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POEMAS pERIODSTICOS
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Marzo de 1936. Luis de Tapia le muestra a Juan Belmonte la medalla que le acaba de otorgar el Ayuntamiento de Madrid.
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Luis de Tapia
POEMAS pERIODSTICOS
Antologa comentada
E d icin de lvaro Ceballos Viro
SE V I L L A
A O 2013
RE N ACIMIE N TO B I B L IOTECA DE RESCATE
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biblioteca de rescate
Director literario: Jos Esteban
Editado con una ayuda de fonds spciaux de la recherche (Universit de Lige)
Edicin: lvaro Ceballos Viro 2013. Editorial Renacimiento [Link]
polgono nave e xpo , 1 7
4 1 9 0 7 valencina d e l a con c e p c i n ( sev i l l a )
tel.: ( + 3 4 ) 9 5 5 9 9 8 2 3 2
editorial@[Link]
Diseo de cubierta: Equipo Renacimiento depsito legal: se 1573-2013 isbn: 978-84-8472-800-9 Impreso en Espaa Printed in Spain
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PRlOGO
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Invierno de 1932-1933. Luis de Tapia y Jos Ortega y Gasset.
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La abeja l 13 de noviembre de 1898 ingresaba en la Real Academia Espaola el famoso Fernanflor. Para entonces, ese folletinesco pseudnimo apenas si engaaba a nadie: detrs de l estaba Isidoro Fernndez Flrez, fundador del primer suplemento literario de la historia espaola, Los Lunes de El Imparcial, y de uno de los grandes diarios de la Restauracin, El Liberal. Su discurso de recepcin versaba precisamente sobre las relaciones entre literatura y periodismo. De todo texto impreso explicaba Fernanflor , el periodstico es el ms efmero, pues antes de que acabe el da en que sali de las prensas ya se encuentra envolviendo pescados en la tienda de ultramarinos, o transformado en cucurucho de almendras garrapiadas. Su discurso fue un vehemente alegato a favor de un medio que gran parte de la sociedad segua viendo como vulgar instrumento del arribismo poltico, como responsable de la perversin de la prosa o, en definitiva, como simple papel de envolver. En cuanto al oficio de periodista, no exiga ninguna formacin concreta, era inestable, estaba mal pagado, careca de proteccin frente al plagio o la censura y a veces no ofreca mayor retribucin que algn pase gratuito para los estrenos teatrales. Pero a pesar de los pesares adverta el nuevo acadmico es el periodista quien
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derriba gobiernos, quien instituye dictaduras, quien agita las muchedumbres, quien obscurece o ilumina las conciencias. Precisamente la vspera del da en que Fernanflor ley su discurso de ingreso en la Academia, la vistosa revista barcelonesa El Gato Negro inclua por segunda vez una colaboracin de un tal Luis de Tapia Romero. Esta firma perteneca a un madrileo de 27 aos recin cumplidos, que haba aprobado pocos meses atrs las ltimas asignaturas de Derecho, aunque an le quedaba por superar el temido examen de grado que daba acceso al ttulo; lo realizara con xito unos meses ms tarde, tras una exposicin oral sobre las Hermandades de Castilla, pero quiz entonces ya intuyese que nunca ejercera la carrera y que su autntica profesin sera la de derribar gobiernos, agitar muchedumbres e iluminar las conciencias desde las columnas del papel de envolver. Y que adems lo hara en verso. El padre de Luis de Tapia haba fallecido cuando l apenas contaba pocos meses de edad, de manera que quien lo cri fue fundamentalmente su padrastro, Nicanor de Zuricalday. ste haba sido a finales del siglo XIX colaborador ocasional de La Ilustracin Espaola y Americana, y autor no del todo desconocido de leyendas en verso y de poemas fueristas. El virus versificador haca estragos en la sociedad decimonnica, y en ambiente tan proclive no puede extraar que el joven Luis de Tapia contrajera esa mana, / esa especie de mtrica estangurria, como deca Bretn de los Herreros. El propio Tapia recordara que, siendo an pequeo, hizo sus primeras armas poticas con un sonetazo de circunstancias que algn envidioso atribuy al duque de Rivas4. Y a la altura de 1898 la aficin no slo no haba desaparecido, sino que haba terminado por imponerse a todo otro inters. Las planas de El Gato Negro acogan sin distingos a escritores modernistas, a festivos de Madrid Cmico e incluso a viejos costumbristas, envueltos todos ellos en fenomenales ilustraciones de Apeles Mestres, Caran DAche o Xaudar. Slo en sus ltimos nmeros Luis de Tapia cont con una
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seccin regular, titulada Semana poltica, en la que haca croniquillas en verso y prosa que a veces rezumaban un regeneracionismo vitrilico:
Dos cosas han de evitar que Espaa se vaya a pique ..... el amor a trabajar y la obligacin de ahorcar cada pueblo a su cacique5.
