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Mujeres Con Memoria

Este documento resume la labor de las activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador. Durante la guerra civil, las mujeres lideraron organizaciones como los Comités de Madres y Familiares para denunciar violaciones a los derechos humanos, liberar presos políticos y documentar casos. Tras los acuerdos de paz, continuaron su lucha por la verdad, la justicia y la reparación a través de exhumaciones, espacios conmemorativos y litigio legal. A pesar de su importante papel, su labor ha sido invis
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Este documento resume la labor de las activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador. Durante la guerra civil, las mujeres lideraron organizaciones como los Comités de Madres y Familiares para denunciar violaciones a los derechos humanos, liberar presos políticos y documentar casos. Tras los acuerdos de paz, continuaron su lucha por la verdad, la justicia y la reparación a través de exhumaciones, espacios conmemorativos y litigio legal. A pesar de su importante papel, su labor ha sido invis
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Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

Mujeres con memoria

Gloria Guzmn Orellana Irantzu Mendia Azkue

Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

Mujeres con memoria

Gloria Guzmn Orellana Irantzu Mendia Azkue

Esta publicacin ha sido realizada con el apoyo financiero de la Agencia Vasca de Cooperacin para el Desarrollo, en el marco del proyecto de investigacin Rehabilitacin posblica y construccin de la paz desde los enfoques de derechos humanos y gnero: derecho a justicia, reparacin y memoria histrica (2010).

Financia:

Autoras: Gloria Guzmn Orellana Irantzu Mendia Azkue Edita:

www.hegoa.ehu.es UPV/EHU Edicio Zubiria Etxea Avenida Lehendakari Agirre, 81 48015 Bilbao Tel.: 94 601 70 91 Fax: 94 601 70 40 [email protected] UPV/EHU Centro Carlos Santamara Plaza Elhuyar, 2 20018 Donostia-San Sebastin Tel.: 943 01 74 64 UPV/EHU Biblioteca del Campus, Apartado 138 Nieves Cano, 33 01006 Vitoria-Gasteiz Tel.: 945 01 42 87 Fax: 945 01 42 87 Junio 2013 ISBN: 978-84-89916-79-1 Depsito Legal: Bi-854-2013 Portada: Lienzo de Sergio Daneri M. Guzmn Contraportada: Archivo MUPI Impresin: Lankopi, S.A. Diseo y Maquetacin: Marra, S.L. Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Espaa. Este documento est bajo una licencia de Creative Commons. Se permite copiar, distribuir y comunicar pblicamente esta obra con libertad, siempre y cuando se reconozca la autora y no se use para nes comerciales. No se puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de esta obra. Licencia completa: http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/

ndice

ndice

Agradecimientos Introduccin I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos 1.1. El contexto: gnesis y desarrollo del conicto poltico-armado 1.2. Antecedentes de organizacin y movilizacin de las mujeres 1.3. L  a creacin de los Comits de madres y familiares y otras organizaciones de derechos humanos 1.4. D  esde la propia piel: el camino hacia la militancia por los derechos humanos 1.5. Los ejes estratgicos de accin durante la guerra 1.5.1. La liberacin de las presas y presos polticos 1.5.2. L  a denuncia pblica de las violaciones a los derechos humanos 1.5.3. La investigacin y la documentacin de casos 1.5.4.  El trabajo articulado 1.6. La represin estatal contra las activistas de derechos humanos 1.6.1. Detenciones, torturas, desapariciones y ejecuciones 1.6.2. La violencia sexual

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17 19 26 33 38 42 42 47 49 53 55 55 60

II. Segunda parte. La agenda de la verdad, la justicia y la reparacin 65 2.1.  El nuevo contexto tras los Acuerdos de Paz: el blindaje de la impunidad 67
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2.2. La reorientacin de objetivos y las nuevas organizaciones 2.3. Los ejes estratgicos de accin en la posguerra 2.3.1. Las exhumaciones 2.3.2. Los espacios conmemorativos a)  El Monumento a la Memoria y la Verdad de San Salvador b) Experiencias locales 2.3.3. La investigacin y bsqueda de personas desaparecidas 2.3.4. E  l acceso a la justicia y la derogacin de la Ley de Amnista 2.3.5.  La formacin en derechos humanos y la educacin para la paz y la memoria 2.4. La relacin con el Estado 2.4.1. Hostilidad y abandono institucional (1992-2009) 2.4.2.  Renovacin de expectativas y respuestas ambivalentes (2009 en adelante) Reexiones nales Siglas Bibliografa

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Anexos 135

Agradecimientos

Este libro est dedicado especialmente a: Guadalupe Meja Antonia Morales Sofa Hernndez Sofa Escamilla Dolores Hernndez Magdalena Mendoza Josena Barrera Carlota Ramrez Mara Virginia Guzmn Cunegunda Pea Magali Urrutia Camelia Cartagena Claudia Snchez Ena Pea Roxana Marroqun Claudia Interiano Kelly Miel Engracia Echeverra Mara Luisa Ayala Gracias por haber compartido de manera colectiva sus anlisis y vivencias durante los grupos de trabajo.

Agradecemos tambin a quienes nos dieron su tiempo en las entrevistas, de manera especial a: Carolina Constanza, Ester Alvarenga, Gladys Paredes, Patricia Garca, Mara Isabel Figueroa, Bertha Deras y Camelia Cartagena. A Santiago Consalvi, por abrirnos las puertas y compartir los tesoros del Museo de la Palabra y la Imagen. A Juan Carlos Hernndez y a Eduardo Garca, por apoyarnos en la recoleccin de informacin desde la distancia. Tambin a la memoria de Mara Julia Hernndez y Alicia Garca.

Introduccin

Introduccin

Esta publicacin es resultado de una investigacin sobre las mujeres activistas del movimiento de derechos humanos de El Salvador: sus motivaciones, objetivos, estrategias, logros y los obstculos enfrentados en su labor de defensa de los derechos humanos y de promocin de la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin. En todo el mundo y a lo largo de la historia, el trabajo de las mujeres por los derechos humanos y por la paz ha sido condenado al olvido y silenciado como consecuencia de lo que la investigadora Carmen Magalln (2006: 218) reere como violencia simblica contra las mujeres: Se trata de un tipo de violencia que se ejerce sobre las mujeres cuando se niega sentido y signicado a su existencia, ignorando su historia y aportaciones. En este caso, los conceptos claves son invisibilidad y desvalorizacin. Invisibilidad como sujeto colectivo y desvalorizacin por falta de reconocimiento, por negacin de la importancia para toda la humanidad de lo realizado por ellas. En El Salvador, la labor desarrollada por el movimiento de derechos humanos la han protagonizado mayoritariamente mujeres. Han sido ellas quienes durante dcadas han estado en la primera lnea de acciones tales como: la bsqueda de personas desaparecidas, la defensa de las presas y presos polticos, la denuncia pblica de las violaciones de los derechos humanos; las exhumaciones; la investigacin de casos y el litigio en los tribunales nacionales e internacionales; la educacin para la paz y la memoria, etc. Sin embargo, este liderazgo no siempre ha sido visibilizado en los anlisis sobre la historia del conicto armado en El Salvador, as como tampoco valorado en trminos de su relevancia estratgica en el proceso revolucionario y en el periodo de transicin hacia la paz y la democracia. Como ha sucedido en otros pases atravesados por el conicto armado interno, y en los que el Estado ha sido el principal responsable de las violaciones a los derechos humanos, la posguerra en El Salvador se ha convertido en el escenario de una lucha de memorias. La poltica de olvido y silencio decretada por el Estado a partir de la aprobacin de la Ley de Amnista (1993) no ha implicado que ste se haya mantenido en silencio. Ms bien al contrario, dicha poltica pretende garantizar el espacio libre necesario para construir y validar lo ms rpidamente posible una historia que se imponga desde arriba y que oculte toda otra expresin de memoria colectiva, en particular la de las vctimas y sobrevivientes de la violencia.
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La lucha por la reconstruccin de la memoria del conicto armado, en la que est en juego el control sobre la memoria pblica, poltica y social, se libra en muchos frentes: en los libros, en los curriculum educativos, en los medios de comunicacin, en los tribunales, en las universidades... En este contexto, en los ltimos aos en El Salvador ha ido en aumento el nmero de investigaciones y anlisis que, desde distintos sectores acadmicos y sociales, ofrecen visiones alternativas a los discursos ociales sobre la guerra, la paz y la reconciliacin. Estos anlisis contribuyen a romper la impunidad histrica que prevalece en el pas, entendida sta como aquella situacin en la que la historia recoge como verdad la mentira ocial de lo sucedido, y en la que se impone el olvido como poltica pblica, con lo que esto conlleva de riesgo de repeticin de los hechos de violencia y, sobre todo, de re-victimizacin de quienes han visto vulnerados sus derechos (Garretn, 2004). As, se han realizado y publicado desde una perspectiva crtica trabajos sobre el contexto socio-poltico previo a la guerra, el desarrollo de la misma, balances relacionados con la transicin y el nivel de cumplimiento de los Acuerdos de Paz, etc. Igualmente, en este marco han aorado obras con un acento marcadamente autobiogrco, en su mayora elaboradas por personas que ocuparon cargos relevantes en la direccin del FMLN durante la guerra, tanto hombres como mujeres. Sin embargo, son bastantes menos las publicaciones que tratan de profundizar en la experiencia de sectores y colectivos especcos que formaron parte del amplio movimiento socio-poltico de la historia reciente de El Salvador, y en el cual se inscribe annimamente la vivencia de miles de salvadoreos y salvadoreas. Con relacin a la participacin de las mujeres en la guerra, observamos que, en primer lugar, la literatura es mucho ms reducida en comparacin con aquella que estudia los aspectos polticos y militares del conicto. En segundo lugar, la mayora de los anlisis se ha dirigido a recuperar la experiencia de las mujeres combatientes y colaboradoras del FMLN en los diferentes frentes de guerra, rurales y urbanos. Un trabajo muy destacado en este sentido es Mujeres-montaa. Vivencias de guerrilleras y colaboradoras del FMLN (Vzquez et al, 1996), as como los trabajos de Luciak (2001, 2007) sobre las revoluciones centroamericanas investigadas a la luz del anlisis de gnero. Si en El Salvador la bibliografa sobre las mujeres combatientes no es muy abundante, es menor an la que sita en el centro de inters a las mujeres activistas del movimiento de derechos humanos. En realidad, la defensa de
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Introduccin

los derechos humanos fue uno de los principales espacios de organizacin y movilizacin de muchas mujeres durante la guerra, en una situacin en la que miles de personas estaban siendo desaparecidas y asesinadas, pero tambin despus, en una posguerra en la que se consolidaron los mecanismos institucionales de impunidad para hacer inviable la obtencin de justicia y reparacin para las vctimas. De esta forma, el ingente trabajo realizado por las mujeres en el movimiento de derechos humanos salvadoreo contrasta con el reducido nmero de publicaciones que analizan especcamente dicho trabajo y su impacto social y poltico. A su vez, tampoco las activistas de derechos humanos han tenido la oportunidad de escribir sus memorias, ni individual ni colectivamente. En el mejor de los casos, algunas guardan para s mismas notas autobiogrcas, o poemas, que les sirven como mecanismo de expresin de ideas y sentimientos que muchas veces son complicados de verbalizar. Por todo ello, un primer objetivo de este trabajo ha consistido en contribuir al estudio y visibilidad del papel de las mujeres activistas en el movimiento de derechos humanos salvadoreo. Con ello, un segundo objetivo ha sido reforzar el trabajo de memoria realizado por las vctimas y sus familiares, quienes componen buena parte de ese movimiento, y para quienes la memoria se ha convertido en un mandato de no olvidar y de romper el silencio. Por ltimo, un tercer objetivo ha consistido en explorar en perspectiva histrica algunas de las prcticas ms signicativas de las activistas de derechos humanos que puedan explicar la compleja dialctica entre su condicin de vctimas de violencia y, al mismo tiempo, su condicin de actoras polticas protagonistas de los acontecimientos ms relevantes de la historia reciente de El Salvador. En este sentido, compartimos plenamente con Mara Carmen Garca-Nieto Pars la idea de que hacer la historia del tiempo presente en El Salvador es ejercer el derecho de la propia generacin protagonista a preguntarse por el signicado y el sentido de su propia accin histrica. Es deber de esta generacin hacer esta historia y recuperar la memoria histrica, silenciada en su totalidad o fragmentariamente, en funcin de unos intereses polticos. Ningn cientco social posterior lo podr hacer. El tiempo presente lo encontramos, lo hemos vivido y lo vivimos (Garca-Nieto Pars, 1998: 405). Precisamente para reforzar el trabajo de la memoria construida desde abajo, resulta imprescindible adoptar un enfoque metodolgico que, adems del empleo de fuentes documentales diversas, incluya y subraye el elemento testimonial. Asimismo, desde una perspectiva feminista, este trabajo pone el foco en la experiencia de las mujeres del movimiento de derechos
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humanos; a partir de sus propias narraciones y percepciones de los hechos, la intencin es describir dicha experiencia y destacar aquellos aspectos que ellas mismas subrayan ms estratgicos. Por un lado, con relacin a la informacin documental, este trabajo contiene una revisin bibliogrca de publicaciones que analizan la historia del conicto poltico-armado salvadoreo, la situacin despus de los Acuerdos de Paz y la participacin de las mujeres en la guerra. Otra parte de la informacin se ha obtenido de documentos no publicados que forman parte de los archivos de algunas organizaciones de derechos humanos, como el Comit de Familiares de Vctimas de Violaciones a los Derechos Humanos Marianela Garca Villas (CODEFAM) y la Comisin de Derechos Humanos No-Gubernamental (CDHES). En la bsqueda de datos histricos, otras fuentes han sido la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de El Salvador, as como la hemeroteca digital del diario Co Latino. Por otro lado, la informacin primaria se ha obtenido a travs de dos grupos focales (2012) y varias entrevistas individuales realizadas en distintos momentos (2006, 2007, 2009 y 2012). Asimismo, el trabajo incorpora el testimonio de Bertha Deras y Camelia Cartagena recogido en un documento redactado para esta publicacin en mayo de 2012, as como una entrevista realizada a Mara Isabel Figueroa por Juan Carlos Hernndez, tambin para esta publicacin, en enero de 2013 (ver anexos). En los dos grupos focales se reuni en total a 20 mujeres activistas de distintas organizaciones de derechos humanos y de distintas generaciones. En el primer grupo, el 5 de enero de 2012 en San Salvador, participaron 10 mujeres de los tres Comits de madres y familiares: el Comit de Madres de Desaparecidos y Asesinados Polticos Monseor Oscar Arnulfo Romero (COMADRES); el Comit de Familiares de Vctimas de Violaciones a los Derechos Humanos Marianela Garca Villas (CODEFAM) y el Comitde Madres y Familiares Cristianos de Detenidos, Desaparecidos yAsesinados Padre Octavio Ortiz - Hermana Silvia (COMAFAC). En el segundo grupo, el 6 de enero de 2012 en San Salvador, participaron 10 mujeres activistas de derechos humanos, sobre todo vinculadas al Comit para la Promocin de los Derechos Humanos Madeleine Lagadec (CPDH) y al Comit Pro-Monumento a las Vctimas Civiles de Violaciones a los Derechos Humanos. En ambos grupos se trabaj con la misma gua de reexin, que contemplaba varias etapas histricas y, en cada una de ellas, varios aspectos:
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Introduccin

los objetivos y la agenda de reivindicaciones, las estrategias, los logros o impacto social y poltico del trabajo, y los principales obstculos, fundamentalmente en lo que tiene que ver con la relacin del movimiento de derechos humanos con el Estado. Aunque esta gua estructur los grupos focales, los aspectos trabajados inicialmente se fueron ampliando a medida que los recuerdos y las emociones de las participantes se activaron. Los dos encuentros constituyeron un espacio de gran valor teraputico, en los que pudo construirse colectivamente parte de la memoria de la resistencia a la impunidad y donde las mujeres participantes re-signicaron, dando valor, sus experiencias pasadas y presentes en la defensa de los derechos humanos.

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I. Primera parte Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

As nos ha tocado la lucha, este trabajo que hemos pasado. Y hemos hecho de uno y otro modo para ver cmo salamos adelante. Estamos ahora en esta misma lucha, acordndonos, porque s que nos hemos visto en alas de cucaracha pero todava estamos vivas.

1.1. El contexto: gnesis y desarrollo del conicto poltico-armado


En El Salvador, la confrontacin entre la mayora de la sociedad organizada y el Estado ha sido una constante histrica cuya expresin ms reciente y violenta fue la guerra entre el Estado salvadoreo y el Frente Farabundo Mart de Liberacin Nacional (FMLN), desarrollada ocialmente entre 1981 y 1992. Entre las causas recurrentes de dicha confrontacin histrica guran: la distribucin desigual de la tierra, los altos niveles de pobreza como resultado de enormes desigualdades econmicas y sociales, la ausencia de espacios polticos para la libre expresin de la poblacin, y la represin como respuesta habitual a las demandas de cambio (Herrera, 2001; Guido, 2011). Como antecedente principal y ms directo del conicto armado de los aos 80, destaca el levantamiento popular de 1932. Durante los llamados sucesos de 1932 1, un sector importante del campesinado mestizo e indgena se rebel contra el sistema de relaciones econmicas y sociales dominante. Dicho sistema se caracterizaba por la conguracin, desde el siglo XIX, de un sistema de agro-exportacin articulado sobre todo alrededor del cultivo y la comercializacin del caf, que era controlado por un grupo reducido de terratenientes conocido como las catorce familias. Se trataba de un sistema de dominacin oligrquico, de carcter feudal, basado en la concentracin de la tierra y, con ello, en el desplazamiento o desalojo de la poblacin campesina e indgena. Acompaando cada ciclo
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Para un estudio pormenorizado de los sucesos de 1932, vase Gould y Lauria-Santiago (2008). Igualmente, Orlando Alfaro (2007) y Krmer (2009).

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de despojo de tierra, se ha producido, en respuesta, un periodo de luchas populares y levantamientos armados en torno a la tierra (lvarez y Chvez, 2001). La de 1932 fue una insurreccin liderada, entre otros, por uno de los fundadores del Partido Comunista de El Salvador (PCS), Agustn Farabundo Mart, y se orient a transformar las estructuras de desigualdad existentes y a restablecer los derechos del campesinado a la tierra. Este levantamiento fue brutalmente reprimido por la dictadura militar de Maximiliano Hernndez Martnez, en una masacre que provoc la muerte de entre 10.000 y 30.000 personas.2 Segn Krmer (2009), a partir de ese momento qued sellada la alianza entre la oligarqua salvadorea y el Ejrcito. En las dcadas posteriores, las sucesivas juntas militares gobernantes haran de la represin y del fraude sus principales instrumentos de dominacin. As, slo en el perodo de 1944 a 1979 el Ejrcito dio cuatro golpes de estado, utilizando las elecciones como medio de legitimacin poltica (Artiga-Gonzlez, 2004: 149). A partir de los aos 60 fue articulndose de nuevo un creciente movimiento popular de oposicin al gobierno, formado por diversos sectores sociales (organizaciones campesinas, sindicatos, asociaciones de estudiantes, etc.), los cuales multiplicaron en esos aos las protestas tanto en las zonas rurales como en las ciudades. En el campo, las organizaciones campesinas comenzaron las tomas de tierras, mientras que en las ciudades se generalizaron las tomas de fbricas y las huelgas, entre otras: la huelga general de conductores de autobuses, la huelga textil de IUSA y la huelga en la fbrica ACERO (1967), las huelgas del sindicato de maestros y maestras (1968 y 1971), y la huelga de estudiantes de la Universidad de El Salvador (1970). En 1972 se organizaron nuevas huelgas y manifestaciones masivas contra del fraude electoral que tuvo lugar ese ao (Almeida, 2011). Desde mediados de los aos 70 la movilizacin social creci hasta llegar a un punto lgido situado entre 1979 ao en el que se produce un nuevo golpe de estado y 1981, ao en el que se inicia ocialmente la guerra civil (Lungo, 1990). La dcada de los 70 y, sobre todo, los primeros aos de los 80, se caracterizaron por un nivel de violencia poltica sin precedentes contra la poblacin civil organizada. Las fuerzas armadas y de seguridad del Estado
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Esta cifra vara segn las fuentes. Krmer (2009) indica que las personas asesinadas fueron alrededor de 30.000, siendo sta la cifra que popularmente se seala con ms frecuencia. Sin embargo, Gould y Lauria-Santiago (2008) sitan el dato en cerca de 10.000.

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I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

(Ejrcito, Guardia Nacional, Polica Nacional y Polica de Hacienda, as como las estructuras clandestinas conocidas como escuadrones de la muerte3), con el apoyo de los sectores de la oligarqua poltica y econmica en el poder, intensicaron las acciones represivas. En las reas rurales, las desapariciones, asesinatos y masacres de poblacin civil desde los aos 70 forzaron los primeros desplazamientos a Honduras. En las ciudades, la violencia tambin se dirigi contra miles de militantes del movimiento popular. En algunos casos las acciones represivas fueron de alto perl, como el asesinato del Arzobispo de San Salvador Monseor Romero en marzo de 1980 y el secuestro y asesinato de los principales lderes de la oposicin articulada y representada en ese momento por el Frente Democrtico Revolucionario (FDR) en noviembre de ese mismo ao. Progresivamente, el aumento de la represin y la imposibilidad de ejercer una oposicin poltica con mnimas garantas de seguridad llev a cada vez ms sectores de izquierda a valorar la lucha armada como estrategia de transformacin poltica y social4, de forma que con ese propsito se fueron conformando los primeros grupos armados revolucionarios. La coincidencia de objetivos entre el movimiento popular y los grupos armados favoreci la unin de los partidos y movimientos de oposicin, lo que llevara a la formacin, en 1980, del Frente Farabundo Mart de Liberacin Nacional (FMLN).5 Formalmente, la guerra se inici con la ofensiva nal lanzada por el FMLN el 10 de enero de 1981 sobre diferentes objetivos militares en todo el pas, que fue acompaada por una huelga general y por la expectativa
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Los escuadrones de la muerte han sido denidos como grupos o estructuras clandestinas criminales, vinculados o pertenecientes a instituciones del Estado o que actan bajo la tolerancia de ste y destinados a cometer diversos tipos de infracciones a los derechos humanos, como ejecuciones sumarias y arbitrarias, amenazas de muerte, atentados, desapariciones y otros (Tutela Legal, 2006a). Investigadores como Ricardo Argueta (2011: 91) plantean que, aunque hay dos grandes rasgos de larga duracin que determinaron el inicio de la lucha armada en El Salvador, como son: los regmenes polticos autoritarios y el sistema econmico inequitativo, otros factores ms inmediatos inuyeron en el inicio del recurso a la lucha armada. En concreto, los fraudes electorales de la dcada de 1970 y la represin contra el movimiento social y la oposicin poltica. Este autor seala que, a principios de esa dcada, el debate se centr en las ventajas de la va electoral sobre la armada, pero, en la medida en que las elecciones fueron reiteradamente fraudulentas, muchas personas comenzaron a ver la lucha armada como necesaria y justicable. El FMLN fue integrado por cinco estructuras poltico-militares: las Fuerzas Populares de Liberacin (FPL), el Ejrcito Revolucionario del Pueblo (ERP), la Resistencia Nacional (RN), el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) y el Partido Comunista de El Salvador (PCS). Se trataba de organizaciones con una amplia base popular, articuladas en organizaciones de masas que representaban a distintos sectores sociales: campesino, sindical, obrero, estudiantil, etc.

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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

de una insurreccin popular generalizada. Si bien sta no se dio, el FMLN demostr su capacidad militar y logr el control de algunas reas rurales, sobre todo de la zona norte del pas (Chalatenango, Cabaas y Morazn) desde las cuales comenz a estructurar y reforzar sus unidades armadas. Esta ofensiva marcara el paso de una guerra de facto pero no declarada, a una guerra abierta que se prolongara hasta enero de 1992. El estallido de la guerra civil en El Salvador se explica desde la comprensin de sus races histricas, vinculadas a la persistencia de sistemas de explotacin y exclusin social sostenidos a travs del aparato de Estado y sus instituciones. Como indica Orr (2001: 155-156), los niveles de desigualdad socioeconmica y de pobreza, la falta de espacio poltico para la disensin y la oposicin, la desigual distribucin de la tierra y la violencia poltica endmica en particular los abusos masivos de los derechos humanos y la ausencia de justicia social aparecen como las causas profundas del conicto armado. Teniendo en cuenta dichas causas, la guerra en El Salvador podra responder a un modelo de conicto asimtrico en el sentido atribuido a ste por Rapoport, es decir, un conicto cuya gnesis no son temas a resolver, sino la propia estructura de una situacin que no puede ser eliminada o modicada sin conicto y que, de hecho, la suspensin del conicto o hacer el conicto imposible en esas circunstancias es enteramente en el inters de una de las partes, la dominante (Rapoport [1971], citado en Miall et al., 1999: 190). Igualmente, no es posible comprender la gnesis del conicto armado sin tener en cuenta su dimensin internacional. Durante los aos 80, El Salvador, al igual que otros pases latinoamericanos, se convirti en uno de los escenarios de confrontacin blica vinculados a la Guerra Fra y a la Doctrina de Seguridad Nacional impulsada por los Estados Unidos, sustentada en la idea del comunismo como el enemigo externo e interno a eliminar. Como destaca Impunity Watch (2012: 32), la implementacin de la Doctrina de Seguridad Nacional en Amrica Latina tuvo dos rasgos particulares: la militarizacin del Estado y la sustitucin del enemigo externo por la idea totalizadora del enemigo interno, representado ya no slo en los grupos guerrilleros y militantes comunistas, sino en cualquier expresin poltica o social que cuestionara el orden existente. Esta idea sent las bases para el elevado apoyo militar y econmico que los Estados Unidos pusieron a disposicin del gobierno de El Salvador de forma sostenida durante la guerra, y que fue empleado para fortalecer la estrategia de contrainsurgencia. Como en otros pases de Amrica Latina, en El Salvador, uno de los ejes de
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dicha estrategia fue la prctica sistemtica y generalizada de la desaparicin forzada contra civiles opositores al gobierno.6 Desde el punto de vista del desarrollo de la guerra, la represin generalizada posterior a la ofensiva del FMLN signic que el movimiento popular tuvo que dejar de existir como movimiento de masas en las ciudades (Krmer, 2009). La actuacin del Ejrcito y de las fuerzas de seguridad se intensic en las zonas rurales, donde fueron asesinadas miles de personas. El Estado trat de minar la base social de la guerrilla aplicando una estrategia basada en las masacres7, en la tctica de tierra arrasada y en la actividad de los escuadrones de la muerte, los cuales para 1983 eran ya responsables de ms de 40.000 asesinatos (Orr, 2001: 157), es decir, ms de la mitad del total de vctimas contabilizadas en los 12 aos de guerra. Sin embargo, en la primera mitad de la dcada de 1980 el FMLN logr importantes xitos militares que debilitaron al Ejrcito, hasta el punto que comenz a especularse con la posible derrota militar de ste (Krmer, 2009). Precisamente en ese momento se produjo un fuerte aumento del apoyo militar de los Estados Unidos al gobierno salvadoreo, que incluy el envo de armas y de fondos para la reestructuracin del Ejrcito, la formacin de ociales y soldados en El Salvador y en bases militares de los Estados Unidos, y el asesoramiento estratgico.8 A partir de 1984, la mayor implicacin de los Estados Unidos determin un cambio en la correlacin de fuerzas militares entre el FMLN y el Ejrcito, de forma que desde ese ao y hasta 1989 se entr en lo que Krmer (2009) denomina el empate interminable.

