SAN ANSELMO, MAESTRO DE ORACIN1
Santiago CANTERA MONTENEGRO, O.S.B.
1. LA FIGURA DE SAN ANSELMO. En este ao de 2009 se celebra el IX centenario de la muerte de San Anselmo de Canterbury, uno de los cinco doctores de la Iglesia pertenecientes a la familia benedictina (los otros son el papa San Gregorio Magno, San Beda el Venerable, el cisterciense San Bernardo de Claraval y el camaldulense San Pedro Damiani o Damin, de quien en 2007 se ha celebrado el milenario de su nacimiento). Antes de ocuparnos de las enseanzas de San Anselmo acerca de la oracin y sobre todo de su vivencia de la misma, nos parece oportuno trazar una semblanza muy breve, con el fin de poder comprender mejor algunos aspectos que iremos viendo. San Anselmo naci en el ao 1033 1034 en Aosta (norte de Italia), donde estudi con los monjes benedictinos. Intent abrazar la vida monstica en las cercanas, pero la oposicin de su padre, unida a una enfermedad que l padeci entonces, lo impidi. Sin embargo, habiendo marchado a Francia, conoci al Beato Lanfranco, natural de Pava y monje del monasterio de Bec (Normanda), famoso por su calidad como maestro. Tanto le impresion que en 1060 se decidi de lleno a ingresar en este cenobio benedictino. Tres aos despus, al tener que acudir el Beato Lanfranco a Caen como abad, Anselmo fue designado prior de Bec, cargo que ejerci hasta 1078, cuando fue designado abad. En 1093 se le confi la sede arzobispal de Canterbury, primada de Inglaterra, como sucesor del Beato Lanfranco: pareca seguir las huellas de su maestro. No obstante, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a las pretensiones del rey Guillermo II de Inglaterra por el problema de las investiduras suscit una tensin creciente entre el prelado y el monarca, de tal modo que el primero hubo de marchar desterrado, hasta que el nuevo rey Enrique II le permiti volver en 1100. Pero tres aos despus tuvo que salir nuevamente exiliado por el mismo motivo. El conflicto se apacigu y resolvi en 1105 y una vez ms regres a Canterbury. En 1108 acudi al concilio de Bari, que buscaba el retorno de los ortodoxos griegos al seno de la comunin de la Iglesia. Muri el 21 de abril de 1109 tras una intensa actividad pastoral e intelectual. Algunas de sus obras ms importantes y conocidas, de contenido filosfico y teolgico, son el Monologion, el Proslogion, los tratados Por qu Dios se hizo hombre, De la concepcin virginal y del pecado original, Sobre la procesin del Espritu Santo Habitualmente se le considera el padre de la Escolstica. Entre las obras de San Anselmo se cuenta un conjunto de diecinueve oraciones y tres meditaciones de carcter piadoso que suponen una pgina preciosa de la espiritualidad medieval. Su autenticidad es hoy plenamente segura, pues otras dudosas se han eliminado de la edicin de sus escritos a partir de los estudios de los benedictinos Dom Andr Wilmart y Dom Franois Schmitt. Segn el segundo, su calidad es perfecta, obra maestra de una espiritualidad severa y fortificante, a pesar de pertenecer a
Publicado previamente como cuatro artculos en Magnificat, n 68 (julio 2009), pgs. 23-26; n 69 (agosto 2009), pgs. 20-24; n 70 (septiembre 2009), pgs. 26-30; y n 71 (octubre 2009), pgs. 15-19. Textos recogidos en CERVERA BARRANCO, Pablo (ed.), Escuela de grandes orantes. Los santos, maestros de oracin, Madrid, San Pablo, 2010, pgs. 195-212. Y finalmente en CANTERA MONTENEGRO, Santiago, O.S.B., Estudios de Historia y Espiritualidad Monstica, Salzburgo, Universitt Salzburg Analecta Cartusiana, 2011, t. i. pgs.. 170-178.
