X RIIFrontera
X RIIFrontera
La Frontera
Una Nueva Concepcin Cultural
Memorias de la X Reunin Internacional
Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento bola de sebo
Instituciones organizadoras
D.R. Universidad Autnoma de Baja California Centro de Investigaciones Culturales-Museo. Av. Reforma y calle L, colonia Nueva, 21100 Mexicali, B. C., Mxico. Correo electrnico: [email protected] Telfonos: (01-686) 554-19-77 y 552-57-15. www.cicmuseo.com
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Presentacin ................................................................................................................................................... 11
LAS HUMANIDADES DESDE LAS FRONTERAS............................................................................. Los humanistas: Los orgenes y el debate de las interpretaciones entre la modernidad y la posmodernidad .................................................................................................. Marcela Mungaray Lagarda (Universidad Autnoma de Baja California) Las humanidades en la educacin como condicin esencial de la transformacin cualitativa de las fronteras culturales ....................................................................... Elvia Mndez Fregozo (Universidad Autnoma de Baja California) Las fronteras del humanismo y el humanismo de frontera: la construccin discursiva entre el espacio, la ideologa, la cultura y la identidad ................................ Guadalupe Bejarle Pano (Universidad Autnoma de Baja California) Visin de la cultura en Tijuana y su vnculo con las humanidades ......................................................... Glery Cruz Coutio (Universidad Autnoma de Baja California) La escuela en Mxico desde la diversidad del contexto fronterizo ......................................................... Mara Celina Aguirre Ibarra (Universidad Iberoamericana Tijuana) y Enrique Mata Gonzlez (UPN Unidad Mexicali) El fin de las fronteras en el arte (y su comprensin hermenutica) ........................................................ Roberto Snchez Bentez (Universidad Michoacana, Mxico) Medios de difusin, sociedad y educacin ................................................................................................ Mara Teresa Bermdez, Manuel Ortiz Marn, Victoria Santilln Briceo y Esperanza Viloria (Universidad Autnoma de Baja California) LA FRONTERA COMO CATEGORA DE ANLISIS SOCIOCULTURAL ................................. Mirar la frontera desde la cultura ................................................................................................................. Luz Mara Ortega Villa (Universidad Autnoma de Baja California) Trasponiendo las fronteras de la tradicin: El culto al Divino Nio ...................................................... Luis A. Vrguez Pasos (Universidad Autnoma de Yucatn) Cruzando fronteras para el desarrollo comunitario: Programa de desarrollo social UABC-Ensenada ....................................................................................... Luca Coral Aguirre Muoz (Universidad Autnoma de Baja California) y Michael Winkelman (Arizona State University) Frontera: muro divisorio o tejido de relaciones? .................................................................................... Nicole Diesbach Rochefort (Universidad Autnoma de Baja California) 13 15
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Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento bola de sebo
Nacionalidad doble chapa. Identidad de frontera: Rivera (Uruguay)-Sant Ana Do Livramento (Brasil) .................................................................................. 89 Gladys Teresa Bentancor Ross (CERP/Norte-Uruguay) y Adriana Dorfman (UFRGS/UFSC-Brasil) La frontera como eje conceptual bsico para el desarrollo de una lnea de investigacin en comunicacin intercultural ......................................................................................... 99 Marta Rizo Garca y Vivian Romeu Aldaya (Universidad Autnoma de la Ciudad de Mxico)
HISTORIA Y FRONTERA: PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIN ........................................... 109 Los centros histricos de Baja California: Fronteras entre el pasado y el presente ............................. 111 Antonio Padilla Corona (Universidad Autnoma de Baja California) Los primeros tres gobernadores de Venezuela (1528-1542) ................................................................... 117 Peter Horwath (Arizona State University) Las cuencas internacionales como factor de conflicto, desarrollo y estabilidad en la relacin Mxico-Estados Unidos ...................................................................................................... 125 Marco Antonio Samaniego Lpez (Universidad Autnoma de Baja California) La vivienda tradicional de madera en Ensenada 1882-1930. Tan lejos de Mxico, tan cerca de Estados Unidos ................................................................................. 139 Claudia M. Caldern Aguilera y Armando Alcntara Lomel (Universidad de Colima) El poblamiento de Baja California y la influencia de la poltica de poblacin del periodo cardenista......................................................................................................... 151 Norma del Carmen Cruz Gonzlez (Universidad Autnoma de Baja California) The Yuman Territory and Territoriality. Transformations and Threats............................................... 161 Everardo Garduo (Universidad Autnoma de Baja California) FRONTERA SUR: COYUNTURA Y PROCESOS ............................................................................. Migraciones y seguridad en la frontera Sur .............................................................................................. Daniel Villafuerte Sols (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas) Migracin y religin en la frontera sur del norte de Mxico. Las modulaciones del campo religioso ..................................................................................................... Mara del Carmen Garca Aguilar, Alain Basail Rodrguez y Daniel Villafuerte Sols (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas) Msica, territorialidad y globalizacin en la frontera sur ........................................................................ Martn de la Cruz Lpez Moya (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas) Los rostros de la migracin en la frontera sur: El caso de las mujeres de Chiapas y Centroamrica ................................................................................ Mara del Carmen Garca y Mercedes Olivera (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas) Migraciones indgenas y cambio sociocultural en Chiapas: Una mirada histrica y perspectivas ........................................................................................................... Jorge Ignacio Angulo Barredo (Instituto de Estudios Indgenas de la UNACH) 171 173
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IDENTIDADES Y FRONTERAS DE LAS RELACIONES SOCIALES ......................................... 227 Identidades en las fronteras de la globalizacin ....................................................................................... 229 Eva Reichholf (Universidad Autnoma de Baja California Sur)
La cuestin identitaria y la crisis del posmodernismo: El laisser-faire frente a los movimientos milenaristas y el mesianismo axiolgico .............................. 237 Rafael Resndiz Ramrez (Seminario Diocesano de Mexicali) Identidad como concepto y categora de frontera ................................................................................... 245 Rafael Ernesto Snchez Surez (Universidad Nacional Autnoma de Mxico) Influencia sociocultural de la msica hip hop en los jvenes de la sociedad pacea ......................... 255 Daniela Dibene Meza, Anglica Julieta Terrazas Cedillo y Juan Pablo Flores Meza (Universidad Autnoma de Baja California Sur)
POBREZA, MIGRACIN Y GNERO ................................................................................................. 261 El discurso cultural de raza y gnero en la frontera ................................................................................. 263 Mara del Consuelo Lpez Armburo (San Diego City College) Procesos de trabajo y reproduccin social de las mujeres jornaleras agrcolas en los cultivos de hortalizas de exportacin. El caso del valle de Mexicali ......................................... 273 Mercedes Gema Lpez Limn (Universidad Autnoma de Baja California) Hroes o villanos. Imaginarios de la masculinidad y la violencia en zonas de contacto cultural .............................................................................................. 285 Lidia Alejandra Surez Snchez (Estudiante del Doctorado interinstitucional en Ciencias Sociales UAS-UABC-UNISON-CIAD) Diferencias en nivel de vida y bienestar segn gnero del jefe de hogar en Mexicali, B.C. (2004) ............................................................................................... 295 Agustn Sndez Prez y Lya M. Nio Contreras (Universidad Autnoma de Baja California) Mecanismos institucionales, ejercicio del poder y acceso a la toma de decisiones en Mxico y los gobiernos subnacionales ....................................................... 305 Blanca Olivia Pea Molina (Universidad Autnoma de Baja California Sur) Como que no somos personas. Discriminacin y derechos humanos entre las mujeres indias .......................................................................................... 323 Lourdes C. Pacheco Ladrn de Guevara (Universidad Autnoma de Nayarit) RIESGO, VULNERABILIDAD, SALUD Y FRONTERA .................................................................. La obesidad infantil y la personalidad de la madre ................................................................................. Sandra Guadalupe Aispuro Flores (Universidad Autnoma de Baja California) La salud del estudiante universitario: El caso de la Facultad de Ciencias Humanas ........................... Marco Antonio Villa Vargas (Universidad Autnoma Baja California) Casos de anencefalia en Baja California .................................................................................................... Silvia Leticia Figueroa Ramrez (Universidad Autnoma de Baja California) Situacin de salud y percepcin de la calidad en la atencin medica en las comunidades cucap ........................................................................................................................ Lourdes Camarena (Universidad Autnoma de Baja California) y Christine A. von Glascoe (El Colegio de la Frontera Norte) Mercadotecnia transfronteriza de servicios de salud en Tijuana ............................................................ Jose G. Vargas-Hernndez (Instituto Tecnolgico de Ciudad Guzmn) 331 333 339 357
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POR DEBAJO DE LA MESA, LAS FRONTERAS DE LA OTREDAD ........................................ 381 Una reflexin sobre las formas de redefinicin del gnero en ambientes laborales en frontera ........................................................................................................... 383 Marlene Sols Prez (El Colegio de la Frontera Norte)
Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento bola de sebo
Consideraciones acerca del origen de la sociologa de la religin en Baja California. Una resea personal ........................................................................... 391 Jos Luis Molina Hernndez y Martha Eugenia Gutirrez de la Rosa (Universidad Pedaggica Nacional) Menores migrantes: La migracin emergente. El caso de los menores migrantes deportados por la garita Calxico-Mexicali .............................................................................................. 397 Mara Magdalena Fuentes Camarena (Universidad Autnoma de Baja California) La novela como gnero literario creador de una nueva subjetividad. Don Quijote como ejemplo ...................................................................................................................... 407 Juan lvarez-Cienfuegos Fidalgo (Universidad Michoacana de San Nicols de Hidalgo)
ENTORNOS FRONTERIZOS Y SEGURIDAD PBLICA .............................................................. Suicidio en la frontera norte de Mxico .................................................................................................. Elsa de Jess Hernndez Fuentes (Universidad Autnoma de Baja California) Las calaveras del terror ................................................................................................................................ Enrique Priego Mendoza (Universidad Autnoma de Baja California) Diferencias clnicas y de respuesta inmune en el paciente VIH/sida interno en el Cereso de Mexicali y el paciente VIH/sida de la poblacin general ............................. Hctor E. Velsquez Gonzlez (Universidad Autnoma de Baja California) La muerte violenta y sus repercusiones en un entorno social: Caractersticas y magnitud del problema en la frontera norte de Mxico ............................................ David F. Fuentes Romero e Irma A. Gonzlez (Universidad Autnoma de Baja California) Delincuencia en la Frontera Norte: Tendencia y Ritmo, Problemtica y Perspectivas .................................................................................... Arturo Arango Durn y Cristina Lara Medina (Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad) Seguridad nacional y migracin. El discurso errneo de la poltica migratoria ................................... Alex Mungua Salazar (Universidad Nacional Autnoma de Mxico) CINE Y FRONTERA ................................................................................................................................. Una lectura de las fronteras genricas y las fronteras de la otredad en Thelma and Louise ................................................................................................................................ Hammam Mohamad Al Rifai (Universidad de Colima) Cruzando fronteras: El nuevo realismo del gnero el inmigrante en el cine latino estadounidense ............................................................................................................... Juan Villa (Arizona State University) La tica catlica en el cine en espaol del siglo XXI: El crimen del padre Amaro y La mala educacin ................................................................................... Rubn Olachea Prez (Universidad Autnoma de Baja California Sur) Coordenadas para una sociologa del cine ............................................................................................... Fernando Vizcarra (Universidad Autnoma de Baja California) 413 415 421
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LAS FRONTERAS SOCIALES DEL NARCOTRFICO .................................................................. 503 Los lmites sociales del narcotrfico .......................................................................................................... 505 Lilian Paola Ovalle (Universidad Autnoma de Baja California)
Me siento presa tambin. Testimonios de esposas de internos del Cefereso nmero 1 La Palma .......................................................................................................... 511 Corina Giacomello La narcocultura: Un campo de reflexin antropolgica ......................................................................... 521 Juan Cajas (Universidad Autnoma del Estado de Morelos)
SECTORES ECONMICOS EN CONTEXTOS FRONTERIZOS ................................................. Expectativas de exportacin de la micro, pequea y mediana empresa de los subsectores de alimentos y metalmecnica de Baja California ................................................... Vernica Guadalupe de la O y Luciano de la Rosa (Universidad Autnoma de Baja California) Divergencia comercial en la regin fronteriza de Baja California: norte-sur ........................................ Miriam del Rosario Bautista Ortega, Alberto Francisco Torres Garca y scar de Jess Castro Romero (Universidad Autnoma de Baja California Sur) El sector agrcola en Baja California Sur ante la apertura comercial ..................................................... Reyna Sols Cerda, Martn Flores Lpez y Luis Carlos Amador Betancourt (Universidad Autnoma de Baja California Sur) Anlisis de la competitividad internacional de la sal producida en Baja California Sur: Diagnstico y perspectivas de la oferta futura ............................... Anglica Montao Armendriz y Juan Carlos Prez Concha (Universidad Autnoma de Baja California Sur) Remesas, migracin y desarrollo regional. Un intento de sntesis ........................................................ Jos Urciaga Garca (Universidad Autnoma de Baja California Sur) 531 533
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NUEVAS TENDENCIAS DE LA URBANIZACIN Y FRONTERA ............................................. 581 Arquitectura sin riesgos ............................................................................................................................... 583 Eloy Mndez e Isabel Rodrguez (El Colegio de Sonora) Construyendo comunidades seguras. Los fraccionamientos cerrados en las ciudades fronterizas del noroeste de Mxico ................................................................................ 589 Jess ngel Enrquez Acosta (Universidad de Sonora) Sistema de espacios pblicos para autorregular la existencia de fronteras urbanas ............................. 597 Andrs Cuesta Beleo (Universidad La Salle) Habitar en una burbuja. Consideraciones generales sobre las comunidades cercadas en Tijuana ............................................................................................. 603 Brisa Violeta Carrasco Gallegos (Universidad de Sonora) ANLISIS DE LAS FRONTERA Y DE SUS SUJETOS A TRAVS DE LA LITERATURA......................................................................................................... Frontera entre la historia narrativa y la literatura en Elogio de la calle. Biografa Literaria de la ciudad de Mxico, 1850-1992 de Vicente Quirarte ....................................... Alejandra Lpez Tirado (Universidad Autnoma de Baja California Sur) El sincrnico paralelo cultural en Todos Santos. La literatura en las sociedades grafas ........................................................................................................ Jos Antonio Sequera Meza (Universidad Autnoma de Baja California Sur) Platicar hermenutico: Freud va Cervantes ............................................................................................. Humberto Gonzlez Galvn (Universidad Autnoma de Baja California Sur)
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Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento bola de sebo
La realidad fronteriza del hombre como animal, en la stira narrativa de Augusto Monterroso: La oveja negra ................................................................................................ Hctor Gmez Gonzlez y Juan Pablo Rochn Snchez (Universidad Autnoma de Baja California) La longissima va del poeta Kenny Fitzgerald en su gran opus: nio a la vera del mar: una interpretacin alquimista ..................................................................................................................... Queli Pariente Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento Bola de sebo de Guy de Maupassant ................................................................................................................................ Anglica Romero Vzquez y Miriam Paola Romero (Universidad Autnoma de Baja California Sur) Cambio de paradigma: de la insularidad a la modernidad ..................................................................... Consuelo Martnez Seplveda y Edith Villavicencio (Universidad Autnoma de Baja California Sur) Lmite fronterizo entre Scrates-Platn y los Sofistas, en el Dilogo Protgoras, en torno al problema de la virtud ................................................................ Hctor Gmez Gonzlez (Universidad Autnoma de Baja California)
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El contenido de los trabajos publicados en esta obra es responsabilidad exclusiva de sus autores.
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n la ciudad de Mexicali, Baja California, Mxico, del 22 al 24 de febrero del 2006, se realiz la X Reunin Internacional: La Frontera una Nueva Concepcin Cultural, en la que se dieron cita un grupo de acadmicos, investigadores, funcionarios y estudiantes que comparten el inters por la cuestin de las fronteras en su amplia expresin y diversidad. Esta publicacin es producto de dicho evento acadmico y constituye un esfuerzo por responder a los objetivos de estas reuniones con respecto a la divulgacin de las ciencias sociales y las humanidades. Las Reuniones Internacionales: La Frontera una Nueva Concepcin Cultural surgieron gracias a la iniciativa original de la Universidad Autnoma de Baja California Sur, y han sido auspiciadas por instituciones nacionales, latinoamericanas, norteamericanas y europeas. En sta dcima versin, las principales instancias convocantes fueron la Universidad Autnoma de Baja California, a travs de su Centro de Investigaciones Culturales-Museo, La Red Internacional de Investigadores de Frontera y la Universidad Autnoma de Baja California Sur. Estas reuniones internacionales surgieron hace diez aos con el objetivo principal de ofrecer un foro para el intercambio de ideas y resultados de investigaciones de acadmicos que desde diversas naciones y perspectivas, abordan los fenmenos fronterizos y transfronterizos. Desde entonces, la reunin se ha mantenido fiel a su objetivo princi-
pal y ha visto crecer el nmero de participantes y de disciplinas que se integran en el debate. Como se puede observar en los trabajos que se recopilan en estas memorias, la X Reunin Internacional. La Frontera una Nueva Concepcin Cultural se caracteriza por la participacin en el anlisis del fenmeno fronterizo, de disciplinas como la Historia, Filosofa, Literatura, Psicologa, Sociologa, Antropologa, Ciencias de la Educacin, Economa, Comunicacin, entre otras. Como cualquier congreso o foro acadmico, estas reuniones comparten los objetivos de divulgacin de la ciencia, consolidacin de lneas de investigacin, discusin de ideas y perspectivas y la constitucin de redes de conocimiento. Sin embargo, el subttulo: La Frontera, una Nueva Concepcin Cultural, supone un objetivo particular que distingue especialmente a estas reuniones. Al integrar los diversos trabajos y enfoques sobre el fenmeno fronterizo, bajo la premisa de que a partir de sus aproximaciones se configura una nueva concepcin cultural de la frontera y de lo fronterizo; estas reuniones parten del supuesto de que incluso los campos cientficos ms neutrales constituyen narraciones particulares de la realidad. En este sentido, los trabajos que se encuentran en las siguientes pginas, son enmarcados y presentados como discursos y narraciones particulares con respecto a la frontera y al fenmeno fronterizo. Los textos que aqu se renen son un ejem-
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Presentacin
plo de que el campo de produccin acadmica de las ciencias sociales y las humanidades implica mucho ms que la acumulacin de conocimiento de diversas disciplinas. Tras una lectura atenta de los textos recopilados en esta publicacin se puede apreciar que los discursos acadmicos constituyen narraciones particulares de la realidad que pueden legitimar o cuestionar imaginarios existentes o incluso producir otros nuevos. As mismo, esta X Reunin Internacional, en su bsqueda de una nueva concepcin cultural, sin sucumbir a la mitificacin de los discursos de la ciencia y del experto como la nica verdad, reconoce que las narraciones sobre la frontera que se producen en la academia, constituyen verdades poderosas, maneras de crear el mundo y formas de intervenir en el. Finalmente, es importante sealar que el comit organizador de la X Reunin Internacional. La Frontera, una Nueva Concepcin Cultural se propuso consolidar un programa acadmico y cultu-
ral abierto al pblico y en dialogo permanente con la realidad fronteriza. Atrapados por las fronteras disciplinales tradicionales, limitados por fros protocolos, reciclando formas discursivas cada vez ms inaccesibles y alejados de la realidad social; los acadmicos corremos el riesgo de convertirnos en sombras que circulan por una oscura reunin desconociendo el mundo exterior a su prctica. Conscientes de este riesgo, esta 10 Reunin se caracteriz por su ruptura o por lo menos intento de ruptura de las fronteras tradicionalmente impuestas al pensamiento social y por un llamamiento al lenguaje accesible que foment el dialogo con un pblico fronterizo vido de encontrar en el discurso de la ciencia, la clave para leer e interpretar su propia realidad.
Lilian Paola Ovalle Coordinadora acadmica de la X Reunin Internacional. La Frontera una Nueva Concepcin Cultural
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Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento bola de sebo
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Los humanistas: Los orgenes y el debate de las interpretaciones entre la modernidad y la posmodernidad
Marcela Mungaray Lagarda Universidad Autnoma de Baja California
l Renacimiento no consisti slo en un mero resurgir erudito de la literatura o de la filosofa grecorromana o en una vulgar imitacin de las formas artsticas de la Antigedad. vale decir una recuperacin de la prctica acadmica de los siglos VIII y IX que presenta muchos de los rasgos que configuraran ms tarde el oficio del humanista. (Kraye, 1998:20), asociado a este concepto aparece el Humanismo, que completa la idea inicial de que nos hallamos en una poca nueva y, en consecuencia, distinta de aqulla, la antigua, que se tomaba como modelo. Justamente, fue la renovacin de la cultura el aspecto ms notoriamente destacado de este momento. En muchos sentidos en el humanismo se asume el cuidado del legado de la antigedad, si bien predomina como un legado literario no es un toque exclusivo sobre este. Supone el redescubrimiento y el estudio de las obras de los clsicos grecolatinos, la restitucin e interpretacin de sus textos y la asimilacin de las ideas y valores que contienen. (Kraye, 1998:19) El humanismo fue uno de los conceptos creados por los historiadores del siglo XIX para referirse a la revalorizacin, la investigacin y la interpretacin que de los clsicos de la Antigedad hicieron algunos escritores desde finales del siglo XIV hasta el primer tercio del siglo XVI; sin embargo la voz latina humanista, fue empleada por primera vez en Italia a fines del siglo XV para designar a un profesor dedicado al estudio y ense-
anza de lenguas clsicas, y fue asimismo la que dio origen al nombre de un movimiento que no slo fue pedaggico, literario, esttico, filosfico y religioso, sino que se convirti en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: en el centro del Universo est el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra. Podemos abundar en este sentido siguiendo la idea de que el trmino humanismo, ha sido empleado para denominar toda doctrina que defienda como principio fundamental el respeto a la persona humana, siendo as como la palabra entreteje una significacin histrica indudable. En contraste a esta idea, el humanista comenz siendo, en efecto, un profesor de humanidades, es decir, de aquellas disciplinas acadmicas que constituan el programa educativo formulado idealmente bajo el auspicio de los pensadores clsicos, un ejemplo de esto puede apreciarse en Bruni. Algunos de sus propsitos destacaban en formar a los alumnos para una vida de servicio activo a la comunidad civil, proporcionndoles una base amplia y slida de conocimientos, principios ticos y capacidad de expresin escrita y hablada. El medio de expresin y de instruccin sera el latn, recuperado y limpio de barbarismos medievales. La lectura y el comentario de autores antiguos, griegos y latinos, especialmente Cicern y Virgilio, y la enseanza de la gramtica, la retrica, la literatu-
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Los humanistas: Los orgenes y el debate de las interpretaciones entre la modernidad y la posmodernidad
ra, la filosofa moral y la historia constituan las humanidades impartidas por el humanista. Esta restauracin de los clsicos griegos debe mucho como mencionbamos a Leonardo Bruni (1374-1444) quien adems de escribir en griego, sus traducciones de Aristteles y de Platn obtuvieron, por su elegancia, el reconocimiento de generaciones posteriores. Sin embargo, el humanista, como ya se ha indicado, era algo ms que un maestro de la lengua y cultura latina. Su preocupacin por los problemas morales y polticos le oblig a adoptar tambin posiciones humanistas, en el sentido amplio del trmino considerando que nada de lo humano le sera ajeno. El Humanismo apareci de una forma gradual y fue consolidando su campo de significacin por lo que se reconoce no slo la complejidad de sus orgenes sino la diversidad de sus implicaciones en los nuevos campos cientficos. La cronologa de su surgimiento parece imprecisa, en el norte de Italia, durante la segunda mitad del siglo XIII ya se advierten seales anunciadoras, por esta razn se atribuye su principal herencia al momento medieval: el inters de los abogados por el valor prctico de la retrica latina, el uso cada vez ms apreciado del Derecho Romano, de la filosofa y de la ciencia aristotlica por telogos y profesores, y el encuentro literario con los clsicos de la Antigedad, son pruebas suficientes de los cambios que se estaban produciendo en los crculos intelectuales prehumanistas por aquellas fechas. En verdad, todas esas novedades, con el tiempo consagradas, no formaban parte ms que de una nica realidad: la del redescubrimiento de la Antigedad, fuente viva del Humanismo. Algunos ejemplos muy representativos de esa etapa se sintetizan en la obra de Francesco Petrarca (13041374) y G. Boccaccio (13131375): el primero, al estudiar, corregir y liberar de corrupciones las obras de Virgilio, Tito Livio y San Agustn, siendo su propia obra literaria motivo de erudicin. Boccaccio, alumno de Petrarca, impuls la enseanza pblica de los clsicos en la ciudad con lo que mantuvo viva la propuesta formativa. Los alcances del trmino nos llevan a los linderos de las interpretaciones en que queda abierta
cierta multiplicidad de sentidos abocados no slo al rescate de lo antiguo sino la vuelta al origen de todas las interpretaciones, al lenguaje y su capacidad de concentrar cierto carcter universal de los valores y el sentido de ser humano. Si bien el punto de acuerdo se plantea de gran amplitud, es una convencin de acuerdo a la propuesta de Ferrater Mora, asumir el trmino humanismo, usado por primera vez en 1800, de acuerdo a la usanza de F. J. Niethammer quien lo refera como la tendencia a destacar la importancia del estudio de las lenguas y de los autores clsicos. El puente que logra asentar el concepto de humanismo, en un nuevo escenario dentro de la propuesta moderna, es la referida como una aproximacin al hombre sobre todo en el espritu renacentista, que como hemos caracterizado, suma la nocin de descubrimiento sobre el hombre en todas sus dimensiones; esto lleva a establecer una postura clave de rechazo al geocentrismo medieval, sin embargo debe considerarse como una nocin de trnsito hacia una nueva forma de expresar al hombre, como sujeto de razn y por ende como centro de un ser construido desde el reconocimiento de su propia capacidad de ser. La nueva era o el periodo moderno, trae tras de s la idea de una temporalidad en que la razn es la caracterstica principal, razn que aspira al saber absolutamente universal. La nocin de descubrimiento se suma a la idea de lo moderno, y abre as dimensiones sobre las que hay que construir un plano de mayor complejidad y sobre todo de arrojo, respecto al hombre como cuerpo, mente y espritu; un hombre trasfigurado en diversos puntos de vista, construidos sobre la base de lo cientfico, de acuerdo a nuevos intereses estticos, y en una faceta de totalidad donde se conforman nuevos enfoques sobre el hombre. El Humanismo del hombre moderno construye la idea del hombre como centro de su razn de ser en el mundo y lo define por su quehacer. Esto se vuelve una doctrina que antepone la razn frente a cualquier otra instancia, donde el beneficio de la felicidad y bienestar del hombre en el transcurso de su vida, se vuelve un producto colateral propio de la nocin de desarrollo y progreso.
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Una de las corrientes de gran aceptacin sobre la idea del humanismo moderno, reconocida como terico-pragmtica, si bien se finc en las ideas del Renacimiento europeo, se ha dirigido contra las limitaciones de tipo moral que fueron impuestas por la teologa dogmtica de la Edad Media, redundando en una reconstruccin y depuracin de los contenidos ideales de esta propuesta que pasa del inters sobre lo humano como una recuperacin del sujeto olvidado hacia el inters sobre un sujeto proactivo que piensa y se reconoce como centro de su mundo. En la Edad Moderna hablamos ya de la recomposicin de sentido sobre el proyecto humanista del renacimiento y se refiere como un proyecto emergente basado en el descubrimiento. Este proyecto caracteriza de nuevo a un humano arrojado frente a s mismo, conformado en nuevas dimensiones, esto es dar vuelta al sentido al humanismo, revitalizando sus implicaciones y dejando a un lado los lmites de composicin original, para dar cuenta de un movimiento histrico, un sentido esttico, un recurso literario, una organizacin econmica, una estructura lingstica semitica, un orden poltico, una orientacin secular, y una serie de oposiciones bsicas que integran el trnsito de lo individual a lo social y viceversa. En este sentido, se reconoce un periodo de ruptura entre la concepcin medieval y las nuevas concepciones ancladas principalmente en los siglos XVI y XVIII, concreta un fuerte antecedente desde algunos eventos centrales como son la cada de Constantinopla en 1453 y el descubrimiento de Amrica en 1492. El fenmeno cultural del renacimiento emplaza su final aparejado al derrumbe de la vieja monarqua y a los procesos revolucionarios iniciados en 1789 siguiendo como estandarte la Revolucin Francesa. Mucho se ha sealado el siglo XVII como un puntal representativo del apogeo de la mentalidad moderna, cuyas caractersticas sobresalen desde las contradicciones que se dan entre el absolutismo monrquico y el triunfo del mercantilismo, as como entre la revolucin intelectual y las guerras religiosas. El orden y la seguridad se configuran en un nuevo correlato donde el derecho divino conce-
dido a la monarqua se trastoca en un mercantilismo, que apoyaba la intervencin estatal por considerarla factor propicio para aumentar la prosperidad comercial. Llegamos as a un momento significativo que se entreteje en aras de un importante crecimiento demogrfico y se ve aunado a un creciente debilitamiento de la aristocracia, hechos que se asocian de manera puntual al florecimiento de un enriquecedor proceso intelectual, que es influido por elementos que van desde la concepcin abierta del mundo, de un renovado espritu por la cultura clsica, y una visin de apertura frente a los descubrimientos. La modernidad sintetiza un humanismo que condensa un movimiento profundo y enriquecedor de la visin del mundo, es un cambio de centro entre la visin europea y la dimensin mundial, es una ruptura profunda de las creencias que destruyen la unidad cristina y que vuelve al hombre desde su individualismo posesivo hasta la expansin de su mente como parte del mundo globalizado. Podra sumarse a este encuentro de intereses, como rasgo caracterstico de esta pauta de modernidad la persistencia del hombre del renacimiento, siendo justamente este el marco, donde se inscribe humanista contemporneo, esto es el hombre que aprehendi el mundo exterior por visiones instantneas, que si bien no se sometieron a un anlisis, si lograron imponerse a su conciencia hasta registrar nuevas coordenadas de encuentro entre la razn que tiende a lo universal y la emocin como nueva fuente reconocida de reflexiones sobre el sentido humano del conocimiento. El legado que nos queda del hombre del renacimiento; es violento, repentino, radical, movible, contradictorio, desconcertante, pronto en irritarse, injuriarse y desvainar la espada. Este contexto, explica un humanismo, incipiente y absoluto, sincrtico entre lo viejo que es rescatado y lo nuevo que se vuelve una reconfiguracin de las interpretaciones. Este movimiento va a traer aparejado una nueva actitud que llevar a los europeos a expresar su extraversin hacia ultramar, los mismos que entrarn en contacto con otros mundos y con otras civilizaciones, pero no siempre con
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Los humanistas: Los orgenes y el debate de las interpretaciones entre la modernidad y la posmodernidad
un alma dialogante, sino con la pretensin de imponer sus formas de civilizacin. Los humanistas compartan la idea de que la razn y la ciencia son elementos suficientes para la comprensin del mundo, esto es una visin global del desarrollo, como espritu dominante de la poca. Hay que notar sin embargo que si bien en los humanistas modernos se va transformando el ideal del renacimiento, se mantiene la pasin por las artes y las letras clsicas y son los profesionales de las letras, generalmente salidos de la burguesa, eclesisticos, profesores de universidades, mdicos, funcionarios, a veces publicistas de trabajo editorial, quienes expresan las tendencias dominantes de la sociedad. Estos humanistas suelen ser los apstoles de la antigedad y son quienes mantienen vigente su capacidad de explicacin sobre el mundo y su sentido de conocimiento, en sus manos queda el mundo antiguo como un trabajo de eruditos que busca comprenderlo en s mismo, saborear su belleza helnica y penetrar en sus razones de vivir. Ellos son los que deploran los intentos de rebajar la inteligencia humana, quienes luchan contra las explicaciones supersticiosas del mundo y la bsqueda de la salvacin fuera de la naturaleza. Este humanista moderno aprecia la belleza y busca proteger y mejorar la tierra, preservarla para las generaciones futuras y evitar en lo posible el sufrimiento innecesario de otras especies, en suma podemos sugerir es el quien, recupera el espritu renacentista y consolida su compromiso con la artes y con las ciencias, con el sentido potico del mundo, el desarrollo de la msica y las artes escnicas como un mundo de nuevas percepciones significativas y de enriquecimiento del espritu del tiempo. Este espritu del tiempo es el que da paso a la crtica profunda, esto es a la necesidad de pensar el sentido de lo humano desde una posicin universal y homognea. Este planteamiento radica un punto de vista fundamentalmente optimista sobre la nocin de desarrollo y progreso, lo que viene a ser la pauta de ruptura en que se concretan las posiciones pos-
modernas, as en plural, donde bsicamente est en juego un juicio sobre lo humanista como racionalidad extrema. La posmodernidad lucha contra los grandes discursos del triunfo de la razn y la intencionalidad humanista, con la visin global de desarrollo, contra la esperanza ficticia de que las artes y las ciencias nos dan un sentido, colectivo y homogneo, como humanidad. La posmodernidad emerge como un sentido crtico de quienes viven en el exceso de la modernidad, como una bsqueda exhaustiva y erudita de los orgenes, la crtica posmoderna toca las fronteras del conocimiento cientfico, cuestiona el sentido del humanista clsico y ortodoxo, y pone en la discusin un saber preformativo, que da cuenta de un humanista que sopesa la entrada (input) al sistema y se responsabiliza del producto (output), un humanista que se alimenta de la diversidad de las pequeas narrativas. El humanista posmoderno, es un nuevo movimiento sincrtico que busca dar paso a lo extraordinario, cree en la esperanza en lugar de la desesperacin, en la investigacin en lugar del dogma, en la verdad preformativa en lugar de la ignorancia histrica, la alegra sobre lo cotidiano en lugar de la culpa o el pecado que nos dej la historia. Este es un humanismo que ensea que la formacin de un ser humano ser deficiente si no incluye la adquisicin funcional ms completa posible de ideas tales como a. Cada ser humano es una criatura fabulosa y nica b. El ser humano es tanto naturaleza como formacin social c. La humanidad es como un superorganismo del que somos parte. d. La relacin y cooperacin humanas plenas son requeridas para el mejor funcionamiento y mayor bienestar del ser humano. e. La capacidad del hombre para dar sentido a su entorno es nica en el tiempo y dinmica en el devenir histrico. Perfilamos as un humanismo de frontera, que busca unir lo que en principio est roto, que busca integrar la polisemia en nuevos campos de comprensin que vayan entre la racionalidad de lo
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moderno y la espontaneidad de los planteamientos posmodernos, que construye la tolerancia en lugar del absolutismo, sita el amor al mundo en lugar del odio y la intolerancia, la compasin en lugar del egosmo, la belleza del ser integral en lugar de la fealdad como sinnimo de limitacin, llagando a un punto en que la razn se reconfigura en nuevos modelos dinmicos y complejos, donde el ser no slo es racional sino se reconoce como ser mundo que sustituye el lugar de la fe ciega o irracional, dejando a un lado las ideologas que subastan ideas sin sentido y sin conexin con la realidad, y poniendo en relieve un sujeto simple que necesita comprender un momento complejo donde l vuelve a estar en el centro.
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Las humanidades en la educacin como condicin esencial de la transformacin cualitativa de las fronteras culturales
Elvia Mndez Fregozo Universidad Autnoma de Baja California
Vivimos en un momento en el que cada vez ms entendemos que el estudio de cualquier aspecto de la experiencia humana ha de ser, por necesidad, multifactico. En que vemos que la mente humana, si bien no existe sin cerebro, tampoco existe sin tradiciones familiares, sociales, genticas, tnicas, raciales; que slo hay mentes encarnadas en cuerpos y culturas, y que el mundo fsico es siempre el mundo entendido por seres biolgicos y culturales. (...) El mundo se mover en una direccin tica, solo si queremos Ir en esa direccin. Es nuestra responsabilidad y nuestro destino el que est en juego. El Pensamiento complejo es una aventura, pero tambin un desafo. Edgar Morin
Presentacin
nunciar el concepto de globalizacin da la idea de que todo lo existente en este mundo se contiene en l, como una conjura que no tiene explicacin pero s una slida red de creencias, a travs de esta simple construccin semntica se presentan las imgenes de los beneficios y males que ella ha hecho aparecer en este momento y que afectan a la humanidad en su conjunto. Con ella ya no slo se invoca la nocin de McLuhan acerca de la aldea global (global village) que agrupa diversas culturas, sino que necesariamente obliga a abrirnos a nuevos sentidos y dimensiones con una alta complejidad para comprender el resultado de los escenarios de integracin mundial-regional. Asimismo, conduce a pensar en un marco de lectura social, cultural, poltica y econmica que atiende la realidad con base en macrodimensiones, basadas en procesos de integracin de ideas individuales que confluyen en imaginarios colectivos.
Dichas percepciones parten de la influencia y se cimientan de forma colectiva con el auxilio de las nuevas tecnologas de comunicacin, con lo que se van delimitando nuevas fronteras para la idea que el ser humano tiene de s y de sus acciones en el mundo. Prueba de ello es la modificacin de las fronteras espacio-temporales impuestas por la Internet. La idea de virtualidad socializada y aceptada en tiempos recientes lleva a pensar que no hay ms lmites que los impuestos por la propia tecnologa y, claro, por los recursos econmicos. Se maneja que el ser humano es capaz de transmitir en cuestin de segundos su voz, su imagen y, lo que es ms trascendente, sus ideas, hacia inconmensurables territorios reales o virtuales. Su cuerpo fsico se desvanece en la virtualidad y, paradjicamente, su mente adquiere una nueva forma al momento de integrarse a una red que construye cotidianamente su visin del mundo. Sin embargo, este nuevo contexto donde aparecemos todos, pero no est nadie, se sustenta ms
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en una idea de evolucin ilimitada, sin fronteras de ningn tipo; con marcos que rebasan el propio sentido humano de la comunicacin, para justificarse en el simple desarrollo tecnolgico. Es aqu donde aparece la necesidad impostergable de la reflexin acerca de los medios que tiene el ser humano para transmitir sus conocimientos; es donde se presenta el vnculo de la Educacin y las Humanidades como una de las formas para que se establezcan sentidos que transformen cualitativamente las nociones y percepciones que la humanidad tiene de s.
En este escenario de integracin y crisis, nada que sea producto de la humanidad puede quedar fuera de ella, y se crean respuestas inditas para enfrentar las circunstancias; as, surgen esquemas y procesos innovadores, que transforman las condiciones presentes de vida del ser humano contemporneo pero generan las circunstancias para la vida social del futuro. Las labores educativas tambin se inscriben en este esfuerzo y conformndose bajo cualquier tipologa formal, no formal e informal coadyuvan a la nueva nocin del quehacer humano, a la frontera cultural inexplorada por medio de la cual el individuo colinda con su entorno. La Educacin contribuye a construir los lentes paradigmticos para perfilar las nuevas fronteras disciplinarias que atienden la problemtica de lo humano. ELEMENTOS
PARA UN CAMBIO PARADIGMTICO
Cualquier transformacin paradigmtica necesariamente implica el establecimiento de nuevas fronteras. As que, las preguntas que se hacen a la realidad circundante se modifican, los mtodos para dilucidar sus enigmas cambian, incluso los conceptos construidos hasta el momento quedan limitados, o bien, son inapropiados para expresar la nueva visin de las circunstancias. Al inicio de este nuevo milenio se es testigo de un cambio de paradigma. La dimensin de globalizacin trae aparejada, entre otros conceptos, los de multiculturalidad, diversidad tnica, intolerancia y minoras sociales. stos, entraan nuevas preguntas a resolver por la totalidad de quienes integran las sociedades contemporneas, ya que si bien se trata de cuestiones que pueden ubicarse en contextos geogrficos especficos, se presentan como lneas que atraviesan muchas de las situaciones que vive cualquier grupo humano. De ah que los desafos de una revolucin paradigmtica se conviertan en retos de cmo percibir la realidad cmo cuestionarla, cmo nombrarla y, sobre todo, cmo resolver pertinentemente los enigmas que plantea.
