El Poder Popular Se Construye Desde Abajo-Rauber2013
El Poder Popular Se Construye Desde Abajo-Rauber2013
INDICE
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EL PODER POPULAR SE CONSTRUYE DESDE ABAJO................................................................................................1
Precisiones del concepto desde abajo..........................................................................................................4
Conceptos claves...............................................................................................................................................6
Fragmento correspondiente a una parte del Captulo IV del libro Revoluciones desde abajo, de mi autora. En
Venezuela: Dos pasos adelante, uno atrs. Vadell Editorial, Caracas, 2011
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En el capitalismo el poder es una suerte de macro interrelacin social (interrelacin de interrelaciones) que
sintetiza poltica y socialmente a favor de los intereses del capital las relaciones sociales levantadas a partir de la
oposicin estructural capital-trabajo. Esta oposicin instaura -desde los cimientos- el carcter de clase de las
interrelaciones entre los polos que conforman dicha contradiccin, de las luchas por la hegemona y la
dominacin, y de las luchas de resistencia y oposicin a ello. En este antagonismo concreto se desarrollan
dinmicas que configuran y definen en cada momento una determinada correlacin de fuerzas (de clase) a favor
de uno u otro polo, correlacin que acta (se hace sentir) en toda la sociedad.
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en el campo o en la ciudad- de vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Son ellos los
protagonistas del proceso revolucionario en cada sociedad, en la medida que transformacin
cultural mediante-, van siendo capaces de crearlo, construirlo, sostenerlo y desarrollarlo.
Desde esta perspectiva la construccin de poder propio resulta parte del necesario proceso de
de-construccin de la ideologa y las culturas dominantes y de dominacin, y es
simultneamente un proceso de construccin de nuevas formas de saberes, de capacidades
organizativas y de decisin y gobierno de lo propio en el campo popular. Son nuevas formas
que constituyen modos de empoderamiento local-territoriales, bases de la creacin y creciente
acumulacin de un nuevo tipo de poder participativo-consciente no enajenado- desde abajo,
de desarrollo de las conciencias, de las culturas sumergidas, oprimidas y excluidas, en
mltiples y entrelazadas formas y modalidades encaminadas a la transformacin global de la
sociedad. En esta perspectiva, la transformacin de la sociedad se evidencia como un proceso
permanente de resistencias y luchas populares, en rechazo al poder hegemnico dominante del
capital, a la vez que van construyendo desde abajo- el poder popular.
Construir desde abajo significa construir desde la raz, desde el mbito de lo propio, y desde el
interior de lo que se quiere cambiar, la hegemona poltica, ideolgica y cultural de la nueva
sociedad que se desea, a la vez que se la va diseando y construyendo desde el presente, en
cada espacio, en cada organizacin, en la comunidad, en el mbito familiar, en la
interrelaciones humanas. Pretender que la superacin de la enajenacin humana y los cambios
necesarios para lograrla, ocurrirn despus de la toma del poder o de los cambios sociales,
aleja la posibilidad de liberacin en vez de contribuir a ella.
Este posicionamiento respecto al poder y la revolucin social implica un cambio radical en la
concepcin de las luchas sociales, en la construccin de la conciencia poltica, de la
organizacin poltica, del poder popular, del proyecto alternativo y, tambin en primer
trmino-, respecto del sujeto social y poltico de las transformaciones. Estos aspectos son,
resumidamente, los que marcan la ruptura ms ntida y radical de esta concepcin acerca de la
transformacin de la sociedad, respecto de las concepciones vigentes en el siglo XX.
Emprender los caminos de la revolucin social desde abajo implica construir integralmente
poder popular desde abajo, es decir, abocarse a la transformacin cultural, poltica, ideolgica
y econmica del modo de vida implantado por el capital, construyendo un nuevo modo de vida,
orientado a cimentar una nueva civilizacin humana superadora del capitalismo.
Esta nueva civilizacin abarca la perspectiva socialista dado que implica una ruptura radical
con la lgica del capital. Pero se trata de un socialismo construido por los pueblos, raizalmente
democrtico, asentado y fortalecido por una lgica de metabolismo social horizontal. De ah
que la sociedad horizontal constituya el ncleo lgico-organizador y reproductivo de lo que
ser un nuevo socialismo, abierto al crecimiento cultural y poltico de las generaciones
venideras. Ello anuncia que se trata de un proceso global de transformaciones profundamente
imbricado con una lucha cultural, ideolgica y poltica acerca del ser humano y su existencia,
su libertad y sus obligaciones para consigo mismo y sus hermanos, y con la naturaleza. La
nueva civilizacin implica a la vez una nueva cosmovisin: que abra cauce en paridad
horizontal- a la pluralidad de identidades, cosmovisiones, creencias, tradiciones y deseos,
haciendo realidad la construccin de un mundo donde quepan todos los mundos, dando pie a lo
que ser un mundo horizontal.
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El sujeto (social, poltico, histrico) del cambio es plural; se expresa como actor colectivo
y se autoconstituye como tal en el proceso mismo de resistencia, lucha y transformacin
sociales. No hay sujetos a priori de las prcticas de lucha en los momentos
histrico-concretos.
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proceso, van (auto)constituyndose tambin los sujetos que la disean y luchan por hacerla
realidad, como tales sujetos.
Fundar y construir una nueva civilizacin humana significa fundar y construir un nuevo
modo de vida. Ello implica el desarrollo yuxtapuesto, simultneo y articulado de procesos
de transformacin de la sociedad, de sus modos de produccin y reproduccin, de
transformacin-autotransformacin de los hombres y las mujeres que realizan esas
transformaciones, y de las interrelaciones sociales (pblicas y privadas) entre ellos
establecidas.