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un estilo un tanto abundante en la poca, el de las meditaciones y oraciones que un historiador del siglo XII denomin oraciones contemplativas.
2. SAN ANSELMO CONTEMPLATIVO. Como seal el conocido telogo dominico P. Antonio Royo Marn, la espiritualidad de San Anselmo es particularmente notable por su carcter doctrinal, pero en ningn momento su piedad deja de ser muy sincera y profunda. En efecto, esto se observa bien en las oraciones y meditaciones a las que nos hemos referido, pero tambin en otras expresiones devocionales que iremos viendo en prximos artculos. Sus obras filosfico-teolgicas revelan tras de s a un contemplativo, sobre todo algunas de ellas, y el lector percibe una sntesis armoniosa de elevados pensamientos doctrinales con manifestaciones de amor de Dios que brotan de lo ms ntimo del corazn. Por eso, el mencionado fraile de la Orden de Predicadores tambin deca con acierto que la piedad de San Anselmo no excluye las altas consideraciones. El santo de Aosta, pues, es ciertamente un hombre de estudio y de pensamiento profundo, capaz de penetrar en las honduras de la metafsica de carcter perenne, de reflexionar acerca de qu es el ser. Pero, lo mismo que su admirado San Agustn y que luego Santo Toms de Aquino y San Buenaventura, e igual que otros muchos grandes filsofos y telogos catlicos, le es posible precisamente llegar a tratar con acierto sobre esas dimensiones ulteriores de la realidad porque es a la vez y ante todo un contemplativo, un hombre de oracin y de una rica vida interior. San Anselmo es fundamentalmente un monje benedictino y como tal seguir pensando y viviendo, en la medida que le sea posible, cuando haya de asumir la pesada carga de la responsabilidad episcopal y nada menos que de la sede primada de Inglaterra, la cual le traer serias dificultades con el poder poltico. Como ha resaltado un gran estudioso suyo, el monje benedictino-olivetano P. Jean-Robert Pouchet, San Anselmo mostr desde su juventud una predileccin por las horas de la noche, propicias para la especulacin ms elevada y para la contemplacin divina, y segn su bigrafo Eadmero conoci los favores del xtasis. En efecto, cuenta ste que ya en sus primeros tiempos en el monasterio se entregaba de lleno a la vida espiritual y que, con esta continua ocupacin en Dios y en sus cosas, lleg a tal grado de inteligencia, que pudo descubrir cuestiones oscursimas y hasta su tiempo desconocidas sobre la divinidad y la fe, y no slo descubrirlas, sino tambin explicarlas y demostrarlas con claras razones. [] Una noche que velaba en su lecho antes de maitines, intentando comprender cmo los profetas podan ver el pasado y el futuro bajo la forma del presente, tuvo una visin a travs de los muros interiores del monasterio y contempl a los monjes que preparaban la iglesia antes de que sonara la campana de maitines, y as comprendi que Dios poda muy bien mostrar en espritu a los profetas las cosas futuras, como le hizo ver con los ojos del cuerpo las cosas ocultas por los obstculos materiales (Eadmero, Vida de San Anselmo, I, 2, 9). Segn el propio Eadmero cuenta poco despus, era muy dado a las vigilias nocturnas, de tal modo que con frecuencia pasaba todo el da en alentar y aconsejar, y tena que aadir gran parte de la noche. Adems, acostumbraba pasar las noches en corregir los libros, [] en santas meditaciones, en la contemplacin y deseo de la vida eterna, lo que le haca derramar copiosas lgrimas (Eadmero, Vida de San Anselmo, I, 2, 11). Por lo tanto, estaba dotado tambin del don de lgrimas al que se refiere San Benito en su Regla de monjes (LII, 4). Y como dir el mismo bigrafo, su espritu, absorto en Dios, despreciaba las cosas del mundo (Eadmero, Vida de San Anselmo, I, 4, 29).