La concepcin unilineal, simplista y unidimensional impuesta por el enfoque mecanicista ha trado a las sociedades humanas contemporneas, entre otras cosas, una racionalidad utilitaria que afecta el sentido de todas las organizaciones sociales as como de sus estrategias y resultados. Los espacios educativos se han visto impregnados con esta forma de observar y actuar en el mundo. En el caso de la educacin superior, la situacin descrita parece acendrarse dado el papel que se le ha asignado a las universidades: dichos espacios enfocan sus esfuerzos, principalmente, en formar profesionales para una insercin en el mercado laboral competitivo, y deja en un segundo plano el inters de formar universitarios para insertarse en escenarios complejos que atiendan la diversidad de la sociedad contempornea, Ortega y Gasset lo enunci como la formacin de los modernos brbaros. La visin dominante del mercado y la racionalidad que conlleva, impone a los esquemas de formacin de aquellos que transitan por los espacios universitarios, una percepcin empobrecida que en raras ocasiones atiende a requerimientos de una mayor lgica de complejidad; se limitan a transmitir los conocimientos de la disciplina y dejan de
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lado la formacin del ser humano integral. La visin segmentada que se adquiere, as como la percepcin de lucro imperante en las sociedades como fin ltimo de su educacin formal, orientan hacia la deshumanizacin, tesis que se convierte en una constante de su actitud y su accin. Es por medio de la educacin que el ser humano conforma todo el marco de lectura que le posibilita leer y representarse en forma pertinente el mundo que habita; es por este medio que la realidad social se hace consciente. De ah que, si se dejan fuera aspectos esenciales para el desarrollo de la humanidad, ste resultar inapropiado para los intereses de lo humano y se anclar en dimensiones que atienden intereses de determinados grupos; en otras palabras, la lectura de la realidad ser precaria. La realidad que hoy se vive est caracterizada por sus complejas interconexiones, tanto a nivel mundial como en el mbito ms particular, ya sea en lo referente a los fenmenos fsicos, biolgicos, psicolgicos, sociales y ambientales; el conocimiento de que son todos interdependientes y conviven en la llamada red de la vida, impone la necesidad de formarse para establecer lo humano como una categora esencial en el desarrollo de cualquier disciplina profesional. Para ello, es menester que las tareas educativas afronten la necesidad de construir estrategias didcticas que coadyuven a formar al individuo en una ptica de anlisis holistas, por medio de la cual sea capaz de incluir espectros ms amplios y ricos de la realidad social; todo esto con el fin de superar la concepcin reduccionista del mundo que le impone el abordaje de las disciplinas cientficas vistas de manera aislada, y construir el sentido de lo humano como un motor bsico de su quehacer. Es necesario aclarar que no se trata de borrar todo vestigio de desarrollo disciplinar dentro del conocimiento humano; se sabe que este modelo de ordenacin ha servido como base para el avance cientfico y tecnolgico hasta nuestros das. Empero, la explosin de los conocimientos, as como la velocidad exagerada en su generacin, el surgimiento de las disciplinas y especialidades, adems de los mltiples enfoques que se han dado
en el siglo XX y XXI y, sobre todo, la reflexin epistemolgica, consideran ya que ese modelo tradicional de conocimiento humano no slo es insuficiente, sino inhibidor de lo que podra ser un verdadero avance de las diferentes reas del saber y de la conciencia del individuo y de la sociedad. Con ello, cada una de las reas del conocimiento surgido a lo largo de la historia de la humanidad, se encuentran ante el reto de entrar en una profunda revisin o ms bien en una etapa de reformulacin de la estructura lgico y conceptual que le da sustento; ello partiendo de la premisa de que fueron construidas a partir de una nocin de individualidad, donde fueron planteadas de manera aislada e independiente. En otras palabras, carecen de una perspectiva de sistema o de totalidad y, sobre todo, de la posibilidad real de analizar a fondo las estrategias para interactuar entre s; es decir, no se les ha visto como la enorme noosfera que menciona Teilhard de Chardin, que figura en la red del conocimiento humano, lo que ha derivando en una representacin parcial e inconsistente.
Una nueva frontera para el siglo XXI: Educar para rehumanizar al gnero humano
... despus de deshumanizar siempre ser urgente educar para rehumanizar. J. L. Caas
La situacin descrita nos deja ante una situacin incuestionable de nuestro tiempo: el cambio constante y acelerado es una realidad. Ante nuestra mirada se modifican desde los sistemas polticos y sus respectivas fronteras geogrficas, hasta la forma y el sentido del conocimiento; resultado directo de esto ltimo es que las fronteras limtrofes del saber humano muestran perfiles diferentes. La creciente multiplicidad de las actividades humanas ha marcado direcciones y fronteras ignotas para coadyuvar a resolver los retos que se le presentan; as, el ser humano ha conseguido edificar mil formas y trazar otros tantos rumbos para dar respuesta a las necesidades que tiene en su cotidiano; en todo ello la variable cultural ha con-
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tribuido a enriquecer el mosaico de la diversidad social contempornea. La actividad educativa se hace presente como parte esencial de todos los procesos enunciados; es ella quien construye de manera latente el entramado bsico para el cambio social, cultural, poltico y econmico que nos envuelve. Es tal el peso e importancia de la variable educativa dentro de los anlisis acerca del cambio social, que muchos gobiernos lo consideran como pieza estratgica y nodal dentro de sus programas de desarrollo; no obstante lo anterior, el discurso dista mucho de los esfuerzos reales de los gobiernos, quienes a pesar de recibir recomendaciones internacionales, escatiman los recursos asignados para el funcionamiento de los sistemas formales de educacin. Bajo una estrecha interdependencia, cambio social y educacin se mueven entre una enorme gama de mbitos, niveles, temporalidades y caractersticas; sin embargo, lo que les hace comn es el factor de la toma de decisiones que afecta a lo humano; la manera como sean enfrentados los problemas y retos educativos sin duda alguna determinarn su impacto en la configuracin del futuro de la humanidad. As, el reto se plantea en dos sentidos: seguir desarrollando el conocimiento humano y, lo que es ms importante, recuperar la nocin y el sentido de lo humano en dicho desarrollo.
El reto del nuevo milenio es un reto intercultural de rehumanizacin, basado en el sentido de la vida no en la violencia de las guerras o el absurdo de las adicciones asociadas al sin sentido nihilista, en la tolerancia interdependiente superadora de conflictos, y orientado hacia una educacin que prepare para la tolerancia y la solidaridad. El sentido de la vida, la libertad, la tolerancia, la solidaridad y la paz
tambin se ensean. Se trata de una educacin no nihilista, no blica con los dbiles personas o grupos minoritarios, basada en el derecho y la dignidad que tiene toda persona de crecer y desarrollarse en su propia cultura de origen (Caas:189).
Aunque resulte paradjico, la ciencia y la tecnologa slo encuentran su sentido en las humanidades y es la educacin la tarea responsable de contribuir a construirlo. As, la educacin en humanidades nos reorienta hacia una frontera que debe bordear todo el conocimiento producido por los seres humanos.
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Las fronteras del humanismo y el humanismo de frontera: la construccin discursiva entre el espacio, la ideologa, la cultura y la identidad
Guadalupe Bejarle Pano Universidad Autnoma de Baja California
eflexionar sobre el humanismo en las sociedades contemporneas supone no slo un replanteamiento de las concepciones sociolgicas tradicionales tales como cultura e ideologa sino tambin un abordaje a profundidad del entramado discursivo que se establece entre ellas a partir de nuevos parmetros epistemolgicos: la redefinicin del humanismo contemporneo desde la inmediatez y la tecnologa as como desde una perspectiva renovada de la nocin de frontera, ms all de los lmites geogrficos lo que supone el reconocimiento del otro a partir de la reconfiguracin de las sociedades y de sus espacios de interaccin. Es as pues que el humanismo, en la actualidad, no puede ser pensado sino desde la perspectiva de las fronteras trazadas; las aldeas del conocimiento y las sociedades de la informacin han trado consigo nuevas formas de entender y de hablar sobre el ser humano. As pues, la pertenencia a grupos sociales ya no supone una organizacin geopoltica o social determinada sino el replanteamiento de las dimensiones de lo humano en espacios de interaccin que llevan a la nocin de frontera a otras dimensiones que antes no haban sido concebidas: el primer mundo y su contrapartida tercermundista, el binomio antagnico de occidente y oriente estn rpidamente cayendo en desuso si se les considera como parmetros para la definicin del ser social contemporneo.
Tales supuestos son ahora concepciones que implican, en su discurso, un modus vivendi, una forma de ser o de operar en el mundo desde la perspectiva de apropiacin del conocimiento y sus formas discursivas. El humanismo pues y sus fronteras trazadas no pueden entenderse sino desde la perspectiva de la interaccin y el acceso a la informacin lo que determinar en ltima instancia el grado de desarrollo de los pueblos y el nivel de comprensin del otro para la puesta en escena de un humanismo que suponga la convivencia armnica entre los individuos, sus instancias sociales y el conocimiento.
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En ese sentido, las fronteras ms agudas, las ms insondables e impenetrables, son precisamente aqullas que no estn trazadas, las que por su invisibilidad son difciles de comprender y franquear: las fronteras de lo ideolgico a travs de la construccin del discurso. Los bordos trazados en el terreno de lo sociolingstico y de las prcticas ideolgicas que determinan la simetra o asimetra en la comunicacin. Aquellas que, a partir de los presupuestos e implicaturas discursivas, filtran la ideologa y posicionan a los hablantes frente al otro y al mundo que los rodea. Los pases, por ejemplo, podrn trazar y redefinir sus fronteras geopolticas; se podr insistir en los beneficios de salvaguarda que puede traer consigo construir ms y mejores muros entre una nacin y otra. Podrn existir innumerables movimientos en contrapartida a estas decisiones polticas, sin embargo, los abismos discursivos e ideolgicos seguirn latentes si no se toma en consideracin una nocin ms inclusiva y ah reside la paradoja ms humanista, de la cultura. En ese mismo orden de ideas, Gmez Garca (1991, en Prez Tapias, 2000:21) sostiene que la cultura alude al sistema comn de vida de un pueblo, lo que es resultado de su historia, de la adaptacin entre esa poblacin y el medio ambiente en que habita y transmitido socialmente, un proceso que se va realizando mediante tcnicas productivas, mediante estructuras organizativas a nivel econmico, social y poltico [] abarcando todos los niveles que componen el sistema social, su complejidad, interrelacionndose entre s, operantes de modo consciente e inconsciente. De esta concepcin, cabe resaltar el carcter interactivo que supone la cultura, dado que es precisamente el aspecto relacional el que se encuentra en el corazn de la constitucin de la ideologa de una nacin. En ese sentido, la construccin del discurso dentro de una comunidad de cultura est intrnsecamente relacionada con el grado de mayor o menor insercin de la misma en los mbitos de una nacin. As, por ejemplo, las fronteras fsicas entre las naciones se vuelven una tmida alegora con las fronteras sociolingsticas que dentro de un Estado o nacin se pueden establecer entre
las diversas comunidades de cultura que cohabitan dentro del mismo espacio geogrfico. En ese sentido, lo humanizador de la cultura y el salto de las fronteras trazadas entre culturas debe pensarse si bien no de forma nica, aunque s preponderantemente desde el eje etnogrfico que se encuentra en la base de las prcticas discursivas que los individuos llevan a cabo en la interaccin humana. Desde esta perspectiva, la cultura adquiere una connotacin distinta que contempla aspectos fundamentales que circunscriben la cosmovisin y las preocupaciones de los seres humanos, independientemente del grupo social al que pertenecen de tal suerte que las diferencias que se establecen como fronteras se transforman en rasgos distintivos que marcan el principio del acercamiento objetivo e inclusivo a lo diverso.
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(naciones), o bien, sobre una parte de un pueblo (p. 20-21). Sin embargo, ambos conceptos presentan una relacin entre s con base a cuatro criterios fundamentales (Villoro, 1998):1) su relacin con una comunidad de cultura, 2) el grado de conciencia de pertenencia, 3) el establecimiento de un proyecto comn y 4) la forma en que ambos conceptos se relacionan con el territorio. En cuanto al primer punto, una nacin se constituye como tal en tanto que su eje integrador es una forma compartida de cultura mientras que el Estado puede declarar si as le conviene la supremaca de una comunidad de cultura a partir de la cual las distintas naciones que lo integran habrn de regir su conducta. Ahora, en el caso de la conciencia de pertenencia, los individuos que integran una nacin lo hacen mediante el establecimiento del concepto de nacionalidad, es decir, una serie de rasgos distintivos y unificadores entre los miembros de una comunidad de cultura de entre los cuales destaca el uso de una lengua comn. El Estado por su parte, puede ejercer una fuerza coercitiva sobre la conciencia integradora, normando el uso o por el reconocimiento de una lengua nacional. Sobre este punto en particular, de nueva cuenta Villoro (1998:.27) sostiene que la homogenizacin de la sociedad se realiza sobre todo en el nivel cultural. Unidad de lengua antes que nada. En los pases con diversidades culturales es indispensable un instrumento comn nico. Esto implica, sin duda, que la difusin generalizada de una lengua tendr un impacto directo en la forma en que los individuos se reconocen entre s como iguales y miembros de un mismo Estado a pesar de sus diferencias de grupo o por el contrario trazan de forma aguda sus diferencias, a partir de la constitucin de estas fronteras ideolgicas. El establecimiento de un proyecto comn por su parte, se deriva de las necesidades del Estado para instaurarse l mismo como la expresin de la voluntad concertada (Villoro, 1988) de todos los miembros de una nacin. Dicho proyecto debe, en ltima instancia concretarse en una sola ley, un solo marco cultural y una sola estructura de poder (Villoro, 1988: 34). Para que lo anterior se
pueda lograr, las distintas comunidades de cultura habrn de supeditarse a las instituciones del Estado por medio de lo que Michel Foucault (en Haidar, 2005) establece como mecanismos de control del discurso, en el sentido de que todo discurso produce y reproduce sujetos; produce y reproduce ideologas y poder. As pues, el discurso es una prctica social normada de forma directa o indirecta por el Estado a travs de sus instituciones pblicas y con base a sus exigencias burocrticas y el establecimiento de reglas condensadas y rituales cvicos que mantienen y/o condenan el comportamiento colectivo. Una nacin es, ante todo, un mbito compartido de cultura (Villoro, 1988:14). Por ltimo, Estado y nacin no se relacionan de la misma forma con el espacio geogrfico. El primero, por su parte, circunscribe su capacidad de accin y de proyecto comn a los lmites geopolticos de su territorio; la relacin Estado-espacio geopoltico es, por tanto, claramente objetivada mientras que la segunda la nacin trasciende el espacio geopoltico dado que se constituye como una forma subjetiva que permite a los individuos reconocerse como iguales, es decir, miembros de una misma comunidad de cultura ms all de las fronteras del Estado por medio del empleo de los mismos smbolos de pertenencia: una lengua comn, tradiciones, historia, etc. En ese sentido, podemos discernir que en la actualidad, el Estado-nacin se origina, por una parte, en la eleccin de una forma de asociacin subjetiva y por otra, en su imposicin a las culturas existentes en un territorio (Villoro, 1988).
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prender la evolucin de los estudios culturales no hay que amputarles su parte poltica ni olvidar que la investigacin no se desarrolla slo en el mundo de las ideas y de los mtodos. Si bien es cierto que las ciencias no pueden desarrollarse in vacuo, principalmente las sociales, es igualmente importante subrayar que el reconocimiento del carcter poltico de los estudios culturales no debe traer consigo la politizacin de los mismos ni de las investigaciones sobre cultura. En consecuencia, si habremos de trazar fronteras para el humanismo, stas deben ser de orden epistemolgico, con el fin de encuadrar de forma ms precisa, el abordaje de los estudios sobre cultura ms no de carcter ideolgico. El resultado puede ser de grave pronstico, promoviendo a travs de discursos de exclusin, prcticas xenofbicas que daaran no solamente la interaccin entre distintas comunidades de cultura sino tambin la comprensin de la dinmica sociocultural de sus prcticas. En ese sentido, Mattelart y Neveu (2003:91) sealan que la paradoja [] est en sealar cules de los aspectos de esos nuevos tiempos y sus desplazamientos de problemtica tambin constituyen resultados y continuidades respecto de los temas fundamentales de los estudios culturales, es decir, discernir entre aquello que es objeto de reflexin de los estudios culturales y aquello que es propio de una comunidad de cultura pero que no constituye un objeto esencial de reflexin. Esta afirmacin tiene, de nueva cuenta, implicaciones peligrosas en el sentido de que los estudios humansticos trazaran nuevas fronteras ahora por mecanismos de discriminacin entre lo relevante e irrelevante como objeto de estudio para las ciencias sociales. Sobre lo anterior, cabe resaltar la importancia que supone el discurso de inclusin para la construccin de un humanismo sin fronteras, un humanismo que establezca una dialctica entre las distintas formas de pensar lo humano, lo social y de incluir lo ajeno como propio. En este orden de ideas, la concepcin contempornea de sociedad, desde la perspectiva del conocimiento, replantea la relacin que el ser humano establece con su entorno.
Las llamadas aldeas globales por una parte y por otra las sociedades de conocimiento permiten reflexionar sobre la forma en que la nocin de frontera ha cambiado sustancialmente. Este concepto ya no supone nicamente el trazado de lneas fsicas y tangibles. Las fronteras en la actualidad vienen determinadas por las nuevas tecnologas y el flujo de informacin que media entre las distintas comunidades de cultura. En consecuencia, en la actualidad podemos hablar de un giro tecnolgico que determina de forma directa la concepcin del ser humano y supone as el paso del homo sapiens al homo loquens con un replanteamiento de esta ltima concepcin a partir de su caracterstica distintiva, el discurso. El giro tecnolgico y el homo loquens Para poder comprender lo que el giro tecnolgico presupone en las nuevas formas de decir lo humano debemos replantear el concepto de homo loquens y el salto diferenciador entre ste y el homo sapiens. En la concepcin de este ltimo, se distingue con claridad, el nfasis etnocntrico del hombre como sujeto de conocimiento, en el centro del universo. Sin embargo, esta concepcin occidental de la cultura trae implicado el hecho de la exclusin del otro y por consiguiente, la imposibilidad de interactuar con l. No obstante, en el paso del homo sapiens al homo loquens lo que se intenta subrayar es el carcter interactivo y dialgico para la construccin del conocimiento, el desarrollo de las sociedades y en suma, el entendimiento de lo humano y de lo cultural. El homo loquens es un hombre que habla, interacta consigo mismo, con el otro y con su entorno. As, y desde la perspectiva sociolingstica, se enfatiza la primaca de la competencia comunicativa de los individuos para la comprensin de lo cultural. En ese sentido, en la medida que el ser humano dialogue ms con su entorno, su insercin y comprensin sociocultural ser mayor. El homo loquens pues, se encuentra, en la actualidad, en el centro del giro tecnolgico para la aproximacin de la cultura y de lo humano. As, las fronteras trazadas por las sociedades del conocimiento y las aldeas globales implican nuevas for-
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mas de actuar con el otro y el replanteamiento de lo distante y lo ajeno. En consecuencia, el flujo interactivo de informacin mediante las nuevas tecnologas plantea nuevas formas de construccin social, ideolgica e identitaria. Sin embargo, las nuevas tecnologas de la informacin suponen la creacin de nuevas comunidades de cultura ahondando la brecha entre las comunidades marginadas y aquellas con un rpido desarrollo tecnolgico. De hecho, el giro tecnolgico implica la transicin entre lo etnocntrico a lo gnoseocntrico: El conocimiento como centro del universo. Los efectos no se han hecho esperar, el discurso educativo ha reestructurado los conceptos de alfabetizacin y analfabeta y entre ambos conceptos se encuentra el analfabeta funcional que es aquella persona que si bien sabe leer y escribir no sabe discernir la informacin obtenida mediante un proceso de lectoescritura. En consecuencia, el giro gnoseocntrico supone la habilidad en los seres humanos para la obtencin de la informacin de cualquier fuente mediante recursos cognitivos diversos: procesos de inferencia, presuposicin, anlisis y sntesis entre otros, con el fin de la transformacin y adecuacin de la informacin a las necesidades comunicativas y de interaccin de los individuos. Las comunidades de cultura, en este punto, establecen sus fronteras a partir del grado de fluidez y rapidez en la construccin y transformacin del conocimiento, lo que nuevamente nos lleva a reconocer la urgencia de replantear las modalidades del discurso con el fin de salvar la brecha de la exclusin.
El humanismo de frontera
En este punto, se vuelve imperativo reflexionar sobre si existe un humanismo de frontera, es decir, una forma muy peculiar de entender lo humano a partir de las dinmicas interaccionistas muy peculiares que se dan en las franjas fronterizas como una nueva forma de ver el mundo. Aqu, puede resultar contradictorio intentar establecer un humanismo de frontera, que supondra apostar al discurso de exclusin y minimizar la importancia de las nuevas formas de configuracin social que
se establecen a partir del giro tecnolgico arriba planteado. Sin embargo, la tentacin es muy fuerte: no podemos quedar indiferentes ante el atractivo que supone el flujo sociocultural entre las fronteras geopolticas y analizarlo a la luz del concepto de sociedades de conocimiento. En las fronteras geopolticas en cualquier parte del mundo existe siempre una constante: el reconocimiento del otro. En ese sentido, las dinmicas que se establecen entre el discurso de inclusin y exclusin adquieren un matiz diferente y diferenciador. El reto pues, desde la perspectiva de la concepcin de las sociedades de conocimiento, es para las fronteras, cmo plantear lo humano a partir de la legitimacin de los puntos de coincidencia ideolgica. No obstante la presencia de puntos de coincidencia, puede parecer extrao la dificultad que enfrentan en la actualidad las distintas comunidades de cultura que cohabitan espacios fronterizos para entender y respetar al otro desde una perspectiva humanstica. Esta afirmacin obliga a la reflexin sobre la naturaleza de la dialctica que se establece en las zonas fronterizas. Por aos, las fronteras siempre supusieron puntos de friccin que exacerbaban los rasgos socioculturales y fundamentalmente lingsticos entre dos comunidades de cultura. El giro gnoseocntrico debe implicar, en nuestros das, que las fronteras redefinan sus espacios geogrficos. El flujo y la autodeterminacin de las culturas no puede ser bloqueado ni determinado por las prcticas xenofbicas o las ideologas imperantes entre dos Estados que comparten tal espacio; de la misma forma que los estudios culturales no pueden minimizar el componente poltico, las fronteras deben replantear su carcter humanstico a partir de prcticas identitarias que son producto de las cosmovisiones y el conocimiento que se nutre y construye dentro de sus espacios a partir de formas discursivas que le son muy propias. Las fronteras deben, por consiguiente, intentar la promocin de un discurso de inclusin que refleje con mayor exactitud la naturaleza interactiva que fluye entre las culturas que cohabitan en sus espacios. Las fronteras, en ltima ins-
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Las fronteras del humanismo y el humanismo de frontera: la construccin discursiva entre el espacio, la ideologa, la cultura y la identidad
tancia, deben constituirse como las sociedades de conocimiento que marquen la pauta en el mundo en la capacidad de tolerancia y franqueamiento de los estereotipos estigmatizantes, a saber, la incapacidad del reconocimiento del otro con el fin de promover un humanismo integrador y la preponderancia del giro tecnolgico fundamentado en la concepcin del homo loquens.
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Visin de la cultura en Tijuana y su vnculo con las humanidades
os orgenes de la ciudad de Tijuana se remontan al ao de 1769 cuando el capitn Fernando Rivera y Moncada y Fray Juan Crespi encabezan una de las primeras expediciones que el 13 de mayo llega a un llano, en la cercana de una ranchera indgena, que aparece en el diario de Crespi con el nombre de Sancti Spiritus. Por la descripcin que se hizo de los alrededores sabemos que se trata del valle de Tijuana. Esa ranchera y algunas otras del mismo valle pasaron a depender de la Misin de San Diego de Alcal. La ciudad, como asentamiento urbano, se inicia en 1889 cuando la autoridad judicial asign la superficie para una poblacin, siendo este el principio para el desarrollo posterior de la ciudad. Es durante el ao de 1940 [....] cuando se firma el decreto que le da fundo legal y que comprende una extensin de 836 hectreas del rancho Tijuana. (Padilla Corona, 1988:37). La zona central de la ciudad, rodeada de cerros, fue el primer asentamiento donde a travs del tiempo han ido surgiendo colonias cada vez ms habitadas. La lnea internacional se ubica en la parte poniente donde el ro, del mismo nombre de la ciudad, cruza el lmite fronterizo. Al paso del tiempo, y como consecuencia de grandes corrientes migratorias, la ciudad ha ido creciendo de manera desmedida, de tal suerte, que hay un gran nmero de fraccionamientos y colonias que por un desordenado crecimiento, care-
cen de servicios tales como agua, electrificacin, pavimentacin, etc. La modernizacin de la ciudad se inici en los aos setenta con una gran obra de urbanizacin sumamente importante que tom en cuenta 400 hectreas. A partir de los aos ochenta, Tijuana continu creciendo, ofreciendo en nuestros das la imagen de una ciudad moderna, pujante y en constante desarrollo; constituye una zona que proyecta su dinamismo a travs del comercio, el turismo y la industria maquiladora lo que estimula un permanente ingreso de divisas debido al flujo humano constante, tanto de estadounidenses y mexicanos emigrados, como de ciudadanos mexicanos ilegales o no, que cruzan la lnea internacional para laborar en el vecino estado de California y que regresan al pas con el producto de su jornada. El ser Mxico vecino de una de las primeras potencias comerciales a nivel mundial, le da ventajas para la instalacin de la industria maquiladora por la facilidad de adquirir materias primas, maquinaria y equipo as como para colocar sus productos en un gran mercado. La industria maquiladora se hace presente en esta zona a partir de los aos sesenta cuando el gobierno federal pone en marcha el Programa Industrial Fronterizo con la intencin de fomentar la generacin de empleos y elevar as el nivel de vida de la poblacin, sealndose tambin otros objetivos relacionados con la capacitacin de la
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mano de obra, el consumo de materias primas nacionales y la reduccin del dficit comercial; aportando adems mano de obra abundante, barata y eficiente. Por lo anterior, Baja California es uno de los focos de atencin ms importante para el mexicano del sur, quien ve en Tijuana la representacin de la tierra de promisin, ya sea para cruzar la lnea internacional e internarse en los Estados Unidos, o bien, para ubicarse temporal o definitivamente en ella para cristalizar el sueo de una vida mejor. En la actualidad, el estado cuenta con una buena red de comunicaciones y transportes, a saber, el ferrocarril Sonora-Baja California, el ferrocarril Chihuahua-Pacfico, servicios areos continuos, carreteras que lo comunican con el centro del pas y la carretera Transpeninsular, mismas que son utilizadas por personas que provienen de todas las entidades del pas. En este contexto, la ciudad de Tijuana, es receptora de una diversidad de orgenes, costumbres y valores culturales que tienden a modificarse en la medida que el inmigrante se adapta a ella. Sin embargo, esta adaptacin, a veces fcil, a veces dolorosa, conlleva un riesgo: la posibilidad de perder o trastocar los valores culturales propios ante el avasallamiento de la cultura estadounidense a la que se enfrenta cada da. Entendemos por cultura no slo la actividad espiritual, sino tambin la actividad material y sus productos, a saber, bienes y valores que originan su propia esencia, llegando a formar un mundo especial integrado de tradiciones, educacin, creencias y muchas cosas ms que influyen y son influidas por el ser humano y como dira Ortega y Gasset [....] es el sistema vital de las ideas de cada tiempo. (Ortega y Gasset, 1975:40). Esta creacin colectiva, y al mismo tiempo individual, genera un modo de vivir, una visin del mundo y de la vida que conforma lo que nosotros denominamos identidad. Es as como se ha conformado nuestra cultura mexicana, tan distinta de lo espaol como de lo puramente indgena, pero que tiende ms a identificarse con sta ltima, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Las manifestaciones de esta cultura tales como: la religiosidad, la funcin categrica de la familia, el arte, la literatura, etc., todas estas expresiones humanas se enfrentan irremediablemente en esta frontera con una cultura o varias culturas diferentes, creando en el habitante de esta zona un conflicto de valores del cual no siempre sale bien librado. La confluencia de diversos grupos culturales en esta regin y su interrrelacin van creando un tipo de cultura, producto de esta influencia recproca, que genera identidad. As, esta cultura nacional genera una identidad nacional que intenta conservar elementos fundamentales comunes como religin, lengua y nacionalidad. El individuo nacido o avecindado en esta zona fronteriza convive con un pueblo extrao, en tierras extraas, en donde intenta prolongar un pasado y costumbres que debe replantear cada da. Se enfrenta a la cruda realidad de vivir en un lugar que le obliga a convivir no slo con otros individuos con particularidades culturales diferentes, sino tambin con otras influencias propias del pas vecino, y al ser estas de fcil acceso, impactan su manera de vivir, de ver la vida, que le harn perder rasgos propios, adquiriendo otros a partir del contacto con estas culturas. Esta prdida puede ser de mayor o menor intensidad en la medida que cruce la frontera legal o ilegalmente y se establezca en este otro pas, o bien, en la medida que tenga contacto intenso o cercano de manera indirecta a travs de la radio, televisin, relaciones escolares, comerciales, etc. Con lo descrito lneas arriba, podemos asumir que un rasgo fundamental de Tijuana es su proceso de cambio constante, pero se impone la necesidad de ponderar objetivamente para poder diferenciar las acciones de fondo de aquellas circunstanciales y transitorias surgidas de la conviccin para resolver lo inmediato. Se vive el conflicto entre lo que se desea conservar y lo que se quiere negar; se vive en el desasosiego de comparar lo que es necesario incorporar con lo que es factible alcanzar. La comprensin y asimilacin de los cambios son origen de enormes problemas a la vez que de apertura de nuevas perspectivas en la comprensin de la propia identidad.
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No hay duda que con la rapidez con que los cambios se producen dificulta la comprensin y aceptacin de ellos. En esta regin donde las transformaciones de todo tipo son rpidas, las expresiones humansticas quedan a la zaga. Se propicia una conciencia de cambio constante donde la prioridad por solucionar problemas de tipo material ocupa el primer lugar. As, el individuo va a la bsqueda de opciones inmediatas que ofrezcan la posibilidad de bienestar material, de solucin a corto plazo, sin detenerse a considerar el por qu de los hechos humanos. Su realidad se encuentra ajena a esta reflexin, quiere vivir mejor de cmo vive y para la consecucin de este fin pone en juego todos sus esfuerzos. El desarrollo industrial y comercial de la ciudad, as como el del vecino estado de California le ofrecen el mbito adecuado para tal fin. En estas circunstancias cabe preguntarnos: es que ya no somos capaces de percibir, de asimilar, y sobre todo, de poner a un nivel humano este acelerado proceso de cambio? Ante tales experiencias, verdaderos retos difciles, no podemos dejar de hacer un gran esfuerzo para captar el tiempo, por comprender los cambios, por humanizar sus resultados. Se impone la necesidad de desarrollar nuestra comprensin de esta sociedad libre en proceso de transformacin. Para comprenderla habremos de referirnos a sus manifestaciones humansticas, pero aqu resulta fundamental comprender el sentido del trmino humanidades consignndolo como los fenmenos en que la realidad humana aparece sin limitacin alguna y sin prejuzgar la ms ligera interpretacin. Este humanismo se manifiesta a travs de las creaciones humanas y Tijuana no ha estado exenta de ellas. Para comprenderlo habremos de referirnos a sus manifestaciones, esto es, la literatura, la historia, el arte, la filosofa. La literatura es un proceso de educacin, de formacin interior del hombre y de los pueblos, del idioma como un lazo de identidad. Esta posibilidad educadora de la literatura la hace til para el despertar de los pueblos, para la madurez social. Y esta ha sido y podr seguir siendo la naturaleza ms ntima, ms vigorosa de varios momentos de la literatura bajacaliforniana.
Esta literatura, escrita en nuestro idioma, y en ocasiones, salpicada con trminos en ingls. Representa claramente el complejo fenmeno cultural de Tijuana. Flix Berumen nos dice a este respecto: [....] la historia de la literatura en Tijuana, al igual que la historia de lo que ha sido la ciudad, es tambin la historia de una migracin continua de escritores llegados de fuera o bien nacidos en ella (Berumen, 1990:16). Los diversos estilos literarios se han visto representados por una gama de autores que se dan a conocer a partir de los aos 30 pero es en la dcada de los aos 70 cuando irrumpe fuertemente, fuerza que cada da crece hasta nuestros das. En novela no podemos dejar de mencionar Tijuana Inn de Hernn de la Roca, A Tijuana, Nosotras las gringas, Max Lim de Miguel Milln, La dulce Patria de Mara Luisa Melo de Remes, Tena que matarlo y Calle Revolucin de Rubn Vizcano, A las 8 me matar de Joaqun Aguilar, La nueva aurora de Narciso Genovese, Pretexto y Todo sobre las focas de Federico Campbell, De infancia y adolescencia de Rosina Conde, Reencuentro con la vida de Norma Bustamante, El agua de la presa de Toms Perrn, Lmite de sombras de Julieta Gonzlez. Segn acota Flix Berumen, para el ao 1995 se haban publicado 44 novelas (Berumen, 1998:54), cifra que ha ido aumentando, lo que hace difcil conocer el nmero exacto hasta el da de hoy. La poesa presenta una produccin ms abundante. Es en la dcada de los aos ochenta cuando hacen su aparicin nuevos poetas. Algunos han nacido en el estado, otros provienen de diversas entidades del pas, algunos de ellos son: Gabriel Trujillo Muoz, Gilberto Ziga, Carlos Mogar, scar Hernndez Valenzuela, Vctor Hugo Limn, Juana Ros Aiz, Estela Alicia Lpez, Ana Mara Fernndez, Gernimo Massiel, Toms Di Bella, Jorge Garca Montao, Lauro Acevedo, Vctor Soto Ferrel, Eduardo Arellano y entre los ms jvenes incluimos a Sergio Rommel Alfonso, Alfonso Garca Corts, Elizabeth Algravez, Carlos Gutirrez Vidal, Edward Coward, etc. Por otra parte, el gnero cuento se manifiesta fuertemente a partir de 1982, sobresalen Rosina
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Conde, Luis Humberto Crosthwaite, Gabriel Trujillo Muoz, Jos Manuel DiBella, Leobardo Saravia, Jos Manuel Valenzuela, Vianka Santana y tantos y tantos ms. Otros gneros como el testimonio, el ensayo, la entrevista y el teatro tambin agrupan a un sinnmero de autores. Respecto a la historia podemos anotar que sta ha tenido siempre una funcin social, nos sirve para comprender el presente, pero sobre todo para iluminar proyectos sociales viables. En el ao de 1975 se crea el entonces llamado Centro de Investigaciones Histricas como un programa interinstitucional UABC-UNAM. Recientemente ha celebrado sus veinte aos y ahora es denominado Instituto de Investigaciones Histricas. Este Instituto que forma parte de la Universidad Autnoma de Baja California ha desarrollado proyectos de investigacin derivados de sus lneas de investigacin. Algunos de sus proyectos han sido: Impacto de la Ley Seca en la franja fronteriza mexicana 1920-1933; El surgimiento de las poblaciones de Baja California en el contexto de la frontera norte de Mxico 1870-1910; La tenencia de la tierra en Tijuana segn fuentes documentales 18801990; La Historia de Tijuana segn fuentes documentales 1889-1920, etc. Es poseedor del archivo ms completo sobre la historia de Baja California y el lugar ideal para el interesado en investigar temas de historia regional. Su sede se encuentra en el campus universitario de Tijuana y ha sido la inspiracin para los jvenes que se interesan por estos temas. Sus publicaciones sobre temas de historia regional son mltiples y son las mejores fuentes para comprender la historia de nuestro estado. Respecto al arte podemos anotar que siendo una tendencia fundamental del hombre, producto de su actividad creadora y conducta primordial de su comunicacin resulta importante su consideracin ya que es la expresin de la accin y voluntad del hombre y contribuye a la formacin de la conciencia humana. A este respecto, Hugo Covantes nos dice:
Las artes plsticas en Baja California han tenido un desarrollo notable en los ltimos veinte aos. Tal
lapso de tiempo ha permitido la consolidacin profesional de algunos pintores los que abrieron un frtil terreno con una visin actualizada del arte, y en el nacimiento y evolucin de aquellos que estn todava en proceso de formacin, buscando establecer su propio lenguaje. Unos y otros constituyen el cuerpo de lo que hoy puede llamarse la plstica bajacaliforniana. (Covantes, 1989:1)
La plstica bajacaliforniana se ha manifestado en exposiciones realizadas en la entidad y en diversos puntos del pas. Algunos de sus representantes son: Francisco Chvez Corrugedo, Carlos Enroth, Rubn Garca Benavides, Benito Gaytn, Florencio Ruiz. Entre los valores jvenes encontramos a Tania Caldern, Daniel Ruanova, Mely Barragn y Jaime Ruiz Otis. Por otra parte, con la apertura del Centro Cultural Tijuana en los aos ochenta, se dio un espacio importante a las manifestaciones de la plstica nacional y local, donde el visitante, a travs de las obras, se comunica y educa, se reconoce en su pasado para acceder a una toma de conciencia histrica. Otros espacios importantes lo constituyen las galeras de arte, algunas de ellas son: la Galera Carmen Cuenca, la Galera de Arte de la ciudad, Galera del Lugar del Nopal, Galera Universitaria. No podemos dejar de mencionar los esfuerzos realizados por los centros culturales independientes, como La Escala, La Estancia, La antigua bodega de papel que constantemente promueven actividades literarias, musicales y plsticas. Como instituciones oficiales destacan tambin la Casa de la Cultura de Tijuana y el Instituto de Cultura de Baja California que acogen a creadores y que organizan y promueven la realizacin de eventos culturales de diversos tipos. Mencin aparte merece el Centro de Humanidades, A.C. que fue fundado en el ao de 1990. Con quince aos de trabajo constante ha promovido el desarrollo de actividades culturales y humansticas a travs de sus diversos programas, entre ellos destacan la Campaa de Desarrollo Cultural Comunitario, llevando talleres de artes visuales a los centros comunitarios de la ciudad y el Programa para la Profesionalizacin Artstica, mismo que est apoyado por el Fondo Nacional para la Cultu-
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ra y las Artes, el CECUT, EL Instituto Municipal de Arte y Cultura, el Consulado de los Estados Unidos de Amrica y empresas privadas. Estas manifestaciones de las humanidades resultan incompletas debido a la ausencia de una representatividad filosfica, situacin comprensible para nosotros los que conocemos el proceso de desarrollo de esta zona, pero no por eso deja de ser necesaria. La filosofa, ciencia de la ciencia y encargada de definirla, es parte integrante del humanismo, su presencia no solo es importante, sino imprescindible. En la reducida lista de filsofos tijuanenses destacan Horst Matthai Quelle que dej una huella imborrable en los jvenes estudiosos de esta disciplina y que fue quien realiz las primeras publicaciones sobre el tema. Entre los jvenes destacan Mauricio Ramos con sus obras Indagaciones inhumansticas y Subtemas e introspecciones, Heriberto Ypez y Elliot Bentez. Ha sido hasta el ao de 1986, cuando la Universidad Autnoma de Baja California crea la Escuela de Humanidades ofreciendo al habitante de la regin la posibilidad de adentrarse sistemticamente en el estudio de la Literatura, la Historia, la Filosofa y posteriormente, la Comunicacin. Con diecinueve aos de trabajo ha formado un buen nmero de profesionales en estos campos del saber. Adems colabora en la difusin del conocimiento con innumerables actividades que se encuentran abiertas a propios y extraos. Su impacto empieza a sentirse a travs de sus egresados que se ubican, en su mayora, en actividades de desarrollo cultural y humanstico, sin embargo, requiere dejar transcurrir un buen lapso de tiempo para hacerse sentir, porque las humanidades son la causa eficiente del humanismo, es una nocin del mundo que le pertenece a un sujeto como fin en s mismo.
