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Este documento analiza los juicios por crímenes de la última dictadura militar en Argentina como escenas culturales que manifiestan tensiones en torno a conceptos como justicia, poder y autoridad. Se enfoca en el juicio a Miguel Etchecolatz en 2006 en La Plata, el cual marcó un hito al condenarlo por genocidio. También aborda la desaparición de Jorge Julio López tras testificar en este juicio, y su significado. Utiliza testimonios de protagonistas y fuentes judiciales para examinar las luchas

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Este documento analiza los juicios por crímenes de la última dictadura militar en Argentina como escenas culturales que manifiestan tensiones en torno a conceptos como justicia, poder y autoridad. Se enfoca en el juicio a Miguel Etchecolatz en 2006 en La Plata, el cual marcó un hito al condenarlo por genocidio. También aborda la desaparición de Jorge Julio López tras testificar en este juicio, y su significado. Utiliza testimonios de protagonistas y fuentes judiciales para examinar las luchas

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I

UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA FACULTAD DE PERIODISMO Y COMUNICACIN SOCIAL


Trabajo de Tesis realizado como requisito para optar al ttulo de DOCTOR EN COMUNICACIN

LOS SENTIDOS DE LA JUSTICIA: JUICIO POR GENOCIDIO Y DESAPARICIN DE LPEZ EN LA CIUDAD DE LA PLATA

AUTOR: LEAVI GARDONI, Carlos. DIRECTORA: DELFINO, Silvia. CODIRECTORA: GODOY, Guadalupe.

II

A) DEDICATORIA: A Adriana Calvo porque en sus luchas, nos ense cmo encarnar aquella frase del Che de endurecernos sin perder la ternura jams. A Jorge Julio Lpez, a Miguel Bru y a todas las vctimas de las prcticas sociales genocidas, an en la actualidad A mis hijos que nacieron en democracia y seguramente nos ayuden a fortalecerla y profundizarla

B) AGRADECIMIENTOS: En principio a mis directoras de Tesis, Silvia Delfino y Guadalupe Godoy por el trabajo en este material, pero fundamentalmente por sus prcticas cotidianas en las luchas contra la impunidad. A todas las personas con quienes convers y que brindaron sus voces, reflexiones y materiales para que esta Tesis sea posible, especialmente en su lgica de ser hablada por los protagonistas: Nilda Eloy, Roco Lpez, Anbal Hnatiuk, Eduardo Reszes, Leopoldo Schiffrin, Norberto Liwski, Marta Vedio, Graciela Rosenblum, Rosa Bru, Chicha Mariani y Carlos Rozanski. A la Comisin Provincial por la Memoria, la Asociacin Miguel Bru, la Asociacin Ex Detenidos Desaparecidos, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la Unin por los Derechos Humanos y la APDH de La Plata, por los diversos y valiosos materiales. A Marice Fernndez, Fernando Prez, Silvina Arias, Marta Ungaro, por sus aportes. A los docentes y administrativos del doctorado, en quines encontr siempre una escucha atenta, inters y sugerencias en mi proceso de produccin de la Tesis. A Florencia Saintout y Facundo balo por su confianza, insistencias y apoyos (incluida la beca del Ministerio de Educacin de La Nacin) para que pueda terminar este ensayo. A Emilia Preux por su paciencia y su acompaamiento permanente.

III

INDICE
I. INTRODUCCIN. Los sentidos de la justicia: juicio por genocidio y la desaparicin de Lpez en la ciudad de La Plata. Desde dnde producimos la Tesis. II. LOS JUICIOS. II.1. LAS LUCHAS POR LAS ESCENAS DE JUSTICIA. Sobre la caja de un camin, con la plaza como testigo, tres sillas Las luchas por las escenas de justicia: desde el juicio a los comandantes al juicio a Etchecolatz y la desaparicin de Lpez. II.2. LA LARGA NOCHE DE LA IMPUNIDAD. La justicia en la pos dictadura. Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida: legalizando la impunidad. La presidencia de Menen profundizando la impunidad. II.3. LOS AMANECERES DE JUSTICIA. Los Juicios por la verdad o de cmo hacer justicia desde la justicia.

IV

La justicia en la calle: juicios tico-populares y escraches. Cuando no hay justicia, hay escrache Los juicios en el exterior: tribunales europeos juzgando militares argentinos. El fin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. II.4. DAS DE JUICIOS: ESCENAS DE LO CULTURAL. Los juicios como poltica de Estado. Los juicios en la actualidad: interpretando alcances y perspectivas. Los juicios como acontecimientos: jueces, historiadores y escenas de justicia. III. EL JUICIO A ETCHECOLATZ. III.1.LA BISAGRA: EL JUICIO A ETCHECOLATZ. Cmo miramos en el juicio a Etchecolatz? Carlos Rozanski de la escena televisiva a la presidencia del Tribunal. Ser querellantes atravesando las escenas de la justicia. III.2. LA PLATA: EL LUGAR, EL ESPACIO. Crnica de un juicio anunciado. El lugar del juicio. LA PLATA es tambin el espacio

III.3. LAS AUDIENCIAS ENTRE LO ORAL Y LO PBLICO. Las primeras audiencias. El juicio como escena televisada. El primer debate en la escena de justicia: prisin domiciliaria o crcel comn. Las audiencias testimoniales: Los testimonios en el juicio a Etchecolatz. Chicha Mariani en el juicio: 30 aos de bsquedas y testimonios. Ral Alfonsn: el ltimo testigo del juicio. Los testigos: prueba principal y humanidad lesionada. III.4. EL GENOCIDIO: ENTRE EL CLAMOR POPULAR Y LA VERDAD JURDICA. Los alegatos: entre el genocidio y la guerra. El Alegato de Justicia Ya: argumentaciones para condenar por genocidio. La defensa de Etchecolatz: guerra y descalificacin de los testigos. A quin le habla Etchecolatz? Condena histrica y desaparicin. Genocidio: debates y combates. Las novedades emergentes del juicio, generando las condiciones futuras. La sentencia a Etchecolatz: un mapa para leer una condena por genocidio.

VI

IV. JORGE JULIO LPEZ: TESTIMONIOS Y DESAPARICIN. IV. 1. LA DESAPARICIN COMO SIGNIFICANTE DEL TERROR. Y Lpez? La desaparicin como significante del terror. Los discursos ante la desaparicin: Aparicin con vida o Buscamos a Lpez. La desaparicin vivida: voces situadas de la comunicacin electrnica. Lpez en la escena del juicio. IV.2. LOS TESTIMONIOS DE LPEZ: LO POPULAR ENTRE TONOS Y PERMISOS. Jorge Julio Lpez y sus testimonios. Un testimonio entre culturas, lenguajes y discursos. Los tonos. Los permisos. Las inspecciones oculares: el juicio en otra escena y desde la mirada de los testigos. Los papeles de Lpez. IV.3. LA(S) JUSTICIA(S): APERTURAS Y OBTURACIONES. El testimonio de Lpez en el 2011.

VII

La causa Lpez: un modelo kafkiano. Lpez transmiti amor V. EL TESTIMONIO V.1.EL TESTIMONIO COMO EXPERIENCIA COMUNICACIONAL. El testimonio como experiencia comunicacional. Cambio de estatuto en el testimonio. El testimonio: un modo de narrar. El acto de testimoniar, imaginemos la situacin V.2. LAS POLTICAS DE PROTECCIN DE TESTIGOS. Los testigos en la escena del juicio a Etchecolatz. Las polticas de proteccin de testigos. VI. DNDE ESTA MIGUEL? VI.1.DESAPARICIONES EN DEMOCRACIA. Dnde est Miguel? De la experiencia subjetiva a las regularidades sociales, polticas y jurdicas. Desapariciones y escenas de justicia. La sentencia por Miguel Bru y Roberto Daz.

VIII

La desaparicin y el gatillo fcil como dispositivos de la impunidad. VII. CONCLUSIONES. BIBLIOGRAFA. ANEXOS (en versin digital). Alegato Justicia Ya en el juicio a Miguel Etchecolatz donde se pide calificacin de genocidio. Mapa de Centros Clandestinos de Detencin (CCD) del Circuito Camps.

Los sentidos de la justicia: juicio por genocidio y la desaparicin de Lpez en la ciudad de La Plata.

Palabras clave: Escenas. Cultura. Justicia. Genocidio. Testimonios. Desaparicin.

Resumen: Analizaremos los juicios por crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvicomilitar, como escenas culturales donde se manifiestan tensiones entre sentidos diversos respecto de la gobernabilidad, la autoridad y el poder; expresados en diferentes modos de justicia, en el rol del testimonio, en reclamos de organizaciones que luchan contra la impunidad, en las polticas pblicas con respecto a testigos desde los Estados/ gobiernos y desde la sociedad civil. Pondremos el foco de anlisis en el juicio a Miguel Etchecolatz, desarrollado en La Plata durante 2006, como acontecimiento fundante de una nueva relacin entre justicia, cultura y poltica a partir de una condena por genocidio. En ese marco, consideraremos las significaciones y alcances de una desaparicin en democracia, como la de Jorge Julio Lpez, incluyendo una relacin con la desaparicin de Miguel Bru. Tomaremos, adems, los testimonios como narraciones que dan cuenta de un nuevo estatuto comunicacional y poltico. Las investigaciones a partir de las cuales se produjo este ensayo de Tesis dialogan en el campo de la comunicacin/cultura con Stuart Hall, Florencia Saintout, Silvia Delfino, entre otros, y suman desde la historia y la filosofa, particularmente a Carlo Ginzburg, Paul Ricoeur y Michel Foucault. Son parte de los materiales las actas y documentos judiciales, los archivos de las organizaciones, los registros audiovisuales de los juicios producidos por la Comisin Provincial por la Memoria, las conversaciones y

reflexiones de los protagonistas de las escenas judiciales y culturales analizadas -exclusivas para la produccin de este ensayo-. De esta manera, la Tesis busca dar cuenta de la construccin cultural de los sentidos de la justicia, como parte de las luchas contra impunidad en nuestro pas. Sentidos que, excediendo el marco del derecho, se manifiestan como batallas en el espesor de lo cultural. Lenguajes y acciones expresados en voces diversas y mltiples, en los cuerpos que desaparecen o en los que irrumpen para dar pelea a travs de organizaciones, contra los intentos de convertir a la impunidad en elemento histrico hegemnico.

INTRODUCCIN.

El Terror se basa en la incomunicacin. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfaccin moral de un acto de libertad. DERROTE AL TERROR. HAGA CIRCULAR ESTA INFORMACION Rodolfo Walsh1

La presente Tesis tiene como marco general los juicios a represores que actuaron durante la ltima dictadura cvico militar en Argentina, luego de la derogacin de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida por parte del Congreso de la Nacin en 2004, y de la declaracin de inconstitucionalidad de las mismas por parte de la Corte Suprema de Justicia en mayo de 2005. La mirada se enfoca en forma particular en el proceso judicial oral y pblico al genocida Miguel Etchecolatz, desarrollado en 2006 en la ciudad de La Plata2, por considerarlo una bisagra, un emergente, un espacio de condiciones de posibilidad. Teniendo al mencionado juicio como foco del anlisis, consideramos la desaparicin de Jorge Julio Lpez, por testimoniar en democracia, tambin como punto de inflexin. La derogacin de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida abri una nueva etapa tanto en los juicios por delitos de lesa humanidad y genocidio en Argentina, como en la re-configuracin de los reclamos de justicia de las organizaciones. Esta situacin general se visibiliza con una

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Walsh, Rodolfo.Crnica del Terror, Informe N1.Cadena Informativa. Diciembre 1976. Tomaremos en consideracin las configuraciones que se han dado en la ciudad de La Plata como un lugar y un espacio que no slo fue uno de los ms castigados por el plan de la dictadura cvico-militar, sino tambin donde ms se han visto desarrollarse organizaciones y mltiples modos de accin colectiva en las luchas contra la impunidad.

singularidad ejemplar3 en el juicio oral y pblico del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N 1 de La Plata contra Miguel Etchecolatz entre junio y septiembre del 2006. Este juicio no slo ser un mbito donde se expresarn diversos y mltiples sentidos sobre la justicia, sino que adems funda nueva jurisprudencia, re-enmarca los delitos de lesa humanidad como parte de un genocidio, aconteciendo durante el mismo la desaparicin de Jorge Julio Lpez, testigo en dicho juicio. Esta segunda desaparicin de Lpez, ocurre al final del proceso judicial analizado y en el transcurso de gobiernos constitucionales4, por lo cual tambin es parte de esta singularidad ejemplar de la cual hablamos. Las prcticas, valores y experiencias que surgen del juicio y de la desaparicin adquieren transcendencia histrica al expresar diversos modos y sentidos de la justicia en los actores principales de estas situaciones: jueces, fiscales, testigos, querellantes, defensores; y especialmente, en las luchas de las organizaciones ante la impunidad. Esto implica considerar en ese proceso judicial/cultural la manifestacin de tensiones entre sentidos diversos sobre cultura poltica respecto de la gobernabilidad, la autoridad y el poder; expresados en diferentes escenas de justicia5, en el rol del testimonio, en reclamos de

Utilizamos la idea de singularidad ejemplar propues ta por Paul Ricoeur (pag.432-434 en La Memoria, la Historia, el Olvido. Editorial Fondo de Cultura Econmica. Buenos Aires, 2008). Nos interesa su concepcin de que con la historia del tiempo presente vuelven con fuerza lo poltico y el acontecimiento. La objecin de la falta de distancia y perspectiva que defiende una demora de rigor slo sera, la mayora de las veces, una coartada ideolgica variable segn las apuestas; el reto podra aceptarse en beneficio del dilogo entre vivos, entre contemporneos, y de una interrogacin referida precisamente a la frontera indeterminada que separa el pasado del presente y, finalmente, el archivo del testimonio. En esta frontera tiene lugar, en definitiva, la persistencia del pasado en las representaciones colectivas; ah debe ponerse al descubierto y ser exorcizada esta obsesin (pag.439) 4 Tomando el siglo XX como punto de partida, estamos viviendo el periodo ms largo de gobiernos constitucionales no cortado por ninguna irrupcin y golpe militar como ocurri desde 1930. Dato poltico que configura las luchas actuales y, en cierto sentido, debera presidir las estrategias de las organizaciones polticas populares. 5 La idea de mirar este proceso como escenas donde se tensan lenguajes, prcticas y culturas, a pa rtir de modos diversos de intervencin ms cultural y poltica que jurdica, la hemos tomado de Silvia Delfino. Esta manera de leer ser estratgica en todo en el recorrido de la Tesis.

organizaciones que luchan contra la impunidad, en las polticas pblicas con respecto a testigos desde los Estados/ gobiernos y desde la sociedad civil.

El juicio a Etchecolatz se toma como fundante y bisagra6, tambin como el derrotero7 de una causa, porque se convierte en el momento de un proceso donde se expresa un acumulado histrico (de organizacin, de reclamos, de luchas, de reivindicaciones) que intervienen en ese presente. Pero, adems, se proyecta hacia el futuro: se instala en la agenda pblica y social la necesidad de juzgar a. Por eso hablamos de los juicios como acontecimientos culturales, ms que situaciones jurdicas, donde, como nos dice Graciela Rosenblum, se expresa y se manifiesta, o no, lo que nadie escribe 8.

Para armar el mapa de los materiales posibles que se articularan alrededor del acontecimientosituacin de la desaparicin de Lpez en trminos de cultura poltica respecto de la gobernabilidad, la autoridad y el poder, consideramos las luchas contra la impunidad como parte del proceso poltico de constitucin tanto de ncleos ideolgicos ms amplios (en el sentido comn, las inflexiones respecto de qu se puede juzgar, hasta dnde historizar el exterminio -ayer

Esta idea la hemos conversado con Guadalupe Godoy, quien sostiene la idea de bisagra no slo porque es uno de los primeros juicios luego de derogadas las llamadas leyes de impunidad, sino porque posee caractersticas propias que van a configurar los juicios de los aos posteriores, modificando los modos de intervencin tanto a nivel de las organizaciones como en la propia escena de justicia y hasta en los criterios jurdicos de los tribunales. 7 Hablamos de derrotero y pedimos prestado el concepto que utilizan los navegantes para explicar los obstculos, idas y vueltas que tendr esta causa. Para tener aunque sea una visualizacin del recorrido de la misma, como ya hemos dicho, agregaremos en el Anexo documental el punteo que las organizaciones han realizado de cada uno de los pasos que tuvo desde que se inici. Observar esos apuntes es como mirar un mapa de las luchas invisibilizadas contra la impunidad en un expediente judicial que 7 aos despus tendr relevancia pblica. 8 Esta mirada es aportada por Graciela Rosenblum, Presidenta de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre en entrevistas y conversaciones sobre los juicios en Argentina y las trayectorias y miradas desde las organizaciones.

hoy-) y los actores que llevaron a cabo esas luchas (organismos, querellantes, juicios por la verdad, juicios tico-polticos, escraches, derogacin de las leyes de obediencia debida e indulto); y simultneamente, el lugar del discurso sobre derechos en la relacin Estado - sociedad civil.

Del dilogo de estos procesos judiciales con su correspondiente audiencia o debate podemos indicar, por un lado, cmo se constituye la escena del juicio como una relacin entre lenguaje(s) y acciones en el campo material de la cultura y, por otro, la fuerza o energa simblica que estos procesos tienen por su difusin meditica pero fundamentalmente como material ideolgico- en relacin con prcticas cotidianas en las luchas simblicas por la hegemona9. Con Silvia Delfino entendemos como escena tanto el acto mismo -en trminos del proceso de acusacin, audiencias, testimonios, alegatos y sentencia que luego se vierte como efecto de jurisprudencia sobre el futuro- como a su constitucin como problema de agenda de los medios cuando es filmado y televisado o restringido a la visibilidad pblica y registrado slo por agentes judiciales y policiales10. Si hablamos de escenas, es provechoso para nuestro anlisis tomar de Michel Foucault sus propuestas con respecto a cundo se produce un "cambio de escena". Precisamente esto es lo que a priori consideramos que ocurri con el juicio a Etchecolatz: un cambio de escena cultural y poltica. Foucault nos propone, para dar cuenta de ese cambio, hacer "un anlisis de condiciones de existencia, de sus leyes de funcionamiento y de sus reglas de transformacin".
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La nocin de hegemona en tanto lmites y presiones especficas y cambiantes () en lucha en un proceso histrico situado, la tomamos de Raymond, Williams en Marxismo y Literatura (pag.129 a 136). Ed. Pennsula, Barcelona, 1980. 10 La relacin entre lenguaje y accin en las escenas de juicios contra genocidas en Argentina, presentado por Silvia Delfino en el VII Congreso nacional y II Congreso Internacional de la Asociacin Argentina de Semitica.

Sera ste "el proceso mediante el cual se constituye un "saber"11. Cul es o son esos saber(es) ser parte entonces de nuestros anlisis.

Desde dnde producimos la Tesis.

Vale aclarar de entrada que esta Tesis no pretende ser asptica, ni neutral 12, ms bien se asume como un aporte ms en la puesta en comn, en la comunicacin, en un reporte pblico de una investigacin frente a aquellos que basan el Terror13 en la incomunicacin. Por eso, la cita de Rodolfo Walsh funciona como marco de nuestro anlisis desde la satisfaccin que produce un acto de libertad, cuando enfrenta el Terror de una desaparicin en democracia mientras se daba un proceso de juzgamiento por genocidio. Como en la cita que Pierre Bourdieu toma de Ferdinand Saussure, considero que el punto de vista crea el objeto14, lo cual no implica relegar una necesaria vigilancia epistemolgica, sino ms bien trabajar desde la honestidad intelectual que formula de entrada desde dnde produce lo que produce, une lo que otros no unen, argumenta lo que otro(s) desprecia(n), distingue y visibiliza aquello que llevan hacia lo oculto. En sntesis, asumimos un lugar de luchas no slo al elegir qu analizamos, sino cmo, para qu y para quines lo hacemos.

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Michel Foucault, La vida de los hombres infames, Pag.22. Editorial Altamira.Bs.As.1996. No existe un sujeto neutral. Somos necesariamente el adversario de alguien, nos dice Michel Foucault en Genealoga del Racismo (pag.47). Ed. Altamira, La Plata, 2008. 13 La mayscula no es un error ortogrfico, como en el original de Rodolfo Walsh, es una eleccin poltica que resalta los acontecimientos de referencia. 14 Bourdieu, Pierre, Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron, La construccin del objeto, en la segunda parte de El oficio de socilogo, Buenos Aires, Siglo XXI ed., 1975.

Desde esta lgica, la produccin de la Tesis es pura co-autora. Surge de lecturas especficas y mltiples, de conceptos prestados para pensar situaciones complejas, de tcticas y estrategias en el juego real de las disputas por los sentidos de las organizaciones que luchan contra la impunidad. Esta produccin colectiva, se origina fundamentalmente en las conversaciones con mis directoras Silvia Delfino y Guadalupe Godoy. Conversaciones urgentes sobre situaciones reales. Estas conversaciones son parte del mtodo de anlisis e investigacin que dio lugar a la produccin del ensayo de la Tesis. Hemos considerado que hay mayor aporte conceptual, analtico y relevancia institucional en los dilogos que hemos desarrollado con las/los protagonistas de los acontecimientos que en realizar entrevistas estructuradas o cuestionarios acotados. Esta decisin metodolgica y epistemolgica implica asumir tambin una concepcin de lo comunicacional como parte de las tradiciones latinoamericanas en tanto dilogos con sus silencios y sus voces. Desde nuestra perspectiva hay produccin de conocimiento en estas conversaciones con jueces, fiscales, abogados querellantes, periodistas, testigos, militantes de organismo de derechos humanos. Por esta razn atraviesan sus palabras y argumentaciones el ensayo de tesis. Adquieren incluso otra forma: van en letra cursiva. Porque queremos resaltar estas miradas, sus dudas, certezas, exponer esos detalles que surgen de experiencias densas, traumticas y liberadoras, cargadas de tensiones que pueden observarse ms en los dilogos que en una entrevista tradicional. Se notarn los climas productivos que se construyeron en las charlas, porque surgen del reconocimiento de un protagonismo en las escenas que analizamos, en destacar prcticas y luchas. De esta manera, esas voces, tramadas por las conversaciones,

atraviesan todo lo escrito, pero tambin presidirn como cita cada captulo; esas citas permiten leer este ensayo de Tesis como coordenadas de un mapa15.

Y desde nuestra perspectiva, no existen problemas de investigacin que no estn asimismo articulados con algn modo de intervencin, incluyendo a la docencia, la extensin y la investigacin. Por ende no hay problemas que no surjan de algunos malestares. Una curiosidad, un debate inconcluso o sin aparente desarrollo, una incomodidad. La necesidad de intervenir para que algo suceda como creemos que debe ocurrir y no como el orden naturalizado quiere que ocurra.

Por esto, las preguntas y problemticas que animan la temtica de mi tesis doctoral, surgen de la dinmica poltica cotidiana en la que estoy inmerso. Espacios y situaciones donde se tensionan constantemente distintos estatutos de lo comunicacional y de la cultura poltica. Mi vnculo con la problemtica elegida parte, por lo menos, de una doble situacin: ser Secretario General electo de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) de La Plata-Ensenada y Profesor de la ctedra Comunicacin y Teoras de la Facultad de Periodismo y Comunicacin Social de la UNLP.
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Trabajar la idea de mapas implica considerar la posibilidad de visualizacin y j erarquizacin de problemticas. Como en todo mapeo, proponemos establecer distinciones entre rutas principales y senderos vecinales (al decir de Juan Carlos Indart); como un modo de ir transitando por las calles, por los caminos y las historias; explorando para ubicarnos en una cartografa cultural desde perspectivas panormicas y polticas cartogrficas, desde mapas de navegacin al decir de Jorge Gonzlez. O como expresara Anbal Ford en ese material tan rico editado por nuestra facultad, como 1973: las clases de Introduccin a la Literatura y otros textos de la poca: me fijo en el mapa y comienzan a suceder cosas La metfora del modo de lectura carto(geo)grfica tambin la podemos ver en Argentina en David Vias con sus meandros, lechos, afluentes y embocaduras cuando hace su anlisis En Literatura y poltica: de Lugones a Walsh . O en la literatura francesa actual en la novela El mapa y el territorio de Michel Houellebecq , en la primera exposicin del artista/protagonista Jed Martn, que lleva como ttulo: El mapa es ms interesante que el territorio. Desde nuestro campo de la comunicacin, es t explcito en el libro de Jess Martin Barbero Oficio de cartgrafo: travesas latinoamericanas de la comunicacin en la cultura.

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Mi recorrido como estudiante/militante/trabajador en la Universidad Nacional de La Plata durante la dcada del 90 fue marcado por una serie de situaciones que aparecen de diversas maneras en la produccin de esta Tesis. En principio, el ser parte de una Facultad que pona -y pone- en el centro de la escena a Rodolfo Walsh y sus prcticas como horizonte poltico. Tambin la desaparicin de mi compaero de estudios Miguel Bru en 1993, que me llev por primera vez a manifestarme en la calle, precisamente ante un juzgado penal, exigiendo justicia y preguntado Dnde est Miguel. Comparto las palabras de Cristian Alarcn, cuando dice que no somos los mismos despus de la desaparicin de Miguel. Precisamente por esto, la Tesis tendr un Apndice que indagar las regularidades y discontinuidades entre el juicio analizado y los alcances de ambas condenas: una es la primera que condena sin el cuerpo del delito y la otra, la primera por genocidio; adems de las implicancias de las desapariciones de Miguel Bru y Jorge Julio Lpez. A todo esto se le suma la militancia contra la Ley de Educacin Superior debatida y sancionada en 1995, con las mayores movilizaciones del movimiento estudiantil platense de los ltimos 20 aos. Pero, singularmente y como parte de mi subjetividad, mi participacin como periodista en el peridico de la Asociacin Madres de Plaza de Mayo, donde me re-encuentro, al producir esta Tesis, con las crnicas que escrib de los Juicios ticos-populares que se hacan en las plazas durante la dcada del 90 o con aquellas que dan cuenta de las luchas ante la desaparicin de Miguel Bru y los reclamos de justicia. De aquellas experiencias, donde buscbamos comunicar las luchas de las organizaciones de Derechos Humanos en pocas de profunda impunidad, a estos anlisis encuentro una continuidad, un recorrido, una trayectoria que se expresa en una manera de mirar las escenas judiciales como espacios de lo cultural/comunicacional con preeminencia de lo poltico, en tanto las lgicas de legitimacin de poder, sus asimetras, tensiones y conflictos.

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Con estas breves referencias quiero decir, que las estrategias por la visibilidad de las luchas ante la represin poltica, desde la mirada de los trabajadores son parte estructural de mis recorridos tanto polticos como acadmicos. Tanto al preguntarme en las marchas con mis compaeros/as Dnde est Miguel?, como al exigir con mltiples intervenciones urbanas y culturales la Aparicin con vida de Lpez. Es en este sentido que intentar formular interrogantes de esa inquietud ms general que resulta de las diversas escenas de justicia, de los reclamos de las organizaciones y las estrategias para hacer visible la pelea contra la impunidad.

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II LOS JUICIOS

Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan hroes, ni mrtires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece as como propiedad privada, cuyos dueos son los dueos de todas las otras cosas. Rodolfo Walsh

Resumen: El derrotero de las luchas por los juicios para juzgar delitos de lesa humanidad cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar en Argentina, es una muestra de las relaciones de fuerza en pugna en nuestra sociedad. Por esto, buscaremos historizar este recorrido que va desde derogar la Ley de Auto-amnista, promulgada por la dictadura el 23 de septiembre de 1983 por ser

moralmente inaceptable, a la lucha de los organismos de derechos humanos y las mltiples organizaciones democrticas que generaron con arduos debates y diversos (des)acuerdos en 1985 el Juicio a los Comandantes. Abordaremos la promulgacin de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, entre 1985 y 1986, hasta su anulacin/derogacin casi 20 aos ms tarde, situacin que abri una nueva etapa de juicios contra los genocidas en Argentina. Consideraremos tambin cmo la negacin de acceso a la justicia gener modos de participacin popular callejera, como los juicios tico-

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populares y los escraches, hasta las nuevas instancias dentro de los propios tribunales como los Juicios por la Verdad o los juicios en el exterior. Tambin describiremos cmo los juicios se han convertido en poltica de Estado y repasaremos diversas miradas sobre los resultados y alcances, considerando el periodo 20062012. Por ltimo, situaremos el anlisis en la construccin de las argumentaciones respecto de la consideracin de estos mbitos ms como acontecimientos culturales que jurdicos, donde surgen las escenas en las que se lucha por quin, cmo y hasta dnde juzgar; hasta el cmo y desde dnde hablan los que hablan; atravesando incluso los debates entre jueces e historiadores. En sntesis, como nos dice Silvia Delfino, propondremos focalizar los modos en que estas escenas interpelan nuestra percepcin del vnculo entre lenguaje(s) y accin, tanto desde la teora y las investigaciones como desde la produccin de acciones polticas compartidas16

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Silvia Delfino, La relacin entre lenguaje y accin en las escenas de juicios contra genocidas en Argentina, VII Congreso Nacional y II Congreso Internacional de la Asociacin Argentina de Semitica, 2007.-

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II. CAPITULO 1 LAS LUCHAS POR LAS ESCENAS DE JUSTICIA.

que sirva para que nuestro pueblo condene a estos asesinos () Que nuestro pueblo alguna vez haga justicia Adriana Calvo

CON LA PLAZA Y LA ESTACIN DE TRENES COMO TESTIGOS SOBRE LA CAJA DE UN CAMIN, TRES SILLAS

La nota lleva como ttulo Las manos se alzaron: culpable17. Fue publicada en septiembre de 199518. Es una crnica que escrib sobre un juicio tico-popular realizado en Quilmes, donde se juzgaba en la plaza pblica, frente a la estacin de trenes, al mdico y polica bonaerense Jorge Antonio Bergs19. En esos mismos das, apareci pblicamente Emilio Massera. Sus

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Carlos Leavi, Las manos se alzaron: culpable. Juicio tico-popular a Bergs, diario de la Asociacin Madres de Plaza de Mayo, ao XI, N123, pag.23, septiembre de 1995. 18 No puedo dejar de resaltar que aquella nota fue escrita en una mquina de escribir. Hoy la tomo del original de su publicacin, porque aunque sea su autor, haba una sola copia y era la que presentaba a los responsables del diario. Hemos decidido que su transcripcin sea literal, sin modificaciones respecto del original, ya que parte de su valor radica en estar situada histricamente en uno de los momentos ms duros del neoliberalismo y del proceso de impunidad respecto de los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar en Argentina. 19 En 2004 el mismo juez Rozanski integr el tribunal que conden a Jorge Bergs y Miguel Etchecolatz por la supresin de identidad y la falsificacin de los documentos de una hija de desaparecidos nacida en cautiverio. El 6 de abril de 2004, el Tribunal Oral Federal N1 de La Plata dio a conocer los fundamentos de la sentencia de condena a los represores Jorge Bergs y Miguel Etchecolatz a siete aos de prisin y orden la restitucin de la identidad a Carmen Gallo Sanz, hija de los desaparecidos uruguayos Ada Sanz y Eduardo Gallo Castro. Como aparece en la Tesis, este juicio de 2004 an con la vigencia de las llamadas leyes de impunidad, implic una experiencia trascendente para las organizaciones que luego seran querellantes en el juicio objeto de nuestro anlisis. As nos lo cuenta Marta Vedio del APDH en las conversaciones para la Tesis. Tambin pueden leerse fundamentos de la sentencia condenatoria contra Jorge Bergs, que de alguna manera van generando el escenario de la sentencia del 2006: www.apdhlaplata.org.ar/juridica/juridicab12.htm

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declaraciones se reprodujeron profusamente a travs de medios grficos (revista Gente), en radio (entrevistado por Daniel Hadad) y en televisin (en el programa de Mariano Grondona). Disputas por los sentidos respecto del alcance de las condenas, por la memoria, la verdad y la justicia. Los escenarios en aquellos aos estaban claros: unos estbamos en calles y plazas, otros en los medios y las pantallas. Al respecto, Jorge Bernetti20 argumentaba en ese mismo momento, que es necesario pensar el tema de la permanencia de lo histrico en nuestro pas. Me parece grave la forma en que est instalado en la Argentina. O no lo est. Cuando apareci Massera en Canal 2 alguien dijo que es hora ya de que se pase por TV el juicio a las Juntas, no slo completo, sino con la banda sonora adems. Se film todo el juicio y cada noche se exhiban fragmentos, pero por acuerdo de la Cmara judicial con el periodismo obviamente manejado por el gobierno y los militares- se transmita la imagen pero no el sonido, excepto los alegatos finales del fiscal y de los defensores de los acusados. Pero la palabra no estuvo. El pueblo nunca la escuch. Como sostiene Bernetti, este es un elemento fundamental, porque la hegemona cultural y la hegemona en la construccin de la historia es de los medios, especialmente de la televisin. () La sensacin es que el indulto a los jefes de las Juntas decretado por Menem funcion como una especie de entierro del tema. En el mismo trabajo, Adriana Puiggrs se pregunta respecto del contexto cultural y poltico de aquel entonces, qu es en realidad la sociedad civil en la Argentina? o el Estado, la televisin, la clase poltica, lo abarcan todo, dominan todo?

Recientemente, el pasado 26 de noviembre de 2012 se pidi la expropiacin del consultorio de Bergs en Quilmes. Esta situacin muestra la actualizacin de nuestro estudio, pero tambin los puentes entre aquellos juicios tico-populares en 1995, las escenas judiciales de principios del siglo XXI y la situacin actual respecto a aquellos puntos de partida en los reclamos de justicia. www.elsolquilmes.com.ar/.../22700-piden-laexpropiacin-del-ex-co...
20

Jorge Bernetti y Adriana Puiggrs, Historia y Memoria, en Ni el flaco perdn de Dios (pag. 332 a 340), de Juan Gelman y Mara La Madrid, ed. Planeta, Buenos Aires, 1997.

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Massera, en libertad a partir de los indultos, opinaba a travs de los medios masivos de comunicacin y deca respecto de lo que nos interesa: Durante el juicio (a los ex comandantes) nadie pudo probar mi participacin directa en un asesinato. Fue un juicio arbitrario. Tampoco me hago el tonto. Seguramente algunos torturaron y unos cuantos desaparecieron. No lo voy a negar ahora (sic). Incluso fue un poco ms all y admiti algo que la Armada haba negado por mucho tiempo: un grupo operativo de la ESMA fue responsable del asesinato del escritor, periodista y militante Rodolfo Walsh, quien hasta el ltimo minuto de su vida denunci los crmenes de la dictadura: Se defendi y fue muerto a tiros, dijo Massera frente a las cmaras de televisin.

En un contexto21, en el que la propia polica (me enterara aos despus) catalog como un juicio tico y poltico, describ una escena de justicia que result en mi caso paradigmtica, premonitoria, como un anuncio de lo que vendra, como parte de una manera de mirar las luchas contra la impunidad que atravesar la produccin de esta Tesis. Leemos en aquella crnica de un juicio tico-popular:

En el televisor se recorta la figura de Massera. Aparecen los represores y sus cmplices de siempre que le dan el lugar que quieran. El ajuste aprieta fuerte y necesita cada vez ms
21

El contexto implica haber sido sometido a la inteligencia de los servicios de la polica bonaerense. Esta situacin, que poda ser una presuncin, fue documentada 10 aos despus (en 2005) cuando solicit mis datos a la Comisin Provincial por la Memoria que tiene a su cargo los archivos de la ex DIPBA (Direccin de Inteligencia de la Polica de Buenos Aires), all aparecen mis datos a partir de una reunin realizada en Buenos Aires el 25 de julio de 1995. El documento realizado por alguien especializado en caligrafa, con letras gticas en sus ttulos y con mquina de escribir, en la informacin precisa: Asunto: JUICIO TICO Y POLTICO

A LA POLICA BONAERENSE ORGANIZADO POR LA ASOCIACIN MADRES DE PLAZA DE MAYO 12 (TACHADO) DE AGOSTO EN QUILMES. Procedencia: DELEGACIN ICIA. CAPITAL FEDERAL. Origen: REUNION DE INFORMACION. Fecha: 25/julio/1995. Legajo: 124.

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justificar la represin: la que pas, la que ocurre y la se prepara. Ante esto, los 18 aos de pelea de las Madres nos muestran un ejemplo. Ellas mismas han ido abriendo nuevos caminos de denuncia, que exigen Aparicin con vida y Crcel a los genocidas. Los juicios populares son parte de esto. El ltimo juicio tico-poltico ocurri en Quilmes el pasado 12 de agosto. En la calle, con una plaza pblica y la estacin de trenes de testigo, se conden al mdico-torturador Jorge A. Bergs. Sobre la caja de un camin, tres sillas, dos para los fiscales (Antonio Rojas Salinas y Eduardo Barcesat) y la tercera para quien fuera a declarar, a testimoniar. Enfrente la gente, es decir, los jueces; sentados o parados escuchaban atentamente, o gritaban, o aplaudan, o cantaban, o exigan22

La crnica contina su relato destacando los testimonios23. El juicio comenz con el testimonio de hijos de desaparecidos. Hablaron Ana Gonzlez Villar y Emiliano Guido. Qu efectos provocaron en vos la desaparicin de tus padres?, pregunt el fiscal. Odio haca la injusticia, la mentira, a estos asesinos, a los torturadores, y un profundo amor y orgullo no slo a mis viejos sino a los 30.000 desaparecidos. Slo mueren quienes no dejan nada y nuestros padres nos dejaron lo mejor, el orgullo de ser sus hijos, contestaron. Continu la hermana de otro desaparecido, vctima de Bergs, Isabela Valenzi, quien relat cmo este mdico-torturador hizo desaparecer en abril del 77 a su sobrino junto a su madre.

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Carlos Leavi, Las manos se alzaron: culpable. Juicio tico -popular a Bergs, diario de la Asociacin Madres de Plaza de Mayo, ao XI, N123, pag.23, septiembre de 1995. 23 Resalto el lugar de los testimonios en aquella crnica de 1995 en principio porque son parte de los materiales sustanciales de nuestro anlisis en la Tesis, a tal punto, que proponemos pensar a partir del juicio a Etchecolatz y la desaparicin de Lpez un cambio de estatuto en el testimonio. Por otro lado, es relevante observar como coinciden algunos testigos (Adriana Calvo y Rosa Isabella Valenzi por ejemplo) entre aquella escena de justicia en la calle en Quilmes y la que ocurri en La Plata en 2006 al juzgar a Etchecolatz.

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Luego sigui Adriana Calvo de Laborde24, de la Asociacin ex-Detenidos Desaparecidos, quien sufri en carne propia las torturas de Bergs. Esta testigo en relacin al juicio plante que sirva para que nuestro pueblo condene a estos asesinos, que fueron dejados en libertad por Alfonsn, por legisladores y jueces corruptos. Que nuestro pueblo alguna vez haga justicia Bergs era polica primero y mdico despus. Ha quedado momentneamente en libertad, pero las leyes no lo limpiaron, no lo insertaron en la sociedad. Con estas palabras defina al acusado el testigo Marcelo Parrilli, abogado del CELS. Por ltimo, la doctora Diana Kordon, afirm que Bergs ha violado los principios bsicos de nuestra profesin, ha violado la tica mdica, ha violado los principios de proteccin, solidaridad y atencin. No falt en el juicio la expresin artstica. Msica y actuacin diciendo con gestos y movimientos, la muerte, la esperanza y el deseo de justicia. Y los fiscales pidieron sentencia para el mdico-torturador: Que nunca ms este hombre haga ejercicio de su profesin ni ocupe cargo alguno. Este tribunal tiene dos certezas que ellos jams tendrn, ac25 el pueblo es pueblo y los criminales son criminales. No han sido, no son y no sern nunca nuestros iguales El lugar que ocupan se convertir en vacio. Quisieron el silencio, tendrn la mudez, ninguna relacin social para ellos, ningn vnculo con lo humano Seores jueces, pedimos se los condene por este tribunal tico, a la nada.

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Son sustanciales las reflexiones de Adriana Calvo para comprender la situacin en aquellos aos, en el citado libro Ni el flaco perdn de Dios, de Juan Gelman y Mara La Madrid (pag.97 a 114). All Adriana Calvo afirma: Las consecuencias de la dictadura las vamos a vivir muchsimos aos, muchos ms que los alemanes. La impunidad consigue que las consecuencias perduren a lo largo del tiempo. Tenemos que seguir testimoniando, cuando podemos, donde podemos, porque ac no hubo justicia. Tenemos esa carga sobre la espalda y nos sentimos culpables si nos olvidamos de un detalle. Esto es as porque la sociedad no recuerda. Cuando la sociedad recuerde, nosotros podremos olvidar. Entre comillas. 25 Ac es una referencia territorial que resalta el lugar de ocupacin del espacio pblico. Ac es la plaza pblica, frente a la estacin de trenes, arriba de un camin, marchando en las calles de Quilmes

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Entonces lleg el momento de decidir, lleg el momento de respirar justicia. Y las manos se alzaron con fuerza, todas sin excepcin, lo declararon culpable.

La escena de este juicio, esta narracin que produje como estudiante de Periodismo de la Escuela de Periodismo de la UNLP, va a atravesar la produccin de la Tesis, que analiza otro juicio, en otros contextos y situaciones histricas. La latencia de una manera de mirar los procesos de las luchas contra la impunidad tiende puentes entre aquel invierno de 1995 y el de 2006; entre el juicio tico-popular a Bergs y el juicio a Etchecolatz; entre los modos de la justicia y la construccin de sus escenas en tanto acontecimientos socio-polticos, ms que como eventos de carcter jurdico. Tensin entre las justicias burguesas y las populares. Puesta en accin de cosmovisiones que buscan espacios propicios para su desenvolvimiento: las calles, la plaza pblica, el camin y sus tres sillas; o el estrado del tribunal, sus modales monrquicos, y sus edificios tradicionales. Como argumenta Mijail Bajtin en sus anlisis, en la plaza pblica se escuchaban los dichos del lenguaje familiar, que llegaban casi a crear una lengua propia, imposible de emplear en otra parte, y claramente diferenciado del lenguaje de la iglesia, de la corte, de los tribunales, de las instituciones pblicas, de la literatura oficial, y de la lengua hablada por las clases dominantes (aristocracia, nobleza, clereca alta y media y aristocracia burguesa), si bien es cierto que a veces el vocabulario de las plazas irrumpa tambin all, en determinadas circunstancias 26. Las plazas pblicas y las calles en la dcada del noventa creando su lenguaje, recreando la justicia que estaba ausente, instalando significantes. Pero en el cambio de las circunstancias veremos,

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Mijail Bajtin, La cultura popular en la edad media y en el renacimiento, cap. 2, El vo cabulario de la plaza pblica en la obra de Rabelais, pag. 139. Ed. Alianza, Madrid, 1988.

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describiremos, esos lenguajes, prcticas y saberes plebeyos irrumpiendo en las escenas de la justicia tradicional a partir del 2006 en el juicio a Etchecolatz y en la desaparicin de Lpez.

Pero la crnica sigue y vale para nuestro anlisis llegar hasta el final de aquel escrito de 1995, para habilitar aquellas consideraciones, sus argumentaciones, sus referencias en personas y en modos de la accin poltica y cultural que de alguna manera se explicitan en las descripciones de esta escena.

Enseguida vinieron las palabras de Osvaldo Bayer. Tenemos la necesidad de decir la verdad por la valenta de proclamar la verdadera justica, expresaba, para aclarar ms adelante que, nosotros no tenemos armas, pero tenemos la palabra, y la sagrada rebelda de los pacficos y de los que quieren las calles llenas de flores y de nios felices. Por ltimo y en relacin a las jvenes vctimas de Bergs, Bayer nos deca: miremos a luz que nos dejaron esas jvenes queridas, luz para que abramos caminos y senderos en la sociedad arrodillada ante los corruptos de hoy y los genocidas de ayer. Mantengamos esa luz para que las nuevas generaciones pisoteen para siempre el recuerdo maloliente del asesino Bergs y el de sus protectores Hebe cerr el juicio tico-poltico. Habl de seguir condenndolos en todos los lugares del pas. Repudi con fuerza la aparicin de Massera, afirmando que al enemigo se lo combate no dndole lugar a ninguna otra cosa. Al hablar sobre la represin actual, expres que nos quieren hacer creer que la democracia pasa por una Subsecretara de Derechos Humanos, mientras matan a los pibes en las comisara o los persiguen y marginan a los homosexuales. Al final y en relacin a estos 18 aos de pelea de todos los das, Hebe dijo que jams vamos a

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abandonar la lucha, este es un juramento que le hicimos a nuestros hijos el primer da que salimos a la calles, y ahora por ustedes, nunca abandonaremos la lucha. No bast con todas esta palabras, no bastaron los testimonios ni la condena, por eso fue necesario seguir un poco ms, y as se march al pozo de Quilmes. Y las calles de esta ciudad fueron testigo de la gente que exiga justicia. Al llegar a ese lugar siniestro, un cartel defina todo: La Brigada de Investigaciones de Quilmes fue y es un campo de concentracin. Una vez ms, siendo protagonistas de la historia, se alzaron las manos condenando. Se alzaron las manos en defensa de la vida. Porque como dicen las Madres, las leyes las hacen los hombres y tambin los hombres podemos rechazarlas y juzgar con nuestros propios principios ticos. Y as fue esta tarde en Quilmes, cuando las manos se alzaron y gritaron culpable.

La nota es acompaada por tres fotos: una es una vista panormica desde el camin donde se observa a Osvaldo Bayer, entre los pauelos blancos y miles de personas levantando sus manos; en otra est la bandera frente a la Brigada de Investigaciones de Quilmes, donde se afirma que la misma fue y es un campo de concentracin; la ltima es la cabecera de la marcha por las calles, con las consignas Aparicin con vida, Madres de Plaza de Mayo y detrs, la bandera de HIJOS La Plata. El epgrafe de las imgines dice: La denuncia, las Madres, los Hijos, y todas las manos alzadas para condenar al horror y a sus responsables.

Este contrapunto periodstico27 en plena dcada del noventa, en el cual estoy involucrado, narrando los juicios en la calle a travs de las crnicas en la prensa de las organizaciones, se
27

En el mismo diario de aquel septiembre de 1995, en pag. 5, encuentro otra crnica, en la que describo un acto ante la jefatura de la polica bonaerense donde se denunciaba a los alumnos de Camps: Klodczick, Pelacchi y Duhalde. Mis primeras notas escritas y publicadas son sobre la desaparicin de Miguel Bru. Existe

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cruza con la significacin de un genocida (Massera en este caso), construyendo un discurso no slo sobre el pasado y las responsabilidades de la dictadura, sino tambin sobre ese presente y el futuro que diversos actores polticos disputaron, disputan y disputarn. Desde estas primeras experiencias, la produccin de la Tesis, de acuerdo con la concepcin del Doctorado en Comunicacin, no parte de la neutralidad poltica/acadmica, porque en estas bsquedas implicamos el rescate histrico y el anlisis desde explcitos presupuestos epistemolgicos que tambin son parte de las luchas en la construccin de los sentidos en torno a la memoria, la verdad y la justicia.

Partimos de una manera de mirar, que como nos lo revela la crnica del ao 1995, busca descubrir indicios, momentos, seales, pliegues de acontecimientos-situaciones, que nos permitan analizar procesos de construccin de sentidos que, sin negar ambivalencias y ambigedades, nuestros pueblos continan produciendo en sus luchas por los espacios pblicos. Y es desde esta mirada construida desde aquellos aos en la dcada del noventa, que consideramos junto con Silvia Delfino, que al poner en acto las reglas de constitucin de la justicia, la escena reconfigura, transitivamente, los umbrales polticos para la discusin y la prctica respecto de un conjunto de problemas que son historizados, precisamente, a partir de esas acciones. Y entre ellos, nos parece oportuno nombrar, como modo de establecer estos puentes y relaciones:

una relacin entre las bsquedas de justicia, sus luchas, y las denuncias del rol de la polica bonaerense en estas situaciones represivas que se continuaban durante gobiernos constitucionales. Tambin se resaltaba cmo hasta las paredes de la ciudad en sus graffitis contaban qu estaba pasando: La muerte va en patrullero, colabore con la polica: pguese y tortrese solo.

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a) el vnculo entre crmenes de lesa humanidad del pasado y la represin en el presente y sus alcances sobre los testimonios, pero tambin sobre las acciones organizativas para el reclamo de justicia; b) modalidades de accin respecto de sitios o conmemoraciones de acuerdo con lo que los historiadores denominan monumentalidad de la memoria, tanto desde el Estado como desde la sociedad civil, c) la instauracin de relaciones entre saber y poder que vuelven ineludible la revisin histrica de procesos judiciales previos, en este caso la Causa 13/84, conocida como Juicio a las Juntas y su sentencia, citada en los fallos de las condenas al Turco Julin y Etchecolatz; d) la ratificacin o cambios en los cargos que se imputan a partir de la escena del proceso. En el transcurso del juicio oral a Etchecolatz, que dur ms de dos meses, la querella solicit el cambio de la acusacin a Genocidio28.

Las luchas por las escenas de justicia: desde el juicio a los comandantes al juicio a Etchecolatz y la desaparicin de Lpez

Las luchas de las organizaciones por construir escenas de justicia favorables a un juzgamiento de los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar en Argentina, aparecen relacionadas con la consigna sintetizada en: MEMORIA, VERDAD y JUSTICIA. De esa relacin, en tensin permanente entre las habilitaciones del Estado y las presiones desde la

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Silvia Delfino, La relacin entre lenguaje y accin en las escenas de juicios contra genocidas en Argentina, VII Congreso Nacional y II Congreso Internacional de la Asociacin Argentina de Semitica, 2007.-

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sociedad civil partiremos para dar cuenta de la genealoga de esas luchas y sus condiciones de existencia en el periodo que va desde 1984 (CONADEP) y 1985 (Juicio a los Comandantes) hasta 2006 (Juicio a Miguel Etchecolatz). Nuestra mirada historiza y proyecta desde el anlisis del juicio a Etchecolatz y la desaparicin de Lpez en 2006 en La Plata. Desde esas condiciones, desde ese contexto entendido como lugar de posibilidades histricamente determinadas, es que nos proponemos, siguiendo a Carlo Ginzburg29, participar de alguna manera en el desciframiento de esas condiciones de posibilidad: las que hicieron posible ese momento y las que configuran los siguientes. Como trabajamos con Silvia Delfino30, las escenas de los juicios ponen en primer plano la relacin entre Estado y sociedad civil, por un lado, porque los actores se sitan respecto de las condiciones de institucionalizacin de la justicia como parte del aparato coactivo del Estado liberal burgus en el ejercicio del monopolio de la violencia. Por otro lado, porque en trminos de alcances de la produccin de saber, la conclusividad de la escena de la justicia y sus alteraciones, incluye la implicacin mutua entre poderes del Estado en la democracia capitalista y una historicidad de las condiciones y de nuestros actos. Precisamente esta situacin, mencionada explcitamente por el Juez Carlos Rozanski en la sentencia a Etchecolatz, respecto de las causas 13/84 y 44/86 (Juicio a las Juntas y Juicio a Camps/Etchecolatz) que argumentaron los trminos del castigo a partir de las transformaciones institucionales del Estado. Pero, a su vez, porque estos juicios fueron posibles por la persistencia en el reclamo por parte de organizaciones de lucha contra la represin que mantuvieron vigente la demanda de justicia despus de las leyes de impunidad, amnista e indultos. Esos reclamos dirigidos tanto al poder judicial como al poder
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Carlos Ginzburg, El juez y el historiador, Consideraciones al margen del proceso Sofri (pag.25), ed. Anaya y Mario Muchnik, Espaa, 1993. 30 Silvia Delfino, La relacin entre lenguaje y accin en las escenas de juicios contra genocidas en Argentina, VII Congreso Nacional y II Congreso Internacional de la Asociacin Argentina de Semitica, 2007.-

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ejecutivo mantuvieron en primer plano el vnculo entre polticas represivas y polticas econmicas y su reconfiguracin en la democracia despus de 1983. Esta concepcin del vnculo entre Estado y sociedad civil situara la relacin entre lenguaje(s) y accin a travs de la especificacin ideolgica de la cultura en el establecimiento de formas de hegemona y fundamentalmente, de posibilidades de elaborar estrategias de accin colectivas. Desde estas perspectivas el carcter performativo de las escenas de la justicia implica una relacin entre lenguaje(s) y accin que no concibe la ideologa como representacin de un vnculo pre establecido entre Estado y sociedad civil sino como configuracin concreta de actos materiales dentro de instituciones cuyo funcionamiento diferencial reconfigura el vnculo entre formas del Estado capitalistas y modos de organizacin de la sociedad civil que involucran, por un lado, las formas organizativas de formulacin de cambio histrico y, por otro, la posibilidad de producir alternativas a la articulacin entre libre mercado y democracia, especialmente, cuando la crisis econmica de la Argentina puso en evidencia una crisis de legitimacin poltica que requiere interrogar tanto la capacidad organizadora de relaciones sociales por parte del Estado como la produccin de regulaciones que orientan la constitucin de distintos modos de participacin y acceso a los circuitos de decisin que afectan las condiciones de existencia de los sujetos y su posibilidad de producir propuestas concretas de cambio social. Miramos entonces las escenas, como nos dira Michel Foucault31, desde la trama de las circunstancias insignificantes que permiten las derrotas y las victorias. Y en ese derrotero del que hablemos hay derrotas y victorias porque en oposicin al discurso filosfico-jurdico que se organiza en torno al problema de la soberana y de la ley, este otro (nuestro) discurso, que

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Michel Foucault, Defender la sociedad (pag.215 a 220), en Genealoga del Racismo, Ed. Altamira, La Plata, 2008.

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descifra la permanencia de la guerra en la sociedad, es esencialmente histrico-poltico. Es la primaca de lo poltico en nuestra manera de leer e intervenir en los procesos sociales, matrices de pensamiento y accin, que detalladamente reconstruye, mirando desde Amrica Latina, Alcira Argumedo32. Hablamos de silencios y voces que atraviesan las relaciones entre Estado y sociedad civil, por ende tambin las escenas de la justicia burguesa, donde se dan grandes y pequeas (pero no menos importantes) batallas en torno a la construccin del sentido de la justicia popular: lo poltico segn una lgica de cooperacin o antagonismo entre voluntades colectivas ms all del grado de consolidacin o desagregacin de esas voluntades en diferentes perodos incorpora diversas concepciones culturales, expresiones organizativas, esquemas de alianzas y proyectos de accin; tiene el sabor de lo difcilmente predecible, aunque puedan establecerse ciertas tendencias y probabilidades. Producimos la Tesis con Silvia Delfino y Guadalupe Godoy desde una concepcin materialista de la relacin entre lenguaje(s) y accin/cultura donde se le adjudica a la crtica la capacidad no slo de registrar y analizar la historicidad sino de actuar en la especificidad histrica de las luchas culturales como paso vlido para proponer vas de transformacin de las condiciones en que esas luchas se producen. Este materialismo concibe la cultura como el carcter material de la hegemona y sostiene la relacin entre teora y crtica de la cultura como proceso productivo social y material de prcticas histricamente especficas. Es decir, que nuestra manera de interrogar los modos en que se desarrollan las escenas de justicia desde esa relacin entre lenguaje(s) y accin(es), tiene como punto de partida

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Alcira Argumedo, Los silencios y las voces de Amrica Latina. Notas sobre el pensamiento nacional y popular (pag. 216/217), ediciones del pensamiento nacional, Buenos Aires, mayo 2011.

27

experiencias situadas tanto desde la teora y las investigaciones como desde la produccin de acciones polticas compartidas33.

33

El subrayado es nuestro porque da cuenta de la tensin en las discusiones entre teoras/prcticas y tomamos posicin respecto al carcter productivo de las construcciones conceptuales en tanto son parte constitutiva en la produccin de acciones polticas compartidas.

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II CAPITULO 2

LA LARGA NOCHE DE LA IMPUNIDAD.

Como a los nazis les va a pasar, Adonde vayan los iremos a buscar34. Autor colectivo

LA JUSTICIA EN LA POSDICTADURA.

Durante el fin de la ltima dictadura cvico-militar y los comienzos del gobierno constitucional en 1983, fue notorio el crecimiento en los reclamos de justicia ante la sistemtica represin ejercida en el periodo 1976-1983. No slo en trminos de movilizacin pblica, sino tambin con presentaciones en diversos juzgados del pas a travs de habeas corpus o pedidos de paraderos de desaparecidos.

Ante esta situacin, los militares planifican diversas acciones polticas. Una de ellas es deslegitimar en el discurso pblico el significante desaparecido35: como alguien que no est, se fue a Espaa. En el plano legal promulgan el Decreto 22.924 de auto-amnista firmado el 23 de marzo de 1983, posteriormente anulado por el gobierno de Alfonsn el 22 de diciembre del

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Esta cancin estaba presente en todas las movilizaciones donde se exiga juicio y castigo a los culpables. Con todos los responsables de la dictadura libres a travs de leyes o decretos que generaban impunidad, siempre se mantuvieron las marchas de la resistencia, concentraciones, actos, homenajes, aniversarios del golpe o todo tipo de actividades, denunciando los crmenes cometidos y la necesidad de juzgamiento. 35 Bruno Napoli, en la presentacin del libro Los juicios por crmenes de lesa humanidad en Argentina, compilado por Gabrielle Andreozzi, en la Facultad de Periodismo y Comunicacin Social.

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mismo ao con la Ley 23.040, ante la presin social encabezada por los organismos de derechos humanos. En el mismo mes, el ejecutivo crea la Comisin Nacional sobre Desaparicin de Personas (CONADEP). El modo en que fue creada esta Comisin as como quines y cmo la integraronestuvo cruzado por diversos debates: gran parte de los organismos y otras organizaciones pedan una comisin bicameral que no slo investigara sino que tambin pudiera pedir puniciones. El 20 de septiembre de 1984 la CONADEP present pblicamente su informe que luego se transformara en el libro Nunca Ms36. Como expresin de la llamada teora de los dos demonios, el prlogo al libro que lleva este ttulo comienza refiriendo al pas signado por dos violencias de distinto signo37

Los debates que buscaban explicar lo sucedido en el periodo 76-83, apuntaban en distintos sentidos y se expresaban en diversos paradigmas. As se construy la denominada teora de los dos demonios38 o el mito de la inocencia. En este sentido, el gobierno de Alfonsn

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Como un situacin actual de las disputas de sentidos en torno al juzgamiento y condena de los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar y respecto de quin o quines construyeron estas luchas y desde qu discursos, asistimos hoy a un debate respecto de si el prlogo del Nunca Ms editado por Eudeba, debera o no llevar la firma de Ernesto Sbato. La discusin fue iniciada por Magdalena Ruiz Guiaz a travs de una nota en el diario La Nacin, titulada sugestivamente: Robar a los muertos (http://www.lanacion.com.ar/1521586-robar-a-los-muertos ), donde la periodista afirma que la editorial sac a Sbato del prlogo. Apenas horas despus se aclar que nunca, ni siquiera en la 1era edicin de 1984 el prlogo llev la firma del escritor. Puede observarse que la intencionalidad poltica de la nota de Magdalena es descalificar, ya que ni siquiera cheque las propias fuentes y realiz afirmaciones pblicas de las cuales, an frente a la aclaracin de la editorial, ni siquiera se desdijo. 37 Para profundizar en el anlisis del Nunca Ms puede consultarse el trabajo y las investigaciones de Emilio Crenzel publicadas en el libro La historia poltica del Nunca Ms, La memoria de las desapariciones en la Argentina, de Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2008 2010. 38 Lamentablemente vemos hoy la continuidad de esta disputa por el significante de los dos demonios, a partir de la media sancin en la Cmara de Diputados de la Nacin de un proyecto de resarcimiento por el ataque del Regimiento 29 de Formosa. Argumentacin que incluso us Jaime Smart (Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante la ltima dictadura) en su alegato en el juicio Circuito Camps el pasado 12 de diciembre de 2012. Por esto hacemos nuestras las palabras de la militante social y diputada Graciela Iturraspe, quien a su vez toma las de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Graciela afirma que: En

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promulg dos decretos el 157 y 158, que hablaban de las dos violencias y ponan en un mismo nivel a miembros de las organizaciones polticas con integrantes de las Fuerzas Armadas. Estos esquemas discursivos continan en debate en la actualidad, aunque considero necesario reconocer que diversas acciones polticas, que fueron exigidas durante aos de lucha, tuvieron recepcin y transcendencia en acontecimientos concretos realizados por el gobierno de Nstor Kirchner desde 2003. Hablamos concretamente de retirar los cuadros de Videla y Bignone en el colegio militar o de recuperar la Escuela de Mecnica de la Armada (ESMA), mbito donde hoy funciona, entre otras iniciativas, el Instituto Espacio de la Memoria (IEM).

El 22 de abril de 1985, comenz el denominado Juicio a las Juntas Militares, que es en realidad como lo expresan los decretos, slo a los comandantes. El juicio, uno de los primeros orales y pblicos en Argentina, tuvo adems caractersticas particulares al ser el propio pas y su justicia quien juzgaba a los militares y no otros pases, como en el caso de Nremberg. Conocido tambin como Causa 13, fue ejercido por Tribunales Civiles formados a tal fin, pero bajo el Cdigo de Justicia Militar. Este cdigo enmarco en gran medida la escena, su configuracin entra dentro de un lgica poltica que no ser la de los organismos de derechos humanos.
la sesin del mircoles 5 de diciembre, presenci con sorpresa, angustia, bronca y preocupacin la votacin que habilita nuevamente la "Teora de los dos demonios". Por 135 votos a favor, 43 abstenciones y solo 18 votos negativos. Adems, hubo 60 ausentes al momento de votar, de los cuales unos cuantos se retiraron en ese momento para no emitir su voto. De este modo se dio media sancin a un proyecto del diputado formoseo Ricardo Buryaile para que el Estado indemnice a los familiares de los muertos en el regimiento de Infantera de Monte en octubre del 75, en un intento de copamiento de la organizacin Montoneros. El Estado slo puede y debe reparar o resarcir a aquellos a los que provoc daos, es decir todas las acciones desarrolladas desde la perversin del terrorismo ejercido por el mismo. Hay que diferenciar la accin represiva del Estado argentino de las acciones de los particulares, una profusa normativa y jurisprudencia estableci la imposibilidad de equiparar en cuanto a consecuencias y calificacin a los mencionados actos. Si no estaramos retrocediendo a la poca en que el alfonsinismo a travs de dos decretos, el 156 y 157, se propuso juzgar a los miembros de la organizacin poltico militar, o peor aun de la dictadura, en que los militares hacan como que legislaban, tomando como ejemplo la LEY 21.507 SUBSIDIO EXTRAORDINARIO PARA EL PERSONAL DE LAS FUERZAS ARMADAS O DE SEGURIDAD QUE FALLEZCAN VICTIMAS DE ACCIONES SUBVERSIVAS. BUENOS AIRES, 19 de Enero de 1977. (BOLETIN OFICIAL, 26 de Enero de 1977). Hago mas las palabras de la Liga por los Derechos del Hombre, entendiendo esta accin como un retroceso gravsimo, y una accin contradictoria a los valores de Memoria, Verdad y Justicia .

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Esto se expres concreta y materialmente, en la ausencia de querellantes en el juicio. La acusacin estaba a cargo de los fiscales. En tanto, las vctimas aparecan de esta manera, slo como testigos, y en un contexto discursivo de teora de los dos demonios, de subjetividades escindidas de sus espacios colectivos. Esta situacin rest protagonismo a las organizaciones de DDHH que venan denunciando la situacin desde haca aos. Un ejemplo singular de esta situacin ocurri cuando los fiscales le pidieron a Hebe de Bonafini, de la Asociacin Madres de Plaza de Mayo, que se sacara el pauelo si quera estar en el juicio. A esa altura como los 30.000 el pauelo primero usado como si fuera un paal39 ya implicaba un valor simblico y poltico que expresaba una arena de luchas 40, y se haba constituido como un significante que de alguna manera rompa, incomodaba las lgicas, prcticas y discursos que en aquel juicio se configuraron. Por esto, fue la figura de los fiscales, Strassera y Moreno Ocampo, lo que centr la escena de la acusacin. El mximo de visibilidad y sntesis de este juicio se llega con la frase de la CONADEP, en boca del fiscal Strassera cuando expresa en su alegato: Nunca Ms.

Respecto de su visibilidad, prcticamente no hubo acceso a los relatos de los testimonios. La televisin slo poda mostrar tres minutos por da y sin voz, sin sonido alguno. Era como asistir a un corto de cine mudo. Saliendo de un perodo que haba clausurado tanto la palabra, ni los medios pblicos estuvieron habilitados para restituirla aunque sea a partir de sus declaraciones.

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Ver, La vida en las palabras de Madres de Plaza de Mayo, Taller de escritura, 1993, Bs.As. Tambin, Historias de vida: Hebe de Bonafini, de Matilde Snchez, Editorial Fraterna/nuevo extremo. 1985, Bs.As. Gorini, Ulises: La rebelin de las Madres, historia de las Madres de Plaza de Mayo. Tomo I. 1976-1983 Buenos Aires, Editorial Norma 2006 (Norma Pginas 12 2011). Gorini, Ulises: La otra lucha, historia de las Madres de Plaza de Mayo. Tomo II. 1983-1986. Buenos Aires Editorial Norma 2008 (Norma Pginas 12 2011) 40 Hall, Stuart, Notas sobre la deconstruccin de lo popular, en Samuel, Raphael, Historia Popular y Teora Socialista, Barcelona, Crtica/Grijalbo, 1984.

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La mayor parte de las coberturas, como los testimonios, pusieron eje en las caractersticas de las detenciones, torturas y represin. Este es un punto donde es importante comparar la situacin de los testimonios41 de la Causa 13 con el juicio a Etchecolatz en particular y con los juicios actuales en general, en relacin a la posibilidad actual del poder hablar, donde surgen historias de militancia y organizacin poltica, referencias laborales, afectivas. El paradigma de los dos demonios obturaba la posibilidad de hablar sobre sus actividades polticas. Incluso hubo casos de detenciones posteriores por declaraciones en el Juicio. Los testigos afirmaron varias veces, como lo recordaba Adriana Calvo, que volvieron a sentirse interrogados.

Lo expuesto nos permite relacionar a su vez las escenas de justicia y la televisin. Y en este punto tomamos los anlisis de Claudia Feld42, quien afirma que en el juicio de 1985 la escenificacin jurdica se escindi de la televisiva. () Fue por esa razn que las sesiones del juicio no accedieron en 1985 a la televisin, excepto por breves fragmentos de imgenes mudas. Con lo cual, los dispositivos bsicos de la comunicacin televisiva -como el dispositivo del directo- quedaron desactivados. Como afirma Jorge Bernetti en un trabajo ya citado, este dispositivo implic que en este juicio la palabra no estuvo. El pueblo nunca la escuch. Con la aparicin en televisin del marino Adolfo Scilingo en 1995 se abre una nueva etapa donde la televisin es a la vez emprendedor y escenario de la memoria, pero no se trata de un show sin relacin con las escenas de justicia que son foco de anlisis de este proyecto de tesis, sino de

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Respecto de esta situacin dedicaremos una parte especial de este Tesis a analizar el testimonio como experiencia comunicacional en los juicios. 42 Feld Claudia Del estrado a la pantalla: las imgenes del juicio a los ex comandantes en Argentina Madrid, Siglo XXI, 2003. Feld, Claudia. Memoria y Televisin: una relacin compleja, revista Oficios Terrestres , FPyCS, UNLP. 2004.

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un desplazamiento del escenario dnde se dirimen los sentidos por lo ocurrido durante la ltima dictadura cvico-militar.

El llamado Juicio a las Juntas ha sido emitido completo por televisin slo una vez desde aquellos aos, en el canal pblico de la ciudad Autnoma de Buenos Aires. Era tal el valor poltico de lo registrado audiovisualmente, que la grabacin completa est en los archivos de los tribunales correspondientes; pero tambin tienen reaseguro internacional: en 1988 miembros de la Cmara Federal llevaron y guardaron en una bveda especial, una copia de los 530 videos originales de las audiencias, en el parlamento europeo en Oslo, Noruega.

Continuando con esta lnea de tiempo, en 1986 se instruye un juicio al responsable de la polica bonaerense durante la dictadura, al General Ramn Camps, a Etchecolatz y a Cozzani. En este caso, aunque cont con una instancia oral, casi todo su desarrollo fue dentro de un procedimiento escrito, aunque derivado de los hechos presentados en la Causa 13. Su trascendencia pblica fue prcticamente nula y ni siquiera se pudo realizar en los juzgados platenses o en una ciudad bonaerense, territorios donde haban ocurrido los delitos. La historia de la denominada Causa 44 instruida, producida y sustanciada en la Cmara Federal portea, ser parte de nuestros anlisis respecto de las condiciones en las cuales se lleg al juicio a Etchecolatz, atravesando los juicios por la Verdad en la ciudad de La Plata: cmo, cundo y por qu la justicia penal recin pudo actuar en la capital bonaerense varios aos despus de los primeros juicios?

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Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida: legalizando la impunidad.

En diciembre de 1986 se promulga la Ley de Punto Final. La misma, fue presentada por el propio presidente Alfonsn en cadena nacional, y buscaba interrumpir la accin penal respecto de toda persona, por su presunta participacin en cualquier grado, () de reprimir al terrorismo. La ley, promulgada das antes de la feria judicial, promova plazos de presentacin que vencan en febrero de 1987. Pese a esto, al levantarse la feria se haban presentado ms de 500 casos en la justicia, que buscaban procesar a ms de 300 oficiales de las distintas jerarquas militares. Los reclamos de justicia haban superado los bloqueos institucionales para expresarse. El propio Ral Alfonsn43, en el juicio a Etchecolatz, se lamentaba del aluvin de presentaciones de las organizaciones: En primer lugar, la ley de caducidad de instancia, llamada de "punto final"; la Justicia a pesar de que llevaba tres aos de instruccin no haba actuado, de modo que era perentorio realizar algn tipo de accin; ellos suponan que la ley iba a circunscribir el universo de procesados, a unas 100 personas, pero la ley no se cumpli para nada, haciendo que se ampliara ms el universo de quienes eran imputados La ley de Punto Final estuvo precedida de los argumentos del poder ejecutivo que hablaba en aquel entonces, de buscar un cierre, poner un punto y aparte, cerrar las heridas; pero les sali mal porque, entre otras situaciones, las cmaras judiciales, como las de La Plata o Tucumn empezaron a citar masivamente a posibles represores para iniciarles procesos. Esa ley que sacaron en la navidad del 86, a pocos das de la feria, y cuyo plazo venca el 23 de febrero de
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Es importante destacar que el ex presidente Ral Alfonsn fue convocado a declarar como testigo en el juicio a Miguel Etchecolatz por la defensa de este imputado, tambin haba sido convocado talo Luder y Mara Isabel Martnez de Pern, que no se presentaron a declarar. Las declaraciones de Alfonsn, el ltimo testigo que declar, por su trascendencia histrica y por explicitar varios ejes que son parte de nuestras investigaciones, configuran un momento que ser analizado especficamente dentro de esta Tesis. En este caso el extracto de la declaracin est tomado de la propia sentencia del juicio.

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1987, gener una demanda de justicia que el alfonsinismo44 no esperaba, fracasando en su intento de poner un punto final.

Pocas semanas despus, en las pascuas de 1987, se da una rebelin militar, al mando del coronel Aldo Rico, que busca frenar estos procesos judiciales. Pese a la multitudinaria movilizacin popular (se calcula como una de las ms grandes en los ltimos 25 aos), el gobierno de Alfonsn acuerda con los sublevados45 y en mayo de 1987 manda al Congreso una nueva ley de perdn: La Ley de Obediencia Debida. La normativa exima de punibilidad a oficiales jefes, subalternos, suboficiales y personal de tropa de las FFAA, de seguridad, policiales y penitenciarias por haber obrado en virtud de obediencia debida. Dejaba afuera expresamente los delitos de violacin, sustraccin y ocultacin de menores o sustitucin de su estado civil y apropiacin extorsiva de inmuebles Segn Osvaldo Soriano, en aquellos das si se observan con atencin las fotografas tomadas al presidente desde la rebelin de Campo de Mayo es posible ver en su rostro la preocupacin pero tambin el dolor, el cansancio y la sorpresa de casi todos los argentinos. No aparecen, en cambio, la sonrisa ni el miedo () A travs de la cmara aparece, por un instante, el alma herida de Ral Alfonsn. En sus pupilas marrones se reflejan, tambin, los horrorosos fantasmas del pasado, las pesadillas de una sociedad que se regodea en el fracaso y el odio. Este rostro ajado, contiene todava las esperanzas de los argentinos que lo votaron en 1983? No parece.

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Puede seguirse el anlisis de este momento histrico desde el libro de Carlos Nino, Juicio al mal absoluto. Los fundamentos y la historia del juicio a las juntas del Proceso. Ed. Emec, Buenos Aires, 1997. 45 Segn Oscar Landi, en este hecho el Presidente perdi su posicin de enunciacin como garante del corte con el pasado y desdijo su palabra pblica, empeada en no ceder ante las presiones militares. Por ello, el deterioro poltico de Alfonsn cuestion el valor de la palabra poltica en general y erosion la credibilidad de ciertas formas de hacer poltica. Pag. 80-81, La poltica en las culturas de la imagen, Devrame otra vez, Planeta, 1992.

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Ms bien se ven las huellas profundas de la decepcin, de la bronca contenida, del desafo de un futuro incierto.46

Para Hugo Caon47, este ciclo de paso de la dictadura a la democracia era dificultoso en tanto quedaban los resabios de la misma. Habra que imaginarse si eso contina hoy, lo que era en la dcada del 80; un ejemplo es Guglielminetti que caminaba al lado de Alfonsn y recin lo pudimos detener en 1987. Por esto, el proceso de juzgamiento en el interior del pas era muy difcil de realizar. A esto se sumaba las claudicaciones del gobierno de Alfonsn que en lti ma instancia pretenda el juzgamiento solamente de las cpulas militares y los que haban impartido las rdenes. Todos los dems quedaban eximidos por la Obediencia Debida que abarcaba a todo el resto, con la salvedad de aquellos que hubieran cometido hechos atroces y aberrantes. Por ah se le caa la estantera a Alfonsn porque todos los hechos eran atroces y aberrantes, por esto sac nuevamente el proyecto que tena desde la campaa de Obediencia Debida en aquellas pascuas donde nos dijo la casa est en orden, felices pascuas

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Osvaldo Soriano, Alfonsn: con el alma en la cara, publicado en Pgina 12, N1, 26 de mayo de 1987. Tomado de Rebeldes, soadores y fugitivos, Emec, 2008, Bs.As. 47 Hugo Can actual miembro de la Comisin Provincial por la Memoria, era en aquellos aos miembro del poder judicial en Baha Blanca, ciudad duramente castigada por la dictadura. Su accionar desde la justicia promoviendo el juzgamiento de los delitos cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar fue ejemplar, aunque aislado en una corporacin que haba sido cmplice por accin u omisin ante lo que se buscaba juzgar y condenar.

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La presidencia de Menen profundizando la impunidad.

Con la presidencia de Menen se complet, entre 1989-1990, la negacin absoluta de justicia, cuando firm los indultos presidenciales que anularon las condenas que cumplan los comandantes de las tres primeras Juntas. Los indultos fueron decretados a partir de octubre de 1989. Fueron cuatro decretos: 1.002/89, 2.741/90, 2.745/90 y 2.746/90. El Decreto 2.741 del 30 de diciembre de 1990 benefici a los ex comandantes Jorge Rafael Videla, Eduardo Emilio Massera, Orlando Ramn Agosti, Roberto Eduardo Viola y Armando Lambruschini. Tambin incluy a otros militares como Ramn Camps. A su vez, reforzando la teora de los dos demonios, Menen sancion al mismo tiempo los decretos mencionados y el 2.742/90 que benefici a Mario Firmenich, lder de la organizacin Montoneros y, tambin indult a los responsables de los levamientos militares de Semana Santa en 1987, Monte Caseros y Villa Martelli (Decreto 1.004/90) Desde el menemismo se planteaba reiteradamente las ideas de reconciliacin nacional como argumentos de un supuesto consenso ante los indultos y otras medidas que buscaban obturar el acceso a la justicia. Sin embargo, las movilizaciones del ao 1996 a 20 aos del golpe de Estado fueron multitudinarias, se multiplicaron los homenajes en lugares de trabajo y universidades, adems de nacer en aquellos aos la iniciativa de HIJOS de ex detenidos-desaparecidos como nueva organizacin de Derechos Humanos. En cuanto, a un comportamiento social ms amplio, es ilustrativo lo que nos cuenta Horacio Verbitsky sobre este periodo de la Argentina: pareca que la cuestin de los derechos humanos haba pasado al olvido, que la sociedad argentina ya no quera exigir justicia por los crmenes de la dictadura. Sin embargo, cada vez que fue consultada

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con sondeos de sociologa poltica, un porcentaje que nunca baj del 60% y que varias veces super el 80%, se pronunci en contra de la impunidad y a favor de la justicia. Los organismos de derechos humanos sostuvieron una movilizacin permanente, a pesar de que en aquel momento pareca que el camino estaba definitivamente cerrado. Tanto las leyes de Alfonsn como los decretos de Menem excluyeron de la impunidad la sustraccin de los hijos de los detenidos-desaparecidos, como el saqueo de sus bienes. Sin embargo, pocas causas por esos delitos avanzaron, a un ritmo desvado48. El gobierno de Menem, que adems tena una Corte Suprema adicta, cumpli un papel no slo negador del acceso a la justicia, ilegalizando todo tipo de presentaciones, sino que adems fue ms all, intentando incluso deslegitimar los reclamos al cuestionar a los smbolos ms fuertes en la lucha contra la dictadura cvico-militar. Un ejemplo fue cuando afirm con absoluta impunidad: no vaya a ser cosa que volvamos a tener otro contingente de Madres de Plaza de Mayo reclamando por sus hijos (Pgina/ 12. 09/07/1992). Otra muestra de esta poltica, de convertir a la impunidad en elemento histrico/hegemnico, fue el intento de ascender a Alfredo Astiz. El pliego de su ascenso lleg al Congreso con el respaldo pblico del Jefe de la Armada, el Almirante Enrique Molina Pico, que lleg a decir: Astiz tiene las condiciones morales para un oficial. Aos antes, el propio teniente de la armada haba sido juzgado y condenado en Francia (1990) por el secuestro y asesinato de las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon.

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Horacio Verbitsky, Entre olvido y memoria, en Andreozzi, Gabriele (coordinador), Los juicios por los crmenes de lesa humanidad en Argentina. Buenos Aires. Atuel, 2011.

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En 1995, Elizabeth Jelin y Adam Przeworski, en Juicio, castigos y memorias. Derechos humanos y justicia en la poltica argentina49, caracterizaron estas tensiones y conflictos que resaltamos entre los reclamos de justicia, las acciones judiciales y las fuerzas de seguridad procesadas, a partir de cuatro interpretaciones respecto de la capacidad de presin de quienes consideran actores en juego englobando tanto los movimientos de la sociedad civil, las

estrategias del Estado respecto del equilibrio de gobernabilidad como la capacidad de organizacin de las fuerzas armadas: 1) que la poltica de persecucin penal que caracteriz a la primera etapa de la transicin argentina no fue la diseada por el Poder Ejecutivo sino la consecuencia de la articulacin del conjunto de estrategias implementadas por los actores en juego; 2) que la direccin que adopt este proceso no respondi a los objetivos de mxima de ninguno de los actores intervinientes en la lucha poltica ligada a las violaciones de derechos humanos; 3) que la compleja dinmica que adopt la lucha poltica ligada a los derechos humanos y las tensiones cvico-militares hasta el presente (1995), parece haber resuelto las tensiones y luchas intramilitares que marcaron la presidencia de Ral Alfonsn y permite prever que, en el largo plazo, el actor militar quedar sin capacidad para cuestionar y, por ende subordinado al poder constitucional. Esta nueva situacin no necesariamente implicar la desaparicin de conflictos con el Ejecutivo alrededor de cuestiones tales como la asignacin de partidas presupuestarias o la definicin de funciones militares; y 4) que una de las razones centrales que explican la subordinacin militar al poder constitucional es la altsima amenaza y el costo que la investigacin y condena judicial por las violaciones de derechos humanos implicaron

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Jelin, Elizabeth y Adam Przeworski (comps.). Juicio, castigos y memorias: derechos humanos y justicia en la poltica argentina. Buenos Aires, Ed. Nueva Visin, 1995.