Este espritu contemplativo de nuestro personaje se traduce luego en tres dimensiones sobresalientes: una sincera caridad hacia el prjimo, perfectamente perceptible en muchas de sus cartas; una claridad doctrinal y de pensamiento, que se refleja en sus obras filosfico-teolgicas; y una firmeza inquebrantable en la defensa de la verdad, de la fe catlica y de la libertad de la Iglesia, como se descubre en su vida pastoral al frente de la sede cantuariense y en su participacin en el concilio de Bari.
3. LAS FUENTES DE LA ESPIRITUALIDAD ANSELMIANA. Debido a la fuerte influencia protestante y de ciertas corrientes del pensamiento de la Modernidad que hemos sufrido en el seno del catolicismo en los aos siguientes al Concilio Vaticano II, con frecuencia se ha odo y an se oye una acusacin sumamente injusta contra la Escolstica y los autores principales de ella, incluidos San Anselmo y Santo Toms de Aquino: la de haber emprendido una teologa racionalista, descarnada y carente de fundamento bblico o que, en el mejor de los casos, utilizaba los textos de la Sagrada Escritura como un simple apoyo de autoridad a sus proposiciones. Nada ms alejado de la realidad. Cuando uno lee a Santo Toms, descubre tras el telogo concienzudo y que razona con perfecto orden escolstico a un contemplativo y a un enamorado de la Sagrada Escritura, algunos de cuyos libros incluso comenta al estilo clsico de los Padres de la Iglesia. Y otro tanto puede decirse de San Anselmo, quien siempre somete sus especulaciones a la supremaca de la Biblia si acaso pudieran no ajustarse a lo que sta ensea. Ms an, Eadmero nos cuenta en su biografa que tanta fe tena en las Sagradas Escrituras, que crea firmemente que no se encontrara nada en ellas que se saliese de la verdad, por lo cual se esforzaba en rasgar con la razn el velo que las hace oscuras (Vida de San Anselmo, I, 2, 9). En consecuencia, no slo trata de comprender mejor los contenidos de la fe valindose de la razn, segn su famosa frase fides quaerens intellectum, algo en lo que coincide con San Agustn y Santo Toms, sino que la Sagrada Escritura es una fuente esencial de su espiritualidad por el contacto diario que con ella tiene como monje que reza el Salterio y lee y medita otros libros de la Biblia. En efecto, como ha destacado el P. Pouchet, las citas anselmianas del Salterio pueden ser la mejor prueba de su sentido litrgico, a la vez que de su piedad bblica, especialmente en sus Oraciones, donde tambin se hallan reminiscencias del Ordinario de la Misa y del Oficio Divino. En este sentido, pues, San Anselmo es un exponente destacado de lo que el benedictino francs Dom Jean Leclercq denomin la teologa monstica y al mismo tiempo es el Padre de la teologa escolstica. El canto cotidiano de los Salmos a lo largo de varias horas del da, de tal modo que conforme al Oficio compuesto por San Benito terminen recitndose todos ellos en el conjunto de una semana, proporciona una familiaridad ntima con esta joya del Antiguo Testamento, as como con otros textos de la Escritura que forman parte igualmente del rezo litrgico. Pero, adems de la Sagrada Escritura, San Anselmo bebe de la espiritualidad patrstica, con la que los monjes del Medievo se vean asimismo familiarizados. De un modo muy singular, refleja la influencia de San Agustn, siempre presente en la Edad Media europea, no slo en el pensamiento, sino incluso en la forma: el estilo literario de las Oraciones y Meditaciones y del Proslogion, en el que se dirige a Dios en actitud a la vez orante y de altos vuelos de pensamiento filosfico-teolgico, recuerda sin duda al de las Confesiones del santo obispo de Hipona. En fin, la propia vida monstica de San Anselmo, como hemos dicho, es la raz fundamental de su espiritualidad. No slo conoce y saborea dentro de ella los textos de
la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, sino que todo el conjunto de su vocacin monacal y del da a da en el monasterio benedictino marca por completo el sentido de su vida, entregada de lleno a Dios: no coloquis vuestra esperanza en un hombre, sino en Dios []. Puesto que es a l a quien habis dado todo lo que poseis, esperad de l todo lo que necesitis (Carta a los monjes de Bec).