Segn un estudio comparativo realizado en varios pases latinoamericanos por Impunity Watch (2012), dicho carcter sistemtico comenz a registrarse a partir de 1966 en Guatemala, 1974 en Argentina, 1975 en El Salvador, 1977 en Colombia, 1982 en Honduras y 1983 en Per, si bien existen casos registrados anteriormente en 1954 (Guatemala) y 1955 (Argentina). En El Salvador, los primeros casos se denunciaron en zonas rurales en 1972, coincidiendo con el aumento de la represin por parte de grupos paramilitares como la Organizacin Democrtica Nacional (ORDEN) fundada en 1961, siendo las comunidades rurales y campesinas del pas las ms afectadas por la desaparicin forzada de personas. 7 Desde la dcada de 1970 hasta 1991 se cometieron al menos 194 masacres. Para ms informacin sobre casos documentados de masacres, vase CPDH (2006). 8 En este sentido, queremos resaltar el papel que ha jugado la conocida Escuela de las Amricas dentro de la poltica norteamericana anticomunista desde el comienzo de la Guerra Fra. Desde su creacin en 1946, en Panam, han sido entrenados en esta escuela militar operada por el Ejrcito de los Estados Unidos ms de 64.000 soldados procedentes de Chile, Per, Guatemala, El Salvador, Uruguay, Nicaragua, Mxico y Honduras, entre otros pases latinoamericanos. Muchos de los militares entrenados en este centro han sido posteriormente destacados violadores de los derechos humanos en sus respectivos pases. Para ampliar sobre la Escuela de las Amricas, vase SOA Watch, en www.soawlatina.org/prensa.html
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Las primeras iniciativas de dilogo entre el FMLN y el gobierno comenzaron a mediados de la dcada de los 80, aunque no result de ellas ningn acuerdo.9 Las negociaciones polticas con resultados concretos se dieron ms tarde, a raz del Proceso de Esquipulas (Guatemala).10 En 1987, la rma del Acuerdo de Esquipulas II posibilit las primeras repatriaciones desde los campos de poblacin refugiada en Honduras. A partir de ese momento, los aspectos militares de la guerra estuvieron cada vez ms condicionados por la marcha de las negociaciones polticas. El 11 de noviembre de 1989, el FMLN lanz una importante ofensiva sobre San Salvador. En respuesta, durante varios das diferentes barrios de la capital fueron bombardeados por la Fuerza Area y se produjeron combates calle a calle. Si bien el FMLN no obtuvo el xito esperado con esta accin, lleg a tener el control de varias zonas de la capital en particular el norte de la misma y lanz un claro mensaje de fuerza militar al Estado. Durante la ofensiva, el 16 de noviembre, el Ejrcito cometi la conocida masacre de los jesuitas en la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas (UCA)11, un hecho cuya repercusin y rechazo internacional aadieron presin al gobierno para buscar una solucin negociada al conicto. En 1990 comenzaron las conversaciones de paz con la mediacin de las Naciones Unidas y, entre el 4 de abril de 1990 y el 16 de enero de 1992, el gobierno de El Salvador y el FMLN rmaron un total de siete acuerdos: 1) Acuerdo de Ginebra del 4 de abril de 199012; 2) Agenda de Caracas del 21 de mayo de 1990;

En total se dieron cuatro encuentros de dilogo: La Palma (Chalatenango) y Ayagualo (La Libertad) en octubre y noviembre de 1984, respectivamente; Sesori (San Miguel) en septiembre de 1986; y la Nunciatura (San Salvador) en octubre de 1987. 10 Este proceso reuni a los presidentes centroamericanos con el objetivo de conseguir una Paz Firme y Duradera en la regin, sobre las bases de la cooperacin econmica y la resolucin negociada de los conictos armados. 11 En esta masacre fueron asesinadas ocho personas: los jesuitas Ignacio Ellacuria Beascoechea, Ignacio Martn-Bar, Segundo Montes Mozo, Juan Ramn Moreno Pardo, Jos Joaqun Lpez y Lpez, y Amando Lpez Quintana; as como dos trabajadoras de la universidad, Julia Elba Ramos y su hija Celina Mariceth Ramos. 12 El Acuerdo de Ginebra sent las bases de las negociaciones posteriores. Las partes convenan en que los propsitos del proceso deban ser: a) terminar el conicto armado por la va poltica; b) impulsar la democratizacin del pas; c) garantizar el irrestricto respeto a los derechos humanos; y d) reunicar a la sociedad salvadorea.
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3) Acuerdo de San Jos del 26 de julio de 199013; 4) Acuerdos de Mxico del 27 de abril de 199114; 5) Acuerdo de Nueva York del 27 de septiembre de 199115; 6) Acta de Nueva York del 31 de diciembre de 1991; y 7) A  cuerdo de Paz del 16 de enero de 1992 rmado en el Castillo de Chapultepec de la Ciudad de Mxico D.F. Entre las razones del nal de la guerra se apunta a varios factores interconectados (Thompson, 1997: 457): a) el reconocimiento por parte del FMLN de que la conquista del Estado como medio para el cambio no poda ser alcanzada a travs de la lucha armada; b) en paralelo, el reconocimiento del gobierno, especialmente despus de la ofensiva del FMLN de 1989, de que el Ejrcito no poda ganar la guerra a pesar de su superioridad numrica y material; c) la presin ejercida por sectores de la elite econmica salvadorea interesados en el comercio regional y en atraer las inversiones internacionales, que entendan que su actividad no poda ser viable mientras el pas continuase en guerra; y d) por ltimo, el cambio en las condiciones geopolticas internacionales, con la cada del Muro de Berln y el nal de la Guerra Fra, que haca ms evidente que los Estados Unidos no continuaran apoyando militar y econmicamente al Ejrcito salvadoreo, como lo haban hecho durante los aos 80. Este conjunto de factores favoreci la disposicin de las partes para iniciar y mantenerse en las negociaciones, as como para acceder al papel de mediacin de las Naciones Unidas. Con la rma del Acuerdo de Paz de Chapultepec, se puso n a una guerra civil que cost la vida a ms de 75.000 personas, dej un legado de 9.000 desaparecidas y desaparecidos, oblig a aproximadamente medio milln a desplazarse internamente, y forz a alrededor de un milln ms a salir
Con el Acuerdo de San Jos, sobre el respeto irrestricto a los derechos humanos, se cre la Misin de Observadores de las Naciones Unidas en el Salvador (ONUSAL). 14 Este Acuerdo cre la llamada Comisin de la Verdad para que investigara los graves hechos de violencia ocurridos desde enero de 1980 hasta julio de 1991 y diera recomendaciones de cara a la no repeticin de esos hechos y a la reconciliacin de la sociedad salvadorea. Se trat de la primera Comisin de la Verdad promovida y nanciada por Naciones Unidas. 15 A travs de este acuerdo, se cre la Comisin Nacional para la Consolidacin de la Paz (COPAZ), como mecanismo interpartidario con presencia de todas las fuerzas polticas representadas en la Asamblea Legislativa para la supervisin de los acuerdos entre las partes, en forma paralela a la ONUSAL.
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del pas buscando refugio. Adems de la irreparable prdida de vidas humanas, entre las consecuencias del conicto armado guran tambin: la ruptura del tejido social, el aumento de la polarizacin sociopoltica, la exacerbacin de la cultura de la violencia, la destruccin material, etc. Se trata de consecuencias del conicto que actualmente continan impactando negativamente en la democratizacin del pas (lvarez y Chvez, 2001: 37).

1.2. Antecedentes de organizacin y movilizacin de las mujeres


En El Salvador, son muchas las mujeres que se han organizado a favor tanto de sus derechos como, en su conjunto, de las transformaciones polticas, econmicas y sociales. En el imaginario social, sin embargo, contina predominando la idea de las luchas campesinas, obreras, barriales y estudiantiles como protagonizadas fundamentalmente por hombres. Frente a la fuerza de ese imaginario, la realidad es que las mujeres han sido sujetas de accin en todos los mbitos de la vida poltica y social salvadorea, lo que les ha llevado no slo a estar en el centro de la oposicin al gobierno, sino tambin a enfrentar y sufrir los efectos de la represin. Una muestra de ello es su participacin, en los aos 20 y 30 del siglo XX, en el creciente movimiento campesino y sindical que dara lugar al levantamiento popular de 1932. Si bien la literatura sobre la experiencia poltica de las mujeres en esa coyuntura histrica es escasa, se han dado algunos esfuerzos de investigacin que han contribuido a rescatar dicha experiencia. Por ejemplo, el libro El Salvador, imgenes para no olvidar, editado por el Equipo Maz, destaca que en el periodo de 1913 a 1927 las mujeres se organizaron polticamente en oposicin a la dinasta de los Melndez-Quionez: Aunque las mujeres no votaban, s participaban en las contiendas y eran muy activas en los clubes y comits de los partidos. (...) Esta militancia las llev a ser vctimas de la represin de la dinasta. El 28 de febrero de 1921 una manifestacin de las mujeres de los mercados de San Salvador contra unas reformas monetarias, fue ametrallada por la polica. A pesar de las muertas y heridas, las mujeres reaccionaron y armadas de palos, piedras y cuchillos, ocuparon el pequeo cuartel de la polica del barrio El Calvario y ejecutaron a varios responsables de la masacre (Equipo Maz, 1999: 143). La manifestacin de las mujeres del 28 de febrero de 1921 reprimida por el Estado aparece igualmente en la obra de Gould y Lauria-Santiago sobre los sucesos de 1932 (2008: 75): En 1921, una protesta de mujeres del mercado
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condujo por primera vez al uso de la represin violenta a gran escala por parte del rgimen. Las nuevas polticas monetarias adheridas al establecimiento del patrn oro implicaron la eliminacin de las formas tradicionales de moneda que circulaban en los mercados. Cuando los vendedores, en su mayora mujeres, protestaron por esas polticas en San Salvador, los soldados comenzaron a abatirlos a tiros. Liderados por los carniceros, algunos trabajadores del mercado y vendedores se involucraron en una resistencia violenta. Poco despus, el 25 de diciembre de 1922, una nueva manifestacin liderada por mujeres en San Salvador a favor del candidato presidencial de oposicin Miguel Toms Molina volvi a ser ametrallada por el Ejrcito y la Polica, causando muchos muertos y heridos, mujeres y hombres (Equipo Maz, 1999: 143). Durante los aos 20, la actividad poltica y sindical fue intensa tanto en las zonas urbanas como rurales de El Salvador. En esa dcada surgieron diversas organizaciones polticas y aument la actividad de sindicatos obreros, campesinos y artesanales, los cuales se articularon en organizaciones ms amplias como la Federacin Regional de Trabajadores de El Salvador que lleg a representar a ms de 40 sindicatos. Se trat de un periodo frtil en cuanto a iniciativas innovadoras de organizacin social en el que por supuesto las mujeres estuvieron presentes.16 Adems de su actividad en las organizaciones campesinas y obreras de esos aos, las mujeres se organizaron asimismo en organizaciones sindicales propias. Por ejemplo, en un estudio sobre la historia del sindicalismo salvadoreo (Osorio, 2003), se seala que entre las principales organizaciones artesanales y obreras en 1917 guraba una denominada Mengalas Unionistas, ubicada en el municipio de Santa Tecla.17 Igualmente, en 1929 se fund la Liga Femenina de El Salvador, a lo que se aade la existencia de un Sindicato de Servicios Domsticos (Equipo Maz, 1999: 143). Junto a ello, en las primeras dcadas del siglo XX es importante subrayar la labor de las sufragistas salvadoreas que exigieron el derecho al voto y a la participacin poltica de las mujeres en condiciones de igualdad. Dentro de ese movimiento sobresale la gura de Prudencia Ayala, primera mujer que se inscribi como candidata en las elecciones presidenciales de 1930 por el Partido Feminista Salvadoreo, lo que supuso un acto inslito que
Un ejemplo relevante en cuanto a iniciativas sociales innovadoras es la creacin en 1924 de la Universidad Popular de El Salvador, impulsada por la Federacin Regional de Trabajadores de El Salvador. Segn el Equipo Maz (1999: 143), en ella participaron muchas mujeres. 17 En Centroamrica, mengala hace referencia a una mujer soltera y joven de pueblo.
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an rechazado, dej huella en la conciencia de la nacin (AA.VV., 2008: 63). Se trata de una persona cuya vida y obra, a pesar de la enorme relevancia que tuvo en la historia de los derechos de las mujeres en el pas, an se desconoce ampliamente entre la poblacin. El movimiento feminista salvadoreo es quien ha realizado los mayores esfuerzos por dar a conocer esta gura, entre otras acciones incorporando el nombre de Prudencia Ayala a una de las principales plataformas de concertacin de organizaciones feministas.18 El Museo de la Palabra y la Imagen de El Salvador ha contribuido igualmente a la recuperacin y difusin de su legado, as como el de otras mujeres como Amparo Casamalhuapa (Henrquez Consalvi, 2009a y 2009b), como ejemplo sta ltima de las numerosas mujeres salvadoreas cuya contribucin al derrocamiento de la dictadura de Maximiliano Hernndez Martnez (1931-1944) ha quedado en los mrgenes de la historia. En la dcada de 1940, algunas de las expresiones organizativas de mujeres en defensa de sus derechos fueron el Frente Democrtico Femenino (1944), la Asociacin de Mujeres Democrticas de El Salvador (1945) y la Liga Femenina Salvadorea (1948). En el terreno de los derechos laborales muchas mujeres continuaban participando activamente a travs de sindicatos propios. Para la dcada de 1950 ya existan asociaciones de panicadoras, textileras y costureras. Es as que en 1951 se forma el Sindicato General de Costureras con el propsito de luchar por sus reivindicaciones laborales, entre ellas, trabajar 8 horas laborales, pues trabajaban de 12 a 14 horas diarias sin ninguna prestacin laboral ni social; en esa poca no exista el Cdigo de Trabajo ni Seguro Social. 19 En 1957 se cre la Fraternidad de Mujeres Salvadoreas ligada al Partido Comunista Salvadoreo, que reuni a ms de 1.500 mujeres vendedoras de los mercados, profesionales, maestras y enfermeras alrededor de la defensa de los derechos de las mujeres campesinas, las empleadas domsticas y trabajadoras en general, y que se destac como organizacin opositora al rgimen de Lemus (Equipo Maz, 1999: 147). Durante los aos 60 y 70, en el marco del fortalecimiento del movimiento social y la progresiva conformacin de las organizaciones de masas, muchas
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Concertacin Feminista Prudencia Ayala. Bertha Deras y Camelia Cartagena, en documento escrito elaborado para esta publicacin, mayo de 2012. Bertha Deras fue cofundadora de Fraternidad de Mujeres, del Comit Provisional de Mujeres Salvadoreas (CPMS) y de la Asociacin de Mujeres Progresistas de El Salvador (AMPES); Camelia Cartagena fue cofundadora de CPMS, AMPES y del Comit Unitario de Mujeres Salvadoreas (CUMS).

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mujeres se organizaron en partidos polticos, sindicatos, asociaciones de estudiantes, etc. En particular, la participacin de las mujeres en el movimiento sindical de esos aos tuvo una enorme relevancia y, sin embargo, esa parte de la historia permanece igualmente sin ser analizada con la profundidad y amplitud que merece. Uno de los sectores donde destac la presencia de mujeres fue el de maestras y maestros, precisamente un gremio que protagoniz uno de los acontecimientos histricos ms recordados de las luchas sindicales de nales de los aos 60, como fueron las huelgas magisteriales de 1968 y 1971. En ese periodo el 70% del sector magisterial estaba constituido por mujeres, convirtindose en un movimiento muy dinamizado por ellas. La primera manifestacin del gremio tuvo lugar el 21 de junio de 1965: Ese da salieron a las calles 20.000 maestros/as y otros trabajadores, rodearon el Palacio Presidencial para dar a conocer sus demandas: reconocimiento de su estatus legal como sindicato, el rechazo a las leyes sobre la jubilacin y dar a conocer su formacin al pueblo de El Salvador (Marta Alicia Rivera, citado en Carter et al., 1989: 50). A raz de esa manifestacin, se conform la Asociacin Nacional de Educadores Salvadoreos 21 de junio (ANDES 21), una de cuyas fundadoras y Secretaria Nacional fue Mlida Anaya Montes.20 Bajo su liderazgo, el 21 de junio de 1968 este sector comenz una huelga a nivel nacional con una duracin de 56 das que paraliz el sistema educativo, puesto que la participacin en ella fue casi del 100% (Ribera, 2005). Durante la huelga ocuparon las ocinas centrales del Ministerio de Educacin y se manifestaron frente a otros edicios gubernamentales y espacios pblicos, contando con el apoyo de otras organizaciones sociales, entre ellas Fraternidad de Mujeres. En 1971, ANDES 21 llev a cabo una segunda huelga para demandar incrementos salariares y reformas educativas. La importancia de estas huelgas hizo que este sindicato se consolidara como uno de los ms importantes bastiones de lucha y resistencia en el pas, si bien los costos fueron muy elevados, incluyendo el asesinato de ms de 400 maestras y maestros y el exilio para muchas otras personas (Ibid.: 50).

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Previamente, esta lder sindical haba promovido la creacin del Comit pro Derechos del Maestro (CDM) y la Asociacin de Profesores Normalistas (APNES). Adems de las organizaciones sindicales que impuls y en las que particip activamente, Mlida Anaya Montes se integr posteriormente a las Fuerzas Populares de Liberacin (FPL), siendo la segunda comandante al mando de la organizacin. Su liderazgo connotado a nivel pblico la convirti en un importante referente para las mujeres organizadas tanto durante la guerra como tras los Acuerdos de Paz. Una muestra de ello es la creacin de la conocida organizacin de mujeres que lleva su nombre, la Asociacin de Mujeres Mlida Anaya Montes, tambin denominada Las Mlidas.

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En esos aos las mujeres crearon asimismo organizaciones propias, las cuales en un primer momento tenan reivindicaciones vinculadas sobre todo a la lucha de clases. As, en 1969 surgi el Comit de Mujeres Sindicalistas, formado por mujeres de los sindicatos aliados a la Federacin Unitaria Sindical Salvadorea (FUSS) y a la Federacin Sindical de Trabajadores de la Industria Avcola, el Vestido, Textil, Similares y Conexos de El Salvador (FESTIAVTSCES). Poco ms tarde, en 1970, se cre el Comit Provisional de Mujeres Salvadoreas (CPMS), formado por mujeres que pertenecieron a Fraternidad de Mujeres, sindicalistas, estudiantes universitarias, empleadas, etc. Del esfuerzo conjunto de ambos comits naci, en 1975, la Asociacin de Mujeres Progresistas de El Salvador (AMPES), cuyo objetivo consista en organizar a mujeres de la ciudad y el campo, formarlas polticamente e incorporarlas en la lucha por sus reivindicaciones polticas, econmicas y sociales.21 Junto a las luchas sindicales, muchas mujeres se organizaron en grupos y partidos polticos de oposicin al gobierno. Para las elecciones presidenciales de 1977, la Unin Democrtica Nacionalista (UDN), el Partido Demcrata Cristiano (PDC) y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) se unieron para formar la Unin Nacional Opositora (UNO), cuya candidatura fue apoyada de forma conjunta por mujeres pertenecientes a los respectivos partidos de la coalicin. Bajo condiciones de represin y persecucin desarrollaron actividades proselitistas, se incorporaron en acciones de propaganda en barrios, tugurios y domicilios y muchas de ellas formaron parte del grupo de mujeres oradoras de la UNO, el cual se encargaba de organizar concentraciones en los parques de los municipios de la capital y del interior del pas para llamar a las mujeres al voto. (...) Una de las concentraciones ms grandes donde participaron fue en el Parque Morazn de San Salvador. Fue impresionante la cantidad de gente que llegaba a escucharlas y ellas se sentan empoderadas con sus discursos. Por supuesto, todas esas mujeres haban sido formadas como oradoras. Ese periodo fue una gran escuela. 22

Bertha Deras y Camelia Cartagena, en documento escrito elaborado para esta publicacin, mayo de 2012. De 1975 en adelante se crearon nuevas organizaciones de mujeres que buscaban sumar fuerzas al creciente movimiento popular, entre ellas la Asociacin de Mujeres de El Salvador (AMES) y la Asociacin de Mujeres por la Democracia Lil Milagro Ramrez (AA.VV, 2008: 63). 22 Ibid.
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En este espacio de militancia, uno de los hechos recordados por las activistas entrevistadas se reere a las elecciones de 1977, en las que se produjo uno de los mayores fraudes electorales de la historia de El Salvador. Las instalaciones de la Feria Internacional fueron uno de los escenarios ms grandes [del fraude electoral]. Al nal de la tarde llegaron los Cuerpos de Seguridad y elementos de la Fuerza Armada a quebrar las urnas y romper las papeletas de votacin; a las personas que estaban destacadas en las mesas y urnas las sacaron a empellones y golpes hacia los alrededores de los pabellones, las pusieron en la con las manos en la cabeza y as las mantuvieron hasta horas de la madrugada. Bajo esas circunstancias, las mujeres lograron burlar a los soldados y sacaron las actas de escrutinio a travs de una compaera que escondi los documentos bajo su cotona de manta y, ngiendo estar embarazada y con fuertes dolores de parto, sali de las instalaciones de la Feria Internacional, con anuencia de los soldados, acompaada de otra mujer, supuestamente hacia el Hospital de Maternidad. 23 Tras el fraude las mujeres salieron a las calles a participar en las acciones de protesta. Se organizaron manifestaciones y una concentracin en el Parque Libertad de San Salvador que dur varios das hasta que los cuerpos de seguridad la dispersaron el 28 de febrero empleado armas de fuego, mangueras de agua y gases lacrimgenos. Poco despus, otro de los acontecimientos histricos en los que participaron las mujeres fue la movilizacin poltica contra el golpe de Estado de 1979: Para esa poca muchas de ellas ya ocupaban cargos de direccin en las diferentes organizaciones poltico-revolucionarias que se haban formado ante el cierre de espacios poltico-electorales.24 Al comenzar la guerra, el nmero de mujeres directamente involucradas en la lucha poltico-social y en el apoyo a la guerrilla era considerablemente alto. Aunque este tambin ha sido el caso en otros conictos armados en Centroamrica durante los aos 70 y 80, la proporcin de mujeres movilizadas durante la guerra en El Salvador fue especialmente signicativa.25
Ibid. Ibid. 25 Para un estudio detallado de las actividades realizadas por las mujeres combatientes durante la guerra, as como sobre sus motivaciones, vanse Navas et al. (1995); Vzquez et al. (1996); Luciak (2001); Falquet (2002); y Garibay (2006).
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Tras los Acuerdos de Paz, de las 8.552 personas combatientes del FMLN que fueron ocialmente desmovilizadas, las mujeres constituan casi el 30% (2.485). Del total de los 15.009 miembros del FMLN (incluidos personal poltico y lisiados no combatientes), un tercio eran mujeres (Luciak, 2001: 51). Adems, de las 100.000 personas movilizadas en la base social de apoyo en diferentes funciones, el 60% eran mujeres (Herrera, 2001). Sin embargo, los datos de un reciente censo de excombatientes publicado por el gobierno de El Salvador, en 2012, indican que tanto el nmero de combatientes en el FMLN como la proporcin de mujeres entre sus las era an mayor: el nuevo censo ocial recoge 25.401 excombatientes del FMLN, de los cuales 14.440 (el 57%) eran hombres y 10.961 mujeres (el 43%) (Garca, 2012).26 La diferencia entre los datos conocidos hasta ahora, recogidos por ONUSAL durante el proceso de desmovilizacin, y las nuevas cifras, no es de extraar. Como seala la investigadora Mara Candelaria Navas (2007), siempre han existido algunas reservas con los datos de los que dispona ONUSAL, ya que se calculaba que entre un 10% y un 15% de integrantes del FMLN no haba sido incluido en el primer censo por varias razones; algunas personas militantes porque no estaban en disposicin de revelar su identidad debido a la historia de represin en el pas; otras porque no tenan la conanza en que los Acuerdos fueran a concretarse; y, nalmente, algunas otras porque no queran que el hecho de apuntarse en las listas de personas desmovilizadas se interpretara como un aprovechamiento y benecio propio de lo que pudiera derivarse del censo. Adems de su participacin como combatientes, incluyendo en algunos casos puestos de comandancia, los espacios de movilizacin de las mujeres durante la guerra fueron tantos como lo haban sido antes de la misma: la militancia poltica, el sindicalismo, el movimiento campesino, las comunidades eclesiales de base (CEB), etc. La valoracin del carcter estratgico del papel jugado por las mujeres durante la guerra es reiterada en los testimonios de las mujeres militantes del movimiento de derechos humanos,
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Los departamentos con mayor poblacin de excombatientes registrados son: Morazn (3.874), Chalatenango (3.556), San Salvador (3552) y Usulutn (3.297). Como dato tambin signicativo, el reciente censo de excombatientes dado a conocer por el gobierno en 2012 indica que el 87% del total de excombatientes, hombres y mujeres, viven en condiciones de pobreza. La mayora, 16.603 excombatientes, estara en una situacin de pobreza extrema, 5.475 en pobreza relativa y solo 3.323 (el 13%) podran considerarse no pobres. Es decir, este grupo de poblacin constituye, en palabras del Secretario Tcnico de la Presidencia, uno de los sectores ms pobres, abandonados y marginados en este pas (Alex Segovia, citado en Garca, 2012).

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las cuales destacan las mltiples tareas realizadas sin las cuales el proceso revolucionario no hubiera sido sostenible. Las maestras populares que ayudaron a los compas que no podan leer y que les ensearon. Lo otro es las mujeres mdicos que fue un papel tan importante que hicieron de salvar vidas. Y si hablamos tambin de las cocineras, que se las llevaba el rio, porque hacer comida para tantas personas no era muy fcil y a escondidas, que no saliera humo... no era tan fcil. Y de ah las costureras que eran las que hacan los uniformes, las que se los llevaban a los campamentos y de ah los correos que la mayora eran mujeres porque era ms fcil entrar y ms fcilmente se los metan por debajo. Y luego el sostenimiento de la guerrilla, cunta gente no haca milpa para que pudieran comer ellos. Porque si no, se hubieran muerto de hambre, porque la realidad de ellos era no ms con sus fusiles y sus tareas. 27 Como mujer no slo estaba yo, estaban las mismas muchachas jvenes de las comunidades para ayudar a los maestros populares, para que los nios no se reinsertaran a sus comunidades sin saber leer y escribir. Todas eran muchachas las que trabajaron como maestras populares. Hubo muchachos tambin, pero la mayora eran mujeres. 28 Igualmente, es importante destacar que, desde nales de los aos 70 y durante el conicto armado, muchas mujeres tuvieron que salir de El Salvador y buscar refugio en otros pases. Esas mujeres no interrumpieron su militancia poltica y social, sino que impulsaron la creacin de nuevas organizaciones en el exilio. Un ejemplo es la formacin en 1981, en Costa Rica, del Comit Unitario de Mujeres Salvadoreas (CUMS) por parte de mujeres que pertenecan a las cinco organizaciones polticas del FMLN, comit que se orient a la articulacin y coordinacin poltica de las y los refugiados salvadoreos.