En las planas de la prensa diaria de aquel siglo moribundo comenzaba a ser frecuente el comentario en verso de la actualidad. El diario El Pas contaba con los servicios de Antonio Palomero, quien populariz el pseudnimo Gil Parrado; para El Evangelio rimaban sus croniquillas autores enmascarados como Nicanor o El Bachiller Canta-Claro; Jos Estrai daba sus Pacotillas en La Voz Montaesa; para El Liberal versificaba nada menos que el inagotable creador de La Gran Va, Felipe Prez y Gonzlez, a cuyo multitudinario entierro, presidido por Canalejas, asistira Tapia el 17 de marzo de 1910. En aos sucesivos surgiran nuevos poetas-periodistas: Pastor Mata en El Mercantil Valenciano, Csar Alvajar en La Voz de Galicia, Carlos Miranda en El Liberal, y un indocumentado Microbio en El Parlamentario; en El Socialista, un tal Maligno, que acaso fuera un pseudnimo colectivo. Juan Prez Ziga y Antonio Casero versificaron a menudo para ABC y Heraldo de Madrid, aunque sus comentarios eran menos afilados que los de sus colegas. En El Radical de Valencia publicaba Mingo Revulgo, nombre de pluma de Joaqun Gonzlez Pastor, el cual tambin firm numerosas gacetillas en verso para Espaa Nueva; en la redaccin de este ltimo diario coincidi con Luis de Tapia y con Francisco Serrano Anguita (Tartarn), quien a su vez, ya en los aos 1920, escribira versos polticos para el diario Informaciones. En esa tercera dcada del nuevo siglo, y sin nimo de exhaustividad, cabe mencionar los poemas polticos de Juan
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Gil en El Motn, los de Francisco Belmonte en El Progreso de Albacete o los de Manuel Feijo y Torres en El Presidencialista. Pero en esas tres dcadas largas que van desde el Desastre colonial a la Segunda Repblica el poeta poltico espaol ms conocido, ms ledo, ms comentado y seguramente tambin el ms prolfico fue Luis de Tapia. El estilo de estos poetas-periodistas no era ya el modelo esproncediano que haba llegado hasta los poetas finiseculares de Democracia Social , y desde luego estaba an muy alejado de la poesa impura de los aos 30, nerudiana o neopopularista. Aunque su precedente inmediato eran los satricos del sexenio revolucionario, como Manuel del Palacio o Juan Martnez Villergas, lo que Tapia y sus colegas hacan mantena tambin una estrecha relacin con el gnero, an novedoso, de la crnica periodstica, ese comentario abiertamente subjetivo de la actualidad social, pero tambin y muy principalmente poltica. Luis de Tapia fue, junto con Cristbal de Castro, uno de los fundadores del peridico republicano El Evangelio, cuyos primeros nueve nmeros se repartieron gratuitamente y galvanizaron al pblico lector de la capital. All escriba Tapia unos poemas titulados genricamente Salmos evanglicos, que firmaba con el pseudnimo David. En 1903 recopil algunos en un pequeo volumen que tuvo la fortuna de ser reseado por Mariano de Cavia en El Imparcial el 17 de abril del mismo ao. Tapia se referira con frecuencia a esta resea, que fue, segn le escribi aos despus a Benito Prez Galds, la que me dio la alternativa de poeta satrico6. Muchas otras seran las columnas y cabeceras que publicaran sus versos a lo largo de los siguientes treinta y tres aos: Chinitas en El Pas, Coplas del viernes en ABC, Bombones y caramelos o Postales parlamentarias en Espaa Nueva, una interesante serie de pliegos de aleluyas (algunos publicados de forma exenta) en La Jornada, Frescas en Vida Nueva, Los domingos de Luis de Tapia en La Zarpa y su seccin por excelencia, las Coplas
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del da, sintagma que acab fijando la denominacin de su produccin potica en general: Coplas del da se publicaron regular y sucesivamente en El Imparcial, La Opinin y La Libertad. De manera ms ocasional sus versos encontraron tambin acomodo en las planas de Alma Espaola, Madrid Cmico, La Esfera, La Hoja de Parra, Toros y toreros, Vida Socialista y Ayuda!, la revista que edit desde 1936 el Socorro Rojo Internacional; poemas aislados se encuentran en las colecciones de La Lidia, El Luchador, Fray Lazo o Prometeo. No era raro que sus poemas se reimprimieran pocos das despus en peridicos de provincias como El Pueblo de Valencia, La Voz de Menorca o El Noticiero de Zaragoza, a veces omitiendo el nombre del autor. Entre 1907 y 1908 Tapia dirigi el semanario Alegra!, en el que muchos de los textos sin firma proceden indudablemente de su pluma7, y en 1913 fund junto con Luis Bello el ambicioso boletn bibliogrfico Revista de Libros. No debe olvidarse, por ltimo, que adems de todas las secciones rimadas Tapia escribi otras en prosa para diarios y revistas como Nuevo Mundo, El Motn, Blanco y Negro, Hoy, El Teatro (revista de espectculos), La Semana, Buen Humor, Muchas Gracias o La Calle. Tapia public varias antologas de sus poemas periodsticos. Lo hizo con los Salmos de El Evangelio, y en 1911 con los Bombones y caramelos de Espaa Nueva. Prez Galds prolog este ltimo volumen, elogiando esas composiciones breves, epigramticas, comparables a la labor de las menudas abejas que simbolizan el picor y la dulzura8. Esta imagen recuerda inevitablemente la definicin apcola que Rubn Daro hizo de la poesa de Campoamor: abeja es cada expresin / que, volando del papel, / deja en los labios la miel / y pica en el corazn9. En los aos siguientes, la editorial Renacimiento publicara varias recopilaciones de poesas de Tapia, y en sus cubiertas figurara, a modo de emblema literario, una abeja posada en una lira (el arpa de David, que tambin mencionaba en su prlogo el novelista canario).
