Common Catechism: A Book Of Christian Faith, Eds. Johannes Feiner And Lukas Vischer (New York: The Seabury Press, 1975), P. 101.
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Nuevo Testamento conceptos tan crudos como son la ira de Dios, el sacrificio, y la Segunda Venida del Seor. La tercera caracterstica comn del criticismo se basa en las primeras dos. Si las personas y sus ideas cambian, como especulan las hiptesis evolutivas, entonces seguirn cambiando; y han cambiado desde que se escribieron los ltimos libros de la Biblia; en consecuencia, debemos ir ms all de las Escrituras para comprender la humanidad y la verdadera religin. Hay muchos ejemplos de esta actitud, particularmente en algunos sermones muy populares donde se presentan abiertamente los puntos de vista de pensadores seculares y se dejan en el olvido los puntos de vista opuestos de los escritores bblicos.
Qu podemos decir en respuesta a este enfoque popular y generalizado? Hay dos perspectivas. Por un lado, hay un rea neutral en donde cualquiera puede hacer uso al menos de algunas partes del mtodo crtico. Puede usarse para iluminar el elemento humano en los escritos bblicos. Podemos concentramos en las palabras y los distintos usos que stas tienen, la situacin histrica en que ocurrieron los escritos, y las caractersticas particulares que tienen los distintos libros de la Biblia. Tenemos, adems, la arqueologa y la historia secular paralela que pueden servir para aclarar los textos. El uso del mtodo crtico en estas reas y de esta manera puede resultar muy valioso. Por otro lado, los ms conocidos exponentes del mtodo crtico han procedido basados en presuposiciones inaceptables para cualquier telogo bblico verdadero, y por lo tanto podemos considerar que el mtodo en sus manos ha sido un rotundo fracaso. Primero, los usuarios del mtodo crtico reclaman el derecho a realizar un anlisis cientfico de la informacin bblica. Pero se toman vulnerables, no cuando trabajan cientficamente, sino cuando no trabajan en forma lo suficientemente cientfica. Los crticos literarios negativos parten de la base que tienen derecho a examinar la Biblia de manera idntica como lo haran con cualquier otra literatura secular. Pero, es vlido enfocar las Escrituras como nada ms que una coleccin de escritos seculares? Acaso es cientfico o inteligente desestimar el hecho de que los libros declaran ser el resultado de "la exhalacin" de Dios? Se puede posponer tomar una decisin sobre este asunto mientras se emprende el examen de los libros? Si los libros realmente provienen de Dios, la naturaleza misma de ellos no limitar las opciones crticas? Resulta tanto ftil como errneo negarles a los crticos el derecho a examinar los textos bblicos. Lo harn de cualquier modo, se les pida o no. Adems, si las Escrituras son la verdad, deben permanecer firmes frente a los embates de cualquier mtodo crtico; no debemos cometer el error de los fundamentalistas del siglo diecinueve que reclamaban una exencin para la Biblia. Por otro lado, debemos sostener que
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cualquier mtodo crtico tambin tiene que tomar en consideracin la naturaleza del material a su disposicin. En el caso de la Biblia, la crtica debe aceptar su premisa de ser la Palabra de Dios o, de lo contrario, ofrecer razones satisfactorias para rechazarla. Si la Biblia es la Palabra de Dios, como dice serlo, entonces la crtica debe incluir un entendimiento de la revelacin en su proceder metodolgico. El fracaso de la crtica para entender esto resulta evidente en su intento por divorciar el Jess de la historia del Jess de la fe. Si Jess fuera slo un ser humano y la Biblia no fuera ms que un libro humano, esto sera posible. Pero si Cristo es divino y la Biblia es la Palabra del Padre sobre l, entonces la crtica tiene la obligacin de reconocer que la naturaleza de los Evangelios implica una interpretacin divina y segura de la vida, muerte y resurreccin de Jess de Nazaret, el Hijo de Dios. Con una firme apreciacin de la Biblia como revelacin, la crtica literaria estara libre, por un lado, de cualquier acusacin de irreverencia y abuso; y, por otro lado, de un optimismo gratuito e infundado que colocara la solucin a todos los problemas bblicos al alcance de la mano. Este mismo fracaso tambin resulta evidente en el tratamiento crtico de la Biblia como el resultado de un proceso humano evolutivo, segn el cual una parte de las Escrituras puede fcilmente contradecir a otra. Si la Biblia realmente procede de Dios, stas no sern contradicciones sino revelaciones complementarias y progresivas de una verdad. Segundo, al no haber podido aceptar la Biblia por lo que verdaderamente es, los crticos negativos inevitablemente caen en el error cuando prosiguen basndose en las otras premisas. Es as como, finalmente, salen a relucir sus propias debilidades inherentes. Un ejemplo claro de esto es la vieja bsqueda por el Jess histrico que, como ya lo sealamos, simplemente hizo que el intrprete moldeara al Jess histrico a su imagen. Otro ejemplo lo constituye Bultmann quien, aunque una vez supo gozar de un renombre casi legendario, hoy ha sido abandonado por sus seguidores. Ellos preguntan: Si, -como dice Bultmann-, lo nico que necesitamos saber de la historicidad de la fe cristiana es slo que Jesucristo fue "algo", su mera existencia, entonces, por qu necesitamos saber siquiera eso? Por qu fue necesaria la Encarnacin? Y si no fue realmente necesaria, o si es imposible demostrar por qu fue necesaria, qu impide que la fe cristiana se degenere y confunda con el reino de las ideas abstractas? Y, en dicho caso, qu ser lo que diferenciar su concepto de Encarnacin del docetismo o de un mito de redencin gnstico? Ernst Kaesemann de Marburg, contra quien arremeta Bultmann, plante estas tres preguntas en una ya famosa ponencia a los ex estudiantes de Marburg en 1953. El razonaba: "No podemos desterrar la identidad entre el Seor exaltado y el Seor terrenal sin caer en el docetismo y privndonos de la posibilidad de trazar una lnea entre la fe pascual de la
comunidad y el mito".55 Unos aos ms tarde Joachim Jeremas expres una advertencia similar. "Corremos el riesgo de renunciar a la afirmacin 'la Palabra se hizo carne' y abandonar la historia de la salvacin, la actividad de Dios en el Hombre Jess de Nazaret y en Su Mensaje; corremos el peligro de acercamos al docetismo, en el que Cristo se convierte en una idea".56 Aun los partidarios de Bultmann deben hallar algo incongruente en que su Theology of the New Testament asigne nicamente treinta pginas a las enseanzas de Jess, mientras le dedica ms de cien pginas a un relato imaginario de la teologa de las as llamadas comunidades helnicas, de las que nada sabemos. Bultmann ha minimizado tanto la dependencia que la iglesia primitiva senta hacia Jess como maestro, como el inters por los hechos de la vida de Jess. Si bien es cierto, como razona Bultmann, que los documentos bblicos se centran principalmente en la identidad de Jess como el Mesas y en la revelacin que l trae del Padre, no es menos importante notar que este entendimiento toma cuerpo en los evangelios, y no en tratados teolgicos o mitologas csmicas (tal el caso del gnosticismo). Su estructura es histrica. Es ms, cada versculo de los evangelios parece declarar a voz en cuello que el origen de la fe cristiana yace, no en una iluminacin repentina de los primitivos cristianos o en una experiencia religiosa evolutiva sino, en los hechos relativos a Jesucristo: su vida, su muerte, y, en especial, su resurreccin. Incluso el querigma declara los acontecimientos histricos, ya que fue Jess de Nazaret quien muri por nuestros pecados, fue sepultado y resucit al tercer da, de acuerdo con las Escrituras (1 Co. 15:3-4).57 Una tercera objecin a este tipo de criticismo, y la ms importante, es que estos crticos tienen un dios muy pequeo. No niegan la existencia de Dios, pero minimizan su habilidad y su presencia. Puede hablar a los individuos, pero no puede garantizar el contenido de esa revelacin o preservarla en una forma escrita y fidedigna. Puede intervenir en la historia, pero no puede actuar milagrosamente. Pueden ocurrir los milagros? Si pueden ocurrir, entonces gran parte de lo que los crticos tildan de mitolgico puede haber sido histrico. Si pueden ocurrir, el Dios de los milagros es capaz de brindarnos una revelacin con autoridad e infalible. A pesar de toda su pretendida objetividad, la crtica moderna no puede eludir las preguntas ms importantes: Existe Dios? El Dios de la Biblia es el Dios verdadero? Se revel Dios en la Biblia, y en Jess de Nazaret como el punto focal de la revelacin escrita? Si, como ha
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Ernst Kaesemann, Essays On New Testament Themes (London: Scm Press, 1964), P.34 Joachim Jeremas, "The Present Position In The Controversy Concerning T He Problem Of The Historical Jess", The Expository Times, Vol. 69, 1957-58, P. 335. 57 Parte De Esta Crtica Sobre Bultmann Apareci En "New Vistas In Historical Jess Research", Pp. 3-6.
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sido sugerido, es necesario que la crtica estudie la naturaleza del material, y que particularmente analice las afirmaciones de la Biblia cuando dice ser la Palabra de Dios, as como .las palabras escritas por distintas personas, entonces tambin debe responder a la pregunta que involucra rechazar o responder a la fe. Cuando la crtica se enfrenta al hecho que el retrato de Jess que aparece en los evangelios convierte al hombre humilde de Nazaret en el Hijo de Dios, debe entonces preguntarse si esta interpretacin es la correcta, y si lo es, debe aceptar sus enseanzas. Cuando se enfrente con las afirmaciones que la Biblia hace con respecto a su propia naturaleza, debe preguntarse y responder si la Biblia constituye la revelacin expresa de Dios. Si la respuesta a estas preguntas es "S", entonces surgir un nuevo tipo de crtica. Esta nueva crtica analizar las afirmaciones bblicas partiendo de la base que son ciertas y no equivocadas, buscar afirmaciones complementarias en lugar de contradicciones, y percibir la voz de Dios (como tambin la voz de las personas) de principio a fin. Dicha crtica ser juzgada por las Escrituras y no las Escrituras por la crtica. .
"ALGUNOS LIBROS SON PARA SER PROBADOS, OTROS PARA SER tragados, y algunos pocos para ser masticados y digeridos; o sea, algunos son para ser ledos slo en partes; otros son para ser ledos, pero no por mera curiosidad; y algunos pocos para ser ledos en su totalidad, con diligencia y atencin".58 Cuando el ensayista ingls del siglo diecisiete, Sir Francis Bacon, escribi estas palabras no estaba pensando slo en la Biblia. Pero de lo que no queda ninguna duda es que si la amonestacin "para ser ledo con diligencia y atencin" debe ser aplicada a algn libro, este es la Escritura del Antiguo y del Nuevo Testamento, que es la Palabra de Dios. La Biblia es una forma de la revelacin que Dios, en su gracia, realiza de s mismo a los hombres y las mujeres. Debemos tratarla con cario. Lo que nos impulsa a estudiarla con diligencia ser nuestro amor a Dios ms un deseo por conocerle mejor para poder obedecer sus rdenes expresas. Pero aqu se plantea un problema. Si la Biblia es el libro de Dios, que nos fue entregado durante un perodo de cerca de mil quinientos aos por ms de cuarenta autores humanos, se trata de algo completamente distinto a cualquier otro libro que alguna vez hayamos visto. Los
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Francis Bacon, "Of Studies," Essays Or Counsels Civil And Moral En Selected Writings Of Francis Bacon, Ed. Hugh G. Dick (New York: Modern Library, 1955), P. 129.
principios de estudio a seguir, por lo tanto, debieran ser diferentes. Debern ser diferentes? Si es as, cmo debern ser? Deberamos considerar a la Biblia espiritualmente -es decir, en un sentido mstico o mgico? Los que encaran la Biblia de esta manera suelen acabar persuadidos de forma extraa e irracional. O, ms bien, deberamos leerla de una manera puramente natural -es decir, como leeramos cualquier otro libro? Este ltimo curso parece ser el apropiado, pero es tambin el propsito del criticismo naturalista que hemos criticado tan enfticamente. Cul debera ser el enfoque del lector cristiano o del acadmico cristiano? Las respuestas las encontramos en las cuatro verdades ms fundamentales sobre la Biblia, las que ya hemos cubierto en los captulos anteriores: (1) la Biblia tiene un verdadero autor, Dios; (2) la Biblia nos fue entregada por canales humanos; (3) la Biblia tiene un propsito unificador, el llevarnos a un conocimiento obediente y reverente del verdadero Dios; y, (4) para entender la Biblia necesitamos de la actividad sobrenatural del Espritu Santo, cuya tarea consiste en interpretar las Escrituras. Los principios esenciales para estudiar la Palabra de Dios estn implcitos en estas cuatro proposiciones. UN LIBRO, UN AUTOR, UN TEMA
Primero, la Escritura tiene un solo autor, Dios. Si bien es cierto que la Biblia lleg a nosotros por medio de canales humanos, ms importante resulta el hecho que la Biblia en su totalidad y en cada una de sus partes proviene de Dios. Superficialmente, una persona puede considerar a la Biblia como una coleccin miscelnea de escritos, en cierto modo encadenados por los accidentes de la historia. Pero la Biblia no es slo una coleccin. Como lo afirma J. I. Packer es "un solo libro con un solo autor -Dios el Espritu, y un solo tema -Dios el Hijo, y los propsitos salvficos del Padre, que giran en torno a l".59 La autora de la Biblia nos conduce a dos principios de interpretacin: el principio de la unidad y el principio de la no contradiccin. Juntos significan que si la Biblia es verdaderamente de Dios y si Dios es un Dios de verdad (como lo es), entonces, (1) las distintas partes del libro deben complementarse mutuamente para contar una historia, y (2) si dos partes parecen estar en oposicin o ser contradictorias, nuestra interpretacin de una de esas partes o de ambas debe ser errnea. Podemos hasta decir que si un acadmico est malgastando sus esfuerzos para remarcar las contradicciones del texto bblico y no las trasciende para demostrar cmo pueden ser resueltas, no est demostrando ni su sabidura ni su honestidad, sino ms bien su fracaso como intrprete de la Palabra de Dios.
Muchos podrn afirmar que intentar encontrar unidad donde, segn ellos dicen, no hay unidad es ser deshonestos. Pero el problema es en realidad uno de interpretacin y presuposiciones. Podemos tomar el tema de los sacrificios como un ejemplo. Todos reconocen que aunque los sacrificios juegan un papel importante en el Antiguo Testamento, luego no son enfatizados en el Nuevo Testamento. Por qu es esto? Cmo debemos considerarlos? Y aqu alguien propone su idea de una conciencia religiosa evolutiva. Presupone que los sacrificios fueron importantes en las formas religiosas ms primitivas; que deben ser explicados por el temor que los individuos sentan hacia los dioses o hacia Dios. Dios es imaginado como un ser caprichoso, una deidad vengativa, a quien los adoradores buscan aplacar con un sacrificio. Esto parece ser la idea general del sacrificio en las religiones paganas de la antigedad. Se supone que tambin es as para la religin de los antiguos pueblos semitas. Con el tiempo, sin embargo, dicha concepcin primitiva de Dios da lugar a un concepto ms evolucionado sobre l. Dios es visto ahora no tanto como un Dios de ira y de antojos caprichosos, sino como un Dios de justicia. Y entonces la ley comienza a tener un sitio ms prominente, para finalmente acabar reemplazando el sacrificio del centro de la religin. Por ltimo, los adoradores alcanzan el concepto de Dios como un Dios de amor y, llegado este punto, el sacrificio desaparece por completo. Quienquiera que piense de esta manera podra fijar el punto de giro en la venida de Jesucristo y sus enseanzas. Por lo tanto, hoy en da considerara que tanto los sacrificios, como la idea de la ira de Dios, son conceptos anticuados, ya superados. Por el contrario, otra persona (un evanglico estara dentro de esta categora) podra acercarse al material con unas presuposiciones completamente distintas y, por lo tanto, producira una interpretacin completamente diferente. El, o ella, comenzara tomando nota que el Antiguo Testamento realmente nos dice bastante sobre la ira de Dios. Pero se dara cuenta que este elemento apenas es eliminado en la medida que se recorre la Biblia, y ciertamente no es eliminado en el Nuevo Testamento. Es uno de los temas importantes de Pablo, por ejemplo. Surge con claridad en el libro de Apocalipsis, donde leemos sobre la justa ira de Dios que finalmente se derrama contra los pecados de una raza rebelde e incrdula. Con respecto propiamente a los sacrificios, es cierto que las iglesias del Nuevo Testamento no realizan ms los sacrificios detallados del sistema del Antiguo Testamento. Pero su desaparicin no es porque una concepcin primitiva de Dios haya evolucionado para convertirse en una concepcin ms avanzada, sino porque el gran sacrificio de Jesucristo complet y puso fin a todos los sacrificios, como sostiene la epstola a los Hebreos. Para dicha persona la solucin no se encontrar en una concepcin evolutiva de Dios; para dicha persona, Dios es siempre el mismo -un Dios de ira hacia el pecado, un Dios de amor
hacia el pecador. La solucin se hallar en la revelacin progresiva que Dios hace de s mismo a la humanidad, una revelacin en la cual el propsito de los sacrificios (para los cuales Dios da instrucciones explcitas) es ensear la naturaleza grave del pecado y la manera en que Dios siempre se propuso salvar a los pecadores. Los sacrificios del Antiguo Testamento sealan a Cristo. Juan el Bautista puede decir, refirindose a una parte del sistema de sacrificios de la vida antigua juda que todos podan comprender: "He aqu el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!" (Jn. 1:29). Y Pedro puede escribir: "sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminacin" (1 P. 1:18-19). En este ejemplo, como en todos los dems casos de interpretacin bblica, la informacin es la misma. La nica diferencia es que una interpretacin se acerca a las Escrituras buscando contradicciones y desarrollo; la otra interpretacin, en cambio, se acerca a las Escrituras creyendo que Dios las ha escrito y por lo tanto en busca de unidad, permitiendo que un pasaje ilumine a otro pasaje. La Confesin de Fe de Westminster afirma: "La regla infalible para la interpretacin de la Escritura es la Escritura misma: y por lo tanto, cuando hay alguna incgnita sobre el verdadero y cabal sentido de una parte de la Escritura (que no son varias sino una sola) debe buscarse y ser comprendida mediante otras partes que hablan con ms claridad"(I, ix).
Una segunda verdad sobre la Biblia es que nos ha sido legada mediante canales humanos, si bien Dios es la fuente originaria de las Escrituras. Este factor humano no significa que la Biblia entonces est sujeta a error, como casi todos los libros humanos lo estn. Significa, empero, que todos los principios fundados de interpretacin deben ser usados para estudiar la Biblia, de la misma manera que se usaran para estudiar cualquier otro documento antiguo. El camino a la mente de Dios es mediante la mente del autor humano, a quien l utiliz como canal. En consecuencia, la nica manera apropiada para interpretar la Biblia es descubrir lo que los portavoces humanos de Dios queran expresar. Es necesario que cualquier interpretacin considere cada afirmacin bblica en su contexto; o sea, dentro del contexto del captulo, del libro y, por ltimo, de toda la Palabra de Dios. Entender el contexto es una necesidad obvia para la interpretacin de cualquier documento. Una afirmacin expresada fuera de su contexto suele ser equivocada. Pero en especial, debemos estar en guardia de no caer en este error al interpretar la Biblia; ya que las personas que creen en la Biblia tienen las palabras de las Escrituras en tan alta estima que algunas
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veces las elevan en detrimento del contexto. Frank E. Gaebelein, el autor de una valioso libro de interpretacin bblica, dice: Al reconocer que la Biblia es la Palabra inspirada por Dios, el lector devoto le asigna una importancia peculiar a cada una de sus afirmaciones. Esta reverencia es digna de encomio, pero cuando se reduce a la prctica de tomar versculos aislados como prueba de cualquier cosa, se convierte entonces en algo positivamente peligroso. Si este fuera un mtodo serio de interpretacin, sera posible encontrar apoyo bblico para casi todos los crmenes habidos y por haber, para las borracheras y los asesinatos, para la mentira y el engao.60 La Biblia misma nos habla de la necesidad de una interpretacin adecuada. "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qu avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad" (2 Ti. 2:15). En este versculo la palabra traducida "que usa bien" significa literalmente "que corta derecho" o "que usa correctamente". Tambin tenemos necesidad de considerar el estilo del material y luego interpretarlo dentro de ese marco. Las consideraciones de estilo son de particular importancia al estudiar la literatura potica, como el libro de los Salmos, el de Proverbios, Job y aun partes del material proftico. Los libros poticos suelen emplear con frecuencia smbolos o imgenes; estas metforas pueden malinterpretarse si son tomadas literalmente. El Apocalipsis no debe ser tomado literalmente en todas sus partes como, por ejemplo, la visin de Jess en los versculos iniciales. El resultado de una interpretacin literal es una monstruosidad; tendramos una figura que es completamente blanca, que tiene cabello como la lana, los ojos como fuego, los pies como bronce caliente y refulgente, una espada que sale de su boca, con siete estrellas en su mano derecha. Por otro lado, cuando descubrimos que cada uno de estos elementos tiene una imagen asociada con Dios en el Antiguo Testamento, entonces la visin nos brinda un retrato de Jess como siendo uno con Dios el Padre en todos sus atributos: santo, eterno, omnisciente, omnipresente, revelador y soberano. El estilo tambin es significativo en las parbolas del Nuevo Testamento. El uso de las parbolas era una mtodo especial de enseanza y as es como debe ser reconocido. Una parbola suele servir para ilustrar uno, o como mucho, unos pocos puntos principales. En consecuencia, es un error encontrar una aplicacin para cada detalle de la historia. Por ejemplo, resulta ridculo intentar asignarle un significado a las algarrobas, los cerdos y otros detalles de la historia del hijo prdigo. En tercer lugar tenemos necesidad de considerar el propsito para el cual un pasaje en particular fue escrito.
En otras palabras, debemos considerar su alcance. Gaebelein escribe: La Biblia tiene un nico gran propsito. Nos fue entregada para revelar el amor de Dios manifestado en la provisin divina de la salvacin mediante nuestro Seor Jesucristo. Este es su objetivo, y una interpretacin seria nunca debe perder de vista este objetivo. En consecuencia, es un error serio y equvoco considerar la Biblia como una fuente de estudio para la ciencia, la filosofa, o cualquier otro tema que no sea el tema central de la Deidad en relacin con la humanidad. Despus de todo, la Escritura tiene su propio alcance, un alcance que est determinado no por los escritores individuales, aunque fueron inspirados, sino por el Autor divino de todo el libro. No se puede pretender que la Biblia se expida en todos los campos del conocimiento fuera del alcance delineado por el propsito divino del libro.61 Esto se puede aplicar obviamente a las referencias que parecen haber molestado tanto a Rudolfo Bultmann, donde se supone que el cielo est "all arriba" y el infierno "debajo" de nuestros pies. Nuevamente aqu, debemos considerar el propsito y el alcance de la Biblia en aquellos pasajes sobre los huesos que gimen, las entraas que aoran, los rones que instruyen y los odos que juzgan. Se suele decir que estas referencia revelan una nocin equivocada del universo y de la fisiologa humana, pero esto es absurdo. Lo nico que muestran es que los escritores bblicos escribieron en el lenguaje de su poca, para poder ser entendidos. Su uso de tales expresiones no es menos cientfico que expresiones tales como "flotar en el aire", "tengo un nudo en mi garganta", "en lo profundo de mi corazn" y otras. No siempre es fcil determinar cuando un pasaje est usando un lenguaje literal y cuando est utilizando un lenguaje figurativo, por supuesto; entonces, debemos ser muy cuidadosos. Lo primordial es ser conscientes del problema y buscar conscientemente el verdadero alcance del pasaje. Al seguir este propsito podemos hacernos preguntas tales como las siguientes: para quin fue escrito? Quin lo escribi? Cundo fue escrito? Qu es lo que dice? Una cuarta necesidad la constituye el prestar toda la atencin posible al significado de las palabras individuales. Es posible que Dios pueda pensar sin palabras u otros smbolo, pero es bien cierto que no es as en nuestro caso. Como consecuencia, el significado de las palabras y el uso individual de ellas es de suma importancia. Cuando no las tomamos en consideracin, inevitablemente malinterpretamos. Es obvio que los estudiantes de la Biblia no deben dejar de prestar atencin al significado preciso de las palabras bblicas. Los estudios de las palabras mismas pueden ser muy gratificadores; palabras como "fe", "salvacin", "justicia", "amor", "espritu", "gloria", "iglesia", y muchas otras son fascinantes.
(Wheaton, 111.: Van Kampen Press, 1950), P. 134. 4. Ibid., Pp. 138-139.
Estos puntos pueden ser resumidos en lo que se ha venido a llamar el mtodo histrico-literal de interpretacin bblica. Este mtodo significa simplemente, en las palabras de Packer, que "el sentido natural y propio de cada pasaje (es decir, el sentido intencionado del escritor) debe ser considerado fundamental". El punto de partida es el significado intencionado de las palabras en su propio contexto y en el habla del autor u orador original. En otras palabras, las afirmaciones de las Escrituras deben ser interpretadas a la luz de las reglas de la gramtica y el discurso, por un lado; y de su propio lugar en la historia, por el otro. Esto es lo que sera de esperar segn la naturaleza del caso, sabiendo que los libros bblicos se originaron como documentos ocasionales, dirigidos a un pblico contemporneo; y est ejemplificado en la exposicin que el Nuevo Testamento hace del Antiguo Testamento, donde brilla por su ausencia la alegorizacin antojadiza practicada por los filisteos y los rabinos.62 El principio se basa en el hecho de que la Biblia es la Palabra de Dios en lenguaje rumano. Significa que las Escrituras deben interpretarse en un sentido natural, y que no debe permitirse que las preferencias teolgicas y culturales oculten el significado fundamental.
Tercero, la Biblia nos fue entregada por Dios para provocar una respuesta personal en nosotros. Si no permitimos que esto suceda, inevitablemente la estaremos usando mal (aun cuando la estudiamos) y podremos malinterpretarla. En cierta oportunidad Cristo le dijo a los lderes judos de su da: "Escudriad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de m; y no queris venir a m para que tengis vida. Gloria de los hombres no recibo. Ms yo os conozco, que no tenis el amor de Dios en vosotros. ...Cmo o podis vosotros creer, pues recibs gloria los unos de los otros, y no buscis la gloria que viene del Dios nico? (Jn. 5:39-42,44). Nadie podra acusar a los judos de la poca de Cristo de tener una baja opinin sobre las Escrituras, ya que las tenan en muy alta estima. Tampoco se les podra inculpar de una falta de estudio meticuloso. Los judos estudiaban las Escrituras. Las apreciaban. Sin embargo, su alto aprecio por las Escrituras haba pasado por alto la intencin de las Escrituras: sus vidas no haban sido transformadas. Si bien gozaban del aplauso humano por su conocimiento detallista de la Biblia, no haban obtenido la salvacin.
En el evangelio de Juan se nos narra sobre la curacin de un hombre que haba nacido ciego. La historia gira sobre el hecho de que, como todos, tambin estaba espiritualmente ciego antes que Cristo lo tocara. Despus, adquiri la vista espiritual. Cuando el hombre fue sanado, tuvo un conflicto con las autoridades judas. Estas conocan a Jess, pero no le crean. Es ms, no crean en l por su actitud hacia las Escrituras. Para ellos, la revelacin registrada en el Antiguo Testamento era un fin en s misma. Nada poda ser agregado y nada era necesario. Ellos decan: "Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moiss; pero respecto a se, no sabemos de dnde sea" (Jn. 9:29). El hombre que haba sido sanado no intent competir con ellos en materia de dominio del Antiguo Testamento, pero les seal el hecho incuestionable de su curacin, y concluy dicindoles que "si ste no viniera de Dios, nada podra hacer" (vs. 33). Al tratar al Antiguo Testamento como un fin en s mismo, los judos lo estaban pervirtiendo en realidad y el verdadero significado se les escapaba. No podan entender que la ley del Antiguo Testamento (que vino por intermedio de Moiss) estaba testificando precisamente sobre Jess. Lo mismo vuelve a suceder cuando una persona compra una hermosa Biblia para colocarla en un sitio de honor en su casa pero no la lee. Por qu hacen tales cosas las personas? En sus mentes, la Biblia es algo especial. Tienen reverencia por la Biblia. Pero su creencia no es ms que supersticin. Como resultado, nunca la leen y nunca entran en contacto con su Autor. Jess dijo que conoceramos la verdad sobre l slo si hacemos su voluntad, si permitimos que las verdades que encontramos en las Escrituras nos transformen. l dijo: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocer si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta" (Jn. 7:17). No podemos suponer que seremos capaces de comprender en su totalidad un pasaje de las Escrituras si no estamos dispuestos a ser transformados por l.
Por ltimo, tenemos el testimonio interior del Espritu que nos testifica sobre la verdad de la Palabra de Dios. En este punto las Escrituras hablan de forma sucinta. No slo el Espritu Santo intervino activamente en la redaccin de los libros bblicos, sino que tambin participa activamente en transmitir la verdad de la Biblia a las mentes de los que la leen. Pablo escribe: "Y nosotros no hemos recibido el espritu del mundo, sino el Espritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual tambin hablamos, no con palabras enseadas por sabidura humana, sino con las que ensea el Espritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual" (1 Co. 2:12-13). La Biblia trata temas espirituales, y por lo tanto, se requiere de la actividad del Espritu Santo para poder entenderlos. El Espritu Santo es el maestro de los cristianos. l es quien hace brotar la nueva vida en los que escuchan el evangelio.
