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El documento resume cinco discursos de Tucídides sobre la exculpación de Pericles. Tucídides admiraba a Pericles y quería preservar su imagen positiva a pesar de las responsabilidades de Atenas en la guerra. Al analizar las causas del conflicto, Tucídides omite la política expansiva de Pericles que alarmó a Esparta. Para exonerar a Pericles, el historiador aprovecha discursos prebélicos que lavan la imagen del político. De esta forma, Tucídides diluye las culpas de Atenas y manti

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El documento resume cinco discursos de Tucídides sobre la exculpación de Pericles. Tucídides admiraba a Pericles y quería preservar su imagen positiva a pesar de las responsabilidades de Atenas en la guerra. Al analizar las causas del conflicto, Tucídides omite la política expansiva de Pericles que alarmó a Esparta. Para exonerar a Pericles, el historiador aprovecha discursos prebélicos que lavan la imagen del político. De esta forma, Tucídides diluye las culpas de Atenas y manti

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ESTUDIOS CLASICOS

RGANO DE LA SOCIEDAD ESPAOLA DE ESTUDIOS CLSICOS

TOMO XXXVII (NMERO 108) MADRID 1995

FRANCISCO RODR~GUEZ ADRADOS,CARMEN COWFJERMERINO,ALFONSO MARTINEZ DEz, Ma EMILIA MART~EZ-FRESNEDA BARRERA, MANUEL MARTL NEZ QUINTANA,MERCEDES MORILLAS, JOS GARcA MPEZ,ANTONIGONZALEZ SENMART, ANTONIO GUZMAN GUERRA, JAVIER ISO, JOShhRh MAESTRE, MIGUEL RODR~GUEZ-PANTOJA, Presidente y miembros de la Junta Directiva de la S.E.E.C.
Redaccin: HORTALEZA 104,2' izq., 28004 MADRID.

Para la publicacin de este nmero, la SEEC ha contado con la ayuda econmica de la CICYT. ISSN: 0014-1453 Depsito legal: M. 567-1958. Composicin e impresin: EDICLAS S.A., Magnolias 9,28029 Madrid

Pgs. CULTURA

CLASICA

Au~usro COMAMALA, La exculpacin de Pericespor Tucidides: comentario de cinco discursos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . JUANFRANCISCO MARTOS MONTIEL, El tema del placer en Platn

..........

FRANCLSCO RODI~GUEZ ADRADOS, Ansttefes en la Atenas de su tiempo ..... J d J. CAE ROL^ PREZ, Araerj oti f u h s (Cic Har. 4): Paz civJ
u cmao>> de los jveoes aristcratas? ............................... JESs BARTOLOM G~MEZ, Discurso dd autor y dxiumo de los personajes: el or~gen de SeMo Tulio segn %I refato de Tito L h o .................

F R A N C ~ RODI~GUEZ ~C~ ADRADOS, Las Humanidades, del Mundo Clsim al mundoactual ................................................. FERNLILLO REDONET, Una rewkin del w m c de tema clLic0

........

El anunciado concurso de trasfado (p. 149). E I Curso de Latn de Cambn'dge, el futuro de la as~gnatura(A. Cabeza Andrs, p. 149). Los estudios clscos en Crdoba (Azgentim) (E. Astrada - J. Consigli - M.A. Hernndez, p. 153). Pheras JormcIas de Didctica de las Lenguas Usias para profesores de Enseanza Media de AncIalucia (J. G o d e z Vzquez, p. 155). Revisa Catedra Nova (p. 156). N o v h d : el cofre de arqudogo (J.L. Navarro, p. 157).

Jornadas de Mceoologia (F. Aura Jorro, p. 161). El N Shposium Platonicum (F.R. Adrados, p. 162). Curso de h g u a y Cidizacin Griega Moderna (R. Garca Ortega - A.I. Fernndez Galvn, p. 162). La Mitologa Usia en la pintura y escultura actuales M . D . Gallardo, p. 164). La traduccin def drama griego antiguo en todas las lenguas del mundo (A. Martnez Diez, p. 164). N Coloque Internatiomle sur la pens antique d e s or~ghesde I'homme d'apn3 les ancienm (JA. Mpez Frez, p. 165). V Jornadas Internacionales Estudios actuales de textos gn'egom (J.A. Mpez Frez, p. 166). Comgresos y reuniones cefebrados o previstos (p. 168). La entrega de los p m o s de la FmdaaZn Onassis (F.R. Adrados, p. 171). Dodomdo Honoris Causa post mortun al proEesor M~&efDolq y Do& (p. 171).

RESERAS DE LIBROS
@IR.), Las primeras ciwiizacioL. BURN,Mitosgnegos (R. Torn), p. 175. P. LVSQUE nes. Tomo 1 De los despotimos orimtafes a la ciudad griega (J.J. Caerols), p. 175. - E. HANDLEY, hages of the Greel i'eatre (J.L. Navarro), p. 177. M. A. R. GREEN Plutarco. Cuestones romanas (J.J. Caerols), p. 178. J. LE GALL MARCOS CASQUERO, M. LE GLAY, El npeno R o m o . Tomo 1. (M. Martina Quintana), p. 180. C. Co- J.A. GONZLEZ IGLESIAS (edd.), Antonio de Nebri/. Edad Media y RenaciDOER miento ( M . Martnez Quintana), p. 181. J. SERRANO SERRANO, El juego de los doblea lengua castellana. Evolucin del idioma. Uni'dad tes. Desde las lenguas clsiiras a f didctica para Cultura Clsica y dengua castellana y fitexatwa. Enseanza Secundaria,> (J.Ma Rodriguez Jiinez), p. 183. L. MACLA APARICIO, El estado ateniense como modelo c f ~ c de o la democracia (R. E p e z Gregoris), p. 184. ARIT~TELE~, Repro dumin de los anuaales (J. Estrada), p. 188. A. ERSKINE, The Hdlenistic Stoa Pofitical thought and action (J.M. Alonso-Nez), p. 189. G. WIRTH,Diodor und das Ende des HeVeotmrus Mutmasmngen zu ahun f s t mb&anten Histooriker (J.M. - M.P. GARCLAGELABERT, Cstulo, ciudad Alonsc+NiiQ), p. 190. J.M. BLAZQUEZ ibero-rornana (G. Lpez Montegudo), p. 191. J.M. BLAZQwz - J. REMESAL - E. RODR~GUEZ, Excavaciones arqueolgicas en el Monte Tesfaaio (G. E p e z Montegudo), z Ncoc=AA~~~~rjl;oap (A.Villar), p a r ~ ~ p. ~ j194. p. 193. A r ~ m T~TIANAKHE,

ACTIVIDADES DE LA SOCIEDAD ESPANOLA DE ESTUDIOS CLASICOS

Al tamioar el maodato de los CIargos D k t i v o s de la Jmta (p. 199). Convocatoria de /a Asmblea Geneeral(p. 201). Convocaton;? de der~~ones de &gos Dkectivos de la SEEC (p. 201). Convocato& de elecciones de las Juntas de las Delegaciones (p. 203). l X Congreso Espaol de Estudios ~ s i w s(p. 203). Eco dd Congzso (p. 205). Reunin de f a Junta Directiva (p. 206). Temas de e n = : negociaciones con el MEC y con las Autonoms (p. 206). N e g o c i a a ~ w n partidos po/ticos (p. 207). Concmo CalaZoscopio (p. 208). Certamen Ci~oniaOo (p. 208). Euroclasica. Confenncia *a& EIecciones (p. 209). Kaje arqueolgico a la ruta c6ioa de la seda (p. 209). Esrrlo de la Sociedad Espaola de Estudios Clsiws al Secmtano de Estado de Edumcin (p. 210).

Delegaao de Afionte (p. 212). De/gacin de Astwias (p. 212). DeIegaaOn de Baleares (p. 213). Delega& de CZdiz (p. 213). DelegaaZn de &arias (p. 214). Delegacin de Chstilla-La Macha @. 215). Blegacin de Chtafua (p. 215). DefegauOn de Crdo- (p. 216). Blegacin de Galica (p. 217). Delegau'n de Graoada (p. 217). Delegacin de Madnii (p. 217). Delkgaa'n de MLaga (p. 218). Ddegacin dd Pais Vasco (p. 219). Delegacin de Pamplona (p. 219). DeIegau& de Salamanira (p. 220). Delegacin de SeviUa (p. 220). Delegacin de Vfencia (p. 221). ABsrRACTS OF THE PAPERS (p. 223).

CULTURA CLSICA

LA EXCULPACIN DE PERICLES POR TUCDIDES: COMENTARIO DE CINCO DISCURSOS

El apellido Oloro se relaciona con el del rey de Tracia que, en tiempos de Pisstrato, cas a su hija con Milcades Filaida, el futuro vencedor de Maratn y padre de Cimn. Por parte de los Filaidas estaban emparentados ambos Tucdides: el historiador y el hijo de Melesias, partidario de la poltica oligrquica y futuro adversario poltico de Pericles. En cuanto a su edad sabemos que en el 424, al ser elegido estratego, Tucdides haba cumplido los 30 aos. En esa fecha, en su primera y nica intervencin militar fue derrotado en Anfipolis, procesado y condenado al exilio. Suponiendo que los 30 los hubiera cumplido el ao anterior, Tucdides habra nacido alrededor del 455, y tendra 25-26 aos cuando muri Pericles. Tenemos pues a un joven ateniense, aristcrata y rico, que vivi en Atenas durante su adolescencia y primera juventud el corto fulgor de la gloria de Pericles. Tucdides se educ, con mucho aprovechamiento, como se comprueba en la redaccin de los discursos seleccionados, en el seno de la lite intelectual del momento: la Sofistica y la Retrica, de la mano del maestro Antifonte de Ramnunte. Y es muy probable que este joven lcido, cultivado, sensible, inquieto y curioso viviera con entusiasmo el excepcional momento del esplendor ateniense y conociera de terca a Pericles, Fidias, Aspasia, Herdoto, Protgoras, Anaxgoras, Eurpides, etc. Cuando Tucdides tuvo que exiliarse de Atenas, Gorgias llevaba unos tres aos en la ciudad y Scrates tena unos 45 aos.

AUGUSTO COMAMALA

Leskyl, 1985, ha subrayado la afinidad intelectual y moral de Tucdides con Pericles: Todo intento de querer separar la concepcin de Pericles de la de Tucdides sera erroneo)). Es importante asumir la idea de que Tucdides escribi su Hist o k despus del 404, cuando la Guerra del Peloponeso, 431-404 a. J. C., ya haba finalizado; implcitamente, l mismo lo reconoce en 1 1 65 y en otros pasajes de su obra. No cabe duda de que durante los largos aos de la misma, sobre todo despus de ser desterrado de Atenas, el historiador tuvo tiempo para reflexionar sobre los sucesos acaecidos, meditar sobre sus causas y decidir sobre la estructura y el contenido de su obra. Entre su exilio y el final de la contienda transcurrieron veinte aos. Conviene detenerse a considerar la opinin de Tucidides sobre las causas de la guerra, 1 23.5. Dice: La comenzaron los atenienses y los peloponesios al romper el tratado de paz (44615) ... Las razones pblicamente declaradas de esta ruptura son los conflictos de Corcira y de Potidea ... La causa ms verdadera la constituye el miedo de Esparta ante el poder creciente de Atenas ...D. Sobre las causas blicas, tema muy opinable, pensamos que la causa ms aproximada a la verdadera, si puede haber una sola causa, fue ia poltica prepotente y expansiva ae una Atenas imperialista, presidida por Periclesz,la que alarm y colm la paciencia de Esparta. Sobre esta cuestin advertimos que Tucdides paV , tanto rece ignorar la causa de los males)), PX-?~K U K ~ que preocupaba a Herodoto3 y que un historiador de nuestros das, imparcial y neutral, atribuira a Pericles. Pero creemos que esto, precisamente, era lo que no poda ni quera confesar Tucdides, que siempre admir y vener a Pericles. En el momento de redactar los captulos sobre los antecedentes histricos de Atenas y las causas de la guerra, conociendo el resultado de la misma, deba resultar muy penoso para Tucdides reconocer culpabilidad en la poltica autoritaria y agresiva de su amigo Pericles. Haba que preservar la imagen del admirado poltico y diluir las responsabilidades de Atenas. Qu es lo que hizo Tucdides?. Aventuramos una hiptesis. Con la guerra terminada Tucdides pudo valorar el desastre sufri'Albin Lesky se ha ocupado extensamente de la persona y obra de Tucdides. Dice que l fue el historigrafo mas grande de la Antigedad, pg. 485. Ver el relato tuciddeo & la Pentecontecia 1 89-118. 'Historia V 97.3. Nota 491, C. Schrader.

LA EXCULPACIN DE PERICLES POR T U C ~ I D E S

do por Atenas y la responsabilidad de Pericles en el mismo. Para lavar y descargar su imagen, el historiador aprovech cinco de los discursos pre-blicos de los protagonistas, transcritos en el Libro 1de su Historia de la Guerra. En el momento de redactarlos, con retrica sobresaliente, Tucdides hizo decir a los oradores lo que convena a sus propsitos. iY ah estn los discursos! ... De muchas voces y una sola pluma, verdadero bloque temtico, de donde tambin podra deducirse, adems, que Esparta hizo una guerra preventiva, que Atenas la hizo defensiva y que la culpa de la derrota de Atenas corresponde a 'los otros': a los sucesores de Pericles en el gobierno de la ciudad y en la direccin de la guerra, por no haber seguido sus consejos. La cuestin de los discursos tuciddeos ha sido ampliamente debatida y ha merecido la atencin de todos los estudiosos que se han ocupado del historiador Tucdides de Oloro4. El mismo di principio a la polmica cuando cuando dej escrito: Tal como me pareca que cada orador habra hablado, con las palabras ms adecuadas a las circunstancias de cada momento, cindome lo ms posible a la idea global de las palabras verdaderamente pronunciadas: en este sentido estn redactados los discursos de mi obra Y dej la polmica abierta para siempre. Parece como si el texto reconociera implcitamente que el historiador puede decir lo que l crea que se deba decir. Si fuera as (tal como fue) Tucdides deslizara en estos discursos, con la excusa de decir lo que los oradores tenan i51 pectore, las palabras afines a sus intenciones; por lo cual es inevitable deducir que en 'sus' discursos verta Tucdides mucha opinin propia, tal como seala la mayora de los autores. Tucdides, en los primeros discursos, los del Libro 1 ms los de Pericles en el 11, encierra un proyecto complejo que abarca desde hacer la semblanza poltica de los grandes protagonistas de, la Guerra del Peloponeso; la justificacin del imperio ateniense; el reparto de responsabilidades en la gestacin y comienzo de la misma, hasta la exculpacin y defensa de Pericles; la apologa de la democracia de Atenas, el panegrico de los aiIos de gloria ateniense y el testamento de Pericles.
Una amplia bibliografa se encuentra en las notas de las traducciones contrasta&s.

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Todas las intenciones del proyecto tuciddeo ya han sido desveladas, desde hace tiempo, estudiadas y comentadas por numerosos autores. No obstante, nos parece que alguna, quiz un poco olvidada, merece una reflexion adicional. En el intento de recordar y actualizar alguna de las intenciones del historiador hemos analizado los textos de un conjunto de discursos. Del tema principal encontrado en los textos seleccionados se trasluce una idea fija de Tucidides: la intencion prioritaria de exculpar a Pericles de cualquier responsabilidad en la declaracion y comienzo de la Guerra al tiempo que justificaba el imperialismo de Atenas.
1 1 . LAS RAZONES DECLARADAS. LOS CONFLICTOS DE CORCIRA

POTIDEA Corcira: Epidamno, la actual Durres en la costa de Albania, era una ciudad fundada por Corcira, en la actual Corf, a su vez fundacin corintia. Con el tiempo Epidamno se hizo rica y poderosa; pero tras muchos aos de disensiones internas perdi poder. En esa situacin el pueblo expuls a los aristocratas y stos, en compaia de los brbaros, atacaron a los de la ciudad por tierra y por mar. Cuando la ciudad se vio en apuros pidi ayuda a Corcira, como metropoli suya que era, pero los corcireos no les atendieron. Los epidamnios acudieron entonces a Corinto, que haba presidido la fundacin de su ciudad. Los corintios accedieron a prestarles ayuda: enviaron colonos y tropas. Cuando los corcireos se enteraron de que los colonos y la guarnicin corintia haban llegado a Epidamno se irritaron y zarparon inmediatamente contra ellos y pusieron sitio a la ciudad. Los corintios prepararon y enviaron una expedicin de socorro. En el enfrentamiento naval entre ambas escuadras vencieron ampliamente los corcireos, que levantaron un trofeo en Leucimna, ao 435. Los corintios prepararon la revancha; se dedicaron a construir naves y a preparar una expedicin. Cuando los corcireos se enteraron de los preparativos se asustaron y decidieron dirigirse a los atenienses, hacerse sus aliados y conseguir ayuda de ellos. Atenas, que no poda luchar contra Corinto, miembro de la Liga Peloponesia, presidida por Esparta, en virtud del tratado de
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LA MCULPACI~N DE PERICLES POR T U C ~ I D E S

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paz de treinta aos que tena firmado con la Liga, concert una alianza defensiva con Corciras. El pacto slo les obligaba a la ayuda mutua en caso de que alguien atacase Corcira o Atenas. Preventivamente, Atenas envi a Corcira un socorro de diez naves; tenan orden de no luchar contra los corintios, a no ser que estos navegaran contra Corcira y fueran a desembarcar. Cuando la expedicin corintia estuvo lista zarp contra Corcira: navegaban ciento cincuenta naves. Los corcirenses aprestaron ciento diez naves. Las dos flotas se avistaron cerca de las islas Sbota y se colocaron frente a frente en orden de batalla. Las naves atenienses se colocaron a continuacin del ala derecha corcirense, distantes para evitar cualquier choque. La batalla fue violenta. El ala derecha de los corintios fue la ms castigada y los corcireos la pusieron en fuga; pero en el ala izquierda vencan los corintios con mucha ventaja. Los atenienses pasaron a la accin, sin vacilaciones, al ver que los corcireos, llevando la peor parte, se daban a la fuga y eran acosados y perseguidos por los corintios. Entonces se lleg a un punto en que se hizo inevitable que corintios y atenienses combatieran entre s. La batalla de las islas Sbota, 433, tuvo un resultado incierto. Este fue el primer motivo de guerra que tuvieron los corintios y sus aliados peloponesios contra los atenienses. Potidea: Inmediatamente despus de este conflicto sugieron nuevas diferencias entre las dos potencias. Los atenienses presionaron a Potidea, ciudad aliada y tributaria de Atenas, aunque de fundacin corintia, situada en el istmo de Palene, Calcdica, para que demoliera la muralla que la defenda de los ataques por mar, les entregara rehenes y no recibieran a los embajadores corintios que les visitaban cada ao6.Estas fueron las precauciones que tomaron los atenienses, pues la hostilidad de Corinto ya era manifiesta. Los potideatas y otras ciudades de la regin se sublevaron contra Atenas. Los corintios, temiendo por la regin y considerando el peligro como propio, enviaron tropas en ayuda de las
Es impensable que la opinin del estrateg4~ericles, la primera autoridad de A t e nas, fuera ajena a esta alianza. Es impensable que la autoridad de Pencles no estuviera detrs de estas decisiones.

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ciudades sublevadas; marcharon voluntarios corintios y mercenarios del resto del Peloponeso. Los atenienses hicieron lo mismo y enviaron una expedicin para restablecer la situacin. Entonces ambos bandos comenzaron una serie de operaciones complejas con numerosos desplazamientos, encuentros y escaramuzas, en lugares y escenarios varios, en las que participaron macedonios, potideatas y aliados, corintios, peloponesios y atenienses, principalmente. Finalmente, el resultado fue ventajoso para Atenas. Un resto de las tropas corintias y peloponesias, perseguido por los atenienses, logr refugiarse en Potidea. Los otros no pudieron tomarla y pusieron cerco a la ciudad; comenzaba as el asedio de Potidea por los atenienses. De esta forma se encontraron de nuevo enfrentados atenienses y peloponesios. El motivo de queja para los corintios era que los atenienses sitiaban Potidea, una colonia suya, con corintios y peloponesios en su interior, y para los atenienses que los peloponesios haban instigado la sublevacin de una ciudad que les pagaba tributo y porque haban ido all y combatido abiertamente contra ellos al lado de los potideatas. La verdadera guerra no tardara en estallar.
1 1 1 . LOSDISCURSOS

Los cinco discursos incluidos en nuestro conjunto son: los pronunciados ante la asamblea de Esparta por los corintios (l), atenienses (2), Arquidamo (3), Esteneladas (4) y el de Pericles ante la asamblea ateniense en vsperas de la Guerra. Tucdides seguramente escuchara el de Pericles, pues es dificil creer que no siguiera muy de cerca los asuntos pblicos de la ciudad en unos momentos tan conflictivos. 1. Los conhtios ea Esparta 1 68-72. Al ao siguiente, mientras los atenienses asediaban Potidea una asamblea de la Liga Peloponesia tuvo lugar en Esparta. All, delante de sus aliados, hablaron los embajadores corintios inquietos por la suerte que corran las fuerzas corintias que participaban en la defensa de aquella ciudad. Otra vez estaban enfrentadas Atenas y Corinto y esta ltima denunci, ante sus aliados, la
Estudios CfVcm108, 1995

LA EXCULPACI~N DE PERICLES POR TUCDIDES

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poltica agresiva de Atenas y propuso la guerra como nico medio para terminar con el imperialismo de los atenienses. El historiador aprovech la ocasin de este discurso para inclinar hacia la Liga Peloponesia la responsabilidad del comienzo de la Guerra del Peloponeso, cuya Historia estaba escribiendo. Al mismo tiempo, Tucdides hizo la semblanza del talante poltico y social de las dos ciudades, Esparta y Atenas, que al frente de sus respectivos aliados iban a protagonizar la mayor conmocin que haba afectado a los griegos y a buena parte de los brbaros, tal como dej escrito. En la asamblea los corintios se dirigen particularmente a Esparta y la hacen responsable de la grave situacin a que se ha llegado con su poltica claudicante. Les critican su permisividad cuando los atenienses fortificaron su ciudad y levantaron los Muros Largos; les reprochan su pasividad ante la poltica expansiva de Atenas, su desconfianza e indiferencia cuando ellos insistan en denunciarla y les recriminan su falta de decisin para ayudar a los aliados agraviados por Atenas. La situacin que documentan los corintios es la pujanza, el poder y la agresividad de Atenas frente a la indecisin y ceguera de ios lacedemonios: ((Vuestra fama resuita superior a las obras ... Segus una poltica de paz y no defendis a nadie con vuestro poder, sino con la intencin de hacerlo algn da ... Las esperanzas puestas en vosotros han causado varias veces la ruina de los que por confiar demasiado no tomaron sus precauciones ... Estn en juego importantes intereses de los cuales parece que no os dais cuenta, como tampoco parecis reflexionar sobre cul es el caracter de los atenienses, contra quienes habis de luchar ... De todo esto nos quejamos ante unos amigos que obran mal por error. De los atenienses dicen: Son amigos de novedades y rpidos en hacer planes y poner en prctica lo que deciden ... Son audaces hasta por encima de sus fuerzas, arrostran los peligros hasta contra la prudencia y en ellos tienen buena esperanza ... Son prontos ed el obrar ... Aficionados a salir de su pas, pues piensan que saliendo quiz adquieran algo ... Cuando vencen explotan el xito, y, vencidos, son los que menos pierden ... Cuando no alcanzan el objetivo previsto consideran que han perdido algo propio, si consiguen algo piensan que es un pequeiio logro de lo que esperan obtener en el futuro y si fracasan en alguna tentativa compensan su frustracin con nuevas esperanzas ... Estos son los

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afanes de su vida, consideran que el ocio no es preferible a una actividad en medio de dificultades y peligros ... Apenas disfrutan de lo que tienen debido a que siempre siguen adquiriendo. De manera que uno dira bien si afirmara resumiendo que los atenienses han nacido para no tener paz ellos mismos ni dejar que la tengan los dems)). Los corintios terminaron su discurso encareciendo a los lacedemonios a no demorarse frente a una ciudad con aquellas cualidades, a ayudar a los potideatas y a invadir el Atica rpidamente. Tucdides, por boca de los embajadores corintios, retrata la idiosincrasia de los futuros contendientes. Est claro que al historiador los lacedemonios le parecen, en buena medida, anticuados, apocados, conservadores, culpables, desconfiados, faltos de imaginacin, indiferentes, irresolutos, lentos, pasivos, pesimistas, poco perspicaces, de prudencia suicida y titubeantes. Y que los atenienses eran: agresivos, audaces, enrgicos, expansivos, imaginativos, incansables, optimistas, prontos en la concepcin, rpidos y resueltos en la accin y temerarios. 2. Los atenienses en Esparta 1 73-78. Casualmente, unos embajadores atenienses que se encontraban en Esparta, ocupados en otros negocios, creyeron que Atenas era difamada y pidieron hacer uso de la palabra en aquella asamblea, gracia que las fue concedida. En el discurso de estos embajadores se escucha, en voz alta, el pensamiento de Pericles y aparece la afinidad entre Tucdides y Pericles, de que habla Lesky. Y despus de los corintios hablaron los atenienses, ms bien arrogantes y desdeosos. Dijeron que hablaban no para defenderse de las acusaciones que haban escuchado, pues los otros no eran los jueces adecuados, sino para advertirles que no se precipitasen en tomar una decisin poco acertada. La reflexin de los atenienses comienza ponderando el papel de Atenas en las Guerras Mdicas, para mostrar con qu ciudad tendran que luchar los peloponesios si no reflexionaban bien. Los atenienses recordaron que en Maratn lucharon y vencieron ellos solos, y que en Salamina, despus de destruir sus bienes y abandonar Atenas al saqueo del enemigo, aportaron los tres elementos ms valiosos: la escuadra ms numerosa, el mejor almirante y
Estudios CIsicos 108, 1995

LA MCULPACI~N DE PERICLES POR TUC~DIDES

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el ardor blico ms pronto y ms audaz para alcanzar una victoria que impidi la invasin del Peloponeso por los persas. Despus de reprochar a Esparta que el agradecimiento que tales hechos merecan no fuera ciente te para hacerse perdonar el envidiado imperio que posean, los atenienses subrayan que dicho imperio: No lo adquirimos por la fuerza, sino por no querer vosotros [Esparta la primera] permanecer en lucha contra los brbaros, y venir los aliados a nosotros y convertirnos en sus hegemones. Por la fuerza misma de las circunstancas nos vimos obligados a transformar la organizacin de la alianza que haba derrotado a los persas: primero por miedo, luego por la honra que nos reportaba y finalmente por el provecho que obtenamos ... Hasta llegar al estado de hoy. Tampoco se olvidan de recordarle a Esparta que ella haba hecho lo mismo: Tenis la hegemona de las ciudades del Peloponeso despus que las habis organizado polticamente segn vuestra conveniencia. Los atenienses afirman ser dignos del imperio que poseen y se justifican: Por tanto, no hemos hecho nada digno de extraileza al aceptar un imperio que se nos daba y no abandonarlo ... No nemos sido los primeros, pues siempre ha sido normal que el dbil sea reducido a la obediencia por el poderoso)). Condenan el oportunismo de Esparta invocando contra Atenas razones de justicia: Cosa que ninguno, sindole posible adquirir algo por la fuerza, nunca ha tomado en consideracin)). Adems, los atenienses, proclamaron su moderacin en el ejercicio del poder: Y son dignos de alabanza los que, llevados por la humana iiaturaleza a imperar sobre otros, sean ms justos de lo que corresponde a sus fuerzas. Nuestra suavidad de gobierno ha sido envuelta por incomprensible difamacin y creemos que si otros tomaran nuestro imperio haran ver muy bien nuestra moderacin)). Finalmente, los atenienses recomiendan prudencia y calma en las deliberaciones, que piensen en las posibilidades de error que hay en los planes que se hacen en una guerra y que es mejor resolver las diferencias por la va legal, mediante un arbitraje conforme al tratado de paz que tenan firmado; en caso contrario: ((Pondremos por testigos a los dioses por quienes juramos e intentaremos defendernos de vosotros, los iniciadores de la guerra, siguiendo el camino por el que nos hayis llevado)).

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El tema del texto transcrito por Tucdides no es otro que la justificacin y defensa del envidiado imperio 'ateniense, la afirmacion del talante pacfico de Atenas y la responsabilidad de Esparta en la declaracin de la guerra que se acercaba. Despus de estos discursos, la imagen de Esparta quedaba bastante desmerecida; el historiador la realza por boca de Arquidamo, rey de Esparta, que tena fama de inteligente y prudente.
3 y 4. Discursos de Arquidamo y Esteneladas 1 80-86. Y una vez que los lacedemonios oyeron a sus aliados y a los atenienses los despidieron a todos y se pusieron a deliberar entre ellos. La opinin mayoritaria era que los atenienses haban violado los juramentos de paz y que haba que declararles la guerra inmediatamente. En este momento habl Arquidamo, su rey. Arquidamo comenz diciendo que Atenas les aventajaba en naves, en experiencia marinera, en aliados tributarios y en dinero y que no se poda ir contra ella sin tener hechos todos los preparativos necesarios. Que si bien el ejrcito propio era superior en armamento y nmero y poda devastar el territorio tico haciendo incursiones, los atenienses tenan otro territorio en las islas, sobre el que imperaban, que poda procurarles por mar todo lo que necesitaran. Termin la primera parte de su discurso recomendando ganar tiempo para prepararse, buscar aliados y dinero:No debemos dejarnos llevar por la esperanza de que la guerra acabar pronto si devastamos su territorio. Ms bien me temo que se la dejemos a nuestros hijos ... La guerra de hombres de tierra adentro contra marinos no consiste tanto en las armas como en el dinero, que hace intitiles las armas. En la segunda parte, Tucdides por boca de su rey rehabilit los valores de la condicin y carcter de Esparta: Yque nadie considere cobarda el que no ataquemos rpidamente, pues habitamos una ciudad siempre libre y gloriosa, ni os avergoncis de la lentitud y demora, que es lo que ms se nos reprocha ... Este rasgo de carcter es sin duda prudencia inteligente; gracias a l somos los nicos que no nos propasamos en los xitos, cedemos menos que otros a los infortunios y no nos dejamos mover por los que nos incitan con su adulacin o mediante acusaciones ... Gracias a nuestra prudencia somos valientes en la guerra y de buen consejo: lo primero, porque el honor tiene parte de prudenEstudios Clicos 108. 1995

cia, y el valor de honor; y lo segundo, porque nos educamos demasiado rudamente para despreciar las leyes, y con demasiada disciplina y severidad para desobedecerlas ... Un hombre no difiere mucho de otro y es el ms fuerte el que se educa con mayor severidad ... Siempre nos preparamos pensando en enfrentarnos con enemigos que han hecho bien sus planes; no se deben poner las esperanzas en los posibles errores de aquellos sino en que nosotros hayamos tomado todas las precauciones ... No abandonemos, pues, estos principios que nos dejaron en herencia nuestros padres y que nosotros hemos mantenido siempre con provecho propio, ni decidamos precipitadamente sino con calma ... Enviad embajadores a Atenas ... Y al mismo tiempo preparos para la guerra)). De esta manera habl Arquidamo. Por ltimo hablo el otro foro, Esteneledas, que dijo: No entiendo el largo discurso de los atenienses; pues aunque se alabaron mucho a s mismos, en ninguna parte dijeron que no hacen agravio a nuestros aliados y al Peloponeso; si entonces se portaron bien contra los persas y ahora mal contra nosotros son merecedores de un castigo doble por haberse convertido de buenos en malos ... Nosotros somos los mismos entonces y ahora, y, si somos prudentes, no toleraremos que nuestros aliados sean maltratados ni tardaremos en vengarlos ... Tampoco debemos resolver las diferencias con negociaciones, puesto que no es de palabra como somos maltratados ... Votad la guerra joh lacedemonios! conforme a la dignidad de Esparta, no traicionemos a nuestros aliados y marchemos contra los culpables)). As hablo el foro. Tucdides subray la responsabilidad de Esparta en el comienzo de la guerra con los discursos de sus mximos dirigentes; uno la propici con prudencia y el otro sin espera. En la votacin que tuvo lugar a continuacin los lacedemonios votaron que el tratado de paz haba sido violado y que se deba hacer la guerra ... porque teman que los atenienses se hicieran ms poderosos)) (1 88).

5. Discurso de Pendes 1 140-144. En el proyecto, muy bien hilvanado, de Tucdides este primer discurso de Pericles se encarga de insistir sobre el belicismo in-

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transigente de Esparta y de seiialar, por vez primera, los errores que deben evitar los atenienses en el curso de la guerra. Ante la asamblea ateniense Pericles se mostr, como siempre, partidario de no ceder ante las exigencias de los peloponesios: Ya que si accedis a ellas, al punto os darn otra orden de ms importancia, pensando que obedecisteis por miedo; mientras que si corroboris vuestra poltica, les haris ver claramente que deben trataros como a iguales ... Pues la exigencia impuesta significa la esclavitud ... Si antes ya era evidente que los lacedemonios maquinaban contra nosotros ahora lo es ms que nunca; pues habiendo propuesto nosotros que ambas partes sometan a arbitraje sus diferencias, ellos prefieren satisfacer sus quejas con la guerra)). A continuacin, deseoso de convencer a los oyentes de que la guerra era inevitable, porque los otros rechazaban cualquier arbitraje, Pericles expuso una situacin ateniense ventajosa y tranquiliz a los atenienses sobre el desenlace de la guerra: Enteraos oyndome con atencin de que no seremos inferiores en lo que toca a los recursos militares ... Los peloponesios carecen de experiencia en guerras largas y de ultramar; no pueden equipar naves ni enviar fuera muchas veces grandes ejrcitos ... Trabajan con sus manos y no tienen dinero, su pobreza les ser obstculo, pues son las reservas en dinero las que sostienen las guerras ... No son capaces de hacer la guerra contra una organizacin militar diferente; no disponen de una asamblea permanente para poner en prctica un plan con presteza y energa y no siendo todos ellos de igual estirpe cada uno se afana por lo que le interesa olvidando el inters general ... Si ellos avanzan por tierra contra nuestro territorio, nosotros navegaremos contra el suyo y no ser lo mjsmo que una parte del Peloponeso sea devastada o que lo sea el Atica entera: ellos tendrn que luchar para adquirir nuevas tierras, mientras que nosotros tenemos otras posesiones en las islas y en el continente; el dominio del mar es decisivo ... Tal es, me parece, la situacin de los peloponesios, mientras que la nuestra carece de los defectos que les reprochamos y tiene otras ventajas que no admiten comparacin. Mirad: si furamos isleos, quines seran ms inexpugnables, ellos o nosotros? Pues bien, es preciso que ahora os hagis a la idea de una situacin isleiia y que abandonando las casas y la campifia defendis el mar y la ciudad ... Muchas otras razones puedo exponer que dan esperanza de que
Estudias Cf&icos 108, 1995

LA EXCULPACI~N DE PERICLES POR TUCIDIDES

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salgamos vencedores si os decids a no adquirir nuevas posesiones durante la querra y a no atraeros peligros arrostrados voluntariamente. Pues temo mas a nuestros errores que a la estrategia del enemigo ... Nosotros no tomaremos la iniciativa de la guerra pero nos defenderemos de los que la inicien ... Nosotros no debemos ser inferiores a ellos, sino defendernos por todos los medios y tratar de legar intacto este imperio a nuestros descendientes)). Asi habl Pericles.
IV. CONCLUSI~N Ni en ste ni en los otros discursos aparece condenado el imperialismo agresivo de Atenas-Pericles como causa de la guerra; siempre aparece Atenas con talante conciliatorio y negociador: la responsabilidad del comienzo de la guerra es de Esparta. Y los culpables de la derrota de Atenas seran los 'otros': los sucesores de Pericles en el gobierno de la ciudad y en la direccin de la Guerra por los errores cometidos en contra de sus consejos. Tucdides, que comparta con Herdoto la preocupacin por la causa de los males)), la responsabilidad moral de los hechos histricos7, siempre procur lavar la imagen de su amigo: el admirado Pericles. Los atenienses votaron como les propona Pericles, considerando que les aconsejaba lo mejor. Respondieron a los lacedemonios que no aceptaran ninguna imposicin pero que estaban dispuestos, de acuerdo con el tratado de paz, a resolver las querellas por medio de un arbitraje en completa igualdad de condiciones. Tales fueron las acusaciones y las diferencias, iniciadas en el conflicto de Corcira y reforzadas en el de Potidea, que surgieron entre Atenas y Esparta antes de la guerra. Aunque es evidente la responsabilidad de Pericles en dichos conflictos, no en vano era el primer ciudadano))de Atenas, la habilidad retrica de Tucidides desva la responsabilidad de la Guerra a la intransigencia de los peloponesios al arbitraje. Los peloponesios decidieron que los sucesos suponan una violacin del tratado de paz y q motivo para emprender la guerra y se aprestaron a invadir el Atica.

' Torres Esbarranch, nota 81, a 11 12,3.


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Herdoto, Histon'a, Int. de Francisco R. Adrados. Trad. y notas de Carlos Schrader. V-VI, Gredos, 1988. F. Lazaro Carreter y E. Correa Caldern, Cmosecomenta un textofierano, Madrid, Ctedra, 1994. A. Lesky, Histoia de la liferatura&nega, Madrid, Gredos, 1985. J. de Romilly, Thuciddes and Athemn &penndsm, Trad. P. Thody. Oxford, B.B., 1963. Tucidides, Histonh de la Guerra delPelopneso, Introduccin, traduccin y notas de: J. Berenguer Amens, Fundaci Bemat Metge, 1953; V. Conejero Ciriza, Promociones Publicaciones Universitarias, Introduccin de J. Alsina Clota, Barcelona 1988; A. G u m n Guerra, Alianza Editorial, 1989; V. Lpez Soto, Editorial Juventud, 1975; L.M. Macia Aparicio, AkaKlsica, 1989; F. Rodrguez Adrados, Editorial Hemando, 1952-1955; J. de Romilly, Les Belles Lettres, 1953; J.J. Torres Esbarranch, Gredos, 1990-1992.

Estudios CfLicos 108, 1995

EL TEMA DEL PLACER EN P L A T ~ N *

O. El pensamiento platnico sobre el placer1,como sobre otros muchos temas, ha evolucionado a lo largo de su obra, desde el moderado hedonismo tpicamente socrtico del Protgoras, pasando por un largo proceso de meditacin y de crtica visible en el Gorgias, en el Fedn y en la Repblica, hasta llegar a sus propias conclusiones finales del Filebo, sobre todo, donde aparece ya expresada una compleja teora del placer, y las Leyes. El propsito de este artculo es describir brevemente esa evolucin analizando las distintas ideas, definiciones y clasificaciones que sobre el tema del placer fue plasmando Platn en los dilogos mencionados.
1. Comenzamos nuestro recorrido por el Protgoras, cuya redaccin pertenece al llamado perodo socrtico de Platn. En este dilogo se establece, contra la creencia popular, la soberana
Al final de este artculo se recogen las referencias completas de toda la bibliografia mencionada; para las citas'de autores y obras antiguos, seguimos las abreviaturas propuestas por el Diccionario CPiego-Espaol,dirigido por el prof. Adrados. Quiero expresar aqu mi agradecimiento a la Dra. M* Angeles Durn, quien amablemente ley y discuti conmigo un primer borrador de este trabajo, hacindome valiosas observaciones que luego incorpor en su mayora al texto; por supuesto, los errores que pudieran detectarse. son exclusivamente mos. ' La bibliografa sobre la obra platnica es amplsima, y referencias a este tema central de su tica se encuentran en la mayora de los estudios generales sobre el filsofo. De los principales entre ellos puede verse una buena seleccin en los dos volmenes sobre Platn de Guthrie (1990) y (1992), importantes tanto por su amplitud como por su fino anlisis de cada dilogo. Sobre el tema especfico del placer en la obra platnica siguen siendo tiles el libro de Lafontaine (1902) y las pp. 446-62 de Taylor (1928), dedicados a analizar la teora platnica sobre el placer y, a la luz de sta, la aristotlica; tras el captulo del libro de Grube (1973), pp.90-140 y la documentada monografa de Tenkku (1956), merecen destacarse por su novedad y amplitud los captulos correspondientes de Gosling-Taylor (1982), pp. 45-192 y 429-53, y de Cosenza-Laurenti (1993), pp. 85-184, y el voluminoso comentario al Fjlebo de Migliori (1993), especialmente pp. 188-275 y 375-409.

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de la inteligencia y el conocimiento en lo que concierne a la conducta humana. En palabras de Jaeger, dcrates se propone demostrar al sofista que precisamente partiendo de la premisa de considerar acertada la opinin vulgar segn la cual lo bueno es sencillamente lo agradable, es como resulta ms fcil demostrar la tesis socrtica de la importancia fundamental que tiene el saber para trazar una conducta certera, tesis que tan extrafia le parece al sentido comn. Slo se tratar, en efecto, de elegir siempre el mayor placer en vez del menor y de no incurrir en errores de clculo, considerando el placer ms cercano como el mayor2. En efecto, la argumentacin de Scrates se apoya en la idea de que no es un bien aquello que, aunque produzca un placer momentneo, impide la consecucin de placeres mayores, y s, por contra, aquello que, aunque momentneamente no produzca placer, permite gozar a largo plazo de placeres ms importantes3. Un punto debatido ha sido el de si este hedonismo pragmtico que aqu se trasluce sera asumido por el propio Scrates como una peculiar teora moral basada en una 'mtrica del placer' o clculo racional de las ventajas y desventajas de los placeres como regla de conducta utilitarim4, o si por el contrario, slo se tratara de un simple juego retrico que trata de derrotar al adversario con sus propias premisas y poner as en evidencia la pobreza de las concepciones morales de los sofistas5.Al igual que otros crticos, Grube rechaza en principio la idea de un hedonismo socrtico, aunque admite que la cuestin no puede probarse tajantemente: Scrates -escribe- no se identifica en realidad con el clculo hedonstico (que fundamentalmente es un argurnentum a d Protagoram), a pesar de la gran fuerza y entusiasmo, propios de un explorador, con que argumenta al respecto. Aun cuando el Scrates histrico no hubiera mantenido nunca de hecho este punto de vista (cosa que no puede ser probada en absoluto), no resultara chocante para un griego el ver desempefiando este papel al apstol de la utilidad. Los griegos no pasaron por una revolucin puritana y un renacimiento victoriano del Puritanismo,
Jaeger (1985), p. 530.

Cf. Prt. 351b-359a.


Gual (1988), p. 99. As piensan, entre otros, Jaeger (1985), pp. 502-5 y 529-31, y, ms recientemente, Dyson (1976) y Duncan (1978).

EL TEMA DEL PLACER EN P I A T ~ N

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y no vean nada vergonzoso en el goce espontneo. Ni siquiera Platn con toda su austeridad lo vea, a pesar de que en sus primeras obras, como en el Gorgias, y ms an en el Fedn, se exprese acerca de la vida de placer con una severidad digna de un asceta. Afortunadamente, nunca se alej demasiado de su realismo y sentido comn griegos, y esto le libr de todo exceso puritano6. Es cierto que la argumentacin socrtica del Protgoras parece en principio incompatible con las crticas al hedonismo que veremos en el Gorgias y en el Fedn. Nosotros, sin embargo, nos inclinamos a pensar7 que ese motivo del clculo racional de los placeres es autnticamente socrtico, y que Platn fue desarrollando una concepcin independiente, variando los anlisis y actitudes frente al placer en dilogos como el G o r - S , el Fedn y la Repblica, en los que se matiza y recorta bastante el hedonismo moderado de Scrates, y replanteando el problema conceptual desde otro ngulo en el Filebo. Esta evolucin, por supuesto, debe entenderse en un sentido ms de matizacin que de ruptura. En efecto, la ~ E T ~ ~ T ~ p del q Protgoras es, en el fondo, la misma ciencia que capacita para discriminar placeres buenos y malos del Gorgias en adelante; el cambio es slo de cuantitativo a cualitativo. Esa aparente diferencia de postura ante el placer entre el Protgoras y los dilogos siguientes podra consistir simplemente en la colisin del hedonismo, como criterio axiolgico, con el utilitarismo, su gran rival en el acceso a la autonoma moral y preferido en general por Platn salvo, al parecer, en el Protgoras.
Grube (1973), pp. 105-6; sobre la idea del clculo de los placeres, cf. ibid.,pp. 138-9. 'Siguiendo a Gosling-Taylor (1982), pp.45-68. Cf. Cosenza-Laurenti (1993), quienes reconocen que la argumentacin de Scrates sobre el placer en el Protgoras refleja en buena medida xposizioni teoriche gia individuabili nell'insegnamento socratico)) (p. 118), y de hecho en su antologa colocan los pasajes correspondientes del Protgorasen el capitulo sobre Scrates. Cf. tambin Hackforth (1928), quien defiende como genuino el hedonismo de Scrates en el Protgoras, y Berman (1991), quien, sin referirse expresamente a este dilogo, defiende que Scrates fue un hedonista. Son muy tiles las pginas (22-30) que a esta controvertida cuestin dedica Guthrie (1990), si bien disentimos de su opinin, cercana a la de Jaeger (1985), aunque ms moderada, segn la cual Platn no pretende atacar abiertamente a los sofistas, y menos a un oponente tan valioso como Protgoras, sino, argumentando a partir de las propias premisas de stos, mostrarlos en su mejor faceta, sin la hostilidad que adopta en el Gorgias; cf. tambin a este respecto Guthrie (1990), pp. 293-6, donde se comparan los puntos de vista de ambos dilogos. Estudios CIh-icos 108, 1995

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2. El Gorgias muestra bien ese desarrollo hacia una concepcin del placer especficamente platnica a partir de su posicin socrtica original. Calicles, uno de los interlocutores de Scrates en este dilogo, en su concepcin de la naturaleza humana, que sirve de base a la teora del derecho del ms fuerte, defiende la tesis de que slo puede ser realmente feliz quien sea capaz de satisfacer todos los deseos que a lo largo de su vida experimente, sin excepciones ni lmites. De este modo equipara Calicles lo bueno a lo agradable y placentero8, adoptando una postura tan radical que resultar insostenible. En efecto, Scrates desmontar ese argumento por medio de dos pruebas dialcticas de que el placer no es el bien: la primerag establece la no identidad de los conceptos (placer y bien) mediante la no identidad de sus caracterstica^'^; la otra" lleva el argumento a una reductio ad absurdum. Calicles se ve forzado entonces a admitir una distincin entre placeres (y dolores) buenos y <unalos,y a aceptar que, puesto que toda accin debe tender al bien, los placeres han de ser buscados por el bien, no el bien por el placer. Scrates concluye12afirmando que discernir entre placeres buenos y malos, de forma que se consiga siempre el verdadero placer que es el bien del alma, es materia para un experto (TEXVLK~S). .y Aparte de esa distincin cualitativa entre placeres <anejores peores, que desbarata la simple ecuacin hedonista bueno = placentero)), se apunta ya aqu una concepcin del placer como r r h j p w o ~ s ' que ~ , se puede resumir como sigue: en trminos fiAunque esto no aparece explcito en su argumentacin (Grg 482c-484c), la dialctica de Scrates se encarga de poner al descubierto tal premisa (Grg. 491a-492c). Tambin Antifonte, que distingua lo justo por naturaleza de lo justo por convencin, apuntaba la coincidencia de lo primero con lo que procura al hombre placer (fr. B 44). Grg. 495e-497d. Para las crticas a cste argumento platnico, cf. el comentario ad loc. de Dodds (1959), pp. 309-10. 'O Capacidad e incapacidad, respectivamente, de coexistencia con su contrario, pues, segn el ejemplo que propone, ~ L $ ~ U T TLVELV U implica X ~ ~ o p ~ xav o v ~ E L V Grg. : 496e 5. Anteriormente (Grg. 496b-c) ya se ha sealado que placer y dolor , que pueden coexistir uno junto al otro. Esto, no son contrarios ( i v a v ~ i a )puesto sin embargo, no parece conciliarse con el hecho de que en R. 583c aparecen los trmiq ~ O O V <definidos explcitamente como contrarios: cf. al respecto Dodds nos X ~ y (1959), p. 310, y Gosling-Taylor (1982), p. 72. " Grg. 497d-499b. l2 Grg. 499b-500a. l3 Asumida por Calicles en Grg. 494a 6-b 2 (T@ K E V ydp n X q p ~ a a p v @ iKELVW 0 1 3 ~ - r ' EGTLV $ 8 0 ~ 3 068pLa, d X X d T O ~ T ' OTLV, B V U V S C~ yW

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siolgicos, una determinada falta en nuestro organismo (de lquido, de alimento, etc.) nos produce un deseo de llenar ese vaco, deseo que implica dolor; el proceso de colmar esa falta, de Ilenarla (-rrAe PWCTLS), nos hace experimentar placerI4.De aqu se sigue que estos placeres no son plenos ni puros, pues implican dolor, o mejor, estn ligados congnitamente al dolor. Esta concepcin ser desarrollada posteriormente por Platn en Repblica, Timeo y Filebo, si bien todava en el Gorgias slo se toman en consideracin los placeres fisicos. En efecto, a pesar de algunas alusiones a los placeres estticos de los colores, sonidos, etc., esbozados como ms elevados que los puramente corporales'', la argumentacin insiste constantemente en stos, equiparndolos a los placeres malos; como dice Grube, nos produce la impresin de que el instinto de placer es por lo menos rechazable y de que difcilmente puede ser considerado como un instinto natural hurnano16.No obstante, recientemente Berman, apoyando la tesis del hedonismo socrtico, ha defendido que las argumentaciones de Scrates en el Gorgias van dirigidas no contra el hedonismo en general, sino contra la forma determinada de hei X ~ y o v TO , WOITEP keov Cqv, ~ I T E L ~~& ~V Xqp~e F ~j T , Ex a p o v ~ a ETL ~GTE X U T F O ~ ~ E V OdXX' ~. ZV T O T W POTV T O 3 8 6 ~ s C-jv, i v T @ Ws I T X E ~ T O Vi m ~ p p ~ L v sin ) , que Scrates lo contradiga. La nocin parece estar imq Iv T O ~ ~ O $821 E V ~ ad i yaev, plcita ya en Herclito (fr. B 111: voUoos y ~ ~ ~ XL~OS ~ p o v~ , p a ~d o vs r a v o ~ v )pero , ser Empdocles el primero en formularla (fr. A 95: T&S ~ 8 o v d s yveoea~ TOLS pEv p o o ~ s < i ~ TGV > poiwv, K ~ T 82 & TO i k k t n o v mpOs T ~ d Vv a ~ r X ~ p w oWOTE ~ v , T@ PMe~ O V T L $ C > P E ~ L S T O U poou. TQS 8 ' d X y q 8 v a s o t s i v a v ~ o ~ s reaparece ); en Alcmen de Crotona y Digenes de Apolonia, y, tras ser adoptada por la medicina hipocrtica, jugar un importante papel en las discusiones ticas posteriores (cf. Arist. EN ll73b 7-21). Sobre las numerosas aportaciones de la filosofa presocrtica a la teora platnica de las sensaciones, puede verse ZeUer-Mondolfo (1974), pp.477-9. l4 La tesis del Gorgiasde que el placer en cuanto objeto del deseo slo es posible mientras dura la tensin del deseo, no se utilizar, al menos de forma explcita, en el Filebo: cf. Cosenza-Laurenti (1993), p.87. Aunque en Grg. 474e y 501e SS. se mencionan los placeres intelectuales o estticos producidos por actividades como el canto, la danza, la msica el teatro o la poesa, sin embargo, como apunta Dodds (1959), p. 309, el argumento no requiere su consideracin, pues, contra la idea de que el placer como tal n o es el bien, es suficiente mostrar que algunos tipos de placer no pueden ser identificados con el bien)). Cf. no obstante Cosenza-Laurenti (1993), p. 104, a quienes el hecho de que Scrates, para mostrar dialcticamente lo absurdo de la tesis de Calicles, se sirva de su identificacin del placer exclusivamente con la satisfaccin del deseo (es decir de su indistincin entre el placer que deriva del proceso de satisfaccin de un deseo y el placer que no depende de deseos precedentes), les parece incompatible con la distincin del Filebo entre placeres puros y placeres mixtos. l6 h b e (1973), p. 101.

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donismo defendida en este dilogo por Calicles, quien considera el placer como un sentimiento irracional que el ser humano experimenta cuando consigue lo que desea".

3. En el Fedn, segn la interpretacin tradicional de este dilogo, un esbozo ms completo de la teora de las Ideas viene enlazado con una tendencia al ascetismo, de claras races rfico-pitagricas, y un antihedonismo que se manifiesta en una abierta hostilidad a los placeres fisicos:En realidad, ese asctico rechazo de los placeres se encuentra ya en el Gorgias: es la consecuencia de la divisin del hombre en cuerpo y alma. Cada parte tiene su salud y su enfermedad, sus placeres y sus dolores; pero, al establecer dos integrantes y jerarquizarlas, todo lo corporal, aunque no pueda ser negado, queda automticamente devaluado. En efecto, tanto el placer como el dolor, que encadenan el alma al cuerpo y corrompen su naturaleza originaria'', constituyen modalidades de un tipo de vida inferior, de las que el alma debe liberarse para alcanzar su mxima perfeccin. Es ms, la idea del ascetismo propugnado por Platn en este dilogo debe matizarse bastante, pues, como a f m a n Cosenza-Laurenti, l'inclusione del dolore nel gruppo delle affezioni da cui el ver0 filosofo deve astenersi mostra che il rifiuto del piacere non va inteso nel Fedone nel senso di un'opzione per la sofferenza corporea, ma piuttosto come la scelta di un modo pi alto di vita, che, nella sua forma ideale, non comporta in se piacere n dolore alcuno~'~. As, la actitud de Platn hacia el placer en el Fedn no parece introducir, en nuestra opinin, ninguna doctrina nueva, sino ms bien constituir, como apuntan Gosling-Taylor, una extensin del proceso, iniciado en el Gorgias, de desarrollo de la propia concepcin platnica del placer a partir de su fuente en el hedonismo socrtico esbozado en el Protgorasz0. Esta extensin se maniBerman (1991). Phd 83d: C ~ c o r q 4 6 0 ~~ 3 aX i q Oo.rrepqXov E x o u o a rpooqXo^L T T P ~ TO C o6pa K C L T F P O U T ~ F F E ~ O V KU @ ~ O LO &W ~ Q T O E L ~ ~ ~ . aij~+v l9 Cosenza-Laurenti (1993), p. 112. "Cf. Gosling-Taylor (1982), p. 95. Un reciente intento por rectificar la consideracion tradicional del Fedo como un dilogo antihedonista es el de Quinez (1994), quien busca reconocer en este dilogo aquel tipo de placer experimentado en la actividad filosfica que, como veremos, contituir en el Filebouno de los ingredientes de la vida buena.
l7
l8 Cf.

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fiesta, por un lado, en el reconocimiento explcito de placeres anmicos o intelectuales en oposicin a los corporales, y el papel de aqullos en la vida feliz propia del filsofo2', y, por otro, en la afirmacin de que los placeres mundanos (TOUTO O KUXOUOLV o v e p o r r o ~ q6: esto es, los placeres fsicos) son impuros, mezcla de placer y dolor2'. Ambas ideas conectan directamente con el discurso platnico del placer expuesto en Repblica y Filebo, donde sern asumidas y desarrolladas.
4. En el proceso evolutivo de la concepcin platnica del placer, algunos pasajes de la Repblica reflejan una importante transicin del perodo socrtico a una doctrina propia tal como ser plasmada en el Filebo, muchas de cuyas argumentaciones constituyen un desarrollo de temas e ideas que aparecen ya en la Repblica 23. Dejando aparte la triparticin de los bienes, que aparece en el libro 11 (357a-d), entre los deseables per se, los deseables por sus efectos, y los deseables perse y por sus efectos, o la importante distincin entre deseos (y placeres: cf. 571b) necesarios y no necesarios que encontramos en el libro VI11 (558d559c), vamos a centrar nuestra atencin en las pginas finales del libro IX de este dilogo24.En este conocido pasaje se debate la cuestin de la felicidad o infelicidad del tirano, y Platn intenta demostrar que, de los cinco tipos de individuo que representan los distintos regmenes polticos, el rey-filsofo es el primero en felicidad, y el ltimo, el tirano. Tras la prueba poltica, basada en la comparacin entre ciudad e individuo, vienen una prueba psicolgica y otra <unetafsica,en las que el tema del placer ocupa un lugar central.
Z1 Phd. 114e: T&S SE m r p i ~ i p >a v B v e ~ v ($8ovs). Cf. no obstante Grube (1973), p. 108, quien insiste en que, en el Fedo, la palabra 'placer' est todava firmemente asociada al cuerpo y todava alude primprdialmente a la comida, a la bebida, al sexo y otras cosas por el estilo. Phd. 60b-c. Aunque en la expresin citada hay una cierta reserva -de hecho, Scrates slo aludir en el pasaje al placer que uno experimenta cuando se rasca donde le pica, para poner de relieve la conexin entre placer y dolor fisicos-, ms adelante (Phd. 64d) se mencionan ya explcitamente a $ S o v a i ~ a X o p ~ y v se a~ ponen como ejemplos los placeres de la comida y la bebida ( a i O L T ~ W V~ am io ~ &y~ los ) del sexo (a T W V ~ + ~ o S L ( J C W V ) . Cf. Migliori (1993), pp. 382-4. 24 R. 588c-588a. Son an tiles para todo el pasaje los comentarios de Adam (1969), vol. 11, pp. 341-61.

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En la prueba psicolgica, de acuerdo con su triple divisin de las partes del alma, correspondientes a los tres rdenes del Estadoz5,distingue tres clases de apetitos y de sensaciones de placer. La parte voluptuosa o concupiscible tender a buscar el provecho propio, la ganancia material e inmediata; la parte valiente o irascible ser amante del honor y la gloria, y la parte pensante o racional, amante del conocimiento. Siguiendo estas tres direcciones bsicas de las aspiraciones humanas, establece tres clases de hombres y tres formas fundamentales de vida26,plantendose el problema en saber cul de esas formas ser la ms placentera. Platn no ve otro medio para averiguarlo que la experiencia interior, pero seala que el representante del ideal filosfico de vida (que ocupa un extremo de la evolucin poltica, en cuyo otro extremo estara el tirano) es el nico que conoce las tres clases de placer por experiencia propia, pues posee el rgano del juicio, que le permite apreciar el valor moral de estas experiencias y remontarse con el pensamiento por encima del apetito sensual y la ambicinz7.Por tanto, la verdadera felicidad ser la del filsofo, cuyo juicio servir de pauta para los otros tipos de vidaz8.El ideal filosfico se convierte as en el verdadero ideal de vida humano. Tras la prueba poltica y la psicolgica, se pasa por ltimo a la prueba metafisica, que, a juzgar por la solemnidad con que la invocaZ9, constituye para Platn la principal. Se enfoca aqu la propia esencia del placer, con el objeto de llegar a posiciones en las que sea posible valorar comparativamente las distintas sensaciones placenteras. La primera parte de la argumentacin se basa en el reconocimiento de la existencia de tres estados distintos: placer y dolor, opuestos entre s, y un estado intermedio o neutro (poq K ~ T ~ G T ~ que ~ no L S es)ni lo uno ni lo otro. Los hombres se equivocan frecuentemente al identificar este estado intermedio con el placer, cuando la mayora de los placeres corporales (entre ellos los ms intensos, como los sexuales), junto con los
Cf. R. 435e-441c. R. 580d-582a. Idntica es la clasificacin que har Arist. EN1095b 14 SS. Para el tema filosfico de los gneros de vida es fundamental la obra de Joly (1956), que dedica a Platn sus pp. 69-104. R. 582a-d. R. 582e.
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provenientes de la expectacin, no constituyen ms que X u q s & n a M a y a i , liberaciones o evitaciones del dolor, y son por tanto placeres <unezcladose irreales. En efecto, as como los que, por no conocer el blanco, ven en lo gris lo opuesto a lo negro, as la mayora de los hombres, por ignorancia del verdadero placer, ven en la ausencia del dolor lo opuesto al dolor30. A continuacin se habla del placer como TFAT)~c~)(sLS y el dolor como ~ v o o ~ s El ~ hambre '. y la sed, por ejemplo, son modos de deficiencia fisica, que se llenan)) cuando comemos o bebemos. Igualmente, la ignorancia es una forma de deficiencia espiritual, cuya replecin requiere la adquisicin de conocimiento o razn. Pero, cul de estas dos satisfacciones, la anmica o la fisica, supone una plenitud ms verdadera? Hay que acudir entonces al criterio metafisico, para saber qu proceso infunde al hombre el verdadero ser. As, afirmaremos sin duda que el gnero de cosas que participa ms de la existencia pura es el de la creencia verdadera, la doctrina y la inteligencia, en una palabra, el de toda virtud, porque est atenido a lo que es siempre igual, inmortal y verdadero [las ideas], siendo adems tal en s mismo y producindose en algo de su misma ndole [el alma]32. Por tanto, si ia adquisicin de conocimiento, que tiene lugar en el alma, es una forma de replecin ms verdadera y real que la puramente material del cuerpo y su alimento, el placer resultante de aqulla debe ser ms verdadero y reaP3. Aquellos que son extraos al conocimiento y la virtud no conocen nada de los verdaderos goces, sino que, como bestias, compiten unos con otros por deleites ilusorios e insati~factorios~~. Desde este punto de vista, el filsofo es el nico que goza realmente del verdadero placer. Por consiguiente, al igual que en la ciudad ideal es l quien debe regir a los dems estarnentos y encaminarlos hacia la justicia y el orden, as tambin <cuandoel alma toda sigue al elemento fdosfiR. 585a 3-5: Womcp npds p X a v +at& ~ ~ O U K O ~ O U V dT mEc~~ pXEUi~ KOU,~ a mpds i ~d Xvmov o ~ w Xnqv d + o p O v ~ c sd m c t p i ~ iSovijc d ma~Wv~a t . Grube (1973), pp. 116-7. Cf. 3' R. 585a-b; hasta aqu slo se nos ha dicho que eran K L V I ~ O E L S . R. 585b-c: (.A 7 0 6eqs T E dXqeoUs cT60s ~ a i m i ~o~~jp ~ qa s voj i ~ aouMiP8qv i a 4 moqs &pc-rjs (..J ~d TOU &e poou ixpcvov ~ a i d3avrou ~ a&iX q 8 ~ i a c~ , aa ih d TOLUTOV 6v ~ ai v i TOLOUTW ytyvpcVOV.

"

"

33 R.

585~-e.

"R. 586a d.

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co y no hay en ella sedicin alguna, entonces sucede que cada una de sus partes hace lo que le es propio y cumple la justicia; y adems, que cada cual disfruta de sus peculiares placeres, que son los mejores y, en la medida de lo posible, los ms verdadero~))~~. En la ltima frase de este pasaje se ha querido ver una contradiccin, en cuanto que se toman como placeres verdaderos los propios de las partes inferiores del alma. Segn la inconsistencia se desvanece si pensamos que, al igual que en la ciudad ideal las clases inferiores, bajo la sabia mano de los Guardianes, cumplen justamente sus funciones, as la sujecin a la recta razn de estos placeres inferiores los eleva en cierto modo a la categora de los racionales, al enderezarlos a un fin superior. Nosotros, sin embargo, creemos que los placeres inferiores, al aceptar someterse a la medida y proporcin de la razn y ser administrados por ella, no dejan de ser lo que son, sino que simplemente dan testia elemento al que corresponden y contrimonio de la ~ k E del buyen a la ~ 6 8 a ~ p o vdel i a todo37. En resumen, vemos desarrolladas en estos pasajes de la Repblica algunas ideas fundamentales de Platn sobre el tema: la concepcin del placer como n h j p w o ~ s aceptada , tcitamente en el Gorgias y aqu asumida ya de modo explcito; la distincin entre placeres verdaderos y puros, propios de la parte racional del alma y por tanto del filsofo (por ejemplo el conocimiento), y placeres <anixtose irreales, que son slo A q s & r r a M a y a (por ejemplo la mayor parte de los placeres corporales, pero tambin los puramente espirituales que vienen de la anticipacin de esos placeres). De suma importancia es adems la clara distincin yo los ~dos s extremos, distincin que, entre la p q ~ a - r o ~ a como es sabido, aparecer tambin en la doctrina cirenaica y ser adoptada posteriormente, aunque con un sentido distinto, por
35 R. 586e 4-587a 1: TC$<P~Xoo<pw Qpa E~ropvqs t~roqs -res +vxQs ~ a p3 i oa-rao~acooqs i ~ 0 - qTQ pdpa f i ~ r p x a~ i c~TE ~ d M TQ a iau-rojT ~ ~ ~ T T E~ L a VG ~ ~ aeTva~, q ~ a63 i~ a -ras i il60vcis -ras iav-roi .?~ao-rov ~ a TQS i PEXT~OTUS~ a ELS i -r2> ~ U W ~ T -ras ~ V QXqeeo~~as ~apmojoea~.