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para las fuerzas armadas (FF.AA), a pesar de la serie de concesiones otorgadas por los gobiernos de Ral Alfonsn y Carlos Menem.

Las conclusiones de este trabajo muestran una situacin respecto de la relacin entre organizaciones de la sociedad civil con una lucha de continuo, y el alfonsinismo primero y el menemismo despus garantizando, en acuerdo con los militares, la impunidad; pero tambin pone eje en la subordinacin militar al poder constitucional, que ser aos ms tarde, junto con la disputa mltiple y diversa de las organizaciones de Derechos Humanos, el marco de posibilidad de una nueva etapa en el proceso de juicios y castigos. Al respecto, podramos considerar que en aquel libro, como su ttulo lo indica, se habla del proceso judicial en singular: juicio; y en la actualidad eso se ha convertido en un mltiple plural: juicios. Este desplazamiento semntico es apenas un ejemplo de una transicin mayor, respecto a los nuevos escenarios de la relacin entre derechos humanos y la justicia en la poltica argentina de la cual esta Tesis intentar mostrar apenas un ejemplo: el juicio y condena por genocidio a Miguel Etchecolatz, an con la desaparicin de Jorge Julio Lpez.

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II. CAPITULO 3 LOS AMANECERES DE JUSTICIA.

Habamos juntado un material impresionante contra Etchecolatz, por lo cual decidimos pedir la indagatoria Leopoldo Schiffrin

Los Juicios por la Verdad o de cmo hacer justicia desde la justicia

Durante toda la dcada del 90, las escenas de justicia quedaron circunscriptas a los denominados Juicios por la Verdad, instancias que permitieron en aquel contexto conocer situaciones de violacin a los derechos humanos en el periodo 76-83 y generar, en gran medida, las condiciones culturales y jurdicas de produccin de los juicios luego de la anulacin y derogacin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

A instancias de una presentacin del presidente y fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Emilio Mignone, argumentando el derecho de cada familiar a saber la verdad, la Cmara Federal de la Capital abri una investigacin bajo la figura del derecho a la verdad. Ni Menem ni su Corte Suprema de Justicia pudieron frenar estas investigaciones, luego del reconocimiento de la denuncia de Carmen Lapac ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos sobre el tema. Aunque los Juicios por la Verdad tenan alcance limitado desde lo

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jurdico y prcticamente nula posibilidad de condena50, tuvieron un valor transcendente desde la reparacin simblica de la verdad. Como sostiene Ludmila Da Silva Catela 51, los denominados Juicios por la Verdad en La Plata, pese a no generar condena directa a los responsables de asesinatos, desaparicin y torturas, generaron un espacio en la justicia y una situacin particular en la ciudad y en la regin, al expresarse en los testimonios los circuitos de secuestro, centros clandestinos de detencin, los roles de las fuerzas, el papel de los civiles. La autora afirma en sus anlisis que Si el sistema judicial est inhibido de sentenciar condenas, la verdad de la clase de formas jurdicas que aqu acciona se desplaza hacia un terreno cultural y poltico, aunque esta ltima dimensin es negada. Se coloca en escena nuevamente, pero en un contexto diferente, a protagonistas, objetos, pruebas, que conforman un conjunto de elementos fundadores de la idea de injusticia.() la eficacia o la funcin de los Juicios por la Verdad en La Plata no se centra totalmente en los resultados a que se arribe y s en la accin simblica que provocan. Constituyeron tambin una escena propicia para nuevos testimonios, los cuales fueron el prolegmeno de las nuevas causas por delitos no condenados, como es el caso de nuestro objeto de anlisis: la causa a Miguel Etchecolatz que se inicia en 1999 a instancias del Juicio por la Verdad en La Plata. Aunque la derivacin entre jueces y la vigencia de las leyes Punto Final y de Obediencia Debida, recin permitieron la sustanciacin de este juicio en 2006, su origen proviene de las declaraciones y pruebas documentales reunidas en el Juicio por la Verdad.

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Pese a esta situacin los Juicios por la Verdad mantuvieron dinmicos los expedientes por crmenes de lesa humanidad, y tambin permitieron identificar cadveres de detenidos desaparecidos en cementerios y fosas comunes. 51 El subrayado y resaltado es nuestro, porque pone el foco en los mismos anlisis de esta Tesis. Ver en Ludmila da Silva Catela en No habr flores en la tumba del pasado (pag. 253 a 261). Ediciones Al Margen, La Plata, agosto 2001.-

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De manera coincidente, el mismo ao (1999) que se inicia la causa, se dan por primera vez en esa instancia los testimonios de Jorge Julio Lpez y Nilda Eloy. Como nos dice Carlo Ginzburg, cada generacin plantea al pasado (y por lo tanto a los documentos y hechos- del pasado) preguntas distintas que arrojan una nueva luz, incluso sobre hechos verificados 52. Por eso este encuentro de testimonios nos permite afirmar la continuidad, por lo menos en la ciudad de La Plata, entre las escenas de justicia construidas en los Juicios por la Verdad y aquellas que ocurrieron a partir de 2006 con el juicio a Miguel Etchecolatz, seguidas por el juicio a Von Wernich, Unidad 9, Circuito Camps, entre otros. En La Plata el rol de la sociedad civil fue trascendente, hasta tal punto que el primer expediente, la causa 1, se caratula Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata, organizacin que tuvo un papel iniciador de estas iniciativas, aunque ms tarde se le sumaron varias organizaciones de derechos humanos ms. Al respecto Marta Vedio53 recuerda que cuando se sustanci el juicio a Etchecolatz losJuicios por la Verdad ya llevaban 8 aos en La Plata y la propia causa 7 aos, como primera derivacin penal de ese Juicio por la Verdad. La cmara platense en aquel momento rechaz el pedido de Leopoldo Schiffrin de indagar a Etchecolatz en una discusin sobre competencias, pero qued abierta la cuestin penal, pese a que estaban vigentes las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

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Carlos Ginzburg, El juez y el historiador. Consideraciones al margen del proceso Sofri. (pag. 150). Ed. Anaya, Madrid, 1993. 53 Conversaciones exclusivas para la Tesis con Marta Vedio, actualmente Secretaria de Derechos Humanos de la Municipalidad de La Plata; pero que se ha desempeado como miembro permanente de APDH La Plata, organizacin protagnica en nuestra ciudad de las escenas que analizamos. Tambin abogada de la Asociacin Judicial Bonaerense, adems de incansable luchadora por los Derechos Humanos.

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Hasta la actualidad, los Juicios por la Verdad continan en La Plata. Desde all, adems de producir los materiales nuevos para las causas que se van abriendo a partir de testimonios, inspecciones oculares y documentaciones diversas, tambin se ha logrado identificar los restos de cerca de 100 personas. Resultados concretos, que se traducen en reparaciones simblicas y materiales para vctimas directas e indirectas de los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar.

Leopoldo Schiffrin fue uno de los jueces de la Cmara Federal de La Plata que instruy los Juicios por la Verdad y quien pidi la indagatoria a Etchecolatz en 1999. Este pedido, a pesar de haber sido negado, sent un precedente y permiti la apertura de la causa que aos despus se convertir en la escena que es objeto de nuestro anlisis. Eduardo Reszes54 en ese momento relator en el juzgado federal, recuerda cmo se produjo aquella solicitud, donde Schiffrin comenzaba a fundamentar su pedido a partir del concepto de justicia segn la tradicin hebrea y todas las leyes filosficas del trmino; y as fue que fundament el pedido para que sea indagado Etchecolatz. Fue muy osado realizar este pedido en el marco del Juicio por la Verdad. Pero lo que finalmente se resolvi, pese a que el Juicio por la Verdad no era el espacio jurdico para indagar, fue una denuncia penal en primera instancia, que es lo que despus fue a juicio sobre los hechos que haban sido investigados en el Juicio por la Verdad, pero que no haba sido juzgados en la Causa 44
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Conversaciones exclusivas para esta Tesis con Eduardo Reszes, quien se transforma en una fuente clave de nuestras investigaciones, ya que su experiencia directa y concreta muestra un recorrido que en gran medida coincide con nuestra historizacin del objeto de estudio. Eduardo trabaj como relator en los Juicios por la Verdad en La Plata desde el ao 1998 (junto a Hernn Shapiro, que era el Secretario), hasta el ao 2002. A partir de esa fecha comenz su tarea como Director Provincial en la Secretara de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, hasta el ao 2010, momento en el que asumi como Secretario en el Juzgado Federal Oral en lo Criminal Penal N1 de la Plata, habiendo trabajado en el denominado ju icio por la Unidad 9 y actualmente en del Circuito Camps, continuidad de alguna manera, de aquella Causa Camps 44 instruida en la Cmara Federal portea a mediados de la dcada del ochenta.

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Nos cuenta el propio Leopoldo Schiffrin55 que en el ao 1998 a instancias de la apertura de los Juicios por la Verdad en Buenos Aires en la Cmara Federal de la Capital, se plantearon la necesidad de generarlos tambin en La Plata, una ciudad llena de vctimas, una ciudad de la tragedia. De entrada hubo objeciones desde los propios actores de la justicia (algunos de los jueces de la Cmara platense, el fiscal, etc.), argumentando entre otras cosas que toda la documentacin, los expedientes, la Causa 4456 con la cual se haba condenado a Camps y Etchecolatz en la dcada del 80, estaban en la Cmara Federal portea. Pero en ese contexto, Alejandro Mosquera57, en ese entonces presidente de la Cmara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, pidi una audiencia desde la Legislatura a la Cmara en pleno de la que participaron ms de 20 legisladores. A partir de ah miraron con ms atencin el asunto. La Causa Camps (44) haba quedado toda en la Cmara de la Capital Federal. Pero en La Plata estaba lleno de Habeas Corpus presentados en distintos juzgados, estbamos llenos de material, aunque algunos dijeran que no, afirma Schiffrin. A instancias de Bettini, secretario de la Procuracin Nacional, hablaron con Nicols Becerra, el entonces Procurador General de la Nacin, que instruye al Fiscal General de la Cmara platense para que no se oponga. Esta descripcin es apenas una muestra de un haz de relaciones que buscaban evitar los obstculos que

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Conversaciones con Leopoldo Schiffrin exclusivas para la produccin de esta Tesis. Schiffrin se desempea actualmente como miembro de la Cmara Penal Federal platense, y fue durante la dcada del 80 secretario de la Corte Suprema de Justicia de la Nacin. Sus experiencias son invalorables al momento de dar cuenta, desde la justicia, como se fueron viviendo los distintos momentos respecto al juzgamiento sobre los crmenes ocurridos durante la ltima dictadura cvico-militar. 56 La Causa 44 fue instruida en La Plata, pero a instancias de Alconada Aramburu (ao 85/86), desde la Corte Suprema de Justicia, y luego de varias idas y vueltas, se resolvi que entrara en la Cmara Federal de Buenos Aires, porque se dudaba que en la Cmara platense se dieran las condenas a Ramn Camps, Miguel Etchecolatz y Norberto Cozzani. Era tanto el material, que la tuvieron que llevar en un camin. 57 Actualmente es el Secretario Ejecutivo de la Comisin Provincial por la Memoria.

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en la propia corporacin judicial produca para el desarrollo de los Juicios por la Verdad en La Plata. Nos cuenta Leopoldo Schiffrin que cuando empezaron a pedir los Habeas Corpus comenzaron a llegar en distintas oleadas hasta ser cerca de 1400 presentaciones, a pesar de que era incompleto. Hernn Shapiro desde su rol de relator me peda constantemente avanzar con estos juicios. Con todo el material acumulado, ms las diversas presiones, la Cmara platense se hizo cargo y design a 3 jueces, Durn, Reboredo y Schiffrin. La primera medida fue pedir la Causa Cam ps (44) a la Cmara Federal portea, que no acept desprenderse de ella, pero entreg una copia fotocopiada completa. Habamos juntado un material impresionante contra Etchecolatz, por lo cual decidimos pedir la indagatoria de ste ante la Cmara porque sta tena competencia establecida por la Ley 23049 para conocer de estos juicios penales. Esto significaba dejar de lado la Ley de Obediencia Debida, por lo cual hubo una discusin muy dura, hasta tal punto que hubo que nombrar dos (2) con-jueces para llegar a una solucin. Solucin que fue negativa. Solo 5 votamos por la indagatoria y 6 en contra. A pesar de esto, ste fue el principio del juicio penal contra Etchecolatz. Este fue un episodio relevante, afirma Leopoldo Schiffrin, mientras recuerda aquellos das de tensiones en las bsquedas por generar nuevos escenarios de justicia. En estos debates, en esas presiones, en aquellas batallas perdidas/ganadas se van construyendo las escenas que analizamos. Es pertinente puntualizar esta experiencia jurdica y cultural relatada por Schiffrin para esta Tesis, desde aquello que nos propone Michel Foucault, cuando afirma que: lo que debe valer como principio de desciframiento es la confusin de la violencia, de las pasiones, de los odios, de

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las revanchas; pero tambin la trama de las circunstancias insignificantes que permiten las derrotas y las victorias58. Estas tramas de derrotas y victorias pueden leerse en nuestras conversaciones respecto de cmo los Juicios por la Verdad an en sus insignificancias generaron las condiciones culturales/jurdicas de los juicios que vendrn aos despus. En trminos generales, como nos dice Leonardo Filippini, los Juicios por la Verdad contribuyeron al esclarecimiento de los hechos y las responsabilidades, y sentaron las bases para los desarrollos posteriores. Funcionaron, en definitiva, como un mecanismo de compromiso con la bsqueda de la verdad en un contexto de impunidad59

Existe en aquella construccin jurdico-cultural de fines de los noventa el germen de los juicios posteriores. Es ms, sin aquellos testimonios nuevos, en la mayora de los casos los primeros, a los 15 o 16 aos de terminada la dictadura, no hubieran sido posibles los modos de narrar que observamos en los juicios del siglo XXI.

Los juicios penales actuales, en relacin a los Juicios por la Verdad son espacios judiciales que tienen alcances distintos tanto culturales como polticos, respecto de la condena en particular y del proceso de justicia en general. Han sido y son fundamentales, en tanto que son parte de la creacin/produccin de las condiciones de posibilidad del juzgamiento actual, pero no debe

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Michel Foucault, Defender la sociedad pag. 218, en Genealoga del Racismo, Caronte Ediciones, Buenos Aires, 2008. 59 Leonardo Filippini, La persecucin penal en la bsqueda de justicia, en el libro Hacer Justicia. Nuevos debates sobre el juzgamiento de crmenes de lesa humanidad en Argentina, CELS y CIJT, Ed. Siglo XXI, Bs.As., 2011... El autor cita tambin respecto al tema referido a H. Cattani, La llamada bsqueda de la verdad por los tribunales federales de la Ciudad Autnoma de Buenos Aires, en Revista de Derecho Penal y Procesal Penal 8, LexisNexis, Buenos Aires, 2007.

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confundirse la trascendencia que una u otra situacin jurdica tiene, tanto para los acusados, como para las vctimas. Como lo expresa Carlos Rozanski60, los juicios son una reconstruccin, a diferencia de los Juicios por la Verdad, que se tratara de una foto, porque se trata de reflejar lo que pas en aquel momento, como una instantnea del pasado. De esta manera, los Juicios por la Verdad han sido y son esenciales, pero con la verdad no alcanza, porque la verdad es esttica. La justicia le da otra dinmica. De esta manera el aporte de la justicia es traer esa verdad y transformarla en acto: un seor que es juzgado por ser responsable de algo, veamos si esa verdad le implica responsabilidad y ah viene el acto de reparacin que viene de la mano de la justicia.

En una reflexin ms general, pero en la misma lnea de anlisis, es provechoso compartir las definiciones de Daniel Feierstein61, cuando afirma que el derecho constituye un mbito privilegiado para la elaboracin de las experiencias de violencia sistemtica y masiva gracias a su capacidad performativa, como gestor de verdades sancionadas colectivamente y de narraciones que alcanzan una fuerza muy superior a la construida en cualquier otro mbito disciplinario. A dicha capacidad simblica de sancionar una verdad aceptada colectivamente, se suman las consecuencias concretas de su accin para los cuerpos y las subjetividades involucradas (su carcter performativo), pues cada sentencia tiene tambin entre sus caractersticas la capacidad de generar una pena, una accin que repercute de modo directo e inmediato sobre los cuerpos. ()

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Conversaciones exclusivas con Carlos Rozanski para esta Tesis. Actualmente es Presidente del Tribunal Oral Federal en lo Criminal N 1 de La Plata y desde ese rol ha sido responsable de gran parte de los juicios que se han realizado en la ciudad por los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar. 61 Daniel Feierstein, Memorias y representaciones. Sobre la elaboracin del genocidio (pag. 126/127). Editorial Fondo de Cultura Econmica, Buenos Aires, 2012.

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Este doble carcter de sancin simblica y performatividad del derecho es producto de la decisin moderna de consagrar al juez como el autor de un relato aceptado por los aparatos formales del Estado (y, como consecuencia, tambin por la mayora de los actores sociales, integrados en dicho funcionamiento normativo). El autor hace una aclaracin que compartimos, respecto a que no se observa a los conceptos jurdicos como llaves mgicas para abrir ningn tesoro ni para producir ningn efecto per se, sino apenas como disparadores en la configuracin de relatos especficos que abren posibilidades diferenciales en los modos de elaboracin.

La justicia en la calle: juicios tico-populares y escraches.

En los noventa, negado en gran medida el acceso a los tribunales para generar condenas a los responsables de la ltima dictadura cvico-militar, crecieron las estrategias de justicia callejera y pblica, de las cuales podemos sealar los llamados Juicios tico-populares o los escraches a represores como dos ejemplos paradigmticos. En la singularidad de estas iniciativas, podremos observar especialmente modos particulares de ocupar el espacio pblico desde organizaciones de Derechos Humanos, cuando era obturada la posibilidad de reparacin a travs de la justicia. Es importante destacar la significacin simblica y poltica de los Juicios por la Verdad, los juicios populares62 y los escraches63 como formas de participacin y ampliacin de la

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Como ya expres, siendo periodista del peridico de la Asociacin Madres de Plaza de Mayo, realic durante el ao 1995 las crnicas de varios de estos juicios populares entre ellos el que se realiz en Quilmes al mdico torturador Bergs. Tambin particip en la organizacin de estas intervenciones urbanas, adems de su cobertura periodstica; extraa sorpresa recib el da en que me dieron lo que figuraba de mi militancia en los archivos de la Direccin de Inteligencia de la Polica de Buenos Aires (DIPBA) ahora en manos de la

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democracia en momentos en que se cerraban todos los canales institucionales para exigir justicia. La posibilidad de instalar un discurso en torno a la pertinencia de la reapertura de los juicios tuvo mucho que ver con el xito de estas formas de participacin popular por fuera de los canales formales64.

Los juicios tico-populares fueron organizados por la Asociacin Madres de Plaza de Mayo y acompaados por diversas organizaciones y agrupaciones polticas a mediados de la dcada del noventa. Los primeros fueron en los aos previos a los 20 aos del golpe militar y se organizaron en plazas pblicas, como un modo de buscar la visibilidad que el tema de la condena a los genocidas pareca no tener. El primero fue el 4 de mayo de 1995 y se realiz en Plaza de Mayo. En las fotos, se ve a un lado de la pirmide, un escenario con un gran pauelo blanco extendido que expresaba JUICIO ETICO POPULAR. La casa de gobierno aparece de fondo. Sobre el tablado, una silla con un micrfono para que hablen los testigos. Decenas de personas rodean el lugar. Las madres, con sus pauelos blancos, sentadas frente a lo que sera el estrado. La escena mantiene en lneas generales las caractersticas de un juicio oral y pblico tradicional. As pasaron varios testigos a brindar sus testimonios, se dio espacio a la defensa a travs de la emisin de grabaciones de audio, hubo un alegato en el que se hace referencia a los seores jueces y a los compaeros del jurado exigiendo juicio y castigo; para terminar con una votacin a mano alzada con la mayora de los brazos levantados portando brazaletes con la
Comisin Provincial por la Memoria, donde aparecan minuciosamente todas las crnicas escritas por m en los juicios populares organizados por las Madres en distintos lugares del conurbano bonaerense y La Plata. Para ampliar este punto, puede verse Los sindicatos bajo la mirada de la DIPBA: Nos magullaron pero no nos quebraron; publicacin de una experiencia de extensin universitaria de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educacin, publicado en 2012. 63 Como expresaba claramente la consigna de HIJOS: Si no hay justicia, hay escrache. 64 Conversacin con Hctor Barbero, autor junto a Guadalupe Godoy de La configuracin del enemigo interno como parte del esquema represivo argentino Dcadas de 1950 1960.

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palabra juez y dictaminaron en forma unnime la condena: culpables. Los jueces eran el pueblo.

Siguiendo las lneas de nuestra tesis que ubica a La Plata como lugar singular, como espacio de las disputas por los sentidos de la dictadura cvico-militar y mbito de profusa multiplicacin militante por los Derechos Humanos, un mes despus, en junio de 1995, el mismo juicio ticopopular era realizado en la capital bonaerense. All tambin se expresaron como testigos hijos de desaparecidos, madres de plaza de mayo, abogados de organizaciones de DDHH y sacerdotes. Para construir un mapa de la situacin de la justicia en ese momento histrico en esta ciudad, tomamos parte del testimonio de Jaime Gluzman miembro del APDH La Plata y abogado de reconocida trayectoria en defensa de los derechos humanos, cuando l expresaba en el centro de la plaza San Martn: realic ms de 80 habeas corpus, en La Plata donde se realizaron ms de 1000. Siempre fueron rechazados, la justicia estaba maniatada, igual que hoy. Gobierna la ley de la impunidad, no la ley de la justicia. Qu jueces tenamos? Recuerdo un emblemtico verdugo: Gustavo de la Serna65, milico retirado, juez federal durante toda la dictadura. () Cuando termin la dictadura cvico-militar, bajo el Estado de derecho, con Alfonsn y el Juicio a las Juntas, muchos creyeron que se abra un amplio campo de posibilidades. Entonces comenzaron a hacer denuncias en todos lados, pero llegaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y los indultos, que algn da lograremos derogar. Ahora aparece un segundo Punto Final a travs de las declaraciones de Balza y algunos comienzan a confundirse,

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El juez Gustavo de la Serna muri en mayo de 2012. En el cementerio se present una guardia de honor del ejrcito a saludar la despedida de los restos de este juez en quien se referenciaba esta relacin entre poder judicial y dictadura cvico-militar. Paradojas del destino o construccin de relaciones en el poder judicial, llevan al yerno de Gustavo de la Serna, Rubn Oscar Aller, esposo de su hija que tambin trabaja en el poder judicial, a ser secretario de la causa Etchecolatz en el Tribunal Oral que es objeto de nuestro anlisis.

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porque aparece un general actual diciendo: s fuimos asesinos. Pero adems dice: todos somos responsables, diluyendo la responsabilidad en el inconsciente colectivo; pretenden otro punto final. Juntmosle a los dos demonios las orejitas y aqu todo termin. Las expresiones resumen el recorrido de la situacin jurdico-cultural y como se dan, en este escenario, las luchas por la legitimidad de qu condenar, a quines, cmo y por qu delitos. El alegato de Eduardo Barcesat, aquella tarde en La Plata, tambin es sumamente til para nuestros anlisis cuando afirma: Hay tres secuestros ms que involucran la desaparicin forzada masiva de personas. El 1, el secuestro de la certeza, el de no saber qu ha ocurrido con el ser querido. El 2, el secuestro de la justicia, la justicia convertida en simulacro. El 3, a modo de tentativa, el secuestro de la memoria de la palabra. Este juicio tico tiende a recuperar esas tres certezas Ha llegado el momento de pedir el castigo. Nosotros no somos un tribunal judicial, somos un tribunal tico. Con estas afirmaciones se expresaba claramente por dnde pasan las disputas en torno a los alcances de aquel modo de juzgar en plena dcada del noventa: restituir identidad, justicia y lenguaje/accin, desde un tribunal tico, ms que jurdico, tensionando los sentidos sobre el juzgamiento y sus modos.

Estos juicios tico-populares-polticos organizados por las Madres son de alguna manera condiciones de posibilidad de las escenas de justicia que se generaron ms de 10 aos despus. Porque adems, mientras se daban estas intervenciones en las plazas pblicas, naca al calor de esta situacin la organizacin HIJOS. Para comprender este momento tomamos un extracto del discurso de Hebe de Bonafini aquel 7 de junio de 1995 en la ciudad de La Plata, cuando deca que estos juicios se van a multiplicar y nosotros tambin nos vamos a multiplicar, y los vamos a condenar en el lugar que estn. No los vamos a aceptar al lado nuestro, ni en el bar, ni en la

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confitera, ni en el trabajo, ni en ninguna parte. Reaccionemos. Echmoslos. Denuncimoslos. Muchos de los jvenes que participaban de estas iniciativas y que tomaban como propias estas consignas, seran parte de este otro modo de intervencin urbana que reclama/ba justicia a travs de los escraches.

Estos juicios permitieron presencia de estas condenas en el territorio de los espacios pblicos. Un ejemplo fue el juicio tico-popular a Bergs el 12 de agosto de 1995 en Quilmes, del cual, como ya seale al principio de esta Tesis, escrib la crnica que cuenta aquella jornada de lucha por la justicia, como un presagio de un tema, una preocupacin, una bsqueda que se expresara en esta Tesis: contar las luchas por los sentidos de la justicia y contra la impunidad.

Cuando no hay justicia, hay escrache

Los denominados escraches fueron organizados en principio por HIJOS, la nueva organizacin de Derechos Humanos que naci hacia el aniversario de los 20 aos del golpe de Estado. La integraron hijos, hermanos o familiares de detenidos-desaparecidos, secuestrados y asesinados durante la ltima dictadura cvico-militar. Las intervenciones buscaban tambin la mayor visibilidad posible, directamente en los domicilios de los represores, como un modo de denunciar ante una vida normal como vecinos, que no deba ser permita por su carcter de genocidas. Su hogar deba ser la crcel, sino, tendran la condena pblica. Estos modos de intervenir lograron no slo instalar el debate de lo ocurrido durante la dictadura, sino tambin exponer la falta de justicia respecto de los responsables y su sealamiento en cuanto a vida

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comn, incluso entre aquellos/as que haban sido sus vctimas directas o indirectas apenas unos aos antes. Como arengaban en estas manifestaciones: Venga vecino, venga a escrachar; si no hay justicia, hay escrache popular.

El italiano Gabriele Andreozzi66 suma una interesante mirada sobre la creacin de HIJOS que nos parece oportuno poner en comn cuando sostiene que de la tesis de Marc Bloch, por la cual cada generacin tiene el derecho y el deber de escribir en primera persona la propia historia, nace la asociacin de hijos de desaparecidos H.I.J.O.S. Un organismo incmodo para amplios sectores de la sociedad de indiscutible valor moral y poltico, que ha tenido un gran impacto en la sociedad. La vehemencia juvenil, nunca violenta, junto a los pedidos de verdad mezclados con el dolor continuo por la prdida, han sido una de las seales de la renovacin de la sociedad argentina.

Fue tal el impacto de esta accin poltica de H.I.J.O.S. que la propia Academia Argentina de Letras recoge el concepto de escrache en su Diccionario del Habla de los Argentinos como una "denuncia popular en contra de personas acusadas de violaciones a los derechos humanos o de corrupcin, que se realiza mediante actos tales como sentadas, cnticos o pintadas, frente a su domicilio particular o en lugares pblicos"67.

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Gabriele Andreozzi, Juicios por crmenes de lesa humanidad. Ed. Atuel, Bs. As. 2011.Academia Argentina de Letras, ed. Diccionario del habla de los argentinos (pag. 298). Buenos Aires: Espasa Calpe.

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Como nos cuenta Cecilia en el libro de Ludmila da Silva Catela68, elegimos este camino y decidimos que el nico apoyo que nos disponamos a aceptar sera el ms legtimo de todos, el de un pueblo que no olvida ni perdona, que acompaa esta nueva forma de justicia popular, de condena social. () El escrache es un punto culminante de este proceso que comenz con la formacin de Hijos. Es producto de un intenso trabajo de elaboracin colectiva y verdaderamente democrtica. Una forma tan creativa de lucha y resistencia slo puede surgir de un espacio que garantice la nobleza de sus principios. () El escrache rompe la impunidad de estos tiempos. Es una muestra de lo que puede lograr el movimiento popular organizado. Expone la legitimidad de nuestra lucha Precisamente para Ludmila da Silva Catela, los escraches confirman la transmisin de memorias a travs de prcticas que se plantean como no-violentas y performticas. Como en los otros fenmenos, el drama individual es canalizado colectivamente hasta involucrar y provocar solidaridad en amplias categoras de agentes como vecinos, alumnos, polticos, medios de comunicacin. Madres-plaza, compaeros-actos, hijos-escraches. Podemos comprobar que las posibilidades de que cada unidad colectiva que levanta el problema de los desaparecidos sea reconocida e impacte a la opinin pblica, se asocia a la invencin de rituales. Analizando el impacto subjetivo y colectivo de estas acciones, la autora afirma que cada biografa montada para los escraches termina con un pedido de accin contra un represor. En el encuentro entre una
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Ludmila da Silva Catela, No habr flores en la tumba del pasado, pag. 274/276. Un anlisi s de estas acciones puede leerse tambin en GAC (2009): Pensamientos, prcticas, acciones, Tinta Linda, Buenos Aires, 2009; y en http://www.derhuman.jus.gov.ar/conti/2011/10/mesa_12/gomez_mesa_12.pdf Mara Rosa Gmez: El sealamiento como prctica de identidad militante y como registro narrativo de denuncia. All, Mara Rosa Gmez propone un anlisis considerando las marcaciones urbanas como discursos narrativos abiertos a la interpretacin, este trabajo pretende indagar la forma en que distintos productos culturales (placas, baldosas, marcas e incisiones) realizados en distintas etapas histricas en ex centros clandestinos de detencin a la vez que hacen visible ante la sociedad los dispositivos de exterminio implementados por el Terrorismo de Estado, actan como espacios de elaboracin de un duelo inconcluso generado por la desaparicin forzada, contribuyen a la politizacin del dolor -trascendiendo de lo personal a lo social- y permiten recuperar la dimensin militante del detenido-desaparecido.

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fuerza internalizante y otra externalizante, una identitaria y otra identificadora, ambas luchan contra la injusticia. En su desafo, llegan a movilizar a la justicia con maysculas y a los pilares democrticos, y ponen en juego las categoras elementales de la cultura argentina.

Tambin son sustanciales las afirmaciones y conceptos de Daniel Feierstein, cuando sostiene que los escraches, significaron una interpelacin generacional vinculada precisamente a la no aceptacin de la interrupcin en la transmisin del legado traumtico, un grito de rebelin que buscaba y sigue buscando un vnculo no slo con los padres ausentes en tanto desaparecidos, sino con una generacin ausente en su rol de paternidad, en su ejercicio de la responsabilidad y la justicia, en su rol paternal de autoridad en tanto dador de ley. De esta manera, como propone el autor, la prctica del escrache le reclamaba y le reclama al orden estatal la asuncin de su responsabilidad: Como no hay justicia, hay escrache. La no asuncin de la responsabilidad por parte de los contemporneos del genocidio lleva a una rebelin general ante las lgicas del orden y la autoridad, que desnuda la imposibilidad de un vnculo social que contine clausurando la justicia. Y es una interpelacin que, si bien va dirigida al Estado, le habla fundamentalmente a una generacin, marcndole de ese modo la ausencia de su rol paterno, ilegitimado a partir de la clausura de la posibilidad de justicia69.

Considerando estos anlisis, observamos cmo la obturacin en los accesos a la justicia de los tribunales genera modos de intervencin urbana en un tiempo donde primaba la privatizacin de lo pblico en nuestro pas. Mientras el neoliberalismo expresado por Menem en el gobierno, los

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Daniel Feierstein, Memorias y representaciones. Sobre la elaboracin del genocidio (pag.173). Ed. Fondo de Cultura Econmica. Buenos Aires, 2012.-

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grupos econmicos beneficiados por sus polticas y las de la dictadura, ms ciertos sectores de dirigencia poltica, sindical y eclesial permitan el desguace del Estado de bienestar, en las calles y plazas de las ciudades ms importantes del pas se sembraban las semillas de justicias que tardaran casi 10 aos en germinar. Estas maneras de participacin popular, muchas veces incluso reprimidas70 tanto material como simblicamente hablando, permitieron poner un piso, una base, a los debates sobre cmo procesar no slo el juzgamiento a los militares y civiles que actuaron durante la dictadura, sino tambin mantener vivo y latiendo un reclamo que generaba nuevas organizaciones como Hijos, o recreaba y cargaba de nuevos sentidos prcticas como el sealamiento pblico en escraches o los juicios tico-populares en mbitos pblicos.

Los juicios en el exterior: tribunales europeos juzgando militares argentinos.

Los juicios tambin se desarrollaron en otros lugares del mundo, con pedidos de extradicin incluidos como fueron los casos de Italia71, Francia, Espaa, Alemania, entre otros pases europeos. As los organismos de DDHH y las organizaciones aparecieron por primera vez como querellantes de las causas, pero no en su propio pas, Argentina, sino desde el extranjero. En el caso de Espaa la organizacin de la cual soy parte, la Central de Trabajadores de la Argentina
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Hablo de mi propio cuerpo corriendo de los gases y los palos cuando nos reprimieron en ms de un escrache o manifestacin durante la dcada del noventa. Recuerdo particularmente la de la ESMA en el ao 1995, el mismo lugar que hoy es sede del Instituto Espacio para la Memoria. 71 Ver el artculo de Giancarlo Maniga, Los juicios en Italia, dentro del libro Los juicios por los crmenes de lesa humanidad en Argentina /coordinado por Gabriele Andreozzi. Buenos Aires: Atuel, 2011. Y Mira, Julieta: La lucha sin fronteras por la justicia: la emergencia de la memoria jurdica a partir de los juicios por los desaparecidos Tesis de Maestra en Comunicacin y Cultura Facultad de Ciencias Sociales UBA octubre 2009 (mimeo)

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(CTA), viaj con sus mximos dirigentes72 y se present ante el juez Baltazar Garzn con documentacin y testimonios en el juicio que all se estaba realizando. Esta denuncia de CTA en Espaa se destaca en mi anlisis porque en gran medida parte de la documentacin presentada toma a la ciudad de La Plata y a su regin como paradigma que demostraba el accionar del plan genocida para la regin, haciendo referencia directa a las desapariciones en el Astillero Ro Santiago y en la Universidad Nacional de La Plata. Respecto de esta situacin de juzgamiento en el exterior y a la aplicacin de normas universales en cuanto a los delitos que se consideran imprescriptibles como el de lesa humanidad, genocidio o crmenes de guerra, Carlos Slepoy73 suma una mirada sumamente provechosa para nuestro estudio. El abogado, miembro de organismos de derechos humanos e impulsor de los juicios en Espaa, valora los alcances internacionales sobre el tema como el Estatuto de Roma o la Corte Penal Internacional, pero afirmando que la gran lucha, an con valores universales, se da en cada territorio nacional. En este sentido, las palabras de Slepoy nos animan en nuestro estudio cuando afirma que slo con el denodado esfuerzo de miles de personas y cientos de organizaciones de derechos humanos en todo el mundo fue posible el nacimiento de tratados y resoluciones que condenan los crmenes contra la humanidad. Es preciso lograr el de instrumentos internacionales que obliguen a los Estados a instaurar, y a sus tribunales a ejercer, en concurrencia con los de otros pases, la jurisdiccin universal. La lucha contra la impunidad debe enfrentar nuevos desafos, porque otros fueron superados. Estn creadas las condiciones
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Fueron declarantes en Espaa en nombre de CTA en aquel momento, Vctor De Gennaro, Vctor Mendivil, Marta Maffei, Alberto Morlachetti, Alberto Piccinini y Juan Carlos Caamao. 73 Carli Slepoy, as llamado por sus compaeros/as de militancia, ha sido fundamental en la lucha para que los crmenes de la dictadura cvico-militar argentina no quedaran impunes, como tantos miles de militantes de organizaciones de DDHH en Argentina y en el mundo. En 2009, declar en La Plata en el juicio tramitado por el Tribunal Oral Federal N1 por los casos de la Unidad Penitenciaria N9. Sus afirmaciones las tomamos de su artculo Impunidad y justicia universal en relacin con crmenes lesivos para la humanidad. Los juicios en Espaa, dentro del libro Los juicios por los crmenes de lesa humanidad en Argentina /coordinado por Gabriele Andreozzi. Buenos Aires : Atuel,

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para que, pronto, otras y fructferas experiencias consagren definitivamente el nico principio que se corresponde con el de justicia universal: el de concurrencia de jurisdicciones. Se dara as un gigantesco paso para combatir las masivas violaciones de los derechos humanos. Existe una creciente conciencia universal acerca de que es necesario acabar con estos crmenes. La sancin a quienes los dejan impunes y la persecucin en todo tiempo y lugar a quienes los cometen, por tribunales de distintos pases, es el nico modo de enfrentarlos. Un nuevo corte epistemolgico, portador de un nuevo paradigma de justicia, est en ciernes. Debemos ayudarlo a nacer.

El fin de las leyes Punto Final y de Obediencia Debida.

Las mencionadas leyes de impunidad fueron cuestionadas en su constitucionalidad en distintos fueros judiciales por los organismos de DDHH. La primera declaracin de nulidad de la Leyes de Punto Final y Obediencia Debida fue la del juez Federal Gabriel Cavallo74 en marzo de 200175, luego ratificada por la Cmara Federal, por lo cual lo siguieron varios jueces de distintos lugares de pas. Con esos antecedentes judiciales, en un pas atravesado por movilizaciones populares masivas, los gobiernos de Fernando De La Ra primero y de Eduardo Duhalde despus, realizaron

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Segn Horacio Verbitsky, en un artculo ya citado, la presentacin de Abuelas de Plaza de Mayo y del CELS se formul el pedido de nulidad de las leyes de impunidad en una causa especialmente apta para demostrar su inviabilidad: los mismos represores Julio Simn, alias el Turco Julin y Juan Del Cerro, alias Colores, detenidos y procesados por la apropiacin de una bebita que fue entregada a una familia militar estril, que la anot como propia, no podan ser perseguidos por el secuestro, las torturas y la desaparicin forzada de los padres de la nena, el matrimonio de Jos Poblete y Gertrudis Hlaczik, un crimen de mayor gravedad. 75 El ao 2001 aparece como un hito histrico en la historia reciente de nuestro pas. En este sentido, las movilizaciones a 25 aos del aniversario del golpe de Estado, actuaron tambin como presin social para la anulacin de las llamadas leyes de impunidad.

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mltiples gestiones para impedir el accionar de la justicia en cuanto a la condena por los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar. Sorpresiva76 e intempestivamente, desde el comienzo del gobierno de Nstor Kirchner en 2003 se tom el reclamo de las organizaciones de Derechos Humanos y se promovi la derogacin/anulacin de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, lo cual se logr en el Congreso Nacional en el ao 2004. Pero adems, el gobierno encabezado por Kirchner tom desde sus inicios la decisin poltica de considerar central en su gobierno el eje derechos humanos en relacin a los crmenes de lesa humanidad cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar. Un ejemplo de esto ocurri en marzo de 2004, cuando orden el desalojo de la Escuela de Mecnica de la Armada (ESMA) para instalar all el Museo de la Memoria que haba dispuesto la legislatura portea, y el retiro de los cuadros de los ex dictadores Jorge Rafael Videla y de Reynaldo Bignone del Colegio Militar, del que haban sido directores. En el mismo sentido, otro de los cambios fundamentales que realiza el gobierno de Kirchner en 2003 es el cambio de la Corte Suprema de Justicia. Esta Corte haba sido configurada para garantizar la impunidad, con sus nuevos integrantes se convertir de alguna manera, en mbito de generacin de condiciones de posibilidad para el juzgamiento de los responsables de los crmenes cometidos durante la ltima dictadura.

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Realizo esta afirmacin en lnea con lo expuesto por Horacio Verbitsky en artculo ya citado del cual reproduzco aqu una parte para ampliar el sentido: en las dos primeras semanas de su gobierno produjo por sorpresa dos hechos decisivos, que marcaron su mandato presidencial. En la primera semana, descabez la cpula del renacido Partido Militar, en la segunda, promovi el juicio poltico contra la mayora automtica en la Corte Suprema. Tambin pidi la ratificacin de la convencin internacional que determina la imprescriptibilidad de la desaparicin forzada de personas. El Congreso la ratific y adems declar nulas las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida.

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En este contexto, en 2005, fue la Corte Suprema de Justicia, la que finalmente cerr el debate jurdico al fallar por la inconstitucionalidad de las mencionadas normativas. Comenz a romperse, el ya resquebrajado mecanismo normativo/judicial de la impunidad.

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II CAPITULO 4 DAS DE JUICIOS: ESCENAS DE LO CULTURAL

Reconstruir una mirada histrica verdadera, que piense el hoy como resultado del ayer y no que lo fracture en dos tiempos totalmente separados Graciela Rosenblum .

Los juicios como poltica de Estado.

Con la anulacin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sumando los procesos que venan surgiendo desde los Juicios por la Verdad, o aquellos que haban quedado afuera de las normativas que limitaban el acceso a la justicia, como el caso de robo de bebs, sustraccin de identidad y robo de bienes, es en el ao 2006 cuando se comienza con los primeros juicios orales y pblicos de la nueva etapa de juzgamiento en Argentina77. Nos parece oportuno entonces, desarrollar brevemente el recorrido de los juicios desde aquel ao 2006 hasta el 2012 como un modo de inscribir, en trminos generales, en este proceso histrico, las significaciones que adquieren estas escenas judiciales en nuestro pas y en el mundo.

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Este momento singular ser analizado directamente al poner el foco de nuestro anlisis en el juicio a Miguel Etchecolatz en La Plata en los captulos siguientes.

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Como plantea Ana Mara Careaga, Directora Ejecutiva del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), hablar genricamente de los juicios implica poder pensar estos procesos desde diversos planos que trascienden lo jurdico, en tanto son atravesados tambin, entre otros, por aspectos conceptuales, acadmicos, testimoniales, mediticos, psicoanalticos78. Y es que pasados los primeros 20 aos de la ltima dictadura slo hablbamos del juicio, para desplazarnos actualmente a un plural de juicios que, aunque siempre insuficientes respecto de la magnitud de los crmenes cometidos, dan cuenta de este acumulado de luchas y voluntades polticas que crearon las nuevas condiciones de posibilidad en el juzgamiento en Argentina.

La relevancia mundial de los juicios aparece dada por alcances de las condenas, por las caractersticas de los tribunales -que son civiles- y de la justicia penal ordinaria, y tambin respecto a las prcticas jurdico/culturales. Como afirma Jorge Taiana en el prlogo al libro Hacer Justicia79, existe gran inters en las lecciones aprendidas y los desafos derivados del caso argentino, cuya evolucin se ha dado, por casi tres dcadas ya, en forma paralela al desarrollo de los estndares internacionales en materia de verdad, justicia, reparacin y memoria. En ese mismo escrito, Taiana agrega un destacado que es de suma productividad para nuestra investigacin que dio lugar al ensayo de Tesis, cuando afirma que, cabe destacar que, dadas las caractersticas propias de estos procesos judiciales (en referencia a los juicios actuales), la complejidad en la produccin de la prueba, el nmero de testigos y vctimas, y el valor histrico y reparador de sus audiencias pblicas no slo para las vctimas directas sino para la

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Ana Mara Careaga, Un aporte a la reflexin colectiva, en El libro de los juicios, pag. 9. Instituto Espacio para la Memoria, Buenos Aires, 2010. La mirada que expresa la citada autora, resulta una de las argumentaciones que, de alguna manera, sostiene la pertinencia de nuestra Tesis. 79 Hacer Justicia. Nuevos debates sobre el juzgamiento de crmenes de lesa humanidad en Argentina, CELS y CIJT, Ed. Siglo XXI, Bs.As., 2011.

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sociedad en su conjunto-, su programacin y desarrollo han demandado una coordinacin sin precedentes entre los poderes del Estado. Y en este mismo sentido, agrega un aspecto que nos permite ubicar el rol de las organizaciones que ser parte de esta Tesis en su ltimo captulo, cuando afirma que la materializacin del objetivo de impartir justicia respecto de los graves crmenes del pasado en la Argentina, como parte de una poltica de Estado, ha sido decididamente acompaada por las organizaciones de la sociedad civil, que tambin han contribuido a la consideracin de los medios ms idneos para alcanzar este objetivo. De esta manera, en nuestra consideracin, cuando hablamos de polticas de Estado, no lo hacemos desde su perspectiva clsica/tradicional a lo Montesquieu, respecto a la separacin en los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial; partimos ms bien de la nocin gramsciana80, donde el Estado es un espacio que da cuenta de las relaciones de fuerza y sus luchas por imponer, aceptar y negociar sentidos sobre la direccin de la propia Nacin. Mirado desde esta concepcin, las organizaciones de la sociedad civil, en el caso analizado, juegan un papel protagnico respecto a las presiones que ejercen para correr los lmites propios de esta disputa de intereses. Por esto, en nuestro anlisis considerar los juicios como polticas de Estado, es plantear de base que los debates en relacin a los alcances de estos procesos judiciales se dirimen desde lo cultural en cuanto son arenas de lucha respecto de la gobernabilidad, la autoridad y el poder; y donde las organizaciones populares atraviesan tambin este escenario de disputas mltiples.

Segn Carlos Rozanski, uno de las caractersticas que convierten en nico e indito al caso argentino de juzgamientos, es que las huellas y las marcas del proceso de Terrorismo de
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Para profundizar sobre esta concepcin puede consultarse, a: Antonio Gramsci, Introduc cin a la filosofa de la praxis, Premi Editores, Mxico, 1985, o Literatura y vida nacional, Ed. Las cuarenta, Buenos Aires, 2009. Tambin en Perry Anderson, Las antinomias de Antonio Gramsci, ed. Fontamara, Mxico DF, 1991.

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Estado, son procesadas 30 aos despus por la sociedad. Y lo indito est en que la sociedad, en vez de dejarlo en el olvido, en lugar de que las leyes se trasformaran en leyes de perdn en vez de leyes de impunidad, en lugar de firmar acuerdos de reconciliacin como en Sudfrica; es decir, en lugar de cualquiera de las alternativas que implicaba la impunidad, Argentina eligi la alternativa de la NO Impunidad. Siendo que ha habido genocidios en todo el mundo, en distintos momentos, pero nunca se ha dado una devolucin social como en nuestro caso, ya que en Argentina se dieron determinadas condiciones que slo ac se podan dar.

Para Norberto Liwski, Argentina es el nico pas en el mundo que ha generado juicios donde se juzgan delitos de lesa humanidad, a travs de tribunales regulares y con leyes vigentes, mientras en el resto del mundo se ha tenido que apelar a tribunales internacionales o a la justicia transicional (como en Sudfrica). La experiencia Argentina, con las organizaciones de Derechos Humanos y sociales que se han constituido en principales animadores de este proceso, pasando por espacios del Estado altamente comprometidos, que generaron condiciones o las mejoran a partir de las cuales los juicios se desarrollan, es sumamente singular. Es una referencia

histrica internacional para el resto del mundo que vivi circunstancias semejantes. Liwski nos cuenta un ejemplo que en s mismo ilustra esta situacin mundial en la que nuestro pas es pionero, cuando representando al CODESEDH en un foro internacional en Naciones Unidas sobre los dispositivos de promocin de derechos de las vctimas de delitos de lesa humanidad donde habra unas 20 representaciones mundiales; ninguna relataba ejemplos de situaciones locales. Nadie hablaba de su pas, pertenecan a procesos judiciales muy lejos de sus pertenencias. En la Haya se juzgan los crmenes de la ex Yugoslavia, lo ocurrido en Ruanda se juzga con un tribunal internacional, los que hablaban de Sudfrica y su justicia transicional no

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eran sudafricanos. Es decir, que no haba ninguno que expresara la instancia testimonial y de acompaamiento con las mismas identificaciones culturales, con las mismas identificaciones histricas. Acompao a los testigos, soy testigo, somos vctimas de la dictadura y desde ah participamos. Y 30 aos no es tanto, si lo que se est saldando son los crmenes polticos con justicia, porque no es tan importante la demora, lo importante es que no se entierre; y que se genere el proceso capaz de juzgar y condenar a los responsables de dichos crmenes.

Siguiendo esta lnea de pensamiento, y aunque este derrotero de juicios en todo el pas tiene las diversidades que las propias relaciones de fuerza de cada entramado local permite, habilita o legitima, y los debates sobre sus alcances son muchos y variados, existen consensos bsicos respecto de la transcendencia y la necesidad de realizar los juicios por delitos de lesa humanidad en cada lugar del pas donde estos se hayan cometido. El marco de desarrollo es dispar, pero con cierta visibilidad que permite mostrar a distintas organizaciones de Derechos Humanos cmo continuar con sus luchas pero, adems, aparece una habilitacin poltica desde el propio gobierno nacional respecto al juzgamiento a involucrados en los crmenes de lesa humanidad cometidos durante la ltima dictadura. En este sentido, aunque est necesariamente sujeto a interpretaciones dismiles, en ambos discursos de asuncin de la presidencia de Cristina Fernndez de Kirchner, en 2007 y 2011, hay una alusin directa y explcita sobre el tema. Precisamente en sus palabras ante la Asamblea Legislativa el pasado 10 de diciembre de 2011 afirm: Tengo ac una frase del discurso que pronunciara con motivo de la asuncin en el 2007 que, si me permiten, lo voy a leer textualmente, referido, precisamente, a los juicios de derechos humanos: Yo espero que en estos cuatro aos de mi mandato- me refera obviamente al mandato que se iniciaba el 10 de diciembre

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del 2007-, estos juicios que han demorado ms de treinta aos en ser iniciados, puedan ser terminados. Si bien se registra un gran avance en los mismos, lo nico que sueo y lo nico que le pido a la Justicia de mi pas, es que el prximo presidente que tenga que prestar juramento el 10 de diciembre del 2015, no tenga que volver a pronunciar esta frase y hayamos dado vuelta definitivamente una pgina tan trgica de nuestra historia. Esta afirmacin no garantiza por s misma los alcances y caractersticas que han ido adquiriendo en todo el territorio nacional los juicios por delitos de la dictadura, pero los ubica como uno de los ejes centrales de las polticas de Estado en nuestro pas. Quienes consideran que el gobierno nacional no produce las condiciones necesarias para la concrecin, avance y profundizacin de estos juicios, de todas maneras reconocen an desde la crtica que es parte de la agenda nacional, no slo porque es mencionado, sino porque es un espacio donde se estn dando luchas por la legitimidad respecto de qu, cmo y a quines juzgar; sin promover, como lo han hecho todos los gobiernos posteriores a la dictadura que preceden a ste, normativas o leyes que busquen convertir a la impunidad de aquellos mltiples delitos en elemento histrico hegemnico81.

Es el propio presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, quien ha reiterado en diversos discursos pblicos que los juicios llegaron para quedarse. En este sentido, en 2008

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Son interesantes al respecto las afirmaciones de Jorge Alemn que desde el psicoanlisis a partir de las declaraciones por la presentacin de su libro Soledad: comn. Polticas en Lacan, cuando afirma que: en Amrica Latina el Estado puede seguir siendo una superficie de inscripcin de procesos emancipatorios. Los derechos humanos, particularmente en la Argentina, han sido una operacin decisiva para la construccin de un nuevo proyecto poltico. Y la construccin regional latinoamericana, no pienso que sea una experiencia a desestimar. No me parece que sea algo que pueda ser fcilmente subsumido por el estado dominante de las cosas. Pienso que la construccin de hegemonas en el sentido de (Antonio) Gramsci, de (Ernesto) Laclau, pensadas con las lgicas de Lacan, son pertinentes para entender los procesos polticos latinoamericanos. Es lo que estamos viviendo, con sus ventajas y sus desventajas.

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dictaron la acordada 42/08 que dispuso crear la Unidad de Superintendencia para Delitos de Lesa Humanidad. En la misma lnea, en marzo de 2012, al recibir de manos de Pedro David, presidente de la Cmara de Casacin Penal, el documento con las reglas prcticas para agilizar los juicios orales por crmenes de lesa humanidad, Lorenzetti82, como presidente del mximo tribunal del pas, subray que no hay marcha atrs en los juicios porque son una poltica de Estado. Precisamente en esa ocasin se reciba la Acordada N388 del 2010, donde la Cmara de Casacin Penal dicta una serie de reglas, que, aunque no necesariamente conforman el conjunto de reclamos y necesidades de las organizaciones querellantes en los juicios, sin ninguna duda significan una avance en sus propia luchas para el juzgar genocidas, promover y proteger testimonios, y darle a este tipo de juicios un tratamiento prioritario en todo el pas. Aunque para nuestra Tesis los juicios tienen que ver ms con acontecimientos culturales que con actos jurdicos83, no deja de ser en este discurso del derecho donde tambin se observa y se dirime esa pelea por el juzgamiento En trminos sintticos, las reglas proponen lo siguiente respecto de estas escenas de justicia:

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Ricardo Lorenzetti en particular y la Corte Suprema de Justicia de la Nacin en general, han promovido tambin espacios vinculados a la informacin sobre el procedimiento de la justicia, como es el caso de el Centro de Informacin Judicial (http://www.cij.gov.ar/lesa-humanidad.html) que publica informacin sobre los distintos procesos en todo el pas, incluyendo un mapa interactivo donde a priori se visualiza de alguna manera el impacto que estn teniendo estos juicios a nivel nacional. Aunque el ltimo informe data del 2010, es interesante el sitio como mbito para obtener informacin de causas en trmite, fallos, etc. 83 Esta cuestin respecto de cmo leer la escena de estos juicios ser transversal a todo el ensayo de Tesis. Parecen ser abogados quines ms se resisten a pensar o definir estos mbitos como singulares acontecimientos culturales, ms que como momentos jurdicos con sus modos y reglas tradicionales. En este sentido, la propia presentacin de estas reglas que estn en la acordada de la Cmara de Casacin generan afirmaciones tales como las de Rodolfo Yanzn para quien aunque las medidas adoptadas por la Casacin son positivas porque dejan en claro que el avance de los juicios debe ser una poltica de Estado, en el que todos estn comprometidos. Ahora sus efectos estn por verse y depender fundamentalmente de cada uno de los tribunales, pero tambin las acusaciones podrn ayudar o perjudicar; y agrega algo que pretendemos poner en discusin o replantearnos en nuestro anlisis al afirmar finalmente que No pretender hacer historia, ni poltica, ni sociologa con estos juicios. El debate debe ser jurdico.

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1. Busca poner lmites a la remisin de los autos principales y a las impugnaciones, que en cualquier instancia debern remitirse la piezas imprescindibles para su resolucin. 2. Se refiere a los plazos procesales. Seala que se debern evitar demoras innecesarias y formulismos que retarden el trmite y no deciden el planteo. 3. Est referida a la citacin a juicio, ofrecimiento y produccin de prueba. Dice que la notificacin a las partes del artculo 354 del Cdigo Procesal Penal debe hacerse conjuntamente. 4. Habla sobre las audiencias preliminares84. Establece que en forma previa a resolver la admisibilidad de la prueba ofrecida, el tribunal podr convocar a una audiencia preliminar con las partes, en la que las invitar a limitar la prueba a slo aquellas que resulten imprescindibles. En esa reunin podrn, adems, acordarse cuestiones operativas del juicio: das del debate, lugar de realizacin, habilitacin de feria en caso que sea necesario, das y horarios de las audiencias y establecer las partes de lectura de los requerimientos de elevacin a juicio. Es que a veces esta ltima parte se lleva los primeros das, hasta semanas, de los juicios. Tambin aclara que las notificaciones y citaciones debern realizarse tratando de evitar que se divulgue el domicilio y los datos personales de los testigos y las vctimas. 5. Es uno de los puntos ms importante porque se refiere al tratamiento de los testigos85. Buscan evitar su re-victimizacin. Seala que los jueces procurarn asegurar que todas las partes tengan oportunidad de controlar las declaraciones que presten los testigos-vctimas durante la instruccin. Les pide a los jueces que tengan en cuenta los casos en que la presencia de un

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Estas audiencias preliminares o reuniones previas, sern parte de nuestro anlisis del juicio a Miguel Etchecolatz donde estas cuestiones respecto de lugar de realizacin, das de debate, etc. fueron parte de la construccin de ese escena singular de justicia, que aos despus es legalizada en esta acordada de la Cmara de Casacin. 85 Esta mecnica respecto de los testigos est en gran medida tambin determinada por la experiencia que surge ante la desaparicin de Jorge Julio Lpez en 2006 previo a la lectura de los alegatos y la sentencia en el juicio donde l era testigo y querellante.

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testigo pueda poner en peligro su integridad personal. Y que para ellos los tribunales podrn solicitar colaboracin a los programas de proteccin dependientes del Estado. 6. La ltima regla est referida a la discusin final. Establece que los jueces podrn autorizar a las partes que as lo entiendan conveniente y oportuno, la remisin a tramos del requerimiento de elevacin a juicio o documentos, sin necesidad de darles lectura ntegra. Tambin les recomiendan a los tribunales limitar las ltimas palabras de los imputados, a fin de evitar que se conviertan en nuevos alegatos, indagatorias o derivaciones impertinentes.

Los ejemplos citados aluden al carcter de poltica de Estado que han adquirido los juicios, lo cual no obtura, sino ms bien nutre y alimenta las diversas interpretaciones y significaciones que sobre estos existen en la actualidad. Pese a lo expuesto, para algunos actores vinculados al derrotero de los juicios como Flix Crous86 pese a que se trata de un matiz, mi visin es que no existi una poltica de Estado como construccin estratgica del proceso de memoria, verdad y justicia como poltica de Estado. Ahora bien, si poltica de Estado es remover una serie de obstculos para el juzgamiento y tomar decisiones polticas en torno a esa cuestin, decisiones se tomaron y de eso no me cabe ninguna duda. Pero para m una poltica de Estado lo super-estructural, discursivo y tambin la polea de transmisin en la gestin concreta para que sea eficaz ese proceso deseado.

Guadalupe Godoy, en tanto, nos cuenta que uno de los debates que han recorrido el desarrollo de los juicios en estos aos se da respecto a que para muchos el juzgamiento debe ser con las
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Fiscal federal. Unidad de Asistencia para Causas por Violaciones a los Derechos Humanos durante el terrorismo de Estado. Sus expresiones fueron tomadas de una charla-debate organizada por la Comisin Provincial por la Memoria en clave de conversaciones a 6 aos de la desaparicin de Lpez y evaluando la continuidad de los juicios. Los materiales fueron gentilmente aportados por la Prensa de la Comisin.

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mismas herramientas que usamos para todas las situaciones penales, y no deben convertirse ni en juicios especiales, ni con tribunales especiales, ni modificar otros criterios. Desde esta lgica se cumplira con todas las garantas para llegar a un debido proceso. Pero la situacin sobrepas esta idea. Esto se observa en la acordada de la Cmara de Casacin, que despus de aos de negar diversas propuestas, como la incorporacin por lectura de los testimonios, tuvo que aceptar y promover criterios especficos para una situacin que no puede tener un tratamiento jurdico habitual, como lo es producir escenas de justicia donde se debate sobre crmenes en el marco de un genocidio, 30 aos despus de haber ocurrido. Aos de lucha se expresan en las reglas prcticas que estn en la Acordada de la Cmara de Casacin, lo cual, en algn sentido, es un reconocer que el Cdigo Penal no est preparado para este tipo de juicios, y en realidad podan terminar beneficiando a los imputados. Los juicios se inician con la lectura de la acusacin. Son audiencias que pueden durar mucho, ya que en algunos casos puede tener unas 500 pginas. Como es un derecho del imputado pedir que se lea todo, poda ser un motivo para retrasar o estirar el juicio. Un ejemplo fue el primer juicio sobre ESMA, donde hubo 6 meses de lectura de acusacin. Sin embargo, a partir de las condiciones que se van generando, ha comenzado el llamado juicio ESMA III, que se ha adecuado a los procedimientos que plantea la Cmara en su acordada y que implica una economa de los tiempos y las audiencias preliminares con las partes para evitar estos retrasos y dilaciones en los juicios por este tipo de delitos. El juicio ESMA III se convierte hoy en el ms grande que se haya dado en Argentina respecto de la cantidad de acusados, pero tambin por los numerosos testigos que han sido citados para declarar.

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Otra situacin nueva se da en los alegatos donde la Fiscala comienza y despus las querellas agregan o complementan, o en todo caso adhieren a lo que consideren deben adherir, para no decir todo de nuevo.

Los juicios en la actualidad: interpretando alcances y perspectivas.

Nos dice Guadalupe Godoy desde su experiencia87 concreta que uno de los problemas fundamentales que tuvieron los juicios fue su falta de planificacin previa y estrategia judicial, tanto desde el Estado como desde las organizaciones. Desde el Estado sera ms cuestionable ya que el peso de la acusacin recae en la Fiscala. Desde la reapertura, esta ausencia de planificacin, retras la posibilidad de unificar las causas, algo que hoy es un elemento que ya nadie discute, a partir de la insistencia de las organizaciones respecto de esto. Para graficar este punto de partida, puede tomarse como ejemplo lo que pas en Santiago del Estero, donde se pretenda hacer un juicio por vctima.

Para Flix Crous, se manejaron de modo tcito con un criterio que los guiaba: para que haya juicios, tiene que haber juicios. La condicin de que haya juicios, es que haya juicios. En el mismo sentido, la otra cuestin es que haya juicios en muchos lugares. Que se desarrollaran
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Guadalupe Godoy, co-directora de esta Tesis, ha sido abogada por las organizaciones querellantes en prcticamente todos los juicios por crmenes durante la dictadura tramitados por el Juzgado Federal Oral en lo Criminal N1 de La Plata, desde 2006 hasta 2012. Esto implica ser una de las pocas personas que escucho, vio, pregunt, sinti, percibi, los avatares y circunstancias en que se juzg a Miguel Etchecolatz, Cristian Von Wernich, los penitenciarios y mdicos de la Unidad N9 y los imputados en el llamado Circuito Camps (que incluye adems de miembros de la polica bonaerense a quienes fueran gobernador y ministro de Gobierno en la Provincia de Buenos Aires, Ibrico Saint Jean y Jaime Smart, respectivamente. En este sentido, para el anlisis de estas escenas en la ciudad de La Plata, es muy difcil encontrar a una persona con ese acumulado de experiencias en los juicios que en esta ciudad tuvieron lugar.

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donde se percibieron como crmenes en las propias sociedades donde se cometieron, tanto en la provincia de Buenos Aires, como en el resto del pas. En trminos penales responden al principio de frum delictic comicin, los delitos se juzgan ah donde se cometieron. Pero esto no se crea como una cuestin leguleya, sino porque los crmenes cometidos en Mar del Plata, Baha Blanca, Azul o Tandil, deban ser juzgados en esa comunidad. Esta situacin tendra una potencia para esas comunidades, que no tendra si fueran mediatizados en otras metrpolis, con las cuales se relacionan estas ciudades perifricas. Esto fue una discusin que se dio con la reapertura de los juicios.

Guadalupe Godoy, nos cuenta que existi una gran resistencia en el poder judicial para tramitar estas causas. Su propia estructura se haba armado durante la dictadura o el menemismo, un aparato judicial formado durante la dictadura; es decir, casi con un mismo patrn ideolgico/poltico88, delimitando un espacio institucional del Estado al cual se le exiga y se le exige ser democratizado. Esto se expresa en prcticas materiales concretas, como puede ser dejar las investigaciones a cargo de la polica, a lo cual podemos sumar hasta un rechazo o desprecio de clase respecto de lo sucedido en relacin a las vctimas. Esto puede verificarse en una primera etapa de la reapertura (2004-2007), en la que hubo constantes declaraciones de incompetencia de los jueces, tambin planteos de

inconstitucionalidad de la anulacin/derogacin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.


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Hay ejemplos en todo el pas de esta situacin. En La Plata, por ejemplo esta el caso de la jueza Aparicio que presidi el primer juicio por apropiacin que fue el de Carmen Sanz donde los juzgan a Etchecolatz y a Bergs (el resto del tribunal estaba integrado por Jarazo y Rozanski, este ltimo vot en disidencia con la benvola condena de ese momento). La magistrada haba ido al Centro Clandestino conocido como pozo de Banfield, como secretara de un escribano, ante quien los hermanos Iacarino se ven obligados a firmar el robo de todos sus bienes. Dice Guadalupe Godoy, con estos bueyes arbamos en nuestras peleas por buscar justicia.

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Pero incluso aquellos miembros del poder judicial con buena voluntad chocaban con criterios judiciales, con cdigos y estructuraciones burocrticas, que no estaban preparados para este tipo de causas y sus particularidades. All aparece claramente el rol de las organizaciones, porque en los lugares donde no existen querellantes desde la sociedad civil, esta situacin difcilmente se salde. En el desarrollo de estas estrategias para intervenir en las escenas de justicia, se puedan ver las acciones donde se peda la unificacin de las causas para evitar por ejemplo una causa por vctima. Tambin lo que en Justicia Ya, llamaron a todos por todos, es decir, todos los que fueron vistos en un Centro Clandestino de Detencin era un criterio de unificacin. Pero esto no se aplica en todo el pas, es ms, contina en disputa, adems de considerar que la mecnica del aparato represivo no fue idntica en toda la Argentina. En la provincia de Buenos Aires toda la polica provincial estuvo al servicio del esquema represivo y esto no se dio en otros lugares, donde actuaba slo el ejrcito y miembros de otras fuerzas. Esta realidad se puede verificar en los rdenes del da de la bonaerense, donde consta, en diciembre de 1976, entre las intervenciones de Campos o Camps, la afirmacin de que toda la polica de la Provincia de Buenos Aires est al servicio de la lucha contra la subversin. Aparecen as parte de las pruebas documentales que muestran la magnitud y el alcance del esquema represivo.

Las organizaciones trabajaban entonces para construir causas que incluyeran a la mayora de las vctimas, pero tambin a la cadena de mandos. Por ese criterio pasaba una de las ideas de unificacin, de las cuales en cierto sentido quedaron exceptuadas Etchecolatz y Von Wernich que venan de las estrategias de las organizaciones en tiempos de impunidad.

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Adems durante esos aos, incluidos los tiempos en que tramitaban los Juicios por la Verdad, existi un embudo -la Cmara de Casacin Penal- que con sus criterios frenaba todos los recursos, algunos durante varios aos. Esto implic de parte de los organismos el desarrollo de estrategias muy complejas: por ejemplo en La Plata, en el 2007, cuando el juez Corazza se declara incompetente para parte del circuito Camps donde la Cmara Federal de La Plata no tena jurisdiccin, desde Justica Ya de La Plata se decidi apelar, y hubo un cuestionamiento de otras querellas respecto a que esa apelacin llevaba la causa a la Cmara que podra dormirla ah. Estaba entre las reglas del juego aceptar lo que ocurriera en cada jurisdiccin local, porque apelar poda significar la llegada a un mbito judicial federal que detena o retrasaba el proceso. En el caso de La Plata, como la Cmara haba permitido durante la dcada del 90 la apertura de los Juicios por la Verdad, apareca como un espacio jurdico propicio para el desarrollo de las escenas de justicia que surgieron con la reapertura de los juicios que pudieron avanzar. Esa Cmara, integrada por Schiffrin, Reboredo, Duran, incluso haba planteado tempranamente la inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Precisamente las primeras declaraciones de inconstitucionalidad de estas normativas se pueden ubicar tambin en la Cmara de Baha Blanca, a travs del juez Cotter; y casi contemporneamente en la Cmara de La Plata con el voto de Schiffrin, en la causa Etchecolatz se plantea el cuestionamiento a las leyes que impedan su juzgamiento.

Como observamos, se ve claramente una configuracin local habilitando desde la inconstitucionalidad de las llamadas leyes de impunidad, nuevos testimonios y casos, que a travs de los Juicios por la Verdad llevan a la reapertura de los juicios. Por esto es que el de Etchecolatz es uno de los primeros juicios, porque su tramitacin se origina a fines de la dcada

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del noventa, donde est todo muy sujeto a las condiciones materiales de posibilidad local. En La Plata se va dando ese derrotero de luchas que va desde Gluzman y la APDH, hasta Schiffrin en la Cmara Federal, llegando hasta Rozanski ante Adriana Calvo de AEDD o Guadalupe Godoy de la LADH quienes piden genocidio. No existen situaciones aisladas, ni fragmentos inconexos, sino ms bien un proceso sostenido, continuo, que va de las plazas y calles al tribunal, para volver, con el juicio a Etchecolatz y la desaparicin de Lpez, nuevamente a la escena pblica, esta vez incluyendo incluso una notoria cobertura meditica de un acontecimiento que se construa como noticia89.

Considerando los debates y las miradas diversas sobre este proceso, un Informe de la organizacin Hijos de la ciudad de La Plata90 realiza una lectura crtica del actual proceso de los juicios al afirmar que: En Agosto de 2011 se cumplieron 8 aos de cadas las leyes de impunidad gracias a la lucha popular, tiempo en que el Estado argentino slo efectiviz 64 juicios orales con sentencia en todo el pas. En esos 64 juicios estuvieron procesados 303 imputados (algunos represores en varias causas), donde hubo 279 condenas, 23 absoluciones y dos muertos impunes mientras duraba el proceso, por un universo de 1338 vctimas. Esto quiere decir que slo alrededor del 15 % del total de los 1.800 procesados desde 2003 fue condenado, y en la mitad de los casos con condenas menores al mximo de la pena. Para un balance rpido sobre la situacin

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Este aspecto, esas relaciones entre escenas de justicia y discursos mediticos, o coberturas periodsticas, pueden ser parte de la continuidad de las investigaciones y anlisis planteados en esta Tesis 90 El Informe se realiz sobre los procesos contra los genocidas de la ltima dictadura llevados adelante desde la anulacin de las leyes de impunidad en 2003 hasta marzo de 2012 . Destacamos slo los procesos que han pasado por la etapa de juicio oral y tienen condena de un tribunal federal del pas, porque dan una idea ms acabada del nmero de condenas a que se ha llegado en estos aos. Los datos son de elaboracin propia de HIJOS La Plata en base a informacin pblica tanto de las investigaciones de los organismos de DDHH, como del Ministerio Pblico Fiscal (http://www.mpf.gov.ar) y del Poder Judicial (http://www.cij.gov.ar). Para consultar ms informacin producida por esta organizacin respecto de los juicios consultar en: www.hijosjuicioycastigo.blogspot.com.ar/

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de impunidad es interesante comparar los datos de condenas con los de represores muertos antes que la justicia llegue a condenarlos, porque da una pauta de la falta de celeridad del proceso. La balanza sigue inclinando hacia la impunidad, ya que son 288 genocidas muertos impunes contra 279 condenados. El informe agrega que Si revisamos las caractersticas de los juicios en cuanto al nmero de imputados que incluyeron veremos que de los 64 procesos realizados, ms de la cuarta parte tuvieron un solo imputado en el banquillo, ms de la mitad tuvieron entre 1 y 5 imputados, y las tres cuartas partes de ellos entre 1 y 10 imputados. Ese patrn responde a la lgica de juzgamiento slo de las responsabilidades de los altos jefes del mando militar o policial que funcionaron como responsables en la estructura orgnica de las zonas represivas, pero no contempla a la totalidad de los represores que actuaron en cada Centro Clandestino de Detencin (CCD), ni mucho menos a la totalidad de vctimas que por ellos pasaron. Si analizamos la caracterstica de las penas, surge que slo el 45 % de los represores fueron condenados al mximo de la pena (prisin o reclusin perpetua). En efecto, el 17 % de los condenados recibi 25 aos de prisin, y el restante 38 % menos de 25 aos.

En cambio, para Pilar Calveiro91, puede afirmarse que el gran nmero de imputados, el alto porcentaje de los que permanecen en prisin, sus distribucin por armas y su jerarqua, as como la gran difusin pblica de los procesos hablan de una clara decisin social y poltica de condenar las prcticas del terrorismo de Estado, de cerrar esta va para el futuro poltico del pas y de romper con la antigua tradicin de impunidad estatal. En otros trminos, no se restringe a la dimensin discursiva y reconciliadora que predomina en las democracias globales, sino que
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Pilar Calveiro, Formas y sentidos de lo represivo entre dictadura y democracia, en Hacer Justicia. Nuevos debates sobre el juzgamiento de crmenes de lesa humanidad en Argentina, CELS y CIJT, Ed. Siglo XXI, Bs.As., 2011.

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marca una voluntad de profundizacin democrtica, al romper con la impunidad del Estado, mecanismo central de colusin y complicidad entre los sectores que lo administran; es decir, quienes componen la clase poltica. Buscando reforzar esta idea, la autora sintetiza, con los juicios contra los responsables del terrorismo de Estado, el gobierno argentino rompi lanzas con los grupos que articularon la red de poder previa, sin propiciar acuerdos, negociaciones o vas de escape, para establecer, a partir de ah, otras relaciones de poder que, como todas, tendrn sus propias formas de organizacin de lo represivo.

Segn Feliz Crous, en los juicios actuales se trabaja sobre una informacin inerte de los 80, y aunque se han agregado ms hechos y testigos, es una informacin que se va a agotar. Por ejemplo en La Plata, con el juicio del Circuito Camps, se va llegando al cenit, a una meseta en la recoleccin de informacin. Frente a esto surge como posibilidad la investigacin sobre el sistema nervioso de la represin que fue su inteligencia, sus estructuras burocrticas de inteligencia, sus identidades, los flujos, la interrelacin con otros sistemas. Sera un segundo momento de las investigaciones, cuando se vayan agotando las posibilidades de avanzar con otra informacin.

Para otros autores, como el ya citado Leonardo Filippini, los juicios de hoy son una respuesta a los crmenes del pasado pero tambin, y de modo relevante, una reafirmacin de la labor de la justicia de la democracia, que en su primer intento (dcada del 80) no pudo superar las presiones. () Los juicios asimilan tres dcadas de lucha por la memoria, la verdad y la justicia, y sera dudoso asegurar que alguna otra herramienta institucional, distinta de la reanudacin de los mismos procesos interrumpidos por la fuerza como comisiones de la verdad u otros sistemas de

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responsabilidad-, hubiese permitido expresar lo mismo () La reanudacin de los juicios implic un modo de expresar el valor de la justicia por sobre esas presiones. En la misma lnea el autor en una comparacin resalta algunos aspectos de los juicios actuales respecto de la primera etapa de la dcada del 80, al afirmar que estos juicios contribuyen a acreditar la comisin de crmenes aberrantes del poder poltico anteriores al golpe militar y consolidan la hiptesis, hoy dominante, de que debemos enfrentar el terrorismo de Estado cvico-militar y no nicamente los crmenes de las juntas militares. De esta manera, tambin se incluyen en el juzgamiento curas, mdicos, personal civil de inteligencia y hasta jueces92 que con sus acciones daban cobertura y legalidad al accionar de la represin.

En tanto, para Horacio Verbitsky93 como presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), y segn estadsticas propias de esta organizacin, al promediar abril de 2012 se haban pronunciado 253 condenas y veinte absoluciones. Estos porcentajes avalan la seriedad de estos juicios, en los que se respetan el debido proceso y todas las garantas para los acusados, de modo que nadie es condenado sin pruebas contundentes sobre su participacin en los crmenes investigados. Por supuesto que para los familiares de las vctimas esto es frustrante y desconsolador, pero este resultado tambin explicita la diferencia entre estos procesos realizados en democracia y los simulacros de juicio que segn Videla se realizaban entre sus subordinados para decidir, sin defensa ni pruebas, quin deba morir. Slo el 46% de los condenados recibi
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Puede resaltarse que en los juicios tico-populares de la dcada del noventa se pona mucho nfasis en el rol de los jueces durante la dictadura, precisamente la nueva etapa permiti que el 22 de diciembre de 2009 se diera la primer condena contra un juez, Vctor Hermes Brusa, por su actuacin durante la dictadura; y en 2011, con Luis Francisco Miret, el primer juez destituido por la misma razn, desde el retorno de los gobiernos constitucionales. 93 Horacio Verbitsky, en notas del diario Pgina 12 del 22 de abril, 27 de mayo y 17 de junio de 2012. Tambin se puede consultar el sitio web del CELS con informacin precisa sobre la situacin de los juicios en: http://cels.org.ar/wpblogs/

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penas de prisin perpetua; el 32% deber cumplir entre 16 y 25 aos de crcel; el 21% entre 4 y 15 aos y el 1% hasta tres aos. Esta dispersin del castigo es una prueba adicional del respeto que se observa por los derechos de los imputados. Pese a esta situacin favorable, el propio Verbitsky considera que ms all de la satisfaccin legtima por estos avances, queda mucho por hacer y los estudios del CELS sealan dnde estn los problemas: un significativo 58 por ciento de las causas abiertas est en trmite de instruccin; el 21 por ciento ha concluido esa etapa pero esperan ser elevadas a juicio; el 4 por ciento estn en juicio en este momento y apenas el 17 por ciento han llegado a sentencia. Pero de este lote de causas con sentencia, el abrumador 73 por ciento no han pasado de la primera instancia; el 16 por ciento han sido confirmadas por la Cmara de Casacin y apenas el 11 por ciento por la Corte Suprema. Luego de la contundencia de estos datos, el periodista y presidente del CELS rescata el discurso de inauguracin del ao judicial 2012 del presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, quien dijo que estos juicios formaban parte del contrato social de los argentinos; apreciable definicin que hace an ms urgente un cambio de ritmo en las instancias superiores, para que no sigan muriendo testigos e imputados sin que se haya llegado a una sentencia firme.

Para dimensionar la transcendencia de los juicios en Argentina tambin es muy til remitirse al libro Juicios por crmenes de lesa humanidad compilado por Gabriele Andreozzi94. Este autor italiano que busca trazar un puente entre los procesos judiciales de su pas y Argentina, afirma que el perodo de los juicios argentinos marca un momento imprescindible de la refundacin de una sociedad traumatizada por un pasado de graves crmenes contra la humanidad. Con una mirada situada desde su condicin europea, es relevante la consideracin respecto de cmo la
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Gabrielle Andreozzi, Juicios por crmenes de lesa humanidad. Ed. Atuel, Bs. As. 2011. -

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Corte Suprema argentina, en el dictamen de inconstitucionalidad de las leyes de amnista, ha hecho referencia al derecho internacional para reforzar el sistema jurdico nacional, transformando los derechos fundamentales de nobles afirmaciones a verdaderos y propios derechos, efectivos y ejercitables. Se restablece as el alcance real de la semntica de la universalidad de los derechos. No ya universales entendidos como letra muerta, porque el mundo se transforma en globalizado, sino propio del ser humano como tal, prescindiendo de la accin poltica (del acatamiento o no de las varias convenciones internacionales) y en una perspectiva colectiva que tiene en cuenta los pueblos, sus historias y su identidad. Asimismo, las caractersticas de los tribunales y los alcances de las condenas, los convierten en escenas singulares mundialmente reconocidas. Y es en esta lnea que Andreozzi afirma que Es la justicia argentina que, ejercitando las propias prerrogativas en la constatacin y comprobacin de las responsabilidades de una masacre que a nivel social y acadmico es definida como genocidio, se ha hecho responsable de la recuperacin de las expectativas hacia el futuro. En la perspectiva de la reconstruccin democrtica, la innovacin est en el hecho de que los juicios son desarrollados por autoridades nacionales y ordinarias, sin el auxilio de tribunales especiales o internacionales, que simbolizan una justicia de vencedores o de poderosos internacionales por sobre los vencidos y por sobre gobernantes que polticamente no poseen el sostn internacional.

Esta ltima caracterstica de los juicios en Argentina sobre la actuacin de jueces civiles de la justicia ordinaria, es parte de nuestra consideracin de estas escenas de justicia como acontecimientos culturales.

