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Russell y Wittgenstein: Relación Filosófica

El documento analiza la relación entre los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, dos de los pensadores más influyentes del siglo XX. Aunque tuvieron personalidades diferentes y enfoques filosóficos divergentes en algunos aspectos, mantuvieron una relación intensa y fascinante marcada por el respeto mutuo. La relación ha sido objeto de interpretaciones partidistas que han tergiversado su verdadera naturaleza, aunque conservó su intensidad a lo largo de décadas a pesar de los cambios.
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Russell y Wittgenstein: Relación Filosófica

El documento analiza la relación entre los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, dos de los pensadores más influyentes del siglo XX. Aunque tuvieron personalidades diferentes y enfoques filosóficos divergentes en algunos aspectos, mantuvieron una relación intensa y fascinante marcada por el respeto mutuo. La relación ha sido objeto de interpretaciones partidistas que han tergiversado su verdadera naturaleza, aunque conservó su intensidad a lo largo de décadas a pesar de los cambios.
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Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein:

una relacin incomprendida





Puede razonablemente sostenerse, sin ser excesivamente temerarios o dogmticos,
que Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein son, con mucho, los dos filsofos ms
decisivos del siglo XX. De diferente modo y en direcciones no siempre
convergentes, ambos marcaron como nadie el destino de la filosofa occidental y, en
verdad, de la cultura occidental. Russell, por ejemplo, se encuentra en la raz de las
discusiones sobre los fundamentos de las matemticas, discusiones de las cuales
fueron brotando paulatinamente el programa de Hilbert, el teorema de Gdel y, por
alambicados vericuetos, las mquinas de Turing y la teora de la computacin, con la
cual el mundo sufri su mayor revolucin de los ltimos siglos. Wittgenstein tuvo
una menor influencia en el mundo cientfico, pero la revolucin que llev a cabo en
filosofa fue de tales magnitudes que oblig a re-pensar su naturaleza so pena de
verla reducida a una actividad banal y hasta frvola. Aunque de personalidades
marcadamente diferentes, ambos eran personajes descollantes y podemos decir de
ellos lo mismo que dice Russell cuando explica la nocin de existencia, para lo cual
contrasta a Napolen con Hamlet. Explica Russell: Si nadie pensara en Hamlet, no
quedara nada de l; si nadie pensara en Napolen, l muy pronto hara que algunos
lo hicieran.
1
En otras palabras, en cualquier contexto de meditacin filosfica
Russell y Wittgenstein habran destacado. Y, precisamente, si hubo algo que
Wittgenstein siempre admir fue la potencia y la velocidad intelectual de Russell,
as como ste siempre, inclusive en los peores momentos de su relacin, reverenci
la profundidad del pensar y la pasin filosfica de Wittgenstein. De manera que,
aunque problemtica, en el fondo su relacin result ser una amalgama indisoluble.
Ciertamente podemos pensar en Russell sin Wittgenstein y a la inversa, pero es slo
cuando se les contempla en su en ocasiones conflictiva pero siempre intensa y
fascinante relacin que se les comprende mejor.

Dadas sus magnitudes como pensadores, el contexto en que su relacin se
dio, sus respectivas personalidades y trasfondos, es comprensible que se hayan
gestado en torno a ellos multitud de mitos tendenciosos, de leyendas tergiversadoras
cuya consecuencia ms nefasta ha sido la de simplemente desfigurar y ocultar la
verdadera naturaleza de su relacin e interaccin. Por muchas razones, lo cierto es
que la relacin RussellWittgenstein se vuelve fcilmente un tema de discusin
apasionada, frente a la cual lo realmente difcil es mantener la ecuanimidad y la
objetividad. Un caso paradigmtico de reconstruccin biogrfica partidaria,
desbalanceada, me atrevera a decir fantica y desde luego injusta lo constituyen

