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Historia Crítica de la Literatura Española

Este documento presenta la introducción de la obra "Historia Crítica de la Literatura Española" escrita por José Amador de los Ríos. En ella, el autor discute el espíritu y carácter de la crítica literaria en España en el siglo XIX y explica el objetivo y plan de su obra, que es escribir la primera historia crítica de la literatura española en lengua castellana.

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Historia Crítica de la Literatura Española

Este documento presenta la introducción de la obra "Historia Crítica de la Literatura Española" escrita por José Amador de los Ríos. En ella, el autor discute el espíritu y carácter de la crítica literaria en España en el siglo XIX y explica el objetivo y plan de su obra, que es escribir la primera historia crítica de la literatura española en lengua castellana.

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DON JOS AMADOR DE LOS ROS,

INDIVIDUO ARTES DE

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LAS

REALES DE

ACADEMIAS LA

DE

LA DE

HISTORIA FILOSOFA

Y Y

NOBLES LETRAS

FERNANDO, DE LA

DECANO

FACULTAD CENTRAL,

UNIVERSIDAD

ETC.

TOMO 1.

MADRID. IMPRENTA D E ' J O S RODRGUEZ, FACTOR, NM. 9 .

HISTORIA CRTICA

DE

LA,

LITERATURA ESPAOLA.

HISTORIA CRITICA
DE LA

LITERATURA
POR

ESPAOLA,

DON JOS AMADOR DE LOS ROS,

INDIVIDUO ARTES DE

DE SAN

NMERO

DE

LAS

REALES DE

ACADEMIAS LA

DE

LA DE

HISTORIA FILOSOFA

V Y

NOBLES LETRAS

FERNANDO, DE LA

DECANO

FACULTAD CENTRAL,

UNIVERSIDAD

ETC.

TOMO I .

MADRID.

IMPRENTA DE JOS RODRGUEZ, FACTOR, NM. 9 . f S51.

Es propiedad del autor, quien se reserva el derecho de traduccin y de extracto.

i S, H. LA REINA, DOA ISABEL II,

SEORA:

E l libro que hoy tengo la honra de ofrecer V . M . , no es la narracin de los hechos sangrientos, ni de las afrentosas aberraciones, ni de las aterradoras catstrofes que anublan la continua las brillantes pginas de la historia. Traigo los pies del trono constitucional de la Reina de Espaa la HISTORIA CRTICA DE LA LITERATURA ESPAOLA, donde si se revelan vivamente los grandes conflictos de la patria, templan y endulzan sus dolores las pacficas glorias de sus preclaros hijos. Ms no osara presentar V . M. esta pobre ofrenda, que hace slo aceptable la magnitud del objeto, si no me infundiese V . M. aliento y confianza-, sabedora V . M. de que haba consagrado largas vigilias

empresa tan ardua y todava no realizada, movida del ilustrado p a triotismo que resplandeci un dia en doa Berengucla y doa Mara de Molina, en doa Catalina de Aloncastre y doa Isabel 1. , egregias protectoras de las letras castellanas, no solamente se dign aplaudir con hidalgua de espaola mis difciles tareas, sino que deseando tambin estimularlas, m e honr con magnanimidad de Reina, oyendo algunos captulos de la misma o t a ; distincin que por lo inusitada y por haber nacido espontneamente en el nimo de Y . II., fu para m doblemente acepta y satisfactoria.
a

La HISTORIA CRTICA DE LA LITERATURA ESPAOLA ,

da-

dos estos singulares precedentes, no poda ver la luz pblica sin que el augusto nombre de Y . M. ilustrase su primera pgina. Al concederme V . M. merced tan sealada, no ignoraba sin duda que seria mayor y de ms alto precio el tributo de mi gratitud, si como he t e uido voluntad y perseverancia para acometer y dar cima tan grandioso pensamiento, me hubiera concedido el celo el tlenlo de los grandes historiadores y de los profundos filsofos, para realizarlo. No olvide V . M. sin embargo que si no corresponde el fruto de mis vigilias la grandeza del asunto, tiene al menos la HISTORIA CRTICA DE LA LITERATURA ESPAOLA el mrito de ser la primera escrita por un espaol en lengua castellana.
SEORA:

L.

R.

P.

DE V .

M.

Jos Amadr de los Rios.

ADVERTENCIA.

Ucioso parecer el llamar aqu la atencin de los lectores, consagrada la Introduccin siguiente exponer el objeto fundamental y el plan, que hemos sujetado la Historia crtica de la Literatura espaola. Muvenos sin embargo un antiguo deber, cuyo olvido seria grave pecado, consignar la gratitud, engendrada en nuestro pecho por muy distinguidos varones que, ya ministrndonos preciosos datos, ya auxilindonos con doctas advertencias, han contribuido al mejor xito de nuestras vigilias. Pero es en verdad harto doloroso el aadir que casi todos los que nos obligan con tan dulce recuerdo, han pasado ya de esta vida: tal sucede por desgracia con don Alberto Lista y Aragn, don Javier de Burgos, don Manuel Jos Quintana, don Jacobo Maria de Parga, don Antonio Gil de Zarate y don Jos de la Revilla, quienes en vario concepto nos alentaron generosos para llevar cabo esta empresa. Ni es menor nuestra deuda para con otros entendidos literatos extranjeros: durante el largo tiempo empleado en la Historia, hemos procurado hacer pblicas y probar en la piedra de toque de la crtica las ideas fundamentales sobre que debia girar aquella: al efecto recogimos en un libro los materiales allegados respecto de la raza hebrea, sacando luz en 4848 los Estudios histricos, polticos y literarios sobre los Judos de Espaa, y no con distinto propsito dimos la estampa en 1852 las Obras del Marqus de Santularia, exponiendo en sus Ilustraciones la clave principal de ms graves estudios, realizados en la presente obra, algunos de los

cuales hemos publicado tambin cu Revistas francesas y alemanas. A escritores tan doctos y celebrados, en una y otra nacin, como Wolf, Schack, Hamrner Purgstall, Lemcke, Kayserling, Saint Hilaire, Michelet, Philarte Chasles, La Boulaye, Puibusque, Circourt (Adolfo), Baret, La Rigaudiere, Ducros y otros no menos distinguidos, hemos debido benvola acogida y tal vez excesivo aplauso: su indulgencia ha estimulado no obstante nuestro patriotismo, persuadindonos de que no eran del todo intiles nuestras arduas tareas; y este bien, venido de sus manos, no podia quedar por nuestra parte sin la merecida paga. Reciban pues cuantos nos ayudaron dentro de Espaa y cuantos nos honraron fuera de ella con sus aplausos y saludables avisos tradujeron sus lenguas nativas nuestros ensayos, el ms vivo testimonio de reconocimiento en estas breves lneas: la Historia critica de la Literatura espaola no podia ser ingrata sus bienhechores; y reconocido el beneficio, ninguna ocasin'' ms propia y solemne que la de aparecer la luz del dia, para mostrarse bien nacida. Al comparecer de nuevo ante el tribunal de los doctos, no nos desvanece sin embargo la presuncin de juzgar perfecta nuestra obra: llegamos, s, con aquella honrada tranquilidad de quien ha consagrado la vida entera al logro de una idea meritoria, y esperamos su fallo, seguros de que si nuestras vigilias no merecieren su alabanza, ganarn al menos su indulgencia. Ni replicaremos tampoco ms severo menos bien intencionado juicio, pesadas las dificultades de la empresa, con aquel malicioso epigrama, en que el poeta de Bilblis moteja sus detractores:
Cum tua non edas, carps mea carmina, Laeli. Garpere vel noli nostra, ve] ede tua *.

Lib. I, ep. XC1I.

INTRODUCCIN.

Espritu, carcter y tendencias de la crtica literaria en [Link] crtica en el siglo [Link] y plan de esta obra.

Han pasado ya felizmente aquellos dias en que, para mengua de la civilizacin y con ofensa de la justicia, levantndose sobre la trpode de las antiguas sibilas, preguntaba el falso espritu de la filosofa y de la crtica, por boca de Mr. Masson, la faz del mundo ilustrado: Qu se debe Espaa? Dos, cuatro, diez siglos ha, qu ha hecho por Europa? k esta pregunta, formulada con la arrogancia que dio todas sus paradojas el seudoilosoilsmo del pasado siglo, no solamente replic ya el clarsimo Denina, y con l doctos espaoles, quienes hizo elocuentes el agravio de la patria , sino que recobrado el imperio de la razn,
1

Encyclopdie par ordre de matires, voz [Link]

docto Abad De-

nina, quien no puede tildarse de interesado, lcia anle la Real Academia de Berln, en la junta pblica del 26 de Enero do 1786, un curioso importante discurso con el siguiente ttulo: Reponse a la question, que doit on a l'Espagne?; y tomando por norma el trabajo ce Denina, escriba don Pablo Forner la Oracin apologtica por la Espaa y su mrito literario. Casi ai propio ticra-

II

HISTORIA CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

y revocado noblemente aquel fallo que pareca condenarnos eterna barbarie, responden hoy los ms ilustres varones del Antiguo y del Nuevo Mundo, consagrando todas sus fuerzas intelectuales al importantsimo estudio de nuestra historia poltica, y al no menos interesante de la historia de la hermossima literatura castellana. Convienen los ms, cualquiera que sea la extensin de sus trabajos y el fin adonde se encaminen, en que ocupa aquella, bajo el aspecto dla nacionalidad, el primer puesto entre cuantas literaturas se formaron desde la caicla del Imperio romano . Pero cuando esta confesin se hace por escritores extraos, que si se muestran animados del hidalgo anhelo de la verdad, no han podido penetrar aun todos los misterios de la cultura espaola, harto reprensible y doloroso es que no haya pensado todavia en el presente siglo ningn espaol en trazar la historia de nuestras letras, la ms interesante para nosotros de cuantas pueden escribirse entre las naciones neolatinas. Yerdad es que la misma riqueza y abundancia de materiales, la misma variedad de elementos, y sobre todo la gran diversidad de miras respecto del arte, han sido causa de que se hayan retrado de tan laudable propsito los que tal vez se hallaban dotados de fuerzas para realizarlo, y han servido tambin de obstculo insuperable los que, llevados del espritu de escuela, han visto con intolerante desden cuanto no se ajustaba sus doctrinas. La crtica, lejos de sor por estas razones saludable para los buenos estudios; lejos de aparecer nuestra vista, ostentando en su diestra la antorcha de la filosofa, para derramar la luz por todas partes; lejos de conducirnos al verdadero templo de la inmortalidad, para rendir en sus aras el tributo de la admiracin los ingenios espaoles que han conquistado en l levantado asiento,
1

po respondan fuera de la Pennsula otras acusaciones, no ms fundadas, los eruditos jesutas Lampillas y Andrs, quienes despus sealaremos la verdadera gloria que les corresponde, como cultivadores de la crtica literaria. i Uno de los escritores que con mayor autoridad conceden la literatura espaola esta especie do supremaca, es el aloman Federico Schlegel, quien en el captulo X I , tomo primero de su Historia de la literatura antigua y moderna, se expresa en esta forma: Bajo el aspecto del mrito de la nacionalidad alcanza la literatura espaola el primer puesto: quiz pueda conceder se el segundo la inglesa.

I'STUODUCCION.

III

slo ha servido para extraviar los pasos de la juventud, quien animaba el fuego santo de la inspiracin; slo ha derramado tinieblas en el ancho campo de las letras; slo nos ha podido conducir al despeadero. Mas no culpemos nuestros mayores ni por su exclusivismo respecto de la estimacin en que tuvieron ciertas doctrinas, ni por la indiferencia con que miraron las obras literarias que no se fundaban en las mismas. Cuando, operado ya el renacimiento de las letras y de las artes en el suelo de Italia, fueron conocidos en Espaa los estudios clsicos, merced los esfuerzos de reyes tan ilustrados como don Juan II de Castilla, don Alfonso V de Aragn y la Reina Catlica, esfuerzos hasta ahora no bien quilatados; cuando deslumhrados, ya al brillar la aurora del siglo XYI, por la luz que despedan las removidas ruinas del mundo antiguo, abandonaron nuestros poetas eruditos las formas artsticas de Mena y de Santillana, para seguir las huellas de Petrarca y de Sannazzaro, y ms tarde las de Horacio y de "Virgilio, vano hubiera sido el solicitar que se respetasen siquiera los monumentos literarios y artsticos de la edad media, calificados en Italia y despus en Espaa con el injusto y repugnante epteto de brbaros . En la indiferencia con que eran vistas las verdaderas producciones del ingenio espaol, no slo llegaron ser despreciadas, sino absolutamente desconocidas. Espectculo por cierto digno de maduro y profundo examen!... El arte erudito del renacimiento rechazaba de su seno y aun negaba la existencia del arte erudito de la edad media. Pero este hecho, cuya exactitud es hoy de todos reconocida, basta explicar la diferente ndole, sealando las diversas fuentes de uno y otro arte; y sirvindonos al par de piei

Mr. Theophilo Hope observa, en su Historia de la arquitectura,

que no

solamente se dio por los italianos el epteto de brbaro en la poca del renacimiento cuanto corresponda la edad media, sino que se confundieron indistintamente bajo el nombre de gticos todos los monumentos que en tan l a r go espacio de tiempo produjo la arquitectura (cap. XLI, edicin deBruselas, 1839). Este mismo error se ha padecido en Espaa: cuando don Isidoro B o sarte escribi por eg-emplo su Viaje Segovia, calific los monumentos romnicos que aquella ciudad atesora, con el ttulo de gticos, y lo mismo habia hecho antes don Antonio Ponz en su Viaje de Espaa.

I"V

HISTORIA

CRTICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

dra de toque respecto del juicio que debemos formar ahora de entrambos. Lcito juzgamos asentar desde luego, sin que nos detengamos aqu ms de lo conveniente, pues que no es este el lugar en que nos toca explanar estas materias, que casi ninguno de los eruditos que en el siglo XYI escribieron, ya para dictar leyes al arte ya para comentar las obras de los poetas latinos, toscanos y espaoles, manifestaron haber consultado aquellas venerandas reliquias de nuestra antigua cultura, sin que les moviese tan lastimoso desden otra razn que la nativa rudeza de las formas artsticas y de las formas de lenguaje, empleadas por nuestros primitivos poetas. Hallbase la sazn dividida la repblica de las letras entre dos escuelas, ambas hijas de la toscana, y cultivadoras ambas del arte, cuyas formas externas habia la postre logrado introducir en Espaa la musa de Garcilaso. En vano Castillejo, Diaz Tanco, Marcelo de Nebrija y otros muchos poetas castellanos, que en lugar oportuno estudiaremos, se haban esforzado desde los primeros dias de la innovacin en defensa de la tradicin del arte espaol, que los imitadores de Petrarca veian con hondo desprecio: en balde el doctor Pinciano declaraba despus en su Filosofa antigua que era el verdadero metro heroico de Castilla el de artemayor, poniendo por modelo los aplaudidos versos del Lbyrintho de Juan de Mena . Cuando Francisco Snchez de las Brozas,
2

Es notable la uniformidad que se observa en los estudios crticos do esta

poca, como despus advertiremos: sin embargo, conviene tener presente en este lugar que no pudieron ser fecundos,por dos razones filosficas de la mayor importancia: 1.
a

Porque todos sus cultivadores se colocaron en el punto


a

de vista de la imitacin y bajo el yugo absoluto de la autoridad. 2 .

Porque

no se elevaron una esfera superior, desde donde hubieran podido abarcar el espritu de las letras con una sola mirada. Los trabajos de esto gnero se redujeron simples pormenores, para no ponerse en contradiccin con el principio umversalmente reconocido; y de aqu provino naturalmente el que la crtica no adelantase un solo paso de la meta fijada por la autoridad. Reducida su tarea al examen de la forma exterior, no pens en averiguar si dicha forma era la ms conveniente, ni si habia algo ms que ella. As se desconoci el verdadero arte espaol, y no se sospech siquiera que pudo haber existido. Aquellos crticos fueron pues ms retricos que filsofos. 2 As se explica Lpez Pinciano respecto de este punto: Ese verso es di-

INTRODUCCIN.

uno de los ms doctos sostenedores de la escuela salmantina, daba luz sus Anotaciones de Garcilaso y de Juan de Mena, eran ya enteramente desconocidas, no slo las obras de nuestros poetas anteriores al siglo XV, sino tambin las del vate cordobs, cuyas producciones comentaba. Es muy bien, dice, que este poeta sea tenido en mucha estima, aunque no fuera tan bueno como es, por ser el primero que sepamos que haya ilustrado la lengua castellana. Alonso Gonzlez de la Torre, uno de sus discpulos ms queridos, escriba, hablando en un soneto de dichas Anotaciones, que habia el Brcense restituido y vuelto vida de la tiniebla oscura, en que yacia del todo sepultado, al docto Juan de Mena . Y si los cultivadores de la escuela salmantina tenan tan escasas noticias del arte propiamente espaol; si era este proscrito, cual triste reliquia de los siglos brbaros, por varones tan esclarecidos como un Alfonso Garca Matamoros y un Luis Vives, al examinar las causas de la corrupcin de las artes; si se perdi por ltimo de vista que cuando la literatura de un pueblo no tiene una antigedad potica anterior la poca en que se desenvuelve con ms arte y regularidad, jams llega poseer un carcter, ni
f

cho de arte mayor. T. Y le dieron nombre conveniente su grandeza. Vos no ve 9 el ruido y sonido que va haciendo en su pronunciacin?... Tan granudo y heroico, qu verso hay, fuera del exmetro, como este?...
Al muy prepotente don Juan, el segundo.

Ninguno por cierto ni entre griegos ni entre latinos. Este pues debe de hoy ms (de nosotros lo menos) ser dicho heroico. Dicho habernos fa antigua potica, I Cuando Pinciano escriba estas lneas, ya no era usado aquel metro, como l mismo ola ms adelante. de las especies de metros que Castilla antiguamente us: (Filosoepstola VII). agora digamos de los que usa nuevamente, trados dlos italianos En el citado soneto se leen estos versos:
A l c u l t o L a s s o , al Ves El aqu te los uno ya del ha todo oscura docto Juan de Mena

restituido; sepultado, vuelto vida.

D e la

liniebla

(Obras de Snchez Brcense.

Genova,

1765).

VI

HISTORIA

CRt'lTCA

I)I LA

LITERATURA
l

ESPAOLA.

respirar un espritu de vida que le sea propio , n o fueron en verdad ms conocidos aquellos venerandos monumentos por los discpulos de la escuela sevillana. Ni aun el mismo Fernando de Herrera, el ms erudito, el ms profundo y elocuente de los comentadores, aquel incansable humanista, que segn el dicho del Maestro Francisco de Medina, habia leido en su juventud casi t o dos los libros que se hallaban en romance , tenia noticia de los poetas espaoles de los siglos XII, XIII y XIY, reducindose toda su erudicin en este punto al conocimiento de Juan de Mena, el Marqus de Santillana, Jorge Manrique y Juan del Encina, quienes no siempre juzga con toda la imparcialidad que debiera esperarse de su gran talento. Los espaoles (escribe hablando de la preferencia dada la poesa del Petrarca) ocupados en las armas con perpetua solicitud, hasta acabar de restituir su reino la religin' cristiana; no pudiendo entre aquel tumulto y rigor de hierro acudir la quietud y sosiego de estos estudios, quewdaron por la mayor parte ajenos de su noticia, y apenas pueden difcilmente ilustrar las tinieblas de la oscuridad en que se hablaron por tan largo espacio de aos. Mas ya que han entrado en Espaa las buenas letras con el imperio, y han sacudido losmaestros el yugo de la ignorancia, aunque la poesa no es tan generalmente honrada y favorecida como en Italia , algunos la
2 3

\ 2

Federico Schlegel, Historia de la literatura antigua y moderna, tomo I, Porque desdo sus primeros aos, por oculta fuerza de naturaleza, se

cap. VII. enamor [Herrera] tanto de este estudio, que con la solicitud y vehemencia que suelen los nios buscar las cosas donde tienen puesta su aficin, ley todos los ms libros que se hallan escritos en romaneo; y no quedando con esto apaciguada su codicia, se aprovech de las lenguas extranjeras, as antiguas como modernas, para conseguir el fin que pretenda (Introduccin las Anotaciones de Garcilaso. Sevilla, 1580). 3 La misma queja manifiestan el Maestro Francisco de Medina en su Introduccin citada, el P. Juan de Mariana en la dedicatoria de su Historia general de Espaa, y el docto Pellicer en la introduccin su Sincello. Veamos lo que dice el P. Mariana Felipe III con este propsito: Mas qu maraviHa, pues ninguno por esto camino se adelanta?... Ningn premio hay en el reino para estas letras. Ninguna honra, que es la madre do las artes. En una epstola latina, dirigida Miguel Juan Vimbodi Apud Leonem Allatium in

INTRODUCCIN.

"Vil

siguen con tanta destreza y facilidad, que pueden poner justauniente invidia y temor los mesmos autores della. La crtica de estos varones, negando de lleno la existencia del arte espaol, slo acert producir con el peso de la autoridad que justamente alcanzaban, oscuridad y tinieblas; slo hubiera podido extraviar los que hubiesen por acaso aspirado trazar en aquel siglo la historia literaria de los anteriores. Separaba, sin embargo, un mar inmenso la literatura erudita del siglo XYI del arte espaol de la edad media: era este en vario sentido y bajo diversas formas literarias, la expresin genuina de los diferentes pasos dados por aquella civilizacin, amasada laboriosamente con la sangre y el polvo de cien batallas: representaba aquella la imitacin del arte italiano, que por una serie do imitaciones se derivaba, ya descolorido y enervado, del grande arte homrico. La imitacin en el fondo y en la forma, no ya de la naturaleza, sino de las producciones de los poetas toscanos y latinos, fu por tanto la bandera de nuestros poetas doctos. Brillaban sus ojos por todas partes las glorias del arte clsico: sorprendales la majestad de Horacio y de Yirgilio; embelesbanles la dulzura y melancola de Petrarca, y la sencillez y gracia del Bembo; deslumhrbanles las galas del lenguaje, la variedad y armona del colorido, la rotundidad y sonoro encanto de las rimas; seducales en fin la forma exterior de aquellos cantos, que

Apibus urbanis, explana esta misma idea, diciendo: A q u se acaba cada paso la cultura de las letras humanas. Como no se ofrecen por ellas premios algunos ni tampoco honra, estn abatidas miserablemente. Las que dan que ganar se estiman (alude al teatro). Esto es lo que pasa entre nosotros; porque como casi todos valoran las artes por la utilidad y ganancia, tienen por intiles las que no reditan (alude los dems gneros de literatura d o c ta). En lo que no podemos convenir es en que se siente como un hecho incuestionable que carecieron de proteccin en Espaa las letras, y sobre todo la poesa, durante la edad media. Esto lo, afirma Herrera en varias partes de sus anotaciones: en su lugar probaremos no ser exacto. Tambin Juan de la Cueva hace alusin en su Viaje de Samnio, lib. III, la falta de proteccin en que se hallaban las letras en el siglo X V I , diciendo (Poem. MS. o c t . 20):
a

Ya Y

no liay como no

Virgilios, hay

uorque

no

Iiay

Mecenas;

Mecenas,

no hay

Virgilios.

VIII

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

primero envidiaron y emularon despus, no reparando, en sacrificarlo todo en aras de semejante dolo, porque tal era la condicin del arte erudito en aquella edad de formal renacimiento. H aqu el nico, el supremo dogma de los poetas doctos que produjo Esrpaa durante el siglo XVI. fortalecer, canonizar esta creencia literaria debia pues encaminarse la crtica, y se encamin. El sabio y elocuentsimo fray Luis de Granada en su Rhetorica ecclesiastica , el laureado Benito Arias Montano en su Rhetrica ~, obras ambas escritas en latn, el docto Juan de Mal-Lara en su Filosofa vulgar , el erudito Alonso Prez Pinciano en su Filosofa antigua , el entendido Baltasar de Cspedes, el diligente Rodrigo Espinosa, el celebrado Juan de Guzman en sus Retricas, compuestas en castellano , y tantos otros como trataron de sujetar el arte reglas fijas en aquella poca, slo tuvieron por norte de sus respectivos trabajos la imitacin ms menos libre de las obras latinas italianas, sin comprender los tesoros del mundo interior, que olvidaban, para someterlo todo los placeres de un gusto aprendido, que slo les revelaba un arte, hijo de otras costumbres y de otras creencias. La historia de la literatura espaola, que habria de ser forzosamente escrita por los [Link], no pudo, no debi existir en el siglo XVI, que volviendo los ojos al mundo antiguo, afectaba desconocer su origen, olvidando la existencia de los tiempos medios.
i 3 i s

No seguiremos nosotros el egemplo de los crticos que dominados de ciego exclusivismo, condenan su antojo el arte que no comprenden no satisface las exigencias de su educacin litera-

Los seis libros Rethoricae

eccletiasticae,

sive de ratione concionandi, se

dieron luz por vez primera en Lisboa en 1576, y se reprodujeron hasta tres dentro del siglo X V I (Colonia, 15781582; Miln, 1585). En el pasado fueron tambin repetidamente reimpresos. 2 3 Rhetoricorum libri IV, Francfort, 1572, 8.; Valencia, 1775. Sevilla, 1568. En la calle de la Sierpe, casa de Hernando Diaz, fl.

Madrid, 1619, por Juan de la Cuesta, costa de Miguel Martnez, en 4. I En Madrid, por Thoms Iunli, 1596, 4. 5 M. S. en 1598; Madrid, por Guillermo Droiz, 1578, 8.; Salamanca y Alcal, 15S7 y 1588, S.

INTRODUCCIN.

IX

ria: era el movimiento, que el arte erudito sigui en aquella edad, consecuencia necesaria del estado poltico intelectual de las sociedades modernas, y ms que todo, natural resultado del casi instantneo desarrollo y maravilloso acrecimiento de la nacin espaola, desde que libre ya de la morisma, llev sus estandartes victoriosos al frica, sujet su triunfante carro el Nuevo Mundo, y sojuzg la espantada Europa. La literatura erudita, que desde sus primeros albores pareci aspirar la conquista del arte griego y latino, lleg al cabo en el siglo XVI hacerse cosmopolita, condicin y ley que no podia en modo alguno sustraerse en nuestro suelo. La erudicin espaola fu por tanto la erudicin antigua: el arte espaol en todas sus fases, el arte antiguo, si bien primeramente derivado de la imitacin italiana. Tan hondas raices echaron estos principios hasta entre los ingijnios ms eminentes, que cuando Lope de Vega, apoderndose de las tradiciones y creencias populares, llev al naciente teatro el ya desconocido tesoro de la antigua poesa espaola, un ingenio cuyo nombre pronunciamos siempre con admiracin y respeto , el inmortal Cervantes, que al declinar del siglo X"VI al comenzar del XVII, daba Lope el ttulo de monstruo de la naturaleza , no pudo menos de revelarse contra la revolucin que introduca aquel en el teatro, por ser contraria los cnones aristotlicos. Mas para que esta contradiccin entre la doctrina y el instinto del arte apareciese todava, ms palpable, Cervantes invoca las leyes clsicas, leyes que reconocan por fundamento el principio de la autoridad, en la obra ms libre, ms espontnea de cuantas ha producido el arte moderno; precisamente en el Ingenioso hidalgo de la [Link] [comedias] que ahora se usan, as imaginadas como histricas (escribia), todas las ms son conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza. Y con todo eso el vulgo las oye con gusto y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo; y los autores que las
i

En el prlogo do sus ocho comedias y entremeses dice as, al hablar de

Lope: Dej la pluma y las comedias, y entr luego el monstruo de la natur a l e z a , el gran Lope de Vega, y-alzse con la monarqua cmica (Edic. de Madrid por la Viuda de Alonso Martn, ao de 16MS, en 4-.).

HISTORIA CRITICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

componen y los actores que las representan, dicen que as han de ser, porque as las quiere el vulgo, y no de otra manera; y que las que llevan traza y siguen la fbula, como el arte pide, mo sirven sino para cuatro discretos que las entienden, y todos los dems se quedan ayunos de entender su artificio; y que ellos les est mejor ganar de comer con los muchos, que no opinion con los pocos *. De este modo censuraba Cervantes el teatro de Lope, que se apartaba de las reglas clsicas, y que pareca desdear por tanto las unidades que aquellas proclamaban. Pero este grau poeta popular , que as rechazaba del teatro la influencia del vulgo, apelando los pocos eruditos que aplaudian las producciones trazadas conforme la legislacin latina, perdia de vista que si todas las obras del arte pueden vivir exentas hasta cierto punto de la intervencin del pueblo, no sucede lo mismo al teatro, en donde no slo es su voto respetable, sino decisivo y supremo. La historia literaria en general nos ensea que son posibles en algunas pocas, en algunos pases, poesas y literaturas aristocrticas, en las cuales nada representa, nada significa el consenso del pueblo, alejado de las altas clases de la sociedad por insondables abismos. Mas estas literaturas, que slo pueden en semejante caso ser consideradas, ya como patrimonio de ciertas familias, ya como

El Ingenioso

hidalgo don Quijote

de la Mancha, lomo I, cap. XLIII.

Es digno do advertirse que siempre que habla Cervantes de Lope do Vega, le tributa los mayores aplausos, lo cual prueba, cuando le censura como poeta dramtico, que cedia nicamente al peso de la autoridad. En el libro VI de la Galatea, despus de elogiarle porque, siendo tan joven, reuna tantos conocimientos, dice:
No Que Y entrar con alguno una sus vos, en competencia, tan llega de Vega. liana; contradiga si a c a s o verdad oiilos Lope

ms

Que

lo d i g o

por

En e l cap. II del Viaje del Parnaso le menciona de osle modo:


Llovi una Poeta nube al gran Lope le de Vega insigne, cuyo ni verso aun prosa llega.

Ninguno

le a v e n t a j a

Esto era sin embargo demasiado conceder, como en ocasin oportuna procuraremos demostrar, con ol examen do las obras de Lope.

INTRODUCCIN.

XI

pasatiempo de ciertas clases, nunca podrn aspirar ejercer en ningn pais, en ninguna poca, pblica influencia, habiendo slo de contentarse con el dominio de los eruditos. H aqu pues lo que natural y- lgicamente debia suceder la literatura docta del siglo XYI, bien que no le neguemos los justos ttulos que alegaba al reconocimiento y estimacin de los discretos, en la esfera donde podia lucir sus galas. Pero luego que salindose del crculo, donde giraba en brazos de la imitacin toscano-latina, quiso ostentar sus vistosas preseas la luz de las costumbres y creencias populares, la poesa de los esplndidos salones y de las risueas Arcadias, apareci desmayada y descolorida; porque ni se alimentaba de las tradiciones del pueblo, quien diriga su voz, ni abrigaba sentimiento alguno capaz de seducirle y sojuzgarle, y principalmente porque se hallaba en abierta contradiccin con la vida de aquel pueblo, cuya ndole generosa y altiva independencia le hacan ver con entero desprecio cuanto no estaba conforme con sus recuerdos he-, ricos, cuanto no reflejaba las inauditas hazaas, que daba diariamente cumplido trmino y remate. Slo un camino habia para crear el teatro espaol, y ese camino fu mostrado Lope de "Vega por el mismo vulgo, quien para disculparse con los poetas eruditos de los triunfos que alcanzaba, dio ingratamente el nombre de-necio y de ignorante. El pueblo espaol tenia un pasado lleno de gloria y de esplendor; un pasado en que podian contarse los soles por las victorias, y en que se haban exaltado al par los dos grandes sentimientos que formaban todava su dogma poltico y religioso. Dios y la patria haban sido los dos nombres santos escritos en su victoriosa bandera, y Dios y la patria haban resonado por el espacio de ocho siglos en sus belicosos cantares. Cmo podia admitir el pueblo castellano una poesa que no reflejase profundamente estos dogmas y estos sentimientos? La literatura popular que los reflejaba y que constitua sus delicias, habia formado ya su gusto: la literatura popular fu pues la fuente riqusima de inspiraciones para el gran monstruo de la naturaleza; y el teatro espaol naci y se desarroll con el fiat ele aquel vulgo independiente, que rechazaba el yugo de la literatura erudita, porque no se dejaba entender esta

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ESPAOLA.

sino de los discretos, segn la expresin de Cervantes. Y ntese aqu cmo el espritu de escuela llevaba este grande ingenio fuera del terreno en que su prodigioso talento le habia colocado, hacindole perder de vista que all donde tiene el pueblo ya formado su gusto; donde conserva vigorosas y brillantes tradiciones; donde goza de independencia, en una palabra, all florece espontneamente el arte dramtico, siendo vanos todos los esfuerzos para crearle donde no existen estas condiciones, como demuestra palpablemente la historia literaria de Atenas y de Roma- .
1

Pero lo que ms nos sorprende, al observar la direccin de los estudios en la edad, que nos vamos refiriendo, es la contradiccin en que aparecen la crtica y el arte del mismo Lope de Yega, cuyos instintos, alentados por el pueblo castellano, le haban hecho adivinar el teatro espaol. Qu significa su Arte nuevo de hacer comedias, escrito para disculparse con los ciegos partidarios dla escuela docta, que condenaban sin apelacin todas sus producciones? El escritor que ya habia respondido los que le tildaban de libre aque las nuevas circunstancias del tiempo pedan muevo gnero de comedias , no debi nunca descender al terre2

Mr. Nisard observa, respecto de esta cuestin importante, que las causas

de haber tenido Atenas literatura dramtica y de carecer Roma de verdadero teatro, se deducen de la constitucin civil y poltica de uno y otro pueblo {Estudios de costumbres y de crtica sobre los poetas latinos de la decadencia, Bruselas 1834). En Atenas todo lo era el pueblo indgena, arbitro y soberano de las letras, como de la repblica: en Roma todo lo podia la aristocracia que dominaba poltica y moralmente al pueblo, raza vencida dentro do los muros de la gran ciudad, y opresora de las dems naciones fuera de aquel recinto. Atenas conservaba puras sus tradiciones nacionales, dominando t o dos sus recuerdos la idea de la unidad de la patria com'un. Roma, engrandecida con los despojos de todo el mundo, careca de verdaderos orgenes nacionales, y no podia por tanto'dar vida un teatro propio y que reflejara al par todos los instintos de aquella monstruosa amalgama de pueblos que se haban congregado alrededor del Capitolio. No existiendo este principio de unidad, no era posible fundar un teatro. Espaa, como Atenas, reuna por el contrario todas las ms condiciones para producirlo, y lo produjo en efecto. 2 Vida de Miguel de Cervantes Saavedra por don Gregorio do Mayans y Sisear, 1750, nm. 70. Gngora, que no ora tan blando al yug'o de los p r e ceptos como Lope, dio la Academia potica de Madrid en uno de sus son-

INTRODUCCIN.

XIII

no de la humillacin ante la Academia potica de Madrid, ni cantar tan dolorosa palinodia, por haber echado los cimientos una gloria tan duradera como el nombre del pueblo que en tan contrariada-empresa le aplaudia. No es de este momento el determinar los caracteres que distinguen el teatro de Lope, ni cumple ahora nuestro propsito el fijar las diferencias que le separan del teatro antiguo; pero cuando contemplamos los tesoros de poesa que encierra, cuando consideramos los altos sentimientos que en todas partes refleja, no podemos explicar cmo llega en el Arte nuevo de hacer comedias hasta el punto de condenar casi todas las que" hasta darle luz habia escrito, llamndose voluntariamente brbaro, porque no guard en ellas los preceptos clsicos. H aqu algunos pasajes del referido Arle, donde para complacer sus eruditos amigos, no vacil en calificar al pueblo que le prodigaba su cario, con los ms humillantes eptetos:
Verdad es que yo he escrito algunas veces, Siguiendo el arte que conocen pocos; Mas luego que salir por otra parte Veo los monstruos, de apariencias llenos, Adonde acude el vulgo y las mujeres, Que este triste ejercicio canonizan, aquel hbito brbaro me vuelvo.

Despus aade:
Y escribo por el arte que inventaron Los que el vulgar aplauso merecieron; Porque, como las paga el vulgo, es justo ' Hablarle en necio, para darle gusto.

Y ms adelante:
Mas pues del arte vamos tan remotos Y en Espaa le hacemos mil agravios, Cierren los doctos esta vez los labios.

Casi al final exclama:


ninguno de todos llamar pude

los el nombre de Academia de la Mua, burlndose de la supremaca que i n tentaba ejercer en la repblica de las letras.

XIY

HISTORIA

CRTICA DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

Ms brbaro que yo, pues contra el arte Me atrevo dar preceptos y me dejo Llevar de la vulgar corriente, donde Me llamen ignorante Italia y Francia.

Concluyendo de este modo:


Sustento en fin lo que escrib, y conozco Que aunque fueran mejor de otra manera, No tuvieran el gusto que lian tenido; Porque veces lo que es contra lo justo, Por la misma razn, deleita el gusto.

Qu significa repetimos, esta contradiccin entre la crtica y el sentimiento del arte, entre el corazn y la cabeza?... Era tan fuerte, tan poderoso en Espaa durante el siglo XYI el respeto de la autoridad, se hallaba tan arraigado en las costumbres y en las creencias de todas las clases, pesar de los esfuerzos de la protesta, que hubiera sido temeraria empresa negar su predominio absoluto respecto de las letras, acarrendose con semejante conducta el menosprecio de los cultos, quienes fundaban slo en aquel principio el dogma potico entonces proclamado. Esta es pues la nica razn filosfica que puede, en nuestro concepto, explicar contradiccin tan extraa. Pero no deja sin embargo de llamar nuestra atencin el considerar cmo Lope de Yega y con l Cervantes, ingenios ambos vigorosos independientes, que rompieron en el hecho el yugo de exticos preceptos, no tuvieron presente que si pudo la poesa lrica hacerse erudita, falseando su primitivo carcter, no era dado lo mismo al arte dramtico, el cual, como observa un crtico de nuestros dias, pertenece completamente al Estado, reflejando su vida poltica y social y alimentndose de cuantos elementos se agitan en su seno . Yerdad es que estas razones, deducidas de la naturaleza ntima de las cosas, se hubieran entonces estrellado en el torrente de la opinin docta, que las habra rechazado sin examen, echando sobre ellas y sobre sus autores todo el peso del ridculo, por ofender el dogma de la imitacin, umversalmente
i

El citado Federico Schleg-el, Historia de la Literatura

antigua y

mo-

derna, tomo II, cap. 12.

INTRODUCCIN.

XY

acatado. [Tanto puede el espritu de escuela, y tan imperiosa y tirnica es la ley dla modal!...
II-

Slo un gnero de escritores conocieron algn tanto en el siglo XYI los antiguos monumentos de nuestra literatura: fueron estos los arquelogos, los historiadores y los cronistas. Animados unos y otros del ms vivo deseo por dar conocer las antigedades espaolas, comprendieron todos la necesidad de poner en contribucin cuantos elementos haban combatido en su seno durante la edad media; y con este laudable propsito acudieron los olvidados archivos, en donde dorman entre el polvo y la polilla aquellos venerables testimonios de nuestra desdeada cultura, no sin que interrogasen tambin, segn cuadraba su intento, los cantos populares. Favorecan grandemente esta inclinacin de los doctos las mismas circunstancias en que la nacin entera se encontraba, y fomentbala no menos poderosamente la respectiva situacin de ciertas clases sociales, con sus diversas y aun encontradas aspiraciones. Como efecto natural de la poltica de Isabel y de Fernando, ampliada por Cisneros y desarrollada, aunque ya con otros fines, por Carlos Y y Felipe II, acaeci entonces en la Pennsula Ibrica lo que tal vez no podia suceder la sazn en las dems naciones de Europa. Levantada la monarqua sobre todas las instituciones, nacidas y desarrolladas en el largo perodo de la reconquista, ya' absorbiendo las unas, ya trasformando las otras, ora anulando aquellas, ora concediendo ..estas excesiva y peligrosa preponderancia, operbase en las regiones de la historia singular fenmeno, digno en verdad de consideracin y examen. Hallaba el triunfo de la monarqua, que sobrecoge y avasalla con su inusitado esplendor todos los espritus, nmero crecido de panegiristas, que prosiguiendo la obra de los narradores de la edad media, pretendan oscurecer con sus escritos la memoria de las antiguas instituciones polticas,.as como quedaban ya oscurecidas y postradas en la esfera de los hechos. Todo lo fu entonces para los historiadores de la monar-

XV

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

quia la potestad real, siglos antes desesperadamente combatida y no pocas veces hollada, con escarnio de sus legtimos sostenedores. Pero esta manera de vindicacin, por lo mismo que aspiraba ser omnmoda y absoluta, llevaba en s los aires de injusto despojo, y provoc necesariamente la nica protesta y la ltima lucha que podan sostener en nuestro suelo aquellos vencidos poderes. La antigua nobleza, que tan altos laureles habia recogido en la obra inmortal de la reconquista, conociendo que tocaba ya en el suelo espaol la edad de su decadencia, acudi la historia para apuntalar, con el auxilio de las letras, el edificio de su eclipsada grandeza; y exhibiendo los preclaros timbres de su gloria, engendr con su agonizante aliento otro linaje de crnicas, vistosos museos, donde slo se contemplaban ya los blasones y armaduras de sus antepasados. Tales fueron los Nobiliarios, k la sombra del inters social que representan, crecen sin duda la adulacin y la lisonja, llegando poblar de monstruosas leyendas y fantsticas narraciones el ilimitado campo elegido para su cultivo; poro si no pueden dar sus autores paso alguno en la senda que les traza el amor propio de los magnates, al par ofendido y exaltado, sin manifiesto peligro de prevaricacin, vicio que de antiguo infestaba aquel gnero de apologas, lcito es reconocer que se abre con los Nobiliarios una poca fecunda en investigaciones histricas, y no estril en verdad para la patria literatura. Ni se vio sola en esta singular lucha la nobleza: el clero regular, que habia prestado durante la edad media grandes servicios la civilizacin espaola, emulando no pocas veces el podero de la aristocracia, mermado ya su predominio por la influencia del clero secular, no quiso ser vencido en el nuevo palenque por aquella escogido para ostentar sus timbres; y as como los magnates escribieron al lado de sus ya anublados blasones las inauditas proezas de sus abuelos, exhum aquel los nombres venerables de sus ms doctos y virtuosos varones, para contraponerlos en la balanza de la influencia social y poltica, traz la historia de sus merecimientos y de sus gloriosos triunfos, y acogi solcito las piadosas ancdotas y msticas leyendas de los tiempos medios. Traa consigo esta generosa lucha de gloriosos recuerdos la ne-

INTRODUCCIN.

XYII

cesidad de profundos estudios; y si para trazar los Nobiliarios fu preciso acudir con frecuencia las tradiciones heroicas y la poesa popular, hasta aquel momento menospreciadas, para escribir las crnicas de los conventos y monasterios menester se hubo tambin de invocar el auxilio de la literatura erudita, que por la misma constitucin del pueblo castellano, se haba acogido con frecuencia, durante la edad media, aquellos pacficos y solitarios asilos. Las Vidasy Catlogos de hombres ilustres en ciencia y santidad de todas las rdenes religiosas, catlogos y vidas que deban convertirse al cabo en Bibliotecas historias formales, fueron pues el natural resultado de esta contienda, en que no despleg el clero menor aparato y riqueza de investigaciones y de nombres que aquella aristocracia, cuyo orgullo hereditario haban postrado y vencido en Madrid y en Toledo un fraile franciscano y un clrigo de oscuro nombre . Pero no fueron estas las nicas consecuencias favorables las letras, que semejante m'ovimiento produjo: el egemplo de la nobleza y de las comunidades religiosas fu muy pronto seguido por el municipio, que celoso de sus antiguas glorias, si bien adulterado en su esencia y aherrojado las gradas del trono, acudi tambin sacar plaza y poner delante de los reyes, para legitimar la representacin que aspiraba en el Estado, los ttulos de su pasada preponderancia. Hombres celosos de la gloria de las villas y ciudades en que haban nacido, obedeciendo este hidalgo movimiento, apresurbanse generosos recoger y consignar las proezas y los eminentes servicios, que les haban conquistado en medio de las revueltas seoriales de la edad media la intervencin en los negocios pblicos; y no olvidados los ttulos cientficos y
1

Fray Francisco Ximeriez de Cisneros y don Juan Tavera. Fcilmente se

comprender que aludimos respecto del primero la famosa expresin, dirigida al Conde de Benavente, al Duque del Infantado y al Almirante de Castilla, cuando estos magnates osaron preguntarle en virtud do qu poderes gobernaba el reino. Cisneros responda la inquieta nobleza: Haec est ultima ratio reguiri, mientras atronaba el espacio una salva do [Link], presidente de las Cortes de Toledo en 1338, despeda al brazo militar, en nombre del Emperador, para no convocarlo en adelanto. As desapareca la influencia activa de la nobleza castellana de hecho y de derecho.
TOMO I . B

XYIIl

HISTORIA

CRITICA

DE

LA

LITERATURA

ESPAOLA.

literarios que podan alegar al reconocimiento y estimacin de la patria, tejan la interesante historia del estado llano, desarrollado al calor de los fueros y bajo la proteccin constante de la corona. Abundante fu la cosecha que este cudruple esfuerzo produjo en bien y provecho de los estudios histricos: investigadores tan doctos y celosos como un Gonzalo Fernandez de Oviedo, un Florian de Ocampo, un Ambrosio de Morales, un Esteban de Garibay y un Gernimo de Zurita abanderaron los que tenan por objeto la prosecucin de las crnicas reales, comunicando la historia de la nacin nuevo espritu y carcter, que slo podan provenir del examen, hasta entonces desdeado, de los documentos de la edad media . sus esfuerzos parecan responder los de un Pedro Barrantes Maldonado, un Gonzalo Argote de Molina " , un Gernimo de Gudiel y de tantos otros como procuraban enaltecer la nobleza castellana, no siendo para desdeado entre todos el ya memorado Fernandez de Oviedo, fidelsimo pintor de la corte de Isabel la Catlica y de Carlos V y encomiador decidido de los ms ilustres personajes que en ella florecen . Ni era menor el anhelo de los que siguiendo las huellas de fray
1 2 3

Oviedo, Catlogo Real Imperial; Ocampo, Crnica general;

Morales,

Cornica general de Espaa; Garibay, Compendio historial; Aragn. 2

Zurita, Anales de

Adelante mencionaremos el brevsimo discurso sobre la antigua poesa

espaola, que puso Argote de Molina al final de su edicin del Conde Lucanor, hecha en Sevilla en t o 7 5 : aunque son tan escasas incompletas las noticias que d en el expresado discurso, que no merece por este trabajo el nombre de crtico, parcenos bien advertir que fu fruto de sus tareas propiamente histricas, siendo mayores sin duda los datos que ofrece en su Nobleza de Andaluca, por lo cual creemos no es posible sacarle de entre los cronistas, historiadores, anticuarios y genealogistas. 3 Maldonado, Ilustraciones de la casa de Niebla; Argote, Nobleza de Andaluca; Gudiel, Historias y genealogas de Espaa; Oviedo, Batallas y Quinquagenas, MS. En este gnero de estudios se ensayaron tambin los hombres ms doctos de Espaa; y para prueba del extraordinario movimiento que llegaron tomar, citaremos la Biblioteca hispnica genealgico-herldica, dada luz en 1724 por Gerardo Ernesto de Franckenau, y debida realmente al espaol don Juan Leas Corts. Esta obra contiene 1490 artculos, relativos los estudios histrico-nobiliarios.

INTRODUCCIN.