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Entre tanto, nuestro poeta se haba casado con Pilar Bolvar Pieltain, hija del famoso entomlogo e institucionista Ignacio Bolvar0; con ella tendra tres hijos: Luis, Alma y Daniel. Entonces forj tambin algunas de sus muchas y variopintas amistades: entre sus ntimos se contaban Ramn Prez de Ayala, Gregorio Martnez Sierra, Gregorio Maran, el ilustrador Francisco Sancha y el torero Juan Belmonte. Galds, en cambio, perteneca a una generacin anterior: Tapia admir en l al correligionario genial y al autor de Electra, y desde 1921 sera uno de los incondicionales de la cita anual que cada cuatro de enero aniversario de la muerte del novelista congregaba a sus admiradores en el parque del Retiro, frente a la estatua que le hiciera el escultor Victorio Macho. Al igual que Galds, a la altura de 1906 Luis de Tapia ya haba concretado su rechazo del sistema poltico de la Restauracin en el apoyo activo al republicanismo radical. En mayo de aquel ao entr, de la mano de Cristbal de Castro, en la redaccin de Espaa Nueva, el diario del radical donostiarra Rodrigo Soriano. Jos Mara Salaverra defini Espaa Nueva como un peridico gil y suelto, de maneras harto atrevidas y con una irremediable inclinacin a lo bullanguero, a lo escandaloso, adjetivos que cuadraban igualmente a su director y a su poeta. Tapia se involucr en este proyecto periodstico ms all de lo que exiga el deber profesional, apoyando a Soriano en lo ms duro de la polmica con Lerroux, a principios de 1911, como demuestra el hecho de que el 7 de febrero participase junto a aqul en un mitin en el casino republicano de Crdoba4. Pocos das despus, Soriano se sumaba a la Conjuncin republicano-socialista, junto con Galds, Pablo Iglesias, Gumersindo de Azcrate o Melquiades lvarez. En varias ocasiones, entre 1909 y 1914, Luis de Tapia se present como candidato republicano por el distrito de Crdoba, pero el voto rural, manejado por los caciques, siempre dio la victoria al candidato previsto en el encasillado, que era Antonio Barroso.
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En junio de 1916 caus baja en Espaa Nueva y se distanci de su gerente, Rodrigo Soriano; es probable que en esa defeccin pesase mucho la inesperada conversin del peridico a la germanofilia (conversin favorecida, segn los rumores, por el oro del Rin)5. Poco despus rechaz el ofrecimiento de Soriano de hacer campaa con l en Valencia; de no haberlo rechazado, es posible que hubiera recibido alguna de las balas que hirieron al lder radical en febrero de 1917, cuando se diriga a un mitin6. Pocos meses antes, Tapia haba comenzado a escribir su poema diario para las planas de El Imparcial, que an diriga Flix Lorenzo, que todava avalaba la prestigiosa pluma de Mariano de Cavia y que, a pesar de haber perdido muchos lectores, segua tirando sus buenos 60.000 ejemplares diarios7. Para esta cabecera escribi Tapia, en la primavera de 1918, las crnicas de guerra que recogera en el volumen Un mes en Pars, un da en Reims, una hora en Madrid. Un ao despus rompa la colaboracin: el 14 de mayo de 1919 El Imparcial publicaba una carta que el poeta acababa de remitir a quien entonces era su director, Ricardo Gasset Alzugaray, y que deca as:
Querido Ricardo: A regaadientes, como sabes, y con algn sonrojo, he venido sufriendo das y das las mutilaciones con que la censura se ha dignado desgraciar mis versos. La cobarda ambiente y el hbito vergonzoso que los periodistas vamos tomando de usar una dignidad profesional disminuida me han contaminado, hacindome tolerar hasta hoy el ultraje. Pero todo tiene un lmite, y, confesando mi pecado de mansedumbre, quiero cuanto antes poner remedio al mal. Mientras no haya en El Imparcial libertad absoluta para mis Coplas guardar silencio. No quiero que el ruido del rasgueo de la guitarra me impida or la voz de mi decoro. Con tal silencio los lectores no perdern mucho. Yo, en cambio, ganar algo, y aun algos, en mi propia estimacin.
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Y nada ms, querido Ricardo. Un cordial abrazo para ti, y otros muchos para mis compaeros en esa Casa, te enva tu siempre amigo, Luis de Tapia.
Volvera a publicar en la misma cabecera a finales de septiembre, se conoce que sin mucho convencimiento, pues al mismo tiempo enviaba aleluyas a La Jornada y anunciaba en Los Aliados colaboraciones que nunca llegaron a aparecer, hasta que finalmente, en marzo de 1920, entr en la redaccin de La Libertad. En ella coincidi con republicanos tan conspicuos y batalladores como Roberto Castrovido, Eduardo Ortega y Gasset, Pedro de Rpide o Antonio Zozaya. La caracterizacin ideolgica de esta cabecera resulta, pese a todo, problemtica, habida cuenta que durante varios aos sirvi declaradamente a los intereses polticos de Santiago Alba, representante de la izquierda dinstica, y que su propietario era el poco escrupuloso empresario Juan March. Luis de Oteyza, el primer director de La Libertad, afirmara ms tarde que su diario obtuvo el mayor xito periodstico registrado en Espaa, pues tiraba todos los das sus buenos doscientos mil ejemplares8. Es ms verosmil que, segn consta en los archivos del director de Papelera Espaola, la tirada media de La Libertad hacia 1925 rondase los 45.000 ejemplares; aun as, sera el cuarto peridico madrileo en orden de importancia, tras ABC, La Voz y El Sol; y, si se considera que el diario de Luca de Tena slo venda en Madrid el 25% de su tirada, que el 80% de los ejemplares de El Sol eran distribuidos en provincias y que La Voz era vespertino, La Libertad poda presentarse con justicia como [e]l peridico de la maana [] ms difundido en la Corte, principalmente por el gran nmero de suscriptores que tiene, y gracias tambin al hecho de contar con el cronista de ms lectores en la Corte: Zozaya9. Tapia permaneci en aquella redaccin hasta el final de sus das, aunque tampoco dejase de publicar en otros medios, y aunque