1.3. L  a creacin de los Comits de madres y familiares y otras organizaciones de derechos humanos
La masacre de estudiantes de la Universidad de El Salvador el 30 de julio de 1975 es uno de los acontecimientos histricos sealados que forman
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Grupo focal 2, enero 2012. Ibid.

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parte de la memoria colectiva de la sociedad organizada salvadorea, y que est en el origen de la gestacin del primero de los Comits de madres y familiares de El Salvador: el Comit de Madres y Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Asesinados Polticos (COMADRES).29
El 30 de julio de 1975, una marcha de protesta organizada por los estudiantes de la Universidad Nacional sale desde su recinto y sobre la 25 Avenida Norte, en San Salvador, con destino al Parque Libertad. A la altura del paso a desnivel en la Alameda Juan Pablo II, la marcha es interceptada por el ejrcito y la Guardia Nacional, disparos y tanquetas acabaron con la vida de muchos de aquellos/as estudiantes. Otros fueron capturados y llevados a crceles del interior del pas, donde fueron cruelmente torturados; algunos siguen desaparecidos. Madres y familiares, luego de la masacre comenzaron la bsqueda de sus seres queridos, aquellos que no llegaron a casa. En la interminable bsqueda en hospitales, crceles y morgues, las caras de aquellas mujeres se fueron reconociendo unas con otras, en su dolor se ayudaban, repartindose lugares con la esperanza de encontrar en el menor tiempo a sus familiares. As comenz a formarse lo que aos ms tarde se establecera como CO-MADRES.
Archivo COMADRES.

La masacre gener una inmediata y fuerte respuesta social. Entre las acciones que se organizaron est la llamada marcha de mujeres vestidas de negro, el 3 de agosto de 1975, que acompa el entierro de las y los 27 estudiantes asesinados. En ella participaron ms de mil mujeres de la sociedad civil organizada, y se coloc una placa conmemorativa en el muro del Instituto Salvadoreo del Seguro Social (ISSS), en el lugar de los hechos.30

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En 1980, tras el asesinato de Monseor Romero, la organizacin decidi agregar a su nombre el del arzobispo asesinado, quedando su denominacin ocial completa como Comit de Madres y Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Asesinados Polticos Monseor Oscar Arnulfo Romero. Bertha Deras y Camelia Cartagena, en documento escrito elaborado para esta publicacin, mayo de 2012.

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El 24 de diciembre de 1977, el grupo de mujeres que se haba ido encontrando y apoyando mutuamente en la bsqueda de sus familiares desaparecidos acudi a una cena-reunin con Monseor Romero, quien ejerci un papel de apoyo moral y acompaamiento en la organizacin del trabajo de bsqueda de personas detenidas-desaparecidas que comenzaron a desarrollar las mujeres en ese contexto. A raz de esa cena COMADRES se estructur formalmente, siendo sus primeras integrantes: Mara Teresa Tula, Alicia Garca, Angelita Carranza, Antonia Mendoza, Ana Cristina Interiano, Alicia Zelayandia, Sofa Escamilla, Mirian Granados, Etelvina Cristales, Alicia Nerio, Trnsito Ramrez y Angelita de Madriz. Un ao despus, el 1 de abril de 1978, naci la Comisin de Derechos Humanos No Gubernamental de El Salvador (CDHES), organizacin que se convertira en uno de los referentes en la defensa de los derechos humanos desde ese momento y durante la dcada de 1980. A esta organizacin acudan diariamente familiares de personas detenidas, asesinadas o desaparecidas para denunciar y dejar registro de lo sucedido, as como pedir orientacin y asistencia jurdica en el proceso de bsqueda. Igualmente, CDHES jug un papel muy relevante en la defensa de las presas y presos polticos y en la denuncia a nivel nacional e internacional de la represin. Si bien CDHES ha estado integrada por mujeres y por hombres, las mujeres tuvieron un papel relevante en su creacin. CDHES fue fundada y presidida por Marianella Garca Villas, quien ocup tambin el cargo de vicepresidenta de la Federacin Internacional de Derechos Humanos (FIDH). Fue detenida ilegalmente y torturada en dos ocasiones, la primera por la Polica Nacional tan solo un mes despus de haberse fundado CDHES y, la segunda, por la Guardia Nacional dos meses ms tarde. El 14 de marzo de 1983 fue asesinada por el Ejrcito cuando ste embosc a un grupo de pobladores en el Valle La Bermuda que huan del bombardeo en la operacin denominada Guazapa 10, donde ms de 70 personas fueron asesinadas. Marianella Garca Villas se encontraba en ese momento realizando un trabajo de investigacin y recoleccin de muestras que vericaban el uso del napalm y otras armas qumicas contra la poblacin civil por parte del Ejrcito salvadoreo. Poco despus del inicio de la guerra, el 9 de septiembre de 1981 un grupo de 25 familiares de personas desaparecidas y asesinadas por razones polticas fund el Comit de Familiares de Vctimas de Violaciones a los Dere35

Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

chos Humanos (CODEFAM)31, organizacin que, al igual que COMADRES, ha tenido un papel central en el movimiento de vctimas y de derechos humanos de El Salvador hasta la fecha. Una de sus lderes histricas es Guadalupe Meja, quien desde su temprana integracin en CODEFAM, en 1983, se ha destacado en la lucha por los derechos humanos, la justicia y la memoria histrica. Posteriormente se cre, el 3 de mayo de 1982, y bajo la direccin de Mara Julia Hernndez, otra de las instancias que se convertira en uno de los mximos exponentes de la defensa de los derechos humanos en El Salvador: la Ocina de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador (OTLA). Se trata de un organismo eclesial que, desde su inicio, ha recibido e investigado multitud de casos de violaciones a los derechos humanos, tanto a raz de las denuncias de vctimas de esas violaciones o sus familiares, como de ocio, en funcin de la gravedad de los casos. Igualmente, Tutela Legal ha promovido el litigio en los tribunales nacionales e internacionales, as como la realizacin de investigaciones y publicaciones peridicas sobre la situacin de los derechos humanos en El Salvador. La huella del trabajo de Mara Julia Hernndez en el movimiento de derechos humanos ha sido siempre reconocida y enormemente valorada por distintos sectores sociales. Las numerosas amenazas que recibi, en algunas ocasiones annimas y en otras abiertamente por parte de sectores militares, no lograron debilitar su labor de denuncia, investigacin y acompaamiento de casos durante el conicto: Logr establecer diversos mecanismos que no existan para enfrentar situaciones complejas. As, por ejemplo, ante el hecho que el sistema judicial no funcionaba, estableci que Tutela empleara todos los recursos jurdicos que la ley otorga a n de insistir ante las diversas instancias como Corte Suprema de Justicia, Juzgados de Paz, Juzgados militares, llegando a desarrollar el uso de mecanismos no jurisdiccionales de investigacin de las violaciones a los Derechos Humanos. () Al mismo tiempo, recurri a los tres sistemas de proteccin que El Salvador ha aceptado: Sistema de las Naciones Unidas, el de la Organizacin de Estados Americanos y el de Ginebra con el Derecho Internacional Humanitario (Urioste, 2011: 27).
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En 1983 CODEFAM decidi agregar a su nombre el de Marianella Garca Villas, en homenaje a la reconocida activista de derechos humanos asesinada ese ao.

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I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

En la misma lnea de organizaciones de derechos humanos surgidas desde el mbito eclesial de la poca, cabe sealar el papel que jug el Socorro Jurdico Cristiano creado en 1975 por Segundo Montes, uno de los seis sacerdotes jesuitas asesinados en la masacre de 1989 en la UCA. El Socorro Jurdico fue un apoyo muy importante para las y los familiares que empezaron a enfrentar los casos de desapariciones, asesinatos y amenazas. El propio Segundo Montes fund ms tarde, en 1985, el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA), como parte del compromiso que consideraba deba tener la universidad en la defensa de los derechos humanos. Tambin en 1985, el 10 de mayo, naci a la luz pblica el tercero de los Comits de madres y familiares que han conformado el movimiento de vctimas en El Salvador, el Comit de Madres y Familiares Cristianos de Detenidos, Desaparecidos y Asesinados Padre Octavio Ortiz-Hermana Silvia (COMAFAC)32, a iniciativa de cinco mujeres: Sara Portillo, Mara David Salazar de Lpez, Mara Parada, Elsa Mndez y Mara Isabel Figueroa. Nace de la motivacin de las mujeres de las comunidades eclesiales de base, canalizando el dolor de la prdida de los hijos, las hijas y familiares, para que este dolor no fuera solo una carga pesada sino que se volviera una bandera de lucha que pudiera generar esperanza en la sociedad salvadorea, la cual estaba en guerra, y sufran las personas muchas desapariciones y torturas. Queramos ser la voz de esperanza y denuncia ante el atropello a los derechos humanos y la impunidad reinante. 33 COMAFAC constituye un ejemplo ilustrativo de la convivencia de las ideas teolgicas y polticas en la militancia de izquierda en El Salvador. Se cre fundamentalmente por mujeres de las comunidades eclesiales de base del barrio Zacamil y sus alrededores, y lleg a tener 389 mujeres organizadas en todo el pas. Al igual que las otras organizaciones del movimiento, entre las principales actividades de COMAFAC estaban la recepcin de denuncias de violaciones de derechos humanos, la pro32

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El sacerdote Octavio Ortiz fue asesinado en 1979, junto con otros cuatro jvenes, en el centro parroquial El Despertar en el barrio de San Antonio Abad en San Salvador; Silvia Arriola, integrante de un grupo de mujeres religiosas seglares que se llam la pequea comunidad, fue asesinada en 1981 por el Ejrcito en Cutumay Camones (Santa Ana). Mara Isabel Figueroa, cofundadora de COMAFAC, entrevista personal realizada por Juan Carlos Hernndez para esta publicacin, enero 2013.

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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

testa pblica contra la represin y el fortalecimiento organizativo de familiares de vctimas.

1.4. D  esde la propia piel: el camino hacia la militancia por los derechos humanos
Es importante subrayar que la prctica organizativa de las mujeres vinculadas al movimiento de derechos humanos en El Salvador no nace en el perodo del conicto poltico-armado sino que data de fechas anteriores. Muchas de ellas, tanto las integrantes de los Comits de madres y familiares como de otros organismos de derechos humanos formaron parte de las asociaciones campesinas, sindicatos, partidos polticos, comunidades eclesiales de base, etc. que estuvieron en el centro de la accin poltica desde los aos 60 tanto en el campo como en las ciudades. De esta forma, los recorridos que explican su incorporacin a las organizaciones de derechos humanos y sus motivaciones son coincidentes, en la mayora de casos, con los recorridos de mujeres integrantes de otros movimientos como el sindical, campesino, de mujeres e incluso la guerrilla. En conjunto, la pertenencia de la mayora de mujeres salvadoreas a las clases sociales ms empobrecidas jug como uno de los factores explicativos de su incorporacin al movimiento de oposicin en las dcadas de 1960 y 1970, as como de su alta participacin como combatientes y colaboradoras de FMLN durante la guerra. En las reas rurales, muchas mujeres se unieron a los espacios de organizacin poltica y/o a la lucha armada a travs de las asociaciones campesinas, como resultado de procesos de concientizacin o debido a las experiencias de represin sufridas (Ibez, 2001). Otras mujeres se vincularon como consecuencia de su participacin en las comunidades eclesiales de base que se articularon alrededor de la Iglesia de los pobres promovida en esos aos desde la Teologa de la Liberacin.34 En las ciudades, las rutas
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Durante las dcadas de 1960 y 1970, la Teologa de la Liberacin tuvo un profundo efecto y desarrollo en las comunidades rurales empobrecidas de Amrica Latina y contribuy a la organizacin social y poltica de muchas mujeres campesinas. A travs de las CEB se teji una amplia red de grupos organizados por todo el pas, los cuales se movilizaron alrededor tanto de las demandas por la tierra y los derechos sociales, como de la defensa de las presas y presos polticos y las denuncias de la represin estatal. Para un estudio del vnculo entre la teologa de la liberacin y la formacin de la conciencia revolucionaria en El Salvador, en particular en Chalatenango, vase Lara Martnez (2003). Igualmente, Ascoli (1995).

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I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

para unirse a las organizaciones polticas y/o militares provenan sobre todo de la militancia universitaria, de la lucha sindical e igualmente del compromiso con las Comunidades Eclesiales de Base. Teniendo en cuenta lo anterior, es difcil trazar un nico perl de las activistas que a lo largo de estas dcadas han conformado y liderado las organizaciones de derechos humanos; ms bien, es posible identicar algunas experiencias comunes a la mayora de ellas. En el caso de las mujeres procedentes de las zonas rurales, dicha experiencia tiene que ver con la persecucin y la represin a la que personalmente se vieron sujetas, como factores que determinaron el desplazamiento forzoso de sus lugares de origen, y como paso previo a su incorporacin a la militancia, en este caso en el sector de los derechos humanos. No fue fcil enfrentar desde el inicio la persecucin que diariamente tenamos por parte de la Guardia Nacional... Asesinaron a mi esposo, lo pudimos enterrar y de ah continu la persecucin contra m, contra nosotros... A veces nos tocaba ir a dormir al monte, yo dejaba a los ms chicos con mi mam y me llevaba a los ms grandes... Pero ya en el 79, una noche encontramos una mano blanca pintada en la casa que deca UGB y deca que tenamos que dejar la casa... Yo no tena nada... Pasamos un mes que no tenamos nada que comer... Anduve de un lugar a otro... En el 83 me vine para CODEFAM, empec a recibir gente y me sirvi de terapia escucharles porque ya haba sufrido todo eso...35 Fueron momentos muy difciles. Cmo fue ese momento que se mete la Guardia Nacional por todos lados y uno no sabe qu hacer ms que levantar la mano, y con todos sus chiquitines ah levantando la mano. Es algo que tiene que quedar en la historia, desde el momento en que uno... no es que se incorpora sino en el momento que lo sacan por la fuerza y uno sale con sus nios y una cobijita enrollada y para donde me voy?. Desde el inicio uno pierde todas sus cositas. Aunque eran de gente pobre, eran esas pertenencias con el sudor de uno... Y llegabas a un lugar y la gente te miraba extraa... algunas estaban a favor de nosotras y otras en contra y total que tena que salir uno corriendo de ah porque te ponan el dedo. Entonces tena que irse uno de ah y siempre arrastrando a todos sus hijos y sin tener a dnde ir. 36

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Grupo focal 1, enero 2012. Ibid.

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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

El desplazamiento forzoso se produjo en el contexto de la represin contra la poblacin civil de las zonas rurales que llevaron a cabo las fuerzas de seguridad del Estado desde los aos 70, en particular en esos aos por parte de la Guardia Nacional. Los testimonios descritos son reejo de la dureza del desplazamiento para las mujeres, y las mltiples problemticas que enfrentaron quienes sobrevivieron al mismo. Adems de las prdidas personales y la desestructuracin familiar y social, el abandono de sus hogares y de sus medios de vida dej a muchas mujeres en una grave situacin de vulnerabilidad econmica, a lo que se aade el hecho de que fueron ellas las que asumieron la responsabilidad del cuidado de otras personas, no slo menores sino tambin personas ancianas, discapacitadas y heridas. Junto a lo anterior, la experiencia ms habitual entre las activistas de derechos humanos es que el desplazamiento forzoso se convirti en una condicin permanente, es decir, el retorno nunca se produjo, tanto porque quedaron sealadas polticamente, con el riesgo a su integridad fsica que ello supona, como porque tambin sus familias al completo se vieron obligadas igualmente a huir para salvar sus vidas. Estuve como un ao en la crcel, al salir busqu a mi esposo pero ya no lo encontr porque haba ms guerra y no se poda estar all, a mi mam tampoco la encontr, se fue a alquilar a otro lado, y entonces tampoco me pude quedar ah, me fui a buscar a los Comits, a coordinarme con otras personas, pero primero me dije, voy a buscar a mis hijos.37 Al principio, al inicio, que se iban a saquear las casas, se llevaban todo lo que haba, a la pobre gente la mataban o apresaban, si podan tenan que salir corriendo. Tal como lo hemos hecho nosotros tambin, que nos encontramos ac [en San Salvador], porque yo soy de Suchitoto, pero la guerra me dej aqu ya en esta lucha y all no me he querido regresar porque all no tengo nada, qu iba a hacer si no tengo nada. Por eso nos encontramos aqu.38 El testimonio anterior, adems, remite a otra de las particularidades que acompa la estrategia de la desaparicin forzada y que no siempre est presente en los anlisis, como es el despojo material de las familias, mu-

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Grupo focal 1, enero 2012. Ibid.

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I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

chas de cuyas casas fueron literalmente vaciadas por parte del Ejrcito y los cuerpos policiales. El objetivo no era necesariamente aunque lo hubo el enriquecimiento con los bienes incautados, ya que la mayora de las familias despojadas eran de escasos recursos, sino que formaba parte de la estrategia dirigida a borrar literal y simblicamente toda huella de la existencia e historia de vida de las personas y familias detenidas y desaparecidas. Otra caracterstica comn destacada es que la gran mayora de las mujeres activistas en el movimiento de derechos humanos tiene familiares desaparecidos o asesinados por causas polticas. Debido a su condicin de madres, hijas, hermanas y/o esposas de personas desaparecidas y asesinadas, en El Salvador se ha dado histricamente una fuerte asociacin entre el movimiento de derechos humanos y el movimiento de vctimas. Esto se expresa fundamentalmente en el caso de las activistas de los Comits de madres y familiares: Este pas est lleno de sangre derramada de tanto hijo salvadoreo... dnde estn los desaparecidos?... de mi familia son cuatro, mi esposo, mis dos hijos y un sobrino... no s dnde se llevaron a mi hijo, no s dnde lo mataron y cmo est... dnde estn los asesinos? Yo soy miembra del Comit de familiares y estoy aqu por la lucha que llevamos desde hace aos... soy hija de desaparecidos, y cmo hija estoy aqu por los cinco familiares desaparecidos y dos asesinados... A mi hijo lo desaparecieron en 1980, iba para una reunin en la UCA el 3 de junio, y nunca apareci... mi hija Elizabeth, mis hijos Jess y Jorge, fueron asesinados... A m hijo lo desaparecieron en 1980, el da 30 de agosto, el propio da internacional de los detenidos-desaparecidos, ese mero da lo desaparecieron, lo capturaron y jams hemos sabido nada de l... Yo tengo hermanos y una sobrina desaparecida, por eso seguimos en pie de lucha... a mi sobrina la desaparecieron despus de haber salido de la universidad, un mes despus...

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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

Archivo MUPI.

Archivo CODEFAM.

Posiblemente una de las ms acertadas metforas para entender el estado humano al que la represin someti a miles de personas, y de manera particular a las y los familiares de las vctimas, es la expresada por una de las mujeres al armar: Nos dejaron cutas, empleando una expresin local que hace referencia a quitar una parte del cuerpo, a quedar mutiladas en la vida.

1.5. Los ejes estratgicos de accin durante la guerra


1.5.1. La liberacin de las presas y presos polticos En la memoria de las mujeres activistas de los derechos humanos, el trabajo realizado por la defensa y liberacin de las presas y presos polticos ocupa un lugar central. Junto al incremento de las desapariciones forzadas y los asesinatos, desde nales de los aos 70 las crceles de El Salvador comenzaron a llenarse de personas detenidas por razones polticas, quienes, en su mayora, haban pasado previamente por un periodo de desaparicin, incomunicacin y tortura en centros policiales o militares. La organizacin dentro de crceles para denunciar su situacin y demandar su libertad se dio prcticamente desde el inicio de los encarcela42

I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

mientos. El ejemplo ms destacado fue la creacin, en mayo de 1981, del Comit de Presos Polticos de El Salvador (COPPES) en el cual estuvieron integradas muchas mujeres. Para el ao 1985-1986 haba 521 presos y presas por razones polticas, los hombres en la prisin de Mariona y las mujeres en el Centro de Readaptacin para Mujeres de Ilopango. Como seal la Comisin Interamericana de Derechos Humanos, estas personas fueron vctimas de violaciones a su derecho a la libertad e integridad personal y a las garantas judiciales de debido proceso y de oportuna administracin de justicia (CIDH, 1986).

Archivo MUPI.

Las presas polticas organizadas en COPPES protagonizaron numerosas acciones de denuncia, como amotinamientos, mtines y huelgas de hambre. A modo de ejemplo, en agosto de 1981 iniciaron una huelga de hambre que tuvieron que abandonar despus de 15 das debido a que muchas de las mujeres enfermaron gravemente, sin que se hubiera obtenido ninguna respuesta a sus demandas. En marzo de 1982 iniciaron una segunda huelga de hambre para protestar por las condiciones dentro de la crcel y para denunciar el incremento del nmero de personas desaparecidas y presas, a lo que las autoridades carcelarias respondieron denegando las visitas y continuando los abusos contra ellas (Daisi, en Cartel et al., 1989: 54). El deterioro de la situacin dentro de la crcel de mujeres llev a nuevas acciones en los aos siguientes, algunas de las cuales fueron respondidas con la intervencin del ejrcito y las fuerzas de seguridad para reprimir a las
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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

prisioneras: [En febrero de 1985] ms de 100 soldados y policas entraron a la prisin disparando y lanzando gases lacrimgenos. Tres presas fueron gravemente heridas en el ataque (Carter et al., 1989: 55).39 Fuera de las crceles, COPPES tuvo en los Comits de madres y familiares y en otros organismos de derechos humanos su apoyo ms fundamental. Las actividades de los Comits para lograr la liberacin de las presas y presos polticos fueron innumerables e ininterrumpidas hasta el nal de la guerra: las visitas y el apoyo en la cobertura de necesidades bsicas (alimentacin, vestido, medicamentos, etc.), las manifestaciones, las huelgas de hambre, las protestas, el acompaamiento y soporte emocional, la incidencia poltica directa a travs de peticiones al gobierno, etc., son slo algunos ejemplos. Una actividad que yo siento que fue muy estratgica, fue cuando visitbamos a los presos polticos. Eso era duro porque cuando empezbamos las visitas a la crcel nos hacan registros indecorosos... Fue una lucha de las mujeres prcticamente, porque ah ramos ms mujeres que hombres, de cmo lograr pasarles la medicina, la comida...40 Su labor fue asimismo determinante en el propio fortalecimiento organizativo y en la visibilidad exterior del colectivo de presos y presas polticas, al convertirse en el enlace necesario entre ste y la sociedad organizada fuera de las crceles: Semanalmente se visit las crceles para llevar provisiones a las presas y presos polticos, acompaarlos como pueblo solidario a su causa y para ser medio de comunicacin con el resto de la sociedad y el mundo... Fuimos canal de comunicacin entre las crceles y la sociedad, presos y
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Entre las contribuciones escritas ms conocidas sobre la situacin en las crceles destacan dos publicaciones de carcter testimonial realizadas por mujeres que pertenecieron a la comandancia del FMLN y que tras de ser detenidas permanecieron durante meses encarceladas: Las crceles clandestinas (1992 [1978]), de Guadalupe Martnez y Nunca estuve sola (1995) de Nidia Daz. Precisamente, la referencia a otra huelga de hambre de las presas polticas la encontramos en el testimonio de Nidia Daz. El 18 de mayo de 1985, envo una carta a la jefatura de la Polica Nacional en la que sealaba: Consciente de la necesidad que tengo de recuperarme, lo ms pronto posible, y que no puedo dejar de comer, para solidarizarme con las compaeras presas polticas en la lucha por sus justas demandas (ya llevan 23 das de huelga de hambre) ante el Ministro de Justicia y la Asamblea Legislativa. Ambas instancias no las han querido escuchar (...) He resuelto: que a partir del 18 de mayo realizar ayuno parcial, no comer de 6 pm a 12 pm en solidaridad con las presas polticas, hasta que termine la huelga de hambre que ellas realizan (Daz, 1995: 106). Grupo focal 1, enero 2012.

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I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

presas y la sociedad. Los Comits burlamos todos los mecanismos de control de fuera y de dentro de los penales para compartir su pensamiento poltico [de COPPES], llevamos alimentos, ropa, anlisis e informacin poltica. Los y las presas pudieron denunciar y hacer planteamientos polticos a travs del trabajo de los Comits de Madres. 41 La idea de los Comits de madres y familiares como la voz del colectivo de presos y presas polticas cobra fuerza en la narracin de las mujeres integrantes de los mismos. En este sentido, se hace referencia a los numerosos campos publicitarios en los diarios nacionales para trasladar esa voz que fueron pagados por los Comits.42

Archivo CODEFAM.
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Entrevista a Mara Isabel Figueroa, cofundadora de COMAFAC, realizada por Juan Carlos Hernndez para esta publicacin, enero 2013. Grupo focal 1, enero 2012.

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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

La capacidad de movilizacin del movimiento de derechos humanos por el colectivo de presos y presas fue muy alta durante toda la dcada de 1980, y su actividad se intensic a principios de los 90 durante las negociaciones entre el gobierno y el FMLN, con el objetivo de que su liberacin fuera uno de los puntos de dilogo. Solamente en 1990, CODEFAM realiz 12 acciones entre agosto y octubre en el marco de una Campaa por la libertad de los presos, celebr reuniones cada 8 das para planicar actividades de denuncia y capacitacin jurdica, organiz una caravana al penal de Santa Ana en la que participaron 200 personas entre familiares de presos y presas y miembros de otros organismos y realiz decenas de peticiones tanto al gobierno como al FMLN para la liberacin de las y los presos polticos. (CODEFAM, 1990). Finalmente, en lo que se reere a este eje de accin, cabe destacar que, a pesar del peligro y las situaciones lmite a las que estuvieron sometidas las organizaciones de derechos humanos, las mujeres demostraron una enorme capacidad creativa en sus acciones. Una vez fuimos un domingo a visitar a los presos en diferentes crceles, porque haba 11 penales que haba que visitarlos. Y una vez cuando iba a ser el ao nuevo, nosotras sabamos que ah, presos, se sentan tristes a la hora de darse los abrazos porque no estaban con sus familias. Y entonces ellos nos dijeron: Vean cmo hacen y nos pasan para beber algo. Y yo le dije: Mire Doa Rosa, piense a ver cmo hacemos para llevarles algo. Y le dije: Ah, Doa Rosa ya pens! El da que bamos a visitar, que era el siguiente da, me fui y compr 50 naranjas y nos venimos, y trajimos la botella y con una jeringa cada uno nos pusimos ah a inyectar cada naranja y entonces hasta que se termin la botella de ron agarramos una bolsa cada una y nos fuimos pensando a ver cmo nos iba y mire, no tuvimos dicultades. Vino un seor y agarr las naranjas y se puso a verlas, pasen, y ya con ellos les dijimos: Aqu les trajimos lo que nos pidieron, son unas naranjas, pero vienen inyectadas, ellos se sintieron bien por el trabajo. Despus de eso ya no nos dejaron pasar naranjas, ni manzanas... 43

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Grupo focal 1, enero 2012.