Debemos orar cuando estudiamos las Escrituras, y debemos pedirle al Espritu Santo que ilumine nuestros corazones. La presencia del Espritu no est para que un estudio cuidadoso y diligente de la Palabra de Dios sea innecesario. Est para que nuestro estudio sea efectivo. Dios habla en la Biblia. Debemos permitirle hablar, y debemos escuchar lo que nos dice. Un da, en plena Reforma, a Martn Lutero se le solicit un autgrafo en la contratapa de una Biblia, como sola suceder luego de la publicacin de su traduccin. Tom la Biblia y escribi la cita de Juan 8:25. "T quin eres? .. Lo que desde el principio os he dicho". Y Lutero agreg: Ellos.., desean saber quin es l y no considerar lo que tiene para decir, mientras que l desea que ellos primero le escuchen; y luego sabrn quin l es. La regla es: Escuchar y permitir que la Palabra sea quien comience; luego vendr el conocimiento. Sin embargo, si no escuchamos, nunca conoceremos nada. Ha sido decretado: Dios no puede ser visto, conocido o entendido sino slo mediante su Palabra. Por lo tanto, cualquier cosa que uno tome por salvacin fuera de la Palabra de Dios es en vano. Dios no responder a eso. No lo aceptar. No lo tolerar de ninguna manera. Por lo tanto, encomiendo este Libro, en el que l habla con nosotros; ya que l no permiti que fuera escrito sin ningn propsito. No quera que lo dejramos descansando en el olvido, como si estuviera hablando con los ratones debajo del banco o con las moscas en el pulpito. Debemos leerlo, meditar, hablar sobre l, y estudiarlo, convencidos de que l mismo (no un ngel o una criatura) est hablando con nosotros.63 Aquel que lee la Biblia en oracin, con meditacin y con el corazn abierto, descubrir que es la Palabra de Dios y que es "til para ensear, para redargir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Ti. 3:16-17).
ESTA CLARO QUE NECESITAMOS ALGO MAS QUE UN CONOCIMIENTO terico de Dios. Slo podemos conocer a Dios en la medida en que l se nos revela en las Escrituras, y no podemos conocer las Escrituras hasta que estemos dispuestos a ser transformados por ellas. El conocimiento de Dios slo tiene lugar cuando tambin reconocemos nuestra profunda necesidad espiritual y cuando somos receptivos a lo que Dios ha provisto para nuestra necesidad mediante la obra de Cristo y la aplicacin de esa obra en nosotros por el Espritu de Dios. Una vez que hemos establecido esta base, retornamos a la cuestin de Dios mismo y nos preguntamos: "Pero quin es Dios? Quin es el que se revela a s mismo en las Escrituras,
Lutero, What Luther Says: An Anthology, Vol. L, P. 81.
en la persona de Jesucristo y por el Espritu Santo?" Podemos admitir que el verdadero conocimiento de Dios debe transformarnos. Podemos estar dispuestos a ser transformados. Pero, dnde comenzamos?
Como la Biblia es una unidad, podramos contestar estas interrogantes comenzando en cualquier lugar de la revelacin bblica. Podramos comenzar con Apocalipsis 22:21 como con Gnesis 1:1. Pero no hay mejor punto de partida que la revelacin que Dios hace de s mismo a Moiss en la zarza que arda en fuego. Moiss, el gran lder de Israel, haca tiempo que era consciente del Dios verdadero, porque haba nacido en el seno de una familia temerosa de Dios. Pero, a pesar de ello, cuando Dios le dijo que lo iba a enviar a Egipto para que liberara al pueblo de Israel, Moiss respondi: "He aqu que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: Cul es su nombre?, qu les responder?" Y se nos dice que Dios entonces le contest a Moiss diciendo: "YO SOY EL QUE SOY.... As dirs a los hijos de Israel: YO SOY me envi a vosotros" (Ex. 3:13-14). "YO SOY EL QUE SOY". El nombre est relacionado con el antiguo nombre de Dios, Jehov. Pero es algo ms que un nombre. Es un nombre descriptivo, que nos seala todo lo que Dios es en s mismo. Particularmente, nos est mostrando que es un Ser completamente auto existente, autosuficiente, y eterno. Estos conceptos son abstractos, por supuesto. Pero son importantes, porque estos atributos ms que ninguno de sus otros atributos son los que distinguen a Dios de su creacin y nos revelan la esencia de Dios. Dios es perfecto en todos sus atributos. Pero, existen algunos atributos que nosotros, sus criaturas, tambin compartimos. Por ejemplo, Dios es perfecto en su amor; sin embargo, por su gracia, nosotros tambin amamos. l es todo sabidura; pero nosotros tambin poseemos una medida de sabidura. l es todopoderoso; y nosotros ejercemos un poder limitado. Esto mismo no sucede cuando consideramos la auto existencia, la autosuficiencia y la eternidad de Dios. Solo l posee estas caractersticas. l existe en s mismo y de s mismo; no as nosotros. l es completamente autosuficiente; nosotros no lo somos. l es eterno, nosotros acabamos de entrar en escena. La auto existencia significa que Dios no tiene ningn origen y, en consecuencia, no es responsable frente a nadie. Mathew Henry dice: "El hombre ms importante y el mejor en el mundo puede decir: Por la gracia de Dios yo soy lo que soy; pero Dios en forma absoluta nos
dice -y es ms que lo que ninguna otra criatura, hombre o ngel puede decir- que Yo soy el que soy"64. Dios no tiene origen, su existencia no depende de nadie. La auto existencia es un concepto difcil de aprehender, ya que implica que Dios en su esencia es incognoscible. Todo lo que vemos, olemos, omos, saboreamos y tocamos tiene un origen. Casi no podemos pensar en otra categora. Cualquier cosa que observemos debe tener una causa adecuada que explique su existencia. Buscamos esas causas. Esta relacin de causa y efecto es la base de la creencia en Dios, y la poseen aun aquellos que no lo conocen verdaderamente. Estos individuos creen en Dios, no porque hayan tenido una experiencia personal con l o porque han descubierto a Dios en las Escrituras, sino slo porque infieren su existencia. "Todo proviene de algo; como consecuencia, debe haber algo muy grande detrs de todo". Esta relacin de causa y efecto nos est sealando la existencia de Dios pero -y este es el punto clave nos est apuntando a un Dios que supera nuestro entendimiento, un Dios que nos trasciende desde todo punto de vista. Nos est indicando que Dios no puede ser conocido y evaluado de la misma manera que el resto de las cosas. A. W. Tozer ha sealado que esta es una de las razones por la que la filosofa y la ciencia no han visto siempre con buenos ojos la idea de Dios. Estas disciplinas se dedican a la tarea de explicar las cosas tal como las conocemos y por lo tanto se impacientan con cualquier cosa que se niegue a presentarse tal como es. Los filsofos y los cientficos admitirn que hay mucho que no conocen. Pero otra cosa ser admitir que hay algo que nunca podrn conocer completamente y que ni siquiera cuentan con las tcnicas para descubrirlo. Para descubrir a Dios, los cientficos pueden intentar rebajar a Dios a su nivel, definindolo como "la ley natural", "la evolucin", o algn otro principio similar. Pero Dios todava los elude. Dios es todava ms que lo que abarca cualquiera de estos conceptos. Posiblemente sea sta la razn por la que aun la personas que creen en la Biblia parecen dedicarle tan poco tiempo a pensar sobre la persona y el carcter de Dios. Tozer escribe: Muy pocos de nosotros hemos dejado que nuestros corazones admiren el YO SOY, el Ser auto existente antes del cual nada es pensable. Dichos pensamientos nos resultan demasiado dolorosos. Preferimos pensar sobre algo que nos resulte ms beneficioso -cmo construir una mejor trampa para ratones, por ejemplo, o cmo hacer que el pasto crezca ms tupido donde antes creca ralo-. Y es por esto que ahora estamos pagando un precio demasiado alto en la secularizacin de nuestra religin y la miseria de nuestras vidas interiores.65 La auto existencia de Dios significa que l no es responsable frente a nosotros ni frente a nadie, y eso no nos gusta nada. Queremos que Dios se explique, que defienda sus acciones.
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Matthew Henry, Commentary On The Whole Bible, Vol. 1 (New York: Fleming H. Revell, N. D.), P. 284. A. W. Tozer, The Knowledge Of The Holy (New York: Harper & Row), P. 34.
An cuando a veces Dios nos explica las cosas, no tiene por qu hacerlo y muchas otras veces no lo hace. Dios no tiene por qu dar explicaciones de s mismo a nadie.
El segundo atributo de Dios que se nos comunica en el nombre "YO SOY EL QUE SOY" es la autosuficiencia. Nuevamente, es posible al menos tener un sentido del significado de este trmino abstracto. La autosuficiencia significa que Dios no tiene necesidades y por lo tanto no depende de nadie. Aqu estamos yendo en contra de una idea popular y arraigada: Dios coopera con los seres humanos, cada uno proveyendo lo que el otro carece. Se supone, por ejemplo, que Dios carece de gloria y por lo tanto crea a los hombres y las mujeres para que la provean. Como recompensa, l los cuida. O se supone que Dios necesita amor y por lo tanto crea a los hombres y las mujeres para que le amen. Algunos hablan de la creacin como si Dios se hubiera sentido solo y por lo tanto nos hubiera creado para hacerle compaa. En un nivel prctico vemos la misma idea en los que se imaginan que Dios necesita de hombres y mujeres, como testigos y defensores de la fe, para llevar a cabo su obra de salvacin, y se olvidan que Jess mismo declar que "Dios mismo puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras" (Le. 3:8). Dios no necesita adoradores. Arthur W. Pink escribiendo sobre este tema en su libro The Attributes of God, dice: Dios no cre porque estuviera bajo ninguna obligacin, ni coaccin, ni necesidad. Su opcin por hacerlo fue exclusivamente un acto soberano de su parte, no hubo ninguna causa exterior a l, no fue determinado por nada sino su propio placer; ya que "hace todas las cosas segn el designio de su voluntad" (Ef. 1:11). Cre sencillamente para manifestar su gloria... Dios no gana nada ni siquiera de nuestra adoracin. No tiene necesidad de esa gloria exterior de su gracia que surge de sus redimidos, ya que es lo suficientemente glorioso en s mismo. Qu fue lo que lo inst a predestinar a sus elegidos para alabanza de la gloria de su gracia? Efesios 1:5 nos responde: "segn el puro afecto de su voluntad". ...La fuerza de este argumento es que es imposible sujetar al Todopoderoso a cualquier obligacin frente a sus criaturas; Dios no tiene nada que ganar de nosotros.66 Tozer hace la misma puntualizacin. "Si todos los seres humanos de pronto se volvieran ciegos, el sol seguira iluminndolos de da y las estrellas de noche, ya que ni el sol ni las estrellas se deben a los millones que se benefician de su luz. De la misma manera, si todos los hombres de la tierra se hicieran ateos, esto no lo afectara a Dios en absoluto. l es como es
Arthur W. Pink, The Attributes Of God (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, N. D.), Pp. 2-3.
independientemente de toda otra cosa. Creer en l, no agrega nada a su perfeccin; dudar de l, no le quita nada".67 Tampoco necesita Dios de colaboradores. Esta verdad es, quizs, la que nos resulta ms difcil de aceptar. Nos imaginamos a Dios como un abuelo carioso, si bien algo pattico, inquieto por encontrar alguien que lo pueda ayudar a administrar el mundo y salvar la raza humana. Qu parodia! Dejemos claro una cosa, Dios nos ha confiado una labor de administracin. A la pareja original en el Edn les dijo: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y seoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Gn. 1:28). Dios tambin ha encomendado a todos los que creen en l, "id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Mr. 16:15). Pero ningn aspecto del orden de la creacin de Dios obedece a ninguna necesidad de Dios. Dios ha optado por realizar las cosas de esta forma. No necesitaba hacerlo as. Es ms, podra haberlo hecho de millones de formas distintas. El hecho de que haya elegido hacer las cosas de esta forma depende, por lo tanto, del ejercicio libre y soberano de su voluntad y no nos otorga ningn valor inherente a nosotros. Cuando decimos que Dios es autosuficiente tambin queremos significar que Dios no necesita defensores. Est claro que tenemos oportunidad de hablar en nombre de Dios frente a los que deshonran su nombre y difaman su carcter. Debemos hacerlo. Pero aun en el caso de que no lo hiciramos, no debemos pensar que esto resulta un impedimento para Dios. Dios no necesita ser defendido, porque l es como es y seguir sindolo, sordo a los ataques arrogantes y pecaminosos de los individuos malvados. Un Dios que necesita ser defendido no es un Dios. Por el contrario, el Dios de la Biblia es un Ser auto existente que es el verdadero defensor de su pueblo. Cuando tomamos conciencia que Dios es el nico verdaderamente autosuficiente, comenzamos a entender por qu la Biblia tiene tanto para decir sobre la necesidad de poner nuestra fe nicamente en Dios y por qu la incredulidad en Dios es un pecado. Tozer escribe: "Entre todos los seres creados, ninguno puede atreverse a confiar en s mismo. Solo Dios confa en s mismo; todos los dems seres deben confiar en l. La incredulidad es en realidad la fe pervertida, porque deposita su confianza no en el Dios vivo sino en los hombres mortales".68 Si nos negamos a confiar en Dios, lo que realmente estamos diciendo es que nosotros, o alguna otra persona o cosa es ms digna de confianza. Y esto es una calumnia contra el carcter de Dios, y es una necedad. No hay nada que sea todo-suficiente. Por otro lado, si comenzamos por confiar en Dios (por creer en l), tenemos un fundamento firme para nuestra vida. Dios es suficiente, y podemos confiar en su Palabra dada a sus criaturas.
67 68
Tozer, The Knowledge Of The Holy, P. 40. Tozer, The Knowledge Of The Holy, Ibid., P. 42
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Porque Dios es suficiente es que podemos descansar en esa suficiencia y trabajar efectivamente para l. Dios no necesita de nosotros para nada. Pero el gozo de llegar a conocerle radica en que, sin embargo, l se inclina para trabajar en, y por intermedio de, sus hijos obedientes y fieles.
Un tercer atributo inherente en el nombre con que Dios se present a Moiss ("YO SOY EL QUE SOY") es su calidad de eterno, perpetuo, que nunca termina. Es difcil encontrar una sola palabra que englobe este atributo, pero se trata sencillamente de que Dios es, siempre ha sido y siempre ser, y que es siempre el mismo en su ser eterno. Encontramos este atributo de Dios en toda la Biblia. Abraham llam a Jehov el "Dios Eterno" (Gn. 21:33). Moiss escribi: "Seor, t nos has sido refugio de generacin en generacin. Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, t eres Dios" (Sal. 90:1-2). El libro de Apocalipsis nos describe a Dios como "el Alfa y la Omega, principio y fin" (Ap. 1:8; 21:6; 22:13). Los seres delante del trono decan: "Santo, santo, santo es el Seor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir" (Ap. 4:8). El hecho de que Dios sea eterno tiene dos consecuencias para nosotros. La primera es que podemos confiar que l permanecer como se nos revela. La palabra utilizada para describir esta propiedad es inmutabilidad, que significa la propiedad de no cambiar. "Toda buena ddiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variacin" (Stg. 1:17). Los atributos de Dios no cambian. Entonces, no tenemos por qu temer a que, por ejemplo, el Dios que alguna vez nos am en Cristo de alguna manera cambie su parecer y deje de amarnos en el futuro. Dios siempre amar a su pueblo. De igual modo, no podemos pensar que quizs modifique su actitud hacia el pecado, y que comience a calificar de "permisible" algo que antes estaba prohibido. El pecado siempre ser pecado ya que se lo define como cualquier transgresin o no conformidad a la ley de Dios, que no cambia. Dios siempre ser santo, sabio, lleno de gracia, justo y todo lo dems que l se revela ser. Nada de lo que hagamos podr cambiar al Dios eterno. Los consejos de Dios y su voluntad tambin son inmutables. l hace lo que de antemano se ha propuesto realizar y su voluntad nunca vara. Algunos pueden sealar ciertos versculos de la Biblia que nos dicen que Dios se arrepinti de alguna accin -como en Gnesis 6:6, "Y se arrepinti Jehov de haber hecho hombre en la tierra". En este ejemplo, lo que se usa es una palabra humana para explicar la profunda insatisfaccin que Dios senta por las actividades humanas. Ms claro resultan versculos tales como el de Nmeros 23:19 ("Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, y no har?
Habl, y no lo ejecutar?"), el de la Samuel 15:29 ("el que es la Gloria de Israel no mentir, ni se arrepentir, porque no es hombre para se arrepienta"), el de Romanos 11:29 ("Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios"), o el del Salmo 33:11 ("El consejo de Jehov permanecer para siempre; los pensamientos de su corazn por todas las generaciones"). Estas afirmaciones son fuente de gran consuelo para el pueblo de Dios. Si Dios fuera como nosotros, no podramos confiar en l. l cambiara, y como resultado, su voluntad y sus promesas cambiaran. No podramos depender de l. Pero Dios no es como nosotros. l no cambia. En consecuencia, sus propsitos permanecen fijos de generacin en generacin. Pink nos dice que "Aqu tenemos entonces una roca donde afirmar nuestros pies, mientras que un torrente poderoso arrasa con todo a nuestro alrededor. El carcter permanente de Dios est garantizando el cumplimiento de sus promesas".69 Una segunda consecuencia de la inmutabilidad de Dios es que l es ineludible. Si fuera un mero ser humano y, l o lo que l est realizando, no nos gustara, podramos ignorarlo, sabiendo que siempre estara presente la posibilidad de que cambiara de parecer, se fuera a otro lado o se muriera. Pero Dios no cambia de parecer. Dios no se va para otro lado. Dios no morir. Como consecuencia, no lo podemos eludir. Incluso si lo ignoramos ahora, tendremos que encararlo en el porvenir. Si lo rechazamos ahora, eventualmente tendremos que enfrentarnos con un Ser que rechazamos y experimentar su eterno rechazo.
Llegamos as a una conclusin natural: que debemos buscar y adorar al Dios verdadero. Este captulo se bas en su mayor parte en xodo 3:14, donde Dios revela a Moiss el nombre con que desea ser conocido. Esta revelacin vino en el albor de la liberacin del pueblo de Israel de Egipto. En su revelacin en el Monte de Sina, despus del xodo, Dios aplic su revelacin previa como el Dios verdadero a la vida religiosa y la adoracin de la nacin liberada. Dios dijo: "Yo soy Jehov tu Dios, que te saqu de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrs dioses ajenos delante de m. No te hars imagen, ni ninguna semejanza de lo que est arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinars a ellas, ni las honrars; porque yo soy Jehov tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generacin de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis
mandamientos" (Ex. 20:2-6). Estos versculos plantean tres puntos, todos basados en la premisa de que el Dios que se revela a s mismo en la Biblia es el Dios verdadero: 1. Debemos adorar a Dios y obedecerle. 2. Debemos rechazar la adoracin de cualquier otro dios. 3. Debemos rechazar la adoracin del Dios verdadero por cualquier medio que no sea digno de l, como el uso de lminas o imgenes.
A primera vista, resulta bastante extrao que aparezca tan al comienzo de los Diez Mandamientos, los diez principios bsicos de la religin bblica, una prohibicin sobre el uso de imgenes en la adoracin. Pero esto no resulta tan extrao cuando recordamos que las caractersticas de una religin son un reflejo de la naturaleza del dios de esa religin. Si el dios no es digno, la religin tampoco ser digna. Si el concepto de Dios es del orden ms elevado, la religin tambin ser del orden ms elevado. Lo que Dios nos est diciendo en estos versculos es que cualquier representacin fsica de l lo est deshonrando. Por qu? Por dos razones. Primero, su gloria se oscurece, porque no hay nada visible que la pueda representar. Segundo, puede desviar a los que les adoran. Estos dos errores fueron ejemplificados por Aarn cuando construy el becerro de oro, como lo menciona Packer en su discusin de la idolatra. En la mente de Aarn, al menos, aunque posiblemente no en las mentes del pueblo, el becerro era una intencin de representar a Jehov. l pens, sin duda, que la figura de un becerro (aunque pequea) poda comunicar la idea de la fuerza de Dios. Pero, por supuesto, no lo haca de manera total. Y tampoco transmita de ningn modo el resto de sus atributos: su soberana, su equidad, su misericordia, su amor y su justicia. Por el contrario, los oscureca. Y todava ms, la figura del becerro confunda a los adoradores. Muy fcilmente la asociaron con los dioses y las diosas egipcias de la fertilidad y su adoracin se convirti en una orga. Packer concluye diciendo: Con toda seguridad, si nos creamos el hbito de concentrar nuestros pensamientos en una imagen o en una lmina de Aqul a quien vamos a orar, lo concebiremos y le estaremos orando segn la representacin de la imagen que nos hemos hecho. De alguna manera nos estaremos "inclinando" y estaremos "adorando" nuestra imagen; y como la imagen no puede transmitir toda la verdad sobre Dios, no estaremos adorando a Dios en verdad. Es por esta razn que Dios prohibe que t o yo hagamos uso de imgenes o lminas en nuestra adoracin.70
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Sin embargo, no adorar imgenes y no utilizar imgenes en la adoracin del Dios verdadero no constituye por s solo la adoracin. Debemos reconocer que el Dios verdadero es el Ser eterno, auto existente y autosuficiente, el Ser inconmensurable que trasciende nuestros ms elevados pensamientos. Debemos humillarnos delante de l y aprender de l, permitindole que l se nos ensee tal como es y nos muestre lo que ha hecho por nuestra salvacin. Hacemos lo que l nos ordena? Estamos seguros que en nuestra adoracin estamos realmente adorando al Dios verdadero que se revel en la Biblia? Hay slo una manera de contestar esta pregunta con sinceridad. Debemos preguntarnos: Conozco la Biblia con certeza, y adoro a Dios basado en las verdades que encuentro en ella? Esta verdad gira en torno al Seor Jesucristo. All el Dios invisible se hace visible, lo inescrutable se hace cognoscible, el Dios eterno se manifiesta en el espacio y el tiempo. Contemplo a Jess para conocer a Dios? Pienso en los atributos de Dios cuando veo lo que Jess me manifiesta de ellos? Si no hago esto, estoy adorando una imagen de Dios, una imagen segn mi propio diseo. Si contemplo a Jess, entonces puedo saber que estoy adorando al Dios verdadero, como l se revel a s mismo. Pablo nos dice que aunque algunos conocieron a Dios, "no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias" (Ro. 1:21). Nos debemos proponer que esto mismo no nos suceda a nosotros.
EN EL CAPITULO ANTERIOR DISTINGU ENTRE LOS ATRIBUTOS DE Dios que nosotros en parte compartimos entre los que estn el amor, la sabidura, el poder, y aquellos que son privativos de l. Los primeros los podemos comprender; los segundos, no podemos comprenderlos. Hasta cierto punto podemos entender lo que significa la auto existencia, la autosuficiencia y la eternidad de Dios. Podemos expresarlos negativamente, diciendo que Dios no tiene origen, no necesita de nada ni de nadie, que nunca cesar de existir y que no cambia. Pero no podemos comprender lo que significan en s y de por s. Por lo tanto, ya nos mueven a la humildad las primeras respuestas a quin es Dios y cmo es. El Captulo once estudiar los atributos que son ms fciles de comprender. Pero primero, vamos a considerar otra rea problemtica: La Trinidad -Dios, aunque es uno, existe sin embargo en tres personas, Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espritu Santo. La palabra Trinidad no figura en la Biblia. Viene de la palabra latina trinitas que significa "triplicidad". Pero aunque la palabra no figura en la Biblia, la idea trinitaria se encuentra all, y es muy importante. Es importante porque no puede haber ninguna bendicin verdadera sobre
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nosotros o sobre nuestra tarea si nos desinteresamos de alguna de las personas de la Divinidad. Para las mentes de algunas personas, la dificultad de comprender cmo Dios puede ser uno y tres al mismo tiempo es razn suficiente para rechazar la doctrina de plano. Dichas personas no pueden comprender la doctrina de la Trinidad y por lo tanto la niegan. Muchas veces argumentan que la teologa debe ser "sencilla", porque lo sencillo es hermoso. Dios es hermoso y por lo tanto debe ser sencillo, y as continan con su argumento. Pero esto no es comprender ni la realidad ni la naturaleza de Dios como se nos revela en la Biblia. Por qu tiene que ser sencilla la realidad? C. S. Lewis ha sealado acertadamente en Mere Christianity que la realidad, por el contrario, suele ser extraa. "No es ordenada, ni obvia, ni lo que cabra esperar.... La realidad suele ser por lo general algo que uno nunca se hubiera imaginado".71 Esto es cierto para las cosas ms comunes, como una mesa o una silla. A simple vista parecen sencillas, pero si nos ponemos a hablar sobre los tomos que las componen y las fuerzas que mantienen a esos tomos unidos, aun estas cosas tan "sencillas" resultan muy difciles de comprender. Y hay cosas mucho ms complejas que resultan incluso ms difciles de comprender. As, el carpintero que construy la silla es ms complicado que el objeto que ha construido, y Dios, que hizo al carpintero, debera ser lo ms complejo e incomprensible de todo lo que hay.
Dios nos ha revelado algo de su complejidad en la doctrina de la Trinidad. Todo lo que conocemos sobre la Trinidad lo sabemos slo a travs de la revelacin que Dios realiza en la Biblia, y aun as no la conocemos bien. Adems, tenemos tanta facilidad para equivocamos en esta materia que debemos ser extremadamente cuidadosos de no excedemos ni malinterpretar lo que encontramos en las Escrituras. Lo primero que debemos decir es que los cristianos creen, al igual que los judos, que Dios es uno. Como los cristianos tambin creen en la Trinidad han sido equivocadamente acusados de creer en tres dioses, a manera de un politesmo. Es verdad que los cristianos ven una pluralidad en la Divinidad, porque Dios mismo nos revela que esta pluralidad existe. Pero esto no es politesmo. Los cristianos, como los judos creyentes, son monotestas. Es decir, creemos en un Dios. Podemos recitar al unsono con los judos: Oye, Israel: Jehov nuestro Dios, Jehov uno es. Y amars a Jehov t Dios de todo tu corazn, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy,
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C. S. Lewis, Mere Christianity (New York: The Macmillan Company, 1958), P. 33.
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estarn sobre tu corazn; y las repetirs a tus hijos, y hablars de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atars como una seal en tu mano, y estarn como frontales entre tus ojos; y las escribirs en los postes de tu casa, y en tus puertas. (Dt. 6:4-9) Aqu, en este lenguaje tan claro, tenemos la enseanza de que Dios es uno y que esta enseanza debe ser conocida por el pueblo de Dios, que debe hablar sobre ella, y ensersela a sus hijos. Esta misma verdad aparece en el Nuevo Testamento, que es exclusivamente cristiano. All leemos que "un dolo nada es en mundo" y que "no hay ms que un Dios" (1 Co. 8:4). Se nos recuerda el hecho de que hay "un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos" (Ef. 4:6). Santiago nos dice: "T crees que Dios es uno; bien haces" (Stg. 2:19). Se ha argumentado que no hay lugar para la Trinidad porque el versculo que citamos de Deuteronomio comienza diciendo: "Oye, Israel: Jehov nuestro Dios, Jehov uno es". Pero en este mismo versculo la palabra que se traduce "uno" es echad que significa no uno aislado sino uno en unidad. Es ms, en la Biblia hebrea no se usa nunca una palabra que signifique una entidad singular y aislada. Se trata ms bien de la palabra que se usa para hablar de un racimo de uvas, por ejemplo, o cuando se nos dice que los individuos de Israel respondieron como un pueblo. Despus que Dios le ha trado su esposa, Adn dice: "Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta ser llamada Varona, porque del Varn fue tomada". Y el texto aade: "Por tanto, dejar el hombre a su padre y a su madre, y se unir a su mujer, y sern una sola carne" (Gn. 2:23-24). Otra vez la palabra es echad. No se est sugiriendo que el hombre y la mujer se conviertan en una sola persona, sino que de una manera divina se conviertan en uno. De una manera similar, pero no idntica, Dios es un Dios pero existe en tres "personas". Una de las dificultades a esta altura es que no tenemos una palabra adecuada en espaol, ni en ningn otro idioma, para expresar la naturaleza de las distintas existencias dentro de la Divinidad. La mejor palabra que tenemos es persona, que viene de la palabra persona en latn -y que significaba la mscara que un actor usaba cuando representaba un personaje en una obra teatral griega. Pero cuando hablamos de una mscara ya nos estamos desviando del verdadero significado. Porque no debemos imaginamos a las personas de Dios como siendo meramente la manera como Dios de tiempo en tiempo se manifiesta a los seres humanos. Este error se conoce como modalismo o sabelianismo, palabra proveniente del nombre del primer hombre que populariz esta idea en la historia de la iglesia (a mediados del siglo tercero).