Conceptos claves
La construccin de poder popular, que es a la vez, de conciencia, cultura intercultural,
descolonizacin, democracia, participacin, proyecto y organizacin propios, reclama, de
hecho, la conjugacin de una multiplicidad de mbitos, espacios, problemas, actores y
propuestas desde la raz, a la vez que se propone transformar ah y desde ah.
Entre sus conceptos claves, se cuentan los de: articulacin, construccin, transicin y proceso,
junto a los de tendido de puentes, descolonizacin, complejidad, multidimensionalidad,
multilateralidad, integralidad, diversidad, interculturalidad, nueva cosmovisin
humano- natural, pluralismo, paridad, horizontalidad, democracia raizal participativa, y
control popular, coherencia entre medios y fines, propuestas abiertas, es decir, en
construccin y desarrollo permanente, acorde con el desarrollo de los actores-sujetos
involucrados en el proceso y con las modificaciones de las condiciones histrico-sociales de las
comunidades, el pas, la regin y el mundo en cada momento.
De all que el proceso de transformacin social tenga una articulacin neurlgica con la vida
cotidiana de los actores y las actoras de la transformacin: parte de all, o la atraviesa, se anuda
con ella y la proyecta transformacin mediante- hacia un modo de vida (y de ser) diferente, y
superador de la cinaga mercantil del capitalismo.
Construccin, proceso y transicin
En la opcin de construccin de poder desde abajo, que es la que nos ocupa, la nocin de
proceso tiene un peso fundamental. Es la base junto a otras- sobre la que han de erigirse los
nuevos pensamientos y las nuevas prcticas; es parte del ncleo de la nueva lgica y supone (a
la vez que forma) una mentalidad de nuevo tipo. Todo lo que existe cambia y esos cambios,
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incluso los ms radicales, llevan -junto con lo nuevo-, el sello de lo anterior, de donde
provienen; lo nuevo crece dentro de lo viejo.
En el caso de nuestros pases indo-afro-latinoamericanos, en las condiciones de una
dependencia deformadamente agrandada -globalizacin neoliberal mediante-, la nocin de
proceso se anuda directamente a la revalorizacin del concepto de transicin a la posibilidad de
toda transicin, a sus races y alcances.
En el siglo XX, las luchas revolucionarias en el Tercer Mundo, pensaron la transicin como un
perodo pre-socialista que comenzaba con la toma del poder poltico, es decir, entendieron a la
transicin como una primera fase hacia la transformacin socialista. Se entenda entonces que,
una vez alcanzado el socialismo finalizaba la transicin y con ella el proceso de
revolucionario de cambios superadores permanentes.
Quienes apuestan a construir poder popular desde abajo conciben a la transicin como un
componente inherente al proceso de transformacin social encaminado a la superacin del
capitalismo. La transicin no es un perodo que se inicia con el momento de ruptura, ocurre
en el proceso lo constituye- por lo que est presente en los movimientos de resistencia y
luchas sociales que ocurren en la sociedad regida por el capital. En este sentido, puede decirse
que la transicin es el proceso mismo. De ah el contenido y alcance revolucionario de esta
concepcin: no hay despus en cuanto a tareas, enfoques y actitudes; lo nuevo se va
construyendo a lo largo de todo el proceso y es permanente. Esto supone un profundo cambio
tico-cultural, lo promueve y se asienta en l, avanza sobre sus avances y con ellos, requiere de
la participacin consciente y de la voluntad de todos los actores sociales que hacen al proceso
mismo; no se produce mgica, espontnea, ni mecnicamente.
La conciencia poltica de los pueblos no se conforma instantneamente ni por decreto. 4 Es
imposible decretar transformaciones o inyectar saltos de conciencia. El actor colectivo su
conciencia, organizacin y propuestas-, se (auto)constituye en cada tiempo histrico
atravesando procesos colectivos de luchas y acumulacin de saberes y propuestas, de
conciencia, organizacin, poder propio y proyecto.
La experiencia ensea que nada cambiar al final del camino si no empieza a cambiarse desde
el presente; que no hay un final distinto en su lgica constitutiva- del inicio y el proceso
mismo, sobre todo en lo referente a mtodos y vas; que no hay posibilidad de ser humano
nuevo y nueva cultura si no hay acumulacin de nuevas prcticas: democrticas, participativas,
y de nuevas conductas ticas acuadas y asimiladas en las prcticas cotidianas sostenidas
4
Ya no puede pensarse (o esperarse) que los pueblos vayan a obedecer un llamado realizado por alguna
supuesta vanguardia [autoproclamada], porque solo se movilizan cuando entienden que van a protagonizar un
proceso para transformar sus condiciones de vida, cuando entienden y visualizan que ese su accionar no caer
en saco roto ni ser manipulado por intereses de terceros, cuando tienen claro que sern realmente parte de un
proceso de resistencia, de lucha y de cambios. En este sentido, la misin de aquellos que se sienten
vanguardia, no ser ya la de ordenar o decretar una accin determinada, sino, en todo caso, la de ser capaces de
despertar y convocar la participacin creadora de las mayoras, promoverla y desarrollarla. Hoy el protagonismo
no puede ser de pequeos grupos, para que sea protagonismo debe ser de mayoras, de pueblo; y eso hay que
construirlo.
Por eso, en tiempos que reclaman protagonismos de mayoras, la vanguardia como tal es un sin sentido; hacen
falta s, direcciones poltico-sociales reales, capaces de orientar, organizar, construir y promover canales de
organizacin, conduccin y liderazgo de ese [pro]sujeto colectivo. Este nuevo tipo de direccin poltico-social
no se define por protagonizar la poltica, la conciencia, el saber, la verdad, y el proceso todo en exclusividad (y
exclusin), sino por construir el protagonismo colectivo, organizando y pensando tambin colectiva y
horizontalmente, y orientando colectivamente el proceso sociotransformador hacia metas trascendentes.