1
B. Russell, Introduction to Mathematical Philosophy, London, Allen and Unwin, pp. 169-170.
2
los libros de R. Monk.
2
En realidad, su muy aclamado libro sobre Wittgenstein es
una recoleccin habilidosa de multitud de escritos dispersos sobre el pensador
austriaco por parte de los ms variados autores, pero en realidad no es el resultado
de una investigacin histrica propia. Prcticamente todo lo que Monk dice sobre
Wittgenstein estaba ya en algn otro texto previamente escrito. Lo que l aport
fueron la congregacin de los data de los que ya se dispona y su interpretacin.
Fue por libros as, libros de un prestigio tan grande como inmerecido y efmero, que
podra temerse que la relacin entre Russell y Wittgenstein hubiera quedado
definitivamente empaada. Contemplando el asunto retrospectivamente, sin
embargo, ahora nos resulta obvio que la obra de Monk no surgi como hongo,
espontneamente, de la nada, sino que ms bien representa algo as como la
culminacin de todo un proceso filosfico-cultural que se dio, especialmente en
Inglaterra, desde los aos 60 del siglo pasado en adelante, y del cual fueron
responsables los grandes seguidores y expositores de Wittgenstein, no siempre sus
discpulos directos sino ms bien gente interesada en propagar sus ideas, filsofos
como G. Baker, P. Hacker, D. Pears y E. Anscombe, por no citar ms que a unos
cuantos. Se trataba de una tendencia abiertamente hostil a Russell, una corriente de
pensamiento que de hecho casi termin por borrarlo del mapa filosfico de la poca.
Sin embargo, la recepcin mucho ms amistosa de los escritos de Russell en los
Estados Unidos y el resurgimiento paulatino de la metafsica y ms en general de la
forma de hacer filosofa que Wittgenstein tanto combati, sirvieron para restablecer
un cierto equilibrio en las apreciaciones generales referentes a Russell y a
Wittgenstein, tanto en relacin con sus personas como con sus respectivos legados
filosficos. Un ejemplo estupendo de esta revaloracin de la relacin que siempre
prevaleci entre ellos est recogido en la estupenda reconstruccin del famoso
encuentro entre Wittgenstein y Popper, tal como nos la ofrecieron D. Edmonds y J .
Eidinow.
3
El evento en s mismo es altamente significativo, pues pone de manifiesto
que la verdadera causa del enojo de Wittgenstein se produjo no por las
impertinencias de Popper, sino ms bien por la un tanto insidiosa participacin de
Russell en el enfrentamiento entre los dos vieneses. Si los autores del libro tienen
razn, como creo que la tienen, en el enfrentamiento que se produjo Popper
realmente no cuenta: Russell simplemente lo us para provocar a Wittgenstein
(como lo pone de manifiesto el hecho de que indujo a Popper a cambiar en el ltimo
momento el tema de su alocucin) y ste prcticamente lo avasall durante el breve
debate que tuvo lugar entre ellos. Pero lo que qued claro es que fue el que Russell

2
Est, en primer lugar, el libro Wittgenstein. The Duty of Genius y luego los dos volmenes sobre Russell,
Bertrand Russell. The Spirit of Solitude y Bertrand Russell . The Ghost of Madness. Del primero de los libros
sobre Russell puede verse mi resea en International Journal of Philosophical Studies, volume 6, number 1,
March 1998. En cuanto a Wittgenstein, sin duda alguna mucho ms serio y original es el trabajo de B. F.
McGuinness, Young Wittgenstein, del cual puede tambin verse mi resea en Contextos 13, Universidad de
Len, 1989.
3
D. Edmonds & J . Eidinow, Wittgensteins Poker. The Story of a Ten-Minute Argument Between Two Great
Philosophers, New York, Harper Collins Publisher, 2001. Puede verse mi resea de este libro en Dianoia,
vol. XLVII, nmero 48, mayo 2002.
3
hubiera intervenido como lo hizo lo que le doli y molest a Wittgenstein. Ahora
bien, lo importante para nosotros es advertir que eso era algo que slo Russell poda
llegar a hacer. Es claro para nosotros, aqu y ahora, que aunque su cariz se modific,
la intensidad de sus relaciones no se alter mayormente a lo largo de cuatro dcadas.

Particularmente relevantes para la comprensin de la relacin personal y
filosfica de Russell y Wittgenstein son las cartas editadas por el Prof. G. H. von
Wright.
4
En verdad, vale la pena estudiarlas, por la sencilla razn de que constituyen
una refutacin completa de la idea de que al regreso de Wittgenstein a Cambridge
ste y Russell prcticamente haban dejado de interactuar. Eso es absolutamente
falso. Es cierto que ya la relacin no era ni poda seguir siendo la del mentor y el
alumno, pero eso no implica que el respeto mutuo hubiera desaparecido. Todava en
1935-1936, en forma reveladora Wittgenstein le escribe a Russell en este tenor:

No deseo sugerir que debas leer mis clases; pero si no tuvieras nada mejor
que hacer y si extrajeras algn tenue disfrute de ellas realmente me dara
mucho gusto.
5


Y ms o menos por la misma poca, Wittgenstein escribe:

Hay por lo tanto las siguientes posibilidades: (a) no voy en lo absoluto al
encuentro. Esto obviamente est bien, a menos de que definitivamente quieras
que vaya.
(b) Podra ir y no tomar parte en la discusin. Tampoco hay problema
conmigo por eso, si eso es lo que quieres que haga. (c) Voy y hablo siempre
que quieras que lo haga, i.e., cuando t lo digas.
6