La palabra griega ms comnmente usada era homoousios, que literalmente significa "un ser". Pero nuevamente, este nombre es equvoco si por ello comenzamos a entender que tenemos tres seres distintos con tres naturalezas diferentes dentro de la Divinidad. Calvino no estaba satisfecho con ninguna de estas palabras. Prefera la palabra subsistencia. Sin embargo, esta palabra, si bien puede ser muy acertada, no transmite mucho significado a la mayora de los lectores contemporneos. En realidad, la palabra persona es la mejor eleccin, siempre y cuando tengamos presente lo que entendemos por una persona. En el lenguaje cotidiano suele denotar un ser humano y, por ende, alguien que es exclusivamente un individuo. Es el concepto que tenemos presente cuando hablamos de despersonalizar a alguien. Pero no es ese el significado que la teologa le asigna a esta palabra. Es posible ser una persona completamente disgregada de una existencia corporal. Podemos, a modo de ejemplo, perder un brazo o una pierna en un accidente, pero todava seguiremos siendo una persona con todas la marcas de nuestra personalidad. Adems, de acuerdo con las enseanzas cristianas, aun cuando hayamos muerto y nuestros cuerpos entren en descomposicin, todava seguiremos siendo personas. Lo que queremos significar, entonces, es un sentido de existencia que se expresa en conocimiento, sentimientos, y voluntad. Tenemos as tres personas o subsistencias dentro de Dios, cada una con conocimiento, sentimientos y voluntad. Y sin embargo, aun despus de estas precisiones, todava no hemos podido abarcar todo el significado. En el caso de Dios, el conocimiento, los sentimientos y la voluntad de cada persona dentro de la Divinidad -el Padre, el Hijo y el Espritu Santo, son idnticos. LA LUZ, EL CALOR, EL AIRE
Cmo es posible ilustrar que Dios es un Dios pero que existe en tres personas? Es prcticamente imposible encontrar una buena ilustracin, aunque muchas han sido sugeridas. Algunos han sugerido la idea de una torta que puede estar compuesta al mismo tiempo por capas, porciones e ingredientes. Se lo podra comparar al Padre con los ingredientes, al Hijo con las capas (como Dios desciende hacia nosotros) y al Espritu Santo con las porciones (como es compartido entre todos). Otra ilustracin consiste en un hombre que en un mismo momento es padre, hijo y esposo. Pero el problema de esta ilustracin es que este hombre slo puede ser una de estas cosas con respecto a un individuo (o, en el caso de ser un padre, para un grupo reducido de individuos), mientras que en el caso de Dios, l es el Padre, el Hijo y el Espritu Santo de todos. Posiblemente una ilustracin ms clara de la Trinidad es la ilustracin de la luz, el calor y el aire. Si extendemos nuestra mano y la observamos, veremos que cada uno de estos elementos
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est presente. Hay luz, porque slo cuando tenemos luz podemos observar nuestra mano. Podra haber luz infrarroja. Pero an en este caso, si bien nosotros no la podramos ver, podra ser captada por instrumentos especiales. Tambin hay calor entre nuestra cabeza y nuestra mano. Es fcil de comprobar sosteniendo un termmetro. La temperatura variar mientras caminamos de una habitacin fra a una ms clida, o desde el exterior al interior de una casa. Y por ltimo, hay aire. Podemos soplar nuestras manos y lo sentiremos. Podemos sacudir nuestra mano y abanicamos la cara. Lo importante es que cada uno de estos tres elementos -la luz, el calor, y el aire- son distintos. Cada uno tiene sus propias leyes y puede ser estudiado por separado. Y sin embargo, (al menos lo es en las circunstancias terrenales normales) es imposible que se d uno de ellos sin la presencia de los otros. Son tres y, sin embargo, son uno. Juntos constituyen el medio ambiente en el que nos desenvolvemos. Lo que esta ilustracin tiene de interesante adems es que la Biblia habla de cada uno de estos elementos con relacin a Dios. La luz: "Este es el mensaje que hemos odo de l, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en l" (1 Jn. 1:5). El calor: "porque nuestro Dios es fuego consumidor" (He. 12:29). El aire, el aliento o el viento: "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dnde viene, ni a dnde va; as es todo aquel que es nacido del Espritu" (Jn. 3:8).72
El punto clave, sin embargo, no es si podemos entender la Trinidad, incluso mediante la utilizacin de ilustraciones; sino si hemos de creer lo que la Biblia tiene para ensearnos sobre el Padre, el Hijo y el Espritu Santo, y sobre la relacin que existe entre ellos. Lo que la Biblia dice puede ser resumido en las siguientes cinco proposiciones: 1. Hay solamente un Dios vivo y verdadero que existe en tres personas: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espritu Santo. Ya hemos considerado esta verdad en forma general. La analizaremos con ms detencin cuando tratemos el tema de la deidad del Hijo y el Espritu Santo en el tomo dos y tres de este volumen. Notamos aqu una pluralidad dentro de la Divinidad que ya est sugerida en las pginas del Antiguo Testamento, antes de
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Esta ilustracin de la trinidad, comparndola con la luz, el calor y el aire, no es nueva; pero en este caso es tomado prestada esta presentacin de Donald Grey, Barnhouse, Man's Ruin (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1952), Pp. 64-65.
la Encarnacin del Seor Jesucristo y antes de la venida del Espritu Santo sobre el pueblo de Dios. Esta pluralidad la podemos ver, en primera instancia, en aquellos pasajes en los que Dios se refiere a s mismo en el plural. Un ejemplo lo constituye Gnesis 1:26. "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza". Otro ejemplo es Gnesis 11:7. "Ahora, pues, descendamos, y confundamos all su lengua". Un tercer ejemplo lo tenemos en Isaas 6:8. "Despus o la voz del Seor, que deca: A quin enviar, y quin ir por nosotros?" En otros pasajes nos encontramos con un ser celestial llamado "el ngel del Jehov" que, por un lado se lo identifica con Dios y sin embargo, en otras ocasiones, se lo distingue de Dios. Es as como leemos: "Y la hall (a Agar) el ngel de Jehov junto a una fuente de agua en el desierto.... Le dijo tambin el ngel de Jehov: Multiplicar tanto tu descendencia, que no podr ser contada a causa de la multitud.... Entonces llam el nombre de Jehov que con ella hablaba: T eres Dios que ve" (Gn. 16: 7, 10, 13). Un caso an ms extrao es la aparicin de los tres varones a Abraham y a Lot. Los ngeles son referidos a veces como tres, y otras veces como uno. Adems, cuando hablan, se nos dice que es Jehov el que habla (Gn. 18). Por ltimo, el pasaje ms asombroso es el de Proverbios 30:4. El profeta Agur est hablando sobre la naturaleza del Dios Todopoderoso, confesando su propia ignorancia. "Quin subi al cielo, y descendi? Quin encerr los vientos en sus puos? Quin at las aguas en un pao? Quin afirm todos los trminos de la tierra?" Y entonces agrega: "Cul es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?" En aquellos das, el profeta slo conoca el nombre del Padre, el nombre de Jehov. Hoy tambin conocemos el nombre del Hijo, que es el nombre del Seor Jesucristo. 2. El Seor Jesucristo es completamente divino, siendo la segunda persona de la Divinidad y habindose hecho hombre. Es aqu donde radica el punto crucial de la polmica sobre la Trinidad; aquellos a quienes no les gusta la doctrina de la Trinidad la rechazan principalmente porque no estn dispuestos a otorgar al "hombre" Jess esta posicin tan exaltada. Esta renuencia se ve por primera vez en las enseanzas de Arrio de Alexandria (que muri en el ao 336 a.C.). Sabelio, a quien ya hemos mencionado, tenda a integrar a las personas de la Trinidad de manera tal que el Padre, el Hijo y el Espritu Santo, fueran slo manifestaciones de un nico Dios con el propsito de nuestra redencin. Arrio, cuya obra principal fue producida inmediatamente despus de la de Sabelio, se fue al otro extremo. Dividi a las personas de la Trinidad de tal forma que el Hijo y el Espritu se convertan en algo menos que Dios el Padre.
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De acuerdo con Arrio, el Hijo y el Espritu eran seres que Dios por su voluntad haba hecho existir para que actuaran como sus agentes en la redencin. Por lo tanto no eran eternos (como Dios s lo es), y no eran completamente divinos. Arrio utiliz la palabra divino para describirlos pero con un sentido inferior al que le asignaba cuando la empleaba para referirse al Padre. En siglos ms recientes este mismo error ha sido expuesto por los unitarios y por algunos otros cultos modernos. Pero se trata de un error muy importante. Porque si Cristo no es completamente divino, entonces nuestra salvacin no ha sido ni lograda ni asegurada. Ningn ser que sea inferior a Dios mismo, no importa lo exaltado que est, puede llevar sobre s todo el castigo por los pecados del mundo. Hay muchos pasajes claves que nos ensean sobre la deidad del Seor Jesucristo. Leemos que "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios" (Jn. 1:1-2). Que este pasaje de Juan est haciendo referencia al Seor Jesucristo surge con claridad al leer Juan 1:14, donde se nos dice que el "Verbo" mencionado en el versculo 1 "fue hecho carne, y habit entre nosotros". De manera similar, Pablo escribe: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo tambin en Cristo Jess, el cual, siendo en forma de Dios, no estim el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despoj a s mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condicin de hombre, se humill a s mismo, hacindose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:5-8). La expresin "no estim el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despoj a s mismo" no significan que Jess dej de ser completamente Dios durante su encarnacin, como algunos han sostenido, sino ms bien que temporalmente dej de lado su gloria divina y su dignidad para poder convivir entre nosotros. Debemos recordar que fue durante los das de su vida aqu que Jess afirm: "Yo y el Padre uno somos" (Jn. 10:30), y "El que me ha visto a m, ha visto al Padre" (Jn. 14:9).73 3. El Espritu Santo es completamente divino. Es el propio Seor Jesucristo el que con ms claridad nos ensea sobre la naturaleza del Espritu Santo. En el evangelio de Juan, Jess compara el ministerio del Espritu Santo que haba de venir con su propio ministerio. "Y yo rogar al Padre, y os dar otro Consolador, para que est con vosotros para siempre: el Espritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocis, porque mora con vosotros, y estar en vosotros" (Jn. 14:16-17).
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Packer desarrolla con ms detalle la manera en que Jess se "despoj as mismo", Knowing God, Pp. 51-55.
Esta enseanza sobre la naturaleza del Espritu Santo est sustentada por el hecho que se le asignan atributos que son distintivos de Dios: su eternidad (Heb. 9:14), su omnipresencia (Sal. 139:7-10), su omnisciencia (1 Co. 2:10-11), su omnipotencia (Le. 1:35) y otros. 4. Si bien cada uno es completamente divino, las tres personas de la Divinidad estn relacionadas entre s de un modo que implica algunas diferencias. Es as que en las Escrituras se nos dice que fue el Padre (y no el Espritu) quien envi a su Hijo al mundo (Mr. 9:37; Mt. 10:40; G. 4:4), pero que el Padre y el Hijo enviaron al Espritu (Jn. 14:26; 15:26; 16:7). No sabemos cabalmente lo que significa esta descripcin de relaciones dentro de la Trinidad. Lo que se suele decir es que el Hijo est sujeto al Padre, porque el Padre lo envi; y que el Espritu est sujeto tanto al Padre como al Hijo, porque fue enviado al mundo por el Padre y el Hijo. Sin embargo, debemos recordar que cuando hablamos de sujecin no queremos significar desigualdad. Si bien esta es la manera como estn relacionados entre s, los miembros de la Divinidad son "lo mismo en sustancia, iguales en poder y en gloria", como lo afirma el Westminster Shorter Catechism (Pregunta 6). 5. En la obra de Dios, los miembros de la Divinidad trabajan conjuntamente. Es una prctica comn entre los cristianos que se divida la obra de Dios entre las tres personas, adjudicndole al Padre la obra de la creacin, al Hijo la obra de la redencin y al Espritu la obra de la santificacin. Una manera ms correcta de hablar sera decir que cada miembro de la Trinidad coopera en cada una de estas obras. Tomemos por ejemplo la obra de la creacin. De Dios el Padre se nos dice que "Desde el principio t fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos" (Sal. 102:25); y que "En el principio cre Dios los cielos y la tierra" (Gn. 1:1). Del Hijo est escrito: "Porque en l fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles" (Col. 1:16); y que "Todas las cosas por l fueron hechas, y sin l nada de lo que ha sido hecho, fue hecho" (Jn. 1:3). Del Espritu Santo est escrito: "El espritu de Dios me hizo" (Job 33:4). De la misma manera podemos aprender cmo las tres personas de la Divinidad intervinieron en la obra de la encarnacin trabajando en unidad, aunque slo el Hijo fue hecho carne (Le. 1:35). Las tres personas estuvieron presentes en ocasin del bautismo del Seor: el Hijo subi del agua, el Espritu descendi como paloma y la voz del Padre se escuch de los cielos, "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mt. 3:16-17). Las tres personas intervinieron en la expiacin, como lo expresa Hebreos 9:14, "Cristo, el cual mediante el Espritu eterno se ofreci a s mismo sin mancha a Dios". La resurreccin de
Cristo, de manera similar, es atribuida en alguno pasajes al Padre (Hch. 2:32), en otros al Hijo (Jn. 10:17-18), y en otros al Espritu Santo (Ro. 1:4). No debemos sorprendernos entonces que nuestra salvacin tambin est atribuida a cada una de las tres personas: "elegidos segn la presciencia de Dios Padre en santificacin del Espritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo" (1 P. 1:2). Y tampoco debemos sorprendemos por haber sido enviados al mundo para hacer "discpulos a todas las naciones, bautizndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espritu Santo" (Mt. 28:19).
Para terminar este captulo es necesario volver a sealar que aunque podemos decir cosas valederas sobre la Trinidad (basado en la revelacin de Dios sobre este tema), la Trinidad es todava insondable. Debemos humillarnos frente a la Trinidad. Alguien en cierta ocasin le pregunt a Daniel Webster, el orador, cmo un hombre de su inteligencia poda creer en la Trinidad. "Cmo puede un hombre de su calibre mental creer que tres es equivalente a uno?", le interrogaron. Webster contest: "No pretendo conocer completamente la aritmtica celestial ahora". La doctrina de la Trinidad no significa que tres es equivalente a uno, como bien lo saba Webster. Ms bien significa que Dios es tres en un sentido, y uno en otro sentido. Sin embargo, la respuesta de Webster demuestra el grado de humildad que una criatura debe tener. Creemos en la doctrina de la Trinidad no porque la podamos entender, sino porque as la Biblia nos ensea sobre ella, y porque el Espritu mismo da testimonio en nuestros corazones que es as.
HAY ALGUNOS ATRIBUTOS DE DIOS QUE NUNCA ALCANZAREMOS a comprender. Podemos hablar de la auto existencia de Dios, de su autosuficiencia, de su eternidad y de su naturaleza trinitaria. Sin embargo, siempre debemos reconocer que no las comprendemos completamente, porque no nos asemejamos a Dios en ninguno de estos atributos. Sencillamente, debemos confesar que l es Dios y nosotros somos sus criaturas. El infinito trasciende nuestro entendimiento. Por otro lado, existen otros atributos de Dios que s podemos comprender, porque en menor grado nosotros tambin los compartimos. Esto es cierto en el caso de varios atributos de Dios: su sabidura, su verdad, su misericordia, su gracia, su justicia, su ira, su bondad, su fidelidad, y otros ms. De estos atributos nos ocuparemos ahora.
Vamos a comenzar con la soberana de Dios. l tiene el gobierno y la autoridad absoluta sobre su creacin. Para ser soberano, Dios tambin debe ser omnisciente, omnipotente y completamente libre. Si Dios tuviera alguna de estas reas restringidas, entonces no sera completamente soberano. Empero, la soberana de Dios es mayor que cualquiera de los atributos contenidos en ella. Puede ser que alguno de estos atributos nos resulte ms importante -el amor, por ejemplo. Pero si hacemos el ejercicio de detenernos a pensar un poco ms, veremos cmo cualquiera de estos atributos es posible slo por la soberana de Dios. Dios podra ser amor, por ejemplo, pero si no fuera soberano, las circunstancias podran coartar su amor de manera que nos resultara inservible. Lo mismo con respecto a su justicia. Dios podra querer instaurar la justicia entre todos los seres humanos, pero si no fuera soberano, la justicia se frustrara y la injusticia prevalecera. Por lo tanto, la doctrina de la soberana de Dios no es un mero dogma filosfico carente de valor prctico. Ms bien es la doctrina que le da significado y sustancia a todas las dems doctrinas. Como observa Arthur Pink es "el cimiento de la teologa cristiana... el centro de gravedad del sistema de la verdad cristiana -el sol alrededor del cual giran el resto de los astros"."* Y como tambin veremos, es la fortaleza del cristiano y su consolacin en medio
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Sin duda que surgen varias interrogantes al afirmar el gobierno de Dios con relacin a un mundo que evidentemente ha seguido su propio curso. Podemos aceptar que Dios gobierna en el cielo. Pero la tierra es un lugar sin Dios. Aqu la autoridad de Dios no ha sido acatada y el pecado es lo que prevalece. Podemos decir realmente que Dios es soberano en medio de un mundo como este? La respuesta, si miramos al mundo solamente, es obviamente que no. Pero si comenzamos por las Escrituras, que es lo que debemos hacer si deseamos conocer a Dios, entonces s podemos hacer tal afirmacin; porque la Biblia declara en varias oportunidades que Dios es soberano. Puede suceder que no entendamos esta doctrina. Puede suceder que todava no entendamos por qu Dios tolera el pecado. Pero nunca dudaremos sobre esta doctrina ni nos apartaremos de sus consecuencias. En las Escrituras la soberana de Dios es un concepto tan importante, que abarca tantas cosas, que resulta imposible estudiarlo en su totalidad. Algunos pasajes, sin embargo, pueden servir para aclarar esta doctrina. "Tuya es, oh Jehov, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que estn en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehov, es el reino, y t eres excelso sobre todos... y t dominas sobre todo" (1 Cr. 29:11-12). La misma enseanza la encontramos en los Salmos. "De Jehov es la tierra y su
Arthur W. Pink, The Sovereignity Of God (Grand Rapids, Mich.: Baker Book House, 1969), P. 263.
plenitud; el mundo, y los que en l habitan" (Sal. 24:1). "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; ser exaltado entre las naciones; enaltecido ser en la tierra" (Sal. 46:10). "Dios es el Rey de toda la tierra" (Sal. 47:7). La doctrina de la soberana de Dios descansa en la base de todas las exhortaciones a confiar en l, a alabarle y a encomendar nuestro camino a l. Adems de estos pasajes que ya hemos mencionado y de muchsimos otros, hay ejemplos del gobierno de Dios sobre el orden material. El mundo de los objetos y de la materia est sujeto a las normas que Dios les ha impuesto. Son las leyes de la naturaleza y las leyes cientficas. Pero no debemos creer, sin embargo, que estas leyes, porque as se les llama, son absolutas y que por lo tanto controlan a Dios y lo limitan; ya que en ocasiones Dios acta de manera impredecible para hacer lo que llamamos milagros. Dios mostr su soberana sobre la naturaleza cuando dividi el Mar Rojo para que los hijos de Israel pudieran salir de Egipto, y luego hizo que las aguas descendieran sobre los perseguidores egipcios para as destruirlos. Mostr su soberana cuando envi el man del cielo para alimentar al pueblo mientras estaba en el desierto. En otra ocasin, les envi codornices al campamento para que tuvieran carne. Dios dividi las aguas del Ro Jordn para que el pueblo entrara en la tierra de Canan. Hizo que las murallas de Jeric se derrumbaran. Hizo que el sol se detuviera en los das de Josu en Gaban para que Israel pudiera obtener una victoria sobre sus enemigos en retirada. En los das de Jess, la soberana de Dios se manifest en la alimentacin de los cuatro mil y los cinco mil por medio de unos pocos panes y unos peces, se manifest en las curaciones de los enfermos y la resurreccin de los muertos. Y por ltimo, se manifest en los acontecimientos que rodearon la crucifixin de Cristo y su resurreccin. Otros pasajes nos muestran cmo la soberana de Dios alcanza la voluntad humana y por lo tanto las acciones humanas tambin. As fue que Dios endureci el corazn de Faran para que no dejara ir al pueblo de Israel. Pero, por el otro lado, enternece los corazones de los individuos para que respondan a su amor y le obedezcan. Puede argumentarse, como ya lo hemos sealado, que algunos hombres y mujeres a pesar de todo desafan a Dios y le desobedecen. Pero esta observacin no es suficiente para derribar las enseanzas de la Biblia concernientes al gobierno de Dios sobre su creacin; si as fuera, la Biblia caera en una contradiccin. Esta supuesta contradiccin se explica fcilmente por la rebelin humana, que si bien est en abierta oposicin a los mandamientos explcitos de Dios, permanece dentro de sus propsitos eternos u ocultos. Es decir, Dios tiene sus razones para tolerar el pecado; sabe de antemano que el pecado ser juzgado en el da de su ira, y que mientras tanto no sobrepasar los lmites que l ha prefijado. Desde nuestra perspectiva hay muchas cosas que parecen obrar en contra de la soberana de Dios. Pero desde la perspectiva de Dios, sus mandatos siempre son implementados. Como los describe el Catecismo
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Abreviado de Westminster, son "su eterno propsito, de acuerdo al consejo de su voluntad, por el cual, para su propia gloria, l ha preordenado todo lo que haya de suceder".
Desde una perspectiva humana, el problema de fondo con respecto a la soberana de Dios no es que la doctrina resulte falsa, aunque hay algunos problemas intelectuales que dilucidar, sino ms bien que a los hombres y a las mujeres no les gusta este aspecto del carcter de Dios, tan perturbador y que tanto los humilla. Superficialmente, podramos pensar que los hombres y las mujeres que estn viviendo en medio de una cultura catica abrazaran con entusiasmo la soberana. "Qu podra ser mejor que saber que, a pesar de las apariencias, todo est bajo control, y que Dios puede obrar para que finalmente todo resulte para nuestro bien?", podran plantear. Pero esta manera de pensar no toma en cuenta la rebelin bsica de la humanidad contra Dios, rebelin que vemos en nuestra bsqueda humana por la autonoma. La rebelin ha sido una de las caractersticas de la humanidad desde los inicios de la historia de nuestra raza. Pero es especialmente visible en nuestra cultura contempornea, como lo seala R. C. Sproul en The Psychology of Atheism. Nuestro sistema democrtico, por ejemplo, rechaza toda autoridad monrquica. "Aqu no servimos a ningn soberano" fue el slogan de la Guerra por la Independencia de los Estados Unidos de Amrica. Hoy, doscientos aos ms tarde, la consigna todava nos acompaa. As es que "el gobierno por el pueblo" se ha convertido en "el gobierno por m mismo", o al menos por aquellos que bsicamente se asemejan mucho a m o con los que estoy de acuerdo. Dios, el digno Seor sobre todas las naciones y todos los individuos, ha sido con delicadeza excluido de todos los mbitos de toma de decisiones de nuestra vida nacional. La iglesia no est mucho mejor, como tambin lo observa Sproul. Muchas veces omos hablar acerca de las caractersticas de Dios en cuanto "Salvador" -su amor, su misericordia, su bondad y as sucesivamente, pero cuntas veces omos hablar con respecto a su seoro? Esta distorsin se ve con mucha claridad en la evangelizacin. En la prctica moderna, al llamado al arrepentimiento se lo suele llamar "una invitacin", que podemos aceptar o rechazar. Es una invitacin muy gentil y educada. Muy pocas veces se nos presenta el mandato soberano de Dios para arrepentimos o su mandato de completa sumisin a la autoridad del rey verdadero, Cristo Jess. En la actualidad, incluso en la teologa, el nfasis de la proclamacin de la iglesia radica en la liberacin. Pero esta liberacin en ocasiones es librarse de Dios tanto como de las "estructuras sociales opresoras", para usar la terminologa usada por la teologa de la liberacin. Dice Sproul: "En resumidas cuentas, la "liberacin moderna" implica una
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revolucin contra la autoridad soberana de Dios cuando los miembros de la Iglesia y del Estado unen sus fuerzas en un acto de traicin csmica".75 La razn bsica por la que los hombres y las mujeres no quieren aceptar una doctrina de la soberana de Dios es que no desean un Dios soberano. Desean ser autnomos. Entonces, pueden negar la existencia de Dios, negando el atributo de su existencia, o simplemente ignorarlo con respecto a cualquier propsito prctico. El factor ms inmediato de la actual falta de respeto por la autoridad ha sido el impacto del existencialismo europeo, a travs de las obras de filsofos como Friedrich Nietzsche, Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Martin Heidegger. En sus obras, la autonoma del individuo es el ideal filosfico predominante; todos los dems conceptos, incluyendo la existencia de Dios, deben ser eliminados. Slo podemos encontramos a nosotros mismos cuando nos hayamos despojado de todas las ataduras externas. Slo cuando hayamos eliminado a Dios podremos ser verdaderamente humanos. Pero funciona esto? En la obra de Nietzsche, la figura ideal es el "superhombre" o Uebermensche, el hombre que crea sus propios valores y que slo responde a s mismo. Pero Nietzsche, el inventor de esta filosofa, no muri como un ser libre sino como una persona prisionera de su propia mente por su locura. La filosofa de la autonoma existencial es un callejn sin salida -o peor an, un desastre. Pero, a pesar de ello, es la filosofa que predomina en nuestra poca. Dios nos limita, por lo tanto, debemos despojarnos de l -ese es el punto de vista. Las interrogantes deben ser respondidas no sobre la base de los principios divinos que nos revelan lo que es el bien y lo que es el mal, sino sobre la base de lo que el individu o la mayora desea. Y puede suceder que la mayora dentro de un sector de la sociedad est en abierta oposicin con otras personas de otros sectores. El problema no comenz con el existencialismo, sin embargo. Comenz mucho tiempo antes -cuando Satans encar a la primera mujer en el huerto de Edn, hacindole la pregunta diablica: "Conque Dios os ha dicho?" y luego sugirindole que si ella y su esposo desobedecan a Dios seran "como Dios, sabiendo el bien y el mal". Como Dios es la expresin crucial, porque significa ser autnomo. Fue la tentacin de sustituir a Dios en su soberana, como ya Satans lo haba intentado hacer. Tuvieron lugar los resultados prometidos por la serpiente? De ningn modo. Es cierto que el hombre y la mujer conocieron la diferencia entre el bien y el mal, aunque de una manera pervertida. Aprendieron haciendo el mal. Pero no obtuvieron la libertad que ansiaban. Por el contrario, quedaron esclavizados al pecado, del cual slo el Seor Jesucristo en obediencia al Padre pudo liberarlos a ellos y a nosotros. La autonoma humana condujo a la crucifixin de Cristo. "Se levantarn los reyes de la tierra, y prncipes consultarn unidos contra Jehov y
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contra su ungido diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas" (Sal. 2:2-3). Pero la verdadera libertad viene de la crucifixin con Cristo, como lo seala Pablo: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en m; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me am y se entreg a s mismo por m" (G. 2:20). Esta es la paradoja, por supuesto, como ha sido sealada por Agustn, por Lutero, por Edwards, por Pascal, y por tantos otros. Cuando los individuos se rebelan contra Dios, no obtienen su libertad. Quedan esclavizados, porque la rebelin es pecado, y el pecado es un tirano. Por otro lado, cuando los hombres y las mujeres se someten a Dios, convirtindose en sus esclavos, es entonces cuando son verdaderamente libres. Pueden lograr el mximo de su potencialidad y convertirse en algo especial, en los seres nicos que Dios quiso crear.
Encontramos la verdadera libertad cuando estamos prontos a aceptar la realidad tal como se nos presenta (incluyendo la soberana efectiva sobre toda su creacin que le corresponde a Dios), y cuando le permitimos que nos convierta en lo que l desea. El tema de la soberana de Dios, lejos de ser una ofensa para nosotros puede convertirse en una maravillosa doctrina de la que sacaremos muchas bendiciones. Cules son estas bendiciones? Primero, el reconocimiento de la soberana de Dios inevitablemente profundiza nuestra veneracin del Dios vivo y verdadero. Sin este entendimiento y apreciacin de estas verdades, muy difcilmente podremos conocer al Dios del Antiguo y el Nuevo Testamento. Porque, qu clase de Dios es ese cuyo poder est constantemente coartado por los designios de la gente y de Satans? Qu clase de Dios es ese cuya soberana debe ser cada vez ms restringida, no vaya a suceder que nos imaginemos que est invadiendo la ciudadela de nuestro "libre albedro"? Quin es capaz de adorar a esa deidad tan truncada y frustrada? Pink nos dice que "un dios" cuya voluntad es resistida, cuyos designios son frustrados, cuyos propsitos son jaqueados, no tiene ningn derecho al ttulo de Deidad, y en lugar de ser un objeto digno de nuestra adoracin, slo merece nuestro desprecio".76 Por otro lado, un Dios que verdaderamente gobierna su universo es un Dios que gozosamente deberamos buscar, adorar y obedecer. Este es el Dios que vio Isaas: "vi yo al Seor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de l haba serafines; cada uno tena seis alas; con dos cubran sus rostros, con dos cubran sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehov de los ejrcitos; toda la tierra est llena de su gloria" (Is.
