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Historia Armas Españolas en Perú

Este documento es la introducción a las Memorias para la Historia de las Armas Españolas en el Perú escritas por el General Camba. Explica el contexto de la insurrección de las colonias españolas en América a principios del siglo XIX cuando España estaba luchando contra Napoleón. A pesar de los muchos beneficios que España le dio a América, incluyendo religión, idioma y civilización, varias ciudades se rebelaron contra España buscando independencia aunque afirmando lealtad al rey Fernando VII.
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Historia Armas Españolas en Perú

Este documento es la introducción a las Memorias para la Historia de las Armas Españolas en el Perú escritas por el General Camba. Explica el contexto de la insurrección de las colonias españolas en América a principios del siglo XIX cuando España estaba luchando contra Napoleón. A pesar de los muchos beneficios que España le dio a América, incluyendo religión, idioma y civilización, varias ciudades se rebelaron contra España buscando independencia aunque afirmando lealtad al rey Fernando VII.
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MEMORIAS PARA LA HISTORIA DE LAS ARMAS ESPAOLAS EN EL PER

ANDRES GARCA EL GENERAL CAMBA TOMO I

OBRA CUSTODIADA POR EL ARCHIVO Y BIBLIOTECA NACIONALES DE BOLIVIA

MEMORIAS
PARA LA HISTORIA

DE LAS ARMAS ESPAOLAS


EN EL PER

Por el General Camba

TOMO I

MADRID

SOCIEDAD TIPOGRAFICA DE HORTELANO Y COMPAIA Pasadizo de S. Gins, nm. 3, Editores

1846

MEMORIAS PARA LA HISTORIA DE LAS ARMAS ESPAOLAS EN EL PER


INTRODUCCIN Cuando a principios del presente siglo la confiada nacion espaola se vi inesperadamente atacada por las numerosas y aguerridas legiones del emperador Napoleon, despues de apoderarse con astucia de la persona de Fernando VII, del resto de la real familia y de varias de nuestras plazas, no faltaron espaoles que estimasen temeraria sino intil la resistencia; mas como no siempre se ofenden impunemente los sentimientos de un pueblo noble, lanz Madrid el terrible grito de a las armas, el para siempre memorable 2 de mayo de1808, y la Espaa se alz como por ensalmo contra el abominable yugo que un estrangero orgulloso pretendia imponerla. Para poder hacer frente a los incalculables sacrificios que exigia una empresa tan gigantesca como la de repeler esa injusta agresion y vengar el ultrage hecho a la dignidad nacional y a la persona de su joven y entonces idolatrado monarca, natural era que los espaoles peninsulares contasen con la pacfica sumision de sus provincias trasatlanticas y con el afecto cordial de sus propios hijos. Instalado en la Pennsula un poder central que, supliendo la horfandad que ocasionaba la detencion del rey en Francia, dirigiera convenientemente la nave del Estado en tan deshecha borrasca, se apresur a hacer declaraciones favorables a los sbditos de Ultramar y nombr emisarios patricios para que fuesen a comunicar a esas lejanas provincias el arriesgado pero glorioso empeo de la metrpoli, previniendo al propio tiempo a todas sus autoridades que procurasen estrechar mas y mas los lazos de la sangre, de la lengua y de la religion que unian a los espaoles de ambos mundos, para que auxiliasen los del nuevo a sus hermanos peninsulares con cuanto su patriotismo y espritu monarquico les sugirieran, atendido el conflicto en que se veian. Pero, si en consecuencia fueron remitidos a Espaa cuantiosos recursos pecuniarios en un principio, la ambiciosa inquietud de algunos, ansiosos de medrar a costa de la felicidad de sus compatriotas, no tard mucho en agitar el innoble proyecto de sustraer aquellos dominios de la dependencia de la metrpoli, cuando precisamente esta tenia mayor necesidad de su importante auxilio. Acerca de una coincidencia tan notable, dice el ilustrado conde de Toreno: Escogieron los americanos para ello la oca- sion mas digna y honrosa? A medir las naciones por la escala de los tiernos y nobles sentimientos de los individuos, abiertamente diramos que no, habiendo abandonado a la metrpoli en su mayor afliccion cuando

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aquella decretara igualdad de derechos y cuando se preparaba a realizar en sus Crtes el cumplimiento de las anteriores promesas. Los Estados Unidos se separaron de Inglaterra en sazon en que esta descubra su frente serena y poderosa, y despues que reiteradas veces les habia su metrpoli negado peticiones moderadas en un principio. Por el contrario los americanos espaoles cortaban el lazo de union abatida la Pennsula, reconocidas ya aquellas provincias como parte integrante de la monarqua y convidados sus habitantes a enviar diputados a las Crtes. No: entre individuos graduariase tal proceder de ingrato y aun villano. Las naciones, desgraciadamente suelen tener otra pauta, y los americanos quiza pensaron lograr entonces con mas certidumbre lo que a su entender fuera dudoso y aventurado, libre la Pennsula y repuesto en el slio el cautivo Fernando.1 Los promovedores de la insurreccion de Amrica se apoyaron desde luego en la apasionada censura de los mulos de Espaa sobre su administracion en Ultramar y con ellos volvieron a sacar a cuento los escesos cometidos en su adquisicion grandes, reprensibles, reconoce Toreno, pero escesos que casi siempre acompaan a las conquistas, y que no sobrepujaron a los que hemos visto consumarse en nuestros das por los soldados de naciones que se precian de muy cultas. Siendo un hecho acreditado por la legislacion misma de Indias que la Espaa procur organizar sus establecimientos ultramarinos colmandolos de beneficios y de privilegios, bien poda y debia esperar de sus hijos en el nuevo mundo otro gnero de correspondencia de la que hall en extremo necesitada; porque quin ignora que esas vastas regiones la debian su religion, su lengua, su civilizacion, su cultura, las famosas ciudades y villas que pueblan esos paises y los establecimientos de todas clases que para su utilidad y su mayor esplendor erigieron en ellos los espaoles? A la Espaa y al gobierno de sus reyes debi la Amrica, que dependia de su autoridad, leyes admirables, escuelas de primeras letras en grande abundancia, universidades, colegios, hospitales, casas de beneficencia, catedras de fisica, de qumica y de minera, la bacuna, etc., y todo atestigua al mundo, como dice Mr. Lafond, que no pretenda ni queria la metrpoli que la ignorancia se perpetuase en sus posesiones de Ultramar. El mismo Mr. Lafond, nada escaso por cierto en referir los ponderados agravios alegados por los sostenedores de la insur1

Historia del levantamiento y guerra de Espaa

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reccion de Amrica en justificacion de su proceder, confiesa tambien que mientras las demas naciones europeas abandonaban a s propias sus nacientes colonias al otro lado de los mares, la Espaa cuidaba solcitamente de las suyas estableciendo en ellas desde luego un sistema regular para su mejor gobierno. Los colonos espaoles, aade, no conocian los impuestos eran al menos insignificantes los que pagaban: estaban exentos del servicio obligatorio del ejrcito y de la marina, y durante siglos nada turb la profunda paz en que vivan.1 Los espaoles nacidos en Amrica fueron siempre tratados por el gobierno metropolitano con la mayor liberalidad, mandandose por ley expresa preferir a los hijos de los descubridores, de los conquistadores y de los pobladores; y asi es que optaban y optan a todos los empleos, honores, condecoraciones, ttulos y dignidades de la monarqua, la grandeza de Espaa inclusive. Los espaoles americanos fueron consiguientemente en Ultramar vireyes, generales, en gef y de division, gefes y subalternos en todos los cuerpos militares de mar y tierra, gobernadores presidentes de audiencia, gobernadores, intendentes, subdelegados, subinspectores generales, segundos cabos, superintendentes de hacienda y de las casas de Moneda, arzobispos, obispos, regentes, oidores, prelados de las ordenes religiosas, contadores mayores, oficiales reales y asesores, ademas de ocupar la mayor parte de las dignidades, canongas y raciones de las catedrales y casi la totalidad de los empleos subalternos en todas las carreras, la cura de almas inclusive: ellos fueron y son en la Pennsula secretarios del Despacho, ministros de los consejos y tribunales supremos, generales en gefe y de division, capitanes generales de provincia, obispos, intendentes, asistentes de Sevilla, oidores, gefes y subalternos en todos los ramos, diputados a Crtes, senadores en fin. Sin embargo, los promovedores y sostenedores de la insurreccion de Amrica pretestaron viva queja de verse desatendidos en la provision de los cargos pblicos, y llevaron a tan alto punto las diatrivas contra su propia ascendencia que hasta en 1818 obligaron a decir al viajero norte-americano Mr. Brackenridge: Al oir sus apstrofes contra la opresion de 300 aos, cualquiera creera que la sangre espaola no circula por sus venas, y que son la misma clase de gente que Corts y Pizarro subyugaron a la corona de Castilla. Pero es igualmente de notar que cuando convenia a
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Voyages autor du Monde

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esos mismos hombres el ensalzamiento de su alcurnia apelaban sin reparo y con orgullo a su origen castellano. Tampoco dejaban de vocifrar la abundancia de plata y oro estraidos de la Amrica por los espaoles, pero sin cuidar de hacer igual repetida mencion de los muchos artculos de que ese pais carecia antes de su descubrimiento y que forman hoy gran parte de su riqueza y de su regalo. Ademas de su religion, su idioma, su industria, sus conocimientos y su poblacion, llevaron los espaoles a Amrica caballos, bueyes, camellos, burros, cabras, ovejas de Castilla, puercos, perros castizos, gatos caseros, conejos, gallinas, palomas, trigo, cebada, la vid, el olivo, higos, granadas, cidras, naranjas, limas dulces y agrias, manzanas, peros, membrillos, duraznos, melocotones, albrchigos, albaricoques, ciruelas, melones, pepinos, calabazas, guindas cerezas, almendros, la caa de azucar, lechugas, escarolas, rabanos, coles, nabos, ajos, cebollas, berengenas, espinacas, acelgas, yerbabuena, culantro, peregil, cardos, esparragos, viznagas, garbanzos, habas, lentejas, ans, mostaza, oruga, alcarabea, ajonjol, arroz, alucema, cominos, organo, agenjos, avenate, adormideras, trbol, manzanilla, rosas, clavelinas, jazmines, azucenas, mozqueta, lino, alfalfa, etc., cosas todas tiles para la vida y algunas de casi incalculable valor en el dia1. Como quiera, cuando la metrpoli se hallaba mas empeada en una lucha terrible, tan desigual como justa por su parte, BuenosAires, Quito, Caracas, Santa Fe, Mjico, Chile y mas tarde el Per, lanzaron sucesivamente el grito de rebelion independencia de Espaa, aunque disfrazado al principio con la artificiosa apariencia de pretender conservar al rey Fernando el pleno dominio de aquellos reinos, logrando por este ardid alucinar a los incautos pueblos que habian de contribuir con sus fortunas y con la sangre de sus propios hijos al sostenimiento de unos planes, cuyo verdadero objeto no alcanzaban a penetrar. A los promovedores de tamao proyec- to les interesaba mucho que la insurreccion estallara en todas las provincias a la vez, y a este fin dirigieron sus primeros pasos, como claramente demostraban las cartas de Buenos-Aires interceptadas en la ciudad de la Paz a principios de 1809. Para llevar a cabo tan funesta maquinacion necesitaban los instigadores y consiguieron ganar la fuerza armada existente, reducida en nmero y a la verdad algo descuidada por punto general
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Garcilaso, Historia general del Per.

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asi en su instruccion como en su disciplina, con cuya cooperacion les fu facil deponer a las autoridades constituidas. Una vez dado este gran paso, era consiguiente proceder a la eleccion de nuevos gobernantes, y el sostenimiento de un nuevo rden de cosas debia de excitar el fanatismo poltico y ofrecer a los novadores un ancho campo de persecucion. Asi fu como esos trastornadores se apoderaron de cuantiosas riquezas, privaron de la vida a varios espaoles, expatriaron a otros muchos, llenaron de amargura y desolacion a sus inocentes familias y de horror, de luto y de sangre aquel pacfico suelo, del cual, es triste decirlo, parece haber huido el sosiego y la tranquilidad. Habiendo residido algunos aos en el reino del Per, y habindonos cabido en suerte ser testigos y aun partcipes de muchos sucesos de los ocurridos en la lucha que los espaoles se vieron obligados a sostener all por el espacio de 16 aos, nos proponemos presentar con la mayor exactitud algunos de sus pormenores para que puedan servir de datos seguros para la historia de nuestras armas, y conducir al propio tiempo al conocimiento de las causas que prepararon el resultado de Ayacucho. Para cumplir mejor nuestra tarea hemos procurado consultar varias publicaciones y manuscritos, sealadamente el Diario del ingeniero D. Francisco Javier de Mendizabal, el del E. M. del general la Serna en la campaa de 1817 sobre los campos de Jujuy y Salta; la impugnacion razonada del manifiesto del virey D. Joaquin de la Pezuela sobre su cesacion en el mando del Per; la representacion documentada del virey D. Jos de la Serna a S. M. acerca de la inobediencia del general Olaeta, su fecha en el Cuzco a 15 de julio de 1824: la exposicion tambien documentada del mariscal de campo don Gernimo Valds al rey, sobre la separacion del mando del virey Pezuela, la insubordinacion de Olaeta y las principales operaciones militares hasta la jornada de Ayacucho, su fecha en Vitoria a 12 de julio de 1827, la extensa relacion del gobierno del acreditado virey D. Jos Fernando Abascal, marqus de la Concordia; las Memorias del general Miller; la relacion histrica de 20 aos de residencia en la Amrica del Sur por el ciudadano ingls Mr. W. B. Stevenson; la historia de la revolucion hispano-Americana por D. Mariano Torrente, escrita y publicada bajo los auspicios del gobierno de Fernando VII; los viages alrededor del Mundo, del capitan Mr. Lafond; los partes oficiales de los generales espaoles; algunos de los independientes; el manifiesto del marqus de Torretagle, sobre su administracion como presidente de la repblica peruana, y nuestras propias

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anotaciones. La representacion del virey la Serna y el manifiesto de Torretagle se acompaan ntegros por su importancia. Y como sin verdad la historia toma otro nombre, en apoyo de la exactitud que hemos prometido insertaremos oportunamente algunos documentos y citas que, nos parece, merecen esta colocacion, sin embargo de poner otros igualmente interesantes por apndice. Tambien debemos confesar con lisura que la lamentablemente clebre circunstancia de haber visto, despues de 19 aos, servir el nombre ayacucho de especioso pretesto a las pasiones polticas para concitar los animos a un alzamiento que la historia ha de calificar, no es la que menos ha influido a decidirnos por la continuacion de un trabajo casi abandonado. As pues nuestra satisfaccion sera completa si logramos contribuir a la rectificacion de los juicios de buena f errneos, a poner un conveniente correctivo a los apasionados, y a que todos los espaoles, en fin, puedan juzgar con mayor copia de datos de los servicios y merecimientos de los leales defensores de los derechos de Espaa en el Per, aunque acabaron por ser vencidos en Ayacucho. La idea de pretender que el nombre de esta batalla, desgraciada para las armas espaolas, pase al catalogo de los nombres de proscripcion es en extremo singular y acaso sin ejemplo fuera de Espaa. Como quiera en Ayacucho perdieron los vencedores por su propia confesion sobre 1000 hombres entre muertos y heridos, y ademas es de notar que cuando se libr, el 9 de diciembre de 1824, hacia precisamente dos aos que solo el Per y la provincia de Chilo eran los nicos restos del dominio espaol en Amrica donde la lealtad mas acrisolada, abandonada a sus propios y exclusivos recursos no vendia, como en un arrebato de pasion se permiti decir cierto general en 1843, sino que resistia la ominosa rebelion de Olaeta y hacia frente a la revolucion armada y triunfante de todos los Estados de la Amrica meridional inclusa Colombia. Una resea cronolgica y fidedigna, aunque sensible, de las prdidas que contaba entonces la Espaa en el nuevo mundo bastara para comprobar nuestro aserto. Sublevse Buenos-Aires en 1810 y se perdi la mayor parte de este vireinato: rindise la plaza de Montevideo en 1814, despues de un prolongado sitio: perdise el reino de Chile en Chacabuco en 1817, confirmse su prdida en el Maipu en 1818, y se sigui a esta desgracia la de la fragata de guerra reina Mara Isabel en el puerto de Talcahuano con la mayor parte de la expedicion peninsular que convoyaba: perdise en 1820 el bergantn de guerra Potrillo y la

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plaza de Valdivia; desembarc San Martin en Pisco con las tropas de su mando; sac lord Cochrane, al servicio de Chile, la fragata de guerra espaola la Esmeralda de debajo de las bateras y castillos del Callao; passe al enemigo el batallon de Numancia armado y municionado; se sublevaron y proclamaron la independencia la plaza, astillero y provincias de Guayaquil y de Trujillo con sus respectivas guarniciones: perdise el vasto y rico reino de Mjico en 1821, reconociendo D. Juan O-Donoj en Crdova, apenas desembarcado como gefe superior, la independencia proclamada por el coronel Iturbide en Iguala: perdise en el mismo ao, y casi simultaneamente, la batalla de Carabobo, donde sucumbieron los restos del valiente ejrcito del general D. Pablo Morillo, quedando por consecuencia alineada la independencia de Costafirme: perdise en 1822 el reino de Quito en Pichincha; cedi la fidelsima provincia de Pasto al poder creciente de Bolivar; y, lo que parecera mas asombroso todavia, las fragatas Prueba y Venganza y la corbeta Alejandro, que formaban la nica escuadra espaola en el mar Pacfico al mando del capitan de navo D. Jos Villegas, fueron entregadas a los independientes por medio de un tratado celebrado en Guayaquil por sus propios gefes. Medtese pues con detenimiento la natural influencia que ese catalogo de reveses habia de ejercer en la suerte de la guerra que se sostena en el Per, donde siempre carecieron los realistas de fuerzas navales superiores, reclamadas por todos los gefes encargados del mando y aun ofrecidas por el gobierno de S. M., y tmese muy en cuenta que mientras el ejrcito espaol-peruano apenas contaba en diciembre de 1824 mil y quinientos europeos sobre las armas en toda la extension de aquel vireinato, el ejrcito britanico, que guarnecia los establecimientos del norte de Amrica, se componia de 50,000 hombres auxiliados de una marina poderosa y bien mandada. Reflexinese en fin que el ejrcito real peruano sostuvo una lucha obstinada desde 1809 hasta enero de 1826 en que capitul la plaza fuerte del Callao, mientras al ao siguiente de haber declarado los norte-americanos su independencia, es decir, en 1775, siti Washington a Boston y la tom de los ingleses, oblig poco despues el general Gates a rendirse sin combatir a 10,000 de estos soldados, y por ltimo, forzado el ilustre general ingls Cornwallis a capitular en York -Town con todas sus tropas, la independencia de los Estados-Unidos qued definitivamente reconocida en 1783. No se crea que los espaoles en el Per fueron mas valientes que los ingleses en el norte de Amrica, sino que

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contaron con infinitamente mayores simpatas en el pais, lo que sin duda alguna prueba en favor de su calumniada administracion. Como quiera no sabemos que la mala suerte de los vencidos haya llegado a ser entre sus mismos compatriotas el objeto de ningun mote. Este triste ejemplo parece estaba reservado para sealar en Espaa la poca del mayor desapoderamiento de las pasiones polticas. Sirve no obstante de grandsimo consuelo y es en extremo satisfactorio reconocer que los militares espaoles europeos y algunos fieles americanos, a quienes abandon la fortuna en Ayacucho, lejos de aceptar los partidos ventajosos que los independientes propusieron a unos, despues de capitulados, y los agentes del gobierno imperial del Brasil insinuaron a otros a su paso por Rio Janeiro, se apresuraron todos a regresar a la Pennsula y otros puntos del dominio de Espaa, satisfechos de su conducta, dispuestos a responder de ella cada uno en su caso, y prontos a prestar nuevos servicios si eran necesarios, como vino a suceder mas antes de lo que tal vez se crea. Consiguientemente esos militares a la muerte del rey Fernando fueron del nmero de los defensores de los derechos de su augusta hija, y aceptaron las instituciones nacionales defendindolas y sosteniendo al combatido trono, unos al precio de su vida y otros a costa y riesgo de su propia sangre; y si hubo alguna excepcion fu para concurrir al fin al memorable abrazo de Vergara. Nosotros apelariamos con confianza, si necesario fuese, al testimonio de cuantos valientes tomaron parte en esa sangrienta lucha y les conjurariamos a que dijeran el comportamiento que hubiesen observado en sus compaeros de armas generalmente designados por el apelativo ayacuchos; pero este periodo de su vida pblica no pertenece al presente asunto. Finalmente, para que se pueda formar una idea de las marchas y contramarchas que ha sido forzoso ejecutar en la vasta extension del territorio del alto y bajo Per, nos ha parecido conducente insertar a continuacion los principales itinerarios de las vias de comunicacion. Solo el vireinato del Per, llamado tambien de Lima, que ha sostenido por largo tiempo todo el peso de la guerra, se extendia antes de que esta estallara desde los 32' de latitud norte hasta los 25 10' de latitud sur, y desde los 63 56' hasta los 70 18' de longitud occidental del meridiano de Cadiz, es decir sobre 514 leguas de norte a sur y sobre 126 de este a oeste en la parte mas ancha, teniendo por lmites al norte la provincia de Guayaquil, al sur el famoso desierto de Atacames, al este la cordillera oriental de los Andes y al oeste el mar pacfico.

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Itinerario de Lima a Buenos-Aires. A Lurin ....................................................................... 6 Chilca...................................................................... 7 Asia ........................................................................ 8 Hualcara ................................................................. 8 Lunahuana ............................................................. 7 Llangas ................................................................... 6 Viac ...................................................................... 7 Trpo ...................................................................... 8 Cotay ...................................................................... 6 Huancavelica ........................................................ 10 Paucara ................................................................ 10 Parcos .................................................................... 4 Marcas.................................................................... 6 Huanta .................................................................... 6 Huamanga .............................................................. 6 Cangallo ................................................................. 6 Ibias ........................................................................ 8 Uripa ..................................................................... 10 Andahuailas.......................................................... 10 Pincos..................................................................... 6 Cochacajas............................................................. 6 Abancay.................................................................. 6 Curahuasi ............................................................... 6 Lima-Tambo ........................................................... 4 Zurite ...................................................................... 6 Cuzco ..................................................................... 7 Oropesa.................................................................. 4 Urcos ...................................................................... 4 Quiquijana .............................................................. 4 Checacuya.............................................................. 6 Cacha ..................................................................... 5 Sicuani.................................................................... 3 Aguacaliente........................................................... 6 Santa Rosa............................................................. 8 Ayaviri..................................................................... 7 Pucara .................................................................... 6 Nicasio.................................................................... 6 Juliaca .................................................................... 6 Paucarclla............................................................. 7

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Puno ....................................................................... 3 Chucuito ................................................................. 4 Acra ...................................................................... 3 Ylabe ...................................................................... 5 Juli .......................................................................... 5 Pomata ................................................................... 4 Cepita ..................................................................... 7 Huaqui .................................................................... 7 Tiahuanaco............................................................. 4 La Laja.................................................................... 7 La Paz .................................................................... 6 La Ventilla............................................................... 4 Calamarca .............................................................. 6 Ayoayo.................................................................... 5 Sicasica .................................................................. 8 Panduro .................................................................. 8 Caracollo ................................................................ 5 Oruro ...................................................................... 8 Venta de Enmedio ................................................ 10 Condorapacheta ..................................................... 4 Las Peas............................................................... 4 Ancacato................................................................. 4 Vilcapuguio ............................................................. 5 Lagunillas ............................................................... 8 La Lea .................................................................. 6 Llocalla ................................................................... 6 Potos ................................................................... 10 Chaquilla................................................................. 6 Caisa ...................................................................... 6 Sarapalca ............................................................... 6 Quirve ..................................................................... 6 Escara .................................................................... 6 Santiago de Cotagaita ............................................ 4 La Ramada ............................................................. 8 Mochara.................................................................. 6 Suipacha................................................................. 8 Mojo........................................................................ 8 Quiaca .................................................................... 8 Cangrejos ............................................................... 9 Colorados ............................................................... 6 La cueva ................................................................. 6

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Humahuaca ............................................................ 8 Huacalera ............................................................... 6 Hornillos.................................................................. 6 Volcan .................................................................... 9 Jujuy ....................................................................... 9 Rio-Blanco .............................................................. 7 Caldera ................................................................... 5 Salta ....................................................................... 6 Covos ..................................................................... 9 Cienega .................................................................. 7 San Antonio ............................................................ 8 Rodeo del Tala ....................................................... 8 Concha ................................................................... 8 Rosario ................................................................... 3 Arenal ..................................................................... 6 Pozo del Pescado................................................... 8 Aldurralde ............................................................... 7 La Tapia.................................................................. 8 Tucuman................................................................. 7 Talacocha ............................................................... 8 Palmas.................................................................... 6 Vinara ..................................................................... 6 Rio-Primero ............................................................ 5 Mirandas................................................................. 1 Capilla de Gimenez ................................................ 5 Santiago del Estero ................................................ 9 Monogasta.............................................................. 8 Silpica .................................................................... 4 Simbolar ................................................................. 7 Ayuncha.................................................................. 4 Remano ................................................................ 30 Portezuelo .............................................................. 8 Pozo del Tigre ........................................................ 6 Chaar.................................................................... 3 Durazno .................................................................. 5 San Pedro............................................................... 4 Corral de Barrancas ............................................... 4 San Antonio ............................................................ 5 Totoral .................................................................... 5 Sinsacate................................................................ 6 Noria ....................................................................... 5

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Crdova .................................................................. 7 Punta del Monte ..................................................... 4 Rio-Segundo........................................................... 4 Impira...................................................................... 5 Caada del Gobernador ......................................... 6 Ro-Pugio................................................................ 6 Esquina de la herradura ......................................... 6 Esquina de Medrano .............................................. 4 Fraile-Muerto .......................................................... 6 Zanjon .................................................................... 4 La Barranca ............................................................ 4 Esquina de Lovaton................................................ 7 Cabeza del Tigre .................................................... 5 Esquina de la Guardia ............................................ 7 Areco ...................................................................... 4 Desmochados......................................................... 4 Caada de la Candelaria........................................ 6 Manantiales ............................................................ 4 Arroyo de Pavon................................................... 10 Arroyo de en medio ................................................ 5 Arroyo de Ramallo.................................................. 5 Pontezuelas............................................................ 6 Arrecife ................................................................... 4 Chacras de Ayala ................................................. 10 Areco ...................................................................... 4 Caada de la Cruz.................................................. 6 Lujan....................................................................... 8 Caada de Morn................................................... 7 Buenos-Aires .......................................................... 6 Total ................................................................... 953 Itinerario de Lima a Tarapaca por Arequipa A Lurin ....................................................................... 6 Chilca...................................................................... 7 Asia ........................................................................ 8 Caete .................................................................... 8 Chincha ................................................................ 10 Ica......................................................................... 16 Palpa .................................................................... 20

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Nasca ................................................................... 10 Acari ..................................................................... 24 Chala .................................................................... 16 Atco ..................................................................... 24 Ocoa ................................................................... 24 Camana ................................................................ 12 Siguas .................................................................. 16 Arequipa ............................................................... 20 Tambo .................................................................. 24 Morro .................................................................... 10 Puquina ................................................................ 14 Moquehua............................................................... 2 Sitana ................................................................... 12 Sama ...................................................................... 9 Tacna ..................................................................... 9 Arica ..................................................................... 12 Chaca ................................................................... 10 Camarones ............................................................. 9 Chesa ..................................................................... 7 Tana ....................................................................... 7 Aroma ................................................................... 14 Tarapaca ................................................................ 6 Total ................................................................... 366 Itinerario de Tarapaca a Potos A Chusmiza.............................................................. 10 Huanca ................................................................... 8 Sitani ...................................................................... 8 Harangas ................................................................ 8 Zavaya.................................................................... 6 Chipata ................................................................... 6 Urinoca ................................................................. 12 Ullagas.................................................................. 10 Coroma................................................................... 9 Calientes................................................................. 8 Llapa....................................................................... 8 Tollocsi ................................................................... 9 Potos ..................................................................... 8

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Total ................................................................... 110 Itinerario de Arica a Oruro A Tacna ................................................................... 12 Paquia .................................................................... 7 Palca ...................................................................... 6 Tocra .................................................................... 8 Colpa ...................................................................... 8 Sepulturas blancas ................................................. 8 Cajas ...................................................................... 7 Torapaca ................................................................ 7 Curahuara............................................................... 6 Tambillo .................................................................. 6 Mulatos ................................................................... 8 La Barca ................................................................. 9 Oruro .................................................................... 10 Total ................................................................... 102 Itinerario de Oruro a Chuquisaca A Sorasora ................................................................. 5 Huancani ................................................................ 5 Agua-Caliente......................................................... 6 Calacala.................................................................. 6 Morachaca.............................................................. 7 Maccha ................................................................... 9 Ocari ....................................................................... 7 Yurubamba ........................................................... 10 Chuquisaca............................................................. 9 Total ..................................................................... 64 Itinerario de Oruro a Mizque A Culcobamba ........................................................... 7 Challa ..................................................................... 7 Tapacari.................................................................. 5 Sipesipe.................................................................. 8 Cochabamba .......................................................... 5

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Pampa-Redonda .................................................. 15 Curiauri ................................................................... 8 Mizque .................................................................... 7 Total ..................................................................... 62 Itinerario de Oruro a Carangas A Challacoyo.............................................................. 5 Toledo .................................................................... 5 Corque.................................................................... 8 Huanchacaya........................................................ 14 Carangas .............................................................. 13 Total ..................................................................... 45 Itinerario de Cochabamba a Santa Cruz A Pocona ................................................................. 20 Totora ..................................................................... 5 Chalhuani ............................................................. 14 Chilon ..................................................................... 7 Pulquina ................................................................. 6 San Pedrillo ............................................................ 5 Mataral.................................................................... 4 Mairana................................................................... 7 Samaipata .............................................................. 7 Cuevas ................................................................... 6 Porongo ................................................................ 21 Santa Cruz.............................................................. 3 Total ................................................................... 105 Itinerario de Potos a Chuquisaca A Tambo Bartolo ........................................................ 8 Tambo-Nuevo......................................................... 8 Chuquisaca............................................................. 9 Total ..................................................................... 25

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Distancia de Potos A Talavera de Puna.............................................. 12 A Atacames .......................................................... 90 A Lipes................................................................ 130 Distancia de Santa Cruz A S. Javier de Chiquitos ....................................... 60 A Loreto en Mojos .............................................. 110 Itinerario de Tarma a Huancavelica A Jauja ..................................................................... 10 Concepcin............................................................. 6 Huancayo ............................................................... 3 Huayucachi............................................................. 3 Acos ....................................................................... 6 Huando ................................................................... 8 Huancavelica .......................................................... 5 Total ..................................................................... 41 Itinerario de Tarma a Huaras A Reyes ..................................................................... 8 Carhuamayo ........................................................... 5 Pasco ..................................................................... 5 Llanahuanca ........................................................... 8 Baos ................................................................... 12 Huanuco-Viejo ........................................................ 5 Huallanca................................................................ 5 Carhuascocha ........................................................ 6 San Marcos ............................................................ 5 Huari ....................................................................... 5 Santa Catalina ...................................................... 10 Huaras .................................................................. 16 Total ..................................................................... 90 Itinerario de Lima a Ica por Yauyos y Castrovircina A Lurin ....................................................................... 6

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Chilca...................................................................... 7 Coaillo..................................................................... 9 Omas ...................................................................... 9 Tauripampa ............................................................ 8 Allanca.................................................................... 7 Capillucas ............................................................... 9 Catahuasi ............................................................. 10 Viac .................................................................... 14 Chupamarca ......................................................... 12 Pauranga .............................................................. 16 Huacahuaca ......................................................... 10 Huaitara ................................................................ 10 Tambillo ................................................................ 10 Ica......................................................................... 14 Total ................................................................... 151 Itinerario de Lima a Huancavelica por Jauja A Sisicaya ................................................................ 12 Chorrillo .................................................................. 8 Huarochiri ............................................................... 8 Pariacaca................................................................ 8 Julca ....................................................................... 8 Jauja ....................................................................... 9 Concepcion............................................................. 6 Huancayo ............................................................... 3 Huayucachi............................................................. 3 Acos ....................................................................... 6 Huando ................................................................... 8 Huancavelica .......................................................... 5 Total ..................................................................... 84 Itinerario de Lima a Huanuco A Chaclacayo............................................................. 6 Santa Ana............................................................... 3 Surco ...................................................................... 6 San Juan ................................................................ 2 San Mateo .............................................................. 4

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Yauli ....................................................................... 9 La Oroya................................................................. 5 Tarma ..................................................................... 6 Reyes ..................................................................... 8 Carhuamayo ........................................................... 5 Pasco ..................................................................... 5 Huariaca ................................................................. 8 Rondez ................................................................... 5 Ambo ...................................................................... 5 Huanuco ................................................................. 5 Total ..................................................................... 82 Itinerario de Lima a Guayaquil A Chancay ............................................................... 12 Huaura.................................................................. 12 Barranca ................................................................. 8 Huarmey ............................................................... 20 Casma .................................................................. 16 Nepea ................................................................... 9 Santa ...................................................................... 8 Viri ...................................................................... 16 Moche................................................................... 10 Trujillo ..................................................................... 2 Santiago de Cao..................................................... 5 Paijan ..................................................................... 5 San Pedro............................................................. 10 Pueblo-Nuevo......................................................... 5 Moaya..................................................................... 6 Chiclayo.................................................................. 8 Lambayeque........................................................... 2 Morrope .................................................................. 4 Sechura despoblado............................................. 36 Piura ..................................................................... 10 Ancotape .............................................................. 14 Paria ................................................................... 10 Mancora................................................................ 15 Tumbez................................................................. 24 Salto ....................................................................... 4 Guayaquil por el rio .............................................. 25

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Total ................................................................... 296 Distancia de Piura A Paita .................................................................. 14 Itinerario de Piura a Jaen A Urbaneja ................................................................. 8 Uicus....................................................................... 8 Ala ........................................................................ 10 Vigote ..................................................................... 6 Sabse ................................................................... 12 Huancabamba ........................................................ 6 Tabaconas.............................................................. 8 Charaja ................................................................... 8 Botijas..................................................................... 8 Pucara .................................................................... 6 Perico ..................................................................... 4 Jaen........................................................................ 8 Total ..................................................................... 92 Itinerario de la Barranca a Huaras A Pativilca .................................................................. 2 Huaricanga ............................................................. 5 Chaucayan ........................................................... 10 Marca...................................................................... 4 Rehuay ................................................................... 7 Huaras .................................................................... 4 Total ..................................................................... 32 Itinerario de Trujillo a Chachapoyas A Chicama ................................................................. 8 Ascope.................................................................... 4 Cascas.................................................................. 12 Contumarca ............................................................ 6 Magdalena............................................................ 10

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Cajamarca .............................................................. 5 Polloc...................................................................... 4 Celendin ................................................................. 8 Las Balsas .............................................................. 6 Carrizal ................................................................... 3 Tambo-Viejo ........................................................... 4 Llulli ........................................................................ 5 Lesnicbamba .......................................................... 4 Puente de Sto. Tomas............................................ 6 Sta ........................................................................ 3 Magdalena.............................................................. 4 Levanto................................................................... 3 Chachapoyas.......................................................... 3 Total ..................................................................... 98 Itinerario de Trujillo a Parcoy A Otuzco .................................................................. 14 Huamachuco ........................................................ 18 Chusgn ................................................................. 4 Rio Maraon ......................................................... 14 Parcoy .................................................................... 8 Total ..................................................................... 58 Itinerario de Chachapoyas a Lamas A Jauli ........................................................................ 8 La Ventilla............................................................... 4 Bagazan ................................................................. 6 Almirante ................................................................ 5 Pucartambo ............................................................ 6 Visitador.................................................................. 6 Uquihua .................................................................. 7 Moyobamba............................................................ 7 Jera ........................................................................ 4 Culcarrumi .............................................................. 4 La calavera ............................................................. 6 Buenavista.............................................................. 4 Potrero.................................................................... 6

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Tabalsos ............................................................... 6 Pueblo del Rio ........................................................ 3 Lamas ..................................................................... 7 Total ..................................................................... 89 Itinerario del Cuzco a Arequipa A Parru..................................................................... 8 Araipalpa ................................................................ 3 Chirihuay ................................................................ 3 Accha ..................................................................... 3 Macpi ...................................................................... 6 Tinco....................................................................... 5 Vetille...................................................................... 6 Caillma................................................................ 24 Sani ........................................................................ 8 Chibay .................................................................... 8 Estancia de Togra .................................................. 6 Lanahua ................................................................. 6 Arequipa ............................................................... 12 Total ..................................................................... 98 Itinerario de Arequipa a Puno A Apo ....................................................................... 10 Pati ....................................................................... 12 Vergara................................................................... 9 Santa Lucia............................................................. 7 Vilque ..................................................................... 8 Puno ....................................................................... 7 Total ..................................................................... 55 Algunas comunicaciones transversales De Ayaviri a la Ventilla............................................ 3 A Pucara................................................................. 3 Choconchaca.......................................................... 6 Lampa .................................................................... 3

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Total ..................................................................... 15 De Ayaviri a Charaqui............................................. 6 A Asangaro............................................................. 4 Total ..................................................................... 10 De Ayaviri a Antavilque .......................................... 3 A Asillo.................................................................... 4 Quinsacalco............................................................ 5 Potoni ..................................................................... 7 Al Crucero en Carabaya ......................................... 3 Total ..................................................................... 22 De La Paz a Pucarani............................................. 9 A Huarina................................................................ 7 Achacache.............................................................. 4 Ilabaya .................................................................... 7 Zorata en Larecaja ................................................. 2 Total ..................................................................... 29 De la Paz a Viacha ................................................. 6 A Caquiaviri .......................................................... 14 Total ..................................................................... 20 Nota. Todas las capitales de provincia van subrayadas. Los espaoles escriben Guaquil, Guaqui y Guaitara etc., con G debiendo de ser con h segn el abecedario ndico, que como dice el Inca Garcilaso no tuvo la letra G.

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MEMORIAS PARA SERVIR A LA HISTORIA DE LAS ARMAS ESPAOLAS EN EL PERU. CAPITULO I. Extension del dominio de Espaa en Amrica.Invasion y reconquista de Buenos-Aires en 1806.Prdida de Montevideo en 1807.Deposicion del virey marqus de Sobre-monte. Enumeracion de los reinos y provincias espaolas en el nuevo mundo.Mjico.Deposicion del virey Iturrigaray.Guarnicion de Lima.Su fundacion y estado.Tropas en general.Invasion de la Pennsula.Su influencia en Amrica.Insurreccion de Chuquisaca.Deposicion del gobernador presidente.Nombra el virey Cisneros al general Nieto.Insurreccion de la Paz.El virey del Per forma su ejrcito.Goyeneche.Ramirez.Triunfo de Chacaltaya.Sus consecuencias.Nieto en Chuquisaca. Pacificacion del Per.Quito. AO DE 1809. Cuando el 2 de mayo de 1808 el herico pueblo de Madrid seal con su propia sangre la honrosa senda que con teson y constancia supieron seguir los demas de la Pennsula, las posesiones espaolas de Amrica se estendian desde la parte mas austral de Chile hasta la mas septentrional de las Californias y contaban 79o 31 de sur a norte, es decir, cerca de 2,000 leguas; y aunque esa vasta extension de territorio se hallaba poblada de naciones y castas diferentes, era toda gobernada por una misma legislacion admirablemente adecuada al estado de sus naturales, bajo cuyo rgimen vivieron por mas de tres siglos en envidiable tranquilidad y prosperando, sin que fueran necesarios para su conservacion grandes y costosos aparatos marciales. La adhesion de los habitantes de la Amrica a su metrpoli se estimaba entonces general y se creia fundadamente sincera, pues apenas habian trascurrido dos aos desde que los moradores de Buenos-Aires la habian confirmado con valor y sellado con su propia sangre.

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El hecho fue que los ingleses dirijieron una expedicion contra Buenos-Aires, desembarcaron sin dificultad, obtuvieron repetidas ventajas sobre nuestras armas, que mandaba el virey marqus de Sobremonte, entraron en la capital y sitiaron a Montevideo en 1806. Apesadumbrado sin duda por las desgracias experimentadas, el virey tom la resolucion de sustituir en la real audiencia el mando que ejercia, perdida la capital y con los enemigos al frente. De aqui provino el que el valiente y entonces popular brigadier D. Santiago Liniers se encargase del mando de las armas, y bajo su acertada direccion los fieles y bravos habitantes de Buenos-Aires obligaron a capitular a los ingleses, y reconquistaron la capital el 23 de agosto del mismo ao de 1806. Ufanos con la victoria y so pretexto de asegurar sus consecuencias, provocaron al dia siguiente un cabildo abierto sin conocimiento prvio del gobierno, pero cuyo verdadero objeto era la destitucion del virey; acto que los buenos oficios de la audiencia y del reverendo obispo consiguieron paralizar, aunque el pensamiento cundia por todas las clases con aplauso, porque el crdito de Sobremonte habia menguado tanto como habia crecido con el triunfo la reputacion de Liniers. Asi las cosas, spose en Buenos-Aires a mediados de febrero de 1807 que la plaza de Montevideo habia caido en la madrugada del 3 del propio mes en poder de los ingleses, y caus tal agitacion en el pueblo que recorria las calles pidiendo a voces la destitucion del marques de Sobremonte y la reconquista de Montevideo. El virey obligado por las exigencias del pueblo armado, consinti en que el 17 de fbrero se reuniese una junta general y en ella se acord su destitucion, y que el ejercicio de las altas facultades de la primera autoridad se dividiese entre la audiencia y el gefe militar Liniers; todo interinamente y mientras S.M., a quien se daria cuenta, se dignaba resolver como estimase mejor. La persona del marqus qued asegurada en la Recoleta. De aqui nacieron graves cuestiones y aun compromisos en cierto modo para el celoso virey del Per, quien lleg a tomar sobre si, primero la determinacion de trasladarse a Buenos-Aires que la audiencia de Lima, consultada, desaprobo, y luego el nombramiento de su antecesor el marqus de Avils para el gobierno de aquel vireinato; disposicion que tampoco mereci el asentimiento de todas las autoridades de Buenos-Aires. Entretanto se recibi muy oportunamente la real rden de 23 de octubre de 1806, declaratoria del rden y sucesion del mando en los gobiernos y presidencias de Ultramar, y en su consecuencia se encarg de aquel vireinato el

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afortunado Liniers, cuya circunstancia comunic la audiencia de Buenos-Aires al virey del Per, con lo cual cesaron las diferencias pendientes1. En la grande extension de territorio que la Espaa poseia en Amrica se comprendian el archipilago de Chiloe, el reino de Chile, inclusa la plaza, puerto y provincia de Valdivia, el vireinato de Buenos-Aires incluso el Paraguay, el vireinato de Lima sea reino del Peru, inclusa la provincia y astillero de Guayaquil, el reino de Quito, el vireinato de Santa F Nueva-Granada, inclusas la capitana general de Caracas y la presidencia de Panama, el vastsimo reino de Mjico con las Californias y la capitana general de Guatemala, ademas de varias islas importantes en ambos hemisferios. Entre esas dilatadas y ricas posesiones, dice bien M. Lafond, ocupaba el reino de Mjico la primaca, tanto por la naturaleza de las producciones de su suelo, como por su situacion geografica. Con puertos en el Atlantico y en el Pacfico, interpuesto entre la Europa y el Asia, debia Mjico merecer la preferencia de los espaoles, porque ademas de tener estos derechos a contar con la fidelidad de sus predilectos habitantes, podian tambien prometerse atender mejor a su conservacion por su mayor proximidad a la Pennsula2. Asi era de esperar que sucediese si la unidad de accion en el mando de esas lejanas provincias no se hubiera visiblemente resentido de la extincion del ministerio universal de Indias, llevada definitivamente a cabo en 1790. Siguironse despues en Mjico las administraciones de los vireyes Branciforte Iturrigaray, amargamente censuradas, sin que el gobierno supremo mandase inquirir convenientemente el fundamento de la censura para acreditar, como importaba su justificacion; y esta fu, en nuestro sentir, una de las causas que contribuyeron a engrosar el nmero de los descontentos, enagenando muchas voluntades favorables antes a la metrpoli. Desatendidas las quejas que se producian en Mjico contra el gobierno, hasta las sentidas y enrgicas que elev al trono la direccion de Minas de Guanajuato, el virey Iturrigaray, con razon sin ella, carecia del crdito que el mando necesitaba para la poca critica que estaba avocada. Falto de apoyo, pues, asi entre los europeos como entre los criollos, fu depuesto en la noche del 15 de setiembre de 1808 y puesto en prision por acuerdo de una junta
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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia Voyages autour du monde

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clandestinamente reunida al efecto, compuesta de la audiencia, del arzobispo, de todos los principales gefes y autoridades y de varios vecinos notables. Sin embargo de esos ejemplos siempre sensibles, los dominios espaoles de Amrica se mantenian pacficos y obedientes. Las tropas que formaban sus respectivas guarniciones residian por lo regular en las capitales, y bien fuese efecto de la paz en que habian estado, bien exceso de confianza y aun tal vez influencia del clima, lo cierto es que su instruccion no era esmerada ni rgida su disciplina; pero en cambio abundaban sus individuos en sumision y lealtad. Lima, capital del Per espaol, llamada tambien ciudad de los Reyes, en memoria de haberla fundado Francisco Pizarro el 6 de enero de 1534, contaba para su servicio y demas atenciones del reino con el regimiento Real de Lima, un batallon titulado del Nmero, otro de Pardos, otro de Morenos, 300 artilleros, el regimiento de Dragones de Lima, una compaa de caballera de la guardia del virey, otra de Alabarderos, que cubria el servicio interior de palacio, y un apostadero de Marina en el Callao, pero sin escuadra. Desde la fundacion de Lima fu esta capital un objeto de predileccion para los espaoles y para sus reyes, que la trataron del mismo modo que a las ciudades mas favorecidas de Espaa. Habia en ella una audiencia pretorial creada en 1543; la universidad de San Marcos con los mismos privilegios y exenciones que la de Salamanca, fundada en 1551: un tribunal de Inquisicion, erigido en 1571, cuya jurisdiccion se extendia al territorio de Chile y Chiloe, y al de los vireinatos de Buenos-Aires y del Per y parte del de Santa Fe: muchos conventos de frailes y monjas tan grandes y poblados algunos, que el de la Concepcion encerraba en 1700 sobre 1044 mugeres, aunque en 1790 ya no contenia mas que 26; varios hospitales y bien atendidos; un seminario consiliar; tres colegios, Santo Toribio, San Carlos y San Fernando, este de medicina y cirujia, fundado por el virey Abascal con el fin de que esas facultades dejasen de ser exclusivamente ejercidas por la gente de color: una junta superior de real hacienda; un tribunal mayor de Cuentas; otro del Consulado; una casa de Moneda que acu desde 1801 a 1805 en plata y oro 21.215,314 pesos, y desde 1809 a 1813 21.146,410 pesos, es decir, 168,903 pesos menos que en el quinquenio anterior: una fundicion de artillera; una fabrica de excelente plvora: un jardin botanico; un proto-medicato, y un magnifico panteon1.
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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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Pero volviendo al punto principal, las guarniciones presidios de las demas posesiones espaolas de Amrica se compnian por regla general de la misma clase de gente que la del Per, igualmente reducidas en nmero; mas tambien se hallaban creados cuerpos de milicias disciplinadas y urbanas de infantera y caballera, que nada casi costaban al erario, mientras no se les llamaba a las armas, lo que solo se verificaba en determinados casos. Y aunque en todos esos cuerpos, tanto veteranos como de milicias, servian algunos gefes y oficiales europeos, la mayor parte de estas plazas estaban cubiertas por criollos, por lo comun contentos hasta entonces con la dependencia de Espaa, y fieles y leales a la metrpoli. Sin embargo, es preciso reconocer que las doctrinas polticas, hasta las exageradas, a que dieron ocasion el pronto resultado de Ia insurreccion de los Estados-Unidos en el norte de Amrica, y la posterior y acalorada revolucion francesa, habian cundido bastante en las posesiones espaolas del nuevo mundo inflamado con facilidad las ardientes cabezas de algunos de sus moradores, cuando la alteracion del despacho de los negocios, errneamente distribuidos entre todos los ministerios, disminuia visiblemente la importante unidad de accion en el mando y facilitaba mas el acceso a todo gnero de chismes y de intrigas y de parcialidades, asi para la provision de los destinos en Ultramar, como contra las autoridades de esas mismas provincias, cualquiera que pudiere ser su mrito. Tal era el estado de la Amrica espaola cuando se recibieron en ella los alarmantes pormenores del herico alzamiento de la metrpoli contra las huestes de su ciego aliado el emperador de los franceses; y si al principio un noble entusiasmo ocup los animos de aquellos habitantes en favor de la causa de sus hermanos peninsulares, muy poco despues se empezaron a descubrir los espritus inquietos por sntomas inequvocos de una fermentacion peligrosa con la mas funesta tendencia. Asi las cosas, la ciudad de Chuquisaca1 en la parte austral de la Amrica fu la primera que alz el pendon de la insurreccion, promoviendo sus partidarios un tumulto popular contra la autoridad superior constituida, que termin por un acuerdo de la real audiencia celebrado el 25 de mayo, resolviendo la destitucion del gobernador presidente el teniente general D. Ramon Garcia Pizarro, a quien, desconceptuado al intento en el pblico, acusaron los facciosos ante el tribunal de la audiencia de complicidad en las maquinaciones que
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Se denomina tambien de la Plata y de Charcas.

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atribuian al gobierno superior de Buenos-Aires sobre entregar aquel pais a la corte de Portugal, y sobre esta acusacion denuncia recay la providencia de la audiencia, escandalosa y sin ejemplar hasta que la deposicion del virey Sobremonte en Buenos-Aires di la norma para cometer igual exceso en la ciudad de la Plata. Para esto, dice el virey del Per, precedieron cabildos extraordinarios, acuerdos clandestinos y pesquisas secretas, no solo contra la conducta del virey Liniers, del presidente Pizarro, del arzobispo D. Benito Maria Mox y comisionado de la junta de Sevilla el brigadier D. Jos Manuel de Goyeneche acerca de la inteligencia que secretamente mantenian con el gabinete del Brasil, sino que mezclando tambin a estas calumnias la de hallarse el gobernador empleado en la formacion de sumarias contra vecinos principales, su destierro y proscripcin para malquistarlo con el pueblo, y disponer con tan maligno influjo los animos a que cooperasen en el crimen de sedicion, que se proyectaba. Preparados de este modo y dispuestos a dar el golpe decisivo al presidente Pizarro en la noche del expresado 25 de mayo, se antepuso este jefe a la ejecucion mandando arrestar las personas de algunos ministros de la audiencia y miembros del ayuntamiento, que se habian sealado mas descaradamente en tan reprobados manejos; pero noticiosos los interesados de esta providencia la eludieron fugandose ocultandose de suerte que solo uno de los ltmos pudo ser habido. Mas preparado el pueblo al tumulto corri en tropel al palacio arzobispal y de aqui al de la presidencia en solicitud de la libertad de los presos, que suponian, interponiendo la dignidad del prelado, y obtenida la del detenido, clamaban aun por la de los demas y particularmente por la del fiscal, buscandolo, con ansia ya en el cuartel de la guarnicion, ya en casas particulares y ya en la misma presidencia, donde por ltimo se promovi la maligna especie de haber sido muerto por el fuego de la guardia cuando hizo a los amotinados algunos disparos. En esta situacion, aunque el anciano general Pizarro asegur bajo de juramento no tener preso a dicho fiscal, ni noticia alguna de su paradero ofreciendo responder de la seguridad de su persona, se le contest por la plebe con el mayor descomedimiento y notables insultos pasando a pedir que se les entregase la persona del presidente como traidor, al menos se le quitasen las armas, cuya proposicion admitida por el Acuerdo, que se habia juntado en la casa del regente, se le intim sin demora. Al principio resisti obedecer el general Pizarro, tanto por la ninguna autoridad de que procedia,

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como por no dejar al pueblo expuesto a su ruina en medio de la convulsion en que se hallaba; pero cedi al fin a las persuasiones y ruegos de los que le acompaaban, conviniendo en la entrega de la artillera, que tenia dentro de su casa, para calmar el bullicio como se le pretestaba. Conociendo los instigadores que para completar su designio necesitaban la prision del jefe superior redoblaron sus instancias al efecto y la obtuvieron de la Audiencia con la misma injustificable facilidad con que habian logrado la entrega de las armas. Hasta por tercera vez se resisti el general Pizarro a hacer la dimision del mando que le exigian las providencias del Acuerdo; mas vindose solo, desamparado ya de los pocos que hasta entonces le habian hecho compaa, y bajo la salvaguardia que el propio Acuerdo prometia de asegurarse la quietud pblica y la vida del mismo presidente, visiblemente expuesta, no pudo impedir por mas tiempo la usurpacion que la Audiencia hizo del gobierno abrogandose sus facultades. El 26 de, mayo fu consiguientemente despedida la tropa, que guarnecia a Chuquisaca, haciendo pasar las armas de sus manos a las de la plebe, y al dia siguiente 27 condujeron al presidente como reo de estado a la estrechez de una prision, y se di principio a un sumario contra el anciano y atropellado jefe; siendo muy de notar que se consumaban tamaos excesos entre aclamaciones del pueblo a favor del Sr. D. Fernando VII cuya soberana se minaba, escudandose maliciosamente los autores de tales escandalos en sospechas inventadas contra el representante del monarca en Charcas y contra los jefes y prelados mas autorizados del reino. Las medidas adoptadas por el presidente Pizarro para ahogar en su cuna tan funesta conjuracion hubieran probablemente producido su efecto, si hubieran sido practicadas con oportunidad y secreto; pues la prision de los principales culpables no pudo realizarse por haberse intentado demasiado tarde, y los auxilios pedidos al gobrnador intendente de Potos no pudieron llegar a la Plata hasta dos dias despues de consumada la deposicion y prision dl presidente, no obstante la diligencia con que D Francisco de Paula Sanz march en su socorro. Este jefe recibi rden d la Adiencia, ncargada ya del gobierno, para hacer retroceder la tropa que conduca, y la cumpliment persuadido de las sanas intenciones que aun suponia en unos ministros del rey, obligados por tantos ttulos a mantener el rden y conservar ilesos los intereses espaoles; pero estim conveniente entrar l en Chuquisaca para acordar con dichos ministros los medios mas adecuados de conciliar la tranquilidad del pais con el

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sostenimiento de las autoridades legtimas, y habiendo convenido en comunicarse mtuamente cuanto pareciera conducente al logro de tan importante objeto, regres Sanz a Potos lleno de satisfaccion por este acuerdo1. Sobre la insurreccion de Chuquisaca, tan lamentable por todas sus circunstancias, dice Torrente: Los oidores, que debieran haber sido el baluarte principal de la obediencia a la autoridad del rey, y que no podian ignorar las fatales consecuencias que habia de producir la relajacion del freno de las leyes y el movimiento de la fuerza popular, parece que fueron los primeros que se pronunciaron por la subversion. Reunidos en una casa particular, al tiempo que la furiosa plebe introducia el desrden y la anarqua amenazando la vida del general Pizarro, tomaron el partido de estrechar a aquel benemrito jefe a su renncia y a la entrega de las armas y artillera: uno de ellos pas a apoderarse de esta ltima, otro a situarla en la plaza violentando el almacn de la plvora y otro a intimar de un modo airado a dicho president la abdicacion de su autoridad. Se di soltura a los presos, y lejos de contener a la desenfrenada multitud en la carrera de sus excesos se la di rienda suelta y una ilimitada libertad. Apoyados los facciosos esencialmente en la Audiencia, como la nica ancora de su esperanza contra los esfuerzos de Pizarro, atacaron violentamente su palacio, se apoderaron de su persona, lo encerrarn en una prision y le forzaron a abdicar el mando. El gobernador intendente de Potos D. Francisco de Paula Sanz no se atrevi a dar un paso para sofocar la insurreccion de Charcas, temiendo sin duda salir desairado en su empresa contra un puebl tan decidido y resuelto, que se preparaba a oponer a las bien concertadas maniobras de una tropa bizarra y perfectamente disciplinada, una resistencia furiosa y todos los recursos de un despechado compromiso.. Mientras que dicha ciudad de Charcas estaba ardiendo en el mas vivo fuego revolucionario, aparentaba la real Audiencia una engaosa calma, y trataba de convencer de la cesacin de los desrdenes al virey de Buenos-Aires, a fin de paralizar con estos falsos informes todo esfuerzo que pudiera hacerse para tomar la debda satisfaccion de aquellas tropelas. Los motivos alegados de su alzamiento eran muy parecidos a los de los otros paises que se fueron revolucionando sucesivamente.
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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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Aparente fidelidad a Fernando VII, decision por conservarle aquellos dominios para cuando saliese de su cautiverio, fingidas sospechas de que las autoridades legtimas trataban de proclamar la soberana de la casa de Braganza, formacin de juntas independientes para preservarse de unos males inventados por una falsa aprension y sostenidos por la intriga: h aqui los medios de que se valieron los conspiradores en todo el vireinato de Buenos-Aires y del Per para llevar adelante sus planes de infidencia.1 La noticia de lo ocurrido en Chuquisaca el 25 de mayo lleg con bastante inexactitud a la Colonia del Sacramento, donde se hallaba el nuevo virey D. Baltasar Hidalgo de Cisneros, quin, en la intligencia de haber hecho dimision el presidente Pizarro, contest inmediatamente autrizando a aquella audiencia para continuar ejerciendo el mando, y previno al intendente de Potos que reuniera una fuerza competente para acudir con ella a mantener el rden pblico y la autoridad real en donde quiera que padeciesen alteracion, pero obedeciendo las rdenes de la Audiencia de Charcas en tanto no fuesen contrarias a las de aquel superior gobierno. Como no obstante el primer acuerdo entre el intendente de Potos y la referida au- diencia continu esta levantando tropas y acopiando municiones, las prevenciones del virey Cisneros vinieron a ser causa de serias recriminaciones pasando el tribunal a acusar como traidor al gobernador intendente de Potos como complice de las supuestas maquinaciones de entregar el pais a la corte del Brasil, porque en obedecimiento de los mandatos de Cisneros hacia frente a los desmanes y usurpaciones de la Audiencia. Al mismo tiempo los insurrectos de Chuquisaca emplearon la mayor diligencia en hacer circular papeles subversivos y en despachar emisarios activos que promoviesen la insurreccion en otros puntos, logrando pronto por desgracia que sus depravados intentos hallaran eco en la turbulenta Paz. Los genios dscolos y dispuestos a conspirar que abrigaba esta ciudad, capital de la rica provincia de su nombre, zcitados por l ejempl que habia dado y estaba dando Chquisaca, se apodraron con facilidad de la corta fuerza armada qu la guarnecia, y se alzaron tambien revolucionariamente en la noche del 16 de julio. La plebe desenfrenada de esta capital, compuesta en gran parte d in- dios viciosos, perdido el respeto a la autridad superior que ejercia accidentalmente el anciano assor, se arroj al saqueo de las casas
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Historia de la revolucion Hispano-Americana.

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mas visibles principalmente de los espaoles europeos, y tras de los robos cometi asesinatos y cuantos crmenes son consiguientes en semejantes desrdenes. Las tinieblas de la noche acrecian la cnfusion y el espanto en medio de los lamentos de las familias de las vctimas y de la aterrante grita de la gente amotinada, cuando el reverendo obispo, movido de un celo verdaderamente apostlico, se lanz entre la muchedumbre enfurecida con el piadoso fin de lograr poner coto a tan horroroso estruendo; pero no alcanz su laudable esfuerzo mas que el amargo desengao de ver insultada su persona acabando por arrestarle en su palacio en compaa del asesor gobernador, intendente interino, donde ambos custodiados permaneciron hasta el da siguiente que el prelado fue confinado a una hacienda, distante de la ciudad 12 leguas. Alli permaneci el venerable obispo, cuando los indios de Irupana, partido d Yungas, que siempre se sealaron por su fidelidad al rey, compadecidos de la inmerecida situacion de su prelado diocesano, se apoderaron de la tropa que lo scoltaba, lo sacaron de su confinamiento y lo condujeron a su pueblo con el mayor respeto y toda la comodidad que les fu posible proprcionar. Atropelladas y depuestas las autoridades legitimas de la Paz acusadas tambien por los insurrectos d pretndr someter l pais al dominio de Portugal, invocando estos el nombre de Fernand VII pasaron a formar una junta de gobierno y procuraron componerla de los americanos mas marcados por su espritu de independencia y de algunos europeos que generalmente aceptaron ya por temor a los riesgos a que se hallabah expuestos; ya tal vez esperanzados de podr influir en la disminucion de los males que no les era dado evitar del todo. Esta junta instalada tom el ttulo d Tuitiva. A los dtestables crmenes cometidos en el alzamiento de la Paz contribuyeron eficazmente los muchos advenedizos que residan a la sazon en la ciudad, especialmente de los naturales de la finitima provincia de Cochabamba, quienes dieron despues la vuelta a sus domicilis bien cargados de botin. En 26 de julio el gobernador intendente de Puno, directamente y por conducto del presidente interino regente de la audiencia del Cuzco, di parte al virey del Per D. Jos Fernando Abascal, despes marqus de la Concordia, del terrible tumulto en que la Paz se encontraba, y pedia con instancias providencias para remediar tamao escandalo, no menos que para asegurar la defensa de la inmediata provincia que le estaba encomendada. En efecto, la ciudad de la Paz se halla situada cerca de la orilla izquierda del rio que sirve

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de desage a la laguna de Titicaca de Chucuito, denominado por lo mism, rio del Desaguadero, que era la lnea divisoria entre los vireinatos d Buenos-Aires y del Per; y en tal virtud este virey, justamente receloso de que el incendio revolucionario, que ardia tan inmediato, prendiera en el limtrofe territorio de su gobierno, adopt las mas eficaces medidas no solo para impedirlo, sino para ahogar en su cuna la rebelion de la Paz. Hallabase a la sazon en marcha a encargarse interinamente del gobierno y presidencia del Cuzco el brigadier D. Jos Manuel de Goyeneche, recientemente vuelto al pais con el caracter de comisionado de la junta de Sevilla (hoy teniente general, conde de Guaqui, y senador del reino), y el virey Abascal mandando partir para la frontera d Puno al coronel D. Juan Ramirez y Orozco, gobrnador de Huarochiri, nombrado gfe de la tropa que alli prevenia se reuniese sin demora, le preceptuaba presentarse al nuevo presidente del Cuzco y que combinasen ambos el plan de operaciones mas seguro para impedir que el desrden que afligia a Chuquisaca y a la Paz se comunicara al Per, y aun para tranquilizar aquellas provincias: mand remitir a Puno armamento, municiones, dinero, pertrechos de guerra y una compaa del regimiento vetrano Real de Lima, orden que de las milicias d las provincias de Arequipa, del Cuzco y de Puno se formase inmediatamente un cuerpo d ejrcito en las cercanias del Desaguadero; y confi su organizacion y mando al coronel D. Juan Ramirz, mientras el virey de Buenos-Aires y el gobernador de Potos, encargado por aquel ya de la quietud del pas, arbitraban medos de restablecerla en las provincias donde s habia alterado. Al comunicar el zeloso virey Abascal al nuevo presidente del Cuzco, Goyeneche, todas las disposiciones relativas al importante objeto que se proponia, le autorizaba para que, en caso de estimarlo conveniente, tomase desde luego el mando en gefe de las tropas mandadas reunir, y marchase con ellas a pacificar las provincias de la Paz y de Chuquisaca, obrando siempre con la precaucion, tino y prudencia que lo critico de las circunstancias exijia; y en este supuesto Ramirez habia de quedar de su segundo, que fu lo que puntualmente vino a suceder. Aceptado el mando de las tropas por el brigadier Goyeneche, despleg ste la mas recomendable actividad en el cumplimiento de las rdenes instrucciones del acertado virey Abascal, y desde luego dispuso con suma oportunidad que el coronel D. Fermin Pirola se adelantase con 100 hombres y dos piezas de artillera de a lomo a apoderarse del puente del Desaguadero.

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Cuando Pirola lleg a este punto ya le hall ocupado por los insurrectos de la Paz; pero inexpertos y sin practica militar facilmente logr aquel gefe desalojarlos y apoderarse del puente que supo conservar como se le habia encomendado. No tard el comandante en gefe en trasladarse tambien a las cercanas del Desaguadero, y alli acudieron los contingentes de milicianos que habian de formar el ejrcito de operaciones, en cuyas prontas remesas se distinguieron a porfia la buena voluntad de los pueblos peruanos y la zelosa actividad de los gobernadores y demas gefes en las respectivas provincias. Establecido en Zepita el cuartel general, di Goyeneche a sus tropas la organizacion que su calidad y la premura del tiempo le permitian, y conforme con las instrucciones del virey hizo proposiciones pacficas a los alzados de la Paz, sin provecho alguno por la altanera de los mas comprometidos, empeados siempre en sostener que el alboroto del 16 de julio era el resultado de la fidelidad, del zelo y del honor de aquella poblacion, movida por la desconfianza que le inspiraba la secreta inteligencia que se suponia advertida entre la corte del Janeiro y los gefes superiores del vireinato de Buenos-Aires. Tal era el sentido en que el mismo ayuntamiento de la Paz habia escrito al marques de la Concordia, asegurando ademas tener a la vista irrefragables justificaciones de la reunion de tropas portuguesas en los lmites de Matogroso y otros puntos de la frontera de Mojos; de la existencia del infante D. Antonio en clase de incgnito en la capital de Buenos-Aires; de la detencion de la fragata de guerra espaola la Prueba; de los insultos hechos a la persona de D. Pascual Ruiz Huidobro, y de la repeticion de expresos desde el Brasil a la capital del vireinato. Un tejido de suposiciones tan falsas y calumniosas descubria a toda luz el inters que lo habia formado1. Era, pues, en extremo urgente decidirse a poner coto a la rebelion de la Paz, y asi lo pedian tambien muchos de sus honrados habitantes. Resolvise Goyeneche a levantar su campo y tomar la ofensiva: cruz el Desaguadero el 13 de octubre, y alcanz los altos de la Paz, donde los principales gefes facciosos Indaburu, Castro Iriarte, confiados en la superioridad numrica de sus hordas, se propusieron hacer frente a Goyeneche tomando posicion en Chacaltaya. A la imponente aproximacion de las tropas reales, Indaburu abandon su puesto y se retir a la Paz, en cuya plaza mayor fu seguida y tumultuosamente asesinado por los suyos
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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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con terror y asombro del vecindario pacfico. Su compaero Castro esper el ataque de las tropas leales, y aguant con bastante rostro las primeras descargas; sin embargo la turba que capitaneaba no pudo resistir por largo tiempo la buena direccion y el empuje creciente de las armas espaolas, y cayendo muerto el mismo Castro pusironse luego en desordenada fuga los enemigos, tomando la direccion de los escabrosos valles de los Yungas, y dejando en el campo algunos cadaveres, heridos y prisioneros, parte de sus fusiles y toda la artillera y municiones; sin prdida, se puede decir, por nuestra parte. Terminado pronta y felizmente este primer suceso, Goyeneche dej 300 hombres en Chacaltaya al mando del coronel Pirola, y se dirigi con el resto a la ciudad de la Paz; dividi su gente en dos columnas, y con las precauciones correspondientes se encamin a la ciudad por las opuestas entradas de Lima y de Potos, que tienen mas de media legua de bajada bastante pendiente, y ocup sin nuevo obstaculo la mencionada poblacion, desde la cual di cuenta al virey con fecha 26 de octubre. Goyeneche habia entrado en la Paz dos dias antes entre las aclamaciones y las lagrimas de gratitud que derramaban los que habian sido el blanco de los malos tratamientos de los revolucionarios en los tres meses de su ominosa dominacion, y se dedic con esmero a poner rden en todos los ramos del gobierno. Es preciso confesar, dice el virey, que la dedicacion del comandante general desde el momento de su entrada en la Paz, se antepuso en muchas ocasiones a mis rdenes: as, antes de que pudiese instruirse de mis prevenciones relativas al restablecimiento del rden pblico, estaban ya ejecutadas con el mejor acierto. Dividi la ciudad en cuarteles nombrando jueces de polica, a quienes seal las instrucciones a que debian quedar sujetos, y a beneficio de esta providencia y de las penas que impuso a los contraventores de sus edictos se recogieron muchos efectos del saqueo: se desenterraron intereses de la real hacienda, y armamento que tenian oculto dentro y fuera de la ciudad, la cual se fu repoblando de los vecinos honrados que habian emigrado de ella, y lo mas esencial de todo el restablecimiento perfecto de la sumision y respeto a los magistrados.1 Entretanto el cabecilla Iriarte, los dos hermanos Lanza y el presbtero Medina, cura interino de Sicasica, con los dispersos que les habian seguido a los valles de Yungas, se esforzaban por
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insurreccionar sus habitantes. Impuesto Goyeneche de sus proyectos, as como de los enormes excesos que cometian en los fieles yungueses que se resistian a secundar sus planes, destac en su persecucion una columna de 400 a 500 hombres con dos piezas de montaa al mando de su primo el coronel D. Domingo Tristan. Lleg esta columna a Machamargue Irupana, donde fu recibida con el mayor contento, y por aprovechar algun descuido que pudieran cometer los realistas distraidos con los mismos regocijos, los insurgentes los atacaron de improviso con bastante empeo; pero resistidos con valenta fueron al fin derrotados con considerable prdida entre muertos, heridos y prisioneros, contandose en este nmero uno de los hermanos Lanza y el presbtero Medina. Con este nuevo y feliz suceso se asegur la tranquilidad de los valles de Yungas, donde a mayor abundamiento se estableci un destacamento de guarnicion. Tristan con el resto de su columna regres conduciendo los prisioneros a la Paz sin haber experimentado desgracias que merezcan especial mencion, no obstante la naturaleza del terreno muy quebrado y montuoso, y la abundancia de las lluvias estacionales, que lo hacan mas intransitable y menos sano. Es sensible advertir que veremos en breve al D. Domingo Tristan, vencedor de lrupana, abandonar las banderas y causa de Espaa por pasarse a las enemigas; ejemplo sobradamente repetido por desgracia en la guerra de la revolucion de Amrica. El presidente de la junta Tuitiva de la Paz y corifeo principal de la insurreccion, llamado Pedro Morillo, aunque hombre de muy humilde esfera, pasaba por travieso y muy entendido en el manejo de papeles, cualidades que le facilitaron una decidida influencia. Sin embargo, ya habia llegado a perder casi la confianza de los mismos que lo habian ensalzado, como sucede con frecuencia en los movimientos populares; y por lo tanto, a la aproximacion de las tropas del rey se retir con su familia a las montaas mas asperas y fragosas de los yungas. Perseguido en ellas de rden de Goyeneche por un capitan activo con algunos soldados disfrazados fu al fin capturado y conducido preso a la Paz, en cuya ciudad, juzgado y condenado con otros ocho cabecillas, inclusos Lanza y Medina, sufri como ellos la pena de horca, menos el ultimo en quien se suspendi la ejecucion por respeto a su caracter sacerdotal. Medina fu remitido luego preso a Lima, y andando el tiempo consigui fugarse de la reclusion en que se le tenia y se traslad a Chile.