XIX

Hernando del Castillo, fray Gernimo Romn, fray Jos de Sigenza, fray Juan de la Cruz, fray Felipe de Sosa y otros no menos aplaudidos varones, trazaban la historia de las rdenes religiosas, apurando en varios 'conceptos los anales y memorias de los pasados siglos . Hermanbanse por ltimo en el afn de la investigacin con tan solcitos cultivadores de la historia, los generosos patricios, para quienes no era nombre vano la gloria de los municipios; y dada la pauta en las monografas de Toledo, Crdoba, Sevilla, Valencia, Barcelona, Zaragoza y otras no menos populosas ciudades, temidas y respetadas por su poder y su riqueza durante la edad media, produca aquel linaje de tareas colmados frutos, no sin que diese tambin la patria literatura acabados modelos . Historias generales, crnicas de reinos y provincias, nobiliarios, crnicas de rdenes religiosas, en que se contaron asimismo las de las milicias sagradas, movidas tambin ostentar sus antiguas proezas para conservar en el Estado su ya perdida influencia, historias de ciudades, villas y clebres santuarios, catlogos y biografas de personajes ilustres, as por su valor como por su virtud y su ciencia... cuantos estudios podan contribuir legitimar la representacin demandada con ms menos derecho y esperanza de xito por los elementos sociales que haban tenido
l 2

Castillo, Historia general

de Santo Domingo y de su Orden; Romn,

Chrnica de la Orden de San Agustn; Sigenza, Historia de la Orden de San Gernimo; Cruz, Crnica de la Orden de Santo Domingo; Sosa, Crnicas de los frailes menores, 2 . Parte, etc.
a

De Toledo, por Pedro de Alcocer; de Crdoba, por Martin do Roa; de

Sevilla, por Alfonso de Morgado; de Valencia, por Pero Antn Beuter; de Barcelona, por Gernimo Iorba; de Zaragoza, por Andrs Ustarroz. Las historias de Murcia y de Segovia, debidas Francisco Cscales y Diego de Colmenares, tienen entre todas el principado, segn el voto comn de los doctos. Respecto del nmero casi fabuloso de historias y crnicas de ciudades, slo nos cumple remitir nuestros lectores al Diccionario bibliogrftco-histrico de los antiguos reinos, provincias, ciudades, villas, iglesias y santuarios de Espaa; obra cuyos materiales acopiaba su autor, don Toms Muoz y Romero, cuando trazbamos estos estudios, y que ha visto ya la luz pblica, premiada por la Biblioteca Nacional en el concurso de 18o'8. De advertir es sin embargo que no la conceptuamos completa.

XX

HISTORIA

CRITICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

vida en siglos anteriores, formaron aquel extraordinario concierto histrico, en que salan luz cada dia preciosos y desconocidos monumentos literarios. banse acopiando en esta forma los materiales que debian, andando el tiempo, servir de base la historia de la civilizacin y de la literatura espaola; mas ni hubo en aquella edad quien intentara escribirla, si bien no escaseaba el verdadero entusiasmo por las glorias nacionales, ni haberlo pretendido, se habra podido sustraer la ley fatal que sobre las letras gravitaba. Inficionado el gusto en el contagio comn, slo consideraron los hombres de arte y los mismos historiadores aquellos monumentos como otras tantas antiguallas, que en lugar de una lpida, una moneda otro cualquier testimonio fehaciente, venan derramar alguna luz sobre los puntos histricos, de que trataban en sus obras. Y cuando creyeron oportuno indicar su voto sobre el mrito literario de este gnero de documentos, no escrupulizaron el calificarlos con los eptetos de toscos, brbaros y groseros, si bien llegaron en algunos momentos reconocer en ellos su valor nativo, ya que les negaban absolutamente la belleza, porque no los abrillantaba la pulcritud de formas que tanto resplandeca en las producciones del arte toscano-latino . La crtica literaria del siglo XVI giraba pues en un crculo estrecho, sin reconocer la existencia de otros elementos, ni de otros principios ms que los escritos en la bandera bajo la cual se haban filiado la escuela salmantina y la escuela sevillana, cuyos orgenes, ndole, carcter especial y varias ramificaciones estudiaremos en su dia con la circunspeccin y el detenimiento que su
1

Do algunos do estos escritores so queja don Toms Antonio en su Colec-

cin de poesas castellanas anteriores al siglo X V . Quisiera yo (dicepor egemplo) que fray Martin Martnez, benedictino, hubiera declarado (en su Apolongia por San Millan) qu entendi por elegante, cuando dijo del Maestro don Gonzalo [Bercoo], presbtero, autor de ms do quinientos aos, que escribi en verso la historia de la batalla de Simancas harto ms verdadera que -Delegante. Tambin me holgara do sabor qu quiso decir fray Ambrosio G o mez, de la misma Orden, afirmando dos voces que el verso do Berceo era brbaro para este siglo (el XVII), y una que sus voces oran incultas. Hallo grande impropiedad en el modo de explicarse estos escritores, que tan malaumenle confunden lo inelegante, lo brbaro y lo inculto con lo anticuado.

INTRODUCCIN.

XXI

gloria exige. Desconocironse pues en el siglo de oro de las letras los primitivos tesoros de la poesa erudita espaola; y si la popular pudo sobrevivir, en medio del desprecio, al anatema lanzado por los doctos contra todo lo que perteneca los tiempos medios; si logr fines de aquel siglo apoderarse del teatro, reanudando as sus antiguos triunfos, digno es de recordarse que lo hizo despecho de la crtica ultra-clsica (aristotlica), y sojuzgando hasta cierto punto los mismos ingenios, que mientras se inspiraban en sus pursimas fuentes, parecan desdear su independencia y su virilidad, relevantes prendas que le han conquistado despus la admiracin y el respeto de extraas naciones.

i.
No apareci en verdad con mejores ttulos la crtica del siglo XVII. Quebrantado hasta cierto punto el principio de la autoridad clsica con la revolucin que realiza respecto de las formas artsticas y de lenguaje el osado Gngora, entablse entre los poetas y escritores de ms alto ingenio guerra poco digna y decorosa, que debia dar por resultado la stira y la diatriba, para caer despus, en el [Link] panegrico. Lope de Vega, que al intentar el vate de Crdoba la innovacin referida, empuaba el cetro de la poesa popular espaola, fu uno de los ms encarnizados enemigos de aquella singular reforma . Siguironle en esta empresa, tal vez con excesivo calor, sus discpulos y partidarios; irritado Gngora de semejante contradiccin, dispar los rayos de su maligna stira contra todos juntos, apostrofndolos de esta manera:
1

Patos del agua chirlo castellana, De cuyo rudo ingenio fcil riega

Como fcilmente puede comprenderse, no es este lugar oportuno para

[Link] y determinar lo que era y significaba el culteranismo. En su momento dado procuraremos fijar las causas que lo producen, as como las relaciones que esta dolencia intelectual, pues por tal la reputamos, guarda con el estado de la sociedad espaola, ya bajo el aspecto de la moral, ya bajo el de la poltica. Hoy nos cumple slo sealar los principales puntos de contacto que ofrece con el desarrollo extravio de los estudios crticos.

SXll

HISTORIA

CITICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

Y tal vez dulce inunda vuestra Vega, Con razn Vega, por lo siempre llana ': Pisad, graznando, la corriente cana Del antiguo idioma; y, turba lega, Las ondas acusad cuantas os niega tico estilo, erudicin romana. Los cisnes venerad cultos; no aquellos Que escuchan su canoro fin los rios; Aquellos si, que de su docta espuma Visti Aganipe.- Hus?... No queris vellos'! ...
1

Palustres aves, vuestra vulgar pluma No borre, no, ms charcos. Zabullios!...

Este mordaz soneto, en que no son por'cierto la claridad y la correccin las prendas que ms resaltan, no pudo menos de irritar Lope de Vega, movindole desahogar su clera en estilo tan poco noble, que se resiste la pluma trasladar este sitio los cuatro primeros versos del soneto, en que le replica. Despus de llamarle cisne calavera, dice as:
Con las visiones que, llegando, admiras Al trnsito fatal que le divierte, Tu ya infeliz ingenio est de suerte, Que en verso macarrnico deliras. Hermanos, turba lega, zabullios! Venid de Antn Martin: que ya os espera Cadver vivo de sus versos frios. Aun no se le ha cerrado la mollera Al padre de los cultos desvarios: Rogad Dios que con su lengua muera.

Los sarcasmos y las diatribas vinieron al cabo hacerse enteramente personales; y aquellos dos grandes ingenios ofrecieron sus coetneos el miserable espectculo de dos gigantes que se despedazan, por conquistar el juguete de un nio. Gngora enristr al cabo con las obras de Lope, y si no logr abrumarle bajo el peso del ridculo, le hiri con todas armas hasta imponerle silen-

Aldese aqu la coleccin do glogas y comedias que por aquellos

das Labia dado Lope la estampa, con el ttulo do La Vega del Parnaso.

INTRODUCCIN.

XXIII

ci '. As satirizaba en el siguiente soneto casi todas las obras que la sazn habia publicado Lope:
Aqu del conde Claros, dijo; y luego Se agregaron Lope sus secuaces: Con la Estrella de Venus cien rapaces Y con rnil Soliloquios slo un c i e g o : Con la epopeya un lanudo lego, Con la Arcadia dos dueas incapaces, Tres monjas con la Anglica locuaces Y con el Peregrino un fray borrego: Con el Isidro el cura de un aldea, Con los Pastores de Beln, Burguillo, Y con la Filomena un idiota; Vinorre Trsi, de la Dragontea Candil farol, de la espantada flota De las comedias sigue su caudillo -.

Aquella revolucin meramente formal, que era tan agriamente combatida , triunf al cabo, merced la intrepidez de Gngora,
3

Es digno de notarse el soneto, en que Lope de Vega celebra las dotes

de Gngora, confesando que habia vencido y hecho enmudecer sus mulos literarios:

helo

aqu (Circe, soneto XII):


Claro Y gave Cisne del Btis, que el sonoro ennobleciste que ilustr instrumento acento. oro:

Ms dulce Baando A Debe nico t la su al

msico

en m b a r lira,

puro

el a r c o d e coro

t el c a s t a l i o fama la y

honor, siglo si no y

su

ornamento; exento,

envidia en tu

Vencida, Los Propias Dando Los

muda tu

decoro. sumas,

que por

defensa

escriben

ostentaciones tu Icaros inmenso

solicitan, mar viles te las espumas, imitan: plumas,

defiendan se tu

que sol

Que como De tu

acercan iuz

divina

precipitan.

'

No creemos necesario el sacar plaza ms testimonios de este escanda-

loso proceso. Las dems piezas que se han conservado, existen en un curioso cdice de la Biblioteca Nacional, con otras poesas de igual carcter, que dan conocer algunos hechos pertenecientes la crnica escandalosa del siglo XVII. Cuando nos toque trazar la historia literaria del mismo, presentaremos otros documentos, no menos interesantes y todava desconocidos. 3 Lope no habia perdido ocasin de combatir la infelicsima innovacin

XXV

HISTORIA

CRITICA

RE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

y ms todava la decadencia en que se aniquilaba Espaa, quedando en consecuencia vencida la crtica y desorganizadas las antiguas escuelas que haban conservado con tanto empeo el dogma de la imitacin toscano-Iatina. tal punto lleg este desorden, que el inmortal Cervantes, partidario, como hemos visto, en cuanto la doctrina, de la autoridad clsica y de la escuela italiana, exclamaba en su Viaje del Parnaso en esta forma:
1

Desta manera anclaba la poesa De uno en otro, haciendo que hablase Este latin, aquel algaraba*

Mas no bien acab la guerra entre Lope y el poeta de Crdoba, tuvo este que lidiar con otro atleta, no menos formidable y que esgrimia con mayores brios la poderosa arma del ridculo. Quevedo, que aspiraba por su parte echar los cimientos una nueva escuela, cuyo carcter examinaremos en lugar oportuno, no pudiendo sufrir la supremaca de Gngora, desatse contra l en punzantes epigramas, que llegando al cabo sus oidos, fueron seal de encarnizado combate. Precibase Quevedo de entendido helenista y proponase la sazn traducir el Anacreonte en verso castellano: Gngora se burl de semejante proyecto en los versos siguientes:
Anacreonte espaol, no hay quien os tope Que no diga, con mucha cortesa,

de Gngora, si bien no le era posible sealar las verdaderas causas do ella, pesar de su buen juicio. Aprovechando en la Dorotea (accin en prosa) el m o mento propsito con la lectura de un soneto cultidiablesco, deca: aCes. Es en la nueva lengua? Lud. No importa: yo s un poco de griego. Y anadia despus, respecto del sentido que se daba al nombre de culto: uCes. Aquel wpoeta es culto, que cultiva de suerte su poema que no deja cosa spera ni oscura, como un labrador su campo: que eso es cultura, aunque ellos dirn quo lo toman por ornamento. Tratando de la oscuridad y nuevo sentido de las palabras (vicio que se quiere tambin canonizar en nuestros dias), decia por ltimo: aCes. Un estudiante comia moras, y preguntado qu hacia, respona

di: Manduco sarracenas, trasladando la fruta la nacin del frica ( S e gunda Parte, escena 11. ). Pero ni toda la sal, ni toda la gravedad de Lope alcanzaron corregir aquella dolencia, que venia por cierto de ms alto,

Cap. III.

INTRODUCCIN.

XXY

Que ya que vuestros pies sonde elega, Que vuestras navidades son de arrope. No imitareis al terenciano Lope Que al de Belerofonte cada dia Sobre zuecos de cmica poesa Se calce espuelas y les d un galope. Con cuidado especial vuestros antojos Dicen que quieren traducir el griego, No habindolo mirado vuestros ojos...

Ni la continuacin ni la respuesta de Quevedo son propias de este sitio: lleg sin embargo la contienda tan adelante, que uno y otro poeta acabaron por colmarse de improperios y denuestos, excitando acaso la indignacin de los hombres sesudos que, como Cervantes, 'protestaron de tamao escndalo. El inmortal autor del Quijote decia, aludiendo sin duda tan ignominiosas lides, en su citado Viaje del Parnaso:
Nunca vol la humilde pluma mia Por la regin satrica, bajeza Que infames premios y desgracias guia
f

Pero la vena mordaz de Quevedo no se contuvo en el terreno


1 Parece que Cervantes adivinaba las persecuciones que habia de ocasio-

nar a Quevedo y otros poetas de su tiempo el espritu satrico. Don Agustn Montiano y Luyando, en sus Notas para el uso de la stira, publicadas en el II tomo de Memorias de la Real Academia Sevillana, se expresa del siguiente modo, hablando en el mismo sentido que Cervantes: Con exceso funestas pudieron ser para Fonseca las fatales resultas del Sueo poltico, y para Cndamo las del Esclavo en grillos de oro, si no hubiesen tropezado las balas eon el brazo de la silla, que embot el tiro disparado al primero, y si la espada del segundo no hubiese resistido con gallardo tesn las que procuraban con superior impulso su muerte, hasta que el ruido llam gente que atajase el empeo. Juzgo (contra las plebeyas hablillas, y no sin fundamento) que al conde de Villamediana le aumentaron sus stiras los enemigos, y acaso alguno resolvi quitarle la vida, y esparci despus, para ocultar m c jor su asesinato, ms altos motivos, que apoy fcilmente la perversidad de nuestro genio, deducidas de varias obras suyas poticas, oscuras, llenas de ambigedades en expresiones y pensamientos. Don Francisco do Quevedo sufri por causa semejante destierros, prisiones y poderosos enojos. Ledesma tuvo peor iin por la Zarzuela, de que so veng aquel quien ofenda.

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HISTORIA

CRITICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

de la stira potica: para desautorizar la innovacin de Gngora, escribi la Culta latiniparla, dirigida doa Escolstica Poliantea, y publicada con el nombre de Aldrobando Anatema Cantaeuceno, graduado en tinieblas, docto oscuras, natural de las Soledades de abajo. Era la Culta latiniparla especie de libelo, donde con no poca sal y abundante hil se motejaba y escarneca el estilo culterano, resaltando en cambio el conceptismo y equivoquismo que se haban apoderado ya de los escritos de Quevedo. Pero aunque las burlas de este no podan ser ms sangrientas, Gngora sigui, pesar de la crtica y de la stira, la obra de s triunfo, desdeando al par sarcasmos y consejos. Tres obras vinieron casi al mismo tiempo (1635), manifestar que no habia pasado aun la poca de la stira ni de la diatriba. El Para todos de Montalvan, la Perinola de Quevedo y el Tribunal de la justa venganza, publicado por los amigos del doctor Juan Prez, con el nombre deArnaldo Franco-Furt. El Para todos , obra inofensiva por su objeto, si bien demasiado ambiciosa en pretensiones, excit de tal manera la irritable vena de Quevedo, que no bien sali aquella la luz del dia, cuando lanz sobre ella una de las stiras ms chistosas, ms incisivas y despiadadas que sejian escrito en lengua castellana. El Para todos, y con l su laborioso autor desaparecan bajo el peso de la Perinola, no pudiendo menos de convenirse en que, cuando Quevedo se encierra en los lmites de la crtica literaria, no solamente es acertado, sino que pulveriza con gran copia de razones y donosas burlas los errores y aun desvarios de Montalvan. El Tribunal de la justa venganza era un libro ciego; porque vendaba los ojos de sus autores la ira, que no les dejaba ver las faltas de su amigo, mientras en su rabioso despecho olvidaron que luchaban con un gigante, negndole de lleno todas las grandes dotes que le han conquistado alto asiento entre los ingenios de Espaa. As, obr en sus juicios ms la ira de ofendidos que la imparcialidad de crticos; y es digno de notarse entre todas las acusaciones, que se hicieron, y todos los autos que se dictaron por aquel rencoroso tribunal, el epitafio que para la sepultura de Quevedo prepararon los jueces, concebido en estos trminos: Aqu yace don Francisco de Quevedo, mal poeta y peor prosista, lisonjero tem-

INTRODUCCIN.

XXVII

poral, bufonador perpetuo, smbolo de la ingratitud y de la iniquidad, vano presumidor de ciencias (ignorndolas todas), graduado en torpes y deshonestos vicios, catedrtico de la sensualid a d ; cuya mordaz y satrica lengua dijo y escribi mal de todos y de todo, sin exceptuar lo divino ni lo humano. Oh, t, que miras su infame sepulcro, huye de l, y rugale Dios que le d el castigo que merecen sus palabras, obras y escritos . No era posible hacinar ms torpes inexactitudes en tan breves lneas, ni ms groseros insultos. No es posible tampoco en nuestros dias ver sin hondo sentimiento los extravos, que dieron lugar tan grandes varones; extravos que deban conducir al abismo la literatura erudita, arrastrando tambin la popular en su estrepitosa ruina. Mas al lado de la stira habia puesto el siglo XYII el panegrico, y tras las rudas batallas de Gngora deban venir los aplausos de los comentadores, para canonizar y levantar sobre la literatura griega y romana los ponderados triunfos de su indmita musa . En vano, temiendo acaso los estragos de semejante plaga, sntoma doloroso de inevitable decadencia, haban protestado contra ella los ms aplaudidos cultivadores del arte, negando los comentaristas la invencin y la imitacin, polos principales sobre que aquel giraba: en vano el mismo Lope de "Vega, condenada su esterilidad, los despojaba tambin de ambas virtudes, observando:
1 i

El Tribunal de la justa

venganza,

erigido contra los escritos de don

Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desvergenzas, licenciado en bufonerias, bachiller en suciedades, catedrtico en vicios y p r o t o - d i a blo entre los hombres; por el Licenciado Arnaldo Franco-Furt (Valencia, 1638). 2 El doctor Juan de Espinosa Medrano, catedrtico de artes y sagrada teologa en el seminario de San Antonio el Magno del Per, deca en su Apologtico en favor de Gngora y contra Manuel de Faria y Sousa lo siguiente: En algunos lances que ocurren entre don Luis y Homero, Ovidio y Virgilio, no pocas veces sale ms airoso Gngora, venciendo algunas la lira castellana la grandeza de la griega y [Link] mismo autor llega dar Gngora los ttulos de Homero y Virgilio espaol, de Quevedo y Zarate, ao de 1694). descargando toda su hil culterana contra Fara y Sousa, porque so los niega (Lima, imprenta de Juan

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LITERATURA

ESPAOLA.

Ni lo uno ni lo otro se halla en el que comenta: antes parecen los horcones de los rboles, que aunque estn arrimados las ramas, no tienen hojas, ni fruto, sino slo sirven de puntales la fertilidad ajena; y como si no lo visemos, nos estn diciendo: Esta es pera; este es durazno y este es membrillo; como el otro pintor que puso un len trasquilado: Este es len rapante '. Un escritor que alcanz en aquella Era grande autoridad, por la casi universal erudicin de que se hallaba dotado, el diligente don Jos Pellicer de Ossau y Tovar, desoyendo mejor dicho, despreciando el aviso, fu el primero uno de los primeros que acometi la empresa de santificar los errores del poeta de Crdoba, dando la estampa en 1630 sus Comentarios las obras de Gngora, quien atribuye la gloria de prncipe de los poetas lricos. Mostraba igual empeo por el mismo tiempo don Garca de Salcedo Coronel, publicando sus comentarios al Polifemo, y empleando despus tres tomos en 4. para ilustrar las Soledades . La crtica de Salcedo y de Pellicer, reducida al estrecho crculo del ciego panegrico, slo encontraba bellezas en todas partes, slo modelos ofrecia la juventud consagrada al culto de las musas, en cada estrofa, en cada verso que analizaba. Jams se remont la esfera de la filosofa, jams volvi la vista atrs para reconocer el primitivo origen de la literatura espaola; jams sospech que hubiese ms arte que el arto por ella encomiado, ni ms belleza que la belleza culterana. Pero lo que ms llama la atencin, al examinar la crtica de estos escritores amamantados en las antiguas escuelas doctas, lo que acredita la dolorosa contradiccin en que se aniquilaban los ingenios del siglo XVII, es el contemplar los comentadores, in2

1 2

La Dorotea, 11. parte, escena 11.


a

Los comentarios al Polifcmo se dieron luz en 1636 con este ttulo: Coro-

El Poli fem de don Litis de Gngora, comentado por don Gurda Salcedo

nel, caballerizo del Srmo. Infante Cardenal, dedicado al Excmo. Sr. don Fernando Afn de Rivera Enriques, duque de Alcal, adelantado mayor de Andalucia, del Consejo de Estado del Rey N. S. y su Vireg y Capitn general pus, aunque en el mismo ao, costa de Domingo Gonzlez. del reino de [Link], imprenta Real. Las Soledades se publicaron des-

INTRODUCCIN.

XXIX

vocando en defensa de los errores y extravos que con tanto calor apadrinan, los mismos principios clsicos, proclamados por el Brcense y por Herrera, las mismas leyes del buen gusto, reconocidas y acatadas al extremo por los crticos y poetas eruditos de todas las naciones. Prueba inequvoca de que ni la innovacin ni sus ms ardientes sectarios se creyeron bastante fuertes para sacudir del todo el yugo de la autoridad, limitndose en consecuencia todos Sus conatos esquivar, torcer y burlar sus preceptos. Debian llevar los sucesores de Pellicer y de Salcedo (quiz menos instruidos que estos celosos comentaristas) la exageracin al ms alto punto, siguiendo la resbaladiza pendiente en que se haban aquellos colocado, y,perdiendo por tanto toda idea, toda nocin de la verdadera crtica. Gngora fu designado con los ms pomposos ttulos: padre mayor de las musas le apellidaba fray Hortensio de Paravicino, quien daban en cambio los culteranos el nombre de Gngora de los declamadores : cisne, guila, monstruo de delicias le llamaron otros,no faltando quien le sublimara, como arriba indicamos, sobre todos los poetas griegos y latinos, comparndole desatinadamente con Homero y Virgilio. El panegrico, pesadilla de toda literatura decadente, no pudo en verdad aparecer ms apasionado ni ms injustificable en consecuencia. Dos escritores de notable ingenio, que en el campo de la historia haban recogido brillantes laureles, don Diego Saavedra y Fajardo y el licenciado Francisco de Cscales, manifestaron sin embargo no sujetarse tan fcilmente al voto comn ni al repugnante error, en que la crtica habia caido: el primero en su Repblica
1 2 3

li aqu el pasaje en que se le d; este este nombre:


Hijo Pudre Por lie Crdoba de las grande, musas, de Espaa mayor las

quien

voces

Se ven

de brbaras

cultas.

2 3

Apologtico en favor de don Luis, por el doctor don Juan de Espinosa Baltasar de Gradan en su Agudeza y Arte de Ingenio le prodiga estos y

[Link] VIH, pg. t 3 2 . otros ttulos.

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HISTORIA

CRTICA

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LITERATURA

ESPAOLA.

literaria; el segundo en sus Tablas poticas, y especialmente en sus Cartas. Saavedra y Fajardo, que respecto de la literatura espaola se habia atenido la doctrina de Hernando de Herrera, quien introduce como interlocutor en su Repblica, si bien, merced su carcter independiente, no se dej dominar por la autoridad de los comentadores, transigi hasta cierto punto con la innovacin de Gngora, expresndose de este modo, al juzgarle en la obra citada: Tal vez tropez por falta de luz en su Polifemo; pero gan pasos de gloria. Si se perdi en sus Soledades, se hall despus tanto ms estimado, cuanto con ms cuidado le buscaron los ingenios, y explicaron sus agudezas. Francisco de Cscales, quien unian los lazos de la amistad con Fajardo, ms severo que l, aunque no menos admirador del Gngora no culterano, tron contra el nuevo estilo que este introduca en el Polifemo y en las Soledades, asegurando que estas nuevas y nunca vistas poesas eran hijas del Mongibelo; que arrojaban y vomitaban ms humo que luz, y que su autor, de prncipe de la luz, se habia hecho prncipe de las tinieblas \ Ofendi la crtica de este docto escritor los comentaristas, como no podia menos de suceder, siendo indudablemente causa de la censura que lanz Pellicer contra el mismo Cscales en su Fnix, y que dio ocasin la carta Y . de la segunda Decada, en que no guard aquel por cierto la mayor templanza. No puede sin embargo dejar de reconocer la crtica de nuestros dias que el licenciado Cscales, atento los fueros del buen gusto, comprendi el gran dao que Gngora causaba las letras con sus errores, tanto ms temibles, cuanto mayores fueron primero las alabanzas y despus la ira de sus panegiristas, al hallar contradiccin en los que no participaban de su entusiasmo .
a 5

1 2

Epstolas VIII y X de la primera decada de sus [Link]

de

Madrid, 1779. Es notable el calor con que los panegiristas defendieron Gngora conretra todos los [Link] do Fara y Sousa, que en sus Comentarios Camoens, siguiendo la ley de los que esta clase de tareas se dedican, baja el mrito de todos los poetas, para que resalto mas el de su hroe, es tan agriamente censurado por los comentadores, que no titubean estos en tribu-

INTRODUCCIN.

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Cscales y Fajardo, aunque no llegaron contaminarse del mal gusto, ni alquilaron sus plumas los comentadores, poco nada pudieron hacer, no obstante, por la historia de nuestras letras. Fajardo, docto ingenioso, despleg en su Repblica erudicin nada vulgar; pero erudicin meramente griega y latina, como lo habia sido la de Herrera y la del Brcense, sin que sus noticias respecto de nuestra propia literatura llegasen ms all de Mena, Santillana, Garci-Sanchez de Badajoz, Alonso de Cartagena y Costana i. Cscales, empeado en la tarea, que ya en el siglo anterior se habian consagrado otros eruditos, slo tuvo por dignos de estima los poetas que formaban su gusto en la imitacin latina italiana, cuyo fin dirigi todos sus esfuerzos, bien que no dej de rendir cierto homenage de admiracin los poetas de su tiempo . Yacian pues los primitivos tesoros de la literatura espaola, durante la primera mitad del siglo XYII, en completo olvido y abandono: los panegiristas slo quemaban incienso en aras del Polisemo y de las Soledades: los preceptistas slo acataban las leyes de Horacio y de Aristteles, como piedras de toque en que
2

tarle los mayores dicterios. Verdad es que Fan'a d Gngora el nombre de Uahoma de los poetas, y que esta calificacin no podia menos de herir los que, tratndose de buen gusto, le ponan sobre Horacio, Virgilio y Homero. Entre todos los panegiristas de Gngora, ninguno tan ardiente como Espinosa y Medrano, quien hemos citado arriba: no slo desprecia este la crtica de Fan'a, sino que le d los nombres de nsar palustre, elogiador huero, mal filsofo, peor telogo y psimo escriturista, tributa su poeta. \ Fajardo hablarle Juan de Mena y de la poesa espaola de la edad media casi en los mismos trminos que Herrera, aadiendo: ((Despus florecieron el Marqus de Santillana, Garci Snchez, Costana, Cartagena y otros, que p o seo poco fueron limando sus obras. De aqu pasa dar razn de Ansias March, hablando continuacin de Garcilaso (Repblica Literaria, edicin de Valencia, 1772). 2 As se expresa Cscales respecto de los poetas sus coetneos: Cierto vemos agora en nuestra Espaa innumerables poetas, que componen todo g nero de verso divinamente, vistiendo sus poemas de profundos conceptos, tanto en la pica y lrica como eri la trgica y cmica (Tablas introduccin las [Link] de Murcia, 1610). Poticas, ridiculizando (no sin algn fundamonto) su juicio respecto de los Lusiadas, por el abuso de elogios que Sousa

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probaban las producciones del arte moderno: los doctos condenaban acaso el calor de los primeros, mientras aprobaban el exclusivismo de los segundos. Triunfaron los comentadores sin embargo en tan ruda lid literaria; y doctos y preceptistas hubieron de sucumbir, enmudeciendo en medio de aquella algazara de encomios y [Link] era el camino que llevaba la crtica entre los eruditos, nicos que hubieran podido ejercitarla con provecho de la historia literaria, pues slo ellos se hallaban dotados de erudicin bastante para dar cima semejante empresa.
IV.

Pero ya v arriba indicado: si la crtica habia muerto manos de los comentadores, lo cual aconteca tambin en otros pueblos de Europa,[Link] estado poltico y social de las Espaas que fomentaba en vario sentido el desarrollo de los estudios histricos, los cuales deban al cabo refluir en beneficio de la general cultura, salian la luz del dia desconocidos tesoros de la literatura patria *; aquella literatura, que habia nacido al grito de independencia y libertad, y que, aun hecha erudita, reflejaba profundamente las costumbres y creencias del pueblo castellano.

Entre otros escritores notables, cuyos trabajos fueron de grande efecto

en el sentido de la investigacin histrico-literaria, merecen llamar la atencin dla crtica don fray Prudencio de Sandoval (Fundaciones de San Benito y Crnica de cinco obispos), el diligente Yepes (Historia general de la Congregacin de San Benito), el entendido Berganza (Antigedades de Espaa), el laborioso Gil Gonzlez Dvila (Teatro Eclesistico de las Iglesias de Espaa), y otros no menos diligentes. Apuntes biogrficos, fragmentos de crnicas y de leyendas, trozos de poesas primitivas, ya populares, ya eruditas, noticias de libros y de cdices de la edad media, todo aparece en estos cultivadores de la historia patria, recogido y acopiado con el anhelo de la erudicin y aun de la verdad; pero todo muy distante de un fin realmente crtico, constituyendo por tanto confuso arsenalliteraro, adonde podian con el tiempo acudir los doctos, para echar los fundamentos la historia de la literatura espaola. La obra empezada en el siglo XVI por los historiadores y los arquelogos, era proseguida con ardor por los cronistas historiadores del siglo XVII: no estaba pues distante el momento en que pudieran recibir su primera forma literaria todos aquellos elementos de la pasada cultura espaola.

INTRODUCCIN.

XXXIII

Mientras extraviada y sin norte, adonde volver sus miradas, se perdia la crtica docta en el oscuro laberinto de los comentarios, banse en efecto acopiando poco poco los materiales que deban contribuir mediados del siglo XYII producir dos obras dignas de todo elogio, que emulasen, y aun aventajaran bajo cierto punto de vista, las de igual naturaleza existentes la sazn en el extranjero. Hablamos de las Bibliotecas de don Nicols Antonio, el ms sabio y diligente escritor de su tiempo. Este infatigable investigador de las cosas pasadas, que perteneca por el carcter de sus estudios la escuela sevillana, si bien habia pasado su juventud en Salamanca, conoci en medio de la corrupcin y decadencia de las artes y de las letras, que deba ya la crtica literaria salir del estrecho infecundo recinto de los comentarios para penetrar en el ancho campo de las investigaciones histricas, reconociendo las obras de todos gneros que habia producido la edad media, no slo entre los cristianos y los hebreos que moraban en el territorio de Aragn, Navarra, Portugal y Castilla, sino tambin entre los musulmanes, que haban posedo largo tiempo aquellas afortunadas regiones, en que floreci un dia el genio de los Snecas y Lucanos, de los Silios y Columelas. Laudable en todos tiempos, y mucho ms en una poca de decadencia literaria, habia menester este propsito de largas y penosas vigilias, de meditacin profunda, y sobre todo de mtodo severo en los estudios, para lograr el xito apetecido. Si don Nicols Antonio llen estas condiciones, dgalo la Bibliotheca Nova, dada la estampa en 1662, pues no slo manifest en ella haber aprovechado hbilmente las noticias por otros allegadas, sino que habia reconocido numerosos importantes archivos, para sacar luz los ignorados nombres de muchos y muy claros varones. Fu coronado este trabajo hercleo, valindonos de la bella expresin del Cardenal Aguirre , con la formacin de la Bibliotheca Vetus,
1

Tanta volominum accesione et pertinaci studio lot annorum in urbe,

ultra illos quos in Hispania duxerat tndem elaboravit integrum opus, ver Herculem, Bibliotecao Hispaniae quator voluminibus infolio, ut aiunt, compressum (Edicin de Roma, 1693).
TOMO I . C

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HISTORIA

CRTICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA,

que completaba el laudable pensamiento de hacer familiares los escritores eruditos los nombres de los preclaros ingenios que desde la Era de Augusto haban ilustrado ambas Espaas. Ni despleg menor diligencia don Nicols Antonio en esta Bibliotheca que en la Nova, si bien fueron mayores los obstculos que hubo de vencer para dar cima su proyecto. Posey pues la literatura espaola dos obras colosales de que antes careca, y el nombre del sevillano don Nicols Antonio adquiri los ms brillantes ttulos al reconocimiento y la estimacin de sus compatriotas. Pero cul fu el efecto de tan arduas tareas? Logr acaso conjurar la ruina que caminaban las letras en su tiempo? Revel su crtica el carcter del genio literario de Espaa en la antigedad clsica? Sorprendi acaso el espritu de la literatura de la edad media y dio conocer los elementos diversos que le haban dado vida? Tales son en verdad las ms importantes cuestiones que nacen espontneamente del examen de ambas Bibliotecas. Mas necesario es para resolverlas no perder de vista la ndole natural de aquel linaje de obras, donde no es posible en modo alguno levantarse hasta la esfera de la abstraccin filosfica, y donde la cuestin de crtica, con el ordenamiento sucesivo de las ideas, se halla sometida de continuo la cuestin de mtodo. Forzaba pues en la Bibliotheca Nova la divisin de cada artculo al docto sevillano, cuya infatigable erudicin aspiraba por otra parte cosechar todos los campos de las letras y de las ciencias, no perdonadas las diversas manifestaciones filolgicas, presentar la noticia y la doctrina de un modo irregular incompleto. Para obviar este inconveniente, pens formar en la Vetus grandes grupos de escritores, dndolos conocer en ordenada serie de captulos; pero mezclados indistintamente poetas historiadores, oradores y moralistas, naturalistas y filsofos, telogos y escriturarios, cronistas y astrnomos, novelistas y mdicos, genealogistas y expositores, oradores sagrados y escritores de msica de veterinaria, ni le fu posible revelar en medio de aquel singular, aunque grandioso desconcierto, el espritu y carcter del ingenio espaol en las distintas pocas comprendidas desde la Era de Augusto hasta el siglo XVI, ni alcanz en consecuencia sealar, por me-

INTRODUCCIN.

XXXV

dio de las letras, el progresivo desarrollo de la civilizacin espaola. Don Nicols Antonio no podia pues aparecer en la liza literaria ni con la empresa del reformador, ni con la bandera del filsofo. Eran sus trabajos esencialmente eruditos; y como los principios literarios que habian formado su gusto, tenian por fundamento y norte la autoridad aristotlica, slo le fu dado admitir las producciones del primitivo arte espaol como otros tantos monumentos histricos que contribuan, cuando ms, determinar, bien que no con la claridad apetecida ni el orden rigoroso de los tiempos, los adelantamientos del lenguaje. No le culpemos, sin embargo, por lo que no hizo ni le era posible hacer tampoco en medio del trastorno y corrupcin de las letras: don Nicols Antonio no escribi para la muchedumbre de los que contribuan, desvanecidos ignorantes, llevarlas al despeadero: sus tareas tenian por objeto el presentar la vista de Europa, como en rico arsenal y bosquejo las glorias literarias y cientficas de Espaa, y el conservar la posteridad aquellos venerables nombres que no brillar su infatigable pluma, habran quiz dormido para siempre en el desprecio y el olvido. H aqu pues el laudable propsito y el merecido triunfo de don Nicols Antonio. Sus Bibliotecas fueron, no obstante, las dos primeras obras en que con deliberado intento se tomaron en cuenta las creaciones del primitivo arte espaol; y aunque la erudicin del siglo XIX encuentra notables errores y grandes lagunas en muchas pocas, y no puede la crtica de nuestros dias conformarse siempre con los juicios de tan docto sevillano, todavia la erudicin y la crtica admiran y respetan su laboriosidad prodigiosa, disculpndole de aquella escasez inexactitud de noticias y de aquella falta de orden y de profundidad, al'considerar la poca de triste decadencia en que dio luz tan apreciables producciones. Y no faltaron por cierto escritores que la personificaran respecto de la crtica. Coetneo de don Nicols Antonio, docto la manera de aquel tiempo, fu en efecto el renombrado Baltasar Gracian, ingenio privilegiado, cuyas brillantes dotes oscureci sabiendas, intentando realizar, respecto de la idea, mayor revolucin que la llevada cabo por Gngora y sus sectarios respecto

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HISTORIA

CRTICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

de tas formas del lenguaje. Haban cubierto los comentaristas, segn tuvimos arriba ocasin de advertir, bajo el manto de la autoridad aristotlica y santificado con los egemplos toscanos y latinos, los extravos del gran poeta de Crdoba: Gracian, dotado de un espritu rebelde hijo al par del culteranismo de Gngora y del equivoquismo de Quevedo, no pudo reprimir la fatal tentacin de ser doblemente hereje; y dominado de este impulso protest al mismo tiempo contra la autoridad y contra la doctrina. Su Agudeza y Arte de ingenio, obra publicada con el nombre de su hermano Lorenzo, era la realizacin de esta idea: la agudeza fu para l la nica fuente, el nico medio, la nica guia y trmino del arte. La agudeza era en su concepto pasto del alma: la sutileza alimento del espritu. El entendimiento-, sin agudeza ni conceptos, era sol sin luz y sin rayos: las obras del ingenio cuerpos vivos, con almas conceptuosas: sin ellas, slo cadveres que yacan en sepulcros de polvo, comidos de la polilla . No otros eran pues los dogmas sobre que se propuso Gracian fundar su Arte de ingenio: veamos cmo expone l mismo su nueva y peligrosa doctrina: rmase, dice, con reglas un silogismo; frjese pues con ellas un concepto. Mendiga direccin todo artificio, cuanto ms el que consiste en sutileza de ingenio... Destanse las artes estos artificios-: que para su composicin fueron inventadas, adelantando siempre, facilitando su perfeccion. Atiende la dialctica la conexin de trminos, para formar bien un argumento, un silogismo, y la retrica al ornato de palabras, para componer una flor elocuente, que lo es un tropo, una [Link] aqu se saca con evidencia que el concepto, que la agudeza consiste tambin en artificio... Este artificio conceptuoso [estriba] en una primorosa concordancia, en una correlacion armnica entre dos tres cognoscibles extremos, expresada por un acto del entendimiento. De suerte que se puede definir el concepto: es un acto del entendimiento que exprime la correspondencia que se halla entre dos objetos. La misma consonancia correlacin artificiosa exprimida es la sutileza objetiva.
4

i Discursos I, II y III de la Agudeza y Arte de ingenio (Edicin de Barcelona, 1757).

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XXXYII

Discurriendo as, prosigue, no sin disfrazar su nueva doctrina bajo la balumba de citas, con que intenta autorizarla: La primera distincin sea entre la agudeza de perspicacia y la de artificio; y esta es el asunto de nuestra Arle. aquella atiende dar alcance las dificultosas verdades, descubriendo la recndita: esta, mas no cuidando tanto de eso, afecta la hermosura sutil: aquella es ms til; esta deleitable: aquella es todas las artes y ciencias en sus actos y sus hbitos; esta, por recndita y extraordinaria, no tenia casa fija. Pudiera dividirse la agudeza'de artificio enagudeza de concepto, que consiste ms en la sutileza del pensar, que en las palabras. La otra en agudeza verbal, que consiste ms en la palabra; de tal modo que si se quita, no queda alrna. La tercera en agudeza de accin: que las hay prontas y muy hijas del ingenio... La otra es agudeza de contrariedad discordancia ent r e los mismos extremos del concepto... Hechas estas-divisiones, aade las subdivisiones siguientes: Hay agudeza pura, que no contiene ms de una especie de concepto, sea proposicin sea misterio... otra agudeza hay mixta, monstruo del concepto, porque concurren en ella dos y tres modos de sutileza, mezclndose las perfecciones y comunicndose las esencias... Dividirse adecuadamente en agudeza de artificio menor y de artificio mayor, quiero decir, incompleja y compuest a . La incompleja es un acto solo, pero con pluralidad de formalidades y de extremos que terminan el artificio, que fundan la correlacion. La agudeza compuesta consta de muchos actos y partes principales, si bien se unen en la mental y artificiosa trabazn de un discurso. Vulvese dividir la agudeza incompleja en sus negocios y modos, y redcese cuatro, como raices, fuentes del conceptuar. La primera es de correlacin y conveniencia de un trmino otro; y aqu entran las proporciones, improporciones, semejanzas, paridades, alusiones, etc. La segunda es de ponderacion juiciosa, sutil, y esta se reducen crisis, paradojas, exageraciones, sentencias, desempeos, etc. La tercera es de raciocinacion, y esta pertenecen los misterios, reparos, ilaciones, pruebas, etc. La cuarta es de invencin, y comprende las ficciones, estratagemas, invenciones, en accin y dicho, etc. Este laberinto de sutilezas, que Gracian sujetaba igualmente

XXXVIII

HISTORIA

CRTICA DE LA

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ESPAOLA.

la prosa y el verso, constitua su nueva doctrina, inventada para no ser ,entendida, y para precipitar ms pronto en el abismo que se abria sus plantas la literatura erudita. Los secuaces de Gngora haban desvariado y dado martirio la frase potica, desnaturalizando la lengua de Cervantes: Gracian, llevando al extremo el delirio de su imaginacin ardiente, no slo pretenda canonizar con su Arte aquellos extravos, sino que se propona tambin multiplicarlos, estableciendo peregrina y metafsica enumeracin de agudezas, bastantes trastornar el ms seguro juicio. Tanto puede entre ciertos hombres el afn de ser originales, cuando se han cerrado ya los verdaderos horizontes del genio, y tales son las consecuencias de un error aplaudido y santificado!... Entregada primero la ms completa anarqua, consagrada despus exclusivamente al panegrico, y sancionando y multiplicando con su egemplo los extravos del ingenio, no solamente fu la crtica del siglo XVII incapaz de producir la historia del arte, sino que desconoci absolutamente el imperio de la razn, y quebrant sabiendas todas las leyes del buen gusto. Lo admirable es, segn dejamos ya notado, el contemplar durante la mayor parte de la misma centuria el mltiple movimiento de los estudios histricos., inaugurado al comenzar la XVI. y que por tan distintos caminos contribua preparar el estudio y conocimiento de los antiguos tesoros de la literatura espaola, despecho de los escritores eruditos, que los olvidaban los desconocian. Lo admirable es (y lo repetimos con agrado) el contemplar en medio del naufragio comn al docto sevillano don Nicols Antonio trabajando con sobrenatural tesn y heroica constancia para acopiar los varios y desemejantes materiales, con que form sus Bibliotecas; monumentos dignos de alabanza, si bien por la misma condicin del tiempo en que se escribieron, no pueden hoy satisfacer las justas exigencias de la crtica.
a

V.

Reflejo tan doloroso como verdadero de la corte y monarqua de Carlos II, el Hechizado, careca la repblica de las letras de orden y concierto y zozobraba en el ms espantoso pilago, cuan-

INTRODUCCIN.

XXXIX

do con el siglo XYIII vino ocupar el trono de San Fernando un nieto de Luis XIV. Las costumbres, las artes y las letras iban experimentar en consecuencia inesperado y considerable cambio. Habian llegado las ltimas en la corte de aquel poderoso monarca al ms alto punto de perfeccin clsica: Corneille, Moliere y Racine tenian levantado el teatro francs de la postracin de los Scudery, Douville y l'lardy una esfera hasta entonces desconocida, si bien no desdeando (especialmente los dos primeros) la imitacin del teatro de Lope, Caldern y Moreto. Abrumado bajo el peso de aquel fanatismo que habia escarnecido la pusilnime credulidad del hijo de Felipe IV, prevaricaba lastimosamente el ingenio espaol y agotaba estrilmente sus brios, como desvariaban la poltica y la moral, y se consuman las fuerzas de la nacin entera en vanas empresas y sacrificios, postrando al cabo en lecho de muerte al formidable coloso, que habia impuesto con su poder y admirado con su cultura la civilizada Europa. Cundia el error por todas partes y dominaba en los enflaquecidos nimos todo linaje de supersticiones, bastando apenas restituir la nacin el sentimiento de su dignidad y de su grandeza la porfiada lucha que tras las jornadas de Almansa y Villaviciosa habia puesto en las sienes de Felipe V la corona de Isabel la Catlica. Pero en medio de los grandes conflictos de la poltica exterior, y cuando parecan demandar exclusivamente la atencin del nuevo soberano las imperiosas necesidades del momento, no perdi este de vista que hubieran sido infructuosos todos sus esfuerzos para sacar la nacin entera de la postracin en que yacia, sin despertar primero su inteligencia, restituyndola la esfera de actividad y de vida, de donde la habian lanzado los errores y desaciertos de los ltimos siglos. Era necesario combatir y desvanecer el error bajo multiplicadas relaciones, porque nada se habia salvado del contagio en la monarqua de Carlos II: las ciencias, las letras y las artes excitaron al par la solicitud de Felipe V, quien imitando el noble egemplo de su abuelo, creaba en la capital de la monarqua doctas Academias, reproducidas 'poco en las provincias , y alentaba con generoso espritu
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Nos referimos la creacin de las Reales Academias de la Lengua (1713),

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HISTORIA CRITICA DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

cuantos ilustrados varones segundaban, en cualquier sentido, aquella grande y meritoria empresa. Desde el fondo del claustro, donde habia consagrado su juventud al estudio, responda al patritico llamamiento del rey un monje benedictino, que pareciendo heredar el noble anhelo y la infatigable laboriosidad que haban sublimado en otras edades los hijos del solitario de Sublago, entraba en el nuevo palenque, resuelto no confesarse vencido. Fray Benito Gernimo Feijoo, dotado del ardiente celo de la verdad y de la perseverancia que pedia aquella suerte de apostolado, declaraba guerra muerte al error, cualquiera que fuese el disfraz que lo cobijara; y exceptuando slo las esferas de la revelacin, donde no era posible entrar sin el auxilio de la gracia, proclamaba cual nico criterio en el estadio de las ciencias y de las letras el criterio de la demostracin, aprestndose de esta manera denunciar y perseguir, as los errores del vulgo de los ignorantes como los del vulgo de los discretos. Arduo y por dems arriesgado era el empeo, pues slo con intitularse ciudadano libre de la repblica literaria, despertaba Feijoo la ojeriza y malquerencia de las escuelas; y cuando ya condenaba las supersticiosas artes de la magia y de la astrologia, con la forzada reata de duendes, trasgos, zahories y encantadores; ya sacaba plaza los vicios y rutinarias prcticas de la instruccin pblica, reducida al postrer extremo durante el ltimo reinado; ora contradeca la adulterada doctrina de Aristteles, buscando la lgica y la metafsica ms seguros y racionales fundamentos; y ora en fin sealaba los extravos de las ciencias mdicas, la esterilidad de las matemticas el doloroso abandono de la geografa y de la historia, descargaron primero sobre el Teatro Crtico y despus sobre las Cartas eruditas (1726 1760) las acusaciones y'aun las diatribas, mostrando as que no era llegado el momento de entrar con nimo tranquilo y verdadero espritu investigador en el terreno de las letras y de las ciencias .
1

ilola Historia (1738) y de San Fernando ( t 7 5 2 ) , Sevillana de Buenas Letras y Buenas Letras de Barcelona (1752). { La prueba eoncluyenle de este aserto es la Real orden, expedida en

INTRODUCCIN.