4. LAS ORACIONES Y MEDITACIONES DE SAN ANSELMO. Al principio del conjunto de Oraciones y Meditaciones que compuso y luego compil, San Anselmo ofrece unas recomendaciones: Estas meditaciones u oraciones han sido escritas y publicadas para excitar el alma del lector al amor y al temor de Dios y al examen de s mismo. No hay que leerlas en medio del tumulto, sino con calma; no apresuradamente, sino lentamente, en pequeos trozos y parndose a reflexionar en ellos. No es necesario que las termine, sino que puede detenerse donde la gracia de Dios ms fervor le inspire y ms devocin sienta. Tampoco es necesario que comience siempre por el comienzo del captulo; se puede repetir lo que procure ms agrado, porque no he establecido estas divisiones en prrafos para obligar a comenzar aqu o all, sino con el fin de que la abundancia y la frecuente repeticin de las mismas cosas no engendren al fin el disgusto. Ante todo, que el lector sepa recoger aquello para lo cual han sido compuestas estas oraciones: el amor de la piedad. Por lo tanto, el autor expresa con claridad que la manera en que deben leerse sus oraciones y meditaciones es el propio de la lectio divina. En pocas palabras muestra ser un magnfico conocedor y maestro de la misma, como buen monje enraizado en la Tradicin monstica que es. No se trata, pues, de proceder a una lectura rpida ni necesariamente de seguido, sino en un ambiente de retiro y silencio, pausada, rumiada, abierta a la inspiracin del Espritu Santo, quien puede servirse del texto para hablar ntimamente al corazn al llegar a una frase o a una palabra concreta. Es una lectura orante de verdad, dispuesta a realizarse bajo la accin de la gracia divina. San Anselmo prefiere que se vuelva a releer un mismo texto cuantas veces el alma se vea favorecida por Dios en l, antes que continuar con prisas por un deseo de concluir la lectura. Y por supuesto, el santo Doctor no olvida indicar cul ha sido el motivo de redactarlas: excitar el amor de la piedad, el amor y el temor de Dios y el examen de s mismo. Las oraciones y meditaciones de San Anselmo estn atravesadas de un profundo espritu de humildad que quiere infundir en el nimo de quien las rece, promoviendo en l la conciencia de la condicin de pecador, ante la cual se alzan grandiosas la bondad y la misericordia divinas, la dulzura de la mediacin mariana y la confianza del auxilio de los ngeles y los santos. Ese espritu de humildad, sin duda alguna, lo bebe en gran medida de la Regla de San Benito, que mira a esta virtud como una de las esenciales al monje y le dedica todo un pequeo tratado en su captulo VII. Y dicha humildad se observa ya en el inicio mismo de la primera de las oraciones anselmianas, dirigida a Dios Padre: Oh Dios omnipotente, Padre misericordioso y Maestro bueno!, ten piedad de este pecador que soy yo; perdname mis pecados, concdeme estar en vigilancia para vencer todas las emboscadas, tentaciones y sensaciones peligrosas; el evitar completamente, por el pensamiento y por los actos, lo que t prohbes; el hacer y observar lo que mandas; el creer, esperar, amar y querer lo que sabes y quieres y en la misma medida que t. Dame la compuncin de la humildad y de la piedad []. San Anselmo dirige varias oraciones a Dios: la primera, como hemos visto, al Padre; y en las compiladas como segunda a cuarta eleva su plegaria a Jesucristo para llenarse de su amor (oracin 2), para la recepcin de su Sacratsimo Cuerpo (3) y por devocin a la Santa Cruz (4). Las oraciones 5 a 7, al decir del benedictino P. Julin
Alameda, forman una especie de tratado sobre la devocin a la Virgen, substancial, aunque breve. Las oraciones 8 a 17 estn dedicadas a diversos santos, mientras que la 18 y la 19 suponen una peticin por los amigos y los enemigos. En fin, de las tres meditaciones autnticas, la primera est orientada a excitar el temor, la segunda es una lamentacin por la virginidad perdida (entendiendo sta en sentido espiritual, no carnal, por efecto del pecado) y la ltima trata sobre la redencin del hombre.