Cabe ahora hacernos una ltima reflexin: Cul es el significado de las humanidades en Tijuana? Podemos contestar que es la posibilidad de conocer y comprender la realidad, la cultura nacional. Es aportar la base sobre la cual puedan identificarse a partir de la tradicin y los valores que nos pertenecen, el esfuerzo digno de su historia, es la posibilidad de ser crticos e innovadores del presente, creadores de un futuro consciente y liberador de la cultura ajena que nos avasalla, ejerciendo un sutil flujo espiritual en la reconstruccin que nos espera.
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La escuela en Mxico desde la diversidad del contexto fronterizo
Mara Celina Aguirre Ibarra Universidad Iberoamericana Tijuana Enrique Mata Gonzlez UPN Unidad Mexicali
n Mxico se presentan un sinfn de matices regionales en cada uno de los estados que lo componen, donde la cultura y la educacin aparecen como todo un mosaico que llama la atencin por las valiosas aportaciones observadas desde un ojo que busca atento y encuentra sorpresa tras sorpresa, sobre todo cuando la mirada se concentra en esta parte delimitada como frontera norte. Una frontera que se caracteriza principalmente por el auge y empuje socioeconmico propio de la regin, muy influenciada por la cercana relacin que mantienen el estado ms prspero de los Estados Unidos, como es California. Es significativo tambin que la gente se caracteriza por ser franca, sincera, muy hospitalaria y en ese sentido es algo presente identificarnos con orgullo el ser cachanillas. Por otra parte, no podemos negar la influencia de los problemas propios de una regin en franco aumento poblacional, las complicaciones de un lugar donde confluye un muy amplio nmero de personas que llegan de otros estados de la Repblica, en busca de una buena oportunidad como para pasar al vecino pas, y al no lograrse hay la necesidad de quedarse ya sea provisionalmente o de manera definitiva en estas tierras. Esta situacin es una constante, porque son muchos los compatriotas que intentan una y otra vez esta hazaa y al no poder lograr su meta, entonces buscan otras opciones y ah es donde cam-
bia la perspectiva y se ven en la necesidad de hacerse un lugarcito para vivir, trabajar, estudiar, establecer vnculos, entre muchas otras cosas, siendo una de ellas muy importante la misma educacin para sus hijos. Entonces por esta situacin, las autoridades tanto federales como locales han tenido que abocarse a dicha problemtica, pero ante tal diversidad de formas de ser y hacer de las personas, por lo general quedan asuntos pendientes. La educacin y en concreto las escuelas siguen haciendo falta y es en este punto que queremos hacer una pequea reflexin, porque consideramos que eventos educativos como este siempre son un campo frtil donde se siembra la inquietud para hacer algo al respecto. Una sociedad como la nuestra, se caracteriza por hacerse cada vez ms presente una racionalidad, identificada dentro de la ciencia moderna en el despliegue de la tecnologa que se entromete sin medida alguna en a la cultura, debido a su capacidad de expresin prctica en general. Es por esto, como dice Ladrieri (1978), que se ha dado en tomar a la ciencia como una manera de apropiarse de la realidad, siendo as asumida para actuar efectivamente sobre el mundo que nos rodea. Pero entonces Qu podemos entender como ciencia moderna o la modernidad misma? Cul es la condicin del hombre? Qu beneficios se tienen como sociedad? Qu situacin prevalece? En general se habla de una prdida de senti-
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do, desde donde se cuestiona a la vida misma, en cuanto a las posibilidades de hacer algo en una sociedad donde lo que menos se tienen es aprecio por el otro y donde el mercado ha sentado sus reales. Hay un desencantamiento por el presente, no se quiere recordar el pasado y el futuro no es del todo halagador. (Berger, Luckman, 1997). Ahora bien, no es que presentemos un panorama pesimista, es simplemente que en los ms diversos escenarios y planteamientos tericos, metodolgicos, paradigmticos, entre otros, recurrentemente se hacen este tipo de sealamientos, la condicin moderna como que se diluye y empieza a ceder su lugar a lo que se ha denominado como posmodernidad, sin que ellos sea tampoco motivo de esperanza, porque no falta quien diga sigue siendo ms de lo mismo en el mejor de los casos, porque ahora se retoma la subjetividad orientada al descentramiento y la discontinuidad. (Tejeda, 1998). Desde esta perspectiva entonces encontramos que el hombre ha ido construyendo una serie de concepciones, perspectivas y maneras de ser que le han permitido ir conformando las culturas. Culturas, en plural porque una sola es obviamente visto que no ha sido suficiente, sino que cada una obedece a una muy particular forma de comportarse y constituirse en una sociedad. Y como parte del roce y acercamiento cada vez mayor entre culturas, se desarrollan formas de tolerancia que permiten ciertas expresiones de libertad de conciencia, para manifestar las ms diversas formas de ser y hacer de las propias culturas desde la misma diversidad, situacin que beneficia a la sociedad en general. (Gonzlez, Carbajal, 2000). Teniendo como antecedente inmediato las polticas educativas con un origen neoliberal, se siguen dando grandes debates en cuanto a quines estn a favor y otros en contra, porque aqu se hacen presentes tambin influencias tanto internas como externas. Esto hace por supuesto que las propuestas en el campo de la educacin se encuentran con un ambiente significado por la controversia. (Arriarn, Beuchot, 1999). En el fondo lo que realmente se est cuestionando es el tipo de hombre que se quiere formar,
por las mismas circunstancias histricas, los intereses tanto del gobierno en turno como de los organismos internacionales, que no dejan de hacer presencia buscando afianzar polticas econmicas, financieras, culturales y sociales. Condiciones que apuntan hacia la induccin de hombres, ya caracterizados por Fromm (2004), como hombres que a fin de cuentas sean tiles al modelo econmico, que se puedan insertar sin dificultad al proceso productivo, que sean afectos al consumo inconsciente y fcilmente influenciables. Nuestro pas no puede estar al margen del predominio del individualismo, desde el marco econmico del Capitalismo y en concreto del Neoliberalismo que priva en la actualidad. Aqu queremos rescatar el punto de que independientemente de dichas tendencias se trata de un individuo singular, y de que es una persona en su singularidad inmersa en un contexto social que le representa oportunidades abiertas para vivir integrada y constructivamente. En ese sentido se pretende buscar no tanto el tener, sino el ser de manera ms reflexiva, que implica lo que una persona puede ser y hacer buscando hacerse presente en su oportunidad. (Fromm, 1998). En una condicin psicolgica como esta de presiones provocadas bajo el marco predominante de los modelos econmicos, de produccin y de consumo, es evidente que se imponen slo algunos de los aspectos del carcter social del individuo, donde junto con otros individuos habrn de dar respuesta a las diversas situaciones que los demandan. Otra vez se hace necesario hacer una profunda reflexin sobre hasta qu punto el individuo como persona se resiste a incluirse en un proyecto donde no encuentra sentido grupal ni beneficios comunes y tiende entonces a necesitar o querer recluirse para conseguir manejar su propia condicin, buscar la felicidad, su propia expresin y su libertad vista como singularidad sin lograrlo debido a que se encuentra interiormente separado de s mismo y de los dems. (Fromm, 1995). En los proyectos que hace con otros no se incluye participativamente ni generosamente porque no cuenta ni consigo mismo ni con los dems, es decir, la persona se encuentra alejado de su
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vnculo esencial con su s mismo y esto disminuye el alcance de las expresiones dinmicas de su existencia. Por eso insistimos en que la persona antecede a la concepcin misma de individuo, y es condicin de la persona revalorar desde esa misma singularidad, que se encuentra formando parte de la sociedad, con obligaciones y responsabilidades, pero tambin con derechos y beneficios. El respeto como valor es fundamental, ya que permite relacionarnos con un sentido de independencia, de crecimiento y desarrollo y no dejarnos llevar por la inercia, donde lo que menos se aprecia es la libertad del otro. (Fromm, 1980). Si queremos ir ms all de nuestros cuadros mentales es necesario descubrir los factores que nos esclavizan para vivir plenamente. Slo avanzamos en profundidad y plenitud si somos profundamente respetuosos con todos los aspectos que implica vivir. Es decir, necesitamos plantear la situacin de la educacin desde otra perspectiva, que nos sea exclusivamente de la teora economicista, donde el hombre es visto nicamente como individuo, que sabindose parte del sistema social puede satisfacer sus necesidades. Esto desgraciadamente lo lleva a una concepcin donde prevalece el sistema de recompensas y castigos, por tanto todo adquiere un carcter mercantil, donde cada accin tiene un costo y por tanto hay que pagar lo correspondiente. (Mungua, Castellanos, 2001). Estos elementos estn presentes en lo que conocemos como cultura, ah es donde se comparten y experimentan entre otros estos valores, que vistos desde una perspectiva mucho ms amplia es la recuperacin misma de la dignidad humana. Pero no son los valores desde un punto de vista de la eticidad en lo abstracto, sino desde la praxis misma que caracteriza su actuar, con un sentido histrico que es propio. (Yurn, 1995). Atendiendo ms concretamente a lo que se refiere a una educacin desde la interculturalidad y/ o multiculturalidad, entonces de lo que se trata es poner mayor nfasis en la misma diferencia, porque as tendramos una actitud ms orientada hacia la diversidad, el pluralismo. Si partimos de lo
que nos distingue tal vez podamos encontrar las pautas que nos conectan. Mientras tanto, no podemos dejar de tener presente que se sigue haciendo presente con gran fuerza la tendencia homogeneizadora. Por eso es que proponemos que se reflexione ms al respecto. (Arriarn, 2001). Reflexin como apuntamos, acerca de la constitucin del ser humano y de su posicionamiento como ser social en la matriz cultural. En el caso particular de la escuela mexicana, poco se hace al respecto, los valores y su enseanza solamente son abordados de manera indirecta y muy superficialmente. Se le da mayor importancia a la enseanza de las matemticas y el espaol que son conocimientos considerados como prioritarios. Esto a su vez no impide que los alumnos se las ingenien para asimilar valores que la misma escuela genera, a pesar de que la educacin sea el sitio para adquirir conocimientos valiosos. (Elizondo, Ghosh, Tarrow, 2002). Con referencia a la educacin bsica, se ha encontrado que el proceso de adquisicin de las nociones tanto de lo cultural como sociales se fundamenta y asimila principalmente con relacin a los determinantes histricos del contexto propio donde se encuentra viviendo cotidianamente y a las capacidades de comunicacin, de expresin, y de las formas que encuentre para desarrollar su propia responsabilidad para enfrentar los requerimientos de la vida escolar. De esta manera activa y operante asume y hace propios valores tales como el respeto y cuidado como vive la vida, la verdad, el amor y otros que son encarnados al afirmarse directamente en su contacto con otras personas. (Cantoral, 2000). Para el buen desarrollo de este proceso es importante recuperar el mismo contexto de la enseanza tomando en cuenta que vara de una escuela a otra. Una diferencia es la particularidad real de accin prctica que realizan los profesores privilegiando lo que en el aula se hace posible o no. Otra diferencia ms es lo relacionado a lo que tienen en comn las diversas prcticas de los docentes, independientemente de los tiempos y las distancias, hay similitudes que los identifican como trabajadores de la educacin en los muy distintos
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niveles que se desarrollan y son recurrentes sorprendentemente. (Fullan, Hargreaves, 1999). En cuanto a los profesores que laboran en la educacin bsica, se han hecho intentos para fomentar los valores en la escuela, como una fuerte preocupacin de las autoridades para que precisamente ellos sean los portadores y difusores de los mismos. Formalmente se hace esto posible en la asignatura de Formacin Cvica y tica, que termina favoreciendo ms a los aspectos cvicos que a los ticos como necesidad social que se ha llevado al proceso mismo de la formacin inicial. (Schmelkes,1998). Tenemos entonces que la escuela misma es generadora de unas series de valores, condiciones sociales, culturales, econmicas, polticas e ideolgicas que no podemos dejar de tener presentes. Porque como institucin es instituyente e instituye todo un sistema de formas de ser hacer. No es aceptable pues considerarla como un espacio neutral, porque entonces corremos el riesgo de caer en un tipo de ideologa que no permite avanzar en la comprensin de lo que ah acontece y en especial la necesaria reflexin sobre esto. (Bourdieu, 1990) En todo este acontecer de la vida cotidiana Qu papel juegan los profesores? Qu posibilidades tienen de influir? Qu significa para ellos su propia labor? Son preguntas que quedan ah, porque dar respuesta a las mismas sera desde un marco de referencia con el cual no necesariamente tenemos por qu estar de acuerdo. Por otro lado, es un protagonista no del todo valorado en su justa dimensin y eso es una realidad. Su situacin se complica un poco ms cuando hablamos de un lugar tan controversial como es el contexto fronterizo, donde confluye un muy variado grupo de personas con orgenes culturales distintos y que por las mismas circunstancias, se han visto en la necesidad de compartir un espacio y tiempo con otros no del todo convencidos de la relacin. Esto por supuesto se refleja en la escuela y el profesor tiene que dar respuestas lo mejor posible. Bajo estas condiciones el profesor ha sido identificado como un agente socializador, donde bajo la concepcin de una pedagoga fronteriza tiene
que atender ante todo la diferencia, compartir lo ms posible la inclusin y hacer explcitos los antagonismos sociales, desde el planteamiento de lo pblico. No olvidar que es representante tambin de una propuesta gubernamental que se cristaliza en planes y programa, se hacen efectivos en los libros de texto, sin dejar de observar, precisar y atender la pluralidad para formar crticamente al ciudadano con un sentido de igualdad. (Giroux, 1997). Esto por supuesto no es fcil que digamos, ya que se ponen en juego en el profesor mecanismos de aceptacin/rechazo que le hacen entrar en una constante lucha entre lo propuesto en los programas oficiales, las exigencias propias del aula y su concepcin como deber ser. Un estudio realizado al respecto, obtuvo pocos halagadores resultados ya que es revelador al ser para el profesor problemticos, excesivos y poco satisfactorios. (Esteve, Franco, Vera, 1995). Por otra parte, una de las propuestas actuales derivada de las diferentes reformas educativas que se han venido dando en los ltimos tres aos, es que la enseanza procura que sea centrada en el alumno. Esto no ha sido del todo bien logrado porque una cosa es el cambio por decreto y otra las prcticas cotidianas que se hacen efectivas en el aula. Recordemos que vivimos en una cultura centrada en la autoridad y un ejercicio irrestricto del poder. Qu posibilidades tienen los alumnos de hacer algo ms que escuchar? (Comboni, Jurez, 2000). Una de las estrategias que se han documentado al respecto, ha sido en cuanto al manejo de los temas de manera cada vez ms integrada y relacionada por parte de los profesores. En este aspecto, el alumno tiende a ser incluido en una mayor actividad y que a su vez sea aportador, segn el contenido trabajado. Repetimos que esto ha sido tomado en cuenta, mas no que sea algo posible de generalizar como dado. En concreto lo que se propone es recuperar al alumno como sujeto protagonista. (Toledo, Sosa, Aguilar, Colin, 1998). En otras investigaciones, se menciona que los cambios al interior del aula desde el punto de vista valoral, siguen estando mayormente centrados en el profesor. Es ste quien se asume como el actor principal, condiciona la estructura de partici-
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pacin y los contenidos son ms trabajados al interior del propio campo disciplinario, pero no relacionados con valores que adquieren sustancia en el dilogo acerca de situaciones vividas. (Garca, Vanella, 1999). Esto por supuesto que tiene sus repercusiones tanto en el mbito psicolgico, sociolgico y cultural de los alumnos. Donde priva un ambiente de estas caractersticas, pocas posibilidades quedan para intercambiar puntos de vista, concepciones y visiones que son propias de los alumnos. La afectacin de la diversidad, pluralidad y las percepciones que se van tomando del contexto mismo en que viven y en la frontera se complica. Y al respecto de complicaciones de este tipo, en estudios desde la perspectiva de gnero, se puede ver que se presentan de manera recurrente actitudes de rechazo hacia el directivo en el que se centra el poder y de aplicar a su vez el control sobre los alumnos como sus respectivos subordinados, con marcado nfasis diferencial entre los nios y las nias. (Parga, 2004). Ya refirindonos al mbito local, hay investigaciones realizadas sobre la diversidad que priva en las escuelas pblicas, en una frontera como en la que nos encontramos los bajacalifornianos. Se menciona de una manera contundente cmo entre los mismos alumnos se establecen ciertas diferenciaciones de manera muy precisa. Porque no es muy aceptable que digamos entre ellos la presencia de alumnos que vienen de otros estados y en particular del mismo interior de la Repblica. Los sealamientos son peyorativos y despectivos en diversos grados para significar el estatus que tienen dentro del aula de acuerdo a sus diferencias. (Ochoa, 2004). En otra investigacin se analiza el poder que ejerce el profesor dentro del saln de clases haciendo gala de lo que se le denomina como arbitrariedad cultural. De esta manera el alumno solamente le queda asumir un papel de sumisin porque este poder es precisamente lo que legitima la autoridad del profesor y todo lo que diga o haga es un conocimiento cierto. (Martnez, 2005). As el binomio poder y saber queda a buen resguardo por parte del profesor, quien lo ejerce
discrecionalmente sin hacer diferenciacin alguna, ya que dentro del aula tiende a la homogeneizacin cultural de los alumnos. Recurdese que el profesor es un agente que tiende a difundir las concepciones de una determinada ideologa que le imponen por medio de los planes y programas. En buena medida tambin van implcitamente impregnados de su ideologa personal. (Freire, 2002). Pero tambin hay que tener presente que esto no se da de manera nica o sin mayor sobresalto. En cierta forma se presenta al interior de estos procesos resistencias, tanto de los profesores como de los alumnos. Ah es donde los puntos de contacto tanto de tipo valoral como de la misma diversidad se van dando en la praxis. No quisimos parecer pesimistas, pero s mostrar en parte la realidad de las escuelas en Mxico y en particular lo que se ha encontrado por medio de las investigaciones tanto en el mbito nacional como local en esta nuestra frontera. Son muy variadas y reveladoras las aportaciones de estos investigadores, por eso insistimos que es necesario seguir buscando y haciendo lo posible por encontrar otras vas que permitan vivir en la diversidad de un contexto. Proponemos que la reflexin en la accin puede abrir nuevas opciones, que las luchas en los diferentes mbitos son importantes porque muestran que hay posibilidades de encontrar una mejor forma de convivir en la diferencia, con respeto, con responsabilidad, en un dilogo incluyente. Es impostergable hacer efectivos a los valores en el interior del aula para extendernos hacia la construccin de ambientes sociales humanitarios, donde a fin de cuentas el sitio donde el discurso tiene que ceder su lugar a la esperanza...
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El fin de las fronteras en el arte (y su comprensin hermenutica)
l fin del arte (o muerte del arte, como la identific Benedetto Croce), ha sido entendido en la actualidad como el estado de cosas, el acontecimiento que constituye la constelacin histrico-ontolgica en la que nos movemos, en palabras de Gianni Vattimo. Ello a partir de dos formas, fundamentalmente: como anulacin y extensin de los dominios de la experiencia esttica; y como autonegacin de la obra de arte, respuesta a un tiempo en el que los medios masivos de comunicacin se han convertido en los principales generadores del sentimiento del gusto, el placer, la sensibilidad y lo bello. Explosin de lo esttico que se realiza en la autoironizacin de la produccin artstica, es decir, la capacidad que tiene la obra de poner en discusin su propia condicin, as como la negacin de los lugares que tradicionalmente han estado reservados a la experiencia esttica. A travs de esta explosin, el arte derrumb sus tradicionales confinamientos para desparramarse perderse? eludirse? en el tejido social, donde podramos seguir pensando en la utopa de poder habitar, al fin, poticamente la tierra, como reza uno de los extraordinarios versos del poeta alemn Hlderlin. Intentemos acercarnos ms al anlisis de esta circunstancia, argumentando a favor de una postura metaterica que mejor permita comprenderle. Es comn, en la actualidad, escuchar una serie de juicios sobre el arte contemporneo por tal
arte consideramos aqul que surge a partir de la dcada de los aos 80, del siglo pasado, con las llamadas posvanguardias, en especial el pop art. As se dice que dicho arte es aburrido, que no promueve ninguna emocin esttica, que es el efecto de trucos intelectuales que slo disimulan su vaco y nulidad, que es sin contenido, que se asemeja literalmente a nada (ah donde vivimos precisamente la era del vaco, segn lo ha demostrado Lipovestky); adems de que no obedece ningn criterio esttico, que no demanda ningn talento artstico especial; arte que se ha separado de la historia (en una poca que tambin adolece de tradiciones y en donde nos hemos desprendido de herencias, viviendo en la orfandad espiritual); arte que no es crtico y que ms bien se encuentra promovido por el mercado y el gusto homogneo de las masas, los criterios de la usura; arte artificial que necesita la proteccin del museo y que se dirige a un pblico que no comprende nada. Arte postaurtico, en el sentido en el que Benjamin hablaba de l en la poca de reproduccin tcnica1, y en el que ha perdido toda su pertenencia a
Seala Benjamn: en la poca de la reproduccin tcnica del arte, lo que se atrofia es el aura de sta (Benjamn, Walter, Discursos interrumpidos, Barcelona: Planeta-De Agostini, 1994, p. 22). Obra desvinculada de la tradicin, presente masivamente ah donde su presencia resultaba irrepetible y nica; donde todos pueden verla pero, donde tambin ya no es ms necesaria.
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un lugar; prdida de su unicidad y autenticidad. Arte que ha invadido el tejido social de una manera comercializada y resacralizada. Invasin del dominio del gusto popular en una regin antes reservada al gusto de las lites burguesas selectivas; arte colectivo, objeto de exposiciones masivas, dejando atrs el culto y la experiencia singular reservada. Arte que ha perdido su valor de referencia a una circunstancia para hacerse con la de todos (que requiere de todos la misma disposicin anmica confusa, irregular, incluso indispuesta, arrancada, no prevista), para inscribirse en una continuidad de cambios que se encuentra en funcin de la demanda. Arte por encargo, que adquiere los valores de la exposicin y de la publicidad. Banalidad del arte. Todos los juicios que hemos mencionado refieren la verdad peculiar del arte de nuestro tiempo. El arte ha servido y sirve para muchas cosas: para celebrar el poder, para divertir y hacer olvidar a la gente los horrores de la vida, para encantar a un mundo prosaico, as como para criticar una vida ilusionada. En la actualidad, estas funciones del arte se han potencializado, a la vez que hemos asistido, desde la dcada de los aos 80 del siglo pasado, a una crtica del sentido del arte provocada por el mismo arte. Se trata de un arte que exige ms a sus espectadores que en otra poca. Si es verdad que hemos asistido al triunfo de una forma poltica como la democracia, el arte no se ha quedado atrs en estos escenarios de abierta pluralidad y puntos de vista sobre la realidad, de forma que su carcter inconcluso, efmero, le resultan consustanciales. Es as que el arte contemporneo no se encuentra abocado a la produccin de obras maestras, alrededor de las cuales se realice una comunicacin de los espritus, como tampoco se encuentra en la lnea de avanzada de investigaciones que tiendan a la solucin al menos no es seguro, de problemas delicadamente humanos. Ms bien, ha adquirido un carcter procedimental 2, destinado a producir las ms variadas experiencias estticas novedosas. Es un arte que, de alguna manera, ha roto su propia imagen, ha trascendido las fronteras que la propia esttica le haba establecido al
ser portavoz de cuestiones metafsicas para darse, por un lado, la oportunidad de ser l mismo lo que corresponde al movimiento de las vanguardias de principios del siglo XX y, despus generar un movimiento antiarte donde ha sido puesto en crtica y discusin, renegando de su naturaleza anterior. De tal suerte que, en la actualidad, vivimos las secuelas del rompimiento de la identidad del arte y de una nueva bsqueda en la cual desempea un papel central el espectador o consumidor de arte, el mercado y las instituciones culturales. En su sentido tradicional, la obra de arte y sus condiciones materiales y conceptuales de existencia, ha desaparecido ante nosotros para dar paso a una serie de manifestaciones artsticas que carecen de programa o que, al menos, no se encuentran predeterminadas por una tradicin. Ms que obras de arte, en su sentido tradicional cannico, estamos ante simples objetos dentro de los que cabe lo ms intrascendente (una buena apologa de ello lo encontramos en la literatura cortazariana), los desechos industriales, como el caso extraordinario del artista mexicano Gabriel Orozco, quien realiza instalaciones, fotografa, escultura y otros productos a partir de lo que ya no usamos, de lo que resulta ser un objeto desechado, as como aquellos que son elaborados sobre la base de una propuesta que no conoce otro destino que el de la interrupcin, el del corte, la ruptura con cualquier pretensin ideal. En particular, este artista ha sostenido que en el arte contemporneo, al menos el que l formula, no se trata tanto de crear un nuevo estilo, sino de descubrir lo que antes no exista, de provocar cambios con aquello que la vida misma otorga, que son tanto accidentes como sorpresas, lo excepcional y lo extraordinario, como tambin lo quisiera Julio Cortzar. Contener los residuos de la accin, las huellas de las cosas, lo que est pereciendo, el desgaste, la erosin. Es por ello que se le puede ver recogiendo basura en Nueva York, ms precisamente en los contenedores de obras en demolicin; se trata de deshechos, lo que ha sido puesto
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fuera de la circulacin, lo que ha dejado de ser til. El artista como un gran pepenador de lo intil, retornando a la accin ms humana, elemental, recolectar. Si hemos hablado de aceptar lo que nos toca, Orozco aade a esto una cierta voluntad que se asombra cuando deja de tener expectativas; es ah cuando ocurre lo potico. El artista contemporneo se instala en una extraa regin donde no se espera nada, para que precisamente todo ocurra. Un poco como vivir al da, y tratar de buscar lo que funciona para el momento. Pero tambin es cierto que de esta manera vuelve a cierto rasgo de la naturaleza humana relacionada con lo incierto, lo frgil, lo mudable de las cosas. Para Orozco, finalmente, el arte, antes que cualquier otro cometido, adems del poltico que le concede desde un inicio, no slo nos permite ver con mayor claridad el mundo sino que, en la medida en que no se puede cuantificar su impacto, sigue siendo un misterio.
derse por el arte. Hegel aventur ciertas causas peculiares que explican tal situacin:
la vida civil y poltica, que no permite al nimo, atrapado en mezquinos intereses, liberarse para ascender hacia los fines superiores del arte, puesto que la inteligencia misma est sometida a esta miseria, y su atractivo por las ciencias es tributario de aquellas que tienen utilidad para tales fines y se deja corromper al confinarse en esta aridez.5
II
Es por ello, que en muchos sentidos nuestra poca ha venido a consumar la famosa sentencia hegeliana del fin o muerte del arte. En efecto, el pensador alemn lleg a sostener que:
La forma peculiar de la creacin artstica y sus obras no llena ya nuestras necesidades ms elevadas; hemos ido ms all de la honra y veneracin divina de las obras de arte; la impresin que ellas nos producen es algo ms reflexivo y lo que provocan en nosotros exige un criterio ms alto y una confirmacin distinta3.
El autor de la Fenomenologa del Espritu se refiri al hecho de que el arte, cierta forma del arte, habra perdido su autntica verdad y fuerza vital; habra sido relegado en nuestra representacin, de modo que no mantiene ya en la realidad su antigua necesidad ni ocupa su elevado puesto4. Nueva realidad para el arte y su experiencia, dominadas ahora por el saber, la teora o la ciencia donde antes exista, por ejemplo, la manifestacin o epifana de lo divino o fuerzas naturales. El pensamiento y la reflexin comenzaron a exten-
As, la impresin que generarn las obras de arte ser ms bien algo reflexivo: ya no pertenecern exclusivamente al orden del goce inmediato, sino al juicio, ya que sometemos a nuestra consideracin pensante su contenido, el medio de manifestacin de la obra, y la adecuacin o inadecuacin de ambos. El arte por s slo ya no ser capaz de satisfacer nuestras necesidades ms elevadas y requerir, por ello, de una ciencia llamada esttica, en el decir de Hegel. Por s slo el arte ser incapaz de darnos su verdad, ya que depender de otros modos de reflexin: en nuestros tiempos la ciencia del arte es, pues, mucho ms necesaria que en otras pocas, en las que el arte por s mismo proporcionaba como tal una satisfaccin plena6. Contemporneamente, cierto arte habra muerto por dos razones: al romperse el cerco tradicional que lo confinaba a espacios especficos y donde pudiera ser apreciado como tal y, despus, por el hecho de haber sido reemplazado por una cultura masiva, creadora de gusto y sentido existencial sobre los placeres y deleites, sobre la sensibilidad y lo imaginario. Muerte que no sera sino su difuminacin, dispersin, errancia o descentramiento, confusin en el sentido de andar entre mltiples realidades. El artista del siglo XX habra ocultado el sentido de su obra al alejarla de los medios de comprensin habitual, al no otorgarla al deleite o disfrute
Hegel, W.F., Esttica. Introduccin, Bs. As., Siglo XX, 1983, p. 51. Hegel, W.F., ibid., p. 53. 5 Hegel, W.F., ibid., p. 51-52. 6 Hegel, W.F., citado por Bowie, Andrew, Esttica y subjetividad. La filosofa alemana de Kant a Nietzsche y la teora esttica actual, Madrid, Visor, 1999, p. 148.
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inmediatos, y ms bien refugiarla en cierto espacio de incomprensin o dificultad. Habra hecho lo posible como en realidad ocurri con las vanguardias del siglo XX, por silenciar su obra, por remitirla al silencio de su decir y con ello distanciarla de los valores comunes, generados por una cultura de lo superfluo y la rapidez. Alejar la obra de los valores con los cuales se la vena apreciando, incluido el de la belleza. Negacin de la obra: reaccin a una sociedad mediatizada. Tal es el caso del urinario de Marcel Duchamp (Fountain, 1917): objeto que carece de cualidades estticas, y en el cual est escrito que La delectacin esttica es lo que debe ser evitado. Pero fue, sin duda, el arte pop quien vino a consumar tal ruptura. En efecto, Brillo Box (1964), de Andy Warhol, afect la definicin de la obra de arte. Se trata de una reproduccin de cajas de empaque de jabn del mismo nombre. Reproduccin que, a todas luces, no puede ser una obra de arte. El crtico norteamericano Arthur C. Danto considera que este fue el fenmeno artstico ms radical y crtico de mediados del siglo pasado, y que signific en efecto, algo que Hegel ya haba denunciado como el fin del arte. Las cajas apiladas de Warhol plantearon filosficamente la pregunta ms aguda que el arte se hubiera hecho, en un tiempo en el que tienen lugar sus posibilidades ms amplias y con una amplsima gama de expresiones. El arte pop cuestion identidad del arte. De ah su carcter filosfico. Ya no habra que plantearse la pregunta de qu es el arte?, sino cundo algo es arte? Esto le ocurre al arte en el momento en el que goza de la ms absoluta libertad, lo cual constituye la marca de su prctica contempornea. De aqu que Danto haya manifestado, como una de sus tareas centrales como crtico de arte, la de establecer los principios de una crtica artstica en una poca plural, si es que tal crtica debe ser tan plural como el arte al que refiere. A partir de tal instalacin, Warhol dio pie para que todo pudiera ser una obra de arte y para que cualquiera que lo quisiera pudiera convertirse en un artista, al menos por 15 minutos. Es decir, se prob la contingencia del arte, casi como
Sartre volvi casual, por no decir banal, la existencia en su totalidad7. Dicha obra sent entonces el postulado de que si todo es posible en el arte (otra consecuencia ms del nihilismo representado en la famosa frase nietzscheana de la muerte de Dios, cuntas muertes hubo en el siglo XX, simblicas y reales?), entonces no existe un futuro especfico del mismo, nada es necesario y puede ocurrir cualquier cosa. La pregunta que emerge con la obra de arte de Warhol es la de qu diferencia una obra de arte de algo que no lo es si, de hecho, parecen exactamente iguales, es decir, cuando no existe una diferencia perceptiva interesante?8 A partir de la mitad del siglo pasado, el arte perdi su identidad y dej de ser sencillo decir qu era una obra de arte. Con Warhol qued claro que una obra de arte no debe ser de una manera especial, bien podra parecerse a una caja de jabn detergente, una lata de sopa, un tiburn congelado (Damin Hirst, The Physical Impossibility of Death in the Mind of Someone Living, 1991; ste es uno de los artistas ms representativos del arte contemporneo), o bien la amplificacin de la fotografa de una asesina de nios, del tamao de la pared de una de las salas de la Tate Gallery de Londres. Ms aun, Danto considera que con el arte pop la filosofa del arte pudo por fin liberarse de la historia del arte y realizar una pregunta que, de alguna manera, la puede conducir a otros planos de la reflexin. Entender por qu ahora lo que vemos en los museos y galeras es arte puede constituir, por fin, una pregunta autnticamente filosfica, ms all de lo que tradicin haba establecido al respecto. Es decir, estaramos ante la posibilidad de una nueva conciencia filosfica desprendida del ya no poder distinguir entre lo que es arte y lo que no. Lo cual significa dos cosas ntimamente relacionadas, aunque la primera pueda ponerse todava a discusin:
7 El filsofo francs lleg a sostener que todo lo que existe nace sin razn, se prolonga por debilidad y muere por casualidad. Es por ello que lo esencial es la contingencia; la existencia no es la necesidad, todo es gratuito (Sartre, Jean.Paul, La Nusea , Bs. As., Losada, 2002, p. 149). 8 Danto, Arthur,C., Despus del fin del arte. El arte contemporneo y el linde de la historia, Bs., As., Paids, p. 57.
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Significa en primer lugar que, siendo trado a este nivel de la conciencia, el arte no carga con la responsabilidad de su propia definicin filosfica. Esto es tarea de los filsofos del arte. Segundo, significa que de ningn modo las obras de arte necesitan parecerlo, dado que una definicin filosfica del arte debe ser compatible con cualquier tipo de arte, con el arte puro de Reinhardt, pero tambin con el ilustrativo y decorativo, figurativo y abstracto, antiguo y moderno, de Oriente y Occidente, primitivo y no primitivo, por ms que estos puedan diferir el uno del otro9. Warhol vino a demostrar que todos los estilos en el arte son igualmente vlidos, y que ninguno es mejor que otro. A partir de esto, termin el relato que se despleg en la historia del arte durante siglos y que legitimaba ciertas formas y estilos, para dar paso a una pluralidad de discursos artsticos, pluralismo estructural, Babel de conversaciones artsticas no convergentes. De esta manera, el arte contemporneo acab liberndose de su historia. Hoy se hace arte en cualquier sentido, con cualquier propsito o ninguno. Es ms, ni siquiera es importante que exista objeto privilegiado del arte. El arte dej de responder y de cargar con la gran responsabilidad que la historia o la filosofa le haban encomendado, depositando en l quiz esperanzas desmedidas. Arte que comenz a obedecerse a s mismo, quiz siguiendo las huellas de lo ausente, dicho de manera heideggeriana. Es por ello que el arte contemporneo no requiere ya ms de manifiestos, ni que se le venga a decir lo que tiene que hacer desde un mbito que no sea el suyo. Necesita de otro tipo de crtica. Asistimos al extrao fenmeno de una esttica sin arte y de un arte sin esttica. Como hemos sealado, lo primero se entiende en razn de lo que se ha dado en llamar la estatizacin de la vida cotidiana, ah donde la esttica, entendida como teora de la sensibilidad, ha retomado para s una cantidad variada de experiencias estticas que no necesariamente provienen de objetos artsticos privilegiados. La idea de experiencia ha ampliado los dominios de la esttica, incorporando espacios, mbitos, regiones, momentos de la vida diaria que presentan, casi con la misma peculiaridad,
los efectos de las obras de arte, si bien en grados variables. Predominio de la experiencia antes que de la teora o el manifiesto. Pero adems, es tal la cantidad de opciones del arte contemporneo que ms bien se requiere de discursos singulares o especficos para cada una de ellas. La obra de arte contempornea genera su propia crtica y resulta difcil realizar, en nuestros das, generalizaciones vlidas para todas las manifestaciones artsticas. Puede existir, incluso el silencio ante la obra, como bien lo apuntaba Hans George Gadamer, en lo que podemos llamar una hermenutica de la obra de arte, a la cual nos referiremos en la parte ltima de este artculo, y ah donde es necesario que ella hable, se imponga ante el espectadores o consumidor del arte. Callar para que nos habite la obra con su tensin, con sus mundos posibles, en la conivencia de tierra y mundo, al estilo de Heidegger. Alejamiento del sujeto para que la obra de arte sea la que nos diga, para que sea en nosotros de manera plural, abierta, multvoca. La obra de arte contempornea da que pensar, antes que convertirse en un medio, bastante ilustrador por cierto, de ideas preconcebidas, o de que forme parte de un proyecto, como medio para un fin que no sea ella misma. La relacin de la esttica con el arte contemporneo se ha vuelto algo contingente (el siglo XX tambin fue sartreano). De cualquier manera, Danto no dejar de reconocer en el arte actual, a pesar de su indefinicin, un gran cometido humano. Est ah para ayudarnos a ver algo en nosotros, para hacernos recordar los lmites humanos, de que existen cosas incomprensibles e irrebatibles. Como es el caso de lo sublime que Danto encuentra en el pintor Barnett Newman, quien muestra lo irrepresentable, incluso no pintable, paradjicamente, a travs de franjas de color horizontales y verticales. Obra que sigue contribuyendo a situar la verdadera posicin del hombre ante lo que lo rodea; que es capaz de hacer que el ser humano vuelva a tomar conciencia de lo que es y de donde est10. Como en los
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Danto, A.C., ibid., p. 58. Danto, A.C., The Abuse of Beauty. Aesthetics and the Concept of Art, Illinois, Carus Publishing Company, 2004, p. 158.
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mejores momentos de la historia universal del arte, la obra de Newman permite definir los lmites de la capacidad comprensiva del humano; est ah para abismarnos, pender del abismo y traer noticias de ello, como hacen con frecuencia los poetas. Es por ello que, desde este punto de vista, y retomando una idea fabulosa del escritor Nabokov, Danto sostiene la idea de que lo hermoso es lo sublime en medio de la noche del no-ser. De las obras de arte a los objetos del arte. Nos encontramos, pues, ante objetos de arte que no tienen nada de esencial como cualidad que los determine. Son ms bien smbolos que tienen la peculiaridad de remitir a una variedad infinita de sensaciones, emociones y experencias. Experiencia que es la que viene a ocupar el lugar que en otro tiempo tena la verdad en la obra. Experiencia tambin que, en muchos aspectos, resulta ser convencional. Si los objetos de arte han renunciado a la esttica tradicional, no pudiendo encontrar en ella ni programa, justificacin o explicacin, esta no se ha quedado atrs y ha transgredido tambin su dominio tradicional, venciendo las fronteras en las que quedaba confinada. Ahora existe una cantidad de objetos que acceden a las propiedades estticas sin que puedan ser considerados como obras de arte, aunque si objetos de exposicin en museos y galeras. Fuera del dominio especializado del arte, la esttica ha trasgredido las fronteras que separaban a dicho dominio con otros de la vida cotidiana y ha inundado el vivir, la experiencia de todos los das. Hablamos de elementos estticos que colorean, perfuman cada vez ms la existencia: el diseo de interiores, el medio ambiente, la ropa, el maquillaje y los productos de belleza, el cuidado de la apariencia, del cuerpo, la belleza moral que existe en el centro de la obsesin por lo correcto. Paradjicamente, vivimos en el reino de la belleza justamente cuando ella ya no existe en el dominio del arte, al menos desde que Baudelaire la transform11. De ah la necesidad de que tengamos que volver a pensar la condicin del arte contemporneo y de la esttica la cual, en teora y los hechos, habra perdido su objeto. El arte trascendi sus pro-
pias fronteras, dej por ello de ser tal, para dar paso a una plyade de objetos y experiencias las cuales han venido a subsanar lo artstico y esttico. De ah que sea comn en la actualidad preguntarse ms incisivamente por lo que es el arte, en el momento en que ste ha perdido toda identidad, en donde ha dejado de parecerse a lo que la tradicin le haba asignado y donde una gama de circunstancias que, sin ser artsticas, se han elevado a dicho rango12. En una poca donde hemos matado a Dios para vivir el nihilismo, es decir, donde todo vale, pero tambin donde todo es posible, cualquiera, en efecto, puede ser artista y cualquier cosa puede ser obra de arte. Arte sin fronteras desde siempre se dir, universal para el caso, slo que ahora ha transgredido sus propias definiciones; ha ido ms all de cualquier previsin y concepto de s para hacerse valer en espacios que no le eran afines, que, por tradicin lo excluan como parte de su identidad. Arte idntico a su negacin. Esta es sin duda la trasgresin ms radical que hemos contemplado del arte contemporneo. No es que haya ido ms all de s mismo, en el carcter de trascendencia y universalidad que siempre le ha caracterizado, sino que se ampli a su negacin, incorporndola y volviendo problemtica su experiencia. Saliendo de s incorpor todo lo que le era ajeno, perdindose y exponindose a los riesgos del mundo prosaico y matrico. Renunciando quiz a elevados valores espirituales y religiosos que la filosofa le haba concedido, o bien encontrndolos en una nueva dimensin ms cercana al vivir de los hombres mortales, a la vida trgica y creadora, humanamente posible.
