Gastritis
Gastritis
Un plan nutricional para alguien con gastritis debería incluir comidas pequeñas y frecuentes, evitando alimentos irritantes. Se aconseja consumir carnes magras como pollo y ternera cocidas, pescados al vapor, frutas no cítricas como manzanas y peras en compota, sopas de verduras suaves, y productos lácteos bajos en grasas. Es crucial evitar especias, café, alcohol, y alimentos grasos como frituras y embutidos. También se recomienda mantener una buena hidratación con agua y tés como manzanilla.
Una dieta blanca está recomendada para personas con gastritis debido a su bajo contenido en irritantes y grasas, lo que ayuda a minimizar la secreción de ácidos gástricos y reducir la irritación de la mucosa del estómago. Alimentos blandos y poco condimentados facilitan la digestión y permiten que la mucosa gástrica se recupere más eficazmente de la inflamación. Además, evita productos como el alcohol, el café, y las frituras que pueden exacerbar los síntomas de la gastritis.
Una gastritis no tratada puede progresar a complicaciones severas como el reflujo gastroesofágico, úlceras gástricas, y en casos extremos, cáncer gástrico. Puede afectar la absorción de nutrientes, provocando deficiencias como la anemia por falta de vitamina B12. Los daños continuos en la mucosa gástrica pueden deteriorar la calidad de vida del individuo debido al dolor constante y las hemorragias, y al potencial desarrollo de complicaciones más peligrosas.
El consumo excesivo y prolongado de medicamentos antiinflamatorios está relacionado con la aparición de gastritis erosiva crónica. Estos fármacos pueden irritar la mucosa del estómago, debilitando las defensas del revestimiento gástrico y contribuyendo a la erosión e inflamación de la mucosa, lo que caracteriza esta variante de gastritis.
En la gastritis atrófica, el sistema inmunológico produce autoanticuerpos que atacan las células del revestimiento estomacal, especialmente aquellas que producen ácido y enzimas digestivas. Esto lleva a la pérdida progresiva de estas células, adelgazando la mucosa gástrica y disminuyendo la producción de ácido clorhídrico y enzimas. Esta destrucción celular contribuye a la mala absorción de nutrientes, incluyendo la vitamina B12, y aumenta el riesgo de desarrollo de anomalías celulares que pueden llevar a neoplasias gástricas.
Los tipos de gastritis incluyen la bacteriana, resultante de la infección por Helicobater pylori; erosiva crónica, causada por el consumo de medicamentos y alimentos irritantes; eosinofílica, debida a reacciones alérgicas; atrófica, relacionada con reacciones autoinmunes; enfermedad de Ménétrier de origen desconocido con características morfológicas distintivas; y por células plasmáticas, también de causa desconocida. Las principales causas comunes a varias formas incluyen el consumo de alcohol, tabaco, alimentos irritantes y medicamentos antiinflamatorios.
La infección por Helicobater pylori provoca una inflamación sostenida de la mucosa gástrica, lo cual puede inicialmente presentarse como gastritis. Si no es tratada, esta condición puede progresar al desarrollo de úlceras gástricas debido al daño persistente del revestimiento del estómago. En casos crónicos, la infección puede conducir a condiciones aún más severas como el cáncer gástrico, dado que la inflamación prolongada puede desencadenar cambios precancerosos en las células de la mucosa gástrica.
La enfermedad de Ménétrier se caracteriza por el engrosamiento de la mucosa gástrica y la formación de quistes, lo que puede llevar a la displasia de las células del estómago. La displasia aumenta el riesgo de transformación maligna, ya que las células con cambios anormales pueden acumular más mutaciones que desencadenen carcinogénesis. Hasta el 10% de los individuos con esta enfermedad desarrollan cáncer gástrico, reflejando la importancia de monitoreo y tratamiento precoz.
La gastritis eosinofílica está relacionada con reacciones alérgicas e infestaciones porque presenta acumulación de eosinófilos en el revestimiento gástrico. Los eosinófilos son células que participan en respuestas inmunitarias, especialmente en reacciones alérgicas y parasitarias. Cuando se presenta una infestación o una reacción alérgica, el cuerpo recluta eosinófilos para combatir los alérgenos o parásitos, lo que puede resultar en la inflamación de la mucosa gástrica.
El estrés y los hábitos alimenticios irregulares contribuyen al desarrollo de gastritis al alterar el equilibrio del sistema digestivo. El estrés crónico puede aumentar la producción de ácido gástrico, lo que puede irritar la mucosa estomacal y promover la inflamación. Por otro lado, hábitos alimenticios irregulares, como comer en exceso o consumir alimentos muy condimentados, afectan la digestión y pueden dañar la barrera protectora del estómago, facilitando el desarrollo de gastritis.