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No sea esto decir que el benedictino Feijoo alcanzaba la peregrina fortuna de resolver los multiplicados problemas por l tocados propuestos, ni traia tampoco la liza literaria un principio fecundo, capaz de iluminar las especulaciones de la crtica, abriendo al arte nueva y ms segura senda. Llevado del loable instinto del bien, acometa con denuedo y lograba pulverizar con frecuencia aejas preocupaciones, derribando mentidos dolos, cuya adoracin era vergenza del siglo XVIII; pero si logra destruir fcilmente, con harta fatiga rara vez edifica, porque ni alcanzaba slo su buen deseo realizar la obra de las ciencias, ni menos bastaba su buen sentido triunfar de los insuperables obstculos que separaban las letras espaolas de su verdadero cauce, desnaturalizados los nobles sentimientos que en otra edad las inspiraron. Feijoo pasaba en tanto por el inmenso campo de las ciencias, como la llama veloz y luminosa que abrasa la superficie del monte, sin que logre consumir las raices ocultas en el seno de la tierra; y cuando alguna vez se detenia contemplar el doloroso estado de las letras, ni se levantaba de la esfera de las formas exteriores, ni se libertaba tampoco de caer en reprensible contradiccin, practicando aquello mismo que reprenda, cual lo confiesa ingenuamente al tratar de la elocuencia sagrada, y lo testifican con no menor exactitud todas sus obras .
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En la abyeccin y descrdito de la poesa y literatura espao1750, reinando ya Carlos II, en la cual se leia: Quiere S. M. que tenga p r nsente el Consejo, que cuando el P. Maestro Feijoo ha merecido S. M. tan noble declaracin de lo que le agradan sus escritos, no debe haber quien se atreva impugnarlos, y mucho menos que por su Consejo se permita i m primirlo. Prudencia, como la apellid Campomanes, caprichosa tirana, como la han llamado otros escritores, muestra tan singular prohibicin, no menos que las duras mordaces agresiones que la motivaron, el lamentable estado de la crtica. 1 Uno de los ms doctos varones de la edad presente sola decir respecto de Feijoo que era este merecedor de que se le erigiese una estatua, cual premio su prodigiosa actividad y su buen deseo, siendo el mejor holocausto que podia hacrsele el de quemar al pi de ella todas sus obras. La sentencia es dura y altamente injusta; pero explica perfectamente la significacin del protegido de Carlos III y la ndole especial de lodos sus escritos. En su da volveremos tocar esta importante materia.'

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HISTORIA

CRTICA

DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

la, slo encontr la critica un camino para sacarlas del abismo; y lo emprendi con tan sobrado calor y empeo que vino dar en el ms reprensible exclusivismo, cayendo al cabo en la negacin de todo lo que no se amoldaba sus preceptos. Contbanse ya algunos ensayos parciales, en que con no brillante xito se haban traducido imitado las tragedias y comedias francesas, cuando un escritor educado en Italia inclinado la admiracin de Racine y de Corneille, cuanto el gran mrito de ambos exigia, acometi la empresa de dar un entero, cabal y perfecto tratado de potica, donde el pblico la luz de evidentes razones reDconociese el error y deslumbramiento de muchos que ms haba de un siglo (escribia en 1737) admiraban como poesa divina la que en la censura de los entendidos y desapasionados estaba muy lejos de serlo. Este era el gran tema que don Ignacio de Luzan fijaba en su Potica, dada la estampa en el expresado ao . Los principios sobre que fundaba su doctrina eran las leyes de Aristteles que, valindonos de su propia expresin, habian sido siempre la norma ms venerada de todos los buenos poetas. Pero si Luzan prestaba en aquella ocasin un verdadero servicio las letras espaolas, proclamando los principios universales de la poesa docta y condenando los monstruosos restos del gongorismo, su falta de erudicin, respecto de la historia de las mismas, debia producir fatales consecuencias, por la autoridad con que era presentada su doctrina y por el espritu reaccionario que naturalmente envolva. Reducida toda su erudicin respecto de la primitiva literatura espaola citar los nombres de Juan de Mena, Manrique, Cartagena y Cota, copiaba casi al pi de la letra, cuando trataba de
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La Potica reglas de la Poesa en general y de sus principales

especies,

por don Ignacio de Luzan, Claramunt de Suelves y Gurrea, entre los acadmicos ereinos dePalermo, llamado Egidio Menalipo (Zaragoza, 1737). Es digno de notarse aqu que en la edicin de 1789 se suprimieron algunos pasajes en que el buen talento de Luzan no habia podido menos de hacer justicia al i n genio de nuestros dramticos, en especial de Caldern. Puede verse el captulo X V del libro III de una y otra edicin en prueba de lo dicho, siendo esta la ms inequvoca del giro que haban ya tomado los esludios en 1789, y del exclusivismo intolerancia crecientes de la crtica.

INTRODUCCIN.

XLIII

los orgenes de la poesa vulgar, las exiguas noticias dadas por Herrera sobre este punto en sus Anotaciones de Garcilaso, y reproducidas por Fajardo en su Repblica literaria. As, mientras con una mano se lanzaban en el olvido las ya caducas glorias del culteranismo y del equivoquismo de Gngora y de Quevedo, se apartaban con otra de la vista de los eruditos los tesoros de nuestra poesa nacional,' cayendo envuelto en el comn naufragio el teatro espaol, por no haber respetado religiosamente las leyes eruditas. Es cierto (decia Luzan)que si un Lope de Vega, un don Pedro Caldern, un Sols y otros semejantes hubieran sus naturales elevados talentos unido el estudio y arte, tendramos en Espaa tan bien escritas comedias, que serian la envidia y admiracin de las dems naciones, cuando ahora son por lo regular el objeto de sus crticas y de sus risas. No parecia sino que el espaolismo de Luzan se avergonzaba de tener por compatriotas tan grandes poetas, por el crimen de haber esquivado en las esferas ms libres y populares de la poesa las reglas de un arte que no podia convenir las costumbres ni las creencias del pueblo castellano!... Hall este egemplo muchos imitadores en una corte, donde el gusto francs habia llegado ponerse de moda. Todos los que se
1

Es digno de nolarse lo que Fray Manuel Gallinero, de la Orden de pre-

dicadores, dice en la Censura de esta Potica respecto de las acusaciones h e chas por Luzan nuestros dramticos, apoyndose en la crtica extraa. La crtica que hacen los extranjeros de Caldern y de Solis (escribe) jams podr justificarse en el tribunal de la discrecin, pues sus defectos son tan pocos tan leves, que sin mucha piedad pudieran [Link] discurro (aade) que este excesivo rigor procede de que habiendo adelantado en sus poemas los primores del arle, que no pudieron alcanzar los antiguos profesores (pues en tiempo de Aristteles la poesa cmica no tuvo toda su perfeccin y herwmosura), estos crticos condenan las mismas ^ventajas, como desordenado extravio de las reglas, sin considerar que las mismas reglas pueden m e j o rarse. Aunque en las razones alegadas por Gallinero no se descubran las verdaderas causas de apartarse nuestros dramticos de los cnones clsicos, todava prueban que el sentimiento nacional se opona la revolucin de los galo clsicos, tal como se iba ya operando en la repblica literaria. Luzan parecia echar el resto en sus Memorias literarias de Pars, obra no intil por cierto, y que en su lugar tendremos presente (Madrid, 1731).

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HISTORIA

CRITICA

DE

LA

LITERATURA

ESPAOLA.

preciaban de eruditos se alistaban de rebato bajo la bandera enarbolada por Luzan, comenzando de este, modo una reaccin literaria que realizada despus en la esfera de las artes, llegaba al cabo con su exclusivismo y su intolerancia irritar el sentimiento nacional, no sin provecho de las mismas letras. No tardaron en distinguirse entre los que siguieron ya con el egemplo, ya con la doctrina, el movimiento iniciado en la Potica de Luzan, don Agustn Montiano y Luyando, don Gregorio Mayans y Sisear, don Luis Jos Velazquez, el P. Isla, y poco despus don Toms Iriarte, don Nicols Fernandez Moratin, con otros muchos que logran sealado lugar en la historia de la literatura espaola del siglo XYIII. Creia, como Luzan, don Agustin Montiano y Luyando, cuyo amor las letras y cuyo buen juicio le hacian ver con hondo sentimiento el miserable estado que estas habian venido en su tiempo, que slo podan convalecer de aquella lastimosa dolencia con la imitacin galo-clsica: y con este propsito, aunque movido de sentimientos patriticos, disput al teatro francs italiano la prioridad en el cultivo de la tragedia, no solamente escribi sus notables Discursos sobre las tragedias espaolas, sino que, uniendo el egemplo la doctrina, quiso tambin presentar en la Virginia y en el Atalfo los modelos de aquel gnero de producciones, segn las reglas establecidas por Luzan y explanadas por l mismo en los citados discursos . Pero si estas disertaciones encerraban toda la doctrina clsica, parecieron las tragedias de Montiano tan descoloridas, aun sus mismos apasionados, que pocos aos despus de darse luz, escriba de ellas don Cndido Maria Trigueros: Nadie podr decir y probar: tales y tales defectos tienen estas tragedias; esta es la prerogativa-del arte bien observado. Pero podr cualquiera decir que les falta un
1

Dems de estos Discursos, escribi Montiano diferentes tratados sbrela

oda, la gloga, y la rima y varias Advertencias sobre la poesa en general y en particular. Las que compuso para el uso de la stira se imprimieron en el ao de 1843 en el II tomo de Memorias de la Academia sevillana de Buenas etras, como arriba indicamos. Los dems trabajos no existen ya en el archivo de la Academia Espaola.

INTRODUCCIN.

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no s qu, que halla en otras y que le parecen frias inspidas: este es el defecto de genio As la crtica se declaraba impotente para producir con la simple observancia de todas las reglas clsicas, aun en el terreno ms convencional de la poesa erudita, obras que pudiesen aspirar al aplauso comn, habiendo necesidad de apelar al genio, cuyo vuelo poderoso jams podrn contener en verdad diques ni leyes. Don Gregorio Mayans y Sisear, que se habia formado, segn confesin propia, en la escuela de Fajardo , y que atesoraba una erudicin poco vulgar, deslustrada en gran manera por el vehemente y continuo deseo de sacarla plaza, pecado de que se libran los menos, manifest en diferentes escritos que no careca de verdadero amor las glorias nacionales. Fueron los ms notables la Oracin sobre la Elocuencia espaola, compuesta en 1727 y una y otra vez dada con aplauso la estampa , El orador cristiano , los Ensayos oratorios y la Oracin que puso al frente de la Repblica Literaria de don Diego Saavedra, al sacarla en 1772 nuevamente la luz del dia . Celoso de la honra de los ingenios que florecieron en los siglos XYI y XYII; amante de la hermosa lengua de Castilla, que afeaban todava en su tiempo los afectados delirios de los que imitaban los Paravicinos y Ledesmas; y ganoso por ltimo de que recobrase la elocuencia
2 s i 5 6

Elogio histrico de don Aguslin Montiano y Luyando y juicio crtico

de sus obras (Tomo II de Memorias de la Real Academia sevillana de Buenas letras. Sevilla, 1843). 2 3 Vase la Oracin que puso Mayans al frente de su edicin de la RepDe esta obra se hicieron dos ediciones antes de 1747: la primera en Mablica Literaria; Valencia, 1772. drid (1727); la segunda en Len do Francia en 1733. Despus se ha incluido en varias publicaciones y con excelente acuerdo en la Coleccin de Autores selectos latinos y castellanos, formada de orden del Gobierno (tomo V , 1849).

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5 6

Se public en Valencia el ao 1733. Impresos en Madrid, en 1739. Se habia ya impreso dos veces: la primera con nombre de don Claudio

Antonio Cabrera; la segunda con el de su verdadero autor, por diligencia de don Jos de Salina, bien que afeada miserablemente con notables descuidos y enormes yerros, de que la purg felizmente el nuevo editor.

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HISTORIA CRITICA DE LA LITERATURA ESPAOLA. .

su ya perdida virilidad, ora respecto del estilo familiar ' , ora del filosfico, tanto en lo que la historia se referia como en lo que concerna la oratoria sagrada y profana, procur Mayans y Sisear poner delante de sus lectores los respetados nombres de aquellos ingenios, no desdeados los que cercanos su edad florecieron. Mas si de esta suerte ejercitaba tan docto valenciano su erudicin y su patriotismo, anhelando introducir en las escuelas aquel gusto y respeto de los escritores nacionales, y desterrando de ellas los viciados sistemas, no pudo al intentarlo desasirse de la general influencia que dominaba en la repblica de las letras, y se vio forzado, pesar del anhelo de originalidad, de que hacia no exiguo alarde, seguir el movimiento comn, aceptando, ampliando y comentando en su Rhetrica los principios proclamados por Luzan y aplaudidos por la muchedumbre de discretos que, sin protesta ni contradiccin, reciban el gusto extranjero. La erudicin de Mayans, que tan hondas raices pareca tener en la literatura antigua, no menos que en la italiana, la francesa y aun la espaola de los siglos XVI y X V I I , no se remontaba ms all del XV respecto de la ltima. Sabia cuanto habia aprendido sobre este punto en la Repblica literaria: engolfado en investigaciones relativas los poetas eruditos de las pocas referidas, no crey tal vez que merecan sus desvelos los monumentos anteriores ".

Mayans form tambicn y dio luz una apreciable coleccin de epstolas

familiares, con este ttulo: Carias de don Nicols Antonio, de don Antonio Solis y don Cristbal Crespi de Vidaura, publicadas por don Gregorio Mayans y Sisear, con las vidas de los dos primeros autores y la oracin que exhorta seguir a verdadera idea de la elocuencia espaola. Len, 1733. En el siguiente ao se reproducan en Madrid con ms llano encabezamiento. 2 Justo es consignar aqu que el entendido Mayans procur, puesto ya en el sendero que le mostr Saavedra y Fajardo, ilustrar la mayor parte de las doctrinas retricas con egemplos tomados de los poetas de la corte de los Reyes Catlicos y alguno do l a d o don Juan II, incluidos en el Cancionero General de Amberes, con el propsito laudable de ir aficionando la juventud la antigua habla y elocuencia de Castilla. Alguna vez apunt tambin cuestiones y especies dignas de atencin y de largo examen, lo cual nos convence de que no careca de talento crtico, y de que ser otro el estado de las letras, hubieran sido ms trascendentales los aciertos de su pluma.

INTRODUCCIN.

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No sucedi lo mismo don Luis Jos Yelazquez, conocido ya en la repblica de las letras como docto anticuario, cuando dio luz sus Orgenes de la poesa castellana en 1754. Pero este investigador diligente, que en brazos de la ciencia arqueolgica vino conocer la necesidad de consagrarse recoger los datos ms urgentes para trazar el cuadro de los orgenes de nuestra poesa, acometi esta empresa con f meramente histrica, sin que su crtica encontrase bellezas fuera del arte toscano-latino del siglo XVI, que se estaba la sazn refundiendo en el galo-clsico. Nada significaron para Yelazquez los verdaderos elementos que animaban aquellos primitivos cantos del arte erudito (nico que reconoce y examina), ya con relacin las costumbres y las creencias, ya con relacin la historia militar y poltica del pueblo castellano. Su exposicin se refiere nicamente los hechos: es decir, la cronologa y la forma exterior de las producciones de que tiene noticia, cayendo sin embargo en no pequeos errores, que prueban ms que todo el profundo olvido ignorancia, en que yacia la antigua literatura espaola. Verdaderamente notables son tambin en este crtico, que habia recorrido su manera la historia de nuestra poesa, las peregrinas opiniones que sustenta respecto de la dramtica: para l era cosa averiguada que fueron Lope de Vega y Cristbal de Virus los que en tiempo de Cervantes comenzaron corromper el teatro; y empeado en la demostracin, acude al testimonio deLope en su Nuevo arte de hacer comedias, testimonio cuyo valor crtico conocen ya los lectores. Pero qu teatro corrompan Yirus y Lope?El teatro espaol?No: porque realmente no [Link] ensayos de Juan del Encina, Gil Vicente, Naharro, Rueda, Castillejo, Mal-Lara, Cueva y tantos otros como les precedieron, eran bastantes dar carcter ningn teatro?... Se hallaban animados del mismo espritu?... Caminaban al mismo trmino? Eran perfectos?Estas cuestiones debi resolver afirmativamente Yelazquez, para lanzar contra Lope tan dura acusacin, negada en el presente siglo, con ms segura, crtica, por muy acreditado investigador de los orgenes del teatro \ Pero la prueba
i Lope de Vega (dice Moratin al final de sn Discurso sobre los orgenes)

XI/VM

HISTORIA CRITICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

de semejantes proposiciones no podia en modo alguno surgir del examen de los ensayos referidos, que caminaban en el mayor desconcierto, sin bandera ni fin determinado, como en su lugar latamente probaremos. Tampoco era dado a"Velazquez llevar su crtica la esfera del arte popular, cuyo triunfo realizaba Lope en hombros de aquel vulgo, para quien nada valan los aplaudidos primores de los discretos. As, sus noticias, disquisiciones y asertos, meramente eruditos, ninguna luz podian dar sobre el esclarecimiento de la ms brillante y sorprendente trasformacion de la poesa popular castellana; y contradictorios vacilantes en cuanto la edad media se referia, hubieron menester sus Orgenes de la poesa castellana de la erudicin alemana para sostenerse en la repblica de las letras . Ingenioso ms que todos los escritores de su tiempo, si bien no menos adicto la doctrina del nuevo arte galo-clsico, emprendi el P. Jos Francisco de Isla la reforma de la oratoria sagrada, tomando distinto camino que Mayans, y haciendo la verdad mayor ruido y sin duda ms fructuoso efecto. Picado de satrico, y acreditado de tal con las famosas Cartas de Juan de la Encina, escritas en 1732 , traz el buen jesuta y dio la es1 2

>mo corrompi el teatro; se allan escribir segn el gusto que dominaba enwtonces; no trat de ensear al vulgo ni de rectificar sus ideas, sino de agrandarle, para vender con ms estimacin lo que compona, y aspir c o n c i wliar por este medio (poco plausible) las lisonjas de su amor propio eon los, aumentos de su fortuna.'-Estas lneas, con las cuales no estamos enteramente de acuerdo, sobre todo respecto de la calificacin de Lope, prueban que no ha podido ser aceptada la opinin de Velazquez ni aun por los partidarios de la escuela clsica. 1 Aludimos la versin, ilustrada con multitud de notas eruditas y dada und mit Anmerkungen versehen von luz en Gotinga el ao de 1769, con este ttulo: Velazquez Abhandlung ber die spanisch Dichlkunet bersetzt ductor y anotador. 2 Estas Cartas fueron verdaderos dardos, asestados contra un libro que escribi don Josef Carmona, cirujano de la ciudad de Segovia, intitulado: Mtodo racional de curar sabaones. Se imprimieron varias veces, y andan muy escasas en nuestras libreras. El P. Isla desahog en ellas su humor custico contra el pedante cirujano, y manifest desdo luego que era capaz, como escritor satrico, de obras mayores y de ms trascendencia. Vieze. Adelante volveremos mencionar el notable trabajo de este docto tra-

NTUoniiCiiiON.

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tanipa en 1758 la Vida de Fray Gerundio de Campusas. Habian despeado los imitadores de Paravicino, Heredia, Fonseca y Oliva la elocuencia sagrada en el ms hondo abismo desde la alteza en que la pusieron Fray Luis de Granada, Fray Luis de Len, el P. Rivadeneira y otros ilustres varones. Restituirla su antigua pureza era todas luces empresa meritoria; pero slo podia estar reservada un hombre de verdadero talento. Necesitbase pulverizar aquella raza de histriones que seguan profanando la ctedra del Espritu Santo con toda especie de absurdos y delirios: ineficaz insuficiente habia sido la doctrina, apoyada en el egemplo de otras edades: el capricho y el mal gusto seoreaban el pulpito, y las ms repugnantes extravagancias hallaban donde quiera admiracin y aplauso. E1P. Isla que, siguiendo la general creencia de su tiempo, contemplaba en el Quijote el terrible ariete que habia derribado para siempre los fantasmas del seudo-caballcrismo, empu pues, imitacin de Cervantes, el arma de la stira; y haciendo Fray Gerundio hroe de aquella desdichada secta de oradores calenturientos, abrumla bajo el peso del ridculo, logrando al cabo desconcertarla. Su stira, llena de invectiva, desarrollada en situaciones altamente cmicas, viva, picante y sembrada de chistes oportunos, hiriendo derechamente en el blanco, dio al traste con aquella monstruosa algaraba, que por ms de un siglo habia inficionado el pulpito. Sintise no obstante herida la presuncin, y desat sus iras contra el libro y el autor, que no sin cordura se habia cubierto con el velo del pseudnimo: el Santo Oficio incluy tambin en sus ndices expurgatorios la Vida de Fray Gerundio: el bien estaba sin embargo realizado, y la oratoria sagrada y el buen sentido desagraviados de tantas injurias como se les habian prodigado desde el pulpito .
1

Conveniente juzgamos indicar que si hall el Fray Gerundio tan dura

ojeriza en el comn de los malos predicadores, subiendo esta hasta el Santo Oficio, se apresuraron recoger el fruto producido por la stira diligentes y doctos prelados y escritores. El eminentsimo Lorenzana, en sus Avisos los predicadores; Snchez Val verde en El Predicador; don Pedro Antonio SnSoler de CorneGregorio de Salas
1)

chez en su Discurso sobre la elocuencia sagrada espaola; lia en su Aparato de elocuencia para los sagrados oradores;
TOMO I .

en su Compendio prctico del pulpito, y otros no monos loables escritores, pro-

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

Pero cosa digna en verdad de repararse! si al imitar la obra ms libre y espontnea del arte moderno, lograba el [Link] triunfo tanto ms sealado cuanto era ms difcil la empresa por l acometida, y fu mayor la contradiccin suscitada en ambos cleros, no merece igual lauro cuando juzga las dems producciones literarias de sus coetneos. Dominado entonces por el respeto personal, lo que parece ms cierto, sojuzgado por el exclusivismo de la escuela, le vemos hallar toda perfeccin en poemas y tragedias, condenados despus al olvido, probando as que, careca de las dotes esenciales todo crtico, no sabia triunfar de las obligaciones de la amistad, ni de las solicitudes de la simpata. Montiano y Luyando era por egemplo ajuicio del P. Isla en las tragedias arriba mencionadas, superior Corneille y Racine, cuyos defectos enmendaba . Pero este palpable error tenia natural correctivo en los mismos crticos del siglo XVIII, como ya hemos apuntado por boca de Trigueros, amigo y compaero de Luyando. Educado en los estudios clsicos por su tio don Juan, no slo sigui don Toms de Iriarte esta senda en sus escritos, sino que. traducida en verso castellano la Epstola ad Pissones, aspir tambin perseguir los vicios literarios con el azote de la stira, y emple con el indicado propsito, no sin novedad y fortuna, las formas del aplogo, ensayadas hasta entonces en otras esferas. La traduccin de la Epstola de Horacio, menos ofensiva que las Fbulas literarias, dio no obstante origen larga controversia, en que tomaron parte muy distinguidos escritores, y hall
i

curaron llevar cabo con la severa reprensin y la doctrina la reforma de la oratoria sagrada, segundando as la noble empresa del sabio y satrico jesuta. De todos estos, y de otros muchos literatos que se les asocian para tan alto fin, hablaremos oportunamente al trazar la historia del siglo XYII1. \ H aqu cmo se expresaba sobre este punto: Las dos tragedias de Vira luz el nginia y Athaulfo que en el ao de -1780 y en el presente de 53 dio

seor don Agustn Montiano y Luyando... harn visible las naciones que en este siglo hemos logrado un Sphocles espaol, que puede competir con el griego. Lejos de imitar los dos famosos trgicos Cornelio y Racine, descubre y enmienda, sus defectos (Prlogo del tomo II del Ao cristiano, traducdodel P. Croisset, 1753).

INTRODUCCIN.

'

Ll

su frmula y personificacin ms adecuada en un peregrino libro que bajo el ttulo extrao de Donde las dan las toman sacaba luz en 1778 el referido don Toms de Marte. Aquel libro, dilogo joco-serio, crtica y stira personal al mismo tiempo, si acreditaba en su autor la educacin y el gusto clsicos, que en vano le negaron sus mulos, ponia tambin de manifiesto el desacuerdo que empezaba germinar en la repblica de las letras, y que la parta al cabo en dos opuestos bandos, resueltos disputarse el triunfo hasta en la ltima trinchera .
1 9

VI.

Mientras se extenda y dominaba en todas partes la influencia galo-clsica, no haban en efecto faltado escritores que, alentados por el sentimiento patritico, tratasen, si no de refrenar el movimiento que las letras llevaban, lo cual era humanamente imposible, de vindicar al menos el nombre espaol y la gloria de nuestros ms ilustres vates, maltratados sin consideracin ni miramiento por naturales y extranjeros. Desde don Blas Nassarre en
1 El ttulo completo de este libro, raro hoy entre los eruditos, es: Donde sobre la traduccin del Arte potica de Hoy sobre la impugnacin que de aquella

las dan las toman, dilogo jocoserio

racio que dio luz don Toms Marte,

obra ha publicado don Juan Joseph. Lpez Sedao al' fin del tomo IX del Parnaso Espaol, por el mismo don Toms de triarte; que eon este motivo d tambin luz una traduccin en verso castellano de la primera stira de Horacio, etc. Madrid, Imprenta Real de la Gaceta, ao de MDCCLXXV1H. 2 Digno es de consignarse tambin que esta contradiccin de la crtica y El mismo del sentimiento artstico, se reflejaba vivamente en los partidarios de la escuela aristotlica, como se habia reflejado ya en el siglo X V I . don Toms Iriarte, que se mostraba ardiente partidario dlas reglas clsicas, y que por tanto militaba bajlas banderas de la restauracin, persegua una y otra vez los que olvidaban la lengua y la poesa castellana, llevando hasta la hiprbole la acusacin que contra ellos lanzaba, cuando escriba:
Espaol que tal vez do recitara Boileau y delTasso, Quinientos Puede En qu ser versos que no los

sepa

todava

lengua

hizo Gureilaso.

Los versos son harto humildes y prosaicos: la contradiccin, que nos referimos, no puede ser ms palpable.

LI1

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

su Discurso sobre la comedia espaola, inserto en la edicin de las ocho de Cervantes, hasta Velazquez en sus Orgenes citados, condenaban despiadadamente cuantos haban tratado del teatro los grandes dramticos del siglo XVII, y apenas si se dignaban conceder alguna gloria los poetas lricos del XVI, salvas muy contadas excepciones. No repararon en que esta manera de juzgar pona indefectiblemente la crtica en abierta contradiccin, aun con los dems gneros de la poesa docta la sazn cultivados, cuyos orgenes y verdaderos tesoros iban siendo completamente desconocidos. Ganoso de cortar aquella suerte de contagio, habia acometido, con mejor deseo que fortuna, el diligente don Juan Jos Lpez Sedao la empresa, tanto ms difcil cuanto fu mayor la incuria del siglo anterior y era ms reprensible la indiferencia de sus coetneos, de reunir en una sola obra los poetas lricos que ms alta fama habian conquistado desde la innovacin de las formas artsticas, abanderada en Garcilaso . Nueve tomos llevaba dados la estampa, sin visibles tropiezos y ganando de dia en da el desinteresado aplauso de aquellos lectores que ajenos las lides literarias, veian con placer la gran riqueza de las musas castellanas, cuando impresas las poesas de Villegas por el docto acadmico don Vicente de los Rios, celebrado en la repblica de las letras, merced sus ilustraciones y juicio del Quijote , y publicada la referida traduccin de la Epstola ad Pissones, con una
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De advertir es que en medio de la lucha que hemos bosquejado arriba

sumariamente, slo ocurri Joseph de Alfay, que florece al mediar el siglo XVII, el pensamiento de coleccionar algunos poetas castellanos; pero con menos xito que Pedro de Espinosa en sus Flores del Parnaso y sin que abrigase un pensamiento realmente crtico. 2 Tal fu el pensamiento primitivo de Sedao: acosado despus por los eruditos, incluy algunas composiciones del siglo X V ; pero con tan poca eleccin y conocimiento de la historia del arte y tan confusamente dispuestas, que nada adelantaron respecto de la historia de la poesa, ya iniciada por V e lazquez. 3 Publicado por la Real Academia Espaola al frente de su edicin del Ingenioso Hidalgo. En su dia tendremos ocasin de consignar los aciertos de la crtica del distinguido acadmico sobre la inmortal creacin de Cervantes, y las contradicciones que le arrastra el espritu de escuela.

M'KODUCCiON.

Lili

introduccin critica sobre la de Vicente Espinel, que habia puesto Sedao al frente del primer volumen del Parnaso espaol, sali este la defensa del traductor del siglo XVI, tildando la censura de Iriarte de intrpida, cruda y rigurosa. No tan decidido contra la edicin de Villegas, tampoco aprob Sedao el trabajo de Rios, picado acaso de que al aparecer el primer tomo de su coleccin, le habia este manifestado con hidalga franqueza que desaprobaba el mtodo adoptado en la misma, por ser contrario los buenos principios de crtica, anacrnico y en demasia confuso. De Iriarte hemos insinuado ya que mostr excesiva y personal ojeriza contra Sedao: ms autorizado don Vicente de los Rios, as por su esquisita erudicin como por sus elevadas miras crticas, enojado con la conducta de Lpez Sedao, autoriz al novsimo traductor de Horacio sacar plaza las cartas que habia dirigido al colector del Parnaso respecto del mismo, siendo aquellas el ms formidable ariete que podia asestarse contra la referida empresa, malograda por falta de consejo. La variedad, que es hija de la discrecin y del juicio (decia el docto acadmico, formulados otros cargos no menos terribles), agrada y embelesa: la diferencia que procede de eleccin, divierte y entretiene; pero la variedad y la diferencia, que son parto de la casualidad y desrden (como las que hay en el Parnaso), ni agradan ni divierten: confunden, s, enredan la imaginacin del que lee, no pueden componer una coleccin ni una obra metdica; forman al contrario un abismo, un laberinto, un embolismo, en fin un cqs que se debe llamar rudis indigestaque moles- ' . Don Vicente de los Rios negaba al Parnaso espaol hasta, el nombre de coleccin, apellidndole montn hacinamiento de poesas; acusacin que repeta Iriarte en son de triunfo, concluyendo que Sedao carencia de juicio propio, de sana crtica y aun de buena f literaria . Intil juzgamos aadir, que reconocidos los defectos del Parnaso y la autoridad de sus impugnadores, vino por tierra entre los eruditos la obra de Sedauo, siendo estril y frustrnea la plausible y patritica idea que le habia movido llevar cabo tan difcil em2

1 2

Donde las dan las toman, pg. 21 i . Id., pgs. 215 y 222.

LIV

HISTORIA

CRTICA

DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

presa. Irarte no le perdonaba tampoco en sus Fbulas Literarias (i 7'82). No se habia acallado esta singular contienda, que tenia en verdad diversas ramificaciones entre los que se pagaban de discretos, cuando animado de anlogo deseo que Sedao, saltaba en la liza literaria don Vicente Garca de la Huerta, para tentar fortuna respecto del teatro: su patriotismo, ofendido por el menosprecio en que eran tenidos Lope y Caldern, Tirso y Moreto, no podia consentir que yacieran en tan profundo olvido los brillantes laureles de tan esclarecidos ingenios, y para probar los ojos de la muchedumbre imitadora que era justo y respetable este sentimiento de nacionalidad, imagin levantarles un monumento digno de su gloria, dando luz el Teatro Espaol, cuyo primer tomo apareca en 1785. Era esta en verdad formidable mquina de guerra, levantada contra los galicistas; pero excitada justamente la natural aspereza de Huerta por la injusticia con que hablaban los doctos del teatro de Lope y de Caldern, hzole perder la conveniente discrecin y templanza, llevndole al punto de lanzar contra ellos amargas censuras: proponase convencer la escuela italiana de plagiara, de ingrata la francesa y de ignorantes desavisados los que ciegamente seguan la ltima, olvidando as los ricos tesoros de la poesa nacional. La acritud de Huerta, en vez de producir favorable resultado para la noble causa que defenda, irrit grandemente los galicistas, que le tuvieron por necio extravagante, y fu acaso origen de los disgustos que amargaron despus su vida . Huerta tenia sin embargo razn en la mayor parte de las cuestiones tocadas en su Escena espaola defendida, discurso que servia de prlogo su Teatro espaol: las obras incluidas en este, no mostraban sin embargo una eleccin siempre acertada, ni descubran tampoco al verdadero restaurador de la gloria dramtica, que habia excitado su entusiasmo .
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Hasta el comedido cuanto docto don Melchor Gaspar de Jovellanos so

ensa contra Huerta, asestndole una jcara y dos romances burlescos, porque habia tomado la defensa de la escena espaola, lo cual manifiesta el revuelto caos en que habia cado la verdadera crtica. 2 El empeo de Huerta no era nico respecto del teatro: don Toms de

wnoDUCciON.

LV

Lpez Sedao y Garcia de la Huerta no estaban sin embargo solos en la empresa patritica, que asociaron sus-nombres. Dirigiendo sus miradas diferente y menos frecuentada senda, bien que movidos del mismo afecto, acudan otros respetables varones en defensa de la patria literatura, distinguindose entre todos un fray Martin Sarmiento y un don Toms Antonio Snchez. Dado el docto benedictino todo linaje de investigaciones histricas, habanle llevado estas conocer alguna parte de los primitivos monumentos de nuestra literatura, movindole el generoso anhelo de ser til, trazar sus Memorias para la historia de la poesa y poetas espaoles: dolindose el erudito bibliotecario de que anduviesen desconocidos aquellos tesoros de la lengua y de la cultura castellana, consagrse recogerlos ilustrarlos, formando al cabo la famosa Coleccin de poesas castellanas anteriores al siglo XV. Publicse la primera obra, muerto ya Sarmiento, en 1775; sali luz el primer tomo de la segunda en 1779. Tenian ambas por fundamento la Carta dirigida por el Marqus de Santillana al Condestable de Portugal, como proemio de su Cancionero; precioso testimonio, olvidado hasta entonces en el polvo de los archivos, y que pesar de los errores inexactitudes que contenia, daba abundante luz, no solamente respecto de la historia de la poesa castellana, sino tambin de la portuguesa, catalana y lemosina, encerrando al par interesantes noticias sobre la italiana y la francesa. Segua no obstante la crtica de estos doctos literatos diverso camino: escudado al parecer en las palabras de don Iigo Lpez de Mendoza, form Sarmiento el singular empeo de traer de Galicia todos los orgenes de la poesa castellana, lo cual, siendo efecto de exceso de cario al suelo en que habia nacido, le arrastraba cada paso' nuevos errores. Fu adems el laborioso bene-

Erasso y Zabaleta escribi y dio

luz tambin un Discurso crtico sobre el de sus

origen, calidad// estado presente de las comedias en Espaa y en favor

ms famosos escritores, el doctor frey Lope Flix de Vega Carpi y don Pedro Caldern de la Barca. Mas si el intento era digno de elogio, y lo obtuvo realmente de hombres desinteresados, no correspondi el xito alo que se deseaba, provocando esta apologa los sarcasmos de los ultra-doctos.

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HISTORIA

CRTICA

DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

dictino sobrado crdulo respecto de las fuentes de doude tomaba sus noticias: su grande erudicin relativa las producciones histricas, de que en su lugar hablamos, y la f que le merecan los autores de las mismas, dieron ocasin que afirmase con la mejor buena f no pocas extravagancias, sin advertir que la crtica literaria del siglo XVIII, aun reducida al terreno de los hechos, no podia fiarse en testimonios sacados luz con diverso propsito, y no siempre con la exactitud debida .
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No tan crdulo como Sarmiento, ms crtico, propiamente hablando, y no menos erudito por cierto, recorra don Toms Antonio Snchez en sus Notas la referida carta proemio casi toda la historia de la poesa castellana; y si bien no se libertaba de caer en notables inadvertencias y equivocaciones, mostraba tanto en este ensayo como en los prlogos que puso al Poema del Cid, las Obras de Berceo, al Poema de Alexandro y las Poesas del Arcipreste de Hita, que si no podia desasirse de los principios canonizados por los discretos, para remontarse las imparciales regiones de la crtica, no cedia en amor patrio ni en buen sentido ninguno de los literatos de su tiempo. Pero el servicio ms importante y trascendental que el entendido bibliotecario haca la literatura espaola, cualesquiera que sean el mrito y la exactitud de sus ediciones, fu sin duda la publicacin de los poemas citados, de cuya existencia slo tenan noticia vaga incompleta los que cultivaban los estudios histricos . Pudieron desde entonces ya ser ledos y consultados fcilmente
2

De Sarmiento deca pocos dias despus do su muerte un famoso traduc-

tor do Cicern, aludiendo sus obras postumas, en que se contaron las Memorias. aTodo loque habr dejado el P. [Link] harto poco, porque el tal fraile, con una inmensa lectura, no tenia una pizca de juicio (Azara, Carta al ministro Roda, fecha 24 de diciembre de 1772). La frase de Azara nos parece dura por extremo. 2 En su lugar iremos advirtiendo las crnicas historias, ya reales, ya de Ordenes religiosas (inclusas las militares), ora de villas y ciudades, ora de familias.," santos personajes ilustres, en que se insertan pasajes, fragmentos y aun poemas enteros, debidos nuestra edad inedia y alegados como documentos histricos, debiendo notar aqu que esta peregrina y tilsima costumbre de los siglos X V I y XVII so propaga al XVIII.

INTRODUCCIN.

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aquellos venerables monumentos de la cultura castellana, echando por tierra aejas, bien que doctas preocupaciones, alimentadas por el exclusivismo de las escuelas; y si no se descubrieron de pronto todas las relaciones que guardaban con nuestra civilizacin, fueron considerados al menos como reliquias de la lengua y testimonios muy provechosos para el conocimiento de los usos y costumbres de la edad .media . Haban coincidido con estos notables trabajos, donde empezaba despuntar una nueva aurora para la crtica literaria, otros no menos tiles, en que siguindose el egemplo de don Nicols. Antonio, aplaudido de propios y extraos, y respondindose ya al inters mal dormido de antiguas nacionalidades, ya al ms alto de la gran nacionalidad espaola, se recogan desconocidos y muy preciosos tesoros de la civilizacin de la edad media. Mencin especial merecan respecto del primer intento el diligente don Vicente Ximeno, autor de la biblioteca que bajo el ttulo de Escritores del reino de Valencia, apareci en 1747, y el no menos loable don Flix de la Tassa, que slo en el ltimo tercio del siglo (1796) llegaba publicar su Biblioteca antigua de escritores aragoneses . Hicieron ambos fructuosos esfuerzos para allegar todo gnero de noticias que ilustraran los nombres valenciano y aragons, tema obligado de una y otra biblioteca; mas ya porque los tiempos que se referan eran de suyo oscuros y difciles, ya porque no igual su perspicacia su diligencia, ni acertaron descubrir todos los escritores y monumentos que ms gloria podan prestar sus provincias, ni se limitaron tampoco al territorio de Valencia y Aragn, al registrar los nombres de los ingenios en ambas obras incluidos. Bigrafos y biblilogos ms que crticos, contentbanse tambin con la noticia desgajada de toda serie de hechos y doctrinas, con lo cual parecan voluntariamente limitarse a la simple tarea de compiladores.
2

Con propsito ms general escriba su Ensayo de una bibliole\ 2 Jovellanos, Censura de la Real Academia de la Historia (Colee, de PoeLa Biblioteca de Ximeuo comprenda desde la conquista do Valencia

sas, tomo IV, pg. X X X ) . hasta el ao MDCL: la de la Tassa desde la venida de Cristo hasta 1500.

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CRITICA

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ESPAOLA.

ca de traductores espaoles clon Juan Antonio Pellicer y Saforcada (1778), daba la estampa su Biblioteca espaola don Jos Rodrguez de Castro (1781), y reproduca la Biblioteca Vetus de don Nicols Antonio el entendido don Francisco Prez Bayer, con eruditas y abundantes notas (1787). Pero estas obras, en que no faltaba la verdad diligencia ni amor las verdaderas glorias de nuestro suelo, sobrando veces la erudicin, eran tambin ms bibliogrficas que crticas. Escasas las noticias reunidas por Pellicer, aunque casi siempre exactas, carecan de pensamiento filosfico que las hiciera referirse un fin determinado. Mayor inters ofreca la Biblioteca de Rodrguez de Castro, si bien adoleca de anlogo achaque: consagrado exclusivamente el tomo I los escritores rabnicos, daba razn de largas investigaciones y vigilias, manifestando en su lectura que no slo habia tenido Castro presentes las obras de igual naturaleza hasta entonces publicadas, sino reconocido tambin muchos archivos, y entre ellos la Biblioteca de MSS. del Escorial, no registrada antes con aquel propsito. Comenzando en la Era de Augusto, slo alcanzaba el tomo II hasta el siglo XIII: menos peregrina la materia, reunanse en l sin embargo muchos y apreciables datos, bien que no faltaban notables errores inexactitudes; y aunque fu en una y otra parte de su Biblioteca digno de alabanza por el pensamiento patritico que le animaba, justo es reconocer que no posey Rodrguez de Castro dotes de verdadero crtico, lo cual le movia con frecuencia trasferir su libro juicios ajenos, inspirados por contrarios sistemas. Aspiraba slo Prez Bayer al lauro de anotador, tal vez modesto en demasa, dada su erudicin y su buen criterio: con el examen de las bibliotecas de Toledo y del Escorial, ya registradas por Castro, llenaba en efecto muchas lagunas de la obra original, rectificaba sus inexactitudes y correga sus errados juicios, dando por tanto nuevo precio la Bibliotheca Vetus, cuya consulta hacia ms fructuosa. Lstima fu por cierto que, sujeto al plan de don Nicols Antonio, se viera forzado hacinar indistintamente las noticias por l acaudaladas, desposeyendo as la repblica de las letras de ms granadas vigilias. Como quiera, el extraordinario conjunto de todas estas obras, y de otras no menos importantes bajo la consideracin crtica,

INTRODUCCIN.

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basta demostrarnos que en medio de la contradiccin galo-clsica , que aspiraba ahora sofocar, como lo habia hecho en el siglo XVI la toscano-latina, todo sentimiento de nacionalidad en el campo de las letras, se repetan con denuedo los esfuerzos para restituir al ingenio y la civilizacin espaola el lauro, de que injustamente se les despojaba. Ni dejaron de tomar parte en tan generosa contienda, bien que escogiendo distinta liza, otros insignes varones. Desde 1747 habia comenzado ver la luz pblica, ilustrando el nombre del agustino fray Enrique Florez y bajo el ttulo de Espaa Sagrada, una obra verdaderamente colosal, que exigiendo el concurso de varias generaciones , debia hacer igualmente clebres los nombres de Risco, Merino y La Canal, honrando al fin los anales de la Real Academia de la Historia. La obra del Maestro Florez tenia por objeto los fastos de la Iglesia espaola, tan desconocidos y calumniados como la historia de nuestros gloriosos capitanes, preclaros artistas y grandes poetas. Pero la Iglesia lo habia sido todo en Espaa durante muchos siglos; y penetrar en los archivos para ilustrar con nuevos y desconocidos monumentos los trabajos incompletos equivocados de pocas precedentes, combatir con pecho generoso envejecidos errores y preocupaciones, abrumar bajo el peso de los monumentos as la fcil credulidad como la negacin impia, y en una palabra echar los cimientos al edificio de la verdadera gloria de la Iglesia espaola, era derramar manos llenas la luz sobre la historia social, poltica, civil, militar, cientfica, artstica y literaria de la Pennsula Ibrica, dejando apenas elemento de cultura que no se llamara concurso, ni punto de importancia y trascendencia que no se ventilase y esclareciera. As, al lado de investigaciones cronolgicas y geogrficas, ya relativas al antiguo mundo, ya los tiempos medios, aparecan en la Espaa Sagrada luminosas disquisiciones ora sobre las tradiciones apostlicas, ora sobre el rito y la liturgia; al lado de las actas de los concilios los catlogos de los santos y de los prelados, las vidas de los varones y escritores ilustres, las historias de los mrtires, los cronicones de los reyes; al lado de los tratados teolgicos y morales, las crnicas de la reconquista, los himnos sagrados, los poemas profanos; al lado, en fin, de los sermonarios y fundaciones de las baslicas y monaste-

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rios, los epitafios de proceres, monjes y abades, las inscripciones de consagracin, las epstolas de prncipes, prelados y hombres clebres, las descripciones de cdices, relicarios, dpticos y vasos sagrados, formando todo junto el depsito ms rico y el ms vario arsenal que pudiera ambicionar la erudicin para trazar la historia patria. Infatigable, como lo fueron sus primeros continuadores, Florez allega, compara, discierne y depura la verdad hasta el punto de convencer la razn y dominar el entendimiento. Su libro, como obra de acarreo y de acopio, si restableca en larga serie de disertaciones el criterio de la razn y presentaba bajo nuevo aspecto la historia de Espaa, distaba no obstante en gran manera de ser realmente una historia: en l se veia germinar, libre de toda cizaa, la varia semilla que debia florecer en multiplicados terrenos, no siendo en verdad la crtica literaria quien esperaba hacer menos colmada cosecha '". No pareca llegado en medio de aquel movimiento de los estudios crticos el instante de acometerse la empresa de trazar la historia de las letras espaolas; y sin embargo contbase el ao de 1766, cuando dos hermanos cordobeses, religiosos ambos de la Orden tercera, eruditos como los ms de su tiempo, dotados de profundo amor las letras y de acendrado patriotismo, inscriban al frente de un libro, por muchos conceptos notable, el ttulo de: Historia literaria de Espaa desde su primera poblacin hasta nuestros dias. Grande era en verdad el intento; pero abrigaban los Mondanos exacta idea de lo que debia ser una historia litera-

El Mtro. Enrique Florez escribi y dio luz (de 1747 1774) hasta

veintisiete tomos, dejando terminados otros dos, que public fray Manuel Risco, como obras postumas, aadiendo desdeel trigsimo al cuadragsimo segundo en los veinticinco aos siguientes (1776 1801). Muerto Risco, tomaron su cargo la prosecucin de la Espaa Sagrada fray Antolin Merino y fray J o s La Canal, tambin agustinos, quienes aadieron juntos, de 1801 1819, los tomos XL1II, XLIV y X L V , y La Canal slo hasta el ao 1836 el XLVI. Extinguidas las comunidades religiosas, puso el Gobierno al cuidado do la Real Academia de la Historia la continuacin de la Espaa Sagrada: don Pedro Sanz de Baranda escribi el tomo XLV1I (1850); pero su fallecimiento y el de don Juan de Cueto, que le sucedi en el cargo, han retardado la publicacin de los restantes.