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en varios periodos interrumpiera su colaboracin, a veces durante largas temporadas. Desde su tribuna de papel Tapia anim incesantemente el debate poltico y abander numerosas campaas, unas ms resonantes que otras: la que emprendi en favor de la liberacin de Jos Nakens, implicado en el magnicidio frustrado de Mateo Morral; sus colectas para socorrer a los nios rusos vctimas de la hambruna de 1922, o a los nios alemanes en lo peor de la crisis inflacionista; las varias cuestaciones para comprar juguetes a los nios pobres y, ya proclamada la Repblica, la insistente peticin de un indulto general y de la abolicin de la pena de muerte, pues consideraba que casi nunca era la maldad la que conduca al crimen, sino la enfermedad, la miseria y el determinismo social. A finales de 1922 Tapia ingres en la junta directiva del Ateneo de Madrid, primero en calidad de depositario y luego de secretario primero. All destac en la campaa que exiga la depuracin de las responsabilidades de las desastrosas campaas de Marruecos. En julio de 1926 fue encarcelado junto con los dems miembros de dicha junta, a excepcin de Gregorio Maran, que ya estaba en la crcel, y de Gustavo Pittaluga, que se encontraba de viaje. Pas una semana en la Modelo, en condiciones por lo dems poco preocupantes: segn parece, el da en que lo detuvieron su mujer se llev a los nios al cine, y Juan Belmonte, que lo visit en su celda, dijo que all se estaba mejor que en la fonda de Badajoz0. La crcel no dejaba de ser por ello un lugar sucio y lleno de piojos, y si el sentido del humor confortaba en la desgracia personal, no adelant ni un minuto la restitucin de la junta legtima del Ateneo, que slo sera repuesta el 12 de febrero de 1930. Para entonces, eran muchos quienes vean en Luis de Tapia a uno de los ms vehementes antagonistas de la monarqua. Tanto es as que el da de la proclamacin de la Segunda Repblica el poeta fue objeto de lo que La Libertad denominaba delirantes demostraciones de admiracin y
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de cario; leamos con algo ms de detalle el relato de los acontecimientos, tal y como se public al da siguiente en aquel peridico:
Recorra ayer tarde nuestro camarada las calles, cuando la multitud le reconoci, prorrumpiendo en estruendosos aplausos y vivas. Alguien pidi que el poeta hablase, y entonces Luis de Tapia, que se diriga a La Libertad, sac las cuartillas en que haba escrito las bellsimas coplas que hoy publicamos y las ley al pueblo. La muchedumbre, emocionada y enardecida, ovacion al gran poeta, cuyos versos saben llegar al alma popular. Estas delirantes ovaciones y estas lecturas en las calles de la Montera, Arenal y Puerta del Sol, frente al ministerio de la Gobernacin, constituyeron grandiosas muestras de entusiasmo y de fervor republicano.
Aquel da, segn confesara ms tarde, Tapia llor como un hombre lgrimas de agua salada y civil. En reconocimiento a su labor, el gobierno de la joven Repblica le ofreci una embajada, que l rechaz, creyendo ser ms til al pueblo con sus poemas; as lo explic l mismo, antes de aadir que si votarme un da / quiere la gente, / pues ser diputado / constituyente 4. Y eso fue lo que ocurri: el 28 de junio de 1931 fue elegido diputado en la circunscripcin de Madrid, con 115.344 votos5. Sera prolijo detallar su actividad parlamentaria, que encontr una poderosa caja de resonancia y una va de prolongacin en sus poemas diarios. Desde el escao y desde la columna apoy el estatuto de Catalua, trat de contener las impaciencias de los comunistas, se burl de las apariciones de Ezquioga, solicit que se levantase la suspensin de los peridicos conservadores, censur la represin de Casas Viejas y, entre otras muchas cosas, terci en el debate del divorcio pidiendo el amor libre. No era infrecuente que estas opiniones entrasen en contradiccin con lo decidido por el gobierno de la Repblica, o con la lnea editorial del peridico; tanto es
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as que en mayo de 1933 Luis de Tapia escribi una cordial carta a Joaqun Aznar, director de La Libertad, por la que suspenda indefinidamente su colaboracin, debido sobre todo a diferencias de matiz poltico, aunque tambin aada al deseo de disfrutar de un merecido descanso. El turbulento clima poltico de febrero de 1936 lo sacara de esa especie de prejubilacin potica. Los versos que public en La Libertad durante los primeros meses de la guerra civil fueron muy comentados y reproducidos. Un da cantaba a los tranviarios, otro a los mdicos y enfermeras, otro a los aviadores, a los marineros, a los periodistas, a las mujeres, a los nios, a la milicia popular y a los que desde la retaguardia o desde Rusia enviaban mantas y vveres para los combatientes. Algunos de esos textos recibieron meloda y se transformaron en autnticos himnos de guerra. Juan Ferragut escriba entonces que esas coplas han tenido su mejor premio en hacerse populares, en que las canten en desfiles y en la batalla las masas del pueblo que combaten; coplas que vibran en los altavoces de propaganda y suenan en los cuarteles y difunden su eco en los campos de lucha6. Luis de Tapia muri en la tarde del 11 de abril de 1937, en el sanatorio de Quart de Poblet, cerca de Valencia. A su entierro acudieron, entre otros, Antonio Zozaya, Roberto Castrovido y Eduardo Ortega y Gasset. Es muy posible que alguno de ellos evocase entonces un acontecimiento ocurrido un ao atrs, el 21 de marzo de 1936. Aquel da Tapia haba recibido de manos del alcalde, Pedro Rico, la medalla de Madrid. Otros tres republicanos madrileos recibieron ese da el mismo galardn: el hermano de Eduardo, Jos Ortega y Gasset; Castrovido, que no pudo asistir personalmente por encontrarse enfermo; y Zozaya, que s pudo ir, y fue, y se sent a la izquierda de Tapia. Comenzaba la ltima primavera en paz de la Repblica, y muchos aos ms tarde el editor Jos Ruiz-Castillo Basala recordara que entonces Tapia an pareca gil y fuerte, incluso ms gil y ms fuerte que su comn amigo el torero Belmonte, a quien llevaba muchos aos7. Al
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da siguiente de la imposicin de la medalla de Madrid, La Libertad transcribi el discurso que Tapia haba pronunciado al recibirla:
Creo que me la merezco porque me he pasado toda mi vida ejerciendo un arte alegre y maanero. Yo, por las maanas, hago sonrer o rer a las gentes; durante treinta y cinco aos las gentes me han debido un coeficiente de alegra, y de alegra tenida por la maana, cuando empieza el da, cuando les parece un nuncio de que el da va a ser alegre y feliz. No a todos los [sic] har gracia mi poesa; pero esa es la naturaleza de la stira, un poco abeja, que es picadura y dulzura y que es hiel y miel; pero prefiero dar la hiel a los que puedan hallarla en mis versos, por defender la miel pura, la miel del pueblo.