Es evidente que Russell era la nica persona a quien Wittgenstein se habra
dirigido de esa manera. En relacin con esta situacin las fechas son importantes.
Como argumento ms abajo, la fractura de la relacin entre ellos vino un poco
despus, esto es, cuando Russell (de por s un ausente de la vida universitaria, por
multitud de razones en las que no tenemos por qu entrar) tuvo que quedarse a vivir,
a partir de 1940, en los Estados Unidos y de facto despareci del panorama
filosfico de Inglaterra durante un lustro. Para muchos en aquellos das esa
posibilidad era un golpe de suerte, pero para un hombre tan ntegro y tan inexorable
moralmente como Wittgenstein el que Russell hubiera pasado tranquilamente la
Segunda Guerra Mundial en California muy probablemente signific una solucin
sospechosamente cmoda, una falta de solidaridad con su pas y con su pueblo. En
todo caso, es esta la nica clase de consideraciones (junto con las de carcter
poltico) que podan distanciar definitivamente a Wittgenstein de su ex-maestro.

4
L. Wittgenstein, Letters to Russell , Keynes and Moore, Ithaca/New York, Cornell Univesity Press, 1974.
5
Ibid, p. 102.
6
Ibid., p. 103.
4

Si Wittgenstein era profundo Russell era brillante, sin ni mucho menos
pretender insinuar que Wittgenstein no era brillante o Russell profundo. Algo de
esto deja traslucir Wittgenstein mismo en una bien conocida carta escrita a Moore en
1946, en donde le dice:

Durante el ltimo encuentro del C[lub] de C[iencias] M[orales] Price fue con
mucho mejor de lo que haba sido Austin. Price estaba dispuesto a discutir
cuestiones importantes. Desafortunadamente (creo), Russell estaba all y de lo
ms desagradable. Hablantn y superficial aunque, como siempre,
asombrosamente rpido.

Y estamos hablando de lo que habr sido una de las ltimas veces en que
coincidieron en Cambridge antes de perderse de vista definitivamente.

La admiracin de Russell por Wittgenstein fue casi desde el primer encuentro
prcticamente incondicional. Esto es algo que se comprende y aquilata mejor si se
tiene presente el trasfondo biogrfico de Rusell. ste era miembro de la nobleza
inglesa, haba nacido bajo el reinado de la reina Victoria, periodo durante el cual se
consolid una moralidad estricta, puritana, rgida, plagada de convenciones y
estereotipos inmodificables. Russell se form en una sociedad en la que era de mal
gusto expresar sus sentimientos, manifestar sus emociones, mostrar sus debilidades,
dar a conocer sus ansiedades y requerimientos, pero reaccion frente a ello y pag
las consecuencias. Ni mucho menos era, pues, Russell un individuo sentimental, de
carcter dbil o dependiente, sino ms bien lo contrario. Por otra parte, era ante todo
un hombre perfectamente consciente del especialsimo lugar que ocupaba en el
mundo cultural de su poca: Russell se encontraba, y l lo saba, en el ncleo de la
vida intelectual inglesa de los primeros 35 aos del siglo XX. Por ello, cuando un
hombre as, que haba redactado Los Principios de las Matemticas, articulado la
merecidamente clebre Teora de las Descripciones, que haba sido enviado a la
crcel por actividades pacifistas (independientemente de que no estuviera en las
condiciones de un reo cualquiera), escrito algunos importantes libros de filosofa
poltica y que haba terminado por convertirse en un autntico lder de opinin, en
1952 escribe:

Llegar a conocer a Wittgenstein fue una de las ms excitantes aventuras
intelectuales de mi vida. En aos posteriores haba una falta de simpata
intelectual entre nosotros, pero en los primeros aos yo estaba tan deseoso de
aprender de l como l de m. Su pensamiento tena un grado casi increble de
5
penetracin apasionadamente intensa, a la que yo sin reservas le entregu
toda mi admiracin.
7


lo que ese hombre est haciendo es una confesin de una admiracin y respeto
indelebles, algo a lo que Russell, por diversas razones, no era particularmente
proclive. Y ntese el nfasis que pone al sealar la clase de alejamiento que les
afectaba, a saber, puramente intelectual. Otras facetas de la relacin estaban y
permanecieron intactas. Infiero lo siguiente: es innegable que la relacin personal
entre Russell y Wittgenstein, intensa pero inestable desde el principio, en algn
momento se rompi y que la animadversin filosfica entre ellos se increment, en
gran medida porque Russell, grande como lo era en el modo de hacer filosofa que
Wittgenstein estaba poniendo en cuestin, simplemente no poda asimilar la nueva
leccin filosfica wittgensteiniana. Pero es igualmente innegable que detrs de esos
hechos se mantuvo una vinculacin de respeto mutuo que nunca feneci. Por
consiguiente, cualquier intento por dar cuenta de la relacin entre estos dos grandes
filsofos que no rescate este ltimo aspecto mencionado estar inevitablemente
falseando los hechos.