INTRODUCCIN.

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ria?... Podan levantar tan grandioso monumento la civilizacin espaola con los materiales hasta aquella sazn acopiados?... Que su claro talento no pudo ocultarse la trascendencia y dificultad de la empresa, mostrbalo sin esfuerzo la consideracin de que, en concepto de tan doctos franciscanos, la historia de los progresos literarios era propiamente la historia del espritu humana, parte la ms noble de nuestro ser y que nos distingue de los brutos: Espaa (observaban) jams habia pensaclo en obra tan digna de sus hroes de letras y de tanta gloria para sus hijos; pues que de hecho nunca habia vacado la publicacin de una historia literaria . El compromiso era pues conocido de los que voluntariamente lo aceptaban: dominados sin embargo por la magnitud del propsito, dironle tambin exageradas proporciones; y comprendiendo bajo el mismo lema la historia de las ciencias y de la literatura, dejronse llevar de la comn corriente , afanndose por demostrar que, pues existan ciertos lazos entre letras y ciencias, debian aparecer unidas en un mismo cuadro sus glorias y sus prevaricaciones.
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Naca de esta creencia el inevitable empeo de trazar un plan vasto por extremo, cuyas lneas generales abarcasen ambas esferas, aumentndose de este modo las dificultades, de suyo invencibles, que llevaba tras s la empresa de la Historia literaria. Y era tanto ms de repararse el expresado intento cuanto que los Mondanos, conforme declaraban repetidamente, se proponan, como fin inmediato de su libro, ejercer directa influencia en el gusto de sus coetneos, mostrndose al propio tiempo filiados en la escuela clsica y ,no ocultando el desden que le inspiraban, cuando menos, las producciones de la edad

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Historia Literaria de Espaa, tomo I, pgs. VIII, IX, X y XVI del proComo tendremos ocasin de advertir, al considerar la crtica literaria

logo-introduccin. fuera de la Pennsula, no fu este empeo exclusivo de los PP. Mondanos: cayeron en la misma tentacin casi todos los que en el pasado siglo acometieron empresas anlogas ala suya; y autorizaron el propsito con su egemplo, ms que otro alguno, as los famosos Maurinos como el renombrado caballero Tiraboschi, aquellos en la Histoire litteraire de Frunce y este en la Storia delta letteratura italiana, que adelante mencionamos.

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media, donde slo les fu dado contemplar tinieblas y barbarie '. Aun discernida perfectamente la diferencia que mediaba entre una Biblioteca y una Historia Literaria , admirados de la vasta erudicin de don Nicols Antonio, tombanle por guia tan celosos escritores y mientras por una parte ensanchaban ilimitadamente el horizonte de sus tareas, cerrbanlo por otra, desconocidos por ellos los preciosos tesoros del arte castellano que iban sacando de la oscuridad de los archivos tan diligentes investigadores como los Florez, Castro, Prez Bayer, Snchez y Sarmiento. Tan ilustres cordobeses acometieron sin embargo la empresa con entera f y con extremados brios; pero empeada su varia y profunda erudicin en largas y prolijas investigaciones sobre la cultura, gobierno, leyes, artes y ciencias de los pueblos aborgenes de Espaa; entregados muy difciles disertaciones, ya sobre la primitiva literatura de aquellos moradores, ya sobre los nombres que en tan oscura edad distinguieron la Pennsula

Los PP. Mondanos, si bien manifestaban en la dedicatoria, dirigida

Carlos III, que llegaban tambin con ellos ante el trono algunos prncipes cultivadores de las letras que supieron unir lo sublime de la doctrina con la grandeza de la corona, la calidad de sabios con la gloria de reyes, citando los esclarecidos nombres de Alfonso X de Castilla y Alfonso V de Aragn, tanto al trazar el plan, mtodo y divisin de su historia, como al exponer su particular juicio sobre, las diferentes pocas que dobia abarcar, consideraron cual tiempos de oscuridad absoluta los de la edad media, fijndose una y otra vez en el instante del renacimiento clsico. Ni un nombre siquiera de los ingenios que ilustran los siglos XII, XIII, XIV y X V , ni el ttulo solo de una obra (fuera de las Partidas) hallamos en su Prlogo-introduccin ni en el Plan de la obra que recuerde aquellas edades, lo cual explica perfectamente el sistema que se proponan desarrollar en su libro. Lstima es sin embargo que por quedar, segn despus advertimos, casi en flor su proyecto, no p o damos completar este juicio. 2 Pg. LXII y LXIII del prlogo. Insistiendo los Mohedanos en esta idea, escriban: Justo es que Crdoba una sus conatos y diestra con Sevilla: que complete aquella la obra, si esta le dio el egemplo ; y en fin, que si un andaluz escribi la Biblioteca Espartla, otros andaluces escriban la Historia iliteraria de Espaa.)') Al leer estas lneas, aadimos nosotros involuntariamente: Quiera Dios permitir que, pues estos nobles deseos de los PP. Mohedanos, cordobeses como nosotros, no se cumplieron en el siglo XVIII, lleguen feliz cima en el XIX.

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pirenaica, y ya en fin sobre los viajes que hicieron los antiguos desde el Mar Rojo hasta Cdiz, sobre los reyes fabulosos de Espaa, la antigedad, grandeza y ruina de Tyro, las flotas de Salomn , los primeros pobladores de Sicilia, y otros puntos de igual naturaleza, llegaban al ao de 1791, publicados ya diez tomos de la Historia Literaria, sin que hubiera pasado esta del Imperio de Nern, con el examen de las obras de Lucano. Aquellos infatigables investigadores ni lograban dar cima la colosal empresa que habian imaginado, ni alcanzaban siquiera recoger el fruto que aspiraban, cuando pensaron dar la estampa el Desagravio de la literatura espaola .
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Ms afortunado en esta parte don Juan Pablo Forner, distinguido en la repblica literaria no tanto por su gusto y su erudicin como por su acritud y satrica maledicencia, habia dado al pblico en 1786 su notable Oracin apologtica por la Espaa y su mrito literario, obedeciendo el noble impulso del patriotismo. Pero ni la ndole especial de aquel trabajo, ni el tono declamatorio adoptado por Forner, ni el punto de vista en que se habia colocado, podan permitir al escritor que satirizaba de igual suerte Iriarte que Huerta, Snchez que Sedao y Trigueros, que se levantase la esfera de la crtica trascendental ni entrara en la difcil serie de investigaciones y. de pruebas que pedia el mismo asunto que trataba. La Oracin Apologtica mostr una vez ms que, dividida dolorosamente la repblica de las letras, no eran bastantes las inspiraciones del patriotismo producir el fruto por tantos caminos ambicionado. Venian tambin militar otros muchos escritores bajo las dosbanderas que disputaban el triunfo : Cadalso, Estala, Floranes,

Sensible fu en verdad que dominados de la grande idea de trazar la

Historia Literaria , no escribieran los PP. Moliedanos el tilsimo libro que pensaron publicar con dicho ttulo, anticipndose Forner, Lampillas, Zabaleta y otros muchos, que con menor fortuna salieron en defensa del nombre espaol, vilipendiado a l a sazn de extranjeros y naturales. En cuanto los PP. Mondanos, es doloroso recordar el prlogo del tomo X , sacado luz por fray Pedro, en que este refiere el fallecimiento de fray Rafael, su hermano, manifestando la gran prdida que era tal desgracia para la Historia, que no debia pasar en consecuencia de la edad de los Snecas.

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Guaraos, Ayala, Trigueros y Capmani fueron sin duda los que ms se sealaron en aquel palenque donde, pesar de los grandes esfuerzos ya tomados en cuenta por nosotros, no llevaba siempre el sentimiento nacional lo mejor de la jornada, merced los desaciertos de Cornelia y de los que furiosamente le aplaudan . Lograban los partidarios de la escuela galo-clsica fuerza de sarcasmos y denuestos desacreditar las producciones del teatro espaol, gloria imperecedera de los ms preclaros ingenios de la Pe- nnsula; y cuando aparecieron sus ojos las primicias del arte castellano, vironlas con sonrisa de desden, ya que no con entero menosprecio, sin dignarse siquiera examinarlas.
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Iba esta manera de juzgar aneja al sistema entonces entronizado: no contentos con remedar las obras del arte francs, tenindolas por nicos modelos dignos de imitarse, habanse tambin los partidarios del arte clsico postrado de rodillas ante el espritu enciclopdico, que dominaba en absoluto la filosofa, estendiendo al cabo su imperio sobre las letras; y cosa rara por cierto! los que negando toda autoridad y rompiendo toda tradicin, proclamaban en absoluto el libre examen, levantaron en medio de sus exagerados principios fanticos altares un arte y una literatura que representaban una civilizacin, muerta habia muv

Entre los eruditos que con mayor empeo y amor patrio se consagraron

la investigacin de las memorias literarias de la edad media, seria ingratitud no llamar especialmente la atencin sobre don Rafael Floranes , seor de Tabaneros. Sus apuntes sobre los orgenes de la poesa espaola, sus notas los Proverbios del Marqus de Santillana, su Vida literaria del canciller Pero Lpez de Ayala, sus investigaciones sobro los Estudios Generales y las U n i versidades de Palencia y Salamanca, con oros muchos trabajos de grande erudicin debidos su pluma, quedaron sin embargo inditos , hasta nuestros dias, en que los ms han visto la luz pblica en la Coleccin de Documentos de

Salva y

Baranda. Ni conviene olvidar, para comprender en toda su im-

portancia la lucha de la doctrina y del sentimiento, los esfuerzos que durante casi todo el siglo hicieron otros loables varones: singular mencin merecen, aunque en vario concepto y as en la corle como en las provincias, los autores del Diario de los literatos, El Diario erudito, El Pensador, El Memorial Literario, La Aduana Crtica, El Censor, El Semanario de Salamanca y aun el Caxon de Sastre, en que reuni Nifo, recomendndolas grandemente, algunas obras de los tiempos medios.

INTRODUCCIN.

chos siglos, descubriendo as cuan fcilmente se camina, en nombre de lo que se proclama erradamente como verdad, los ms lastimosos extravos y vergonzosas negaciones. Arrogante con su victoria, todo lo habia invadido aquel espritu trastornador, para quien nada significaba el respeto de las generaciones pasadas, haciendo en consecuencia estriles frustrneas las saludables enseanzas de la historia. Ignorancia del verdadero carcter de otras edades, futilidad en las sentencias, denigracin de las cosas pasadas; amarga crtica de cuanto sorprenda heria el gust o dominante; condenacin sin rplica ni examen de las producwciones extraas la filosofa moderna... h aqu en resumen los dogmas de aquella escuela filosfica, que penetraban tambin del lado ac de los Pirineos y se derramaron entro los que se pagaban de eruditos, neutralizando, ya que no lograsen anular sus efectos, los grandes esfuerzos de la erudicin y del patriotismo que haban pedido sus armas la historia para combatir aquellos mismos errores y negaciones. Descaminada en tal forma por el genio de la incredulidad, que pareca presidir los destinos del siglo XVIII, no podia la crtica literaria, aun ejercida por los ms doctos, regocijarse en los bellsimos cuadros de costumbres, ni quilatar, hasta connaturalizarse con ellos, los generosos sentimientos que animaron nuestros padres durante los siglos XII, XIII y XIV; costumbres y sentimientos que, brillando en los primeros albores de la poesa espaola, se haban trasferido ms tarde al teatro y constituan la verdadera nacionalidad literaria del pueblo de los Cides y Fernn Gonzlez. As los hombres, para quienes todava significaba algo el sentimiento de independencia, y no eran las verdaderas glorias literarias de Espaa padrn de afrenta, confiando sin duda en lo porvenir, contentbanse con acopiar diligentes todo linaje de monumentos histricos y literarios; y ya consignando sobriamente los hechos, ya poniendo en claro el error de otros dias, acreditaban prcticamente el claro axioma de que tienen los estudios su tiempo de sazn, cual frutos preciosos del rbol de las edades. Alto galardn y sincero elogio merecieron por sus aciertos, y no menos leal disculpa piden sus errores: no estaba la verdad en sus manos torcer el curso ni domar la corriente de las
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ideas; y fuera ingratitud reprensible en la presente edad, si al verlos vencidos por la contradiccin y la duda en la esfera de la doctrina, desconociramos sus importantes servicios y rechazramos la herencia que para nosotros atesoraron generosos.

VIL
El espritu filosfico del siglo XVI1 y la intolerancia de las escuelas que bajo su manto se cobijan, no habian consentido la realizacin de la historia de la literatura espaola; pensamiento que presentido por los ms iniciado por los Mondanos, habia llegado ser una verdadera optacin en la repblica de las letras, despecho de las contradicciones de la crtica. Debia el siglo XIX recoger en vario concepto el legado del XYIII; triste herencia por cierto, si hubieran venido punto de realizarse todos los sueos de las sectas filosficas, abortadas por el enciclopedismo. Mas como no en balde afligen la humanidad los grandes desastres y dolores, mostrado tiempo el despeadero, acudise luego reconstruir lo derribado sin razn ni ley; y abiertos los estudios literarios y filosficos nuevos horizontes, reflejse su luz en las esferas de la crtica, que recibi por tanto impulso y direccin m* conformes con la razn y con la historia. Si no ha alcanzado en nuestros dias la verdad, pugna por lograr su conquista. Comenz en nuestro suelo por ser tolerante, se hizo despus eclctica, y empieza ahora caminar por la verdadera senda de la filosofa, cuyo trmino podr encontrar la verdad, si es que no la amenazan nuevas tormentas y no impiden su paso hondos abismos. Desde los primeros aos del presente siglo vieron la luz pblica varios ensayos sobre la historia del teatro, los cuales manifestaron que si no se habian reconciliado aun los eruditos con las obras de Lope, Tirso, Caldern y Moreto, no eran vistas ya con tanta ojeriza, si bien tampoco se presentaban cual modelos. Fueron sin duda los primeros que en esta parte de la literatura espaola comenzaron usar de cierta diligencia y tolerancia, que debia ms tarde producir sazonados frutos, don Casiano Pellicer en su Tratado histrico sobre el origen y progresos de la comedia y del histrionismo en Espaa, y don Manuel Garcia de

INTRODUCCIN.

LXVII

Villanueva en su Origen, pocas y progresos del teatro espaol '. No alcanzaban sin embargo estos escritores en la repblica literaria la autoridad bastante para contrarestar el triunfo de la escuela ultra-clsica, recientes aun las derrotas del Caf, de la leccin potica y de Los pedantes, stiras con que don Leandro Fernandez de Moratin habia ridiculizado la escuela de Cornelia, hiriendo de muerte su infeliz teatro. Era en verdad harto difcil la _ situacin de los que abrigaban simpatas por los grandes dramticos del siglo XVII: forzados combatir contra enemigos fuertes y discretos, hallbanse igualmente empeados en porfiada lucha con la ignorancia y el mal gusto de los que pretendan seguir las huellas de aquellos esclarecidos ingenios, por entre absurdos y delirios. Los trabajos de Pellicer y de Villanueva despertaron pesar de todo el patriotismo cielos eruditos, y fueron quiz poderoso incentivo para que redoblara el ya indicado Moratin sus largas investigaciones sobre los Orgenes del teatro espaol, iniciadas desde su juventud, segn expresa l mismo, y dadas luz despus de su muerte por la Real Academia de la Historia. Si la Grtica de nuestros clias careciera de las dems obras de Moratin y slo hubiera escrito este los Orgenes, no dejara por cierto de concederle sealado lugar entre los varones que ms honran nuestra patria. No sea esto decir que aceptamos de lleno las doctrinas que le sirvieron de norte en sus juicios, ni menos que los Orgenes del teatro espaol son una obra completa. Contemplando las producciones de los antiguos dramticos desde un punto determinado, veia Moratin con invencible prevencin la mayor parte de las producciones que en su libro juzgaba, encaminndose sus tareas ms principalmente al examen de las formas exteriores que al de los elementos constitutivos del arte por aquellas representado. Era en esto consecuente con la bandera bajo la cual se habia filiado, como poeta y como crtico: como erudito, pesar de la extremada laboriosidad de que hacia

Pellicer no hizo en su Tratado histrico ms que explanar el discur.

so que sobre la misma materia habia presentado su padre la Real Academia de la Historia, y lo dio la estampa en 1804: Garca de Villanueva habia ya publicado en 1802 su Origen y progresos del teatro espaol.

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HISTORIA

CRTICA

DE

LA

LITERATURA

ESPAOLA.

alarde, principalmente en las Notas que ilustran su Discurso, caia en repetidas equivocaciones, y dejaba no pocas lagunas; faltas tanto ms dignas de repararse cuanto iba ser mayor la influencia de su doctrina y de su egemplo en la repblica de las letras. Sobrle sin duda buena f para recibir como verdaderas y de ley algunas noticias que hall esparcidas en otros autores, y faltle asimismo tiempo fortuna para examinar con entera madurez y templanza todas las obras sobre que debia recaer la anlisis. Mas si no es posible desconocer que no se despoj Moratin en los Orgenes del teatro espaol de aquel espritu de escuela, que debia esterilizar aun por algn tiempo las ms esquisitas investigaciones de la erudicin; si no es lcito desentendernos de los deslices en que incurre, ni de las aventuradas tesis que asienta y sostiene, sobre todo al tratar de los orgenes de la poesa castellana, puntos que en su lugar recordaremos, justo nos parece consignar que determinaba el referido libro un verdadero progreso en el desarrollo de la crtica literaria, merced la singular diligencia de su autor y al noble anhelo de investigacin que iba cundiendo entre los doctos. Los Orgenes del teatro espaol sern siempre consultados con provecho de la crtica, lo cual les asegura duradera estima. Daba casi al mismo tiempo la estampa don Manuel Jos Quintana la Coleccin de poesas selectas. Poeta de primer orden y muy superior por tanto en materias de buen gusto sus predecesores Sedao, Conti y Fernandez, expona el nuevo compilador con ms segura crtica las bellezas que resaltaban en las obras por l elegidas, tegiendo al propio tiempo breve historia del arte erudito espaol, bien que no perdiendo de vista los triunfos alcanzados por la poesa popular en manos de los vates doctos. Tan juiciosa conducta, en que se manifestaba ya la tolerancia de la crtica, tanto ms digna de elogio en Quintana cuanto eran ms conocidas sus doctrinas clsicas, como cultivador de las musas, si hall el merecido galardn en el comn aplauso, no dej por cierto de excitar peligrosas contradicciones. Fu su ms terrible, aunque embozado, propugnado!' don Jos Gmez Hermosilla, persona la verdad entendida y no ayuna de erudicin literaria; pero dominado de reprensible exclusivismo, movido tal vez de can-

INTRODUCCIN.

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sas ajenas al arte y A la crtica, desatse en acusaciones y aun sarcasmos contra los gneros y las obras por Quintana aplaudidas, estrellndose ms principalmente contra la poesa popular, significada en los romances y en el teatro. Poetas canijos y copleros llam los que, reconociendo el inagotable tesoro de bellezas que encerrbanlos romances histricos, caballerescos y moriscos, haban ensayado sus fuerzas en estos gneros de composiciones; proscribiendo as de una plumada la forma ms genuina, libre y espontnea del arte espaol, y pretendiendo lanzar en el desprecio sus ms brillantes glorias. La ira censoria de Hermosilla, que atropello tambin no pocas obras del arte erudito, descarg con no menos fuerza sobre Lope de Vega, quien, como Nasarre y Velazquez, apellid corruptor del teatro, juicio que iban repetir con no mucho celo de su fama otros escritores del siglo XIX. La aspereza y caprichosa severidad de Hermosilla, nada hubiera significado sin embargo respecto de la crtica literaria, si por su categora oficial no hubiese sido destinado su Arte de hablar en prosa y verso servir de guia la juventud, adoptndose como obra exclusiva de texto en todos los colegios de humanidades. Pero pesar do tan injustificada proteccin, hija de los errores polticos que ensangrentaron el primer tercio del siglo, no produjo felizmente el espritu reaccionario de Hermosilla el triste fruto que aspiraba: servale dicha de poderosa triaca la saludable doctrina que iba derramando entre la juventud dorada un varn respetable, nacido en el suelo de Sevilla, donde desde principios del siglo brillaban el buen gusto y la tolerancia en la Academia de letras humanas, digna heredera de la antigua escuela, fundada por los Mal-Laras, Herreras y Arguijos. Tal era don Alberto Lista y Aragn: consagrado desde los primeros aos de su juventud la enseanza pblica, movido de espritu verdaderamente filosfico, veia con hondo disgusto el exagerado exclusivismo de Hermosilla; y aplaudiendo los esfuerzos de Pellicer, Villanueva, Moratin y Quintana, procur inculcar la doctrina de que uslo era despreciable en letras lo que wfendia abiertamente el buen sentido. Abria de este modo la senda de un eclectismo racional que debia al cabo conducir al estudio profundo de los monumentos, ya debidos al arto popular.

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ESPAOLA.

ya al primitivo erudito, ora al toscano-latino, y ora en fin al galoclsico, que toclavia dominaba, que, mejor diciendo, se habia levantado con el imperio absoluto de la literatura, muerto el teatro espaol y trasformacla en vulgar la poesa popular, como advertiremos adelante. Dados conocer, aunque imperfectamente, los primitivos monumentos de la literatura patria , atendi Lista sobre todo restablecer el crdito de nuestros grandes poetas dramticos, manifestando la injusticia con que habian sido tratados por naturales y extranjeros; y con este propsito emprendi largas tareas, que interrumpidas deshora en 1823, daban por resultado, despus de arrostrar las vicisitudes polticas en que se vio envuelto, una enseanza sazonada, amplia y filosfica del teatro espaol, empezada en el Ateneo de la Corte y terminada en los diarios de Cdiz . Lope de Yega no apareci ya como el corruptor, sino como el fundador del verdadero teatro. Caldern no fu condenado como prevaricador calenturiento: sus creaciones aparecieron vista de
1 2

Recordando Lista el curso explicado en el Ateneo de Madrid, de 1822

1823, escriba: Empezamos nuestras explicaciones por la poesa y recorrimos todos los ramos... desde los orgenes ms remotos de la lengua caslewllana hasta nuestros dias (Introduccin las Lecciones de Literatura espaola). Algunos aos despus observaba, tratando de la Prueba de las Promesas de Alarcon: Dice [el mismo Alarcon] que tom el argumento de este dram del Conde Lucanor, cita que no hemos podido verificar por la rareza de este libro. Su mrito est reclamando la reimpresin, as como otros muehos del siglo X V y X V I , desconocidos aun de nuestros literatos, y que y a cen como tesoros sepultados en el polvo de las bibliotecas (Ensayos literarios, tomo II, pg. 206). La noble ingenuidad del Maestro nos revela en estas lneas su erudicin respecto de la edad media, eonstndonos de propia experiencia que, as como el Conde Lucanor, le fueron desconocidos otros muchos monumentos del arte espaol, segn en el texto indicamos. 2 Estas explicaciones, que tuvimos el placer deasislir e n l 8 3 7 , yfueron publicadas en 1839 con el ttulo de Lecciones de Literatura espaola, abrazaban los orgenes del teatro hasta Lope de Vega inclusive. Ampliadas despus en larga serie de artculos dados luz en Cdiz, fueron recogidos ms adelante en una coleccin de opsculos , importantsimos para los que se dediquen al estudio de las letras, con el ttulo de Ensayos literarios Ateneo de la Corte, segn en la nota anterior indicamos. (Sevilla, 1843). Lista habia inaugurado sus trabajos crticos desde 1822 en el antiguo

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ios discretos llenas de armona y de encanto, de inters y de vida. Sus damas revelaron la altivez de las mujeres nobles de Caslilla: sus galanes, la hidalgua, la lealtad, la franqueza, el pundonor y la fiereza de los hidalgos y de los [Link] las comedias del teatro espaol se vieron finalmente trazadas las costumbres y las creencias de aquel gran pueblo que habia sujetado su triunfante carro el cuello de dos mundos. Caldern fu pues la llama viva que reflejaba en sus creaciones toda la civilizacin espaola. La cruz en la sepultura entraaba la ntima creencia religiosa del pueblo castellano; secreto agravio revelaba su moral interior y sus ms recnditos sentimientos; La vida es sueo ofreca el doble dogma poltico-religioso que habia dominado durante la edad media, produciendo al cabo el dogma del derecho di' vino y de la irresponsabilidad humana de los reyes. Segismundo no fu ya un prncipe de Polonia, encerrado por su padre como una fiera, segn habia expresado alguno de los escritores coetneos : fu s el smbolo de la historia de la humanidad sin freno alguno, dejndose arrebatar en el torrente de las pasiones y amaestrndose al fin en la amarga escuela del desengao. Al lado de Caldern y de Lope se levantaron otros colosos, cuyas obras apenas eran estudiadas de los eruditos: Tirso de Molina, Rojas, Moreto y Alarcon recobraron al fin la gloria conquistada fuerza de ingenio, volviendo ser sus obras, si no tan populares como en el siglo XYTI, al menos respetadas por la muchedumbre de discretos y acatadas por la crtica. No otro es el influjo ejercido por clon Alberto Lista en la crtica y literatura contemporneas: sus doctrinas, inculcadas por el espacio de sesenta aos ele enseanza en la juventud de dos generaciones, modificaron en la primera el enciclopedismo del pasado siglo, y han formado el gusto y el criterio de la segunda, si bien no alcanzaron desde luego desvanecer la resistencia que su triunfo oponan los defensores del exclusivismo clsico.
1

Hse distinguido entre estos, aunque templando sucesivamente la rigidez de sus principios, don Francisco Martnez de la Rosa, cuyas doctrinas hemos aludido una y otra vez, siendo para nosI Don Francisco Marlincz do la llosa, Apndice la comedia.

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CRTICA

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ESPAOLA.

otros reprensible descuido el omitir su nombre, al trazar el presente bosquejo del espritu, carcter y tendencias de la crtica literaria en nuestro suelo. Injusticia seria harto notoria el negarle Ja extensa erudicin y el no vulgar conocimiento del arte erudito, de que dan claro testimonio tanto sus obras dramticas como sus trabajos didcticos. Educado bajo la influencia dla escuela ultraaristotlica, no ha podido sin embargo libertarle todo su patriotismo, en mil conflictos acrisolado, de los resabios y preocupaciones que le han inducido mirar con excesiva prevencin, ya que no con injusto desden, las producciones del arte castellano. As, aunque muestre no serle del todo peregrinos los monumentos de la antigua poesa espaola, aunque sus juicios de Lope, Caldern, Morete y dems dramticos se aparten algn tanto de la intolerancia del siglo anterior, ni alcanza su vista esparcirse en los desconocidos verjeles de la edad media, ni producen sus estudios sobre el teatro espaol toda la luz que debieran, ni bastan sus juicios individuales dar conocer, como deseramos, aquellos colosos de la escena. Martnez de la Rosa trataba sin embargo en los Apndices su arte potica con no poca madurez y acierto muchas y muy importantes cuestiones de la historia de nuestra literatura, lo cual hace ms sensible el que no se despojara por completo de la tirantez clsica, contrada en su juventud, para asociarse de lleno al movimiento filosfico que tomaba su vista la crtica literaria. Digna de aprecio es por ltimo su Traduccin de la epstola de Horacio los Pisones, y no menos interesantes y tiles, para formar el gusto de la juventud en los estudios clsicos, las numerosas notas que la acompaan. Fructificaba entre tanto la semilla arrojada por Lista en el campo de las letras; y mientras era cultivada la crtica en vario sentido, si bien con ilustrado espritu, por un don Flix Jos Reinoso, un don Javier de Burgos, un don Bartolom Jos Gallardo, un don Antonio Alcal Galiano y un clon Jos de la Revilla, sealbase entre todos por su acendrado amor las glorias nacionales, no menos que por la profundidad de miras que revelaba desde luego en sus escritos, uno de los ms antiguos y cariosos discpulos de aquel respetado maestro, que pareca haberle confiado la difcil tarca do realizar la trasformacion crtica por l ni-

INTRODUCCIN.

LXXIII

ciada. Hablamos de don Agustn Duran, cuyos estudios sobre la poesa popular espaola han merecido el aplauso de los doctos dentro y fuera de Espaa, con no poca estimacin de su nombre. Menospreciando las diatribas y sarcasmos de Hermosilla y aun riesgo de sor tenido por anarquista literario, en tanto que protestaba con noble sinceridad de su respeto los estudios realmente clasicos, proclamando su utilidad, como lo habia hecho repetidamente Lista, fijaba sus miradas en las fuentes del verdadero arte espaol, para buscar en ellas la ley superior de su existencia, dando conocer la legitimidad de sus producciones en su progresivo [Link] poetas canijos y copleros que habian cantado durante la edad media la religin, la independencia, el valor y la lealtad del pueblo castellano, reflejando vivamente sus aspiraciones y sus creencias, lejos de merecer las agrias calificaciones del sistemtico impugnador de Quintana, fueron considerados por Duran cual intrpretes de nuestra civilizacin, como que el idioma y la poesa vulgar son el depsito, donde se contiene y elabora la originalidad de las naciones. Fruto espontneo de la espaola habia sido pues la que personificaban los romances; y cultivado tiempo el rbol, fecundado por la savia popular tras repetidas generaciones, creci magnfico y robusto hasta las nubes, y sus vigorosas ramas asombraron la culta Europa. No otra habia sido la obra meritoria y altamente nacional de Lope de Yega, quien abarcando y comprendiendo la vez las glorias de lo pasado y las necesidades morales de lo presente, converta en drama toda la poesa popular, rejuvenecida y ornada de las conquistas hechas en nuestro suelo por las letras y las ciencias.)) No hay para qu esforzarnos en demostrar que estas ideas, expuestas y ampliadas, tanto al estudiar el Drama novelesco espaol como al recoger en el Romancero los primitivos tesoros de la poesa popular castellana, venan coronar por su cima los nobles esfuerzos de Lista, imprimindoles ms trascendental y profundo sello. Desde este momento, saludado con aplauso por los hombres doctos de Europa, si no se confes del todo vencido el ciego exclusivismo de escuela que habia esterilizado constantemente las especulaciones de la crtica, militaron ya bajo la bandera de la tolerancia muy denodados paladines que han prestado,

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CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESTALA.

y prestan todava, eminentes servicios la patria literatura. Ensanchados al propio tiempo los horizontes de la poltica, fu dado ya los hombres pensadores recorrer holgadamente las diferentes esferas de la filosofa y del arte, siendo para todos obra igualmente digna y meritoria la de restituir al pueblo espaol el sentimiento de su nacionalidad, tristemente amortiguado por los bastardos intereses de aejos sistemas. Ydanos el temor de parecer lisonjeros hacer aqu larga muestra de cuantos escritores se han distinguido con este propsito en el mltiple estadio de la crtica literaria. Lugar preferente merecen no obstante, as por las tareas, que han dado cabo, como por el intento que en ellas revelan, don Eugenio de Tapia, don Mariano Jos de Larra, don Juan Eugenio Hartzenbusch, don Antonio Gil de Zarate, don Pedro Jos Pidal, don Eugenio de Ochoa y don Fermin Gonzalo Morn. Movidos de un mismo anhelo, si bien guiados de distintos principios y con diversas miras filosficas, acometieron el primero y el ltimo la ardua y difcil empresa de escribir la Historia de la civilizacin espaola, dando claro testimonio de erudicin extraordinaria y de no exigua perspicuidad para este linaje de estudios: Larra, malogrado en la flor de la vida, empez ejercer la crtica con elevacin y profundidad verdaderamente filosficas; y no satisfecho de combatir el romanticismo fisiolgico, que con los dramas franceses comenzaba cundir en nuestro suelo, aspir tambin realizar en el Macias la restauracin del teatro espaol, tal como l la habia concebido: Hartzenbusch, aplaudido por sus bellas producciones dentro y fuera de Espaa, ha publicado las obras dramticas de Lope, Tirso y Caldern, exornndolas de prlogos ilustraciones, escritos con extremado juicio y con erudicin abundante y sobria, y al mismo tiempo ha dado luz larga serie de artculos sobre el teatro, ya tratando cuestiones fundamentales del arte, ya exponiendo su historia, principalmente en orden al pasado siglo: Gil de Zarate, no menos celebrado por sus dramas, ha recorrido en el Resumen histrico de la literatura espaola las pocas ms importantes del arte castellano en sus diversas trasformaciones; y
1

Segunda parte del Manual de Literatura,

edicin de 1851.

INTRODUCCIN,

LXXV

es en verdad digno de sentirse que el propsito meramente didctico y elemental, con que emprendi el indicado Resumen, no le consintiera detenerse en ciertos puntos, ni levantar la crtica al elevado terreno en que su reconocido talento y su no vulgar instruccin hubieran campeado ms desembarazada y libremente: Pidal, dotado de clara inteligencia, erudito como pocos y amante como el primero de las glorias literarias, ha enriquecido el parnaso de la edad media con muy preciosos monumentos, ilustrado alguna parte de la historia literaria con atinadas y muy eruditas investigaciones, de que es insigne muestra el Discurso -preliminar puesto al Cancionero de Baena: Ochoa, en fin, si no tan afortunado en todos los trabajos que ha dado cima, se ha mostrado infatigable publicador, as de los tesoros literarios de la edad media como de los tiempos modernos; y merced las especiales circunstancias de su vida, los ha dado conocer del lado all de los Pirineos, no sin tomar alguna parte en las tareas de la Biblioteca de Autores espaoles, gallardo palenque donde han venido tambin probar sus fuerzas y hacer gala de su erudicin otros muchos cultivadores de la ciencia crtica. Lstima es por cierto que en este gran museo de la literatura patria, donde parecen haberse dado el sculo de paz las escuelas antes rivales declaradas enemigas, y hallamos escritos en el pedestal de las estatuas de Cervantes, Quevedo, Ercilla, Moreto, Jovellanos, Quintana y otros ciento, los nombres de Aribau, los dos Fernandez-Guerra, Rosell, Mesonero Romanos, Nocedal, Ferrer del Rio y otros muchos, apenas hayan logrado culto los preclaros ingenios que ayudaron al Rey Sabio y al celebrado don Juan Manuel crear y dar vida, fuerza y color aquella hermosa lengua, de la cual decia Nebrija, al declinar del siglo XV, que habia subido tal altura que slo podia esperarse ya su decadencia. Tales son pues las diversas fases por que ha pasado la crtica literaria desde el siglo XVI, en que pudo dar muestras de existencia, propiamente hablando, hasta nuestros dias. En aquella primera edad la hemos visto sujeta al yugo de la autoridad mal llamada aristotlica, canonizando la imitacin toscano-latina y reduciendo todos sus esfuerzos al examen de la forma exterior en manos de los comentadores, que desconocen abominan la litera-

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HISTORIA

CRtTICA

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LITERATURA

ESPAOLA.

tura de la edad media. El arte se desarrolla pesar de la crtica, que opuesta sistemticamente su desenvolvimiento, viene al cabo quedar vencida. Durante el siglo XVII reina en la repblica de las letras la ms completa anarquia, como imperan en las regiones de la moral y de la poltica el desacuerdo, la intolerancia y el estril favoritismo: la crtica, que pasa de la stira y de la diatriba al panegrico, refleja profundamente aquel estado de ansiedad, de incertidumbre y decadencia; y escandalizada de sus propias contradicciones y delirios, pretende escudarlos y aun santificarlos con la autoridad de griegos y latinos. Pero la revolucin literaria, afecta nicamente la forma exterior, porque ya no es posible llevarla al fondo de las ideas, apareciendo por esta causa tanto ms contradictoria la conducta de los comentadores, cuanto que habia faltado el centro comn sobre que giraban sus estudios .
1

En el siglo XVIII, que comienza en medio de un caos literario, recobran los principios clsicos toda su fuerza: la poesa popular, refugiada en el teatro, espira en .manos de los Zabalas, Valladares y Cornelias; y as como haban negado los eruditos de los siglos anteriores el arte de la edad media, niegan los galo-clsicos el teatro espaol, y le condenan la oscuridad y al menosprecio. El espritu enciclopdico viene, por ltimo, enseorearse de las letras, repitindose el fenmeno do pretender los doctos anudar la edad presente con la civilizacin griega y latina; pretensin absurda que slo podia conducir la negacin y al abismo. favor sin embargo de los estudios histricos, cuya necesidad importancia notamos oportunamente, se ensancha una y otra vez el crculo de las investigaciones crticas, acopindose laboriosa-

Sobre este punto importantsimo dio luz en la Revista de Ciencias y

Literatura de Sevilla el distinguido escritor D. Manuel Caete, con ttulo de Observaciones acerca de Gngora y del culteranismo en Espaa, un largo estudio, que en oportuno lugar tendremos presente. Caete se mostr, como en todos sus trabajos, de que son tambin digna prueba las Lecciones sobre el teatro espaol, pronunciadas en el Ateneo, grandemente asociado al movimiento filosfico de la crtica en nuestro suelo, siendo en verdad sensible para los hombres estudiosos el que no haya reunido y dado luz todas sus obras.

INTRODUCCIN.

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mente los materiales que podan figurar ms tarde en el edificio de la historia literaria. En el siglo XIX engendra la tolerancia el anhelo do penetrar los misterios de otras edades, y tras este primer momento aspira la crtica la imparcialidad, la independencia y la universalidad que felizmente la caracterizan. Roto el yugo de las escuelas, cobrada la conciencia de su propio valer, y medida la extensin de su imperio, ni se limita al somero estudio y quilatacin de las formas externas, ni se encierra tampoco en el crculo de las artes, llamadas de imitacin, abrazando por el contrario todas las artes, todas las obras y producciones del ingenio humano, que logran real significacin y trascendencia en el desarrollo de la civilizacin de los pueblos. La poesa, la historia, la filosofa, en cuanto tiene por objeto la vida y el hombre, y la elocuencia fijada por la escritura, son pues, como ha observado un escritor moderno, los principales elementos, y constituyen el fin ms elevado de la crtica . *
i

Estos principios comienzan por fortuna dar granados frutos en nuestro suelo: las antiguas preocupaciones van desapareciendo, y la historia del pensamiento humano empieza ya reanudarse entre nosotros, siendo por tanto indispensable el examinar todos los eslabones que forman esa gran cadena de los siglos, para comprender y quilatar debidamente los triunfos de la civilizacin y de las letras espaolas. Mas no se ha operado este cambio trascendental en las' esferas de la crtica, sin el concurso de la erudicin y de la inteligencia de los extraos: deuda no pequea tenemos contrada con los hombres doctos que han vuelto sus miradas nuestra literatura y han consagrado largas vigilias ilustrarla; y no es por cierto indiferente el conocer cmo estos estudios se inician y desarrollan fuera de la Pennsula Ibrica, hasta atraer el respeto y la estimacin sobre las mismas obras un tiempo desdeadas.

F. Schlcgol, Historia de la Literatura antigua IJ moderna, lomo I, ca-

p lulo 1.

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HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

VIII.

La admiracin que durante la primera mitad del siglo XXII habia despertado el teatro espaol en casi todos los pueblos occidentales, y ms principalmente en Italia y Francia, debia trocarse en el siguiente, si no en hondo menosprecio, en desdeosa indiferencia. Proclamados los preceptos clsicos, y reconocido al fin su absoluto imperio, vino en breve trocarse aquella indiferencia en declarada ojeriza, avergonzados los doctos de haber aplaudido imitado bellezas que no solamente no emanaban de la legislacin aristotlica, sino que la contradecan menudo de un modo terminante. Y no era maravilla que esto aconteciese fuera dla Pennsula, cuando los que en ella aspiraban dirigir la opinin pblica en materias de gusto y cimentar la educacin de la juventud estudiosa, veian como prevaricadores y sealaban como contagiosos y vitandos los ms esclarecidos ingenios que haban ilustrado con sus producciones la lengua de Alfonso el Sabio, de Mena y de Cervantes. Olvidadas desconocidas antiguas deudas, hzose moda en el mundo literario el zaherir y maltratar nuestros escritores, cundiendo lastimosamente el contagio entre los hombres de mayor erudicin y ms sano criterio. Fu as como, mientras severo y por dems descontentadizo, lanzaba Boileau los rayos de su crtica contra el teatro de Lope, Caldern y Moreto, os el caballero Tiraboschi, cuya grande erudicin y diligencia eran umversalmente aplaudidas, acusar los poetas espaoles de ser desde antiguo origen del mal gusto, incluyendo tambin en el anatema los padres del teatro moderno. Empresa era esta en que se le arrimaba el abate Bettinelli, resolviendo de plano y sin apelacin que en todas edades habia sido Espaa contraria al desarrollo de la buena literatura, corruptora en la antigedad de la poesa latina, y del siglo XVI en adelante de la italiana .
l

Tan general se hizo en Italia la falsa idea del estado de las letras espa-

olas, que aun reconocidas sus antiguas glorias, se asegur que se entretewniaii solamente [nuestros ingenios] en las brbaras formalidades delPeripato,

INTRODUCCIN.

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Lanzadas estas acusaciones en obras tan importantes como la Nouva ressurectione delle Lettere y la Storia della Letteratura italiana, y la sazn en que por efecto del breve de 21 de j u lio de 1775, buscaban asilo en aquella pennsula los jesutas espaoles, pareca natural que tuvieran cabal y merecida respuesta. No era esta en verdad la vez primera que se vea el honor patrio forzado entrar en lid en aquel suelo, para rechazar anlogas imputaciones, segn en otro lugar indicaremos: movidos del noble celo de la verdad, saltaban en la arena literaria don Toms Serrano, docto cultivador de las letras latinas, don Francisco Javier Lampillas, grandemente versado en toda erudicin, y don Juan Andrs, tan entendido en la filosofa y en la historia, que le reputaban sus coetneos como verdadero orculo. Sac luz Serrano en Ferrara [1776] dos elegantes cartas, escritas en la lengua de Cicern, para vindicar la gloria de los espaoles que haban cultivado en Roma bajo el Imperio la filosofa, la poesa y la elocuencia; public Lampillas en Genova [1778] el Saggio Storico apologtico della Letteratura spangnuola, abarcando los tiempos antiguos y modernos, y dio Andrs en Parma la estampa su Origine, progresso e stato attuale d'ogni Letteratura [17821799], obra que reproducan las prensas de Prato y Roma al terminar del siglo y en los primeros dias del presente . Hermanados en tal manera los esfuerzos de estos ilustrados varones, vironse enrgicamente combatidos los errores de Tiraboschi y de Bettinelli, recobrando la estimacin de los eruditos la literatura espaola, tan injustamente vilipendiada. Serrano, limitado la defensa de los poetas y escritores imperiales, resta1

aadindose que mientras la clara luz de la civilizacin se comunicaba hasuta el moscovita, yacia Espaa sepultada en tenebrosa noche (El abate Z a charia, Sagg. della Letterat. extran , tomo I, pg. slo podia herir sus autores. 1 Roma, 1767, 1808, [Link], [Link] la obra de Andrs c o mo la de Lampillas fueron traducidas al castellano en el postrer tercio del s i glo pasado y primero de este. 16). Cuanto llevamos notado hasta aqu protesta enrgicamente contra esta calumnia literaria, que

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HISTORIA

CRTICA

DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

bleci la fama de los Snecas, dio Lucano alto puesto en el parnaso latino, y procur descargar Marco Valerio Marcial de las culpas que se le achacaban, no olvidada la gloria de Silio, Columela, Floro y Quintiliano. Lampinas, protestando que tomaba la pluma contra las preocupadas opiniones que en desacredito de la literatura de los espaoles mostraban abrigar los abates Gernimo Tiraboschi y Xavier Bettinelli, tan libre de todo odio hacia tan egregios escritores como lleno de estimacin por ellos y por sus apreciabilsimas obras , acometa empresa ms ardua: juzgando descubrir las fuentes del error en los odios polticos, despertados por la dominacin espaola, y en las disidencias religiosas de siglos anteriores, notaba con hidalga franqueza los extravos de ambos crticos, y haciendo gala de extensa erudicin, aunque no siempre sobria y sazonada, acuda como diestro argumentador los reparos y objeciones que pudieran nacer de su apologa, no sin lograr con frecuencia el triunfo pretendido. Llevle veces su patriotismo fuera del crculo por l trazado, indjole prodigar alabanzas y pretender laureles que no puede hoy demandar la crtica, mientras dejaba en claro pocas enteras, en que habia conquistado el ingenio espaol inmarcesible gloria. Ocasiones oportunas tendremos de consignar estos olvidos y omisiones, si bien no es lcito perder de vista que aun dado el carcter de su obra y de la crtica en su tiempo, escriba Lampinas en el destierro, y desposedo por tanto de los medios indispensables para dar cumplida cima su hidalgo propsito. No eran ms favorables las circunstancias para su compaero don Juan Andrs: dominado del ambicioso intento de abarcar en la historia de la literatura todos los conocimientos humanos, pasmaba en verdad la prodigiosa actividad de su espritu, al desarrollar el inmenso cuadro de la civilizacin de todos los pueblos. El Egipto era sin embargo para l la cuna de la literatura y de las ciencias: de all pasaban Grecia, y heredadas por Roma, cuando cae esta aniquilada al rudo empuje de los brbaros, se alzaban sobre su gran ruina las ciencias y la literatura eclesisti1

Saggio Storico, prlogo.

INTRODUCCIN.

LXXXI

cas, cuyos resplandores se desvanecan en breve ante el astro de Oriente. los rabes espaoles era debido el restablecimiento de las ciencias y de las letras, el nacimiento y perfeccin de las lenguas vulgares, -la invencin de los metros modernos: de Espaa cundan toda Europa estos inapreciables dones de la civilizacin que se desarrolla en la Pennsula; Italia, ingrata los antiguos beneficios, gozaba ms que otra nacin de aquellos tesoros, que le abran el camino del Renacimiento. Tal era el itinerario trazado por Andrs las ciencias y las letras: su sistema, que no puede hoy ser admitido en cuanto se refiere los indicados orgenes, ni defendido en cuanto la omnmoda influencia que los rabes atribuye, se encaminaba principalmente mostrar la parte que tenia Espaa en la ilustracin del mundo moderno, y revindicar en consecuencia la disputada gloria de sus hijos. Andrs, como Lampillas, fijabasus miradas en el teatro espaol, que habia prestado su aliento casi todos los teatros occidentales; y aunque no le fu dado sealar, como no seal Lampillas, sus verdaderas fuentes y caracteres, bastronle su riqueza y su originalidad para poner en claro la injusticia dlos detractores del ingenio espaol, que se llev tras s durante el siglo XYII el aplauso de las naciones . Lampillas y Andrs alcanzaban pues el noble fin que aspiraron, al tomar la defensa de la literatura patria, convencindonos, tras el triunfo por ellos logrado,los errores y omisiones de sus obras, de cuan escasos eran los conocimientos que Tiraboschi y Bettinelli posean para erigirse en arbitros de una causa, sobre la cual no estaban llamados fallar ni el amor patrio exagerado ni el exclusivismo de las escuelas que,
1

V e g a , Caldern, Castro, Moreto, y iodos los cmicos que entonces se

celebraban (habla del siglo XVII) eran espaoles; y todas las piezas teatral e s que causaban la admiracin universal, que se traducan en otras lenguas, que se buscaban en todos los teatros, todas eran parto de la viva fantasia de los espaoles... El teatro espaol recogi pues los aplausos y los elogios de toda Europa, y sirvi de algn modo para despertar las dormidas y aletargadas fantasas de los dramticos modernos); (Origine, etc., d'ogni Letteratura, tomo IV, pg. 138 de la edicin espaola). TOMO I. F progresso,

LXXXI1

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

como la seoreada por Boileau, hallaban toda perfeccin del arte en el atildamiento de las formas exteriores Ms circunspectos los crticos alemanes, y animados de ms fecundo pensamiento, pasadas las preocupaciones de otros das, habian comenzado ver en la literatura popular y en el teatro espaol, as como en el ingls, algo ms que el estril capricho de quebrantar las reglas del arte erudito. Sus trabajos no se referan nicamente la historia de la forma exterior, sino que aspiraban penetrar el fondo de aquella poesa, que segn el dicho de Voltaire, habia dominado en Europa tanto como nuestra poltica -. Habase iniciado esta saludable tendencia desde el momento en que, fecundando la doctrina de Leibnitz sobre lo bueno y lo perfecto, lograba Baumgarten llamar la atencin de la filosofa y de la crtica respecto de la ciencia de lo bello, pronunciando el nombre de la Esttica (1750). Sus tareas descubran en verdad nuevas regiones, condenando radicalmente no menos los antiguos errneos sistemas que el ciego exclusivismo de las escuelas literarias; y despertado entre los doctos el anhelo de la investigacin bajo los nuevos principios, apareci muy luego un libro, importante por su objeto y apreciable por su erudicin, en que empezaba mostrarse la predileccin de la crtica la literatura espaola (1769). Era aquella obra la traduccin, indicada arriba, de los Orgenes de la poesa castellana de "Velazquez, debida al diligon9

Son notables las ltimas piezas del singular proceso, abierto por Bcttine-

1 1 i y Tiraboschi la literatura y los ingenios espaoles. Mientras uno y otro hacen la cuestin meramente personal, Lampillas declara solemnemente que Bettinelli y sus parciales eran forasteros en la historia de Espaa, aceptando la apelacin que Tiraboschi hacia finalmente al tribunal de los doctos. Estas piezas fueron incluidas por el crtico italiano en la segunda edicin de su Storia (Mdena, tomo VIH, pg. E533 y s i g s . ) . Denina, italiano como aquellos, pronunciaba el fallo ante la Real Academia de Berlin, segn indicamos a r riba *. 2
*

Prefation historique sur le Cid, Paris, 17.