Fiel a sus principios y a sus maestros, Tapia retomaba casi al pie de la letra la imagen que Galds le haba regalado veinte aos antes: la abeja menuda y laboriosa, smbolo del picor y la dulzura.
La lir a
Como queda dicho, el 13 de noviembre de 1898 ingres en la Real Aca-
demia Espaola el famoso Fernanflor. Y en su discurso de ingreso Fernanflor tambin adverta que al periodista no se le pide que escriba bien, sino que escriba pronto. Tena razn: las musas se toman las cosas con mucha ms tranquilidad que los linotipistas. Mario Verdaguer frecuent aquellas redacciones del 1900 y recordaba a cierto regente de imprenta que, descompuesto por tener las mquinas desocupadas y viendo acercarse peligrosamente la hora de vocear los ejemplares, se apostaba detrs de los redactores para quitarles las cuartillas apenas levantasen de ellas la pluma, y aun les meta prisa blandiendo un revlver (eso s, descargado)8. Tapia
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no necesitaba que le amenazasen: para l la inspiracin era un invento de los perezosos, y la escritura de sus poemas estaba sometida a mtodo y horario: Me levanto a las ocho. Los peridicos de la maana me traen los temas. Entonces hago las coplas para La Libertad. A las once, a las doce, salgo, si el tiempo me deja []. Despus del almuerzo, al Parlamento. Un rato a Bellas Artes, y a casa9. Un detalle interesante de esta declaracin es que los poemas de Tapia comentan las noticias ledas en varios peridicos. Lo confirma, por ejemplo, el hecho de que en tres poemas consecutivos de Espaa Nueva (publicados los das 4, 6 y 8 de febrero de 1908) aludiese a noticias ledas en tres diarios distintos: La Correspondencia de Espaa, El Imparcial y El Liberal. Esto explica que muchos de los poemas tapianos sean difciles de descifrar aun habiendo ledo los nmeros anteriores de la cabecera que los acoge. Ahora bien, resulta poco verosmil que Tapia esperase de sus lectores una lectura combinada y crtica de distintos peridicos; ms probable es que presupusiera la existencia de una opinin pblica formada en la sntesis hablada de varias fuentes, alimentada en tertulias, casinos y bulevares, en torno a veladores y braseros, donde la prensa era objeto de una lectura oral y compartida. Tapia ironiz con frecuencia sobre la sofisticada esclavitud que supona escribir un poema diario, sobre el tormento de fruncir las cejas / en busca de un asunto0. Era el asunto, ms que la forma, lo que le costaba sudores. La escansin le resultaba fcil y ni siquiera parece que acudiese a diccionarios de la rima: el de Juan Pealver, que era entonces el ms difundido, es del todo insuficiente para explicar sus versos ms funambulistas. Y hay que tener en cuenta que, una vez pergeado el poema, todava quedaban escollos por superar. En ocasiones era el servicio de correos el que introduca retrasos absurdos, como ocurra con los originales que enviaba en verano desde San Rafael o desde El Escorial localidades de la provincia
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de Madrid, que tardaban dos das en llegar a la redaccin, ya que las sacas de correo se transportaban primero a Segovia. Otras veces un acontecimiento de singular importancia obligaba a retirar su colaboracin de la forma tipogrfica; el 13 de enero de 1914, por ejemplo, una nota de la redaccin de Espaa Nueva explicaba que el poema de Tapia no haba cabido en el nmero anterior. Y con no poca frecuencia, en fin, los versos caan bajo el lpiz rojo del censor, que los mutilaba hasta dejarlos irreconocibles o peor an decretaba la retirada de los ejemplares de esa edicin, con el consecuente perjuicio econmico para la empresa. Si, como recordaba uno de aquellos censores, la redaccin de La Libertad fue, en su conjunto, la que ms se opuso a la dictadura de Primo de Rivera, los ataques ms frecuentes procedan de las ingeniossimas coplas de Tapia, aguzadas y certeras saetas lanzadas diariamente al dictador y su obra. El lpiz rojo las trat con especial inquina, y provoc que muchos das el diario apareciera sin ellas. Aun as, es probable que bastantes de esos poemas tachados tuvieran una difusin oral o furtiva en unos aos en los que, de acuerdo a Gregorio Maran, casi todos los versos clandestinos que aparecan se atribuan a Luis de Tapia4. De cien poemas protestaba Tapia, exagerando le tachaban noventa5, y los textos que finalmente obtenan el nihil obstat carecan de gracia y de agudeza, como l mismo era el primero en admitir6. Durante un tiempo jug con la idea de dar a las prensas un volumen con todos los poemas que le haban impedido publicar en los aos precedentes, y que quera titular Lo que tach la Censura, pero por desgracia nunca lo llev a cabo7. Aunque el directorio de Primo concluy en enero de 1930, la censura no concedi treguas; ms bien al contrario: Tapia afirmaba entonces que cada vez era ms difcil encontrar de qu escribir sin atraerse represalias y, a guisa de demostracin, el 7 de marzo de 1930 public una serie de canciones tradicionales de corro y comba, rematadas con el verso Buenos das, seor censor!.