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Entre tanto lleg a Tupiza el mariscal de campo D. Vicente Nieto con muy poca tropa, nombrado por el virey de Buenos-Aires para suceder al general Pizarro en el gobierno y presidencia de la audiencia de Charcas; y aunque habia adelantado una sentida proclama en recomendacion del rden y de la sumisa obediencia a la autoridad legtima, los directores de la revolucion se resistieron a darla publicidad, pretestando, como dice Torrente, dificultades para recibirle sin que precediese una cordial transaccion, que dejase cubiertos bajo un velo impenetrable sus primeros desaciertos: aterrados con el xito desastroso de los revolucionarios de la Paz se apresuraron a poner en libertad al general Pizarro, y a nombrar una diputacion que presentase su rendido homenage al nuevo gefe. Verific ste su entrada en la Plata el 24 de diciembre, y dando principio a sus indagaciones contra los perturbadores del rden se hicieron varias prisiones, fueron confinados a diferentes puntos los ministros de la audiencia, a excepcion del conde de San Javier y del oidor Monte-Blanco, y remitdos a Lima el asesor Romano y el comandante Arenales con algunos otros individuos. Con las medidas adoptadas por el presidente Nieto, con el castigo impuesto en la Paz a algunos de los principales autores y gefes de la revolucion, ademas de destinar a los presidios de Filipinas, de Bocachicha en Cartagena y al Morro de la Habana a mas de 30 revoltosos, y con encomendar el gobierno de la mencionada provincia de la Paz al coronel D. Juan Ramirez, segundo de Goyeneche, se tuvo por asegurada la tranquilidad del alto Per; y permitido parecia creer que el rden restablecido y la fidelidad al rey solemnemente prometida de nuevo fuesen de larga duracion. En este concepto el comandante en Gefe Goyeneche, de acuerdo con las instrucciones del virey de Lima, empez a preparar el regreso de las tropas peruanas a su territorio y lo complet en el primer tercio del siguiente ao, como en su lugar se dira. QUITO La capital de este reino, que se jactaba de ser la cuna de una nobleza distinguida y de entendimientos muy claros, habia tambien desde antiguo dado repetidas muestras de su ligereza y su propension a las revueltas. Varias fueron, principalmente desde 1773, las revoluciones que se proyectaron y que se contuvieron solo con el amago de las armas y el zelo de las autoridades, aunque sin lograr extinguir tan perniciosa tendencia, como se comprob en la tramada

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en 1790 contra la existencia del gobierno, la cual si bien se previno poniendo en prision a los autores fu sin resultado de escarmiento por la impunidad de que vinieron estos a gozar. Las mismas ideas volvieron a manifestarse con mayor calor as que se supo en Quito el compromiso en que se hallaba la metrpoli, despues del rompimiento con Napoleon. El conde Ruiz de Castilla gobernador presidente del reino, logro tener conocimiento del plan de conspiracion que se urdia y lo paraliz tambien mandando prender y encausar a los conspiradores, que fue preciso dejar impunes por falta de pruebas del delito, como dice el marqus de la Concordia, por demasiada indulgencia de los magistrados, por otras causas que no ha sido posible investigar, sirviendo solo el aparato de esas causas y de esas prisiones para hacer mas cautos a los revolucionarios conocidos y que dirigieran con mas tino sus reprobados manejos en lo sucesivo. Con efecto, los mismos hombres y sealadamente el marqus de Selva-alegre, D. Juan de Dios Morales, ex-secretario de gobierno, y el licenciado D. Manuel Quiroga, aparentando defender los derechos del rey Fernando, se dedicaron a promover la desconfianza en los animos, y sirviendo mucho a su intento la ancianidad del conde Ruiz de Castilla gobernador presidente, pudieron con facilidad hacer estallar un tumulto sedicioso en la noche del 9 de agosto del corriente ao, que vino casi a coincidir con los alzamientos de Chuquisaca y de la Paz en el alto Per. Asegurados los conspiradores de la fuerza armada, por medio del soborno y del engao, llevaron a ejecucion su proyecto sin el menor embarazo: formaron una junta soberana bajo la presidencia de Selva-alegre, y como era natural eligi este para secretarios del despacho a los citados Morales y Quiroga. Para sorprender a los incautos y fascinar a los quiteos leales, la junta declar que su objeto y su voluntad se concretaban unicamente a conservar aquel reino a su legtimo rey el Sr. D. Fernando VII, acusando con diablico artificio a las autoridades constituidas de pretender reconocer por soberano al emperador de los franceses a consecuencia de haber renunciado en l los reyes de Espaa sus derechos. Viendo la junta el feliz xito de este maquiavelico ardid, dispuso que la tropa de la guarnicion prestase nuevo juramento solemne de defender y conservar el reino a su legtimo monarca, entonces cautivo en Francia, y de obedecer a la misma junta constituida en su nombre, de mantener la pureza de la religion catlica, apostlica romana y respetar a los jefes y autoridades que ella nombrase. Terminada esta ceremonia, como se apetecia, hizo la junta las prevenciones que estim oportunas a los comandantes de las guar-

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dias del palacio del gobierno, de los cuarteles y de las carceles: mand colocar otras en las casas de los sugetos mas sospechosos al nuevo rden de cosas: comision a los Sres. Ante y Aguirre para poner en manos del conde Ruiz de Castilla la comunicacion acordada: dirigi circulares y rdenes a todos los gobiernos circunvecinos, y satisfechos de su obra los autores de tamao escandalo se retiraron a sus habitaciones. La comunicacion al representante legitimo de S. M. en el reino estaba concebida en estos trminos: La junta soberana al conde Ruiz, ex-presidente de Quito.El estado actual de incertidumbre en que la Espaa se halla sumergida, el anonadamiento total de las autoridades legalmente constituidas y los peligros a que se ven expuestas la persona y las posesiones de nuestro muy caro Fernando VII de ser presa del tirano de la Europa, han determinado a nuestros hermanos trasatlanticos a recurrir al arbitrio de crear gobiernos provinciales, que provean a su seguridad personal atendiendo a garantirlos contra las maquinaciones de algunos de sus compatriotas, indignos del nombre espaol, y a defenderlos al mismo tiempo contra el enemigo comun. Los leales quiteos, resueltos a conservar a su legtimo rey y Seor natural esta parte de sus dominios, han establecido una junta soberana en esta ciudad de San Francisco de Quito; en nombre de la cual y de rden de su Excmo. Sr. presidente tengo la honra de participar a V. E. que las funciones de las autoridades del antiguo gobierno han cesado. Dios guarde a V. E. muchos aos. Sala de la junta en Quito a 10 de agosto de 1809. Manuel Morales, secretario del interior.1 Absorto el conde Ruiz de Castilla con el contexto del papel que acababa de leer, la primera noticia que tenia del extraordinario cambio que se habia realizado, sali de su gabinete a encontrarse con los referidos portadores, y al pretender exigirles esplicaciones, asegurados estos de que el pliego que se les habia encargado, se hallaba en poder del conde, le hicieron una reverencia y se retiraron sin responderle. Irritado el anciano presidente de un porte tan extrao, intent seguirlos; pero le detuvo la centinela colocada al lado exterior de la puerta del salon: hizo llamar al comandante de su guardia, quien se excus polticamente, y entonces vino a conocer su verdadera y triste situacion. Este antiguo y honrado servidor del Estado, contaba 84 aos de edad y mas de 40 de buenos servicios en Amrica. Mr. Stevenson que lo trat personalmente y de quien
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M. Stvenson, su relacion histrica.

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tomamos estos pormenores, aade: Como particular el conde Ruiz era bueno, afable y muy caritativo. Como hombre pblico se dejaba facilmente guiar, en especial, por las personas que servian a sus rdenes, cuando creia que sus pareceres estaban dirigidos por la justicia; y les oponia la mas completa resistencia desde el momento en que adquiria algun dato para dudar de su rectitud. La misma corte de Madrid se hallaba tan convencida de la conducta ajustada de este gefe que, al espirar el trmino de su primer gobierno del Cuzco en 1795, le dispens de la residencia a que le sugetaban las leyes, ejemplar acaso no visto hasta entonces, si bien repetido en nuestros das con menos prevision y conveniencia. Depuesto del mando el conde Ruiz de Castilla, traslad su residencia a una hacienda, distante dos leguas de la ciudad de Quito, y la junta soberana se entreg con mayor libertad a la ejecucion de sus vastos planes. Abri, dice el marqus de la Concordia, las arcas de la tesoreria a gastos exhorbitantes: cre empleos con grandes dotaciones, aument la fuerza armada, y emple en fin todas las artes intrigas propias para atraer a su partido a aquellos que dominados de la ambicion de la codicia, estan dispuestos siempre a satisfacer estas pasiones sin reparar en los medios que conduzcan al intento. Mas las providencias trastornadoras de la junta de Quito, lejos de hallar personas aptas para encargarse de la empresa de conmover a los pueblos, encontraron una noble resistencia en los gobernadores y en los ayuntamientos de Panama, de Pasto, de Barbacoas, de Popayan, de Cuenca, de Guayaquil y de Loja, cuyos gefes y corporaciones acudieron al virey del Per en demanda de prontos y eficaces auxilios para contener y sofocar la revolucion. El celoso y entendido marqus de la Concordia, que tenia puesta justamente su atencion en la pacificacion de las provincias limtrofes con su vireinato por el lado del sur, no prest menos diligencia en acudir al conflicto que amenazaba por el norte: dispuso con admirable prontitud que se enviasen armas y municiones a Cuenca y a Guayaquil: que se levantasen alli nuevas tropas y se pusiese a sueldo una compaia de artilleros milicianos: asegur el presidio de Loreto en Mainas y encarg la vigilancia de las comunicaciones por los ros Muraon, Napo, Curabay y Putumayo: orden el bloqueo de algunos puertos de Quito; y finalmente embarc en el Callao y remiti al rio de Guayaquil 400 veteranos provistos de artillera, municiones y dinero al mando del teniente coronel D. Manuel Arredondo. El virey de Santa F por su parte tambien se apresur a despachar contra Quito una pequea columna, as que tuvo noticia de los lamentables

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sucesos de esta capital: por manera que las amenazas continuas de Pasto, Guayaquil y Cuenca, los multiplicados desmanes de los nuevos gobernantes, los esfuerzos de la lealtad misma as que se recobr de la primera sorpresa y reconoci el engao y el aterrante anuncio de las expediciones armadas, procedentes de Lima y de Santa F, produjeron el mas saludable cambio en la opinion general y las cosas pblicas volvieron al ser y estado que tenian antes de la insurreccion, encargandose de nuevo del mando el depuesto presidente a invitacion de la misma junta soberana, aunque bajo notables condiciones contenidas en una capitulacion, que le obligaron a firmar segun asegur despues. En ella, dice el virey del Per, se obligaba a mantener en los propios destinos a los mas principales autores de la conspiracion, separando los ministros y empleados lgtimos que designa: conservar una fuerza armada que podia llamarse de insurgentes, por ser la misma que en aquella triste crisis haba cooperado al trastorno de los fundamentos del gobierno legtimo: y comprometer su palabra de honor para no proceder contra alguno en causa de la revolucion, todo conforme a las instrucciones que dijo haber recibido del virey de aquel reino.1 Duras eran las condiciones que el anciano conde Ruiz de Castilla habia suscrito y lo que era todavia peor, ninguna confianza inspiraban a los leales de que por semejantes medios se pudiese conservar la tranquilidad pblica en el pais; sin embargo, el noble conde estaba resuelto a cumplirlas como convenientes, a su parecer, en las circunstancias actuales. Nos hallamos privados de poder juzgar del resultado del pensamiento del conde, porque al fin los consejos del fiscal de la audiencia Arechaga y las reiteradas instancias del comandante de las tropas de Lima Arredondo, influyendo en el animo del octogenario presidente, le movieron a alterar su sistema primitivo y a faltar abiertamente a lo convenido. Procediose al desarme de la tropa que se habia ofrecido conservar: abrise una causa de conspiracion esteril en sus resultados, aunque se hicieron en su virtud varias prisiones, conducta que solo vino a servir para volver a agitar los animos y a inflamar las pasiones mal aplacadas. En tan desfavorable situacion llegaron al nuevo reino de Granada los comisionados regios, y entre ellos el sealado para Quito, hijo del marqus de Selva-alegre, presidente que habia sido de la junta revolucionaria, precedidos todos de papeles subversivos y de
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Relacin del gobierno, del marques de la Concordia

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proclamas incendiarias, que surtieron el efecto de acabar de menoscabar el crdito de las autoridades legitimas y de decidir a muchos hombres, todavia pacficos, a tomar parte activa en la conmocion general que termin por destruir el poder espaol en aquellas provincias. El comisionado regio de Quito, obstentando las mas amplias facultades del gobierno supremo, que nunca exhibi, se hizo del partido popular, obtuvo que las tropas auxiliares saliesen de Quito, levant otras de las que se nombr comandante, puso al presidente conde Ruiz en la mas vergonzosa dependencia, hizo comparecer a su fugitivo padre para que se encargara otra vez del mando de la provincia. As pues, no solo habia estallado de nuevo y con mayor furia otra revolucion al ao de haber sucedido la primera, sino que los motines y los asesinatos en Quito continuaron unos despues de otros, de los cuales fu vctima el mismo conde Ruiz de Castilla; la tranquilidad y la seguridad desaparecieron por algun tiempo del suelo quiteo, y al fin este hermoso pais vino a perderse del todo para la Espaa en mayo de 1822, a consecuencia de la victoria ganada en Pichincha por el general Colombiano Sucre sobre las tropas que mandaba el general presidente del reino D. Melchor Aimerich. Antes de volver a tratar de la guerra del Per, que es el principal objeto de estas Memorias, no parecera inoportuno dar aqui una idea de la importancia y esplendor de la ciudad de Quito, siguiendo la descripcion hecha por el ciudadano ingls Mr. Stevenson, que la habit algun tiempo y quien, tanto por extrangero como por haber abrazado la causa de la independencia, no sera tachado de parcial en favor de las obras de los espaoles. El reino de Quito habia sido conquistado por los Incas del Per y formaba parte de su vasto imperio antes de 1528, en cuyo ao los espaoles descubrieron por primera vez estas regiones. Sebastian Benalcazar, como le dice el presbtero Lopez de Gomara, Belalcazar, como le llama el inca Garcilaso de la Vega, con 200 peones y 80 caballos adquiri de orden de D. Francisco Pizarro este reino para la Espaa y en 1534, bajo la advocacion de S. Francisco, fund la poblacion de Quito, a la cual en 1541 concedi titulo de ciudad el emperador y rey Carlos I. Hallase situada esta poblacion debajo de la misma linea equinocial de tal manera que sus habitantes viven en ambos emisferios y pueden pasearse alternativamente en uno en otro, y la rodean por el norte la llanura de Anaguitu, comunmente conocida por Egido, por el sur el llano de Turupampa, en el que se levanta el cerro llamado el Panecillo; por el ste las

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alturas de Chimbacalle y por el oeste la famosa montaa de Pichincha. La ciudad de Quito fu erigida en silla episcopal en 1545 y era la residencia de un gobernador presidente, del tribunal de la audiencia, del de cruzada, del de bienes de difuntos y del de temporalidades, as como de las demas oficinas superiores del reino: tenia seis iglesias parroquiales, cuatro plazas, nueve conventos de frailes, cinco de monjas, el colegio de los ex-jesuitas, un beaterio, un hospital, fiado al cuidado de los religiosos betlhemitas, y contaba sobre 70,000 almas entre blancos, mestizos indios, con muy pocos originarios de Africa porque los indgenas cubrian el servicio domstico. Entre sus edificios el mas digno de atencion por la belleza de su arquitectura era el colegio de los ex-jesuitas, obra ejecutada por los indios bajo la direccion del padre Sanchez, de la compaa, natural de la misma region de Quito. El interior de la iglesia, dice Mr. Stevenson, estaba construido por el modelo de la de Jesus de Roma. Antes de la expulsion de esta compaa el templo se hallaba ricamente adornado, pero fu despues despojado de sus mas estimables preciosidades. Contabase entre estas una custodia que se encuentra ahora en la capilla real del Escorial: uno de sus lados estaba cubierto de diamantes engastados en plata primorosamente bruida, y el otro de esmeraldas montadas en oro, y aunque no pasaba de dos pies y ocho pulgadas, de alto estaba avaluada en 870 C pesos fuertes. Como quiera que haya sido, se nos ha asegurado que esta preciosa alhaja no existia en el Escorial en 1840. La ciudad de Quito ha sido siempre clebre por el crecido nmero de jvenes que acudian a ella a estudiar: tuvo dos universidades, la de San Gregorio Magno que dirigian los jesuitas, y la de Santo Tomas de Aquino que regentaban los dominicos: a la primera, fundada por Felipe II en 1586, se la concedieron en 1621 iguales privilegios a los que gozaba la de Salamanca. El Sr. D. Carlos III incorpor esta universidad a la de Santo Tomas. El colegio de San Buenaventura de los franciscanos y el de San Fulgencio de los agustinos disfrutaron tambien en lo antiguo del privilegio de conceder el grado de doctor, de cuya facultad se les priv mas tarde. La universidad contaba una catedra de artes, dos de teologia, dos de canones, dos de jurisprudencia y una de medicina. Habia ademas dos colegios, el de San Luis declarado mayor por Felipe V., y el de San Fernando que se denominaba Real. El primero ha dado muchos distinguidos literatos, y Mega, diputado en las crtes de Cadiz, habia sido del nmero de sus colegiales.

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El gobernador presidente de la audiencia de Quito se hallaba investido de iguales facultades que los vireyes, menos en el ramo militar que dependia del virey de Nueva-Granada: era vice-patrono real, y la audiencia se compona de un regente, cuatro oidores y un fiscal. Este tribunal fu creado en 1563, abolido en 1718 y vuelto a establecer en 1739. Deben de ser dignas de atencion las causales de tamaas vicisitudes, de las cuales hubo mas de un ejemplar en las posesiones espaolas ultramarinas. El cabildo, sea ayuntamiento, constaba de dos alcaldes ordinarios, ocho regidores y otros empleados: los indios que residian en la ciudad de Quito estaban sujetos a un alcalde elegido de su misma casta por el ayuntamiento, y tenan ademas un abogado pagado por el rey que llevaba el titulo de protector de indios. El cabildo eclesiastico lo formaban un dean, un arcediano, un chantre, un tesorero, un doctoral, un penitenciario, un magistral, tres cannigos, cuatro racioneros y dos medio racioneros. Contabanse igualmente en Quito varios ttulos de Castilla y otras muchas familias de nobleza distinguida originarias de Espaa: el actual conde de Puo-en-rostro, grande de Espaa de primera clase, es natural de la referida ciudad, y en ella vivian, segun se creia, los descendientes directos de San Francisco de Borja, duque de Gandia. De esta poblacion salieron un arzobispo, ocho obispos y muchos literatos clebres, entre ellos D. Pedro Maldonado Sotomayor, matematico profundo, que vino a ensear ciencias en Pars y fu miembro de la sociedad de Lndres, donde muri. En Quito en fin naci Atahuallpa, ltimo emperador inca del Per, cuyo trono manch con la sangre de sus parientes de la lnea primognita y legtima, quien a su vez fue sensible y errneamente mandado ejecutar por el adelantado D. Francisco Pizarro. Por la resea que acabamos de estractar podran juzgar los hombres imparciales de todos los paises si merecen con justicia los espaoles ser acusados de tiranos en la administracion de sus dominios ultramarinos, ni de haber jamas pretendido mantener a aquellos sbditos ni en la barbarie ni en la ignorancia. La Amrica espaola marchaba enteramente al compas de las vicisitudes de la metrpoli, y si hubo algunos excesos individuales, algun abuso de autoridad que lamentar en tan larga dominacion habria razon ni justicia en acusar por ello en masa a toda la nacion espaola? Qu dirian los ingleses si pretendiramos inculparlos en masa por los excesos de su gobernador Hastings en el Indostan, que tan altamente denunciaron en la camara los famosos Fox, Burke y Sheridan? Qu dirian los franceses si les acusaramos a todos por la barbara inhumanidad

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cometida mas recientemente con los arabes de Dahara? El tiempo, calmando las pasiones, debe ir haciendo que la razon y la justicia recobren el ejercicio de su imperio en el punto en cuestion, y entre tanto no cesaremos de hacer votos porque la Amrica, que perteneci a la Espaa, disfrute cuando menos de tanta paz, tanta abundancia y tanta verdadera libertad como gozaba antes de la revolucion que produjo su independencia. Capitulo II El ejrcito de Goyeneche regresa al Per.Su licenciamiento. Insurreccion de Buenos-Aires.Liniers.Elio.Cisneros. Abascal.Expedicion de Ocampo.Casteli.Muerte de Liniers y otros.Formacion de un nuevo ejrcito peruano.Goyeneche. Insurreccion de Cochabamba y Oruro.Desgracia de Aroma. Crdova en Cotagaita.Su derrota en Suipacha.Consecuencias. Casteli en Potos.Muerte de Nieto, Crdova y Sanz.Noticias biograficas de Casteli.Chile. AO DE 1810 Sofocados los tumultos de las ciudades de Chuquisaca y de la Paz, y asegurado el rden pblico al sur del Desaguadero, como queda referido, el ejrcito real expedicionario del vireinato de Lima regres a su territorio y fu seguidamente licenciado, volviendo sus individuos al seno de sus familias contentos y con gloria. El mismo comandante en gefe Goyeneche, despues de instalar en el gobierno de la Paz al coronel D. Juan Ramirez y de dejar a sus inmediatas rdenes 500 hombres de tropas peruanas, retorn en abril a la capital del Cuzco para continuar en el desempeo de su honroso cargo de gobernador de esta vasta provincia y presidente de su audiencia. Tan afirmada se crea la futura tranquilidad del alto Per; pero tristes sucesos vinieron a probar bien pronto que el licenciamiento de ese ejrcito no habia sido suficientemente calculado. Mientras, pues, las extensas y ricas provincias de la Paz, de Cochabamba, de Potosi y de Charcas parecan haber vuelto a su sosiego normal, la tempestad mas furiosa se preparaba en el seno de la ilustrada Buenos Aires, donde tan breve tiempo habia trascurrido desde que sus propios moradores habian heroicamente sostenido los derechos metropolitanos contra una agresion extraa,

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obligando a capitular a los ingleses invasores y obteniendo por tan laudable conducta la mas preclara y bien merecida fama. Esta misma capital que tan justos ttulos habia adquirido sobre la gratitud nacional, fu tambien la que olvidando esos gloriosos antecedentes, prevalindose de la ocasion que le ofrecia el desigual empeo en que se hallaba comprometida la Pennsula, contando con los resentimientos que el recien apagado incendio de Chuquisaca, de la Paz y aun de Quito habria dejado en unos y con las simpatias de otros, fascinados ya con las promesas de que abundaban alarmantes y seductores escritos, levant de nuevo el ominoso estandarte de la rebelion contra la dependencia de Espaa, precisamente a tiempo que esta necesitaba mas del auxilio de todos sus hijos. Hallabase por esta poca establecida ya en Rio Janeiro la familia real de Portugal, acontecimiento que, aunque debido a las circunstancias en que se hallaba la Europa avasallada por Napoleon, era muy de recelar viniese a ser de notable trascendencia para la Amrica. As fu que a los pocos meses de residir en el Janeiro la corte de Portugal, como dice el ilustre marqus de la Concordia, el ministro de relaciones exteriores D. Rodrigo de Sousa Coutio, hizo proposiciones al virey de Buenos-Aires para que, por una convencion tacita espresa, facilitase continuar y extender el recproco comercio entre sus gobernados y los vasallos portugueses en la forma practicada hasta entonces con bandera simulada y bajo el ttulo de especulacion. En la precisa negativa del virey, por carecer absolutamente de facultades para la adopcion de medida de tanta importancia, parecia buscarse un motivo aparente de rompimiento, puesto que al propio tiempo el mismo ministro dirigi al ayuntamiento de Buenos-Aires otra comunicacion singularisima en descrdito de nuestra organizacion poltica; ponderaba el abandono que el gobierno espaol habia hecho de aquellos establecimientos; la decadencia de la monarquia espaola por su ciega adhesion a los intereses de la Francia; y concluia invitando a los buenos-aireos a que se sometiesen a la proteccion de su prncipe regente, bajo la promesa de conservarles sus privilegios, no establecer nuevos impuestos, asegurarles un comercio libre de toda traba y poner aquel territorio a cubierto de los efectos de la venganza de sus aliados los ingleses; mas que en el caso de que fuesen desatendidas tan amigables proposiciones, S. A. R. se veria obligado a obrar de concierto con su poderosa aliada la Inglaterra, usando de los fuertes medios que la providencia habia puesto en sus manos.

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La meditada contestacion que, de acuerdo con el virey, dio el ayuntamiento de Buenos-Aires al ministro portugus, y los estudiados arbitrios del mismo virey para detener en Montevideo al brigadier Conrado, entorpecieron el progreso de una negociacion que parecia indicada para causar inmensos perjuicios al comercio espaol o para acelerar un abierto rompimiento. En este estado llegaron a Amrica las primeras noticias de la agresion de las tropas francesas en Espaa, las cuales de aliadas se habian cambiado inauditamente en enemigas, y las de la noble resolucion de espaoles y portugueses, de resistir y defenderse a todo trance. De este modo viniendo a ser uno los intereses de ambas naciones, fu preciso tambien variar el plan de los proyectos combinados en el gabinete del Brasil con inteligencia muy probable de los agentes ingleses; y contribuy al fin de suspender las intrigas por entonces el armisticio negociado por la junta de Sevilla con el gobierno britanico. No por esto desisti el almirante sir Sidney Smith del empeo de introducir en Buenos-Aires el comercio ingls, sirvindose al efecto con habilidad asi de su inteligencia poltica como de la escuadra que mandaba; pero mientras conserv el mando del vireinato el noble don Santiago Liniers, fueron intiles todos sus esfuerzos. Relevado este poco despues por el general de la armada D. Baltasar Hidalgo de Cisneros, remitido all de la Pennsula, sugeto de recomendables prendas, aunque carecia de practica en aquella clase de gobiernos, llegse a conseguir el anhelado intento haciendo creer al nuevo virey que se disponia en Bayona de Francia una fuerte expedicion contra la Amrica del sur. Para hacer frente a esta supuesta amenaza, y observar al propio tiempo los movimientos de una division portuguesa, que se habia acercado a Rio-Grande, carecindose de numerario en Buenos-Aires para levantar tropas y disponer los demas aprestos necesarios, fu facil persuadir al virey que no le quedaba mas seguro arbitrio que el de conceder comercio libre a los ingleses, como sucedi. Logrado este resultado consiguieron los interesados un fondeadero para sus buques en las inmediaciones de la ciudad, compraron casas, construyeron almacenes y obtuvieron otras ventajas harto nocivas al comercio nacional. No fu tan afortunado el referido almirante, aunque auxiliado del gabinete portugus, en los medios que emple para conseguir el mismo fin en el vireinato del Per, donde gobernaba el experimentado marqus de la Concordia; siendo muy de notar que, al mes de proclamado solemnemente en Lima Fernando VII, aparecieron en esta capital y en otras ciudades del reino varias

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cartas escritas a nombre de la infanta doa Carlota Joaquina, hermana del rey Fernando y esposa del prncipe regente de Portugal, animando al virey, al arzobispo, a los obispos, a las audiencias y a otras personas particulares a mantener la obediencia a su padre Carlos IV, desentendindose de la abdicacion que habia hecho en su primognito. Un mes despues de esta ocurrencia lleg al puerto del Callao una fragata inglesa con un rico cargamento, cuyo sobre-cargo iba provisto del ttulo de correo de gabinete de S. A. R. y de una carta muy expresiva de recomendacion para el virey a fin de que le permitiese expender cuanto traia, dandole a entender en ella que se presentaria en breve en el Per, el infante D. Pedro Carlos de Borbon y Braganza a mandar el pais en nombre de Carlos IV durante su ausencia y la de los demas miembros de la familia real prisioneros de Napoleon. Ni lo elevado de la persona que escribia, ni el estilo imperativo de que usaba la infanta, bastaron para mover al respetable virey del Per a que consintiera en el desembarco de los efectos extrangeros que se pedia con instancia. Escudado en las leyes, neg el permiso que se le reclamaba, y apoyado en ellas contest con respeto y energia a la seora infanta hacindole presente que las obligaciones de un sbdito celoso y fiel para con su monarca ausente y cautivo le imponian severamente el deber de no reconocer otra autoridad que la suya la que emanase de su legtima representacion. Sin embargo, el sobrecargo citado insisti con terquedad en su demanda acompaandola de ofrecimientos que fueron despreciados: recurri entonces a la altanera y a las amenazas que el virey repeli como debia, y lo mand conducir a bordo de su buque de grado por fuerza, cuya providencia burl de pronto ocultandose en la misma capital. Desde el lugar en que se ocultaba apel el sobrecargo a la audiencia y este tribunal no solo admiti el recurso, sino que pidi los autos hasta por tercera vez; pero el virey los neg siempre fundandose en ser el asunto privativo de sus facultades como juez de extrangeros, y aquel se retir al fin a su buque y fu obligado a zarpar del Callao. Este fu el trmino de las pretensiones entabladas para abrir el comercio del Per a los ingleses en aquella poca, explicadas por el gabinete del Brasil y favorecidas por la princesa Carlota en perjuicio de su casa y real familia, cuyos derechos intereses pretenda conservar y defender segun su manifiesto y el de D. Pedro Carlos de Borbon su primo, tambien infante de Espaa. Estos documentos ordenados y publicados en el Janeiro, estaban dispuestos como para

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inspirar temor y desconfianza de que aquellos dominios pasasen al poder de nuevos soberanos, por verse la Espaa sin gobierno y prxima igualmente a pasar a estraa dominacion. Al mismo tiempo eran excitados los habitantes de Buenos-Aires a la sedicion por el ministro Coutinho con promesas lisonjeras y con amenazas terribles, sin que las reclamaciones del virey al gabinete portugus obtuviesen jamas una respuesta directa; por el contrario se permitia la residencia en el Brasil a hombres conocidamente inquietos y atizadores del desasosiego que se perciba claramente en Buenos-Aires. Mas antes de tratar del alzamiento definitivo de esta capital contra la Espaa, causa de la desastrosa guerra que despues fu preciso sostener en Chile y en el alto y bajo Per, haremos algunas indicaciones que parecen oportunas, sirvindonos siempre de guia los determinados datos que ofrece la extensa relacion del gobierno del mencionado integrrimo marqus de la Concordia. Queda ya pues referido como a consecuencia de la invasion de los ingleses en 1806, fu depuesto el marqus de Sobremonte virey de BuenosAires, y como le sucedieron en el mando poltico la audiencia, y en el militar el brigadier D. Santiago Liniers, que tanta gloria habia sabido adquirir dirigiendo los esfuerzos de los defensores de los derechos espaoles contra las tropas britanicas. Un gobierno asi fraccionado y con un enemigo formidable todava al frente no podia ser tan vigoroso y fuerte como convenia, y necesitando ademas de grandes esfuerzos voluntarios del pais para acabar de triunfar, tenia que degenerar en condescendiente tal vez con exceso; y de aqui provino el que Liniers, accediese a la creacion de cuerpos de milicias en Buenos-Aires con condiciones acaso inadmisibles en menos complicadas circunstancias. Pero por defectuosos que hayan sido los fundamentos de esta nueva tropa, ella produjo los mejores efectos, dice el marqus de la Concordia, pues rechazados y batidos completamente los invasores, fu fruto de su gloriosa resistencia la recuperacion de la importante plaza de Montevideo. Este feliz acontecimiento y la reunion del mando superior en D. Santiago Liniers conforme a lo dispuesto en real rden de 23 de octubre de 1806 sobre la sucesion de mandos en Ultramar, ponian a este gefe en estado de dedicarse con mayor esmero al gobierno interior, cuando la imprevista traslacion de la crte portuguesa a sus estados del Brasil vino a absorver de nuevo su atencion, y el gefe superior interino del vireinato no pudo prestar la que merecia la viva agitacion, la casi insubordinacion que se notaba en todas las clases.

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En situacion tan desventajosa recibise en Buenos-Aires la noticia del rompimiento de la guerra entre la Espaa y las legiones francesas, antes aliadas y amigas, que su habil caudillo tenia bien previsto. Para asegurarse, como pensaba, de toda la monarqua espaola, el emperador Napoleon habia despachado emisarios de su confianza a las provincias ultramarinas con rdenes instrucciones al efecto. El conde Sassenag fu el destinado a Buenos-Aires en la confianza de que, siendo francs Liniers, seria favorecida y auxiliada por l su mision; pero este gefe leal y cauto no solo burl admirablemente las esperanzas del enviado de Napoleon, sino que di la mas irrefragable prueba de su amor y lealtad a la Espaa que lo habia prohijado y elevado, si bien por su mrito, a uno de los mas altos y distinguidos empleos de la monarqua. Abiertos los pliegos a presencia de una junta (convocada expresamente por el virey interino) aade el marqus de la Concordia, y oido el discurso que traia el conde preparado al intento de su mision, se le hizo regresar inmediatamente a Montevideo con la debida seguridad y sin comunicacion alguna; siendo aun mas prodigioso que cuando se ignoraba en l todo el modo de pensar de los espaoles, este gefe, que solo lo era por adopcion, hubiese despreciado las enunciativas que contenian las rdenes de nuestros ministros acerca del avenimiento de la nacion a reconocer el intruso gobierno, y que coincidiendo sin la menor discrepancia con los verdaderos sentimientos de los fieles vasallos del seor D. Fernando VII hubiese mandado acelerar el acto de su proclamacion en aquella capital. Entonces mismo, hombres infatuados de su mrito, y de quienes importa al gobierno desconfiar como de sus mayores enemigos, fueron los primeros que por particulares resentimientos intentaron repetir con el seor Liniers la misma escandalosa tragica escena que con el marqus de Sobremonte; y hallando la enemistad obstaculos a su empresa en la inclinacion y amor de las tropas, que aquel gefe habia sabido grangearse con las brillantes acciones a que las habia conducido, no menos que por su innegable dulzura, sagacidad y buen trato, form una liga con la emulacion y atrincherandose en Montevideo se dispararon desde este lugar los primeros tiros contra la fidelidad del virey interino, acusandolo ante el Acuerdo para su deposicion1. El fuego de las discusiones domsticas cunda en Buenos-Aires y su llama abrasadora resplandecia en Montevideo. No hubo
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El brigadier D. Francisco Javier Elio era el gefe de esta funesta oposicion.

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diligencia que no se practicase en beneficio de la Paz, ni persuasion que no se emplease para calmar el ardor de unos escandalos que pronosticaban la ruina del continente; pero todo fu en vano hacindose dudosas las promesas del virey, intiles las propuestas para un acomodamiento ventajoso al Estado y a los dos partidos, porque necesitando el de Montevideo aprovecharse de la demora, esperaba alcanzar la victoria con una declaracion del gobierno supremo, a donde habia dirigido iguales acusaciones que a la audiencia contra el virey, sin descuidar por esto de ganar en BuenosAires el partido del cabildo (ayuntamiento) y algunos cuerpos de tropa a su devocion. El virey contaba tener a la suya la mayor parte de estas, que componian los patricios, y para asegurar el acierto en la prxima eleccion de oficios concejiles para el ao de 1809, puso estas sobre las armas escluyendo los cuerpos europeos, los cuales, se decia, habian de ser seguidamente desarmados; y h aqui lo que, segun las mas imparciales relaciones, ocasion la sedicion del 1. del ao, cuyas resultas quedaron precavidas por las anticipadas disposiciones del gefe y totalmente desconcertadas las ideas de la formacion de una junta gubernativa de aquel reino a que conspiraba el partido contrario al virey. Las providencias enrgicas que este emple en aquel instante aterraron desde luego a sus enemigos en BuenosAires; pero Montevideo se conserv siempre en el mismo estado de insubordinacion a la capital y a su gefe. Desarmanse los cuerpos de europeos, y este desaire por una parte, y por otra el abuso que ordinariamente se hace de los triunfos, exasperaron los animos y despertaron la casi estinguida emulacion entre europeos y patricios, que sujetos entre tanto por la poltica del virey hasta ciertos limites no les quedaba otra esperanza que la de que el gobierno supremo, a quien habian dirigido mutuamente sus respectivas quejas, pusiese un venturoso trmino a sus diferencias y a las calamidades que por una necesaria consecuencia debian nacer del estado violento en que se hallaban. Informado el gobierno, que residia entonces en la junta central, de estas disensiones, crey que el nico remedio que en ellas cabia era la separacion del seor Liniers, nombrando para su relevo al Excmo. Sr. D. Baltasar Hidalgo de Cisneros; y cuando este pudo ser suficiente, provey tambien la subinspeccion general de las tropas del vireinato en el seor D. Javier Elio, gefe del partido contrario al virey, elogiando y premiando la conducta de Montevideo, y olvidando el mrito de los que habian sostenido la autoridad y representacion

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del gobierno superior del reino el dia 1. del ao; lo cual unido a los propios motivos, que poco ha quedan indicados, es regular bubiese avivado el celo de los patricios en quienes estaba depositada y constituida por su mayor nmero la principal parte de la fuerza. As terminaron estas diferencias con desventaja de las prerogativas del empleo de virey.1 En tal estado, no posesionado aun del mando el nuevo virey Cisneros, ocuparon de improviso su atencion los alborotos de Chuquisaca y de la Paz en los confines septentrionales de su vireinato, y sus primeras providencias sobre estos lamentables sucesos hubieron naturalmente de adolecer de la falta de conocimientos locales y aun del de las personas a quienes tenia necesidad de oir para instruirse, interesadas y resentidas algunas con su antecesor. Era esta la ocasion mas favorable que la suerte podia ofrecer a los que ya tenian por blanco de sus miras la independencia, contando con aprovechar el momento que un revs de fortuna hiciese padecer los ejrcitos de la Pennsula. Agitados asi los animos movedizos, llenos de ilusiones los espritus turbulentos y acordes los instigadores de la capital de Buenos-Aires dieron principio a la triste obra de la revolucion, promoviendo el descontento general, inspirando desconfianza de las autoridades legitimas y atrayendo la fuerza armada a tomar parte en sus planes trastornadores, astutamente disfrazados con el doloso pretexto de conservar al rey aquellos dominios, en cuya sagaz red cay en cierto modo el mismo virey Cisneros. Componiase a la sazon la guarnicion de Buenos-Aires, de los cuerpos de patricios, que habian sostenido a Liniers y que podian suponerse ofendidos de las declaraciones del gobierno supremo en favor de la oposicion de Montevideo, porque el virey Cisneros no se habia resuelto a seguir los consejos de algunos acerca de llamar a las armas a los cuerpos de europeos que su antecesor habia licenciado, bien cediendo en parte a consideraciones econmicas, bien porque no conociera a fondo el germen disolvente que con asombrosa rapidez se iba propagando, bien en fin, lo que algunos han estimado de mucha influencia, por el temor de que dichos cuerpos llegasen a servir de instrumento para su destitucion del mando, proyecto que se atribuia a muchos europeos por la circunstancia de ser francs Liniers, la cual venia a ser por si sola, desgraciadamente en aquella poca, un ttulo de proscripcion a los ojos del patriotismo exaltado. La cuestion era gravsima para acertar
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a resolverla bien: la prevencion entre europeos y criollos habia subido de punto con la rivalidad de Elio, y el gobierno supremo creyendo acertar, vino a exasperarla con sus determinaciones. Seguros los agitadores de los progresos de su trama y de la cooperacion de la fuerza armada existente, se esparci por BuenosAires, muy oportunamente para sus meditados planes, la noticia de la ocupacion de Sevilla por las tropas francesas y la disolucion de la junta central. De nada sirvi el que al propio tiempo se supiese la instalacion de un consejo de regencia en quien legtimamente habia recaido el gobierno de la nacion: movido tumultuariamente el pueblo se promovi la formacion de una junta suprema de gobierno y se instal el 22 de mayo del presente ao de 1810, entrando en ella los individuos del ayuntamiento, la cual al declarar que reunia las atribuciones del virey, nombr a este su presidente y manifest que su objeto era librar al pueblo de los desrdenes de la anarqua y conservar y defender los derechos de S. M. el Sr. D. Fernando VII y los de sus legtimos sucesores a aquellos dominios. Asi se burlaba la perfidia de la lealtad. Los sucesos tomaban un vuelo extraordinario y se sucedian unos a otros con rapidez increible: tres dias despues, es decir, el 25 del propio mayo, esta primera junta, cuya presidencia se habia conferido al virey Cisneros, fu repentinamente alterada en casi todos sus vocales y erigida otra provincial hasta la congregacion de la general que habian de componer los representantes de todas las provincias del Rio de la Plata. La nueva junta compuesta en su mayor parte de hombres de f dudosa conocidamente desafectos a la Espaa, no solo separ al virey de la presidencia y de todo cargo pblico, sino que destituy a los ministros de la audiencia y a las demas autoridades legtimas, y no tard en hacer salir del pais a la mayor parte de los empleados depuestos, causandoles vejamenes y malos tratamientos: no se ocup ya de la convocatoria del 27 de mayo, pero se dedic a desacreditar al consejo de regencia, atribuyndole entre otros defectos el de haber sido erigido en medio del tumulto y de las convulsiones de la Pennsula; y entonces con menos disimulo se encamin con mas libertad y mayor decision hacia los verdaderos fines de su institucion, empezando por obligar a las provincias a que reconocieran sin condiciones su suprema autoridad. Ciertamente era natural que aspirase al completo dominio del territorio del vireinato y aun a llevar su sistema poltico a los finitimos reinos del Per y de Chile, cuando el punto de mira de sus hombres mas influyentes era visiblemente la independencia. La plaza de Montevideo en esta

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ocasion anduvo mucho mas acertada que anteriormente: se resisti a reconocer la junta tumultuaria de Buenos-Aires y prest la debida obediencia a la regencia de Espaa. La junta empeada ya en poner por obra todo su pensamiento se apresur a levantar tropas para hacer decididamente la guerra a Montevideo y para destacar un cuerpo de 1000 hombres a las provincias del norte con el destino de perturbar en ellas el rden que las autoridades espaolas mantenian pacficamente. Recibida en la ciudad de Crdova la noticia de lo que pasaba en Buenos-Aires, su gobernador por conducto del de Potosi di parte de todo al virey del Per, manifestando ambos la opinion de resistir aquellas innovaciones, y aun el ltimo anunciaba el pensamiento, como preciso, de poner aquellas provincias bajo la proteccion y direccion de dicho virey, concluyendo con pedir urgentemente el auxilio de algunas armas. El celoso marqus de la Concordia, dando a la noticia la importancia que merecia, y prescindiendo de la falta de comprobantes con que se le impartia, mand que se remitieran del Cuzco a Potosi 300 fusiles con sus fornituras y 100 cartuchos: proclam a los pueblos del Per de la manera que estim mas conveniente instruyndoles con habilidad de lo que pasaba: hizo disponer cuatro caones volantes y que se dirigieran tambien a Potosi escoltados por una compaa de infantera, 20 caballos y otros tantos artilleros; y advirti a los gobernadores de la carrera de Buenos-Aires y aun al mismo virey su firme resolucion de coadyuvar con cuanto dependiera de su autoridad a sofocar los desrdenes de aquella capital. Pocos dias despues el general Nieto presidente de Charcas comunic tambien documentadamente al virey de Lima los trastornos de Buenos-Aires y las providencias que habia librado para mantener en paz las provincias de su mando, las cuales con voto de aquel acuerdo habia resuelto se pusiesen bajo su proteccion. Igual demanda dirigieron varios jefes de las provincias del alto Per, sus cabildos y el arzobispo de Charcas con muchas personas particulares y distinguidas. El delicado virey, deseoso por un lado de acertar con el mejor medio de servir los intereses espaoles, y por otro de alejar todo motivo de censura sobre la rectitud de sus intenciones, someti esas demandas a la deliberacion de una junta extraordinaria, la cual nicamente opin por la agregacion de dichas provincias, a condicion de interina y en tanto que no se lograba el restablecimiento de la autoridad real en Buenos-Aires, y porque desde luego se prestasen al efecto todos los auxilios de que fuera

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posible disponer. Consiguientemente fueron muchas y plausibles las prevenciones que dict el activo marqus de la Concordia, asi para el levantamiento de tropas en diversos puntos, como para proveerlas de armas y de municiones, contando para el plan que insinuaba al presidente de Charcas con la eficaz cooperacion y diligencia de este general. Entre esas disposiciones se hallaba comprendida la reunion de 500 hombres en el desaguadero bajo las inmediatas rdenes del acreditado coronel D. Juan Ramirez, oficial que merecia la mayor confianza. Dirigise en fin el virey a todos los gobernadores, prelados y ayuntamientos del alto Per exhortandolos a que continuasen en el sostenimiento de los buenos principios que habian manifestado hasta entonces, y por este medio, como l mismo reconoce, alcanz la grata complacencia de ver las enrjicas y valientes repulsas que por toda contestacion daban a las primeras insinuaciones de la junta de Buenos-Aires1. Sin embargo, bien pronto los temores, las incertidumbres y los recelos vinieron a cambiar el favorable aspecto de tantas esperanzas, y un suceso desagradable ocurrido en Chuquisaca fu el primer indicativo de otros mayores. La tropa que de Buenos-Aires habia traido el general Nieto se mantenia en muy mal estado de disciplina y subordinacion, y como los gefes de los cuerpos a que pertenecia habian abrazado la causa de la revolucion en aquella capital, manifestaba sin rebozo su adhesion llegando a brindar pblicamente por la junta dentro y fuera de los cuarteles, y a resistir el cumplimiento de algunas rdenes superiores. Reclamaba tamao exceso el mas severo y ejemplar castigo; pero el general Nieto, por respeto sin duda a lo critico de las circunstancias, se content con desarmar la tropa y hacerla diezmar, mandando pasar a los trabajos de las minas del Potosi a aquellos a quienes habia tocado el nmero fatal, con lo que crey remediadas las consecuencias del mal ejemplo. Comunicados al general Nieto presidente de Charcas los planes y las providencias en que el virey del Per fundaba las esperanzas de salvar las provincias del alto Per y aun las de Salta y Crdova, a propuesta de la junta de guerra reunida en Lima, le autoriz tambien para obrar por s segun las circunstancias y para pedir al Cuzco los demas socorros de que pudiera necesitar, providencia perfectamente entendida en atencion solo a la grande distancia que separaba a ambos jefes. Parecia, pues, que no restaba mas que obrar para conseguir los mas felices resultados; pero los escrpulos de Nieto,
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dice el marqus de la Concordia, y su natural irresolucion le indujeron a representarme la imposibilidad de llevar adelante mi primer plan, fundado en debilsimas razones, y que a la verdad hacen poco honor a la memoria de un jefe que por otro lado supo sostener con decoro hasta arrostrar la muerte, y sellar con ella sus honrosos sentimientos. La falta de gente en el Paraguay, la de armas en Crdova y la desconfianza de sus provincianos, h aqui sus obstaculos; y 500 hombres en cada plaza, 2000 en Jujuy con mas un 1000 a sus rdenes para ocurrir a donde pudiera llamar su atencion la espedicion de 1200 hombres escasos, que habian salido de Buenos-Aires, era el plan defensivo que habia alcanzado por fruto de sus continuas meditaciones en este punto, pues para obrar ofensivamente lo menos que consideraba precisos eran 8000. En suma, dificultades insuperables, pedidos extraordinarios y las mas instables inconsecuencias formaban el dilatado papel, que concluy con la noticia de una expedicion compuesta de solo 700 hombres, que habia mandado poner en la raya de su presidencia a las rdenes del capitan de fragata D. Jos de Crdova1. Perdido en infructuosas objecciones el tiempo que debia emplearse en tiles aprestos para guerrear y aun para auxiliar a la ciudad y provincia de Crdova, como el virey Abascal habia indicado, la expedicion armada de Buenos-Aires se acerc a aquella ciudad, fuerte de suyo por la fuerza que contaba y animada ademas por las promesas de cooperacion que le habian ofrecido muchos de sus vecinos, a quienes se atribuy haber trastornado por medios innobles el buen sentido de la guarncion. Hallabase a la sazon en Crdova el general Liniers, y tanto l como el digno gobernador Concha apercibidos del engao y de la deslealtad que los rodeaba acordaron retirarse al interior con 400 hombres, que creian de mayor confianza, y con la artillera y municiones que tenian; pero al llegar a Chaar les abandon vilmente la tropa seducida, permaneciendo fieles a su lado un reducidisimo nmero y la oficialidad con que habian salido de Crdova. Este triste desamparo oblig a dichos jefes a inutilizar los pertrechos que ya no les era posible conducir, y aun en esta operacion, probablemente ejecutada con premura, tuvieron la desgracia de que se incendiasen algunas municiones y mistos causando la prdida de algunos individuos de su escolta. Una reunion de accidentes tan graves como infelices no les dejaba otro camino que el de la fuga precipitada, que emprendieron desde luego por
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diversas rutas estraviadas en conformidad de una junta celebrada al intento1. AI mismo tiempo entraban en Crdova las descubiertas de la expedicion de Buenos-Aires, que comandaba el coronel Ocampo, y advertido de cuanto pasaba el enemigo, como favorecido de la opinion de la mayoria del pais, destac partidas en posta en persecucion de los prfugos, los cuales mal servidos y destituidos de medios cayeron todos en poder de sus contrarios. Instruida la junta de Buenos-Aires de este primer suceso y siguiendo los sanguinarios consejos del doctor Moreno, uno de los mas famosos revolucionarios mand pasar por las armas a los benemritos general Liniers, al obispo Orellana, al gobernador intendente Concha, al asesor de gobierno Rodriguez, al coronel Allende y al oficial real Moreno. Mas humano Ocampo que sus nuevos soberanos represent a la junta los inconvenientes que en su concepto ofreca la ejecucion de Liniers y sus ilustres compaeros; pero incurri en el alto desagrado de sus nuevos seores y fu separado del mando de la expedicion, el cual se confiri al coronel Balacarce en cuanto a la tropa. Mas para librarse la junta de la molestia que le causaban los sentimientos de humanidad nombr su representante al doctor Casteli, concedindole las mas amplias facultades as para los trastornos a que era encaminada la espresada expedicion, como para el asesinato de los mencionados prisioneros, el cual inmediatamente dispuso y verific en el punto llamado Cabeza del Tigre con tanta sorpresa y espanto del mismo pas conmovido, que pronto se observ en l la notable circunstancia de que con las iniciales de los apellidos de las referidas vctimas se componia la palabra clamor. Hijos del sacrificado Concha son D. Manuel, D. Jos y D. Juan que han venido a prestar sus servicios a la patria de su digno padre, los dos primeros en el ejrcito y el ltimo en el cuerpo diplomatico. A consecuencia de los lamentables sucesos de Chaar y de la Cabeza del Tigre la provincia de Salta se declar abiertamente por el partido de la revolucion, cuya mala noticia, comunicada por el gobernador intendente de Potosi al presidente del Cuzco Goyeneche, lleg a Lima con la posible celeridad. Notorio era el peligro que amenazaba de mas cerca la quietud de las vastas provincias de todo el Per y este experimentado virey no podia desconocer que era llegado el tiempo de desplegar sin demora todos los medios de resistencia de que fuese capaz el vireinato de su mando. En tal virtud
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convoc el marqus de la Concordia una junta de guerra en Lima y con su acuerdo dict las rdenes mas conducentes a que por segunda vez se reuniera y organizara sobre el Desaguadero un ejrcito capaz de hacer rostro a la conflagracion que avanzaba y para que le sirviera de conveniente base destin a l un batallon del regimiento real de Lima y algunas compaas de Pardos y Morenos, ademas de proveerlo de armamento, municiones, tiendas de campaa y otros artculos necesarios. Este virey no solo se proponia conservar integro y pacfico el vireinato que gobernaba, sino que aspiraba a libertar las provincias del alto Per, correspondientes al de Buenos-Aires, y mantenerlas sumisas a la Espaa. Nombr de nuevo para el mando en gefe de este ejrcito al presidente interino del Cuzco, el ya citado brigadier Goyeneche y por su segundo tambien al coronel D. Juan Ramirez y Orozco, a quien habia relevado al efecto del gobierno de la Paz con el coronel de milicias D. Domingo Tristan, primo de Goyeneche, que tanta ocasion di despues a que se dudase de su lealtad. Por su parte el activo comandante en gefe nada perdon para dar el mas exacto cumplimiento a las rdenes del gefe superior del Per: reuni en Zepita las milicias del Cuzco, de Arequipa y de Puno, que habian de formar el ejrcito de su mando; y encarg estrechamente al coronel D. Fermin Pierola con 300 hombres y dos piezas de campaa la segura conservacion del importante puente del Desaguadero. En Zepita y sus inmediaciones pas Goyeneche siete meses dedicado asduamente a la instruccion, organizacion y disciplina de sus tropas, acertada diligencia que vi gloriosamente recompensada en los memorables dias de Huaqui y de Sipesipe. La primera comision cometida al coronel Ramirez, y participada al presidente de Charcas, fu que con la tropa que pudiese sacar de la Paz, de Oruro y de Potosi, marchase a reforzar la division de D. Jos de Crdova en Tupiza, debiendo tomar entonces el mando en gefe; providencia que hubiera probablemente ofrecido ventajosos resultados, si los alborotos de Cochabamba no hubiesen venido a interrumpir la ejecucion de una medida de tanto inters. Esta movediza provincia, en la que habian hecho grande efecto los papeles incendiarios de Buenos-Aires y los progresos de sus armas, se insurreccion toda acaudillada por D. Francisco Ribero. Atropelladas sin dificultad las autoridades legtimas procedieron los alzados a la prision de las personas mas afectas a la metrpoli, logrando salvarse de su saa por la fuga el gobernador intendente Prada y su padre poltico el coronel Lombera, quien se incorpor al

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ejrcito de Goyeneche y en l continu sirviendo con honra hasta su fallecimiento. El alzamiento de la inmediata provincia de Cochabamba, conmovi la plebe de la villa de Oruro como era de temer, y mas excitada por los partidarios y agentes ocultos de la revolucion entre quienes figuraron algunos miembros del cabildo, o sea ayuntamiento. El subdelegado de rentas D. Tomas Barron acept sin resistencia el partido de los insurrectos. Al percibir la agitacion del pueblo el ministro contador de las cajas de Oruro D. Jos Mara Sanchez Chaves, que acababa de llegar de Espaa con este destino, se encerr en el edificio que contena dichas cajas con 15 soldados veteranos y dos piezas de artillera, nica tropa existente, resuelto a defender de un arrebato los caudales que alli habia. Esta determinacion inesperada y las contestaciones que la siguieron entre el contador Chaves y el ayuntamiento decidieron a este a pedir auxilio a Cochabamba, el cual remiti luego Ribero al mando de su teniente Arce. Con la noticia de la aproximacion de este refuerzo perdi el contador la esperanza de poder prolongar su resistencia y adopt el aventurado medio de salvarse por la fuga, burlando la vigilancia de los pelotones de indios encargados de circuir el edificio de las cajas reales. Sanchez Chaves consigui salir de Oruro con fortuna; pero como el mal ejemplo cundia asombrosamente y los pueblos se iban levantando unos tras otros, tuvo la desgracia de ser alcanzado y detenido cerca de la barca de Toledo en el rio del Desaguadero, fu en seguida conducido preso a Oruro y de aqu a Cochabamba, donde habria sido vctima de la ferocidad de Casteli a no haber tenido la suerte de fugarse de la prision favorecido por algunas buenas almas. El faccioso Arce se apoder de las existencias de las cajas de Oruro y nombr en remplazo de Chaves al oficial mayor D. Manuel Contreras iniciado en los secretos trastornadores. Tan pronto como D. Juan Ramirez, todavia detenido en la Paz, primero por falta de trasportes y luego por la insurreccion de Cochabamba, supo lo que pasaba en Oruro, previno al coronel Pierola que con la fuerza de su mando saliese del Desaguadero y tomase la vuelta de aquella villa, credo sin duda de poder imponer con tan cortos medios a la naciente insurreccion. En cumplimiento de este mandato, Pierola dej el Desaguadero y sigui el camino real de Oruro, tal vez con mas confianza de la que el caso requera; y as fu que apenas habia alcanzado la posta de Aroma cuando se vio repentinamente envuelto y arrollado por mas de 2000 facciosos, sobre la tercera parte a caballo, armados algunos de fusil, otros de

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lanza y chuzo y los mas de macana y honda con artillera de bronce y estao. Pierola con pocos de los suyos, perdida la mayor parte de las armas y todas las municiones se retir precipitada y desordenadamente a Viacha a tiempo que entraba en este pueblo el coronel Ramirez con la gente de guerra que habia podido sacar de la Paz. En vista del desastre de Pierola, de la poca fuerza con que contaba Ramirez y con el rumor que corria de que los enemigos habian avanzado a Calamarca, tom dicho gefe la prudente determinacion de replegarse al Desaguadero, donde ayud eficazmente a Goyeneche en el arreglo del ejrcito, del que era segundo gefe. Entretanto el doctor Casteli, despues de la ejecucion del general Liniers y de sus cinco compaeros de infortunio, atraves como en triunfo los trminos de Crdova, Tucuman, Salta y Jujuy; di nueva forma a la administracion de los pueblos; aument considerablemente sus fuerzas con reclutas y gente voluntaria, que producia el fervor del primer entusiasmo, investido del caracter de representante de la junta de Buenos-Aires y de gobernador de las provincias situadas al sur del Desaguadero, se lanz con osadia hacia el pacfico Per. Sabedor el general Nieto del proyecto y movimientos del enemigo sac la tropa que pudo de Chuquisaca y de Potosi, al mando estos respectivos trozos del conde de Casa-Real de Moneda y del teniente coronel D. Narciso Basagoitia, y se encamin con ella a Santiago de Cotagaita, punto al que ya se habian replegado el mayor general D. Jos de Crdova y el coronel de milicias D. Indalecio Gonzalez de Socasa, decidido aquel a esperar a los insurgentes a favor de las buenas posiciones que el terreno le ofrecia. Ufanos los enemigos con la superioridad de su nmero y las demas ventajas que contaban, avanzaron presuntuosamente a Cotagaita adelantando su caballera, y el 27 de octubre se trab con ella un combate en el que triunfaron los realistas, obligando a los contrarios a retirarse al sur del rio de Suipacha con alguna prdida y bastante inesperado desrden. Mas los vencedores, ciertamente esforzados en el combate, no acertaron a sacar de su primer feliz encuentro el partido que tal vez debieran, persiguiendo con igual brio al batido y al parecer desalentado enemigo. Asi dieron lugar a que recibiera este tranquilamente en Suipacha el resto de la gente, que tenia en marcha, y a que bien pronto tomara sobre los realistas una funestsima revancha. Deslumbrado el valiente Crdova con la ventaja que habia obtenido sobre los enemigos, apenas entr en Cotagaita el presidente Nieto con la tropa que le acompaaba, se empe en la

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ofensiva contra el parecer del general, sin tomar debidamente en cuenta el tiempo que les habia dado para repararse; pero si incunvencia era del jefe superior velar por el honor de las armas que capitaneaba y por la conservacion de las vidas de sus leales subordinados, faltabale la energia de caracter necesaria para hacerse respetar como primera autoridad militar. Obstinado Crdova en llevar a cabo su pensamiento, sin que Nieto tuviese resolucion bastante para detenerlo, pas a ponerlo por obra eligiendo al intento la tropa que mejor le pareci; mas cuando el 7 de noviembre daba vista este jefe a Suipacha, ya hall a los enemigos no solo prevenidos, sino preparados a salirle al encuentro. Poco tiempo tard Crdova en comprender toda la gravedad del compromiso en que lo colocaba su temerario arrojo: intent en vano remediar en parte el error cometido, procurando replegarse en el mejor orden posible y al efecto adelant en su sostenimiento algunas guerrillas, porque arrolladas estas y alebronados sus soldados toda la columna se entreg a la mas decidida fuga, sin que sus repetidos y arriesgadsimos esfuerzos alcanzaran nada en reparo de tamao desrden. Este terrible desastre comprueba las ominosas consecuencias que suele producir la confianza sin prudencia, mas de una vez de funestos resultados para las armas espaolas en esta larga lucha. Una de las exposiciones de un ejrcito suele consistir en que sus jefes midan el valor, el sufrimiento, la constancia y el inters de sus subordinados por el suyo propio, porque entonces se repiten las temeridades y pueden llegar a ser de inmensa trascendencia, como en el caso presente. El anciano general Nieto, que habia permanecido en Santiago de Cotagaita, se vi confundido de repente, porque casi supo a un mismo tiempo la completa derrota de la flor de sus tropas en las cercanas de Suipacha, y la marcha de una gruesa columna de facciosos de Cochabamba contra la capital de Chuquisaca. Considerandolo todo perdido abandon el campo y tom la direccion de la costa acompaado de su capellan; pero detenido por los indios de Lipez fu conducido a Potos donde con Crdova y Sanz habia de servir pronto de cruelsimo espectaculo. Sobre los tristes resultados del desastre de Suipacha, dice el marqus de la Concordia. Noticioso y asombrado el Seor Nieto de la derrota de D. Jos de Crdova di rden en el campamento en que se hallaba para que procurasen sus individuos salvarse en el modo posible, lo que se ejcut en la mayor confusion y desrden abandonando el armamento entero de aquella desgraciada espedicion. Semejante improvisa providencia pudo ser

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flaqueza de un espritu debilitado con la edad; pero tambien pudo ser efecto de la precipitacion inexperiencia de Crdova, funesto manantial de los males sucesivos. Las ciudades de la Paz y de Chuquisaca, como tambien la villa de Potos, adictas, por amor por temor a los intereses de la junta revolucionaria, se declararon inmediatamente por ella desarmando las cortas guarniciones con que Nieto las habia dejado, y se apoderaron del numerario existente en sus tesoreras. En suma todo eran prdidas, dislocacion y desrden en aquel infeliz territorio, dueos del cual los furibundos insurgentes no hubo gnero de depredaciones y de atentados que no cometiesen en los bienes y personas de los fieles vasallos del rey. El anciano Nieto y su mayor general Crdova, errantes por los despoblados, fueron sorprendidos y llevados con escolta a las carceles pblicas de Potos, donde sufrieron el ltimo suplicio en union del intendente D. Francisco de Paula Sanz.1 En efecto ensoberbecido Casteli con el triunfo que le acababan de proporcionar el inconsiderado arrojo de Crdova y el sobrecogimiento de Nieto, ardiendo en sed de sangre y ansioso de alcanzar las vctimas que se propona, se adelant a grandes jornadas hacia la villa de Potos. Una diputacion del ayuntamiento sali a recibirle y a felicitarle a nombre de la corporacion. Casteli exigi del ayuntarniento el inmedato arresto de la persona del gobernador intendente de la provincia, quien en su largo mando habia sido mas bien un tierno padre que el jefe de sus gobernados. Para dar cumplimiento al mandato de Casteli, el ayuntamiento nombr de entre sus individuos a aquellos que mas sealado aprecio y mayores distinciones personales habian recibido del gobernador, imaginando todavia algunos algun noble pensamiento oculto en esta determinacion; mas los cabildantes elegidos desempearon puntualmente su odiosa comision. El gobernador Sanz, cuya conducta pblica habia sido pura y ajustada, se entreg sin resistencia, ni preso quiso aceptar la fuga que le proponian y facilitaban algunos de sus pocos leales amigos. De este modo, errando Sanz tal vez su calculo, march pasivamente a su fin. Reunidos en las prisiones de Potos el general Nieto, su mayor general Crdova y el gobernador intendente Sanz les hizo Casteli saber que sobre las banderas revolucionarias habian de jurar reconocimiento y obediencia a la junta de Buenos-Aires. La fidelidad de esos espaoles rechaz con noble indignacion semejante propuesta,
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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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que no era mas que el pretexto ostensible que buscaba el feroz Casteli para inmolarlos, como sucedi hacindolos pasar por las armas en la plaza mayor de Potos el 15 de diciembre. Tal ha sido el triste fin de estos tres distinguidos servidores, vctimas ilustres de su acendrada lealtad al rey y a la Espaa; si bien es fuerza reconocer que, desacertados a su vez y cada uno por su estilo, contribuyeron todos a su lamentable tragico trmino. Hijos de ese desgraciado Crdova tenemos entendido que son los generales D. Luis, ya difunto, y D. Fernando. Finalmente, para dar mas exacta idea del caracter especial de Casteli conviene saber que, cuando D. Francisco de Paula Sanz pas por Buenos-Aires para ir a servir el gobierno intendencia de Potos, conoci en aquella capital en la mayor humildad, en suma indigencia y en total desamparado al espresado Casteli todava muy jven: agradle su disposicion, lo recogi compadecido, llevlo en su compaa a Potos, cuid de que recibiera una educacion esmerada, lo sostubo con decencia en la universidad de Chuquisaca y en ella le coste sus grados literarios hasta el de doctor en leyes; cuyos beneficios todos recompens ese monstruo mandando dar la muerte a su bienhechor, sin otro delito que el de ser Sanz espaol honrado y leal. Un extrangero, de los que con mayor empeo sirvieron la causa de la independencia de Buenos-Aires, de Chile y del Per, dice tambien respecto del mismo corifeo: Casteli, abogado de gran talento, era capaz, activo y decidido, pero versatil y feroz. Poseia cumplidamente aquella elocuencia que cautiva y arrastra a la multitud, aunque la rigidez de su caracter le hacia enemigo de todo trmino medio. En todas partes proclam la libertad y odi al despotismo, condenando al mismo tiempo a cuanto hall que se opusiera al nuevo rden de cosas. D. Francisco de Paula Sanz, gobernador de Potosi, que se habia hecho digno del respeto y consideracion general durante su larga residencia en Amrica, junto con el general Nieto, presidente de Charcas, antiguo militar que se habia hallado en la batalla de Rioseco contra el ejrcito francs en 1808, y un oficial de marina, Crdova, fueron fusilados en la plaza del Potos, actos que parecen de una crueldad indisculpable. Casteli aleg en su descargo que era necesario comprometer a los patriotas y hacer cesar aquella clase de neutralidad, que hasta entonces se haba observado en la masa del pueblo, que no habia comprendido bien la naturaleza de la lucha, el objeto que la promova; y que la sentencia de hombres de alto rango difunde el terror en todos los demas. Los que ocupaban destinos creyeron ver en Casteli un segundo Robespierre, prximo a

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inmolar de ellos cuantos creyera convenientes al triunfo de la libertad. Casteli de hecho fu un terrorista muy imbuido en las maximas de la revolucion francesa, y estaba muy al corriente de todos sus pormenores.1 CHILE. Antes de continuar en la relacion de las operaciones del representante de la junta revolucionaria de Buenos-Aires Casteli, parece oportuno indicar, aunque brevemente, como tuvo principio la revolucion de este feraz y rico reino. Esta Chile separado del territorio del Per por la frigida y escabrosa cordillera de los Andes, que corre de Sur a Norte, y por un desierto de arena de cerca de 80 leguas sin agua potable, el cual se extiende entre la cordillera y el mar desde el pueblo de Atacames, ltimo del Per, hasta el primero de Chile que los indios llamaban antiguamente Copayapu y se conoce ahora por Copiap. Los Incas del Per, habian conquistado y sujetado a su dominacion todo el pais chileno que media entre Copiap y el rio Maule, cerca de 300 leguas de longitud tomada de Norte a Sur. Posesionado Don Francisco Pizarro del reino del Per, despach desde el Cuzco una expedicion contra Chile al mando de su compaero D. Diego de Almagro y auxiliada de crecido nmero de indigenas de guerra de los recien sometidos, a cuyo frente iban tambien el prncipe Paullu, hermano de Manco inca, y el sumo sarcerdote Villac-Umo, Villa-Oma. Segun el dictamen de los caudillos indios tom Almagro la vuelta de la tierra provincia de los Charcas para buscar por alli la cordillera, cruzarla de Este a Oeste y descender a Chile salvando el temible desierto de Atacames; expedicion de las mas atrevidas y trabajosas de que se pueda hacer memoria, y en cuya travesa perecieron no solo muchos indios de los auxiliares, sino algunos espaoles y caballos entonces de inestimable precio. Almagro tuvo la fortuna de ser bien recibido en Chile por los tenientes de los Incas; pero la conquista total de este hermoso reino la complet pocos aos despues el clebre y esforzado D. Pedro Valdiva, desde cuya poca se cont entre las posesiones espaolas del Nuevo Mundo.2 Todo el territorio chileno qued desde entonces incorporado al vireinato del Per, de donde se le suministraba un subsidio para el
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Memorias del general Miller. Garcilaso, historia general del Peru.

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sostenimiento de las cargas del gobierno; pero por real rden de 15 de marzo de 1797 se le separ y constituy en capitana general independiente con la presidencia de la audiencia de Santiago, y desde esta determinacion fueron menos conocidas sus necesidades en el Per, porque el pais fu progresando en bienestar visiblemente. Pero este pacfico suelo se resinti, como era de temer, de las circunstancias en que la ambicion de Napoleon puso a la metrpoli y del pernicioso influjo de la insurreccion de Buenos-Aires. A favor de tamaos sucesos los animos dscolos y ambiciosos supieron sacar partido de la debilidad inexperiencia del brigadier D. Juan Carrasco que gobernaba interinamente a Chile por muerte del presidente propietario el general Muoz. Como a mediados de este ao de 1810, el ayuntamiento de la capital de Santiago tom astuta y artificiosamente la iniciativa para pedir bajo suposiciones gratuitas la cesacion en el mando del jefe superior interino, a quien la audiencia no crey poder sostener como era de su obligacion, y en tal virtud abdic Carrasco el gobierno, del cual se encarg con las formalidades de estilo, tambien interinamente, el anciano conde de la Conquista, todo bajo la apariencia del mejor servicio del rey y de la Espaa. Formse seguidamente una junta que se titul suprema conservadora de los dererechos de Fernando VII durante su actual cautiverio en Francia, y fu nombrado presidente de ella el mismo conde de la Conquista. Esta junta, una vez constituida, se hizo reconocer y jurar obediencia de todo el reino; convoc un congreso general; levant tropas; orden la instruccion de los cuerpos de milicias; puso el pais en buen estado de defensa, y puede afirmarse que ech los primeros cimientos de la revolucion y de la independencia, cuya obra coronaron despues los sangrientos desastres que experimentaron las armas espaolas en los aos de 1817 y 1818. En su lugar daremos alguna idea de estas desgracias por la grande influencia que ejercieron en la suerte del Per. Mayores pormenores sobre toda la revolucion de Chile se hallaran en la relacion del gobierno del ilustre marqus de la Concordia, en la historia de la revolucion Hispano-Americana por D. Mariano Torrente, y en la relacion histrica de Mr. Stevenson y aun tambien en las memorias del general Miller. CAPITULO III Insurreccion de Chuquisaca.Fundacion de esta ciudad y origen de sus tres nombres.D. Domingo Tristan en la Paz.-Fundacion de

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esta ciudad.Un Acuerdo.Entrada de Casteli en la Paz. Dimisiones no aceptadas acertadamente.Mala f de los disidentes.Noble conducta de Goyeneche.Puente del Desaguadero.Resulvese Goyeneche a tomar la ofensiva. Gloriosa batalla de Guaqui.Su importancia.Diaz Velez en Potos y Cochabamba.Fundacion de esta capital.Goyeneche en la Paz y Oruro.Batalla de Sipesipe.lnsurreccion de Pacages, Larecaja y Omasuyos.Cercan los insurrectos a la Paz y cortan la comunicacion con el ejrcito.Disposiciones del virey Abascal.Pumacahua y Chuquihuanca.Desgracia en Tiquina.Avanzan Pumacahua y Benavente al sur del Desaguadero.Sus buenos servicios.Lombera entra en la Paz.Entra Goyeneche en Cochabamba.Pasa a Potos haciendo ocupar al mismo tiempo a la Plata.Reclutamiento en Chichas.Sumision de Tarija.Barreda. Picoaga.Diaz Velez.Ramirez en Huata.Preparase un nuevo choque en Suipacha. AO DE 1811. La sublevacion de la provincia de Cochabamba y del gobierno de Oruro, la lamentable derrota de Crdova en Suipacha que abri a Casteli el camino de Potos, mas por efecto de los errores de nuestros jefes que por habilidad del enemigo, y el caracter movedizo de aquellos naturales insurrecionaron de nuevo la ciudad de Chuquisaca y toda la vasta provincia de Charcas, de la que era capital. Dicho queda ya como esta ciudad es conocida indistintamente por tres nombres, a saber, Chuquisaca Charcas y la Plata, cuya triple nomenclatura reconoce el siguiente origen. Mucho antes de que los espaoles descubriesen el Per, los monarcas Incas habian conquistado todo el territorio denominado de los charcas, y le conservaron este nombre como al pueblo que le servia de cabecera el de Chuquisaca que tenia. En 1538 el adelantado D. Francisco Pizarro, honrado ya por Carlos I con la merced y ttulo de marqus de los Atavillos, encomend a su hermano Gonzalo la conquista de los charcas, que fu reidsima; y este esforzado caudillo fund y pobl una ciudad en Chuquisaca, mantenindola el nombre del antiguo pueblo que le servia de basa. Descubierto el famoso mineral de Potochi (Potos), que dista de Chuquisaca poco mas de

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diez y ocho leguas, se di tambien a esta ciudad el tercer nombre de la Plata1. Dueo el afortunado Casteli de Potos, disculpablemente engreido con la buena voluntad que los pueblos se apresuraban a manifestarle, auxiliado de un fuerte golpe de gente de la provincia de Cochabamba al mando de Ribero, y, lo que pareci entonces muy estrao, favorecido de los buenos oficios del intendente de la Paz D. Domingo Tristan, emprendi como un procnsul su marcha en demanda del extremo norte del vireinato de Buenos-Aires, no solo contando con el pleno dominio de las provincias situadas al sur del Desaguadero y que forman lo que se llama el alto Per, sino esperanzado de invadir y trastornar con igual facilidad el territorio del vireinato de Lima, que pacfico y sumiso obedecia a las autoridades reales. D. Domingo Tristan, que mas adelante logr sincerarse de su incomprensible conducta a punto de continuarsele en el mando como oportunamente se dira, apadrin visiblemente por entonces el pronunciamiento de su provincia en favor de la junta de BuenosAires: reuni alguna gente armada que, aunque reducida en nmero, informe en su organizacion y falta de instruccion, la hizo adelantar al pueblo de Achacache en observacion del territorio fiel. Alli se ocupaba esta gente desordenada en detener y pillar a los leales habitantes del pais conmovido, que abandonaban sus establecimientos y hogares por buscar un asilo en la limtrofe provincia de Puno. Fueron de este nmero el teniente coronel D. Juan Francisco Ribero, gobernador subdelegado del partido de Larecaja2 y su hijo poltico D. Andrs Coll, quienes, si bien se habian puesto en salvo escapando de Sorata a la aproximacion de aquella horda, cuando quisieron llevar a su lado a sus familias, tuvieron que comprar de Tristan los pasaportes a fuerza de oro, segun entonces se dijo; y aun con ese seguro, al atravesar los equipajes por Achacache con direccion a Huancan, fueron detenidos y despojados de los objetos de mayor inters. Asi facilitaba el gobernador Tristan el transito de los enemigos de Potos a la Paz, en cuya capital hizo Casteli su entrada pblica y solemne el mircoles santo de este ao en medio de las mayores aclamaciones, seguidas de fiestas, regocijos, bailes y borracheras a que en verdad no estaban acostumbrados los habitantes en dias de
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Garcilaso, historia general del Per. Padre del teniente general y senador del reino D. Felipe Ribero.