36Adam(1969), vol. 11, p. 357 (comentario a 586d.23). c piensa tambin Grube (1973), p. 119: cada parte del alma del fdsofo encuentra su propio placer y su propia satisfaccin en armona perfecta. Pero si no gobierna la razn, sino otra parte del alma, sta ser incapaz de encontrar lo que es m e jor para s misma.
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Epicuro. Citemos una vez ms a Grube, que sintetiza con claridad estas ideas: No cabe duda de que la Repblica marca un avance considerable en la teora de Platn acerca del placer. En este dilogo, al igual que en el Gorgias, se pone de manifiesto que el hedonismo en su forma ms cruda es insostenible. Pero las teoras metafisicas de los libros centrales nos proporcionan un criterio objetivo exterior para juzgar el placer; precisamente las Formas y, por encima de todas ellas, la Forma de bien. Cierta ayuda nos proporciona tambin la divisin tripartita del alma en pasiones, sentimiento e intelecto, reconocindose a los placeres intelectuales como los ms reales y los ms puros en el sentido de que estn libres de dolor. En cuanto a los placeres de las partes inferiores -y entre ellos estn incluido? los placeres fisicos sobre los que se centraba la atencin en los dilogos primeros-, al estar estrechamente vinculados con el dolor previo de una necesidad fisica, no son sino una mezcla de placer y dolor y, desde luego, poco ms que el estado intermedio de tranquilidad o simple cesacin del dolor. Esto ltimo, sin embargo, y precisamente por constituir un estado meramente negativo, no es un autntico placer. Posteriormente y como una ocurrencia tarda, Platn admite que estos piaceres inferiores poseen una funcin propia y son capaces de proporcionar goce siempre que estn sometidos al dominio de la 5. Entre la composicin de la Repblica (c. 360 a. C.) y la del Filebo (al menos un decenio ms tarde), hubo al parecer una considerable actividad filosfica en torno al tema del placer que llev a Platn a reconsiderarlo desde una perspectiva ms amplia3'. La discusin sobre el placer debi plantearse abiertamente no slo entre los partidarios de ciertos socrticos como Antstenes y Aristipo, valedores ambos de doctrinas enfrentadas, como es sabido, sino tambin, en el seno mismo de la Academia, entre discpulos de Platn como Eudoxo y Espeusipo4".El primero a f i i a b a que el bien supremo del hombre es el placer, mientras que el segundo , la felicidad sostena que es el pensamiento (TO + ~ o v E ' ~ vy) que

" Grube (1973), pp. 119-20.


39 Cf. Festugiere (1936), p. 247, Gosling-Taylor (1982), pp. 129-31, Repellini (1971), y Miglion (1993), pp. . Cf. Philippson (1925), especialmente pp. 460-74.

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consiste en el punto medio entre el placer y el dolor, igualmente malos, en lo anodino (&Avda, & o ~ A r p a ) ~ Ambas '. tesis coinciden plenamente con las expuestas al principio del Fiebo 42, por lo que se suele ver en este dilogo un reflejo de esa disputa acadmica, en la que Platn actuara como mIoderador4'. Dies pone en duda este fcil esquema, si bien, tras apuntar diversos argumentos que abonan la idea de que hay en el dilogo una crtica a las teoras de Aristipo y los cirenaicos, concluye diciendo que, al parecer, Platn quiere destacar ms la extensin de la tesis de que el placer es el bien universal44 que su adscripcin a un determinado f t l ~ o f o ~ Posteriormente ~. han vuelto sobre la cuestin Gosling-Taylor, quienes, tras examinar diversos argumentos que apoyaran la idea de una crtica a Aristipo en el F i l r bo, la desechan ante la falta de evidencias en este perodo para los cirenaicos, y la existencia en cambio para E u d o ~ oMigliori ~~. va ms lejos al identificar a Filebo, defensor de la tesis de que el placer es el Sumo Bien, con Eudoxo y considerar muy probable la referencia crtica en el dilogo a Aristipo y su escuela47. Pero es Grieco4' quien ms decididamente ha interpretado el Fdebo platnico como una refutacin total del relativismo moral cirenaico, subrayando adems su crtica al concepto de placer de antihedonistas como Antstenes y, en el seno de la Academia, Espeusipo y Jencrates. Segn este autor, Platn debe desmontar, mediante su teora de las Ideas, el relativismo csmico de Herclito y el relativismo psicolgico de Protgoras, que constituyen la base del hedonismo cirenaico, para hacer un anlisis propio y congruente de la naturaleza y valor del placer. Aristippo -con41 Cf. Arist. E N 1 172b 9-26 y 1153b 4-7, respectivamente. Puede verse un resumen de lo que sabemos sobre la teora del placer de ambos filsofos en Guthrie (1992), pp. 470-3 (Eudoxo) y 486-7 (Espeusipo). 42 PMb. llb12b. "As lo han sostenido fillogos del prestigio de Usener, Burnet, Wilamowitz, Jaeger, Taylor (para referencias, cf. Diks [1966], p. LV), al igual que Festugikre (1936), p. 247, o Crombie (1979), vol. 1, p. 280. oL y Jo v 06 p v o v , &M& al Z M w v ~ o M "Cf. Phh. 66e: d v @ L A ~ ~ ~ X KLT p v p w v . Esa tesis nos es conocida ya por Prt. 354e, Grg. 495a o R. 506b como opinin del vulgo. 45 Diix (1969, pp. LIII-LW. 46 Gosling-Taylor (1932), pp. 166-7. " Migliori (1993), pp. 350-74. Grieco (1980), especialmente pp. 109-16.

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cluye Grieco- aveva presentato la tesi su1 piacere in due aspetti: l'uno positivo che faceva del piacere il sommo bene e l'unico scopo della vita; l'altro negativo che rifiutava di considerare l'intelligenza e la virtu come beni [...l. Anche Platone, rigettando come assurda la tesi di Aristippo, ne formula la confutazione in due aspetti: l'uno negativo che rifiuta di considerare il piacere come un bene in s e per s; l'altro positivo che riconosce nell'inteligenza e nella virtu una realta congenere al benen". Centrndonos ya en el argumento del Fdebo, podemos distinguir en l, siguiendo a DiesS0, cuatro grandes divisiones: l. Formuladas las dos tesis, se discute el mtodo con el que habrn de ser enfrentadas. El supremo bien habr de reconocerse por ser T~XEOV, L~avv y aLpe-rv. Pero ni el solo placer ni la sabidura sola responden a esas condiciones, por lo que la vida feliz deber ser mixta, una mezcla de placer y de contemplacin (Phlb. 1 1a-23b). 2. Segn los principios metafisicos de las leyes del ser, se establece el predominio de la inteligencia sobre el placer ( P ' b . 23c31a). 3. Se pasa a continuacin a un estudio y clasificacin detallados de los placeres (PMb. 331b-5%) y de la inteligencia y las ciencias (Phlb. 5%-59c). 4. Se definen las caractersticas del bien supremo: ~ M o s , o v p p ~ ~ p i&aX,r k la, y, segn el grado en que participan de stas, se fija la proporcin de placer y de sabidura en esa vida mixta. Se obtiene as, en la clasificacin de los elementos de la vida feliz, la ordenacin siguiente: mesura, belleza, inteligencia y sabidura, ciencias y opiniones rectas, placeres puros (Pblb. 59d67b). La primera conclusin destacable del Fdebo es la afirmacin de que el placer no es el sumo bien pero representa -al menos cierto tipo de placer- uno de sus elementos constitutivos; la vida propiamente aptica de puro pensamiento es rechazada como ofq a p ~ ~ s Se ~retoma '. la nocin de dolor/placer como defi-

" Bid., p. 137. " Dies (1966), p. XVIII.


51 Phlb. 21e. Ya en Protgoras y Repblica se haba utilizado el placer como crite rio para la consecucin de la ~ V G a ~ p o v o a ms bien como sntoma de sta. La idea, como es sabido, ser desarrollada por Aristteles (cf. por ejemplo EN1153 b 725).

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ciencia (~vwo~s)lreplecin (TTA~PWOLS) del estado natural del organismo, pero encuadrada en la teora general del equilibrio entre el lmite ( d p a s ) y lo ilimitado ( r r ~ ~ p o v ) el ~ esta*: do de equilibrio cuya destruccin produce dolor y cuya restauracin, placer, se define aqu como una forma o estructura vital que resulta de una justa determinacin de lo ilimitado por el lmites3. Se desarrolla tambin el concepto de estado neutro, del que hablaba ya la Repbfica, definido como un estado de equilibrio intermedio entre el movimiento de evacuacin y el de replecin, exento, por tanto, de placer y de dolors4y compatible as con la vida de pura sabidura que es la ms divina de todas55. Pero el aspecto ms importante del Filebo es su profundo anlisis de la naturaleza y valor del p l a q y su detallada clasificacin de los distintos tipos. Platn comieda distinguiendo dos especies (~'iSq) de placeres (y dolores): aquellos que son propios del cuerpo, que tienen su origen en el juego de evacuacin y restauracin del equilibrio natural del organismo; y aquellos que son propios del alma, que nacen de la anticipacin de dolores o placeres por el temor o la esperanza56. Esta distincin conduce a un fino anlisis psicolgico del placer que pone de relieve su relacin con las sensaciones, la memoria y el deseos7.Se demuestra que el deseo es una afeccin propia del alma, y su coexistencia con una afeccin contraria del cuerpo introduce la cuestin de la falsedad de los placeres, que, aunque en la Repblica no planteaba ningn problema, aqu es discutida a fondo y probada mediante nuevos anlisiss8.La verdad o false52 Puede verse una clara exposicin de la teora platnica de los cuatro gneros fndamentales en relacin con su concepcin del placer en Cosenza-Laurenti (1993), pp. 139-145; para un anlisis ms detallado, cf. Grieco (1977) y sobre todo Migliori (1993) pp. 143-87 y 439-69. 53 P b . 31d-32~. Phlb. 43c-d: K 65 ~ o ~ w T Lv O W ~ E VT ~ L T T O U C qpXv Pous, va vEv 38Mv. -rbv 6' a 3 Xvnqpv, r b v 6' va p I l 6 d T ~ p aLa . contradiccin de este estado de equilibrio con la teora heracltea del movilismo universal es salvada por Platn con la nueva nocin de equilibrio relativo o de variacin insensible (por ejemplo el crecimiento del cuerpo, movimiento imperceptible que no produce ni placer ni do b .43c. lor): cf. P 55P616. 33b: ~ r v r w v TWV P ~ W V Po-rL ~ E L T ~ T O S . P b . 32b-c. 57 P b . 33c-3M. Cf. Grieco (1980), pp. 121-2. P h f b .36c-41a. La cuestin de la valoracin del concepto platnico.de placer verdadero y placer falso ha sido muy debatida en los ltimos decenios; puede verse un

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dad del placer vendr determinada por la realidad o irrealidad del objetosg.El concepto de verdad est directamente relacionado con el de pureza del placer, y ambos a su vez se distinguen claramente del de intensidad6'; como apunta Grieco, da1 concetto di piacere ver0 e puro, e da1 principio che il piacere deriva da1 ristabilimento di un equilibrio turbato, ne scaturisce la lege d'intensita: 17intensita e direttamente proporzionata a117equilibrioturbato e al desiderio provocato, ed e inversamente proporzionata alla purezza e alla verita del piacere. Una legge che introduce la gerarchia fra i diversi piaceri e circoscrive l'intensita ai piaceri impuri, connessi al bisogno e all'imp~lso~'. Llegamos as a una clasificacin precisa de los tipos de placer (y dolor) Por un lado, tenemos los placeres (y dolores) mixtos, que presuponen (o derivan hacia) su contrario y son por tanto impuros y falsos, tanto ms impuros cuanto ms intensos. Dentro de stos se distinguen: a) del cuerpo (placeres de la comida, la bebida, el sexo, y en general todos los puramente corporales, como el experimentado al rascarse cuando se siente picor); b) del cuerpo y del alma (todos los placeres derivados de la intemperancia y el libertinaje, efectos de deseos desmesurados); c) del alma (ira, miedo, deseo, tristeza, amor, celos, envidia y todas las dems afecciones de este genero62), segn que el estado de mezcla de placer y dolor se d en uno u otra o en ambos a la vez.
amplio repertorio bibliogrfico sobre el tema en Migliori (1993), p. 210, n. 67. Entre los trabajos ms recientes merecen destacarse el amplio apndice de Gosling-Taylor (1984), pp. 429-53, el documentado artculo de Cherlonneix (1986), quien concluye (pp. 336-8) que los placeres verdaderos de Platn no son ms que placeres conformes con su representacin ideal del placer, y las diversas alusiones al tema en el grueso trabajo de Migliori (1993), quien sostiene (p. 397) que habra que hablar ms bien de una triparticin entre placeres verdaderos, placeres falsos y placeres ni verdaderos ni falsos, que seran los placeres fsicos de que goza en forma adecuada el hombre temperante. 59 Platn introduce tambin un criterio subjetivo de valoracin del placer: la bonV ~GovaLc T & 7~oXXd oi dad del agente. En Pblb. 40c leemos: + E U O ~ ~ LQpa v Aflora as in-rovqpoi x a p o u o ~ vo , i G'yaeot TWV v e p d - r ~dXqea~u. directamente la ntima conviccin de Platn en los dones innatos, que ser de especial importancia en su doctrina del alma. Cf. Grieco (1980), pp. 123-26. Phib. 45a-e. Grieco (1980), p 130. 62 Pb1b. 47e: 6py1)v ~ a +pov i ~ a 7~Oov ~ a Bpijvov i ~ ai i pw~a ~ a i CiiXov ~ a+8vov i ~ a i aa T O L ~ ~ T ~ .

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Entre los ltimos se incluye el placer procurado por los espectculos teatrales, que son criticados con una mayor profundidad y acritud de lo que lo haban sido en el libro X de la R e p b l i ~ a ~ ~ . Pero, por otro lado, entre los placeres de naturaleza psquica se encuentran algunos no mezclados con el dolor ni condicionados por el deseo, esto es, placeres puros, verdaderos. Evidentemente, estn conectados, como todo placer, a sensaciones o impresiones, pero su falta no es advertida como deseo y no produce dolor, mientras que su presencia es advertida y nos colma de placeres en el mximo grado de pureza. Tales son los placeres estticos de la vista, el odo, el olfato (la armona de los sonidos y colores, la belleza y simetra de las formas) y, por supuesto, los placeres del conocimiento, que no implican mezcla con doloreP. Existe, pues, una clase de puros placeres del alma que no entra, como la masa de los placeres impuros, en el gnero de lo ilimitado y que, por consiguiente, habr de formar parte, junto con la mesura, la belleza y el pensamiento puro (sabidura) y emprico (ciencias), de la vida feliz del ser humano ideal. A determinar la proporcin en sta de esos elementos se dedica la parte final del dilogo. Y la clasificacin que veamos antes, con la que acaba, no es ms, como sefala acertadamente DoddP, que la respuesta final a la pregunta fundamental de la tica platnica: TQS p ~ o - r o v ~ ~ . En efecto, al igual que haba una ~ x v q para toda actividad humana, as tambin deba haber un ars vivendi que diera una respuesta cientfica fiable a la pregunta de cmo se debe vivir. Bajo varias formas, esta cuestin persigui a Platn a lo largo de su vida: desde el E ~ t i f r ndonde ~ ~ , Scrates se lamenta de la falta de todo criterio para fijar las discusiones ticas, pasando por el
Pdb. 50a-d; cf. Gneco (1980), pp. 132-4. En 52a especifica Platn que los placeres puros del conocimiento slo se experimentan cuando el alma ha satisfecho su deseo de saber, deseo que comporta dolor. Sin embargo, ya Meyer (1919), p. 154, seal que el hecho de que Platn rechace aqu como motivo de impureza el deseo de saber se contradice con su ideal de perfeccionamiento humano que tiene como motor el Amor del Bien. Dodds (1959), p. 316. Cf. Hackforth (1945), p. 138, para quien, en la clasificacin final del Fifebo, la moderacin y el equilibrio no son tanto ingredientes de la vida feliz como sus condiciones. En la misma lnea parece estar Crombie (1979), p. 278, al a f m a r que los dos primeros conceptos de esa clasificacin son principios, y los siguientes, su puesta en prctica. Euthphr . 7od.
m Pb/b. 51b-52b.

.!3tudias Clsicas 108, 1995

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Protgoras y la Repblica, en los que se establece que la vida feliz requiere una T X V T ) que nos ayude a elegir rectamente entre placeres y dolores, y que el ms capacitado para esa discriminacin es el filsofo, hasta llegar, finalmente, al Fdebo, donde se aborda la construccin de una scda bonorum determinada cientficamente6'. El Fdebo representa por tanto la culminacin del pensamiento platnico sobre el placer, pero tambin un importantsimo hito en su teora tica general. La principal idea de Platn -escribe Crombie- es que los seres humanos son seres inteligentes y adems sensibles, y una vida satisfactoria debe satisfacer ambas capacidades. [...] Puesto que debe ser digna de un ser pensante, debe tener dos caractersticas: estar inteligentemente ordenada e incluir tambin una actividad intelectual. Puesto que debe satisfacer a un ser sensible, tambin debe ser grata. [...] Puesto que la mayor dignidad del hombre es que sea un ser racional (los animales son sensibles tambin), debe preocuparse mucho ms de que su vida exteriorice e incluya la inteligencia, que de que sea placentera. Adems una vida autnticamente placentera depende de la inteligencia, como artfice del orden y la armona y como fuente principal de autntico placer. Esta postura incluye la postura de la Repblica. Platn ha cambiado de ideas desde los tiempos del Protgoras y de la Repblica, pero no niega que el placer sea un criterio para la buena vida, sino slo que sea el nico o el principal criterio69. Pero tambin ha habido voces discordantes no ya respecto a la importancia de este dilogo en la doctrina platnica del placer, sino en cuanto a su calidad y claridad de ideas. En concreto, Guthrie, tras calificarlo de aburrido y subrayar en su argumentacin cierto desorden y falta de precisin, centra su crtica en tres aspectos: en primer lugar, su uso incondicional de la palabra 'placer' para indicar, unas veces, todo lo que ms le desagradaba [a Platn] en la nocin popular de placer, y otras, lo que Filebo y
" N o cabe duda de que en esa clasificacin subyace un motivo de proporcin matemtica, que supone una huella ms del influjo pitagrico en el pensamiento de Platn (cf., por ejemplo, la intrincada demostracin matemtica del grado de infelicidad del tirano en R. 587b-588a). Este carcter matematizante de la teora del placer del Fifeboha apoyado tanto la tesis de la polmica de Platn contra Aristipo como la de la polmica contra Eudoxo: cf. Zeller-Mondolfo (1974), pp. 515-6. Crombie (1979), pp. 280-1.
Estudios Clhicm 108, 1995

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sus iguales no admiten en modo alguno que sean placeres));en segundo lugar, el hecho de que gran parte de lo que se dice en el dilogo repite de un modo obscuro lo que se ha explicado en otros lugares ms completa y claramente));por ltimo, el hecho de que el dilogo es ms bien la afirmacin de una creencia que una argumentacin genuina. Scrates lleva a cabo una serie de pronunciamientos dogmticos que no se someten a discusin y que, una vez sentados, hacen de la victoria de la fdosofia sobre el placer una conclusin previstm70.

6. En el ltimo dilogo platnico, las Leyes, el tratamiento del tema del placer es mucho menos sistemtico que en el Fdebo y, en cierto modo, se ve desligado de propuestas idealistas e imbuido de un hondo pesimismo en cuanto a la condicin humana. Se advierte con cierta resignacin que la fuerza de lo irracional en el alma de cualquier mortal emana del fondo mismo de la naturaleza: Lo humano por naturaleza son los placeres, los dolores y los deseow7'. Se debe partir de la realidad si no se quiere fundar un Estado ideal sobre bases irreales. Y la realidad es que todo ser vivo tiende al placer. Por ello, quien quiera ocuparse de las leyes deber consagrarse fundamentalmente al problema de los placeres y los dolores". La obra, esencialmente pedaggica, tiene como objetivo primordial la formacin del buen ciudadano. Ello requiere una educacin que, desde muy temprana edad, procure no causar al niAo exclusivamente placer ni alejar de l el placer por sisteman; una educacin que forje su carcter de una manera equilibrada y le proporcione buenos hbitos, ensefindolo a rechazar y a amar espontneamente, en todas las circunstancias de la vida, cuanto, en justicia, pueda ser rechazado o amado74. Se establece as la superioridad, tanto para el alma como para el cuerpo, de una vida de
m Guthrie (1992), pp. 254-5. 'l Lg. 732e: EOTLV 6+ 4 a e ~ &vepW.rrc~ov~ ~ X L O T 48 Q 0 v a ~ aX i~ T F ~ L ~ a i 7i ~ ~ 9 u p Cf. a ~ibid . 782e-783a, donde se distinguirn los tres deseos necesario: para la supervivencia del individuo y la especie: comida, bebida y sexo. Lg. 636d: vp6Jv 65 TTdpL ~ L Q O K O ~ F O U ~ ~VV W ~V P W T F~ WX V~ Y O T&CT~ U OTLV 4 OKC+LS m ~ p TE T&S $OOV&S ~ aT&S i Xmas i v TE TFXEOLV ~ a i v i 8 o ~ ~ s~ E O L V .

Lg. 791~793a. mLg. 653a-c.

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sabia moderacin en la que se pueda alcanzar aquello que todos los hombres buscan: gozar al mximo y sufrir al mnimo7'.

7. No anda desatinado FestugiZx-e76 al afirmar que Platn, ya anciano, retoma en las Leyes el hedonismo moderado que pareca defender en el Protgoras. Pero lo cierto es que la concepcin platnica del placer en su forma ms acabada, cual es la exposicin del Filebo, se caracteriza, como hemos visto, por una acerba polmica dirigida a desacreditar el hedonismo que haba defendido Aristipo y que habra de afirmarse con la doctrina cirenaica. Como escribe C. Vicol, Platn emplear todas las armas a su alcance para poner en ridculo los placeres groseros del cuerpo, y tericamente encontrar las razones en la teora misma del adversario, para demostrar que, siendo efectivamente, por su naturaleza sensible, una ~ i v q o ~ y,spor tanto, una y & v ~ o ~ els , placer no es una cualidad, no tiene una existencia en si, no es nunca una esencia, condiciones que en conjunto definen el bien, sino que es solamente una tendencia al ser, un estado negativo de esencia, sin medida ni fin, por lo que no puede ser un bien, y menos an constituir en alguna de sus formas el sumo biemn. Sin embargo, no dejan de encontrarse no ya slo excepciones como las de los placeres puros, sino incluso contradicciones en su arg~mentacin~~. Por ejemplo, el hecho de que niegue todo valor a los placeres mezclados de ddor y no obstante se vea obligado a admitir algunos de ellos como necesario^^^. Tampoco se entiende bien por qu se asigna al placer el ltimo lugar en la jerarquia armnica de los elementos que determinan el bien, cuando se trata de placeres puros y no mixtos80.

Lg. 732e-734d. Segn Gosling-Taylor (1982), p. 173, estas ltimas consideraciones de Platn sobre el placer y su posicin en la vida humana fueron probablementeel punto de partida de las reflexiones de Aristteles en el libro X de su Etica Nicomaquea
76

Festugikre (1936), p. 253. C. Vicol (1973), vol. 1, p. 470. Cf. Festugikre (1936), p. 258. Phfb.62e. Aunque en la clasificacin final del Fifebono se mencionan los placeres necesarios, su omisin, como apuntan Cosenza-Laurenti (1993), pp. 176, n. 9, y 184, n. 19, no es un olvido, sino algo totalmente intencionado. Cf. un intento de explicacin en Cherlonneix (1986), pp. 316 y 334-5: el placer, ya sea puro o mixto, nunca puede escapar a la posibilidad del mal y la falsedad.

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Probablemente, estas contradicciones no pasaron desapercibidas en las discusiones ticas entre los miembros de la Academia, en las que el tema del pIacer jug como sabemos un papel central, ya manteniendo la misma intransigencia que, frente al placer en general, muestra a menudo Platn, como sucede con Espeusipo y Jencrates, ya rechazando las observaciones del maestro y argumentando que el placer puede ser un bien, incluso el bien supremo, como es el caso de Eudoxo. En esta tesitura, ser Aristteles quien, profundizando en la polmica, intentar una frmula de armona que ponga de relieve la verdadera funcin vital del placer.

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JUAN FRANCISCO MARTOS MONTIEL Universidad de Mlaga

ARISTTELES EN LA ATENAS DE SU TIEMPO En el ao 322 antes de Cristo mora Aristteles en Clcide, en Eubea, a donde se haba exiliado desde Atenas huyendo de la rebelin antimacedonia que tuvo lugar a la muerte de Alejandro y de la persecucin ante los tribunales que le amenazaba. No quera, dicen que dijo, que Atenas cometiera un segundo crimen contra la Filosofia. Fue un ao singular el 322. Muere Aristteles, que es el testamentario de la Grecia clsica y el eslabn que la une al mundo posterior, durante milenios. Se suicida Demstenes, tambin exiliado, huido de Antpatro, el general rnacedonio: era la ltima encarnacibn de la libertad de Atenas. Y en ese mismo ao cumplen su servicio militar, como efebos, en Atenas, dos personajes bien representativos del mundo que va a venir: Epicuro el fdsofo y Menandro el cmico, que pone en escena, tambin en ese ao, su primera comedia, La Ira. Un,filsofo y un cmico que introducen toques de humanidad, de cosmopolitismo, que profundizan y difunden para todos antiguos valores atenienses y se cierran al exclusivismo del ideal ciudadano de Atenas. Son nuevos tiempos los que llegan y para ellos es mucho lo que Aristteles tendr que decir. A travs de discpulos como Teofrasto, Aristxeno, Estratn, Eudemo, Eudoxo, Dicearco, Praxifanes y tantos mas: todos excelentes en ciencias particulares, ninguno dotado de la universalidad del maestro. A travs, sobre todo, de sus escritos y ms concretamente de los que no estaban destinados a su publicacin y que por una aventura rocambolesca llegaron a Roma como botin de Sila y fueron all editados por Tiranin. Es un episodio bien conocido, gracias a Estrabn. Pero ms que a la Antigedad romana es a las edades que la siguieron a las que habl Aristteles: extrao pblico que nunca hubiera imaginado. Para ellas fue, sucesivamente, pensaron, el depositario de toda la sabidura y, luego, el de toda la ignorancia.

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ExtraAa historia. No es mi tema de hoy, pero algo he de decir sobre ella, de todas maneras. Quin era este hombre de slo sesenta y dos aAos que mora en Clcide y que dejaba un pequefio legado, en un testamento lleno de humanidad, a sus dos hijos y a la concubina con quien viva, muerta su mujer Pitade? Y que dejaba, para todos los hombres venideros, un legado mucho mayor?. Era un extranjero, un rnacedonio, nacido a comienzos de siglo, en el 384, en la poca en que todava Esparta era la potencia dominante de Grecia. Era hijo del mdico del rey de Macedonia Amintas y fue ms tarde preceptor, por encargo de su sucesor Filipo, del hijo de ste, Alejandro. Fue, adems, jefe de una escuela filosfica, el Perpato, escuela modelada sobre la Academia de Platon, de la que representaba una escisin, una especie de hereja. Fue, a lo largo de buena parte del siglo, uno de tantos fdsofos, cmicos e historiadores extranjeros que dominaban la vida intelectual de la ciudad de Atenas. Cmicos como Alexis de Turios, Filemn de Siracusa o Dfilo de Snope, que ocupaban el lugar que antes tuvieron un Cratino, un Aristfanes o un Eupolis. Filsofos como Digenes, tambin de Snope, al que luego haban de seguir muchos ms y que reemplazaban a ios discpulos casi todos atenienses de Scrates como Platn, Esquines y Jenofonte. LOS refinados atenienses sustituidos por el cnico que se mofaba de Alejandro y que en Atenas buscaba un hombre, en pleno da, con un candil! Historiadores como Teopompo de Quos o Eforo de Cime, en lugar de Tucdides o Jenofonte. * Todos ellos, como el propio Aristteles, estaban, en cuanto extranjeros, alejados de la vida pblica de Atenas; de sus exigencias y de los modos de vida y pensamiento que de ah se derivaban. Tambin los discpulos del propio Aristteles eran casi todos extranjeros. Todos aprendan y enseiiaban en Atenas, pero su punto de partida, su fondo intelectual, era mas amplio: era el de toda Greca, Jonia y Sicilia sobre todo. Y su destinatario no era tan slo Atenas, sino todo el mundo griego, todo el mundo en realidad. Atenas era un modelo a escala reducida de la futura cosmpolis. Los reinos helensticos, Roma, nuestro mundo occidental, el mundo todo eran, en definitiva, ese destinatario, lo supieran o no esos viajeros asentados en Atenas. Escriban con una intencin no ya internacionalista, sino universal, para el hombre simplemente.

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Atenas se haba convertido en una repblica de abogados, segn la frase. Aunque en realidad el trmino griego, rtor, implica tambin al poltico. Estos si que eran todos atenienses. Lisias, Iscrates, Iseo, Demstenes, Esquines, Dmades, Licurgo eran algunos de ellos. Algunos de estos polticos-rtores trataban de mejorar la situacin interna de Atenas, que no era brillante econmicamente; otros, o esos mismos, intentaban salvar el papel todava importante de la ciudad en el mundo griego. El enemigo era Macedona y ya se sabe el resultado de la historia. Pero Aristteles era precisamente un macedonio: un macedonio filsofo, lo que pareca una contradictio in aa'iecto, un verdadero chiste. Su situacin no era nada cmoda, ya se ha visto cmo termin su vida; y no fue cmoda en ningn momento. Por ms que obrara con prudencia, incluso en su teorizacin poltica. En sus escritos no hay una sola alusin a las luchas polticas del tiempo. Pero ya es bastante significativo que abriera su escuela en Atenas el 335, a los tres afios del triunfo macedonio en Queronea. Dejaba la educacin del prncipe macedonio, Alejandro, y vena a educar a los atenienses, al menos a algunos atenienses, como intentaban todos los filsofos, con xito, en general, no muy briilante. Aunque en realidad, en esta Atenas de mediados de siglo, el espritu ciudadano no era muy alto. Cul era la situacin? Haba cado el podero de Esparta, luego el de Tebas y ahora, como una maldicin, vena la amenaza macedonia sobre una poblacin que lo que quera era vivir tranquila e incluso dejaba la tarea de pensar a los extranjeros: la gran lucha entre la tragedia y los socrticos por el alma de Atenas haba pasado, ya no haba tragedia, ya Platn mora en el 347 y haca aos que haba atenuado sus intentos de reforma moral y poltica. Nadie quena vivir de nuevo, salvo cuando se reponan obras antiguas, la angustia del hroe trgico, que era admirado como ejemplo de humanidad y, a la vez, era un modelo demasiado peligroso. Los atenienses preferan la comedia de costumbres, de tema ertico y previsto final feliz. Y el rigorismo platnico era rechazado por Iscrates y tantos otros, mientras que nadie tomaba en serio su propuesta de reforma poltica y la escuela tenda a convertirse en un escolasticismo, ms tarde en un escepticismo. Entre tanto, los polticos ponan paos calientes a una situacin deteriorada y algunos se vendan descaradamente a Fili-

po o eran en todo caso entreguistas. De los viejos atenienses, un Iscrates recomendaba, utopsticamente, volver a las antiguas virtudes de los tiempos de Soln para acabar, al fin de su vida, viendo la solucin en un panhelenismo bajo Filipo. Y un Demstenes se vea en apuros para alinear tras s a los atenienses, exigindoles sacrificios para enfrentarse con Filipo. Muchos ciudadanos eran indiferentes: rehuan la poltica, como hicieron luego Menandro y Epicuro que, ellos s, eran atenienses. Preferan pagar al estado lo menos posible, enviar mercenarios a las guerras y disfrutar lo ms posible de la vida. Este es el ambiente en que vivi Aristles en Atenas durante el tiempo en que permaneci en la Acedemia: en los aios del 367 al 347, el de la muerte de Platn; sobre todo, a partir del 359, en que subi al trono Filipo e inici su acoso contra Atenas. Y luego cuando, tras su estancia en Assos y Macedonia, regres para fundar el Perpato: en los aos del 35 al 23. Claro que el clima se enrareca a veces: sobre todo, cuando la campaa contra Filipo el 338, terminada en desastre (afortunadamente para Aristteles, estaba entonces en Macedonia) y cuando la sublevacin del 323, reprimida por Antpatro, a la que ya hemos aludido. Ajetreada vida la de nuestro filsofo: un macedonio tocado por la gracia del ansia de saber, un enamorado de la ciencia mdica jonia, hecha de empiria e induccin, un espritu poco afn al espritu ateniense: ni al de la tragedia ni al de las filosofias idealistas ni al de la democracia more atheniense. Pues bien, este hombre hubo de trasladarse, a los diecisiete aiios, a Atenas, porque la ciudad era el centro de la sabidura, el punto de contacto con el mundo intelectual. En realidad, la corte y el reino de Macedonia haban entrado conscientemente desde haca tiempo en el mundo cultural de Atenas, incluido el de la lengua. Aristteles no hizo ms que seguir una va ya abierta. Pues bien, este muchacho de diecisiete aiios, corre el 467, llega a Atenas y entra en la Academia de Platn. Reina all un ascetismo extremado: poco dormir, poca comida, nada de sexo, vida muy reglada. El Banquete o el Fedro son fantasas colocadas en los tiempos de Scrates para hacer olvidar este falansterio, este convento. Y Aristteles, bien se sabe, no abomina del placer. Reina all la matemtica: y no es esta ciencia la que le tienta. El maestro todava pretende por entonces traer a la tierra su ciudad de palabras en que domina un moralismo puro: del 367 precisa-

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mente es su segundo viaje a Sicilia, del 361 el tercero y contempl all demasiadas desgracias cuando intent implantar el rgimen filosfico. Toda la doctrina de Platn, pensamos hoy, arranca de su tica y su poltica, que son lo mismo, mientras que Aristteles las trata en apartados y libros diferentes (lo mismo habra que decir de Tucdides y de Epicuro, tan diferentes entre s, y de Aristteles, tan unidos los tres, pese a todo, frente al platonismo). Pensamos que nuestro filsofo vera con escepticismo, desde pronto, las aventuras del maestro, de las que este mismo desconfiaba. No era ms que un estudiante macedonio perteneciente a un dependiente de la casa real, a la que nunca intent imponer el mundo platonizante que le rodeaba. No sabemos que intentara en ningn momento convertir a Alejandro en un rey-filsofo y orientar su poltica, al modo de los platnicos y, luego, los estoicos. Cuando su estancia en Assos, a la muerte de Platn, junto al tirano Hermias, todo lo que se nos dice es que logr suavizar su tirana; a l dedic su oda A la virtud. Y aqu un inciso. iCmo record al filsofo un da en Assos, en la Trade, en aquella ciudad fantasma, con sus murallas an de cuatro metros de alto, sus calzadas, su gora, sus bellas vistas sobre el mar y la montaa! Sin duda Aristteles paseaba por all mismo junto con el tirano, que haba de caer poco despus y con cuya sobrina de cas, en aquel ambiente soleado, y le hablaba de la virtud y le tea de su humanidad. Ambos olvidaban por un momento la situacin de cada cual: el tirano, el acoso de la oposicin; el filsofo, sus desengaos en la Academia, de cuya direccin haba sido desplazado por un personaje de segunda fila. Pero no intent implantar el gobierno filosfico por la conversin o destronamiento del tirano, a la manera de Platn. Permaneca en la teora. Cuando Hermias fue derrocado, el 45, Aristteles simplementese fue a Macedonia. Ni intent nada, luego, contra la democracia de Atenas cuando regres all el ao 35 para fundar el Liceo: aunque, desde luego, la marcha de la ciudad no coincidiera con su ideal. Hay que pensar que Aristteles, que entr en la escuela platnica por las circunstancias que sabemos, siempre fue un outsider en ella. Cuando muri Platn, en el 47, fue su sobrino Espeusipo

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el que, por un acto de nepotismo, le sucedi como escolarca. Ya hemos aludido a ello. Aristteles reaccion marchando a Mitilena, luego a Assos, donde sin duda rumiara su desengao. Otra vez fue desairado, a la muerte de Espeusipo, el 339, cuando fue nombrado Jencrates: reaccion fundando, poco despus, el Liceo. Espeusipo y Jencrates, los dos, eran personalidades de segunda fila, que pretendan tan slo mantener intacto el legado de Platn, sistematizarlo. Para guardar un legado no se busca a un creador. Pero para nuestro macedonia debi de resultar duro. Lo que haca ante estos contratiempos era retirarse y concentrarse en la dura tarea del pensamiento y de la enseanza. Ciertamente, cuando lleg a la Academia a los diecisiete aos, hubo de experimentar, cmo no, un brote de platonismo. Platn era, como Scrates, una personalidad fascinante. Sus soluciones idealistas y brillantes, que todo lo unificaban -la moral y la poltica, lo humano y lo divino-, que creaban un mundo eterno y perfecto, hubieron de atraparle, por fuerza. Es bien sabido que la interpretacin clsica de las primeras obras de Aristteles, conocidas tan fragmentariamente, es que son platonizantes. Pienso que es as, aunque sobre el detalle, sobre el punto en que el piatonismo fue gradualmente abandonado, existen divergencias. Y no digamos sobre el anlisis de las obras posteriores en sectores ms o menos prximos o alejados de Platn. Pero en lneas generales es cierto que los mismos ttulos de esas obras primerizas, escritas en forma de dilogo (De h Justicia, Del h a , Banquete, Menxeno, Pol'co, Sofista) nos llevan a Platn. El Sobre el Bien se nos presenta como simples notas tomadas del maestro. Pero tambin se nos dice que obras como el De las Ideas, De la Filoso& introducan ya correcciones. El Protrptico ofreca ya una nueva forma, acompaada sin duda de un contenido parcialmente nuevo. Y, luego, las colecciones de materiales (Didascalias, Causas polticas, listas de Olimpionicas y Pitionicas, Cuestiones homzicas, etc.) y, ms tarde, los tratados, presentan una forma nueva que revela un contenido tambin nuevo. Ha habido toda una maduracin interna que se revela francamente cuando, vuelto Aristteles de Macedonia y disgustado por la eleccin de su viejo amigo Jencrates, abre su propia escuela, el Perpato o Liceo. Lastima que nuestro conocimiento fragmenEFtudios Clsicos 108. 1995.

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tario de su obra y las incertidumbres de la datacin relativa y la absoluta de la misma nos hagan dificil o imposible conocer el detalle. Ha tardado mucho Aristteles en tomar .su decisin: por causas en parte dependientes de los azares de su vida, por otras que tienen que ver con su lucha intelectual. El filsofo tiene ya cuarenta y nueve aos. Est en su mejor momento y es, tambin, una ocasin oportuna para trabajar en Atenas: la guerra ha terminado, la ciudad es un protectorado macedonio. Para l esto es, sin duda, lo de menos. Lo de ms es que ahora puede tener independencia y trabajar en su proyecto intelectual. Pero no ha llegado a la conclusin de que la vida teortica es lo suyo por desengaos en la accin, como Platn. No: la teora es desde el principio lo suyo, sobre la accin slo a partir de la teora del filsofo pueden deducirse ciertas opiniones acerca de cmo debera ser. Y es que, como deca, por fuerte que fuera el influjo de Platn y la Academia sobre Aristteles, su entrada en ese crculo fue ms bien una cosa de circunstancias: Atenas era la capital de la cultura, podramos definirla as con cierta irona no dirigida exactamente a Atenas, la Academia era la capital filosfica de Atenas: Aristteles no poda coger el sayai y acompaar a Digenes en su tinaja. Pero son circunstancias. Su punto de partida intelectual estaba lejos de Atenas y sus itimos objetivos, tambin. Parta del mundo de los jonios y se diriga a todo el mundo griego. Luego se vi que tambin al no griego. Una ciencia emprica, analtica, inductiva, la medicina hipocrtica, que era la ciencia de su padre, ejerci, sin duda, en l un influjo mucho ms fuerte que la matemtica o la msica, ciencias platnicas. Le interesaban las cuestiones fsicas, abandonadas en Atenas. Le interesaban la etnografia, la botnica, la zoologa, que haban sido cultivadas por los periegetas y loggrafos y por Herdoto, y que los ticos haban expulsado de sus obras de Historia. Sus colecciones de materiales tenan tambin precedentes en el mundo intelectual preateniense: pinsese en las Epidemias de Hipcrates, por ejemplo. Miraba, en efecto, nuestro filsofo ms all del mundo ateniense, como los antiguos jonios, tan amigos de los brbaros: las expediciones de Alejandro le suministraban datos para alimentar su curiosidad, del mismo modo que, para escribir su poltica, se dedic a escribir o a encargar que fueran escritas las constitucio-

nes de tantas ciudades. La labor de discpulos suyos como Teofrasto o Dicearco en estos dominios testimonia estos mismos impulsos. Y, sin embargo, no podemos por menos de reconocer que la posicin de nuestro filsofo hubo de resultar, en ocasiones, ambigua. Como tena que luchar con Platn, que le atraa y repela, hubo de luchar con Atenas: despus de todo, era el nico lugar en que gentes como l podan vivir. No lleg a imaginar, se ha dicho muchas veces, el nuevo marco poltico de los reinos helensticos que pronto iban a crearse, sus ideas polticas quedaron prisioneras en el ya estrecho marco de la ciudad-estado. En l haba vivido el perodo formativo de su juventud y, finalmente, sus ltimos afios; y no poda, parece, imaginar otro. Por muy macedonio que fuera, prefera vivir en Atenas a vivir en Macedonia. Fue, en cierto modo, un prisionero de Atenas y un prisionero que volva a su prisin tras cada intervalo de estancia fuera de ella. Esa prisin le cerraba, en cierta medida, la visin de otros mundos. $or qu el filsofo, que aplic su ciencia a los animales y las plantas que traan de la India no la aplic, por ejemplo, a las lenguas que ahora eran conocidas y se qued, para toda su especulacin iingstica con slo ei griego, con slo el tico? Es un ejemplo. Pero retomemos el hilo. Esa va de la recoleccin de materiales, de su clasificacin y anlisis, de la induccin a partir de ah de principios generales, que es la propia de Aristteles, la llev el filsofo a nuevos dominios: a los dominios de lo humano. Hay que reconocer que, en ello, los sofistas y el propioTucdides le haban precedido a veces. Pero l fue ms lejos. Convendra poner algunos ejemplos. Por ejemplo, toda la cultura ateniense se debate en dos enfretamientos: el de la poesa y la filosofa, el de la retrica y la filosofia. El Skvposio y el Gorgias platnicos reflejan, entre tantas obras, esta situacin. Pero para Aristteles no existe ya: slo existe la filosofia. La poesa y la retrica son, simplemente, materias a analizar para explicar cmo funcionan, qu son en definitiva. Se han convertido en temas de estudio cientfico desprovisto de la pasin platnica, que es la del competidor o el enemigo. 0, por ejemplo, volvamos una vez ms a la poltica. Es el gran tema ateniense: fue la deb&clede la ciudad y de su rgimen goltico en el ao 404, fin de la guerra del Peloponeso, la que esti-

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mul la reflexin sobre el tema. Qu hacer, cmo reconstruir la vida de la comunidad? Fueron varias las propuestas. Una fue la de la prctica: el dbil reformismo de la democracia restaurada en el siglo IV, menos ambiciosa que la anterior, pero mediocre y sin futuro. Otras fueron tericas: sistemas ideales que pretendan una reconstruccin de la vida humana a cargo de una sociedad colectivista, tales el de Platn o el de Faleas o, en pintura novelesca, los de Teopompo de Quos o Hecateo de Abdera. Eran propuestas bien utpicas, bien con una carga revolucionaria, como la de Platn. Estaban luego los que proponan, no menos utpicamente, una vuelta a los viejos tiempos antiguos, as Iscrates, ya lo hemos dicho. Y haba quienes terica o prcticamente se desentendan de la vida pblica y se refugiaban en la privada: los epicreos son los mejores teorizadores de lo que hacan tantos atenienses. A& PL&oas 'vive ocultndote'. Pero en una edad racional, no poda evitarse otra actitud: la del cientfico que analiza, busca la causa de los males, propone remedios. As un Tucdides que, sobre el modelo hipocrtico, estudia la naturaleza humana y propone evitar crueles cirugas como la platnica e inducir normas generales de conducta que ha de seguir el poltico para evitar que se repitan las catstrofes. Porque la teora poltica griega, hay que decirlo con carcter general, busca equilibrio y estabilidad ms que progreso. Y ello formulado en una doctrina de validez eterna: una posesin para siempre, que Tucdides deca. En esta lnea est Aristteles, por grandes que sean las diferencias. Toda parcialidad, todo fanatismo falta en este hombre que ha vivido alternativamente bajo una monarqua absoluta cada vez ms poderosa y bajo una democracia decadente y amenazada. Con una y otra ha convivido mal que bien y ve las ventajas e inconvenientes de monarqua, aristocracia y democracia; sus formas tolerables, las que no lo son. Pero, aparte de su experiencia personal, se ha procurado materiales de estudio, las Constituciones de muy diversas ciudades. Ha estudiado en los hechos, como Tucdides. Su anlisis es al menos en un punto ms penetrante que el de ste: sabe de la importancia de los factores econmicos, de la necesidad de evitar la escisin de la ciudad en dos ciudades, la de los pobres y la de los ricos. En realidad, ya Platn hablaba de es-

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to, pero aplicaba como siempre su ciruga: evitar la riqueza y la pobreza. Aristteles no busca un modelo ideal de ciudad ni, menos, intenta aplicarlo l o encontrar a alguien que lo aplique. Se limita a analizar las causas de los desajustes y desastres, a combinar los factores existente para lograr el equilibrio ms estable dentro de lo posible. Es el inventor de la teora de la constitucin mixta, que luego desarroll Polibio. En suma: no parte de principios ideales sobre la justicia y la jerarqua de las almas y de las clases, parte de la realidad de los hechos para ver en qu forma pueden ser modificados convenientemente. Se apoya en las clases medias, por puras razones pragmticas. Y no busca virtudes absolutas, siTTLE LKE i a. no trminos medios; y al lado de la justicia coloca la i Es una nueva manera de pensar, una aplicacin de los mtodos de las ciencias experimentales a los temas humanos. Un pensar de abajo a arriba, no de arriba a abajo; por induccin, no por deduccin. Penoso debi de ser para Aristteles romper con el sistema platnico del idealismo poltico y moral y separar estas dos esferas y la de la teologa. Dio con ello la pauta para todo el futuro. Ms penoso debi de ser an, pensamos, romper con toda la teora platnica del conocimiento y, en definitiva, con la teora de las Ideas que, para el maestro, estaba estrechamente conectada con la poltica, sobre todo en el caso de la Idea superior, la del Bien. Por ms que ya el ltimo Platn, en dilogos como el Parmnides, viera los puntos dbiles de la teora. Una vez ms son el realismo, el empirismo, la induccin los principios en que Aristteles se apoya. La teora de la Ideas, en ltimo trmino, refleja concepciones arcaicas en que encontramos ideas-fuerza o entidades que son en cierto modo divinas o divinas a secas. As, tantos primeros principios en los presocrticos, por no hablar de dioses como el Amor, la Justicia, la Juventud y tantos otros en Hesodo, en Pndaro, en los dems poetas. Refleja concepciones lingsticas primarias e instintivas, segn las cuales debajo de cada palabra hay una entidad fija y enteriza, por as decirlo. Aristteles desecha todo esto y sustituye, es bien sabido, la idea por el concepto. Analiza, clasifica, abstrae, generaliza y se libra de la tentacin de dar al mundo modelos trascendentes. A partir de aqu, sus conclusiones sobre el movimiento o sobre las

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causas, por ejemplo, podrn ser seguidas o rechazadas. Pero el mtodo, el mtodo cientfico, queda fundado. Entre el mundo pretico y el mundo posttico Aristteles hace el papel de un trampoln que toma las ideas y los mtodos, los renueva, los lanza en direccin al futuro; no sin experimentar el influjo de lo tico, pero las ms veces para luchar contra ello, contra lo platnico sobre todo. El macedonio ha estudiado y luego ha superado la suprema filosofia ateniense, como los reyes de Macedonia tomaron a Atenas por su modelo y luego lanzaron un nuevo modelo poltico, ante el que se abra el futuro. Una vez ms, sin olvidar lo que este modelo deba a Atenas. Pues el moralismo platnico, de una manera u otra, fue asimilado, al menos en teora, por todos los regmenes del futuro. Estos son unos pocos ejemplos y yo no he de insistir en el tema, pues no hago sino presentar unas pocas ideas introductorias, en relacin con la situacin de Aristteles dentro de la historia poltica e intelectual de su tiempo. Pero s querra terminar este ensayo diciendo algo sobre lo que es, pienso, la tragedia del pensamiento aristotlico. Una tragedia que el filsofo no vivi, es posterior a su muerte. Sobre el influjo de su pensamiento en el mundo futuro se ha dicho tanto, es un tema tan claro, que tampoco voy a tocarlo, no es tampoco mi objetivo. Pero para m, la gran paradoja es sta. De un lado, Aristteles es para el mundo que le sigui, el mximo descubridor y testimonio del mtodo cientfico a la manera como lo hemos descrito y la mayor suma de conocimientos logrados mediante el mismo, suma que fue durante mucho tiempo el gran tesoro cultural tanto de los rabes como de Occidente. Pero, de otro lado, a partir de un cierto momento, el aristotelismo de Aristteles y el de sus ms o menos fieles o infieles seguidores fue presentado como la verdadera barrera a la renovacin del conocimiento. Toda la ciencia moderna, a partir del Renacimiento, surgi en lucha contra Aristteles. Cmo puede ser esto? En realidad, es el destino de todo creador el tener que luchar con nuevos creadores que tratan de superarlo. Con hijos suyos que le deben su mtodo y su ciencia, pero que tratan de ir ms all en lo uno y lo otro. A veces entendindole bien, pero considerndole insuficiente, a vece entendindole mal. En realidad, esos rivales son fieles al maestro, aunque se enfrenten con l, aunque hablen mal de l. La ciencia moderna volvi a descubrir la
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empiria, el anlisis, el mtodo riguroso. Jonia y Aristteles renacan en ella, sin que se supiera. Pero son penosas las malas interpretaciones y las paradojas de la historia. Aristteles haba descrito la tragedia y dado unos pequefios datos sobre sus orgenes slo para, a partir de su anlisis de elementos formales y de contenidos, llegar a una definicin ms o menos exacta de la poesa y en particular de la tragedia. Estos eran el mtodo y la intencin, sin entrar en el mrito mayor o menor del logro. Pero a partir de un cierto momento esas conclusiones se entendieron como ley y preceptiva: todo qued desnaturalizado. Aunque el influjo de estas concepciones dadas como aristotlicas fuera grande y grande su fecundidad. O, en un nuevo ejemplo, son grandes los avances de Aristteles en el campo del lenguaje al trasladar el concepto de verdad de la palabra al juicio y hacer un anlisis de la predicacin, al teorizar con acierto sobre la naturaleza del signo. Pero a una parte de esta doctrina, la teora del signo, no se le ha hecho justicia hasta este mismo siglo, a partir de Saussure. Y otra parte se ha entendido como dotada de carcter universal: sistema de categoras universales con definiciones fijas y definitivas, que unen indisolublemente la palabra y el pensamiento. Lo que era un resultado de la induccin se ha tomado de punto de partida para la deduccin, como sistema de universales fijos. Pero en cada lengua hay un sutil equilibrio entre lo universal y lo particular: esto Aristteles no poda comprenderlo. As, lo que en Aristteles era induccin a partir de un anlisis de la lengua griega, se ha tomado como una sistema previo, unos universales abstractos y genricos de todas las lenguas. Bien que este modo de pensar vuelve a surgir de tiempo en tiempo y ahora mismo no es ajeno a la mente de muchos lingstas, ha sido obstculo para la renovacin de la ciencia del lenguaje, para lanzar una mirada fresca y directa a cada una de las lenguas. Un avance se ha convertido con el tiempo en un factor de estancamiento. As son las cosas. Pero lo que en el filsofo est vivo es mucho ms de lo que no lo est. En los conocimientos a que lleg, desde luego; pero sobre todo en el mtodo. Sin l, sus rivales no existiran siquiera. iY hay tanto que explorar an, que slo se revela mirado desde el nivel de nuestra ciencia de ahora!

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El filsofo tiende a interpretar los sistemas filosficos en base a principios, problemas, coordinadas universales. Nosotros los fillogo~,wir phdologen, que deca orgullosamente Wilamowitz, tendemos a localizar a los pensadores griegos en su ambiente histrico, social e intelectual. A explorar las fuerzas en que se apoyan o con las que combaten, su situacin en la cadena del pensamiento. No es que pensemos que el pensamiento del filsofo est implcito en su biografa: no, pero la biografa es un factor condicionante, cierto que superable, es tambin un arma de interpretacin. Luego, las ideas se elevan ms all de su momento y su ambiente germinal, se hacen universales, en una medida u otra. Ahora tienen que convivir o que luchar con las ideas de otros hombres nacidos quiz en tiempos y lugares muy alejados. Los dos puntos de vista son importantes, ambos tienen que sumarse para lograr una cabal interpretacin. El filsofo verdadero vive, en efecto, en su tiempo, pero tambin en todos los tiempos: por eso seguimos ahora hablando de Aristteles. Pero yo, como fillogo, expongo el punto de vista del fillogo o uno de los puntos de vista propios del fillogo. Lo he hecho en relacin con un pensador tan centrado en s mismo como Aristteles, refugiado internamente del mundo que le envuelve, huido a veces fisicamente de l, centrado en la vida teortica. Trascendi ese mundo que le envolva, pero parti de l. Eso es lo que he querido exponer aqu. Ahora queda el ncleo de la cuestin, el verdadero problema: el ver cules deben ser las nuevas, actuales lecturas de Aristteles.

ARCERI OTIFINIBUS (CIC.NAR. 4): PAZ CIVIL U OCIO DE LOS J ~ V E N E S ARIST~CRATAS?


1. En el curso del violento ataque contra Clodio con el que Cicern abre su discurso Sobre la respuesta de los harspices alude el orador al famoso escndalo de los misterios de la Bona Dea, ocurrido cinco airos antes (62 a. C.), del que aqul haba sido protagonista destacado. El pasaje reza as: in Clodium uero non

est hodie meum maius odium quam illo d e fuit, cum dlum ambustum refigiosissimisignibus cognoui, muliebi ornatu ex incesto stupro atque ex domo pontiflcis mmaxlmi emissum. tum, inquam, tum uidi ac multo ante prospexi quanta tempestas excitaretur, quanta hpenderet procella reipublicae. uidebam illud scelus tam importunum, audaciam tam immanem adulescentis furentis, nobgis uolneratinon posse arceri oti finibus; eruptunun illud malum aliquando, si impunitumfuisset, ad perniciem ciuitatis'. El asunto ser mencionado en ms ocasiones a lo largo del
discurso2. En el texto que nos interesa hay una expresin cuya interpretacin ha planteado dificultades a los traductores: arcezi oti finibus. No se encuentran otros usos de la misma en Cicern, ni tampoco en la literatura latina anterior o posterior hasta, por lo menos, el siglo 111d. C. Cicern describe, en primer lugar, el suceso, y lo hace con brevedad y cierta uis comica: Clodio aparece como uno de esos amantes de comedia pillado in fraganti, vestido como una mujer y ((chamuscado por el ms sagrado de los fuegos)), al que se obliCic.Har. 4. Sigo la edicin de P . Wuilleumier - A.-M. Tupet, Cicron.Discours. Tome XIQZ. Sur la rponse des haruspims, Pars 1966. Z C f 8-9,12,44,57 . y, especialmente, 37-38. Adems de Cicern, otras fuentes importantes para el escndalo de la Bona Dea son: Liu.Per. 103, Vell. 11 45,1, Plu.Cic. 28-29, Cae. 9-10, Suet.1ul. 6,2, App.BCI1 14, Sic. 7 , D.C. XXXVII 45.
Estudias Cf&icm 108, 1995.

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ga a salir de la casa asaltada^^. A continuacin, emite su propio juicio moral en forma de premonicin y aviso para el futuro: con su accin Clodio ha demostrado ser una verdadera amenaza para el Estado. Cicern utiliza una metfora ya repetida en otras ocasiones, la de la tempestad, el huracn que se abate sobre la nacin: quanta tempestas excitaretur, quanta impenderet procella reipublicae. De esta forma, confiere a la tropela de Clodio el rango de calamidad pblica. La siguiente oracin, en cambio, nos devuelve a un plano ms cercano a lo realmente sucedido, descrito por Cicern siempre con la inevitable exageracin como lo que en realidad fue, la gamberrada, la aventura galante, un tanto subida de tono, de un joven aristcrata. Cicern la llama crimen y atrevimiento, scelus y audacia. El final del pasaje retoma la idea de la ruina del Estado: adperniciem ciuitatis. En este contexto, la expresin objeto de discusin en el presente estudio se refiere a ese crimen y atrevimiento de Clodio, de los que dice Cicern non posse armi oti finibus. Qu otium es ste del que habla Cicern? Tanto los traductores de la edicin de Les Belles Lettres, P. Wuilleumier y A.-M. Tupet, como el de la de Loeb, N.H. Watts, entienden aqu otium como paz o tranquilidad, pero mientras que aqullos consideran que se trata de un otium poltico, referido al Estado (de donde paz civil), ste piensa ms bien en un otiump~Y~~atum, la existencia tranquila de un ciudadano particular. As, los primeros traducen: Je voyaix qu'une sclratesse aussi intraitable, une effronterie aussi monstrueuse d'un jeune forcen, d'un noble bless ne pouvaient &re tenues cartes du domaine de la p a h 4 . La versin inglesa reza de este modo: I saw that criminality so savage and effrontery so monstruous, displayed by a maddened and exasperated young nobleman, could not be kept w'thin the l h i t s of a peaceful existence '.
Vid. tambin Cic.Har. 44: P. Clodiusa crocota, a mitra, a muliebribussoleispurpureisque Easceolis, a strophio, a psakerio, a ffagitio, a stupro est hctus repente popularis. nisi eum mulieres exornatum ita deprendissent, nisi ex eo loco quo cum adire E a s non fuerat ancillarum beneficio emissus esset, populari homine populus Romanus, res p u b h ciue tali careret. Wuilleumier - Tupet, op. cit., pp. 3 4 3 5 . N.H. Watts, Cicero. The Speecbes. Pro Archia poeta. Post reditum in Senatu. Post reditum ad Quirites. De domo sua. De haruspicum responsis. Pro Plancio, Cambridge - Londres 1965, p. 319. Vid, tambin E. Bernet, Otium, WJA 4, 1949-1950,

ARCERI OTI F m U S (CIC.HAR.4)

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Salvo en la descripcin de Clodio, que en la versin de Watts coincide con la puntuacin de la edicin oxoniense de Peterson6 -adulescentis furentis, nobifis, uulnerati 7: adulescentis aparece como nico sustantivo, modificado por los tres adjetivos que le siguen, aunque el traductor ingls ha invertido esta jerarqua asignando el rol del sustantivo a nobilis-, la nica diferencia sensible entre ambas traducciones la plantea el verbo arcei (que Wuilleumier-Tupet adoptan en su acepcin de mantener alejado de, en tanto que Watts se atiene al sentido de contener, <unantener dentro de) y, como queda dicho, sus respectivas concepciones del otium al que se refiere Cicern. El resultado de todo ello son dos interpretaciones casi opuestas de las palabras de Cicern, aunque el mensaje de fondo venga a ser el mismo. As, Wuilleumier-Tupet entienden que la perversidad y el descaro del joven Clodio no se podan tener alejados del dominio de la paz, es decir, que su peligrosa actitud era totalmente incompatible con la aspiracin a vivir en paz y tranquilidad en el Estado. Segn Watts, en cambio, el problema reside en que no haba modo de que ese comportamiento criminal, esa desvergenza se mantuvieran dentro de los limites de una existencia en p m , una existencia que es, por supuesto, la de un ciudadano privado, no la del Estado: dicho de otro modo, no era posible que Clodio llevara una vida tranquila y pacfica8.
pp. 89-99: en Cicern otium designa el tiempo no dedicado a la poltica, aunque siempre debe redundar en beneficio de la comunidad; la misma preocupacin cvica hay en Salustio, pero el otium es ya la vida privada, libremente elegida por el individuo. En la misma lnea, B. Wihiewski (Devoir et plaisir chez Cicron, Latomus 42, 1983, pp. 597-600) recuerda que para Cicern incluso el placer de los ciudadanos tiene un aspecto social; as, placeres como los de tipo sexual, que slo atienden a intereses egostas y particulares, constituyen una amenaza para el funcionamiento armonioso del Estado y como tales deben ser condenados (cf. Senect. 39-42, O f f : 111 119). W . Peterson, M . Tulli Orationes. Cum Senatuigratis egit. Cum Populo gratias egit. De domo sua. De haruspicum responsis. Pro Sestio. l o Vatinium.De provincis consuJanbus. Pro Bdbo, Oxford 1911 (reimpr. 1966). 'De hecho, sta es la puntuacin que debera adoptarse. En todos los casos en que nobilisy adulescens aparecen reunidos en un mismo contexto sintctico en la obra de Cicern nobiliscomplementa adjetivalmente a adulescens, incluso cuando la complementacin se elabora con la forma sustantiva en ablativo: adulescentisumma nobilitate ( 0 r . h . 7,338). En F m . XIII 64,2 el esquema sintctico es similar al de Har. 4: adulescens nobilis, ingeniossi, absthentis . Desconozco la interpretacin que propone J.O. Lenaghan en su comentario ( A commentary on Cicero's oration Deharuspicum responso, Den Haag 1969), que no he podido consultar.
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Frente a las soluciones propuestas, este estudio propone una tercera interpretacin del pasaje en cuestin. El presupuesto del que se parte es el de que Cicern intenta transmitir una imagen concreta de Clodio en sus alusiones al escndalo de la Bona Dea. Por ello, el primer punto a abordar es el de la percepcin que tanto el orador como sus contemporneos tuvieron del suceso. A continuacin, se analizarn detenidamente dos trminos que en el pasaje que nos interesa son bsicos para su,interpretacin en clave poltica, a saber, o t i m y furens, con el objeto de proponer otras explicaciones que remitan a mbitos distintos del estrictamente poltico. Finalmente, se plantea, en apoyo a la nueva interpretacin, la consideracin del pasaje como una escena elaborada segn los modelos de la comedia latina.
2. En sus apreciaciones y comentarios sobre el escndalo de la Bona Dea, Cicern resume en dos los cargos principales contra Clodio: en primer lugar, haber presenciado una ceremonia religiosa de carcter secreto, prohibida por completo a los hombres; segundo, haber intentado cometer un adulterio en su transcursog. Las otras fuentes, por regla general, insisten en el segundo punto, el adulterio fnistrado de Clodio con la mujer de Csario. A la hora de calificar lo sucedido, Cicern habla de crimen, , de contaminacin (poZZuere) y profanacin (UioIare) de sceZusil las ceremonias1'; Clodio es descrito como un enemigo de la religin" y, en el extremo opuesto y en el tono ms irnico posible, como un fantico, un superstiIriosus, una especie de beato que se mezcla incluso en ritos y ceremonias propios de mujeresi4. Ahora bien, cuando se trata de dar razones que justifiquen estos
As se expresa en Dom. 105 y Har. 8. En otros lugares alde slo a una de las dos imputaciones: la presencia de Clodio en una ceremonia vedada (Har. 44,57), o bien el intento de adulterio (Har. 4, 38, 44, Mil. 72). 1As, Suet.lul. 74,2, Vell. 11 45,1, Liu.Per. 103, D.C. XXXVII 45. Cf. Sch.Bob. 19, pp. 88-89 Stangl (infamiam illius incesti quod fecisse in operto Bonae Deae) y , sobre todo, 3 1, p. 91 Stangl (de stupro autem scelerato, quodait, illud uideturincestum s~gmZcare, cuius infamia circa s o r o m Clodam peruoJgabatur). l1 Har. 12, 38, 57, Prou. 24. l2 Dom. 105, Har. 12, Prou. 234. l3 Dom. 139; cf. tambin 104. l4 Dom. 105. Sobre el concepto de superstitiosus existe una abundante bibliografia; vid. al respecto las clarificadoras explicaciones de J. Scheid, La religin en Roma, trad. esp., Madrid 1991, pp. 146-160.