A decir verdad, stos empezaron desde muy pronto a verse alterados o, para
ser ms precisos, desde muy pronto despus de la muerte de Wittgenstein, en 1951.
Un claro ejemplo de ello nos lo proporciona la cuestin, casi balad, de a quin
conoci primero Wittgenstein, si a Russell o a Frege. La versin oficial, propagada
por el Prof. G. H von Wright
8
y aceptada como dogma teolgico por prcticamente
todo mundo es la siguiente:

durante su estancia en Manchester, Wittgenstein habra empezado a
interesarse en los temas de fundamentacin de las matemticas, habra ledo el libro
de Russell, Los Principios de las Matemticas, lo cual lo habra inspirado para ir a
J ena a visitar a Frege (dado a conocer por primera vez en lengua inglesa por Russell)
y a preguntarle a ste con quin poda trabajar sobre los temas abordados en el libro
(!) Aparentemente, Frege le habra recomendado regresar a Inglaterra e ir a estudiar
con Russell. As, el itinerario de Wittgenstein habra sido Manchester-J ena-
Cambridge. Desde luego que ello no es lgicamente imposible, pero como
reconfiguracin de hechos es prima facie un tanto implausible, por no decir
descabellado. Esta que es la versin difundida por von Wright y, como dije,
aceptada casi universalmente, se apoya en una afirmacin del propio von Wright, a
saber, que Wittgenstein le habra comunicado a l verbalmente que as haban
pasado las cosas. El Prof. von Wright extrae de inmediato la conclusin de que muy
probablemente Russell estaba equivocado al afirmar lo contrario.

7
K. T. Fann (ed), Ludwig Wittgenstein. The Man and His Philosophy, New J ersey, Humanities Press, 1967, p.
31.
8
G.H. von Wright, Wittgenstein. A Biographical Sketch en Ludwig Wittgenstein. A Memoir de N. Malcolm
Oxford/New York, Oxford University Press, 1984, p. 6.
6

La situacin es problemtica, porque l nico testigo de los hechos, esto es,
Russell, un apasionado de la narrativa histrica l mismo, sostiene exactamente lo
contrario de lo que von Wright afirma y, por lo tanto, con el mismo derecho se
puede defender la idea de que o fue Wittgenstein quien se equivoc al hablar de algo
que haba sucedido 40 aos antes o que fue von Wright quien entendi mal lo que
Wittgenstein le haba contado. En todo caso, tambin Russell enfticamente afirma
que Wittgenstein le haba confiado que l todava no se haba encontrado con Frege
cuando ellos se conocieron. Escribe Russell hablando de Wittgenstein:

Progres muy rpidamente en lgica matemtica y pronto saba todo lo que
tena que ensearle. Todava no, pienso, conoca a Frege en aquella poca,
pero lo lea y lo admiraba enormemente.
9


Si Russell tiene razn, el trayecto de Wittgenstein habra sido Manchester-
Cambridge-J ena, el cual a primera vista por lo menos es mucho ms razonable.
Pero entonces por qu tuvo tanto xito y fue aceptada de manera tan acrtica la
versin de von Wright? Lo que sucede es que sta encajaba a la perfeccin con el
esfuerzo que se hizo durante mucho tiempo por acercar a Wittgenstein con Frege en
detrimento de Russell y a desligarlo de este ltimo hasta donde fuera posible. La
verdad es que la cuestin de a quin conoci primero Wittgenstein, si a Russell o a
Frege, en el fondo no tiene mayor importancia, pero sirve para ilustrar nuestra tesis
de la incomprensin generalizada de su relacin. Para intentar zanjar el asunto,
rpidamente delinear lo que creo que es la resolucin del enredo que, a final de
cuentas, es muy simple. En mi opinin, lo que pas fue lo siguiente:

Wittgenstein se familiariz con una temtica para l nueva a travs del libro
de Russell, Los Principios de las Matemticas, pero este ltimo automticamente lo
puso en contacto con la obra de Frege (Apendice A del libro). A Wittgenstein,
naturalmente, le resultaba mucho ms fcil por aquella poca ponerse en contacto
para inquirir sobre estos temas con un experto alemn que con uno ingls y procedi
en concordancia: se puso en contacto epistolarmente con Frege y ciertamente fue
ste quien le recomend, puesto que ya estaba en Inglaterra, que fuera a trabajar con
Bertrand Russell, que fue precisamente lo que Wittgenstein hizo. Se resuelve as el
misterio y se concilian las dos versiones: es cierto, como sostiene von Wright, que
Wittgenstein conoci primero a Frege que a Russell slo que por carta, y es cierto,
como lo seala Russell, que lo conoci a l primero, personalmente. Si esta
reconstruccin es acertada, mucho de lo que se ha escrito sobre la influencia en
Wittgenstein de Frege y de Russell, sus empatas, coincidencias y divergencias,
sencillamente se derrumba.