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semana santa. En la misma noche del dia de la entrada de Casteli en la Paz, como en las que trascurrieron hasta su salida, fu la ciudad teatro de diferentes escenas, que causaban en los buenos profundo dolor. Recibido el enemigo con todo gnero de diversiones, impropias y agenas de la santidad de aquellos das, fu a apearse en el palacio episcopal que le estaba preparado, y en sus salones se reunieron por las noches la mayor parte de las seoras de la poblacion con sus padres, esposos, hermanos, parientes y amigos para procurar en esplndidos saraos esparcimiento al nuevo jefe, totalmente desvanecido con el humo de tanta lisonja. Pero lo que formaba el mayor escandalo a los ojos de la lealtad era ver que, uno de los mas fervorosos y diligentes en promover y fomentar las diversiones a Casteli y sus sattiles, fuese el mismo D. Domingo Tristan, puesto all de jefe superior en representacion de la autoridad real. Una conducta tan censurable y reprensible, aunque se procur justificar despues, con la circunstancia de ser Tristan primo del comandante en jefe del inmediato ejrcito espaol, vino a llamar mucho la atencion de los hombres leales y a ponderarles tal vez los peligros a que se consideraban expuestos, avivando una disculpable desconfianza que, creciendo con el tiempo y los acontecimientos, contribuy poderosamente a la ruina de opulentas familias influy mucho en la prdida total del dominio espaol en aquellos hermosos paises. La ciudad de la Paz, capital de la rica provincia del mismo nombre en el pais llamado primitivamente Chuquiavo, esta situada a 22 leguas al sur del rio del Desaguadero y casi a igual distancia del Cuzco, de Arequipa y de Chuquisaca. Mandla fundar el presbtero y licenciado Pedro de la Gasca, del consejo supremo de la lnquisicion, cuarto gobernador y capitan general del Per, despues que consigui acabar con la faccion de Gonzalo Pizarro, a quien hizo ejecutar con otros muchos de sus bravsimos capitanes y soldados, clebres descubridores y conquistadores, condenando a otros a galeras y aun a algunos a ser pblicamente azotados con grave perjuicio y sensible mengua del favorable prestigio de que gozaban los espaoles, y cuyos castigos causaron asombroso inexplicable escandalo entre los indios. En 1548 nombr la Gasca a Alonso de Mendoza corregidor del territorio de Chuquiabo, y le orden fundar una ciudad con el ttulo y advocacion de nuestra Seora de la Paz en memoria de la que acababa de restablecer en el reino a costa de tanta y tan distinguida sangre espaola. Este fu el origen de la ciudad de la Paz, que di nombre a toda la provincia, erigida mas adelante en silla

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episcopal y poblada en su mayor parte de indios asperos y turbulentos.1 Antes de que Casteli saliera de Potos para la Paz, en vista de las desgracias ocurridas en el distrito del vireinato de Buenos-Aires y con presencia de los oficios del ayuntamiento de Charcas proponiendo suspension completa de hostilidades y que por una y otra parte se respetase la lnea divisoria de ambos mandos, proposiciones a que accedi provisionalmente Goyeneche, el virey de Lima convoc un acuerdo y con su uniforme dictamen resolvi la concentracion de todas nuestras fuerzas a la derecha del Desaguadero, aumentando estas hasta donde se considerasen suficientes para poner a cubierto el territorio de su mando de cualquiera invasion tentativa que pudiera alterar su admirable tranquilidad y el buen rden que en l se conservaba. Igualmente reuni el virey en Lima una junta de guerra, la que instruida del estado del alto Per estim juiciosa la conducla de Goyeneche, pues que en su contestacion provisional al ayuntamiento de la Plata habia abrazado con habilidad los dos resortes que era preciso poner en juego para salvar el pais, la poltica y la fuerza. Permitise la continuacion del trafico entre ambos vireinatos, pero se mand precaver la introduccion de personas sospechosas y la de papeles subversivos, mas facil sin duda de disponer que de realizar: y se fijaron por lmites no solo el Desaguadero, sino la lnea que se estiende al Este por el estrecho de Tiquina y los pasos de Larecaja y Omasuyos en el partido Huancan, provincia de Puno, y al Oeste por Arica Moquechua, provincia de Arequipa. Autorizse al comandante en jefe para que mandase levantar fortificaciones donde le parecieran tiles, se le auxili al efecto con oficiales de ingenieros y se le concedieron de nuevo amplias facultades para obrar segun las circunstancias, como era justo. Dict simultaneamente el mismo virey varias rdenes de suma utilidad a los gefes de las provincias, y como no podia ocultarse a su penetracion la poca seguridad que ofrecia el nombre de Casteli para la duracion de lo pactado, no se descuid en enviar al ejrcito de Goyeneche nuevas armas, municiones, pertrechos, dinero, tropa y oficiales de todos los institutos del ejercito. Adoptadas las referidas disposiciones y satisfecho el celoso virey de la sumisa obediencia con que los pueblos de su mando ejecutaban cuanto se exigia de ellos, un incidente singular vino a perturbar en cierto modo las lisongeras esperanzas que con algun
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Garcilaso, historia general del Per.

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fundamento tenia derecho a concebir. El caso fu, pues, que el comandante general, dice, y presidente interino de la real audiencia del Cuzco repiti por segunda vez la splica para que le fuese admitida la dimision de ambos cargos, fundandose en la propension que habian descubierto los soldados de su ejrcito y muchos de los oficiales subalternos al crmen de la desercion: en los rapidos progresos que hacia en los animos la seduccion y engao de los traidores y otras graves causas para cuyo remedio en vano habia agotado los recursos de la severidad, los sacrificios del caudal de la tesorera, las promesas y otros arbitrios de consumada sagacidad y prudencia. La entidad de los puntos contenidos en la representacion me oblig a tratarla en junta poltico-militar, que convoqu al efecto como indicaba desearlo el mismo Goyeneche; y considerados todos como las resultas que podria acarrear cualquiera alteracion de mando en el estado de aquel ejrcito, de unanime sentir se decret no ser admisible por entonces la dimisin que de l hacia el Sr. Goyeneche, a lo menos hasta recibir su contestacion a lo que de oficio y confidencialmente deberia yo esponerle sobre el particular; y que para atender a los demas puntos de la propia representacion, se aumentase, como estaba mandado, el ejrcito, aunque fuese con tropas de esta capital, valindose para tan urgente necesidad de todos los medios conciliables para la mas pronta verificacion de lo dispuesto. Asi se verific desde luego dirigiendo por la via de Arica el refuerzo de esta guarnicion; mas conociendo yo que entre los motivos legtimamente alegados, ninguno podria ser de mayor peso, acaso el nico, segun el delicado pundonor del general, que el reciente nombramiento que acababa de hacer el supremo gobierno en el brigadier D. Bartolom Cucalon para la presidencia, cuya interinidad estaba en Goyeneche, determin continuarle en ella suspendiendo el cumplimiento de los reales despachos por la muy obvia y prudente consideracion de que limitado el general a solo el mando del ejrcito en aquellas crticas circunstancias, la desercion se aumentaria a lo infinito vindolo desnudo de autoridad y facultades para poder perseguir a los desertores hasta sus propios hogares, hacerlo dependiente de los magistrados y jueces territoriales para este y los demas artculos propios y de necesidad para la subsistencia de las tropas.1 Muy embarazosa seguramente se iba haciendo la situacion del virey por la naturaleza de incidentes imprevistos; pero acertado siem1

Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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pre, y por fortuna noblemente aconsejado, obr como era de esperar de su consumada experiencia en el mando, y bien secundado finalmente por Goyeneche y los demas cabos del ejrcito, tuvo la gloria de ver pronto coronadas sus vigilias con el cambio mas feliz del horizonte poltico. Hubo, es verdad, nueva renuncia del comandante en jefe por nuevo motivo de delicadeza, la hubo tambien del mayor general el coronel D. Pio Tristan, primo de Goyeneche y hermano de D. Domingo, gobernador de la Paz; pero el ilustrado virey las resisti todas, porque de todos necesitaba y muy particularmente de sugetos como Goyeneche y Tristan que reunian a los nobles, leales y entendidos la circunstancia de ser patricios para hacer ver a los malvolos la justicia con que se atendia el merito, en ocasion precisamente en que los revolucionarios se esforzaban por acriminar la parcialidad de la metrpoli. Entre tanto arregl Casteli a su modo la administracion de la provincia de la Paz, y continuando en su gobierno al mencionado D. Domingo Tristan, sali al fin con el grueso de sus fuerzas muy aumentadas a situarse en el pueblo de la Laja, camino del Desaguadero, seis leguas al norte de la Paz y 16 del ejrcito real. A favr del armisticio acordado por 40 dias, que habia de servir de preliminar al arreglo amigable y definitivo ya anunciado para evitar la efusion de sangre entre hermanos, segun decia el enemigo, el verdadero objeto del falaz Casteli se dirigia a adormecer en la confianza al general espaol para atacarlo de improviso y con ventaja, y al efecto extendi parte de su fuerza a Tiahuanaco, san Andrs y Jesus de Machaca, tal vez en la simple persuasion de que su activo adversario no vigilaria sus pasos; pero atento Goyeneche a los grandes intereses que le estaban confiados y noticioso de aquel movimiento, hizo en su lnea las prevenciones convenientes y estableci ademas en Puisacoma un destacamento en observacion de los caminos que conducen a la costa. Por desgracia nuestras milicias no tenian todavia la practica de la guerra, y por esta razon les fu facil a las hordas de cochabambinos,1 que cubrian la izquierda contraria, caer de repente y en considerable nmero sobre el pueblo de Puisacoma causando estragos a los vecinos y arrollando los 25 hombres que nicamente haba podido oponerles nuestro comandante, por tener una partida situada en Huacullani y otra escoltando los caballos en el pasto; y asi fu que aunque este oficial hizo alguna resistencia tuvo que ceder al nmero perdiendo 4 hombres muertos, 41 prisioneros y
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la mayor parte de las armas, caballos y monturas. En vano reclam el comandante general su restitucion: la falta de subordinacion y la indisciplina de las tumultuarias tropas ni atendia a las reclamaciones, ni obedecia las rdenes del que las mandaba y dirigia. No obstante insultos tan graves, reagravados con la infraccion de las mas recientes estipulaciones, el general, usando siempre de moderacion y de prudencia, reencarg solo la mayor vigilancia en los puestos, poniendo en consejo de guerra al oficial que mandaba el de Puisacoma para castigarle segun la culpa que contra l resultase.1 La conducta noble y equitativa de Goyeneche alent la insolencia de los facciosos a punto de acercarse a dos leguas del campo espaol y atacando a nuestras descubiertas de caballera fueron inevitables las consiguientes escaramuzas. Rotas las hostilidades asi por el hecho que se acaba de referir como por las alarmas falsas que las partidas revolucionarias venian a causar a los puntos avanzados de los realistas, el comandante en jefe dispuso que 400 infantes y 50 caballos a las rdenes del coronel Ramirez extendieran un reconocimiento hasta Machaca, donde se trab un choque algo mas serio por la diferencia de fuerzas contrarias; pero el campo qued por nuestras armas, causando al enemigo la prdida de un capitan y 12 hombres de tropa muertos, y Ramirez regres al campamento de donde habia salido como se le previno. El digno representante de la junta de Buenos-Aires Casteli, insistiendo siempre en la idea de emplear todo gnero de simulaciones para dar un golpe a Goyeneche, adelant sigilosamente sus huestes a los pueblos de Huaqui, Guaqui, como mas generalmente escribimos los espaoles, y a Jesus de Machaca, y envi un fuerte trozo de caballera por su izquierda sobre un vado del Desaguadero y una columna de infantera por la derecha al estrecho de Tiquina, con el designio de envestir por tres puntos a la vez la lnea de los realistas, y como su gente era mucha en nmero creia seguro su triunfo, como pomposamente anunci en una proclama, que public entonces, ofreciendo a los peruanos hacer ondear su victorioso pabeIlon en las deliciosas riberas del Rimac y sobre los mismos muros de la pacfica y opulenta Lima. La fortuna habia exaltado de tal modo el orgullo y presuncion de Casteli que menospreciando con necedad las cualidades distinguidas del general que tenia al frente, y sin tomar en cuenta para nada los esfuerzos de la lealtad, ni el espritu de las ofendidas tropas reales, en un momento de arrebato se permiti
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temerariamente decir que aunque Dios no quisiera habia de vencer a Goyeneche. Mas no qued mucho tiempo impune el maldiciente Casteli, pues derrotado luego en Guaqui por Goyeneche y retirado a Buenos-Aires sin crdito ni estimacion, vino a fallecer no mucho despues de un cancer que le devor la lengua. Ufano el enemigo y lleno de esperanzas, continuaba sin cesar sus preparativos para el ataque decisivo que proyectaba, divididas sus tropas en tres divisiones, que ocupaban los puntos de Guaqui, Casa y Jesus de Machaca; pero separaba a los contendientes el rio del Desaguadero, cuyo paso mas pronto y facil era el que ofrecia el puente llamado del Inca, del que se hallaban posesionadas las armas espaolas; y antes de entrar en los pormenores de las operaciones que se siguieron, no parecera inoportuno dar aqui una idea del origen y forma de ese puente. Capac Yupanqui, quinto Inca del Per, con el designio de extender las conquistas comenzadas al Mediodia de su imperio, mand construir un puente sobre el rio que forma el desage de la gran laguna de Titicaca, que los espaoles nombraron Desaguadero, el cual puente esta formado de balsas de juncia y otros materiales y colocado sobre el agua como el de barcas de Sevilla. En el Per se cria una paja larga, suave y correosa, que los indios llaman ichu, con que cubren aun la mayor parte de sus casas, y ademas crece en las riberas de la mencionada laguna, grandsima cantidad de juncia y de espadaa que denominan Totra y tiene alguna semejanza con la enca. Los indios de los pueblos pensionados con la obligacion de mantener este puente cortan a su tiempo cantidad de totora y juncia, para que esten secas cuando hayan de emplearlas. De la referida paja hacen cuatro maromas gruesas como la pierna y echan dos sobre el agua de un lado al otro del rio que lleva grandsima corriente: sobre las maromas ponen haces de juncia y totra del grueso de un buey, fuertemente atados unos con otros y con las maromas, y luego echan sobre los haces las otras dos maromas las aseguran con ellos. Para que estas no se rompan tan pronto con el pisar de las bestias ponen otra cantidad de totra encima en haces delgados, los cuales cosen unos con otros y con las maromas, y forman lo que los espaoles llaman la calzada del puente. Tenia este de 13 a 14 pies de ancho, una vara de alto y sobre 150 pasos de largo, por lo que puede imaginarse la cantidad de material que entra en el sostenimiento de tan grande obra; y es de advertir que la renuevan con muchsima frecuencia para evitar las consecuencias de la podridumbre en materiales de tan flaca consistencia. En tiempo de

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los Incas el sostenimiento de este puente estaba repartido por provincias y, como cada una sabia la parte de material con que tenia que acudir y la aperciban de un ao para otro, lo habilitaban con suma prontitud. Los indios no ataban ni afianzaban en estribos de tierra los cabos de las maromas gruesas, sino que las enterraban profundamente, sistema que tenian por muy til acaso tambien porque formaban el puente variando a veces de sitio, aunque en poco espacio.1 El ya indicado villano modo de proceder de Casteli y de sus hordas indign, como era de esperar al comandante en jefe Goyeneche y a sus tropas, y en consecuencia adopt una resolucion cumplidamente firme. En la noche del 19 de junio, el sagaz caudillo espaol reuni en junta de guerra a los jefes de su ejrcito a fin de obligar mas por este medio su decidida buena voluntad, y con su acuerdo qued definitivamente determinado prevenir sin demora el peligro, buscando al enemigo al siguiente dia 20. A la seal de un caonazo disparado en el campo de Zepita a las doce de la noche del mismo dia 19, Goyeneche movi su ejrcito hacia el puente del Desaguadero que cruz sin dificultad ni riesgo, incuria grande del enemigo, dejando para custodia del puente y guarda de la derecha del ro la division del coronel Lombera. A la izquierda del Desaguadero form el comandante en jefe el resto de sus tropas en dos divisiones, mas respetables por su calidad que por su nmero, la primera, sea de la derecha al mando de Ramirez y la otra a sus inmediatas rdenes. El ejrcito real contaba como 6500 hombres de todas armas bien instruidos y disciplinados; los enemigos eran muy superiores en nmero y sobre todo en caballera, ademas de tenerla mejor montada que la nuestra. Ambas columnas marcharon paralelamente a buscar al enemigo, la del comandante en jefe siguiendo el camino real que conduce a Guaqui, y la de Ramirez un poco mas a la derecha tom la ruta de Jesus de Machaca. Como a las doce del dia 20 de junio dio Goyeneche vista al enemigo, que ocupaba con gran nmero de gente y 15 piezas de artillera, a las inmediaciones del pueblo de Guaqui, una posicion muy fuerte, que favorecia un morro cerro flanqueado por la laguna, y defendida por montes de considerable elevacion; pero de no tan dificil acceso por la izquierda, que los disidentes descuidaron no comprendieron su importancia. Goyeneche continu dirigiendo sus tropas hasta ponerse al alcance del caon enemigo, que empez
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Garcilaso, historia general del Per.

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sobre ellas un vivo fuego, el cual ni fu contestado ni detuvo la marcha de los realistas: entonces los disidentes hicieron cargar su caballera, que fu valientemente resistida y rechazada. Cuando nuestro general logr situarse en parage conveniente di rden al mayor general D. Pio Tristan para que con la fuerza que le seal se apoderase de la parte descuidada de la posicion de Casteli, corrindose luego por ella hasta atacar decididamente el flanco izquierdo de los facciosos; y a fin de divertirlos durante esta operacion, el mismo Goyeneche con la tropa que tenia inmediata, a cuya cabeza se hallaba el primer regimiento del Cuzco, que mandaba el bravo y fidelsimo Picoaga, maniobr por bastante tiempo con suma habilidad, amagando continuamente por el frente. D. Pio Tristan acredit en la direccion del importante ataque que se le confiaba tanta inteligencia como espritu y decision. Visto por Goyeneche el efecto que producia el movimiento rapido y bien ejecutado de Tristan por las alturas de la derecha, dispers tres compaas en guerrillas sobre el frente y mand acometer al resto de la columna por la izquierda segun permitia la lengua de tierra que formaba la citada laguna, lo que a su ejemplo ejecut el coronel Picoaga con tal firmeza que los enemigos, incapaces de resistir esta acertada y simultanea arremetida, perdieron su formacion y se entregaron a la mas desordenada fuga dejando en el campo de batalla toda su artillera, 280 cajones de municiones y seis botiquines. Goyeneche persigui al enemigo y ocup seguidamente el pueblo de Guaqui apoderandose no solo de los hospitales, municiones y vveres almacenados que contenia, sino de los acopiados con mucho afan en Tiahuanaco. EI coronel Ramirez por su parte no fu menos feliz en el ataque que se le habia confiado del lado de Jesus de Machaca, aunque top por all mayor resistencia. Las dos guerrillas que cubrian la columna de Ramirez rompieron el fuego sobre algunos caballos enemigos avanzados y los obligaron a replegarse aceleradamente hacia el grueso de su fuerza, que descubrieron los realistas en rden de batalla apoyada la derecha a los montes y cubierta la izquierda por un gran golpe de caballera. Ramirez despleg su columna, menos un batallon que dej en reserva, y march denodadamente al enemigo a pesar de los daos que su tropa experiment desde que se puso a tiro; asi fu que el fuego de dos obuses que los disidentes habian colocado en el centro de la batalla, el de sus bateras y la lluvia de granadas de mano que arrojaron sobre los realistas los pusieron casi en desorden, que a continuar habria venido a ser de

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terribles consecuencias. Mas cuando el valiente Ramirez se esforzaba por reanimar a su dudosa y maltratada gente fu muy felizmente auxiliado por las guerrillas de la columna del comandante en jefe que asomaron en aquel crtico momento por las alturas de la izquierda amenazando el flanco derecho de los contrarios, circunstancia que ayud con eficacia a decidir la accion en favor de las arenas espaolas, despues de seis horas de combate. Los enemigos huyeron a su vez dejando en poder de Ramirez un obus, una culebrina y cuatro caones con muchas tiendas y municiones de toda especie. Dueo este jefe del campo y cuando pensaba dar un descanso a su fatigada tropa, dice el marqus de la Concordia refirindose a los partes oficiales, la caballera cochabambina en nmero de 2500 hombres repas el rio del Desaguadero intent asaltar nuestro campo, delante del cual se present haciendo fuego con dos caones; pero desengaada de que su socorro era fuera de tiempo y sus tentativas intiles por la vigilancia de Ramirez y la bizarra de sus tropas en contestar sin detencion a sus fuegos, tuvo que retirarse avergonzada de la empresa. 1 Del modo pues referido obtuvieron las armas espaolas en Guaqui y Jesus de Machaca un triunfo tan decisivo y completo que daba ocasion a decir que se habian ganado dos importantsimas y gloriosas batallas a la vez; mas como el comandante en jefe dirigi personalmente el ataque de las alturas de Guaqui, por donde principi tan sealada victoria, este es el nombre que ha conservado la batalla. La conducta de nuestros jefes, oficiales y soldados en ambos puntos fu en extremo distinguida, y su bravura y la buena direccion del ataque descorazon tanto a los contrarios que arrojaban las armas para huir con menos embarazo, dejandolas en poder de los vencedores. Alebronado Casteli no par hasta Buenos-Aires, y solo Daz Velez, uno de sus tenientes y hombre de arrojo, pudo retirarse con 800 hombres reunidos camino de Potos, de cuya villa estrajo sobre 800,000 pesos, tomandolos principalmente de la casa de Moneda y del banco de rescate de San Carlos, y no sin bastante dificultad porque noticiosos los vecinos de la victoria de Guaqui, y temerosos de verse saqueados por una tropa desesperada por la desgracia, opusieron fuerte resistencia a su entrada, que al fin consigui Diaz Velez a costa de alguna prdida. Propniase este caudillo continuar su repliegue sobre la frontera de las provincias llamadas de abajo, cuando recibi con sorpresa la noticia de que el
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victorioso ejrcito del rey, lejos de avanzar con rapidez al sur como era de temer, habia vuelto a pasar al norte del Desaguadero; y sabedor tambien de que otros revolucionarios reunian muchos dispersos en los trminos de Cochabamba, se dirigi a esta capital con la tropa que le acompaaba. La provincia de Cochabamba, una de las mas pobladas y bulliciosas de las del alto Per, fu sometida por los emperadores Incas a su dominacion antes de que los espaoles conocieran el pais, y entonces se denominaba Cochapampa: goza de un temple suave y templado en sus valles y quebradas, y es admirable la fertilidad de su terreno. Por estas consideraciones el capitan D. Luis Osorio fund, alli un pueblo en 1575, y por ser natural de Burgos le di por patron a San Pedro de Cardea1. Este fu el origen de la famosa capital de Cochabamba, residencia de un gobernador intendente y de otros empleados superiores. Los espaoles la perdieron definitivamente en 1825, es decir, 250 aos despues de su fundacion. Todos los hombres conocedores de la revolucion de Amrica y del estado de este vastsimo pais no podran menos de convenir en que la prdida de una batalla por las armas de Espaa envolvia necesariamente por punto general la de una provincia de un reino; mas si en la poca a que nos referimos el general Goyeneche hubiera sido desgraciado en Guaqui, la suerte de toda la Amrica Austral hubiese quedado alli irrevocablemente decidida, porque triunfantes los insurrectos se habran extendido y derramado como un torrente por todo el pais, y favorecidos del prestigio de la victoria y de la novedad, como auxiliados por los partidarios que ya contaban en las principales poblaciones, hubieran llevado sus banderas hasta el Ecuador y planteado sin resistencia su sistema sofocando los sentimientos de lealtad con el desenfreno de las masas ignorantes y compuestas de distintas castas. Semejante conjetura as como la importancia de la victoria de Guaqui se comprueba concluyentemente por la simple indicacion de los chispazos revolucionarios que estallaron en Arequipa y en Tacna casi al propio tiempo en que, dando entera f a las promesas de Casteli, le suponian vencedor de Goyeneche. En la ciudad de Arequipa, capital de la provincia y obispado del mismo nombre, varios jvenes, muchos de ellos letrados, inflamados con los pomposos anuncios de Casteli, se reunieron en juntas clandestinas y acordaron agitar la plebe para pedir en tumulto un cabildo abierto, sea
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una sesion pblica del ayuntamiento, a fin de utilizar esta coyuntura en favor de las miras de los disidentes, transtornando la forma de gobierno que exista; pero los vecinos honrados, sensatos y leales, que eran los mas, desbarataron tan funesto proyecto auxiliando con laudable zelo las providencias de la autoridad para el mantenimiento del orden pblico. Por el mismo tiempo uno de los oficiales reales de la villa de Tacna, llamado Zalainera, logr seducir un corto nmero de milicianos que componian la guarnicion y con su ayuda destituy a los alcaldes ordinarios y nombr otros que le parecieron de mayor confianza para su perverso designio; mas uno de ellos rondando aquella misma noche, bajo el pretexto de asegurar la empresa comenzada, convoc con sagacidad a los vecinos honrados y con su auxilio se apoder del cuartel y de las armas que en l haba, puso en prision a Zalainera y restableci el sosiego de la villa, que muy pronto pusieron a cubierto de nuevas alteraciones 200 hombres de la guarnicion de Arica, remitidos a Tacna por el subdelegado en virtud del oportuno aviso que le habia impartido el cura Benavente, hermano de uno de los jefes de las tropas del rey. En tal estado se recibi en ambas poblaciones la noticia oficial de la gloriosa batalla de Guaqui, que vino a servir del mas provechoso balsamo para curar la inquietud de algunos animos y restablecer en ellas la calma, la concordia y la confianza. Juzguese ahora prudentemente de cuan diverso modo habrian pasado las cosas si nuestras armas hubiesen sido vencdas entonces! Recogidos los despojos del campo de batalla tan feliz, entre los cuales se contaba un crecido nmero de prisioneros a costa de una prdida poco considerable por nuestra parte, Goyeneche repas el Desaguadero y se volvi con su ejrcito vencedor al campamento de Zepita, del cual haba partido como se ha dicho, atribuyendose este retroceso a la conveniencia de prepararse con mayor comodidad para la pronta invasion y pacificacion de las provincias del alto Per. La circunstancia mas culminante que caracterizaba aquella clase de guerra en Amrica y las grandes distancias que era preciso franquear, asegurando al propio tiempo las comunicaciones con el vireinato de Lima base de las operaciones, pueden haber ofrecido al caudillo espanol inconvenientes respetables para no continuar de pronto avanzando desde el campo del triunfo, y esta consideracion nos impide de llevar mas adelante nuestras reflexiones sobre el aparente error de no haber perseguido sin descanso al destrozado y confundido enemigo, viniendo a darle lugar con el respiro de algunos

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dias a que volviera en s de su sorpresa, promoviera nuevas reuniones y tumultos y probara de nuevo fortuna en los campos de Sipesipe, como luego veremos. La noticia de la interesante victoria de Guaqui lleg tambien a Lima con la posible brevedad, y el digno virey la celebr como tan fausto suceso merecia: mand que a nombre del rey, de la representacion nacional ya reunida en Crtes, y en el suyo propio, se diesen las gracias a los vencedores y se manifestase su agradecimiento al frente de los batallones de tan recomendable ejrcito, mientras que, instruido del mrito particular de los individuos que mas se hubiesen distinguido, les distribuia las recompensas a que se hubiesen hecho acreedores. Pero no pude diferir hasta entonces, dice el mismo virey, una prueba de mi gratitud a los principales jefes confiriendoles el ascenso interino a sus inmediatos grados respectivos; obsequiandoles las correspondientes divisas y al primero el sable de mi uso. De todo inform, como era debido, al Soberano recomendando a los benemritos de una campaa tan gloriosa y tan interesante por las felices y tiles consecuencias que de ella deban derivarse a su servicio, bien y felicidad comun, para que recayese la aprobacion de todas, asi como yo la habia prestado provisional a cuantas expidi el general sobre el campo de batalla. 1 La generosidad con que el jefe superior del Per, a nombre del gobierno metropolitano del cual dependia, premi a los vencedores de Guaqui y de Jesus de Machaca, era una prueba mas de su justa administracion y de su vasta capacidad. Las consecuencias del triunfo de Guaqui debian de ser la pacificacion al menos del alto Per, si el descanso de Zepita no se prolongaba: los leales peruanos habian vencido a los enemigos de su rey y de la Espaa, y eran por lo tanto muy acreedores a todo gnero de recompensas. El general Goyeneche, bien porque, a beneficio de su actividad, hubiese acelerado los aprestos que se propusiera y de que habria necesidad para continuar con xito la campaa, bien porque le sirviese de punzante aguijon el malogro del tiempo que se perdia, el resultado fu que a fines del mencionado junio volvi a levantar su campo y march con su engreido ejrcito al sur del Desaguadero. El habil general Goyeneche se hizo preceder en su movimiento de manifiestos y proclamas dictados por la prudencia y la moderacion y llenos de sentimientos generosos y filantrpicos, que juntos con la noticia de la humanidad con que habia tratado a los prisioneros,
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causaron un efecto magico en los pueblos restableciendo la esperanza de gracia en unos y alentando la buena f y la lealtad de cuantos deseaban tuicion y clemencia; por manera que algunos de los mismos pueblos alzados acabaron por aclamar la causa espaola y por pedir la reposicion de las autoridades a su antiguo rden y respeto. La turbulenta ciudad de la Paz, como mas prxima al poder de los vencedores de Guaqui, fu la primera que di ese ejemplo, pidiendo con instancia al general en jefe, por medio del mismo gobernador D. Domingo Tristan y de su ayuntamiento, que a su paso para Oruro, a donde parecia dirigirse, dispensase a la Paz la honra de entrar en ella a enjugar las lagrimas que el despotismo de los insurgentes habia hecho derramar a sus fieles vecinos, oprimidos por el rigor y por la fuerza. Goyeneche accedi, como debia, a la peticion y entr en la ciudad con 1500 granaderos, donde en los pocos dias que se detuvo arregl los ramos de la administracion pblica con inteligencia. A todo contribuy, dice el virey del Per, el intendente Tristan con entusiasmo, aadiendo otros servicios de la mayor importancia que en concepto del general, no hacian dudosa la conducta fiel de aquel magistrado; y aunque ni estas ni otras pruebas dadas posteriormente han sido capaces de disipar las sospechas a que di ocasion con su manejo, ellas quedaran siempre envueltas en el claro y obscuro con que se disean las acciones de los hombres. Sea, pues cual haya sido su conducta, el comandante general le continu en el mando de la provincia y yo aprob, como correspondia su disposicion igualmente que sus operaciones militares, y el prudente poltico y conpasivo sistema que habia adoptado en todas las demas clases, como que en este punto han coincidido siempre mis intenciones con las suyas. Al de la Paz sigui el destrozado ayuntamiento de Oruro con mas eficaces instacias, si puede ser, para que acelerando el general la marcha de sus tropas pusiese aquella hurfana villa y provincia a cubierto de los riesgos y peligros de que estaba amenazada por algunas partidas errantes de cochabambinos que habian servido de auxiliares al criminal ejrcito de Buenos-Aires y reliquias de este. En menos tiempo ejecuto lo mismo que en la Paz, y dejando en esta de Oruro y su provincia restablecida la tranquilidad, volvi hacia Cochabamba su atencion y sus armas. 1

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En efecto, despues de agotados por el general en jefe todos los recursos de su persuasiva poltica para obtener el restablecimiento del rden en Cochabamba, medios a que correspondia el ayuntamiento de aquella capital y su intruso gobierno con arrogancias insultos, fu ya inevitable apelar al uso de la fuerza para obtener su pacificacion. Confiaban los insurrectos en la numerosa gente que habian logrado reunir y en la particular escabrosidad del terreno. Sin embargo, Goyeneche march a buscarlos saliendo de Oruro el 4 de agosto: dirigi sus tropas, cuya division de vanguardia mandaba el brigadier Ramirez, por el pueblo de Paria y los escarpados altos de Tapacar: descendi luego por la cuesta de las Tres-Cruces; y a las tres de la tarde del dia 13 del mismo agosto lleg en frente de los contrarios ventajosamente situados en la prolongacion de la altura que domina la parte llana del pueblo de Sipesipe. Como la provincia de Cochabamba cria muchos caballos y como toda ella se hallaba voluntariamente insurreccionada, contaban los enemigos un gran nmero de hombres montados, y de aqui provenia probablemente la altiva arrogancia con que esperaban al ejrcito real. Sin embargo, no prestando el general Goyeneche tanta atencion al nmero de sus adversarios, cuanta confianza depositaba en la calidad de la tropa que mandaba, y aunque el largo desfiladero de la cuesta de las Tres-Cruces no habia permitido la completa reunion de la division de retaguardia, parecindole sin duda peligroso dar ocasion de aliento a los insurrectos con la espera mal entendida, determin seguidamente el ataque. Al efecto, algunos de nuestros batallones recibieron rden de flanquear con decision la posicion enemiga, al propio tiempo que con el resto de las tropas disponibles la amagaba Goyeneche por el frente; y esta sola maniobra desconcert en tales trminos a los poco expertos alzados que, temerosos de verse cortados y acaso recordando muchos de ellos la reciente catastrofe de Guaqui, abandonaron con corta resistencia las ventajas que antes reconocian en el terreno y se trasladaron a otra altura al lado opuesto del rio Amarillo, donde pretendieron ostentar la resolucion de hacerse firmes. Mas reconociendo Goyeneche que la noche se acercaba, y justamente confiado en el aliento y bizarra de sus animosos subordinados, mand continuar alli el ataque en la forma comenzada. Los enemigos hicieron entonces un esfuerzo mas considerable, pero combatido con valeroso mpetu, confundido y desalentado al fin se entreg luego a la mas desordenada fuga, dejando en poder de los vencedores muchas armas y otros efectos, todo su tren de artillera consistente

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en ocho caones de bronce de diferentes calibres, considerable cantidad de municiones y no menos considerable nmero de muertos, heridos y prisioneros, no obstante de que las sombras de la noche favorecieron la dispersion y la huida de los vencidos. Esta segunda batalla, gloriosa tambien para las armas espaolas, tom el nombre de Sipesipe por haber sido librada en las cercanas de este pueblo. Antes de proseguir en la relacion de las operaciones del ejrcito vencedor, daremos una breve idea de las alarmas que se experimentaron a su retaguardia. A proporcion que el general Goyeneche se alejaba del punto de su partida, algunos facciosos de Cochabamba y de la Paz fomentaron la insurreccion de los indios del partido de Pacages, que lograron extender con suma rapidez a los de Larecaja y Omasuyos, y reuniendo una numerosa indiada cayeron con ella sobre la ciudad de la Paz y demas pueblos inmediatos cortando por consiguiente toda comunicacion con el ejrcito, sobre cuya suerte empezaron a esparcir las mas tristes noticias. Tamaa novedad de suyo grave corri aumentandose por las provincias fieles y lleg a Lima con prontitud, pero muy ponderada. El infatigable virey Abascal acudi con sus providencias a asegurar el parque del Desaguadero y a reforzar su guarnicion para que pudiese maniobrar contra la turba opresora de la ciudad de la Paz y limpiar los caminos. Al efecto dispuso que los indios que se alistaban en la provincia del Cuzco marchasen con la tropa que se remitia de auxilio al Desaguadero al mando del hasta entonces fiel cacique de Chincheros D. Mateo Pumacahua, donde el comandante del punto, D. Pedro Benavente les facilitaria los datos instrucciones necesarias para obrar con mejor acierto. La mayor angustia del virey la causaba la notoria falta de armas cuando los jefes de todas las provincias las demandaban con inconsiderado clamor, apoyandose en los temores que les inspiraba una insurreccion general de los indios. El virey procur atenuar estos peligrosos recelos con prudentes reflexiones sobre la confianza que mereca el ejrcito que mandaba el entendido general Goyeneche y las esperanzas que ponia en la expedicion de Pumacahua contra una muchedumbre de indios sin armas y sin disciplina; mas en todo evento les autorizaba tambien a recoger las armas de fuego del vecindario siempre que se emplease este arbitrio con cautela y sagacidad para no hacer odiosa la diligencia. El fuego de la rebelion cundi en tanto hasta los pueblos inmediatos a la orilla izquierda del Desaguadero y sus vertientes hacia la costa, por manera que estuvo en riesgo de caer en manos de los

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alzados uno de los mayores auxilios en numerario y efectos que se remitian al ejrcito por aquella parte. Era grande, pues, la agitacion de los animos en las provincias Iimitrofes a la insurreccion, cuando por fortuna empezaron a correr los rumores de la entrada del ejrcito victorioso en Cochabamba y aun de haber sido destinado el coronel Lombera con su division contra el alzamiento de los indios que asediaban la ciudad de la Paz, cuyas favorables noticias no tardaron en confirmarse por avisos directos del mismo general Goyeneche. Sin embargo, el virey aceler la expedicion de Pumacahua, quien sali del Cuzco con 3500 hombres, aumentados oportunamente con la gente del cacique de Azangaro D. Manuel Chuquihuanca, de acreditada fidelidad ambos desde la clebre insurreccion de 1780, porque habindose acercado al pueblo de Tiquina un nmero crecido de insurrectos, el arrojado comandante de este punto cometi la temeridad de atravesar la laguna de Titcaca y atacarlos con 40 hombres y un caon que quedaron en poder de los contrarios habiendo sido muertos 34, incluso el comandante, de cuyas resultas tomaron los alzados a Tiquina y una pieza mas de artillera. El prudente y previsor virey, que conocia bien el mal efecto de aquellos descalabros y mas en las actuales circunstancias, no pudo menos de expedir las rdenes mas severas a fin de prevenir la repeticion de semejantes y siempre lamentables temeridades, y con todo acaeci pronto un nuevo compromiso del cual se sali con mejor fortuna. Fue el caso que mientras la expedicion de Pumacahua, reforzada con los auxiliares de Arequipa y de Puno, pacificaba los pueblos confinantes al Desaguadero y ponia expedito el transito hacia Potos, el teniente coronel Benavente avanzaba sobre la Paz llevando por delante a los amonitados sin que osasen empellar una accion; pero a favor de las alturas del cerro de Lloco los insurrectos se propusieron defender el paso estrecho y difcil que los realistas tenian precision de vencer: comenzaron los enemigos a hacer uso de los dos caones de que se habian apoderado en Tiquina, continuaron un fuego de fusil bastante vivo y por ltimo apelaron a arrojar gran cantidad de piedras, a que llaman galgas, en el uso de cuya arma espantosa son en estremo diestros aquellos indgenas, quienes habindose corrido por las alturas tambien hacia nuestra retaguardia iba tomando el lance el caracter de un compromiso de gravedad. Benavente entonces dividi su fuerza en dos trozos y emprendi a un tiempo y con resolucion el ataque de las dos principales eminencias; y fu tal el terror que su arrojo impuso a los enemigos que estos desampararon sus formidables posiciones, en

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las que se situ Benavente con las cargas que conducia inclusas algunas de numerario que se propona hacer pasar al ejrcito de Goyeneche, y pernoct en la posicion. Mas confiado Benavente con el resultado de este esfuerzo continu al da siguiente la marcha hacia la Paz, arrollando a todos los grupos que se le presentaban. En los altos de la ciudad tuvo que sostener un ataque mas fuerte y obstinado; pero tambien su feliz xito fu la primera consoladora esperanza que recibieron los asediados de la Paz, porque empezaron a ser auxiliados por los pueblos que se rendian implorando el perdon de sus extravos. En los das que permaneci Benavente en dichos altos todava tuvo que sostener algunos combates contra los espresados sitiadores, hasta que apareciendo la division Lombera, destacada del ejrcito de Goyeneche, las operaciones de ambos jefes libertaron completamente la ciudad. En ella qued Lombera de guarnicion y Benavente pas a ocupar los pueblos desde la Laja al Desaguadero para asegurar su sosiego, como el general en jefe disponia. Por este tiempo guarnecia Pumacahua a Sicasica habiendo contribuido eficazmente a la sofocacion de esta insurreccion y a dejar expeditas las comunicaciones hasta Oruro, lo que ponia a Goyeneche en situacion de proseguir desembarazadamente su primitivo plan; h aqui cuales fueron sus operaciones. Como el triunfo de Sipesipe dejaba franco el paso a la capital de Cochabamba, a ella se dirigi el general en jefe con su victorioso ejercito, rodeado del mas favorable prestigio, y solo fu interrumpida su marcha por las diputaciones de las corporaciones que salieron a su encuentro pidindole clemencia y paz en cambio de la sumision y reconocimiento que ofrecian, y que el general acept con muestras claras de sincera benevolencia. El 21 de agosto entr el ejercito del rey en la mencionada capital entre aplausos y aclamaciones, producto mas bien del temor que de verdadero arrepentimiento, como comprob no mucho despues un nuevo alzamiento de la inconstante Cochabamba, no obstante de haber sido admitido en el ejrcito real un cuerpo de caballera de la propia provincia con sus jefes y oficiales. Pocos dias necesit el general Goyeneche para dictar las medidas conducentes al arreglo de la administracion en dicha provincia, las cuales merecieron la superior aprobacion. Tambien aprob, aade el virey, las propuestas para ascensos en eI ejrcito, y tanto de estos interinos nombramientos como de las disposiciones anteriores inform a S. M. como repetidamente lo he

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practicado para su mas perfecta inteligencia en estas materias y para obtener la confirmacion correspondiente.1 Las repetidas glorias de las armas espaolas y la clemente conducta del vencedor no solo destruyeron por entonces las esperanzas que los revolucionarios fundaban en las fuerzas de la movediza provincia de Cochabamba, sino que alentaron a los leales de las de Potos y de Charcas y movieron a sus cabildos (ayuntamientos) a implorar la humanidad del general en jefe en favor de sus respectivos vecindarios. Insistiendo nuestro caudillo en la prosecucion de su sistema pacificador y aprovechandose de la ocasion que le ofrecian las splicas de los referidos ayuntamientos, puso en movimiento su ejrcito el 3 de setiembre, enviando a Chuquisaca al teniente coronel D. Mariano Campero con la competente guarnicion y dirigindose personalmente con el resto de sus fuerzas por el partido de Chayanta a Potos, en cuyas poblaciones entraron las armas espaolas el 20 del mismo mes, despues de 17 dias de marcha por penossimos caminos. Al propio tiempo recibi rden el coronel Lombera para maniobrar con 1500 hombres contra los indios alzados de los pueblos de la Paz y de Oruro, y el coronel Astete, gobernador de esta Villa, la de auxiliar eficazmente ese movimiento; pues como se ha dicho ya aquellos turbulentos indios interceptaban las comunicaciones y obstruian los caminos con el vireinato de Lima con robos y muertes de los infelices transeuntes. Estas multiplicadas atenciones distraian considerable fuerza del ejrcito y aumentaban en proporcion sus bajas; para repararlas, como convenia, dispuso el general en jefe que se adelantasen al partido de Chichas algunos oficiales para reclutar 400 hombres y ocuparse en Tupiza de su instruccion y disciplina, medida que pronto vino a favorecer la resolucion del ayuntamiento de la villa de Tarija remitiendo al cuartel general de Potos su sumision y reconocimiento al congreso nacional: acompaaba tambien algunos impresos de los que resultaban los apuros en que se suponia a Buenos-Aires tanto por la proximidad de una division portuguesa, como por el refuerzo de 2,000 hombres peninsulares que se decia habian arribado a Montevideo, y la coyuntura no poda ciertamente ser mas feliz. Con este motivo adelant el general a Tupiza una columna al mando del teniente coronel Barreda para que, uniendo los 300 hombres que alli habia en instruccion, molestase al enemigo, que aun conservaba
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como 500 en la posta de Cangrejos, segun las circunstancias y sus conocimientos le permitieran; pero evitando cuidadosamente todo compromiso desventajoso. Como era natural que los enemigos procurasen impedir la instruccion de los reclutas reunidos en Tupiza destacaron al efecto algunas partidas, que obligaron a los instructores a replegarse a Santiago de Cotagaita, en donde los alcanz la columna de Barreda, quien bien pronto ahuyent aquellas hasta Mojos; mas habiendo avanzado en su apoyo el intrpido Diaz Velez desde Cangrejos, tuvo Barreda a su vez que regresar a Tupiza. En sostenimiento de este gefe destac Goyeneche al brigadier Picoaga con la mitad de su division, y entonces fueron alejados de nuevo los contrarios, establecindose Picoaga en Yavi con 1,000 hombres. Diaz Velez reuni activamente todas las fuerzas que pudo, y atac el 29 de diciembre a los realistas, obligando a Picoaga a retirarse sobre Tupiza, lo que verific con admirable serenidad y rden; pero habindose incorporado a Picoaga sobre la marcha el resto de su division, que afortunadamente habia recibido rden al efecto, hizo alto del lado septentrional del rio de Suipacha. Entretanto los facciosos prfugos de la Paz y de Cochabamba fomentaban un nuevo alzamiento en los valles de Cha y Tarata, que se iba extendiendo rapidamente por un lado hasta Sicasica y por otro al partido de Misque. Los caudillos de estos indios con el mayor atrevimiento se establecieron en Huata, adelantando partidas hasta las cercanas de la Plata para interrumpir el comercio y la introduccion de vveres en la ciudad. Era grave el dao que causaban, y para atajarlo sali el brigadier D. Juan Ramirez, presidente interino de Charcas; alcanz a los insurrectos en su campo, y los derrot ponindolos en completa dispersion. La rapidez de la marcha de nuestra tropa no permiti por mucho tiempo la persecucion de los fugitivos: dio Ramirez pues descanso a su fatigada gente en Huampaya, de aqu se dirigi a Mojotoro por caminos quebradsimos, y en seguida a Yamparaes porque recelaba de la tranquilidad de este partido, cuya conservacion era muy importante. Pronto se vera el cuerpo que tom esa nueva insurreccion en la voluble incorregible Cochabamba. Engreido Diaz Velez con haber desalojado y puesto en retirada al bravo Picoaga, no tard en presentarse en la orilla sur del rio de Suipacha, mont su artillera que hizo algunos disparos sobre el campamento espaol, adelant algunas guerrillas a tirotearse con las nuestras, y orden en fin que parte de su caballera vadease el rio por la

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izquierda de la posicion de Picoaga. Tal era la actitud hostil de las fuerzas beligerantes en el alto Per al espirar el presente ao. CAPITULO IV Picoaga rechaza en Suipacha a Diaz Velez. Toma la ofensiva. Arribo de Tristan al campo realista.Retirada del enemigo. Tratado de Elio con Buenos-Aires. Desercion en el ejrcito real. Nueva conmocion de Cochabamba y otros pueblos.Accion de Huari.Expedicion de Goyeneche contra Cochabamba.El general Vigodet reemplaza a Elio.Accion de Pocona.Accion de S. Sebastian.Ocupacion de Cochabamba.Regreso del cuartel general a Potos.Movimiento de la vanguardia.Accion desgraciada del Tucuman.Retirada a Salta.El enemigo toma la ofensiva.

AO DE 1812. Situadas las fuerzas que mandaban el brigadier Picoaga y el caudillo Diaz Velez con el rio de Suipacha en medio, segun se ha dicho en el capitulo anterior, como que el enemigo estimaba de su parte la ventaja, continu sus preparativos y se determin al fin por atacar al jefe espaol el dia 12 de enero de este ao. El xito de tan calculada resolucion, con todo, no correspondi a las lisongeras esperanzas del disidente, porque habiendo crecido repentinamente el rio a causa de las lluvias en las montaas, novedad harto frecuente en aquellos paises, fueron arrebatados por la violencia de la corriente los primeros ginetes que probaron vadearlo, y aterrados los demas por tan imponente expectaculo, no menos que por el vivo fuego que nuestra infantera y artillera sostenian desde la orilla opuesta, desisti Diaz Velez de la empresa y se repleg con prdida. Decidise entonces el intrpido Picoaga por la ofensiva, y el 18 del mismo enero se apoder de las alturas del sur del rio de Suipacha y se preparaba a envestir con empeo a los contrarios, cuando en aquel momento Ileg al campo el brigadier D. Pio Tristan, mayor general del ejrcito y mand suspender el ataque para el dia siguiente, porque reunido el batallon de Abancay, que se hallaba en marcha, el resultado con este refuerzo vendra a ser mas seguro y decisivo; pero previsor el enemigo se aprovech de la noche para emprender

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su retirada por el camino de Jujuy y no hizo alto hasta Humahuaca, burlando por este medio el propsito de Tristan. Este ejemplo es un comprobante mas de lo perjudicial que suele ser en la guerra el desperdiciar las ocasiones conocidamente favorables. Si los enemigos hubiesen sido atacados como Picoaga se proponia, no solo era probable obtener sobre llos un nuevo triunfo por la timidez que descubria su advertida disposicion a ceder, sino que fu voz comun entonces que la tropa de Diaz Velez se hallaba muy disgustada de la aspereza del trato de su jefe y especialmente irritada por las ejecuciones que habia dispuesto el dia anterior. Si en este estado sufria Diaz Velez mayor reves era muy posible que hubiese sido muerto entregado por sus propios soldados, librandose en ambos casos las armas de Espaa de un activo y tenaz adversario, y el mismo Tristan de un competidor que tan crueles y funestas lecciones contribuy a darle no mucho despues. Por desgracia se perciba ya entre los dos valientes peruanos Tristan y Picoaga la mas sensible rivalidad. Con la precipitada retirada de Diaz Velez quedaron las tropas reales sin atencion de importancia por su frente y pudo el general en gefe destinar diferentes destacamentos a la pacificacion de los partidos de la Laguna, Porco y Cinti, cuyo objeto se logr con escarmiento de algunos cabecillas principales movedores de los indios. Las columnas de Lombera y de Astete sostuvieron con igual xito varios choques con los indios alzados que en crecidos grupos todava interrumpian la libre comunicacion de Potos con la Paz y con el vireinato de Lima, y el coronel D. lndalecio Gonzalez de Socasa rechaz con bizarra en Oruro el violento ataque que dieron a esta villa cerca de 3,000 cochabambinos nuevamente insurreccionados y capitaneados por Arce, causandoles considerable prdida. La facilidad con que la rebelion retoaba y crecia en varios puntos de las provincias del alto Per reclamaba una atencion especialsima y un remedio radical que fu preciso aplazar por causa de otra atencion gravsima; pues cuando podia estimarse segura la frontera de la provincia de Salta por la retirada de Diaz Velez, la debilidad y la indisciplina de sus fuerzas, entonces se recibieron en Lima extrajudicialmente las capitulaciones que el general Elio habia celebrado con Buenos-Aires sin contar para nada ni con el virey del reino ni con el general en jefe de su ejrcito de operaciones, que ocupaba una gran parte del territorio del mando del mismo Elio. Tratado fu este, dice el virey, que por su inoportunidad y falta de aquellos requisitos, me oblig a considerarlo apcrifo y como uno de los muchos

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artificios de que siempre se valen los jefes de una insurreccion para hacerse lugar a reponer sus necesidades, para alucinar con fantasticas ideas de superioridad a la multitud siempre ignorante, y para hacer decidir a su partido a los mas cautos. En este concepto las fuerzas del Sr. Goyeneche se mantuvieron ocupando los mismos puntos con el cuidado que se dejaba concebir, pues siendo cierto, como lo fu, el ajuste con el Sr Elio, era muy probable agolpasen (los disidentes) por esta parte un ejrcito, cuya superioridad arrollase el del Sr. Goyeneche, y cuando no malograse las bien meditadas esperanzas de reducirlos a los estrechos lmites de sus pampas. Algunas reflexiones podrian hacerse sobre aquella capitulacion, pero ni son propias de este lugar, ni me juzgo con toda la instruccion que conviene para juzgar de asunto de tanta gravedad, y autorizado por el jefe que mandaba las tropas aliadas de Portugal en la banda oriental del Rio de la Plata. Lo que s no puede omitirse de ninguna manera es la cruel situacion a que quedaron espuestas las provincias y las armas que a costa de tantos riesgos y fatigas, de tantas erogaciones y cuidados las habian restablecido al rden y obediencia al soberano1. Sin embargo de la negociacion concluida entre el virey Elio y la junta de Buenos-Aires traslucase de unas Gacetas de esta capital, que se recibieron en el cuartel general de Potosi, y Goyeneche remiti al virey de Lima, que no faltaban dificultades al cumplimiento del referido tratado, no siendo en verdad de las menores la oposicion del general portugus D. Diego de Sousa a que sus tropas evacuasen el pas antes de haberlo ejecutado las de Buenos-Aires, de cuyas resultas se hacian aprestos hostiles por ambas partes. Muy satisfactorio, dice virey de Lima, hubiera sido este incidente si no le hubiesen acompaado los aciagos partes de las sorpresas que habian padecido algunas partidas del ejrcito real y de la desercion continua, y muy considerable, que se iba esperimentando en el ejrcito2. Por mucho que se pondere la propension de aquellos naturales a la desercion del servicio militar, todavia distara de la realidad: es una inclinacion irresistible, asombrosa, inesplicable sin que se haya jamas acertado con un medio eficaz para corregirla, porque ni bastan la indulgencia y la persuasion, ni los estmulos de honor y gloria, ni los castigos mas severos: en los indios era frecuente desertarse sin
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pensar que cometian un crimen y volverse a presentar con la tranquilidad de la inocencia. Esta funesta propension en los referidos naturales jamas se ha podido extinguir durante la guerra de la revolucion, y continuara aun del mismo modo, porque no consistia a lo que creemos, en la causa que se defendia, pues en las tropas enemigas se experimentaba igual fatalidad: ella oblig a adoptar en el ejrcito real medidas de precaucion y de vigilancia muy exquisitas, que se han meditado poco y que se han apreciado menos. Como la incesante agitacion de varios pueblos de las provincias del Per facilitase visiblemente la desercion, impidiendo que los desertores pudieran ser perseguidos como convenia, entendi el virey que era preciso no perdonar medio para sofocar el espritu de rebelion, y al efecto comunic al general en jefe el plan de operaciones que tenia por mas til, ya que las escaseces del erario no le permitian acceder al aumento de las fuerzas del ejrcito como su general reclamaba. En conformidad de ste destac dos columnas contra los facciosos, una al mando de D. Jos Mariano Peralta y la otra al del conde de Casa Real de Moneda, las cuales sostuvieron dos reidas acciones en las cercanas del pueblo de Huari, derrotando completamente a los insurrectos, de cuyas resultas quedaron mas aseguradas las comunicaciones con el norte, mientras se disponia el golpe que necesitaba la insurreccion de Cochabamba para poder pensar mas desembarazadamente en la ocupacion de Jujuy y Salta. Por este tiempo lleg al cuartel general de Potos un comerciante remitido desde Montevideo por el general D. Gaspar Vigodet, nombrado virey de Buenos-Aires en remplazo del general Elio, de quien se ha hecho mencion. El digno Vigodet no aprobaba lo estipulado con los disidentes por su antecesor: manifestaba sus deseos de hostilizar a la junta de Buenos-Aires: indicaba la convenienca de que el ejrcito ral del Per coadyuvase por su frente al mismo fin; y manifestaba contar por su parte con 2000 hombres escogidos en la banda oriental, 8000 portugueses en la costa de Maldonado y Pando, en las riberas del Urzehuay cerca del arroyo de la China 1000 espaoles, y con el auxilio de una respetable marina, ademas de los socorros que aun podia recibir de la Pennsula y de Portugal. La ocasion parecia indudablemente favorable para un movimiento sobre Salta; pero no era prudente desentenderse del estado de agitacion en que se hallaba la provincia de Cochabamba, ni dar lugar a que los facciosos se repusieran de las prdidas que les habian causado en Huari el conde de Casa Real

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de Moneda y Peralta, en Irupana Armentia, y en Condorchinoca los coroneles Lombera y Socasa. En este concepto el virey de Lima remiti al ejrcito municiones y dinero; indic al general en jefe cuanto le pareci conducente al logro de su meditado plan, dejandole, como debido, los pormenores de la ejecucion; pero negandole la facultad de conceder capitulacion ni admitir proposiciones de los insurrectos que no contuviesen la espresa condicion de someterse absolutamente a las crtes generales y extraordinarias de la nacion1. Todas estas precauciones exiga la ligereza con que los pueblos se sublevaban prestaban aparente sumision, segun se crean libres superiores a las armas espaolas, estas les amenazaban de cerca. Los apuros de Buenos-Aires no disminuan, y las tropas que mantenia la junta hacia el norte sentian grandes necesidades, cuando el brigadier D. Pio Tristan, mayor general y jefe de la division de vanguardia, cumpliendo con las instrucciones del general en jefe, les intim la evacuacion de Jujuy y Salta, que seguidamente verificaron trasladandose al pueblo de Yatasto, 50 leguas mas a retaguardia. Entonces fu cuando el entendido Goyeneche resolvi salir de Potos para dirigirse pronta y personalmente a la necesaria pacificacion de la provincia de Cochabamba: remiti a Tupiza al batallon de Paria, en cuyo punto dej a Tristan con 2000 hombres: mand a Picoaga que con su division pasase inmediatamente a Chuquisaca, adonde se traslad tambien el general en jefe. Acordada una combinacion terrible contra Cochabamba que componian una columna remitida contra el partido de Chayanta para maniobrar con la de Revuelta procedente de la Paz, la del coronel Lambera que seguia la ruta de Tapacari, la del coronel Huici que avanzaba de la Laguna por ValleGrande y la del coronel Alvarez de Sotomayor por Santa Cruz de la Sierra, el general Goyeneche sali de Chuquisaca el 13 de mayo con 2500 hombres de infantera y caballera y ocho piezas de montaa, dirigindose al mismo punto por los valles de Mizque y Clisa. El general en jefe todavia anticip amonestaciones verdaderamente paternales y dirigidas a una sincera reconciliacion que evitase los estragos de la guerra; pero los facciosos cochambabinos, sin prestar atencion ni a las fuerzas que los amenazaban ni a las disposiciones pacificas del caudillo espaol, le contestaron con insolencia y se aprestaron con mayor ceguedad a la resistencia. Un grueso trozo de insurrectos ocup el alto de Pocona, situado entre los valles de Clisa y Mizque para disputar la marcha al
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general en jefe; pero atacados all por el coronel Imaz, fueron luego desalojados y puestos en total dispersion con prdida de algunos muertos y heridos, varias armas y 48 piezas de artillera de bronce y de estao. Inmediatamente despues de este feliz encuentro el general Goyeneche empez a recibir enviados de las corporaciones de Cochabamba, rogandole entrase de paz en esta capital, pues que sus habitantes anhelaban ponerse bajo la proteccion de las armas espaolas, empleando al efecto medios apenas creibles, y que refiere el virey de Lima en estos trminos. Los cochabambinos tuvieron el arrojo de adelantar al general una diputacion al pueblo de Pocona a concertar condiciones que por irritantes y escandalosas fu preciso desechar, mandando en consencuencia acelerar las marchas de la combinada expedicion. A vista del peligro restauraron nuevas y mas moderadas solicitudes en otra segunda diputacion, cuyos artculos examinados por los ministros de la audiencia de la Plata, que seguian al ejrcito, conde de Vallehermoso y D. Pedro Vicente Caete, se hallaron dignos de ser atendidos por la piedad del general, a nombre del cual se contestaron quedar admitidas sus proposiciones, y la ciudad y provincia de Cochabamba bajo la proteccion del rey. En esta inteligencia march el general y sus tropas a ocuparla, cuando inesperadamente el estrpito del caon y de la fusilera, que ocupaba la entrada por el monte de San Sebastian, di a conocer a Goyeneche la falsedad de sus promesas y la desesperacion con que se disponian a la mas temeraria de las defensas1. En efecto, los enemigos, fiados en la gran superioridad de su nmero, se prepararon a resistir tomando posicion en el cerro de San Sebastian, inmediato a la ciudad, protegidos de muchas piezas de artillera de estao. El general en jefe lleg al pie de dicho cerro el 27 de mayo, hizo rapidamente un reconocimiento, y como le importaba no desperdiciar los momentos y aprovechar la buena voluntad de sus soldados, dispuso seguidamente el ataque sostenido por ocho piezas de artillera, el cual se ejecut con valor y en el mejor rden; por manera que a las dos horas los enemigos, habiendo perdido su formacion, se entregaron a la mas desordenada fuga, arrojando muchas armas y abandonando su artillera y la capital, que sufri mucho del saqueo con que fu castigada su repetida infidelidad, y del incendio que casualmente se prendi en uno de sus principales cuarteles.
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Restablecido el rden, el general en jefe se dedic a reponer las autoridades legtimas y a dictar las demas providencias que estim conducentes a la buena administracion y a asegurar la tranquilidad y la obediencia de la provincia, siendo una de ellas la de haber mandado recoger las armas y los caballos tiles de la misma, para cuya guarnicion destin la division Lombera. Asi termin esta nueva rebelion de Cochabamba, que tantas desgracias atrajo sobre sus obstinados insurrectos. Despues de lamentar su necesidad el virey del Per, cuando el general en jefe dedic sus cuidados a repararlas, dice en abono de la noble conducta de nuestro caudillo: reuni en sus casas y restituy al cuidado de sus familias los muchos dispersos y fugitivos que las habian abandonado: repobl los desiertos campos, restableci las manufacturas y oblig con su persuasion a los artesanos y traficantes a dar nueva vida a las artes y al comercio paralizado en siete meses de anarquia. 1 Arreglados los negocios pblicos de la provincia de Cochabamba, el general en jefe se puso en marcha para Chuquisaca con el fin de reparar los desmanes que cometian los alzados del valle de Clisa. En este rapido y bien dirigido movimiento di Goyeneche nuevas pruebas de su pericia militar, de su poltica, de su justicia y de su clemencia, como reconoce el mencionado virey, y la misma acertada conducta observ en las medidas que tuvo que dictar en la Plata de paso para Potos, adonde se traslad el cuartel general. Poco despues de su llegada a esta villa salieron para Suipacha los batallones Real de Lima y Cotabambas con el determinado objeto de reforzar la vanguardia que mandaba el brigadier D. Pio Tristan. Establecido de nuevo el general en jefe en Potosi, situada una respetable division en Suipacha y cubiertas muy regularmente las guarniciones de Chuquisaca, Cochabamba, Oruro y la Paz, fueron volviendo los pueblos a su antiguo rgimen, y la tranquilidad y el rden pblico se vi reinar en casi todo el alto Per. Respetadas las autoridades legtimas, el comercio volvi a ocuparse de su giro y especulaciones regulares, y los caminos se transitaban sin los peligros de la revolucion, porque los indios escarmentados muy a costa suya dejaban la vagancia y las armas por restituirse a sus trabajos ordinarios. Este aspecto presentaba el pais, cuando acaso la misma confianza en la duracion del sosiego de los pueblos despert de nuevo la idea de emprender un movimiento sobre las provincias de abajo, que se dej progresivamente adelantar hasta la ciudad de S.
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Miguel del Tucuman, 238 leguas de Potos, residencia del cuartel general. Este movimiento tenia por plausible objeto pacificar aquella extension de territorio conmovido, distraer poderosamente a la junta de Buenos-Aires y privar a los enemigos de los cuantiosos recursos que sacaban de las remesas de mulas al Per, utilizandolos en provecho del ejrcito real; pero es preciso anticipar que esta expedicion, mas atrevida que bien calculada, tuvo un desenlace de funestas y muy trascendentales consecuencias. Antes de entrar en sus pormenores se nos dispensara recordar aqui que el territorio del Tucuman, a que los indgenas llamaban Tucma, dependia de los emperadores del Per desde mucho antes que los espaoles descubrieran este pais. Los caciques, curacas, que lo gobernaban, como sus seores naturales, movidos de la fama de aquellos prncipes enviaron sus embajadores al VIII Inca Ripac conocido tambien por Viracocha, que se hallaba a la sazon visitando sus estados de los Charcas, y le ofrecieron espontaneamente su sumision y reconocimiento, pidindole al mismo tiempo jefes magistrados que los dirigieran y ensearan. El Inca acept la oferta con satisfaccion y benevolencia; dispuso que algunos de sus parientes fuesen al reino de Tucma a ensear a sus habitantes la civilizacion y la idolatra que ellos profesaban; y nombr ministros que fuesen a entender en abrir acequias y cultivar la tierra para acrecentar la hacienda del sol y la del rey1. El comandante general de nuestra vanguardia, como bamos diciendo, para realizar el pensamiento de proveer el ejrcito de mulas, caballos y ganado vacuno, tom la resolucion de adelantar al coronel Huici con un fuerte destacamento, quien sin mucha dificultad penetr en Jujuy y Salta y aun avanz hacia el rio del Pasage, porque, sobre haber entonces poca gente de armas por esta parte, los hombres que se presentaban a hostilizar huian a la aproximacion de nuestros soldados, crcunstancia que deslumbr al jefe expedicionario a punto de escribir a Tristan asegurandole que con sola su columna esperaba apoderarse del Tucuman. Las faciles correras de Huici, sin que apenas encontrase enemigos que le disputaran el paso en muchas leguas de extension, enardecieron la acreditada bizarra del comandante de la division de vanguardia, quien resolvi moverse con todas sus fuerzas sin contar con la aprobacion prvia del general en jefe, como entonces se dijo, aadindose tambien que su opinion era contraria. A ser asi tocaba
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Garcilaso, historia general del Per.

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importaba mucho a la bien adquirida reputacion del general, reprimir la fogosa arbitrariedad de su primo el brigadier Tristan, para evitar de este modo la justa censura que en otro caso mereceria de la imparcial historia. Como quiera, si Goyeneche entonces toma la resolucion de mover todas las tropas disponibles hasta llevar su cuartel general al rio del Pasage como pensaba antes de la expedicion de Cochabamba, prvio el asentimiento del virey de quien dependia, es probable que dirigidas de cerca por l las operaciones hubiese alcanzado muy distintos resultados. En lo mejor de su edad D. Pio Tristan, justamente engredo con el mando de una division hasta entonces vencedora y lleno de las lisonjeras esperanzas que habian de inspirarle su conocido valor y su confianza, sali de Suipacha el 1 de agosto con cuatro batallones, sobre 1200 caballos y diez piezas de artillera. Cruz con rapidez y sin oposicion los trminos de Jujuy y Salta, poblaciones que los insurrectos abandonaron despues de haberlas maltratado mucho y hasta incendiado sus archivos pblicos, y continu internandose hacia el Tucuman con total desprecio del enemigo, que consideraba muy inferior. Asi fu facil que un destacamento de 500 hombres, avanzado hasta el rio de las Piedras cayera en una celada que le armaron los contrarios, el cual, aunque se desembaraz con brio, tuvo que retroceder primero al rio Blanco y luego al del Pasage, volvindose los enemigos tambien al Tucuman. En nada mengu este contratiempo el animoso ardor del brigadier Tristan, quien prosigui osadamente su marcha campando el 23 de setiembre en Tapia. Al dia siguiente 24 marchaba la division en columna, seguian los equipages, la artillera y el parque, y cubrian la retaguardia a alguna distancia ocho compaias de preferencia con la mayor y mejor parte de la caballera. El plan de batalla de Tristan, que dice el virey del Per no se le comunic hasta mucho despues de perdida la accion, estaba reducido a llamar la atencion del enemigo desde el Ojo del Agua por el camino real de los Nogales, acercarse a la ciudad para descubrir sus intenciones, hacerle caer en el error de que aquel era el punto elegido para el combate, dirigir oportunamente el grueso de las tropas a Tafi, que esta mas a la derecha, ocupar el camino que sale del Tucuman para Santiago del Estero, y atacandole por retaguardia cortarle su retirada natural, tomandole entre dos fuegos con la tropa que al efecto iba mas a retaguardia. Este pensamiento, que desde luego indica la mas excesiva confianza, fu trastornado por los enemigos que tenan otro muy distinto. Con aquel intento, pues, dej

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Tristan el campamento de Tapia; y mediado el precitado dia 24 de setiembre desemboc por los manantiales en el llano en que esta situada la ciudad de San Miguel del Tucuman, rodeada de arboledas y con espesos bosques muy inmediatos, y entonces los equipages, la artillera y el parque ocuparon el flanco derecho de la columna, en cuyo rden se continu avanzando tan confiadamente, que se censur no haber mandado siquiera cargar las armas a los batallones, descuido apenas creible y que a ser cierto seria imperdonable en semejantes circunstancias. Al acercarse nuestras tropas a la ciudad reconocieron una lnea de infantera formada en batalla sobre un suave repecho y con una corta reserva mas a retaguardia; pero sin descubrirse la caballera, porque se mantenia oculta en la arboleda vecina. En un pais tan abundante en caballos, y donde todos los habitantes son eximios ginetes, no era de presumir que los enemigos careciesen de esta importante arma. Los caballos y el ganado vacuno, que los espaoles importaron en Amrica, se aumentaron all tan pronto y de tal modo, que su multiplicacion se tendria por fabulosa si no fuera tan generalmente reconocida. En comprobacion dice el padre Acosta que la flota del ao de 1587 trajo de Santo Domingo 35,444 cueros vacunos, y de la Nueva-Espaa 64,350, que suman 99,7941. El brigadier Tristan dej continuar la marcha de su tropa hasta ponerla a tiro de caon del enemigo, que, como dice el virey del Per aun con presencia de los partes oficiales, rompi entonces el fuego con una pieza de a seis y dos de a cuatro, matando por la buena direccion de los primeros tiros algunos hombres de los que formaban la lnea en los batallones de Cotabambas y Abancay, cuando nuestra artillera se hallaba aun desmontada. El coronel Barrera, jefe de este ltimo cuerpo, irritado por el dao recibido, y sin consultar mas que su impaciente arrojo, mand cargar a su batallon a la bayoneta, pero en dispersion como habian acostumbrado en las refriegas anteriores contra los indios del alto Per, todo sin rden del comandante general que en aquel momento se hallaba haciendo montar y armar su artillera. A imitacion de Barrera los demas jefes de cuerpo hicieron otro tanto con tal decision, que tomaron al enemigo sus tres caones impusieron tanto a su infantera, que parte de ella indicaba rendir las armas y parte daba muestras de emprender la fuga y guarecerse de la ciudad. En este instante verdaderamente crtico la caballera facciosa sali de su emboscada, hizo huir parte de la
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Historia general de las Indias.

