Republica.
com De la sucesin en la Corona de Espaa Jos Luis Manzanares
Publicado el 26-04-2010
La Delegacin de la Grandeza de Espaa ha salido al paso de un supuesto movimiento para que la princesa Da. Elena ocupe el primer puesto en la sucesin a la Corona. Le correspondera conforme a una primogenitura no alterada por razn del sexo. Ciertamente, el artculo 57 de la Constitucin, tras declarar que la Corona de Espaa es hereditaria en los sucesores de SM Don Juan Carlos, da preferencia al varn sobre la mujer dentro de un mismo grado de parentesco, lo que en un primer momento hizo recaer la dignidad de Prncipe de Asturias en Don Felipe de Borbn.
La propia Monarqua es una excepcin al principio de igualdad por razn de nacimiento que el artculo 14 de la Constitucin proclama. Y algo semejante ocurre con esta otra singularidad en relacin con la igualdad de sexos. Cada pueblo es muy libre de elegir entre una u otra forma de Gobierno Monarqua o Repblica- y regular la sucesin en aquellas como considere ms conveniente para los intereses nacionales.
El problema es que en los treinta y dos aos transcurridos desde la promulgacin de nuestra Carta Magna han cambiado muchas cosas, entre ellas la percepcin de lo que debe ser la efectiva igualdad de sexos. Hoy la prevalencia del varn en el acceso al trono queda en entredicho. No tiene mucho sentido llevar la igualdad a todos los rincones del ordenamiento jurdico pero mantener la discriminacin en nuestra Ley de Leyes. Parece que tambin su regulacin en esta materia habra de ser un ejemplo. Chocan las consideraciones generales y la opcin espaola respecto al orden sucesorio en una institucin milenaria.
No creo que la declaracin de la Delegacin de la Grandeza haya sido muy oportuna si lo que se defiende es mantener la preferencia del prncipe Don Felipe. El debate se suscit cuando aos atrs se plante la reforma de la Constitucin en algunas cuestiones sin relacin alguna con la Corona, pero se apag una vez emitido el informe del Consejo de Estado.
En todo caso, no cabe argumentar con la irretroactividad de cualquier reforma. El argumento no resiste la menor crtica. Aqu no hay derechos adquiridos. Si el pueblo espaol puede
modificar la Constitucin, siguiendo sus propias previsiones, incluso para introducir la Repblica, con ms razn podr alterar el rgimen sucesorio de su Monarqua.
La polmica con la que est cayendo- dista mucho de ser de actualidad. Hasta las organizaciones feministas ms radicales guardan, como el Ministerio de Igualdad, un silencio atronador. Valga el ejemplo de oxmoron con que nuestro Diccionario de la Real Academia ilustra su nuevo vocablo.