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durante aos. Se trata, por tanto, de una larga transicin. Para entenderla, asimilarla y
practicarla es fundamental remover el pensamiento inmediatista, cortoplacista y fragmentario,
que entiende, proyecta y busca rupturas absolutas. Solo sobre esta base podr entenderse el
significado revolucionario y revolucionador de la gesta de quienes han emprendido el camino
de la construccin de poder desde abajo.
Es posible saltar etapas para lograr los objetivos?
Ciertamente, como lo ejemplifican las mltiples experiencias, s es posible. Los saltos son
parte de los procesos; no hay linealidad ni uniformidad; se trata de una serie superpuesta de
movimientos complejos de los que son parte los saltos. Pero cuando se saltan etapas, despus
del salto, hay que transitar las fases saltadas, siempre en una nueva dimensin, claro est, pues
ya habrn variado las condiciones, la situacin, etctera, pero est claro que lo que no se
construye o recorre antes, debe construirse o recorrerse despus o no es posible consolidar y
avanzar en el proceso de transformaciones.
Es importante tener esto presente, sobre todo en la poca actual, cuando no puede pensarse la
transformacin social descansando en que la existencia del campo socialista permitir saltar
al socialismo, como se pensaba en el siglo XX, incluso para sociedades que se encontraban en
perodo semicolonial. Eso se intent varias veces, pero ni social ni culturalmente las
experiencias realizadas han podido violar el tener que encarar las tareas correspondientes a su
tiempo y sus metas. Cuando se ha intentado pasar por alto esto, se ha cado en estancamiento o
retroceso, ejemplos hay de sobra en la historia reciente.
Es posible saltar etapas, insisto; las ideas de transicin y proceso que expongo no pretender
justificar la gradualidad o evolucin, pero si se saltan etapas, luego en algn momento
posterior al salto-, hay que retomar las tareas pendientes.
Vale repasar, en este sentido, la experiencia histrica del socialismo del siglo XX. Este
descansaba, segn seala Samir Amn, en dos pilares fundamentales:
1] La visin de un contraste tajante entre las sociedades capitalistas y las sociedades socialistas, y de
paso, el rechazo absoluto y total de la idea de que los elementos de la nueva sociedad podan
desarrollarse en el seno mismo de la sociedad capitalista.
2] La concepcin subsiguiente de que la transicin al socialismo a escala mundial tomara la forma
de un conflicto entre el campo de los pases socialistas y el de los pases que seguan siendo, por un
tiempo, capitalistas, en la medida en que este conflicto se habra inscrito en el marco de la
coexistencia-competencia pacfica.
El hundimiento de los sistemas soviticos, por un lado, y el abandono del proyecto maosta de
construccin socialista en China y su reemplazo por un proyecto de desarrollo capitalista nacional,
por el otro, interpelan los dogmas del marxismo-leninismo sobre la transicin y el carcter
supuestamente irreversible de la construccin socialista. [Amn, 1997: 263-264]
Construir poder desde abajo no supone solo cambiar las formas de la accin poltica, esto se
asienta en los cambios en el contenido de la poltica, lo poltico y el poder. Por ejemplo, no se
trata solo de ir a los barrios y hacer talleres de educacin popular, no se trata solo de
implementar procesos participativos en la base. Hay que hacer esto y ms: transformar
integralmente la sociedad desde abajo supone adentrarse en el corazn mismo de la nueva
democracia y hacerla una constante en cada acto, en cada relacin, en cada construccin.
La transformacin de la sociedad tienen lugar en la conjugacin integral de procesos,
radicalmente articulados la apropiacin que de ellos vayan haciendo cada uno de los actores
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que en ese proceso- lo va protagonizando (empoderamiento). Por eso esta propuesta y las
prcticas sociales que la sustentan y enriquecen tienen un alcance estratgico: es la semilla de
la nueva estrategia en gestacin, del nuevo protagonismo conciente, crecientemente
democrtico y participativo, creador, constructor y responsable de los actores-sujetos.
Articulacin y tendido de puentes
El concepto articulacin resulta nodal pues indica un modo de interrogar a la realidad, de
entenderla y, a la vez, una lgica para transformarla y construir en todos los terrenos, tanto
fuera como dentro de la organizacin reivindicativo-social o en aquellas estrictamente
polticas.
Tiene un sentido y una importancia estratgica fundamental dado que apunta a la
recomposicin del todo social, desaparecido hoy tras su atomizacin y fragmentacin
profundas ocasionadas por el desarrollo desenfrenado de la produccin destructiva (irracional)
del sistema del capital y, consiguientemente, del actor colectivo protagonista del cambio.
Situacin que se suma la fractura histrica producida por la conquista y colonizacin de los
pueblos indgenas originarios que resultaron excluidos e invisibilizados por siglos de las
complejas realidades e identidades sociales de este continente. Y lo mismo puede decirse
respecto de los negros, ayer esclavos y luego libertos excluidos y menospreciados. De ah que
la interculturalidad sea un componente imprescindible de las propuestas liberadoras del siglo
XXI, y ella presupone en s misma una instancia articuladora o re-articuladora social y cultural
en base al reconocimiento en paridad y complementariedad. Esta es una propuesta integral
radical del proceso de transformacin social.