9
B. Russell, Memoirs of Wittgenstein en Fann, op. cit., p. 30.
7
En realidad, todo el material bibliogrfico asequible ha sido cuidadosamente
estudiado tanto por bigrafos como por filsofos profesionales que se han sentido
atrados por el tema de las relaciones RussellWittgenstein, pero es claro que
algunas cosas en general se les han escapado. Hay ocasiones en que Russell y
Wittgenstein se expresan, por as decirlo, sibilinamente y hay entonces que leer entre
lneas para entender que se estn refiriendo uno al otro. En general, yo sostengo que,
con la excepcin de lo explcitamente defendido en el Tractatus, la mejor receta para
comprender el sentido de multitud de pronunciamientos wittgensteinianos es
familiarizarse previamente con lo que Russell sostiene sobre los temas que
Wittgenstein va abordando. No sera difcil apuntar a mltiples reflexiones de este
ltimo cuyo blanco son tesis de Russell, ya sea sobre sense-data y la privacidad de
la experiencia, sobre la forma lgica y la gramtica en profundidad, sobre las
reducciones logicistas y la naturaleza de las matemticas o sobre cualquier otro de
los grandes temas de filosofa de la mente, del lenguaje, de la lgica, de teora del
conocimiento, etc., que ocuparon la mente de Russell. Esto concuerda con lo que de
alguna manera he venido sosteniendo, a saber, que (aparte de Frege) el nico
interlocutor real de Wittgenstein fue bsicamente Russell. Esto es relativamente fcil
de percibir desde el Tractatus hasta On Certainty. Pero pasa lo mismo con Russell?
Realmente estuvo Wittgenstein siempre presente en sus escritos? Intentar poner en
claro esto que es un asunto a la vez interesante y polmico.

Empecemos con cuestiones de orden personal. Es bien sabido que, como
parte de su campaa pacifista durante la Primera Guerra Mundial, Russell dio una
serie de conferencias que quedaron recogidas en un extraordinario texto, a saber,
Principles of Social Reconstruction. Es este un libro injustamente desdeado, el cual
contiene las simientes de toda una teora del estado, de una concepcin original de
las dimensiones de la vida humana (instintiva, mental y espiritual) y de lo que es la
realizacin completa del ser humano. Es tambin un libro de protesta en contra de la
guerra, pero en especial de la guerra que en ese momento se libraba. Por qu?
Todos sabemos, por las famosas conferencias sobre el atomismo lgico que Russell
impartiera dos aos despus, durante las cuales l explcitamente reconocera la
paternidad de Wittgenstein de muchas de las ideas que all expone, cun agradecido
estaba l con su antiguo ex-alumno austriaco y de qu manera lo haba ste
impactado. Russell, siendo como era, no siempre y no fcilmente dejaba traslucir su
estado emocional, pero en Principles, que es un libro de una prosa esplndida, casi
potica, ya no se contiene y en el ltimo prrafo del ltimo captulo, Lo que
Podemos Hacer, para cerrar el libro, da rienda suelta su emocin y a su enojo, en
un texto que vale la pena reproducir. Afirma Russell:

Como maestro, he tenido la buena fortuna de entrar en contacto con jvenes
de muy diferentes naciones con jvenes en quienes la esperanza estaba
viva, en quienes la energa creativa que exista habra realizado en el mundo
alguna parte al menos de la belleza imaginada por la cual vivieron. Fueron
8
barridos por la guerra, unos de un lado, otros de otro. Algunos todava estn
peleando, algunos quedaron lisiados de por vida, otros estn muertos; de
aquellos que sobrevivan ha de temerse que muchos habrn perdido la vida del
espritu. Que la esperanza habr muerto, que la energa se habr desgastado y
que los aos por venir sern slo un tedioso viaje hacia la tumba. De toda esta
tragedia, no pocos de quienes ensean parecen no tener ningn sentimiento:
con implacable lgica demuestran que estos jvenes fueron inevitablemente
sacrificados en aras de algn fin framente abstracto; imperturbables ellos
mismos, despus de un momentneo asalto del sentimiento, rpidamente
recaen en la comodidad. En hombres as, la vida del espritu est muerta. Si
estuviera viva, saldra para encontrar el espritu en el joven, con un amor tan
conmovedor como el amor del padre o de la madre. No tendra la conciencia
de los lmites del yo: su tragedia sera tambin la propia. Algo rompera en
llanto: No, esto no est bien; esto no es bueno, esto no es una causa sagrada,
en la que la brillantez del joven quede destruida y disminuida. Somos
nosotros, los viejos, quienes pecamos; enviamos a estos jvenes al campo de
batalla por nuestras malas pasiones, nuestro espritu muerto, nuestro fracaso
en vivir generosamente por la calidez del corazn y de la visin viviente del
espritu. Salgamos de esta muerte, porque somos nosotros los que estamos
muertos, no los jvenes que murieron a travs de nuestro miedo a la vida. Sus
mismos fantasmas tienen ms vida que nosotros: ellos nos retienen para
siempre en la vergenza y en la deshonra para todas las edades por venir. De
sus fantasmas tiene que venir la vida y es a nosotros a quienes deben ellos
vivificar.
10