Pink, The Attributes Of God, P. 28.
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6:1-3). Este es el Dios de las Escrituras. Fue una visin de este Dios, no de ningn otro dios menor, que transform el ministerio de Isaas. Segundo, el conocimiento de Dios y toda su soberana nos consuela en medio de las pruebas, la tentacin y la tristeza. Tanto los cristianos como los no cristianos sufren tentaciones y pasan por la tristeza. La cuestin es: Cmo afrontarlas? Sin duda, si las afrontamos sin saber a ciencia cierta si estn o no controladas por Dios, y si Dios las permite para sus propsitos, entonces carecen de sentido y la vida es una tragedia. Esto es justamente lo que dicen muchos existencialistas. Pero si Dios todava ejerce el control, entonces estas circunstancias son conocidas por l y l tiene sus propsitos. Por supuesto, no conocemos todos los propsitos de Dios. Si los conociramos seramos como Dios. Sin embargo, podemos conocer algunos de sus propsitos porque Dios nos los ha revelado. Por ejemplo, el anciano apstol Pedro escribe a unos que haban pasado por grandes tribulaciones, recordndoles que todava no es el fin -Jess volver, pero que mientras tanto Dios los est fortaleciendo y purificndolos por medio de las pruebas. "En lo cual vosotros os alegris, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho ms preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (1 P. 1:6-7). Similarmente, Pablo escribe a los de Tesalnica que haban perdido a sus seres amados, recordndoles que el Seor Jesucristo volver y que reunir a todos los que an viven con sus seres queridos. Concluye diciendo: "alentaos los unos a otros con estas palabras" (1 Ts. 4:18). Tercero, un entendimiento de la soberana de Dios nos proporcionar nimo y gozo en la evangelizacin. Cmo es posible evangelizar sin dicha confianza? Cmo puede alguien proponerse llevar un mensaje que resulta tan repugnante para el hombre o la mujer natural y tener todava la esperanza de que l o ella lo acepten, si Dios no es capaz de tomar a los pecadores rebeldes y convertirlos, a pesar de sus propias inclinaciones, a la fe en Jess? Si Dios no puede hacer esto, cmo puede alguien en su sano juicio tener la esperanza de poder hacerlo l mismo? Debera abstraerse del problema o tener ridiculamente demasiada confianza en s mismo. Pero Dios es soberano en esta cuestin como en todas las dems -si Dios llama a quien l quiere y lo llama "efectivamente"-, y es por eso que podemos entonces ser audaces en la evangelizacin, sabiendo que Dios por su gracia puede usamos como canales de su bendicin. Es ms, sabemos que nos usar. Porque es a travs del testimonio humano que l se ha propuesto atraer a otros a l. Por ltimo, un conocimiento de la soberana de Dios nos brindar un profundo sentido de seguridad. Si nos observamos a nosotros mismos, no encontramos seguridad. La lujuria de la
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carne y de la vista, el orgullo de nuestra vida, son ms fuertes que nosotros. Sin embargo, cuando observamos la fortaleza de nuestro Dios, podemos estar confiados. Pablo escribe: Qu pues diremos a esto? Si Dios es por nosotros, quin contra nosotros?... Quin nos separar del amor de Cristo? Tribulacin, o angustia, o persecucin, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?... Antes, en todas estas cosas somos ms que vencedores por medio de aquel que nos am. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ngeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podr separar del amor de Dios, que es en Cristo Jess Seor nuestro. (Ro. 8:31, 35, 37-39)
La Biblia est llena, de principio a fin, de afirmaciones de lo que Dios puede hacer y har por su pueblo. A continuacin hay siete versculos que, cuando los agrupamos, cubren casi todas las doctrinas fundamentales del cristianismo. Hebreos 7:25 en cierto sentido engloba a todos los dems. Nos dice que Jesucristo "puede salvar perpetuamente a los que por l se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos". Mel Trotter, un evangelista de otra generacin a quien Dios haba rescatado de una vida de alcoholismo, deca que ste era su versculo favorito; haciendo un juego de palabras en ingls, hablaba de la posibilidad que Dios tiene para salvar a una persona "de las cloacas a las alturas" (from the guttermost to the uttermost). Esta es tambin nuestra historia. Abarca el pasado, el presente y el futuro. 2 En 2a Timoteo 1:12 Pablo escribe: "porque yo s a quin he credo, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depsito para aquel da". Es una metfora financiera y este versculo literalmente significa que "Dios tiene el poder de conservar mis depsitos espirituales". Dios no nos defraudar. 3 Despus tenemos a 2a Corintios 9:8 que dice: "Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundis para toda buena obra". Algunos cristianos creen que la salvacin de los hombres y las mujeres es algo slo para el futuro, una filosofa de espejismos en el ms all. Esto no es as. La Biblia nos dice que la gracia de Dios nos puede ayudar en toda buena obra ahora. Es en esta vida que tenemos que abundar en su suficiencia. 4 Tambin se nos dice que Dios nos puede ayudar en tiempos de tentacin. La Biblia nos dice sobre Jess: "en cuanto l mismo padeci siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (He. 2:18). El mejor comentario sobre este versculo lo encontramos en las Escrituras; en otro lugar se nos dice que aunque la tentacin es 1
la suerte que le corresponde a la condicin humana, Dios no nos dejar ser tentados ms de lo que podamos resistir, y que nos ha provisto de una salida incluso antes de que nos sobrevenga la tentacin (1 Co. 10:13). Efesios 3:20 nos dice que Dios nos puede ayudar a crecer espiritualmente. Est expresado como una bendicin. "Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho ms abundantemente de lo que pedimos o entendemos, segn el poder que acta en nosotros, a l sea gloria en la iglesia en Cristo Jess por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amn". Dios puede tambin salvar nuestros cuerpos. El Seor Jesucristo "transformar el cuerpo de la humillacin nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede tambin sujetar a s mismo todas las cosas" (Fil. 3:21). Para terminar, en otro versculo, que tambin es una bendicin, Judas dice: "Y a aquel que es poderoso para guardaros sin cada, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegra, al nico y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amn" (Judas 24-25).
Tomados en conjunto, estos versculos nos declaran que Dios puede salvamos en esta vida y en la eternidad, puede mantenernos fuera de caer en el pecado y en la tentacin, puede conducirnos a lo mejor de la experiencia humana y puede colmamos completamente. Son verdaderas estas cosas? S... pero solamente por una razn. Son verdaderas porque son la determinacin eterna e inmutable del Dios que es soberano.
Emil Brunner, The Christian Doctrine Of God: Dogmatice, Vol. 1, Trad. Olive Wyon (Philadelphia: Westminster, 1950), P. 157.
terrible en maravillosas hazaas, hacedor de prodigios?" (Ex. 15:11). Los serafines delante de su trono celebran sin cesar su santidad. Isaas los escuch cantar: "Santo, santo, santo, Jehov de los ejrcitos; toda la tierra est llena de su gloria" (Is. 6:3). El apstol Juan escuch a los serafines declarar: "Santo, santo, santo es el Seor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir" (Ap. 4:8). El pueblo de Dios es instado a unirse en estas alabanzas. Leemos: "Cantad a Jehov, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad" (Sal. 30:4). Este nfasis hace que la iglesia cristiana ore diciendo las palabras del Padre Nuestro: "Santificado sea tu nombre" (Mt. 6:9).
Decir que el atributo de la santidad es importante no significa que lo podamos comprender. De todos los atributos de Dios, quizs este es el ms malentendido. Es un error conceptual pensar de la santidad divina en trminos humanos. La santidad, o la rectitud, se conciben como algo que puede ser graduado, en ms o en menos. Es decir, al mirar a nuestro alrededor vemos hombres y mujeres que estn muy bajo en la escala: los criminales, los pervertidos, y otros. Si un puntaje perfecto en la escala de rectitud fuera cien, podramos concluir que estas personas alcanzaran un puntaje entre los diez y quince. Por arriba de ellos encontraramos las personas promedio de nuestra sociedad, que obtendran un puntaje entre los treinta y los cuarenta puntos. Luego, tendramos a las personas buenas, los jueces, los filntropos y otras personas humanitarias; podramos pensar que ellos alcanzaran un puntaje entre los sesenta y los setenta -nunca cien, ya que ni siquiera ellos son tan buenos como podran ser-. Y, por ltimo, si llegramos al total de cien puntos (o aun ms, si fuera posible), tendramos la bondad de Dios. Muchas personas piensan algo similar a esto cuando consideran la santidad de Dios, si es que piensan en ella. Piensan que se trata slo del bien comn a todas las personas pero llevado a un grado de perfeccin. Pero de acuerdo con la Biblia la santidad de Dios no puede ser colocada en la misma categora que la bondad humana. Vemos la verdad de este concepto bblico cuando estudiamos un pasaje como el de Romanos 10:3, "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios". Este versculo distingue con mucha claridad la diferencia entre nuestra justicia y la justicia de Dios. Aun si fusemos capaces de juntar toda la justicia que los seres humanos son capaces y hacer con ella una montaa enorme, no estaramos todava ni cerca de comenzar a alcanzar la justicia de Dios; la justicia de Dios est en otra categora diferente.
Qu queremos decir cuando hablamos de la santidad de Dios? Para contestar esta pregunta lo que tenemos que hacer es no comenzar con la tica. La tica est implcita, como veremos; pero, en su sentido ms fundamental y ms original, santo no es un concepto tico. Se trata ms bien de algo que est relacionado con la propia naturaleza de Dios y que por lo tanto lo distingue de todo lo dems. Es algo que separa a Dios de su creacin. Tiene que ver con su trascendencia. El significado fundamental de la palabra santo est presente en las palabras santos y santificar, y son casi idnticas con este trmino. Holy (la palabra en ingls para santo) proviene de las lenguas germnicas. Santo proviene de las lenguas romances. En su raz etimolgica, ambas tienen el mismo sentido. En el sentido bblico un santo no es una persona que ha alcanzado un determinado grado de bondad (como muchas personas creen), sino de alguien que ha sido "separado" por Dios. Los santos son los "llamados" que componen la iglesia de Dios. La misma idea est presente cuando, en xodo 40, la Biblia hace referencia a la santificacin de los objetos. En ese captulo, se le instruye a Moiss sobre la santificacin del altar y la fuente que estaba en medio del tabernculo. El captulo no hace referencia a ningn cambio intrnseco en la naturaleza de las piedras; stas no son convertidas en ms justas. Simplemente, quiere decir que han sido puestas aparte para un uso especial. De manera similar, Jess cuando ora, dice: "Y por ellos yo me santifico a m mismo, para que tambin ellos sean santificados en la verdad" (Jn. 17:19). Este versculo no significa que Jess se hizo ms justo, porque ya era justo. Significa que se apart a s mismo para una tarea especial, la tarea de proveer la salvacin para su pueblo por su muerte. La santidad, entonces, es la caracterstica de Dios que lo separa de su creacin, lo coloca aparte. Encontramos por lo menos cuatro elementos en la santidad. El primer elemento es la majestad. La majestad significa "dignidad", "poder supremo en autoridad", "seoro" o "grandeza". Es la caracterstica propia de los monarcas, y por supuesto, tambin es el atributo supremo de Aquel que es el Monarca de todo. La majestad es el elemento predominante de las visiones de Dios en su gloria, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El elemento de majestad relaciona la idea de santidad con la idea de soberana. Un segundo elemento en el concepto de santidad es la voluntad, la voluntad de una personalidad. Sin este elemento, la santidad sera un concepto abstracto, impersonal y esttico, en lugar de ser un concepto concreto, personal y activo. Ms an, si le preguntramos a Dios cul es su voluntad ms expresa, la respuesta sera la de proclamarse como el "Plenamente Otro", cuya gloria no puede ser opacada por la arrogancia humana y su antojadiza rebelin. En este elemento de la voluntad, la santidad se aproxima al concepto del Dios "celoso", que el hombre moderno encuentra tan repulsivo.
"Porque yo soy Jehov tu Dios, fuerte, celoso" (Ex. 20:5). En sus justos trminos, la idea de un Dios celoso es crucial para cualquier conocimiento verdadero de Dios. Como lo seala Brunner, es anloga a los celos inherentes en cualquier matrimonio. Una persona casada no debera dejar que un tercero se entrometiera en su relacin personal. De manera similar, Dios rechaza cualquier atropello basndose en sus derechos como Seor de su creacin. "La santidad de Dios no implica, por lo tanto, solamente una diferencia absoluta con respecto a su naturaleza, sino que es una autodiferenciacin activa, la energa resoluta con que Dios afirma y sostiene el hecho de que l es Plenamente Otro, separado de todo lo dems. Lo absoluto de esta diferencia se convierte en lo absoluto de su santa voluntad, la cual es suprema y nica".78 Para expresarlo en trminos ms sencillos: la santidad de Dios significa que Dios no es indiferente a lo que los hombres y las mujeres piensen sobre l. l no sigue su camino solitario, permaneciendo imperturbable frente al rechazo que sufre por las personas. Por el contrario, vuelca su voluntad y sus actos para que su gloria sea reconocida. Este reconocimiento puede darse ahora, en cada caso en particular, o puede hacerse realidad en cada uno en el da del juicio divino. Un tercer elemento presente en la idea de santidad es el elemento de la ira. La ira forma parte sustancial de la santidad de Dios. Pero no debemos confundirla con una reaccin humana y emocional frente a algo, una reaccin que solemos identificar con enojo. No hay ninguna emocin humana que pueda ser equiparada a la ira de Dios. Se trata de la posicin apropiada y necesaria que el Dios santo asume contra todo aquello que se le opone. Significa que Dios toma el hecho de ser Dios en serio, tan en serio que no permitir que nada ni nadie aspire a ocupar su lugar. Cuando Satans intent usurpar su lugar, Satans fue juzgado (y todava ser juzgado). Y los hombres y las mujeres tambin sern juzgados cuando se nieguen a ocupar el lugar que Dios les ha asignado. El elemento final en la idea de santidad es uno que ya hemos mencionado: la justicia. La justicia est implcita en la santidad no porque sea la categora ms fcil para comprender la santidad, sino porque habiendo mencionado la voluntad de Dios, surge como corolario que la voluntad de Dios es justa, es la santidad expresada en un sentido tico. En otras palabras, cuando preguntamos: "Qu es lo que est bien? Qu es lo moral?", contestaremos apelando a la voluntad y la naturaleza de Dios, y no apelando a algn estndar moral independiente, como si fuera posible que dicho estndar pudiera existir independiente de Dios. Lo justo es lo que Dios es y lo que l nos revela. La naturaleza de Dios constituye el fundamento esencial para cualquier moral verdadera y perdurable. Como consecuencia, cuando Dios no es reconocido, la moralidad (no importa cunto se hable de ella) entra en decadencia, como est sucediendo en la civilizacin
Brunner, The Christian Doctrine Of God, P. 160. 3.
occidental contempornea. Es el deseo de obedecer a Dios lo que en ltima instancia posibilita un comportamiento tico.
Tenemos una dramatizacin de la santidad de Dios en las leyes para la construccin del tabernculo judo. En un primer nivel, el tabernculo fue construido para ensear la presencia de Dios, la verdad de que Dios est siempre presente en medio de su pueblo. Pero por otro lado, tambin enseaba que Dios estaba separado de su pueblo, debido a su santidad y a los pecados de ellos, y por lo tanto, slo era posible acercarse a l de la manera que l determinara. No debemos suponer que el pueblo judo comprenda mejor que nosotros la santidad de Dios, porque no la comprenda. Era necesario que Dios les enseara sobre ella. El objetivo del tabernculo era sealar que el hombre o la mujer pecadora no podan "irrumpirle" al Santo. Se entenda que Dios habitaba simblicamente dentro de la cmara ms interior del tabernculo, conocida como "el lugar santsimo". La gente no poda entrar all dentro. Un griego poda entrar en cualquiera de los templos de Grecia y rezar delante de una estatua de un dios o una diosa pagana. Un romano poda entrar en cualquiera de los templos de Roma. Pero un judo no poda entrar en el lugar santsimo. Solamente una persona tena acceso a ese lugar y se trataba del sumo sacerdote de Israel; pero incluso l slo poda entrar una vez al ao y despus de haber hecho sacrificios por l y por el pueblo que estaba reunido en el atrio. El lugar santsimo (la recmara ms interna del tabernculo) estaba separado del lugar santo (la cmara exterior del tabernculo) por un grueso velo. Pero eso no era todo. Del mismo modo que el velo separaba el lugar santsimo del lugar santo; es decir, dividiendo estas dos cmaras dentro del tabernculo, tambin haba otro velo grueso que separaba el lugar santo del atrio exterior. Y despus haba todava un tercer velo que franqueaba la entrada al atrio, separando el tabernculo del resto del campamento israelita. El significado de la palabra velo es "separar" y (posteriormente) "ocultar". El significado de los velos, entonces, era que si bien Dios haba elegido habitar con su pueblo, de todos modos deba permanecer separado de ellos u oculto de su vista, por causa de su santidad y del pecado de ellos. La comunin con Dios slo se poda dar en el lugar santsimo. Pero para poder ingresar haba que abrir tres cortinas, cada una de las cuales serva para hacer ms claro el sentido del enorme abismo que existe entre Dios y la humanidad: primero, la cortina entre el campamento y el atrio; segundo, la cubierta a la entrada del lugar santo; y tercero, la cortina que separaba el lugar santo del lugar santsimo. Del mismo modo, para poder ingresar al lugar santsimo, el sumo sacerdote tena que hacer un sacrificio en el altar de bronce en el
atrio, y lavarse en la fuente que estaba en el atrio, luego deba pasar al lugar santo, a la luz del candelera de oro con los siete brazos, y a travs del incienso que estaba siempre ardiendo sobre el altar en ese lugar. Qu le sucedera al hombre o a la mujer que hiciera caso omiso de estas barreras? La respuesta es que sera inmediatamente consumido o consumida, como les sucedi a algunos que lo intentaron. La ira de Dios abrazara el pecado que intentaba invadir o comprometer la santidad de Dios. En la medida que reconozcamos su santidad comenzaremos a comprender algo de la pecaminosidad humana y de la necesidad de la muerte expiatoria de Cristo en la cruz.
La santidad de Dios es otro atributo que vuelve a Dios indeseable y hasta amenazador. Ya hemos sealado que a los hombres y a las mujeres no les gusta la soberana de Dios porque amenaza su propio deseo de soberana. Un Dios soberano no es un Dios deseable. Esta reaccin negativa es aun ms evidente con respecto a la santidad de Dios. Nos ser de mucha ayuda el anlisis detallado de la idea de la santidad que realiz el telogo alemn Rudolf Otto. Otto escribi un libro, llamado Das Heilige en alemn, y The Idea of the Holy en ingls, donde busca comprender la naturaleza especfica, no racional o suprarracional, de la experiencia religiosa, desde una perspectiva fenomenolgica. Al elemento supranacional Otto lo denomina lo "santo" o lo "tremendo". Hay mucha diferencia entre lo santo y lo tremendo (como conceptos abstractos) de las religiones no cristianas y el Santo (como un ser personal) de la religin juda o cristiana. Pero hasta cierto punto, este anlisis puede resultar til, porque servir para mostrar cmo los hombres y las mujeres consideran al Dios verdadero como algo amenazante. En su anlisis, Otto distingue tres elementos en el Santo. El primer elemento es su carcter de tremendo, queriendo significar "eso que profundamente nos maravilla". La palabra tremendo la usamos para referirnos a algo que es "extraordinariamente malo" o "terrible", pero aqu la idea es algo distinta. Lo tremendo en el Santo es aquello que tanto maravilla que produce temor y temblor en el adorador. El segundo elemento es su carcter de avasallante. Un poder supremo y majestuoso engendra un sentimiento de impotencia e insignificancia en el adorador. El elemento final es la energa, que Otto usa para referirse al elemento dinmico presente en el encuentro. El punto clave es que la experiencia de enfrentarse con el Santo es muy amenazante. Los adoradores son atrados por el Santo, pero al mismo tiempo son aterrorizados por l. La energa avasallante y maravillosa del Santo amenaza con destruir al adorador.
Debemos notar que tambin encontramos este mismo fenmeno en la Biblia; aunque la Biblia luego lo explica, algo que los no cristianos no hacen. El relato de Job nos puede servir de ejemplo. Job haba sufrido la prdida de sus propiedades, su familia y su salud. Cuando sus amigos se le acercaron para convencerlo que su prdida deba ser consecuencia de algn pecado, conocido u oculto, Job firmemente se defendi de sus acusaciones. Y lo hizo correcta mente, porque Job estaba sufriendo a pesar de ser un hombre recto. "No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como l en la tierra, varn perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?" (Job 1:8). Es obvio, que si alguien haba que se podra haber parado frente a la santidad de Dios, esa persona era Job. Sin embargo, hacia el final del libro, cuando Dios se le acerca con una serie de preguntas y afirmaciones para ensear algo sobre su verdadera majestuosidad frente a su siervo Job, que tanto haba sufrido, Job queda casi sin palabras y en un estado de pequenez. Le contest a Dios: "He aqu que yo soy vil; qu te responder?... Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza" (Job 40:4; 42:6). Vemos este mismo fenmeno en Isaas que tuvo una visin del Seor "sentado sobre un trono alto y sublime". Escuch las alabanzas de los serafines; pero el efecto sobre Isaas en lugar de ser un sentimiento de orgullo y satisfaccin, por haber sido elegido para tener esta visin, fue en realidad devastador. Isaas contest: "Ay de m! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehov de los ejrcitos" (Is. 6:5). Isaas se contempl a s mismo destruido y muerto. Slo cuando un carbn encendido del altar toc sus labios pudo volver a ponerse en pie y contestar afirmativamente el llamado de Dios para su servicio. Habacuc tambin tuvo una visin de Dios. Estaba abatido por la impiedad que haba en el mundo que lo rodeaba y se preguntaba cmo los impos podan triunfar sobre aquellos que eran ms justos. El profeta luego entr en su atalaya y esper la respuesta de Dios. Cuando Dios le contest, Habacuc fue invadido de temor, "O, y se conmovieron mis entraas; a la voz temblaron mis labios; pudricin entr en mis huesos, y dentro de m me estremec" (Hab. 3:16). Habacuc era un profeta. A pesar de ello, una confrontacin con Dios fue estremecedora. De manera similar, aunque la gloria de Dios estaba velada en la persona de Jesucristo, de vez en cuando los que fueron sus discpulos pudieron percibir quin era, aunque slo lo pudieron atisbar, y su reaccin fue similar a stas. As, cuando Pedro reconoci la gloria de Dios luego de la pesca milagrosa en Galilea, le dijo: "Aprtate de m, Seor, porque soy hombre pecador" (Le. 5:8). Cuando el apstol Juan recibi la revelacin de la gloria de Cristo, al ver al Seor parado en medio de los siete candeleros de oro cay "como muerto a sus pies" y se levant slo despus
que el Seor lo haba tocado y le haba encomendado que escribiera el libro del Apocalipsis. Juan slo se pudo parar frente al Seor despus de haber experimentado algo similar a una resurreccin. Esto es lo que significa estar cara a cara con el Santo. No se trata de una experiencia placentera. Es excesivamente amenazante, porque el Santo no puede coexistir en el mismo espacio que lo impuro. Dios tiene que destruir lo impuro, lo que no es santo, y expurgar el pecado. Adems, si esto es cierto en el caso de las mejores personas, como lo fueron aquellas que Dios escogi para ser sus profetas y a quien llam "justos", no ser todava ms cierto con respecto a los que son antagnicos a Dios? Para ellos la experiencia es avasallante. Como reaccin, se resisten, intentan tratarlo con liviandad o huyen de Dios. Tozer ha escrito: "El choque moral que hemos sufrido al romper con la voluntad celestial nos ha dejado con un trauma permanente que afecta todos los rincones de nuestra naturaleza".79 Es cierto. Como consecuencia, los hombres y las mujeres no se acercan a Dios, y lo que debera ser su mayor gozo les resulta aborrecible.
Qu tenemos que hacer, entonces, nosotros que somos pecadores pero que nos confrontamos con el santo Dios? Seguiremos nuestro camino? Haremos todo lo posible? Le daremos nuestras espaldas al Santo? Si no fuera porque Dios ha elegido que hagamos algo con respecto a nuestra condicin, eso sera todo lo que podramos hacer. Pero la gloria del cristianismo radica en el mensaje de que el Dios santo ha hecho algo. Ha realizado lo que era necesario hacer. Nos ha abierto un camino a su presencia mediante el Seor Jesucristo; y al emprenderlo, lo impuro se convierte en santo y puede habitar con l. Al llegar a este punto podemos volver a la ilustracin del tabernculo en el desierto. El tabernculo intentaba mostrar el abismo que exista entre Dios y su santidad y los seres humanos y su pecado. Pero tambin serva para ilustrar cmo ese abismo poda ser superado. En los tiempos del Antiguo Testamento esa superacin era simblica. En el sacrificio de los animales el pecado del pueblo simblicamente se transfera a la vctima inocente, que mora en lugar del adorador. Por eso era que el sumo sacerdote deba realizar primero un sacrificio por s mismo, y luego otro por el pueblo antes de ingresar al lugar santsimo el Da de la Expiacin. Pero si bien el simbolismo era vivido e importante, no era la muerte de los animales, no importa cuntos, que expurgaba el pecado. La nica y verdadera expiacin sera provista por el Seor Jesucristo quien, cual Cordero de Dios perfecto, muri en el lugar de los pecadores. Adems, no eran solamente los sacrificios lo que prefiguraba su obra. Cada parte del tabernculo, el altar, la fuente, el candelero, el incienso, el pan de la proposicin, y todo lo
Tozer, The Knowledge Of The Holy, P. 110.
dems dentro del lugar santo estaba prefigurando algo. Para decirlo en otros trminos, por medio de l nuestros pecados son lavados; l es la luz del mundo; l es el pan de vida; l es el centro de nuestra adoracin mediante la oracin, y l es nuestro sacrificio; un sacrificio suficiente, nico y para siempre. Y Cristo es verdaderamente suficiente. Cuando carg con nuestro pecado tomando nuestro lugar y fue, por lo tanto, judicialmente separado de la presencia del Padre -ten ese preciso instante Dios mismo rasg el velo del templo en dos, de arriba a abajo, sealndonos as que el camino a su presencia, al lugar santsimo, ahora estaba abierto a todos aquellos que vienen a l mediante la fe en Cristo, como l lo reclama-. A los que vienen, Dios les imparte una medida de su propia santidad en dos sentidos. Nunca podremos ser santos en el sentido del "Plenamente Otro" como l es; pero en un principio somos separados para l por medio de Cristo para ser sus santos, y luego para ser hechos justos en la prctica, y cada vez ms en la medida que su naturaleza gradualmente transforma nuestros seres. Son muchas las consecuencias para los que vienen al conocimiento del Santo. Primero, aprendern a odiar al pecado. No odiamos el pecado naturalmente. Por el contrario, sucede todo lo opuesto. Por lo general, amamos al pecado y somos renuentes a abandonarlo. Pero debemos aprender a odiar al pecado; de lo contrario, aprenderemos a odiar a Dios quien reclama de los seguidores de Cristo una vida en santidad. Vemos que exista mucha tensin durante la vida del Seor Jesucristo. Algunos, viendo su santidad, llegaron a odiar al pecado y se convirtieron en sus seguidores. Otros, vindolo, le odiaron y finalmente lo crucificaron. Segundo, los que han alcanzado el conocimiento del Santo mediante la fe en el Seor Jesucristo aprendern a amar su justicia y lucharn por ella. Estas personan suelen necesitar ser animadas. El apstol Pedro escribi en su da: sino, como aquel que os llam es santo, sed tambin vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito est: Sed santos, porque yo soy santo" (1 P. 1:15-16). No dice "Sed santos como yo soy santo". Ninguno de nosotros seramos capaces de eso. No podemos ser santos en el mismo sentido que Dios es santo. Pero podemos ser santos en un caminar justo y recto delante de l. Tercero, debemos aguardar el da en que la santidad de Dios pueda ser conocida en su plenitud por todos los hombres y las mujeres, y regocijarnos con anticipacin a ese da. Si no hubisemos venido a Dios mediante la fe en Cristo, ese da sera terrible. Significara que nuestros pecados seran expuestos y juzgados. Habiendo venido a l, significa que nuestra salvacin ser completa porque seremos hechos como Jess. Seremos como l es, en santidad y en todo otro sentido, "seremos semejantes a l, porque le veremos tal como l es" (1 Jn. 3:2).
pecado; su conocimiento es fcil y accesible, porque no tiene ninguna dificultad; es infalible; es instantneo; es absolutamente retentivo. Dios es perfecto en su conocimiento.