Pensar los caminos de la transformacin social desde (y con) la articulacin es una forma de
entender la realidad y, a la vez, un mtodo para intervenir en ella, para construir en todos los
terrenos. Reviste relevancia estratgica dada la necesidad de recomposicin va articulacindel tejido social hoy virtualmente desaparecido tras su profunda atomizacin.5
Interculturalidad y descolonizacin
Interculturalidad: Hablar de interculturalidad remite de inmediato, en primer lugar, a un
mbito de prcticas sociopolticas y cognitivas en contradiccin con los paradigmas
predominantes en el pensar, el saber (y el ejercer saberes)y el deber ser dominantes, hasta
hace poco considerados los nicos valederos y eficientes. Hoy se atraviesa una crisis profunda
en el terreno de las racionalidades construidas y acuadas hasta ahora como verdades
universales. Por un lado, porque lo intercultural significa -de entrada- un reconocimiento de la
diversidad de identidades, culturas, modos de vida y organizacin sociales (econmicas,
polticas y jurdicas), todas racionalidades vlidas que es necesario rearticular sin exclusiones
ni jerarquizaciones en sus interrelaciones. Por otro lado, porque esto pone en cuestin el
sentido y el contenido de la racionalidad del poder occidental- predominante hasta ahora.
Todo ello remite las miradas hacia los creadores de las diferentes racionalidades, es decir, a los
sujetos de la produccin y reproduccin de la vida (comunitaria, urbana, social), a los sujetos
de los saberes, a los sujetos de la transformaciones sociales (culturales, polticas, econmicas).
En segundo lugar, es saludable tener en cuenta que el propio planteo de la interculturalidad es
intercultural. Es decir, sus contenidos, definiciones y significaciones, son diversos y mltiples.
No hay una nica propuesta intercultural, una sola y monoltica (dogmtica) interpretacin y
posicionamiento; lo intercultural es inherente tambin al postulado de la interculturalidad,
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arranca de ella misma. El abordaje de esta dimensin en estas pginas no pretende, por tanto,
ser la interpretacin de la interculturalidad, ni todo lo que hay que saber acerca de ella,
sino brindar los elementos claves que permiten colocar a la interculturalidad como una de las
piedras conceptuales (y prcticos) fundantes de la nueva racionalidad plural y
multidimensional en gestacin.
En el mbito sociopoltico, al incorporar el principio de interculturalidad como elemento de
base para pensar las articulaciones y nexos entre los actores y sectores sociales y polticos, sus
modalidades de vida y sus planteamientos polticos y organizacionales, se evidencia de
inmediato la existencia de diversas propuestas reconstituyentes del cuerpo social de nuevo tipo:
basadas en su rearticulacin horizontal a partir del reconocimiento equitativo de legitimidad y
racionalidad iguales de las diversas culturas, cosmovisiones y modos de vida. Y como seala
Garca Linera: Una igualacin poltica sustancial entre culturas e identidades requiere de una
igualacin de modos de producir poltica en todos los niveles de la gestin gubernamental
(general nacional, regional y local); esto es, igualacin de prcticas polticas, de instituciones
polticas, de modos de ejercer la democracia y sistemas de autoridad poltica diferentes,
pertenecientes a las distintas comunidades culturales y regmenes civilizatorios que coexisten
en el territorio boliviano. [Garca Linera, 2006: 79] Es el tiempo que transitamos,
caracterizado por un escenario de conflictos cognitivos, culturales, sociales, polticos, ticos y
de valores, en el que ubico estas reflexiones.
Las definiciones acerca de lo cultural y la cultura son diversas, amplias y no siempre
convergentes entre s. Sin adentrarme aqu en las implicaciones que el seguimiento de uno u
otro modo de conceptualizacin entraara, sealar -como referencia, con un criterio
operativo-, que cuando me refiero a cultura, aludo, en primer lugar, a los modos de vida,
pensamiento y cosmovisiones de las clases, sectores y actores sociales y polticos, y a sus
posibles interrelaciones, interinfluencias e intersignificaciones, es decir, tambin, a los
intersticios interculturales compartidos de modo consciente o no- por los seres humanos
que integran una determinada comunidad, sector social o sociedad.
Cada modo de vida est avalado/referenciado a su vez, en un sistema de creencias, valores,
costumbres, conductas y artefactos compartidos, que los miembros de una sociedad usan en
interaccin entre ellos mismos y con su mundo, y que son transmitidos de generacin en
generacin a travs del aprendizaje. [Plog y Bates, 1997: 64]
En tanto diversa y compleja, la cultura de una sociedad no puede considerase una resultante de
la adicin de las partes, es decir, de las producciones materiales o simblicas de los distintos
sectores, etnias, clases o actores sociales. Lo medular de la cultura es intangible e invisible, es
parte del mundo interior de los hombres y las mujeres que la producen, reproducen y
comparten, sobre el cual moldean, aprehenden y acuan sus hbitos y costumbres, base de sus
interrelaciones humanas. Es por ello que desde este lugar-, la cultura, a la vez que se produce,
se reproduce e internaliza individualmente, y al ser socializada, compartida y resignificada en
forma permanente en las interacciones sociales, resulta un proceso radicado en una dimensin
eminentemente social diversa.
En las sociedades indo-afro-latinoamericanas esto implica, desde el vamos, el reconocimiento
de la existencia de mltiples culturas que coexisten en un mismo territorio considerado
nacin, Estado, pas, etctera. Teniendo en cuenta que desde tiempos de la conquista y
colonizacin de Amrica hasta el presente, se construyeron e instituyeron jerarquizaciones,
subordinaciones, sometimientos y exclusiones hacia los pueblos indgenas y sus culturas, a los
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que se sumaron las exclusiones posteriores de los esclavos arrancados de frica o China, y las
discriminaciones por rechazo al mestizaje y tambin a la condicin de trabajadores/as. Sobre
esta base se construy el predominio hegemnico de los remanentes de la cultura europea
asociada a los poderes locales. Esto explica, sintticamente la raz compleja de las
interrelaciones de los miembros de las diversas culturas que viven en un mismo territorio
(pas). Cuanto ms intensa sea la cadena de subordinaciones y exclusiones, ms complejas y
conflictivas tendern a ser sus interrelaciones (entre desiguales).