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nuestra y se present por retaguardia de los dos batallones de Abancay y Cotabambas, los cuales sorprendidos y aterrados a la vista de un espectaculo tan imponente como nuevo para ellos no supieron tomar otro partido que el peligroso de acabar de desordenarse y acogerse al inmediato bosque. Este funesto ejemplo que fu desgraciadamente seguido por los demas batallones, di ocasion a que los intimidados y confusos infantes disidentes los persiguieran con audacia hiriendo y matando sin piedad a los que pudieron alcanzar de los realistas. Por fortuna la indisciplinada caballera enemiga en vez de perseguir tambien a los dispersos cay sobre los equipages, se ocup en saquearlos y en conducir a la ciudad los ocho caones y el parque que aun estaban sobre las mulas, y seguidamente muchos ginetes se retiraron a poner en salvo el botin que habian hecho. Con la inesperada conducta de la caballera vencedora, la infantera enemiga se retir igualmente a la ciudad, y aquel campo, que acababa de ser de horror y de muerte, qued repentinamente en el mas profundo silencio. A favor de esta sorprendente calma, prueba manifiesta del estado en que se hallaban los vencedores, se fu disipando el terror de los vencidos y fueron poco a poco saliendo de la espesura. Mand Tristan entonces tocar llamada y antes de que anocheciera ya habia logrado volver a formar sus batallones aunque diezmados, quedando en su poder el caon de a seis de los contrarios, que no pudieron retirar por habrsele roto el eje de la curea, y los dos de los suyos que habia llegado a montar. Todavia esperanzado march Tristan de nuevo contra la ciudad, penetr en las primeras calles, que hall atrincheradas, y la intim la rendicion, que los enemigos contestaron con arrogancia, advirtindole que careca de municiones para su intento; y as era el caso, pues no solo habamos perdido los equipages, el parque y ocho caones de los diez que llevaba la vanguardia, sino las municiones y demas pertrechos que iban a retaguardia, porque engaados los conductores con la noticia de que las tropas reales ocupaban la ciudad se dirigieron a ella sin precaucion y cayeron en poder del enemigo. El 25 de setiembre permanecieron nuestras tropas en los arrabales del Tucuman, que habian ocupado la tarde anterior sin otra incomodidad, dice el virey, que la muy pequea que les ocasionaban algunas partidas, cuyas salidas fueron tambien escarmentadas. En el descanso que ofreca la inaccion del enemigo se curaron los heridos, se recogi parte del armamento y se destruy

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la fabrica de fusiles establecida en esta ciudad, aprovechandose de los tornos y herramientas que se encontraron en ella, nico fruto y muy caro que proporcion la campaa. Las prdidas experimentadas en esta accion son consiguientes a la desigualdad con que fu dada sostenida. Ella ocasion una considerable diminucion de las fuerzas de este destacamento, principalmente entre oficiales de graduacion, cuya falta era irreponible en el ejrcito. La de los enemigos debi ser igual mayor, puesto que habiendo emprendido Tristan replegarse al importante punto de Cobos, sin caballos, sin mulas de trasporte y sin vveres, no vi una vez al enemigo hasta la posta de Aldurralde, 16 leguas distante del lugar en que se dio la accion, ni en las 93 que median hasta el mismo Salta, pues no merece que se haga mencion ni que se atenten por tales los autores de las ridculas e impertinentes intimaciones que hicieron al comandante las partidas destinadas a su persecucion1. Este fu el primer resultado de la poco meditada expedicion al Tucuman, en cuya desgraciada accion perdieron los realistas sobre 4000 hombres, cuando dirigida con tino y mayor prudencia, era probable haber obtenido un triunfo que casi anonadara la revolucion, visto el estado en que esta se hallaba entonces. Todos los pormenores de la presente campaa, si abonan el valor personal de D. Pio Tristan, rebajan mucho el crdito de que gozaba como experto militar. Desde luego parece injustificable el que el general en jefe, y contra el dictamen del virey, hubiese consentido en que la division de vanguardia se alejase a 229 leguas del cuartel general, internandose en un pais llano y todo conmovido con solos 1200 hombres de caballera defectuosamente armada y sin la conveniente instruccion, al paso que los insurrectos podian presentar tanta gente montada cuanto fuese el numero de los habitantes disponibles, y de los mejores ginetes del mundo. Para el objeto de proveer al ejrcito de mulas, caballos y ganado vacuno habria bastado recorrer rapidamente los provistos campos de Jujuy y Salta desde la desembocadura de la quebrada de Humahuaca, mantener las comunicaciones con el alto Per para ir remitiendo sin demora los acopios que se hicieran y conservar la fuerza muy alerta y en conveniente disposicion a fin de evitar todo compromiso desventajoso. Si el intrpido Tristan, una vez resuelto a avanzar tan desacordadamente, hubiese conducido su fuerza dispuesta segun las
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circunstancias locales demandaban, montada y pronta a servir tambien su artillera: si hubiese hecho reconocer con oportunidad el bosque inmediato en el que se ocultaba la caballera que vino a causar su ruina, hubiera podido combinar mejor su ataque, y es probable, repetimos, que hubiese triunfado de un enemigo que le era muy inferior en la calidad de la infantera y aun en la artillera, teniendo ademas de su parte el favorable prestigio de los triunfos anteriores. Con una victoria a la sazon en el Tucuman, la revolucion hubiera recibido un golpe tal vez irreparable y por lo tanto de inmensas consecuencias; pero el revs que experimentaron las armas espaolas produjo muy distintos resultados. Entre estos puede contarse la correspondencia singular que se entabl entre el general en jefe y el virey del Per. No descuidaba este las necesidades del ejrcito, y asi antes de que se empeara la accion desgraciada del Tucuman habia remitido de Lima 160,000 pesos en numerario, para que unidos a los productos de las tesorerias del alto Per sirviesen a su sostenimiento, ademas de mandar pagar en la tesorera de la capital las libranzas que se giraban contra ella; 1002 quintales de azogue; 500 espadas de caballera; 10 quintales de cuerda mecha; 1200 lanza-fuegos y 12,000 estopines, sobre haber prevenido que de las provincias del Cuzco y Puno se le auxiliara con nuevos reclutas. Con todo, el general en jefe hacia pedidos tan cuantiosos que, a decir del virey le era imposible satisfacer: ponderaba la tenaz resistencia de los revolucionarios y la obstinacion de las provincias en favor del sistema de la independencia, cuando el virey insistia en que no se avanzase un paso del rio Pasage, que se restableciese el fuerte de Cobos y se fortificara a Jujuy: de la debilidad y mal estado del enemigo que acababa de vencer en el Tucuman deducia la mayor necesidad de los auxilios que reclamaba, concluyendo con proponer una transaccion con el enemigo, porque habindose pasado a l algunos individuos temia que tan funesto ejemplo se estendiese a mayor escala y ocasionase la disolucion del ejrcito que mandaba. El virey procur por cuantos medios estaban a su alcance satisfacer las comunicaciones del general en gefe, tranquilizar su agitado espritu y calmar el esceso de su delicadeza en punto a responsabilidad previnindole terminantemente no abandonar el terreno adquirido, sin defenderle palmo a palmo; que se fortificase a Jujuy y Salta y se reparase el fuerte de Cobos, como ya habia indicado; que se evitase con escrupulosa vigilancia toda comunicacion con los enemigos; y que se mantuviese sobre el rio del

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Pasage un destacamento de 400 a 500 hombres de infantera y caballera con un jefe de experiencia y acreditados conocimientos, para que observase al enemigo y procurase imponer al paisanage, con otras varias prevenciones generales y particulares. Sin embargo, despues de la desgraciada accion del Tucuman, parecia lo mas propio y militar que la vanguardia se replegase a Jujuy otro punto mas seguro en la quebrada de Humahuaca; pero otras fueron las disposiciones, y el brigadier Tristan se estableci gustoso en Salta porque no abandonaba la idea de subyugar el Tucuman. El general en jefe tom entonces la resolucion de reforzar la vanguardia, remitiendo a Salta el batallon de Paucartambo con provision de artillera y municiones, y a Jujuy, como en reserva, el batallon de Azangaro que mandaba D. Jos Antonio Estevez y alguna caballera. Con este auxilio, dividida la atencion de los enemigos por el estado hostil de Montevideo y la aproximacion de tropas portuguesas a esta plaza, y contando por parte de Tristan con el detenimiento y la circunspeccion que ensea la experiencia, podia creerse con bastante seguridad la division de vanguardia en Salta y aun esperar con alguna confianza a que, pasada la estacion de las lluvias, emprendiese el ejrcito un movimiento general con el fin de distraer mas poderosamente al enemigo, y auxiliar de este modo la defensa de Montevideo y las operaciones de las tropas procedentes del Brasil , que ostentaban favorecer la causa de Espaa. La poca reserva con que se trataban nuestros planes de operaciones y los diligentes oficios de los adictos ocultos con que contaban los enemigos proporcionaron a la junta de Buenos-Aires ocasion de recelar con oportunidad de tan amenazante y temible proyecto. En consecuencia puso en juego todos los resortes imaginables para obtener que los portugueses, en quienes comenzaba a notarse cierta lentitud indiferencia, retirasen sus tropas pactando al efecto con la corte del Brasil un armisticio, tanto mas sorprendente inesperado, cuanto menos tilidad parecia ofrecer a sus propios intereses. Libres los disidentes de Buenos-Aires del cuidado que justamente les daba aquella reunion de fuerzas pudieron pensar con serenidad en los medios de tomar la ofensiva contra Tristan, antes de que fuera considerablemente reforzado se moviera el mismo general en jefe , y con suma actividad adoptaron a este intento cuantas medidas estimaron conducentes. Con reclutas del Tucaman aumentaron la fuerza de sus mejores cuerpos: formaron asi un ejrcito cuyo mando encomendaron al general Belgrano; y bien pronto y provistos de todo

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lo necesario pudieron abrir la campaa, dirigiendo su movimiento al rio Pasage, que estimaban algunos por una barrera insuperable en la estacion de las aguas, y acaso por esta misma razon no competentemente observado. Apesar del agua que en efecto llevaba el rio a la sazon, luego que Belgrano lleg a l, como nadie le disputase su paso, se aprovech de la ventaja que le ofrecan las enormes carretas que se usan en aquel pas, y de las que llevaba abundancia para el servicio de sus tropas, form con ellas un puente y cruz por este medio el rio, empleando sin embargo, cerca de ocho das en la operacion, despues de la cual continu su marcha sobre Salta. Djose y aun se comunic al virey que la primera division enemiga, que se haba presentado en el Pasage, habia sido batida y perseguida por un destacamento de 300 hombres de nuestras tropas; pero no se acierta a combinar esta noticia con el estado en que se mantena la vanguardia en Salta, ni con el nuevo revs que experimentaron aqu las armas espaolas a principios del siguiente ao.

Capitulo V

Batalla desgraciada de Salta.Capitulacion.Tacon. Mendizabal.Estevez.Retirada de Jujuy.Comunicaciones de Tristan a Goyeneche.Abandono de Ptosi.Retirada a Oruro. Sus consecuencias.Renuncia Goyeneche el mando. Disgusto de las tropas.-Nombramiento de Hinestrosa sin efecto.El brigadier de artillera D. Joaquin de la Pezuela remplaza a Goyeneche en el mando.Nueva insurreccion de Cochabamba.Gloriosa batalla de Vilcapugio.Victoria de Ayohuma.Sus consecuencias. AO DE 1813 En tanto que el enemigo se acercaba esperanzado a Salta, reinaba en esta ciudad un descuido injustificable, sucedindose unas a otras las diversiones, y aunque empezaron a tomar cuerpo los rumores de que los disidentes se aproximaban, no fueron convenientemente atendidos en la persuasion de que no pasarian de algunas partidas de caballeria campestre, como dicen en el pais de gauchos. De este equivocado concepto provino el que apareciese mayor la sorpresa y el aturdimiento que caus la noticia positiva,

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recibida en Salta el 15 de febrero, de que un cuerpo de tropas regulares se hallaba ya cerca de la poblacion y aunque en su virtud dispuso Tristan algunos reconocimientos, no se sac de ellos otro partido que la confirmacion de la expresada nueva. El general enemigo Belgrano continu impavido su movimiento y el 17 del mismo febrero, camp a la vista de los realistas en los cercos y potreros de la hacienda del Castaar, tres cuartos de legua distante de la ciudad de Salta. Los siguientes dias 18 y 19 hizo Belgrano reconocimientos con todas sus fuerzas como en ademan de empear un combate, que el brigadier Tristan ya en posicion fuera de la ciudad estaba resuelto a aceptar, y en ambos di la vuelta a su campamento conseguido el objeto de mantener en alarma a nuestra gente, la cual desprovista de tiendas de campaa sufria bastante de los aguaceros. El 20 de febrero cerca de medio da se movi el enemigo sobre nuestra vanguardia en tres columnas paralelas, que despleg luego en batalla cubriendo las alas con la caballera y dejando mas a retaguardia una proporcionada reserva. El brigadier Tristan tom tambien la formacion de batalla en dos lneas, coloc tres batallones en la primera apoyando uno de sus flancos al cerro de san Bernardo y cubriendo el otro con sus 500 caballos en la dbil formacion de ala, y al frente de esta lnea estableci la artillera; los otros dos batallones formaban la segunda lnea, y una corta reserva mas a retaguardia se hallaba al mismo tiempo encargada de la custodia del parque. Poco tardaron los contendientes en venir a las manos rompiendo el ataque nuestra caballera, la cual carg con tal decision a la enemiga que cubria su izquierda que la oblig a volver caras; mas detenido el mpetu de nuestros ginetes por los certeros fuegos del cuerpo de negros del rio de la Plata, se recobr pronto aquella, carg a su vez con valenta y fu tan completamente arrollada la realista que se puso en plena fuga para la ciudad, dejando descubierto el flanco que ocupaba. Entonces Tristan previno que los dos batallones de su segunda lnea ocupasen en la primera el vacio que acababa de causar la huida de la caballera, y ejecutada esta rden con prontitud, rompise seguidamente el fuego que muy luego se hizo general. No fu con todo de larga duracion la firmeza de estos batallones, porque observando que los enemigos continuaban avanzando por el frente y, lo que sin duda influy mas, temerosos que su caballera victoriosa, despues de haber ahuyentado la nuestra, cargara por retaguardia como amenazaba ya, se desordenaron y pusieron tambien en fuga para la ciudad. Todavia se sostuvieron los otros tres batallones auxiliados del vivo fuego de

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nuestra artillera; pero el mal ejemplo de los primeros y el rcelo de verse envueltos y cortados los decidieron al fin a seguir precipitadamente la misma direccion que los anteriores, dejando el campo en poder del enemigo con la mayor parte de la artillera. Mientras este desastroso desenlace se completaba, las guerrillas avanzadas por nuestra izquierda hacian brillantes esfuerzos de valor y progresaban visiblemente: rechazaron un trozo de caballera que se les present y otro de infantera que se adelantaba a sostenerla, igual resultado alcanzaron sobre la parte de caballera que formaba la reserva, a cuya cabeza fu herido el tantas veces citado Diaz Velez, y llegaba ya este puado de valientes cerca de las Carreteras cuando echaron de ver la lamentable rota de su division, suceso que les oblig a replegarse a la ciudad. En ella todo era desrden, confusion indisciplina, a tal punto que Tristan apenas era obedecido, y pudo con dificultad reunir alguna tropa para defender las dbiles trincheras que con trancas y maderos habia logrado levantar en las bocas-calles de la plaza mayor, porque su gente aterrada, y parte probablemente seducida, se encerraba en la iglesia principal y en las casas de la ciudad. De esta manera vino a ser intil el valor personal del jefe espaol, quien se vi en la triste necesidad de capitular con las condiciones que quiso imponerle el vencedor, tan exhorbitantes y duras que merecieron la desaprobacion del dignisimo virey del Per. Muy general fu la creencia de que habia habido seduccion en Salta, particularmente respecto de algun jefe y de varios oficiales, cuya posibilidad debia haber previsto Tristan para procurar disminuir la perniciosa influencia de una poblacion abundante en mugeres de conocido mrito y en extremo insinuantes, que aunque muchas de ellas eran partidarias de la causa espaola, habia tambien decididas por el nuevo sistema, cuyos medios era prudencia temer. Agregabase a esto la naturaleza de aquella guerra y la calidad de los recursos con que se sostenia, los cuales no podian no debian dejar de entrar por mucho en los calculos de cualquiera jefe, circunstancias que ni entonces ni despues se meditaron ni reflexionaron convenientemente, y menos en Europa, donde juzgando generalmente por los resultados se ha aplaudido censurado con menos detenido examen del que fuera de desear. Sin embargo, la prdida de la batalla de Salta, funestsima como ha sido, no podia producir por si sola en aquella poca la disolucion del Per. Por lo espuesto se ve claramente el triste fruto que se sac de la irreflexiva expedicion al Tucuman, y no puede dejarse de sentir la in-

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disculpable condescendencia de los jefes superiores que no desplegaron contra la temeridad de Tristan la firmeza necesaria para hacerse obedecer y que sus rdenes fueran puntualmente ejecutadas. Resulta tambien que, aunque Tristan descuid los rumores esparcidos sobre la aproximacion del enemigo, ni mantuvo debidamente observado el paso del rio Pasage, todavia despues de reconocido el ejrcito de Belgrano pudo reunirse rapidamente al batallon de Azangaro y a la caballera que a las rdenes de Estevez componian la guarnicion de Jujuy distante 18 leguas; y replegado nuestro jefe sobre este punto, cuyo terreno es mas quebrado, podia tambien sacar mayor partido de su infantera en la que era superior a los contrarios. Si situado Tristan en Ia quebrada de Jujuy estimaba inoportuno empear una batalla, podia anticipar un aviso al brigadier Picoaga, que se hallaba en Suipacha, para que lo reforzara y continuar retirandose a favor de las buenas posiciones, que el pas presenta, hasta coincidir en un punto, donde reuniendo mas de 4500 infantes, Belgrano no se hubiera atrevido a buscarlos, con toda probabilidad le habrian hecho pagar muy caro su arrojo. Pero ya se ha indicado que no existia la conveniente armona entre Tristan y Picoaga, y la rivalidad suele ser un terrible obstaculo hasta para las combinaciones militares mas sencillas. Ambos jefes eran peruanos, ambos nobles y valientes, y si Tristan pasaba por mas entendido, Picoaga llevaba su lealtad al rey y a la Espaa hasta el entusiasmo. Qu lastima que no se hubiese podido sacar mejor partida de tan recomendables prendas! De conformidad con las prevenciones del virey y deseoso por su parte el general en jefe de auxiliar la permanencia de Tristan en Salta habia hecho partir para la vanguardia al coronel D. Miguel Tacon y al ingeniero D. Francisco Javier de Mendizabal, y ambos juntos llegaron a Jujuy el 19 de febrero, vspera de la derrota de Salta. El 21 se recibi en Jujuy la noticia de esta desgracia por tres soldados fugados despues de perdida la accion, y en su vista el coronel Tacon tom sobre si la responsabilidad de mandar que la guarnicion emprendiera sin demora la retirada hacia Tupiza, y as se verific ponindose en marcha a las nueve de la noche del mismo dia, porque era fundado temer que no tardase aquella tropa en ser atacada y destruida. Con esta acertada medida di Tacon una prueba de su buen juicio, pues entonces ignoraba la capitulacion celebrada en Salta y por consiguiente que por una de sus condiciones se autorizaba a la guarnicion de Jujuy para retirarse libremente sin hostilizar los pueblos del transito. El brigadier Tristan comunic luego

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al comandante Estevez la capitulacion aceptada, por la que las tropas del rey debian evacuar el territorio del gobierno de Salta y no volver a tomar las armas contra el de Buenos-Aires; pero se padeci el notable olvido de no espresar en esa comunicacion la clausula acordada respecto a la manera de hacer su retirada la guarnicion de Jujuy. A los dos dias de haber abandonado esta ciudad Tacon, Estevez y Mendizabal, les alcanz un oficial de los capitulados de Salta que conducia pliegos de Tristan para el general en jefe que se hallaba en Potosi, y este oficial les refiri los pormenores de la malhadada batalla de Salta y los artculos de la capitulacion convenida, y enterados nuestros jefes de que la guarnicion de Jujuy no debia de ser perseguida ni molestada continuaron la retirada con menos zozobra y mayor comodidad. Tanta era todavia la buena f con que se entendian los tratados! Entre tanto Ilegaron a manos del general en jefe los mencionados pligos de Tristan y con ellos un billete, escrito en francs, en el que aconsejaba a su primo pusiese a salvo su persona retirandose lo menos a Oruro. Instruido Goyeneche del desastre de la vanguardia de su ejrcito di muestras claras de una verdadera sorpresa: convoc seguidamente una junta de guerra y resolvi abandonar a Potosi mereciendo por ello la censura de precipitado, porque no obstante de hallarse 150 leguas al norte de Salta y con la division de Picoaga avanzada, puso por obra este pensamiento a las 48 bocas de haber recibido las comunicaciones de Tristan, habiendose visto en la dolorosa precision de mandar inutilizar por falta de acmilas cantidad considerable de municiones, 300 tiendas de campaa y algunos efectos de vestuario.1 Es ciertamente incomprensible como el brigadier Tristan aseguraba en sus partes oficiales sobre la rota de Salta que los enemigos quedaban destruidos por la mucha prdida que habian sufrido y que nada podrian emprender por lo tanto en mucho tiempo, cuando en el indicado billete confidencial daba claramente a entender todo lo contrario. Como quiera tocaba al general en jefe reflexionar que reunida la tropa que mandaba Estevez con la que tenia el bravo Picoaga en Santiago de Cotagaita habia medios suficientes para esperar la reunion del batallon que se hallaba en Oruro y la de la division Lombera que guarnecia a Cochabamba, pudiendo de este modo concentrar el general sobre 4000 hombres de buenas tropas, mejor provistas y mas descansadas de las que habian de presentar
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Diario del ingeniero D. Francisco Javier de Mendizabal

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los enemigos, y convenientemente situadas al sur de Potosi, probable es que los disidentes no se atrevieran a buscarlas. Asi habran resultado cubiertas las vastas y ricas provincias del alto Per, mientras el ejrcito recibia nuevos refuerzos que reparasen sus descalabros, y poco fruto vendran a recoger los enemigos de los triunfos que les habian proporcionado nuestros errores, pues los grandes recursos de dinero y de gente de guerra que luego consiguieron los sacaron de Potos y de las demas provincias que invadieron sin oposicion. Como comprobante respetable de los anteriores asertos, dice el virey del Per al tratar de la batalla de Salta: La confusion del parte indicaba los defectos y el desrden que habia reinado en aquella desgraciada accion, y por sus resultas en el convenio ajustado entre los comandantes; pero en medio de esta sorpresa se aumentaba cada vez mas mi asombro al leer el oficio del general, que sobrecogido y lleno de temores me anunciaba quedar enteramente ocupado en ponerse en salvo con las divisiones del ejrcito, situadas en diferentes puntos, en el de Oruro. Al recibirse en Lima tan triste nueva, sin las formalidades y detalles convenientes, hallabase el virey ocupado en la eleccion de diputados a Cortes, y estim poltico reservar tamaa desgracia hasta terminar esta operacion; pero contest sin demora y por el mismo extraordinario desaprobando la capitulacion de Tristan con los insurgentes con todo lo demas, aade el virey, que me pareci preciso advertirle, y que acaso podra tener lugar de observarse con relacion a marchas, resguardo y proteccion de caudales del rey y de particulares, como sobre la eleccion del parage mas cmodo y defensable, otro tanto abrazaba mi contestacion, por el estraordinario en que se la comunicaba, a fin de que llegase a sus manos antes de la salida de la villa de Potos, cuyo punto interesante convenia mantener ocupado; librando en aquella misma oportunidad las rdenes mas estrechas para que los intendentes del Cuzco, Puno y Huamanga reforzasen el ejrcito con la tropa, armas y municiones con que cada uno se hallaba en aquellas circunstancias 1. Despues de los sanos consejos insinuaciones del ilustre jefe superior del reino y de sus acertadas terminantes rdenes para que el ejrcito fuese reforzado, como pasaron diez das sin que recibiese mas que partes melanclicos y desagradables, convoc el 1 de abril una junta y di cuenta en ella de las desgracias sufridas, de los
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peligros que amenazaban la quietud pblica, de las disposiciones preventivas que habia espedido desde antes de la mal meditada accion del Tucuman y de toda la correspondencia del general en jefe en aquella poca con las minutas de sus respectivas contestaciones y las de otras rdenes libradas al propio tiempo. En vista de todo la junta opin unanimemente porque se condescendiese con las reiteradas instancias de Goyeneche para dejar el mando del ejrcito: desaprob la capitulacion de Tristan en Salta en cuanto excedia sus facultades, pues en calidad de jefe de la vanguardia no debi tratar de la retirada del ejrcito de las provincias de Potos, Charcas, Cochabamba y la Paz: declar que ni el mismo general en jefe se hallaba autorizado para concluir tratado alguno con el enemigo sin la anuencia precisa del gobierno superior del pais: y se acordaron otros puntos relativos al auxilio del ejrcito y a la seguridad del territorio, dejando a la acreditada inteligencia del virey el modo de ejecutar estas medidas. La de mayor consideracion era sin duda la de acceder a las repetidas solicitudes de Goyeneche de dejar el mando en gefe por las mismas razones de conveniencia y de poltica en que se habia fundado su permanencia en l. Por lo tanto el virey despach nueva instruccion con la fecha de 5 de abril autorizando al general en jefe para que previniese a Picoaga que procurara sostenerse en Humauaca Huacalera, si avanzaba por el camino de Jujuy para proteger el repliegue de la guarnicion de esta villa y los dispersos de Salta que naturalmente buscarian su abrigo, y sino en Suipacha, Santiago de Cotagaita otro punto ventajoso de los muchos que ofrece la naturaleza de aquel terreno hasta recibir los refuerzos de Potos, con los cuales, a sentir del virey, debian frustrarse los proyectos de invasion del enemigo, si en efecto no habia atacado Belgrano a Tristan mas que con 3800 hombres de todas armas y si en la accion de Salta habia perdido aquel 1200 como se decia. Para ese calculo haba examinado tambien el virey los ltimos estados del ejrcito real, de los cuales resultaba contar 3000 infantes disponibles, 1000 caballos y sobre 300 artilleros; a los que podian agregarse 500 hombres mas por otros tantos fusiles que habia remitido con posterioridad. Finalmente el virey facultaba al general en jefe para alterar y variar sus disposiciones segun conviniese a la mayor seguridad del pais, una vez reconocida esta conveniencia en consejo de guerra de los jefes del ejrcito, determinacion indudablemente preventiva de la decision que dicho general manifestaba en sus

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oficios por replegarse a Oruro, como al fin llev a cabo antes de poder recibir estas importantes comunicaciones. La sorprendente noticia de la evacuacion de Potos la supo el coronel Tacon con la guarnicion de Jujuy en Santiago de Cotagaita por el brigadier Picoaga, quien se hallaba ademas advertido de que era Oruro el punto sealado para la reunion del ejrcito. Consiguientemente ambos jefes reunidos siguieron por el camino real hasta la posta de Quirve, en donde, a fin de evitar la entrada en Potosi, variaron un poco la direccion a la izquierda y pasando por Tolapampa, la frigida cordillera del Fraile y los pueblos de indios de Opoco, Condocondo, Huamani y Poopo, llegaron a Oruro el 21 de marzo, en cuya villa se hallaba ya el cuartel general y reunida tambien la division de Lombera procedente de Cochabamba. Verificada la asamblea de las tropas en Oruro en nmero de mas de 4000 hombres, el general en jefe convoc una junta de guerra para deliberar sobre si convendria no volver a ocupar a Potosi, proposicion a la verdad que da lugar a temer que se obraba sin un plan fijo de operaciones. Aunque algunos jefes de los reunidos votaron por la afirmativa, la pluralidad opin porque era necesario aumentar antes el ejrcito hasta el nmero de 6000 hombres, fundandose en que no seria inferior la fuerza del enemigo despues del armamento que habia tomado en Salta. Conforme el general en jefe con este dictamen se ocup de su realizacion haciendo que las tropas en tanto se ejercitasen en las evoluciones militares que ejecutaban con destreza; pero bien fuese causa de la inaccion, bien cansancio de los continuos ejercicios doctrinales, bien en fin efecto de las desgracias experimentadas o de prfidas seducciones, las tropas empezaron a entregarse a la mas escandalosa desercion. Por este tiempo llegaron tambien a Oruro los oficiales capitulados y juramentados en Salta, muchos de ellos imbuidos de nuevas ideas y fu voz pblica que enpezaron a promover conferencias y juntas clandestinas, de cuyas resultas se divulgaron especies subversivas que no dejarian de influir en la sensible desercion que menguaba las filas del ejrcito. Apesadumbrado el general Goyeneche por la derrota de Salta y sus incalculables consecuencias, y justamente aflijido por la reciente prdida de su buen padre, sufria notable alteracion en su espritu y en su salud, resultando de todo dirigir al virey en 23 de marzo una extensa comunicacion comprensiva de varios gravsimos extremos, contandose de este nmero la proposicion de negociar con el enemigo la cesacion de las hostilidades, la determinacion de su

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relevo admitindole la renuncia del mando del ejrcito tantas veces repetida. Con este apremiante motivo y con otros importantes datos reuni el virey la junta ya mencionada el 8 de abril, la cual con presencia de todo declar precipitada la evacuacion de Potos y desech la propuesta sobre armisticio con el enemigo, opinando por el contrario que, resultando disminuida su fuerza segun los ltimos partes de Goyeneche, debia de volver sobre Potosi, como ya le habia indicado el virey, estimulando al efecto el conocido honor, actividad y energa que habia desplegado en otras circunstancias. Nada fu bastante para distraer a Goyeneche del intento de retirarse del ejrcito, insisti de nuevo en su demanda con alguna vehemencia, defendiendo sus determinaciones y manifestandose contrario a la ocupacion de Potosi acordada por la junta de guerra que componian en Lima todos los gefes superiores. El virey se manifestaba por su parte ofendido del estilo que empleaba el general en jefe en sus oficios, con particularidad desde que los redactaba el doctor Caete, y concluy por acceder a la reclamacion de Goyeneche, admitindole la renuncia del mando en jefe del ejrcito. Son recomendables y dignas de atencion, dice el virey, las rdenes en que se le comunicaba esta ocurrencia; pues nunca perd de vista la que se debia al caracter de su empleo y a los servicios que tenia hechos en favor de la justa causa1. Recibidas estas rdenes en el cuartel general se tuvo por cierto que todavia el virey dejaba al arbitrio de Goyeneche el continuar en el mando; pero con la condicion de separar de su lado al brigadier Tristan y mas principalmente al doctor D. Pedro Vicente de Caete, fiscal de la audiencia de Charcas, que hacia de su secretario. Esta condicion debi de parecer tan insoportable al general en jefe que se quej de ella con amargura, y seguidamente, y a pesar de las representaciones de los jefes del ejrcito para que continuara en el mando, se decidi por entregarlo a su segundo el brigadier D. Juan Ramirez, mientras llegaba su sucesor. Las splicas de los principales jefes del ejrcito para que Goyeneche no dejara el mando se fundaban en los temores que les inspiraba su separacion en aquellas circunstancias por el partido que habian de sacar de ella los sediciosos. En efecto pronto se not el disgusto que causaba el relevo del general, asi entre los oficiales como entre los soldados, dejandose percibir por primera vez la tristemente trascendental idea de que pues los iba a mandar un jefe
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europeo se retirarian todos a sus casas. El descontento y la agitacion cundieron a punto que, divulgada la especie de que el general se habia marchado, el primer regimiento del Cuzco dej el ejercicio y se dirigi en desorden a la casa de Goyeneche, donde atropellando la guardia recorri las habitaciones exclamando que su general se habia marchado y los habia dejado. El brigadier Picoaga, coronel de este regimiento, logr contener el desmando de sus soldados asegurandoles que el general habia salido a pasear a caballo y volveria pronto, como sucedi. Cuando este regres a su alojamiento y se enter del exceso ocurrido manifest el disgusto que le ocasionaba condenandolo con su reprobacion en una proclama que dirigi con este motivo a las tropas. Apaciguados asi los animos, no por esto desmayaron en sus terribles manejos los enemigos ocultos de la causa espaola; la desercion continu y a fines de mayo pasaban de mil las bajas que contaban los cuerpos por esta odiosa causa. Trazando el virey del Per el triste cuadro que ofrecia el ejrcito real en Oruro por esta poca, menguadas sus filas por la desercon, y sensiblemente alterado su buen espritu y su disciplina, aade: Pero lo mas temible en aquella expuesta coyuntura era la manifiesta adhesion de muchos oficiales a la persona del general Goyeneche, que aparentando disgusto y sentimiento por su separacion lo infundian al soldado, propagandose de unos en otros hasta cometer uno de los batallones el atentado de dirigirse con armas a la casa del general publicando que si este se iba todos le habian de seguir. El pundonor de Goyeneche detuvo prontamente el progreso de los males que esta falta de subordinacion escandalosa podia haber ocasionado disolviendo totalmente el ejrcito, y su proclama surti buenos efectos en los animos de la tropa, mas no en el de muchos oficiales, que presentandose con la mas daada intencion en solicitud de sus licencias, les fueron concedidas para desterrar el pernicioso ejemplo de indiferencia, falta de constancia y de honor de aquellos individuos1. Como el mencionado regimiento di despues las mas relevantes pruebas de su decidida lealtal, mandando en jefe el general Pezuela, puede con seguridad atribuirse a prfidas sugestiones el escandalo que acababa de dar extraviado. Sin embargo son los referidos precedentes de la mayor importancia para poder apreciar debidamente la naturaleza especial de aquella guerra y los eminentes servicios que prestaron a la Espaa todos los que de
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cualquiera manera llegaron a tomar parte en ella en los mas de 16 aos de su duracion. Admitida la dimision de Goyeneche, el virey, a propuesta de la junta de guerra, nombr para sucederle en tan interesante cargo al teniente general D. Juan Henestrosa, segundo cabo y subinspector de las tropas del vireinato, y anticip por extraordinario esta noticia escribiendo de oficio y confidencialmente a Goyeneche a fin de sacar el mas provechoso partido de sus conocimientos y relaciones con los oficiales mas influyentes del ejrcito, para que interpuesta su respetable autoridad no fuera tan facil a los maquinadores y descontentos inducir a la tropa a que se desmandara con el pretexto de la ausencia de su antiguo jefe: a menos que, conclua el virey, libre este del peso y de la laboriosidad y cuidados del mando le permitiese el estado de su salud permanecer empleado, como se lo encargaba, en algun destino del mismo ejrcito1. El general Henestrosa para marchar a su nuevo destino pidi dinero, grandes refuerzos precisamente de la tropa que guarnecia a Lima, y no era posible disminuir al punto que indicaba, y la retencion de la sub-inspeccion general de las tropas, incompatible por sus funciones con el alto puesto de general en jefe; mas no pudiendo acceder el virey a todas sus demandas, sobre que mediaron acaloradas contestaciones, renunci Henestrosa el cargo y fu elegido en su lugar el brigadier sub-inspector de artillera del departamento de Lima D. Joaquin de la Pezuela, tambien propuesto por la espresada junta, quien en cinco dias se aprest a partir para su destino, embarcandose en el Callao el 27 de abril con algun socorro en metalico y 300 hombres del Real de Lima. El general Goyeneche permanecia aun en Oruro preparando su viaje para Arequipa, pueblo de su naturaleza, para donde emprendi la marcha el 22 de mayo, habiendo antes dado una proclama al ejrcito, as para despedirse de sus compaeros de armas, como para hacerles conocer las recomendables prendas del brigadier Pezuela, nombrado para sucederle en el mando, y a quien, advertia, deban prestar todos la misma sumisa obediencia con que habian distinguido la autoridad que dejaba. Encargado interinamente del mando del ejrcito el brigadier don Juan Ramirez, pens desde Iuego en la recuperacion de la villa de Potos, que deseaba y no le pareca muy dificil, y al efecto reuni en junta a los jefes para someter el pensamiento a su examen. Sabiase
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Idem.

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que la vanguardia de Belgrano al mando de Diaz Velez ocupaba a Potos, componiendose su fuerza de 2300 hombres con ocho piezas de artillera, y que extendia sus avanzadas hasta Ancacato; y para observar, como convenia, el camino llamado del despoblado y recorrer los pueblos de indios de Poop, Huancani y Condocondo, habia sido destinado en consecuencia el teniente coronel de milicias D. Pedro Antonio Olaeta con algunas compaias de cazadores y un destacamento de caballera. De los jefes convocados a junta para tratar del indicado movimiento sobre Potos opinaron unos porque era necesario aguardar al comandante en jefe Pezuela con los refuerzos que traia, antes de pensar en buscar al enemigo, pues disminuido el ejrcito por la desercion estimaban aventurado un movimiento ofensivo, acaso contra fuerzas superiores, que podian tomar ademas posiciones casi inexpugnables en las cercanas de dicha villa: otros por el contrario sostuvieron la conveniencia de buscar al enemigo antes de que, dandole tiempo, aumentara sus fuerzas con el alistamiento mismo, que ya se deca estaba haciendo. Este parecer, a pesar de las 62 leguas que separan a Oruro de Potos, de lo escabroso del terreno en las inmediaciones de esta villa y de la escasez de forrages y pastos en algunas jornadas, no tenia mayor inconveniente que el de ignorarse la fuerza disponible del enemigo. En vista de estos diversos dictamenes el brigadier Ramirez determin poner en movimiento el ejrcito por pequeas divisiones con el fin bien entendido de probar el espritu de las tropas, con particularidad del primer regimiento del Cuzco, que tanto importaba conocer, en cuya virtud march este cuerpo el 5 de junio a Sorasora con su jefe el brigadier Picoaga a la cabeza: el 9 sali el comandante Estevez con el batallon del Centro y la caballera de Tinta para Ventaimedia: el 12 se reuni en Sorasora el coronel Marron de Lombera con el segundo regimiento y la caballera de Chumbivilcas: el 14 se traslad al mismo punto el cuartel general, y el 15 la caballera de Chumbivilcas pas a situarse en Poop. Por este tiempo se presentaron cerca de Huancan como 50 dragones enemigos, que se retiraron tan luego como avistaron a nuestra caballera. Por efecto de las contingencias a que estan sujetas las navegaciones, el brigadier Pezuela habia gastado 40 das en trasladarse desde el Callao a la caleta de Quilca. En este tiempo y en virtud de la variedad de las noticias que adquiria el teniente coronel Olaeta con referencia a los indios, el virey habia prevenido a

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Ramirez que las examinara con el mayor detenimiento y obrara con la mas prudente circunspeccion a fin de evitar todo compromiso desventajoso. Spose el 18 de junio por algunas confidencias y por dos tres de nuestros prisioneros de Salta, que incorporados a las filas enemigas acababan de abandonar una de sus avanzadas, que los disidentes tenian en Potos como 1200 hombres de tropa reglada y sobre 2800 de colecticias y reclutas, y que el general Belgrano con el cuerpo nm. 1, que contaria 600 plazas, permanecia aun en Jujuy enfermo de calenturas intermitentes. Entonces el brigadier Ramirez convoc a nueva junta los jefes que se hallaban en el cuartel general, a su secretario, al auditor de guerra y al ingeniero voluntario Alvarez para volver a conferenciar sobre la conveniencia de continuar no el movimienlo hacia Potos. El bravo Picoaga fu el primero que se manifest decidido por buscar al enemigo antes de darle mas tiempo para que se reforzara, y antes tambien de que la funesta desercion, que no cesaba, acabase de debilitar nuestras filas. El coronel Lombera expuso que su tropa le inspiraba poca confianza por la desercion a que inmotivadamente se entregaba y que en su concepto convena esperar al menos el correo de Cochabamba para asegurarse del estado de esta bulliciosa provincia, donde se sabia habia penetrado el revolucionario Arce con el intento de sublevarla de nuevo, diversion temible para el ejrcito en el caso de avanzar hacia Potos. El coronel Tacon, que desempeaba el cargo de mayor general, el comandante de artillera Valds y el de ingenieros Mendizabal opinaron unanimemente por la conservacion del ejrcito, nica esperanza del Per, hasta dar lugar a que se incorporasen los refuerzos que conduca el nuevo comandante en gefe, parecer a toda luz prudente. El secretario, el auditor de guerra y el ingeniero voluntario Alvarez, estimando en poco la calidad de las fuerzas enemigas, apoyaron la idea de Picoaga de tomar desde luego la ofensiva; y este fue el sentir que abraz el brigadier Ramirez, confiado en un feliz xito porque era el que mas se adaptaba a su conocida bizarra. En consecuencia se dictaron las disposiciones conducentes a la marcha gradual de las tropas, empezando el primer regimiento por trasladarse el 20 de junio a Poop, no obstante de que por extraordinario recibido en la madrugada de este da, prevenia el virey a Ramirez que se limitara a mantener el ejrcito, y dedicara sus conatos a perfeccionar su instruccion y disciplina, mientras llegaba el nuevo jefe superior Pezuela con los auxilios que le acompaaban y con las instrucciones relativas al plan de

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operaciones acordado, ademas de habrsele concedido, como era justo, todas las amplias facultades de que habia estado revestido su antecesor. El mismo 20 de junio se supo en el cuartel general de Sorasora que no se habia recibido en Oruro el correo de Cochabamba a causa de la nueva insurreccion de esta provincia promovida por el faccioso Arce, quien habia logrado apoderarse de las personas del gobernador intendente y del arzobispo de Charcas que se hallaba en aquella capital; mas fugados estos de su prision tuvieron la fortuna de entrar en Oruro al dia siguiente 21. Este propio dia march para Poop el segundo regimiento y se di orden al batallon del Centro y a la caballera de Tinta de que siguiesen igual direccion desde Ventaimedia donde se hallaban. Tvose tarnbien noticia de que en Pequerque habia habido el dia anterior un encuentro entre nuestros cazadores y 400 dragones enemigos, que fueron rechazados y perseguidos hasta cerca de Ancacato con la prdida de algunos hombres entre muertos y heridos. El 25 todo el ejrcito real se reuni en Challapata, con cuyo motivo se retiraron de Ancacato los disidentes que lo ocupaban, y el 30 se situ nuestro ejrcito en Condocondo. El 1 de julio volvi Ramirez a tratar en junta de jefes, y con mayor copia de datos, si convendria continuar el movimiento comenzado, esperar el arribo del comandante en jefe y de los refuerzos que traia; y de conformidad con el parecer de la mayora adopt Ramirez el ltimo partido, sin disputa el mas prudente. Pero el resultado inmediato fu que, consumidos con poca economa los forrages y pastos, empezaron a perecer desfallecidos muchos caballos y mulas del servicio del ejrcito. El dia 3 de julio el batallon del Centro con algunas compaias de caballera ocup la posta de Vilcapugio. El 4 se tuvo noticia en Condocondo de que el brigadier Pezuela debia de llegar el dia 1 de este mes al Desaguadero. El 5 se supo por uno de nuestros prisioneros de Salta, fugado del enemigo, que Diaz-Velez se hallaba en la Lea con 1000 hombres; y el 9 toda nuestra caballera se traslad a Challapata por falta de forrages. El 20 de julio avis el comandante militar de Oruro que persona de caracter procedente de Cochabamba, aseguraba se disponian alli tropas contra dicha villa, noticia que movi a Ramirez a replegarse a Challapata pasando de Vilcapugio a Ancacato el batallon del Centro con las compaias de caballera que lo acompaaban. Por el correo del 23 se supo en el cuartel general que el brigadier Pezuela salia de la Paz el 18 y podria entrar en Oruro el 27, por lo que permaneci el

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ejrcito en sus cantones hasta el 31 del mismo julio que, en virtud de rden del nuevo comandante en jefe despachada sobre la marcha, pas a situarse en Ancacato, estableciendo el batallon del Centro en Challapata con el fin de observar el camino del despoblado. Situado el ejrcito real como se acaba de referir, lleg el 7 de agosto a Ancacato su nuevo comandante en jefe el brigadier de artillera D. Joaquin de la Pezuela con 300 hombres del regimiento veterano Real de Lima y diez caones de a cuatro. Su primera diligencia fu reconocer personalmente el terreno hasta las inmediaciones de Lagunillas, a donde se extendian las avanzadas del enemigo, para escoger una posicion ventajosa que favoreciese la poca fuerza del ejrcito, reducida entonces a 2700 infantes, 850 caballos y 18 piezas de artiIIeria disponibles, sin comprender las guarniciones del Desaguadero y de Oruro. La primera se componia de 500 infantes, 100 caballos y 12 caones a las rdenes del coronel Goiburu, que debia mantener destacados 275 hombres en la Paz y 75 en Chulumani; y la segunda de 200 hombres de infantera, 100 de caballera y ocho piezas al mando del gobernador Revuelta, debiendo igualmente cubrir con un proporcionado destacamento los pueblos de Calamarca y Caracollo. El nuevo general en jefe procedi a verificar las reformas que crey convenientes en la organizacion de las tropas, las cuales merecieron la aprobacion del virey, siendo de este nmero el reunir en un solo regimiento la caballera de milicias de Tinta y de Chumbivilcas, crear un escuadron de dragones, que denomin Partidarios, y dividir la artillera en cuatro brigadas, tres de a cuatro piezas cada una y la otra destinada a la reserva de seis. En seguida traslad el ejrcito a los campos de Vilcapugio donde qued acantonado el 6 de setiembre y permaneci hasta el 13 del propio mes, que pas a Condocondo, punto estimado preferible respecto a las noticias que corrian de que los enemigos avanzaban por el camino de Potos y el de Chayanta, al mismo tiempo que los facciosos de Cochabamba amenazaban a Oruro. Los soldados se prestaron con buena voluntad a conducir en hombros algunas tiendas de campaa y parte de las municiones por la notable escasez y flaqueza de las caballeras, empleando las mas tiles en trasportar la artillera y algunos efectos de tesoreria, provision y hospital de mayor volmen y peso. La perspectiva del ejrcito era a la verdad poco satisfactoria, y as lo decia el general al virey en sus cartas; pero dedicando al propio tiempo todo su celo a contener la desercion y a hacer reclutas y recibiendo oportunamente los refuerzos de las

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provincias de retaguardia, en breve lleg a ver reunidos sobre 4600 hombres, a tiempo que segun todas las noticias el ejrcito contrario contaba con 5500, 6000 hombres, de ellos 2,500 disciplinados y los restantes reclutas. Todos los antecedentes bien examinados conducan a creer prxima la necesidad de dar recibir una batalla, cuya idea confirmaron mas de 2400 facciosos que al mando del indio Cardenas se adelantaron por estos dias hasta Ancacato. Por fortuna hallabase todavia en Terepeque el escuadron de Partidarios, y su valiente comandante D. Saturnino Castro cay de improviso sobre aquella desordenada muchedumbre, la carg y dispers haciendo en sus individuos horrible estrago. Tanto por algunos heridos como por los papeles tomados en los campos de Ancacato se obtuvieron comprobantes del pensamiento de Belgrano de atacar a Pezuela en Condocondo, pues se hallaban convocados los indios de los pueblos en el mayor nmero posible para concurrir a dicho objeto simultaneamente con las tropas disidentes. El 27 de septiembre a las ocho de la noche se presento en Condocondo el maestro de postas de Vilcapugio, Mamani, indio muy acreditado por su fidelidad, y asegur al comandante en jefe que aquella misma tarde habia campado en dicho punto el ejrcito enemigo. En vista de este aviso recibi rden el comandante de ingenieros Mendizabal para practicar un reconocimiento en la madrugada del dia siguiente y asi lo verific, regresando al medio dia, formulando un plan de sorpresa y ataque para el amanecer del dia inmediato, que pareci estimar el comandante en jefe, aunque nada resolvi de pronto. La situacion del ejrcito real era verdaderamente crtica, porque rodeado de provincias contrarias y muy movedizas, con un enemigo fuerte y orgulloso a cinco leguas y con escasos recursos para asegurar la retirada, parecia de todo punto indispensable correr los riesgos de dar recibir una batalla. Es verdad que el celo y la diligencia del comandante en jefe habian conseguido mejorar mucho la moral del soldado; pero si aventuraba una accion y la perda la suerte de todo el Per quedaba irrevocablemente decidida a favor del enemigo: si emprendia retirarse a la lnea del Desaguadero, que distaba aun 80 leguas, no podia dejar de contar con perder, cuando menos, la artillera, las municiones y los equipages por las mulas que se habian muerto y el mal estado de las que se conservaban; era preciso atravesar por pueblos de indios inseguros, que retirarian los recursos de subsistencia y los ofrecerian al enemigo; y de este modo venia a ser

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muy posible que el ejrcito se disolviera sin batirse, y el resultado igual al de una batalla perdida por lo tocante a la suerte futura del reino: esperar en Condocondo a que los contrarios atacaran, para aprovechar la ventaja de poder elegir posicion, tenia tambien el inconveniente de dar lugar a que se les incorporaran 1200 hombres que, se deca, venian de Cochabamba y aun a que concurriera la indiada convocada, muy temible en caso de desgracia; y pesadas todas estas consideraciones, la resolucion de buscar sin demora al enemigo podia estimarse la mas propia de las circunstancias. El brigadier Pezuela, pues, determin levantar su campo y caer sobre el enemigo al amanecer del 1 de octubre, y al efecto puso el ejrcito en marcha a las doce del dia anterior, desfilando los cuerpos a su vista con consoladora alegra y repetidos vivas al rey, que alimenlaron en todos la esperanza del triunfo. El general se adelant para conocer personalmente a los enemigos que a la sazon se ocupaban en evoluciones militares, y como a las oraciones camparon nuestras tropas sin ser apercibidas en la altura inmediata al campo de Vilcapugio. A las doce de la noche de este dia todava nuestra artillera no habia podido subir a la cumbre por la flaqueza y debilidad de las mulas del parque, y aun fu preciso echar mano de las de propiedad particular para reunir con mayor prontitud algunos caones y municiones. Aun empleado este arbitrio solo 12 piezas llegaron a reunirse en el alto de aquella gran cuesta, escasamente municionadas y tan tarde, que era muy de temer faltase el tiempo para acercarse a los disidentes antes de amanecer, como estaba proyectado; mas como ya no era prudente diferir el movimiento comenzado, se continu la marcha en la firme resolucion de atacar a cualquiera hora. Eran las dos y media de la maana del 1 de octubre cuando el ejrcito real principi a descender la larga y molesta pendiente que guiaba al llano de Vilcapugio, adonde no pudieron alcanzar nuestras tropas antes del dia, cuya circunstancia proporcion al enemigo descubrirlas a tiempo para prepararse a recibirlas. Al teniente coronel D. Saturnino Castro, que se hallaba en Ancacato con su escuadron y dos compaas de infantera, le habia advertido el general en jefe el movimiento que emprendia, y prevenido que acudiese a Vilcapugio antes de amanecer el 1 de octubre para poder entrar oportunamente en accion. Castro cumpli puntualsimamente por su parte, reconoci de muy cerca el campo contrario sin ser sentido, y no percibiendo seal alguna indicativa de la proximidad de las tropas leales temio que se hubiese suspendido

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el movimiento y se retir antes de venir el da. Esta determinacin bien entendida influy luego poderosamente en el feliz xito de la batalla de Vilcapugio. Asi que los enemigos descubrieron el ejrcito real incendiaron los ranchos o pequeas casas de la posta, y a favor del humo se corrieron hacia su izquierda para apoyar las alas de su lnea en los cerros y pantanos inmediatos. Al descender al mencionado llano de Vilcapugio el comandante en jefe espaol form en batalla a la vista de sus contrarios, colocando los cuerpos a la derecha a izquierda en este rden: el batallon de cazadores que mandaba el coronel D. Pedro Antonio Olaeta, un escuadron de caballeria, el primer regimiento del Cuzco de dos batallones, del que era coronel Picoaga, los dos batallones del segundo regimiento a las rdenes de Lombera, el batallon del Centro (antes de Azangaro) del que era gefe el teniente coronel Estevez y cerraba la izquierda el batallon de Partidarios al mando del valliente coronel D. Felipe La Hera, hermano mayor del hoy teniente general D. Jos Santos; y mas a retaguardia un batallon provisional todo de reclutas con poca instruccin, la artillera y el resto de la caballeria. Reconocida la nueva posicion de los disidentes form Pezuela sus tropas en diferentes columnas paralelas y march en este rden, ganando terreno por la derecha, hasta colocarse al frente de los enemigos donde volvi a tomar el rden de batalla, colocando la artilera en los intrvalos de cuerpo a cuerpo y dejando en reserva el batallon provisional con alguna caballera. El llano de Vilcapugio tiene sobre una legua de largo a contar desde el pie de la montaa por donde descendi el ejrcito real hasta el de las alturas donde se halla el manantial de agua que da nombre al sitio y en donde habia formado Belgrano en columnas paralelas con una proporcionada reserva, y sobre los flancos, aunque un poco mas a retaguardia, tenia distribuida su caballeria. Esta formacion era sin duda alguna superior a la que habia tomado Pezuela, si el jefe enemigo hubiese sabido utilizarla para sacar de ella el partido que con probabilidad ofrecia. Desplegado en batalla el ejrcito espaol, su caudillo le mand marchar de frente por un terreno llano, exponiendolo a un terrible repelon de caballera, a tiempo que, con las naturales ondulaciones consiguientes a un rden de marcha de suyo dificil, habia de sentirse fatigado y falto de la union y libertad que debian constituir su fuerza. De este modo poco recomendable hizo el ejrcito real cerca de media legua hasta entrar en el radio del alcance de la artilleria

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contraria, que por su mayor calibre empez a onfender sin ser ofendida. Pezuela, aunque algo mas lentamente continu su marcha al frente, mientras Belgrano, desplego tambien en batalla, y cuando unos y otros rompieron el fuego, la lnea espaola se presentaba asi: el batallon del Centro el mas avanzado, un poco mas atras de su altura el de Partidarios, despues el segundo regimiento y asi sucesivamente de izquierda a derecha. Despues que ambos ejrcitos rompieron el fuego de fusil continuaron marchando el uno contra el otro sin cesar de hacer fuego: el mayor choque del enemigo le recibieron el Centro y Partidarios, sufriendo este principalmente y con sensible prontitud la prdida de su bravo coronel La Hera, tres capitanes, 33 soldados muertos y otros muchos heridos, cuyas desgracias en medio de un fuego horrible le obligaron a ceder el campo, descubriendo en el hecho el flanco izquierdo de la linea, al cual no habia llegado la brigada de artilleria destinada, porque sus sirvientes atemorizados habian huido con los caballos de tiro desde el principio de la accion. Al avanzar el enemigo a favor de la ventaja que habia obtenido sobre el cuerpo de Partidarios, fue herido el coronel Lombera y el segundo regimiento que mandaba flaque y abandon su puesto en dispersion, siguindole inmediatamente el batallon del Centro que tan bien se habia sostenido hasta entonces. Por fortuna Picoaga con el primer regimiento y Olaeta con el batallon de Cazadores chocaron tan bravamente y habian sido auxiliados con tal oportunidad por un escuadron y la escolta del comandante en jefe, que arrollaron la izquierda contraria y la perseguian de cerca, cuando el resto de nuestra lnea parecia totalmente batida. El brigadier Pezuela y su segundo, Ramirez, acudieron velozmente a contener la dispersion y reparar tamao desrden; pero como la reserva habia huido tambien sin disparar un tiro, todos sus nobles esfuerzos habrian venido a ser estriles si la Divina Providencia no protege a las armas de Espaa guiando a Castro al combate en tan crtico momento. Este jefe de un valor acreditado y de una resolucion admirable, atraido por el fuego que habia oido, volvi de nuevo sobre Vilcapugio, apareci con su escuadron por retaguardia del flanco derecho de Belgrano, carg resueltamente y acuchillaba al enemigo en medio de su triunfo de tal modo, que introdujo en sus filas la mayor confusion y le oblig a un precipitado retroceso. Este dichoso incidente y las ventajas que continuaba reportando nuestra derecha aceleraron la reunion de las dispersos y cambiaron completamente la escena, convirtiendo a su vez en vencedores a los mismos vencidos, los cuales, animados por

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los referidos jefes superiores, volvieron tan resueltamente sobre los disidentes, que ocuparon su campo y se apoderaron de su artillera, lanzandolos a los cerros inmediatos. Posesionado Belgrano de uno de estos pretendi all resistir a las tropas reales, ya engreidas, y aunque todavia logr rechazarlas hasta el pie de la montaa, supieron servirse tan a tiempo de la artillera apresada, y Picoaga y Olaeta llegaron con sus cuerpos vencedores con tal oportunidad, que el enemigo a las tres de la tarde abandon la posicion con la artillera, dice el virey,, municiones, porcion de fusiles, todo su campamento, vveres y cuanto pudo escapar de la diligencia que hacian por conservarlo1. Los independientes perdieron mas de 600 hombres muertos, sobre 1000 heridos y bastantes prisioneros con 33 jefes y oficiales: la artillera apresada se componia de cuatro caones de a seis, ocho de a cuatro y dos obuses de a siete pulgadas. La prdida de los espaoles fu de 153 hombres muertos, 257 heridos y 61 dispersos. Asi termin la memorable batalla de Vilcapugio tan gloriosa para las armas espaolas, siendo de notar que comenz la accion sin que ninguno de los combatientes desplegara una sola guerrilla. El victorioso general Pezuela pas la noche del 1. de octubre sobre el campo de batalla, donde se recogieron tambien mas de 400 tiendas de campaa, y al dia siguiente regres a Condocondo, destacando las tropas ligeras por el camino de Potos en seguimiento de Diaz Velez y dejando en Vilcapugio el batallon del Centro para que acabara de reunir los despojos del enemigo. Olaeta, que mandaba nuestros perseguidores, despues de algunas correras en las que se proyect su gente de vveres y cabalgaduras, retrocedi igualmente para incorporarse al resto del ejrcito que se preparaba a buscar de nuevo a Belgrano en el partido de Chayanta, donde con pasmosa celeridad habia reunido como 4400 hombres de sus derrotadas tropas. Esta pronta reunion hace honor al enemigo: la mayor parte de los soldados de Belgrano, rotos y dispersados en Vilcapugio, se dirigian a sus hogares cuando el activo caudillo, valindose de buenos comisionados, de los subdelegados de los partidos y de las cortas guarniciones con que habia cubierto los pueblos del camino de las provincias de abajo, logr detener los fugitivos y reunir aquella fuerza en el punto de Macha del partido de Chayanta.

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El general Pezuela, despues del triunfo de Vilcapugio, permaneci un mes en Condocondo, tiempo que supo aprovechar Belgrano en prepararse a probar nueva fortuna. Nuestro comandante en jefe, ya que no estim prudente no pudo continuar desde Vlcapugio la persecucion del batido enemigo, supo utilizar aquel descanso haciendo reducir el tamao de los cajones de municiones para poderlos trasportar en burros, en llamas (carneros de la tierra) y en hombros de los indios, nicos medios de conduccion de que le era dado disponer, si habia de buscar al enemigo resuelto ya a esperarle. De inmensas consecuencias era sin duda alguna la victoria de Vilcapugio,y grandes los merecimientos de los leales que a ella concurrieron. Para perpetuar su memoria fueron promovidos a mariscales de campo los brigadieres Pezuela y Ramirez y premiadas las demas clases como correspondia a la importancia de tan sealado triunfo, sobre lo cual dice el mismo virrey: Bien considerado todo no pareceran excesivas las gracias y los premios que se concedieron y a que se hicieron acreedores los hroes de Vilcapugio excedindose y emulandose los unos a los otros en todas las clases y destinos del ejrcito en el cumplimiento de sus respectivos cargos, y aun mas alla de lo que por ellos eran obligados. Asi, aunque las crtes nombradas extraordinarias me habian privado del nico arbitrio capaz de fomentar el entusiasmo prohibiendo la facultad de conceder grados, yo no pude excusarme de darlos liberalmente, pero sin prodigalidad, en aquella crtica y aventurada ocasion en que tan bien los habian merecido; como lo califica la aprobacion de todos, en vista de los partes circunstanciados que dirig sin prdida de tiempo al gobierno1. Hechos los aprestos que el general en jefe creyo mas urgentes, el 29 de octubre dejo el ejrcito a Condocondo y camp el 4 de noviembre en Aucacato. En las cercanias de este pueblo se recogieron sobre 600 burros y llamas de carga que sirvieron de mucho auxilio. De Ancacato, y tomando por Ancocruz y los altos de Libichuco, fu el general a pernoctar el 8 en el llano de la posta de Callampallani, donde descans tres dias para dar lugar a que el parque se incorporara, pues ni siquiera habia podido seguir las cortas jornadas que hacia el ejrcito. El 12 camp este en los altos de Taquiri, despues de haber sufrido un horroroso temporal de nieve, granizo y lluvia que embarazaba mas su movimiento, y desde ellos descubri a los enemigos situados en los altozanos de Ayohuma a dos leguas de
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distancia: el 13 reconoci el general en jefe su posicion, y dict en seguida las providencias competentes para atacarla al otro dia. En esta esperanza habia sufrido el ejrcito real desde Vilcapugio toda clase de penalidades; ademas del agua, de la nieve y del frio, mucha escasez de combustible y aun algunos das de alimento, siendo uno de ellos, y de los mas penosos, la vspera de la jornada de Ayohuma. A las seis de la maana del 14 de noviembre el ejrcito espaol se puso en movimiento desfilando por delante de su caudillo, quien exhortaba al paso a cada cuerpo a que se comportara con firmeza y honor en el combate, y tuvo la satisfaccion de verse contestado por todos con entusiasmados vivas al rey, manifestando en sus semblantes asi los oficiales como la tropa aquella animosa alegria que suele ser precursora de la victoria. El general Pezuela baj con sus tropas a la desfilada la cuesta Blanca, y form en columnas a su pie para prevenir cualquiera repentina zalagarda de la numerosa caballera disidente, cuyas huestes se hallaban inmediatas, formadas en lnea, apoyando la izquierda en una altura y extendindose luego por un llano, defendido el frente por obstaculos artificiales practicados en el terreno. Nuestras columnas atravesaron el rio que tenian delante por los dos brazos en que por all corre dividido, y el general las dirigi a una pequea loma en la que se apoyaba el flanco derecho de los disidentes. Este movimiento estaba perfectamente entendido, pues no solo oblig a Belgrano a cambiar de frente y variar de plan, sino que libraba a las tropas del rey de las defensas levantadas por el enemigo en el terreno, y les proporcionaba otro mas ventajoso para pelear. Posesionado Pezuela de la mencionada loma, como se propuso, form en el llano inmediato en batalla por el mismo rden que en Vilcapugio; a la derecha el batallon de Cazadores y a la izquierda de este en la prolongacion de la lnea, los dos del primer regimiento, el del Centro, los dos del segundo regimiento y el de Partidarios, que cerraba la izquierda: el batallon provisional fu de nuevo destinado a la reserva, porque era el de menos confianza, razon en que probablemente no convendran todos los militares. De cada uno de los referidos batallones se separaron 30 hombres con un oficial con el nombre de guerrilla, cuyos destacamentos, al mando del teniente coronel D. Manuel Valle y sostenidos por el batallon de Partidarios ocuparon una altura a la izquierda de la lnea espaola que comunicaba con el flanco derecho de los contrarios. Entre tanto el ejrcito real permanecia en batalla y cubierto con la primera loma de que se ha hecho mencion, as como se extendia el enemigo en igual rden

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sobre un terreno elevado, teniendo a la izquierda la caballera en el espacioso llano por el que terminaba su posicion. Serian poco mas de las diez de la maana cuando parte de nuestra artillera, avanzada algo de la lnea, rompi un vivo fuego sobre los disidentes que lo aguantaron con bastante firmeza por cerca de media hora, contestandolo con algunos disparos. Cansado Belgrano de sufrir inactivo el dao que le causaba la artillera espaola march de frente con resolucion, y a medio tiro de fusil rompi el fuego sobre nuestra linea, que adelantada tambien la loma de su frente, lo contest con mucha firmeza y muy buena direcion; y como al mismo tiempo el teniente coronel Valle con sus destacamentos guerrillas y el batallon de Partidarios descendiesen de la altura de la izquierda y acometiesen por flanco y retaguardia la derecha del enemigo, apenas pudo este mantener media hora mas en rden su formacion. Vacilante ya la lnea contraria mand Belgrano cargar a su caballera; pero recibida con serenidad por nuestros infantes, ingreso el batallon provisional que entr por la derecha muy oportunamente en accion, ofendida terriblemente por la bateria que dirigia un valiente oficial llamado Remigio, y aun amenazada por el escuadron de Cazadores a caballo reforzado por la escolta del general en jefe, tuvo que volver caras con prdida, y aument el espanto y la confusion en los suyos. Entonces toda nuestra lnea avanz con impetuosidad y puso en desordenada fuga al enemigo, persiguindolo con calor por espacio de dos leguas. Setenta oficiales y 800 soldados prisioneros, inclusos los heridos de ambas clases, mas de 400 muertos, 8 piezas de artillera (del calibre de a 1 y de a 2) 1500 fusiles, una mediana provision y hasta los equipages y papeles de los cabezas seductores son las seales de este glorioso triunfo, decia el virey1. Por nuestra parte hubo dos oficiales y 40 soldados muertos, 8 heridos de los primeros y 88 de los segundos que suman 138 hombres fuera de combate, prdida poco considerable atendida la importancia del suceso. El advertido general en jefe, lejos de dar esta vez descanso a los vencedores, destin inmediatamente a su segundo el general Ramirez para que, con los cuerpos de Cazadores, Partidarios, Dragones y una compaia de granaderos del primer regimiento persiguiese a los fugitivos en la direccion de Potos con el mayor empeo. Ramirez cumpli como acostumbraba esta comision, y entr en aquella villa ocho horas despues de haberla evacuado
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Belgrano, quien extrajo de ella cuanto le fu posible, y aun tuvo el barbaro intento de volar la casa de moneda, que hubiera arruinado la mayor parte de la poblacion. El resto del ejrcito espaol march el 15 de noviembre al pueblo de Macha. El 19 fu enviado a Chuquisaca el brigadier Lombera con 500 hombres y dos caones a fin de que se encargara interinamente del mando de la provincia de Charcas, y al efecto le reforz luego el batallon del Centro con otros dos caones: el segundo regimiento y seis piezas de artillera pasaron de guarnicion a Potos: el primer regimiento y lo restante del parque permanecieron en Macha hasta el 29 que tomaron la direccion de Chuquisaca, para donde sali el 30 del mismo noviembre el cuartel general. El general en jefe hizo su entrada pblica en la ciudad de Chuquisaca el 4 de diciembre con mucho contento y aplauso de las gentes principales, pero con sealada tibieza indiferencia de la plebe. Tomadas las disposiciones conducentes al buen gobierno de esta provincia y expedidas las prevenciones correspondientes al primer regimiento y al batallon del Centro para que, siguiendo la ruta de Puna y Vitiche, fueran a reforzar la vanguardia que se establecia en Tupiza, el general en jefe sali para Potos el 17 de diciembre y entr en esta villa el 21 en medio de las mas expresivas aclamaciones de un numeroso pueblo. El 28 de este mes, en fin, march de Potos para Tupiza el segundo regimiento, y el general Ramirez con la division de vanguardia prepar su movimiento sobre las provincias de abajo. Tan gloriosamente termin el presente ao de 1813! El mismo virey del Per dice al hacerse cargo de estos felizes sucesos: Los lmites de este papel no me permiten hacer mas dilatada relacion de esta campaa memorable; pero por lo mismo no puedo excusarme de hablar, aunque con rapidez, de los premios y gracias que fu necesario dispensar a los benemritos jefes, oficiales y soldados que tuvieron parte en ella, segun las recomendaciones del general, y aun l mismo, por su conducta militar y por la entidad del servicio que acababa de prestar sujetando una extension de pas considerable que facilitaba los medios de subsistir el ejrcito real y privaba de ellos al enemigo, fu propuesto como acreedor para ser recompensado con la rden de S. Fernando que designa el artculo 8 del decreto de su ereccion para los jefes, por estar intimamente convencido, segun tengo ya expuesto en otros lugares, de que tanto

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alienta el premio oportunamente dado, como amortigua el olvido la menor retardacion en distribuirlo. 1

Capitulo VI

lnvasion de Jujuy y Salta.Arenales.Blanco y otros jefes. Guerra de los gauchos.Rendicion de Montevideo.Retirada del general Pezuela a Suipacha.Insurreccion del Cuzco.Critica situacion de Pezuela.Temeridad de Castro. Fidelidad de la tropa.Expedicion de Ramirez contra la rebelion cuzquea. Ocupan los alzados a Puno, el Desaguadero y la Paz.Sus atrocidades.Triunfo de Gonzales en Huanta.Huancavelica. Victoria de Ramirez sobre la Paz.Derrota de Picoaga en la Pacheta.Entrada de los facciosos en Arequipa.Su abandono y precipitada fuga. Ramirez ocupa a Arequipa.Acontecimientos de Europa.Triunfan las armas reales en Chile.Movimiento de tropas de Buenos-Aires contra el Per.Su perniciosa influencia.

AO DE 1814

Comenzaron las operaciones de este ao por el movimiento de la vanguardia sobre Jujuy y Salta a las rdenes del general Ramirez, y se componia esta division de tres batallones, tres cuatro escuadrones y ocho piezas de campaa. Ramirez adelant al valiente coronel Castro, natural de Salta, con la mayor parte de la caballera, y ambas poblaciones fueron ocupadas sin dificultad, establecindose Ramirez en la de Jujuy. Con este motivo el cuartel general se traslad de Potos a Tupiza, a donde lleg el 8 de febrero, y alli permaneci hasta el mes de mayo con el batallon del Centro avanzado en Suipacha. El general en jefe D. Joaquin de la Pezuela ni en Potos ni en Tupiza ces de ocuparse constantenmente en
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dictar las providencias que estimaba mas acertadas para el buen gobierno y la pacfica conservacion del rden pblico en los pueblos recientemente pacificados, y dedic tambien sus desvelos al reemplazo del ejrcito y al aumento de dos batallones que crey necesario levantar. El activo espaol europeo Arenales, que habia abrazado la causa de la revolucion y obtenido el gobierno de la provincia de Cochabamba, despues de la derrota de Ayohuma retirado a ValleGrande, habia reunido alli mucha gente auxiliada del caudillo indio Cardenas. Para libertar de sus vejatorias correrias a los pueblos pacificados se sacaron tropas de las guarniciones de Oruro, Cochabamba y la Plata a fin de formar una corta division que al mando del teniente coronel Blanco hiciera frente a los intentos de Arenales. AI encuentro de nuestro decidido jefe salieron los insurrectos en nmero de mas de 4000 hombres la mayor parte montados, y en los primeros dias de febrero se trab una reida accion en el punto llamado de San Pedrillo, que segun el parte de Blanco de 4 del mismo mes acab por la derrota de los contrarios despues de tres horas de pelea, causandoles la prdida de su artillera, 4 cargas de pertrechos, algunos fusiles, mas de 100 hombres muertos, crecido nmero de heridos y 21 prisioneros. Los cabezas de esta faccion y la mayor parte de sus partidarios mejor montados escaparon por el rio de Pulquina, en cuya direccion todavia les persiguieron por algun tiempo los vencedores. Retirado Arenales a Santa Cruz de la Sierra con los dispersos que pudo reunir, y eficazmente auxiliado alli por el gobernador Warnes y aun por los indios infieles del valle de Ingre, llamados chirihuanos, logr rehacerse mas pronto de lo que se esperaba. Era mucha su actividad y conocido su arrojo, y por lo tanto no solo fu preciso mantener en observacion del Valle-Grande los 600 hombres de la columna de Blanco, sino remitir 100 con Ponferrada a Pomabamba y enviar desde Suipacha a la provincia de la Laguna al coronel Benavente con 300 del batallon del Centro, que mandaba, a fin de distraer al enemigo por esta parte y contener las incursiones de los indios chirihuanos. Estas acertadas medidas tuvieron resultados favorables: antes de que concluyera el mes de marzo Blanco deshizo varios grupos de facciosos en distintos puntos, pero principalmente a las orillas del rio Pilcomayo: Ponferrada la faccion de Pomabamba y Benavente otra en las cercanas del pueblo de Tarabita, cuyos sucesos causaban tanto desaliento en los insurrectos como animacion en los leales. Sin

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embargo, las partidas levantadas a retaguardia de Blanco y las calenturas intermitentes que acometian a su tropa en Valle-Grande, le obligaron a replegarse a Totora, donde a principios de abril no solo consigui castigar los asesinatos del capitan Antesana y otros individuos, sino que pudo dedicarse a la recomposicion de su deteriorado armamento y recoger algunos desertores, preparandose de este modo a obrar en una nueva combinacion sobre Santa Cruz de la Sierra. En los primeros dias de abril recibi Pezuela en Tupiza comunicaciones del general Ramirez fechadas en Jujuy, en las que le participaba que prximo a trasladarse a Salta habia suspendido este movimiento por las voces que corrian de que los enemigos en nmero de 4000 hombres, la mayor parte montados, se acercaban en dos divisiones con seis piezas de artillera, una por el camino del Pasage y la otra por el de Huachipas, en cuyo concepto pedia algunas municiones de que carecia. Por este tiempo fu atacada en los campos de Salta una gruesa partida del escuadron de Castro, quedando en poder de los enemigos 45 hombres prisioneros, y para esplorar mejor el pais fu comisionado Marquiequi para hacer un esmerado reconocimiento por el camino de Cobos hasta el Pasage. El general Pezuela reforz inmediatamente a Ramirez con el batalln del general y 110 hombres del Centro todos a las rdenes del teniente coronel D. Francisco Navas, cuatro piezas de artillera bien servidas y el repuesto competente de piedras de chispa y de municiones de fusil y de caon. La division de vanguardia ascendia ahora a mas de 3200 hombres y 12 piezas de artillera, de tropa de muy regular calidad y engreida con las victorias anteriores, aunque no dejaba de sentirse en ella el lamentable vicio de la desercion. Convencido el general en jefe de la influencia que ejercian en la perpetracion de este crimen los eclesiasticos adictos a la revolucion adopt serias medidas para contenerla y obtuvo bastantes buenos resultados. Con alguna mas tranquilidad sobre este punto, y disminuidos los cuidados que justamente inspiraban las numerosas reuniones de facciosos en Valle-Grande y Cordillera de Sauces, por la feliz entrada de Blanco en Santa Cruz de la Sierra y los no menos afortunados resultados del teniente coronel D. Manuel Valle en su expedicion a Tomina, en la que relev al coronel Benavente, el general Pezuela reunidos en Tpiza los dos batallones de nueva creacion, se puso en marcha para Jujuy el 16 de mayo y entr en esta poblacion el 27 del mismo mes, porque era entonces un

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pensamiento dominante hacer una poderosa diversion en auxilio de la apurada plaza de Montevideo. Entretanto el teniente coronel D. Jose Joaquin Blanco despues de haber atravesado terrenos pantanosos y asperas rnontaas, habia llegado al punto conocido por la Angostura donde sostuvo una accion reidisima porque el terreno favorecia mas a los enemigos: triunfando al fin nuestras tropas del nmero y de los obstaculos topograficos entr Blanco en la capital de Santa Cruz de la Sierra. La confianza, que sin prudencia suele convertirse en peligroso contrario, lo condujo a cometer el error de dividir sus fuerzas: destac a Udaeta con 200 infantes y 100 caballos en persecucion de los dispersos, y dejando de guarnicion en Santa Cruz 80 hombres, se dirigi personalmente con el resto hacia la mision de la Florida: aqui le recibi un grueso trozo de enemigos y trabada una pelea desigual y empeadsima, quiso nuestra mala suerte que cayera el valeroso Blanco muerto de un balazo, con cuya desgracia desalentados los soldados fueron completamente batidos por los facciosos con prdida de la artillera, armamento y municiones. Los restos de esta clebre expedicion procuraron salvarse como pudieron, los mas tomando por el Valle de Samaipata y la guarnicion de Santa Cruz por el partido de Chiquitos, nico que les quedaba libre por haberse puesto en combustion toda la provincia, segun avis oficialmente el coronel Goiburu con fecha 9 de junio; lo que aade el virey, simultaneamente prueba la predisposicion de aquellos pueblos a la insurgencia, y que en lo militar tanto perjudica la demasiada lentitud de las operaciones, como la impremeditada y violenta ejecucion de otras. Si Blanco con mas serenidad y sangre fria hubiese reunido todas sus fuerzas y esperado los avisos del general en rden a la comision dada al coronel D. Guillermo Marquiegui para ocupar el punto de Oran con el doble objeto de recoger ganados y recibir de aquel lado los prfugos de la Laguna, esta diversion del enemigo le habria obligado a dividir la totalidad de su tropa, y probablemente dadole ventajas a una y otra espedicion1. Al invadir nuestras tropas la provincia de Salta, los enemigos se habian replegado al Tucuman, obligando a retirarse alli a todas las familias mas sealadas por sus opiniones realistas, y haciendo conducir al mismo punto cuantos ganados y vveres les fu posible. De cuando en cuando se acercaban a Salta algunos grupos de gauchos, sostenidos por partidas de dragones mas regularizadas a
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las rdenes todos de Gemes, un vecino notable de la ciudad, y con habilidad suma interceptaban las comunicaciones de nuestros cantones y estorbaban la introduccion de vveres en ellos. Era de todo punto indispensable emplear fuerza proporcionada que ahuyentara a los insurrectos, aprovechando las lecciones que ofrecan los descalabros experimentados por el escuadron de Partidarios a causa de la demasiada confianza con que el coronel Castro le empleaba en recorrer el campo dividindolo en cortos destacamentos, los cuales acechados por el enemigo eran cargados de improviso por otros muy superiores y mejor montados y consiguientemente destrozados hechos prisioneros. Como el general en jefe continuaba en Jujuy los aprestos convenientes para seguir avanzando hacia el Tucuman, importabale mucho hacer reconocer bien el pas y procurar adquirir noticias ciertas del enemigo. A este fin di el general comision especial al comandante de ingenieros Mendizabal para que reconociera el terreno hasta el pueblo de Somalao, debiendo protegerlo el coronel D. Antonio Maria Alvarez con 300 infantes y algunos caballos, los cuales salieron de Salta en los primeros das de junio. En Somalao se hallaron con los enemigos en algun nmero, que aunque desalojados al principio por dos compaias de infantera y el escuadron de Cazadores, a favor luego del monte y de los callejones continuaron un vivo fuego sobre los nuestros hasta salir al Baado. Aqui recibi Alvarez un oficio del coronel Castro en que le participaba la aproximacion de 300 enemigos mas del cuerpo de Libertos de Buenos-Aires, y tanto por este aviso como porque la comision de Mendizabal estaba evacuada, se retiraron por la orilla del ro Chicuana y luego por el camino de la Isla a la ciudad de Salta, y no sin sostener honrosamente algunos tiroteos. Resuelto el general en jefe a llevar a cabo su enunciado proyecto dict las disposiciones conducentes a que el ejrcito se reuniera en Salta, empezando el primer regimiento por ponerse en marcha para los Cerrillos a mediados de julio; pero todo cambio repentinamente por la notable variacion que reclamaba de necesidad el plan de operaciones. Era la causa justificativa de esta novedad las noticias que empezaron a esparcirse sobre la prdida de la plaza de Montevideo, cuyo auxilio, divertiendo al enemigo, era el objeto preferente de aquel movimiento; y aunque al principio se tuvo por un ardid empleado sagazmente por los disidentes para detener los progresos de las armas que mandaba Pezuela y mantener en esperanza el espritu de insurreccion de los pueblos, sin embargo el general, prestando la

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debida atencion a dicha noticia y calculando los tristes resultados que podia ofrecer caso de ser cierta, determin suspender el movimiento y consultar por extraordinario al virey el repliegue del ejrcito al alto Peru, adoptando desde luego al efecto algunas medidas preventivas. Los rumores esparcidos acerca de la prdida de Montevideo, que vinieron a confirmarse por algunos papeles cogidos por el coronel Marguiequi al comandante de los fuertes del rio del Valle y de Pitos, eran tanto mas sorprendentes cuanto por el navio Asia, arribado al Callao, se habia sabido con satisfaccion que se preparaba en Cadiz un refuerzo de tropas considerable con destino a dicha plaza; mas estrechando el sitio por mar y tierra los independientes, falta de vveres Montevideo se vio obligada a capitular, y en esta virtud habia pasado el 23 de junio a poder del enemigo. Fueron condiciones expresas de la capitulacion que el gobierno de Buenos-Aires habia de conservar como en depsito la plaza de Montevideo hasta el regreso de Fernando VII al trono de sus mayores, el que se habia verificado ya en aquella fecha, y remitir las tropas espaolas a la Pennsula con todo su armamento. Facil era a los independientes otorgar concesiones que no habian de cumplir; su principal objeto se dirigia a tomar posesion de la plaza, y buenos y plausibles eran para ellos todos los medios que condujeran al deseado fin. Asi la capitulacion no tuvo efecto mas que en permitir al gobernador capitan general D. Gaspar Vigodet y a algunos oficiales de plana mayor su regreso a Espaa: toda la guarnicion de Montevideo fu conducida a Buenos-Aires como prisionera de guerra, y en esta ilustrada capital fu muy de notar la manera como un populacho descompuesto recibi a nuestros prisioneros en odio manifiesto del nombre espaol. Bastaba calcular la temible influencia que necesariamente habia de ejercer en el pais la prdida de Montevideo y los mayores medios de que podria disponer el gobierno de Buenos-Aires, para que el general Pezuela comprendiera las dificultades con que tendria que luchar si se empeaba en mantenerse en la provincia de Salta hasta recibir las rdenes terminantes que habia pedido al virey de Lima, atendida la grande distancia que los separaba; pero la muerte del bravo Blanco y la derrota de su tropa en Santa Cruz de la Sierra, las prdidas experimentadas en Valle-Grande de que daba parte el comandante Barra, el aviso del teniente coronel Valle de retirarse de la Laguna a Tarabuco por no creer poderse sostener all mas tiempo, los nuevos alborotos del partido de Cinti por el caracter conocidamente movedizo de los pueblos, y el aumento y mayor aliento de las partidas de gauchos decidieron afortunadamente al

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general en jefe a replegar el ejercito a Suipacha, aun antes de tener conocimiento de la terrible insurreccion del Cuzco, de la que se dara luego noticia. La retirada se verific en el mejor rden, aunque experimentando las tropas grandsimas penalidades, asi por el rigor de la estacion como por la escasez de forrages. El general en jefe dej a Jujuy el 3 de agosto y encargando a su segundo Ramirez que cubriera la retaguardia con las tropas ligeras, entr el 21 del propio mes en Suipacha. Con la fecha de 23 de julio habia contestado el virey a la urgente consulta del general en jefe autorizandole plenamente para disponer, dice, el repliegue desde Jujuy a Cotagaita, y aun mas adelante si era menester, escogiendo todos los parages mas defensables que presenta el camino de estas sierras, pero que en ltimo evento nunca debera cederse sino palmo a palmo y por partes el terreno hasta el Desaguadero, que son los trminos de ambos vireinatos etc.1 En cuanto a los prontos refuerzos que tambien reclamaba el general en jefe, el virey reconocia los fundamentos de esta peticion, pero se hallaba imposibilitado de satisfacerla con la brevedad que se exigia y S. E. deseaba, porque seis dias antes de recibir la mencionada comunicacion de dicho general habia enviado a Chile en el navio de S. M. el Asia 530 hombres del regimiento de Talavera peninsular, que tan eficazmente contribuy a la pacifcacion de ese reino en el presente ao. Con los auxilios prestados a Chile y los remitidos al alto Per desde 1809 inclusive habian quedado los almacenes y repuestos de Lima casi exhaustos; mas no por esto descuid el zeloso virey hacer nuevas remesas al general Pezuela, asi de artculos de botica como de guerra trabajando de dia y de noche en estos la maestranza de artillera. Hubiera querido, aade, tener la posibilidad de aumentar fusiles, como se hacia de los demas artculos, y no hallando recurso humano suficiente, los clamores al gobierno eran incesantes pidindolos hasta en nmero de ocho diez mil, los que buenamente se pudieran acopiar, de que no tuve contestacion en mas de tres aos de continuos ruegos instancias 2. Recibido en Lima por extraordinario el parte del general en jefe de 3 de agosto, en el que participaba que en aquel mismo dia emprendia su retirada hacia el alto Per, el virey convoc inmediatamente una junta de guerra en la cual, en acta de 30 del
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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia. Idem.