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En tanto, nos cuenta el juez Daniel Rafecas95, desde su experiencia de 8 aos de trabajo en causas por delitos de lesa humanidad, que existe estrategias deliberadas desde la justicia no slo para evitar los juicios, sino para perpetuar la impunidad. Una situacin era generar un expediente judicial por vctima, cuando haba una multiplicidad enorme de casos, con la excusa que en cada expediente haba que investigar posibles imputados. Hoy en da esa estrategia es casi un delito de prevaricato, es para evitar los juicios. Casi no hay mrgenes actualmente para este tipo de estrategias. El magistrado agrega, que la lgica y la cultura autoritaria no se termin el 10 de diciembre de 1983, sigue vigente hasta hoy. Especialmente anidada en algunas corporaciones que forman parte del sistema penal y que son sumamente refractarias a la lgica del Estado de derecho, a la lgica democrtica; me refiero a las corporaciones policiales, penitenciarias y en menor medida, pero tambin a la corporacin judicial. De esta manera, las prcticas que denostbamos por ser parte del terrorismo de Estado, siguen vigentes en estos das. El punto en comn es la visible des-humanizacin de los sujetos en uno y otro contexto. Esta es, sin lugar a dudas la deuda ms grave que tiene la democracia, afectaciones directas a los derechos humanos bsicos desde funciones del Estado, por ejemplo, a detenidos. De esta manera, existe un profundo problema cultural, que casi nadie quiere ver, que los agentes judiciales no quieren ver, aunque est hasta en los cuerpos. Es as que la tortura nos existe casi en las sentencias del sistema penal argentino, a pesar de que se comete masivamente. Esto es una herencia de la cultura autoritaria. Una nocin de que no somos iguales ante la ley. Que existen ciudadanos y enemigos.

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Escuchamos al juez y dialogamos con l en un espacio convocado por la Comisin Provincial por la Memoria, en el marco de una convocatoria a 6 aos de la desaparicin de Lpez, invitado a analizar y relacionar la situacin de los juicios de lesa humanidad y la impunidad en la actualidad.

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Las reflexiones de Rafecas son ledas para nosotros desde lo que nos propone Fabricio Forastelli96 quien nos ha indicado que el autoritarismo puede ser analizado como una categora de la relacin entre Estado y sociedad civil, y no de la capacidad coercitiva del Estado. Es decir, proponemos considerar la especificidad del autoritarismo como una categora ideolgicoregulativa y no meramente prescriptiva. De esta manera, podemos superar la comprensin del autoritarismo como mero resultado de las constricciones econmicas, institucionales o de fusiones ideolgicas aberrantes e investigar las formas de autorizacin democrticas del poder. De este modo, el problema de produccin de valor puede ser analizado no como problema derivado de la distribucin econmica sino como un problema poltico de la relacin entre Estado y sociedad civil en tanto legitimacin del monopolio de la violencia y a su vez como distincin entre autoridad y poder.

Para Norberto Liwski97 los juicios han generado un cambio cultural al establecer que el crimen por violacin de los derechos humanos, no es premiado con la impunidad. En este sentido, creo que para los jvenes representan nuevas perspectivas polticas y sociales, especialmente de aquellos que acompaan en la calle cuando estos se inician, o cuando se dan las sentencias, aunque han nacido despus de 1983. Por esto hay que mirar la trascendencia histrica de estos juicios, que tienen que ver con los contextos polticos en Argentina y en Amrica Latina; y tambin con los intentos que nunca deben descartarse de negar estos juicios u obstaculizarlos. Pero si las nuevas generaciones se colocan en el interior de estos juicios, la capacidad de resistir
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Fabricio Forastelli, Autoritarismo como categora del anlisis poltico in DeSignis. Revista de la Asociacin Latinoamericana de Semitica. Nmero dedicado a La comunicacin poltica. Transformaciones del Espacio pblico a cargo de Adrin Gimate-Welsh y Silvia Tabachnik. Barcelona, 2: Gedisa, 2002. 97 Conversaciones exclusivas con Norberto Liwski para la produccin de esta Tesis, desde su responsabilidad en el CODESEH y la experiencia de muchos aos acompaando vctimas de delitos de lesa humanidad, de violencia institucional, como nos dice l desde una perspectiva de restitucin de derechos.

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es mayor. Porque los juicios no son slo el campo reparatorio de lo que la justicia normalmente debera reparar en cuanto al que sufri el dao. Por supuesto que es reparatorio y convierte al testimoniar en accin integral de reparacin, pero es tambin mucho ms que esto

En un anlisis ms en detalle y desde su experiencia como presidente del Tribunal que ms juicios ha realizado en Argentina desde 2006 a la actualidad, Carlos Rozanski afirma que, una cosa es el proceso que ha permitido los nuevos juicios, que es nico en el mundo, pero hilando un poco ms fino: por qu este proceso no es mejor? Haciendo una proyeccin de causas, imputados y dems consideraciones llegu a la conclusin que los juicios tardaran 100 aos, con lo cual sera materialmente imposible hacer justicia. Por esto produje un proyecto de ley con sus fundamentos para acelerar las causas contra genocidas, que tard aos en llegar al Congreso y nunca se sancion: las normas eran pocas y tenan que ver con modificar algunos artculos del Cdigo en cuanto a acumulacin de causas, y la idea era organizar el proceso de justicia no por Centro Clandestino sino por Circuitos, y en los casos de Cuerpo de Ejrcito por Cuerpo de Ejrcito. De esta manera los juicios hubieran tenido unos 3 aos de instruccin y otros 2 de desarrollos. Pero el juez se pregunta, por qu esta iniciativa de reforma judicial para acelerar los procesos de juzgamiento en Argentina no tuvo eco? Esto confirma el atravesamiento cultural que hay en el pas. No todos tienen la disposicin a que se den los juicios, ni tienen la apertura mental para escuchar este tipo de argumentos. La justicia, aunque existan algunos miembros que sean progresistas, es bsicamente conservadora y reaccionara. Es decir, que bajo esa perspectiva ideolgica, no se comprendi y no se acept esta acumulacin de causas, legal y en todo el pas. No hubo espacio, no hubo condiciones ni desde la justicia, ni desde el poder legislativo.

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Y, aunque es inobjetable que hay una poltica de Estado respecto a los juicios, no se ha profundizado su concentracin an teniendo los recursos materiales y humanos. En trminos de perspectiva histrica lo que se est haciendo es muchsimo, pero desde mi vivencia en el juicio a Etchecolatz, en el cual nos amenazaron, donde desapareci Lpez, y realizando una mirada general, es que consider necesario producir un proyecto de ley que acelerara y acumulara las causas por crmenes genocidas cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar.

Los juicios como acontecimientos culturales: jueces, historiadores y escenas de justicia.

Para nosotros los juicios son acontecimientos culturales. Esta idea de acontecimiento la tomamos en principio para esta tesis, desde los debates que propone Paul Ricoeur en La memoria, la historia, el olvido98, al sostener que el acontecimiento puede figurar en el discurso histrico por su carcter de referente ltimo. Responde a la siguiente pregunta: de qu se habla cuando se dice que algo aconteci? () Y es para preservar este estatuto de confidente del discurso histrico por lo que yo distingo el hecho en cuanto la cosa dicha, el qu del discurso histrico, del acontecimiento en cuanto la cosa de la que se habla, el a propsito de qu es el discurso histrico. () Por mi parte (agrega el autor), pienso honrar el acontecimiento considerndolo como el confidente efectivo del testimonio en cuanto categora primera de la memoria archivada. () el acontecimiento, en su sentido ms primitivo, es aquello a propsito de lo cual alguien atestigua

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Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, (pag. 234 a 236). Fondo de Cultura Econmica, Bs.As., 2010.-

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Esta toma de posicin de Ricoeur es uno de los puntos de vista desde el cual ponemos foco en el juicio a Miguel Etchecolatz por su singularidad en cuanto acontecimiento, pero tambin en los testimonios que se dan en el mismo, con un anlisis ms especfico en el relato producido por Jorge Julio Lpez. Precisamente, al relacionar juicios por delitos de lesa humanidad con condenas en el marco de un genocidio con nuevo estatuto del testimonio, desde la perspectiva propuesta por Ricoeur, observamos cmo esta situacin genera una crisis con debates mltiples respecto del valor y la significacin que este nuevo acto de testimoniar implica. En palabras de Ricoeur, si las nociones de huella y de testimonio garantizan la continuidad del paso de la memoria a la historia, la discontinuidad ligada a los efectos de distanciacin que acabamos de establecer desemboca en una situacin de crisis general en cuyo interior viene a situarse la crisis especfica vinculada con el testimonio intempestivo de los supervivientes de los campos de concentracin. Y ah Lpez con sus palabras, su gestualidad, y sus modos en medio de una escena de justicia; y es en este sentido que se revalorizan las afirmaciones de Ricoeur, porque de alguna manera explican nuestro lugar de enunciacin respecto a desde dnde decimos lo que decimos y para qu, al considerar que el historiador no es el que hace hablar a los hombres de otro tiempo, sino el que los deja hablar. Entonces, el documento remite a la huella, y la huella al acontecimiento99.

Al describir, pensar y analizar estas escenas de justicia como espacios de lo cultural, surge, entre otras tensiones la expresada por diversos autores como el debate entre el juez y el

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El subrayado es nuestro porque de alguna manera en estas definiciones estn algunas de las claves de lectura de la tesis que hemos producido. Las citas son de Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido. Fondo de Cultura Econmica, Buenos Aires, 2010.

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historiador. Y es Carlo Ginzburg100 uno de los autores que le entra al tema de manera directa con sus argumentaciones como historiador ante un juez, en defensa de su compaero de militancia condenado a prisin a partir de una condena que se basa esencialmente en las confesiones de otro acusado arrepentido. La paradoja del ensayo es que es el historiador el que se esfuerza por refutar al juez, pese al crdito dado a uno y a otro en el manejo de la prueba. Para nuestro anlisis tomamos las afirmaciones de Ginzburg respecto de que todo testimonio est construido segn un cdigo determinado: alcanzar la realidad histrica (o la realidad) directamente es por definicin imposible. Pero inferir de ello la incognoscibilidad de la realidad significa caer en una forma de escepticismo. En este sentido, para el autor las nociones de prueba y de verdad son parte constitutivas del oficio del historiador, donde el anlisis de las representaciones no puede prescindir del principio de realidad. Por esto, un historiador tiene derecho a distinguir un problema all donde un juez decidira un no ha lugar. Es una divergencia importante que, sin embargo, presupone un elemento comn a historiadores y jueces: el uso de la prueba.

De esta manera, nosotros vemos tensiones y problemas en nuestros anlisis donde no necesariamente el tribunal judicial y sus partes necesariamente componentes (abogados defensores y querellantes, fiscales, secretarios, etc.), lo ven del mismo modo. Aparece as la pertinencia de nuestra mirada sobre las luchas de sentidos desde y en la escena de justicia que se configura en los juicios por genocidio en Argentina.

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Carlo Ginzburg, El juez y el historiador. Consideraciones al margen del proceso Sofri . (pag.13 a 24). Ed. Anaya, Espaa, 1993.

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Ginzburg tomando a Luigi Ferrajoli, nos propone ms argumentaciones en nuestra idea del mbito del juicio como una escena paradigmtica, al citar que el proceso (judicial) es, por as decirlo, el nico caso de experimento historiogrfico: en l las fuentes actan en vivo, no slo porque son asumidas directamente, sino tambin porque son confrontadas entre s, sometidas a exmenes cruzados, y se les solicita que reproduzcan, como en un psicodrama, el acontecimiento que se juzga. Lo que Ginzburg llama psicodrama, constituye para nosotros la escena. Por aqu pasan algunas claves de nuestra tesis al considerar los juicios como esos experimentos historiogrficos donde los testimonios estn en vivo y en directo en ms de un sentido, y donde las tensiones son tales que pueden alcanzar una distincin hasta la lucha por juzgar el acontecimiento de los crmenes de la dictadura cvico-militar desde la idea de lesa humanidad o genocidio. O como nos dice Silvia Delfino, la pregunta acerca de cmo se trama la escena de la justicia en relacin con la historia dirige un haz de luz sobre la constitucin de modos de autoridad y poder en la medida en que si relacionamos el modo en que se usan los materiales culturales para narrar la historia podemos plantear la memoria desde los modos de autorizacin democrtica que se constituyen a travs de ella.

Sin embargo, pensar estas escenas como experimentos historiogrficos, como acontecimientos y experiencias culturales y sociales, no es compartido por todos los actores que interactan en estas situaciones. Como ya lo hemos mencionado suelen ser abogados o incluso miembros de la justicia quienes expresan explcitamente su resistencia, su desacuerdo, respecto a pensar, analizar o describir los juicios como situaciones histricas en el sentido que lo hacemos en esta Tesis.

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Para Flix Crous101, desde su perspectiva el sistema judicial no tiene por qu dar cuenta de la historia. De esta manera, los que se atribuyen que pretenden dar cuenta de la historia son usurpadores, porque desde algn lugar de poder del Estado se apropian para s lugares que son de otras disciplinas. La misin de los jueces y fiscales, que es muy importante, es la de resolver con ciertas herramientas un conflicto, ni siquiera es dar respuestas en los trminos en que sera deseado. La misin nuestra sera establecer que ciertos hechos ocurrieron como consideramos que ocurrieron, conseguir que se castigue del modo ms aproximado a nuestra pretensin de justicia, y sacar a estos tipos de la circulacin de la vida social y ponerlos en el lugar de culpables de los crmenes de lesa humanidad. Porque si la consigna va a ser justicia a todos los genocidas, por todos los compaeros, preprense para una frustracin, porque eso no va a suceder nunca. Los juicios como fuentes de la historia no sera lo adecuado, las sentencias de los juicios no son fuente irrefutable de la historia. Dejemos la historia para que la cuenten los historiadores. Adems, como efecto colateral virtuoso, evitamos que los jueces empiecen a peinarse para la foto, antes de terminar su trabajo. Porque si empiezan a pararse como historiadores y como sujetos observadores de la historia, el riesgo cierto es que empiezan a ver en que captulo del manual van a estar El debate se enriquece si tomamos la ancdota de aquellas conversaciones cruzadas, donde Adriana Calvo formula una pregunta al presidente del Tribunal Carlos Rozanski: Usted quiere producir una sentencia o quedar en la historia? De esta manera, Adriana Calvo sintetiza un abordaje del debate, estableciendo en la interpelacin una distincin entre sentencias comunes, jurdicamente neutras, con quedar en la historia; es decir traspasar las paredes del tribunal,

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Fiscal federal. Unidad de Asistencia para Causas por Violaciones a los Derechos Humanos durante el terrorismo de Estado

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atravesar las lgicas de la burocracia judicial para ubicarse en otro escenario de las luchas polticas. Ah se tensionan estos roles juez/historiador; y tambin justicia burguesa/popular.

Estas definiciones son analizadas por nosotros desde la propuesta que nos hace Silvia Delfino respecto de cmo la escena del juicio pone en primer plano la relacin entre teora e historia especialmente porque desafa los saberes aceptados como restitutivos del orden en momentos de crisis. Sabemos que la universidad pblica argentina fue parte de las instituciones que elaboraron argumentos justificatorios de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, muchas veces en nombre de la necesidad de equilibrio o estabilidad social para encarar la reconstruccin de la democracia. La escena del juicio producira simultneamente una crisis de esa ritualidad conciliatoria y defensiva de la universidad pblica en nuestro pas en tanto institucionalizacin de modos concretos de la relacin entre Estado y sociedad civil cuando autolimita los alcances de sus acciones frente a las propuestas organizativas que sostienen un saber colectivo que no slo exige justicia sino condena an fuera de las cortes como en la interpelacin de HIJOS Si no hay justicia hay escrache. Precisamente, en nuestro pas Mara Rosa Gmez ha analizado las implicancias del concepto de justicia transicional y las expectativas de conciliacin cuando los usos de la memoria reclaman la clausura de los reclamos a travs de la monumentalidad de sitios y espacios, a travs de la cristalizacin de un tiempo sin huellas en el presente. Por esto compartimos, con Silvia Delfino, que el problema de la relacin con la historia como un discurso respecto del pasado, pero a su vez como una interpelacin respecto del presente, convoca nuestra responsabilidad acerca de la cultura como prctica institucional en el hacer la historia en la medida en que la lucha por la hegemona poltica, como dijimos al comienzo, no

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slo opera como soporte de modos de autoridad concebidos como garanta de orden y previsibilidad econmica sino como conduccin y liderazgo en la rearticulacin del dominio. Si consideramos que la ideologa no existe en las ideas sino que se "materializa" y se produce en rituales y actos materiales, estas transformaciones en la relacin entre Estado y sociedad civil producen un cambio en el estatuto de la cultura. Esto permite, a su vez, el pasaje de la nocin de institucin como conjunto de normas prescriptivas basadas en la estabilidad y previsibilidad al concepto de hegemona como lucha y articulacin de los conflictos y crisis de cambio histrico en trminos de autoridad y poder, en la medida en que la ideologa orienta la discusin hacia los problemas que ella misma produce. Desde esta perspectiva, la performatividad de la escena de acusacin, querella, testimonios, alegatos de defensa y sentencia, pone en juego la condicin institucional de la justicia como discurso por un lado histrico y por otro, instaurador de interpretaciones de la ley que se vuelven inteligibilidad y legitimidad de las crisis en las acciones colectivas.

Al considerar estas tensiones, volvemos a tomar los aportes de Paul Ricoeur102 retomando esta comparacin entre juez e historiador, que nos permite reafirmar nuestra argumentaciones cuando sostiene que el proceso pone en escena, as, el tiempo reconstituido del pasado en el que se contemplan hechos que constituan ya en s mismos pruebas de memoria: adems de los daos infligidos a entidades definidas por su historia propia, las rupturas de contrato, los litigios sobre atribucin de bienes, sobre situaciones de poder y de autoridad, y otros delitos y crmenes constituyen otras tantas heridas de memoria que exigen una trabajo de memoria inseparable del

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Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido, (pag. 415 a 418). Fondo de Cultura Econmica, Bs.As., 2010.-

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trabajo de duelo, con el objeto de que todas las partes hagan propios, una vez ms, el delito y el crimen, pese a su extraeza esencial. Del escenario traumtico al escenario simblico, se podra decir. Justamente para reforzar que hablamos desde este tipo de miradas, el autor conclu ye esta idea diciendo que sobre esta base habr que situar ms tarde los grandes procesos criminales de la segunda mitad del siglo XX y su evolucin por los caminos no familiares del dissensus

Los subrayados de la cita son nuestros y, a riego, de ser redundantes, los reiteramos para sostener nuestra argumentacin: estos procesos judiciales ponen en escena dando visibilidad a un acontecimiento que significa para los testigos y sus familias, adems de las organizaciones querellantes, una situacin de pasaje de un escenario traumtico a un escenario simblico de reparacin histrica y social, ms que como un evento meramente jurdico.

En el mismo sentido, compartimos la Tesis de Julieta Mira103 que trabaja desde un anlisis etnogrfico de los juicios, cuando los considera sistemas de produccin de significados que requieren de interacciones sociales, actores, un lenguaje y un espacio donde desplegarse y celebrar sus rituales. Como sostiene la autora, al interior del proceso judicial oral el ritual tambin se establece a travs de cuidadas pautas para su desarrollo: el orden pautado para el ingreso de los actores en la escena del juicio, la rigidez de la secuencia de las escenas y el guin estructurado que deben seguir los actores en las diferentes instancias (por ejemplo, cuando se produce la deposicin de un testigo existen turnos para que las distintas partes realicen las

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Julieta Mira, Ritual de justicia y memoria: abordaje etnogrfico de los juicios por graves violaciones a los derechos humanos. El caso de los desaparecidos. Buenos Aires, UNSAM, 2009.

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preguntas y formas correctas de expresin, como as tambin preguntas no vlidas). Es decir, la accin de los sujetos se encuentra limitada y pre-determinada. Y contina en coincidencia tambin con nuestros anlisis, ya que en la puesta en escena judicial, en los tribunales y ms concretamente en la sala de audiencias emerge un escenario. La idea del escenario permite visualizarproblemas relacionados con la puesta en escena, la tensin dramtica, los dispositivos narrativos puestos al servicio de la construccin de sentidos sobre el pasado, y los mecanismos por los cuales se seleccionan, jerarquizan y renen diversas voces o testimonios (Feld, 2004: 73). En el escenario judicial se habilita un espacio de escucha para las vctimas-testigos, incluyendo a aquellos sobrevivientes de experiencias extremas. Como se puede observar claramente en estas citas tanto de Julieta Mira, como en la referencia a Claudia Feld, es la puesta en escena, con sus rituales, sus modos, sus prcticas, sus voces y sus silencios donde situaremos nuestro estudio. No lo haremos comparando juicios, sino tomando uno en particular por considerarlo paradigmtico; porque en aquel 2006104 estaba casi solo, y lo que de all emergi, surgi, incomod y desacomod; y son, de alguna manera, las condiciones de posibilidad de los juicios posteriores.

Siguiendo las ideas expuestas, en cuanto a escenas y rituales de justicia, y asumiendo una mirada desde el campo de la comunicacin/cultura105, proponemos sumar a nuestras lecturas las

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Decir aquel 2006 da a entender una referencia de tiempo ms o menos lejana, aunque estemos hablando apenas 6 aos despus. Estas nociones sobre el tiempo sera interesante leerlas con una mirada de proceso histrico en la Latinoamrica del siglo XXI, lo cual la traera ms cerca, ya que no hay en los pases que fueron vctimas del Plan Cndor (Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, etc.) el mismo esq uema de juicios a los responsables de las dictaduras que all asolaron. Esto implica valorizar el papel de nuestros juicios en el mundo, pero especialmente en nuestra regin sur-americana. 105 Partimos de considerar junto a Hctor Schmucler que hablamos de comunicacin/cultura, donde la barra articula una tensin y propone la imposibilidad de su tratamiento por separado. A partir de esta decisin y, con todo lo ya acumulado (idea de memoria), deberamos construir un nuevo espacio terico, una nueva

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ideas que nos propone Stuart Hall en Notas sobre la deconstruccin de lo popular 106, en cuanto a tomar como enfoque de anlisis la dialctica de la lucha cultural. Esta nocin surge de proponer que en nuestro tiempo esta lucha se libra continuamente, en las complejas lneas de resistencia y aceptacin, rechazo y capitulacin, que hacen de la cultura una especie de campo de batalla constante. Un campo de batalla donde no se obtienen victorias definitivas, pero donde siempre hay posiciones estratgicas que se conquistan y se pierden. Esto implica considerar que la dominacin cultural surte efectos reales, aunque stos no sean omnipotentes ni exhaustivos. Si arguyramos que estas fuerzas impuestas no tienen influencia alguna, ello equivaldra a decir que la cultura del pueblo puede existir como enclave independiente, fuera de la distribucin de poder cultural y las relaciones de fuerza cultural. () Hay una lucha continua y necesariamente irregular y desigual, por parte de la cultura dominante, cuyo propsito es desorganizar y reorganizar constantemente la cultura popular, encerrar y confinar sus definiciones y formas dentro de una gama ms completa de formas dominantes. Hay puntos de resistencia; hay tambin momentos de inhibicin. Esta propuesta de dialctica de la lucha cultural implica pensar a la cultura popular como un proceso donde operan relaciones de fuerza en tensin continua de relacin, influencia y antagonismo con la cultura dominante. Para ser ms especfico, y citando a Voloshinov (Bajtin), Stuart Hall nos dice que el significado de un smbolo cultural lo da en parte el campo social en el que se incorpore, las prcticas con las que se articule y se le hace resonar. Lo que importa no son los objetos intrnsecos o fijados histricamente de la cultura, sino el estado de juego en las

manera de entender y de estimular prcticas sociales, colectivas e individuales. Las citas son del artculo Un proyecto de Comunicacin/cultura en Revista Comunicacin y Cultura, Editorial Galerna, 1984. 106 Stuart Hall, Notas sobre la desconstruccin de lo popular, en Samuel Raphael Ed., Historia popular y teora socialista, Barcelona, Crtica/Grijalbo, 1984.

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relaciones culturales: hablando francamente y con un exceso de simplificacin: lo que cuenta es la lucha de clases en la cultura y por la cultura107. Continuando esta reflexin, recordamos lo que argument el propio Carlos Marx108, respecto de que los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y transmite el pasado.

Siguiendo con la propuesta expuesta y en esta perspectiva donde la mirada del acontecimiento prioriza las luchas de una situacin histrica, evocamos a Walter Benjamin109 en sus tesis de la filosofa de la historia cuando afirma: La lucha de clases, que el historiador educado en Marx tiene siempre presente, es una lucha por las cosas burdas y materiales, sin las cuales no existen las ms finas y espirituales. Pero estas ltimas estn presentes en la lucha de clases, y no como la simple imagen de una presa destinada al vencedor. En tal lucha esas cosas se manifiestan como confianza, valenta, humor, astucia, impasibilidad, y actan retroactivamente en la lejana de los tiempos. Ellas pondrn en cuestin toda victoria lograda en el tiempo por los dominadores. As como las flores se vuelven hacia el sol, de la misma forma, en virtud de un heliotropismo secreto, todo lo que ha acontecido se vuelve hacia el sol que surge en el cielo de la historia. Esta transformacin, menos conspicua que cualquier otra, es la que debe entender el materialista histrico

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El subrayado es nuestro ya que esperamos haber sido claros, como el autor citado, en cuanto a algunos de los puntos de vista desde el que surgen los anlisis. 108 Carlos Marx, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, (pag. 15). Ed. Anteo, Buenos Aires, 1973. 109 Walter Benjamin, Tesis de Filosofa de la Historia, en Ensayos escogidos, seleccin y traduccin de H.A.Murena. Ed. El cuenco de Plata, Buenos Aires, 2010.

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Esta afirmacin de la Tesis IX nos parece sumamente adecuada para comprender el/los lugar/es de nuestras miradas. Veremos entonces, los testimonios analizados esas nuevas confianzas, valentas, humores, astucias y hasta impasibilidades que pondrn claramente en cuestin toda victoria lograda en el tiempo por los dominadores, porque generan un tiempo-espacio propio, aun en territorio ajeno (el ritual judicial, sus actores y arquitecturas), donde las luchas corren, trasladan o hasta acorralan a los sectores que buscan negar, silenciar, invisibilizar a los sujetos histricos que buscaron y buscan una transformacin. Y en este sentido, para comprender el alcance de la pelea, las palabras finales de la Tesis VI de Benjamin cuando afirma que: Slo tiene derecho a encender en el pasado la chispa de la esperanza aquel historiador traspasado por la idea de que ni siquiera los muertos estarn a salvo del enemigo, si ste vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer. La advertencia benjaminiana nos interpela profundamente cuando ponemos el foco de nuestro anlisis en el juicio a Etchecolatz con la certeza de que antes de la exposicin de la condena, los enemigos, provocaron una desaparicin en democracia como es la de Jorge Julio Lpez. Es decir, que como dice Benjamin, nada est a salvo del enemigo, si ste vence, por esto precisamente es escenario de luchas tambin por los relatos que sobre estos juicios podamos hacer. Porque est en juego mucho ms que el discurso jurdico y sus modales, ms bien se dirimen algunas de las peleas por las historias de los pueblos y el derecho a contar/narrar con sus propios modos, aunque esa en el escenario de ellos.

Como sostenemos con Silvia Delfino, el problema de la relacin con la historia como un discurso respecto del pasado, pero a su vez como una interpelacin respecto del presente, convoca nuestra responsabilidad acerca de la cultura como prctica institucional en el hacer la historia en la

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medida en que la lucha por la hegemona poltica, como dijimos al comienzo, no slo opera como soporte de modos de autoridad concebidos como garanta de orden y previsibilidad econmica, sino como conduccin y liderazgo en la rearticulacin del dominio. Si consideramos que la ideologa no existe en las ideas sino que se "materializa" y se produce en rituales y actos materiales, estas transformaciones en la relacin entre Estado y sociedad civil producen un cambio en el estatuto de la cultura. Esto permite, a su vez, el pasaje de la nocin de institucin como conjunto de normas prescriptivas basadas en la estabilidad y previsibilidad al concepto de hegemona como lucha y articulacin de los conflictos y crisis de cambio histrico en trminos de autoridad y poder, en la medida en que la ideologa orienta la discusin hacia los problemas que ella misma produce. Desde esta perspectiva la performatividad de la escena de acusacin, querella, testimonios, alegatos de defensa y sentencia, pone en juego la condicin institucional de la justicia como discurso por un lado histrico y por otro, instaurador de interpretaciones de la ley que se vuelven inteligibilidad y legitimidad de las crisis en las acciones colectivas. ste es, segn Derrida110, el vnculo entre justicia e institucin de la filosofa y de la crtica cuando se pone a prueba no slo conceptos o premisas sino la operacin misma del juicio en tanto autorizacin del acto de juzgar. En trminos de las formas de institucionalizacin no slo de los sentidos sino de las relaciones de poder si consideramos la escena desde el vnculo entre justicia y Estado de derecho sta pone en acto que el surgimiento mismo de la justicia y del derecho, el mome nto instituyente, fundador y justificador del derecho implica una fuerza realizativa, es decir, implica siempre una fuerza interpretativa y una llamada a la creencia, no en el sentido de que el derecho estara al servicio de la fuerza, como un instrumento dcil, servil y por tanto exterior del poder
110

Jacques Derrida, Del Derecho a la Justicia, en FUERZA DE LEY. El fundamento mstico de la autoridad. Traduccin de Adolfo Baber y Patricio Pealver Gmez, Madrid, Tecnos, 1997. Edicin digital de Derrida en castellano.

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dominante, sino en el sentido de que el derecho tendra una relacin ms interna y compleja con lo que se llama fuerza, poder o violencia.

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III

El juicio a Miguel Etchecolatz.

El historiador no es el que hace hablar a los hombres de otro tiempo, sino el que los deja hablar. Entonces, el documento remite a la huella, y la huella al acontecimiento. Paul Ricoeur

Resumen: El juico oral y pblico a Miguel Etchecolatz en 2006 fue uno de los primeros en Argentina luego de la derogacin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Los querellantes se organizaron de un modo especfico y consiguieron una participacin particular en esta escena de justicia: el lugar del juicio, el rol de los testimonios, las caractersticas de las audiencias, su registro audiovisual presentacin de los alegatos, las inspecciones oculares. La situacin constituy adems una bisagra en la historia poltica y jurdica de nuestro pas en un tribunal ordinario: una parte de la querella pidi que se condene por genocidio y la sentencia sali en ese marco desde el Tribunal Federal en lo Criminal Oral N1 de La Plata. Esta condena fue ratificada por la Corte Suprema de Justicia de la Nacin en el ao 2010, constituyendo de esta manera, uno de los primeros casos en el mundo en que esto ocurre: condenar por genocidio a travs de un tribunal civil (con organizaciones como querellantes) en el mismo territorio donde se planific y ejecut el citado plan genocida. Antes de las audiencias por los alegatos y donde se conocera la sentencia, uno de los testigos ms importantes de ese juicio, Jorge Julio Lpez, desapareci.

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Las escenas de este juicio, atravesadas por las circunstancias mencionadas, sern analizadas como un acontecimiento cultural de alcances que rebasan la mirada jurdica, produciendo sentidos en disputa dentro y fuera del escenario judicial.

III CAPITULO 1.

LA BISAGRA: EL JUICIO A MIGUEL ETCHECOLATZ. Estamos ante una situacin fundante, ante una bisagra () Un momento inaugural de una nueva etapa de la relacin entre justicia y poltica. Silvia Delfino y Guadalupe Godoy111

Con la anulacin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, comienzan a generarse nuevos procesos judiciales a represores de la ltima dictadura. Durante el ao 2006 comienzan dos (2) juicios orales y pblicos. Uno en el Tribunal Oral Federal N 5 de la ciudad Autnoma de Buenos Aires, al Turco Julin112. El otro, en el Tribunal Oral Federal en lo Criminal N 1 de La Plata, al ex comisario Miguel Etchecolatz, Director General de Investigaciones de la polica bonaerense durante la ltima dictadura cvico militar.

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Las afirmaciones surgen de nuestras conversaciones en el trabajo de produccin de esta Tesis con las directoras de la misma, aportando sus experiencias, prcticas y saberes. 112 Sobre este juicio puede consultarse el artculo de Nuria Piol Sala, Crnica de un juicio esperado. Algunas reflexiones sobre el reciente juicio a Julio Simn, alias "el turco Julin", publicado en Nueva Doctrina Penal en 2006.

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Si bien el juicio al Turco Julin implica la primera sentencia condenatoria por crmenes de lesa humanidad despus de la anulacin de las llamadas leyes de impunidad, el juicio a Etchecolatz es el primero donde se argumenta la condena en el marco de un genocidio en nuestro pas. Con Silvia Delfino113 y Guadalupe Godoy114, consideramos que de este modo estamos ante una situacin jurdica fundante, ante una bisagra: las dos sentencias se presentan como inaugurales de una nueva etapa de la relacin entre justicia y poltica. El juicio al Turco Julin implica la primera sentencia condenatoria por crmenes contra la humanidad despus de la anulacin de las leyes de impunidad. Pero el juicio a Etchecolatz es el primero en argumentar sobre crmenes de lesa humanidad en el marco de un proceso de planificacin del exterminio y genocidio en nuestro pas.

En ese sentido, el juicio en el Tribunal 5115 de Buenos Aires, sostendr los argumentos de la causa 13, el Juicio a las Juntas, incluido su paradigma de la teora de los dos demonios, refiriendo directamente tanto al terrorismo de distintos signos, en sus argumentaciones de condena, como en su no televisacin116, para dar algunos ejemplos de la continuidad de lo viejo, aunque fuera un juicio nuevo. En tanto, en la sentencia a Etchecolatz se condena en el marco de un genocidio como una necesidad tica y jurdica de reconocer esa situacin en Argentina. Se concibe al derecho
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Silvia Delfino, La relacin entre lenguaje y accin en las escenas de juicios contra genocidas en Argentina, VII Congreso Nacional y II Congreso Internacional de la Asociacin Argentina de Semitica, 2007.114 Conversaciones con Guadalupe Godoy. Abogada querellante del colectivo Justicia Ya, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Presente en todos los juicios orales y pblicos realizados en La Plata, por el Tribunal Federal Oral en lo Criminal N 1 que juzg a Etchecolatz. 115 No es intencin de esta Tesis el anlisis comparativo con otros juicios, por eso slo mencionamos este caso y sus caractersticas generales por ser contemporneo al juicio objeto de nuestro estudio, adems de configurar escenas, prcticas, significados y hasta condenas distintas aunque hayan sido en el mismo momento histrico. 116 Este tema contina en debate, como nos cuenta Graciela Rosenblum Presidenta de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Se pide la total publicidad de los juicios. Si slo se puede difundir la acusacin, el alegato y la sentencia, la verdad de los testigos y familiares, de las vctimas, como un discurso propio, no aparece.

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como productor de verdad, de un saber, siguiendo a Michel Foucault; al mismo tiempo que se afirma cmo esta calificacin excede lo simplemente legal, para ubicarse en el plano de la construccin de memoria de las vctimas directas e indirectas, no slo sobre los hechos ocurridos entre el 76 y el 83, sino tambin sobre los aos de impunidad que siguieron117. Como analizamos, la propia sentencia expresa nuestra investigacin que dio lugar a esta Tesis, sobre las habilitaciones, al considerar al genocidio como un paraguas legal en las futuras causas para entender los hechos investigados en el contexto adecuado, y como parte de la reconstruccin de la memoria colectiva, situaciones ambas que permitirn un futuro basado en el conocimiento de la verdad, piedra fundamental para evitar nuevas matanzas. Las afirmaciones del presidente del Tribunal, Carlos Rozanski, en las argumentaciones de la sentencia, explicitan claramente, a partir de dos metforas sencillas, el horizonte que se va a configurar en el juicio a Etchecolatz: por un lado, el genocidio como paraguas legal, es decir, un espacio de contencin, un lugar de posibilidades singulares, un marco a partir del cual poder proyectarse. Por el otro, la idea de piedra fundamental, como momento fundacional, marcacin de un hito que excede lo jurdico y que soporta desde el derecho la produccin de saberes que se le escapan. Sobre esa piedra se construir la memoria colectiva no desde un sector sino como pueblo. En este caso, el juez Carlos Rozanski es hablado por otras voces, las que en las calles, en las plazas, en los lugares de trabajo, en escuelas y colegios le dicen genocidas a los genocidas.

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Sentencia completa a Miguel Etchecolatz, 23 de septiembre de 2006, Tribunal Oral Federal en lo Criminal N1 de La Plata, fundamentacin del presidente del Tribunal, Carlos Rozanski.

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Esta escena de disputas y luchas abre nuevos umbrales de posibilidades; esto me permite introducir una afirmacin de Rita Segato, quien, a partir de construir la idea de femigenocidio, con suma claridad afirma: como es de pblico conocimiento, son diversas las disputas por nombrar o por no nombrar en el derecho. Nombrar como genocidio, lo sabemos, el exterminio de los grupos polticos confesionales cometido por los regmenes dictatoriales en nuestro continente, frente a la insistencia de los que afirman que constituyen, de forma ms genrica, crmenes de lesa humanidad. Es, sin embargo, la voz popular la que domina el debate, al gritar Genocidas!118. O el canto popular que se repite en las manifestaciones y dice: No hubo errores, no hubo excesos, son todos genocidas, los milicos del proceso.

Cmo miramos en el juicio a Etchecolatz?

Nuestros anlisis estn situados en esa bsqueda por profundizar la apertura de la comunicacin hacia otras disciplinas y saberes, abrir la comunicacin. Pensamos, junto con Florencia Saintout119, que es posible que no haya existido nunca y no exista una disciplina de la comunicacin sino ms bien unos problemas complejos en torno a la pregunta por la comunicacin, que demandan la mirada de las mltiples disciplinas de las ciencias sociales.

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Rita Segato, Disputas por nombrar o por no nombrar en el derecho, en "Femi-geno-cidio como crimen en el fuero internacional de los Derechos Humanos: el derecho a nombrar el sufrimiento en el derecho". In: Fregoso, Rosa-Linda; Cynthia Bejarano. (Org.). Una cartografa del feminicidio en las Amricas. Mxico: UNAM-CIIECH/Red de Investigadoras por la Vida y la Libertad de las Mujeres, 2011 119 Florencia Saintout, Abrir la Comunicacin, pag. 193, Ediciones de la FPyCS, UNLP, La Plata, 2003.

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En el mismo sentido, nos ubicamos en la lgica que nos propone Sergio Caggiano120, al considerar que si los estudios de la comunicacin/cultura ponen en juego desde su inicio una mirada no disciplinar, acaso su contribucin principal sea la de tender puentes, llevar y traer, unir reas, responder o preguntar en el contexto y en la clave equivocados, incluso volviendo grises algunas dimensiones y borrosos algunos lmites. Desde esta mirada leemos el juicio a Etchecolatz como puesta en escena de momentos que pueden ser analizados desde el campo de la comunicacin, sus prstamos y puentes. Y es que, al considerar estos acontecimientos-situaciones como excediendo los lmites de los discursos del derecho, de la ley, del mbito de lo jurdico, tomamos incluso la propuesta que nos hace Stuart Hall121 respecto del juicio considerado como un evento histrico que se transforma en un evento comunicativo. Esto implica un anlisis que elige por lo menos una de las nociones desde donde proponer lo comunicacional. En este caso, entiendo al proceso comunicativo, siguiendo al citado autor, como una estructura compleja dominante sostenida a travs de la articulacin de prcticas conectadas, cada una de las cuales retiene, sin embargo, su carcter distintivo y tiene su modalidad especfica propia, su propia forma y condiciones de existencia. Uno de estos momentos en articulacin sera el de la produccin de un discurso. Segn Hall (1980) el objeto de estas prcticas es el significado y los mensajes en la forma de vehculo de signos de una clase especfica organizados, como cualquier forma de comunicacin o lenguaje, a travs de la operacin de cdigos dentro de la cadena sintagmtica de un discurso. Los aparatos, relaciones y prcticas de comunicacin son concebidos, en un cierto momento, en la forma de

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Sergio Caggiano, Lecturas desviadas sobre Cultura y Comunicacin, pag.18, editorial de la Universidad Nacional de La Plata, 2007.121 Stuart Hall, Codificar/decodificar En: Culture, Media, Language. Working Papers in Cultural Studies, 1972-79. Londres, Routledge & The CCCS University of Birmingham, 1996 [Unwin Hyman Ltd, 1980]. Hemos utilizado tanto la traduccin de Silvia Delfino como la de Alejandra Garca Vargas.

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vehculos simblicos constituidos dentro de las reglas del lenguaje (...) Para decirlo paradjicamente, el evento histrico debe convertirse en un evento comunicativo...

Para analizar el juicio a Etchecolatz tambin me resultan pertinentes los aportes de Paul Ricoeur, respecto de cmo un proceso judicial comienza poniendo en escena los hechos incriminados para representarlos fuera de su pura efectividad y para hacer visible la infraccin cometida () De este modo, los hechos pasados slo son representados bajo la calificacin delictiva elegida de manera previa al proceso propiamente dicho. Son representados en el presente bajo el horizonte del efecto social futuro de la sentencia que resolver el caso. Especialmente importante es aqu la relacin con el tiempo: la representacin en el presente es una escenificacin, una teatralizacin (); esta presencia viva de las escenas nuevamente representadas slo en el plano del discurso depende de la visibilidad, cuyo juego hemos mostrado unido a la decibilidad en el plano de la representacin literaria del pasado. () Slo es solemnizada por el rito social regulado por el procedimiento criminal para dar a la decisin judicial una estructura y un valor pblicos.

Carlos Rozanski: de la experiencia televisiva a presidir el tribunal.

Hay un dato, una situacin subjetiva que nos resulta sustancial respecto a cmo se cubri periodsticamente el Juicio a los Comandantes en 1985 y la relacin que a partir de esta situacin se establece con la escena generada en el Juicio a Etchecolatz 21 aos despus. Como contamos, la televisin slo poda emitir hasta 3 minutos del juicio pero sin sonido. Uno de los columnistas de Canal 13, que daba los informes desde afuera de los Tribunales para Telemvil que

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conduca Ramn Andino, era Carlos Rozanski, el mismo que sera, en 2006, el Presidente del Tribunal Federal Oral N 1 de La Plata, que juzgara a Miguel Etchecolatz. Carlos Rozanski nos cuenta: yo asist a las audiencias de Causa 13, en el llamado Juicio a las Juntas, porque siendo abogado comentaba en televisin en vivo al medioda las caractersticas y mi mirada sobre cmo se iba desarrollando el Juicio. Los comentarios los haca desde el canal, porque no se poda grabar en las audiencias. Esto me permiti una vivencia muy particular de lo fue esa causa. No es lo mismo leerlo en los diarios que estar ah sentado, presenciar las audiencias y despus comentarlo por televisin. Porque ms all de los datos objetivos, estas transmitiendo desde tu propia subjetividad. Y nunca imagin que 20 aos despus iba a estar a cargo de un juicio juzgando los crmenes cometidos durante la dictadura Desde mi experiencia, ese juicio en particular (el de los Comandantes), vena muy cercano a lo que haba pasado y como el proceso de Terrorismo de Estado marca a la sociedad durante muchos aos despus, quiere decir que esa marca era muy reciente. Habra que preguntarse si acaso los testimonios 30 aos despus eran ms ricos, no slo por tener mejores condiciones para hablar, sino tambin por estar ms alejados en el tiempo de aquella experiencia de Terrorismo de Estado Desde esta singularidad, situada entre lo jurdico y lo comunicacional, tanto mediticamente hablando, como puesta en comn de un acontecimiento que poda verse pero no escucharse, que deba ser relatado, aparecen las condiciones, esta mixtura entre condiciones subjetivas y contextos histricos, desde las que se construirn las escenas de un tribunal, el Federal Oral en la Criminal N1 de La Plata con Carlos Rozanski como presidente. Siendo paradigmtico adems

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que este tribunal es en la actualidad el que ms juicios ha desarrollado en todo el pas122, condenando por genocidio a responsables de los crmenes en la ltima dictadura cvico-militar.

Ser querellantes atravesando las escenas de la justicia.

Los organismos de DDHH inician as un camino nuevo en su reclamo de justicia. Esto se expresa en que es una de las primeras veces que tienen expresin jurdica al ser querellantes123 en juicios orales (ya lo eran en las instrucciones) en Argentina, luego de derogadas las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida. El juicio a Etchecolatz es el primero donde la querella est representada por organizaciones, ya que, en el juicio a Simn, el CELS representaba a familiares. En La Plata, en aquel 2006, entre quienes representaban a las vctimas, estaban la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos o el APDH. En toda la etapa previa las organizaciones de derechos humanos no haban podido ser querellantes. En el Juicio a los Comandantes (1985) no exista la figura del querellante, porque se sustanciaba bajo el Cdigo de Justicia Militar, por lo tanto, en la escena de justicia slo estaban los jueces, fiscales y defensores. No haba nadie representando el rol, el lugar de la propia sociedad. Por esto, aparece un nuevo actor en la escena, que son los querellantes, en su mayora
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Este dato cuantitativo respecto a los juicios es trascendente para nuestros anlisis. Desde la apertura de los nuevos juicios, una vez derogadas y anuladas las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, el Tribunal Federal Oral en lo Criminal Penal N1 de La Plata, con distintos jueces, pero siempre con Carlos Rozanski presidindolo, ha sido el que ms cantidad de juicios desarroll desde 2006 a 2012 en todo el territorio argentino. Entre ellos pueden destacarse el del polica bonaerense Miguel Etchecolatz, el del sacerdote Cristian Von Wernich, el de la Unidad Penitenciaria N9, el del llamado Circuito Camps. 123 Los abogados querellantes en su mayora son militantes de sus organizaciones, con poca o escasa experiencia en los mbitos del derecho penal, porque perteneciendo a organizaciones sociales, sus especialidades en general tenan ms relacin con el derecho laboral. El juicio penal exiga conocimientos especficos y es as que las organizaciones irrumpen de alguna manera con actores que sumarn nuevos criterios o interpretaciones desde sus miradas y prcticas.

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organizaciones de derechos humanos o sociales que intervendrn protagnicamente en los procesos judiciales.

Incluso en la actualidad -nos cuenta Guadalupe Godoy- como organizacin de derechos humanos uno puede representar a todas las vctimas por las que estn imputados los acusados.

A partir de esta situacin empieza una discusin jurdica, en la escena de justicia, respecto de la autonoma de la querella. La figura del querellante, que en la provincia de Buenos Aires se denomina particular damnificado, va adquiriendo con los aos un rol cada vez ms autnomo, pudiendo tambin acusar. Al principio, su rol se limitaba a tener un mayor control sobre la prueba, aportar y coadyudar al Fiscal. Pero el querellante va adquiriendo cada vez ms autonoma y directamente ahora (no slo por la modificacin de los cdigos, sino tambin a partir de la jurisprudencia), el querellante puede acusar por s mismo. Un ejemplo se dio en el juicio a Von Wernich cuando la fiscala pide la absolucin por un caso y se logra la condena porque las querellas sostienen la acusacin. Pero quizs la situacin de mayor envergadura de esta nueva situacin de los querellantes, de autonomizacin de la fiscala, en este tipo de escena de justicia se dio en estos das (agosto/septiembre 2012) en el juicio denominado Circuito Camps: con los argumentos de que si una querella puede sostener la acusacin sin necesidad de que est el fiscal, con ms razn puede valorar hechos de prueba y pedir cambios de calificacin, en este caso ampliar la imputacin por el delito de homicidio. La materialidad de esta presentacin permiti la revocatoria de las prisiones domiciliarias de quien fuera Gobernador y Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante la ltima dictadura cvico-militar, Ibrico Saint-Jean y Jaime Smart, respectivamente. Es ms, en este ltimo caso se trata del primer

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funcionario civil del Estado terrorista que llega a juicio y que, a partir de la citada presentacin, pas a estar en una crcel comn124. Y aunque, hay mucha resistencia del poder judicial respecto de avalar la autonoma de las querellas, en la resolucin actual del juicio Circuito Camps se puedo observar cmo se van generando las condiciones de posibilidad en las escenas de justicia que analizamos, ya que el voto por unanimidad de los jueces Carlos Rozanski, Roberto Falcone y Mario Portela contempla varias revisiones importantes para sta y otras causas. Porque no slo revisaron y ampliaron el rol de las querellas afirmando que estn habilitadas para pedir la ampliacin de los cargos, como sucedi en este caso, aunque ese sera el papel de los fiscales. En ese sentido, dijeron que aunque esa funcin no aparece explcita en el artculo que regula estos casos, no puede desconocerse. Mal puede decirse explicaron- que luego de participar en toda la produccin de prueba, las querellas deban asumir un rol meramente pasivo en el debate oral contradictorio con lo ejercitado hasta ese momento. Adems, en el caso del abogado del grupo Graiver, Jorge Rubinstein, criticaron el fallo de 1985 de la Cmara Federal, que cerr la posibilidad de una condena por homicidio y, segn dicen, regal absoluciones. A partir de ese caso, por el que acusaron a Smart y Saint-Jean, trabajaron el rol de la autora para jefes y subjefes, aunque no hayan tocado a las vctimas125. Como lo sostiene el pedido de la querella de Justicia Ya, presentado en el mencionado juicio del Circuito Camps, demostrando que son los artfices del cambio de calificacin que, la querella se encuentra habilitada para ejercer la facultad prevista por el art. 381 del C.P.P.N, pues resultara un contrasentido sostener que la parte querellante posee autonoma para acusar y
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La situacin generada en estos mismos das en que presentamos la Tesis, a fines de 2012, en las escenas del juicio Circuito Camps sern analizadas y mencionadas en las Conclusiones de este ensayo como parte de los materiales que dan pertinencia y relevancia a nuestros anlisis e investigaciones. 125 Alejandra Dandan, Una acusacin por homicidas, Pgina 12, 4/9/2012.-

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requerir la elevacin a juicio del hecho, pero que tiene vedado pronunciarse sobre circunstancias que agravan el caso, cuando la prueba producida en el debate as lo requiere. El pedido obedeci principalmente a la necesidad de agotar en los procesos penales los hechos llevados a debate, advirtiendo que los mismos constituyen una unidad de accin y que por ello el reproche penal debe realizarse con ese alcance, evitando el juzgamiento parcial de una conducta y la multiplicidad de procesos en el tiempo. Principios de diversa ndole justifican tal conclusin; en primer lugar el derecho de las vctimas de delitos lesa humanidad al procesamiento y juzgamiento de los responsables de tales crmenes. El acceso a la justicia real y efectiva, no slo por mandato convencional sino como condicin necesaria de reparacin social. En segundo lugar, por razones procesales, de celeridad, economa procesal y defensa en juicio, pues la arbitraria fragmentacin de los procesos atenta contra la reconstruccin histrica y la eficacia probatoria de los diversos elementos que llegan a debate. Resulta razonable y

necesario agotar en un nico proceso el tratamiento integral de las conductas atribuidas a los imputados, cuando las mismas responden, como en el presente caso, a una unidad final de accin, brindado asimismo la ms amplia posibilidad para el ejercicio del derecho de defensa.Como hemos anticipado en toda oportunidad procesal posible, dada las caractersticas de los hechos objeto de acusacin, en lo que ha trascurrido del debate se pudieron conocer nuevas circunstancias y ms amplia informacin sobre los crmenes contra la humanidad cometidos por los acusados en los diferentes Centros Clandestinos de Detencin, que integran el presente proceso126.

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Querella Justicia Ya, Solicitud de ampliacin imputacin penal en juicio Circuito Camps, agosto de 2012.

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La discusin sobre si las organizaciones de derechos humanos, sociales o de trabajadores podan participar de estos juicios tuvo que sortear un sinnmero de revocatorias y rebotes en la Cmara Federal de Apelaciones de La Plata o en la Cmara Nacional de Casacin Penal. Pero la discusin, luego de aos de lucha, para ser parte en estas escenas de justicia, qued saldada a partir de una reforma del Cdigo que contempla que si en los estatutos de las organizaciones est como uno de los objetos la defensa de vctimas de violencia institucional o ante violaciones de los derechos humanos, stas pueden ser querellantes. Durante aos esta cuestin fue un planteo permanente de las estrategias de impugnacin de las defensas, generando no slo lmites al rol de las organizaciones, sino tambin dilaciones en los juicios. Los propios imputados sostienen lo mismo al momento de las indagatorias, respecto a la negativa a que sean las vctimas y los representantes de las vctimas quienes los juzguen, por lo cual aclaran en casi todos los casos, an en la actualidad, que no aceptarn preguntas de las querellas.

La participacin de las querellas desde las organizaciones, con sus prcticas y sus modos, en algn sentido tambin desafa, cuestiona e incmoda una escena de justicia atiborrada de modos que deben conservarse para que la justicia funcione127. Las formas jurdicas desde una configuracin platense parecen descontracturarse, sacarse ciertas rigideces que son parte de la habitualidad en otros juzgados, como puede ocurrir en la Capital Federal que aunque cercana en distancia, conserva modos menos flexibles, que en las escenas platenses.
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Un episodio que muestra esta tensin se dio en la escena actual del juicio circuito Camps, con la discusin respecto de s es posible o no tomar mate mientras se desarrollan las audiencias. Esta situacin, que parece un detalle insignificante, da cuenta de esta tensin cultural y poltica respecto a los modos y la apropiacin de los espacios. Los abogados defensores se han quejado de que los querellantes toman mate!, prctica cultural que incomod la escena y tension a las partes durante varias jornadas; hasta que finalmente algn juez pidi un amargo, el ordenanza no traa para todos caf o t, y hasta algn defensor oficial, ocultndose, cay bajo los efectos de la infusin popular; por lo cual actualmente ya no hay quejas y podemos ver en la escena a los querellantes tomando mate mientras participan del juicio.

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El presidente del Tribunal es cuestionado por miembros del propio poder judicial, quienes, en diversos actos fallidos en redes sociales, hablan del pelilargo, en referencia a Carlos Rozanski. Aquello que parece intrascendente, no lo es tanto. Existe en estas descalificaciones sobre el aspecto/apariencia, una incomodidad respecto de las formas que debera guardar la justicia. Estas tensiones de la escena de justicia tuvieron su difusin pblica en una nota de febrero de 2007 titulada Como la mujer del Csar128, donde se alertaba que ante la inminencia de varios juicios orales a represores alerta a funcionarios oficiales vinculados a la administracin de justicia y muy comprometidos en la lucha por los derechos humanos. Dos de ellos, de alto rango pblico, hablaron con Pgina/12 y tienen propuestas que hacer para mejorar el desempeo del tribunal que conden a Miguel Etchecolatz. Sus prevenciones apuntan a preservar la credibilidad y seriedad de una instancia histrica. El subrayado es nuestro para resaltar que, a das de cumplirse 5 meses de la sentencia a Etchecolatz y de la desaparicin de Lpez, exista segn la nota una alerta en funcionarios oficiales vinculados a la administracin de justicia, respecto de la necesidad de mejorar el desempeo del tribunal que conden a Miguel Etchecolatz. Ese tribunal incomodaba no slo con su sentencia, sino que eran las escenas que habilitaba las que preocupaban y ponan en alerta. La propia nota profundiza esta afirmacin cuando sostiene: Los acusados deben gozar de amplio derecho de defensa, algo que se plasma en los hechos y tambin en las formas129. Habra que ir revisando una escena repetida. La defensa

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Mario Wainfeld, Como la mujer del Csar, publicada en Pgi na 12, el 12 de febrero de 2007. Por las afirmaciones de la nota, implic el pedido de derecho a rplica de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), que fue parcialmente cumplido por el diario algunos das despus. 129 Extraa de sobremanera esta afirmacin porque pese a la descalificacin generalizada que usaron los abogados defensores como su estrategia, no alcanzaron a mencionar no tener el derecho a defensa.

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ocupa un pequeo espacio, el acusado y un abogado, a menudo el defensor oficial. Por el lado acusador hay, literalmente, docenas de abogados. El fiscal, querellantes particulares, varios querellantes oficiales. El efecto visual (lo que ve la mayora de la gente) sugiere una asimetra, falta de equidad. Las reglas de procedimiento establecen que, si hay muchos querellantes, deben unificar personera. Esa norma no se aplica a rajatabla por respeto a los organismos de derechos humanos y por conocimiento de sus internas. Los organismos deberan hacer un esfuerzo y unificar su representacin.

Nos cuenta Guadalupe Godoy que si exista esa sensacin de debilidad en el acusado y una excesiva querella en cantidad, no se resolva achicando la querella, sacando organizaciones de la escena del juicio, sino sumando ms imputados. Una manera diferente de leer ese efecto visual, es que hay tantas querellas porque las vctimas son muchsimas, aunque ni de cerca estaban todas. Sin embargo, haba otra lectura que, argumentando una supuesta asimetra o falta de equidad, olvidaba que era un pedido de las organizaciones la unificacin de las causas para juzgar a todos los responsables de los centros clandestinos de detencin130 en un nico juicio.

La nota parece escrita a medida de nuestras investigaciones: el problema en el juicio a Etchecolatz es la escena repetida y el efecto visual que sta crea. Lo expuesto ratifica nuestra mirada respecto de los sentidos y tensiones que generaron y generan la intervencin de las
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Un juicio ms cercano a estas caractersticas que se dio en La Plata con el mismo Tribunal Oral Federal en lo Criminal N1 (aunque slo permanece Carlos Rozanski, ahora con otros jueces), es el del Circuito Camps, donde son juzgados 26 represores que actuaron en seis centros clandestinos de detencin (CCD) que estaban dentro de la rbita del denominado Circuito Camps y por 283 casos de vctimas , incluyendo el caso de Jorge Julio Lpez. El proceso, como dijimos, est a cargo del Tribunal Oral Federal 1 de la Plata , que ya juzg y conden a Miguel Osvaldo Etchecolatz y a Christian Fe derico Von Wernich por sus crmenes cometidos en el marco del genocidio, as como a catorce penitenciarios que actuaron en la Unidad 9 de La Plata. En esta oportunidad, el TOF1 estar integrado por los jueces Mario Portela, Carlos Rozanski y Roberto Falcone. Ante los magistrados estaban ofrecidos cerca de 500 testigos, pero declararon alrededor de 200.

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organizaciones como querellantes. Tambin las implicancias y alcances de que hablamos cuando nos referimos a un juicio oral y pblico; pblico que en gran medida est integrado por amigos y familiares, hijos, madres, abuelas de quienes sufrieran en carne propia el secuestro, las torturas, la desaparicin, los asesinatos, la apropiacin de sus hijos y nietos. Y este punto es con el que empieza la nota, pidiendo a las organizaciones que se contengan, que guarden las formas, que los procesos por violaciones de derechos humanos deben tener apego a la ley. Y deben transmitir que lo tienen. No deberan admitirse tribunas que aplaudan o chiflen, que les tapen la voz a los acusados. Los organismos de derechos humanos tienen que cooperar con la calidad de los trmites. Para Guadalupe Godoy este artculo tambin puede ser interpretado como una reaccin ante la desaparicin de Lpez, cuando el poder judicial tom conciencia de que no haba medido o calculado la dimensin de los juicios que comenzaban en esta nueva etapa. Precisamente en esta idea del guardemos las formas aparecen los miedos y alertas del poder judicial ante los acontecimientos-situaciones que en sus propias escenas se estaban creando. Incluso llegaron a escucharse en los pasillos de tribunales afirmaciones tales como: qu bien que vendra una absolucin para mostrar que estos juicios son juicios y no venganzas. Esta idea se inserta, an actualmente, dentro de la lgica a partir de la cual la muestra del debido proceso es que existan absoluciones. Mientras algunas organizaciones pensaban como profundizar el proceso de juzgamiento, aparecan otros discursos que planteaban algn tipo de retraccin, de conservar las formas, para que adems de que haya justicia, parezca que la hay. Lleg a expresarse que pareca un juicio popular ms que un juicio tradicional. La explicitacin de estos debates atraviesa las nociones y los sentidos de justicia, que se expresan a travs de los modos a partir de los cuales se construyen las escenas.

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Desde esta disputa es que la nota termina preguntndose quin podra ponerle esos cascabeles al gato?. Las escenas del juicio a Etchecolatz, las habilitaciones y argumentaciones del presidente del Tribunal, el alcance de su condena con su marco de genocidio, el papel de las querellas con sus irreverencias, el rol de los testimonios con relatos reivindicativos de sus participaciones polticas, la desaparicin de Lpez Todos estos elementos alteraron, incomodaron, desestructuraron una escena de la justicia burguesa cuyos actores principales no necesariamente compartan que se pusieran en duda las maneras, los cdigos, las formas que sostenan el fondo de una manera de juzgar, donde el valor protagnico en la escena est en el poder judicial, no en el resto. Donde un juicio es un juicio y no un evento histrico.

Estas tensiones fueron parte del juicio a Etchecolatz, quien en sus primeras palabras comenz con una descalificacin respecto del tribunal y las querellas. Tambin en sus alegatos los defensores cuestionaron el rol de los querellantes. La respuesta a este debate en la escena que analizamos muestra nuevamente las habilitaciones para los juicios actuales. La propia sentencia a Etchecolatz, en la argumentacin del presidente del Tribunal, Carlos Rozanski, explicita y toma posicin respecto de esta disputa que an continua en diversos juicios en nuestro pas. Se afirma entonces que desconocer a las querellas el derecho a participar del juicio y como han aclarado "sobre todo las que representan a derechos humanos que se han adueado del mundo"(sic), significa igualmente una definicin importante que corresponde responder. En primer lugar cabe recordar que se trata de planteos ya realizados y rechazados por el Tribunal as como por la Cmara Nacional de Casacin Penal, cuyo ltimo pronunciamiento -y con condena en costas-, como se dijo fue del 6 de julio de 2006 mientras se sustanciaba este juicio. En segundo lugar, cabe agregar sobre el particular que la participacin de aquellas querellas que representan la

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defensa de los derechos humanos en cualquier proceso judicial, no slo es reconocida por la legislacin vigente sino que con su presencia activa enaltecen los estrados judiciales131.

Relacionado con esta situacin, para Guadalupe Godoy, no debera soslayarse la participacin de la Secretara de Derechos Humanos de la Nacin como querellante en las escenas de los juicios. Esta situacin se ubica como una voluntad del gobierno respecto de concebir un rol del Estado en la nueva etapa de los juicios en Argentina. Y aunque en algn momento haya recibido crticas tales como que, la Subsecretara de Derechos Humanos, por ejemplo, se suma como querellante. Usualmente no produce prueba, adhiere a la de los otros. Y no alega. O sea: su presencia es formal, simblica. A esta altura, consolidada la voluntad poltica de juzgar a los represores, su aporte simblico sera marcar distancia y dejar funcionar a la Justicia132; en la actualidad se ubica como parte de una poltica de Estado que genera ms posibilidades de acceso a la justicia, que obturacin de la misma. Es ms, su presencia simblica que adhiere a las querellas de las organizaciones la ubica en un lugar posible dando materialidad desde el Estado en juicios donde precisamente se juzgan crmenes donde hay responsabilidad en aquellos que actuaron desde el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983 en la Argentina. Como afirma Guadalupe Godoy, ms all de las opiniones diversas y crticas respecto a este actor dentro de la escena del juicio, el gobierno representando al Estado en estos juicios tienen un valor insoslayable. Una duda que recorra las organizaciones giraba en torno a la pregunta de qu ocurrira con esa querella si el gobierno cambiara; pero su presencia marca un camino que en algn sentido implica una mirada sobre el propio poder judicial y sobre los fiscales. De hecho,
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Sentencia a Miguel Etchecolatz, septiembre de 2006. Argumentaciones Carlos Rozanski, presidente del Tribunal Oral Federal en lo Criminal N1 de La Plata. 132 Mario Wainfeld, Como la mujer del Csar, Pgina 12 del 12 de febrero de 2007.

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muchos abogados de las organizaciones, a partir de sus experiencias, pasaron a ser parte de la Secretara de Derechos Humanos. De esta manera, un trabajo realizado desde la militancia pasaba a ser parte de una tarea en el marco de una poltica de Estado, con una remuneracin econmica, adems de un respaldo estatal.

En este sentido, es relevante sealar que con el nuevo Cdigo Procesal Penal de 1991 se incluye la figura del querellante en juicios orales y pblicos. El Cdigo Procesal Penal argentino (Ley 23.984, publicada en el Boletn Oficial el 9 de setiembre de 1991) dice en su Captulo IV sobre el Querellante particular: Toda persona con capacidad civil particularmente ofendida por un delito de accin pblica tendr derecho a constituirse en parte querellante y como tal impulsar el proceso, proporcionar elementos de conviccin, argumentar sobre ellos y recurrir con los alcances que en este Cdigo se establezcan. Cuando se trate de un delito cuyo resultado sea la muerte del ofendido, podrn ejercer este derecho el cnyuge suprstite, sus padres, sus hijos o su ltimo representante legal. Si el querellante particular se constituyera a la vez en actor civil, podr as hacerlo en un solo acto, observando los requisitos para ambos institutos. Esta condicin abre una serie de luchas de las organizaciones por constituirse en querellantes.

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III CAPITULO 2. LA PLATA, EL LUGAR, EL ESPACIO.

La ciudad ms castigada proporcionalmente del pas, no era posible que no tuviera juicios penales y que no consiguiera en su propio territorio juzgar a los asesinos de sus hijos Marta Vedio

Crnica de un juicio anunciado.

El 20 de junio de 2006 comenz en La Plata el juicio oral y pblico al represor Miguel Osvaldo Etchecolatz, por su responsabilidad en casos de secuestros, torturas y homicidios cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar. El ex comisario haba sido Director de Investigaciones de la Polica de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura, y era llevado a juicio por su responsabilidad en el homicidio calificado de Diana Esmeralda Teruggi; la privacin ilegal de la libertad, torturas y homicidio de Patricia Dell'Orto, Ambrosio De Marco, Nora Formiga, Elena Arce y Margarita Delgado; y la privacin ilegal de la libertad y torturas de Nilda Emma Eloy y Jorge Julio Lpez. En los tres meses que durara el juicio, se esperaba la declaracin de cerca de 130 testigos. En las querellas actuaron abogados de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos, HIJOS La Plata, Liberpueblo, Liga Argentina por los Derechos del Hombre, CEPRODH, APDH La Plata, CODESEDH y FIDELA.

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La historia de la causa133 se remonta a un expediente que se inici en 1999, a partir de una serie de casos de violaciones a los derechos humanos perpetrados durante la ltima dictadura cvicomilitar, pero que nunca haban sido investigados por la Justicia. Los primeros datos surgieron de testimonios brindados en el Juicio por la Verdad de La Plata. En ese marco, en septiembre de 1999, el camarista Leopoldo Schiffrin haba propuesto al plenario de la Cmara llamar a declaracin indagatoria a Miguel Etchecolatz. Su pedido caus conmocin. Significaba la conversin del Juicio por la Verdad en un proceso penal. Por mayora, la Cmara rechaz la propuesta y decidi enviarla como denuncia a un juez de primera instancia. As comenz el derrotero134 de una causa que luego lleg a la instancia del juicio oral y pblico en 2006. Como se puede observar, la propuesta desde miembros del propio Poder Judicial para que declare Etchecolatz en 1999 fue rechazada, y 7 aos despus era condenado por genocidio. Esta situacin nos permite hablar no slo de los usos de la justicia como una herramienta que puede permitir u obturar el acceso a la reparacin que sta debera implicar, sino tambin de las habilitaciones (culturales, sociales y polticas) que, a travs de diversas y mltiples luchas, se dan para generar las condiciones de posibilidad para que esa declaracin ocurra en un juzgado en la ciudad de La Plata135.
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El recorrido de la causa desde 1999 a 2006 se agrega en el Anexo como Cronologa de la causa. El mismo posee un alto valor histrico que ser objeto de nuestro anlisis en tanto historizacin del acceso a la justicia en relacin a delitos por crmenes de lesa humanidad. En gran medida el material que se toma como base est producido por el colectivo Justicia Ya para la difusin del comienzo del Juicio a Etchecolatz, antes tambin fue producido particularmente por la APDH de La Plata, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y AEDD, entre otras organizaciones que trabajaron sobre las causas, sus obstculos y posibilidades. 134 Como aclaramos al principio de este ensayo de Tesis, hablamos de derrotero y pedimos prestado el concepto que utilizan los navegantes para explicar los obstculos, idas y vueltas que tendr esta causa. Para tener aunque sea una visualizacin del recorrido de la misma, como ya hemos dicho, agregaremos en el Anexo documental el punteo que las organizaciones han realizado de cada uno de los pasos que tuvo desde que se inici. Observar esos apuntes es como mirar un mapa de las luchas invisibilizadas contra la impunidad en un expediente judicial que 7 aos despus tendr relevancia pblica. 135 La decisin de afirmar la situacin local: juzgado en La Plata, es porque, como se ver en esta Tesis, las configuraciones locales juegan un rol preponderante al momento de analizar qu escenas son posibles, cundo y cmo respecto al reclamo de justicia. Quizs sea ms claro explicarlo por comparacin al observar

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Pero no fue sencillo llegar a tener juicios en La Plata. Y en este sentido, el rol de las organizaciones fue ms que trascendente. En la dcada del 80 el juicio a los Comandantes se desarroll bajo el Cdigo de Justicia Militar, por lo cual en la escena slo estaban los jueces, fiscales, abogados defensores y acusados; no haba lugar para querellantes. Luego de la reforma del mencionado cdigo y en esos primeros aos de gobiernos constitucionales a la Cmara Federal platense le tocaron dos causas, denominadas Camps-Causa 44, porque la polica bonaerense tena sede en la ciudad; y Campo de mayo, porque al momento de los hechos no haba Cmara Federal en San Martn y dependa de La Plata. La Cmara Federal platense no mostraba ningn inters en desarrollar este tipo de juicios, ms bien haca conocer de diversas maneras que los resultados de los mismos podran hasta ser contrarios a las expectativas de la sociedad en general y de las organizaciones de derechos humanos en particular. Ante esta situacin, hubo un acuerdo dentro de la propia justicia para que la Causa Camps pasara a la Capital Federal y Campo de Mayo a San Martn. En ese entonces, Leopoldo Schiffrin, era secretario de la Corte Suprema de Justicia de la Nacin y recuerda aquellos momentos cuando la Cmara platense se declar incompetente para tramitar la Causa Camps y se lo mand a la Cmara de Buenos Aires. En la situacin previa, influenci que Alconada Aramburu, que era platense y estaba en la Corte nacional, tena inters en que estos juicios se llevaran a cabo y, adems, claramente Camps era la figura del monstruo
que en varias provincias todava no se ha podido (en 2012) sustanciar los juicios por delitos de lesa humanidad durante la ltima dictadura militar o se da la situacin de Carlos Blaquier declarando por teleconferencia desde Buenos Aires para los tribunales en Jujuy, luego de que el empresario montara una escena donde fragu la imposibilidad de declarar en la provincia donde est siendo juzgado. En cambio, en La Plata ya han sido juzgados actores protagnicos de la represin ilegal en la dcada del 70como el sacerdote Cristian Von Wernich, penitenciarios de la Unidad 9 o actualmente quien fuera gobernador y ministro de gobierno de la provincia de Buenos Aires en aquel entonces, Ibrico San Jean y Jaime Smart, respectivamente. Los ejemplos y las comparaciones muestran una singularidad y la necesidad de un anlisis de lo local y sus contextos especficos para comprender los alcances de las escenas de ju sticia, las condenas que de all surgen, el estatuto de los testimonios, o an la propia desaparicin de Jorge Julio Lpez que no obtur la continuidad en los juicios en la capital bonaerense.

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por excelencia, adems de que all estaban incluidos Etchecolatz y Cozzani. Se escuchaba en la Corte los rumores de que si dejaban la causa Camps en La Plata no iba a salir nunca. La Cmara de Buenos Aires no quera tomarla porque deca, esto pas en La Plata. Y as fue como lleg a la Corte Suprema de Justicia, que se hizo un fallo bizantino y envi la causa a la Cmara de la Capital Federal. Marta Vedio, recuerda esta situacin y reafirma la circunstancia simblica y poltica que gener en la dcada del 80 que la ciudad de La Plata se quedara sin juicios por delitos cometidos durante la ltima dictadura. Ese fue, afirma, un claro dato poltico. Por esto, la causa Etchecolatz, que surga de los testimonios y pruebas del Juicio por la Verdad, fue enviada a la Cmara de la Capital Federal por el juez Corazza porque all estaba la Causa Camps (44). Es decir, que en algn sentido, como nos dice Marta Vedio, se resucita esta batalla de los aos ochenta. Pero ya existe un nuevo marco legal, ya no hay Cdigo de Justicia Militar; sino las leyes que rigen son las mismas para todos los ciudadanos argentinos y en tribunales ordinarios. Precisamente, las palabras de Marta Vedio dan cuenta del valor simblico-poltico de esta batalla de las organizaciones (a partir de ser querellantes), en la construccin de la causa Etchecolatz, para convertir a la ciudad en sede de juicios penales contra responsables de los crmenes cometidos en la dictadura. Esto nos permite participar de esta batalla como querellantes, y darla con toda nuestra fuerza posible. Hablando con todos los que fuera posible: Corazza, el juez Torres que recibi la causa Etchecolatz, con la Cmara de Capital Federal, con Irurzun, con Becerra que era el Procurador General. Ya no nos quedbamos afuera. As, con los organismos como el APDH o la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos, conseguimos que la causa Etchecolatz volviera a La Plata. Fue una batalla muy importante conseguir la

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competencia penal para esta ciudad, y fundamentalmente se trabaj desde esta causa que recin sera juicio oral y pblico en 2006. Y esto se hizo con un criterio poltico, no jurdico. Haba razones polticas muy slidas para sostener que La Plata deba ser sede de juicios penales136. La ciudad ms castigada proporcionalmente del pas, no era posible que no tuviera juicios penales y que no consiguiera en su propio territorio juzgar a los asesinos de sus hijos.

En el mismo sentido, para Guadalupe Godoy la causa Etchecolatz muestra las estrategias que las organizaciones se dieron en tiempos de impunidad: se le imputaron casos nuevos que no haban sido previamente juzgados, como lo sucedido a Nilda Eloy o Jorge Julio Lpez, personas que declaran entre 1998 y 1999 en los Juicios por la Verdad. Es una causa planificada desde la lgica de las tcticas y estrategias de las organizaciones y tambin de ciertos sectores minoritarios de la propia justicia, como el de Leopoldo Schiffrin, para poder eludir la traba que ponan las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. En el primer cuerpo de la causa Etchecolatz pueden leerse las discusiones y debates en el pleno de la Cmara a partir de donde se originar el juicio que terminar tramitndose en 2006. Va apareciendo lo que despus se transformara en constante: la mayora de la prueba va a surgir de los Juicios por la Verdad. En este sentido, la masividad de declaraciones testimoniales en La Plata gener una ventaja respecto a otros lugares del pas.

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Hubo un juicio penal previo al de 2006, en 2004 por la apropiacin de menores, donde fueron acusados y condenados Etchecolatz/Bergs. An vigente la ley de Obediencia Debida, se juzgaron casos que estuvieran explcitamente por fuera de sta, como las apropiaciones. Ese juicio, aunque fue en tiempos de impunidad, permiti a las organizaciones un ejercicio, una experiencia de relaciones con los tribunales respecto de la participacin en un juicio de estas caractersticas.

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La Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos se pregunta: Por qu fue la causa contra Etchecolatz la primera en el pas en ser elevada a juicio oral tras la anulacin de las leyes de impunidad?. Y responde: Porque los querellantes desempearon un papel fundamental, porque se haban recabado muchos testimonios an siendo casos y hechos nuevos (no juzgados en los 80), porque los elementos de prueba reunidos en la causa eran ms que suficientes, a pesar del miedo del juez a darle impulso. Adems, porque haca cinco aos que estaba abierta, porque a pesar de las leyes nos habamos presentado como querellantes, porque estaba todo hecho y porque no se imaginaron nunca que habiendo slo dos sobrevivientes entre los casos, bamos a poder darle la dimensin que le dimos. Y menos, conseguir lo que conseguimos.

La causa en s es fragmentaria en cuanto a los hechos que toma, y limitada respecto a la investigacin integral del aparato represivo ilegal instaurado durante la ltima dictadura. No obstante, el contexto en el cual se inici estaba marcado por la vigencia de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que convalidaron la impunidad de los genocidas argentinos hasta su anulacin definitiva. Como decan las organizaciones en aquel momento, no es el juicio que queremos, es el juicio que tenemos. En aquel marco, varios organismos de Derechos Humanos entre los que estaban la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) o la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), se presentaron como querellantes e impulsaron la causa, que constitua uno de los pocos caminos abiertos en el mbito de la Justicia para avanzar en la investigacin. Sin embargo, el expediente estuvo paralizado durante varios aos pese a la cantidad de elementos de prueba que ya haban sido reunidos en la causa fundamentalmente por conflictos de competencia entre distintos jueces de La Plata y

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Buenos Aires. Recin en 2004, con Etchecolatz ya procesado por la justicia federal de Buenos Aires, la causa volvi a recaer en el mismo lugar en donde se haba originado: el Juzgado Federal N 3 de La Plata, a cargo del juez Arnaldo Corazza, que a fines del 2005 dio por clausurada la etapa de instruccin.

Para las organizaciones que integraban el colectivo Justicia Ya en aquel momento, el juicio oral contra el represor Etchecolatz abarca unos pocos hechos no conectados directamente entre s. La investigacin no los inserta en el circuito de centros clandestinos de detencin ni abarca la estructura represiva en su totalidad, a diferencia del enfoque integral que implica que todos los genocidas respondan judicialmente por todos los compaeros vctimas del terrorismo de Estado.

Para Marta Vedio, el juicio a Etchecolatz fue el ms importante de aquel momento, aunque pueda hoy parecer ms chico mirado desde los juicios como el de Unidad 9 o el del Circuito Camps. Porque adems signific la primera experiencia con este tipo de delitos, lo cual implic un tarea especfica respecto de cmo armar las pruebas, en la que tenamos el desafi de un tiempo limitado, acotado, para reproducir los hechos frente al tribunal. Es decir, generar las pruebas que en ese tiempo corto y especfico le permita al tribunal establecer si el acusado es el responsable o no. A diferencia del Juicio por la Verdad, donde vos pods empezar a investigar un caso hoy y llevar la prueba dentro de 5 meses, porque procesalmente hablando no existen las mismas exigencias.

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El lugar del juicio.

Desde el comienzo en el proceso judicial se dieron varias novedades y singularidades 137 en torno a la constitucin del juicio que tramit el Tribunal Oral Federal en lo Criminal N 1 de La Plata. All, el presidente, Carlos Rozanski, logra sortear un obstculo al receptar las demandas de las organizaciones querellantes para que el juicio se haga en un lugar que permita el acceso irrestricto al pblico y que adems termin ocupando el centro simblico/poltico de la ciudad. En aquella instancia se sucedieron las reuniones y encuentros donde se debata el mbito ms apropiado para la realizacin de un juicio de estas caractersticas. Este cruce entre las organizaciones querellantes y el tribunal nos mostrar un ejemplo de por qu hablamos de un juicio que habilita de alguna manera a los siguientes, al observar reclamos y exigencias que corrieron los lmites respecto de cuan pblicas y abiertas seran aquellas audiencias que comenzaran en junio de 2006. Esta situacin generada de hecho, de caractersticas informales, actualmente forma parte de los procesos judiciales en causas por delitos de lesa humanidad en todo el pas. Esto lo vemos claramente en las pautas que ha propuesto la Acordada del 2010 de la Cmara de Casacin Penal en su regla cuarta, cuando sugiere la realizacin de una Audiencia
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La idea de lo singular de estas escenas de justicia recorrer toda la justificacin en los anlisis que esta Tesis presenta. Tambin en este caso hemos tomado de Paul Ricoeur la concepcin de que existe una singularidad y una incomparabilidad ticas respecto a la magnitud del crimen; al hecho de que haya sido cometido por el propio Estado contra una parte discriminada de la poblacin a la que deba proteccin y seguridad; al hecho de que haya sido ejecutado por una administracin sin alma, tolerado sin objeciones notables por las lites dirigentes, sufrido sin resistencia llamativa por toda una poblacin (en referencia a los crmenes del nazismo, comparados por nosotros con el plan genocida de la ltima dictadura cvico militar en Argentina). En este sentido, el autor propone trabajar la idea de singularidad ejemplar que colocada dentro de la categora de promesa, (implica) una meditacin sobre el mal que puede ser arrancada de la deploracin infinita y de la melancola que desarma y, ms fundamentalmente an, del crculo infernal de la inculpacin y de la exculpacin. () Partimos de la bsqueda del tercero imparcial pero no infalible, y terminamos sumando a la pareja del juez y del historiador un tercer miembro: el ciudadano () que es el portador militante de los valores liberales de la democracia constitucional. Slo la conviccin del ci udadano justifica, en ltima instancia, la equidad del procedimiento penal en el recinto del tribunal y la honestidad intelectual del historiador en los archivos.