Mucho del tiempo despus de de de terminados Carlos III: eslos e s t u d i o s , dio e n ella luz un el a c a d m i c o d o n dar esta Antonio conocer

Ferrer el no

R i o s u Historia intelectual

consagrando aquel El

libro entero toca

movimiento

Espaa durante

memorable reinado, de v i s t a , en q u e Ferrer

c u e s t i n [Link] baldamos

e s c a s a c o p i a d e [Link] y e x c e l e n t e d o c t r i n a . embargo muy diferente del

punto

nosotros

nos

c o l o c a d o , es s i n

en q u e

el s e o r

aparece.

1NTK0DUGCI0S.

LXXXIII

te Dieze, cuya solicitud se extremaba en ilustrar con muchas y muy eruditas notas los puntos dudosos y en llenar ciertas lagunas , revelando ya por una parte el espritu investigador y descubriendo por otra las aspiraciones filosficas, que iban realizar en el estudio de la literatura castellana doctos alemanes. tal punto crecia esta singular aficin, durante la segunda mitad del siglo XVLII, que ya al comenzar el presente, sentase con fuerzas bastantes para acometer la empresa de historiar la literatura espaola, al trazar el gran cuadro de la moderna, el ilustre Bouterwek, respetado profesor de la Universidad de Gotinga (1804), mientras el docto Buchholtz daba la estampa en Berlin (1804) no menos aplaudido ensayo crtico-histrico sobre el mismo asunto ' . Bouterwek y Buchholtz, merced al nuevo sentido, comunicado este linaje de estudios por la Esttica, no abarcaban ya en sus respectivos cuadros la historia de las ciencias, como haban pretendido en la anterior centuria cuantos aspiraron al lauro de historiadores de las letras: la poesa, la elocuencia, la historia, llamaron su atencin exclusivamente; y slo las creaciones artsticas filosficas que reconocan la jurisdiccin del ingenio, valindose de la palabra hablada escrita, fueron en consecuencia objeto de sus investigaciones y de sus juicios crticos. No es posible sostener sin error que fueron aquellas cumplidas, ni estos siempre atinados y aceptables; y de lo uno y de lo otro vinieron eii breve dar claro testimonio importantes publicaciones, debidas muy distinguidos escritores. Mostrndose docto en la historia de la poesa popular, sacaba al pblico el renombrado Grimm la Silva de Romances viejos, en que restitua su pri1 La parte relativa Espaa en la obra de Bouterwek, comenz a publiEspaola, por los entendidos don Jos Gmez de la CorBuchholtz puso este ttulo su (2 tomos en 8.), y este fu el

carse en castellano, con muy curiosas notas y apndices, y con ttulo de Historia de la Literatura tina y don Nicols Hugalde y Mollinedo (1829), siendo muy de sentirse que no pasaran del reinado de Isabel la Catlica. ensayo: Handbuch der Spanischem Literatur

primer Manual que apareci en Alemania sobre nuestras letras, lo cual explica las muchas lagunas y omisiones que en l hallamos, mientras gana su autor las albricias de la prioridad.

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HISTORIA

CRTICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

mitiva forma aquellos tesoros de la poesa castellana , mostrando nuevamente la senda ya sealada por Nebrija, al terminar el siglo XV (1815): estudindolos fundamentos y desarrollo del teatro moderno, ponia Schlegel muy brillante luz las glorias del espaol , ganando duradera celebridad, al explanar su doctrina, respecto de don Pedro Caldern de la Barca (1818): Diez escriba, segundando Grimm, importante y muy erudito discurso sobre la poesa popular en Espaa (1821), y ms adelante ensayaba sus fuerzas en tiles y sazonadas investigaciones relativas la formacin de la lengua castellana (1856): Arend daba la estampa curioso Manual de la literatura espaola (1839): Hber ilustraba la Crnica del Cid con muy docta Introduccin, apndices y anotaciones (1844): Claras trazaba el cuadro de nuestras letras en la edad media, no sin desplegar menudo verdadera perspicuidad y excelentes miras filosficas (1845) ; y finalmente, ya realizndose estudios especiales, ya escribindose muy apreciables monografas, ya formndose selectas colecciones de nuestros monumentos literarios, se ha propagado hasta los instantes en que trazamos estas lneas aquella singular predileccin que inicia, al mediar el ltimo siglo, el traductor de Velazquez, figurando en todos estos trabajos los aplaudidos nombres de Brinkmeier, Tick, Holland, Keller, Lemcke, Hofman, Lessing, Kayserling , y otros,
1 2

Las obras escritas en alemn, que nos referimos, son:

Vorlesungen

(lecciones) berdramatische Kunst and Literatur (Wien); Altspanische Romnzen (Berln); Romanische Grammatik (Bonn); Darstellung der Spanischen Literatur in Mittelaller (Mainz). Las dems lo estn en castellano. 2 No juzgamos fuera de sazn notar aqu que terminada desde 1846 esta retocar los prrafos introduccin, consultada en todo este tiempo con muy doctos crticos as nacionales como extranjeros, nos vemos ahora forzados que se refieren los estudios realizados y dados luz fuera de Espaa en este perodo. Entr los que se hallan en tal caso, no podemos pasar por alto el libro que, con ttulo hebraico de Sephardim, explicado con el aditamento de Romanische poesien der Juden in Spanicn ha dado luz en Leipzig el doctor M. Kayserling. Esta obra, en que nos honra sobremanera, est fundada en nuestros Estudios histricos, polticos y literarios sobre los judos de Espaa, bien que atenindose exclusivamente los poetas. Kayserling logra aadir algunos nombres, aunque pocos, los que habamos ilustrado, por lo cual

INTRODUCCIN.

LXXXV

y apareciendo la cabeza de todos los de un Adolfo Federico de Schack y un Fernando Jos de Wolf, profundo conocedor el primero de la historia de nuestra poesa dramtica, infatigable investigador el segundo de la literatura espaola, muy principalmente en cuanto se refiere la edad media. Honrados con la amistad de ambos, aqujanos el temor de parecerles lisonjeros, al tomar en cuenta sus merecimientos. La buena ley de sus estudios, no menos que el reconocimiento debido al noble anhelo en ellos desplegado, nos fuerzan sin embargo mostrarnos agradecidos, al mismo tiempo que nos lleva el celo de la imparcialidad ser justos. Schack, abrazando en la Historia de la literatura y del arle dramtico en Espaa (1845 1854) desde sus orgenes latinos hasta la edad presente , ha ilustrado con erudicin selecta y maduro juicio cuantos puntos oscuros difciles le han salido al encuentro: conocedor no somero de la lengua castellana, pgase grandemente del pormenor; pero si aparece atento depurar la verdad respecto de circunstancias, de que otros se habran dedignado teniendo delante tan grandioso espectculo, no por eso ha descuidado la majestad y la armona del conjunto, procurando revelar en el espritu de su teatro el espritu de la nacin espaola. Su esquisita diligencia, que puso el sello visitando nuestras bibliotecas y consultando nuestros eruditos, no le ha libertado sin embargo de notables omisiones: su ardiente empeo de penetrar todos los misterios de nuestra cultura, no ha bastado hacerle dominar todas las dificultades ni salvar todos los escollos que se ofrecan naturalmente tan grande empresa, siendo en verdad digno de desearse que hubiese mostrado menor dureza con alguno de los crticos que le precedieron, pues que en materias tan poco frecuentadas y difciles, es siempre arduo y arriesgado pronunciar la ltima palabra. La Historia de la literatura y del arte dramtico en Espaa
1

nos creemos obligados consignar en este sitio nuestro especial reconocimiento. \ Geschiche der dramalischen Literatur und Kunst in Spanien. Schack ha aadido en la segunda edicin muy curiosos pormenores, recogidos en su viaje de Espaa, trayendo la historia hasta el ao 1854.

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CRTICA

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ESPAOLA.

es pesar de esto un verdadero monumento histrico-ertico y el nombre de don Adolfo Federico Schack, acreedor al respeto y la alabanza. No los merece menos don Fernando Jos de Wolf por el noble tesn y distinguido espritu, de que hace gala en todas sus investigaciones: diestro en el manejo de la lengua castellana hasta comunicar sus obras cierto colorido verdaderamente clsico; apasionado del carcter espaol hasta el punto de haberse familiarizado con los antiguos hroes populares de Castilla; devoto de nuestras costumbres hasta la admiracin, ha llegado considerar la civilizacin de Espaa como su propia cultura, estudiando con sin igual cario los ms importantes desarrollos del arte, ya en sus relaciones con la literatura de otros pases, ya bajo el aspecto nacional, y poniendo siempre de relieve la profundidad de miras que guia su pluma y la severa razn que preside todos sus juicios. No otras dotes y virtudes hallamos en todos sus escritos, de que son resumen y dignsima corona los Estudios sobre la historia de la literatura nacional espaola y portuguesa , que han venido consolidar la justa celebridad que alcanzaba ya entre los ms doctos crticos tle Europa. Para dar los lectores la ms clara idea del juicio que hemos formado respeoto de estos Estudios, parcenos lcito repetir aqu lo que decamos al mismo Wolf, cuando los recibimos: Quisiera yo (le escribamos) y quisieran sin duda conmigo cuantos estiman su crtica perspicaz, sana y proefunda , que, en lugar de contentarse con tocar algunos puntos, por cierto muy principales interesantes por extremo, hubiese Usted abarcado al menos toda la historia del arte en la edad media; con lo cual, sin hacer ofensa Clarus ni otro alguno de los que han tratado tan vital perodo, tendramos grande ocasion de estudio y de alabanza los que este linaje de tareas nos consagramos .
i 2

1 2

Studien zur Geschichte der Spanichen und portugiesischen

nationaltera-

tur, Berln, 1SS9. La fecha de esta carta, que con otras del entendido Wolf, incluimos en las Ilustraciones del tomo II, es de 30 de Noviembre de 1859. En ella procuramos esclarecerlos importantes orgenes de las rimas, en la poesa popular espaola.

INTRODUCCIN.

LXXXYII

Las de tan entendidos crticos, de que vino dar razn en nuestro suelo don Nicols Bhol de Faber con la publicacin de su Floresta de Rimas antiguas (1821), no han podido menos de vencer y aun avasallar aejas preocupaciones, desvaneciendo la ojeriza, con que era antes vista fuera de Espaa nuestra primitiva literatura. La heroica cuanto simptica figura del Cid, que habia llenado ya el teatro francs, despertaba al comenzar del siglo el entusiasmo del entendido Southey, quien trasfiriendo la lengua inglesa la Crnica del valiente castellano, enriquecida con muy eruditas observaciones crticas, y dando luz sus Cartas sobre Espaa y Portugal (1808), llamaba vivamente la atencin de sus compatriotas respecto de la literatura espaola; generosa empresa en que tomaron tambin parte otros sealados [Link] Holand, que por mucho tiempo habia morado en nuestra Pennsula, habia impreso notabilsimos estudios crticos sobre Lope de Vega y Guillen de Castro, vindicando al ingenio espaol de no pocas injustas acusaciones y dedicndolos su docto amigo, don Manuel Jos Quintana *. Su egemplo era en Inglaterra de grande autoridad y no escaso provecho, reformando la opinin vulgar sostenida por los ultra-clsicos, de que nada habia producido Espaa digno de ser tenido en cuenta, al trazar la historia de la cultura humana; y cuando Enrique Hallam crey llegado sazn su proyecto de escribir la Historia de la Literatura durante los siglos XV, XVI y XVII, no desposey ya al ingenio espaol de la gloria que le habia asignado Bouterwek, quien tomaba en esta parte por guia y maestro . No perdi Shaskespeare en consecuencia para los ingleses la supremaca del teatro; pero concedise el segundo lugar Lope y Caldern, y asignse el primero por voto unnime al Manco de Lepanto entre todos los ingenios modernos.
2

1 2

Some account of tlie Uves and writings of Lope Flix

de Vega Carpi,

and Guillen de Castro (Londres, 1 8 0 6 ) . La historia de la poesa y do la elocuencia de las bellas letras, fu publicada por Bouterwek en doce tomos en 8 . Las partes relativas su pais, as como Espaa y Portugal, me han sido ms tiles que el resto (Hallam, pref. a l a Historia). En efecto, el escritor ingls se content con lo (fue sobre este punto habia hecho el digno profesor deGotinga.

LXXXVHI

HISTORIA

CRTICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

Haban dado entre tanto nueva y mayor consistencia ' esta reforma de la opinin general las desgracias polticas que afligieron Espaa desde el primer tercio del siglo, refugiados en Inglaterra no pocos hombres ilustres, que buscaron en el cultivo de las letras la paz y sosiego, de que haban sido despojados al huir de sus hogares. Con ttulo de Ocios de espaoles emigrados sali luz en la capital del Reino Unido cierta especie de revista, donde se trataron ampliamente cuestiones histricas, filosficas y literarias, las cuales si bien no siempre llevaron el sello del acierto ni se dilucidaban con la profundidad que pedian de suyo, contribuyeron sin duda, con otras publicaciones, tales como ediciones de antiguos poemas, romanceros, novelas historias, fomentar aquella aficin las letras espaolas, de que daba tan claro testimonio el diligente Depping al colectar su Romancero (1825), y que trasfirindose del lado all de los mares, iba producir por ltimo, con los trabajos histricos de Irwing, Prescott y otros distinguidos americanos, una Historia de la literatura espaola. Bien se advertir que nos referimos Mr. Jorge Ticknor, cuya publicacin vino sorprendernos agradablemente en medio de nuestras vigilias, infundindonos nuevo aliento respecto de la idea que nos animaba, y f nueva respecto del plan adoptado por nosotros para darle cima. Ticknor es sin duda uno de los escritores extraos que ms graneles esfuerzos han hecho para descubrir los olvidados tesoros de la literatura espaola, mereciendo bajo este punto de vista toda consideracin y elogio. Consagrado por mucho tiempo la adquisicin de los ms raros libros que produjeron nuestros celebrados ingenios; auxiliado en tan penosas tareas por diligentes biblifilos espaoles, no slo ha excedido en estas investigaciones cuantos habian intentado trazarla historia de nuestra literatura, sino que ha logrado acopiar muchas y muy peregrinas noticias, aun para los que llevan el nombre de eruditos. Mas si respecto de la riqueza y abundancia de datos bibliogrficos, y con relacin ciertas pocas, es la Historia de la literatura espaola de Mr. Jorge Ticknor digna de verdadera alabanza; si ha obtenido en esta parte tiles y plausibles resultados, no puede en justicia concedrsele igual lauro respecto del plan y mtodo de su obra, donde ni salta desde luego la vista un pensamiento fecun-

INTRODUCCIN.

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do y trascendental que le sirva de norte, ni menos se descubren las huellas majestuosas de aquella civilizacin que se engendra al grito de patria y religin en las montaas de Asturias, Aragn y Navarra, se desarrolla y crece alimentada por el santo fuego de la f y de la libertad, y sometiendo su imperio cuantos elementos de vida se le acercan, llega triunfante los muros de Granada y se derrama despus por el frica, el Asia y la Amrica con verdadero asombro de Europa . Ticknor nada ha adelantado *en este punto respecto de los escritores que le precedieron en el continente europeo, siguiendo el movimiento impreso la ciencia crtica por los alemanes.
1

Entre los que obedecan esta ley superior, si bien no les era dado alcanzar toda su trascendencia, habase sealado entre tanto el ginebrino Sismonde de Sismondi, famoso como publicista por sus Estudios de los pueblos libres, y como historiador por su Historia de las Repblicas italianas. Dotado de no vulgar erudicin, acometi Sismondi la empresa de la Historia de la literatura del Medioda, donde no podia negar el puesto merecido . la espaola. Pero ya fuese porque realmente no acert descubrir, como no lo ha logrado despus Ticknor, los principios fundamentales de nuestra civilizacin, cual indestructibles cnones de nuestra historia, ya porque no le fu dado desprenderse del espritu de secta que ofusca la continua los ms claros entendimientos, Sismondi declama contra las costumbres espaolas, cuya noble fiereza no comprende; condena la exaltacin del elemento religioso, cuyo poder desconoce, y se espanta del altivo pundonor castellano, que tan poderosamente se refleja en to-

Publicamos en el peridico La Espaa, y reprodujeron despus El Eco

Universitario, El Eco Literario y la Revista Universal (-1851),- hasta tres largos artculos crticos sobre esta Historia de la literatura espaola, con el propsito de manifestar que no era temerario, como algunos creyeron, el proseguir los presentes estudios, que habamos consagrado largos'aos y vigilias. En ellos apareci plenamente comprobado el juicio que aqu exponemos, protestando aqu, como all, de que slo nos animan el deseo del acierto y la verdadera gloria de la patria. La obra de Ticknor ha sido traducida al castellano y enriquecida con abundantes y curiosas notas por personas tan competentes como el acadmico don Pascual Gayangos y don Enrique Vedia.

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HISTORIA

CRITICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

das las obras del arte espaol, porque no le era dado sentirlo. Cegado por el genio de la incredulidad, que habia formado su educacin, no pudo en mal hora contemplar aquellos bellsimos cuadros de costumbres, ni apreciar aquellas vigorosas creencias, aquellos impetuosos sentimientos que habian llenado el suelo espaol, constituyendo el carcter de sus hijos. Negndoles su verdad, su originalidad y su grandeza, novio que negbala existencia de todo un pueblo, ni advirti tampoco que eran estriles todas las afirmaciones de su crtica, porque se hallaban desmentidas por la historia. Sismondi prest sin embargo en la de la Literatura del Medioda un verdadero servicio la espaola, contribuyendo hacer conocidos sus tesoros; porque tal es el privilegio de la historia, que pesar de sus extravos y de sus errores, jams renuncia ser maestra de la vida . Ms tardos en recibir la nueva influencia de la crtica alemana en cuanto nuestras letras, ya por el respeto que les inspiraban las censuras de Boileau y la sentenciosa resolucin con que al mediar del siglo las condenaba tambin Montesquieu, ya porque convirtieran todas sus fuerzas echar los fundamentos al estudio filosfico de la poesa y del arte, tarea en que lograban distinguirse los Batteux, los Andr, los Marmontel y los La Harpe, ya en fin porque no sospecharan que era digna de maduro estudio la literatura de un pueblo, cuyos eruditos renegaban de sus glorias, confesndose imitadores de los ingenios franceses,vironse durante casi todo el ltimo siglo menospreciados del lado all de los Pirineos los monumentos del arte espaol, autorizada y aun aplaudida entre los doctos la absurda pregunta de Mr. Masson, que nos condenaba perpetua barbarie. Habase olvidado con notable ingratitud que Rotrou, Quinault, Toms Corneille y Scarron solo brillaron en la escena francesa, como imitadores y
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La parte relativa Espaa fu publicada por nosotros en Sevilla duran-

te los aos de l 8 l y 1842. Aadrnosle casi otro tanto y procuramos rebatir las duras acusaciones de' Sismondi y desvanecer sus errores literarios, con toda la circunspeccin y energa que el asunto solicitaba. De nuestros reducir dios ms precisos trminos. Apndices, Notase Ilustraciones se desprendo el mismo juicio, que aqu hemos procurado

INTRODUCCIN.

XC

aun traductores ms rnenos afortunados, de Lope de Vega y sus discpulos: ignorbase, mejor dicho, afectbase ignorar que el gran Corneille y el no menos esclarecido Moliere se haban formado con el estudio de la escuela e s p a o l a y mientras llevados de noble solicitud, se entregaban los eruditos la investigacin y estudio de la antigua poesa francesa, aplaudidas vigilias en que florecen un Fauchet, un Barbazan, un Legrand d'Aussy, un Rochefort y otros, apenas tuvieron una palabra para los primitivos monumentos del arte castellano, colmando en cambio de injustos dicterios y de amargas calificaciones la Era ms brillante de nuestra historia literaria. Pero aquel exclusivismo, que hemos procurado retratar con su propio colorido, al reflejarse en nuestra Pennsula, no podia ser duradero: removidos con fecundo y alto espritu los elementos constitutivos de la moderna civilizacin, era de todo punto imposible que la erudicin y la filosofa negasen en Francia la participacin que Espaa habia cabido en aquel desarrollo, sin esterilizar sus propias especulaciones, negando al propio tiempo la historia de la humanidad: desechando al cabo los preocupados juicios de los doctos, y aplaudiendo la hidalga franqueza de Corneille, de Moliere y de Voltaire, hnse consagrado estas investigaciones muy respetables crticos en la presente centuria, con no es-

Tratando Sismondi de esta influencia, decia como pesar suyo: On ne

peutle meconnaitre en France, o le grand Corneille se forma l'colespagnole, o Rotrou, o Quinault, o Thomas Corneille, o Scarron, ne donnerent presque aulhtre que des pieces empruntes de l'Espagne, o les noms et les titres castillans, o lo moeurs castillanes, furent mme pendant long temps en possession exclusive de la scne (Litterature espagnole, XVII siecle, cap. X X X I ) . Corneille debia en efecto Le Cid, primera obra trgica que sale de su pluma digna de elogio, Guillen de Castro, y Le Menleur, primera comedia digna de la posteridad, don Juan Ruiz do Alarcon. Moliere se inspir, al escribir su cole des Maris en la Dama discreta de Lope, y no desconoci en su Tarlufe el Gurdate del agua mansa, de Caldern. Rotrou sigui Rojas y Zorrilla en su Cain de Catalua, al escribir el Wenceslao; y por ltimo, como ha consignado hidalgamente fhilarte Charles en sus Estudios solre el teatro espaol, la influencia de este fu decisiva en los ingenios franceses y de grande efecto en las costumbres.

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CRTICA DE LA

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ESPAOLA.

casa fortuna yplausible [Link] sus compatriotas' el principado y -supremaca bajo el aspecto trascendental del arte y de las costumbres al docto [Link] Yillemane, quien recorriendo la historia de la literatura clsica, estudiando la elocuencia de los Padres, y fijando sus miradas en el gran cuadro, de la literatura de la edad media sealaba en verdad nuevos derroteros la crtica, ejerciendo en la juventud francesa que le escuchaba, cual maestro, saludable y fructuosa influencia. Pero "Villemaine no resuelve, como presumen sus discpulos y fuera apetecible, todas las cuestiones que afronta en sus estudios: muchas desflora, no pocas deja intactas y algunas oscurece, cuando piensa esclarecerlas, segn oportunamente advertiremos: su espritu ilustrado domina sin embargo el ancho campo de la investigacin filosfica, y descubriendo con frecuencia las leyes y relaciones superiores de cada civilizacin, alcanza tambin determinar menudo las que rigen y sealan en cada pueblo su desenvolvimiento literario. Tal sucede en verdad respecto de los estudios que Espaa se refieren, si bien nos causa ms de una vez verdadero disgusto el verle pasar someramente sobre la historia de la lengua y de la poesa castellanas, y el que descubiertos los principios que se ajustan sus ms importantes manifestaciones, parezca olvidar sus legtimas consecuencias, abandonando el sazonado fruto de sus especulaciones. recogerlo en vario sentido, y con provecho de las letras espaolas, han acudido otros no menos celosos cultivadores de la crtica, no sin que hayan tomado parte en esta singular restauracin notables historiadores. Dignos de nuestra gratitud son en este concepto los ilustrados MM. Romey, Rosseeuw de Saint-Hilaire y el conde de Circourt, quienes contribuyendo con sus doctas narraciones revelar el espritu de la nacionalidad espaola del otro lado de los Pirineos, han coadyuvado no menos activa-

tudes de literature ancienne etrngere;

Tablean de VEloquenQe

clire-

tienne au IV ecle;

Tablean de la Literature du moyen age en Franpe, en Ita-

lie, en Espagne et en Anglalerre. El juicio sobre Villemaine que aqu exponemos, se refiere principalmente la ltima obra, y con mayor especialidad la parte que trata de Espaa.

INTRODUCCIN.

XCIII

mente, cualquiera que sea el precio de sus aciertos y la magnitud de sus errores' , a restablecer el crdito de nuestros ingenios. Merecedores de consideracin y aplauso son asimismo, bajo el punto de vista literario, los renombrados Menechet, Duquesnel, Yiardot, Dumeril, Philarte Chasles, Micliel, Puigmaigre, Baret, Circourt (Adolfo) y tantos otros como ya accidentalmente, ya en especiales estudios, ora en curiosas monografas, ora en formales historias, han dado insignes pruebas de estimar en lo que vale la literatura espaola, ocupando entre todos puesto muy distinguido el juicioso Adolfo de Puibusque, cuyos trabajos han sido laureados por el Instituto de Francia. Su Historia comparada de las literaturas espaola y francesa y su Discurso preliminar la elegante y correcta traduccin del Conde Lucanor, sealan la inmensa distancia que felizmente existe entre la crtica intolerante y sistemtica de Boileau y de Montesquieu, y la crtica filosfica y trascendental del siglo XIX.
1

El movimiento dlos estudios crticos se ha inclinado pues, as en Francia como en Alemania Inglaterra, hacia los tesoros, antes desconocidos, de la hermosa literatura que inmortalizan don Alfonso el Sabio y el Arcipreste de Hita, Mena y Santillana, Lope de Vega y Cervantes, fray Luis de Len y Rioja. Tuercen alguna vez su corriente majestuosa no justificadas miras, y malgranse

Saint-Haire y el conde de Ciucourt han publicado adems apreciables

trabajos literarios, el primero sobre los orgenes de la lengua castellana (tesis del doctorado), y el segundo sobre los romances y poesa popular espaola. No olvidaremos aqu al profesor de historia de la Universidad de Leyden, Mr. R. Dozy, quededicado h largos aos al estudio de la espaola, dio luz en 1849 sus Recherehes sur l'histoire politique el lteraire deEspagne, pendantla mayen age, libro por ms do un concepto apreeiable, y donde ilustra importantes cuestiones, relativas los primitivos monumentos de la poesa castellana. En ocasin oportuna nos haremos cargo de sus opiniones, que ora aceptamos, ora contradecimos, reconociendo siempre las altas cualidades crticas que Mr. Dozy distinguen. La aparicin de su libro no ha sido pues indiferente para el desarrollo de la crtica, relativa las cosas de Espaa, ni estril para nuestros estudios. Y lo mismo podemos asegurar respecto de su Histoire des Musulmans d'Espagne, quedada luz en este ao de 1861, llega nuestras manos impreso ya el presente volumen.

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acaso sazonados estudios, sometidos y aherrojados la propia razn y el criterio mismo de la historia ideas preconcebidas, como ha mostrado el muy diligente Dams-Hinard en sus eruditas ilustraciones la traduccin francesa del Poema del Cid, aspirando, tal vez inofensivamente, despojarnos de toda nacionalidad literaria . Pero sean cualesquiera las individuales pretensiones de los crticos, el inters que engendra sus teoras y la desemejanza oposicin de las mismas, surgen en medio de todas ellas la gran riqueza del ingenio espaol y la incalificable injusticia con que fu en otro tiempo vilipendiado. Estos hechos que aparecen tan claros como la luz del medio dia, al paso que despiertan en nosotros el sentimiento de la gratitud, nos han llevado utilizar todas aquellas plausibles tareas, en honra de la patria literatura y para alivio de las que hoy damos la estampa. Ocasiones repetidas tendremos sin embargo de sealar los aciertos y los errores de tan doctos crticos con la imparcialidad, de que hacemos gala en todo linaje de estudios histricos. Observemos ahora que el egemplo de la crtica extranjera ha sido de grande efecto dentro de la Pennsula, si bien ha venido naturalmente aumentar el compromiso de los que su cultivo se consagran.
1

IX.
Bajo estas influencias y en este punto llegamos la liza literaria: la erudicin recorre inusitados senderos; la crtica abre nuestra vista desconocidas regiones, y en nombre de la filosofa se ensayan opuestos sistemas, para buscar el principio supremo que armonice todas las oposiciones y desate todas las dudas, hermanando y fundiendo en uno los grandes intereses de la tradicin y

Aun cuando al publicar Mr. Dams-Hinard su traduccin, consignamos

largamente nuestro juicio sobre las aventuradas opiniones que sostiene (Crnica y Revista Universitaria), no ser desacertado indicar aqu que las tendremos muy presentes en sus respectivos lugares. Dams-Hinard es uno de los literatos franceses que ms decididamente se han consagrado al estudio de las cosas de Espaa, y por lo mismo piden todas sus palabras mayor consideracin y cautela.

INTRODUCCIN.

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del arte. Arduo por extremo es el empeo y excesivo el peso que echamos sobre nuestros hombros; pero si no podemos confiar en nuestras fuerzas y largos estudios, llamados desde la juventud este linaje de tareas investigaciones, anmannos la ms viva f y el ms acendrado amor al arte, abrigando el convencimiento de que no han de ser de todo punto estriles nuestras vigilias, al examinar las producciones del ingenio espaol bajo todas sus fases y en todas las edades de su laboriosa y gloriosa vida. Porque tal es en nuestro concepto la primera y principal condicin de la Historia crtica de la literatura de un pueblo: si ha de comprenderse la ley fundamental de su existencia; si su ndole interna y sus caracteres exteriores han de reconocerse y determinarse, tales como realmente aparecieron en cada poca y bajo sus multiplicadas relaciones, necesario es no dejar la historia del ingenio espaol acfala, y no mostrarse apasionados de las formas exteriores, de ninguna edad, ni de ningn arte, por grande que haya sido y sea la antipata que despierten en los doctos con su imperfeccin y su rudeza. Se ha dicho antes de ahora y conviene aqu consignarlo. En una literatura donde no brilla y sirve de perpetuo faro una-idea luminosa, un hecho de alta y fecunda moral, de vivificador patriotismo, que haya menester manifestarse y trasmitirse las generaciones venideras por medio de ciertas formas de arte y de lenguaje, nada importa en verdad que sean estas ms menos clsicas, ni que sea el estilo ms menos alambicado sencillo, ni el lenguaje ms menos delicado groserp. Fundados en estos principios, dicho est que se encaminarn todos nuestros esfuerzos seguir y sealar los pasos del ingenio espaol, teniendo presentes cuantos elementos han contribuido su nacimiento y desarrollo; quilatando sus triunfos y sus aberraciones; determinando las trasformaciones que sucesivamente ha experimentado; fijando sus caracteres en las diversas pocas de su larga vida; notando la influencia que ha ejercido en la literatura europea; y finalmente, vindicndole de injustas acusaciones, inspiradas por el desden, por la ignorancia por la envidia. La poesa espaola, formada .con los ms diversos elementos, bien que subordinados un pensamiento de unidad que caracteri-

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za al cabo y es ley constante de todas sus producciones, no puede ya ser para nosotros objeto de mera investigacin artstica. Identificada con el carcter y el sentimiento nacional, se halla en estrecha armona con las costumbres, con las creencias, con las necesidades, con,los triunfos del pueblo castellano: revela sus alegras y sus amarguras, sus felicidades y sus infortunios. Su riqueza , aunque allegadiza respecto de las formas exteriores, es propia respecto de las ideas que la alimentan, ideas profundamente arraigadas en el corazn de cien generaciones. As, aunque juzgaremos todas las trasformaciones que ha experimentado el arte espaol desde sus primeras fuentes, no ser parte deslumhrarnos el brillo de ninguna forma, examinndolas todas con la misma imparcialidad y predileccin, y procurando siempre descubrir y sorprender el espritu, el sentimiento dominante que bajo ellas se esconde. El arte en relacin con todos los elementos de cultura que han existido en nuestro suelo : h aqu en una palabra el fin de nuestros trabajos. Para realizarlos, necesario es fijar muy principalmente nuestras miradas en las dos grandes manifestaciones que ha logrado aquel en nuestra Pennsula, ya por medio de la lengua latina, ya por medio de los romances que de su seno se desprenden, no desdeadas en uno y otro concepto las diferentes influencias que se van sucesivamente reflejando en sus ms preciosos monumentos. Cimentada en efecto nuestra civilizacin, como la de los dems pueblos neo-latinos, sobre la civilizacin del mundo antiguo, hija nuestra lengua principalmente de la romana, de donde trae su nombre, y distinguida nuestra patria entre todos los pueblos sujetos Roma por la fama que lograron conquistar sus ingenios desde la Era de Augusto, de todo punto imposible seria el trazar la historia crtica de la literatura espaola, sin entrar deliberadamente en el examen de aquellos clebres escritores y poetas que, segn el dicho de un autor moderno, eclipsaron bajo el peso de una revolucin, trascendental en el mundo de las letras, el astro de los Horacios y Virgilios . Y no se tema que, seducidos por el egemplo de los Mondanos,
1

Visare!, Eludes de moeurs,

etc.

INTRODUCCIN.

XCTVII

intentemos remontarnos tan lejanos tiempos, para hacer gala de erudicin inoportuna: hay en el genio de Sneca y de Lucano cualidades que pertenecen al genio espaol de todas las edades, como han pertenecido siempre nuestra Pennsula el clima meridional y la prodigiosa fertilidad de sus campos. Estas cualidades internas, que conviene separar con todo esmero de las circunstancias exteriores, que han podido influir una y otra vez en la educacin literaria; que son extraas las costumbres sociales y las creencias religiosas, y que llevan profundamente grabado el sello de la nacionalidad ms ardiente, merecen ser detenida y maduramente estudiadas y conocidas con tanta ms razn, cuanto que resaltan vivamente en los ms distinguidos poetas de nuestro gran ciclo literario. As, trazado ya el cuadro, incierto y un tanto oscuro, de las primeras edades; quilatados los elementos de cultura, que traen nuestro suelo las multiplicadas colonias que pueblan sus costas, del Oriente al Ocaso; y revelado con nueva luz el carcter de la conquista realizada en las Espaas por el pueblo rey, no slo tenemos por lgico y natural, sino conceptuamos tambin del todo indispensable, el dar principio nuestros estudios en el siglo de Augusto, poca en que libre en parte el ingenio espaol de la opresin que lo aniquilaba, puede ya levantar su voz en el gran concurso de las naciones del antiguo mundo, y en que, por efecto de la poltica de aquel grande hombre , poltica que iba cambiar sustancialmente la faz del mundo, la religin, las leyes, la lengua y las costumbres de Roma llegan ser la religin, las leyes, la lengua y las costumbres de Espaa .
l

Ms adelante, los elementos que en ella se congregan para desarrollar las nuevas ideas que ya se derramaban por todas las naciones; aquellas terribles y angustiosas escenas, en que la sangre de los mrtires corra torrentes para fecundar el suelo de la incredulidad que los despedazaba; aquellos cantos de victoria lan-

No del todo, segn en sus lugares oportunos veremos , respecto de la

religin y d l a lengua; pero s, en tal manera que bast caracterizarla cultura espaola, trasformndola y sometindola la misma ley que servia ya de norma la civilizacin romana.

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ESPAOLA.

zados en medio de los tormentos; aquel triunfo esplndido y majestuoso del cristianismo, solemnizado por los brbaros del Norte, que se desplomaban sobre el Imperio, para reducirlo cenizas; hechos son todos que ataen tambin directamente la historia de la civilizacin ibrica, y que tienen en nuestra literatura nobles representantes, cuya voz merece en verdad ser oida, porque revela las dotes internas del ingenio espaol y nos ensea conocer cmo saludaban las nuevas generaciones al radiante astro de luz y de verdad que se habia levantado en el. Oriente. Y no solamente requieren y solicitan con sus obras los escritores y poetas de esta poca (designada por los doctos con el nombre de baja latinidad) el estudio y consideracin de la crtica, porque hallamos en ellos la razn de la decadencia y de la corrupcin del arte antiguo, sino porque revelan tambin de una manera sorprendente el cambio operado ya en las ideas y en los sentimientos, reemplazando en sus obras la nitidez y brillo de las formas artsticas y de lenguaje, la pureza del sentimiento, la ternura y la expresin, prendas inestimables y no muy comunes en los poetas del gentilismo. . Dominada Espaa por los visigodos, nuevos elementos sociales, nuevas ideas, nuevas costumbres, nuevas tradiciones vienen combatir entre s y variar el aspecto de la Pennsula Ibrica. Lucha porfiada, y encrudecida veces por el espritu de secta que inficiona al pueblo de Atalfo, se entabla desde luego entre las dos razas que moran las Espaas; pero el triunfo de la civilizacin , personificado en la idea catlica, es el triunfo de la raza vencida. Guanla y fortalcenla en sus conflictos y persecuciones nobles y denodados caudillos, que se purifican y acrisolan en la virtud y en la ciencia; ilstranla en el momento de su inmortal victoria esclarecidos apstoles, cuya sublime voz solemniza en el tercer concilio de Toledo aquella inusitada trasformacion, prodigio inmenso de la f y de la perseverancia; consignan y legan la posteridad la memoria de sus conflictos y de sus alegras doctos varones, para quienes todo lo era el logro de los sacrificios una y otra vez realizados en aras de la religin y del patriotismo; y en medio de aquel sorprendente espectculo levntanse ilustres y sabios maestros, que recogiendo con paternal y solcita mano

INTRODUCCIN.

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ios ya olvidados tesoros del arte y de la ciencia del antiguo mundo, los trasmiten generosa plyada de ingenios, haciendo al par depositara y duea de los mismos la Iglesia, para que llegasen en medio de los trastornos y calamidades del mundo los siglos futuros. Digna es por tanto esta Era de la civilizacin espaola, donde algunos escritores de nuestros dias presumen descubrir, al fijar la vista en los concilios toledanos, la primera forma de las instituciones modernas, de ser estudiada en la historia de la patria literatura. Slo tinieblas impenetrables y dudas sin cuento podramos encontrar en nuestras vigilias, siguiendo el mal consejo de suprimirla, como se ha verificado generalmente, despojndonos de la llave maestra, con que debamos penetrar los misterios de la cultura y del arte que nacen de entre los escombros del imperio visigodo. Hundido deshora en dolorosa corrupcin, cuyas causas no son por cierto para olvidadas en una historia crtica, es inevitable, como espantosa su ruina; pero sobre la afrenta del Guadalete se levanta una nueva monarquia, destinada restituir Espaa su libertad, su independencia y su poderio en la ms tremenda y tenaz lucha que han visto los siglos. Frmase en esta lucha el pueblo espaol propiamente dicho: ella es el campo siempre abierto, donde se fortalecen sus creencias, donde nace y florece su patriotismo, donde se crea, finalmente, su carcter: por eso es la poca ms interesante de su historia, y la que ms debe llamar la atencin de la crtica; por eso hemos consagrado su estudio largos aos, proponindonos revelar con el examen de los monumentos literarios el pensamiento dominante y vivificador que anim nuestros mayores por el espacio de ocho siglos, pensamiento que se refleja al par en la religin y en la poltica, siendo el alma de las costumbres y alumbrando con sus luminosos destellos las artes y las letras, la teologia y la poesa, la milicia y la toga. Pero ese gran ciclo, en que se congregan, pugnan y asimilan en nuestra patria mltiples, contrarios y desacordes elementos, se parte y divide desde el siglo X al XII, cambindose en tan difcil perodo los medios de la manifestacin literaria. En l toman fuerza, incremento y color los romances hablados por el vulgo,

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subiendo al cabo ser la lengua de los semidoctos, y de all erigirse en lenguas literarias. La manifestacin latina, en el sentido propiamente nacional, cesa en tan solemne momento; y abiertas al arte nuevas y desconocidas comarcas, aprstase recorrerlas, primero con planta insegura y no prefijado norte respecto de las formas que reviste, ms decidido y aleccionado despus, bien que siempre fijas sus miradas en la tradicin, y animado de nobles y enrgicos sentimientos. No es todava ocasin de apreciar las grandes contradicciones y pruebas que la Providencia sujeta al ingenio espaol, al concederle aquellos nuevos instrumentos, entre los cuales iba lograr la supremaca el habla castellana, llamada naturalmente la Espaa central representar, andando los tiempos, la gran nacionalidad de la Pennsula. El arte, que tiene por instrumento la lengua de Berceo y de clon Juan Manuel, ofrece no obstante desde la aparicin de los cantos populares del Cid hasta el triunfo formal del Renacimiento, multiplicadas trasformaciones, todava no estudiadas, y que piden por tanto larga meditacin y profundo examen. Vano fuera en verdad todo empeo para historiar el siglo de oro de las letras patrias, y estril todo intento para revelar el espritu ele la civilizacin moderna, que arranca desde aquella memorable centuria, sin considerarla como herencia legtima de los graneles sacrificios y de las inauditas proezas realizadas en los siglos precedentes. Porque si es cierto que en el siglo XYI se derrama nuestra literatura en mil caudalosos rios, fecundando el ingenio espaol nuevas y amplsimas regiones, hasta entonces poco nada conocidas; si no puede negarse que cualesquiera que sean las contradicciones del arte y de la crtica, se trasfiere y alcanza nuestros dias el movimiento impreso las letras espaolas por las famosas escuelas eruditas que tienen su ms alta representacin en fray Luis de Len y en Herrera,error imperdonable seria el suponerla del todo desgajada de la edad media, rompiendo as la cadena de la tradicin, alma de la historia. Animados de estos principios, y considerada maduramente la materia que historiamos, no limitamos pues nuestras investigaciones una manifestacin, ms menos perfecta, ni una poca determinada, ms menos fecunda: nuestros trabajos abrazan la

INTRODUCCIN.

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historia de la civilizacin espaola, representada por el arte literario ; y como el arte espaol, cual todos los que traen su procedencia de la civilizacin romana, se revela, segn arriba indicamos, en dos diferentes formas de lenguaje, tenemos por acertado, y aun conceptuamos absolutamente indispensable, el conceder cada una la extensin que pide por su importancia, no sin que nos detengamos estudiar tambin, cuando lo exija su trascendencia, las manifestaciones que se operan tanto en los diversos romances hablados en nuestra Pennsula como en las lenguas hebrea y arbiga, siempre que ofrezcan verdaderas relaciones con las obras de nuestros ingenios .
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Insistimos en este punto, no slo porque no es ya posible confundir, c o -

mo en el ltimo siglo, la historia de las ciencias y de las letras, propiamente dichas, sino porque seria tambin pretensin infundada la de comprender en la exposicin crtica de la literatura la historia de la filosofa, perteneciendo esfera muy distinta sus especulaciones. Empresa es esta en verdad que esl convidando en nuestra Pennsula los que cultivan fundamentalmente aquella ciencia: su realizacin nos vindicara tal vez de injustas acusaciones, que por lo repetidas, van perdiendo toda su fuerza. Limitados nosotros a las regiones del arte, slo nos ser dado pues estudiar las obras do la filosofa bajo las relaciones de la moral y de la poltica, y cuando se revistan de formas literarias, cuyo predominio alcance igualmente todas las manifestaciones de la poesa de la elocuencia. 2 No juzgamos fuera de sazn el advertir que no escribimos la historia de la literatura rabnica, ni de la arbiga, empresas ambas que por lo que E s paa concierne piden muy especial desarrollo: respecto de los hebreos algo hemos hecho no obstante en nuestros Estudios histricos, polticos y literarios sobre los judos de Espaa: respecto de los rabes, bien ser consignar que pesar de los ensayos de don Nicols Antonio y de Casiri, permanecen ignorados muchos y muy preciosos tesoros de aquella literatura, que sin conocerla, se ha concedido la gloria de haber dado nacimiento las vulgares. Mucho ha hecho en nuestros dias el renombrado Hammer Purgstall en su Historia de la Literatura rabe, que le ha ganado las alabanzas de los doctos; pero todava pide el cultivo de la literatura arbiga largas tareas, y ellas se consagra sin descanso nuestro amado discpulo don Francisco Fernandez y Gonzlez, profesor do literatura cu la Universidad de Granada, preparando una obra que bajo el ttulo de Estudios crticos y literarios sobre los rabes de Espaa, llenar acaso el inmenso vacio que en este punto existe. Pov nuestra parte cmplenos aadir que tiene lagar en la Historia critica el examen de todas las obras debidas los hebreos los rabes, cuya influencia se refleje de

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Partiendo de estas bases, dividiremos la Historia crtica de la literatura espaola en dos grandes ciclos, comprendiendo el primero la manifestacin latina y abarcando el segundo la castellana. El examen de los poetas, filsofos historiadores que florecen en la antigedad, el estudio de los historiadores y primeros poetas del cristianismo, y el no menos interesante de los claros varones que ilustran los tiempos visigodos, nos abrirn el camino para penetrar en la oscuridad de los primeros siglos de la reconquista, donde aprenderemos quilatar maduramente y ajenos de arbitrarias teoras sistemas preconcebidos, as los elementos que sobreviven la gran ruina del Guadalete como los que van surgiendo da tras dia en medio de los grandes conflictos de la sociedad cristiana, ora la consideremos en las libres montaas de Asturias y Aragn, ora bajo el yugo del Islam orillas del Btis. Cuantas investigaciones nazcan y se deriven de este estudio, con i elacin al arte, sern consideradas por nosotros como cuestiones de orgenes, y caern por tanto en la primera parte de nuestra Historia crtica, ya se refieran las fuentes de las formas artsticas populares de la poesa y de la historia, ya las de los romances espaoles y de la lengua castellana. Echados en tal forma los fundamentos la historia literaria; reconocidas de igual suerte las leyes capitales que rigen y gobiernan la de la civilizacin ibrica, as como la ndole genial de sus poetas, filsofos historiadores desde la Era de Augusto, en que cultivan ya deliberadamente la lengua latina, hasta mediar del siglo XII, en que hallamos escrita la castellana; tratados con el detenimiento que de suyo demandan los orgenes de las formas, de que v revestirse el arte que se revela en los cantares del Cid y en los poemas artsticos de Berceo (tarea que ofrecer por cierto alguna novedad aun para los-eruditos), entraremos en el segundo gran ciclo de nuestra historia literaria, que puede y debe divi-

algun modo en la literatura espaola, no desdeadas las producciones debidas una otra raza y escritas en lengua castellana, as como tendremos tambin ocasin de fijar nuestras miradas en los monumentos arquitectnicos que produce en nuestro suelo el arte mahometano, para establecer, en el mayor nmero de relaciones posible, la recproca influencia de unos y otros pueblos.