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mismo mes, se acord aprobar la resolucion del general Pezuela: que al comandante general de las tropas de Chile, que lo era el coronel de artillera don Mariano Osorio, se le previniese que en caso de haber triunfado de los enemigos, despachara el cuerpo de Talavera y otro de Chiloe a Arica otro puerto del Per para que reforzasen el ejrcito de operaciones: y finalmente que, si el estado de la guerra en Chile no era tan lisongero como se esperaba, se autorizase a Osorio para celebrar con los independientes un convenio, cuyas ventajosas estipulaciones le permitiesen dirigirse con todas sus fuerzas al Per para ayudar a salvar este vasto pas y su ejrcito de operaciones de los complicados peligros que le amenazaban. Tan mal aspecto iba ofreciendo el estado militar y politico de esta parte de la Amrica meridional abandonada a sus propios recursos, porque la terrible y desigual lucha en que a la sazon se hallaba envuelta la Peninsula, por resistir la injustificable agresion del emperador de los franceses, no le permita ayudarla como se deseaba y como el caso requera. En marcha el ejrcito real para volver a la frontera de la provincia de Potosi, recibi el general en jefe la triste nueva de la revolucion que habia estallado en el Cuzco, precisamente el mismo da 3 de agosto en que l habia dejado a Jujuy, promovida por los oficiales capitulados y juramentados en Salta, de los cuales hallandose algunos presos en el cuartel de la guarnicion por igual delito intentado en octubre del ao anterior, lograron estos seducir la tropa y conmover seguidamente el pueblo, pretestando que el ejrcito real, que mandaba Pezuela, habia sido deshecho en el Tucuman. Apoderados de los animos de la muchedumbre y eficazmente auxiliados por los no pocos adictos ocultos de la revolucion aprisionaron al brigadier gobernador presidente interino D. Martin Concha, natural del Cuzco y a los ministros de la audiencia y demas empleados del gobierno que no les inspiraban completa confianza; y para dar nueva forma de gobierno a la provincia nombraron una junta al efecto. Compsose esta de don Jos Angulo presidente, con el cargo tambien de general de las armas, del hasta entonces fiel cacique de Chincheros Pomacahua ya ascendido a brigadier, del doctor Astete y del coronel Moscoso: D. Vicente Angulo, hermano del presidente, fu nombrado segundo jefe superior militar, y todos de consuno y con sorprendente actividad prepararon expediciones contra las provincias de Huamanga, Arequipa, Puno y la Paz para moverlas insurreccionarlas. El levantamiento del Cuzco, en el corazon del Per, puso al virey y al general en jefe en aflictivo

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conflicto, aumentado por la diligencia de los insurectos en emplear la mas eficaz seduccion cerca de los oficiales y soldados cuzqueos que servian con honra en el ejrcito real; pero estos bravos militares, superiores a los medios que se ponian en juego para mancillar su reputacion, ofrecieron bien pronto con su noble conducta una prueba insigne de su acendrada lealtad con grandsima satisfaccion de aquellos jefes superiores. Propsose el general Pezuela no revelar los terribles acontecimientos del Cuzco, mientras siquiera ponia en ejecucion algunas medidas preparatorias para asegurarse mas de la fidelidad de sus tropas, pero esta plausible pretension rayaba en lo imposible, porque la correspondencia esparcida en el ejrcito habia revelado demasiado pronto el secreto que se proponia guardar. Vindose en tal conflicto, dice Torrente, y rodeado al mismo tiempo por una porcion considerable de cuadrillas sueltas, que si bien habian sido batidas en todo encuentro por las divisiones de Velasco cerca de Cochabamba, de Benavente en la Laguna y de Baez en Cinti, se rehacian al momento para volver con mas teson a la pelea, lleg a desconfiar de poder evitar la inminente disolucion de su ejrcito. En tanto que halagaba a los oficiales y soldados, trabajando con el mayor ardor para que los sentimientos del honor y de la fidelidad triunfasen sobre los de la naturaleza y de la sangre, entr en negociaciones con el general insurgente Rondeau proponindole un armisticio y suspension de hostilidades, hasta que el benigno monarca, restituido a esta sazon al trono de sus mayores, tomase disposiciones decisivas sobre la suerte de aquellos paises; pero la altanera y descomedida contestacion del caudillo de Buenos-Aires, fijando por condicion la retirada del ejrcito realista al Desaguadero, hizo ver al seor Pezuela la necesidad de recurrir a los extremados recursos que sugiere la misma desesperacion, y a los extraordinarios esfuerzos que dicta a veces el honor propio lastimado, para dar al enemigo una leccion practica de lo arriesgado que es el insultar a quien sabe sentir todo el peso del honor.En medio de estas terribles angustias, que traspasaban el corazon del general realista, se le ofrecieron luminosas pruebas para persuadirse de que el animo del soldado estaba lejos de haberse pervertido con los insidiosos manejos de sus parientes, amigos y paisanos rebeldes1. En efecto, D. Saturnino Castro, natural de Salta, uno de los principales agentes del triunfo de Vilcapugio, cargando con el escuadron
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Historia de la revolucion Hispano-Americana.

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que mandaba al enemigo por retaguardia cuando la mayor parte de nuestra lnea habia sido arrollada, ascendido rapidamente a coronel en merecido y justo premio de sus brillantes servicios a la causa de Espaa, mimado se puede decir de todos los generales y sealadamente apreciado en el ejrcito por su distinguido valor, acaso alterado su buen juicio por la imponente insureccion del Cuzco, concibi el criminal proyecto de mover el ejrcito todo a que abrazara el partido de la revolucion. Su primera idea fu procurar ganar el primer regimiento, compuesto de cuzqueos y el de mayor influencia, sublevar con su apoyo a los demas cuerpos y apoderarse de las personas de los generales, jefes y oficiales que no inspirasen para el intento la mas absoluta confianza. A fin de asegurar mejor el xito de esta infame trama, dirigi Castro una comunicacion al general enemigo para que se aproximase con sus fuerzas a las posiciones del ejrcito real, en el concepto de que estallaria la rebelion en la noche del 1 de noviembre. Por fortuna llegaron a noticia del general Pezuela los ocultos manejos de Castro y dispuso inmediatamente su prision; pero avisado este oportunamente, y aun se sospech si por conducto de un capellan que mereca distinciones en el cuartel general, se propuso evitar el golpe precipitando la ejecucion de su infernal designio. El coronel Castro se hallaba a la sazon separado del escuadron que mandaba por haber obtenido licencia temporal para pasar a Lima, y con algunos soldados que le acompaaban se acerc al canton de su cuerpo, esperanzado de atraerlo a sus ideas por medio del poderoso influjo que ejercia en l su ascendiente; pero muy pocos fueron los individuos de tropa que se resolvieron a seguirle con su hermano D. Pedro Antonio, que servia de oficial en el mismo escuadron, y quien despues continu sirviendo con honra en el ejrcito real hasta la funesta disidencia del general Olaeta. No muy satisfecho Castro de la correspondencia con que contaba de parte de su cuerpo, conducta que debia servirle de provechoso alerta, se encamin a Moraya donde se hallaba el primer regimiento y sobre la marcha despach una comunicacion al general en jefe intimandole que se rindiera con las condiciones que le imponia, las cuales no estando aun apoyadas en medios seguros de realizacion, no parecian mas que el efecto de un lastimoso trastorno mental. Al propio tiempo hizo circular una proclama por los cantones para persuadir a las tropas que el general Pezuela pensaba sacrificar en una accion a los soldados cuzqueos, y que los que no pereciesen en ella serian destinados a los duros trabajos de las minas de Potos:

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finalmente aseguraba que la revolucion del Cuzco se habia extendido triunfante hasta la ciudad de Lima, capital del vireinato. Seguidamente se present Castro en Moraya pintando con inimitable descaro el estado de insurreccion en que ya se hallaba el ejrcito y exigi con altivez del coronel del primer regimiento D. Manuel Gonzalez Bernedo, nico europeo que militaba en l, que entregase el mando al sargento mayor D. Mariano Antonio Novoa. La confianza y seguridad que aparentaba el coronel Castro no produjeron el efecto que se proponia, porque reunidos los oficiales en el alojamiento de Bernedo se enteraron de la falsedad de las aseveraciones de aquel por el teniente Matorras que le acompaaba, sin duda ignorante de su intento. Encargaron entonces al mayor Novoa que con un capitan y algunos soldados saliesen a averiguar la verdad, y notando que Castro se apresuraba a tomar su caballo, acaso para sustraerse por la fuga de aquel grave compromiso, se apoderaron de su persona y lo presentaron a su coronel instruyendo al regimiento de la enormidad de su perfidia. Subi de punto la indignacion de este leal cuerpo y quera en el acto castigar tamaa traicion; mas lograron sus jefes remitir a Castro preso a Suipacha escoltado por una compaia. El primer regimiento llev mas adelante su empeo: reclam ser l ejecutor de la pena que el tribunal competente impusiera al delincuente, la cual vino a ser la de muerte pasado por las armas; y despues de juzgado y sentenciado el coronel Castro mand el general Pezuela que fuese devuelto al canton de Moraya para ser ejecutado. Asi acab sus dias un oficial tan distinguido y de tantas esperanzas, mientras fu fiel a sus deberes. Mas tranquilo el general en jefe por el buen espritu que afortunadamente reinaba en sus tropas en tan complicada situacion, no podia dejar de dirigir sus cuidados hacia la rebelion del Cuzco, que amenazaba devorar el reino, si no se acertaba a sofocarla con la prontitud que convenia, en cuya virtud reuni en Suipacha una junta de guerra para resolver con su acuerdo lo que pareciera mas urgente y til. Esta junta, despues de haberse hecho cargo con escrupuloso detenimiento del estado critico en que el pais se hallaba y contado, como era justo, con los esfuerzos del infatigable virey marqus de la Concordia para restablecer el rden en los pueblos alterados, adopt una resolucion valiente y salvadora, que hace tanto honor a la junta que la propuso como al general Pezuela que la acept y dispuso su ejecucion. Determinse, pues, que el general D. Juan Ramirez marchara inmediatamente contra los insurrectos del Cuzco con dos

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batallones, dos escuadrnes y cuatro piezas de artillera, sobre 1,200 hombres en todo: que de esta division podria encargarse despues el general Picoaga, que se hallaba en el Cuzco, su patria, cuando estall la rebelion y habia logrado fugarse a Arequipa en compana de otros vecinos fieles: y que el resto del ejrcito en fin se replegara a Santiago d Cotagaita, punto que ofrecia mayores medios de defensa caso que las tropas de Buenos-Aires avanzaran, como era de temer, asi por aprovechar la terrible diversion que causaba la insurreccion del Cuzco, como porque, rendida la plaza de Montevideo, podian los enemigos disponer de mayores fuerzas y mas acostumbradas a las fatigas de la guerra. Tan luego como se divulg en el ejrcito espaol el designio de despachar una division pacificadora al Cuzco, el primer regimiento, que se componia de naturales de esta provincia, pidi con instancia formar parte de ella; y si riesgo habia en consentir en la demanda, mayores y acaso mas trascendentales consecuencias podia ofrecer el disgusto que ocasionara la negativa: el general en jefe accedi a la peticion y con admirable cordura y tino segun acredit la experiencia. Aprestada y despedida con celeridad la division expedicionaria, el general en jefe dispuso su traslacion a Cotagaita: estableci el batallon de Cazadores y un escuadron en Moraya y Mojos, y con las demas tropas sali de Suipacha el 15 de setiembre y lleg al mencionado Cotagaita el 19, mandando en seguida poner por obra los atrincheramientos y bateras que habian de aumentar la defensa de dicho punto. Presumian algunos que estas obras tenian por principal y til objeto entretener por algun tiempo convenientemente al soldado, pues bien sabia el general Pezuela que para internarse los disidentes en el alto Per no necesitaban estrellarse contra las angosturas fortificadas de Santiago de Cotagaita, que podian libremente flanquear por la derecha por la izquierda, y obligar al ejrcito real a abandonarlas sin disparar un tiro. A fines de setiembre ya se presentaron algunas descubiertas independientes a causar alarmas en los puestos avanzados de Moraya y Mojos; pero despues de haber perdido algunos hombres, temerosas de que se las persiguiera con mayor empeo, se retiraron a gran distancia. Mientras el general Ramirez dirige la marcha de su expedicion al norte, y antes de volver a tratar de las operaciones del general Pezuela, entraremos en algunos pormenores sobre la peligrosa insurreccion del Cuzco y daremos alguna razon de las expediciones revolucionarias que salieron de esta capital, para que se pueda formar una idea aproximada de su naturaleza. Segun los mejores

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datos reunidos en el gobierno superior del Per, el plan de revolucionar el pais fu trazado por los independientes en Salta, de acuerdo con varios de los oficiales capitulados y juramentados, y comunicado a sus partidarios ocultos y agentes de las provincias. Muy adelantado este temible proyecto en el Cuzco fu denunciado al presidente interino el brigadier Concha por uno de los oficiales separados del ejrcito, a quien los promovedores suponan disgustado y dispuesto a tomar parte en l, denuncia que se verific el 30 de octubre de 1813. Las providencias de Concha impidieron que estallara entonces la rebelion que agitaban los sediciosos; pero sin otro resultado que el de aplazar su explosion, porque encargado de la instruccion de la consiguiente causa uno de los juristas complicado en el proyecto, no solo se hizo pblica la denuncia, sino que se dilataron y entorpecieron de intento los tramites del juicio hasta el 3 de de agosto del presente ao de 1814 en que los conjurados tomaron por sorpresa el cuartel y las armas de la guarnicion. Dueos de este recurso los revoltosos pusieron en prision al gobernador presidente, a los ministros de justicia y a todos los empleados no cmplices de la maquinacion, principalmente europeos, y levantaron horcas en distintos puntos entregandose ademas a toda clase de desrdenes, proveyendo en medio de este tumulto a la formacion de una junta de gobierno, de la que se ha hecho ya mencion. Posesionados los facciosos del Cuzco y dueos de cuanto contenian sus almacenes despacharon por extraordinario invitaciones a los cabildos, ayuntamientos, de todas partes para que cooperasen al logro de su designio; mas el espritu pblico no se hallaba a la sazon totalmente pervertido, y los pueblos de Abancay, Andahuailas y Huamange contestaron protestando de su lealtad al rey y de su fidelidad a las autoridades legtimas. Era en extremo urgente apoyar las buenas disposiciones de la lealtad, maxime en la provincia de Huamanga, que se halla sobre el camino directo del Cuzco a Lima, y al efecto el virey mand aprestar el resto del batallon de Talavera, 100 hombres de la Concordia y 500 fusiles para que a las rdenes del teniente coronel D. Vicente Gonzalez marchasen a dicha provincia. Para proporcionarse los medios en numerario de que carecia, acudi de nuevo personalmente al acreditado patriotismo del consulado de la capital y tuvo inmediatamente a su disposicion el virey 50,000 pesos. Diriji tambien S. E. a todos los jefes y corporaciones del reino las comunicaciones que las circunstancias demandaban, y obtuvo del reverendo arzobispo que dejara or su voz pastoral en todo el arzobispado y mas particularmente entre los

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extraviados cuzqueos de cuya provincia haba sido antes prelado diocesano, porque el virey segua con constancia la maxima de no hacer uso de las armas, sino despues de convencido de que los amotinados desoan y despreciaban las amonestaciones paternales y los consejos de la sana razon. Entretanto los revolucionarios del Cuzco reunian mucha gente y se aprestaban a obrar: destacaron un trozo considerable a conmover los pueblos del norte y ocup sin dificultad el partido de Andahuailas en la intendencia de Huamanga. Con el aviso de esta novedad mand el virey salir de Lima al teniente coronel Gonzalez con 120 hombres de Talavera, cuatro caones de montaa, 40,000 pesos, municiones, fusiles y oficiales para armar instruir las milicias que pudieran aprontarse y acudir al socorro de Huamanga. El intendente interino de esta provincia habia acuartelado por su parte, 400 hombres con destino a la defensa del puente de Pampas, mientras llegaban los socorros de Lima; pero el 2 de setiembre, en que deban verificar su marcha de Huamanga, las madres, mugeres y hermanas de estos levantaron el grito contra la partida de sus maridos y relacionados, se metieron en los cuarteles y los indujeron a salir con las armas en la mano para emplearlas en romper las puertas de algunas tiendas de comercio, que saquearon con otras casas de particulares. Con este motivo previnose a Gonzalez que acelerase sus jornadas hasta Huamanga, donde debia esperar el refuerzo que se habia pedido a Tarma. La revolucion cundia por todas partes: el intendente de Arequipa manifestaba incesantemente los mayores temores por la dificultad que reconocia en poder mantener la tranquilidad en algunos partidos de su provincia y aun en la misma capital, a causa del espritu que advertia y de la poca fuerza con que contaba, concluyendo asi l como el cabildo de Arequipa por hacer peticiones al virey tan inconsideradas como imposibles de satisfacer: y por la parte de Puno, con solo haberse acercado a Sicuani otro trozo de insurrectos del Cuzco, al mando del cabecilla Pinelo y del Clrigo Muecas, los 200 hombres que guarnecian dicha ciudad y 300 reclutas con destino al ejrcito, todos se declararon en favor de la insurreccion y se unieron a los cuzqueos. Con tales datos, deca acertadamente el virey, no era dudable la suerte que debia correr Arequipa, y en este caso, debiendo quedar cortada la comunicacion del ejrcito del alto Per y todas sus provincias, no quedaba mas recurso a su general, incomodado por los enjambres de rebeldes que le rodeaban, disminuido el grueso de su tropas en muchas y cortas secciones, que se destacaban a derecha

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izquierda, y amagado por el enemigo del frente, que hacen un esfuerzo extraordinario para flanquear el camino de retaguardia1. Esta ha sido cabalmente la conducta del general en jefe, quien no solo ha llenado cumplidamente las esperanzas del virey, como S. E. ha reconocido, sino que ha dado una prueba insigne con sus disposiciones de que comprendia bien su critica situacion y la del pais mismo. La resolucion de destacar al general Ramirez con 1200 hombres del Cuzco contra la insurreccion del mismo Cuzco era arriesgada, pero necesaria: fu un rasgo de valenta y de inteligencia que merecia la corona del triunfo, y en efecto obtuvo los mas gloriosos resultados. Extendida sin resistencia la revolucion del Cuzco a la ciudad de Puno por el sur y a Audaluhuailas por el norte, con presencia del escandalo que habian dado en Huamanga las mugeres y la gente de guerra reunida para la defensa del puente de Pampas, y del estado de inseguridad en que el dignsimo criollo D. Jos Gabriel Moscoso, gobernador intendente de Arequipa, pintaba la provincia de su mando, el virey convoc en Lima la junta de guerra el 13 de setiembre para adoptar con su acuerdo las providencias mas urgentes y propias de las circunstancias. Consiguientemente se determin que se remitiesen a las rdenes del mariscal de campo D. Francisco Picoaga 100 soldados del regimiento veterano Real de Lima, 500 fusiles para armar otros tantos hombres en el partido de Chuquibamba y otros de la jurisdiccion de Arequipa, 500 lanzas para el servicio de la gente de a caballo, las municiones correspondientes y 26,000 pesos en metalico. El general Picoaga gozaba en el pais de mucha reputacion, le autoriz el virey ademas cumplidamente para prevenir los entorpecimientos que suelen ofrecer las largas distancias, y le recomendaba con preferencia que, una vez habilitado con el auxilio que se le enviaba y los que pudiese proporcionar el celoso intendente de Arequipa y su buen nombre, marchase sobre la capital de Puno y pusiese expedita la comunicacion con el cuartel general de Pezuela ya interceptada. Al efecto, y por mayor seguridad, se embarcaron los 100 hombres y los demas artculos referidos en la fragata mercante Tomas y salieron el 26 de setiembre del Callao con destino a Quilca. Para atender al mantenimiento del sosiego pblico por el lado de Huamanga, hallabase, como se ha indicado, en marcha el esforzado D. Vicente Gonzalez teniente coronel del regimiento de Talavera, y
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en caso necesario podia ser reforzada su corta fuerza con un destacamento que guarnecia la ciudad de Ica; mas comprendiendo bien el virey las grandisimas dificultades, la imposibilidad tal vez, de reponerla si sufria alguna desgracia, admitiendo las excusas del gobernador interino de Huamenga D. Francisco Ruiz de Ochoa y de su digo obispo el seor Silva, otro americano eminentsimo por sus virtudes, su ciencia y su lealtad al rey y a la Espaa, adopt el temperamento de perdonar por su conducto a los motores del desorden ocurrido alli con la gente acuartelada, a condicion sin embargo de permanecer tranquilos en sus hogares los que no quisiesen participar de la honra de hacer frente a las hordas de los caudillos Mendoza y Bejar, que amenazaban con una invasion cuzquea. Por este medio, y por los eficaces esfuerzos del gobernador interino y del obispo de Huamanga, logr el virey que se suspendiesen los peligrosos efectos de la convulsion iniciada y que se mantuviesen tranquilos al parecer aquellos habitantes por algunos dias. Mas poco despues, y al mismo tiempo que supo el virey en Lima el arribo de Gonzalez a Huancavelica, recibi el parte oficial de la ocupacion de Andahuailas por los facciosos, y por extraordinario previno a aquel jefe la necesidad que habia de que acelerase su marcha hacia Huamanga y de que procurase la destruccion de los rebeldes, empleando antes los medios pacficos de la persuasion, a cuyo fin escribi tambien S. E. al jefe de los insurrectos tan inutilmente como en otras ocasiones. Reforzado Gonzalez en Huancavelica con 100 milicianos voluntarios continu el movimiento al sur, pero los cuzqueos anticipandose a l ocuparon a Huamanga sin la menor oposicion ni resistencia, circunstancia que podia hacer dudar mucho de la buena voluntad de otros pueblos, maxime cuando el gobernador intendente de Huancavelica manifestaba oficialmente la poca confianza que le inspiraban sus gobernados. Terribles debian de ser los contrarios afectos que en tan complicada situacion combatiesen el animo del virey; pero afortunadamente recibi entonces este infatigable anciano una comunicacion del teniente coronel Gonzalez, de 27 de setiembre desde Huanta, anunciando haber aumentado su corta fuerza con 500 milicianos todos voluntarios del regimiento de Huanta y entusiasmados por sus nobles jefes el coronel D. Jos Lazon, el teniente coronel D. Nicolas Torres y el sargento mayor D. Pedro Fernandez de Quevedo, cuya noticia aliment en los leales mas lisongeras esperanzas, a que contribuyo tambien el virey por su parte haciendo con la mayor actividad nueva remesa de las armas que la

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maestranza de artillera habilitaba. Mas confiado Gonzalez, y deseoso de llenar el objeto de su comision sin efusion de sangre, si era posible, intim desde Huanta a los enemigos que evacuasen a Huamanga y su provincia; pero habiendo sido detenidos y maltratados los portadores de esta intimacion por la vanguardia de los facciosos avanzada ya a Huamanguilla, despach contra ella un corto destacamento ignorante de su nmero, y los nuestros comprometidos en un desigual y obstinado combate alcanzaron con su extraordinario arrojo la completa dispersion de sus bisoos pero numerosos contrarios. La accion fu temeraria, dice el virey, pero en tal grado feliz que ella sola, en mi concepto, fu un anuncio de las siguientes por el pavor que suele infundir al enemigo el desprecio de los riesgos y la presencia de animo que se necesita para atropellarlos1 . Irritados los caudillos de los insurrectos por el suceso de Huamanguilla, que no contaban conque les fuese adverso, movieron sus huestes contra Huanta en nmero de mas de 5000 hombres, muchos de ellos montados, sobre 300 armados de fusil y los demas con lanzas, chuzos, macanas y hondas, y el 2 de octubre descendieron de las alturas inmediatas a la villa para atacar a Gonzalez en la poblacion. Este esper con la serenidad y sangre fria que le caracterizaban hasta que le pareci oportuno destacar al coronel Lazon con 100 hombres a ocupar los altos que dejaba el enemigo, lo que consigui a esfuerzos de un continuo y vivo fuego. El cansancio y la carniceria que se hizo en las tropas insurgentes, continua el virey refiriendose a los partes oficiales, les oblig a desamparar los puestos que ocupaban alejandose considerablemente del pueblo, de manera que Lazon pudo recuperarse de la fatiga del dia, aunque con el enemigo a la vista en toda aquella noche. Al siguiente volvieron a la carga por la parte de Alanorco y la de Casacancha, dejando en el centro nombrado Espritu-Santo un cuerpo de tropas. Prontamente y con la misma celeridad con que era acometido reparti Gonzalez la gente de su division, en trminos que, guardando el centro de la poblacion, hallase el enemigo resistencia en los puntos por donde dirigia el ataque. Lazon por su parte y Gonzalez por la suya hacan destrozos con el ordenado fuego de su fusilera hasta unirse ambas fuerzas, en cuyo acto el enemigo, atacando por el frente, penetr hasta las primeras calles de la poblacion. Advertido este movimiento se replegaron una
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y otra columna al pueblo, cuyo punto se defendia con igual vigor; mas inutilizados tres de los cuatro caones, que tenia la division, fu forzoso atacar con fuego y bayoneta hasta morir. Esta resolucion, ejecutada con la mayor bizarra, infundi tal respeto al enemigo que consecutivamente fu perdiendo desamparando las tres bateras y los tres caones que en ellas habian colocado. Los paisanos taeron a este tiempo las campanas en seal de victoria por las armas del rey, con lo que y el fuego que sufrian sin cesar la confusion fu tal que huyendo de la muerte tropezaban con ella en manos de los milicianos, a quienes se hacia imposible detener sus brazos: 600 muertos, infinitos heridos y 40 prisioneros dan una idea de la sangrienta y memorable accion de Huanta, que tambien lo es por la desproporcion de nuestras prdidas, que unicamente consistieron en 9 muertos y menos de 20 heridos y contusos en siete horas de vivo fuego. Todo el parque qued en poder de Gonzalez, y la derrota fu tan completa que dejaron libre el paso y la misma ciudad de Huamanga, despues de haber ejecutado los mas horrorosos crimenes en las personas y bienes de aquellos habitantes. Horroriza la muerte del coronel don Francisco Tincpa y del subdelegado de Vilcashuaman D. Cosme Echevarria, cuyos miembros dejaron esparcidos y separados de sus cuerpos; pero a igual atentado cometido con el capitan D. Vicente Moya, aadieron el sacrilegio de sacarlo arrastrando del sagrario de la compaia a donde estaba refugiado 1. Las primeras noticias que se esparcieron rapidamente por Huancavelica, relativas al glorioso triunfo de Huanta se creyeron ser obra de los astutos revolucionarios, pues se atribuia en ellas a los facciosos la victoria alcanzada por las armas espaolas. En este equivocado concepto el pueblo se conmovi repentinamente exigiendo en tumulto del gobernador intendente que manifestase acerca de aquella accion el parte oficial que no habia recibido. Procuraba este jefe aquietar tamao desrden con la verdad, que no era creida, y su voz era sofocada por los gritos y lamentaciones de las mugeres que clamaban porque se las desengaase acerca de la suerte de sus maridos y parientes, los milicianos que voluntariamente habian seguido a Gonzalez. En este estado de agitacion y sobresalto anocheci, y aprovechandose de las sombras los mal intencionados, que pocas veces falta alguno ni aun en las mas inocentes reuniones, dieron nueva direccion al tumulto y se entregaron a los excesos del
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saqueo. Los vecinos honrados y que mas tenian que perder buscaban su seguridad personal en la fuga ocultandose, y de este nmero fu el gobernador intendente; pero hallado por los alzados en medio de aquel desrden con un criado que le acompaaba, fueron ambos vilipendiados y maltratrados con positivo riesgo de su vida hasta que, aade el citado virey, calmado el ardor del motin, quiza con mas seguras noticias de la accion de Huanta, dieron la autoridad del mando a un vecino y por su influjo la libertad al intendente. Esta es otra leccion para los pueblos que no reposando en la confianza que deben tener de las autoridades legitimas, esto es, de un gobierno reconocido y verdaderarnante paternal, el recelo es un crimen y el castigo que l merece le reciben de su propia mano 1. Sin embargo la provincia de Huancavelica qued agitada por algugunos descontentos y partidarios de la revolucion a punto de hacer temer por la tranquilidad dl poblado y rico valle de Jauja y otros pueblos de la provincia de Tarma, situacion que el zeloso y entendido virey no podia descuidar por lo interesante que era contener semejantes desmanes, sobre la frontera ya de la provincia de Lima, y mantener expedita la comunicacion con Gonzalez en Huamanga. Destac pues el 12 de octubre al capitan D. Felipe Eulate con 100 hombres del Ral de Lima, quien a su paso por Jauja debia tomar dos caones que all habia en estado de servicio. Con la oportuna presencia de Eulate en Huancavelica los vecinos fugitivos fueron volviendo a sus casas y el sosiego y la obediencia se fueron restableciendo en esta provincia; como el cabildo de aquella capital y el mismo capitan Eulate aseguraban de oficio con fecha del 19 y 30 del citado octubre. Mientras el aspecto de las cosas pblicas mejoraba visiblemente por este lado, diferente era el caracter de gravedad que iban tomando por otros puntos. A pesar de los incesantes esfuerzos y desvelos del zeloso intendente de Arequipa Moscoso, y de la actividad y diligencia del general Picoaga, poco se habia adelantado all en la organizazion de tropas, porque los 100 hombres del Real de Lima, los fusiles, el dinero y las municiones que conducia la fragata Tomas, segun se ha dicho, sufrian los retrasos que las contingencias de los viages por mar suelen ofrecer cuando menos se esperan. Asi ni pudo Picoaga maniobrar por Chuquibamba, ni detener los progresos de la expedicion cuzquea contra Puno. Al contrario, reforzados los facciosos con los 200 hombres de la guarnicion de esta capital y los
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300 reclutas destinados al ejrcito de Pezuela, y conmovidos ademas casi todos los pueblos de la provincia, marcharon contra el punto fortificado del Desaguadero donde mandaba D. Joaquin Revuelta. Este jefe rechaz con digna firmeza la intimacion que le dirigieron, confiado en la fidelidad de los 160 hombres que mandaba; pero abandonado de estos y de gran parte de los vecinos del pueblo, pudo apenas escapar a la inmediata ciudad de la Paz con 14 soldados que quisieron seguir su suerte, y quedaron por consiguiente en poder de los insurrectos 13 piezas de artillera de distintos calibres y cuanto contenian aquellos abastecidos almacenes. Reforzados de nuevo los enemigos, y disculpablemente mas alentados se encaminaron en considerable nmero contra la Paz seguidos de ocho piezas de artillera. Se compona la guarnicin de esta ciudad de 300 hombres y cuatro piezas de artillera en regular estado, y como a su cabeza se hallaba el gobernador intendente de la provincia, marques de Valdehoyos, acreditado por su valor, sus conocimientos y su acendrada lealtad, de esperar era hubiese hallado recursos de resistencia hasta que pudiese ser auxiliado y socorrido por la division del general Ramirez, que se hallaba en marcha desde mediados de setiembre. El 22 de este mes cercaron los enemigos a la Paz, y despues de la vigorosa defensa que fue posible, sublevandose la plebe en los momentos mas crticos, la tomaron a viva fuerza el 24 del precitado mes con el eficaz auxilio que les prestaron los indios y los mestizos que habitaban la ciudad, ansiosos de robar como lo habian ejecutado en los alborotos anteriores, y as se entregaron unos y otros a todo gnero de desrdenes. En medio de multiplicados inexplicables excesos, continuados en tumulto por tres cuatro dias, el mismo descuido y la violencia dieron lugar a que se volara un repuesto de plvora, que caus bastantes desgracias en la poblacion y muchos estragos en sus edificios, y atribuyendo maliciosamente esta desgracia a los llamados realistas y godos, de los que tenian presos a varios con el gobernador intendente, se ensaaron los facciosos contra ellos, asesinaron barbaramente 59, la mayor parte europeos, y se entregaron con furor al saqueo y al pillage de las casas y almacenes mas ricos. Despues de perpetrados tantos crmenes, supieron los facciosos que la division expedicionaria, procedente del cuartel general se acercaba, y abandonando la ensangrentada ciudad huyeron algunos a ocultarse y se retiraron los mas al Desaguadero; pero reforzados con 500 hombres armados de fusil y sobre 4000 indios con lanzas, macanas y

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hondas y diez piezas de artillera, tuvieron el atrevimiento de volverse a los altos de la Paz, y esperar en ellos a los veteranos que conducia el bravo general Ramirez. La escasez de vveres, de bagages, de dinero y aun de calzado detenian sensiblemente el paso a la columna de ese acreditado jefe, por manera que hallandose en Oruro tuvo la primera noticia de la prdida del Desaguadero. Provisto Ramirez de lo mas indispensable, en la forma que le fu posible, se dirigi sin descansar a la arruinada y desolada ciudad de la Paz, y el 2 de noviembre di vista a los enemigos en las inmediaciones del pueblo de Achocalla. La formacion de estos era la de un cuadro bastante irregular, con la izquierda apoyada a un barranco de la quebrada valle de la Paz, teniendo a retaguardia el cerro de Chacaltaya y algunas partidas de infantera y caballera diseminadas por el campo en distintas direcciones. La accion comenz por el fuego de caon de los facciosos, que las tropas del rey aguantaron con firmeza, y serenidad mientras se aprestaban tres de nuestras piezas de a 4; entonces dispuso Ramirez el ataque con inteligencia, y ejecutado con la mas briosa decision, puso pronto en completa derrota y con prdida a los contrarios, quedando en poder de los vencedores toda la artillera y municiones de los alzados, 184 fusiles y la bandera revolucionaria que habian sacado del Cuzco. La poca caballera realista y su mal estado no permiti sacar de la fuga de los vencidos todo el partido que su total dispersion ofrecia. Con este triunfo la ciudad de la Paz qued libre, encaminose a ella el general Ramirez y tuvo el desconsuelo de hallarla sembrada de cadaveres, cubierta de escombros y llenos de miseria sus habitantes. Ocupabase sin levantar mano de prestarla los socorros de que podia disponer y de poner arreglo y rden en su destrozado gobierno, cuando se le present una diputacion de dos elesiasticos enviados por los enemigos con proposiciones de acomodamiento; pero habiendo exigido el general preliminarmente de los cabecillas que se le entregaran las armas y lo robado en la Paz, cesaron las conferencias, retirandose tan precipitadamente a Puno los insurrectos que dejaron intacto el puente del Desaguadero y el abundante parque que alli habia. El 17 de noviembre continu Ramirez, su movimiento al norte. Al mismo tiempo que los revolucionarios del Cuzco enviaron expediciones contra Huamanga, Puno y la Paz, prepararon y despacharon otra contra la provinca de Arequipa, cuyo primer resultado fu desgraciadamente distinto del de las anteriores.

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Componiase esta de mas de 5000 hombres, de ellos 500 armados de fusil y el resto de lanza, macana y honda y bastante nmero a caballo con algunas piezas de artillera; capitaneados todos por el ya mencionado cacique de Chincheros el brigadier Pomacahua y por D. Vicente Angulo, hermano del presidente de los revolucionarios del Cuzco. Por desgracia la fragata Tomas, que conducia los auxilios que el virey marqus de la Concordia remitia de Lima, no se sabia hubiese aportado a ninguno de los puertos intermedios; y sin embargo el general Picoaga, el intendente Moscoso y el brigadier D. Po Tristan, mas animosos que prudentes, salieron a esperar la faccion a la Pacheta, 4 leguas de Arequipa, donde el 9 de noviembre arriesgaron un combate desigual con poca fuerza, sin instruccion, y lo que era peor descontenta. La resistencia fu de cortsima duracion, no obstante el valor personal de aquellos tres jefes, y los nuestros cedieron en breve el campo al enemigo fugandose cada uno por el camino y direccion que podia y se lo presentaba. Un destino tan adverso como cruel puso al general Picoaga y al gobernador intendente Moscoso en poder del enemigo, y ufano Pomacahua entr al dia siguiente 10 del citado noviembre en la capital de Arequipa, donde fu recibido con estrepitosos vivas y aplausos por los partidarios que contaba la revolucion, particularmente entre los eclesiasticos de los rdenes religiosos que alli habia. A los pocos dias de esta entrada triunfal se entregaron los indisciplinados enemigos a sus acostumbrados desmanes, saqueando indistintamente las casas, talleres, tiendas y almacenes, asi de los apellidados realistas, como de los que blasonaban de patriotas, y esta singular y estraa conducta contribuy eficazmente para que muchos de los adictos a la novedad mudasen sbitamente de opinion, bien alicionados por la triste y costosa experiencia que acababan de adquirir. La noticia de la derrota del general Picoaga y de la entrada de los facciosos en Arequipa caus en Lima la sensacion mas inexplicable. Nada se sabia del ejrcito, nada de la suerte de Ramirez y nada del estado de Chile. Muchos creian con harto fundamento decidida definitivamente la suerte del Per en favor de la revolucion, y seria de todo punto imposible pintar las animadas esperanzas de los desleales y las angustias que coreaban al noble y anciano virey y a todos los fieles que de corazon le ayudaban todavia a sostener el edificio del Estado que parecia medio desplomado sobre sus cabezas. Tan amarga situacion se deduce bien de estas palabras del virey. Sabase, dice, la ocupacion de la Paz y los desastres que en

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ella habian hecho los enemigos; pero se ignoraba la accion que se ha descrito y la consiguiente recuperacion de aquel punto. Tampoco se tenia noticia del comandante general Osorio en Chile, ni del estado de la guerra de aquel reino. Ignorabase la suerte de las rdenes que hasta por triplicado se habian pasado a aquel jefe, en conformidad de lo resuelto en junta de guerra para activar sus operaciones, y que en cualquier estado tratase con los insurgentes la negociacion mas decorosa, que pudiese alcanzar, para volar al socorro del general Pezuela y de sus valientes y benemritas tropas, y era en fin de recelar que reforzados en Jujuy y Salta los enemigos del rio de la Plata, en consecuencia de la prdida de Montevideo y con las considerables cuadrillas de rebeldes, que, sucedindose de continuo en los partidos, incomodaban y molestaban al ejrcito en trminos que, bien por falta de vveres por otros de los muchos accidentes que en prudencia eran temibles, ocasionasen su entera ruina y destruccion 1. Por fortuna no fu de larga duracion este terrible estado de sobresalto incertidumbre, porque tambien fu corta la permanencia de los alzados en Arequipa; pues inesperadantente noticiosos los enemigos de la derrota de sus compaeros en los altos de la la Paz y de que la brava division del general Ramirez continuaba avanzando, abandonaron la ciudad el 30 de noviembre y pasaron a situarse en Apo, punto en el cual se separan los caminos del Cuzco y de Puno. Todavia desde aqui los caudillos Pomacahua y Angulo despacharon una ridcula intimacion al general Ramirez, para que rindiese las armas de su mando al poder irresistible de la patria, decian, pintandole con falsedad al efecto que toda la costa hasta Lima se habia levantado contra la dominacion espaola y que el mismo vrey se hallaba ya preso. Por alarmantes que fuesen estas noticias, que de ningun modo rayaban en lo imposible, no era Ramirez hombre de dejarse imponer con facilidad; asi fu que, sin detener su marcha contest de palabra que iba personalmente a llevar la respuesta, indicacion bastante para que los facciosos se retiraran precipitadamente hacia el Cuzco a reunir con nuevas patraas a su numerosa y conmovida indiada, pero llevandose presos a los precitados Picoaga y Moscoso. El general Ramirez, restablecidas las autoridades legtimas en Puno como en la Paz, y libradas las prevenciones mas urgentes relativas a su mejor administracion, sin obstaculos ni enemigos que le
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disputasen el paso, se dirigi a Arequipa para restablecer tambien en esta capital y provincia el gobierno espaol y consolar a los buenos en lo posible de los desastres y malos tratamientos que acababan de experimentar. Encontr los campos de Apo sembrados de las piezas de artillera y otros efectos de guerra que por su volumen y peso no pudieron conducir los facciosos con la celeridad con que se ahuyentaron: di sus providencias para que todo se recogiera, y tuvo la satisfaccion de verse recibido en Arequipa como su verdadero libertador, con magnifico aparato, con el mayor entusiasmo y con muestras inequvocas del mas sincero jbilo. Detvose el general dos meses en Arequipa, falta inmensa y que mereceria la mas agria censura a no disculparla en parte las consecuencias de una marcha continuada de mas de 260 leguas, los muchos enfermos que couducia a causa tambien de la estacion y la absoluta necesidad en fin que tenia su tropa de vestuario y algun descanso. Despues de esta sensible demora volvio el general Ramirez a tomar la ofensiva para cubrirse de nuevos laureles, como se dira en su lugar, dejando pacificada la provincia menos el partido de Chuquibamba y parte del de Cailloma, que por su mayor cercana al Cuzco, foco de la rebelion, tardaron mas en reconocer su extravo. Entretanto los grandiosos acontecimientos que iban ocurriendo en Europa anunciaban un porvenir mas lisongero, terminando aquellos por el regreso al trono de Espaa del deseado Fernando VII, por el confinamiento del emperador Napoleon a la isla de Elva, por la proclamacion de Luis XVIII en Francia y por el establecimiento de la paz y alianza entre las potencias europeas, que prometian garantir la integridad de la monarqua espaola. Estos extraordinarios sucesos influyeron sin duda en la paralizacion que se advertia de parte de los revolucionarios de Buenos-Aires, pues no solo se notaba singular lentitud y tibieza en sus movimientos y operaciones, sino un Ienguage mas comedido y corts en sus escritos, como se observ en las comunicaciones que dirigieron al general en jefe del ejrcito real del Per, con motivo del cange de prisioneros que de antemano se habia entablado. Queda dicho ya que de resultas del ltimo choque verificado en fines de setiembre en la Quiaca con las partidas avanzadas de la provincia de Salta, y de las disposiciones que se adoptaban para perseguirlas con mayor vigor, se habian retirado a mucha distancia de nuestros puestos avanzados, y poco despues corri la noticia de que las tropas enemigas estacionadas en Jujuy y Salta habian recibido rden de replegarse a Crdova. Ademas del campo que abria a

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las conjeturas esta especie, cuando los espaoles notoriamente se hallaban imposibilitados de moverse por este frente, se advertia que los disidentes no repetian en sus mencionadas comunicaciones el clamoreo de la independencia como antes; y al contrario se extendan en reflexiones sobre la guerra que contra ellos sostenia el ejrcito real del Per por no haber reconocido, decan, un gobierno intruso, ni haber querido admitir una constitucion que el mismo rey acababa de desaprobar; concluyendo en fin que cuando fuesen oidos por el gobierno espaol con equidad y justicia esperaban defender convenientemente su conducta y aun sacar de ella la estimacion que creian merecer. Imposible parece que llegaran a usar de semejante lenguage los mismos hombres que tantos destrozos y tropelas causaron en los bienes y en las personas de los verdaderos defensores de los derechos de la Espaa y de su rey: entonces mismo ya los espaoles prisioneros en Montevideo se hallaban encadenados y destinados al servicio de barrer las calles, los cuarteles, los calabozos y los lugares mas inmundos sin distincion de clases ni categoras. Sin embargo, esa manera de decir parecia un seguro indicante de la debilidad en que se reconocian y de los temores que les inspiraba la paz de la Pennsula y la vuelta del rey a Espaa, de cuyas felices circunstancias, en verdad, no hemos tenido la fortuna de sacar el partido que se poda. El general Pezuela continuaba todavia en Santiago de Cotagaita, cuando el 6 de diciembre recibi por la va de Arica un parte del coronel de artillera D. Mariano Osorio, comandante en jefe de las tropas leales en Chile, en el que participaba haber derrotado a los Carreras y O-Higgins en Rancahua los das 1 y 2 de octubre, apoderandose en seguida de la capital de Chile, cuyos importantes sucesos produjeron la pronta pacificacion de este interesante reino. Una noticia tan fausta y de tanta trascendencia en aquellos crticos momentos dispuso el general Pezuela que se celebrara con la mayor solemnidad posible, pues libres de atenciones las tropas victoriosas en Chile podian destinarse algunas a reforzar el ejrcito del Per y ponerlo en estado de asegurar este vasto territorio, si los revolucianarios de Buenos-Aires persistian aun en su invasion y trastorno, de que pronto dieron claras muestras desmintiendo la especie de la retirada a Crdova de los cuerpos avanzados a Jujuy y Salta, tal vez esparcida por ellos mismos con el intento de adormecer la vigilancia de nuestros jefes. Lo cierto fu que lejos de pensar en la marcha retrgrada de estos cuerpos los reforzaron con otros, los extendieron por escalones hasta Humahuaca, y avanzaron a Yavi un

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batallon y alguna caballera como vanguardia, la que se estableci all en el mismo diciembre a las rdenes del caudillo Gemes. De este modo se proponian volver a continuar la guerra en el alto Per, sublevando de nuevo sus provincias y auxiliando a los muchos indios partidarios de la revolucion que, acaudillados por distintos cabecillas, hostilizaban barbaramente los pueblos, cometiendo en ellos toda clase de crmenes, y sostenian contra las columnas volantes del ejrcito choques a veces muy empeados, no obstante las prdidas que casi siempre sufran, porque alimentaba su entusiasmo la esperanza de verse prontamente protegidos y aun vengados, como se les decia, por un poderoso ejrcito de la patria, cuya vanguardia en efecto habia llegado a Yavi.

CAPITULO VII.

Gemes abandona a Yavi.Ejrcito de Rondeau.Descubre en l una conspiracion.Paraliza sus movimientos. Padilla en Presto.Sorpresa de Tejada.Revs de los realistas cerca de Cinti.Astucia del coronel enemigo Rodriguez.Su libertad.Noticias de Chile.Una carta notable.Los alzados son rechazados en Palcagrande. Prevenciones del virey.Motivos de la detencion de Ramirez en Arequipa.Triunfo de Barra.Desgraciada contrarevolucion en Tinta.Sale Ramirez para Lampa.Triunfo de Matara.Batalla de Humachiri.Sus consecuencias.Ramirez en l Cuzco.Gonzalez (D. Vicente) en Audahuailas y Abancay. Gonzalez (D. Francisco de Paula) en Chumbivilcas.-Es nombrado gobernador de Puno.Motivos. Una comunicacion de Rondeau. Rumores sobre la expedicion de Morillo.Derrotas de facciones en la Laguna y Tabaconuo.Perfidia de los enemigos.Retirada de Pezuela a Challapata.Consiguiente abandono de Potos, Chuquisaca y Cochabamba. Resolucion herica de esta guarnicion.Derrotas de los facciosos en Azangaro y Asillo.Idem en Marcapata.Nuevo refuerzo de Chile.Preparativos contra Oruro.Terminante prevencion del virey.Acuerdo en junta de guerra.Proyecto de Rondeau.Refuerzos en el cuartel general. Recibimiento de la division Ramirez.Nuevo destino de la expedicion Morillo.Tropas peninsulares.Aprestos ofensivos de Arenales.Acuerdo en junta de guerra.Error que padeca la junta.Reserva inoportuna del virey.Nuevos antecedentes sobre

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el plan del enemigo.Pezuela en Sorasora.Rondeau en Ayohuma.Accion de Venta y Media. Derrota de Camargo y de Zarate.Noticias satisfactorias de Europa. AO DE 1815.

Establecido Gemes en Yavi en diciembre del ao anterior, tan prximo a las posiciones del ejrcito del rey, era natural y consiguiente que el general Pezuela no lo dejase disfrutar de tranquilidad por largo tiempo, porque desde all tenia mayor facilidad de atizar el fuego de la rebelion en las provincias inmediatas, harto conmovidas ya. En consecuencia el coronel D. Pedro Antonio Olaeta con los batallones de Cazadores y Partidarios, un buen escuadron y dos piezas de artillera, recibio orden de buscar dedididamente a Gemes; mas noticioso este del movimiento decamp de Yavi a media noche, se retir a Cangrejos y continuo desde aqui su repliegue a Humahuaca, segn oficialmente particip Olaeta en 25 de enero al general en jefe establecido en Santiago de Cotagaita. Nuestra caballera todavia hizo algunos prisioneros y recogi algunos pasados del enemigo. Casi al propio tiempo dos de nuestros escuadrones recuperaron a Tarija, con alguna prdida de parte de los contrarios entre muertos, prisioneros y pasados. Por las declaraciones contestes de estos, resultaba que el ejrcito de Buenos-Aires destinado contra el Per, se componia de los cuerpos nmeros 1, 2, 8 y 9, constando este de 800 espaoles de los prisioneros de Montevideo, los batallones de Cazadores y Libertos, dos escuadrones de granaderos y una numerosa artillera, como 6,000 hombres en todo al mando del general Rondeau. Si estas fuerzas bien dirigidas hubiesen maniobrado entonces contra el ejrcito real, muy disminuido por la desercion, por los destacamentos empleados en la persecucion de las facciones que se multiplicaban, y particularmente por la division escogida con que el general Ramirez habia pasado al nrte del alto Per, el general en jefe se hubiera visto obligado a replegarse sobre el Desaguadero dejando a discrecion del enemigo todas las vastas y ricas provincias del Per alto, que le ofrecerian inmensos recursos; pero un peligro tan inminente y de consecuencias tan inevitables fu felizmente paralizado por un proyecto de insurreccion que, si llega a tener completo efecto, hubiese sido terrible para el ejrcito de Rondeau.

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El cuerpo formado de los espaoles prisioneros de Montevideo, trataba de sublevarse en Jujuy, apoderarse de la persona del general Rondeau, desarmar al nmero 2 que se hallaba all y venir a incorporarse con las tropas de Pezuela; mas descubierto este pensamiento, como suelen serlo todos los que dependen del secreto de muchos, fu prevenido por la prision de los jefes y del gobernador de Salta, que estaban de acuerdo, desarmada seguidamente la tropa y remitida al Tucuman bajo la custodia del citado nmero 2. Igual suerte sufrieron sobre 200 hombres del nmero 1 estacionado en Humahuaca, pues habindose traslucido que este cuerpo estaba conforme en secundar el movimiento de los espaoles, fueron desarmados y conducidos a retaguardia los individuos de tropa que inspiraban menos confianza. Por manera que con tan inesperada desmembracion de fuerza, con los recelos que debian infundir los proyectos descubiertos y con las bajas qu habia experimentado Gemes en la retirada de Yavi, entre prisioneros, pasados y desertores, quedaron los independientes imposibilitados por de pronto de tomar la ofensiva contra el Per. En cambio, si el general Pezuela hubiese podido tener reunido y disponible su ejrcito, la ocasion era oportunsima para una ventajosa invasion en las provincias de abajo, y aun lleg a ser tan general esta idea que pasaba como cosa cierta, el que el virey marqus de la Concordia habia prevenido al brigadier Osorio, presidente interino de Chile, que cruzara la cordillera con 3,000 hombres, descendiera a Mendoza y amagara a Crdoba, movimiento a la sazon bien entendido, si el ejrcito del alto Per pudiera tomar en l por su frente la parte que le correspondia; mas tampoco por la de Osorio lleg a tener efecto el anunciado movimiento. Como a mediados de enero cay el caudillo Padilla sobre el pueblo de Presto en la provincia de Charcas a 15 leguas de Chuquisaca, donde se hallaba destacada la compaa de tiradores del batallon del Centro. Nuestros valientes soldados, despues de un largo combate, lograron rechazar al enemigo, pero enardecidos ya incidieron en la temeridad de salir del pequeo y dbil fuerte para perseguirlos. Entonces Padilla, reanimando a los suyos, visto el corto nmero de los realistas, vuelve furiosamente sobre ellos, los agovia con su nmero, consigue matar al capitan, al subteniente y 16 individuos de tropa, y pone el resto en huida, acabando por obligar al teniente D. Claudio Ribero a entregarse a discreccion con el resto de la compaa. Este oficial era hermano de D. Felipe, que ha venido a continuar sus servicios a la Pennsula y es actualmente, como se ha

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dicho, teniente general y senador del reino. Ufano Padilla con el triunfo alcanzado daba muestras de prepararse a acometer a Chuquisaca, auxiliado de una numerosa indiada casi siempre pronta a seguir al vencedor; mas tan luego como se recibieron en el cuartel general las noticias de sus preparativos, se destinaron a Charcas 300 hombres para obrar de concierto con la guarnicion de dicha capital. Apercibido Padilla de este refuerzo, se repleg a las montaas para emprender desde ellas sus devastadoras correras, as que se retirara la tropa remitida contra l. El 14 de febrero se supo en el canton de Mojos, por un sugeto procedente de la provincia de Salta, que el general Rondeau, que se hallaba con algunos cuerpos en Huacalera, habia comenzado el 3 del propio mes un movimiento retrgrado hacia Jujuy, y que se decia lo continuaria hasta el Tucuman en virtud de mandato expreso de su gobierno, el cual trataba de trasladarse a Crdoba temiendo amenazada la capital de Buenos-Aires por los blanquillos, nombre que daban a los soldados peninsulares. Como antes de este movimiento habia confiado Rondeau el mando de su vanguardia al coronel D. Martin Redriguez, mayor general de su ejrcito y oficial de bastante crdito entre los suyos, se habia adelantado este jefe al puesto de Tejada con 50 dragones. El comandante D. Antonio Vigil, que se hallaba en Yavi con el escuadron de Cazadores que mandaba, tom sus disposiciones para sorprenderlo y lo logr completamente el 19 del mismo febrero con muerte de un oficial y 20 individuos de tropa y haciendo prisioneros los restantes con el coronel Rodriguez, un capitan, dos tenientes y un alferez. De las declaraciones de estos apareca que Rondeau estaba en desacuerdo con el gobierno de Buenos-Aires, y que las provincias de Santiago del Estero y de Crdoba hasta los fuertes fronterizos a los indios bravos habian comenzado a declararse en favor de los derechos del rey Fernando VII. En una de esas declaraciones, a las que tal vez se daba mas crdito del que en realidad merecan, se aseguraba que una expedicion espaola debia de salir de rio Janeiro para Montevideo en el prximo diciembre. En el propio mes de febrero los indios alzados del partido de Cinti que acaudillaba el mestizo Camargo, fueron alcanzados y dispersados por una de nuestras columnas expedicionarias; pero al replegarse esta al valle de Cinti, cargada de botn, embarazada con el mucho ganado lanar que conduca en el desrden consiguiente a una desmedida injustificable confianza, fu acometida en los pasos angostos del transito por los mismos indios velozmente reunidos y

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muy conocedores del terreno, quienes envolvieron luego la guardia de prevencion, que venia muy a retaguardia, mataron al coronel de granaderos que con 18 hombres volaba a su socorro, y fueron despues apoderandose de varis oficiales y tropa dispersos sin que unos a otros pudiesen favorecerse. Tan imponente se iba haciendo la insurreccion de los indios, no obstante las considerables prdidas que frecuentemente experimentaban, porque los revolucionarios de Buenos-Aires procuraban alimentar su fanatico entusiasmo con la esperanza de enviar pronto en su auxilio un poderoso ejrcito, que los librara de la opresion que no experimentaban ciertamente, y con hacer correr entre ellos otras especies mas ridculas, como la de que la vuelta del rey al trono era una pura invencion de los arbitrarios mandones del Per. Sabian bien los revolucionarios que los indigenas en general eran afectos al rey y les importaba mucho mantenerlos en el engao respecto de su libertad; mas si la expedicion del general Morillo, de cuyos aprestos se empezaba ya a hablar, se hubiese presentado sobre las costas del rio de la Plata, la consiguiente ocupacion de Buenos-Aires habria producido con toda probabilidad la pacificacion de la mayor parte de la Amrica meridional. El astuto coronel Rodriguez, prisionero en Cotagaita, no tard en comprender la posibilidad de abusar de la buena f del general en jefe del ejrcito real. Con este intento le dirigi una maosa comunicacion expresando en ella que tanto l como los hombres influyentes de su gobierno se lanzaron en la revolucion por no someterse a un dominio extrao, pues creian que la dinasta de Napoleon llegaria al fin a reinar en Espaa; que si aun despues de sabida la libertad del rey continuaban la guerra era por la persuasion en que se hallaban de que no seria bien recibido S. M. estando la nacion dividida en tres fuertes partidos, de los cuales habiendo prevalecido el liberal se decia que el rey se habia visto obligado a refugiarse en Portugal: pero que instruido del contenido de las gacetas y demas papeles pblicos que se le habian franqueado, estaba convencido de la falsedad de aquellas noticias, as como de que toda la Pennsula se hallaba tranquila y sumisa al rey. En esta virtud no solo se declaraba l por el partido del monarca, sino que tenia fundados motivos para asegurar que si el general Rondeau se impusiese de la verdad de los hechos entraria en algun amigable y decoroso acomodamiento. Sorprendidos los buenos dseos del general Pezuela por semejante razonamiento, y animado con las ventajas que de ello podian y debian resultar a la causa espaola, que el sagaz Rdriguez supo,

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con falsas promesas y aun fingidas lagrimas, inculcar en el noble corazon del general en las dos tres conferencias personales que le permiti, no tuvo reparo en abrir relaciones con el general enemigo Rondeau. Al efecto, y al parecer con sobrada ligereza, di Pezuela la libertad a Rodriguez y lo despach el 13 de marzo con pliegos para el enemigo, hacindolo acompaar hasta Yavi, que ocupaba nuestra vanguardia, por el teniente coronel su ayudante y pariente D. Javier de Olarria, mantenindose el cuartel general en Cotagaita en espera del resultado de esa mision. Los disidentes, siempre fecundos en discurrir arbitrios que pudiesen contribuir a paralizar los movimientos ofensivos de las armas espaolas, habian hecho tambien proposiciones pacificas al gobernador presidente de Chile el brigadier Osorio, y en la madrugada del 19 de marzo lleg al cuartel general de Cotagaita un oficial con pliegos para el general en jefe, en los que le participaba Osorio la contestacin negativa que habia dado a dichas proposiciones, y le anunciaba que con las tropas de su mando se pondria pronto en marcha para Mendoza, adonde podria dirigirle su respuesta; le deca. No era facil comprender el verdadero significado de esta indicacion, situado en Ctagaita el general Pezuela, absolutamente desprovisto de recursos y medios suficientes para tomar la ofensiva con esperanza de buen xito. La via, pues, de comunicacion mas directa con Mendoza era la de Arica a Chile, que el oficial portador de los pliegos de Osori haba traido. Mas el pensamiento de Osorio, en cuanto al movimiento de que trataba, se confirmaba en cierto modo por la declaracion de uno de nuestros soldados fugado del campo enemigo por este tiempo, el cual aseguraba que era voz muy valida entre los independientes el que el gobernador de Mendoza San Martin habia sido derrotado por las tropas reales de Chile. Esta especie de todo punto falsa, como result, si no era un medio mas excogitado para inspirar descuido en nuestros jefes, podia sacar su origen del verdadero importantsimo triunfo, obtenido por Osorio en Rancahua en fines del ao anterior. Era tambien en extremo notable que el soldado, de quien se acaba de hacer mencion, condujese una carta de los jefes de los batallones enemigos nmeros 2 y 9 para el comandante de nuestra vanguardia, asegurandole que, si se les aproximaba, se le pasarian con sus cuerpos, y al efecto incluian un plan de seales para reconocerse. Mas el general en jefe, con presencia de esta noticia, no solo reforz a Olaeta con 200 hombres y dos brigadas de artillera, sino que tom disposiciones para mover todo el ejrcito y

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salir al encuentro de los enemigos, si avanzaban, pues era notorio que reinaba entre ellos grande descontento y experimentaban considerable desercion. Pero mientras se comunicaron las referidas disposiciones y se preparaba su ejecucion, cayeron bruscamente los indios del partido de Cinti sobre la columna acantonada en Palcagrande, la que consigui rechazar y derrotar a los agresores causandoles mucho estrago. Averiguse facilmente que los indios obraban en virtud de combinaciones y rdenes del general Rondeau, cuyo plan apareca ser que en todos los puntos sublevados se acometiese a las tropas del rey simultaneamente, si era posible, disposicion que bien ejecutada favoreceria mucho sus movimientos, y que impuso mayor ciccunspeccion y conveniente detenimiento a nuestros jefes. Esto pasaba del lado del Sur al mismo tiempo que por el Norte la fortuna se mostraba protectora de los esfuerzos espaoles. Contando el virey con que el general Ramirez, en algunos dias de descanso en Arequipa, podria habilitar su tropa de calzado y vestuario para emprender de nuevo su marcha contra el Cuzco, previno en 3 de enero al coronel Gonzalez que por la ruta de Huamanga avanzase hasta Andahuailas y mas adelante si podia, operacion bien entendida y que habia de causar una til diversion al enemigo. Con este fin, y para desembarazar a Gonzalez de los cuidados del mando poltico, nombr el virey gobernador intendente de Huamanga y segundo comandante general al coronel D. Narciso Basagitia, remitiendo tambien algunos destacamentos para reforzar a Gonzalez y 200 fusiles para armar una corta guarnicion en Huamanga. Este movimiento no pudo ser emprendido tan pronto como se quera, porque los refuerzos remitidos al efecto sufrieron atraso en su marcha, y por haber cargado considerable nmero de insurrectos por los caminos de Cangallo y del Cuzco envalentonados con haber destruido la descubierta de la Atalaya por la imperdonable imprudencia con que, por sobra de arrojo, traspas sus instruciones el subteniente que la mandaba, de cuyas resultas los enemigos hacan molestas correrias en el partido de Tayacaja, y Gonzalez desconfiaba, mas que del poco nmero de su gente, de la falta de instruccion y de disciplina de los milicianos de Huanta aunque muy fieles. Esperando el virey que los auxilios remitidos al valiente Gonzalez lo pusiesen en estado de tomar la ofensiva, como le habia prevenido, recibi una comunicacion del general Ramirez de 12 de enero manifestandole que su detencion en Arequipa no la ocasionaban ya ni el

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descanso del soldado ni la reposicion de las prendas que necesitaba, sino el recelo que inspiraban la creciente insurreccion del inmediato partido de Chuquibamba y la reunion de mas de 10,000 facciosos en Sicuani, juntamente con los cuidados que reclamaba la interesante conservacion de Arequipa, nica via por donde se mantenia alguna comunicacion con el general Pezuela. El virey no pudo disimular el disgusto que le causaba la demora de la division Ramirez en Arequipa, no obstante las respetables causales que la motivaban, porque la insurreccion volvia a extenderse a punto que un grueso trozo de facciosos se acerc amenazando al Desaguadero; si bien el comandante Barra con 118 hombres montados sali en su busca, los alcanz en las orillas del Mauri y los derrot seguidamente. En este estado estall en Tinta una contra-revolucion que, aunque desgraciada para los leales vencidos por los enemigos, aument las atenciones de estos y les oblig a concentrarse dejando as en mayor sosiego a Puno, el Desaguadero y la Paz. En fin el animo agitado del virey recibi algun consuelo con un oficio de Ramirez de 25 de enero en el que le participaba su inmediato movimiento sobre el partido de Lampa, dejando de gobernador de la provincia de Arequipa al brigadier D. Pio Tristan, con la noticia oficial de Gonzalez de 4 de febrero del triunfo que habia obtenido en Matara. En efecto luego que se incorpor en Huamanga la tropa que habia salido de Ica con el comandante Alvarado, dispuso Gonzalez salir contra los enemigos de Tambo, pero dejando guarnecida la capital de Huamanga. A principios de febrero nuestro bravo comandante empe una accion contra gran nmero de indios alentados con la proteccion de 350 fusileros cuzqueos y huamanguinos y confiados en la aspereza de la altura llamada del Inca de la que estaban posesionados. El choque fu obstinadamente sostenido por espacio de hora y media que, acometiendo denodadamente los soldados de Talavera, qued el campo por los realistas con toda la artillera enemiga, 90 fusiles y algunas municiones, despues de causar a los insurrectos bastante prdida de gente y de poner el resto en dispersion. Este suceso fu oportunamente feliz, pues en la misma noche del dia en que Gonzalez dej a Huamanga, grandes trozos de indios alzados acometieron la ciudad por los puntos de Belen, Santa Clara, Santa Teresa y Carmenga, los cuales, aunque bizarramente repelidos hasta las alturas inmediatas, cortaron las fuentes y la comunicacion con la villa de Huanta; por manera que a no haber sido afortunado Gonzalez en Matara y cuesta del Inca la ciudad de Huamanga habria cuando menos

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experimentado los horrores de un sitio. No solo ofreci esta ventaja el triunfo de Matara, sino que produjo en varios pueblos el mas saludable desengao, tratando algunos de presentarse en solicitud de gracia; pero los rebeldes mas obstinados de Chiara lo impidieron entregando presos a sus caudillos a los mas pronunciados en favor de la causa de Espaa. Esta conducta movi a Gonzalez irritado a marchar con 240 hombres y un caon de montaa contra Chiara, que hall abandonado y redujo a cenizas: persigui a los facciosos luego, dice el virey, por mas de siete leguas desalojandolos de los tres puntos Ricamachay, Atuntcto y Atuahara con prdida de cerca de 300 hombres, entre muertos y heridos de los 4,000 que formaban este grupo; con lo que los rebeldes de aquel lado quedaban atemorizados y la causa del rey haciendo mayores progresos.1 Entretanto el general Ramirez, descansada, repuesta y equipada su division, habia marchado de Arequipa a Lampa sin enemigos que le disputaran el paso, ni esperimentar otras incomodidades que las propias de la estacion, y habia continuado su movimiento en busca de los insurrectos del Cuzco, que capitaneados por Pomacahua y Angulo, el primero titulado ya capitan general Inca, marqus del Per, y el segundo teniente general conde de la Estrella, lo esperaban en los altozanos de Humachiri y Santa Rosa. Su fuerza se componia de mas d 500 fusileros, 37 piezas de artillera y muchos miles de indios a pie y a caballo; pero Ramirez, que conoca aquella guerra, que no ignoraba el poco respeto que aun mereca entonces la superioridad numrica y que sabia apreciar la calidad de los pocos soldados que mandaba continu con laudable firmeza en la ejecucion del plan que se habia propuesto. En la maana del 11 de marzo se avistaron los contendientes en las margenes del ro Humachiri, que corre por all del oeste al este, las tropas de Ramirez alejaron pronto un grueso de caballera que ostentaba defender el vado, y pasaron al lado del norte que ocupaban los contrarios, dispersando a poca costa algunas partidas que se hallaban situadas en las inmediaciones del pueblo de Humachiri, que da nombre al mencionado ro y que se lo di tambin a la famosa jornada de este dia. Flanqueado un altozano que ocultaba la marcha do los realistas, descubrieron estos la llanura que atraviesa el rio Llalli desde el pueblo de Cpi hasta la confluencia del rio Ayaviri, donde entra en el llano de Santa Rosa de mayor extension y cercado de cerros, en los cuales los enemigos se hallaban situados en gran nmero y con bastante inteligencia.
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Para observar sus movimientos ocup Ramirez otra altura a la derecha del rio Llalli, y di conveniente colocacion a la artillera. Los enemigos en un nmero asombroso, que se comput en mas de 20,000 se aproximaban por la derecha a tiempo que tres grandes cuerpos de gente a caballo indicaba acometer, y as fu que vadeado aquel rio cargaron por la izquierda la guerrilla que les hacia frente. Apenas se reforz esta, contina el virey, cuando otro trozo se diriga por el costado derecho, al cual se destac con celeridad la compaia de granaderos del primer regimiento, cuyo valor y firmeza por el tiempo de la accion puso un dique a la atrevida empresa del enemigo, destruyendo la idea de batir entre dos fuegos el campo de Ramirez. Otro grupo de cerca de 1,000 hombres de todas armas, por el pueblo de Humachiri que quedaba a la espalda, se encamin, en conformidad de su combinado plan de ataque, por retaguardia del mismo morro; pero estrellandose en las guerrillas qu guardaban el campo pr la valientsima defensa en que trabajaron hasta las mugeres de los soldados, se frustr el proyecto con la mayor ignominia de los emprendedores. Vencidos otros obstaculos, la columna pas a ocupar las margenes del Llalli a pesar del vivo fuego que se oponia a su transito. Las dos piezas mandadas apostar por Ramirez hicieron claros suficientes para vadear el rio, cuyo caudal de agua, que llegaba al pecho, arrebat y ahog a muchos valientes defensores de la causa del rey y del honor de su patria; mas ni este triste espectaculo, ni la fatiga ni el riesgo arredraron sus pasos, cobrando en cada uno mucho aliento para acometer a la muchedumbre que tenan a la vista. El enemigo en extendida batalla y a marcha redoblada venia a caer en el punto preciso, en que con rapido paso desfilaba la tropa de Ramirez para volver a su antigua posicion, y recibiendo con denuedo el mpetu de la carga sostuvo el fuego por un cuarto de hora, que nicamente pudieron resistir en defensa del puesto elegido; huyen para buscar la seguridad en las sierras, pero a pesar del rden con que lo ejecutaban empezaron a perder algunas de sus piezas, a que se sigui luego el desrden: desparramados de esta manera por el campo eran castigados por las guerrillas. La columna march hacia las sierras donde, por la mayor reunion del enemigo, era probable quisiese hacer la ltima resistencia, pues ya habia colocado en ellas algunas de las piezas que le quedaban, y desde cuyo punto hacian un vivo fuego a las guerrillas avanzadas de la izquierda con el fin de proteger la reunion de un considerable trozo batido y dispersado por las propias guerrillas. En este preciso