Hay en este texto por lo menos cinco alusiones veladas a Wittgenstein de
quien en ese momento Russell guarda un bello y angustioso recuerdo pues, entre
otras cosas, no sabe si aquel joven impetuoso a quien haba enseado todo lo que l
saba de lgica y de quien se haba nutrido filosficamente como de nadie, haba
fallecido o estaba todava vivo. El texto claramente deja traslucir el sentimiento casi
paternal de Russell por Wittgenstein, esto es, por aquel hombre joven que sola
irrumpir intempestivamente en sus habitaciones en Trinity College para caminar
durante horas sin decir una palabra, pensando en la lgica y en sus pecados, como
Russell mismo lo reporta. Lo que yo sostengo es simplemente que esa relacin tan
inusual era tan slida que perdur, inclusive si se fue lentamente modificando y
diluyendo. Quien no entiende eso no comprende cabalmente la clase de relacin que
los uni.

Por razones ms bien obvias, Russell no era un pensador muy inclinado a
citar a otros. Dejando de lado sus obras de carcter expositivo e histrico, como su
reconstruccin de las ideas de Frege, su libro sobre Leibniz o su Historia de la

10
B. Russell , Principles of Social Reconstruction, London, Allen and Unwin, 1971, pp. 170-71.
9
Filosofa Occidental, Russell rara vez alude a otros pensadores. En algn artculo
polemiza con C. Hempel, tiene alguna alusin a A. Tarski, cita ocasionalmente a A.
N. Whitehead y a alguno que otro ms. Rudolf Carnap es quiz el filsofo ms
citado por Russell. Ahora bien, quien, para bien o para mal, explcita e
implcitamente est presente en su obra es Wittgenstein. Ms an: me atrevo a
afirmar que Russell tiene un libro consagrado al pensamiento de Wittgenstein. Cul
es ese libro y por qu lo escribi Russell es algo que, creo, puede explicarse.

Durante su gran periodo de aprendizaje inicial y posterior colaboracin, hasta
antes de la Primera Guerra Mundial, Wittgenstein y Russell compartieron un
proyecto filosfico del cual, muy a grandes rasgos, Russell sent las bases y
Wittgenstein le dio su formulacin ltima, por no decir perfecta. Me refiero, claro
est, a lo que podramos denominar aqu y ahora para efectos de exposicin el
proyecto del atomismo lgico. Si bien es cierto que Wittgenstein rechaza diversas
teoras fundamentales al sistema atomista-lgico russelliano (la Teora de los Tipos
Lgicos, la idea de un meta-lenguaje legtimo, etc.), tambin lo es que Wittgenstein
desarrolla la visin atomista del mundo y el lenguaje hasta sus ltimas
consecuencias. En el Tractatus est contenida una filosofa cuya construccin
ciertamente haba sido iniciada por Russell, pero que alcanza su formulacin radical
en el libro de Wittgenstein. Ahora bien, muchos de los puntos de vista de la nueva
filosofa que Wittgenstein aportaba, como por ejemplo la idea de que las verdades de
la lgica eran tautologas, eran tan aclaratorias y tan contundentes que Russell con
gusto las hizo suyas. Sin embargo, haba otras, como la crtica wittgensteiniana de la
identidad o su doctrina de lo que no puede ser expresado en el lenguaje, que para
Russell eran inaceptables. Ahora bien, despus de un breve periodo de ausencia de
los escenarios filosficos, Wittgenstein regres a la filosofa y sigui su propio
derrotero, desarrollando as una nueva forma de hacer filosofa. Russell, en cambio,
qued como hipnotizado por el Tractatus, motivado por un deseo ardiente de
responder a los retos que para l ese texto incorporaba. Russell trabaj en ello y al
cabo de 20 aos pudo tener lista, independientemente de si es exitosa o no, lo que
sera su respuesta final al Tractatus. Dicha respuesta es su libro, aparecido en 1941,
An Inquiry into Meaning and Truth. Slo como una respuesta a las dudas e
inconformidades que quedaron de aquella memorable semana en la que ambos
discutieron el manuscrito de Wittgenstein en La Haya, cuando se reencontraron una
vez terminada la Primera Guerra Mundial y habiendo sido Wittgenstein liberado,
que puede comprenderse cabalmente ese libro de Russell. Estamos hablando de un
libro publicado veinte aos despus. No es nada fcil encontrar una mejor muestra
de relacin filosfica real y vigente entre dos grandes filsofos.