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Claro que haba maneras discretas de hacer un comentario social, y entre ellas sobresale por su frecuencia el tiempo, que en la poesa de Tapia ostenta una inesperada dignidad temtica. El poeta saba que la percepcin del tiempo no es neutra, sino que est marcada socialmente y vehicula, por lo tanto, un tenue discurso ideolgico. l mismo nos proporciona un ejemplo sencillo y divertido en uno de los artculos de costumbres que escribi para Blanco y Negro, y que recogi muchos aos despus en el volumen As vivimos. Se trata de algo en apariencia tan trivial como la maana: para las clases populares, dice, la maana es un conjunto desagradable de niebla, fro, trasnochadores y burras de leche; en cambio, para la aristocracia la maana se reduce a tomar un aperitivo a las doce y ver a las seoras (Dios las bendiga!) pasear de doce a una8. No hay, en otras palabras, una nica maana, sino varias maanas, que ni siquiera transcurren simultneamente, puesto que para unos equivale a la madrugada, y para otros al medioda, y hasta a la tarde. El tiempo se mide en horas, pero tambin en das, que a su vez pueden considerarse desde distintos calendarios, grvidos de significado cultural: 1. Los versos de Tapia siguen a menudo el calendario meteorolgico, jalonado por los maullidos de los gatos en enero, el desorden de febrerillo el loco, las temporadas del esprrago y de la fresa, la llegada a la ciudad de los vendedores de horchata, el canto de los grillos en junio, la venta de buuelos a finales de octubre, los puestos de castaas asadas que anuncian el invierno, y con el invierno las nevadas y la gripe. Son las cuatro estaciones vistas desde la ciudad, o la ciudad vista por alguien que mide el tiempo en estaciones. 2. Algo ms sorprendente resulta la presencia en estos poemas del santoral catlico, desde la Epifana hasta los Santos Inocentes, pasando por San Antn, la fiesta de la Candelaria, el mircoles de Ceniza, la Semana Santa, el domingo de Gloria, el de Pentecosts, San Isidro, San Antonio
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de Padua, el da de Difuntos y Navidad. En manos del poeta republicano, no obstante, estas festividades religiosas son vampirizadas por consideraciones polticas, o sufren un trato irrisorio que en ocasiones se consider blasfemo, como demuestra alguno de los poemas recogidos en esta antologa. Por lo dems, las efemrides religiosas marcan a menudo parntesis de ocio, que tambin vuelven peridicamente en las poesas de Tapia: algunos santos o advocaciones marianas se celebran con verbenas, y otras veces el calendario litrgico se confunde con las vacaciones que demarca o con las expansiones que permite, como el Carnaval. 3. An podra considerarse la existencia de un tercer calendario, tambin presente en muchos poemas, que recoge el ciclo de la actividad civil, social y profesional: el aniversario de la Primera Repblica, el da del Trabajo, la Fiesta de la Flor en beneficio de los tuberculosos, el regreso de los estudiantes al pueblo, las aparatosas mudanzas vacacionales, la inauguracin del ao acadmico o del curso parlamentario, las representaciones de Don Juan Tenorio en torno al uno de noviembre, etc. Todas estas temporalidades iterativas, escandidas con mayor o menor precisin por los ciclos naturales y sociales, se insertan en el tiempo rectilneo de los acontecimientos periodsticos, siempre vario y siempre excepcional9. E inevitablemente, la superposicin de calendarios produce contaminaciones tales como la politizacin de los gatos, la carnavalizacin de las elecciones o la analoga entre el buuelo y un ministro, tan desventajosa para este ltimo. Como ya se ha mencionado, entre 1917 y 1920 la editorial Renacimiento public tres volmenes antolgicos de las Coplas del da que previamente se haban publicado en El Imparcial. Antes y despus hubo otras recopilaciones de poemas de Tapia y, de manera muy comprensible, en todas se excluyeron aquellos poemas cuyo contenido era ms efmero, ms dependiente del contexto concreto en que vieron la luz por primera vez.
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Menos esperable era que se reordenasen los poemas procedentes a veces de distintos aos para acomodarlos a un orden temtico similar al del calendario, desde Ao Nuevo hasta la Nochevieja. Pero lo ms curioso es que, para desconcierto de bibligrafos, los tres tomos de Renacimiento portan el mismo ttulo: Coplas del ao. Tambin la cubierta es idntica, e idntico el pie de imprenta, exceptuando nicamente el ao de edicin. Al menos dos de ellos fueron publicados a finales de diciembre: esta caracterstica, al igual que todas las anteriores, es sospechosamente compartida por los almanaques, lo que induce a pensar que las antologas de Tapia proponan una lectura intensiva y dosificada similar a la de aqullos. Las coplas del ao viejo podran haber servido, pues, de almanaque para el ao nuevo. Los almanaques se pregonaban por la calle. Son muchas las semejanzas y los lazos que la poesa de Tapia mantiene con formas de la literatura callejera: escribi, como ya se ha dicho, pliegos de aleluyas; remed el estilo de las coplas de ciego; fue el autor de la letra de varios cupls, como el de La nia bien40 o Soy mujer, que probablemente fueron tarareados en parques, bulevares y balcones; dio cabida en sus poemas a los pregones callejeros, que no slo ritman los meses del ao, sino tambin las horas del da, desde el trapero o las burras de leche, en la madrugada, hasta las voces del sereno bien entrada la noche. Esos pregones los gritos de Madrid, como se los llamaba eran, por una parte, la enunciacin icnica de un viejo tpico costumbrista, pero por otra tambin eran una llamada de atencin sobre los restos de una forma de vida claudicante. Merece la pena tomar conciencia de la enorme cantidad de elementos temticos, estructurales y formales procedentes del acervo popular que Tapia introduce de rondn en las planchas del diario. En ocasiones se trata de deudas contradas con impresos volanderos de distinto gnero: aleluyas, romances de ciego o peticiones de aguinaldo. Muy frecuente es tambin la recreacin de lo que vena siendo privativo de la literatura tradicional