5. EN ORACIN A JESUCRISTO. San Anselmo es un enamorado de Jesucristo. Es muy bello todo lo que expone sobre la persona del Verbo divino con profundidad teolgica en el Monologion y en el Proslogion. Y particularmente se siente muy agradecido a l como Salvador por su obra redentora en beneficio del hombre, porque con su Sangre pag y satisfizo la deuda contrada por ste a consecuencia del pecado original. No otra cosa expone con precisin en uno de sus tratados ms importantes: Por qu Dios se hizo hombre. Tampoco duda en defender la verdad catlica sobre Jesucristo frente a los errores de su tiempo, tal como observamos en la Carta sobre la Encarnacin del Verbo escrita contra el nominalismo de Roscelino y sus derivaciones heterodoxas que le conducan a un neosabelianismo. Desde la perspectiva de la devocin, son muy hermosas las oraciones 2 a 4 del santo Doctor. En la primera de ellas y como claro reflejo de ese agradecimiento y amor que siente hacia Jess como Redentor, comienza diciendo: Oh Seor Jesucristo, redencin ma, mi misericordia y mi salvacin!, te alabo y te doy gracias, y aunque estas alabanzas estn muy por debajo de tus beneficios, muy vacas de la verdadera devocin, y sean muy pobres en proporcin de la abundancia, que envidio, de tu dulce amor por nosotros, sin embargo s que te las debo, y no solamente tales cuales son; mi alma se esfuerza y hace lo que puede para pagarte su deuda. Oh esperanza de mi corazn, fuerza de mi alma, auxilio de mi debilidad!, que tu benignidad todopoderosa complete lo que mi tibieza y flojedad no hacen ms que ensayar; mi vida, el fin de mi destino es amarte, aunque hasta aqu no haya podido hacerme digno de amarte cuanto debo; pero por lo menos ste es mi deseo. Quien haya ledo al menos algunas de las obras teolgicas de San Anselmo, ante esta oracin se dar perfecta cuenta de cmo era un hombre que viva en lo ms ntimo de su interior aquello sobre lo que reflexionaba con su razn y escriba en sus obras. A la luz de la fe y desde la experiencia profunda de una vida de oracin, haca uso recto del don de la razn con que Dios ha dotado al hombre, para as poder alcanzar esa meta que l anhelaba: la fe que busca comprender (fides quaerens intellectum). De igual modo que lo descubrimos en Santo Toms cuando ste elabora devotos cnticos al Santsimo Sacramento, San Anselmo muestra una profunda devocin eucarstica, hacia ese misterio que tambin trata de exponer con argumentos teolgicos a quienes le plantean dudas acerca de la materia del Sacramento segn el uso de los catlicos latinos o segn el de los greco-ortodoxos. Se ve indigno ante la excelsitud del Cuerpo y la Sangre del Seor, pero confa en su clemencia para poder tratar las especies sagradas y consumirlas con las mejores disposiciones posibles para ser justificado por ellas. La fe en la presencia real de Cristo y el amor a l son aqu fundamentales: Haz, Seor, que los reciba de boca y de corazn, que los sienta por la fe y el amor, de tal manera que por su virtud merezca ser como injertado en ellos, a semejanza de tu muerte y resurreccin, y que, por la mortificacin del viejo hombre y mi renovacin en una vida de justicia, sea digno de ser incorporado a tu Cuerpo, que es la Iglesia. El inicio de esta oracin est inspirado indudablemente en otra del sacerdote en la Santa Misa antes
de la comunin, pues dice San Anselmo: Seor Jesucristo, que por disposicin del Padre, con la cooperacin del Espritu Santo, por una voluntad libre y con tu muerte, has rescatado al mundo del pecado y de la muerte eterna Cabra extenderse mucho ms, pero es obligado no alargarnos en exceso. No obstante, parece oportuno destacar algn aspecto ms, como el amor que muestra al nombre de Jess en su Meditacin para excitar el temor y que es una buena muestra del fuerte incremento que la devocin a la humanidad de Jesucristo estaba experimentando en la poca: Oh Jess!, a causa de tu nombre haz por m lo que ese nombre significa. Jess, olvida a este soberbio que te provoc y ve al desgraciado que te invoca. Oh dulce nombre, nombre deleitable, que reconforta al pecador; nombre lleno de feliz esperanza! Qu quiere decir, en efecto, este nombre, Jess, sino Salvador? Por consiguiente, oh Jess!, a causa de tu nombre, s para m Jess, ya que me has creado para que no perezca.