Es menester notar, como una curiosidad un tanto incongruente, que en el libro
recin mencionado Russell sigue discutiendo con el autor del Tractatus cuando en
realidad ste ya se encontraba en una fase superior de su desarrollo filosfico. Su
influencia en el mundo filosfico ingls, sin embargo, se dejaba sentir con fuerza a
10
travs sobre todo de algunos de sus discpulos, los cuales eran connotados filsofos.
Por obvias razones, entre las cuales habra que mencionar el hecho de que en varias
ocasiones se le haba pedido que emitiera dictmenes sobre los nuevos escritos de
Wittgenstein, Russell no poda ser indiferente al desarrollo filosfico
wittgensteiniano, del cual l tena un conocimiento de primera mano. Y esto es algo
que se puede vagamente vislumbrar en el libro mencionado. Por ejemplo, al ofrecer
su caracterizacin de lo que es una palabra, Russell se refiere a ellas como formando
familias y aade en una nota Le debo esta forma de exponer el asunto a
Wittgenstein. O sea, Wittgenstein ya haba puesto en circulacin su importante
nocin de semejanzas de familia, gracias a la cual puede desplegar un destructivo
ataque sobre el esencialismo tradicional, y Russell retoma su nocin, si bien la
verdad es que no sabe realmente qu hacer con ella. Pero esto ltimo es irrelevante
para nosotros. Lo que s es importante es que datos como ese ponen de manifiesto el
hecho de que hasta los inicios de la Segunda Guerra Mundial, Russell estuvo en
contacto permanente con Wittgenstein, aunque obviamente no como antao lo
haban estado, en parte por razones ajenas a sus voluntades. Para empezar, Russell
haba sido expulsado de la Universidad de Cambridge, en la cual fue readmitido slo
muchos aos despus. Tambin cuenta el hecho de que por aquellos tiempos Russell
tena una familia que lo absorba totalmente, un proyecto de escuela que exiga
dedicacin, tiempo y esfuerzos de diversa ndole y todo ello lo alejaba de la vida
acadmica, en la cual Wittgenstein estaba inmerso. A pesar de todo, la relacin entre
ellos se mantena y segua siendo de mutuo respeto.

Dije ms arriba que el verdadero distanciamiento, el distanciamiento
definitivo entre Russell y Wittgenstein se produjo propiamente hablando despus del
regreso de Russell de los Estados Unidos, esto es, a partir de 1944. Podra pensarse
que ms de 4 aos de ausencia bastan para explicar dicho distanciamiento, pero ello
no es as ms que en el caso de relaciones superficiales. La verdad es otra. Russell
regres de los Estados Unidos despus de haber padecido toda una serie de
vicisitudes y de experiencias desafortunadas, pero tambin despus de haber estado
viviendo en la seguridad que daba el estar lejos de los bombardeos, las privaciones y
los peligros que acarrean conflictos blicos como la Segunda Guerra Mundial.
Independientemente de que su estancia en los Estados Unidos haya sido casi forzada
por los acontecimientos, para muchos esa situacin de privilegio lo volva
sospechoso y le restaba autoridad moral, un rea en donde Wittgenstein era
particularmente intransigente. Pero eso no es todo: tambin cuenta el hecho de que
cuando Russell regres la atmsfera filosfica en Cambridge estaba totalmente
dominada por Wittgenstein y a Russell se le depar una acogida inusitadamente fra
y hasta hostil.
11
El efecto no se hizo esperar: muy rpidamente Russell sinti que era
un extrao en su propia tierra. Con todo, ello no hubiera bastado para generar entre