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dirse en otros dos subciclos, los cuales, siguiendo el sucesivo espritu de los tiempos, y teniendo en cuenta los multiplicados elementos llamados al desarrollo de nuestra cultura, se prestan racional subdivisin en diferentes perodos. Corresponden seis la edad media, tal como nos es dado discernirla para los fines de esta historia: comprende el primero desde la aparicin de la poesa vulgar hasta la poca de Gonzalo de Berceo, en que empieza desenvolverse la poesa y literatura vulgar erudita: abraza el segundo desde Berceo don Alfonso el Sabio, en cuyo reinado se opera una de las trasformaciones ms interesantes del arte y de la lengua: alcanza el tercero hasta la catstrofe de Montiel, encerrando la historia de los sucesores del Rey Sabio y la rehabilitacin de la poesa histrico-herica, con la reaccin del arte didctico-simblico, que se realiza al mediar el siglo XIV: el cuarto se extiende hasta la muerte de Enrique III, efectundose en l nuevas y peregrinas trasformaciones del arte erudito, que dan el triunfo en nuestro suelo las creaciones caballerescas y la poesa alegrica, tal como habia salido de las manos del Dante: termina el quinto con el reinado de don Juan II, reflejando vivamente el vario desarrollo de las escuelas poticas que aparecen como rivales en nuestro parnaso, y los meritorios esfuerzos que realizan los ms doctos varones de Castilla para impulsar nuestra civilizacin en las vias del renacimiento: presenta'el sexto, finalmente, el lastimoso estado que vino la nacin, y con ella todo linaje de disciplinas, durante el calamitoso reinado de Enrique IV, y su restauracin prodigiosa en manos de la Reina Catlica, trasmitindose hasta el Imperio de Carlos V, en que granados ya los esfuerzos de Juan II, Alfonso V Isabel 1. , es dado Garcilaso dar cima la trasformacion artstica, intentada de antiguo en el parnaso castellano. k tres notabilsimos perodos puede reducirse principalmente el segundo ciclo de la manifestacin castellana en la historia crtica de la literatura espaola. Pertenece al dominio del primero desde la innovacin que se personifica generalmente en el nombre de Garcilaso, hasta la revolucin formal de Gngora, entraando, segn dejamos con repeticin insinuado, la trasformacion ms grande y trascendental que ha experimentado la poesa popular
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en la Pennsula Ibrica: cuadra al segundo el estudio de la decadencia en que, al comps del imperio, se aniquila y consume estrilmente sus fuerzas el parnaso erudito, y cae de su altura la poesa popular, dando conocer al propio tiempo el estado de la literatura espaola hasta la poca, en que se inicia con la Potica de Luzan la reaccin galo-clsica: revela por ltimo el tercero el espritu de la reaccin clsica del pasado siglo, abarcando desde Luzan hasta nuestros dias. Ofrcense estas diferentes edades con toda la claridad y exactitud indispensables para dar cabo al estudio de nuestra historia literaria, parecindonos, tras largo examen, la divisin ms natural' de los tres grandes ciclos que forman nuestra historia civil y poltica. Tal es en efecto la direccin y no otra la extensin y trascendencia que intentamos dar nuestras vigilias. Bien se nos alcanza la magnitud de las dificultades que necesitamos seorear para llegar la ansiada meta, cuando la crtica literaria, segn acabamos de ver, ha sembrado en nuestro suelo ms espinas que flores, y cuando pesar de los generosos esfuerzos de los escritores propios y extraos que dejamos mencionados, sobreviven no pocas preocupaciones del pasado siglo; preocupaciones hijas ms bien de la falta de sazonados estudios que del espritu de escuela, pues al mismo tiempo que se miran con indiferencia nuestras antiguas glorias poticas, se condena universalmente (y no sin calor) as la intolerancia filosfica como el exclusivismo literario. Ni abrigamos tampoco la irreflexiva presuncin de juzgar que hemos dado felizmente cima la empresa ms ardua que puede concebirse en las esferas de la crtica literaria. Sin la historia de las letras (decia el gran Bacon, al trazar el cuadro de los progresos de las ciencias) la historia del mundo es como una estata de Polifemo, privada de su nico ojo ; y cuando por estas sabias palabras aprendemos conocer la trascendencia de la historia del ingenie humano, y sabemos que pesar de los plausibles ensayos que en los pueblos ms cultos se han hecho desde el siglo XVI para realizar tan difcii idea, no hay todava
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De augmentis Scientiurum, proh.-iutrod.

INTRODUCCIN.

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uno slo que pueda gloriarse de poseer la historia de su literatura, tal'como exige la crtica moderna,temeridad reprensible fuera en nosotros el vanagloriarnos de dotar Espaa, con el nuestro, de semejante libro. Acometimos esta empresa en lo ms florido de la juventud, al escuchar de labios del profundo Lista que ramos los espaoles tributarios, en esta parte, de los extranjeros: hemos consagrado su realizacin todas nuestras vigilias, todas nuestras fuerzas intelectuales, sacrificando en aras de esta idea hasta los ms espontneos impulsos del amor propio; hemos solicitado con entera f el consejo de los hombres doctos de Espaa, Francia y Alemania; y abrumados algn dia bajo el peso material, no vacilamos en demandar al Gobierno auxilio y proteccin para proseguir la Historia crtica de la literatura espaola, aun riesgo de desatar contra nosotros la envidia y la maledicencia, que alguna vez han cebado su rabioso diente en nuestro nombre. , dicha hemos realizado ya los ms difciles trabajos, pues que tenemos acabada, con la historia de la manifestacin latina, la historia entera de los siglos medios, que era la parte ms desdeada y peregrina dentro y fuera de Espaa, y podemos asegurar, sin pueril jactancia, que hemos escrito numerosas pginas, donde son contados los nombres conocidos. Ni ha Saqueado tampoco nuestra diligencia en las investigaciones que los tiempos modernos se refieren, parecindonos lcito manifestar que estos estudios, de que dimos alguna muestra en la traduccin de la Historia de la Literatura de Sismondi (18411842), en el tercer Ensayo sobre los judos de Espaa (1848), y en algunas revistas dla Pennsula y del extranjero no son peregrinos la j u ventud dorada que frecuenta las aulas de la Universidad Central, pues que los hemos ya expuesto en repetidos cursos acadmicos. Conveniente juzgamos consignar por ltimo, para que sean del todo conocidos los fines que la Historia critica de la Literatura espaola aspira, que derramados al par en la Europa y en el Nuevo Mundo los cultivadores de nuestra lengua y literatura, mientras hemos procurado tejer la exposicin histrico-crtica
1 Principalmente en El Laberinto, El Semanario Pintoresco,
U

La Floresta

andaluza, La Revista del Espaol, El Correo de Ultramar y La Amrica.


TOMO I .

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ESPAOLA.

de los ingenios que florecen en nuestro suelo la historia de la infeliz raza hebraica, madre de esclarecidos poetas, novelistas historiadores, hemos consagrado la mayor solicitud los ingenios que nacen de nuestra propia sangre en las vastas regiones de Amrica, hablando nuestro idioma y cultivando el arte de Herrera y de Len, de Lope y de Cervantes. Falta imperdonable seria en nosotros el olvidar los poetas americanos que desde el siglo XYI logran sealado asiento en el parnaso espaol, y no parecera tampoco acertado el menospreciar los que imitando los Granadas y Rivadeneyras, los Mendozas y Marianas, se consagraron tambin al ejercicio de la elocuencia y al culto de la historia. Tal es pues el difcil trmino de nuestras vigilias, que sometemos, confiados en su generosa indulgencia, los hombres sensa-

HISTORIA CRITICA
DE LA.

LITERATURA ESPAOLA.
I.' PARTE.

CAPITULO I. PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

DE PORCIO LATRON MARCO NNEO SNECA.

Primitivos pobladores de [Link] anteriores los [Link] de Roma y de [Link] de [Link] de Espaa. Medios empleados para llevarla [Link] de la [Link] de Espaa ante la tirana y crueldad de cnsules y [Link] I m perio. Su [Link] y [Link] proteccin [Link] de la [Link] ingenios espaoles que cultivan las letras [Link] Latron: su escuela [Link] [Link] [Link] Hispano y Vctor [Link] dos [Link] Junio [Link] [Link] nneo [Link] Controversias y Suasorias. Sus loables esfuerzos para contener la caida de la [Link] g e neral de estos escritores.

Tarea difcil y poco

fecunda para nuestro propsito seria la de empearnos en largas investigaciones sobre las varias gentes, que entraron en la Pennsula Ibrica antes de la dominacin romana. Envuelta la memoria de aquellos primeros pobladores en las tinieblas de la fbula, ni la venida de Tubal de Tarsi, ni el reinado de los Geriones, ni las empresas de Hrcules, ni las expediciones de Nabucodonosor, de Tearcon y de Sesac pueden ser admitidos

HISTORIA CRTICA DE LA LITERATURA ESPAOLA.


l

por la crtica como otros tantos hechos incuestionables . No se hallan tampoco ms exentos de errores y contradicciones los estudios ensayados respecto de las primeras colonias, que nuestro suelo aportaron: toda la diligencia, toda la erudicin, empleada con este intento, no ha sido bastante romper el crculo de las
1 Lcito juzgamos observar que todos estos hechos carecen de verdadero que los historiadores arbigos y rabnicos hicieron vulgar en la

fundamento histrico. Limitndonos, por egemplo, la expedicin de Nabucodonosor, edad media, ser bien advertir que slo se apoya en el dicho de un narrador indio, citado por Estrabon y por Josefo, quienes todos los escritores que la admiten traen como autoridad, olvidando desconociendo sus palabras. Remitindose el gegrafo griego Megsthenes, colocado por l entre los narradores fabulosos, decia: NctpV/.oopaopov SI iov 7tap XaASaiot? Eoox'tjiricravTa, '[Link]? [jiaXXov, [Link] eco? SfrjXtiiv klzaa'c \J.iy_pi \xh Stj Sspo xa Tspxtova [Link]\' xsTvov os -/.a' iv. zf; 'IpTipa? si? tnv 0px.T)v [Link] -cdv I I o v o v Y T
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v'zpz'ziav (a). Dice [Megsthenes] que Nabucodo-

nosor, quien los caldeos anteponen Hrcules, lleg hasta sus columnas, oantes que Tearcon, y que de Iberia llev su ejrcito Tracia y al Ponto (Lb. X V , cap. 1). El hebreo Flavio Josefo, ponderando la magnificencia que Nabucodonosor habia desplegado en su palacio, para agradar su esposa con el recuerdo de su patria (Media), no sin declarar que slo hacia oficio de compilador, escribe: Katffi&ycKsBhirfiSs sv t^S TSTpXT) 'cwv IvS'r/.v airocpalvstv TOlpSTct totov t v [3ao-Xa
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Atpii? t)v TioXXjv x a l 'IpTiptav. De estos huertos hace mencin Megsthenes en el cuarto volumen de las cosas de India, donde procura mostrar que el rey [Nabuco] dej muy atrs en la virtud y grandeza de sus hazaas al mismo Hrcules, habiendo sojuzgado no solla ms principal ciudad de frica, sino buena parte de Iberia (T. II, p. 3CS). Siendo este el nico fundamento que as los historiadores rabes y rabnicos como los cronistas espaoles, tuvieron para recibir la expedicin de Nabucodonosor, es evidente que no puede esta ser admitida hoy por la crtica, cual un hecho realmente histrico; pues que examinados ambos pasajes, resulta demostrado que Estrabon y Josefo alegaron el testimonio de Megsthenes, sin. darle crdito alguno y contndole en el nmero de los forjadores de prodigiosos relatos. No mayor f merecen en nuestro juicio las dems expediciones.
(a) Parcenos bien advertir q u e usamos con preferencia, para los textos y citas d e los. esmeradas los lecde

historiadores y que gozan

clsicos,

la e d i c i n e s t e r e o t p i c a

de Carlos Tauchnitz, C o n esta

una d e las m s ser fcil

de m a y o r autoridad

entre los eruditos. textos,

advertencia

t o r e s c o n f r o n t a r , si l e s p l a c e ,

todos los

evitando

la c o n f n s i o n q u e r e s u l t a d e l c o t e j o

la m a y o r p a r t e d e l a s e d i c i o n e s a n t i g u a s .

PARTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS

INGENIOS ESPAOLES.

conjeturas, enredndose en interminables digresiones filolgicas etnogrficas cuantos, llevados del noble deseo de la verdad, procuraron ilustrar con sus trabajos aquellas remotsimas edades . Muchas fueron las gentes que (siguiendo estas eruditas investigaciones) penetraron en Espaa, desde la confusin de las lenguas y dispersin de los pueblos hasta la entrada de los romanos, acaecida en 536 de aquella metrpoli. "Vinieron los celtas, los srmatas y los asirios; aportaron los griegos naturales de Zacynto, los de Samos, los messanenses, los focenses, los rodios, los glatas y los curetes; tomaron asiento en la Pennsula los iberos orientales, los persas, los lacedemonios lacones, los tirios fenicios y los penos cartagineses . Pero si bien puede conjeturarse el tiempo en que arribaron algunas de estas gentes la Pennsula, en qu regiones de ella fijaron sus. moradas? Qu ciudades fundaron?... Qureligin, qu leyes, qu lenguas trajeron nuestro suelo?... Qu influencia pudieron ejercer en su civilizacin futura?... Cuestiones son estas, cuya completa solucin nos parece punto menos que imposible: cuanto sobre esto se sabe, cuanto puede asegurarse, no excede de la esfera de las probabilidades hiptesis, pues que no se han trasmitido la posteridad monumentos tales que disipen y satisfagan nuestras legtimas dudas. Afirman los historiadores, apoyndose en el testimonio de Boc1 2

Debemos hacer aqu especial mencin de los diligentes Mondanos,

quienes, en su Historia literaria de Espaa, procuraron ilustrar con suma erudicin aquellos primitivos tiempos, ostentando sus profundos conocimientos filolgicos [Link] multitud de cuestiones que promueven. Mas pesar de todo, ni la superior instruccin ni la exquisita diligencia de estos fillogos y anticuarios han podido arrojar verdadera luz sobre tan remotas edades, siendo en gran manera sensible que no correspondan los resultados tan laudables mprobos esfuerzos. Las tareas de los PP. Mohedanos, relativas esta poca, son no obstante de grande utilidad para el estudio de la antigua geografa espaola. 2 Don Luis Jos Velazquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras descoEsnocidas que se encuentran en las ms antiguas medallas y monumentos de porvenisse iberos et persas ot phoenicas celtasque et poenos tradit blos de origen seito-helnico, segn advertimos en el texto.

paa (Madrid, 1752). Plinio habia dicho: In Universam Hispaniam M. Varro (Natur. Hist., lib. III, cap. III). Lo mismo indica repetidamente respecto do los pue-

HISTORIA CRTICA

DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

cho, aducido por Plinto, que doscientos aos antes de la guerra de Troya (1100 antes de J. C.) fundaron los zacyntios en nuestras costas orientales la ciudad de Sagunto, principio y base de las dems colonias griegas, en aquel litoral establecidas. Seguido de los ideos curetes, aportaba por aquellos tiempos (1020 antes de J. C.) las playas turdetanas el atrevido Archelao; y echando los cimientos la celebrada Gadir, abria de esta manera las puertas al comercio de tirios y espaoles. Derrambanse en tanto los ligures por las costas septentrionales , y fundaban los rodios en Catalua la ciudad de Rosas; mientras terminada la guerra de Troya, se aumentaban las colonias helnicas, y extendindose al Medioda internndose en las regiones dla Btica,levantbanse los muros de Odissea, 904 aos antes de nuestra E r a . Introducidos por estos senderos los griegos y fenicios en la antigua Iberia, furonse ensanchando la sombra del comercio sus nacientes colonias; y ya esparcindose por las comarcas mediterrneas, ya por las turdetanas, lograron al cabo dominar aquellas extendidas provincias, llevando tambin su influjo las vecinas. Odissea, Cstulo, Tarteso, Menaca, Rodope, Ampurias, Rosas y otras muchas ciudades, que en concepto de los ms entendidos fillogos conservan todava nombre griego, fueron pobladas por los focenses, rodios y messanenses: Crdoba, Malaca, Abdera, Asindon, Carissa, Carteya y otras debieron su fundacin los fenicios, poblndose ms adelante, desde Yirgi hasta el Anas, de moradores que traian el mismo origen. Otro linaje de pobladores acudi tambin la Pennsula desde las ms remotas edades: 700 aos antes de la venida de los griegos, haban ya verificado los celtas notables expediciones, de que debieron quedar sin duda abundantes vestigios; mas doblando al cabo el Pirineo (600 antes de J. C ) , inundaron en nmero de trescientos mil una y otra orilla del Ebro, dilatndose hasta el medioda del Anas, de donde tomaron aquellas partes el nombre
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Festo Rufo Avicno: De Gris maritimis. Estrabon, Rerum geographicarum, lib. III. Lo mismo asientan los PP.

Moliedanos, con la autoridad de esto gegrafo.

PARTE I ,

CAP.

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PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

de Celtiberia '. Dividida as en diferentes zonas, abrigaba Espaa en sus varias y distantes comarcas los grmenes de cultura trados su suelo por tan diversos pobladores, cuando doscientos ochenta aos adelante, amenazaba Cartago sujetar por fuerza su imperio todas las gentes de la Pennsula; empresa que hubiera dado cumplida cima, si no despertara la rivalidad del pueblo romano, cuya codicia meditaba ya en la posesin de tan ricas regiones. Tal es el brevsimo sumario de las colonias, que se establecieron en Espaa antes de la dominacin romana, segn la relacin de historiadores y gegrafos: discernir con mayor detenimiento y exactitud la importancia, nmero y poblacin de estas ciudades, ni seria empresa cumplidera, ni es tampoco de nuestro intento. Dedcese no obstante sin grave dificultad de todo lo expuesto, que de la mezcla y confusin de tantas gentes no pudieron resultar una misma religin, unas mismas leyes, ni una misma lengua, faltando en consecuencia la unidad necesaria para constituir un gran pueblo. Sin duda cada uno de los que Iberia aportaron, debi traer sus creencias y simulacros, sus hbitos y costumbres, y con ellos, ya el idioma, ya el dialecto que en su pas nativo hablaba. Pero cul fu (repetimos) la religin, cules las leyes,

Pocos son los monumentos clticos que han llegado nuestros dias en

Espaa, lo cual es" sin duda causa de que algunos escritores extranjeros se atrevan negar su existencia. Sin embargo, todava encuentra el viajero entendido en las costas septentrionales, en el centro de Castilla, en las montaas de Asturias, en la antigua Lusilania, y aun en las regiones dla Cltica Beturia (una de las tres provincias de que la Blica se compona) notables testimonios del establecimiento de aquel pueblo en Iberia. Entre otros monumentos, que podramos traer la memoria, dems de los dlmenes de Pomares, Monlemor y Arraylas, ilustrados por el docto Mendoza de Pina (Mein, de la Real Academia de Ciencias de Lisboa, tomo de 1733), citaremos dos tmulos, que se contemplan, el primero junto al puente de Alcolca (provincia de Crdoba), el cual fu excavado no h muchos aos, y el segundo en el pueblo de Eguilaz, provincia de lava. Tambin podramos hacer mencin del dolmen y piedra vacilante de Fins Terrae, citados con frecuencia en la historia del arte monumental (Gailhabaud, Monuments anciens et [Link], 1 . serie)
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y de la

Galera cubierta de Anloquera, hallada en los ltimos aos por el malogrado arquitecto don Rafael Miljana.

HISTORIA CRTICA DE LA LITERATURA ESPAOLA.

cul la lengua umversalmente adoptaba por aquellos diversos pobladores?... Cuando, volviendo nuestras miradas tan remota edad, procuramos descubrir en ella las primeras fuentes de la civilizacin que debia recibir con el tiempo ttulo de espaola, slo nos es dado reconocer que en medio de aquellos encontrados y discordes intereses sobrenadan dos grandes elementos, que pugnando vivamente por sobreponerse absorberse, deban inocular alguna parte de su savia en la cultura de Iberia, imprimindole ya el singular estigma que en siglos futuros iba caracterizarla. El mundo de Oriente y el mundo de Occidente se afrontaban por vez primera en las regiones traspirenaicas: la raza de Sem y la raza de Japhet, nacidas de un mismo tronco, pero esparcidas ya en el mundo por la mano de Dios para llenar diversos fines providenciales, volvian establecer entre s frecuente comercio, bien que alentadas de irreconciliable antagonismo. Representaban la primera sirios y fenicios: pertenecan la segunda celtas y griegos. Hablaban los unos elpticos y expresivos dialectos de aquella lengua, en que habia dado Moiss leyes al pueblo hebreo y llorado Jeremas su dolorosa servidumbre: eran familiares los otros las hablas indo-scitas y los fastuosos idiomas que inmortalizan Pndaro y Homero, Herodoto y Xenofonte ; y ms civilizados que los dems pueblos con1

Escribimos afortunadamente en una poca en que la crtica filolgica lia

logrado poner fuera de discusin multitud de cuestiones que eran en siglos anteriores otros tantos problemas. La consanguinidad, mejor diciendo, la inmediata derivacin de la lengua fenicia pnica del tronco y raiz comn que reconocen todas las semticas, no exceptuada la arbiga, es ya un hecho demostrado, hallando en los estudios de los fillogos modernos entera confirmacin las no interesadas declaraciones de Josefo, Meleagro Gadareo y el celebrado Plauto. Ni reciben de ellos menor fuerza las doctas palabras de San Gernimo, San Agustn y Priseiano. El primero habia dicho: Tyrus et Sidon inPhoenices litore principes civitates... quarum Carthago colonia. Unde et vpoeni sermone corrupto quasi phoeni apellantur. Quarum lingua linguae hewbraeae magna ex parte confinis est (In Ieremiam, X V , v. X X V ) . Y en otro lugar: Lingua quoque pnica quae de hebraeorum fontibus manare dicitur, etc. (Isaiam, lib. III, c. 7). SanAgustin escriba al intento: Messiam... verbum linguae punieae consonum est, sicut alia permulta et pene omnia {Contra litteras Petiliani, lib. II, c. 104). Y aada: Cognatae quippe sunt

PAUTE

I,

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PRIMEROS INCEH10S ESPAOLES.

gregados en la Pennsula, ms activos y emprendedores, apareca de todo punto inevitable el que, derramados en dilatadas comarcas y seores de ricas y florecientes colonias, dejara de reflejarse la influencia de su cultura y de su lengua en la cultura y en la lengua de los primitivos iberos . Mas si no es lcito, la altura que han tomado en nuestros tiempos los estudios filolgicos y etnogrficos, desconocer en la
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linguae islae ot vicitiae hebraea, pnica et syra (In Iohannem, tract. X V ) . Prisciano, que vive un largo siglo despus de aquellos sabios varones, observaba: Lingua poenorum quae chaldaeae vel hebraeae similis est et syrae, non habet nculrum genus (Gramm., lib. V ) . Seis siglos adelante un sabio judio espaol, que escribe la mayor parte de sus obras en arbigo, y quien los rabinos hebreos saludaron con nombre de guila de los doctores, escriba al propsito: La lengua rabe y la lengua hebrea son sin duda una misma lengua, y no otra cosa sucede con'la siriaca, que entrambas se acerca.

(Mosh-ben-Mayemon, Aphorismos medicinales).

Si pues el testimonio de tan

ilustres escritores y los estudios de diversas especies de los fillogos modernos (entre quienes nos ser dado conmemorarlos extranjeros Gesenio, Bartelemy, Duteus, Hoppe, Swinton y Renn, y entre nuestros peninsulares los espaoles Prez Bayer, Conde y Marina, y los portugueses Sousa y San Luiz), se hermanan tan estrechamente para evidenciar que tirios y cartagineses hablaban un idioma, nacido del hebreo, no puede ponerse en duda que se extendi la influencia de las lenguas semticas todas las colonias fenicias de la antigua Iberia, desde el Estrecho Gaditano hasta las orillas del [Link] cuanto las hablas indo-scitas y los dialectos griegos, nadie desconoce en nuestros dias, mereed los progresos de las ciencias filolgica y etnogrfica, que traen unas y otros su origen de la misma fuente, reconocida en la lengua snscrita. Esta comunidad de nacimiento ha bastado, al ser descubierta por los perseverantes trabajos de la edad moderna, para aclarar no pocos misterios histricos y explicar difciles fenmenos operados en el trascurso de los siglos dentro y fuera de nuestra Pennsula. Circunscribindonos ahora la remota edad de que tratamos, parcenos oportuno dejar consignado, que en medio de los diversos elementos congregados en Iberia, destacan y predominan sobre todos los que representan con mayor energa las civilizaciones rivales de Oriente y de Occidente. Conste, pues, este h e cho, cuya trascendencia tendremos sobradas ocasiones de quilatar en todo el proceso de nuestra historia literaria. 1 Vase la Ilustracin nm. II del siguiente volumen.

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HISTORIA CRTICA DE LA LITERATURA ESPAOLA.

fuente misma de nuestra civilizacin esa doble influencia que determina desde aquellos dias la grande y duradera lucha de las dos razas rivales que iban disputarse el imperio del mundo, tampoco es conveniente olvidar otra ley principalsima del carcter de la nacin ibera, que tiene cumplido desarrollo y constante comprobacin en todos los momentos de su vida y de su historia. En virtud de esa ley fundamental, aquellos espaoles que desde los tiempos ms remotos hablaban diferentes lenguajes, mereciendo, como nos dice Estrabon de trdulos y turdetanos, ttulo de civilizados y aun de doctos, 'opor hacer uso de la gramtica y tener escritos en metros monumentos de antigedad y poemas y leyes de millares de aos *, sin abandonar del todo su lengua materna, guardaron cual inextimable tesoro, las costumbres de sus padres. El mismo Estrabon nos ensea en efecto que los trdulos, venerados sus antiguos ritos, prosiguieron cultivando la cria de sus famosos ganados; que los moradores de la Tartside conservaron sus sacrificios nocturnos; perpetuaron los lacones y lusitanos sus
1 Estrabon dice; "Sovixazoi o' =eia !ovTai tiov 'Ipiptv o o t o t , [Link] -p^[Link] -zrfi TrxXaia
a J t

j .a-iy.r ^ p & v - a t ,

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T;oiT)jt.a'a, xat [Link]<; |[Link]:poo? saxio^tXojv exov, c tacr; xa'i oi aXXot o' "I^TipE ^pSJvrai Yp l -l- ^~'"''-'{, ou \u& loa. oo y p
'X-ZTI^

tota. Son

estos [los turdetanos] reputados por los ms doctos de toda Iberia: usan de la gramtica, tienen escritos monumentos de antigedad, y poemas y leyes en metro, de seis mil aos, como dicen. Los dems espaoles usan dla gramt i c a ; pero no todos de la misma suerte, ni con el mismo lenguaje (lib. III, cap. I). Si pudiera admitirse sin escrpulo alguno la antigedad de estos m o numentos, leyes y poemas, resultara alterada no slo la cronologa, contradiciendo el cmputo establecido por la Biblia, sino que los espaoles poseyeron la escritura mucho antes que los griegos y egipcios. Pretendiendo resolver es", tas dificultades, se ha asentado que slo constaban los aos turdetanos de tres cuatro meses; pero esto no puede satisfacer a l a recta crtica. Ms razonable parece lo que escribo el erudito Sarmiento, siguiendo el dictamen de Palmerio: No omitir (dice) una varia leccin del texto que acaso gustar algunos. En el comn original griego hay la voz sxi&v, que significa annorum; pero si en lugar de
ETG>V ,

se lee esta voz

STOV,

muy semejante y que signi-

fica versuum, se desvanece toda la dificultad. Palmerio, de quien es esta nota, se inclina que debe leer as (et pulo sic legenduni). En esta hiptesis, ser el pensamiento de Estrabon que los turdetanos tenan leyes comprendidas en seis mil versos; pero sin determinar su antigedad (Memorias para la historia de la poesa y poetas espaoles (Prrafo II, nm. 4 0 ) .

PARTE I ,

CAP.

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PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.


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\i

brbaras y supersticiosas ceremonias , y resistironse los cntabros septentrionales admitir toda influencia extraa. La de aquellas primitivas colonias, si bien debi contribuir modificar las costumbres y amansar los speros y agrestes instintos de los naturales, echando en el suelo espaol no infecunda semilla, llamada fructificar con el proceso de los siglos, no fu en consecuencia tan poderosa y decisiva que bastara ahogar todo elemento de vida, trasformando de lleno su cultura y abriendo amplia y segura senda para lo futuro. La disparidad de religin y de costumbres, de leyes y de lenguas, traidas por aquellos pobladores, contribuyendo por otra parte mantener la. divisin del territorio con los encontrados intereses de tantas gentes, ni podia ser principio fecundo para crear la unidad, base de toda civilizacin, ni estmulo la prosperidad interior, ni prenda de seguridad contra un enemigo fuerte, osado y poderoso. Religin, leyes, lenguas, costumbres, todo apareca tan instable como advenedizo; todo fluctuaba en medio de aquella mltiple lucha, reproducida sin cesar por no legtimos intereses, amenazando ser presa del ms afortunado; y todo se eclipsa al cabo y desaparece ante el astro esplndido de Roma, luego que asientan las cohortes del Pueblo Rey su vencedora planta en la Pennsula Ibrica. La trasformacion iba ser trascendental, si no completa: Iberia, desmembrada por naturales y extranjeros, se someta una necesidad imperiosa, una ley de hierro que iba gravitar igualmente sobre el cuello de todas las naciones. La raza de Japhet, guiada por las guilas de Roma, venca en el suelo espaol la raza de Sem; espectculo presenciado ya por el Oriente al pi de los muros de Troya, y que, pasadas largas edades, debia reproducirse en Iberia ms solemne y terrible. Pero

Estrabon, lib. III, cap. [Link] Fcsto Avieno dccia en el siglo IV

de la Iglesia, respecto de los sacrificios que hacan los espaoles: Vlunicipalia sacra vocantur, quae ab initio habuerunt, ante civilatem romanara accptam, quae observare eos volucrunt Pontfices quo adfuissent antiquitus. Dedcese, pues, de estas palabras de Rufo, que no solamente conservaron los espaoles su religin, al ponerse en contacto con las primitivas colonias, sino que despus de recibidas las costumbres romanas y aun propagado entre ellos el cristianismo, no pudieron desprenderse de sus antiguas supersticiones.

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HISTORIA

CRTICA

DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

Roma no goza de su triunfo sin afrentosos desastres, ni logra avasallar sin perfidia y crueldad la noble entereza de los naturales. Atradas de la belleza y fecundidad de Espaa, grandemente ponderada por los escritores clsicos, haban venido todas aquellas gentes, ms bien como traficantes y cambistas, que como guerreros y conquistadores. La ambiciosa poltica de Cartago (no satisfecha de haber extendido pacficamente su dominio por ricas y dilatadas regiones), ensangrentando los campos de Iberia, dio al cabo la seal ante los deleznables muros de Sagunto, de que iba su imperio ser disputado por la fuerza y trance de las armas. Terrible fu la lucha entre los dos pueblos rivales: anublada al fin en las llanuras de Zama, la gloria de aquel animoso caudillo que, domando los Alpes, habia degollado, en Trebia, en Trasimeno y en Cannas la flor de los patricios romanos, dobl Cartago la cerviz ante la fortuna de Escipion, quedando la libertad y riquezas de Iberia merced de los nuevos invasores (203 ant. de J. C ) . Mas ya queda indicado: no era empresa fcil el domear la briosa altivez independencia de los iberos; y Espaa, que fu la primer provincia del continente europeo invadida por las guilas de Roma, debia ser la ltima que recibiese su y u g o . Guerras encarnizadas y desastrosas, en que fu quebrantado el poder de los cnsules, y abajado el orgullo de cien legiones; en que llevaron los espaoles al ms alto grado su herosmo, mostraron ms de una vez al Senado y Pueblo Romano que slo al precio de la sangre de sus hijos les era dado adquirir la posesin de tan envidiadas comarcas. Doscientos aos de contiendas, menudo reproducidas y terminadas siempre con menoscabo, ya que no con desdoro de los iberos, fueron necesarios para que se redujese provincia romana la patria de los Leucones, Rothgenes y Yiriatos .
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Ita ergo prima romanis inita provineiarum, quae quieten continentis

sint, postrema omnium nostra demum aetate ductu auspicisqe Augusti Caesaris perdomita est (Tilo Livio, lib. XXYIII). 2 H aqu cmo alude Lucio Anneo Floro, de quien hablaremos en lugar oportuno, la constancia de los iberos en rechazar el yugo romano: In hac [Hispania vel provincia] prope ducentos per annos dimicatum est, a primi Scipionibus in Caesarem Augustum, non continu, nec coherenter, sed prout Hcausae lacessierunt: nec cum Hispanis inio, sed cum Poenis in Hispania

PARTE I,

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PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

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Exasperada por tan inslita resistencia y firme en la poltica de exterminar cuanto contrastaba su podero, humillando al par cuanto se someta su imperio, resolvi la Repblica ensayar en Espaa su terrible sistema de conquista, apelando cuantos medios le sugeran su crueldad y su ambicin, para lograr el objeto apetecido. Y deban aquellos ser tanto ms duros y sangrientos, cuanto era mayor el esfuerzo que ponan los espaoles en guardar la independencia heredada de sus padres, y habra sido mayor la afrenta de la Repblica, al ser definitivamente vencida. Pero esta crueldad produce dolorosos estragos desde que Roma comprende en Sagunto el herosmo de los iberos. Apenas vueltos de la sorpresa y congoja experimentada, al saber que lejos de venir los romanos defender su libertad contra los cartagineses, aspiraban slo imponerles su yugo, vieron incendiados sus campos, arrebatados sus bienes, desmanteladas sus fortalezas, arrasadas sus ciudades, y vendidos pasados cuchillo sus ms valientes hijos. Temeroso el Senado de perder las riquezas de estas regiones, y advertido ya del indomable coraje de sus naturales, resolvi pues aniquilar los iberos, para dominar en Espaa: animado de semejante idea, enviaba en 550 con omnmodos poderes Marco Porcio Catn, primer cnsul romano que holl el suelo de la Pennsula. La austeridad, la dureza de carcter tal vez el excesivo patriotismo de este caudillo, que se allegaba su extremada pericia en las artes de la guerra, dieron testimonio los espaoles del gnero de servidumbre que se les aperejaba. Vencidos y degollados los celtiberos de la provincia Tarraconense, eran despojados de las armas todos los pueblos de las orillas del Ebro, arrasando aquel afortunado cnsul en un solo dia los muros de todas las ciudades puestas en las mrgenes del Btis, cuya fortaleza y aventajado asiento podan alentar sus moradores contra el poder romano. Llegaron las ciudades as destruidas al nmero de cuatrocientas, glorindose el mismo Catn de haber expugnado durante su gobierno ms pueblos que dias permaneci en las Es-

(Lib. II, cap. XVII). Lo mismo dice el espaol P. Orosio, aadiendo que A u gusto, resuelto quitar los cntabros sus leyes, aperuit lani portas atque in Hispaniam ipse cum exercitu procctus est (Histor., lib. V I , cap. XXI).

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HISTORIA CRITICA DE LA LITERATURA

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paas *. Nueve aos despus, siguiendo la misma poltica, destrua Tiberio Sempronio Graco trescientas ciudades de la Celtiberia , egemplo, que como fruto del sistema adoptado en la conquista, tuvo por desdicha muchos imitadores. Cuando Gneo Pompeyo, apaciguada ya Espaa, levant en los Pirineos un monumento su propia gloria, escribi en l que habia sojuzgado por la fuerza ochocientas cuarenta poblaciones desde las faldas de aquellas'montaas hasta el Estrecho Gaditano . Los estragos del fuego y del hierro fueron pues las primeras huellas que dejaron estampadas en todas las comarcas de Iberia los ejrcitos de Roma. Mas no solamente llevaban cabo los cnsules y pretores por tan sangrientas vias el exterminio de Espaa, que se habia decretado en el Capitolio, para afianzar su dominacin y conquista. Debia tambin la codicia, formando estrecho maridaje con la poltica, contribuir labrar su triste servidumbre, siendo fecunda madre de crmenes y abominables traiciones. Rica Espaa, tanto
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Plutarco, refirindose Polibio, escribe, al narrar las empresas militatpijal, t & v vc? BaTio? totcu.o' LT|j.T:oAAai

res de este caudillo: IIoAp\oi; p.v

TtAstov ^[[Link] [Link] tat. t e l ^ i ) , XEAsaavtos atoS, ireptaipsO^vaf

o ' jaav aSrtat, [Link]'ai p.a'^[Link] v o p S v . A t; S tp-qaiv ' K twv TtAeiova; slArjcpva tt A sis, v Snyya'ysv lip-Epaiv v 'Inopia" -/.al 1001:0 x p .iro? o/. k'crctv, e'TOp di? AnO&< TETpaxoriai 10 Tzlrfioc; jaav. Polibio dice haber sido destruidos los muros de las ciudades asentadas orillas del Btis en un solo d i a por mandado de l [Catn]: muchas de estas se hallaban henchidas de h o m bres armados. El mismo Catn dice haber destruido ms ciudades que das pas en Espaa; y esto no es jactancia, pues que efectivamente eran en nmero de cuatrocientas (Tomo III, pg'. 224, Cato Maior). 2 Estrabon dice con este propsito: Ho1\j"o'j S sbrvtoc [Link]? Ttpp'.ov T p x ^ o v , etc. Polibio dice que Tiberio Graco utffiv xataXutrai

habia destruido trescientas [ciudades] de la Celtiberia etc. ( L i b . III, cap. V ) . F l o r o rebaja este nmero ciento cincuenta ( L i b . II, cap. 17). 3 Plinio dice: Cum Pompeius Magnus trophaeis suis, quae statuebat in Pyrenaeo, DCCCLXXVI oppida abAlpibusad fines Hispaniae Ulterioris in ditionem a se redacta estatus sil (Lib. III, cap. I V ) . Tambin Dion Casio alude este singular trofeo, manifestando que Csar no quiso poner monumento alguno en los Pirineos, porque supo que ya l o habia hecho Pompeyo: 'EvcEoOsv os oi too LTup-nvaou Trpo^topOv, Tpircaov [Link] oSsv in' otofj SvT-f)aEV, 6't [tte tv LTop.'jtYov -/.aA& [Link] ett! t o t c o t 5 e t o (Hist. Rom., lib. XLI. Bellum cive). Estrabon menciona asimismo y repetidamente dichos trofeos.

PARTE 1, CAP. I . PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

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por la feracidad prodigiosa de sus campos, como por la abundancia de sus ganados; famosa igualmente por las preciadas arenas de sus rios y por sus copiosas minas de plata y oro , atraa constantemente sus costas gran nmero de mercaderes, quienes sostenan, en especial con la Turdetania, vivo trfico y grueso comercio. Trigo, vino, aceite, miel, cera, pez, grana, bermelln, exquisitas lanas, telas de no escasa estima... tales eran los principales productos de la naturaleza y de la industria, que por medio de sus colonias enviaba Iberia las costas de Italia, aguijoneando en esta forma la avaricia de los romanos, en quienes se habia despertado ya aquella sed insaciable, de podero y de oro que los arrastraba los. ms remotos confines. Ni fu menos poderoso el incentivo de las celebradas minas, cuya extraordinaria abundancia excit en tal manera la codicia de los conquistadores que no repararon en la dureza inhumanidad de -los medios empleados para saciarla, k tal punto llegaba el ansia de acumular riquezas, que segn el veraz testimonio de Plinio, entraban anualmente en el Erario pblico veinte mil libras de oro , no siendo posible averiguar el nmero de las de plata, pues que slo las minas de Cartagena daban diariamente veinticinco mil dracmas, cuando el diligente Estrabon escriba.
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Ni deban acallar nicamente las Espaas la incalificable ambicin del Senado: menester era tambin hartar la rapacidad de cnsules y pretores, quienes acudan como los soldados al cebo de tantos tesoros. Las violencias cometidas con semejante propsito iban ser canonizadas por aquella poltica opresora, que tras la destruccin de las poblaciones y fortalezas de los iberos, exiga su empobrecimiento, para aherrojarlos al carro de sus vic-

Cuando Estrabon habla de la riqueza de Espaa, no slo pondera la O os ^putr? o [Link] fj.-

abundancia de sus minas, sino que, tratando de los rios, afirma que arrastran arenas de oro. H aqu sus palabras: vov, Xk. [Link] aopxal
-

xatacpkpouat

8' o Troxau-ol [Link] oi ys!|[Link] TYV

^poat'rtv U.U.0V' rcoXXa^oQ [Link] v TOT? vSpoi? TOTCOI? oaav, etc. El oro no slo se saca de las minas (non efbditur), sino que los rios y torrentes le arrastran mezclado con la arena. Tambin en muchos lugares secos se halla esta singular arena etc. (Lib. I I I , cap. II). 2 Lib. X X X , cap. I V .

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HISTORIA

CRITICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

torias. Roma prodig los honores del triunfo cuantos pusieron sus plantas mayores riquezas, olvidando teniendo en poco la crueldad la perfidia con que eran allegadas. De esta manera Marco Helvio, quien cupo en suerte en 557 el gobierno de la Espaa Ulterior, llevaba en su ovacin cuarenta mil setecientas treinta y dos libras de plata en barras, diez y siete mil veintitrs acuadas, y ciento veinte mil cuatrocientas treinta y ocho de la llamada osense.- Quinto Minucio Termo, que obtuvo en el siguiente ao el gobierno de la Citerior, y cuya nica gloria consisti en degollar junto Turba doce mil espaoles indefensos, hizo ostentacin su entrada en Roma de haber sacado de su provincia , slo con destino al Erario pblico, treinta y cuatro mil ochociejitas libras de plata en barras, sesenta y ocho mil sellada y doscientas setenta y ocho mil osense. El austero Catn, enviado Iberia para enmendar los desaciertos de sus predecesores, impona esta provincia, despus de pacificada ms bien destruiba, exorbitante multa tributo, llevando en su triunfo ciento cuarenta y ocho mil quinientas cuarenta libras de plata acuada, en barras y osense, con mil cuatrocientas de oro: entre sus soldados distribua siete ases cada infante, y veintiuno cada ginete. Cobijadas estas exacciones con el nombre y autoridad de Marco Porcio, crecian tal punto despus de su gobierno, que apenas puede ya darse crdito al testimonio de los antiguos escritores , pareciendo al propio tiempo inverosmil la forma en que eran fatigadas las entraas de la tierra, no bastando sin embargo satisfacer la hidrpica sed de oro de los capitanes romanos *.

Fcil nos seria poner aqu largo catlogo de las exorbitantes exac-

ciones que hicieron en adelante los cnsules y pretores de Espaa: para que pueda comprenderse hasta qu punto llegaron las riquezas extradas de la Pennsula, mencionaremos slo las que entraron en el Erario pblico, exornando el triunfo de algunos gobernadores: Marco Fulvio Nobilior, que obtuvo la ovacin en 561, argenti bigati prae se tulit CXXX millia pondo argenti, oauri pondo CXXVII (Tit. Liv., lib. X X X V I ) ; el procnsul Lucio Manlio, tulit coronas ureas quinquaginta duas: auri praeterea pondo CXXXII, arDgenti XVI millia CCC, et pronuntiavit in Senatu decem millia pondo argenti, et L X X X auri; Quintum Fabium quaestorcm advehere id quoque se in Era-

PARTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS

INGENIOS ESPAOLES.

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Y no habian trascurrido veinticuatro aos desde la ausencia de Catn, cuando no pudiendo ya sufrir los naturales de una y otra Espaa las continuas vejaciones y rapias de los pretores, se vieron forzados llevar ante el Senado sus justas quejas: Marco Titinio, Publio Furio Philon y Marco Mancieno, eran acusados de robo y cohecho, ejercido en sus provincias, tratadas por ellos como pueblos enemigos; pero nombrado juez de esta contienda Lucio Canuleyo, que debia sucederles en el gobierno de toda Iberia, fu el resultado de semejan-te acusacin tan poco satisfactorio para los ofendidos como propicio los futuros pretores, dando causa nuevos y ms ominosos atentados. Lucio Licinio Lculo, quien la pobreza hacia avariento y la avaricia cruel, degollaba en 603, dentro de sus propios muros y bajo la f y seguro de la palabra, los moradores de Caucia, cuyas riquezas codiciaba: Sergio
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rium illalurum (Liv., lib. X X X I X , armo S67); Marco Calpurnio, que triunf de los lusitanos y celtiberos, coronas ureas tulit LXXXIII, et duodecim milalia pondo argenti: paucos post dies L. Quinctus Crispinus ex iisdem lsitanis celtiberisque triumphavit, tantumdem auri atque argenti in eo triumpho wtranslatum (vid. ut sup. anno 56?); el pretor Terencio, que alcanz en 573 la ovacin, llev en ella argenti pondo IX millia CGCXX, auri L X X X pondo, et duaecoronae aurcae, pondo LXYII (Lib. XL). Sempronio Graco y Albino Postumio triunfaron en 574, el primero de los celtiberos y de los lusitanos el segundo: X L millia pondo argenti Tib. Grachus transtut, X X millia Albinus. Militibus denarios quinos vieenos, dplex eenturioni, triplex equiti ambo diviserunt; sociis tantumdem quantum Romanis (Lib. XII, ao 574); Marco Marcelo impuso los celtiberos el ao 585 el tributo de mil seiscientos talentos, lo que demuestra (aade Estrabon) que los celtiberos eran gente populosa y rica, aunque cultivasen un suelo un tanto ingrato. 'E^ ou p.aipsff5ai irpeuTiv, ikt xal
TE-/.-

7 r o X A o t ' r<jav

ol KsXxpT)p;, [Link]

^p^ijixcov

E'jTiopovsc;, xatTiEp oixoO'v'ec; yopox

TrapXuTiTov (Lib. III, cap. IV). Esto

relativo al siglo VI de la fundacin de Roma. Hse de advertir que estas r i quezas destinadas solemnizar los triunfos, eran slo trofeos de la victoria: los impuestos y contribuciones ordinarias, basados en el censo de poblacin, producan sumas incalculables, principalmente cuando desconocemos ahora el indicado censo. 1 El P. Mariana dice: Que estos pretores fueron dados por libres, por acostumbrar los senadores romanos de usar severidad con los dems y disimular unos con otros, con grande sentimiento y envidia del pueblo y en gran perjuicio de su buena fama (Lib.. II, cap. X X V I ) . Tito Livio escribe sin embargo: Furius Praeneste, Mantienus Tibur exulatum abierunt (Lib. XLIII).
TOMO I . 2

)8

HISTORIA

CRTICA DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.
i

Galba, clebre ya entre los ms sealados oradores , pasaba en el mismo ao cuchillo, contra el asiento con ellos puesto, gran nmero de pueblos lusitanos, para apoderarse de sus despojos, llegando por tan alevosos medios ser el ms opulento ciudadano de Roma .
2

Tan grande era la fama de la riqueza de Espaa y tal la avaricia que despertaba en los romanos, que nombrados en 610 cnsules Servilio Sulpicio Galba y Lucio Aurelio Cotta, levantse entre ellos obstinada contienda sobre quin habia de obtener el gobierno de la Pennsula Ibrica; dando con esto motivo aquellas famosas palabras de Escipion, bastantes revelar las causas de tan vergonzoso altercado. El uno (respondi la pregunta del Senado) nada tiene: al otro nada le harta.)) Escipion crey tan fatal para Espaa la pobreza del uno como la avaricia del otro cnsul. Enviaba el Senado en consecuencia Marco Popilio; pero pesar de semejante protesta de los Padres Conscriptos contra la descubierta rapacidad de los gobernadores y cnsules, continu Espaa siendo vctima de sus desafueros durante el siglo YII y principios del siguiente, no habiendo gnero de crueldades que no se ejecutaran en los iberos. Desde que en el ao 541 vendieron los dos Escipiones, en pblica almoneda, los moradores de Turdeto, hasta que en los primeros del siglo YIII fu expulsado Casio Longino por sus escandalosos robos, apenas hubo pretor que no alimentase su codicia con el oro de Iberia y no manchase alevosamente sus manos con la sangre de sus hijos. Que estas crueldades y tiranas debieron producir desastrosos resultados, as respecto de las razas indgenas como de los primitivos colonos, cuya servidumbre habia sido igualmente decretada por el Senado, no hay para qu ponerlo en tela de juicio: conturbado el comercio, destruida la industria y abandonada la agricultura, cerrronse todos los veneros de aquella naciente ci-

1 2

M. Tulio Cicern, Brutus me

de claris oratoribus, cap. X.