11 Recordemos lo que sealaba al respecto: He dado con una definicin de lo Bello de mi Bello. Es algo ardiente y triste, algo un tanto impreciso, que deja en libertad la conjetura. (Baudelaire, Charles, Poesa completa. Escritos autobiogrficos. Los parasos artificiales. Crtica artstica, literaria y musical , Madrid, Espasa, 2000, p. 22). Otras caractersticas de la Belleza lo sern el misterio y la aoranza, pero tambin la Desgracia, sobre la que pona especial nfasis el poeta francs. 12 Ya en los aos 70, del siglo pasado, el citado escritor argentino Julio Cortzar hablaba de una belleza que tena que seguir siendo fin y no medio, ya que su creador ha identificado en s mismo su sentido de la condicin humana con su sentido de la condicin de artista (Rayuela, Madrid, Suma de letras, 2002, p. 607).
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III
Pero tambin algo que ha ocurrido en esta poca, donde es difcil establecer qu es arte y que no, es la aparicin de diversas metateoras que tienen como funcin precisamente explicar lo que ya no es evidente por s mismo; un arte que nos ha invadido por todos lados pero que no resulta comprensible a primera vista y que requiere, como nunca restablecer, puentes comunicativos. Una de ellos, y que resulta interesante para los fines del tema que nos hemos propuesto, es la ontologa hermenutica al estilo de Gadamer. Tal tendencia no solamente insiste sobre el valor del arte en la actualidad, se presente como sea, sino que contempla el papel activo, colaborador del espectador en la elaboracin de su sentido. Postura que trata de reelaborar nuevas categoras estticas que permitan entender lo que hemos sealado. Adems de que insiste en la dimensin de la tradicin, la historia y la conjuncin de horizontes epocales para la comprensin de la verdad contenida en el arte. La hermenutica ha convertido la obra de arte en un modelo de ser antimetafsico, retomando con ello la sentencia nietzscheana en el sentido de que es el arte lo ms antimetafsico que hemos creado. Es en el problema de la verdad donde podemos observar con cuidado lo anterior. De acuerdo con la esttica hermenutica, el sentido de la experiencia artstica en el arte posmoderno ha significado la substitucin del concepto de verdad, tal y como es encontrado en el dominio de las ciencias exactas conformidad de la proposicin con la cosa, por un concepto ms general y comprensivo que se funde en el de experiencia como modificacin que sufre el sujeto cuando encuentra algo que realmente tiene importancia para l13. La verdad es entendida, en este contexto, como el abrirse de horizontes histricos y de destino en los cuales se hace posible toda verificacin de proposiciones: trtese del acto en el cual se instituye cierto mundo histrico-cultural en el que cierta humanidad histrica ve definida de modo originario los rasgos portadores de su propia experiencia del mundo14.
La verdad en la obra de arte, en particular, se entiende como un evento, esto es, el determinarse cada vez, diverso y diferente, de estructuras ordenadoras de la experiencia inscritas en los mudables lenguajes de la humanidad. Es una verdad de media luz, que no es la evidencia de un ser oculto, sino que lo que es ser dado por el silencio o retiro. La verdad que acaece en el arte no tiene los caracteres de verdad como evidencia temtica, sino los de apertura del mundo (colocacin de la obra en el fondo, debilidad del ser). De esta manera, el arte asume una posicin perifrica. Esto se entiende mejor si se toma en cuenta la ontologa dbil de Heidegger, en el sentido de que el ser ya no es el centro frente a la periferia, la esencia frente a la apariencia, lo duradero frente a lo accidental y situaciones por el estilo: el acaecer del ser es ms bien un evento marginal y poco llamativo, efectivamente, un evento de fondo. Lo que encontramos en el arte es, por cierto, un llamamiento a lo insignificante de la vida, a los datos insustanciales y como perdidos de la cotidianidad o mundaneidad; lo que permanece como residuo, ms que como algo eterno. Fundacin, si es que vale, a partir de lo insensible, de las discontinuidades o rupturas, escansiones. La obra dura por su debilidad, entonces. El arte es experiencia de verdad si se trata de autntica experiencia, es decir, si el encuentro con la obra modifica realmente al observador. Convertir la experiencia esttica en experiencia histrica, fue el cometido de Hans-George Gadamer con el cual, sin embargo, Vattimo no est de acuerdo. Mientras que Gadamer insiste en que el encuentro con la obra de arte debe insertarse en una continuidad dialctica del sujeto consigo mismo y su propia historia, esto es que la obra es un evento histrico as como nuestro con ella, Vattimo alega que la experiencia esttica es puntual: lo que se da en la obra de arte es un peculiar momento de ausencia de fundamento de la historicidad, que se presenta como una suspensin de la continuidad
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Vattimo, Gianni, El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenutica en cultura posmoderna, Barcelona, Gedisa, 1990, p. 110. 14 Vattimo, G., ibid., p. 62.
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hermenutica del sujeto consigo mismo y con la historia15. En particular, fue Heidegger quien condujo el problema del arte dentro de los intentos por ofrecer una concepcin positiva del ser no metafsico, esto es, por mostrar el acontecer histrico del ser, su eventualizarse en varias aperturas que establecen la forma en que el Dasein se vincula con los entes y consigo mismo, a la vez que se define como proyecto existencial. En El origen de la obra de arte, la historia de la metafsica es reemplazada por la reflexin y el dilogo con y sobre las aperturas histricas en las que el ser se ha dado. Lo que importa entender con ello es que con el arte asistimos a un acontecimiento de la verdad que, sin ser el nico, tiene un carcter esencial al ofrecrsenos como fundamental para el desarrollo del conocimiento y la vida humana. La apuesta es realizada con mucha contundencia, ya que Heidegger no vacila en sostener que ha sido el arte el que ha puesto de manifiesto (ha develado, iluminado, aclarado, vuelto patente) lo que despus ser tematizado por las ciencias o la filosofa. El arte ha estado presente, de una manera peculiar, en las revoluciones del conocimiento. Lo que en el futuro se llamara ser se puso ejemplarmente por obra. El ente en totalidad as abierto se transform entonces en el ente en sentido de lo creado por Dios. () El ente se transform otra vez al principio y en el transcurso de la Edad Moderna. () Cada vez se abri un mundo nuevo y esencial. () Cada vez aconteci la desocultacin del ente. Se puso en operacin y quien lo puso fue el arte16. El arte como impulsor de la historia, la cual es entendida como la misin que los pueblos encuentran en la medida en que se sumergen en lo que viven o en el medio que les es dado. Para la hermenutica, el arte fundamenta, instaura, erige, fortalece y mantiene cierta apertura del mundo, a partir de la cual lo existente adquiere sentido y se relaciona con nosotros. Determina la forma de relacionarnos con las cosas, con lo que somos y no somos a la vez. Apertura que define tanto al ser como a lo que no es: el misterio o suspenso que siempre envuelve a una realidad.
En este sentido, por ejemplo, Gadamer tratar de entender a la verdad en el elemento de la simulacin, del smbolo, la alegora, el juego o la fiesta, adems de que insistir en el particular encuentro con el arte el cual slo sabe dirigirse a cada uno de nosotros en cuanto tal. En el arte no es lo particular lo que se experimenta, sino la totalidad del mundo experimentable y de la posicin ontolgica del hombre en el mundo, y tambin, precisamente su finitud ante la trascendencia17. El acontecer de la verdad en el arte debe entenderse, de acuerdo con la hermenutica, y a partir de un sentido encontrable en los pensadores presocrticos, como desocultacin o develamiento del ente, de un mostrar o patentizar la presencia de las cosas que esconde, a su vez, cierta reserva; razn por la cual nunca se agotan en su darse al hombre. Lo que la verdad puesta en obra por el arte lleva a cabo es este primer y fundamental desgarramiento del ente, a partir del cual tenemos algo por descubrir y describir. El sentido de la verdad encontrable en el arte remite por tanto a una revelacin y ocultamiento a la vez. Dialctica de mundo y tierra, en la cual el primero es la iluminacin de los caminos de las indicaciones esenciales a las que se ajusta todo decidir, y que se fundamenta en la segunda, que remite a lo no-dominado, oculto, lo que aparece como cerrndose a s mismo18, 19. La verdad que acontece en la obra de arte revela el ser de las cosas en su patencia, esto es, en su presencia indeclinable, en su densidad de ser, como lo quera Sartre. Es una verdad que puede convocarnos, apelarnos desde cualquier tiempo, es decir, que es recuperable sin que su sentido
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Vattimo, G., ibid., p. 111. Heidegger, M., Arte y poesa, Mxico: FCE, 1995, p. 117. 17 Gadamer, H.G., La actualidad de lo bello, Madrid, Paids, 1996, p. 86. 18 Heidegger, M., Arte y poesa, p. 89. 19 Toda claridad es a la vez un ocultamiento; todo saber, una ignorancia, como tambin lo pudo entender la pensadora espaola Mara Zambrano: No cabe negar el gran xito que ha obtenido el entendimiento moderno en su inquirir a la realidad; sta le ha arrojado ciertos secretos que le permiten manejarla, pero se la ha cerrado en otros (Cfr. La confesin, gnero literario, Madrid, Siruela, 1995, p. 42).
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pueda ser clausurado, lo cual slo podra ocurrir si el hombre cayera en un abandono irreparable. Es por ello que la obra de arte no puede remitir tan slo a lo ya habido, insertarse tal cual al mundo de sentidos ya establecidos, sino que ella misma pretende ser una perspectiva global sobre el mundo, una representacin verdadera y propia de tipo proftico y utpico de un mundo alternativo en el cual el orden existente es revelado en su injusticia e in autenticidad20. La obra es posibilidad de existencia, sin que pretenda anular ninguna otra, tan slo suspende el carcter exclusivo y contundente de los mundos afirmados como nicos. En este sentido, el arte incrementa el ser, la realidad, al agregarle algo extraordinario, desconocido hasta el momento y que rompe con lo habitual; algo que se mantiene entre lo descubierto y lo oculto. Heidegger define por ello el sentido del instaurar como ofrenda o sobreabundancia. De cualquier manera, y en algo que Hegel ya haba anotado, la proyeccin potica de la verdad que acontece en la obra de arte es capaz de recuperar el destino histrico de un pueblo, lo cual quiere decir que no se erige sobre el vaco o lo indeterminado, sino que atiende el destino ya contenido del existente histrico en s mismo. La obra pa-
tentiza lo que ya se encuentra formando parte de un proyecto histrico, el fundamento autoocultante en donde descansa un pueblo y que, sin embargo, puede no conocer (tierra). Es por ello que un pueblo puede asistir a diversas fundaciones o comienzos de s mismo. El hombre funda al crear y, al hacerlo, saca de lo oculto o reservado el sentido de su ser-proyecto temporal o destino. La instauracin es un comienzo, una contienda que se debate entre lo posible-oculto y lo real-visible. De ah que el arte sobrevuele lo establecido, anticipa lo que vendr. Lo bello mismo no es sino uno de los efectos de esta verdad, entendida entonces como ordenamiento de un mundo posible. Por todo lo anterior, podramos concluir sealando que la obra de arte no slo presenta un carcter futurista siempre estar a la espera de quien se ubique a partir de ella o se instale en la apertura que representa, sino que mantiene una continuidad temporal inseparable de las transformaciones. Este puede ser quiz un marco de referencia para comprender las difusas fronteras del arte contemporneo.
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Medios de difusin, sociedad y educacin
Mara Teresa Bermdez, Manuel Ortiz Marn, Victoria Santilln Briceo Esperanza Viloria Universidad Autnoma de Baja California
Resumen Explicar la aldea local y global, implica por referencia, usar los medios de difusin, hoy denominados como sistemas mediticos. Con ello las realidades, antes lejanas y desconocidas, se han acortado y plasmado en la conciencia del individuo de forma ms inmediata. Las dimensiones de espacio-tiempo, hoy tienen otra expresin. La conformacin de lo social, ya no transita slo por la familia, la escuela, el grupo de referencia o el barrio. Cada vez ms con mayor fuerza, se conforma gracias a los sistemas mediticos. En la ltima dcada del siglo XX, el acelerado desarrollo de estos sistemas en lo tecnolgico, aunado a la globalizacin de la informacin, provocan un alud de sucesos difcilmente cuantificable y mucho menos, regulable. Aprovecharse de la tecnologa informtica, de la velocidad de la informacin y del ensanchamiento de los caminos del conocimiento, nos parece inteligente y prudente de parte de padres y educadores. Ser esa la posibilidad del futuro de la educacin? Este texto reflexiona sobre esta nueva realidad meditica en el campo de la educacin y su repercusin en el quehacer de la sociedad contempornea.
ueremos empezar este texto como una referencia a un producto muy popular en el campo de la televisin, y relacionarlo con el tema que nos convoca. A mi juicio, los medios de difusin masiva (MDM) son como la telenovela que nuevamente est en boga y que remite a una edicin colombiana, me refiero al programa de televisin llamado La fea, la ms bella. Pocos les reconocen su importancia y capacidad. Sin embargo, casi todos necesitamos de ella. As tambin ocurre con los medios.
Por tal razn nuestro inters se dirige a un pblico heterogneo como el que suele asistir a este tipo de reuniones y no a los especialistas. Va ms dirigido a los padres y educadores de cualquier nivel, que al especialista que suele elaborar, con todo respeto, discursos academicistas. Nuestro inters es provocar la reflexin y ojal, la participacin de los asistentes. En esta cotidianeidad en la que todo se sumerge y nos envuelve, utilizaremos una ancdota que a una de las autoras de este texto le ocurri, pero que seguramente a cualquiera padre o madre de familia le acontece. Dicho ejemplo indica el tejido tan profundo que nos enlaza con los MDM tanto en los temas ms sencillos, como en aquellos que implican una mayor capacidad de abstraccin. La semana pasada platicando con mi hija de 10 aos, me coment lo siguiente: en la escuela mis compaeras piensan que deben tener novio, yo les coment que no, que debemos pensar en tener novio en la secundaria. La respuesta de ella me sorprendi. Le pregunt, dime cmo fue que tomaste esa decisin. Ella dijo, bueno, en la serie de Lizzie McGuire, slo los adolescentes tienen novio, fcil La charla con mi hija cambi en cierta medida la construccin del presente texto. La decisin que ella tom la apoy, ya que concuerda con los valores familiares inculcados y transmitidos de diversas formas; pero qu pasar con aquellos valores
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con los que no estamos de acuerdo. De la charla queda clara la importancia de los medios en la vida familiar, en la socializacin de los jvenes y con mayor razn, en la educacin. En el contexto actual, el entorno de la educacin y de los MDM, con todas sus variantes y sus aplicaciones pedaggicas rigen la enseanza y la educacin de nuestros das. Los sistemas pedaggicos junto con los avances de los medios son muchos, a todas luces positivos, en este contexto debemos reconocer su aportacin en el uso social de las nuevas tecnologas en la ampliacin del espacio de la informacin, que no del saber. Por otro lado, tambin debemos reconocer otro uso de los medios y de los sistemas que tienen aspectos negativos, es el caso del curso que se le da a la informacin y la equivocada orientacin que la enseanza impone. Ciertos espacios, por ejemplo, en las televisoras hacen uso del sensacionalismo, la degradacin de las personas y el descaro, por decir lo menos. Bajo este contexto negativo de la cultura meditica, la educacin tiende a la alfabetizacin de lo superfluo, en lo lateral, a lo local y paradjicamente analfabetizan en la universalidad de la cultura. La universalidad de la educacin significa, poner al hecho humano (racional, lingstico) por encima de sus modismos, valorarlo en su conjunto antes de comenzar a resaltar sus peculiaridades locales y sobre todo no excluir a nadie a priori del proceso educativo que lo potencia y desarrolla1. Hoy en la frontera del saber, las del conocimiento, las instituciones educativas y particularmente los educadores enfrentamos una sensible baja de nuestra capacidad educadora. Existe un rechazo de todo compromiso, una sobreestima de la comodidad y una nueva morfologa de la familia que responde al mercado. Mercado que la ideologa de la globalidad pareciera que todo lo abarca, aquello que reconocemos como mundo, por lo menos lo que est a nuestro alrededor. Sobre todo que es vendida por los pregoneros del progreso, como lo moderno. Referirse al concepto de mundo, llmese realidad, imaginario social, universo, contexto, o cualquier otro concepto conlleva la explicacin del
entorno gracias a lo explicable y cercano, y a lo lejano y descriptible merced a los MDM. La tarea del educador, cualesquiera que sea su nivel, de explicar la aldea local y global, implica por referencia, usar los medios y que a partir de este momento me referir a ellos como sistemas mediticos. Con ello las realidades, antes lejanas y desconocidas, se han acortado y plasmado en la conciencia del individuo de forma ms inmediata. Las dimensiones de espacio-tiempo, hoy tienen otra expresin. Por tal razn, la conformacin de lo social, ya no transita slo por la familia, la escuela, el grupo de referencia o el barrio. Incluso la denominacin frontera, ya no slo es una condicin fsica. Cada vez ms con mayor fuerza, se conforma gracias a los sistemas mediticos. Qu representa este hecho ineludible para educadores y en general para la sociedad? Muy probablemente hace 20 o 30 aos, estos sistemas eran locales, programables, relativamente escasos y muy predecibles. Fcilmente identificables e incluso referenciales en el hogar y en la escuela. Haba un sitio especial en la sala de cualquier hogar para ellos, por ejemplo. En la ltima dcada del siglo XX, el acelerado desarrollo de los sistemas mediticos en lo tecnolgico, aunado a la globalizacin de la informacin, han provocado un alud de sucesos difcilmente cuantificable y mucho menos, regulable. Tan slo para tener una idea de la dimensin de lo que hablamos. En Mxico, segn el XII Censo de Poblacin y Vivienda del 20002, haba en la Repblica Mexicana ms de 18 millones de hogares que tenan uno o varios aparatos de televisin. En Baja California, tan slo la cifra era de 531 mil viviendas con televisor, lo cual representaba del total de viviendas el 95%; tan slo superado por el Distrito Federal con un punto porcentual ms. La media nacional, es de 86% de hogares mexicanos que tienen un aparato de televisin en
Savater, F. (1997). El valor de educar. Mxico: Ariel. INEGI. 2001. XII Censo Nacional de Poblacin y Vivienda.: Viviendas particulares habitadas por entidad federativa y bienes en la vivienda, y su distribucin segn disponibilidad de bienes. Ags.: INEGI.
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la sala, recamara, cocina o cualquier otro lugar ideal para este equipo. Segn el Reporte Mundial de Educacin de la UNESCO3 sobre los aparatos de televisin, computadoras y sitios de Internet por pas. Mxico en 1997, tena por cada mil habitantes, 272 televisores, 38 computadores y posea 44 sitios de Internet4. En los ltimos datos del INEGI5, al 2005 el 92.7% de hogares mexicanos tiene televisin; el 18.4% tiene computadora en el hogar, pero apenas el 9% de los hogares cuentan con Internet, es decir apenas poco ms de cinco millones de usuarios mexicanos; y en este sentido la proporcin de usuarios de seis o ms aos de edad que usan la computadora es del 28.5%. Esto representa una enorme ventaja o desventaja? Es como el vaso, se ve medio lleno o medio vaco. La respuesta est en parte en los propios medios de difusin. Qu es lo que proponen, qu mensajes producen y cuntos de ellos estn destinados a mejorar la cultura y la educacin de los usuarios. En contraposicin, le preguntaramos al pblico asistente. Cuntos televisores hay en su hogar? Cuntos libros y qu tipo de libros tenemos en la casa? Qu cantidad de libros leemos al ao? Cuntas horas le dedicamos a leer un libro o a ver la televisin, en el caso de los nios y jvenes, el gameboy, nintendo, sega o playstation? Me parece que no podemos los educadores y en general la sociedad, demandar una cultura, por ejemplo de fomento a los libros, por no decir en la msica formal, en la pintura, en la escultura, teatro, danza, etc., etc., y mucho ms etc., en nios y jvenes, mientras este hbitus en la concepcin de Bourdieu no sea estimulado desde el hogar, reforzado en la escuela y multiplicado por los MDM. Claro que no le podemos pedir peras al olmo, como dice la conseja popular, si empresas como Televisa, TV Azteca y casi cualquiera emisora de este tipo, tienen por principal producto los reality show, talk show y otros tipo de programas de comicidad vulgar, cuando el verdadero humor como el de Chespirito todava es vigente, para todas las edades. Qu de todo ello modifica el entorno del educando?
Mucho, ya sea favorable o desfavorablemente. Su concepcin de la realidad, al ampliarse tiene la oportunidad de asumir otros contextos y compararlos con los suyos. Los valores, conductas, actitudes y hbitos inculcados por la familia, la escuela o el entorno social, son confrontados y puestos a discusin. Antes lo era por el grupo de amigos, el barrio o la escuela. Ahora, adems por las expresiones diversas y mltiples de los sistemas mediticos. La idea no es satanizar a los sistemas mediticos, por mucho que ellos contribuyen a tal adjetivo. Para los polticos como vemos, un reportero, casi le representa esa figura, y an ms. La propuesta es reflexionar sobre el cmo las formas de aprendizaje se modifican. El conocimiento ya no reside slo en el aula, en la palabra del maestro, o el libro de texto. Hoy circula el conocimiento por la va de los sistemas mediticos, como lo sugieren los datos anteriores. A veces ms rpidamente, pero no necesariamente ms veraces. Los nios y jvenes se enteran de la realidad de muy diferentes maneras de cmo lo hacamos los adultos. Slo que a nosotros a veces se nos olvida como lo hacamos de jvenes, seguramente diferente de nuestros padres y abuelos. Los MDM aportan una enorme cantidad de experiencias, que hacen de la vida de la mayora de los individuos, una vida absolutamente diferente de las generaciones anteriores6. En esta avalancha informativa, no todo es informacin, no todos los datos son ciertos. Es all donde el papel del educador y de los padres es importante. No para oponerse, negar o desacreditar la accin de los sistemas mediticos, sino para orientar, mediar
3 UNESCO 2000. World education report 2000. Culture and communication indicators, 1990 and 1997. UNESCO. 4 Estados Unidos, contaba en 1997 con 806 televisores, 401 computadores y 7,589 sitios de Internet por cada mil habitantes. Canad, por su parte, 710 televisores, 271 computadoras y 2,773 sitios de Internet. Para tener idea de que ocurre con otros pases latinoamericanos, Argentina y Brasil por cada mil habitantes, tienen 233 televisores, 39 y 26 computadoras respectivamente y 56 y 72 sitios de Internet cada uno. 5 http://www.inegi.gob.mx/est/contenidos/espanol/rutinas/ept.asp?t= tinf000&c=6672. Consultado el 8 de febrero de 2006. 6 Thompson, John (1998). Los media y la modernidad . Paidos. Mxico: Espaa.
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y educar para la recepcin. Creo que la palabra correcta, ante este flujo incesante transmitido por los medios, sera equilibrar su accin. Aprovecharse de la tecnologa informtica, de la velocidad de la informacin y del ensanchamiento de los caminos del conocimiento, parece inteligente y prudente de parte de padres y educadores. Urge por lo tanto una reflexin crtica de la relacin e interaccin con los medios, ya sean de los ms sencillos como escuchar msica en un CD o a los ms complejos como la televisin interactiva, video juegos, Internet como el caso del chat. De esta interaccin sujeto/medios las personas desarrollan un tipo de identidad, as como, intercambio de conocimiento hasta patrones para el amor y la conquista.7 Se debe trabajar en polticas de educacin para los medios en particular a los medios televisivos, en dos aspectos fundamentales, 1) contenidos programtico en educacin, con la incorporacin en los planes de estudio informacin sobre los medios y su uso; 2) en el espacio meditico ciudadano, fomentar la participacin de la familia, la escuela, la comunicacin y los medios, para aprender a leer cuidadosamente el mundo y a participar en asociaciones de usuarios de medios que presiones y cambie los medios a favor de un mundo tolerante y pacfico. Para robustecer esta idea, acudo a una cita del socilogo francs Franois Dubet, que en entrevista periodstica deca: Hoy es necesario que los nios que salen de la escuela sepan utilizar una computadora. Si queremos que los nios resistan Disney Word, hay que darles las herramientas de Disney Word. Hay que tambin mostrarles cmo se hacen las pelculas en. No se les puede prohibir que vean la televisin, sino explicarles cmo se hace televisin. Debemos recordar que el papel de la escuela es volver a la gente inteligente. Y
no se puede lograr esto cerrando la escuela con respecto al mundo. El papel de la escuela es permitir a la gente entender el mundo.8 Lo nuevo, al hombre le ha causado incertidumbre, recelo y hasta rechazo. Su conducta ancestral, a la cual se ha aferrado por aos, es mantener lo conocido, y controlable. Todo lo que cambia el estado de las cosas que conoce y domina, le implica un ajuste a una nueva realidad. Los hombres (como raza, no como gnero), somos de costumbres. Todo aquello que altera la realidad conocida nos llena de dudas y temores. Recordemos que lo nico estable es el cambio. Terminaramos la participacin, invitndoles a reflexionar sobre la vida de Galileo y su lucha por que la sociedad de ese entonces, conociera y aprendiera la existencia de otra nocin de mundo. Invit a los presentes a preguntarse, de qu lado quieren permanecer. Del lado de quienes lo acusaron de alterar el orden estable de las cosas y llevaron ante la Inquisicin, de esos cientficos ciegos a la realidad, de una sociedad no dispuesta al cambio. O de aquellos, que lentamente se convencieron que haba una nueva forma de realidad. De aquellos que como Galileo, que an a pesar del rechazo, saba que lo mejor siempre es dudar de la realidad, pues slo as se determina la verdadera realidad. Por nuestra parte, slo diramos: sin embargo, se mueve.
Orozco, Guillermo. (2000). Pedagoga de la Tel-e-videncia en la Televisin: enemiga o aliada?, memorias del I Seminario Internacional. En Educacin para el uso creativo de la televisin, Caracas. En lvarez Miquelina, Por qu la educacin para los medios en las escuelas bsicas venezolanas. Luces en el laberinto audiovisual. Universidad central Venezuela ININCO. 8 Dubet, Francois (2001). Las escuelas: el mercado de los diplomas, p. 49, Mxico: El Financiero.
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Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento bola de sebo
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Mirar la frontera desde la cultura
Introduccin
lo largo de su historia, la frontera noroeste de Mxico ha tenido diversas representaciones, ya sea que se la mire desde la perspectiva del estadounidense, del mexicano del centro, o de los propios habitantes de la regin; que se piense en ella en trminos geogrficos, econmicos, sociales o culturales; y aun con base en una mezcla de todos esos aspectos. En este trabajo se hace un recuento de la historia de tres de las muchas miradas que se han elaborado: como consecuencia de su geografa e inaccesibilidad a la colonizacin, por su vinculacin econmica a travs del turismo con el pas ms poderoso del mundo, y por la disponibilidad de bienes extranjeros; y se hace notar que en cada una de estas formas de ver a la frontera se ha puesto atencin en mayor o menor medida a las implicaciones culturales que presentan, y que han llevado a destacar las diferencias de quienes habitamos esta regin respecto del resto de los habitantes del pas. Ms que un trabajo de presentacin de resultados de investigacin, es esta una reflexin que invita a mirar la frontera desde una ptica que permita encontrar las semejanzas que nos unen, y a considerar que hay diferencias que no se deben solamente a la geografa.
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invaluables, as como la fundacin de centros de poblacin que an existen en nuestros das, como Loreto, San Luis Gonzaga, San Xavier y San Ignacio, en lo que hoy es Baja California Sur. Pero tambin fue drama debido a que en los setenta aos que estuvieron los jesuitas en nuestra regin disminuy la poblacin indgena en forma alarmante, debido sobre todo a que los espaoles trajeron con ellos enfermedades desconocidas para los indgenas, y tambin a que impusieron un rgimen de vida que alter de raz la que haba sido existencia en vagabundeo de recolectores de frutos, cazadores y pescadores, sin ms reloj que el sol y sus apetitos (Len-Portilla, 1994, p. 10). A la salida de los jesuitas de los territorios espaoles en 1767, fueron los franciscanos quienes se hicieron cargo de las misiones fundadas por los primeros, adems de que establecieron como reto avanzar hacia el norte, por lo que su primer objetivo fue ocupar la baha de San Diego. En su camino hacia la Alta California, establecieron los franciscanos con fray Junpero Serra encabezndolos la misin de San Fernando de Velicat, la nica fundada por ellos en la Baja California, y en el mismo ao de 1769 avanzaron hacia San Diego. Con ello, qued una zona intermedia entre Velicat y San Diego que habra de ser explorada por los dominicos merced a un concordato que se firm entre ellos y los franciscanos en 1772, por el cual se distribuan las misiones californianas. Al respecto, dice Len-Portilla (1994, p. 12):
A los dominicos, en cambio, toc en suerte una doble tarea. Por una parte, deban rescatar lo que era ya insalvable, es decir los antiguos centros con poblaciones en vas de extincin, donde haban laborado los jesuitas y luego por breve lapso los franciscanos. Por otra, correspondi asimismo a los dominicos llenar el vaco del pas intermedio, al que se refera [Francisco] Palou en su informe [de 1771]. Ese pas era precisamente el de La Frontera, el extenso territorio que, por coincidencia entonces imprevisible, llegara a ser el ms septentrional que pudo conservar Mxico frente al llamado Destino Manifiesto o rapia de los anglosajones que, en pleno siglo XIX, emprendieron avasalladora guerra de conquista.
Cul era la extensin de La Frontera? De acuerdo con Peveril Meigs (1994), la zona dominada por las misiones dominicas cubra alrededor de 1 130 kilmetros cuadrados, que se extendan desde la misin de San Fernando Velicat, en el sur (cerca del paralelo 30 latitud norte), hacia el norte hasta llegar en 1773, a cincuenta kilmetros al sur del cerro Mdano, segn el lmite establecido por Francisco Palou, que en 1788 fue recorrido a 22 kilmetros al norte (en el arroyo Rosarito) por el padre Luis de Sales. Dicho arroyo marcaba la separacin entre la Alta y la Baja California. Para Meigs (1994), si bien las misiones fueron fundadas con el propsito de evangelizar y as salvar las almas de los indios gentiles, la razn secular era la necesidad de proteger la Alta California de las intrusiones extranjeras. Una caracterstica de la accin de los dominicos en La Frontera fue, a decir de ese autor, el aislamiento en que desarrollaron sus actividades, ya que a diferencia de los jesuitas y franciscanos, que reciban aprovisionamiento por barco, las misiones dominicas slo tenan ocasional y difcil comunicacin terrestre con Loreto, la antigua capital de las Californias. De ah la importancia que la labor misional dominica tiene para Len-Portilla (1994), quien afirma que a ellos se debe que el pas intermedio no hubiese quedado en el olvido, y que los establecimientos misionales fueron la base para que, por ejemplo, la baha de Todos Santos atrajera pobladores a lo que luego fue Ensenada; y que a la misin de Guadalupe se debe que la regin que la rodea se hubiese convertido en tierra de viedos y olivares. El origen de la ciudad de Ensenada, por ejemplo, se puede ubicar en el hecho de que muchos soldados de los que resguardaban las misiones, al retirarse, compraron ranchos en La Frontera, como el alfrez Jos Manuel Ruiz, que en 1804 recibi un rancho para la cra de ganado en un lugar a medio camino entre Santo Toms y San Miguel (Meigs, 1994, p. 272). A decir de Meigs (1994), parece que nadie inform a los comisionados que hicieron las mediciones a raz del tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848, de cules eran los lmites de La Frontera, razn por que la lnea divisoria entre Mxico y
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Estados Unidos de Amrica fue ubicada todava ms al norte. Fue as como la zona entre la misin franciscana de San Diego de Alcal y la dominica de El Descanso se convirti en una frontera dentro de La Frontera, una faja de tierra, anteriormente de significacin desdeable (Meigs, 1994, p. 278), que hasta los misioneros pasaron por alto en su ruta hacia la Alta California. Esa frontera dentro de La Frontera se mantuvo alejada no slo fsica sino tambin polticamente del centro del pas hasta mediados del siglo XIX, pues la poblacin total de indiada fronteriza diseminada entre el Ro Colorado y la cordillera en la municipalidad de Santo Toms (que abarcaba todo el Partido Norte de la Baja California) era de cerca de 2 500 individuos, y los habitantes no indgenas, de acuerdo con un censo de 1855, eran apenas 372, a decir de Ulises Urbano Lasseps (1995). Entre las causas de la escasa poblacin de la Baja California, Lasseps (1995) menciona la salida de 300 americanizados en 1848, la fiebre del oro en la Alta California que atrajo a miles de personas, diversas enfermedades, y la invasin y la tala realizadas por William Walker. No obstante de que el mismo Lasseps hace notar la miseria en que vivan los habitantes de La Frontera y cmo se alimentaban de yerbas y leche, su informe es caracterstico de la imagen que se tena de los californios, como se llamaba a los habitantes de nuestra regin:
La indiferencia en lo moral, la apata en lo fsico, tal es el carcter constitutivo de los habitantes de la pennsula. Su genio es triste y melanclico. Tambin la tierra que pisan es rida, estril, solitaria, sin atractivo. El perfeccionamiento de los sentidos, fuente de lo grande, de lo bello, est limitado. Por do quiera que se tienda la vista, descbrense montaas speras, matorrales, arenales deslumbradores, piedras, piedras y ms piedras. Es un axioma en fisiologa, que el hombre se amolda a la naturaleza. En aquel pobre suelo, nada habla a la imaginacin ni la despierta. Ningn espritu de empresa anima a los californios. (Lasseps, 1995, p. 109)
se dio a conocer de los habitantes de esta porcin de Mxico, que apenas a principios del siglo XX adquiri importancia y visibilidad para el resto del pas, a raz de la instalacin de casinos y como consecuencia de la ley Volstead, por una parte, y del desarrollo algodonero, por la otra.
Hombres apticos, speros, sin creatividad ni gusto por la belleza, esa fue la imagen que en 1859
Con estas palabras cerraba en 1919 Modesto C. Rolland su Informe sobre el Distrito Norte de la Baja California, un ao antes de la llamada ley seca y en plena poca del auge de los casinos. En su informe, Rolland, como integrante de la Comisin de Hacienda que fue enviada al Distrito Norte de la Baja California para estudiar la situacin econmica y poltica que imperaba, destac la importancia de promover el desarrollo de la regin para evitar que se convirtiera en una presa irremediable de la Civilizacin del Norte (Rolland, 1993, p. 31). En sus palabras, a fin de salvar a la pennsula, el gobierno de la Revolucin tena que emprender de inmediato algunas tareas principales, entre las que se contaban: establecer comunicaciones con el resto del pas; estudiar la manera de colonizar la regin a travs de otorgar facilidades sobre todo a los mexicanos residentes de Estados Unidos de Amrica; suprimir las concesiones existentes (otorgadas a compaas extranjeras); y revisar los contratos y ttulos otorgados a extranjeros. Esta etapa de la historia de La Frontera ya hecha frontera merced al establecimiento de lmites geogrficos entre Mxico y EUA, est marcada, por una parte, por la presencia de grandes compaas
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colonizadoras que eran dueas de las tierras de casi toda la regin, las cuales contrataban a trabajadores agrcolas asiticos para las labores de cultivo, sobre todo del algodn en el valle de Mexicali; mientras que tanto esa ciudad como Tijuana fueron conocidas en el vecino pas del norte por el establecimiento de casinos a los que acudan los norteamericanos a realizar las actividades que en sus ciudades les estaban prohibidas. En la primera dcada del siglo XX, hacia 1909, Mexicali se caracterizaba por ser una hilera de casas, sin escuela, en las que el 75% de stas eran cantinas, prostbulos y casas de juego que abastecan a una clientela americana que haca del pueblo su centro de diversiones de baja categora (Grijalva, 1983, p. 359). A decir de Pedro F. Prez y Ramrez (1983), la preferencia por los establecimientos mexicanos se deba antes de la prohibicin impuesta en 1920 a que en nuestro lado de la lnea fronteriza exista mayor tolerancia por parte de las autoridades y los horarios de atencin eran ms extensos que en EUA. Los antecedentes del xito de los casinos y cantinas en la frontera entre Baja California y California se pueden encontrar, a decir de Acevedo y cols. (1985) en el movimiento moralista que desde 1906 cobr fuerza en todo Estados Unidos de Amrica, y que en California fue relevante sobre todo en San Francisco y Los ngeles. Debido a la campaa en contra del vicio, Los promotores norteamericanos del juego, el alcohol y la disipacin empezaron a trasladarse a este lugar, que resultaba el ms a propsito para atender a los numerosos norteamericanos afectos a las diversiones prohibidas en su pas (Acevedo y cols., 1958, p. 93). En Tijuana se aprovech la cercana con San Diego para promover peleas de box, que tambin estaban prohibidas, y para establecer un hipdromo, que fue inaugurado en 1916, en conjuncin con la San Diego Panama California Exposition, que atrajo turismo que fue aprovechado por los tijuanenses, quienes organizaron la Feria Tpica Mexicana, de modo que para Acevedo y cols. (1985) este ao marca una temporada de auge, previa a la crisis provocada por la primera guerra mundial. Sin embargo, despus de finalizar la guerra,
en 1920, la aprobacin de la ley que prohiba la produccin y venta de bebidas alcohlicas en EUA conocida como ley Volstead o ley seca provoc de nuevo un flujo abundante de turistas sedientos que acudan a los poblados mexicanos a buscar alcohol y diversin, con lo que las economas locales se recuperaron y florecieron incontables cantinas primero, y hoteles, tienda de curiosidades y diversos comercios despus, con lo que los ingresos del gobierno por concepto de recaudacin de impuestos se elevaron e hicieron posible el mejoramiento de las ciudades (Acevedo y cols., 1985). Fue durante los periodos de gobierno de Esteban Cant (1915-1920), Jos Inocente Lugo (1920-1923) y Abelardo L. Rodrguez (1923-1930) que el entonces Distrito Norte de la Baja California sent las bases de su futuro desarrollo, mientras que hacia el exterior
nuestras ciudades y sus habitantes, principalmente Mexicali y Tijuana, eran antros de orga, vicio y depravacin; Lo malo, lo triste, lo lamentable, [era] que los corresponsales viajeros de la gran prensa mexicana, no vean sino que lean lo que afirmaban los peridicos norteamericanos para reproducirlo y secundar involuntariamente esos ataques que muchas veces eran interesados o provocados por competencias gangsteriles de los grandes jerarcas del vicio, muchos de ellos sin nacionalidad. (Prez, 1983, p. 415).