11
Est, por ejemplo, la muy severa resea de su libro Human Knowledge: its scope and limits por parte de
uno de los discpulos ms destacados de Wittgenstein y ms cercanos a l, a saber, Norman Malcolm.
11
l y Wittgenstein el rompimiento que efectivamente se produjo. Pero entonces qu
caus el distanciamiento definitivo entre ellos? Dejando de lado divergencias
filosficas, la verdadera razn de su enemistad hacia el final de la vida de
Wittgenstein fue sobre todo de carcter poltico. En efecto, por una parte Russell se
convirti (durante un periodo relativamente breve) en un paladn del anti-
sovietismo, al grado de proponer en una carta un chantaje nuclear a la Unin
Sovitica si sta no abandonaba sus esfuerzos por construir lo que sera su primera
bomba atmica. La carta en cuestin era ciertamente privada, pero el primer
ministro ingls de la poca, que es a quien Russell se la haba dirigido, le pidi
permiso para publicarla y Russell accedi. Entonces todo el mundo se enter de que
el gran lder de opinin, el gran humanista Bertrand Russell aconsejaba que se
amenazara con un bombardeo atmico a la Unin Sovitica si sta no aceptaba las
condiciones que bsicamente los Estados Unidos queran imponerle. Esto era algo
frente a lo cual por muchas razones Wittgenstein no poda ser indiferente. Fue, pues,
el papel poltico pblico que Russell durante algn tiempo desempe lo que
Wittgenstein repudi. Manuel Sacristn ha expuesto de manera sucinta y clara el rol
desempeado por Russell a mediados del siglo pasado. Escribe Sacristn: Superada
la fase ms aguda de la crisis mundial, la produccin poltica de Russell entra en un
periodo de intensa polmica anticomunista vulgar, aunque con ocasionales
afirmaciones de socialismo incluso en este periodo.
12
Russell, que era una figura
pblica de renombre, lleg a fotografiarse vestido con el uniforme del ejrcito
norteamericano. Para muchos esto era sencillamente imperdonable.

Obviamente, la nueva postura poltica de Russell resultaba para Wittgenstein
declaradamente inaceptable. Tal vez no podamos aceptar la muy sugerente tesis de
Kimberly Cornish quien en su interesante libro, The Jew of Linz,
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insina ms que
sostiene que Wittgenstein era la cabeza del famoso grupo de espas de Cambridge,
esto es, los espas que finalmente lograron traspasarle a la Unin Sovitica los
secretos de la bomba atmica. Empero, inclusive si rechazamos esa tesis, lo que es
incuestionable es que Wittgenstein se haba radicalizado y que era un hombre de lo
que en aquellos tiempos era ser de izquierda. De hecho l haba intentado
quedarse a vivir en la Unin Sovitica y, por diversas razones, haba tenido que
desistir de su empeo. De lo que no hay dudas es de la direccin en la que se movan
sus simpatas polticas. Y todo esto nos permite ofrecer un diagnstico claro en
relacin con el enfriamiento definitivo de la relacin entre Russell y Wittgenstein:
finalmente, fue un distanciamiento poltico lo que, drstica y definitivamente, los
separ. Y esto es perfectamente comprensible: ambos eran personas que se tomaban
muy en serio las ideas y las posiciones polticas. En ese terreno, como en el de la
moralidad, ambos eran individuos de una integridad inusuales y, evidentemente, en
este contexto ninguno de los dos estaba dispuesto a hacer concesiones.

12
M. Sacristn, Eplogo en Russell de A. J . Ayer, Barcelona, Ediciones Grijalbo, 1973, pp. 166-67.
13
K. Cornish, The Jew of Linz. Wittgenstein, Hitler and Their Secret Battle for the Mind, Reading, Arrow
Books Limited, 1999.
12

Russell sobrevivi 18 aos a la muerte de Wittgenstein, periodo durante el
cual se volvi a producir una segunda paradoja de Russell. Leal a sus
convicciones y a sus valores, Russell se fue perfilando cada vez ms como un
autntico intelectual, es decir, no como lo que A. Gramsci con desdn llamaba un
intelectual orgnico. Eso lo llev a enfrentamientos cada vez mayores con el
status quo, pues se fue paulatinamente convirtiendo en un crtico muy incmodo del
gobierno norteamericano y de su guerra en Vietnam, en contra de la cual termin
organizando el Tribunal Russell, el ahora famoso Tribunal de Estocolmo, el cual
analiz, juzg y conden la poltica criminal del gobierno americano en Vietnam.
Para nuestros efectos, la paradoja de la que habl y que es puramente imaginaria
consiste en lo siguiente: en los ltimos aos de su vida Russell fue retomando
posiciones progresistas, anti-capitalistas y anti-imperialistas, con lo cual se fue
acercando poco a poco a posiciones polticas cada vez ms cercanas a las de
Wittgenstein. Esto nos permite especular que de haber estado Wittgenstein vivo
durante la ltima etapa de la vida de Russell, la conducta sin duda valiente y honesta
de este ltimo los hubiera vuelto a acercar para retomar y proseguir as lo que sin
duda fue uno de los dilogos filosficos ms fructferos y bellos de la historia.

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