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calificativos e ilustren la magnitud de las acciones de Clodio, Cicern encuentra dificultades. En Nar. 37-39 recoge la lnea argumental seguida en el proceso por el acusador principal, L. Cornelio Lntulo Crus, quien, para poner de relieve la importancia del sacrilegio cometido por Clodio, haba aludido al hecho de que las ceremonias que se ofrecan a la Bona Dea eran muy antiguas y, sobre todo, secretas (uetusta occrtaque); a estas ideas ahade Cicern, en primer lugar, que nadie antes se haba atrevido a ello (quod quidem sacdicium nemo ante P. Clodium omni memoria uioZauit, nemo numquam adt, nemo neglexit, nemo uir adspicere non horruit); segundo, que la ceremonia era celebrada por las Vestales (quod fitper uirghes VesMes); tercero, que se haca en beneficio del Pueblo Romano (fitpro populo Romano)"; cuarto, que se celebraba en casa de un magistrado del ms alto rango, cum impeno (fit in ea domo quae est in imperio); quinto, que el ritual gozaba de enorme veneracin (fit incredibili caerimonia); sexto, que se trataba de una diosa de la que los hombres no podan conocer ni siquiera el nombre secreto (fit ei deae cuius ne nomen quidem &os scire fas est). Es, como se ve, una panoplia de argumentos que buscan suscitar algn tipo de emocin, de reaccin indignada en la audiencia, ms por la importancia de los protagonistas involucrados (la propia diosa, las Vestales, un magistrado cum imperio, el Pueblo Romano), que por la finalidad y contenido especfico de la ceremonia como tal (de la que nicamente se dice que se celebra propopulo Romano), si bien esto 1timo es comprensible, dado que Cicern no poda saber nada de cuanto en ella suceda por su mismo carcter secreto16.En cualquier caso, dificilmente podra convencer de la gravedad del asunto aludiendo, no a la esencia del mismo, sino a los agentes involucrados v a las circunstancias externas del ceremonial. La impresin desprende de todo ello es la de que hay grandes dosis de retrica y no pocos excesos verbales en la forma como Cicern califica el escndalo de la Bona Dea17,al menos, desde el
l5 La idea se repite en Har. 12, y es recogida tambin en Sch.Bob.Clod.Cur. 23, p. 89 Stangl. l6 Razn que explica, igualmente, nuestras escasas informaciones en lo relativo a su culto. Vid. G . Wissowa, Religion undKuItusderRomer, Munich 1912,2=ed., pp. 216-219; K. Latte, RomischeReligonsgeschichte,Munich 1960, pp. 228-231. Entre las fuentes antiguas, cf. especialmente Macr. 1 12,21-29. 17Alrespecto, conviene recordar que el ao anterior al escndalo Cicern haba tenido que hacer frente a la conjura de Catilina, y que tambin en esa ocasin se haba

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punto de vista puramente religiosoL8. Se explica as que con el paso del tiempo el trasfondo religioso de la cuestin se mezclara con la parte que afectaba a la moral, el posible adulterio con la mujer de Csar: esta combinacin ofreca a Cicern un filn inagotable que el orador utiliz con profusinLg. Ahora bien, frente a la imagen que intenta vender Cicern, qu se puede saber de lo que sus contemporneos pensaron realmente sobre el asunto, de cmo lo enj~iciaron?~~ Poco, a decir
visto involucrada la Bona Dea, aunque de forma muy distinta. Segn Plutarco (Cic. 20,l-2), durante la celebracin de las ceremonias habia ocurrido un prodigio: repentinamente, un fuego que ya se pensaba extinguido se haba reavivado en los carbones del altar. Las Vestales haban interpretado el prodigio en el sentido de que los dioses aprobaban las medidas que Cicern se dispona a acometer para hacer frente a la conjura, descubierta el da antes gracias a los albroges. Ao y medio despus, en carta escrita a Atico el mes de junio del 61 a. C., Cicern recordaba que sus actos contaban con la anuencia de los dioses: reipublicae statum illum quem tu meo consifio, ego diuino confirmatumputabam(Att. 1 16,6). No sabemos hasta qu punto este suceso pudo hacer surgir en Cicern una autntica devocin hacia la diosa, pero lo que s es un hecho es que no dud en utilizarlo con fines propagandsticos o, cuando menos, para justificarse, al igual que habia hecho con otros prodigios ocurridos durante su consulado (cf. Diu. 1 18-21). l8 En este mismo sentido, muchos de los comeqtaristas e intrpretes actuales han considerado que el episodio no pas de ser un tpico escndalo dentro de la alta sociedad romana. Tal es la idea, por ejemplo, de D.R. Shackleton Bailey (Cicero,Londres 1971, p. 42, u. 1); S.L. Utchenko (Cicern ysu tiempo, trad. esp., Madrid 1978, pp. 159-160); Rundell, art. cit, p. 303. l9 Cicern emplea a menudo expresiones del tipo adulteriuminpuluinaribus (Mil 72) donde se mezcla el elemento moral, el adulterio, con el religioso, el lecho sagrado de la divinidad llamado puluioar. Otros ejemplos en Har. 8, 33, Pis. 95. C. Edwards (ThePolitics ofhmoralityinAncientRome, Cambridge 1993, pp. 44-46) habla de la estrecha relacin que para los moralistas del final de la Repblica hay entre adulterio, desprecio de la religin y colapso de la sociedad romana. m Segn J.P.V.D. Balsdon (Fabula Clodianan, Historia 15, 1966, pp. 65-73, esp. p. 65), nunca sabremos la verdad sobre este asunto. Conviene recordar, al respecto, que este trabajo no tiene como objetivo explicar cmo se desarroll la totalidad de los acontecimientos, sino dilucidar la visin que Cicern ofrece del asunto en el pasaje estudiado. Por esta razn, tampoco se aborda la controvertida cuestin acerca de las intenciones reales de Clodio: son muchos los autores convencidos de que buscaba algn tipo de beneficio poltico a travs de la explotacin de un escndalo religioso (H. Benner, Die Politik des P. Clodius Puicher. Untersuchungen zur Denaturierung des Clientelwesensin der A usgehenden Romischen Republik, Stuttgart 1987, pp. 37-46; 33, 1962, pp. 257-272; A.W. LinC. Gallini, La politica religiosa di C l o d i o ~SMSR , tott, P. Clodius Pulcher -Felix Catilina?, G&R N.S.14, 1967, pp. 157-169, esp. pp. 160-161, 163, 166-168;Rundell, art. cit., p. 304) y sexual (segn Edwards, op. cit., pp. 47-48, una acusacin de adulterio poda favorecer a cualquier licencioso con ambiciones polticas: the sexual power of Clodius, his suspected ability to win the wife of Caesar might be read as indicating the potency of his political influence as well as its corrupt naturep; se entiende as que Augusto haya cometido adulterios con fines nicamente polticos, como recuerda Suetonio en Aug. 69). Sobre este asunto, vid. tamPhoenix 20, 1966, bin E.S. Gruen, P. Clodius, instrument or independent agent?~,

verdad. Para empezar, no estamos muy seguros de qu calificacin mereci en su momento la accin de Clodio. La acusacin que se formul contra l en el Senado fue de Ulcestu2'. Segn GreenidgeZ2, este tipo de acusacin afectaba a acciones que tenan que ver tanto con el plano de la religin (violaciones de obligaciones religiosas, como la castidad de las Vestales) como con el de la moral (relaciones sexuales entre personas con un cierto grado de consanguinidad). Cornell, en cambio, piensa que el incestum era una forma de s t u p m , <cualificado por el hecho de que las partes involucradas no podan mantener relaciones maritales (como ocurre en el adulterio, la bigamia, la pederastia): in this sense a sexual union between close relatives and the incestum of a Vestal virgin can be a~similated~. Ciertamente, las acusaciones que se formulan contra las Vestales que han faltado a la castidad siempre son de rcestu. Es ste el caso en el escndalo de la Bona Dea? Tal es la idea de LatteZ4. ScheidZ5 admite esta posibilidad, aunque tambin habla de que ese atentado a la castidad de
pp. 120-1 30; W.Y. Hathorn, The Political Implications o f the Trial ofP. Clodius, Columbia 1950; D. Mulroy, The early career of P. Clodius Pulcher: a re-examination of tbe charges of mutiny anci sacril-, TAPM 118, i988,155-i78. 2' Sch.Bob.ClodCur. 22, p. 89 Stangl, VaLMax. VI11 5,s. Sobre el proceso contra Clodio y sus consecuencias posteriores, vid. Ph. Moreau, Clodiana Religio. Un pro1 av. J.C., Pars 1982: este autor apenas concede importancia a la cispolirique en 6 vertiente religiosa del asunto. u A.H.J. Greenidge, TheLegalProcedure o f Cicero's Time, Oxford 1901, pp. 376377. T. Cornell, Some observations on the 'crimen incesti'n, L e dlit religieux daos fa citantique(Tableronde, Rome, 6-7avril f978), Roma 1981, pp. 27-37, esp. p. 32. El mismo autor, sin embargo, admite ms adelante (p. 33) que no hay forma de explicar claramente el proceso del juicio y castigo de una Vestal acusada de faltar a la castidad. El proceso es extraordinario, pero Cornell cree que ello se debe a que tambin lo es la situacin y la vida misma que llevan las Vestales; a ello se une que hay una especial vinculacin de stas con el bienestar del Estado romano (cf. Cic.Font. 46, Hor.Carm. 12,26): it is no coincidence that cases of incestum were discovered at times of acute crisis @. 34). 24 K. Latte, RomischeReIigionsgesc6ic6te,Munich 1960, p. 230. A este respecto conviene recordar que en aos anteriores haban tenido lugar procesos contra Vestales acusadas deincestu, y que en ellos se haban visto envueltos importantes personajes del momento, como Catilina (con Fabia, pariente de la mujer de Cicern, el 73 a. C.; cf. SalLCat. 15,1, Cic.Cat. 3,9, Ascon. Toga 82, Oros. VI 3.1) o Craso (Plu.Crass 1); a stos hay que aadir un personaje de menor relieve, Servio Fulvio ( C i c . 1 ~ 1 ~. 80). N o deja de resultar parad6jico que en el proceso contra Catilina Clodio actuara como acusador (Plu.Cat.Mi. 19,3). J. Scheid, Le dlit religieux dans la Rome tardo-rpublicaine~, Lediitreligieux dans la cit antique (TabIe ronde, Rome, 6-7avrill978), Roma 1981, pp. 117-171, esp. pp. 131-132.

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las Vestales poda producirse por el solo hecho de la presencia de un hombre en las ceremonias; descarta, en cambio, que el incestm tuviera que ver con un posible adulterio, o con una simple cuestin de impureza ritual. Pero hay algunas objeciones que se pueden plantear: Cornell recuerda que el incestm de una Vestal era un sacrilegio inexpiable e irreparable, no admita ningn piaculum ni haba posibilidad de instauratio del ritual afectadoz6, en tanto que sabemos que, a pesar de la retrica afirmacin de Cicern en H a . 57 (inexpiabile scelere), s hubo una instauratio de la ceremonia profanada por Clodio"; a ello se aade que no tenemos noticia de acusacin alguna formulada contra una Vestalz8. As las cosas, CornellZ9 aduce como posible explicacin que en el curso de la ceremonia las matronas adquiran, temporalmente, el rango y estatuto de sacerdotisas del culto, lo que las haca equiparables a las Vestales, de modo que la relacin de Clodio con una de ellas bien poda calificarse como incesfum. Pero, de nuevo, se plantea la pregunta: por qu no hubo la pertinente acusacin contra esta mujer? No es suficiente la respuesta de que cuanto se dijo de la mujer de Csar no pas de ser un rumoPo. As, la idea de que la acusacin de incestu implicaba la participacin de una sacerdotisa en el sacrilegio se enfrenta, por el momento, a importantes objeciones. La nica noticia cierta sera, pues, la de que un hombre, Clodio, haba sido descubierto mientras presenciaba las ceremonias de la Bona Dea, a lo que se aada la sospecha de que pensaba reunirse en su transcurso con alguna de las matronas que participaban en las mismas. El caso era totalmente novedoso: nadie antes, que se sepa, haba osado entrometerse en estas ceremonias. Como Scheid3' y Corne113*recuerdan, las ofensas cometidas contra los dioses no
23, p. 89 Stangl. Un tercer argumento, a saber, que los procesos deincestu contra las Vestales eran juzgados por el Pontfice Mximo, en tanto que en este caso se nombr un tribunal ex profeso, no es de recibo porque ya en tiempos pasados se tienen noticias de similares procesos contra Vestales que quedaron fuera de la jurisdiccin del Pontfice Mximo, para lo cual bastaba con acudir a la lex Peducaea deincestu uirginum uestalium, de 114 a. C. (Cic.ND 111 74, Ascon.Mil 40). Al respecto, vid. Greenidge, op. cit., PP. 379, 384 y 386; Scheid, art. cit., p. 133. Cornell, art. cit., p. 35. M Cic.Att. 1 12,3: ins~gni infamia; Suet.lui. 6,2: fama erat. 31 Scheid, art. cit., pp. 130-131. 32 Cornell, art. cit., pp. 29-30.

" Cic.Att. 1 13,3; Sch.Bob.Cl&.Cur.

" Cornell, art. cit., p. 35.

son punibles por los hombres, ya que nicamente a aqullos corresponde vengar sus propias afrentas -deorurn iniuriae dis curae, Tac.Ann. 1 73-, en tanto que la intervencin de la jurisdiccin humana tiene lugar slo cuando el sacrilegio afecta tambin al mbito profano. En el caso presente, lo que se juzgaba no era la ofensa de Clodio a la Bona Dea, de cuyo castigo se ocupaba sta misma x o m o el propio Cicern recuerda en numerosas ocasiones, aludiendo a la ceguera enviada por los dioses a Clodio-, sino su desprecio de las leyes y normas (religiosas, en este caso: la rel~gio publica) del Estado romano. La acusacin, por lo mismo, deba enfocarse desde esta perspectiva: es evidente que el incesturn tiene que ver aqu con el hecho de que estuviera vedada la presencia de hombres en las ceremonias, reservadas nicamente a las mujeres33; a ello se poda afadir la sospecha, fundada al parecer, de que pretenda mantener relaciones sexuales con alguna de las participanteP. En tal caso, la acusacin estaba doblemente justificada3'. Son stos los dos cargos principales que Cicern formulaba contra Clodio3'j. El hecho es que, en un primer momento, Cicern no pas de considerar el asunto como un chisme, un pequefo escndalo bastante divertido37. Conforme fue adquiriendo mayores proporciones y cargndose de implicaciones polticas, la idea que se haca del mismo se centraba en el aspecto puramente religioso, que era el que informaba las indagaciones del Senado, lo que explica la expresin Clodiana rehgione en carta a Atico (1 14,2), escrita cuando la discusin sobre el jurado estaba en todo su apogeo;
105: muliebribu s rel~gionibus . % N ocreo que podamos aceptar la idea de Scheid (art.cit., pp. 131 y 133) de que la acusacin deincestufue promovida, en realidad, por los amigos de Clodio porque era ms fcil librarse de ella. 35 Vid. Moreau, op. cit., p. 89. 36 Nisbet (op. cit., p. 168) considera que cuando Cicern utiliza los trminos stuprum e incestum en relacin con el escndalo de la Bona Dea -lo que, como hemos visto, hace muy a menudo- se refiere, sin lugar a dudas, al adulterio de Clodio con la mujer de Csar. 37 As, en Att. 1 12,3, escrita a los pocos das del suceso: P . Clodium, A p p i f , credo te audisse cum ueste muliebri deprehensum domi C. Caesaris, cum pro populo fieret, eurnque permanus seruulae seruaturn et eductum; rem esse insgoiinfamia. Quod te molesteferre certo scio. Esta actitud deba ser generalizada entre los senadores en los primerosmomentos, segn Rundell(art. cit.,p. 303). Ni siquiera cuando en el Senado se producen los primeros movimientos encaminados a procesar a Clodio se muestra Cicern excesivamente convencido, como confiesa a Atico: nosmet &si, quiLycurgei a princlpio fwssemus, cottide dernibgmur ( I 13,3).
" Dom.

con todo, no descartaba la posibilidad de aprovechar la ocasin para infligir un severo correctivo a la desenfrenada juventud de sus das3'. LOque s est claro es que el escndalo como tal no era visto como algo intrnsecamente peligroso para el Estado: si a la conclusin del juicio Cicern se queja de la ruinosa situacin en que se encuentra Roma, no es tanto por el triunfo de Clodio, sino por la forma como lo ha conseguido, con el soborno a los jueces, adffictares publica est empto constupratoqueque iudicio39.La percepcin de lo sucedido ir cambiando con el tiempo. Aos ms tarde, a la vuelta del exilio, cuando su enfrentamiento con Clodio haba rebasado ya todo lmite, Cicern aprovechar cuantas ocasiones se le ofrezcan para escarnecer a su enemigo: son de este perodo la mayora de las numerosas alusiones al escndalo de la Bona Dea, descrito, bien como una escena hilarante y bufonesca del mimo -primando el asunto del adulterio, de lo cual se hablar ms adelante-, bien como el peor de los crmenes cometidos contra el Estado -atendiendo a la profanacin de la ceremonia como tal-. De una u otra forma, se nos presenta una imagen completamente deforme y abyecta de Clodio40.Pero, para el propsito que aqu nos ocupa, la impresin que queda, como ms arriba se deca, es la de que en todo ello hay ms de recurso oratorio y exceso verbal que de argumento slido y real4'.
3. Pronunciado semanas antes del De haruspicum responsis, el Pro Sestio viene a ser una exposicin del ideario poltico de Cicern en los afios que siguieron a su exilio: all propone un pro-

grama moral para regenerar la vida poltica, al mismo tiempo que busca una respuesta a su angustia personal: intenta definir un Estado estable y armonioso que resuelva su debate interior reconciliando herosmo cvico y tranquilidad bien ganada, en palabras de J.M. Andr4'. Esa tranquilidad, lograda y mantenida
= A t t . 1 18,2. Vid. infra. 39 Att. 1 18,3. Vid. tambin Att. 1 16,&7. "Segn RundeII (art. cit., pp. 324 y 328), en esta poca Clodio era ya un paria poltico y empezaba a acercarse a la caricatura que Cicern haba hecho de l, caricatura que el orador tena totalmente elaborada en el ao 56 a. C. 41 Segn Pina Polo (art. cit., p. 140), en Cicern la descalificacin y el insulto no reflejan realidades concretas, sino que responden a objetivos polticos. Su funcin principal es la de desacreditar a los enemigos polticos. 42 J.M. Andr, L'otiurn daos fa viemorafe et inteffwtuefferomaine, Pars 1966, p. 295.
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ARCERI OTI FiiVIBUS (CIC.HAR.4)

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gracias al cumplimiento de los ciudadanos con su deber, la describe Cicern con la famosa expresin otium cum dignitate, al que Andr dedic algunas de las mejores pginas de su estudio sobre el otium romano43. No es momento ste de adentrarnos en tan espeso asunto, sino de sefialar que ese otium que domina el horizonte del Pro Sestio es, precisamente, el otium poltico que aparece en el pasaje de Wuilleumier-Tupet citado anteriormente: la paz pblica, la tranquilidad colectiva, la seguridad del Estado y sus ciudadanos. Andr recuerda a este efecto que Cicern asocia con frecuencia el trmino otium con conceptos tan elocuentes como pax, franquilitas, concordia, ddignitas, salus - libertasd4... En Sest. 99 se promete a los buenos ciudadanos otillum portum et digniitatis, un lugar seguro en el que refugiar~e~~. De qu o de quin? De esos elementos desencadenados que son los maiy los nprobi, escribe AndrP. Especialmente, Clodio, al que en el discurso De domo sua, pronunciado algunos meses antes que el De haruspicum responsis, Cicern calificaba con trminos ya conocidos: tu procella patnae, turba ac tempestas pacis atque otd7. La misma metfora que aparece en el pasaje del De haruspicum responsis haba sido utilizada poco antes, con alguna ligei n que ste: recura variante, en un discurso destinado al mismo f

43 Andr, L'otium ..., pp. 295-306. Vid. tambin E. Rmy, Dignitas cum otion, M B 3 2 , 1928, pp. 113-127; P. Boyanc, Otium cum diguitate, REA 4 3 , 1941, pp. 172-191; A. Grilli, Otium cum dignitaten, Acme21, 1951, pp. 227-240; L. Alfonsi, cum Tra l'ozio e l'inerzia, Aevum 28, 1954, pp. 375-376; Ch. Wirzubski, CiceroYs J R S 4 4 , 1954, pp. 1-13; G . Grifb, Osservazini dignitate otium, a reconsideration~, sull'ideologia politica di Cicerone~, BIDR 6 2 , 1959, pp. 271-281; J.P.V.D. Balsdon, Auctoritas, dignitas, otiumn, CQ 10, 1960, pp. 43-50; M. Fuhrmann, Cum dignitate otium. Politisches Programm und Staatstheorie bei Ciceron, Gymnasiurn 6 7 , 1960, pp. 481-500; J. Cousin, Cicron.Discours. TomeXIV. PourSestius. Contre Vatinius, Pars 1965, pp. 67-88; J. Christes, Cum dignitate otium (Cic. Sest. 9 8 ) - eine Nachbereitungn Gymnasim 115, 1988, pp. 303-315; E. Narducci, Introduzionea Cicerone, Roma - Bari 1992, pp. 102-103. Ande, L'otim ... , p. 297. 45 Vid. J.M. May, The image of the ship of state in Cicero's Pro Sestion, Maia 32, Caesarodunum 19bis, 1984, pp. 91980, pp. 259-264; M . Bonjour, Cicero nauticus~, 19. 46 Ande, L'otim. ... , pp. 297-298. 47 Domo 137. Wuilleumier - Tupet (op. cit., p. 35, n. 1) aducen este pasaje, adems de Sest. 15 (donde Clodio es presentado como inimicus otii et comrnunis salut~) y Fam. 1 9,10 (Clodio, de nuevo, inimicum ... legum, iudiciorum, otk patriae bonorum omm'm), en apoyo de su versin de azceri oti f?aibus. .

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perar su casa del Palatino. Era, como se ve, una imagen cara a Ci~ern~~. Entre ambos pasajes hay una notable coincidencia, no slo en cuanto al contenido, sino tambin en el lxico: trminos como procela, tempestas y otii justificaran la idea de que en uno y otro caso se est diciendo prcticamente lo mismo. Y, de acuerdo con ello, si en Dom. 137 o t i m tiene una acepcin netamente poltica, como lo indica la asociacin pacis atque o t . y su equivalencia a patnhe, otro tanto habra que decir de Haz 4, con lo que la versin de Wuilleumier - Tupet sera correcta". Hay, sin embargo, matices que sefialar. En primer lugar, en Dom. 137 se identifica a Clodio con la tormenta, en tanto que H a 4 habla de la formacin de esa misma tempestad, presta a abatirse sobre el Estado, pero no personificada en Clodio, que no es sino el responsable de la mismas0.Por otra parte, si el o t . de Dom. 137 se inserta claramente en la metfora de la tempestad y, por tanto, tiene que ver con un concepto general (la paz comn), en Har. 4 oti guarda relacin, no con la correspondiente metfora, ni tampoco con grandes ideas polticas o morales, sino con los actos de un particular, un joven aristcrata demasiado alocado. De este modo, si bien ambos pasajes encierran conceptos e ideas semejantes, y recurren asimismo a un repertorio comn de imgenes y metforas, no por ello dicen lo mismo ni de la misma manera. La viveza, la pasin de Dom. 137, en que Clodio y la tempestad se identifican, deja paso en Har. 4 a una disociacin en virtud de la cual Clodio es la causa directa de esa misma tempestad que se ha de abatir sobre Roma. En cuanto a la preocupacin por la pax y la tranquilidad pblica (otim) de Dom. 137, el oti
"Vid. Chef.59, Pis. 21, OiT 1 1 19,lO. " U n explcito apoyo a esta posicin se encuentra en Cousin (op. cit., p. 78, n. l), para quien el trmino otium est vinculado en todos los discursos de Cicern a la nocin de libertad o de paz social. Es significativo que en Caef. 59 se repita prcticamente la misma expresin en una situacin en la que se involucra, aunque de forma no expresa, a la hermana de Clodio, tan odiada como ste por Cicer6n. Se trata de la muerte de su primer marido, Quinto Metelo Cler, envenenado, segn decan, por su propia esposa. El mismo Cicern da a entender algo as cuando afirma que f v arrebatado de la manera ms ignominiosa en la flor de la edad, cuando su aspecto era inmejorable, en la plenitud de sus fuerzas, integerrima aetate, optimo habitu, maximis uiribus eripereturindignissime. Pues bien, ya en la agona su amigo ha avisado a Cicern de los peligros que le amenazaban a l mismo y al Estado: significabatinterruptisacmorientibusuocibus p a n fa hpetlderet preIIa m & quanfa tempestas ciuifafi.

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de Har. 4 se inserta en una secuencia textual en la que no aparece tan clara esa acepcin poltica5'. 4. Hay otro elemento que a priori podra suponer un apoyo a la postura de Wuilleumier-Tupet: los actos de Clodio son calificados como propios de un adulescentisfurentis, nobilis uolnerati Consideremos el trmino furentis. Segn AndrS2, los enemigos de la paz pblica, los hombres dispuestos a perturbare o t i ~ z m ~ ~ , los otii inimcoss4,desde los Gracos hasta Catilina, de Clodio a Marco Antonio, suelen ser calficados como funosi, gentes arrebatadas por la locura, por un frenes destructivo55. As, Pisn, al que califica de autntica fwia en De haruspicum responsis y en In PisonemS6, no busca en su locura otra cosa que el desorden,
ESms, en los discursos pronunciados en el transcurso del ao 56 a. C., contemporneos del Deharuspicumresponsis, hay pasajes en los que otium remite al mbito privado, no al pblico. As, en Sest. 74 alude a la tranquilidad del propio Cicern, que desea verse libre de cualquier tipo de agitacin o revuelta promovida por los populares; en Sest. 57 se trata de la tranquilidad del rey de Chipre, Ptolomeo; en Sest. 23 y 110, otiosusdesigna cierto tipo de vida denostada por Cicern por su entrega a los placeres; en Sest. 138 y 139 se habla del otiumque disfrutan los malos ciudadanos que se despreocupan de la suerte del Estado. En Har. 19 se habla, nuevamente, del otiumpriuatum de Cicern, entendido aqu como tiempo libre, ocio, que el orador dedica al estudio y la lectura; es el mimo otium de Bdb. 15. Andr, L'otium... ,p. 298. s3 Cic.Amd. 11 5,15. Cic.Phi1. 1lJ6. Cf. tambin F'. 19,10, kg.Agr. 1 1 102. Cf. Sest. 99, Att. 1 1 1. Andr (L'otim ..., p. 375) detecta la presencia del mismo entramado de ideas en la descripcin de los vicios incontrolados de un Sila o un Catilina (la luxuria, la auaritia, la crudelitas): ~ d e r r i i r e l'explication purement naturelle des passions se profile, chez Salluste meme, un monde inquitant, voire surnaturel: l'ide &une 'possession', furor, exploite par Cicron avec toutes le ressources du vocabulaire thologique paien. Al respecto, cf. SaKCat. 5 y 37. Para la relacin de estas pp. 269actitudes con el epicuresmo y su critica en Cicern, vid. Andr, L'o tium..., 270. Sobre la utilizacin en Cicern de una terminologa de la invectiva para calificar a sus enemigos polticos vid. Ch. Wirszubski, Audaces. A study in political phraseologyn, JRS51, 1961, pp. 12-22; M.L. Amerio, I cives scelerati e nefarii di Sall. Catil. LII,36 et Cic. Catil. II,27, InvLuc 10, 1988, pp. 5-19; D.P. Kubiak, Piso's madness Hofmann, La(Cic. in Pis. 21 and 47), AJPh 110, 1989, pp. 237-245, esp. p. 239; J.B. teinische Ldogangssprache, Heidelberg 1951, 3" ed., p. 78; R.G.M. Nisbet, Cicero. l n L. Calpurnium Pisonem Oratio, Oxford 1961, p. 196; P. Delay, Cicero's Invective Against Piso, TAPhA 72, 1941, pp. 49-58, esp. p. 55, n. 38; G. Luck, Was Lucretius really mad?, Euphrosyne 16,1988, pp. 289-294. Por lo que hace a la imagen que con estos ataques nos transmite de Clodio, vid. F. Pina Polo, ~ C i c e r n contra Clodio: el lenguaje de la invectiva, Gerin 9, 1991, pp. 131-150; W.M.F. Rundell, Cicero and Clodius. The question of credibility~,Historia 28, 1979, pp. 301-328. Har. 4: hisfuriis et Eacibus; Pis. 8: audenunc, o furia, de tuo (sc. consulatu) dimre!

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odia la paz pblica y su poltica consiste, sobre todo, en destruir la lex Aelia et Fufia ... propugnacula murique franquillitatis et otiS7. Hay, nos dice, una oposicin esencial en el pensamiento de Cicern entre los furiosi, los locos furiosos de la poltica, casi siempre identificados con los popularess8,y los ophk~ates, guardianes del otium pblicos9,oposicin que depende, en ltimo trmino, de la reflexin poltica elaborada el siglo anterior dentro del llamado Crculo de los Escipione~))~. Es ste el sentido que tiene furentis? As se podra pensar, si tenemos en cuenta que en la misma oracin aparece oti. Pero conviene observar que furentis no se encuentra asociado aqu a ningn trmino o concepto poltico, sino que se utiliza para caracterizar la conducta de un joven aristcrata, equiparado con otro adjetivo igualmente elocuente, uolneratl; un equivalente en este caso de nuestros castizos tocado, chiflado, chalado, tarambanw6'. En Cicern, el participio furens aparece fundamentalmente en los discursos, de forma especial en D e haruspicm responsis y en las Phd~picae, y en las obras filosficas, sobre todo en De diuinatione. En los discursos el adjetivo se aplica, como es de esperar, a
PIS. 9.

Cf. LegAgr. 1 , 1 , Sest. 97, Leg. 111 26. Sobre la utilizacin por los optimatesde trminos como furor o furere para describir a los populares, vid. A. Weische, Studien zurpolitische Sprache derromischen Republik, Mnster 1966, pp. 23-33. Segn M. Sordi (Pax deorum e liberta religiosa nella storia di Roma, La pacenelmondo antico, ed. M. Sordi, Miln 1985, pp. 146-154,esp. p. 148) perdura a lo largo del perodo republicano una tradicin aristocrtica que asocia a los plebeyos con la ruptura de la paxdeorum y, en general, con todo tipo de desastres ocurridos en Roma donde se vea claramente la mano de los dioses (cf. Liu. IV 2,5, VI 2,3; en relacin con la derrota del lago Trasimeno, Liu. XXI 63,6-7, y dicho del cnsul plebeyo Marcelo, Liu. XXIII 31,13). En este mismo entramado de ideas tiene cabida la nocin de que los populares, precisamente por su impiedad, sufren una locura enviada por la divinidad. 59 Cic.Sest. 97: omnes optimates sunt quinequenocentes sunt necnatura ihprobi nec furiosinecrnalis domesticisimpediti. Sobre la ampliacin propuesta por Cicern del concepto de optimates, vid. E. Lepore, Ilprinceps ciceroniano e gli idealipolitici della tarda Repubblica, Npoles 1954, pp. 146148. Al respecto, vid. Andr, L'otium ... , pp. 184-186. En ningn otro pasaje de Cicern tiene uulneratuseste sentido, sino que remite, en todos los casos, a heridas fsicas. En cambio, esta acepcin moral del adjetivo se da igualmente en algn uso del sustantivo uulnus, como ocurre en Cael. 15, donde se identifica furor y uuhus : furor in C a e h , uolnus in moribusoaturaque aut in re atquefortuna. Como se ve, uufnuspuede afectar tanto a la persona, a su estado mental y moral (mores, natura),como al patrimonio familiar, es decir, designar las deudas y la ruina (re atquefortuna). Cf. tambin otras formas del verbo uuhero con este mismo sentido en Caec. 47, Vatin. 36.

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dos de sus grandes enemigos: Clodio6' y Marco A n t ~ n i o tam~~; bin hay una alusin a Catilinaa. En De diuinatione son mayoritarias las referencias a profetas y videntes: furere designa el estado de delirio en que aqullos caen para emitir sus profecas y orculos. En otras obras filosficas se dice de diversos sujetos: la multitud que ha enviado a Cicern al exilio6', un hombre iracundo*, otro entregado a las pasiones y los placeres67 y, por ltimo, los dioses tal y como los describen los poetas, siempre impulsados por sus pasiones6*.En uno de sus tratados filosficos perdidos, De consiliis suis, furens aparece en un contexto muy diferente de los vistos hasta ahora, pero que, curiosamente, nos acerca bastante al asunto que estamos tratando: Cicern alude a la furentem petufantiam de los uinofentiadufescentesque, impulsados por el vino y la msica se dedicaban a asaltar las casas de las mujeres castas en los viejos tiempos de Grecia, costumbre que, al parecer, todava perduraba en su poca, c m uinolenti adufescentes tibiarum etiam cantu, ut fit, instiocti mulienk pudicae fores frangerent@'. En las obras de retrica slo hay un uso de furens, aplicado a cierto tipo de oradores especialmente propensos a la violencia verbal en sus Para acabar, en toda la correspondencia ciceroniana slo se encuentra furens en dos ocasiones, una dicho de Clodio7', en la otra aludiendo a uno de sus libertos, hombre de natural irascible7'. As pues, en trminos generales, se puede decir que furens designa para Cicern un estado de locuran, generalmente asociado
Dom. 113,Har. 1,46,Caef. 60, indirectamente en Har. 39. PM. 2,68, 33, 5,23, 11,4, 14,33, indirectamente en PM. 10,11, 11,7. Cat. 2,l. k g . III 26. TUSC. IV 54. TUSC. V 16. 42. Philos..fr. 6,28.El texto completo, transmitido por Boecio (Mus. 1 1 , 1 0 ) , reza as: sed ut aliqua similitudine adductusmaximisminima conferam, ut cum uinolentiadulescentes tibiarum e t i m cantu, ut fit, instincti mulieris pudicae fores L-angerent, admonuisse tibicinam, ut spondeum caneret, Pythagoras dicitur. Quod cum illa fdsset, tarditate modorurn et gradate canentis ilforum furntern petulaotim conseisse. 'O De or. 111 55. 71 ~ ~ i n ~ 3,2. l t . Att. VI 1,12. En Pis. 46 furor e insania aparecen juntos; por otra parte, Cicern identifica al furiosus con un insanus, un loco, en Acad. 11 88 -donde contrapone furiosusy sanus,
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a la violencia, o bien al delirio proftico, condicin indispensable para la produccin oracular. Prcticamente todos los casos en que el trmino aparece en los discursos tienen esas connotaciones de violencia, ya sea sta momentnea, como la de un enfrentamiento verbal en una sesin del Senado74 o un repentino ataque armado a una ciudad7*, ya persista durante un perodo de tiempo no determinado, casi siempre asociada a actitudes y comportamientos claramente hostiles al Estado romano (cf. Pis. 47: quid est aliud furere? ... non cognoscere leges, non senatum, non ciuitatem76)o a una provincian. En cambio, en las obras iilosficas predomina la acepcin del rapto proftico7', aunque tambin hay la asociacin de furens con la prdida del auto-dominio, el imperio de las pasiones79 y los placeres; hay, incluso, un caso en que se vincula a la violencia polticap0. Las mismas ideas de violencia y prdida del dominio de s mismo hay en las citas de las cartas y obras retricas. Ahora bien, en los casos en que furens aparece en los discursos con esa idea de violencia civil los contextos son claramente polticos (enfrentamientos en el Senado, ocasiones de peligro para el Estado, luchas facciosas en las calles...), excepto dos que resultan reveladores. En H a 39 sirve a Cicern para demostrar que Clodio, si bien escap fraudulentamente a la justicia de los hombres en el escndalo de la Bona Dea, no se libr ni mucho menos del castigo que los dioses reservan a los hombres impos, que no es otro que la locura8'. Esta idea es bsica en la imagen que Cicern intenta transmitir de la demencia de Clodio. En principio, ha sacado partido de la creencia popular que asociaba
Att. VI11 5,l y Ep.Brut. 11 2,3, pero en Tusc. 111 1 1 se establece una neta distincin entre ambosconceptos-iasaaiam ... a furoredisiuagimus, asimilando el furorcon la peXayxoXia griega y definindolo como una ceguera de la mente, furorem ... meatis a d omaia mectatem. 74 Har. 1, Cael. 60. Ph. 11,7. 76 C f .tambin Cat. 2,1, Dom. 113, Har. 46, PM.3,5, S,23, 14,33. PM. 10,11, 11,4. 78 Tambin furiosus se utiliza para hablar de visiones que se tienen en momentos de delirio, pero, sin alusin alguna a su carcter proftico: Amd. 11 4,8, 53, 88. Como la ira: Tusc. IV 54, ND 1 42. Dicho de la muftitudo : Leg. 111 26. Otras alusiones a la locura de Clodio como castigo divino en Clod.Cur. 19 (vid. Sch.Bob. a d loc, pp. 88-89 Stangl), Har. 38; dicho de Pisn en Pis. 46, 50.

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EFtudios Clsicos 108. 1995.

la ceguera fsica a la visin por parte de un hombre de ciertos objetos que tena prohibido contemplar, como ya haba ocurrido con un antepasado de Clodio, Apio Claudio el Ciegos2,por haber salvado del fuego los objetos sagrados del templo de Vesta. Se pensaba que la misma ceguera estaba reservada a quien presenciara la ceremonia de la Bona Dea, pero no era sta la idea de Cicern: oculos, ut ophio iilius rehgionis es&non perdidisti le espeta a Clodios3.En lugar de ello, el castigo de los dioses ha sido otra ceguera, la de la mente, que no es otra cosa que la locura: poeAs pues, na omnis oculorum a d caecitatem mentis est con uersa 84. furens, dicho de Clodio, no necesariamente implica violencia poltica, sino slo locura, delirio, arrebato, y su connotacin poltica viene dada nicamente por el contexto, no por la palabra en s. Ms adelante, en cambio, el mismo Cicern explicar las repercusiones que esa locura ha tenido en el plano poltico, a saber, la inmediata adhesin de Clodio a la causa de los populares, 10 que nos devuelve a las reflexiones iniciales de este tercer pargrafo. Por otra parte, en Phil 2,68 Cicern arremete contra Marco Antonio por haber comprado los bienes del difunto Pompeyo y, en una de sus tpicas amenazas grandilocuentes, le profetiza que la imagen del antiguo dueiio lo aterrorizar durante el sueiio y, despierto, le har delirar (furere); en esa ocasin, Cicern ha llamado a Marco Antonio ukulentus et furens. No hay aqu, evidentemente, alusin alguna a violencia poltica, sino slo el delirio, la locura de quien se ve asaltado por visiones de fantasmas que lo aterrorizan. Pues bien, la misma asociacin de vino y locura hay en el pasaje citado ms arriba del tratado De consiliis mis, donde la conjuncin de juventud, vino, msica, sexo y gamberradas subidas de tono remite, sin lugar a dudas, al pasaje que nos ocupa.

5. As, frente a la interpretacin de otien la acepcin de paz, tranquilidad)), ya sea en sentido poltico, ya tenga que ver con la
82Dom. 105, Har. 38, CM.Cur. 19. Har. 37. Dom. 105. Cf. Tusc. 1 1 1 11, furorem autem esse ... mentisad o & a caecitatem, citado supra (n. 73). Segn E. Paratore (La Leocratea de Licurgo e la De haruspicum responso di Ciceronen, StudifiIologicie storiciin onore di V. diFaIco, Npoles 1971, pp. 291-303, esp. p. 298), ste es un tposde la oratoria, cuyo modelo o, al menos, antecedente se encuentra en la Leocratea de Licurgo (90 SS.),donde se habla de ~ alocura , enviada por los dioses. la B ~ o p X p ~ la

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vida del ciudadano particular, se puede aventurar una tercera posibilidad que deja de lado la susodicha idea de paz y se atiene al sentido primero de otium: tiempo libre, ausencia de actividad y, como consecuencia de ello, ociosidad, desocupacin)). Este otium sera el de un jovensS(adzdescentiss6)aristcrata un tanto alocado, chiflado (furentis, uoherati): se trata del ocio, la desocupacin de los jvenes nobles romanos, que entretienen buena parte de su tiempo en borracheras, gamberradas, disipacin amorosa y aventuras galantes, como bien atestigua la poesa

En ms de un autor ha suscitado cierta sorpresa que Cicern designe a Clodio como adulescens, sobre todo si tenemos en cuenta que el ao 63 a. C. rondara ya la treintena (W.J. Tatum, P. Clodius Pulcher [tr.pf. 58B.C.J the Rise to Power, Austin 1986, p. 13). La misma situacin se da en el Pro C a e b : una y otra vez Cicern se refiere a su joven defendido como adulescens, si bien ste contaba ya 28 aos. Lo cierto es que, segn las circunstancias, se era adulescenshasta los 25 o hasta los 28-30 aos. Pero ello no dependa de cuestiones biolgicas, sino que responda a usos polticos relativamente tardos (J.-P. Neraudau, La jeunsse dans la littrature et les insttutions de la Rome rpubficaine, Pars 1979, p. 98). Con este trmino se designaba al joven que todava no haba ocupado una magistratura, cosa que a lo largo del perodo r e publicano se fue retrasando cada vez ms (Neraudau, op. cit., p. 141; vid. infia).As pues, era lgico que a Clodio, que ese ao se dispona a asumir la cuestura, primer paso de la carrera poltica, fuera llamado adulescens. Por otra parte, es un hecho que para los escritores romanos adulescens designa al joven en el plano personal y fisiolgico, situado en su cronologa individual, en tanto que iuuenisalude a su vertiente social y poltica (Neraudau, op. cit., p. 127), lo que explica que en la comedia primen las alusiones a los adulescentes,entregados a los amoros y a la satisfaccin de sus pasiones, en tanto que la poesa pica se interesa ms por iuuenis, por el joven hroe que lucha por su patria (Neraudau, op. cit., pp. 126-129). Sobre esta cuestin, vid. J. Jimnez Delgado, Concepto de adulescens en Cicern~, Atti del ICongresso Internadi Studi Ci~ron~~illu~ Roma 1961, 1 1 , pp. 433-452. ~bnale 86 Para Cicern, los trminos adulescens y adulescentia no tienen necesariamente una connotacin negativa. Si en De domo, pronunciado algunos mesesantes, Cicern llamaba de este modo a diversos individuos que no eran ciertamente santo de su devocin (Pinario Nata, el pontfice que haba consagrado su casa, Dom. 118,126, 139; Fonteyo, escogido por Clodio como padre adoptivo para su paso a la plebe, Dom. 37; el propio Clodio, Dom. 115; Gabinio, uno de los dos cnsules que haban permitido su exilio, Dom. 126), en Pro Sestio y Pro Caelio, ms cercanos en el tiempo al De haruspicumresponsis,una u otra palabra se aplican con ms frecuencia a personajes que le son gratos (Sest. 22, 27, 51,95, 110, 111, 136; Cael. passim). Tampoco nobilis tiene sentido negativo alguno, a pesar de que tras su vuelta del exilio Cicern era un hombre decepcionado por la nobleza senatorial, de la que ahora desconfiaba profundamente (cf. F a m . 1 7,7-8; vid. al respecto Shackleton Bailey, op. cit., pp. 17-18, 41; Narducci, Introduzionea Cicerone, cit., p. 101; Cousin, op. cit., pp. 52-53,62-67). Es igualmente irrelevante para el caso que nos ocupa que en Cael. 31 Cicern haya utilizado el adjetivo para insultar a Clodia, muliere, non solum nobil4 sed etiam nota, segn la acepcin que explica Donato en su comentario a la Hecyra de Terencio (797: meretrix et gladiatornobiles dicisolent). A. Cavarzere (Tre scherzi su Lucilio Hirro, BStudLat 6, 1976, pp. 282-287) estudia un caso anlogo en F m . VI11 2,2.

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elegaca de la pocas7.En esta vida de bohemia que lleva la juventud dorada de la poca, todas las audacias estn permitidas, y en muchas ocasiones se llega a rozar la delincuencia, como es el caso de los grassatores de que habla SuetonioS8,herederos de aquellos nobles ociosos e indolentes, ansiosos de nuevas y peligrosas aventuras, que apoyaron en su momento a Catilina8'.
Las crticas de Cicern a este tipo de poesa (al margen de su supuesta polmica con Catulo) han generado una abundante bibliografa en los ltimos aos. Vid., entre otros, P. Bruno, Poetica, qua desidant mores, a Cicerone convicta atque damnatan, Latinitas2, 1954, pp. 188-192; L. Alfonsi, Cicerone e i lirici*, RFIC38, 1960, pp. 170-177; J. Martin, Cicero und die zeitgenossischen Dichtern, Atti del 1 Congresso InteraazioaalediStudiCiceroniani, Roma 1961,II, pp. 185-193; D. Gagliardi, &icerone e il neoterismo, RFIC96, 1968, pp. 269-287; N.B. Crowthner, d i veW~epot, poetae noui, and cantores Euphorionis, CQ 20, 1970, pp. 322-327; Andr, L'otium..., pp. 218-227; C. Tuplin, Cantores Euphorionis againa, CQ 29, 1979, pp. 358-360; G. Burzacchini, C a n t o r e s Euphorionisn, Sifeno 4, 1978, pp. 179-184; W. Clausen, Cicero and the New Poetry, Ciceroniana 5, 1984, pp. 91-100. En Pis. 70, Cicern asegura que suscomposiciones contienen omneslibidines, omnia stupra, omnia ceaarum conuiuiorumquegenera, adulteria deaique. Cf. Catul. 51,13-16: otium, Catulle, tibimolestum est; / otio exultas nimiumquegestis. 1 otium et reges prius et beatas / perdidit urbes. Expresiones como otiogestire y otio exultare reflejan la necesidad de llevar una vida acelerada, alocada, fruto del propio aburrimiento: este otium es, precisamente, el de los jvenes nobles del momento, el de los adulesceates arruinados y desengaados de la palliata (vid. infm). Sobre el tema en general, vid. tambin L. Alfonsi, Otium evita d'amore negli elegiaci augustein, Studiia onore diAristide Calderiai e Roberto Paribeni, Miln 1956, pp. 187-209; A. Ramrez de Verger, El otium de los elegacos: una forma heterodoxa de vida, Heterodoxos, reformadoresy marginadosea la AntigedadClsica, edd. F . Gasc - J. Alvar, Sevilla 1991, pp. 5970; Edwards, op. cit., p. 93. Suet .Aug. 32,l: pleraque pessimi exempli in peraiciem publicam aut ex consuetudinelicentiaquebellorum ciuilium durauerant autperpacm etiam extiteraat.nam et grassatorum plur~mi palam se ferebant succincti ferro, quasi tuendi sui causa, et raptiper agros uiatores sine discrimine liberiseruique ergastulispossessorum supprimebaatur. titulo colle~inouiadaulliusaon facinorissocietatem ,et ~lurimaefactioaes " coibant. De acuerdo con Suetonio, estos grassatores haban perdurado ex consuetudiaeliceatiauuebellorum ciuilim. Pero ya el trmino auarece estrechamente vinculado al o t i m & el Carmen demoribusde catn, como sala ~ n d r (L'otium ..., p. 30, nn. 17 y 18): poeticae artis hoaos non erat: si quis ia ea re ludebat aut sese ad coauiuia adp/cabat, crassator uocabatur (Cato Mor. 2 Baehrens apud Gell. XI 2,5), con una mencin explcita a la aficin de estos ociosos a los festines y a la poesa. Segn Andr, constituyen, de acuerdo con la pintura que de ellos hace Plauto, una bohemia intelectual griega o grequizada, cuya influencia resulta contaminante, nicamente dedicados a la w i e de loisirn (J.M. Andr, Les loisirs en Grice et a Rome, Pars 1984, p. 48). Andr, L'o h..., p. 394: Les jeunes aiment les flaneries, les beuveries, le tapage nocturne; una partie m b e de la jeunesse dore tomba dans la dlinquance: les grassatores de I'poque augustenne prennent la releve des dvoys qui ont fourni a Catilina una partie de ses troupes. Vid. tambin J.-N. Robert, Lesplaisirs a Rome, Pars 1983, pp. 34-35, 177-179; Lintott, art. cit., p. 160; J. Plescia, Patria Potestas and the Roman Revolution, The Coaflict ofGenerationsin Ancieat GreeceandRo-

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En esta lnea se encuentra una historia recogida por Livio. El ao 457 a. C., en uno de los momentos lgidos de la lucha entre patricios y plebeyos (la discusin acerca de la lex Terentila),aparece como lder ocasional de los aristcratas un ferox iuuenis, Cesn Quinctio, que logra imponerse por la fuerza, con sus amigos, frente a la plebe y sus lderesg0; stos no ven otra forma de deshacerse de l que acusarlo de un crimen capital: M. VolsciusFictor,

qui ante aliquot annos tci3unus plebis fuerat, testis exstiterat se, ha ud mdto post quam pestilentia in urbe fuerat, in iuuentutem grassantem in Subura incidisse. Ibi riuam natam esse fratremque suum maiorem natu, necdum ex morbo satis uafidum,pugno ictum a b Caesone cecidisse;semianimem inter manus domum a blatum, mortuumque inde arbitran 'l. A tales extremos podan lleEn este gar las juergas nocturnas de estos jvenes aristcratasg2. pasaje hay que prestar atencin no slo a la expresin iuuentutem grassantem, sino tambin al hecho de que en sii peticin de indulgencia para el hijo, su padre, L. Quinctio Cincinato, hablara de pecados de juventud)): pater inter hos L. Quctius, cui Cin-

cinnato cognomen era&non intermdo laudes, ne cumu/aret inuidiam,sed ueniam erroi atque adulescentiaepetendo 93. Esta era, de hecho, una tctica recomendada por Cicern (cf. Inu. II 37: neque ullo modo mutaripossit,facere iudicium. sin autem in ante acta uita afiquae turpitudines erunt: ... aut inprudentiae, necessime, ed. S. Bertman, Amsterdam 1976, pp. 143-169. Rundell (art.cit., p. 303) est convencido de que en el asunto de la Boaa Dea Clodio no ha tenido otros partidarios que los jvenes de la nobleza, barbatuliiuueaes (Att. 1 14,5) como los que antao apoyaron a Catilina. Cf. Sall. Cat. 17,6: eraat praeterea complurespaulo occuftius coasili huiusce partic~pes aobiles, quos magis domiaatioais spes hortabatur quam inopia aut alia aecessitudo. ceterum iuueatuspleraque, sed maxume aobilium Catiliaae iaceptis fauebat: quibus ia otio uelmagaificeuelmolliter uiuere copia erat; iacerta pro &S, bellum quam paem malebaat. Liu. 111 11,s: hoc duce saepe pulsi foro tribuni fusa ac fugata plebes est; qui obuius fuerat, mulatus audatusque abibat. 91 Liu. 1 1 1 13,l-3. 92 Segn R.M. Ogilvie (A Commeataryoa Livy. Books I-j; Oxford 1965, pp. 416417), the details of C. Quinctius' trial were invented by jurists as a case-history to give historical substance to the bald provision of the Twelve Tables, en alusin a la institucin del uadaoaium. Por otra parte, el paso de los siglos no haba cambiado mucho las cosas: segn Ogilvie (op. cit., p. 418), a la hora de construir su relato, Livio tena muy en cuenta un percance reciente, del ao 52 a. C., cuando un enfrentamiento entre las bandas de sicarios de Clodio y Miln acab con la muerte del primero. Ello explicara las numerosas coincidencias de su relato con el Pro Miloae de Cicern. 93 Liu. 111 12,s.

ARCERI OTI FRVBUS (CIC.hXR.4)

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tudini, persuasioni, adulescentiae aut alicui non malitiosae a h i affectioniattribuentur) y seguida por l mismo en su defensa de Celio, al que continuamente describe como un adulescens para disculpar sus errores. As, en Cae/.30 -con una notable semejanza en los trminos empleados-: erat e n h meum deprecari uaca tionem adulescentiae ueniamque petere. non, inquam, a udeo; perfugs nihil utor aetatis, concessa omnibus iura dhitto; tantum peto ut, si qua est inuidia communis hoc tempore aerk dieni, petulantiae, libidinum iuuentutis, quam uideo esse magnam, tamen ne huic aliena peccata, ne aetatis ac temporum uitia noCuando Cicern pide que esas libidines iuuentutis, estos ceantg4. aetatis uitiag5, no perjudiquen a Celio est reconociendo, implcitamente, que existen y que se trata de una situacin generalizael mismo rechazo que da% que suscita la communis inuidiag7, provocara la actitud de Cesn. Lo dice ms expresamente en la seccin anterior: sed tu mihi uidebare ex communi infamia

iuuentutis aliquam inuidiam Caelio uelle confire [...] facile est accusare luxuriem. dies iam me deficiat, si quae dici in eam sententiampossunt coner expromere; de comiptelis, de adulterzs, de protemita te, de sumptibus inmensa oratio est Este otium de los jvenes nobles entronca, de hecho, con la ms antigua tradicin sobre el otium, que es de carcter militar:
se trata del tiempo libre del soldado, la posibilidad de ir y venir, callejear, aprovechando la suspensin temporal de los combates. El otium de los soldados, relacionado etimolgicaes, precisamente, mente con el ai. tatj, ir y venir a la venturmg9,

Cf. tambin G e l . 1, 9, 15, 43. Explicitados en Cael. 30, aerisalieni,petulantiae,libidinum, y 43, nimialibertas in adulescentia, partim profusa luxuries, magnitudo aeris alieni, sumptus, libidines. Vid. E . Eyben, Restlms Youth ia Ancient Rome, Londres 1993. Vid. Cael. 28: equidemmultos et uidiin hac ciuitate et audiui non modo quiprimoribus la brisgustassentgenus hoc uitae et extremis, ut dicitur, digitis att~gissent sed quitotamadulescentiamuoluptatibusdedidissent.Es un hecho, dice Cicern, que todos aceptan (5 41) y para el que l m i m o pide condescencia a los jueces (5 42). 97 Sobre el concepto de inuidia en Cicern, vid. V. Poeschl, ~Invidia nelle orazioni di Cicerone~, A tti del I Congresso Internazionale di Studi Ciceroniani, Roma 1961, 11, pp. 119-125. 98 Cic. Cael. 29. Vid. tambin Cael. 11 (tamen inhmiam ueram effugerenon potuit), 38 (at fuit fama. quotus quisqueistam effugerepotestin tam maledica ciuitate?); Sen.Contr. 1 1 6,4 (fuit adulescens temperatissimus et lubricum tempus sine infamia transit ). 99 J.M. h d r ; Recherches sur I'otium Rome, Bensanqon 1962, pp. 17-18.
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el otium de los adulescentes, de la iuuentus que forma el ejrcito romano. En las autoridades hay recelos sobre la forma en que emplean los jyenes este tiempo libre, lo que lleva a una percepcin moralmente negativa del otium, calificado ocasionalmente de otiosum. As ocurre en la Ifgenia de Ennio, donde ese otium otiosum se identifica con una vida alocada: otio qui nescit uti /

p h negoti habet quam cum est negotium in negotio; /nam cui quod agat institutum est non u10 negotio /id agit, id studet, ibi mentem atque annum delectat suum; / otio sin otio weger, animus nescit quid uelit. /hoc idem est: em n e p e domi nunc nos nec militiae sumus; /bus huc, hinc dhc; quom dluc uentum est, ire ilinc lubet, /incerte errat anUnus, praeter propter uitam uiuiturlw.Reflexiones anlogas se encuentran en Livio: el gran error
de Anbal ha consistido en hacer invernar a sus tropas en Capua, cuya vida de placer ha sido una de las causas principales de la relajacin y el debilitamiento de aqulla^'^'. Por otra parte, los arrebatos pasionales de los jvenes a menudo son criticados y calificados como locura, furor 'O2. El hecho, segn Neraudau, es que la mentalidad romana tradicional consi respecto dera el furor como algo propio de los adulescentes. A hay que recordar que son los jvenes quienes integran el ejrcito romano de los primeros siglos; pero ste es un ejrcito que combate, no segn los viejos modos de los tiempos heroicos (caracterizados por la audacia y el furor del ferax Turno), sino guiado virtud primordial de por el norma fundamental de la disc~plina, la formacin hopltica (encarnada por Eneas)lo3.No obstante, en ocatambin hay lugar para el furor en este nuevo ejrcitoLo4:

'" Enn.Scen. 109 Segura (apud Gell. XIX 10,12). En general, vid. sobre esta cuestin J.M. Andr, Recherches. .., pp. 5-25 (Les origines de l'otium: conjectures tymologiques et ralits smantiques~). 'O' Liu. XXIII 2,1, 45,2-4 (Capuam Hannibali Canoas fuisse), Per. 23. Vid. Robert, op. cit., p. 21. 'O2 Andr, L'otium ..., p. 416. Frente a esta asociacin constanteentre furensy adulescens, hay un pasaje de Cicern en el que se establece un claro contraste entre am-. bo S trminos: nisi unus adulescens illius furentis impetus crudelisssimosquecona tus 33,). cohrbuisset, rem pub/iwa fuodtus intenhram fuisse (PM. ed. reimpr., p. 220. 'O3 G. Dumzil, La rehgion r o b e archafque, Pars 1987, La nocin del furor como ardor blico, furia que transfigura al guerrero y le hace entrar en una especie de frenes que lo transporta a un plano sobrehumano es de origen indoeuropeo, aunque no reservada nicamente a la actividad blica: es el pvos de los griegos, el wutde los germanos, el fergde los celtas, una facultad que se obtiene tras un autntico proceso inicitico. Al respecto, vid. G . Dumzil, Horace et les

ARCERI OTI FLVIBUS (CIC.XUR.4)

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siones encontramos jvenes soldados -como Mucio Escvola, Coriolano, Manlio Torcuato o Valerio Corvo1'' que, despus de haber solicitado el correspondiente permiso, se lanzan a arriesgadas acciones o responden a los retos lanzados por sus enemigos y entablan combates individuales, de los que generalmente salen victoriosos. As, este furor propio de la juventud, debidamente controlado y canalizado1", resulta de gran ayuda en el combate'07; en cambio, cuando de la milicia se pasa a la actividad poltica, ese mismo furorse convierte en una amenaza, un peligro para el orden establecido, ya que da lugar a la violencia partidista. Hay, de hecho, toda una tradicin, heredada de los analistas y aceptada por historiadores como Livio o Dionisio de Halicarnaso, que relaciona esta juventud, especialmente la de origen patricio, con la formacin de bandas y grupos armados que por regla general apoyan a personajes con actitudes tirnicas: as ocurre con el complot de iuuenes que en 509 a. C., agrupados como i ~ a ~ pen i atorno a los hijos del depuesto Tarquinio, persiguen la vuelta de la monarqualm;ms arriba se mencionaba el caso de Cesn Quinctio, cuyos compareros, tras su exilio, seguirn con sus andadas apoyando la poltica autoritaria de los decnviros, aun en contra del mismo patriciadolog. Esto puede explicar las reticencias, crecientes con el paso del tiempo, de las autoridades a aceptar que los jvenes accedieran a las magistraturas: en el curCuriaces, Pars 1942, 4a ed., pp. 11-33; id., Heuretmalheurduguerrier, Pars 1985, 2a
ed., pp. 35-37; R. Bloch, Les ori~nes de Rome, Pars 1991, ga ed., pp. 33-34.

Liu. I1 12,l-16, 33,743, W 9,s- lO,l3, 26,l-6, respectivamente. De los peligros que entraa el furor es buena muestra el episodio de Horacio (Liu. 1 24-26);autntico relato etiolgico destinado a ilustrar el procedimiento ritual para purificar al guerrero de vuelta del combate y liberarlo, entre otras cosas, de esa facultad sobrehumana que tan til resulta en el combate y tan nefasta dentro de la cit., p. 239). F . Coarelli, de ciudad (vid. G. Dumzil, La religion romainearcha~que, hecho, considera que el monumento vinculado a estos ritos, el tigiIlumSororium,debi constituir una especie deportatril~~lpbalisen el perodo pre-urbano de la ciudad, adems de tener otros posibles usos para ritos de paso, tanto masculinos como feI Periodo arcaico, Roma 1986,2=ed., pp. 116-117). meninos (vid. Il Foro Romano. d Sobre todo ello, vid. ltimamente B. Liou-Gille, La perduellio: les procis d'Horace et de Rabiriuw Latomus 53, 1994, pp. 3-38, esp. pp. 31-37. 'O7 Segn Neraudau (op. cit., p. 250), d e s Romains ont en rserve un potentiel de furor, soumis 5 la discipline et plus fort encore 5 force d'etre contraint~. IcsLiu. 1 1 3-5: el ejemplar castigo que el cnsul Bruto aplica a sus propios hijos, involucrados en la conspiracin, es buena muestra de ia desconfianza de ls autoridades ante estos grupos. Liu. 111 37,643, D.H. XI 2. As, a la tyrannie du pouvoir correspond dans la rue la tyrannie de la jeunessen (Neraudau, op. cit., p. 254).
'O5

Estudios Cfdsicm 108, 1995.