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I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

1.5.2. La denuncia pblica de las violaciones a los derechos humanos Entre las estrategias de denuncia pblica de las violaciones a los derechos humanos, las integrantes de los Comits de madres y familiares recuerdan las huelgas de hambre como una de las que ms utilizaron, siendo sta una de las formas de protesta y resistencia no violenta ms extremas. Las huelgas de hambre se dieron continuamente hasta el nal de la guerra, para denunciar las detenciones y desapariciones, la situacin en las crceles, las masacres, los reclutamientos forzosos, etc.

Archivo CODEFAM.

Otra de las estrategias utilizadas por las activistas de los Comits de madres y familiares fue la toma de edicios, fundamentalmente sedes de organizaciones internacionales, embajadas e iglesias, en acciones realizadas coordinadamente con otros grupos y organizaciones del amplio movimiento social de la poca. Una de las primeras acciones en este sentido fue la participacin de COMADRES en la toma de la sede de la Cruz Roja y de la Organizacin de Estados Americanos (OEA): En 1978, durante la realizacin de las elecciones legislativas y municipales de marzo, el movimiento popular, sin dejarse desanimar por la Ley de la Garanta del Orden Pblico, le dio inicio a una serie de acciones a nivel nacional (incluyendo barricadas) para denunciar el proceso electoral fraudulento. El FAPU y el COMA47

Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

DRES tambin se tomaron los edicios de la Cruz Roja y de la OEA en San Salvador y en Santa Ana y varias iglesias, demandando al mismo tiempo la liberacin de los prisioneros polticos (Almeida, 2011: 288). Igualmente, COMADRES tambin fue parte de las organizaciones que tomaron la Embajada de Mxico, protagonizando una toma que dur 26 das. Nos tenan rodeadas en toda la manzana, y una alternativa fue el exilio a Mxico. Ah estuvimos 11 meses.44 Otra de las acciones ms recordadas y en la que participaron muchas mujeres fue la toma de la Embajada de Costa Rica el 11 de julio de 1980, porque desde ah queramos denunciar lo que estaba pasando, hecho del que se hicieron eco algunos medios internacionales (El Pas, 1980). La toma de iglesias fue otro de los recursos que ms utilizaron las activistas de derechos humanos a partir del momento en que, debido a la creciente represin, se hizo cada vez ms difcil protestar y manifestarse en las calles. En la calle nos masacraban, por eso bamos a las iglesias, le quitbamos las llaves al sacristn o al cura y nos encerrbamos. 45 Dos de los principales espacios religiosos utilizados por los Comits y otros colectivos para la denuncia y el impulso a medidas de presin y negociacin de diverso tipo fueron la Catedral de San Salvador y la Iglesia de El Rosario, ambas en el centro de San Salvador. La utilizacin de estos espacios generalmente enfrent a las mujeres activistas en los Comits no solo con las fuerzas armadas y los cuerpos policiales que amenazaban con el desalojo violento, sino tambin con los responsables eclesiales de las respectivas iglesias. Tomamos la Catedral y me toc a mi pedirle las llaves a Jess Delgado, el padre, y me dijo que era una mala, y yo dije cmo voy a ser mala si ve como la gente viene golpeada? Eso no es ser malo, usted prstenos las llaves. Y [l] venga a decir la misa y los rosarios que nosotras tambin necesitbamos. Me las dio, pero nos dijo que ramos malas. (...) Algunos curas hasta nos excomulgaban por tomarnos las iglesias... 46
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Patricia Garca, hija de Alicia Garca, presidenta de COMADRES, entrevista personal, abril 2012. Grupo focal 1, enero 2012. Ibid.

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I. Primera parte. Las luchas polticas, la represin y la defensa de los derechos humanos

An con las dicultades y riesgos que supona realizar las tomas de iglesias, en el imaginario popular poda llegar a concebirse este tipo de ocupacin desde el momento en que las iglesias son consideradas socialmente como un espacio pblico y hasta cierto punto simblicamente propio para la mayora de la poblacin salvadorea, un espacio al que muchas personas acuden con frecuencia. En este sentido, comparativamente las tomas de embajadas implicaron un mayor grado de riesgo como estrategia de lucha. Sin embargo, esto mismo confera a las acciones una mayor garanta de notoriedad pblica y, por lo tanto, se convertan en un mejor altavoz para la denuncia de la represin.

Archivo CODEFAM.

En cuanto a las manifestaciones y protestas realizadas por las mujeres desde el inicio de sus actividades y hasta la fecha, stas son incontables. Durante los aos 80 organizaron manifestaciones en San Salvador, as como protestas frente a instituciones diversas, civiles y militares: la Casa Presidencial, el Estado Mayor, la Asamblea Legislativa, cuarteles, la embajada de Estados Unidos, entre otras. 1.5.3. La investigacin y la documentacin de casos Por un lado, el primer dato en cuanto a la investigacin de las violaciones a los derechos humanos es que fue COMADRES quien estableci, en 1980, la primera comisin de investigacin sobre el paradero de las personas desaparecidas que ha existido en El Salvador: la Comisin Investigadora de Cementerios Clandestinos, de la que tambin formaron parte personal
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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

del Socorro Jurdico y de CDHES, as como varios representantes del sector campesino y sindical. Con esa comisin empez la bsqueda, sin ningn tipo de formacin especial, solo equipadas con guantes y cajas. La bsqueda dur dos meses, durante los cuales esta Comisin hall numerosos restos humanos en diversos cementerios clandestinos, en muchos casos con seales de tortura; esta labor permiti la identicacin de muchos familiares de las integrantes de COMADRES. Por otro lado, la labor de registro y la documentacin de hechos de violencia realizada por las organizaciones de derechos humanos desde el inicio de la escalada represiva es una de las ms estratgicas desde el punto de vista del derecho a la verdad y a la justicia en El Salvador. La propia Comisin de la Verdad se sirvi en buena parte de la informacin recopilada por el movimiento de humanos, logrando con ello tener documentados miles de casos.47 Las organizaciones fueron sistemticas y rigurosas en el registro de los hechos de violencia (fechas, vctimas, fuerzas de seguridad implicadas, tipo de torturas aplicadas, etc.). As, se convirtieron en testigos privilegiadas del estado de los derechos humanos durante la dcada de 1980 y de los patrones de violencia estatal, creando, acumulando y analizando informacin vital. El conjunto de esta informacin qued contenida en los valiosos archivos de los Comits de madres y familiares y otros organismos de derechos humanos como CDHES y Tutela Legal. Actualmente, las organizaciones siguen disponiendo de dichos archivos, excepto en los casos en los que las fuerzas armadas y de seguridad los destruyeron o robaron deliberadamente, como sucedi en el caso de COMADRES. Si bien queda fuera de la intencin y posibilidades de esta publicacin realizar una sistematizacin de la labor de registro y documentacin de casos realizada por las organizaciones de derechos humanos, nos parece importante mostrar, a partir de informacin contenida en archivos de CDHES, algunos ejemplos de la misma.

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Hasta la fecha el archivo de la Comisin de la Verdad contina en Nueva York. Su devolucin a El Salvador sigue formando parte de las demandas actuales del movimiento de derechos humanos.

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Extracto de informe sobre la responsabilidad de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad en detenciones ilegales

Fuente: CDHES (1986).

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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

Extracto de informe sobre el tipo y cantidad de torturas aplicadas a presas y presos polticos

Fuente: CDHES (1986).

Esta parte de la historia y del trabajo del movimiento de derechos humanos ocupa un importante espacio en la memoria de las activistas. En los aos de guerra hicimos el papel de psiclogos, de abogados, de maestros... Cuando llegaban a poner sus denuncias era bien duro escuchar los testimonios de todas aquellas personas, aquellas madres.48

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1.5.4. El trabajo articulado Existen anlisis crticos que han sealado que, en el contexto del conicto armado, la naturaleza de la relacin entre las organizaciones del movimiento social y popular de oposicin y las estructuras del FMLN se volvi jerrquica, y que, adems, el trabajo se vio atravesado por el sectarismo y la atomizacin (Sprenkels, 2005). Claramente, los Comits de madres y familiares y organismos como CDHES no han sido ajenos a esas dinmicas y han mantenido relaciones ms estrechas con unos u otros partidos del FMLN. As, por ejemplo, COMADRES tuvo mayor vinculacin con la Resistencia Nacional (RN), CODEFAM con las Fuerzas Populares de Liberacin (FPL) y COMAFAC con el Ejrcito Revolucionario del Pueblo (ERP). En diferentes momentos dicha vinculacin jug como uno de los factores determinantes de la orientacin estratgica de cada organizacin, as como de las diferencias entre ellas, aunque siempre partiendo del hecho de que todas las mujeres tenamos una visin poltica clara de que haba dos bandos en guerra y de que pertenecamos a uno.49 Sin embargo, en este caso queremos subrayar la capacidad que tuvieron las organizaciones del movimiento de derechos humanos para desarrollar acciones de manera articulada dentro y fuera del pas como estrategia para aumentar su incidencia poltica y, por supuesto, como ejercicio de solidaridad y ayuda mutua. En realidad, durante el conicto armado, la dureza del contexto hizo del trabajo conjunto una cuestin de supervivencia, adems de ayudar a fortalecer el movimiento de oposicin. Esta coordinacin se dio durante la guerra, particularmente aunque no solo con relacin a las acciones por la liberacin de las presas y presos polticos. Las madres no estaban en aquella poca diciendo esto es mo, del Comit de Madres. Los tres Comits y el COPPES jugaron un papel bien importante los cuatro a la vez. Y, alrededor de ellos, los organismos de derechos humanos. (...) Se sali adelante por la unidad. Slo ningn Comit hubiera hecho eso. 50 En 1987, los tres Comits de madres y familiares se unieron para conformar la Federacin de Comits de Madres y Familiares de Presos, Desaparecidos y Asesinados Polticos de El Salvador (FECMAFAM). Si bien su recorrido no fue ms all de 1988, constituy un nuevo esfuerzo de articulacin dirigido
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Mara Isabel Figueroa, cofundadora de COMAFAC, entrevista personal realizada por Juan Carlos Hernndez para esta publicacin, enero 2013. Grupo focal 1, enero 2012.

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a la solidaridad mutua y a la mayor incidencia pblica del movimiento de derechos humanos.

Archivo CODEFAM. Rueda de prensa de FECMAFAM.

Al mismo tiempo, la relacin con otros sectores del movimiento social vino marcada por la propia coyuntura poltica. Es decir, la existencia de un alto nmero de organizaciones sociales con similares objetivos y puntos programticos en sus agendas de trabajo, fue uno de los factores que favoreci u oblig a buscar puntos de encuentro para articular plataformas reivindicativas. As, agrupaciones sindicales, organizaciones de mujeres, asociaciones campesinas, organismos de derechos humanos, etc. sumaron fuerzas en multitud de ocasiones. En los registros de trabajo de CODEFAM encontramos constancia, por ejemplo, de su participacin en las asambleas generales de varias organizaciones, como la Unin Nacional de los Trabajadores Salvadoreos (UNTS) y la Asociacin Nacional de Trabajadores del Instituto Regulador de Abastecimientos (ASTIRA), en actividades de la Asociacin de Mujeres Salvadoreas (ADEMUSA), y en eventos relacionados con el Comit Cristiano Pro-Desplazados de El Salvador (CRIPDES) y la Confederacin de Asociaciones Cooperativas de El Salvador (COACES) (CODEFAM, 1990). Los intercambios y las acciones coordinadas fueron constantes. Las luchas [de los Comits] estaban acompaadas por movimientos de jvenes de la Universidad de El Salvador, haba campesinos, comunidades de base, sindicatos, de todo. Muchas acciones se hicieron
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de manera coordinada, pero los Comits de Madres entraban como punta de lanza. 51 La unidad y la solidaridad poltica se trabajaron asimismo para establecer alianzas con organizaciones fuera del pas. A nivel latinoamericano, fue muy destacado el esfuerzo que hicieron los Comits de familiares salvadoreos para coordinarse con organizaciones similares en la Federacin Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (FEDEFAM),52 lo cual ayud a que sumaran capacidad de movilizacin y visibilidad como actoras polticas.

Archivo COMADRES. Alicia Garca (segunda por la izquierda) en una reunin de FEDEFAM.

1.6. La represin estatal contra las activistas de derechos humanos


1.6.1. Detenciones, torturas, desapariciones y ejecuciones En El Salvador existe poca informacin sobre la violencia ejercida contra las mujeres durante la guerra. Segn el informe de la Comisin de la Verdad, el 75% de las vctimas civiles durante el conicto armado fueron hombres y el 25% mujeres. En el informe se incluyen tambin datos en cuanto a la profesin de las vctimas, si bien no se desagregan en funcin del sexo: se seala que el 40% eran campesinos, el 11% obreros, el 11% estudiantes y el 8% se dedicaban a ocios domsticos (de lo que se deduce que en este ltimo grupo quedaban incluidas solo mujeres). Por ltimo, el informe seala que la mayora de las vctimas tenan entre 16 y 25 aos, y que el 11,9% eran nios y nias (Naciones Unidas, 1993). En el caso de las mujeres del movimiento de derechos humanos, muchas sufrieron la represin directa como consecuencia de su militancia, en la medida en que sus organizaciones pasaron a ser parte del enemigo in51 52

Ibid. FEDEFAM se cre en 1981 en Costa Rica, y agrupa a asociaciones de familiares de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Mxico, Nicaragua, Paragua, Per y Uruguay.

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terno a eliminar. La detenciones ilegales, torturas, desapariciones y ejecuciones extrajudiciales contra las activistas de derechos humanos se dio ininterrumpidamente desde nales de los aos 70. En el cuadro siguiente presentamos los hechos denunciados por COMADRES ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos, sucedidos entre 1980 y 1989, a modo de sntesis que ilustra las distintas formas de represin ejercidas contras las mujeres militantes de los derechos humanos y sus organizaciones en ese periodo de la historia.
Hechos denunciados por COMADRES ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos, sucedidos entre 1980 y 1989
1. 1  980 agentes del Gobierno salvadoreo asesinaron a Ana Delmi Gonzlez, hija de Sofa Escamilla, miembro de COMADRES. El cuerpo con signos de tortura y violacin fue encontrado en un cementerio clandestino en Puerto del Diablo generalmente usado por las fuerzas de seguridad de El Salvador para abandonar cadveres. 2. E  n julio de 1980 una bomba da vidrios y puertas de la sede de la institucin. 3. E  l 12 de junio de 1985, fuerzas de seguridad del Estado entraron a la sede de COMADRES y sustrajeron selectivamente informacin sobre casos de violaciones a derechos humanos, incluyendo fotografas y nombres de personas relacionadas con dichos casos. 4. E  l 9 de julio de 1985, Mara Ester Grande fue capturada por miembros de la Polica Nacional vestidos de civil, en Colonia Morn - Santo Toms, que se movilizaban en un jeep Cherokee de placas 4031, y fue obligada a ver cmo su hijo, Hctor Javier Grande Arbel, soldado en el ejrcito salvadoreo (cuartel San Carlos), era pateado y maltratado. 5. En 1986 la Polica de Hacienda detuvo y tortur a Gloria Alicia Galn. 6. E  l 6 de mayo de 1986 policas vestidos de civil secuestraron a Mara Teresa Tula, con siete meses de embarazo, y la llevaron a un lugar desconocido donde durante tres das fue torturada, siendo cortada con un arma cortopunzante, golpeada y violada por tres hombres que la interrogaron sobre sus actividades en COMADRES. El 8 de mayo de ese ao fue liberada en el Parque Cuscatln.

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7. E  l 28 de mayo de 1986, Mara Teresa Tula fue detenida por la Polica de Hacienda al ser sealada por Luz Janet Alfaro como miembro del grupo guerrillero Resistencia Nacional. Durante su detencin, ella fue golpeada, privada de sueo y, a condicin de que cooperara, le fue ofrecido dinero y proteccin por la Polica de Hacienda, en cuyas instalaciones estuvo detenida durante 12 das antes de ser remitida a un centro carcelario. 8. E  l 28 de mayo de 1987 una bomba estall en el interior de la sede de COMADRES hiriendo a ngela Lpez, miembro de la institucin, y a su hija, Margarita Lpez, y daando seriamente el inmueble. 9. E  l 3 de septiembre de 1987, a la 1 p.m., Gloria Alicia Galn y Luca Vzquez, sta ltima tambin miembro de COMADRES, fueron secuestradas por hombres fuertemente armados vestidos de civil. Gloria Alicia permaneci cinco das detenida por la Polica de Hacienda, tiempo durante el cual fue torturada y sufri una fractura de crneo. Luca Vsquez fue torturada psicolgicamente, al ser amenazados de muerte sus hijos si ella no rmaba una confesin extrajudicial. 10. E  l 7 de diciembre de 1988 Marta Salmern, miembro de COMADRES, fue secuestrada por miembros de la Primera Brigada de Infantera. 11. A  las 7 a.m. del 19 de abril de 1989 Gloria Alicia Galn, miembro de COMADRES, fue secuestrada por hombres fuertemente armados vestidos de civil; a las 9:30 a.m. de ese da su hermana Martha Ofelia Galn, quien no es miembro de COMADRES, tambin fue detenida por la Guardia Nacional. 12. E  l 31 de octubre de 1989 gran parte de las ocinas de COMADRES fueron destruidas junto con los archivos de la institucin en otro atentado con explosivos, con un saldo de tres miembros de COMADRES heridas. El atentado fue atribuido a las fuerzas militares salvadoreas por Brenda Hubbard, ciudadana norteamericana herida en el suceso. 13. E  l da 15 de noviembre de 1989, fuerzas de seguridad salvadoreas allanaron las ocinas de COMADRES. Nueve miembros de COMADRES fueron detenidas y forzadas a posar para una fotografa con la bandera del grupo guerrillero FMLN. Cada mujer fue vendada y esposada para ser llevada a la sede de la Polica de Hacienda. Brenda Hubbard y Eugene Terrill, ciudadanas de los Estados Unidos de Amrica, junto con las otras mujeres salvadoreas detenidas, fueron golpeadas. Las ciudadanas norteamericanas fueron liberadas luego de 53 horas, mientras que las mujeres salvadoreas estuvieron cuatro meses detenidas ilegalmente.
Fuente: CIDH, 1996.

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Como vemos, las situaciones de persecucin y represin contra las activistas de derechos humanos son mltiples y muy dolorosas. Adems de los ataques fsicos con consecuencias irreparables desde el punto de vista humano, las ocinas de sus organizaciones fueron vigiladas, asediadas, registradas ilegalmente, saqueadas e incluso dinamitadas en distintos operativos militares. Los Comits de madres fueron vigilados, permanecieron en tensin constante en el quehacer diario, podamos ser y fuimos capturadas y desaparecidas. Tuvimos una ocina cerca de la embajada de los Estados Unidos en esta poca, siempre nos tomaron fotos y nos lanzaron intimidaciones. Salir a la calle nos expuso a ser sacadas de las casas. 53 Tantas veces nos siguieron las Cherokees de las embajadas (...) Una vez venamos de una actividad y entonces vena el carro detrs de esa embajada [de Estados Unidos] y como traamos los miguelitos [clavos] para que no se acercaran los bamos tirando as, para que se les pincharan las llantas. Son estrategias que se buscaban para la defensa. Era lo que uno inventaba, porque salir adelante no fue fcil.54 Las detenciones de las activistas de derechos humanos fueron individuales y tambin en grupo. A principios de junio de 1986 se produjeron detenciones de activistas de CDHES, CODEFAM y COMADRES, bajo la acusacin de estar inuenciados y manipulados por el Frente Democrtico Revolucionario (FDR), de lanzar desinformacin sobre cuestiones relativas a los derechos humanos y de proteger a miembros de la guerrilla (CIDH, 1986). Herbert Anaya Sanabria55, en la denuncia que realiz despus de ser detenido el 26 de mayo de 1986, relata que pudo ver a varias mujeres en su misma situacin: Me di cuenta de que haba bastante gente capturada: Daysi (), una seora llamada Fina del Comit de Madres (), la seora Tula (), Luca y Carolina del CRIPDES (CDHES, 1986).

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Mara Isabel Figueroa, cofundadora de COMAFAC, entrevista personal realizada por Juan Carlos Hernndez para esta publicacin, enero de 2013. Grupo focal 1, enero 2012. Herbert Anaya Sanabria fue coordinador general de CDHES y un reconocido defensor de los derechos humanos. Fue detenido por hombres vestidos de civil el 26 de mayo de 1986, trasladado a la Polica de Hacienda, torturado y puesto en libertad el 9 de junio. Un ao ms tarde, el 26 de octubre de 1987, fue asesinado, lo cual gener una importante reaccin social, con protestas en las calles durante das.

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Ese mismo ao, otra de las detenciones en grupo ms recordadas por las mujeres activistas se produjo como respuesta a una marcha organizada por los Comits contra el reclutamiento forzoso ante la Primera Brigada de Infantera, durante la cual el animal verde, en referencia a las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad, detuvo a muchas de las mujeres participantes. bamos todas en marcha cuando de repente vimos el animal verde. El primer grupo que asom fue cuando capturaron a las 31 [mujeres]. Nosotras nos fuimos a meter a una ferretera [Freund]. Entonces llegaron los soldados: Slganse de ah ya, si no salen les vamos a tirar esta granada! Y nosotras No salimos hasta que venga la Cruz Roja a sacarnos!. Los seores de la ferretera... lloraba una hija y a nosotras nos daba lstima pero ni modo... Ah el grupo amontonado en esa ferretera. Al nal salimos todas agarradas de las manos y dijimos: Vamos a subir a los buses, pero si no nos dejan subir a los buses...! A mi me agarraron del pelo, me dieron un culatazo en la espalda y me bajaron de regreso. Entonces nos agarramos todas y cruzamos la calle para meternos donde la UNTS, y de ah nos fuimos para otra organizacin de mujeres.56 Con relacin a la represin, otro hecho signicativo recordado por las activistas es la primera vez que, en una protesta frente al Ministerio de Justicia, el Estado emple a las fuerzas antimotines contra los Comits de madres y familiares, a lo que stas respondieron con su cuerpo como nica arma. Fue la primera vez que los antimotines experimentaron con nosotras. Fue la primera vez que salan y nos cercaron (...) Nos lanzaron gases lacrimgenos...57 Esa vez, se les quebraron 21 escudos a los antimotines, les dimos hasta con los tacones de los zapatos (...) No tuvieron vergenza de decir que les habamos quebrado 21 escudos los Comits...58 A nales de los aos 80 se seguan documentando casos que conrmaban la continuidad del patrn de detencin ilegal y aplicacin de torturas a activistas de derechos humanos. Incluso a las puertas de rmarse los Acuerdos

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Grupo focal 1, enero 2012. Ibid. Ibid.

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de Paz, la violencia contra las organizaciones de derechos humanos sigui siendo un lugar comn, en forma de amenazas de muerte, vigilancias y seguimientos por parte de individuos armados, registros sin mandamiento judicial, etc.

Archivo CODEFAM. Aquella vez nos mandaron los helicpteros.

Amnista Internacional, en un informe emitido el 20 de septiembre de 1991, denunci una continua oleada de amenazas de muerte y otras formas de hostigamiento contra trabajadores de derechos humanos y organizaciones de base llevados a cabo sin tapujos por las fuerzas de seguridad gubernamentales o por grupos clandestinos que actuaban con su consentimiento. El informe seala que en junio de 1991, el Frente Anticomunista de El Salvador (FAS) distribuy panetos en los que se amenazaba a miembros de grupos de la oposicin y varias organizaciones populares informaron de que su personal haba recibido amenazas de muerte por telfono (Amnista Internacional, 1991). La gravedad de este tipo de hechos resultaba evidente, ya que numerosos casos de personas que en el pasado haban recibido amenazas de esta clase a continuacin fueron arrestadas, torturadas y ejecutadas extrajudicialmente. 1.6.2. La violencia sexual Como acabamos de ver, durante el conicto muchas mujeres, al igual que hombres, fueron duramente represaliadas. A esto se aade que la violencia sexual contra ellas se convirti en otra de las prcticas contrainsurgentes habitualmente empleadas por las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad. Sin embargo, la incidencia e impacto de la violencia sexual contra las
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mujeres durante el conicto salvadoreo es un tema an poco estudiado, en comparacin con las cada vez ms numerosas investigaciones y anlisis que se han realizado en otros pases, como Colombia, Guatemala o Bosnia-Herzegovina. En la escasa documentacin existente, la expresin de violencia sexual contra las mujeres que ms aparece es la violacin. La investigadora Noemy Anaya Rubio (2007) seala que en el Informe de la Comisin de la Verdad las referencias a violaciones de mujeres tratan los hechos como colaterales a las denuncias, pero que dicho informe no aborda la violencia sexual de manera especca ni recoge tampoco denuncias por ese motivo. Esta omisin de la violencia especca de gnero durante la guerra es una conrmacin de que el abuso y la explotacin sufridos particularmente por las mujeres no reciben el mismo tratamiento que otras clases de violaciones de los derechos humanos (Escalante Herrera, 1994: 91). A la falta de informacin sobre esta violencia, cabe suponer que tambin contribuye el hecho de que muchas mujeres guardaron silencio sobre ello, debido sobre todo al estigma social asociado a la violencia sexual. Anaya Rubio describe el perl de mujeres vctimas de violencia sexual durante el conicto armado salvadoreo en funcin de quines fueron los responsables, miembros de la Fuerza Armada o miembros del FMLN. En el primer caso, el perl es el de una mujer de ideologa de izquierda: sospechosa de realizar actividades subversivas como colaboradora de las organizaciones poltico-militares de izquierda, reconocida militante de alguna de esas organizaciones, sospechosa de pertenecer a la guerrilla urbana o rural, o sospechosa de participar en labores de apoyo y cobertura al FMLN. A estos rasgos se aade que al inicio del conicto, en que la represin era selectiva, las edades de las vctimas oscilaban entre 18 y 25 aos, debido a que provenan de sectores estudiantiles y de organizaciones obreras y campesinas (Anaya Rubio, 2007: 67). El contexto en el que era ms frecuente la violencia sexual por parte del Ejrcito era el de detenciones, desapariciones y asesinatos de mujeres, as como el de masacres de poblacin civil en zonas rurales. Con respecto a la violencia sexual en situaciones de detencin y encarcelamiento, un documento de COPPES redactado en junio de 1982 por una mujer presa sin identicar que posteriormente fue desaparecida, recoga este testimonio (Dussel, 1963: 64): Somos vctimas de las torturas ms crueles, golpeados y maltratados de todas las formas imaginables: nos aplican choques elctricos en las partes ms sensibles de nuestros cuerpos. (...) Nos ahogan con la capucha. (...) Y nosotras las mujeres, adems de sufrir
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estas torturas, somos sexualmente humilladas de todas las formas posibles, teniendo que soportar las peores violaciones por nuestro captores que abusan de nuestros cuerpos indefensos como bestias posedas. Los archivos de CDHES contienen igualmente registros de denuncias de violaciones a los derechos humanos en los que aparecen hechos de violencia sexual contra mujeres y nias. Por ejemplo, esa organizacin registra un caso sucedido en un municipio del gran San Salvador: ...declara bajo juramento que el 12 de diciembre de 1987 soldados del Batalln Atlacalt se llevaron a su hijo..., y un soldado se llev a su hija detrs de la casa y la viol, el soldado le puso el fusil en la garganta y la oblig a tener relaciones sexuales, dicindole que si se resista la iba a matar, que si informaba algo de lo sucedido volvera nuevamente (CDHES, 1987). En otra de las declaraciones registradas, en la que se denuncian torturas y detenciones en cantones y caseros aledaos a La Laguna, en Chalatenango, se describe: Los mismos soldados del Batalln Belloso lo sacaron de su casa, en el cantn Los Prados y se lo llevaron a la orilla del ro Sumpul... despus regresaron por la compaera de vida..., de 30 aos de edad, a la cual sacaron de su casa y se la llevaron con rumbo a un potrero en donde fue violada por dichos soldados (Ibid.). En cuanto a la violencia sexual contra mujeres en contextos de masacres, pueden hallarse asimismo numerosos ejemplos a partir de las declaraciones de testigos que sobrevivieron a los hechos. Por ejemplo, en la Masacre de Copapayo y San Nicols, Departamento de Cuscatln, ocurrida el 3 de noviembre de 1983, una declaracin describe: (...) A eso de las 8:30 9:00 de la maana, los soldados, que se haban escondido en la Loma de Morales, vieron a la gente en la orilla del lago y gritaron Al n los encontramos! La hora lleg para ustedes. Hoy se van a morir! Cuando la gente vio a los soldados, algunos empezaron a tirarse al lago. Inmediatamente, los soldados empezaron a lanzar morteros y a ametrallar a la gente, mujeres, nios y ancianos. (...) Despus que los soldados haban juntado a aproximadamente unas 100 personas, sacaron a una mujer del grupo, la trajeron a un lugar a unos 20 metros de donde se haban escondido unos sobrevivientes. Este testigo vio que los soldados la violaron y que ella gritaba y peda ayuda a sus vecinos que la podan or. Esta mujer era la madre de 10 hijos. 59 Una situacin similar aparece en el caso de la Masacre La Quesera, Departamento de Usulutn, ocurrida entre el 21 y el 30 de octubre de 1981, y
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Documento de la Coordinadora de Vctimas para la Reparacin y la Memoria Histrica, 7 de noviembre de 2009, encontrado en los archivos de CODEFAM y consultado en abril de 2012.