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oral: villancicos, acertijos, seguidillas, canciones de ronda y de trabajo, jotas, oraciones, vidas de santos (a lo profano), poemas de la tradicin culta incorporados a la mnemoteca popular (como la Oda al dos de mayo o los fragmentos ms recordados del Tenorio) y muy en especial las coplas, con las que lleg a identificar todo su quehacer potico4. A ello habra que sumar la adopcin de moldes mtricos conservadores, los abundantes coloquialismos y el empleo de recursos retricos populares, tales como la paronomasia o la anfibologa mientras que evitaba las metforas, que disocian significante y significado. De todas estas maneras las coplas de Tapia que no suelen ser coplas en sentido estricto dan cabida en un medio de masas moderno y fundamentalmente urbano a toda una cultura tradicional cuyo cauce de expresin sola venir siendo oral o informal. Debieron de ser numerosas las resonancias que esos poemas produjeron en un pblico lector que, si bien habitaba en grandes ciudades, an se acercaba a la letra impresa desde el sustrato de una cultura prxima al mundo agrario. A pesar de que las coplas del da puedan parecer anticuadas o repetitivas ledas desde la tradicin culta y vanguardista, resultan extraordinariamente originales si se proyectan sobre el horizonte de expectativas de aquellas clases populares madrileas. Es probable que la gran aceptacin de estos textos se debiera a que movilizaban mecanismos de interpretacin y de identificacin que estaban ausentes de productos literarios mejor considerados. El propio Tapia deba de ser consciente de esta clave de lectura, pues en bastantes ocasiones se identific de manera explcita con el ciego que da al aire sus coplas, y el guitarrn del coplero acab sustituyendo en esa caracterizacin ficticia a la lira de David4. Al igual que ocurra con las coplas de ciego, existen testimonios de una lectura oral y comentada de los poemas de Tapia. Ya en 1912 Toms Borrs escriba que sus chistes corren en boca de todos4; en 1916 uno de sus horscopos burlescos fue mencionado pero no ledo en el Congreso
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de los Diputados44; el 10 de marzo de 1918 El Imparcial public su poema Sigue la crisis, que, si hemos de hacer caso a lo asegurado en El Pas dos das despus, fue declamado en casi todas las escuelas de enseanza primaria de Espaa. Tambin sugiere una lectura colectiva el testimonio de Manuel Altolaguirre, a quien los operarios de su imprenta le preguntaban: Ha ledo usted hoy las coplas de Luis de Tapia? (y confesaba Altolaguirre: Nunca me atrev a decirles que no. Siempre le tuve envidia)45. Hay que suponer que fue en voz alta como unos amigos que tomaban caf en la Casa del Pueblo de Mahn leyeron el poema de Tapia sobre la restitucin de la Junta del Ateneo, antes de escribir un telegrama al poeta para participarle su entusiasmo46. En la misma Casa del Pueblo, no mucho tiempo despus, el fotgrafo Francisco Segu dio lectura pblica a la antologa 50 coplas de Luis de Tapia, y fue interrumpido varias veces por los aplausos del pblico, que era, por cierto, numerossimo; comentando aquella lectura, un reportero annimo confirmaba que frecuentemente una ocurrencia de Tapia deja el papel y salta a las mesas de los cafs o en las peas particulares de Ateneos; por eso, aade, la ciudad de Cartagena le ha concedido uno de los premios dedicados al periodista o escritor que ms hubiese contribuido al derrocamiento del rgimen47. Tras saltar del peridico a los veladores y a los corrillos, despus de ser traficados subrepticiamente en maltratadas copias manuscritas, declamados en voz alta y aun cantados por cupletistas y milicianos, algunos poemas de Tapia se instalaron en la memoria, nico receptculo seguro durante los numerosos periodos represivos que padeci Espaa a lo largo del siglo XX. Eso era lo que ya se daba por hecho en fecha an temprana, despus de que Tapia hubiera interrumpido su colaboracin con El Imparcial:
Quin sabe si a la vuelta de algunos das, acaso maana mismo, al llegar a la tertulia del caf, nos alargar misteriosamente un contertulio
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algn papel cuidadosamente doblado, con indicacin de que lo leamos en silencio, y nos encontraremos con una copia de versos que se sabrn de memoria muchos centenares de hombres y algunas docenas de mujeres, en los que adivinaremos la stira de Luis de Tapia []48!
Tambin por aquel entonces otros constataban que [m]uchas caricaturas hechas por Luis de Tapia en una redondilla acompaan ya para siempre en el recuerdo pblico a no pocos polticos y a no pocos artistas49. Uno de quienes las aprendieron en su juventud fue el marqus de Hoyos y Vinent50. Dos dcadas despus de la guerra civil, los versos de Luis de Tapia an eran recordados y recitados por los jvenes de entonces que son hoy ya hombres sexagenarios5. Uno de esos hombres era Toms lvarez Angulo, que haba sido compaero suyo en La Libertad 5; otro, Luis Carandell5; otro, Sebastin Miranda, cuya claudicante memoria conservaba todava en 1973 el poema que Tapia le dedic54. Muy poco se escribi sobre Tapia en la Espaa franquista. Quien haba sido celebrado durante aos como el poeta del pueblo apenas representa un papel de figurante en las memorias de Csar Gonzlez Ruano o en las de Rafael Cansinos Assns (publicadas, como es bien sabido, mucho despus de escritas). Sus poemas slo se reprodujeron de manera aislada y excepcional en volmenes como la Antologa de humoristas espaoles de Garca Mercadal, y ello a pesar de que Federico de Ons lo incluyera en su influyente antologa de 1934 . La excepcin a la regla la constituye el benemrito Federico Carlos Sainz de Robles, quien no dej pasar ninguna ocasin de recordar la importancia de Luis de Tapia: habl de l en La promocin de El cuento semanal y en su Ensayo de un diccionario de la literatura, lo reivindic con insistencia en el prlogo a un volumen de Prez Creus y, sobre todo, traz su semblanza en Raros y olvidados, donde asegur que antes de la guerra sus poesas haban sido el primer desayuno
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muy buscado por los espaoles de la oposicin [] y tambin por los otros espaoles55. Lgicamente, tampoco omitieron su nombre quienes primero se ocuparon de la historia de la prensa de aquel periodo, ya fuera en obras monogrficas como las de Arturo Mori, Antonio Espina y Pedro Gmez Aparicio, ya en diccionarios de periodistas como los de Manuel Ossorio y Bernard o Antonio Lpez de Zuazo. Ms recientemente, Andrs Amors ha reconocido a Luis de Tapia detrs del personaje Luis Muro, de Troteras y danzaderas56; Serge Salan le ha dedicado sagaces comentarios en La poesa en la guerra de Espaa; Jos Esteban ha reconstruido su actuacin como secretario del Ateneo de Madrid57, y Andrs Trapiello ha evocado en Las armas y las letras el estremecedor relato de su muerte, para lo cual apel al testimonio de Arturo Mori, que merece ser copiado algo ms por extenso:
Luis de Tapia, el poeta satrico de la Repblica sinti tan hondamente el derrumbamiento de las libertades espaolas, que enloqueci y, conducido a un sanatorio, cerca de Valencia, termin su vida acusando a la Compaa de Jess de todos sus males, como un gran actor al final de un drama. Asistimos a su entierro muy pocos periodistas. Llova copiosamente. El barro de la carretera sepultaba nuestros pies. La viuda de Tapia marchaba con el duelo, entera, apretndose el dolor contra el pecho. Y un colegio de nias, vestidas de blanco, daba la nota original al cortejo58.