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so del siglo 11 a. C., y como consecuencia de la importancia que de nuevo haban adquirido los iuuenes (bajo el liderazgo de Escipin Africano) en el enfrentamiento contra Cartago, se observa una reaccin generalizada frente a su empujellO. Diversos escritores testimonian esta prevencin oficial: Nevio critica a los oratores noui, stulti adulescentes "' que han causado la ruina de Roma"', C. Graco retrata a esta juventud con trminos nada halagadores (quan ta libido quantaque htemperantia sit homin um adulescentium unum exemplus uobis ostendam '13), Calpurnio Pisn habla de los aduescentes peni deditos'l4. La visin que el teatro de Plauto y, en menor medida, de Terencio nos ofrece de los adulescentesresponde en ltimo trmino a esta misma postura crticau5.El resultado final de todo ello es que en el ltimo siglo de la Repblica los adulescentes de las familias nobles se ven obligados a esperar un largo perodo de tiempo antes de entrar en la carrera poltica: antao hubieran ocupado esa espera en el ejercicio de las armas, pero ahora, fuera del rutinario entrenamiento militar, no hay guerras que requieran su presencia continuada, y tampoco los estudios les roban demasiado tiempo'16. Se trata, pues, de una clase dedicada a esperar y estar inactiva, ociosa117; nase a ello el fmor, la intemperantia, el desenfreno que le son propios: as se explica su desarraigo moral, su dandismo, su
"O Sendas leyes, la lex Laetoria, del 191 a. C., y la lex Villia Annalis, de 180 a. C., se promulgan con la clara intencin de reforzar las barreras frente a las ambiciones polticas de la juventud. Naeu.Praet. 7 Klotz (apud CicSen. 20). llZ Un eco de esta idea se encuentra en Cic.Sen. 20: quodsilegereautaudireuoletis externa, maximasrespublicasa b adulescentibusla befactatas, a senibussustentatas et mtituta S reperieDs . llW.Gracch. 49 Malcovatti (apud Gell. X 3 3 . ' 1 4 Calp.pis. 40 Peter (apud Cic.Fam. IX 22,2). Cf. Calp.pis. 38 Peter (apud Plin.MXVI1 244: pudiciiiam subuersam Pso p u b auctor prodidi). lLS Neraudau, op. cit., pp. 361-363. Vid. iofra. ' 1 6 Vid. E. Narducci, Modelli etici e societa. Un'idea d i Cicerone, Pisa 1989, p. 204. 117 Lo que no quiere decir que renunciaran a sus ambiciones polticas. Para ello recurrirn en ms de una ocasin al escndalo o a la revuelta, incluso a la rebelin total contra un sistema de gobierno que frustraba todas sus aspiraciones. El ejemplo ms claro lo constituyen, obviamente, los jvenes que secundan la intentona de Catilina (Neraudau, op. cit., p. 365). Al respecto, Narducci (Modellietici cit., p. 197) considera que hay una tipologia catilinaria del joven romano que impregna y condiciona la imagen que tienen los historiadores de la juventud romana en la poca de Csar: un buen ejemplo sera el retrato de Curin en Vell. 11 48,3, que toma como modelo el de Catilina en SalLCat. 5; en Cic.Sest. 110 y 111 encontramos a L. Gelio Publcola, furiossimum atqueegptissimumganeonem, a quien su ansia de placeres y la disipacin

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vida alocada, su espritu revolucionario, su Jicentia y la violencia que imponen en las calle^"^. Por esta va se puede encontrar una explicacin para el furentis de nuestro pasaje. Los actos de este aduescens son calificados de scelus y audacim: no es la locura divertida de un joven transtornado por el amor, sino la gamberrada ms que subida de tono, rozando el delito, de un noble demasiado joven, demasiado ocioso y, sobre todo, completamente pirad~"~. En esta locura, capaz de tal atrevimiento, de tan nefanda accin, radica esa amenaza para el Estado que Cicern asegura haber entrevisto ya con mucha antelacin (muto ante prospexi). En este momento, sin embargo, Clodio no representa peligro alguno para Roma. Su hazaa no pasa de ser una aventura amorosa, con graves implicaciones de carcter poltico y religioso, si, pero que en modo alguno supone un atentado contra el orden establecido, como ya se ha argumentado anteriormente. De ese modo, no se trata de (mantener alejado del dominio de la paz a Clodio y sus andanzas, como pretenden Wuilleumier-Tupet, sino de impedir que sus trastada rebasen el lmite propio de las actividades propias del ocio de los jvenes aristcratas, es decir, que sus gamberradas se atengan a lo que era costumbre entre sus iguales. De esta forma, se asigna al verbo arcere tambin su sentido primero, ya entrevisto por Watts en su traduccin, que no es otro que el de contener, mantener dentro de, tal y como se explica en Paul.Fest. 15 L: arcere est ~ontinere"~. Cicern lamenta, pues, que las andande la hacienda familiar empujan in spe rerum nouarum. Vid. E. Eyben, Youth and Politics during the Roman Republic)), RBPh 50, 1972, p. 45. Neraudau, op. cit., pp. 366-368. h'arducci une a los factores apuntados otro muy importante en el periodo final de la Repblica: las dificultades econmicas de muchas-de las grandesefamilias, la falta de dinero para hacer frente a las diversiones de los hijos y, menos an, para financiar sus carreras polticas; a ello se aade el problema de las deudas contradas por los propios hijos (Narducci, Modellietic~cit., p. 205): los escritores romanos hablan a menudo de la amenaza que supone esta vida de ocio y diversin desenfrenados para las haciendas familiares (vid. Edwards, op. cit., pp. 175-178; B. Shaw, Debt in Sallustius, Latomus 34, 1975, pp. 187-196). Vid. tambin J. Granarolo, La jeunesse au sibcle de Csar, d'aprbs Catulle et Cicron~, Association Guillaume Bud, Congris de Lyon: Actes du Congris, Pars 1960, pp. 483-519; G. Boissier, Cicron et ses m i s . Etude sur la socit romaine du temps de C&r, Pars 1905, 13' d., pp. 167 y 170. " 9 En su acepcin de persona alocadan, segn la ltima edicin del Diccionario de la Lengua Espaoola (Madrid 1992, 2@ d.,p. 1610). L a mayora de las citas en que arcerese construye con fioes tiene el sentido que le asignan Wuilleumier-Tupet, en el sentido de rechazar, alejar, prohibere. Ahora

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zas de Clodio no se ajusten a estos patrones ya conocidos y ms o menos admitidos por la sociedad del momento, y que, por su misma gravedad, supongan de hecho una amenaza futura para el propio Estado. As, uia'ebam ... fmibus podra traducirse aproximadamente como sigue: Vea que aquel crimen tan perverso, aquel espantoso atrevimiento de un jovenzuelo chiflado, de un aristcrata desequilibrado, no era posible contenerlo dentro de los lmites de la ociosidad)), teniendo en cuenta, por descontado, que esa ociosidad es la de los jvenes nobles de la poca"'. Esto, de hecho, choca frontalmente con el juicio del propio Andr, para quien el trmino otium, empleado solo, nunca designa el tipo de vida apolustico, la &a otiosa (acepcin sta claramente peyorativa para el orador: otiosa uita, plena et conferta uohptatibus1'*), sino que il est toujours jaug a son contenu moral et a son contenu c ~ n c r e t ' ~ Al . respecto hay que decir que oti se encuentra en un contexto que remite, ms que a su vertiente poltica, al mbito de la vida privadalZ4, la de un joven noble en nuestro caso. En fin, hasta tal punto se poda esperar de un noble que su juventud pasara entre tales entretenimientos que en poca de Cicern era un lugar comn de la oratoria comenzar la acusacin por la deliciam ~biurgatio''~, en la que se cargaban las tintas en la
bien, en todos los casos se trata de contextos blicos, en los que se habla de mantener a los enemigos alejados de las fronteras propias: Cic.Phil. 13,14, Liu. 111 5,3, XLII 6,2, Verg.Aen. 1298-300, 0 u . M e t . IV 645, Sen.Dial. 111 8,2, Tac.Hist. 11 12,l. En Quint. IX 3,33 el orador busca el efecto esttico jugando, precisamente, con los dos sentidos: ille tenet et scit u t hostium copiae, t u u t aquaepluuiae arceaatur:ille exercitatus in propagaadis finibus, t u in regendis. Sintomtica del ambiente en que se mova Clodio es la noticia, transmitida por el propio Cicern, de que entre las maniobras de Craso para corromper al jurado que deba juzgar a aqul se inclua la concesin de favores sexuales por parte de ciertas damas de la aristocracia, asunto en el que tambin se vieron involucrados algunos jvenes de buena familia, descritos por Cicern como adolescentesnobiles, con trminos semejantes a los empleados en Har. 4 para referirse a Clodio ( A t t . 1 16,5; cf. Va1.M ax. IX 1,7: aodesmatroaarum et adulesceatium aobilium magna summa emptae m e d s loco iudicibus erogatae suat). Cic.Sest. 23. Andr, L'otium ..., p. 244. En cualquier caso, el propio autor reconoce en otro lugar ( p . 245) que los nobles arruinados contemporneos de Cicern llamaban otium a la vida escandalosa que llevaban. Tambin Cicern habla de ese o t i m q u e designa la vida privada en oposicin a la pblica: ...n o n labor meus, a o a requies, n o n negotium, a o a otium, n o a forenses res, noa domestime, noa publicae, aoa priuatae. .. (Cic.Att. 1 17,6). V i d . Cic. Cael. 27: deliciarum obiurgatio fuit longa, etiarn lenior, plusque dispus i attentius. tationis habuit quam atrocitatis, quo e t i m audita e

juventud disoluta del acusado, su vida privada, su existencia intil para la comunidad, todo ello en funcin de la idea de que el ocio (el o t i m luxuriosum, segn Andr) lleva al vicio -de donde y el vicio acaba indela expresin proverbial otia dant fectiblemente en el delito: nihil agendo homhes male agere dis~ u n t ' Este ~ ~ . entramado de conceptos morales es muy antiguo, caracterstico de la comunidad agrcola y militar que fue la Roma de los primeros siglos: hombres como Catn o Ennio han sido los primeros que han puesto por escrito tal cdigo moral, y a partir de ellos se ha desarrollado una tradicin tica ininterrumpida hasta los tiempos de CicernI2'. Una vctima clara de estos ataques sern los epicreos romanos, objeto preferente de las crticas de Cicern: estos vividores suelen reunirse en clubes, cenculos (sodalicia) como los de Pisn y Filodemo, en Campania, en los que se cultiva la poesa amorosa y ertica, en un clima de Aunque la ortodoamoralidad y libertinaje lrico, segn AndrlZ9. xia epicrea en relacin con el placer era muy otra, inevitablemente deba triunfar el prejuicio y la idea estereotipada, que haca del epicuresmo un sinnimo de Iuxun'a, vida fcil y regalada; en su discurso In Pisonem Cicern cargar las tintas en esta cuestin para desacreditar a su enemigoI3".

Iz6 En expresin de Andr, L'otium ..., p. 108. Sobre la relacin entre otium y uitium vid. Curt. VI1 1,4, Sen.Ep. 56,9, los dos relacionados con el mundo de la milicia (cf. tambin Tac.Agr. 16,5). ' 2 1 Cato Agr..fr. 7 apud Col. XI 1,26. Iza Andr, L'otium ..., pp. 39-40. Sobre las similitudes en la crtica moral que hacen ambos autores de las costumbres de sus contemporneos, vid. D. Jurewicz, De Plauto et Catone apud populum Romanum agentibusn, Meander 11, 1956, pp. 437-458. La transposicin de estas ideas acerca de la conducta individual al plano de las naciones y pases encuentra su expresin en la ley general de que la prosperidad de los pueblos trae consigo la relajacin del control que hasta entonces ejercan los hombres sobre sus pasiones y su conducta y, con ello, se abre la va a todo tipo de excesos, con la consecuencia ltima y fatal de la decadencia de esos mismos pueblos: aunque el ms conocido exponente de este concepto es Salustio, se trata de un lugar tpico desarrollado ya por Catn y explotado fundamentalmente por los intelectuales del Crculo de los Escipionesn (de modo especial, por Polibio: VI 18,11, 57,5-6; cf. tambin SalLCat. 10-13, 36,4, lug. 41, Liu.praef9-12). Sobre ello, vid. Andr, L'otium ..., pp. 52, 150 (n. 2), 189-198; A.W. Lintott, Imperial expansion and moral decline in the Roman empires, Historia 31, 1972, pp. 626638. 1 2 ' Andr, Les loisim ..., p. 45. lM sta es, tambin, la imagen que da Cicern de los barbatui iuuenes, los jvenes licenciosos e irremediablemente degerados que rodean a Clodia (Cael. 33, 38, 67; cf. tambin Att. 1 14,5, 16,11, 45,5, Sest. 19, Par. V 38).

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6. Un argumento final a favor de la interpretacin propuesta radica en la oracin que da comienzo al pasaje, aqulla en la que Cicern describe el episodio del escndalo de la Bona Dea. Como ya se dijo ms arriba, tiene cierto aire de comedia: el joven amante sorprendido in fraganti, vestido como una mujer, chamuscado, expulsado de la casa. Ms adelante, en Har. 444"1,la descripcin de los atavos del joven resulta todava ms impactante: tnica azafranada (crocota), tocado para el pelo (mitra), sandalias de mujer (muiebnks soleis), cintas de prpura (purpureis fasceolis), sostn (strophio), ctara (psalte~ion))'~~. Tambin es ms explcita la escena de su expulsin: son las mujeres que participan en el ritual de la Bona Dea las que descubren el engao, pero Clodio, gracias a la ayuda de algunas esclavas, logra escapar a duras penas (el verbo, emitto, se repite en ambos pasajes en formas de la voz pasiva: no es Clodio el que escapa, sino que alguien le hace salir o le facilita el camino para ello). Pero es en el Pro Sestio, muy cercano en el tiempo a De haruspicum responsis, como se ha dicho, donde Cicern deja ver a las claras que el episodio es, para l, comparable a una escena cmica (9 116): &se ille ma-e fudius, non solum spectator sed actor
Vid. el texto completo supra, n. 3. Cicern describe as a su enemigo como un afeminado, ataque que repetir en otros muchos lugares ( D o m .49, 139, Mil. 5 5 5 ;Clod.Cur. 5,21-24; cf. Sch.Bob.CIod. Cur. 5, p. 86 Stangl, 22-24, p. 89 Stangl). El estudio ms completo sobre este punto se encuentra ahora en F. Pina Polo, El escndalo de la Bona Dea y la impudicitia de P. I I I ,en prensa. En otros pasajes alude a Clodius, Homenaje aIProf I M . Blzquez. I l como puIcheIIus, que para R.G. Austin (M. TuIIi Ciceronis Pro M. CaeIio Oratio, Oxford 1960, 3a ed., p. 69) implica claramente la nocin de afeminamiento: Att. 1 16,10,II 1,4, 18,3,22,1. Segn Shackleton Bailey (op. cit., p. 20), son muy frecuentes en los discursos de Cicern las alusiones a las aberraciones sexuales de sus enemigos polticos: forman parte de un juego que todos aceptan y comparten. En ltimo trmino, este tipo de calificativos buscan asimilar de una u otra forma la persona atacada a la condicin de esclavo (as se explica que Cicern insista en la colaboracin de algunas esclavas en el asunto de la Bona Dea): el esclavo, siempre pasivo desde el punto de vista sexual (para un romano, poder poltico y pasividad sexual son extremos incompatibles), es considerado por la mentalidad romana como impdico por naturaleza y afecto a todos los vicios (cf. al respecto Edwards, op. cit., pp. 64-65, 78; F. Pina Polo, art. cit., pp. 134 y 140; E. Cantarella, Segn natura. La bisexualidaden elmundo antiguo, trad. esp., Madrid 1991, pp. 135-140). En una perspectiva ms amplia, Edwards (op. cit., pp. 25-26,91-92) considera que las frecuentes acusaciones de inmoralidad que se cruzan los lderes polticos del ltimo siglo republicano responden a la idea de que quien es esclavo de sus pasiones no puede gobernarse a s mismo y, por lo mismo difcilmente puede gobernar a los dems. Paradjicamente, no era raro que en una misma persona confluyeran las acusaciones, a priori contradictorias, de adltero y afeminado (Edwards, op. cit., pp. 68, 82-83).
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et acroama, qui omnia sororis embolia nouit, qui in coetum mulierum pro psaltna adducitur... Algunos de los trminos que aqu aparecen remiten, segn D.F. Sutton, al mbito de la farsa y el drama menor: actor, acroama, embolium, l u d i ~ s 'Aunque ~~. muy aficionado al teatro'34,Cicern no aprecia en absoluto el mimo y otras formas inferiores de teatro, pero es consciente de la importancia que tienen estas representaciones en sus das13" sabe aprovecharlas cuando llega el momento preciso, haciendo especial hincapi, de hecho, en aquellos aspectos que ms podan desagradar a un romano de su poca: su humor grosero y su obscenidad'36.As, cuatro de sus enemigos, Verres, Catilina, Clodio y Antonio, sern asociados con actores y escenas, casi siempre tomados del mimo'37. Una nueva prueba de que Cicern concibe el episodio en trminos de comedia puede encontrarse en la expresin fabula Clodiana, utilizada por el propio Cicern en una carta escrita a Atico en enero del aAo 60 a. C., seis meses despus de la finalizacin del proceso contra Clodio: nam ut ea breuiter quae post tuum discessum acta sunt coll~gam, iam exclames necesse est res Romanas diutius stare non posse. e t e n h post profectionem tuam primus, ut opino4 introitus fuit fabulae Codianae, in qua ego, nacL33 D.F. Sutton, Cicero on minor dramatic formsn, SO 59, 1984, pp. 29-36, esp. pp. 32 y 34. Tambin J.C. Dumont (Cicron et la th&tre,AssociationGuillaume Bud. Actes du I X CongrPs. Rome 13-18 avril 197-7, Pars 1975, pp. 424-430, esp. p. 428) cree que la imagen est tomada de una obra de mimo desconocida. '"Vid. al respecto L. Winnickzuk, Cicero quid de spectaculis et histrionium arte Meander 14, 1959, pp. 337-343; id., Cicero on actors and the stage, Atti senserit~, del I Congresso Internazionale di Studi Ciceroniani, Roma 1961, 1, pp. 21 3-222; N.A. Laidlaw, Cicero and the stage, Hermathena 94, 1960, pp. 56-60; J. Styka, De comoedia Romana Cicero quid iudicaveritn, Meaoder 45, 1990, pp. 279-292. En Sest. 118 cuenta Cicern cmo haba sido humillado P. Clodio durante una representacin del Simulaos de Afranio, cuando los espectadores celebraron con un gran aplauso que los actores fijaran en l su mirada al recitar: huic, Tite, /tua post 84 asegura que en los juegos fnebres principia atque exitus uitiosa uitae. Y Suet.1~1. de Csar sus partidarios hicieron que se cantaran unos versos tomados del Armorum Iudicium de Pacuvio, a fin de despertar la compasin por el muerto y el odio contra sus asesinos: men seruasse, ut essent quimeperderent? Por otra parte, Tertuliano (Spezt. 23,5) alude a los adulterios que se representaban en la escena. '"A ello hay que unir que los gustos literarios de Cicern entre los aos 56 y 54 a. C. iban por estos derroteros, a tenor del gran nmero de citas de poetas romanos arcaicos detectadas por W. Zillinger en las obras de este perodo (Cicero und diealtromischen Dichter, Wrzburg 1911, pp. 68 SS.; vid. tambin D.R. Shackleton Bailey, Cicero and early Latin p o e t r y ~ICS8, , 1983, pp. 239-249; J.J. Hughes, Comedic borrowing in selected orations of Cicero, Iowa City 1987). 13' Sutton, art. cit..,pp. 30-32. Vid. tambin Edwards, op. cit., pp. 64-65.

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tus, ut mihi uidebar, locum resecandae libidhis et coercendae iuuentutis, uehemens ffaui et omnis profudi ukis a n h i atque h geni me4 non odio adductus alicuius sed spe non corrigendae sed sanandae c i u i t a t i ~ ' Conviene, ~~. por otra parte, prestar atencin al contexto en que inserta Cicern el trmino: para l, el escndalo y consecuente proceso contra Clodio no eran sino una oportunidad para cauterizar la liviandad y refrenar a la juventud'39, locum resecandae libidinis et coercendae iuuentutis 140. Esta perspectiva moralizante, de la que ya antes hemos hablado, explica, en parte, al menos, que haya recurrido al repertorio de imgenes del teatro, gnero que desde los tiempos de Plauto haba tenido un fuerte componente tico, especialmente en relacin con la juventudL4'. Por otra parte, el trmino coercendae, que Cicern volver a utilizar en una de sus ltimas obras, De diuinati~ne'~~,
138 Att. 1 18,2. Para Tyrrell - Purser (The Correspondenceo f M . Tullius Cicero. ; Dublin - Londres 1904, 3" ed., p. 229), la expresin designa, sin lugar a dudas, una composicin teatral: Fabula is undoubtely a drama. Cf. PhiL 2,34: non solum unum actum sed totam fabulam confecissem. Por otra parte, en Cael. 69 Cicern emplea otra vez el trmino, pero esta vez hablando de Clodia, en lo que posiblemente sera un chiste o historieta que circulaba sobre ella y cierta pyxis: a: hicetiammiramur, siiilam commenticiam pyxidem obscenissima sit fabula consecuta?.. . est enim ab aliquo adulesceote fortasse non tam insulso quam non uerecundo. El mismo sentido desvelan Gentili - Cerri ( L e teorie del discorso storico nelpensiero greco e la storiografia romana arcaica, Roma 1975, p. 74) aplicado al relato histrico: La parola fabula ha un rilievo particolare nel discorso di Cicerone, il quale sottolinea il carattere prettamente drammaticodi una narrazione que implicava anche elementi propri della storiografi a mimetican. Segn la traduccin de J. Guilln Cabaero, M. Tulio Cicern. Cartaspolticas, Madrid 1992, p. 55. 1 4 0 Tambin Cic.Att. 1 16,l: quo modo sum insectatus leuitatem senum, Iibidinem iuuentutis! Vid. al respecto Balsdon, art. cit., p. 68. En este mismo sentido, J.C. Davies (The originality of Cicero's philosophical works*, Latomus 30, 1971, pp. 105119) sostiene que el propsito primero de la obra filosfica de Cicern no es otro que el de proponer una gua moral, en especial para la juventud, ante la general laxitud de la moral de su poca. Al respeto, cf. Diu. 11 4-5: quod enim munusreipublikaeadferre maius meliusue possumus, quam si docemus atque erudhus iuuentutem? bis praesertim moribus atque temporibus, quibusita prolapsa est, ut omnium opibus reh a n d a atque coercenda sit. Nec uero id efficiposseconfido, quodnepostulandum quidem est, ut omnes adulescentes se ad haec studia conuertant. Pauci utinam! quorum tamen in re publika late patere potent industria. l4I Sobre la crtica moralizante de Plauto, vid. L. Swoboda, De argumentis satiricis et parodiam redolentibus apud Plautum obviisn, Eos 60, 1972, pp. 51-69; E. SeAJPh95, 1974, pp. 252-264; P. Grimal, Existe-t-il gal, The purpose of Trinumnus~, une morale de Plaute?~, BAGB 1975, pp. 485-498. 142 2,4: quod enim munus rei publicae adfere maiusmeliusue possumus, quam si docemus atque erudimusiuuentutem?bispraesertUnmoribus atque temporibus, quibus ita prolapsa est, ut o m i u m opibus refienanda atque coercenda sit.

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precisamente para recomendar nuevamente que se reprima a.la juventud disoluta de su poca, puede refrendar la interpretacin que aqu se propone para el arceri de H a 4: se trata de refrenar, contener a la juventud dentro de los lmites que le son propios y evitar sus excesos'". En fm,no es casual que el discurso Pro Caelio, pronunciado en el perodo que media entre el Pro Sestio y el D e haruspicum responsis, constituya el ms evidente ejemplo del uso de los recursos de la comedia por parte de Cicern: las escenas, los perso'43 Aunque especialmente intenso e n los discursos del ao 56 a. C., hay por parte de Cicern u n inters evidente por reconducir a esta juventud descarriada, una lucha constante contra la degeneracin de los adulescentes: ya en el ejercicio de su consulado se ha visto obligado a hacer frente a la conjura de Catilina, y al ao siguiente ha adoptado la actitud de u n censor severo en relacin con el asunto de la Bona Dea ( c f . Att. 1 16,1, 18,2); con el paso de los aos n o disminuye su preocupacin por el problema (cf. Att. V I 1 7,6: perdita iuuentus), reavivada en vsperas de la guerra civil (en Quint. 11 3,4 acusa a Csar de corromper a la juventud: una de sus vctimas sera su propio sobrino Quinto, c f . Att. XIV 17,3); incluso en dos de sus ltimos tratados, Dediuinatione y Desenectute, vuelve d e nuevo sobre el asunto, pidiendo toda la firmeza posible en la represin de la juventud disoluta (Narducci, Modellietici, cit., pp. 207-209). Es ms, parece que ha intentado conseguir una especie de hegemona poltico-cultural de la juventud, especialmente iras la vuelta de su exilio: si en Pro Sestio apela a la juventud romana para que asuma sus deberes e n defensa de la patria y se una a la causa de los boni(cf.Sest. 51,95,136), en Pro Caefio, pronunciado poco despus, hace el mismo reclamo a los adulescentes ricos y ambiciosos, como el propio Celio, que, n o obstante su inclinacin a los placeres y la licentia, son recuperables (Narducci, Modelfietici, cit., pp. 19 1 y 210-21 1; id., lntroduzionea Cicerone, cit., p. 106). Esta ultima idea, la de que los jvenes disolutos pueden ser rescatados para servir al Estado como leales ciudadanos (explcitamente formulada en PhiL 2,113: habet quidem certe res publica adulescentis nobilissimos p a r a t o defensores. quam uolent illi cedant otio consulentes; tamen a r e publica reuocabuntur), es bsica en Pro Caelio, ya que slo de esta forma se pueden tolerar los pasados excesos del joven. N o era, sin embargo, una novedad: una conocida ancdota de Catn ilustra que ya en siglos pasados se esperaba de u n joven una cierta dedicacin a los placeres (Sch.Hor.Sat. 1 2,3 1: cum uidissethominem honestum eforniceexeuntem, laudauit ... postea c u m Erequentius eum exeuntem d e eodem lupanari uidisset, dixit: adolescens, ego telaudari tamquam hucinterdum uenisses, n o n tamquam hichabitares; c f . Cael. 48). Ahora bien, los excesos se consienten a condicin de que se mantengan dentro de u n orden y se respeten ciertos principios bsicos (especialmente, el patrimonio familiar, Cael. 28,42; vid. Edwards, op. cit., pp. 178-180). Pasado ese perodo de pasajera locura, es momento de que el joven cobre conciencia de su lugar en la sociedad y de lo que se espera de l, a fin de que asuma sus obligaciones cvicas ( c f . CaeJ. 28, 43,77, Iuu. 8,163-165,l l , l 7 l - l 7 8 , Sen.Contr. 11 6; el caso paradigmtico es el de G. Valerio Flaco, c f . Liu. XVII 8,4-10). De este m o d o , Cicern n o habra hecho otra cosa que ~ a d a t t a r u e n paradigma dell'evoluzione dei giovani frequentissimo nella comedia (Narducci, Modellietici, cit., p. 212), u n autntico Iocus deindulgentia, e n palabras de Austin (op. cit., p. 102). Desde esta perspectiva se podan tolerar los excesos de u n Celio. As se entiende la moral posibilista, actualizada, que expone Cicern en este discurso (Narducci, Modelli etici, cit., pp. 212-215).

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najes (el adolescente, la meretriz, el padre tacao), los escenarios (Bayas, unos jardines, unos baos)... todo remite al mundo de la comedia. La historia entera se articula siguiendo uno de los temas ms recurrentes en los mimos: el del adulescens egens et amans. Clodia, convertida aqu en una archimima, aparece como una viciosa enamorada, despechada y rencorosa, en tanto que Celio se nos presenta como un buen muchacho, echado a perder temporalmente por culpa de esa mujer'44. Parece, pues, que Cicern nos presenta a Clodio como protagonista de una escena propia de la comedia, lo que no hace sino aumentar su ridculo, por una parte, y la gravedad de sus actos, por otra. Ahora bien, en la comedia romana el o t i m tiene asignado un papel de primer orden'45. La pdliata, sobre todo, se dirige a una humanidad entregada al alborozo y el regocijo, en la que prima la bsqueda del placer y el bienestar. Los protagonistas de esta bsqueda son, sobre todo, jvenes entregados a la uita otiosa y enamorados (secundados en ocasiones por ancianos deseosos de reverdecer sus aos mozos) que, indefectiblemente, una y otra vez provocan conflictos familiares y desrdenes sociales por su propio apetito de diversin (trasunto del choque generacional de dos modelos educativos y morales), aunque sin consecuencias trgicaP. Si nos adentramos en el mundo de la comedia latina, encontramos en Plauto un trmino que evoca esa vida de francachela que llevan los aduescentes disolutos (a menudo inducidos por malos esclavos a los que el autor pinta como autnticos corruptores de sus jvenes amos): pergraeczi L47 (O tambin congraecare14'), vivir a la griega)). As, en MosteI. 15-18 Grumin ataca al

'" E. Narducci, Modeffietici, cit., pp. 219-225; id., Introduzionea Cicerone, cit., p. 105. 145 Vid. Andr, La comdie romaine, I'otium et la crise morale des Guerres Puniques, op. cit., pp. 67-134, de donde se toma buena parte de los datos que se exponen a continuacin. '46Andr, L'otium ..., pp. 69-70, tambin p. 72. Vid. al respecto E. Bertin, DePfautinis et Terentianisadofescentibusamatoribus, Pars 1879. 147 El verbo se identifica con borracheras, comilonas, prostitutas ... todo a costa del dinero paterno (Bacch. 813, Most. 22, 64, 960). En Poen. 603 no hay ningn padre que pague las juergas, aunque no faltan la bebida y el sexo. Por ltimo, en Truc. 87 no es un hombre el que est dispuesto a darse esta vida a la griega, sino una cortesana en compaa de su nuevo amante. Slo en P1.Bacc. 743. Vid. P. Flury, Beitrage aus der Thesaurus Arbeit, XXI. Congraecorn, MH 36, 1979, p. 115.
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esclavo de la ciudadL4',Tranin, con estas palabras: corrumpe

edem, addescentem optimm: / dies noctesque bibite, prgraecaminei; / amicas emite, liberate; pascite / parasitos; obsonate pollucibditer. Y Tranin ratifica: lubet potare, amare, scorta ducere / decetme amare et te bubdcitarier. Pues bien, esta vida a la griega (la descripcin de Clodio con atavos y adornos de mujer recuerda, de hecho, esa imagen que los romanos tenan de la Imuria griega y asitica150) aparece dominada, como queda dicho, por la pasin amorosa. En Merc. 62, Carino resume el ideal de la juventud en amory desidia h otio"'. Pero el amor es locura, y con l llegan todos los males, todas las depravaciones, insonx.uk, aehasta degenerar en una especie rumna, error, et terror et de sensualidad frentica, insatisfecha e insaciable, inmodestia, / petulantia et cupiditas, mali~oeatia'~~, acompaada de los ms funestos vicios, como el deseo sin medida y la pereza, urertia, auiAhodifa4 desidia, inimk, 1 hopia, contumelia et di~pendium'~~. ra bien, para dedicarse a estos menesteres el joven amante necesita, ante todo, otium ( m tu te Venera+pubicum aut Amonk alia lege 1 habere posse postulas, quin otiosus fias? 1 5 5 ) , tiempo libre incondicional en el que, paradjicamente, aqul se dedica apasionadamente a los trabajos, al oficio del amor (as, operam dedisse
149 Hay una ntima ligazn entre vida urbana y o t i m . Cf. Ter.Ad. 41-43: ... iaminde a b adulescentia: / ego, hanc clementem uitam urbanam atque otium 1 secutus sum.... Segn Andr, la comedia de Plauto, contempornea de la segunda Guerra Pnica y de la apertura de Asia, conserva su valor de testimonio sociolgico: presenta la vida ciudadana como una vida de fiestas y de banquetes, dominada por la intriga amorosa de los hijos de las familias, el egosmo voluptuso de Periplectmeno (el hroe civil del Soldadofanfarrn de Plauto), los excesos licenciosos de los viejos; ofrece sus tentaciones y sus placeres a los campesinos deseosos de espabilarse, como el Estrbax del Truculentus; realiza el reposo del guerrero. Esta vida urbana es vilipendiada por los campesinos, especialmente por los esclavos rsticos, campeones de la virtud y de la frugalidad (Andr, Les loisirs. .., pp. 33-34). El mismo Plauto identifica esa gozosa vida de la ciudad con el gnero de vida propio de Grecia, de donde la expresin hacer el griego, pergraecari o congraecare, citada anteriormente. '%Los escritores romanos establecen una relacin casi automtica entre lujo oriental y molfitia. As, SalLCat. 11,s: facilein otioferocisanimosmolliuerant. Vid. al respecto Edwards, op. cit., pp. 92-97. Sobre la concepcin del amor como pasajera enfermedad de juventud, vid. E. Burck, Amor bei Plautus und Properzn, Commentationesin honorem Edw. Linkomies sexagenari A.D. MCMLNeditae, Helsinki 1954, pp. 32-60. P1.Merc. 25. 153 P1.Merc. 27-28. P1.Merc. 29-30. Vid. al respecto Andr, L'otim ... , p. 109. P 1 .Truc. 141-142.

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en P1.Merc. 63). Este otium lo aleja, de hecho, de la actividad profesional, el negotium, al privarle de su base, el capital, y a menudo lo precipita en la ruinai56. De ah la justificacin de Diniarco, arruinado y convertido en un desocupado contra su voluntad en el Trucdentus: uos mibj dedistis ~ t i u m(que ' ~ ~explica a continuacin: rem perdidi apud uos; uos meum negotium abstuI'i~tis'~~). Se comprende as que el adolescente disipador del Trjnumnus asuma su otium y su pasin amorosa como una autntica maldicin a la que se resulta casi imposible sustraerse: scibam ut esse me deceret, facere non quibam miser, ita ui Venenk uinctus, otio aptus in fraudem incidi15'. As pues, el otium de la comedia aparece claramente identificado con la entrega del joven a la pasin amorosa160, la aparicin de una indeseable secuela de males y vicios16', un ambiente corrupto, la amenaza de una posible ruina, la impresin de que la locura ha hecho presa en una nueva Como dice una
multos inlexe in o'ispend~m. P1. Truc. 138. IS8 P1.Truc. 139-140. AndrP;, L'otim ... , p. 106. 159 P1. Trin. 657-658. La relacin entre otium y enamoramiento aparece formulada con toda claridad en Ou.Rem. 135-150: ergo ubi uisus eris nostra medicabilis arte, /facmonitis fugias otiaprimameis. haec, utames, faciunt;haec, quodfecere, tuentur;/haecsuntiucundi causa cibusquemali. otia si tollas, periere Cupidinis arcus, /contemptaeque iacent et sine luce faces. quam platanus uino gaudet, quam populus unda, / et quam limosa canoa palustris humo, /tam Venus otia amat; qui fiem quaeris amoriq /cedit amor rebus: res age, tutus eris. languor, et inmodici sub nuiio uindice somn4 /aleaque, et multo tempora quassa mero /erlpiunt omnes animo sine uuhere neruos: /adffuitincautisinsidiosusAmor. desidiampuerille sequisolet, odit agentes:/da uacuaementi, quo teneatur, opus. Siguiendo en la misma lnea, Ovidio recuerda que el mismo adulterio de Egisto y Clitemnestra se debi al ocio: quaeritur, Aegisthus quaresitfactus adulter?/in promptu causa est: desidiosus erat (VV.161-162).Para esta acepcin de orium, vid. E. Baer, s.v. Otium, Thesaurus Linguae Latinae. Vol. IX. Pars altera. O, Leipzig 1968-1991, col. 1176. ' "Es significativo que Tcito identifique el o t i m buscado por Tiberio en Capri con el luxus y los vicios (malum otium), oponindolo a la anterior preocupacin del prncipe por el bien comn: sed tum Tiberius duodecim uillarum nominibus etmofibus inseerat, quanto intentus olim publicas ad curas tanto occultiores in luxus et malum otium resolutus (Tac.Ann. IV 67). Sobre el ocio de los emperadores romanos, vid. Andr, Les loisiis..., pp. 91-92. Sobre la intencin moral que gua a Plauto, vid. Andr, L ' o t i m ..., pp. 74, 78, 108 y, especialmente, 1 1 1 y 116;Robert, op. cit., pp. 24-27. Por otra parte, aunque esta vida fcil constituye, segn el mismo Andr (L'otium ..., p. 73),el ideal del hombre medio y de las capas inferiores de la sociedad, lo cierto es que slo se la pueden permitir gentes de posibles, las clases superiores.
15"

' "Vid. PLMerc. 53: amo-

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sentencia de la togata, mens otiosa h mii'le f h s i n ~ i d i t ' de ~~: nuevo la relacin entre o t i m y furor. No en vano, en un autor de la fogata, Laberio, el rejuvenecimiento que pretende el anciano se identifica con el derecho a hacer locuras y se expresa con el verbo O~L: ad~lescenturire'~~, traduccin directa del gr. ~ E L P ~ K L E E O hcipo adulescentuke et nescio quid n u g m f a ~ e r e 'As ~ ~ pues, . al llamar adulescensa Clodio Cicern est implicando, precisamente por ese aire de comedia que ha querido dar a su relato, una imagen concreta. Al f u i y al cabo, como sefala Andr, <17ide que la Igeret et les folies amoreuses sont le propre de la jeunesse semble bien ancre dans la mentalit r~maine))'~~. Hay algo, o mucho, de esta concepcin cmica del o t i m en las palabras de Cicern? Los puntos de contacto, las coincidencias son, desde luego, abundantes. No es slo el tono cmico de la escena de Clodio en la casa de Csar: las alusiones al adulescens f a n s , al otium se avienen con lo que encontramos en la comediaI6'. Incluso la ptica moralizante que hay tras estas actitudes y sus funestas consecuencias viene a ser la misma, aunque magnificada, sacada de su mbito normal (fuera de esos fines que reclama Cicern) y elevada al rango de catstrofe nacional. No sabemos, en fin, si Cicern ha pretendido deliberadamente presentar el asunto segun parmetros propios de la comedia, pero s podemos decir que, al menos, stos informaban, consciente o incoscientemente, su percepcin de lo sucedido. 7. No creo que con lo dicho hayamos llegado a una solucin definitiva acerca del sentido de la expresin arcen' oti finibus. Al fin y al cabo, los argumentos en favor de la interpretacin de Wuilleumier - Tupet son muy consistentes y se encuentran bien
0. Ribbeck, Scaenicae Romanorum Poesis fragmenta. Vol. II. Comicorum fragmenta, Leipzig 1873, reimpr. Heildesheim 1962, ~Appendix Sententiarumn, no 95, v. 373. 164 Vid. al respecto F. Conca, I1 motivo del vecchio inamorato in Menandro, Plauto e Terenzio~,Acme 23, 1970, pp. 81-90; S.L. Walker, The senex amator in Plautus. A study in development, Univ. of North Carolina 1980 (microfilm); K.C. Ryder, The senex amator in Plautus~, G&R 31, 1984, pp. 181-189. Laber. 132 Bonaria apud Non. 74,14. Andr, L'otium... , p. 112, vid. tambin p. 156. Vid. supra, n. 85. ' 6 7 As, Cic.Sest. 110, a propsito del ya mencionado L.Gelio Publcola (vid. supra, n. 117), prototipo de joven licencioso y disoluto, se encuentra la asociacin de ocio y vida a la griega, Graeculum se atque otiosum putari uoluit.
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apoyados en un aparato de citas textuales del propio Cicern. Sin embargo, en ocasiones lo evidente no lo es tanto cuando se examina con cierto detenimiento. La conclusin a que llega este estudio es que el otium de Har. 4 bien pudiera ser, no la paz o la tranquilidad poltica del Estado romano, sino, simplemente, el ocio de los jvenes aristcratas romanos, tal y como se refleja en la comedia latina, caracterizado por las aventuras amorosas y la aficin a las gamberradas y travesuras de todo tipo. Con su accin, Clodio habra rebasado ampliamente los lmites aceptables de este ocio aristocrtico. Hay que insistir, en cualquier caso, en ese pudiera ser de lneas atrs: hacen falta otras evidencias que autoricen o desautoricen definitivamente esta posibilidad.
J o s J. CAEROLS PREZ Universidad Complutensede Madnd

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DISCURSO DEL AUTOR Y DISCURSO DE LOS PERSONAJES: EL ORIGEN DE SERVIO TUL10 SEGN EL RELATO DE TITO LIVIO

O. Si leemos detenidamente el relato que Livio dedica al reinado de Servio Tulio, y en especial las referencias a su origen, podemos observar con toda claridad, a mi juicio, en la narracin dos planos que no llegan a unirse. Por ello, se produce una disimetra, una dualidad que llama la atencin. Poner de relieve esta disimetra y tratar, en segundo lugar, de explicarla es el objeto de este artculo. Para mostrar la existencia de tal dualidad, nos vemos obligados a hacer algunas consideraciones previas que afectan al libro 1 de Ab urbe condita en su totalidad y, en gran medida, a toda la primera pntada, como lo es la actitud de Livio con respecto al material heterogneo que incluye en esta parte de su obra. Algunos elementos de la leyenda de Rmulo, como su origen y apoteosis, nos servirn de punto de referencia para mostrar lo que queremos seiialar. En nuestro anlisis, consideraremos principalmente las caractersticas narrativas, teniendo en cuenta, por supuesto, las implicaciones ideolgicas, pero sin entrar en absoluto en consideraciones de carcter propiamente histrico o mitogrfico.
1. Cuando Livio comienza a escribir su obra histrica, la tradicin romana sobre los orgenes1est ya fijada y ante l se presentaban dos posibilidades, al menos tericamente, o bien pasarla por alto sin prestarle ninguna atencin, o bien incluirla dentro de su Historia de Roma. Livio optar, prcticamente estaba obligado a ello cuando decide comenzar su labor apnhordio urbis,

' Cf. Poucet, 1985.


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por la segunda alternativa, pese a su reconocimiento explcito del carcter legendario de lo que iba a narrar:
Quae ante conditam condendamue urbem poeticis magis decora fabulis quam incorruptis rerum gestarum monumentis traduntur (Liu. Praef: 7).

Livio acepta, por tanto, el carcter legendario de numerosos hechos que va a incluir en su obra y, sin embargo, los trata y con cierta amplitud, y lo hace de la nica manera posible: les concede un status especial, marginal a las leyes de la historia; con este recurso queda a salvo su actividad como historiador: ea nec adk a n h o estn2.A este problema se aiiade un fumare nec refelere i segundo inconveniente: las diticultades a las que debe hacer frente un historiador que quiera abordar la etapa arcaica de la historia de Roma, por la falta de fuentes y lo controvertido de stas, como lo expresa Cicern bien a las claras: sed obscura est histoi a Romana3.Livio es consciente de este hecho y lo indica de manera expresa en el comienzo del libro sexto, en el que, refirindose a la historia narrada hasta el incendio de Roma por parte de los Galos, la califica de nimis obscura, calificativo que encuentra su contrapunto en el aplicado a la nateria posterior objeto de su narracin: clariora deinceps certioraque ab secunda origine... exponentur (Liu. 6.1.3).

La disposicin del paduano con respecto a una materia oscura y legendaria, segn su propio reconocimiento, se puede definir, si seguimos el sistema que propone Mathieu-Colas para establecer las relaciones entre historia y verdad4,como sigue: no existe ver'Cf. Codoer, 1986, p. 9. Interesante es, asimismo, lo que seala Mazza, 1966, pp. 86-7 y 93). Rep., 2.18.33. Mathieu-Colas (1989, pp. 387-403) expone las siguientes posibilidades bsicas de relacin entre lo narrado y la verdad: 1.- Conformidad o no conformidad de la historia, considerada desde el punto de vista referencia]: los hechos que se me relatan pueden corresponder a la realidad, o situarse en un espacio puramente imaginario. 2.- Se ha de tener en cuenta la creencia propia dcl narrador. Nada garantiza que este ltimo perciba las cosas como son: cuando relata la historia, puede ciertamente conocer su vcrdadera naturaleza, pero puede tambin ser vctima de una ilusin. 3.- En tercer lugar est la intencin del narrador: qu quiere hacerme creer? O desea hacer que yo comparta su conviccin, o busca, por el contrario, inducirme al error. 4.- Resta la actitud del narratario: es necesario determinar cmo me sito yo en relacin a la histo-

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dad referencial, al menos en un gran nmero de datos" el autor no cree en la verdad referencial de lo narrado, tampoco intenta hacer creble lo que narra, dado que para su pblico resultara dificilmente aceptable dicha pretensin6. La adopcin de esta actitud se debe al hecho de que, como l mismo sefiala, sus intereses se encuentran en otro lugar7.No obstante, esta postura programtica no le impide, ni mucho menos, introducir sus opiniones en los momentos decisivos para mostrar las dudas que le produce lo que narra, ni le aparta de los intentos de racionalizar la versin tradicional. La mayora de intervenciones del autor, en este primer libro, son lo que puede denominarse embrayages (embragues) de enunciacins, referidos bien a las fuentes de las que se ha tomado lo que se narra (embragues de escuchag),bien a la veracidad de lo narrado''. Por esa va pueria, qu tipo de asentimiento o crdito le concedo. Puedo, segn los casos, adherirme al discurso siguiendo sus solicitaciones, o no adherirme marcando mis distancias con respecto a lo que se me quiere hacer creer. Desde el momento que tengo la ntima conviccin de que lo que se me ha contado no refleja la realidad, puedo poner en entredicho su lucidez sin dudar de su franqueza, pensar que se equivoca de buena fe, o al contrario, atribuirle intenciones malignas y creer que, lejos de ser un incauto, me engaa a sabiendas. N o vamos a entrar aqu a discutir la posible historicidad de la materia narrada, lo que si creemos es aceptado por todos los estudiosos es que, al margen de que se consideren los personajes como existentes realmente, los datos que nos proporciona la tradicin son difcilmente crebles. Para una valoracin de estos datos, cf. Poucet (1985, esp. pp. 35-71). Andre (1992, esp. pp. 9-20) seala el ambiente crtico y escptico de las escuelas del fin de la repblica con respecto a este material de la tradicin. ' Liu., Praef: 8-9. Segn la terminologa adoptada por la semitica y que Barthes, (1970, p. 38) aplica a la obra histrica. Cf. igualmente Lozano (1987, pp. 131-138). Para una definicin de los trminos remitimos a Greimas-J. Courtbs (1982; artculos embrague y enunciacin). Es interesante el artculo de Cordesse(1986, pp. 43-46) en cuanto que trata de armonizar enunciacin y narracin. Este tipo de intervencin coincide con lo que los narratlogos denominan funcin testimonial, cf. Genette (1989, p. 262). 'O Calame (1986, p. 73) seala que las diferentes intervenciones del narrador, marcadas por un embrague ('embrayage') enunciativo que conciernen a la vez al sujeto de los enunciados (yo) y su tiempo (utilizacin del presente), se dejan clasificar en cuatro categoras : 1.- indicaciones sobre la naturaleza del medio por el cual los datos de la investigacin han llegado al narrador (fuente visual, auditiva, autopsia); 2.- juicios veridictorios sobre el valor de verdad de estos datos y sobre el crdito que conviene otorgarles; 3.- notas sobre la articulacin de la obra misma (introduccin de una digresin, retoma del hilo narrativo); 4.- juicios de valor sobre el contenido de los relatos o de las informaciones transmitidas. Sobre-la importancia y valor del empleo de la primera persona en un texto histrico, vase Evrard (1990, p.127).

den introducirse divergencias entre las versiones tradicionales adoptadas y la propuesta por el autor a travs de su intervencin directa en el enunciado". As pues, podemos distinguir dos niveles dentro de lo narrado, aquello que depende de la responsabilidad del narrador cuando suspende su funcin narrativa y se entrega a la c~mentadora'~, o, dicho de otra manera, las intervenciones del enunciador en el enunciado13-que, en el'caso de una obra histrica, debe coincidir necesariamente con el autor-hi~toriador'~ y la narracin, o aquello que cae bajo la responsabilidad del narrador en cuanto ejerce su funcin primordial, la de narrar", que se produce mediante el dbrayage (desembrague) propio de la enunciacid6.En una obra de carcter histrico, aunque no tiene por qu ocurrir lo mismo en una obra de ficcin- es necesario que los contenidos de una y otra coincidan -salvo en el caso de embragues testimoniales''-, o, al menos, que resulten coherentes entre s cuando se introduce un embrague de veridiccin y se propone una solucin diferente a la que se ha seguido hasta el momento de la irnpugnacin. Adems, debemos tener en cuenta el discurso de los personajes, del que se hace responsable, en primera instancia, e1 narrador. Este discurso puede, en efecto, tener una libertad mayor para contradecir el discurso autorial, pero tal capacidad resulta llamativa, sobre todo cuando se da en puntos concretos decisivos para el desarrollo del nudo narrativo18.Si el autor impugFontn (1985, pp. XXXI-XXXIII) seala las pautas que sigue Livio en el caso de versiones diferentes. Cf. tambin Walsh (1961, pp. 144-7). No es ste el tipo de divergencias que nos interesa en este lugar. IZ Una definicin de estas funciones con sus diferentes denominaciones puede encontrarse en Genette (1989, pp. 201-65), Chatman (1990, pp. 245-66) y Linvelt (1987, pp. 63-66). l3 Corresponde al segundo tipo de los sealados por Calame, citados en la nota 10. Igualmente coincide con lo que Linvelt (1987, p. 66) denomina funcin modalizante: Discurso por el cual el narrador expresa su grado de certeza con respecto a aquello que narra. l4 Segn Genette (1993, p. 67) lo que diferencia la narrativa factual de la de ficcin es precisamente la coincidencia en la primera de la identidad entre autor y narrador. l5 En ltima instancia, desde luego, como seala Briosi (1986, pp. 507-19), el autor es el responsable de toda narracin; en la ficcin la figura del autor real seria sustituida por la del autor implcito. l6 Cf. Greimas-Courts (1982, art. desembrague y enunciacin). l7 Los del primer tipo sealado por Calame (1987, p. 73). l8 Esta prctica cntraria en parte en contradiccin con lo que indica Genette (1993, pp. 67 y SS.)sobre la identidad entre autor y narrador en el discurso histrico, puesto

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na una versin de la narracin -la referencialidad de la historia es importante-, parece extrao que sea sta la que siguen sus personajes, salvo que se explique de manera clara dicho desajuste. Cosa distinta son las propias contradicciones internas en la narracin, es decir: los desajustes entre la versin aceptada por el narrador en su funcin de tal y no matizada por ningn comentario, y las referencias posteriores a un mismo hecho que siguen versiones distintas, aunque estas versiones diferentes estn puestas en boca de los personajesig. Parece, por lo tanto, claro que existen dos planos narrativos en este planteamiento, que, a su vez, generan dos planos de responsabilidades: por un lado, la del autor-historiador (representado por los embraguesenunciativos) y, por el otro, la del narrador (que incluye a los personajes, de l dependientes). De este modo, se disocian ambas responsabilidades (la del autor-historiador y del narrador-transcriptor de la tradicin) y acercan el tratamiento dado a la materia al de la novela2'. Pero lo ms llamativo consiste en que Livio, especialmente a travs del discurso de los personajes, no trata de ocultar las discrepancias, sino que las hace evidentes, utilizando repetidamente la versin impugnada. Livio se esfuerza por que la narracin posea coherencia, independientemente de que la versin narrada sea puesta en entredicho o no; a veces incluso se esfuerza en hacer coherente con la realidad la versin aceptada, como lo demuestran, sobre todo, las intervenciones en primera persona -e1 caso de la apoteosis de Rmulo es el ms claro, como veremos ms adelante-. Sin embargo, en el relato del origen del sexto rey romano, trata de privilegiar
que si podemos asimilarlos en los momentos de embrague enunciativo, no es tan claro que podamos hacer lo mismo en el caso del narrador, al menos en determinados puntos. l9 Walsh (1961, p. 146) pone de manifiesto las contradicciones en las que incurre Livio. Otra contradiccin entre lo que el autor narra y lo que los personajes dicen, ms cercana a nuestro texto, es la revelada por Martin (1982, pp. 50-51) en el reinado de Tulio. Nos referimos a su forma de acceso al poder. Segn la narracin de Livio, su posicin se bas en la decisin del senado: Seruiuspraesidio firmomuaitus, primus iaiussupopuli, uoluatatepatrum regaauit (Liu. 1.41.6). Este texto entra en contradiccin con las palabras que Tarquinio, el futuro rey, le achaca, reinar sin la autoridad del senado: aoa interregno, ut aatea, inito, aoa comitiis habitiq aoa per suffragium populi, aoaauctoribuspatribus (Liu. 1.47.10). Esta divergencia, junto con otra serie de fundadas razones, le lleva a corregir el primer texto: <s~ne>uolmfate patrurn. De acuerdo con Genette (1993, pp. 67 y SS).

una versin que sigue hasta sus ltimas consecuencias, es decir, hasta producir una contradiccin entre lo que expresa el narrador y lo que impugna el autor. Este desajuste podra justificarse, en cierta medida, por la declaracin de intenciones que expone Livio en su prefacio, pero no nos parece una explicacin suficiente, puesto que utiliza como motivo importante para el desarrollo de la historia de Servio Tulio lo que l mismo ha puesto en entredicho, y esto no de una manera espordica sino reiterativa, lo que nos parece debido a una intencin; no se entiende demasiado bien por qu razn Livio no evita que sus personajes se pronuncien sobre tal cuestin, y se entiende an menos que les permita servirse de un argumento cuestionado por l mismo para justificar sus pretensiones y sus acciones.
2. Teniendo en cuenta los presupuestos seiialados, pasaremos a continuacin al anlisis del caso concreto que plantebamos en el comienzo: la narracin del origen de Servio Tulio. La tradicin, de manera unnime, reconoca un origen esclavo a este rey, hecho que sirve, entre otras cosas, para explicar su nombre2'. Por otro lado, el parecido de la estructura de la leyenda de Tulio con esquemas ideolgicos repetidos en otros pueblos indoeur~peos~~ sustenta su carcter tradicional. Pese a ello, Livio, que da cuenta de esta tradicin, no la asume. El comportamiento del paduano es peculiar. Una comparacin con el relato de Dioniso de Halicarnaso resulta en este punto ilustrativa. El griego, una vez referido el origen de Servio, a quien atribuye un origen esclavo (4.1.3), no se sirve en absoluto con posterioridad de tal circunstancia en los amplios discursos de reproche contra Tulio que pone en boca del joven Tarquinio. Livio habla por primera vez de Servio Tulio con ocasin de un suceso milagroso que le afecta directamente. El hecho se produce en la infancia del futuro rey: un halo de fuego le rodea la cabeza en presencia de numerosos testigos. Ante tal suceso, Tanaquil, es' Z Cf. Dionisio de Halicarnaso (4.1.3). Para un resumen dcl tema, vase Capdeville (1992, pp. 47-68). Dumzil(1943) estudia diversos aspectos de su leyenda, posteriormente (1973, esp. pp. 213-14) trata de integrar en el esquema trifuncional esta figura. Ms recientemente, Sterkx (1993, pp. 67-69) encaja los relatos correspondientes a los tres reyes etruscos dentro del esquema ideolgico trifuncional descubierto por Dumzil.

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posa de Tarquinio Prisco, interpretando correctamente el sentido del prodigio, le dirige al rey las siguientes palabras:
Videsne tu puerum hunc, inquit, quem tam humili cultu educamus? Scire licet hunc lumen quondam rebus nostris dubiis futurum praesidiumque regiae adflictae (Liu. 1.39.3).

A continuacin, el narrador da cuenta de los honores que la familia real le tributa: es acogido como hijo y, dada su ndole regia (faciie euenit quod ds cordi esset, 1.39.4), se le conceder en su momento la mano de la hija del rey. Ante lo extrafio de las circunstancias que hasta ahora se ha limitado a narrar23, suprimiendo, eso s, otras variantes que circulan y que nos proporciona, entre otros, Dionisio de Hali~arnaso~~, Livio expone su opinin sobre el origen de Servio, origen al que hasta ahora no se ha hecho referencia, salvo de manera indirecta por medio de las palabras de Tanaquil (tam bumili cultu educatus). La discusin es la siguiente:
Hic quacumque de causa tantus illi honos habitus credere prohibet serua naturn eum pamumque ipsum seruisse. Eorum magis sententiae sum qui Comiculo capto Ser. Tulli, qui princeps in illa urbe fuerat, grauidam uiro occiso uxorem, cum inter reliquas captiuas cognita esset, ob unicam nobilitatem ab regina romana prohibitam h n t seruitio partum Romae edidisse in P n k i Tarquini domo; inde tanto beneficio et inter mulieres familiaritatem auctam et puerum, ut in domo a paruo eductum, in caritate atque honore fuisse; fortunam matris, quod capta patria hostium manus uenerit, ut s e n a natus crederetur fecisse (Liu. 1.39.5-6).

No acepta, por lo tanto, el origen ni la condicin servil de Servio y trata de explicar el motivo de tal consideracin en su propia poca y las anteriores, pero no, probablemente, en la del propio Servio; es decir, la frase final subrayada no se refiere al tiempo de la historia sino al de la narracin. A partir de aqu, surgen diverHasta el momento se atiene a su posicin de partida sobre los hechos legendarios. Debido a la adopcin de esta postura, nos transmite versiones que, aunque a veces no comprenda o acepte, se ajustan ms a lo que pudo ser su versin original, como pone de.manifiesto Bayet (1967, p. 341). N O es nuestra intencin entrar a discutir el carcter del suceso milagroso, pero pueden consultarse, en lo que hace al sentido de esta tradicin y la recogida por el de Halicarnaso (4.2), las obras citadas de Poucet y Martin.
Estudios Cfhicos 108, 1995.

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sas posibilidades de tratamiento posterior de este punto conflictivo: mantener la tradicin rechazada, asumir la considerada ms correcta a juicio de Livio, o bien evitar las referencias a este punto. 2.1. Examinaremos a continuacin la actitud por la que Livio se inclina ~y que ya hemos anticipado-, teniendo en cuenta los pasajes que ponen en evidencia las problemas que nos han llamado la atencin. Estos se refieren a la insistencia de los personajes en el origen esclavo de este rey. Al reinado de Tulio se oponen, en primer lugar, los hijos de Anco Marcio, que fueron apartados del trono por una artimaa del primer TarquinioZ5; ms tarde, el futuro Tarquinio el Soberbio, que no ceja en su empeo por conquistar el poder, cosa que lograr finalmente gracias al asesinato del rey. Los personajes oponentes de Servio utilizan como justificacin de sus pretensiones el origen esclavo de ste, es decir, la versin puesta en entredicho por el autor. El hecho de que sean los personajes y no el narrador quienes usan dicha versin atena en parte la contradiccin aunque no la elimina, como veremos. La primera referencia se incluye en la transcripcin de los pensamiento~ de ~~ los hijos de Anco Marcio, a los que ya releg del poder Tarquinio Prisco. Sus pensamientos son reflejo de una versin desautorizada:
Tum Anci filii duo etsi antea pro indignissimo habuerant se patrio regno tutoris fraude pulsos, regnare Romam aduenam non modo uicinae sed ne Italicae quidem stirpis, tum impensius iis indignitas crescere si ne ab Tarquinio quidem ad se rediret regnum, sed praemps inde pomo ad seruitia aderet, ut in eadem ciuitate post centessimum fere annum quam Romulus deo prognatus deus ipse tenuerit regnum donec in tenis fuerit, id Seruius serua natus possideat (Liu. 1.40.2).

Volvemos a encontrar dos referencias similares a la anteriormente citada en un momento decisivo del reinado de Servio, poco
Liu., 1.35.2. m Genette (1983, pp. 39-43) concluye sobre este asunto: Le rcit ramene toujours N o concede una entidad proles penses soit i des discours, soit i des vnements~. pia a estos ltimos. Creemos que aqu es bien clara la referencia verbal.
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antes de su asesinato. Tarquinio el Soberbio, harto de esperar el trono, decide conquistarlo por la fuerza. As, se presenta ante la asamblea y ocupa, en su ausencia, el trono del rey, fundando sus pretensiones, entre otras razones, en el origen esclavo de Servio (texto a). En ese momento, llega Servio quien recrimina a su yerno tal atrevimiento; la tensin crece y Tarquinio reitera sus acusaciones al rey en el mismo tono (texto b); a continuacin, el pretendiente al trono pasa a la accin. La forma y el contenido recuerdan mucho a las palabras atribuidas a los hijos de Anco:
(a) Ibi Tarquinius maledicta ab stirpe ultima orsus: seruum seruaque natus post mortem indignam parentis sui, non interregno, ut antea, inito non comitiis habitis, non per suffragium... (Liu. 1.47. lo)".

El comienzo de este pasaje ( d e d i c t a stiqe orsus) posee un inters peculiar, puesto que, al resumirse en l el contenido del discurso, parece mostrar un grado importante de acuerdo entre narrador y personaje, ya que aqul no pone ningn reparo a la versin de ste, lo cual hara ms aguda la contradiccin entre la versin manejada directamente por el narrador y la del autor. El segundo texto repite los mismos contenidos que el primero, pero con un grado mayor de agresividad; ya no se trata de un discurso de candidatura ante la asamblea sino de una discusin directa con el rey al que se quiere destronar:
(b) Cum ille [sc. Tarquinius] ferociter ad haec -se patris sui tenere sedem; multo quam seruum potiorem filium regis regni h e r e d a ; satis illum diu per licentiam eludentem insultasse dominis (Liu. 1.48.2).

Con anterioridad, encontramos una alusin al origen esclavo de Servio, puesta esta vez en boca de Tanaquil, en el momento en que, una vez muerto Prisco, la reina impulsa a su yerno a tomar el poder. Para ello, le recuerda el suceso milagroso y fundamenta sus pretensiones de la manera que sigue:
qui sis, non unde natus sis reputa (Liu. 1.41.3).

"Hay que notar la semejanza formal, y quizs tambin funcional, con otros discursos de justificacin de las aspiraciones al trono, como en el caso del primer Tarquinio (Liu., 1.34.6-7; 35.3-6).

La importancia de este pasaje es mayor, puesto que, de acuerdo con la versin del autor, Tanaquil tena que conocer perfectamente el origen de Servio; por lo que no puede afectarle, como a los dems personajes, esa posible referencia a la creencia general de la poca incluida en la frase final del discurso del autor (ut crederetur, 1.39.6). Fuera de el libro 1, volvemos a encontrar una mencin del origen de Servio, que sigue en contradiccin con la versin del autor y cuya importancia para una valoracin de la figura del ltimo rey legtimo de Roma es, a mi juicio, decisiva. Se encuentra incluida en el discurso que Canuleyo dirige a la asamblea en defensa de su proyecto de ley en favor de los matrimonios mixtos entre plebeyos y patricios. Uno de los argumentos utilizados en su exposicin es el de que el origen humilde no impide obtener grandes honores. El ejemplo de Tulio encaja perfectamente en este contexto:
Ser. ~ulliumpost hunc, captiua Corniculana natum, patre nullo, matre serua, ingenio, uirtute regnum tenuisse (Liu. 4.3.12).

Los pasajes citados, que parecen reflejar lo que los propios personajes viven, es decir, se acomodan a la realidad de su tiempo aunque choquen con la mentalidad de la poca y momento del autor, ilustran la existencia, en el relato de Livio, de un discurso doble -el del autor y el de los personajes- y contradictorio. Seria de esperar que Livio hubiese adoptado, a partir de su intervencin en primera persona, la versin que ha dado como ms vlidaz8;sin embargo, lo que encontramos, como hemos visto, en diferentes referencias atribuidas a pensamientos de los personajes o bien recogidas en sus palabras, es la versin que el propio autor ha impugnado. La solucin tomada por Livio plantea dos cuestiones, una derivada o dependiente de la otra, que examinaremos a continuacin:

* La prctica de Dionisio de Halicarnaso es diferente, y ms ajustada a los principios que hoy reconoceramos a una obra histrica, pues, cuando pone en entredicho una versin y da una alternativa, a continuacin sigue sta. Por ejemplo, cuando discute si los Tarquinios son hijos o nietos del primer Tarquinio (Ant. Rom., 4.6.1), una vez que reconoce la imposibilidad de que sean hijos, ya no vuelve a llamarlos hijos sino nietos.

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a. Si decide mantener la versin tradicional frente a la que l considera ms correcta, actuando de esta manera conforme a los presupuestos establecidos en el prefacio, por qu tanta insistencia posterior en este aspecto conflictivo?, por qu convertirlo en uno de los elementos que hacen avanzar el relato del reinado de Servio Tulio? Creemos que se produce en este punto un conflicto en el comportamiento del paduano, causado por la impugnacin de la versin tradicional por parte del historiador b. La segunda cuestin, que tiene que ver con la coherencia narrativa entre la versin manejada por el autor y la que utilizan los personajes, surge del intento mismo de explicacin del autor. Si es cierto que se le crey esclavo a Servio por las circunstancias que Livio ha sealado, podra aceptarse que manejasen esta opinin los hijos de Anco Marcio o Tarquinio el Soberbio, pero de ninguna manera Tanaquil. Se podra sealar que la coherencia narrativa queda a salvo en el uso del discurso, no coincidente con el del autor, por parte de los hijos de Anco Marcio y en el de Tarquinio, debido a que puede basarse en esa posible creencia sealada por Livio (ut s e m natus crederetur)-que nosotros consideramos referida al tiempo de la narracin y no a la del relato-, o, de manera ms verosmil, a la tergiversacin malintencionada a causa de una interpretacin interesada de los hechos, lo cual no sera de extraar en un discurso de peticin del tronoz9.Aun aceptando esto, la coherencia quedara rota en el caso de Tanaquil, quien no puede por mala idea llamar esclavo a Servio, ni tampoco puede verse afectada por un posible engao -en el caso de que tuvieramos en cuenta la indicacin de Livio anteriormente citada-, puesto que debe conocer mejor que nadie la liberacin de Ocresia, madre de Servio Tulio, antes de dar a luz, ya que es a ella a quien atribuye Livio la responsabilidad de tal accin. Por otro lado, esta actitud se opone a una prctica habitual del paduano consistente en utilizar el discurso de los personajes como medio de transmisin fiel de la historia -con el fin de recordar la informacin ya dada, lo que sirve, adems, como recurso mnemotcnico para el lector- , para lo que dota a stos de un conocimiento casi autorial, como pone de manitiesto el discurso de candidatura de Tarquinio Prisco, precedido por otro discurso de siQuizs esto sea lo que se esconde tras la posible contradiccin, a la que hicimos alusin en la nota 17, que Martin (1982, pp. 50-51) ha tratado de deshacer.
&tudios CWicos 108, 1995.

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milares caractersticas puesto en boca, en esta ocasin, de Tanaqiiil3O.Frente a la exactitud que demuestran los personajes en tales discursos, pueden stos, en otras ocasiones, manifestarse como informadores ms discretos y limitarse a generalizaciones3'. Los personajes son conscientes de las circunstancias en que se encuentran, de la historia que viven y la utilizan como medio para hacer progresar la accin. Dichas circunstancias les hacen actuar y guan su comportamiento, por lo que podemos decir que se encuadran con su accin plenamente en el mundo, a veces fantstico, a veces menos, propio de un relato de ficcin. Se produce as una dislocacin manifiesta entre la autoconciencia que el autor les concede y el mundo que el propio autor, en su faceta de narrador-historiador, trata de negar. Quizs sea acertado pensar que Livio opera de acuerdo con sus principios al disociar las opiniones del narrador-transcriptor, no responsable de la historia, y del autor, soslayando o suspendiendo de este modo las leyes de la historia; sin embargo, creemos que la insercin de los motivos en discusin dentro del discurso de los personajes, de los que l debe hacerse responsable, es una forma de implicarse ms directamente en el relato. Parece aceptable que la tradicin atribuya un nacimiento esclavo a Servio Tulio, parece aceptable que Livio lo transmita primero, lo discuta despus y, finalmente, lo niegue; pero parece menos comprensible que el origen esclav~ de Servio, en estas circunstancias, sirva de motivacin para la accin de Tarquinio, por ejemplo. Se produce un efecto sorprendente entre los dos planos narrativos. Esta, tal vez, sea su forma de reflejar o hacer evidente la contradiccin en la que debe caer inevitablemente el historiador que emprende la tarea de contar los orgenes de Roma. 2.2. Las peculiaridades de la actitud de Livio con respecto al relato de Tulio se harn ms claras si la comparamos con la forma en que cuenta el origen y, en especial, la apoteosis de RmuM El caso ms claro es el del momento en que Tarquinio Prisco se ofrece como candidato al poder real. La exactitud de las palabras cumple una segunda funcin: la de hilvanar la historia: regnasse Tatium Sabinum, arcessitum in regnum Numam a Curibus, et Ancum Sabina matre ortum nobilemque una imagine Numae esse (Liu. 1 N.6-8);cum se non rem nouam petere, qu~ppe quinon primus. .. sed tertius(l.35.14). 31 Por ejemplo, el discurso de Nmitor ante la asamblea en la que explica los sucesos de la vida de Rmulo y Remo (ut genitr; ut educa& ut cogniti essnt, Liu. 1.6.1).