La ostentacin que hizo Galba de los despojos que arrebat con las v i -

das los lusitanos , fu causa de que se le acusara en Roma. Valile, para que le diesen por libre,,el mucho dinero que llev de Espaa, sin embargo que Lucio Scribonio, tribuno del pueblo, y Marco Catn le apretaron con todas sus fuerzas (Mariana, lib. III, cap. III).

PARTE

I,

C A P . I . PRIMEROS

INGENIOS

ESPAOLES.

19

vilizacion; y si no habia sido posible, antes de que hollasen las legiones romanas la Pennsula Ibrica, reducirla un centro de unidad, maltratados ahora todos sus moradores y humillados ante la omnipotencia de la Repblica, vieron en un solo dia malogrados los esfuerzos de su inteligencia, cayendo en tan honda postracin como envilecimiento. Forzados trabajar dia y noche en las minas, que alimentaban con sus inauditas riquezas la incalificable codicia'de cnsules, Senado y Pueblo Romano; acosados por el azote de los lictores, cuando sus cuerpos se rendan la fatiga en tan duras faenas, arrastraban una existencia precaria, en que eran diezmados por las enfermedades, rendidos al excesivo afn, expiraban en los oscuros subterrneos, maldiciendo tan brbara esclavitud infame coyunda *. Ninguna esperanza de salvacin abrigaban los espaoles en tanta miseria: la exasperacin que la crueldad de Roma engendra en sus pechos, les pone las armas en la mano para buscar segura muerte en medio de las convulsiones de su estril herosmo; pero la desesperacin, que tal vez produce animosos capitanes y valerosos guerreros, siendo ineficaz para reconquistar la independencia, jams devuelve los pueblos la cultura perdida, ni les restituye la felicidad, apenas gozada en ms serenos dias. Tan duro sistema de opresin y exterminio debia ser coronado por las colonias, verdaderos campamentos militares, establecidos en el centro de las naciones enemigas. Los que para avasallar la fiereza y brio de los iberos, comenzaron por destruir sus fortalezas y ciudades; los que para enflaquecerlos y domearlos, les arrebataron sus bienes y los trataron como esclavos, hubieron menester

He aqui las palabras deDiodoro Seulo , autor que nos trasmite tan doTOXXO
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loroso cuadro: A i x o l o [Link] yrji; ev toT? pyu-aj y-o [Link]' r)[Link] -Aa\
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tGJv [Link], -ruycos 7ipo!'sviai t |flv) Mientras fatigan dia y noche sus cuerpos en el laboreo de las minas, muchos perecen al peso inmenso del trabajo. Ni hay para ellos respiro ni descanso; sino que forzados con azotes por sus dueos , no sin cruel intencin para agravar la no interrumpida fatiga, exhalan mseramente sus vidas (Bibliolh. Hist., lib. V , cap. 28).

20

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

para asentar su dominio, fundar tambin opresoras colonias, echando en nuestro suelo la base de aquel sistema de inspeccin y vigilancia, generalmente planteado donde quiera que penetraban los estandartes de la Repblica *. Pero tampoco se guardaron en el establecimiento de estas colonias las leyes de la equidad y de la justicia. La primera de que nos habla la historia, se compuso de libertinos, hijos de soldados romanos y de mujeres espaolas, cuyo matrimonio vedaban las leyes, los cuales obtuvieron en 582 Carteya, despojando los antiguos moradores de sus legtimas heredades. Los que de Carteya quisieren permanecer en sus casas (decia el Senado al cnsul Lucio Canuleyo) tendrn el derecho de que, como los dems colonos, se les asigne campo para su oultivo . En esta forma se anadia el despojo la violencia; y ya fuesen simplemente civiles, con que se desembarazaba el Senado de un populacho famlico y turbulento, ya militares, con que alejaba de Roma una soldadesca avezada la rapia, inquieta y peligrosa, siempre las colonias tuvieron por base la expoliacin, aunque se abrieran por vez primera sus cimientos. los nuevos po bladores (exclama un escritor del siglo XYI) los ciudadanos antiguos dejaban sin contradiccin ni rplica sus casas y tierras desocupadas, con el sentimiento que no se puede juzgar, sino por los que lo han padecido; y buscaban donde recogerse y pasar la vida, entraban en parte y suerte con los nuevos pobladores, segun que el Senado ordenaba. Miserable espectculo! Sin causa ni razn, el que ayer se vicio rico y hacendado, hoy pobre mendigo, obligado con su familia y casa salir de su tierra, buscar en la ajena con qu sustentarse y vivir! . No de otro modo se poblaron de romanos Crdoba, Itlica, Sevilla (Hispalis), Tarragona (Tarraco), Clunia, Braga (Braceara) y otras muchas ciudades, que llegaron ms adelante gozar de extendida fama. Arrojados as de sus antiguas poblaciones y vigilados sin tre2 3

Hablando Sneca de este punto, decia: Hic denique populus quot c o Conso-

onias in provincias misit?... Ubicumque vicit Romanus, habitat (De latione ad Helviam, cap. VII). 2 3

Qui Carteiensium domi manere vellent, potestatcm fore, uti numero Aldrete, Origen de la lengua castellana, lib. I, cap. X X I .

essent agro asignato (TU. Liv., lib. XLIII).

PAUTE

I,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

21

gua por los romanos, quienes para mayor facilidad de sus movimientos estratgicos, cruzaron la Pennsula entera de grandes vias y calzadas, erizndolas de mansiones, y aprisionaron los rios con suntuosos y fortsimos puentes, decaa poco poco la ingnita bravura de los iberos, cuya varia cultura, no fortalecida por estrechos vnculos, era al propio tiempo aniquilada. La poltica de la Repblica habia triunfado; mas para asegurarse de su victoria, no solamente destruy las fortalezas; no slo arrebat las armas y los bienes los espaoles, forzndolos sucumbir en las ms humillantes y mortferas faenas; no slo envi sus foros y colonias al centro de la Pennsula, sino que ostentando una crueldad que ha tenido rara vez egemplo en los anales del mundo, traslad con harta frecuencia de una otra comarca tanto los moradores de ciudades vencidas, como los de regiones sojuzgadas, conducindolos su placer cual mseros rebaos. Apoyado en semejante sistema de violencia, pudo Sergio Galba degollar en un slo dia muchedumbre de pueblos lusitanos, quienes habia prometido dar mejores campos, donde morasen y tuviesen sus labranzas : escudado en tal propsito disemin el cnsul Tito Didio los moradores de Termssto en las aldeas y poblaciones no fortificadas de los are vacos; y con igual intento fueron trasladados las regiones baadas por el Anas los habitantes de las que fecundaba el Tajo *. tan ruda opresin dobl Espaa al cabo la cerviz, allanada y esquilmada al mismo tiempo; y para colmo de dolor, cuando aguijados por la afrenta de la patria cansados de llamar en balde las puertas del Senado, se alzaban sus hijos para protestar con las
1 Estrabon dice: O o' "Avx; - p o s
[Link]

vxov - t a t p O E i , xr\i Meao-o-aixav


YM

o o p s w , r\v KsA-o

TOTTXOV,

~5>V Auafravfjjv

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ir. xfjc;

TCE-

pala?-co Tyou [Link]/.iS'EV'rE; 7i PuJ[[Link] Revulvese el Anas hacia el Medioda, y cortado por ambos rios, rodea subterrneo la regin que en su romanos mayor parte habitan los celtas y lusitanos, trasladados all por los

de las comarcas que se extienden a la otra parte del Tajo (Lib. III, cap. I). Notablees por cierto la indiferencia con que los escritores de la antigedad refieren estos hechos, y comparable slo la ingenua rudeza con que los cronistas de la edad meda, narrando algn desacatp de los reyes, exclaman: Et ansi facia justicia en los sus regnos. dictado de brbara. La edad media ha merecido no obstante el

22

HISTORIA CITICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

armas de tales vejaciones y rapias, los vio una y otra vez viliraptores) por sus mispendiados con el ttulo de ladrones (I-^to, mos tiranos *. Pero si abati ante ellos su frente, no perdi Iberia su ardiente patriotismo, y aunque despojada de su antigua cultura, no consinti que fuesen borradas del todo sus primitivas costumbres idiomas; prueba inequvoca de la enrgica vitalidad de su carcter, que debia trasferirse los siglos futuros. Entre la Roma republicana y la nacin ibera no existieron por tanto ms relaciones que las de vencedores y vencidos, seores y esclavos; y tal punto llega la desconfianza de los Padres Conscriptos, que ni aun las colonias, fundadas para asegurar el fruto de tan costosas victorias, gozaron las inmunidades de la ciudadana, siendo muy contadas las que alcanzaron el derecho del Lacio . No era en consecuencia posible que en medio de tantos desastres y calamidades echase desde luego en las Espaas profundas raices la civilizacin romana, odiada naturalmente por los pueblos, quienes sus armas y su poltica yermaban y opriman. Ni fu dado tampoco los conquistadores aspirar tan pura gloria: envueltos en el tumulto del hierro y aguijados siempre por la ambicin, habales faltado tiempo para consagrarse de lleno al cultivo de las artes y de las letras, no consintindoles su constitucin guerrera apartar la vista de sus grandes empresas militares. Slo cuando logran atar su carro triunfante los pueblos del tica, brillan sus ojos en todo su esplendor las sublimes producciones de las letras y de las artes griegas; y satisfechos en parte sus belicosos instintos, comienzan desde entonces emular las glorias de Phidias y de Lisipo, de Pndaro y de Homero. Mas al amanecer aquella edad de oro para las letras y las artes, deba tambin prepararse la gran trasformacion que iba en breve cambiar el aspecto del
2

El nombre de ladrn se dio tambin por historiadores y gegrafos los


XTJO-X;

hroes que, como Viriato y Sertorio, combatieron por la independencia de Espaa. Estrabon dice: Ouis -cto cap. IV). 2 Plinio menciona solamente dos colonias que gozaran el derecho itlico: Ex colonia Accilana Gemellenses, et Libisosona cognomine Foroaugustana, qibus duabus ius Italiae datum (Lib. III, cap. IV).
0'Jpi&^u
[Link]

S e p T u p i i o , etc

(Lib. III,

PARTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

23

mundo: la seora de las gentes, templando la dureza de su antiguo sistema de dominacin, y considerando todas las naciones dignas de la libertad, que antes les habia arrebatado, s.e aprestaba ser madre de todas: el Pueblo Rey, que slo habia pensado en forjar cadenas para sujetar los dems pueblos, se disponia compartir con ellos su gloria y sus derechos. Obra era esta reservada sin duda por la Providencia al Imperio romano, como consecuencia inevitable de su constitucin propiamente monrquica. Desde el instante en que Julio Csar concibi la idea de fundarle sobre los fortsimos cimientos de la Repblica, aquella poltica opresora que devastaba las naciones para dominarlas, empez trocarse en poltica de tolerancia, que despertando en todos los pueblos nobles instintos de cultura, habia de terminar por hacer de Roma la patria comn de todos. Lejos de esclavizar al mundo, aspir el afortunado guerrero, que cenia sus sienes el laurel de cien victorias, merecer el envidiable ttulo de padre de todos los pueblos, derramando sobre ellos los beneficios de la civilizacin hasta entonces avaramente escatimados por la Repblica. La desconfianza y recelo que Roma habia mostrado todas las naciones y aun sus propios hijos, debia necesariamente desaparecer ante aquel noble y elevado pensamiento de Csar; porque encaminndose este la monarqua por la senda de la dictadura, slo en la adhesin, ya que no en el amor, de las naciones que componan el mundo romano, podia establecer el ambicionado Imperio. Para lograr tan alta idea, era menester que los pueblos antes oprimidos contribuyesen en algn modo constituir la gran familia que debia asociarse alrededor de los muros de Roma; y Csar, en cuya mente nace aquel extraordinario proyecto desde el instante en que triunfa de Pompeyo y de sus hijos, no vacila en echar la fructfera semilla en el mismo suelo, antes por l vejado, pero donde habia recogido los ltimos laureles. Humeaban todava los campos de Munda, cuando recibi Espaa claro testimonio de que habia caducado ya el sistema de brbara opresin que aniquil en otro tiempo sus ms poderosas ciudades. las que haban seguido las banderas de Csar en aquellas guerras ms que civiles, daba pues abundantes tierras, libertndolas de los tributos que sobre ellas gravaban; y no contento con fo-

24

HISTORIA

CRTICA DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

mentar sus riquezas, quiso tambin revestirlas de derechos polticos , concediendo unas el de la ciudad y otorgando otras el nombre y privilegio de colonias romanas . Y como ya en su tiempo habian empezado gobernarse algunas poblaciones la manera itlica, no solamente mir con respeto semejante costumbre, sino que le dio tambin el carcter y autoridad de ley, confirmndola pblicamente con su asentimiento. Esta saludable poltica, asi inaugurada por Julio Csar, debia encontrar en Augusto ms amplio desarrollo, produciendo en el terreno de la inteligencia los ms preciosos frutos. Ni despus de sujetada la provincia (escriba el abreviador de Trogo Pompeyo) pudieron recibir las Espaas el yugo, sin que primero Csar Augusto hubiese acabado de domar el mundo, y llevase los espaoles sus armas vencedoras, reduciendo en forma de provincia aquel pueblo brbaro y fiero, trasferido por las leyes un gnero de vida ms culta . No otra fu por cierto la obra de Augusto respecto de la Pennsula Ibrica: la sombra de la paz universal que habia dado al mundo, paz aceptada al fin por los espaoles , no slo comenz dulcificarse la antigua y proverbial aspereza de estos, sino que sorprendidos por la magnificencia de las artes y halagados por la riqueza y brillo de la lite1 2 3

Dion Cassio, lib. XLIII (do lulio Caesare) escriba: ToT? S eovoiv Eoor/.s [l'j
[Link]

ualguna

to ojod'.v

yiopa [Link] -rXiav, iroAi-csav los

TICT, VM

aXAo:?,

/.xo'.-Aoiq T S V 'P(Oij.a/tov vou.?E.3-ai. A

[espaoles]

que tenan

amistad con l, unos dio campos, inmunidades otros, algunos la ciudad y los dems el derecho de apellidarse colonias romanas. En el lib. XLI (de Bello civili), habia dicho ya sobre este punto:
7roXiTsfav aTtajv [Link], riv y.a Sjjj-oe; atpav

Kai

toT? ye
STrsyjJpiotJE.

raSeipsOri Y

cspov

dio

los gaditanos la ciudad romana (ius urbis), donacin que fu despus das mercedes de Csar, llegando hasta el punto de abandonar

ratifl-

cada por el Pueblo. A imitacin de Cdiz obtuvieron otras ciudades sealasus antiguos nombres para lisonjearle. Distinguironse en particular Atubis, que se llam nClaritm lidia; Calahorra, por sobrenombre Nasica, tom tambin el de lulia; Sexi asimismo nluliumn Patricia. 2 3 Justino, lib. X L I V , cap. Y . Floro, libro IY, cap. ltimo. se llam Firmium Iulium; Iliturgi, que es Andjar, respetables Crdoba con el ttulo de Forum Colonia (Mariana, lib. III, cap. XXIII). Algunos historiadores

opinan que desde este tiempo se distingui

PAUTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

25

ratura romana, sintieron ya nacer en sus pechos el noble estmulo de sus pacficas glorias. Mas para recoger todo el fruto que Octavio deseaba, menester era dar las Espaas nueva organizacin, sometindolas de lleno al benfico influjo de las leyes. Aumentronse pues en la Btica, la Lusitania y la Tarraconense los conventos jurdicos, conforme al censo de cada provincia, principal fuente y norma de todo derecho entre los romanos ; y generalizadas al propio tiempo la lengua y la religin del Lacio, adoptronse ya fcilmente sus costumbres pblicas y aun privadas. Pax-Augusta entre los clticos, Augusta-Emrita entre los trdulos, Caesar-Augusta entre los celtiberos, y otras muchas colonias, fundadas pobladas de nuevo por Octavio, recibieron la manera y forma de vida del pueblo romano, llegando hasta el punto de vestir la toga, aun los que eran tenidos por mas feroces inhumanos , segn notaremos en otra ocasin con mayor espacio .
1 2

Y tan grande fu el efecto que esta poltica de tolerancia y proteccin produjo, que bajo el mismo imperio de Augusto compitieron ya no pocas ciudades espaolas con las de Italia en el nmero de caballeros romanos que encerraban dentro de sus muros; excediendo todas la celebrada Cdiz, la cual slo Pdua reconoca superior en este linaje de grandeza . De aquella nobilsima colonia salia Lucio Cornelio Balbo, primer extranjero que ejerci en Roma la dignidad de cnsul (714 de Roma); y natural de ella era tambin su sobrino Cornelio, quien habiendo obtenido el mismo cargo y vencido los garamantas, reciba los honores del triunfo, distincin slo alcanzada antes por los hijos de Italia: su muerte legaba cada ciudadano romano veinticinco denarios, lo cual testifica palmariamente en cunta estima tuvo aquella honra y cuan grandes fueron sus riquezas .
s 4

A este propsito escriba M. Anneo Sneca:

Scnatorium ad gradum

ccnsus ascender facit, census romanorum equitum a plebe diseernit, census in castris ordinem promovet, censu in foro judex legitur (Declamat. lib. II, declamat. I). 2 3 Vase la Ilustracin II, del siguiente volumen. Audivi igitur nostra aetato, censu habito, aliquando censos fuisse

quingentos equitcs gaditanos, quod nullius vel Italiae urbis censi sunt, praeter Palavinam (Tradue. lat. de Estrabon, lib. III). 4 De Lucio C. Balbo dice Plinio : Primus externorum atque etiam in

26

HISTORIA

CRTICA

DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

De esta manera, abiertas en parte los espaoles las puertas de todos los derechos de la ciudadana; amaestrados en el conocimiento de las leyes; posesores ya hasta cierto punto de la lengua latina iniciados en el estudio de aquella majestuosa literatura, acaudalada con los tesoros de Grecia, comenzaron brotar por todas partes sealados ingenios, que ejercitndose en el cultivo dla elocuencia (arma poderossima durante la Repblica, y no despreciable en los primeros dias del Imperio), anunciaron al mundo que no eran ya tan pesadas las cadenas, con que sujetaba Roma la cerviz de los iberos. No otra cosa podia suceder en la nacin, que dotada de tanta vitalidad y energa, aun vencida y humillada, habia dado inequvocos testimonios de la nobleza de su carcter, y que puesta por la Providencia en las regiones meridionales de Europa, encerraba dentro de su seno los ms vigorosos grmenes de vida, siendo poderoso incentivo al desarrollo de la inteligencia, ya la risuea feracidad de sus campos, ya la austera fertilidad de sus valles, ya la templanza y pureza de [Link]. Esta diversidad de accidentes naturales debia influir, influye en efecto poderosamente en la varia ndole de sus ingenios desde el instante en que aspiran tener representacin en el mundo de las letras. Pero la grande obra del Imperio no-termina en el siglo de Augusto: la muerte de tan ilustre guerrero como poltico insigne, slo contaba Espaa corto nmero de colonias, municipios y ciudades latinas, quedando reducidos la mayor parte de sus moradores la condicin de estipendiarios pecheros . Menester era,
1

0ceano genitorum usui illo honore quera, maiores Lati ncgaverunt

(Lib.

V I I , cap. XLII). Dion Cassio, hablando de la magnificencia y riquezade Cornelio, refiere que al morir, leg al pueblo romano veinticinco denarios por cabeza. H aqui sus palabras textuales: KopvnAio zz v, -/.al
jyA TTXOX(O JUXE

BX6o<; ysvsTO
XOU

TaSsipzit; v8pirou<; Spa-

-/.ai [Link] loo-at^ -/.al Swpiiv xot?

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7rspEVEY/.a>v, 1 Segn

Piou-atoi? v

/.ai

Eix.ot7t

7TSASU-(OV

[Link] (Hist. Rom., lib. XLVIII, Triumviri). La primera provincia

el testimonio de Plinio , tenia la Espaa Ulterior cuatro conIn iis coloniae I X , municicon las islas Ba-

ventos jurdicos, siete la Citerior y tres la Lusitania. constaba de ciento sesenta y cinco poblaciones: diaria CXX (Lib. III, cap. III).

pia XVIII; Lati antiquitus donata X X I X ; librtate V I ; foedere III; stinpenLa segunda se compona, leares , de cuatrocientas setenta y tres poblaciones [oppida]: In iis colonias XII,

PAUTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

27

pues, que abriendo los emperadores su mano sobre todos los pueblos, dieran todos la libertad, cual prenda de mutua confianza, mientras aspiraban fundar en aquel ttulo el principal derecho la posesin de la prpura, que iba por desgracia ser en breve disputada por la violencia del hierro. Cayo Claudio, el quinto de los Csares, malogrado sin duda por sus propias torpezas, conceba el generoso pensamiento de otorgar el derecho de la ciudad los griegos, galos, britanos y espaoles : poco tiempo despus conceda Othon varias familias de Sevilla y Mrida sealadas honras y privilegios, hacia los lusones ciudadanos romanos y daba la Btica las ciudades de la Mauritania Tingitana : Yespasiano, cabeza y fundador del noble linaje de los Flavios, otorgaba por ltimo todos los iberos las leyes y franquicias del Lacio, fin de que fuesen tratados como nacidos en aquel mismo suelo .
i 2 3

Llegaba Espaa por este camino ser la primera entre todas las provincias del Imperio, y subia de punto su importancia al asentarse en la silla de los emperadores los espaoles Marco Ulpio Trajano y Elio Adriano, temidos y celebrados ambos, as por las sealadas victorias de sus armas como por los aciertos de su po-

oppida civium romanorum XIII, Latinorum veterum XVIII,

foederatorum cuarenta y

unum, stipendiaria C X X X V (Id. c. IV). La ltima slo contaba des latinas y treinta y seis estipendiaras. d 2

cinco poblaciones de consideracin: cinco colonias, un municipio, tres ciudaSneca deca: Constituerat [Claudius] omnes graecos, gallos, hispaEadem largitione civitatem quoque ae provinciarum nimos aggressus

unos, britannos togatos videre. hispalesibus et emeritensibus familiarum adiectiones, lusonibus universis civitatem romanam Boetieae Maurorum civitate dono dedit (Tcito, Hist., lib. I). 3 Universac Hispaniae Vespasianus, Imperator Augustus, iactatus prolib. III, cap. IV). Este y los decellis Reipublicae Latii ius tribuit (Plinio,

mas hechos ya citados prueban con evidencia, cuando se repara en las circunstancias que en ellos concurren, que iniciada una vez la poltica de proteccin respecto de las provincias del Imperio, domin esta idea en la mente de los Csares, quienes por su inters personal y para contraponer la influencia de dichas provincias la de Roma, se inclinaron tambin fomentarla. El mundo oprimido por la Repblica obtiene la libertad perdida; pero Roma se v obligada abdicar de su absoluto predominio, perdiendo al cabo hasta la iniciativa en el gobierno del Estado.

28

HISTORIA

CRTICA DE

LA LITERATURA

ESPAOLA.

ltica. Pero estaba reservada la gloria de coronar por su cima la grande obra de Csar y de Octaviano Tito Elio Antonino, cuya clemencia y mansedumbre competan con su magnificencia y largueza, dndole el envidiable renombre de Piadoso (Pius). Estas virtudes debieron sin duda moverle restituir de una vez los pueblos avasallados por la Repblica la libertad, de que esta los haba despojado; y llevando cabo tan noble y grandioso pensamiento, dotaba todo el orbe romano de un solo derecho; con lo cual, olvidado el nombre de vencedores y vencidos, y autorizada la alianza, antes vedada, de las familias, era por ltimo apellidada Roma patria comn de las naciones . En las orillas del Ganges y del Nilo, del Istro y del Rhin, del Ebro y del Tajo, de uno otro confn del mundo entonces conocido, se estableca pues aquella suspirada igualdad, que constitua la gran nacionalidad romana, formndose una sola prosapia con la mezclada sangre de tan diversas gentes:
1

'

Sanguino mixto,
3

Tegitur alternis ex gentibus una propago.

Quedaba asi realizada la obra del imperio: la gran misin del pue1 ala orbe romano qui sunt ex constituone Imperatoris Antonini, cives-

romani effecti sunt (Ulpiano, In. Orb., de Statu hominum). Sieut enim A n toninus Piuscognominatus(exquo eliam ad nos appellalio hace perveni), ius Romanae civitatos prius ab uno quoquo subiectorum pctitum, et taliter ex his, qui vaeantur peregrini ad Romanara ingcnuitatem deducens, hoe ille m nibus in commune subieclis lib. IX). 2 El espaol Aurelio Clemente Prudencio, uno de los primeros y ms esclarecidos poetas que produce el cristianismo, y cuyas obras procuraremos examinar en lugar oportuno, trazaba en su Epstola ad Simacum del siguiente modo este maravilloso cuadro, antes de prortimpir en la brillante exclamacin que dejamos transcrita:
Ianc f r e n a t u m s rabicni DcuSj undique gentes

donavit (Justiniano,

ley V ,

tt.

XVIII,

Inclinare caput docuit sub legibus Romanosque Quos Tagus omnes fieri, q u o s

iisdeni, et Ister; Iberus, quos

Rlienus,

aurifluus, quos quos

magnus nter

inundal et

Coruiger

Hesperidum

labitur, ostia

G a n g e s alit tepidique Ius fecit c o m m u n e ct d o m i o s

lavant septem ct n o m i n e in vincla

Nili,

pares, fraterna

eodcm redegit.

Kexuit

PARTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

29

blo romano se habia por tanto cumplido, instituida ya la unidad poltica del antiguo mundo, y prorumpiendo las naciones en unnime aplauso, se dirigan Roma, consignando su gratitud en estas sublimes palabras:
Urbem fecisli, quae prius Orbis erat.
1

Sorprendente espectculo el que ofrece la historia de aquel pueblo: nacida la Repblica para avasallar las naciones, slo pens en forjar cadenas con que sujetarlas: depositario el Imperio de la civilizacin del mundo antiguo, procur difundirla sobre todos los pueblos. Mostrse la Repblica por esta causa avara de sus libertades; y mirando con ojos suspicaces todos los hombres, les neg con una mano la participacin en sus derechos, y aherrojndolos con otra, los contuvo larga distancia de su seno: dando todos los pueblos la ciudad, los recibi el Imperio por el contrario con igual predileccin dentro de los muros de Roma. Mas por efecto natural de esta poltica de los Csares, al paso que se extienden por todo el orbe los fueros de la ciudadana, pierde la metrpoli su antigua preponderancia en el Estado, iniciada ya su decadencia, se precipita lastimosamente aquella corrupcin y espantosa ruina, que debia llenar de luto todas las regiones. Tenia echadas, sin embargo, la civilizacin romana tan profundas raices en todos los pueblos, que es del todo imposible dar un paso en el estudio de la historia de las letras y de las artes, sin tropezar con las portentosas ruinas del Imperio. H aqu, pues, lo que sucede con la literatura espaola: sus verdaderos orgenes arrancan de aquel grande acontecimiento, porque slo bajo el manto de los Csares despiertan los ingenios espaoles, para imprimir el sello especial de su carcter la literatura de los Horacios y Virgilios; y porque slo desde aquel instante existen mo1 rial:
Fecisti patrian] diversis gentibus Profuit iniustis, Dumque Urbem offers unam, te d o m i n a n t e , c a p i . victis proprii consortia Orbis erat. iuris,

Claudio Rutilio Numiciano, que florece principios del siglo V de la

Iglesia, exclamaba en efecto, al recordar la grande obra d l a Roma Impe-

fecisli,

quae prius

(Ed. de Amsterdam, 1687.)

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HISTORIA CRITICA DE LA LITERATURA ESPAOLA.

numentos que se trasmiten las generaciones futuras, sin que sea posible dudar de su autenticidad, universalmente reconocida. Ni sea esto [Link] antes de la era de Augusto no diesen ya los espaoles muestras de su claro talento: aun cuando careciramos del testimonio antes citado de Estrabon, relativo los antiguos iberos [ToupSsravoi], y dado que pudiera negarse en aquellas remotas edades la existencia de los cantos populares, congnitos todas las naciones primitivas, bastara el dicho de Marco Tulio para reconocer los esfuerzos de nuestros compatriotas en el cultivo de la poesa, ensayado tambin el de la elocuencia latina, aun bajo el yugo de la Repblica. Celebrada es en la de las letras la oracin Pro Archi, en que aquel padre de la elocuencia menciona los vates llevados de Espaa en 682 la capital del mundo por Mtelo Pi, muerto ya Ser torio, quien intentando establecer su imperio en el nimo de los celtiberos, habia fundado en Huesca un gimnasio, fin de iniciarlos en el cultivo de las ciencias y las letras, amansando sus rudas costumbres. Aquellos poetas, nacidos en Crdoba, discpulos tal vez del afamado Asclepiades Mirleano , y cuyos cantos deleitaban los oidos de Mtelo, eran tildados de toscos y groseros por Cicern, no tanto causa de su inexperiencia en el uso de la lengua latina, cuanto por su particular manera de expresarse, y ms que todo por la peregrina flexin y acento que la recitacin daban. Pero este modo de juzgar los poetas de Crdoba, al propio tiempo que ofrece clara idea de su enrgica nacionalidad, no puede parecer extrao en una metrpoli, donde el prncipe de los historiadores latinos fu objeto de frecuentes censuras, reprobados por los eruditos los provincialismos que matizan su estilo y lenguaje, defectos que difl

Entre los

gramticos que se habian consagrado la enseanza en las

regiones de la Btica, tiene Asclepiades lugar sealado, no slo como tal maestro, sino tambin como escritor de las cosas de los turdetanos. Estrabon, citndole al lado de Posidonio y Artemidoro, decia: Kcti AcrxXrima8ir)<;
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xSsotuxtb xtbv laTi). Y Asclepiades Mirleano que ense luz una descripcin de las gentes que

o gramtica en la Turdetania y dio

moraban en estas regiones (Lib. III, cap. IY). Mirleano es pues digno de figurar bajo doble concepto en la historia de la civilizacin espaola.

PAUTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

31

cilmente logra ahora quilatar la crtica. Las poesas de aquellos vates no han llegado, sin embargo, nuestra edad, como la obra inmortal de Tito Livio, quien motejaron los doctos con ttulo de Patavino, y sus nombres, no revelados por Cicern, yacen por desgracia en el olvido ms profundo . Consta, sin embargo, y no puede menos de llamar la atencin de la crtica, porque explica en cierto modo el cambio que comenzaba ya verificarse en el mundo y la prodigiosa rapidez con que este cambio produjo en Espaa su natural efecto, que pocos aos adelante, no slo enseaban en Roma las letras humanas con grande aplauso los oradores y gramticos nacidos en la Pennsula Ibrica , sino que vencan tambin en fogosidad y elocuencia los ms celebrados de toda Italia. Grande era el nmero de los que en aquella primera edad del ingenio espaol florecieron: distinguase entre todos el cordobs Porcio Latron, ((primer profesor de esclarecido nombre, segn le apellid Quintiliano, y aclaro entre los maestros de hablar, conforme al testimonio de Plinio . Dotado
i 2 3

Acaso pudiramos suponer con algn fundamento que era uno de es-

tos poetas el cordobs Sextilio Hena, insigne declamador coetneo de Tulio, cuya muerte lament en un pattico discurso, que empezaba con este verso:
Deflendus Cicero est, Latiaeque silentia linguae,

(Suasoria

V).

Su compatriota Marco Anneo Sneca, que le cita entre los antiguos oradores, hace de l el siguiente juicio : Sextilio Hena, dice, fu hombre ms inBgenioso que erudito: poeta desigual, y en algunos lugares tal como dice Ciceron de los vates cordobeses, pingue qudam sonantes alque peregrinum. No creemos por tanto fuera de propsito el contar Sextilio Hena entre los poetas predilectos de Mtelo, atendiendo la edad en que vive y al carcter de sus escritos, revelado por Sneca: debemos notar al mismo tiempo que alcanz la grande escuela do los oradores romanos , teniendo estrecha amistad con Msala Corvino, Cornelio Severo y otros sealados varones, que ron en los ltimos dias de la Repblica. 2 Debe advertirse, que bajo el nombre de Grammatica se comprenda grammaticis poetarum pertraclatio, historiarum cognitio, A estas tambin el conocimiento de la poesa y de la historia. Cicern decia este propsito : In verborum interpretatio, pronuntiandi qudam sonus (De Oratore). de que vamos tratando. 3 Primus clari nominis profesor fuit (De Instit. orat., lib. X , cap. V ) ; Clarus inter magistros dicendi (Natur. Hist., lib. X X , cap. LVII). florecie-

partes de las letras humanas se habia unido tambin la retrica, en la poca

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HISTORIA CRTICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

de exquisita sensibilidad y extraordinaria facundia, si bien se neg al estudio de la literatura griega, que tanta influencia ejerca la-sazn en la romana, excedi los declamadores y oradores que ms alta fama alcanzaban en la capital del mundo. Los celebrados Asinio Polion y Msala Corvino, Aurelio Fusco y Albucio Silon no vacilaron en reconocer la supremaca de su talento, insigne gloria que le adjudica Marco Anneo Sneca, cuya grande erudicin y diligencia debe hoy la crtica la memoria y apreciacin de aquel ingenio. Yeamos el acabado-retrato, que hace de l en sus Controversias : Con frecuencia (decia Marco nneo sus hijos) me ver obligado refrescar la memoria de mi carsimo colega Porcio Latron, y mencionar complacido la amistad verdadera que me lig con l desde su ms tierna edad hasta su muerte. Porque fu el varn ms grave, ms jovial y ms elocuente de su singlo: quien ms se enseore de su ingenio y le dej correr ms libremente, por no poder refrenarse, ni menos suspender sus c o menzados estudios, ni repasar lo ya una vez estudiado... Era su voz gruesa y muy spera en el decir, por no curarse de educarla, ni modularla convenientemente por grados para elevarse del nfuno al ms sublime tono, descender de este al ms bajo; si~ guiendo as el estilo y costumbre de los espaoles, que en todas partes quieren vivir su manera... Tenia feliz memoria y grande arte para conservarla: nunca leia dos veces las oraciones, que habia de recitar, porque las aprenda al escribirlas; y era lo ms digno de admiracin que escriba con la misma velocidad que hablaba. A tanto lleg su retentiva, que sin olvidar una palabra, repeta cuantas declamaciones habia compuesto: ni hubo menest e r de apuntamientos, pues decia que l escribia en su mente. Mostrbase tan instruido en la historia que, cuando le nombraban algn personaje de importancia, referia luego todos los hechos de su vida. Emple toda la suya en el nico ejercicio de las declamaciones: era su estilo conciso y nervioso, porque teniendo especial predileccin las sentencias, no gustaba de llenar la oracion de figuras, ni apartarse del sentido propio y natural, sin necesidad absoluta; fundndose en que no se haban inventado las
l 1

In praefatione

/.

PAUTE

I,

CAP.

I.

PRIMEROS

INGENIOS

ESPAOLES.

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figuras para adorno, sino para decir al pueblo disfrazadamente lo que le pudiera ofender, dicho las claras. Yeia como reprensible extravo el expresar por medio de rodeos lo que debia exponerse derechamente; y siendo grande la sutileza de sus conceptos, la ocultaba con tal artificio que llegaron algunos dudar si careca de ella, aunque declamaba con valenta... Jams consinti que sus discpulos oyentes declamasen en su presencia; porque decia que l no era maestro sino dechado, y que los oyentes no deban aspirar ser oidos sino oir. Tanta era su elocuencia, que cierto dia en que nuestro preceptor Marilio, retrico nada vulgar aunque rido en el decir, exclam atribuyendo su propia aridez la ndole de la controversia que propona: Forzoso me es llevar los pies en el aire, andando por lugares espinosos, respondi Porcio: No son tus pies los que huellan espinas, sino los que las tienen; ilustr al punto aquella controversia con el colorido, adornos y sentencias de que antes careca .
l

Tal es el juicio de Porcio Latron, que debe la posteridad al noble celo de Marco nneo Sneca. Su influencia en la tribuna fu de tanto efecto como grande el nmero de sus discpulos: entre los que se preciaban de seguir de cerca sus huellas, lograron mayor estima Abrono Silon, Floro, Sparso y Publio Ovidio Nason, quien brillando ya como poeta, pretenda alcanzar nuevos laureles en el arte declamatoria. tal punto llegaba la fama de Porcio, y tal era el entusiasmo de sus admiradores, que no solamente le imitaron hasta en sus defectos, sino que intentaron tambin contrahacer su amarillez habitual, creyendo de este modo alcanzar las altas dotes con que le habia enriquecido la naturaleza .
2

Tanto en este como en los domas pasajes que traducimos de los escri-

tores latinos, sobre consultar las ms celebradas versiones que de ellos se han hecho en lengua castellana, hemos procurado conservar el carcter del estilo de cada autor, fin de dar conocer ms fcilmente la ndole peculiar de su ingenio. Esto en cuanto los pasajes en prosa: respecto los escritos en verso, hemos juzgado conveniente trasmitirlos en su propia y primitiva lengua, porque no es posible ensayar su traduccin, sin que desaparezcan en su mayor parto las bellezas do forma, tan esenciales en cada idioma la manifestacin potica. 2 Segn testifica Plinio (lib. X X , c. LYII cit.), no solamente le imitaI. 3 TMO

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HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

Pocas son por desgracia y no completas las obras de este cordobs ilustre, que lian llegado hasta nosotros: slo la gran solicitud de Marco nneo son debidos algunos fragmentos de sus Declamaciones, insertos en las Suasorias y Controversias, donde vemos confirmado el juicio de Sneca, resaltando en todos ellos cierta aspereza y excesiva fuerza de expresin, hijas sin duda del vigoroso y libre espritu de Porcio. Pero esta circunstancia, que pasara acaso inapercibida respecto de otros oradores latinos, debe tenerse muy presente, cuando se trata de ingenios espaoles: aquella ostentacin de indomable independencia, aquella nativa altivez, que tild sin duda Cicern en los poetas de Mtelo, y que se descubren tambin en estos primeros cultivadores de las letras latinas, consecuencia legtima son del carcter nacional; y no solamente darn vida y color todas las producciones de nuestros poetas bajo el imperio de los Csares, sino que dominando exclusivamente la musa espaola, van infundir nuevo ser la poesa decadente de Roma. li aqu por qu los fragmentos de las Declamaciones de Porcio tienen nuestra vista ms subido precio del que en otro caso pudiramos atribuirles; y sin embargo justo es observar que este ilustre orador procuraba seguir las brillantes huellas de los grandes tribunos romanos, cuya escuela estaba destinada desaparecer con la [Link] Latron tuvo el sentimiento de presenciar esta catstrofe de la elocuencia, pasando de esta vida el ao 750 de la fundacin de Roma, cuando contaba 55 de su edad, aquejado de una dolencia harto penosa, que le puso en el terrible trance de cortar el hilo de sus dias .
i

ban en el estilo, la accin y el g-esto, sino que empleaban tambin cierta nociva pocin de cominos para lograr la palidez excesiva de su rostro. Esto prueba hasta qu punto se habia hecho clebre M. Porcio Latron, y demuestra cuan grande era la extravagancia de sus imitadores. 1 Ao 40 de la Erado Augusto. La enfermedad que padeca, segn se lee en AChronicon de Ensebio (Olimp. CXGIV), eran cuartanas dobles, que le atormentaban sin tregua ; siendo digno de notarse en la resolucin, que toma Porcio, para librarse de ellas, la semejanza que hasta en esto tiene con los principales ingenios espaoles de esta remota edad. El hombre de espritu fuerte y de levantado entendimiento, cedia pobre y miserablemente los padecimientos corporales; y para ponerles trmino, apelaba al suicidio, que la doctrina estoica

PARTE I ,

CAP.

I.

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No alcanz por cierto menor nombradla entre los oradores romanos Junio Galion, cordobs tambin, y como Porcio, singular amigo de M. nneo Sneca *. Mencinale este en las Suasorias y Controversias, y tributndole largos elogios, pondera la profundidad y agudeza de su talento, exponiendo sus oportunos dichos y saludables sentencias. Llevado sin duda del afecto entraable que le profesaba, llega declararle digno de la palma, comparndole con los ms hbiles declamadores, y aun ponindole en competencia con Porcio. Sin duda Galion debia poseer grandes dotes oratorias, cuando dems de las alabanzas de Sneca, mereci tambin las de otros escritores no menos clebres, con quienes no le unian estrechos vnculos: llamle Publio Papinio Estacio, que floreci en la corte de Domiciano, fines ya del primer siglo de la Iglesia, dulce entre los cordobeses ilustres: concedile Quintiliano blandura en el decir, cualidad que hubo de llevar al extremo, cayendo sin duda en tan reprensible amaneramiento, que aquel respetado crtico se vio al cabo obligado tildarle de floxo . Este defecto condenaba tambin el profundo Tcito, declarando que si perdido aquel gnero bonsimo y muy perfecto de elocuencia [el de los Hortensios y Cicerones] hubiera de elegirse manera de orar, quisiera mejor que los rodeos de Mecenas las suavidades de Galion, el mpetu de C. Graco, la pesadez de L.. Graso .
3 3

iba ya poniendo de moda. Ms adelante veremos Lucio Anneo Sneca y Lucano, aunque por diferente via y en distinta situacin, manifestar las mismas deas y sentimientos. 1 Tan entraable y tierna fu la amistad de estos dos ingenios cordobeses que Junio Galion no vacil en adoptar por hijo suyo Novato, que lo era de Marco [Link] aqu provino el que, tomando el joven el nombre do Galion, fuera Junio apellidado constantemente Pater Gallio, segn Quintiliano nos ensea. 2 3 Lib. IX, cap.'ll. De Orator'ms sive de caussis corruplae eloqueniae. Este dilogo ha si-

do atribuido por respetables crticos, ya Quintiliano, ya Suetonio. Sin embargo, siguiendo nosotros la autoridad de los antiguos cdices, atendiendo las frecuentes alusiones que hace sus coetneos, al nervio y vigor de su estilo, la profundidad de los pensamientos que en todo este libro resaltan, y siendo esta misma la opinin general de los crticos modernos, no hemos titubeado en designar Tcito como autor de este elocuentsimo tratado.

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CRITICA DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

Notable es por cierto encontrar en este orador de Crdoba tan peregrinos caracteres,.desemejantes de todo punto de los que brillan en sus compatriotas, formando singular contraste con la aspereza y vehemencia de Porcio, quien disputaba la gloria del triunfo. Mas esta desemejanza no se funda tanto en la diversidad de las facultades intelectuales de ambos declamadores como en su diferente educacin literaria. Mientras se niega Porcio al estudio de los griegos, Julio Galion, admirador decidido de aquella literatura , se consagra de lleno imitarla; y deseando evitar los defectos de sus conciudadanos y la censura de los eruditos, cae en el extremo contrario, llegando sin duda aparecer inspido, fuerza de ser atildado y meloso. Para autorizar este egemplo y dar la clave de sus Oraciones, escriba despus un tratado de Retrica , obra citada por Quintiliano *, la cual no ha logrado trasmitirse nuestros dias. Mas pesar de su empeo, fu este libro de poca influencia en la suerte de las letras, no teniendo sus Declamaciones mejor fortuna: sin la diligencia de Marco nneo, que recogi en las obras ya citadas algunos fragmentos, sentencias y dichos agudos de Galion, slo conocera la posteridad el nombre de este espaol ilustre, tan celebrado por sus coetneos . Igual desgracia tendra acaso Turrino Clodio, amigo y compatriota de Porcio Latron, quien, segn afirma Sneca, dedic alguna de sus oraciones. Llevado de la comn corriente, daba Turrino la preferencia al estudio de los clsicos griegos; y aunque no perdi del todo, como Junio Galion, el amor la independencia y ruda energa de los cordobeses, mostrse inclinado la imitacin, apartndose en esta forma del sistema inaugurado por el discpulo de Marilio-. Faltbanle las altas dotes, que en este resplandecan , condicin que le obligaba de continuo evitar aquellas solemnes pruebas de que salia acrisolada la fama de los grandes oradores ; y sin embargo, apoyado su talento en el estudio, lograba
2

1 2

De Insitutione oratoria, lib. III, cap. I. Los principales fragmentos, dichos y sentencias de Galion se hallan en
a

la Controversia IX. Anneo.

del libro II y en la Suasoria Ili.*, no siu que brillen

tambin los aciertos de su ingenio en otros pasajes de la compilacin de Marco

PARTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

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la estimacin de sus coetneos, mereciendo ser retratado por la pluma de Marco nneo con estos significativos rasgos: ((Jams se "aventuraba (escribe) ilustrar casos arduos y no sucedidos, ni declamar de repente y sin prevencin alguna, como solia hacerlo el mismo Porcio. Y no por falta de ingenio ni de erudic i n ; sino por su madurez excesiva, pues que ninguno proponia las causas con mayor tino, ni habia quien respondiese ellas con tanta solidez y acierto. Y aunque por seguir las huellas de Apolodoro, quien respetaba como nico modelo de oradores, tenia perdido algo de su natural vigor y energa, conservaba aun lo necesario, hacindose por su elocuencia acreedor los bienes de fortuna y la dignidad que habia alcanzado en las Espaas . Turrino Clodio, cuya gloria como cultivador de la tribuna, heredaba un hijo suyo del mismo nombre, era tan estimado de Julio Csar, que al penetrar este caudillo por ltima vez en las regiones de la Btica al frente de sus victoriosas legiones, le honraba hospedndose en su propia morada, distinguiendo as no tanto lo ilustre de su extirpe como su reconocido talento. No olvidemos al recordar esta memorable distincin, que era Csar uno de los prncipes de la elocuencia romana. No tan sealados como los declamadores referidos, aunque dignos tambin de estima, fueron Cornelio Hispano y Yictor Estatorio, comprendidos ambos por Sneca en la brillante galera de oradores latinos, que constituye sus Controversias y Suasorias. Hse dudado sin razn de la patria del primero, cuyas producciones, calificadas de ptimas por los antiguos gramticos, merecen, aun conocidas slo por los fragmentos que cita Marco .nneo, el aprecio de los doctos . Mas no puede abrigarse la mis1 2

1 2

In praefatione

V'.

Controversiarum.