Podramos pensar que la omnisciencia divina sera reconfortante para nuestro estado natural; el creer en la existencia de un conocimiento perfecto (aunque fuera de nuestro alcance) hara del mundo un lugar menos amenazante. Pero la realidad apunta a que lo contrario es lo cierto. Reconocer que existe un Dios que conoce todo sobre todo es tambin reconocer que ese Dios nos conoce a nosotros. Y como hay algunas cosas sobre nosotros que no deseamos que sean conocidas, las ocultamos -de los dems, e incluso de nosotros mismos-. Un Dios que nos conoce en lo ms profundo de nuestro ser nos trastorna. Arthur W. Pink seala que el pensar sobre la omnisciencia divina "nos llena de desasosiego". A. W. Tozer observa que "En la omnisciencia divina vemos cmo se confrontan el terror y la fascinacin por la Divinidad. Que Dios conozca hasta lo ms recndito de una persona puede ser causa de temor en un hombre que tiene algo que ocultar -algn pecado renegado, algn crimen secreto contra el hombre o contra Dios-".80 Pero Tozer no est hablando slo sobre alguna persona u otra. Su descripcin se extiende a toda la raza, y por lo tanto, tambin a nosotros. Todos nos hemos rebelado contra Dios y tememos ser expuestos81. En aos recientes, nadie ha documentado nuestro temor ms cuidadosamente que R. C. Sproul en su The Psychology of Atheism. Sproul le dedica un captulo al tema de "Dios y la desnudez" y analiza el temor que el individuo moderno siente a ser expuesto, primero ante los dems y luego tambin ante Dios. El primer objeto de su anlisis lo constituye la obra de Jean Paul Sartre. Sartre ha hablado sobre el temor de ser cuando se est bajo la mirada de otro. Nosotros podemos mirar fijamente a otro, despreocupadamente. Pero, basta darnos cuenta que alguien nos est mirando fijamente para que nos sintamos avergonzados, confusos y temerosos, y que nuestro comportamiento se altere. Odiamos esa experiencia y hacemos todo lo posible por evitarla. Si no podemos evitarla, la experiencia se toma intolerable. En la que es posiblemente la obra ms conocida de Sartre, Sin salida, cuatro personajes estn encerrados en una pieza y no tienen nada para hacer excepto hablar y mirarse los unos a los otros. Es un smbolo del infierno. En las lneas finales de esta obra dramtica esto resulta muy claro cuando Garcin se para frente a un busto de bronce y lo toca. Dice:
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Pink, The Attributes Of God, P. 13. Tozer, The Knowledge Of The Holy, P. 63.
S, ahora es el momento. Estoy mirando este objeto sobre la repisa, y ahora comprendo que estoy en el infierno. Os digo, todo ya ha sido pensado de antemano. Ellos saban que me parara frente a esto de bronce, con todos esos ojos fijos en m. Devorndome. (Gira en redondo repentinamente.) Cmo es esto? Solamente vosotros dos? Cre que erais ms; muchos ms. (Se re.) Entonces esto es el infierno. Nunca lo hubiera credo. Recordis todo lo que se nos dijo sobre las cmaras de tortura, el fuego y el azufre, la "marga ardiendo". Son slo cuentos! No hay ninguna necesidad de atizadores al rojo vivo. El infierno -son los otros!82 Las direcciones escnicas finales dicen que los personajes se dejan caer en sus respectivos sillones, la risa se apaga y "se miran fijamente" entre s. En la filosofa de Sartre este temor a estar bajo la mirada de otro es razn suficiente para eliminar a Dios; bajo la mirada de Dios somos reducidos a objetos y nuestra humanidad es destruida. El punto que ms interesa aqu, sin embargo, es el temor a la exposicin. De dnde puede provenir si no es de una culpa real y merecida que surge de nuestra rebelin contra el nico soberano y santo Dios del universo? Sproul analiza a continuacin el libro Body Language de Julius Fast. Este libro es un estudio sobre cmo los seres humanos se comunican de manera no verbal al asumir distintas posiciones corporales, distintos gestos, movimientos con la cabeza, con las cejas, y otros. Fast seala que es posible mirar fijamente un objeto por un largo perodo. Una persona puede mirar fijamente un animal. Sin embargo, mirar fijamente a otra persona no es un comportamiento aceptable porque, si la mirada no se desva y se mantiene por un lapso prolongado, puede provocar hostilidad o vergenza, o ambas. El hecho de que tengamos puertas, celosas, vestimenta y cortinas en las duchas refleja nuestro deseo y necesidad de privacidad. En tercer lugar, Sproul estudia el libro The Naked Ape (cuya traduccin al espaol sera "El mono desnudo") de Desmond Morris, otra obra muy popular. El "mono desnudo", por supuesto, es el ser humano. El ttulo del libro como as tambin su contenido resaltan la singularidad de los humanos en su desnudez. Somos animales desnudos, no tenemos cabello que nos cubra, pero nuestra desnudez nos avergenza y buscamos ocultamos de la mirada de otras personas. En cuarto lugar, Sproul menciona al filsofo y escritor dans Soren Kierkegaard, sealando como este filsofo "es extremadamente crtico de la persona que vive solo en el plano 'esttico' de la vida, o como un 'espectador', operando ocultamente detrs de una mscara", mientras que l mismo "se preserv una isla para ocultarse l y todos los dems hombres". l
Jean-Paul Sartre, No Exit And Three Other Plays (New York: Vintage Books, 1949), P.47.
saba que "la soledad brinda un lugar para ocultarse, lo cual es necesario para el sujeto humano".83 Lo que surge de estas expresiones modernas es una extraa ambivalencia. Por un lado, los hombres y las mujeres desean ser conocidos. Una evidencia moderna de esto es la popularidad de las sesiones de terapia, la psiquiatra, las charlas televisivas y las pelculas de sexo explcito. Pero en un sentido ms profundo, los hombres y las mujeres temen dicha exposicin, porque se avergenzan de lo que hay para ver -por otras personas y por Dios. Con los dems, siempre hay manera de ponerse a cubierto. Nos vestimos, por ejemplo. En un nivel psicolgico, cuidadosamente medimos nuestras palabras para que solamente se conozcan aquellas cosas que nosotros queremos que se sepan sobre nosotros. En ocasiones desplegamos un frente que es totalmente falso. Pero qu haremos con respecto a Dios, frente a quien "todos los corazones son abiertos, y todos los deseos son conocidos"? No hay nada que pueda hacerse. Y como consecuencia de esta toma de conciencia del conocimiento de Dios, como tambin de su soberana y su santidad, se produce la ansiedad y el espanto en los hombres y las mujeres cados. CUBIERTOS CON UN MANTO DE JUSTICIA El miedo al conocimiento de Dios no es una experiencia normal para los cristianos. Pero antes de considerar qu es lo que el conocimiento de Dios significa para ellos, debemos determinar por qu ha dejado de ser un motivo de temor. La experiencia de Adn y Eva puede resultar ilustrativa. Adn y Eva haban pecado, y cuando pecaron se percataron que estaban desnudos. Ellos ya estaban desnudos en un sentido estrictamente fsico. Pero como no haban pecado "no se avergonzaban" (Gn. 2:25). Despus que se convirtieron en pecadores, su desnudez fue algo ms que solo fsica. Fue una desnudez psicolgica ligada a su culpa moral. Eran culpables, frente a ellos y frente a Dios. Qu fue lo que haba ocurrido? Dios se "paseaba en el huerto" y los iba a enfrentar en su desnudez. l iba a traer a la luz su pecado, porque el pecado no puede ocultarse en su presencia. Pero luego l hizo algo asombroso. Los visti, los cubri con las pieles de unos animales que l mismo haba sacrificado. Este es el mensaje del cristianismo: que podemos ser conocidos, pero al mismo tiempo cubiertos o vestidos. Pero el ser vestido no se logr completamente con la piel de los animales. El vestir a Adn y Eva era slo un smbolo, una parbola actuada, de lo que haba de suceder cuando Dios enviara a Jesucristo a morir por nuestro pecado para poder levantar nuestra culpa. Sobre la base de este sacrificio expiatorio perfecto, Dios entonces cubrira a
Sproul, The Psychology Of Atheism, Pp. 114-16. El anlisis completo sobre la desnudez en la cultura moderna se encuentra en las pginas 107-18.
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todos los que creen en Cristo con la propia justicia del Seor. La obra de Cristo hace que ahora Dios no nos mire como pecadores, sino como transformados en justos por Cristo. Ahora podemos pararnos frente a l, en lugar de ocultarnos -no porque Dios se haya vuelto ignorante de nuestro pecado, o porque ste haya cesado de molestarle, sino porque lo ha conocido y lo ha tratado perfectamente-. Ahora podemos exclamar con Isaas: "En gran manera me gozar en Jehov, mi alma se alegrar en mi Dios; porque me visti con vestiduras de salvacin, me rode de manto de justicia, como a novio me atavi, y como a novia adornada con sus joyas" (Is. 61:10).
La omnisciencia es causa de incomodidad y aun de espanto para aquellos cuyo pecado no ha sido cubierto con la justicia de Cristo. Pero para los cristianos hay tres razones que hacen que esta omnisciencia sea de gran bendicin y motivo de gozo. En primer lugar, como Dios conoce todo sobre nosotros, conoce lo peor sobre nosotros pero aun as nos ama y nos ha salvado. En las relaciones humanas muchas veces tenemos miedo de que algo sobre nosotros pueda salir a relucir y quiebre nuestra relacin. Si as no fuera, por qu es que siempre tratamos de presentamos de la mejor manera frente a los dems? Pero Dios ya conoce lo peor sobre nosotros y, sin embargo, contina mostrndonos su amor. l "conoce nuestra condicin" y "se acuerda de que somos polvo" (Sal. 103:14). No debemos temer que surja algo de nosotros que sorprenda a Dios, que algo oculto salga a la luz y se descubra nuestro pasado vergonzoso, o que un informante hable en nuestra contra trayndonos vergenza. No puede suceder nada que Dios ya no lo sepa. Un escritor relaciona este sentimiento de seguridad con el ministerio del Espritu Santo dentro de nosotros. Sirve de gran consolacin saber que el Espritu Santo no mora en nosotros como un espa para descubrir nuestras flaquezas e informar a Dios sobre ellas para que seamos condenados. El Espritu Santo sabe que Cristo ya ha sido condenado en nuestro lugar, y nos acompaa como un tenedor de libros o como el cajero de Dios, para siempre recordarnos de nuestro saldo, y para damos los frutos de nuestra herencia para que podamos vivir en el triunfo que ha sido adquirido para nosotros.84 En segundo lugar, Dios no slo conoce lo peor sobre nosotros, sino que tambin conoce lo mejor sobre nosotros, aunque lo mejor sobre nosotros pueda pasar desapercibido para los dems. Hay momentos en nuestras vidas cuando nos desempeamos muy bien en
Donald Grey Barnhouse, God's Heirs (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1963), Pp. 145-46.
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determinada rea, y sin embargo pasamos desapercibidos. Otras veces hacemos lo mejor que podemos y fracasamos. Y lo que hemos realizado es malentendido. Las cosas a veces no resultan como haba sido nuestra intencin. La gente dice -y aun nuestros amigos, "Cmo pudo fulano hacer tal cosa? Yo tena mejor opinin de l". Ellos no conocen la situacin, y tampoco conocen nuestros corazones. Son crticos, y nada de lo que hagamos y digamos les har cambiar de parecer. Y, entonces, qu haremos? Es consolador saber que Dios, que conoce todas las cosas, tambin nos conoce a nosotros y sabe que hicimos lo mejor que fuimos capaces. Y l no nos juzga. l no nos condena. Un padre le est enseando a caminar a su hija de un ao. Ella lo intenta pero se cae. l la vuelve a poner sobre sus pies y ella vuelve a caerse. Entonces l se enoja, grita, y le dice: "T eres una tonta. Yo soy un buen maestro, pero t no aprendes nada". Cuando ella se cae por tercera vez, l le pega. Evidentemente, tendramos un pobre concepto de dicho padre. Por otro lado, tendramos un elevado concepto del padre que dice: "No te preocupes. Slo te caste, pero un da vas a caminar. Yo s que ests haciendo lo mejor". Nuestro Dios se parece al segundo padre. l conoce nuestras debilidades y nuestro pecado, pero tambin sabe cuando lo intentamos, y es paciente. En tercer lugar, Dios sabe lo que va a hacer de nosotros. Es decir, sabe con qu propsito hemos sido formados y ciertamente lo cumplir a su debido tiempo. Este propsito est expresado explcitamente en Romanos 8:29. La mayora de los cristianos conocen de memoria el versculo anterior, Romanos 8:28. Es una promesa muy reconfortante: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propsito son llamados". Pero es una pena que muy pocos han memorizado el versculo siguiente donde se nos dice cul es el propsito mencionado en el versculo 28. "Porque a los que antes conoci tambin los predestin para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que l sea el primognito entre muchos hermanos". Dios se ha propuesto que seamos como Jesucristo. Este es el propsito de la redencin, y en este contexto fue escrito Romanos 8:28. La redencin comienza con el pre conocimiento selectivo de Dios de su propio pueblo, el cual ha sido predestinado para ser conforme a la imagen de Cristo -l ha seleccionado el material y la matriz-. La redencin luego incluye el llamado de estos elegidos a la salvacin, su justificacin por la obra de Cristo y su glorificacin, el resultado final y acabado de los propsitos de Dios. En el transcurso de la vida cristiana muchas veces nos desanimamos, y muchas veces con razn. Damos un paso adelante, y luego medio paso para atrs. Una vez tenemos xito, y luego fracasamos dos veces. Vencemos a la tentacin, pero tambin caemos en la tentacin, vez tras vez. Decimos: "No estoy haciendo ningn progreso. Estoy peor este ao que el anterior. Dios debe estar desilusionado conmigo". Pero Dios no est desanimado con nosotros. Ese es el punto. Dios sabe todo. Es as que, aunque conoce nuestras derrotas y
nuestras victorias, aunque stas sean pocas, l sabe mucho ms que slo eso. l sabe que un da por su gracia seremos hechos conformes a la imagen de Jesucristo. Podemos tener la plena certeza. Debemos tomar confianza en esta promesa, no importa cuntas veces nos desanimemos. Nuestro destino final es enorme; a la luz de tal destino todos los logros tan aplaudidos de nuestra poca y nuestros logros personales se opacan y se tornan virtualmente insignificantes. La omnisciencia de Dios tambin afecta otras reas de nuestra vida. Primero, si Dios es el Dios de todo el conocimiento, deberamos comprender la importancia que tiene el conocimiento. Hemos sido hechos a imagen de Dios. Una de las cosas que esto significa es que podemos aprender a pensar los pensamientos de Dios y compartir su conocimiento. Podemos poseer el verdadero conocimiento en este mismo sentido, si bien no al mismo nivel con que Dios posee el conocimiento. Estudiar y aprender son dos actividades valederas. Segundo, la hipocresa es necedad. Podemos intentar engaar a las dems personas sobre lo que somos en realidad, y hasta cierto punto lograrlo. Pero no podemos engaar a Dios. Por lo tanto, si podemos paramos frente a l con todo nuestro pecado expuesto pero cubiertos por la justicia de Cristo, entonces podemos pararnos frente a cualquiera sin sentimos atemorizados de que puedan llegar a conocernos tal como somos. Podemos ser osados para hacer lo que nos parece correcto, sin importarnos que esto sea malentendido o ridiculizado. Podemos ser hombres y mujeres de palabra. Podemos dejar que nuestro S sea S y que nuestro No sea No, porque Dios nos conoce. No tenemos por qu pretender que somos lo que no somos. Por ltimo, podemos ser animados cuando sobrevengan las dificultades. Job pas por muchas dificultades, pero todava pudo decir: "Mas l conoce mi camino; me probar, y saldr como oro" (Job 23:10). Podemos descansar tranquilos, sabiendo que Dios conoce todo. Podemos orar, porque tenemos la seguridad que ninguna oracin, ningn grito de ayuda, ni siquiera un suspiro o una lgrima, pasarn desapercibidos por aquel que ve hasta lo ms profundo de nuestros corazones. A veces hasta ni oraremos. Pero "antes que clamen, responder yo; mientras an hablan, yo habr odo" (Is. 65:24). El nico requisito es que retiremos y bajemos estas verdades del estante de la teologa y las pongamos en prctica en nuestra vida cotidiana.
habr nada despus. La inmutabilidad de Dios (el hecho de que Dios no cambia) significa que Dios es siempre el mismo en su ser eterno. Fcilmente podemos comprender esto. Y sin embargo, esta caracterstica separa al Creador de su criatura ms superior. Dios es inmutable a diferencia de todo el resto de su creacin. Todo lo que conocemos es cambiante. El mundo material cambia, y no solamente en un sentido circular, como los griegos lo crean -de manera que todas las cosas eventualmente se transformaban y volvan a su estado original- sino ms bien en un sentido de agotamiento, como lo indica la ciencia. Por ejemplo, si bien este deterioro se extiende por un perodo muy extenso en el tiempo y es difcil de apreciar, el sol constantemente est disipando su energa y acabar por enfriarse. La tierra tambin se deteriora. Sustancias muy complejas y activas como los elementos radioactivos se transforman en otras menos activas. Los recursos diversos y abundantes de la tierra son escasos. Las especies pueden extinguirse y algunas ya se han extinguido. En un nivel individual, los hombres y las mujeres, nacen, crecen, maduran y, finalmente, mueren. Nada de lo que nosotros conocemos perdura para siempre. Si nos referimos al hombre la mutabilidad se debe al hecho de que somos criaturas cadas y separadas de Dios. La Biblia habla de los impos siendo "como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto" (Is. 57:20). Judas se refiere a ellos como "nubes sin agua, llevadas de ac para all por los vientos", como "estrellas errantes" sin una rbita (Jud. 12-13). Pero la dimensin moral de la inestabilidad de los humanos resulta muy clara en la reaccin de las masas hacia el Seor Jesucristo. Una semana estaban gritando: "Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en el nombre del Seor! Hosanna en las alturas!" y a la semana siguiente estaban gritando: "Fuera con ste! Crucifcale!" No podemos confiar en la naturaleza humana, pero s podemos confiar en Dios. l es inmutable. Su naturaleza es siempre la misma. Su voluntad es incambiable. Sus propsitos son seguros. Dios es el punto fijo en un universo agitado y en proceso de deterioro. Santiago, despus de haber hablado sobre los errores y los pecados humanos, agrega que "Toda buena ddiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variacin" (Stg. 1:17). Esta misma perspectiva es compartida por el profeta Malaquas, quien en uno de los ltimos versculos del Antiguo Testamento afirma: "Porque yo Jehov no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habis sido consumidos" (Mal 3:6).
Cada uno de los versculos recin mencionados nos hablan de la inmutabilidad de Dios en su ser esencial. Es decir, siendo perfecto, l nunca es distinto a s mismo. Para que un ser moral cambiara, sera necesario que cambiara en una de dos direcciones. Cambiar de algo malo en
algo mejor, o cambiar de algo bueno en algo peor. Debera ser obvio que Dios no puede moverse en ninguna de estas direcciones. Dios no puede transformarse en algo mejor, ya que esto implicara que antes era imperfecto. Si hablamos de su justicia, a modo de ejemplo, significara que antes era menos justo, y por lo tanto pecaminoso. Si hablamos de su conocimiento, implicara que antes no conoca todo y por lo tanto era ignorante. Por otro lado, Dios no puede transformarse en algo peor. En dicho caso se transformara en algo menor a lo que ahora es, se convertira en algo pecaminoso o imperfecto. La inmutabilidad de Dios como se nos presenta en las Escrituras, sin embargo, no es lo mismo que la inmutabilidad de "dios" mencionada por los filsofos griegos. En el pensamiento griego, la inmutabilidad significaba no slo la no posibilidad de cambio sino la imposibilidad de verse afectado de cualquier modo por cualquier cosa. El trmino griego para referirse a esta caracterstica primaria de "dios" era apatheia, de donde proviene la palabra "apata". Apata significa indiferencia, pero el trmino griego engloba an ms que esa idea. Implica la imposibilidad de experimentar cualquier emocin. Los griegos crean que un "dios" posea esta caracterstica porque de lo contrario estara sujeto a un poder sobre l, podra ser impulsado al enojo, al gozo, o a la congoja. Dejara de ser absoluto y soberano. Es as que el "dios" de los filsofos (aunque no de las mitologas ms populares) era un dios solitario, aislado y sin compasin. Como filosofa todo esto est muy bien, por supuesto. Es muy lgico. Pero no es lo que Dios revela sobre s mismo en las Escrituras, y por lo tanto, debemos rechazarlo no importa lo lgico que parezca ser. El punto de vista bblico nos dice que Dios es inmutable, pero que sin embargo es afectado por la obediencia, el destino o el pecado de sus criaturas. Brunner escribe: Si es cierto que existe la Misericordia de Dios y la Ira de Dios, entonces Dios, tambin, es "afectado" por lo que le acontece a sus criaturas. No es como esas divinidades platnicas que son despreocupadas, y por lo tanto, inconmovibles por todo lo que acontece en la tierra, y que siguen su camino en el cielo sin mirar a su alrededor, sin tomar en consideracin lo que est ocurriendo en la tierra. Dios "mira alrededor" -a Dios le importa lo que le acontece al hombre y las mujeres- estn preocupado por los cambios en la tierra.85 Un ejemplo primario de esto lo tenemos en el Seor Jesucristo quien, aunque era Dios, sin embargo llor sobre la ciudad de Jerusaln y en la tumba de Lzaro.
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La inmutabilidad de Dios tambin es aplicable a sus atributos. El Catecismo Abreviado de Westminster define a Dios como "un Espritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabidura, poder, santidad, justicia, bondad y verdad". Dios es el dueo de todo el conocimiento y la sabidura, y siempre poseer toda la sabidura. l es soberano y siempre ser soberano. l es santo y siempre ser santo. l es justo y siempre ser justo; es bondad y siempre ser bondad; es verdadero y siempre ser verdadero. No hay nada que pueda suceder que pueda alguna vez disminuir alguno de estos atributos de Dios. Esta verdad tiene dos facetas: es perturbadora para aquellos que estn en rebelin contra Dios y es de gran consolacin para aquellos que lo han conocido a travs de Cristo. Lo primero es obvio luego de lo que hemos estado diciendo en los ltimos tres captulos. Si es cierto que al hombre natural la soberana, la santidad y la omnisciencia de Dios le resultan difciles de aceptar, el hecho de que Dios no cambie le resulta aun ms perturbador. Las personas que no son salvas no estaran tan molestas por la soberana de Dios si pudieran pensar que un da Dios se transformara en menos soberano y el individuo adquirira ms autonoma. Sera posible imaginarse un da en el que este individuo, o la raza humana, reemplazaran a Dios. Tampoco estara tan molesto al pensar en la santidad de Dios si pudiera concebir un tiempo en que Dios fuera menos santo, y que lo que ahora considera pecado, dejara de considerarlo pecado, e ignorara la culpa. O, si Dios se pudiera olvidar, la maldad que podramos hacer no sera tan grave ya que con el tiempo se borrara de la memoria de Dios. Pero la inmutabilidad de Dios significa que Dios siempre ser soberano, siempre ser santo, siempre ser omnisciente. Como consecuencia, todo saldr a la luz y ser juzgado delante de l. La otra faceta de esta doctrina es con respecto al creyente. Para nosotros es de gran consuelo. En este mundo la gente se olvida de nosotros, incluso cuando hemos trabajado duro y hemos sido de servicio para ellos. Ellos cambian su actitud hacia nosotros de acuerdo a los dictados de sus necesidades y las circunstancias. Muchas veces son injustos (como tambin nosotros lo somos a veces). Pero Dios no es as. Por el contrario, la actitud que tiene ahora hacia nosotros es la misma que tuvo en la eternidad pasada y que tendr en la eternidad futura. El Padre nos amar hasta el fin, como fue dicho sobre Jess: "sabiendo Jess que su hora haba llegado para que pasase de este mundo al Padre, como haba amado a los suyos que estaban en el mundo, los am hasta el fin" (Jn. 13:1). Tozer nos habla de la consolacin que encontramos en la inmutabilidad de Dios. Qu paz trae al corazn cristiano saber que nuestro Padre celestial nunca cambia. Cuando nos acercamos a l no tenemos por qu preguntarnos si hoy estar con ganas de recibirnos. l est siempre abierto a nuestras miserias y necesidades, como a nuestro amor y nuestra fe. No cumple un horario de oficina, ni tiene perodos en los que no recibe a nadie. Tampoco cambia de parecer con respecto a nada. Hoy, en este mismo instante, siente hacia todas sus
criaturas, los bebs, los enfermos, los cados, los pecadores, lo mismo que sinti cuando envi a su unignito Hijo al mundo para morir por la humanidad. Dios nunca cambia de humor, ni su afecto por nosotros se enfra, ni pierde su entusiasmo.86 Tenemos aqu gran consolacin. Si Dios cambiara como cambian sus criaturas, si hoy deseara una cosa y maana otra distinta, quin podra confiar en l o ser animado por l? Nadie. Pero Dios es siempre el mismo. Siempre lo hallaremos como se revel a s mismo en la persona de Cristo Jess.
Los propsitos y los planes de Dios tambin son inmutables. Nosotros solemos cambiar nuestros planes. En ocasiones, nos ha faltado tomar todas las provisiones para anticipar todo lo que poda ocurrir, o nos ha faltado el poder para ejecutar lo que nos propusimos. Pero Dios no es como nosotros. "Su sabidura es infinita, no puede haber errores en la concepcin de (sus planes); su poder es infinito, no puede haber fallas en su implementacin".87 "Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, y no har? Habl, y no lo ejecutar?" (Nm. 23:19). El arrepentirse implica la revisin de los planes de accin, pero Dios nunca lo hace. Sus planes se realizan sobre la base de un conocimiento perfecto, y su poder perfecto hace posible la ejecucin de los mismos. "El consejo de Jehov permanecer para siempre; los pensamientos de su corazn por todas las generaciones" (Sal. 33:11). "Jehov de los ejrcitos jur diciendo: Ciertamente se har de la manera que lo he pensado, y ser confirmado como lo he determinado" (Is. 14:24). "Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, nada hay semejante a m, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigedad lo que an no era hecho; que digo: Mi consejo permanecer, y har todo lo que quiero" (Is. 46:9-10). Salomn escribi: "Muchos pensamientos hay en el corazn del hombre; mas el consejo de Jehov permanecer" (Pr. 19:21). Cules son las consecuencias de la inmutabilidad de Dios? Primero, si los propsitos de Dios no cambian, entonces los propsitos con respecto a Cristo no cambiarn. Su propsito es glorificarlo. "Por lo cual Dios tambin le exalt hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jess se doble toda rodilla de los que estn en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Seor, para gloria de Dios Padre" (Fil. 2:9-11).
86 87
Tozer, The Knowledge Of The Holy, P. 59. Charles Hodge, Systematic Theology, Vol. 1 (London: James Clarke & Co., 1960), P.390.
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Resulta, entonces, necio resistir la gloria de Cristo. Podemos hacerlo ahora, como hay muchos que lo hacen, pero se aproxima el da cuando aun los que no lo consideran como el Seor de sus vidas tendrn que confesar que Jess es el Seor. En estos versculos, la palabra traducida "confesar" (exhomologeo) significa ms "reconocer" que "confesar con agradecimiento". Se la usa, por ejemplo, para el reconocimiento o la confesin del pecado, y cuando Judas conviene con los principales sacerdotes en traicionar a su maestro. Es en este sentido de reconocimiento que esta palabra es usada con respecto a los que se han rebelado contra la autoridad y la gloria de Cristo en esta vida. Lo han rechazado aqu, pero debern reconocerlo all. No confesarn que "Jesucristo es el Seor" con alegra, pero debern confesarlo mientras son desterrados de su presencia para siempre. Segundo, los propsitos de Dios para su pueblo redimido no cambiarn. Su intencin es hacerlos a la imagen de Jesucristo (como ya vimos en el Captulo trece) y traerlos sin peligro a su presencia al final de su peregrinar en este mundo. En la epstola a los hebreos, se nos dice que las promesas que Dios hizo a Abraham sirven para demostrar la naturaleza de las promesas que l nos ha hecho a nosotros: Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, jur por s mismo, diciendo: De cierto te bendecir con abundancia y te multiplicar grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanz la promesa. Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmacin. Por lo cual, queriendo Dios mostrar ms abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es, imposible que Dios mienta, tengamos un fortsimo consuelo los que hemos acudido para asimos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo" (He. 6:13-19). El propsito de Dios es traer a los suyos al disfrute pleno de su herencia prometida, a la esperanza. Para que puedan conocer esto y tener la seguridad de ello, lo ha confirmado con un juramento inmutable. Cada hijo de Dios redimido debera tomar aliento al conocer este propsito. Por ltimo, los propsitos de Dios para los malvados no cambiarn. Su propsito es juzgarlos y eso es lo que har. Dios "de ningn modo tendr por inocente al malvado" (Ex. 34:7). Hay muchos otros pasajes que nos hablan, y en forma muy vivida, del juicio propiamente dicho. La inmutabilidad de los juicios de Dios debera servir de advertencia a todos aquellos que todava no se han vuelto al Seor Jesucristo como su Salvador y debera servir para acercarlos a l mientras todava hay esperanza. La inmutabilidad de Dios tambin significa que la verdad de Dios no cambia,
Los hombres muchas veces dicen cosas que no quieren decir en realidad, simplemente porque no conocen sus propios pensamientos; o quizs, porque sus pareceres tambin cambian, se encuentran con que no pueden sustentar las mismas opiniones que sostuvieron en el pasado. Todos, alguna vez, hemos tenido que revertir nuestros dichos, porque la cruda realidad los refut. Las palabras de los hombres son inestables. Esto no sucede con las palabras de Dios. Ellas permanecen para siempre, como expresiones vlidas de su mente y sus pensamientos. No hay circunstancias que le hagan revertir sus dichos; no hay cambios en su manera de pensar que hagan necesario enmendar lo que ha dicho. Isaas escribi: "toda carne es hierba... la hierba se seca... mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre" (Is. 40:6-8).88 Los cristianos debemos estar firmes sobre la palabra y las promesas de nuestro Dios inmutable. Las promesas de Dios no son "reliquias de un tiempo pasado", como seala Packer, sino la revelacin vlida por la eternidad de la mente y la voluntad de nuestro Padre celestial. Sus promesas no se modificarn. Un hombre o una mujer sabia deben poner sus cimientos sobre esta verdad.