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en la que fuerzas militares combinadas asesinaron a ms de 500 personas entre mujeres, personas ancianas y nios y nias: Rodearon los caseros que se encontraban aledaos al Puente de Oro, e implementando la tctica de tierra arrasada realizaron la masacre La Quesera. Las mujeres huan con hijos pequeos por los montes y ros, pasaron sin comer, sin dormir, durante muchos das, caminando bajo las grandes tormentas. Muchas de ellas fueron emboscadas y ametralladas, a otras las torturaron y violaron, y al nal de la gran invasin las asesinaron.60 Por otro lado, aunque en proporcin menor, tambin se dieron hechos de violencia sexual contra mujeres cometidos por combatientes del FMLN. En este caso, el perl de vctima que reere Anaya Rubio es el de una mujer de la poblacin civil, joven, campesina, y el contexto en el que se produjo la violencia fue en la mayora de casos durante la ocupacin de pueblos.61 Otras veces, la violencia se ejerci contra algunas mujeres combatientes del FMLN por parte de sus compaeros de las: Existen testimonios de ex guerrilleras que informaron, ya nalizado el conicto, de acoso sexual sufrido en los frentes de guerra y en las casas de seguridad clandestinas; comentan sobre medidas en las las combatientes de mujeres expulsadas por embarazos no deseados, as como del consumo masivo de anticonceptivos solo para mujeres (Anaya Rubio, 2007: 69).62 Las mujeres de los Comits de madres y familiares y de otros organismos de derechos humanos no estuvieron exentas de enfrentar violencia sexual por parte de agentes estatales. Las investigaciones realizadas por la Federacin Internacional de Derechos Humanos sobre la muerte de Marianela Garca Villas, fundadora de CDHES, concluyeron que sta haba sido torturada y violada por el Ejrcito antes de ser asesinada, como tambin lo fueron varias lderes de los Comits de madres y familiares. Entre las mujeres entrevistadas militantes de los Comits, la violencia sexual aparece reiteradamente, si bien solo a raz del testimonio de una de ellas que fue violada por varios elementos de la Guardia Nacional. Me capturaron... me reventaron los dedos, me golpearon bastante y no s cuantos hombres me violaron...

Ibid. Al respecto, el FMLN elabor un reglamento interno y hubo algunos fusilamientos como castigo a los culpables (Anaya Rubio, 2007: 68). 62 Para ampliar sobre casos y tipos de violencia contra las mujeres combatientes en la guerrilla, vase Vzquez et al (1996).
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Mi mam estuvo encarcelada en el cuartel de Artillera clandestinamente, tambin fue violada, y muchas mujeres ms... Maritza fue violada, Ana Celia, Alicia y su hija, Cecilia; todas estas compaeras fueron violadas. Como hemos visto en las denuncias realizadas por COMADRES ante la CIDH (1996), algunos casos de violencia sexual fueron denunciados pblicamente en el momento en que sucedieron los hechos, si bien tendieron a quedar subsumidos como un hecho ms dentro del contexto general de violaciones a los derechos humanos, de forma que nunca se trat la especicidad de este delito, actualmente reconocido en el sistema de justicia internacional como crimen de guerra y crimen de lesa humanidad. En realidad, la gran mayora de los casos de violencia sexual, fundamentalmente contra mujeres, pero en determinados casos tambin contra hombres jams se denunciaron. La extensin y fuerza de la ideologa patriarcal (que incluye la concepcin del poder masculino sobre la vida y cuerpo de las mujeres, la normalizacin y la permisividad social de la violencia contra ellas, el estigma que acompaa a la violencia sexual, etc.) y otros mecanismos del miedo propios del sistema poltico represivo de la poca contribuyeron a soterrar estos graves hechos y que hayan quedado en el olvido, as como en un segundo plano dentro de la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin de las organizaciones de derechos humanos.

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II. Segunda parte La agenda de la verdad, la justicia y la reparacin

II. Segunda parte. La agenda de la verdad, la justicia y la reparacin

Comenc a hacer las exhumaciones de mis hijos. Me pele mucho con los jueces porque no queran, me decan que para qu quera los huesos. Son los huesos de mis hijos, dije yo, no son de animal, son de persona humana. Si estuviera en las mismas condiciones cree que usted no iba a querer sacar los huesos de su hijo? Dijo si los sacas te vas a sentir mal; no, no me voy a sentir mal le dije, me voy a sentir mal si no los saco. Si lo hago voy a tener un lugar a dnde llevarlos para ir a ponerle una or, pero as como andan en la calle pues no.

2.1. El nuevo contexto tras los Acuerdos de Paz: el blindaje de la impunidad La rma de los Acuerdos de Paz y el nal de la guerra generaron muchas expectativas tanto entre las personas activistas en las distintas organizaciones sociales y polticas de izquierda como en la poblacin en general. Mayoritariamente el sentimiento fue de esperanza, ya que, la continuidad de la guerra no slo supona aumentar el desgaste de la poblacin y de los actores armados, sino que ms importante an supona alargar las condiciones en las que era posible para el Estado seguir justicando las medidas represivas que ya haban causado la desaparicin y asesinato de miles de personas. As, a pesar de que el miedo y la desconanza han perdurado durante aos tras la rma de los Acuerdos de Paz, la sociedad salvadorea celebr el cambio anunciado en la medianoche del 31 de diciembre de 1991 y concretado con la rma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992. La principal plaza de San Salvador, conocida como la Plaza Cvica, en el mero centro de la capital, se llen de abrazos y de sentimientos encontrados el 16 de enero de 1992. Sentimientos encontrados porque fue tambin momento de recordar a toda la gente asesinada durante el captulo que se estaba cerrando, y, sobre todo, porque la lista de personas desaparecidas segua ms viva que nunca. La popular letra de la cancin de Pablo Milans sobre Chile quiz es lo que mejor evoca lo que sentimos centenares de personas concentradas en esa plaza: Yo pisar las calles nuevamente de lo que fue Santiago ensangrentada,
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y en una hermosa plaza liberada, me detendr a llorar por los ausentes. (...) Retornaran los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas. Renacer mi pueblo de su ruina y pagarn su culpa los traidores.... Sin dejar de mirar al pasado, se abra una nueva etapa para el pas y por supuesto para las organizaciones de derechos humanos. 63 Del contenido de los Acuerdos de Paz nos parece importante destacar sintticamente varios aspectos. En primer lugar, con respecto a la Fuerza Armada, se acord que su misin deba circunscribirse exclusivamente a la defensa de la soberana del Estado y de la integridad del territorio frente a una amenaza militar externa, y que todo eventual papel en el mantenimiento de la paz interna y de la seguridad pblica deba ser del todo excepcional. Asimismo, se acord que de cara al objetivo de la reconciliacin nacional se creara una Comisin ad hoc que evaluara a todos los miembros de la Fuerza Armada para proceder a su depuracin, en funcin de los antecedentes de cada ocial en cuanto al respeto del orden jurdico y de los derechos humanos. Otro acuerdo fue la reduccin a la mitad de los efectivos militares, quedando nalmente en alrededor de 31.00064, as como la disolucin de los batallones de infantera de reaccin inmediata y los grupos paramilitares creados durante el conicto (Naciones Unidas, 1992: 48-61). Igualmente, los Acuerdos de Paz sentaron las bases de la nueva Polica Nacional Civil (PNC) como nico cuerpo policial armado con competencia nacional, en la que podran integrarse el mismo nmero de ex miembros del FMLN y de la Polica Nacional, pero especialmente personal de procedencia civil (Ibid.: 61-78). En segundo lugar, en el captulo judicial, destacaron los acuerdos sobre la conformacin del Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ) para garantizar su independencia de los rganos del Estado y de los partidos polticos, as como la creacin de la Procuradura para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH). Asimismo, los acuerdos recogieron que el sistema electoral deba ser sometido a un proyecto general de reformas (Ibid.: 78-80). Finalmente, la cuestin econmica y social fue objeto de una especial atencin, teniendo en cuenta que formaba parte de los principales factores

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Gloria Guzmn, Las Dignas, entrevista personal, abril 2009. Krmer (2009) pone en duda el impacto de esta reduccin de los efectivos a 31.000, sobre todo teniendo en cuenta que antes de la guerra el Ejrcito contaba con 17.000.

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generadores del conicto poltico-armado. Al respecto, los acuerdos incluyeron orientaciones bsicas sobre varios temas, como son: la reforma agraria y el crdito para el sector agro-pecuario65, las medidas para reducir el costo social de los programas de ajuste estructural del gobierno, las formas de cooperacin externa directa para proyectos de asistencia y desarrollo de las comunidades, la creacin de un Foro para la Concertacin Econmica y Social66 y, nalmente, el Plan de Reconstruccin Nacional67 (Ibid.: 80-89). Sin embargo, el contenido econmico y social de los Acuerdos de Paz fue uno de los que en mayor medida qued incumplido durante la posguerra. De forma signicativa, el Foro para la Concertacin Econmica y Social, a pesar de su relevancia, se reuni una sola vez, de forma que muy pronto el nico espacio surgido de los Acuerdos de Paz para el dilogo social y laboral qued en la prctica abandonado. Adems de los incumplimientos en materia econmica y social, otra de las reas en las que el gobierno no promovi avance alguno tiene que ver con la recuperacin social y el acceso a la justicia y la reparacin por parte de las vctimas de las violaciones a los derechos humanos durante el conicto. Como hemos visto, los Acuerdos de Paz posibilitaron la creacin de una Comisin de la Verdad independiente y designada por las Naciones Unidas para investigar los graves hechos de violencia ocurridos desde 1980 hasta 1992, cuya huella sobre la sociedad reclama con mayor urgencia el conocimiento pblico de la verdad (Naciones Unidas, 1992). El informe nal de la Comisin, titulado De la locura a la esperanza. La guerra de 12 aos en El Salvador, fue presentado el 15 de marzo de 1993 (Naciones Unidas, 1993).

En este punto, el acuerdo ms destacado fue la creacin del Programa de Transferencia de Tierras (PTT) para profundizar en la reforma agraria. El PTT se dirigi a excombatientes de ambas partes en conicto, Ejrcito y FMLN, a la poblacin civil de las zonas ex conictivas que era propietaria de tierras, y a algunos otros sectores de campesinado sin tierra. En total, la transferencia de propiedades una vez concluido el programa, en 1999, afect al 12% de las tierras agrcolas en El Salvador. 66 El Foro para la Concertacin Econmica y Social se deba crear con participacin igualitaria gubernamental, sindical y empresarial, como espacio de dilogo y negociacin sobre las medidas para el desarrollo econmico y social del pas, entre ellas la revisin del marco legal en materia laboral. 67 El Plan de Reconstruccin Nacional sera el presentado por el gobierno, si bien tomando en cuenta las recomendaciones y sugerencias del FMLN. Los objetivos del Plan fueron: el desarrollo integral de las zonas afectadas por el conicto, la atencin a las necesidades inmediatas de la poblacin ms afectada por el conicto y de los excombatientes de ambas partes, y la reconstruccin de la infraestructura daada. Este Plan deba facilitar la reincorporacin del FMLN a la vida civil, institucional y poltica mediante programas de becas, empleo y pensiones, vivienda y apoyo a la instalacin de empresas.
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De las ms de 23.000 denuncias de violaciones de derechos humanos registradas por la Comisin, el llamado Informe de la Verdad seleccion 34 casos como una muestra ilustrativa del conjunto (Naciones Unidas, 1993).68 Con relacin a los casos de desaparicin forzada, la Comisin logr documentar 5.500 casos, cifra que las organizaciones de derechos humanos elevan a 8.888 sobre la base de sus propios registros a lo largo del conicto (Impunity Watch, 2012: 37). Asimismo, entre las principales recomendaciones de la Comisin de la Verdad para superar la impunidad relacionada con la violencia durante la guerra, guran: 1. La separacin de la Fuerza Armada de todos los ociales nombrados en el informe. 2. La inhabilitacin pblica de todos los funcionarios del gobierno y jueces tambin nombrados en el informe. 3. La renovacin del sistema judicial. 4. El cumplimiento de los Acuerdos de Paz. 5. La sancin a los responsables de los crmenes. 6. La reparacin material a las vctimas y sus familiares mediante un fondo especial de indemnizacin. 7. La reparacin moral a las vctimas y sus familiares mediante: la construccin de un monumento en San Salvador con los nombres de las vctimas del conicto, el respeto a la memoria de las vctimas, y el establecimiento de un da festivo nacional en recuerdo de las vctimas y la reconciliacin nacional. 8. La creacin de un Foro de la Verdad y la Reconciliacin para dar a conocer el informe. 9. El seguimiento internacional del cumplimiento de sus recomendaciones. A pesar de su enorme trascendencia para el proceso de paz, apenas cinco das despus de que la Comisin de la Verdad publicara su informe, la Asamblea Legislativa decret el 20 de marzo de 1993 la Ley de Amnista General para la Consolidacin de la Paz, por la que conceda la gracia de
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Como dato a destacar, se trat del primer informe de una Comisin de la Verdad en el que se dieron a conocer pblicamente los nombres de los victimarios en los casos documentados.

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amnista amplia, absoluta e incondicional, a favor de todas las personas que en cualquier forma hayan participado en hechos delictivos ocurridos antes del 1 de enero de 1992.69 De acuerdo a Carlos Martn Beristain (2011), mdico especialista en el acompaamiento a vctimas de conictos polticos, la Ley de Amnista evapor las posibilidades de impulsar la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin en El Salvador, un mbito en el que el pas est especialmente rezagado en comparacin con otros pases de Amrica Latina. Siguiendo su anlisis, los momentos inmediatamente posteriores al trabajo de investigacin de las comisiones de la verdad son, en general, momentos histricos en los que se abordan cuestiones del pasado, o en los que se trata de generar nuevos consensos sociales: El intervalo entre el pasado y el futuro que suponen las comisiones de la verdad es un punto de fractura en el que las vctimas y una nueva versin de pas luchan por hacerse un lugar propio (Ibid.: 21). Segn este autor, en el caso de El Salvador la amnista jug un papel de bloqueo de la agenda transicional. Efectivamente, la Ley de Amnista ha impedido hasta la fecha juzgar y condenar a las personas responsables de las violaciones a los derechos humanos durante el conicto. Sumado a ello, las recomendaciones realizadas por la Comisin de la Verdad nunca fueron tenidas en cuenta, de forma que durante la posguerra no se ofreci ningn tipo de reparacin ocial ni material ni moral a las vctimas. La nica de las recomendaciones llevada a efecto, la construccin de un memorial en San Salvador en recuerdo de las vctimas civiles de la guerra, fue el resultado de aos de trabajo de varias organizaciones sociales vinculadas al movimiento de derechos humanos, un proceso en el que, como veremos ms adelante, la iniciativa y el liderazgo fue de las mujeres. En las elecciones generales celebradas tras los Acuerdos de Paz conocidas como las elecciones del siglo, en marzo de 1994, el FMLN pudo por primera vez presentarse a ellas como partido poltico. En total, este partido logr 21 escaos en la Asamblea Legislativa, mientras que el partido

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Un ao antes, el 23 de enero de 1992, la Asamblea Legislativa haba aprobado la Ley de Reconciliacin Nacional por la que se concedi amnista con restricciones a todas las personas responsables en cualquier forma, en la comisin de delitos polticos, comunes conexos con stos y en delitos comunes cometidos por un nmero de personas que no baje de veinte, antes del 1 de enero de 1992. As, la Ley de marzo de 1993 vena a eliminar toda restriccin a esa primera amnista y a convertir sta en general.

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gobernante en ese momento, la Alianza Republicana Nacional (ARENA), gan las elecciones con 40 escaos. ARENA se mantuvo en el poder hasta marzo de 2009, determinando la orientacin de las polticas de reconstruccin del pas. Los anlisis crticos sobre la forma en que se ha conducido el periodo de democratizacin han sealado que, en realidad, nunca hubo una fase de transicin que permitiera la reconciliacin social: La actitud de perdonar y olvidar impuesta por las negociaciones ha impedido llegar a la verdad del asunto y ofrecer una indemnizacin moral y material a las vctimas de la guerra. Esta actitud ha pospuesto el afrontamiento por parte de las vctimas del dao emocional y moral que repetidamente ha conformado el teln de la dolorosa historia reciente (Ibez, 2001: 118). El gobierno de ARENA dio ocialmente por concluido el cumplimiento de los Acuerdos de Paz a los diez aos de su rma, el 16 de enero de 2002, en un discurso pronunciado por el entonces presidente Francisco Flores (1999-2004) en Perqun, Morazn.70 En lo que calic como un acto de renovacin simblica de la vocacin pacista de los salvadoreos, Flores dio tambin por nalizado ocialmente el proceso de transicin de la guerra a la paz, y centr su mensaje en la importancia de la educacin de las nuevas generaciones del pas, a las cuales emplazaba a recordar que no deben cometerse los mismos errores del pasado ya que la guerra entre hermanos es y ser siempre una derrota (Francisco Flores, citado en Garca, 2002). El mensaje presidencial no hizo alusin, sin embargo, a las decenas de miles de personas asesinadas y desaparecidas y al ms de un milln que tuvo que buscar refugio fuera del pas, as como tampoco a ese otro milln de personas emigradas durante la posguerra debido a los altos niveles de exclusin social y econmica. Ante el incumplimiento de los Acuerdos de Paz en lo referente a las medidas pblicas de verdad, justicia y reparacin, as como a las medidas econmicas y sociales, el debate poltico sobre los contenidos de la paz se trat de sustituir por un discurso sobre las responsabilidades individuales en el logro de la paz, fuertemente asociada sta, adems, a la idea de orden

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A este acto no acudi el FMLN, partido que realiz su propia conmemoracin de los 10 aos de la rma de la paz en la ciudad de Chalatenango.

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social.71 Desde que fue aprobada la Ley de Amnista en 1993, el gobierno evit que la construccin de la paz y la reconciliacin fueran objeto de una discusin pblica profunda e incluyente, oponindose frontalmente a todo intento por dirimir las responsabilidades polticas y penales del Estado por los crmenes cometidos.72 Bajo el argumento de que la paz y la reconciliacin son obstaculizadas por aquellos sectores que reclaman la derogacin de la Ley de Amnista, sta ha sido defendida por el gobierno como el mecanismo que posibilita la reconciliacin, acotando su signicado a no abrir heridas y atribuyendo una responsabilidad equivalente en las violaciones de los derechos humanos durante el conicto a las dos partes enfrentadas, el Ejrcito y el FMLN. Con el mismo argumento se justic, asimismo, la negativa de El Salvador a rmar el Estatuto de Roma por el que se constituy la Corte Penal Internacional en 1998, uno de cuyos artculos establece que los crmenes de lesa humanidad son imprescriptibles. Aqu todava hay gente y organizaciones internacionales que estn queriendo que se derogue la Ley de Amnista. Eso vendra a polarizar el pas de tal manera que podra venir hasta un nuevo conicto. Nosotros hicimos aquel borrn y cuenta nueva, aquel pasar la pgina. Es cierto que al dar la Ley de Amnista quedaban impunes muchos actos que nosotros no hubiramos querido que se quedaran impunes, ni de un lado ni del otro, tanto unos como otros no queramos, pero si no la dbamos no podamos haber llegado a una reconciliacin en

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Para ello, los sucesivos gobiernos de ARENA han insistido en una nocin particular de la paz social, denida como una nueva actitud individual conciliadora, que debe permear nuestras relaciones interpersonales cotidianas, y como la convivencia en armona con las dems personas, con nuestra familia, con nuestros amigos y en cualquier lugar que nos encontremos. Se fundamenta en principios universales como: la responsabilidad individual, la tolerancia, la honestidad, la solidaridad, en tratar a los dems como queremos ser tratados y en respetar las leyes. Con reiterados llamamientos a esta paz social, los gobiernos de ARENA han tratado de reforzar la idea de que la responsabilidad de la paz recae exclusivamente sobre las actitudes y comportamientos individuales. De esta forma, el Estado se inhibe de su propia responsabilidad, ya que las referencias son a la esfera de la accin y la libertad individual y en ningn caso a la esfera de las estructuras estatales que sostienen la impunidad e impiden el cumplimiento de los Acuerdos de Paz en su totalidad. Sobre el posicionamiento del FMLN ante la amnista, vase el anlisis de Benjamn Cullar, director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA), en Cullar (2011). Seala que la Comisin Poltica del FMLN rechaz la aprobacin de la amnista, realizada de forma atropellada y sin consenso nacional. Sin embargo, tambin critica al FMLN por la dbil posicin mantenida ante los debates de la inconstitucionalidad de la Ley de Amnista y las demandas de su derogacin realizadas por las organizaciones de derechos humanos salvadoreas.

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el pas. Entonces, nosotros, yo, como ARENA, no permitira nunca que se quitara la Ley de Amnista, porque sera volver a abrir las heridas que ya ahora estn cicatrizando despus de 15 aos.73 Por el contrario, para los Comits de madres y familiares y los organismos de derechos humanos resulta evidente que la Ley de Amnista y el consecuente blindaje de la impunidad son los mayores obstculos para la paz y la reconciliacin, por lo que han demandado repetidamente su derogacin y que se haga justicia. Al respecto, Alejandro Bendaa, nicaragense especializado en temas de conictos y construccin de la paz, seala que cerrar el debate y dar por cumplidos unos Acuerdos de Paz que en la prctica han sido sustancialmente incumplidos es una muestra de cmo los acuerdos mismos de transicin se pueden convertir en obstculos para la consecucin de la verdad y la justicia, y, de cmo estos pueden convertirse en fuentes de privilegios y de proteccin de intereses de clase (Bendaa, 2004: 56). La Ley de Amnista y la impunidad que sostiene es uno de los factores fundamentales que explican la persistencia de una alta polarizacin sociopoltica en la sociedad salvadorea. Desde el nal de la guerra, sta se ha hecho especialmente evidente en los periodos electorales, durante los cuales tienden a reactivarse y a reproducirse los discursos ms propios de la etapa del conicto armado, sobre todo aquellos relacionados con la amenaza comunista (en referencia a la opcin electoral representada por el FMLN). As, las campaas electorales han sido violentas desde el punto de vista de la violencia tanto directa (asesinatos) como simblica, con la utilizacin de estrategias para generar miedo entre la poblacin y condicionar el voto.74 Del nuevo contexto, consideramos relevante destacar que, durante la dcada de 2000, se ha acentuado la tendencia hacia la remilitarizacin del Estado y de la sociedad salvadorea. Adems de los incrementos en el presupuesto del Ministerio de Defensa (de 95 millones de dlares en el ao 2001 a 111 millones de dlares en 2006), se ha producido durante esa dcada un proceso de reconguracin del modelo de relacin entre los sectores
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Milena Caldern Sol, diputada de la Asamblea Legislativa por ARENA, entrevista personal, abril 2006. Durante la posguerra, otro signo evidente de la polarizacin han sido los propios resultados electorales, en los que, cada vez ms, la contienda se ha producido bsicamente entre la derecha representada por ARENA y la izquierda representada por el FMLN. Cualquier otro tipo de expresin poltica, de uno u otro signo pero en posturas ms centristas, no ha tenido tanto espacio.

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civil y militar que es directamente contrario al contenido de los Acuerdos de Paz. La lgica que justica dicha reconguracin est relacionada con la progresiva expansin del objetivo de seguridad en su acepcin ms militarizada, que se traduce en la atribucin de nuevos espacios de accin para el Ejrcito, tales como: la seguridad pblica en operativos de tarea conjunta con fuerzas policiales, los nombramientos de militares en puestos relacionados con la proteccin civil, y la proteccin de trasnacionales con intereses en el pas (Pro-Bsqueda, 2007). Junto a la remilitarizacin, el gobierno de ARENA realiz en la dcada de 2000 varias reformas del cdigo penal que supusieron una nueva involucin democrtica con respecto a los avances iniciales en materia de derechos civiles y polticos que propiciaron los Acuerdos de Paz. En particular, la inclusin del tipo penal de terrorismo tuvo como consecuencia la limitacin de derechos bsicos como el de asociacin y el de manifestacin.75 Ante esta tendencia, las organizaciones sociales advirtieron de que la facultad de reforma legislativa estaba siendo utilizada por el gobierno de Arena para, con una importante ayuda meditica, legitimar y extender lecturas que asocian la movilizacin y la protesta social de oposicin con la criminalidad y el terrorismo, como ya sucedi durante el conicto armado. Esta denuncia de las organizaciones sociales coincide en buena parte con los estudios realizados en la regin centroamericana sobre la aplicacin de polticas militaristas que siguen considerando la existencia de enemigos internos (FESPAD, 2006; Aguilera, 2008; Samayoa, 2011). A lo anterior cabe aadir que, a partir de la segunda mitad de la dcada de 2000, se ha producido un repunte de la violencia de carcter poltico, en la que se identica un modus operandi similar al empleado durante la guerra por las fuerzas de seguridad del Estado y las estructuras paramilitares. Se trata de secuestros, asesinatos y ataques encubiertos que, si bien generalmente se responsabiliza de ellos a las maras y al crimen organizado, responderan en realidad a una reactivacin de los escuadrones de la muerte en el marco de lo que en la regin latinoamericana

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A raz de las reformas del cdigo penal, la tipicacin del delito de terrorismo se aplic crecientemente a conductas que, segn el derecho internacional, no pueden ser consideradas como tales. Un ejemplo de ello se produjo en julio de 2007, en Suchitoto, cuando una manifestacin en contra de la privatizacin del agua fue reprimida por las fuerzas de seguridad del Estado y condujo a la detencin de varias personas, a las cuales se aplic la nueva legislacin antiterrorista.