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preliminar donde adems de resolver sobre la admisibilidad de la prueba ofrecida, pueden acordarse cuestiones operativas del juicio tales como das de debate, lugar de realizacin, habilitacin de feria en caso de que sea necesario, das y horarios de las audiencias, y establecer las partes pertinentes de lectura de los requerimientos de elevacin a juicio, acelerando de esta manera celeridad, juzgamiento en plazo razonable y el debido proceso legal. Como observaremos en el juicio a Etchecolatz esas cuestiones operativas de tiempo y lugar son claves porque en ellas se encarna parte de la disputa por el sentido de la propia escena de justicia. Implican adems mayor acceso o no, segn que se acuerde, a los actores protagnicos del juicio, adems de otros sectores de la sociedad, a travs de su cobertura pblica. Existi una discusin porque el juicio iba a realizarse lunes, mircoles y viernes, pero las salas de audiencias del Juzgado Federal estaban ocupadas en gran medida esos das, incluso los mircoles con la continuidad del Juicio por la Verdad, escena judicial que contina desarrollndose en la actualidad (ao 2012) y que fue la base argumentativa y testimonial de la mayora de los nuevos juicios en la ciudad de La Plata. Las organizaciones no queran que el juicio a Etchecolatz cortara esos procesos judiciales que precisamente haban generado el que iba a sustanciarse. Por otro lado, la sala era muy chica y slo admita apenas unas 30 personas, nmero que sera superado ya por los propios querellantes, adems de impedir el acceso a los trabajadores de prensa, que un mes antes ya preguntaban por su acreditacin, demostrando el inters pblico que el juicio tendra. A tres semanas de inicio del juicio, no se haba resuelto una sala de audiencias con espacio suficiente. Y, como era uno de los primeros juicios en todo el pas, se buscaba una lugar que se pudiera adaptar al funcionamiento de un tribunal pero donde adems pudieran ingresar ms de 200 personas. En principio, la opcin ms fuerte era el Hall del Pasaje Dardo Rocha, pero no

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contaba con una sala donde alojar al acusado. Tambin se mencionaba como opcin la sala Astor Piazzolla del Teatro Argentino. Y fue a comienzos de junio que surgi como posibilidad el Saln Dorado de la Municipalidad de La Plata. El poder judicial realiz muchas crticas a esta idea, similares a las que se realizaron por el lugar donde actualmente se desarrollan estos juicios (la ex sede de la AMIA con su disposicin cuasi teatral138), por la incomodidad que generaba la realizacin del juicio fuera de la sede judicial; pero adems en el caso de Etchecolatz se planteaba que la simbologa que representaba que se hiciera en un lugar relacionado con el poder poltico de la ciudad no era lo ms adecuado.

Finalmente y luego de arduas negociaciones, el juez Rozanski decide que sea el Saln Dorado de la Municipalidad de La Plata el lugar elegido para el desarrollo de las audiencias del juicio oral y pblico a Miguel Etchecolatz. All tambin podra adecuarse una sala para testigos y adems, dentro del poder judicial no haba ningn lugar acondicionado para un juicio de esas caractersticas139. Aparece entonces el escenario donde se desarrollarn las escenas que analizaremos. El edificio, ubicado en el centro de la ciudad, frente a la Plaza Moreno y a la Catedral platense140, posee una amplia sala141 y caractersticas particulares que lo convierten en un escenario propicio

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En el primer juicio que se realiz en la sede de la ex AMIA sentamos que estbamos repr esentando una escena al estar arriba de un escenario y el pblico en sus butacas, nos cuenta Guadalupe Godoy. Desde nuestra observacin participante y nuestras notas, la teatralizacin de la escena judicial aparece siempre, aunque el escenario, la disposicin espacial del pblico, abogados querellantes, defensores y acusados, en este lugar lo expliciten ms que en otras escenas de justicia. 139 La definicin del lugar y la imposibilidad del poder judicial de poseer mbitos adecuados a las caractersticas particulares de los juicios generaron situaciones tales como la realizacin de un juicio en un gimnasio, como ocurri en San Martn, donde las querellas consiguieron el lugar para que esto no funcionara como excusa para la no realizacin de los juicios. 140 El rol de ciertos miembros de la Iglesia Catlica durante la dictadura en general y en La Plata en particular con el papel de Monseor Plaza, da una significacin especial a la realizacin del juicio en un edificio que da a la plaza que esta frente a la catedral bonaerense. Para ver ms sobre el rol de la iglesia en el periodo 76-83, ver

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para el desarrollo pblico del juicio, ubicado en el corazn institucional y poltico de la capital bonaerense. Este lugar de estilo renacentista alemn, surgi de un Concurso Internacional de Proyectos, que fue ganado por el arquitecto alemn Uberto Stier, de la Escuela de Hannover. A partir de su construccin se le llam Saln Dorado. Est ubicado en el primer piso del municipio, al cual se accede por una escalera de mrmol, y en sus paredes se observan claramente influencias romanas, francesas y griegas. El piso es de roble de Eslavonia, los vitrales alemanes y las araas, de bronce, renen 78 lmparas y 1200 kilos de peso. Las columnas barrocas, sus ventanas pintadas o con detalles de vitraux ms la majestuosidad de sus puertas, ventanales y bvedas con alegoras, daban un marco casi medieval y cortesano a un saln pensado y construido en la lgica de la invencin poltica de la capital de la Provincia de Buenos Aires en el siglo XIX. Un saln, que en sus ventanales/vitraux, ostenta las palabras en latn con las que pretende ser ledo: ars, laboro, cientia, pax. Es decir, arte, trabajo, ciencia y paz. Quizs los forjadores de aquella fundacin de la ciudad durante la presidencia de Julio Argentino Roca, que promovan la unidad nacional y el sepultar odios, rencores y rivalidades142, no imaginaran que en uno de sus edificios emblemticos, frente a la plaza central de la ciudad
los libros de Horacio Verbitsky sobre la relacin entre Iglesia y Dictadura, especialmente La mano izquierda de Dios IV, ed. Planeta, Buenos Aires, 2010; y El Pndulo de la Fe, de Carlos Leavi y Walter Zarza. 141 La intencin era que pudieran participar como asistentes la mayor cantidad posible de personas. Esta situacin contaba con una excepcin a tener en cuenta que nos cuentan Lucas Miguel y Juan Bautista Duizeide en un artculo en la revista Puentes: El pblico podra haber sido an ms si no fuera por una disposicin del Cdigo Procesal Penal que prohbe la presencia de menores de 18 aos durante el curso de un juicio oral. As, quedaron afuera estudiantes de varias escuelas y colegios secundarios de La Plata que haban manifestado su inters en asistir. Pese a estas afirmaciones, en el juicio a Etchecolatz tambin se corri este lmite del Cdigo cuando se consigui que la hija de Emilce Moler entrara y escuchar a el testimonio de su madre, quien fue sobreviviente de La Noche de los lpices. El argumento fue precisamente que Emilce era ms chica que su hija cuando fue vctima de los delitos que se imputaban en el juicio. 142 "Hemos dado a la nueva capital el nombre del ro magnfico que la baa, y depositamos bajo esta piedra, esperando que aqu queden sepultadas para siempre, las rivalidades, los odios, los rencores, y todas las pasiones que han retardado por tanto tiempo la prosperidad de nuestro pas". Esas palabras fueron pronunciadas por el fundador de La Plata, Dardo Rocha, al momento de colocar la piedra fundamental de la nueva comuna, el 19 de noviembre de 1882.

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capital, durante el Siglo XXI, se montara el escenario de un juicio cuya sentencia condenara por genocidio. La Municipalidad de La Plata est frente a la actual plaza Moreno donde se coloc la piedra fundamental en lo que sera su centro geogrfico que, como dicen oficialmente luego fue custodiada por el bellsimo palacio municipal y la imponente catedral gtica, convertida en uno de los smbolos platenses. Prestemos atencin a la idea de custodiar. Custodia r qu? A quines y frente a qu otros? Quizs ms que sujetos sociales, custodia la idea de ser mbitos donde se sepultan los rencores y las rivalidades. Por esto, el lugar adquiere una significacin tan particular en nuestro anlisis, que precisamente bucea en las tensiones entre las prcticas y los lenguajes de esos discursos que atravesarn los testimonios y escenas que analizamos. Pero no es un lugar aislado, sino que es la configuracin poltica de La Plata lo que da marco significante143. Precisamente, un equipo de urbanistas encabezados por el ingeniero Pedro Benoit fue el encargado de disear144 la ciudad, llamndose tambin a un concurso internacional para los

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La idea de marcos significantes es desarrollada por diversas corrientes de pensamiento. Esta Tesis resulta til para entender la ciudad de La Plata como marco, pero tambin lo asociaremos con la propia escena del juicio. Hablamos de autores que, como Erving Goffman, no limitan esta idea a las estructuras mentales sino que aluden a los marcos sociales para definir las situaciones; de esta manera funden por ejemplo en la propuesta de frame (como encuadres) los conceptos de esquema y de marco. Ver tambin en Mara Rosa Gmez La teora del encuadre entendida como marco interpretativo que permite indagar cmo se construyen las acciones colectivas en un proceso en constante actualizacin y resignificacin. http://www.derhuman.jus.gov.ar/conti/2011/10/mesa_12/gomez_mesa_12.pdf 144 Diversas versiones consideran que el diseo de la ciudad con su " peculiar" simetra tiene su origen en la condicin masnica del Dr. Dardo Rocha y el Ing. Pedro Benoit, entre otros. Segn los masones actuales el Dr. Dardo Rocha (iniciado en la Logia Constancia Nro. 7) encomienda al Ing. Pedro Benoit (iniciado en la Logia "Consuelo del Infortunio" Nro. 3) el trazado de la Ciudad Capital. El primer gran escollo a superar fue la ausencia de mano de obra calificada, en cuanto a la cantidad que la empresa exiga. Esta situacin oblig a convocar un gran nmero de "constructores" del viejo continente, que una vez instalados en lo que hoy conocemos como Los Hornos, fundaron las primeras Logias de nuestra ciudad, entre ellas Luz y Verdad Nro.79. La distribucin de las plazas indica claramente la disposicin que ocupan los oficiales dentro de un Templo Masn. Tambin es evidente la presencia de smbolos que toman forma a simple vista uniendo algunas diagonales; por ejemplo las diagonales 73, 74, 79 y 80 forman una perfecta escuadra (smbolo de rectitud y moralidad). Y las diagonales 77 y 78 conforman los brazos de un comps abierto a 85 (smbolo de justicia y virtud). Tambin se detecta en el plano el nivel y la plomada, herramientas muy representativas de la Francmasonera. El Da, 19/11/2007.-

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proyectos de los edificios pblicos ms importantes localizados en el Eje Histrico, conservado hasta hoy en forma intacta145 . En este eje se ubica el centro administrativo estatal-gubernamental en una franja que sera la calle 52 entre 1 y 20. Esta calle 52 no est, porque precisamente ese espacio es ocupado por las mencionadas edificaciones. Esta franja se desarrolla entre las Avenidas 51 y 53, y en cierto sentido146 comienza desde la calle 1 con la Jefatura de Polica/Ministerio de Seguridad, pasando a las calles 5 y 6 donde est la Gobernacin; en 7 y 8 la Legislatura Provincial; en 8 y 9, los Tribunales Federales; 9 y 10 el Teatro Argentino; en 11 y 12 la Municipalidad; en 14 y 15 la Catedral y finalizaba el eje histrico, hasta hace unos 25 aos, con el Regimiento del

ejrcito147 entre las calles 19 y 20. Explcita construccin arquitectnica del poder que va desde la polica, pasando por los poderes ejecutivos, legislativos, judicial, la cultura oficial, los municipios, la iglesia catlica, para cerrar con el ejrcito. Sntesis sumamente evidente de cmo la construccin de sentidos puede fundar una ciudad148 . Y es en este entramado simblico que se ubica de un modo muy particular el centro de la ciudad, donde se desarrollarn las audiencias del juicio a Miguel Etchecolatz.

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La nica excepcin sera el Teatro Argentino cuyo edificio original se prendi fuego durante la dictadura, segn diversas versiones de modo intencional, y que fue construido nuevamente con el llamado estilo brutalista utilizado por el gobierno militar en otras obras arquitectnicas d e la poca. 146 Digo en cierto sentido porque del otro lado de la calle 1, la del comienzo del trazado, tambin est el llamado Paseo del Bosque de la ciudad, donde estn asentados otros lugares del poder, en este caso de las Ciencias Naturales con su majestuoso Museo, el Zoolgico, el Observatorio Astronmico, etc. 147 El Regimiento 7 de infantera del Ejrcito fue instalado en 1917, pero durante la dcada del 90 se transform en el Centro Cultural Islas Malvinas, a partir de 1998.- En tanto el teatro Argentino es incorporado a la provincia recin en 1939; no fue pensado dentro de los edificios del eje monumental, pero el poder lo incorpora para manifestacin de una cultura de la que se haba apropiado. 148 Para observar los sentidos de esta ciudad analizados como una arena de una lucha siguiendo a Stuart Hall en Notas para una deconstruccin de lo popular, podramos mencionar que La Plata fue denominada ciudad Eva Pern entre los aos 1952 y 1955.

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LA PLATA tambin es el espacio.

Si contemplramos las distinciones que realiza Michel de Certeau 149 entre el espacio y el lugar, en tanto el lugar es el orden segn el cual los elementos se distribuyen en relaciones de coexistencia y el espacio es el lugar practicado, podramos decir que nuestro anlisis tiene como marco ese espacio donde la ciudad de La Plata es un lugar fuertemente practicado por los actores sociales que interesan en nuestro anlisis, porque adems ha sido foco a su vez de quienes ven en esas prcticas al enemigo interior. Por esto, nuestras preguntas-problemas son parte de una comunidad primero regional, luego nacional y tambin latinoamericana. La regin del Gran La Plata ha sido uno de los territorios ms afectados por la ltima dictadura cvico- militar150, en trminos incluso de la relacin de desapariciones, asesinatos, exilios respecto al total de la poblacin. Fue parte fundamental del plan de exterminio no slo desde el mbito militar, sino tambin civil y religioso. La cantidad de hombres y mujeres desaparecidos/as, en su mayora trabajadores y estudiantes (muchsimos/as en su doble condicin), es el dato ms cruento de esta definicin. Ante esta situacin en la ciudad, se dio un amplio desarrollo de organizaciones en torno a la lucha contra la impunidad en cualquiera de sus alcances. Las Madres, las Abuelas, la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), la APDH, los Hijos, entre otras instituciones, cuentan entre sus miembros

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Michel, De Certeau. La invencin de lo cotidiano.1.Artes de hacer (pag.43). Mxico: Universidad Iberoamericana. 1996. 150 Esta denominacin de dictadura cvico-militar es una eleccin poltica y semntica. Actualmente contina en disputa. Lucha que se expresa en el lenguaje, en las responsabilidades, alcances y consecuencias de lo que otros por ejemplo, eligen llamar el proceso militar. Ver Horacio Verbitsky, Civiles y Militares, ediciones Contrapunto.

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protagnicos a mujeres (en su inmensa mayora) y hombres oriundos o habitantes de la capital bonaerense.

A modo de ejemplo, una de las primeras solicitadas publicadas en el ao 1977, surgi de iniciativas de la regin del Gran La Plata. El 5 de octubre de 1977 bajo el ttulo Madres y esposas de desaparecidos. Slo pedimos la verdad, no slo aparecen nombres de hombres y mujeres, sino que en el propio discurso pblico es una de las primeras ocasiones donde aparece publicada la definicin desaparecidos151. Otro dato curioso que ilustra este valor simblico y poltico de la ciudad de La Plata, como espacio en tanto lugar152practicado desde el cual se aport significativamente al debate nacional sobre los derechos humanos y sus organizaciones, ante los crmenes de l a ltima dictadura cvico-militar, lo da la versin que afirma que desde aqu se habra instalado el significante153 (en continua disputa) de hablar de los 30.000 desaparecidos. El hecho ocurri a raz de la marcha realizada el 3 de mayo de 1984 por familiares de La Plata, baj el lema 100 por 30.000. La movilizacin de 100 jvenes, familiares y amigos de desaparecidos, recorri 65 km. desde la capital bonaerense hasta el Congreso Nacional. All se solicitaba la declaracin de crimen de lesa humanidad a la desaparicin forzada de personas. Pese a que el petitorio fue entregado con la firma de 203.000 personas, el proyecto de ley nunca fue tratado. Pero la consigna instal en forma definitiva un nmero de desapariciones: 30.000. Un nmero que contiene ms sentidos que el nmero mismo. Los 30.000 poseen una significacin material y
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Ludmila da Silva Catela, Tesis doctoral No habr flores en la tumba del pasado. Ediciones Al margen , La Plata, 2001. 152 Podramos decir que vendra a ser la contraposicin del no lugar que analiza el antroplogo Marc Auge. 153 Ver Ferdinand de Saussure, Curso de lingstica general, Buenos Aires, Losada, 1945. O desde el Psicoanlisis, Lacan, Jacques, El Seminario 4, La relacin de objeto (1956-1957). Texto establecido por Jacques-Alain Miller, Paids, Buenos Aires, 1 edicin 1999, 6 reimpresin 2007

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simblica, que est claramente en disputa tanto con los informes que produjo la CONADEP, como con diversas versiones gubernamentales (casi todas del 1983 hasta 2003 por lo menos), periodsticas y hasta con las del sentido comn.

Como sostiene la Tesis de Roco Lpez154 sobre las diversas significaciones de La Plata, el hecho que marc con mayor fuerza a la ciudad fueron las acciones de la dictadura militar del 76, cuando el mapa perfectamente cuadrado y simtrico, cuyo ideal era la integracin, entra en crisis () Esta crisis no puede ser entendida por fuera de la crisis del proyecto de la modernidad misma que, socavado desde adentro, deja de pensar la lnea del futuro fijada en el parmetro de una razn que muestra salvajemente sus fallas. Y a la crisis del proyecto moderno se deben agregar en la ciudad ciertos elementos especficos que van cuestionando el mapa original: profundizacin de los procesos migratorios de zonas rurales a la ciudad, pero fundamentalmente de los pases limtrofes; proliferacin entonces de las periferias internas; ruptura del paradigma del trabajo como eje organizador de la vida comn y profundizacin del desempleo; aumento de la pobreza; obsolescencia de infraestructuras pblicas; reas industriales abandonadas; aumento de la poblacin, etc.. Por ese motivo, como seala Florencia Saintout155, la ciudad se redisea para la represin: sus espacios pblicos se llenan de cemento; las diagonales permiten las encerronas; las facultades son clausuradas; los nombres de los edificios pblicos modificados. El cuadrado perfecto estalla en mil pedazos.

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Roco Lpez y Cintia Bugin, Comunicacin/Cultura. Abordaje comunicacional del Centro Cultural Islas Malvinas (mayo 2004). Tesis de grado para la aprobacin de sus licenciaturas, FPyCS, UNLP. 155 Saintout, Florencia. Podremos vivir juntos en la ciudad? Ciudad y comunicacin: nuevos y viejos retos. En Proyecto de Investigacin: Ciudad/Comunicacin: Prct icas sociales de uso y percepcin de la ciudad de La Plata. Anuario de Investigaciones. Editado por la Secretara de Investigaciones Cientficas y Posgrado de la Facultad de Periodismo y Comunicacin Social UNLP. 2002.

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Por lo expuesto, analizar desde la ciudad que habito y trabajo, con estas historias que atraviesan sus calles y diagonales, sus escuelas, plazas y fbricas, tiene para mi desarrollo profesional, acadmico y poltico una importancia que encarna en mi propia vida. Adems, la impronta y significacin que dej y circula en trminos de sentidos ante el juicio a Miguel Etchecolatz y, como parte de ste, los alcances y transformaciones que implicaron la desaparicin de Lpez, en tanto testigo en democracia, tambin se justifican como aportes a un anlisis acadmico y poltico de un acontecimiento-situacin del que existen pocos estudios156, pese a que se ha ido constituyendo en un hito de nuestra historia como regin y como pas.

Se plantea la posibilidad de indagar, desde esta situacin, los posibles cambios en las concepciones de la justicia como parte de la historia de las luchas polticas en la ciudad de La Plata en dilogo con las modalidades organizativas a nivel nacional. De este modo, las operaciones de focalizacin de este proceso judicial habilitarn un dilogo, cuando sea pertinente, con el resto de los juicios a genocidas a nivel nacional. Desde esta perspectiva, la ciudad es concebida como territorio de memoria en trminos de experiencias de temporalidad y espacialidad pero fundamentalmente de cambio cultural y poltico157. La escena de la justicia constituira parte de esas experiencias porque se inscribe en y

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Existen Tesis de grado en la Facultad de Periodismo y Comunicacin Social de La Plata, que han analizado la cobertura meditica desde distintos medios grficos ante la desaparicin de Jorge Julio Lpez. Entre las cuales podemos mencionar la de Carla Tous y Paula Prieto, dirigidas por Paula Porta, titulada: La construccin del desaparecido en democracia en dos medios grficos nacionales, Pgina 12 y La Nacin: Miguel Bru y Jorge Julio Lpez. 157 Esta concepcin permite el anlisis de diversas investigaciones como las de Jelin Elizabeth y Victoria Langland (compiladoras) Monumentos, memoriales y marcas territoriales. Madrid, Siglo XXI, 2003. Jelin, Elizabeth (Comp.): Las conmemoraciones: Las disputas en las fechas infelices. Madrid, Siglo XXI, 2002. Saintout Florencia: Violencias Urbanas: la Construccin Social del Delincuente en Revista Tram(p)as de la Comunicacin Facultad de Periodismo y Comunicacin Social Universidad Nacional de La Plata. Gmez, Mara Rosa: Territorios en disputa: monumentos, museos y sitios de memoria en Ramona 78 Arte y Memoria Revista de Artes Visuales. Buenos Aires, Fundacin Start, Marzo 2008.

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reconfigura modalidades culturales de organizacin, pero tambin porque interviene en la formulacin de experiencias histricas de la espacialidad al sealar el vnculo entre el reclamo de justicia y la instauracin de nuevas relaciones en las luchas por la hegemona158.

La ciudad de La Plata, bautizada Eva Pern durante el primer lustro de la dcada del 50, ser tambin el espacio de desarrollo del plan genocida que se implement en Argentina. En una ciudad configurada regionalmente, junto con Berisso y Ensenada, el entramado social tiene a trabajadores industriales, administrativo/estatales y universitarios, adems de estudiantes, como el foco de la organizacin represiva aun antes del golpe cvico-militar de 1976. La presencia de grandes polos industriales, la universidad nacional, las sedes administrativas centrales de toda la provincia, constituan un peligro para aquellos que armaban su plan en base a la Doctrina de la Seguridad Nacional. Como est claramente expresado en el Alegato159 de Guadalupe Godoy, presentado en el Juicio por el Circuito Camps en noviembre de 2012, la composicin de los secuestrados: trabajadores y trabajadoras industriales, estudiantes, hombres y mujeres de los sectores medios, religiosos comprometidos con una opcin preferencial por los pobres; todos con participacin en organizaciones polticas, culturales, sociales y estudiantiles y por eso potencialmente refractarios de las transformaciones que el denominado Proceso de Reorganizacin Nacional se propona para Argentina. Como sostiene el alegato, los hechos correspondientes a Quinta-Brigada-Arana, esa caracterizacin adquiere en la ciudad de La Plata caractersticas especficas. Y para los
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Para ampliar esta perspectiva se puede consultar la ponencia de Silvia Delfino presentada en el Congreso Internacional realizado en el Centro Cultural Haroldo Conti, en la ex ESMA: http://www.derhuman.jus.gov.ar/conti/2011/10/mesa_12/delfino_mesa_12.pdf) 159 Alegato de Justicia Ya en el juicio denominado Circuito Camps. Ledo el 28 de noviembre de 2012 ante el Tribunal Oral Federal en lo Criminal N1 de La Plata. Es dable destacar que una de las responsables de su produccin y lectura, es la co-directora de esta Tesis, Guadalupe Godoy.

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querellantes, en funcin de construir las argumentaciones que demuestren las prcticas genocidas, es importante analizar esta conformacin del oponente, del enemigo construido, de ese otro a eliminar, porque tambin permite entender el concepto fundamental de las maquinarias genocidas, donde cada sujeto realiza su aporte, pero luego puede afirmar, como han hecho los imputados aqu, que nadie fue. En este juicio nadie fue. Salvo algn hacerse cargo genrico, reivindicativo pero a la vez exculpatorio, nadie fue. Y algunos parecen pensar que el plan sistemtico de exterminio se reduce al momento en que una vctima ingresa al Centro Clandestino de Detencin donde por supuesto, nadie estuvo- y a los sucesos posteriores. Como parte de las pruebas documentales que demuestran este accionar y la eleccin de la regin del Gran La Plata como prioridad del accionar represivo, estn las propias rdenes de las Fuerzas Armadas y las normativas que ponen a la Polica de la Provincia de Buenos Aires a disposicin del objetivo nacional. As surge claramente -en el ao 1976- de la Orden Parcial 405/76, de reestructuracin de jurisdicciones y adecuacin orgnica para intensificar las operaciones contra la subversin, cules son los objetivos prioritarios: La proporcin mayoritaria de la agresin subversiva se materializa sobre las grandes concentraciones industriales del pas delinendose claramente cuatro regiones de mayor actividad, que son por orden de prioridad: CAPITAL FEDERAL y GRAN BUENOS AIRES, GRAN LA PLATA, Regin Riberea del RIO PARANA (desde ZARATE hasta SAN LORENZO) y CORDOBA. Se argumentaba que En la zona de CAPITAL FEDERAL y GRAN BUENOS AIRES, se encuentra la mayor densidad demogrfica nacional y a la vez la mayor concentracin obrera fabril, que constituye el medio prioritario para el accionar subversivo y su principal objetivo de captacin. Su accionar se ve favorecido en esta zona por el menor xito relativo de las fuerzas

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legales, lo que ha permitido a las OPM lograr un mayor desarrollo organizativo y un accionar ms efectivo.

El Alegato demuestra con documentacin, testimonios y pruebas materiales diversas que los genocidas entendan que la zona de Ensenada, Berisso y La Plata presentaba una importante cantidad de establecimientos fabriles, con un significativo grado de sindicalizacin y organizacin de los trabajadores, presencia de juntas internas y de sindicatos de relevancia en la estructura sindical tradicional. Los trabajadores de la regin en su conjunto se caracterizaron por un importante grado de organizacin, donde se encauzaban tanto posturas reivindicativas tradicionales del sindicalismo industrial como ideas polticas radicales y movimientos de impugnacin de las conducciones gremiales burocrticas. La accin contra los trabajadores de la zona no comienza, sin embargo, con el golpe militar, pudiendo constatarse desde 1974 el accionar de grupos paramilitares (Triple A y CNU) que intensificaron su actividad en los dos aos posteriores. Su actuacin permite comprender tanto la continuidad de la tarea llevada adelante por las fuerzas usurpadoras del orden constitucional, como los cambios ocurridos luego del 24 de marzo de 1976. Las noches del 23 y 24 de marzo de 1976 fueron el escenario de detenciones masivas en las fbricas de La Plata, Berisso y Ensenada. A las 4 de la madrugada el BIM 3 ocup la planta de Propulsora. Con listas en la mano, fueron subiendo a los colectivos a quienes figuraban en ellas, con destino a los centros de tortura. Lo mismo sucedi en Astilleros y Swift. En SIAP esto sucedi el 29 de marzo. Por su magnitud, el caso de Astilleros Ro Santiago (ARS) debe destacarse. La militarizacin del ARS, a partir del 24 de marzo, provocar el secuestro de decenas de trabajadores () Ms de

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doscientos presos polticos, 48 desaparecidos y mil trescientas renuncias durante la dictadura, fue el saldo con su paralizante efecto disciplinador- del accionar militar sobre el ARS. Idntica situacin se gener en Propulsora Siderrgica, SIAP, Indeco, OFA, Batisti y Kiser Aluminio, Frigorfico Swift, Petroqumica General Mosconi, Hilandera Olmos, la textil Sniafa, Corchoflet, empleados pblicos, docentes y no docentes de la Universidad Nacional de La Plata. En Propulsora, 12 desaparecidos, y los delegados detenidos en la Unidad 9 o exiliados. 11 desaparecidos y cuatro asesinados en Swift. En todos los casos, cientos de detenidos que durante aos permanecieron a disposicin del PEN como presos polticos.

Una situacin especial, que de alguna manera es parte de las condiciones de produccin de esta tesis y de su pertinencia, surge de constituirse la Universidad Nacional de La Plata, como objetivo de la represin basada en la Doctrina de Seguridad Nacional y la construccin del enemigo interno como delincuente subversivo a partir del cual se planific el genocidio. De esta manera, hablamos de pertinencia/condiciones de produccin porque considerando que las prcticas sociales genocidas permanecen an ms all del fin de la dictadura, es parte de nuestras luchas visibilizar sus modos de funcionamiento/caractersticas y reconocer los efectos que estas intervenciones han tenido en nuestra Universidad. En el citado Alegato del Circuito Camps, donde se juzg entre 2011 y 2012 a Etchecolatz, al ex gobernador de la dictadura Ibrico Saint Jean, al ex ministro de gobierno Jaime Smart y a 23 represores ms, aparece una caracterizacin respecto de la Universidad a la cual adherimos porque constituye la fundamentacin y legitimacin de nuestros anlisis desde esta propia casa de estudios. Nos cuentan en el Alegato, que como bien lo explic Ana Barletta (testigo en el juicio), el ataque sobre la UNLP comenz en el ao 1974. La instalacin de la Misin

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Ivanisevich, los asesinatos de Achem y Miguel (miembros de la Asociacin de Trabajadores de la Universidad de La Plata ATULP-), el cierre de la Universidad caracterizaron esta etapa. El accionar de la Concentracin Nacional Universitaria (CNU) que luego se institucionalizara en las preceptoras de los colegios universitarios- fue un rasgo de la poca, al igual que en el movimiento obrero. El asesinato de dirigentes universitarios Zaragoza, Rusconi, Zaldua las cesantas masivas, fueron parte de esta etapa, anticipando claramente lo que sucedera una vez efectivizado el golpe de Estado () Antes del 24 de marzo de 1976, caeran muertos y desaparecidos 417 estudiantes universitarios y terciarios. El 32% de esa cifra entre las universidades de Buenos Aires y La Plata. Despus de esa fecha las cifras son aterradoras: 2080 muertos y desaparecidos de las universidades nacionales, de los cuales el 73% corresponden a la UBA y La Plata, siendo esta ltima la Universidad ms afectada del pas en trminos represivos, con 769 vctimas directas entre desapariciones y asesinatos, sin contar las decenas de exiliados y expulsados de sus cargos y de las aulas. Para analizar el impacto represivo en la Universidad de esta ciudad, debemos decir que en el informe CONADEP se consideraba que el 23% de las vctimas pertenecan a la comunidad universitaria. Pero si analizamos el circuito platense Quinta-Brigada-Arana, concluimos que el 63% de las vctimas corresponden a la Universidad. Universidad que a la fecha, como dijimos, suma 769 vctimas denunciadas por la represin durante la ltima dictadura cvico-militar. Al inicio de la dictadura, en el reparto de las 26 universidades, la Armada pas a controlar la UBA, LA PLATA, MAR DEL PLATA, BAHIA BLANCA, LOMAS DE ZAMORA Y PATAGONIA, y el Capitn de Navo Saccone fue el rector hasta setiembre del ao 1976. Luego, Guillermo Gallo, de Ciencias Veterinarias, cuya anterior gestin fue durante la dictadura de

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Ongana. Recordemos que era adems Teniente Primero del Ejrcito y fue el Presidente del Consejo de Rectores a nivel nacional desde el 76 hasta el 80. Durante esta etapa, ms de dos mil (2000) alumnos fueron separados de la universidad, se cerraron las carreras de Psicologa, Sociologa, se suspendi la orientacin de Antropologa Social, Cine y se suspendieron las actividades de nuestra Escuela Superior de Periodismo; al tiempo que tambin se desarticularon ctedras enteras, grupos de trabajo, investigaciones, proyectos de extensin, y experiencias acadmicas ligadas a una concepcin ms democrtica de la produccin y apropiacin del conocimiento. Se produjeron quemas de libros, y es de destacar el caso de la biblioteca de ATULP, donde en 1981 se procedi a quemar los libros clasificados como subversivos o marxistas en el ao 1978. El interventor de ATULP dijo por entonces que no era posible determinar quines los introdujeron ya que el gremio estuvo copado primero por la extrema izquierda de los cuales varios se fueron del pas o estn desaparecidos, acot- y luego por la extrema derecha. Esto surge de los Archivos DIPBA. La persecucin sobre la Universidad implic una notable cantidad de trabajadores cesanteados, docentes y no docentes exiliados en el interior del pas. Censura en la actividad de docencia e investigacin, prohibicin de ingresar siquiera a las instalaciones de la UNLP para los cesanteados. Entre otras medidas se prohibi la realizacin de actos o asambleas dentro de los recintos de la Universidad Nacional de La Plata por la necesidad de mantener un adecuado clima de estudio e investigacin160.

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Huellas, Semblanzas de vida de detenidos-desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado pertenecientes a la Universidad Nacional de La Plata (Captulo 2, pag. 36 a 56. Este apartado del libro editado por la Editorial de la Universidad permite seguir las propias resoluciones anteriores y durante la dictadura que fueron in crescendo en el esquema represivo dentro de esta casa de altos estudios, que vino a transformarse en

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El desaliento al estudiantado se manifest tambin en las restricciones para el ingreso, aumento de aranceles administrativos, cupos y la prohibicin de actividades polticas o gremiales dentro del mbito acadmico, la desarticulacin de los centros de estudiantes, la obligacin de dejar el DNI en el ingreso. El control pasaba por elementos de la Polica Bonaerense, tal como se desprende del legajo Mesa A, Factor Estudiantil, N 20, Rubro N 7, caratulado Universidad Nacional de la Plata, aos: 1976/77/78/79/80/81/82, que se inicia con un informe de mayo del ao 1976 sobre las Universidades Nacionales de Baha Blanca y La Plata. Uno de los puntos del mismo responde: Sector secundario y primario, Sin novedad. Le sigue otro informe sobre el panorama estudiantil donde se aclara que Prosigue en vigencia un control estricto sobre el ingreso de los alumnos en las facultades, exigindoles, previo acceso, la presentacin de la Libreta Universitaria, como tambin documentacin personal, Secc. Bsqueda 30 de abril de 1976. Todo esto slo fue posible en el marco del paralelo exterminio en el mismo mbito. No es casual entonces, sino producto de las polticas de terror y disuasin, que la matrcula se redujera y pasara de 13.000 estudiantes en 1975 a 4.800 en 1983.

la Universidad ms castigada de la Argentina). Direccin de Derechos Humanos, UNLP, Mara Vernica Piccone (Editora), EDULP, 2010.

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III CAPITULO 3. LAS AUDIENCIAS ENTRE LO ORAL Y LO PBLICO Son 30 aos de bsquedas, de detalles, de cosas para agregar a la justicia, esperando justamente eso: hacer justicia Chicha Mariani

Las primeras audiencias en el juicio a Etchecolatz. Las audiencias comienzan el 20 de junio de 2006. As lo expresa el acta oficial de indagatoria y lectura, al afirmar que siendo las 11 y 55 horas, se da la oportunidad fijada para la celebracin de la audiencia de debate en la causa N1 2251/06, caratulada: "ETCHECOLATZ, Miguel Osvaldo s/ privacin ilegal de la libertad, aplicacin de tormentos y homicidio calificado". Minutos antes, en las puertas de la municipalidad de La Plata, en una mezcla de conferencia de prensa y asamblea (por la disposicin circunferencial de los actores polticos), las organizaciones querellantes en su mayora nucleadas en ese entonces en el espacio Justicia Ya de la Plata161 celebraron el inicio del juicio bajo la consigna "Juicio a todos los genocidas. Condena por todos los compaeros. Empezamos con Etchecolatz".

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En ese momento JUSTICIA YA en La Plata estaba integrado por: Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata; Asociacin Anah; Asociacin de Ex Detenidos-Desaparecidos (AEDD); Central de Trabajadores Argentinos La Plata-Ensenada; Central de Trabajadores Argentinos Prov. de Bs. As.; Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH); Comit para la Defensa de la Salud, la tica y los Derechos Humanos (CODESEDH); Comit de Accin Jurdica (CAJ); Familiares de Desaparecidos (La Plata); Fundacin Investigacin y Defensa Legal Argentina (FIDELA); H.I.J.O.S. Regional La Plata); Liberpueblo; Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH); Madres de Plaza de Mayo (La Plata); Movimiento Ecumnico por los Derechos Humanos (MEDH).

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Al respecto Adriana Calvo de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEED), argument ese da el significado de aquel momento histrico al recordar que la causa se inici en plena vigencia de las leyes de impunidad, lo que impuls el lmite de tomar slo determinados hechos puntuales que nunca haban sido denunciados y que, por lo tanto, no estaban abarcados por esas normas. "Estaba prohibido en ese momento juzgar a los genocidas. Estaba prohibida la justicia. Sin embargo nuestra lucha pudo vencer esa prohibicin", sostuvo, y agreg: "Nosotros aprovechamos todo ese tiempo para ir acumulando pruebas contra este genocida. Por eso hoy creo que este juicio es producto de nuestra lucha, como lo sern todos aquellos que le sigan".

El Tribunal Oral Federal en lo Criminal N 1 estaba compuesto162 por los jueces Carlos Rozanski, presidente del tribunal; Horacio Insaurralde y Norberto Lorenzo, y dieron inicio al proceso con la lectura de la acusacin formulada por la Fiscala, a cargo del Fiscal Federal Carlos Dulau Dumm durante la etapa oral. En ese escrito, la Fiscala comenz por enmarcar los hechos investigados en esta causa dentro del plan sistemtico de represin ilegal instaurado por ltima dictadura. Recalc que los casos abarcados en este expediente "son slo una fraccin" de los delitos cometidos en el marco del terrorismo de Estado, y destac el funcionamiento total e interconectado del aparato represivo. "Est probado el seoro de Etchecolatz en el sistema de centros clandestinos de detencin ", seal la Fiscala, y agreg que el represor "tena dominio sobre esa estructura represiva" desde

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Como contamos, en ese tribunal originalmente estaba previsto que estuviera la jueza Beatriz Aparicio, a la que desde el colectivo jurdico-poltico Justicia Ya!, tenan previsto recusar y denunciar, porque en su calidad de Secretara Federal del juez Leopoldo Russo, haba concurrido y tomado declaraciones a secuestrados en el Centro Clandestino de Detencin El Infierno, durante su funcionamiento en la dictadura cvico militar. Cuando circul el rumor de la mencionada denuncia, la jueza decidi jubilarse y no exponerse a esta recusacin. El episodio muestra el terreno, el campo, los actores concretos de una justicia que en gran medida haba formado parte en forma directa o indirecta de la complicidad con la ltima dictadura cvico-militar.

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su funcin como Director de Investigaciones de la Polica de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocup desde el 5 de mayo de 1976 hasta el 28 de febrero de 1979. La lectura del escrito de acusacin se prolong aproximadamente por tres horas, dada la abrumadora cantidad de elementos de prueba reunidos sobre cada uno de los casos. Durante ese lapso, Etchecolatz escuch impasible las imputaciones en su contra, aunque sali dos veces de la sala alegando supuestas descomposturas fsicas163. Luego de un breve cuarto intermedio, el presidente del Tribunal, Carlos Rozanski, llam al estrado a Etchecolatz para tomarle declaracin indagatoria. El juez le pregunt cul era su profesin. "Asesino!", se escuch desde el pblico. Cuando el magistrado le pregunt si tena condenas anteriores, el ex comisario evadi la respuesta: "Varias, que no las recuerdo", dijo, y agreg: "Y tengo varios164 pendientes".

El represor patrocinado por sus abogados particulares Adolfo Casabal Elas y Luis Boffi Carri Prez se neg a declarar, arguyendo que "el Tribunal no tiene autoridad para tratar estos casos, porque corresponden a la jurisdiccin militar" y "porque me asiste el sagrado derecho de la Constitucin Nacional".

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Esta estrategia de hacerse pasar por enfermo o tener descompensaciones es reiterada por la mayora de los imputados en casi todos los juicios, incluso los que estn mal, tratan de mostrarse peor: ir a las audiencias con el suero colgando, etc. Este tipo de construccin tiene un alcance jurdico, para los que buscan prisiones domiciliarias, y una dimensin poltica, al querer aparecer como ancianos indefensos y vctimas de acusaciones infundadas. Muchos imputados y sus abogados lo han incluso expresado en las audiencias. Pero al observar en la actualidad (2012) en el juicio por el denominado Circuito Camps a Miguel Etchecolatz en perfecto estado de salud, con su ropa impecable, su rosario colgando del cuello, sus conversaciones con otros acusados y abogados defensores, sus sonrisas irnicas y socarronas, en una clara actitud poltica ante la escena judicial, no slo da cuenta de la ficcin de sus problemas de salud, sino que tambin muestra en vivo y en directo la trascendencia histrico/poltico de que est en la crcel a partir de una condena de un tribunal civil de la justicia ordinaria con las organizaciones de DDHH como querellantes. 164 La transcripcin corresponde al original, donde se observa que cuando el juez pregunta lo hace referido a las condenas, pero en el agregado de Etchecolatz, ms bien parece referirse intencionalmente o como acto fallido, a varios como si lo pendiente fueran asuntos, no condenas.

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Y aprovech para decir que no poda escuchar las imputaciones que se le formulaban porque "yo a raz de un atentado terrorista de los idealistas (sic) he perdido la parte auditiva en gran proporcin". Etchecolatz pretendi entonces iniciar una suerte de discurso cuestionador sobre su lugar en esa escena de justica, pero el juez Rozanski lo detuvo: "Este es un acto en el cual, si la persona decide no declarar, no puede fundamentar por qu no va a declarar". Si congelramos ese instante como una foto veramos no slo en las afirmaciones, sino en los rostros, en las primeras actitudes e impresiones165, que en esa primersima escena ya se fundaban en gran medida las caractersticas que tendra el juicio a Miguel Etchecolatz, an antes de los testimonios. El acusado dice que no va a declarar pero pretende argumentar poltica y jurdicamente las razones. El presidente del Tribunal lo corta y le obtura la posibilidad de realizar una argumentacin que genere las condiciones de posibilidad para elaborar una defensa no slo de sus acciones durante la dictadura, cuando l consideraba que estaban en guerra y lo atacaban los idealistas, sino sobre el cuestionamiento al propio tribunal y a la escena de justicia que trascurra en sus primeras horas.

El juicio como escena televisada.

Ya en la primera audiencia el presidente del Tribunal Carlos Rozanski plantea como tema de particular importancia el relativo a las imgenes del juicio. As qued asentado en el acta oficial cuando expresa que tambin la Presidencia aclara a la Prensa que en lo sucesivo se ver el

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Recuerda las ideas desarrolladas por Erving Goffman en su libro la Presentacin de la persona en la vida cotidiana; esas primeras impresiones en gran medida determinaran el resto de los intercambios discursivos, al decir de Goffman, no slo lo que las personas dan sino tambin lo que de ellas emana. Tambin puede consultarse del mismo autor, El orden de la interaccin, en Los momentos y los hombres, compil. de Winkin, Y., Paids, Barcelona, 1991.

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sistema para continuar con el resto de las audiencias, en razn de que en la audiencia del da de la fecha se autoriza a transmitirse en directo. Minutos antes se haba dado una autorizacin especial a Chicha Mariani para estar presente en el juicio oral y pblico, aunque estaba citada como testigo recin para el 5 de julio de ese ao. Tomo estos dos hechos, el de la televisacin y la presencia de Chicha Mariani, como ejemplos concretos de situaciones que van creando las condiciones de posibilidad sobre el alcance de los conceptos de pblico en la escena de justicia objeto de nuestro anlisis. Son dos habilitaciones/autorizaciones de significativa relevancia en la construccin de una escena de justicia: una la de transmitir en directo las imgenes (aunque se reconocen las presiones al respecto, al decir se ver el sistema en las prximas audiencias), la otra la de la presencia de una testigo antes de su declaracin testimonial; pero tambin por su valor simblico/poltico en cuanto a la lucha de Chicha Mariani como fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo y de la Asociacin Anah en la bsqueda sostenida de su nieta Clara Anah.

Las querellas, demostrando cul sera su rol en la construccin de las condiciones de esta escena, fueron quienes solicitaron que todo el juicio a Etchecolatz fuera registrado audiovisualmente. Se present un escrito solicitando que se filmara el juicio. Y Chicha Mariani tambin se present solicitando que el camargrafo de la Asociacin Anah registrara dicho acontecimiento. A partir de all es que nosotros vemos en forma permanente durante todo el juicio a Etchecolatz tres cmaras: dos de la Comisin Provincial por la Memoria (una fija sobre el testigo de daba

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cuenta del testimonio y otra registrando con paneos al pblico y a las partes, es decir, tribunal, abogados defensores y querellantes); y una de la Asociacin Anah166 (que estaba fija). El registro audiovisual no se garantiz desde el Estado y fue autorizado por el Tribunal a partir del pedido de las querellas. Actualmente en algunos lugares del pas existen convenios con el INCAA para la filmacin de los juicios o el Tribunal, como ocurre con frecuencia en la Ciudad Autnoma de Buenos Aires, le encarga la tarea de filmar a la polica federal, con lo cual las partes no obtienen esos registros o son escenas mediadas por esta mirada policial. En los juicios que se desarrollan en La Plata, a partir de aquella primera experiencia en el juicio a Etchecolatz, la Comisin por la Memoria contina filmando, tambin la Asociacin Anah y adems el tribunal realiza su propio registro. Esta iniciativa le permite al Tribunal incorporarlo como prueba para ese juicio o futuros, adems de ponerla a disposicin de las partes.

El juicio a Etchecolatz, adems, fue televisado en vivo por canales abiertos y de cable. Y es as que los testimonios que expresaban sus compromisos polticos y militancias concretas, adems de relatar las situaciones de secuestro, detencin y tortura, podrn verse ms que en otros juicios. Es decir, sern ms orales, ms pblicos y, por ende, ms abiertos a la mirada de la comunidad en general. Surge aqu un tema de anlisis de nuestra Tesis en cuanto al rol del testimonio en las escenas de justicia: Cul es el estatuto del testimonio y sus alcances en los procesos actuales? Cmo se
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En este sentido, es dable destacar que Chicha Mariani, desde la Asociacin Anah, ha filmado no slo el juicio a Etchecolatz, sino tambin todo el Juicio por la Verdad de La Plata desde que empez en 1998 hasta la actualidad. Estos archivos poseen un valor documental histrico indudable que muestra una vez ms el rol de las organizaciones de derechos humanos en la bsqueda trascendente en el proceso de memoria, verdad y justicia, ms all del aqu y ahora. Quien quiera observar este momento histrico con fines acadmicos, jurdicos, sociales o culturales tendr en este trabajo impulsado por Chicha los materiales necesarios para dar cuenta de la significacin que estas situaciones sociales y jurdicas han tenido. No es el Estado quien tiene estos archivos, sino una organizacin de la sociedad civil.

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articular la relacin entre testimonio y luchas por la justicia a partir del carcter colectivo de la experiencia del genocidio? Cmo pueden registrarse los cambios histricos entre los relatos testimoniales de la Causa 13, los Juicios por la Verdad o en el juicio a Etchecolatz? De hecho, podemos adelantar que los testimonios producen, a partir de la accin de la querella, cambios en los cargos que se imputan. Por esto le dedicamos una parte especfica al anlisis de estas problemticas en la parte IV de la Tesis, bajo el ttulo El Testimonio.

En el alegato167 de la querella de Justicia Ya! se solicit el cambio de calificacin pidiendo la condena por Genocidio. Tambin en dicho alegato se plante el tema de re-victimizacin, fundamentalmente para evitar la reiteracin del testimonio. Excepto el juez Rozanski, los jueces no estaban formados en esquemas que evitaran la revictimizacin168, y volvan a preguntar sobre declaraciones ya realizadas o cuestiones irrelevantes para el proceso judicial. El juicio cont con una amplia cobertura meditica, especialmente en la ciudad donde se desarrollaba, mxime cuando se juzgaba a quien fuera el responsable de Inteligencia de la Polica de la Provincia de Buenos Aires, durante gran parte de la ltima dictadura cvico-militar. En el vnculo entre televisacin y tratamiento del tema en los medios, trabajado profundamente por Claudia Feld, sera interesante sumar a partir del testimonio de Nilda Eloy en el juicio a Etchecolatz, cmo tom conocimiento sobre el mismo: quien le habla lo reconoce que era la misma voz que daba las rdenes en su casa (cuando la secuestraron), a quien identific muchos

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El alegato del colectivo Justicia Ya! es un material de produccin colectiva sumamente rica para nuestro anlisis y un aporte que da cuenta de las tensiones y alcances de nuestro foco de anlisis. Por esta razn forma parte de la presente Tesis de calificacin como Anexo documental. 168 Debatiendo sobre estos conceptos, el Dr. Eduardo Luis Duhalde prefiere llamar a los testigos por su verdadera condicin: testigo ex detenido-desaparecido discutiendo la idea de testigo-vctima. El ex detenido-desaparecido como testigo de los juicios por crmenes de lesa humanidad: una aproximacin al tema. Secretara de Derechos Humanos de la Nacin.2009.

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aos despus como Etchecolatz en la dcada del 90 por un programa de televisin, cuando se qued paralizada y se qued esperando hasta que pusieron el cartelito abajo, y recin ah supo el nombre169.

Con la desaparicin de Lpez, desde una supuesta proteccin de testigos, la cuestin de la televisacin de los testimonios se tens en diversos debates respecto de cmo y en qu marcos deban producirse las declaraciones. Existieron propuestas para que no se publicaran los cronogramas de quienes iban a ir a declarar, o que los juicios se hicieran a puertas cerradas, o que los testigos declararan casi sin pblico. Surgen a partir de esta situacin excusas para no publicitar los juicios, algo que desde las corporaciones judiciales no se quera publicitar. Desde su experiencia, Guadalupe Godoy considera que esto va ms all de los juicios de lesa humanidad, sino que surge a partir del propio miedo del poder judicial a la mirada pblica que te juzga, ya que pareciera que a ellos les gusta juzgar pero no que los juzguen, construan desde la nueva situacin excusas y obstculos para la difusin abierta de las escenas de justicia. La clave de esta situacin quizs est en si a los jueces, en general, les guste sentirse observados, mirados pblicamente, desde una disposicin y actitud comunicacional y poltica desde la cual ellos miran, no slo a quin juzgan, sino tambin al resto de quienes participan de un juicio oral y pblico. Esta explicacin nos permite analizar el sentido que tiene el tener que ponerse de pie en una audiencia cuando los miembros del tribunal entran a la sala. Esta situacin comunicacional, esta disposicin de los cuerpos, parece afirmar una regla implcita de cmo deberan ser tratados y considerados los jueces y su relacin con la verdad. Cuando ellos entran, nosotros debemos
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Acta oficial juicio a Etchecolatz testimoniales del 22 de junio de 2006, testimonio de Nilda Eloy.

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ponernos de pie, para explicitar en esa accin comunicativa una relacin desigual, una relacin de poder que debe quedar clara de entrada; an antes de que los jueces hablen, hay que pararse. En el mismo sentido, queremos sealar como parte de las condiciones en que se desarroll el juicio a Etchecolatz, que en la sala de audiencia no hubo un crucifijo en la sala, ya que detrs de los jueces estaban los espejos, no dejando lugar para este smbolo cristiano. En cambio, en la sala donde se han desarrollado los Juicios por la Verdad, hay un crucifijo gigante. Esta cuestin de la ausencia o presencia de esta simbologa es parte las materialidades culturales 170 a partir de las cuales consideramos estas escenas como fundantes y reconfiguradoras de la relacin entre justicia y poltica.

El primer debate en la escena de justicia: prisin domiciliaria o crcel comn.

Desde el comienzo de la instancia de debate oral y pblico del juicio se gener una discusin en torno a un arma que Etchecolatz tena en su domicilio. Este incidente, como usualmente se lo denomina en trminos jurdicos, tena de fondo otra disputa: la definicin de si el acusado continuaba con prisin domiciliaria o era trasladado a la crcel. As qued expresado el debate en el primer da de audiencias testimoniales (22 de junio de 2006) en las Actas de la Justica Federal: el Dr. Ramos Padilla manifiesta que en esa causa lograron el embargo del arma del imputado, pide que se informe de esto a la Cmara Civil para dar cuenta que se entreg en custodia un arma a un reo de semejante peligrosidad, en segundo lugar no sabe esta parte que el

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mismo tenga otras armas, que la justicia al da de hoy no ha verificado que el mismo tenga otras armas, que el mismo es una persona peligrosa, y un psicpata perverso, una persona peligrosa para s y para toda la sociedad, que durante la democracia el mismo particip de la agencia Pas con gran cantidad de Trotyl en su poder en pocas de la democracia con su chofer Guallama, que por un acuerdo de fiscales el mismo qued desvinculado de esa causa, que considera que debe estar detenido, como pidiera, en la Unidad 20 del Servicio Penitenciario Federal y pide como necesaria su inmediata detencin; conferida la palabra el seor Fiscal al drsele traslado se muestra sorprendido por la circunstancia de que el procesado tenga un arma en su poder, que cree conveniente puntualizar la importancia de que se haya iniciado el debate en autos y a su entender el criterio que se debe seguir aconseja, ya que la sociedad se encuentra expectante de las diversas causas en las que se encuentra procesado el seor Etchecolatz, que el doctor Corazza oportunamente ha resuelto respecto de la detencin del mismo, que entiende que la denuncia hecha por el doctor Ramos Padilla, y entendiendo que la tenencia de un arma por parte del mismo conlleva un peligro para terceros y para s, cree que debe investigarse si hubo un delito de tenencia de armas de guerra; que el Dr. Corazza en su momento crey que el procesado deba estar detenido, resolucin sta que fue revocada por la Sala Tercera de la Cmara Federal concedindole su arresto domiciliario, con motivo de ello su parte recurri esa resolucin ante la Excma. Cmara Nacional de Casacin observando que esa Sala no tuvo en cuenta la condena de 23 aos respecto del procesado; que considera su parte seguir ante todas las instancias correspondientes para que se revoque el arresto domiciliario del procesado; ya que segn informes el Cuerpo Mdico Forense de Capital Federal ha dictaminado que el mismo tiene aptitud para estar en juicio; por otro lado considera que si este Ministerio ha recurrido ante la Cmara de Casacin y que segn los informes que tiene, de que el fiscal ante Casacin

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ha mantenido el recurso que interpusiera, que pide que se investigue la tenencia de armas de guerra, y el estado del incidente de arresto que tramita ante la Cmara, y solicita que el Tribunal haga conocer a ese Tribunal este nuevo hecho para su mejor proveer en el incidente apelado, y para un mejor cumplimiento.

Al realizarse el planteo, el resto de las querellas se van sumando al pedido. As lo expresa el acta, cuando afirma que: El Dr. Torres Molina dice que adhiere al planteo del seor Fiscal; la doctora Vedio seala que ha planteado en todas las causas e instancias posibles el final de las prisiones domiciliarias para este tipo de delitos, que entiende que debe estar en prisin, entiende que el Tribunal puede decidir en este caso ms all de lo que resuelva Casacin; la doctora Bregman dice que en todas las causas su parte ha planteado que en los casos de delitos de lesa humanidad no puede estar en su casa, que debe haber crcel efectiva, y que a la luz de los nuevos hechos aportados por el doctor Ramos, entiende que hay elementos suficientes para revocar la misma sin que los genocidas tengan ningn privilegio.

En tanto, la defensa responde a travs del Dr. Boffi Carri Prez quien pide que se mantenga la situacin jurdica procesal del imputado en los trmino del art. 33 de la ley 24660, que la ley no distingue la calidad de los delitos, no hace una calificacin distinguiendo un delito de otro, es necesario aclarar que el arresto domiciliario no significa libertad, sigue estando privado de su libertad, no puede hacer movimiento alguno, que el mismo sufre graves enfermedades segn los informes mdicos, que dicen que denota su falta de peligrosidad, que el da de la audiencia pasada vimos que el procesado tuvo 3 descompensaciones y que l mismo tuvo miedo que se

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muriera en ese acto (sic), que su defendido tiene -sin ser mdico- enfermedades terminales171, solicita s que se aclare el tema del arma, que mal o bien se encontraba cumpliendo un mandato judicial como depositario de la misma, que pide que esto se ponga en conocimiento de la Cmara Civil; que desde ya manifiesta que por las contingencias que acontezcan deja planteado recurrir en Casacin y su eventual planteo del caso federal.

Finalmente, el Tribunal anula la prisin domiciliaria de Miguel Etchecolatz, quien es trasladado a la crcel de Marcos Paz. Esta situacin implica un primer avance respecto de la estrategia de los querellantes en relacin a los planteos de los defensores del acusado. Sin embargo, estos no detienen su intento por conseguir que Etchecolatz cumpla la condena en su casa. En las Actas de la Justicia Federal172 del 26 de junio de 2006 se expresa claramente esta situacin, pero adems aparecen las sorprendentes expresiones que pretenden ubicar al imputado como una persona enferma, vctima de la persecucin, en un papel de tal nivel de inocencia que da cuenta casi de una situacin de supuesta burla ante las partes que participaban del juicio.

Dice el abogado Boffi Carri Prez, que tiene documentacin que prueba que cuando se iniciaron los juicios contra las juntas de comandantes en jefe en el ao 1984, el seor Etchecolatz envi cartas documentos y notas ponindose a disposicin de los Tribunales en ese momento; tiene documentacin que pide se adjunte al Tribunal. Esta afirmacin de supuesta
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Esta actuacin de hacerse pasar por enfermos o padecer descompensaciones forma parte de las estrategias para continuar en la condicin de prisin domiciliaria. Parece que est enfermedad terminal que se esgrima en 2006 no lo era tanto, a juzgar por las observaciones que hemos tenido de Etchecolatz 6 aos despus en el juicio Circuito Camps arengando a Cecilia Pando y sus seguidores, adems de realizar distintos tipos de seas y burlas al pblico presente en el mencionado juicio. 172 Las actas de las audiencias testimoniales y de las inspecciones oculares son producidas como parte de los materiales legales del juicio. El acceso a esta documentacin nos permite un anlisis especifico y privilegiado de la escena de justica; tambin sus relaciones con aquello que observamos en el registro audiovisual.

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predisposicin a presentarse a la justicia pretende morigerar las actitudes de Etchecolatz, pero tambin puede demostrar que, ante aquella situacin judicial, el juicio a los comandantes, lo tranquilos que se sentan los cuadros de la polica bonaerense respecto de su juzgamiento que eran capaces de presentarse ante una justicia, que de alguna manera ellos mismos consideraban no los encarcelara. Esta afirmacin se funda en que la argumentacin presentada preside el pedido para el cumplimiento de la prisin domiciliaria.

Y contina el abogado defensor diciendo que pide dos medidas que en forma urgente se revoque la resolucin por la que se dej sin efecto la prisin domiciliaria y se resuelva poner al Etchecolatz en la situacin que prev el art. 33 de la ley 24660 y se le hagan exmenes exhaustivos psquicos y fsicos, porque donde est se le agrava su salud, corre peligro su vida; los otros das tuvo un ataque de presin; el otro motivo es de tal gravedad que habr que ver si puede continuar estando a derecho; respecto del recurso tiene documentacin que prueba un hecho ocurrido mientras estaba en prisin domiciliaria, su casa fue atacada; esa horda de salvajes produjo quemaduras, una lesin a la seora de Etchecolatz, ste no es un hombre violento, llam a la polica hizo lo que tena que hacer, ni siquiera agarr un palo ni nada; la Presidencia requiere la fecha del hecho, haciendo saber la defensa que es del 4 de septiembre del 2005; la Presidencia hace saber que en tales condiciones no configurara un hecho nuevo. La argumentacin sigue en la lnea de configurar a Etchecolatz como una vctima no slo por su estado de salud, corre peligro su vida; sino porque su casa fue atacada por una horda de salvajes (sic).

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Aparece claramente desde las primeras audiencias una fuerte disputa, que contina en todas las escenas judiciales de todos los juicios por delitos de lesa humanidad en la actualidad en Argentina, respecto de la prisin domiciliaria o la crcel comn. Estas luchas simblicas y materiales exceden las caractersticas de la pena expresada desde el discurso jurdico. Ms bien atraviesan todas las luchas que se configuraron en torno al significante de juicio y castigo a los culpables. Mientras las defensas de los acusados, sean stas de preeminencia tcnica o poltica, comparten la estrategia de bsqueda de convencer, desde diversas argumentaciones, a los jueces para mantener la prisin domiciliaria; al mismo tiempo, es prioritario para las organizaciones querellantes conseguir que las penas se cumplan en crcel comn y efectiva.

Los testimonios en el juicio a Etchecolatz.

Las audiencias testimoniales comenzaron el 22 de junio y se extendieron hasta el 30 de agosto del 2006. En ese periodo tambin se dieron las inspecciones oculares. Los primeros testimonios del juicio, el 22 de junio de 2006, fueron los de Nilda Eloy, Emilce Moler y Mercedes Borra. Antes, como explicamos, se dio una serie de debates sobre una denuncia de un arma en poder de Etchecolatz, su detencin domiciliaria o crcel comn.

Nos cuenta Roco Lpez173, a mi me impact mucho los testimonios de los sobrevivientes. Para m, como periodista que recin estaba empezando, cubrir un juicio de esta envergadura fue muy
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Roco Lpez es Licenciada en Comunicacin Social y docente de la Facultad de Periodismo y Comunicacin Social de la Universidad Nacional de La Plata. Adems, trabaja como periodista en Radio Provincia y ha realizado la cobertura de todos los juicios por delitos de lesa humanidad/genocidio, que se han

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impactante; saber, a partir de sus protagonistas, lo que haba pasado en los centros clandestinos de detencin. Esa palabra de los sobrevivientes, aunque existieran cosas que se saban, parecan relatos nuevos. Pero adems estaba el cmo contarlo a la audiencia de una radio. Cmo relatar sin caer en el morbo ante la necesidad de que se haga pblico?

El rol de los testimonios, en la construccin de la escena de justicia en el juicio a Etchecolatz, es central desde el punto de vista de las materialidades que configuran ese juicio en tanto oral y pblico, adems de ser fundamental en la produccin de las pruebas que llevaran a la condena en el marco de un genocidio. La propia sentencia, en la fundamentacin de Carlos Rozanski, presidente del Tribunal, comienza el ttulo de Las Pruebas afirmando: Debido a la diversidad de hechos juzgados en este proceso y de vctimas de los mismos, las pruebas sern analizadas () debiendo tenerse en cuenta que algunos de los testigos constituyen prueba de varios casos simultneamente.

Dentro de la citada sentencia podemos observar, en la secuencia de sus argumentaciones, cmo se va constituyendo una manera de destacar a travs de las letras en negrita y con el adverbio SIC ciertas intervenciones de los testigos. Se configura entonces una referencia desde la literalidad, respecto de la verosimilitud a travs de los testimonios en las audiencias del juicio. De esta manera, en ms de cuarenta testimonios leemos la produccin de un conjunto de relatos que son claves para las pruebas, pero tambin son resaltados, afirmados y destacados en aspectos que exceden estas premisas jurdicas para ubicarse como reconstruccin de los hechos, como
realizado en la ciudad. En el caso del juicio a Etchecolatz, fue su primer trabajo de este tipo y estuvo presente en todas las audiencias testimoniales y en las inspecciones oculares. Es, en algn sentido, una testigo de los testigos, una observadora comunicacional de los actores en la escena, sus reflexiones sern de gran aporte para enriquecer nuestros anlisis.

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momentos de reparacin afectiva y simblica. Podemos observar en esta articulacin de lenguajes la diferencia entre declarar lo visto y narrar lo vivido como parte de una experiencia colectiva. Surgen entonces, momentos destacados de un relato nuevo por las nuevas condiciones de produccin de estas significaciones.

Como hemos trabajado quienes entendemos la comunicacin desde la cultura, podemos analizar /observar en este proceso desde la concepcin de Hall aquello de lo que nos habla Stuart Hall, cuando nos dice que, en el momento en que un evento histrico pasa a travs del signo del discurso, est sometido a todo el complejo de reglas formales por medio de las cuales el lenguaje significa. Para ponerlo paradjicamente, el evento debe convertirse en una historia antes de que pueda convertirse en un evento comunicativo.174 De esta manera, estas escenas testimoniales se convierten en historias dentro de un evento comunicativo. Relatos que en el resaltado sintetizan la desaparicin, la tortura, las caractersticas de los campos de concentracin, incluso hasta las dificultades, los obstculos de la propia narracin respecto de la experiencia vivida. Podemos observar entonces, cmo el juez Rozanski resalta en sus fundamentos, afirmaciones de testimonios como el de Nilda Eloy afirmando: que alguien te reconociera era volver a la vida (SIC). Emilce Moler, quien defini Arana como todo lo inhumano que se puede pensar: olor a sangre, gritos de tortura, hacinamiento (SIC). Atilio Gustavo Calotti afirmando respecto de su cautiverio que es una experiencia que uno no puede relatar y transmitir lo pasa en ese momento, el mundo se le cae encima y el dolor es insoportable (SIC). Adriana Calvo, que
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Stuart Hall, Codificar/decodificar En: Culture, Media, Language. Working Papers in Cultural Studies, 1972-79. Londres, Routledge & The CCCS University of Birmingham, 1996 [Unwin Hyman Ltd, 1980]. Hemos utilizado tanto la traduccin de Silvia Delfino como la de Alejandra Garca Vargas.

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aadi que de la investigacin de su organizacin surgi que Etchecolatz era uno de los pocos represores que se daban a conocer con su nombre en los campos de detencin (sic) y tambin que la libertad de algunos prisioneros era parte del plan represivo: pensaban que estaban destinados a hacer conocer el horror, si no hubiera liberados no se hubieran conocido los campos de concentracin (SIC).

En el mismo sentido, tambin en las argumentaciones de la sentencia, en el ttulo sobre la Responsabilidad, existe un punto que refiere y valora bajo el subttulo de El debate, los aportes de los testimonios en el juicio a Etchecolatz. Este punto comienza afirmando que, se escucharon en debate una cantidad importante de testimonios la mayora de los cuales han sido sintetizados al comienzo, introducindose adems algunos por su lectura en virtud de expresas disposiciones rituales con la conformidad de las partes y todo lo cual cabe remitirse en lo esencial a fin de evitar reiteraciones. En los testimonios, se escucharon dramticos relatos tanto de las vctimas sobrevivientes de esos hechos -Lpez y Eloy- como de otros testigos que si bien no integran la lista de vctimas de los delitos por los que Etchecolatz compareci a este juicio, han estado detenidos ilegalmente en distintos centros de detencin clandestinos. All, pudieron ver u or a quienes resultan vctimas de autos, tanto a los nombrados como a los que luego fueron asesinados. A esas declaraciones se agregan las de los familiares que relataron en las audiencias el calvario que debieron vivir a partir del secuestro de las vctimas de autos y de otros testigos que en su carcter de expertos o en virtud de su actividad han depuesto sobre puntos especficos solicitados, como el caso de integrantes del equipo de Antropologa Forense, quienes efectuaron un ilustrativo aporte al describir la metodologa -reconocida internacionalmente- desarrollada

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en el pas para identificar restos humanos. Ello permiti recuperar e identificar entre otros los restos de tres de las vctimas de autos, Elena Arce Sahores, Nora Livia Formiga y Margarita Delgado.

Dentro de la valoracin de los testimonios en trminos de construccin de las pruebas, pero tambin como relatos reparatorios, son resaltados los aportes de Adriana Calvo, quien adems de su situacin personal, sum en al debate el acumulado de aos de investigaciones, trabajos pormenorizados de bsquedas de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos, que junto a otras organizaciones de Derechos Humanos no cesaron nunca en sus luchas para romper la impunidad. As se lee en la sentencia que igualmente importante result el testimonio de Adriana Calvo, no slo acerca de las condiciones de detencin que ella misma padeci en los centros clandestinos, sino adems por el aporte que brind al debate al desarrollar la informacin respecto de los 29 centros de detencin distribuidos en 9 partidos del conurbano bonaerense y La Plata que integraron el denominado "Circuito Camps" en el que el imputado Etchecolatz tuvo un rol determinante175.

Por ltimo, Carlos Rozanski, en los argumentos de la sentencia rescata la verosimilitud, la veracidad de los testimonios y los documentos presentados, a los fines de construir la materialidad necesaria que va constituyendo las condiciones argumentativas para una condena en el marco de un genocidio. Esta construccin de verdad176, basada en gran medida en el

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Este material producido durante aos, a partir de las investigaciones de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos en general y de Adriana Calvo en particular, se suma al Anexo de esta Tesis, por considerarlo parte de los documentos histricos que han creado las condiciones de los presentes juicios. 176 Como hemos resaltado en el anlisis completo de la sentencia, en el ltimo captulo de este apartado, Carlos Rozanski cita a Michel Foucault desde la perspectiva del derecho como productor de verdad.

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valor de los testimonios, no fue cuestionada por ninguno de los actores que asistieron a las audiencias orales y pblicas de ms de tres meses, ni siquiera por los abogados defensores. De esta manera se llega a la contundencia de lo concreto, a aquello que en el plano jurdico se refiere como materialidad de los hechos. As lo expresa la sentencia: Tanto los testimonios de las vctimas directas de autos como del resto de quienes estuvieron detenidos en esa poca, as como de los familiares que comparecieron al debate y los expertos convocados, resultaron veraces ante el tribunal no siendo cuestionados por ninguna de las partes durante sus exposiciones. Dicho cuadro, sumado a lo sealado en cuanto al rol que el imputado asumi en la poca de los sucesos -donde se destaca su intervencin personal en secuestros y torturas-, brinda certeza tanto respecto de la materialidad de los hechos como de la autora y responsabilidad plena de Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Chicha Mariani en el juicio: 30 aos de bsquedas y testimonios.

En el juicio objeto de nuestro anlisis declararon ms de cien testigos, de los cuales por lo menos cuarenta y seis son tomados para la argumentacin de las pruebas en la sentencia y que, de alguna manera, son parte sustanciosa de la fundamentacin de la condena. En funcin de esta cantidad y aun habiendo sealado que de todos los testimonios surgen aportes, hemos decidido tomar algunos trazos de testimonios que pueden ilustrar aspectos que hacen a la mirada de esta Tesis. Incluso, cuando fuera posible, hemos conversado con sus protagonistas. Este es el caso de

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Mara Isabel Chorobik de Mariani, conocida como Chicha, presidenta de la Asociacin Anah y fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo en plena dictadura.

En la primera audiencia del juicio a Etchecolatz, el 20 de junio de 2006, Chicha Mariani se ubica en la escena de un modo singular. Ella haba asistido prcticamente a todas las audiencias de los Juicios por la Verdad, adems de garantizar y financiar su registro audiovisual. Su declaracin estaba pautada para el 5 de julio, pero ella necesitaba escuchar todos los testimonios posibles, todos los detalles, todas las palabras. Su vista casi no la acompaaba. Vea muy poco. Pero su odo estaba entrenado para escuchar, para descubrir aun en los fallidos alguna verdad que abriera posibilidades. Segn consta en el acta del Tribunal Federal Oral N1 de La Plata, su abogado, el Dr. Ramos Padilla, solicit la presencia en la audiencia de debate de la seora Chorobik de Mariani, fundando su pedido en el derecho que tiene la misma por tratarse de un debate oral y pblico, que el tratamiento de este juicio es por un caso de genocidio al que debe darse conveniente publicidad, que este juicio debe servir para que se sepa a travs de la Justicia que esta abuela est buscando a su nieta, puntualmente solicita que la seora Mariani est presente en todas las audiencias; que le resulta imprescindible que la misma est presente, no existiendo impedimento alguno, pues recin est citada para declarar el da 5 de julio pero entendiendo que la causa se encuentra dividida por casos y esa parte que representa no formular preguntas respecto de los dems casos, no existe problema de contradiccin respecto de dichos de la seora con otros testigos, en razn de ser su representada la primer testigo que debe declarar en la audiencia con relacin al caso Diana Teruggi; () las partes en su totalidad prestan conformidad para la permanencia en la sala de audiencias de la seora Chorobik de Mariani

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De esta manera, antes de su declaracin Chicha estaba en la sala desde la primer audiencia, desde el comienzo. Como nos cont, quera escuchar, porque en cada inflexin de voz, en cada palabra que se dice, o en algn fallido, uno va sacando conclusiones. Quera saber todo. Porque estoy acumulando todos los datos que he encontrado desde el 25 de noviembre de 1976, que fue al da siguiente del ataque a la casa. Desde ese momento guardo toda informacin que me llega. Tambin agrego aquello que capto, aun despus de haber perdido la vista, busco captar todo lo posible. Hay en esta actitud, en esta decisin subjetiva y colectiva, la configuracin de una prctica poltica y cultural. De alguna manera, existe incluso una idea de lo comunicacional, donde el escuchar implica considerar las inflexiones de la voz, las palabras que se dicen y hasta los actos fallidos, como reveladores, como puntos de partida de situaciones ms amplias. Chicha busca materiales en los indicios, en los giros lingsticos. Su profesin de profesora artstica en el Liceo Vctor Mercante, su obsesin por archivar todo lo que le interesaba se ha transformado en papeles, videos, recortes de diarios; quizs en uno de los ms grandes archivos que una Asociacin de la sociedad civil tenga respecto a la represin de la ltima dictadura en general y en La Plata en particular, incluidos registros nicos e inditos de causas judiciales. Encuentro en la lectura de algunas de estas causas cosas que nadie ha ledo, porque de ser as muchas cosas se hubieran acortado. Por ejemplo la declaracin de Camps ante el Consejo Superior Supremo en el ao 1984, donde, como est ante sus pares, dice muchas cosas que no se han vuelto a repetir en otros lados. En nuestra conversacin Chicha insiste con su modo de mirar la escena judicial desde lo comunicacional. Siempre se capta algo. Su definicin puede relacionarse con aquellas

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proposiciones de los autores de la llamada Escuela de Palo Alto que consideraban que si se acepta que toda conducta en una situacin de interaccin tiene un valor de mensaje, es decir, es comunicacin, se deduce que por mucho que uno lo intente, no puede dejar de comunicar. Actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre valor de mensaje: influyen sobre los dems, quienes a su vez, no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y, por ende, tambin comunican177. Pero tambin existe en el modo de escuchar que se configura desde las bsquedas, una atencin a los detalles, a lo que parece insignificante. Quizs en su tarea de profesora de aos en el Liceo de la ciudad de La Plata estn las caractersticas de esta manera de interpretar, escuchar, de mirar. Como en aquel cuento de Conan Doyle, Aventura de la caja de cartn, en el que se menciona a Edgar Allan Poe para explicar los razonamientos en base a los comportamientos de las personas. El mismo relato que Carlo Ginzburg utiliza para sus argumentaciones respecto de la importancia de cada indicio o detalle, el trabajo hermenutico que habilita la comprensin de una verdad ms opaca, ms velada a una observacin rpida. Como leer entre lneas, como mirar en los pliegues, como escudriar en las grietas. Como argumenta Paul Ricoeur, el testimonio nos conduce, de un salto, de las condiciones formales al contenido de las cosas pasadas (praeterita), de las condiciones de posibilidad al proceso efectivo de la operacin historiogrfica. Con el testimonio se abre un proceso epistemolgico que parte de la memoria declarada, pasa por el archivo y los documentos, y termina en la prueba documental178.

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Watzlawick, P., Bavelas, B. y Jackson, D. En: Teora de la comunicacin humana. Interacciones, Patologas y Paradojas. Herder. Barcelona. 1981. p.p. 49-71. 178 Paul Ricoeur, pag.209.

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El testimonio de Chicha.

La imagen muestra un paneo general. Las cmaras de la Comisin Provincial por la Memoria recorren el Saln Dorado, sala de audiencias. Entre vitrales y detalles barrocos aparecen los rostros de jvenes, hombres y mujeres que conversan entre s. Entre ellos el rostro de Nora Cortias, de Madres de Plaza de Mayo Lnea Fundadora, sentada en primera fila. Se ven abogados, fiscales, militantes de organismos de Derechos Humanos, periodistas que preparan sus cmaras y grabadores. Se observa algn tipo de expectativa, se nota en los rostros y en las miradas. El acta oficial del juzgado nos sita en la ciudad de La Plata, a los cinco das del mes de julio del ao dos mil seis, siendo las 11.15 horas, oportunidad fijada para la continuacin de la audiencia de debate en la causa N1 2251/06, caratulada: "ETCHECOLATZ, Miguel Osvaldo s/ privacin ilegal de la libertad, aplicacin de tormentos y homicidio calificado". Reanudamos el debatedice el juez Carlos Rozanski y pide que hagan pasar a Mara Isabel Chorobik de Mariani. Chicha entra despacio, con un paso cansino, acompaada de la secretaria del juzgado, con su bastn blanco en la mano. El pblico comienza a aplaudir. El aplauso sube su intensidad. Todos se paran. Los abogados querellantes se miran. Tambin se paran. La escena pre anuncia un testimonio y las condiciones de posibilidad del mismo. Pero tambin constituyen un homenaje en la propia escena de justicia. Los jueces no cortan los aplausos. Su contundencia y masividad hablan por las palabras. Chicha y sus luchas se hacen carne en aquella audiencia, la maana del 5 de julio de 2006. Ante el juramento y la aclaracin del juez respecto de que ella es vctima y querellante, contesta: --Voy a declarar diciendo la verdad como siempre. Y agrega casi una sentencia que

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da marco a su testimonio, son 30 aos de bsquedas, de detalles, de cosas para agregar a la justicia, esperando justamente eso: hacer justicia De entrada aclara que su relato estar ordenado en funcin de sus bsquedas, antes que en funcin del expediente jurdico. No me resulta fcil separar los casos (como hace la justicia). S que se juzga por la muerte de mi nuera Diana, pero no puedo separarlo de mi nieta, a quien ella salv con su vida; ni a los dems que murieron all, cuya sangre todava est en las paredes de la casa mezclada, tanto que no s cual es de quin Con sus primeras palabras Chicha muestra una manera de narrar su dolor, un modo de testimoniar que se vertebra desde sus luchas. Ubica los lmites de esa justicia. Pero la necesita, la busca, la pelea. Y remata con la metfora de la sangre mezclada de quienes fueron asesinados en la casa de calle 30 aquel da de 1976. Momento en el que su tejido qued en el mismo punto, a partir de cuando no se detuvo un instante buscando justicia y la restitucin de su nieta Clara Anah. En otra parte del testimonio, con un tono de interpelacin, se dirige a Etchecolatz, aunque l no est en la sala: Nadie ha tenido el coraje o la valenta de decir que han hecho con Clara Anah. Lo veo al comisario, al polica Etchecolatz, con el rosario. Yo le quisiera pedir que, en vez de rezar el rosario, alivie su conciencia diciendo dnde est Clara Anah, porque l sabe dnde est. Y sabe que mataron a Diana por su orden o por su mano. En el relato tambin se repasa este acto de testimoniar en Argentina y en el mundo. Vemos en el caso de Chicha una incansable luchadora que busca, que indaga, que testimonia. Yo me he presentado desde el ao 1977 en la OEA, en la Organizacin de Estados Americanos, donde tomaron el caso de mi nieta como el 2253 y en otro caso ped la incorporacin de todos los nios desaparecidos en Argentina.

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Su testimonio traspas tempranamente nuestras fronteras y as lo cont en el juicio a Miguel Etchecolatz: Prest testimonio en Naciones Unidas por mi caso y despus como presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo habl unas 14 veces pero sigo sin mi nieta, sigo sin el castigo de los culpables. Un momento que articula el relato testimonial con las narraciones que cuentan la historia argentina contempornea, puede encontrarse en su relato respecto a la restitucin de cerca de sesenta nietos/nietas mientras estuvo como presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Desde esta situacin, es vital como documento histrico la narracin respecto de cmo surge el trabajo de identificacin a travs del ADN, mtodo que hoy forma parte de las prcticas jurdicas ms amplias en el campo de la accin penal en el pas. Le en un diario local un artculo muy chiquito, que deca que se haba descubierto una manera de identificar en ausencia de los padres. Fue como si el cielo se abriera Justo estbamos por salir de viaje. Recorrimos el mundo, los centros cientficos, en universidades en Suecia, en Pars. En el banco de sangre de Nueva York un mdico nos dijo que s, que se poda. () En Washington estuvimos con gente para el avance de las ciencias; se ofrecieron y se dedicaron a investigar para ver cmo se poda demostrar la identidad con familiares en ausencia de los padres: hermanos, tos, primos, por investigacin del ADN; () finalmente obtuvieron los anlisis que necesitaban: vino un grupo de cientficos importantes, no se animaron ellas a hacerlo con Abuelas, habl con la CONADEP, habl con Sbato y los reciben ellos en la CONADEP, aportaron todo su conocimiento al Hospital Durand, para crear el Banco de Datos Genticos; adems se cre una ley

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Ral Alfonsn: el ltimo testigo del juicio.