6. EN ORACIN A MARA. Segn hemos apuntado, las tres oraciones de San Anselmo a la Virgen y algunas partes de otras son un verdadero tratadito de mariologa, donde la ensalza con las mayores expresiones de piedad filial: Oh santa y, despus de Dios, entre los santos particularmente santa, oh Mara, Madre de una admirable virginidad, de una amable fecundidad, que has dado a luz al Hijo del Altsimo, que has trado al mundo al Salvador de este gnero humano entregado a la muerte! En esta invocacin, pues, est resumido lo esencial de la condicin de Mara Santsima: Virgen y Madre de Dios, y, por tanto, cauce por el que ha venido la Redencin al mundo. Quiz uno de los aspectos teolgicos ms notables en las oraciones de San Anselmo a la Virgen sea el que destaca su colaboracin en la obra redentora de su divino Hijo, esto es, su papel de Corredentora, segn lo designaran autores ms recientes a nosotros e incluso el papa Po XI. Como Madre de Jesucristo, Ella es engendradora de la vida, Madre de la salvacin (Mater salutis), reconciliadora del mundo (mundi reconciliatrix). Cristo, por supuesto, es el nico Salvador (Salvator singularis), pero Mara es Madre de salvacin (salutis Mater) por ser precisamente la Madre del Salvador. El santo Doctor resalta la estrechsima unin existente entre Cristo y Mara, muy notable en la Pasin (lo que los autores medievales suelen denominar Compasin de Mara), y advierte que lo que ofende al Hijo, ofende a la Madre, y viceversa, y que el perdn proviene de uno y de otra. Evidentemente, su Maternidad divina y su asociacin a la obra de Cristo estn en la raz de la maternidad espiritual de Mara sobre los hombres, por lo cual San Anselmo la invoca como Virgen digna de la veneracin del mundo, Madre digna de ser amada del gnero humano, sin olvidar que es al mismo tiempo mujer digna de la admiracin de los ngeles. A su vez, es tambin el fundamento de la realeza mariana, de la que menciona expresamente los ttulos de Reina de los ngeles y Soberana del mundo. La piedad mariana del santo de Aosta llega con frecuencia a expresiones llenas de emotividad como la siguiente: Oh Mara, Mara la grande, la mayor de las bienaventuradas Maras, la mayor de todas las mujeres! Oh gran Seora!, mi corazn quiere amaros, mi boca desea alabaros, mi espritu desea veneraros, mi alma aspira a rogaros, todo mi ser se recomienda a tu proteccin. La unin entre Cristo y Mara es tal, que Ella es el camino hacia el Hijo, como l lo es hacia el Padre celestial: Nada hay igual a Mara, nada fuera de Dios. Dios ha dado a Mara su mismo Hijo, [] de suerte que por naturaleza fuese el nico y el mismo, Hijo comn de Dios y de Mara. Por eso puede elevar la siguiente splica a
uno y a otra: Ciertamente, oh Jess, Hijo de Dios, y t, Madre Mara!, tambin vosotros queris, y esto es justo, que todo lo que amis sea amado de nosotros; oh buen Hijo!, te pido, pues, por esa ternura con que amas a tu Madre, ya que la amas verdaderamente y quieres que sea amada; haz que yo tambin la ame verdaderamente. Oh bondadosa Madre!, te suplico por ese amor con que amas a tu Hijo, as como le amas verdaderamente y quieres que sea amado; concdeme que yo tambin le ame verdaderamente.