EXISTEN TRES RAZONES POR LAS QUE SE DEBE CONSIDERAR LA creacin del hombre cuando estudiamos el conocimiento de Dios: una razn general, una razn especfica, y una razn teolgica. La razn general es que la; creacin en su totalidad nos revela algo sobre el Creador, de manera que, como vimos en el Captulo dos, aunque el hombre o la mujer no adoren y sirvan a Dios, lo que la naturaleza nos revela sobre Dios aflora para confundir y condenar a esa persona. La razn especfica es que el hombre, como una parte singular de esa creacin ha sido creado a imagen de Dios, de acuerdo con el testimonio bblico. La humanidad nos revela aspectos sobre el ser divino que no podemos apreciar en ninguna otra parte del orden creado, pero que deben ser considerados si hemos de entender a Dios. La razn teolgica es que como no es posible tener un conocimiento genuino sobre Dios si este conocimiento no viene acompaado de un correspondiente conocimiento sobre nosotros mismos, debemos al menos conocernos a nosotros mismos -creados a imagen de Dios cados, y sin embargo redimidos- si es que hemos de conocer verdaderamente y reverenciar a nuestro Creador. El lugar para comenzar el estudio de la creacin de Dios es con la humanidad en general, porque los hombres y las mujeres son la parte ms importante de la creacin. Decir que la
Packer, Knowing God, P. 70.
humanidad es la parte ms importante de la creacin puede parecer una afirmacin provinciana o chauvinista (en otras palabras, si fusemos peces, obviamente diramos que los peces son lo ms importante) Pero, en realidad, los hombres y las mujeres son, y ellos sienten que lo son formas superiores al resto de la creacin. Por un lado, ellos gobiernan sobre la creacin y no por la fuerza bruta tampoco, ya que hay muchos animales que son mucho ms fuertes. En realidad gobiernan por el poder de sus mentes y su personalidad. Por otro lado, los hombres y las mujeres tienen "conciencia de Dios", algo que los animales no tienen. Esta conciencia de Dios provoca la culpabilidad que las personas sienten bajo la mirada de Dios cuando se niegan a adorarlo. Ningn animal es culpable de un pecado moral o espiritual. Y adems, esta conciencia de Dios es tambin nuestra gloria, ya que no hay ninguna otra criatura que pueda "glorificar a Dios, y regocijarse con l para siempre" en el mismo sentido que los seres humanos. La Biblia enfatiza nuestra posicin superior hacia el final del primer relato de la creacin. "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y seoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y cre Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre; varn y hembra los cre" (Gn. 1:26-27). En estos versculos, nuestra singularidad y nuestra superioridad sobre el resto de la creacin estn expresadas de tres maneras. Primero, se nos dice que hemos sido hechos "a imagen de Dios", algo que no se dice ni de los objetos, ni de los animales. Segundo, se nos da el dominio sobre los peces, las aves, los animales, y hasta sobre la tierra misma. Tercero, la palabra cre se repite tres veces. Esta misma palabra se usa slo en otras tres oportunidades en el relato de la creacin: primero, cuando Dios cre la materia a partir de la nada (vs. 1); segundo, cuando Dios cre la vida consciente (vs. 21); y tercero, cuando Dios cre a la humanidad (vs. 27). La progresin es del cuerpo (o la materia) al alma (o la personalidad) y al espritu (o la vida con conciencia de Dios). Por lo tanto, la humanidad descansa sobre la cima de la creacin. Como escribe Francis Schaeffer, al repetir la palabra cre "es como si Dios pusiera signos de exclamacin para indicar que hay algo especial en la creacin del hombre".89
Estudiemos ahora con mayor detalle lo que significa haber sido creados a imagen de Dios. Una de las cosas que significa es que las mujeres y los hombres comparten esos atributos de la personalidad que Dios mismo posee, pero que los animales, las plantas y la materia no poseen. Para tener personalidad es necesario poseer conocimiento, sentimientos (incluyendo el sentimiento religioso), y voluntad. Dios tiene una personalidad, y nosotros tambin. Decir
Francis A. Schaeffer, Gnesis In Space And Time (Downers Grove, 111.: Intervarsity Press, 1972), P.33
que los animales tienen algo similar a la personalidad humana es slo significativo hasta cierta medida. La personalidad, en el sentido que la estamos definiendo aqu, es algo que relaciona a la humanidad con Dios, pero que no relaciona ni a la humanidad, ni a Dios, con el resto de la creacin. Otro segundo elemento implcito al haber sido creados a imagen de Dios es la moral. La moral incluye, adems, dos elementos adicionales: la libertad y la responsabilidad. Para ser exactos, los hombres y las mujeres no poseen una libertad absoluta. Ya en el comienzo, el primer hombre, Adn, y la primera mujer, Eva, no eran autnomos. Eran criaturas y eran responsables de reconocer su estado en la obediencia. Despus de la Cada, esa libertad ha sido an ms restringida, de modo que como lo expres Agustn, el original posse non peccare ("posibilidad de no pecar") se convirti en non posse non peccare ("imposibilidad de no pecar"). Pero todava existe una libertad limitada para las mujeres y los hombres a pesar de su estado cado, una libertad que conlleva una responsabilidad moral. En resumidas cuentas, no necesitamos pecar siempre, como lo hacemos, o como tan a menudo lo hacemos. Y aun cuando pecamos bajo apremio (como puede darse el caso), sabemos que est mal -e inadvertidamente confesamos as nuestra semejanza (aunque hemos cado) con Dios en el rea de la moral, semejanza que tambin se da en otras reas. El tercer elemento presente por haber sido creados a imagen de Dios es la espiritualidad. La humanidad existe para estar en comunin con Dios que es Espritu (Jn. 4:24). Esta comunin debera ser eterna, como Dios es eterno. Aqu, podramos precisar que aunque tenemos cuerpos fsicos, como las plantas y los animales, solamente los seres humanos poseemos espritus. Y es slo en este nivel del espritu que podemos tomar conciencia de Dios y estar en comunin con l. Existe una polmica entre los que creen en una construccin tripartita de nuestro ser y los que creen que es posible considerar adecuadamente al hombre en dos niveles nicamente. Esta polmica no tiene que concernirnos. Todas las partes en esta polmica reconocen que el ser humano consiste por lo menos de una parte fsica que muere y que necesita ser resucitada, y de una parte inmaterial que vive ms all de la muerte, la parte propiamente llamada persona. La nica cuestin es si pueden diferenciarse dos partes en la parte inmaterial una parte que los hombres y las mujeres compartiran con los animales -la personalidad en un sentido limitado- y el espritu, que los vinculara con Dios. En este punto, la informacin lingstica debera ser determinante, si bien no es tan clara como sera de desear. En ocasiones, en particular en la primera: partes del Antiguo Testamento, tanto alma (nephesh) como espritu (ruach) son usados indistintamente, lo que ha introducido cierta confusin. Sin embargo con el transcurso del tiempo, ruach comenz a designar el elemento por el cual los hombres y las mujeres se relacionan con Dios,
diferencindolo de nephesh que significa entonces simplemente el principio vital. De acuerdo con esta, distincin, se usa "alma" y no "espritu" con referencia a los animales. De igual modo, se nos dice que los profetas, que oyeron la voz de Dios y estuvieron el comunin con l en un sentido especial, fueron animados por el "espritu" de Dios (pero no se menciona el "alma"). En el Nuevo Testamento, la informacii lingstica es similar. Es as que mientras alma (psyche) y espritu (pneuma) soi a veces usadas indistintamente, como en el Antiguo Testamento, pneuma sin embargo sirve para expresar esa capacidad especial de relacin con Dios, que es la gloria de una persona redimida, en contraposicin con psyche que aun lo que no han sido salvos poseen (1 Co. 2:9-16). Es posible, aunque no est, totalmente determinado, que en los escritos paulinos el espritu del hombre y la mujer se consideran perdidos o muertos como resultado de la Cada, y que slo es restaurado en aquellos que han sido regenerados.90 Sin embargo, no debemos perder de vista lo siguiente. Ya sea que hablemos de dos partes o de tres partes que componen el ser del hombre, un individuo es una unidad. Su salvacin consiste en la redencin de todo su ser, no slo de su alma o de su espritu, del mismo modo que (estableciendo un paralelismo en sentido opuesto) cada parte es afectada por el pecado. En esta rea las palabras usadas en cada caso en particular son menos importantes que las verdades que transmiten. Hasta aquellos que ms insisten sobre la unidad del hombre creen que el hombre es ms que slo materia. O, si se adhieren a un esquema de dos partes, reconocen, sin embargo, que el hombre posee algo que sirve para diferenciarlo de los animales. Y esto es todo lo que implica la diferencia entre espritu y alma en el esquema de tres partes. Espritu, alma y cuerpo son simplemente trminos tiles para hablar de lo que realmente significa ser un ser humano. El cuerpo, entonces, es la parte visible de la persona, la parte que tiene vida fsica. A primera vista, parecera que es esta parte la que nos diferencia de Dios, y en un sentido esto es as. Tenemos un cuerpo; Dios no tiene un cuerpo. Pero si continuamos nuestra consideracin del tema, esta diferencia no resulta tan obvia como pareca ser en un primer momento. Cmo explicar la Encarnacin de nuestro Seor Jesucristo, por ejemplo? O tambin, qu fue lo primero en la mente de Dios, el cuerpo de Cristo o el cuerpo de Adn? Cristo se hizo como nosotros por la Encarnacin, o nosotros nos convertimos como l por-medio de un acto creativo de Dios? Calvino, que brevemente considera este tema en su Institucin, no cree que Adn haya sido modelado de acuerdo con el patrn del Mesas que haba de venir. Calvino no acepta la idea de que Cristo hubiera venido si Adn no hubiera pecado.91 Pero estas dos ideas no son necesariamente contradictorias. Se podra especular que cuando Dios caminaba en el
90
Reinhold Niebuhr, The Nature And Destiny Of Man: I, Human Nature (New York: Charles Scribner's Sons, 1941), Pp. 151-52. Calvin, Institutes, Pp. 186-89; 470-74.
huerto con Adn y Eva antes de la Cada, lo haca como la segunda persona de la Trinidad, en una forma pre encarnada pero, de todos modos, corporal. Lo que importa de esta discusin es que nuestros cuerpos son de gran valor y deberan ser honrados por la manera como los tratamos. Como hombres y mujeres redimidos, deberamos considerar nuestros cuerpos como "templos" de Dios (1 Co. 6:19). El alma es la parte del hombre que llamamos su "personalidad". Tampoco es un tema fcil de tratar. Es evidente que el alma est relacionada con el cuerpo a travs del cerebro, y constituye una parte del cuerpo. Resulta difcil, adems, pensar en el alma desligada de las propiedades que asociamos con el espritu. Sin embargo, en trminos generales, el alma se refiere por lo menos a eso que hace de los individuos un individuo nico, singular. Podramos decir que el alma se concentra en la mente y que incluye todo lo que nos gusta y lo que no nos gusta, nuestras habilidades especiales y nuestras debilidades, nuestras emociones, nuestras aspiraciones y todo lo dems que diferencia al individuo de los dems miembros de su especie. Porque tenemos alma es que podemos tener comunin, amor y comunicacin entre unos y otros. Pero no slo tenemos comunin, amor y comunicacin con los miembros de nuestra especie. Tambin amamos y tenemos comunin con Dios, para lo cual necesitamos un espritu. El espritu es, por lo tanto, la parte de la naturaleza humana que entra en comunin con Dios y participa en cierta medida de la esencia misma de Dios. En ningn lugar se nos dice que Dios sea cuerpo o alma, si bien puede poseer cada uno de estos aspectos en alguno de los sentidos que acabamos de mencionar. Pero Dios est definido como espritu. "Dios es espritu", dijo Jess. Por lo tanto, "los que le adoran, en espritu y en verdad es necesario que adoren" (Jn. 4:24). Como el hombre es espritu (o llega a poseer un espritu por medio de un nuevo nacimiento) puede tener comunin con Dios y amarlo. Es aqu donde reside todo nuestro valor. Hemos sido formados a imagen de Dios, y por lo tanto somos valiosos para Dios y para los dems. Dios ama a los hombres y a las mujeres, ms que a los animales, las plantas y el resto de la materia inanimada. Ms an, tiene sentimientos hacia el hombre y la mujer, se identifica con ellos en Cristo, sufre por ellos e interviene en la historia para hacer de nosotros lo que l se ha propuesto que seamos. Podemos tener una idea de la naturaleza especial de esta relacin cuando recordamos como la mujer, Eva, de manera similar, fue hecha a imagen del hombre. Por lo tanto, aunque diferente, Adn pudo observarse en ella y amarla como su compaera y el miembro correspondiente en el universo. No es una equivocacin decir que los hombres y las mujeres son para Dios algo similar a lo que la mujer es para el hombre. Son los compaeros valiosos y nicos de Dios. Como prueba de esta idea alcanza recordar la enseanza del Nuevo Testamento con respecto a Cristo como el novio y la iglesia como su esposa.
Otra parte de haber sido hechos a imagen de Dios es que somos agentes morales responsables dentro del universo divino. La responsabilidad moral est implcita en los atributos de nuestro ser (el conocimiento, los sentimientos, la voluntad, y la conciencia de Dios) y en la prueba posterior de obediencia a Dios (Gn. 2:16-17). Este concepto ya est presente en el relato de la creacin. En el mismo versculo que se nos habla sobre la decisin de Dios de hacer al hombre a su imagen, tambin se nos dice que l ha de seorear "en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra" (Gn. 1:26). Cualquier clase de dominio, pero este dominio por su alcance en particular, involucra la habilidad de actuar con responsabilidad. En la actualidad en el mundo occidental hay una fuerte tendencia a negar la responsabilidad moral humana sobre la base de alguna clase de determinismo. Dicha posibilidad no es aceptable en la Biblia. Hoy en da, el determinismo toma una de las siguientes dos formas. Puede asumir la forma de un determinismo fsico y mecnico ("los seres humanos son el producto de sus genes y de la qumica orgnica") o la forma de un determinismo psicolgico ("los seres humanos son el producto del medio ambiente y de su historia pasada"). En ambos casos, el individuo est libre de responsabilidad por sus actos. Es as como hemos visto transcurrir un perodo en que a la conducta criminal se la conceba como una enfermedad, y al criminal se lo consideraba ms una vctima del entorno que un victimario. (En los ltimos tiempos, existe una tendencia para revertir el tema.) Actos menos llamativos pero igualmente censurables moralmente todava son excusados con afirmaciones de este tenor: "Supongo que no pudo hacer otra cosa". El punto de vista bblico no podra ser ms contrario a esto. Schaeffer seala que "como Dios ha hecho al hombre a su imagen, el hombre no est preso en las ruedas del determinismo. Por el contrario, el hombre es tan grande que puede influenciar la historia para s y para otros, para esta vida y para la vida futura".92 Hemos cado, pero aun en nuestro estado como cados somos responsables. Podemos hacer grandes cosas, o podemos hacer cosas terribles, cosas por las que algn da deberemos rendir cuentas ante Dios. Existen cuatro reas en las que deberamos ejercer nuestra responsabilidad. Primero, deberamos ejercerla ante Dios. Dios es el Ser que cre al hombre y la mujer y les dio el dominio sobre todo el orden creado. Como consecuencia, ellos son responsables ante l por lo que hagan con la creacin. Cuando el hombre peca, como el relato de Gnesis nos muestra que peca, es Dios quien viene a solicitar un ajuste de cuentas: "Dnde ests t?... Quin te ense que estabas desnudo?... Qu es lo que has hecho?" (Gn. 3:9, 11, 13). En los miles de
Francis A. Schaeffer, Death In The City (Downers Grove, Iii.: Intervarsity Press, 1969), P. 80.
aos que han transcurrido desde el Edn, hay muchos que se han convencido que no son responsables ante nadie. Pero el testimonio de las Escrituras es que este mbito de responsabilidad todava est vigente y que todos tendrn que responder ante Dios en el juicio, delante del gran trono blanco, "...y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, segn sus obras" (Ap. 20:12). Segundo, somos responsables de nuestros actos frente a las dems personas. Este es el motivo de las afirmaciones bblicas que instituyen la pena capital como respuesta a los asesinatos; por ejemplo: "El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre ser derramada" (Gn. 9:6). Estos versculos no se encuentran en la Biblia como reliquias de una era ms brbara o porque desde la perspectiva bblica las personas no son valiosas. Por el contrario, el motivo es que las personas son demasiado valiosas para ser destruidas caprichosamente, y por lo tanto se reservan las penas ms duras para quienes cometen dicha destruccin. Santiago 3:9-10 puede ser tambin trado a colacin con este aspecto, ya que prohibe el uso de la lengua para maldecir a otros por la sencilla razn que los otros tambin han sido hechos a imagen de Dios. "Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que estn hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendicin y maldicin. Hermanos mos, esto no debe ser as". En estos pasajes se prohiben los asesinatos y las maldiciones sobre la base que la otra persona (aun despus de la Cada) retiene algo de la imagen de Dios y por lo tanto debera ser valorada por nosotros, del mismo modo que Dios tambin la valora. Tercero, tenemos una responsabilidad frente a la naturaleza (que discutiremos con ms detalle en el siguiente captulo). Es necesario ver que la manera como nos comportemos frente a la naturaleza, si la cultivamos y la desarrollamos, o si la utilizamos y la destruimos, tiene una dimensin moral. Tampoco Dios es indiferente a este tema. Podemos apreciar la importancia de esta responsabilidad si consideramos la manera como Dios mismo habla sobre la naturaleza, sealando que "la creacin fue sujetada a vanidad" por causa del pecado del hombre, pero que ser "libertada de la esclavitud de corrupcin a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Ro. 8:20-21). La cuarta rea donde deberamos ejercer nuestra responsabilidad es ante cada uno de nosotros mismos. La Biblia nos describe al hombre y la mujer, dicindonos que fueron hechos "poco menor que los ngeles" (Sal. 8:5); lo que quiere decir que fuimos colocados entre los seres ms superiores y los ms inferiores, entre los ngeles y las bestias.93 Lo que es
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Esta referencia a haber sido hecho "un poco menor que los ngeles" se aplica en una primer instancia a la persona del mesas venidero, el seor Jesucristo. Pero es solamente con referencia a su encarnacin que es empleada. Por lo tanto, la expresin y, en realidad, todo el salmo pueden ser entendidos como haciendo
significativo es que se diga que hemos sido colocados un poco por debajo de los ngeles, en lugar de decir que fuimos colocados un poco por encima de las bestias. Nuestro lugar y nuestro privilegio es ser una figura intermediaria, pero una figura que mira hacia arriba y no hacia abajo. Cuando rompemos esa ligadura que nos ata a Dios y tratamos de despojarnos del gobierno de Dios, no nos elevamos para ocupar el lugar de Dios, como es nuestro deseo, sino que nos hundimos al nivel de las bestias. Hemos llegado a considerarnos como bestias ("el mono desnudo") o, lo que es incluso peor, como mquinas. Por el contrario, el hombre o la mujer redimidos (en quienes se ha restablecido el vnculo con Dios) pueden mirar hacia arriba y ejercer plena responsabilidad con respecto a s mismos en cada nivel de su ser. Todos tenemos un cuerpo, y debemos usarlo como lo que en realidad es, "el templo del espritu de Dios" No debemos dejar que sea corrompido por la haraganera fsica, la glotonera por drogas que produzcan dependencia, por el alcohol, ni por ninguna otra prctica que debilite nuestro fsico. Todos tenemos un alma, y debemos usarla plenamente -"permitiendo que nuestra mente y nuestra personalidad se desarrollen mientras Dios nos bendice y nos instruye-. Todos tenemos un espritu que debemos ejercitar en la adoracin y el servicio del Dios verdadero. Los cristianos en particular deben usar y desarrollar sus mentes. Hoy en da existe una fuerte tendencia hacia un cristianismo anti intelectual o que prescinde de la mente, como seala John R. W. Stott en su libro Your Mind Matters. Este anti intelectualismo es desafortunado, ya que Dios nos habla principalmente por la mente (al leer su Palabra y meditar en ella); la mente nos permite crecer en su gracia ("por la renovacin de vuestro entendimiento" Ro. 12:2), y nos permite ganar a otros (presentando una "defensa" de nuestra esperanza cristiana, 1P3:15). Este nimo anti intelectualista (cultivado en algunos grupos cristianos)... no es la verdadera piedad sino parte de la moda del mundo, y por lo tanto, es una forma de mundanalidad. Denigrar la mente es minar las doctrinas cristianas fundacionales. Si Dios nos ha creado como seres racionales, negaremos la humanidad que nos ha concedido? Si Dios nos ha hablado, seremos sordos a sus palabras? Si Dios ha renovado nuestra mente por medio de Cristo, por qu no la utilizaremos para pensar? Acaso Dios no nos ha de juzgar por su Palabra? Por qu no hemos de ser sabios y edificar nuestra casa sobre la roca?94 Evidentemente, los cristianos deberamos permitir que Dios nos desarrolle intelectualmente al mximo, para que seamos conocidos como hombres y mujeres que piensan. Como Stott
referencia a los hombres y las mujeres en general. Los versculos siguientes se refieren al papel del dominio otorgado a Adn y Eva en el gnesis: "le hiciste seorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies" (sal. 8:6). 94 John R. W. Stott, Your Mind Matters: The Place Of The Mind In The Christian Life (Downers Grove, 111.: Intervarsity Press, 1972), P. 26.
demuestra a continuacin, si no respetamos la mente no hay verdadera adoracin, ni fe, ni santidad, ni gua, ni evangelismo, ni ministerio cristiano.
En este captulo hemos considerado al hombre como Dios lo cre y como fue su intencin que el hombre fuera -es decir, antes de la Cada-, o como eventualmente ser en Cristo. Sin embargo, no sera correcto ignorar el hecho que, aunque los hombres y las mujeres fueron hechos a imagen de Dios, esa imagen ha sido, sin embargo, empaada y hecha aicos como resultado de su pecado. Es cierto, todava quedan vestigios de la imagen. Pero hoy no somos lo que Dios quiso que fusemos. Somos seres cados y los efectos de la Cada pueden verse en cada uno de los niveles de nuestro ser: el cuerpo, el alma y el espritu. Cuando Dios puso a Adn y Eva frente a la prueba del rbol prohibido, que deba servir como una medida de su obediencia y responsabilidad hacia Aquel que los haba creado, Dios dijo: "De todo rbol del huerto podrs comer; mas del rbol de la ciencia del bien y del mal no comers; porque el da que de l comieres, ciertamente morirs" (Gn. 2:16-17). Adn y Eva comieron del rbol prohibido, y murieron. Sus espritus, esa parte que poda establecer una comunin con Dios, murieron instantneamente. Su muerte espiritual es obvia del hecho de que huyeron de Dios cuando Dios vino a ellos en el huerto. Los hombres y las mujeres han estado huyendo y escondindose desde ese entonces. Adems, tambin comenz a morir el alma, el asiento del intelecto, los sentimientos y la identidad. Es as como los hombres y las mujeres comenzaron a perder el sentido de su propia identidad, a dar rienda suelta a los malos sentimientos y a sufrir la descomposicin de su intelecto. Al describir este tipo de descomposicin, Pablo nos dice que, habiendo rechazado a Dios, las personas inevitablemente "se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazn fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrpedos y de reptiles" (Ro. 1:21-23). Eventualmente, el cuerpo tambin muere. As est escrito: "Polvo eres, y al polvo volvers" (Gn. 3:19). Donald Grey Barnhouse ha comparado este resultado con un edificio de tres plantas que ha sido bombardeado durante la guerra y severamente daado. La bomba ha destruido todo el ltimo piso. El escombro se ha acumulado sobre el segundo piso, dandolo a ste. El peso de las dos plantas derrumbadas ms la detonacin ha producido rajaduras en las paredes del primer piso, el cual ha de derrumbarse tarde o temprano. Esto fue lo que sucedi con Adn. Su cuerpo era la habitacin del alma, y el espritu estaba por encima de esta habitacin.
Cuando cay, el espritu fue totalmente destruido, el alma se arruin y el cuerpo qued destinado al derrumbe y a la ruina ulterior.95 Sin embargo, es precisamente aqu donde podemos apreciar la gloria y la plenitud del evangelio cristiano. Porque cuando Dios salva a un individuo, salva a toda la persona, comenzando por el espritu, continuando con el alma y terminando con el cuerpo. La salvacin del espritu est en primer lugar; Dios establece contacto con la persona que se haba rebelado contra l. Esto es lo que se llama la regeneracin o el nuevo nacimiento. A continuacin, Dios comienza su obra con el alma, renovndola para que se asemeje a la imagen del hombre perfecto, el Seor Jesucristo. Esta obra se conoce como la santificacin. Por ltimo, tendr lugar la resurreccin, donde hasta el mismo cuerpo ser redimido de la destruccin. Pero adems, como lo seala Pablo en 2a Corintios 5:17, Dios hace de la persona redimida una nueva creacin. No se trata solamente de poner remiendos al espritu viejo, al alma vieja y al cuerpo viejo; como si fuera posible reparar la casa, en proceso de derrumbe, apuntalndola por aqu y por all y dndole una mano de pintura. Lo que s hace es crear un nuevo espritu, una nueva alma (conocida como el hombre nuevo) y un nuevo cuerpo. Este cuerpo es del mismo orden que el cuerpo resucitado de nuestro Seor Jesucristo. Hoy hemos sido salvados como cristianos, pero tambin estamos en proceso de salvacin, lo que implica que el presente tambin es importante. Y, adems, mantenemos nuestra mirada hacia el futuro, porque slo en la resurreccin futura se completar la redencin comenzada en esta vida y podremos erguimos perfeccionados delante de la presencia de nuestro gran Dios y Salvador, y de Jesucristo.
EL ESTUDIO DE LA NATURALEZA HUMANA NO ES SUFICIENTE para aprender todo sobre Dios en la creacin, porque la humanidad no constituye todo el orden creado. Tampoco tendra por qu motivo estar en primer lugar, excepto en importancia. En realidad, el hombre y la mujer ocuparon el ltimo lugar en la creacin de Dios, siendo hechos en el sexto da. Cuando el hombre y la mujer fueron creados ya Dios haba establecido un universo hermoso y variado para recibirlos. Deberamos concluir que la naturaleza ser estudiada por el solo hecho de que existe, existi en primer trmino, y constituye nuestro entorno, del cual no podemos huir.
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Donald Grey Barnhouse, Let Me Illustrate (Westwood, N.J.: Fleming H. Revell, 1967), P. 32; Teaching The Word Of Truth (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1966), Pp. 36-37.
Pero hay tambin otros motivos ms importantes. Por un lado, la naturaleza por s sola tambin nos revela a Dios. Se trata de una revelacin restringida, como hemos sealado varias veces con anterioridad. Pero, de todos modos, se trata de una revelacin, y es una revelacin ms completa para los que han sido redimidos. Este pensamiento constituye la base del salmo diecinueve. "Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (vs. 1). Adems, los hombres y las mujeres no slo estn en la naturaleza en el sentido que la naturaleza constituye su entorno. Estn relacionados con la naturaleza en el sentido que tambin son finitos y creados. Si bien es cierto que existe una diferencia entre la humanidad y el resto de la naturaleza. Slo los hombres y las mujeres fueron creados a imagen de Dios. Pero los propsitos de Dios en un nivel humano slo ocurrirn plenamente cuando tambin incluyamos en este panorama los propsitos de Dios en la naturaleza.