En 1929 Peveril Meigs, que recorri la pennsula como parte de su estudio sobre las misiones dominicas, daba una escueta pero precisa descripcin de esta regin norte del pas, al decir: Baja California es una isla, y lo ha sido siempre, en lo que se refiere al contacto con el resto de Mxico (Meigs, 1994, p. 277). El periodo de bonanza que fue resultado de la ley seca dur hasta 1933, en que la prohibicin fue derogada. Durante esos aos, la vida de los habitantes de Baja California estuvo ms vinculada a la de California que a la del resto del pas, ya que los habitantes de la regin se abastecan sobre todo en las tiendas del lado norteamericano, pues difcilmente llegaban las mercancas nacionales, situacin que se mantuvo hasta entrado el siglo XX, en
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que se decret el rgimen de permetros libres y posteriormente el de zonas libres, por los cuales se permita la importacin de mercancas norteamericanas, anteriormente consideradas ilegales. Si en esta etapa se forj la leyenda negra de la frontera como zona de vicio, en el periodo siguiente pasara a tener una caracterstica ms, asociada con el acceso a bienes que no se tenan en el centro del pas.
La zona libre
Hacia el final de la dcada de 1920 los comerciantes locales sufran dificultades para surtir de los artculos bsicos a los habitantes de Baja California, ya que no haba abastecimiento nacional, pero tampoco era posible importar del vecino estado de California pues existan barreras aduanales. Por ello, en 1930 los comerciantes de Tijuana formaron una comisin que viaj a la ciudad de Mxico para solicitar al gobierno federal que se estableciera un rgimen de permetros libres, tarifas diferenciales o zona libre, que hiciera posible contar con privilegios aduanales especiales para el entonces Territorio Norte de Baja California. (Piera y Ortiz, 1985). Segn narraba don Miguel Calette, a la sazn presidente de la Cmara de Comercio de Tijuana:
la mayora, si no la totalidad de los integrantes de la comisin, bamos usando desde calcetines hasta sombrero de contrabando, porque ninguno de los artculos de uso personal o de consumo necesario que demandaba la poblacin del Territorio podan comprarse en la misma entidad procedentes del interior del pas, y as era necesidad imperiosa pasar a los Estados Unidos a comprar todo lo que haca falta a la poblacin, sin que por ese concepto se pagara un solo centavo de derechos aduanales, fomentando actividades ilcitas de contrabando, para lucrar, engaando tanto al fisco de la federacin como al propio Territorio Norte. (Piera y Ortiz, 1985, p. 131)
Fue hasta 1933 en que por intercesin del ex gobernador Abelardo L. Rodrguez fueron creados los permetros libres experimentales para
Tijuana y Ensenada; y cuatro aos despus el gobierno de Lzaro Crdenas decret, el 13 de junio de 1937, la creacin de la zona libre para el Territorio Norte de Baja California por un periodo de diez aos (Piera y Ortiz, 1985), que se ampli posteriormente, en sucesivas administraciones federales, hasta el ao de 1994 (Cmara de Diputados, 1998). En ese periodo, conocido por quienes lo vivimos, venir a la frontera norte sobre todo durante los aos sesenta y setenta era gozar del acceso a mercancas slo imaginadas en el centro del pas, que eran adquiridas para llevarlas ms all de la zona libre sin etiquetas para evitar su confiscacin en la aduana y venderlas al menos al doble de su precio, prctica conocida como fayuquear. En el interior, el fayuquero era como el explorador del siglo XVIII, que vena de una tierra lejana cargando un tesoro que tuvo que resguardar celosamente aduana tras aduana, revisin tras revisin, para poder finalmente mostrarlo a sus ansiosos clientes. Pero tambin los bajacalifornianos fayuqueaban. Cada ao, durante las vacaciones de verano, muchos de los que iban de vacaciones a Guadalajara o el Distrito Federal llevaban las maletas cargadas de ropa (jeans marca Levis eran los preferidos), cosmticos y hasta jabones (Zest y Dove) con los cuales se pagaba el viaje y la estancia. Algunos, los ms arriesgados, introducan aparatos electrnicos pequeos, como grabadoras porttiles de casete. Eso, sin contar los encargos de los parientes y sus amigos, para quienes consumir mercanca americana constitua un smbolo de estatus. Era una ancdota comentada frecuentemente por los bajacalifornianos que, estando en el interior, cuando se mencionaba el origen, sobre todo de Tijuana o Mexicali, se preguntara y all hablan ingls o espaol? y hasta se inquiriera sobre si dichas ciudades estaban en Mxico o en Estados Unidos, y si la moneda era el dlar o el peso. La zona libre (que pocos saban de qu se haba liberado), la nueva Frontera, era considerada regin de privilegio, de altos niveles de vida, y de un modo de vivir americanizado. Se coma comida producida al otro lado, como los huevos y el
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pollo (no haba Bachoco); el queso Banquet (el Chihuahua y el Oaxaca eran desconocidos); bolonia, jamn y chorizo hechos en EUA (ac no haba tiendas de ultramarinos); pan de barra (no de caja); chocolates Hersheys y Milky Way (no se conoca el Carlos V ni el Tin Larn); y se compraban carros usados hechos en el extranjero, pues su precio era mucho menor al de los pocos autos nacionales que llegaban a la regin. De ese modo, a la imagen de los fronterizos habitantes de una lejana y desconocida tierra, broncos e incultos, anfitriones del vicio de los norteamericanos, se sumaba la de vivir con privilegios que no se tenan en el resto del pas, hablar ingls, tener dlares y ser menos mexicanos. Sin embargo, a pesar de los alimentos y el acceso a bienes considerados de mejor calidad por ser extranjeros, la vida en la frontera no dejaba de ser una vida de mexicanos, como bien sabamos los norteos: las tortillas de maz se compraban recin hechas a mano; la televisin transmita Noches tapatas, el programa de Cachirulo y el show de Los Polivoces, as como las telenovelas con Amparo Rivelles; los peridicos locales informaban de los sucesos nacionales; los nios se educaban en escuelas pblicas con los libros de texto gratuitos; en las fiestas haba piata; se cantaban las posadas en Navidad; y, para muchos bajacalifornianos, los hermanos Flores Magn haban sido filibusteros. Si la integracin geogrfica del noroeste al resto del pas se haba logrado dcadas antes con la construccin de carreteras, del ferrocarril Sonora-Baja California, y la introduccin de rutas areas, fue hasta los aos ochenta que se ampli el acceso a bienes producidos en el pas, desde alimentos desconocidos para los bajacalifornianos (como el tejocote, los romeritos o la papaya, por ejemplo) que llegaron con las cadenas de supermercados del interior, hasta muebles, herramientas y artculos para el hogar. Y de igual modo, la apertura comercial mexicana permiti a los habitantes del centro del pas acceder a las aoradas mercancas que antes slo se conseguan en el norte. As, la frontera en tanto regin de consumo privilegiado se haba extendido hacia el sur, y con ello, tal vez, haba empezado a desaparecer. Haba que cam-
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haba malinchismo. Esos y otros temas se volvieron, en los aos setenta y ochenta, los preferidos de las conversaciones y hasta de las investigaciones acadmicas. La cercana con el Imperio ameritaba medidas para reforzar la trinchera cultural como el mismo Vasconcelos lleg a denominar a la frontera norte, y hacer ver que el norte era la regin donde empieza la patria como deca el letrero que daba la bienvenida al cruzar la garita de EUA hacia Mexicali. Fueron los tiempos del antiimperialismo de Luis Echeverra y los trajes tpicos de doa Mara Esther; del nacionalismo lopezportillista y la ptina cultural de la seora Carmen Romano; y de la renovacin moral de Miguel de Lamadrid y su esposa Paloma. En todos esos aos, la frontera era concebida como una regin vulnerable, ya no a la invasin de ejrcitos extranjeros, como en el siglo XIX, sino a la penetracin cultural. Sin embargo, en los aos noventa, en un estudio realizado con jvenes de secundaria en Nuevo Laredo, Guillermo Orozco (1994) encontr que a pesar de tener acceso a canales de televisin de cadenas estadounidenses, los jvenes de aquella ciudad fronteriza preferan las estaciones con programacin mexicana o latinoamericana, y lo mismo ocurra en el caso de la radio, aunque s distingui diferencias en la exposicin a contenidos estadounidenses (televisivos, musicales y cinematogrficos) segn la clase social, con mayor exposicin entre los jvenes de clase alta. Entre las conclusiones de su trabajo, se tiene la que expresa que a pesar de la proximidad geogrfica con los Estados Unidos y la recepcin libre de seales de radio y televisin provenientes de ese pas, los jvenes de Nuevo Laredo comparten los mismos hbitos y preferencias de medios que los receptores del interior de Mxico (Orozco, 1994, p. 239). No obstante, el mismo autor comenta sobre la necesidad de estudiar a fondo los procesos de socializacin, valores y prcticas culturales de las distintas clases y grupos sociales, as como la apropiacin diferenciada de valores y costumbres extranjeras (Orozco, 1994, p. 241). Recientemente, resultados similares se tuvieron en el estudio sobre consumo de bienes culturales en sectores populares de la ciudad de Mexicali
(Ortega y Ortega, 2004), en que las preferencias televisivas se centraron en los canales 2 y 5 de Televisa; en las musicales predominaba la msica pop y romntica, ambas en espaol; y entre las estaciones de radio predilectas, slo entre los adolescentes se escuchaba msica en ingls, pero en estaciones mexicanas, mientras que los adultos eligieron radiodifusoras que transmiten msica grupera y programas de comentarios con locutores locales. Asimismo, encontraron que la videocasetera era un equipamiento fuertemente asociado a un mayor nivel econmico (aun entre sectores populares). Las diferencias en el acceso a contenidos extranjeros por la va de la renta de pelculas tena ms que ver, en este caso, con la condicin econmica que con la fronteriza en general, como en los hallazgos de Orozco (1994). No obstante, dicho autor insiste en buscar diferencias en la frontera, cuando finaliza su trabajo diciendo:
Otras preguntas que debern responder futuras investigaciones se relacionan con la apropiacin especfica de los contenidos comunicacionales por parte de los jvenes fronterizos. Qu procesos de asimilacin, rechazo, negociacin o refuncionalizacin se dan en la recepcin de los mensajes? De qu manera se integran estos ltimos a su vida cotidiana? Qu papel juegan los medios en la conformacin de las identidades sociales? (Orozco, 1994, pp. 241-242).
Estas preguntas, considero que han de hacerse no slo para la frontera sino para el pas en general, pues actualmente la comunicacin masiva, principal va por la cual los ciudadanos tenemos acceso a bienes simblicos, ha ampliado la disponibilidad de estos en el tiempo y el espacio (Thompson, 1990), de manera que la ubicacin geogrfica no es ya la condicin para el acceso a producciones mediticas extranjeras. Las preguntas de Orozco adquieren an mayor vigencia a la luz de los datos ms recientes en materia del llamado consumo cultural,* que muestran cmo el acceso a los medios de comunicacin
*Se ha entrecomillado el trmino debido a que la autora no concuerda con el uso del mismo. Para una discusin sobre el concepto, consultar Donde empieza la carne asada (Ortega y Ortega, 2005).
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y las prcticas de consumo de bienes culturales estn ms marcadamente asociados nuevamente con el nivel de ingreso y de escolaridad que con la regin en que se habita. De acuerdo con la Encuesta nacional de prcticas y consumo culturales (Conaculta, 2004), la asistencia a museos es menor al promedio nacional en los estratos de cero hasta tres salarios mnimos, y a partir de ello se supera dicho promedio. Algo similar ocurre con la asistencia a sitios arqueolgicos, teatros y recintos culturales, que muestra porcentajes inferiores al promedio nacional entre quienes tienen ingresos inferiores a tres salarios mnimos, se acerca al promedio en los estratos que reciben tres a cinco salarios mnimos, y en los que tienen ingresos superiores a los cinco salarios mnimos rebasa el promedio nacional, y lo mismo sucede cuando se trata de la asistencia a casas de cultura o centros culturales. En todos estos casos, a mayor escolaridad se incrementan los porcentajes de asistencia a los sitios mencionados. En lo referente a asistencia a cines, no se tienen grandes contrastes de acuerdo con el nivel de ingreso, aunque el grupo que recibe un salario mnimo es el que tiene una proporcin de asistencia al cine muy por debajo del promedio nacional, y de hecho, los cines son espacios que registran niveles ms altos de asistencia y, en general, muestran menores diferencias tanto entre grupos sociodemogrficos como entre regiones. (Conaculta, 2004, p. 46). Sin embargo, la proporcin de pelculas mexicanas que son vistas disminuye en proporcin inversa a la escolaridad y el ingreso aunque, en general, el 58% de los encuestados declar ver ms pelculas estadounidenses que mexicanas (Conaculta, 2004) Las diferencias en cuanto al consumo de radio por nivel de escolaridad o por ingreso no aparecen muy marcadas en la encuesta de Conaculta, y en lo que se refiere a la televisin, fue en el grupo de cero a un salario mnimo en el que se tuvo el porcentaje ms bajo de encuestados que declar ver televisin (quiz por la falta de equipamiento). Y como era de esperarse, las diferencias en cuanto al consumo de televisin de paga son mayores que en el caso de la televisin abierta, sobre todo cuan-
do se analizan por grupos de ingreso y escolaridad. El mismo comportamiento se presenta en el caso de la msica grabada, pues la preferencia por la msica en espaol disminuye con el nivel de escolaridad, al mismo tiempo que crecen la preferencia de la msica en otro idioma y la proporcin de quienes no expresan preferencia (Conaculta, 2004, p.123). Despus de una amplia exposicin de los resultados, la Encuesta nacional de prcticas y consumo culturales expresa en sus conclusiones que:
Destaca en primer lugar el estrecho vnculo entre educacin y cultura. La encuesta distingue de manera clara y reiterada a la escolaridad como el factor sociodemogrfico de mayor peso en la conformacin de las prcticas culturales de los mexicanos. (Conaculta, 2004, p. 177)
Adems, para quienes gustan de encontrar diferencias entre la frontera norte y el centro del pas, seala que
son mayores las diferencias [en consumo cultural] asociadas al tamao del municipio que a la regin a que pertenece. En otras palabras, hay ms similitudes en el consumo cultural de dos ciudades de ms de 100 mil habitantes, aun cuando estn en regiones distintas (como Mrida en el Sur y Tampico en el Noreste), que entre cualquiera de estas dos ciudades y dos localidades rurales de sus respectivos estados. (Conaculta, 2004, p. 179)
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exclusivas de una regin geogrfica: diferencias en recursos econmicos que nos recuerdan diariamente que la pobreza es un problema nacional; diferencias en recursos simblicos, entre quienes tienen pueden insertarse efectivamente en el cada vez ms extenso universo de mensajes disponibles gracias a las nuevas tecnologas y quienes apenas saben que las computadoras existen; fronteras educativas que se hacen evidentes cuando descubrimos que 85% de las 170 000 poblaciones del pas tienen menos de 250 habitantes y no cuentan con escuelas que atiendan los seis grados de primaria (Gil Antn, 2005); separaciones entre jvenes y viejos, que se manifiestan en las escasas opciones de desarrollo para las personas de la tercera edad; fronteras que persisten entre las oportunidades para hombres y mujeres. Asimetras sistemticas, dira Thompson (1990), que hacen de la comunicacin una relacin de poder. Por ello, ms que insistir en buscar en la geografa la razn de la diferencia, podemos poner la mirada en esas otras fronteras que estn presentes por todo nuestro pas, e intentar desde la perspectiva cultural, comprender el sentido que tienen para quienes las estn viviendo a fin de encontrar elementos que permitan vincular a quienes hoy estn separados.
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Presentacin
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Y
Trasponiendo las fronteras de la tradicin: El culto al Divino Nio
Introduccin
l trabajo que quiero compartir con ustedes tiene como objetivo ms general analizar brevemente, por una parte, las formas a travs de las cuales el culto al Divino Nio Jess, o Divino Nio como es conocido popularmente, se constituy en una de las tradiciones ms importantes de la Iglesia catlica en Colombia y, por la otra, cmo traspuso las fronteras territoriales e ideolgicas en las que surgi y tom significado y se incorpor, como una tradicin emergente, a la religin popular del sureste mexicano. Toda tradicin tiene un marco social, espacial y temporal en el que se origina, desarrolla y desde el cual se expande a otros mbitos que la acogen y le imprimen sus caractersticas. En ocasiones este marco puede ser de tipo macro y abarcar los distintos segmentos de la sociedad de que se trate, los espacios por los que transitan estos segmentos y transcurrir en un tiempo largo. Sin embargo, en otras no necesariamente es as. El marco en el que se incuba la tradicin puede ser de tipo micro e incluir a uno de esos segmentos, su comunidad y el tiempo en el que transcurre la vida cotidiana de sus componentes. Al margen de las dimensiones que pueda tener este marco, no por ello una determinada tradicin tiene mayor importancia que otra y menos an tiene un valor y un significado diferentes. Lo que s puede ocurrir es que una
tradicin no rebase ese marco y se mantenga indefinidamente en l. Por ejemplo, en la comunidad en que surgi. O bien que se d el caso contrario. Es decir, que rebase ese marco y se inserte en otro de mayores proporciones. Por ejemplo, en la regin en la que est ubicada esa comunidad de origen o en otra nacin a la que no pertenecen esa comunidad y esa regin. El caso de la tradicin del Divino Nio, como veremos, sera ste. Creo conveniente agregar que la tradicin no existe por s misma, no surge de manera natural y tampoco es esttica. Antes bien tiene su origen en las interacciones que los individuos sostienen en espacios y tiempos especficos y en la simbolizacin que hacen de una realidad determinada que todos asumen como cierta. El dinamismo que encierra esta forma de concebir la tradicin hace que inclusive se transforme a travs del tiempo al grado tal de que en un momento determinado aparezca transfigurada, ya que igualmente habrn cambiado los elementos empricos y simblicos que enmarcan y le dan sentido a dichas interacciones.
Los orgenes
El culto al Divino Nio se inici en Colombia en la primera dcada del siglo pasado. Durante este decenio y los dos siguientes, su veneracin no rebas los sitios en los que su promotor, el salesiano Juan del Rizzo, ejerca su ministerio sacerdotal.
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La noticia de los milagros que conceda a quienes le pedan por su salud o la de algn pariente, por la obtencin de una buena cosecha o la restitucin de algn bien, poco a poco se fue extendiendo por la regin. Hacia la primera mitad de los aos treinta el auge que haba cobrado ya era inusitado. As, de ser un culto local, pas a ser regional. Aos ms tarde sera nacional. El padre Del Rizzo naci en Italia el 16 de mayo de 1882 y muri en Bogot el 30 de junio de 1957. La labor que desarroll en pro de la devocin del Divino Nio y de la atencin de los pobres hace que est considerado en Colombia no slo como el principal promotor de esta devocin, sino tambin como un santo. La labor del padre Del Rizzo, como veremos, se inserta en una doble vertiente. Por una parte, en la vieja tradicin de la Iglesia catlica de usar las imgenes como estrategia para transmitir su doctrina y, por la otra, en los lineamientos de la Encclica Rerum novarum de Len XIII. Todo esto enmarcado por la tensin entre la Iglesia catlica y el Estado colombiano derivado de la lucha que sostenan por el poder ideolgico. La influencia de la Iglesia catlica en la vida social de Colombia era desigual. As, en las grandes ciudades, en las costas, en la provincia de Santander, la influencia de la Iglesia es relativamente dbil; mientras que en la meseta, en Medelln, en la provincia de Antioquia, alcanza una intensidad poco frecuente1. El culto al Divino Nio se remonta a 1907 cuando los padres carmelitas y salesianos difundieron la devocin del Nio Jess por diversos sitios de Colombia. En 1914 el salesiano Juan del Rizzo lo llev a Barranquilla y en 1927 a Medelln. Con la implantacin de esta devocin en Barranquilla, la Iglesia catlica pretenda reforzar su presencia y aglutinar en torno suyo a una masa que senta los efectos modernizadores de la industrializacin. En cambio, en el caso de Medelln, ah su objetivo era incrementar esa presencia y mantener en su seno a una extensa capa social que se le poda escurrir ante la llegada de otras confesiones. Ocho aos despus, al ser trasladado este sacerdote a Bogot continu promoviendo la devocin al Divino Nio. Ah, al ser la capital del pas, el
poder del Estado era incuestionable. Por lo que la jerarqua catlica recurri al xito que esta imagen iba adquiriendo para disputarle al Estado un segmento de su poder. El crecimiento que la migracin campesina experiment hacia los centros urbanos en la dcada de los treinta y la amenaza que representaban las denominaciones protestantes que se haban establecido en Bogot, particularmente las pentecostales, fueron las causas que impulsaron a la jerarqua catlica colombiana para fortalecerse donde era dbil. La devocin al Divino Nio hizo que los migrantes acudieran en masa hacia el templo del barrio donde residan o que se trasladaran a l desde sus respectivos sitios de residencia para sumarse al fervor religioso que ah se viva y participar en los actos que con tal motivo se celebraban en ese mismo lugar. La Iglesia mostraba su poder de convocatoria y control sobre los sectores sociales que, por la estrechez de sus condiciones de vida, representaban un riesgo potencial para el Estado. Un aspecto interesante en esta fase del establecimiento de la devocin al Divino Nio es que, hasta entonces, la imagen en torno a la cual el padre Del Rizzo haca esta promocin era la del Nio de Praga y no la que sus fieles veneran hoy da. Este sacerdote la cambi por la actual cuando de visita en el almacn El Vaticano de Bogot vio una imagen que representaba a un nio descalzo con los brazos abiertos. El hecho de estar descalzo le gust y pens que los habitantes del barrio 20 de julio, al que haba sido destinado, se identificaran con ella, pues debido a su pobreza muchos de sus hijos carecan de zapatos. A partir de entonces los vecinos del barrio empezaron a visitarle cada semana en un pequeo templo ubicado en el centro de ese barrio. La fama que le preceda, debido a sus milagros, hizo que los devotos aumentaran cada da; los romeros llegaron a ser tantos que los sacerdotes encargados de ese templo estimaron necesario construir uno nuevo para acoger a los fieles que acudan a conocer la nueva imagen. Del mismo modo, pensaron en la necesidad de edificar un albergue para alojar a quienes ve1
Jean Meyer, Historia de los cristianos en Amrica Latina. Siglos XIX y XX, Mxico, Jus, 1999, p. 220.
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nan del interior del pas y no tenan donde pernoctar o por lo menos reponerse del cansancio. El 27 de julio de 1942 se consagr dicho templo, pero pronto fue insuficiente. Cincuenta aos ms tarde concluyeron las obras del actual templo donde se venera al Divino nio. Al momento presente, la fiesta de esta imagen se celebra el primer domingo de septiembre. Ese da, as como los previos y los posteriores, devotos procedentes de todo Colombia peregrinan hasta este templo para visitar, como me dijo uno de ellos, a su muchachito. De esa manera, lo que empez como una devocin local, pas a ser regional y posteriormente se convirti en una de las tradiciones ms relevantes de la Iglesia colombiana. El gobierno de la ciudad de Bogot igualmente aprovech la popularidad del Divino Nio para desarrollar acciones de beneficio social en el barrio 20 de julio y as hacerle sentir a los vecinos su preocupacin por ellos. Al mismo tiempo que los salesianos construan su templo, las autoridades bogotanas pavimentaron las calles adyacentes al templo para facilitar el acceso a quienes se presentaban ante el Divino Nio e introdujeron servicios urbanos para el bienestar de los residentes del barrio y de los visitantes. No pocos consideraron que estas obras eran la muestra de cmo esta imagen haca las cosas. En este sentido, podemos decir, esta devocin traspuso las fronteras de lo poltico. Fsicamente, la fisonoma del 20 de julio era otra. Cuando el padre Del Rizzo se dedic a promover la devocin del Divino Nio, era un barrio totalmente marginal en el que habitaban trabajadores y migrantes provenientes de las zonas rurales de Colombia. El sitio era insalubre, carente de fuentes de empleo, con escasos servicios urbanos y de difcil acceso. En vista de estas condiciones, y siguiendo los lineamientos de la encclica Rerum Novarum 2, dicho sacerdote emprendi diversas actividades de tipo asistencial que, por una parte, mitigaran la pobreza de su feligresa y, por la otra, les capacitara para desempear algn oficio con el cual se ganaran dignamente el sustento familiar. Para ello, estableci un comedero, una escuela agrcola y talleres de carpintera, sastrera y costura3.
En los trminos anteriores, la Iglesia catlica competa con el Estado colombiano, sin entrar en conflicto con sus representantes, al impulsar programas de desarrollo comunitario cuya organizacin y ejecucin girara en torno al sacerdote4. Hoy da, si bien este barrio cuenta con todos los servicios urbanos, sigue siendo una zona de trabajadores pertenecientes a los sectores populares de Bogot por lo que los sacerdotes salesianos continan prestando sus actividades asistenciales. Tras la muerte del padre Del Rizzo, la jerarqua eclesistica colombiana apoy la labor que haba hecho tanto para promover la devocin al Divino Nio como para mitigar las necesidades de los habitantes del 20 de julio y de todo Bogot. De esta manera, a la vez que mantena su competencia con el Estado contribua a evitar movilizaciones sociales a causa de las cada vez ms precarias condiciones de vida de la mayora de la poblacin de Colombia. Hacia los primeros aos de la dcada de 1960, Colombia viva un estado de guerra civil en la que grupos radicales se enfrentaban a travs de la guerra de guerrillas a la minora oligrquica que los asfixiaba. Una fraccin menor al 1% de la poblacin colombiana era propietaria del 75% de las tierras, las compaas norteamericanas eran dueas del 96% del petrleo y se apropiaban del 70% del caf5. En estas condiciones, no slo haba que impedir el surgimiento de grupos guerrilleros urbanos, sino ms todava que entre su jerarqua se repitiera otro caso como el de Camilo Torres Restrepo. Otro aspecto no menos interesante que influy en el nimo de las autoridades eclesisticas de Colombia para apoyar la devocin al Divino Nio y la labor asistencial de los padres salesianos, en los aos posteriores al Concilio Vaticano II, fue contrarrestar el avance de la Teologa de la liberacin. De esa forma la Iglesia colombiana demostraba su opcin por los pobres y acallaba a quienes le acusaban de estar vinculada con las lites militaCfr. nmero 21. Elicer Slesman, Los nueve domingos al divino nio Jess , Santaf de Bogot., s/f. 4 J. Meyer, Op cit. 5 Alain Gheerbrant, La Iglesia rebelde de Amrica Latina, Mxico, Siglo XXI, 1970.
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Cruzando fronteras
Al momento presente el Divino Nio ha cruzado no slo la frontera territorial de Colombia, sino tambin las que haban establecido otras devociones en los sitios en los que ahora se le venera. Del mismo modo, se inserta en las fronteras culturales de los fieles que le han adoptado. Su devocin se extiende por diversos pases de Centro y Sur Amrica y del Caribe. En Mxico, poco a poco va ganado terreno. Al menos en Yucatn y en el sureste es evidente. En el caso de Yucatn la devocin al Divino Nio es reciente. Como veremos, se remonta a la mitad de la dcada de 1990; durante estos aos dej de ser una devocin centrada en una parroquia urbana popular para extenderse a los estados vecinos de Campeche y Quintana Roo y a los de Tabasco, Chiapas y Veracruz. Como tambin veremos, el marco social que encierra dicha devocin es diferente al que prevaleca en Colombia cuando el padre Del Rizzo inici este culto. Sin embargo, hay algunas semejanzas que por ahora slo enunciar. Una es el poder que la Iglesia catlica tiene en todo Mxico, ms todava que el actual Secretario de Gobernacin es un ferviente catlico. Otra es el carcter conservador de la mayora de sus obispos, el arzobispo de Yucatn, Emilio Berlie, es uno de ellos. La tercera semejanza sera la amenaza que la Iglesia catlica enfrenta ante el crecimiento de las denominaciones religiosas protestantes y paracristianas. La devocin al Divino Nio en Yucatn se debe a la iniciativa del prroco de la iglesia Cristo Rey, lvaro Carrillo. Esta parroquia se encuentra ubicada en una colonia popular de la ciudad de Mrida y desde ah este sacerdote se ha encargado de su promocin tanto en Mrida como en los estados arriba mencionados. La introduccin de este culto se encuentra enmarcado por el testimonio del padre Carrillo. Su aceptacin entre sus feligreses es diferenciada. Unos sostienen ese hecho fehacientemente, en tanto que otros se limitan a expresar Eso dicen. De todos modos, se ha convertido
en una especie de mito que todos aceptan sin atreverse a cuestionar. En su testimonio el padre Carrillo cuenta que una noche, a fines de 1995, mientras oraba, en medio de un profundo estado depresivo, sinti la presencia de unos brazos. Al voltear se dio cuenta que eran los de la imagen del Divino Nio que se encontraba encima de un mueble. Record que una monja le haba obsequiado un libro que contena la novena a esta imagen, lo busc y luego de encontrarlo ley la historia del Divino Nio y de la labor del padre Del Rizzo. Ambas le cautivaron por lo que decidi rezar la novena. Los efectos fueron inmediatos, la depresin desapareci. Inspirado por el padre Del Rizzo, dicho sacerdote igualmente decidi realizar una tarea como la suya y promover en su parroquia el culto al Divino Nio. Antes de finalizar 1995, el ltimo domingo, le inform a sus feligreses su experiencia y su decisin para empezar los desayunos y la novena al Divino Nio el sbado y domingo siguientes respectivamente. Los desayunos seran repartidos entre los nios de familias de escasos recursos econmicos que vivieran en las colonias cercanas a la parroquia y la novena estara dirigida a los jvenes y adultos que tuvieran algn problema como el que tuvo o cualquier otro que no hubieran podido resolver. Actualmente, el padre Carrillo se asume como misionero del Divino Nio a fin de que el mayor nmero de fieles reciban las bendiciones de esta imagen que l ha recibido. Con este propsito visita las parroquias de Yucatn, Campeche, Quintana Roo, Chiapas, Veracruz, San Luis Potos, Zacatecas y aun las de la ciudad de Los ngeles en el estado norteamericano de California. El padre Carrillo tom esta decisin tras considerar que en Yucatn no exista devocin alguna a la infancia de Jess. La nica era al Nio Dios que recin ha nacido, su culto pertenece al mbito de lo domstico y se ubica entre las clases populares. Como parte de esta devocin, en los hogares de este tipo de catlicos, luego de la Navidad, es comn la celebracin de novenas al Nio Dios. Su mayor expresin pblica tiene lugar el da dos de
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febrero de cada ao con motivo de la fiesta de la Virgen de La Candelaria. Ese da, numerosas personas acuden a los templos para que el sacerdote bendiga las imgenes del Nio Dios que portan consigo. Como sucede en otros sitios del mundo catlico, las madres llevan a sus hijos pequeos vestidos de blanco para que tambin reciban la bendicin. Otra de las razones que el padre Carrillo tuvo para impulsar la devocin al Divino Nio fue la de contrarrestar el avance de las denominaciones protestantes y paracristianas que en Yucatn aumentan cada da. Segn el ltimo censo7, Yucatn tiene una poblacin de 1,472,683 habitantes, de los cuales 1,241.108 son catlicos y 231,575 no lo son. Su capital, la ciudad de Mrida, tiene 633,941 habitantes y de ellos 553,227 pertenecen a la Iglesia catlica y 75,714 no pertenecen. Independientemente de los nmeros, en la zona donde se encuentra ubicada la parroquia Cristo Rey es comn ver templos de diversas magnitudes que pertenecen a las distintas denominaciones que ah se han asentado. A diferencia de los fieles de esta parroquia y aun del mismo prroco, igualmente es comn ver a los misioneros de estas denominaciones recorrer las calles y tocar las puertas de las casas para transmitir su mensaje. A fin de lograr sus objetivos el padre Carrillo, con el apoyo de sus sacerdotes, organiz cuatro eventos en torno al Divino Nio en diversas fechas del ao y los insert en la dinmica del Movimiento de Renovacin carismtica que l haba introducido desde que asumi la direccin de su parroquia en 1994. Con el mismo fin, en 1999 cre el Instituto religioso de hermanas misioneras del Nio Jess que se encargara de formar mujeres que se consagraran para servir a Jess difundir el culto a su infancia. A fin de evitar, lo que el padre Carrillo ha llamado, desviaciones y excesos en el ejercicio de la devocin a dicha imagen, entre los objetivos de este instituto est la orientacin a los feligreses de la parroquia Cristo Rey que se encargan de la difusin de este culto. Los eventos que el padre Carrillo y sus sacerdotes organizaron para promover la devocin al Divino nio son el Congreso del Divino nio Jess,
el Congreso para misioneros y devotos del Divino nio Jess, la Fiesta del Divino nio Jess y la Navidad que se celebran los das 30 de abril; 19 y 20 de julio; primer domingo de septiembre y 25 de diciembre respectivamente. En tanto que los del Movimiento de renovacin carismtica en el Espritu Santo que ya existan son el Sitio de Jeric y el Estallido de Alabanza que se realizan en la primera quincena de enero y agosto y en la segunda quincena de noviembre respectivamente. Hoy da, ambos eventos estn indisolublemente articulados en un ciclo de fiestas que se inicia en enero con el Sitio de Jeric y concluye el 25 de diciembre con el nacimiento del Divino nio. Su articulacin ms fuerte se da a nivel del ritual. La imagen del Divino nio y su invocacin siempre estn presentes en las actividades del Movimiento de renovacin y ste a su vez sirve de escenografa para la realizacin de las del Divino nio. Esto hace que dicha devocin se subordine a la dinmica del Movimiento de renovacin y que para los fieles sean uno solo. De todos esos eventos, el que quiero referir en este trabajo es el Congreso del Divino Nio que se celebra, como ya mencion, el 30 de abril de cada ao. Como se ver, se inserta en lo ldico y las prcticas de la cultura de los sectores populares a los que pertenecen los fieles que encarnan esta tradicin. De acuerdo con las actividades de este evento y la forma como se llevan a cabo hacen que vaya ms all de lo estrictamente religioso. Visto en su sentido ms general, constituyen la oportunidad para que los nios que asisten a l pasen unas horas de diversin, coman golosinas y una rebanada de pastel, beban refrescos, reciban algn regalo y conozcan en vivo a los personajes que ven en los programas infantiles de televisin. Para los nios que vienen de las comisaras de Mrida y de los municipios vecinos, el congreso tiene un valor adicional. Les da la posibilidad de salir de sus poblados, romper la monotona y conocer Mrida, aunque slo sean las calles por donde pasa el vehculo que les transporta.
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Generalmente, las actividades del congreso empiezan a las 8:30 horas con una misa dedicada a los nios. Sin embargo, la jornada vespertina es la que registra mayor actividad y concurrencia. Empieza a las cuatro de la tarde con el registro de los asistentes, conforme van llegando cada uno da su nombre y el lugar de procedencia y recibe un gafete que se prende en la camisa, camiseta o blusa. Una hora ms tarde los integrantes del coro de la parroquia entonan cantos dedicados al Divino Nio con ritmos de cumbia, rock, reggae y dems que estn de moda. Los nios acompaan estos cantos, imitando a los jvenes que los dirigen y cumplen la funcin de animadores, aplaudiendo, agitando las manos en alto o respondiendo en voz alta las preguntas que les hacen. Durante este tiempo se organizan competencias entre los nios. Por ejemplo, qu equipo grita ms, quin le lleva al animador determinado objeto, quin infla un globo hasta reventarlo o quin baila mejor. La presencia de payasos o de alguna persona con el disfraz de algn personaje de la televisin y la distribucin de juguetes, refrescos y dulces tambin se incluyen en esta fase del congreso que puede durar un par de horas. Posteriormente tiene lugar la misa que ofician el padre Carrillo y sus sacerdotes. A lo largo de esta ceremonia son comunes los aplausos, exclamaciones y voces de viva al Divino nio motivados por alguno de estos sacerdotes. Durante la homila, alguno de ellos le habla a los nios acerca de la infancia de Jess a fin de que le conozcan e imiten sus obras. Sobra decir que los nios le prestan poca atencin, su excitacin a causa de los cantos, los concursos, los payasos y los juguetes recibidos, aunada a lo prolongado de la homila, se sobrepone a las intenciones del sacerdote. El congreso concluye con, como si se tratara de la fiesta del cumpleaos del Divino Nio, con el canto de En un da feliz, el corte del pastel, su reparticin entre los nios y la quema de luces artificiales. Todo esto en medio de aplausos, risas y expresiones de jbilo al Divino nio. En Yucatn, la devocin al Divino Nio se inserta en una concepcin y prctica de la religin permeada por la cultura de sus devotos. Es decir,
una cultura basada en el conocimiento de sentido comn sobre el mundo y la vida cotidiana de sus portadores que a su vez configura y da sentido tanto a sus formas de concebir y relacionarse con la divinidad como a las prcticas religiosas que se derivan de esa concepcin y las que establecen para este ltimo fin. En este sentido, los fieles que acuden a la parroquia Cristo Rey pueden comprar objetos con la imagen del Divino Nio que cumplen la funcin de amuletos. Por ejemplo, botellas de agua bendita para esparcir en los hogares y expulsar a Satans y a otros malos espritus, aceite bendito en pequeos envases para usarse contra dolores musculares y de cabeza, velas de distintos tamaos para prender en casos de enfermedad y medallas para llevar en el pecho para protegerse contra cualquier mal. En Yucatn, los gremios son parte de las mltiples formas como los sectores populares de la sociedad expresan su concepcin y prctica religiosas. Su origen se remonta al pasado colonial, eran asociaciones de trabajadores que se establecan para honrar a su santo patrn. Hoy da, su organizacin corresponde a determinadas caractersticas de sus integrantes. Por ejemplo, edad, gnero u ocupacin. As en la parroquia Cristo Rey el Divino Nio tiene gremios de jvenes, de seoras y de estudiantes. Otras expresiones de este tipo de religin que podemos encontrar en todo Mxico son untarle al cristal de la urna de la imagen del Divino Nio, que est expuesta en el altar de la parroquia, una ramita de ruda o alguna flor y santiguarse con ella; pegarle en el mismo cristal la foto de alguna persona a la que san o le hizo algn bien; depositar en el interior de la urna peticiones y agradecimientos escritos en pedazos de papel o bien dejarle al pi de la urna juguetes, como pelotas o cochecitos de plstico, a manera de regalos.
Eplogo
Los feligreses de Cristo Rey han aceptado la devocin del Divino Nio, adems de la intervencin de su prroco, por varias razones. Una es porque se inserta en la forma que tienen de concebir la divinidad y de practicar el catolicismo. En este caso,
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el Movimiento de renovacin carismtica en el Espritu Santo ha jugado un papel importante. La otra es porque estos feligreses, como los residentes del 20 de julio en Bogot, pertenecen a segmentos sociales para los cuales la religin constituye una alternativa para acceder a lo que el Estado y la iniciativa privada no pueden darles. Por ejemplo, empleo, salud, justicia y aun vestido y alimentacin. En unos casos, los sacerdotes de la parroquia Cristo Rey se los conceden a nombre del Divino Nio y en otros les conminan a pedrselo y a tenerle fe para que se los conceda. No obstante el avance de la devocin al Divino Nio en Yucatn y en algunos estados de Mxico dista mucho de ser una tradicin nacional. En el centro, occidente y norte del pas todava ocupa un sitio menor. En cada regin se topa con obstculos diferentes. As, en el centro el culto a la Virgen de Guadalupe e imgenes como el Seor de Chalma le opacan, en el occidente el culto a vrgenes locales como la de Zapopan produce el mismo efecto, en tanto que en los estados fronterizos del norte igualmente influye el culto a la Virgen de Guadalupe. En otras regiones del pas dicho culto se mimetiza con la devocin a otras imgenes del Nio Jess. Tal sera el caso de la devocin al Nio Jess de las palomitas que tiene lugar en el estado de Zacatecas desde la dcada de 1920 y se extiende a los estados de Puebla y Guanajuato. La similitud de ambas imgenes es notoria. Una y otra representan a un nio no mayor de seis u ocho aos, slo que a diferencia de la del Divino Nio que tiene los brazos abiertos, esta ltima los tiene recogidos en el pecho llevando en cada mano una palomita. Posiblemente ste sea un hecho adicional que dificulte la introduccin de un nuevo culto y su arraigo entre los catlicos de esas entidades. O bien, que ante la tradicin que re-
presenta este culto, los sacerdotes de esas parroquias no sientan la necesidad de introducir una nueva devocin. Por otra parte, a pesar de la expansin del culto al Divino Nio, el crecimiento de las asociaciones religiosas en Yucatn, el Sureste de Mxico y en todo el pas sigue en aumento. Por ejemplo, tan slo en Yucatn en 1930 los no catlicos representaban el 3.07% del total de la poblacin; en 1940, el 4.18%; en 1950, el 1.92%; en 1960, el 3.72%; en 1970, el 4.72%; en 1980, el 10.91%; en 1990, el 14.20%8 y en 2000, el 15.70%9. De acuerdo con estas cifras, la intencin del padre Carrillo para introducir la devocin al Divino Nio en su parroquia no ha rendido los frutos esperados, ya que los hermanos separados se multiplican cada da como los peces y los panes bblicos. Es ms, algunos integrantes de los grupos de su parroquia han optado por otras denominaciones religiosas. Ser que esta estrategia que durante muchos aos le dio resultado a la Iglesia catlica hoy da resulta obsoleta e ineficiente? En los aos por venir, seguramente continuar el ascenso de la devocin al Divino Nio. Al momento presente as lo prevn los ms de cincuenta sitios de Internet en los que el creyente puede encontrar oraciones, mensajes e inclusive hospicios, escuelas y tiendas de artculos religiosos que llevan el nombre del Divino Nio. De esta manera, continuar trasponiendo fronteras y se insertar en el ciberespacio que slo se limita en nuestra imaginacin.