Las identidades sojuzgadas han sobrevivido constituyendo/preservando sus comunidades, sus
identidades, sus cosmovisiones e institucionalidades (como es el caso de las institucionalidades
indgenas); ellas coexisten de modo yuxtapuesto y, en cierta medida articulado, en estado de
conflicto, resistencia y lucha de sobrevivencia permanentes con las estructuras, poderes y
modos de vida dominantes. Y todo esto entra en ebullicin en el actual volcn indo-afrolatinoamericano.
La necesidad de defender la vida, la sed de dignidad, de justicia, de reconocimiento de
identidades y pueblos sumergidos, marginados, explotados y oprimidos, irrumpe con fuerza y
se hace visible en el accionar de nuevos actores sociales y polticos que disputan, condicionan
o conquistan gobiernos en varios pases del continente, destacndose, muy particularmente, la
realidad actual de los pueblos originarios de Bolivia y su gobierno.
Construir colectivamente el pensamiento emancipador y las alternativas emancipadoras
requiere nutrirse y articular diferentes experiencias, saberes y cosmovisiones. Y esto hace
imprescindible que todos y todas dejemos de lado viejos prejuicios discriminatorios y
jerrquicos, en lo organizativo y tambin en lo cultural, para reconocer(nos) y aceptar(nos) en
la diversidad, entendindola no como una desgracia que hay que soportar, sino- como
fuente enriquecedora, forjadora de capacidades colectivas para conocer, saber y poder actuar
con equidad y mayor tino. Esto supone, obviamente, desterrar la concepcin (y las prcticas
propias) del pensamiento y verdad nicas correspondiente con la ideologa, cultura y
hegemona de los poderosos.
Es bueno destacar aqu que los enfoques de gnero -y sobre todo las luchas de las mujeres
durante aos-, han contribuido claramente a pensar la unidad, lo colectivo, sobre nuevas bases,
haciendo del reconocimiento de las diferencias -en vez de un obstculo- un enriquecimiento,
un pilar para las articulaciones. Es un granito de arena aportado por las mujeres militantes al
caldero de la construccin colectiva, plural y diversa de lo nuevo.
Hoy, la posibilidad de superacin del capitalismo y su devastadora colonizacin sinfn, se abre
paso a travs de sinuosos caminos, abiertos, enriquecidos por la diversidad. Es importante
afianzarlos y avanzar construyendo mbitos y propuestas que arraiguen convivencias
interculturales nutridas por todas las subjetividades oprimidas y negadas, en primer lugar,
aportando a la formacin del pensamiento indo-afro-latinoamericano propio de la historia y
experiencia de cada pueblo, intercultural y abierto a la creacin colectiva permanente de los
pueblos.
Lo intercultural, desde la perspectiva liberadora y de liberacin, hace referencia a la
interrelacin entre los/las diferentes en condiciones de paridad y complementariedad, es decir,
sin establecer un polo cultural hegemnico. Desde el punto de vista poltico, esto implica un
reconocimiento y relacionamiento equidistante (horizontal) entre s de todas las culturas,
identidades y cosmovisiones, y reclama la construccin de plataformas jurdicas que sirvan de
soporte institucional para que las diversidades sociales, culturales, etc., puedan
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Tolerancia-intolerancia son conceptos que encierran intereses y posiciones de poder. Quin tolera a quienes y
por qu? Lo ideal es hablar de aceptacin natural, pero para llegar a eso, apelar a la tolerancia contribuye a la
modificacin de las relaciones de intolerancia, exclusin y discriminacin. En tal sentido el concepto tolerancia
es incorporado aqu como: un concepto de transicin para la transicin.
Existe una marcada tendencia a identificar, igualar -y por tanto confundir-, lo multicultural con la diversidad
tnica y, ms concretamente, exclusivamente con lo indgena. Esto restringe los planteamientos de multi e
interculturalidad, por un lado, a una cuestin tnica y, por otro, deja fuera del mapa sociopoltico a una parte del
campo popular, del mismo modo que aunque por otras vas-, lo hace la posicin hegemnica tradicional
(monocultural).
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suponen nuevas bases para pensar -simultneamente-, el desarrollo y progreso social sobre
nuevas bases.
Un estado multicivilizatorio significara precisamente el reconocimiento de mltiples
mecanismos, de mltiples tcnicas y sentidos de entender, practicar y regular las pulsiones
democrticas de la sociedad en correspondencia a las mltiples formas de ejercer ciudadana a
partir de la pluralidad de las matrices civilizatorias de la sociedad.[Garca Linera, 2006: 81]
El aporte/planteo de los pueblos originarios a este debate civilizatorio resulta por ello, a la vez
que demandante de reparacin ante una injusticia histrica, profundamente cuestionador de la
civilizacin dominante, basada en el saqueo, la conquista territorial, la destruccin, la
exclusin y la muerte de millones de seres humanos. Ellos reclaman junto con la reparacin
histrica, el reconocimiento de sus derechos, saberes, identidades y modos de produccin
materiales y espirituales, institucionales y no institucionales de vida. Y con ello, apuntalan las
tendencias que defienden la necesidad de construir un nuevo modo de interrelacionamiento
social como base para un nuevo modo de organizacin de las comunidades sociales entre s y
con el Estado y sus interrelaciones, dando paso a la vez a la emergencia de un nuevo tipo de
ciudadana y democracia: raizalmente participativa e intercultural.