La gran interrogante con respecto a la naturaleza es la siguiente: de dnde surgi el universo? Existe algo ah -algo inmenso, intrincado y ordenado-. Estaba ah antes que nosotros furamos. Es imposible imaginar nuestra existencia sin ese algo. Pero cmo lleg a estar all? Y cmo lleg a ser como nosotros lo percibimos? Como con todas las grandes interrogantes, slo unas pocas respuestas son posibles. El primer punto de vista considera que el universo no tiene ningn origen. Es decir, el universo no tiene ningn origen porque de alguna manera el universo siempre existi; la materia siempre existi. El segundo considera que todo provino de algo personal y que ese algo personal es bueno (lo que corresponde con el punto de vista cristiano). El tercero considera que todo provino de algo personal y que ese algo personal era malo. Y el cuarto considera que siempre hubo y siempre habr un dualismo. Este ltimo punto de vista puede asumir distintas modalidades, que dependern de si se est considerando un dualismo personal e impersonal, o uno moral y amoral; pero siempre estarn relacionados. Existe la posibilidad de reducir el nmero de estas perspectivas. No tendra mucho sentido considerar el tercer punto de vista, que le otorga al universo un origen personal pero maligno, ya que si bien es una posibilidad filosfica, nadie la sustenta. Si bien es posible pensar que el mal es una corrupcin del bien, no es posible pensar en el bien como surgido del mal. El mal puede ser la mala utilizacin de habilidades o propiedades buenas, pero no es posible que surja el bien nicamente a partir de la existencia del mal. El cuarto punto de vista tampoco es muy satisfactorio, si bien sus deficiencias no son tan aparentes. La creencia en un dualismo siempre ha sido muy popular y ha perdurado por largos perodos histricos, pero no soporta un anlisis detallado; ya que una vez que se ha propuesto un dualismo, el siguiente paso es ir ms atrs para encontrar algn tipo de unidad
que incluya ese dualismo. O se escoge una de las partes de este dualismo y se la hace ms prominente que la otra, pero en dicho caso lo que se estara haciendo sera asumir el segundo o el tercer punto de vista. C. S. Lewis ha mostrado dnde est la trampa en este sistema. De acuerdo al punto de vista dualista, se supone que los dos poderes (espritus o dioses), el bien y el mal, son eternos e independientes. Ninguno es responsable ante el otro y ambos tienen igual derecho a llamarse Dios. Posiblemente, ambos crean que son el bien y el otro es el mal. Pero qu significa exactamente decir que un poder es el bien y el otro es el mal? Es slo una manera de expresar que preferimos uno de ellos y no el otro? Si esto es todo lo que significa, entonces no tiene sentido hablar seriamente del bien y del mal. Y si tomamos este camino, la dimensin moral del universo se desvanece completamente, y slo queda la materia operando de distintas maneras. No es posible sostener esto ltimo y adherirse toda a una nocin dualista. Si, por el contrario, lo que quiere significar es que un poder realmente es el bien y el otro realmente es el mal, estamos introduciendo un tercer elemento en el universo, "una ley o un estndar o una regla de lo que es el bien, una norma a la que uno de los poderes se conforma y a la que el otro poder no se conforma". Y este estndar, ms que ninguno de los otros dos, resultar ser Dios. Lewis concluye diciendo: "Como ambos poderes son juzgados por este estndar, entonces este estndar, o el Ser que cre este estndar, est antes y por encima de ambos poderes, y ser el verdadero Dios. En realidad, lo que significa llamar a uno el bien y al otro el mal es que uno de ellos tiene una relacin correcta con el Dios real y el otro tiene una relacin incorrecta con l."96 Nuevamente, podemos decir que para que el poder del mal sea maligno debe poseer los atributos de inteligencia y voluntad. Pero como estos atributos son en s mismos buenos, debe estar obtenindolos a partir del poder del bien y por lo tanto depende de este poder. No es posible explicar la realidad tal como la conocemos partiendo de un origen maligno del universo, del cual surgi el bien, ni a partir de un dualismo. Por lo tanto, la nica alternativa es entre el punto de vista que arguye la eternidad de la materia y el punto de vista que considera que todo existe por la voluntad de un Dios eterno, personal y moral. La filosofa predominante en la civilizacin occidental moderna se adhiere al primer punto de vista. Este punto de vista no niega que exista algo semejante a la personalidad en el mundo actual, pero lo concibe como surgido de una sustancia impersonal. No niega la complejidad del universo, pero supone que esa complejidad provino de algo menos complejo, que a su vez provino de algo aun menos complejo, hasta que finalmente se arriba a la primigenia
simplicidad, o sea, la materia. Se supone que la materia siempre existi -porque no hay otra explicacin posible-. Este punto de vista es la base filosfica de la mayor parte de la ciencia moderna y de las ideas evolutivas. Pero esta descripcin sobre el origen del universo ya est introduciendo problemas que la teora misma aparentemente no tiene forma de resolver. Primero, hemos hablado de una forma de materia y luego de formas ms complejas. Pero, de dnde proviene la forma? La forma implica organizacin, y posiblemente tambin propsito. Pero cmo puede surgir la organizacin y el propsito a partir de la simple materia? Algunos insisten que la organizacin y el propsito son inherentes a la materia, como la informacin gentica en un huevo o en un espermatozoide. Pero, adems de caer esta teora en un contrasentido -ya que esta materia no es ms simplemente materia-, la interrogante bsica sigue en pie y permanece sin responder, porque el problema ahora es responder a cmo surgieron la organizacin y el propsito. Entonces, tarde o temprano, llegamos a un determinado nivel donde debemos encontrar una explicacin para la forma; y pronto nos encontramos buscando al Formador, al Organizador y al Dador del Propsito. Pero, adems, hemos introducido la idea de lo personal; si partimos de un universo impersonal, no hay ninguna explicacin cierta para el surgimiento de la personalidad. Francis Schaeffer escribe: "El suponer un comienzo impersonal nunca puede explicar adecuadamente la existencia de los seres personales que vemos a nuestro alrededor, y cuando los hombres intentan explicar al hombre sobre la base de orgenes impersonales, el hombre pronto desaparece".97 El cristianismo comienza con la respuesta restante. El cristianismo sostiene que el universo existe con forma y personalidad, como sabemos que existe, porque fue creado por un Dios personal y ordenado. En otras palabras, Dios estaba all antes que el universo entrara en existencia, y era y es personal. l cre todo lo que conocemos, incluyndonos a nosotros, y como consecuencia el universo naturalmente lleva su huella.
Qu es lo que nos encontramos cuando abrimos la Biblia en los primeros captulos de Gnesis? Aqu, por primera vez y en forma definitiva, tenemos expresado el punto de vista cristiano. Es una afirmacin teolgica, sin embargo; y es importante que reconozcamos esto porque de lo contrario inevitablemente estaremos buscando explicaciones cientficas y podremos equivocamos. Esto no quiere decir que el relato de Gnesis sea contrario a la informacin cientfica; lo que es verdad en un campo, si realmente es verdadero, nunca podr
Schaeffer, Gnesis In Space And Time, P. 21.
contradecir la verdad de otro campo. Lo que hay que tener presente es que Gnesis 1 no es una descripcin donde encontrar respuestas a las preguntas especficamente cientficas. Es una afirmacin de los orgenes en cuanto a su significado, propsito y la relacin de todas las cosas con Dios. El captulo presenta tres puntos principales. El primero y el ms obvio: nos ensea que Dios estaba en el principio de todas las cosas y que es el Ser por el cual todas las cosas han entrado en existencia. El captulo captura esta enseanza elocuentemente en las primeras cinco palabras: "En el principio cre Dios...". Desde el principio, entonces, nuestro pensamiento es dirigido a la existencia y la naturaleza de Dios. En la lengua hebrea el nombre de Dios en este versculo es Elohim, una forma plural. Que sea plural nos est sugiriendo una dimensin plural de su ser. En el Captulo diez planteamos cmo esta y otra evidencia bblica nos est demostrando que los tres miembros de la Trinidad estaban presentes en el principio, habiendo existido antes que nada. Por lo tanto, los elementos que acostumbramos asociar con la Trinidad -el amor, la personalidad, y la comunicacin tambin son eternos y tienen valor. Esta es la respuesta cristiana al temor humano de perderse en un universo impersonal y sin amor. El segundo punto principal de Gnesis 1 es que la creacin se desarroll de acuerdo con la manifestacin ordenada de la mente y los propsitos de Dios. Es decir, fue una progresin paso a paso, marcada por una secuencia de seis das significativos. Al leer este relato, inmediatamente vienen a nuestra mente preguntas de ndole cientfico que desearamos que tuvieran respuesta: puede compararse la secuencia de los das en Gnesis con la secuencia de los as llamados perodos geolgicos? Est este relato verificado por la informacin proporcionada por los fsiles? Qu duracin tienen los "das" -perodos de veinticuatro horas o eras indefinidas-? Y, quiz la pregunta ms importante, hay lugar en el relato de Gnesis para un desarrollo evolutivo (guiado por Dios) o se requiere de una intervencin divina y una creacin instantnea para cada caso? El captulo no responde a nuestras preguntas. Acabamos de sealar hace un momento que el relato de Gnesis es una afirmacin teolgica y no cientfica, y es ahora cuando ms tenemos que tener esto presente. Es cierto que nos proporciona un terreno frtil para la especulacin constructiva y en algunos puntos es bastante explcito, pero no fue escrito para responder a dichas preguntas; debemos recordar esto. En realidad, no hay ninguna razn bblica sustancial para rechazar algunas formas de la teora evolutiva, siempre y cuando se realicen algunas aclaraciones en determinados puntos claves. Por ejemplo, no hay ninguna razn para negar que una especie de peces haya evolucionado de otra forma, o que una especie de animal terrestre haya evolucionado de una criatura
marina. El trmino hebreo que fue traducido como produzcan, y que aparece en todo el relato de la creacin, permitira dicha posibilidad. Sin embargo, hay tres puntos significativos en los que la palabra hebrea bara, que se traduce "cre", se utiliza para sealar la accin nica de Dios para crear en un sentido especial. Bara generalmente significa crear a partir de la nada, lo que implica que la actividad descrita es una prerrogativa de Dios. Y, como ya lo seal en el Captulo quince, se utiliza en Gnesis 1 para marcar la creacin de la materia, la personalidad y la conciencia de Dios. Lo que esto est implicando es que, si bien puede haber algo semejante a un desarrollo evolutivo teniendo lugar en los perodos separados por la palabra bara, no cabe esta posibilidad para estos tres casos en particular. Adems, el captulo nos ensea que la creacin no fue un desarrollo al azar sino el resultado de la gua directa de Dios. Debemos tomar nota que el mundo cientfico actual puede estar siendo testigo de los comienzos de un movimiento que se aleja de la evolucin naturalista, en particular del darwinismo, para explicar el universo. Para dar slo un ejemplo, la edicin correspondiente a febrero de 1976 de Harper's Magazine traa un importante artculo de Thomas Bethell, el editor de The Washington Monthly, bajo el ttulo "La equivocacin de Darwin". Sustancialmente consista en una resea de estudios recientes sobre la evolucin, y su propsito era sealar cmo los cientficos estaban en el proceso de abandonar silenciosamente la teora de Darwin. Por qu? Segn Bethell, la teora de Darwin no explicaba lo que supuestamente la evolucin dice explicar: la enorme variedad de plantas, peces, animales y otras formas de vida. En el enfoque darwiniano el elemento clave para explicar la existencia de la diversidad de especies es la seleccin natural. Pero cuando los cientficos se basan en esta teora, se encuentran con que la seleccin natural slo proporciona una explicacin al hecho de que algunos organismos tuvieron ms descendencia que otros y por lo tanto sobrevivieron, pero no explica por qu hay diversos organismos (algunos de los cuales sobrevivieron y otros no). Bethell observa que "la naturaleza, por lo tanto, no realiza ninguna "seleccin'. La naturaleza tampoco 'acta' como se nos dice en varios libros de biologa. Un organismo puede ser vms fuerte' o vms apto' que otro desde el punto de vista evolutivo, pero el nico evento que determina su aptitud es la muerte (o la infertilidad). Esto, por supuesto, no es algo que ayude a crear al organismo, sino que es algo que acaba con el organismo". El autor del artculo concluye: "Yo sugiero que Darwin est en proceso de ser descartado, pero quizs en deferencia al venerable caballero que descansa en la Abada de Westminster,
al lado de Sir Isaac Newton, este proceso est teniendo lugar discreta y calladamente, con el mnimo de publicidad".98 El tercer punto del relato de la creacin de Gnesis es el pronunciamiento moral de Dios sobre lo que ha realizado. Aparece en la frase que tanto se repite, "Y vio Dios que era bueno". Este pronunciamiento no est referido a un objeto al cual pragmticamente podemos sealar y decir: "Ese objeto me resulta til". Este pronunciamiento divino sobre la bondad del resto de su creacin fue anterior a nuestra existencia. Y esto significa que un rbol, para poner un ejemplo, no es bueno porque podemos talarlo y construir una casa, o porque podemos quemar su lea y calentarnos. Un rbol es bueno porque Dios lo cre y lo pronunci como bueno. Es bueno porque, como todo lo dems que ha sido creado, se conforma a la naturaleza divina. Con respecto a esta bendicin divina Schaeffer escribe lo siguiente: "No se trata de un juicio relativo, sino un juicio del Dios santo que tiene un carcter y cuyo carcter es la norma del universo. Su conclusin: Cada etapa y cada rea de la creacin, y todo en su conjunto -el hombre mismo y todo su medio ambiente, los cielos y la tierra- estn en conformidad
La evaluacin de Dios en Gnesis 1 est confirmada por el pacto de Dios con la raza humana y la tierra en los tiempos de No -luego de la Cada-. All Dios dice: "He aqu que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes despus de vosotros; y con todo ser viviente que est con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que est con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra... Mi arco he puesto en las nubes, el cual ser por seal del pacto entre m y la tierra" (Gn. 9:9-10,13). El inters de Dios se expresa no slo por No y por los seres humanos que le acompaaban en el arca, sino tambin por las aves y los animales y hasta la tierra misma. Toda su creacin es "buena". De manera similar, Romanos 8 nos expresa el valor de todo lo que Dios ha hecho. Su intencin es redimir a toda la tierra que ha sido afectada por la Cada. "Porque tambin la creacin misma ser libertada de la esclavitud de corrupcin, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creacin gime a una, y a una est con dolores de parto hasta ahora; y no slo ella sino tambin nosotros mismos que tenemos las primicias del Espritu, nosotros tambin gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopcin, la redencin de nuestro cuerpo" (Ro. 8:21-23).
98 99
Thomas Bethell, "Darwin's Mistake", Harper's Magazine, Febrero 1976, Pp. 70-75. Schaeffer, Gnesis In Space And Time, P. 55.
El valor de la creacin nos hace llegar a una conclusin natural: si Dios encuentra que el universo en sus partes y en su conjunto es bueno, entonces nosotros tambin debemos encontrarlo bueno. Esto no significa que nos negaremos a ver cmo la naturaleza ha sido estropeada por el pecado. Sin duda los versculos de Gnesis 9 y de Romanos 8 no pueden ser explicados sin tomar en consideracin que la naturaleza ha sufrido como resultado de la Cada de la humanidad. Est estropeada por abrojos, malezas, enfermedad y muerte. Pero incluso en este estado, tan estropeada, tiene valor, del mismo modo que la humanidad cada tambin tiene valor. Por lo tanto, debemos ser agradecidos a Dios por el mundo que ha creado y alabarle por haberlo creado. En algunas expresiones del pensamiento y la piedad cristianos slo el alma es valiosa. Pero esta visin no es ni correcta ni cristiana. En realidad, el elevar el valor del alma y disminuir el valor del cuerpo y las dems cosas materiales tiene un origen pagano -la idea griega basada sobre una interpretacin errnea de la creacin-. Si Dios hubiera hecho nicamente al alma (o al espritu), entonces los griegos hubieran estado en el acierto. Pero la visin cristiana es que Dios cre todo lo que nos rodea y, por lo tanto, todo esto es valioso y nosotros deberamos apreciar el valor que su origen le otorga. En segunda instancia, debemos deleitarnos en la creacin. El deleite est estrechamente ligado al agradecimiento, pero va un poco ms all. Es un paso ms que muchos cristianos nunca han dado. Con mucha frecuencia los cristianos observan la naturaleza slo como una prueba clsica de la existencia de Dios. En realidad, lo que tendran que hacer es disfrutar lo que ven. Deberamos ser capaces de apreciar las bellezas naturales. E incluso, deberamos regocijarnos en ellas ms que los que no son cristianos, porque nos revelan al Dios que est detrs de la naturaleza. Tercero, los cristianos deberamos mostrar una responsabilidad frente a la naturaleza. No deberamos destruirla gratuitamente sino buscar que se desarrolle al mximo de su potencial. Existe un paralelismo entre la responsabilidad de los hombres y las mujeres hacia la creacin y la responsabilidad de un hombre hacia una mujer en el matrimonio. En ambos casos la responsabilidad se basa sobre un dominio otorgado por Dios (si bien ambos dominios no son de carcter idntico). "Maridos, amad a vuestras mujeres, as como Cristo am a la iglesia, y se entreg a s mismo por ella, para santificarla, habindola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentrsela a s mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejantes, sino que fuese santa y sin mancha". De igual forma, los hombres y las mujeres conjuntamente deberan buscar santificar y purificar la tierra para que sea ms como Dios quiso que fuera, anticipando as la redencin futura. Es evidente que el universo debe ser utilizado por las personas de una manera apropiada. Donde abundan los bosques, algunos pueden ser talados para hacer madera para una casa.
Pero no deberan ser talados slo por el placer de talarlos o porque es la manera ms expedita de aumentar el valor del terreno. En todas las reas se debe estudiar cuidadosamente el valor y el propsito de cada objeto, y nuestro enfoque debera ser cristiano y no simplemente utilitario. Por ltimo, despus que los cristianos han contemplado la naturaleza y han llegado a valorarla, deberan volverse otra vez al Dios que la cre y la sustenta momento a momento, y deberan aprender a confiar en l. Dios cuida de la naturaleza, a pesar de que ha sido abusada por nuestro pecado. Pero si cuida de la naturaleza, entonces podemos confiar en que l tambin cuidar de cada uno de nosotros. Este argumento ocurre en el medio del Sermn del Monte, donde Cristo nos llama la atencin sobre el hecho de cmo Dios cuida de las aves (la vida animal) y de los lirios (la vida vegetal) y luego pregunta: "No valis vosotros mucho ms que ellas?... Y si la hierba del campo que hoy es, y maana se echa en el horno, Dios la viste as, no har mucho ms a vosotros, hombres de poca fe?" (Mt. 6:26,30).
COMO VIMOS EN EL CAPITULO ANTERIOR, ANTES DE QUE LOS HOMBRES y las mujeres fuesen creados, Dios ya haba preparado un universo variado y bello para recibirlos. Pero si hemos de considerar a Job 38:7 con referencia a los ngeles, como todas las razones parecen apuntar, entonces antes de la creacin del mundo material haba un vasto mundo de seres espirituales. No sabemos cundo fueron creados estos seres. En realidad, sabemos muy poco sobre ellos. Pero s sabemos que existan con anterioridad a la creacin del mundo material y que todava existen hoy en da. Como le dijo Dios a Job: "Dnde estabas t cuando yo fundaba la tierra? Hzmelo saber, si tienes inteligencia. Quin orden sus medidas, si los sabes? O quin extendi sobre ella cordel? Sobre qu estn fundadas sus basas? O quin puso su piedra angular, cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?" (Job 38:4-7). Con respecto al testimonio bblico sobre la existencia de los espritus, es interesante notar que las mitologas de las civilizaciones antiguas tambin afirmaban su existencia. La mitologa babilnica nos retrata a los espritus como dioses que traan mensajes del mundo de los dioses all arriba al mundo de la tierra aqu abajo. La mitologa griega y romana tena dioses y semidioses que visitaban la tierra. Y lo mismo suceda, en mayor o menor grado, con todas las dems civilizaciones antiguas. Los crticos de la Biblia algunas veces consideran estas referencias a un mundo de los espritus como evidencia de que la Biblia tambin es mitologa; o sea, que no tiene ninguna base emprica, al menos en este campo. Pero es igualmente posible que las mitologas, en realidad, encierren una memoria distorsionada de una experiencia temprana de la raza. Esta posibilidad adquiere ms importancia en la
actualidad, aun para los que no son cristianos. Con el actual y renovado inters en el mundo de los espritus. Existen estos seres? Existen realmente los ngeles o los demonios? Acaso visitan la tierra? La Biblia nos brinda respuestas fidedignas a estas preguntas. Aunque es cierto que la Biblia no nos dice todo lo que nos interesara conocer sobre este tema -mucho sobre el origen y la funcin del mundo de los espritus est cubierto por una capa de misterio-, tambin es cierto que nos dice lo que necesitamos saber, y que lo que dice es verdad.
El Antiguo Testamento menciona a los ngeles en ms de cien oportunidades, y el Nuevo Testamento los menciona en ms de ciento sesenta oportunidades. Se nos dice que son los mensajeros de Dios -esto es lo que la palabra ngel significa-. Son inmortales; es decir, no mueren; pero como han sido creados, no son eternos. Existen en un nmero inmenso. "Y mir, y o la voz de muchos ngeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su nmero era millones de millones" (Ap. 5:11). Los ngeles tienen los elementos inherentes a una personalidad; le rinden adoracin inteligente a Dios: "que decan a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabidura, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza" (Ap. 5:12). Algunas de estas propiedades son tambin sealadas por los trminos utilizados para referirse a ellos en las Escrituras. Son llamados "los ejrcitos celestiales", por ejemplo (Le. 2:13). Esto nos est sugiriendo que, como las tropas de un emperador rodean y sirven a su persona, as tambin, estos seres sirven a Dios y hacen visible su gloria. Tambin se los llama "principados", "poderes", "seoros", "potestades" y "tronos" (Ef. 1:21; Col. 1:16) porque a travs de ellos Dios administra su autoridad en este mundo. La Biblia tambin nos revela algo sobre la jerarqua angelical; se mencionan algunas categoras u rdenes de ngeles. En la primer categora est el ngel ms mencionado en la Biblia: Miguel (slo se registran los nombres de dos ngeles). Se describe a Miguel como "el arcngel", es decir, la cabeza de todos los santos ngeles. Su nombre significa "el que se asemeja a Dios" (Dn. 10:21; 12:1; 1 Ts. 4:16; Jud. 9; Ap. 12:7-10). En la segunda categora nos encontramos con los mensajeros especiales de Dios. El segundo ngel cuyo nombre es mencionado, Gabriel, estara en esta categora. A l se le confi una revelacin especial para Daniel, el mensaje a Zacaras acerca del nacimiento de Juan el Bautista, y el anuncio del nacimiento de Jess a la virgen Mara (Dn. 8:16; 9:21; Zc. 1:18-19, 26-38).
En la tercera categora encontramos los ngeles llamados "querubines". Son representados como criaturas esplendorosas que rodean el trono de Dios y que defienden su santidad para que no sea contaminada por el pecado (Gn. 3:24; Ex. 25:18,20; Ez. 1:1-18). Dios orden que dos figuras de oro de estos seres fueran colocadas sobre el propiciatorio del arca del pacto, dentro del lugar santsimo en el tabernculo de los judos. El querubn puede ser idntico con el "serafn" que se describe en el captulo 6 de Isaas (vs. 2-7). Por ltimo tenemos una multitud de huestes angelicales que no tienen ningn nombre en especial. Se las describe simplemente como "los ngeles escogidos" para diferenciarlos de los ngeles que pecaron con Satans y cayeron de su estado primario (ver 1 Tim. 5:21). La grandeza y la complejidad del mundo angelical es suficiente para interesamos en su estudio. Pero adems, dicho estudio realzar nuestro sentido de la gloria de Dios. Como seala Calvino, "Si deseamos reconocer a Dios por sus obras, no deberamos pasar por alto un ejemplo tan ilustrativo y noble" como sus ngeles.100
La tarea primaria y ms evidente que tienen los ngeles es la adoracin y alabanza de Dios, como vemos en varios lugares en la Biblia. Por ejemplo, Isaas nos dice que los serafines que estaban encima del trono de Jehov "el uno a otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehov de los ejrcitos; toda la tierra est llena de su gloria" (Is. 6:3). Daniel describe la escena como involucrando a muchos ms: "Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sent un Anciano de das, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un ro de fuego proceda y sala de delante de l; millares de millares le servan, y millones de millones asistan delante de l" (Dn. 7:9-10). En el libro de Apocalipsis los ngeles -que se describen como los cuatro seres vivientes, los veinticuatro ancianos (que pueden ser seres humanos redimidos), y los miles y miles de seres espirituales- "no cesaban da y noche de decir: Santo, santo, santo es el Seor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir" (Ap. 4:8; ver tambin Ap. 5:9-12). El hecho de que los ngeles adoren a Dios en tan grandes nmeros debera humillamos y, adems, animamos en nuestra adoracin. Debera humillamos porque Dios no quedara sin adoracin incluso si nosotros no le rendimos honor. Los ngeles ya estn adorndole. Por otro lado, debera animamos porque un da nuestras voces se unirn a ese gran coro angelical (Ap. 7:9-12; 19:1-6).
Segundo, los ngeles sirven a Dios como sus agentes para muchas tareas. Leemos que los ngeles estuvieron presentes en la creacin (Job 38:7), y cuando se le dio la ley al pueblo; se nos dice que recibieron la ley "por disposicin de ngeles" (Hch. 7:53; ver tambin G. 3:19; He. 2:2). Un ngel fue el vehculo que Dios utiliz en su revelacin a Daniel; muchos ngeles se emplearon para revelar los acontecimientos futuros al apstol Juan (Dn. 10:10-15; Ap. 17:1; 21:9; 22:16). Gabriel anunci los nacimientos de Juan el Bautista y de Jesucristo (Le. 1:11-38; 2:9-12; Mt. 1:19-23). Muchos ms ngeles cantaron con motivo del acontecimiento en presencia de los pastores (Le. 2:13-14). Cuando Cristo fue tentado en el desierto, los ngeles vinieron para servirle (Mt. 4:11); en el jardn de Getseman un ngel se le apareci para fortalecerle (Le. 22:43); en la resurreccin le anunciaron a las mujeres que haban venido al sepulcro la victoria de Cristo sobre la muerte (Mt. 28:2-7); y tambin estuvieron presentes con motivo de la Ascensin (Hch. 1:10-11). Volvern a aparecer en grandes multitudes durante la Segunda Venida de Cristo (Mt. 24:31; 25:31; 2 Ts. 1:7). Tercero, los ngeles son espritus atentos que han sido enviados para asistir y defender al pueblo de Dios. Es as como leemos, primero con referencia a Cristo, pero luego tambin con referencia a nosotros mismos como su pueblo: "Pues a su ngeles mandar acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarn, para que tu pie no tropiece en piedra" (Sal. 91:11-12). Y, "El ngel del Seor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende" (Sal. 34:7). Desde una perspectiva prctica, si el pueblo cristiano pensara ms a menudo sobre esta proteccin angelical, sera menos temeroso de las circunstancias y de los enemigos. Por otro lado, nuestro olvido tambin es comprensible, porque por lo general los ngeles no nos son visibles. Somos como el siervo de Eliseo en Dotan antes de su visin de los ejrcitos de Dios. Eliseo haba estado revelando los consejos del enemigo de Israel, Ben-adad rey de Siria, al rey de Israel, y Ben-adad haba reaccionado tratando de capturar a Eliseo. Durante la noche haba rodeado la ciudad de Dotan donde Eliseo y su siervo se estaban quedando. Estaba presente con toda su fuerza cuando el siervo de Eliseo fue de maana a extraer el agua. El relato nos dice que el siervo descubri un "ejrcito" rodeando la ciudad, "con gente de a caballo y carros". Estaba aterrorizado! Corri hasta donde se encontraba Eliseo y le pregunt "Ay, Seor mo! Qu haremos?" Eliseo le respondi: "No tengas miedo, porque ms son los que estn con nosotros que los que estn con ellos". Y luego or para que los ojos de su siervo fueran abiertos para que pudiera ver los ngeles del Seor. "Entonces Jehov abri los ojos del criado, y mir; y he aqu que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de
Elseo" (2 R. 6:15-17). Los ngeles luego hirieron con ceguera a los ejrcitos de. Ben-adad y Eliseo pudo llevarlos cautivos a la capital israelita de Samara. En otro pasaje leemos como un ngel de Dios mat a ciento ochenta y cinco soldados asirios para liberar a Jerusaln de los ejrcitos de Senaquerib en los das del Rey Ezequas. El cuarto ministerio especial que tienen los ngeles es el servicio al pueblo de Dios en el momento de su muerte. No existen muchos textos referidos a este punto, pero debemos observar que, de acuerdo con Jesucristo, fueron los ngeles los que llevaron a Lzaro cuando muri al seno de Abraham (Le. 16:22). Por ltimo, los ngeles son los agentes de Dios en los juicios finales profetizados para los hombres y las mujeres, los demonios y este mundo. El alcance de estos juicios est ampliamente desarrollado fundamentalmente en el libro de Apocalipsis. Primero, tenemos una serie de juicios parciales contra la tierra, al abrirse los sellos (Ap. 6:1-8:1), cuando se tocan las trompetas (Ap. 8:2-11:19) y cuando se derraman las siete copas de ira (Ap. 15:1-16:21). Los ngeles estn siempre asociados a estos juicios, que ocupan un lugar considerable en el libro. Segundo, hay un juicio contra la gran ciudad de Babilonia (posiblemente un smbolo de Roma) y contra los que estn asociados con ella en sus pecados. Los ngeles tambin participan en ese juicio (Ap. 17:1-18:24). Tercero, hay juicios contra la bestia, que posiblemente sea el Anticristo, y contra Satans y el falso profeta (Ap. 19:17-20:3, 10). Por ltimo, tendr lugar el juicio del gran trono blanco donde los muertos sern juzgados segn sus obras (Ap. 20:11-15).