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se ha denominado como limpieza social.76 En este contexto, son las organizaciones vinculadas a los derechos humanos las que han seguido realizando anlisis sobre la persistencia de los escuadrones de la muerte y su patrones de violencia en la dcada de 1990 y 2000, demostrando con ello el incumplimiento de los acuerdos sobre el desmantelamiento de esas estructuras. 2.2. La reorientacin de objetivos y las nuevas organizaciones Con relacin a la evolucin del movimiento de derechos humanos tras los Acuerdos de Paz, varios anlisis han identicado un importante descenso en la actividad de los Comits de madres y familiares y de los organismos de derechos humanos que estuvieron ms activos durante la dcada de 1980. En este sentido, el reconocido abogado y defensor de derechos humanos salvadoreo David Morales, conrma que entre 1993 y aproximadamente 1998 se produjo una etapa de aplazamiento. 77 Las explicaciones ofrecidas sobre las razones de ese periodo de descenso de la actividad son variadas. Por ejemplo, en el ao 2000 un diagnstico sobre el estado de la investigacin para la paz en Centroamrica sealaba, al referirse a las organizaciones de derechos humanos salvadoreas, que varios Comits y ONG se desactivaron al cese del conicto. (...) Varias instituciones que jugaron un papel relevante en el seguimiento y la denuncia de violaciones a los derechos humanos durante el conicto militar, perdieron su razn de ser o no se adaptaron a la novedosa situacin de posguerra, citando entre ellos a CDHES, COMADRES, CODEFAM y CRIPDES (Ribera, 2000: 15). Si bien, efectivamente, al terminar la guerra es posible identicar una disminucin de la actividad de las organizaciones de derechos humanos histricas, ms difcilmente puede armarse que se debiera a una prdida de su razn de ser o a una incapacidad de adaptacin a la nueva situacin de posguerra. Por un lado, el sentido de su existencia tras los Acuerdos de Paz vena dado por la propia situacin de negacin de justiA partir de la implementacin de las denominadas polticas de mano dura en Centroamrica, el uso del trmino limpieza social se ha extendido cada vez ms. La Procuradura de Derechos Humanos en Guatemala lo deni como un mecanismo de represin selectiva que se produce de forma sistemtica por actores vinculados al Estado o por particulares que actan con la aquiescencia, tolerancia (deliberada o involuntaria), complicidad o apoyo de ste y que actan en contra del derecho humano a la vida (Procuradura de Derechos Humanos de Guatemala, citado en Samayoa, 2011). 77 David Morales, entrevista personal, abril 2006.
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cia a las vctimas. Es decir, su trabajo segua teniendo pleno sentido desde el momento en que la Ley de Amnista haba bloqueado toda posibilidad de ejercer el derecho a la verdad, la justicia y la reparacin. Que CODEFAM cierra despus de los Acuerdos de Paz porque ya no hay presos polticos? Vimos que no podamos desaparecer, primero porque la violacin a los derechos humanos continuaba an cuando tenamos un proceso de paz; segundo, por nuestros desaparecidos, aqu no ha aparecido ni siquiera una sola persona; y luego la reparacin de los familiares es an una tarea... Hay que seguir, la lucha no ha terminado, estamos a medias todava. 78 Por otro lado, ciertamente el nuevo perodo exigi a las organizaciones ajustar en algn nivel sus objetivos y estrategias de lucha. Por ejemplo, si bien la demanda de libertad para las presas y presos polticos ya no requera su movilizacin, s lo requeran los objetivos relacionados con el conocimiento de la verdad, la exigencia de justicia y la obtencin de reparacin. En el contexto de redenicin y readecuacin de la actividad poltica tras los Acuerdos de Paz, muchas mujeres promovieron o se sumaron a los esfuerzos de nuevas organizaciones de derechos humanos que han ayudado de forma determinante a congurar la nueva agenda del movimiento de derechos humanos en la posguerra. As, en abril de 1992 naci el Comit Madeleine Lagadec79, que en 1993 pas a denominarse Centro para la Promocin de Derechos Humanos Madeleine Lagadec (CPDH). Entre sus fundadoras estn: Sofa Hernndez, Luca Iriarte y Ldice Navas. Una de sus primeras integrantes, Carolina Constanza, sita el surgimiento del CPDH como parte de las iniciativas del momento para documentar las masacres que seran presentadas a la Comisin de la Verdad.80 En ese primer momento lograron documentar y presentar 200 masacres y alrededor de otros 200 casos individuales de asesinatos, desapariciones y torturas, entre ellos el de Madeleine Lagadec. Las investigaciones del CPDH se han llevado a cabo sin apenas recursos y en zonas rurales del pas especialmente golpeadas por la guerra, habitualmente en lugares en los que ha prevalecido la incertidumbre y la inseguridad. El CPDH es una de las organizaciones que ms ha trabajado
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Grupo focal 2, enero 2012. En recuerdo de Madeleine Lagadec, enfermera francesa asesinada por las Fuerzas Armadas salvadoreas en 1989 cuando asista en tareas sanitarias en un hospital mvil del FMLN. Carolina Constanza, CPDH, entrevista personal, abril 2012.

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en la documentacin de masacres y en la realizacin de exhumaciones de personas asesinadas durante el conicto. Otra organizacin de derechos humanos que surgi tras los Acuerdos de Paz, el 20 de agosto de 1994, fue Pro-Bsqueda de Nias y Nios Desaparecidos (Pro-Bsqueda). Esta organizacin ha sido pionera en colocar en la agenda pblica el derecho a la verdad, la justicia y la reparacin en el caso de las nias y nios desaparecidos durante el conicto. La desaparicin forzada de menores fue otra de las estrategias contrainsurgentes aplicadas en Amrica Latina, con una incidencia especialmente alta en El Salvador: Una terrible peculiaridad salvadorea fue el secuestro y la desaparicin de nios y nias. Unos 2.500 menores fueron robados por los militares como botn de guerra durante los ataques a las aldeas, o secuestrados despus de asesinar a sus padres, y entregados a una red que se lucr con la adopcin en el extranjero (Estados Unidos y pases europeos) despus de pasar por orfanatos. En esta operacin participaron militares, empresarios y abogados prominentes. Llegaron a crearse las llamadas casas de engorde donde los bebs de las familias muy humildes cogan peso para que la adopcin fuese econmicamente ms rentable. El nmero de casos de nios desaparecidos quintuplica al que se produjo en Argentina (Snchez, 2011: 92). Aunque el surgimiento y recorrido histrico de Pro-Bsqueda est estrechamente ligado al valioso acompaamiento de Jon Cortina81, los esfuerzos para la bsqueda las nias y nios desaparecidos se iniciaron durante la guerra por parte de un grupo de familiares en Chalatenango: La bsqueda la empezaron cuatros mujeres y un hombre que tenan hijas e hijos desaparecidos.82 Dos de las principales impulsoras de este grupo motor de Pro-Bsqueda fueron Francisca Romero y Magdalena Ramos, las cuales desde el inicio se enfrentaron a distintas estructuras del Estado an sin tener claros los conceptos de exigibilidad poltica de verdad y justicia.83 Pro-Bsqueda es una de las organizaciones de derechos humanos que ha tenido un mayor nivel de desarrollo e impacto poltico tras los Acuerdos de Paz, adems de obtener resultados muy importantes en la localizacin de nios y nias desaparecidas durante el conicto y la facilitacin de los reencuentros con sus familias biolgicas.

Jon Cortina, sacerdote jesuita vasco, apoy la creacin y acompa el trabajo de Pro-Bsqueda hasta el da de su fallecimiento el 12 de diciembre de 2005. 82 Ester Alvarenga, coordinadora general de Pro-Bsqueda, entrevista personal, abril 2012. 83 Para un anlisis detallado del surgimiento y recorrido de Pro-Bsqueda, vase Sprenkels (2001). Ralph Sprenkels form parte de la Asociacin Pro-Bsqueda y trabaj en equipo con Jon Cortina.
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Cartel de Asociacin Pro-Bsqueda.

En las dcadas de 1990 y 2000, otra organizacin que ha jugado un papel fundamental en la promocin de los derechos humanos y en el seguimiento del cumplimiento de los Acuerdos de Paz, con particular atencin al impulso de la reforma del sistema judicial, es la Fundacin de Estudios para la Aplicacin del Derecho (FESPAD), dirigida por Mara Silvia Guilln. En el mbito de la investigacin para la paz y la memoria histrica, durante varios aos tras los Acuerdos de Paz funcion la Asociacin Centro de Paz (CEPAZ), que estuvo coordinada por Claudia Snchez. Desde una perspectiva crtica con los dcits del proceso de democratizacin de El Salvador, CEPAZ se orient a la formacin, la investigacin y la publicacin de materiales sobre la guerra y el proceso de paz para promover el rescate de la memoria histrica y la educacin para la paz. Por ltimo, como ya sucedi durante la guerra, despus de los Acuerdos de Paz se han creado varios espacios de concertacin entre las organizaciones histricas del movimiento de los derechos humanos y organismos del
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mismo sector surgidos tras los Acuerdos de Paz. En particular, destacamos dos plataformas de trabajo conjunto que emergieron en 1997: el Comit Pro-Monumento a las Vctimas Civiles de Violaciones a los Derechos Humanos, conocido como Comit Pro-Monumento, y la Comisin de Trabajo en Derechos Humanos Pro-Memoria Histrica de El Salvador, conocida como Comisin Pro-Memoria.84 2.3. Los ejes estratgicos de accin en la posguerra 2.3.1. Las exhumaciones En El Salvador, las exhumaciones de los restos de personas asesinadas durante el conicto armado, sobre todo en masacres, han sido impulsadas por las mujeres activistas de derechos humanos, con un protagonismo especial de las pertenecientes al Comit para la Promocin de los Derechos Humanos Madeleine Lagadec (CPDH), y de la directora de Tutela Legal Mara Julia Hernndez, muy particularmente en el caso de la masacre de El Mozote (Morazn). En un primer momento, el trabajo se inici para responder a la demanda de ayuda de las familias para encontrar los restos de sus familiares, enterrarlos dignamente y lograr el asentamiento de partidas de defuncin. De la investigacin y documentacin de casos de masacres que posteriormente fueron presentados a la Comisin de la Verdad se desprenda que las personas en las comunidades conocan dnde estaban los cuerpos de sus familiares, pero, dadas las circunstancias de su asesinato, jams haban podido enterrarlos ni velarlos. Junto con el hallazgo de los restos, las organizaciones encontraron cierta apertura en determinados tribunales para que se dictaminara la causa de la muerte y se facilitara el asentamiento de las partidas de defuncin en algunas alcaldas. Con el tiempo, el trabajo de las exhumaciones fue progresivamente amplindose y extendindose geogrcamente, en la medida en que creca la demanda en las comunidades. Las peticiones de ayuda para las exhumaciones han llegado fundamentalmente de familiares de vctimas civiles, aunque en algunos casos la demanda tambin ha provenido de familiares

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Las organizaciones del Comit Pro-Monumento fueron: Las Dignas, Tutela Legal, MUPI, Pro-Bsqueda, CEPAZ, CPDH, CDHES, CODEFAM, COMADRES, COMAFAC, ARPAS, Asociacin Yek Ineme y la UCA. La comisin Pro-Memoria la integran: Tutela Legal, Pro-Bsqueda, CPDH, CODEFAM, CDHES, COMAFAC, COMADRES, FESPAD y COREMHIPAZ.

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de militares, sobre todo soldados que fueron reclutados forzosamente por el Ejrcito en las comunidades.85 Las familias han demandado el levantamiento de esos restos para tener la oportunidad de velarlos, llevar a cabo el necesario proceso espiritual de duelo y lograr un espacio digno donde quede constancia de que all estn esas personas. En 2007, el CPDH haba contribuido a realizar 600 exhumaciones en distintos departamentos del pas y, slo varios aos ms tarde, en 2012, esta cifra se elevaba a 720.86 2.3.2. Los espacios conmemorativos a) El Monumento a la Memoria y la Verdad de San Salvador Como hemos visto, la Comisin de la Verdad recomend en su informe nal medidas de distinto tipo, entre ellas algunas de carcter simblico, como la construccin de un monumento nacional en San Salvador en memoria de las vctimas (Naciones Unidas, 1993). Frente a la negativa del gobierno a dar respuesta a esta recomendacin, fueron varias activistas de derechos humanos las que la hicieron realidad. Esta idea haba sido recurrente entre familiares de vctimas ya desde la rma de los Acuerdos de Paz, pero no fue hasta las elecciones legislativas de 1994 y, sobre todo, las municipales de 1997, cuando vi la oportunidad poltica para demandar y obtener un terreno pblico en el que construir un memorial. En ese momento comenzaron los pasos en rme de un pequeo grupo de mujeres para levantar el Monumento a la Memoria y la Verdad. El camino se inici sin recursos y sin tener an jados el marco y criterios de la iniciativa, pero s con la conviccin de que un proyecto de este calado era fundamental para el presente y futuro del pas. En 1997, una de las primeras tareas fue informar e intentar vincular a personas con un liderazgo pblico reconocido y comprometidas con este tipo de reivindicaciones. La primera persona fue Mara Julia Hernndez, directora de Tutela Legal, seguida de Mara Victoria de Avils, procuradora de Derechos Humanos y Jos Mara Tojeira, rector de la UCA, personas de quienes se obtuvo una respuesta muy positiva.

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Por ejemplo, en 1993 y en 1994 se exhumaron los restos de dos militares. Carolina Constanza, CPDH, entrevista personal, 2007 y 2012.

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Recuerdo que cuando Luca y yo visitamos a Mara Julia para hablarle del memorial ella dijo: No, yo quiero meterlos a todos [los militares] en la crcel! Me encant la radicalidad de Mara Julia, el aqu no ms impunidad. Pero luego se meti de lleno en este esfuerzo por la verdad. 87 Inmediatamente despus se hizo una convocatoria amplia a organizaciones de derechos humanos para constituir lo que se denomin como Comit Pro-Monumento a las Vctimas Civiles de Violaciones a los Derechos Humanos (Comit Pro-Monumento). De esta forma, a partir de 1997 se conform el grupo de trabajo para la construccin del Monumento con la particularidad de casi todas las personas involucradas en el proyecto fueron mujeres. Fue una iniciativa promovida y protagonizada en su mayora por mujeres, y eso no es casual. Mujeres de muy diversas edades, procedencias y experiencias logramos construir una estructura de trabajo convencidas de que lo que hacamos era necesario no slo por el pasado, sino para el presente y futuro de las personas que formamos esta sociedad. 88 Uno de los primeros debates conceptuales a los que se tuvo que enfrentar el Comit Pro-Monumento fue responder a preguntas como las siguientes: quines deben estar en el monumento? Adems de las personas civiles asesinadas y desaparecidas, deben aparecer tambin las personas que murieron combatiendo, sean del bando que sean? El debate de claricacin y acuerdo sobre este criterio fue muy complicado, teniendo en cuenta que la mayora de las personas integrantes del Comit tenan familiares cercanos al FMLN, e incluso muchas fueron parte del mismo. En cambio, una de las cuestiones ms claras y unnimemente compartidas era que, atendiendo al objetivo de la reconstruccin social, era imposible trabajar en un proyecto que no discriminara vctimas y victimarios. Es decir, resultaba inconcebible que en el memorial quedara grabado, por ejemplo, el nombre del coronel Domingo Monterrosa junto a los nombres de cientos de personas asesinadas bajo sus rdenes en la masacre de El Mozote. Abrir de esa manera el listado hara perder toda perspectiva de reparacin que pase por la verdad, el reconocimiento y la justicia.
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Gloria Guzmn, Las Dignas, entrevista personal, abril 2009. Ibid. Para ampliar sobre esta iniciativa y su signicado para las y los familiares de las vctimas del conicto, vase Mendia (2009).

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II. Segunda parte. La agenda de la verdad, la justicia y la reparacin

Tras varios debates, el Comit deni que los nombres que se registraran en el memorial seran de todas aquellas personas asesinadas o desaparecidas durante el conicto poltico-armado en su condicin de civiles. Esto supuso que en el listado, adems de las miles de personas vctimas de la poblacin civil, tambin quedaran incluidas personas de ambos grupos armados que hubieran muerto como civiles y no combatiendo. En el acuerdo tambin se decidi incluir slo los casos de asesinatos y desapariciones, dejando fuera otros hechos de violencia como detenciones arbitrarias, encarcelamientos, torturas y otros hechos similares que no hubieran desembocado en muerte o desaparicin. En cuanto al listado de nombres, si bien exista la base de datos de vctimas que haba sido realizada y difundida por la Comisin de la Verdad en 1993, el Comit Pro-Monumento era consciente de que esa lista estaba incompleta. A pesar del esfuerzo de la Comisin para recoger los hechos de violencia, en esa poca muchas personas no acudieron a denunciar los casos de violaciones a los derechos humanos por varias razones: desconanza poltica de lo que pudiera ocurrir con sus datos y testimonios; dicultades para desplazarse a los lugares establecidos por la Comisin para recoger las declaraciones; resignacin y percepcin de que ya nada poda reparar el dao sufrido; o, simplemente, porque nunca les lleg la informacin sobre la posibilidad de denunciar lo que les haba pasado. Para el Comit represent un gran desafo recoger ms informacin de la que hasta ese momento exista. En primer lugar, se decidi trabajar con tres fuentes de informacin correspondientes a tres instituciones ables: los mencionados listados de la Comisin de la Verdad, los de Tutela Legal y los del IDHUCA. Con los tres listados, se construy una sola base de datos que se dio a conocer pblicamente a travs del diario Co Latino, con el n de actualizarla. En segundo lugar, para reforzar este trabajo de identicacin se llev a cabo una campaa de recogida de nuevos nombres para ir completando el listado y lograr en lo posible acercarse a los datos reales, siendo conscientes de que muchos casos seguan quedando en el anonimato. Para las integrantes del Comit Pro-Monumento, otro criterio importante fue recoger los nombres de vctimas civiles al menos desde la dcada de 1970, y no slo durante los 12 aos del perodo ocial del conicto armado. Por ese motivo, el Comit inici una serie de reuniones con sindicatos y asociaciones diversas para recoger casos ocurridos en esos aos 70.
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Suplemento Diario Co Latino, 2001.

Paralelamente, despus de muchas gestiones el Comit logr por acuerdo municipal que le fuera otorgado un lugar en el Parque Cuscatln, donde se empez a construir el memorial. Junto a ello, se lanz una de las campaas ms fuertes en el proceso denominada Nombres para no olvidar, la cual pretenda involucrar a la ciudadana para que, adems de informarse, colaborara econmicamente en el proyecto. El Monumento, un muro de granito de casi 90 metros lineales con 25.626 nombres de vctimas civiles del conicto grabados en l, fue nalmente inaugurado el 6 de diciembre de 2003. Despus de la inauguracin, muchas personas solicitaron que fueran incluidos nuevos nombres, por lo que el Comit inici una segunda etapa de recoleccin de informacin. Como resultado, el 15 de marzo de 2008 se inauguraron nuevas placas de granito en las que se haban grabado otros 3.169 nombres. En esta segunda etapa, tambin se incluyeron las referencias de 194 masacres ocurridas desde la dcada de 1970 hasta 1992.
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II. Segunda parte. La agenda de la verdad, la justicia y la reparacin

Estbamos haciendo uno de los actos simblicos ms importantes en el posconicto, un acto de resistencia y rebelda frente a la impunidad, dejando constancia fsica de que detrs de cada nombre grabado en las placas hay una historia de violacin de derechos a la que no se ha hecho justicia. 89 Desde que se inaugur el memorial, ste se ha convertido en un lugar que contribuye a elaborar duelos que no pudieron hacerse en el momento de la prdida. Otra de las funciones que cumple este espacio es ofrecer un lugar de memoria para aquellas personas que nunca pudieron encontrar los cuerpos de sus familiares: Cuando mataron a mi pap lo enterramos [registramos] con otro nombre. Despus, cuando empezamos a trabajar en exhumaciones, hicimos su exhumacin para legalizar su condicin de fallecido, pero no encontramos absolutamente nada de l. Entonces lo nico que tenemos ahora es el monumento. 90 Hoy s, mi hija tendr ores en su cumpleaos, el da de su desaparicin y el da de los muertos. 91 En el marco de la inauguracin del memorial, el Comit Pro-Monumento realiz una recopilacin sistemtica de noticias aparecidas en los medios de comunicacin, contabilizando un total de 32 referencias entre noticias, reportajes, artculos de opinin y pronunciamientos en prensa escrita y electrnica, nacionales e internacionales, en los que se reconoca el valor del Monumento.
Amnista Internacional quiere expresar su ms sincero apoyo y admiracin a las organizaciones de la sociedad civil salvadorea y, en especial, a los familiares de las vctimas, ya que gracias a su incansable esfuerzo y perseverancia han conseguido que el Monumento a la Memoria y la Verdad se convierta nalmente en una realidad (Amnista Internacional, 12 de diciembre de 2003).

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Gloria Guzmn, entrevista personal, abril 2009. Grupo focal 2, enero 2012. Testimonio citado en Dalton (2003).

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Este monumento es el fruto ante todo del trabajo y dedicacin de las personas que integraron el Comit que supieron, adems, unir a otras personas en pequeos esfuerzos a lo largo de seis aos hasta edicar algo que el Estado debi hacer por cuanto estaba comprometido a aplicar las recomendaciones de la Comisin de la Verdad. (...) Sin embargo, ha sido la sociedad civil, personas de enorme vocacin y compromiso con la justicia quienes han asumido la obligacin estatal incumplida. Frente a la indiferencia de los gobiernos en tiempo de post guerra, muchos avances se explican por la maduracin de entidades no gubernamentales con autonoma que se plantean contribuir a la generacin de valores, de fuerza organizada, de incidencia, y el Comit Pro-Monumento nos ha dado una contundente demostracin de madurez, de alto compromiso educativo, al ser un actor destacado en la promocin de la identidad histrica de la verdad, promotor efectivo de una cultura de dilogo (Norma Guevara, diputada de la Asamblea Legislativa por el FMLN, Co Latino, 8 diciembre de 2003). Este es un monumento muy importante, es parte de la obligacin que tiene El Salvador, sobre todo es parte de la reparacin moral de la que habl la Comisin de la Verdad. Es parte de las cosas por las Herbert luch, para que hubiera espacios como stos. l no se imagin que sera uno de los homenajeados... pero todo ese sacricio vali la pena si de verdad va a ver un cambio en el pas (Mirna Perla, magistrada de la Corte Suprema de Justicia, esposa del activista Herbert Anaya Sanabria asesinado en 1987, El Faro.net, diciembre de 2003).

El Comit Pro-Monumento es probablemente el grupo ms diverso que de manera permanente (por ms de una dcada) ha trabajado en una de las principales reivindicaciones en el mbito de la verdad y la reparacin. A su vez, destaca el hecho de que el proceso fue reparador tambin para las propias organizadoras.

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Archivo personal. Inauguracin del Monumento a la Memoria y la Verdad.

No fue fcil... Cuando empec a trabajar en este proceso cre que lo conseguiramos en menos tiempo, calculaba un par de aos. Hemos trabajado con pocos recursos pero con una inmensa voluntad durante siete aos intensos. Adems de haber trabajado con lo mejor del movimiento de derechos humanos, y habernos juntado mujeres de distintas generaciones, feministas y no feministas, logramos vincular a otros sectores, como por ejemplo la UCA, que nos asesor en las obras de ingeniera para la construccin; al sistema de radios comunitarias en todo el pas; a reconocidos artistas de izquierda, y a compaeras y compaeros de la solidaridad internacional que vivan en el pas y que entendieron el sentido poltico de esta apuesta. Nos lanzamos a investigar los casos de violaciones de la dcada del 70, que no estaban en el informe de la Comisin de la Verdad, y ms casos de personas desaparecidas... Nos hemos disputado la memoria desde el trabajo de un amplio movimiento social, frente a la amnesia poltica que nos ha querido inyectar por vena y decreto la derecha de este pas. Como dijo un periodista: los muros taladrados con la verdad, pues eso fue, y ha valido la pena, por toda la sociedad y por nuestras familias. 92

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Gloria Guzmn, Las Dignas, entrevista personal, 2009.

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Archivo personal. Inauguracin del Monumento a la Memoria y la Verdad.

Este monumento se ha convertido en una pieza clave de la memoria colectiva de las vctimas del conicto y en el espacio por excelencia desde el que reivindicar dicha memoria. Su signicado sobrepasa lo simblico, en el sentido de que, adems de ayudar a la dignicacin y la reparacin de las vctimas, constituye en s mismo una herramienta de denuncia permanente. b) Experiencias locales Adems del Monumento a la Memoria y la Verdad de San Salvador, en los ltimos aos se han dado varias experiencias en la construccin de monumentos conmemorativos de carcter ms local en todo el pas. Estos tienen un signicado especial para las familias de las vctimas debido a su mayor cercana fsica y a que, en muchos casos, han sido levantados en los propios lugares donde las personas fueron asesinadas. Muchas de las iniciativas locales en la construccin de memoriales se han llevado a cabo a raz de investigaciones y posteriores exhumaciones en casos de masacres. Como hemos visto, entre las organizaciones que han apoyado y acompaado estas experiencias estn el CPDH y Tutela Legal, si bien el trabajo se ha realizado en coordinacin con organizaciones comunitarias de las propias zonas afectadas por la represin y, solo en algunos casos, contando con el apoyo de las municipalidades. Siendo conscientes de que no quedan incluidos aqu todos los monumentos construidos en distintos lugares del pas, solamente presentamos, a modo de ejemplo, algunos de ellos. Memorial de El Mozote (Morazn) La estrategia contrainsurgente de la tierra arrasada tuvo una de sus mximas expresiones en la masacre de El Mozote, departamento de Morazn,
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en la que el Batalln Atlacatl del Ejrcito salvadoreo asesin, el 11 diciembre de 1981, a alrededor de 1.000 personas civiles, en un alto porcentaje nios y nias. Estos hechos fueron recogidos en el Informe de la Comisin de la Verdad de las Naciones Unidas (1993) como uno de los casos ilustrativos de las masacres de poblacin campesina. Una de las personas ms implicadas en el esclarecimiento de la verdad sobre este caso fue Mara Julia Hernndez, de Tutela Legal, quien dirigi la investigacin y logr la identicacin de 765 vctimas. En el marco de la investigacin, impuls un proceso de exhumaciones con apoyo del Equipo Argentino de Antropologa Forense, obteniendo resultados que conrmaron las denuncias de las personas sobrevivientes y de la organizaciones de derechos humanos: Fueron ejecutados deliberada y sistemticamente; primero fueron torturados y ejecutados los hombres, luego las mujeres y, nalmente, los nios y nias (Hernndez, 2007: 37).93 As, el monumento dedicado a las vctimas de la masacre de El Mozote constituye la memoria permanente de uno de los hechos de violencia represiva ms emblemticos sucedidos durante la guerra en El Salvador.