7. ORACIONES A LOS SANTOS. San Anselmo designa a los santos grandes familiares de Dios (Oracin a San Nicols). El mayor nmero de sus oraciones se dirige a diversos santos, generalmente de relieve: San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo, San Juan Evangelista, San Esteban, San Nicols, San Benito, Santa Mara Magdalena y el patrono de una iglesia. Podra ser prolijo fijarnos en ellas, pero parece oportuno al menos sealar la devocin filial con que ora a San Benito como hijo espiritual suyo: Oh t, mi buen jefe, oh maestro suave, oh dulce Padre Benito!, te ruego y suplico por la misericordia que has tenido con los dems y por la que Dios ha tenido contigo, ten compasin de mi miseria, pues me regocijo contigo de tu felicidad. Ven al socorro de aquel que te tiene como patrono. Es una oracin preciosa que se enmarca en la Tradicin monstica y en el espritu de la Regla benedictina, pues presenta el monacato como ejrcito de Cristo y se refiere a la idea de la escuela y del magisterio de San Benito.
8. ESPRITU ORANTE DE CARIDAD. Dos de las oraciones ms hermosas de San Anselmo son las que dirige a Jesucristo pidiendo por los amigos y por los enemigos. La primera comienza incidiendo en la raz cristolgica de la caridad: Oh dulce y buen Maestro Jesucristo, que has demostrado por nosotros una caridad que nadie ha superado ni nadie podr jams igualar! Nada debas a la muerte y, sin embargo, por bondad has dado tu vida por tus servidores y por los pecadores; hasta has orado por aquellos que te condenaban a muerte, a fin de hacer de ellos hermanos tuyos, reconciliarlos y justificarlos con tu Padre misericordioso y contigo mismo. Oh Seor, que has dado prueba de tan gran amor por tus enemigos, tambin has prescrito a tus amigos la caridad! El santo Doctor es un hombre que desborda amor hacia sus amigos y hacia las personas que tiene a su cargo, tal como refleja continuamente en sus cartas. En stas les indica que les tiene presentes en sus oraciones y se encomienda a las de ellos. Y no obstante, humildemente dice que mi oracin es tibia, Seor, porque mi caridad es poco ardiente. Pero este hombre que pide as por sus sbditos y sus amigos y que todos ellos reconocen como verdaderamente caritativo, tambin ora por sus enemigos; y hay que tener en cuenta que en su vida los tuvo muy duros, sobre todo en la corte de Inglaterra cuando hubo de defender la libertad de la Iglesia frente a las pretensiones desmedidas del poder real. Por eso pide as: Oh todopoderoso y tierno Maestro Jesucristo, a quien deseo ver propicio para mis amigos!, deposito a tus pies lo que mi corazn desea para mis propios enemigos. [] T que eres la verdadera luz, ilumina su ceguera. T que eres la verdad soberana, corrige su error. T que eres la verdadera vida, vivifica sus almas. [] Te suplico, pues, Seor, que les concedas un amor, para ti y para el prjimo, tan grande como lo ordenas, a fin de que aparezcan ante ti sin pecado contra su hermano. Presrvame, oh tierno Maestro!, de ser para mis hermanos una ocasin de muerte, de
ser para ellos una piedra de escndalo y una causa de cada. [] Tal es la venganza que en el secreto de mi corazn quiero hacer de mis compaeros, de mis enemigos, de mis cmplices en el pecado. se es el castigo que mi alma pide para mis compaeros y enemigos: que nos amemos, y que nos amemos entre nosotros como t lo quieres y como nos conviene; que as demos satisfaccin al buen Maestro por nosotros mismos y los unos por los otros, como a nuestro comn Maestro, de tal manera que, teniendo la caridad por maestra, obedezcamos en la concordia a nuestro comn Maestro por el bien comn.