La sala est colmada. Se ven personas, en su mayora hombres de saco y corbata, que no haban estado en testimonios anteriores. Tambin hay muchos periodistas. Es la ltima audiencia testimonial. El juicio estaba llegando a su fin. El comienzo tiene la particularidad de un pedido: Solicitamos al tribunal en representacin de Nilda Eloy que la testigo y querellantes piden retirar la guardia policial que tiene atrs, por la incomodidad que sta genera El juez le pide al personal policial que por favor se corra del lugar donde estn las querellas y sus abogados; el mismo estaba ah para impedir el ingreso de periodistas dentro del sector (permetro) donde se estn los abogados, fiscales, testigos, etc.. El juez hace una aclaracin de esa audiencia, respecto de que no debera alterarse el debate, porque si el debate es alterado debera desalojar parte de la sala, avisados, afirma. Las aclaraciones marcan una tensin. Se ven los rostros tensos de muchos de los integrantes de HIJOS entre el pblico. Los protagonistas de aquellas intervenciones sintetizadas en Si no hay justicia, hay escrache. por lo cual quedan

Entonces aparece otra aclaracin en la audiencia, parte sustanciosa de nuestros materiales de anlisis, respecto de que la filmacin completa de la audiencia se est realizando, por lo cual un juego de dicha filmacin va a ser incorporado al debate y si hay anuencia de las partes una copia de estas imgenes va a quedar a disposicin de las partes. Querellantes, fiscales y abogados defensores, aceptan que las copias de la filmacin estn a disposicin de las partes. Esta

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situacin, previa a la entrada del testigo a la audiencia, Ral Alfonsn, marca lo que puede parecer un detalle pero viene a convertirse en un dato significativo respecto de los alcances de la escena de justicia en general y del testimonio en particular. Precisamente 21 aos antes, en el juicio a los comandantes (cuando Rozanski realizaba los comentarios para Telemvil y Alfonsn era el primer presidente constitucional despus de la dictadura), las imgenes podan ser slo mudas, sin sonido y no ms de tres minutos. En este juicio, la filmacin la realiza la Comisin Provincial por la Memoria (desde su mirada miramos nosotros la escena) y este registro audiovisual puede estar a disposicin de todas las partes. El tribunal, con anuencia de las partes, habilita incluso la realizacin de copias. Una situacin ms donde se funda la materialidad de un acontecimiento emergente, de una situacin fundante y reconfiguradora en la relacin entre comunicacin, poltica y justicia.

Alfonsn ingresa como haban ingresado ms de cien testigos a esa sala, desde atrs del estrado de los jueces. Mientras realiza el juramento de rigor respecto a decir la verdad, se observa a los jvenes de HIJOS que se han parado y le dan la espalda. Esa es la primera escena de este testimonio. Sin palabras, le comunican a Alfonsn su opinin sobre sus polticas de derechos humanos.

En s misma, la declaracin de Alfonsn no tuvo grandes sorpresas, pero resulta paradigmtico que este juicio a Miguel Etchecolatz finalizara con este testimonio, especialmente por aquello que hemos analizado en detalle en la parte II. Los Juicios de esta Tesis, al historizar las luchas contra los intentos de convertir a la impunidad en elemento histrico hegemnico.

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El testigo, trascendente e insustituible respecto a su papel durante los primeros aos de la democracia argentina, ante las preguntas de Luis Boffi Carri Prez, abogado defensor de Etchecolatz, insisti en que tuvo que promulgar las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida por las "presiones militares" de la poca. "Los militares me hacan conocer la situacin de las fuerzas que comandaban y eso me haca suponer que era necesaria una solucin", afirm el ex presidente. Alfonsn (nico testigo de la defensa que qued en pie, puesto que Mara Isabel Martnez de Pern e talo Luder no pudieron comparecer) fue el responsable de la sancin de la ley de Punto Final, que, a fines de 1986, puso un lmite temporal a la posibilidad de perseguir penalmente a los responsables de los delitos perpetrados por la dictadura. Luego, en 1987, complet la tarea con la ley de Obediencia Debida, que impidi el juzgamiento del accionar de cientos de represores, amparndolos bajo la cadena de mandos a la que pertenecan, por considerar que slo cumplan rdenes de sus superiores. Esta situacin, convalidada y complementada luego por los indultos de Carlos Menem, se prolong hasta 2005, con la anulacin definitiva de ambas normas por parte de la Corte Suprema de Justicia, como planteamos en la parte II Los juicios, captulo 2. Alfonsn tambin quiso relativizar una vez ms el efecto que mencionadas leyes tuvieron sobre la posibilidad de hacer justicia por los crmenes del terrorismo de Estado ("nos atuvimos a la Constitucin Nacional", dijo); pero calific a los delitos que quedaron excluidos de esas leyes (la apropiacin de nios y el robo de bienes, entre otros) como meros "excesos" represivos. Cuando Guadalupe Godoy, abogada de la querella, le pregunt si realmente mantena el concepto de "exceso" en relacin a crmenes de lesa humanidad, el ex presidente visiblemente molesto, eludi una respuesta directa : "Yo adhiero a que en este momento se realicen los juicios que en

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esa poca era imposible realizar". A lo cual Guadalupe Godoy, respondi: "Esto de la 'posibilidad' es una apreciacin del testigo". El testigo tambin pareci incomodarse cuando la Fiscala lo interrog sobre el origen de las leyes de impunidad. "Yo no soy el imputado ac, no?", ironiz Alfonsn, aunque no logr arrancar risas entre el pblico.

Los testigos: prueba principal y humanidad lesionada

Como hemos sostenido, los testigos a travs de sus testimonios se convirtieron en parte sustancial de la construccin de las pruebas. No es este un problema de menor cuanta. En un juicio donde se juzgan hechos y responsabilidades, probar la acusacin es importante en la bsqueda de tal o cual tipo de sentencia/condena, adquiriendo singularidad lo que se est juzgando; en este caso: crmenes cometidos como parte de un genocidio.

Una de las problemticas a analizar en los juicios es la llamada valoracin de las pruebas. Guadalupe Godoy sostiene que una de las disputas que se producen en los juicios es el corrimiento de los parmetros habituales de valoracin de las pruebas para las causas donde se juzgan delitos de lesa humanidad en el marco de un genocidio. Con el comienzo de los juicios se dan situaciones singulares. Por ejemplo las personas que expresan su imposibilidad de seguir declarando, porque lo han hecho muchas veces, porque pasaron 30 aos, porque no quiero recordar ms. Esta situacin aparece tambin en la literatura en palabras de Laura Alcoba en La casa de los conejos, cuando afirma que antes de comenzar esta pequea historia, quisiera hacerte una

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ltima confesin: que si al fin hago este esfuerzo de memoria para hablar de la Argentina, de los Montoneros, de la dictadura y del terror, desde la altura de la nia que fui, no es tanto por recordar como por ver si consigo, al cabo, de una vez, olvidar un poco.179

No es habitual juzgar algo tan lejano en el tiempo. No es habitual escuchar testimonios de quien no puede hacer grandes descripciones, o que incluso no vio nada porque estaba encapuchado. Por esto, las preguntas habituales a cualquier testigo de un delito penal no pueden ser aplicadas linealmente en estas situaciones: cmo recordar el horror? Para qu recordarlo? Quin podra dar detalles minuciosos de algo que ocurri hace 30 aos? Cmo identificar a alguien que no se pudo ver, o apenas se vislumbr, y en las condiciones en que se lo hizo, luego de tanto tiempo?

Por otro lado, el poder judicial est habituado a juzgar al ejecutor que parece ser el ms condenable. Por esto, en el caso de los delitos juzgados, cmo trabajar la idea de la responsabilidad de quien planific y fue artfice del genocidio? Parte del problema surge del Juicio a los comandantes (1985) donde las bases quedaron asentadas al revs: all el autor es el ejecutor material, el resto son artfices, participaron. Es decir, ah se produce un debate respecto a la responsabilidad. Quizs la Causa 13 mirada desde el mundo es paradigmtica por ser uno de las primeras veces que se condena a los mximos responsables en su propio pas; pero vista desde los organismos gener mucha frustracin: las penas mnimas de miembros de las juntas, incluso con absoluciones, la teora de los dos demonios, las argumentaciones de los Decretos con los cuales se sustanci el juicio.

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Laura Alcoba, La casa de los conejos (pag. 12), ed. Edhasa, Buenos Aires, 2008. Traducido por Leopoldo Brizuela.

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Precisamente, en el Alegato de Justicia Ya! en el juicio a Etchecolatz se argumenta al respecto sosteniendo que la prueba testimonial adquiere un valor singular; la naturaleza de los hechos investigados as lo determina. La inmediacin de la recepcin de los testimonios, posibilitados por la oralidad, y la magnitud, coincidencia y seriedad del resto del material probatorio acopiado, obligan a reconocer su determinante validez probatoria en autos. No debe olvidarse que como ya han resuelto nuestros tribunales en otros precedentes anlogos, la declaracin testimonial es un medio de prueba que se privilegia frente a modos particulares de ejecucin en los que deliberadamente se borran las huellas, o bien se trata de delitos que no dejan rastros de su perpetracin, o se cometen al amparo de la privacidad. En tales supuestos a los testigos se los llama necesarios180. El valor suasorio de estos relatos estriba, como en autos, en el juicio de probabilidad acerca de la efectiva ocurrencia de los hechos que narran. Esa efectiva ocurrencia ya es parte acreditada de la historia argentina y el pueblo la conoce acabadamente y no necesariamente por procedimientos judiciales. En ese contexto histrico, los hechos de autos son una parte infinitamente menor pero, al mismo tiempo, muy significativa de los padecimientos sufridos durante la dictadura militar. Esta causa tiene el valor intrnseco de acreditar en forma indubitada los hechos imputados al reo de autos pero, adems, de probar la existencia de una metodologa premeditadamente impuesta para el exterminio. Por ello, los dichos de los testigos de autos, todos coincidentes, vienen a dar certeza definitiva a la abundante prueba preconstituida que sirve para corroborar sus referencias en cuanto a las

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En el anlisis de la sentencia producida en el juicio por el caso de Miguel Bru, encontramos tambin esta argumentacin sobre los testigos necesarios.

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detenciones ilegales, los tormentos padecidos y el homicidio agravado de algunas de las vctimas.

Marta Vedio, recordando el juicio a Etchecolatz, en el cual particip en todas sus audiencias, considera la singularidad de los testimonios por darse no slo 30 aos despus de los hechos, sino tambin por las caractersticas de haber sido vctima de un aparato clandestino. Para estos juicios, lo ms importante que queda es la voz del testigo. Aunque tambin es una reivindicacin poltica el testigo como prueba principal. Porque es recuperar a los compaeros que salieron de aquella experiencia, de aquella masacre y reivindicarlos en su propia voz y en su propio relato.

Como reflexiona Carlo Ginzburg181, las nociones de prueba y de verdad son parte constitutiva del oficio del historiador. () Un historiador tiene derecho a distinguir un problema all donde un juez decidira un no ha lugar. Es una divergencia importante que, sin embargo, presupone un elemento comn a historiadores y jueces: el uso de la prueba. Entonces, Ginzburg ubica los lugares que nosotros estamos analizando respecto al lugar del juez en la escena, en nuestro caso, Carlos Rozanski. El juez que dirige el interrogatorio de los acusados y de los testigos (donde las fuentes actan en vivo) se comporta como un historiador que confronta, para analizarlos, diversos documentos. Pero los documentos (los acusados, los testigos) no hablan por s solos

Por lo expuesto, la secuencia argumentativa respecto de cmo las vctimas, a partir de las cuales se condena a Etchecolatz, narran los llamados delitos de lesa humanidad es de suma
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Carlos Ginzburg, El juez y el historiador. Consideraciones al margen del proceso Sofri. (pag.22, 23 y 39).

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importancia para nosotros. En esta escena socio/judicial los testigos se configuran como representantes de esa humanidad lesionada. Esta fundamentacin, a partir de la cual, como dira Ginzburg, para hacer hablar a los documentos es preciso interrogarlos plantendoles preguntas adecuadas, nos parece de una singularidad y una contundencia tal que los transcribimos en gran parte. Los fundamentos, argumentados en la sentencia, se van hilando, se van constituyendo en una trama que muestra la propia construccin del juicio a Miguel Etchecolatz y las condiciones jurdicas, culturales y testimoniales que constituirn la condena por genocidio.

Como habilita la sentencia: Si bien la lesin a la humanidad provocada por los hechos aqu investigados resulta obvia, es conveniente releer aquellos testimonios sintetizados al comienzo para tener clara esa obviedad

Este trabajo sobre la obviedad trabaja desnaturalizando un discurso. Como resalta Stuart Hall, la realidad existe fuera del lenguaje, pero es mediada constantemente por y mediante el lenguaje: y lo que podemos saber y decir tiene que ser producido en y a travs del discurso. Desde esta mirada, los signos parecen adquirir su valor ideolgico completo parecen ser abiertos a articulacin con discursos y significados ms amplios en el nivel de sus significados asociativos (esto es, en el nivel connotativo) hasta aqu significados no estn fijados aparentemente en la percepcin natural (esto es, no estn completamente naturalizados) y su fluidez de sentido y asociacin puede ser ms explotada y transformada. Entonces, es en el nivel connotativo del signo que las ideologas situacionales alteran y transforman la significacin. En este nivel podemos ver ms claramente la activa intervencin de las ideologas en y sobre el

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discurso: aqu, el signo se abre a nuevas acentuaciones y, en trminos de Voloshinov (M. Bajtin), entra completamente en la pelea por los significados la lucha de clases en/por el lenguaje.

Desde esta lgica contina la sentencia demostrando con situaciones concretas cmo se puede deconstruir la significacin de un delito de lesa humanidad a partir de los testimonios en el caso especfico del juicio a Etchecolatz.

Cada una de las vctimas de autos, tanto las sobrevivientes -Lpez y Eloy-, que pudieron estar en debate testimoniando el horror que padecieron, como aquellos de los que slo se pudo saber a travs de otras vctimas que compartieron su martirio, representan a la humanidad lesionada. De los primeros, Jorge Julio Lpez preguntando al tribunal si tena que mostrar su cuerpo quemado por la tortura, aquella que hace 30 aos supervisara en persona Miguel Osvaldo Etchecolatz y contando, adems, acongojado, entre muchas otras cosas, cmo fueron brutalmente asesinados Patricia Dell'Orto y Ambrosio De Marco. Junto a l, Nilda Eloy relatando cmo desde el 1 de octubre de 1976 hasta principios de 1979 la trasladaron a seis centros clandestinos de detencin siendo torturada, vejada y degradada en cada uno de ellos tanto desde lo espiritual como desde lo fsico (lleg a pesar 29 kilogramos), con la naturalidad y el desprecio por el tejido vivo con que slo los hombres ms crueles pueden actuar. Respecto de aquellos que fueron asesinados, Alfonso Mario Dell'Orto narrando cmo su hija luego torturada y muerta brutalmente-, era sacada de su hogar simplemente porque un secuestrador pregunt "sta debe ser la esposa, que hacemos?" y le contestaron "tambin la

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llevamos" (SIC). O cmo lo tuvieron 23 aos yendo de un lado para otro sin decirle que no buscara ms porque su hija haba muerto. Las tres enfermeras Arce, Formiga y Delgado que en sendos secuestros fueron arrancadas de sus hogares para, luego de una simulada libertad, ser asesinadas por una certera bala que destruy su masa enceflica. Las tres mujeres enterradas luego como NN en el Cementerio de La Plata donde el Director de entonces -Comisario Carlos Alberto Cianco- que, segn declar en el debate, sin haber tenido experiencia ni idea alguna sobre cmo se diriga un cementerio, fue nombrado en el cargo ms alto de ese lugar por Ramn Camps por "su honestidad" (SIC). El mismo que afirm que "los aos que estuvo como Director "nunca vio nada raro" (SIC). Los huesos de las tres mujeres esperaron 24 aos para dejar de ser NN y -contra la previsin de sus asesinos-, poder ser entregados a sus seres queridos. La joven madre Diana Teruggi, asesinada mientras protega a su beba Clara Anah en presencia de Miguel Osvaldo Etchecolatz, que fuera luego felicitado por el Coronel Ramn Camps por haber encabezado el brutal ataque que termin con su vida. La abuela de Clara Anah Mariani relatando los 30 aos de bsqueda de aquella beba a quien al da de hoy le sigue festejando el cumpleaos. Se agrega adems el relato de los restantes testigos que, con su dolor a cuestas, y relatando su propio martirio, comparecieron a juicio y ayudaron a reconstruir aquellos hechos por los que Etchecolatz es hoy condenado, al tiempo que efectuaron un invalorable aporte al contexto en el que dichos hechos tuvieron lugar y cuya comprensin, como se dijo al comienzo, resulta imprescindible para aproximarse siquiera a la dimensin del drama que atraviesa esta causa. Valga slo a modo de ejemplificacin -dada la remisin efectuada-, recordar cmo se ensaaban con Emilce Moler porque era tan joven y flaquita que se le salan las esposas o aquellos casos en

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que las vctimas tenan que defecar sobre alguna ropa para que sus excrementos lquidos por las descomposturas no se extendieran por el piso sobre el que dorman por turnos.

Para terminar estas argumentaciones, la sentencia resalta que banalizar de cualquier manera o bajo cualquier intento de justificacin la degradacin producida en las vctimas es en s mismo un acto de brutalidad insoportable. Ya que se trata de hechos criminales cometidos por individuos que si bien por momentos parecen alejarse de la condicin humana, son lo suficientemente "humanos" en trminos jurdicos como para estar sentados ante un tribunal, ser imputados y como en el caso de Miguel Etchecolatz, condenados a perpetuidad por la justicia de otros humanos.

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III CAPITULO 4.

EL GENOCIDIO: ENTRE EL CLAMOR POPULAR Y LA VERDAD JURIDICA.

En la reconstruccin que implica el juicio, cuando vos ests mirando la escena, ests escuchando los testimonios y los alegatos, te acords lo que es el genocidio Carlos Rozanski

Los alegatos: entre el genocidio y la guerra.

El Alegato de Justicia Ya: argumentaciones para condenar por genocidio.

Los alegatos de las querellas se expusieron el 18 de septiembre de 2006. Lpez ya no lleg a esa audiencia. El no estar presente signific un duro debate en la escena de justicia. Ocurri que gran parte de los querellantes no haba dado un poder a sus abogados para que acten en su nombre, sino que eran patrocinados por los mismos. Por esta razn deban estar presentes en el juicio para determinadas acciones judiciales. Ante la ausencia de Lpez, dos de los seis abogados que deban alegar por el colectivo Justicia Ya se vean impedidos de hacerlo. Pese a las miradas reprobatorias, los letrados querellantes ocuparon sus sillas y al iniciarse la audiencia pidieron autorizacin para alegar, no en nombre de Jorge Julio Lpez, sino de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD).

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Tomamos de las querellas slo el alegato unificado en Justicia Ya182 por considerarlo un documento histrico de produccin colectiva, en cuanto un acumulado histrico, desde el que se pidi condena por genocidio. Por esta razn est completo en el Anexo de la presente Tesis.

Resaltamos algunas caractersticas que nos parecen centrales respecto de nuestro anlisis. En principio el Alegato expone desde qu mirada se produce, quines lo leern, por qu hechos se juzga a Etchecolatz y por qu se pide la calificacin de genocidio: En este primer juicio desde la declaracin de la nulidad de las leyes de impunidad que rigieron por aos en el pas, en representacin de las querellas: 1) Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos, 2) Nilda Emma Eloy Alegaremos uno a continuacin del otro los siguientes abogados: 1) Myriam Bregman, del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos CeProDH 2) Fernando Molinas, de Liberpueblo 3) Guadalupe Godoy, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre 4) Liliana Mazea, de Fundacin Investigacin y Defensa Legal Argentina FIDELA 5) Liliana Molinari, del Comit para la Defensa de la Salud, la tica y los Derechos Humanos (CODESEDH) 6) Vernica Bogliano, de la Agrupacin HIJOS, Regional La Plata

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Desde los querellantes tambin estuvo el alegato de APDH que solicit otro tipo de calificaciones, pero hemos decidido analizar el de Justicia Ya, que en esa circunstancia represent a la AEDD y a Nilda Eloy, ante la ausencia de Lpez, y por ser ste el que solicita la condena por genocidio, circunstancia que interesa a nuestros anlisis.

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Los hechos por los que fue indagado el imputado Miguel Osvaldo Etchecolatz y que se ventilaron en este proceso oral son: 1) Homicidio Calificado de Diana Esmeralda Teruggi; 2)Privacin ilegtima de la libertad, aplicacin de Tormentos y Homicidio Calificado de Ambrosio Francisco De Marco y de Patricia Graciela DellOrto de De Marco; 3) la Privacin ilegtima de la libertad, aplicacin de Tormentos y Homicidio Calificado de Elena Arce Sahores, Nora Livia Formiga y Margarita Delgado; 4) y la Privacin ilegal de la Libertad y aplicacin de Tormentos a Jorge Julio Lpez y Nilda Emma Eloy. Se demostr que el ex Comisario de la Polica Bonaerense Miguel Osvaldo Etchecolatz debe responder penalmente por ellos.

As se llega al punto que nos interesa cuando se afirma que en base a esos mismos hechos y a nuestras convicciones, venimos a solicitar un cambio de calificacin, exigimos que se lo condene por el delito de genocidio () que se desarroll en Argentina como parte de un proyecto econmico, poltico y social que tena como objetivo cambiar la estructura econmica, social y poltica del pas.

El alegato argumenta en torno a esta afirmacin y utilizando los testimonios y toda la prueba producida en el juicio se pregunta: Por qu no fue como tantas veces slo una dictadura represiva y fue un genocidio?

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Para responder: Porque no slo se plane la aniquilacin de una fuerza social sino tambin la destruccin de relaciones sociales en el conjunto de la sociedad a la cual va dirigido. Si el objetivo en la Argentina hubiese sido, como en otras dictaduras, la represin concreta de un grupo poltico determinado y bien identificado, hubiese sido una dictadura represiva, un Estado terrorista, pero no hubiese implicado adems una prctica genocida y probablemente sus efectos no se hubiesen prolongado a tal nivel en el conjunto de la sociedad. La dictadura se propuso aniquilar una cantidad de gente muy superior a los miembros de las organizaciones armadas de izquierda. Para la teora de los dos demonios esto implic una lgica de la irracionalidad, mataban a cualquiera. De ningn modo era cualquiera y tampoco eran slo los miembros de las organizaciones armadas. Era, justamente, el conjunto de quienes desarrollaban prcticas de articulacin social, de solidaridad, en muy diversos espacios: barrios, centros de estudiantes, sindicatos. El genocidio quera terminar con esas relaciones y que se vean como ejemplo a retomar en el futuro, que no sea vista como una prctica una relacin social interesante para repetir. A cualquiera no se lo puede emular. La identidad de aquellos sujetos aniquilados, el tipo de relacin social que encarnaban, que es lo que intentaba destruir el genocidio, ni siquiera puede ser recuperada porque queda hasta negada en la posibilidad de recordarse. La caracterizacin del genocidio como la guerra entre dos demonios o como producto de la locura y de la irracionalidad de los represores, o cualquier otra que lo desvincule de los procesos histricos que motivaron su implementacin y que oculte su funcionalidad como prctica social, tienen como principal objetivo DESAPARECER TAMBIEN los proyectos, los

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ideales de los represaliados y las formas organizativas con las que luchaban por hacerlos realidad.

En el mismo sentido se agregan argumentaciones que dan cuenta de la continuidad de las prcticas sociales genocidas en la actualidad: una durante la dcada del neoliberalismo y sus polticas contra los trabajadores; otra en la situacin de la polica que contina con la tortura y la muerte como dispositivo de control social183.

As se expresa en aquel alegato ledo el 18 de septiembre de 2006: Muchos de los objetivos polticos del golpe se han cumplido y persisten en el tiempo por ms de 30 aos. La dcada del 90, con sus consecuencias de despidos y flexibilizacin laboral, se encuentra all para dar un pattico ejemplo de hasta qu punto la destruccin de una parte del grupo nacional tuvo consecuencias en el desarrollo econmico social y poltico post genocida. Por eso para nosotros este cambio de calificacin es fundamental, no es una cuestin del pasado. Y en relacin con la actualidad, podemos destacar que cuando llegamos a efectuar la inspeccin ocular a la Brigada de Lans, con asiento en Avellaneda, CCD conocido como El Infierno, la polica estaba golpeando a los detenidos.

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Esta afirmacin la observaremos en el anlisis del apartado sobre Miguel Bru y las d esapariciones en democracia; tambin en nuestras citas y referencias a los Informes anuales del Comit Provincial contra la Tortura de la Comisin Provincial por la Memoria. La CORREPI produce estadsticas y evaluacin que dan cuenta de la continuidad de estas prcticas en todas las policas del pas, especialmente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza.

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As tambin, en la inspeccin ocular a la Comisara 5ta184 se vio claramente el problema que aqu estamos planteando. Mientras inspeccionbamos el lugar en el marco del juzgamiento de la matanza de hace 30 aos, una nueva masacre ya haba ocurrido en el lugar hace apenas 8 aos, con la muerte de 5 jvenes. En el mismo lugar, por la misma institucin, tal vez bajo las mismas botas. Por eso terminar con la impunidad es para nosotros una tarea del presente.

Es importante desde nuestros anlisis, situados desde el campo comunicacional, extraer del citado Alegato las fundamentaciones respecto de cmo se va configurando el discurso genocida. De esta manera, el obrar genocida contiene, como vemos, un componente semntico: el represor nomina a quienes sern sujetos pasivos de ese obrar. Y como no puede establecer una identidad en base a la biografa concreta de cada ser humano, genera vnculos colectivos de identificacin y estigma. En este sentido, se torna bien interesante sealar el discurso de los propios represores. El dictador Viola, por ejemplo, defini a la subversin como toda accin clandestina o abierta, insidiosa o violenta que busca la alteracin o la destruccin de los criterios morales y la forma de vida de un pueblo, con la finalidad de tomar el poder e imponer desde l una nueva forma basada en una escala de valores diferentes. Podramos tomar tambin las declaraciones del general Videla, definiendo a su "enemigo": " un terrorista no es solamente alguien con un revlver o una bomba sino cualquiera que difunda ideas que son contrarias a la civilizacin occidental y cristiana". En las 300 declaraciones recopiladas en poco ms de un ao del peridico La Gaceta de Tucumn, todas hacen referencia a la necesidad de

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Este relato de la Comisara 5ta como Centro Clandestino de Detencin nos permitir una serie de relaciones con el veredicto y la sentencia por Miguel Bru, donde encontramos que en el mismo juicio se conden a los policas por las torturas a Roberto Daz, realizadas por los servicios de calle que durante gobiernos constitucionales actuaban en La Plata tanto en la mencionada dependencia policial, como en la Comisara 9na.

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erradicar, exterminar y/o aniquilar al mal, a la infamia fornea, extranjerizante que amenaza a los verdaderos argentinos, a los valores cristianos y a la argentinidad. Lo que se desprende de estas declaraciones, que ayudan a ilustrar lo que estamos sosteniendo, es cmo el discurso eliminador por peligrosidad oper en la demarcacin de ese sujeto colectivo (la subversin), que deba ser aniquilado o exterminado en beneficio de un supuesto sistema de vida occidental y cristiano que los integrantes del grupo, segn ellos, no sustentaban. As se fueron conformando por los perpetradores del genocidio argentino los grupos nacionales a destruir. Ellos estigmatizaron a un inmenso grupo humano formado por mltiples subgrupos, integrados por nacionales argentinos, pero tambin espaoles, paraguayos, etc. Vctimas de ms de 30 nacionalidades distintas que conformaban agrupamientos humanos dentro de la Repblica Argentina y que formaban parte del grupo nacional como establece la Convencin sobre el Genocidio. De esta manera, se entra en el meollo de la cuestin en cuanto a que lo expuesto hace evidente la diferencia que existe entre el genocidio como crimen especfico de lesa humanidad y el crimen contra la humanidad considerado en forma genrica. ste se caracteriza por ser cometido en el marco de un ataque generalizado o sistemtico contra la poblacin civil. La intencin del represor es delinquir contra mltiples individuos. Estos, los individuos, son los sujetos pasivos del delito. En el genocidio, ese sujeto pasivo es el grupo y sus miembros que son objeto de exterminio en cuanto miembros de tal grupo.

El alegato de Justicia Ya! termina solicitando la pena y valorando la situacin en tanto proceso histrico respecto de las luchas contra la impunidad en nuestro pas.

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Seores Jueces, ustedes tienen la responsabilidad histrica185 de poner fin a la impunidad por tantos aos prolongada. Es por ello que en nombre de las vctimas de este juicio, de sus casos, y de todos aquellos que han sido nombrados durante las audiencias, resulta evidente que no puede caber otra pena para el imputado Miguel Osvaldo Etchecolatz que la de reclusin perpetua. () Estamos convencidos que, luego de tantos aos de bsqueda infructuosa de justicia, resulta imperioso comenzar de una vez por todas a llamar a las cosas por su nombre186, y a juzgar los hechos de acuerdo a su verdadera naturaleza: al genocida, genocida

La defensa de Etchecolatz: entre la guerra y la descalificacin de los testigos.

En tanto, los alegatos de los defensores de Miguel Etchecolatz fueron ledos en la maana del 19 de septiembre de 2006. Sus argumentaciones se centraron en el concepto de hechos de guerra y sobre el rol de los testigos en relacin a las generales de la ley, quienes fueron puntualmente descalificados. Es significativo cmo la estrategia de la defensa pone nfasis en dos ejes discursivos, sostenidos por Etchecolatz an en sus primeras palabras (aunque luego se niega a declarar): por un lado consideran que el juzgamiento debe ser sustanciado por tribunales militares, ya que consideran que existi en el perodo por el cual son juzgados una guerra 187; y

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Tal como analizamos en el captulo 4 de la parte II de esta Tesis, los jueces son interpelados por el momento histrico, tensionando su rol y los alcances del mismo. 186 La nominacin, el nombrar, parece ser la herramienta que comienza a destrabar, a abrir las nuevas concepciones de esta relacin emergente entre poltica, justicia y comunicacin. 187 Esta idea de la existencia de una guerra no es slo desarrollada por los militares y civiles acusados por delitos de lesa humanidad; tambin hay otros actores sociales que lo expresan, incluidos sectores eclesiales, comunicadores y periodistas, e incluso militantes de organizaciones guerrilleras durante la dcada del 70. Un anlisis especfico incluso del desarrollo del significante guerra en distintas ciudades de nuestro pas lo he analizado comparando estas configuraciones entre Tucumn y La Plata a partir de mis observaciones y en base a los trabajos del antroplogo Alejandro Isla sobre la ciudad nortea.

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por otro lado, que se trata de juicios polticos en el sentido que afirmaban que no se buscaba condena, sino venganza. En este punto, es muy til sumar el trabajo realizado por Cintia Gonzlez Leegstra 188, como estudio comparativo de las estrategias de las defensas en la Causa 13 y en el juicio a Etchecolatz. En las conclusiones la autora afirma que puede destacarse un importante punto de continuidad entre las defensas del juicio a las Juntas y la defensa del juicio a Etchecolatz: el argumento de la existencia de una guerra. ()No se encuentran puntos de ruptura significativos en el discurso de los actores militares, si bien el contexto histrico poltico ha cambiado notablemente de un juicio al otro. Sin embargo, estos sujetos que sostienen que han vencido en el terreno de las armas y que estn perdiendo en la arena poltica, no desarrollan actualmente, ni lo hicieron en los ochentaestrategias unificadas en los juicios por delitos de lesa humanidad. Unos recurren a defensas polticas; otros, a defensas tcnicas. Unos buscan abogados defensores; otros aceptan los defensores oficiales. Si bien organizaciones de familiares y amigos buscan disputar los sentidos de la ltima dictadura en la escena pblica, estos vencedores vencidos actan individualmente a la hora de enfrentar a la justicia en estas nuevas escenas.

Para Guadalupe Godoy, puede identificarse dos tipos de defensa de los acusados. Abogados defensores ideolgicamente convencidos y que, por convencidos tambin entienden que el alcance de las situaciones supera lo jurdico, por lo cual optan por una defensa poltica como en el caso de Etchecolatz. Y otros, los subalternos en general, con defensas que pretenden ser tcnicas, que suelen ser abogados que defienden a policas en actividad actualmente y que
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Cintia Gonzlez Leegstra, Vencedores vencidos: las estrategias de las defensas de los ex comandantes y de Miguel Etchecolatz en los juicios por delitos de Lesa Humanidad. IV JORNADAS DE HISTORIA POLTICA. Baha Blanca / 30 de septiembre y 1-2 de octubre de 2009.

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suelen estar desacomodados ante una escena de la justicia penal que no les resulta habitual, ni ordinaria. Como afirma Daniel Feierstein, los represores en general se han quedado con el discurso de la guerra, mientras nosotros estamos atravesados por tensiones entre la definicin de lesa humanidad o genocidio. Est claro, que ellos no han avanzado en sus estrategias de defensa, lo cual indica una disminucin en su usina ideolgico jurdica.

Los abogados de Etchecolatz slo solicitaron la declaracin de 3 testigos que ocuparon la presidencia constitucional del pas: Ral Alfonsn, presidente entre 1983 y 1989; Mara Estela Martnez de Pern, presidenta entre 1974 y 1976; e talo Luder, quien ocup provisionalmente la presidencia durante un lapso breve en 1975. Pero mientras que la defensa tuvo que desistir de los testimonios de Luder y Martnez de Pern ambos enviaron notas desde el exterior, aduciendo problemas de salud para viajar a Argentina, la declaracin de Alfonsn sigui en pie, pues no haba ninguna circunstancia que le impidiera comparecer ante los jueces, tal como lo analizamos anteriormente.

Con el pedido de estos testimonios, los abogados Boffi Carri Prez y Casabal Elas dejaron en claro su estrategia de defensa: intentaban amparar a Etchecolatz bajo el concepto ya superado de la "obediencia debida. Asimismo, pretendan que Isabel Martnez de Pern e talo Luder declararan sobre el decreto de "aniquilamiento de la subversin" de octubre de 1975, y a Alfonsn para que hable sobre la sancin de la leyes de Punto Final y de Obediencia Debida entre los aos 1986 y 1987. El planteo de defensa de Etchecolatz no se modific respecto de todas las veces en que tuvo que presentarse ante la Justicia. El represor esgrimi una y otra vez este ar gumento de obediencia

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debida (adems de la idea de guerra), en diferentes causas sobre crmenes de lesa humanidad, quizs recordando que fue gracias a esa ley que pudo eludir por lo menos hasta el ao 2004 la condena a 23 aos de prisin que le dict la Cmara Federal de Capital Federal en 1986, en el marco de la llamada "Causa Camps (44)".

A quin le habla Etchecolatz?

Como dijimos, la estrategia de Etchecolatz y sus abogados defensores se mantuvo en gran medida en un lugar de preeminencia poltica. Sus caractersticas no priorizaban cuestiones de la tcnica jurdica, sino que ms bien intervenan con discursos dirigidos directamente a considerar la escena como un escenario de disputas por los sentidos sobre aquello que se abordaba. De alguna manera, era para ellos una continuidad de la guerra. Desde esta perspectiva, nos parece relevante analizar la ltima intervencin hablada de Miguel Etchecolatz en el juicio. Es el cierre de las audiencias de debate, la ltima audiencia; donde al acusado se le otorga el derecho de una ltima palabra....

--Ud. tiene la posibilidad de agregar algo si as lo desea, va a agregar algo?, pregunta el juez Rozanski. Mientras Etchecolatz se acerca a la silla donde han declarado todos los testigos, el juez Rozanski, a partir de situaciones que haban ocurrido al principio del juicio, aclara: --Quiero aclararle las caractersticas de este acto. No es una declaracin suya, porque ha habido una oportunidad y ha terminado la misma, respecto que Ud. podra haber declarado al

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comenzar el debate o a lo largo del debate. En esta ocasin, terminados los alegatos, la nica posibilidad que tiene es la de agregar algn concepto, si quiere hacerlo. Pero debe saber y espero haya entendido claramente, que no se tratar de una declaracin. Me comprende eso?... Etchecolatz, responde -- Yo simplemente seor presidente quiero hacer una relacin de todo este proceso que he tenido que sufrir, simplemente eso. Creo que estoy en lo cierto respecto de eso El juez repite: --Existe un impedimento procesal. Porque ya le expliqu, si no le han explicado sus abogados, que en esta instancia del juicio no hay posibilidades de hacer declaraciones. Solamente el Cdigo establece, como se denomina, la ltima palabra. Esto en la prctica e s un comentario, pero de ninguna manera es una crtica del juicio llevado a cabo, o una valoracin de la prueba, o todo aquello que usted podra haber hecho en la etapa en que se le ofreci; y usted se ampar en el derecho constitucional de no declarar

Pero Etchecolatz, insisti Quera hablar del juicio y, aunque el propio juez le aclaraba el impedimento legal de realizar una sntesis, que se convertira en un alegato en su favor y en contra de la escena donde estaba siendo juzgado. El problema era el juicio y sus caractersticas.

--No voy a hablar de hechos puntuales, sino de lo que yo he obtenido del resumen de toda la actuacin procesal. () En principio debo exponer mi doble condicin de prisionero de guerra y detenido poltico. Me expreso ante Uds. que son los jueces y son obedientes a los que mandan Este juicio para m, Sr. Presidente, ha sido instrumentado como un rompecabezas para nios bobos o bien para grandes avivados. Yo s que Uds. me van a condenar. Y s tambin que no

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tendrn vergenza de condenar a un anciano enfermo, sin dinero, sin poder. Pero como dijo Borges: Uds. no son el juez. El juez supremo nos espera despus de muertos; por eso le pido que sea benvolo con todos nosotros. Y como dijo el General Palafof: no s rendirme, no s claudicar. ()

La declaracin que no tena que ser, estaba siendo y se converta en un discurso estudiado, pensado. Las metforas del rompecabezas, su supuesta condicin de detenido poltico, su alusin a la guerra, pero tambin las citas de Borges, detonan la construccin de esta escena para disputar hasta el ltimo minuto. El discurso de Etchecolatz contina y hasta se expresa en actos fallidos, en los cuales, an con la preparacin previa de la intervencin, pareca que ni l mismo poda ocultar algunas de las verdades que intentaba negar o descalificar.

--Se me ha tomado a m como participante de una guerra que perdimos con las armas perdn que ganamos con las armas y que polticamente vamos perdiendo.

El juez Rozanski lo interrumpe para volverle a recordar: --Cuando a usted hace 3 meses, al inicio del juicio, se le ofreci declarar y se neg y dijo que no iba a declarar, luego de decir eso comenz a explicar las razones por las cuales no iba a declarar, porque desconoca el tribunal. Yo le hice saber, le recuerdo, que la posibilidad de ampararse en el derecho constitucional de no declarar no inclua la posibilidad de explicar porque no iba a declarar. () No puede usted ingresar en ningn tipo de anlisis como el que est haciendo

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Entonces el acusado vuelve a insistir y aparece de nuevo otro acto fallido, otra demostracin en esas palabras involuntarias que salen ms all de la voluntad de quien las dice, cmo surgen otras verdades de quien pretende deslegitimar, obturar o clausurar la escena con sus reflexiones. Entonces Etchecolatz, ensayando un cuestionamiento al tribunal y amparndose en la Constitucin Nacional, dice: --Yo no podra decir cmo se estn vulnerando los altos testimonios que se estn cometiendo Reconoce an sin darse cuenta, que son en alguna medida los altos testimonios aquellos que han configurado su condena. Por eso quizs, su cierre es el que llama la atencin sobre cmo consideraba el alcance de esos testigos, quienes haban dado detalles precisos de su accionar represivo. Su amenaza y los modos de expresarla retumban en nuestras luchas contra la impunidad en sus variadas manifestaciones. --Por ltimo, Seor Presidente, no es este tribunal el que me condena, son ustedes los que se condenan Nada ms

Condena histrica y desaparicin.

Luego de 25 audiencias y la declaracin de 133 testigos, la tarde de ese 19 de septiembre de 2006, el Tribunal ley la sentencia (sin los fundamentos)189: condenar a reclusin perpetua en crcel comn () en el marco de un genocidio.
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Esta prctica implica que el Tribunal primero da a conocer en el marco del juicio oral y pblico cul es la sentencia y das ms tarde entrega a quienes fueron parte del juicio los fundamentos de dicha sentencia. Ante la desaparicin de Jorge Julio Lpez, particularmente no se entreg formalmente las argumentaciones que

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Jorge Julio Lpez, testigo y querellante en el juicio, nunca lleg a escuchar la condena. Su desaparicin gener en los primeros das sensaciones contradictorias, que iban de la alegra del castigo ejemplar a Etchecolatz como uno de los responsables de miles de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones, al estupor que provoc la ausencia del testigo. En este contexto, previ a la lectura de la sentencia, se convirti en singular el momento en que el Tribunal da la posibilidad a Etchecolatz de hablar antes de la sentencia (derecho que tiene todo acusado), y donde ste, como analizamos, se plante en una serie de frases que llaman la atencin respecto de los alcances de las mismas: Ustedes estn condenando a un viejo sin dinero y sin poder. () No es este tribunal el que me condena, son ustedes los que se condenan190.

El alcance de la condena a Etchecolatz fue indito: cadena perpeta a cumplir en crcel comn por delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio que se llev adelante en nuestro pas entre los aos 1976-1983191. Esta condena fue ratificada en marzo de 2009 por la Corte Suprema de Justicia de la Nacin. Como expresa un comunicado de la organizacin Justicia Ya que transcribo por la claridad de lo expresado en cuanto al alcance de la condena: El fallo, que lo identifica como uno de los

sostenan en este caso la condena, sino que se volvi a abrir el juicio en forma oral y pblica apenas unos das despus, para la lectura de los fundamentos. De esta manera, ese momento se constituye en una escena de justicia singular que da pertinencia y sentido a nuestro estudio sobre este juicio en relacin a otros juicios de similares caractersticas. 190 Se puede observar esta escena en el documental Un claro da de Justicia realizado por la Comisin Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires. 191 Rozanski, Carlos Alberto: Extracto del Veredicto Causa NE 2251/06 en Condena al Genocida Etchecolatz. Un fallo histrico, Buenos Aires, CTA y LADH, 2007. Y de la sentencia completa en el juicio a Miguel Etchecolatz firmada por los jueces Carlos Alberto Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio A. Insaurralde en septiembre de 2006.-

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responsables de ese genocidio, no modifica la cantidad de aos de prisin que Etchecolatz debe cumplir pero s resignifica192 el marco condenatorio. Por primera vez en la historia de la humanidad, el mximo tribunal de un pas reconoce la existencia de un genocidio en su propio territorio a travs de la sentencia de la justicia civil y ordinaria. Establecer que la dictadura militar cometi un genocidio es diferente a decir que se cometieron delitos por crmenes de lesa humanidad. Asesinar a toda la poblacin de una ciudad indiscriminadamente, es un delito de lesa humanidad pero no es un genocidio. Genocidio es cometer delitos tendientes a aniquilar a una parte en especial de la sociedad con el objetivo de cambiar los valores ticos, sociales y polticos del resto de esa sociedad. Genocidio es matar de manera planificada, discriminada, elegir con objetivos claros y especficos, a quienes matar. Esa fue la estrategia de la represin en Argentina: desaparecer a un grupo nacional, unificado y definido como tal por los genocidas, que pretenda cambios revolucionarios para nuestro pueblo. Y para que esos cambios no se concretaran no era suficiente con desaparecer a ese grupo, tambin fue necesaria la perversa identificacin de sus integrantes como enemigos de la sociedad. Y esto se consum, al menos en una parte sustancial de la sociedad, con la impunidad posterior a la dictadura, con la teora de los dos demonios, con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, con los indultos, con la reivindicacin de los genocidas. Se consum el objetivo del genocidio: transformar los valores de la sociedad sobreviviente de manera que fuera posible profundizar el plan econmico de la dictadura y llegar a niveles de explotacin,

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La idea de re-significacin y el lugar que estos ejes conceptuales tienen en el campo de la comunic acin lo tomar de Florencia Saintout, en Los estudios de recepcin en Amrica Latina.1 ed. Facultad De Periodismo y Comunicacin Social. UNLP. 1999.

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desocupacin, hambre, enfermedades evitables y miseria que Argentina nunca haba padecido antes.

Genocidio: debates y combates.

Como una manera de entrar en los debates y tensiones que existen respecto de las condenas en el marco de un genocidio, nos parece oportuno comenzar con las consideraciones e investigaciones del socilogo Daniel Feierstein. En primer trmino porque sus afirmaciones se sostienen a partir de su trabajo como investigador del CONICET, como director del Centro de Estudio sobre Genocidio de la Universidad Nacional de Tres de Febrero y como titular de la Ctedra Anlisis de las Prcticas Sociales Genocidas de la UBA. En segundo trmino, porque su referencia forma parte de las argumentaciones que el presidente del Tribunal Oral en lo criminal penal N1 de La Plata, Carlos Rozanski, utiliz para construir los fundamentos de la condena a Miguel Etchecolatz.

En este sentido, Feierstein193, explica que para la concrecin de un genocidio deben darse una serie de procesos que denomina las secuencias de las prcticas genocidas, en las cuales intervienen seis momentos diferenciados claramente entre s como parte de un proceso ms general. El primero, es la construccin de una alteridad negativa, la delimitacin de un grupo, dentro de un grupo nacional. Se trata de una construccin conceptual del enemigo con la figura de la subversin, de la delincuencia subversiva, ambigua, porque permite involucrar en esa figura
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Daniel Feierstein, Interpretaciones jurdicas y sociolgicas del genocidio en Argentina.

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a cualquier tipo de prctica. Introduce el terror en el conjunto de la poblacin, haciendo saber que cualquier accin puede ser calificada como subversiva, como dijo Ibrico Saint Jean 194, aniquilaremos primero a los subversivos, luego a los cmplices, a los indiferentes y luego, incluso a los tmidos. El segundo momento sera el hostigamiento y pasar a la accin. Estos dos procesos son para Feierstein, previos al golpe de 1976. Involucran a muchos ms actores que los militares. Es la formacin y reclutamiento del conjunto de los perpetradores, la mayora de las veces es paraestatal, o sea: es el Estado pero no es el Estado. El tercer momento es el aislamiento de las vctimas, la destruccin de sus vnculos con el conjunto social. Una vez conseguido ese objetivo, la prctica genocida pasa a otra fase que establece el cuarto momento que no aparece en todos los casos, pero que, segn el autor, es cuando se produce un debilitamiento sistemtico de la poblacin vinculada a la eficiencia del proceso de exterminio. Lograr que ese grupo a exterminar sea exterminado con el menor esfuerzo posible. Siendo el quinto momento, el del mismo exterminio. Por ltimo, la secuencia se completara con el propsito de romper la identidad nacional: el aniquilamiento no es suficiente en tanto una sociedad aterrorizada no sufre un cambio de su identidad, por lo cual ese sexto momento es una realizacin simblica, cuando esa prctica logra transformar las practicas de un pueblo, su identidad. Se trata de eliminar la memoria de las vctimas. El Estado genocida, segn Feierstein, tena entonces una intencin especfica, no era aleatorio, se propona una transformacin del grupo, en torno a la reorganizacin de su identidad.
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Gobernador de la Provincia de Buenos Aires durante la ltima dictadura cvico-militar. Falleci en septiembre de 2012 cuando se haba logrado que cumpliera crcel comn, a partir de los pedidos de cambio de calificacin de las querellas en el denominado juicio Circuito Camps en La Plata.

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A partir de los materiales producidos por Mara Rosa Gmez195 responsable de investigacin del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), y siguiendo las argumentaciones antes expuestas, consideramos que el delito de genocidio y su aplicacin en el caso argentino implican ahondar en el carcter reparador que debe tener el derecho. Doble cara del derecho, que es no slo entenderlo como posibilidad de castigo, sino tambin como construccin de verdad. En este sentido, la autora se pregunta, Cul es el relato que va a construirse -mediante la sentencia-

como discurso jurdico-, respecto de lo que nos pas?. En respuesta a esta pregunta que nos resulta clave en el anlisis de nuestros materiales, Mara Rosa Gmez, expresa algunos de los problemas que presenta la calificacin jurdica de genocidio, respecto de considerar sujetos pasivos como grupos polticos, la ausencia de pena en la calificacin, que el delito no est incluido en el Cdigo Penal, la denominada Ley cierta, anterior, etc. Por ltimo, en trminos de tomar una posicin respecto al debate sobre la condena de genocidio, la autora sostiene que ante la pregunta sobre Quines conformaban el grupo a destruir?, los hechos llevados adelante que se juzgan deben haber sido acompaados por la finalidad de destruir total o parcialmente a un grupo nacional. Es decir, que no se trat simplemente de la decisin de una matanza sistemtica sino, y tal como lo presentaban los mismos genocidas, de un proceso de reorganizacin nacional, tratndose en definitiva de un rediseo social, que deba realizarse mediante el secuestro, desaparicin, tortura y posterior aniquilamiento de cierta parte de la poblacin civil en forma sistemtica. El grupo a aniquilar, el grupo vctima del genocidio es aquel conformado por los militantes polticos, sociales, sindicales, estudiantes y los militantes de

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Mara Rosa Gmez, El proceso de persecucin, materiales del rea de investigacin del Instituto Espacio para la Memoria (IEM).

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las organizaciones armadas de izquierda; todo ellos conforman un conjunto inescindible que los constituye en lo que los genocidas dieron en llamar delincuente subversivo. Por lo expuesto, para la autora es innegable que un genocidio es una prctica cualitativamente distinta a la sumatoria de cientos de privaciones de libertad, de aplicaciones de tormentos y de homicidios.

An en la actualidad la cuestin del genocidio incomoda en la escena de los juicios y est en debate permanente. All por el 2007 en un artculo ya citado se deca: La sentencia contra Etchecolatz, que innov con el delito de genocidio, no tipificado en la legislacin penal argentina, tambin eriza la piel a abogados de slida formacin. Hay colegas de buen nivel, acadmicos, varios de ellos garantistas, que cuestionan esa creatividad, reprochan196. Incluso hay jueces, como Martn Lozada, que cuestionan el alcance de esta condena al afirmar que dado que las vctimas, si acaso pudiera considerarse que pertenecan a un grupo, no eran miembros de uno al que los ejecutores pudieran tener la intencionalidad de destruir, los crmenes contra las mismas, incluidos el encarcelamiento, las torturas y los asesinatos, no constituyeron genocidio desde una perspectiva tcnico-jurdica propia del derecho internacional. Resultaron, sin que su gravedad y horror se vean en un pice disminuidos, crmenes contra la humanidad197.

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Mario Wainfeld, Como la mujer del Csar, Pgina 12 del 12 de febrero de 2012. Martn Lozada, Sobre el genocidio. El crimen fundamental (pag.74 y 75). Ed. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2008. El autor se desempeaba al momento de la publicacin como juez penal en la ciudad de Bariloche, siendo adems profesor titular de Derecho Internacional Pblico en la Universidad Fasta de San Carlos de Bariloche y profesor invitado de la Universidad Nacional del Comahue.

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Estos debates se enriquecen con la actitud del propio Miguel Etchecolatz en el juicio Circuito Camps en este ao 2012, cuando al escuchar a la psicloga de las Abuelas de Plaza de Mayo afirmar que la apropiacin de nios y el traspaso de stos de un grupo a otro constituan prcticas genocidas, comenz a gritar: esto no es objeto del proceso!!!(sic); dirigindose al tribunal y a sus abogados defensores. Mientras escuchaba los casos particulares nada pareca incomodarlo, pero la afirmacin prcticas genocidas alter de tal manera al acusado que par la audiencia con sus gritos. Esta escena podra pensarse en relacin a estas reiteradas afirmaciones, no slo de parte de los defensores, sino tambin desde quienes se preocupan de guardar las formas de un juicio penal o que se mantenga el debido proceso, respecto de que hay temas que exceden el objeto del juicio.

En los dos juicios citados anteriormente Carlos Rozanski era presidente del Tribunal. Desde esa experiencia, opina que una de las caractersticas del proceso de genocidio es no dejar pruebas, o la menor cantidad posible; incluso muchas veces ni dejan cadveres. De modo que el proceso genocida se encarga de dejar la menor cantidad de huellas posibles, pero al mismo tiempo y para que dure en el tiempo, transmitir el terror para que logre su efecto. Por eso he citado en la sentencia la obra El Sr. Galindez de Tato Pavlovsky, porque all quien acta de represor dice: Nosotros trabajamos por irradiacin. Por uno que tocamos a mil aterrorizamos. Es una sntesis, donde a partir de la idea de tener 30.000 desaparecidos, son 30 millones de personas atravesadas culturalmente por el terror. Todas las sociedades que han sufrido un genocidio estn atravesadas por esto, pero no todas han dado la misma respuesta.

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Rozanski produce adems una relacin entre las prcticas genocidas y la violencia domstica198. Para l se trata de analizar desde el punto de vista de la vctima, que permite trazar un paralelo entre la psicopata del violento y del terrorista de Estado. Los objetivos de todo genocidio atraviesan toda la sociedad, los mbitos familiares, educativos, laborales. Adems, en el caso argentino no hay que olvidar que la propia corporacin judicial tuvo un grado alto de complicidad e involucramiento y no ha habido un recambio de fondo de sus actores. Por ende, an hoy pueden identificarse prcticas que permeen la impunidad y que, de alguna manera, den continuidad a las prcticas genocidas. Rozanski insiste en pensar que el Terrorismo de Estado que actu en toda Latinoamrica y cometi un genocidio en toda la regin, que dej una marca en cada sociedad y de acuerdo a como esa sociedad d respuesta ser el tipo de sociedad futura. En el caso de la Argentina se afronta plenamente esta situacin, a travs de los juicios y otras instancias, pero hay casos como en Brasil donde no se ha hecho prcticamente nada. Desde esta perspectiva es que se puede entender porque continuara la tortura o no.

A partir de lo expuesto es que con Silvia Delfino199, entendemos que se trata de interrogar cul es la relacin entre lenguaje y accin en estas escenas que ponen en juego la pregunta central del testimonio en procesos judiciales a genocidas en todo el mundo: cmo relacionarnos con testimonios que involucran la experiencia singular de la muerte cuando se produce como parte

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Vale agregar que Carlos Rozanski es miembro fundador de la Asociacin Argentina de Prevencin del Maltrato Infanto-Juvenil (ASAMPI). Como especialista en legislacin sobre maltrato y abuso infantil, es el autor del libro Denunciar o silenciar y del texto de la ley que modific el Cdigo Procesal Penal para que los menores vctimas de abuso slo puedan ser interrogados por especialistas y en una Cmara Gesell 199 Silvia Delfino, Lenguaje y accin en los juicios a genocidas en Argentina. 2007.

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de una planificacin, un clculo de recursos y acciones para llevar a cabo un exterminio colectivo? En este punto la presentacin de los alegatos y fallos de estas escenas de juicio indica no slo la discusin respecto de las condiciones de la represin durante las dictaduras sino, como dijimos, la constitucin de un nuevo umbral histrico para la crtica de la cultura en nuestro pas a travs del alegato de Guadalupe Godoy de Justicia Ya!: iniciado con la interpelacin Que los nombrados y reconocidos por nuestro pueblo como genocidas sean juzgados y condenados por genocidio.

Con Silvia Delfino tambin compartimos la afirmacin respecto de que la acusacin de genocidio produce tres obstculos respecto del modo en que fue narrada esta historia hasta hoy (esto es lo que Shoshana Felman llamara cambio radical de la percepcin histrica) y, en consecuencia, permite: primero, que los testimonios siten las acciones de la sociedad civil en la ritualidad de la vida cotidiana fuera de la excepcionalidad de definir el perodo como una guerra en que cualquier recurso sera admitido como inevitable. Segundo, pone en evidencia que la definicin de lo nacional a partir de un enemigo interior que debe ser cercado, aislado y extirpado se constituye como una ideologa colectiva que puede ser re activada ante las crisis recurrentes que son conjuradas a travs de reclamos de orden. Tercero, los testimonios ponen en primer plano los usos de los reclamos de orden por parte de la sociedad civil y los usos de la violencia y el desorden por parte de la autoridad cuando sta se imagina amenazada. Se percibe entonces el resurgir de la xenofobia, el pnico moral como reverso del mismo argumento de los dos demonios en el presente.

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Por eso resulta central que la propuesta de las querellas organizadas en Justicia Ya!, recuperen el testimonio de ex detenidos desaparecidos, ya que el testigo no slo narra su historia sino que produce una escena poltica de recuperacin de experiencias a travs del lenguaje de aquellos que, definidos previamente por el proceso de clculo del exterminio, no slo haban desaparecido como actores sino que haban sido acallados como sujetos polticos. Es en este sentido que Shoshama Felman indica que el juicio no repite meramente la historia de la vctima sino que la convierte en testigo de la acusacin. Por eso propone analizar el foco orientado hacia la vctima como un proceso legal de traduccin de la experiencia privada en experiencia pblica colectiva. Se tratara de la escena pblica de recuperacin del lenguaje de aquellos que, definidos previamente por el proceso de clculo del exterminio, no slo haban desaparecido nicamente como actores sino que tambin haban sido eliminados como sujetos polticos ya que no slo haban sido injuriados, heridos, sino privados del lenguaje en el cual nombrar sus injurias y articular su criminalizacin.

Desde esta mirada es que consideramos con Silvia Delfino que el anlisis poltico de Jos Schulman integra performativamente las escenas de justicia que tratamos de presentar no slo como testimoniante sino como actor en las estrategias organizativas en la medida en que sus acciones reconfiguran la relacin entre narracin e historicidad, por un lado, pero fundamentalmente, entre usos de la memoria y el sentido poltico que adjudicamos a nuestras prcticas colectivas. Por esto, y de acuerdo con las palabras de Graciela Rosenblum, Presidenta de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, como sntesis de las discusiones en el Seminario Treinta aos, las sombras largas del genocidio (Buenos Aires 28-29 de octubre de 2006), la lucha en el presente

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por los derechos humanos implica: Primero, la necesidad de luchar contra todas las formas contemporneas de violacin de los derechos humanos, no slo los comprendidos bajo la categora de derechos individuales (el derecho a la vida, hoy en cuestin por los grupos de tareas; el derecho a la libertad, la opinin, el movimiento, la privacidad, etc.), sino toda la gama de derechos econmicos sociales que el modelo econmico vigente viola del modo ms sistemtico y cotidiano. Segundo, reconstruir una mirada histrica verdadera, que piense el hoy como resultado del ayer y no que lo fracture en dos tiempos totalmente separados (ayer fue el genocidio hoy es un tiempo de vigencia de derechos humanos) ya que es el desafo central para que la lucha por los derechos humanos adquiera dimensin colectiva. Tercero, la desaparicin de Lpez como respuesta al fallo de genocidio sancionado en la causa Etchecolatz se convierte en un punto de referencia ineludible a la cuestin del Estado en el gobierno de Nstor Kirchner como un gobierno de los derechos humanos. Cuarto, en el secuestro de Lpez se condensan y resumen todas las impunidades y todas las formas contemporneas de violacin a los derechos humanos propias de un capitalismo perifrico y subordinado a los grandes grupos econmicos que lucraron con el genocidio y hoy buscan garantizar la continuidad de sus nuevos negocios y discursos.

Pero entonces si consideramos la relacin entre estas escenas de justicia y la posibilidad de establecer estrategias organizativas, la narracin de la historia no acta sobre casos sino sobre los materiales que constituyen nuestra percepcin de la historia y la conformacin de una experiencia colectiva posible respecto del pasado. Por eso, argumenta Delfino, nuestra responsabilidad respecto de las condiciones de produccin de esas escenas y testimonios implica una responsabilidad tambin respecto de las condiciones que hicieron posible los actos del pasado

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en la medida en que, como decamos, en esos materiales de la trama de la historia est inscripta la historicidad de las condiciones y de nuestros actos.

Estas tensiones entre los lmites y las presiones respecto a qu y cmo se habilita o no en la escena del juicio penal situaciones que irrumpen en ese escenario, incomodando a sus actores, son en gran medida parte de la justificacin de nuestras investigaciones en el anlisis de esta Tesis.

En este sentido, Daniel Feierstein200, afirma que una de las primeras caracterizaciones de los hechos como genocidio aparece en los trabajos de Eduardo Luis Duhalde, a quien ms tarde le seguir en el mbito legal y acadmico los planteos de Eduardo Barcesat, que incluso logr como querellante que el auto de procesamiento de Alfredo Astiz en 1998, por apologa del delito, fuera realizado bajo la calificacin de genocidio. Para el autor, este antecedente lamentablemente no fue tenido en cuenta con posterioridad, hasta la sentencia del Tribunal Oral Federal N1 de La Plata en la causa contra Miguel Etchecolatz. Esta nueva legalidad del concepto vino a reconocer la legitimidad que para los organismos de Derechos Humanos tena desde los ochenta y noventa considerar a los crmenes de la ltima dictadura cvico-militar como genocidio. Para Feierstein, las diferencias fundamentales respecto de la caracterizacin del perodo se expresan en tres narratividades centrales: guerra, genocidio o crmenes contra la humanidad. En ese contexto de debates, la caracterizacin como genocidio da cuenta de un proyecto global en

200

Daniel Feierstein, Memorias y representaciones. Sobre la elaboracin del genocidio (pag. 139/141). Fondo de Cultura Econmica. Buenos Aires. 2012.

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el cual el ejercicio del terror y su difusin en el conjunto social es elemento constituyente y fundamental de la prctica, no un exceso o derivado peculiar de sta. Sostener que Argentina sufri un genocidio implica, entre otras cosas, que existi un proyecto de reorganizacin social y nacional, que busc la destruccin de las relaciones sociales de autonoma y cooperacin y de la identidad de una sociedad, por medio del aniquilamiento de una fraccin relevante (sea por su nmero o por los efectos de sus prcticas) de dicha sociedad, y del uso del terror producto del aniquilamiento para el establecimiento de nuevas relaciones sociales y modelos identitarios.

Las novedades emergentes del juicio, generando las condiciones futuras.

Las escenas que hemos analizado y puesto en comn a partir del juicio a Miguel Etchecolatz generaron novedades que excedieron lo jurdico o por lo menos, hicieron permeable este campo al acumulado de luchas de las organizaciones. De alguna manera, estas nuevas condiciones del juzgamiento en Argentina, parafraseando a Raymond Williams, aparecen como un movimiento emergente en tanto nuevos significados y valores, nuevas prcticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones201 . Lo que importa en la comprensin de una cultura emergente, como algo distinto de lo dominante as como de lo residual, es que nunca es solamente una cuestin de prctica inmediata; en realidad depende fundamentalmente del descubrimiento de nuevas formas o de adaptaciones de forma.

201

Raymond Williams, Marxismo y Literatura, 8.Dominante, residual y emergente. Pag. 146 a 149. Ediciones Pennsula, Barcelona, 2000.-

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Como tambin expresa Daniel Feierstein, ms all de cul sea la valoracin de cada uno de nosotros sobre la eleccin de la sentencia jurdica como mbito de sancin de la verdad colectiva, dicha realidad opera eficazmente, dejando de lado los mayores o menores pruritos de las ciencias sociales, de la historia o de la filosofa acerca de su carcter ficcional. La materialidad de la sentencia jurdica no deja de operar en modo alguno porque haya grupos acadmicos que analicen crticamente sus discursos. Ellos tambin deberan ser comprendidos por los juristas, cuando creen que una representacin puede desarrollarse en el campo de las ciencias sociales sin afectar en modo alguno la propia discursividad jurdica.

Desde esta perspectiva terica puntualizamos algunas de estas emergencias que hemos encontrado que, de ninguna manera agotan las posibilidades de encontrar otras, mirando desde el campo de la comunicacin en particular o desde las ciencias sociales en general. Es el primer juicio por crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar televisado por completo, incluidos los testimonios de las vctimas. Es decir, es ms pblico que otros. El registro audiovisual implica a la televisin abierta pblica y privada; adems de los registros de la Comisin Provincial por la Memoria y la Asociacin Anah. Estas referencias no son slo histricas, considerando otras escenas como el Juicio a los Comandantes (Causa 13), sino que tambin incluye a los juicios actuales y los debates y resoluciones en torno a la posibilidad o no del registro audiovisual de los juicios.

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Los testimonios202 cambian su estatuto, adquieren nuevos y renovados modos, que los inscriben en otras maneras de la narracin, extendiendo sus alcances y redimensionando sus potencias. Las organizaciones de Derechos Humanos, sindicales y sociales, al ser querellantes adquieren un protagonismo pblico que se inscribe en una matriz histrica de la ciudad (y el pas) pero en modos novedosos. Se inscriben estas prcticas en un momento de capitalizacin de aos de luchas, que adems implican nuevos y renovados reclamos de memoria, verdad y justicia. Al ser querellantes representando de alguna manera a sectores de la sociedad, participan activamente en la escena de justicia. Es decir, integran las partes que pueden actuar en el proceso de instruccin, en las audiencias testimoniales, en las inspecciones oculares, en los alegatos. Va a ser el ltimo de los juicios que se hace en La Plata203 donde la polica notifica a los testigos. Se gener un sistema indito de citacin y de contacto. De esta manera, los testigos en vez de ser citados directamente al juicio, son convocados previamente al despacho del juez acompaados por psiclogos y profesionales del CODESEH, auxiliares del tribunal esperndolos y trabajadores del Centro de Proteccin a las Vctimas provincial (CPV). Es decir, que se va produciendo una distincin con los juicios penales comunes y otra relacin con los testigos, que por ende habilita otro tipo de testimonios. Por primera vez en la historia de nuestro pas y del mundo, un tribunal ordinario y civil reconoce y condena la existencia de un genocidio en su propio territorio, a diferencia de Nremberg, Yugoslavia o Ruanda, tribunales especiales o internacionales creados por las
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Este aspecto ser analizado en forma particular en la parte IV de la Tesis, por lo pronto, slo lo mencionamos como una de las emergencias del juicio a Etchecolatz. 203 En el resto del pas la mencionada metodologa contina.

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potencias ocupantes. La sentencia fue ratificada por el mximo tribunal del pas: la Corte Suprema de Justicia204.

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Al respecto es ilustrativa la afirmacin de Gabriele Andreozzi en la introduccin al libro Juicios por crmenes de lesa humanidad en Argentina: Es la justicia argentina que, ejercitando las propias prerrogativas en la constatacin y comprobacin de las responsabilidades de una masacre que a nivel social y acadmico es definido como genocidio, se ha hecho responsable de la recuperacin de las expectativas hacia el futuro. En la perspectiva de la reconstruccin democrtica, la innovacin est en el hecho de que los juicios son desarrollados por autoridades nacionales y ordinarias, sin el auxilio de tribunales especiales o internacionales, que simbolizan una justicia de vencedores o de poderosos internacionales por sobre los vencidos y por sobre gobernantes que polticamente no poseen el sostn internacional.

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La sentencia a Etchecolatz: un mapa para leer una condena por genocidio.

La sentencia a Etchecolatz es un documento de ms de 400 fojas. Son 63.090 palabras a travs de las cuales se reconstruyen hechos, se evalan pruebas, se presentan testimonios, se debaten alegatos y se construyen las argumentaciones de la primera condena por genocidio de un tribunal de la justicia ordinaria en Argentina. Por esto, antes de exponer el mapa que analiza y pone en comn esta sentencia, creemos necesario compartir las reflexiones y anlisis de Carlos Rozanski205, el presidente del Tribunal, a partir de las conversaciones que desarrollamos exclusivamente para la produccin de esta Tesis.

Carlos Rozanski, nos deca que durante el transcurso del juicio a Etchecolatz, cuando se est produciendo una reconstruccin de lo que pas (aquello que quizs viviste como ciudadano, pero no estuviste en un centro clandestino de detencin como represor o vctima), cuando estn escuchando y mirando esas escenas, simultneamente le tens que poner un nombre a esa actividad que en el juicio se est probando. Eso sumado a lo que ya se haba probado (por esto en las sentencias pongo el subttulo: Lo que ya est probado206, que no debe ser materia ahora como la definicin de plan sistemtico).

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La conversacin con Carlos Rozanski constituye un material, un documento en s mismo; del cual hemos utilizado lo que nos parece pertinente en funcin de los anlisis de la Tesis; pero puede constituirse en parte de futuras investigaciones y anlisis respecto de los juicios en la ciudad de La Plata. En este sentido, es importante destacar que el juez que hoy tiene 61 aos, es el primer juez federal nombrado por concurso por el Consejo de la Magistratura. Fue titular de la Cmara del Crimen de Bariloche y particip en el Consejo de la Magistratura de Ro Negro. Es miembro fundador de la Asociacin Argentina de Prevencin del Maltrato Infanto-Juvenil (ASAMPI). 206 Esta definicin respecto de lo que ya est probado podr observarse en el mapeo de la sentencia del Juicio a Etchecolatz que est dentro de este captulo. De todas maneras, es interesante rescatar, que el remitirse a la jurisprudencia que ya haba probado en gran medida el accionar de algunos represores en Causa 13 o Causa

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En la conversacin el juez agrega en su anlisis un punto que es clave en nuestras investigaciones y, de alguna manera, da pertinencia a las problemticas que la Tesis busca abordar, al reflexionar cmo se da el proceso de toma de decisin respecto a condenar en el marco de un genocidio: En la reconstruccin que implica el juicio, cuando vos ests mirando la escena, ests escuchando los testimonios y los alegatos; y te acords lo que es el genocidio207. Y en esa reconstruccin, el compromiso tico es que todo lo importante que pas figure. Y el genocidio tena que estar incluido porque existi. Haba que encontrar la frmula, que sin poner en riesgo la sentencia208, nombre el genocidio que ocurri en Argentina. Hoy, al ser ratificada la sentencia por la Corte Suprema de Justicia, es una verdad jurdica que esos delitos fueron en el marco de un genocidio. Se da entonces un proceso de construccin de nombrar, de nominar, una operacin a nivel del discurso que, an desafiando los lmites de la propia justicia, es de tal contundencia en sus escenas, en sus representaciones y alcances, que termina construyendo una verdad jurdica. En el principio fue la voz de las organizaciones, los reclamos de las luchas contra la impunidad, aquello que a travs de un acontecimiento cultural como es un juicio, se transforma en un concepto de la jurisprudencia para habilitar las condiciones futuras en procesos de juzgamiento.
44, fue incorporado por primera vez por Carlos Rozanski en la sentencia en el que fueron condenados Etchecolatz y Bergs en abril de 2004 por apropiacin de Carmen Sanz, uno de los delitos que haba quedado afuera de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida. 207 Rozanski en la conversacin incluye una aclaracin conceptual respecto del genocidio que nos parece fundamental resaltar, cuando l se refiere a que La Convencin sobre Genocidio tiene 2 antecedentes: el primero despus de la Segunda Guerra Mundial, que incluye como vctimas en un inciso a los perseguidos por razones polticas; y el segundo tambin se incluye. Y luego se sac. Es ms, Stalin pidi que se sacara. Por ende, habr tenido la fuerza para hacerlo ah. Pero la pregunta que yo me haca era: me va a obligar a m Stalin a no contemplar este concepto de genocidio? Pero a m no me obliga, porque lo que tengo que hacer es analizar si lo que ocurri en esta regin y en particular en Argentina entra o no en ese definicin. Pero despus se incluye la idea de grupos nacionales para considerar las vctimas d e la ltima dictadura en Argentina, que lo ha trabajado Feierstein. Quien tambin incluye luego un concepto mucho ms rico y nuevo que es el genocidio organizacional, en cuanto a que la dictadura se llam a s mismo como proceso de re organizacin nacional bajo el paradigma de la sociedad occidental y cristiana. 208 El juez reconoce el riesgo que implica innovar en esta condena. Sabe, reconoce y es consciente que est corriendo un lmite en un mbito que ms tiende a conservar que ha transformar.

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Nombrar lo que ocurri en Argentina como un genocidio es una osada, porque los que llevaron adelante el Terrorismo de Estado en Argentina y las violaciones masivas a los derechos humanos en general a lo largo de la historia han tenido la garanta de impunidad. Las propias condiciones que le permiten llevarlo adelante, les garantizan la impunidad. El descalabro se les produce cuando no pueden mantener esa impunidad. Por eso es osado. El Estado argentino es osado, frente a un contexto internacional donde se mantiene la impunidad para las violaciones masivas de derechos humanos. Adems, el proceso ha sido un xito en el sentido que se logr realizar, en tribunales ordinarios, con las mismas leyes que se juzga a cualquier ciudadano. Y se convierten en proceso inobjetables. El propio presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, cita y da como ejemplos en su libro dos de los juicios que se han desarrollado en La Plata. Especialmente importante es que l cite el juicio a Etchecolatz por ser en el que por primera vez se condena por genocidio. De esta manera se ratifica desde ese mximo nivel jurdico aquella decisin que abri una puerta en 2006. Lo que de alguna manera hace la sentencia es expresar un cambio epistemolgico209, lo ponen en palabras. Pero el cambio no es la letra, sino el espacio social que permiti, que cre las condiciones, para que ese discurso existiera. Las mismas condiciones que garantizaron la continuidad de los juicios. Si no hubiera habido uno solo o ninguno210.

Carlos Rozanski es el presidente del Tribunal que tuvo a cargo la construccin del juicio a Etchecolatz. Lo cual implic su instruccin, la recopilacin de los materiales para el comienzo de
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En este punto, Rozanski recuerda una afirmacin de Eduardo Barcesat, que consideraba la condena a Etchecolatz como un cambio epistemolgico. 210 El subrayado es nuestro en tanto pueden establecerse relaciones de estas afirmaciones con los anlisis e investigaciones que hemos realizado.

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las audiencias, la constitucin del lugar, los debates con los abogados defensores, los pedidos de las querellas, la escucha y las preguntas en los testimonios, los alegatos y la sentencia; atravesado al final por la desaparicin de Lpez. Desde esta experiencia cultural y jurdica, considera que el juicio a Etchecolatz, fue un antes y un despus. Tanto en lo personal como en lo social. Porque fue un desafo para la sociedad. Juzgar despus de 25 aos de impunidad implicaba para todos un antes y un despus. Tambin para los otros jueces, porque la decisin fue unnime. Y lo que se vio y se escucho en el juicio, se expres en la sentencia y hoy es una verdad jurdica. Ese resultado no poda ser socialmente indiferente. Hubiera sido un fracaso para la justicia, si se hubiera retaceado la expresin integral de ese proceso judicial o se hubiera vuelto a exponer la teora de los dos demonios. La sentencia expresa lo que sucedi. Y de esta manera, es que si enuncia lo que ocurri, nunca la sociedad puede volver a ser la misma que era antes, ni en lo jurdico, ni en lo social. Es en este sentido, que es un antes y un despus. Y esto, en alguna medida, es lo que gener la preocupacin de algunos. Especialmente de aquellos que se encargaron de amenazar y de desaparecer a Lpez. Fue una bisagra

Ante esta bisagra, el juez reconoce que est ante una encrucijada, ante un dilema social y cultural, ms que jurdico. Desde este lugar es que afirma entonces que el gran desafo era ver como se segua. Como dar seguridad a los testigos. Como seguir con el juicio a Von Wernich que era el que deba hacerse a continuacin. Entonces decid realizar una declaracin pblica sobre las amenazas y la desaparicin de Lpez, que fue publicada en Pgina 12, respecto que el espacio social que haba permitido ese juicio, era un proceso irreversible de justicia. El tiempo me dio la razn, pero lo importante era decirlo en ese momento para dar continuidad a los

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juicios. Era lo que haba que decir: el proceso era irreversible211. Despus de las amenazas y de la desaparicin de Lpez haba que decir esto, haba que poner en comn este mensaje. El silencio, comunicacionalmente hablando, hubiera sido otro tipo de mensajes para los testigos en particular y para la sociedad en general. Como expresa Carlos Rozanski en la declaracin pblica a la que hace referencia, a 12 das de la condena y a 13212 de la desaparicin de Jorge Julio Lpez, el Estado argentino no hablo de un gobierno, ni un gobernador, sino de la totalidad del Estado y la sociedad civil permitieron que se iniciaran los juicios. Y eso es irreversible. No estoy hablando de cmo termina el caso Lpez, porque lo desconozco. Hablo de las razones por las que creo que es irreversible. No se podra haber hecho este juicio si la Repblica Argentina no hubiera estado en condiciones. Es la suma de una historia. Y esto no se modifica con amenazas.

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La nota a la que alude Rozanski, es una entrevista realizada por Werner Pertot y publicada en Pgina 12, en tapa, el domingo 1 de octubre de 2006. Puede consultarse en: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/173818-2006-10-01.html 212 La referencia temporal es importante para el anlisis de los sentidos que se disputan respecto a la condena a Etchecolatz y, en ese contexto, a la desaparicin de Lpez. No es lo mismo aquello que se dice pasado un cierto tiempo, que cuando se est situado en el epicentro del acontecimiento. Sin nimo de simplificacin, a ttulo ilustrativo, es como dice la cancin de Rubn Blades, es ms fcil juzgar la noche, al otro da.

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Los actores del Juicio tal como aparecen formalmente en la sentencia:

Tribunal Oral en lo Criminal Federal N1 de La Plata en 2006. Horacio Isaurralde Presidente del Tribunal: Carlos Rozanski Norberto Lorenzo

Defensores Luis Eduardo Boffi Carri Prez Adolfo Casabal Elas

Miguel Osvaldo Etchecolatz

Ministerio Pblico Fiscal Fiscal General Carlos Alberto Dulau Dumm

Querellantes Oscar Rodrguez, Marta Vedio y Javier Percow (APDH) Alejo Ramos Padilla por Chicha Mariani y Genoveva de Teruggi. Fernando Molinas, Guadalupe Godoy, Liliana Mazea, Myriam Bregman, Alberto Palacio, Liliana Molinari y Vernica Bogliano por Nilda Eloy, Jorge Julio Lpez y la AEDD

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A esta composicin bsica para el desarrollo del juicio, deben agregrsele trabajadores del propio tribunal, periodistas realizando la cobertura del evento pblico que participaba de las audiencias ya sean familiares, amigos o miembros de organizaciones sociales y de DDHH. Esto completara la escena donde hemos puesto el foco de nuestros anlisis.

La SENTENCIA de septiembre de 2006 producida por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N1 de La Plata, ratificada en 2009 por la Corte Suprema de Justicia de la Nacin est organizada del siguiente modo: Resulta: sumario introductorio. Primero se detalla las razones de la competencia de la causa desarrollada por el Tribunal que convoc al juicio oral una vez terminada la etapa de instruccin. Luego se describen los hechos atribuidos al imputado en relacin a los casos por los cuales es juzgado y el encuadramiento que corresponde respecto a los mismos, segn hayan sido privaciones ilegales de la libertad, tormentos u homicidios: Diana Esmeralda Teruggi; Patricia DellOrto y Ambrosio Francisco de Marco; Nora Livia de Formiga, Elena Arce Sahores y Margarita Delgado; Jorge Julio Lpez, Nilda Eloy. A continuacin se detallan las solicitudes expresadas en los alegatos. En cuanto a las querellas: las que representan a Nilda Eloy, Jorge Julio Lpez y la AEDD pide que se condene por el delito de genocidio, adhiriendo tambin la representacin de Chicha Mariani; en tanto, el APDH solicita la condena como delitos de lesa humanidad y traicin a la patria. El Fiscal General ante el Tribunal se inclina por calificar a los delitos tambin como de lesa humanidad. Por ltimo, la defensa de Etchecolatz pide que los

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hechos sean juzgados como hechos de guerra por el cdigo de justicia militar y no por el cdigo penal, refuta la validez de los testimonios, alegando que no hay prueba perfecta, piden la inconstitucionalidad del artculo 398 del Cdigo Procesal Penal de la Nacin; y por ltimo la validez de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y la absolucin de Miguel Etchecolatz. Tanto el Fiscal como los querellantes rechazaron los trminos de la defensa, que en uso del derecho a rplica se mantuvo en sus peticiones.

Argumentacin del presidente del Tribunal Carlos Rozanski:

I.

Hechos: Relato minucioso del contexto en el que se produjeron los hechos, lo cual implica una pormenorizada caracterizacin de la ltima dictadura militar, su plan sistemtico y modus operandi en la Argentina en general y en la provincia de Buenos Aires en particular.

II.