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Juan Cuauhtmoc Cardiel, Apndice estadstico en Gilberto Gimnez (coord.), Identidades religiosas y sociales en Mxico, Mxico, Instituto Francs de Amrica Latina-Universidad Nacional Autnoma de Mxico, 1996. 9 Instituto Nacional de Geografa, Estadstica e Informtica, XII Censo Nacional de Poblacin y Vivienda, Mxico.
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Cruzando fronteras para el desarrollo comunitario: Programa de desarrollo social UABC-Ensenada
Luca Coral Aguirre Muoz Universidad Autnoma de Baja California Michael Winkelman Arizona State University
Resumen Se presentan los resultados de un trabajo de investigacin sobre la formacin por proyecto, realizado en el cuadro del Programa de Desarrollo Social UABC-Ensenada, con la colaboracin de investigadores de la Universidad Autnoma de Baja California, en Ensenada, la Arizona State University y la University of York. El programa se aboc a generar y apoyar los vnculos de la universidad y la comunidad en que se inserta, poniendo nfasis en atender a una comunidad socialmente vulnerable. Hay un objetivo acadmico, uno social y un tercero, metodolgico. Se resumen los hallazgos. La metodologa se inscribe en la investigacin-accin participativa y la valoracin de la experiencia se recuper mediante el anlisis de las contribuciones de los estudiantes participantes que han participado en el proyecto. Se presenta el anlisis de los resultados y una breve discusin.
Introduccin
as universidades pblicas en nuestros pases han enfrentado procesos de cambio que se fundamentan en un esquema de desarrollo neoliberal que apoyan la calidad con su correspondiente proceso evaluativo, la competencia, la vinculacin con la empresa, y la rendicin de cuentas. En este punto, conviene rescatar la funcin pblica de las universidades y poner el acento en su funcin social, especialmente en beneficio de los grupos menos privilegiados, tanto econmica como culturalmente (Giroux, 2004). El programa de desarrollo social UABC-Ensenada ha puesto en marcha un modelo para unir la accin de la comunidad universitaria en la Universidad Autnoma de Baja
California, con los grupos vulnerables desde el punto de vista social, en Ensenada, B.C., en particular en un centro habitacional urbano en donde se conglomeran 10 000 personas, en las inmediaciones del nuevo campus de Valle Dorado llamado Infonavit Punta Banda. A travs del servicio social, las prcticas profesionales y el trabajo voluntario, estudiantes y maestros universitarios han colaborado en la solucin de problemas sociales. Se ha trabajado con la asesora de investigadores de Arizona State University en Estados Unidos y de la University of York, en Canad. Ha sido un proyecto relevante en materia de colaboracin fronteriza a favor de la accin social comprometida. Se concurs y gan por el financiamiento en la convocatoria de 2004 y as se obtuvieron recursos a travs de la organizacin Border Pact in Action/ CONAHEC (Consorcio para la Colaboracin en la Educacin Superior de Amrica del Norte)Universidad de Arizona, Tucson, con el soporte financiero de la Fundacin William y Flora Hewlett. Tambin en concurso, se obtuvieron recursos en la Novena Convocatoria de Apoyo a proyectos de investigacin de la UABC y tambin hubo recursos obtenidos en concurso para dar soporte a los estudiantes prestadores de servicio social.
Objetivos
Los objetivos del proyecto son: en el plano acadmico favorecer la formacin integral de estudian-
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tes en un medio real (Alcntara, 2004); en el plano social, contribuir a la solucin de problemas sociales; en el plano metodolgico, poner a prueba un modelo de trabajo para la participacin en colaboracin con la comunidad.
Fundamentos tericos
La colaboracin internacional en este proyecto ha sido lograda despus de aos de inters y convivencia. Es cierto que como lo propone Giroux (1997) el trabajo en su conjunto se ha planteado como un cruce de fronteras. De acuerdo con l se ha considerado que las responsabilidades de los ciudadanos se extienden ms all de las fronteras nacionales. As, se ha realizado un esfuerzo por el encuentro con la diferencia, con el Otro, en varias dimensiones: en la colaboracin entre investigadores de diferentes pases y culturas; en el intercambio acadmico con los estudiantes; en la participacin de los universitarios con la comunidad, haciendo suyas las carencias y necesidades del centro habitacional, y en su contribucin para su solucin. Se ha propuesto crear las condiciones pedaggicas para que los estudiantes se conviertan en cruzadores de fronteras (Giroux, p. 45) y que tengan la posibilidad de entender la alteridad. En la pedagoga fronteriza es primordial el lenguaje poltico y tico. En lo acadmico, es posible observar que la formacin universitaria se transforma en relacin a sus fines y a los medios para lograrla. El proceso de enseanza-aprendizaje evoluciona. El cambio ms notable fue la puesta en accin de experiencias que facilitaran la prctica de conocimientos (Palacios, 1989). Bajo la influencia de pedagogas como el aprendizaje situado (Lave & Wenger, 1990), y el aprendizaje significativo (Arceo Daz, 2003) estas experiencias deberan desarrollarse en situaciones reales, y ya no ms haciendo uso de contextos simulados. Apoyado en esta nueva orientacin, el aprendizaje por proyecto rene las caractersticas adecuadas para asegurar una formacin in vivo: se centra en el aprendizaje, y no sobre la enseanza, favorece la construccin de un conocimiento global y relacional; permite la
integracin por los estudiantes de diversos conocimientos, con frecuencia de campos disciplinarios distintos, regenera la significacin de los aprendizajes por la accin, subordina la accin a las necesidades de los actores; refuerza el compromiso social de los estudiantes, desarrolla las habilidades y las competencias necesarias para el trabajo en equipo; finalmente, contribuye al desarrollo individual estimulando la iniciativa, al creacin, la tenacidad, el sentido crtico, la autoevaluacin, la autonoma y la responsabilidad (Ayuste, 1988). Las tendencias actuales privilegian las relaciones con el mundo del trabajo, como si el nico fin universitario fuera entregar trabajadores eficientes; esta formacin es importante, pero la educacin superior no puede reducirse a esta sola vocacin, como tampoco puede reducirse el mundo de las universidades a la economa productiva (Dippo, 2003); tienen tambin como misin formar estudiantes con valores humanos y civiles, ayudarlos a construir un pensamiento cientfico, y contribuir al desarrollo del medio que las acoge en su diversidad social, cultural, poltica... (Martnez, 2001). Parece importante proponer como alternativa poner a los estudiantes en contacto con su mundo social, y especialmente con los grupos marginales y vulnerables de esta sociedad (McLaren, 1994). Los cuales, dicho sea de paso, son posiblemente el resultado indirecto la organizacin de la economa productiva. Tal vez es oportuno de investigar alternativas con un fundamento tico que pongan en juego los sistemas de valores (Tedesco, 2003). Desde el punto de vista social, hay que precisar que hasta ahora, el mundo universitario ha conservado lo esencial de sus funciones enseanza, investigacin, servicio adaptndolas a sus necesidades del momento (Maurausse, 2001). En tanto que instituciones pblicas, las universidades deben mantener activa, de manera especial y constante, su misin de servicio en la comunidad que las alberga (Giroux & Giroux, 2004). As, el proyecto tom cuerpo poniendo en contacto a los estudiantes, con una comunidad socialmente vulnerable ubicada en las puertas del campus.
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Metodologa
El enfoque metodolgico se inserta en la investigacin accin participativa, con una vocacin de hacer trascender la ciencia social hacia la filosofa social (Tedesco, 2003). El modelo seleccionado fue el RARE ( Rapid Assessment Response and Evaluation). A diferencia de los mtodos etnogrficos tradicionales, este mtodo permite establecer en poco tiempo un diagnstico de necesidades rpido. Por otra parte, la aplicacin de mtodos tanto cuantitativos como cualitativos, contribuyen a generar informacin sobre la comunidad. Se ha llevado a cabo cartografa, elaboracin y aplicacin de cuestionarios, realizacin de entrevistas, empleo de la tcnica de focus group o grupos de discusin, adems de la observacin participante. La utilizacin de redes sociales naturales con el procedimiento de bola de nieve localiza informantes privilegiados. En base al diagnstico realizado se implementa una jerarquizacin entre los diversos aspectos de la problemtica, que en este caso se vali de las tcnicas de anlisis de contenido; a partir de los problemas ms importantes y urgentes se forman grupos en la comunidad de acuerdo a campos de inters, a fin de formular proyectos que contribuyan a la solucin de problemas sociales identificados. La evaluacin se lleva a cabo a todo lo largo del proceso. En paralelo, se ha llevado a cabo una recuperacin del proceso de formacin con los estudiantes mediante grupos de discusin, reuniones de reflexin, y aportaciones escritas con sus reportes de actividades. Las actividades que se han desarrollado por los estudiantes con la comunidad de Infonavit Punta Banda, han sido las siguientes: Salud: Se llevan a cabo plticas y conferencias con diversos temas: control de adicciones, nutricin, diabetes, hipertensin, y otros. Tanto las adicciones como la diabetes son serios problemas en la comunidad. Las plticas se han dirigido a nios de primaria, adolescentes y a adultos mayores. Educacin: Las asesoras en Matemticas benefician sobre todo a nios de primaria y jvenes de secundaria; se brinda apoyo para la realizacin de tareas escolares y para que aprueben los exmenes
de ingreso en educacin secundaria y bachillerato, respectivamente. Tambin se han dado cursos de ingls a adultos. Por otra parte, se colabora con al Escuela Secundaria 54, en donde se han dado conferencias a los estudiantes, en relacin con la historia de Baja California, en apoyo a los profesores de esta materia. Adems se han dado cursos de educacin vial a los nios de la Escuela Primaria Tepozcalli. Se trabaja actualmente para dar apoyo en computacin estudiantes de educacin bsica y se estn organizando crculos de lectura infantiles. Cultura y Domingos culturales: Se llevaron a cabo Domingos Culturales en los que se realizaron un sinnmero de diversas actividades: concurso de dibujo, de adivinanzas, de deportes, representaciones teatrales, cantos, bailables, recitaciones, presentacin de manualidades, por mencionar algunas. Estos Domingos culturales se desarrollaron en torno a una temtica; el primero fue en ocasin del Da del Nio, el segundo fue para festejar el Da de las Madres, el tercero se dedic a los padres, el cuarto se relacion con el tema Vmonos de vacaciones, y el ltimo fue para festejar el Da del Abuelo. Tambin se ha realizado una exposicin fotogrfica, en el plantel de la Secundaria 54. Deportes: A travs de los contactos con el gobierno municipal y estatal, logramos conseguir, por ejemplo, que se atendieran las condiciones deplorables en que se encontraban las canchas deportivas. Estas fueron limpiadas, reacondicionadas. Los estudiantes de la Escuela de Deportes estn colaborando con los nios y jvenes dando entrenamiento deportivo, en especial, durante la poca de las vacaciones escolares. Asesoras legales: Un estudiante de sociologa, que adems es abogado, se ha ocupado de dar asesoras legales gratuitas. Ha brindado informacin en materia de juicios testamentarios, en casos de divorcio, en problemas de tenencia de la tierra, y fallecimiento. Escuela para Padres: Se han dado conferencias relacionadas con la vida sana en pareja y para el cuidado de la familia. En Infonavit Punta Banda hay una proporcin importante de hogares uniparentales, en donde el jefe de familia es una mujer,
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Cruzando fronteras: El nuevo realismo del gnero el inmigrante en el cine latino estadounidense
con ocupaciones econmicamente productivas fuera del hogar, por lo que a la fecha se trabaja en una propuesta de Escuela para Madres. Especial atencin recibieron las madres solteras adolescentes, que fueron apoyadas para recibir tratamiento mdico adecuado, y apoyo de los servicios disponibles para la atencin de su parto. Servicios: Se hace la gestin para la mejora de los servicios pblicos ante las diversas instancias de gobierno. Por ejemplo, se logr la remodelacin de una de las canchas deportivas de IPB. Tambin se ha trabajado en la reforestacin. Prevencin de Drogadiccin: Se han dado algunas plticas a jvenes por parte de psiclogos expertos en el tema. Se hizo la gestin para implementar el programa Chimalli, un modelo de intervencin para la prevencin de la drogadiccin en la Secundaria 54. Esta actividad no prosper porque el Gobierno Municipal inici una campaa muy agresiva para el control de las adicciones, y no era conveniente implementar los dos programas a la vez. Este es tal vez el problema ms grave que se presenta en este centro habitacional. Actualmente, dos estudiantes de Sociologa estn desarrollando un programa para vincular a las personas que lo requieran con centros de rehabilitacin.
mos que la mayor parte de los hogares en este centro habitacional han recibido algn tipo de apoyo por parte de los proyectos desarrollados por los estudiantes universitarios. En la contribucin metodolgica, el mtodo de RARE ha mostrado su eficacia, para hacer muy rpido, breve y eficaz el diagnstico y permitir la oportunidad en la respuesta. Adems ha dado lugar a la formacin de redes comunitarias. A la fecha, queda todava como un reto el lograr la participacin ms decidida de los miembros de comunidad en la formacin de comits y en asumir su colaboracin con la comunidad estudiantil. Conviene recordar que en Infonavit Punta Banda muchos hogares son uniparentales, y que las madres se encuentran sumamente ocupadas entre la necesidad econmica, las atenciones familiares y sus responsabilidades domsticas, lo que deja poco tiempo y poca energa para el trabajo comunitario, pero hay gran inters. La gran contribucin de este modelo y su xito en el trabajo de comunidades estriba, de acuerdo a nuestra experiencia, en la posibilidad de hacer un diagnstico rpido, lo que permite que las actividades programadas se desarrollen tomando en cuenta a las necesidades especficas resentidas por los diversos grupos de la comunidad.
Resultados
En el plano acadmico los estudiantes manifiestan haber adquirido conocimientos, habilidades y valores, en concordancia con los planteamientos tericos del aprendizaje por proyecto, resaltando de manera especial el valor de la prctica. Aseguran haber comprendido el sentido de sus estudios universitarios mediante su participacin en el programa. En el aspecto social, se ha beneficiado directamente a cerca de 2000 personas en la comunidad que incluyen a diferentes grupos de edad, a travs de la contribucin de los estudiantes en el desarrollo de actividades en salud, cultura, deportes, asesora psicolgica, asesora legal, educacin, escuela para padres, entre otras. La suma es importante, dado que la poblacin total en este centro habitacional asciende a 10 795 personas que residen en cerca de 2499 viviendas. As, considera-
Conclusiones
La colaboracin intercultural que se ha puesto en marcha en el proyecto ha permitido el crecimiento y la posibilidad del encuentro con la alteridad, tanto a miembros de la comunidad como a estudiantes e investigadores involucrados en el programa. El Programa de Desarrollo Social UABC-Ensenada, ha sido desarrollado con la expectativa de obtener un modelo para la colaboracin entre la universidad y la comunidad en que se inserta, en particular atendiendo a las necesidades de los grupos sociales que ms lo requieren. Estamos ya en posibilidad de abrir el programa hacia otras comunidades relegadas en cuanto a oportunidades de desarrollo. La realizacin del proyecto ha suscitado el inters de diversos actores urbanos los cuales podran
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solicitar la ayuda de la universidad. La continuidad del proyecto, su expansin, depender del desarrollo de cooperacin, de solidaridad, de complicidad al interior del cuerpo profesoral (Ibarra, 2003).
Puntos de vista
Un aspecto que inquieta sobre esta experiencia ha sido el hecho de que los estudiantes universitarios realizan el servicio social profesional y las prcticas profesionales, solamente al final de su carrera, lo que representa un retraso en relacin a su formacin. Se propone que comiencen en una etapa ms temprana su participacin en proyectos sociales.
Aportaciones al campo
Las aportaciones pueden sintetizarse en tres aspectos: las bondades del aprendizaje por proyectos para la formacin universitaria integral; la utilidad del mtodo RARE para el trabajo de desarrollo comunitario; adems, en el plano comunitario, los beneficios recibidos por miembros de la comunidad.
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Frontera: muro divisorio o tejido de relaciones?
Introduccin
omo introduccin, definir la palabra frontera. Habitualmente, el trmino frontera con nuestro cuadro mental cartesiano insina divisin, separacin, demarcacin, hasta obstculo; pocas veces encuentro, reunin, enriquecimiento mutuo y aun amistad. Utilizamos este concepto sobre todo a nivel de lo fsico, todava escasamente a nivel psicolgico, mental, emocional y mucho menos espiritual a pesar del reclamo del nuevo paradigma de la ciencia o sea del nuevo modelo de pensamiento. En la medida que las fronteras significan para nosotros habitantes de la Tierra, muro divisorio, no se engendrar ms que contradiccin, batalla y enemistad, como se describe enseguida.
Fronteras externas
1. Frontera: muro divisorio En los tiempos antiguos, siempre hubo muros como proteccin de las ciudades en contra de los posibles enemigos, por ejemplo, Jerusaln y Roma. En la Edad Media, existieron las ciudades fortificadas, al construir y reconstruir murallas como medio de defensa; los ciudadanos de Londres y Pars, por ejemplo, construyeron y reconstruyeron murallas para salvar su libertad. De la misma manera fue construida la gran muralla china 10 mil kms que se puede ver dicen desde la Luna.
En la poca actual, se puede ver la Frontera entre Estados Unidos y Mxico como un muro divisorio que separa lo que no es divisible. De hecho, por lo menos a nivel geolgico, los dos lados de la Frontera Norte, y en especial de la Frontera Noroeste en Baja California, forman un todo geolgico que slo una alta malla de alambre viene a separar. Esta malla se refuerza cada da ms en respuesta a la perseverancia de su destruccin cotidiana. Por los hechos de vigilancia, represalias, cruces de frontera, etc., esta malla de alambre se puede ver como un muro de separacin e inclusive como un lugar de guerra entre dos pueblos y dos intereses. En la Frontera Norte, esta malla todava ms reforzada se puede comparar al Muro de Berln porque, adems de crear una lnea divisoria entre dos pueblos, tiene la particularidad de separar tambin a un mismo pueblo. De hecho, numerosos mexicanos desean cruzar la frontera para visitar a sus propias familias que se encuentran al otro lado. Existen muchas fronteras en el mundo, pero pocas o ninguna son tan agresivas, violentas y vergonzosas como lo fue el Muro de Berln y como lo es la Frontera Norte de Mxico con los EE.UU. de Amrica. En ambos casos, la divisin es fsica. En el corazn de Alemania, el muro estaba compuesto de piedras y alambre; entre Estados Unidos y Mxico, est constituido de placas de acero y malla de alambre reforzada con alambre de pas,
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extremadamente alta. Adems, esta ltima Frontera simboliza la separacin entre EE.UU. y toda Amrica Latina. El Muro de Berln fue llamado: la Cortina de Hierro, smbolo de opresin, rechazo, proteccin del enemigo, odio, miedo; divisin extremadamente radical. El Muro de la Frontera Norte de Mxico tiene el mismo simbolismo, siendo adems divisin con otro pas. A pesar de que este estudio se refiere slo a la frontera de Mxico con E.U., no podemos dejar de mencionar la construccin del alto muro de concreto, de 150 kms. de largo, con torres de vigilancia y metralletas, separando los Israelitas de los Palestinos, esperando que hablo del pasado 2. Frontera: muro de contradiccin En la Frontera Norte de Mxico, encontramos la misma vergenza, el mismo trato inhumano, la misma maquinaria de represin, la misma bsqueda de escape, los mismos tneles subterrneos y los mismos peligros de muerte que en la Cortina de Hierro. Los alemanes se perseguan entre ellos, se denunciaban, y se trataban infernalmente. En la Frontera Norte de Mxico, los mexicanos se dan entre ellos ese mismo trato, la misma vigilancia que los alemanes se daban en el muro de Berln. De hecho, los oficiales de migracin norteamericanos son en buena parte de origen mexicano y tienen familiares tanto de un lado como del otro de la Frontera. En esto, existe una contradiccin interesante: este Muro de separacin, incomunicacin, y aislamiento, atrae a un nmero impresionante de personas que giran alrededor de su gigantesco tamao: oficiales de migracin y oficiales de las patrullas fronterizas naturalmente, pero sobre todo una creciente muchedumbre, hambrienta y decidida, imposible de contener, que de cualquier manera pasa y cruza. El movimiento de esta marea, transforma la Frontera en un lugar de alta comunicacin, de encuentro de razas, culturas, familias, de intercambio, de negocios, de trficos de todo tipo, y de relaciones humanas como en ningn otro lugar en el mundo. La franja fronteriza de ambos lados de la lnea divisoria, ha llegado a ser una plaza pbli-
ca en donde se tejen relaciones de todos tipos tan comunes como extraos. La Frontera Norte no se ha transformado todava, como en Berln, en un lugar de liberacin y de fiesta, de reencuentro entre hermanos, razas y religiones. La cada del muro de Berln represent una revolucin pacfica de una nueva sociedad en marcha en la cual el miedo ya no es el primer elemento organizador. En contraste, en la Frontera Norte, el Muro de alambre se convierte hoy, en Muro de Acero, aun en doble muro. Ms all de su imposicin materializada, el Muro de la Frontera Norte de Mxico representa la acumulacin de violencia, frustracin, luchas fratricidas, miedos al otro. Es la imagen compactada de lo que hemos creado en el pasado y que, en la actualidad, forma una barrera explosiva inhumana y cruel que es fruto tanto de un lado como del otro de la frontera del miedo a no tener, a ser despreciado, del miedo a lo desconocido, al extranjero, del miedo que proviene de la inseguridad inseguridad del futuro, del presente, de quin soy y a dnde voy. 3. Invencin de la frontera Son las mentes humanas las que inventan las fronteras, las separaciones, a diferencia de los pjaros, las mariposas monarcas, las ballenas, ellos no conocen frontera geogrfica alguna. Sin embargo, mientras se refuerza la frontera entre Mxico y EE.UU., la supresin de las fronteras parece ser una novedad de nuestros tiempos, como lo est iniciando Europa Occidental. Ahora bien, los trminos en los que est operando tal supresin pueden implicar inmensas y ricas enseanzas, ya que se trata bsicamente de desvalorizar ciertas funciones negativas en los lmites de las Naciones, al mismo tiempo que se pretende preservar la funcin esencial de identidad nacional, que permite el trazo de una frontera cultural. Segn la nueva visin de la realidad, si vemos fronteras alrededor de nosotros, es que stas existen tambin en el interior de nosotros, tanto de modo individual como colectivo. Lo que ves es lo que reflejas. Escribi Carlos Fuentes: Temo que la verdadera Frontera, la trae uno adentro.
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Es as como nos hemos quedado con el miedo de que el otro, el de fuera, el extranjero nos vaya a hacer dao o tomar nuestro lugar o quitar nuestros bienes. Y este miedo por dentro, nacido de la creencia en nuestra debilidad, impotencia y victimizacin, ha trazado fronteras invisibles e inconscientes en nuestro ser que se hacen visibles en la realidad afuera. Detengmonos a analizar un poco estas fronteras invisibles sin embargo creadas que disean nuestra realidad.
Fronteras internas
4. Creacin de fronteras La frontera Mxico-EEUU es un producto ilustrativo del paradigma mecanicista bajo el cual hemos pensado, credo y vivido estos ltimos siglos, y que ha permitido representaciones mentales divisionistas, separatistas y de defensa. Las fronteras de nuestro mundo han nacido de estas representaciones, las cuales se han reforzado en la medida en que hemos optado y credo de una manera absoluta en esta necesidad de supervivencia, y por ende en la proteccin necesaria frente al otro. Los nuevos sobresaltos de unificacin y de reunin de los pueblos, tales como Berln y Europa Occidental son muestras, quizs, de un nuevo ensayo de representacin mental diferente que brota del paradigma naciente. Sin embargo, se dan simultneamente con los viejos sobresaltos, nutridos y reforzados por el miedo inconsciente al cambio, que siempre lleva consigo la inseguridad frente a lo desconocido, al vaco, en realidad a la muerte. En efecto, Por qu se refuerzan unas fronteras ms que nunca en el momento en que otras se borran? Si analizamos estos ejemplos a nivel psicolgico, tanto uno como el otro, nos ensean que existe inconscientemente el miedo frente a la supervivencia. Por un lado, se unen pases para tener ms poder poltico y econmico (como Europa), por el otro, se protegen otros pases para cuidar su poder poltico y econmico, y eso siempre en contra de otros. Es entonces nuestra mente la que crea las fronteras, las produce y las refuerza, as como tambin las suprime. Cada frontera que trazamos en nues-
tra experiencia constituye un principio separatista que cumple una funcin organizadora de la realidad, pero tambin tiene como resultado una limitacin de nuestra conciencia: una fragmentacin, un conflicto, una batalla. La supresin de las fronteras en nuestra mente puede crear lo contrario, tales como vivencias sobrecogedoras de iluminacin en las que el individuo llega a sentir que es uno con todo el universo, con cada uno y con todos: su sentimiento e identidad se expanden mucho ms all de los estrechos confines de su mente y de su cuerpo, hasta abarcar la totalidad del cosmos. Por esta razn, se ha denominado conciencia csmica a esta modalidad de percepcin. Existe un proceso bsico que subyace a todo el procedimiento para establecer una identidad. Cuando uno responde a la pregunta: Quin soy?, sucede algo muy simple. Al describir o explicar quin es uno, incluso cuando se limita a percibirlo interiormente, lo que en realidad se est haciendo, es trazar una lnea o lmite mental que atraviesa en su totalidad el campo de la experiencia, y a todo lo que queda dentro de este lmite se percibe como yo mismo, mientras siente que todo lo que est por fuera del lmite queda excluido del yo mismo. En otras palabras, nuestra identidad depende totalmente del lugar en donde tracemos la lnea limtrofe. De modo que al decir yo, trazamos una demarcacin entre lo que somos y lo que no somos. Lo que solemos llamar crisis de identidad se produce cuando uno no puede decidir cmo, ni dnde trazar la lnea. Como para un pas, preguntar: Quin eres? a una persona, significa preguntar: Dnde trazas la frontera?. Cuando la persona pierde completamente la lnea limtrofe, es cuando est identificada con el todo nico y armonioso, ya no hay dentro ni fuera, y por lo tanto no hay dnde trazar la lnea. Esto es lo que constituye la percepcin sin fronteras que se conoce como la Identidad Suprema o conciencia de unidad. Sin embargo, vale la pena tambin investigar lneas limtrofes que cada individuo traza; todas ellas se reducen a unas cuantas clases fcilmente reconocibles.
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5. Fronteras de los yoes Puesto que hay diferentes niveles del yo, es obvio que tambin hay diferentes niveles de conflicto consigo mismo. Sin embargo, como bien lo saben los expertos en materia militar, una lnea limtrofe es tambin una lnea de batalla en potencia, ya que delimita los territorios de dos campos opuestos. As, cuando un individuo disea los lmites de su Ser, establece al mismo tiempo las batallas de su Ser. Freud lo haba ya sealado; todo extrao parece un enemigo, entonces, cada nivel est potencialmente comprometido en diferentes conflictos con diversos enemigos. El objetivo del psicoanlisis y de la mayora de las formas de terapia convencional, es remediar la radical escisin entre los aspectos conscientes e inconscientes de la psique y de ayudar a que la persona se ponga en contacto con la totalidad de su mente. Estas terapias orientadas hacia el nivel del ego, apuntan a reunificar a la persona, llamada tambin mscara (tras la que se ocultan los aspectos inaceptables de su ego), y la sombra (que proyecta al exterior estos aspectos), con el fin de crear un ego sano y fuerte. De la misma manera, la mayora de las llamadas terapias humanistas tienen por meta curar la escisin entre el ego y el cuerpo, reunir la psique y el soma para as revelar el organismo total. Es por eso que a la psicologa humanista se le designa como movimiento de potencial humano. De hecho, al extender la identidad de la persona desde la mente o ego hasta la totalidad del organismo como tal, se liberan los vastos potenciales del organismo total, ponindolos a la disposicin del individuo. Todava ms profundas que estas terapias, se encuentran ciertas disciplinas, en general orientales, que apuntan al nivel de la conciencia de unidad. Estas disciplinas tienen la finalidad de curar la escisin entre el organismo total y el medio, y de revelar la identidad suprema con el universo entero. En realidad, pasamos gran parte de nuestra vida dibujando fronteras. Cada decisin que tomamos, cada una de nuestras acciones y palabras, se basan en la construccin, consciente o inconsciente, de
lmites, de fronteras. Sostener una idea significa trazar una divisin entre los conceptos que uno considera verdaderos y los que considera no verdaderos. 6. Fronteras, lugares de opuestos La mayora de nuestros problemas estn creados por las divisiones y opuestos que generan. Por ejemplo, cuanto ms me aferro al placer, ms temo necesariamente al dolor. Cuanto ms xito busco, mayor ser mi terror al fracaso. Cuanto ms me aferro a la vida, ms me aterroriza la muerte, etc. Encaramos el problema del bien y del mal tratando de exterminar el mal; enfrentamos el problema de la vida y de la muerte intentando ocultar la muerte bajo inmortalidades simblicas. Del mismo modo, en filosofa, resolvemos las oposiciones conceptuales ignorando uno de los polos. Por ejemplo, el materialista se empea en reducir el espritu a la materia, mientras el idealista se esfuerza por reducir la materia al espritu. Esta meta de separar los opuestos y despus aferrarse a las mitades positivas, parece ser una caracterstica distintiva de la civilizacin occidental progresista; de su religin como de su ciencia, su medicina o su industria: el progreso, en ltima instancia, es simplemente avanzar hacia lo positivo y alejarse de lo negativo. Sin embargo, para la mayora de nosotros es difcil creer que todos los opuestos son inseparables, y que cada uno sea el otro. Eso se debe a que aceptamos como real la demarcacin entre los opuestos. Si la realidad fundamental es una unidad de opuestos, entonces podemos decir que en la realidad fundamental, no hay fronteras. 7. Fronteras ilusorias Ken Wilber, un bilogo, filsofo y psiclogo contemporneo, escribe que nuestra dificultad de creer viene del hecho de que las fronteras nos tienen fascinados, a tal punto que se nos olvida que las demarcaciones slo se encuentran en la imaginacin de los cartgrafos, y nunca en el mundo real. Una lnea real se convierte en demarcacin ilusoria cuando nos imaginamos que sus dos lados estn separados y no tienen relacin entre s; esto es,
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cuando reconocemos la diferencia externa de los dos opuestos, pero ignoramos su unidad interna. Podemos enumerar las diversas clases de lneas que de hecho existen en el mundo natural, tales como la lnea de la costa, situada entre los continentes y los ocanos que los rodean, los contornos de las hojas y la piel de los organismos, los horizontes y lneas de rboles y de lagos, en fin, lneas que delimitan los objetos y el medio en que estn. Sin embargo, son lneas que como la lnea de la costa entre la tierra y el agua no representan una mera separacin. Ms bien, representan precisamente los lugares en que la tierra y el agua se tocan. En este sentido, el mundo real contiene lneas, pero no tiene fronteras (Wilber, 1988, p. 45). Generamos la ilusin de las demarcaciones no slo por seguir las lneas de la naturaleza lnea de la costa, del horizonte, de la piel sino por trazar nuestras propias lneas mentales, tales como son las ideas y conceptos. Con este proceso, aprendemos a distinguir, seleccionar, clasificar y reconocer la diferencia entre el exterior y el interior, etc., sin embargo, tendemos a olvidar la unidad implcita. Cmo liberarnos entonces de nuestra costumbre de separar, de vivir problemas y conflictos absurdos, frutos de la guerra de los opuestos? No se trata de separar los opuestos para lograr un progreso hacia lo positivo, sino ms bien unificar y armonizar los opuestos, tanto positivos como negativos, descubriendo un fundamento que trascienda y abarque a ambos. Y qu es este fundamento? Es la conciencia de unidad misma. En esencia, como dicen todos los textos antiguos de sabidura, as como tambin la fsica moderna: las cosas no son dos, sino una. Podemos concluir que si la realidad no es dual, entonces no tiene fronteras. No se trata de detener los progresos en los diversos campos, sino de abandonar la ilusin de que la felicidad depende de ellos. Cuando se comprende que los opuestos son uno, escribe Wilber, la discordia se disuelve en concordia, las batallas se convierten en danzas y los antiguos enemigos en amantes. Estamos entonces en condiciones de entablar amistad con la totalidad de nuestro universo, en vez de seguir mantenindolo dividido por la mitad (p. 49).