Las luchas, propuestas y actuales experiencias sociales que tienen lugar en el proceso
sociopoltico boliviano marcado por una fuerte presencia protagnica de los pueblos indgenas,
resultan inspiradoras y convocantes de la bsqueda colectiva de una nueva civilizacin
(horizontal, equitativa) y aportan elementos para ella. En ese caminar, lo intercultural -junto
con la descolonizacin- constituyen cualidades imprescindibles del proceso revolucionario de
cambios porque suponen remover del pensamiento homogneo, colonizado y colonizador,
heredado de la colonia y el colonialismo cultural acuado durante por siglos.
Descolonizacin: En Indo-afro-latinoamrica el desafo sociotransformador en el siglo XXI
no puede reducirse a buscar nuevas y justas modalidades de convivencia blanco-indio. No
puede limitarse tampoco a resolver el conflicto de clases, que ciertamente est presente pero no
agota el espectro de las contradicciones sociales y tampoco la bsqueda de alternativas
superadoras del actual estado de crisis generalizada de las sociedades. La multiplicidad de
problemticas, actores, identidades, subjetividades, saberes y modos de vida presentes en ellas
invita a abrir la cabeza, a admitir y mixturar miradas, conciencias y saberes formados al influjo
de occidente con los saberes preexistentes propios de otras culturas. No se trata de contraponer
la visin de clase (propia del capitalismo) versus la de indgenas o afros, sino de deconstruir y
avanzar hacia la reconstruccin de un nuevo saber interarticulado, que se mueva en una
interseccionalidad construida por todos y todas, hombres y mujeres de culturas diversas,
conformando un nuevo saber, basado en la convivencia visible e interactuante de saberes
diversos, sin subsumirlos entre s, sino en dilogo horizontal permanente. En este sentido
resulta un gran paso de avance la interculturalidad de saberes en gnero, por ejemplo, porque la
dimensin de gnero, propia de las mujeres indgenas, ha estado ausente de las miradas, los
estudios y saberes de antropologa, sociologa y entre los feminismos.
La tradicin sociopoltica predominante en la conformacin de las subjetividades propias de las
naciones modernas, ha fundamentado la existencia de la nacin en la construccin y sostn de
una supuesta homogeneidad social basada en una ley importada e impuesta. Para hacerla viable
desarroll de modo sostenido mecanismos diversos de imposicin/dominacin que acuaron el
rechazo de las diferencias y de los/las diferentes, conjugados con el ocultamiento de su
existencia, negando sistemticamente salvo honrosas excepciones- los genocidios,
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Completitud-incompletitud: conceptos claves de las cosmovisiones indgenas. Ellas tienen entre sus principios
a la dualidad, entendiendo por tal no al paralelismo, sino a lo que necesariamente, segn este principio, es en par
(en pareja): hombre-mujer, por ejemplo. Lo que est solo, segn esta lgica, est fraccionado, incompleto, y
busca -casi teleolgicamente- su completitud; la complementariedad es parte de esa bsqueda.
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Freire, es una concepcin del mundo que supone una concepcin de los seres humanos en y
con el mundo, es decir, que afirma podemos diferenciarnos del mundo y asumirnos como
sujetos en el proceso de [auto]concientizacin. Por lo tanto, la educacin popular es tambin -a
la vez que una concepcin del mundo-, una concepcin para la transformacin del mundo.
Por sus races sociales y su perspectiva intercultural y descolonizadora, resulta una suerte de
asistente poltico-cultural imprescindible en los actuales procesos de construccin de las
nuevas sociedades plurinacionales, interculturales que tienen lugar por diversos caminos- en
varias latitudes de este continente. Ella propone tomar como punto de partida las experiencias y
puntos de vista concretos de de los pueblos. Parte de la diversidad para reflexionar desde all
colectivamente. Se propone re-construir el conocimiento desde abajo, con los y las
protagonistas de las luchas, enriquecer el pensamiento crtico desde las prcticas, articuladas al
trabajo comprometido de la intelectualidad orgnica y, por el mismo camino, definir los
rumbos, alcances y objetivos del proceso sociotransformador.
La educacin popular que se caracteriza por construir mbitos donde los sin voz toman la
palabra, contribuye a hacer visible -social y polticamente- la presencia de los y las
excluidos/as en los procesos sociotransformadores, a dignificar y valorizar su palabra, su
pensamiento y su accin. Por eso puede constatarse que -aunque con diferenciaciones- la
educacin popular est presente en las organizaciones sociales, en sus procesos de formacin y
en las prcticas de vida y organizacin comunitaria sobre la base de interrelaciones
horizontales y participativas.
Su prctica educativa -que construye saberes a partir de los modos de vida concretos-, levanta
los puentes bsicos que ponen al descubierto los nexos e intercondicionamientos entre un
determinado modo de existir y reproducirse del mundo privado y un determinado modo de
existir y reproducirse del mundo pblico, y contribuye a que los que participan del proceso
educativo puedan descubrir los nexos entre una realidad supuestamente privada e individual,
aparentemente casustica, con la realidad de un determinado modo de existencia econmica,
poltica y cultural de la sociedad en que vive.
Saberes y poderes se conjugan en los procesos de su realizacin, deconstruyendo unos, y
construyendo el propio, el popular, aportando a su acumulacin. 9 Por ello la educacin popular
resulta, por un lado, cuestionadora radical del poder hegemnico, discriminador y excluyente
del capital, contribuyendo a que los sujetos tornen visibles sus nexos e interrelaciones. Por
otro, al fortalecer el conocimiento colectivo de los movimientos sociales acerca de sus
experiencias, al contribuir al mejor anlisis de evaluacin de logros y deficiencias, la educacin
Algunos autores rechazan el concepto y la posibilidad de acumulacin de poder. Consideran que el poder no
se puede acumular. Si se toma la acumulacin como una sumatoria cuantitativa de cualidades ciertamente es
imposible. Pero no es el caso; la acumulacin de poder popular es ante todo acumulacin (crecimiento) de
conciencia, de saberes, de capacidad organizativa y de organizacin, de capacidad para construir propuestas y
llevarlas adelante, de afianzamiento de la fuerza de la voluntad colectiva organizada, de practicar nuevas
interrelaciones humanas, de impulsar un desarrollo cultural desde abajo creando y avanzando el nuevo mundo.