Esta edicin
La presente antologa quiere sumarse a los esfuerzos anteriores por acercar
a Luis de Tapia al lector actual, en la certeza de que su vida y obra encierran importantes lecciones histricas y polticas. Muchas de esas posibles lecciones deben extraerse mediante la resolucin de varias discordancias: la suya
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es una poesa popular pero no folclrica; industrial en su modo de difusin pero tradicional en su confeccin; progresista cuando atae a lo poltico, pero conservadora si trata de asuntos estticos o culturales. Es probable, sin embargo, que el mayor desconcierto proceda de lo incomprensibles que resultan hoy muchos de estos textos, a pesar de provenir de una poca que consideramos reciente y de la que hasta hace poco era fcil recibir testimonios de primera mano. Era el contexto preciso de publicacin el que los dotaba de sentido y de comicidad, y es ese contexto el que he tratado de reconstituir en las anotaciones situadas al final del volumen. Los poemas aqu reunidos no representan sino un 2,4 por ciento de la produccin potica de Luis de Tapia (que no es toda su produccin, pues tambin escribi numerosas colaboraciones en prosa). Puesto en el trance de escoger, he tratado de cumplir varios objetivos: representar todos los periodos de su produccin, alternar los poemas sobre historia poltica con los de historia social, incluir ejemplos de reescritura de otros gneros y, desde luego, tener en cuenta el gusto de los lectores actuales, o lo que imagino que es el gusto de los lectores actuales. He dado preferencia a los poemas extensos y unitarios, excluyendo as otros, tambin muy abundantes, que se agrupaban en columnas miscelneas con ttulos como quisicosas, quisicosillas, noticias sueltas, cabos sueltos, etc. La seleccin resultante tiene una caracterstica curiosa y no del todo voluntaria, que es la de proponer un repaso a la historia espaola del primer tercio del siglo XX desde una perspectiva que parece muy particular, y que sin embargo debi de ser muy compartida. Algunos de los grandes personajes y acontecimientos de ese periodo no merecieron apenas coplas, mientras que a otros, aparentemente menores, Tapia les sac punta una y otra vez, y sin duda sus lectores los tenan muy presentes. La Historia tal y como nos la cuenta Luis de Tapia queda lejos de la que nos proponen los relatos divulgativos actuales: tambin en eso estos poemas deben hacernos reflexionar.
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En cuanto al establecimiento del texto, he corregido erratas evidentes y he normalizado la ortografa sobre todo en lo que atae a la acentuacin de monoslabos no diacrticos, hoy incorrecta (fu, di, , etc.); he respetado, en cambio, lasmos y lesmos, por ser marcas dialectales. He mantenido igualmente la ortografa original de los extranjerismos, aunque a menudo es errnea. Ms delicada ha resultado la normalizacin tipogrfica: Tapia y en ocasiones quiz el linotipista sola servirse de la cursiva para sealar dilogas, calambures, coloquialismos, barbarismos y expresiones idiomticas; en cambio, haca un uso recargado y poco sistemtico de las comillas, que unas veces invadan el terreno de la cursiva, y otras se aplicaban de manera poco menos que arbitraria. He tratado de regularizar el uso de estas marcas y de acercarlo al actual, amparndome en los cambios que ya en vida de Tapia se operaron entre la versin en prensa y la versin en volumen59. No he tocado, en cambio, las exclamaciones y los puntos suspensivos, cuyo abuso envejece mucho estos textos pero constituye un rasgo estilstico congruente y significativo. No quiero terminar sin manifestar mi profundo agradecimiento a quienes me han ayudado en la realizacin de esta antologa: a la Universidad de Lieja, que financi un proyecto de investigacin sobre Luis de Tapia; a Alberto Diestro Zorrilla, que en el marco de ese proyecto localiz ms de dos mil poemas y demostr una valiosa capacidad de iniciativa; y muy especialmente a Pilar Tapia Villalba, quien desde Mxico no ha dejado de alentar y facilitar la investigacin sobre su abuelo, sin poner condiciones de ningn tipo. Las ltimas reediciones de poemas de Luis de Tapia las hizo su familia, en Mxico, a mediados de los cincuenta; quiero creer que, medio siglo ms tarde, esta antologa espaola es una forma de retorno y de restitucin. lvaro Ceballos Viro
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