Pruebas: Debido a la diversidad de hechos juzgados en este proceso y de vctimas de los mismos, las pruebas sern analizadas teniendo en cuenta el orden en que se ventilaron los casos en las audiencias de debate llevada a cabo, debiendo tenerse en cuenta que algunos de los testigos constituyen prueba de varios casos simultneamente. Los casos considerados para la condena fueron los siguientes: a) Privacin ilegal de la libertad de Nilda Emma Eloy y aplicacin de tormentos. b) Privacin ilegal de la libertad de Jorge Julio Lpez y aplicacin de tormentos. c) Privacin ilegal de la libertad y el homicidio calificado de Patricia DellOrto de Marco y de Ambrosio Francisco De Marco.

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d) Homicidio calificado de Diana Esmeralda Teruggi. e) Privacin ilegal de la libertad, la aplicacin de tormentos y el homicidio calificado de Nora Livia Formiga, Elena Arce Sahores y Margarita Delgado.

El juez tom para la construccin de las pruebas sobre el total de los casos, las argumentaciones que surgen de 46 testimonios que se escucharon en ese juicio, adems de aquellos que fueron introducidos por lectura o que surgieron en el Juicio por la Verdad en La Plata o en la CONADEP. Se trabaj con 7 inspecciones oculares en los lugares donde ocurrieron los hechos descriptos, en su mayora Centros Clandestinos de Detencin (Brigada de Investigaciones de Quilmes CCD Pozo de Quilmes--, Comisara Tercera de Lans, Delegacin Departamental de Lomas de Zamora CCD El Infierno.), destacamento policial de Arana, Comisara 5 de La Plata, Comisara 8 de La Plata), excepto la casa de calle 30 N1134 de La Plata donde se produjo el operativo en el que asesinaron a 3 militantes y se apropiaron de Clara Anah Mariani Teruggi. Se agregaron tambin constancias documentales diversas: rdenes del da policiales, partidas de defuncin, materiales producidos por el Equipo Argentino de Antropologa Forense (EAF).

III.

Responsabilidad: a) Lo que ya est probado: Causa 13 de 1984 (Juicio a los Comandantes) y Causa 44 de 1986 (Juicio a Camps y Etchecolatz). b) El debate: Se valorizan los testimonios de las vctimas directas, de sus familiares y de los expertos convocados, resultando veraces ante el tribunal no siendo cuestionados

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por ninguna de las partes durante sus exposiciones. Respecto al rol del imputado se destaca su intervencin personal en secuestros y torturas, lo cual brinda certeza tanto respecto de la materialidad de los hechos como de la autora y responsabilidad plena de Miguel Etchecolatz. c) Descalificacin generalizada: La estrategia de la defensa se bas en descalificar durante los alegatos, no durante las audiencias, ni en las actas, a los testigos, las pruebas documentales, la jurisprudencia, la anulacin de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, al propio Tribunal, al gobierno nacional, a Eugenio Zaffaroni y a la Constitucin del 94 por la incorporacin de pactos internacionales de Derechos Humanos. La descalificacin constituy para nosotros un claro ejemplo de construccin de una escena de disputa poltica. En principio, porque como sostiene la propia sentencia, fue realizada sin soporte argumental, luego de 3 meses de abrumadora prueba de cargo. Adems, porque se argument en el alegato, cuando un testigo clave en el juicio ya no estaba all: Jorge Julio Lpez. Adems, es provechoso para el anlisis ver los debates entre la prueba perfecta que pide la defensa y las reglas de la sana crtica que opone el tribunal desde la lgica, la psicologa y la experiencia comn.

IV.

Calificacin legal: Fundamentacin de por qu Etchecolatz debe ser condenado por ser co-autor, pero tambin autor mediato de los delitos imputados. a) Delitos de lesa humanidad: Se fundamenta porque no han prescripto este tipo de crmenes a partir de jurisprudencia local y adhesin a pactos internacionales que tiene valor constitucional, como puede ser la Convencin Interamericana sobre

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Desaparicin forzada de personas (Ley 24556) o el Estatuto de Roma. En este sentido, podemos destacar la idea de cmo sobrevivientes como Jorge Julio Lpez o Nilda Eloy, o familiares como Alfonso DellOrto o Chicha Mariani, o asesinados como las enfermeras Arce, Formiga y Delgado o Diana Teruggi, representan a la humanidad lesionada213. b) El genocidio: En el desarrollo de la sentencia sta parece ser una de las partes con mayor amplitud y exhaustividad argumentativa. En principio, se basa en la solicitud de esta calificacin realizada por Nilda Eloy, Jorge Julio Lpez y la Asociacin de Ex detenidos Desaparecidos (AEDD), con la adhesin de Chicha Mariani. A partir de all el presidente del Tribunal considera que es una necesidad tica y jurdica reconocer que hubo un genocidio en Argentina. Teniendo presente que sera la primer condena en este sentido, cita a Michel Foucault al considerar al derecho como un productor de verdad. Y agrega que adems de las implicancias de la sancin est la construccin de memoria de vctimas directas e indirectas sobre los hechos ocurridos y los aos de impunidad que siguieron. Repasa las idas y vueltas entre 1946/48 en la generacin de la Convencin para la prevencin y sancin del delito de genocidio de Naciones Unidas respecto de los debates de incluir o no a los grupos polticos dentro del concepto. En este sentido, considera que en Argentina, tanto la Causa 13 en 1984, como la Causa 44 en 1986, demostraron la existencia de un sistema represivo en todo el territorio nacional, generalizado y prolongado en el tiempo. Tambin remite a los fallos en Espaa, uno en el Pleno de Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional que en 1998 habla de genocidio en Argentina y, el otro, en
213

Tema que hemos analizado puntualmente al final del Captulo 3 de este apartado.

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1998 en el fallo del juez Baltazar Garzn, cuando refiere al plan de eliminacin selectiva a grupos nacionales. Al mismo tiempo, se agregan a las argumentaciones, las investigaciones y estudios de Daniel Feierstein y Guillermo Levy que hablan de una exhaustiva planificacin previa al exterminio y de una destruccin sistemtica de una parte sustancial del grupo nacional argentino, redefiniendo el pas y sus relaciones sociales. De estos autores toma la idea de genocidio como una tecnologa de poder que implica llevar la negacin del otro al lmite: desaparicin material (sus cuerpos) y simblica (memoria de su existencia) A partir de lo expuesto, Rozanski realiza en la propia sentencia, al argumentar las razones de una condena por genocidio, consideraciones sobre el propio juicio que lo tuvo como presidente del tribunal. En principio, lo ubica como el primero despus de la derogacin de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Desde este punto de partida considera que se da una mltiple victimizacin de testigos y familiares, que deben implicar nuevas respuestas del Tribunal y del Estado. Esto implica rever conceptos procedimentales dogmticos elaborados para hiptesis delictivas

tradicionales, que no encuadran para los delitos de lesa humanidad y genocidio. Esta afirmacin lo lleva a proponer un cambio de paradigmas que implique repensar mtodos, prcticas y razonamientos para juzgar este tipo de hechos y las personas que relatan los mismos. En este sentido, cita la Declaracin sobre los principios fundamentales de justicia para vctimas de delitos y abusos del poder que dict la ONU en 1985 o los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuando habla de evitar nuevos sufrimientos a las vctimas. Esto implicara evitar

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interminables citaciones judiciales y la atomizacin de las que se abren luego de anuladas las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. A partir de lo expuesto, propone considerar al genocidio como un paraguas legal de las causas que permitira entender los hechos investigados en el contexto adecuado. Tambin porque sera parte de la reconstruccin de la memoria colectiva y permitira construir un futuro basado en el conocimiento de la verdad, piedra fundamental para evitar nuevas matanzas: todos estos hechos configuran delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio que tuvo lugar en la Repblica Argentina entre los aos 1976 y 1983.-

V.

La Pena: Se consideran las condenas anteriores. a) Las pautas para graduar la pena: evaluar la naturaleza de las acciones de Etchecolatz, respecto del uso del Estado y todo su aparato, adems del cargo desde el cual secuestro, tortur y mat. Establece que es peligroso ms all de la edad, por lo cual elude la escenificacin donde los acusados se presentan como viejitos inocentes y enfermos. Y establece que el dao realizado es de tal magnitud que no permite ser cuantificado en su alcance. En este sentido, cita a Jean Amry desde el libro de Primo Levi, para dar un ejemplo de los efectos de la tortura en un Campo Clandestino de Detencin. Por estas razones, no encuentra atenuantes para las conductas llevadas a cabo por Etchecolatz y por eso propone la pena de reclusin perpetua e inhabilitacin absoluta perpetua

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b) El lugar de cumplimiento de la pena: argumenta porque no corresponde una prisin domiciliaria, al haberse acreditado que tena un arma en su casa y por su manifiesto desprecio ante el prjimo al comandar aparatos de destruccin, muerte y terror. El presidente del Tribunal, Carlos Rozanski, finaliza diciendo: Etchecolatz cometi delitos atroces y la atrocidad no tiene edad. Un criminal de esa envergadura no puede pasar un solo da de lo que le reste de su vida fuera de la crcel. As voto.

Respecto de los otros dos jueces del Tribunal, ambos adhieren al voto de Carlos Rozanski. Norberto Lorenzo lo hace suyo y adhiere simplemente. En tanto, Horacio Alfredo Insaurralde, al adherir dice que lo hace por la prolija descripcin de los hechos, la ponderacin de las pruebas y sus conclusiones. Y agrega consideraciones respecto de cmo se construy en Argentina el llamado enemigo interno, las caractersticas de los procedimientos sin autorizacin judicial, el ocultamiento de informacin que mostraban la realizacin de un plan preparado de antemano para ser clandestina la actividad represiva del Estado. Esto muestra la ilegitimidad de los procedimientos desde el punto de vista de los derechos pblicos, constitucional, penal y an procesal penal; por lo cual queda demostrada la responsabilidad del procesado Etchecolatz en los aberrantes hechos imputados.

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IV JORGE JULIO LPEZ: TESTIMONIOS Y DESAPARICIN. Si ustedes quieren saber algo ms o desconfan de lo que les digo, vayan al barrio, pregunten, yo los acompao y les digo a quin preguntar Jorge Julio Lpez No hay problema mayor en la sociedad argentina que la respuesta a la pregunta: Dnde estn los desaparecidos? Ni cobarda y complicidad ms humillante que buscar excusas. Alipio E. Paoletti214

Resumen. Los testimonios de Lpez -en el Juicio por la Verdad o en el juicio a Etchecolatz- como lenguajes de lo popular, como modos de testimoniar lo inenarrable. Sus compromisos, sus tonos y sus permisos. La desaparicin de Jorge Julio Lpez como un acontecimientosituacin no previsto, ni esperado. La construccin de un significante del terror y los diversos discursos que intentan explicar y accionar ante el hecho: de Aparicin con vida a Buscamos a

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La frase contina: O proponer que el olvido tape la memoria y reclamar, en nombre de la unidad nacional, la reconciliacin entre vctimas y victimarios, como algunos desfachatados se atreven a sostener. Si el pueblo argentino acepta los desvos, las chicanas jurdicas, la solidaridad irrestricta de las clases dominantes con los genocidas; si no coloca el tema de los desaparecidos en el centro de su actividad poltica; si los partidos populares y los sindicatos con direcciones democrticas no incluyen en sus programas el castigo a los asesinos, no sern ni la dictadura, ni el gobierno, ni siquiera la oligarqua las que pongan punto final. Desgraciadamente y malos aos aguardarn entonces a nuestra patria- sern la pasividad popular y la complacencia de los dirigentes las que conviertan la impunidad actual en elemento histrico. Alipio E. Paoletti, Buenos Aires, 22 de agosto de 1986, prlogo en Como los nazis, como en Vietnam, los campos de concentracin en Argentina, editado por la Asociacin Madres de Plaza de Mayo.

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Lpez. En la justicia, de averiguacin de paradero a la desaparicin forzada de persona. Los efectos simblicos y materiales de una segunda desaparicin.

IV CAPITULO 1.

LA DESAPARICIN COMO SIGNIFICANTE DEL TERROR.

Lo acontecido en la Argentina se concreta en la emergencia de una figura peculiar, la del desaparecido. Trmino que se reproduce en otras lenguas sin traducirse, indicando su singularidad Alejandro Kaufman Y LPEZ?

Como hemos planteado, la desaparicin de Jorge Julio Lpez no detuvo la condena ejemplar e indita, pero implic un acontecimiento bisagra en los juicios215 en general y en las polticas de Estado216 y las organizaciones en particular. Lo que primero fue una ausencia luego fue una

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Un ejemplo es el proyecto de ley de reunificacin de las causas por juicios en delitos de lesa humanidad presentado por el propio juez del Tribunal Oral Federal N1, Carlos Rozanski. En una entrevista personal con el autor de este proyecto de Tesis, el juez afirm que despus de la desaparicin de Lpez los juicios nos pueden seguir siendo igual. Por esto present este proyecto de ley. 216 Al respecto el Dr. Eduardo Luis Duhalde en un artculo ya citado y como Secretario de Derechos Humanos de la Nacin, afirm que, la superposicin del pasado y el presente: el mundo concentracionario y la condicin de testigo-vctima, el contexto del terrorismo de Estado y su representacin hoy esencializada en Julio Lpez y las incesantes amenazas a todos ellos- en lo que va del horror vivido al miedo incierto de la represalia actual.

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desaparicin, lo que se caratul primero como averiguacin de paradero217 fue luego de dos aos desaparicin forzada218.

El acontecimiento/situacin de la desaparicin de Lpez, es una bisagra donde todo se modifica, afirma Guadalupe Godoy. Muchos tomaron conciencia de lo que significaba la reapertura de los juicios, que no se estaba juzgando a viejitos del pasado. Especialmente cuando exista cierta subestimacin a la capacidad de estos sectores, que siendo impunes durante muchos aos, podan seguir sindolo; adems de la incapacidad de ver en aquel momento la autora civil del genocidio219. Un ejemplo es como la querella de Justicia Ya! plantea en el Alegato la cuestin de la re-victimizacin, porque empezaba a vislumbrarse las dificultades que generaba en los testigos declarar 30 aos despus de los hechos; pero se re significa absolutamente porque cmo le decs a un testigo, despus de la desaparicin de Lpez, que vaya a declarar?. Esta situacin se convierte en una problemtica que desde el juicio a Etchecolatz atravesar todos los juicios por venir y a todos quienes estaban en posibilidad de ser testigos en estas causas.

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Como expresa el Informe del Comit contra la Tortura de la Comisin Provincial por la Memoria, en el caso de Jorge Julio Lpez tuvieron que pasar dos aos para que la justicia asumiera que se trataba de una desaparicin forzada y no de una averiguacin de paradero y el mismo tiempo tuvo que transcurrir para que se apartara de la investigacin a la polica de la provincia de Buenos Aires, fuerza sospechada de participar en su desaparicin. 218 La figura de desaparicin forzada de persona est presente en nuestra Constitucin Nacional a travs de los pactos internacionales incluidos en 1994, pero recin se incluy en el Cdigo Penal argentino en abril de 2011.219 Este eje de mostrar la complicidad y/o autora civil durante la dictadura es un eje que se ha profundizado en los ltimos aos, no estaba tan presente en general. Aunque en La Plata, como una situacin ms de esta configuracin local que habilitaba situaciones fundantes al juzgar a Von Wernich sacerdote y miembro activo de la Iglesia Catlica en 2007, aparece un poder civil que en su accionar mostraba la participacin eclesistica en los crmenes que se estaban juzgando.

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Lpez es quien hace visible al juicio, del cual slo se habra conocido la sentencia, pero no otras cosas. Las presencias ms masivas y la visibilidad pblica, adems de la cobertura meditica, suele concentrarse al comienzo del juicio y en la sentencia como momentos claves de estas escenas. Por supuesto, determinados testimonios suelen ser acompaados con ms personas, como fue el cuando declar Chicha Mariani, que literalmente estallaba la sala. Sin embargo, la trascendencia, el conocimiento de los alcances del juicio lo significa la desaparicin de Lpez. Esto incluye la valorizacin del testimonio. Hasta entonces un juicio se centraba en el acusado y la sentencia que ste tuviera. Es decir, que los papeles protagnicos de la escena estaban centrados en esa relacin entre imputado y juez. Pero a partir de Lpez existe una resignificacin y re-configuracin de las escenas de justicia y del papel de los testigos en las mismas.

Desde la mirada de Norberto Liwski, ante la desaparicin de Jorge Julio Lpez todos quedamos golpeados, desconcertados, interpelados a nosotros mismos. Hubo una conviccin de que no podamos ceder el espacio al renovado terrorismo que se buscaba instalar con la desaparicin de Lpez. Esta actitud, este pensamiento, trascendi. Detrs del secuestro de Lpez y de la falta de justicia para el esclarecimiento de su desaparicin han testimoniado casi 4000 vctimas del terrorismo de Estado y los niveles de desercin son bajsimos.

Para Carolina Varsky220, despus de la desaparicin de Jorge Julio Lpez se produjo un cambio en el proceso de citacin de los testigos y en los programas de proteccin de los mismos, adems
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Carolina Varsky, El testimonio como prueba en los procesos penales, (pag. 61) en Hacer Justicia. Nuevos debates sobre el juzgamiento de crmenes de lesa humanidad en la Argentina. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 2011.-

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se solicit a los tribunales que tuvieran especial cuidado en el momento de convocar a una persona. Para la autora, respecto de la desaparicin de Lpez, existe consenso en cuanto a interpretar este hecho como un intento, en los inicios del proceso de justicia, de amedrentar tanto a los testigos como al resto de los involucrados con el proceso judicial en marcha.

La desaparicin como significante del terror.

En la cultura poltica argentina, hablar de desaparecido remite a diversas connotaciones, a un recorrido histrico que nos ubica en la ltima dictadura cvico-militar. Como afirma Alejandro Kaufman, la especificidad de lo acontecido en la Argentina se concreta en la emergencia de una figura peculiar, la del desaparecido. Trmino, como tanto se sabe, que se reproduce en otras lenguas sin traducirse, indicando su singularidad221. Pero qu ocurre cundo esta singularidad aparece, surge, atraviesa la escena poltica, judicial, social y cultural a partir de una desaparicin en democracia222.

Un mirada sobre lo ocurrido con Lpez nos la da Len Rozitchner en un artculo publicado en la revista Puentes, donde afirma en este caso el nuevo desaparecido sigue produciendo el efecto que el terror busca: que no est ni vivo ni muerto, en una oscilacin permanente entre el ser y el no ser de su presencia ausente. Que seamos nosotros, para sostenerlo y pensarlo, quienes

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Kaufman, Alejandro. Revista Confines No 02, ttulo Desaparecidos, tema: Guerra y paz, Diciembre de 1998. Pginas 133-141 222 Desaparecido en democracia lleva como ttulo el libro de fotos de Gerardo del Oro editado por la CTA La Plata. Son las nicas palabras del libro. El resto son imgenes de 5 aos de intervenciones urbanas, marchas, instalaciones artsticas, en fin, modos diversos de las luchas contra la impunidad.

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debamos darle vida: al identificarnos con el desaparecido podemos correr su suerte, compartir su destino. Y los desaparecedores del pasado de pronto vuelven a aparecer con el acto ms osado y desafiante: vuelven a mostrar el rostro feroz de su existencia ahora convertida en presencia oscura y subterrnea223. Considerando este argumento, consideramos pertinente tomar a Antonio Gramsci y su concepto de hegemona para pensar la desaparicin como un signo con gran poder de coercin. La hegemona como un sentido de la realidad, como ese vvido sistema de significados y valores que se constituye en las prcticas y expectativas en la totalidad de la vida. De esta manera, la desaparicin en una situacin de dominio explcito, como lo puede ser una dictadura, contina su significacin, la traslada, en un marco de situacin poltica donde priman las situaciones de construccin de hegemonas tal como surgen en el contexto de gobiernos constitucionales en el periodo ms largo de estos en Argentina en los ltimos 100 aos. Hablamos de situacin de hegemona siguiendo a Raymond Williams, como un proceso social () y efectivo de experiencias, relaciones y actividades que tienen lmites y presiones especificas y cambiantes () que no se da de forma pasiva como una dominacin. Debe ser continuamente renovada, recreada, defendida y modificada. Asimismo, es continuamente resistida, limitada, alterada, desafiada por presiones que de ningn modo le son propias. Por lo tanto, debemos agregar al concepto de hegemona, los conceptos de contra-hegemona y hegemona alternativa que son elementos reales y persistentes de la prctica224. Desde esta mirada argumental y conceptual leemos las luchas por el significante que genera la desaparicin de Lpez.
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Len Rozitchner, La nica solucin es profundizar la justicia, Revista Puentes, Comisin provincial po r la Memoria, diciembre de 2006. 224 Williams, Raymond, Marxismo y Literatura, Hegemona (pag.126 a 139). Ed. Pennsula, Barcelona, 1980.

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Desde el mismo sentido, nos parece pertinente sumar las argumentaciones de las organizaciones querellantes discutiendo estas significaciones en las propias escenas de justicia objeto de nuestro anlisis. De esta manera lo argumentan cuando se trata de cambiar las calificaciones en las imputaciones, cuando solicitan la ampliacin de la imputacin penal para que se acuse de homicidio y, a su vez, se consigan las prisiones en crcel comn y no el goce de la domiciliaria, en el juicio del circuito Camps, donde adems de volver a juzgar a Etchecolatz, tambin estn el entonces Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Ibrico Saint Jean; y quien fuera Ministro de Gobierno, Jaime Smart. La presentacin de las querellas construye su solicitud teniendo la necesidad de aclarar desde qu sentidos comprende y configura la cuestin desaparecido o muerto, para llegar a las condenas por homicidio. Para esto comienzan con una cita de Julio Cortzar, que de alguna manera preside las argumentaciones, para terminar con las consideraciones de los propios testimonios en los juicios. Leemos: Nos permitimos citar la Negacin del Olvido que Julio Cortzar presentara en el Coloquio de Paris en 1981 precisamente por esto, hay que asumir de frente y sin tapujos esta realidad que muchos pretenden dar por terminada. Hay que mantener en un obstinado presente con toda su sangre e ignominia algo que ya se ha querido hacer entrar en el cmodo pas del olvido. Hay que seguir considerando como vivos a los que acaso ya no lo estn pero tenemos la obligacin de reclamar uno por uno hasta que la verdadera respuesta muestre finalmente la verdad que hoy se pretende escamotear. Esta cita muestra los debates que comenzaron a darse ya en el inicio de los 80 respecto de la situacin de los desaparecidos, debate que el movimiento de derechos humanos sald con la consigna Aparicin con vida.

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Sigue la presentacin argumentando que un testigo dijo, refirindose a un amigo entraable: su no vida, su no muerte reflejando lo que implica la desaparicin forzada de personas. Esa situacin, con toda su magnitud, no est reflejada en estas causas, porque la desaparicin forzada de personas no estaba presente en nuestro ordenamiento jurdico. Por eso aqu slo hay imputaciones por privaciones ilegales de libertad y tormentos. Y nosotros, en concordancia con la histrica postura de los organismos que representamos y conscientes de las abismales diferencias histricas, simblicas, sociales y psicolgicas existentes entre la desaparicin

forzada y los homicidios, slo aceptamos y as lo reclamamos, que la figura de homicidio calificado se aplique exclusivamente en esos casos donde especficos hallazgos documentales, testimonios de sobrevivientes o la identificacin de los restos, permitan entonces salir de esa no muerte propia de la desaparicin forzada de personas. Las consideraciones van de la necesidad de considerar an vivos a los que quizs no estn, hasta esa nocin de no muerte que implica la desaparicin.

Los discursos ante la desaparicin: Aparicin con vida o Buscamos a Lpez.

El hecho fue explicado y relatado desde diversos discursos. Mientras un sector de los organismos de DDHH y algunas organizaciones sociales y sindicales retomaron la consigna histrica de Aparicin con vida, otros sectores e instituciones de DDHH y otras organizaciones hablaban de Buscar a Lpez.

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Como dijimos, la desaparicin de Jorge Julio Lpez no fue prevista, ni esperada. No era ste un acontecimiento verosmil. Ninguna de las organizaciones querellantes, ningn testigo, ningn miembro de la justicia, imagin que habra una segunda desaparicin 30 aos despus. Esto no significa que no existieran amenazas o intimidaciones, pero ningn actor social vinculado directa o indirectamente con el juicio a Etchecolatz hizo pblico que esta situacin sera posible. Es ms, los integrantes de diversas organizaciones haban llegado a naturalizar las amenazas: a Chicha durante el juicio le llegaron cartas y fue intimidada de diversas formas, todo planteado y denunciado en el propio juicio; pero esto no alteraba en gran medida la situacin. Otro ejemplo es el de Adriana Calvo que tena el mismo contestador telefnico de los aos 80 que por sus desperfectos tcnicos casi no se entenda que dejaban dicho, y lo dejaba as a propsito para no tener que estar escuchando reiteradamente mensajes amenazantes. Pero la pregunta que se/nos hace Guadalupe Godoy, es por qu un gobierno que haba puesto prioridad poltica en el tema derechos humanos, en la derogacin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida o expropiar la ESMA, estuvo prcticamente ausente en el juicio a Etchecolatz? Esta ausencia implic a su vez la no realizacin de una valoracin de los riesgos de los sectores que podan operar en este juicio. Porque no son las organizaciones las que pueden valorar por s mismas los riesgos que se corren en estas causas. No slo para los testigos, sino para todos los actores involucrados en los juicios.

Esto explica, en alguna medida, el desconcierto, el impacto, la sorpresa de las primeras horas, de los primeros das. Pasado el estupor, sobrevino la movilizacin. Como aclar anteriormente, el sentido desde el cual los actores polticos vinculados a esta desaparicin en democracia (gobiernos provincial y nacional, poder judicial, poder legislativo, organizaciones sociales y

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sindicales, organismos de derechos humanos, medios masivos de comunicacin), tuvo por lo menos dos grandes significantes: 1. Exigencia de Aparicin con vida225. La consigna implica la reiteracin de un viejo reclamo. En la actualidad dirigida a los gobiernos y a los poderes constitucionales, considerando que existi un secuestro seguido de la desaparicin del testigo. Adems se agrega a la denuncia la posible participacin de la polica bonaerense en el hecho. Las responsabilidades aparecen dirigidas haca el Estado en general, delimitando de sta la nocin de gobiernos. 2. La propuesta Buscamos a Lpez226. En este caso la consigna presupone no una desaparicin sino una ausencia involuntaria, la bsqueda de alguien perdido. Las responsabilidades se diluyen en la sociedad, que debe buscar a Lpez. Los gobiernos son parte de esa bsqueda y la promueven, incluso proponiendo recompensas a quien pueda aportar algn dato sobre su paradero.

Mientras se daban las primeras marchas, el gobernador de entonces hablaba del primer desaparecido en democracia227. Mientras se buscaba que la imagen de Lpez estuviera en los medios, los patrulleros policiales ponan afiches en sus vidrios ofreciendo recompensas.

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Esta definicin fue la primera; incluso en la primera marcha (viernes 22 de septiembre de 2006), puso en juego todo su valor simblico-histrico, lo cual implic un marco de contencin a todas las organizaciones convocantes. La consigna fue compartida en por lo menos las 3 primeras marchas. Luego las convocatorias se convirtieron en arenas de una disputa por la caracterizacin del gobierno, por lo cual se dio una reconversin en las mismas. Surge as Exigimos al gobierno aparicin con vida ya, incluso ms adelante exigimos al gobierno nacional y provincial 226 Esta definicin fue posterior y surge ante la insistencia de las organizaciones de exigir al gobierno la aparicin con vida. Hay convocatorias de organizaciones sociales y de DDHH afines al gobierno nacional desde la consigna Busquemos a Lpez. 227 Felipe Sol, entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, fue el primer actor gubernamental en salir a hablar de Lpez como un desaparecido. Esto lo sigui reiterando an durante 2011, cuando siendo legislador nacional vot a favor de incorporar la desaparicin forzada en el Cdigo Penal argentino.

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Ante la situacin, la ciudad, los medios de comunicacin, la justicia, fueron escenarios donde se dio una fuerte disputa por los distintos sentidos que gener la desaparicin de Jorge Julio Lpez, en el marco de un juicio indito en la historia judicial y poltica argentina.

Las primeras reacciones fueron en general de estupor, aunque todos los entrevistados coinciden que fue Adriana Calvo quien no dudo desde el principio que se trataba de un nuevo secuestro y desaparicin. Las organizaciones se debatan respecto a cmo comunicar esta ausencia? Cmo celebrar el logro en la justicia si Lpez no estaba?

Esta encrucijada sera resuelta por muchas organizaciones en los primeros das. Apenas 5 das despus, leemos en un mail enviado por Adriana Calvo los esquemas que intentaran dar respuesta ante el acontecimiento-situacin de la desaparicin de Jorge Julio Lpez. Escribi Adriana Calvo desde la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos el 24 de septiembre de 2006: Les enviamos informe de la reunin realizada hoy sbado 23/9 en la Federacin de Asociaciones Gallegas, por la gravsima situacin de desaparicin de Julio Lpez. () Se comenz con un informe completo sobre el juicio a Etchecolatz, la desaparicin del compaero Julio Lpez, y todas las acciones y gestiones que hemos llevado a cabo desde el lunes 18/9. Se resolvi: 1- Enmarcar esta reunin y las acciones a seguir en el Encuentro 30 AOS - Memoria, Verdad y Justicia. 2- CONVOCAR a la JORNADA de actividades que se llevar a cabo en La Plata el da MARTES 26 de SEPTIEMBRE a partir de las 10 hs, momento en que se realizar la lectura de los fundamentos de

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la sentencia que conden a Etchecolatz228 a reclusin perpetua y comn, en el marco del genocidio ocurrido en la Argentina entre 1976 y 1983. Las organizaciones que integran Justicia Ya La Plata y las organizaciones sociales, polticas, gremiales, estudiantiles, etc. nucleadas en la Multisectorial La Plata CONVOCAN A CONCENTRARSE FRENTE AL PALACIO MUNICIPAL donde habr una pantalla donde se transmitir la lectura de los fundamentos. La CTA La Plata convoca a PARO y movilizacin para asistir a esa concentracin. 3- CONVOCAR desde el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia A UNA AMPLIA Y MASIVA JORNADA NACIONAL DE PROTESTA Y MOVILIZACIN PARA EL MIRCOLES 27 DE SEPTIEMBRE, teniendo como actividad central UNA MARCHA A LAS 17:30 HS. DESDE CONGRESO A PLAZA DE MAYO, con las siguientes consignas: Exigimos al Gobierno la aparicin con vida YA de Julio Lpez. El aparato represivo sigue impune. Juicio y castigo a los culpables.

Asimismo, la repercusin internacional surgi rpidamente, por lo menos a nivel de las organizaciones vinculadas al tema de la desaparicin forzada de personas o contra la tortura. Por intermedio del CODESEH y de Norberto Liwski, surge la intervencin de la Organizacin Mundial contra la Tortura, como queda planteado en este documento electrnico apenas 10 das despus de la desaparicin de Jorge Julio Lpez: ----- Original Message ----From: Clemencia Devia Suarez
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Como contamos, los tribunales no suelen leer los fundamentos de sus veredictos por su extensin y porque no se estila. En general se presenta una versin reducida y luego se entregan los documentos completos a las partes. Pero en este caso, ante la desaparicin de Lpez, se decidi volver a convocar a audiencia oral y pblica, donde se leyeron gran parte de estos fundamentos que, en ese nuevo contexto, con otras condiciones, valorizaba la condena en el marco de un genocidio, pero tambin constitua una escena pblica para denunciar lo ocurrido con Lpez.

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To: [email protected] ; [email protected] Cc: [email protected] Sent: Thursday, September 28, 2006 3:39 PM Subject: URGENTE de la OMCT_sobre denuncia ante el WGEID_caso Jorge Julio Lpez. Ginebra, 28 de septiembre de 2006 Doctora: Carmen Celiz Comit para la Defensa de la Salud, la tica y los Derechos Humanos (CODESEDH) Ciudad de Buenos Aires, Argentina Va E-mail: [email protected]; [email protected] Estimada Dra. Celiz, Reciba un cordial saludo. Le escribimos atentamente por encargo del Sr. Eric Sottas, Director de la Organizacin Mundial Contra la Tortura (OMCT), a propsito de las gestiones que se estn llevando a cabo respecto a la presunta desaparicin forzada del Sr. Jorge Julio Lpez, ex detenido-desaparecido y testigo clave dentro del juicio contra el ex polica Miguel Osvaldo Etchecolatz, por delitos de lesa humanidad cometidos durante el ltimo gobierno militar de Argentina (1976-1983). Atentamente le informamos que la OMCT ha presentado por escrito, en el da de hoy, la denuncia correspondiente por la presunta desaparicin forzada del Sr. Jorge Julio Lpez, ante el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias (WGEID)1, en la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos.

1 WGEID, sigla de su nombre en ingls: Working Group on Enforced or Involuntary Disappearances

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A travs de la denuncia hemos incluido las mismas informaciones existentes hasta ahora, las cuales son de pblico conocimiento. Nuestro Director nos ha informado que no es necesario que otras organizaciones, como por ejemplo las organizaciones que conforman el espacio de JUSTICIA YA LA PLATA, se adhieran a la denuncia que la OMCT ha presentado. Lo que si se puede hacer es que ustedes sometan otra denuncia cuando tengan mayores elementos que los que ya hemos transmitido al mencionado Grupo de Trabajo de la ONU. Unos nuevos elementos podran ser por ejemplo, la aparicin del Sr. Jorge Julio Lpez, o pruebas que permitan identificar a los autores de su presunto secuestro y desaparicin, o cualquier otro elemento que ustedes consideren importante y valioso para el trabajo del WGEID. Para efectuar ste trmite les enviamos, en correo adjunto a este mensaje, el formato que debe ser completado y una lista con explicaciones en espaol para completar el mismo, aclarndoles que, naturalmente, en la OMCT seguiremos al frente de las gestiones que sean necesarias para que esta situacin se resuelva positivamente, y estaremos disponibles para cualquier duda o aclaracin. Agradecindole de antemano la atencin a la presente y esperando seguir en contacto con usted y con su organizacin nos suscribimos cordialmente,

Clemencia Devia Surez Encargada de Programa - Seccin Espaol Organizacin Mundial Contra la Tortura (OMCT) Apartado postal No. 21, rue du Vieux-Billard, 8, CH-1211 Ginebra 8, Suiza Tel.: + 41 22 809 49 39 Fax: + 41 22 809 49 29

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E-mail: [email protected] URL: http://www.omct.org La OMCT coordina la red SOS-Tortura, compuesta por ms de 280 organizaciones en el mundo, comprometidas en la lucha contra la tortura y otras penas o tratos crueles,

inhumanos o degradantes, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales o sumarias, y otras formas de represin. La OMCT tiene estatus consultivo ante la ONU, la OIT y la Comisin Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos.

Nilda Eloy declar por primera vez junto con Jorge Julio Lpez en los Juicios por la Verdad en La Plata, ambos a mediados de 1.999 -apenas semanas antes que el fiscal, por sus testimonios nuevos, ms otras pruebas, decidiera pedir la indagatoria en aquel ao a Miguel Etchecolatz -. Desde aquel momento se iniciara la causa, pero tambin se inicia un vnculo entre Nilda Eloy y Jorge Julio Lpez, quienes se conocieron buscando justicia. Ambos haban pasado por Arana, una parte del llamado circuito Camps229. A partir de aquel encuentro, esta relacin tuvo continuidad en sus conversaciones, en su amistad, en sus confidencias, en recuerdos compartidos, en debates sobre qu y cmo declarar. Yo me pregunt muchas veces por qu desapareci el viejo y no yo cul era la diferencia? Se pregunta Nilda Eloy230. Los dos casi declaramos juntos por primera vez en el Juicio por la Verdad en 1999. Fuimos casos nuevos a partir de los cuales se juzg a Etchecolatz. Y entonces, cul era la diferencia? Y hay para m una sola diferencia: yo integro una asociacin. Porque l

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Ver en los Anexos el trabajo de investigacin de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos, principalmente coordinado por Adriana Calvo como un mapa de lo que fue el llamado Circuito Camps. 230 Conversaciones con Nilda Eloy exclusivas para la produccin de esta Tesis. Nilda es parte de la AEDD y contina cotidianamente trabajando por los juicios y contra la impunidad.

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no estaba solo, siempre estuvo acompaado, pero no estaba integrado, no estaba integrado en una organizacin.

Una mirada sobre Jorge Julio Lpez escrita por su amigo Jorge Pastor Asuaje 231, en aquellos das de 2006, traza una semblanza de suma riqueza para nuestros anlisis y aporta una lectura situada de la desaparicin de Jorge Julio Lpez. El testimonio escrito, tiene como punto de partida los 30 aos de la primera desaparicin cumplidos el 27 de octubre de 2006 y fueron publicados en el Boletn N270 de la Asociacin de Ex Detenidos Desparecidos (AEDD). Vale su lectura en aquel contexto: UN TESTIMONIO REVELADOR Y CONMOVEDOR SOBRE EL COMPAERO JORGE JULIO LPEZ ************************************** HABLA UNO DE SUS COMPAEROS ************************************* Al cumplirse 30 aos de aquel aciago da creo conveniente aclarar algunas cosas sobre Don Jorge Julio Lpez, aunque s que la mayora nunca ha dudado. Si no dije nada antes ha sido porque en este momento me parece que las palabras sirven de poco, si no son palabras que sirvan para encontrarlo. Un gran abrazo a todos Jorge Pastor Asuaje. Compaeros:
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Jorge Pastor Asuaje, adems de compaero de militancia de Jorge Julio Lpez en la Unidad Bsica La Maestre de los Hornos a principios de la dcada del 70, tambin recopil sus papeles, escritos y dibujos que sern analizados especficamente en otro captulo de esta Tesis.

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A esta hora hace treinta aos ya era tarde. Ya no recuerdo como me enter pero no fue mucho despus, apenas algunas horas; en aquel tiempo en que no existan los celulares las malas noticias igual circulaban rpido. En nuestro caso el sistema de controles, que luego servira para facilitar muchas cadas, tambin sirvi para eso; as me lleg la noticia del operativo en el que se llevaron a casi toda la militancia de la Juan Pablo Maestre, incluyendo a una anciana que haca honor a su nombre, Digna, que en ese momento tendra ya ms te setenta aos y a su sobrino nieto, Marcelito, que andara por los catorce, y entre ellos a un hombre callado y firme que, como la mayora de los que se llevaron, haba llegado a la unidad bsica en los eufricos das del 73. Otros, que en aquel momento haban derrochado balas en los discursos y discursos en las reuniones, ya haca tiempo que se haban ido. Pero alguno de ellos, lamentablemente, haba guardado buena memoria. Aunque no haca falta tanta para recordar los nombres y las direcciones de los que iban a las reuniones, de los que organizaban las peas, los campeonatos, las clases de apoyo escolar y todo el rosario de actividades que no eran slo la forma de atraer a los vecinos para engrosar una fuerza poltica, sino la sensacin sincera de que estbamos construyendo el poder popular y el hombre nuevo. Eso era lo que haca Jorge Julio Lpez en aquellos aos. No dir que l ni que ninguno de los otros era inocente, si algo quiero evitar es ese lugar comn de ese progresismo que pretende hacer creer que todos los perseguidos lo fueron nada ms que porque estaban en una agenda o porque pensaban distinto. Mierda. El sistema no era estpido ni nosotros tampoco. Si nos reprimieron fue porque algo estbamos haciendo. Algo estbamos haciendo para tratar de cambiar un mundo y un pas que sabamos injusto. Algunos estbamos dispuestos a ir ms lejos y a cargarnos al hombro el fusil de la historia, tal vez por eso no supimos valorar en su justa dimensin el poder de otras armas, menos mortferas pero tal vez ms contundentes para asentar el edificio de una revolucin.

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Eduardo Galeano en uno de sus libros, tampoco recuerdo cual, dice que despus de la guerra civil espaola el hijo de un militante republicano lleg de la escuela a contarle a su padre, desocupado y derrotado, que la maestra le haba dicho que Dios hizo el mundo. El padre enojado le contest: Tonto, eso es mentira. Al mundo lo hicimos nosotros, los albailes. Esa es el arma que don Jorge Julio Lpez ha utilizado durante toda su vida, una cuchara de albail con la que no slo supo levantar paredes y muros sino una voluntad de hierro y una conviccin que no se encuentra en los libros, ni en las reuniones. Porque si Lpez en algo no dej de militar nunca fue en el trabajo y en la justicia. La diferencia es que l a diferencia de otros, la mayora lamentablemente, no se puso nunca detrs de las paredes que levant para que le taparan la visin del mundo que estaba alrededor y refugiarse en la comodidad de sentir que su deber ya est cumplido con llevar el pan a la casa. Hasta donde yo s Jorge Julio Lpez no fue en aquellos tiempos ni ms ni menos que uno de los tantos de miles de militantes del peronismo revolucionario que tuvieron que padecer al enemigo en los barrios, y padecernos a nosotros mismos, con nuestra irresponsabilidad juvenil y burguesa. Porque quienes hablbamos de la guerra popular prolongada o de crear muchos Vietnam, no sabamos lo que eso significaba en la realidad. Yo recin empec a entenderlo el da en que me enter de la razzia en la Maestre, que haba decapitado en una madrugada todo un trabajo poltico en el que pensbamos resistir hasta la victoria final. All se me fue haciendo carne que la tortura y la muerte no era una posibilidad lejana, de la que uno se enteraba por relatos indirectos o documentos secretos, sino una posibilidad tan cercana que poda llegar hasta quienes uno supona tenan muchas menos posibilidades de caer que uno mismo. Creo que fue ese mismo 27 de octubre a la tarde cuando fui hasta el barrio a avisarle a Snchez que se vaya, que ya haban cado el Paraguayo, Lpez y varios ms. Recuerdo que Alejandro estaba

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cansado porque recin haba llegado del trabajo y me irrit su inconsciencia. Me pidi plata para un taxi porque le daba fiaca irse en micro con toda la familia. Se la pude dar, pero finalmente no sirvi de nada. Unos das despus lo fueron a buscar a lo de la madre y de all a otro lugar donde finalmente lo encontraron. Tal vez haya sido el mismo Alejandro o alguna otra persona del barrio quien me dijo en esos das el nombre del delator que haba llevado a las hienas a cada una de las casas, con una versin que muchos aos despus se modificara. Porque fue el mismo Lpez quien no slo pudo confirmar el nombre del delator, sino descubrir el periplo de la traicin, que arranc junto a la pared misma de la unidad bsica, pas por la oficina del obispo infame y volvi cargada de muerte a ese barrio donde habamos soado con ser felices. Ese es el recuerdo que tengo de aquel da. Y no s si contarlo servir de algo. Lo que s creo que es imprescindible es afirmar que tengo la certeza absoluta de cmo fueron las cosas y de que Jorge Julio Lpez en ese momento no dijo una palabra que pudiera ocasionar la cada de algn compaero. Ni la dijo tampoco despus. No slo porque resisti la tortura como un valiente, sino porque no tena siquiera nombres para dar. Todo lo que l poda conocer ya lo haba delatado otro y de lo dems no saba nada. O sea que Lpez no tuvo siquiera la posibilidad de haber negociado su vida a cambio de alguna informacin. Nuestro centralismo democrtico era muy democrtico en las consecuencias, pero no en la informacin. Todos quienes militaron en la Juventud Peronista de la poca saben que los compaeros de los barrios saban muchsimo menos de quienes no ramos del barrio que nosotros de ellos. A pesar de eso jams escuch de boca de Lpez algn reproche, como no lo escuch tampoco de ningn compaero de otro barrio. Durante estos 30 aos ellos han tenido una grandeza de la que muchos tendramos que aprender.

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La desaparicin vivida: voces situadas en la comunicacin electrnica.

Desde la propuesta de poner en comn las voces que atravesaron el juicio a Etchecolatz y la desaparicin de Lpez, nos resultan reveladores y de una crudeza implacable los intercambios por mensajes de correo electrnico de los protagonistas de aquellos acontecimientos y situaciones. Realizar un rescate de los documentos de esta historia situada, implica para esta Tesis la difusin de aquella situacin controversial que celebraba una condena por genocidio en uno de los primeros juicios despus de derogadas las leyes de Punto Final y Obediencia Debida; al mismo tiempo que se aterraba ante la desaparicin de Jorge Julio Lpez.

Podr leerse en esos mensajes enviados a miles de destinatarios, reenviados a travs de las redes de comunicacin de las organizaciones querellantes, de sus abogados, de sus militantes expectantes ante el resultado de un juicio histrico; no slo por su condena, sino por el intento de reinstalar el miedo. La disputa se instalaba en plena democracia, en el periodo ms largo de gobiernos constitucionales de los ltimos 100 aos. Luchas por los sentidos de la justicia, por los valores del testimonio, por el rol del Estado, por el papel de las organizaciones de la sociedad civil. Batallas por la gobernabilidad, la autoridad y el poder; en y por la cultura poltica.

La comunicacin electrnica que hemos elegido est producida exclusivamente por Guadalupe Godoy como parte de una de las querellas en el juicio contra Miguel Etchecolatz y militante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH). Posee los das y las horas, la madrugada, la maana, la tarde y la noche de la primer semana del 19 al 24 de septiembre de 2006. Tiene el remitente y el/los destinos. Son los mensajes originales sin correcciones ortogrficas, ni de

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estilos. Estn como se pudieron escribir, en sus contingencias y tensiones. Para leerlos, analizarlos, aportar a una comprensin situada de los significados, valores y experiencias que implic un secuestro y una desaparicin en aquel contexto para quienes trabajaban en el juicio a Miguel Etchecolatz desde las organizaciones. Quizs, en la puesta en comn de estos materiales, documentos urgentes, voces de las luchas, reclamos desgarrados, contradicciones escritas, situaciones paradojales, expresadas a partir de comunicaciones escritas en el correo electrnico, estemos en alguna medida realizando un aporte desde esta Tesis y su originalidad. Leemos

Original Message ----From: Guadalupe Godoy To: [email protected] Sent: Wednesday, September 20, 2006 1:11 AM Subject: [redabogados] Etchecolatz

Hola compaeros, seguramente todos habrn escuchado de la perpetua a Etchecolatz, por homicidios, pil y torturas EN EL MARCO DE UN GENOCIDIO. El pedido se haba hecho desde varios organismos que representbamos a AEDD, y los querellantes Nilda Eloy y Jorge Julio Lpez. (Ceprodh, Liberpueblo, LADH, Codesedh, Fidela e Hijos La Plata) Contaremos ms en detalle cuando tengamos los fundamentos de la sentencia, el 26.

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Pero ahora estamos ms que angustiados con la desaparicin de Julio. El domingo a la noche estuvo en su casa mirando tele y llam a su hijo para que lo pasara a buscar el lunes a la maana y lo llevara al tribunal. Iba a ir con sus dos hijos y tambin un sobrino. Cuando el hijo lleg a la maana, no estaba en la casa. Su esposa estaba dormida y no escuch nada. Lpez es querellante, nosotros no actuamos con poder, as que era imprescindible que estuviera presente para que todos los abogados pudiramos alegar (ya que ramos dos por cada querellante). Lo grave es que habamos unificado nuestro alegato, con lo cual por la cuestin formal, al no estar Lpez nos quedbamos sin parte de la fundamentacin legal de genocidio y SIN EL PEDIDO DE CONDENA, que estaba a cargo de la compaera de HIJOS. Luego de un rato, logramos que el tribunal nos autorizara a sentarnos igual y as pudimos alegar 232. En fin, cuento esto porque durante el da de ayer pensbamos que su ausencia tena que ver con alguna angustia que hubiera detonado el juicio, por todo lo que significa Etchecolatz para l. Sin estar tampoco demasiado convencidos, porque realmente Lpez fue uno de los ms enteros a lo largo del juicio233, y del reconocimiento a los centros clandestinos. Pero ahora han pasado casi 48 horas, se ley el veredicto (cosa que no se hubiera perdido por nada) y no aparece. Y ahora no descartamos ninguna hiptesis, y en

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Esta situacin es analizada y mencionada en esta Tesis en la parte III, captulo 4, por ser de suma tensin en las escenas objetos de nuestro anlisis. 233 Esta circunstancia sobre el estado de salud y emocional de Lpez va a ser parte de las primeras disputas respecto del motivo de ausencia; que fue explicado incluso por quien fuera entonces Ministro del Interior (en reuniones con los organismos), como un viejo que se fue a tomar el t a la casa de su ta (sic)

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cualquiera de ellas, tiene que ver con este juicio, donde los annimos y problemas telefnicos han sido habituales., en especial en el caso de Chicha Mariani234. Hay denuncia, habeas corpus y dems, todos se estn moviendo, fuimos a sus lugares de detencin, a los que pensbamos que podan ser un refugio para l, a hospitales y comisarias. Pero no encontramos nada. Hoy aprovechamos la presencia de funcionarios en el juicio para reclamarles que pongan avisos en la tv y los diarios con su foto, dijeron que s, esperamos que cumplan. Nos queda la sensacin de que los funcionarios piensan que es un seor muy viejito que por ah se desequilibr. No creemos realmente que sea as, pero en todo caso, eso tambin es consecuencia de los aos de impunidad y de lo que significa volver a recrear situaciones como las que l pas. Bueno, hasta aqu lo que les puedo decir, estamos aprovechando los medios235 para dar esto a conocer. Vamos a descansar un poco y a la maana veremos cmo seguir, apenas tenga novedades avisamos Un saludo grande para todos. Guadalupe. LADH La Plata

Horas despus y antes de la sentencia, leemos ----- Original Message ----From: LADH To: [email protected]
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Aparece la naturalizacin de las amenazas como un modus operandi habitual de sectores que operaban contra los juicios. 235 Surge ante la necesidad de difusin pblica, aunque sea de la foto de Lpez. Muchos recuerdan la situacin en el programa Maanas Argentinas de Canal 13 donde no queran que hablaran de este tema, pero si del juicio. Mientras tanto, otros periodistas replicaban la imagen del testigo desaparecido y comenzaban a instalar el tema en trminos mediticos.

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Sent: Wednesday, September 20, 2006 5:00 PM Subject: Re: [redabogados] Etchecolatz

Hola compaeros, `gracias a todos y retransmito a los compaeros de justicia ya que no estn en la red. La sentencia creo que va a ser interesante por diversas cuestiones que planteamos. Cuando tenga tiempo envo el alegato que hicimos y vern que si dan respuesta a varios de los reclamos va a ser muy interesante (victimizacin de testigos, validez de testimonios previamente dados en sede judicial (para delitos de lesa humanidad), necesidad de que las causas no se hagan caso por caso, etc. Obviamente, en este momento todo est relegado por la desaparicin de Julio, as que les pedimos a todos declaraciones sobre el tema, para seguir difundindolo. un abrazo Lupe

----- Original Message ----From: LADH To: [email protected] Sent: Wednesday, September 20, 2006 2:59 PM Subject: Re: [redabogados] Etchecolatz

hola compaeros. No tenemos todava noticias de Lpez, estamos en este momento reclamando que nos reciba el ministro del interior, para que exigir que hagan una campaa pblica para encontrarlo, pero Anbal Fernndez pidi tiempo para otorgarla.

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Vemos adems una gran descoordinacin entre Nacin y Provincia, y estamos bastante frustrados. Y con mucha bronca por no poder celebrar lo que signific el fallo. Las paradojas y las continuidades hacen que estemos pidiendo que aparezca Lpez, exactamente a 30 aos de su secuestro, el 26 de septiembre de 1976. Un abrazo a todos y cuando sepamos algo avisamos Guadalupe. LADH La Plata

La situacin se agrava a medida que pasa el tiempo, una variable clave en este tipo de circunstancias. Puede leerse esta encrucijada que implica la bronca por no poder celebrar el fallo, ante las paradojas y continuidades que hacen que estemos pidiendo que aparezca Lpez. El avance de los das da cuenta de las condiciones que se van configurando ante la desaparicin y pre-anuncia las incidencias que est tendr en las futuras escenas judiciales y culturales en las luchas contra la impunidad y por la continuidad de los juicios.

----- Original Message ----From: Guadalupe Godoy To: [email protected] Sent: Saturday, September 23, 2006 12:13 AM Subject: [redabogados] hole comparers hola a todos, y gracias por el apoyo. Ac estamos pasando momentos muy difciles, pero realmente estamos sobrellevndolo con mucha claridad y unidad de todos los compaeros, y eso ayuda. Hoy logramos entrevista con Anbal Fernndez, obviamente no muy productiva. Acabamos de salir de reunin con Sol, arlaran, sigue sin haber

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novedades. La marcha fue multitudinaria y unitaria aunque con algunos matices, porque obviamente, reclamamos aparicin con vida pero tambin que el gobierno de respuestas y gestos fuertes.: queremos que echen de la bonaerense a los 60 efectivos que todava estn en actividad y vienen desde la dictadura, queremos que sanciones a los policas que dieron la informacin de que el cadver calcinado era de Lpez, con lo que lograron transmitir terror en la ciudad de la plata. En el terreno "jurdico" hemos evaluado que lo fundamental es que hagamos gestos que indiquen claramente que la continuidad de las causas no est en juego. el da 26 se leern los fundamentos del fallo, y pensbamos armar un escrito solicitando en las causas que ya estn vigentes en la ciudad de la plata, que se ample la indagatoria a los procesados por el delito de genocidio. Obviamente, cada causa tiene particularidades, y seguramente no todos van a estar de acuerdo con la implementacin de la figura jurdica, pero queramos hacer presentaciones trascendentes en las causas como clara seal de que no nos van a amedrentar. Propongo que quienes puedan y quieran hacerlo en el resto del pas, se sumen a esto. Maana voy a mandar nuestros alegatos y todos los materiales con los que hemos trabajado para hacerlo, y apenas tengamos los fundamentos de la sentencia tambin lo haremos. Tambin quienes puedan acercarse, creemos fundamental que sea masiva la presencia en la lectura de la sentencia, el martes a las 10 hs. Y maana hay una reunin en bs as, para convocar a una marcha que se hara entre el martes y el mircoles en Buenos Aires.

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Bueno, en mail aparte mando comunicado para enviar adhesiones, y sigo contndoles lo que sepamos. Un fuerte abrazo a todos. Lupe

Por ltimo, volvemos a situarnos en el da de la sentencia, para leer condensadas en tres prrafos las encrucijadas entre gobernabilidad, autoridad y poder de las que hablamos en esta Tesis. El rol de la polica bonaerense, la continuidad de sus prcticas; la angustia por Lpez en el marco de los increbles fundamentos del fallo que escuchamos

hola compaeros, otra vez con novedades. Julio sigue sin aparecer, habrn escuchado que Sol ya reconoci que manejan la hiptesis de un secuestro a manos de miembros de la bonaerense. Es indignante que hayamos tenido que llegar a esto para que exoneraran a SESENTA que quedaban desde la dictadura, escuchar a arlaran reconocer los fracasos de las purgas, y que nos ofrezcan guardia policial y pulseritas rastreadoras para garantizar la seguridad de los testigos. Hoy es un da muy contradictorio. La angustia por julio y los increbles fundamentos (fragmentos) del fallo que escuchamos. Voy a tenerlo maana a medioda, pero puedo adelantarles que no tiene nada que ver con fallos anteriores, tiene una dureza y una humanidad increbles. Los fundamentos del genocidio (finalmente la condena es por homicidio, pil y torturas, delitos de lesa humanidad en el marco de un genocidio; para no afectar el principio de congruencia, ya que no fue indagado por ese delito) la necesidad de unificar causas, impedir la re victimizacin de testigos, y casi todo lo que le pedimos en nuestro alegato.

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As que quienes quieran el alegato y el fallo (como la red no admite adjuntos) envenme un mail a mi casilla, para no congestionar la red. Y por supuesto, recuerden que maana a las 17:30 hs es la marcha en capital por la aparicin con vida de julio un abrazo a todos guadalupe ladh la plata

La lectura de estos correos electrnicos nos sita en los das y horas de zozobra, de incertidumbres, encarnados en las angustias. Dan cuenta de los alcances de aquello que se considera prcticas sociales genocidas, como lo hemos citado a partir de los estudios de Daniel Feierstein. Tambin, como lo expresa la cita de Rodolfo Walsh en la Introduccin de esta Tesis, el terror busca inmovilizar. Y es a travs de la palabra como accin, de prcticas de la comunicacin entendidas como herramientas, que se generan las condiciones de posibilidad para horadar estos intentos por instalar e irradiar el miedo en un pueblo, el argentino, que haba conquistado un acontecimiento de singularidad mundial condenando por genocidio en su territorio con tribunales civiles y ordinarios, crmenes ocurridos treinta aos antes. Como reflexiona Mijail Bajtin236, no puede existir la palabra separada del hablante, de su situacin, de su actitud hacia el oyente (lector) y de las situaciones que los vinculan. Desde esta

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Mijail Bajtin, Esttica de la creacin verbal. 2da edicin. El problema de los gneros discursivos (pag.245 a 250). Ed. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2008.-

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lgica hemos propuesto la lectura de estos escritos en los mail, porque tienen los tonos de la cotidianeidad de una situacin apremiante, porque hablan desde esa particular mezcla de alegra por la sentencia- y del dolor/angustia -por la desaparicin-. De alguna manera, damos cuenta de este tipo de comunicacin electrnica como un gnero discursivo. Porque estos enunciados reflejan las condiciones especficas y el objeto de cada una de las esferas no slo por su contenido (temtico) y por su estilo verbal, o sea, por la seleccin de los recursos lxicos, fraseolgicos y gramaticales de la lengua, sino, ante todo, por su composicin o estructuracin. () Cada enunciado separado es, por supuesto, individual, pero cada esfera del uso de la lengua elabora sus tipos relativamente estables de enunciados, a los que denominamos gneros discursivos. Con Bajtin compartimos la idea de que el lenguaje participa en la vida a travs de los enunciados concretos que lo realizan, as como la vida participa del lenguaje a travs de sus enunciados; y desde esta lgica hemos puesto en comn estos escritos de la comunicacin electrnica situados en los das y horas de la desaparicin de Lpez y de la condena por genocidio a Etchecolatz.

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IV CAPITULO 2.

LOS TESTIMONIOS DE LPEZ: LO POPULAR ENTRE TONOS Y PERMISOS Lpez habla tambin desde el compromiso que tens con la gente que estuvo con vos. Es un compromiso que est por encima de vos y de tus propios recuerdos. Nilda Eloy

Lpez en la escena del juicio

Me detengo en el papel del Jorge Julio Lpez en el juicio analizado desde el rol del testimonio, en tanto cambio de estatuto de una escena de justicia, re-significacin de un nuevo momento. Para introducirnos en este tema, transcribo una breve crnica de aquel da donde relato el marco de sus declaraciones en el juicio oral y pblico para abordar las caractersticas de ese testimonio, pero tambin sus alcances y consecuencias:

El sobreviviente, quien hoy tiene 76 aos, declar que fue secuestrado en octubre de 1976 por una "patota" que integraban, entre otros, Etchecolatz y su chofer, el polica Hugo Guallama, a quien hoy reconoci en una fotografa que le exhibi el Tribunal. Lpez estuvo detenido ilegalmente en dos centros clandestinos de la zona de Arana: el Destacamento policial y el "Pozo de Arana", que funcionaba en el viejo casco de la estancia La Armona. En el primero estuvo dos das ("nos picanearon toda la noche", cont), y luego fue trasladado al segundo, en donde tambin fue sometido a torturas.

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Mientras estaba secuestrado all, en una oportunidad escuch que una mujer mayor peda a gritos que no le pegaran. "Deca: 'por qu no me defendi, Padre?'. Le preguntaron quin la haba trado, y dijo que era (Monseor Antonio) Plaza", describi el testigo, y agreg: "Aparentemente, ella se haba refugiado en la Catedral para que no la secuestraran, y Plaza les dijo (a los represores) 'yo se las voy a llevar'. Y ah estaba". Cuando Patricia Dell'Orto y su esposo Ambrosio De Marco llegaron al centro clandestino "estaban deshechos". "Era noche y da que los torturaban, porque no declaraban", record el ex detenido-desaparecido, que conoca a la pareja porque militaban juntos en una unidad bsica barrial. A principios de noviembre ("fue el da que pusieron la bomba en la Jefatura de Polica", record), lleg al lugar la "patota" y reuni a todos los prisioneros en una misma celda. En ese momento pudo hablar con Patricia, quien le cont que haba sido violada por los represores de la "patota". "Avsale a mis nenes y a mis padres donde estuve", le pidi la joven. Lpez seal que en ese momento los guardias ingresaron al calabozo y se llevaron a uno de los detenidos, Norberto Rodas (quien permanece desaparecido). "Escucho un martillazo y un tiro, un grito y no habl ms", record. Cuando volvieron a entrar al calabozo y se llevaron a Patricia, Lpez logr asomarse por una pequea mirilla en la puerta. "Ella les peda que no la maten, que quera criar a sus nenitas", record hoy el testigo, entre lgrimas. Vio cmo fusilaron a la joven, y luego a Ambrosio De Marco. "Si alguna vez encuentran los cuerpos, van a ver que tienen un tiro en la cabeza", sostuvo. El ex detenido-desaparecido se emocion al recordar a Patricia: "Ella nunca agarr un arma en la mano. Se dedicaba a cuidar chicos y darles de comer. Esas eran mujeres de oro, y ellos las mataron".

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Segn el sobreviviente, fue Etchecolatz en persona quien "dirigi esa matanza": "Era un asesino serial, no tena compasin", dijo, e indic: "Yo sent que mataron a ms esa noche. Decan que por cada soldado que muriera, iban a morir cinco de nosotros". En una oportunidad, los guardias trajeron a los prisioneros una olla repleta de albndigas. "Algo le haban puesto, porque nos dormimos todos", rememor. Cuando Lpez despert, estaba en la comisara 5 de La Plata, junto a varios otros prisioneros que haban sido trasladados junto a l desde Arana. All, comparti el cautiverio con Guillermo Efran Cano, Julio Mayor y Mara Hebelia Sanz (quienes testimoniarn tambin en este juicio). "Un da lleg la patota, y empezaron por m y por Cano, a picanearnos", afirm el testigo. En esa sesin de torturas estuvo presente Miguel Etchecolatz. "Me miraba desde un costado y les deca (a los otros torturadores): 'subile, subile ms'. La picana era a batera, y l deca que no era suficiente", asegur. Desde la comisara 5, Lpez fue trasladado a la 8, en donde tiempo despus le comunicaron que sera puesto a disposicin del Poder Ejecutivo Nacional. El 4 de abril de 1977, fue llevado desde all en un camin del Servicio Penitenciario Provincial a la Unidad Penal N 9 de La Plata, de donde fue liberado recin el 25 de junio de 1979

En la misma lnea de anlisis y para entender el clima en el cual se daba aquella declaracin, citamos las expresiones del juez Carlos Rozanski en los fundamentos de la sentencia cuando al referirse al testimonio de Jorge Julio Lpez expresa que: Respecto de la muerte de Patricia Dell'Orto y Ambrosio de Marco corresponde referirse a las declaraciones anteriores del Seor Lpez las que fueran introducidas al debate por su lectura, dado que durante el trascurso de su declaracin en el juicio el recuerdo de los hechos le produjo un estado de angustia que al ser

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percibido por el tribunal motiv su atencin por parte del mdico de la Municipalidad, quien se encontraba a ese efecto en la sala contigua a la audiencia. Con respecto a aquella situacin en la escena de justicia generada en la declaracin de Lpez, Rozanski tambin afirma sobre el testimonio que en el juicio todos fueron testigos importantes, pero no todos aportaron datos de la misma importancia. En el caso de Lpez, se da que es un hombre grande que despus de muchos aos cuenta lo que le pas y da detalles. No tuvo limitaciones para hablar, habl sin especulaciones. Dijo lo que pas. Muchas personas estn sacando de s hechos de esta naturaleza, y se observa que lo hacen porque tienen necesidad de contar lo que pas, no slo a ellos sino al que estaba al lado. La intensidad, la falta de freno para contar que tuvo Lpez, slo la tienen los chicos y las personas que han vivido situaciones tan traumticas, que han viajado tan lejos en el dolor, que no estn comprendidos por la especulacin. Tienen ese mandato de contar todo.

Como sostiene Silvia Delfino (2006) la lucha antidiscriminatoria es una lucha contra la impunidad de los genocidios, que se perpeta hoy en la figura de Julio Lpez, desaparecido por testimoniar, y se reactualiza en la del excluido social y poltico a travs de la pobreza. Es tambin una lucha ideolgica y organizativa respecto de los modos de autorizacin democrtica que articulan reclamos colectivos de justicia.

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Jorge Julio Lpez y sus testimonios.

Las primeras declaraciones de Jorge Julio Lpez fueron en el Juicio por la verdad de La Plata237. A sus 69 aos declar por primera vez el 7 de julio de 1999. Se present para atestiguar sobre lo ocurrido con Patricia Dell Orto y Ambrosio de Marco, a solicitud de la familia de Patricia. Segn su declaracin, haba visto a travs de una mirilla la crueldad con que fueron fusilados. As comienza el Acta que da cuenta de la primera declaracin en 1999: Seor Lpez, usted ha sido llamado a declarar como testigo por ste Tribunal, en el marco genrico de las actuaciones en donde se investiga las circunstancias de la desaparicin y el destino final de quienes fueron vctimas de la represin ilegal en ste mbito territorial durante los aos 1976 a 1983; usted puntualmente fue convocado en las actuaciones donde se investiga las circunstancias de la desaparicin y el destino final de Graciela Patricia del Dell Orto Y Ambrosio Francisco de MARCO, como usted declara en calidad de testigo lo primero que impone las normas legales es hacerle saber que el falso testimonio est penado con pena de prisin... Lpez: S seor... Presidente: Lo segundo es que le voy a solicitar es el debido juramento de decir verdad que usted debe prestar por sus creencias religiosas, jura usted decir la verdad.

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Los Juicios por la Verdad se generaron en 1995 a partir de un acuerdo entre el Estado argentino y la Comisin Interamericana de Derechos Humanos. Estos procesos slo se dieron en Salta, Jujuy, Crdoba, Mendoza, Rosario, Mar del Plata, Baha Blanca y La Plata. Como sostiene Martn Lozada, en su libro Sobre el Genocidio, el crimen fundamental: Dichos procesos tienen a la verdad com o objeto autnomo de indagacin judicial, lo cual resulta un concepto novedoso en nuestro derecho. No se trata de procesos penales ordinarios, sino de una categora sui generis cuyo fin es dar satisfaccin a un derecho constitucional y a un derecho humano fundamental: el derecho a la verdad

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Luego de brindar sus datos personales, domicilio, ocupacin, lugar de nacimiento, nombre de sus padres, comienza un dilogo donde Lpez muestra (as lo recuerdan quienes estuvieron) su imperiosa necesidad de contar Presidente: Es usted amigo ntimo, enemigo, familiar o tiene algn tipo de causa pendiente con alguna de las personas que le mencione. Lpez: No, ninguno, solamente testigo... Presidente: Las generales de la ley que les fueron explicadas no les comprenden. Lpez: Yo estuve... Presidente: Espere seor... Seor Lpez, usted estuvo en alguna oportunidad detenido o privado ilegalmente de su libertad. Lpez: S seor!, estuve 5 meses secuestrado en... Presidente: Dnde estuvo secuestrado... Lpez: En el Pozo de Arana, en Cuatrerismo y en la Comisara quinta...

Como se puede observar en la declaracin se trata de un dilogo ida y vuelta. Lpez pidi que le pregunten y se estableci una conversacin con el juez, presidente del Tribunal. En esta, su primera declaracin, la construccin de su propio relato es diferente a aquella que ocurrira en 2006 en el juicio a Etchecolatz, donde la caracterstica principal tiene que ver un hablar ms de continuo, con el ir desgranando recuerdos apuntados en papeles y ya puestos en comn con otros ex detenidos desaparecidos, en otras conversaciones y, como veremos ms adelante, en otros tonos y con nuevos permisos. En referencia a su militancia y a la relacin con Patricia DellOrto y Ambrosio de Marco, estas son las palabras del ao 1999:

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Lpez: Habl con ella, con la chica y con l... la chica lo que me encarg... que yo tratara de buscar a la madre, a los padres y que le dijera lo que haba ocurrido. Presidente: Usted conoca a estos chicos... de... Lpez: los conoca de mi barrio... de una Unidad Bsica Peronista que haba... que andaban siempre... Presidente: Usted militaba en esa Unidad Bsica... Lpez: Yo iba a llevar chicos a jugar al ftbol... y todo eso... Presidente: Y los conoca de all... Lpez: Porque ellos hacan torneos de ftbol y todas esas cosas...

En su primer declaracin Lpez considera oportuno poner el cuerpo como prueb a de las torturas en el Centro Clandestino de Detencin. Esta actitud, este modo de narrar, fue uno de los que ms llam la atencin del tribunal y de los presentes. Estas maneras de comprometerse con su relato, de ofrecer su cuerpo tambin como evidencia, de denuncia del alcance de las torturas y los tormentos a l y quienes estuvieron clandestinamente cautivos, muestra una continuidad y ser tambin una de las claves de su testimonio en el juicio a Etchecolatz. Dice en 1999 en distintas partes de su declaracin --Lpez: S! Si ustedes averiguan de la gente que trabaja, que trabajaba en Investigaciones en ese tiempo, yo si veo las fotos los reconozco... a todos, hasta el que pona la picana... quiere que le ensee cmo me quedo el cuerpo... Presidente: No, no es necesario... Usted puede reconocer... Lpez: Quiere que le muestre cmo me dejaron ac el pecho...

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Pregunta y ofrece su propio cuerpo como testimonio

Presidente: No, no es necesario... usted puede reconocer fotos... Lpez: S seor... () Jorge Julio Lpez: En la Comisara 5 ponan la que le decan el Asador ellos, era la cama, que lo ponan atado de pies y manos y despus le pasaban la picana, o los pateaban... Presidente: Usted fue objeto de esos tormentos? Jorge Julio Lpez: S, si usted tiene alguna duda seor, le muestro el pecho... Presidente: No es necesario. Usted vio alguna otra persona que haya sido objeto de esos apremios ilegales? Jorge Julio Lpez: Y todos los que estaban ah, porque los iban sacando por turnos, que los traan, los iban dndoles apremios, o pegndoles o dndole la picana.

En determinado momento, se produce una referencia a aquella como su primera declaracin judicial: Presidente: Usted es la primera vez que declara seor Lpez, alguna vez declar en Tribunales en alguna otra oportunidad? Jorge Julio Lpez: Nunca. Presidente: Esta es la primera vez que relata estos hechos en Tribunales. Jorge Julio Lpez: S, yo ah dos por tres te sacaban y te hacan as, relatos, o te preguntaban, pero adelante de un Juez es la primera vez, por ah me equivoco en alguna cosa, pero lo que me da la memoria es todo cierto

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Es tal la precisin, los detalles y las referencias territoriales que va dando Jorge Julio Lpez apoyado en su experiencia como albail, pero tambin por su modo de mirar, de escuchar, de oler (modos de la culturas populares que analizaremos en detalle), que su primer declaracin produce efectos, genera peticiones al tribunal, abre la posibilidad de inspecciones oculares en los lugares que l describe. Un ejemplo es el dilogo con el abogado del APDH, Jaime Glzmann. Dr. Glzmann: Cundo usted lleg a Arana y ha hablado muchsimo y muy bien, ha dado una cantidad de datos muy valiosos sobre Arana, dice Pozo de Arana no? o Destacamento de Arana, es lo mismo... Jorge Julio Lpez: No, no es lo mismo, el Destacamento es el que est pegado al almacn, ese es el Destacamento Policial, y este Pozo de Arana estaba pasando la estacin de servicio, hacia adentro, como se lo describ hoy... Dr. Glzmann: Yo le voy a hacer una pregunta al testigo, para luego fundar una peticin al Tribunal, usted si hoy fuera llevado al lugar, a Arana, usted podra reconocer el lugar donde estuvo, donde estaba el lugar donde lo torturaban, y el otro lugar al que se refiere, los dos lugares, usted podra ir y dar a los Jueces y mostrarles el lugar donde usted estuvo en Arana? Jorge Julio Lpez: El lugar donde estaba el Pozo s lo reconozco, ms o menos, dando as la vuelta as como le explico, pero el otro no s, decan Cuatrerismo pero no s, era cerca de la chanchera de Venturino... porque todos los presos decan lo mismo.

Pero tambin aparecen estos detalles construidos como certezas desde el saber de un trabajador, que en una situacin paradjica, haba construido desde una empresa constructora las propias celdas que los alojaran. As surge del dilogo entre Lpez y Schiffrin en aquel testimonio de 1999.

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Dr. SCHIFFRIN. Usted ya conoca la zona de Arana... Jorge Julio Lpez: Conoca todo, no le digo que yo haca siete u ocho aos, la empresa en que yo estaba haba ganado una licitacin, haba trabajado ah en, conoca todo... Dr. SCHIFFRIN. As que usted ya el destacamento lo tena bien conocido? Jorge Julio Lpez: Todo, conoca todo... Dr. SCHIFFRIN. Pero quiere decir que usted haba trabajado en obras del Destacamento? Jorge Julio Lpez: Haca muchos aos haba trabajado, haciendo arreglos... que ellos decan que era para los Prisioneros de Guerra decan... Dr. SCHIFFRIN. Cuando usted trabaj, le decan que era para los Prisioneros de Guerra? Jorge Julio Lpez: S, que si hay una guerra, tenemos esto para los Prisioneros decan...

De manera paradojal, en esa guerra, Lpez vino a ser el enemigo en tanto delincuente subversivo que estara alojado en las celdas que l mismo construy como albail trabajando para una empresa constructora.

Por ltimo y como parte de aquella escena que en los Juicios por la Verdad iba construyendo las condiciones de los juicios que vendran 7 aos despus, de los testimonios que profundizaran una manera de narrar, de los indicios desde los cuales se fue recompon iendo una trama de las memorias, es significativo el efecto material que el testimonio de Lpez tiene en aquel momento y tal como lo expresa el abogado querellante del APDH, Jaime Gluzmann antes de que Lpez salga de la sala y ante el tribunal. Valoracin de un testimonio, materialidad de un relato, efectos judiciales haca la reparacin simblica y la reconstruccin territorial de un plan represivo.

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--Glzman: Bueno, yo entiendo que la declaracin del testigo realmente me resulta sumamente interesante en cuanto pueda haber aportado cosas valiosas desconocidas hasta ahora tanto por quien ha promovido este juicio o por los mismos seores camaristas, yo creo que la precisin y la memoria que ha demostrado este testigo, hacen viable la proposicin que voy hacer, que es una inspeccin ocular a la Comisara Quinta, una inspeccin ocular a Arana, Cuatrerismo, con el seor con el objeto que vaya mostrando, bueno una inspeccin ocular con todo ello signifique...poder dar a las partes y a la Cmara una reconstruccin cabal de lugares que son comunes donde la gente viene y repite que estuvo, cmo y de qu manera, que sera bueno a esta altura, que la propia Cmara tuviera su composicin de lugar en qu consistan esos campos clandestinos de detencin, concretamente Arana; Cuatrerismo, la Quinta, la Octava creo que no hace falta porque el tribunal ya ha ido y adems el seor dice que estuvo en la parte de la Comisara, en forma que yo dira eso solo, Arana, el Pozo, la Quinta, Cuatrerismo y la Quinta...

Nilda Eloy estaba escuchando aquel testimonio, y nos cuenta que Jorge Julio Lpez en el Juicio por la Verdad, hablaba del pozo de Arana, del pozo Entonces lo esper en el hall del tribunal y fui a decirle que yo haba estado en el mismo lugar. Que no haba declarado nunca, salvo por escrito para Espaa. Una semana despus nos volvimos a encontrar, con l y con Rufino Almeida. Y l encontr en nosotros dos ese interlocutor a quien no tena necesidad de explicarle lo que ests diciendo. A partir de ah, Jorge inicia otro camino, un camino distinto: donde empieza a traer cosas que haba anotado, lo que haba investigado yendo a Correa, haber encontrado esto o lo otro, haber preguntado a gente del barrio, haber encontrado otros datos o

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simplemente aparecan los recuerdos, brotaban Y ya no estaba solo, incluso para investigar. Es el camino para poder compartir aquello que haba elaborado solo, en absoluta soledad.

Eduardo Reszes238, relator en los Juicios por la Verdad, estuvo aquel da del ao 1999 escuchando aquel testimonio y recuerda: Estuve entre el 99 y el 2001 en casi todos los mircoles en aquellas jornadas del Juicio por la Verdad. Nadie esperaba un testimonio como el de Lpez. Primero por su tono, campechano, coloquial; pero tambin porque se levantaba la remera para querer mostrarle al juez las secuelas de la tortura. Un testimonio de muchas horas, que caus conmocin en la mayora de los presentes. Adems, despus nos fuimos a recorrer Arana con l, donde reconoci lugares que nunca haban sido reconocidos. Terminamos a la noche tarde en la Comisara 5 y se encuentra personalmente con la familia DellOrto. En esta primer declaracin se notaba que Lpez estaba solo y sac todo lo que tena guardado de una manera espontnea

Como surge de los anexos documentales, la historia de la causa para juzgar a Miguel Etchecolatz tuvo su origen en septiembre de 1999 y en gran medida se bas en testimonios dados durante la dcada del 90 en los ya sealados Juicios por la Verdad. En los apuntes de las organizaciones se lee el 7 marzo de 2002: copia expte. Lpez Jorge Julio 2147/SU / copia declaracin Lpez Jorge Julio 2147/s.u. JUICIO POR LA VERDAD.

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Eduardo Reszes es una de las pocas personas que desde distintos roles escuch los dos testimonios en escenas judiciales ms importantes para Jorge Julio Lpez: el de 1999 en los Juicios por la Verdad y el de 2006 en el juicio a Etchecolatz.

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Y aunque su primera declaracin fuera del ao 1999, en el ao 2001 (ao paradigmtico en nuestro pas) volvi a presentarse, esta vez junto a Nilda Eloy y como querellante, en la causa que se iba formando contra Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Estas referencias muestran cmo y desde cundo el testigo comienza sus periplos de declaraciones hasta llegar al 28 junio de 2006. El da de su declaracin, Lpez est acompaado por sus dos hijos, su sobrino y su nuera. Por la ansiedad lleg media hora antes. Nilda Eloy recuerda que la compaa de su familia lo puso completamente contento239; es que su primera declaracin en 1999 no haba sido compartida con sus familiares. La declaracin dur tres horas y su testimonio en esa escena ser analizado en particular considerando al mismo como un acto testimonial dentro del acontecimiento ms general de juzgamiento a Etchecolatz.

Jorge Julio Lpez: un testimonio entre culturas, lenguajes y discursos240. Si la realidad es opaca, existen zonas privilegiadas -Seales, indicios- que permiten descifrarla Carlo Ginzburg

Jorge Julio Lpez tomaba el micro desde Los Hornos, ciudad que limita con La Plata a partir de la calle 31, cuya entrada principal est en la Avenida 60. Ese era el lugar donde viva desde que vino desde General Villegas, su pueblo natal. La denominacin Los Hornos, proviene de los
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Tantas voces, tantas vidas, Asociacin de ex detenidos desaparecidos, ao 10, nmero 20, septiembre de 2011. 240 Este apartado, con el mismo ttulo, se produjo a partir del trabajo final presentado en el Seminario de Doctorado, dictado por Pablo Alabarces en marzo de 2012.

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hornos de ladrillos que abastecan la construccin de la ciudad y que se extendan en esa zona semi-rural hasta mediados del siglo XX, donde era comn que viviera un albail como Lpez. La declaracin de Lpez era el segundo testimonio ante una instancia judicial platense. La primera fue el 7 de julio de 1999 en el Juicio por la Verdad en La Plata. La segunda, objeto de nuestro anlisis, fue el 28 de junio de 2006 en el juicio contra Miguel Etchecolatz. Las imgenes muestran a 3 jueces sobre una elevacin presidiendo la audiencia, a su lado un secretario con una computadora. Los abogados querellantes se ubican a la derecha del Tribunal, visto ste de frente; a la izquierda el abogado defensor y en ese costado cmaras de televisin de canales locales y nacionales, adems de fotgrafos. En las sillas hay pblico, se reconocen en las primeras filas miembros de organismos de derechos humanos, desde la mitad haca atrs la sala est vaca. Nuestra mirada241 es la cmara de la Comisin Provincial por la Memoria242. Hay planos generales del lugar, hasta que el tribunal nombra las asistencias y la imagen recorre los rostros de quienes van mencionando.