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popular resulta clave tambin para los procesos de empoderamiento social, 10 entendiendo que
el primero y fundamental de ellos es el del saber: qu, cmo, para qu, quines.
Como dice Pompea Bernasconi:
() el poder est vinculado al saber y al hacer. Por eso, en la educacin popular es importante
lograr que el pueblo descubra su saber y posea una conciencia crtica de la realidad para que tenga
poder sobre ella y pueda modificarla. [En: Rauber, 1998: 75-76]
Por todo ello, para las organizaciones sociales la educacin popular es una inspiracin y una
herramienta poltico-pedaggica importante: les permite descubrir y fundamentar el sentido
sociopoltico de sus saberes, supuestamente limitados por lo cotidiano reivindicativo y sin
importancia, autodescubre a sus integrantes como sujetos y recuperando sus saberescontribuye a profundizar los procesos concretos de empoderamiento colectivo, tornndolos
procesos para s, es decir, fortaleciendo a los actores y las actoras sociopolticos como
ciudadanos plenos.
Democracia raizal: participacin y lucha contra la enajenacin
Lo dicho supone, a su vez, retomar como centro, el postulado e intencin inicial y fundante de
la propuesta revolucionaria de Marx, que ha sido la de plantear un camino de lucha contra la
enajenacin de los seres humanos, proponiendo pistas para su superacin, incluyendo entre
estas, en primer (y ltimo) lugar, la participacin de los explotados, oprimidos y excluidos en
la elaboracin-definicin su proyecto liberador.
La lucha contra la enajenacin, que en las pupilas economicistas se fija generalmente en lo
econmico y a veces- en lo poltico, abarca todos los rdenes de la vida socio-espiritual de las
personas en una sociedad dada.
Las revoluciones socialistas realizadas hasta ahora, generalmente y ms all de los
sealamientos crticos expuestos u otros que pudieran sealarse, constituyeron un intento
histrico de cambios sociales en pos de eliminar la enajenacin econmica y en cierta medida,
en algunos aspectos, lograron avances. En los mbitos cultural y social esta lucha fue
apagndose cada vez ms en la medida que ms se acercaba a lo econmico-cuantitativo
(contable). En ello influyeron fuertemente las concepciones mecanicistas. Subestimando la
centralidad de las transformaciones culturales en la disputa con el capital, estas concepciones
dejaron la transformacin del mundo cultural y espiritual de las clases y sectores sociales
populares (supuestamente) protagonistas del proceso a la deriva, expuestos a la accin
(mecnica) de los mecanismos econmicos, como si fueran una consecuencia directa (o reflejo)
de estos.
En la experiencia cubana, por ejemplo, el perodo llamado de institucionalizacin que sigui
al caracterizado como de los errores de idealismo, correspondiente a la primera dcada de la
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revolucin y que culmin con el fracaso de la zafra de los diez millones, estuvo fuertemente
impregnado por aquellas concepciones importadas, caracterizando una poca que all se llam
de la copiadera del modelo socialista este-europeo. Fue as que, en 1984-85, el Partido
Comunista de Cuba inici un perodo autocrtico centrado en lo que defini como una
rectificacin de errores y tendencias negativas. Entre ellos se encontraba, primordialmente,
el haber adoptado las concepciones automatistas economicistas de la construccin del
socialismo, relegando al ser humano del centro motorizador de la misma. Refirindose a este
proceso, seal Daro Machado:
En la medida en que la aplicacin del sistema se alejaba de sus objetivos esenciales, se iba
comprometiendo ms el desarrollo, cobraban fuerza los vicios tecnocrticos, creca la tendencia a
sustentarlo todo en los mecanismos y en estmulo material, se olvidaba el trabajo con el hombre.
De las deformaciones vinculadas con el desarrollo socioeconmico, quiz la ms perniciosa fue la
creencia de que los mecanismos lo resolveran todo; se encargaran de indicar automticamente
las direcciones econmicas ms importantes, de determinar el rumbo.
La absolutizacin del papel de los mecanismos constituy la tendencia negativa determinante que
condicion con fuerza un conjunto de deformaciones en el desarrollo del pas en todos los
rdenes. [Machado, 1993: 33-34]
En las declaraciones el ser humano era el centro de la revolucin, pero en los hechos lo era la
economa (causa?), el conjunto del plan, la planificacin y las metas por cumplir. Los seres
humanos nuevos, en vez de construirse con protagonismo y participacin consciente y
creciente en las transformaciones (auto-constitucin y autotransformacin) seran
supuestamente- el resultado (efecto?) de las transformaciones econmicas logradas a partir
de la existencia de la propiedad social (estatal) sobre los medios de produccin.
En el socialismo sovitico baluarte de tal concepcin mecanicista-, los resultados saltaron a la
vista del mundo junto a las piedras del muro de Berln. Ni hombres ni mujeres nuevas, ni
sistema socialista de produccin material y espiritual de la vida social; el estatismo, con las
consiguientes y continuas estatizaciones incluso de la vida cotidiana y domstica, lo haba
invadido todo tergiversando el postulado originario. Y esto fue, quiz, ms notorio por su
ausencia- en la participacin poltica de la ciudadana socialista. Con mecanismos
poltico-autoritarios, centralistas y verticalistas, basados en un sinfn de argumentos que
clausuraban el ms mnimo aporte proveniente de las bases, que no toleraban la ms mnima
crtica, y menos an una opinin diferente, se fue ensanchando cada vez ms la brecha inicial
entre el partido dirigente-gobernante y el resto de la ciudadana -el pueblo revolucionario-,
hasta hacerse insalvable.