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lo. Aunque vemos rasgos comunes en las tcnicas empleadas, se aprecia una gran diferencia en el tratamiento de ambos personajes. Sobre el nacimiento divino de Rmulo se pronuncia Livio de manera suficientemente clara en el prefacio3', por lo que tan slo se limita a una breve indicacin sobre su veracidad en el momento en que la narracin trata el tema (seu ita rata seu quk deus auctor culpae honestior erat 1.4.2.); esta indicacin puede servir de explicacin del mundo conocido por los personajes y, por lo tanto, expresado en ocasiones por su propio discurso. Sin embargo, creemos de mayor valor otro hecho, que consiste en que Livio no utiliza como motivo importante de la historia de Rmulo su filiacin divina, a diferencia de lo que ocurre con el origen de ser vi^^^ -quizs porque le parezca ms inverosmil, dado su carcter maravilloso. Slo en el momento de la desaparicin del primer rey de Roma, se refiere, por boca de los personajes, a su filiacin divina, lo que se justifica, desde el punto de vista de la coherencia del relato, por la explicacin que el propio historiador proporciona sobre la paternidad de Marte -la atribucin por parte de Rhea Silvia, debida a su convencimiento o al deseo de aliviar su culpa-; as como, en segundo lugar y desde la perspectiva de la coherencia histrica, por la mentalidad de la poca, susceptible de dar por vlidos tales hechos34.
Deinde a paucis initio facto, deum deo natum saluere uniuersi Romulum iubent (Liu. 1.16.3).

Con posterioridad, en los relatos de otros reinados, y exclusivamente en boca de personajes de la historia, lo que es perfectamente coherente con la posible creencia que cada personaje otorga a este hecho, reaparece el motivo del nacimiento divino de Rmulo:
in eadem ciuitate post centessimum fere annum quam Romulus deo prognatus deus ipse tenuerit regnum donec in terris fuerit (Liu. 1.40.3-4).
Praef. 7. Se encuentra una posible excepcin en el modo en el que Rmulo justifica su peticin de matrimonio a los pueblos vecinos: satisscireorigini gentis Romanae et deos adfuisse et non defuturam d u t e m (1.9.4). 34 LOque seala Cicern (Rep., 2.10.17-20) sobre la divinizacin de Rmulo no est demasiado lejos de lo que expresa Livio en 1.15.6.
U
" Liu.

Ms claro an es el comportamiento con respecto a la apoteosis que sigue a la desaparicin de Rmulo, puesto que el autor busca, en esta ocasin con ms insistencia, congeniar su propia versin con la de los personajes, debido, una vez ms, a la presencia del elemento maravilloso, presencia que determinara la diferencia de tratamiento con respecto a la leyenda de Servio. Tal circunstancia motiva el esfuerzo del historiador por recrear la mentalidad de la poca narrada, con el fin de mantener la coherencia narrativa, lo que hace ms significativo este caso que el que acabamos de examinar. El esfuerzo realizado se refleja en la repeticin de determinadas frmulas que aluden al crdito que se concedi a las distintas explicaciones de la desaparicin y posterior aparicin, ya convertido en dios, del fundador de Roma a Prculo Julio. La fides concedida a este suceso hace alusin al propio tiempo de lo narrado, tiempo en el que no slo se producan hechos maravillosos sino que ademks se aceptaban, y no al de la narracin, poca en la que la creencia en tales hechos es escasa3':
Romana pubes etsi satis credebat patribus qui proximi steterant sublimen raptum procella... (Liu. 1.16.2). Et consilio etiam unius hominis addita rei dicitur fides (Liu.
1.16.5).

Mirum quantum illi uiro nuntianti haec fides fuerit, quamque desiderium Romuli apud plebem exerciturnque facta fide immortalitatis lenitum sit (Liu. 1.16.8).

El modo de dar verosimilitud del que se sirve Livio aqu, encuentra su correspondencia en una referencia a esta divinizacin situada en el final de la leyenda de Hrcules y Caco; una leyenda incluida en medio del relato correspondiente al reinado de Rmulo36,y cuyo nexo con la narracin de Rmulo es precisamente ste: la justificacin de la divinizacin de un ser humano. En ella, se aprecia con claridad la opinin de Livio con respecto a tales hechos, pero tambin se observa el intento de reflejar la mentalidad de la poca en la que viven sus personajes:

Sobre este tema, cf. Andre (1992, pp. 25-31). L i u . , 1.7.15.

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Haec tum sacra Romulus una ex omnibus peregrina suscepit, iam tum immortalitatis uirtute partae ad quam eum sua fata ducebant fautor (Liu. 1.7.15).

Por otra parte, la alusin que hace Tarquinio el Soberbio a la desaparicin de Rmulo es perfectamente comprensible y verosmil en este contexto: en la medida en que se trata de un suceso de carcter maravilloso, habr personas que crean en l y quienes lo pongan en entredi~ho~~:
inde L. Tarquinius regnare occepit, cui Superbo cognomen facta indiderunt, quia socerum gener sepultura prohibuit, Romulum quoque insepultum perisse dictitans (Liu. l .49.1-2).

Las referencias a la divinidad de Rmulo que se encuentran en los libros posteriores no plantean ya dificultades desde el punto de vista de la coherencia narrativa; adems, pueden justificarse perfectamente en el sentido de que pertenecen a una poca posterior, en la que la tradicin sobre la divinidad de Rmulo ya ha sido asumida. Dichas referencias se encuentran siempre, eso s, en discursos de personjes; los hroes de la primera dcada poseen un alma con la que Livio se identifica3'.
3. El tratamiento de ambas leyendas se acomoda al programa trazado por Livio en su prefacio; sin embargo, la ausencia de elementos maravillosos en la de Servio Tulio3', 10 que hace menos necesaria la racionalizacin, deja ver ms a las claras las disimetras de la narracin del paduano en este relato y, con ello, la ma37 E l hecho de que sea Tarquinio el Soberbio, un personaje totalmente desacreditado, quien ponga en duda la apoteosis es harto significativo. Igualmente lo son tanto el contexto como la forma de este cuestionamiento. En el mismo sentido puede entenderse lo sealado en algunas criticas de este personaje a Servio, Liu. 1.46.1; 47.10. 38 El primer ejemplo lo encontramos en una invocacin a Rmulo en medio de una sebatalla: Primus en ego consu4 quantum mortafis deum possum, te ac tua uest~gia quar(Liu. 3.17.6). El siguiente pasaje se encuentra en un discurso del dictador Cincinato en el que se justifica la muerte de Espurio Melio a causa de una intriga monrquica: ut quem senatorum concoquere ciuitas uix posset regem ferret Romuliconditoris, ab dis orti, receptiad deos, insignia atqueimperium babentem (Liu., 4.15.7). La ltima referencia se incluye en medio de las discusiones sobre el traslado del pueblo romano a Veyos tras la conquista de esta ciudad. Uno de los argumentos de los nobles, que se oponen a tal medida, es sta: conditorem Veiossequantur,refictodeo Romulo, dei Iiio, parente et auctore urbis Romae (Liu. 5.24.11). 39 En la leyenda de Rmulo debe salvar un escollo mayor, como lo es el de lo maravilloso, pero en cuanto se libera de las constricciones m i s inmediatas, se manifiesta . libremente.

nera de trabajar del historiador. Cuando baja la guardia, asoma su instinto de narrador por detrs de su carcter de historiador. As satisface su deseo de identificarse con una poca pasada (mtiquus fit animus 43.13.2) que admira y expone como ideal4', dejndose llevar de grado por la narracin con el fin de integrarse en el mundo de los personajes y participar con ellos en los sucesos; y, por otro lado, salva sus deberes de historiador. La repeticin del motivo de la esclavitud de Tulio hace evidente la contradiccin entre la narracin y su propia impugnacin y pone de manifiesto su adhesin a la visin tradicional, su inmersin en ella. No es slo el deber de narrar los hechos lo que le impulsa a dar versiones en las que no cree, sino que, en el fondo, se siente ms conforme con ellas, ms a gusto en ellas. Las niega por obligacin, pero subyace en su texto el deseo profundo de manifestarlas. El deseo de narrar domina, al menos en los primeros libros, ms al paduano que a otros historiadores. A diferencia de Dionisio de Halicarnaso4', que trata de congeniar las diversas versiones, y de Plutarco, que hace un anlisis previo de stas, Livio proporciona a su lector una narracin sobre todo sintagrntica". La duplicidad indicada es utilizada por el autor con el fin de transmitir un relato que le apasiona como narrador, pero que en su calidad de historiador debe rechazar. Con ella consigue satisfacer un deseo expresado mediante la praetentlQ que cierra el prefacio a su Ab urbe ~ o n d i t a ~ ~ :
cum bonis potius ominibus uotisque et precationibus deorum dearumque si, ut poetis, nobis quoque mos esset, libentius inciperemus, ut orsis tantum operis successus prosperos darent (Liu. Praef: 13)

sta, creemos, es una de las formas, de ser lo que tan frecuentemente se ha sealado de Livio: el poeta de la historia". Al igual que Herdoto transmita los hechos aunque no los aceptase como vlidos desde el punto de vista histrico, Livio escucha la voz
"Como seala Codoer (1986, p.101), Livio es un nostlgico. " Cf. Gabba (1991, pp. 93-97), quien compara los diferentes mtodos del historiador griego y del romano en lo que se refiere a este tipo de material. 42 Cf. Deremetz (1990, pp. 54-78). " Cf. Codoer (1986, p. 99). Cf. Cizek (1992. esp. p. 364).

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de la tradicin y la transmite y, pese a que la juzga, la deja intacta; en ese sentido es poeta. Por otro lado, tampoco es ajena, en modo alguno, a este planteamiento la intencin moral y ejemplar4'. El mantenimiento de la versin tradicional, aparte de no contradecir a todos los escritores que han transmitido dicha tradicin, posee un mayor potencial ejemplar, puesto que concede al origen un valor inferior al de la virtud, uno de los rasgos que definen a este personaje junto con el de la Fortuna. Aunque sea inverosmil para l que un esclavo pueda llegar a ser rey, no deja de impresionar el espectculo del hroe paradjico, de la uirtus de un ser que se remonta tan lejos4'. Su carcter desmiente su origen: Euenit facile quod dis cord esset:iuuenis euasit uere indolis regiae (Liu. 1.39.4)48. Las palabras que Cicern refiere sobre el carcter de Rmulo no estn muy lejos del espritu de Livio -ambos atribuyen a la virtud la conquista de la divinidad-. Cicern dice lo siguiente:
Qui patre Marte natus (concedamus enim famae hominum, praesertim non inueteratae solum sed etiarn sapienter a maioribus proditae, bene menti de rebus cornmunibus ut genere etiam putarentur, non solum ingenio esse diuino)".

45 Vase Luce (1977, pp. 245-249). Tampoco en la creencia en la divinidad de Rmulo est ausente este aspecto (Liu., 1.15.6). 46 Efectivamente, muchos son los autores que indican el origen esclavo de Servio, ya como posibilidad o como certeza. Cic. (Rep. 2.21.37), Hor. (Sat. 1.69), Ou. (Fast. 633-4), Flor. (1.6), Dionisio de Halicarnaso (4.1.2-3), Plut. (Quaest. Rorn. 100): cf. Stercx (1992, pp. 67-68). "Luce (1977, p. 246): Livy repeteadly stresses the low status and dubious backgrounds of the earliest Romans~. La importancia de las acciones llevadas a cabo por Servio Tulio y, en especial, algunos comentarios, como el referido al censo (Liu. 1.42.5) y la valoracin final de su reinado (Liu., 1.48.8-9), hacen de este personaje, que en cierta medida puede ser equiparado a Rmulo, de acuerdo con Ogilvie (1970, p. 157), un,o de los reyes mejor considerados por Livio. Lo adorna con virtudes muy valiosas para la mentalidad romana: consiIiurn (1.45.1), rnitis (1.48.9), moderatio (Liu. 1.48.9), uirtus (1.42.3 y 4.3.12); cf. Moore (1989). Tambin Plut. ( D e Fort. Rorn. 10) coincide en esta valoracin. " Rep., 2.2.4. En parecido sentido se manifiesta a lo largo de gran parte del relato sobre Rp~ulo, Liu., 2.2.4-12.24; ntese la semejanza con las palabras de Canuleyo (Liu., 2.3.12).

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J ~ s i r BARTOLOMI? s G~MEZ UniversidaddelPiuS Vasco/ EuskalHernko Uniberisitatea

Estudios Cfdsicos 108, 1995.

DIDCTICA DE LAS LENGUAS CLSICAS

LAS HUMANIDADES, DEL MUNDO CLASICO AL MUNDO ACTUAL* Otra vez, al cabo de cuatro afios, nos reunimos aqu para celebrar el IX Congreso Espafiol de Estudios Clsicos, dentro de la serie de los que nuestra Sociedad organiza. Otra vez tenemos una amplia presencia de los cultivadores de nuestras materias, de todas nuestras materias, en Espaa. Otra vez demostramos a la opinin pblica espaola, cada vez ms sensibilizada por el tema de las Humanidades, que somos muchos sus cultivadores y los interesados por ellas. Gentes de varias edades, de varias procedencias de toda Espaa, sin olvidar a nuestros invitados extranjeros, de varias dedicaciones dentro de nuestro vasto campo de estudios. Pienso que estos Congresos son un xito de nuestra Sociedad Espafiola de Estudios Clsicos. Hoy hay una proliferacin de Congresos, Simposios, Mesas Redondas, en lugares diversos y sobre temas diversos. Pero slo nuestra Sociedad es capaz de reunir a toda la multitud abigarrada que formamos, de varias procedencias, de varias dedicaciones. Ha sido capaz de unir una organizacin espafiola con organizaciones de toda Espaa, de unir el Griego y el Latn y la Historia y la Ensefianza y lo dems. A pesar de problemas y tensiones diversas, creo que la unin de todos en lo fundamental queda preservada. El esquema del Congreso no es muy diferente de los de los anteriores. Tenemos siete Ponencias que se ocupan de temas centrales de las Lenguas y Literaturas griega y latina, de la Historia y Arqueologa, de la Tradicin Clsica y el Humanismo. Tenemos tres Mesas Redondas sobre algunos temas especficos que son clave: la Didctica, la Mujer en la Antigedad, la Teora Poltica

* Conferencia leda en la sesin inaugural del IX Congreso Espaol de Estudios Clsicos, el da 27 de septiembre de 1995.
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antigua. Y tendremos teatro griego y latino, tendremos una exposicin de artistas contemporneos sobre temas de Mitologa Clsica -una novedad en estos Congresos-, tendremos diversos actos sociales ms en los que podremos encontrarnos. Querra insistir en que nuestro Congreso se propone ofrecer una imagen de los Estudios Clsicos en Espafia en todos sus aspectos. No nos limitamos, como a veces da la impresin, al tema de la enseanza, el ms urgente sin duda. Pero no debe ocultar la proliferacin del trabajo cientfico en estos campos, su vitalidad. Me satisface el que hayamos podido llegar hasta aqu despus del ltimo Congreso, el de 1991. La Sociedad Espalola de Estudios Clsicos, tanto la organizacin central como las Delegaciones, no han decado en su actividad, ms bien siguen progresando. Hemos celebrado unos y otros toda clase de reuniones, de actos culturales, de viajes arqueolgicos; tenemos nuestras publicaciones, nuestros grupos de trabajo. Y hemos continuado nuestras campailas en pro del mantenimiento de la enseanza de los Clsicos. Hemos negociado con las autoridades Ministeriales, hemos expuesto nuestras ideas, a corto y largo plazo, ante los medios de comunicacin y los partidos polticos. Creo que esto es importante para todos, que nuestra Sociedad es importante para nuestros estudios. Y que lo son nuestros Congresos y lo ser, especialmente, ste. Ms adelante, al fmal de estas palabras, voy a insistir especialmente sobre el tema de la ensefianza. En la evolucin de este tema ha habido altos y bajos, graves preocupaciones en algunos momentos. Creo que, ltimamente sobre todo, ha habido algunas ganancias importantes. Pero son insuficientes, me apresuro a decir. En la opinin pblica hay un apoyo cada vez mayor a nuestras tesis de que debe intensificarse la presencia de los clsicos en la Universidad, como materia comn para el mayor nmero posible. Y debe ampliarse el Bachillerato y dar mayor cabida, dentro de l, a las materias humansticas y, dentro de ellas, a las lenguas clsicas. Sin vacilar en pedir para ello que se cambie lo que haya que cambiar, sta es nuestra exigencia. Pero dejo este tema para el final. Ahora quiero hacer ver, respondiendo al ttulo de esta conferencia, cul ha sido el papel de las lenguas y la cultura clsica en la ensefianza desde la Antigedad hasta nuestros das. Cul debe seguir siendo: es el cuadro

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dentro .del cual volver a introducir ese toque a los temas de la ensefianza de que hablaba. Har una breve introduccin. La formacin del hombre en las Humanidades Clsicas, en un momento anterior a aquel otro en que comienza a estudiar una especialidad, ha sido el modelo habitual de educacin en nuestro Mundo occidental, al menos desde el Renacimiento: slo a partir del siglo pasado entr en una gradual regresin. Ciertamente, al lado de las Humanidades Clsicas fue importante, cada vez ms, el estudio de las letras modernas: Literatura, Filosofa, Historia. Y hay precedentes muy claros de todo ello en el estudio de los clsicos latinos en la Edad Media y, antes todava, en el estudio de los clsicos griegos en Roma. Hoy los modelos de la ensefianza son diferentes: el estudio de las Humanidades, clsicas y modernas. aparece a veces como un resto del pasado. mirado con un benevolente desprecio por los que se consideran a s mismos como representantes de la cultura propia de los tiempos. Y el prototipo del hombre culto a la manera antigua y de los siglos pasados, incluso del XIX, del uomo universae, de sabidura universal, es hoy representado por cada vez menos especmenes. Para empezar, la escuela no es ya el centro nico de formacin. Estn los mass media y, entre ellos, en primer trmino, la televisin. Tambin los peridicos y revistas, las grabaciones musicales, el cine y todo aquello que entra por los ojos en la calle. Y, de otra parte, a la escuela llegan diversos modelos de formacin humana, muy diferentemente apreciados por unos o por otros. Est, desde luego, la formacin humanstica, basada, de una parte, en la idea de la generalidad de lo humano, de la fecha y lugar que sea; y, a la vez, en la de la infinita variabilidad y relatividad de lo humano. Est basada en la cultura literaria y en la cultura esttica. Y tiene diferentes modelos, de los cuales el clsico antiguo es slamente uno. Pero est, a su lado, la formacin cientfica. Procede de los antiguos cientficos griegos, en definitiva, pero representa la idea de la universalidad y la verdad sin ms (aunque a veces sean provisionales), de la atemporalidad, del andamiaje matemtico o el experimento. Busca objetividad y doctrinas vlidas de por s, independientemente del hombre.

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Y estn, todava, las llamadas Humanidades Modernas -Psicologa, Sociologa, Economa, Pedagoga, etc.- que sus poderosos valedores introducen cada vez ms en la ensefianza. A diferencia de las Humanidades tradicionales, cultivan una visin ahistrica del mundo, slo el presente existe para ellas. Tienen doctrinas real o supuestamente universales y vlidas que aspiran, en realidad, a transformar el mundo de acuerdo con lneas previamente trazadas. Tienen su origen, cmo no, en la Antigedad, pero su espritu es distinto del de las Humanidades propiamente dichas. Su ventaja est en que estn en contacto con la prctica y sus representantes son grupos de presin mucho ms efectivos que los de los representantes de las Humanidades tradicionales. Y en que dan doctrinas simples, aparentemente seguras y cientficas, que evitan, igual que las Ciencias Naturales y Matemticas, la angustia del eterno interrogar a la propia conciencia. Finalmente, est la Tcnica. A partir de la Ciencia, busca resultados prcticos. Es, yo dira, una de las bellas artes, caracterstica de nuestra cultura: un ordenador, un robot y no digamos un avin de caza o un portaaviones son obras bellas cuya forma y cuya funcin se armonizan perfectamente. Pero una caracterstica de nuestros tiempos es que,-al tiempo que las diversas Tcnicas se mantienen como especializaciones en sus lugares propios, una llamada Tecnologa es adems introducida en los estudios medios, en los que disputa el campo a las Humanidades. Un tercer curso de Tecnologa ha ocupado, en la Ensefianza Secundaria Obligatoria, el lugar que ocupaba el nico curso de Latn obligatorio para todos que, gracias a nuestros esfuerzos, la Ley General de Educacin de 1970 haba respetado en el curso de 2" de Bachillerato. Este es el confuso panorama al que se enfrentan nuestros jvenes cuando van a los Centros en que se piensa que se les va a impartir una formacin general. Materias especializadas los han invadido. Las Humanidades y las Ciencias conservan penosamente algo de su anterior papel, dentro de un clima diferente. Un papel por fuerza pequeo: y ms si el Bachillerato ha sido reducido a dos aos, como por desgracia ha sucedido. Igual en las Facultades de Letras o en aquellas de ellas derivadas, donde la Lingstica General y la Teora de la Literatura o las materias que sea han desalojado al Latn y el Griego como materias comunes.

Y esto no es sino una parte del problema. La otra parte es que los pedagogos y otros estamentos que han ocupado el poder educativo propugnan una educacin para todos y gratuita, s, pero que busca ms bien cultivar aptitudes, impartir conocimientos meramente instrumentales, estar ms bien distantes de toda problemtica humana, de toda crisis intelectual. Retiran de la calle a los jvenes por unos aos para imbuirles tcnicas y habilidades, las mismas para todos, que ahorren en lo posible el esfuerzo. Algo muy encomiable. Pero la cultura humanstica y la cientfica requieren esfuerzo y pasin. En fin, mucho me temo que, as como el igualitarismo econmico ha fracasado y ha supuesto la ruina de las naciones y los hombres, el igualitarismo educativo, esta otra utopa, presente a la larga problemas, perjudicando a los ms aptos, y necesite adecuados retoques. Llevo muchos aos anuncindolo. Alguien tendr que hacer algo algn da en este sentido para, sin renegar de la extensin a todos de una educacin elemental, volver a un Bachillerato de cuatro aos que posibilite la existencia de una lite cultural, para la que las Humanidades deben ser importantes. Esto puede servir de introduccin. Pero ahora es cuestin de que demos un salto y, para explicarnos sobre el Humanismo, digamos algo de sus orgenes en Grecia y en Roma y luego en la Edad Media y ei Renacimiento. Muy brevemente, claro est. La educacin tradicional en Grecia consista en la msica y la gimnasia: desarrollo del alma y del cuerpo, se deca, aunque haba interrelaciones evidentes. Por limitarme a la primera, se refera a la lectura y recitacin o canto de los poetas; ms tarde, en crculos ya restringidos, al ejercicio de la Retrica o de la Filosofa. La educacin era literaria, pero relativa tanto al contenido como a la forma. Esta era la educacin que era impartida en Atenas por maestros particulares y que Platn, en las Leyes, propuso que fuera universal e impartida por el estado. Continuaba la educacin que, desde siempre, se reciba de los poetas.en la fiesta y el banquete. Educacin que continu siempre, al lado o despus de la escuela, y que a partir de un cierto momento poda ampliarse mediante la lectura, cuando en la Atenas del siglo V comenz un comercio librero. Todo esto se amplific en la edad posterior, fa helenstica.
EFtudios Clsicos 108, 1995.

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Toda esta cultura literaria era muy amplia y muy varia: en otros lugares me he ocupado de este tema con extensin. En Atenas, el teatro continu el papel de la antigua poesa. Pero las enseanzas de los distintos poetas eran muy diferentes. Y el racionalismo de los primeros sofistas y el posibilismo y practicismo de los rtores y la bsqueda de valores esenciales y fijos por los socrtico~, eran muy diferentes entre s, a su vez. No entro en este tema, que me desborda en este momento. Pero es claro que, con tantos ideales diferentes, haba un sentimiento de lo generalmente humano, independientemente de que se entendiera a una luz religiosa o ilustrada, de que se identificara con esencialismos de varios tipos o con relativismos o con practicismos. Es en el orador Iscrates, en todo caso, en quien se busca el precedente del ideal de la formacin literaria, humanstica de los jvenes, antes de su entrada en las profesiones o en la vida prctica. Hay dos palabras clave. Una es philanthropa, literalmente 'amor al hombre', que Esquilo atribuye a Prometeo, que regal al hombre el fuego y las artes que humanizan la vida. Iscrates la una a la prates 'dulzura' y eznoia 'benevolencia': el philnthropos es adems para l 'amigo del pueblo', para el cmico Epicarmo es 'amante de la ciudad'. La otra palabra clave es paicfea 'educacin, cultura', que Iscrates atribua muy especialmente a los atenienses. Son los poetas quienes, segn Protgoras en el dilogo platnico de este nombre, la impartan desde tiempos antiguos, es la que l pretenda impartir igual que el Scrates de la Apologa, igual que Platn. Son estos dos conceptos, el de la humana benevolencia y el de la cultura, los que se fundieron en los trminos latinos humanus, humanitas, en Roma: a partir del crculo de los Escipiones y concretamente de Terencio, de quien es la famosa frase de horno sum, humani niSil a me dienum puto: soy hombre, nada de lo humano considero ajeno)). La humanitas es al tiempo filantropa, ideal esttico y cultura. Ello a partir, sobre todo, de Cicern, que en las palabras humanus, bumanitas combinaba significados que se refieren a la literatura (litterae) y otros que se refieren a una conducta sensible (la politior humanitas). Ciertamente, a partir de un cierto momento hubo un nuevo modelo, el del Cristianismo: un modelo religioso que lo abarcaba todo, que daba normas para todo, que lo anclaba todo en lo divino, lejos de las eternas discusiones de los hombres. Pero no evit

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esas discusiones: las sectas primero, las cambiantes orientaciones despus, bien lo demuestran. Y, sobre todo, ya Basilio de Cesarea recomendaba lo que poda haber de til en los clsicos y en ellos se formaron los grandes escritores cristianos, los Padres griegos y latinos: los dos Gregorios, un san Juan Crisstomo, un san Agustn son buenos ejemplos. Y la Iglesia, en la Edad Media, salv a los clsicos: a los griegos en Oriente, a los latinos en Occidente. Continuaron siendo un modelo, pese a todo. Y cuando se quiso edificar una armazn ideolgica que apoyara al Cristianismo (y la misma idea de la necesidad de esto es una idea griega), se acudi a Platn o Aristteles, segn las ocasiones. Igual hicieron los rabes. Y habra que escribir sobre la helenizacin de la India y del Asia en general. Incluso un conocimiento mnimo de los clsicos en un contexto hostil es a veces suficiente. As se comprende su influjo tremendo en la Edad Media, en la conformacin de gneros literarios y de ideas. No hay coercin. lo greco-latino da slo esquemas y cauces para lo que es generalmente humano. Incluso, ya digo, cuando el conocimiento es indirecto o mnimo. Qu pasin cuando surge, vivo y desnudo, ante nosotros! En otro lugar he citado el deslumbramiento de Pedro el Ceremonioso, rey de Aragn, en 1380, ante la Acrpolis de Atenas, la ms bella joya del mundo. Eran el latn primero y sobre todo, luego tambin el griego a partir de fines del siglo XV, las lenguas cuyos textos se consideraban clave para la formacin humana. As, el Renacimiento no aboli el predominio de estas lenguas y culturas en la praxis de las Universidades, en la relacin internacional entre los doctos: lo profundiz y generaliz. Eran textos latinos o griegos traducidos al latn los que se estudiaban. Hay que recordar el deslumbramiento ante las nuevas ediciones de los clsicos latinos y ante las de los clsicos griegos, cuando stos comenzaron a llegar desde Bizancio y Crisoloras comenz a ensefiar griego en Florencia y Marsilio Ficino fund la Academia platnica y se descubri el Laoconte y las otras estatuas griegas y romanas y Cicern era maestro de escritores e Hipcrates era fuente de ensefianza. Los gneros literarios antiguos fueron decisivos en la creacin de otros modernos como el tratado filosfico y cientfico o en la renovacin de gneros tradicionales:

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la pica, la lrica, el teatro. Virgilio fue decisivo para Garcilaso como Prisciano para Nebrija. Newton escriba todava en Latn, en el siglo XVIII, sus Plrincipia Mathematica. La presencia del Latn y del mundo clsico est en la esencia de nuestra cultura: las Humanidades en lenguas modernas fueron vistas por los contemporneos como una recreacin de las antiguas. Las brechas que haban abierto el Cristianismo, primero, y la Edad Media, despus, acabaron por cerrarse, al menos en una cierta medida. Y en la poca del Renacimiento y del que llamamos Humanismo, se busc un lazo directo con los antiguos. Este trmino Humanismo aparece en Italia a fines del siglo XV (en Espafia algo ms tarde, con Alonso de Cartagena) en relacin con estudios alejados, las ms veces, de la fdosofia tradicional y la teologa: con la literatura, ciertamente, pero tambin con actividades cancillerescas y polticas. Asi como en la Antigedad el centro estaba en el hombre, por oposicin al dios (aunque hubiera, tambin, un humanismo religioso), en el Renacimiento suceda lo mismo. Aunque Pico della Mirandola, en su Oratio de hominis dignitate, de 1486, que se mira como el manifiesto fundacional del Humanismo, introdujera toques platonizantes, religiosos a la manera de los de los msticos. Nada puede hallarse en el mundo -dice- ms digno de admiracin que el hombre. Coincidan varias cosas. De un lado, el distanciamiento esttico y conceptual respecto al seco doctrinalismo medieval (o as lo vean, al menos, los hombres nuevos), respecto a una Iglesia demasiado poderosa. De otro, el deslumbramiento ante el descubrimiento de nuevos poetas y escritores y artistas, griegos y latinos: traan una vieja belleza que se haca nueva, traan un pensamiento nuevo y libre, multiforme por otra parte. De un tercer lado, la emergencia de una sociedad civil y ciudadana. As, los modelos antiguos servan para renovar lo que haba y para saltar ms alto hacia el futuro. Y, pese a los continuos avances de las nuevas literaturas y del nuevo pensamiento, en el sentido siempre de la libertad, las lenguas clsicas y las literaturas que en ellas se escribieron continuaron durante largo tiempo actuando como modelos: a veces discutidos, ciertamente (recurdese la disputa de los antiguos y los modernos), pero modelos en todo caso.
fitudios Clsicos 108. 1995.

Hay que insistir en el mimetismo ante los escritores latinos, sin los cuales nada de nuestras literaturas es comprensible: ante un Cicern, un Tito Livio, un Horacio, un Sneca. Y en la embriaguez que han despertado los griegos. Pinsese en el platonismo, de San Juan de la Cruz a Shelley y Keats, en la grecomana de Winckeimann y dems, en el modelo griego en todos los movimientos de liberacin poltica, incluidas las revoluciones inglesa y francesa y nuestro liberalismo del siglo XIX, en los filhelenos que fueron a liberar Grecia de los turcos, en los nuevos idealismos de Hegel y de Marx, que no por peligrosos dejan de ser de inspiracin helnica. Y en la nueva tragedia de nuestro siglo y en la inspiracin que fdsofos y cientficos han buscado ltimamente en los presocrticos. Insisto: un modelo no esclaviza. Slo se lo busca cuando interesa, cuando los tiempos estn maduros. Se utiliza para orientar la bsqueda, incluso para polemizar o ir ms lejos. Qu duda cabe de que, por ejemplo, la novela moderna fue ms lejos que la antigua y lo mismo la Ciencia! Pero sin el modelo antiguo esto no habra sido posible. As, las viejas Humanidades educaron a los hombres individuales y educaron a los pueblos. Crearon al tiempo una sensacin de comunidad, una uniformidad cultural y una libertad, un estmulo. Nunca ataron nada, dejaron que el mundo marchara por vas diversas siguiendo unos modelos u otros, desarrollndolos de una manera o de otra. No obstaculizaron, tampoco, las vas de la prctica (de la poltica, por ejemplo), ni las de la Ciencia. En ambos campos, como en otros ms, suministraron igualmente modelos. Programas de bsqueda, diramos. El mundo nuevo era un mundo nuevo, pero era a la vez una nueva Roma, esto es lo que quiere decir Renacimiento. No son cosas contradictorias. Y como Roma haba sido a su vez, a partir de un cierto momento, una nueva Grecia, qu duda cabe de que el mundo nuevo era una nueva Grecia, que daba un impulso de libertad y con la que pactaba tambin el Cristianismo. Porque hay muchas Grecias y la cmica y la trgica y la epicrea enlazaban mal con el Cristianismo, pero la platnica y la aristotlica enlazaban mejor, ya desde antiguo. Hay muchas Grecias, muchas Romas y todas caben bajo el manto del Humanismo. Y haba, por encima y por debajo de las diferencias y las discrepancias, un fondo cultural unitario, que venia de la Antige-

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dad y del Cristianismo. Igual sucedi cuando el mundo se ampli con el Descubrimiento de Amrica. Este vino de debates en torno a Ptolomeo. Y en latn escribi Coln y en latn fueron escritos los primeros libros que se imprimieron en Amrica. Sobre las Gramticas latinas se escribieron las de las lenguas indgenas, ni ms ni menos que la castellana de Nebrija. En competencia con la Ciencia antigua se describi el nuevo mundo: un ejemplo es la Histonh de las Plantas de Nueva EspMa de Francisco Hernndez, el mdico de Felipe 11, una especie de contrapartida a la Naturalis Histona de Plinio el Viejo. Y los historiadores de la conquista competan con los de la antigua Roma. Y para los conquistadores toda Amrica estaba llena de mitos griegos. Lo que queda de unidad en nuestro mundo, e igual en su expansin a otros continentes, viene de esa misma sintesis de Humanismo y Cristianismo y de los fenmenos histricos que de ah vinieron. Y lo que queda de comn entre las distintas Facultades de nuestras Universidades, viene de ah tambin. Y lo que queda de comn en los gneros literarios de las distintas naciones y en sus escuelas de arte y de pensamiento, igualmente. Y lo que hay de comn en el vocabulario de las lenguas europeas. Esa influencia se renueva todos los das: a veces, curiosamente, a travs del ingls. Pero hay un espectculo paradjico, que tiene que ver con la fragmentacin de los modelos educativos de que al comienzo habl. Occidente absorbe todas las culturas; e incluso las que se le enfrentan en diversas partes del mundo viven abierta o vergonzantemente de la cultura occidental. Pero, de otra parte, negamos lo ms caracterstico y original de sta: sus races antiguas. Son expulsadas, casi, de la ensefianza, slo quedan de ellas ecos mnimos aqu y all. Extrafio espectculo cuando vemos, en paralelo, cmo la India y los pases rabes conservan amorosamente, como signo de identidad, sus antiguas culturas. Pero dejemos esto, de momento. La conclusin es que, desde la antigua Grecia hasta entrado nuestro siglo la formacin de los jvenes ha sido predominantemente literaria y, dentro de esta caracterstica general, ha sido predominantemente una formacin en los clsicos. Era una formacin humanstica en el doble sentido ciceroniano: conocimiento de los grandes modelos literarios y desarrollo intelectual y personal derivado de ellos. Conocimiento del mundo del hombre, en suma: y con una visin no religiosa,

aunque no necesariamente enfrentada a la religiosa, sino autnoma. Se pensaba que esa formacin era buena para los que fueran a dedicarse luego a diversas especialidades, como el derecho, la medicina o la Ciencia en general, la poltica, los negocios. En Inglaterra grandes administradores y politicos dominaban los clsicos. En Alemania la formacin en el Gimnasio clsico era la que abra mximamente las puertas. Sabios como Heisenberg u Oppenheimer haban comenzado por los clsicos. Algo queda de todo esto, aqui o all, pero muy disminuido. Vino primero la competencia de la formacin cientfica, a veces compaginada con la clsica, a veces ya independiente. Luego, los pedagogos y los polticos aliados suyos y los representantes de las nuevas Humanidades de que arriba habl han introducido las nuevas panaceas de la enseanza generalizada de tipo muy elemental y de la enseanza de unas Humanidades Modernas centradas ms que otra cosa en programas de accin. Los clsicos son vistos, parece, como peligrosa prdida de tiempo, como contrarios al nuevo ideal del ciudadano de mente asptica, libre de las esperanzas y angustias humanas de que los clsicos estn llenos. Algo se ha salvado de su enseanza, aunque limitada a mnimos ghettos, convertida en una especialidad ms. Pero son botones de muestra el hecho de que, por ejemplo, en el nuevo examen de acceso a la Universidad para los bachilleres de la Reforma, el latn pueda ser sustituido por las Matemticas especiales para alumnos que se dirigen a Derecho, a Ciencias de la Informacin, a Ciencias de la Educacin, a Historia de Arte, etc. etc. O que se haya creado una llamada Titulacin de Humanidades en cuyos cinco aos slo queda para las Humanidades Clsicas, dentro de las materias troncales, el hueco de un curso de clase alterna. Pero, en fm, vuelvo a los problemas de principio. Al lado de la presin de los nuevos modelos educativos y de la continua reduccin, a partir de 1970, del Bachillerato, que hay adems que repartir entre cada vez ms pretendientes, parece como si hubiera otra cosa ms todava. Esa desconfianza en lo literario de que vengo hablando, incluso en aquello probado y filtrado por los siglos; una desconfianza en el cambiante y multiforme pensamiento de los hombres, a lo largo de los tiempos.
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Parece como si, para algunos, la historia no existiera ya, como si hubiramos llegado a un presente definitivo, con sus certidurnbres y reglas que abolen todo lo anterior. Pero, desgraciadamente, basta un vistazo a los peridicos o las televisiones para comprobar que el hombre y sus problemas no son tan distintos de lo que eran y que los clsicos y sus visiones de ellos estn vivos. Porque esta es la clave del problema: el conocimiento de los clsicos sirve para comprender el mundo humano, para extraer de l al tiempo la belleza, la esperanza, las ensefianzas que tanto precisamos. Esta es la clave de la vigencia de los clsicos: la universalidad de lo humano, que ellos reflejaron por primera vez en una forma que el tiempo ha dejado como ejemplar. Ese retrato vuelve a brotar peridicamente en las nuevas literaturas, claro est. Pero la antigua literatura greco-latina, si alguien sabe interrogarla, no ha perdido vigencia. No es dudoso que tiene riesgos e incertidumbres, tambin: pero esto es connatural con el hombre. A veces, periodistas que saben que uno es profesor de lenguas antiguas (algunos dicen muertas, nosotros nos irritamos), hacen la eterna pregunta, que slo ignorancia demuestra: jsigue siendo vlida la antigua Literatura, la antigua Filosofa en este mundo nuevo, en esta sociedad nueva? Y uno, cmo no, contesta que siguen siendo vlidas. Por la razn ya dicha: porque el hombre, fundamentalmente, y habra que afiadir que para bien y para mal, sigue siendo el mismo. Y la Literatura y la Filosofia se refieren a las pasiones, los intereses, los prejuicios, los conocimientos de ese hombre que es el mismo. El da en que temas como el de la solidaridad familiar o el poder o la venganza o el valor o el honor o el amor no sean ya hurnanos, dejarn de ser actuales Homero o Sfocles o Virgilio o Tcito. Y la verdad es que esta constancia de lo humano arrastra siempre el mismo lote de problemas: los choques de intereses, el odio y el conflicto, la imposibilidad de entenderse. Pero estos problemas no son sino el reverso de aquello que hay de valioso en el hombre: la rivalidad por ser el primero, hacerlo mejor que nadie. Y el amor. Son todas esas pasiones las que aparecen al rojo vivo, en su estado primigenio, por as decirlo, sin velos ni disimulos, en los antiguos poetas y prosistas. Encarnadas en personajes que nos parecen distantes, que son mticos o prototpicos las ms veces,
Estudios .C&icos 108, 1995.

se dibujan con mayor claridad. En realidad, su presentacin en las literaturas posteriores ofrece muchas veces tan slo variantes sobre el mismo tema: a veces nos deja, simplemente, la impresin de lo deja vu. Pero las literaturas antiguas son, tambin, un trampoln para la creacin de nuevos caracteres y tipos. Los gneros literarios son sustancialmente los mismos, aunque dentro de ellos puedan obtenerse cosas nuevas y extraordinarias: en la poesa, el teatro, la novela, por ejemplo. No sin luchar con los antiguos para imitarlos, criticarlos o superarlos. Y la poltica es sustancialmente la misma que describen esos escritores. Los mismos sistemas, ya tirnicos, ya clasistas, ya democrticos. Los mismos problemas dentro de ellos. Los mismos conflictos entre individuo y sociedad, entre libertad y autoridad, entre moralismo y hedonismo, virtud y corrupcin. La misma alternativa entre las revoluciones y los perodos pacficos y conformistas, al menos en la superficie. La misma tensin entre idea y realidad. Los mismos impulsos nacionalistas e internacionalistas, agresivos y pacficos. Y as en otros campos tambin. Cmo, entonces, no van a servir de modelo los clsicos cuando el clima los requiere? Cuando se busca, por ejemplo, un sistema democrtico o cuando se quiere dar expresin a la angustia del hombre? El mundo de lo humano es infinito, inagotable. Crea siempre formas nuevas: imitando, recreando, combinando, penetrando con ojos nuevos la realidad. Pero el repertorio de formas bsicas es limitado, el de las pasiones e intuiciones que se despliegan dentro de esa realidad, por compleja que sea, es limitado tambin. Y son limitados los modelos. No es que haya que seguirlos al pie de la letra, ya lo dije. A veces estn ah para que se cree algo nuevo cuando son, conscientemente o no, falsticados. A veces estn ah como un desafo. Son trampolines, indicaciones de un camino recorrido que de alguna manera hay que proseguir. Pero, cmo? Quin crear la nueva poesa, la nueva novela, la nueva ciencia, la nueva poltica? A veces han surgido los nuevos creadores. Pero los modelos son necesarios, incluso para superarlos. Y los modelos son fundamentalmente antiguos o derivan de los antiguos. Vienen de la Antigedad y permanecen vivos: son o se han hecho generalmente humanos, afectan no ya al mundo europeo, afectan a la cultura universal de nuestros das. Son un factor de creacin. Aparte de que en tantos aspectos el mundo que nos roEstudios C/icm 108, 1995.

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dea procede directsimamente de la Antigedad, ese repertorio de pasiones, ideas, formas y modelos es un manto omnipresente que nos envuelve, un teln de fondo que nos hace pensar sobre el presente, interpretarlo, hacerlo progresar. Cmo no vamos, pues, a contestar, cuando recibimos la pregunta, que el mundo antiguo, el de la Antigedad clsica, sigue vivo en el nuestro, es, despus de todo, por muchas que sean las diferencias, el mismo mundo? El mundo antiguo, pese a todo, est bien vivo: en nuestra lengua, en nuestra literatura, en nuestro pensamiento, en nuestros edificios, en nuestro arte. Casi no lo vemos, si no ejercemos el conocimiento consciente y el anlisis, porque es casi como nuestra piel. Los griegos somos nosotros, la lengua y culturas greco-latinas estn vivas y bien vivas en las nuestras. No ha cejado su influjo, aunque el descenso de los niveles de conocimiento de la Antigedad va notndose cada da ms. Aun as, conviene ver cmo el pblico agota las nuevas traducciones de los clsicos, que proliferan en nuestro pas. Cmo la novela histrica de fondo greco-latino goza de popularidad; e igual los relatos del mito. Y el teatro y el cine de tema antiguo. Pero son contactos ocasionales, saltuarios, desorganizados muchas veces. La existencia de un crculo relativamente amplio de hombres formados en los clsicos y que se dedican a varias actividades, como lo ha habido, es lo que necesitaramos. Y ese crculo va reducindose. Existe, s, un profesorado preparado, que podra ser la base, aunque a veces est atenazado por e1 pesimismo que le producen las sucesivas reformas educativas o se haya volcado a tareas propiamente de especialistas. Retorno, pues, a la ensefianza. Es dramtico el esfuerzo que en nuestro pas se ha hecho para crear este profesorado, que ahora se ve a veces como un obstculo a las nuevas reformas. En realidad, cuando stas se completen, si se completan, sobrarn en Espaiia varios miles de profesores de Griego y de Latn. Enorme derroche tras tanto esfuerzo! Y ahora mismo, sin llegar a esto, tras haber formado a ese profesorado, vemos con impotencia cmo, sin poder dedicarse a lo suyo, ha de rellenar horas en ocupaciones totalmente ajenas. Quin puede contemplar ese espectculo sin melancola? Y las amortizaciones de plazas y los obstculos de todo gnero.

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Y luego, dnde est un Bachillerato amplio, de cuatro aos al menos, como deca yo ms arriba, en el cual, o en una seccin importante del cual, se imparta un conocimiento suficiente de los clsicos griegos y latinos? Hemos sido reducidos a mnimos. Y no voy a negar, con esto, lo que los ltimos Ministerios han hecho para mejorar el panorama que veamos en los comienzos de la Reforma. Tenemos algo de Latn, algo de Griego, aunque slo en el Bachillerato de Humanidades y aqu slo como posible opcin; tenemos la Cultura Clsica, tambin opcional, a veces en circunstancias dificiles. Ha habido en el Gobierno, en algunos momentos, personas sensibles que han tratado de mitigar aquel impulso iconoclasta inicial. Y conviene recordar, porque es de justicia, la labor de nuestra Sociedad Espaola de Estudios Clsicos. Algunos han olvidado el panorama de los primeros aos ochenta y no se dan cuenta de que, si la situacin actual no es satisfactoria, lo sera infinitamente menos sin las campaas y negociaciones que hemos promovido. Si alguien lo negara, seria absolutamente injusto. Despus de todo, se han mantenido el Griego y el Latn, con fuertes reducciones sin duda, pero dejando un punto de partida para una reconstruccin. Se ha creado la Cdtura Clsica. Algo impensable al comienzo de la nueva reforma. Durante los cuatro aos desde nuestro anterior Congreso, la negociacin ha sido extremadamente dura y tenaz, pueden creerlo. Ciertamente, no hemos alcanzado todo lo que queramos, slo una parte. Pueden estar todos seguros de que dificilmente podran haber hecho otros mayor esfuerzo que el nuestro en estos aos en la lucha por nuestro comn programa. De resultas de todo ello se ha mantenido para las lenguas clsicas un cierto margen, un cierto espacio. Pero el poder de decisin no era nuestro. Y hoy, cuando la Reforma se est imponiendo con casi generalidad, vemos la situacin en sus trminos claros y dramticos. Estamos reducidos a mnimos, hay incertidumbre ante el futuro del profesorado y de la enseanza. Y dentro de la actual LOGSE y de la actual Reglamentacin, es difcil ir ms all. Y esto en un momento en que, si miramos fuera de nuestras fronteras, vemos que el ambiente est cambiando: que ciertos modelos educativos estn siendo abandonados, que las lenguas clsicas estn siendo reintroducidas. Yo, sin dejar de agradecer lo

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que se ha hecho, dira que es el momento de reformar valientemente la reforma: la LOGSE y su Reglamentacin. En favor no slo del Griego y del Latn, tambin de todas la Humanidades: hay un clamor general. An se est a tiempo de evitar lo peor. Cuando el profesorado o una parte importante de l haya sido reciclado o se haya desmoralizado del todo, no podremos hacer nada. Es lo que, en este momento, pido formalmente al Ministerio de Educacin y Ciencia. Antes o despus, ha de llegar: mejor que sea antes. E igual en la Universidades, en cuyas Facultades de Letras los clsicos se han convertido en una materia especializada entre tantas. Es claro para m que los planes de estudio de las Facultades Humansticas necesitan de una urgente reforma que devuelva a las lenguas clsicas el papel central y comn que tenan y que han perdido. Y no es que dejramos de advertir las consecuencias del desatado especialismo, es que se nos puso ante hechos consumados. En el Congreso de Universidades de 1992 plante la necesidad de que el Latn y el Griego volvieran a ser materias comunes, con otras ms de carcter humanstico, en las Facultades que derivan de las de Letras. Pero no son slo las Facultades de Letras. Da pena contemplar el bajo nivel en el conocimiento de los clsicos de excelentes especialistas, incuidos los que vienen de Facultades como Derecho, Econmicas y Ciencias de la Informacin. Qu puede esperarse despus del Bachillerato que han hecho? Pienso que una buena solucin, solucin parcial que han ensayado varios pases, es la creacin de Institutos Universitarios en los que, en horas compatibles, todos los universitarios y aun personas que ya han acabado su carrera, puedan recibir, voluntariamente, una formacin humanstica complementaria que muchos desean. El xito de muchos ciclos de conferencias, aqu mismo en Espaa, habla a favor de esta idea. Pero vuelvo a la Ensefianza Media y al tema de la ensefianza en general. Por supuesto, unos conocimientos instrumentales, unos mnimos saberes humanos y cientficos son indispensables para todos, incluso creo que pueden elevarse los niveles: no slo hacen falta instrumentos, tambin conocimientos e ideas. Y esa ensefianza general no debe estorbar para que para un cierto nmero de alumnos haya una ensefianza de un nivel supe-

rior, sin esperar a los diecisiete afios. Y una cultura desinteresada, aparte de la que lleva a la especialidad y la profesin. Son indispensables las lites culturales, la jerarqua del saber. Estmulos para los estudiantes de talento, que ahora se ven igualados a la masa que asiste a las clases por pura obligacin: para ella se rebajan los contenidos y los exmenes, se inventan mil frmulas para que nadie quede sin aprobar sus estudios. Los estudiantes con capacidades superiores son la vctima principal del igualitarismo en la ensefianza. Hay un mito de la cultura como panacea, pero habra que insistir en que la cultura no resuelve automticamente nada, es trabajosa, hay que ganarla. Es algo bsico que hay que adquirir en un grado u otro antes de la especializacin. Y ni hay que forzar las cosas imponiendo a todos la alta cultura, ni rebajarlas negndosela, por igualitarismo mal entendido, a los que pueden acceder a ella. Dentro de esta cultura son esenciales las Ciencias Humanas. Pero resulta que hoy, si se estudia Griego y Latn, no se puede llegar a ciertas carreras. Pues bien, dentro de ese Bachillerato de alto nivel que debera existir, el centrado en el estudio de los clsicos debera ser importante, debera reunir a un nmero importante de estudiantes. Y abrir todas las puertas. Todo esto debe aplicarse, tambin, al nivel universitario. Si reducimos los clsicos a una mera especialidad, esto va a tener un impacto absolutamente negativo en nuestra cultura. Filsofos, historiadores, escritores sin griego ni latn ni cultura antigua representarn un descenso innegable en los niveles culturales de la nacin. Hay hoy receptividad para las Humanidades, ya lo he dicho hablando del libro y los espectculos. La hostilidad no es cosa del pblico en general, es ms bien cosa de los crculos que en todas partes, ms o menos, se han hecho con el poder educativo y han buscado modelos lejanos de los humansticos. Pero la clave primera, la condicin sioe qua non, est en una reforma de las Ensefianzas Medias en el sentido que he preconizado. Debe haber Latn obligatorio y Griego obligatorio para todos los estudiantes de Humanidades, no para unos pocos. Y deben ser posibles para otros. Y la Cultura Clsica debe ser tambin para todos: sin un mnimo conocimiento de las culturas griega y latina no puede hablarse de una minima formacin cultural.

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Ciertamente, hay algunos sntomas de esperanza que me hacen pensar que esto que estoy pidiendo llegar. Fuera de Espaira en algunos pases, en Francia por ejemplo, las ltimas reformas favorecen a los clsicos. En Italia, en Grecia, en Suecia el panorama mejora. En Estados Unidos el nmero de estudiantes de Latn sube como la espuma. Aqu conservamos una base (profesorado, libros, materiales de trabajo) que puede resistir un tiempo y a partir de la cual se podr iniciarse, un da, una reconstrucferro. Que sea cuanto antes. cin, un progreso. Ab~pso No s si con esto he contestado a lo que se esperaba de una disertacin con un ttulo tan ambicioso como el de sta. Los clsicos, a lo largo de una historia dilatada, han atravesado momentos de hostilidad, momentos de olvido, momentos de casi desconocimiento. Los han superado, antes o despus: y no slo para reaparecer como vivos y actuantes, sino tambin para servir de estmulo a la creacin de algo nuevo. Y ello porque su mensaje, es lo que aqu he querido expresar, es generalmente humano y es al tiempo multiforme y adaptado a las cambiantes circunstancias. Al lado de las explicaciones religiosas del mundo y al lado de explicaciones desesperanzadas, han transmitido un testimonio de f en el hombre, de comprensin del hombre, de esperanza tambin. Han dado un sentido de unidad a la gran familia humana: la nuestra, la occidental, primero, las otras despus. Deben continuar dndolo. Este es, en suma, el movimiento humanista de que he querido hablar y al que, en lo que lleguen nuestras fuerzas, queremos servir. Para esto estamos aqu hoy. Presentando no slo lamentaciones y propuestas en torno al tema de la ensefianza, tambin el fruto de nuestros trabajos en todo nuestro campo de estudio. Y con esto termino, volviendo a nuestro Congreso, que es una muestra de f en esa continuidad del cultivo de los clsicos. Y lo hago para darles las gracias a todos Vds. por su presencia. Y por su ayuda, a los diversos organismos y personalidades de los Ministerios de Educacin y Cultura, de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, de la Universidad Complutense y su Facultad de Filologa, de las dems Universidades e instituciones que nos han ayudado. Quiero excusar la asistencia del Sr. Ministro de Educacin y Ciencia, que me ha escrito que con gusto habra venido, pero que le retiene en Bruselas una reunin de Ministros de

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Educacin. Gracias tambin a la Federacin Internacional de Estudios Clsicos, cuyo secretario nos acompaiiar en la sesin de clausura. A otras Asociaciones, internacionales y nacionales de diversos pases, que estn, muchas de ellas, representadas aqu. Y a nuestros invitados extranjeros, que estamos muy honrados recibiendo aqu. Y a nuestros socios, por su afluencia masiva y por los trabajos cientficos que presentan. A todos ellos querria invitarles a los actos que seguirn a continuacin de ste: la recepcin que ofrecemos y la inauguracin de la exposicin sobre la Mitologa Clsica en la pintura y escultura contemporneas. A todos, de verdad, muchas gracias. Ojal podamos reencontrarnos dentro de cuatro aos, si Dios nos da vida, en el X Congreso, y ojal que las perspectivas de las Humanidades sean en ese momento ms abiertas y favorables, segn se adivina en el horizonte. Otra vez, muchas gracias.

UNA REVISIN DEL CMIC DE TEMA CLASICO


O. INTRODUCCI~N Los artculos de P.M. Martinl sobre la figura de Csar en Astrk y sobre el cmic en general, el breve estudio de S. Valzaina sobre el cmic de tema clsico y los artculos de S. Vich sobre cmic e historia antigua evidencian el inters que despierta este medio entre los estudiosos del mundo clsico. Nuestro inters por el medio se haba hecho patente con una contribucin al respecto en el coloquio Aspectos modernos de la antigedad y su aprovechamiento didctico organizado en 1990 por el ICE de la Universidad de Alcal de Henares y la Delegacin de Madrid de la SEEC4.Con motivo del nuevo acercamiento al tema que supone la reciente publicacin del cmic Espartaco, el hombre de Tracia5,hemos juzgado conveniente realizar una somera exposicin

P.M. Martin, Csar dans Astrixs, HistoireetArqueologie 92, 1985, pp. 32-39; Bande dessine romaine et enseignement de la latinit ou la B.D. comme ultime refuge de la culture clasique en J.M. Paillier, (ed.), Actualit de I'Antiquit, Pars, CNRS, 1989. pp. 235-252.; LYimage de Csar dans Astrix ou comment deux franqais sur trois aujord'hui voient Csar, en R. Chevallier (ed.), Presence de Csar. Hommage a M Rambaud, kesarod~l~lum 20bis, 1985, pp. 459-482. S. Valzaina, Ai confini dell'Impero, en Lo spazio Ietterario di Roma antica, Padua 1991, pp. 495-522. 'S. Vich, La Historia antigua en el cmic Historia 16, no 175, Noviembre 1990. L'Avenq, nO157, 1992, p. 10p. 88-101; La Historia en el comic: una aproximaci~ 15; Arqueologa, historia y cmic: una reflexin en Revista de Arqueologa ao XIV, n0149, Septiembre 1993, pp. 6-8. Urbis Salmantikae: el cmic F. Lillo Redonet-A. Valverde Garca, ~Mirabilia como puente entre dos mundos en A. Guzmn-F.C. Gmez Espelosn-J. Gmez Pantoja,(eds.), Aspectosmodernos dela antigedady suaprovechamiento didctico, Madrid, Ediciones Clsicas, 1992, pp. 363-373. J.M. Nieto Gonzlez, Espartaco, elhombre de Tracia, Madrid, Ediciones Clsicas, 1995. Nuestra aportacin ha consistido en un asesoramiento histrico-filolgico y una aplicacin didctica del cmic en cuestin.
Estudios CIDicos 108, 1995.

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sobre el cmic de tema clsico que culminar con la presentacin de dicho cmic y sus peculiares caractersticas. En este trabajo, que no pretende ser exhaustivo, trataremos dos tipos de cmic de tema clsico: el cmic ambientado en el mundo griego y romano y el cmic de intencin pedaggica.
1. EL C ~ M I C AMBIENTADO EN EL MUNDO GRIEGO Y ROMANO

1. Las a venturas de Astkix elgdo Las aventuras de Astrix el galo y de su inseparable compaero Oblix, obra de R. Goscinny y A. Uderzo6,constituyen el mejor ejemplo de divulgacin de un cmic de tema latino. Su impacto en la poblacin les ha otorgado un poder de creacin de imgenes a nivel popular puesto de relieve por P. M. Martin por lo que se refiere a la figura de Csar7. Tambin se han realizado adaptaciones cinematogrficas inspiradas en diversas historias que aparecen en los cmics, aunque no se ha logrado el xito esperado. En 1967 aparece la pelcula Astnx el gdo, seguida en 1968 de Astrix y Cleopara. A los aos ochenta pertenecen La sorpresa del Cksar (mezcla de los 1bumes Astni Gladiador y Astkk Legionanano), AstrU. en Bretaa y Elgolp del Menhir, mientras que en 1995 asistimos al estreno de Astni en Amrica. Un caso singular tenemos en la pelcula Las doce pruebas de Astni que no depende directamente de ningn cmic previo y que a su vez fue divulgado como libro con ilustraciones y texto. En la aplicacin didctica de esta serie se han planteado diversos inconvenientes. Uno de ellos es la mezcla de antigedad y modernidad, sobre todo cuando nuestros personajes salen de la Galia y visitan otros paises. En estos lbumes se aprecia una crtica humorstica a las costumbres actuales de esos paises. Por ejemplo en AstXx en Bretala se hace referencia a que los britaEl mejor estudio, segn S. Valzaina, sobre esta serie en lo referente a su origen y evolucin es la obra escrita por A. Uderzo, De Fkunbergea Astrix, Paris 1985. Recientemente se ha publicado un revista extraordinaria sobre los personajes y sus creadores: A. Uderzo, et alu, Astrix. Revista extraordioaria, Barcelona, Planeta, 1995. P.M. Martin, L7image de Csar dans Astrix ou comment deux franqais sur trois aujord'hui voient Csar, en R. ChevaUier (ed.) Prsence de Csar. Hommage a M Rambaud, Caesarodunum lobis, 1985, pp. 459-482.

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nos toman un agua caliente a las cinco o que todas sus cabairas son iguales; en A s t k en Hispania se ofrecen los tpicos ms habituales de nuestro pas: toros, nazarenos de Sevilla (Hispdis); la puntualidad suiza se deja sentir en A s t . en Helvecia... No obstante, las experiencias didcticas llevadas a cabo con diversos lbumes de Astrix prueban que puede sacarse algn provecho de los mismos. Ruiz Zapatero8 ha experimentado con los lbumes de Astrix para ejemplificar conceptos de arqueologa espacial y Garca Sanzgha realizado experiencias con cuatro lbumes de Astrix (Astnx legionan'o, Astriu Gladiador, Los laureles del Csar y Olixy CompaOa). Sin embargo con esto no quedan agotadas las posibilidades de estos lbumes ya que podemos rastrear en algunos casos la existencia de un texto clsico que motiva algunos de ellos. As Astnx y los godos contiene una reunin en el bosque de los carnutes a la que hace referencia Csar (B. G. 6,13). La gran zanja, que explota el tema de Romeo y Julieta y donde en un mismo pueblo se produce una divisin insalvable, tiene una lejana referencia en las costumbres de los galos y sus factiones (B.G. 6,ll). Por otro lado la frase Omnium gallorum fortisssimi s m t beIgae (B. G. 1,l) origina la disputa entre los belgas y nuestros galos para ver quen es el ms fuerte en AstnX en Blgica. Un tema como la romanizacin puede explicarse tomando como base algunos lbumes de la serie. En AstrU. en Hispania el protagonista es un joven ibero hijo de un importante jefe al que Csar quiere educar en Roma segn las costumbres romanas. En El combate de los jefes encontramos contrapuestas con humor las costumbres galas y las costumbres galo-romanas del jefe de la aldea enemiga (casas galas con prticos romanos). Pero la romanizacin est mucho ms clara en La residencia de los dioses donde se oponen los lujos de una bien documentada nsula romana a las costumbres de la aldea gala. Csar enva colonos para que los galos adquieran costumbres romanas. Algo similar se intenta en Oblixy Compa'ia donde Csar pretende asimilar el po'G. Ruiz Zapatero, La organizacin del espacio: aldeas, campos y ciudades. Una aproximacin arqueolgica al paisaje, en F.C.Gmez Espelosn-J. Gmez Pantoja, (eds.) Pautaspara una seduccin. Ideas ymaterialespara una nueva asignatura:Cultura C7sjca, Madrid, Ediciones Clsicas, 1991, pp. 63-73, esp. 71-72. 0. Garcia Sanz, jEstn locos estos romanos! Lecturas de Astrix para el aula + otras experiencias y materiales, Madrid, Edicin del autor, 1993. Estudios CILiem 108, 1995.

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blado al sistema econmico del imperio intentando convertir a los galos en artesanos y comerciantes. Los lbumes de Astrix no slo son tiles para el estudio de redia sino que la lengua latina est presente en las sentencias del pirata filsofo. 2. Otros cmics am bien ta dos en el m undo clsico Las aventuras de A l ! , creacin del guionista y dibujante Jacques Martin, son menos conocidas y estn disponibles en lengua francesa. Los dibujos son realistas y con voluntad de reconstruccin. Hasta el momento se han publicado 18 que tienen como protagonista a un joven galo que vive sus aventuras en toda la cuenca del Mediterrneo durante el siglo La. C . Existe una serie francesa que tiene como protagonista a Yugurta. Sigue en buena medida a Salustio en los dos primeros 1bumes (Le fionceau des sables y Le casque celtibenque) pero a partir del tercero el hroe, que no muere en el Tullimum como el verdadero Yugurta, se convierte en un hroe de fantasa heroica recorriendo el mundo sin nada que ver con el rey numida". Para nuestros intereses conviene destacar que en el primer lbum se hace participar a Yugurta en una recreacin del Periplo de Hannon. Sin embargo la ambientacin tiene el inconveniente de ser una arabizacin del ambiente cartagins. En el mbito espaol destaca la serie de El Jabato de Victor Mora y Vicente Darnis publicada a partir de 195812con un hroe ibero que arrostra infinidad de peligros y que, como parece una constante en este tipo de cmics, vive aventuras ms all del mundo mediterrneo. A pesar de su inters nacionalista las avenlo Alixl'intrepide; Le sphynx d'or; L Ylemaudite;La Tiare d'Oriba4 La Griffenoire; Les lgionsperdues; Le dernier Spartiate; Le Tombeau etrusque; Le dieu sauvage; Iorix le Gran4 Le Prince du Ni4 Le fi/s de Spartacus, Le Spectre de Carthage; Les proies du volcan; L'enfint grec; La Tour de Babel; L 'Empereurde Chine; Vercingtorix. El dibujante y guionista de todos ellos es Jacques Martin y estn publicados en Casterman. Los ttulos de estos lbumes evidencian la primaca de un ambiente fantstico: La nuit des scorpions; L Y Z e de la Rsurrection; La guerre des sept collines; Les loups de la steppe; La grande muraille; Le prince rouge; Le grande z2bre sorcieq Makounda; Le feu des souvenirq Lesgladiateurs de Marsiq Legrand ancstre. Han sido creados por Henna~-Vernaly por Franz-Vernal y editados en Editions du Lombard. lZ V. Mora-V. Darnis, El Jabato. Edicin histrica, Barcelona, Ediciones B.S.A., 1991.

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turas del Jabato no tienen una historicidad seria. Su primer 1bum Esclavos en Roma se desarrolla en Roma y aparecen abundantes escenas de juegos en el circo pero bajo un emperador ficticio llamado Sulla, aunque no puede evitarse una identificacin subliminal con Nern. Las aventuras del Jabato en jPersegtzidos! que tienen lugar en una hipottica Cartago, denominada Zaal, tampoco ofrecen un contenido histrico veraz, si bien las ilustraciones ofrecen ejemplos de luchas con elefantes y de tcticas de asedio romanas. Por lo dems la mayora de las aventuras del Jabato y sus compafieros se desarrollan en lugares exticos de Africa o Asia siempre en lucha con tiranos y a favor de los dbiles. Otro lugar donde se encuentran recreaciones del mundo romano es en las primeras pginas de los diversos cmics que las ciudades importantes van realizando sobre su historia. Pondremos los ejemplos de Barcelona y Lyon13, pero sabemos que en otras ciudades tambin existen publicaciones de este tipo. En el cmic de tema griego encontramos ejemplos de calidad aceptable en cuanto a su fidelidad a las fuentes. La batalla de las Termpilas sirve de base a un cmic de la serie Mort Cinder titulado: La batalla delas Tennpila~'~. Tambin dentro de la historia de Grecia destaca el cmic dedicado a Alejandro Magno: Tras las huellas de Alejandro perteneciente a la serie Grandes Hroes de la Historia IS que incluye el periplo de Necao y el de Nearco. La figura de Ulises recibe una peculiar atencin en Lnises, el na vegante perteneciente tambin a la serie GrandesHroes de la Nisofial6. Con una aceptable ambientacin (como por ejemplo el casco de dientes de jabal micnico), posee un curioso final que enlaza la vida del navegante con los periplos de Himilcn y Hannn.

l3 G . Luri-J. Marzal, Barcelona,

la aventura de una ciudad, Ediciones Junior S.A.