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momento las reforz el general con la primera compaa de fusileros hizo subir el resto a las alturas, quedandose con 100 hombres para atender a los diversos puntos por donde se hallaban esparcidos. Lo inesperado del acometimiento sorprendio al enemigo, y su asombro le hizo abandonar la ventajosa posicion que ocupaba; pero todavia necesitaba otro golpe mas sensible para acabar de destruirlo, y este fu a la espalda del mismo cerro hasta donde le perseguian las tropas del rey. Al observar entonces los rebeldes el empeo del corto nmero que les seguia volvieron a rehacerse para cargar con despecho sobre el nmero de soldados que la fatiga, el cansancio y la sed habia reducido a muy corto, y una partida crecida de caballos se encaminaba a cortarlos. Advertido de este movimiento el general, fu preciso que l mismo se moviese con el piquete con que se habia quedado. En esta disposicion se empea acaloradamente el combate, cuyo resultado fu completar la victoria poniendo en desconcertada y violenta fuga a los rebeldes por los fragosos altos de Macari y Cordillera de Santa Rosa. La noche que sobrevino luego a esta tropa distante de su campo mas de tres leguas de camino, y este cubierto de gruesos pelotones de enemigos, oblig al general a replegarse a la mayor inmediacion de l, hallandose muchos de nuestros bravos soldados desabrigados. Asi pasaron la noche al descubierto hasta llegar el dia, que emplearon en recoger 37 piezas de artillera con otras armas, municiones y pertrechos de que el campo estaba sembrado, como tambien de cadaveres. 1 Con muchsima razon exclama el mismo virey que se compare esta accion con las antiguas y modernas que han dirigido los mas habiles generales: que se examinen sus circunstancias y los gloriosos resultados de unas y otras, y se vera que por la desigualdad en el nmero de los combatientes, por los obstaculos que los leales tuvieron que vencer, y por la calidad de unos y otros contendientes, casi todos parientes y relacionados por particulares intereses, la victoria de Llalli y mejor dicho de Humachiri, porque este fue el nombre que le di el vencedor, es un fenmeno extraordinario, un prodigioso presente con que la fortuna quiso sealar la acendrada lealtad y fidelidad de nuestros soldados cuzqueos. No son menos portentosos sus efectos, aade, pues comunicandose como la luz del relampago las noticias del triunfo, los pueblos, libres del freno que les habia puesto el terror, se empean en la persecucion y aprehension de sus opresores: presentan aquellos algunos de los principales
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rebeldes al general y continuando su marcha, despues de dejar hechos algunos escarmientos, se prepara en el Cuzco igual semejante ejemplar al del pueblo de Sicuani. Una parte de aquel oprimido vecindario concibe el proyecto de recobrar su libertad en el acto mismo en que los tiranos publicaban sus providencias para resistir la entrada de las tropas en aquella capital: la muchedumbre carga sobre los intrusos mandones, los persigue, los ata y cargados de cordeles y de humillaciones, los ponen ante el general D. Juan Ramirez, que ocup el 25 de marzo la ciudad entre las aclamaciones y aplausos de los fieles. Reparar el desrden y los daos que en el gobierno habia ocasionado la revolucion del Cuzco, en los cerca de ocho meses de su cautiverio, demandaba tiempo y tiempo considerable, si se atiende al absoluto trastorno que padecieron todos los ramos; mas Ramirez lo redujo a poco mas de dos meses, despues de haber surtido de las prendas mas necesarias al soldado para emprender nueva marcha al ejrcito de operaciones, situado por entonces en Challapata con la expectativa de recibir este y los auxilios de Chile, que empezaron a desembarcar en Arica a mediados de abril del propio ao. Solo falt por complemento de esta accion que los premios hubiesen corresponidido al mrito, a mis deseos; pero no permitindolo las estrecheces del erario, el gobierno hizo cuanto pudo para que no quedase absolutamente olvidado, y entre los arbitros discurridos fu el de la reparticion de tierras, el que pareci mas grato a oficiales y soldados, segun el rden de sus grados.1 En efecto, recibida en el Cuzco la noticia de la insigne victoria de Humachiri, y cuando los jefes de los insurrectos se preparaban todavia a la resistencia, el espritu realista espaol cobr aliento y el 18 de marzo estall una decidida contrarevolucion, de cuyas resultas fueron presos los cabezas Angulo, Bejar, Becerra y Resl; se restableci el gobierno legtimo y la ciudad di inmediatamente cuenta de este suceso al general victorioso, en marcha ya para dicha capital. Como despus de aquella gloriosa jornada los indios de Ayaviri apresasen al fugitivo cacique y brigadier por S. M. Pomacahua y lo entregasen al general, ste lo hizo pasar por las armas en Sicuani, y remiti su cabeza al Cuzco en respuesta del mensage recibido. El 25 del mismo mes entr el general Ramirez en la capital del Cuzco, acompaado de su valerosa division cubierta de laureles, y cuatro dias despues, el 29, fueron castigados como
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merecian todos los referidos caudillos. Parecia de todo punto justo que, ademas de la vindicta pblica que reclamaba el pronto y ejemplar castigo de los crmenes que habian cometido esos malvados, recibiesen esa satisfaccion expiatoria los manes de los ilustres general Picoaga intendente Moscoso. Estos dos distinguidos espaoles americanos que, como se ha dicho, tuvieron la desgracia de caer en poder de los enemigos despues de la derrota de la Pacheta; y fueron conducidos presos al Cuzco, asi que los revolucionarios se convencieron de que no les era posible obtener de su herica fidelidad, ni con halagos, ni con ruegos, ni con amenazas, que aceptaran los grandes partidos que les proponian, los mandaron barbaramente ejecutar a escandalo general y con notorio sentimiento de muchos de los sublevados. En el tiempo que el general Ramirez permaneci en el Cuzco, no solo se ocup del arreglo del gobierno poltico y militar de la provincia y d exigir de los pueblos nuevo juramento de fidelidad al rey sino de los aprestos concernientes al regreso de su division al ejrcito de operaciones. El entendido virey espidi tambien, con tanta oportunidad como poltica, un indulto a nombre del monarca a todos los alzados que se presentasen a las respectivas autoridades, los cuales en gruesos pelotones infestaban los caminos y obstruian las comunicaciones. Al mismo tiempo el coronel D. Vicente Gonzalez adelantaba en la pacificacion de los partidos de Andahuailas y Abancay, auxiliado de los vecinos honrados, y el coronel de milicias D. Francisco de Paula Gonzalez, electo gobernador intendente de Puno, conseguia igual resultado en el de Chumbivilcas. Escarmentados, pues, los indios alzados con las prdidas que habian experimentado y las ltimas derrotas que sufrieron en el cerro de Sansau y en los altos de Tocto y de Livitaca, se presentaban tantos acogindose al indulto concedido que, segun deca al virey el citado D. Francisco de Paula Gonzalez, la total pacificacion de la insurreccion del Cuzco era ya obra de poco tiempo. El nombramiento de Gonzalez para servir el gobierno intendencia de la provincia de Puno reconocia un sensible origen que es preciso no omitir. Despues de la derrota de los facciosos del Cuzco y Puno en los altos de la Paz y en las orillas del Mauri, era opinion muy valida que los dispersos habian llevado muchas armas a los pueblos, las cuales por providencia general se habian mandado recoger. El jefe superior que gobernaba en Puno no habia procedido en la ejecucion de esa rden con aquel pulso y prudente consejo que la medida y las circunstancias reclamaban, y la injustificable conducta

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de los comisionados al efecto exasper la paciencia de los vecinos del pueblo de Capachica, en el partido de Huancan, de cuyas resultas fueron alli sacrificados mas de 20 hombres leales. Como el descontento no se circunscribia al pueblo slo de Capachica, alcanz la convulsion a la misma capital de Puno, cuyos vecinos armados contra el intendente por las faltas que le atribuian, lo redujeron a la triste necesidad de abandonar su puesto dejando entregada la poblacion a la suerte y los desrdenes de la anarqua, como exponia el ayuntamiento al virey con fecha 23 de marzo. Tal fu el motivo que produjo la eleccion de Gonzalez para el mando de la provincia de Puno, de la que mas adelante se felicitaba el mismo virey. Mientras el general Ramirez abria la comunicacion del Cuzco con el coronel D. Vicente Gonzalez que entendia en la pacificacion del partido de Cangallo, sea Vilcashuaman, con tan empeosa actividad como constante obstinacion rebelde manifestaban sus bravos naturales; y mientras el nuevo jefe superior de Puno restablecia la tranquilidad en los partidos del Collao a consecuencia de los mas exquisitos incesantes esfuerzos, el cuartel general de Pezuela permanecia en Santiago de Cotagaita, donde el 3 de abril se recibi contestacion del general Rondeau a las comunicaciones que habia conducido su Mayor general Rodriguez, como queda referido. En ella decia el caudillo enemigo nicamente no tener reparo por su parte en tratar de cange de prisioneros, y en una posdata que el mismo Rodriguez escribia de su puo, se hacian indicaciones sobre la conveniencia de un acomodamiento pacfico, a fin d poner trmino a una guerra fratricida, pero sin adelantar base alguna al intento. Sin embargo, el general en jefe autoriz al comandante de la vanguardia para tratar con los enemigos de los preliminares de un convenio de paz, y aun se lleg a confiar en un resultado favorable, porque del peridico de Buenos-Aires, El Independiente del 7 de marzo anterior, aparecia que la guarnicion de Montevideo se habia retirado a la capital, y se renovaban los rumores de una espedicion peninsular con destino al rio de la Plata al mando del acreditado D. Pablo Morillo. Ya por este tiempo, y en conformidad del plan dispuesto por los enemigos para un ataque general, el cabecilla Padilla se habia acercado a la capital de Charcas con su faccion, y Zarate y Navarro a Potos con las suyas; mas alcanzado el primero en la Laguna fu derrotado por una columna de 600 hombres de la guarnicion de Chuquisaca, y los otros dos sufrieron igual suerte en Tabaconuo, a dos leguas de la villa de Potos, por su corta guarnicion y el

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vecindario fiel armado. Con estos reveses y con el temor de nuevas tropas que inmediatamente se remitieron de Santiago de Cotagaita, los alzados se alejaron refugiandose a sus conocidas breas. En consecuencia de la prevencion arriba indicada del general Pezuela, el coronel Olaeta, comandante de la vanguardia, despach un oficial parlamentario al general disidente Rondeau, comunicandole oficialmente hallarse autorizado en forma para tratar de la composicion amistosa propuesta por su mayor general Rodriguez. El caudillo enemigo contest no tener antecedente alguno de la composicion amistosa de que Olaeta le hablaba, y en su correspondencia con el general Pezuela solo habia tratado del cange de prisioneros. El desengao del caudillo espaol debi de ser cruel, viendo desvanecidas las esperanzas que hubiese concebido de un acomodamiento pacfico, fundandose en las promesas y falsas lagrimas del mayor general Rodriguez, creido sin duda alguna con sobra de buenos deseos. Mas si de la posdata escrita por Rodriguez al general Pezuela en la carta de Rondeau no resultase estar este enterado de las oficiosas promesas de su mayor general, todavia no era creible que ignorase el artificioso medio de que dicho jefe se habia valido para conseguir la libertad y presentarse en su ejrcito. Como quiera es un hecho que este prfido, que con exquisita hipocresa habia conseguido abusar de la nobleza de Pezuela, mientras la vanguardia descansaba en la suspension de hostilidades que el general en jefe habia ordenado por ocho dias, termino sealado para que Rondeau contestara definitivamente sobre las bases preliminares de un acomodamiento, vino personalmente a atacar con un batallon y bastante caballera, a nuestro escuadron de Cazadores avanzado en las rancheras del puesto del Marqus, y logrando sorprenderlo el 17 de abril, le derrot completamente, pudiendo apenas salvarse 40 soldados con su comandante Vigil y algunos oficiales haciendo prodigios de valor. Seguidamente Rondeau se movi con todo su ejrcito sobre el frente de la vanguardia situada en Yavi. El coronel D. Pedro Antonio Olaeta, que la mandaba, comunic esta novedad al general Pezuela, participandole al mismo tiempo que se ponia en retirada por la superioridad del enemigo, cuya fuerza escedia de 4,000 hombres, segun computo del oficial parlamentario que habia regresado. En virtud de este aviso, el general en jefe convoc inmediatamente una junta de guerra para acordar con su dictamen lo que pareciera mas til y adecuado a las circunstancias. Considerando la junta lo reducido de la fuerza del ejrcito, que se

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hallaba este avanzado en un pais conmovido, rodeado de cabecillas que acaudillaban grandes grupos de indios sublevados, y no estimando prudente aventurar una batalla, cuya posible prdida arrastraria la total del Per, la junta fu de unanime sentir que el ejrcito se retirase a Oruro para reunir mayores fuerzas y volver sobre el enemigo con mayores probabilidades de buen xito. Adoptado este parecer por el general en jefe, el ejrcito decamp de Santiago de Cotagaita el 21 de abril, sigui por el camin real hasta la posta de Quirbe, desde donde tom el llamado del despoblado por Tolapampa, la cordillera nevada del Fraile, Opoco y Huari; y el 9 de mayo qued establecido el cuartel general en Challapata. Desde Quirbe hizo el general Pezuela marchar alguna tropa por Potos, con el fin de retirar la guarnicion de esta villa y proteger a los vecinos que quisiesen seguir la suerte del ejrcito, que fueron muchos, y extraer al propio tiempo las maquinas de la casa de la moneda para impedir la acuacion a los nemigos: en conformidad de lo dispuesto se efectu la evacuacion de Potos con el mayor sosiego y rden, retirando tambien los caudales pblicos. La ciudad de Chuquisaca fu igualmente abandonada, aunque tan precipitadamente, que ni se extrageron los caudales del Estado, porque las rdenes relativas a su evacuacion no llegaron con prontitud a causa del mal estado ya de los caminos casi todos interceptados; sin embargo, su guarnicion y la de Chayanta se incorporaron en el cuartel general. En retirada el ejrcito real para Challapata, recibi Pezuela aviso oficial de que 400 hombres del acreditado regimiento de Talavera con algunos chilenos mas habian desembarcado en Arica a las rdenes del coronel D. Rafael Maroto, procedentes del reino de Chile a consecuencia de las repetidas prevenciones del virey de Lima, los cuales en breve se pondrian en marcha para Oruro. Apenas nuestras tropas evacuaron la villa de Potos el 26 de abril, entr en ella el cabecilla Zarate con mas de 4,000 indios, apoderse de la autoridad con despojo del gobernador nombrado por el ayuntamiento y entreg luego la poblacion al saqueo y a los desordenes consiguientes a semejante licencia. Pocos dias despues llegaron las tropas de Rondeau a la citada villa, y el famoso mayor general Rodriguez parti en seguida con alguna fuerza a encargarse del mando de Chuquisaca. Noticioso aqu de que las familias espaolas habian ocultado parte de sus fortunas en los Conventos de monjas pas personalmente a verificar en ellos un escrupuloso registro, del que fu fama, supo sacar inmenso provecho. Divulgse

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tambien que habia publicado un bando declarando a Chuquisaca capital de las provincias unidas del rio de la Plata y director supremo del Estado al general Rondeau: a todo daba lugar la terrible division que aun no ha cesado de trabajar a aquellos independientes. A Chuquisaca acudieron igualmente con prontitud el caudillo Padilla con otros varios de menor cuenta y el gobernador intruso de Cochabamba Arenales. Este activo renegado espaol europeo aprest en breves dias sobre 350 infantes, 500 caballos mal equipados y armados y un grupo considerable de indios, con cuya fuerza cay de improviso sobre la capital de Cochabamba, la circunval intim la rendicion al gobernador intendente el coronel Goiburu. Cediendo este gefe a las amenazas repetidas de Arenales, y mas intimidado todavia por las falsas noticias artificiosamente divulgadas de que el ejrcito real habia sido disuelto con muerte del general Ramirez; que el general Pezuela habia podido fugarse a Arica con solos 200 hombres, y que Pomacahua habia entrado triunfante en la Paz con un poderoso ejrcito de 4,000 fusileros y mas de 30.000 indios; careciendo en fin de comunicaciones de Oruro y de los demas puntos hacia un mes, porque los indios alzados tenian obstruidos todos los caminos, celebr dicho Goiburu una junta de guerra y se prest con su acuerdo a evacuar la villa dejando a Arenales las armas de la guarnicion y cinco piezas de artillera con sus correspondientes municiones. Asi que aquella leal tropa entendi los trminos de la estipulacion y se apercibi de la entrega de las armas que debia de hacer, subi de punto su noble indignacion y unanime prorrumpi en tremendos gritos de antes morir que entregar las armas. Ciertamente no habra espaol amante de la gloria de su patria que deje de lamentar el que tan honrados y leales sentimientos se hayan tal vez borrado del todo del corazon de aquellos indgenas. Cuan til hubiera sido y cuan importante nos parece aun, el detenido examen de la conducta de algunos empleados y del espritu de las disposiciones del gobierno supremo para acertar a deducir la poltica mas conveniente a la administracion de tan remotos y especiales paises! Entusiasmado el comandante Velasco y algunos oficiales con la herica resolucion de la tropa, determin dirigir la retirada extrayendo cuanto pudiera de Cochabamba, ademas de ofrecer proteccion a las personas que no quisieran exponerse a las vejaciones de los revoltosos. Puesto en ejecucion con el mayor rden este atrevido pensamiento tomaron nuestros valientes el camino de Paria sin que los enemigos osaran

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oponerse a tamaa resolucion, y sobre la marcha recibieron el inexplicable consuelo de abrazarse con 300 hombres que el general en jefe remitia desde Challapata en su socorro. La tropa procedente de Cochabamba y un escuadron del ejrcito recibieron rden de permanecer en Paria hasta nuevo aviso, y el batallon del Centro pas a Sorasora en observacion del partido revolucionario de Chayanta y de las operaciones del enemigo por el lado de Cochabamba. Al norte del Desaguadero el semblante de las cosas pblicas iba tomando un aspecto mas lisonjero. El nuevo gobernador de Puno D. Francisco de Paula Gonzalez con la tropa auxiliar de Arequipa bati a los insurrectos en las alturas de Paucarcolla y luego en el cerro de Yasaca, dejando en el campo 250 cadaveres y haciendo 180 prisioneros. Derrotado el cabecilla mestizo Monroy, abandonado de su gente que se dispers del todo, y perseguido de cerca por los nuestros se suicid de un pistoletazo; pero fueron cogidos y ejecutados sus compaeros Carreri y Carrion. No por esto desistieron de su temerario propsito aquellos alucinados indios, pues tardaron poco en reunirse hasta el nmero de 3,000 en el pueblo de Azangaro. Aqui los atac Paula Gonzalez el 7 de junio y los derrot con muerte de 150, cogindoles muchas armas y crecido nmero de prisioneros. Volvieron a reunirse los tenaces indios en el pueblo de Asillo, no muy distante del de Azangaro, donde tenian construida una especie de fortaleza de triple recinto, y en ella se aventuraron a esperar, no obstante el castigo impuesto a los prisioneros de Azangaro, que fueron quintados sobre el lugar del combate y pasados por las armas aquellos a quienes seal la suerte con el nmero fatal. El intendente Gonzalez atac con decision la dicha fortaleza el 9 de junio, desaloj de ella a los enemigos, y los persigui sin descanso hasta lo mas elevado de una montaa inmediata a donde se refugiaron. En esta posicion lucharon los insurrectos con tan obstinado empeo, que fu preciso a los realistas acometerlos a la bayoneta y acabar con ellos: 1, 500 hombres fu su prdida total en ambas acciones, contando de nuestra parte seis muertos y todos los demas heridos contusos, la mayor parte de golpe de piedra. Despues de estas sealadas ventajas no le faltaba mas al activo gobernador de Puno que destruir al presbtero Muecas, cura del sagrario del Cuzco, quien todavia se ocupaba de conmover los pueblos por el lado de Huancani, para que toda la provincia de su mando quedase completamente sosegada. El 6 de junio entr en el Cuzco la acreditada division del coronel D. Vicente Gonzalez, aunque muy disminuida por la desercion de

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muchos milicianos de Huanta. Su objeto era reforzar la dbil guarnicion del Cuzco y asegurar la sumision de esta provincia, despues de la salida de la division Ramirez para el ejrcito. Este general decia al virey en 14 del mismo junio desde Sicuani, que solo embarazaban su marcha la desercion que experimentaba y la escasez de bagajes para hacerla con la presteza que deseaba. Sin embargo, no dejaban de notarse algunos sntomas de descontento que promovian los animos inquietos y dscolos, y en su virtud estall un nuevo alboroto antes de concluir el mes en el pueblo de Ocongate, distante 20 leguas del Cuzco, en el que fueron sacrificados seis honrados vecinos sin otro delito que su adhesion a la causa espaola. March a reprimir este desorden el coronel Gonzalez con 100 hombres de Talavera, hall alguna resistencia en Marcapata donde derrot a los insurrectos el 26, de cuyas resultas los mismos indios se apoderaron de los principales instigadores y los entregaron a Gonzalez, con cuyo ejemplar castigo se restableci del todo la tranquilidad en la provincia del Cuzco. Por este lado apenas molestaba al virey otra cosa que el mal ejemplo que ofrecian las desavenencias suscitadas entre el presidente interino del Cuzco y el valiente coronel Gonzalez; tal vez reunian ambos algunos defectos con excelentes prendas, y como no habia jefes de superior graduacion entonces con quienes relevarlos, recurri el entendido virey al arbitrio de emplear amonestaciones y consejos enrgicos que produjeron un saludable efecto. El general Pezuela entretanto continuaba en Challapata en observacion del ejrcito de Buenos-Aires, cuyo cuartel general permanecia en Potos extendiendo sus avanzadas y descubiertas hasta Llocalla: alli se ocupaban los enemigos de aumentar su fuerza con reclutas y de darle a estos y a las facciones la posible instruccion y organizacin. Por dos de nuestros soldados prisioneros, fugados de las filas contrarias a las que habian sido incorporados, se supo el 11 de junio que las tropas disidentes experimentaban bastante desercion entre los naturales de las provincias de abajo. En el cuartel general espaol se recibi por extraordinario la agradable noticia de haber desembarcado en Arica, procedente de Chile, el batallon de voluntarios de Castro, conocido tambien por Chilotes porque se componia de fidelsimos naturales de Chiloe, cuyo cuerpo emprenderia inmediatamente la marcha para el ejrcito conduciendo las 32 cargas de armas, municiones y pertrechos que el virey acababa de remitir a Arica en el pailebot Mercedes. Spose finalmente que el general Ramirez con su division aumentada de

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gente y llena de gloria emprendia la vuelta al sur; y estas nuevas eran en extremo consoladoras para las tropas reales, y muy particularmente para su general en jefe que sabia bien la facilidad con que cundia la insurreccion. Dabase en efecto a la sazon ya por sublevado en masa el partido subdelegacion de Chayanta, uno de los primeros que tom parte en los movimientos sediciosos de la Paz y de Chuquisaca en 1809. Semejante desgraciada disposicion era antigua en estos naturales, pues tambien fueron de los primeros en abrazar y sostener a costa de su propia sangre el famoso alzamiento de Tupac-Amaru en 1780. Con motivo de los partes que se repetian sobre el levantamiento del partido de Chayanta, los batallones de Talavera y del Centro recibieron rden de replegarse de Sorasora a Challapata, adonde llegaron el 15 de junio en el momento que el ejrcito acababa de ejecutar un ejercicio de fuego, y el general en jefe conserv el rden de batalla hasta que tomaron su lugar en la lnea. Al siguiente dia 16 se recibieron rdenes del virey, previniendo acertadamente al general en jefe que no aventurara el ejrcito a la dudosa suerte de una batalla con inferioridad de fuerzas; y el general Ramirez en marcha avisaba al propio tiempo que el 21 del mismo junio llegaria a Puno con su division fuerte de 2,000 hombres. El general Pezuela en consecuencia convoc una junta de guerra y manifest en ella las prevenciones superiores y las noticias oficiales que habia recibido: compar la fuerza disponible del ejrcito con la que podian mover los enemigos, y aadi que en tales circunstancias no solo era conforme con los preceptos del virey, sino que estimaba muy prudente no comprometer una accion antes de que se recibieran los importantes refuerzos que estaban en marcha. Con estas fuerzas reunidas, dijo fundadamente el general, se asegura la victoria y con probabilidad la terminacion de la guerra por aquella parte, pues que los enemigos no hallarian medios ni modo de rehacerse, debiendo ser muy pronto ocupada la capital de BuenosAires por la expedicion espaola del mando del general Morillo. Este calculo era indudablemente exacto; pero el general Pezuela ignoraba que la mala estrella de la Espaa habia dado otro destino a aquella lucidsima expedicion, la cual ya por este tiempo se hallaba bajo la influencia del mortfero clima de las playas de Costafirme. El sentir del general en jefe, razonado y discretamente apoyado en las circunstancias fu adoptado por unanimidad en la junta de guerra, quedando acordado que en caso de adelantar los disidentes, se replegase el ejrcito del rey a las inmediaciones de Oruro para

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acercarse asi a los refuerzos que se esperaban y aumentar las probabilidades de un triunfo. Asi las cosas, spose el 30 de junio en el cuartel general por un confidente que el plan de los enemigos era destruir el ejrcito espaol, para darse la mano con los revolucionarios del Cuzco, que suponian aun boyantes cuando por fortuna ya no existian, y completar con su auxilio la revolucion del Per, a fin de sostenerse en estas provincias si llegaba a sucumbir Buenos-Aires, como algunos temian: que la fuerza de Rondeau ascendia en este tiempo a poco mas de 4,000 hombres de tropa regular, mal vestidos y bastante dados a la desercion, que habia empezado a picar hasta en los dos cuerpos de negros libertos: y finalmente que todo el ejrcito enemigo habia avanzado a Llocalla, menos dos batallones que todavia permanecian en Potos. Ninguna otra novedad ocurri hasta el 23 de julio, que lleg al cuartel general el batallon de chilotes voluntarios de Castro al mando del coronel D. Jos Rodriguez Ballesteros con la fuerza de 470 hombres, y el general en jefe lo reuni al de Talavera, incorporado anteriormente, formando de ambos un cuerpo de 800 plazas. Tres dias despues lleg tambien a Challapata el general Ramirez con su division, que fu recibida por el ejrcito con la mayor distincion. Dignos eran ciertamente de todo honor los ilustres compaeros de armas pacificadores de la Paz, de Puno, de Arequipa y del Cuzco, con particularidad los individuos del primer regimiento por la acendrada fidelidad que acreditaron, asi en soportar las fatigas de tan dilatada y penosa marcha, como en la decision y herico entusiasmo con que pelearon contra sus propios paisanos, parientes y deudos por defender los derechos de la Espaa y de su rey. Cuan sensible es que tan nobles sentimientos hayan llegado a extraviarse! Esta gloriosa expedicion para las armas espaolas ocupara siempre un lugar muy distinguido en los fastos militares: sali de Santiago de Cotagaita en setiembre de 1814, y regres al cuartel general de Challapata en 26 de julio del presente ao de 1815, habiendo andado mas de 530 leguas, ganado dos sealadas victorias, castigado a los cabezas de la rebelion cuzquea y pacificado cuatro grandes provincias en el corazon del territorio peruano. Prxima a Challapata la division pacificadora, sali el general en jefe a su encuentro acompaado de su estado mayor: el general Ramirez se adelant algunos pasos para saludar a su superior, que le abraz cordialmente como toda su comitiva. Desmont en seguida de su caballo el general Pezuela y recorri a pie el frente de la

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division felicitando a cada cuerpo por su bizarro y honroso comportamiento durante la campaa, no menos que por su oportuno regreso al ejrcito. Hizo luego salir de las filas de cada uno un individuo de tropa por clase y los abraz a nombre de todos en seal de la estimacion que le merecian tan leales y valientes soldados, cuya tiernsima escena acab por repetidos vivas al rey. Continu la marcha la division Ramirez hasta las goteras de Challapata donde la esperaba todo el ejrcito formado en cuadrilongo: en l entr la division expedicionaria y, formados pabellones por todos, unos y otros se abrazaron afectuosamente despues de una ausencia de 10 meses, coronada de los mas brillantes sucesos. Retirados los cuerpos a sus respectivos cuarteles, acab este dia memorable por un esplndido banquete que el general en jef habia mandado preparar para obsequiar al general Ramirez y a los dignos jefes y oficiales que le habian acompaado. Muchos ttulos de Castilla se han concedido en Espaa por merecimientos en la guerra: muy justamente obtuvieron Goyeneche el de conde de Guaqui, Pezuela el de marqus de Viluma, y mas posteriormente la Serna el de conde de los Andes; pero nadie que tenga conocimiento de la guerra del Per dejara de admirar que una merced semejante no haya alcanzado al dignsimo general Ramirez. El 8 de agosto se recibi en el cuartel general el correo de Lima y por su correspondencia se supo con sorpresa que la expedicion de Morillo, preparada con acierto para el rio de la Plata, habia sido destinada a la pacificacion de Costa-firme: que parte de ella, cuyo nmero erroneamente se exageraba, tenia rden de dirigirse por el istmo de Panama al Per y que, si venia a desembarcar en Arica, podia llegar a Oruro en fines de setiembre. Mas el virey sabia oficialmente que la tropa peninsular que por dicha va se le remita no pasaba de 1600 hombres de todas armas, cuyo trasporte de Panama al Callao habia ajustado de antemano en cinco buques, que ya esperaban los mas en aquel puerto, a razon de 95 pesos por plaza que suman mas de 150,000, que con no pocos disgustos tuvo que sacar del benemrito, pero apurado, cuerpo del comercio. La esperanza de tan importante auxilio era muy satisfactoria para los leales del Peru, cualquiera que fuese su fuerza, aunque el general Pezuela ya no la consideraba indispensable para tomar la ofensiva y volver a recobrar el terreno perdido, de cuyos preparativos se ocupaba. Durante las operaciones que se proponia emprender pronto, la division establecida en Paria debia cubrir a Oruro de cualquiera intentona del lado de Cochabamba.

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En este estado, spose en el cuartel general que Arenales, jefe de dicha provincia de Cochabamba, se habia adelantado al pueblo de Sacaca en el partido de Chayanta: que en la cabecera de esta subdelegacion se hallaba el caudillo Lanza con 70 fusileros y alguna indiada: que en San Pedro de Buena- vista estaba Camargo disciplinando 400 infantes; y que el tantas veces citado mayor general Rodriguez ocupaba a Macha con 600 caballos. Con estas noticias recel fundadamente el general en jefe que el pensamiento del enemigo viniera a ser reunir aquellas fuerzas para en el caso que el ejrcito real se moviese sobre Potosi y Chuquisaca, atacar la interesante villa de Oruro, confluencia de las comunicaciones de la Costa y de la Paz y que contenia un abundante y surtido parque. Para asegurar mas el acierto de las determinaciones que se adoptaran en aquellas circunstancias, el general Pezuela quiso oir el parecer de los jefes de experiencia y de servicios acreditados; y una conducta semejante de parte de los comandantes en jefe nunca sera bastantemente elogiada, siempre que se conserven en aptitud de usar de la prerogativa que les confiere la ordenanza de obrar luego segun lo que creyesen mas conveniente al buen desempeo del alto cargo que les esta confiado, porque el conocimiento del modo de pensar de los principales instrumentos de la ejecucion de un proyecto debe servir de fanal utilsimo para un ilustrado general en jefe. Reuni, pues, Pezuela en junta de guerra al general Ramirez, su segundo en el mando; al brigadier D. Miguel Tacon, mayor general del ejrcito; al brigadier D. Rafael Maroto, coronel de Talavera; al coronel D. Casimiro Valds, comandante general de artillera y al de igual clase D. Francisco Javier de Mendizabal, que lo era de ingenieros. El general en jefe expuso en la junta con franqueza las sospechas que habia concebido sobre el proyecto de los independientes en aglomerar fuerzas por el lado de Chayanta sin resolverse a adelantar al mismo tiempo por el frente, y pidi a los gefes convocados su dictamen sobre si convendria buscar desde luego a Rondeau en la direccion de Potosi, dejando a Oruro con su guarnicion auxiliada de la corta division establecida en Paria, si seria preferible retardar este movimiento hasta el arribo de las tropas espaolas que se esperaban de Panama. Discutidos con maduro detenimiento ambos extremos, la junta convino en la posibilidad de que fuese Oruro atacada con ventaja, as que el ejrcito se alejase en la direccion de Potosi: que no conceptuando en tal caso asegurada la defensa de la villa por la inferioridad de nuestra fuerza, su prdida vendria a ser inevitable: que apodera-

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dos Rodriguez Arenales del considerable parque de armamento y municiones que encerraba Oruro, aumentarian extraordinariamente su fuerza con el prestigio del triunfo, invadiran con facilidad la Paz y el Desaguadero, donde tambien haba depsito de armas y municiones, podran encender otra vez el recien apagado incendio revolucionario de Puno, Arequipa y el Cuzco; y cuando menos interceptarian las comunicaciones y obstruirian los recursos pecuniarios que recibia el ejrcito de las provincias situadas al norte del Desaguadero, poniendo a las tropas reales en la dura necesidad de retroceder, aun cuando se hubiesen posesionado de Potosi, bien por haber logrado batir a Rondeau, bien por haberse retirado este sin esperarlas: que el diferir las operaciones ofensivas por un mes mas no ofrecia inconveniente alguno irreparable, mientras eran incontestables los funestos resultados que produciria la prdida de Oruro: y finalmente que, apoyada en la solidez de las razones expuestas, la junta opinaba que se debian esperar las tropas anunciadas, con cuyo refuerzo podria el ejrcito maniobrar desembarazadamente contra Arenales y contra Rondeau. Conformse el general en jefe con este dictamen, no obstante de que no eran oficiales las noticias recibidas sobre las tropas procedentes de Panama, cuyo nmero se exageraba mucho, y que desde aquel puerto hasta el de Arica, aun en el caso de que se las sealase esta direccion, quedaban sujetas a las contingencias inseparables de una larga navegacion. Las demas consideraciones que la junta tom en cuenta eran en extremo atendibles y exigian del general que meditase con su presencia, como lo hizo, la resolucion que hubiese de adoptar. La imparcialidad histrica reclama que no se pase en silencio un cargo que a primera vista resulta contra la reserva del virey. Este acreditado jefe sabia, como hemos insinuado, que no pasaban de 1600 hombres los que se destinaban a reforzar las tropas del Per: con este dato oficial habia fletado y despachado los buques que los habian de trasportar al Per; y el haberlos desembarcado en el Callao, como se dira, es un comprobante de que no se les habia dado otro destino. Por qu pues el virey no puso en conocimiento del general en jefe estos pormenores, aunque fuera con la clausula de reservados? Nosotros no acertaramos a responder ajustada y satisfactoriamente; pero s aseguramos que importaba mucho al buen servicio el que el general Pezuela estuviese instruido de la realidad de los hechos en este particular para arreglar a ellos sus disposiciones en la situacion en que se encontraba.

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El general en jefe recibi poco despues noticias mas detalladas sobre el plan de campaa de los enemigos. Su principal intento aparecia ser el de formalizar un acordonamiento desde Llocalla a Paria por Macha y Chayanta para estrechar al ejrcito real en punto a recursos de subsistencia, acometer repentina y arrebatadamente a Oruro y realizar despues un ataque general. En esta virtud, y con el fin de amenazar a Chayanta y paralizar los movimientos de Arenales por esta parte, el general en jefe hizo salir el 1 de setiembre para Venta y Media el batallon de Partidarios que estaba en Condocondo, el de Cazadores situado en Pequereque y el segundo regimiento que se hallaba en el cuartel general. Asi se proponia tambien Pezuela ganar tiempo para dar lugar a que pudiesen incorporarse por la via de Arica las tropas que errneamente esperaba por all de Panama. Como punto mas propio para cubrir a Oruro, abundante en forrages, de que ya habia grande escasez en Challapata, y proteger de mas cerca la corta division de Paria, el general Pezuela se traslad a Sorasora con el resto del ejrcito. Viva era el ansia que se notaba en todos los cantones por recibir correspondencia de Lima, cuando lleg un correo con la noticia de que habian arribado al puerto de Paita tres fragatas de las que conducan la mayor parte de los 1,600 hombres europeos que el general Morillo enviaba al Per, de las cuales dos habian vuelto a hacerse a la vela para el Callao, quedando aun all la tercera a causa de los enfermos que traia. Por el mismo correo se supo que se tramaba en las inmediaciones del Cuzco un nuevo levantamiento; pero que descubierto el proyecto, apresados y castigados severamente cuatro de sus principales motores, quedaba todo sosegado. La posicion de Sorasora ofrecia mayores ventajas para proteger la villa de Oruro y el partido de Sicasica, amenazados ambos puntos por grandes reuniones de indios alzados, y cubria al mismo tiempo a la Paz y la lnea del Desaguadero, quedando el general Pezuela, como se proponia, en mejor disposicion de proporcionarse los recursos de que carecia, paralizar las tentativas del ejrcito enemigo y aun atacarlo con prontitud si se presentaba una ocasion favorable. Comunicado este pensamiento oficialmente al virey, le di con fecha de 10 de octubre su entera aprobacion, asi porque sustancialmente coincidia con sus anteriores prevenciones, como porque se acercaba el tiempo de buscar a los independientes y de hacer sobre ellos los ultimos esfuerzos para vencerlos. La razon es obvia, dice el virey, porque habindose servido S. M. variar de destino a la expedicion del general Morillo, del rio de la Plata a Costafirme, cuya noticia sabida

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por los insurgentes les ponia en aptitud de enviar socorros de consideracion al alto Per, no me quedaba otro recurso que buscar en la suerte, de una pronta batalla la seguridad de estas provincias. Me aventuraria mucho, y en cierto modo seria una falta de decoro a la magestad si, ignorando los motivos que decidieron la voluntad del rey a preferir el ataque de Cartagena, opinase abierta y decididamente por el rio de la Plata; pero en clase de opinion la mia hubiera sido siempre esta y no aquella la parte a donde debian concurrir las fuerzas de la Pennsula. De toda la Costafirme solo Cartagena y la isla Margarita se conservaban insurgentes: la primera, segun me escribi el virey Montalvo desde Santa Marta, la tenia tan estrechada con el bloqueo por tierra que, si tuviese un par de buques que impidieran la entrada de vveres por mar, lo mas que podria resistir serian 60 dias y la segunda era una bicoca adonde se habian refugiado las ltimas reliquias de los revolucionarios de aquellas provincias, tranquilizadas y contentas con el suave gobierno de D. Juan Manuel de Cagigal; y por lo que correspondia al reino de Santa Fe tenia trazado mi plan, de que luego que se tranquilizasen las provincias del rio de la Plata, hacer navegar desde Valparaiso a Guayaquil la parte necesaria de la fuerza que quedase disponible para dirigirse por Quito y Papayan, aumentando su nmero con la que hubiese en ambos puntos para atacar y reducir el llamado reino de Cundinamarca.1 Los independientes en tanto nada emprendieron de importancia, y solo se fueron aproximando a los cantones del ejrcito real, pero con mucha lentitud. A principios de octubre se present sobre Venta y Media que ocupaba la vanguardia, un trozo considerable de gente a caballo, el cual se retir despues de un corto tiroteo con nuestros Cazadores, llevandose dos heridos, uno de ellos result ser un fraile mercenario que con sable en mano se esforzaba por animar a los insurrectos. Recibise el 6 de octubre en Sorasora el correo de Lima con correspondencia del 10 de setiembre, y resultaba de ella no haber llegado aun al Callao la tropa europea procedente de Panama. Todas las ilusiones que mantenia la esperanza de este pronto auxilio se desvanecieron con la segura tardanza, pues acercandose la estacion de las lluvias habia casi necesidad de hacer notables alteraciones en el plan de campaa adoptado; porque una mal entendida inaccion en aquellas circunstancias podia ser de ominoso resultado para el ejr1

Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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cito espaol. La naturaleza de las noticias que sucesivamente se fueron recibiendo vinieron a confirmar en el animo del general la conveniencia de modificar el sistema de operaciones que se habia propuesto. Supose por un indio y con alguna sorpresa, que el general Rondeau habia llegado a Ayohuma con su ejrcito, y por declaracion de otro procedente de Cochabamba que Arenales estaba en Chayanta con 500 hombres de fusil de los 800 que tena; porque los 300 con la mayor parte de la indiada reunida se habian vuelto r sus casas disgustados ya de la vida militar. Aadia tambien este indio, a quien su patron enviaba con carta para su esposa residente en Oruro, que traa el encargo verbal de decir con reserva que corria la noticia de que Salta y Jujuy se habian declarado independientes del gobierno de Buenos Aires, por lo que el ayuntamiento de Cochabamba se disponia a mandar una diputacion a esas ciudades. El 14 de octubre llegaron de Cochabamba al cuartel general dos oficiales y un capellan pasados, quienes declararon que, habiendo acompaado al gobernador Arenales, los remitia este de nuevo a dicha ciudad a recoger la gente que violentada y descontenta se habia desertado en gran nmero: que en Cochabamba se habia aumentado tambien el disgusto y variedad de opiniones con la publicacion de un bando en el que se aseguraba que Napoleon reinaba otra vez en Espaa, que Fernando VII habia huido a Inglaterra y que habia enviado aquel 4,000 fusiles a Buenos Aires, ofreciendo todo gnero de auxilios; y que estas novedades habian causado tanto descontento que hasta los mas decididos patriotas decian que ya no se defendia el partido de la independencia sino la causa de Napoleon. Dijeron igualmente los tres sugetos referidos que el ejrcito enemigo, cuya fuerza ascenderia a 4,500 hombres, se hallaba en Chayanta y todo su plan parecia dirigido a privar de recursos de subsistencia a las tropas reales; y que se notaba mucho disgusto, si no era temor, en la gente de Buenos Aires por las especies que corrian acerca de la division y desrden que reinaba en esta ciudad, porque habiendo entrado en ella Artigas, y tomado la direccion del Estado, mandaba el pais despticamente imponia castigos severos a los partidarios de la administracion anterior que eran sus enemigos. Vase de aqui como con noticias ridculas y falsas por un lado y con nuevas revoluciones por otro se iban conduciendo los pueblos mas pacficos y sumisos del mundo a un grado de perversion casi increible si la experiencia no la acreditara. El general en jefe se dedicaba con esmerada solicitud a prevenir y frustrar los intentos del enemigo, haciendo en todos los puntos,

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dependientes de su autoridad, las prevenciones que estimaba conducentes y recomendando especialmente a sus tropas la vigilancia y puntualidad en el servicio, de las que indudablemente dependia su seguridad y su gloria. Los enemigos empezaron a dejarse ver en corto nmero de nuestros puestos avanzados, cuando en la madrugada del 20 de octubre se recibi un parte en el cuartel general de que la vanguardia estaba atacada en Venta y Media por fuerzas considerables, lo que era tambien de suponer, porque constando esta division que mandaba el coronel Olaeta de los dos batallones de Cazadores y Partidarios con un escuadron, tropas muy conocidas por su buen crdito, era de temer que ni aun de noche las atacasen con fuerzas inferiores. El general en jefe puso inmediatamente sobre las armas las tropas que tenia a su inmediacion, avanz hacia Venta y Media el segundo regimiento y el escuadron de San Carlos, y l mismo se adelant con su estado mayor en aquella direccion para averiguar personalmente lo que pasaba. Como a la legua de camino se encontr un oficial que conduca tres prisioneros y di la agradable noticia de que el enemigo haba sido derrotado; con esto continu su marcha el general en jefe para averiguar y examinar por s cuanto habia ocurrido. En efecto, sobre el amanecer del mencionado 20 de octubre sorprendieron los enemigos una de nuestras avanzadas, que se componia de un capitan, el despues clebre coronel Valds (a) Barbarucho y 25 cazadores, los cuales aunque hicieron alguna resistencia fueron arrollados y degollados todos, menos el capitan que debi su salvacion a hallarse bien montado. A los tiros que esta avanzada pudo disparar, tom la vanguardia las armas y su comandante envi 40 cazadores mas a sostenerla; pero tomando por el llano dieron de improviso con un trozo de caballera que los cerc y acuchill, matando 33 hombres hiriendo los siete restantes, que se recogieron despues. Olaeta era hombre de valor conocido, pero imperito en el arte militar, y as sin saber aproximadamente siquiera las fuerzas que le atacaban, mand adelantar todo el batallon de Cazadores, el cual se vi luego en grande apuro teniendo que apelar a la formacion del cuadro para defenderse, mientras el de Partidarios y la caballera desmontada acudieron en su socorro. Entonces se trab un fuego vivsimo y avanzando nuestras tropas con decision sobre el enemigo acabaron por ponerlo en completa dispersion, causandole la prdida de mas de 100 hombres muertos con seis oficiales, otros tantos individuos de tropa prisioneros y tres oficiales, recogiendo en el campo muchas cartucheras y 300 fusiles. Nuestra prdida fu de

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menos consideracion despues de la avanzada y de los 40 cazadores enviados ligeramente en su sostenimiento; y aun hubiera sido menor si Olaeta no hubiera imprudentemente dejado a mucha distancia la avanzada, ni enviado en su auxilio 40 hombres sin conocer la fuerza atacante, maxime habiendo visto la tarde anterior gruesas partidas enemigas que le apresaron todas las mulas y caballos de su division con los diez hombres que los custodiaban en el pasto, porque tal era el nico medio que habia generalmente en aquel pas para atender a la manutencion de esos animales. La fuerza enemiga consista en 450 cazadores y 250 dragones, insuficiente a la verdad contra 900 hombres lo menos de nuestros mejores soldados; bien que, segun decian los prisioneros, venan en la persuasion de que se les unirian los nuestros, porque tal era la idea que habian dado de ellos algunos desertores chilenos que, prisioneros en Rancagua habian sido incorporados al batallon de chilotes y se pasaron al enemigo. El ya citado mayor general Rodriguez mand esta operacion, acompaandole en calidad de segundo Balcarcel, y por los reconocimentos que habia hecho desde los cerros inmediatos comput nuestra fuerza en 400 hombres, en cuya idea le confirmo maliciosamente la escolta de las mulas y caballos, que apres como se ha dicho el dia anterior, asegurandole que no habia en Venta y Media mas que cuatro compaas de varios cuerpos. En este concepto se resolvi a caer a media noche sobre el expresado pueblo para atacar de sorpresa la vanguardia y tal vez hubiera logrado su intento si hubiese sabido evitar encontrarse con la avanzada, como podia por su indiscreta colocacion; pues la corta resistencia de esta, alarmando el resto de la division, dio lugar para que los cuerpos tomasen las armas y saliesen al campo. Por los prisioneros enemigos se supo que su fuerza ascenderia a 4,500 hombres con 700 caballos entre dragones y granaderos: que era voz comun entre ellos que el general Rondeau no pensaba en atacar, pero s esperar a las tropas del rey en los llanos de Chayanta: y que al efecto habia hecho abrir una gran zanja en el frente del campo, que tenia elegido para la batalla y construir un reducto en su flanco izquierdo. Despues de revistar el general en jefe las tropas vencedoras de la vanguardia, y de arengarlas convenientemente por su comportamiento, regres a Sorasora. En el camino recibi un pliego del gobernador de la Paz en el que participaba que, habiendo salido el subdelegado de Sicasica con una expedicion a los valles inmediatos, habia derrotado a los cabecillas Camargo y Zarate, quienes con bastante indiada se disponan a invadir y revolucionar los

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Yungas. Por manera que la noticia de estos dobles sucesos caus en el ejrcito espaol tanta satisfaccion como entusiasmo. Nada ocurri que merezca referirse en los cantones del ejrcito hasta el 28 de octubre, en cuyo da llegaron al cuartel general por extraordinario noticias de Europa venidas por Panama a Lima en 76 das desde Madrid. Por ellas se supo la rota definitiva que en sus ltimos esfuerzos habia sufrido Napoleon en Waterlo, y lo que interesaba mas inmediatamente a los leales defensores del Per, que se aprontaba en Espaa una espedicion de 20,000 hombres contra Buenos-Aires, la cual se llegaba a suponer que saldra a todo tardar en octubre. Juzgandola ya, pues, en la mar a esta fecha, fue grande el regocijo de todo el ejrcito fundado en las mejores esperanzas de ver pronto terminada en la America del Sur la guerra cruel y desoladora que destruia los pueblos. Mas tan consolador porvenir no era mas que un sueo dorado. Por este tiempo habia llegado a Lima la cuarta division del ejrcito que mandaba el general Morillo, cuya expedicion hasta Costafirme y la continuacion de las operaciones del ejrcito del alto Per en este ao seran el asunto del siguiente captulo.

CAPITULO VIII.

Expedicion de Morillo.Da vista al nuevo mundo.Morales y sus tropas.Conquista de la isla Margarita.Un consejo de guerra. Incendio del navio San Pedro.Refuerzo enviado al Per.Su embarco en Panama.Su arribo a Paita y al Callao. Su recibimiento en Lima.Un acto de insubordinacion.El ejrcito del alto Per toma la ofensiva.Primeros encuentros con el enemigo.Gloriosa batalla de Viluma.Ocupacion de Chuquisaca y Potos.Expedicion al valle Grande.Estado lisongero del alto Per.

AO DE 1815.

La brillante expedicion del general D. Pablo Morillo se habia reunido en Cadiz y sus pueblos inmediatos a fines de 1814. Componanla seis regimientos de infantera a cual mejores, el batallon de nueva creacion Cazadores del general, algunas

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compaas de zapadores y de artilleros a pi, dos regimientos de caballeria, hsares de Fernando VII y dragones de la Union, este tambien de nueva creacion, y un escuadron de artillera. Esta expedicion se habia formado para el rio de la Plata, y todo se hallaba preparado para su correspondiente embarco. De creer es que el gobierno de Fernando VII se haya arrepentido muchas veces de haber variado el acertado destino de esa expedicion; pero cuantas reflexiones se hicieran sobre tan conocido error vendrian a ser hoy de poco provecho. A mediados de enero de 1815 toda la expedicion se hallaba a bordo de sus respectivos buques para dar la vela, completamente provista de cuanto podia necesitar en su navegacion hasta las playas del rio de la Plata, y aun algunos buques llegaron a rebasar del bajo de las Puercas en la baha de Cadiz; mas el tiempo no parecia seguro y el barmetro comenz tan notablemente a descender, que bien pronto corrieron las seales y rdenes de volver al fondeadero y seguidamente las de amarrarse. El navo de guerra ingls el Estandarte, que acababa de dar la vela del mismo puerto y frisaba ya con el horizonte, vir tambien en demanda del fondeadero, pasando con maestra por en medio de tantos buques como entonces habia alli; pero no sin causar alguna alarma a bordo de la fragata trasporte Daoiz y Velarde, cuya lancha en el agua todava por la popa fu hecha astillas por el navo. El viento fu gradualmente arreciando y no tard en declararse en temporal que oblig a la expedicion a permanecer en el puerto hasta el siguiente mes, mantenindose sin embargo la tropa embarcada todo este tiempo. Algunos jefes y oficiales iban entretanto frecuentemente a tierra, y alli empezaba a decirse que el destino de la expedicion no era ya al rio de la Plata sino al Oeste, pero nadie manifestaba el fundamento de este rumor. A mediados de febrero se hizo la expedicion a la vela, y continu con felicidad la navegacion. Rebasadas las islas Canarias, se tard poco en ver confirmada la especie de que el destino de la expedicion era al Oeste, y esta novedad fu generalmente recibida con aplauso por la sola razon de que la navegacion era mas corta. El tiempo estaba claro y hermoso, la expedicion que navegaba reunida y no bajaba de 70 velas, presentaba a la vista el bello cuadro de una poblacion ambulante, los buques se ponian con frecuencia al habla unos de otros, los amigos, los compaeros y los conocidos se saludaban casi diariamente y a bordo de todos los barcos habia salud y buen humor.

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Tampoco se descuidaba la instruccion de las obligaciones de la tropa, el manejo interior de las compaas, su necesaria y salutfera polica ni las academias de los oficiales. En la fragata Daois y Velarde iba el brigadier D. Salvador Mox, que gozaba reputacion de tactico, y era partidario del sistema de las filas de a tres para la caballera, y durante la navegacion no ces de ocuparse en calcular y escribir las ventajas que en su concepto ofrecia ese sistema sobre las filas de a cuatro. Se ignora si estos trabajos se han conservado. As ocupados los militares que componian el ejrcito del general Morillo, y sin el menor contratiempo en la navegacion, descubri la expedicion a principios de abril la tierra del nuevo mundo que tantas vigilias cost al inmortal Colon, y cuya civilizacion cost tambien tantas vidas y tantos esfuerzos a la Espaa. La lozana frondosidad de la elevada tierra, que se present a la vista, causaba la mas grata admiracion a cuantos por primera vez la velan. La primera noche que pas la expedicion a la vista de la Costafirme se experiment una turbonada de las que son harto frecuentes entre trpicos, con especialidad en ciertos meses del ao, y ella ocasion la separacion involuntaria de un bergantin, el cual por desgracia no tard en ser presa de los corsarios de la isla Margarita, a donde fu inmediatamente conducido, llevando a su bordo una compaa de zapadores y otros efectos. La expedicion avistada a su vez desde tierra, fu luego reconocida por uno de los buques que formaban la escuadrilla del valiente y afortunado D. Tomas Morales surta en puerto Santo. Este jefe manifest tener ya noticia del rumbo de la expedicion y se hallaba alli preparando la invasion de la citada isla, guarida constante de los mas barbaros y sanguinarios enemigos. Morales pas inmediatamente a bordo del navo San Pedro de Alcantara a saludar al general Morillo, y le instruy con facilidad de lo adelantada que llevaba la pacificacion de Venezuela y Caracas, asi como de los aprestos de que en la actualidad se ocupaba para reconquistar la isla Margarita y castigar aquellos crueles piratas, sobre cuyo plan indic pensamientos que se estimaron terribles, aunque no eran acaso mas que el triste fruto de su propia experiencia en aquella espantosa guerra. El general Morillo acord con Morales el destino de sus tropas; mas exponiendo este el vivo deseo que animaba de concurrir con algunas a la reconquista de la Margarita, por donde iban a dar principio las operaciones, y la conveniencia poltica que sin duda habia en ello, el general en jefe combino en que el mismo Morales con uno de sus batallones siguiese la expedicion, como se verific

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con tanta satisfaccion de la tropa designada, como sentimiento de la restante, que no podia tomar la parte que deseaba en la operacion que se iba a emprender. Morales se embarc en el navio donde alojaba el general en jefe y la expedicion hizo rumbo a la Margarita. Cuando los soldados europeos, en esta corta travesa, vieron entre los buques de la expedicion los pequeos barcos que conducian como 800 hombres de los de Morales, naturales todos de Costafirme, muy morenos y sin otro vestuario los mas que un sombrero redondo de paja, una canana y pendiente de ello un taparabo, no hay trminos con que pintar la sorpresa que recibieron a la vista de un espectaculo tan nuevo para ellos. Eran aquellos los vencedores, y nuestros europeos llevados de la apariencia incidieron en el grave error de concebir por los vencidos la idea mas despreciable, la que no ha dejado de ser por desgracia harto general en otros puntos de Amrica, y sin duda funesta en todos. Los soldados leales de Costafirme, que con decision y valenta habian sostenido hasta entonces los derechos espaoles, tampoco se quitaban un instante de encima de las cubiertas de sus barquichuelos, admirando a su vez a los europeos, a quienes saludaban con afectuosa expresion y con una deferencia respetuosa que enternecia. Los oficiales de esta tropa usaban pantalon, chaleco, chaqueta y sombrero redondo, zapatos botas: su aire no parecia tan marcial como el de los oficiales europeos, pero tanto ellos como sus soldados se mostraban con razon ufanos de su fidelidad al rey y a la Espaa, sellada con su propia sangre en repetidas gloriosas ocasiones. Cuando unos y otros tuvieron lugar de comunicarse, referian estos sus campaas y proezas con admirable naturalidad, y en sus expresiones y ademanes sobresalia el sentimiento de lealtad al rey y de adhesion a los espaoles. Su acrisolada lealtad, su valor tantas veces acreditado eran timbres mas apreciables a los ojos de la sana razon que el porte marcial mas sealado y los mas ricos y vistosos uniformes. Cmo y por qu llegaron a alterarse tan nobles sentimientos, disposiciones de tanta esperanza? Punto es este que merece un especial examen y cuyo estudio nos parece aun de mucho inters para la Espaa. El mismo jefe Morales vestia entonces como sus oficiales; pero estos militares, tales como se presentaban a la vista de sus nuevos compaeros, habian pacificado, mandados primero por Boves y luego por el citado Morales, casi todo el territorio de Venezuela y Caracas, que con el extenso vireinato de santa F se perdi despues que llegaron a l tropas europeas de la mejor calidad y bien mandadas.

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Del 6 al 8 de abril la expedicion fonde en la isla Margarita, no distante del puerto de Pampatar, y luego se comunicaron las prevenciones relativas al desembarco de la tropa destinada a este servicio. Por el bergantin antes apresado se habian enterado los enemigos del nmero de cuerpos que componian la expedicion y de las fuerzas navales que la convoyaban, y sin embargo, al fondear los buques cerca de tierra, presentaron en la playa del frente varios trozos de caballera, como en ademan de oponerse al desembarco. A pesar de este alarde otra era la verdadera situacion de la isla: la consternacion y el desaliento se habia difundido por todos sus habitantes: los hombres mas comprometidos por la atrocidad de sus actos sanguinarios y los principales caudillos preparaban y realizaron su fuga en piraguas y balandras por el puerto del Norte: el castillo de Pampatar iz bandera de parlamento, y el encargado de su mando dirigi por escrito al general en jefe la correspondiente sumision y reconocimiento al gobierno de S. M. El dia 10 del mismo abril desembarcaron las tropas que habian de posesionarse d la isla, y acto continuo ocuparon la poblacion de Pampatar y su castillo donde entr el general en jefe con su estado mayor, quien al dia siguiente pas a la Asuncion, capital de la Margarita. Los soldados de Morales, que fueron del nmero de las tropas desembarcadas, siguieron el movimiento de las europeas, sin ocultar el pesar que les causaba el que no se emplease con aquellos habitantes toda la severidad que tenian merecida. Sus experimentados oficiales solian decir a los recien llegados que algun dia llorarian una humanidad que calificaban de mal entendida; pero sobre ser conforme con los sentimientos de la poca, era un deber cumplir las rdenes del monarca que expresamente prevenia se economizase cuanto fuera posible la efusion de sangre. D. Tomas Morales, no obstante los distinguidos servicios que llevaba prestados y el considerable nmero de tropas que le obedecian, habia tenido la rara modestia de no aplicarse graduacion militar alguna. El general Morillo en presencia de todas las tropas y a nombre de S. M. lo declar coronel vivo y efectivo, y lo envi seguidamente al puerto del Norte con una columna compuesta de sus soldados y de los europeos. Este acto fu celebrado y aplaudido con alegria y entusiasmo, y aun parecia a algunos muy corta la recompensa otorgada a Morales, de la cual se manifestaba l satisfecho. Ocupada la isla Margarita sin resistencia, reconocido por sus habitantes el gobierno espaol por medio de nuevo juramento de sumision y fidelidad que todos sus pueblos prestaron, otorgado solem-

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nemente a nombre del rey un completo olvido de lo pasado y concedido ademas un salvo-conducto a Arizmendi, uno de los principales caudillos de la insurreccion de la isla, el general en jefe se ocup de los preparativos del reembarco y de sealar las tropas que habian de quedar de guarnicion en la Margarita. Mas es de notar aqui que de tan absoluto y generoso olvido de lo pasado fu unicamente excepcionado un oficial de caballera, acusado de desercion y de malos tratamientos recientemente usados con los oficiales y soldados prisioneros en el bergantin extraviado de que se ha hecho mencion. Ese oficial de mas de 40 aos de edad era natural de las islas Canarias y habia servido en clase de sargento en una de las compaas fijas de Costafirme antes de la revolucion. Este oficial, pues, fu juzgado verbalmente en Pampatar por un consejo de guerra de oficiales generales que presidi el brigadier Mox. All en presencia del tribunal fueron examinados algunos testigos principalmente de los zapadores prisioneros en el predicho bergantin apresado, rescatados ya con la toma de la Margarita, y de la misma manera fu interrogado el acusado. Ech de menos el consejo un defensor para el reo, y como en la misma casa en que se tenia se hallaba el ayudante mayor del 4 escuadron de hsares de Fernando VII, D. Andres Garcia Camba, secretario de la subinspeccion de caballera del ejrcito y ayudante de rdenes del comandante general de la primera division y subinspector de aquella arma, presidente del consejo, fu inmediatamente llamado para que tambien verbalmente se encargara de su defensa. Era entonces bien jven el defensor nombrado de oficio, y facilmente inferiran los hombres practicos la sorpresa que le causaria una comision tan repentina inesperada, aunque muy honrosa. Para que la desempeara lo mejor que le fuera posible, fu preciso examinar de nuevo los testigos interrogar al acusado, El defensor anim a este a que expusiera con respeto, pero con libertad, cuanto creyese que podia favorecerle, y sobre sus descargos se esforz luego principalmente en implorar la clemencia del consejo, fundandose en las mismas reales rdenes que recomendaban se economizase el derramamiento de sangre y en la conducta humana y generosa del general en jefe; quien en nombre de S. M. acababa de perdonar hasta al feroz Arizmendi, resultando de lo contrario que su cliente, sin disputa menos criminal que aquel, vendria a ser el nico castigado donde tantos delincuentes quedaban perdonados. Como quiera, el consejo crey justo pronunciar y pronunci sentencia de muerte contra el expresado reo; y aun se dijo despues que uno de

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aquellos severos jueces habia estimado las reflexiones y splicas de gracia del defensor mas merecedoras de censura que dignas de atencion y de favor. El consejo desestim este parecer, aun cuando la poca experiencia del defensor y el deseo de salvar la vida de su cliente lo hubiesen hecho incurrir en alguna falta en el modo de defenderlo. En fin, el acusado fu conducido a bordo del navo San Pedro donde, aprobada la sentencia por el general en jefe, debia de ser pasado por las armas. Con el salvo-conducto que Arizmendi habia obtenido se present en Pampatar. El general Morillo se esmer en distinguirlo y lo convid a una comida y un baile con que se propuso obsequiar a la coronela Morales, prisionera y detenida en la Asuncion desde antes del arribo de la expedicion peninsular y que con la toma de la isla Margarita acababa de ser rescatada. Arizmendi pareca sorprendido y admirado de las atenciones que se le prodigaban; aplaudia la generosidad espaola y hacia manifestaciones y protestas esplicitas sobre su debido reconocimiento y su futura fidelidad; pero todo era en realidad falsa y necesidad de disimulo, segun la barbarie con que volvi a dirigir nuevas y sangrientas insurrecciones, cuyo relato no pertenece ya a nuestro propsito. Fondeada todava la expedicion en Pampatar se recibieron rdenes de la corte previniendo que por el istmo de Panama se remitiese inmediatamente un refuerzo al ejrcito del Per, y en su conformidad fu designada la cuarta division que mandaba el brigadier D. Juan Manuel Pereira. Se componia esta del regimiento de infantera de Extremadura, del que era coronel D. Mariano Ricafort y en el que servia de subalterno el despues clebre D. Baldomero Espartero; del 4 escuadron de hsares de Fernando VII, su comandante el teniente coronel D. Joaquin German; del 4. escuadron de dragones de la Union a las rdenes del coronel D. Vicente Sardina, uno de los tenientes del famoso Empecinado; de una compaa de zapadores y de otra de artilleros a pie. El ayudante mayor Camba, aunque por su actual destino podia permanecer en Costafirme y acaso con ventaja, pidi y obtuvo incorporarse en su escuadron para correr la suerte que a este le cupiera. Hechas estas prevenciones y designada la tropa que habia de guarnecer la isla Margarita, se verific el reembarco de las demas y la expedicion se traslad a la inmediata isla de Coche con el fin de reponer la aguada, mientras el general en jefe y su segundo, el brigadier don Pascual Enrile, se adelantaban a Cumana en la fragata de guerra Diana. Ocupados los buques de la expedicion en la

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referida faena, se prendi fuego en la despensa del navio san Pedro, como entre dos y tres de la tarde del dia 24 de abril. Casi al mismo tienpo que el navio hizo la seal de fuego, se percibieron las humaradas que salian por sus escotillas. En Pampatar se habian embarcado en la misma despensa varias pipas de ron que fueron el primer cebo del fuego. Todos los buques de la expedicion enviaron inmediatamente de auxilio al navio sus embarcaciones menores, y con igual objeto se le acercaron tambien algunas lanchas caoneras. El incendio tom rapidamente un incremento asombroso; la tripulacion, la guarnicion y los oficiales de la dotacion del navio, as como los oficiales y tropa que conducia de trasporte, hicieron los mayores esfuerzos por apagarlo, consiguiendo al menos con la mucha agua que lograron introducir en la santa Barbara que la inevitable explosion no fuese tan violenta y terrible como debia temerse de los muchos quintales de polvora que en ella habia. Despues de inexplicables penalidades, de hericos esfuerzos y de grandisimos riesgos fu preciso solo atender a salvar la gente del navio, lo que se logro con prdida de pocos individuos, generalmente de aquellos que, por ganar mas pronto las embarcaciones menores, se arrojaban precipitadamente al agua sobre una corriente que no conocian. El activo coronel D. Mariano Ricafort se distingui por su extendida eficacia en dirigir los auxilios del navio. El justo temor de la explosion que era de esperar y aun el de la artillera cargada del navio oblig a dar la vela a algunos buques de los fondeados a su inmediacion. En fin la temida explosion se verific sin causar dao a los demas barcos ni aun a las embarcaciones menores auxiliantes, aunque por largo rato quedaron debajo de una denssima niebla de humo. Asi en pocas horas desapareci para siempre, presa de las devoradoras llamas, el hermoso navio San Pedro. La expedicion presenciaba atnita tamao espectaculo, y fuera imposible describir la triste impresion que tan lamentable suceso causaba en todos los animos. All se perdi la mayor parte de las municiones, porcion de armas y otros pertrechos de guerra y el numerario que se llevaba para el servicio de la expedicion con uno dos caballos del general en jefe. Algunos empezaron a augurar mal del xito de una campaa que comenzaba por una prdida dificil, si no imposible de reparar. El oficial enemigo, de quien se ha hecho mencion, se hallaba ya en capilla para sufrir la pena a que habia sido condenado, cuando se prendi fuego al navio. Oida a bordo la aterrante voz de fuego, y despues de muchos esfuerzos empleados para apagarlo, nadie pens mas que en salvarse, quedando aquel desgraciado en ab-

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soluto abandono. Aunque agoviado por una pesada barra de grillos que lo sujetaba, se ocup tambien, como era natural, de su propia salvacion. Principi por desembarazarse de los grillos, que era la primera diligencia, y lleg a conseguirlo despues de mucho tiempo y trabajo; por manera que, cuando pudo disponer libremente de su persona, estaba el navio hecho un volcan. Ninguna embarcacion menor habia ya a su costado y ningun otro arbitrio quedaba a este desgraciado que el de arrojarse al agua, pues que era nadador, y aun asi tuvo grandsima dificultad en vencer la corriente, que le era desfavorable, para ganar la primera lancha caonera que se ofreci a su vista en medio de la densa nube de humo formada por la explosion, que vino a verificarse casi al mismo tiempo en que el infeliz acababa de entregarse al mar. Luego que por su habilidad pudo entrar en la referida embarcacion, manifest quien era, y en consecuencia fu conducido a la fragata de guerra Hifigenia que habia quedado con el convoy. Recibida en Cumana la triste prdida del navo, regres al fondeadero de la isla de Coche el brigadier D. Pascual Enrile, comandante de la expedicion en la mar y segundo del ejrcito en tierra, y tan pronto como enarbol su insignia en dicha fragata, pas el defensor del reo a referirle lo que habia ocurrido, y a suplicarle interpusiera su mediacion en favor del sentenciado, vivo todavia como por milagro. El brigadier Enrile, sin duda poseido de la reciente desgracia que a todos afectaba, despidi al suplicante dicindole que tocaba al general en jefe resolver en el asunto. La expedicion se traslad en seguida al puerto de Cumana, y alli hubiese repetido el defensor sus buenos oficios ante la autoridad del generoso general Morillo, si una calentura de las que llaman en el pas quebranta huesos, no le hubiera obligado a guardar cama por algunos das a bordo del buque en que se hallaba. Entretanto, el reo que motiva esta digresion haba sido conducido a tierra, puesto de nuevo en capilla y pasado por las armas. Desde Cumana se traslad la expedicion a Puerto-Cabello costeando el continente americano, y desde aqui la division destinada al Per hizo rumbo a Porto-Belo, a donde lleg con felicidad, desembarcando en seguida para no volver a entrar mas en los buques que la habian trasportado. Desde aqu a Chagres todavia auxiliaron las embarcaciones menores de estos buques la conduccion de la tropa, luego por el ro Chagres hasta el pueblo de Cruces fu embarcada en Bongos manejados habilmente por los negros, y de este pueblo a Panama march la division montada en

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mulas y caballos las siete leguas que restaban. En todos estos pueblos fueron los soldados europeos recibidos con muestras de afecto: en Chagres donde hubo formacion en celebridad del da de S. Fernando el jbilo fu general; pero sobre todo en Panama recibi la division los mas distinguidos obsequios de sus habitantes. Durante la corta permanencia de esta tropa en Panama, la curiosidad natural suscitaba con frecuencia conversaciones sobre Lima y el Per, cuya animada descripcion oan sus individuos embelesados. Parecales fabulosa a los nuevos europeos la existencia de una poblacion donde nunca llovia, ni hacan fuertes vientos, ni tronaba, ni se sentia tanto calor que no se pudiera soportar la ropa de pao, ni tanto frio que fuese absolutamente necesaria la capa; pero se afirmaba al mismo tiempo que se padecian peligrosas disenteras y se sentian con frecuencia temblores de tierra. Sin embargo era vivo el deseo que todos alimentaban por llegar pronto a conocer la clebre ciudad de los Reyes, capital actual del antiguo imperio de los Incas. A mediados de junio se embarc de nuevo la tropa en los buques que la esperaban, menos el escuadron de dragones de la Union que permaneci all por algun tiempo mas hasta el arribo del trasporte que lo habia de conducir al Callao, como se verific mas tarde, y surcando con harta lentitud el mar pacfico a causa de la contrariedad del viento, fueron sucesivamente tocando los buques en el puerto de Paita para refrescar vveres y continuar a su destino. Este puerto es bueno y tiene un excelente desembarcadero, esta situado a los 5 y 5' de latitud sur y es el mas inmediato a Tumbez, Tumpiz como le llamaban los Indios, la primera tierra del Per que descubri Francisco Pizarro y en donde desembarc solo y armado Pedro de Gandia, su ilustre compaero, de cuya temeraria empresa sali como por milagro. En 1741 fue destruido el pueblo de Paita por el ingls Anson, esta rodeado de arenales por el lado de tierra, carece absolutamente de agua dulce y la que se bebe y de la que se proveen los barcos viene del conocido rio Colan, que dista cuatro leguas al Norte. El cielo de Paita esta siempre despejado, dice Mr. Stevenson, y por esta razon le estima por uno de los mejores puntos del mundo para un observatorio astronmico: nunca se experimentan all nieblas ni rocios y por consiguiente la atmsfera tiene casi siempre una misma diafanidad. Por la mucha claridad que se observa en los curpos celestes pasa como provervial la brillantez de la luna de Paita.