9. APRECIACIONES SOBRE SU ORACIN. Segn hemos sealado ya, San Anselmo es muy humilde en la consideracin que tiene de su propia oracin, tanto del conjunto de las escritas por l como de las que reza diariamente. Como todos los santos, se ve a s mismo en su condicin de pecador. As lo manifiesta en sus cartas a sus amigos y a las personas que se encomiendan a l, y no es un simple formulismo, pues sabemos que se trata de un espritu verdaderamente sencillo y humilde. Por ejemplo, al rey Balduino I de Jerusaln le dice que ruega por l todos los das, aunque mis oraciones tengan poco valor. Al monje Roberto del Mont SaintMichel le expresa: no me atrevo a ofrecerte mis oraciones, aunque son tuyas, pues pienso que no me sirven de nada o muy poco; ms bien pido que, inflamadas por el fervor de las tuyas, puedan ser tiles para m y para ti; porque el deseo de mi corazn ante Dios, la oracin de mis labios al Seor, es que todo lo que haya de servir para mi bien, te sea til como a m mismo.
10. LA TEOLOGA ORANTE DEL PROSLOGION. El Proslogion es quiz la obra ms famosa de San Anselmo y la que con ms frecuencia han visto citada los estudiantes de Bachillerato, pues por lo general se les presenta en Filosofa de forma tan escueta como incompleta el que Kant denomin inadecuadamente argumento ontolgico de la existencia de Dios, el cual ha sido muy mal interpretado y manoseado por los filsofos racionalistas, idealistas y ontologistas. No trataremos aqu de explicarlo correctamente, como bien ha hecho, por ejemplo, el profesor Eudaldo Forment, pero s creemos obligado hacer esta observacin. Lo que ahora nos interesa es el carcter orante de la reflexin filosficoteolgica del Proslogion: advierte con acierto el P. Royo Marn que sus profundos estudios sobre Dios en el Proslogion constituyen, al mismo tiempo que un estudio, una continua y prolongada oracin que no decae en un solo momento. Desde el principio se hunde, por una ardiente oracin, en una atmsfera penetrada de lo sobrenatural y el conjunto del escrito conserva el aire de una bella meditacin contemplativa, de inspiracin muy elevada. Siguiendo los pasos de San Agustn, invita primero a la interiorizacin para trascender desde ah hasta Dios: Oh hombre, lleno de miseria y debilidad!, sal un momento de tus ocupaciones habituales; ensimsmate un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos [] Busca a Dios un momento, s, descansa siquiera un momento en su seno. Entra en el santuario de tu alma, aprtate de todo, excepto de Dios y lo que puede ayudarte a alcanzarle; bscale en el silencio de tu soledad. [] Y ahora, oh Seor, Dios mo!, ensea a mi corazn dnde y cmo te encontrar, dnde y cmo tiene que buscarte. Y en el mismo primer captulo de la obra ofrece unas sentencias que recuerdan claramente a San Agustn: Yo te buscar desendote, te desear buscndote, te encontrar amndote, te amar encontrndote.
De forma orante habla con Dios acerca de su ser y de sus atributos: Todo lo que eres, no lo eres por otro, sino por ti mismo. Eres, pues, la vida misma de la que vives, la sabidura por la cual eres sabio, la bondad por la cual eres bueno para con los buenos y los malos. [] Solamente T, en rigor, eres eterno, porque eres el nico entre todos que, como no tendrs fin, tampoco has tenido comienzo (Proslogion, 12 y 13). Y llega as a la definicin esencial de Dios: Por consiguiente, oh Seor!, T solo eres lo que eres y el que eres (Proslogion, 22). As es como San Anselmo, henchido de amor de Dios en su contemplacin y en la reflexin teolgica, concluye este tratado rogndole: Yo te suplico, oh Dios!, que te conozca y te ame, a fin de que encuentre en ti toda mi alegra (Proslogion, 26).