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Nacionalidad doble chapa. Identidad de frontera: Rivera (Uruguay)-Sant Ana Do Livramento (Brasil)
Gladys Teresa Bentancor Ross CERP/Norte-Uruguay Adriana Dorfman UFRGS/UFSC-Brasil
a frontera es una caracterstica de cualquier objeto o fenmeno, cuya existencia posee extensin y fin. El fin o frontera, representar contacto, en el caso de que haya un objeto o fenmeno de igual naturaleza junto al primero. En el caso de los estados-nacin, se trata de una frontera internacional y es ste el caso que encaremos en este trabajo: la frontera entre Uruguay y Brasil. Concebimos la frontera como la regin donde se entrelazan las influencias de los estados en contacto, creando prcticas compartidas que pueden construir una identidad fronteriza. Usualmente analizamos las fronteras internacionales diferenciando frontera de lmite. Este es un atributo del estado-nacin, que delimita soberana, demarcando as la vigencia de las normas estatales diferenciadas, correspondientes a los respectivos territorios. Si bien la frontera distingue territorios estatales, no lo hace compartimentos estancos, en la medida que los flujos de personas, objetos, informacin e ideas cruzan constantemente el lmite. En la frontera se crean posibilidades de actividades econmicas que atraen poblacin, inclusivo de orgenes diferentes a los de las naciones en contacto, la discontinuidad y yuxtaposicin de las normas nacionales estn en el origen de esas posibilidades. La poblacin fronteriza desarrolla prcticas que se espacializan y presentan semejanzas en ambos lados de la lnea y que puede ser entendido como
la formacin de una regin: la regin fronteriza. La expresin parece tautolgica, en vista de las caractersticas limitantes y perifricas normalmente atribuidas a la frontera, en contraste con la unidad espacial implcita en la idea de regin. La regin fronteriza es visible cuando se opera un cambio en la escala de anlisis: el Estado-nacin permanece como pao de fondo, y examinamos la regin formada por las prcticas ligadas a la existencia de la frontera, trabajando con el concepto de lugar, escenario de lo cotidiano. Este trabajo fue escrito a cuatro manos y en dos idiomas (en el original, ac traducido totalmente al espaol) en la tentativa de aproximar, preservando, puntos de vista informados por construcciones nacionales e integradoras del estudio de las fronteras de Uruguay y Brasil. Para examinar la importancia de los orgenes histricos en la construccin de la identidad fronteriza, hagamos una breve cronologa de esa construccin y de la regin que en torno a ella se cre. En el siglo XVI el rea era dominada por indios caingangues, guaranes y guaicurus, cuyos territorios fueron paulatinamente extinguidos. En el siglo siguiente, las misiones jesuticas se instalaron en el oeste, congregaron a los indios e introdujeron la cra de ganado equino y bovino. En 1680 se funda en la margen oriental del Ro de la Plata, Colonia del Sacramento, un enclave portugus, construido para apoyar el avance de la coloniza-
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Nacionalidad doble chapa. Identidad de frontera: Rivera (Uruguay)-Sant Ana Do Livramento (Brasil)
cin y/o tambin posibilitar la salida fluvio-martima de mercaderas compitiendo con el puerto de Buenos Aires. El siglo XVII est marcado por luchas y guerras por la posesin de la Colonia del Sacramento, por la distribucin de tierras y por la fundacin por los portugueses en 1737, del fuerte Jess Mara y Jos, que dio origen a la ciudadpuerto de Ro Grande (la primera en el actual territorio del estado de R. Grande del Sur) el tratado de Madrid de 1750, pasa la colonia del Sacramento a control espaol, al mismo tiempo que transfiere la regin de las Misiones al dominio portugus. Es en el siglo XIX que, despus de dcadas de guerras ligadas a la descolonizacin y a la demarcacin de lmites, se conforman los territorios de los actuales estados. La historiadora Susana Bleil de Souza (1994, 1995) examinando las relaciones entre el estado meridional de Ro Grande del Sur y el Uruguay durante el siglo XIX y comienzos del XX, describe la regin desde la problemtica de definicin de soberanas, sobre las tierras en discusin, porque haba una fuerte interaccin entre la comunidad de charqueadores y estancieros, relaciones familiares estrechas, existencia de propiedades rurales transfronterizas y redes de transporte que hacan que la regin fronteriza Ro Grande se abasteciera y sacara su produccin a travs del puerto de Montevideo. En aqul momento, las luchas polticas movilizaban caudillos de ambos lados de la frontera, en alianzas transitorias, los brasileos posean tierras en pleno territorio uruguayo y el uso de variantes de la lengua portuguesa se utilizaba a mas de cien kilmetros de la frontera, provocando preocupacin en Montevideo. Del siglo XIX al XX, las autoridades uruguayas deciden tomar medidas con el objetivo de orientalizar la frontera norte del pas: la extensin de redes de telgrafo y ferrocarriles, reforzando los lazos con Montevideo; el estmulo a la inmigracin, para disminuir el peso de los descendientes de brasileos; el fomento a la agricultura y la instalacin de la escuela para combatir el portugus. En el siglo XX, la existencia de gobiernos militares por prolongados perodos, gener un recru-
decimiento del nacionalismo aislacionista, porque toda accin era interpretada como amenaza expansionista o proyecto de hegemona continental del pas continente. Construir una ruta, podra ser tentativa de invasin, los puertos podran desviar comercio, las represas intentaran crear prisioneros geopolticos. La amenaza externa, adems de reforzar sentimientos nacionalistas de cohesin nacional, signific para los municipios de frontera el estatus de territorios de seguridad nacional, disminuyendo la posibilidad del accionar poltico en la escala local perjudicando las prcticas ciudadanas. En esos perodos creci significativamente el nmero de funcionarios civiles y militares y de agentes de representatividad nacional. A partir de la dcada de 1980, el fin de las dictaduras en Brasil y Uruguay y la presin para hacerse atractivos a la corriente de capitales internacionales, permiten la creacin del Mercosur, que posibilit negociaciones que incluyeron en el nivel regional la firma de protocolos sobre situaciones del cotidiano de frontera. En resumen podemos establecer que en un primer momento se establecieron actividades econmicas ganadera y comercio unificadas. Estas permanecieron, influyendo en las prcticas alimenticias, en la propiedad de la tierra y en otros indicadores materiales. En una segunda etapa, de floreciente nacionalismo, se busca establecer distinciones, se incentiva la concrecin de las diferencias, con la finalidad de representar al estado, de inscribirlo monumentalmente en la frontera poltica (Donnan & Wilson, 1998:8 apud Quadrelli, 2002:25). A partir de la formacin del Mercosur el discurso cambia de polaridad: se busca mostrar a la frontera como precursora de la integracin, como verdadero laboratorio de su prctica, ejemplo pragmtico. El concepto de la frontera como confn de territorio sufre un cambio a partir del proceso de integracin regional. Podramos pensar en una reterritorializacin de las fronteras en un marco de nuevas centralidades. Pasada la euforia integracionista, vemos un ensayo de institucionalizacin de la ciudadana fronteriza, a travs del Acuerdo para Permiso de Trabajo y Estudio para los ciuda-
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danos de las Localidades de Frontera de la Repblica Oriental del Uruguay y de la Repblica Federativa del Brasil. Las disputas por la regin platense entre los reinos de Espaa y Portugal, estn en el trasfondo de las decisiones que vendran a influir en la localizacin de poblaciones orientales en los confines territoriales a modo de barreras del avance portugus y brasileo. A lo largo de la extensin limtrofe (1003 Km.) se establecieron poblaciones orientales que conformaron, con sus contrapartes brasileas, pares de centros urbanos. Con diferente peso demogrfico y variados niveles de interaccin, ameritan investigaciones especficas en cada uno de ellos, a pesar de los elementos comunes. Dos centros poblados a ambos lados de un lmite no constituyen en s una excepcionalidad en el marco internacional, ni a nivel latinoamericano. Desde esa funcin histrica estratgica de obstculo al avance, pasan a establecerse como reas privilegiadas de contacto y entrelazamiento poltico. Rivera y Santana do Livramento son llamadas ciudades gemelas. Reconocida como un enclave urbano significativo (160 000 habitantes), en unidades polticas tambin comparables, representa sin embargo diferente peso en la relacin de escalas con sus respectivos estados nacionales. Las primeras observaciones determinan que no exista a ese nivel una ascendencia de una ciudad sobre la otra, lo cual obviara otra de las situaciones conflictivas que afectan a las fronteras. La fundacin de Rivera fue muy bien recibida por su par fronteriza y contara con su ayuda incondicional, ya que representaba la oportunidad de acceder a mercaderas importadas que en funcin de los aranceles aduaneros uruguayos, mucho ms bajos, pona a su alcance y a travs de ella al interior de Ro Grande del Sur, productos con hasta 50% menos de arancel. Ms de un siglo despus las excepciones arancelarias siguen siendo centro del desarrollo comercial (como es el caso de los Free Shops de hoy da). La intensificacin del movimiento comercial fue elemento fundamental para la expansin urbana de las ciudades fronterizas, junto a la actividad ga-
nadera de la regin como actividad principal. No estaramos completando la descripcin de la regin fronteriza si no nombrramos el contrabando. Para los actores que a ambos lados de la lnea protagonizaron y protagonizan los perodos de mayor auge de la regin podramos decir, que nunca como en esos perodos la lnea divisoria se vuelve tan abstracta e imaginaria. La situacin de contacto geogrfico pone frente a frente, dos comunidades lingsticas distintas, lo que da lugar al bilingismo y tambin al desarrollo de variedades mezcladas de espaol y portugus que constituyen una forma de comunicacin local (dialecto). Es este tipo de contacto el que se da en nuestra frontera con Brasil: dos lenguas no solo emparentadas genticamente sino que han compartido prcticamente en toda su ya larga historia vicisitudes comunes (Elizaincn, 1979) Una definicin inicial de esa comunicacin fue denominada portuol: ... una manifestacin popular que refleja el sentir de dos culturas (Bentancor y otros, 1989). Estudios lingsticos posteriores plantean que no sera correcto el empleo de dialecto o variedad dialectal sino que la denominacin ms correcta sera dialectos portugueses del Uruguay (DPU). El desarrollo de los mismos basados en la oralidad da lugar a construcciones diferentes a lo largo de la regin fronteriza. Expertos describen el fenmeno como un tipo de bilingismo que implica el uso de una lengua estndar (el espaol) y un dialecto subestndar de otra lengua que seran los DPU. Elizaincn en varios de sus trabajos, describe esta regin lingstica como bilinge y diglsica, es decir una regin en la que se utilizan dos sistemas lingsticos con una matriz diglsica firme y establecida. Si bien el aporte lingstico para la aparicin de los dialectos es de base portuguesa y parecera no tener la misma situacin replicada del espaol sobre el otro lado, existen variedades identificadas con la influencia fronteriza que tambin son objeto de estudio de los lingistas. Si pensamos las polticas lingsticas como elementos integradores de la identidad nacional, tanto Brasil como Uruguay justificaran sus idiomas estndar como elementos de unidad. La escuela
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uruguaya tena la finalidad de marcar el territorio de esa identidad y lo haca prohibiendo hablar el portugus o el portuol. Es importante tambin tomar en cuenta que el lenguaje fronterizo es observado con pticas diferentes, segn se mire desde el rea en cuestin o desde otros puntos del pas, ya que a la distancia el tema sigue siendo un problema y las polticas centralistas no han ayudado al respecto. Elizaincn describe el uso del espaol como la variedad alta utilizada para todos los fines formales, mientras los DPU se utilizan en la comunicacin familiar y en la comunicacin espontnea. A nivel emprico, es lo que surge en funcin de investigaciones anteriores y en las observaciones para este trabajo, ya que impregna la vida cotidiana de la frontera y tambin que esa divisin no siempre aparece tan clara. En un anlisis de las percepciones sobre la lengua y sobre los hablantes, podemos encontrar desde el rechazo a los DPU, que podran identificarse en general con relaciones de clases sociales y de discriminacin hacia los hablantes del mismo con tipificaciones de deformaciones del lenguaje y de mezclas inferiores. En funcin de estas estigmatizaciones el aporte lingstico aparece asociado a prdidas y no a un verdadero aporte. Desde la fundacin de los centros poblados en el rea de frontera hasta hoy, se continan los esfuerzos nacionalizantes para erradicar la influencia luso-brasilea y sta no ha disminuido sino que en general se ha visto acentuada a travs de los medios de comunicacin que refuerzan la influencia del portugus. Ha habido proyectos para enfrentar el tema desde la educacin pensados desde la propia regin, pero que nunca se concretaron. Actualmente hay una experiencia piloto de enseanza bilinge a nivel de Educacin Primaria, que trabaja a nivel de lenguas estndar sin considerar el tema de la lengua madre en la frontera, reiterando la tensin entre la lgica del lugar y las estrategias nacionales. Es interesante observar que el entrelazamiento poltico de la regin se remonta a las primeras tentativas de apropiacin y territorializacin del espacio. La figura del caudillo, tpica de la regin,
representa una mezcla de liderazgo poltico, de preeminencia econmica y de capacidad de movilizacin social y militar. La regin fronteriza que era, en el siglo XIX, un espacio articulador de resistencias socio-polticas se convierte en el siglo XX en espacio simblico de identidad cultural. Un ejemplo significativo se encuentra en los hermanos Saravia: dos caudillos unidos por el parentesco intervinieron en revoluciones que de alguna manera marcaron el fin de una poca. La familia Saravia fue parte de una migracin de hacendados provenientes de Ro Grande del Sur (algunos de sus hijos nacieron en Uruguay) en aquellos territorios sin lmites, en esa frontera inexistente, donde la dureza de la oposicin poltica encontraba terreno frtil. La bsqueda de la identidad nacional, la formacin y consolidacin de Estados, adems de definiciones polticas de bandos tuvo con estos caudillos la frontera entre Uruguay y Brasil como escenario principal. Gumercindo y Aparicio Saravia representaron para sus seguidores una identidad colectiva que despertaba reacciones similares a las vinculadas con el nacionalismo (Chasteen, 2001: 22). Destinos contrastantes de estos caudillos, con diferencias en los desenlaces de las independencias de los pases involucrados, con desgarramiento mnimo la brasilea y de fuerte fragmentacin y debilidad gubernativa las hispanoamericanas, a partir de las cuales se prolongaron las revoluciones. Embanderados en la Revolucin Ro Grande se aparecan como identificados en la misma causa por autonomismo apoyando a Ro Grande y por Federalismo que reconoca antiguos antecedentes. Ya en el siglo XX, una prctica comn de la poltica en el Cono Sur fueron las bruscas mudanzas en el orden del poder, con la sustitucin de los lderes y la persecucin de los derrotados. Consecuencia de ello se sucedieron exilios, cuyo destino abarc muchas veces el rea fronteriza del pas vecino en bsqueda de asilo y proteccin sin alejamiento, facilitado por familiaridad cultural y posibilitando dar continuidad a sus luchas (Getulio Vargas, Joao Goulart, Leonel Brizola). De la misma forma la represin poltica durante las dictadu-
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ras del Cono Sur desconsider los lmites nacionales y desarroll una regin bajo el Plan Cndor. Organismos polticos binacionales existen institucionalmente, como los tratados sobre lmites y el funcionamiento de organismos de nivel de cancilleras: entre ellos encontramos los Comits de Frontera y la Nueva Agenda de Cooperacin fronteriza. Las prcticas polticas transfronterizas en la escala local hoy, presentan facetas institucionalizadas desde un punto de vista administrativo y otras que se originan a partir de las demandas de la poblacin. Un ejemplo de esa tensin puede ser encontrado en la cuestin del uso de la franja en torno al lmite regido por el Estatuto Jurdico de Fronteras de 1933, que prohbe su ocupacin. Sin embargo sta est apropiada desde hace mucho tiempo por vendedores (camels) cuyos productos son de diversa procedencia predominantemente de Paraguay e ingresados de forma ilegal. Un decreto del Poder Ejecutivo de Uruguay en 2001 indic desalojar esos espacios, fundamentado en el Estatuto ya nombrado. La orden fue acatada en 2002 por los ambulantes en la frontera Chuy-Chui a pesar de no compartirla y de haberse suscitado una movilizacin de los afectados. En el caso de la frontera Rivera-Livramento la situacin incluye paradjicamente la existencia de una orden Municipal de 6/06/95 que regula la actividad del comercio informal riverense en la ciudad de Rivera, pero que lo localiza en la lnea (y cobra una tasa mensual) a pesar de la prohibicin del Estatuto Internacional de 1933. Los vendedores de Rivera no fueron obligados finalmente a dejar sus puestos, gracias a su movilizacin como tambin por el apoyo de un senador y un diputado de la Repblica entre otros lderes poltico-partidarios locales. La reivindicacin de los ambulantes por ese espacio se basa en el potencial econmico que l representa, lo que llev al rechazo de propuestas de reubicacin. Todo eso muestra cmo, en la frontera, cuestiones aparentemente ligadas apenas al comercio desbordan en negociaciones polticas que involucran variadas escalas de poder. La implantacin de otras polticas binacionales como los Pasos Integrados de Frontera que ejecutan el control conjunto de importaciones-exporta-
ciones y trnsito de personas a partir de su creacin en el mismo lugar fsico, localizndose el primero en territorio brasileo y el segundo del lado uruguayo traen nuevas lecciones sobre los alcances de iniciativas de integracin en un plan concreto. La integracin no se hace por decreto, pues que los rganos oficiales que ya operaban conjuntamente siguieron en la cooperacin, mientras aquellos que no estaban acostumbrados a esa coordinacin no la concretaron slo por encontrarse en una misma sede. Localmente se implement el Consejo Legislativo Internacional que ya no funciona y la Cmara Binacional de Comercio bajo el auge del Mercosur, que an continua en funciones. En el nivel sindical hubo relaciones coordinadas en la dcada del Cincuenta, cuando Livramento posea el tercer parque industrial del Estado (50 establecimientos y ms de 3.000 obreros). En la primera huelga en una empresa multinacional que se realiza en el frigorfico ARMOUR, se desarrollan comicios en la plaza de Rivera y acuden delegados sindicales de Montevideo. Actualmente se realizan actividades conjuntas como el acto de los trabajadores del 1 de mayo, pero no hay una prctica de integracin sindical en el rea. En este marco, la institucionalizacin de prcticas cotidianas y de la regin de frontera aparece en un Acuerdo para Permiso de trabajo y estudio para los ciudadanos de las localidades de Frontera de la Repblica Oriental del Uruguay y la Repblica Federativa del Brasil. Firmado el 9 de Agosto de 2002 fue ratificado el 14 de Abril de 2004, el acuerdo abarca una regin delimitada simtricamente a 20 km. de ambos lados de la frontera. El Acuerdo establece las localidades de ambos pases en que se efectiviza el mismo, denominando a las mismas localidades vinculadas que son las siguientes: 1. Chuy, 18 de Julio, La Coronilla, y Barra del Chuy (Uruguai) a Chui, Santa Vitria do Palmar/Balnerio Hermenegildo, (Brasil); 2. Rio Branco (Uruguai) a Jaguaro (Brasil); 3. Acegu (Uruguai) a Acegu (Brasil); 4. Rivera (Uruguai) a Santana do Livramento (Brasil);
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5. Artigas (Uruguai) a Quara (Brasil); 6. Bella Unin (Uruguai) a Barra do Quara (Brasil). El propsito del acuerdo es legalizar la residencia; el trabajo, oficio o profesin, con los correspondientes derechos de previsin social; estudio en establecimientos pblicos o privados, para uruguayos y brasileros ciudadanos de las localidades vinculadas. Tales derechos se materializan en un Documento especial de Fronterizo, una cdula de identidad que indica cul es la localidad vinculada en que podrn ser ejercidos los derechos de fronterizo. Se trata entonces de la institucionalizacin de prcticas ampliamente difundidas y de amplia base histrica. Por primera vez el carcter supranacional de la poblacin de la regin es legitimado por los Estados-Nacin. Varias preguntas resultan pertinentes al respecto: Por qu se establecen localidades vinculadas y no una zona nica? Por qu la poblacin de la frontera pagara para legalizar actividades que ya realiza? Quines tienen mayor inters, brasileros o uruguayos, estudiantes o trabajadores, qu clase social? Qu tipo de actividades econmicas, rurales o urbanas? Y los derechos polticos (que de hecho representaran ciudadana) como el voto, fueron considerados? Se trata de una condicin de ciudadana, de identidad, de extraterritorialidad o qu? An es temprano para responder a todas estas preguntas, pero podemos ir avanzando en algunos puntos. En un artculo publicado por Eduardo dos Santos, actual embajador de Brasil en Uruguay, se puede leer:
[para combater o portunhol] as crianas aprendem o portugus e o espanhol tambm em aulas de Cincias, Histria, Matemtica e outras matrias, ministradas ora em uma lngua, ora na outra. Para as crianas expostas diariamente ao portunhol, aprender de forma sistemtica os dois idiomas facilita o aprendizado da prpria lngua materna. (...) importante perceber que ao aprender espanhol e portugus no se est pondo em risco o sentimento de Ptria. Ao contrrio, dificulta-se o desenvolvimento de um dialeto local, que mais do que um sotaque ou um maneirismo regional, a sim, diluiria
El texto del embajador se refiere a la enseanza de las lenguas en su forma culta como estrategia de control de la difusin del portuol (nombre que popularmente se da a los dialectos regionales o DPU dialectos portugueses del Uruguay). Puede ser esta una posible respuesta al por qu del acuerdo: legalizar para controlar, como est explicitado en la estrategia respecto a las lenguas. Por momentos descrito como instrumento de nacionalidad compartida (Fagiani, 2004) o como cartera de identidad (Noticias del Gabinete de la Vicegobernacin de Ro Grande del Sur Brasil, 15/04/04), el acuerdo reconoce las prcticas cotidianas, reconociendo a la vez la existencia de una etnicidad fronteriza compartida por uruguayos y brasileros. Sin embargo, pasa a discriminar otras etnicidades all presentes. El cnsul uruguayo en Livramento en conferencia de prensa (20/04/04) plantea que el acuerdo le da marco jurdico a una realidad ya existente en la frontera y para darle tranquilidad a una cantidad de ciudadanos de ambas nacionalidades que estaban viviendo en forma irregular. Destac tambin que ha habido un incremento impresionante de consultas, aclarando que el documento fronterizo no es una panacea, da tranquilidad y enmarca jurdicamente una realidad, pero los problemas subsisten... es un paso poltico trascendente que necesitaba la frontera. Los respectivos cnsules de Ro Branco y Yaguarn entienden que facilitar una integracin que va ms all de lo comercial y social. Para la comisin de Asuntos Internacionales del Senado de Uruguay constituye un importante avance en el proceso de fortalecimiento de la integracin regional. Las autoridades comparten el inters por la institucionalizacin de las prcticas cotidianas, normalmente marcadas por jeitinhos o trampitas, al mismo tiempo que reconocen, aunque indirectamente, las particularidades de la frontera en anlisis. Tratan de dar solucin para la vivienda, trabajo y estudios, en un marco legal, trasladando el mismo para abarcar prcticas hasta ese momento ilega-
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les, Situaciones como el acceso a los servicios de salud, a la posesin de inmuebles y a la simplificacin de trmites aduaneros, an estn, pendientes. Principalmente, hasta qu punto el mbito poltico est contemplado? queda en duda, en tanto que los derechos electorales no han sido siquiera planteados. Si bien el documento del acuerdo es el resultado de un proceso histrico, de relacionamiento social y poltico, reconoce hasta cierto punto las demandas por ciudadana, pero, de qu ciudadana estamos hablando? Normalmente las leyes de cada Estado establecen las condiciones en que se reconoce la ciudadana a los Nacionales y a los extranjeros que la solicitan (naturalizacin). Se establece la calidad de ciudadano al conjunto de personas de una poblacin o pas que renen los requisitos para ser considerados como tales y que por lo tanto tienen derechos polticos, fundamentalmente el de elegir y de ser elegidos... (Di Tella, 1989: 95). La ciudadana hoy es concebida como el conjunto de derechos y responsabilidades individuales y colectivas de los habitantes de un territorio determinado. Esta conceptualizacin implica la capacidad de las personas de realizar una lectura crtica de su situacin y de su entorno, capacidad de generacin de propuestas e innovacin, as como de capacidad de gestin. La situacin de frontera en este tema presenta ciertas complicaciones. La mayora de las investigaciones sostienen que los contactos como el de nuestras ciudades gemelas a pesar de la superposicin de influencias, no implica prdida de nacionalidad y del sentido de ciudadana. El tema entonces se sita a nivel territorial, ste es comn de hecho, como lo demuestran las prcticas cotidianas. Las situaciones irregulares que esta situacin plantea son muy antiguas y variadas, y han creado demandas ciudadanas para resolverlas. Al hablar del Acuerdo de concesin especial de fronterizo para extranjeros residentes... podra considerarse de acuerdo a las definiciones iniciales de una posible naturalizacin, pero en todo el articulado siguiente no aparece dicha concepcin. El escueto marco de este Acuerdo no deja claro la concepcin que desarrollara en este aspecto, preocupan-
do el sentido que se otorgue al control migratorio y de circulacin de personas que tambin aparece enunciado en el considerado. Las fronteras generan una fuerte relacin entre espacio geogrfico e identidad, en sus mltiples formas. As, la similitud dentro del grupo y las singularidades de este en relacin con otras comunidades pueden ser encontradas en la frontera de Uruguay con Brasil. Hay varias ocasiones en que se incluyen algunos habitantes y se rechaza a otros. Este punto, explorado por Brunet (1993), plantea la cuestin: la oscilacin similitud-singularidad se da por contraste con el otro, lo que puede ser sealado en varios niveles, ya que la regin-frontera constituye un sistema poli tnico complejo (Barth, [1969] 1998:200). Etnicidad es un concepto ampliamente utilizado en la bibliografa antropolgica. En el clsico Grupos tnicos y sus fronteras, F. Barth rev el sentido usual del trmino grupo tnico, segn el cual un grupo tnico es una poblacin que se perpeta biolgicamente de forma amplia; comparte valores culturales fundamentales, realizados en una unidad en las prcticas culturales; constituyen un campo de comunicacin e interaccin; posee un grupo de miembros que se identifica y es identificado por otros como si constituyese una categora diferenciable de otras categoras del mismo tipo (op. cit. p. 189-190). Segn Barth, esta visin es equivocada porque presupone un mundo de pueblos separados, cada uno con su cultura propia y organizado en una sociedad que podemos legtimamente aislar para describirla como si fuese una isla. El propone un enfoque situacional donde las fronteras persisten a pesar del flujo de personas que las atraviesan. En otras palabras, las distinciones de categoras tnicas no dependen de la ausencia de movilidad, contacto e informacin. Pero suman procesos sociales de exclusin y de incorporacin por los cuales categoras discretas son mantenidas a pesar de las transformaciones en la participacin y en la pertenencia a lo largo de las historias de vida individuales (p. 188). Brasileros, uruguayos, palestinos, extranjeros, gauchos, fronterizos pueden integrar una lista de grupos tnicos presentes en la frontera en estudio,
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constituyndose a travs de la oscilacin similitudsingularidad, relacional. Identificarse e identificar a cada grupo corresponder a conjuntos de prcticas cotidianas, que pueden ser ejemplificados con el lenguaje. El establecimiento de la frontera entre dos pases es, claramente, una accin de territorializacin de los estados nacionales y, como afirma Eric Hobsbawn (1990) y Benedict Anderson (1991), a la constitucin del estado y de la nacin correspondern no apenas un territorio y un aparato institucional, sino tambin un universo cultural compuesto por lengua, cultura, e identidad nacional. Por lo tanto, la nacionalidad es, idealmente, una identidad anclada en el territorio; nacionalidad es tambin territorialidad. Las nacionalidades brasilea y uruguaya se superponen en la frontera, instituidas inicialmente por intervenciones deliberadas por parte de los respectivos estados, como es el caso del establecimiento de las ciudades uruguayas. Quadrelli (2002: 63), citando a Ruben (1987: 8-9), distingue dos sentidos principales para el concepto de nacionalidad: el llamado natural y otro, dogmtico. El sentido natural se fundamenta en pertenecer a un territorio. La definicin dogmtica de la nacionalidad se relaciona a la idea de pertenecer y de compartir valores y tradiciones: el territorio, en este caso es una consecuencia de la accin comn que lo vuelve, entonces, en sagrado e indispensable, aunque no constituya el ncleo que define la nacionalidad. As desde las definiciones naturales, la nacionalidad deriva del simple hecho de haber nacido en un espacio natural; ya desde la perspectiva dogmtica, el camino de acceso a la nacionalidad debe realizarse fundamentalmente por la va de la herencia. En la primera predomina el hecho de ser nacido en y en la segunda de haber nacido de (idem). Los criterios de ser nacido de y haber nacido de, tiene una traduccin jurdica en atribuir la nacionalidad por jus soli y jus sanguini, criterio respectivamente adoptados en Brasil y Uruguay. Esta es la base legal para la situacin de doble chapa, doble nacionalidad brasilero-uruguaya.
Debemos entonces distinguir dos formas de nacionalidad, la primera sera la nacionalidad dogmtica que es la que parte de la comprensin del agente, de su identificacin, la segunda forma es el estatuto legal. En la frontera objeto de estudio, la nacionalidad es punto de negociacin, distancindose de lo que podra haber de natural. La referencia legal de la nacionalidad, posibilita all (aunque sea a travs de algn subterfugio) el registro y obtencin de ambas nacionalidades, no agota las elecciones identitarias, dado que la posesin legal de la nacionalidad es muchas veces relativizada por el habitante de la frontera, que contina vindose como brasilero o uruguayo, aun cuando busca los beneficios que estn a su disposicin por el estatuto legal nacional del pas vecino. Posicionarse frente a la nacionalidad, implica una opcin para muchos fronterizos, decidida por s mismo, independientemente del lugar en que naci, optando por la que le interesa reconocer y asumir. De esta forma son las reglas especficas de la frontera las que definen la nacionalidad y no las reglas del Estado. Cabe preguntarse, cuntas identidades pueden identificarse en la frontera?, nacionalidades brasileras, uruguayas; de otros migrantes recientemente atrados por las ventajas y potencialidades de la frontera, que se describen como espaoles, italianos, palestinos, que son identificados por otros como extranjeros; la identidad regional gacha, riograndense, esta ltima en relacin al resto de Brasil, cuyos orgenes histricos se encuentran en el pasado compartido con los uruguayos, quienes a la vez usan la misma figura como personaje nacional y no regional; la diferenciacin de los uruguayos de la frontera que son a su vez designados como bayanos en el resto del pas; la identidad de los fronterizos frente a los otros gauchos-gachos, brasileros y uruguayos, fundamentada en prcticas contemporneas de intercambio internacional, de ciudadana compartida. Un anlisis escalar muestra que no es una particularidad de la regin de frontera el presentar distintas identidades territoriales. Hay un vnculo entre ciertas prcticas identitarias y determinadas escalas, siendo coherente desde este punto de vista,
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identificarse, con un barrio, una ciudad, una regin, un pas y aun con otros espacios en forma simultnea. Usualmente, pertenencia al barrio, ciudadana, regionalismo y nacionalismo describen pertenencias de todos nosotros. El concepto de etnicidad es menos explcito en su correspondencia escalar. Segn Jardim (2000: 57 y ss.) etnicidad y nacionalismo pueden ser aproximados como fenmenos de una misma calidad. Ambos evocan una accin social, vinculada a una voluntad colectiva o a la voluntad de una autodenominada colectividad. Etnicidad es tomada como una de las formas posibles de identidad social, trayendo aspectos ms puntuales sobre lealtades polticas, algo que est inscripto en la idea de nacionalismo. Entre tanto, para Weber, lo tnico es tambin presentado como el residuo de un proyecto nacional, aquello que qued como diferencia dentro de una ideal de estado-nacin (p. 59). De ello se desprende que la etnicidad, como reconocimiento de relacin en una comunidad, toma distancia de la nacionalidad, en la medida en que sta se vincula a un proyecto espacial y poltico, o sea, territorial y legitimado internacionalmente. Al mismo tiempo, la idea de etnicidad se aproxima a la de identidad, enfatizando al actor, a la escala geogrfica humana, centrando la discusin en los actores concretos. En la frontera de Brasil con Uruguay, las escalas se precipitan, o sea los estados-nacin se hacen ostensivamente presentes, simultneamente a la experiencia ciudadana, cotidiana, reforzando la identificacin con ms de un lugar. El Documento Especial de Fronterizo, actualiza el tema, mostrando al mismo tiempo, el reconocimiento de las particularidades de la frontera y la resistencia por parte de las autoridades nacionales, porque muchos de los derechos fronterizos no son atendidos por el estado, lo que motiva la permanencia de prcticas reivindicatorias por parte de la poblacin. Los fronterizos, convocados a ejemplificar prcticas integracionistas durante el auge del debate sobre el Mercosur, retoman sus expectativas, con la puesta en prctica del Acuerdo y el otorgamiento del documento especial.
Concluimos que, el inters y difusin del documento, depender de su adecuacin a las demandas por ciudadana, entendida como el ejercicio de derechos a partir del lugar. Por otro lado, la identidad cultural parece tener las prcticas cotidianas (com jeitinhos y trampitas) como fuertes marcadores. La mayora de las prcticas son exitosas y los obstculos son responsables por la concientizacin de los lmites y las carencias impuestas por el Estado. La negacin de ciertos aspectos de la poltica institucionalizada, puede ser entendida como resistencia al orden externo, no legitimado por corresponder a racionalidades a otra escala, o como vaciamiento de las instituciones polticas nacionales. La escasa importancia dada al marco institucional puede incluso ser atribuida a la marginalidad de la regin, en la medida que, la lgica legal corresponde ms a las demandas de los centros polticos y culturales de los pases. A partir del proceso Mercosur la frontera gana centralidad. Continan quedando preguntas y respuestas parciales. La identidad fronteriza existe? Si, porque an para ser negada es siempre reconvocada en el plano cultural, en el cual est bien establecida. Cul es el momento en que una cultura se transforma en prctica poltica? El seguimiento de los procesos en la frontera sigue planteando estas interrogantes en forma permanente.
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La frontera como eje conceptual bsico para el desarrollo de una lnea de investigacin en comunicacin intercultural
Marta Rizo Garca Vivian Romeu Aldaya Universidad Autnoma de la Ciudad de Mxico
Presentacin
omo concepto utpico, la interculturalidad delinea abiertamente una postura hbrida y equitativamente mezclada; se trata a todas luces de una tarea por hacer, de una tarea constante y necesariamente inconclusa, que plantea la necesidad de buscar caminos para la integracin, la armona y el desarrollo humano. El ser intercultural se corresponde fundamentalmente no con la ejecucin concreta y particular de estrategias o acciones encaminadas a tal fin, sino con el acto mismo de pensar y actuar conforme a un pensamiento intercultural. Hablar por tanto de haceres y saberes interculturales nos coloca a todos en el justo medio de los mbitos de tensin entre lo ideal y lo real, entre el fin perseguido y la realidad que lo produce y lo acoge. Su falta de concrecin no comporta necesariamente inoperancia, si no ms bien la clara conviccin de que se trata de un camino en constante construccin, cuyo recorrido es en la misma medida fruto de un pensar y un hacer intercultural. En este sentido, la interculturalidad pasa de manera indefectible por la comunicacin o para ser ms exactos, es comunicacin intercultural. La comunicacin, comprendida como interaccin, es vnculo entre sujetos, es relacin antes que cualquier otra cosa. Y por ello, la interculturalidad no puede ser otra cosa que comunicacin intercultural,
y apuesta, como ya hemos dicho, tanto a la competencia como a la cooperacin y la disposicin que nos permitan compartir saberes y acciones, poner en comn o en contacto la urdimbre de significados que dan sentido a la vida cotidiana, a sus prcticas y a sus representaciones simblicas. En la medida en que esta comunidad de vida sea mayormente compartida, la posibilidad de incrementar la eficacia de la comunicacin y en particular de la comunicacin intercultural ser tambin mayor, y en consecuencia mayor posibilidad habr que emisor y receptor entiendan, asuman y aprehendan recprocamente el sentido que tienen las cosas para cada uno de ellos. Pero partir de esta reciprocidad plantea un problema irresoluble hasta el momento, el problema del poder y de las hegemonas, el problema de las contaminaciones y/o resistencias, el problema de las diferencias culturales, y el problema tambin, englobado de alguna manera en todos los anteriores, del concepto de frontera, visto ste tanto como zona difusa de constantes interpenetraciones que puede ser, como desde su capacidad limtrofe, articulatoria o no, pero confinada al fin y al cabo a un permetro que divide, segmenta, distingue y separa identidades, grupos, representaciones, significados y, al fin y al cabo, culturas. De ah que podamos partir de la vinculacin tan estrecha que existe entre frontera y ruptura, ambos conceptos tomados en su doble condicin
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dialctica de lmite y cambio; es decir, tanto la ruptura como la frontera permiten pensar a la comunicacin intercultural como un proceso no exento de tensiones, o sea, como un proceso conflictivo en el que se impone la necesidad de ajuste, de acomodacin, de negociacin de los significados implicados para poder vencer los obstculos de la ineficiencia comunicativa. El concepto de frontera se propone, entonces, como punto de partida para indagar tanto en los mbitos como en los elementos que pueden constituir el ncleo de conflictividad y/o integracin en la comunicacin intercultural. Da cuenta de lo anterior la definicin de dos categoras conceptuales de frontera: la frontera como lmite o demarcacin, que obstaculiza la comunicacin en tanto constituye la zona de resistencia donde lo irrenunciable se defiende; y la frontera como zona de ruptura, rendicin y negociacin de las identidades sociales y culturales, o sea, como espacio fsico y mental contaminado, hbrido, permeable y dispuesto a la integracin. De ah que llamemos identidades fronterizas a aquellos elementos o espacios dentro de una identidad social y cultural acotada que permita dar cuenta, por una parte, de los lmites que desde la propia identidad obstaculizan o impiden compartir los significados de vida de los sujetos, debido justamente a que constituyen el grado de identidad irrenunciable que rescata, defiende y/o compite por la diferenciacin como manifestacin de la existencia real y sustancial de la distincin y la pertenencia; y por la otra, del lugar comn de las transiciones, las rendiciones y las articulaciones que facilitan la negociacin de los valores y significados de vida. Por todo lo anterior, el concepto de frontera ser abordado ms hacia los lmites simblicos contenidos en las representaciones de los sujetos y grupos sociales, que hacia las barreras fsicas que los separan y diferencian. Este concepto se erige como eje bsico para el desarrollo de la lnea de investigacin Comunicacin Intercultural, emergente dentro de las actividades de la Academia de Comunicacin y Cultura de la Universidad Autnoma de la Ciudad de Mxico. Junto con la fron-
tera, se consideran bsicos otros conceptos, a saber, los frentes culturales, la hegemona, la cultura y la comunicacin intercultural. El objetivo bsico de la lnea es desarrollar investigaciones aplicadas en materia de comunicacin intercultural, fundamentalmente en el contexto de la Ciudad de Mxico, con el propsito de obtener conocimiento emprico acerca de los procesos de interculturalidad que se manifiestan cotidianamente en el seno de esta megalpolis. En estos momentos se est trabajando el espacio conceptual de la lnea, que servir para sustentarla en trminos tericos y metodolgicos. El concepto de frontera nos sirve como herramienta terica-metodolgica para poder entender cmo se construye el sentido de lo propio y lo ajeno, del nosotros y de los otros. Por ello, este trabajo pretende vincular conceptual y tericamente los conceptos citados en el prrafo anterior con el objetivo de proponer el concepto de frontera interna, junto con el de identidades fronterizas, como elemento a tener en cuenta cuando se habla de resistencias y mbitos articulatorios en la comunicacin intercultural. El concepto de frontera interna se justifica por el hecho que nos centramos en una zona que no es fronteriza en el sentido geogrfico de la palabra: la Ciudad de Mxico.
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apreciar a primera vista, no podremos comprender cmo es que se construyen las relaciones de negociacin y/o disputa entre los mundos del nosotros y de los otros. El concepto de frontera, a pesar de su definicin limtrofe, es movible, permeable. De ah que lo que denominamos identidades fronterizas pueda dar cuenta de procesos constantemente producidos y reproducidos, significados y resignificados, en tanto productos de las relaciones con los otros. Las identidades fronterizas se insertan en estructuras sociales dinmicas, que sin embargo, no excluyen la existencia de anclajes objetivos e intersubjetivos que hagan que se desplacen ms o menos en funcin de su pertenencia al campo de lo simblico. En segundo lugar, concebimos a la frontera en su doble condicin de frente cultural (Gonzlez, 1987) y territorio del habitus (Bourdieu, 1980; 1990; 1999); de ah que hablemos de un concepto de frontera interna. La primera categora (frentes culturales) sirve como herramienta metodolgica y terica para ayudarnos a pensar y a explicar empricamente los modos histricos, estructurales y cotidianos en los que se construye una urdimbre de relaciones de hegemona en una sociedad determinada; la segunda, el habitus, permite dar cuenta no de los espacios de lucha y batalla propios de la subalternidad, sino de las formas de interiorizacin o incorporacin de disposiciones para la accin, que en esta investigacin sern tomadas en cuenta a partir de las prcticas de reproduccin de las relaciones hegemnicas. La tercera acotacin del concepto de frontera viene dada por la dimensin de lucha y sentido entre dos tiempos. Aqu los conceptos de identidad, el nosotros y el ellos permiten actualizarse con el concepto de lucha o frente cultural tanto desde el freno del habitus o los clivajes, como desde el concepto de praxis social, entendido como dinmica, proceso, quehacer cotidiano, articulacin de un tiempo/lugar y otro. Por ello, las fronteras, como espacios sociales altamente complejos y cruzados por mltiples vectores, nos dan un pretexto sin par para poder entender cmo se construye el sentido de lo propio y lo ajeno; del nosotros y de los otros.
Estos sentidos son los que se traman en la vida cotidiana y en la vida pblica de maneras diferenciales, e implican a su vez definiciones discursivas, visuales, ambientales, conductuales, igualmente diversas que tienen una trayectoria accidentada y marcada por diferentes luchas simblicas entre agentes (individuales o colectivos) que desde posiciones diferentes compiten y se anclan por la definicin de las identidades, de los valores y de las necesidades, nico territorio simblico donde se puede unir lo diverso y soldar precariamente lo disjunto. A tono con lo anterior, nuestra lnea de investigacin pretende explicar y esclarecer cmo funcionan los lmites fronterizos que construyen las identidades en tanto clivajes que impiden la relacin con el otro, as como la manera en que los procesos de ruptura y transicin de los mismos tienen lugar para construir una identidad mucho ms permeable y contaminada.
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la cultura in-corporada, hecha cuerpo, es as pues el lugar desde donde el sujeto acta, se comporta y se relaciona con los suyos y con los otros. El sentido y el valor, por tanto, no permanecen operantes exclusivamente para entablar e instituir relaciones de pertenencia e identidad, sino para establecer los lmites en que la identidad es, y en consecuencia, para delinear, delimitar y normar los acercamientos y vnculos con lo diferente. Partimos, as pues, de la necesidad de situar el foco de inters en los mbitos en los que este alto o detencin tiene lugar, ya que consideramos que buscar un grado de vida compartido, antes de preocuparse por los contenidos compartidos, precisa disolver los lmites o al menos reducir su grosor entre los sujetos o grupos distintos que se disponen a compartir. Sabemos, no obstante, que ningn lmite puede invocarse en trminos de una identidad inamovible, y esto nos permite pensar en la accin intercultural, tal y como la expresamos al inicio de este trabajo, es decir, la accin intercultural como accin enfocada en la utopa, pero no en la imposibilidad de la construccin del trayecto hacia ella. O sea, hablar de interculturalidad implica necesariamente remitirnos a su carcter pragmtico, a su presupuesto interactivo, dialgico y necesariamente dialctico. Esto es lo que le da su estatuto de accin. De ah que una accin intercultural est encaminada hacia una serie de posturas y/o comportamientos donde los hablantes estn presentes en y con su diferencia, pero sobre todo en y con la posibilidad y habilidad para compartir. Al respecto, seala Lotman (1994:118): el impulso para la interaccin no resulta del parecido o del acercamiento (estadial, de sujeto y motivos, genricos, etc.), sino de la diferencia. Es decir, la diferencia como motor de la interaccin en tanto bsqueda de lo ajeno y como herramienta fundamental del desarrollo cultural (Zhirmunski, citado en Lotman, 1994:118), lo que nos lleva a considerar a la accin intercultural como una accin de competencia comunicativa. A partir de lo anterior, trabajar con la categora de lmite presente en las identidades fronterizas, es decir, con aquello que definitiva y significati-
vamente plantea la tensin entre lo que somos y pensamos que somos diferencialmente, y lo que impide desde esta distincin la interrelacin con el otro, resulta de vital importancia para esta investigacin. No ignoramos por supuesto que los factores histricos de dominacin que median entre los diferentes grupos sociales, condicionan y determinan hasta cierto punto la construccin de dichos lmites en tanto stos resultan constitutivos de la relacin entre los componentes del eje hegemona-subalternidad. Siguiendo a Gramsci (2001), la subalternidad se construye a partir de la relacin que los sujetos establecen con sus entornos, con sus circunstancias histricas, y sta inevitablemente est inscrita tambin dentro de las relaciones de produccin imperantes y la posicin real y simblica que el sujeto ocupa dentro de las mismas, que en palabras de Bourdieu (1999) vendra dada por la posesin de ciertos capitales econmico, cultural, social, simblico ya sean heredados o adquiridos. Lo anterior nos sita en la diatriba de lo subalterno como identidad social y cunto de esa hegemona presente de forma inevitable en el pensamiento y la accin de lo subalterno persiste perviviendo en las prcticas sociales de los sujetos, que son de alguna manera manifestacin de la definicin misma de su identidad y pertenencia a un grupo, a una clase, a un gnero, a una cultura. Es decir, partir de lo subalterno nos permitir indagar tambin en los valores simblicos que, constituidos desde la hegemona, forman parte precisamente de la subalternidad, en tanto sta se define como el otro en la cultura dominante. Tal y como lo plantea Lotman (citado en Lozano, 1995), toda cultura crea su propio sistema de marginales, de desechados, aquellos que no se inscriben en su interior, de ah que el otro, lo subalterno, no slo constituya lo que se excluye en tanto no forma parte de la descripcin sistemtica del mundo habitual, o sea, del sistema hegemnico, sino su necesario partenaire. Indudablemente, este otro no slo est presente siempre en cualquier realidad cultural, sino que se concibe justamente dentro y a partir de ella,
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como otro mundo, otro sistema. Es esta relacin irruptora del otro, en tanto actividad necesaria y esencial de la cultura, lo que permite su movilidad. Por ello, los sujetos se asumen simblicamente desde los lugares que ocupan, desde sus coordenadas de vida, que no son otras que las que se inscriben en la praxis social que habitan. El debate se sita, aqu, en el carcter dinmico o inamovible de dicha praxis, y por tanto, de la identidad. En trminos de Bourdieu (1992), el habitus, si bien determina cierta forma de estar y actuar en el mundo, es tambin susceptible de ser modificado en parte, y por lo tanto, es flexible hasta un cierto punto. En este sentido no consideramos pertinente sumarnos a las posturas de algunos autores radicales que ven en las lgicas de consumo y circulacin el sustituto total y real de la lgica econmica. Creemos que la lgica de la produccin no puede ser desplazada del todo del mbito descriptivo y explicativo tanto de las identidades como de las dinmicas de accin que comportan. De ah que prctica e identidad aparezcan estrechamente unidas, inexplicables la una sin la otra. Cuando hay que enfocar el ojo en la responsabilidad social, en la construccin, a partir de la accin cvica y de la accin individual y/o colectiva, ciudadana, de una sociedad ms justa y armnica, la relacin del discurso subalterno con el discurso hegemnico muestra una doble cara: la cara impositiva desde la que la hegemona teje las redes de poder para generar consenso y pasividad social, y, nuevamente con Gramsci (2001), la cara de la connivencia y la reproduccin precisamente de las estructuras y dinmicas sociales desde las que el poder se entroniza. Este proyecto indudablemente se ocupar de ambas; de ah que lo subalterno aparezca cuando se localiza la historia y la cultura, las apropiaciones simblicas de los sujetos, sus prcticas de vida, su proyeccin hacia el otro y su definicin de s mismo. Por ello, no intentaremos solamente explicar lo subalterno en funcin de descubrir y/o justificar sus sentidos y valores de vida, sino de explicitar el vnculo que poseen las identidades fronterizas, tanto desde el punto de vista hegemnico como
subalterno, con las prcticas sociales y culturales donde actan y perviven, y a su vez con las redes de poder desde las que se constituyen los escenarios de lucha y/o disfrute, as como las identidades mismas. Por ello, el concepto de frentes culturales resulta de imperiosa necesidad en este proyecto.