1991; A. Pelletier-J. Prost Delas-G. Copier, Il tait une foiLugdunum (H~stoire de

Lyon d a or~ynes a nos jours), Roanne, France, Editions Horuath. l4 A. Breccia-H. Oesterheld, Mort Cinder. La batalla de las Termpilas, Edit. Lumen 1980. l5 C. Marcello-P. Castex-F. Debreczeni, Tras lashuellas deAlejandro, en Grandes hroes de la Histona v.1, Barcelona, Planeta-DeAgostini, 1988, pp. 7698. l6 E. Si-M. Milani, Ulises, el navegante, en Grandes hroes de la Historia v.1, Barcelona, Planeta-DeAgostini, 1988, pp. 53-75.

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Junto a los cmics que hemos expuesto, de los que no obstante pueden extraerse mltiples ideas para su aplicacin en el aula, aparecen otros que aprovechando la posible funcin pedaggica del cmic han nacido con la funcin primordial de servir de material didcticoi7.Dentro de este apartado estaran las experiencias llevadas a cabo por alumnos a los que se les invita a realizar cmics creativos sobre diversos aspectos de la civilizacin clsical8.Asimismo clasificamos dentro de esta categora a los cmics en lengua latina y griega a los que dedicamos sendos apartados a continuacin. Por ltimo dedicamos un apartado a la presentacin del cmic Espartaco, el hombre de Tracia nacido con la doble vocacin de entretenimiento y material pedaggico.
1 . Cmics en lengua latina Incluimos aqu las traducciones de cmics famosos al latn porque su funcin es claramente pedaggica y encaminada al aprendizaje de la lengua latina. As contamos con las traducciones de Astrix realizadas en Alemania y atribuidas a RubricastellanusI9.De la serie de Tintn, creada por Herg*, contamos con la traduccin del lbum De iasula nigra ((Laisla negra)''. Una de las aventuras de Alix (Le fils de Spartacus) ha sido traducida al latn por los profesores Aziza y Dubrocard con el ttulo de Spartacifilius ".
"Tanto estos cmics ambientados en el mundo antiguo como los que estn en lengua latina o griega admiten varias posibilidades en cuanto a su explotacion pedaggica: ir a la caza de anacronismos, estudiar la visin del mundo romano en un cmic determinado, estudiar los personajes histricos o ficticios, utilizar determinadas vietas para la ilustracin de realia... l8 Un ejemplo de ello nos lo ofrece J.L. Hernndez Rojo, Didctica de los mitos en los estudios de Bachillerato, Actas delIICongreso Andaluzde Estudios Clsicos Vol.< Mlaga 1984, pp. 268-272, donde se ofrece un ejemplo de cmic creado por alumnos con relacin al mito de Orfeo. l9 Asterix Gallus, Falx aurea, Asterix apud Gothos, Asterix et Cleopatra... publicadas en Sttutgart por Delta. Los ttulos traducidos han aumentado hasta cubrir casi todo lo publicado en las dems lenguas. Rubricastellanus es el nombre latino de KarlHeinz Graf v. Rottenburg. Hergk, De Tintini et Milulifacinoribus, De nsula nigra, Tournai, Casterman, 1987, in latinum conuertit Caelestis Eichenseer auxiliantibus Gaio et Diana Licoppe Bmeliensibus et Monica Haise Stutgardiensi. Z1 J. Martin, SpartacifiIius,Tournai, Casterman, 1983. Traduccin latina de Claude Aziza et Michael Dubrocard del cmic Le fils de Spartacus,Tournai,Casterman, 1975.
&tudios

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Algunas de las aventuras de los personajes de Walt Disney han sido traducidas en lbumes separadosz2.La editorial Eli es igualmente responsable de las revistas de ensefianza del latn Adulescens y luvenis en las que se han traducido al latn una larga serie de personajes del cmic o de la tira como SnoopyZ3, Olaf, Garfield ... Entre los trabajos de Magda van Tilburg que pertenecen al mbito latino se cuentan una adaptacin, con texto latino propio de la autora, sobre la historia de Rmulo y Remo, una ilustracin de la historia de Dido y Eneas siguiendo el texto del libro IV de La Eneida de Virgilio, la historia de Faetn siguiendo el texto de Las metamorfosis de Ovidio y una adaptacin del Curculio de PlautoZ4. En la utilizacin de textos latinos ntegros o mnimamente adaptados destaca el cmic de Rubricastellanus y Faber titulado Bellum N e l u e t i c ~ m que ~ ~toma como fuente el primer libro de La guerra de las Gdias de Julio Csar. Los cmics en lengua latina no dejan de ir contra la regla del cmic como lectura de masas, por cuanto no existen lectores potenciales de este tipo de publicaciones. Otro inconveniente es que a veces resultan ms dificiles que algunos textos clsicos. Pero el principal inconveniente, desde nuestro punto de vista, es el tipo de latn utilizado. Por todo ello estamos ms de acuerdo con los cmics que siguen un texto clsico con mnimas adaptaciones que los cmics que presentan la traduccin de un cmic moderno. 2. El cmic en lengua gnega Aunque en menor abundancia que el cmic en lengua latina, la lengua griega antigua ha sido utilizada tambin de modo diU n ejemplo lo constituye Donaldus Anas atque nox Sarraceni Recanati, Eli, 1983. Latine vertit Iosephus M. Mir. Contamos tambin con el comic titulado Michael M u d u s et Lapis Sapientiae, traducido por Lamberto Pigini tambin para Eli. Snoopy cuenta con un lbum independiente C.M. Schulz, InsuperabileSnupius, Recanati, Eli, 1984. Latine vertit Guido Angelino et Iosephus M. Mir. 24 Estas obras estn recogidas en una coleccin llamada por la autora CLassica S~gna. n02 Romulus kt Remus (1986), no 6 Phaeton, no 8 Curculio, no 9 Dido et Aeneas(1980). Editorial: Uitgeverij Panholzer- Hugo de Grootkade 1-1052 LN Amster&m. Scriptores antiqui romani imaginibus ornati Caesaris Comentarii BeffiGaflici B e h Helveticum, composuit: Rubricastellanus, pinxit Faber, Dorsten, Spectra 1989 (5).

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dctico. En el caso del cmic en griego predominan las adaptaciones de textos originales, aunque tambin contamos con traduciones de cmics modernos. Entre las adaptaciones de textos originales destacan los cmics en lengua griega de Magda van Tilburg: ' 0 6 o o ~ ~ a - Tmp'L d Kip~qs" , AXK~~TL "Apqs S, ~ a 'A@poGi~q, @wphsr r a v ~ o n p o u ~ ~ . En nuestro pas contamos con las adaptaciones en cmic de diversos dilogos platnicos: Ckitn, Fedn 27, Protgoras y Apologia2'. Un caso especial lo suponen las adaptaciones de Luciano a cargo de C . Herrero que se clasifican mejor en la categora de textos con ilustraci~nes~~. Un ejemplo de traduccin al griego antiguo de un cmic moderno lo tenemos en el lbum L'enfmtgrec perteneciente a la serie de Alix que ha sido traducido a la lengua griega por un grupo de alumnos de un instituto francs3'. Tambin merece destacarse la versin en cmic de las tres primeras secciones del mtodo Readhg Greek 3'.

3. El cmic Espartaco, el hombre de Tracia El cmic Espartaco, el hombre de Tracia tiene el doble objetivo de entretener y al mismo tiempo divulgar una versin de la historia de Espartaco ms cercana a las fuentes puesto que la historia de Espartaco no ha sido tratada de un modo serio. Se ha partido la mayor parte de las veces de interpretaciones polticas (marxistas), de tendenciosas novelas de masas o de adaptaciones cinematogrficas.

Estas obras estn recogidas en una coleccin llamada por la autora ClassicaS~gna. n O 3 'OGaacca-TQ r c p i K i p ~ q l r (con texto de Homero), no 4 "AAK~oTLs(con texto de Eurpides), no 5 "Apqg ~ a 'Aq5poGirq i (con texto de Homero), no 7 ITEpi q5wpdlr n-avron-pou (con texto de Herdoto). Editorial: Uitgeverij Panholzer- Hugo de Grootkade 1-1052 LN Amsterdam. 27 E. Navarro Galn-E. Manzanares Sabater, Platn. Critn y Fedn, Barcelona, PPU, 1987. E. Navarro Galn-E. Manzanares Sabater, Platn. Protgorasy Apologa, Barcelona, PPU, 1988. C. Herrero, Luciano. Kaje a J.. luna, Madrid, Edit. Coloquio, 1985.; Luciano. La guerra de los astros, Madrid, Edit. Coloquio, 1986. 30 J. Martin, 'O 'ABqvaTos TULS. Traduction de L'Enfintgrecpar uneclassede troisihe ano&, Tournai, Castermaq 1988. 31 TIPOS -ras 'AB~jvas, Barcelona , PPU, 1986.

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La intencin del cmic es reconstruir con el mayor rigor posible el ambiente poltico-social del siglo 1 a.c. Para ello los autores han consultado las fuentes directas de los escritores grecorromanos procurando evitar en lo posible tpicos y anacronismos que eran frecuentes en los anteriores acercamientos a las historias de romanos)). Espartaco, dhombre de Tracia es una ficcin posible)), acorde con los hechos narrados por Plutarco y Apiano, optando por las posibilidades ms lgicas o atractivas para esta historia e incluyendo ancdotas contenidas en las fuentes clsicas que le otorgan mayor verosimilitud. El cmic se cierra con un apartado de orientaciones y sugerencias didcticas que contribuyen a enriquecer la visin histrica del momento. Las ilustraciones del foro, del senado romano, y las mltiples vifietas dedicadas a asedios y batallas pueden utilizarse como ilustracin de aspectos de realia. Esperamos que esta revisin del cmic de tema clsico sirva para el desarrollo de otros estudios al respecto y para divulgar este aspecto de la recepcin de la cultura clsica a travs de un medio del siglo XX, constatando la perennidad de nuestros estudios y la continua reelaboracin del mundo clsico a travs de los tiempos.

1. Cmicsy revistas
ADULESCENS()nrgTadus) Comentanolumnubeculatuslatnesc&tus(l983-). Distribuida en Espaa por Peridicos Claret. A. Breccia - H. Oesterheld, Mort Cinder. La batda de las Tempdas, Edit. Lumen 1980. Donaldus Anas atque nox Sarracem; Recana 0; Efi 1983. Latle veritlosephusM Mir. R. Gosciny - A. Uderzo, Astrix GaiJus, Fdxaurea, Astniapud Gofhos, Astni et Cleopatra, Certameop~incp m . . . (las traducciones en latn cubren ya casi toda la serie francesa), Stuttgart, Delta. C. Herrero, Luciano. Viaje a la luna, Madrid, Edit. Coloquio, 1985; Luciano. La guerra delosastros, Madrid, Edit. Coloquio 1986. Hergh, De TintlietMiluifacinoribus,Delsula n i @ % Toumai, Castennan, 1987, in latinum conuertit CaelestisEichenseer auxiliantibus Gao et Diana Licopjx BruxeiJensibus et Monica Haise Stutgardiensi

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FERNANDO LILLO REDONET

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2. Estudios
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UNA REVISIN DEL CMIC DE TEMA CLASICO

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FERNANDO LILLO REDONET Universidadde Salamanca

EFtudim Clsicos 108, 1995.

EL ANUNCIADO CORCURSO DE TRASLADO En el B.O.E. de 3 de Noviembre pasado aparece una O.M. que convoca concursos de traslados de funcionarios docentes de los cuerpos de profesores de enseanza secundaria. En el art. 3.2 se mencionan, entre otras, las especialidades de griego y latn. En el 6 se convocan plazas de Cultura Clsica. Copiamos literalmente: Tienen esta denominacin aquellas plazas a cuyos titulares se les confiere, al amparo de lo dispuesto en la disposicin adicional dcima del Real Decreto 16351199, de 6 de Octubre, la atribucin docente correspondiente a las especialidades de latn y griego. Estas plazas aparecern conv&ientemente diferenciadas en la dantilla del centro v ~ o d r n ser solicitadas indistintamente por los Profesores de Enseanzas Secundarias titulares de alguna de las dos especialidades citadas. El profesor que acceda a ellas viene obligado a impartir tanto las materias atribuidas a la especialidad de griego como a la de latn. Consideramos esta decisin sumamente peligrosa por razones aducidas en nuestro escrito al Secretario de Estado (vase Actividades de la SEEC) y por otras ms. Contraviene abiertamente, por otra parte, el Decreto de Especialidades de 19 de Noviembre de 1991. Estbamos dispuestos a entabler recurso. Pero el Ministerio ha tomado la rec caucin ~ublicarotro Decreto de igual rango, el citado arriba, con una disposicin adicional dcima ms bien criptica y situada en un contexto en que no se esperara nada de este tipo: en realidad, hasta salir la O.M. nadie pudo sospechar su intencin. Hemos pedido entrevistas sobre el tema y sobre la situacin en general tanto al Secretario de Estado como al propio Ministro, al que tambin transmitimos nuestra inquietud.

..

& DE CAMBRIDGE. EL CURSO DE LA T EL FUTURO DE LA ASIGNATURA.


Durante el curso 89/90 tuvimos noticias de la publicacin en castellano del Proyecto de Clsicas de Cambridge. En ese momento de finales de los ochenta, gracias al proyecto editorial de la Universidad de Sevilla', fuimos muchos los profesores andaluces de EE.MM. los que abandonamos el incomodo y caro sistema de un libro de texto oficial e infrautilizado acompaado de un aluvin de fotocopias, textos, apuntes y lecturas complementarias

' W.AA., Cmo de Latn de Cambridge, Sevilla 1989.

que, adems de ralentizar el desarrollo de la programacin, suele llevar a los alumnos a una tremenda confusin. El xito de la edicin castellana fue tal que la obra se reimprime y se reedita continuamente y las diferentes unidades que componen el mtodo se han convertido en autnticos best-sellers hasta el punto de ser, segn nuestras noticias, uno de los ttulos econmicamente rentables para el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. A raz de su aparicin en el mercado surgieron fanticos defensores junto a acrrimos detractores. A los primeros los guiaba la ilusin de haber encontrado, por fin, un mtodo que se ajustaba en gran medida a lo que haban hecho, o habian pretendido hacer, durante varios aos a base de resumir el Lhgua L a h a de Oerberg, de seleccionar textos del Reading Latin, de utilizar diversos mtodos activos que circulaban fotocopiados de mano en mano, de picotear en un libro de texto oficial que no convenza casi nada, de la invencin de ejercicios y actividades, de la incansable bsqueda de lecturas amenas y claras sobre los diversos aspectos de la civilizacin clsica o de la elaboracin de temas de gramtica que complementaran las explicaciones de clase. En definitiva, hasta entonces habian tratado de constmir un mosaico con tessellae que no siempre encajaban y que muchas veces proporcionaban un totum reuolutum indigerible para los alumnos. Ahora, en cambio, en los anaqueles de cualquier librera se encontraba, asequible, un mosaico muy parecido al que durante aos habian soado. Al menos eso era lo que pensaban entonces. Pero tambin hubo otros muchos colegas que abominaron de este mtodo casi antes de verlo. El argumento que esgriman, y que siguen esgrimiendo, era el mismo por el que rechazaban cualquier mtodo que no supusiera la memorizacin de paradigmas y la traduccin de textos en los que, al principio, unas muchachas daban flores a unos marineros y, ms tarde, esa amabilidad femenina desapareca para dejar paso, magms ifinenbus, a unas legiones que no paraban de guerrear. Eran los defensores de un modelo de enseanza cuyos vestigios encontramos cuando alguien, al enterarse de que somos profesores de Latn, nos recita de memoria el indicativo completo del verbo sum como demostracin de todo el Latn que saben y, a continuacin, nos dice que no sabe para qu sirve el Latn (ese Latin) con lo feo que es y que ya no lo utilizan ni los curas. Despus de haberse utilizado durante varios cursos el mtodo de Cambridge, despus de que hayan salido de los institutos alumnos que slo han conocido la asignatura a travs de esos simpticos libros de colores, creo que se puede empezar a valorar she ira et studio lo que de bueno tiene este mtodo, a la vez que tambin hay que destacar las deficiencias que, sin duda, encontramos. No debemos olvidar que el debate profesional es el primer paso para colocar cada cosa en su justo lugar. Los resultados de dicho debate traern como resultado una mejor imagen ante los alumnos y, de ah, ante la sociedad. Parte de las criticas y de las restricciones horarias que sufren nuestras asignaturas vienen causadas, lamentablemente, por un problema histrico de imagen.

Lo primero que uno puede observar cuando tiene en sus manos alguno de los volumenes que componen la obra es la pobreza de la edicin: escassimas fotografas, psima calidad de las mismas, ridas ilustraciones, ausencia total de color... Y eso que el precio no se puede considerar barato. La primera impresion que se obtiene de l no puede ser ms desalentadora, y si se compara en esos mismos trminos con otros libros de texto lo tiene todo en contra. Sin duda, el problema ms grave que plantea este mtodo y la crtica que recibe con ms frecuencia es su falta de adecuacin a las pruebas de Selectividad. Esta afirmacin, sin dejar de ser cierta, debe ser matizada. En primer lugar, de la totalidad de alumnos que recibimos en el actual 2 ' de BUP solo van a hacer Latn en Selectividad, en el mejor de los casos, una cuarta parte. En segundo lugar, el Bachillerato debe tener un fin en si mismo, es decir, no podemos tomarlo exclusivamente como un paso previo a los estudios universitarios, sino que debe proporcionar a los estudiantes un bagaje cultural lo ms amplio posible w n independencia de las orientaciones profesionales individuales En consecuencia, no tiene mucho sentido programar una asignatura hacia una meta a la cual sabemos de antemano que no se encaminan la mayona de los alumnos. No obstante lo anterior, algunos alumnos s van a hacer Latn en Selectividad. El mtodo de Cambridge presenta en su Unidad IV-A y en su Unidad IV-B (las que wrresponden al tercer ao del mtodo) textos de autores clsiw s y postclsicos: Ovidio, Marcial, Virgilio, Tacito,... Aunque esos textos estn, en algunos casos, ligeramente adaptados, los alumnos ya han adquirido suficientes conocimientos de sintaxis y de morfologa como para enfrentarse a textos complementarios que el profesor les pueda facilitar dirigidos expresamente a la prueba de Selectividad. No es este el lugar para pedir que entre las opciones de Latn que se ofrecen en Selectividad una de ellas se pudiera ajustar al mtodo en cuestin cuando el nmero de centros que lo utilizaran fuera significativo. S es completamente necesario instruir a los estudiantes de COU que han seguido las unidades 1-IIIB en el uso del diccionario. En los aos anteriores han utilizado las listas de palabras que van apareciendo en cada leccin o las que aparecen al final de cada libro y que recogen todos los vocablos aparecidos a lo largo del libro. Ahora se van a encontrar con palabras que son nuevas para ellos o que se utilizan con un significado diferente al que ya conocen y con un diccionario que les presenta el vocabulario de una forma muy diferente a la que hasta el momento han visto. Otro inconveniente aparente es la escasez de contenidos gramaticales en las unidades 1, 11-A y 11-B que son las que se imparten habitualmente en el primer ao. Efectivamente, no es tan ambicioso como otros mtodos que pretenden abarcar en el primer curso de Latn toda la morfologa y toda la sintaxis y que consiguen, finalmente, el rechazo y la huida de los alumnos. En nuestra opinin, los contenidos morfosintctiws son los justos. Slo echamos en falta la referencia expresa al ablativo puesto que aparece desde la primera leccin y, por lo tanto, no es extrao para los alumnos. El geniti-

vo se debera haber adelantado al comienzo de la unidad II-A, ya que empieza a salir excesivamente tarde y no hay tiempo para que los alumnos maduren y asimilen suficientemente este caso. Tampoco estara de ms mayor insistencia en ejercicios de contenido gramatical, sobre todo porque los alumnos que hacen el segundo ao del mtodo encuentran que los textos se complican rpida y notoriamente y les cuesta trabajo seguir el ritmo y asimilar los nuevos contenidos sintcticos. En estas unidades, como en el resto, la gramtica est al servicio de la intencin global del mtodo y no se debe forzar ya que se corre el serio peligro de, queriendo completarla, dinamitarla. Hay que evitar explicar mas all de lo que aparece ejemplificado en los textos: no da ningn resultado y va contra el aprendizaje constructivo en que se basa el mtodo de Carnbridge. Los comentarios que se hacen en el propio mtodo sobre el tratamiento que hay que dar a los contenidos gramaticales son muy oportunos y deben seguirse con atencin2. No debemos olvidar que la intencin primera de este mtodo de Latn es la de integrar lengua y civilizacin, la lengua no es un fii en s misma. Es un mtodo para leer Latn. Evidentemente, tras la critica a los aspectos lingstiws del mtodo se encuentra la cuestin de qu Latn queremos ensear y para qu lo queremos ensear. Ah estriba toda la discusin. Las lecturas de civilizacin que hacen referencia a diversos aspectos de la Britania romana ~ u e d e nser fcilmente sustituidas Dor otras lecturas semejantes referentes a la romanizacin de Hispania, tema este muy de moda entre los profesores de Clsicas de EE.MM. y que es uno de los contenidos fundamentales de la asignatura Latin 1 de la LOGSE. Dichas lecturas dan pie a la elaboracin de trabajos individuales o por grupos que sirvan para profundizar y concretar aspectos relativos a la vida cotidiana, a la vida pblica, a la arqueologa, a las creencias religiosas, a la historia de nuestras ciudades y pueblos,... Esos trabajos se pueden ver culminados con visitas a yacimientos, museos o ciudades histricas. Las actividades extraescolares suelen tener un alto rendimiento didctico si se preparan ligeramente en el aula. Obviamente el trabajo interdisciplinar es en este punto muy fcil y los wmpaeros del seminario de Geografia e Historia suelen prestarse a ello. A pesar de que todo lo anterior puede dar la imagen de un mtodo incompleto y continuamente necesitado de ampliacin por parte del profesor, lo cierto es que tiene algo que hace que el saldo de inconvenientes y ventajas sea positivo, muy positivo: los alumnos se divierten leyendo Latn. La mayor sorpresa del curso se la lleva uno cuando les pregunta qu es lo que ms les ha gustado y contestan que las lecturas en Latn. Y es que los textos presentan situaciones que son muy verosmiles, y no slo verosmiles, sino que, al ser los personajes muy familiares, los alumnos se integran perfectamente en todo lo aue acontece. Esta familiaridad trae como consecuencia la motivacin de los estudiantes y su inters tanto por la gramtica como por el vocabulario y la civilizacin. La motivacin y el inters traen consigo de manera inseparable el xito y este. a su vez alimenta la motivacin.
W . A A . , Manual de P&oc

Sevilla 1990, p. 26.

Ectudios CMkm 108. 1995.

El mtodo, pues, debe ser analizado en su conjunto antes de emitir una critica. Es muy fcil despreciarlo al ver slo la primera unidad o, simplemente, algunas lecciones aisladas. Y que nadie se olvide al analizarlo de que es un mtodo para iniciarse en el estudio del Latn, no para conseguir eminentes fillogos. Eso puede venir despus. Ahora que corren malos tiempos (y en el futuro sern peores) para nuestras materias el Curso de La& de Cambndge viene a presentarles a los alumnos la asignatura de Latn de una manera muy diferente a la que ellos esperan y que no se corresponde en absoluto con la triste y rida imagen que la sociedad tiene de una materia que debera ser capital en los planes de estudio actuales y venideros. Esperemos que cuando gobiernen las actuales generaciones de jvenes que estn viendo el Mundo Clsiw a travs de este mtodo ya no tengan la tentacin de ahorrarles a los futuros bachilleres la pesadilla de un aburrido, dificil e intil Latn. ALVARO CABEZA ANDR~S LB. oPa blo Nerudm, Huelva. LOS ESTUDIOS CL'ASICOS EN CRDOBA (Argentina) - 1995 Esta resea tiene como objetivo presentar un panorama global de los Estudios Clsicos en la ciudad de Crdoba en el aue incluimos tanto la enseanza media o secundaria como la terciaria y universitaria. Cabe destacar que la Universidad Nacional de Crdoba mantiene una larga tradicin clsica desde el Colegio Nacional de Monserrat, que forma parte de esta institucin, hasta el nivel universitario, donde se puede cursar la nica carrera de Letras Clsicas del pas, y la Escuela Superior de Lenguas, donde el Griego y el Latn continan siendo un soporte fundamental en el estudio de las lenguas modernas. Actualmente existen en Crdoba varios establecimientos educacionales donde se dicta Latn y Griego con diferentes grados de exigencia y profundizacin.
DE NIVEL SECUNDARIO: ENSEANZA

Asociacin Pro-Cultura Femenina coJess Marikw Una de las orientaciones que ofrece este instituto de enseanza primaria y secundaria es el Bachillerato Humanista, con siete anos de estudio de Lengua y Cultura Latinas y Griegas. Est dividido en dos niveles: en el primero, los cuatro aos iniciales, se profundizan la morfologa y la sintaxis de las lenguas, y en el segundo nivel, 5 a 7 aos, se otorga especial inters a la cultura en general y a la literatura y su proyeccin en las otras literaturas universales.

Coiegio Mixto Biihge o M a r k Twainu


Es un Bachillerato en Letras y Ciencias con orientacin al Bachillerato Internacional. El plan de estudios de esta institucin de enseanza incluye tres aos de Latn.

Colegio d e n X I I h
Este colegio mantiene otro muy importante Bachillerato Humanista con siete aos de estudio de Lengua y Cultura Latinas y Griegas.

Colegio ((El Torrenw


Es un Bachillerato con orientacin docente y ofrece a sus alumnos tres aos de Latn con tres horas semanales de ensenanza de lengua.

Colegio Nacional de ~(Monserra t~


Es la institucin de ensenanza primaria y secundaria con orientacin humanista dependiente de la Universidad Nacional de Crdoba. Su plan de estudios comprende cinco aos de Latn y tres de Griego en los cursos superiores. Interesa destacar que este colegio ha cumplido trescientos aos de vida educativa y significa para el medio cordobs un importante centro de cultura y un paradigma de educacin clsica.
EN ESTABLECIMIENTOS DE NIVEL TERCIARIO: ENSE~ANZA

Estos institutos forman docentes especializados en la enseanza secundaria y terciaria.

Instituto Catlico del Profesorado


Ofrece cuatro aos de Latn y Literatura Latina y Griego y Literatura Griega.

Instituto de Enseanza Superior Snn Bolivar~


Se ensean cuatro aos de Latn y dos de Griego en el Profesorado de Castellano, Literatura y Latn.

Escuela Superior de Lenguas


Esta unidad acadmica, dependiente del Rectorado de la Universidad Nacional de Crdoba, est dividida en las siguientes secciones: Castellano, Ingls, Francs, Italiano y Alemn.

Para la Seccin Castellano el plan prev tres aos de Latn y dos de Griego -Lengua y Literatura-, y para las secciones de Francs e Italiano se dictan dos cursos de Latn.

Escuela de Letras de la Facultad de Fdosofia y Humanidades Carrera de Letras Clsicas


Como ya hemos comentado, ste es el nico organismo del pas que otorga ttulos de Profesor y Licenciado en Letras Clsicas pues en las otras universidades la especialidad forma parte de la Carrera de Letras. El plan consta de cinco aos de estudios especializados en las dos lenguas clsicas -Latn y Griego- en todos sus aspectos: literario, filolgico, histrico, semitico, lingstiw, filosfico, artstico. Las carreras de Filosofa, Historia y Letras Modernas contemplan tambin el estudio de Latin y10 Gnego segn la orientacin del estudiante. En la provincia de Crdoba, adems, existen centros distribuidos en distintas ciudades (Ro IV, San Francisco, Be11 Ville, Villa Mana y otras) donde se mantiene en algunas carreras la ensenanza de Latn y10 Griego con diferentes niveles de profimdizacin. La Universidad Nacional de Ro IV, por ejemplo, ofrece en la Carrera de Letras Modernas dos cursos semestrales de Literatura Clsica Latina y Griega. Es importante destacar que, a pesar de las modificaciones temporales de planes de estudio a nivel provincial y nacional, esta provincia mediterrnea, y sobre todo la ciudad, mantiene vigente el inters por los estudios clsicos wmo disciplinas de formacin esencial. Colaboracin de: Lic. Estela Astrada de Lascano, Julieta Consigli de Zamora y Mana Amelia Hernndez, Profesoras de la Carrera de Letras Clsicas de la Escuela de Letras - Facultad de Filosofia y Humanidades (Universidad Nacional de Crdoba - Argentina). PRIMERAS JORNADAS D E DIDACTICA D E LAS LENGUAS CLASICAS PARA PROFESORES D E ENSEANZA MEDIA D E ANDALUCIA Durante el pasado mes de septiembre, los das del 12 al 14, organizadas por el Institudo Andaluz de Evaluacin Educativa y Formacin del Profesorado de la Consejena de Educacin de la Junta de Andaluca, se desarrollaron en Molina (Antequera) las Primeras Jornadas de Didctica de las Lenguas Clsicas para profesores de Latn y Griego ?e Enseanza Media de la comunidad autnoma andaluza. A las mismas asistieron treinta y tantos profesores, que se organizaron en tres grupos de trabajo. El programa de las Jornadas comprenda las siguientes sesiones: una ponencia didctica de apertura, Anlisis de mtodos para la enseanza de las Lenguas Clsicas, en la que Manuel Camacho Ruiz desarroll la parte correspondiente al Gnego y Jos Hemndez Vizuete la correspondiente al Latin; una ponencia cientfica de

clausura, Tradicin e innovacin en el helenismo: su uso en la medicina por Galeno, a cargo de Luis Garca Ballester; y seis unidades didcticas de Cultura Clsica, Sriego y Latn, elaboradas y presentadas por otros tantos equipos de profesores de Enseanza Media participantes en los dos cursos de actualizacin cientfico-didctica celebrados en Grananda en 1992 y en Baeza en 1993. Las seis unidades didcticas impartidas fueron las siguientes: 1" La ciudad griega: el modelo de la Atenas clsica, a cargo de Amalia Rodnguez Pareja. 2" Los espectculos, a cargo de Ma Jess Carrin, Carmen Contreras, Ana Isabel Domnguez Calvo, Jos Hernndez Vizuete y Teresa Vilar Vilar. 3" La leyenda de Ddalo e caro, a cargo de Antonio de los Aires, Cristina Brioso, Antonio Domnguez Calvo, Jos Hernndez Vizuete y Teresa Vila Vilar. 4" Por los caminos de Europa, a cargo de Carmen Belrnonte, Antonio Guerrero y Cristina Meana. 5" Origen y evolucin de la escritura, a cargo de Javier Michi, Juan Toral, Victoria Femndez Vega, Pilar Barrera Salas y Rafael Montnchez Jimnez. 6" El foro romano.' El dativo, a cargo de Manuel de Paz, lvaro Cabeza y Juan Ruiz Acevedo. Tanto las ponencias wmo las unidades didcticas haban sido impresas previamente y distribuidas a los asistentes a las Jornadas en la publicacin titulada Actas de las Primeras Jornadas de Didctica de las Lenguas Clsicas, que puede resultar de gran utilidad para todo el profesorado de Clsicas de la Comunidad Autnoma Andaluza y de todo el Estado Espaol. El resultado de estas Jornadas, tanto por su desarrollo como a tenor de la evaluacin que de ellas hicieron sus participantes se puede catalogar de muy positivo y hay que felicitar al Instituto Andaluz de Evaluacin Educativa y Formacin del Profesorado, hoy convertido en la Direccin General de Promocin Educativa y Formacin del Profesorado de la Junta de Andaluca, por la programacin de este tipo de actividades e instarle a que prosiga en esa misma lnea de dar prioridad a la actualizacin de su profesorado, as como hay que agradecerle esa especial sensibilidad que viene demostrando hacia materias que pasan por un momento especialmente critico como las nuestras.

Jos GONZALEZ VAZQUEZ Director de las Jornadas


REVISTA CATEDRA NOVA Recibimos el nmero 1 de Catedra Nova. Revista de Bachdlerato (Junio de 1955). Contiene una copiosa serie de artculos sobre diversos temas de enseanza media. El lamento sobre su rebajamiento de niveles, disminucin de
Estudios Cfsicm108. 1995.

cursos del Bachillerato y la eliminacin de la figura del catedrtico es frer cuente a lo largo de sus pginas. Es curioso leer afirmaciones del Sr. Prez Rubalcaba citadas en p. 21, como el Ministerio no quiere esta medida, le viene impuesta desde arriba. No tenemos derecho a retroceder en la Historia~, dice otra articulista (Antonia Durn, p. 89). Estas y mil cosas ms dicen profesores de diversas materias, no de clsicas. Por otra parte, la revista da buena infamacin sobre cuestiones legislativas y didcticas. Y hace ver que hay un ambiente general de descontento entre el profesorado de Enseanzas Medias. Lo que, quiz, lleve en algn momento a rectificaciones bien necesarias. NOVEDAD: EL COFRE DE A R Q U E ~ L O G O En el I X Congreso Espaol de Estudios Clsicos se present un nuevo instrumento didctico llamado el Cofre de Arquelogo. f i n qu &miste? Una caja de madera con forma de cofre contiene una vasija griega -1equit0, o enochoe o nfora segn el modele rota en varios fragmentos. Se pretede que el estudiante la encuentre -salvando las distancias, obviamente- en la misma situacin en que podra encontrarla un arquelogo al realizar sus excavaciones. Un bote lleno de pegamento permitir al estudiante realizar la reconstruccin de la vasija procediendo como es natural de abajo a arriba. Una vez reconstruida se procede a pintarla siguiendo las instrucciones correspondientes. El cofre contiene pinceles y pintura. Qu finalidad tiene? Con ello se pretende que el alumno tome contacto con la cermica griega. Que paso a paso vaya comprendiendo las diversas formas de los vasos en relacin con sus diversas funciones. Que sea consciente de que cada vasija es un documento, testimonio de una faceta cualquiera de la vida de los antiguos griegos. Todas las vasijas corresponden a piezas originales que se exhiben en diversos museos de Grecia. Se trata de un trabajo personal, creativo, activo, novedoso, totalmente en la lnea metodolgica propugnada por el nuevo sistema educativo. Se adapta perfectamente a los niveles de los alumnos de ESO, especialmente a aquellos que opten por Cultura Clsica. Puede ser de utilidad tambin para los alumnos de Bachillerato Humanstico como actividad de apoyo a diversos contenidos que vienen expresamente reflejados en los desarrollos editados por el MEC. El articulo est concebido y patentado en Grecia. Adquirirlo en Espaa es sencillo, si bien los pedidos se sirven mes a mes, al objeto de reducir al mximo el coste de los portes. El producto se presenta en tres formatos: cofre pequeo (20 x 15 x 12), Vasija 14 cm. de alto, precio 2.500 ptas + IVA; cofre mediano (25 x 15 x 13), vasija 18 cm.de alto, precio 3.500 ptas + IVA; cofre grande (30 x 20 x 14), Vasija 24 cm de alto, precio 3.500 ptas + IVA.

Quienes estn interesados bien en ms informacin, bien en la adquisicin de cualquiera de los modelos debe dirigirse a: Espoceramic C.O., CI Julia Garca Boutan, 12, 4" B, 28022 Madrid. Jos LUISNAVARRO

&tudios

Clsicos 108, 1995.

ACTIVIDADES CIENT~FICAS

Durante los das 16 al 18 del pasado mes de enero, y en la Sala de Grados de la Seccin de Geografa e Historia de la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Alicante, se celebraron las Primeras Jornadas de Micenologa de la Universidad de Alicante. Fueron organizadas por el Area de Filologa Griega de dicha Univesidad, bajo el patrocinio del Rectorado e ICE de la misma y en el marw del Convenio Cultural CAM-Universidad. Participaron en las mismas un grupo de especialistas espaoles, awmpaados por los Profs. John T. Killen (Jesus College, Oxford) y Jean-Pierre Olivier (Centre National de la Recherche Scientifique Belge), que en sus intervenciones, seguidas todas ellas de wloquio, trataron diferentes aspectos relacionados w n los estudios micniws. Tras la bienvenida a los participantes e inauguracin de las Jornadas a cargo del Rector se abrieron las sesiones. La primera, se dedic a aspectos generales y epigrafa: F.R. Adrados (Universidad Complutense de Madrid), El Diccionario Micnico en el wntexto de la micenologa espaola y mundial; J.-P. Olivier, Un manual de Epigrafa Mino-Minoica: ~Quis.Qwd. Ubi Quibus auxils. Cur. Quomodo. Quando? D. Ya en la tarde, J.L. Melena (Universidad del Pas Vasco) hab! de La reconstruccin de las tablillas de Pilon y quien esto escribe, de El Indice Directo del Lineal B. En la segunda jornada se trataron cuestiones de lxiw: M. Ruiprez (Universidad Complutense de Madrid), Eipqvq a la luz del micniw y J.L. Garca-Ramn (Universidad Autnoma de Madrid), ((Continuidad indoeuropea y renovacin formal en el lxico y antroponimia micnicos~.En la sesin de la tarde se ofrecieron sendas visiones de conjunto sobre La morfologa nominal micknicm, a cargo de J.J. Moralejo (Universidad de Santiago de Compostela) y La sintaxis en el dialecto griego micnico, de E. Crespo (Universidad Autnoma de Madrid). Finalmente, en la maana del da 18, C. Varias (Universidad Autnoma de Barcelona) habl sobre La lengua y poblacin de Micenas reflejadas en las inscripciones en lineal B; A. Bernab (Universidad Complutense de Madrid) examin el Vocabulario micnico sobre artesana de la piel y J.T. Killen trat del sistema tributario en Mycenaean taxation: some problems reexamine*. Finalizados los trabajos de estas Primeras Jornadas, que nacen con la voluntad de celebrarse con periodicidad cuatrienal, fueron clausuradas por $ 1 prof. J.L. Melena, Secretario del Comit International Permanent des Etudes Mycniennes y se gir una visita al yacimiento arqueolgico de Alcudia de Elche.

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ACTMDADES CIENTFICAS

EL IV SYMPOSIUM PLA TONICUM Se celebr en Granada en los das 4 al 9 de septiembre, organizado por la International Plato Society y, dentro de ella, ,por su Presidente D. Toms Calvo, que cont con la colaboracin de D. Alvaro Vallejo. El tema fue el estudio del Tneo platnico. Asistieron muchos de los ms conocidos representantes de los estudios platnicos: las ponencias, comunicaciones y amplios debates fueron verdaderamente ilustrativos. El excelente marco, el Palacio de Congresos de Granada, y la organizacin en su conjunto facilitaron que el Congreso marcara un hito dentro de los que realiza la mencionada Sociedad. El Congreso se inaugur w n una conferencia del profesor Reale sobre La dottrina dell' origine del mondo di Platone e 1' idea cristiana della creazione. Las ponencias, aparte de la ma sobre Coherencia e incoherencia en la forma y contenido del Tneo, fueron encargadas a los profesores D.T. Runia (sobre el proemio del Timeo), E. Berth (el mito), M. Baltes (sobre gevgonen en el dilogo), E.N. Ostenfeld (las Formas), J.M. Narbonne (la inalterabilidad del receptculo platnico), S.K. Strange (Matemtica y Metafisica) y D. Sedley (los movimientos del alma). Fueron valiosas muchas comunicaciones, distribuidas en vanas secciones. Dominaban los anglosajones, pero hubo una buena representacin alemana, italiana y francesa, tambin espaola y de Hispanoamrica. Slo es de desear la pronta publicacin de las Actas. Lamentablemente, parece que slo se har una publicacin parcial.

CURSO D E ((LENGUA Y C I V I L I Z A C I ~ NGRIEGA MODERNA En Drama (Grecia), de los 18 al 29 de septiembre de 1995, tuvo lugar el curso de formacin titulado Lengua y Civilizacin Griega Moderna, organizado por el profesor Moschos Morfakidis de la Universidad de Granada y por la Universidad Aristteles de Tesalnica. Celebrado en horario de maana, wnstaba de dos partes claramente diferenciadas: Curso de Lengua Griega Moderna y Conferencias sobre Historia de la Lengua, Literatura, Cultura y Didctica. Participaron un total de 30 alumnos, la gran mayona profesores de EE.MM. de Lenguas Clsicas, aunque tambin se encontraban estudiantes de los ltimos aos de la Licenciatura. Los alumnos fueron distribuidos en tres grupos o niveles distintos: Nivel Inicial (A), para los que no tenan conocimientos previos de la lengua griega moderna; Nivel Medio (B), para los ya iniciados en su estudio; Nivel Superior (C).

Los grupos eran reducidos siendo el mximo de alumnos de diez. La segunda parte de la maana estaba dedicada a conferencias sobre temas de Historia de la Lengua y Civilizacin Griega Moderna. La profesora Isabel Garca Glvez de la Universidad de La Laguna imparti tres conferencias sobre Historia de la Lengua. En ellas traz las lneas fundamentales de la evolucin de la lengua griega moderna, centrndose fundamentalmente en las cuestiones fonticas y en el problema existente en la dicotoma entre la lengua clasicista y la popular. A cargo de la misma ponente corri una cuarta conferencia en la que analiz la literatura griega moderna, prestando especial atencin a las canciones populares y al romancero, herederos todos de la literatura clsica oral. El viernes 22 se recibi la visita del presidente de la comunidad hispanohebrea de Tesalnica, acompaado del profesor e historiador D. Alberto Nar. Tras unas breves palabras de bienvenida del Sr. presidente de la comunidad, el profesor Nar esboz su historia. Result interesante saber que parte de la comunidad se instal en la ciudad de Tesalnica y sigue an manteniendo las costumbres y el idioma castellano, que desgraciadamente se halla en una situacin critica, pues cada vez son menos sus hablantes y su enseanza ha sido eliminada de los centros que la comunidad posee. Otra conferencia estuvo a cargo del organizador del curso, profesor M. Morfakidis, y vers en tomo a la historia moderna de Grecia. El mircoles da 27, la Sra. Azin Kostikidu, presidenta de la Asociacin de Fillogos de Drama, habl sobre los problemas de la enseanza del griego moderno. Gracias a la Asociacin que ella prseide fue posible la visita a Institutos de Enseanza Media de la localidad para seguir las clases de las asignaturas de Griego Moderno y de Griego Clsico. Fue particularmente interesante la puesta en contacto con el sistema educativo griego. La diferencia entre Gymoasiurn y Liceo es similar a la espaolla entre ESO y Bachillerato. Sin embargo, el Bachillerato en Grecia consta de un curso ms. En dos ocasiones, el autor de los libros de texto utilizados en la Enseanza Media en las asignaturas de Griego Clsico y Griego Moderno imparti conferencias eminentemente prcticas en las que se nos intent transmitir la metodologa seguida en estas asignaturas. La ltima conferencia, cierre del curso, el viernes da 29, impartida por el profesor Hans Symeonidi, vers sobre los dialectos neogriegos de Drama, especialmente sobre el dialecto pntico, hablado por los griegos deportados de las riberas turcas del Mar Negro. Por ltimo, destacamos la colaboracin del ayuntamiento de Drama, que hizo posible la visita a enclaves cercanos como Din, Vergina, Pela, Tesalnica, Filipos, Kabala, Xanthi, Komotini, Abdera, Amfpolis, Estagira, Thasos y el monte Athos.

Estudios CIFicm 108, 1995.

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ACTMDADES CIEmFICAS

LA MITOLOGA E N LA PINTURA Y ESCULTURA ACTUALES Madrid, 27 de septiembre a 23 de octubre de 1995. El pasado 27 de septiembre, dentro del marco del D ( Congreso de esta Sociedad, se inaugur la Exposicin La Mitologa Clsica en la Pintura y Escultura actuales en la Sala de Exposiciones cedida por la direccin del Centro Cultural Galileo y el Ayuntamiento de Madrid. Es la primera vez que se celebra en Espaa una exposicin semejante. No tenemos noticias de otros paises europeos, s de los Estados Unidos. Experiencias en cierta medida similares han tenido lugar en 1988 en Nueva York (The Queens Museum) y anteriormente, en 1986, en el Meadows Museum and Gallery de Dallas. La exposicin ha sido enteramente organizada y dirigida por Da. M. Dolores Gallardo, profesora del Departamento de Filologa Latina de la Universidad Complutense, experta en Mitologa clsica y buena conocedora del Arte actual. Se exhiban 41 obras realizadas, fundamentalmente en la ltima dcada, por 31 pintores y escultores actuales. Era posible apreciar las diversas tendencias artsticas de hoy da, desde el realismo al arte abstracto. Se edit tambin un Catlogo de 96 pp. w n prlogo del Dr. F. Rodriguez Adrados, una colaboracin de la escritora y critica de Arte J. Sez Angulo y la introduccin y el texto del Catlogo escrito por la Dra. Gallardo Lpez. Realizado por Ediciones Clsicas, fue subvencionado enteramente por la Caja de Ahorros de Madrid, que tambin se hizo cargo del seguro de la Exposicin. A la inauguracin, con un lleno casi atosigante)), como lo ha definido una revista especializada, acudieron numerosas personalidades del mundo acadmiw y del artistico, el Concejal del Distrito, la direccin del Centro Cultural y personalidades de la Caja de Ahorros de Madrid. En los das sucesivos continu la afluencia de pblico y la exposicin fue prorrogada unos das ms, en tanto lo permitan los wmpromisos del Centro Galileo. Hay que sealar tambin que la critica de Arte especializada se ha mostrado muy generosa w n esta iniciativa.

LA TRADUCCIN DEL DRAMA GRIEGO ANTIGUO E N TODAS LAS LENGUAS DEL MUNDO)) Atenas, 5-8 de octubre de 1995. Organizado por el Centro para el Estudio y Realizacin prctica del Drama Griego Antiguo (DESMI), este Congreso Internacional se celebr en Atenas durante los das 5 a 8 del pasado mes de octubre.

ACTMDADES CIENTFICAS

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Tras la solemne inauguracin en el edificio antiguo de Parlamento el da 5. las sesiones se desarrollaron en el Saln de Actos Tritsis del Centro Cul. tural del Ayuntamiento de Atenas. Pese a las dificultades de organizacin que implica la relizacin de un Congreso de este alcance, hay que decir que el xito fue rotundo en todos los aspectos. Los congresistas, representantes de ms de 50 pases, ofrecieron en sus respectivas comunicaciones una panormica ilustrativa de la vigencia que en la actualidad sigue teniendo el teatro clsico griego. Como es lgico, el pas organizador tuvo un mayor protagonismo a lo largo del Congreso, tanto en las frecuentes y siempre interesantes intervenciones a cargo de la Directora del Centro y Presidenta del Congreso, Aspasa Papathanasiou, como en la nutrida presencia de fillogos, escritores y actores griegos dentro del programa (K. Giorguspulos, W. Pjner, G. Jimonas, G. Giatromanolakis, P .Mtesis, G. Angelinaras, P. Mavromustakos, N. Jurmuziadis, J. Simbulidu, etc.). Merece la pena subrayar que, junto a los pases con una histrica tradicin hurnanstica (los paises europeos de siempre y los Estados Unidos), los auntnticos agentes de la dimensin ecumnica del Congreso fueron, entre otros, los ponentes llegados de Alasca, Vietnn, Irn, India, China, Corea, Nigeria o Tailandia. El que suscribe ley en griego una comunicacin sobre Las traducciones de los trgicos griegos al espaol)), que, al igual que las restantes contribuciones, ser publicada prximamente en las Acta del Congreso. Paralelamente a las exposiciones y discusiones tericas, los asistentes y visitantes pudimos disfrutar de una exposicin de libros en que los autores dramticos griegos siguen hablando al mundo actual ya sea en albans, fins, hngaro, bengal o armenio, por poner unos pocos ejemplos. Por supuesto, las traducciones al espaol ocupaban en la exposicin un papel muy destacado. La recepcin ofrecida a los congresistas por el Alcalde de Atenas y la excursin a Epidauro programada como actividad final del Congreso fueron dos muestras de la sensibilidad con que los organizadores mimaron la estancia en Grecia de cuantos mensajeros llegaron a Atenas para narrar la fortuna del teatro griego antiguo en el mundo. Con este acontecimiento, el DESMI, fundado en 1991, ha dado un paso ms hacia la consecucin de sus nobles y ambiciosos objetivos.
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IV COLLOQUE INTERNATIONAL SUR LA PENSE ANTIQUE: LES ORIGINES DE L'HOMME D'APRES LES ANCIENS. Universidad de Niza, 5-7 de octubre de 1995.
Coloquio organizado por el Centre de Recherches d'Histoire des Ides, bajo la responsabilidad cientfica de Jean-Michel Galy y Antoine Thivel.

Hubo las siguientes comunicaciones seguidas de coloquio: Franpoise Bader (EPHE), Un, deux et la naisance)); Michel Costantini -Young-Hae Kirn (Univ. Tours), Du c6t de I'Orient extremen; Alain Moreau (Montpellier 111), ((L'esquif sur I'eau~;Jean-Michel Galy (Niza), Cosmologie babylonienne et gyptienne; Serafina Rotondaro (Npoles), Tempo, uomo e memoria nella teogonia di Esiodo*; Alain Petit (Clermont-Ferrand), L'$e d'or dans le pythagorisme~; Marie-Laurence Desclos (Grenoble 111), Les origines de I'homme dans le Corpus sopiquen; Michel Briand (Niza), Les origines de I'homme chez les poetes tragiques grecs; Alberto Jori (Miln), Les origines de I'homme dans le trait de I'ancienne mdecine; Simon By1 (Bruselas), Qui taient les gegeneis ?; Nestor Cordero (Rennes 1), De la terre au couple~; Evanghlos Moutsopoulos (Atenas), La cration de I'homme dans le Protagorasde P l a t o n ~ ; Marie-Rose Guelfucci @Iza), Les origines de la societ politique d'aprk les historiens grecs; Antoine Thivel (Niza), Le prologue de Diodore de Sicile; Juan Antonio Lpez Frez (UNED, Madrid) El hombre en Galeno, especialmente en D e usu partiumn; Marie-Jose Benejam (Niza), Les origines de I'homme che LucrBce; Jackie Pigeaud (Nantes), L'homme chez Lucrhce, Virgile et Ovideu; Joskphe-Henriette Abry (Lyon 111), L7antrhropologie stoicienne; Mireille Armisen-Marchetti (Toulouse 11), Le statut moral de I'homme primitif che SnBque: anthropologie, thique, thatres; F. Frazier (Grenoble 111), La rflexion de Julien sur les origine; Pascal Picq (CollBge de France), apersistance des mythes A I'poque moderne: le chainon manquant. El Coloquio, llevado a cabo en la Facultad de Letras, Artes y Ciencias Humanas de la Universidad de Niza (Sophia Antipolis) se caracteriz, como en anteriores ocasiones, por los interesantes debates que iban surgiendo tras cada comunicacin. La presencia de helenistas, latinistas, filsofos,historiadores, antroplogos, etc., dio mayor variedad a las intervenciones y apostillas. El ambiente fue grato y cordial; siempre e~quecedor. Las Actas sern publicadas en breve (han aparecido las correspondientes al tercer coloquio, 17-19 de diciembre de 1992, con el ttulo La rhtorique grecque, ed. J.M. Galy-A. Thivel, Facultad de Letras, Niza 1994, 292 pp., con veinticuatro comunicaciones. Tal coloquio estuvo dedicado a la figura de Octave Navarre; cf. nuestra resea en ECI. 35, 1993, pp. 161-162).

V JORNADAS INTERNACIONALES ESTUDIOS ACTUALES SOBRE TEXTOS GRIEGOS (LA TRAGEDIA). Madrid, UNED, 25-28 de octubre de 1995. Tuvieron lugar en la UNED, Area de Filologa Griega, coordinados por el autor de esta nota. Se presentaron las siguientes wmunicaciones seguidas
Estudias CIhicas 108, 1995.

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todas ellas de coloquio: Vincenzo di Benedetto (Pisa), La parodo dell'Agamemnone di Eschilo; Antonio Garzya (Npoles), Observaciones sobre la prodo de las Suplicantes de Esquilo (VV.86-110); ((Fernando Garcia Romero (Complutense), El estsimo primero de Prometeo encadenado (VV. 397435)~;Juan Antonio Lpez Frez (UNED), Animales en las prcticas religiosas dentro de las obras euripideas. Algunos textos; Malcom Davies (St. John's College, Oxford), ((Metaphrasis in Greek Tragedy; Antonio Lpez Eire (Salamanca), La lexis de la tragedia; Antonio Melero (Valencia), La iniciacin de los stiras; Vittono Citti (Cagliari), ~Sofocle,Edipo re 151215))); Jos Lasso de la Vega (Complutense), Sfocles, Edipo en Colono 668-693. Comentario critico-textual y mtrico; Carmen Teresa Pabn de Acua (UNED), E&ein en Sfocles: matices y sinnimos; Michel Menu (Toulouse), A propos d'Euripide, Hraclds 45: rflexions sur la 'teknotrophie' et la 'g&rotrophieY; Jess Lens (Granada), El Alejaodro de Eurpides; Alberto Bernab (Complutense), Un fragmento de los Cretenses se Eurpidem; Jaume Pbrtulas (Barcelona), Tebas trgica; Anthony Podlecki (British Columbia. Vancouver), Political and other socalled 'digressions' : comentario interstextual a in Euripidesn; Luis Gil (Complutense), I s t e ~ Eurpides, Fenicias 536-545~; Alfonso Martnez Diez (Complutense), Fragmentos del Meleagro de Eurpides: posible reconstruccin de la obra; Alicia Esteban Santos (Complutense), La muerte wmo tema central en Eunpides. Comentario de pasajes selectos; Ignacio Rodiguez Alfageme (Complutense), La lengua de la tragedia y la expresin de lo trgico: wmparacin y contraste; Italo Gallo (Salerno), 4 1 F r . 6 Snell di Moschione e alcuni aspetti della tragedia ellenistica; Enrique Ramos Jurado (Cdiz), dudaismo y tragedia: Ezequieb). El da 28 de octubre tuvo lugar una visita guiada al Real Monasterio de El Escorial, y, despus, una presentaci, examen, estudio y comentarios de diversos manuscritos griegos en la Biblioteca del Real Monasterio. La presentacin~ corri a cargo del actual director de la misma, Jos Luis del Valle Merino. Por la tarde, desde la Silla de Felipe 1 1 el panorama de El Escorial y alrededores era del todo agradable, con los colores tpicos del otoo. Entre las entidades patrocinadoras figuran el Vicerrectorado de Educacin Permanente y el Instituto de Educacin a Distancia, ambas de la UNED. Las Actas sern publicadas en breve. Recordemos que ya han aparecido las de las 11 Jornadas (Estudios acJ.A. Lpez Frez, con veinte comunicaciones tuales sobre textos griegos, d. e ndice de pasajes citados, 376 pp., Madrid, UNED, 1991) y de las 111 (De Hornero a Libmio, ed. J.A. Lpez Frez, con veintitrs comunicaciones e ndice de pasajes citados, 403 pp., Madrid, Ediciones Clsicas, 1995).

Estudios Cfsicm108. 1995.

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ACTMDADES CIENT~FICAS

CONGRESOS Y REUNIONES CELEBRADOS O PREVISTOS A los ya mencionados en esta revista hay que aadir:

14 a 17 de septiembre:

18 a 29 de septiembre:

25 a 28 de septiembre:

5 a 8 de octubre:

18 de octubre:

18 a 20 de octubre:

24 de octubre a 30 de noviembre:

2 a 4 de noviembre:

3 de noviembre a 3 de mayo:

En Siracusa, XV Congreso Internazionale di studi su1 dramma antico sobre el tema Euripide, futuro del teatro. En Drama (Grecia), Curso Lengua y Civilizacin Griega Moderna, organizado por las Universidad de Granada (Prof. M. Morfakidis) y la Universidad Aristteles de Tesalnica. La literatura griega en poca imperial, 1 Seminario Hispalense de Literatura Griega. Directores: M. Brioso Snchez y F.J. Gonzlez Ponce. En la Facultad de Filologa de la Universidad de Sevilla. En Atenas, Congreso Internacional sobre La traduccin del drama griego antiguo en todas las lenguas del mundo, organizado por el Centro para el Estudio y la Relizacin prctica del Drama Griego Antiguo (DESMI). Mitos orientales y Literatura. Seminario coordinado por Mercedes Garca-Arenal y Manuela Marin. IV Jornadas de Filologa Clsica sobre La palabra mgica: poema, encantamiento y profeca. Organiza: Asociacin de Estudiantes Aletheia de la U.C.M. Ciclo de Conferencias sobre Hroes y heronas de la Mitologa Clsica. En Madrid, Centro Cultural de la Villa (Plaza de Coln). Organizado por la Delegacin de Madrid de la SEEC. IX Jornadas sobre Bizancio. El monasterio bizantino, foco de poder, saber y asistencia. En Madrid, Facultad de Filologa de la UCM. Leeds International Latin Seminar 19951996~. Dirigirse a Organizing Secretary: Dr.

ACTMDADES CIENT~FICAS

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7 de noviembre a 28 de mayo:

Noviembre a mayo:

13 a 21 de noviembre:

15 a 17 de noviembre:

20 a 21 de noviembre:

20 de noviembre a 2 de diciembre:

23 a 25 de noviembre:

27 de noviembre:

29 de noviembre a 1 de diciembre:

Malcom Heath, School of Classics, University of Leeds, Leeds, LS2 9JT, Great Britain. Curso de Griego Moderno. En Madrid, Fundacin Pastor, c/ Serrano 107. Informacin: Nin Ispirin, tardes (Tfno. 5184601) y Popy Stavrianopulu (Tfno. 43 11313). Cursos Lenguas y Culturas del Antiguo Oriente Prximo. En el CSIC, c/ Duque de Medinaceli 6, 28014 Madrid. Directores J.L. Cunchillos y A. Bernab. Curso La cultura clsica en el cine. En el CEP de Sevilla, cl Becas 7 y cl Gonzalo de Bilbao 7 (Sala de Proyeccciones de la Facultad de Ciencias de la Informacin). 1 Encuentro Hispano-Italiano de Epigrafa Latina Recientes Estudios y Hallazgos Epigrficos. En la Facultad de Filologa de la Universidad de Sevilla. Coordinador: Dr. Julin Gonzlez. Jornadas Humanidades y Universidad: una propuesta de futuro*. En Madrid, en el Club de Debate de la UCM. Conferencia inaugural del Dr. Rodrguez Adrados sobre El Humanismo en la cultura y la Universidad europea y espaola. En el Patronato Municipal de Cultura de Castrilln (Asturias), Curso Los orgenes histricos de Asturias~, dirigido por N. Santos Yanguas. Curso de actualizacin sobre Ciencias de la Antigedad, La invencin de la democracia en el mundo greco-romanon. En Madrid, Fundacin Pastor de Estudios Clsicos (cl Serrano 107, 28006 Madrid. Tlfno. 5617236, Fax 5.634530. En Santiago de Compostela, Presentacin de las Actas del X V CoIIoquium Didacticum CIassicum Sahan ticense. V Jornadas de Teatro: Teatro y ciudad. En Burgos. Direccin: Aurelia Ruiz Sola. Leccin inaugural del Dr. Rodrguez Adrados: El teatro en una ciudad: Atenas.

11 a 12 de diciembre: 18 a 21 de diciembre:

En Zaragoza, XXV Simposio de la Sociedad Espaola de Lingstica. Tema libre. 2" Reunin de Historiadores del Mundo Griego Antiguo en Homenaje al Prof. Fernando G a s c ~ .En la Fac. de Geografa e Historia, c/ Mara de Padilla s/n, 41004 Sevilla. Informacin: Dr. J.M. Corts Copete. Tfno. 91-4551395. Fax 95-4551389.

1996 1 a 4 de febrero: Simposio de Estudios Clsicos de las Secciones Catalana y Balear de la SEEC (vase pp. 22-23 del Suplemento Informativono 31). Curso de Formacin del Profesorado La novela griega y su pervivencia: una historia interminable. 20 horas de formacin. En Madrid, Edificio de Humanidades de la UNED (c/ Senda del Rey s/n). Coordinado por los Profs. J.Ma Lucas, Rosa Pedrero y M" Victoria Fernndez Savater. Informacin: tfnos. 3986893-94-95. V Simposio Internacional sobre Plutarco, organizado por la Sociedad Espaola de Plutarquistas en Zaragoza. Dirigirse a: Dr. Carlos Schrader, Departamento de Ciencias de la Antigedad, Area de Filologa Griega, Facultad de Filosofa y Letras, Universidad de Zaragoza, 50006 Zaragoza. 111 Congreso Mundial sobre la Lengua Griega, con el tema: La lengua griega como fuente de enriquecimiendo del pensamiento mundial)). En Olimpia, organizado por el Comit para la difusin e intarnacionalizacin de la lengua griega. Informacin: G. Pablaco, Farantton 31, 115 27 Atenas (Grecia). Tfnos. 7705328, 7752687, 8675599, 4121987. Fax 8675599. En Nimega, Conferencia EUROCLASSICA, que versar sobre Ovidio y Platn. Dirigirse a: Anton van Hoff, Van Oldenbarneveltstraat 16B, NL 6512AW Nijmegen, Tlfno./Fax 00 31 24 3240730.

22-24 de febrero:

20 a 22 de junio:

7 a 10 de agosto:

29 a 31 de agosto:

16 a 20 de septiembre:

23 a 27 de septiembre:

24 a 27 de septiembre:

10 a 15 de diciembre:

Aladas Palabras. Correos y comunicaciones en los pueblos del Mediterrneo. IX CursoSeminario de Estudios sobre el Mediterrneo Antiguo de la Universidad de Mlaga. Director: Aurelio Prez Jimnez. Secretario: Gonzalo Cruz Andreotti, Area de Historia Antigua, Facultad de Filosofa y Letras, Universidad de Mlaga, Campus de Teatinos, 29071 Mlaga. Tfno.: (95)2131745. V Encuentro Internacional de Estudios Clsicos. Querer, poder, deber en la Antigedad. En Santiago de Chile, Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educacin. Dirigirse a: Giuseppina Grammatico, Centro de Estudios Clsicos, Casilla 147, Santiago, Chile. Tlfno. 2392522 anexo 258, Fax 2392067. En Crdoba, Congreso Internacional con motivo del b i d e n a r i o del nacimiento de Sneca. Temas: La figura y la obra de Sney la tradicin filosfica, Sneca, ~Sneca ca .y la tradicin dramtica, Sneca y la tradicin cientfica, Influencia de la obra de Sneca en la cultura occidental. Congreso Internacional sobre Literatura Iberoamericana y Tradicin Clsica. En la Universidad Autnoma de Barcelona. Dirigirse a Departamento de Filologa Clsica, Universidad Autnoma de Barcelona, 08193 Bellaterra. Tfno. (3)5812384, Fax (3)5813114.

Este acto, que anunciamos en nuestro nmero anterior, tuvo un especial relieve este ao, sin duda por la concesin de uno de los premios, el de Cultura, a la helenista francesa profesora de Romilly, y de otro, el de Cooperacin Internacional y desarrollo social, al Secretario General de las Naciones Unidas Dr. Boutros-Ghali. Asisti como invitado, junto con la Dra. Gangutia. Entre otros vanos actos, entre ellos una recepcin por el Presidente de la Repblica, deben destacarse dos, desde nuestro punto de vista. Uno, la Mesa Redonda sobre la Universalidad de la Cultura Griega, celebrada en el Hotel Gran Bretaa, en la que particip en unin de la Profesora galardonada, del arquelogo Dr. Karagiorgis y de Mrs. Goulandris,

del Museo Goulandris de Historia Natural. Actu como coordinadora la profesora Glykatzy-Ahrweiler, presidenta de la Universidad de Europa. El debate, que fue televisado, fue seguido con atencin por un pblico en el que se contaban releventes personalidades de la cultura griega. Pero hay que destacar sobre todo la entrega de los premios, en el marco incomparable de la Pnix, con la vista de la Acrpolis. Las intervenciones de la profesora Romilly, del Sr. Boutros-Ghali y de los dems premiados dieron realce a un acto muy emotivo, un gran da para la cultura griega.