Archivo personal. Memorial de El Mozote.

Memorial de El Calabozo, San Esteban Catarina (San Vicente) El memorial de El Calabozo se levant en recuerdo de las vctimas de la conocida como Masacre de El Calabozo, ocurrida el 22 de agosto de 1982 en el Cantn Amatitn Abajo del municipio de San Esteban Catarina,

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Documento escrito por Mara Julia Hernndez, poco antes de su muerte y publicado como texto pstumo.

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departamento de San Vicente. Ese da fueron asesinadas ms de 200 personas civiles en las cercanas del ro Amatitn, en el marco de una operacin militar denominada Teniente coronel Mario Azenn Palma, en referencia a un militar de las fuerzas armadas que haba muerto en esa zona. El caso de esta masacre fue rigurosamente documentado por el CPDH y presentado ante la Comisin de la Verdad (CPDH, 2006). Despus de muchos esfuerzos, incluida la realizacin de una campaa para la recogida de los nombres de las vctimas de la masacre, en 2005 se inaugur el memorial dedicado a las vctimas de la masacre. Una de las personas impulsoras de la iniciativa fue Gladys Paredes, cofundadora de la Asociacin Campesina para el Norte de San Vicente. [Lo que pas en los aos de guerra] no es una simple historia o un cuento, eso fue algo verdadero... Yo tena 7 u 8 aos y vivamos en los cerros de San Pedro, la Fuerza Armada nos persegua, guindeamos mucho, nuestra niez fue perseguida... Aqu en El Calabozo, la Fuerza Armada, despus de matar a la gente, quem los cuerpos, los calcinaron, y muchos cadveres se los llev el ro, porque era agosto y llueve mucho. (...) Esto [el monumento] es algo vivo, a pesar de que los nombres estn grabados en piedra. Debemos siempre recordarlo, porque esto pas. Todas las comunidades cercanas conmemoramos la fecha, y como Asociacin Campesina hemos logrado construir el monumento. Porque murieron porque todos furamos iguales. 94

Archivo personal. Memorial de El Calabozo.

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Gladys Paredes, entrevista personal, diciembre de 2012.

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Memorial de Sisiguayo, Jiquilisco (Usulutn) Otra experiencia local en la construccin de espacios de memoria es la del Cantn Salinas de Sisiguayo, municipio de Jiquilisco (Usulutn). Aqu se llev a cabo, con participacin de varias comunidades, un memorial-mausoleo en homenaje de 19 personas masacradas en dicho cantn el 2 de mayo de 1982 y a 6 personas asesinadas en el Cantn San Juan del Gozo el 5 de mayo de 1982, en el marco de la misma operacin militar desarrollada por tropas regulares de la Fuerza Armada.

Foto: Eduardo Garca. Memorial-mausoleo de Sisiguayo.

Memorial de Santa Clara (San Vicente) El Memorial-mausoleo de Santa Clara alberga los cuerpos exhumados en la masacre del Cantn Santa Rosita, en el que asesinaron a 18 personas. Adems, en este caso el memorial rinde homenaje a 30 militantes del FMLN de la zona, con lo que en total se conmemora a 48 personas entre poblacin civil y combatientes. El de Santa Clara es uno de los ejemplos de memoriales construidos con el acuerdo de la alcalda.

Foto: Eduardo Garca. Memorial-mausoleo de Santa Clara.

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Memorial de Santa Ana (Santa Ana) En este caso, el memorial se levant en homenaje a todas las personas asesinadas y desaparecidas en la zona e, igual que en el caso de Santa Clara, se lleg a un acuerdo con la alcalda municipal. Este memorial tiene la particularidad de tener esculpidos en l los rostros de las vctimas a partir de sus fotografas, lo cual le conere un valor aadido desde la perspectiva de las y los familiares.

Foto: Eduardo Garca. Memorial de Santa Ana.

En todos los casos mencionados, los memoriales son valorados por las vctimas como lugares para recordar, honrar y dignicar a las vctimas. Adems, este tipo de espacios cumple una funcin de recordatorio permanente de las ideas que tuvieran las vctimas en vida, es decir, ayudan a dignicar asimismo las creencias y los ideales por los que fueron asesinadas y asesinados. Es un espacio donde la gente reeja el sufrimiento, cmo la gente se fue levantando en la demanda de sus derechos antes de la guerra, cul fue su participacin durante la guerra, cules eran sus esperanzas y cmo se fueron frustrando despus. Porque los Acuerdos de Paz lo nico que le dieron n fue al conicto armado, pero las causas que le die92

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ron origen a la guerra ah estn. Entonces la gente cree que fue como un sueo frustrado, que no alcanzaron a ver eso que ellos buscaban. El monumento reeja de verdad lo que la gente crey desde el principio, por qu estaban luchando y en qu termin. 95 Junto a los lugares conmemorativos, en el mbito de la reparacin simblica cobran importancia las fechas conmemorativas. En este sentido, las organizaciones de derechos humanos llevan desde 1996 presentando peticiones a la Asamblea Legislativa para que sta decrete el 30 de agosto como el Da Nacional de la Desaparicin Forzada. Esta peticin ha formado parte de los esfuerzos concertados de los Comits de madres y familiares y otras organizaciones de derechos humanos, a travs de la Comisin Pro-Memoria Histrica. Las peticiones se han realizado, al menos, con fechas de: 29 de agosto de 1996; 22 de julio de 2003; 15 de agosto de 2005; 24 de mayo de 2006; 30 de agosto y de 2007; y 30 de agosto de 2010. La fecha es simblica porque la Federacin Latinoamericana de Detenidos y Desaparecidos, de Argentina y de todos los pases, presentaron una propuesta a la ONU para que sea ese da. En vista de que, por ejemplo, en Honduras ya lo aprobaron y que se conmemora a nivel mundial, aqu siempre lo hemos pedido. 96 Uno de los logros alcanzados en cuanto a fechas conmemorativas es la declaracin del 29 de marzo como el Da Nacional de la Niez Desaparecida en El Salvador, como resultado de la labor de incidencia poltica de Pro-Bsqueda. La primera celebracin de ese da se di en 2007, con la organizacin de diferentes actividades conmemorativas en el Monumento a la Memoria y la Verdad de San Salvador.

2.3.3. La investigacin y bsqueda de personas desaparecidas Como hemos visto ms arriba, las organizaciones de derechos humanos realizaron una ingente labor de registro y anlisis de las violaciones a los derechos humanos durante la guerra. Inmediatamente acabada sta, la documentacin de casos continu siendo estratgica desde el punto de vista de la verdad y la exigencia de justicia.
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Carolina Constanza, CPDH, entrevista personal, agosto 2007. Guadalupe Meja, CODEFAM, entrevista personal, abril 2006.

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De cara a ofrecer informacin relevante a la Comisin de la Verdad, este trabajo se intensic tras los Acuerdos de Paz, logrando que muchos de los casos documentados por las organizaciones de derechos humanos fueran nalmente recogidos por la Comisin y que algunos de ellos se incluyeran en el Informe de la Verdad. Al recordar ese periodo, las mujeres activistas de derechos humanos destacan las difciles condiciones en las que llevaron a cabo esta tarea, desde la falta de medios econmicos y las dicultades para los desplazamientos, hasta el desconocimiento y la falta de formacin en cuanto a los mtodos de recogida de testimonios. Cuando empezamos Luca, Lili y yo a promover los derechos humanos no tenamos ni cinco. Pero cuando haba que estar en tal parte ah estbamos siempre. bamos a hacer la recopilacin de las masacres que ha habido, andbamos recogiendo los testimonios. Y a veces lo hacamos mal, porque yo apenas poda leer y escribir. Entonces Luca me deca: Esto no es as, tens que volver, y no era a la vuelta de la esquina, era all lejos donde tenas que ir otra vez. Me acuerdo que conmigo estaba una gringa, Susana, y que yo andaba con mis zapatos rotos, porque no tena, yo acababa de salir de la crcel, y entonces me deca: Te voy a comprar unos zapatos para que puedas caminar bien por estas veredas. Y s, como a los dos meses me los compr y ah nos bamos. 97 Tras los Acuerdos de Paz, la labor de investigacin y el seguimiento de la situacin de los derechos humanos en el pas ha sido permanente. Los resultados de este trabajo son extremadamente valiosos, y organismos internacionales como las Naciones Unidas y otros no gubernamentales los siguen adoptando como fuentes de informacin ables para sus propios informes. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de investigacin realizados por las organizaciones de derechos humanos, El Salvador es uno de los pases latinoamericanos donde se han dado menos avances en el esclarecimiento de la verdad sobre el paradero de personas desaparecidas. Los resultados ms positivos se han dado en el caso de nias y nios desaparecidos forzosamente durante el conicto, un mbito en el que destaca la labor realizada por Pro-Bsqueda. En el periodo 1994-2012 esta organizacin haba llevado la investigacin de un total de 898 casos, y haba logrado resolver 373. Se trata de cifras de resolucin muy altas teniendo en cuenta el periodo de actividad

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Grupo focal 2, enero 2012.

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sealado, lo que ha generado una importante esperanza entre la poblacin afectada. Adems, de los 373 casos resueltos, Pro-Bsqueda ha logrado facilitar 231 reencuentros entre las vctimas de la desaparicin forzada y sus familiares biolgicos.98

Archivo Pro-Bsqueda. Mural de nias y nios que an continan desaparecidos.

2.3.4. El acceso a la justicia y la derogacin de la Ley de Amnista Desde los aos 90, pero sobre todo con mayor profundidad a lo largo de la dcada de 2000, la derogacin de la Ley de Amnista se ha convertido en un eje clave de la lucha del movimiento de derechos humanos contra la impunidad. En los primeros aos tras la guerra, la apuesta estratgica de las organizaciones de derechos humanos fue la bsqueda de justicia en el sistema interamericano. En 1993, el primer caso ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), por el asesinato de Monseor Romero, fue presentado por Mara Julia Hernndez, directora de Tutela Legal, y Tiberio Arnoldo Romero y Galdmez, hermano de la vctima. La respuesta de la CIDH tard varios aos pero nalmente lleg en el ao 2000. Esta conclua
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En otros 51 casos las personas localizadas haban fallecido, y en 91 casos se ha producido la localizacin pero no el reencuentro. Por pases, el mayor porcentaje de personas reencontradas estaba en el propio El Salvador (162), seguido de Estados Unidos (23), Italia (14), Francia (9) y Honduras (9). Otros pases en los que, en menor cantidad, hubo localizaciones, fueron Blgica, Suiza, Guatemala, Belice, Holanda, Espaa e Inglaterra. En cuanto a las personas localizadas pero no reencontradas, la mayora se ubican en Estados Unidos (36), seguido de Italia (25), El Salvador (15) y Francia (10), as como en menor cantidad, en pases como Mxico, Honduras, Guatemala, Mnaco y Suiza. Datos facilitados por Ester Alvarenga, coordinadora general de Pro-Bsqueda, entrevista personal, abril 2012.

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que, en el caso de Monseor Romero, el Estado salvadoreo es responsable por la violacin de los derechos a la vida, a las garantas judiciales y a la tutela judicial efectiva, y a conocer la verdad de lo sucedido, derechos consagrados todos ellos en la Convencin Americana. Igualmente, la CIDH recomend en su informe al Estado que realice una investigacin judicial completa, imparcial y efectiva, de manera expedita, a n de identicar, juzgar y sancionar a todos los autores, materiales e intelectuales, de las violaciones encontradas, sin perjuicio de la amnista decretada; que repare todas las consecuencias de las violaciones enunciadas, incluyendo el pago de una justa indemnizacin; y que adecue su legislacin interna a la Convencin Americana, a n de dejar sin efecto la Ley de Amnista General aprobada por Decreto N 486 de 1993. (CIDH, 2000). Esta recomendacin de la CIDH contribuy a reforzar los intentos de lucha contra la impunidad a partir del propio sistema judicial salvadoreo. Un poco antes, en 1998, las organizaciones de derechos humanos haban presentado un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley de Amnista ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Si bien sta retras deliberadamente su respuesta, en 2000, el informe de la CIDH acerca del caso de Monseor Romero hizo aumentar la presin para que la Corte se posicionara. Finalmente, la CSJ declar la Ley de Amnista como constitucional. As, en los siguientes aos, la apuesta principal del movimiento de derechos humanos sigui siendo la justicia internacional. En marzo de 2007 se produjo un nuevo punto de inexin en el acceso de las vctimas a la justicia en el marco del sistema interamericano. Ese ao la Corte Interamericana de Derechos Humanos emiti la sentencia condenatoria del Estado salvadoreo por la violacin de los derechos a las garantas judiciales y a la proteccin judicial en el caso de las hermanas Ernestina y Erlinda Serrano Cruz, quienes interpusieron una demanda ante dicha Corte con el apoyo de Pro-Bsqueda. En 2010, esta asociacin inici un nuevo caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la desaparicin de los nios y nias Contreras, de las nias Meja Ramrez y del nio Jos Rubn Rivera, logrando que en agosto de 2011 la Corte emitiera la segunda sentencia condenatoria del Estado salvadoreo por el delito de desaparicin forzada en los tres casos mencionados. Adems, a raz de estas primeras sentencias, las organizaciones de derechos humanos han aadido a sus responsabilidades la vigilancia del cumplimiento de las mismas. Junto al sistema interamericano de justicia, a partir de 2006, volvieron a revitalizarse las iniciativas del movimiento de derechos humanos para romper
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la impunidad desde dentro, es decir, acudiendo al sistema de justicia nacional. Por ejemplo, en agosto de ese ao los Comits de madres y familiares presentaron ante el Fiscal General de la Repblica la denuncia por seis casos de desaparicin forzada.99 Dos aos ms tarde, en 2008, ante la negativa del Fiscal a investigar las desapariciones, las organizaciones pusieron una demanda contra ste por el delito de omisin de investigacin. Pro-Bsqueda es otra de las asociaciones que tiene cada vez ms casos judicializados internamente, varios presentados a la Fiscala General, otros tramitados en Juzgados Nacionales y peticiones de Habeas Corpus ante la Corte Suprema de Justicia. Podemos decir que, aproximadamente desde mediados de los aos 2000, las organizaciones de derechos humanos estn impulsando el derecho a la justicia a partir de una estrategia combinada, acudiendo simultneamente a la justicia interna y a la justicia internacional. En la ltima dcada su labor en este mbito de trabajo ha comenzado a dar los primeros frutos, ms signicativamente en su vertiente internacional. 2.3.5. L  a formacin en derechos humanos y la educacin para la paz y la memoria Como parte de sus acciones estratgicas en la posguerra, las organizaciones de derechos humanos ha visto la necesidad de trabajar en la formacin en derechos humanos y en la recuperacin de la memoria histrica desde una perspectiva educativa, como medio para el conocimiento de la verdad pero tambin de cara a la no repeticin de los hechos. Para ellas, la educacin para la paz empieza por la recuperacin de la memoria colectiva del pueblo salvadoreo y la reexin profunda sobre los hechos (Comit Pro-Monumento, 2006: 10). Con respecto a la formacin en derechos humanos, el CPDH comenz desde 1993 en la formacin de promotoras y promotores comunitarios en reas rurales golpeadas por la guerra, de la misma gente que se fue quedando del conicto o que fue repoblando la zona. Inicialmente en los departamentos de San Vicente y de Usulutn, y ms tarde en Ahuachapn, Sonsonate y Santa Ana, se trabaj con personas voluntarias que quisieran formarse en derechos humanos y, a su vez, ser multiplicadoras de los co99

Las denuncias presentadas se reere a las siguientes personas desaparecidas: Jos Arturo Vsquez Guzmn, Jorge Alberto Hernndez, Manuel Pea Martnez, Jess Emilio Snchez Padillas, Juana Irma Cisneros Ticas y Giovanni Azucena Santos.

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nocimientos adquiridos. En este mismo marco de promocin de la recuperacin social de las comunidades, el CPDH ha vinculado el trabajo de derechos humanos con el objetivo de la reunicacin familiar. Durante la guerra uno dejaba a los familiares, a sus paps, y haba una separacin, un rompimiento de ese ncleo familiar, eso se haba perdido. Eso era necesario trabajar, de forma que la gente se fuera reencontrando. 100 En cuanto a la educacin para la paz y la memoria, las actividades de las organizaciones de derechos humanos han sido numerosas despus de la guerra. Se trata de un tipo de actividades que, en particular, ha facilitado la coordinacin entre diferentes organizaciones sociales. En 1996, por ejemplo, se celebr en San Salvador, organizado por Las Dignas, el IDHUCA y Pro-Bsqueda, el Primer Encuentro Regional de Recuperacin de la Memoria Histrica, que permiti conocer las experiencias de otros pases latinoamericanos en la bsqueda de la verdad y la reconciliacin (Guzmn, 2004). Con esa misma nalidad, las tres organizaciones mencionadas llevaron a cabo en junio de 2001 el Seminario Internacional Educar desde la memoria. Experiencias pedaggicas para la paz, la democracia y la equidad de gnero, en el que participaron personas de Sudfrica, Palestina, Alemania, Chiapas, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Colombia, Chile y Argentina. De este seminario destaca que, adems de partir de la premisa de que recuperar la memoria es una condicin necesaria para la reconstruccin del tejido social y para la paz, lanz el mensaje de la necesidad de profundizar en el trabajo por los derechos humanos desde el enfoque de gnero (Las Dignas, 2004). Con aportes ms de tipo acadmico, CEPAZ tambin puso un nfasis particular en la educacin para la paz, en la idea de incidir en espacios educativos formales e informales para fomentar prcticas de reconciliacin, convivencia, tolerancia y paz entre las generaciones jvenes. Esta asociacin cre para ello un Centro de Educacin para la Paz, como ncleo para la elaboracin de materiales educativos y para la formacin de docentes y promotores y promotoras de una cultura de paz. Tambin promovi varias investigaciones histricas sobre diferentes aspectos de la guerra civil, el
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Carolina Constanza, CPDH, entrevista personal, agosto 2007.

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proceso de paz y la transicin democrtica, a travs de un Centro de Documentacin e Investigacin Histrica. Otro tipo de esfuerzos concertados recientes para impulsar la memoria histrica han tenido un carcter fundamentalmente testimonial. Por ejemplo, el 29 de marzo de 2007, en el marco en la primera celebracin del Da Nacional de la Niez Desaparecida, Pro-Bsqueda y los Comits de madres y familiares realizaron un Taller de Memoria Histrica dirigido a maestros y maestras y a activistas de la sociedad civil, con el objetivo de acercar a las nuevas generaciones la historia reciente de El Salvador a partir de las historias de vida de las mujeres de los Comits (Pro-Bsqueda, 2007: 59). 2.4. La relacin con el Estado 2.4.1. Hostilidad y abandono institucional (1992-2009) La agenda de la verdad, la justicia y la reparacin liderada por las activistas de derechos humanos tras la guerra ha sido sistemticamente obstruida por los gobiernos de Arena, bajo tres argumentos principales: a) la negacin de responsabilidades estatales en los graves hechos de violencia durante el conicto101; b) la armacin de que, en todo caso, las violaciones de los derechos humanos se cometieron por ambas partes; y c) la defensa de la poltica de borrn y cuenta nueva como la condicin necesaria para la reconciliacin en el pas. En el periodo que va de 1992 a 2009, las demandas de interlocucin de las organizaciones de derechos humanos al gobierno han sido constantes. Los Comits de madres y familiares ha realizado numerosas peticiones de audiencias con el gobierno para abrir vas de comunicacin. En especial, en los ltimos aos se han amparado en las recomendaciones de la Comisin de Personas Desaparecidas de las Naciones Unidas, que ha instado repetidamente al gobierno a coordinarse con los familiares de las personas desaparecidas para hacer ms fcil la investigacin. Sin embargo, esta coordinacin e incluso el dilogo ha sido negado durante la mayor parte de la dcada de 1990 y de 2000. A modo de ejemplo, Guadalupe Meja, presidenta de CODEFAM, recuerda que en 2005, cuando la Asamblea Legislativa remiti a la Comisin de Cultura y Educacin
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Los cuatro presidentes de ARENA (Alfredo Cristiani, Armando Caldern Sol, Francisco Flores y Antonio Saca) posteriores a la rma de los Acuerdos de Paz han tenido una clara posicin de negacin de los hechos que dio a conocer la Comisin de la Verdad.

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Mujeres con memoria: activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

una de las peticiones de las organizaciones de derechos humanos para que se decrete el 30 de agosto como Da Nacional de la Desaparicin Forzada, se les neg la posibilidad de reunirse con dicha Comisin. Nos llegaron a decir que no se podan reunir porque no haban llegado la mayora, que slo los suplentes haban llegado...102 La falta de voluntad poltica ha sido total, lo cual constituye otro de los principales factores de re-victimizacin de las y los familiares. En el caso de las denuncias por desaparicin forzada presentadas por los Comits de madres y familiares en agosto de 2006, la Fiscala General de la Repblica, adems de incumplir el deber jurdico de investigar los casos denunciados, trat con desprecio a las familias: Primero nos dijeron que el Fiscal se lo pas a otro scal; luego, que todava no lo haban estudiado. Despus mandaron a llamar a dos madres para entrevistarlas, y el colmo fue que hace un mes no encontraban el expediente (Guadalupe Meja, citado en Zepeda, 2008). Las activistas de derechos humanos ms involucradas en los procesos de investigacin de masacres y en las exhumaciones, tambin confrontaron desde el inicio el desinters, la hostilidad y las trabas institucionales. Al principio fue muy duro, no nos hacan caso, los jueces nos dejaban con la palabra en la boca, nos toc pelearnos, pero poco a poco nos ganamos el respeto. 103 De manera ms grave an, cabe destacar que las amenazas y el hostigamiento contra las activistas ha persistido durante la posguerra. El 26 de octubre de 2007, el Grupo de Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas present un informe sobre la situacin de los derechos humanos en El Salvador, en el que sealaba que las y los defensores de derechos humanos y personas dedicadas a la investigacin de casos de desaparicin forzada son objeto de amenazas, intimidaciones y hostigamiento por la labor que desempean (Naciones Unidas, 2007). La inseguridad en el trabajo por los derechos humanos tras el nal del conicto armado y hasta la fecha es constatada por las activistas entrevistadas. Esa laguna de Apulo la anduve de punta a punta cantidad de veces, porque ah vivan, al otro lado, compaeras que haban perdido
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Guadalupe Meja, CODEFAM, entrevista personal, abril 2006. Grupo focal 2, enero 2012.

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gente en masacres. Todo ese valor que una tena... porque en esos momentos tambin andaban matando a la gente. No es una cuestin de que estbamos ya despus de los Acuerdos de Paz... Es una parte que creo que no he hablado en ningn momento con algunas de las personas que trabajamos en esto. Que realmente como mujeres nos exponemos un resto [mucho] a la hora de denunciar pblicamente, aunque no estamos dentro del mismo contexto de la guerra, que sabas que si decas algo te iban a matar. Yo me fui metiendo en todo esto, pero en algn momento me digo no te da miedo? Y la verdad es que no... Pero realmente deberamos pensar las mujeres que trabajamos en esto en tener algn tipo de medida de seguridad...

2.4.2. R  enovacin de expectativas y respuestas ambivalentes (2009 en adelante) En marzo de 2009 se produjo un acontecimiento en la vida social y poltica salvadorea de enorme trascendencia histrica. En las elecciones presidenciales de ese ao, el FMLN obtuvo la victoria con Mauricio Funes como candidato presidencial. Con el cambio de signo poltico en la presidencia, por primera vez un partido de izquierda acceda al gobierno. El ejecutivo actual se present a las elecciones con un programa de gobierno que inclua la intencin de dar cumplimiento a las recomendaciones de la Comisin de la Verdad, en tanto compromiso de Estado, lo cual de entrada supona un contraste con los 17 aos de gobiernos del partido ARENA. Igualmente, formaba parte del compromiso del nuevo ejecutivo abrir espacios de dilogo con la ciudadana, incluyendo el establecimiento de mecanismos de encuentro con las vctimas del conicto. El cambio de gobierno, para el cual las organizaciones de derechos humanos dieron un apoyo total, gener en stas muchas expectativas con relacin a las iniciativas de justicia y reparacin que podran ponerse en marcha a partir de entonces. Sin duda, se abran muchas esperanzas de revertir las polticas de impunidad de los anteriores gobiernos. Saira Navas, abogada de Pro-Bsqueda, declaraba en ese momento: Vemos con mucha esperanza que la problemtica suscitada a partir del conicto armado sea tomada como propia por el prximo Gobierno. Es muy esperanzador que desde ya se estn reconociendo obligaciones en materia de derechos huma101

Mujeres con memoria: activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

nos. En otras oportunidades este deber no se ha cumplido por parte de las instancias gubernamentales (Saira Navas, citado en ComUnica, 2009). Igualmente, Alicia Garca, directora de COMADRES, representaba las expectativas creadas en el seno de los Comits de madres y familiares: Se espera que esta prxima administracin gubernamental haga algo respecto a las vctimas, lo que se va a necesitar para trabajar con ellas es voluntad poltica. Ojal que la nueva presidencia establezca bases para lograr justicia, porque es en esta rea donde existen grandes vacos (Alicia Garca, citado en ComUnica, 2009) Puede armarse que, con relacin a la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin, el cambio de gobierno ha supuesto algunos avances. En primer lugar, se han producido dos peticiones de perdn a las vctimas, en nombre del Estado, por parte de Mauricio Funes: la primera el 16 de enero de 2010, en San Salvador, en el acto de conmemoracin del XVIII aniversario de la rma de los Acuerdos de Paz, y la segunda el 16 de enero de 2012, en el XX aniversario de los Acuerdos celebrado en El Mozote (Morazn), aadiendo as a esta segunda peticin de perdn un fuerte componente simblico. En 2012, adems, Mauricio Funes anunci la puesta en marcha de algunas medidas de reparacin a las vctimas en zonas gravemente afectadas por los hechos de violencia, como en el caso de la propia masacre de El Mozote. As, este ha sido el primer gobierno salvadoreo que ha pedido perdn por las violaciones cometidas durante el conicto armado, rompiendo simblicamente con la poltica de Estado precedente. En segundo lugar, el cambio de actitud con respecto a la asuncin de responsabilidades estatales tambin se ha producido de cara al sistema interamericano de justicia. Como ejemplo destacado, el 6 de noviembre de 2009, el Estado salvadoreo en audiencia pblica solicitada por l mismo ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoci su responsabilidad internacional por la muerte de Monseor Romero, y manifest la disposicin del Estado a colaborar con cualquier investigacin acerca de hechos de violencia ocurridos durante el conicto.104 Ms recientemente, el 15 de marzo de 2013, se ha producido uno de los ltimos actos tendentes a la reparacin simblica de las vctimas. En una
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La representacin estatal ante la CIDH la ejerci David Morales como director de derechos humanos de la Cancillera Salvadorea.