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En este caso, nosotros nos reconocemos en la mirada y desde el lugar desde donde se mira. Distinto a esas polticas de la mirada donde el poder se sita en ella como espectculo a ser admirado () el poder , en fin es poderoso porque es visto, nos dice Eduardo Rinesi, en Las formas del orden. Apuntes para una historia de la mirada, en La Nacin subrepticia. Lo monstruoso y lo maldito en la cultura argentina. El astillero ed., Buenos Aires, 1997. 242 La Comisin Provincial por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires es un organismo pblico extrapoderes que funciona de manera autnoma y autrquica. Fue creada por resoluciones y leyes de la Cmara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires entre el ao 1999 y 2000. Tiene bajo su resguardo los archivos de lo que fuera la DIPBA, agencia de inteligencia de la polica bonaerense hasta 1998. Est integrada por referentes de organismos de derechos humanos, el sindicalismo, el mbito judicial y universitario, legisladores y religiosos de distintos credos. Cuando en el ao 2006 comenzaron a realizarse los juicios a los responsables por delitos de lesa humanidad luego de la anulacin de las leyes de impunidad- la Comisin Provincial por la Memoria fue convocada para realizar el registro audiovisual de las audiencias. De este modo se afianzaba un concepto amplio del principio de publicidad, pues no slo se trataba de promover la difusin de los juicios, sino de conformar un archivo audiovisual que pueda ser de acceso pblico. El anlisis mira desde esa cmara y esta discusin sobre la filmacin de este tipo de juicios est en pleno desarrollo tanto a nivel jurdico como en las ciencias sociales.

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Cuando el juez declara abierto el debate, dice que el primer testimonio del da es el de Julio Lpez, quien entra desde atrs del estrado de los jueces, de jean, campera de polar bord y su gorra en la mano. Pasan las preguntas de rigor, las generales de la ley y el compromiso de decir la verdad Se sienta frente a los jueces, de espaldas al pblico, sus abogados a la derecha. El acusado no est. Etchecolatz ha pedido permiso al Tribunal para no estar presente, quien lo ha concedido. El testimonio comienza ubicndose en octubre de 1976 con la narracin de su secuestro/detencin en su casa en Los Hornos. Mientras comienza el relato, tiemblan las manos, no la voz. El primer centro clandestino de detencin es descripto por Lpez con detalles que lo ubican claramente como un rastreador, no es Calbar el de Sarmiento243 que termina trabajando para la polica, por el contrario, en este caso es un rastreador/baqueano que usando sus saberes populares pueden deducir donde est detenido ilegalmente. Su saber ser precisamente para condenar a las fuerzas de seguridad, no para ayudarlas a encontrar delincuentes. En esta situacin, quizs sin saberlo atraviesa la historia de Amrica Latina y la maldicin de Malinche244 , donde entra en accin el rol del que ms sabe sobre su propio pueblo y en qu sentidos los usa, en relacin a ese Otro. Y Lpez dice: Cuando aclara a la maana veamos las avionetas que volaban. Y el viento se puso del sur, entonces ah sentamos un olor a chancho que no se poda estar. No s si ustedes (interpela a los jueces, los mira de frente, les habla a ellos, casi como confidente) alguna vez se
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Todos los gauchos del interior son rastreadores, dice Sarmiento. Y agrega, esta es una ciencia casera y popular. Y enseguida describe a Calbar a quien dice haber conocido y que trabaja para la polica y para el juez segn quien la deposicin del rastreador es la evidencia misma; negarla sera ridculo, absurdo. Ms que interesante es el final de esta relato cuando se pregunta: Qu misterio es ste del rastreador? Qu poder microscpico se desenvuelve en el rgano de la vista de estos hombres? 244 Tzvetan Todorov - La conquista de Amrica. El problema del otro. Siglo XXI editores, 1982.

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enteraron que Venturino tena un criadero de chanchos por ah en esa zona, y ah me doy cuenta dnde estaba yo. El juez dice y pregunta: Perdneme que lo interrumpa. Usted dice que ah se dio cuenta dnde estaba. Dnde estaba?. Lpez: En un centro que era de cuatrerismo antiguamente. Juez: Usted lo conoca con anterioridad a ese lugar? Lpez:Y lo haba visto en la ah en la 55, entre 13 y 14 Que yo estuve trabajando en una obra por ah, en una casa, y lo conoca

Apenas unas frases del comienzo del testimonio de Lpez muestran las caractersticas principales que ste tendr. Un relato que se ir construyendo en base a indicios que van desde su modo de percibir hasta las deducciones que tienen que ver con su trabajo de albail. Si como nos dice Ginzburg245, las confesiones de Menocchio remiten a las charlas en los molinos, los testimonios de Lpez surgen directo de su trabajo de obrero de la construccin. Si Menocchio va a ser condenado por dudar de la existencia de Dios en un tiempo donde la verdad se presenta como derivacin de lo divino, podramos preguntarnos si en Lpez hay algn modo de contradecir, an apelando a esa nocin de justicia burguesa, con las nociones de lo justo que circulan en los sectores populares? Como expresa Michel Foucault, en la Introduccin a Yo, Pierre Rivire246: creo que, si decidimos publicar estos documentos, todos los documentos, fue para determinar de algn modo el plano de esas luchas diversas, restituir esos enfrentamientos, esas batallas,
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Carlo Ginzburg, El Queso y los gusanos, prefacio. Muchnik Editores, S.A., Barcelona, 1997. Carlo Ginzburg cuestiona el tono de este libro de Michel Foucault y sus ayudantes: Las vctimas de la exclusin social se convierten en depositarias del nico discurso radicalmente alternativo a las mentiras de la sociedad establecida; un discurso que pasa por el delito y la antropofagia, que se encarna indiferentemente en el memorial redactado por Pierre Rivire o en su matricidio. Es un populismo de signo contrario, un populismo negro, pero en definitiva populismo.

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encontrar el hilo de esos discursos, como armas, como instrumentos de ataque y de defensa frente a unas relaciones de poder y de saber

Los tonos. Es sumamente provechoso para nuestro anlisis, los tonos usados en el testimonio al dirigirse Lpez a los jueces y al pblico que est en la audiencia: Ustedes se enteraron de la chanchera de Venturino. Hay una relacin de confianza en la puesta en comn de su testimonio, con un tono que busca cercana. Y en esto de los tonos se define en gran medida la comunicacin, como lo sostiene Silvia Delfino, de alguna manera, la lucha poltica est en la entonacin, ya que lo se dice significa por el tono en la relacin entre hablante/oyentes y sus condiciones sociales de produccin247.

O al final de una parte cuando Lpez pregunta: Bueno, no s qu ms puedo hacer por ustedes?, mirando haca ambos lados, a jueces, abogados y fiscales; como si su accin no fuera por l y sus compaeros, sino tambin para otros. O le pregunta directamente al juez, cuando termina alguna parte del relato: No se qu ms puedo hacer por Usted Muestra entonces, un modo de dirigirse a otros, desde un lugar de solidaridad. Que se reafirma fuertemente al finalizar el testimonio de cerca de 3 horas cuando expresa: Todas las preguntas y cooperacin que necesiten, un servidor, y mira fijo a los jueces mientras extiende su mano derecha con la gorra en la mano.

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Apuntes de clase en la materia Prcticas y saberes de la comunicacin, del Doctorado de Comunicacin de la FPyCS de la UNLP.

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El testimonio de Lpez tiene varios comienzos, va y vuelve en los recuerdos, como la memoria queriendo retener detalles, momentos que no quiere, no puede, no sabra olvidar. Se trata de un compromiso asumido. Un acuerdo en palabras. La aceptacin de por lo menos contar una situacin. Poner en comn un deseo. Buscar a una familia para contarle su verdad. Lpez toma el pedido de Patricia DellOrto: Patricia me dice: Lpez no me falles, si sals, porque el nico de nosotros que puede llegar a salir sos vos Y me dice: --Anda busca a mi pap, a mi mam, a mi hermano y decles dale un beso a mi hija de parte ma Lpez llora El juez pregunta si quiere interrumpir el relato, tenemos tiempo, afirma... No, no, dice Lpez mientras acepta un vaso de agua, pero no lo puede tener. Esto es lo que me duele, afirma. Y agrega, perdn a la audiencia y a ustedes -Por favor, dice el Juez. Ahora con el traguito de agua estoy mejor. Y les habla a quienes vinieron con l. No se aflijan los chicos que me vinieron a acompaar, estoy bien. Piensa en los otros, en el pblico que est en la audiencia, en los jueces, en aquellos que lo acompaaron. Hay en el discurso y en la accin de Lpez una bsqueda por contener y comprender a los otros, una solidaridad bsica, genuina, expresada en palabras y en el cuerpo.

Para Nilda Eloy, Lpez habla tambin desde el compromiso que tens con la gente que estuvo con vos. Es un compromiso que est por encima de vos y de tus propios recuerdos.

En este mismo sentido, cuando Lpez pide al finalizar su relato del asesinato de Patricia DellOrto y de Ambrosio de Marco que si Ustedes algn da encuentran los cuerpos, pnganlo y djenlo anotado van a ver que tienen los tiros ac (se seala con su dedo en la frente) en la

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cabeza. Pide que quede escrito, con un tono de respeto, pero tambin con el nfasis puesto en que lo escrito adquiere un poder distinto a su oralidad. Hay conciencia del lugar que ocupa en esa audiencia/escena judicial: de un lado el albail que olfatea el olor a chanchos, que mira por debajo del calabozo cmo asesinan a alguien, que escucha los aviones, que recuerda la casa donde hizo una reparacin; pero que sabe que lo que tiene enfrente necesita dejarlo escrito, asentado como una prueba, una evidencia sin la cual sus sentidos no seran suficientes. Inmediatamente, ante la pregunta del juez de si Usted vio eso?, contesta: Los vi, s. () Y confiesa: Por Dios, le digo, eh. Yo hasta pens: si un da salgo y lo encuentro yo lo voy a matar, yo. As pensaba. Y despus, digo, puta, y si lo mato que voy a matar a una porquera de esas, un asesino serial. No tena compasin, l mismo iba y los pateaba as (hace el gesto de patear). Juez: l personalmente? Lpez:l personalmente, les digo a todos los que estn presentes (levantando la voz conmovido se dirige nuevamente a todo el pblico reafirmando el lugar de su testimonio), dirigi la matanza esa Dira incluso, y lo vamos a ratificar en ms zonas del testimonio, que en Lpez podra distinguirse claramente los tonos de un gnero de tradicin gauchesca (popular) por lo que tiene de lamento por los despojos y las injusticias y lo que posee de desafo al explicitar y celebrar el coraje pico de su testimonio. Este desafo incluye al finalizar sus palabras una reivindicacin de su militancia y la de sus compaeros. Va a valorizar en forma precisa y detallada la militancia barrial de Patricia DellOrto y el resto de sus compaeros, especialmente las mujeres, que se nucleaban en la Unidad Bsica.

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Es oportuno citar la afirma de Mijal Bajtin en este anlisis, al considerar que el tono no se determina por el contenido objetual del enunciado, ni por los sentimientos y vivencias del hablante, sino por la actitud del hablante respecto a la persona de su interlocutor (su rango, su importancia, etc.)248 Esta definicin sobre los tonos como actitudes, como una cosmovisin, es desde la cual hemos analizado un aspecto del testimonio de Jorge Julio Lpez. Y queremos aclarar que cuando hablamos de lo popular lo hacemos situando nuestros anlisis en condiciones histricas especficas, porque consideramos validos los aportes de E. P. Thompson cuando nos advierte en su libro Costumbres en comn249, que la costumbre era (es) un campo de cambio y de contienda, una palestra en la que intereses opuestos hacan reclamaciones contrarias. Esta es una de las razones por las cuales hay que tener cuidado sobre las generalizaciones al hablar de cultura popular. () El mismo trmino cultura, con su agradable invocacin de consenso, puede servir para distraer la atencin de las contradicciones sociales y culturales, de las fracturas y las oposiciones dentro del conjunto. Llegados a este punto, las generalizaciones sobre los universales de la cultura popular pierden su contenido a menos que se coloquen firmemente dentro de contextos histricos especficos.

Los permisos. Con Lpez, observamos un cambio en el estatuto del testimonio en los juicios por crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar. Mientras en el llamado Juicio a las Juntas o incluso en los Juicios por la Verdad, no poda existir referencia a la militancia, en el 2006 eso

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Mijal Bajtn, Apuntes (pag.373), en Esttica de la creacin verbal. Ed. Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2008. E.P.Thompson, Costumbres en comn, Critica Ed. Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1995.

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est habilitado. Como nos dice Nilda Eloy250, ex detenida desaparecida y querellante con Lpez, l tena en este juicio todos los permisos y y se daba una situacin de reencontrarse con todos sus afectos, porque hasta su familia lo iba a escuchar por primera vez. Uno de los permisos lo haba arreglado con el pap de Patricia DellOrto. l acepto levantar la promesa que le haba realizado de no narrar especficamente lo que le haban hecho a Patricia, no dar detalles de su muerte. Se encontr personalmente con don Ambrosio en un bar, para levantar esa promesa. Tambin pregunt, consult antes, si poda hablar de los montoneros, de sus compaeros montoneros. Por eso los permisos tambin refieren a poder hablar de su militancia que est al final del testimonio cuando ante la pregunta del Fiscal: --Usted que haca en la poca que fue secuestrado? Una pregunta genrica, ante la cual Lpez interpret que deba contesta sobre su hacer poltico, sobre su militancia, su modo de participacin social; y entonces contest: -- Y, yo cooperaba con los Montoneros, yo se lo digo derecho, yo no me saco la venda de los ojos Cooperaba con ellos porque mire fueron los nicos valientes que hicieron frente a 240.000 tipos que eran entre policas, soldados, marinos, prefectura, entre otros. Fueron los nicos 6.000 tipos que salieron a la calle Mientras se golpea la pierna con la palma de la mano, como reafirmando sus expresiones. Con esa misma mano derecha, se golpea el corazn y afirma:

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Entrevista exclusiva a Nilda Eloy realizada para la produccin de la Tesis. Nilda es miembro de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) y declar por primera vez tambin como Lpez en el Juicio por la Verdad de La Plata, en el ao 1999. Se conocieron all y entablaron una relacin de compaeros en las declaraciones que fueron surgiendo, situaciones que Lpez no comparta con su familia, quienes por primera vez lo escucharon declarar en junio de 2006 en el Juicio a Etchecolatz.

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-- Y con orgullo se lo digo, con orgullo (repite). Y si no, jzguenme, con orgullo Porque fueron unos pibes que salieron a defender a la Argentina. De fondo, el fiscal insiste, Usted era albail? le pregunta Pero Lpez contina su relato: No as la cpula de ellos, que fueron unos traidores, cuando se la vieron mal dispararon con la guita que haba de la organizacin lo s bien de cuajo... El malentendido251 sigue y el abogado repregunta: --Yo le preguntaba cul era su desempeo laboral, cul era su actividad? Lpez no lo escucha, o no quiere escucharlo, o no puede creer. l quiere hablar de cmo y con quienes militaba. Por eso contesta: --Y, yo haca inteligencia Se escuchan las voces que dicen desde el tribunal: --No, no, no Y el abogado insiste: de qu trabajaba? Lpez, casi resignado, incmodo, contesta: --Siempre trabaj de albail. El abogado satisfecho, afirma: --Esa era mi pregunta, a qu se dedicaba?. Y finalmente lo logra, consigue que Lpez no hable desde la accin poltica --Desde el ao 50 a 55 que me puse en la construccin, y siempre segu con eso Sin embargo, sigui hablando de lo que l quera y afirmo: --Despus llegaron stos con sus planes. La dirigencia, no la gente. Se quedaron con la poca plata que haba en la organizacin. Entonces el abogado corta directamente esta alocucin y dice: --Le hago otra pregunta Usted a Patricia DellOrto y a Ambrosio de Marco los conoca anteriormente, los conoca de nombre?

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Lpez comenz a contestar con la militancia, quera, necesitaba reivindicar esa historia, sus historias y sus maneras y modos de participacin poltica. --Conoca a Patricia y a su marido, y a otros muchachos de antes de que entraran en la Universidad () los conoca de la Unidad Bsica que tenamos ah en el barrio, 68 entre 142 y 143. () El marido no s si andaba en algo, ella nunca agarr un arma en la mano. Saben que haca Patricia DellOrto y otras chicas, como Mirta Manchiola Se dedicaban a cuidar chicos, a darles de comer. Y cuando nadie los apoy iban con los chicos de la universidad, con la juventud peronista, iban de pie si era necesario, en micro, para llevarles cosas a los chicos Iban todos los das al barrio. Y entonces le habla al tribunal, a los abogados y fiscales, sobre el valor de su testimonio. --Si ustedes quieren saber algo ms o desconfan de lo que les digo, vayan al barrio, pregunten, yo los acompao y les digo a quin preguntar Y vuelve al relato de la militancia de las mujeres --Ellas llevaron a los chicos del barrio a Mar del Plata, los hicieron conocer lo que era un mar, lo que era baarse en un mar, a todos los chicos medio desamparados. Estas 4 o 5 mujeres Estn son mujeres de oro. Y estos asesinos las mataron sin piedad. Yo en esa poca los hubiera enfrentado mano a mano, pero no vala porque ellos venan de a 40, 50 o 100 te hacan bolsa Pero cuando me llevan pienso, ms vale me entrego mansito, no vaya a ser cosa que me maten a los chicos o a mi seora, o nos rompan o quemen la casa, yo haba visto dos o tres cosas as

El dilogo que sostiene un malentendido es una arena propicia para el anlisis comunicacional. Los abogados, quizs tambin el tribunal, preguntaban una cosa y Lpez quera

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contestar otra. Necesitaba responder tambin desde la poltica, valorizando la militancia de un albail, que viva en un barrio. Necesitaba y quera poner en comn, en la escena del juicio, como entenda la participacin poltica, jerarquizar unas prcticas sobre otras, distinguir en una organizacin la cpula de sus bases. Valorar los modos a partir de los cuales las mujeres que l conoci en la Unidad Bsica se relacionaban con los chicos, cuando les hacan conocer el mar o venan todos los das para darles de comer . Esas mujeres valen oro afirma y rescata su solidaridad, su manera de relacionarse en el barrio, aunque vivieran en otro lugar, pero haciendo esfuerzos para venir, para juntar cada pesito. Para Roco Lpez, ese momento en el cual le preguntan a qu se dedicaba y l contesta claramente Yo estaba en Montoneros, signific un desafi. Porque todava en ese momento estaba la precaucin de cmo lo tomara la defensa. Pero Lpez habl sencillamente, con orgullo de su militancia, e incluso estableci su diferencia como parte de la gente del barrio, de base, que ayudaba en los comedores, respecto de la cpula. Y en ese revalorizar la militancia y a sus compaeros, parece ser una de las cosas que ms le duele al hablar, con respecto a la calidad de gente que mataron durante la dictadura.

Para Nilda Eloy, no hay, lamentablemente, persona que nos pueda contar cmo milit Lpez entre los aos 1974 y1976, cul fue su crecimiento o no, dentro de la Unidad Bsica hasta la fecha del secuestro. Y lo que el viejo plantea tiene una lgica muy clara. Sera bastante lgico que los compaeros usaran el laburo de l para hacer tareas de inteligencia. Cuando l cuenta que se le envi a refaccionar una vereda prcticamente en diagonal a la Brigada de Investigaciones de la Polica en La Plata, la divisin Robos y Hurtos en aquellos tiempos, para tener un control de las salidas y entradas, horarios y dems de esa unidad policial, no parece

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algo anormal, ni idealizado. Es en su testimonio del 2006 donde l asume plenamente su militancia en Montoneros, haciendo tareas de inteligencia. Que no haya hecho referencia a este hecho en su primera declaracin en 1999, no es un cambio del testimonio. Sino que l se para desde otro lado, desde otro lugar de enunciacin. Es otra historia. Adems, el viejo no llega al 2006 solo, llega con todo un proceso en ese juicio. Iba a dar un paso ms: por primera vez inclua a su familia que escuchaba ese testimonio. Hasta marzo de 2006 todo lo haba hecho a escondidas de la familia, ah recin l habla. Su familia no ignoraba lo que le haba pasado. En el 99, en el marco de los Juicios por la verdad, l puede encontrar a un grupo de compaeros que cree en lo que l dice. Aprendimos a creer en lo que Jorge deca, en su manera de contarlo. Aparece la nocin de verdad, la necesidad de verosimilitud, en este caso, asociada al oficio de albail. Y ocurran cosas que demostraban la verdad sobre sus relatos. Cuando el viejo empez a hablar de los paredones del lugar donde estuvimos detenidos, como construidos en la poca de Rosas, por los materiales usados para esa construccin. Muchos dudaban. Pero cuando encontramos a la ltima duea civil de la Estancia La Armona, y nos relat cmo era la construccin del lugar dijo: Ac haba una matera, que fue construida en la poca de Rosas. Ese es Lpez. Con ese nivel de precisin. Entonces agrega Nilda Eloy que, Por eso nosotros aprendimos a creer en el viejo. Cuando necesitaba conversar, se vena en bicicleta a mi casa a tomar mate y hablaba y hablaba, muchas veces contaba siempre lo mismo. El necesitaba hablar y no tena mbito donde hacerlo. Los dos declaramos muy cerca en el tiempo, entre julio y septiembre de 1999. Y unas semanas despus Schiffrin hace la denuncia contra Etchecolatz. Ninguno de nosotros haba declarado

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antes, no habamos hecho CONADEP, ni nada anterior. Era declaraciones absolutamente nuevas, casos nuevos, por lo cual no se les poda aplicar las leyes de Punto Final u Obediencia Debida, no han sido juzgado. Como contamos, la causa la enva a Capital Federal y en un momento la perdemos, se pierde en la burocracia judicial. La haban metido en una causa de Astiz, ante el juez Torres. Ah haba ido a parar y ah nos presentamos los dos como querellantes. Primero nosotros dos y despus la Asociacin de Ex detenidos desaparecidos. Y respecto de las condiciones en las cuales declaraba Lpez, Nilda Eloy recue rda que, como sera esto de hacer las cosas a escondidas que cuando nos llega la citacin para ir a declarar a Capital, Jorge no pudo ir, porque no pudo encontrar excusa para rajarse. Ac inventaba excusas para venir al centro, pero hasta Capital no poda.

Como dice Adriana Calvo, testigo en el Juicio a las Juntas y fundadora de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD): Julio Lpez fue buceando en su memoria y en su historia y recuperndola, y recorrimos juntos los campos de concentracin donde estuvo, compartimos con l hora por hora de su cautiverio; bueno, finalmente Julio volvi a ser quien era, un militante, un luchador, a travs de haber salido a luchar por la crcel para los genocidas y la justicia para sus compaeros. Ah est claramente una situacin donde observar el nuevo estatuto del testimonio: puede decir lo que no poda y en un tono en el que discute y pelea con la construccin discursiva que confronta con la teora de los dos demonios y con el sentido comn del algo habrn hecho. A su vez, en la misma lgica, provoca a la justicia con jzguenme, con orgullo.

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Hay ms de una voz en esta escena, y como nos cuenta Josefina Ludmer, hay diferencial de poder, lo que genera un cruce de voces, de significaciones, de discursividades, que construyen un encuentro poltico y se da esa circularidad cultural de la que habla Carlo Ginzburg, ya que abarca y contiene una tensin y una dinmica que intenta nombrar procesos sociales dinmicos y cargados de tensiones252 . Lpez parece ir en su testimonio a contrapelo de la historia de aquellos dispositivos que fueron sacando de los textos todos los elementos ligados a la oralidad y a la gestualidad 253 : porque grita cuando hay gritos (Aaahhh dice al final de cmo escuchaba un tiro); es gangoso al imitar a un gangoso; pone sus manos en la espalda cuando habla de cmo lo ataron; llora cuando recuerda el pedido de Patricia de dar testimonio a su familia y a su hija. Su testimonio se puebla de onomatopeyas que buscan resaltar su verdad, frente a otras nociones de esa verdad que aunque l sabe que privilegian lo escrito, tambin entiende que su relato, tan en detalle alegrico, debe producir algn efecto. Y el efecto de sentido buscado es que sea reconocido como prueba para hacer justicia cuando l mismo explicita que es mejor la condena que matar a un asesino serial, a una porquera como esa. Es decir, lo explicita.

Reconoce en fotos al chofer de Etchecolatz, Guallama. Y acepta las propuestas de realizar las inspecciones oculares que le propone el tribunal. --Yo coopero en todo lo que me pidan, ir a ver un lugar, si precisan reconocer a alguno algn da me llaman y me preguntan: es o no es el tipo ese? Porque hay tipos que los reconozco bien, como Guallama. Como dicen las madres si lo hubiera parido no lo reconocera tan bien.
252

Carlo Ginzburg, El Queso y los gusanos. Muchnik Editores, S.A., Barcelona. Tambin utilic para el anlisis a Sergio Caggiano, (2007): Lecturas desviadas sobre Cultura y Comunicacin, Edulp, La Plata. 253 Carlo Ginzburg, Seales. Races de un paradigma indiciario. En Discusin sobre la Historia, de Adolfo Gilly, Mxico, 1995.

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Sonre Lpez casi por primera vez, celebra su ocurrencia con una sonrisa. El pblico de fondo tambin se distiende sonriendo. Intentos de eclipsar, detener, aunque sea por un instante, esa tensin que pesa en el ambiente. El juez se sorprende y afirma: --Vino bien su comentario. Vamos a comentar a las partes que la fotografa que reconoce el seor Lpez y la foja donde est y a quin pertenece, porque a l slo se le mostr una foto sin detalles. Lpez espera esa respuesta el Secretario del Tribunal afirma: --Es la foja 2015 de la Causa 2 que obra en el Tribunal Federal N3 de La Plata. Y el juez pregunta: la fotografa pertenece a quin? El Secretario contesta: la fotografa pertenece al seor Guallama. El juez Rozanski le dice: -- Ah ya sabe de paso Lpez contesta, con una media sonrisa de satisfaccin: -- Gracias

Lpez tuvo que investigar para reconstruir su testimonio, para ubicar bien a los compaeros vistos, darle un orden. El haba empezado a escribir ni bien sali de la crcel y escriba desde el primer da de su liberacin, con fecha y hora tomando como punto de partida el 27 de octubre de 1976, da en el que fue secuestrado. Esto le permiti ubicar los recuerdos en esas fechas que l haba ido reconstruyendo. Y recuerda Nilda Eloy, que lo ltimo que me dijo Lpez antes de entrar a declarar, con el secretario apurndolo para que ingrese a la sala de audiencias, fue: Va por los compaeros.

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Y era la primera vez que sus hijos lo escuchaban, tanto Rubn como Gustavo, estaban en la sala de audiencias. Tambin estaba Mariana (la hija de Patricia DellOrto), que no se acerc, pero que s lo escuch.

Para Eloy, Lpez entr a este juicio en 2006 con convicciones absolutamente distintas a como entr a declarar en 1999. Era otro Jorge. Con un camino de 7 aos que recorri para llegar a esto. La declaracin de 1999. Tambin en declaraciones en 2004/2005 en la causa de Comisara 5ta. Reconoce fotos. Para que el viejo llegase en 2006 a ese testimonio hay muchsimas veces de vernos, tomar un caf aunque l tomaba t, charlar, conversar con Rufino y conmigo.

En tanto, Roco Lpez, recuerda que uno de los testimonios que ms me impact fue el de Julio Lpez. Por cmo cont, por las cosas que cont, por la manera en que relataba, por los sentimientos que le puso; pareca un vecino cualquiera por esa forma de dirigirse, coloquial, en confianza. Era un hombre que no tena filtro para hablar. Haba esperado tantos aos para contar en la justicia lo que haba visto en Arana o en otros centros clandestinos, que se le notaba en su relato. Adems, por el pedido que Patricia DellOrto le haba hecho de contar qu haba pasado con ella y dnde, eso pareca una carga muy fuerte para l. Incluso en el momento en que describe lo que haca Patricia y sus compaeras, o al recordar cuando la asesinan y llora, todos en la sala nos quebramos con l. Relat cosas que no haba dicho nadie, como su mencin a la presencia de Monseor Plaza en el pozo de Arana. Entre los periodistas nos mirbamos y no podamos creer lo que estaba pasando. Y, aunque se quebraba, retomaba el relato y era capaz de imitar hasta la voz de los

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represores y hablar como un gangoso si era necesario. Esa imagen de un viejo que pareca frgil se convirti en uno de los testimonios ms fuertes del juicio a Etchecolatz.

Las inspecciones oculares: el juicio en otra escena y desde la mirada de los testigos.

Jorge Julio Lpez particip activamente de las inspecciones oculares que instrument el Tribunal. Junto con Adrian Calvo recorrieron la Comisara 5 de La Plata el 14 de agosto de 2006. Mientras el 18 del mismo mes y ao van al destacamento de Arana adems de Jorge Julio Lpez, Nora Ungaro, Walter Docters, Atilio Calotti y aparece espontneamente 254 la seora Mara Cristina Gioglio. Los modos del testimonio de Lpez se pueden leer desde una manera de mirar. Su mirada es la del albail, el constructor, el que mide y evala los materiales; pero tambin es la del militante abocado a tareas de inteligencia y mira lo que otros no miran. Encuentra regularidades, lugares comunes, nombres y apodos, sopesa actitudes. Busca y sabe leer huellas, dira Carlo Ginzburg. Como parte de nuestra argumentaciones tomamos como ejemplo aquello que surge de la propia Acta Judicial de la inspeccin en Arana: Al salir del destacamento, rodendolo por la derecha mirando desde afuera del mismo, el testigo Lpez reconoce un lugar donde estaba un sauce donde termina la medianera del destacamento, que era una referencia de los detenidos de que haban estado en ese lugar, hoy el sauce no est, adems entre todos los restos de autos que hay dispersos en el lugar reconoce los restos de un avin que habra sido derribado en la poca.
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La expresin aparece espontneamente es transcripcin literal del acta que labr el tribunal. El acta agrega: que si bien no declar en autos estuvo detenida en este sitio por mucho tiempo . Esta situacin muestra como no todas las vctimas estaban incluidas en los casos por los que se juzgaba a Etchecolatz.

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Luego cruzamos el alambrado de un terreno lindero con los fondos del destacamento y cruzando el mismo llegamos a la parte de atrs de un centro asistencial, donde encontramos un pozo tapado con chapos que puede ser la cisterna de un bao, o se sospechaba que aqu se quemaban cuerpos. Tambin Lpez seala el monte que hay unos doscientos metros ms adelante, donde habra estado el galpn donde estuvo detenido; ahora no hay nada, y donde viera, en el galpn, a Etchecolatz. En las descripciones de Arana aparece la referencia en la propia naturaleza para ubicarse, como mapas que permitieran relatos e investigaciones posteriores. Estas miradas permitieron circunscribir las bsquedas de fosas comunes para ubicar restos humanos a travs del Equipo Argentino de Antropologa Forense. Tambin ampli el conocimiento del centro clandestino de detencin, sus lugares y funcionamiento, saberes de Lpez que fueron de suma utilidad, las tcticas" de las que habla Michel De Certeau en esta cacera furtiva, donde el testigo juega contra los que manejan las estrategias.

El testimonio continuo en estas formas y maneras de ver, de describir, de mirar a travs de los lentes de un trabajador albail, de un hombre sencillo y nutrido de conocimientos especficos de la construccin. Este modo de narrar no se pierde ni siquiera cuando est sometido a la jerga y al lenguaje judicial y leguleyo, a tal punto que es capaz de poner a disposicin su propio cuerpo, sus marcas que no lo dejan mentir y que guardo de recuerdo. De este modo es que aparece entonces en algunos prrafos del Acta de la inspeccin ocular en la Comisara 5, donde se afirma: el testigo Lpez manifiesta tambin que hay construcciones que no haba en esa poca, como ser que en la parte de la caballeriza haba un patio; seala un cao saliente en la parte superior de la seccional, a la derecha mirando desde la parte de atrs del

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patio, que all se pona msica como de una calesita a gran volumen y que all arriba fue torturado; seguidamente se procede a subir al primer piso desde el patio por una escalera metlica, y el testigo refiere que en esa poca la misma era de material y con diferente orientacin para subir; al subir se llega a un corredor en el primer piso y se accede a la izquierda a un ambiente que parece una sala o galera cerrada para comunicar otras dependencias -antes se acceda a este lugar por una puerta pequea-, manifestando el seor Lpez que en ese lugar fue torturado y que all vio que estaba en una punta el general Camps, y del lado contrario en diagonal estaba Etchecolatz, y desde all hacan indicaciones y preguntas para que le hicieran mientras lo torturaban, tambin estaba en el lugar el comisario Vides. Por este lugar se accede a un ambiente interior donde tambin se realizaban torturas dice Lpez: --En este lugar casi me matan. Y afirma: El piso est cambiado, en esa poca era como de un cemento gastado, a l le ponan pinzas para la tortura en los genitales, en el dedo del pie o detrs de la oreja, y seala una marca atrs de su oreja derecha manifestado que nunca se la quiso sacar y le queda como recuerdo de ese momento. Recuerda que esa vez que casi lo matan. Etchecolatz en un momento dijo: A ese que se re, ponle corriente directo de la calle, vamos a matarlo.... En estos sitios del primer piso fueron torturadas muchas personas que estuvieron detenidas con el dicente...

Roco Lpez recuerda aquellas jornadas porque la mayora de las entrevistas que le hice a Lpez fueron en las inspecciones oculares. Y agrega que era notorio como en los lugares dejaba correr los recuerdos y hablaba mucho. Por ejemplo se acordaba de los tipos de una patota, que se ponan pelucas y que en el almacn de al lado del Destacamento de Arana iban a tomar y despus se envalentonaban y salan a secuestrar. Sealaba todos los lugares y construa

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las referencias del lugar por lo que haba dicho. Tambin en Comisara 5 lo nombra a Etchecolatz en la terraza, lo describe puntillosamente, repite sus palabras, describe sus acciones.

Los papeles de Lpez.

En marzo de 2012 se public un libro llamado Jorge Julio Lpez. Memoria Escrita255. Este volumen, compilado por Jorge Caterbetti, rene los escritos y dibujos que Lpez fue realizando a partir de su memoria y sus investigaciones luego de su liberacin y hasta por lo menos el ao 2005, momento en el cual le entreg este material a un amigo y viejo compaero de militancia. Estos papeles estuvieron a disposicin de la justicia desde su desaparicin, y recin fueron devueltos en diciembre de 2011. Por esto su publicacin actual. Nos cuenta Nilda Eloy: Yo tuve copia de esos papeles. Dos bolsas de nylon llena de papeles Haba muchos que eran la parte interior de las bolsas de cementos, las hojas del medio. El usaba todo eso. Separado en pedazos cortados a mano. Tambin cuanta hoja de propaganda que tuviera una parte libre. Muy poco eran hojas de cuadernos o carpetas. Eran impresionantes. Haba que encontrarle el orden a esa escritura, escrita en las propagandas, bordeando imgenes. El escriba desde el 27 de octubre hasta que lo llevaron a Unidad 9. Despus muy poco de su detencin en esa unidad hasta su salida en libertad. Escriba todo y volva a arrancar el 27 de octubre. Eran como repeticiones y repeticiones. El preguntaba si servira para algn da publicar un libro.

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Jorge Julio Lpez. Memoria Escrita. Jorge Caterbetti, compilador. Historia Urgente, editorial Marea, Buenos Aires, marzo 2012.

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Finalmente Lpez le entrega sus papeles a su amigo, Pastor Asuaje. En la misma nota a travs de la cual le pasa estos escritos, se confirman los tonos y los modos que hemos tomado al analizar partes de su testimonio en el juicio: Pastor: te dejo esta carta para ver si algn da pods hacer justicia. Yo ya me aburr de hablar con los derechos humanos, jueces y con gente de desaparecidos, pero me dicen que no pueden hacer nada porque son cosas que dice la gente y casi todo lo vi yo y decles a los familiares de todos estos, estos crmenes no vencen nunca. Firmado Jorge Lpez. Detenido desaparecido.

Sin todava mencionar sus escritos y dibujos, ya en la nota que los comparte, que los pone en comn, vemos claramente en estas primeras definiciones que Lpez busca justicia (esto fue escrito entre 2004 y 2005, su ltimo testimonio es de junio de 2006), en un marco judicial al cual no necesariamente le cree, pero al que necesita para una reparacin de lo que vivi en los centros clandestinos de detencin donde estuvo, e incluso por los compromisos que all asumi con otros/as detenidos/as desaparecidos/as. Hay adems, un modo de referirse a las

organizaciones/instituciones como los derechos humanos, jueces y con gente de desaparecidos como otros, a quien tambin l parece tener dificultades en cmo poner en comn con ellos sus experiencias. Pero casi todo lo vi yo reafirma como un modo indiciario de llegar de valorar su mirada, su olfato, sus sensaciones; apelacin a los sentidos que valen para determinados saberes y pero no tanto para otros. Inmediatamente reafirma el lugar poltico de su lucha estos crmenes no vencen nunca y sobre ese postulado que trasciende las propias fronteras de lo nacional, Lpez es de alguna manera

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productor de las condiciones, a travs de las cuales meses despus, se dara la primera condena en el marco de un genocidio dictada por un Tribunal civil en su propio territorio. Al finalizar la nota que hace a su amigo, Lpez se reafirma desde una identidad como detenidodesaparecido, aunque no integra ninguna de las organizaciones de Derechos Humanos. Pero tambin sostiene al poner la palabra firmado Jorge Lpez una voluntad poltica de dar testimonio. Lo cual me remite a la Carta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh, quien la firma al pie con su nombre y su cdula de identidad. No hay seudnimos, hay necesidad de resaltar quin y por qu escribi e investig. Como expone Walsh antes tambin de estampar su firma: sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asum hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difciles. Los escritos y dibujos que son de algn modo titulados por Lpez como Archivo Negro de los aos en que uno viva donde termina la vida y empieza la muerte, son tambin muy walshianos256 . Porque tiene el orden de un informe y una concatenacin lgica que recuerda a Operacin Masacre, obra que casualmente tambin empieza su relato en La Plata257 en medio de ese eje histrico de la ciudad que describimos al principio de este anlisis, lugar donde el autor se entera de los fusilamientos de Jos Len Suarez en 1956. Para escribir, Lpez realiza investigaciones, va y hace entrevistas a vecinos de los centros clandestinos de detencin, gente que conoce por su trabajo de albail. Numera sus relatos y les da un orden cronolgico de cmo ocurrieron los hechos. Busca confirmar datos y en esto tambin se
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Ver Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra, donde David Vias analiza las relaciones entre la poltica argentina y el espacio textual y mencionando a Jos Hernndez, Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, refieren a la liquidacin del gaucho rebelde, la eliminacin del inmigrante peligroso y la masacre del obrero subversivo. El artculo est en Literatura argentina y poltica. De Lugones a Walsh, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1996. 257 Aparece otro episodio que da relevancia, en el ensayo de esta Tesis, al considerar a La Plata como lugar y espacio, ciudad concebida como territorio de memoria en trminos de experiencias de temporalidad y espacialidad, pero fundamentalmente de cambio cultural y poltico.

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parece a Walsh. Describe a los genocidas en cuanto a sus perfiles y hasta los dibuja. Y en este sentido son muy apropiados los anlisis de Marcela Gene en el libro Jorge Julio Lpez. Memoria Escrita, cuando afirma Donde las palabras parecen no alcanzarle, Lpez dibuja. () Como los primitivos o los nios, rebate el plano y magnifica expresivamente los objetos (la exagerada longitud de un lnea con que representa la picana, que une a la vctima yacente y a su verdugo) o a los sujetos, como a Etchecolatz asistiendo a los tormentos desde un silln que cobra aspecto de tono imperial. Y en cuanto a los retratos de los represores que dibuj, sostiene que hay en esos retratos algo ms que datos para el reconocimiento. Como el cazador primitivo que traza en la pared el contorno del animal en la creencia de que la accin mgica anticipaba el xito de la cacera real, Lpez dibuja para cercarlos, para marcarlos, tambin para no olvidarlos.

Lpez iba al banco a cobrar su jubilacin y reconoca a un polica que haba estado en un centro clandestino y enseguida quera averiguar quin era, nos cuenta Nilda Eloy.

Los testimonios de Lpez, declaraciones en juicios, su participacin en todas las inspecciones oculares mientras dur el juicio a Etchecolatz y ahora sus escritos/investigaciones y sus dibujos pueden relacionarse con el paradigma indiciario que Carlo Ginzburg propone. Durante milenios el hombre fue cazador. () Aprendi a husmear, registrar, interpretar y clasificar huellas infinitesimales como hilos de baba. Aprendi a realizar operaciones mentales complejas con rapidez fulmnea, en la espesura del bosque o en un claro lleno de traicioneras amenazas.()En esta negacin de la transparencia de la realidad encontraba implcita legitimacin un paradigma indiciario operante de hecho en esferas de actividades muy diferentes. Los mdicos, los historiadores, los polticos, los alfareros, los carpinteros, los marineros, los

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cazadores, los pescadores, las mujeres: tales son solamente algunas de las categoras que operaban, para los griegos, en el vasto territorio del saber conjetural258 . Y en este saber conjetural, basado en seales, indicios y huellas es que ubicamos a Lpez y sus prcticas de lenguajes en una escena judicial/cultural, que a pesar de no ser territorio propio, es donde l define la arena de lucha259 de una pelea por el sentido de lo popular, precisamente en la bsqueda de justicia.

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Carlo Ginzburg, Seales. Races de un paradigma indiciario. En Discusin sobre la Historia, de Adolfo Gilly, Mxico, 1995. 259 Stuart Hall, Notas sobre la deconstruccin de lo popular, en Samuels, R. (ed.): Historia popular y teora socialista, Barcelona, Crtica, 1984.

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IV CAPITULO 3.

LA(S) JUSTICIA(S): APERTURAS Y OBTURACIONES.

Aprendimos de la historia que los desaparecidos no aparecen. Justamente por eso nunca hay que dejar de reclamar justicia, de pedir aparicin con vida, de levantar sus nombres. Porque no pueden quedar en el olvido. ()Porque no puede volverse cotidiana esta ausencia. Porque no puede quedar impune este delito. Mariana De Marco

El testimonio de Lpez en el 2011.

En junio del 2006, Lpez esperaba declarar ante Etchecolatz, quera verle la cara a ese asesino, plante en su testimonio. Pero el acusado no estaba en la escena del juicio. En esa jornada del juicio a Miguel Etchecolatz declararon tres testigos: Jorge Julio Lpez, Adriana Calvo y Vctor Illodo. El acusado haba pedido no estar por razones de salud y el Tribunal haba autorizado su no-presencia fsica en la sala de audiencias. Lpez est desaparecido desde el 18 de septiembre del ao 2006. Adriana Calvo falleci en diciembre de 2010. Pero ambos volvieron a testimoniar juntos en un juicio por crmenes de lesa humanidad, el martes 11 de octubre de 2011, en la causa denominada Circuito Camps, desarrollada por el Tribunal Oral Federal N1 de La Plata. Sus testimonios fueron los mismos que

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en el juicio a Etchecolatz. En aquel 2006 haban declarado el mismo da, en 2011 tambin volvieron a declarar en la misma jornada, aunque no estuvieran fsicamente en el saln donde se desarrollaba aquella escena socio-jurdica paradigmtica y de una singularidad ejemplar.

Sus testimonios fueron reproducidos completos en video. La pantalla tena una caracterstica particular: poda verse de ambos lados y tena el tamao de una persona. Todos veamos lo mismo. Como si la declaracin estuviera ocurriendo en ese momento. Los jueces, entre los que estaba nuevamente de presidente del Tribunal Carlos Rozanski; los imputados, incluido Etchecolatz, el ex gobernador durante la dictadura Ibrico Saint Jean y quien fuera su ministro de gobierno, Jaime Smart, adems de parte de los personeros de la polica de Camps; los fiscales y los abogados querellantes en quienes se repetan respecto del 2006 Guadalupe Godoy y Oscar Alberto Rodrguez; y tambin aparecen nuevamente Eduardo Reszes primero como pblico y ahora como Secretario del Tribunal; o Cristina Gioglio, testigo y vctima del Circuito Camps, parndose a aplaudir en el presente, mientras se vea en el video que haba hecho lo mismo en 2006. Jueces, secretarios, abogados querellantes y defensores, los fiscales y los acusados, miraban desde el escenario. Unas 600 personas observaban desde la sala. Todos vieron la misma imagen de Jorge Julio Lpez y de Adriana Calvo en tamao natural declarando durante varias horas, en momentos diferentes, situaciones intensas. Las palabras, las frases, los giros lingsticos adquiran sentidos diferentes a aquel 2006. Ellos no estaban, pero se hacan presentes. El resto no ramos los mismos despus de aquella desaparicin de Lpez, y de la temprana muerte de Adriana.

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Ese octubre de 2011, Etchecolatz tuvo que escuchar el testimonio de Lpez y de Adriana Calvo. Aquello que ambos testigos esperaban ocurri, aunque stos no estuvieran fsicamente en la sala. Este acontecimiento jurdico/poltico posee una singularidad que muestra los modos en que las organizaciones han corrido con sus reclamos los lmites especficos y cambiantes en los cuales se construye una hegemona, en este caso aquella que pretendi desapareciendo a Lpez que su ausencia fuera un interrogante generador de miedo y no de ms justicia. La impunidad perdi aquel da una batalla.

En funcin de analizar la significacin que tuvo y tendr la exhibicin en videos de los testimonios, copio, por su claridad conceptual, la presentacin jurdica de las organizaciones querellantes, Nilda Eloy por la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos y Graciela Rosenblum por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, donde solicitaban pasar estas declaraciones y que fueran los primeros testimonios en el juicio Circuito Camps:

INCORPORACIN POR EXHIBICIN Solicitamos la proyeccin del testimonio brindado por Adriana Calvo en el juicio contra Etchecolatz donde explica el funcionamiento del denominado Circuito Camps. La filmacin del testimonio fue incorporada como material probatorio y se encuentra en la Comisin Provincial por la Memoria., a quien se le encomend oportunamente dicha tarea de filmacin. Requerimos, asimismo, la proyeccin del testimonio prestado por Jorge Julio Lpez en causa 2251/06, que tambin fue incorporado como material probatorio. Como es de pblico conocimiento, Jorge Julio Lpez vctima de autos- fue secuestrado y se encuentra desaparecido desde el da 18 de setiembre del ao 2006. En el Juzgado Federal N 1 de

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La Plata, y con la investigacin a cargo de la Unidad Fiscal Para delitos de Lesa Humanidad, se lleva adelante la causa 16.060 LPEZ JORGE JULIO S/DESAPARICIN FORZADA DE PERSONAS. Consideramos entonces, que debe hacerse lugar sin tecnicismos a la incorporacin de sus testimonios. En este caso, solicitamos que la misma sea por exhibicin y no por lectura.

A partir de lo expuesto, surgen claramente cmo es parte del rol de las organizaciones construir la escena de justicia como un acontecimiento cultural y poltico, que reconfigure las formas jurdicas. En ese juicio oral y pblico, surge un uso de las tecnologas de la imagen, de la presentacin de los testimonios con un nuevo estatuto, como as tambin de una consideracin respecto del significado de lo pblico en cuanto presencia en el mbito. La presentacin se cubre de un modo de la justicia cuando solicita se haga lugar sin tecnicismos, que no es ms que un eufemismo respecto de las caractersticas que suelen practicarse en los estrados judiciales. Asimismo, es clave para configurar la singularidad del momento, pedir que sea por exhibicin y no por lectura. Si una imagen vale ms que 1000 palabras, si la poltica es analizada en el marco de las culturas de la imagen, no es dificultoso imaginar lo que sentimos aquellos que al apagarse las luces vimos la proyeccin de Lpez saludando a los jueces, tomando un vaso de agua con sus manos temblorosas o diciendo pens muchas veces en matar a ese asesino de Etchecolatz, pero para qu matar a un asesino serial?

Desde la mirada de otros testigos, existe y se reivindica esta situacin de que Lpez sigue declarando junto a nosotros hasta que el ltimo represor este preso en crcel comn. Walter

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Roberto Docters260, le dedica su libro Arana. Centro de tortura y exterminio a al compaero Jorge Julio Lpez () en su memoria, entonces estas lneas trataran de reflejar, ms all de lo estrictamente testimonial, las vivencias humanas que les toc vivir a los distintos compaeros. En el mismo sentido, a partir de la situacin que venimos analizando respecto a las declaraciones sin la presencia del propio testigo, es decir, extendiendo su testimonio a travs de una herramienta tecnolgica que proyecta sus palabras, sus denuncias y hasta sus silencios y angustias en nuevas escenas de justicia, Docters considera que l, junto a tantos otros que tuvieron el extrao privilegio de sobrevivir, lograron as reconstruir con lo que tenan pedazos de nombres, fragmentos de lugares, terrores y heridas- ese nido de impunidad de la polica bonaerense: lo que pasaba ah y quines pasaban. Nombraron a los represores y nombraron a sus vctimas.() Y agrega, Ante los tribunales Lpez no fue slo Lpez. Fue l y cada uno de aquellos que compartieron su cautiverio, la crcel y su militancia previa a la cada. Es decir, aquellos que compartieron los ideales de un albail que quiso edificar un futuro distinto para sus hijos, para l, para todos.

En este punto, retomo la perspectiva de la crnica con la que comenzamos este ensayo de Tesis, no ya como estudiante sino desde otras condiciones, para transcribir un prrafo que ilustra lo que aquel da sent y escrib: Aquellos que creemos que las convicciones, los valores y las experiencias adquieren importancia en su materialidad concreta, tenemos en los testimonios de Adriana Calvo y Jorge Julio Lpez un contundente ejemplo de la democracia argentina. Sus

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Walter Roberto Docters, ARANA. Centro de Tortura y Exterminio. Editorial solucin grafi-k. La Plata, marzo de 2012.-

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palabras, sus investigaciones de aos, sus militancias, sus solidaridades, son ejemplos de vida democrtica. Los verdugos de la muerte tuvieron que escuchar estos discursos de la vida, el de una docente universitaria de fsica (Adriana) o el de un albail militante de una unidad bsica (Julio). Transpiran amor los actos de Adriana y Julio. Y son tantas sus ganas de vivir que ni sus ausencias fsicas pudieron evitar que lo expresaran261.

La causa Lpez: un modelo kafkiano.

En el juicio a Etchecolatz hay novedades analizadas las escenas como un acontecimiento cultural e histrico; con un nuevo estatuto de los testimonios en esa escena; con una sentencia en el marco de genocidio dictado por tribunales ordinarios. En tanto, en la causa que gener la desaparicin de Lpez estamos ms cerca del modelo kafkiano. Estamos como Ante la Ley, donde el portero/guardin primero nos impide entrar, luego amenaza con el poder de los dems guardianes que le siguen, pero no dice nada ms y pasan aos y aos para finalmente saber que es muy difcil que lleguemos a la Ley. Como afirma Walter Benjamn, analizando a Franz Kafka, ocurre que la dilacin es en El Proceso la esperanza del acusado si no fuera porque el procedimiento se convierte lentamente en veredicto-262. Para ser ms claros, est la

interpretacin que el propio Kafka expone en respuesta a K como ltima frase del captulo luego de la parbola ante la ley: Pertenezco a la justicia dijo el sacerdote-. Cmo puedo

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Adriana Calvo y Jorge Julio Lpez: testimonios de la democracia. Crnica de una audiencia singular. Carlos Leavi. Octubre 2011. La Plata. 262 Walter Benjamn, Ensayos Escogidos, pag. 94.

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entonces necesitarte? La justicia no quiere saber nada de ti. Te acoge cuando vienes y te deja cuando te marchas263.

Desde esta mirada kafkiana de la justicia, se puede leer la causa judicial que se gener a partir de la desaparicin de Jorge Julio Lpez. A diferencia de las habilitaciones y nuevas escenas generadas en el juicio a Etchecolatz, se repiti un accionar que, en trminos generales, se ha convertido hasta la actualidad en un ejemplo de mltiples obstculos, inaccin, desidias y ausencia de investigaciones serias, donde el nico actor jurdico/social interesado en su avance parecen ser las organizaciones de Derechos Humanos intervinientes en la causa. El resultado de esta situacin es contundente: ningn detenido, ningn sospechado, pocas pistas por seguir, Lpez desaparecido y, parafraseando la consigna, ningn juicio y castigo a los culpables.

Aquel 18 septiembre de 2006, al no llegar Jorge Julio Lpez a la audiencia en la que se desarrollaron los alegatos de las querellas (como ya relatamos su presencia era muy importante jurdica y socialmente hablando), las organizaciones de derechos humanos nucleadas en Justicia Ya (a pesar de lo angustioso del momento), tuvieron la rapidez y los reflejos de presentar ese mismo da un Hbeas Corpus en la Justicia Federal, a fin de que se inicie rpidamente su bsqueda. Tambin la familia ese mismo da realiz la denuncia en la Comisara Tercera de Los Hornos. Esa doble radicacin hizo que durante los primeros tres meses de la desaparicin, hubiera dos causas en trmite con el mismo objeto: buscar a Jorge Julio Lpez, una en la fiscala Provincial N 3 a cargo del fiscal Martini, y la otra, en el fuero federal, que recay, por estar de turno, en el Juzgado de Arnaldo Corazza y en la fiscala del Dr. Franco. En esos meses se
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Franz Kafka, El Proceso, pag. 220. Terramar ediciones, Buenos Aires, Argentina. 2008.

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hicieron rastrillajes con caballos y perros y se tomaron mltiples declaraciones de vecinos. Las organizaciones querellantes sealan: Esas medidas eran inconducentes, ya que apuntaban slo a buscar el cuerpo de una persona y no iban al fondo, es decir, a investigar a quienes podan tener un mvil para cometer un delito como ste. Fue en esos primeros tres meses en donde la polica bonaerense despleg acciones que, posteriormente, le valieron el apartamiento de la investigacin. Y fueron en esos meses en donde se superpusieron actividades investigativas de fuerzas provinciales y federales, expres Anbal Hnatiuk264, querellante en la causa por la desaparicin de Lpez. El derrotero de la causa comienza en la justicia provincial con la caratula Averiguacin de paradero y aunque 3 meses despus pasa a la justicia federal, ese ttulo se mantuvo 15 meses ms. En esos 18 meses, la investigacin del secuestro y desaparicin de Jorge Julio Lpez estuvo a cargo de la polica bonaerense, la misma sobre la cual se evalan sospechas en cuanto a su participacin directa o indirecta en el hecho, segn las palabras de los funcionarios pblicos de aquel entonces. Es ms, uno de los jefes de la investigacin, Farinelli, trabajo en la Direccin de Inteligencia de la Polica Bonaerense (DIPBA) durante la ltima dictadura. En este punto debe recordarse que, segn relata el propio Lpez en sus testimonios, quien lo secuestr a l y a sus compaeros del barrio fue precisamente una patota de esa polica bonaerense. Ante esta situacin, un periodista del entonces diario Crtica le pregunt a Farinelli cmo evaluaba la paradoja respecto de que alguien que quizs habra estado directa o indirectamente relacionado con la primera desaparicin de Lpez en octubre de 1976 estuviera a cargo de la investigacin de su

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Conversaciones con el abogado querellante en la causa por presunta desaparicin forzada de Jorge Julio Lpez, Anbal Hnatiuk exclusivas para la produccin de esta Tesis. Tambin puede consultarse sus anlisis en base a la experiencia como abogado querellante en la causa, en: http://argentina.indymedia.org/news/2010/09/750082.php

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segunda desaparicin en 2006, a lo que el polica respondi: algo de eso puede haber... pero ahora. La situacin planteada ilustra, demuestra y explcita en un ejemplo dramtico, una de las contradicciones ms complejas de la democracia argentina: la continuidad en sus estructuras de fuerzas de seguridad, mbitos judiciales, empresarios, etc. de actores sociales protagnicos en relacin a los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvico-militar. De hecho, la causa por la segunda desaparicin de Lpez, que recin se caratul como presunta desaparicin forzada de persona 18 meses despus de ocurrido el hecho, explicit los nmeros de la bonaerense: de casi 50.000 policas que haba en actividad en 2006, 9000 se haban incorporado a la fuerza entre el 76 y el 83; pasando un peine ms fino, 3500 haban participado activamente entre el 76 y el 79, tiempo en el que est comprobado que la bonaerense tuvo a cargo Centros Clandestinos de Detencin. Estos ms de 3000 agentes eran en el ao 2006 oficiales que ocupaban en su mayora cargos jerrquicos y jefaturas dentro de la fuerza, habiendo sido formados en las prcticas, valores, significados, acciones y paradigmas de la polica de Camps y Etchecolatz. El abogado querellante Anbal Hnatiuk, tambin nos cuenta que las organizaciones querellantes plantearan que deba intervenir un rea del Juzgado que tuviera conocimiento del contexto en el que se produjo el hecho que se investiga. Esa rea es la Secretara Especial de ese juzgado, que interviene en todas las causas en las que se investigan los delitos de terrorismo de Estado, pedido que recin fue concedido a los casi 2 aos de la desaparicin. () Este pedido de pasaje interno dentro del mismo juzgado tuvo el mismo sentido que todo lo que desde estas querellas se present: la necesidad de investigar a todos aquellos que tuvieran un mvil, una razn por la cual cometer un crimen como ste: y la respuesta es obvia, son todos aquellos que no querran

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que Lpez declarara en las causas en las que se investigan las responsabilidades por los crmenes cometidos en los lugares de detencin en los que l estuvo: la comisara 5ta, el pozo de Arana, la comisara 8va y la Unidad Penitenciaria N 9.

La causa tiene dimensiones prcticamente inconmensurables: 400 cuerpos de unas 200 fojas cada uno, con decenas de procedimientos mltiples e inconexos, y ms de 5 millones de comunicaciones para analizar.

Los nicos imputados en la causa Lpez, aunque actualmente estn sobresedos en primera instancia, han sido sus abogados, los jueces y los fiscales que fueron interviniendo en el juicio a Miguel Etchecolatz. Este sobreseimiento est apelado e ir a la Cmara donde se resolver al respecto. La familia de Jorge Julio Lpez y su abogado los han denunciado por no haber evitado que ocurriera su segundo secuestro(sic).

A la obturacin de justicia para conseguir el juicio y castigo a los responsables de la desaparicin de Lpez, se agrega un accionar que es parte de las prcticas sociales genocidas como lo es la descalificacin permanente de los testimonios de sobrevivientes. El problema se complejiza y adquiere ribetes sorprendentes no cuando est en boca de los abogados defensores de los genocidas o an en las alocuciones que stos expresan en los juicios cuando deciden declarar, sino cuando es un juez federal quien lo expresa en la propia ciudad de La Plata. Algo que parece increble y que es una muestra ms que el significante de la desaparicin y el rol de los testimonios de los detenidos-desaparecidos son parte de las luchas por los sentidos de la justicia.

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Como se plantea en el Alegato de Justicia Ya, en el juicio Circuito Camps, lamentablemente no slo los genocidas deslegitiman esta voz de los sobrevivientes. Sino que tambin leemos265 en una resolucin que el Juez Blanco dict hace muy pocos das el mismo paradigma de cuestionamiento a los testimonios de quienes fueron detenidos-desaparecidos. Recordarn que aqu hubo testigos que no pudieron declarar porque estaban imputados desde hace muchos aos. Pues bien, por una queja por denegacin de justicia de la Fiscala, la Cmara de Apelaciones intim al juez Corazza a indagar a los policas que Lpez mencionaba en su declaracin. Este 23 de noviembre de 2012 el juez Blanco dict la falta de mrito considerando que los dichos de Lpez eran imprecisos y vagos. Hasta aqu, slo habra problemas de valoracin de la prueba. Aqu, hace un tiempo, el Tribunal nos peda que llevramos a los testigos a la instruccin. Pues bien, ste es el tipo de resoluciones a las que nos enfrentamos en esa instruccin, donde se muestra claramente un modelo de justicia y su accionar: Expresa el juez federal Blanco, en la Causa 271, hace apenas unos das: Lpez es slo un testigo y nada ms. A travs de sus testimonios se intenta llegar a la demostracin de hechos delictivos por los que deberan responder los imputados, cuestin que conforme lo analizado se torna palmariamente improcedente. En su caso, debera haber comunicado a los organismos correspondientes los aberrantes sucesos mucho tiempo antes o documentado dichas circunstancias. Lamentablemente el tiempo transcurrido opera en detrimento de la bsqueda de la verdad, e inclusive puede posibilitar que se confundan los acontecimientos pretritos. Ese reproche no puede soslayarse porque tena la obligacin y el derecho de denunciar

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Es Guadalupe Godoy, codirectora de esta Tesis y abogada querellante, quien est leyendo el Alegato en el juicio Circuito Camps.

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lo acontecido, como lo hicieron otras vctimas, madres, abuelas y otros tantos que sufrieron igual que l o ms an. (SIC). La cita es textual de la Resolucin del Juez Blanco. Una clara muestra, contundente, certera, respecto a un sector de la justicia, por ende de nuestra sociedad, que construye una valoracin sobre una desaparicin en democracia, sobre los responsables de los crmenes cometidos durante la ltima dictadura y, especialmente, en torno al valor de los testimonios en la actualidad. De alguna manera, esta Tesis, sus anlisis e investigaciones son parte de las herramientas de lucha contra estos discursos legales, pero no legtimos, desde los cuales se postula una idea de sociedad basada en la impunidad como elemento histrico hegemnico. Donde un juez federal usa las mismas lgicas que los genocidas poniendo en duda y descalificando a los testigos y el momento en que pueden expresar, contar, relatar, declarar el calvario que vivieron. Como expresa el comunicado de Justicia Ya, El juez ofende a Lpez, ofende a los sobrevivientes, ofende a los familiares y al conjunto de compaeros y vctimas del genocidio perpetrado por la dictadura cvico-militar instaurada en 1976. Ofende la justicia y ofende la memoria colectiva. Manuel Humberto Blanco es el juez de la causa que investiga la segunda desaparicin de Lpez garantizando que, luego de seis aos, no haya ningn detenido, ninguna pista firme, ningn castigo a los responsables de esta desaparicin. Es este juez quien lleva adelante todas las causas de delitos contra la humanidad en forma realmente vaga e imprecisa materializando un modelo de justicia que promueve precisamente lo contrario, la injusticia. Son mltiples las denuncias sobre irregularidades, demoras, desguaces y re victimizacin en que incurre Blanco en su accionar.

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En tanto, la Causa Lpez est bajo su rbita desde que su par Arnaldo Corazza renunciara a seguir investigando. En un principio opt por radicar la causa en una Secretara comn de su juzgado que la desconoca por completo, y luego la deleg en el fiscal Franco quien la rechaz una y otra vez. Todo concluy varios meses despus, con el apartamiento del fiscal de la causa, y sin que ninguna actividad til se haya evidenciado hasta el da de hoy. Transcurridos ya ms de 6 aos del segundo secuestro y desaparicin de Lpez, podemos afirmar que ha mediado por parte del juez Blanco una ostensible orfandad investigativa, negligencias e irregularidades de toda ndole, que han impedido el avance de todas las lneas investigativas, cuando no han producido lisa y llanamente, el encubrimiento de los posibles culpables266. Mientras tanto, el magistrado se permite escribir una resolucin cuestionando a Lpez y a sus testimonios.

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Comunicado de Justicia Ya, ante la resolucin del Juez federal Manuel Blanco descalificando los testimonios de Lpez y sus alcances respecto al juzgamiento de responsables de crmenes durante la ltima dictadura cvico-militar.

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Lpez transmiti amor

Esta carta de Mariana Paz de Marco, por sus tonos, sus sentidos, puesta en comn de una experiencia casi irreproducible, nos parece el mejor modo de cerrar este captulo y abrir nuevos interrogantes. No est en clave acadmica, pero si trminos de lo humano, lo cultural y lo comunicacional; sin los cuales lo acadmico no tendra sentido. No podra ser un anexo, porque no se trata de un agregado, hace a las condiciones del acontecimiento-situacin que hemos analizado, a sus circunstancias y perspectivas. Siendo redundantes, pero para fortalecer nuestra argumentacin, la carta de Mariana de Marco, hija de Patricia DellOrto y Ambrosio de Marco, detenidos-desaparecidos a partir de los cuales Jorge Julio Lpez estructur sus testimonios, nos parece el mejor cierre para este captulo. Su claridad, sus dudas y certezas, sus sensaciones, las palabras que no aparecen y las que s. Las cartas son un gnero discursivo de gran valor y, en este caso, nos permitir ubicar en su narracin los efectos de la desaparicin con una contundencia que nos parece un apropiado punto argumentativo de nuestros anlisis; especialmente desde la lgica que atraviesa esta Tesis con las voces que la pueblan, la atraviesan y la enriquecen, con sus luchas, sus pensamientos, sus acciones y sus saberes.

Lpez transmiti amor267 El da anterior a cumplir 15 aos fue la primera vez que escuch sobre Julio Lpez. Era octubre de 1991. Supe, por medio de Pastor, que un hombre que haba estado secuestrado con mi mam

267

Mariana de Marco, Lpez transmiti amor, texto publicado en una edicin especial de la revista Tantas Voces Tantas Vidas de la Asociacin de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD), septiembre de 2011.

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y mi pap le haba contado que, efectivamente, los haban fusilado. No dijo ni cundo, ni dnde; o no me import en ese momento. Slo que estaban definitivamente muertos. La noticia la recibimos mi abuela y yo; ella llor como ninguna otra vez la haba visto o iba a verla llorar; yo menos, pero sent que una inmensa tristeza, infinita y eterna, me empez a recorrer el cuerpo hasta instalarse por completo. No lo habl con nadie, nunca. Ni con mi abuela, nunca soport verla llorar; fue como si ese atardecer no hubiera existido. Para ella la noticia se fue esfumando. Negarlo, borrarlo por completo, fue la manera de defenderse y protegerse de semejante dolor. Para m, se fue haciendo callo, aprend a convivir con una ausencia que ya no haba ninguna posibilidad de revertir. Creo que desde ese momento no volv a soar que mi mam volva a buscarme. Ninguno de los dos, ni mi mam ni mi pap, estaban vivos: un tal Lpez haba visto el momento en el que los mataban. Desde 1991, Jorge Julio Lpez estuvo presente en cada uno de mis das. No sus ojos; s lo que vieron. No su voz; s sus palabras. Ninguna de sus fotos; solamente la existencia de un hombre que confirmaba un final. No la consigna; slo un tal Lpez. A mediados de los 90, parte de mi familia se encontr con l. Y volvi a aparecer el dolor, la historia que se cierra, con das aproximados, con algunos datos, con lgrimas. Trataron de encontrar la mejor manera de decirme lo que yo ya saba; trataron de que no me lastimara aquello con lo que ya haba aprendido a convivir desde haca aos. En el 99, cuando Lpez declar en el Juicio por la Verdad, fue la primera vez que lo escuch. El cuidado con el que habl, con el que cont, con el que hil su propia historia, la de mis paps,

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cada una de las palabras que us, y las que call, fueron dndole forma y peso a mi propia historia. En esa oportunidad, no quisimos conocernos. A Lpez le haban dicho que me parezco a mi mam, y no quiso verme; y yo no hubiera sabido cmo mirarlo, qu decirle, cmo preguntarle tantas cosas. En el 2006, no quise escuchar su declaracin en el juicio a Miguel Etchecolatz. Mi hija tena meses apenas y yo no hubiera soportado enfrentar sus palabras nuevamente. Convertirme en madre hizo que necesitara ms que nunca a mi propia mam; hizo que cada dolor fuera ms fuerte, que cada alegra ms inmensa y que cada pena ms profunda. Pero esta vez, quera conocer a Lpez. Esper hasta que llegara el momento de los alegatos y de la sentencia para verlo, para vernos, escucharnos y seguramente abrazarnos. Pero no ocurri. A partir de ac, la historia es conocida. Desde el 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio Lpez permanece desaparecido. Me es ms fcil hacer un recuento de la historia que ponerle palabras a lo que eso me genera. Es una gran ambigedad, algo que oscila entre el dolor, el consuelo, la angustia, la incertidumbre. Lpez aclar mi historia. Lpez transmiti amor a travs de palabras que rebalsaban atrocidad. Lpez no est. Lpez, para nuestra familia, signific y significa mucho. Lpez, particularmente, es quien me permite tener un principio y un final en la historia de mi mam y mi pap, que es mi propia historia, que es la historia de mi hija y de este otro ser que viene en camino. Siento un compromiso que no s cmo llevar adelante con l. Porque fue la promesa que le hizo a mi mam la que lo llev a declarar en un primer momento; porque a travs de esa promesa,

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aos despus, Lpez pudo reconocerse y enorgullecerse de su militancia. Siento que nada de lo que uno pueda hacer alcanza; siento que lo nico importante es el esclarecimiento de su desaparicin. Pero que no hay nada que pueda hacer para que eso pase. Lamentablemente, aprendimos de la historia que los desaparecidos no aparecen. Justamente por eso nunca hay que dejar de reclamar justicia, de pedir aparicin con vida, de levantar sus nombres. Porque no pueden quedar en el olvido. Porque no debemos esperar a los aniversarios para levantar las voces. Porque no puede volverse cotidiana esta ausencia. Porque no puede quedar impune este delito. Porque debe existir la voluntad de esclarecerlo, y si no existe tenemos que exigirla. Porque no solamente es Jorge Julio Lpez, albail, padre de dos hijos, esposo de Irene. Ni es solamente el hombre que me regal la imagen del amor de mi mam, y de la fortaleza y dignidad de ella y mi pap. Jorge Julio Lpez debera ser una deuda pendiente de todos. No existe nada que alcance para expresar mi agradecimiento a Lpez. Me hubiera gustado tener la oportunidad de decrselo a l; la oportunidad de que Lpez viera lo que sus palabras generaron. De buscar en esos ojos claros que veo cada da desde hace 5 aos en afiches, alguna huella, algn gesto escondido. Pero sobre todo, de decirle gracias. Por mi familia, por mis paps, por mi. No conozco palabra tan enorme y tan profunda que pueda definir lo que Lpez representa, que se acerque apenas a lo que siento. Me hubiera gustado encontrarla junto con l.

Mariana Paz de Marco.

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V EL TESTIMONIO

Slo pido una cosa: los que sobrevivs a esta poca no olvidis. No olvidis ni a los buenos ni a los malos. Reunid con paciencia testimonios sobre los que han cado por s y por vosotros. Julius Fuck268

V CAPITULO 1.

EL TESTIMONIO COMO EXPERIENCIA COMUNICACIONAL Y POLTICA.

Es una reivindicacin poltica el testigo como prueba principal. Porque es recuperar a los compaeros que salieron de aquella experiencia, y reivindicarlos en su propia voz y en su propio relato. Marta Vedio.

El testimonio como experiencia comunicacional y la transformacin de la escena poltica.

A partir de juicios como el de Etchecolatz y ante la desaparicin de Lpez, el testimonio cambi de estatuto. Existe una identidad en relacin al testimonio. Y esa identidad que es parte de los materiales, aparece como referencia a un pasado de militancia y compromisos en el propio testimonio. No slo por la cantidad de juicios, sino tambin por la reorientacin de la acusacin y

268

Julius Fuck, Reportaje al pie de la horca (pag.69). Ed. Bruguera S.A. Barcelona, 1982.

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fundamentalmente por el estatuto del testimonio y sus alcances polticos, es que ste ha cambiado su valor y significacin, y hasta se ha transformado el mismo acto de testimoniar. En este sentido, realizaremos una somera comparacin de los testimonios en el Juicio a las Juntas (Causa 13) con el juicio a Etchecolatz. Ya que el primero fue un momento en el que se juzgaba a los comandantes desde relatos de testigos que deban ubicarse en el lugar de vctimas, directas o indirectas, en funcin de aportar a la investigacin. En el segundo, los testimonios se construyeron y se dieron desde relatos ms integrales, incluyendo historias como sujetos polticos y militantes sociales; no slo como objetos de la represin del terrorismo de Estado. Un desplazamiento de objetos del testimonio a sujetos a travs del mismo.

Cambio de estatuto en el testimonio.

Consideramos el papel del Jorge Julio Lpez en el juicio, analizado desde el rol del testimonio en tanto cambio de estatuto de una escena de justicia, como instancia de re-significacin de un nuevo momento. En este sentido pensamos junto con Silvia Delfino que al considerar la escena de estos procesos en el presente, resulta insoslayable la crisis entre las reglas de la legalidad liberal burguesa y los reclamos, ya que las escenas de la justicia presuponen una legitimidad inmanente que es discutida, en el caso de los juicios a genocidas, por las querellas tanto como por algunos fallos, como el caso del juicio a Etchecolatz y Von Wernich. Especialmente cuando del proceso judicial no deviene el orden sino una crisis, muchas veces bajo la forma del terror, como en el caso de la desaparicin de Jorge Julio Lpez a partir de su testimonio contra Etchecolatz. De hecho la

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sentencia del tribunal a travs del fallo del Dr. Carlos Rozanski sostiene un cambio de estatuto del testimonio y exige, en la sentencia del 20 de septiembre y en sus argumentos ledos el 26 del mismo mes, la contencin de quienes van a testimoniar en los procesos judiciales futuros. En este caso, el debate da lugar a acciones de reclamo y demanda.

En la misma lnea de anlisis y para entender el clima en el cual se daba aquella declaracin, citamos directamente las expresiones del juez Carlos Rozanski en los fundamentos de la sentencia cuando al referirse al testimonio de Jorge Julio Lpez expresa que: Respecto de la muerte de Patricia Dell'Orto y Ambrosio de Marco corresponde referirse a las declaraciones anteriores del Seor Lpez, las que fueran introducidas al debate por su lectura, dado que durante el trascurso de su declaracin en el juicio, el recuerdo de los hechos le produjo un estado de angustia que al ser percibido por el tribunal motiv su atencin por parte del mdico de la Municipalidad, quien se encontraba a ese efecto en la sala contigua a la audiencia. Con respecto a aquella situacin en la escena de justicia generada en la declaracin de Lpez, Rozanski269 tambin afirma sobre el testimonio que en el juicio todos fueron testigos importantes, pero no todos aportaron datos de la misma importancia. En el caso de Lpez, se da que es un hombre grande que despus de muchos aos cuenta lo que le pas y da detalles. No tuvo limitaciones para hablar, habl sin especulaciones. Dijo lo que pas. Muchas personas estn sacando de s hechos de esta naturaleza, y se observa que lo hacen porque tienen necesidad de contar lo que pas, no slo a ellos sino al que estaba al lado. La intensidad, la falta de freno para contar que tuvo Lpez, slo la tienen los chicos y las personas que han vivido

269

Entrevista al juez Carlos Rozanski en la revista Puentes de la Comisin Provincial por la Memoria, diciembre de 2006.

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situaciones tan traumticas, que han viajado tan lejos en el dolor, que no estn comprendidos por la especulacin. Tienen ese mandato de contar todo270.

Desde una mirada ms general sobre el proceso abierto luego de la derogacin/anulacin de las llamadas leyes de impunidad, Norberto Liwski, considera que los juicios en Argentina por sus caractersticas tienen epicentro en un actor que es la vctima. La vctima entendida como aquel que fue daado por el terrorismo de Estado. El carcter del procedimiento penal, con las leyes vigentes, es parte de la construccin de la prueba para poder condenar. Y la inmensa mayora de las pruebas est en la coherencia, la certeza, en la articulacin de los testimonios de las vctimas, sin las cuales sera prcticamente imposible llegar a las sentencias que se alcanzan. El lugar del testimonio, tanto escrito como oral, representa una condicin que tiene varios componentes. Por un lado, lo vinculado al proceso penal. Por ejemplo, el exponerse a las condiciones de comodidad e incomodidad. Estarn quienes te protejan en el juicio oral, los querellantes, las organizaciones, tus abogados, puede ser tambin la fiscala que acusa; pero tambin se enfrenta a los defensores de quienes estn incriminando, que procurarn que tu testimonio se caiga, que tu testimonio entre en contradicciones internas y externas, que exista confusin emocional y psicolgica en el momento de testimoniar que implica la apertura de una memoria traumtica. Por lo tanto, entre defensores y acusados, tendern a generar estas incomodidades. Por supuesto, estas condiciones estarn sujetas a los contextos en los cuales el testimonio se desenvuelve.

270

Nos recuerda a Eduardo Galeano, cuando en Celebracin de la voz humana recordando a los presos d e la dictadura uruguaya, escribe que: Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los dems, alguna cosa que merece ser por los dems celebrada o perdonada. En El libro de los abrazos (pag. 11), ed. Catlogos, Buenos Aires, 2007.

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Como resalta Carolina Varsky271, el testimonio es uno de los aspectos centrales en las causas por delitos de lesa humanidad, procesos en los que, en general, se trata de la nica prueba disponibl e (la ms importante), ante la destruccin u ocultamiento del material documental. Estableciendo comparaciones que nos permiten arribar a nuestro anlisis respecto del cambio de estatuto del testimonio, para Varsky, mientras que en los ochenta el objetivo era denunciar atrocidades, identificar a los responsables, recordar a los compaeros desaparecidos, y no tanto hablar en primera persona sobre los propios padecimientos, los juicios actuales se caracterizan justamente por profundizar en las experiencias de cada una de las vctimas, haciendo a un lado el relato ms estructurado para dar lugar, si se quiere, aun concepto ampliado de tortura, que contempla todo el padecimiento sufrido desde el momento del secuestro, la vivencia dentro del centro clandestino, la recuperacin posterior de la libertad y su repercusin en el entorno. El relato en primera persona, esa especie de recuperacin de la subjetividad, sus circunstancias y perspectivas, aparece con regularidad en los nuevos testimonios, como sujetos que an siendo los mismos que declararon antes, hoy hablan otra cosa y desde otro lugar de enunciacin. Por otro lado, y contemplando el rol de las querellas (aspecto que ya hemos desarrollado en cuanto a sus implicancias en estas escenas de justicia), sus estrategias en gran medida se basan en la construccin de la prueba testimonial en el juicio oral, no slo en la bsqueda de obtencin de una condena, sino tambin como espacio de reparacin y reconstitucin simblica de sus propias historias personales y colectivas.

271

Carolina Varsky, El testimonio como prueba en los procesos penales, (pag. 49 a 54) en Hacer Justicia. Nuevos debates sobre el juzgamiento de crmenes de lesa humanidad en la Argentina. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 2011.-

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El testimonio, un modo de narrar prefiero la parte del testigo a la del juez: debo testimoniar sobre las cosas que sufr y vi. Primo Levi272 Cuando hablamos de cambio de estatuto del testimonio a partir de las escenas de justicia en el juicio a Etchecolatz y, en ese marco, la desaparicin de Lpez, consideramos que existen diversos modos de construir relatos en el acto de testimoniar, especialmente cuando se trata de situaciones al lmite de la condicin humana. Existe una necesidad de poner en comn esa experiencia que trasciende los lmites de lo humano. Por esto, tomamos la cita de Primo Levi como parmetro del lugar de enunciacin que se construyen los testimonios sean estos escritos u orales, en mbitos pblicos o privados, ya que parten de la bsqueda de las condiciones para poder expresarse, compartirse, gritarse. Desde este punto vista Primo Levi afirma que la necesidad de hablar a los dems, de hacer que los dems supiesen, haba asumido entre nosotros, antes de nuestra liberacin y despus de ella, el carcter de un impulso inmediato y violento, hasta el punto de que rivalizaba con nuestras dems necesidades ms elementales; este libro lo escrib para satisfacer esta necesidad, en primer lugar, por lo tanto, como una liberacin interior.

Cmo nos dice Paul Ricoeur, el testimonio nos conduce, de un salto, de las condiciones formales al contenido de las cosas pasadas (praeterita), de las condiciones de posibilidad al proceso efectivo de la operacin historiogrfica. Con el testimonio se abre un proceso
272

Primo Levi, Si esto es un hombre, pag. 104. Muchnik Editores, S.A. mayo de 2002, Barcelona. Este apndice fue escrito y publicado por Primo Levi en 1976.

311

epistemolgico que parte de la memoria declarada, pasa por el archivo y los documentos, y termina en la prueba documental273. Existen, ms all de la situacin singular del testigo de crmenes de lesa humanidad, algunas caractersticas descriptivas del acto de testimoniar. En principio, podemos distinguir la asercin de la realidad factual del acontecimiento relatado y por otro, la certificacin o la autenticacin de la declaracin por la experiencia de su autor. Es decir, que el hecho atestiguado sea significativo, lo que hace problemtica la distincin demasiado tajante entre discurso y relato274. Tambin es importante considerar que la especificidad del testimonio consiste en que la asercin de realidad es inseparable de su acoplamiento con la auto-designacin del sujeto que atestigua. De este acoplamiento proceda la frmula tipo del testimonio: yo estaba all. Lo que se atesta es, indivisamente, la realidad de la cosa pasada y la presencia del narrador en los lugares del hecho.

Senta el olor que viene de la chanchera de Venturinopara ubicar a Arana. Escuchaba los camiones del corraln de materiales de Guanzzetti y supe que estbamos en la Comisara 5ta. , dir Lpez en sus testimonios.