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Todas las tropas europeas que habian salido de Panama se hallaban en el Callao el 14 de setiembre y recibieron rden de dirigirse seguidamente a Lima, capital del Per. Su entrada en esta ciudad fu en extremo celebrada y distinguida; la mayor parte de su numerosa poblacion de todas clases y colores se hallaba extendida a un lado y otro del camino real para ver llegar la tropa peninsular que tan eficazmente habia contribuido a la paz de Europa, y el anciano y respetado virey Abascal, marqus de la Concordia, sali tambien a recibirla fuera de la puerta que llaman del Callao. Al descubrirse el coche del virey form la tropa en batalla y le hizo los honores prescritos y correspondientes a su elevada dignidad. Apese el virey del coche al llegar a la derecha de la lnea, cuyo frente recorri a pie con un aire muy digno y sobremanera marcial para su avanzada edad, dirigiendo a los oficiales y a la tropa algunas palabras lisongeras y manifestando claramente la satisfaccion con que recibia aquel oportuno refuerzo. Concluido este acto desfil la division por delante del virey, y por ayudantes de la plaza designados al efecto fu cada cuerpo conducido a su respectivo cuartel entre repetidos vivas al rey. Los jefes y oficiales fueron todos alojados y recibidos por sus patrones esplndidamente, y obsequiados en igual forma por varios dias. Los jefes de muchas provincias no cesaban de pedir al virey el aumento de sus guarniciones, cuyas instancias repetian con cualquiera motivo. La llegada de las tropas de la Pennsula por el itsmo de Panama, dice el mismo virey, excit mas el clamor y el deseo de tenerlas para su mayor seguridad, fundados en solidisimas razones, pero ninguna de tanto bulto como la que obligaba a conservar la totalidad en un solo punto para atender no solo a la quietud general, sino al restablecimiento de los tributos en que se estaba ya entendiendo, lo cual no se habria conseguido ponindolas en detalle con riesgo inminente de perderlas por desercion por otros motivos. Pero urgiendo mas que nada colocar en la comandancia militar del Cuzco persona de conocido caracter, que hiciese observar la disciplina de la guarnicion, nombr para este empleo (en 4 de octubre) con la presidencia interina de aquella real audiencia al coronel de Extremadura D. Mariano Ricafort, con la nica desmembracion de 100 hombres de su regimiento y 20 del escuadron de hsares de Fernando VII y sus respectivos oficiales; de cuyo modo calmaban mis zozobras en aquella ciudad, pues desde aquel instante, dando por terminadas las quejas de los jefes y las de

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los vecinos por el desrden de las tropas, el plan de operaciones debia corresponder con el de las provincias1 . La generosa acogida y las notorias simpatas que hall en Lima la division peninsular influyeron tal vez mucho en el hecho sensible de que vamos a dar completa noticia, porque hasta ahora no le hemos visto presentado con la debida exactitud. Una grande mayora de los habitantes de la capital del Per no se cansaba de admirar a los jvenes militares que, despues de haber contribuido a la libertad de la metrpoli, iban contentos al nuevo mundo a defender los intereses de su patria y de su rey todos como a porfia se esmeraban en obsequiar y distinguir aquella excelente tropa, manifestando el mayor anhelo porque fuese atendida hasta con imprudente preferencia, y esta fu- nesta especie no tard en producir un acto inexperado de indisciplina. Sealadas concesiones se habian hecho de real orden a la tropa expedicionaria, con el fin de llevar a sus individuos mas gustosos al otro lado de los mares; pero pronto quedaron algunas sin efecto y otras notablemente alteradas, de como se habian entendido, por posteriores aclaraciones. Habase prometido pagar a la tropa sus atrasos devengados en la Pennsula, y abonarla ademas en dinero la racion de vino correspondiente al tiempo de la navegacion. Sus jefes no descuidaron respetuosas reclamaciones, que el estado del tesoro y atenciones muy perentorias no permitieron resolver como hubiera convenido. La tropa no se conformaba pacientemente con la tardanza, ni alcanzaba, como fuera de desear, las disculpables causales que la motivaban. La indiscreta acogida que hallaban sus quejas en muchos vecinos honrados, y acaso tambien la astuta sagacidad con que hayan podido explotarlas los enemigos ocultos, comparando su mrito y preferentes derechos con los de otros funcionarios ricos puntualmente pagados y algunos jubilados con los altos sueldos de sus anteriores empleos, acaloraron los animos de la tropa hasta el peligroso extremo de combinarse sus individuos para reclamar unidos y armados las ofertas que se les habian hecho. Este reprensible pensamiento lo dirigieron con tanta cautela que nada se lleg a traslucir de l hasta el 7 de noviembre en que lo comenzaron a poner por obra. Puestos indudablemente de acuerdo el regimiento infantera de Extremadura, la compaa de zapadores, la de artillera y el 4. escuadron d hsares de Fernando VII, que formaban la division expe1

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dicionaria, porque el 4 escuadron de dragones de la Union no habia entonces llegado aun a Lima, el expresado 7 de noviembre por la tarde algunas compaas de Extremadura tomaron las armas un poco antes de la hora prevenida para el ejercicio en que diariamente se ocupaban y salieron en algun desrden a la plaza del cuartel con el designio de recorrer los alojamientos de la demas tropa peninsular y reunidos todos presentar al virey sus reclamaciones. Los oficiales de semana, que con alguna anticipacion acudan a revistar las compaas antes de salir al ejercicio, fueron los primeros que trabajaron por sofocar aquel desman. El teniente coronel D. Jos Carratala, que mandaba el cuerpo, y los demas oficiales fueron sucesivamente llegando al cuartel y todos iban procurando contener aquella determinacion, debindose al aprecio que les profesabann los soldados el que, en el calor de la resistencia, no se hubiese cometido con ellos algun exceso, enteramente infructuoso si no de peores consecuencias. El capitan de granaderos D. Antonio Ortega que era idolatrado de su compaa, pas por el pesar de verse desobedecido, alegando algunos soldados que no querian trabajar en la faena de limpiar el campo que les habia de servir de instruccion, que fu el pretexto ostensible de que se valieron. Sin embargo, el jefe consigui que la tropa saliera a la calle formada, que los oficiales ocupasen sus puestos, y qu atravesara la ciudad en columna con aparente rden, avisando al virey de cuanto ocurria por el mismo capitan de granaderos y que conceptuaba paralizada la fogosidad del primer impulso, pero muy pronto empezaron tambien a correr rumores por la ciudad revelando el mal sentido de la tropa de Extremadura, no solo extraamente variados sino tal vez, maliciosamente abultados. Con tales rumores los oficiales de los demas cuerpos de la guarnicion acudieron diligentes a sus respectivos cuarteles. Al acercarse Extremadura al de artillera ya se hallaban en l algunos oficiales de este cuerpo apercibidos en parte de lo que pasaba. Los soldados de Infantera invitaron a sus compaeros de expedicion a que se les unieran como indicaban haberles ofrecido; mas prevenidos estos por la presencia de sus oficiales tal vez arrepentidos de su injustificable proyecto, nada contestaron y se mantuvieron inmviles. Los de Extremadura tampoco emplearon ningun medio violento para obligar a los artilleros expedicionarios a que cumplieran su compromiso, como es preciso reconocer que hubieran podido: mesura a que ha debido contribuir eficazmente la acertada incorporacion de los oficiales en sus puestos y la oportuna

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aparicion del brigadier D. Juan Manuel Pereira, comandante general de la division, acompaado del mencionado capitan de granaderos. Extremadura se dirigi seguidamente al campo de instruccion a esperar al parecer la reunion de todos los concertados, como parage convenido al efecto. Los primeros oficiales de hsares de Fernando VII que, a consecuencia de los rumores esparcidos, acudieron a su cuartel, hicieron formar la tropa, y en este estado se recibi rden del virey para que el escuadron estuviese pronto al primer aviso. A fin de cumplir este precepto sin necesidad de que la tropa lo entendiera, el ayudante mayor D. Andrs Garcia Camba sac el escuadron a pie a la plazuela de Monserrate y mand pasar lista para entretenerlo luego en los ejercicios como las demas tardes. En el acto de la lista el hsar N. Penco no responda al sargento, aunque repiti ste dos tres veces sn nombre, y entonces el sargento le reconvino: el hsar replic de un modo impropio, con desusada altanera, nunca disimulable y menos en aquellas circunstancias, y hacindole salir de la formacion el ayudante, lo reprendi y envi arrestado a la prevencion. Tanto por este extrao incidente en un cuerpo distinguido por su disciplina, como por cierta agitacion que se advertia en los semblantes de muchos individuos, era harto presumible que aquella tropa tenia conocimiento del proyecto de la de Extremadura. Iba sin embargo el ayudante a dar principio al manejo del sable, cuando se present en la plazuela el comandante D. Joaquin German, y, enterado de lo que habia ocurrido, dispuso que el escuadron volviera a entrar en el cuartel, poniendo en libertad al hsar recien arrestado. Formada todava la tropa en el patio del cuartel la pregunt el comandante con suma inoportunidad si tenia alguna queja de sus oficiales; pero aquellos veteranos en formacion quedaron en el mas profundo silencio. En seguida advirti a todos el jefe que el virey ordenaba se esperasen all sus rdenes y mand romper las filas. Rotas estas la tropa rode al comandante diciendole, muchas voces a la vez, que estaba satisfecha de sus oficiales, que ninguna queja tenia de ellos, pero que temia que sus hermanos de Extremadura se hallaban en peligro y que en tal caso queran morir con ellos. Tarde conoci el comandante su ligereza imprudencia: cercado de la tropa, que no cesaba de manifestarle su ardiente deseo de participar de la suerte de sus compaeros, lo que evidentemente probaba su acuerdo, imposibilitados los oficiales de levantar su voz en presencia del jefe sin su autorizacion, recurri ste

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al arbitrio de persuadir la conveniencia de esperar, como prevenia el virey, mientras l iba a presentarse a S. E. y a informarse de lo que pasaba, y asi parti dejando ya el cuartel en ominosa confusion. Los oficiales entonces se dedicaron de consuno a tranquilizar aquellos espritus agitados, procurando inculcarles la obligacion de esperar como buenos soldados nuevas rdenes del virey y la vuelta del comandante. La calma pareci al fin algo restablecida, la tropa entr con aparente sosiego en sus dormitorios y se la mand servir el rancho de la tarde. Sabedor el virey del estado en que habia salido de su cuartel el regimiento de Extremadura mont a caballo y march a encontrarlo con la comitiva correspondiente y un numeroso gento que le rodeaba. Entre los que acompaaban al anciano y respetable virey se asegur que sobresalia por su aire y noble decision el teniente coronel D. Pedro Zabala, marqus de Valleumbroso, hoy general. Hallabase Extremadura en el referido campo de instruccion, donde el brigadier Pereira le habia mandado formar el cuadro y se ocupaba de indagar las causas de aquel acto de indisciplina, cuando se avist al virey a caballo. Pereira se acerc inmediatamente a S. E. para darle cuenta de sus averiguaciones, y entre tanto Carratala mand formar en batalla para recibir al jefe superior con los honores que se le debian, y fu puntualmente obedecido por la tropa. El virey con admirable marcialidad recorri el frente del regimiento, previno que cerrara en masa y entonces le habl con noble desembarazo y con un vigor y energa sorprendentes, pero nada desagradable a la misma tropa que le escuchaba con atencion en el mas profundo silencio. El virey estuvo felicsimo en el modo de hacer sentir a la tropa las consecuencias que los enemigos deducirian del paso que acababan de dar unos soldados que a costa de tantos sacrificios enviaba el rey a provincias tan apartadas para que defendieran en ellas como leales espaoles sus derechos y los de la Espaa. Esta reflexion produjo un efecto magico en aquella excelente tropa, que si bien habia errado en el modo de hacer llegar sus reclamaciones a la primera autoridad, sus sentimientos eran honrados y sus armas estaban prontas a emplearse contra los enemigos del rey y del nombre espaol, y esta mision la supo cumplir Extremadura muy distinguidamente. El habil virey aprovech oportunamente aquel momento para perdonar con generosidad el desman cometido, y cumpli como caballero su promesa, advirtiendo con firmeza que no disimularia en adelante falta alguna de disciplina y menos en soldados que por su calidad de espaoles y veteranos

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tenian mayor obligacion de dar buen ejemplo. La tropa prorrumpi en sentidos vivas al rey y al virey que un pueblo inmenso, expectador de aquella, escena, repetia con entusiasmo. Previa la competente venia, el regimiento se retir a su cuartel, desfilando en columna de honor por delante del virey. A estas horas ni un solo individuo del resto de la tropa expedicionaria habia acudido a la cita acordada. En el cuartel de los hsares de Fernando VII rein el sosiego hasta despues del toque de oraciones que se oyeron repentinamente las voces de a fuera, a fuera, vamos a saber la suerte de nuestros hermanos, y con sable en mano se diriga un grupo hacia la puerta principal, cerrada ya menos el postigo. La guardia de prevencion tom las armas a la voz de los oficiales y desenvainando estos sus sables se apoderaron del postigo, que hicieron cerrar tambien, quedandose de la parte de adentro los capitanes D. Gabriel Perez y don Jos de Torres, el ayudante mayor con grado de capitan D. Andres Garcia Camba, el teniente D. Luis de Soria y los alfreces D. Francisco Ortz y D. Jos Jurado de los Reyes, y entonces el capitan Torres dijo a los hsares que se movian en desrden Soldados, por aqu no se pasa sino por encima de nuestros cadaveres. Bien fuese efecto de esta imponente resolucion, bien de la buena voluntad que los soldados profesaban a sus oficiales, lo cierto es que se detuvieron, dudosos seguramente del partido que debian abrazar, cuando una voz salida de en medio del grupo, indic la facilidad que ofrecia para salir por la espalda del cuartel la pared de una caballeriza que estaba en obra. Inmediatamente tomaron esta direccion los mas acalorados, y el ayudante mayor acudi tambien por entre ellos a ganar el boquete para probar a detenerlos recordandoles el buen nombre del regimiento, como lo consigui menos de 23 hsares que con un cabo habian ya salido a la calle. Acto continuo se empez a pasar lista para saber por sus nombres los que faltaban, y entre tanto parti el mismo ayudante con dos sargentos en busca de los que salieron y recorrian las calles en perfecta formacion y rden como si fuesen desempeando un servicio mandado. No tardaron en instruirse del feliz desenlace del movimiento de Extremadura y entonces sintieron todo el peso de su falta; por manera que cuando los alcanz el ayudante le obedecieron sin la menor dificultad restituyndose al cuartel como les previno. A su llegada se hallaban en l el brigadier Pereira, teniente coronel que habia sido del regimiento, y el comandante German, quien con mayor diligencia hubiera podido evitar los conflictos en que se vieron sus oficiales. Pereira habl enrgicamente a la tropa, la record su buen

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nombre, afe con severidad su indisculpable acaloramiento, y se retir del cuartel dejando el rden totalmente restablecido. Asi pas y termin este desagradable incidente, que hemos procurado pormenorizar a fin de corregir las inexactitudes con que algunos le han descrito por falta sin duda de convenientes y desapasionados informes. El escuadron de dragones de la Union todavia no habia llegado a Lima, y mal podia por lo tanto tomar parte en el movimiento, como errneamente sienta el autor de la historia de la revolucion Hispano-Americana. Ni hubo tropelas ni temores, como supone, en la poblacion de Lima, porque ni la menor demostracion hizo la tropa contra el vecindario, que tantos derechos habia adquirido al reconocimiento de la expedicion europea. El teniente coronel Carratala con todo mand instruir una sumaria en averiguacion de los principales motores del movimiento referido, y resultaron de ella vehementes indicios de haberse empleado instigaciones de mala especie con la tropa para promoverlo, apareciendo como instrumento de funesta influencia el gastador N. Vaca, merecedor por lo tanto de severo castigo; pero el ilustre marqus de la Concordia sostuvo con nobleza el perdon que habia ofrecido a nombre del monarca, y que los hombres pensadores y sensatos estimaron no solo conveniente, sino en extremo poltico en aquellas circunstancias. Estacionada en Lima la division europea, que acababa de llegar al pas, natural era que sus individuos procuraran informarse del estado del ejrcito del alto Per y de todo el pais, que tan crtico habia llegado a ser a principios del presente ao, y cuya suerte dependa aun en gran parte del feliz xito de las operaciones que hemos suspendido en el captulo anterior para volver ahora a tomar el hilo de su narracion. Despues del afortunado resultado del choque de Venta y Media a principios de octubre, continuaba el general Pezuela en Sorasora y su enemigo ocupaba el inmediato partido de Chayanta; mas como la estacion de las lluvias estaba prxima y los recursos escaseaban; como mientras el ejrcito de Rondeau llamaba toda la atencion por el frente, podian las partidas de Lanza, Zarate y otros cabecillas, auxiliados de alguna tropa, apoderarse de puntos importantes por nuestra izquierda hasta el Desaguadero, y cortar cuando menos la lnea de nuestras comunicaciones con el resto del Per; como las tropas europeas, que acababan de llegar a Lima, habian de tardar mucho en incorporarse al ejrcito de operaciones, aun cuando se las mandara emprender esta marcha, lo que, como se ha indicado, no

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pareca permitir el estado de recelo en que los jefes de provincia pintaban las del bajo Per; y como las proclamas y escritos incendiarios de los revolucionarios y las eficaces diligencias de sus agentes y adictos hacian fundadamente temer una explosion general, a la que podria ofrecer mayor esperanza la inaccion misma del ejrcito mal interpretada; todas estas consideraciones, y algunas otras consiguientes a las mejores noticias del general en jefe, le determinaron a acelerar los aprestos para tomar la ofensiva buscando decididamente al enemigo. No podia menos el virey de estar de acuerdo con el pensamiento del general Pezuela, porque desembarazados los de Buenos-Aires del inminente peligro que les ofreca la expedicion de Morillo, desgraciadamente ya destinada a Costa-firme, podian reforzar el ejrcito de Rondeau con nuevas tropas, cuando necesitaba en la capital de la division peninsular, y los batallones de Ordenes Militares y de Navarra, que se le remitian de Cadiz tambien por Panama no llegaron jamas al Per, porque desde la Aguadilla de Puerto-Rico, donde fondearon, recibieron otra direccion con prdida de todos los gastos que para trasportarlos a Arica y al cuartel general se habian emprendido, asi en fletamentos como en vveres. A poderse preveer este ltimo incidente, dice el virey, que me priv del auxilio ofrecido, hubiera hecho pasar la 4 division del ejrcito de Morillo en auxilio del general Pezuela, sujetandome a vivir en la amargura y cuidados en que qued en la deshecha guarnicion de la capital, en ocasion que era preciso se aumentasen con el restablecimiento de la contribucion extinguida por las Crtes (los tributos), pues no podia tener tropas sin que reconociesen los naturales esta justa obligacion, ni ella se hubiera reconocido jamas sin exponerse a grandes alborotos en los partidos, lo cual ha evitado el respeto de las tropas1. Hechas, pues, por el general en jefe las prevenciones consiguientes al movimiento ofensivo que se proponia, el 1 de noviembre dej a Sorasora y fu a pernoctar en la llanura de lritu cerca de Venta y Media, de donde al siguiente dia se dirigi por Huanun a las rancheras de Bmbo, situadas al pi de la cordillera de Chayanta; mas esta noche llovi copiosamente, y, sucediendo la nieve a la lluvia en igual abundancia, temi con razon el general montar la cordillera tan cubierto el terreno de nieve que ni permitia el pasto a las caballeras, por lo que tom la resolucion de regresar el 4 a Venta y Media, dejando las tropas ligeras en Huanuni. Spose muy luego que, noticio1

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so el enemigo del movimiento de Pezuela, se habia retirado por Sacaca y Arque a Sipesipe, abandonando en el transito algunas cargas de municiones y aun enfermos, de los cuales fallecieron varios particularmente de los negros libertos. Mejorado el tiempo, descansado el ejrcito y repuestos algunos animales de carga, que habian perecido por el cansancio, la fatiga y el frio en la fuerza del temporal, el general en jefe levant de nuevo el campo el 13 de noviembre. Para salvar las grandes cuestas, que lo separaban del partido de Chayanta, vari de ruta, y tomando por Sorasora, Sepulturas, Paria, la Ventilla, Iruventilla y Japo, pernoct el 19 en la angostura de Chala donde se incorporaron las tropas que habian quedado en Huanuni, y que hicieron su marcha por Chayanta persiguiendo los rezagados y las observaciones de Rondeau. El 21 ocup Pezuela la quebrada de Tapacari y hizo alto, asi para dar algun descanso a la tropa, como para que se refrescaran los caballos y mulas de carga a favor del buen temperamento y la abundancia de forrages que se encontraban en ella. Por esta direccion el terreno es casi llano hasta cerca de la Ventilla, despues se encuentran algunas cuestas y sigue a estas la grande de Tapacar de mas de tres leguas de descenso. El 24 de noviembre continu el movimiento del ejrcito real por la quebrada de Tapacar hasta los molinos de la Ramada, que vari un poco de direccion a la izquierda a fin de evitar la temible angostura de Putna y las cuestas y desfiladeros que desembocan en el llano de Sipesipe, donde el enemigo en posicion los dominaba con su artillera. El 25 pues atravesando el ejrcito por las lomas de la izquierda de la quemada de Calliri fu a campar en mitad de una aspera cuesta, y lleg al siguiente dia a los altos de Chacapaya, desde donde se avistaron algunas partidas enemigas en la boca de la quebrada, con las que se tirotearon por la tarde nuestras guerrillas. Reconocida por muy dificil la bajada por la quebrada de Chacapaya, con particularidad para las mulas que habian de conducir a lomo la artillera, en cuyo desemboque podia el enemigo oponer grande resistencia favorecido de la escabrosidad del terreno, determin el general trasladar el ejrcito a los altos de Viluma situados a la izquierda de dicha quebrada y asi se verific el 27. Como se tom temprano posicion hubo lugar de reconocer la del enemigo en las lomas aisladas de Sipesipe a legua y media de distancia con varios cuerpos abocados a la desembocadura de la quebrada de Chacapaya, dispuestos a defender aquel paso, pero intilmente. Nuestra posicion era ya muy ventajosa, porque ademas de presentar el terreno unas

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lomas suavemente tendidas hacia el llano, por las que en caso necesario podia descender la infantera con bastante frente, ofrecia a media cuesta una pequea mesa, donde colocada la artillera hubiera alejado a los enemigos que se aproximasen al pie de la cuesta. Con este objeto ocuparon ese importante punto las tropas ligeras y se pas la noche con la debida vigilancia. Al amanecer del dia 28 se descubrieron dos regimientos enemigos apostados en las medianas de las lomas de Viluma y al pie de ellos otros cuerpos situados en las huertas. Para desalojarlos, y que el ejrcito pudiese descender con algun desembarazo a la boca de la quebrada de Chacapaya, se levant el campo temprano y se previno a las tropas ligeras que, atravesando el profundo barranco que tenian a la izquierda, ganasen la angosta cuchilla opuesta, por la que casi arrastrandose bajaron hasta donde, extendindose el terreno, pudieron romper el fuego contra el cuerpo enemigo que mas se aproximaba a nuestra izquierda por las expresadas lomas. Durante la marcha del grueso del ejrcito, dos compaas del batallon voluntarios de Castro y el batallon del general con ocho piezas de artillera recibieron rden de ir a ocupar la mesa que habian dejado las tropas ligeras para auxiliar desde ella el ataque. Montadas estas piezas dirigieron algunos disparos con tan buen acierto que pronto hicieron descender al llano un cuerpo de libertos que tenian al frente y el mismo partido tom tambien, despues de alguna resistencia, el de la izquierda, atacado con vigor por nuestros cuerpos ligeros. Seguidamente estos enemigos se parapetaron con las tapias de las huertas, sitas al pie de las referidas lomas; pero fueron igualmente desalojados de ellas por la compaa de flanqueadores y la primera del batallon de Cazadores que desplegaron la mayor bizarra. Casi al propio tiempo las dos compaas de Castro con la primera brigada de artillera y el escuadron de la escolta del general en jefe, titulado guardia de honor, descendieron de la precitada mesa y tomando la boca de la quebrada de Chacapaya desalojaron a los enemigos situados en las huertas inmediatas por esta parte. Por manera que obligados en todos los puntos los contrarios a retirarse a su campo de Sipesipe, libre y convenientemente despejado el terreno, continu el ejrcito real su marcha y fu a campar en la hacienda de Viluma al pie de las lomas de este nombre. Despues de situado el ejrcito se emple el resto de la tarde del 28 de noviembre en reconocer la posicion del enemigo para determinar con mas acierto el ataque del dia siguiente, y se empearon al-

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gunos ligeros tiroteos y escaramuzas con la caballera enemiga que se adelantaba a estorbar esta operacion. En virtud del reconocimiento practicado qued resuelto definitivamente atacar en lnea oblcua la derecha del enemigo, estimando menos ventajoso y mas sangriento un ataque de frente contra una posicion tan ventajosa como la que ocupaba Rondeau sobre las lomas elevadas y aisladas del llano de Sipesipe. Los dos ejrcitos beligerantes pasaron esta noche en sus respectivos puestos el uno al frente del otro, deseando probablemente ambos que volviera a aparecer el sol en el horizonte, contando cada uno por suya la victoria, como suele suceder en tales casos. Lleg en efecto el apetecido dia 29 de noviembre y, con las ventajas obtenidas en el anterior, entusiasmado el ejrcito real y lleno de gloriosas esperanzas decamp para ir a formar en batalla sobre la derecha de la posicion de sus enemigos. Estos, asi que comprendieron la intencion del general Pezuela, abandonaron su fuerte posicion y formaron su lnea en el llano al frente de la nuestra, apoyando su izquierda donde antes tenian la derecha, adelantando por el frente gruesas partidas hasta las tapias de las huertas del barranco del rio y por la izquierda algunos cuerpos de infantera y caballera hasta el bosque menudo de la orilla del mismo rio, con un caon largo de a cuatro y un obus de siete pulgadas, cuyas piezas rompieron el fuego que sostuvieron bien durante la marcha de las tropas espaolas, contestandolo nuestros soldados con repetidos vivas al rey. Formada con celeridad nuestra lnea de batalla se puso lueg en marcha para atacar en ese rden: los enemigos parapetados en las tapias de las huertas y apoyados en el bosque de la orilla del rio rompieron con oportunidad el fuego; pero contestado con viveza por nuestros batallones, sin dejar de avanzar, en el rden que llevaban, fueron luego desalojados y obligados a replegarse sobre su lnea. Casi al mismo tiempo haba empezado nuestra artillera a disparar contra la enemiga, que habia roto bastante antes su fuego, y seguia el avance de la lnea en cuanto se lo permitia el terreno del barranco y el rio de Sipesipe, que atraves con mucho trabajo, teniendo que suspender a fuerza de brazos el peso de los caones y las cureas. La lnea enemiga, despues que entraron en ella sus tropas avanzadas, recibi a la nuestra con firmeza y con un fuego sostenido de fusil y de caon; mas las ventajas conseguidas habian alentado de tal modo a los soldados del rey que nada bast para detener su ardimiento. Asi contestando con un fuego terrible sin dejar de

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avanzar sobre sus contrarios, en breve lograron imponer de nuevo al enemigo y obligarle a perder terreno en algun desrden. Igual era esta sealada ventaja en toda la extension de nuestra lnea, porque noblemente mulos los cuerpos unos de otros, ninguno se quedaba un paso atras y todos caminaban con admirable decision a la gloria. Asi su ataqu fu de tal manera impetuoso que los enemigos no pudieron lograr reponer su formacion, y aunque a virtud de grandes esfuerzos consiguieron reunir algunos grupos y hacer con ellos resistencia, todo cedi al empuje siempre creciente de nuestros entusiasmados batallones que al fin pusieron a sus contrarios en desordenada y completa fuga, causandoles en dos leguas de persecucion el estrago consiguiente a esta clase de derrotas. La caballera enemiga trabaj con teson por sostener a su batida infantera, cargando sobre nuestros flancos, defendido el izquierdo por el batallon de Cazadores y por el de Partidarios el derecho que lograron contenerla, rechazarla y ponerla tambien en fuga, a cuyo xito contribuy poderosamente el auxilio de los batallones de reserva y el escuadron de la guardia del general en jefe que acudieron con mucha oportunidad, y cuyo escuadron persigui luego a los fugitivos. Asi quedaron por tierra en poco tiempo los gigantescos proyectos del caudillo Rondeau, no solo confiado de sublevar las provincias del alto Per, sino de llevar la insurreccion de nuevo al Cuzco. La prdida del enemigo en esta memorable batalla consisti en mas de 500 muertos, inclusos 53 gefes y oficiales, 25 de estos prisioneros con mas de 800 individuos de tropa y sobre 1000 heridos de los cuales muchos han perecido despues en los montes: cogieron ademas los vencedores en el campo de batalla tres banderas, cuatro caones largos de a cuatro, cuatro cortos del mismo calibre, dos de a dos, un obus de siete pulgadas, todos sevillanos, y 1500 fusiles sin contar los que despues se fueron recogiendo por los cerros. Nuestra prdida fu muy corta en comparacion, se redujo a cinco oficiales, 32 soldados muertos y 198 heridos. Esta famosa victoria ganada en los campos de Sipesipe lleva el nombre de Viluma que la di el vencedor, quien mas tarde fu muy justamente agraciado con el ttulo de marqus del nombre que lleva aquella batalla. La resolucion de buscar al enemigo en la situacion en que el general Pezuela se veia fu indudablemente acertada, y la paciente constancia con que los jefes, oficiales y tropa del ejrcito real sufrieron las privaciones y fatigas de todo gnero que ofrecian las operaciones por un pais frio y arido, merece el mas justo y

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cumplido recuerdo. El valor y decision que nuestros cuerpos manifestaron como a porfia en el acto del combate esta bien acreditado por sus felices resultados. No nos parece que merezca igual concepto la formacion de que el general Pezuela se vali para atacar, formar en batalla fuera de tiro del enemigo y marchar a l en este rden haciendo al mismo tiempo fuego, no sera maniobra que imiten los militares tacticos. Era entonces el modo de combatir adoptado por nuestros jefes y como se acercaba algo al rden abierto que tanto agrada a aquellos naturales, el valor personal en que nuestras tropas excedian triunfaba regularmente del nmero. Si contra esa lnea, desordenada por la marcha y por los fuegos que al mismo tiempo sostenia, hubiese Rondeau empleado una dos columnas bien dirigidas, es muy probable que el resultado de la batalla hubiese sido distinto. El general enemigo ha acreditado su insuficiencia y la gente que mandaba su inferioridad a la nuestra. Los enemigos aprendieron con la continuacion de la guerra, como los rusos de Pedro el Grande con las lecciones que les dieron los suecos de Carlos XII, y los rivales de Pezuela fueron convirtndose con la practica en otro gnero de milicia; sin que por esto pretendamos disminuir ni en un apice el mrito del afortunado general de las tropas del rey. Al dia siguiente de la gloriosa batalla de Viluma, es decir, el 30 de noviembre, las tropas ligeras al mando de Olaeta, ascendido a brigadier, marcharon en persecucion de los fugitivos y con el encargo tambien de ocupar a Potos. Este jefe hizo en el transito algunos prisioneros, recogi varios fusiles y supo en fin que Rondeau herido, con su segundo Cruz y otros jefes de cuerpo se retiraban por el lado de Chuquisaca con solos 400 hombres reunidos y de estos cerca de la mitad sin armas, cuya circunstancia confirma la enorme rota que experiment el ejrcito insurgente que habia llegado a reunir antes de la batalla sobre 6,000 hombres, casi la tercera parte mas en nmero que el ejrcito espaol. D. Joaquin de la Pezuela, promovido a mariscal de campo por los felices resultados de Vilcapugio y Ayohuma, hizo una promocion en Viluma en la que ascendi a teniente general a D. Juan Ramirez, y al aprobar interinamente estas gracias el virey Abascal le promovi tambien a teniente general como merecia. Descans dos dias en Sipesipe, y el 2 de diciembre se puso en marcha para Cochabamba a fin de que sus tropas se repararan como habian necesidad. El dia 6 el teniente general Ramirez con el segundo regimiento, el batallon del Centro y una brigada de artillera

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parti para Chuquisaca con el encargo de poner en rden los asuntos del gobierno, trastornado por tercera vez por los revolucionarios. El 16 entr en Potosi el general Olaeta, habiendo huido a su aproxinincion los 60 enemigos que la gnarnecian, despues de cometer sus acostumbrados robos. El 26 del mismo diciembre sali para Potos el mayor general D. Miguel Tacon, ascendido tambien a mariscal de campo, con el primer regimiento y con el encargo de arreglar los negocios pblicos de aquella importante provincia, cuyo gobierno le estaba confiado por S. M. Y el jeneral en jefe permaneci en Cochabamba dedicandose igualmente a restablecer el rden en la administracion pblica, expurgando al mismo tiempo la provincia de los partidarios declarados de la revolucion para asegurar mas por este medio su futura tranquilidad. A los pocos dias de establecido el cuartel general en Cochabamba sali tambien para el Valle-Grande con su batallon de Fernando VII el comandante Aguilera, ascendido a coronel efectivo, con la comision de aumentar en dicho valle su fuerza y ocupar despues a Santa Cruz de la Sierra, cuyo gobierno le confiri el general. En esta provincia, la mas inmediata del alto Per a los dominios del Brasil, mandaba Carrera como delegado del gobierno intruso, quien habia depuesto a su antecesor el revolucionario Warnes, retirado al partido de Mojos y Chiquitos que se hallaba igualmente conmovido. Por manera que no le faltaban atenciones al coronel Aguilera y haria un importante servicio si lograba tranquilizar aquellos paises, para lo cual servia de poderoso estmulo la entendida concesion del gobierno que el general en jefe le habia hecho. Despues de la sealada victoria de Viluma y sus trascendentales consecuencias y con la confianza que aumentaban las tropas peninsulares en Lima, la situacion del Per al acabar el ao de 1815 era evidentemente muy distinta de como se habia presentado al principio. El Per gozaba de los beneficios de la paz, y su ejrcito de operaciones victorioso ocupaba las provincias del vireinato de Buenos-Aires desde la izquierda del Desaguadero hasta Potos y amenazaba se puede decir otras con esperanza de invadirlas ventajosamente, una vez que fuese convenientemente auxiliado. Calclese ahora la oportunidad con que habria arribado a las playas del rio de la Plata una expedicion de la Pennsula. Y calclense en fin las naturales consecuencias que hubiera ofrecido la del general Morillo, si por desgracia de la Espaa no se hubiese cambiado su destino, llevandola a perecer en un clima mortfero en vez de haber

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asegurado la poseson del dominio espaol en toda la inmensa extension de la Amrica Meridional.

CAPITULO IX. Sorpresa de Salo.Retirada de Rondeau a Jujuy.Ocurrencias en las tropas enemigas.Los realistas ocupan a Suipacha y Libilibi.El general Pezuela pasa a Mondragon y Potos. Ramirez.Defensa de Chuquisaca por la Hera.Sus operaciones. Desastre del comandante Herrera.La Madrid. Brown bloquea el Callao.Apresa dos fragatas.Pasa a Guayaquil.Su prision y cange.Sorpresa y muerte de Camargo.Los generales Pezuela y Ramirez son promovidos el primero a virey del Per y el segundo a presidente de Quito. Nombramiento de nuevo general en jefe. Noticia de refuerzos.Ocupacion de Tarija.Facciones.Muerte del subdegado de Cinti.Salen de Lima tropas europeas para el alto Per.Larecaja.Nuevos apuros de Chuquisaca.Derrota de Padilla.Comunicacion del enemigo.Tarija.Aguilera. Gerona.Desembarco del general La Serna en Arica.Su ingreso en el mando del ejercito.

AO DE 1816

El brigadier Olaeta, comandante general de la vanguardia, continuaba al sur de Potos la persecucion de los enemigos derrotados en Viluma, cuando en 4 de enero di parte de que segun las noticias recibidas Rondeau habia reunido en Tupiza sobre 1,000 hombres y aparentaba detenerse haciendo al efecto preparar cuarteles; mas que sabedor de la direccion de la vanguardia espaola habia cesado de alucinar a los incautos ponindose en retirada para Suipacha, aunque dejando como 250 hombres de observacion en la angostura

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de Salo. Olaeta empez a maniobrar con habilidad para sorprender este destacamento, y lo consigui tan completamente pocos dias despues que, ademas de causar a los contrarios la prdida de algunos muertos, hizo 74 prisioneros y cogi 70 fusiles, 50 lanzas, 200 caballeras, tres cajones de municiones y cantidad de comestibles, que se distribuyeron a los batallones de Cazadores y Partidarios. Con este nuevo contratiempo prosigui Rondeau replegandose sobre Jujuy, y Olaeta ocup a Suipacha y Libilibi. El jeneral en jefe reforz las tropas de la vanguardia con el primer regimiento, que mandaba por este tiempo D. Antonio Mara Alvarez, ascendido a brigadier en los campos de Viluma, a quien se le encarg la persecucion de los dispersos de Rondeau y de las facciones que molestaban los valles de Santa Elena, Ingahuasi y Culpina. Cerca de la hacienda que lleva este nombre cuyo terreno es a propsito para el arma de caballeria, le esperaba el valiente comandante La Madrid con un escuadron y una numerosa indiada, que capitaneaba el caudillo Camargo. Aqu se trab un combate obstinado el 31 de enero, en el que se consumieron bastantes municiones, cuando no se contaba con mas repuesto que el de las cartucheras, descuido verdaderamente sensible. La situacion de Alvarez era delicada: con enemigos fuertes que combatir, y que por la reunion progresiva de indios alzados habia de aumentar su numero, sin vveres y escaso de municiones, adopt la determinacion de replegarse sobre Cinti, por el camino mas corto que le ofrecia la profunda y escarpada quebrada de Uturungo, lo que verific, sosteniendo repetidos y temerarios choques el 2 y 3 de febrero, con alguna prdida, aunque debi ser mayor la de los enemigos. Estos engreidos, persiguieron a los nuestros hasta el mismo pueblo de Cinti, y pocos dias despues entr Alvarez en Santiago de Cotagaita para reponerse de armamento, de calzado y de municiones, desde donde march luego a acantonarse en Moraya y Mojos. El jeneral Rondeau se hall en Jujuy con el jefe Frenchs y como 1,000 hombres de los 2,000 remitidos de Buenos-Aires en su socorro, porque habia experimentado en la marcha la desercion que se deja inferir. La aversion al servicio militar era general en los naturales de Amrica. Asi pues, y aun contando con los gauchos de Gemes, muy buenos para hacer la guerra en su propia provincia, y con la reunion de algunos dispersos mas de los de la rota de Viluma, no podia Rondeau reunir fuerza suficiente para sostenerse en Jujuy, caso de que el ejrcito vencedor avanzara; pero servia de garanta a los independientes la reconocida circunstancia de que los jefes

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espaoles no estimaban conveniente la invasion de Salta sin todos los medios necesarios para continuar la ofensiva con ventaja, despues de dejar aseguradas las provincias de retaguardia, cuyo sentir era acertado. Arreglados los negocios del gobierno de Cochabamba, el general en jefe sali el 12 de enero de esta capital para Potos, y dos das despues tomaron la misma dreccion el batallon de granaderos de Reserva, el de voluntarios de Castro Chilotes y el 2 escuadron de Cazadores. El general llev la ruta de Caraza, Capinta, Sicaya, Caquri, Sacaca y Chayanta para salir a Ancacato sobre el camino real de la posta, y los referidos cuerpos marcharon desde Capinta por Arque y Quirquiabi a salir a Sorasora sobre el mismo camino, para excusar a la tropa el paso de los varios ros de vado mas dificil algunos en la direccion anterior. Desde Ancacato continu el general en jefe por Vilcapugio, Tolapalca, Lagunillas, La Lea, Llocalla, y llego el 30 de enero a Tarapaya, situandose en la hacienda de Mondragon para restablecer su trabajada salud bajo la influencia de su suave temperatura. El Estado Mayor pas a la inmediata villa de Potos, y en ella entraron tambien el 11 del siguiente febrero los cuerpos ya mencionados con la artillera y el parque. El 8 de febrero entr tambien en Potos, procedente de Chuquisaca, el general Ramirez con el 2 regimiento, cuyo cuerpo continu su marcha a Santiago de Cotagaita. Ramirez sufri una demora de nueve das en el rio Pilcomayo, porque los facciosos habian inutilizado el puente. La guarnicion de Chuquisaca la cubria el batallon del Centro, y su coronel D. Jos Santos la Hera se habia encargado interinamente de la presidencia de Charcas, a tiempo que el caudillo Padilla engrosaba considerablemente su faccion con oficiales y soldados de los dispersos de Viluma, y a fin de aprovechar el vaco que dejaba la salida del segundo regimiento, Padilla empez a moverse con notable actividad contra Chuquisaca. Noticioso la Hera del plan del enemigo reuni el 9 de febrero una junta de guerra para afirmar con su apoyo la idea de no perdonar medio alguno de resistencia, y tuvo la satisfaccion de observar que el espritu de los convocados era uniforme, marcial y decidido; pero todavia no se habia disuelto la junta, cuando aparecieron los rebeldes a la vista de Chuquisaca y la acometieron con tanta confianza que no tardaron en penetrar osadamente en algunas de sus calles. Aunque la ciudad carecia de defensas artificiales y la guarnicion era corta, la resistencia que opuso auxiliada de varios paisanos armados, fu bizarra y la animaba con su presencia el coronel la Hera, quien,

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acompaado del ayudante don Felipe Ribero y de algunos soldados, acudia diligente a donde le parecia mas preciso, hasta que los esfuerzos de los leales lograron rechazar a los agresores causandoles bastante prdida. Instruido el general en jefe de lo que pasaba en la provincia de Charcas, no obstante la ventaja que se habia obtenido en Chuquisaca, remiti all al batallon del General bien bajo de fuerza. Sin embargo, con este corto refuerzo pudo la Hera salir en persecucion de Padilla, se atrevi ste a esperarlo en la Laguna y fu de nuevo batido en esta villa. En ella se detuvo el jefe espaol algunos das con el fin de favorecer las operaciones de Aguilera en Vallegrande. Con todo, la revolucion crecia en la provincia de Charcas, las comunicaciones con la capital estaban obstruidas, y escaseaban en la Laguna las municiones y los recursos. Para buscar algun remedio a estas perentorias necesidades, remitia la Hera a Chuquisaca la compaa de tiradores del Centro, la cual, despues de haberse batido casi un da entero con un nmero excesivo de facciosos, tuvo que regresar al punto de su partida. Entonces encar la Hera la misma comision al comandante D. Pedro Herrera con la mayor parte del batallon del General, quien demasiado arrojado lleg a comprometerse tan inconsideradamente que, aunque se bati con el mayor valor mientras duraron las municiones de las cartucheras de su tropa, se vi al fin obligado a capitular y entregarse prisionero al caudillo Serna, que con la mas atroz barbarie lo hizo pasar por las armas con otros oficiales y mand dar muerte a la tropa a garrotazos, acto incuo que encrudeleci barbaramente la guerra. Casi al mismo tiempo que el cabecilla Serna dispona con atrocidad de la suerte de Herrera y de sus subordinados, se atrevi Padilla, auxiliado de un gran nmero de indios, a atacar el Batallon del Centro en la Laguna; pero este cuerpo rechaz valientemente a los enemigos que, como era sabido, se dispersaban facilmente para volverse a juntar con asombrosa prontitud. Dos das despues, era ya entrado marzo, tuvo la Hera noticia de la desgracia de Herrera, y resolvi replegarse a todo trance a Chuquisaca. En los seis das que dur esta marcha apenas dejaron de batirse nuestros soldados, brillando en todos como a porfia la lealtad y el aliento, as como por parte de la Hera el acierto en sus disposiciones. Entretanto haba vuelto Camargo a reunir los indios alzados del partido de Cinti, protegido al efecto por algunos caballos del comandante La Madrid, a quien el general Rondeau habia dado la comision de recoger dispersos de los de Viluma insurreccionar el pas. Un

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destacamento del primer regimiento persigui con tanta actividad y constancia a La Madrid que le oblig a replegarse con prdida hacia Tarija; mas noticioso el brigadier Olaeta, comandante general de nuestra vanguardia, de que este peligroso faccioso se dispona a marchar a Jujuy, cuartel general de Rondeau, destac una columna que le saliera al encuentro, la cual tuvo la suerte de alcanzarlo y de batirlo con nueva prdida en hombres y armas. El 18 de febrero se traslad el general Pezuela de Mondragon a Potos con el fin de acelerar la marcha del resto del ejrcito hacia Santiago de Cotagaita, para donde habia partido ya el general Ramirez. Hizo tambien el general Pezuela salir sigilosamente de Potos para el valle de Cinti al batallon de Castro y a la mayor parte del escuadron de su guardia con el expreso encargo de que lanzasen al menos de l al caudillo Camargo, que no cesaba de causar destrozos en sus hermosas y ricas haciendas. Recibise en Potos el 26 de febrero el correo de Lima, y por l la noticia de quedar bloqueado el puerto del Callao por cuatro buques de guerra, pertenecientes a Buenos-Aires, al mando del ingles Brown. Esta escuadra se arm y prepar en el rio de la Plata, despues de la prdida de la espaola que auxiliaba poderosamente la defensa de Montevideo. Y ntese que cuando en 1813 la guarnicion de esta plaza, aunque compuesta de 6,000 hombres, entre ellos 4,000 veteranos no podia dar un paso por tierra que no fuese marcado con prdidas y quebrantos, como dice Torrente: seguia la marina, contina, ejerciendo una decidida superioridad, y era la nica fuerza que podia hostigar con fruto a los rebeldes. Valindose de esta ventaja, no habia punto de la costa que pudiera sustraerse a su poder, y el nmero de sus triunfos se contaba por el de sus empresas, sin que hubiera tenido mas contraste que en el desembarco de 250 hombres, verificado en el mes de febrero en las inmediaciones de S. Lorenzo. Esto no obstante al ao siguiente de 1814, despues de referir el citado historiador las diversas facciones que dividian a los revolucionarios, dice: sin embargo de tan horrorosa discordia iban tomando bastante incremento las tropas de la capital (Buenos-Aires) y su marina. Mandada esta por el ingles Brown, bien provista de todos los pertrechos guerreros proporcionados por este aventurero y por sus paisanos, atacan la escuadra realista y la vencen en 16 de mayo. Faltando a los sitiados este nico recurso que les quedaba para proveerse de vveres, caen en el mayor desaliento: y tomando al mismo tiempo los negocios un aspecto mas serio por la parte de tierra, se rinde finalmente

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(Montevideo) y se pierde con aquella plaza el paladio de la autoridad real en la Amrica meridional 1. Tan extraordinaria fortuna puso al gobierno de Buenos-Aires en estado de destinar al mar Pacfico la escuadra que al principio del presente ao de 1816 se present a la boca del puerto del Callao, durante cuyo bloqueo, aunque de corta duracion, tuvo Brown la suerte de apresar dos fragatas mercantes, la Consecuencia, procedente de la Pennsula y la Candelaria de Chile. En la primera, ricamente cargada, fueron prisioneros varios pasageros y entre ellos el brigadier Don Juan Manuel de Mendiburo, nombrado gobernador de Guayaquil por S. M., los cuales todos debieron poco despues su libertad al temerario arrojo del enemigo. El virey de Lima supo en marzo de 1815 el apresto y destino de esta escuadra al mando de Brown, como l mismo confiesa en la relacion de su gobierno. Pareciale imposible que los independientes de Buenos-Aires se hubiesen decidido a semejante empresa a no contar sobre seguro con la variacion de destino del ejrcito expedicionario del mando del general Morillo, cuya noticia tuvieron con anticipacion, pues debiendo oponer fuerzas a aquellas fuerzas no hubieran debilitado las que debian obrar sobre el agua. De aqui concluia el virey: que sus agentes (los de Buenos-Aires) en Europa penetraron el misterio del destino de las tropas para comunicarlo a sus comitentes con la mayor anticipacion, y que ha sido tan util a los revolucionarios como perjudicial a este vireinato 2. La primera noticia que se tuvo en Lima de que una escuadra enemiga cruzaba entre las islas de las hormigas y el Callao, aunque sin dejarse ver de tierra, la comunic l subdelegado de Chancay con referencia a los prisioneros que venciendo gravsimos peligros habian logrado escaparse de dichas islas y aportar en una lancha a dicha costa. El virey expidi inmediatamente las rdenes oportunas para la vigilancia y posible defensa de la costa, reforz las observaciones de caballera del pais con destacamentos de los escuadrones de hsares y dragones peninsulares, aument la guarnicon de los fuertes del Callao con tropa de Extremadura, mand que los buques surtos en el puerto se acoderasen de la manera mas conveniente a juicio del jefe del apostadero; apost una goleta correo en las islas de S. Gallan y el falucho de rentas a sotavento del puerto para dar avisos, y finalmente apel al acreditado patriotismo del consulado
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Historia de la revolucion Hispano-Americana. Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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para un armamento especial en circunstancia que la marina no podia prestar auxilio alguno, porque carecia de fuerzas, y la real hacienda no se hallaba en estado de emprender erogacion por pequea que fuese. Dos das despues de recibida la expresada noticia, es decir, el 21 de enero a las tres y media de la tarde los cuatro buques enemigos se avistaron como 4 leguas al oeste del Callao con banderas largas. El virey repiti sus prevenciones y muy particularmente a los buques que se hallaban en el puerto con el fin de precaver que pudiesen ser incendiados por sorpresa, como tal vez fu la intencion de Brown. Este atrevido marino atac en efecto con cinco seis botes armados la baha cerca de las cuatro de la maana del da siguiente 22, sosteniendo el ataque con una fragata y un bergantin; pero fu bravamente repelido por un lanchon y nuestros botes tambien armados. Repitieron los enemigos su empeo en la noche del 27 de enero bajo la proteccion de uno de sus buques mayores a la vela; mas despues de un largo fuego de caon y de fusil fueron tambien rechazados con la prdida de 29 hombres muertos, considerable nmero de heridos y no pocas probables averas en el buque que mas sostuvo el fuego. Con un descalabro semejante, dice el virey, con el temor de que las fuerzas sutiles del puerto se empleasen contra su escuadrilla, pues a su vista se trabajaba de dia y noche en su apresto, igualmente que en el de los buques del comercio, dieron la vela despues de algunas presas que la casualidad les proporcion en la boca del mismo puerto, y a las que no pudo alcanzar el recurso de las embarcaciones apostadas en los puntos de recalada; pero no fu sin fruto esta medida que libr al navo de la compaa de Filipinas, nombrado San Fernando, cuyo valioso cargamento procedente de Panama, era de sumo inters para este comercio. Hasta el 5 de febrero no pudieron evacuarse en el Callao los aprestos de la armadilla compuesta de seis buques con la fuerza de 126 piezas de calibres proporcionados a sus portes y 980 hombres de tripulacion y guarnicion, inclusos los artilleros infantes que se consideraron necesarios para su auxilio, quedando por fuerza sutil para defender el puerto cuatro lanchas caoneras, un lanchon con un caon de a 18 y la lancha de la fragata Piedad con uno de a 12, y ademas de los botes de fuerza de su dotacion, los del comercio que

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se hallaban en estado de rendir provecho hacer algun servicio en la baha.1 Habiendo desaparecido la escuadra enemiga del Callao, y a pesar de que las probabilidades inclinaban a creer que hubiese hecho rumbo al norte, el consulado despach la armadilla de su armamento hacia el sur, dandola las instrucciones a que habia de sujetarse. A los pocos dias de haberse hecho a la mar estos buques, se recibi parte de que los enemigos se habian avistado sobre la costa de Tumbez, y fu preciso despachar un alcance a nuestra armadilla para qu, retrocediendo al Callao, pudiera luego seguir en demanda de la de Brown. Este mas arrojado que prudente entr en la ria de Guayaquil, dice el virey, con un bergantin y una goleta, y rindiendo la batera de Punta de Piedras, por su cortsima guarnicion y falta de municiones, subi hasta ponerse frente al fuerte de San Carlos. Alli sufri el bergantin a tiro de fusil prdida considerable de su tripulacion, y obligado por el fuego de una partida de 50 hombres de infantera, y otra con que fu socorrida aquella, bar el buque rindindose a las armas del rey con el principal jefe de los piratas que se hallaba a su bordo. A los cinco dias se present el resto de la expedicion batindose con el fuerte de la Cruz, que se habia formalizado por la actividad del coronel Bejarano en parage avanzado mas de 900 varas al de San Carlos. El acertado fuego de esta batera hizo fondear a la fragata fuera del tiro, a repararse de los daos que habia recibido en el casco y arboladura, y convencido el enemigo de la imposibilidad de vencer este punto, desisti de su empresa y pas a tratar con el gobernador sobre el cange del general de aquella escuadrilla con los prisioneros que traa a su bordo, hechos en el puerto del Callao y que venian de pasageros desde Cadiz en la fragata Consecuencia. Nadie dudaba, segun esto, que seria desechada semejante proposicion, porque siendo ventajosa la situacion del gobernador de Guayaquil, era este el caso forzoso de dictar la ley a los piratas. A pesar de todo, la sorpresa del pblico, del comercio y la de este gobierno fueron grandsimas al ver concedida en todas sus partes la transaccion propuesta por el enemigo devolvindole al caudillo principal, alma de la empresa, para continuar sus hostilidades en toda la extension del Pacfico. 2

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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia. Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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Vuelto Brown al mando de su escuadra, a consecuencia del cange de prisioneros acordado por el gobernador de Guayaquil, hizo rumbo hacia la costa de Panama, mientras los buques armados espaoles se hallaban en la de Chile. A haber contado el virey del Per con fuerzas navales competentes, no se hubiera realizado esa atrevida expedicion, habra sido el enemigo prontamente perseguido y acaso provechosamente escarmentado. El puerto del Callao era, por su posicion central, el mas propio y adecuado para mantener en l el armamento martimo que las circunstancias reclamaban; pero esta necesidad reconocida y representada al gobierno supremo por todos los jefes superiores del pais, no pudo nunca llegar a ser tilmente satisfecha, y aun quiso nuestra desgracia que los buques de guerra espaoles que pasaron al Pacfico viniesen a aumentar el poder naval de los independientes de la manera que se ira viendo. El general Pezuela continuaba en Potos los aprestos del movimiento iniciado hacia el extremo austral de la provincia, cuando le llam la atencion el cabecilla Betanzos, apostado con su faccion sobre el camino de Chuquisaca, cuyas comunicaciones obstruia. Interesaban estas mucho para que el general en jefe las descuidara, y as destac inmediatamente algunas compaas para asegurar aquellas, las cuales salieron de Potos el 10 de marzo. La frecuente aparicion de cabecillas nuevos y la consiguiente interceptacion de los caminos eran asuntos que no podian dejar de entrar en los calculos del general, interesado en el sosiego del pais y en la libre comunicacin de los pueblos. La tranquilidad de estos era de la mayor importancia para las operaciones en mayor escala, y para conseguirla y asegurarla pensaba organizar una columna con la fuerza de 1,000 hombres de todas armas, y destinarla exclusivamente a la persecucion de las partidas de indios alzados, que obstruian las comunicaciones y perturbaban el sosiego pblico. Este pensamiento indudablemente til no lleg a tener efecto, como se proyectaba. Recibida en Potos la noticia del desastroso fin del comandante Herrera y de la tropa que mandaba, el estado de la provincia de Charcas reclamaba un pronto auxilio, y con este objeto el jeneral en jefe remiti a Chuquisaca al general Tacon con una columna a la ligera. Este jefe incorpor al batallon del Centro los restos del del General, dispuso seguidamente algunas batidas en las que continu distinguindose el cuerpo que mandaba la Hera, y no apareciendo tan triste como se habia creido la situacion de dicha provincia,

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regres luego a Potos. Entonces el cuartel general se puso en marcha el 18 de marzo y, siguiendo por la Lava, Tuctapari, Vitiche, las Cabezas, Tumusla y Escara, lleg el 24 del propio mes a Santiago de Cotagaita. Asi las cosas, la cuestion que se ventilaba con las armas en el nuevo-mundo ofreca en esta poca un porvenir de lisonjeras esperanzas para la Espaa. El extenso vireinato de Lima disfrutaba de completa tranquilidad: las provincias del de Buenos-Aires desde el Desaguadero a Tarija y Santa Cruz de la Sierra, denominadas del alto Per, estaban ocupadas por la superioridad de las armas espaolas, que perseguian en todas direcciones a los cabecillas obstinados en fomentar y mantener la revolucion: los importantes reinos de Chile y de Quit obedecian al gobierno espaol: el bravo infatigable general Morillo hacia grandes progresos en la pacificacion del vireinato de Santa Fe de Bogota, despues de haber ocupado el 6 de diciembre anterior la plaza de Cartagena, si bien a costa de prdidas considerables en las tropas europeas, diezmadas por la terrible infuencia de aquel insalubre clima, y en el vastsimo imperio de Mjico la revolucion parecia vencida; ni en el mar Pacfico en fin, despues de la desaparicion de Brown, ondeaba tampoco el pabellon revolucionario, tan funesto mas tarde para la Espaa. Es verdad que el Per contaba con pocas fuerzas navales y aun estas de corta vala; pero el gobierno de S. M. prometia prontos y eficaces auxilios. El buen rden que se advertia en la administracion del Per y la opinion de sus pueblos favorable en general a la causa de Espaa entonces, debido todo a la rectitud y acreditada experiencia del virey marqus de la Concordia y a los felices resultados de la campaa, obtenidos por el general Pezuela, permitian al gobierno superior pensar en llevar las operaciones ofensivas a la provincia de Salta para sacar todo el partido posible del efecto que naturalmente habia de haber producido en ella la derrota de sus huestes en Viluma. En este concepto el virey hizo con fecha 26 de febrero al general en jefe las prevenciones que estimaba conducentes; pero sometiendo, como era prudente, a la discreccion del general la ejecucion de ese pensamiento, facultad tanto mas necesaria cuanto, como decia el virey: a distancias tan enormes todo vara con el tiempo, y mas en estos paises en que la inconstancia del soldado, que no alcanza a contener los estmulos del premio y del castigo, hacen variar casi diariamente la fuerza del cuerpo de operaciones. 1
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Mientras la espresada rden preventiva cruzaba la grande distancia que separa a Lima de Santiago de Cotagaita, una comunicacion del general en jefe de 21 del mismo febrero hacia igual camino en direccion inversa. En ella exponia el general al virey la escasez de fuerzas con que podia contar para dar mayor extension a las operaciones, y concluia pidiendo que se remitiesen al ejrcito las tropas peninsulares que se hallaban en Lima y habian formado la 4 division del ejrcito de Morillo. Pero de esta tropa, confiesa el virey, que solo podan marchar los dos escuadrones de hsares de Fernando VII y de dragones de la Union, despues de la estacion de las aguas, tentando el arbitrio de que fuesen por tierra y llevasen los caballos de mano, como se verific oportunamente. De la expedicion de 2,000 hombres, contina el rey, que debi salir de Cadiz en noviembre de 1815 en derechura para el Callao, se encontraron en la mar con la rden de dirigirse a Portovelo. Para el trasporte de estos me hallaba habilitando con gran trabajo los buques que debian trasportarlos (desde Panama) y en esta virtud dispuse que los cuerpos de Brgos y Gerona, con todo el nmero de plazas de que se componian, navegasen en derechura hasta Arica y de alli marchasen al cuartel general, y el de Cantabria destinado a reforzar el Real de Lima (hoy infante D. Carlos) al Callao, a cuyo arribo debera seguir el de Extremadura al ejrcito en las propias embarcaciones. Por lo pronto era imposible tomar otra determinacion que la de recomendar con eficacia como lo hice al presidente del Cuzco el envo de reclutas de aquella provincia, nterin que Morillo, dueo de Santa F, dispona remitir el sobrante de tropas de su expedicion. 1 Vase, pues, si los partidarios de la dominacion espaola, que positivamente entonces eran en gran nmero, merecian disculpa si se lisongeaban con la idea de la prxima pacificacion de la Amrica meridional. Pero no es dado a los mortales el poder leer en el gran libro de los destinos. Mientras el general en jefe esperaba en Santiago de Cotagaita, el batallon de voluntarios de Castro y 70 caballos alcanzaron cerca de Culpina la faccion de Camargo, posesionada de un cerro aspero y de muy dificil acceso. Ocupado el jefe de esta columna de discurrir el modo de desalojar al enemigo a menos costa, se le presentaron el 2 de abril dos indios de dicha faccion, y dieron noticia puntual de su fuerza, de la formidable posicion que habia elegido, de sus preparativos de defensa y de sus miras hostiles; mas uno de ellos se
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ofreci a servir de guia para que nuestra tropa ganara en silencio la cumbre del expresado cerro donde campaban los insurrectos. En esta confianza el jefe del batallon de Castro se puso en movimiento a las ocho de la noche del mismo dia, previniendo al comandante de los 70 caballos la ruta que habia de seguir hasta apostarse a la entrada de la llanura sobre la que se levanta el mencionado cerro, y a la madrugada del siguiente 3 de abril habia logrado situarse dominando el campamento enemigo sin que nadie le sintiera. Fu este atacado de improviso con tal mpetu de nuestra parte y tanta sorpresa de los contrarios que no acertaron a defenderse, ni pensaron mas que en huir despavoridos en la direccion que les era posible, dejando en el campo crecido nmero de muertos y heridos, entre los primeros a su jefe Camargo, al cabecilla Villarrubia y 11 oficiales mas de menor cuenta con algunas armas. La muerte del titulado coronel Camargo era un beneficio para los pueblos que asolaba con sus continuas depredaciones y enormes exacciones, y por lo tanto fu remitida su cabeza al cuartel general, donde se mantuvo expuesta al pblico algunas horas. La muerte de este partidario, nombrado por el general Rondeau, comandante general, y la completa derrota de su faccion se estimaron como merecian, as por la actividad y notoria influencia del caudillo, como porque iba a respirar el fertil y acosado valle de Cinti. Entre tanto lleg a Lima por la via de Panama un correo de la Pennsula con correspondencia pblica, y se recibi con ella la real rden de 14 de octubre de 1815, por la que mandaba S. M. que el general Pezuela relevase interinamente al marqus de la Concordia en los cargos de virey y capitan general del Per, y al mismo tiempo se servia nombrar al teniente general don Juan Ramirez y Orozco gobernador presidente del reino de Quito, eligiendo para el mando en jefe del ejrcito del alto Per al mariscal de campo D. Estanislao Sanchez Salvador. Recibironse estas noticias el 10 de abril por extraordinario en Santiago de Cotagaita con prevencion expresa del virey marques de la Concordia para que Pezuela entregase el mando del ejrcito al general Ramirez hasta el arribo de Salvador, que debia salir de la Pennsula en noviembre ltimo con los 2,000 hombres, de que se ha hecho ya mencion, a fin de que pudiese trasladarse lo mas pronto posible a la capital del reino para tomar posesion de su nuevo y elevado destino. El virey don Jos Fernando Abascal, marqus de la Concordia, que habia gobernado el Per mas de nueve aos con fortuna, que disfrutaba de una distinguida reputacion en el mando, y que era que-

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rido y respetado como sus relevantes prendas merecian, fundandose en lo avanzado de su edad, que le impedia poder continuar en el desempeo del gobierno del vireinato con el acierto que habia logrado hasta entonces, tenia dirigidas al rey reiteradas splicas en solicitud de un sucesor, y accediendo al fin S. M. a sus instancias nombr para que le remplazara al general Pezuela que capitaneaba con gloria el ejrcito de operaciones. Menester es convenir en que la eleccion de este jefe pareca la mas acertada para sustituir en aquellas circunstancias al marqus de la Concordia; pero tambien es preciso reconocer que no era empresa sencilla ni muy facil la de ocupar convenientemente el alto puesto que dejaba tan acreditado virey. El pas recibi con respetuoso atacamiento y aun con esperanzas el nombramiento del general Pezuela para el mando del Per, y dio al propio tiempo al anciano Abascal las muestras mas inequvocas del sentimiento que le causaba su separacion. Esta es sin duda la mas satisfactoria y gloriosa recompensa a que puede aspirar un honrado gobernador. El 13 de abril se recibi en el cuartel general una comunicacion del brigadier Olaeta, participando haber entrado en la villa de Tarija, evacuada por los enemigos a quienes perseguia: que un ayudante de dragones de Chile, que se le habia presentado, afirmaba que el gobernador de Salta Gemes y el general de la repblica argentina se habian hostilizado por espacio de nueve das en los bosques de dicha provincia, pero que se hablaba ya de haber llegado a entenderse: y que las tropas de Buenos-Aires, aunque reforzadas con 200 dragones de Santa F, y ocho piezas de artillera de a cuatro, ningun cuidado debian dar al ejrcito espaol por su frente. No era tan lisongero el estado de algunos pueblos de las provincias de retaguardia donde pululaban de nuevo las facciones. Apoderada una de ellas de una fuerte posicion en el partido de Ayopaya, provincia de Cochabamba, la atac el subdelegado con 70 fusileros pero inexperto en la manera de guerrear de los indios, no supo resguardarse de las muchas galgas, grandes piedras, que hicieron rodar sobre su gente al atacar la posicion, le mataron 16 hombres y pusieron el resto en precipitada fuga. Alebronado el mismo gobernador subdelegado no par hasta Oruro, abandonando su tropa a la merced de aquella turba de foragidos. En Chayanta tambien se habia levantado otra partida de 200 indios armados de macana y honda, pero el subdelegado de este partido con la corta guarnicion con que contaba, consigui alcanzarlos y dispersarlos escarmentandolos.

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El 15 de abril sali de Santiago de Cotagaita para la capital del Per el general Pezuela electo virey interino. El ejrcito que dejaba no poda emprender operacion alguna de importancia por el frente, ya por tener empleada una parte de su fuerza en la persecucion de las facciones y en la pacificacion de los pueblos sublevados de retaguardia, ya tambien por escasez de municiones a punto que el primer pedido del general Ramrez al virey, encargado ya del ejrcito, fu el de 500,000 cartuchos de fusil. S. E. satisfizo esta demanda remitiendo inmediatamente a Arica 300 quintales de polvora, para que, dice, ejecutandose alli la cartuchera y las balas, por el menor costo del plomo, se ahrrase, a mas de la conduccion, la diferencia que hay en el precio desde 12 14 pesos que cuesta en esta capital el quintal de plomo hasta 12 reales (plata fuerte) que es al que all se expende, sirviendose al propio tiempo de los embases de la polvora para depositar los cartuchos1. Tambien determin el virey reforzar el ejrcito de operaciones, como pensaba, con los escuadrones de hsares de Fernando VII y de dragrones de la Union, a los cuales hizo prevenir que se aprestasen a marchar al alto Per. Spose en el cuartel general que una gran reunion de indios de Puna y de San Lucas se haban apoderado de nuevo del famoso cerro de uqui, y aun atacado la primera poblacion de donde fueron rechazados causandonos la prdida de un oficial. El cerro de uqui dista cinco leguas de Vitiche, y por lo tanto les era facil a los alzados invadir el camino real de Potos al cuartel general, robar los auxilios de dinero, vestuario, municiones y toda clase de provisiones que se remitian al ejrcito, y aun estrechar a dicha villa cortandole los vveres. Para impedir estos inconvenientes volvi a salir el 25 de abril contra aquella reunion el bravo batallon de Castro. El 27 del mismo abril se recibi en el cuartel general por el correo de Lima la noticia de que se hallaba en Panama con destino al Per un refuerzo de tropas europeas; y que tambien con alguna tropa habia salido de Cadiz el mariscal de campo D. Jos de la Serna, nombrado general en jefe del ejrcito real del Per en lugar del general Salvador. El deseo de los que suspiraban por ver terminada aquella guerra hacia ascender a 3,000 hombres ambos refuerzos. Asi que sali de Cinti el batallon de Castro volvieron a reunirse aquellos tenaces indios. El subdelegado con mas arroj que prudencia march contra ellos con poca tropa y algunos paisanos armados; mas habindose temerariamente adelantado cay en una
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Relacion del gobierno del marqus de la Concordia.

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emboscada, fue derribado del caballo de una pedrada y abandonado de su gente qued en poder de sus inhumanos enemigos que lo acabaron de matar mutilandolo barbaramente, cuya triste nueva se recibi en el cuartel general el 2 de mayo. Muchas de las desgracias, de las que se experimentaron en la guerra de Amrica, casi siempre provenian de exceso de valor y de necia confianza, y era sensible observar la facilidad con qu se olvidaban tan desastrosas y sangrientas lecciones. El 4 de mayo recibi el general en jefe parte del comandante del batallon de Castro avisando su vuelta a Vitiche, despues de haber desalojado dos veces del cerro de uqui a los indios alzados, hacindoles algunos prisioneros y cogindoles porcion de ganado: decia tambien que habia mandado prender fuego al pueblo de San Lucas por la rebelda de sus indios y dar muerte a los prisioneros. Este cuerpo entr dos dias despues en el cuartel general, pero dej en Vitiche una corta guarnicion. El 6 y 7 de mayo salieron de Lima para el alto Per los escuadrones de hsares de Fernando VII y de dragones de la Union, montados en bagages y llevando de mano los caballos que les habian de servir para la campaa, despues de una marcha de mas de 500 leguas la mayor parte por entre cordilleras. El virey Pezuela traia el mismo camino desde Santiago de Cotagaita, atravesando las provincias de Potos, Oruro, la Paz, Puno, Cuzco, Huamanga, Huancavelica y parte de la de Lima; y noticioso de la direccion de dichos escuadrones les mand suspender la marcha hasta nueva determinacion, bien fuese con el fin de revistarlos como lo hizo, bien, lo que parece mas probable, porque no le embarazasen en la suya atendida la escasez particularmente de forrages que se experimentaba en la mayor parte de los pueblos del transito. Los hsares de Fernando VII recibieron la rden para suspender la marcha el 8 de junio en Tambocangallo y permanecieron all hasta el 10 que por falta absoluta de forrages retrocedieron a Huamanga seis leguas. En el recibimiento del virey en esta capital formaron los escuadrones europeos y S. E. se manifest muy satisfecho de su brillante estado: sobre el 27 del citado junio volvieron a emprender su viage. El virey electo habia continuado antes el suyo para la capital del vireinato, en la que hizo su entrada pblica el 7 del siguiente julio con la pompa y solmnidad de costumbre. Poco despues mand salir tambien de Lima para el ejrcito de operaciones el regimiento de infantera Extremadura.

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Entretanto volvieron los indios rebeldes a apoderarse del cerro de uqui y aun llegaron a amenazar la guarnicion de Vitiche, cuyo comandante di parte el 9 de mayo al general en jefe de que noticioso de la aproximacion de los indios habia hecho salir a su encuentro parte de la guarnicion, la cual habia logrado batirlos cogindoles 15 prisioneros que fueron seguidamente muertos a palos: que persiguiendo a los batidos emprendieron estos resistir favorecidos de la escabrosidad de la inmediata quebrada: que tambien fueron aqu batidos y dispersados, y que habindoles hecho 11 prisioneros con un caudillo sufrieron todos la misma clase de muerte que los anteriores. Vase por esta muestra el caracter de ferocidad que la guerra habia tomado, provocado indudablemente por la atroz inhumanidad con que aquellos facciosos habian sacrificado y continuaban sacrificando a los prisioneros realistas. Los indios del partido de Larecaja cansados de agitacion y de desrden se levantaron contra sus propios cabecillas, prendieron al principal, que era el cura Muecas, y otros 30 y los entregaron a las autoridades legtimas. Todos fueron pasados por las armas menos el cura Muecas, a quien el virey Pezuela mando conducir de la Paz al Cuzco, para que fuese all degradado antes de sufrir la pena a que habia sido condenado. Mas en el camino fu muerto Muecas de un tiro escapado casualmente a uno de los soldados de la escolta segun avis el comandante. A mediados de mayo recibi el brigadier Olaeta en Yavi una comunicacion del general Rondeau, fechada en Jujuy el 30 de abril: en ella decia que no habiendo permitido las circunstancias dar cumplimiento al cange, acordado en el ao anterior, de la esposa del brigadier Olaeta y dos oficiales mas por el mayor general Rodriguez, enviaba ahora a dicha seora con la escolta correspondiente y esperaba en consecuencia que Olaeta sealase el punto al que quera fuese conducida para que se realizara su entrega, como se verific pocos dias despues en Yavi, acompaandola su tio D. Domingo Iriarte y seis dragones enemigos. Ntese que esta seora era natural de la ciudad de Salta. Sobre el 22 de mayo lleg igualmente a Yavi el gobernador de Cochabamba Goiburo, que habia sido conducido prisionero a las provincias de abajo con el Illmo. Mox, arzobispo de Charcas, y lo remitia tambien Rondeau para completar el cange de Rodrguez. Aseguraba Goiburo que corria entre los enemigos que los portugeses movian tropas del Brasil haca Montevideo y que en Buenos-Aires habian depuesto al director supremo Alvarez y nombrado en su lugar a Puirredon.