El mencionar estos juicios, incluyendo el juicio contra Satans, nos conduce a un segundo aspecto de este tema. De acuerdo con la Biblia, existen legiones de ngeles cados que, bajo el malfico gobierno de Satans, buscan oponerse al gobierno de Dios y perjudicar a su pueblo. Segn la Biblia, estn compuestos por una gran fuerza aterradora. Pero esta descripcin no busca atemorizarnos sino advertirnos del peligro, para que nos acerquemos a Dios como el nico que puede protegernos. Podemos calcular el nmero de los ngeles cados si consideramos que Mara Magdalena por s sola fue liberada de siete de ellos (Mr. 16:9; Le. 8:2), y tambin sabemos que muchos, que se llamaban Legin, haban tomado posesin del hombre que Cristo encontr en el territorio de los gadarenos, en la ribera opuesta a Galilea (Le. 8:26-33). Cul es el propsito que persigue Dios cuando nos habla de este ejrcito tan numeroso? Hemos sido advertidos que hay un enemigo que nos amenaza y nos acecha, un enemigo donde toma cuerpo la osada temeraria, la proeza militar, los engaos astutos, el celo y la prisa incansable, todas las armas concebibles y la destreza en la ciencia de la guerra. Debemos, por lo tanto, volcar todos nuestros esfuerzos en la siguiente meta: no debemos
dejar que el descuido o la pusilanimidad nos abrumen; todo lo contrario, con coraje renovado debemos ocupar nuestro lugar en el combate.101 El punto de partida para estar preparados para afrontar a Satans y sus ejrcitos es el conocimiento de Satans mismo, de sus fuerzas y de sus flaquezas. Y el punto de partida de este conocimiento de Satans es el hecho que l es tanto real como personal. Es real en el sentido que no es mera especulacin humana. Es personal en el sentido que no es simplemente la corporizacin del mal. Jess dio testimonio de estas verdades cuando se refiri al diablo por su nombre (Mt. 4:10; 16:23; Le. 22:3 1) y cuando lo venci en ocasin de su tentacin en el desierto (Mt. 4:1-11). La idea de un demonio personal ha sido rechazada por muchos segmentos de la iglesia cristiana y hasta se ha convertido en motivo de risa para algunos. Con el avivamiento que la brujera y el satanismo han tenido en tiempos recientes, posiblemente no sea un asunto para la risa como lo era antes. Sin embargo, muchos acostumbran a no tomar en serio la existencia de un demonio real. Para la mente popular, el demonio es una criatura divertida con un pantaln rojo y espinas y una cola. Esta no es la imagen de Satans que nos presenta la Biblia. El apstol Pablo seala que no somos ignorantes de las "maquinaciones" de Satans (2 Co. 2:11). La palabra maquinacin significa "una trampa, un ardid, una intriga, un artilugio o una estrategia". Lo importante es que los cristianos conocemos, o deberamos conocer, las trampas que Satans emplea para cegar las mentes de las personas y asegurrselas para l. Una de estas trampas, que ha utilizado algunas veces en la historia, es convencer a las personas que l en realidad no existe. El dibujo de un pequeo ser divertido con espinas ha tenido un desarrollo interesante y estuvo (aunque incorrectamente) relacionado con la Biblia. En la Edad Media, cuando la mayora de las personas eran analfabetas, y la iglesia enseaba las historias bblicas sencillas por medio de dramas de milagros, hubo necesidad de crear un carcter que representara al demonio y que fuera fcilmente reconocido como tal en el escenario. Se eligi la convencin que se basaba en una idea pagana vigente en ese momento, segn la cual Satans era algo as como un monstruo con espinas. Se presumi que esa caricatura tena el apoyo de la Biblia. En Isaas, en una profeca contra Babilonia, se menciona una criatura que un da, se nos dice, vagar por la ciudad cada y desierta. La palabra hebrea para este animal o criatura es sair -que significa una cabra salvaje- pero pocos saban lo que significaba en aquel entonces. Es as que en algunas traducciones tempranas de la Biblia se le llam un "stiro", que era una de las figuras de la mitologa, en parte humana y en parte bestia. Se supuso que la Biblia estaba describiendo una criatura como la figura popular de Satans, y as se reivindic la prctica medieval. En tiempos modernos, con la misma falta de apoyo bblico, el demonio ha sido
Calvino, Institutos, P. 173.
concebido como el tentador sofisticado de la leyenda de Fausto o como se lo describe en la obra de teatro y la pelcula estadounidense Damn Yankees. Como el demonio de la ficcin es tan increble, no resulta nada sorprendente que millones no crean en l. Pero esto es un error. De acuerdo a las palabras de Jess, el demonio existe, y existen sus seguidores. Por eso es que les advirti a sus discpulos que deban orar: "Y no nos dejes caer en tentacin, mas lbranos del (malo)" (Mt. 6:13).
El demonio tambin es un ser cado, como nos ense Jess en Juan 8:44. Jess nos mostr desde qu altura haba cado Satans ("no ha permanecido en la verdad") y hasta qu profundidad haba descendido ("es mentiroso, y padre de mentira" y "l ha sido homicida desde el principio"). Jess tambin dijo: "Yo vea a Satans caer del cielo como un rayo" (Le. 10:18). Este punto tambin es muy rechazado por los hombres y las mujeres, incluso por los que creen en el demonio. Es as como, en lugar de creer en Satans como una forma depravada de lo que antes fue, prefieren considerarlo como un hroe, como el campen del hombre cado. John Milton, si bien no glorific a Satans, sin embargo, contribuy a forjar esta idea. Si bien es cierto que en las primeras lneas de su gran poema pico, El Paraso Perdido, Milton describe como Satans cay del cielo y luego anticipa su juicio final, gran parte del primer libro de este poema pico est dedicado a describir los esfuerzos heroicos de Lucifer por ascender de las profundidades del infierno y hacer algo de su supuesto nuevo reino. Milton escribe de una manera tan brillante que es hasta posible simpatizar con Satans. Si leemos las Escrituras obtendremos una impresin muy distinta. Para comenzar, Satans nunca ha estado en el infierno y no controla el infierno. La Biblia nos dice que Dios cre el infierno, preparndolo para el demonio y sus ngeles, y que Satans un da acabar all. La Biblia tambin nos describe a Satans como habiendo sido una vez "lleno de sabidura, y acabado de hermosura". Se nos dice que estuvo "en Edn, en el huerto de Dios" que era "perfecto" en todos sus caminos desde el da que fue creado, hasta que se hall "maldad" en l (Ez. 28:12-15). En Isaas se nos narra cmo Satans cay por su soberbia, que se expres en el deseo arrogante de reemplazar a Dios. Satans dijo: "Subir al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantar mi trono, y en el monte del testimonio me sentar, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subir, y ser semejante al Altsimo". Pero Dios le responde,
como resultado de su pecado: "derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo" (Is. 14:13-15). Este no es sin duda el retrato de un ser heroico sino de un ser cado. Es un ser frente al cual toda persona debera volverse horrorizada. Satans ha sembrado calamidad en la raza humana. Es un homicida y el autor de mltiples homicidios, como Jess les dijo a sus oyentes. El primer crimen luego de la Cada de Adn y Eva fue un homicidio; como resultado de la Cada, Can asesin a su hermano. Tambin leemos que Satans entr en Judas para que entregara a Cristo en manos de sus enemigos para que stos pudieran matarle (Jn. 13:2). La historia de Satans est escrita con sangre. Tambin est escrita con engao, porque es mentiroso, como lo dijo Cristo. Satans le minti a Eva -"No morirs" (Gn. 3:4)-. Pero Eva muri. En lera. Reyes leemos que unos espritus mentirosos (probablemente demonios) fueron a los profetas de Acab para que no subiera contra los sirios y cayera en Ramot de Galaad (1 R. 22:21-23). En Hechos, se nos dice que Satans entr en Ananas para que mintiera sobre el precio de su propiedad, y como resultado, Ananas muri (Hch. 5:3). Satans todava miente en la actualidad. Por lo tanto, debemos considerarlo como muy peligroso, mentiroso y malvado; pero por sobre todo, como un pecador y un fracaso. Pec porque fracas y no pudo ser fiel a su llamado.
Por ltimo, Satans es un ser limitado. Es decir, no es omnisciente, como Dios s es; no es omnipotente, como Dios s es; y no es omnipresente, como Dios s es. Si Satans ha sido un homicida desde el principio, su vida tica est limitada. Deber ser sometido a juicio, evidentemente su poder tambin es limitado. Si bien debemos ser conscientes de Satans y ser precavidos, no debemos caer en la equivocacin de considerar al tentador como el equivalente malvado de Dios. Satans no es omnisciente. Dios conoce todo sobre todas las cosas, pero Satans no. Por encima de todo, Satans no conoce el futuro. Sin duda que Satans puede adivinar mucho sobre el futuro, porque conoce la naturaleza humana y las tendencias histricas. Las as llamadas revelaciones de los medios y de los adivinos -cuando no son totalmente un engaoestaran dentro de esta categora. Pero no brindan un conocimiento verdadero sobre lo que ha de acontecer. Por eso es que sus predicciones son muy vagas y generales y hacen agua por todos lados. En un determinado momento, Dios afirm esto como un desafo a los dioses falsos diciendo: "Alegad por vuestra causa, dice Jehov; presentad vuestras pruebas, dice el Rey de Jacob. Traigan, anuncennos lo que ha de venir... sepamos tambin su postrimera, y hacednos entender lo que ha de venir. Dadnos nuevas de lo que ha de ser despus, para que sepamos que vosotros sois dioses; o al menos haced bien, o mal, para que tengamos qu
contar, y juntamente nos maravillemos. He aqu que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad; abominacin es l que os escogi" (Is. 41:21-24). Satans tampoco es omnipotente. Por lo tanto no puede hacer todo lo que quiera hacer y, en especial en el caso de los creyentes, slo puede hacer lo que Dios le permita hacer. El ejemplo ms claro es el de Job, que estuvo seguro hasta que Dios baj el cerco que haba construido para rodearlo con su proteccin. Sin embargo, los propsitos de Dios eran valederos y no dej que Job pecara. Satans no es omnipresente, lo que implica que no puede estar en todos lados al mismo tiempo, tentando a todos. Dios es omnipresente. Dios puede ayudar a todos los que le llaman, y a todos al mismo tiempo. Pero Satans slo puede tentar uno por vez, u operar mediante uno o ms de esos ngeles, ahora convertidos en demonios, que cayeron junto con l. La consecuencia ms interesante de este hecho es que posiblemente Satans nunca nos haya tentado a nosotros, ni a los que estn a nuestro alrededor. Incluso en la Biblia encontramos muy pocas personas que fueron directamente tentadas por Satans. Tenemos a Eva, por supuesto. Cristo fue tentado. Pedro fue tentado. El demonio entr en Ananas para que mintiera sobre el precio de su propiedad. Y eso es casi todo. En una ocasin Pablo puede haber sido estorbado por Satans (1 Ts. 2:18); pero en otra ocasin fue slo un mensajero de Satans el que lo abofete (2 Co. 12:7). De manera similar, unos demonios menores se opusieron a que un ngel le trajera una revelacin a Daniel (Dn. 10:13,20). Y, aun cuando pueden haber habido un gran nmero de huestes de demonios rodeando a Eliseo en Dotan -s: bien fueron superados en nmero por las huestes de Jehov- no se nos dice que estuviera incluido Satans (2 R. 6:16-17). Aunque los cristianos no debemos nunca ignorar ni subestimar a Satans y sus estratagemas, tampoco debemos sobreestimarlo. Por sobre todo, nunca debemos concentrarnos tanto en Satans que dejemos de mirar a Dios. Dios e: nuestra fortaleza y nuestra ciudadela. Dios le fija los lmites a Satans Dios nunca permitir que los cristianos sean tentados ms all de lo que puedan resistir, y siempre proveer una va de escape para que podamos soportal la tentacin (1 Co. 10:13). Son respecto a Satans, su fin ser el lago de fuego (Mt. 25:41).102
Este material sobre Satans lo he tomado prestado de parte del captulo cincuenta y dos ("That Other Family", Juan 8:41-50) De Mi Libro, The Gospel Of John, Vol. 2
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ES POSIBLE QUE NO HAYA NINGN TEMA SOBRE LA DOCTRINA cristiane de Dios que suponga tanto conflicto como la concepcin del mundo contemporneo sobre la providencia y la doctrina de la providencia de Dios. La providencia significa que Dios no ha abandonado al mundo que cre, sino que obra dentro de la creacin administrando todas las cosas "de acuerdo al inmutable consejo de su propia voluntad" (Confesin de Fe de Westminster, V, i). El mundo en general, por el contrario, aun cuando ocasionalmente puede llegar a reconocer que Dios fue el Creador del mundo, tiene la certeza que no interviene ahora en los asuntos terrenales. Muchos creen que no es posible que ocurran milagros, que las oraciones no son respondidas y que la mayora de las cosas suceden de acuerdo al funcionamiento de unas leyes impersonales e inmodificables. El mundo plantea que la maldad est en todas partes. Cmo puede ser la maldad compatible con el concepto de un Dios que es el bien y que gobierna activamente este mundo? Un mundo donde abundan los desastres naturales: los incendios, los terremotos, las inundaciones. Desastres que formalmente se conocen como "actos de Dios". Debemos culpar a Dios porque ocurren? No sera ms conveniente pensar que l simplemente ha dejado que el mundo siga su propio curso? Cuando seguimos esta lnea de especulacin las respuestas se dan en dos niveles. Primero, aun desde una perspectiva secular, el desarrollo de esta lnea de pensamiento no es tan obvio como parecera a simple vista. Segundo, no es la enseanza que tenemos en la Biblia.
La idea de un Dios ausente no es tan obvia con respecto a la naturaleza, la primera de las tres reas principales creadas por Dios, y que ya hemos analizado. La gran interrogante sobre la naturaleza, que fuera hasta planteada por los primitivos filsofos griegos y que tambin hoy se plantean los cientficos contemporneos, es por qu la naturaleza opera segn determinados patrones y al mismo tiempo est en continuo cambio? Nada es nunca lo mismo. Los ros fluyen, las montaas se elevan y descienden, las flores brotan y se marchitan y mueren, el mar est siempre en constante movimiento. Empero, en cierto sentido todo permanece igual. La experiencia de la naturaleza de una generacin es similar a la experiencia de miles de generaciones que la han precedido. La ciencia busca explicar esta uniformidad haciendo referencia a las leyes de la probabilidad o las leyes del movimiento browniano (segn la cual las partculas se mueven en distintas direcciones por azar). Pero estas explicaciones son insuficientes. Por ejemplo, de acuerdo con esas mismas leyes de la probabilidad es bastante posible que en determinado instante todas las molculas de un gas o un slido (o la gran mayora de las molculas) se muevan en la misma direccin en lugar de moverse en cualquier direccin por azar; en dicho caso, esa
sustancia dejara de ser lo que es y las leyes de la ciencia con respecto a ella no seran operantes. De dnde es posible que provenga esta uniformidad si no proviene de Dios? La Biblia nos dice que esta uniformidad proviene de Dios cuando nos habla de Cristo como "quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder" (He. 1:3) y nos dice que "todas las cosas en l subsisten" (Col. 1:17). El punto que tenemos que tener presente es que la providencia de Dios subyace debajo del mundo ordenado que conocemos. Esa fue la idea primaria en las mentes de los autores del Catecismo de Heidelberg cuando definieron la providencia como "el poder de Dios, siempre presente y que todo lo puede, mediante el cual todava sostiene como si fuera en sus manos al cielo y la tierra con todas sus criaturas, y gobierna de manera tal que las hojas y la hierba, la lluvia y la sequa, los aos de abundancia y los aos de escasez, el alimento y la bebida, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, y todo lo dems, nos llegan no por azar sino de su mano paternal" (Pregunta 27). Quitemos a la providencia de. Dios de la naturaleza, y -no slo desaparece todo sentido de seguridad- el mundo desaparece; el cambio sin sentido pronto sustituir al orden. Lo mismo es cierto con respecto a la sociedad humana. Tambin aqu vemos gran diversidad y cambio. Pero, nuevamente, nos encontramos con patrones para la vida humana y lmites fuera de los cuales, por ejemplo, a la maldad no le es permitido acceder. Pink observa, en su estudio sobre la soberana de Dios: Para desarrollar este argumento, supongamos que cada hombre llega a este mundo provisto de una voluntad que es absolutamente libre, y que es imposible obligarlo o coaccionarlo sin destruir su libertad. Digamos que cada hombre posee un conocimiento del bien y del mal, que tiene la posibilidad de elegir uno u otro, y que es enteramente libre de hacer su opcin y continuar su camino. Entonces, qu? Deducimos que el hombre es soberano, porque hace lo que le place y es el arquitecto de su propio futuro. Pero en dicho caso no podemos tener la seguridad de que muy pronto el hombre rechace el bien y elija el mal. En dicho caso no hay nada que nos garantice que la raza humana en su totalidad cometa un suicidio moral. Si se desplazan todas las restricciones divinas y el hombre queda absolutamente libre, e inmediatamente desaparecen todas las diferencias ticas, el espritu del barbarismo prevalecer en el universo y el caos ser completo.103 Pero esto no es lo que ocurre. Y la razn por la cual no sucede es que Dios no deja que sus criaturas tengan el ejercicio de una autonoma absoluta. Son libres, pero tienen lmites. Adems, Dios con perfecta libertad tambin interviene directamente, cuando lo desea, para ordenar sus voluntades y sus acciones.
El libro de los Proverbios contiene muchos versculos vinculados a este tema. Proverbios 16:1 nos dice que aunque el individuo pueda debatir en su interior sobre qu es lo que dir, es Dios quien determinar lo que hable: "Del hombre son las disposiciones del corazn; mas de Jehov es la respuesta de la lengua". En Proverbios 21:1 el mismo principio se aplica a los afectos humanos, usando las disposiciones del rey como ejemplo: "Como los repartimientos de las aguas, as est el corazn del rey en la mano de Jehov; a todo lo que quiere lo inclina". Las acciones tambin estn bajo la gida de la providencia de Dios. "El corazn del hombre piensa su camino; mas Jehov endereza sus pasos" (Pr.l6:9). Lo mismo sucede con los resultados de nuestras acciones. "Muchos pensamientos hay en el corazn del hombre; mas el consejo de Jehov permanecer" (Pr. 19:21). Y en Proverbios 21:30 tenemos todas estas ideas resumidas: "No hay sabidura, ni inteligencia, ni consejo, contra Jehov". De la misma manera, Dios ejerce su gobierno sobre el mundo de los espritus. Los ngeles estn sujetos a sus rdenes expresas y se regocijan cuando son llamados a cumplir su voluntad. Los demonios, aunque en rebelin, todava estn sujetos a los decretos de Dios y a su mano poderosa. Satans no pudo tocar a Job, el siervo de Dios, sin la autorizacin de Dios, e incluso con su permiso, Dios le fij ciertos lmites que no poda sobrepasar: "He aqu, todo lo que tiene est en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre l" (Job 1:12); "He aqu, l est en tu mano; mas guarda su vida" (Job 2:6).
El punto que ms debera interesarnos, sin embargo, no es el gobierno de Dios sobre la naturaleza o sobre los ngeles. Debera ser cmo opera la providencia de Dios en los seres humanos, y especialmente cuando decidimos desobedecerle. No habr, por supuesto, ningn problema con la providencia de Dios en los asuntos de los hombres, si los hombres le obedecen. Dios simplemente declara lo que quiere que se haga, y se realiza -voluntariamente-. Pero qu sucede cuando desobedecemos? Y qu sucede con el nmero tan grande de personas no regeneradas que aparentemente nunca obedecen a Dios voluntariamente? Acaso Dios les dice: "Bueno a pesar de vuestra desobediencia yo les amo y no deseo insistir sobre nada que les resulte ingrato; olvidmonos de mis deseos"? Dios no opera de esa manera. Si lo hiciera, no sera soberano. Por otro lado, Dios no siempre dice: "Lo haris; y, os aplastar para que lo hagis!" Qu sucede cuando decidimos no hacer lo que l quiere que hagamos? La respuesta bsica es que Dios ha establecido leyes para que gobiernen la desobediencia y el pecado, de la misma forma que ha establecido leyes que gobiernan el mundo fsico. Cuando las personas pecan, por lo general creen que lo hacen segn sus trminos. Pero Dios les dice, en efecto: "Cuando desobedezcan, lo harn segn mis leyes y no las propias."
En el primer captulo de Romanos tenemos un ejemplo general sobre esto. Luego de haber hecho una descripcin sobre cmo el hombre natural no puede reconocer a Dios como el verdadero Dios, ni lo puede adorar ni agradecer por ser el Creador, Pablo nos muestra cmo dicha persona toma un sendero que la aleja de Dios y que la lleva a sufrir nefastas consecuencias, incluyendo su propia degradacin. "Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrpedos y de reptiles" (Ro. 1:22-23). Y luego viene la parte ms interesante de este captulo. Tres veces en los versculos siguientes leemos que por causa de su rebelin "Dios los entreg". Estas palabras son terribles. Pero cuando nos dice que Dios los entreg, no nos dice que Dios los entreg a la nada, como si simplemente los hubiera soltado de su mano y los hubiera dejado a la deriva. En cada uno de estos casos nos dice que Dios los entreg a algo: en el primer caso, "a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre s sus propios cuerpos" (vs. 24); en el segundo caso, "a pasiones vergonzosas" (vs. 26); y en el tercer caso, "a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen" (vs. 28). En otras palabras, Dios permitir que los infieles sigan su propia camino, pero en su sabidura ha determinado a dnde han de dirigirse, segn sus reglas y no las suyas propias. Cuando no controlamos nuestros enojos ni nos preocupamos por nuestra presin, el resultado son lceras o presin sangunea alta. El final del camino de una vida de libertinaje son vidas arruinadas y enfermedades venreas. El orgullo es autodestructivo. Estas leyes espirituales son el equivalente de las leyes cientficas que rigen el mundo fsico de la creacin. Este principio se cumple para los no creyentes, pero tambin se cumple para los creyentes. En el Antiguo Testamento, la historia de Jons nos ensea cmo un creyente puede desobedecer a Dios, con tanta determinacin que es necesaria una intervencin directa de Dios en la historia para que se vuelva sobre sus pasos. Pero cuando un creyente desobedece, sufre las consecuencias que Dio, ya ha establecido en las leyes que gobiernan la desobediencia. Jons haba sido encomendado a llevar un mensaje de juicio a Nnive. Era similar a la Gran Comisin que ha sido encomendada a todos los cristianos, porque se le dijo "Levntate y ve a Nnive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella: porque ha subido su maldad delante de m" (Jon. 1:2). Pero Jons no deseaba cumplir con el mandato de Dios, de la misma manera que muchos cristianos contemporneos tampoco desean cumplir con el llamado divino. Y fue as que tom en direccin contraria, embarcando en un barco desde Jope, en la costa de Palestina, hacia Tarsis, que posiblemente fuera un puerto en la costa de Espaa. Tuvo xito Jons? De ningn modo. Ya sabemos lo que le sucedi. Tuvo problemas cuando Dios tom medidas drsticas para hacerlo volver. Despus de haberlo tenido Dios tres das en el vientre de un gran pez, Jons decidi obedecer a Dios y ser su misionero.
Hasta aqu, nuestro estudio nos ha revelado varias actitudes propiamente cristianas hacia la providencia. Primero, la doctrina cristiana es personal y moral, no es ni abstracta ni amoral. Esto la hace completamente diferente de la idea pagana del destino. Segundo, la providencia es una operacin especfica. En el caso de Jons, se ocup de un hombre en particular, una nave, un pez y de una revelacin de la voluntad de Dios en el llamado a Nnive. Pero existe algo ms que debemos decir con respecto a la providencia de Dios. Tiene un propsito; es decir, est orientada con un fin. La historia real existe como tal. El flujo de los acontecimientos humanos est yendo a algn lugar, no es meramente esttico o sin significado. En el caso de Jons, el flujo de la historia lo condujo eventualmente, si bien con renuencia, al trabajo misionero y la conversin del pueblo de Nnive. Si tomamos un panorama ms amplio, la historia fluye hacia la glorificacin de Dios en todos sus atributos, principalmente en la persona de su Hijo, el Seor Jesucristo. La Confesin de Fe de Westminster encierra esta idea en la definicin de la providencia; "Dios, el gran Creador de todas las cosas, sustenta, dirige, dispone y gobierna a todas las criaturas, las acciones y las cosas, desde la mayor hasta la menor, segn su ms santa y sabia providencia, de acuerdo con su infalible presciencia, y el libre e inmutable consejo de su voluntad, para la alabanza de su gloria en su sabidura, poder, justicia, bondad y misericordia" (V, i). El flujo de la historia que conduce a la glorificacin de Dios tambin es para nuestro bien. Porque "sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Ro. 8:28). Cul es nuestro bien? Evidentemente, hay muchos "bienes" que podemos disfrutar ahora, y estn incluidos en este versculo. Pero en un sentido ms cabal, nuestro bien es entrar en el destino para el cual fuimos creados: ser conformes a la imagen de Jesucristo y as "glorificar a Dios, y gozarlo para siempre". La providencia de Dios nos conducir all. Cuando hablamos del "bien" estamos introduciendo el tema del "mal". Y como el versculo de Romanos nos dice que "todas las cosas les ayudan a bien" a los que son llamados por Dios, la pregunta que surge inmediatamente es si el mal est incluido entre estas cosas. El mal est sujeto a la direccin de Dios? Sera posible interpretar el versculo de Romanos 8:28 como significando que todas las cosas coherentes con la justicia ayudan a bien a los que aman a Dios. Pero a la luz de todas las Escrituras esto sera diluir el texto sin ningn justificativo. Todas las cosas, incluyendo el mal, son usadas por Dios para lograr sus buenos propsitos en el mundo. Existen dos reas donde debemos considerar el uso que Dios hace del mal para el bien. Primero, est la maldad de otros. Ayuda sta para el bien del creyente? La Biblia nos responde que "S" en varias oportunidades. Cuando el hijo de Noem, un israelita, se cas con
Rut, una moabita, este matrimonio era un pecado porque era contrario a la voluntad revelada de Dios. Los judos no se casaban con los gentiles. Sin embargo, este matrimonio permiti que Rut conociera a Noem y que, por lo tanto, estuviera expuesta al verdadero Dios, y que cuando llegar el momento de elegir, eligiera servirle. "Tu pueblo ser mi pueblo, y tu Dios mi Dios" (Rut 1:16). Cuando Rut enviud, se cas con Booz. A travs de su nuevo esposo, Rut entr en la lnea de descendencia del Seor Jesucristo, el Mesas (Mt. 1:5). David fue una persona que tuvo que sufrir mucho por los pecados de otros contra l, incluyendo los pecados de sus propios hijos. Pero al ver cmo Dios obraba en l por medio de estas experiencias, pudo apreciar la mano de Dios en su sufrimiento y expresar su fe en los salmos. Estos salmos han sido de inconmensurable bendicin para millones de personas. Oseas tuvo que sufrir la infidelidad de su mujer, Gomer. Pero Dios utiliz su experiencia para crear uno de los libros ms hermosos, conmovedores e instructivos del Antiguo Testamento. Pero el ms grande ejemplo de cmo los pecados de otros ayudan para el bien del pueblo de Dios lo tenemos en el pecado que se derram sobre el Seor Jesucristo. Los lderes contemporneos con Cristo lo odiaban por su santidad y deseaban eliminar su presencia de sus vidas. Satans obr por su odio para golpear a Dios, animndoles a que trataran al Cristo encarnado sin misericordia. Pero Dios hizo que esto obrara para nuestro bien, que la crucifixin de Cristo obrara para nuestra salvacin. En ningn caso Dios fue responsable de la maldad, aunque estaban involucrados el pecado humano y el pecado de Satans. En ningn caso Dios particip del pecado. Jess mismo dijo con respecto a Judas: "A la verdad el Hijo del Hombre va, segn est escrito de l, mas ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado!" (Mt. 26:24). Y antes ya haba dicho: "...porque es necesario que vengan tropiezos, pero ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo" (Mt. 18:7). Sin embargo, si bien Dios no tuvo ninguna parte con el pecado, obr por su intermedio para el bien, de acuerdo con sus propsitos eternos. La otra rea donde debemos considerar el uso que Di os hace del mal para cumplir sus propsitos es nuestro propio pecado. Este punto es ms complicado de apreciar, porque el pecado tambin produce nuestra infelicidad y ciega nuestros ojos de modo que no podemos ver cmo acta Dios. Pero el bien tambin est involucrado. Por ejemplo, los hermanos de Jos le tenan envidia porque Jos era el hijo preferido de su padre. Fue as que conspiraron contra l y lo vendieron a un grupo de mercaderes madianitas que lo llevaron a Egipto. All, Jos trabaj como esclavo. Con el tiempo, fue puesto en prisin por causa de las acusaciones injustas de una mujer desairada. Luego, lleg a ejercer el poder, el segundo de Faran, y por su intermedio se almacen el grano durante los siete aos de prosperidad para los subsiguientes siete aos de sequa y hambre. Durante ese perodo, sus hermanos que tambin estaban padeciendo hambre vinieron a Egipto y fueron ayudados por Jos.
Fueron ayudados por el mismo que ellos haban rechazado! El resultado estaba bajo el control de Dios, como Jos luego les explic: Yo soy Jos vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcis, ni os pese de haberme vendido ac; porque para preservacin de vida me envi Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos aos de hambre en medio de la tierra, y an quedan cinco aos en los cuales ni habr arada ni siega. Y Dios me envi delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberacin. As, pues, no me enviasteis ac vosotros, sino Dios. (Gn.