En la misma lnea de anlisis, la auto-designacin se inscribe en un intercambio que instaura una situacin dialogal. El testigo atesta ante alguien la realidad de una escena a la que dice haber asistido, eventualmente como actor o como vctima, pero, en el momento del testimonio, en posicin de tercero respecto a todos los protagonistas de la accin. Esta estructura dialogal del

273 274

Paul Ricoeur, pag.209. Paul Ricoeur, pag. 211.

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testimonio hace resaltar de inmediato su dimensin fiduciaria: el testigo pide ser credo. No se limita a decir: Yo estaba all; aade: Cranme.

Asimismo, la posibilidad de sospechar abre a su vez un espacio de controversia en el que se ven enfrentados varios testimonios y varios testigos. () El testigo anticipa, de alguna forma, esta circunstancia aadiendo una tercera clusula a su declaracin: Yo estaba all, dice; Cranme, aade; y: Si no me creis, preguntad a algn otro, exclama con cierto cariz de reto. El testigo es, pues, aquel que acepta ser convocado y responder a una llamada eventualmente contradictoria.

Como expresa Lpez en su testimonio: Si ustedes quieren saber algo ms o desconfan de lo que les digo, vayan al barrio, pregunten, yo los acompao y les digo a quin preguntar

De esta manera, se incorporar, por lo tanto, una dimensin suplementaria de orden moral destinada a reforzar la credibilidad y la fiabilidad del testimonio, a saber, la disponibilidad del testigo a reiterar su testimonio. El testigo fiable es el que puede mantener en el tiempo su testimonio. Este mantenimiento entronca el testimonio con la promesa, ms precisamente, con la promesa anterior a cualquier promesa, la de mantener su promesa, la de cumplir su palabra

As termina Lpez su testimonio diciendo: Cuando lo necesiten Un servidor

Esta estructura estable de la disposicin a atestiguar hace del testimonio una factor de seguridad, de garanta, en el conjunto de las relaciones constitutivas del vnculo social; a su vez, esta

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contribucin de la fiabilidad de una proporcin importante de agentes sociales a la seguridad general hace del testimonio una institucin. () Lo que crea institucin es, en primer lugar, la estabilidad del testimonio en la garanta del vnculo social en cuanto que descansa en la confianza en la palabra del otro.

Teniendo en cuenta estas caractersticas del acto de testimoniar, es importante considerar que, como lo expresa Paul Ricoeur275, sobre el fondo de esta presunta confianza se destaca trgicamente la soledad de los testigos histricos cuya experiencia extraordinaria echa en falta la capacidad de comprensin media, ordinaria. Hay testigos que no encuentran nunca la audiencia capaz de escucharlos y orlos. Y continua en cita al pie, en la medida en que los acontecimientos atestados por los que se interesan los historiadores son acontecimientos considerados importantes, significativos, desbordan la esfera perceptiva y comprometen la de las opiniones; el supuesto sentido comn es un mundo dxico muy frgil que da lugar a discordancias que son desacuerdos, desavenencias, que originan controversia. Es con esta condicin como se plantea la cuestin de la plausibilidad de los argumentos sostenidos por los protagonistas. De este modo, se da paso a la lgica argumentativa del historiador y del juez. Pero la dificultad de escucha de los testimonios de los supervivientes de los campos de exterminio constituye quizs el ms inquietante cuestionamiento de la tranquilizadora cohesin del supuesto mundo en comn del sentido. Se trata de testimonios extraordinarios, en el sentido de que exceden la capacidad de comprensin ordinaria, a la medida de lo que Pollner acaba de llamar mundane reason.

275

Paul Ricoeur, pag. 213, 214, 215.

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Respecto de esta situacin, Agamben276 en Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo, afirma que aqu no se trata, como es obvio, de la dificultad que nos asalta cada vez que tratamos de comunicar a los dems nuestras experiencias ms ntimas. Esa divergencia pertenece a la estructura misma del testimonio. Por una parte, en efecto, lo que tuvo lugar en los campos les parece a los supervivientes lo nico verdadero y, como tal, absolutamente inolvidable; por otra, esta verdad es, en la misma medida, inimaginable, es decir, irreductible a los elementos reales que la constituyen. Unos hechos tan reales que, en comparacin con ellos, nada es igual de verdadero; una realidad tal que excede necesariamente sus elementos factuales: sta es la apora de Auschwitz. () La apora de Auschwitz es, en rigor, la misma apora del conocimiento histrico: la no coincidencia entre hechos y verdad, entre comprobacin y comprensin. Para Agamben estas reflexiones sern un aporte si, en el intento de identificar el lugar y el sujeto del testimonio, ha logrado por lo menos plantar aqu y all algunos jalones que puedan orientar eventualmente a los cartgrafos de la nueva tierra tica. O incluso si ha conseguido al menos que algunos de los trminos con que se ha registrado la leccin decisiva de nuestro siglo sean corregidos, que se abandonen algunas palabras y otras sean comprendidas de modo diverso. Tambin ste es un modo -quizs el nico modo posible- de escuchar lo no dicho.

Por lo expuesto, en este apartado nos parece oportuno retomar a Pilar Calveiro277 para resaltar el rol que han ocupado los sobrevivientes como testimoniantes, ya que ellos nos hablan de manera recurrente de una obsesin: estando dentro del campo una de las ideas ms fuertes era que alguien deba salir con vida; alguien deba sobrevivir para testimoniar y contar; alguien deba
276

Giorgio Agamben, Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Sacer III. (pag.7/8). Traduccin y notas: Antonio Moreno Cuspinera, Ed. PRETEXTOS, Valencia, 2000. 277 Pilar Calveiro, Poder y desaparicin. Los campos de concentracin en la Argentina, ed. Colihue, Buenos Aires, 2006.

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construir la memoria de los campos de concentracin. Las personas se envan mensajes, realizan recuerdos, acumulan informacin, la comparten, intentan entorpecer el dispositivo, sostienen a los ms vencidos; crean otra sociabilidad, conspiran. Hay all un poder que se reorganiza, puede haber redes que entrelacen a los prisioneros, los sostengan y les permitan conformar una nueva sociabilidad. Aun en esas circunstancias, los hombres hacen cosas, toman decisiones, apuestan, ganan y pierden. Pensar en la vctima total y absolutamente inerme es tambin creer en la posibilidad del poder total que deseaban los desaparecedores.

En tanto, respecto de los anlisis del relato testimonial como gnero, hemos tomado algunas consideraciones de Adriana Goicochea, expuestas en su tesis doctoral y publicada por la editorial de la Universidad Nacional de La Plata, con el ttulo Relato Testimonial en la literatura argentina de fin de siglo. Porque, aunque su mirada se plantea desde el mundo literario en su corpus de trabajo, reconoce en el campo de circulacin textual de fin de siglo en Argentina al testimonio como lectura literaria aunque haya cumplido otras funciones, por ejemplo, en el campo jurdico, como es el caso del Nunca ms278. En este sentido, aunque no se mencionen directamente los testimonios en los juicios por delitos de lesa humanidad, se analizan caractersticas del gnero que son sumamente tiles para nuestro anlisis respecto del cambio de estatuto. En este sentido, Adriana Goicochea afirma que el testimonio es narracin de un acontecimiento y por consiguiente transporta los hechos al plano discursivo, pero tambin opera con otros discursos para dar otra versin de lo narrado por la historia o el periodismo. Es justamente la

278

Adriana L. Goicochea, El relato testimonial en la literatura argentina de fin de siglo, editorial de la Universidad Nacional de La Plata, 2008. (pag.24-26)

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citacin el procedimiento propio de un modo de narrar que plantea el sentido como seleccin y construccin. En esta instancia el relato apela a la competencia del lector, reclama una comprensin279. Desde nuestras argumentaciones respecto de cmo el testimonio -desaparicin de Lpez mediante- ha cambiado su estatuto, compartimos la afirmacin en cuanto a que el relato testimonial se instala no como desviacin del discurso serio, sino como alternativa. Dice lo que otros discursos (serios) han silenciado o han dicho de otro modo. De all su valor de praxis inmediata, su funcin poltica. Esta funcin poltica es el nexo entre el autor y el receptor, ambos tienen una condicin previa: una misma preocupacin histrica y una posicin crtica frente a los acontecimientos narrados. El relato testimonial no puede ser neutral; tampoco puede su audiencia permanecer indiferente. Estas afirmaciones ubican los testimonios que hemos analizado, especialmente el de Jorge Julio Lpez, conteniendo rasgos propios de un modo de narrar. Estos modos han sido delimitados, por distintas razones, en las escenas de justica del juicio a los comandantes (1985) o an en los Juicios por la Verdad (1998-1999). Es decir, se obturaban, negaban, reducan la funcin poltica del testimonio en tanto relato no slo alternativo, sino tambin y fundamentalmente no neutral, exigente de un compromiso para quienes lo escucharan, an ms all de las propias audiencias de los juicios orales y pblicos en la actualidad. Porque, como resalta Beatriz Sarlo en su crtica del testimonio: sujeto y experiencia, en condiciones judiciales, por ejemplo en el juicio a las tres juntas de comandantes de la dictadura argentina, los fiscales se vieron obligados a elegir, entre cientos, a los testigos cuya palabra
279

Aqu la autora cita el concepto de comprensin desde Bajtin, ya que no se pueden separar comprensin y valoracin: son simultneas y constituyen un acto total. ()En el acto de comprensin se lleva a cabo una lucha, cuyo resultado es un cambio y un enriquecimiento mutuo (En Esttica de la creacin verbal, Mxico, Siglo XXI editores, 1985, pag. 363-364).

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facilitaba el ejercicio de las reglas de la prueba. En condiciones no judiciales, el testimonio pide una consideracin donde se mezclan los argumentos de su verdad, sus legtimas pretensiones de credibilidad, y su unicidad sostenida en la unicidad del sujeto que lo enuncia con su propia voz, ponindose como garanta presente de lo que dice, incluso cuando no se trate de un sujeto que ha soportado situaciones lmite. A partir de estas afirmaciones, nos preguntamos si en la actualidad, desde los testimonios que hemos analizado, su cambio de estatuto no tendr que ver con un atravesamiento de aquellas condiciones judiciales del juicio a los comandantes, con las nuevas condiciones, donde en la propia escena de justicia los testimonios disputan sus verdades, sus legitimidades, an sabiendo que sus voces parten de situaciones lmites, muchas de ellas quizs inenarrables. En la misma lnea de anlisis, y aunque sus reflexiones reeditadas en este 2012 son de principios del siglo XXI, creemos que quizs Sarlo hable de nosotros cuando afirma que: Slo una confianza ingenua en la primera persona y en el recuerdo de lo vivido pretendera establecer un orden presidido por lo testimonial. Y slo una caracterizacin ingenua de la experiencia reclamara para ella una verdad ms alta. Quizs no sea la intencin explcita de esta cita la polmica con la autora, que habla de un modo de anlisis realista-romntico respecto de la retrica testimonial, sino ms bien el de llamar la atencin, sealar que las condiciones de produccin simblica y material del testimonio en los juicios por delitos de lesa humanidad cambiaron en Argentina: por la desaparicin de un testigo, porque el resto sigui dando testimonio, porque forma parte de polticas de Estado, porque se juzga por primera vez en el marco de un genocidio. Entonces, quizs podamos coincidir respecto de que los testimonios no deben quedar sustrados del anlisis, aunque son el ncleo de un saber sobre la represin; tienen adems la textura de lo

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vivido en condiciones extremas, excepcionales. Por eso, son irremplazables en la reconstruccin de esos aos. Pero el atentado de las dictaduras contra el carcter sagrado de la vida no traslada ese carcter al discurso testimonial sobre aquellos hechos. Cualquier relato de las experiencia es interpretable280.

En tanto, desde el punto de vista psicoanaltico, Osvaldo Delgado281 considera respecto de los testimonios en los juicios actuales que efectivamente hay algo del orden del volver a vivir, pero no es lo mismo estar en un campo de concentracin, siendo torturado, que relatarlo en un juicio que tiene como objetivo la sancin de aqul o aqullos que han hecho eso. Es una repeticin con posibilidad de elaborar mediante la palabra, colaborar para qu aqullos que lo hicieron tengan sancin. En esa lnea de pensamiento, Delgado afirma que la accin de la justicia es reparadora, an cuando requiera la narracin de hechos angustiantes que, en algunos casos, estaban negados o reprimidos. Y agrega, dar testimonio es conmocionante. Es fundamental que haya un acompaamiento teraputico, porque puede provocar mucha angustia poner palabras a todo eso. Al relato de lo vivido hay que ponerle palabras al servicio de un juicio que va a juzgar y va a condenar a aquellas personas que le hicieron eso. Es fundamental psquicamente para la persona y para el conjunto de la sociedad.

280

Beatriz Sarlo, La retrica testimonial, (pag.83/84), en Tiempo Pasa do cultura de la memoria y giro subjetivo: una discusin. Siglo Veintiuno editores, Buenos Aires, 2012.281 Osvaldo Delgado, entrevista realizada en El libro de los Juicios, publicacin del Instituto Espacio por la Memoria (IEM) en 2011. El entrevistado es docente titular de la ctedra Psicoanlisis Freud I de la Facultad de Psicologa de la UBA y como psicoanalista es miembro de la Escuela de Orientacin Lacaniana (EOL) y de la Asociacin Mundial del Psicoanlisis (AMP)

319

Desde la experiencia de ser relator en los Juicios por la Verdad en La Plata, de presenciar por completo el Juicio a Etchecolatz, y de ser secretario en el Tribunal que hoy desarrolla el juicio Circuito Camps, para Eduardo Reszes, esta idea del cambio de estatuto del testimonio es vlida ms all del testimonio de Lpez que tiene cierta transformacin a partir del contacto con las organizaciones de Derechos Humanos entre su primera declaracin en 1999 y el 2006, porque se ve tambin en otros testimonios como el de Emilce Moler o Pablo Daz en quienes se nota el paso del tiempo. No sera slo reivindicacin a la militancia, es adems que los testigos se permiten hablar mucho ms de la etapa previa a sus calvarios. Eso es un permiso que se dan ahora, es nuevo en los testimonios. Quizs desde los Juicios por la Verdad incluso, donde muchos empezaban diciendo: -- Yo quiero empezar contando algo antes. Y en los juicios actuales en los que estoy me asombra como despus de 35 aos, de tanto tiempo de leyes de impunidad, los testigos relatan la tortura de una manera muy lejos de la morbosidad. De alguna forma, objetivan esa experiencia. Desde aquel testimonio de Adriana Calvo de espaldas en el Juicio a las Juntas o Pablo Daz en aquel momento; aunque hoy aparezcan las mismas palabras no son los mismos, estn relatados de otra manera, por ejemplo sin morbosidad en el calvario. A veces, con slo decir que se sufri tortura no es necesario detallar esa situacin, ni que se cuente.

Recordando el juicio a Etchecolatz, Marta Vedio, que particip en todas sus audiencias, considera la singularidad de los testimonios por suceder no slo 30 aos despus de los hechos, sino tambin por las caractersticas de haber sido vctima de un aparato clandestino. Para estos juicios lo ms importante que queda es la voz del testigo. Aunque tambin es una reivindicacin

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poltica el testigo como prueba principal. Porque es recuperar a los compaeros que salieron de aquella experiencia, de aquella masacre y reivindicarlos en su propia voz y en su propio relato. En el juicio a Etchecolatz se permiti que los testigos se explayaran mucho. Incluso se permitieron preguntas por afuera del objeto procesal del juicio. Aunque esto genera debates. Vimos en el trato del tribunal a los testigos, un trato muy contenedor. Se gener entonces para el testigo un espacio de escucha que trata de contrarrestar la presin que significa hablar frente a tanto pblico, tener al acusado all en muchas oportunidades. De hecho, hablar en pblico no es algo sencillo, menos entonces hablar en el marco de un juicio donde tens las dos partes enfrentndose. Y el resultado de esta escena, se sabe, depende en gran medida de esas voces que surgen del testimonio.

El acto de testimoniar, imaginemos la situacin

Imaginemos un segundo la escena: Luego de esperar varias horas en una habitacin contigua, entra un testigo y ve el pblico en la sala. A un costado abogados que conoce (no a todos), del otro abogados que no conoce y sabe que son quienes pueden incomodar con sus preguntas. De ese mismo lado, pueden estar el/los acusado/s: los rostros y cuerpos de sus captores, quienes lo torturaron, quienes explicitaban ser dueos de su vida unos 30 aos atrs. Supongamos que el/la testigo lleg acompaado, pero en ese momento esta slo/a Hay una silla vaca. Un micrfono. De frente, un tribunal con tres jueces. A su lado secretarios del juzgado. Quiere ir a sentarse, pero los jueces lo llaman para tomarle el juramento de decir

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la verdad. Jura de pie. Luego recin se sienta. Tambin observa cmaras fotogrficas, filmadoras a un costado. Alcanza a divisar a un amigo/a, a un familiar, a un/a compaero/a. Mientras se sienta piensa que no debe olvidar aquello que se prometi a s mismo que iba a contar, tambin estn las promesas a otros, amigos, compaeros de militancia o de circunstancial cautiverio. De alguna manera, el testigo tambin recuerda aquello que preferira que no se sepa. A su vez, hay situaciones que ni siquiera recuerda. Mientras se producen estas cavilaciones, ya est sentado/a en la silla. Alguien se acerca y acomoda el micrfono. Mira al tribunal y ellos dicen

La trama de esta situacin puede ser la de cualquier testigo. Es el acto de testimoniar, de comunicar aquello que las condiciones permiten en ese momento nico en su singularidad subjetiva y tambin respecto al momento cultural, poltico y jurdico.

Por esto, el rol del tribunal es fundamental, en trminos de la produccin de condiciones de posibilidad o no para el desarrollo del testimonio. Y en el caso del juicio a Etchecolatz, podemos observar el modo especfico y particular que el presidente del aquel tribunal, Carlos Rozanski, tuvo para con los testigos, quien segn nos cuenta Marta Vedio fue generando una contencin, donde le dice a quien llega a la audiencia para qu fue convocado, por qu declarar y hay un tono de dirigirse al testigo, que intenta establecer un espacio de confianza. Ese tono logr en la mayor parte de los casos sus efectos. Un tono que crea condiciones y permite nuevos testimonios, desde otro lugar. Una habilitacin del habla, de la palabra. Efecto de sentido, decimos nosotros desde el campo de comunicacin. Habilitacin para un relato, para un modo de narrar. En esos tonos del tribunal, se iban configurando los tonos de

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los testimonios, que nos permite afirmar ese cambio de estatuto que hemos observado a partir del juicio a Etchecolatz.

Y en este punto introducimos, porque nos resultan pertinentes las preguntas que nos propone en la conversacin Norberto Liwski del CODESEH: Acaso un testigo cuando es llamado a declarar olvid que Lpez est desaparecido? Acaso su esposa, sus hijos, su familia, lo olvidaron? Pero existe un mandato que ha crecido y casi nadie deja de ir a testimoniar. Esta es la mejor respuesta ante quienes pergearon que ante la desaparicin de Lpez se caan los juicios. Porque adems queremos que aparezcan los responsables y que los juzguen y que vayan a la crcel. Pero el objetivo de quienes hicieron y planificaron la desaparicin de Lpez no tuvo que ver slo con que ese testigo fuera desaparecido de esos juicios, sino que tambin era que miles retrocedieran, por lo tanto, para que se cayeran los juicios. Porque no haba juicios posibles sin testigos, sin sus testimonios. El secuestro y desaparicin jugaba un sentido estratgico. Por esto, el continuar los juicios con miles de testigos que no renunciaron a serlo, result un golpe mortal a la estrategia de implantar el terrorismo de Estado dentro de los nuevos juicios.

Y en este punto, adelanto una idea, unas preguntas: Si en la ltima dcada del siglo XX en Argentina aparece una literatura construida desde lo testimonial -con La Voluntad de Eduardo Anguita y Martn Caparros, con Cazadores de Utopas de David Blaustein, con El presidente que no fue de Miguel Bonasso o incluso En vuelos de la muerte de Horacio Verbitsky a partir del testimonio de Alfredo Scilingo- podr ser que esos relatos testimoniales fueran slo posibles

323

en el plano literario/audiovisual por obturacin de otras escenas282? Ocurrir que desde el 2006, en los principios del siglo XXI, en las escenas de los juicios estn los testimonios que 10 aos antes slo podan estar en otras formas de expresin cultural? Que aquel que quiera adentrarse en las tensiones, circunstancias y aconteceres de lo ocurrido en la dcada del 70 puede ahora escuchar en forma directa en el escenario de los juicios por delitos de lesa humanidad a sus propios protagonistas hablando por s mismos? Hablan otras voces? Hablan las mismas, pero desde otros lugares y con renovadas posibilidades? Este volumen, con el cual termina esta saga sobre la militancia revolucionaria, es un testimonio indispensable para entender una historia todava abierta, y que recin ahora empieza a contarse sin prejuicios ni temores. As termina La Voluntad de Eduardo Anguita y Martn Caparrs. Esos testimonios, aparecidos tambin en otros libros, pelculas y documentales, aparecen ahora trasladados a otras escenas, como si se hubiera dado un desplazamiento en el escenario posible para esos recuerdos, para la puesta en comn de esas tramas. Preguntas, comentarios, materiales que abren la produccin de esta Tesis haca nuevos horizontes.

282

Jaime Smart, Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante la ltima dictadura cvicomilitar, en su alegato en el juicio Circuito Camps habl de esta literatura testimonial descalificndola y sealando que se refera a ms de 400 libros escritos durante la dcada del noventa.

324

V CAPITULO 2.

LAS POLITICAS DE PROTECCIN DE TESTIGOS

La contencin y el acompaamiento de las vctimas de los delitos de lesa humanidad tiene para nosotros como premisa: la restitucin de derechos y no la patologizacin de la vctima. Norberto Liwski

LOS TESTIGOS EN LA ESCENA DEL JUICIO A ETCHECOLATZ.

Considerando la desaparicin de Lpez como momento bisagra, es necesario mencionar que tambin se dio (y contina) un debate jurdico-poltico con la familia del testigo y sus abogados. La situacin se da al responsabilizar la familia directa y su abogado a jueces, fiscales y abogados querellantes por el supuesto de no haber pedido la proteccin necesaria. La acusacin, que ha tenido expresin pblica, pero tambin forma jurdica, parece desconocer la sustanciacin del juicio oral y pblico a Miguel Etchecolatz. Justamente el mismo da que declar Jorge Julio Lpez, mientras l estaba testimoniando en la audiencia, se dio un episodio de amedrentamiento y presin sobre los testigos que le seguan: Adriana Calvo y Vctor Illodo. Esta situacin demuestra claramente que aun mientras se sustanciaba el juicio haba una necesidad concreta de proteger a los testigos en la misma escena del juicio, donde las fuerzas de seguridad estaban presentes y operaban con total normalidad: un agente de la polica federal cuidaba a los testigos antes de su declaracin.

325

Lo ocurrido aquel 28 de junio de 2006 fue denunciado inmediatamente por los abogados querellantes. Este documento pblico da cuenta de las condiciones materiales, emocionales y simblicas que se vivan en el juicio desde los testigos. Por ser medular para nuestro objeto de anlisis, justificando con su existencia el nivel y grados de los debates que implican la construccin de las escenas de justicia en los juicios por genocidio, es que nos permitimos a continuacin la copia prcticamente completa de este documento de fines de junio de 2006, en plena sustanciacin del juicio a Miguel Etchecolatz:

SOLICITAMOS MEDIDAS DE SEGURIDAD PARA TESTIGOS Sres. Excmo Tribunal Oral Federal Los abajo firmantes, querellantes en la causa N 7 Etchecolatz, Miguel Osvaldo s/homicidio calificado, privacin ilegtima de libertad y torturas de este Tribunal, a V.V.E.E. decimos: 1.Venimos por la presente a informar lo

sucedido en los prolegmenos de la audiencia testimonial brindada el pasado mircoles 28 de junio de 2006. Con posterioridad a la audiencia, la Sra Adriana Calvo nos relata a los firmantes que el polica cuya foto

acompaamos ingres a la sala de testigos donde ella y el Sr. Vctor Illodo se encontraban esperando ser llamados a declarar. Cerr la puerta y les pidi amablemente los nombres. La Sra Calvo

326

le pregunt para qu los quera y contest que era para informar a sus superiores; ante la pregunta de por qu no se los

preguntaba al tribunal, dijo que si le hacan el favor, ahorraba tiempo. La testigo le dio su nombre pero inmediatamente se dio cuenta de que el Sr. Illodo se resista a hacerlo. Nuevamente le solicit a este polica que les pidiera los nombres a los

empleados del Tribunal y que no insistiera. Se entabl entonces una breve conversacin en la que poco a poco el polica fue cambiando su discurso llegando a decir cosas tales como: Yo estudio filosofa en la UBA y en la Federal me dicen "Qu haces con esos zurdos", Yo nac polica y estoy orgulloso, Muertos

hubo de los dos lados. La Justicia tienen que ser pareja, ac ven solo un lado. La testigo, molesta por esos comentarios, abri la puerta y le pidi a una persona de la Fiscala que en ese momento se acercaba, que sacara al polica de la sala de

testigos. Cuando ste se retir, Calvo not que la actitud de Illodo haba cambiado visiblemente, hablaba con voz casi

inaudible, y se encontraba muy nervioso. Casi inmediatamente fue llamada a declarar. Por lo que pudimos reconstruir a travs del

relato de la Sra Cristina Gioglio, quien aloj al Sr. Illodo en su casa con posterioridad a la audiencia, luego de que la testigo

327

Calvo

ingresara dos

prestar que

testimonio, le

entraron muchas

la

sala

de El

testigos

policas,

hicieron

preguntas.

estado anmico de Illodo hizo imposible indagar ms al respecto, ya que se mostraba notoriamente atemorizado por lo sucedido. No podemos discernir cuanto influy la situacin relatada en el testimonio que brind el testigo, afirmar que la misma gener o agrav un pero s podemos nervioso de

cuadro

importancia. 2.- Asimismo, durante dicha audiencia advertimos la presencia de una persona sentada junto al Sr. Defensor Boffi Carri Prez, quien tambin se hizo presente el da viernes 30, y que resulta ser miembro de la Polica Federal. Consideramos

irregular su presencia en el lugar que debe ocupar la parte acusada, y en el contexto de los sucesos aqu relatados, su ubicacin podra resultar intimidatoria para los declarantes

atento las particulares circunstancias de este juicio. 3.- Por lo expuesto, solicitamos a V.V.E.E.: a.que se presten las adecuadas condiciones de seguridad y

privacidad a los testigos propuestos, teniendo en consideracin las especiales caractersticas de este juicio, evitando que los mismos tengan contacto con miembros de las fuerzas de seguridad y que stos entablen dilogo con los testimoniantes.

328

b.- por los mismos motivos, hacemos extensivo este pedido a la necesidad de mantener separados fsicamente a los testigos que ostenten la calidad de policas o militares, activos o en retiro con los dems propuestos por las partes querellantes. c.- en cuanto a la persona individualizada, cuya fotografa se acompaa, solicitamos que el V.V.E.E. tome las medidas que

considere pertinentes. PROVEER DE CONFORMIDAD SERA JUSTICIA

Como se puede leer en el pedido presentado por los querellantes del colectivo Justicia Ya, la situacin de los testigos en el juicio a Miguel Etchecolatz, posea caractersticas que durante el desarrollo del mismo iban adquiriendo otras singularidades, por las cuales se ha convertido en objeto de anlisis de esta Tesis. Este tipo de indicios en trminos de Carlo Ginzburg283 que aparecen como dispositivos en el acto de testimoniar, son los que hemos descripto en nuestro anlisis del juicio oral y pblico a Miguel Etchecolatz y, en ese marco, en la desaparicin de Jorge Julio Lpez.

Debates e institucionalizacin de proteccin a testigos entre Estado y Sociedad Civil. La desaparicin de Lpez gener polticas de Estado en torno a la proteccin de testigos, aunque existen dos planos diferentes de abordarlos, que se resumen en dos prcticas posibles: contencin y proteccin. Estos dos modos, cuando aparecen mezclados, generan debates y
283

Ginzburg, Carlo, El juez y el historiador. Consideraciones al margen del proceso Sofri. Ed. Anaya y Mario Muchnik. 1993.

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tensiones dentro del propio Estado o entre este y las organizaciones de la sociedad civil. Tambin se puede considerar dentro de estos abordajes, las diversas miradas en torno a la llamada re victimizacin en la escena del juicio. Ante esta situacin se han generado programas nacionales y provinciales de proteccin de testigos, como el Programa Nacional de proteccin de Testigos (P.N.P.T.) o el Programa Verdad y Justicia (PVJ). Asimismo, el acompaamiento a los testigos ex detenidos-desaparecidos o sus familiares se dio, no slo desde el Estado, por eso tomaremos el trabajo de organizaciones de la sociedad civil como lo realizado por el Equipo Argentino de Trabajo e Investigacin Psicosocial (EATIP) o el CODESEDH, entre otros.

Polticas de proteccin de testigos luego de la desaparicin de Lpez.

La desaparicin de Jorge Julio Lpez gener un impacto pblico de tal dimensin que significo un punto de inflexin en varios sentidos. Un ejemplo es la aparicin de mltiples y diversas polticas de proteccin a los testigos en juicios por delitos de lesa humanidad. El propio juez del Tribunal Oral Federal N 1 de La Plata, Carlos Rozanski, considera al referirse a los testigos que: Cualquier persona que tiene que ir a declarar sufre. Porque el diseo del sistema judicial as lo provoca. El testigo va a un lugar que no conoce, tiene que hablar de cosas dolorosas y privadas, frente a personas que tampoco conoce. Cada vez que declara revive las situaciones traumticas y el dolor aumenta a niveles extraordinarios. Las Naciones Unidas hablan de proteccin al testigo, pero habra que redefinir qu significa el respeto por el testigo. Si yo le pido a una persona que veinte veces me cuente un hecho doloroso, aunque le sirva un t

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lo estoy maltratando. sta es una circunstancia que debe tenerse en cuenta. A mi entender es una deuda que tiene el Estado: instrumentar un mecanismo que sin violar el derecho a la defensa, no deje de tener en cuenta la proteccin y el respeto al testigo. El Estado no tiene derecho a producirle un nuevo dao a quien ha sido vctima284. En el mismo sentido, el juez se refiri al sistema original de citacin de testigos que se ha implementado en su juzgado, el Tribunal Federal Oral en lo Criminal N1 de La Plata, luego del juicio a Etchecolatz y de la desaparicin de Lpez. Organizamos un sistema de citacin y de contacto con testigos totalmente indito. En vez de ser citados directamente al juicio, eran convocados a mi despacho, para conocernos, compartir un t o un caf sin hablar por supuesto de lo que seran sus testimonios, sino para que tuvieran las garantas para cuando estos ocurrieran. Haba psiclogos del CODESEH y del Centro de Proteccin a las vctimas (CPV) acompaando, tambin empleados del Tribunal que se quedaban con ellos y otros que los esperaban y acompaaban. Y cuando venan a la audiencia se trasladaban en un auto particular, no con la polica, y, en esas condiciones llegan a declarar285. Este sistema es parte de la creacin de las condiciones que posibilitan ese cambio de estatuto en el testimonio tal como lo hemos analizado. Este tratamiento a los testigos surge de la experiencia de los juicios en La Plata y no se usa en todos los tribunales del pas. Por el contrario, en su mayora sigue utilizndose el mtodo tradicional de citacin por la cual la cdula del juzgado la lleva al domicilio de una vctima del Terrorismo de Estado miembros de las fuerzas

284

Entrevista realizada a Carlos Rozanski en la revista Puentes de la Comisin provincial por la Memoria, diciembre de 2006. 285 Este modo de relacin con los testigos estuvo muy presente en el juicio siguiente al de Etchecolatz, donde se acusaba a Von Wernich. En los juicios siguientes, con mayor cantidad de testigos, la situacin fue variando, aunque se mantenga la idea original como manera de tratar a quienes van a testimoniar a los juicios.

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policiales, sean stas federales o provinciales. Como vemos, existe una materializacin respecto de una manera de tratar a los testigos y de habilitar sus voces, sus recuerdos, sus memorias. En este sentido, Rozanski recuerda que la primer respuesta a este sistema estuvo en las palabras del primer testigo, Alberto Liberman, que declar en el juicio siguiente al de Etchecolatz, el de Von Wernich, cuando al finalizar su testimonio pidi agregar que quera agradecer cmo se haba sentido y cmo haba sido tratado. Actualmente, son decenas las manifestaciones que por mail, por escrito, en las propias audiencias expresan los testigos valorando este sistema novedoso de citacin, donde se establece una relacin con miembros del tribunal, especialistas de las organizaciones que se dedican a la proteccin de testigos y de mbitos pblicos especficos para realizar este tipo de acompaamientos. Se genera con este sistema un contexto de garantas y de respeto. Como analizara Erving Goffman286, puede observarse una interaccin que de alguna manera define la situacin y constituye una relacin social, en la cual quienes intervienen saben qu pueden y qu no pueden esperar del otro. Esta situacin comunicacional, atravesada por una amplia gestualidad simblica, busca construir condiciones para la otra escena: la de la audiencia testimonial, de la cual no se puede garantizar lo mismo, en cuanto a la presencia de los acusados, sus abogados defensores, que han demostrado que no necesariamente buscan un contexto de garantas y respeto; de hecho muchas de sus argumentaciones se basan en cuestionar los testimonios.

En un informe preparado por Federico Borello, sobre La proteccin de testigos en violaciones graves de Derechos Humanos287, se confirma nuestra afirmacin al considerar que ante la
286 287

Erving Goffman, La presentacin de la persona en la vida cotidiana, Introduccin (pag.26 a 29). El informe fue preparado en 2010 para el Alto comisionado de Naciones Unidas por los Derechos Humanos por Federico Borello, y tienen como antecedente sobre proteccin de testigos directamente la desaparicin de

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desaparicin de Lpez y las amenazas y amedrentamientos, el gobierno federal reaccion con tres iniciativas importantes. Ampli el mandato de su programa nacional de proteccin de testigos (PNPT) para proteger a los testigos de las violaciones graves cometidas durante la dictadura; cre el Programa Verdad y Justicia (PVJ); y reforz el papel de la Secretara de Derechos Humanos (SDH) a la hora de prestar asistencia a los testigos y a las vctimas de estos delitos. Todos estos programas se han aplicado bajo la autoridad del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nacin. El citado informe, en trminos generales, es crtico del accionar del gobierno con respecto a este tema. Por esto, desde el mismo se formulan una serie de recomendaciones en cuanto a qu hacer con los testigos en juicios por crmenes de lesa humanidad, entre las cuales se pueden destacar: Disear un sistema integral, racional de proteccin de testigos, articulado y coordinado dentro del Ministerio de Justicia; mejorar los presupuestos y los recursos para ese sistema; abrir oficinas regionales en todas las provincias; crear una unidad especial de proteccin cuyo staff ingrese por concurso y cuyas postulaciones puedan ser vetadas por la sociedad; brindar asistencia psicolgica, mdica, legal, administrativa y financiera a los testigos; establecer un sistema de apelacin para las decisiones que afectan a los testigos; incluir a otras personas del entorno de los testigos en los programas de proteccin; crear un equipo multidisciplinario de diagnstico y amenazas; formar y capacitar no slo al staff de los programas sino tambin a jueces y fiscales; crear un nmero telefnico gratuito para testigos.

Jorge Julio Lpez. Es ms, el autor a partir de las entrevistas y consultas realizadas para el informe, sostiene que: De todas las demandas, la peticin ms insistente por parte de las vctimas y los testigos es encontrar y encarcelar a los secuestradores del Sr. Lpez. El gobierno debera tomar nota del fracaso de la actual investigacin y hacer un nuevo esfuerzo por resolver el caso. ste podra incluir encargar la investigacin a un nuevo equipo de investigadores, tomando todas las medidas necesarias para aislarlos de presiones e interferencias externas.

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Ya hemos citado en esta Tesis las afirmaciones de quien fuera el Secretario de Derechos Humanos de la Nacin, Eduardo Luis Duhalde, quien en su artculo sobre El ex detenidodesaparecido como testigo de los juicios por crmenes de lesa humanidad: una aproximacin al tema, reconoce que en la desaparicin de Lpez se esencializa el contexto del Terrorismo de Estado y su representacin hoy () en cuanto lo que va del horror vivido al miedo incierto de la represalia actual. Precisamente en este artculo pone en discusin uno de los debates que an continan con respecto al concepto de re-victimizacin y la idea de testigo-vctima, considerando que si bien son correctamente descriptivas desde miradas cientficas, sin embargo, como representacin significante, ofrecen reparos ideolgicos. Para superar esta situacin, propone lo que para l sera la correcta representacin simblica: decir simplemente testigo-vctima, carece de contundencia; as, llamarlo por su verdadera condicin: testigo ex detenido-desaparecido. Y como ha pasado con otros conceptos, al ponerse de moda empieza a ser usada en forma generalizada, an ms all de su propia definicin. En el caso de las organizaciones querellantes en los juicios, se us en los alegatos la idea de re-victimizacin como uno de los argumentos (no el nico) para solicitar la unificacin de las causas. Lo expuesto son expresiones de un debate en torno a la proteccin o contencin de testigos en los juicios objeto de nuestro anlisis.

Repasando la situacin, una de las primeras reacciones desde el Estado con respecto a esta temtica, al desaparecer Lpez, fue la de otorgar custodias generalizadas a todos los actores de los juicios. Aunque muchos aceptaron estas medidas, otros las cuestionaron por entender que la polica bonaerense o la federal no eran de ninguna manera garanta de proteccin de testigos.

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Es ms, las organizaciones comenzaron a hablar de contencin ante juicios muy fragmentados, por las causas diversas y mltiples; porque el trmite de un juicio puede tardar aos y esto significara mucho tiempo con custodias. En el mismo sentido, varios organismos, prefirieron ante los ofrecimientos de proteccin reclamar que en vez de ser protegidos por la polica, se realice desde fuerzas especficas, creadas a tal fin y con autonoma de las tradicionales, el seguimiento e investigacin sobre los que pueden conspirar contra los juicios288. Lo que exista en programas del Estado eran mecanismos de proteccin para crmenes por estructuras mafiosas (narcotrfico, etc.). Estos contemplaban la configuracin de identidades encubiertas, traslados de domicilios, etc. En esta misma lnea, en noviembre de 2006 el propio Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nacin convoca a los actores de los juicios por crmenes de lesa humanidad a debatir la proteccin de testigos. En ese mbito, una especialista colombiana expuso sus sugerencias de cambio de identidad, cirugas estticas u otras medidas de similares caractersticas utilizadas para otro tipo de delitos. Para las organizaciones vinculadas al Juicio a Etchecolatz, no pareca ser ste el camino a seguir, pero las polticas pblicas se fueron generando de todas maneras.

La primera respuesta institucional es la creacin del programa Verdad y Justicia el 22 de mayo de 2007, donde es designado Marcelo San como coordinador. Entre sus fines y objetivos est la contencin, proteccin de todos los actores vinculados a juicios por delitos de lesa humanidad. Esta herramienta institucional generada desde el Estado, estuvo su primer tiempo sin presupuesto
288

Esta propuesta de investigar a la(s) polica(s) en vez de ser protegidos por ellos no ha prosperado como las organizaciones lo esperaban, y ha sido realizada por organizaciones como la AEDD, Liga Argentina por los Derechos del Hombre, etc. Aunque, podramos sostener que en parte funcion al considerar la resolucin del Juez Corazza como respuesta a ese pedido.

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asignado, por lo cual no pasaba de ser un mbito sin incidencia directa en la necesidad originada entre los testigos. A los fines de ampliar el alcance de nuestro anlisis sobre el tema, en cuanto a la proteccin de testigos, incluiremos los programas que ha establecido la Provincia de Buenos Aires, desde el Ministerio de Justicia y Seguridad; la Nacin, tambin desde el Ministerio de Justicia nacional. Y tambin consideramos desde la contencin las propuestas y las prcticas desarrolladas tanto desde la rbita bonaerense como desde el Estado nacional.

Asimismo, en la propia justicia se sinti el efecto de la desaparicin de Lpez. A modo de ejemplo, transcribir apenas una parte de la resolucin del juez Arnaldo Corazza dirigida al Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos () y al Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nacin, doctor Ricardo Lorenzetti, y por su intermedio a la Comisin inter-poderes creada para las causas por delitos de lesa humanidad. En el punto IV y V de dicha resolucin, el juez afirma: IV: Que la desaparicin de la vctima testigo Jorge Julio Lpez hecho ocurrido el pasado 18 de septiembre de 2006- produjo una considerable demanda de distintas vctimas solicitando proteccin, ya sea por el hecho mismo de ser testigos de las causas o en funcin de haber recibido algn tipo de amenaza o intimidacin. Esta situacin produjo importantes modificaciones en el desarrollo de los procesos, a la vez que dej al descubierto serias falencias y lmites en el diseo procesal: no se previ un sistema que contemplara un plan de asistencia, seguridad y proteccin de testigos para estos casos. A su vez, e inmersos en el contexto sealado, las consecuencias vivenciadas en la experiencia tribunalicia marcaron la tendencia de ciertos testigos con miedo de declarar y de acercarse a la justicia, reapertura o actualizacin de viejos traumas, etc.

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V.- Esta situacin produjo la necesidad de implementar ciertos cambios y modificaciones en la manera de tramitar los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad. Entre esos cambios estaba incita una modificacin en la forma de interpretar los alcances de los derechos de las vctimas-testigos, lo cual, a grandes rasgos, implic la incorporacin al proceso de planes y programas que ponen el acento en la asistencia, la seguridad y la proteccin de testigos. Uno de los aspectos ms delicados fue cubrir el plano asistencial en pos de evitar la revictimizacin o victimizacin secundaria. Por ltimo, el juez termina reconociendo en su resolucin, que Hasta la desaparicin de Lpez, el proceso judicial no cont con un plan especfico adecuado a las vctimas del terrorismo de Estado, sino que esa tarea fue llevada a cabo por organizaciones no gubernamentales.

Precisamente estas ltimas afirmaciones realizadas por el juez Corazza en la resolucin, adems de lo ya expuesto en nuestra Tesis, orientan nuestro estudio haca los diversos ejemplos sobre el trabajo en comn con testigos ex detenidos-desaparecidos que existieron y existen desde la sociedad civil.

Uno de ellos es el realizado por el Equipo Argentino de Trabajo e Investigacin Psicosocial (EATIP). Este grupo coordinado por Diana Kordon, integrado tambin por Lucila Edelman, Daro Lagos y Daniel Kersner, entre otros, trabaj desde la dcada del 80 con vctimas del terrorismo de Estado. Sus intervenciones abordan en trminos generales los efectos

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psicosociales de la impunidad289, entendiendo a sta como un proceso que promueve instrumentos jurdico-polticos utilizados para consagrarse como elemento histrico, como lo fueron las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, los indultos o incluso la desaparicin de Jorge Julio Lpez.

Otro ejemplo desde organizaciones de la sociedad civil fue la organizacin de capacitaciones o encuentros sobre la temtica. Un caso es el del programa de capacitacin: Estrategias de asistencia integral a vctimas de crmenes de lesa humanidad, en contextos de acceso a la justicia, organizado por el Comit para la Defensa de la Salud, la tica y los Derechos Humanos CODESEDH- en convenio con la Universidad Nacional de La Plata, auspiciado por la Embajada del Reino de los Pases Bajos en Argentina. Norberto Liwski, desde el CODESEDH considera que las caractersticas fundacionales de esta organizacin en algn sentido indican los modos de su intervencin: la contencin y el acompaamiento de las vctimas de los delitos de lesa humanidad tiene para nosotros como premisa la restitucin de derechos y no la patologizacin de la vctima. Esto expresa otras visiones, ms psicologistas, incluso ms mdicas. Para nosotros haba que construir un campo de intervencin profesional ajustado a los principios de derechos humanos, por lo cual toda intervencin asistencial, no poda estar escindida de una estrategia de restitucin de derechos. Incluso consideramos que el campo cientfico debe realizar un gran esfuerzo por subordinarse a los principios de los Derechos Humanos; esfuerzos que puede significar desaprender lo aprendido, o que no siempre las doctrinas clsicas de ciertas disciplinas se

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Ver el libro La Impunidad. Una perspectiva psicosocial y clnica. De Diana Kordon, Lucila Edelman, Daro Lagos y Daniel Kersner. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 1995.

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ajustan a los dispositivos de restitucin de derechos que buscaba resistir a la impunidad, a no bajar los brazos. Por esta situacin, para Liwski, la llegada de los juicios implic la necesidad de construir mecanismos de mayor institucionalidad. Consideramos que debamos producir una incidencia poltica mayor: que el sistema jurdico aceptara que los testigos deban tener a su disposicin (lo podan utilizar o no), instancias y dispositivos que los acompaaran, que les facilitaran este camino de restitucin de derechos a travs de sus testimonios. Comenzamos a incidir, a presionar, para que los juzgados de primera instancia y los tribunales orales instituyeran estos equipos. Las primeras 3 o 4 resoluciones, con fundamentos largamente discutidos y con juzgados que miraban desconcertados, que dudaban, pero lo logramos primero en territorio bonaerense: Mar del Plata y en La Plata. Despus vinieron en otras provincias, como Neuqun, Jujuy, Crdoba, Corrientes o Santiago del Estero. Para dar ejemplos Norberto Liwski recuerda que la resolucin del Tribunal Oral N 1, con Rozanski, Lorenzo y dems, llev una discusin de varias semanas, con consultas internacionales. El marco de estas definiciones fueron tomadas como parmetros para el resto de las resoluciones que fueron surgiendo en todo el pas. Incluso cambi la coordinacin y articulacin con el Estado, que comenz a generar iniciativas en esta direccin con visiones ms cercanas en algunos casos y en otras diferentes, pero que empezaron a existir. Con ms desarrollo o con menos. Pero desde la visin del CODESEH la cooperacin o articulacin con el Estado no es un problema, por el contrario, es necesaria en un marco de trabajo en comn.

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IV DNDE EST MIGUEL?

Miguel, como Luciano Arruga, nunca les tuvo miedo a los policas; tambin les hizo frente a ellos y a su violencia institucional Rosa Bru.

IV CAPITULO 1. DESAPARICIONES EN DEMOCRACIA.

Dnde est Miguel? Ante la desaparicin de Jorge Julio Lpez, el gobernador habl del primer desaparecido en democracia. Mientras la imagen de Lpez apareca reiteradamente en los medios, los patrulleros policiales ponan afiches en sus vidrios ofreciendo recompensas: podamos ver en un mvil policial paradojas y continuidades de la historia- la foto de Lpez al lado de la de Miguel Bru. Las regularidades de estas desapariciones: Miguel Bru-Jorge Julio Lpez, nos pone el foco de anlisis, tanto desde el discurso pblico institucional, cuando un juez habla de un cuerpo que no est (el de Bru), como un Videla hablando de los desaparecidos como aquellos que nos sabemos dnde estn...; hasta la polica bonaerense poniendo sus fotos juntas en los mviles policiales. El estudiante desaparecido en agosto de 1993 nunca apareci. Sin embargo, y en una sentencia indita en la justicia penal argentina, a travs de pruebas indirectas, se lleg a una condena sin el cuerpo del delito. Dos desapariciones en democracia. Dos juicios singulares. Dos condenas histricas.

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La desaparicin de Miguel Bru: de la experiencia personal a las regularidades sociales, polticas y jurdicas. Una mencin especial sobre los mecanismos de impunidad considerando la ciudad de La Plata como territorio del anlisis, implica a su vez la desaparicin y asesinato, en tanto vctima de la poltica de gatillo fcil290 de nuestro compaero (en todos los sentidos) estudiante de periodismo Miguel Bru en agosto de 1993. En el transcurso de ese momento histrico, muchos de nosotros hicimos nuestras primeras experiencias de organizacin y lucha contra la impunidad. En mi caso personal, la primera vez que participe en una marcha fue en la manifestacin pblica que preguntaba y exiga a la justicia, a la polica bonaerense, a la sociedad Dnde est Miguel. Mi primera nota periodstica publicada en La Justa, peridico de la Escuela de Periodismo de La Plata291, fue un relato sobre esta movilizacin. Con estos comentarios personales, subjetivos, slo intento reiterar desde qu lugar surgen los interrogantes y las inquietudes que motivan y animan esta Tesis. Reitero, porque es parte primordial de mi vida y mis elecciones, que la primera vez que fui a una movilizacin y que transforme esa experiencia en crnica periodstica, cursaba el 2 ao de la carrera de periodismo y comunicacin social, y fue ante la desaparicin de mi compaero Miguel Bru.
290

Hablo de poltica del gatillo fcil porque considero que el accionar policial no acta en trminos de excesos o excepciones, sino que se trata una situacin habilitada polticamente por la llamada mano dura y sus discursos pblicos que, adems tiene un correlato histrico, para lo cual invito a releer las crnicas de Rodolfo Walsh donde se refera hace 40 aos a la secta del gatillo y la picana. 291 Jorge Bernetti, quin fuera director de la Escuela de Periodismo y Comunicacin en aquella poca, en un trabajo ya citado, afirma que lo de Miguel Bru, es un caso muy presente. En el canal de cable de Telef, que se ve en todo el pas, una periodista muy sensible entrevist a los padres de Bru y se vio una medio hora extraordinaria, sin cortes ni publicidad. Estaba presente el actual vicedecano de la Facultad. El padre de Bru es polica y dijo cosas hermosas, que estaba orgulloso de que su hijo hubiera ido a la Facultad de Periodismo, que l ve a su hijo en los estudiantes que se movilizaron y protestaron por el asesinato, que esta orgulloso tambin de que su hijo hubiera querido ser como ellos. Esto no es Grondona, no es Neustadt. Es otra cosa. Hay espacios. Extrado de Historia y Memoria, Jorge Bernetti y Adriana Puiggrs, en Ni el flaco perdn de dios, de Juan Gelman y Mara La Madrid, ed. Planeta, Buenos Aires, 1997.

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En agosto de 1994, escrib en el peridico de la Asociacin de Madres de Plaza de Mayo una nota que llevaba como ttulo: A un ao de la desaparicin de Miguel Bru la pregunta es la misma. Dnde est Miguel? Aquella nota repasa las caractersticas de la situacin de desaparicin de Miguel Bru, circunstancias, hechos y su denuncia a la polica. Pero tambin da cuenta de la situacin judicial y las movilizaciones callejeras que pedan por l. El 19 de septiembre (de 1993) aparece la noticia de la desaparicin por primera vez en un diario capitalino, y es as como, con el aumento del tratamiento de la misma en los medios, determina que el juez Amlcar Vara, encargado de la causa, pase de decir que estaba agotada la investigacin, a expresar pocos das despus, que la causa no est agotada. Ante las contradicciones del juez e indignados, el viernes 24 de septiembre, unos 200 jvenes marchamos bajo la lluvia exigiendo que se haga justicia y la investigacin a fondo del caso. Mientras los das pasaban y demostrando gran irresponsabilidad, connivencia y falta de tica, desde el juzgado N 7, se hacan pblicos rumores callejeros. As fue como el juez Vara lleg a afirmar sin pruebas que Miguel Bru est vivo, o que podra haberse fugado al Uruguay o al Brasil(); llegando al mximo del absurdo al comentar que podra ser un suicidio por depresin. Rescato estas notas escritas un ao despus de la desaparicin de Miguel, porque nos permiten observar descarnadamente la actitud de un sector de la justicia no slo en connivencia con la polica bonaerense y sus dispositivos de represin, tortura y desaparicin, sino tambin porque exponen los mismos esquemas y estereotipos simblicos de descalificacin de la vctima: se fug se suicid. Desde estos significantes, se pretenda instalar en los sentidos pblicos el mismo discurso que la dictadura haba desarrollado para descalificar a los detenidos-

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desaparecidos. Este anlisis, ya realizado en aquel momento, se expresa en el cierre de la nota: hay que exigir justicia, porque Miguel Bru es un desaparecido que debe ser buscado, no un victimario a investigar. Porque a un ao de su desaparicin es cuando resulta indispensable su aparicin con vida.

Por lo expuesto, y a partir de las relaciones que se establecen respecto de desaparicin / impunidad / democracia, justicia / gobernabilidad y violencia institucional/ movilizacin social, considero oportuno transcribir completa y original, la crnica que escrib a partir de la marcha a un ao de la desaparicin de Miguel. Porque en las consideraciones, las preguntas, las encrucijadas, el derrotero de lucha contra la impunidad que atraviesa este relato puede visualizarse las condiciones de posibilidad de esta Tesis y los espesores de sus tramas respecto de las regularidades y discontinuidades entre los acontecimientos/situaciones de desaparicin de Miguel Bru y Jorge Julio Lpez. Es decir, nos permite situarnos.

La Plata march exigiendo aparicin y justicia. UN AO SIN MIGUEL BRU Gobernador Duhalde, no se haga cmplice de los asesinos del gatillo fcil. Su polica tortura, asesina y despus desaparece. Hgase responsable de Miguel Bru y Andrs Nez, desaparecidos, y de Maximiliano Albanese, Juan Carlos Gutirrez, Carlos Ibarra y Walter Bulacio, asesinados por la polica. Basta de impunidad y jueces cmplices. Este cartel defina por s solo la razn por la cual marchamos ms de seiscientas personas, el mircoles 17 de agosto en La Plata, a un ao de la desaparicin del estudiante de periodismo y msico Miguel Bru.

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La marcha fue la sptima desde que el 24 de septiembre de 1993 se moviliz por primera vez exigiendo justicia y la aparicin de Miguel Bru. A diferencia de las movilizaciones anteriores, esta vez se pas frente a la jefatura de polica. Yo saba, yo saba, que a los chicos los mat la polica, se escuch rompiendo con la marcha de silencio. Es este hecho uno de los ms significativos que tuvo la marcha, ya que deberamos pensar el sentido del silencio ante la impunidad de un sistema represor. Cuando tomamos las calles que son nuestras- , es porque existe un denominador comn que nos moviliza. En este caso la represin policial nos mueve a decir BASTA. No tenemos que gritarle a la polica? No ser el silencio cmplice de su accionar? En tanto muchos de los que marchbamos nos hacamos estas preguntas, desde el interior de la jefatura se nos filmaba, demostrando as claramente para qu sirve la polica: espiar y reprimir. La desaparicin de Miguel Bru fue incluida en un Informe Anual sobre derechos humanos, donde se enumeran casos de violencia policial y abuso de autoridad. En tanto, el juez Amlcar Vara expresa que de las investigaciones no surgi delito alguno y que slo se trata de un caso de averiguacin de paradero. O llega al mximo de caradurismo cuando dice que ya no nos queda nada por hacer. Desde la jefatura de la polica, la marcha continu hasta la gobernacin, donde se leyeron las adhesiones y Rosa Schonfeld, madre de Miguel Bru, agradeci la presencia de los que marcharon. Al final se realiz frente al rectorado de la Universidad, un recital que cont con la presencia de Chempes 69, donde tocaba Miguel, y con Attaque 77, entre otros grupos musicales. Un ao sin Miguel. BASTA!... de desapariciones, asesinatos y torturas, expresaba el cartel que convocaba a la marcha. Aunque quizs una de los momentos ms fuertes, se lea en una

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carta abierta al juez Vara de Silvina Bru, hermana de Miguel. En sus palabras estn las preguntas que nos hacemos todos despus de la sptima marcha para que aparezca el joven Miguel Bru: Dnde estn los asesinos de mi hermano? Con qu derechos gozan ellos de una libertad que a mi hermano tambin le correspondera y, por reclamarla, lo mataron? Es injusto y Usted tambin lo sabe. Dnde est la libertad que pronunciamos tres veces en el Himno Nacional? Esto es democracia? Carlos Leavi Septiembre 1994 Peridico de la Asociacin Madres de Plaza de Mayo

Desapariciones y escenas de justicia.

Hay regularidades entre la desaparicin de Miguel Bru y la de Jorge Julio Lpez. No slo entre aquello que Rodolfo Walsh denomina en sus notas del Semanario de la CGT de los Argentinos entre fines de los 60 y principios de los 70, la secta del gatillo y la picana en referencia a la polica bonaerense y su vinculacin directa o indirecta en las mencionados acontecimientos. Tambin en las escenas de justicia, al alcanzar una condena en la sentencia en el Juicio Oral y Pblico por el asesinato y tortura a Miguel Bru sin haber aparecido el cuerpo del delito: al continuar desaparecido. Y esta situacin de desaparicin en democracia es sin duda para el anlisis de esta Tesis otro eje que articula estas encrucijadas, estas preguntas y dilemas en torno a los sentidos de la justicia.

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Para mayor abundamiento cito la crnica que relata la actitud del primer juez de la causa: El juez Vara no volcaba en los expedientes las declaraciones que vinculaban a los policas con el hecho, mantena la cartula de la causa como averiguacin de paradero y no le permita a Rosa Bru, intervenir en la misma como particular damnificado, alegando que si no hay cuerpo, no hay delito, un argumento que tambin utilizaban los responsables de la desaparicin de personas durante la ltima dictadura militar. 292() La afirmacin de Vara recuerda los dichos del dictador Jorge Rafael Videla cuando hablaba de ...mientras se halla desaparecido no puede tener ningn tratamiento especial, es una incgnita, es un desaparecido, no posee entidad, no est ni vivo ni muerto, est desaparecido . Posiblemente el juez Vara y Videla no se conocieran, pero uno desde la presidencia de la dictadura y el otro desde un estrado de juez, 10 aos despus del fin de ese gobierno dictatorial, expresaban las mismas argumentaciones, la misma enunciacin, ante una desaparicin, cuyo responsable volva a tener un mismo actor: la polica bonaerense. Producto de las marchas y manifestaciones, ms la presin de la difusin pblica del acontecimiento, se logr que el juez Amlcar Vara fuera sometido a un jury de enjuiciamiento, que lo destituy al comprobrsele irregularidades en 26 causas distintas en las cuales estaba involucrado personal policial.293 Como explican desde la Asociacin Miguel Bru294, se contina exigiendo el procesamiento de los y las policas que estaban en servicio en la Comisara 9 la noche del 17 de agosto de 1993, por considerarlos cmplices del hecho, as como la investigacin penal al primer juez que

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Asociacin Miguel Bru. www.ambru.org.ar Asociacin Miguel Bru. www.ambru.org.ar 294 La Asociacin Miguel Bru es otro ejemplo de las organizaciones de La Plata que sobrepasan sus lmites geogrficos locales o regionales para ser referencia de la lucha contra la violencia institucional y policial en todo el pas.

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entendi en la causa, Amlcar Vara. El cuerpo de Miguel sigue sin aparecer hasta hoy en da, pero su muerte pudo comprobarse a travs de pruebas indirectas. El cuerpo del delito puede configurarse sin la aparicin del cadver, ya que pueden considerarse otros elementos de juicio, como en este caso, la pericia caligrfica sobre el libro de guardia y los testimonios de los detenidos en la Comisara 9295.

La sentencia por Miguel Bru y Roberto Daz.

Si analizamos el veredicto y la sentencia296 por la cual se conden a quines torturaron y desaparecieron a Miguel Bru, podemos encontrar similitudes y diferencias respecto de los anlisis que hemos realizado de los mismos materiales producidos en el juicio a Miguel Etchecolatz. La primera novedad del veredicto en el proceso penal en las causas 83.161/11 y 83.220/1 seguida a Walter Rubn Abrigo, Justo Jos Lpez, Juan Domingo Ojeda, Ramn Eduardo Cerecetto y Ral ngel Tidone, es que los delitos de torturas, no son slo en perjuicio de Miguel Bru, sino tambin de Roberto Abel Daz. De esta manera, encontramos que la condena incluye a otra persona, otra vctima. Y es paradigmtico y revelador leer en la sentencia que las torturas, los apremios, los pasajes de corriente elctrica (la picana) que sufri Daz fueron infringidos por la misma banda, por la misma patota que levant a Miguel Bru. Se trataba de los servicios de calle de la Comisara 9na y de la Comisara 5ta. (fojas173) actuando juntos. Esa Comisara 5ta que fue parte del Circuito Camps, en la cual Jorge Julio Lpez y Adriana Calvo, cuando
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Idem nota 3. El subrayado es mo. Este material de cerca de 70 pginas, ocupa las fojas 162 a 228 de la causa 83.161/11 y nos fue aportado por la Asociacin Miguel Bru. Nuestro reconocimiento a esta tarea implic la digitalizacin de este material ya que lo consideramos un documento clave tanto a nivel jurdico, como social y acadmico.

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realizaron las inspecciones oculares, se encontraron con la continuidad de unas prcticas genocidas que, an en tiempos constitucionales, sucedan casi cotidianamente. Hay en estos hechos una continuidad en el accionar policial que secuestra, detiene, tortura y mata durante la democracia en los mismos lugares que lo hizo durante la ltima dictadura.

Como se puede leer en el Alegato de Justicia Ya, en el juicio Circuito Camps: Hace seis aos, realizamos el reconocimiento ocular de la Comisara 5ta. Recordarn algunos de los presentes que, durante un rato, los funcionarios policiales eludan abrir las celdas donde se aloj a los detenidos desaparecidos. Cuando logramos que abrieran la puerta, encontramos un panorama aterrador: el lugar absolutamente calcinado, sin luz tal como est hoy. En ese lugar, en las mismas celdas donde estuvieron secuestrados los hombres y mujeres vctimas de esta causa, murieron asfixiados el 28 de enero de 2000 cuatro detenidos alojados all, cuando el carapintada Aldo Rico era Secretario de Seguridad y propiciaba la mano dura. () Volvimos a ese lugar durante el juicio a Von Wernich. Esta vez, ya sin Lpez. Nos recibi el cartel de recompensa por Miguel Bru junto al de Jorge Julio Lpez. Porque en esta ciudad, terminada la dictadura, han desaparecido a Andrs Nez, a Miguel Bru y a Jorge Julio Lpez. Este relato resulta paradigmtico de una situacin que da pertinencia a este apartado de la Tesis.

El alegato expone la misma situacin que estamos analizando al afirmar que en comisaras y crceles la tortura est presente. Como dice Alcira Daroqui lo dijo cuando declar en el juicio por Unidad 9- el presente de la tortura tiene una historicidad. Esos lugares que se generaron durante la dictadura, los territorios de la muerte persisten. Las prcticas de sufrimiento fsico, en especial las golpizas, el ocultamiento de las mismas, el submarino seco, se institucionalizaron. No

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hay que pedir autorizacin para la prctica de tortura porque se sabe que la institucin la autoriza

Encontramos tambin en la sentencia por Miguel Bru y Roberto Abel Daz, que eran de tal magnitud los tormentos que haba recibido Daz que uno de los jueces llega a afirmar, a fojas 173 de esta causa 83.161/11, que un ciudadano, delincuente o no, est siendo sometido a apremios ilegales que fueron desterrados de nuestro pas, destruidos y quemados sus artefactos, en la Asamblea del ao XIII (sic). La afirmacin llama la atencin respecto del punto histrico de partida en el anlisis, incluso por la no mencin de la situacin represiva durante la ltima dictadura cvica-militar y sus prcticas, llevando la referencia al siglo XIX. Est situacin es una de las diferencias que encontramos entre las argumentaciones de las sentencias a Miguel Etchecolatz o a los policas de la Comisara 9na y 5ta de La Plata por las torturas a Daz y a Miguel Bru. Desde qu registros y argumentaciones jurdicas puede no nombrarse en el veredicto y la sentencias los hechos probados en las Causas 13 y 44, que adems, eran de conocimiento pblico? Qu esquema de pensamiento, dentro de que lgicas, este documento judicial no menciona, no nombra, ni nmina esta relacin que nosotros encontramos necesaria entre la polica bonaerense de la dcada del noventa con la fuerza policial al mando de Camps y Etchecolatz aos antes? La sentencia que estamos analizando es contempornea adems de los Juicios por la Verdad en La Plata. Ambas escenas judiciales se dan entre 1998 y 1999, sin embargo, no hay referencia emprica, ni argumentativa, de esta relacin posible.

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Una de las novedades del veredicto/sentencia por Miguel Bru se expresa claramente a fojas 176, cuando el juez Hortel, en base al alegato del Fiscal de Cmara Vogliolo, sostiene que nos encontramos frente a un particular escollo: la ausencia del cadver de Nstor Miguel Bru, lo que obliga a construir un trnsito probatorio sobre todas aquellas materialidades relativamente permanentes que, sin existencia de duda, nos llevan a equiparar la desaparicin de Bru con actos violentos sobre su persona. Y seala el Dr. Vogliolo, que se ha probado la realidad de la accin criminal, que no se integra nicamente con la existencia del cadver; el desarrollo del debate permite con su trnsito de testigos, peritos y prueba documental, confirmar la adecuacin tpica de las conductas atribuidas Surge de esta manera en el expediente judicial aquello que vendra a convertirse en novedad, en emergente, en nueva jurisprudencia, respecto de la posibilidad de condenar sin el cuerpo del delito. Es ms, se relaciona esta ausencia, esta desaparicin, con el delito mismo. Y es interesante como volvemos al valor del testimonio, en tanto, como el propio fiscal haba expresado en su alegato (fojas 178), harto suficiente resuelta, la prueba testimonial aportada en la audiencia oral. Tambin Omar Ozafrain (fojas 180), representante del particular damnificado, quien considera que conforme a testimonios de diversas personas que comparecieron en la audiencia, adems de Bru, en la Comisara 9na fueron torturadas muchas otras personas. Y en el sentido que estamos analizando, Ozafrain agrega que es cierto que no tenemos prueba directa de que haya fallecido Miguel Bru, lo cual no quiere decir que ello no puede probarse por presunciones, a travs de un sistema amplio de apreciacin de pruebas, como es el que gobierna este juicio.

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Por su parte, las defensas de los policas acusados, utilizan la misma estrategia que los abogados defensores de los acusados en los juicios por genocidio que hemos analizado. Esta estrategia se basa en la descalificacin permanente de los testigos y sus testimonios. El cuestionamiento es generalizado y va desde las declaraciones de Rosa Bru, hasta el resto de los detenidos que estaban aquel da en la Comisara 9na., afirmando incluso que no puede valer el testimonio de una testigo porque se dedica a ejercer la prostitucin (sic. fojas 182). Este ltimo aspecto es contestado por los jueces, quienes consideraron la prueba testimonial (fojas 200) de prostitutas y delincuentes o personas con antecedentes, como testigos necesarios297. Y pese a la descalificacin, el veredicto (fojas 208) corrobora la prueba testimonial, documental y la pericial caligrfica como elementos que permitirn considerar legalmente acreditados, el hostigamiento sistemtico y personal a Miguel Bru (), su privacin de la libertad, el haber sido sometido a castigos corporales y evidentes mtodos de tortura entre los que se cuenta el triste y lamentable bolseado (sic fojas 215). En la misma lnea argumentativa, el tribunal acredita las declaraciones y tambin afirma que est para ellos legalmente acreditado que Nstor Miguel Bru dej de existir () sin que su cuerpo hubiera sido habido hasta la fecha, no obstante las numerosas bsqueda efectuadas.

Por ltimo, el tribunal resolvi por unanimidad distintas condenas a los imputados por distintos delitos, por ende, con alcances diferentes en sus penas, pero habiendo re-significado el marco condenatorio y sentando jurisprudencia al condenar sin el cuerpo del delito. Incluso en el caso de dos de los acusados, Walter Abrigo y Justo Jos Lpez, se computa el lugar en que fue
297

El debate sobre testigos necesarios o la descalificacin permanente a estos testimonios se reactualiza hoy en el juicio por el secuestro, explotacin y desaparicin de Marita Vern en Tucumn. De esta relacin daremos cuenta en las Conclusiones.

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realizado el hecho, que les proporcionara un entorno de mayor impunidad y seguridad para su conducta; la pluralidad de intervinientes que determinaron mayor indefensin de la vctima y el ocultamiento de todo rastro o vestigio del cuerpo de Nstor Miguel Bru. (fojas 220).

La desaparicin y el gatillo fcil como dispositivos de la impunidad.

La impunidad que genera la desaparicin no debera ser naturalizada por nuestra sociedad. Esta metodologa, aplicada principalmente durante la ltima dictadura cvico-militar, ha tenido continuidad especialmente en las fuerzas policiales. Los ltimos Informes anuales del Comit contra la Tortura de la Comisin por la Memoria de la Provincia de Buenos Aires han alertado sobre la impunidad en casos de desaparicin de personas, como continuidad de la prctica policial de la desaparicin forzada. En este Informe se mencionan como ejemplos la desaparicin del joven Luciano Arruga, el juicio en 2010 por el secuestro, tortura y asesinato de Andrs Nez en 1990, las desapariciones de prostitutas en Mar del Plata en 1996, la desaparicin del estudiante de periodismo Miguel Bru en 1993 y del testigo Jorge Julio Lpez en 2006.

El Informe del Comit contra la Tortura, al mencionar estos casos entiende que no pueden asimilarse, pero s pueden destacarse puntos comunes que es importante mencionarlos en funcin de nuestro anlisis: La desaparicin como mecanismo para garantizar impunidad o como mensaje de alto impacto en el entorno de la vctima y en la comunidad. La actualidad de esta prctica en las fuerzas policiales. El encubrimiento o la negligencia de los rganos jurisdiccionales en la investigacin.

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La ausencia de respuesta estatal para evitar estos casos, proteger a las vctimas y testigos y garantizar el acceso a la verdad y juzgamiento de los responsables.298 Quizs haya cambiado la configuracin del enemigo interno299 que pas de los subversivos y terroristas a los jvenes negros, pobres de las barriadas urbanas. Pero lo que no cambi y tienen continuidad son las prcticas de ciertas fuerzas policiales -con el basamento ideolgico y poltico de la doctrina de seguridad nacional- con su la metodologa de secuestro, tortura y desaparicin.

Para Rosa Bru, una cuestin comn es el mismo acontecimiento de la desaparicin de Miguel Bru y la de Jorge Julio Lpez; y tambin lo es el involucramiento de las fuerzas de seguridad y la llamada violencia institucional. Sin embargo, ella observa diferencias, por ejemplo en el caso de Lpez es por segunda vez desaparecido, y esta situacin es distinta para la familia, los amigos, los compaeros.... Tambin son diferentes las modalidades, sus edades y sus historias: Julio es un hombre grande, con una militancia, con una historia, que vena de una declaracin con muchsimo compromiso que aport a una condena; y Miguel era un pibe joven, estudiante universitario, msico, hijo de un polica Por esto, para Rosa existe una relacin ms directa con el caso de Luciano Arruga, como un joven comprometido que le hizo frente a la polica, que se neg a trabajar para ellos; lo mismo que Miguel que nunca les tuvo miedo y tambin les hizo frente a los policas y a su violencia institucional.

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Informe Anual 2011, Comit contra la tortura, Comisin provincial por la Memoria. Pag. 294 a 303. Para ampliar esta mirada ver, Barbero, Hctor y Godoy, Guadalupe. La configuracin del enemigo interno como parte del esquema represivo argentino Dcadas de 1950 1960 (Derechos Humanos). Cuaderno N 55. Centro Cultural de la Cooperacin

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VII CONCLUSIONES:

Y comprendo que la escritura es una manera nica de iluminar la conexin entre el pasado y el presente. Y eso me alienta a empezar: no como quien informa, sino como quien descubre Leopoldo Brizuela300

Mientras producimos esta Tesis, casi al momento de presentarla, asistimos a una serie de escenas judiciales, culturales y polticas que dan pertinencia y renuevan los problemas planteados en nuestros anlisis e investigaciones. El martes 11 de diciembre de 2012, en La Plata, en el juicio Circuito Camps, escuchamos y miramos el alegato de Jaime Smart, Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante la ltima dictadura cvico-militar. En la sala estaba Cecilia Pando y un grupo de unas 100 personas, que aplaudan al represor y gritaban crcel a los terroristas (sic). Respecto de Smart, el 10 de diciembre -Da Internacional de los Derechos Humanos- una editorial del diario La Nacin bajo el ttulo: Justicia o venganza para Jaime Smart?, expresaba que haca ms de un ao que el Tribunal Oral Criminal I de La Plata inici su juzgamiento oral, junto con el de otros acusados en un teatro alquilado para ese cometido301. Smart, para quien el fiscal solicita prisin perpetua, formular maana su defensa en el marco de ese escenario apropiado para convocar ruidosas condenas populares que reproducen el lema con que se han inspirado estos procesos: "juicio y castigo", olvidando que el proceso penal no se hace para penalizar, sino para
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Leopoldo Brizuela, Una misma noche (pag. 43). Ed. Alfaguara, Buenos Aires, 2012. El agregado de la Editorial respecto a teatro alquilado es una pieza que no puede escapar a nuestro anlisis respecto a las operaciones discursivas de estos sectores para descalificar las escenas que en estos juicios se estn produciendo. Esto incluye tambin la afirmacin en el marco de ese escenario apropiado para convocar ruidosas condenas populares.

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saber si hay que hacerlo, afirm La Nacin. Al lado del acusado, que se representaba legalmente a s mismo, Miguel Etchecolatz sonrea y festejaba los gritos de la tribuna, mientras haca seas a los testigos y miembros de organizaciones de derechos humanos, sociales y polticas que estbamos presentes. En un momento, ante las vivas de Pando y su tribuna para a acompaar al acusado, contestamos con una cancin: Cmo a los nazis les va a pasar, adnde vayan, los iremos a buscar. El juez Rozanski toma la palabra y aclara que en esas condiciones no se puede seguir. Que el juicio continuara sin pblico, algo que no haba ocurrido hasta el momento en la ciudad de La Plata, con este tribunal. Las voces se apagaron. La tensin en el ambiente continu. Y la bronca estaba presente, porque Jaime Smart, civil que actu en cargos de responsabilidad durante la dictadura, cuestionaba los juicios, el valor de las pruebas, los testimonios de los sobrevivientes y hasta afirmaba que le llamaba la atencin que hablemos de dictadura cvicomilitar, parece cada vez ms cvica, ironiz. Pero adems agreg una reivindicacin al juicio a los comandantes (Causa 13) y a la Causa Camps/Etchecolatz (Causa 44), y al periodo que va desde 1984 al 2003, a partir de cundo parece que empez otra justicia. Cuestionaba adems el concepto de genocidio y de grupos nacionales, porque afirm que no se los persigui y encarcel por lo que eran o pensaban, sino por lo que hacan(sic). Al mismo tiempo, amenaz con que seramos el hazmerer del mundo(sic) por estos juicios y sus condenas. Cerr finalmente con un no estoy seguro que todava estemos a salvo, mientras era acompaado por los aplausos de su tribuna. Jaime Smart, responsable poltico y administrativo de la Provincia de Buenos Aires durante la dictadura, tuvo la oportunidad de declarar en un juicio oral y pblico, con su legtima defensa y habl sin ningn impedimento. Las vctimas del genocidio que ocurri en Argentina, muchas presentes en la sala de audiencias, no tuvieron la

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misma oportunidad hace 30 aos cuando fueron secuestrados, detenidos, desaparecidos, exiliados y asesinados. Sin embargo, porque valoran y lucharon por estos juicios, tuvieron que escucharlo, aunque les daban asco sus mentiras, sus palabras impunes, sus descalificaciones, su violencia. Mientras tanto, en Tucumn, un tribunal absolva a los responsables del secuestro, explotacin y desaparicin de Marita Vern, vctima de las redes de trata y sus complicidades con la polica, el poder poltico y judicial. Entre el pblico que abucheaba a los jueces estaba su mam, Susana Trimarco, luchadora incansable contra la trata de personas. Tambin veamos a Rosa Bru, mam de Miguel, expresando su repudio ante ese acto de violencia institucional, de explcita impunidad. El relato de estas dos escenas nos sita en un tiempo histrico. En el periodo ms largo de gobiernos constitucionales de los ltimos cien aos, y en la necesidad de profundizar este proceso democrtico. Nos permite reiterar el valor que adquiere esta Tesis para nosotros, como parte de las luchas contra impunidad. Porque en el anlisis de las escenas que entre lo jurdico, lo poltico y lo comunicacional, hemos buscado analizar y descubrir cmo se construyen los sentidos de la justicia. Sentidos que, excediendo el marco del derecho, se disputan en cada uno de estos escenarios, en sus presencias/ausencias, en sus lenguajes, en los cuerpos que desaparecen o en los que surgen para dar pelea. Batallas en el espesor de las culturas. Y hemos sido sumamente redundantes y nos dejamos atravesar por las voces de los protagonistas de nuestro objeto de anlisis. Y encontramos que en las escenas que hemos analizado, en los testimonios, en las sentencias se expresan, de alguna manera, cambios epistemolgicos, culturales, polticos, jurdicos y sociales. Visualizados a partir de luchas mltiples y diversas que, como dice el juez Rozanski en esta Tesis, configuran un espacio social que permiti, que cre

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las condiciones, para que ese discurso existiera. Las mismas condiciones que garantizaron la continuidad de los juicios Y es desde esta mirada que hemos considerado el alcance histrico del juicio a Miguel Etchecolatz como un acontecimiento cultural fundante de nuevos momentos de la relacin entre justicia, poltica y comunicacin. Ser la nica nacin que ha logrado juzgar y condenar por genocidio en su propio territorio ubica a Argentina en el contexto internacional, como referencia ineludible de las luchas contra la impunidad. Pero no se trata de momentos estticos. Las peleas se continan cotidianamente, se recrean en diversos mbitos y muchas veces recrudecen en su intensidad. Lograr un fallo ejemplar no garantiza detener los intentos permanentes de los sectores que buscan convertir a la impunidad, en cualquier lugar y circunstancia, en elemento prioritario de las relaciones sociales. Un episodio dramtico es precisamente que ellos planificaron y ejecutaron la nueva desaparicin de Jorge Julio Lpez en 2006. Aunque, como vimos, no pudieron expandir el terror en la trama cultural de nuestra sociedad y nuevamente se les volvi en contra, porque los juicios continuaron; y ms genocidas fueron a la crcel comn. Horas antes de presentar este ensayo de Tesis, el Tribunal Oral Federal N 1 de La Plata, ley la sentencia por el llamado juicio Circuito Camps. El fallo, en lnea con nuestro anlisis, se ubica profundizando estas escenas culturales como fundantes de nuevos sentidos en la relacin justicia y poltica. En principio porque la sentencia argumenta las condenas por los crmenes cometidos considerando que las conductas de los imputados estuvieron dirigidas inequvocamente al exterminio de un grupo nacional, por tanto importan la comisin del delito internacional de genocidio. Las condenas, en su mayora a reclusin perpetua, alcanzaron por primera vez en Argentina a un civil de rango jerrquico como el ex Ministro de Gobierno de la Provincia de

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Buenos Aires durante la ltima dictadura, Jaime Smart. El Tribunal avanz sobre el caso Papel Prensa al ordenar la detencin de otro civil, el ex fiscal Alberto Rodrguez Varela, que segn los testimonios se entrevist con los Graiver durante su secuestro en el CCD Puesto Vasco. Asimismo, y a partir de los pedidos de Guadalupe Godoy, el Tribunal orden investigaciones sobre responsabilidades eclesisticas y judiciales; y la desafectacin de los lugares que funcionaron como centros clandestinos de detencin para preservarlos como sitios de la memoria. Adems, como parte de las tensiones en torno al valor de los testimonios, ante la descalificacin que fuera objeto el propio Jorge Julio Lpez desde un juez federal (tal como damos cuenta a pginas 298/300 de esta tesis), la sentencia orden la investigacin de cada uno de los torturadores que Lpez nombr en su testimonio en 2006, exhibido en este juicio en 2011. Por ltimo, en una situacin sin precedentes, el tribunal remiti copias de dos editoriales del diario La Nacin (con las que comienzan estas conclusiones) a la Comisin Nacional de Independencia Judicial y a la Corte Suprema de Justicia por considerarlos "amenazantes".

Analizar estas escenas culturales/judiciales es un aporte de voces302, miradas, tensiones, datos, documentacin y anlisis para un momento de nuestra historia que no pasar desapercibido. Esto justifica la imbricacin y la cooperacin de un saber que se constituye entre lo acadmico y lo poltico, en la bsqueda por argumentar/descubrir desde las luchas por la memoria, la verdad y la justicia en la Argentina actual, los modos y prcticas para profundizar nuestra democracia.

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Los materiales las conversaciones que se desarrollaron para esta Tesis, los testimonios, las experiencias, los documentos, los actores involucrados en relacin a los crmenes cometidos durante la ltima dictadura cvicomilitar en Argentina, son de una riqueza documental, que permitirn su uso y puesta en comn ms all de nuestra elaboracin actual; constituyndose en base para futuras investigaciones o anlisis.

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