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decisin vinculada con el respecto al Derecho Internacional Humanitario, el gobierno ha dado al Monumento de la Memoria y la Verdad de San Salvador la categora de Bien Cultural con Emblema de Proteccin Azul, con el objetivo de perpetuar el homenaje a todos nuestros hermanos y hermanas civiles asesinados o desaparecidos durante conicto armado y continuar el compromiso del actual gobierno sobre el restablecimiento moral de las vctimas. 105 Esto supone un nuevo paso en el reconocimiento ocial de la importancia nacional de este monumento y de la labor realizada por las organizaciones de derechos humanos. Por otro lado, tambin con carcter simblico, se han producido otras acciones de reconocimiento, en particular, de los Comits de madres y familiares. Por ejemplo, el 27 de noviembre de 2009 se realiz un homenaje a Guadalupe Meja, cofundadora de CODEFAM, con participacin del Vicepresidente, Salvador Snchez Cern, quien armaba que: El mejor homenaje para Guadalupe es reparar el dao, es hacer justicia. Ese es el homenaje que este pueblo debe a todas la familias que tienen algn ser querido desaparecido. (...) Es justo que se haya tomado la decisin de hacer este reconocimiento, para que tambin existan smbolos en nuestro pas.... Poco despus, el 11 de abril de 2010, se realiz un nuevo acto de reconocimiento en la sede de CODEFAM en San Salvador, contando igualmente con la participacin de Snchez Cern: Sabemos que ustedes necesitan ms respaldo, ms apoyo. Quiero felicitarles y reconocerles, motivarles a que continen, han estado en aos ms difciles, ahora hay una esperanza. El gobierno tiene una posicin... Pero en la medida en que ustedes vayan jugando ese rol que han venido jugando de ser actoras, protagonistas, impulsoras de esta bsqueda, eso es lo que va a prevalecer, ustedes son portadoras de la verdad, esa verdad tan dolorosa de ese tiempo tan difcil, y esa verdad va a llevar a la justicia. (...) Ahora lo que falta es hacer justicia como ustedes lo han exigido. Me he comprometido con ustedes.

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Jorge Alberto Jimnez, Secretario Permanente del Comit Interinstitucional de Derecho Internacional Humanitario de El Salvador (CIDIH-ES), en carta de invitacin dirigida a las organizaciones del Comit Pro-Monumento, marzo de 2013.

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Mujeres con memoria: activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

Con respecto a COMADRES, uno de los indicativos ms recientes del cambio poltico ha sido la legalizacin de esta organizacin el 28 de enero de 2013, 35 aos despus de su creacin y de realizar un trabajo ininterrumpido por los derechos humanos. Previamente, los gobiernos de ARENA le haban denegado una y otra vez la personera jurdica. El valor de esta legalizacin era explicada por Patricia Garca hija de Alicia Garca y actual presidenta de COMADRES al armar que la personera jurdica les otorga el derecho de ser reconocidas como una entidad autnoma con potestad para la presentacin de sus demandas (Patricia Garca, en Bernal, 2013). A pesar de los avances mencionados, en conjunto la respuesta del nuevo ejecutivo desde 2009 ha sido limitada y vacilante, debido fundamentalmente a que, ms all de las peticiones pblicas de perdn por parte del presidente y de los actos de reconocimiento de carcter simblico, hasta la fecha poco ms se ha concretado de la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin impulsada por el movimiento de derechos humanos. Ante la actuacin del nuevo gobierno en estos ltimos aos, las valoraciones de las mujeres integrantes de los Comits de madres y familiares y otras organizaciones de derechos humanos son diversas, aunque coincidentes en el hecho de que no han visto cumplidas las expectativas que albergaron con el cambio poltico. Algunas maniestan su desconcierto con las limitadas acciones realizadas hasta el momento: Los de arriba siempre nos mienten, no quieren apoyarnos, pero yo como madre les pido que tienen que decir la verdad, que sean responsables, no slo de mi hijo sino que son ms de 8.000 desaparecidos y asesinados. Necesitamos la verdad, y que Funes nos apoye como presidente, porque nosotras las madres dimos nuestro voto para ver un cambio, hemos sufrido y hemos trabajado duro para que Funes quedara [en el gobierno], as que haga algo porque ya no soportamos este silencio. 106 El gobierno no se opone a nada, pero no hay dinero... Cmo se puede funcionar sin presupuesto? (...) Pusieron a llenar un censo, se hacen preguntas fuertes, y la gente por primera vez ha hablado. Me preocupa que esa informacin se quede en el Estado y no se tenga acceso... Siempre se dijo que haba que empezar pidiendo perdn a
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Grupo focal 1, enero de 2012

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las vctimas, y eso lo hizo Funes, pero va a terminar la gestin solo empezando.107 En otros casos, a pesar de compartir la lentitud de los cambios, an se mantienen algunas expectativas, fundamentalmente por el hecho de que una vuelta a un gobierno de la derecha supondra de nuevo el cierre de las posibilidades de avance en el mbito de la justicia y la reparacin. Por primera vez hemos tenido la oportunidad de entrar a Casa Presidencial, que antes a cinco cuadras ya nos estaban esperando los antimotines... Un logro ms a nivel poltico sera tener el gobierno y la asamblea legislativa. (...) Es cierto que no estamos de acuerdo con todo lo que han hecho, pero debemos reconocer que han hecho muchas cosas buenas, y recordemos que las cosas en el pas no van a cambiar en dos aos... Ojal no vaya a llegar otra vez ARENA al poder, ah se nos cae todo lo que hemos logrado.

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Ester Alvarenga, Pro-Bsqueda, entrevista personal, abril 2012.

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Reflexiones finales

Reexiones nales

En Amrica Latina, la idea predominante sobre el papel de las mujeres activistas de derechos humanos, en particular en los Comits de madres y familiares de vctimas de la violencia estatal, es que dicho papel ha consistido bsicamente en la bsqueda de las hijas e hijos detenidos-desaparecidos. Lo mismo sucede en El Salvador, donde la imagen de la madre que busca a sus hijos tiene tanta fuerza en el imaginario social que las propias mujeres integrantes de los Comits (principalmente las de mayor edad) han asumido como nico rasgo de su identidad poltica su condicin de madres. Sin embargo, consideramos que el caso de El Salvador aporta algunos elementos para profundizar en el anlisis de lo que Elizabeth Maier (1998) cuestiona como el nuevo mito materno en Amrica Latina edicado alrededor de la lucha de las madres de desaparecidas y desaparecidos. En primer lugar, la reconstruccin de la memoria colectiva de las activistas de derechos humanos salvadoreas hace posible desentraar el bagaje de experiencia organizativa que stas han acumulado a lo largo de cuatro dcadas, y que las sita como actoras polticas centrales de los procesos socio-polticos de la historia reciente de El Salvador. Como hemos visto, la participacin de las mujeres en el proceso revolucionario y en la guerra fue muy elevado y se dio en todos los sectores de militancia de izquierda. En ellos, las mujeres llevaron a cabo acciones muy diversas: realizaron trabajo de organizacin poltica, participaron en todo tipo de movilizaciones, fueron cruciales en la supervivencia de la guerrilla tanto en el combate como en la responsabilidad sobre las comunicaciones y el aprovisionamiento (alimentos, ropa, medicina y municiones), fueron brigadistas (trabajo en salud), responsables de logstica y correos, lideraron la defensa de los derechos humanos y la demanda de libertad para las presas y presos polticos; y acompaaron los distintos intentos de solucin poltica al conicto durante los aos 80 y principios de los 90. De las numerosas funciones mencionadas, las mujeres activistas en los Comits de madres y familiares y en otros organismos de derechos humanos participaron en absolutamente todas ellas a excepcin del combate armado (si bien algunas s realizaron tareas de apoyo a las estructuras de los distintos frentes militares del FMLN). Desde los inicios de la dcada de 1970 lucharon por mejores condiciones laborales en el campo y en las ciudades, ms tarde la escalada represiva las sumi de lleno en la lucha por los derechos humanos y, nalmente, tras los Acuerdos de Paz, han sido ellas las que han realizado el trabajo de hormiga en la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin.
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Los aos 70 son importantes porque ah es donde realmente se conoce qu son los derechos humanos y surgen las asociaciones de defensa, como los Comits de Madres. Pero tiene que ver con los aos 60, donde las mujeres tambin estn involucradas en otros movimientos sociales. No surgen de la nada las mujeres que entran a los Comits de Madres. Eran mujeres con formacin poltica. 108 De todo lo anterior se desprende que, en el caso de El Salvador, no es posible sostener la idea de que las organizaciones de derechos humanos fueron conformadas por amas de casa con poca experiencia poltica previa (Jaquette, 1996: 335), y que el elemento activador que sac a las madres a la calle fuera singularmente la bsqueda de las hijas e hijos desaparecidos. Ms bien, la experiencia salvadorea conrma otras visiones segn las cuales las mujeres de los Comits de madres y familiares y de otras organizaciones de derechos humanos han roto el mandato social de maternidad sumisa y han re-signicado con sus luchas el espacio pblico: Los comits de madres de desaparecidos son espacios de participacin femenina que, en representacin de los contenidos tradicionales de la gura materna latinoamericana, transgreden estos mismos contenidos (Maier, 1998: 5). Para las activistas de derechos humanos en El Salvador, el principal espacio pblico re-signicado es la propia calle, que se convierte en el marco fsico y social de su memoria del conicto. Al estallar la guerra y en los primeros aos de los 80, cuando debido a la represin la calle ya no poda ser el espacio privilegiado de la protesta social y poltica, fueron las activistas del movimiento de derechos humanos las que permanecieron en ella, la ocuparon y nunca la han abandonado. Actualmente las mismas mujeres continan ocupando ese espacio convertido en su lugar propio. Fuimos las mujeres, vestidas de negro y con paoletas blancas las que abrimos el cerco militar que haba en las calles. Y ahora somos las mujeres las que seguimos luchando para que el trabajo de memoria histrica no se borre. 109 En segundo lugar, en el caso de las mujeres del movimiento de derechos de El Salvador, otro marco de la memoria colectiva es la clandestinidad y la resistencia a la violencia extrema contra ellas. Las activistas de mayor edad, en particular de los Comits de madres y familiares, son conscientes de
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Grupo focal 1, enero 2012. Ibid.

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Reexiones nales

haber sobrevivido en un contexto de represin en el que era ms probable que hubieran muerto, circunstancia que refuerza an ms su necesidad expresada de seguir viviendo para ver respondidas sus demandas de verdad y justicia. Lamentablemente, en los ltimos aos han fallecido varias de las lderes histricas del movimiento de derechos humanos, entre ellas Mara Julia Hernndez (30 de enero de 193930 de marzo de 2007), fundadora y directora de Tutela Legal, y Alicia Garca (26 de marzo de 194211 de agosto de 2010), cofundadora y directora de COMADRES, cuyo legado de lucha es de un valor inmenso.

Archivo CODEFAM.

En este escenario, la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin es para las defensoras de los derechos humanos una urgencia tica, poltica y vital, como tambin lo es el hecho de dejar constancia escrita la contribucin histrica realizada. Sobre todo en los Comits de madres y familiares, esta necesidad aparece como una preocupacin compartida. Las mujeres hicimos tanto esfuerzo por cambiar esta realidad y dnde est visibilizado el aporte nuestro? Son mayora hombres los que han escrito y pocas las mujeres... Yo siento que tengo una deuda con las mujeres... contar nuestra historiasiempre he querido hacer una especie de estudio, de ver cmo se involucraron, cmo fue su participacin realmente, dnde estn, qu
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Mujeres con memoria: activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

estn haciendo La sociedad tiene esa deuda con las mujeres, porque son los hombres los que salen ah, los grandes comandantes, los hacedores de la historia No se trata de quitarles el mrito sino que tambin las mujeres colaboramos mucho y no existe ese reconocimiento. Aqu hay varios libros, pero vayan a ver si en esos libros van a encontrar el trabajo de las mujeres, y directamente el trabajo de las vctimas Yo siento que el trabajo de nosotras las mujeres es muy importante y varias veces me he dicho: Dios mo, los Comits van a terminar y no se supo qu hicieron, porque no tenemos nada escrito y hoy en da yo quisiera antes de morirme que eso quede, la historia de las madres. La reexin de las integrantes de las organizaciones de derechos humanos sobre su trayectoria militante en las ltimas cuatro dcadas es coincidente en la armacin de que sta es estratgica en trminos de su radicalidad democrtica, tanto durante la guerra como, todava ms, en el periodo posblico. En El Salvador, actualmente son las activistas de los derechos humanos las que representan el principal foco de resistencia a la impunidad institucionalizada, o lo que Ricard Vinyes (2011) denomina la victoria del crimen poltico. Las mujeres, principalmente de los Comits, de manera silenciosa y desde la poltica considerada marginal han mantenido un cuestionamiento permanente del marco de paz pactado en 1992, en tanto ste result de un proceso de pacicacin basado en polticas de olvido. Su actividad tras los Acuerdos de Paz ha contribuido a deslegitimar las bases antidemocrticas sobre las que se ha reorganizado la convivencia social en pas, lo cual, por un lado, ha sido percibido por los gobiernos de la derecha como un elemento desestabilizador que amenaza la cohesin y la estabilidad social y, por otro, no ha sido decididamente apoyado por la izquierda partidaria. En tercer lugar, la experiencia de las activistas es indicativa de que, en El Salvador, el trabajo de los derechos humanos y el de las organizaciones feministas ha transcurrido por caminos paralelos, con visiones, agendas y estrategias propias, y slo coyunturalmente conectado, como en el caso de la construccin del Monumento a la Memoria y la Verdad. En general, adems, los puntos de encuentro se han producido como resultado de iniciativas individuales ms que de compromisos institucionales de las organizaciones. La falta de alianzas ms estables entre las mujeres pertenecientes a ambos movimientos ha impedido la puesta en marcha de otras iniciativas igualmente estratgicas desde el punto de vista de la agenda de la verdad, la justicia y la reparacin.
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Reexiones nales

A pesar de que el movimiento de derechos humanos en El Salvador ha estado y sigue estando altamente feminizado, su actividad no se ha construido a partir del anlisis de gnero, como s fue el caso, sobre todo acabada la guerra, del movimiento feminista. Sin embargo, algunas de las valoraciones de las activistas histricas del movimiento de derechos humanos expresan un anlisis que s parte de la conciencia de gnero y que est relacionado con la crtica a la asignacin tradicional de roles.

Archivo MUPI.

Creo que las mujeres fuimos capaces de trascender, de pasar de la cocina o reducidas a cuidar nios/as a asumir nuestra capacidad poltica en un tiempo de guerra. Pudimos ser creativas desde nuestra feminidad. Capacidad y fuerza de ser mujer. 110 Algunas mujeres militantes del movimiento de derechos humanos ms jvenes maniestan abiertamente una conciencia feminista, desde la que vinculan su participacin poltica con la posibilidad de ruptura de las expectativas sociales asociadas a la identidad femenina. Es precisamente entre esas mujeres ms jvenes, en particular aquellas incorporadas al movimiento de derechos humanos despus de los Acuerdos de Paz, donde la conuencia de militancias entre los derechos humanos y el feminismo es ms clara.
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Mara Isabel Figueroa, cofundadora de COMAFAC, entrevista personal realizada por Juan Carlos Hernndez para esta publicacin, enero 2013.

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Mujeres con memoria: activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

Yo creo que sera una mujer llena de hijos si no me hubiera metido a la organizacin. Siempre me he sentido muy orgullosa de haber vivido ese proceso. Me reconozco como feminista, como mujer, como luchadora.111 Otro segundo reencuentro [a nivel organizativo] es la lucha feminista, me revaloriz de otra forma en la lucha por la humanidad, es decir, cmo ser personas ms humanas y cmo lograr esa calidad de vida para todas las personas, la justicia social.112 Por ltimo, si bien la mayora de las activistas revaloran sustancial y positivamente la experiencia poltica y organizativa acumulada, as como el carcter estratgico de su aporte, en conjunto dichas valoraciones estn alejadas de escenarios idealizados del pasado. En particular, los costes personales asociados a su participacin en el proceso revolucionario son revisados desde una perspectiva ms crtica. A pesar de las prdidas personales sufridas por las mujeres del movimiento de derechos humanos, su conciencia social y su fuerte compromiso poltico funcionaron como un mecanismo de contencin emocional durante la guerra, contencin que se haca necesaria para continuar en la lucha. Si en muchos casos dicho mecanismo se activ de una manera inconsciente, en otros la reaccin emocional ante la probable prdida de un familiar poda llegar a anticiparse o planicarse: Estaban los pactos. Yo hice uno con mi esposo, l me deca: Si yo muero primero usted no vaya a llorar, porque mor por algo que vale la pena, porque todos tengamos igualdad; y si usted muere yo tampoco voy a llorar porque s que usted ha dado la vida por algo bueno. Entonces estbamos tan conformes de que si uno o el otro moramos no nos iba a doler en ese momento. Pero claro, la prdida de un ser querido es imposible que no duela. Pero era tan grande la conciencia que tenamos que no nos importaba...113 Incluso en las situaciones ms extremas de prdidas recientes de familiares muy cercanos las mujeres tuvieron la fuerza para responder a los compromisos adquiridos.

Grupo focal 2, enero 2012. Ibid. 113 Ibid.


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Reexiones nales

Me acuerdo que acababa de perder a mi hija y a mi sobrino, pero hicieron la esta para dar a conocer a los que haban muerto en la ofensiva, y yo deca: Fulano no est muerto, yo lo tengo, porque fue de la gente que yo andaba recogiendo. Hubo muchas cosas que yo hice en ese momento114 El paso del tiempo les ha permitido recordar y valorar esas situaciones como propias del contexto de extrema represin estatal que les exigi una dedicacin y entrega total al trabajo poltico. Su reexin actual resita el proceso de valoracin de las prdidas y da la importancia debida al duelo y a los mecanismos reparadores del dao psicolgico y emocional sufrido. En este sentido, despus de la guerra, algunos grupos de mujeres han podido reunirse y participar en procesos teraputicos colectivos. Sin embargo, en la mayora de casos el principal mecanismo de reparacin ha continuado siendo el propio trabajo por los derechos humanos. Es decir, para las activistas, su participacin en el movimiento de derechos humanos funciona en s misma como un blsamo para aliviar el dolor. De esta forma, lo que se piensa transformador y reparador para los y las dems, se vuelve tambin reparador para s mismas. Desde 1978 (tena 12 aos) he tenido participacin poltica, y lo que ms me ha llenado es este trabajo [en Pro-Bsqueda]. Es el que ms ha completado mi vida. Soy sobreviviente de la masacre del Sumpul, luego estuve en la crcel. Este trabajo ha sido tambin una reparacin para m.115 Valoro los procesos de atencin psicolgica para trabajar las prdidas, yo particip en un grupo de auto-apoyo que de manera intensiva compartimos diversas mujeres durante tres das seguidos, organizados por mi propia asociacin de mujeres [Las Dignas] una vez terminada la guerra. Sin embargo, creo que las personas tenemos muchos recursos y, lo ms importante para m, de manera bastante razonada, es haber seguido en el trabajo organizado con el movimiento feminista, pero, a la vez, con el movimiento de derechos humanos, como senderos paralelos y a la vez complementarios. Tengo la certeza de que el trabajo por la agenda de la verdad, justicia y reparacin ha
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Ibid. Ester Alvarenga, Pro-Bsqueda, entrevista personal abril 2012.

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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

sido importante para el pas que se quiere construir en el posconicto, y, en lo personal, tremendamente vital y reparador.116 [El trabajo en el Comit Pro-Monumento] es lo ms importante que he hecho en mi vida, y no s si podr hacer algo que supere este trabajo. 117 Lo que pude hacer en todos esos aos, o en todos estos aos que continuamos, eso me llena a m, me siento orgullosa de haberlo podido realizar.118 As, junto a las consideraciones sobre la idoneidad de los procesos teraputicos de atencin psicolgica para la superacin de los traumas de la guerra, en este caso las activistas de derechos humanos aaden la valoracin positiva del propio compromiso poltico como el medio a travs del cual es posible procesar al menos en parte los costos del conicto e incluso encontrar un sentido vital.

Archivo CODEFAM.

Gloria Guzmn, Las Dignas, entrevista personal, abril 2009. Grupo focal 2, enero 2012. 118 Grupo focal 1, enero 2012.
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Siglas

Siglas

AMPES

Asociacin de Mujeres Progresistas de El Salvador

ANDES 21  Asociacin Nacional de Educadores Salvadoreos 21 de junio ARENA Alianza Republicana Nacionalista CDHES  Comisin de Derechos Humanos No Gubernamental de El Salvador CEB CEPAZ CIDH CNJ Comunidad Eclesial de Base Centro de Paz Comisin Interamericana de Derechos Humanos Consejo Nacional de la Judicatura de El Salvador

CODEFAM  Comit de Familiares de Vctimas de Violaciones a los Derechos Humanos Marianela Garca Villas COMADRES  Comit de Madres y Familiares de Detenidos y Desaparecidos Polticos Monseor Oscar Arnulfo Romero COMAFAC  Comit de Madres y Familiares Cristianos de Presos, Desaparecidos y Asesinados Padre Octavio Ortiz-Hermana Silvia COPAZ COPPES Comisin Nacional para la Consolidacin de la Paz Comits de Presos Polticos de El Salvador

COREMHIPAZ  Comit para el Rescate de la Memoria Histrica y la Paz CPDH  Centro para la Promocin de los Derechos Humanos Madeleine Lagadec CPI CPMS CRIPDES CRM CUMS ERP FAS FDR Corte Penal Internacional Comit Provisional de Mujeres Salvadoreas Comit Cristiano Pro Desplazados de El Salvador Coordinadora Revolucionaria de Masas Comit Unitario de Mujeres Salvadoreas Ejrcito Revolucionario del Pueblo Frente Anticomunista de El Salvador Frente Democrtico Revolucionario

FECMAFAM  Federacin de Comits de Madres y Familiares de Presos, Desaparecidos y Asesinados Polticos de El Salvador
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Mujeres con memoria. Activistas del movimiento de derechos humanos en El Salvador

FEDEFAM  Federacin Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos FESPAD Fundacin de Estudios Para la Aplicacin del Derecho FESTIAVTSCES  Federacin Sindical de Trabajadores de la Industria Avcola, el Vestido, Textil, Similares y Conexos de El Salvador FMLN FPL FUSS Frente Farabundo Mart de Liberacin Nacional Fuerzas Populares de Liberacin Federacin Unitaria Sindical Salvadorea

IDHUCA  Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana Jos Simen Caas IIDH ISSS Instituto Interamericano de Derechos Humanos Instituto Salvadoreo del Seguro Social

LAS DIGNAS  Asociacin de Mujeres por la Dignidad y la Vidade El Salvador LAS MLIDAS MNR MUPI OEA Movimiento de Mujeres Mlida Anaya Montes Movimiento Nacionalista Revolucionario Museo de la Palabra y la Imagen de El Salvador Organizacin de Estados Americanos

ONUSAL  Misin de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador ORDEN OTLA PCS PDC Organizacin Democrtica Nacional Ocina de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador Partido Comunista de El Salvador Partido Demcrata Cristiano

PDDH  Procuradura para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador PGR PNC Procuradura General de la Repblica de El Salvador Polica Nacional Civil de El Salvador

PRO-BSQUEDA  Asociacin Pro-Bsqueda de Nias y Nios Desaparecidos en El Salvador PRTC  Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos PTT
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Programa de Transferencia de Tierras

Siglas

RN UCA UES UDN UGB UNO UNTS

Resistencia Nacional Universidad Centroamericana Jos Simen Caas Universidad de El Salvador Unin Democrtica Nacionalista Unin Guerrera Blanca Unin Nacional Opositora Unin Nacional de los Trabajadores Salvadoreos

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Bibliografa

Bibliografa

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Anexos

Anexos

Anexo 1. Grupos focales Grupo focal 1 Activistas de los Comits de madres y familiares: COMADRES, CODEFAM y COMAFAC, 5 de enero de 2012, San Salvador. - Guadalupe Meja, cofundadora de CODEFAM. - Antonia Morales, cofundadora de COMAFAC. -C  amelia Cartagena, trabaj en CDHES y en el IDHUCA, activista en CODEFAM. - Carlota Ramrez, integrante de CODEFAM. - Dolores Hernndez, integrante de CPDH. - Mara Virginia Guzmn, integrante CODEFAM. - Sofa Escamilla, cofundadora de COMADRES. - Cunegunda Pea Bonilla, integrante de CODEFAM. - Magdalena Mendoza, integrante de COMADRES. - Josena Barrera, integrante de CODEFAM. Grupo focal 2: Activistas en organismos de derechos humanos y en iniciativas de memoria como el Comit Pro-Monumento, 6 de enero de 2012, San Salvador. -E  na Pea, trabaj en ARPAS, Las Dignas y el Comit Pro-Monumento, es Vicecnsul en la Cancillera de El Salvador en Boston. - Roxana Marroqun, trabaj en el CPDH y actualmente en el IDHUCA. -K  elly Miel, trabaj en la Concertacin Feminista Prudencia Ayala y actualmente en el ISDEMU. - Magali Urrutia, activista internacionalista e integrante del CPDH. - Sofa Hernndez, cofundadora del CPDH. -C  laudia Snchez, trabaj en el Centro de Paz (CEPAZ) y en el Comit Pro-Monumento. - Engracia Echeverra, integrante en el CPDH. - Claudia Interiano, trabaj en CDHES y Las Dignas, activista en el CPDH. -G  uadalupe Meja, coordinadora de CODEFAM e integrante del Comit Pro-Monumento. -M  ara Luisa Ayala, trabaj en el Movimiento Salvadoreo de Mujeres (MSM) y en la Asociacin Salvadorea para el Desarrollo (ASDI).

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Grupo focal 1, enero de 2012.

Grupo focal 2, enero de 2012.

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Anexo 2. Listado de entrevistas individuales Abril 2006 - Sandra Lobo, coordinadora de Pro-Bsqueda, San Salvador. - Guadalupe Meja, coordinadora de CODEFAM, San Salvador. -D  avid Morales, abogado de Tutela Legal y ex Procurador Adjunto de Derechos Humanos, San Salvador. Agosto 2007 - Carolina Constanza, coordinadora del CPDH, San Salvador. Abril 2009 - Gloria Guzmn Orellana, cofundadora de Las Dignas.*1 Diciembre 2011 -G  ladys Paredes, cofundadora de la Asociacin Campesina para el Norte de San Vicente, Cantn de Las Guayabillas (San Vicente). Marzo/abril 2012 - Carolina Constanza, coordinadora del CPDH, San Salvador. - Ester Alvarenga, coordinadora de Pro-Bsqueda, San Salvador. -C  arlos Henrquez Consalvi, director del Museo de la Palabra y la Imagen, San Salvador. - Patricia Garca, presidenta de COMADRES, San Salvador. Enero 2013 -M  ara Isabel Figueroa, cofundadora de COMAFAC, realizada por Juan Carlos Hernndez, El Salvador.

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Entrevista realizada con motivo de la publicacin: MENDIA AZKUE, Irantzu (2009), Gloria Guzmn Orellana. Semblanza, en MESA, Manuela (dir.), 1325 mujeres tejiendo la paz, Centro de Educacin e Investigacin para la Paz (CEIPAZ)-Fundacin Cultura de Paz, Icaria, Barcelona, pp. 124-127.

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