Despus de publicados los trabajos de Ambrosio de Morales (Crnica

general de Espaa, lib. V I , cap. 6), y de Alfonso Garca Matamoros (De asserenda Hisp. eruditione, pg. 13), no pareca posible poner en tela de juicio la veracidad de Marco nneo, quien le apellida siempre espaol. Don Nicols Antonio (Bibliolh. Vet., t. I, lib. I, cap. 3) vacila sin embargo, sobre si lo fu de origen de nacimiento, conducta que siguieron los PP. Moliedanos, manifestando la misma duda. Nosotros, decan, dejaremos sin decidir esta conlroversia: y por la misma causa no extractaremos de Sneca todos los pasa-

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ESPAOLA.

ma duda respecto de Vctor Estatorio, quien designa Sneca con el nombre de paisano, denotando as que era tambin natural de Crdoba. Tampoco le tributa los elogios que prodiga Cornelio; y sin embargo reconoce ms de una vez sus claras dotes oratorias , bien que condenando con el duro epteto de necias algunas de sus mximas, sentencias y doctrinas. Ms ilustres y afortunados, tanto por el brillo de su cuna como por su talento, ocupan en la historia literaria de nuestra patria puesto distinguido los gaditanos Balbos, de quienes hablamos arriba bajo el aspecto de la poltica. Sealados ambos por su valor, y levantados por sus virtudes los ms altos puestos de la Repblica , hubieron menester de la oratoria para conservar su prestigio y reputacin con el Pueblo Romano. Ambos brillaron pues en la tribuna durante aquella edad de turbulencias y civiles discordias, vindose ambos obligados tomar parte en las revueltas de Csar y Pompyo. Honrado primero por este con los derechos de la ciudadania (682 de Roma), pele Lucio Cornelio, el tio, contra Ser torio hasta lograr su exterminio: halagado despus por Csar, no solamente desempe en su ejrcito el cargo de Ingeniero general , sino que vencidos ya los pompeyanos, gobern Roma durante la ausencia de tan afortunado guerrero. Y no alcanz en el nimo de Csar menor valimiento Balbo, el sobrino: enemigo incansable de los pompeyanos, hubo de prestar en aquellas tenaces guerras tales servicios que obtuvo en pago el proi

jes que trae de Cornelio Hispano, aunque muchos son excelentes

(Hist.

liler. de Espaa, t. V , pg'. 444). Pero estos eruditos, intentando apurar demasiado, perdieron de vista la costumbre seguida de los romanos, que hubo de amoldarse Cornelio, quien us por antonomasia el nombre de Hispano, diferencindose en esta manera de otros dos Cornelios que , como l, cultivaban el arle declamatoria. Igual duda se ha manifestado respecto de Turanio Grcula, quien Alberto Fabricio d el nombre de Turannius Gracilis Hispanus (Biblioth. Iat.,\. I, pg. 499), siendo tenido por declamador y escritor geogrfico. En este concepto le cit Plinio (In praef. lib. III, Nat. Hist.), y en el mismo le pone don Nicols Antonio entre los escritores espaoles (pg. 5 del tomo I de la Biblioth. Vetus). Pero no se conserva completa (que nosotros sepamos) ninguna de sus obras, debiendo notarse que no le cita M. Anneo Sneca entre los [Link] Espaa. i Magiscr fabrun vel fabrorum.

PARTE I ,

CAP.

I.

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consulado de frica y ms adelante el Pontificado Mximo, honra slo concedida eminentes [Link] Gornelio, el mayor, que adopt el sobrenombre de Theophanes, estrech amistad con los ms insignes repblicos de su tiempo, contndose entre ellos los oradores L. Crasso y Marco Tulio Cicern, con quien sostuvo ntima correspondencia. Dems de los discursos por l pronunciados, se le seala como autor de una obra histrica que tenia por objeto el referir las hazaas de Julio Csar, con el ttulo de Ephemerides: atribuyesele igualmente otro libro filosfico destinado tratar de las Lustraciones ritos gentlicos. Pero ni una ni otra produccin han llegado nuestros dias, y slo conocemos de entrambos Balbos las cartas dirigidas Cicern por Lucio Gornelio el mayor, en el ao 70o de Roma. Estas epstolas bastan no obstante para revelar el buen gusto de Lucio Cornelio, y su facilidad en el manejo de la lengua latina . Lstima es que no poseamos otras obras de estos dos esclarecidos espaoles, que tanto ilustraron las armas y la tribuna en los ltimos dias de la Repblica. Espectador tambin de su catstrofe fu el espaol Cayo Julio Hygino, liberto de Augusto y prefecto de la biblioteca palatina, donde, segn afirma Suetonio Tranquilo, daba su esseanza " . Discpulo predilecto de Cornelio Alejandrino, gramtico griego que por su grande erudicin habia merecido el renombre de Polihistor, sigui con tanto provecho sus lecciones que logr heredar, con su ciencia, el honroso ttulo que Cornelio ennoblecia. Acariciado en Roma por Augusto y distinguido con la amistad de los ms cultos ingenios, entre quienes am tiernamente al poeta Publio Ovidio y al cnsul historiador C. Licinio, no slo alcanz en aquel siglo (llamado con razn de oro para la literatura romana) ser estimado por su doctrina, sino que lleg ser considerado como un orculo en cuan tos. estudios se referan las antigedades.
l 2

Tradujronlas al castellano y publicronlas con los originales los Pa-

dres Mondanos en la pg-ina 240 y siguientes del tomo 1Y de su Historia literaria. 2 De Illuslribus graminaticis, n. X X .

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HISTORIA

CRtTICA

DE

LA

LITERATURA

ESPAOLA.

Del mismo respeto participaron sin duda los eruditos de los siglos XVI y XVII, tanto nacionales como extranjeros; siendo las obras, que en aquella edad se atribuyeron Cayo Julio Hygino, objeto de largas intrincadas controversias.. Repugnaba unos crticos la poca pureza y elegancia de muchas frases y palabras empleadas por Ilygino, vuelta de otros giros y voces elegantes y castizas; todo lo cual desdeca grandemente de la cultura de la edad, en que habia florecido: afanbanse otros por demostrar que no eran semejantes faltas motivo bastante rechazar, como apcrifas, las producciones que llevaban su nombre, debiendo culparse ms bien los copiantes de la edad media y aun los primeros editores de la desigualdad de su estilo y de la impropiedad y desquiciamiento de muchas de sus frases . Tomaron parte en esta contienda, ya en el pasado siglo, los autores de la Historia literaria de Espaa; y haciendo gala de su erudicin nada comn, procuraron con salvedades y reservas no comprometer de lleno su opinin, bien que inclinndose al cabo al parecer de los que no admitan, como obras de Hygino, las que ofendan la pureza clsica . Prescindiendo nosotros de estas disquisiciones en que han roto sin fruto las puntas de su ingenio tantos eruditos, nos limitaremos mencionar aqu las obras por todos los crticos aceptadas, como producciones del espaol Cayo Julio. Divdense estas en histricas, filosficas, cientficas y literarias: las histricas corresponden el libro De vita rebusque illuslrium virorum, el De Urbibus, en que trata muy especialmente de las ciudades de Italia,
1 2

Entre los

ilustradores del espaol Hygino merecen especial mencin

Juan Schcfferro y Tomas Muncrero, quienes procuraron fijar de un modo terminante la edad en que vivi y las obras que produjo, dando conocer su estilo. Despus de las tareas de estos doctos extranjeros no era ya posible dudar de que ni deben atribuirse Hygino todos los defectos de lenguaje sealados por los dems retricos, ni es tampoco responsable de las palabras brbaras que se notan, pues que el primer editor Micilo us de un cdice deteriorado incompleto, supliendo y enmendando lo que no entendi en el mismo c dice faltaba. Esto con relacin al Lber fabularum,, sobre que principalmente habian contendido los eruditos. 2 Tomo V , trat. X I V , pg. 233 y siguientes.

PARTE I ,

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y el de Familiis troyanis; producciones todas, donde pretendi hacer prueba de sus no vulgares estudios arqueolgicos. Dos son las obras en que se mostr como filsofo: la primera encaminada a reconocer las cualidades de los dioses, con el titulo Deproprietatibus deorum; la segunda determinar esas mismas propiedades respecto de los penates, con el nombre De penatibus. Dado al estudio de las ciencias naturales, escribi un largo tratado De Agricultura, aumentndolo con otros cuatro libros destinados ilustrar importantes y anlogas materias: trataba el primero de las abejas; el segundo de los cuadrpedos; el tercero de las aves, y el cuarto finalmente de los insectos voltiles. De esta obra, que algunos han creido ser cinco distintas producciones, se valieron Plinio y el espaol Columela para escribir, el primero su Naturalis Historia, y el segundo su tratado De Re rustica. Las literarias, debidas la pluma de Hygino, son: el Libro d las fbidas ; los Comentarios Virgilio , y el Propmptico de Cinna ; escritos todos en que, segn advierte l mismo, tuvo presentes los ms doctos autores. Manifestaba en el Libro de las fbidas (que estimul sin duda Ovidio para componer los Metamorphoseos) sus grandes conocimientos en la poesia y literatura griega, y revelaba en los comentarios la justa veneracin que le inspiraba el vate de Mantua, quien habra tal vez pasado ya de esta vida cuando rindi Hygino su inmortal ingenio tan noble tributo.
1 a 3

Acaso pudiramos decir de este espaol, quien hace el docto Luis Yives natural de Valencia' , lo contrario de lo que es4

Sobro ol Libro de las-fbulas (Lber Fabularum) debe consultarse lo que

escriben los Mondanos, pg. 155 y siguientes del tomo V de su Historia literaria, rectificando algunos errores de don Nicols Antonio y de los que le han seguido. Sin embargo, no aceptamos la deduccin final que hacen, negando que esta obra sea fruto del espaol Hygino. 2 Commentaria in Virgilium: ctalos ya en la antigedad Aulo Gelio, lib. I, cap. 2 1 , y lib. X V I , cap. VI de sus Noctes Alticae, y mencinalos tambin Macrobio, lib. V I , cap. IX De Nugis Curialium. 3 4 IIpoTT[j.T:txv Cinnae. Extrctalo Carisio en sus Institutiones gramati[Virgilium] cales, pg. 4. C. Iulius Hyginus conterranus meus commentaria in eum scripsit qui fuit eius pene aequalis (Pref. las Gergicas ele Virgilio, Basi-

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LITERATURA

ESPAOLA.

cribia Marco Alineo Sneca del cordobs Sextilio Hena, asegurando que fu hombre ms erudito que ingenioso; pues no otra cosa se deduce del examen de las obras citadas, donde bajo el aspecto del estilo resaltan sin embargo los mismos defectos que caracterizan las producciones de aquellos nuestros primeros cultivadores de las letras latinas. Hygino, que tan merecida fama logr por sus casi universales conocimientos, y que tuvo por discpulos en la capital del mundo los ms distinguidos jvenes patricios, despus de haber alcanzado tantas honras, muri en suma pobreza, libertndole de caer en completa indigencia la liberalidad del cnsul C. Licinio, quien le ministr el sustento necesario en los ltimos dias de su vida Prncipe de los declamadores romanos llaman unos crticos Marco nneo Sneca: corruptor de la elocuencia y literatura latina le apellidan otros. Dos tomos emplearon los autores de la Historia literaria de Espaa para vindicarle de las acusaciones de escritores extranjeros, entre quienes se lleg sin fundamento alguno poner en duda su existencia. Dile en el mismo siglo lugar distinguido en su Saggio Strieo el abate Lampillas; y habanle ya colmado de elogios en los anteriores el erudito Comendador griego y otros no menos ilustrados humanistas : dis2 3

lea, 1555). Esta opinin de Vives sigui Ximeno en su Biblioteca de los escritores del reino de Valencia (tomo I, voz Hyginio; Valencia, 1747). 1 De notar es aqu, dems de lo que dejamos advertido sobre las ediciones de las obras de Hygino, que ninguno de los colectores modernos de los clsicos le ha comprendido entre los escritores de la buena latinidad, mientras lo han hecho con otros autores de poca ms cercana y de menos i m portancia, bajo muchos [Link] razn que los ha movido ignoramos; pero tenemos por injusto un despojo tanto ms notable cuanto que en algunas de las indicadas colecciones, tales como la de Tauchnitz, so incluyen escritores del siglo XVI que estn muy distantes, aun como hablistas, del espaol Cayo Julio Hygind. 2 3 Tomo I, Disertacin 11. , IV y siguiente.
a

Entre otros varios apologistas de M. Anneo Sneca debemos citar con

preferencia los espaoles Antonio de Cobarrubias, Pedro Chacn, don A n tonio Agustn y el erudito don Juan Bautista Prez, bien reputados todos ellos en la repblica literaria. Notaremos sin embargo, que casi todos estos escritores le han considerado principalmente bajo el aspecto de la forma oratoria.

PARTE 1,

CAP. I .

PRIMEROS

INGENIOS ESPAOLES.

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tinguise entre torios el diligente don Nicols Antonio, quien logr desvanecer no pocos errores de los eruditos, ya relativos la vida, ya las obras de Marco nneo Sneca . Grandes han sido pues las disputas, mezcladas de vituperios y alabanzas, que han dado aquellas origen; pero ha llegado la crtica considerar cuestin tan importante para nuestra literatura, bajo su verdadero aspecto?... No iramos por cierto fuera de camino, si asentramos que se ha perdido lastimosamente de vista lo que Marco nneo representa, respecto de la tribuna y literatura romana, bien que se hayan hecho acaso ligeras indicaciones sobre este punto. Para quilatar el mrito de tan respetable orador, necesario es que recordemos algunas circunstancias de su vida, trasmitidas la posteridad por su propia pluma. Naci Marco nneo Sneca en Crdoba por los aos 69o de la fundacin de Roma: de familia ilustre, que se contaba en el orden de los caballeros, cuidaron sus padres de educarle esmeradamente, estimulados tambin por las esperanzas de su ingenio. Aplacado ya el furor d las guerras civiles, llevronle Roma, cuando apenas contaba diez y siete aos: procur all perfeccionarse en el estudio de la elocuencia, y acompaado de su tierno amigo y compatriota, Porcio Latron, sigui las huellas deMarilio, quien entrambos eclipsaron. Fueron los ms celebrados oradores romanos objeto preferente de la juventud de Sneca: dotado de memoria tan prodigiosa que llegaba repetir dos mil nombres en el orden con que eran pronunciados, y decia uno por uno los versos que recitaban los que asistian con l al aula de Marilio , atesor en su mente cuantas oraciones pudo oir de los ms renombrados tribunos. Treinta y siete aos permaneci en Roma entregado estos estudios, restituyndose en el de 748 su patria, donde se despos con Helvia, dama tambin de ilustre nacimiento iniciada, como l, en el cultivo de la literatura. Fruto de este matrimonio fueron nneo Novato, Lucio nneo Sneca y nneo Mela; y deseando Marco darles educacin tan cumplida como su nacimiento convenia, llevlos Roma con su esposa, no salidos toda1 2

Bibliotlieca Velas, t o m o I, c a p . I V .

In praefatione

Coutroversiarum,

te

HISTORIA

CRITICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

via de la infancia. Alcanz all de nuevo grande reputacin, enseando el arte retrica y declamatoria; y cuando ya contaba 72 aos de edad, cediendo los ruegos de sus hijos, emprendi la tarea de recopilar los discursos y sentencias de los oradores, quienes admir en su juventud; discursos y sentencias confiados nicamente su casi milagrosa memoria. Este es, pues, el momento ms solemne de la vida de Marco nneo: durante su juventud se habia empapado en el estudio prctico de los grandes oradores romanos, excepto Cicern, cuyo inspirado acento no le haban dejado escuchar las discordias civiles . Muerto aquel sublime ingenio, comparable slo la grandeza de la Repblica romana, apagadas una una las lumbreras del foro, apenas encontr Sneca, cuando volvi Roma, vestigios de aquella elocuencia que habia competido en majestad con la del tica. Desde entonces (decia) todo ha decado, ya por el desenfreno de los tiempos, pues no hay cosa que ms amortige los ingenios que la lujuria; ya porque no premindose el verdadero mrito, se ha pasado toda conferencia tratar de cosas torpes, nicas que obtienen honra y ganancia; ya en fin por la desgracia comn de que en llegando las cosas al sumo grado, hayan de dar en el nfimo con velocidad mayor que jams subieron. Estn por consecuencia entorpecidos los ingenios de los jvenes, y por desidia no quieren emplearse en cosas honestas. El sueo y la pereza y (lo que es peor) las malas artes, han llegado apoderarse de ellos: los obscenos estudios de cantar y bailar los tienen afeminados: consiste toda su gloria en llevar cortado el pelo, en tener la voz delicada como las mujeres, en competir con ellas en los afeites del cuerpo y acicalarse con los ms inmundos ungentos!... Tanta es la ignorancia (anadia) que con facilidad hacen creer ser suyo propio lo que trabajaron los hombres ms discretos; y porque no son capaces de tener elocuencia, no cesan de profanar la ms sagrada. Por todo esto har yo lo que peds y
1

Omnes magni in eloquentia nominis, excepto Cicerone, videor audisse. praefa-

Nec Ciceronem quidem aetas mihi eripucral, sed civilium bolloram furor, qui tune totum orbem pcrvagvabatur, intra coloniam meam conlinuil '(In tione lib. I Controversiarum).

PARTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS

INGENIOS ESPAOLES.

4S

publicar cuantos dichos yo conservo de los hombres ms elef a n t e s , para que ninguno en particular se los apropie; en que parece que har mucho favor sus legtimos autores, cuyo olvido est muy cercano... T por tanto, para que no sean del todo desconocidos, para que de ellos no se tenga noticia errada, dar con suma fidelidad cada uno lo que es suyo, pues juzgo que he oido todos los oradores de grande crdito . Tal fu el noble propsito de Marco nneo. Si, pues, ya por los aos de 777 yacia hundida la elocuencia romana en vergonzosa postracin, cmo se acusa este espaol ilustre de haberla corrompido?... Si aspira por el contrario recoger en fiel depsito cuanto en su juventud habia oido los ms distinguidos oradores, procurando'as restaurar la tribuna, por qu hacerle responsable de la aspereza de unos, de la pesadez de otros, del refinamiento afectacin de aquellos? la verdad, lejos de merecer vituperio, son dignos de toda alabanza los esfuerzos de Sneca: proponase con el egemplo de los grandes modelos, despertar en sus hijos el amor al arte, cuya ruina la sazn se consumaba, y rescatando del olvido aquellas obras, que tanto aplauso habian conquistado sus autores, trasmitirlas la posteridad, como nico tesoro de su juventud, descubierto en los ltimos das de su vida. Bajo uno y otro aspecto fu meritoria la obra de Marco: sin ella conoceramos apenas los nombres de los ilustres cordobeses que llevamos citados, y hubieran acaso desaparecido en la catstrofe de la tribuna los de Fabiano, Fusco, Albucio, Musa, Sparso, Scauro, Labieno, Oseo y tantos otros oradores como excitan hoy el celo de los eruditos y tienen lugar distinguido en la historia de las letras latinas, merced la inteligencia y loable solicitud de Sneca. Las Controversias y Suasorias, de que han llegado nuestras manos once libros no completos son, pues, testimonio in1 2

1 2

In praefatione

7.

Controversiarum.

Oportuno parece advertir que el desorden con que se han dado luz es-

tas obras, ha sido origen de que aparezcan ms incompletas de lo que realmente han venido nuestros dias. Las Controversias, que pertenecen lo que Quintiliano llama gnero judicial, componen diez libros, con el nmero de setenta y cuatro: las Suasorias, que caen bajo la jurisdiccin del gnero delibe-

46

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

equvoco de lo que habia sido y era, cuando Marco formaba aquella preciosa compilacin, la elocuencia romana. En el espacio de sesenta y seis aos la habia visto descender desde su mayor encumbramiento su ms afrentosa decadencia; efecto sin duda del cambio que habia experimentado la poltica, perdiendo al fin su influjo y omnmoda preponderancia la tribuna. La tarea de Sneca, al recoger aquellos inapreciables despojos, ilustrados en los siglos X"VI y XVII con eruditos comentos de muy aplaudidos humanistas , era esencialmente crtica; punto de que debieron partir todos los juicios, ya de los que se han propuesto vindicarle de la nota de corruptor de la elocuencia y literatura latinas, ya de los que sin fijar la vista en el espritu de los tiempos, le han pretendido abrumar con sus arbitrarias censuras. Mas sin duda no contemplaron ni unos ni otros que la misma variedad de estilo que caracteriza los fragmentos, dichos y sentencias de ms de cien
i

ralivo, slo ascienden a siete. De notar es no obstante que los libros mejor conservados de las Controversias no pasan de cinco, habindose publicado repetidas veces con nombre de L. Anneo Sneca, lo cual ha producido muy groseros errores. Algunas de estas Controversias fueron tradas al castellano por el inmortal Quevedo, ingenio altamente apasionado de los Snecas; mas siendo este uno de los MSS. que en sus persecuciones le tomaron y ocultaron, se ignora aun su paradero. (Tarsia, Vida y obras postumas de don Francisco de Quevedo, pag. 19). Quevedo puso al final de la Vida de Marco Bruto las dos ltimas Suasorias, que se refieren Cicern, suponiendo que reflexiona en la primera el gran orador romano sobre sLha de pedir perdn a M. Antonio, y que duda en la segunda si ha de quemar sus libros, prometindole Antonio la libertad, con tal que as lo hiciera. Ambas Suasorias ha reproducido con ms esmero del que se puso en la impresin hecha en vida del mismo Quevedo, su renombrado colector nuestro singular amigo don Aureliano Fernandez-Guerra (Obras de Quevedo, t. I, pgs. 164 y 106). 1 Dems de los escritores nacionales que arriba mencionamos, son dignos de citarse en este lugar los nombres de los extranjeros Nicols Treveth, Marco Antonio Mureto, Nicols Fabro, Justo Lipsio, Juan Grulero, Andrs Scoto, Juan Federico Gronovio, Rodolfo Agricola y otros no menos distinguidos ilustradores de las obras de Marco Anneo que han llegado hasta nosotros. El diligente don Josef Rodrguez de Castro d en saBiblioteca Espaola razn de las ms importantes ediciones que de las rnismas se han hecho, tanto dentro como fuera de Espaa (Tomo II, art. M. nneo Sneca, pg. 21 y siguientes). Nosotros nos valemos dlas ediciones elzevirianas (Leyden, 1649; Amsterdam, 1672).

PARTE I ,

CAP.

I.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

47

oradores, comprendidos en las Controversias y Suasorias, lejos de ser una acusacin, era una alabanza; pues que ni hubiera podido comprenderse sin tanta fidelidad el genio especial de cada uno de los referidos oradores, ni habra sido tampoco posible reconocer su estilo y lenguaje. Marco nneo no inventa: slo trasmite y juzga los monumentos de un arte, cuyo esplendor le admira y cuya decadencia le irrita y le [Link] en los prefacios de las Controversias bosqueja la historia de la literatura romana, apreciando los antiguos escritores de la repblica, entonces Sneca es ya responsable de su propio estilo, as como de las ideas en dichos prlogos expresadas; pero en este caso, si bien podrn tildarse cierta rigidez y dureza de su frase, necesario ser tributar el debido elogio al sazonado gusto, erudicin profunda y seguro juicio que resaltan en aquellos escritos y forman (digmoslo as) la fisonoma literaria de tan celebrado retrico.
1

Marco nneo Sneca ocupa por todas estas consideraciones sealado puesto en la historia de la literatura latina y en la de la civilizacin espaola. Dando un slo paso en el examen de la primera, contemplaremos los estragos de la decadencia de las letras romanas: al mover la planta en la investigacin de la segunda, sorprenderemos al ingenio espaol spero, inquieto y ya en su virilidad, rompiendo todas las tradiciones del arte homrico, y realizando en las letras el mismo trastorno que habia experimentado ya la poltica y amenazaba, al Olimpo de la gentilidad con la nueva luz que iba iluminando al mundo. Marco nneo Sneca pasaba <de esta vida el ao 785 de Roma, 18 del advenimiento de Tiberio y 33 de la natividad de Cristo. Por la breve resea que acabamos de hacer, ser fcil advertir cul es el principal carcter de estos primeros escritores espaoles: ya dejndose llevar de su altivez y nativa aspereza, teniendo en poco los primores d la prosodia latina y atrepellando veces las leyes gramaticales; ya procurando con excesiva solicitud seguir las huellas dejos griegos y romanos ms celebrados por su

Sin duda el diligente cuanto docto C. Plinio Segundo, atendiendo es-

tas elevadas dotes de Marco Anneo, le apellidaba prncipe de la erudicionr Annaeo Sneca principo eruditionis (JSat. liist., lib. XIV, cap. V ) .

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HISTOIUA

CRITICA DE LA LITERATURA

ESPAOLA.

pulcritud y dulzura, en lo cual daban muestra de carecer de estas dotes naturales; ora enseando en la capital del mundo y en el siglo de oro de su literatura las letras humanas; ora en fin aspirando contener la ruina de la elocuencia, herida ya de muerte..., siempre encontramos en el ingenio espaol, cercano todava su cuna, cierta originalidad y ruda sencillez, cierta ostentacin de indomable independencia y cierta varonil energa, que estn revelando de lleno aquel pueblo, para quien ninguna vida era loable sin las armas i, domeado sangre y fuego por la Repblica en una guerra de doscientos aos. Los oradores y los retricos espaoles procuraban mostrar al mundo, al abrir Roma sus puertas todas las gentes, que no eran dignos de la injusta opresin ejercida tanto tiempo sobre Iberia: los vates nacidos en Crdoba, abusando tal vez del brillo y fuerza de su imaginacin, se preparaban para imponer la musa latina nuevas leyes, alcanzando sobre ella grandes y trascendentales triunfos. El mismo afn que mueve unos y otros entrar con irresistible mpetu en el palenque de la inteligencia, muestra los ojos de la crtica que llevan todos sus esfuerzos el riesgo de apartarse de la derecha senda; resultado legtimo de la precocidad con que pasan al estado de la ilustracin ms refinada desde el estado de la ms dolorosa abyeccin ignorancia. Pero esa precocidad, hija tambin de las influencias del suelo donde nacen, digna es de madura contemplacin y estudio en la historia del ingenio espaol, cuya ndole importa mucho reconocer desde los primeros dias de su existencia, si han de seguirse sus pasos en las diferentes edades de su larga vida y en medio de las contradicciones y difciles pruebas, que plugo la Providencia sujetarlo. Ya lo hemos advertido: mientras la Repblica deja caer sobre Espaa su mano de hierro, no fu posible al ingenio espaol dar seales de vida en el cultivo de la literatura romana, hundido, como la patria, en msera servidumbre: cuando ya el Imperio c o mienza levantar de su cerviz aquella feroz coyunda, brotan por todas partes los comprimidos grmenes, y envia Iberia la capital
i Tito Livio, lib. XXVIII Historiarum ab urbe conditd.

PAUTE I ,

CAP.

r.

PRIMEROS INGENIOS ESPAOLES.

49

del mundo sus ms claros hijos, as como le habia enviado antes sus ms preciados tesoros. La Roma erudita, que tuvo en menos los vates de Mtelo Po, v acaso indiferente estos peregrinos campeones de la nacionalidad potica y literaria de Espaa, y los admite en su seno sin recelo alguno. No adverta que aquella feraz semilla estaba dispuesta prender en todos los terrenos, y que una vez asidas sus raices en el de la literatura greco-latina, falta ya de su antigua savia y hundida en tan prematura como dolorosa caducidad, corra esta el peligro de ser sofocada bajo la extraordinaria frondosidad de sus robustsimas ramas, en medio de las convulsiones de aquella sociedad en que habia hecho terrible presa la mortfera gangrena de los vicios. Estudiemos pues estos importantes fenmenos en los captulos siguientes.

TOMO

I.

CAPITULO POETAS Y

II.

FILSOFOS DEL IMPERIO.

LUCIO ANNEO SNECA.

Eslaclo del mundo r o m a n o , al aparecer en la repblica literaria los poetas [Link] de los poetas [Link] Anneo [Link] [Link] educacin filosfica y [Link] posicin en R o m a . S u

obras. LAS TRAGEDIAS .Si son parto de un solo [Link] dramtico que en Sneca [Link] imitaciones del teatro [Link] de estas [Link] poesa en manos de [Link]
OBRAS

FILOSFICAS .Vacilacin de Lucio nneo entre los ms encontrados [Link] en que [Link] de las mismas.-Su vive. representacin como poeta y como filsofo, respecto de la sociedad en que

crticos extranjeros con harta frecuencia los ingenios espaoles que en la antigedad florecieron, de haber corrompido las letras latinas; mas ni esta acusacin aparece plenamente justificada, ni se han reconocido siempre con la madurez debidalas causas que apresuraron aquella fatal y asombrosa decadencia. Slo se ha sealado un paso entre el siglo de oro y la corrupcin de las letras, entre Virgilio y Sneca, Horacio y Lucano. Asentando que la innovacin proclamada y llevada a cabo por aquellos

Culpan los

52

HISTOWA

CRITICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

ilustres cordobeses, fu ms bien hija de la inquietud de sus genios que del estado del mundo romano, hse asegurado al par que no hubo en la latina, como en las literaturas vulgares, poetas imitadores y descoloridos, cuyas obras exigieran peligrosas revoluciones . Pudiera acaso admitirse esta explicacin de la decadencia de las letras del Lacio, cuando no encontrramos ya en las producciones del siglo de oro amagos de prxima ruina, y cuando no descubrisemos en las costumbres y vida del Pueblo Rey el mortfero cncer que habia de extenderse en breve por todo el cuerpo del Estado; contagio que propagndose las obras del ingenio , prendi primero en la literatura y se apoder despus de las bellas artes. Aquella revolucin, tan vociferada por los retricos modernos, en la cual pudieron y debieron tenor influencia la ingnita aspereza y libertad de los poetas espaoles, estaba sin duda aparejada desde la destruccin de la Repblica (en que cay envuelta la tribuna), bien que brillaran en la corte de Augusto los ms esclarecidos escritores de Roma. Las grandes revoluciones intelectuales no se operan en un solo dia: efecto siempre de largos sacudimientos polticos, llegan verificarse cuando la sociedad se prepara cambiar absolutamente de formas, lo cual se estaba la sazn realizando en el mundo, con el nuevo astro de luz que se habia levantado en el Oriente.
1

Difcil es, no obstante, el sealar todas las causas que contribuyeron despear en el abismo las' letras latinas, desde la altura que las habia sublimado aquella brillante cohorte de ingenios, patrocinada por Mecenas. Sorprndenos por una parte la espantable corrupcin de aquel pueblo que, despojndose ante las crueldades de Tiberio, ante las locuras y torpezas de Calgula, ante la inercia repugnante de Claudio de la libertad heredada de sus mayores, y afeminado ya por los placeres, desvanecido por el fausto y la opulencia y embrutecido por el sangriento espectculo de los anfiteatros y de los circos, caminaba sabiendas la barbarie. La Roma de la Repblica habia tiranizado al mundo; pero
i Jisard, Eludes de mceurs el de critique sur les poetes latins de la decadence, tom. I, premiere partie.

PARTE

I,

CAP.

II.

POETAS

FILSOFOS DEL IMPERIO.

53

aquella tirana que por ejercerse con el fin exclusivo de la dominacin material de las armas, aunque dura y cruel por extremo, se habia limitado principalmente la esfera de la poltica, dejando a cada pueblo la independencia de su espritu, y con ella los preciados tesoros-de su religin y dess costumbres ', no habia alcanzado ahogar del todo los grmenes internos de vida que abrigaban las naciones, uncidas al carro triunfal de cnsules y pretores. La Roma del Imperio, pensando acaso conquistar su cario, apellid todos los pueblos sus hermanos; pero al escucharse este nombre de Oriente Occidente, brotaron con fuerza incontrastable los reprimidos instintos de las antiguas nacionalidades, pidiendo cada cual la representacin que en, el comn Estado juzgaba corresponder le; y recordando tal vez sus antiguas ofensas, lejos de abrigar sentimientos de gratitud por tan inusitado beneficio, movironse todas lavar las antiguas injurias, saciando sus inveterados odios. La Roma del Imperio coronaba pues sus enemigos y sus esclavos con el laurel de los cnsules y los dictadores; mas hundida en afrentosos crmenes, y embriagada en medio de eternas saturnales, ni acert comprender que se disponan ejecutar en ella el rigor de sus venganzas, ni aun despert de su letargo, al ver despedazar su manto de prpura en el pretorio de los Csares. En esta corte depravada, donde la prostitucin anidaba en el lecho de los Augustos, donde las matronas de ms elevada estirpe , olvidando las Lucrecias y Cornelias, seguan desatinadas las torpes huellas de las Flavias y Mesalinas, aparecen aquellos romanos, domadores del'mundo, en toda su vergonzosa y triste dasnudez; con sus inauditas maldades y msera impotencia; con sus srdidas pasiones y hedionda molicie, no acertando siquiera (en medio de los deleites que de remotos confines Jes trajeron sus pretores) conservar la dignidad de hombres. Quin hay entre vuestros compaeros (decia Marco nneo Sneca, completando el cuadro de ra ruina de la elocuencia) que sea, no digo ya bastantemente ingenioso, bastantemente estudioso,
i Vase lo que sobre el particular dejamos expuesto, con la autoridad de

los escritores clsicos, en ct captulo precedente, pg-s. 8 y 9.

S4

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

pero ni aun bastantemente hombre?... Viven afeminados y endebles, sin quererlo ellos, porque asi nacieron, siendo celadores de la vergenza ajena y descuidados de la suya propia ' . tal extremo habia llegado la seora de las gentes bajo el cetro de aquellos tiranos, nacidos para afrentar la prpura, poniendo verdadero espanto el tejido de crmenes y maldades, que prepara la exaltacin de Domicio la silla de los Csares. Ua sociedad y una juventud as envilecidas y retratadas con tan negros colores por el pincel del filsofo, no podian en modo alguno ministrar al poeta i al historiador nobles ni virtuosos modelos: era de todo punto imposible que quien se habia dejado arrebatar c o bardemente la,libertad, pudiera sostener la gloria de los Horacios y Virgilios, ni aspirar siquiera restaurar en la tribuna los claros timbres de los Hortensios y Cicerones. No quieran los dioses que caiga en estos jvenes la elocuencia, exclamaba Marco nneo, al contemplar el triste cuadro de afeminamiento ignorancia, que fines del siglo VIH de Roma presentaba aquella ciudad, mula en los primeros dias del mismo de las glorias de los Pericles y Demstenes, y ardiente admiradora de Pndaro y de Homero. Pero si era humanamente imposible que en medio de tanta corrupcin pudieran brillar los resplandores del siglo de oro, natural pareca tambin que aquella literatura, hija esencialmente de la imitacin helnica, bastardeara y se malease al acampar en Roma y revindicar la representacin de hombres, con los derechos de

In praefat. Controversiarum.

Algn tiempo despus escriba su hijo

Lucio Anneo, insistiendo en el mismo propsito: Ad sapientiam quis accedit?... quis dignam iudicat, nisi quam in trasitu noverit? Quis philosophiam, aut ullum librale respicit studium, nisi quumludi inlercalantur, quum aliquis pluvius intervenit dies, quem perder lieet? Itaque tot familiae philosophorum sine successore deiciunt. Academici et veteres et minores nullum antistitcm reliquerunt. Quis ost, qui traddat praeeepta Pyrrhonis?... Pythagoriea illa invidiosa turbac schola pracceptorcm non invenit. Sextiorum nova et R o m a nis robore secta nter initia sua, quum magno mpetu coepisset, extincla ost. At quanta cura laboratur, ne cuius pantomni nomen intercidat?... Harum arlium mu ti discipuli sunt, mullique doctores (Quaest. Natur., Lib. VII, cap. XXXII). Tnganse presentes estas palabras de Sneca para el estudio de su educacin literaria.

PARTE

I,

CAP.

II.

POETAS Y

FILSOFOS DEL IMPERIO.

5o

ciudadanos, los que antes slo; haban osado penetrar en su recinto como esclavos. La civilizacin romana, amasada con la sangro de las naciones vencidas, iluminada por el radiante astro de Atenas, habia recibido todos los elementos de cultura que germinaron en los pueblos del'archipilago: su Olimpo llega ser el Olimpo de los griegos; sus leyes, nacidas primero en el inters exclusivo de la ciudad, reflejan al cabo las leyes del tica; sus artes son remedo de las artes de los Phidias y Praxiteles, de los Ictinos y Ctesiphones: sus poetas, sus historiadores, sus repblicos estudiaron con esmero la lengua de Tyrteo, Hesiodo y Eschynes, acaudalando con sus tesoros el idioma patrio. Una literatura que slo habia brillado desde los tiempos, en que despojada de su originalidad, aspir seguir las huellas de los griegos, revistindose de las formas creadas por el arte homrico, inspirndose en sus producciones, no podia sostener por largo tiempo aquel extrao esplendor, llevando ya en s los prematuros grmenes do su decadencia. Sin apartar la vista de los grandes modelos, y animados aun por la majestad romana, solemnizaron Horacio y "Virgilio los triunfos de Augusto, levantando la poesa al encumbrado asiento, de que habia caido la tribuna; pero si fu la elocuencia en la Roma republicana arma poderosa de gobierno, apoyndose enrgicamente en las costumbres populares, no brillando la poesa por virtud propia, vise obligada admitir nuevos elementos, falta de f para sustentar sus fueros y leyes, y exhausta de fuerzas para defender sus conquistas. As, cuando se altera y relaja la moral; cuando se corrompen las costumbres; cuando cambia de aspecto la poltica, enflaquecido ya el sentimiento patritico, y postrado aquel espritu guerrero que habia domeado al mundo, caen tambin por el suelo los dolos literarios de Roma, hollados, como las antiguas tradiciones de la inmortal ciudad, por todos los pueblos; contrastados por opuestas nacionalidades, rechazados por los ms contrarios instintos, y ahogados finalmente en el cieno de la ms afrentosa impureza. Ni qu otra cosa podia suceder donde se quemaba el vil incienso de la adulacin ante las doradas estatuas de tan aborrecibles tiranos, como Tiberio y Calgula? Donde los Padres Conscriptos, depositarios un dia de la rectitud y de la justicia, se haban convertido

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HISTORIA

CRTICA DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

en mseros instrumentos de opresin, manchando sus diestras con la sangre de sus conciudadanos? Donde se compraba el precario seguro de la vida al precio infame de prfidas delaciones? Donde una horda de mal avenidos soldados reparta honras y dignidades, dando y quitando la prpura su antojo? estas causas, bastantes por s para labrar la ruina de la civilizacin romana, apartando los imitadores del arte helnico del camino seguido bajo los auspicios de Mecenas, agregbanse necesariamente otras de gran bulto importancia, bien que no aducidas aun por la crtica, al estudiar la decadencia de la expresada literatura. Aquel espritu de independencia que habia sobrevivido en todos los pueblos la dominacin romana, hostil siempre la mano que le comprime, debia encontrar, y encontr en efecto, su ms firme apoyo y valedor en la nueva doctrina que empezaba regenerar el mundo. Diez y nueve aos hacia que manchaba Tiberio la prpura de Augusto, cuando se consumaba en el Glgota la divina obra de la redencin del gnero humano. ((Del pi de la cruz, donde fu enclavado el Salvador por la ingratitud y la ceguedad de los hombres, partieron doce nuevos legisladores, pobres, humildes y desnudos, predicar por todo el mundo la doctrina de la salud y derramar en todas las naciones la semilla de la civilizacin verdadera, que habia de cambiar la faz del universo ' . Despreciada primero de los gentiles, penetraba aquella doctrina en el hogar domstico; y fortaleciendo el corazn de los dbiles, cicatrizando todas las heridas y prometiendo eterna bienandanza, en pago de las penalidades y miserias de la vida, venia establecer entre los hombres la igualdad, rescatndolos de la vergonzosa servidumbre, en que yacan. Ni se anunciaba por la violencia, ni se difunda por medio del terror ni del hierro: blanda, benfica, consoladora se apoderaba de los flacos sin resistencia; se insinuaba con dulzura en el corazn de los fuertes; se derramaba entre los poderosos como refrigerante roco, destinado apagar las llamas de sus desapoderadas pasiones, y aparecia en fin entre todos, como vnculo de fraternidad sublime. Doctrina tan eficaz y as difundida, era el ms terrible ariei Chateaubriand, Etucles historiques.

PARTE I,

CAP.

II.

POETAS Y FILSOFOS DEL IMPERIO.

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te que se habia asestado jams contra el gentilismo; y conocido el estado de los espritus, no puede maravillarnos que hiciera rpidas y prodigiosas conquistas.' La misma Roma, cabeza del gentilismo y centro de aquella dolorosa corrupcin que tenia asombrado al mundo, recibe dentro de sus muros los apstoles del Crucificado, que ponen en ella la silla de la Iglesia, y se estremece y conturba, al ver derramada por mano de Nern la sangre de los primeros mrtires. Esta portentosa trasformacion, operada al propio tiempo en todas las clases de la sociedad, deba necesariamente contribuir cambiar el aspecto de las artes y de las letras, siendo bajo muchos conceptos evidente que en el estado en que se hallaba el mundo romano, habia de servir tambin la predicacin evanglica de causa poderosa la ruina de la literatura del siglo de oro, lo cual sobre probarlo ya la decadencia del arte declamatoria, vencida por la elocuencia cristiana, lo manifiesta de una manera inequvoca la fluctuacin entre lo pasado y lo porvenir, en que aparecen los hombres ms eminentes, que durante aquella edad florecieron \ li aqu el momento en que llegan la arena literaria los poetas de Crdoba. La lucha empeada entre los caducos intereses materiales del antiguo mundo y los intereses altamente morales de la nueva sociedad que habia resucitado, cual peregrino fnix, de sus antiguas cenizas; entre los errores del ya desautorizado gentilismo y la salvadora idea que por todas partes se derramaba, lucha multiforme que iba reproducirse con las cien faces de Proteo, ensangrentando uno y otro siglo, era esencialmente religiosa y filosfica: su influjo debia cundir por tanto todas las esferas de la vida, cambiando radicalmente el aspecto de todo lo

Vase el captulo V del presente volumen, donde procuramos presentar

ms de lleno la gran lucha entre la gentilidad y el cristianismo. Para nosotros tienen tanta fuerza todas estas consideraciones polticas y religiosas, que sobre rechazar la doctrina de Nisard, como poco satisfactoria, no podemos admitir de lleno la opinin del docto Villemain, que atribuye al despotismo de los Csares la decadencia de las letras latinas (De la corruption des lottres romaines sous l'Empire; Etud. de LU. ano. et etran., pg. 127 y sigs.). Esta es una de tantas causas, y por .cierto no de las menos eficaces; poro no la nica ni la principal, segn llevamos expuesto.

S8

HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

presente; y cuando fijamos nuestras miradas para determinar la distancia que existe entre esta poca y el reinado de Augusto, tenemos por seguro que no es posible sostener con fundamento, cual se ha pretendido, que slo media un paso entre Horacio y Virgilio, Sneca y Lucano, sealando los ltimos como exclusivos causadores de la decadencia de la poesa latina. Tuvieron sin duda en ella alguna parte, efecto natural de la independencia y briosa aspereza de su ingenio; mas no porque brillen en sus obras, sobre toda otra virtud literaria, estas singulares dotes, hijas, esencialmente del suelo en que nacen, habr nunca justicia para cargar sobre ellos toda la responsabilidad de aquella dolorosa pero inevitable revolucin; apartando voluntariamente los ojos de cuanto estaba'sucediendo de uno otro confn del mundo. Para merecer ttulo de justos y aspirar al acierto ambicionado, necesario es pues que los consideremos desde el punto de vista en que realmente aparecen. El primero y ms ilustre de cuantos, educados bajo las mximas literarias de Marco nneo, figuran en aquella poca de contradicciones y de escndalos, es su hijo Lucio, nacido en Crdoba el ao tercero de la Era cristiana . Nadie, como l, d testimonio de aquel estado de conturbacin en que al tomar plaza bajo las banderas de los poetas y de los filsofos, encontraba ya al mundo romano: nadie personifica con tanta verdad y vigor aquella terrible ansiedad, que habia asaltado todos los espritus, cual sntoma inequvoco de la gran ruina que amenazaba la civilizacin de los antiguos pueblos.
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Llevado Roma por su padre en muy tierna edad , dedicse al cultivo de la poesa y de la elocuencia, ocupacin favorita de la juventud dorada, para quien se habian cerrado ya las puertas do los grandes asuntos del Estado; hzolo con tal empeo que lleg Marco temer por su vida, quebrantada su salud con el excesivo trabajo. Fueron sus maestros en la gramtica Higinio Cestio y Asinio Galo, inicile en el arte declamatoria su propio padre, cuya persuacion se ejercit por algn tiempo en el foro,
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1 2

Liberto Fromoado, Notas las Quaeslioues naturales, lib. IV, cap. IV. De Consj|itonc ad Ilelviam, XVII.

PARTE I ,

CAP. II. POETAS Y FILSOFOS DEL IMPERIO.

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no sin excitar la envidia y aun las burlas de otros declamadores, entre quienes se contaba el emperador C. Csar Calgula, que trueca al cabo sus amargas censuras en terrible ojeriza *. Tal vez esta persecucin tirnica, que no debia ser la ltima para Sneca, le arroja, todavia no granada su inteligencia, en el difcil campo de la filosofa, erizado la sazn de grandes insuperables escollos: falto de consejo para abrazar una escuela entre tantas como la sazn se disputaban el triunfo, Sneca, llegado apenas la juventud, procura seguir al propio tiempo las huellas de los estoicos y los pitagricos, oyendo al par las lecciones de Malo, Socion de Alejandra, Sextio, Fabiano y Demetrio Cnico . Causa debia ser esto de que, empendose en asimilar tan opuestas doctrinas,
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La enemistad de Calgula lleg, segn el testimonio de Dion Casio, al os 5r Sevey-ac;


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punto de condenarlo muerte. Este historiador dice: "Avvio?


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L. Anneo Sneca, que superaba en ciencia todos los romanos de su tiempo y a otros muchos, estuvo punto de perecer, no por crimen alguno, ni aun por sospecha de crimen, sino porque habia defendido en el Senado presencia de Cayo [Calgula] brillantemente cierta causa. Perdonle Cayo, aun y a condenado muerte, fiado en que una de sus concubinas le asegur que padeca [Sneca] tal enfermedad que no vivira mucho (Hist. Rom. lib. L1X, C. Calgula). Suetonio dice al propsito: Lenius comptiusque seribendi g e nus adeo contemnens (Caligula) ut Senecam, tum mxime placcnlem, commissiones meras componere et arenara csse sine calce diceret (De Calgula, cap. L i l i ) . 2 Conviene advertir aqu que el mismo Lucio Anneo aumenta el catlogo de sus maestros eon el nombre de Mclrnax, cuya aula declara terminantemente que asista, aun en edad madura (Ep. LXXV1). Entre todos sus maestros, parece dar notable preferencia Sextio, de quien dice: Quatum in illo, dii boni, vigoris est, quatum animi?... Hoc non in mnibus philosophis invenies... istituunt, dispulant, cavillantur: non faciunt animum, quia non habent. Quum legeris Sexlium, dices: "Vivit, viget lber est, supra hominem est (Ep. L X I V ) . Ni es de olvidar el respeto eon que menciona Socion, Demetrio y talo (Eps. LXVII y CVII1), ni la predileccin que muestra por su condiscpulo Clarano, quien, dolindose do que fuese contrahecho, apellida (lingenium forlissimum ac bealissimum (Ep. LXYI).

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HISTORIA

CRTICA

DE LA

LITERATURA

ESPAOLA.

comenzara ya desde su edad temprana aquella vacilacin de ideas que resalta en todos sus escritos y que determina tambin sus costumbres y sus creencias religiosas. Ya abstenindose con Sextio del uso de la carne, y haciendo cada dia escrupuloso examen de conciencia ya durmiendo, como talo, en duros y mseros jergones y congratulndose, al salir de su clase, de ser pobre ; ya mostrnd