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Pocos das despues el comandante de la vanguardia Olaeta pas de Yavi a Santiago de Cotagaita para conferenciar con el general Ramirez sobre las noticias recibidas del pais enemigo. Resultaba tambien de ellas que en la division de Frenchs reunida en Jujuy servian mas de 300 espaoles europeos, a quienes se hizo advertir que, tratandose de avanzar al Per, se deseaba saber si querian continuar en el servicio de la patria como hasta alli, y que al efecto diesen algunos pasos al frente los que estuvieran por la afirmativa, a cuya prevencion solo cuatro hombres se movieron con sorpresa de los independientes: que reconvenidos entonces los demas respondieron que habian tomado partido en Buenos-Aires porque se les hizo entender que aquella guerra se emprendia por una querella particular con el vireinato de Lima; pero que convencidos ahora de que se trataba de atacar los derechos del rey y de la Espaa, de ningun modo querian continuar sirviendo, cualquiera que fuese su suerte; que a consecuencia de esta respuesta fueron seguidamente desarmados, despojados del vestuario, puestos en prision y conducidos poco despues al Tucuman: que a su transito por Salta la seora de Lezama, compadecida del estado de desnudez en que iban esos desgraciados, pidi permiso a Gmes para socorrerlos, y obtenido este sin dificultad cubri generosamente su principal necesidad: que la desavenencia entre Gemes y Rondeau habia sido tan seria que amenaz el primero unirse con su gente al ejrcito real, si el segundo lograba sobre l alguna ventaja: que Gemes y Panana su 2 habian hecho despojar a algunos patriotas de lo que habian robado en el Per y entre ellos al falaz Rodriguez que se habia enriquecido en Chuquisaca: y finalmente que las provincias de Santiago del Estero y del Tucuman estaban casi en hostilidad abierta, porque los pueblos se iban cansando del estado de inquietud en que vivian y aborreciendo el gobierno revolucionario de Buenos-Aires. Mucho partido pudieran sacar los jefes espaoles de las referidas desavenencias, caso de ser ciertas, si hubiesen podido contar con fuerzas suficientes para avanzar al pais enemigo, sin dejar desatendidas las provincias de retaguardia donde las partidas de facciosos no cesaban de crecer; pero careciendo de tan necesario arbitrio se vieron obligados a esperar, con tanta mayor prudencia cuanto la aparicion de destacamentos independientes por el frente de nuestra vanguardia estaba en contradiccion con las noticias que el brigadier Olaeta habia recibido y acababa de comunicar. Maxima

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fu siempre de aquellos enemigos hacer preceder sus operaciones ofensivas de especies favorables a los realistas. A precaucion acord muy oportunamente el general Ramirez la reconcentracion de sus fuerzas arrostrando el inconveniente que ofrecia el respiro que se iba a dar a las facciones del interior. Asi fu que no habiendo quedado en la provincia de Charcas mas tropa que el valiente batallon del Centro, que mandaba el coronel la Hera y un escuadron denominado de la Laguna, crey el caudillo Padilla muy favorable la ocasion y redoblando su notoria actividad se aproxim a Chuquisaca con fuerza bien pronto; mas habindole salido al encuentro el comandante del Centro con 500 hombres de su cuerpo y una compaia del escuadron de la Laguna alcanz, derrot y dispers a Padilla en la madrugada del 28 de mayo, causandole alguna prdida sin desgracia de consideracion por su parte. Por el frente del ejrcito, el primer escuadron de Cazadores, que formaba parte de la division de vanguardia, sorprendi a principios de junio un destacamento enemigo de 16 hombres, de los cuales fueron dos muertos y el resto prisionero. Declararon estos que el general Rondeau estaba en Jujuy con 1,500 hombres y Gemes en Salta mandando con independencia de aquel general en jefe: que en la quebrada de Humahuaca y cerca de Tumbaya habian construido una batera de cuatro caones de a 6: en el mismo pueblo de Humahuaca habia como 40 dragones y en el puesto del Marqus 30, los 20 armados de fusil y los otros 10 de lanza: y que el marqus de Tojo se hallaba en Casavindo con la indiada de sus estados reunida, pero que experimentaba mucha desercion. En consecuencia dise rden a la vanguardia para que se moviera sobre Casavindo a fin de alejar de alli al expresado marqus. Cmo la aparicion de partidas enemigas por el frente de nuestra lnea hacia temer por la conservacion de Tarija que formaba la izquerda y se estimaba importante, salieron el 17 de Junio para dicha villa el segundo regimiento y el escuadron de San Carlos, que debia quedar en ella de guarnicion. El 24 del mismo mes se recibi en el cuartel general la noticia de que el marqus de Tojo se habia retirado de Casavindo y dispersadosele muchos indios al saber el movimiento de nuestra vanguardia, de cuyas resultas habia regresado sta a su posicion de Yavi. Por este tiempo lleg tambien al cuartel general una comunicacion del general Rondeau, abundando en sentimientos de humanidad y extendida en trminos muy atentos: proponia en ella un cange de prisioneros, que podria verificarse, aadia, sin etiquetas y hombre por

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hombre. El general Ramirez no fu menos urbano en su contestacion, indicando desde luego que el cange habria de efectuarse segun las practicas de la guerra y por clases; pero que aun para esto necesitaba la autorizacion prvia del virey de quien dependia el ejrcito de operaciones. En nuestro cuartel general se daban las mas favorables interpretaciones a los buenos trminos de que usaba el enemigo en su comunicacion, porque se habian concebido grandes esperanzas del casamiento del rey Fernando y de su hermano D. Carlos con dos princesas portuguesas, cuya crte residia en el Brasil. A principios de julio se estableci en Tarija la expedicion del segundo regimiento batiendo y dispersando los enemigos que se le presentaron. Sigui su persecucion el escuadron de Blandengues, que impidi la reunion que los grupos dispersos intentaban, y toda la provincia de Tarija hasta el rio Bermejo parecia por entonces sosegada. En este concepto el segundo regimiento dispuso su regreso al cuartel general, como se le habia prevenido; mas la tranquilidad de Tarija era mas aparente que real: no fu de larga duracion. Entretanto, como las provincias de retaguardia habian quedado con poca fuerza del ejrcito, la revolucion progresaba en ellas visiblemente. El caudillo Padilla habia engrosado asombrosamente su faccion, y no solo interceptaba los caminos de la provincia de Charcas, sino que llev su osada a aproximarse a Chuquisaca y a intimarla su rendicion. Gobernaba la provincia el coronel D. Rufino Vercolme, y tenia a sus rdenes el batallon de lnea el Centro que mandaba la Hera; pero sobre estimarse reducido el nmero de individuos que contaba este cuerpo, aunque de buena calidad, se echaba de menos entre los jefes la buena inteligencia y armona siempre necesarias y mas en circunstancias difciles. Contrado Vercolme a la conservacion y defensa de la capital, sufrian la guarnicion y la poblacion grandes fatigas trabajos y privaciones. Este penoso estado llam la atencion del general en jefe, quien hizo salir de Cotagaita para Chuquisaca el 18 de julio al general Tacon con los granaderos de Reserva, autorizandole para que hiciera tomar la misma direccion a un batallon de nueva creacion, formado en el Cuzco sobre la 7 compaa de Extremadura, del cual era comandante D. Manuel Ramirez, y que deba llegar de un dia a otro a Potos. Mientras el general Tacon caminaba a Chuquisaca, el gobernador de Charcas Vercolme adopt la resolucion que le proponia la Hera, permitindole hacer algunas salidas de las que resultaron varios encuentros ventajosos, particularmente en la del 20 de junio en que fue-

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ron mas decididamente arrollados los bloqueadores de Chuquisaca, noticia que caus mucha satisfaccion en el cuartel general donde se recibi el 27 del mismo mes; pero no quedarian expeditas convenientemente las comunicaciones de Charcas hasta que el general Tacon alcanzase a Chuquisaca y pudiese maniobrar contra Padilla. Por el correo de Lima que se recibi en el cuartel general el citado 27 de julio, se supo que se hallaba en Portobelo un nuevo refuerzo de tropas peninsulares con destino al Per, y que el batallon voluntarios de Gerona, de la misma procedencia y que mandaba el teniente coronel D. Alejandro Gonzalez Villalobos, habia zarpado del puerto de Panama con rumbo al de Arica. A fines del propio julio los comandantes de los cantones de Vitiche y de Cinti hicieron algunas correras sobre los grupos de indios alzados, dispersandolos siempre y cogindoles porcion de ganado, que venia a ser para dichos indios el castigo mas sensible. El primero sorprendi en el puelo de San Lucas un capitan y 16 hombres y los hizo a todos prisioneros. Tan penoso servicio tenia que ser frecuente en las tropas del rey, tanto por el estado de conmocion del pais, como para procurarse recursos de subsistencia. Tal era el caracter singular de esa guerra generalmente poco conocida y menos apreciada en Europa. Por el frente de Yavi se descubrieron igualmente algunas partidas de tropa reglada enemiga, y por dos prisioneros que se hicieron a principios de agosto resultaba que Rondeau se replegaba de Jujuy a Salta receloso de los movimientos de nuestra vanguardia y de las tropas expedicionarias a Tarija, interpretandolos, decian, por preparativos de alguna operacion general, que no se hallaban en estado de resistir. Tambien a principios de agosto, despues de retirado de Tarija el segundo regimiento quedando alli el bravo coronel Lavin con los escuadrones de San Carlos y Blandengues, se aproxim a aquella villa un grueso de caballera enemiga la mayor parte compuesto de gauchos. Lavin no trepid en salir a buscarlos, los atac con su acostumbrada impetuosidad y los venci, matandoles 30 hombres, hacindoles 35 prisioneros y cogindoles 30 fusiles y 80 caballos, segun constaba del parte que lleg al cuartel general el 21 del mismo mes. Como esta clase de enemigos se volvia a reunir con admirable prontitud tuvo nuevas ocasiones Lavin de acreditar su valenta y actividad causandoles nueva prdida en hombres y armas.

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El general Ramirez dej el cuartel general de Cotagaita el 25 del citado agosto para trasladarse a Yavi, donde se hallaba la vanguardia: su animo era pasarla una revista y hacerla avanzar a Humahuaca, asi para adquirir noticias de Jujuy, como por recoger ganado para la manutencion del ejrcito. El comandante del canton de Vitiche con el segundo escuadron de Cazadores y dos compaas de infantera sali por el mismo tiempo contra los indios insurrectos que se le acercaban, a los cuales alcanz y dispers haciendo 35 prisioneros, tres de ellos cabecillas: mand fusilar a estos con algunos de los primeros de los mas conocidos por sus atrocidades, y los demas fueron destinados a presidio. El escuadron de la guardia del general en jefe se hallaba acantonado en Cinti por la mayor proporcion de forrages de este valle, y tenia al pasto sus caballos a excesiva distancia con la reducida escolta de un oficial y seis hombres de tropa. Aprovechandose los indios facciosos de la imperdonable falta de tener los caballos a cuatro leguas del cuartel, cayeron de sorpresa sobre la escolta, mataron al oficial y se llevaron prisioneros los soldados con los caballos. Todava el comandante pudo acaso evitar esta sensible prdida, si no hubiese despreciado el aviso que se le di acerca de la aproximacion de los indios y de su proyecto. En el curso de esta guerra varias han sido las desgracias que los espaoles han experimentado por iguales muy semejantes causas. El desprecio del enemigo es el primer paso frecuentemente hacia una derrota, y en la revolucion de Amrica el exceso de confianza y la temeridad han tomado mas de una vez parte en su triste desenlace. Seria angustioso empearse en demostrar los excelentes jefes, oficiales y soldados que ha perdido la causa espaola por una confianza imprudente y por una temeridad casi siempre censurable. El coronel Aguilera entretanto continuaba en Vallegrande los preparativos para invadir con esperanza de buen xito la provincia de Santa Cruz de la Sierra, de donde era natural, y esperaba por momentos los auxilios que se le habian prometido para dar principio a las operaciones. Todas las probabilidades favorables parecian estar de parte de Aguilera, porque no solo el pas se hallaba muy disgustado del nuevo sistema de gobierno y principalmente del gobernador Warnes, sino que un hermano de Aguilera, interesado ya en su fortuna, habia levantado una partida en pro de las tropas realistas y estaba resuelto a auxiliarlas en la presente campaa. El 9 de setiembre regres el general Ramrez de Yavi a Santiago de Cotagaita. Supo aqui por el correo de Lima que el regimiento de

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Extremadura se habia embarcado en el Callao y dado la vela para Arica el 7 de agosto prximo pasado, y que habian arribado felizmente a este puerto los voluntarios de Gerona procedentes de Panama. Los dragones de la Union habian entrado el 15 de agosto en Santiago de Cotagaita, y los hsares de Fernando VII fueron acantonados en Vitiche; luego destinaron tambien los dragones a Cinti por la comodidad de sus alfalfares. El brigadier Olaeta volvi a situarse en Yavi con la vanguardia, despues de la expedicion a Humahuaca ya indicada, y a su aproximacion a este pueblo se plegaron sobre Jujuy los enemigos que observaban la quebrada. En las cercanas de esta ciudad permanecia el marqus de Tojo con poco mas de 300 hombres, y se decia que Belgrano reclutaba gente con empeo en el Tucuman, y que a pesar de sus violentas medidas habia tenido mucho trabajo en reunir como 3,000 hombres que disminuia diariamente la desercion. Asi las cosas, lleg por estraordinario el 19 de setiembre a Santiago de Cotagaita la noticia de haber arribado a Arica el 7 del mismo mes la fragata de guerra Venganza, conduciendo a su bordo al mariscal de campo D. Jos de la Serna nombrado por S. M. general en jefe del ejrcito del alto Per. Acompaabanle con destino al E. M. el teniente coronel D. Gernimo Valds y los capitanes D. Bernardo La Torre y D. Antonio Seoane: el capitan de ingenieros D. Eulogio Santa Cruz venia en clase de secretario, el teniente coronel D. Fulgencio de Toro y el teniente de artillera D. Miguel Araoz como sus ayudantes, y el capitan D. Valentin Ferraz mandaba una escasa compaa de caballera. El general la Serna hall en Arica al batallon de Gerona preparandose para emprender su marcha para el ejrcito. Con el desembarco de este nuevo jefe en el territorio del Per comienza una nueva era, de cuyas notables vicisitudes nos proponemos dar minuciosa cuenta con cuanta puntualidad nos sea posible.

CAPITULO X.

Sorpresa de Abrapampa.Los indios de Vilacaya.Operaciones en varios puntos.Noticias de Costa-Firme.Derrota y muerte de Padilla.La Serna en Cotagaita.Falsa alarma.-Derrota de la vanguardia enemiga en Yavi y Tarifa.Adelantos en la pacificacion.Derrota y prision de Cardoso.Derrota de Warnes.

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Chile amenazado.Prevenciones del virey Pezuela.Repugnancia de la Serna.Cede este y ocupa Olaeta a Humahuaca. Disposiciones del general en jefe.Europeos y americanos.

AO DE 1816. Mientras el nuevo general en jefe la Serna y las tropas desembarcadas en Arica se dirigian al alto Per, unos 60 hombres de las milicias de Chichas, situados en Talina, se adelantaron a Abrapampa, y despues de un ligero tiroteo ahuyentaron de alli la partida de Urdininea; mas entregandose a un abandonado descanso el comandante de los chicheos, fueron estos sorprendidos en la noche de aquel dia, muertos dos oficiales y algunos soldados, otros prisioneros y los demas dispersados debiendo su salvacion a la oscuridad. Por este tiempo los indios alzados de Vilacaya manifestaron al comandante del canton de Vitiche que querian someterse al gobierno del rey y vivir tranquilos en sus hogares como antes, y que negociarian de la partida de Gonzalez que adoptase igual resolucion, la hostilizarian en caso negativo. La proposicion fu francamente admitida como era regular; y esta patente muestra de cambio en la opinion de unos indios tan tenaces como los de Vilacaya y demas pueblos inmediatos se atribuia a la ausencia de las tropas de Buenos-Aires y a la noticia de las peninsulares que se esperaban y habian empezado ya a llegar algunas a los cantones del ejrcito. A principios de octubre se recibieron en Santiago de Cotagaita los pormenores de los dos ltimos encuentros que el coronel Lavin habia tenido con los insurrectos de Tarija, causandoles 106 hombres de baja entre muertos y prisioneros, con la prdida de nuestra parte de un capitan y algunos soldados heridos; sin embargo, fu reforzado Lavin con el segundo escuadron de Cazadores, que se hallaba en Vitiche, quedando de jefe de este canton el comandante de hsares de Fernando VII D. Joaqun German. Spose tambien que a mediados de setiembre se hallaba el general Tacon en Chuquisaca pronto a maniobrar contra el caudillo Padilla en combinacion con el coronel Aguilera, que debia salir de Valle-Grande para la Laguna a fin de cortarle su acostumbrada retirada a las montaas de Pomabamba. Por el correo de Lima, que lleg a Cotagaita el 10 de octubre, se recibieron las satisfactorias noticias de que las tropas del general Mo-

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rillo habian ocupado el 6 de mayo a Santa F, capital de este vireinato que muchos pueblos de Costa-Firme se sometian al gobierno del rey, y que los insurrectos de Popayan habian sufrido una completa derrota. Refugiados los mas comprometidos de ellos al puerto de San Buenaventura en el Choc, con mas de un millon de duros en dinero y alhajas de iglesias, se apresuraron a poner este rico botin a bordo del bergantin que montaba Brown y se hallaba all con el objeto de expender el cargamento de la Consecuencia. Brown admiti esos caudales con protexta de tenerlos a disposicion de sus actuales dueos conducirlos adonde ordenaran; mas una vez puestos a bordo, el corsario, se decia, desapareci del puerto una noche, dejando asi burlados a los que habian cometido la ligereza de fiarse de un aventurero. Ultimamente se supo por el propio correo que el regimiento de Extremadura habia desembarcado en la caleta de Quilca y entrado en Arequipa, y que parte del batallon de Gerona quedaba ya en Oruro. Los refuerzos de tropas europeas que habia recibido iba a recibir el ejrcito real, llenaban de gratas esperanzas a los amantes de la causa de Espaa, porque los negocios pblicos en general presentaban en el alto Per un aspecto mas lisonjero. El anunciado movimiento de Tacon y de Aguilera se habia versificado, partiendo el primero de Chuquisaca y el segundo de ValleGrande contra la gruesa faccion de Padilla. El general Tacon llevaba tres batallones, dos escuadrones y dos piezas de artillera; y a pesar de las dificultades con que suele tropezarse en la ejecucion de las operaciones militares combinadas a largas distancias, el resultado de esta fu feliz, y el 13 de octubre lleg al cuartel general de Cotagaita el parte oficial de la derrota y muerte del clebre Padilla. La presente campaa la principi el batallon del Centro, que mandaba el coronel la Hera, sorprendiendo y haciendo prisionero un destacamento enemigo en Tarabuco. Continuaba Padilla retirandose hacia la Laguna de las tropas de Tacon, cuando repentinamente se encontr con la columna de Aguilera, la cual empe el combate y lo continu casi sin cesar por espacio de dos dias sin lograr decididamente la victoria. Al tercer dia, disminuida la fuerza enemiga por la dispersion y receloso el caudillo de un nuevo ataque que calculaba irresistible, tom el partido de fugarse acompaado de su sargento mayor y de un capellan religioso franciscano que le servia: la faccion seguia de cerca la direccion de su jefe. Informado de todo el esforzado Aguilera sigui a Padilla con un destacamento de caballera bien montado y le di alcance en el pueblo del Villar: su gente se hallaba en el mayor estado de desrden y confusion, porque creia tener sobre s toda la

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columna de Aguilera. Desesperado Padilla de no poder detener a los suyos volvi a entregarse a la fuga con los mencionados mayor y capellan: persiguilo Aguilera sin reparar en nada dando rienda a su brioso caballo, alcanza al mayor y lo mata de un pistoletazo, derriba con otro en igual forma a Padilla y coge prisionero al franciscano. Entretanto la valiente y sufrida columna de Aguilera complet la derrota de esta faccion con muerte de 700 hombres y 75 prisioneros que fueron inmediatamente pasados por las armas. La muger del famoso caudillo, que se hall en la refriega, se retir herida hacia el parage donde tenia su difunto marido el depsito de sus rapias, computadas en mas de 60,000 duros; mas segun se dijo despues parece que no tuvo lugar de poder ponerlos en salvo. La destruccion de Padilla era de la mayor importancia para la pacificacion de los partidos subdelegaciones de la provincia de Charcas y aun para la inmediata de Santa Cruz de la Sierra. No hay voces con que expresar dignamente la actividad y decision del coronel Aguilera; y nadie entonces pudiera imaginar que mas tarde viniese a ser ese mismo jefe uno de los sostenedores mas fuertes de la rebelion del general Olaeta para por ese sagaz medio precipitar el anonadamiento del dominio espaol en el Per. No obstante el brillante triunfo de Aguilera, el general Tacon continu la marcha hasta la Laguna. Desde esta villa tomaron los cuerpos distintas direcciones para perseguir los grupos de dispersos y volver oportunamente a los puntos de donde habian partido las tropas de Tacon a Chuquisaca y la columna de Aguilera a ValleGrande. Los hsares de Fernando VII acantonados en Vitiche con dos compaas del batallon de Chichas, que mandaban los capitanes Baspieiro y Medinaceli, hicieron a mediados de octubre su primer ensayo en esta guerra contra los indios de San Lucas: alcanzaron a los alzados y los batieron con bastante destrozo, porque continuaba aun la terrible autorizacion costumbre de disponer de la vida de los rendidos y prisioneros. Casi al mismo tiempo el coronel Lavin ganaba en Tarija una brillante accion. Un tiro de caon disparado en el campo en la madrugada del 14 de octubre anunci a Lavin la proximidad del enemigo, y reunida la tropa realista tom dicho jefe 90 caballos y algunos infantes convalecientes, de los enfermos que habia dejado en Tarija el segundo regimiento, y sali en busca de los contrarios con toda su acreditada decision encargando a su segundo en el mando el resto de la tropa para el cuidado y defensa de las trincheras levantadas en la villa. Hallabanse no a mucha distancia de

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esta formados en batalla como 500 caballos y 700 fusileros enemigos con un caon de a 2: Lavin contaba por un lado con la mejor calidad de su tropa, engreida ademas con las repetidas ventajas conseguidas anteriormente, y no consultando por otro mas que su propia valenta, acometi a los contrarios que lo esperaron con firmeza y pusieron en apuro; pero logr por fin arrollarlos con muerte de mas de 100 hombres, haciendo muchos prisioneros y cogindoles 73 fusiles, el caon de campaa y considerable nmero de caballos ensillados. A principios de noviembre volvieron los hsares de Fernando VII y las dos mencionadas compaas de Chichas a salir de Vitiche en persecucion de las reuniones de indios que se hacian por el lado de Tambillo y el cerro de uqui, a las cuales lograron alcanzar y dispersaron causandoles alguna prdida en hombres y ganado. El 12 de este mes entr en Santiago de Cotagaita el batallon peninsular voluntarios de Gerona y con l el nuevo general en jefe la Serna, quien en el mismo dia tom posesion de su importante mando. El teniente general D. Juan Ramirez y Orozco, que tambien lo habia desempeado desde la separacion del general Pezuela, parti a los dos dias para su destino de presidente de Quito. El nuevo general en jefe habia sido recibido con particular distincion en todos los pueblos del transito, y en todos ellos habia dejado los mas gratos recuerdos por su afabilidad, por su llaneza, por su digno y favorable aspecto y por los sentimientos de humanidad y de justicia que sus labios expresaban y que tan bien sientan en provincias y regiones remotas en los funcionarios superiores representantes del gobierno supremo. Bajo tan favorables auspicios inauguro su mando el nuevo general en jefe del ejrcito real del alto Per. Por este tiempo se habia trasladado a Tarija el brigadier Olaeta con la mayor parte del batallon de Cazadores y alguna caballera, y el resto de ese cuerpo y del escuadron de Cazadores se hallaban en una expedicion de ganado, cuando empezaron a correr voces de que los enemigos en nmero de 6000 hombres avanzaban sobre las posiciones de nuestro ejrcito. El general en jefe se propuso salir a su encuentro con las tropas disponibles reunindolas a las de la vanguardia que ocupaba a Yavi, y al efecto hizo marchar a Tupiza el 15 y 16 de noviembre a los batallones de Gerona y voluntarios de Castro que estaban en Cotagaita y traslad al mismo pueblo el 17 su cuartel general. Mas aquellas voces eran esparcidas de intento por el marqus de Tojo que avanzaba sobre Yavi con 600 hombres de a pie y el escuadron de dragones infernales de Gemes. A su

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aproximacion a aquel punto, y en el concepto de que era Belgrano con todas sus tropas, el segundo regimiento, el batallon de Partidarios y una brigada de artillera, que estaban alli, se replegaron a Moraya abandonando equipajes y pertrechos por hallarse las bestias de carga pasteando a larga distancia. Los enemigos entraron seguidamente en Yavi, saquearon los equipages que encontraron y, se entregaron a un total descuido, persuadidos de que la precipitada retirada de los nuestros no les permitiria detenerse hasta Suipacha Cotagaita, en cuya confianza ni cuidaron de establecer avanzadas ni observaciones para su propia seguridad. Avisado con anticipacion el brigadier Olaeta regres rapidamente a Moraya, y habiendo unido a su division el primer regimiento que haba adelantado hasta Mojos para sostenerla, march con la mayor prontitud sobre Yavi. El marqus de Tojo, que no contaba con la posibilidad de tan pronta visita, qued del todo sorprendido, se levant de la mesa en que estaba almorzando, tom un caballo en pelo y ech a huir y a su ejemplo hicieron otro tanto la mayor parte de los suyos: el resto tom posicion en un cerro vecino donde con su resistencia causaron la prdida de un oficial y algunos soldados; pero pagaron todos con la vida este temerario empeo. Entretanto continuaba la mas activa persecucion sobre los fugitivos, en los que se hicieron 350 prisioneros con el comandante general marqus de Tojo, el comandante Quesada y el caudillo indio Caba, que fu inmediatamente pasado por las armas y los demas conducidos al cuartel general de Tupiza, en donde recibi la Serna el parte de tan fausta noticia. Despues de tan feliz suceso, supo Olaeta que como unos 100 hombres de los dragones Infernales habian ido al pueblo de Tojo conduciendo algunas cargas de fusiles y otras armas con el designio sin duda de introducirlos a los pueblos sublevados de indios. Sin demora destac la fuerza competente del batallon de Partidarios contra ellos al mando de su sargento mayor, quien desempe tan acertada y diligentemente su encargo que consigui sorprender a los referidos dragones y cogerles 90 hombres y todas las cargas de armas, logrando solo escapar hacia Libilibi el comandante Lanza con los pocos que cubrian una avanzada. Esta completa derrota destruia las esperanzas formadas sobre el gran prestigio del marqus, desalentaba a los enemigos y deba influir mucho en la pacificacion de los vastos estados de dicho marqus. El general la Serna crey entonces conveniente revistar por s los valientes cuerpos de la vanguardia y darles las debidas gracias por su excelente conducta, y as lo verific en Yavi el 26 de noviembre

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habiendo dejado a Tupiza el 24. Pas el 27 a Tojo y Libilibi a donde lleg Gerona y una compaa del segundo regimiento, y resolvi marchar con esta fuerza a Tarija con el doble objeto de reconocer la topografa del pas y las tropas que mandaba y volver a ocupar aquella villa y provincia que el escuadron de San Carlos y el segundo de Cazadores, mandados ambos por el coronel graduado D. Antonio Vigil habian abandonado en el concepto de que todo el ejrcito de Belgrano avanzaba sobre el nuestro. El general en jefe emprendi su movimiento el 28 de noviembre y camp el 30 en los molinos de Tolomosa cuatro leguas de Tarija: a media noche volvi a ponerse en marcha con el animo de sorprender al gobernador enemigo Uriondo; pero este habia de antemano enviado a Salinas su gente y equipages y aquella misma noche se retir l tambien con muy pocos caballos, frustrandose as el proyecto del general. Entr ste sin embargo el 1 de diciembre en Tarija para poner rden en los negocios de la provinca y en el mismo dia lleg tambien del vaIle de San Juan el escuadron de Cazadores que mandaba Vigil. Todas las tropas destinadas a la pacificacion de los pueblos conmovidos a la izquierda y retaguardia de la lnea del ejrcito correspondian dignamente a la confianza que se tenia de ellas, y sus jefes y oficiales sin excepcion se esforzaban porque las armas espaolas llevasen lo mejor en las repetidas acciones parciales que con frecuencia tenan que sostener. El escuadron de hsares de Fernando VII con las dos mencionadas compaas de Chichas, que mandaban los acreditados capitanes Vaspieiro y Medinaceli, dejaron el 22 de noviembre el canton de Vitichi para maniobrar contra los indios sublevados de la subdelegacion de Prco que desde el ya nombrado cerro de uqui y famosa Abra de Chanchalla hacian continuas y molestas correras a los pueblos inmediatos. Desalojaronlos de esas posiciones despues de alguna resistencia y ocuparon el pueblo de San Lucas sufriendo en las cinco leguas que lo separa de la citada Abra el fuego de algunas partidas enemigas, que la calidad del terreno no les permitia perseguir. Los principales sostenedores del espritu de rebelion por esta parte, eran los caudillos Cardoso y Fuentes, y el primero celebrrimo por las atrocidades que llevaba cometidas, y a ambos se les perseguia con cuanta diligencia era posible. Al ponerse el sol del 25 de noviembre fueron hechos prisioneros dos indios de la partida de Cardoso y, amenazados de muerte si no descubrian el paradero de su jefe, ofrecieron conducir la tropa al punto que ocupaba con pocos mas de 100 hombres reunidos. El ca-

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pitan de hsares de Fernando VlI D. Andrs Garca Camba con 20 hombres de su compaia, elegidos entre los mejor montados, y 20 soldados de Chichas en mulas con el capitan Medinaceli, muy practic del terreno y conocedor del idioma quichua, como natural del pais, recibi la rden de marchar aquella misma noche para caer de sorpresa sobre el caudillo. Asegurados los indios que haban de servir de guas, logr Camba su objeto al amanecer del siguiente dia 26 en una rinconada a dos leguas del pueblo de Tiraoyo, matando 15 hombres, cogiendo a Cardoso con siete mas prisioneros y apoderandose de porcion de maiz, harina, 60 cabezas de ganado bacuno y como 5000 de lanar que tenian reunidas. Tres das despues fu alcanzada y derrotada la partida de Fuentes quedando prisionero este caudillo, con cuyos golpes empezaron aquellos pueblos a volver a entrar en el rden. Remitido el afamado cabecilla Cardoso al cuartel general de Tupiza recibi all mas tarde la pena que tenia merecida. Despues de esta afortunada batida recibieron orden los hsares de Fernando VII para reunirse en Culpina, distante 50 leguas, con el brigadier O-Relly, encargado de una expedicion contra el partido rebelde de Santa Elena, y marcharon a su destino. En este mismo mes de noviembre desembarcaron en el puerto de Huacho, 30 leguas al Norte de Lima, poco mas de 100 hombres, procedentes de la Pennsula por el istmo de Panama, con destino al regimiento infantera del Infante D. Carlos, que debia formarse sobre el antiguo Real de Lima, y algunos dias despues llegaron al Callao 200 hombres mas, varios oficiales y su coronel D. Juan Antonio Monet, que completaban el cuadro. El capitan ayudante mayor D. Jos Ramon Rodil era de ese nmero. El 27 del citado noviembre alcanz Aguilera sobre Warnes una completa victoria apoderandose de su artillera y de muchas armas despues de causar un destrozo horrible en los enemigos y la muerte de su caudillo, pero fu comprado este triunfo al caro precio de mucha sangre leal. Los enemigos se batieron con una obstinacion increible; pero las habian con el esforzado Aguilera, a quien sin embargo causaron la prdida sensible de la mitad de su gente, es decir, cerca de 400 hombres y siete oficiales fuera de combate, porque el terreno favorecia mucho a los rebeldes. Esto no obstante las comunicaciones continuaron aun interceptadas a causa sin duda de los grupos de dispersos que tomaron la direccion de los valles de Mizque y del rio Grande. Es de advertir aqu que, como los prisioneros de la sorpresa de Yavi, que hemos referido, quedaron bajo la inmediata autoridad del

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nuevo general en jefe la Serna, no permiti ste que a ninguno de ellos se le quitara la vida sin su aprobacion, hizo igual prevencion a todos los comandantes de canton, columna y partidas dependientes del ejrcito, cesando asi una carnicera que causa horror aun mencionar, y este rasgo de humanidad, tan propio de los sentimientos de la Serna, empez a regularizar aquella guerra de muerte y esterminio. Dispuso al mismo tiempo que se formara causa al prisionero marqus de Tojo como coronel de milicias por el rey pasado a los enemigos. Este era el estado de las cosas a fines de 1816, y tan lisongera como iba apareciendo la situacion del Per, tan melanclica y de triste agero se presentaba la del reino de Chile con la organizacion de un ejrcito amenazador en Mendoza bajo el inmediato mando del general San Martin, natural de Buenos-Aires y antiguo oficial del ejrcito de la Pennsula, donde habia servido con distincion al principio de la guerra de la independencia. Por este tiempo era presidente de Chile el general Marc del Pont y el virey Pezuela le habia remitido los auxilios de mar de que pudo disponer. Creido el virey de que el ejrcito real del Per, con los refuerzos que habia recibido, podia ventajosamente invadir el territorio de su frente hasta el Tucuman, prevenia la pronta realizacion de ese movimiento, con el cual se proponia tambien efectuar en el pensamiento de San Martin una poderosa diversion de muy favorables consecuencias para el amenazado reino de Chile. Mas para decidir con probabilidad de buen xito un movimiento tan trascendental, era preciso tomar en cuenta los intiles y aun funestos resultados de las invasiones al mismo pais que el ejrcito habia hecho en pocas anteriores; era preciso calcular ese movimiento sobre los progresos del enemigo, tanto en su organizacion militar como en el espritu pblico de sus pueblos, porque suponerlos estacionados en medio de tan singular agitacion seria un error gravsimo; era preciso calcular las fuerzas con que se habia de invadir el pais sublevado y las que era necesario emplear para mantener la comunicacion con el Per, cuya prdida habia sido y no podia menos de ser de perniciosa influencia, y para continuar la pacificacion de los pueblos conmovidos en una vasta extension de territorio; era preciso reflexionar que la direccion, que habia de llevar el ejrcito real a cientos de leguas de distancia de Mendoza, poco nada influiria, influiria muy tarde en la alteracion de los planes de San Martin; y por ltimo era preciso tener muy presente que una desgracia en aquella situacion podia ser de incalculables consecuencias segun su naturaleza. El general la Serna no

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perdonaba medio para instruirse de cuanto podia concurrir a la formacion y acuerdo de un plan seguro de campaa y era comun la idea de que su correspondencia con el virey sobre este punto contenia observaciones del mayor inters y peso, sin descuidar las prevenciones conducentes a que pudiera moverse el ejrcito a la primera rden. En verdad que la repugnancia del nuevo general en jefe a un movimiento hacia el sur estaba hasta cierto punto justificada, porque cuantas noticias se recogian, as respecto de las distancias, de la calidad del terreno muy propenso a calenturas con especialidad intermitentes y de lo despoblado del pais, como de la clase y decision de sus habitantes y de su sistema peculiar de hacer la guerra, todas concurrian a persuadir la detenida circunspeccion con que debia emprenderse. Lo primero que pareca evidente era que el ejrcito no reunia fuerza bastante para invadir con probabilidad de buen xito el pais que se quera, y continuar al mismo tiempo la pacificacion de los pueblos de retaguardia cubriendo y manteniendo expeditas las comunicaciones con el Per. Ademas un movimiento ejecutado a una enorme distancia de Mendoza sin fuerza para asegurar la posesion del pais que se ocupara, era facil alcanzar que no paralizaria las operaciones que preparaba all San Martin contra Chile; y que, al contrario, si llegaba a influir en algo sera precisamente en activar la invasion de aquel reino, porque San Martin no poda desconocer que invadiendo a Chile con sus tropas, si llegaba a poner su planta en las playas del Pacfico, obligara forzosamente al ejrcito de operaciones del Per a retroceder, como sucedi. Las reflexiones del general en jefe sobre los medios y la manera de poner en ejecucion el pensamiento de avanzar hacia el Tucuman en las presentes circunstancias no podan menos de ser poderosas; pero como recien llegado al pas aconsejaba la prudencia y prescribia la dependencia en que se hallaba del virey que las subordinase a su experiencia y superior autoridad para que la mala voluntad no las interpretara siniestramente, y as hubo de decidirse al fin a practicar un movimiento de cuya utilidad no estaba persuadido, ni creia al ejrcito de que acababa de encargarse, por su nmero ni por su organizacion, en conveniente estado de ejecutarlo. Arrojado de las salinas y de las fronteras de los indios chirihuanos el caudillo Uriondo por el coronel Vigil que lo perseguia con el escuadron de Cazadores y dos compaas de infantera, y adoptadas las disposiciones conducentes para la buena administracion de la provincia de Tarija, el general en jefe anunci por medio de una

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proclama las paternales intenciones de S. M. y su vivo inters por la pacificacion de aquellos dominios: concedi indulto amplio a todos los comprometidos por opiniones polticas: levant el destierro a las personas que lo sufrian por igual causa; y prohibi terminantemente a todos los jefes militares el que pudiesen en lo sucesivo mandar ejecutar sentencia alguna de muerte ni imponer esta pena sin que precediera su superior aprobacion. Esta disposicion que reclamaban de consuno la justicia y la poltica le vali al general la Serna el mas alto concepto en el pais, aunque no dejaron algunas gentes apasionadas de interpretarla con ligereza por una censura de la tolerancia de sus antecesores, cuando las circunstancias eran sin duda distintas. Seguidamente se dio rden al brigadier Olaeta que se hallaba en Yavi para que sin prdida de tiempo marchara sobre Humahuaca con los batallones de Cazadores, Partidarios, 1 del 2 regimiento, Voluntarios de Castro, el primer escuadron de Cazadores, el de dragones de la Union y cuatro piezas de campaa, cuyas tropas, partiendo simultaneamente desde Tupiza, Talina y Yavi, debian reunirse en los campos del Marqus. El general en jefe, despues de encargar el mando de la provincia al brigadier D. Antonio Maria Alvarez, se puso en marcha por Tojo y Soccha para Yavi a donde lleg el 24 de diciembre, previniendo para este punto la reunion de los demas cuerpos que habia de concurrir al movimiento comenzado por Olaeta, incluso el peninsular de Extremadura que se hallaba ya en la Quiaca. Mas entre las medidas preventivas para abrir una campaa en extremo interesante y de trascendencia hubo alguna poco feliz y ciertamente sensible por el fruto que los enemigos ocultos y los mulos del nuevo general sacaron de ella. Fu esta la de empezar la necesaria reforma de los cuerpos por el primer regimiento del Cuzco el mas acreditado y preferente del ejrcito desde su creacion, el que resisti la peligrosa seduccion del valiente coronel D. Saturnino Castro, el que pidi marchar hacia dos aos contra la funesta insurreccion de la provincia de donde eran naturales sus individuos, y hemos indicado ya como su lealtad supo cumplir y corresponder a la confianza que se habia hecho de l. Por este regimiento, pues, tuvo la Serna la poca fortuna de empezar las reformas que juzgaba convenientes y que hacian tambien indispensables los numerosos cuadros de jefes y oficiales de que abundaban y lo reducido de la fuerza que la mayor parte de los cuerpos contaban, siendo ademas el pensamiento del general

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mezclar en unas mismas filas los europeos y los del pas para que tratandose unos y otros con mayor inmediacion pudiese sacarse de todos mayor partido. Esta medida recibida con disgusto por los del pas concit de pronto bastante prevencion contra el nuevo general y ofreci a los desafectos vasto campo a las conjeturas de que sagazmente se valian para atizar la discordia fomentando la desconfianza. El general la Serna no adopt por mero capricho esta disposicion, pues habindole recomendando su antecesor todos los jefes y oficiales del ejrcito en relaciones al efecto y no constando en ellas, segun se dijo, los del primer regimiento, debia esta omision llamarle naturalmente la atencion; y asi vino a suceder como se acredita por lo que el general Valds, entonces jefe de E. M. del ejrcito, manifest sobre este punto a S. M. en su exposicion documentada del 12 de julio de 1827 desde Vitoria. Al hacer la reforma, decia, se decidi a refundir los batallones llamados 1 y 2 del Cuzco: esta eleccion la aconsejaba la circunstancia de haber Pezuela remitido a la Serna una relacion de los mritos, servicios y aptitud de todos los jefes del ejrcito sin nombrar en ella a los principales de los cuerpos indicados. Y quin, seor, en los casos de la Serna de no conocer a ninguno no habra hecho otro tanto? Es decir, reformar los cuerpos de aquellos jefes que el general anterior, que los conoca, no recomendaba a la consideracion del sucesor cuando lo hacia con todos los demas. Como quiera el primer regimiento, aunque mas adelante volvi a crearse, recibi entonces rden de pasar a Yavi para entregar su tropa al batallon de Gerona y en su cumplimiento lleg a fines de diciembre con considerables bajas ocasionadas por la desercion que promova indudablemente la malevolencia con que era comentada la reforma y hasta las circunstancias de unir la tropa a un cuerpo peninsular. Desgraciadamente concurria a robustecer esa triste prevencion alguna ligereza a que solan dar lugar la emulacion y los celos por un lado y por otro el atolondramiento propio de los pocos aos y la inexperiencia, y acaso el porte mas marcial de los europeos comparado con la apostura menos garbosa de los veteranos del pas. Los jvenes militares europeos, ufanos con el recuerdo de la guerra a la que habian concurrido en la Pennsula, engredos algunos con haberse hallado en Vitoria, en San Marcial, en el paso del Vidasoa y en Tolosa de Francia midiendo la superioridad que se atribuan hasta por su continente y el mayor lucimiento de su uniforme, se permitan a veces chanzas poco meditadas sobre los vencidos, a que les daba

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lugar la vista de los vencedores, las cuales, cuando entendidas, eran desagradablemente comentadas. En estos y semejantes errores han solido incidir generalmente los europeos recien llegados a las provincias de Ultramar, y Dios sabe la influencia que estos impremeditados errores han ejercido en el desenlace lamentable de la insurreccion de Amrica, el pas mas pacifico del universo, cuyos habitantes manifestaban por los espaoles un afectuoso respeto que parecia inextinguible. El tiempo y la reflexiva experiencia modificaban convenientemente los tristes efectos de las primeras imprsiones que se reciben en esos paises tan desemejantes aun de la Europa. El disgusto cundia con rapidez, los ocultos desafectos atizaban las disensiones y el entendido general la Serna, que se apercibi pronto de lo que pasaba y adopt cuantas medidas aconsejaba la razon y la justicia distributiva para atenuar al menos su perniciosa tendencia, conoca bien que una campaa en la que unos y otros tuvieran ocasion de distinguirse y aun necesidad de axiliarse mtuamente, no podia dejar de reportar grande utilidad a la causa espaola que le estaba encomendada, restableciendo la union y la confianza entre todos los individuos del ejrcito encargados de defender con lealtad unos mismos intereses. Acaso esta era la mayor esperanza del general la Serna al emprender un movimiento ofensivo contra su opinion y solo en cumplimiento de las terminantes prevenciones del virey Pezuela.

CAPITULO XI.

Movimiento sobre la provincia de Salta.Reformas militares. Ocupacion de Jujuy.Fortificacion ligera de Humahuaca.Conducta de varios cabecillas de retaguardia.Su castigo.Expedicion a Santa Elena.El cuartel general en Jujuy.Contnuos encuentros. Prdida de Humahuaca.Expediciones.Ocupacion de Salta.

AO DE 1817. A principios de enero supo el general en jefe en Yavi oficialmente que el brigadier Olaeta con la division de vanguardia habia ocupado a Humahuaca el 24 del mes anterior, sorprendiendo los 25 hombres

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que guarnecian este pueblo, cuya operacion confi al capitan de E. M. D. Antonio Seoane: que al dia siguiente habia dirigido al mismo capitan con tres compaas de infantera y un piquete de caballera sobre el inmediato valle de San Andrs, donde sostuvo con ventaja repetidos tiroteos, incorporandose con la vanguardia en Hornillos el 4 de enero, mereciendo Seoane por su intrepidez y disposicion especiales elogios de Olaeta. De conformidad ste con las prevenciones del general en jefe sali de Hornillos para Jujy en la misma noche del 4 de enero con los batallones de Cazadores y de Castro, el escuadron de dragones de la Union, parte del 1 de Cazadores montados y cuatro piezas de artillera, y envi por la vuelta de la Nueva-Oran el batallon de Partidarios y el resto del escuadron de Cazadores a las rdenes de su cuado el coronel D. Guillermo Marquiegui, a quien acompaaba en calidad de jefe de E. M., el capitan D. Bernardo de La Torre. Olaeta franque las 18 leguas que lo separaban de Jujy arrollando las facciones que le disputaban el paso de los ros Leon y Reyes, y entr en la ciudad el 6 de enero haciendo todavia en ella algunos gauchos prisioneros con la prdida de siete hombres desde Humahuaca. Como el general en jefe iba a quedar a gran distancia de su base natural de operaciones con el movimiento hacia el Tucuman definitivamente resuelto por el virey, encarg al general Tacon la conservacion y defensa de las provincias de Charcas y Potos, debiendo remitir al cuartel general el 2 batallon de Extremadura tan pronto como el estado de dichas provincias se lo permitiera; confi al brigadier ORelly el mando de las subdelegaciones de Chichas y Cinti dejando a sus inmediatas rdenes sobre 900 hombres: la guarnicion de Tarija donde mandaba el brigadier Alvarez se compona de 320 infantes de los regimientos 1 y 2 del Cuzco y 100 caballos del 2 escuadron de Cazadores y la partida del capitan Vaca: dej finalmente a cargo de sus respectivos gobernadores las provincias de Cochabamba, Oruro y la Paz, con prevencion de que remitiesen a Potos los contingentes de dinero y de reclutas para el ejrcito con la debida seguridad. Tomadas todas estas disposiciones, el general en jefe con el resto de las tropas destinadas al precitado movimiento sali de Yavi el 10 de enero, y los soldados atravesaron las mas de 30 leguas de despoblado que separan a Humahuaca con contento y alegra, no obstante las mayores privaciones que experimentaban los cuerpos peninsulares. Sin practica aun para saberse preparar a la ejecucion de estas travesas, carecian de los medios que no faltaban a los del pais, y a veces no hubieran podido comer aquellos mas que carne

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mal asada y sin sal, si sus nuevos compaeros no les hubiesen auxiliado con la mejor voluntad. Porque es de advertir que mientras un soldado del pais, sealadamente los naturales de determinadas provincias, asaba con perfeccion un carnero, no pona comible un europeo la pierna el costillar de otro. Estas primeras y provechosas lecciones practicas fueron de grande utilidad para la buena armona y compaerismo que luego se establecieron entre unos y otros como convenia y se deseaba. El 14 de enero lleg el cuartel general a Humahuaca, pueblo reducido de indios abandonado entonces de la mayor parte de sus habitantes. Este pueblo, el primero que se encuentra despues del mencionado despoblado, que sirve como de lnea divisoria al clima, a las costumbres y al territorio del alto Per y de las provincias llamadas de abajo, esta situado al principio de una quebrada valle angosto, que casi conduce hasta Jujy, goza de una temperatura mas templada y abunda en alfalfa, que los espaoles llevaron con otras semillas tiles al nuevo-mundo. Pareci de importancia su conservacion, tanto para servir de depsito de efectos de parque, provisiones y hospital, como para asegurar las comunicaciones con el Per, pues que cubria la principal avenida del valle de San Andres, residencia ordinaria del activo y emprendedor cabecilla Arias. En consecuencia dispuso el general en jefe quedase en Humahuaca una corta guarnicion mandando fortificar la iglesia y cerrar las bocascalles para evitar un golpe de mano y poder resistir cualquiera tentativa, respecto a que tampoco ni serian muchos en nmero los enemigos que la intentaran, ni contaban con artillera para verificarla con esperanza de buen xito, inmediamente se puso mano a las obras proyectadas. El mismo dia 14 de enero se supo en el cuartel general que el brigadier Olaeta habia salido el 12 de Jujy para Ledesma (30 leguas) con los batallones de Cazadores y Castro y parte del escuadron de Marquiegui con el fin de auxiliar la expedicion de la Nueva-Oran, que supona apurada para reunirse al ejrcito, tanto por su corta fuerza como por el nmero y calidad de los enemigos que segun noticias se reunian sobre el rio Negro para interceptarle el paso. El general en jefe pas revista en Humahuaca a las tropas que alli habia, siendo las destinadas a este movimiento las siguientes: infantera, los batallones de Gerona, Estremadura, ambos peninsulares, Castro Chilotes, Cazadores y Partidarios, en todo 2780 infantes: caballera, escuadrones de San Carlos, de hsares de Fernando VII, de dragones de la Union, de Cazadores y escolta

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del general, sobre 700 caballos: y 12 piezas de artillera de montaa con 130 artilleros para su servicio. Casi concluidas las obras de defensa de Humahuaca sali el cuartel general el 20 de enero para Yala, 3 leguas cortas de Jujy, donde se proponia concentrar todas las fuerzas, y dej en dicho Humahuaca al comandante de artillera la Rosa con 130 hombres de guarnicion, seis piezas de artillera y los repuestos de armas, municiones y provision que no se crean necesarios aun en Jujy En marcha el general en jefe para la hacienda de Yala recibi parte del coronel D. Francisco Javier Olarria, que por ausencia del brigadier Olaeta mandaba en Jujy, del aventajado encuentro que el escuadron de dragones de la Union habia tenido el 18 en el Carmen y las Capillas con dos escuadrones de dragones infernales, causandoles 40 Hombres de prdida a costa de algunos caballos y de 6 dragones muertos y heridos. El pas se hallaba en la mas completa insurreccion: todos los hombres capaces de llevar armas habian acudido a la campaa, y asi se hallaron solo en Jujy los muy ancianos, uno de los parrocos, un ciego, un lego de San Francisco, a quien fu preciso prohibir que tocase las campanas porque se descubri que servian de aviso a los enemigos, y las mugeres que como era natural servan tambien algunas a los suyos y con harta ventaja por cierto. Al mismo tiempo se supo por los prisioneros, y alguno que otro pasado que Belgrano no tenia en el Tucuman arriba de 2500 hombres, pues aunque reclutaba en realidad mucha gente con igual facilidad se la desertaba. Por este tiempo tambien lleg al ejrcito la noticia de que una division portuguesa se habia apoderado de la plaza de Montevideo, y que se iba a preparar en Cadiz una fuerte expedicion para el rio de la Plata al mando del conde del Abisbal, a quien se nombraria virey de Buenos-Aires. Este era el sueo dorado de los amantes de la causa espaola, porque tenian el convencimiento de que una expedicion europea que ocupara con seguridad a Buenos-Aires en el estado en que se hallaban todo el Per, Quito y Chile, afianzaba indeterminadamente la pacfica posesion de la Amrica meridional. Por el estado de insurreccion del pas los recursos de subsistencia para hombres y caballos estaban reducidos al ganado que se poda recoger y al pasto y paja de maz que se recolectaba a fuerza de penosas marchas y de diarios combates. Para cubrir las avenidas de Salta se habia colocado en la capilla de Perico un destacamento de 18 infantes de Estremadura y 10 dragones de la Union, el cual fu vivamente atacado el 23 de enero por 500 caballos

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enemigos. El capitan de aquel cuerpo D. Pedro Becerra, que lo mandaba, atrincherado en la capilla se defendi con la mayor brillantez dando asi lugar a que pudiera ser socorrido. Al efecto salieron de Jujy el coronel Olarriaca con la mayor parte del primer batallon de Extremadura por la direccion del Comedero, y por el camino real el oficial de E. M. don Antonio Seoane con el resto de aquel batallon, la compaa de granaderos de Castro y un piquete de dragones de la Union. Olarria tard poco en encontrarse con una fuerza enemiga tan considerable que se disponia a retroceder cuando el coronel Carratala con la primera compaa de Extremadura empez a franquear el camino desalojando a los contrarios; y con igual fortuna arrollaba Seoane cuanto se oponia a su marcha, distinguindose sobre manera los granaderos chilotes, Reunidas ambas fuerzas en la llanura de los Alisos salvaron al capitan Becerra que continuaba su herica defensa en la capilla y cuya prdida sin este socorro hubiera sido inevitable. Entretanto el brigadier Olaeta habia alcanzado la columna de Marquiegui el 20 en la Reducion, 20 leguas de Jujy, en cuya ciudad entraron ambas fuerzas el mismo dia 23 de enero. La columna de Marquiegui que, como hemos dicho, tom desde la quebrada de Humahuaca la direccion de la Nueva Oran, alcanz el 8 de enero en San Andrs la faccion del cabecilla Ramirez, que el ayudante de E. M. D. Bernardo la Torre carg y acuchill con 60 caballos, quedando el mismo caudillo entre los muertos. El dia 10 hubo un ligero tiroteo con la faccion de Arias, jefe principal de aquel partido que se repiti al dia siguiente con mas empeo para defender la entrada en aquella poblacion, la que se verific el 12 dispersando a los enemigos y haciendo algunos oficiales y otras personas notables prisioneros, entre estos tres eclesiasticos, dos abogados y cinco propietarios comprometidos de la provincia de Cochabamba, a quienes el general en jefe perdon y remiti a sus casas. Al franquear esta columna las 60 leguas que separan la Nueva-Oran de Jujy, de ellas 25 de espesisimo y elevado bosque, arroll el 17 en el rio Negro los 200 gauchos que componian la faccion de Benavides: el 19 sostuvo otro combate obstinado con el caudillo Rojas en el rio de las Piedras, y reforzado ste con 400 gauchos de Gemes volvi a atacar la columna el 20 ponindola en la mas comprometida situacion, cuando por fortuna lleg en su auxilio el brigadier Olaeta. La prdida del enemigo en esta expedicion puede reputarse en mas de 120 hombres que costaron a los realistas sobre 80 muertos y heridos,

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Los gauchos eran hombres del campo bien montados y armados todos de machete sable, fusil rifle, de los que se servian alternativamente sobre sus caballos con sorprendente habilidad, acercandose a las tropas con tal confianza, soltura y sangre fria que admiraban a los militares europeos que por primera vez observaban aquellos hombres extraordinarios a caballo, y cuyas excelentes disposiciones para la guerra de guerrillas y de sorpresa tuvieron repetidas ocasiones de comprobar. La incansable perseverancia de los gauchos era un justificativo mas del estado de hostilidad en que se hallaba el pais bien distinto a la verdad de lo que habia sido en pocas anteriores; pero el denuedo con que las tropas espaolas se lanzaban sobre esa clase de ginetes, individualmente valientes, les vali un crdito de grande importancia para el resto de esta campaa. Sobre fines de enero hizo el general en jefe una promocion para continuar la reforma y la reorganizacion de los cuerpos: D. Bernardo de la Torre fu nombrado teniente coronel mayor del regimiento de dragones americanos de nueva creacion, continuando en el E. M.: D. Antonio Seoane, D. Mateo Ramirez, D. Valentin Ferraz y otros fueron ascendidos a comandantes. Sabedor el general en jefe de que el brigadier Alvarez habia dejado el mando de Tarija por enfermo y conviniendo la incorporacion al ejrcito del coronel Vigil, remiti alli al comandante don Mateo Ramirez. Se mand la reforma del segundo regimiento y que con el cuadro de ste y el que habia resultado de la extincion del primero se formase el regimiento de la Union-Peruana, cuyo mando fu confiado al coronel del segundo regimiento don Sebastian Benavente peruano. Los oficiales reformados, que no tuvieron entrada en la Union-Peruana, fueron colocados en los demas cuerpos del ejrcito asi del pais como peninsulares, cuya circunstancia parecia que debia disminuirles su disgusto. Sin embargo el descontento era notorio y se acredit mas por la desercion de 300 hombres de tropa incorporados al batallon de Gerona. El general en jefe form sobre su escolta el escuadron de granaderos de la Guardia al mando de D. Valentin Ferraz: destin a los cuerpos del pais ayudantes y jefes de instruccion y puso tambien segundos comandantes a los escuadrones con igual objeto y para el mejor rden de su detalle sacandolos de los cuerpos expedicionarios; y aunque estas medidas estaban justificadas por la conocida conveniencia del servicio, no fueron de pronto generalmente bien recibidas. Para nada se necesita mas circunspecto tino y oportunidad sobre todo que para esta clase de alteraciones en un ejrcito y mas de los elementos de que se componia el del alto Per. Puso el

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general a rancho los cuerpos del pais, mtodo desconocido hasta entonces con positivo detrimento de la disciplina y aun de la salud del soldado intent con mano fuerte corregir la perniciosa costumbre de que un ejrcito de mugeres siguiera a las tropas en sus expediciones, las cuales si ofrecian la conveniencia de preparar diligentes la comida de sus relacionados, tambien aumentaban desmedidamente los consumos y eran una langosta para los pueblos, haciendas rancheras a donde llegaban. El 6 de febrero 400 caballos enemigos tambien dirigidos como resueltos cayeron de improviso sobre, los forrageadores en San Pedrillo en las cercanas de Jujy y causaron a los realistas la prdida de 70 hombres de los cuerpos del pais y 40 peninsulares de Extremadura y dragones de la Union con los valientes Cadormiga teniente del primero y Arregui, capitan del segundo. Pronto pag sensiblemente ste la temeraria arrogancia con que solia decir que con sola su compaa marchaba hasta Buenos-Aires. El brigadier Olaeta habia salido este dia temprano para Yala donde residia el cuartel general y el coronel Olarria a quien correspondia sustituirlo en el mando, como segundo de la vanguardia, parece que habia descuidado las precauciones del forrage a pretexto de que Olaeta se habia ausentado sin hacerle prevencion alguna. Al primer aviso del compromiso de los forrageadores, que ya no existian, el arrojado Arregui con algunos dragones de la guardia de prevencion monto a caballo y march sin rden de nadie en su socorro, lanzandose ciegamente entre los enemigos vencedores donde l y la mayor parte de los que le seguian acabaron haciendo prodigios de valor dignos de mejor suerte. El teniente Cadormiga por su parte con los forrageadores que habia podido reunir hizo la mas herica resistencia y tanto se irritaron con ella aquellos crueles enemigos que a nadie perdonaron la vida. Este desagradable suceso, que aument mucho el entusiasmo y la moral del enemigo, despert en las tropas europeas alguna prevencion contra Olaeta y Olarria, a cuyo descuido atribuian la catastrofe que lamentaban; y es preciso reconocer que si el primero no habia hecho bien en salir de Jujy sin advertrselo a su segundo, ste falt notablemente en no proveer, como convenia, a la necesidad urgente de cubrir el forrage. El general la Serna por consideracion a que ambos jefes eran antiguos en el ejrcito y aun Olarria pariente del virey Pezuela, con quien estaba en disidencia en punto a operaciones militares, ninguna providencia tom mas que la de trabajar por disminuir las funestas impresiones del referido desastre, trasladandose al siguiente dia 7 de

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febrero a Jujy, dejando en Yala un destacamento para mantener expeditas las comunicaciones con Humahuaca. Por este tiempo se supo en el cuartel general que los cabecillas Lira, Carpio, Alvarez y otros de la provincia de Cochabamba habian invadido el camino real del Per entre Oruro y Sicasica, que dieron muerte cruel al honrado cacique del pueblo de Mooza por el solo delito de ser afecto a los espaoles y que robaban y asesinaban a los indefensos transeuntes; mas destacados contra estos bandidos proporcionados destacamentos de las guarniciones de la Paz, de Oruro y de Cochabamba lograron ahuyentarlos pronto, y dejar libre y seguro el camino. Pocos dias despus, aburridos los mismos indios por las continuas extorsiones que experimentaban de la revolucion, se alzaron contra sus propios caudillos y presentaron de ellos cuatro cabezas en la Paz y dos en Oruro inclusa la de Carpio, y gratificados por este servicio ofrecieron perseguir a los demas sin excepcion de Lira, a quien servian de escolta 15 fusileros: y es preciso convenir en que este medio era eficacsimo para asegurar la tranquilidad de los pueblos, aunque no fuese el mas recomendable. El segundo del famoso caudillo Padilla por este tiempo, desesperanzado de sostener la rebelion por el lado de Chuquisaca, se retir a las asperas montaas de Yuracares en los confines de Cochabamba, y de este modo no solo se iban franqueando los caminos de aquella provincia, sino que pudo su gobernador desprenderse del segundo batallon de Extremadura para que se encaminase al cuartel general de Jujy. Este es el batallon que se habia formado en el Cuzco sobre la compaa de don Manuel Ramirez, ahora su comandante, gobernando aquella provincia el brigadier don Mariano Ricafort. Establecido el cuartel general en Jujy se proponia el general la Serna avanzar a Salta 18 leguas; pero necesitaba que se le incorporasen las tropas todavia en marcha, particularmente los escuadrones de hsares de Fernando VIl y el 2 de Cazadores. Entretanto y para dar mayor extension a los forrageadores y mayor seguridad al ganado que era preciso mantener al pasto, coloc en Perico el batallon de Castro y un escuadron de Dragones-Americanos (antes 1 de Cazadores): puso un fuerte destacamento en los Alisos y otro en el Carmen, que impedian la aproximacion de los atrevidos enemigos a la ciudad aunque empeaban con ellos diarios infructuosos tiroteos. Destin en fin varias columnas volantes a recorrer la campia, batir las partidas de gauchos que encontraran y recoger mulas, caballos y ganado bacuno de que tanto se necesitaba. El coronel Carratala, jefe de una de aquellas columnas

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sostuvo el dia 14 de febrero un obstinado combate con 300 caballos enemigos, y no solo fu el resultado favorable al honor de las armas espaolas, sino que salv Carratala todo el ganado que conducia. Los hsares de Fernando VII que dejamos en marcha para Culpina, llegaron a esta hacienda en fines de diciembre ltimo, y seguidamente parti de alli contra el partido de Santa Elena el brigadier D. Diego O-Relly con el batallon llamado de Verdes, muy bajo de fuerza, algunos soldados de Chichas montados en mulas y malos caballos y 40 hsares de Fernando VII con el capitan D. Andres Garcia Camba y el bizarro don Francisco Ortiz, alfrez del mismo cuerpo. El brigadier O-Relly ocup sin dificultad a Santa Elena, pero sin hallar un habitante ni en este pueblo ni en las rancherias inmediatas. Desde santa Elena se ejecutaron varios movimientos por toda su jurisdiccion, en los que sostuvieron las armas espaolas frecuentes y ventajosos encuentros a pesar de la extraordinaria aspereza y fragosidad del terreno, teniendo por resultado que muchos de los naturales alzados se presentasen pidiendo gracia, ofreciendo sumisa obediencia y recibiendo del brigadier una papeleta de seguridad. Pocos dias despues, reforzados aquellos turbulentos y volubles indios por el escuadron del mayor Rabelo, oficial de las tropas de Buenos-Aires, se creyeron superiores, se volvieron a reunir hasta los presentados y en nmero bastante crecido ocuparon las alturas que rodean a santa Elena, particularmente el elevadsimo cerro de Caashuaico, a cuyo pie esta situado el pueblo. Tres dias pas all O-Relly enteramente circuido: en ellos hicieron dos salidas los hsares de Fernando VII contra los caballos de Rabelo que ocupaban las lomas de la derecha del rio, sostenidos por algunos grupos de indios honderos y muy pocas armas de fuego, y en ambas los desalojaron y dispersaron causandoles alguna perdida a costa de un caballo muerto y un soldado herido de piedra: pero pronto volvian a reunirse como tenian de costumbre. Para dejar el pueblo de santa Elena y regresar a Culpina, de donde hacia cerca de un mes que el brigadier O-Relly no tenia la menor noticia, fu preciso atacar el cerro de Caashuaico y desalojar de l al enemigo, lo que ejecut el batallon de Verdes a las rdenes del coronel Sierra su primer comandante con algunos soldados de Chichas, con tanta valenta como admirable habilidad en sortear las galgas, o grandes piedras que los indios les arrojaban, logrando, por ltimo su objeto con bastante prdida de los contrarios, y por parte de los realistas un soldado muerto, 24 heridos con dos oficiales todos de piedra y varios contusos. Los indios presentados y reunidos ya con los insurrectos

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enseaban las papeletas de seguridad que haban obtenido, las rompian con algazara a la vista de los espaoles y las lanzaban al aire en muestra de desprecio que hacian de ellas. Era un espectaculo bien digno de observacion. El 31 de enero entr de regreso esta expedicion en Culpina, donde habia permanecido el escuadron de hsares y all se hallaba la rden del general en jefe para que inmediatamente siguiera el movimiento del ejrcito en marcha sobre Jujy, disponiendo al propio tiempo que el brigadier O-Relly con la demas fuerza se dirigiese a Tupiza Santiago de Cotagaita, como se verific. Los hsares de Fernando VII tomaron por los valles de Cinti y san Juan para salir a Yavi, y el 19 de febrero ocuparon la hacienda de Yala, tres leguas cortas de Jujy, residencia que habia sido del cuartel general. Esta hacienda estaba guarnecida por un destacamento de Extremadura que mandaba el teniente D. Juan Garrido. Tanto en los destacamentos apostados para la mayor defensa y tranquilidad de Jujy, como en las columnas mviles que era preciso mantener para buscar subsistencias empezaron a picar las calenturas intermitentes, notandose que los soldados peruanos las adquirian con mas prontitud y en mayor nmero que los europeos. Spose luego que en la inmediacion de Sapla, 5 leguas de Jujy, se habian reunido gruesas partidas enemigas, y empezaron a correr voces de que la vanguardia del ejrcito de Belgrano habia llegado al mismo punto. En este supuesto natural era persuadirse que las fuerzas que mandaba ese caudillo no estaban muy lejos, circunstancia demasiado grave para mirarla con descuido. Consiguientemente sali el general en jefe de Jujy en la noche del 26 de febrero con el primer batallon de Extremadura, 4 compaas del de Gerona, el escuadron de la Guardia, el 1 de Dragones Americanos y dos piezas de artillera, y al amanecer del dia siguiente 27 habia alcanzado al expresado punto de Sapla logrando hacer algunos prisioneros al dispersar la reunion enemiga. Por las declaraciones de estos result ser falsa la noticia relativa al movimiento de las tropas de Belgrano, y regres el general a Jujy el 28 haciendo recoger sobre la marcha y conducir algunas reses. El 4 de marzo supo el general en jefe la desagradable noticia de que habia caido en poder de los enemigos la guarnicion de Humahuaca, los efectos de parque, las municiones, las provisiones y los seis caones que alli habia. El activo coronel de Buenos-Aires la Madrid se habia corrido a retaguardia del ejrcito real por la quebrada del Toro con 400 hombres bien montados y con el designio

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de penetrar en las provincias del alto Per y fomentar el alzamiento de sus pueblos a fin de causar al ejrcito espaol una poderosa diversion. Combinado al paso con el cabecilla Arias tom a Humahuaca con mayor facilidad de la que era de esperar, encarg a su compaero la conduccion de la presa a la Nueva-Oran, y continu la Madrid su marcha sobre Tarija, de la que tambien logr apoderarse. El general la Serna hizo al instante salir de Jujy dos columnas sobre la Nueva-Oran, la una directamente al mando del brigadier Olaeta y la otra por la quebrada de Humahuaca a las rdenes del coronel Centeno. Componase esta del batallon de Castro, conocido tambien por chilotes, del escuadron de hsares de Fernando VII, y de un destacamento del de San Carlos, llevando por gefe de E. M. al teniente coronel D. Antonio Seoane. . El 9 de marzo lleg esta columna a Humahuaca, cuya poblacion se hallaba totalmente abandonada, y solo se veian en sus calles cajones y baules destrozados con algunos cadaveres insepultos que despedian una fetidez insoportable. Dada sepultura a los cadaveres encontrados, la columna se dirigi por Cibina al abra de Zenta para cruzar uno de los ramales de la gran cordillera de los Andes y sigui a la Nueva-Oran por los Molinos, San Andrs, la Maroma y Santa Cruz. El camino era una estrecha senda por medio de un continuado bosque espessimo, particularmente desde San Andrs, y los soldados europeos vieron por primera vez con admiracion bandadas de pavos silvestres, cuyo rapido vuelo les sorprendi mucho; y antes de llegar al campamento de la Maroma se present un oficial enemigo con nueve de los prisioneros de Humahuaca y 12 fusiles, y di ademas aviso del lugar en que los enemigos habian ocultado los seis caones, varias cargas de vino, aguardiente, harina, azcar, vestuarios y todas las municiones de artillera. Recogise en consecuencia cuanto se pudo conducir y se inutiliz todo lo que no era dable cargar por falta de acmilas. La columna del coronel Centeno ocup la Nueva-Oran el 16 de marzo por la tarde y el mismo dia por la maana habia salido de alli para la mision de San Francisco el brigadier Olaeta, de donde regres a Jujy perdida la esperanza de poder alcanzar a los conductores de los prisioneros de Humahuaca. Centeno descans seis dias para dar respiro a la tropa y a los caballos, de los cuales tuvo que abandonar algunos por absolutamente imposibilitados de marchar. La Nueva-Oran, que constara de poco mas de 30 casas, lleva el ttulo de ciudad: su territorio abunda en frutas, maiz, arroz, caa de azucar y carnes: su clima es calido y hmedo, propenso a

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calenturas perniciosas y a bultos hinchazones en el pescuezo que llaman cotos, de cuya deformidad ni los perros se ven exentos: abundan igualmente los insectos y reptiles, algunos venenosos, y las casas estan invadidas por molestos enjambres de mosquitos de diferentes especies: confina con los indios bravos llamados matacos, quienes, como otras naciones salvages, abastecen de sirvientes los pueblos cristianos limtrofes. Habia en fin alli una mision de religiosos franciscanos que apenas sacaban fruto de sus trabajos. El 23 del precitado marzo emprendi el coronel Centeno su regreso al cuartel general por el mismo camino que habia llevado para la Nueva-Oran, conduciendo los enfermos que por su estado lo permitan y pasando por el sentimiento de tener que abandonar cuatro a la dudosa generosidad de aquellos enemigos, porque no era posible moverlos sin exponerlos a una muerte cierta. Al da siguiente camp la columna en la Maroma, y con noticias de que se hallaban en el pueblo de San Andrs algunos gauchos de la faccion de Arias, recibi orden el capitan Camba para ponerse en marcha a las once de la noche con 25 hsares y apoderarse del pueblo, como lo ejecut al amanecer del 25 desalojando de l sobre unos 40 insurrectos, de los cuales hizo dos prisioneros. La columna lleg al mismo punto a la una del dia y descans hasta el 29 que fu a pernoctar al pie de la abra de Zenta, en cuyo campo, abundando la yerva garbancillo se enfermaron bastantes caballos y mulas. Esta yerva, al parecer gustosa para los animales, produce en las bestias que la comen fuertes temblores convulsiones de que se les suele seguir la muerte, hinchandose con prontitud y arrojando sangre por la boca y las narices. En este dia sostuvo la retaguardia un corto tiroteo del que resultaron heridas dos pobres mugeres, que emigraban de la Nueva-Oran por seguir las tropas espaolas. El 30 de marzo por la maana se observ que el abra de Zenta estaba ocupada por mas de 300 enemigos: era preciso desalojarlos para continuar libremente la marcha, y este encargo lo recibi el teniente coronel Seoane con dos compaas de infantera y lo desempe con decidida prontitud, no obstante la escabrosidad del terreno y la formidable posicion en que los alzados se hallaban. Expedito el paso del abra de Zenta continu la columna a Humahuaca siempre desierta, y de aqui se adelant la caballera a Urquia y a Tilcara para proporcionar a los caballos el buen pasto de que tanta necesidad habian. Estos pueblecitos se hallaban tambien por primera vez inhabitados y era un signo harto significativo de cuanto en breves das habia empeorado el espritu del pais. Ninguna

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noticia por lo tanto se pudo adquirir del estado del ejrcito real a pesar de lo poco que distaba ya Jujy, y esta circunstancia parecia aconsejar a los jefes espaoles la prudencia con que debian proceder. Sin embargo, el teniente coronel Seoane se decidi a salir de Tilcara para Jujy en la madrugada del 2 de abril con objeto de adelantar al general en jefe los pormenores de esta expedicion, acompaandole cinco hsares y dos asistentes montados. Al dia siguiente fueron a Huajara los hsares de Fernando VII y una partida del escuadron de San Carlos que los acompaaba, en cuyas inmediaciones 50 caballos enemigos cayeron de improviso sobre algunos soldados de San Carlos, que imprudentemente se habian adelantado a merodear, hicieron dos prisioneros y huyeron en seguida de la persecucion de los hsares. En la madrugada del 4 de abril salieron estos de Huajara para Jujuy dudosos ya de la suerte de Seoane y de su pequea escolta; pero cuando desde el Volcan divisaron a distancia algunos grupos de gauchos que hacian de trecho en trecho disparos de fusil como de seal convenida, y cuando poco despues encontraron sobre el camino un caballo muerto y dos cadaveres de los individuos que acompaaban a Seoane, no les qued duda alguna de que su suerte no podia menos de haber sido desgraciada. Descansaron los hsares en Yala para comer y dar un pienso a los caballos y desde luego les llam la atencion hallar esta hacienda sin tropa. Por un indio, que pudieron coger, supieron que Seoane y cuatro de sus soldados estaban prisioneros y que los otros tres habian sido muertos, despues de haber hecho todos una resistencia increible. A las tres de la tarde continuaron los hsares su marcha para Jujy, amenazados de una tormenta, que antes de llegar al rio Reyes descargaba sobre ellos la mas copiosa lluvia: vadearon este rio con precaucion, tanto por los disparos de fusil que de cuando en cuando oian y tenian indudablemente por seales convenidas, como porque iban a atravesar un bosque, cuyo camino permitia apenas dos caballos de frente. Al acercarse a un escampado que se encuentra cerca del punto llamado la Capilla, tuvieron el acierto de mejorar su formacion; el agua seguia cayendo en abundancia y la tropa llevaba los capotes puestos. En esta situacion recibieron los hsares una descarga, disparada desde la espesura del monte, aunque no de gran nmero de armas, sin duda inutilizadas por la lluvia, y en medio de una grande gritera que se oia por todas partes, como 200 hombres a caballo, la mayor parte de los dragones infernales, pronunciaron una carga sobre los hsares con decision; pero aunque

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estos no tuvieron lugar mas que para desenvainar los sables y soltar los capotes, se pararon aquellos como a 20 pasos de distancia. Entonces el comandante D. Gabriel Perez sin perder instante mand al capitan Camba, cuya compaa formaba la primera, que cargara a los enemigos, lo que a la voz de viva el rey ejecut aquella sobresaliente tropa con el denuedo que tan bien acreditado tenia, y confundidos y alebronados los contrarios cedieron el campo y la ventaja a las puntas de las lanzas y de los sables de los hsares, dejando 30 hombr