As, las decisiones sobre las transformaciones, sobre los pasos a seguir, los esfuerzos a entregar
y el proceso revolucionario mismo, poco a poco le fueron arrebatadas al pueblo de sus manos y
de su conciencia. Se produjo un creciente extraamiento, un alejamiento de lo que debi haber
sido apropiacin. Por ese camino, la alienacin poltica heredada lejos de disminuir tendi a
incrementarse, llegando en algunas realidades del aquel socialismo a provocar un quiebre total
entre el rgimen poltico, la vida de los dirigentes, y el conjunto del pueblo, sus aspiraciones,
anhelos y necesidades.
Situaciones como aquellas resultan irrepetibles para el imaginario del mundo horizontal, pero
para que efectivamente lo sean, hay que estar atentos y actuar consecuentemente. Un paso
imprescindible es incorporar la lucha contra la enajenacin, particularmente contra la
enajenacin poltica (de amplio espectro socio-cultural), como parte medular del proceso
sociotransfromador, reconocerla como uno de los ejes del caminar hacia la sociedad futura, la
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que se aspira a construir, la que se construye a cada paso, en cada resistencia, en cada lucha y
organizacin social, poltica, reivindicativa, etctera.
Para ello, resulta central incorporar a la democracia raizal [Fals Borda] -la democratizacin
desde (y hasta) la raz: promover y construir sostenidamente la participacin consciente y plena
de los distintos sectores y actores sociales en todas y cada una de las tareas del proceso,
conscientes de que son ellos y no las vanguardias- quienes con su protagonismo marcan en
interaccin con las circunstancias socioeconmicas nacionales e internacionales-, la marcha del
proceso, las dimensiones, los ritmos y la intensidad de los cambios.
Democracia raizal y participacin popular resultan estructuralmente articuladas a la
concepcin de construccin de poder desde abajo y a las aspiraciones a un nuevo tipo de
sociedad. Estn presentes en la gnesis de lo nuevo, haciendo patente la coherencia entre
medios y fines.
La historia ensea: No puede posponerse la vigencia de los principios constituyentes de lo
nuevo para un futuro mejor o para cuando exista la otra sociedad; ellos son la base sobre la
que se irn conformando los nuevos hombres y las nuevas mujeres con sus nuevas modalidades
de interrelacionamiento que irn dando cauce a las nuevas sociedades.
Control popular
Resulta bastante frecuente hoy escuchar referencias o convocatorias a la participacin popular,
argumentando la necesidad de apelar a ella para buscar soluciones estables a los problemas
actuales. Pero se enfatiza en la participacin en toma de decisiones o en la participacin en la
gestin; hay que incluir tambin y con fuerza-, la participacin popular en la realizacin de
las medidas o soluciones acordadas y en el control de los resultados, as como en el control de
todas las gestiones, decisiones e instituciones colectivas, sectoriales, sociales, econmicas, o
polticas. No pocas veces se habla de control popular y hasta se lo convoca-, pero para ser
ejercido de modo limitado, es decir, excluyendo del mismo a las mximas direcciones
polticas, institucionales o gubernamentales. Estas son, en tales casos, las que llaman al control
de los de abajo, pero limitndolo: desde los niveles intermedios hacia abajo, con lo cual la
manipulacin poltica de los sectores populares queda instalada y resulta de fcil reproduccin
adems de garantizar la impunidad de los de arriba-.
El control popular debe ser pleno, integral, autntico, crtico, responsable, transparente y
coherentemente soberano. En caso contrario los procesos de transformacin, los gobiernos
populares, quedarn expuestos al accionar de los grupos de confianza de los gobernantes, o
de sus redes de amigos, o de construcciones polticas basadas en despotismos,
autoritarismos, personalismos, nepotismos, etctera.
Comenzar desde el presente y desde abajo a construir la cultura de la responsabilidad y el
protagonismo colectivos, es parte importante de la lucha y los caminos para superar la
enajenacin poltico-social de quienes sern los nuevos hombres y las nuevas mujeres. En este
empeo el control popular resulta tambin un componente fundamental del proceso (integral)
de construccin del nuevo poder popular horizontal- desde abajo.
No hay recetas para el xito ni garantas; el futuro depende de atreverse a correr el riesgo de
disputarlo sintiendo la felicidad de crearlo y construirlo.
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As lo reconoce, por ejemplo, la CEPAL, cuando en su informe para Naciones Unidas, seala: "El anlisis
desde la perspectiva de la participacin de las mujeres ilumina muchos otros movimientos sociales, cambios
culturales, incorporacin de los marginados, ampliacin de la ciudadana, nueva relacin entre lo privado y lo
pblico, relacin con el poder, democracia." [Naciones Unidas 1989: 6]
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o (...) Sin las mujeres no hay democracia. Sin democracia no hay progreso del pueblo. Sin
democracia no hay sentido profundo de la patria. [Lombardo Toledano, 1984: 11-18]
Esto alude a tres elementos importantes:
o El mundo de lo privado es parte del poltico (aunque ms no fuese como condicin de su
existencia) y como tal, susceptible de convertirse en poltico.
o Las luchas por la democratizacin de las sociedades deben para llegar hasta la razincorporar la democratizacin de las relaciones hombre-mujer y de todas las identidades
sexuales, en lo pblico y en lo privado. En consecuencia:
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