DOCTORADO HONORIS CAUSA POST MOR TEM AL PROFESOR MIGUEL DOLC Y DOLC La Universidad de Valencia concedi a titulo pstumo el Doctorado HononS Causa al Profesor Miguel Dolq y Dolp en reconocimiento a los mritos contrados durante los aos en que imparti docencia como Catedrtico de Latn en la mencionada Universidad antes de trasladarse defmitivamente a la Universidad Autnoma de Madrid. La Sociedad Espaola de Estudios Clsicos se adhiri a este Homenaje, celebrado el da 25 del mes de octubre pasado, en el que intervinieron los Dres. J. Prez Dur (Univ. de Valencia), M. Mayer (Univ. de Barcelona), P. Flores Santamana (Univ. Autnoma de Madrid) y C. Bosch Juan (Univ. de Baleares). El acto, presidido por los Rectores de las Universidades de Tanagona y Valencia, mereci palabras de agradecimiento de la Dra. Mana Eugenia Rinwn de Dolq y cont con la asistencia de numerosos amantes y estudiosos del Mundo Clsiw tanto de los Pases Catalanes como del resto de las Autonomas.

RESEAS DE LIBROS

L. BURN, Mitos griegos, (trad. cast. J.A. Fernndez Canosa) Madrid 1992, Ed. Akal, 80 pags. + un mapa.
El libro de Lucilla Burn, Greek Myths, aparecido en 1990 y de reciente traduccin al castellano, ofrece un doble atractivo: por un lado discurre a travs de una seleccin de mitos centrados bsicamente en las leyendas de Heracles, Teseo, Troya, Ulises, Jasn, Perseo y Edipo, mientras que por el otro lado acompaan al texto una gran profusin de imgenes y fotografas (unas cincuenta). La autora, conservadora de cermicas del Museo Britanico, muestra gran inters por la temtica iconogrfica: es ms, no esconde su deuda con el Lexicon Iwnographicurn Mythologiae Classicae, de novedosos progresos (acaba de aparecer el vol. W, que llega hasta Teseo, pero Burn slo ha llegado a utilizar el vol. IV, hasta Heracles), as como con el trabajo, tambin de carcter reciente, de T.H. Carpenter, Art and Myf in Ancient Greece (Londres 1989). Y todava cabra aadir aqu el muy reciente del profesor neozelands H.A. Shapiro, Myth h t o Art (Londres 1994). De amena y atenta lectura resultan sus pginas introductorias en las que Burn describe, tomando como pretexto algunos pasa~esde los HMnos homlicos, la doble dicotoma que enlaza el mito con la religin griega (es lo que, en palabras de Vernant, vendria a llamarse estilo religioso griego). A pesar del carcter selectivo de las leyendas (y de sus versiones) que recoge el libro, su autora no ha dejado, por ello, de pasar revista de un modo tan atractivo wmo original a todo el panten olmpico y a los hroes ms importantes. Las principales sagas, wmo son el ciclo troyano y la casa real de Tebas, son abordadas a& ovo. Y es que cuesta creer que en tan pow espacio se puedan decir tantas cosas y de modo tan claro y didctico, de tal modo que este pequeo volumen bien puede constituirse en un perfecta obra de iniciacin elemental al estudio de la mitologa clsica Completan el trabajo un breve captulo sobre el influjo y las diversas interpretaciones de1 mito en la cultura y las artes en Occidente (es lo que, en palabras de la autora, constituye la herencia de la imaginacin). Una breve resea bibliogrfica bien actualizada de trabajos en ingls y en espaol, y un completo ndice de casi trescientos nombres mticos concluyen la obra.

P. Lveque (dir.), Las primeras civilizaciones. Tomo I. De los despotismos orientales a la ciudad griega, trad. esp., Madrid, Akal, 1991, 520 pp. + 11 ilustr. Con este volumen ha iniciado en 1991 la editorial Akal la traduccin al espaol de la magnfica serie de manuales de Historia General que desde finales de los aos 80 vienen publicando las Presses Universitaires de France. El director de la obra que reseamos es P. Lveque, pero, wmo ya es habitual e inevitable en este tipo de trabajos, cada captulo se encarga a un es-

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pecialista en el periodo histrico estudiado. As, la Introduccin (Las primeras edades del hombre: la Piedra y el Bronce))), que pretende dar una visin panormica del contenido de la obra, corre a cargo de su director. En el siguiente captulo, Una preparacin que dura millones de aos. El ltimo Antrpido: el Homo Sapiensn, A. Leroi-Gourhan nos lleva, en rpido viaje a travs del tiempo, desde la aparicin de las primeras huellas de actividad humana hasta el final de la Edad de Piedra. A partit de aqu, comienza lo que propiamente se llama Libro 1, correspondiente a los grandes imperios del Bronce, donde se asigna un captulo distinto a cada una de las civilizaciones estudiadas: el primero se ocupa de Egipto hasta el Imperio Nuevo, en el ltimo siglo del 11 miienio (J. Vercoutter); el segundo, de Mesopotamia hasta las invasiones arameas, tambin de finales del 11 miienio (J.-J. Glassner); el tercero de los hititas hasta el final de su Imperio, coincidente con las fechas finales de los dos captulos anteriores (J. Damanville-J.-P., Grlois). Adems de estos grandes imperios, se estudian en un segundo libro la cuestin de los indoeuropeos (B. Sergent) y, de forma muy sumaria, las culturas semticas (A. Caquot). Como es de esperar, corresponde al Libro 1 la parte del len en la obra que reseamos: del total de 520 pginas, 328 se dedican a los grandes despotismo~ orientales del Bronce. Para su estudio, los autores han seguido un esquema comn en sus lneas generales, aunque determinado, en ltima instancia, por la cantidad y caractersticas de la documentacin de que disponen: una primera parte, ms extensa, sigue una secuencia cronolgica, con especial atencin a los hechos y sucesos de mayor relevancia, por regla general de orden poltico; este planteamiento se ve complementado con un examen de tipo sincrnico sobre los aspectos ms relevantes de la sociedad, economa, cultura, religin, arte, etc. Las exposiciones se acompaan de cuadros cronolgicos y mapas, as wmo de una bibliografa bsica que, por lo general, difcilmente va ms all del comienzo de la dcada de los 80. Para el fillogo clsico, el captulo ms interesante es, lgicamente, el consagrado al estudio de los indoeuropeos. Aqu, el planteamienrto difiere radicalmente del utilizado en los captulos precedentes: no hay lugar para una historia factual, toda vez que carecemos de registros y archivos de los pueblos en cuestin; y, lo ms importante, predomina la perspectiva fiiolgica. En el caso presente, y tratndose de una autor francs, no ha de extraar que los trminos clave sean comparativismo y trifuncionalidad, aunque desde una perspectiva renovada, que ha tomado en consideracin las crticas que se han hecho a Dumzil y su mtodo y ha sabido reformular sus presupuestos iniciales (wd., sobre todo, pp. 453-459). El predominio casi absoluto de los datos lingsticos y de carcter religioso resalta en comparacin con el escaso espacio e importancia que, todava hoy, se concede a la indagacin arqueolgica -centrada, sobre todo, en la llamada cultura de los kurgane&. ET preceptivo cuadro cronolgico se sustituye aqu por otro, u u s i mo, de las principales lenguas indoeuropeas (pp. 396-399).

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Es sta, en suma, una valiosa obra, destinada a convertirse en manual de referencia obligada, lo mismo para los estudiantes que para los especialistas, gracias a esa extraa facilidad de los autores galos para abordar con notable soltura y amplitud de miras las exposiciones enciclopdicas. Los fillogos clsicos, que a menudo olvidamos la enorme riqueza de las culturas que precedieron a griegos y romanos, tenemos en estas. pginas un excelente instrumento para situar aqullos en un contexto histrico preciso, reconocer sus deudas y vinculaciones con otros pueblos y, en ltimo trmino, calibrar de forma ms justa cul fue su aportacin a la evolucin de la Humanidad. PREZ Jos J. CAEROLS

R. GREEN - E. HANDLEY, Images of the Greek Theatre, Londres 1995, 156 pp.
El British Museum acaba de presentar, dentro de sus excelentes publicaciones, este libro dedicado al Drama Griego. El titulo lo dice casi todo. Est realizado a partir del examen de unas 350 piezas del British Museum que estn de un modo u otro relacionadas con el teatro griego. De ellas los autores han seleccionado sesenta. Se trata de piezas en su mayora de la cermica -lo que no wnstituye por si mismo una novedad-, pero tambin de la escultura -relieves, terracota* y de los campos de la numismtica y la orfebrera, lo que en cierto modo constituye si no una innovacin en trminos absolutos s al menos una aportacin novedosa desde el punto de vista didctico al estudio del teatro griego. El libro se abre con una introduccin que consta de dos captulos: Visin y audicin y Canto, danza y drama. Tal vez lo ms importante de ambos capitulos sea el nfasis que ponen los autores en el hecho de que la representacin dramtica cambia de estilo con el paso de los aos, y que, en consecuencia, es dificil establecer wnclusiones tajantes al respecto. Se examinan a continuacin cermicas que hablan de la puesta en escena de Drama Satrico, Tragedia y Comedia, por este orden. Los autores discurren sobre las imgenes y extraen sus propias consecuencias; las estampas de drama satrico y de wmedia son, sin lugar a dudas, teatro; hay movimiento, accin dramtica en ellas. En cambio en la tragedia ese movimiento, esa accin no se percibe, excepcin hecha de un vaso del siglo IV que muestra una escena de Ed1p0 Rey. Parece Aten los autores- como si los ceramistas pintaran la estampa del mito y no la escena del drama. Personalmente discrepamos por completo de tal apreciacin y remitimos a las imgenes de las pginas 42 -locura de Licurgo-, 44 -muerte de Hiplito-, 45 -sacrificio de Ifigenia- y 46 -Antgona en las Fenicias- para concluir lo contrario. A partir de mediados del siglo IV comienzan a aparecer numerosas terracotas tanto de actores wmo de mscaras que evidencian el paso paulatino de un teatro de individuos a un teatro de tipos. Nuevos modelos de mscara

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-con el onkos- y de wturnos -con suela exageradamente alta- sirven para ilustrar una puesta en escena .barroca y cada vez ms artificiosa en poca helenstica. El estudio entra de pasada en el teatro romano para intentar realizar un seguimiento de las representaciones griegas en poca imperial a travs de sarcfagos, gemas y monedas. No hay conclusiones finales por parte de los autores; es el lector quien debe establecerlas. Desde nuestro punto de vista el libro se ha quedado wrto; lo mejor es la presentacin del material icnico. Son igualmente valiosos los ndices de autores y obras y sobre todo el catlogo de piezas del Museo Britnico. La selectisima bibliografia es tambin de aplaudir; se echa de menos, no obstante, el libro medular al respecto de Oliver Taplin, Greek Tragedy io Action, Londres 1978, de quien se citan otros trabajos ms recientes.

Jos LUISNAVARRO
M.-A. MARCOSCA~QUERO, Plutarco. Cuestiones romanas, Madrid, Akal, 1992,484 pp. Calificar de simple traduccin la obra que aqui se resea sena faltar a la verdad. En realidad, lo que el Dr. M. Casquero nos ofrece es un amplsimo wmentario, de casi cuatrocientas pginas, a las Cuestiones Romanas de Plutarw, precedido de su traduccin y de una breve introduccin. Al hilo de dicho wmentario, aqui llamado exgesis, el lector se encuentra ante un autntico compendio de Religin Romana o, al menos, de los aspectos que en ella ms podan llamar la atencin de un griego cultivado de fiiales del 1 d.C. Consta la obra, wmo queda dicho, de una introduccin (pp. 7-27) en la que se da sucinta noticia del contexto biogrfico, histrico y cultural que encuadra el tratado de Plutarco con especial atencin a los fundamentos filosficos de su inters por la Religin Romana, su ubicacin en el conjunto de su obra, datacin y mtodo de composicin de la misma, ediciones y traducciones que se han publicado hasta la fecha, una breve bibliografia y el preceptivo ndice de abreviaturas. La traduccin (pp. 7-27) carece, obviamente, de notas a pie de pgina, ya que todas las aclaraciones y ampliaciones se wnfian a la exgesis. A sta corresponde, como decimos, la aparte del len (pp. 101-427): en realidad, el autor no procede a explicar cada Cuestin por separado, sino por bloques temticos (donde tienen cabida una o ms Cuestiones),de desigual extensin y estructura (ya que unas veces la exgesis se limita a dar cuenta de las diversas opciones propuestas por el propio Plutarco, otras se aade un estado de la cuestin en la investigacin moderna, otras, en fin, el autor nos hace saber su particular opinin al respecto). La obra concluye con un ndice analtico (pp. 473-479) y otro general que, en realidad, slo lo es de la exgesis, de la que se citan los captulos y las Cuestiones que en cada uno se abordan (pp. 481-484).

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La obra, como se deca al comienzo de esta resea, conforma en su exgesis un autntico tratado de Religin Romana, en el que tienen cabida los elementos ms importantes de la misma: el ritual (con especial atencin al mbito del matrimonio, la guerra, los augurios, el ceremonial funerario), los dioses (adems de nombres familiares como Diana, Hrcules, Venus o Saturno, tambin otros ms propios del mbito romano y, por ello, menos conocidos, como Libitina, Conso, Genita Mana o Rumina), los sacerdocios (el flamen Dialis, el rex sacrorm, los augures, las Vestales), el calendario, la topografa religiosa (las puertas de la ciudad, templos, el pomoen'm), costumbres y usos (las divinidades del juramento, el lucar, la prohibicin del acceso de perros y moscas al santuario de Hrcules en el Ara Mxima, la prevencin contra las habas...), aspectos mitolgicos y prcticas mgicas. Adems de stos, de la mano de Plutarco se abordan otros asuntos de relevancia en el ordenamiento poltico y jurdico de Roma (la distincin entre patres y cons@ti dentro del Senado, el concepto del b e h iustum, los lictores, el carcter sagrado del tribunado de la plebe, el estatuto social de la mujer romana) y, en fin, particulares de ms difcil encasillamiento (usos rurales, elementos de la indumentaria, etc.). Hay que decir que la pretensin del autor no es poner al lector al wrriente del debate cientfiw sobre todos y cada uno de los temas que examina: ello habra exigido un considerable aumento en el nmero de pginas y, adems, no parece que sea una traduccin en libro de bolsillo el mbito ms idneo para este tipo de trabajos. No obstante, se ha realizado un considerable esfuerzo por proporcionar una visin lo ms completa posible de los trminos en que discurre dicho debate, recurriendo por igual a las fuentes antiguas y a una bibliografa moderna bsica, que nicamente adolece de una puesta al da. El autor, por lo dems, es experto conocedor de la Religin Romana y, como tal, est en situacin de hacer aportaciones de inters en algunas de las Cuestiones comentadas. As ocurre a propsito del enigmtico ritual de los argei (pp. 201-217), tambin acerca del empleo del perro i n , en su wmo vctima en los sacrificios de sustitucin (pp. 265-269) o, en f completo estudio del ceremonial de los luprci (pp. 349-362). Por otra parte, hay puntos en los que el autor de esta resea discrepa con el Dr. Marcos Casquero. Tal es el caso de las indicaciones, errneas, bajo mi punto de vista, que da acerca de la Sacra va y la Subura (p. 272) y con la relacin que establece entre stas y el ceremonial del october equus (pp. 447449). Tampoco parece aceptable la idea de que la leche que se ofrece a Rumina (QR 57, pp. 282-284) deba su explicacin al aspecto lechoso de la savia de la ficus Rumuialis (resulta ms viable y productiva la antigua teora de Wissowa, citada en las mismas pginas, de un etr. rumax, (romano, de donde Ruma, Rumhafis, Rumina, Rumo [Tber]). Por otro lado, la consideracin de Honta como uid~;ptamentum de Rmulo-Quirino (QR 46, pp. 253255) se antoja ms inteligible si se tienen en cuenta los paralelos de los dioses funcionales de las religiones itlicas y su particular forma de configurar la onomstica divina por medio de eptetos de las divinidades

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p~cipales,especialmente de Jpiter y de Ceres. En relacin con Carmenta (QR 56, pp. 281-282), y tambin al hablar del dies Iustricus del recin nacido (QR 102 pp. 460-467), hubiera sido conveniente aadir a los trabajos ya clsicos de M. Guarducci y S. Weinstock sobre las divinidades honradas en los cipos de Tor Tignosda el fundamental de R.E.A. Palmer en Roman Relgion and Roman Empire ((Filadelfia 1974). En f i n , no se puede despachar la intervencin de los decemuizisacn;sfacimdis en los episodios de castigos de Vestales culpables de stuprum (QR 86 y 96, pp. 405-411) con slo apelar a las despectivas consideraciones sobre los Libros Sibilinos y sus custodios de un autor como Latte. Se detectan, en f i n ,problemas que no son responsabilidad del autor. El ms importante es el relativo a las grafas de los trminos griegos: por poner algunos ejemplos, nop en lugar de nDp, 6Swp en lugar de Swp (p. 103), &~oXoueeTy -r@ee@en lugar de ~oXoueeLv T@ Be@ (p. 192), KayeL(p. 272); adems, es frecuente encontrar e por S, como n o o por p y e ~ p o s por e KaXkv~~o (tambin ? pp. 164, 171). Menuen p. 163, K a M i v ~ ~ o dean los errores tipogrfws y tambin hay algn que otro despiste en la composicin, como, por ejemplo, en pp. 345-346, donde no se ha separado el texto ni tampoco se ha incluido la correspondiente especificacin para sealar el comienzo de la exgesis de QR 65, de modo que sta parece ms bien continuacin del anterior. No quisiera que estas ltimas lneas dejen en el lector una impresin equivocada del libro que aqu se resea. Si hay extremos que criticar es porque se trata de una obra extensa y atrevida en su planteamiento. Pero el autor ha sabido responder magnficamente al reto que l mismo se ha planteado, para ofrecernos a la postre un libro maduro, trabajando con paciencia y amor al detalle, donde la abrumadora cantidad de informacin que se maneja aparece expuesta w n la claridad de ideas y el dominio de la materia que caracterizan al experto.
PREz Jos J. CAEROLS

J. LE GALLy M. LE GLAY,El Imperio Romano, Tomo 1, trad. esp. de G. Fats Cabeza, Ediciones Akal, Madrid, 1995. El presente libro forma parte de un plan de historia general de pueblos y civilizaciones editada por P.U.F. y publicada para el lector espaol por Ediciones Akal. Incluye esta coleccin el conocido libro de Andr Piganiol, La cunquista romana y el que ahora reseamos para la poca romana. Este comprende, en el primer tomo, el alto Imperio desde la batalla de Actium (31 a. C.) hasta el asesinato de Severo Alejandro (235 d. C.) y el tomo 11 de la antigedad al mundo medieval. Consideran los autores que la vieja historia del Imperio Romano -L7&phe romain de Albertini, como referencia ms significativa-, igual que la de la Antigedad en general, que centraba su relato en los acontecimientos, ha

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evolucionado hacia una historia total, es decir, hacia un anlisis de la organizacin poltica, social y econmica del mundo romano de esta poca, bar sado rigurosamente en el estudio de las fuentes. Esto no quiere decir que se dejen en segundo lugar los acontecimientos y la cronologa -sin ellos la historia es pura logomaquia, se dice en el prlogc-, todo lo contrario: los awntecimientos ligados cronolgicamente son el hilo conductor del relato histrico, el armazn intelectual-que nos permite comprender las conclusiones de la investigacin sobre las fuentes histricas. En este sentido comprehensivo hay que entender el objetivo de historia total que se proponen los autores. Pero tambin extensivamente, en cuanto que el relato histrico no se centra slo, como era tradicional en la historiografia de hace cincuenta aos, en las relaciones internas de Roma w n las provincias, considerando a stas en funcin de la poltica que se haca en Roma. Los autores dejan constancia de ello al intercalar en la secuencia narrativa captulos dedicados al Imperio sin los emperadores, a la Unidad imperial y la diversidad del Imperio y, en particular, a las provincias, cuya vida se conoce cada vez mejor, y, tambin, a las relaciones pacificas con los paises de ms all de las fronteras del Imperio. Este es el sentido de historia total que se proponen los autores. El libro consta de seis partes. La primera se dedica a Augusto (De Octavio a Augusto); en ella destaca el anlisis detallado de la evolucin de las estructuras polticas que tiene lugar durante el largo reinado de Augusto y el estudio de la obra llevada a cabo en las provincias. La segunda a la dinasta Julio-Claudia w n un captulo para cada emperador. La tercera, que se titula A travs del Imperio, con un captulo dedicado al estudio del medio fisiw, social, econmico, religioso etc. y otro a la unidad imperial y a las provincias, constituye una de las partes ms interesantes de la obra por el detallado y documentado estudio que se hace de las provincias. La cuarta comprende el ao de los cuatro emperadores y los Flavios. La quinta los Antoninos y la sexta los Severos con un captulo para cada emperador. El libro termina con una Orientacin bibliogrfica general centrada en obras recientes, que, con el complemento de las que hay al comienzo de cada parte y en numerosos epgrafes, hacen de este libro un manual de gran utilidad.

IGLESIAS (edd.), Antonio de Nebrija: C. CODORER y J. A. GONZALEZ Edad Media y Renacaiento. Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1994. Este libro rewge las ponencias y comunicaciones de un Coloquio sobre la obra latina de Nebrija, celebrado en Salamanca en 1992. Se culminaba as un proyecto de las Universidades de Salamanca y Sevilla destinado a conmemorar la edicin de la Gramtica de la lengua casteIIana. Los campos a los que se refieren las ponencias son: historia, religin y derecho, gramtica, ciencia y lexicografa, temas cultivados por el profesor salmantino, y se dedi-

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ca la ltima sesin al libro en y sobre el Renacimiento. Cada sesin fue planificada de forma tripartita para dar entrada a los precedentes medievales de Nebrija, a su obra propiamente dicha y a la influencia que ejerci en autores posteriores. Se ofrece tambin un resumen del coloquio que tuvo lugar despus de cada sesin. Creemos de inters dejar constancia al menos de los titulos de las ponencias y de sus autores. En el campo de la historia se presentaron las siguientes ponencias: R. B. Tate, La historiografa del reinado de los Reyes Catlicos; G. Hinojo Andrs, Nebrija y la historiografa renacentista: la Fortuna; B. Cuart Moner, La historiografa ulica en la primera mitad del siglo XVI: los cronistas del Emperadom.. Las comunicaciones estuvieron a cargo de J-A Gonzlez Iglesias, M. Martnez Hernndez, R. Rius Gatell y Mana Jos Vega. A la religin y derecho se dedicaron A. Sez Badillos, Antonio de Nebrija ante la lengua hebrea y la Biblia; A. Garcia y Garca, Nebrija y el mundo del derecho; P. M. Ctedra, Nebrija y la predicacin, y una comunicacin de J. Perona Snchez. Los Comentarios de Nebrija fueron estudiados por V. Garca de la Concha, Los Comentarios litrgicos de Antonio de Nebrija; C. Codoer, El comentario gramatical de Nebrijap y J. Lawrance, ~Nebrijay el comentario de textos, III, w n comunicaciones de L. Charlo Brea, R. Corts Tovar y J. M. Maestre Maestre. Las referidas a la Gramtica fueron: A. della Casa, Le Intrpductiones i Giovanni Bdbb; W. Keith Perceval, aNebrija and lahae e il Catholicon d the Medieval Grammatical Traditiom y J. C. Margolin, Des Introductio nes latlae (Salamanque, 1481) d'Anto+o de Nebrija au De constructione octo partium orationis (Bale, 1515) d'Erasme: Etude wmparative~.Presentaron aqu wmunicaciones: M. L. Ambas Herrez, J. Clota Farrs, M. A. Gutirrez Galindo, M. S. Prez Romero, J. Salvad Recasens y R. Santiago. El tema de la ciencia en Nebrija fue tratado en los trabajos de L. Garca Ballester, Medicina universitaria y no universitaria en la Castilla de los siglos XIII y X I b ; Ciriio Flrez Miguel, Humanismo y ciencia en el siglo XVI y una comunicacin de F. L. Lisi. En el campo de la lexicografa se inscribieron las siguientes: M. C. Daz y Daz, Lexicografa tardomedieval en Hispanim; E. Moreno y A. Carrera de la Red, El Dictiondum medicum de E. A. de Nebrija~;G. Coln Domnech, Los sinnimos de Fliscus y su aprovechamiento romnico y una wmunicacin de B. Lepinette. La poesa fue tratada por J. J. Murphy, Antonio Nebrija i n the European Rhetorical Traditiom; Ch. B. Faulhaber, Las Flores rhetonki de Fernando de Manzanares (Salamanca, ca. 1488) y la enseanza de la retrica en Salamancm; J. Ijsewijn, Vives e la Poesia. Presentaron wmunicaciones en este campo: F. F. Gonzlez Vega, J. M. Maestre Maestre, 1. Segarra An y Mana Jos Vega. La ltima sesin fue dedicada al libro en y sobre el Renacimiento con una nica ponencia de M. Portalier titulada Le Rpertoire des humanistes

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transmetteurs de textes~.Las comunicaciones correspondientes estuvieron a cargo de V. Bcares Botas, F. F. Gonzles Vega y Margaritas Becedas que ha elaborado un apndice donde estn consignadas las obras de Nebrija que guarda la Biblioteca de la Universidad de Salamanca. Es justo decir que esta obra contiene trabajos de gran valor, muy documentados, sobre nuestros humanistas, en particular sobre Nebrija, como era de esperar de la participacin de importantes especialistas de dentro y de fuera de nuestras fronteras. Hay que felicitar esta iniciativa que ha culminado en la edicin -muy cuidada- de estos trabajos que sern de utilidad para los cada da ms numerosos estudiosos del humanismo espaol.

JOAQU~N SERRANO SERRANO, El juego de los dobletes. Desde las lenguas clsicas a la lengua castellana. Evolucin del idioma. Unidad didctica para Cultura Clsicaw y d e n g u a castellana y literatura. Educacin Secundara>>, Len, CEP, 1993, 105 pp. Contento y sensacin de extraeza mezclada con un algo de esperanza produce encontrarse w n la publicacin por parte de un CEP de un trabajo dedicado a algn aspecto del latn o del griego. No es frecuente, pero es el caso que ahora nos ocupa. Se trata de una publicacin en formato de cuaderno de una unidad didctica para Cultura Clsica y10 Lengua castellana y literatura de Educacin Secundaria, que tuvo su origen, segn nos cuenta en la introduccin su autor, en el marco de un curso de actualizacin sobre Mito y cultura clsica, que se celebr en el CEP de Len durante el curso 1991-92. Tal como indica su titulo: El juego de los dobletes, se trata de una serie de actividades y recursos que, aprovechando los dobletes de palabras patrimoniales y cultismos que se dan en castellano, trabaja el tema de la evolucin de las lenguas en general, de la !atina al castellano en particular, mediante el estudio que ha efectuado en los timos. El cuaderno se presenta en dos bloques, un primero llamado Orientaciones del profeson), que contiene las indicaciones necesarias u oportunas para que el docente se d cuenta de las fmalidades o intenciones, y del camino que se propone seguir para el trabajo de clase. Bajo los epgrafes propios de una programacin didctica (objetivos, contenidos, metodologa y evaluacin) se nos ofrecen, ciertamente, prrafos interesantes y claros para la aplicacin del segundo bloque, entreverados, eso si -y comprensiblemente dado el origen del trabaje, w n prrafos que rinden la necesaria pleitesa al vocabulario y los modos de la reforma (aconsejable para futuras programaciones por su claridad el esquema de todo el cuaderno que se nos ofrece en las pp. 14 y 15). El segundo bloque, Cuaderno del alumno, nos presenta los ejercicios que se desarrollarn en clase. Consta de siete partes: 1. Las lenguas evolucionan. 2. Diversos caminos vienen de Roma. La va patrimonial y la culta. 3. La evolucin del significante: las vocales. 4. La evolucin del

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significante: las consonantes. 5. Entre vocales y consonantes: la revolucin de la yod. 6 . La evolucin del significado. 7. Recapitulacin, ampliacin y refuerzo. En las ltimas pginas encontramos anexos con un extenso listado de dobletes, un resumen de la evolucin fontica de vocales y consonantes latinas y un breve catlogo de prefijos y sufijos griegos y latinos. Estamos, pues, ante una propuesta de desarrollo de un aspecto concreto de los contenidos de la asignatura Cultura Clsica (tambin de Lengua castellana y literatura, tal y como se expresa en el ttulo), que utiliza como hilo conductor un hecho constatable por el propio alumno: los dobletes, y a partir de ello ir subrayando una serie de aspectos lingsticos, fonticos y semntiws del castellano. El cuaderno cuenta con varios aspectos positivos: a) Proponer un enfoque original para abordar uno de los aspectos menos desarrollados hasta ahora de la Cultura Clsica, el lingstico. b) Utilizar continua y acertadamente textos como ejemplo de los wntenidos tericos. c) Una adecuacin real y ajustada de los wntenidos al escassimo tiempo que se podr dedicar a estos aspectos. d) Utilizar el vocabulario de contenidos culturales como ejemplos para la explicacin linguistica (romanizacin, artes liberales, vestimenta, das de la semana, dioses, etc.). Todo ello hace de este cuaderno una propuesta vlida, e interesante para los profesores que imparten e impartiremos esta nueva asignatura. Su utilizacin es ms que aconsejable, salvo problemas por el dificil acceso que puede tener al estar publicada por un CEP. Sena deseable que editoriales de mayor difusin se hicieran eco de este tipo de trabajos, y que otros vinieran a aumentar los materiales didctiws con que contar el profesor de Cultura Clsica. Jos M" RODI~GUEZ JIMNEZ LUIS M. MACAAPARICIO, El estado ateniense como modelo cla'sico de la democracia, Madrid, Asamblea de Madrid, 1993.
1. Presentacin. El motivo de la aparicin de este volumen se explica en la p. 28, donde se recuerda que 1993 fue el ao conmemorativo del dcimo aniversario de la constitucin de la Comunidad Autnoma de Madrid y que, desde un principio, el rgimen democrtico ha sido el marco de desarrollo de esta autonoma. Aprovechando la ocasin, el autor se retrotrae a la primera democracia conocida e ilustra con textos los pasos previos del estado ateniense hasta alcanzar el sistema poltico democrtico. El procedimiento empleado no es otro que la teona ejemplifcada con textos traducidos por el propio autor, cuya pericia en estas labores es sobradamente conocida por todos gracias a sus ltimas traduciones aparecidas en Akal: Guerra del Peloponeso, CSIC: Riada, y Ediciones Clsicas: obra completa de Aristfanes.

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2. Organizacin. El presente libro, cuyo ttulo muestra claramente el tema y la intencin del autor, se estructura en los siguientes puntos. Prlogo: de Pedro Dez de Olazbal, presidente de la Asamblea de Madrid. Introduccin, donde se pueden percibir distintas partes; en primer lugar, la hilazn justificativa entre el mundo de hoy y el de ayer. El antecedente del rgimen poltiw actual se remonta a la casi mtica e ideal democracia ateniense; de vez en cuando, el autor va a establecer un parangn entre la actualidad democrtica y la correspondiente institucin ateniense (p. 15). Despus, el desarrollo del origen, primero mtico y despues histrico, del estado democratico en Atenas. A continuacin, la exposicin de los rganos de gobierno democrticos atenienses: el consejo, la asamblea y el poder judicial. Por ltimo, las fuentes para la semblanza del rgimen poltiw que se quiere describir, especialmente literarias y, en parte, alejadas de ese momento democrtico, wrto y brillante, de la vida de Atenas: para la primera parte, la obra elegida no es otra que La Constitucin de los atemenses de Aristteles, preferida frente a la obra del mismo nombre de Jenofonte debido a la virulencia de este autor wntra el rgimen ateniense. Se justifica la eleccin por el hecho de ser una obra descriptiva y rigurosa, lo suficientemente alejada del momento wmo para ser objetiva; sin embargo y aun siendo cierta esa reflexin, tambin cabria considerar que, w n el tiempo, igualmente se tiende a idealizar el pasado, especialmente si, wmo le ocurre a Aristteles, se padece un sistema poltico claramente desptico y muy distinto del que se describe; por ende, w n la crtica que Jenofonte vierte wntra el regimen ateniense no tiene por qu perderse la objetividad o, al menos, si sta se pierde, se gana en cercana temporal. Para la segunda parte se han elegido textos de autores variados (Hornero, Tucdides y Aristfanes) cuyo punto en wmn no es otro que el demostrar una realizacin cotidiana del sistema democrtico ateniense. Primera parte: la larga marcha hacia la democracia, en donde, w n cierto hlito de leyenda y wmo si estuviramos sentados dispuestos a presenciar la proyeccin del esforzado trabajo de unos hombres en la wnsecucin de un ideal, el autor nos introduce de lleno en la materia con un breve prlogo a modo de sntesis histrica de las distintas etapas polticas previas a la democratizacin. A partir de aqu y en nueve puntos se documentan los distintos regimenes experimentados en Atenas mediante textos alusivos o explicativos de cada uno de esos momentos: 1. La poca legendaria w n el primer rgimen ateniense, la monarqua de origen divino: Teseo. 2. La primera intentona de establecer la tirana: Ciln. 3. El sistema legislativo de Dracn: primeras leyes escritas. 4. La gran reforma judicial y poltica de Soln. 5. El triunfo de la tirania: Pisstrato. 6. La constitucin democrtica: Clistenes. 7. La edad de oro democrtica: Efialtes y Pericles. 8. El deterioro de la democracia: oligarqua y la tirana de los treinta. 9. La farsa de la democracia: el control de Esparta. Un segundo aspecto completa esta primera parte w n el ttulo Organizacin del Estado ateniense)), en donde se describe con gran rigor el funcionamiento de los tres rganos preceptivos de todo sistema constitucional,

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junto al papel que desempea el pueblo en esta democracia: 1. La ciudadana: derechos y deberes. 2. Los poderes legislativo y ejecutivo. 3. La dificultad del poder judicial, cuya comprensin requiere una detallada no slo descripcin, sino, sobre todo, explicacin de un sistema que, a su nivel, nada tiene que envidiar al nuestro. El autor acomete la tarea con conocimiento y soltura para alivio de los lectores. Acaba esta parte con las prolijas notas sin las cuales difcilmente se entenderan alusiones muy concretas de los textos; cumplen la funcin que uno quema que tuviera siempre este apartado, el de complementar los textos. Segunda parte: las instituciones democrticas y su funcionamiento. Esta segunda parte trata de sintetizar los usos y el funcionamiento de las instituciones sobre las que se cimentaba el regimen democrtico ateniense; aunque en ningn lugar se menciona de forma explcita, el autor siempre tiene presente y pretende que igualmente nosotros tengamos en la cabeza cules son las correspondientes instituciones de nuestra democracia y su actual funcionamiento; esta tcita alusin ayuda a comprender el significado y alcance de dichas instituciones en Atenas y la evolucin y desarrollo de las mismas entre nosotros. En este apartado, a pesar de lo que pudiera parecer, quienes hablan son los textos. En efecto, aunque tambin en la primera parte ahundan los textos, es aqu, tal como reconoce el autor, donde wbra vida el espritu del hombre ateniense; especialmente, eso es inevitable, en los textos de Aristfanes, sorprendentes siempre y certeramente elegidos en este caso. Cada uno de ellos est previamente contextualizado y centrado para que el lector se site. En el primer y segundo puntos, Orgenes mtiws de la democracia y Las asambleas de la poca, el autor se remonta al pasado lejano del mito y de la pica para buscar dudosas huellas que preludien el alba del rgimen democrtico; en un primer texto, de Plutarco, se cuenta el origen divino de la ciudad de Atenas, emparentada con el hroe Teseo y su conducta, casi democrtica, a la hora de organizar polticamente la ciudad. El segundo texto ser ms conocido para todos, pues se trata del famoso episodio de la asamblea homrica de los hroes reunidos para hallar explicacin a la peste que azota al ejrcito aqueo y la desgraciada intervencin de un cualquiera en la discusin, Tersites. El tercer punto, Las sesiones del consejo y la Asamblem, se centra ya en la Atenas democrtica y ejemplifica profusamente el autor su utilizacin por parte de los atenienses con diez textos, cinw de Tucidides y cinco de Aristfanes, sumamente expresivos; son pasajes sobresalientes, a mi modo de ver, el 3.4 Pericles disea la estrategia ante la guerra (Tucid. 1 31-45), el 3.5 Si las mujeres mandaran ... (Aristf. Asamblea de las mujeres, 1 SS.),el 3.7 Un decreto de la asamblea: la paz de Niciasn (Tucd. V 17-19), y el 3.8 Lo til frente a lo tico: el asunto de Mitilene (Tucd. 111 36-49). El ltimo punto, &l sistema judicial, es, quizs, uno de los ms interesantes de los tratados en este libro debido a las abismales diferencias y, al tiempo, estrechas semejanzas w n nuestro actual sistema judicial; es evidente

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que ahora no es posible presidir un tribunal sin una preparacin muy cualificada a diferencia de lo que ocurra en Atenas, donde los jueces eran elegidos entre el pueblo por sorteo; sin embargo, la corrupcin, la falta de independencia, la incoherencia entre las distintas instancias judiciales o el apego al cargo que describen magistralmente los pasajes seleccionados, no suenan extraos a los odos de un lector contemporneo; pasajes como el 4.2 Los vencedores de las Arginusas ante la asamblea (Jenofonte, Helkmcas, 1 7-34) o el 4.5 Los jueces, amos del mundo o esclavos% (Aristf. Avispas, 489728) son hitos literarios y sociales. El libro se cierra con un eplogo que lleva por titulo la pregunta que cualquier lector curioso proferira al final de su lectura: cmo son los atenienses?, a la cual da hbil respuesta el autor desdoblndola en dos, segn quien conteste: el resto de la Hlade: 1. jcmo son esos atenienses!; los propios atenienses: 2. jcmo somos los atenienses! Ambos textos, tomados de Tucdides, son dos descripciones paradigmticas sobre la opinin propia y ajena de un mismo asunto: el carcter tal vez osado, quizs atrevido, de la primera ciudad que consigui por s misma regirse por un gobierno del pueblo. Slo queda mencionar la breve bibliografa que se cita al final y un til ndice de pasajes citados, puesto que, al fin y al cabo, el material de este trabajo lo constituye el relato de los propios protagonistas. 3. Valoracin. De este apartado podra prescindir, habida cuenta de los juicios de valor ya vertidos a lo largo de los comentarios anteriores sobre la estructura del libro. Sin embargo, aprovechar para sealar al autor y editor que, a pesar de la esmeradisima edicin lograda, aparecen algunas erratas, sobre todo, acentuales. Quiero repetir aqu la oportunidad y documentacin de cada una de las notas y, a pesar de la abundancia, slo he echado en falta una que aclarara, en la p. 145, el comentario que profiere la Mujer 1 respecto al hecho de untarse aceite y tomar el sol. Se puede uno preguntar qu supone este libro con respecto de otros que ya han tratado el tema de la democracia ateniense como, adems de los citados por el autor en la bibliografia, los muy conocidos de C.M. Bowra, La Atenas de Pezicles y de C . Moss, Historia de una democracia: Atenas; la diferencia y la originalidad se encuentran en la perspectiva adoptada en el anlisis de los acontecimientos: mientras aue los manuales clsicos ~ a r t e ndel estudio de la democracia, su desarrollo y desaparicin en Atenas, el manual que reseamos parte del hecho actual de la extensin del sistema democrtico a Occidente como el mejor modelo poltico, y desde aqu se remonta al antecedente primero y quiz insuperable de la democracia ateniense. No es un simple tpico plantearse en qu hemos superado el sistema ateniense o, al menos, en qu ha cambiado el sistema inventado por la ciudad de Atenas; es, ante todo, una deuda. No creo que est de ms recomendar, finalmente, la lectura de este peculiar manual, que ana felizmente la diversin con la enseanza, todo ello aderezado con la elegante prosa del autor, cuya cristalizacin ms frecuente es el periodo largamente subordinado, heredado tal vez? de sus lecturas y

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trabajos; vease-si no: Sin embargo, fue en la vieja Atenas donde la democracia y sus instituciones dieron los primeros pasos, que nos conducen hasta la imprecisa poca del mitico Teseo, hroe nacional de la ciudad a la que liber del oneroso tributo de vidas que para su sacrificio por el Minotauro estaba obligada a pagarle Atenas al cretense Minos en reparacin de la muerte de su hijo Andrgeo en batalla con los habitantes de aqulla (p. 13).

ARIST~TELES, Reproduccin de los animales, introduccin, traduccin y notas de Ester Snchez, Madrid, Editorial Gredos, 1994, 326 pp. Un sistema de pensamiento es una visin del mundo. Existen incontables modos de comprender la realidad, aunque todos coinciden en tener una 1nea-eje que desempea el papel de bisagra para articular el resto de los elementos que componen el mtodo. As, en el arte, cada parcela tiene su superficie irradiada desde un punto axial (uno para cada mtodo emprendido dentro de los posibles en cada arte): la msica desde el sonido-ritmo, la pintura desde el color-lnea, la literatura desde el concepto-palabra, etc. La religin posee como mdula la transcendencia sobrenatural de los hechos naturales, y en la variedad de credos cada uno gira en torno a una lnea madre, como lo hacen el Cristianismo, el Islamismo, el Budismo, etc. en tomo a las figuras de Jess, Mahoma, Buda, etc., con todo lo que cada uno representa. Pues bien, la filosofa, con ser tan amplio su objetivo y abarcar al resto de los conocimientos, no deja de ser un wno cuyo vrtice y directriz defne una manera, entre otras muchas existentes, de acceder a la mirada w n que todos los hombres, antes o despus, m& profunda o ms someramente, queremos indagar lo que nos rodea. En la obra de Aristteles las coordenadas son los wnceptos de materia-forma, potencia-acto, y otras de combinacin plural, como los cuatro factores que intervienen en los procesos activos: motor, materia, forma y fin. Aplicados estos elementos sistemticos en la obra que reseamos, ofrecen, entre otros muchos resultados, la comprensin de las funciones en la pareja complementaria de macho-hembra en los vivparos. No es tan relevante el error desde el punto de vista de la biologa modema- de considerar la sangre de la hembra como depositario que al recibir el esperma del macho coagula, como el acierto de esa capacidad de observacin que encuentra en la reproduccin las funciones materia-forma, etc. y que nos permite empezar a reflexionar de nuevo, si como buenos lectores nos dejamos guiar por el autor y nos hacemos la pregunta: cmo explicar el fenmeno de la reproduccin en todas las especies observables a simple vista, y desde el conocimiento natural en el nivel en que lo dejaron los presocrticos? Ya en la introduccin, la traductora, de manera consciente y cmplice, nos remite al tpico. Desde luego el inters de la obra, adems del que sin duda ha suscitado en el campo de la fitosofia, puede captar a cientficos en momentos en que la complejidad del saber depende tanto de la observacin artificial, que

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como descanso agradecern la indagacin a pelo, como vemos que muchos aficionados a la equitacin, desilusionados del excesivo aparejo, prescinden de la montura para estar ms cerca de lo que realmente los atrae. Ahora bien, los aciertos tambin son muchos en el mero campo del conocimiento cientiiw. Desde el lado filolgico, el manejo de las palabras ms clsicas, como arch (&px4), en oposiciones del tipo arte-naturalcza, correspondindose con la de agente exterior-interior, se nos aclara en las notas en las que a veces se cita un texto original, como por ejemplo la 28, en la p. 135. All, la frase procede de Metafisica, 1070a7-8, y su reflejo en esta obra nos da la conexin w n otros importantes escritos aristotliws, idea que en la introduccin aparece al tratar la autenticidad y cronologa de Reproduccin de los miinales, donde se repasan las aportaciones al problema de varios autores. La madurez de esta obra del estagirita viene avalada, entre otros argumentos, por la inclusin del concepto unitario de cuerpo-alma. Apuntes de esta envergadura, en el trabajo introductorio, son tambin la exposicin en sntesis de otras obras aristotlicas de la Naturaleza; el anlisis del mtodo de investigacin (incluye una lista de analogas entre naturaleza y otros campos de la realidad); explicacin del tema central, la teora de la reproduccin; sobre la herencia gentica; fuentes, sucesores y estilo; como colofn, una explicacin, interesante a nuestro juicio, sobre la adopcin del trmino reproduccin para gnesis (y v e o ~ s ) .

ANDREW ERSKINE,The Hdenistic Stoa. Political though t and action, Londres, Duckworth, 1990, XII+233 pp. Despus de una introduccin (pp. 1-7) muy interesante desde un punto de vista metodolgiw, el autor de esta obra, Erskine, se ocupa en el primer captulo (pp. 9-42) de la Politeia de Zenn, que estudia en un contexto filosfico y poltiw. En el segundo captulo (pp. 43-63) el autor trata la esclavitud y la sociedad. Pone de relieve el concepto progresista de los estoicos en materia de esclavitud frente a las teoras de Platn y Aristteles. El tercer captulo (pp. 64-74) versa sobre la participacin en la vida poltica promovida por los estoicos. El cuarto captulo (pp. 75-102) est dedicado a la poltica en la Atenas del siglo 111. Erskine subraya que los estoicos defendan una Atenas independiente y democrtica (pp. 75-77). Erskine va wntra la habitual creencia en la estrecha relacin entre Zenn y Antigono Gnatas (pp. 79-84). Tambin se ocupa de Zenn y la poltica ateniense de la poca. El quinto capitulo (pp. 103-122) versa sobre propiedad y justicia. El sexto captulo (pp. 123-149) est consagrado a la revolucin espartana, la cual se produce en los reinados de Agis y Clemenes, que acceden al poder en 24413, y que proclaman un retorno a la poca de Licurgo. Erskine ha subrayado la influencia de Esfero y el estoicismo (p. 147). En el sptimo captulo (pp. 150180) el autor se ocupa de los Gracos. Los ha visto muy bien en su conexin

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con Nabis (p. 150) y tambin ha sealado la simpata de los estoicos hacia Roma por su oposicin a Macedonia (p. 151). Ve a Panecio asociado a la propaganda wntra los Gracos (pp. 158-161), mientras que Blosio de Cumas aparece conectado con los dos hermanos revolucionarios (pp. 161-167). Lgicamente Erskine se ha ocupado de los problemas de la legislacin agraria (pp. 167-171) as wmo del poder tribunicio y de la soberana popular (pp. 171-180). El ltimo captulo (pp. 181-204) est dedicado a la justificacin del Imperio Romano y tambin a su critica por parte del estoicismo. Examina la actitud de Polibio (pp. 183-188), la critica que sobre Roma ejerce Carnades (pp. 188-192), la justificacin llevada a cabo por Panecio (pp. 192-200). Tras l se ocupa de Posidonio (pp. 200-203), quien acenta el papel positivo desempeado por los romanos en Hispania (p. 201). En la conclusin (pp. 205210) el autor se fija en la proyeccin de la flosofa estoica. El apndice (pp. 211-214) est dedicado a Panecio: familia, poltica, carrera, relacin w n Roma. Al final (pp. 215-223) hay una excelente bibliografa. El libro termina w n un til registro (pp. - - 225-233). Es un libro innovador que sita la filosofa estoica en su contexto histriw. El autor tiene un sentido dinmico y prctiw de las ideas filosficas. Hay que observar que este libro destruye la creencia de la implicacin directa de la filosofa en un movimiento poltico determinado. El autor ve las cosas en un contexto ms amplio. Es un libro que versa sobre Filosofa y Politologa y se dirige a los historiadores de la Antigedad en el sentido ms amplio y teniendo muy en cuenta las circunstancias sociales.

GERHARD WIRTH,Diodor und das Ende des Helienismus. Mutmassungen zu einem fast unbekannten Historiker, Viena, Verlag der Osterreichischen Akademie der Wissenschaften, 1993,52 pp. Este libro hav aue situarlo en el renacimiento de estudios sobre Diodoro Sculo que se experimenta actualmente. Hay que tener muy presente que la Bib/ot%xa HistonCa de Diodoro es la historia universal ms extensa que se ha preservado de la Antigedad, si bien en extensas partes slo de manera fragmentaria. Wirth es uno de los ms importantes historiadores de la Antigedad que hay actualmente en Alemania. Esta obra que reseamos es un trabajo completamente renovador e-intenta ir ms all de la opinin que habitualmente se tiene de Diodoro como un mero compilador de fuentes. Wirth se hace muy inteligentemente la pregunta de que a qu audiencia yT piensa ) que Diodoro ha escrito para un pestaba dirigida la B L P X L O ~ I ~ K blico especialmente cultivado (p. 13). Como es lgico, el historiador alemn se ha ocupado del problema de las fuentes, pero de una manera innovadora, y cree que Diodoro ha seleccionado sus fuentes segn sus conveniencias (p. 21). Desde un punto de vista ideolgico, Wirth pone de relieve la afiliacin

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al estoicismo de Diodoro (p. 14), pero, por otra parte, recalca que no se puede adscribir al historiador de Agirion a ninguna categora poltica o ideolgica (p. 20); no obstante, Wirth insiste sobre el carcter universal de la Bibliotheca (p. 14), lo que permite conectarlo con el estoicismo. Como sabemos, la obra comienza con el Oriente y sigue con Grecia para terminar en Roma. Tras la lectura de este trabajo se tiene la impresin de que Diodoro tena una visin negativa del Oriente y que pensaba que es justamente la influencia orientalizante la que ha imprimido la decadencia (p. 52) al Helenismo que comienza con Alejandro. Wirth reconoce el papel histrico-universal que Diodoro asigna a Roma (pp. 12-13) y presenta (pp. 50-51) la original idea de que la obra termina con Csar debido a su actualidad, pero que se refiere a l de manera indirecta e irnica, pues es en Pompeyo en quien Diodoro haba pensado como la autntica personalidad que podia regenerar Roma. En suma, Wirth considera que Diodoro haba visto la historia de Roma como una contradiccin que se poda superar en el futuro. Es un libro breve, pero de gran densidad, y se puede afirmar que Wirth ha tocado con gran originalidad la mayora de los puntos cruciales de la obra de Diodoro. Jos MIGUEL ALONSO-NITEz J.M. BLAZQUEZ, M.P. GARC~A-GELABERT, Cstulo, ciudad ibero-romana, Madrid, Istmo (Coleccin Fundamentos), 1994, 563 pp. + 24 ilustraciones. Las excavaciones de la antigua ciudad ibero-romana de Cstulo, en los alrededores de Linares (Jan), se han prolongado durante veinte aos, a partir de 1970, y si bien no han arrojado resultados espectaculares, porque el yacimiento est muy destruido desde generaciones pasadas, sometido a los continuos avatares del tiempo y a la intensa reutilizacin de las piedras de los edificios para construcciones, desde el siglo XV hasta nuestros das, s ha aportado un ingente cmulo de datos acerca de su historia y, por extensin de la historia de la alta Andaluca y ms an acerca de la de la antigua Btica romana. Los profesores Blzquez y Garca-Gelabert han publicado numerosos artculos en revistas hispanas y extranjeras y comunicaciones presentadas en congresos peninsulares y extrapeninsulares, acerca,de la realidad de Cstulo, en los cuales manejan de manera sistemtica los datos arqueolgicos extrados de las campaas de excavacin conjugndolos y articulndolos con los de las fuentes clsicas. Ahora bien, para el estudioso interesado en este yacimiento, en su historia, y en las aportaciones del mismo a la historia antigua de Espaa, le es difcil en ocasiones la consulta de los mismos en las revistas y10 actas de los congresos, y es por esto que han llevado a cabo una labor de recopilacin y seleccin de entre la ingente literatura que se ha producido en torno a Cstulo. Y esta seleccin de artculos, con la bibiliografa actualiza-

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da, y un importante aparato de notas, es la que se presenta; en este volumen, los artculos van acompaados de una serie de ilustraciones, bien reproducidas, aunque no en la cantidad que hubiera sido de desear. Se divide la publicacin en tres partes, subdivididas en captulos pertenecientes a las etapas fundamentales por las que pas la ciudad, primero un asentamiento en la Edad del Bronce fmal sus orgenes ms antiguos se remontan al Paleoltico superior, ms tarde un populoso oppidum ibrico y finalmente una magnifica ciudad romana, potenciada en su urbanismo por la gran riqueza metalfera de la zona y la intensa afluencia de elementos itlicos a la wmarca. En la primera parte se da un repaso general al hbitat generado durante la Edad del Bronce Final, enriquecido y engrandecido por las relaciones wmerciales y culturales mantenidas desde el mismo con los grupos humanos del bajo Guadalquivir, los tartesios, intermediarios de los fenicios en el negocio de la extraccin y trueque de metales. Es de destacar el estudio del poblado orientalizante de la Muela y su santuario, que ha proporcionado un amplio conocimiento del impacto de Oriente en el hinterland y que model, en cierta manera, la cultura autctona de la Edad del Bronce y la posterior cultura ibrica. Cstulo fue la ms importante ciudad minera en el Alto Guadalquivir. Es la ciudad ms citada en las fuentes antiguas despus de Tarraco. En la segunda parte, Cstulo en poca ibrica, se estudia w n especial nfasis el tema de las necrpolis, que aporta interesantsimos datos sobre el pueblo ibero, su evolucin poltica, desde una sociedad igualitaria a una sociedad redistributiva de jefatura, su estra~cacinsocial, los mecanismos de wmercio, las muy elaboradas ideas y creencias acerca de la vida de ultratumba, en funcin del anlisis de los ajuares depositados en los enterramientos, algunos de una extraordinaria envergadura, de la superestmctura de las tumbas; pasndose desde los monumentales de cmara o tumulares, alas de empedrado tumular, a las sencillas fosas o cistas que reciben los huesos y ajuares resultado de la cremacin, a las urnas acogidas en simples hoyos. Este santuario es importante por responder a paralelos trados del Oriente por los fenicios, por la temprana presencia de mosaicos de guijarros, tambin trados del Oriente, y por demostrar que muy probablemente este santuario, como los de Chipre, tena el monopolio de la compra y extraccin de los minerales. Hay indicios de que Cstulo wnt con talleres de escultura tan buenos como los de Obulco (Porcuna, Jan). El siglo de oro de Cstulo en la etapa prerromana debi coincidir con los s. IV-111 a.c. A esta poca pertenecen los numerosos fragmentos arquitectnicos llevados a Madrid, MAN, por Gngora, en el siglo pasado, que prueban la existencia de edificios, posiblemente templos de gran empaque. Y finalmente hay que resear la tercera parte wmo fundamental en la historia de Cstulo, la dedicada a la cultura romana. Los autores han incluido en esta ltima parte una importante seleccin de artculos en los que a

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travs de la epigrafa latina se estudian la titularidad de la ciudad, el panten, la religin y las principales familias que habitaron la localidad en su poca de esplendor situado en el Alto Imperio y la economa. En Cstulo, en poca romana, se pueden dedectar por la epigrafia dos grupos de familias: en poca julioclaudia existe una aristrocracia local indgena, ya romanizada, procedente de las antiguas clientelas de los generales romanos de la conquista; a partir de los emperadores flavios hacen su aparicin libertos y esclavos imperiales y griegos posiblemente vinculados con las minas. Entre las inscripciones cabe destacar el comienzo de un edicto sagrado sobre el aceite, que probablemente no podia ser semejante al de Atenas, dado por Hadnano. En las excavaciones del Monte Testaccio, seis campaas, no han aparecido titdpicti, ni sellos de esta zona. Un captulo, el XIX, se refiere a un complejo constructivo, denominado el Olivar, situado en el interior de la ciudad muy al sur, el cual se compone de una serie de estancias termales y zonas ajardinadas que componen un complejo terma1 y recreativo pblico, con una secuencia cronolgica desde la poca julioclaudia hasta la rabe, con mltiples reacondicionamientos y reestructuraciones y en el cual incluso se han rastreado, en los estratos ms bajos, vestigios de la Edad del Bronce e ibricos. Y el captulo XX y ltimo resume de manera pormenorizada la historia general de Cstulo.

J. RENESAL, E. RODRIGUEZ, Excavaciones arqueolgiJ.M. BLAZQUEZ, cas en el Monte Testaccio (Roma). Memoria campaa 1989, Madrid, Ministerio de Cultura, 1994, 220 pp., 149 figuras, 12 lminas.
Se calcula que el Monte Testaccio tiene entre 45 y 55 millones de nforas en su mayoria procedentes de la Btica y ms wncretamente de la zona comprendida entre Crdoba e Hispalis. A partir de los Severos se ha documentado un 12% de nforas africanas. El estudio de los tituli picti es importante para inferir valiosos datos acerca de la historia econmica, social e incluso poltica del mundo romano altoimperial, asimismo para inferir datos acerca de las relaciones entre Roma y las provincias, wncretamente, en este caso, la provincia Btica hispana. Y desde luego contribuyen los tituii picti a la datacin absoluta de un ingente cmulo de material anforario, diseminado por todo el mbito de dominio romano. En este volmen se estudia la epigrafia hallada durante la excavacin arqueolgica llevada a cabo en el Monte Testacio de Roma en otoo de 1989, los btul picti y los sellos, stos tambin impresos sobre las nforas Dressel 20, al igual que los primeros. La obra que se comenta consta de una introduccin con una breve historia del Testaccio y de tres captulos, el primero y el segundo firmados por E.

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Rodriguez Almeida, el tercero por J. Remesal. Adems contiene un apartado con indices y tablas que facilitan la labor de consulta. El primer captulo es introductorio al tema. El contenido del captulo segundo consiste en el estudio de los tituli picti, uno de los principales focos de atencin de la investigacin hispana del Testaccio. Sobre los titufi picti y sobre los sellos, se centra el nfasis del estudio del proyecto espaol del monte Testaccio. E. Rodrguez Almeida, siguiendo la lnea directora de la obra, se limita a incluir un catlogo de fragmentos, sobre todo de nforas Dressel 20, con tituli picti en muy diverso estado de conservacin. La mayor parte son fragmentos de nforas bticas y una mnima de nforas de origen norteafricano y gliw. Los titu' picti son el mejor estudio paleogrfw que se conserva del Imperio Romano. Ya el Testaccio es el niw archivo fiscal del Imperio wnservado. A travs de l, se puede seguir perfectamente la inflaccin de la moneda y la subida de precios a lo largo de vanos siglos. Los tituli picti son fichas s proporcionar f~cales, que en muchos casos sirven para fechar los sellos y a una cronologa muy ajustada a los sellos btiws diseminados por todo el Imperio. Las excavaciones del equipo dirigido por el prof. J. M. BIzquez permiten interpretar wrrectamente algunos pasajes de la Nistonh Augusta en lo referente a las confiscaciones de los Severos, despus de la batalla de Lyon en 197, en la que Hispania apoy al derrotado Albino. No hubo tales wnficaciones, o por lo menos, no fueron generalizadas. Esta campaa de excavaciones ha permitido conocer datos importantes sobre la formacin del Testaccio. Se hicieron dos plataformas unidas. Eran escalonadas, tenan muros fabricados con nforas circulares, para recoger ms material, y las nforas se suban en caballeras y arriba del cerro se trituraban. En el captulo tercero, firmado por J. Remesal, se estudian 145 sellos sobre nforas Dressel 20. Los sellos aportan informacin acerca de la produccin de las nforas y del aceite contenido en ellas.

ATATIHTOZ r. T Z O ~ A N A K NH EO Z E,X X ~ V L ~ KT P~ C L ~ ~ C LTesalTLKT~, nica 1994, 828 pp.


Con verdadero entusiasmo damos la bienvenida a la publicacin de la Gramtica del Griego Moderno que el profesor A.G. Tsopanakis nos brinda. Y es que la necesidad de una nueva Gramtica era muy necesaria. En efecto, ha pasado medio siglo desde la publicacin de la Gramtica estereotipadw de M. Triandafdidis (1941), trabajo que complet posteriormente A. Tzartznu. Y bien sea por razones socio-polticas, o por la anarqua lingstica (p. 26) que ha definido al griego moderno en los ltimos aos, el

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hecho es que no disponamos de una obra de las caractersticas de la que hoy presentamos. En principio debemos admitir que en la poca actual se va sintiendo, en la enseanza, un rechazo al estudio de la gramtica en s, dado que se piensa que supone una carga aadida al estudio de la lengua. As, por este motivo, el autor del libro denuncia la abolicin de la enseanza de la gramtica en las aulas. &caso el no ensear gramtica significa progreso, y el ensearla conservadurismo? O es que acaso el saber cmo funciona un sistema lingstico es algo retrgrado? Qu hay de sabio en haber suprimido de los planes de estudio itambin en Grecia! el griego clsico, habindole sustituido por traducciones de los textos antiguos a la lengua actual? No tenemos respuesta. Pues bien, partiendo de estas prernisas, intuimos que esta obra va ms all de planteamientos lingstiws o filolgicos, ya que este trabajo nos permite reflexionar. Al hilo de este pensamiento me vienen a la mente las palabras del profesor Tsopanakis, para quien no existen libros o temas insalvables, que dejen al lector indiferente, sino que los que podemos provocar indiferencia o confusin en el alumnado somos los profesores, y ms en tiempos de crisis en nuestros estudios. Tras estas reflexiones damos paso a la presentacin de la obra en s. Consta de un prlogo, una sucinta bibliografia, seis captulos (una breve historia de la lengua griega, fontica, morfologa, sintaxis, lxico y prstamos de otras lenguas), as como de un eplogo y un ndice general de trminos. Es por ello por lo que una obra de tales caractersticas ms bien la calificaramos de una Enciclopedia de la lengua, dado que el trmino gramtica nos da la sensacin de que no abarca todo lo que incluye este estudio. En efecto, se trata de una presentacin exhaustiva de los fenmenos lingsticos, contemplando al tiempo la historia de los mismos. Es un estudio rigurosamente cientfico que nos demuestra wmo, a pesar de la crisis lingstica que atraviesa el griego actual, se puede escribir una gramtica normativa. Con todo, al leer este estudio, no deja de sorprender el hecho de que, en el tema de las desinencias verlyles, el autor presente la diferenciacin de las desinencias de segunda y tercera persona del singular segn se trate del modo indicativo o del subjuntivo (as en el primer caso las desinencias seran +LS, -c L , mientras que en el segundo seran -qS ,-q). No dudamos que histricamente esta diferenciacin tenga su razn de ser, pero en las aulas no podemos mantenerla porque estamos enseando dimotib', y esa diferencia no se contempla. Creemos que, si bien hay dos posibles desinencias para el subjuntivo, lo correcto sera incluir las dos en los cuadros sinptiws de los verbos, dado que para un estudiante extranjero la ausencia de las desinencia~ actuales para el subjuntivo puede crearle una verdadera confusin. Por otra parte, en esta misma gramtica, leemos en la p. 281 pnope v a y v c ~ y en la lnea siguiente p n o p ~ v a yivq. Si se proclama una norma, habra que mantenerla siempre. En esta misma atmsfera de confusin se podra ver el estudiante extranjero cuando, de pronto, a pesar que no se hace sisteEstudios CfLicos 108. 1995.

mticamente, el autor utiliza en su discurso la forma TVE (p. 170) como la utilizara Karkavitsas en el relato El mam. As, sin previo aviso, el empleo de esta forma, a los ojos de uti estudiante, puede provocar verdadero desconcierto, dado que, si la utilizara en su escritura, indiscutiblemente se le w rregira. As pues, pensamos que deberan aadirse, a modo de notas, algunos detalles de este tipo, de cara a un p b h ms extenso. Claro est que se podr pensar que estos no son sino interrogantes personales, pero a la hora de recomendar esta gramtica a los alumnos, hay que planterselos. De ella se les dir que es una obra perfectamente sopesada y lo suficientemente wmpleja como para despertar el inters del mximo estudioso. Un estudio que, adems, va acompaado de una fe de erratas con la que se demuestra al lector que hasta el ltimo momento se ha revisado la obra. Faltara aadir algunos pequeos detalles como T T O ~ T O K (p. ~ ~ 199) L ~ en lugar de nopoicaS para el vocak ~ si , bien ms urgente seria corregir la forma E U O ~ Edada tivo femenino singular (p. 259), en lugar de d 8 q . Es este el momento de advertir al lector que el ndice general parece que no ha sido revisado (a diferencia del cuerpo de la gramtica), y si bien una resea no es lugar para anotar los errores que hay en l, anunciamos que, por nuestra parte, se le ha dado cumplida cuenta al autor de la gramtica, para que en sucesivas ediciones estos errores queden subsanados, pues la verdad es que son muchos y desmerecen una obra tan minuciosamente cuidada y escrita. En cuanto al captulo de los prstamos se dedica unas ineas a los prstamos del espaol. A este respecto podramos apuntar algunos detalles. Comienza con la palabra y a p p m j s , i>, 'el viento del suroeste', cuando ms correcto sena incluirlo en el captulo de los prstamos del rabe, dado que 'garbino' en espaol viene del rabe ~ g a r b b 'occidental'. Adems, se dice en a espaol es 'cabardina' (por 'gabardina'). As tambin que ~ a m a p v ~ i v KUOT~VL~TES se dice que viene de 'castaetta', cuando en espaol la paiabra es 'castauela'. A continuacin cita la palabra p a k a y v a que en gris go significa 'persona astuta', identifcndolo en espaol con 'malagana', que semnticamente no tiene nada que ver. El mismo problema existe con v a Xppa, lema para el que se remite a 'palabra', cuando semnticamente en los diferentes idiomas no tienen relacin alguna, sino que se trata de falsos amigos. A su vez habra que corregir 'pareia' que en espaol es 'pareja'. Para terminar, consideramos que la presente Gramtiica es un instrumento indispensable para el conocimiento de la lengua griega actual. Con ella el lector viajar por todo un laberinto lingistico, el de la lengua que nos ocupa, y nacer en l un inters especial, que surge de la amenidad expositiva que caracteriza, a este Maestro, quien desde Salnica nos ofrece esta obra, y para quien el Atica, cuya capital es Atenas, era y sigue siendo una pequea regin de Grecia.

ACTIVIDADES DE LA SOCIEDAD ESPAOLA DE ESTUDIOS CLSICOS

ACTIVIDADES DE LA NACIONAL

AL TERMINAR EL MANDATO DE LOS CARGOS DIRECTIVOS DE LA JUNTA Parece conveniente, paralelamente a lo que se hizo al terminar el mandato anterior (vase Estudios Clsicos 100, 1991, p 275 SS.), ofrecer al terminar este otro mandato un pequeo balance. Aunque se ha procurado tener a los socios informados en todo momento: ya a travs de la Junta y Asamblea, ya de nuestro Suplemento hfonnativo y de esta misma revista. Por otra parte, un informe circunstanciado fue leido, en la sesin de clausura del IX Congreso, por nuestra secretaria, y ser publicado en el primer volumen de las Actas. Creemos haber cumplido aquello que prometimos al presentar nuestra candidatura, que fue votada en febrero de 1992. Ello ha supuesto para nosotros una carga muy pesada, que hemos asumido con gusto para hacer honor a la confianza que en nosotros se depositaba. Infinitas reuniones (entre ellas una semanal), viajes, entrevistas, escritos, trabajo personal preparando las reuniones y las publicaciones. Todo esto compaginado w n nuestras ocupaciones profesionales. Son de vano significado, wmo se sabe, las actividades de esta Sociedad, aunque las que ms se vengan a la vista son las relacionadas con la Enseanza. Nuestro perodo ha correspondido a la fase posterior a los decretos de especialidades y de estructura del Bachillerato, a fines del 91. Estos decretos, que contenan puntos desfavorables, al menos permitan la continuacin de las dos especialidades de Griego y Latn y un cierto margen para ambas materias. Gracias a ello se ha conseguido que, aun en las peores circunstancias, se mantengan al menos dos plazas por Centro, una de Latn y otra de Griego. Fruto, insistimos, de las gestiones de la Sociedad. No hemos dejado, desde entonces, de luchar por mejorar los aspectos ms desfavorables de esos decretos: ya a corto plazo, ya con vistas a una mejora en el futuro. En algunos puntos (trato desigual de las dos materias en el primer decreto, problema de la multiplicidad de opciones) estamos todava hoy pendientes de las promesas que se nos han hecho en respuesta a infinitas

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gestiones. En otros, sobre todo en lo relativo a la Cultura Clsica, se han logrado resultados que significan un progreso, como saben nuestros socios. En cuanto a temas amenazadores como el reciclaje y las amortizaciones se ha hecho todo lo posible por atenuar sus efectos negativos y seguimos insistiendo en el tema. Esto ha significado un duro forcejeo tanto al nivel del Ministerio como de las Autonomas. Por otra parte y pensando en el futuro, no hemos dejado de aumentar la presin en el sentido de nuestro programa: al menos dos aos obligatorios de Latn y uno de Griego para la totalidad de la Seccin de Humanidades. Pero tambin hemos propuesto posibilidades ms ambiciosas. Y ello lo mismo al nivel de la Secretara de Estado que al del Ministro (hemos publicado los varios escritos a l dirigidos). Y al de los medios de comunicacin, en los cuales hemos estado presentes constantemente, ms ltimamente con motivo del IX Congreso. Y al de los partidos polticos de la oposicin, que en algn caso ofrecen una revisin favorable de la LOGSE; hemos dado noticia de ello. Adems, hemos organizado reuniones y simposios sobre temas educativos, a los que se han aadido los de nuestras Delegaciones. Y otros varios procedentes de convocatorias diversas, a los cuales hemos asistido siempre, insistiendo en nuestros temas y coordinando iniciativas. Destacamos sobre todo las domadas sobre las lenguas clsicas en los Proyectos Cumculares de Centro, de 1993, y el recin celebrado IX Congreso Espaol de Estudios Clsicos. Nos ha correspondido un perodo en el que el Ministerio haba tomado ya sus decisiones y era dificil influir sobre l. Con todo, hemos logrado w n cesiones y, sobre todo, hemos mantenido en alto nuestras ideas y propuestas, de cara al futuro. Temas administrativos. Se ha hecho un esfuerzo para racionalizar y mejorar, dotndoles de medios, los servicios administrativos y econmicos. Se ha comprado un local que asegura el futuro de la Sociedad, ante la incertidumbre que pende sobre el de Hortaleza 104. La situacin econmica ha mejorado. Sobre todo, hemos mantenido en un nivel de completo entendimiento las relaciones con nuestras delegaciones, tanto en las Juntas que se celebran tres veces al ao, como en relacin con los temas de enseanza, las reuniones y simposios que celebran, etc. Y, en lo posible, con nuestros socios, con los que hemos mantenido una nutrida correspondencia sobre los problemas que nos presentaban, aunque no siempre estuviera en nuestra mano solucionarlos. Estamos especialmente satisfechos de nuestro M Congreso, por el crecido nmero de asistententes (unos 800), por las ponencias, por las ms de 300 comunicaciones, por los actos celebrados en tomo a l (teatro y una exposicin de arte sobre la antigua Mitologa). Y, tambin, por el eco que ha tenido en la opinin pblica. El Secretario General de la FIEC, profesor Paschoud, nos ha felicitado efusivamente por el mismo, haciendo constar que, despues de la Amencan PMoIogid Association,es la nuestra la ms activa de las ms de 100 englobadas en dicha Federacin Internacional.

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En f i n , pensamos que en circunstancias nada fciles hemos puesto todo lo estaba en nuestra mano para mejorar la situacin y para mantener viva y prspera una Sociedad que se dirige a todos sin distincin en todos los lugares de Espaa. Cada cual podr opinar sobre el xito que hayamos tenido. Pero, en todo caso, dejamos abierta una va para el futuro manteniendo y haciendo crecer nuestra Sociedad y haciendo pblicas constantemente nuestra presencia y nuestras razones. Los miembros salientes de la Junta, F. RODR~GUEZ ADRADOS, C. CODOER MERINO, A. MART~NEZ DEz, Ma E. MART~NEZ-FRESNEDA, M. W T f NEZ QUINTANA, M. MORILLAS. CONVOCATORIA DE LA ASAMBLEA GENERAL De orden del Presidente de la Sociedad me cumple convocar a los socios de la SEEC a la Asamblea General que tendr lugar el prximo da 14 de Febrero mircoles, a las 15'30 horas en primera convocatoria y a las 16'00 horas en segunda convocatoria, en la c./ Duque de Medinaceli no 6 de Madrid, con el siguiente Orden del Da: 1. Lectura y aprobacin, en su caso, del acta de la sesin anterior. 2. Informe del Presidente. 3. Aprobacin en su caso del balance econmico de 1995 y de los presupuestos de 1996. 4. Elecciones para la renovacin de los cargos directivos de la Junta, de acuerdo con los artic$os 25, 26 y 32 de los Estatutos vigentes y con la Disposicin Transitoria Unica de los mismos, y para dar cumplimiento a los articulos 17 y 18 del Reglamento de Rgimen Interno de la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos. 5. Ruegos y preguntas. Madrid, a 20 de Octubre de 1995.

Fdo.: M" Emilia Martinez-Fresneda, Secretaria de la SEEC


CONVOCATORIA DE ELECCIONES DE CARGOS DIRECTIVOS DE LA SEEC
i n de poder desarrollar el punto 4. del Orden del da de la AsamCon el f blea General tal y como se especifica en el artculo 17 del Reglamento de Rgimen Interno de la SEEC, queda abierto el plazo de presentacin libre de candidaturas a los cargos de Presidente, Vicepresidentes, Secretario, Tesorero y Vicesecretario de la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos. A continuacin se reglamenta el detalle del proceso, sobre el modelo de la eleccin anterior (cf. Szqdemento Iizfonnativo 16).

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De la presentacin de candidaturas.
Por acuerdo de la Junta celebrada el da 28 de Septiembre pasado, el plazo de presentacin de candidaturas ser entre los das 15 de Diciembre de 1995 y 15 de Enero de 1996. Las candidaturas completas, firmadas por todos los miembros de las mismas, habrn de ser enviadas a la Secretaria de la SEEC (c/ Hortaleza, 104, 2' Izda., 28004 Madrid) antes de la expiracin del plazo de presentacin.

De los candidatos.
Habrn de ser socios de la SEEC en cualquiera de sus modalidades en la fecha de la convocatoria de la Asamblea General.

Propaganda electoral.
La SEEC pone a disposicin de cada candidatura debidamente formalizada la cantidad de 125.000 pts., que debern ser justifcadas contablemente, as como un juego de etiquetas con las direcciones de los socios. Otros juegos de etiquetas que se pidan debern abonarse.

De los electores.
Tendrn condicin de electores todos los socios que figuran en el censo de la Sociedad cerrado con la misma fecha de la convocatoria de la Asamblea General.

De la votacin y escrutinio.
De acuerdo con el articulo 18 del Reglamento de Rgimen Interno de la SEEC, se considerarn como votos vlidos a los efectos del art. 17 tanto los depositados personalmente en la Asamblea como los enviados por correo a la misma y los emitidos en las Asambleas de las distintas Delegaciones, enviados a la Asamblea General mediante acta del escrutinio. Las actas de los escmtinios realizados en las Delegaciones sern enviadas al Secretario de la Sociedad en un sobre cerrado, que ir dentro del utilizado para su remisin y que ser abierto en el momento del escrutinio. Anlogamente, los votos individuales enviados por correo sern remitidos en un sobre cerrado, acompaado de una fotocopia del DNI del elector, a la Asamblea de la Sociedad en Madrid el da 14 de Febrero. Las candidaturas podrn nombrar interventores. Con el fm de facilitar la votacin en la Asamblea General Ordinaria del da 14 de febrero de 1996, la mesa electoral se abrir a las 17'00 horas y se cerrar a las 19'00 horas, en que se proceder al escrutinio general, en el local de celebracin de la Asamblea General.

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CONVOCATORIA DE ELECCIONES DE LAS JUNTAS D E LAS DELEGACIONES De acuerdo con las disposiciones citadas las Delegaciones habrn de convocar sus asambleas en la segunda quincena de Enero de 1996. En ellas podrn depositarse los votos para la renovacin de cargos directivos de la SEEC, como se ha dicho. Y tendr lugar la votacin para la renovacin de la totalidad de las Juntas Directivas de todas las Delegaciones. La convocatoria de la Asamblea de las Deleeaciones asi como la amrtu" ra del plazo para presentar candidaturas, siempre completas, las realizarn las Delegaciones, habindose acordado en la Junta de la SEEC celebrada en Madrid el 29 de Septiembre, ya mencionada, que ese plazo sea entre el 1 y el 15 de Diciembre de 1995. Las Asambleas de las Delegaciones, en que se votar la renovacin de los cargos, se celebrarn reglamentariamente en la segunda quincena de Enero. La votacin se har o personalmente o por correo, del mismo modo amba indicado para la renovacin de los cargos directivos de la SEEC. EL IX CONGRESO ESPAOL DE ESTUDIOS CLASICOS Podemos congratularnos del buen xito de nuestro IX Congreso, que hemos celebrado en Madrid, en la Facultad de Filologa de la Complutense, entre los dias 27 y 30 de Septiembre, como estaba anunciado. Asistieron unos 800 socios nuestros. No vamos a repetir los titulos y los autores de nuestras siete ponencias y tres mesas redondas, puesto que todo esto se ha dicho ya (vase Estudios Clicos 107, p. 200 s.). Solamente, que nadie fall y que el nivel en estos grandes temas, centrales en nuestros estudios, fue excelente. Como lo fue, en trminos generales, en las ms de 300 comunicaciones. Lstima, tan slo, que su mismo nmero y la imposibilidad de extender ms el Congreso hiciera necesaria la existencia de 12 sesiones simultneas, lo que haca imposible asistir a todas las que se quisiera. Aun as, hubo pblico para todas ellas. El Congreso comenz la tarde del da 27 con una sesin inaugural que presidieron, aparte de los representantes de nuestra Sociedad, el Viceconsejero de Educacin de la Comunidad de Madrid, D. Raul Vzquez; el Decano de la Facultad de Filologa de la Complutense, D. Jess Sanchez Lobato, en representacin de esta Universidad; D. Fernando Lzaro Carreter, Director de la Real Academia Espaola. No hubo representacin ministerial: el Ministro y, posteriormente, el Secretario de Estado de Educacin, se excusaron por una reunin en Bruselas. Asistieron otras personalidades, como el Embajador de Grecia Sr. Krakas.

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El discurso inaugural, a cargo del Dr. Rodriguez Adrados (publicado en este mismo nmero, pp. 115-133) ilustr el papel y el sidcado de las Humanidades dentro de la tradicin cultural a partir de Grecia e insisti en la necesidad de que esa tradicin se mantenga. Habl tambin sobre la actuacin de la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos, que ha sido decisiva para que, pese a todo, haya subsistido una base a partir de la cual pueda intentarse ganar otra vez terreno. Insisti en el programa que varias veces ha expuesto: que, antes o despus, con este Gobierno o w n otro, se impone la reforma de la LOGSE y de su Reglamentacin para crear nuevo espacio a las lenguas clsicas y a las Humanidades en general. Y una reforma, tambin, de los planes de estudio universitarios. En sus palabras en la sesin de clausura, previas a la lectura del informe de la Secretaria de la SEEC Dra. Martnez-Fresneda y de la wnferencia de la Dra. Codoer sobre &xico y Lxicos latinos, insisti en la lucha que ha llevado a cabo de Sociedad en pro de la enseanza de las dos lenguas clsicas, con idntico esfuerzo, y en el carcter unitario de las cultu&griega y latina. Fue en la Mesa Redonda sobre Didctica dnde ms vivamente se manifest la preocupacin de los congresistas por los problemas de la enseanza. Pero querramos hacer ver que sta es slo una de las dos caras del Congreso que, de otra parte, estaba, igual que los anteriores, destinado a mostrar ante la opinin el avance de nuestros estudios en Espaa y su importancia cultural. Pensamos que la organizacin del Congreso ha aprovechado la experiencia acumulada durante los anteriores y que ha transcurrido brillantey didcmente y sin ninguna incidencia. Ello lo mismo en la parte cientifb tica que en los actos sociales (agasajo de la SEEC, recepcin en el Ayuntamiento, visita a Aranjuez); el teatro, que ofreci rnagdkos estrenos de los Cabderos de Aristfanes (por el grupo Thiasos drigido por Da. Rosa Garca Rodero) y la Casina de Plauto (por el Grupo de Teatro Latino de la Universidad de Trveris, dirigido por Da. Mercedes Gonzlez Haba); la extraordinaria exposicin La mitologa clsica en la Pintura y Escultura actuales (organizada por Da. Dolores Gallardo); y el concierto de flauta y guitarra (de D. Luis Miguel Novas y D. Jos Miguel de la Fuente). Estamos muy satisfechos, tambin, con la presencia de nuestros invitados extranjeros, el Profesor Paschoud, Secretario General de la FTEC (que presidi con los representantes de la Sociedad la sesin de clausura) y los profesores de diversas Universidades (vase el lugar citado de Estudios CIsicos) Dres. Berschin, Cantarella, Demont, Gonzlez de Tobia, Kalcridis, Marcovich, Migeotte, Pinkster y Thorley. A ellos hay que aadir otros profesores, varios de ellos representantes de Asociaciones de Estudios Clsicos: Dres. y Dras. Galaz, Garzya, Grekou, Hernndez Toriano, Tamer y Vianello. En su intervencin en la sesin de apertura el Dr. Rodriguez Adrados dio las gracias a los diversos organismos que haban hecho posible la organizacin del Congreso. Y en la de clausura, a las personas que colaboraron estrechamente en el detalle de la misma. Primero, a la Junta de la SEEC y al

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Comit del Congreso; y luego al Dr. Martnez Dez, por su intervencin en la programacin y en la edicin de los materiales ofrecidos a los congresistas; al Dr. Martnez Quintana, responsable de la p r t e econmica; a la Dra. Martnez-Fresneda y Sra. Morillas, de la Secretaria; a varios miembros de las Juntas Directivas de las Delegaciones, sobre todo a D. Antonio Guzmn y D. Jose Luis Navarro, de Madrid, y D. Antoni Gonzlez Senmart, de Barcelona; a los responsables del teatro, exposicin y wncierto, amba mencionados; a D. Francisco Toms, nuestro Jefe de Prensa; a D. Jos Miguel de la Fuente, organidador del wncierto y de la excursin a Aranjuez; a Da. Mana Jos Mateo Alpuente y D. Alfonso Martnez Moguerza y varios alumnos del Instituto Carlos I I b de Madrid, que colaboraron w n la Secretaria del congreso. La edicin de las Actas comenzar inmediatamente y esperamos poder publicar un primer volumen en pocos meses. Comenzaremos w n el volumen dedicado al programa, lista de wngresistas, sesiones inaugural y de clausura y Mesas Redondas, que enviaremos a todos los wngresistas. ECO DEL CONGRESO Nos hemos esforzado para que el Congreso tenga el mximo eco posible en los medios de comunicacin: prensa, radio y televisin. A todos eilos nos dirigimos previamente a travs de nuestro Jefe de Prensa y directamente, haciendo constar cul es la situacin de los estudios clsicos en Espaa y cules son nuestras pretensiones. Estas ya las manifestamos en la rueda de prensa celebrada el 25 de Septiembre: La cultura clsica no puede reducirse a un pequeo ghetto de especialistas.. Hay un clamor popular para modifcar la legislacin. Moditlcacin que hemos propuesto en el sentido de un Bachillerato con tres o cuatro aos, con Latn y Griego obligatorios en la Seccin de Humanidades, y Latn con mayor amplitud todava, con posibilidad de que sea elegido antes de los 16 aos y haya un ao en el Bachillerato de Ciencias. Y, adems, antes del Bachillerato, Cultura Clsica obligatoria. Esta propuesta de reforma queda recogida claramente, por ejemplo, en ABC de 26 de Septiembre, y El Pas de 3 de Octubre. Y en el debate sostenido el 2 de Octubre en Radio Nacional de Espaa por el Dr. Rodnguez Adrados con el Secretario de Estado de Educacin (publicado en Suplemento Informativo 31). El eco logrado por el Congreso ha sido en general muy satisfactorio; el fallo mayor ha estado en TV, donde una entrevista a Rodrguez Adrados y Ma Rosa Ruiz de Elvira en la segunda cadena se emiti a las 10'30 de la maana y otra a Rodrguez Adrados en la primera se emiti a las 2 de la madmgada y, mucho peor, fue claramente manipulada (la entrevista que se le hizo en solitario fue mutilada y, a espaldas suyas, aadieron otras entrevistas a personas del Ministerio o &mes sin que l tuviera oportunidad de contestar).

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Fuera de esto, estamos satisfechos de que nuestro mensaje haya podido llegar a amplios sectores de pblico. Ello, gracias a noticias aparecidas en El Mundo, El Pas, ABC, Diario 16, YA, Comunidad de Madrid; a editoriales en ABC y El Mundo; a un reportaje en Tribuna. Todo esto, y ms que no recogemos, para la prensa peridica. En la radio han aparecido noticias y entrevistas (Rodnguez Adrados, Alfonso Martnez y Jos Luis'Navarro).en Radio Nacional de Espaa, Radio Exterior, la COPE, la cadena SER, Onda Madrid, Onda Cero, Radio Espaa y otras emisoras ms. Con frecuencia, en los pragramas con ms audiencia. Antes hemos aludido al debate con el Secretario de Estado Sr. Marchesi. Conservamos en la SEEC un archivo con la mayor parte de este material. No intentamos con esto conseguir resultados inmediatos, pero s llamar la atencin sobre un tema que, antes o despus, tendrn que afrontar nuestros gobernantes.

REUNI~N DE LA JUNTA DIRECTIVA


En uno de los das del Congreso, el 29 de Septiembre, se reuni la Junta Directiva de la Sociedad, con asistencia de 21 de los 22 Presidentes o representantes de las Delegaciones. Los temas tratados se reflejan, en sus rasgos esenciales, en lo que sigue en relacin con los temas de enseanza, con la convocatoria de elecciones de la Sociedad y con los dos concursos que se abren, el ~Caleidoscopio~ y el Certamen Ciceronianum. Aparte de esto, se hizo un informe preliminar sobre el Congreso y otro sobre la situacin econmica, as como sobre temas diversos: publicaciones (han salido el ?vol. 107 de Estudios Clsicos y el Suplemento lofmaivo 30, as como la Bibfiografa de 1990 y est a punto de aparecer el volumen que recoge los trabajos de nuestro Gmpo sobre Edad Media y Renacimiento, dedicado al mundo bizantino); proyecto del Centro Cultural de Delfos de organizar un programa sobre la enseanza y estudio del Griego (antiguo y moderno); y asuntos de trmite. Se fijaron, igualmente, las fechas de presentacin de candidaturas tanto para la eleccin de cargos directivos de la SEEC, en Madrid, como para la de las Juntas de las diferentes Delegaciones, en las sedes de las mismas. Estas fechas se indican en los apartados iniciales de estas pginas. TEMAS D E ENSENANZA: NEGOCIACIONES CON EL MEC Y LAS AUTONOMIAS Ni por parte de la SEEC como tal ni por la de las Delegaciones se han abandonado las negociaciones sobre estos temas. A fines de Junio hubo contactos con la Direccin de Centros para la reforma del Decreto de Especiali-

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dades: se nos dijo que inmediatamente iba a aprobarse esa reforma, en el sentido de ofrecer la doble posibilidad de que los profesores de Griego pudieran ensear Latn y stos Griego. Algn obstculo inidentificado hizo que esa reforma no prosperara de momento. Ha sido una contrariedad. Por otra parte, el Subdirector General de Ordenacin Acadmica ha enviado un fax a las Direcciones Provinciales remitindoles la siguiente Resolucin: Es inters del Ministerio de Educacin potenciar la eleccin por parte de los alumnos de las materias optativas de oferta obligada: Segunda Lengua Extranjera y Cultura Clsica. Adems, la Federacin andaluza, en unin de la Delegacin de Sevilla, ha realizado gestiones cerca de la Junta de Andaluca. Las promesas son satisfactorias: no contempla reciclar a los profesores y se compromete, entre otras cosas, a que haya al menos un profesor de Latin y otro de Griego en todos los Centros; a que la Cultura Clsica sea impartida por profesores de Latn y de Griego; y a implantar en cada Centro todas las opciones posibles de Bachillerato. Ofrece hacer un nuevo wnvenio w n la Federacin. Tambin la Delegacin de Canarias inform sobre contactos con las autoridades autonmicas canarias, que han prometido que la Cultura Clsica sea impartida por profesores de Latn y de Griego. NEGOCIACIONES CON PARTIDOS POLTICOS Continuando los contactos con los partidos de la oposicin, de los que ya hemos hablado, el Presidente de la SEEC asisti el pasado 26 de Julio a un Seminario convocado por el Partido Popular sobre el tema de las Humanidades en el Bachillerato. Fue una continuacin de una reunin anterior en el mes de Mayo sobre la que ya informamos. Despus de un debate, se establecio en sus lneas generales un plan de estudios para un Bachillerato de tres aos (nuestro Presidente y otras personas haban propuesto uno de cuatro). Este Bachillerato estara dividido en dos ramas: en la de Humanidades habra tres cursos obligatorios de Latn y dos de Griego, siendo adems el primero de Latn comn para los alumnos de Ciencias. Se establecieron mnimos para las diversas asignaturas de Humanidades, normalmente cursos de tres horas semanales, y dos cursos de dos horas de Introduccin a la Economa y al Derecho, respectivamente. Por otra parte, aunque el tema de la reunin era el Bachillerato, nuestro Presidente insisti en la necesidad de elevar los niveles de la ESO, introduciendo en ella un Latn opcional y, desde luego, al menos un curso obligatorio de Cultura Clsica. Naturalemente, nadie puede garantizar que, caso de triunfar dicho partido, lleve todo esto exactamente al Boletn Oficial; pero es, sin duda, un buen punto de partida. Y podemos certificar el apoyo de todos los profesores presentes en el Seminario.

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Insistimos en que con esto la Sociedad no toma posicin poltica alguna. Contina simplemente el dilogo que desde siempre ha mantenido con todas las fuerzas polticas. CONCURSO CALEIDOSCOPIO El profesor J. Touloumakos, de la Universidad de Salnica, se ha dirigido a nosotros pidiendo nuestra colaboracin en la organiazcin de este concurso, destinado a estudiantes de Bachillerato y Universidad. Lo organiza dicha Universidad en colaboracin con la Unin Europea (Direccin General XfC.1 Accin Cultural). Nuestra Junta acord participar en dicho wncurso nombrando una wmision para juzgar los trabajos escritos en las lenguas oficiales de Espaa, como se le peda. Los trabajos deben referirse al tema Presencia del mundo greco-romano en la cultura europea de la segunda mitad del siglo XX. El texto mximo ser, para los alumnos de Secundaria, de 15 pginas de formato A4 (ms eventualmente 5 de fotos, bibliografa, etc.); para los de Universidad, de 25 (ms eventualmente 5, paralelamente). En cada categora habr un primer premio de 850 ecus y uno segundo de 500, mas los gastos de viaje y estancia para recibir el premio en Salnica el 9 de Mayo de 1996. Los trabajos sern enviados, antes del 1 de Febrero de 1996 a: Aristotelian University. Dept. of Classical Philology and ancient History. GR 540 06 Thessaloniki. GRECIA. Se enviarn tres ejemplares de los mismos, ms un impreso de inscripcin que puede pedirse a nuestra SEEC, ms un certZcado de que el interesado est cursando estudios en el Centro que sea. El resultado se har pblico el 2 de Abril y los premios se entregarn en Salnica el 9 de Mayo, da de la Herencia Cultural Europea. La Sociedad ha nombrado para juzgar estos trabajos una Comisin integrada por los Dres Rodrguez Adrados, Martnez Dez y Martnez-Fresneda. CERTAMEN CICERONIANO La Junta de La Sociedad awrd organizar un concurso para premiar el trabajo de un alumno que se presente al Cerarnen Cikeronimum,que se celebra en Arpinum, 1talia.-Premiar, entre los alumnos seleccionados en los concursos que eventualmente convoquen nuestras Delegaciones (uno en cada wncurso), a aqul al que una Comisin integrada por los Dres Codoer, Martnez Quintana y Muoz seleccione. A tales efectos, las Delegaciones interesadas convocarn el Concurso y celebrarn un examen el da 31 de Enero por la tarde. El examen consistir en la traduccin de un pasaje de Cicern, el mismo para todos; adems, en un breve comentario que interprete los aspectos del pasaje dignos de ser profundizados tanto desde el punto de vista de la lengua como desde el del contenido. La

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SEEC cubrir sus gastos de viaje; la estancia en Italia la cubre la organizacin italiana. Tras la realizacin del examen final, que tendr lugar en Arpinum el viernes 12 de mayo, en el Liceo Ginnasio Statale Tulliano, a partir de las 8'30 de la maana, y despus de una serie de actos y visitas, la entrega de los premios tendr lugar el domingo 14 de mayo a las 10'30 en la Plaza del Municipio. Hay 10 premios, con cuantas que oscilan entre 1SOO.OOO y 500.000 liras. EUROCLASSICA. CONFERENCIA Y ASAMBLEA ANUAL. ELECCIONES. En los ltimos das de Agosto, tuvo lugar en Luxemburgo la Conferencia anual de EUROCLASSICA. Centrada sobre la presencia romana en Luxemburgo y su entorno, consisti bsicamente en tres ponencias a cargo de profesores autctonos y tres visitas culturales a Metz, Trier y la propia ciudad de Luxemburgo. Al trmino de la Conferencia tuvo lugar la Asamblea General, en la que se procedi a renovar los cargos del Comit Ejecutivo, siguiendo,el mandato estatutario. Result elegido Presidente el profesor Edouard Wolter, de Luxemburgo, y Vicepresidente Jos Luis Navarro, representante de la SEEC. Los restantes cargos sern desempeados por los delegados de Reino Unido, Dinamarca, Alemania, Grecia y Rumania. Un Comit, pues, con representacin de paises nrdicos, centroeuropeos, mediterrneos y del Este, que intentar que, de una vez por todas, las actividades de EUROCLASSICA sean incluidas en la red de programas educativos y culturales de la Unin Europea. VIAJE ARQUEOL~GICO A LA RUTA CHINA DE LA SEDA. Nuestros viajes arqueolgiws a Turqua, Irn e India han tenido por objeto estudiar el influjo del mundo griego en las antiguas culturas de estos paises y wnocer sus rasgos propios para poder compararlos w n los de las culturas griega y romana. Los viajes a Grecia e Italia estn cubiertos por diversas organizaciones, entre ellas nuestra Delegacin de Madrid, y pensbamos que la SEEC haca un servicio ampliando el campo. Ahora queremos hacerlo con la China, a la que a travs de la India llegaron los idujos culturales griegos que en sta son patentes, en el arte budista sobre todo. Y que mantuvo &nla Antigedad y la Edad Media un intercambio w n nuestro mundo Occidental a travs de la ruta de la seda, que queremos visitar. Se trata de un viaje de 12 dias en Semana Santa, del 30 de Marzo al 11 de Abnl, visitando Pekn (Ciudad Prohibida, Gran Muralla, etc.), Luoyang (grutas de Longmen), Xian (Museo de Terracotas y Tumbas reales),

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Dunhuang (Cuevas de Mogao), Jiayusguam ( f i n de la Gran Muralla), Lanzhou y Shanghai. El coste ser de 375.000 ptas. Quemamos hacer una prospeccin del nmero de socios interesados, para ver si el viaje es factible o hay que elegir otro. Pedimos que, sin ningn compromiso, los socios interesados enven por carta o telfono su adhesin en principio. Les enviaremos el plan detallado del viaje.

ULTIMA HORA. ESCRITO DE LA SOCIEDAD ESPAROLA D E ESTUDIOS COS AL SECRETARIO DE ESTADO DE EDUCACIN

CLASI-

Nos hemos visto sorprendidos por la convocatoria de un concurso de traslado a plazas de Cultura Clsica, en virtud de la O.M. de 26 de octubre pasado, en trminos que estn en desacuerdo con el Decreto de Especialidades de 29 de Noviembre de 1991, pero que se apoyan en el Decreto l6Wl995, disposicin adicional dcima. La intencin de esa disposicin adicional, ms bien crptica y situada en un contexto (el de la Formacin Profesional) que no ayudaba a su interpretacin, haba escapado al profesorado. Hubiramos deseado ser consultados, como en otras ocasiones, sobre un tema que puede ser importante. La convocatoria del wncurso de plazas de Cultura Clsica* nos sugiere una serie de consideraciones, algunas de las cuales enumero sumariamente: 1. Lo lgico es, pensamos, que se convoquen a concurso, en los centros en que haya vacantes, plazas de latn y de griego, cuyos profesores pueden impartir Cultura Clsica. En todo cado, s de momento en algn antiguo centro de FP o en un IES de nueva creacin bastara con un profesor de clsicas, podra ser nombrado como tal bien uno de griego bien uno de latn (en una proporcin de igualdad), que podran impartir Cultura Clsica. Claro que esto implicara la atribucin a los profesores de latn de la posibilidad de impartir griego, modificando el Decreto de Especialidades en el sentido que repetidamente se nos ha prometido y que seguimos pidiendo. 2. Pero la medida que se ha tomado, aparte de innecesaria, es peligrosa. El centro de las enseanzas de lenguas clsicas est en las enseanzas de griego y de latn, de las que la Cultura Clsica es una ampliacin secundaria que intentaba compensar en cierta medida la eliminacin, por nosotros protestada, del curso de latn de 2" de BUP. Con este nuevo planteamiento se invierten las cosas y nada impedir su generalizacin: que progresivamente esta nueva especialidad vaya sustituyendo a las anteriores no slo en concursos de traslado, sino tambin en concursos-oposicin. Y que, en defiitiva, se llegue a una uificacin del griego y el latin y a, eventualmente, reducirlos a un nico profesor por centro. 3. Todo esto es mucho ms grave en un momento en que, de resultas de la Reglamentacin del Bachillerato, se est produciendo una ola de amortizaciones de plazas que desmoralizan al profesorado y hacen temer por el fu-

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turo de nuestras enseanzas. Por poner un ejemplo, en este momento se nos dice que hay una propuesta para amortizar, de acuerdo con la normativa establecida, 36 plazas de latn en Madrid capital. Esto confirma nuestros peores temores y nos da, desgraciadamente, la razn, frente a previsiones de las autoridades de ese Ministerio, hace pocos aos y siendo testigos nosotros mismos, de que se esperaba mantener el nivel de ocupacin del profesorado. Y lo decimos no slo por problemas del personal, sino, sobre todo, por la reduccin de nuestras enseanzas que ello implica. 4. Se aaden una multitud de problemas que quedan abiertos, entre ellos, el de la situacin del profesorado que acceda a las plazas ahora wnvocadas en relacin con sus posibilidades de volver a su antigua especialidad cuando haya posibilidad de ello. Tambin el de la Jefatura de Departamento, etc. Pedimos por ello que ese Ministerio reconsidere el problema dentro del espritu de defensa de las dos especialidades de griego y latin, que en ocasiones anteriores ha prometido mantener. Madrid, 20 de noviembre de 1995. Por la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos, Francisco Rodnguez Adrados, Presidente.

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ACTIVIDADES D E LAS DELEGACIONES


DELEGACI~N DE ALICANTE
Como se anunciaba ya en el no 107 de Estudios Cliws, prximamente se realizar una visita, dirigida para socios y profesores de centros de bachillerato y de la asignatura de Cultura Clsica, al yacimiento del Tossal, probable emplazamiento del antiguo Lucentum. Igualmente se proyecta una visita a la exposicin del foro de Zaragoza que se inagurar en breve, para poder ver el bronce de Ascoli. En el segundo cuatrimestre se prev la realizacin de un ciclo de wnferencias sobre los resultados de las investigaciones recientes del Departamento de Filologa Clsica de la Universidad de Valencia sobre Humanismo.

DELEGACI~N D E ASTURIAS
Conforme estaba previsito, el 23 de junio de 1995 se celebr una Sesin de Filologa Latina en la que intervinieron los siguientes conferenciantes: D. Manuel Antonio Marcos Casquero, Catedrtico de la Universidad de Len, que habl sobre Magia y peinado de una novia romana; D. Jos Luis Vida1 Prez, Catedrtico de la Universidad de Barcelona, que lo hizo sobre Notas (incluso musicales) a la t ~ d i c i nde S e t o r e s Histonbe en el s. XVIII y D. Jos Luis Moralejo Alvarez, Catedrtico de la Universidad de Alcal de Henares, quien disert sobre El teatro del mundo: races clsicas de un tpico literario. Para facilitar la presencia de alumnos de la especialidad de Filologa Clsica de la Universidad de Oviedo en el pasado IX Congreso Espaol de Estudios Clsicos, esta Delegacin promovi la concesin de cuatro becas, aunque slo una de ellas fue concedida a Mana Elena Surez Alonso. Entre las actividades previstas para el presente curso 1995196 podemos anunciar la realizacin de un nuevo ciclo de conferencias, la convocatoria del V Premio de Investigacin sobre el Mundo Clsico y la celebracin de nuestras V Jornadas de Filologa Clsica.

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DELEGACI~N D E BALEARES
Actividades realizadas y previstas por la Seccin Balear de la SEEC. 1) Entrega de los primeros premios dnsulae 1 9 9 4 ~ de tema clsico en homenage a Robert Graves a los alumnos de bachillerato ganadores del mismo (9-11-95) 2) Conferencia de los profesores Alexandre Font y Tomeu Pastor sobre Una villa romana descurierta en Maria de la Salud (9-11-95) 3) Convocatona de la Asamblea General Anual Ordinaria de socios (911-95) 4) Convocatona de los 11 premios Insulae de tema clsico en homenage a Miquel Dolp para alumnos de Bachillerato. 5) Conferencia del profesor D. Francisco Rodnguez Adrados en la Universidad Balear sobre La formacin del vocabulario filosfico griego)). Conferencia a determinar (posiblemente sobre La situacin actual- de- los estudios humansticos en Espaa) en Palma. (Fecha probable de las dos conferencias: 1-12-95). 6) Preparacin, en colaboracin con la Seccin Catalana de la SEEC, del Simposio en homenage a Miquel D o l ~ que , se celebrar en el Gran Hotel de Palma entre los das 1-4 de febrero de 1996. Como en los Simposios anteriores, se procurar que las trabajos se desarrollen en sesiones plenarias organizadas en torno a ponencias que, como es habitual, corrern a cargo de especialistas en la materia. A quienes formalicen la inscripcin, les ser remitida una segunda circular informativa. Los interesados en presentar una comunicacin, cuya exposicin no superar en ningn caso los quince minutos, debern enviar, antes del 30 de Noviembre, el ttulo y un breve resumen explicativo (entre 10 y 20 lneas). La organizacin del Simposio informar a los autores, en un plazo prudencial, si su publicacin ha sido aceptada. Las Actas incluirn una tabula gratulatona a la que pueden adherirse las personas e instituciones que lo deseen. La cuota de adhesin ser de 10.000 ptas., Actas incluidas.

Del 8 al 10 de mayo de 1995 se desarrollaron las VI1 Jornadas de Filologa Clsica en la Universidad de Cdiz con el tema Renovacin cientfica y comentario de textos griegos y latinos, cordinadas por D. Jos Mara Maestre (Filologa Latina) y D. Enrique Angel Ramos Jurado (Filologa Griega). En las sesiones, seguidas de los respectivos debates, intervinieron: Miguel Rodrguez-Pantoja (Univ. de Crdoba), Lucano en la poesa latina epigrfica; Eustaquio Snchez-Salor (Univ. de Extremadura), Choque entre sistema y uso. Hechos de pragmtica)); Juan Gil Fernndez (Univ. de Se-

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villa), De la cartografia antigua a la renacentiSta; Juan Antonio Lpez Frez (UNED), La educacin en Platn; Juan Lorenzo Lorenzo (Univ. Complutense), Sistematizacin tripartita de la retrica latina; Antonio Melero Bellido (Univ. de Valencia), Mito y comedia; Jos Maria Candau Morn (Univ. de Sevilla), Despus de Tucidides. Vicisitudes de la historiografa durante la poca helensticm; Jos Maria Maestre Maestre (Univ. de Cdiz), Del texto al contexto. 11: una nueva interpretacin de la polmica de Juan Gins de Seplveda con EraSrno; Antonio Sancho Royo (Univ. de Sevilla), Retrica y humanismo. Del 22 al 24 de enero de 1996, tendrn lugar Jornadas de Actualizacin Cientfica de Filologa Clsica convocadas por las siguientes Instituciones: Delegacin Gaditana de la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos, Departamento de Filologa de la Universidad de Cdiz, Facultad de Filosofa y Letras, Vicerrectorado de Investigacin, CEP de Cdiz. Tema: Estudio terico-prctico de las Tcnicas de Investigacin ms en boga en el campo de la Filologa Clsica en los ltimos aos. Finalidad: Actualizacin cientfica en el campo de la Filologa Clsica Griega y Latina para profesores de Enseanzas Medias, licenciados y diplomados en estas materias. Se impartirn ocho Ponencias (4 de Filologa Griega y 4 de Filologia Latina), a cargo de reconocidos especialistas de distintas universidades espaolas. Directores: Jos Mana Maestre Maestre y Guillermo Montes Cala (Univ. de Cdiz). DELEGACIN D E CANARIAS
1. La Junta Directiva est ultimando el programa de las VI1 Jornadas de Didctica de las Lenguas Clsicas, que se celebrarn en enero o febrero de 1996. La organizacin de las Jornadas correr a cargo de la S.E.E.C. y se est negociando con la Consejera de Educacin, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y la Universidad de La Laguna y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para que reconozcan y cefllquen la asistencia a las mismas. Las Jornadas se realizarn en Las Palmas de Gran Canaria y en Tenerife y tendrn una duracin de 30 horas. El programa se est elaborando y se ha pensado, en principio, que podra abarcar los siguientes temas: 1 ponencia de los Asesores de CEP; 1 ponencia de profesores que hayan realizado materiales y cursos didcticos; 2 ponencias de una profesora de Palma de Mallorcam que es licenciada en Clsicas y Derecho, y que podra hablar sobre cmo utilizar textos jurdicos en asignaturas destinadas a alumnos del Bachillerato de Ciencias Sociales y sobre actualizacin en Derecho Romano, del que nosotros sabemos poco; 1 ponencia sobre la mujer en el mundo antiguo; 1 ponencia de Juan Gmez sobre las teoras fiosficas griegas menos conocidas (es decir, no de platonismo ni de aristotelismo); 1 Mesa Redonda con cargos de la Consejena; 1 ponencia sobre medios en soporte informtico y10 multimedia.

2. De acuerdo con la normativa de los Estatutos de la Sociedad, se celebrarn elecciones a la Junta Directiva de la Delegacin de Canarias en la segunda quincena de enero. El plazo de presentacin de candidaturas ser del 1 al 15 de diciembre de 1995. La presentacin de candidatos se realizar por escrito en la sede de la Delegacin (Delegacin de Canarias de la SEEC, ULPGC, c/ Prez del Toro, 1. 35003 Las Palmas de Gran Canaria), ante la Junta Electoral, constituida por la actual Junta Directiva. Una vez cerrado el plazo de candidaturas, la Junta Electoral remitir a cada socio las candidaturas que se hayan presentado y la fecha de las elecciones. Se podr votar por correo en los trminos que se establecen en el Estatuto o personalmente en el lugar que se determine; como es norma en la Delegacin, la votacin se realizar simultneamente en Tenerife y en Las Palmas de Gran Canaria.

DELEGACIN DE CASTILLA - LA MANCHA Curso de Actualizacin cientficodidctica sobre traduccin y wmentario de textos de latn y griego. Se realiza de acuerdo con el Convenio de cooperacin entre el MEC y la UCLM. Crditos: 50 horas, equivalentes a 5 crditos. Criterios de seleccin: abierto a todos los profesores que lo deseen. Requisitos: Licenciado en Lenguas Clsicas o en otra Filologa cualquiera. Condiciones de participacin: Asistencia a las clases y participacin en ellas. Lugar de celebracin: Facultad de Letras de Ciudad Real. Fecha de inicio: 14 de Noviembre de 1995, martes. Se impartir todos los martes hasta el mes de Abril, Cada sesin durar unas dos horas. Equipo docente: Est constituido por los doctores: Francisco Martn, Luis de Caigral, Pedro del Real e Ignacio Garca. Programa: Comentarios de textos de lrica greco-latina a cargo de Fco. Martn e Ignacio Garca; Poesa elegiaca y buclica, por P. del Real; Mitos, por Y. Garca y P. del Real; Historia, por Fco. Martn; Oratoria, por L. de Caigral y Fco. Martn; Epigramas por L. de Caigral; El spoudaiogelio nn, por Fco. Martn, Topoi y comprensin literaria, por Y. Garca; Comentarios de texto interdisciplinares~,por L. de Caigral e Y. Garca.

Actividades previstas: XII Simposio de Estudios Clsicos. Las Secciones Balear y Catalana de la S.E.E.C., celebrarn los das 1 al 4 de Febrero, en Palma de Mallorca, el que ser el 1 Simposio de la Seccin Balear y el XII de la Catalana. El Simposio estar dedicado a honrar la figura del Prof. Miquel Dolg. Las Actas incluirn una tabula gratulatoria a la que pueden adherirse las personas e instituciones que lo deseen. La cuota de adhesin es de 10.000

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ptas. - Actas incluidas. Dirijan la correspondencia a: Simposio de Estudios Clsicos S.E.E.C., Departamento de Filologa Clsica, Universidad Autnoma de Barcelona, 08193 Bellaterra. Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana y Tradicin Clsica. Los Departamentos de Filologa Clsica y Filologa Hispnica de la Universidad Autnoma de Barcelona, con la colaboracin de la Seccin Catalana de la S.E.E.C. y en comit conjunto con el Departamento de Humanidades de la Universidad de Baha Blanca y la Facultad de Letras de la Universidad de Buenos Aires, celebrarn los das 10 al 15 de Diciembre de 1996, en la Universidad Autnoma de Barcelona, un Congreso Internacional sobre Literatura Iberoamericana y Tradicin Clsica. Los interesados en presentar una comunicacin, cuya exposicin no superar en ningn caso los quince minutos, debern enviar, antes del 30 de Septiembre, el ttulo y un breve resumen explicativo (entre 10 y 20 lheas). La Organizacin del Congreso informar a los autores, en un plazo pmdencial, si su comunicacin ha sido aceptada. Para abonar los derechos de inscripcin (15.000 ptas o 125$) as como para solicitar informacin, dirijan su correspondencia a: Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana y Tradicin Clsica, Departamento de Filologa Clsica, Universidad Autnoma de Barcelona, 08193 Bellatema. Tel. (3) 5812384. Fax. (3) 5813114. Direccin Electrnica [email protected]

La Federacin Andaluza de Estudios Clsicos organiza en Crdoba el Congreso Internacional del Bimilenario de Sneca, que tendr lugar entre los das 21 y 27 de septiembre de 1996. Las sesiones girarn al menos en tomo a cinco grupos temticos: La figura y la obra de Sneca, Sneca y la tradicin filosfica, <cSneca y la tradicin dramtica, Sneca y la tradicin cienm=, Influencia de la obra de Sneca en la cultura occidental. Las comunicaciones tendrn una extensin mxima de doce folios (de 30 lneas y 70 espacios por lnea). Sern ledas personalmente por los autores, quienes debern enviar un resumen con una extensin mxima de un folio antes del 30 de abril de 1996. En breve se informar sobr Comit de Honor, Comit Organizador, Ponentes y otras cuestiones relacionadas con el Congreso. La Hoja de Inscripcin, que incluye la correspondiente autorizacin bancaria, habr de ser enviada, debidamente cumplimentada, a la Delegacin de la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos, Facultad de Filosofa y Letras, Ctedra de Latn, Pza. Cardenal Salazar 4, 14071 Crdoba.

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DELEGACI~N DE GALICIA
La Delegacin de Galicia de la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos ha colaborado en la organizacin de la presentacin del libro Las literaturas gnega y Iatha en su contexto cuItural y hgstim (Actas del Cofloquium Didacticum XV Sananticense), que tuvo lugar en el Saln de Actos de la Facultad de Filologa de la Universidad de Santiago de Compostela el da 27 del pasado mes de noviembre. Dicho acto, patrocinado por el rectorado de la Universidad, se encuadra dentro de los actos de celebracin del V Centenario de la fundacin de la Universidad compostelana. La presentacin del libro por el Prof. Dr. Dario Villanueva Prieto, Rector MagnXco de la Universidad de Santiago de Compostela, estuvo precedida de las siguientes conferencias desarrolladas en la misma jornada: Gregono Hinojo (Univ. de Salamanca), Salustio y la teora historiogrfca de Cicern; Josef Veremans (Univ. de Gante), L' Agricola de Taciten; Francisco Rodrguez Adrados (Univ. Complutense), Teatro y democracia en la Atenas Clsica; Peter Wlfmg (Univ. de Colonia), La Guerre des Gaules de Cesar -un texte de base de I'identit uropenne.

DELEGACI~N D E GRANADA
Esta Delegacin dio comienzo a sus actividades para el curso 1995-96 con un acto acadmico en el que imparti la conferencia titulada ~Aristfanes y la utopa* doa Ana Mana Gondlez de Toba, profesora de Filologa Griega de la Universidad de La Plata (Repblica Argentina). Para el mes de noviembre est prevista una conferencia sobre lingsitca indoeuropea a cargo del Prof. Leonard Guertsenberg, catedrtico de la Universidad de San Petersburgo. La Delegacin de Granada tiene el proyecto de celebrar una segunda edicin del Cursillo apervivencia y actualidad de la cultura clsica, a la vista del xito alcanzado por la primera edicin (enero-marzo de 1995), en colaboracin con la Delegacin de Mlaga, y cuyas Actas se encuentran en prensa (Publicaciones de la Universidad de Granada). Igualmente tiene el proyecto de repetir el ahora ya tradicional viaje de estudios clsicos, con un itinerario todava no fijado, pero que este ao corresponde al mbito latino.

DELEGACI~N DE MADRID
La Delegacin de Madrid ha alentado la participacin de jvenes estudiantes en un Taller de Arqueologa organizado por la Universidad de Alca1 de Henares el pasado mes de julio as wmo en el VI1 Coloquio de Estudiantes de Filologa Clsica organizado, por la UNED en el Centro Asociado de Valdepeas, tambin a comienzos del mencionado mes de julio. En la

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medida de sus posibilidades finacieras ha apoyado ambas actividades. Ha colaborado en la preparacin de materiales didcticos para la 11 Escuela Europea de verano (Academia Aestiva Euroc/assica), celebrada en Grecia entre los das 13 al 24 de septiembre, as como en la organizacin y atencin al pblico del IX Congreso Espaol de Estudios Clsicos. En el ltimo trimestre y en wlaboracin w n el Ayuntamiento de Madrid ha organizado un ciclo de diez conferencias bajo el ttulo <Hroesy heronas de la Mitologa Clsica, que ha contado con una nutridsima asistencia de pblico de muy diversas procedencias. Se estudia proseguir la actividad en aos sucesivos a la vista del xito obtenido. Igualmente tuvo lugar el itinerario didctico por Etruria a mediados de septiembre bajo la direccin de los profesores Jess de la Villa y Crescente Lpex de Juan, que wnt tambin con un grupo de cincuenta participantes. Al igual que en aos anteriores se cumpli el programa previamente establecido y se facilit a los asistentes abundante material arqueolgico y didctico.

Desde el mes de marzo a junio de 1995 se celebraron en Mlaga cuatro conferencias, una sobre Meleagro: mito y gneros literarios, a cargo del profesor Dr. D. Alfonso Martnez Diez, de la Universidad Complutense de Madrid, otra La prosa artstica como cdigo de minoras. El Universo referencial de los historiadores griegos tardos, a cargo del profesor Dr. D. Jos M" Candau de la Universidad de Sevilla, otra sobre Un filsofo ante la adivinacin. Jmblico de Calcisn, a cargo del profesor Dr. D. Enrique Ramos Jurado de la Universidad de Cdiz, y la ltima sobre Humanismo y Cosmopolitismo en Antifonte, a cargo del profesor Dr. D. Gerardo Ramrez Vidai, de la Universidad Nacional Autnoma de Mjico. Como todos los aos tuvo lugar del 18 al 22 de septiembre el VI11 CursoSeminario de Otoo de Estudios sobre el Mediterrneo Antiguo sobre el tema Unidad y Diversidad del cuerpo humano: Las concepciones anatmicas en las culturas mediterrneas, en el que intervinieron los Dres. D. Jos Ferrer Palma w n El cuepo humano en las culturas prehistricas del Mediterrneo. D. Juan Francisco Martos Montiel con La concemin homrica del cuerpo humano, D. Carlos Garca Gual con El cuepo humano y su descripcin en los trabajos hipocrticosn, D. Juan Antonio Lpez Frez con La anatoma en Galeno, Da Jolanda Capriglione con La anatoma del hombre en la medicina romana, D. ,Juan Signes Codoer con La visin del cuerpo en Bizancio, D. Camilo Alvarez de Morales y Ruiz Matas w n La descripcin del cuerpo en la medicina rabe medieval, D. Juan Luis Carrillo Martos, La concepcin mdica del hombre en el Medievo y el Renacimiento~y D. Aurelio ~ r e z Jimnez w n ((Melotesia zodiacal y planetana. La pervivencia de las doctrinas astrolgicas sobre el cuerpo humano.

Estudios Clhicos 108, 1995.

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DELEGACIN DEL P A ~ S VASCO Del 10 a 24 de noviembre de 1995, ha tenido lugar el Primer Encuentro Cientfico y Pedaggico sobre el tema ((Historia y mtodos en la enseanza de las lenguas clsicas)). Se impartieron las siguientes conferencias: Luis Gil Fernndez (Univ. Complutense), La enseanza del Griego del Renacimiento a la Ilustracin; Felipe Gonzlez Vega (UPV), El comentario de textos latinos: historia y mtodos)); Jess Bartolom (UPV), La literatura romana como legado cultural de dos lenguas)); Pedro Redondo (UPV), ( 8 1 bilingismo en Roma; Jos Manuel Santiago (IES Samaniego de Laguardia), Sobre la elaboracin cientiica de un vocabulario bsico latino: historia de la cuestin y expectativas de futuro; Vitalino Valcrcel (LTPV), La enseanza del latn en la Alta Edad Media (siglos VII-X); Gidor Bilbao (UPV), Algunos nombres relevantes en el campo de las gramticas latinas en euskera)); Javier del Hoyo y Angel Sierra (Univ. Autnoma de Madrid), Sobre la ratio studiorum jesutica y la enseanza del latn: nuevas aportaciones documentales)); Marco Antonio Gutirrez (UPV), Algunas aportaciones metodolgicas del Medievo a la enseanza del latn y su actualidad)); Cirilo Garcia (UPV), <<La informtica en la enseanza e investigacin de las lenguas clsicas: posibilidades tericas y realidades concretas; Jos A. Puentes (Univ. de Santiago de Compostela), Sobre la grafa y la enseanza de la escritura en la Antigedad)); Xos Martnez, Poltica lingstica y enseanza de las lenguas clsicas en Galician; Olga Ornatos (UPV), Sobre la historia reciente de la enseanza del griego moderno como segunda lengua; Carmen Codoer (Univ. de Salamanca), La educacin en Roma. Despus de terminado con gran inters por parte de los asistentes el Curso sobre Ciencias Auxiliares de la Filologa Clsica, que fue organizado por esta Delegacin, ltimamente hemos colaborado en el Curso organizado por el Area de Latn de la Facultad de Filologa y Geografia e Historia de Vitoria. El Sr. Presidente ha tenido recientemente una entrevista con la Directora de Renovacin Pedaggica de la Consejeria de Educacin para enfocar con el nuevo equipo los asuntos que nos ataen. Por otro lado, continan las actividades con alumnos realizando viajes cortos como clases fuera del aula y estamos, as mismo, en contacto con grupos teatrales para que el prximo mes de Enero se represente teatro clsico para alumnos de Centros de los tres territorios.

DELEGACI~N DE PAMPLONA
El da 2 de junio de 1995 se celebraron, simultneamente en Pamplona y Logroo, las pruebas del XI Concurso de Traduccin, anualmente dirigido a los estudiantes del C.O.U. de los centros escolares de la Comunidad Foral de Navarra y Autnoma de La Rioja,. y oportunamente convocado con anterioridad. En esta undcima edicin optaron al Premio de Latn 16 particiEstudios Cl&icm 108, 1995.

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pantes y 9 lo hicieron al de Griego, concursando tres de ellos en ambas modalidades, lo que hace un total de 22 presentados. El Jurado Calificador se reuni el dia 5 de junio, fallando en esta ocasin tanto la concesin del Premio de Latn como del de Griego, que vinieron a recaer ambos en el mismo concursante, alumno del Instituto de Bachiilerato Navarro Villoslada de Pamplona. Durante el mes de noviembre est previsto desarrollar un ciclo cinematogrfico de tres sesiones bajo el ttulo general El Mundo Antiguo en la televisin~,similar al celebrado el pasado ao. Cada sesin. girar en tomo a la proyeccin de un documental de la serie La Odisea de Cousteaun, que mostrar la reconstruccin del pasado a travs de la arqueologa submarina. Todas las sesiones se celebrarn en locales de la Universidad de Navarra y las proyecciones irn seguidas de sendos coloquios.

DELEGACI~N DE SALAMANCA
Las actividades de nuestra Delegacin comenzarn con el ciclo titulado Paralelos y anttesis en la literatura greco-latina. El tema, dedicado a los textos que tratan de un mismo u opuesto tema en autores distintos, permitir mostrar las distintas tcnicas narrativas en diferentes gneros. Las sesiones tendrn lugar durante la ltima quincena de enero de 1996 de acuerdo con el programa siguiente: Da 23. Prof. Antonio Lpez Eire (Univ. de Salamanca), Estilos personales y estilo de gnero en los tres grandes tragedigrafos griegos; Prof. Carlos Fernndez Corte (Univ. de Salamanca), Ariaha entre la maldicin y la splica. Da 24. Dr. Francisco Corts Gabaudan (Univ. de Salamanca), La soberbia de Jejes en Esquilo y Herdoton; Prof. Carmen Codoer Merino (Univ. de Salamanca), Dos pasajes de Sneca y Tcito. Da 25. Prof. J. Antonio Fernndez Delgado (Univ. de Salamanca), Los Sabuesos de Sfocles y el H h o homn~wa Heimes: paralelo y contraste~;Prof. Antonio Alvar Ezquerra (Univ. de Alcal de Henares), Safo, Catulo y Horacio: a propsito de amores y celos. Da 30. Prof. David Konstan (Univ. de Providence), El mito de Dernter en tres pocas: Homero, Calmaco y Ovidio. Tras la ltima conferencia, que el Prof. Konstan expondr en castellano, se celebrar la asamblea general y la votacin para la renovacin de cargos directivos de la SEEC.

DELEGACI~N DE SEVILLA
1. La Junta Directiva Nacional de la SEEC, reunida en Madrid el pasado 29 de septiembre, acord, segn estipula el art. 17 del Reglamento de Rgimen Interno de la Sociedad, que las Delegaciones abrieran un plazo para

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la presentacin de candidaturas para las Juntas de las mismas. Dicho plazo qued fijado entre el 1 y 15 de diciembre. Por tanto, aquellos socios que deseen presentar sus candidaturas a los cargos de Presidente, Vicepresidente, Secretario o Vocal de esta Delegacin debern hacerlo en esta sede en las fechas citadas. En la segunda quincena de Enero tendr lugar la asamblea de esta Delegacin, que se convocar oportunamente, en la que tendr lugar la votacin. En dicha Asamblea se podr votar igualmente para la renovacin de los cargos directivos de la Junta Nacional, votos que sern contados en el excrutinio de la Asamblea General de Madrid que tendr lugar en Febrero. Los elegidos para los cargos, tanto de esta Delegacin como de la Nacional, tomarn posesin el 1 de marzo, segn el art. 32 de los Estatutos, y su duracin ser, de acuerdo w n el art. 23, de cuatro aos. 2. Como se difundi por la informacin oficial que el CEP ha repartido por todos los Institutos, esta Delegacin de Sevilla y Huelva de la Sociedad Espaola de Estudios Clsicos ha organizado en colaboracin con el CEP un curso titulado la Cultura Clsica en el Cine, dirigido por el prof. Dr. Rafael Utrera (Univ. de Sevilla) y en el que han intervenido como ponentes, adems del direcor del curso, Romn Gubern (Univ. Autnoma de Barcelona), Manuel Angel Vzquez Medel (Univ. de Sevilla), Angel Luis Hueso (Univ. de Santiago de Compostela) y Pedro Luis Cano (Univ. Autnoma de Barcelona). 3. Esta Delegacin de la Sociedad colabor en el I Encuentro Hispano Italiano de Epigrafia Latina que, con el titulo de Recientes estudios y hallazgos epigdicosn y bajo la coordinacin del Dr. Julin Gonzlez tuvo lugar del 15 al 17 de noviembre de 1995.

DELEGACI~N D E VALENCIA
Del 27 de febrero al 3 de marzo se celebraron las X Jornadas de Estudios Clsicos, organizadas por nuestra Delegacin, con la colaboracin de la Fa$ultad de Filologa, y de los Departamentos de Filologa Clsica y de Historia de la Antigedad y de la Cultura escrita. El curso cont con los siguientes conferenciantes: Profa. Dra. Carmen Morenilla Talens, (Univ. de Valencia): Leer y escribir en Grecia; Prof. Dr. Jos Antonio Martnez Conesa (Univ. de Valencia): Dioses y religiosidad en los tratados hipocrticos; Prof. Dr. Jorge L. Sanchis Llopis, (Univ. de Valencia): El actor en la evolucin del teatro griego en el s. I V a.c.; Prof. Dr. Julio Mangas Manjarrs, (Univ. Complutense de Madrid): Ciudades privilegiadas en la Hispania Altoimperiab; Prof. Dr. Martin S. Ruiprez (Univ. Complutense de Madrid y Director de la Fundacin Pastor): Informtica y Filologa Clsica; Prof. Dr. Ismael Roca Meli (Univ. de Valencia): Las rationes seminales en la tradicin estoica clsica y cristiana; Prof. Dr. Luis Gil Fernndez (Univ. Complutense de Madrid): El mito de Protgoras y los fundamentos de la democracia)); Prof. Dr. Francisco Javier Fernndez Nieto (Univ. de Valen-

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SOCIEDAD ESPAROLA DE ESTUDIOS CLASICOS

cia): La reglamentacin legal del duelo en la Antigua Grecia; Prof. Dr. Rafael Pestano Faria (Univ. de La Laguna): El teatro de Plauto. Sus procesos cmicos; Prof. Dr. Francisco Beltrn Llons (Univ. de Zaragoza): a i s pania en la Nat~~ralis HWjstonk de Plinio~;Prof. Dr. Julin Gonzlez (Univ. de Sevilla): La epigrafa: fundamentos de la Historia; Prof. Dr. Joaqun Beltrn Serra (Univ. de Valencia): Lucrecio: esencias de un poema. La Delegacin de Valencia ha colaborado asimismo en la organizacin de una sesin cientfica, celebrada el 22 de mayo, en la que se pronunciaron las siguientes conferencias: Prof. Pierre Aubenque (Univ. de la Sorbona): qontologias alternativas?; Profs. Juan de Dios Bares y Mercedes Torrevejano (Univ. de Valencia): La nueva traduccin de Aristteles, Metaftsica; Prof. Toms Calvo Martnez (Univ. Complutense de Madrid): Transmisin y lectura de la Metafsica de Aristtelesn.

EC, Sp., 1995, t. XXXVII, no 108, pp. 7-20. Augusto Comamala, The Pericles' exculpation by Thucydides: commentary on five speechesn [La exculpacin de Pericles por Tucdides: comentario de cinco discursos]. In this paper, Comamala taking as a point of departure Thucydides' admiration for Pericles tries to put the blame of the Peloponesian War in Sparta. By this way Comamala shows a defence of the figure of Pericles by the historian. EC, Sp., 1995, t. XXXVII, no 108, pp. 21-42. Juan Francisco Martos Montiel, The subject of pleasure in Plato [El tema del Placer en Platn~]. The author sees an evolution of the theory of pleasure in different dialogues of Plato. Martos is aware of the contradictions of this theory in the course of Plato's philosophical development and he says that Aristotle tried to reconcile these contradictions. EC, Sp., 1995, t. XXXVII, no 108, pp. 43-56. Francisco Rodriguez Adrados, Aristotle in the Athens of his age [Aristteles en la Atenas de su tiempo]. This paper is devoted to Aristotle in the Athens of his epoch and relates the philosopher to the intellectual activity of this time. He reaches the conclusion that this intellectual world was actually shaped by the philosophy of Aristotle. Adrados proposes to interpret Aristotle from the contemporary points of view. EC, Sp., 1995, t. XXXVII, no 108, pp. 57-92. Jos J. Caerols Prez, Arceri otifinibus (Cic. Har. 4): Civil 'peace' or 'leisure' of the young a r i s t o c r a t s ~ ? [ ~ A r c e ro i t i fioibus (Cic. Har. 4): Paz civil u ocio de los jvenes aristcratas?]. This contribution by Caerols is intended to interpret the above mentioned sentence of Cicero referring to the participation of Clodius in the s a n da1 of Bona Dea in the year 62 B.C. According to this new interpretation the otium of the young aristocrats would be tolerated until a certain degree, but the behaviour of Clodius would go beyond the accepted type of conduct.

* Abstracts recornrnended by the Comisin para la Investigacin Cientfica y Tcnica (CICYT), accord'ig to the UNESCO.

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EC, Sp., 1995, t. XXXVII, no 108, pp. 93-122. Jess Bartolom Gmez, Speech of the author and speech of the personages: The origin of Servius Tullius according to the account of Titus Livius [Discurso del autor y discurso de los personajes: el origen de Servio Tulio segn el relato de Tito Livio~]. In this essay Bartolom Gmez stresses two functions in Livy's narrative about Servius Tullius: First, Livy narrating according to the tradition and the second, Livy acting as a historian who interprets things in his own way. EC, Sp., 1995, t. XXXVII, no 108, pp. 125-134. Francisco Rodriguez Adrados, Humanities from the Classical World to the present worldn [Las Humanidades, del Mundo Clsico al mundo actual]. This inaugural lecture of the IX Spanish Congress of Classical Studies is in the line of Professor Adrados numerous intementions in defence of the Classical Studies and its value for conternporary society. EC, Sp., 1995, t. XXXVII, no 108, pp. 135-146. Fernando Lillo Redonet, A survey of comics on Classical s u b j e c t ~ [Una revisin del cmic de tema clsico]. After an intrsduction the author classifies the different types of codcs: this sets up in the Greek and Roman World the adventures of Asterix and others, for instance the comic by J.M. Nieto Gonzlez, Espartaco (Madrid, Ediciones Clsicas, 1995), and the comics of didactic purpouse to teach Latin and Greek. This useful survey ends with a bibliography.

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