Los frentes culturales como categora para pensar las identidades fronterizas
El trmino polismico de frentes se utiliza, segn Jorge Gonzlez (1987) impulsor de esta propuesta en Mxico con un doble sentido: en primer lugar, como zonas fronterizas entre culturas de clases y grupos socialmente diferentes; y en segundo lugar, como lugar de batalla, arena de luchas culturales entre contendientes con recursos y contingentes desnivelados. Gonzlez considera que los frentes describen haces de relaciones no necesariamente especializadas en la que desde el punto de vista de la construccin cotidiana de los sentidos de la vida y el mundo, se elaboran las formas de lo evidente la doxa o discurso social de primer orden, dado por descontado, indiscutible, lo necesario, los valores y las identidades plurales. No obstante, creemos que estos sentidos de la vida, como ya hemos sealado, estn condicionados por las relaciones de poder asimtricas y de conflictividad que parten del legado gramsciano y de los Estudios Culturales, fuentes que el propio Gonzlez reconoce. Como bien dice este autor, los efectos de sentido se dan desde el lugar que los interlocutores ocupan en la trama de las relaciones de fuerza que se circunscriben en relacin con el dominio de un campo ideolgico preciso (Gonzlez, 1987: 40) (e histrico tambin), por lo que la posicin de un individuo en el entramado de la estructura social, as como las relaciones sociales y las apropiaciones simblicas que genera y mantiene con los dems, influyen en la interpretacin y el sentido tanto de los significados resultantes de la comunicacin como de los procesos de comunicacin mismos. En este sentido, la comunicacin intercultural se ve determinada por la
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posicin de los individuos que participan en la interaccin. En tanto zonas fronterizas, la perspectiva de los frentes culturales nos deja observar zonas simblicas y prcticas sociales que por efecto de mltiples operaciones (econmicas, polticas y especialmente, culturales) se han convertido con el tiempo en obvias, comunes y compartibles entre agentes socialmente muy distintos. Y aunque esta perspectiva nos hace poner el acento contrario a las interpretaciones de la cultura como creacin exclusiva de distinciones, nuestro proyecto intenta dar cuenta de ellas en tanto conforman bisagras que ms all de la identidad, e incluso ms ac de las identidades fronterizas, articulan espacios y mbitos de integracin que aunque son muchas veces vinculados sobre la base de una relacin social compleja entre el consenso y la autoridad, dan cuenta no slo de la operatividad consensuada del mecanismo hegemnico, sino de los elementos comunes sobre los que necesariamente se funda. En este sentido, estudiar y entender a la hegemona slo a partir de las diferencias no slo constituye un error conceptual, sino tambin metodolgico que nos impedira entre otras cosas, describir esas zonas de entrecruzamientos e interpenetraciones, as como los modos y procesos que han hecho posible estos fenmenos. Pretendemos, por tanto, no reducir el anlisis a la dimensin de la diferencia, sino que, yendo ms all, nuestro inters es identificar las zonas porosas, zonas en las que las diferencias y semejanzas se entremezclan o al menos no se hacen visibles de forma tan explcita. Es en estas zonas porosas donde los sujetos interactan con iguales y diferentes. Y es aqu, tambin, donde la comunicacin intercultural se pone de manifiesto de forma menos directa pero igualmente importante para la construccin de las identidades propias y ajenas. De esta manera, nuestro proyecto, aunque enfocado en las identidades fronterizas como elementos de conflicto u obstculo para la comunicacin intercultural, descifrar y explicar tambin aquellos elementos o mbitos de entrecruzamiento que sern entendidos como identidades articulatorias, siendo stas las que perviven dada una identidad
social y cultural acotada como acciones y lugares simblicos de negociacin e intercambio. Lo anterior resulta de especial importancia si se tiene en cuenta que la categora de frentes culturales nos obliga a hacer observables tambin las mltiples escaramuzas y combates propiamente simblicos que se han tenido que librar entre contingentes desiguales en cuanto a poder y recursos, para ser capaces de componer y recomponer los sentidos compartidos de lo necesario para vivir, de lo que vale en la vida y del quines somos en este mundo.
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cepciones diversas de cultura como las propuestas por Freud (1927; 1974), Geertz (1987), Gonzlez (1987), Mara Jess Bux i Rey (1990), Garca Castao (1992), Bodlye (1994), Donald y Rattansi (1992), Triandis (1977) y Brislin (1981), con el objetivo de ofrecer un panorama ms completo del concepto de cultura, as como de situar los lmites y alcances conceptuales de este trabajo. La idea de cultura que manejamos intenta dar cuenta de los mecanismos de estructuracin del mundo, de los modelos que sirven para dar sentido a la realidad. Por ello no podemos soslayar el sentido constructivo de la misma, su carcter mental y comunicativo, su estatuto pragmtico y dialctico, y la dimensin de saber comn que permite justamente el mnimo de interaccin necesaria para poner en marcha la nocin de territorio simblico, que es el lugar no slo de las construcciones de los sentidos intersubjetivos, sino el mbito de apropiacin, interpretacin y reinterpretacin de los mismos. En consecuencia, y ante tal magnitud polifnica de los conceptos de cultura aqu anunciados nos limitaremos a describir qu nos interesa tomar de cada uno de ellos y por qu. Comenzaremos con la definicin de Bodlye (1994) que plantea que la cultura es algo que se transmite de generacin en generacin a travs del aprendizaje; adquirir una cultura, por lo tanto, no significa nacer con ella, sino aprender los significados compartidos presentes en la misma, lo que permite del alguna manera pertenecer a ella y poseer una identidad. En este sentido, la cultura va estrechamente unida con el proceso de socializacin primaria, que tiene lugar por medio de instituciones como la familia, la escuela y la religin, entre otras. Lo que nos interesa de aqu es la idea de que la cultura se adquiere, se aprende y se comparte y en ese sentido, cuando se habla de identidad cultural no se hace referencia a algo fijo sin ms, sino y sobre todas las cosas a lo que compartimos, sea esttico o dinmico. Nuestra postura se aleja, por tanto, de las primeras concepciones de la identidad, que la entendan como algo esttico, esencial, algo con lo que se nace y se muere, sin posibilidad de cambio alguno.
Por ello, la idea de cultura de Bodlye no implica en ningn caso la anulacin de las diferencias individuales, sino que apunta a lo que compartimos en tanto nos ayuda a comunicarnos entre s y genera relaciones de pertenencia ms all de la identidad biolgica o histrica con la que contemos. Lo interesante de esta definicin es que incorpora el elemento comunicativo en la construccin de la cultura. La cultura, as entonces, necesita de la comunicacin no slo para transmitirse de generacin a generacin, sino que la propia existencia de la cultura, objetivada en prcticas sociales e interacciones, e incorporada en los sujetos, est mediada por procesos de comunicacin. No obstante, la identidad cultural es concebida por Triandis (1977) como el marco de referencia comn que sirve de base para la comprensin del mundo y su funcionamiento, en tanto permite a partir de l interactuar con otras personas y elaborar expectativas y acontecimientos. Este marco de referencia se construye, por una parte a travs de las dinmicas sociales y culturales que se articulan con el poder y la ideologa, pero por otra, se da y forma parte de las prcticas de uso y las comunidades interpretativas, cuyos significados se pactan, como dira Giddens (1991). Esto nos lleva a prestar atencin a la definicin que da Brislin (1981) sobre cultura subjetiva que es semejante al de identidad cultural propuesto por Triandis, ya que este concepto nos permite trabajar en aquellas zonas articulatorias de las identidades fronterizas en tanto la cultura subjetiva se define como la respuesta de la gente a la parte del medio ambiente hecha por el hombre, o como la forma caracterstica de un grupo de percibir su medio ambiente social. Obviamente, esta definicin tiene muchos puntos de contacto con el concepto de habitus de Bourdieu, tratado con anterioridad en este trabajo. Si entendemos el habitus como una forma interiorizada que dispone al individuo a actuar de una u otra manera (Bourdieu, 1990) en funcin de una serie de incorporaciones simblicas a lo largo de su experiencia de vida, el concepto de respuesta manejado por Triandis encaja conceptual y metodolgicamente con el de habitus para
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formar ambos una visin ms completa de lo que el propio Triandis define como cultura subjetiva. As, a pesar de que la cultura proporcione un marco de referencia desde donde comprender el mundo y comprenderse como individuo y sujeto social perteneciente a un grupo, la respuesta de los individuos y grupos al medio ambiente construido por el hombre (que no son ms que las propias relaciones que se producen entre ellos y las formas de comportamiento y accin que se desprenden de ella), est condicionada por ciertas mediaciones de los sentidos sociales, por las disposiciones de los individuos y los grupos a una accin determinada (Bourdieu, 1990). Esto significa que si partimos de que los sentidos sociales se hallan constituidos en ncleos de mediacin o interpretacin diferenciales en cuanto a grupos, pero en menor medida en cuanto a individuos, debemos de adaptar el concepto de cultura subjetiva al de cultura intersubjetiva, y dar cuenta as de aquellas acciones o conocimientos que funcionan como respuestas al contacto medioambiental, pero que al mismo tiempo no pueden estar desvinculadas del todo de las condiciones estructurales (clivajes) de la sociedad donde tienen lugar. La propuesta fenomenolgica de Alfred Schtz (1971; 1979; 1993) nos completa el concepto de intersubjetividad. Este autor no se centra ni en el sistema social ni en las relaciones funcionales que se dan en la vida en sociedad, sino en la interpretacin de los significados del mundo (lebenswelt) y las acciones e interacciones de los sujetos sociales. Del mundo conocido y de las experiencias intersubjetivas compartidas por los sujetos, se obtienen las seales, las indicaciones para interpretar la diversidad de smbolos. De la misma manera, lo anterior permite ubicar a la identidad cultural tal y como la plantea Mara Jess Buxi Rey (1990), como una construccin mental, es decir, como una estructura de orden simblico que, segn los postulados del psicoanlisis segn Freud (1974: 142-143) contiene al mismo tiempo el saber y el poder adquirido por los hombres y las organizaciones necesarias para fijar las relaciones entre ellos. Y organizacio-
nes en el contexto psicoanaltico constituyen las articulaciones mentales que oscilan entre el ego (lo individual) y el superego (lo colectivo), por ello la relacin individuo-sociedad no puede eliminarse en funcin de una pretendida respuesta al medio ambiente. En la misma cuerda la conocida definicin de cultura como proceso dada por Geertz, permite indagar en las articulaciones mentales de las que hablaba Freud (1974), ya que la idea de cultura de Geertz (1987) como red de significaciones y sentidos que sirve para significar la vida encaja con la nocin de que la cultura posee dos dimensiones dialcticas: la dimensin de la tradicin, de lo que ya est y nos identifica, y la dimensin de la innovacin, de lo que se construye en el quehacer cotidiano. Como puede notarse, estas dimensiones de la cultura, consustanciales a ella misma empatan de una manera real con la idea de cultura como relacin dialctica entre estructura y prctica dada por Comaroff (1992) y que resulta pilar estructural de la deconstruccin conceptual del concepto de cultura en este trabajo. As, el concepto de cultura que aqu se sustenta oscila entre lo que Garca Castao (1992) entiende por cultura en tanto totalidad de creencias aprendidas, herramientas y tradiciones compartidas por un grupo con la finalidad de dar continuidad, orden y significado a sus vidas. Estas creencias y tradiciones compartidas constan, segn Garca Castao, de las experiencias y productos acumulados por un grupo, y del hacer que las transforma del que habla Comaroff. La cultura entendida entonces as, viene a ser en trminos bsicos lo que plantean Donald y Rattansi (1992): la forma en que las creencias, los rituales y las tradiciones son producidas a travs de sistemas de significados, estructuras de poder e instituciones en que se repliegan. A esta definicin aadiramos que no slo dichas tradiciones son producidas, sino tambin reproducidas, recreadas, entendidas, asumidas, interpretadas, reinterpretadas y resignificadas a travs de los sistemas de significados que el poder articula, pero tambin mediante aquellos significados que entran a jugar
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en la arena pblica de una manera distinta porque se construyen precisamente desde una zona fronteriza que mezcla e indefine justamente a la cultura como expresin identitaria, para asumirla como una construccin representativa, diferenciada y articulatoria. En este sentido y a tono con todo lo anterior, nuestra lnea de investigacin en comunicacin intercultural pretender partir del concepto de frontera para dar cuenta de una problemtica de anlisis mayor: el estudio de la cultura y el grado de competencia comunicativa al interior de s misma. Creemos que la investigacin tanto desde la comunicacin intercultural como desde la nocin de frontera, puede responder a este reto.
Reflexiones finales
En primer lugar, como proceso interactivo, la comunicacin permite llevar a cabo la interculturalidad, la hace manifiesta, objetivable; y en segundo lugar, como principio de contacto, la comunicacin contribuye a la interculturalidad en tanto que puede privilegiar en contextos de negociacin o conflicto el respeto entre sujetos. Por ello, comprender las relaciones interculturales en una situacin prctica supone comprender la cultura de los dos mundos en contacto. Si definimos a la cultura como la malla de significados o sentidos que dan sentido a la vida misma (Weber) en la forma de programas computacionales (Geertz) que en la prctica se convierten en sistemas de valores y normas que rigen la accin (Giddens), la comunicacin intercultural se realiza donde hay contacto entre dos o ms de esos entramados de significados y sentidos, y cuando un grupo comienza a entender, en el sentido de asumir, el significado y el valor de las cosas y objetos para los otros. As, la comunicacin se torna eficaz, logrando un grado de comprensin aceptable para los interlocutores en la medida en que comparten suficientemente las significaciones de lo que dicen. La bsqueda, en consecuencia, de la eficacia intercultural conduce a crear competencia comunicativa y sta a establecer pautas asertivas que orientan la
experiencia comunicativa hacia una experiencia compartida. Los participantes en un encuentro intercultural interactan apoyndose en suposiciones culturales propias, que actan como pantallas perceptuales de los mensajes que intercambian. El marco de referencia cultural en el que cada comunicador interpreta los mensajes puede variar de una mnima hasta una mxima diferencia. En ocasiones, algunas de ellas suelen ser obvias, mientras que otras pueden ser ms sutiles. El xito o fracaso de la interaccin depender, en gran medida, de la familiaridad de los participantes con los antecedentes de su interlocutor, las percepciones de las diferencias que los separan y la reciprocidad del propsito. Slo as, la comunicacin pasar de ser un acto individual con ejecutantes individuales a ser la experiencia compartida de la que hablbamos anteriormente. Por todo lo anterior, la lnea de investigacin presentada intentar proporcionar una interpretacin de los sentidos de vida a partir del estudio de las identidades fronterizas, con el fin de ofrecer, por una parte, una descripcin y explicacin de las formas culturales donde se insertan y se articulan dichas identidades, y por la otra, una perspectiva terica y prctica desde la que se pueda lograr comprensin y proponer la transformacin de las prcticas comunicativas al interior de una misma cultura.
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Anlisis de los signos como una forma de comprender la realidad histrica, literaria y las formas de comunicacin. Estudio del cuento bola de sebo
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Los centros histricos de Baja California: Fronteras entre el pasado y el presente
l centro histrico representa una primera etapa en un proceso urbano que en el caso de las ciudades coloniales, surgi hace varios siglos, o de menor duracin, como las poblaciones de la frontera norte establecidas entre los siglos XIX y XX. Cualquiera que fuera su antigedad, se trataba de un primer proyecto de vida social, alterno a la vida en el campo. La tierra ya no se divida en parcelas o sitios de ganado menor o mayor, con base en sus posibilidades agropecuarias, sino de acuerdo a una traza urbana, formada por manzanas, lotes, calles y avenidas, a los que se les adjudicaba un valor abstracto y que en conjunto permitieron la concentracin de una poblacin y de sus actividades vitales. La significacin actual de los centros histricos bien la resume Fernando Schtte:
En los centros histricos del suelo patrio se encuentra la huella de nuestro pasado, el testimonio de quines somos. Es necesario actuar para lograr su preservacin y su rescate, porque al lograrlo rescataremos el orgullo y las races de la mexicanidad. Los centros histricos y su eclecticismo conforman nuestra identidad. Son la manifestacin ms expresiva de nuestra idiosincrasia.1
munidad que nos antecedi en el tiempo. Reconocerse como herederos de ese patrimonio, permite dar sentido a la identidad urbana del presente y planear con mayor seguridad su probable futuro. La legislacin federal que rige actualmente a los centros histricos en Mxico es la Ley sobre Monumentos y Zonas Arqueolgicos, Artsticos e Histricos,2 que data de 1972. Al revisarla,3 de entrada nos encontramos con dos problemas para su posible aplicacin en el caso de Baja California. En primer lugar, en su articulado no aparece el concepto de centro histrico, en cambio se utiliza el de zona de monumentos, definido en su artculo 41 como: rea que comprende varios monumentos histricos relacionados con un suceso nacional o la que se encuentre vinculada a hechos pretritos de relevancia en el pas4 Por otro lado, dicha legislacin valora slo las huellas urbanas y arquitectnicas propias de la
1 Fernando Schtte y Elguero, Desarrollo inmobiliario y reciclaje como oportunidad para los centros histricos, en Los centros histricos en nuestro tiempo , Academia de Centros Histricos, Sociedad Mexicana de Geografa y Estadstica, CONACULTA, 1999, p. 73. 2 Ley sobre Monumentos y Zonas Arqueolgicos, Artsticos e Histricos , Mxico, Instituto Nacional de Antropologa e Historia, 1995. 3 Para una visin a grandes rasgos de la transformacin y evolucin del centro histrico de la ciudad de Mxico ver Roberto Nez Arratia, Los centros histricos ante el siglo XXI: retos y respuestas, en Los centros histricos ob. cit., pp. 126-127. 4 bid., p. 17. Ver Luis Vega Garca, Marco poltico y jurdico de los centros histricos, en Los centros histricos ob. cit., pp. 21-43.
A lo que se puede agregar que en la actualidad, el centro histrico representa la accin, luchas e ideales en el pasado y en el presente, de una co-
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herencia colonial, desconociendo la historia de otras regiones con expresiones diferentes. En efecto, en su artculo 35 identifica a un monumento histrico como los bienes vinculados con la historia de la nacin, a partir del establecimiento de la cultura hispnica en el pas []. Y en artculo 36 agrega que, un monumento histrico son los inmuebles construidos en los siglo XVI al XIX [].5 En el caso de las ciudades mexicanas fundadas en la poca colonial, resultan evidentes los diversos elementos urbanos que permiten identificar sus centros histricos, como son la ubicacin central de la plaza, frente a ella la iglesia principal, edificios de gobierno y comercios a su alrededor, estilos arquitectnicos y materiales similares utilizados en las edificaciones, alineamiento uniforme de las fachadas en relacin a las banquetas y calles, as como, similitud en la distribucin espacial interior de viviendas y edificios pblicos. Estas caractersticas fueron resultado de la aplicacin de normas y ordenanzas que obedecieron principalmente a factores ideolgicos y polticos del proyecto colonialista espaol. En trminos urbanos, las ciudades con centros histricos coloniales, presentan una imagen de monumentalidad y uniformidad. A raz de esta experiencia, se concibi el concepto de zona de monumentos en la que se tom como base la arquitectura colonial de la ciudad de Mxico. De acuerdo a la legislacin, las ciudades que no cumplen con las caractersticas mencionadas, como son los casos de las ciudades bajacalifornianas y otras en la frontera norte, carecen de centro histrico. Es evidente que no hay homogeneidad en sus edificios, ya sea histrica o de cualquier otra clase, ni mucho menos grandeza y monumentalidad, atributos que distingue la arquitectura de ciudades coloniales. Por su misma corta edad urbana, resulta difcil interpretar su desarrollo de acuerdo a etapas o periodos identificables con claridad. En muy pocos casos encontramos en sus centros urbanos, dos o ms edificios colindantes, con valor histrico. La mayora se encuentran dispersos entre construcciones sin pretensiones histricas o arquitectnicas. Desde el punto de vista arquitectnico, lo que caracteriza a las ciudades bajacali-
fornianas no es su homogeneidad, sino lo contrario, la heterogeneidad de estilos, materiales, usos, tamaos y diversas pocas de construccin. En el caso de ciudades como Ensenada, Tijuana y Mexicali y otras ciudades fronterizas cuya antigedad no sobrepasa los 124 aos, stas se formaron a consecuencia de factores econmicos y polticos ligados al liberalismo imperante en Mxico en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Por ello, sus centros histricos presentan caractersticas formales diferentes a aquellos surgidos en la poca colonial. Son poblaciones que cuentan con un desarrollo urbano que se organiz sobre una traza, en un espacio y tiempo determinados, sitios en donde sus primeros pobladores decidieron asentarse a vivir, trabajar y enfrentar la vida. Con el transcurso de los aos y en respuesta a los retos propios del crecimiento y desarrollo urbano posterior, a la traza original se le fueron agregando formas nuevas de ordenar el espacio. Reconocer el valor histricocultural que representan esas primeras trazas, es vital para el fortalecimiento de las identidades urbanas. El punto de partida para definir los centros histricos de las ciudades bajacalifornianas de Ensenada, Tijuana y Mexicali, se encontr en la Ley del Patrimonio Cultural del Estado de Baja California, publicada en el Peridico Oficial en 1995 y reformada tres aos despus6. La definicin de centro histrico que seala otorga la flexibilidad para identificar el inicio de los centros histricos de las ciudades bajacalifornianas. En el prrafo a) del inciso VI del artculo 5 dice: Centro Histrico: rea que delimita los espacios urbanos don. En la de se originaron los centros de poblacin. definicin se retoman dos aspectos que consideramos claves para definir los centros histricos de las ciudades bajacalifornianas, el de espacio urbano y centro de poblacin. El centro histrico es el sitio donde se asent por primera vez un grupo de personas. No se habla de homoge5 6
bd., p. 16. Decreto No. 233 relativo a las Reformas, Adiciones y Derogaciones a la Ley del Patrimonio Cultural del Estado de B.C. 1998. Peridico Oficial del Estado de Baja California , Mexicali, Baja California, Mxico.
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juana, las colonias Libertad, Obrera y Pancho Villa, etc.; pero la idea es identificar en lo posible, el primer centro de poblacin, aqul que existi antes de que surgieran las primeras colonias de Tijuana, cuando el ahora centro histrico era el pueblo mismo. Por otro lado, si bien se define el punto de partida del centro histrico, es decir, el sitio en donde surgi el asentamiento, no se menciona nada sobre su extensin, los lmites espaciales y cronolgicos de dicho centro, lo que a final de cuentas permitira su representacin grfica. Es sobre este problema en particular que se discute en esta propuesta.
Interesa slo el desarrollo inicial del centro de poblacin, por lo que se centr la atencin en la primera parte de la definicin: reas urbanas ocupadas por los usuarios necesarias para su vida normal; las que se reservan para su expansin futura. Cabe sealar que la definicin no est exenta de ambigedades, por ejemplo, al no precisar el nmero de usuarios, ni explicar lo que se entiende por vida normal. Se tuvo que suponer que el centro de poblacin era el rea en la que se satisfacan las necesidades bsicas de una comunidad urbana como eran: vivienda, administracin gubernamental, esparcimiento, trabajo, educacin, interaccin social y cultural, culto religioso y comercio. Adems, la definicin ofrece la posibilidad de que puede existir ms de un centro histrico en una poblacin al indicar en plural espacios urbanos y centros de poblacin. En este caso a cul centro de poblacin se refiere? Una ciudad puede tener diversos centros de poblacin con orgenes distintos, por lo tanto, se puede hablar de mltiples centros histricos. Por ejemplo, en el caso de Tijuana, encontramos varias colonias o fraccionamientos en donde se pueden identificar centros histricos particulares: La Presa, La Mesa de Tijuana, el Mariano Matamoros, Playas de Ti-
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tanto de comercializar. Por su parte, las glorietas y las amplias avenidas restan superficie vendible en el conjunto. En contraste con el centralismo urbano propio de la tradicin colonial, reflejado en el trazo de una sola plaza, en el plano de Tijuana se proyectaron varias plazas de acuerdo a un orden jerrquico gradual. A cambio del trazo de calles y manzanas que slo permita el movimiento en dos direcciones, gracias a las grandes diagonales se ampli a tres. Sumado a lo anterior y para no tener dudas sobre la procedencia ideolgica del autor, adems de dejar fuera cualquier referencia urbana en relacin a los poderes religioso y gubernamental, al conjunto le dio el nombre del campen de la libertad en Mxico: Ignacio Zaragoza. En relacin a Mexicali,12, se ha visto que su traza, elaborada por el ingeniero Charles Rockwood en 1902, reflej la influencia del modelo urbano imperante en esa poca, en los Estados Unidos en general y en el valle Imperial en particular: la ausencia de una plaza central, la rectangularidad del trazo de calles y manzanas, orientadas de acuerdo a los paralelos y meridianos terrestres, etc., as como la inclusin del ferrocarril, punta de lanza del desarrollo capitalista de esa poca. Por otro lado, si unimos los planos de Mexicali (1902) y Calxico (1904), destacan las caractersticas fsicas (calles y avenidas), funcionales (ferrocarril) y simblicas (nombres e indicador del norte), que comparten entre s, lo que lleva a pensar que fueron realizados de manera simultnea y por el mismo autor. En el sitio, a excepcin del ferrocarril, el nico obstculo a la continuidad funcional entre ambas trazas fue la existencia de la lnea internacional.
Comentario final
Las ciudades bajacalifornianas no cuentan con un rea en la que se concentren monumentos arquiVer del autor Inicios urbanos del norte de Baja California, influencias e ideas 1821-1906, UABC, 1998. 10 bid., pp. 47-65. 11 bid., pp. 124-129. 12 bid., pp. 163-169.
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tectnicos coloniales como otras ciudades en el pas, sin embargo, en sus primeras trazas quedaron grabadas influencias e ideas urbanas propias de su tiempo, tanto locales, como nacionales e internacionales. Fueron escenarios de experiencias y esfuerzos colectivos de grupos sociales precursores. Conforme las ciudades crecieron y los contextos econmicos, polticos y culturales cambiaron, as tambin a las trazas originales se agregaron otras retculas, que se adecuaron mejor a las nuevas condiciones. En la actualidad, no obstante su trascendencia como escenario en la identidad urbana, aquellas
primeras trazas han quedado en el olvido ante el abrumador crecimiento poblacional, lo que hace a la sociedad perder esta parte de su identidad, por ello su imprescindible estudio, conservacin y divulgacin como herencia cultural. Muchos de los problemas urbanos cotidianos que aquejan a la comunidad (contaminacin, ambulantaje, inseguridad, basura, mala imagen, etc.), podran encontrar soluciones con el apoyo de una sociedad participativa y consciente de sus vnculos con un pasado urbano comn, lo que la compromete socialmente a preservar el valor cultural que representa.
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Los primeros tres gobernadores de Venezuela (1528-1542)
ste documento hace referencia a la presencia comercial y poltica Alemana en la naciente Venezuela poscolombina. Los inicios sociales, comerciales y polticos alemanes en Amrica Latina fueron altamente promisorios desde el comienzo mismo de la intervencin europea en el nuevo mundo (1492). A finales de 1520 a dos gigantes del comercio y la banca, los Fugger y Welser de Augsburg, el rey Carlos I de Espaa (1500-1558), quien haba sido electo en 1519 emperador del Santo Imperio Romano, les concedi el derecho de explorar, explotar y colonizar una vasta regin que se extenda desde la actual Venezuela hasta la Argentina. La Compaa Welser goz del privilegio de nombrar sus propios gobernadores provinciales y capitanes generales. Todos ellos afiliados a la Firma. Como era de esperarse, los primeros cuatro Directores de Welser eran alemanes: Ambrosius Dalfinger (Talfinger, Alfinger; n. en Ulm, antes de 1500-d. en Coro, 1532), Nikolaus Federmann (n. en Ulm, alrededor de 1505-d. en Valladolid, 1542), Georg Hohermuth (Hohermut, Hochermuth, Hormut, Formud, Formut, Georg von Speyer, Jorge de Spiro, Jorge de Espira, Despira, de Spira; n. en Speyer, ?-d. en Coro, 1540), Philipp Von Hutten (Felipe Dutre, de Utre, n. alrededor de 1511-d. cerca de Quibor, 1546). Dalfinger, Federmann y Hohermuth, eran a la vez gobernadores y capitanes generales, mientras que
Hutten solo tena la posicin de capitn general, sin embargo la gubernatura pareci estar a su alcance. El lder de la ltima expedicin Welser a Venezuela fue Bartholomus Welser, Jr. (n. ?-d. cerca de Quibor, 1546). l era hijo del poderoso magnate Welser, Bartholomus Welser, Sr. (14841561). Ambos, el y Pedro de Limpias sirvieron como capitanes a las ordenes de Philipp von Hutten. El oficio de gobernador vinculaba el dispensar justicia, preservar la paz, fomentar la colonizacin, incrementar la poblacin y la conversin de los Nativos. En Espaa el capitn general era el comandante general de una provincia. Para el oficio de gobernador se asignaba un salario anual de 200,000 maravedes, mientras que a la posicin de capitn general solo se le autorizaban 100,000 maravedes. (Un maraved era originalmente una moneda de oro, despus de plata, que haba sido introducida por los Moros). Durante aos existi una considerable confusin en cuanto al nombre y la identidad del primer gobernador de Venezuela, Ambrosius Dalfinger. Primeramente los escolares de escritura espaola tendan a identificarlo como Ambrosio Ehinger, el hermano de Heinrich Ehinger (n. en Konstanz, ?-d. probablemente 1537). De hecho se deca que era el hermano menor de Heinrich y Georg Ehinger. Sin embargo en fecha tan temprana como 1745, Johann Heinrich Zedler en su obra Grosses voll-
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stndiges Universal Lexikon (46:1615) haba identificado correctamente al primer gobernador como Dalfinger. Igualmente la Allgemeine Deutsche Biographie (ADB, 4:710) de 1876 conoca su nombre real y su identidad. Por consiguiente sorprende que tan tardamente como 1929, en la prestigiosa edicin de Der grosse Brockhaus (4:340) se escribi: Dalfinger, also Alfinger, actualmente Ehinger, Ambrosius. La Neue Herder Bibliothek (20:74) todava sostena en 1970 que Dalfinger era Ehinger. En las siguientes pginas se da una breve biografa de ambos Ambrosious Dalfinger y Heinrich Ehinger. La informacin que se proporciona de estos dos alemanes representantes de la casa Welser los muestra tan diferentes uno del otro, que uno se pregunta como pudo ocurrir una equivocacin tal de identidad y lo que es ms, por qu una enciclopedia Alemana tan confiable como la Der grosse Brockhaus, pasara por alto informacin tan fcilmente disponible desde el ao de 1745, respectivamente,1876, o bien por qu la Neu Deutsche Biographie (4:344) de 1959 afirmara que las ms recientes investigaciones han mostrado que el nombre del primer gobernador fue, ciertamente, Ambrosious Dalfinger. En realidad la confusin comenz en el 1859, cuando un erudito Alemn, K. Haebler, lleg a sostener que Ambrosius Dalfinger era Ehinger. Subsecuentemente, tom 30 aos establecer la verdadera identidad y el nombre real del primer gobernador del ncleo de la actual Venezuela.
La presencia alemana
El expansionismo Turco-Musulman haba reducido significativamente las tradicionales rutas del comercio Europeas desde Venecia y Gnova hacia el Lejano Oriente. Las Islas de las especias Indonesias (Moluccas) era uno de los destinos principales. Con el tiempo Portugal y Espaa se propusieron encontrar una nueva ruta hacia el Lejano Oriente. En 1492 Cristobal Coln (1451 ?-1506) parti de Espaa con direccin hacia el Oeste para cruzar el vasto Ocano Atlntico; no fue India lo que descubri, sino un continente desconocido:
Amrica. Cuando fracasaron los intentos de Fernando de Magallanes y Sebastin el Cabo (1476 ?1557) de encontrar un pasaje a travs de las Amricas para llegar a la fuente original, las firmas comerciales y de la banca se interesaron fuertemente en los descubrimientos reales de las expediciones portuguesas y espaolas. Puede surgir la pregunta de por qu hubo inicialmente cuatro alemanes que estaban a cargo de la provincia poscolombina de Venezuela. Tan extrao como puede aparecer a primera vista, cuando el primer gobernador y capitn general Alemn lleg a Coro en 1529 no haba colonos alemanes en esa parte del mundo. La respuesta se encuentra sobre todo en la necesidad del rey Carlos I de soporte financiero y en la creencia de dos gigantes alemanes del comercio y la banca, los Fugger y los Welser de Augsburg, de que podra haber un rpido enriquecimiento en la exploracin transatlntica, el comercio y la colonizacin. Esta aventura tremendamente costosa y de vasta escala, no hubiera sido posible sin el respaldo financiero de los Fugger y los Welser con quienes el rey Carlos I de Espaa negociaba. Sin embargo el involucramiento de los alemanes en la exploracin de Amrica Latina haba comenzado poco despus del primer viaje de Cristbal Coln en 1492. Los marinos portugueses y espaoles utilizaron instrumentos de navegacin alemanes los cuales eran indispensables para cruzar el vasto Ocano Atlntico. Los conquistadores alemanes no eran en nada diferentes a sus contrapartes espaoles, por un lado eran codiciosos de riquezas y prestos al asesinato y por el otro, ms o menos celosos de asegurar la vida eterna para los Nativos del Nuevo Mundo. En muchos casos una simbiosis de una conquista espiritual y una conquista temporal que estaba pendiente. Despus de aproximadamente 35 aos de gobernar Venezuela, la presencia Alemana pas a ser cosa del pasado. Tom ms de 300 aos para que minsculos asentamientos alemanes se fundaran all. Su industrialismo, conocimientos tcnicos y espritu emprendedor le dio y an le est dando a Venezuela un formidable empuje econmico.
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do su empresa de banca, comercio y transportacin martima se involucr en el comercio con la Amrica espaola en 1528, consigui la prosperidad despus de 288 aos de actividades comerciales. En el curso del tiempo los Welser fundaron empresas mineras y de comercio en Augsburg y Nrnberg. La ms grande de estas empresas fue fundada en 1498 por Antn Welser, Sr. (14511518) y por su hermano Bartholomus Welser (1484-1561) quien estuvo en la Firma hasta 1553. La Compaa, ahora convertida en una empresa internacional exitosa en el comercio de mercancas, artculos, productos y carga transocenica, adquiri importancia histrica. Bajo la direccin de Bartholomus Welser (1484-1561) quien haba relevado a su padre Antn Wesler, Sr., en 1519, la firma lleg a ser la compaa ms significativa de comercio y transporte martimo del mundo. Los Welser tenan su propia flota que navegara por el Atlntico. Un puerto en las Atarazanas en Sevilla estaba reservado nicamente para los barcos de Welser; ofreca las mejores ventajas para la recepcin de los productos comerciales llegados del Nuevo Mundo. Los soldados y los marinos en los barcos Welser eran en su mayora espaoles. Ocasionalmente arcabuseros alemanes, Belzares eran un soporte en las rutas peligrosas. Eran maestros en el uso del arma-maravilla y un terror para los enemigos. No diferentes de los Fugger, los Welser, tambin, llegaron a participar en el prstamo internacional y transacciones financieras , por ejemplo, con Francia y Espaa. Con el tiempo las bases de la Compaa Welser, estaban en Antwerp, Lyon, Madrid, Lissabon, Sevilla, Hispaniola (Santo Domingo). Los Welser tambin mantenan relaciones con Venecia, Miln, Gnova, Roma y Londres. Un mapamundi hecho por ellos en 1530 indicaba la extensin de su comercio global y la referencia de su conocimiento geogrfico y nutico. Pronto puertos de la costa norte de Sudamrica y el Ocano Pacfico se convirtieron en cabeza-depuente para la expansin hacia el Sur. En 1528 la Casa Welser estaba lista para financiar una conquista que requera invertir inmensas sumas en hombres, barcos y armas as como en aseguramiento. Para
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obtener las mejores ventajas para sus importaciones comerciales, los Welser aseguraron un puerto en las Ataranzas en Sevilla para su flota. La carga y el equipamiento de sus barcos ah, est descrito por Hieronimus Koler de Nrnberg en su diario. Dos agentes de los Welser, Heinrich Ehinger (n.en Konstanz, ?-d. ?, probablemente en 1537) y Hieronimus Sller (Sller o Sayler, n. en St. Gallen, ?-d. Augsburg, 1559), fueron encargados del cuidado de los arreglos legales y contractuales para la colonizacin y explotacin de Venezuela. Francisco de los Cobos, Secretario de Estado del emperador, firm un contrato con ellos el 12 de febrero de 1528, de acuerdo al cual pagara un porcentaje de sus derechos como fundidor en cualquier mina que desarrollaran en el Nuevo Mundo. Les prometi una participacin justa del porcentaje concedido por cada barra fundida del oro o la plata descubiertos ah. Y comprometi su ingreso como fundidor, como fianza para un prstamo de 1,000 ducados que le haban concedido. Los Wesler obtuvieron una concesin de las minas de cobre de Santo Domingo. Acordaron conseguir mineros alemanes para la Isla Espaola (efectivamente 24 mineros de Joachimsthal partieron hacia Santo Domingo). Se les otorg la concesin por cuatro aos, del monopolio de importacin de 4,000 robustos esclavos negros (la cacera de esclavos en el Nuevo Mundo ya no llenaba las necesidades.). Los accidentados lmites de la Provincia de Venezuela fueron trazados: Venezuela deba extenderse desde el cabo de Maracapana hacia el Oeste hasta la pesquera de perlas del Cabo de la Vela, en la pennsula de la Guajira (hoy en gran parte perteneciente a Colombia). El ncleo original de la nueva Provincia era la laguna de Maracaibo con el miserable, insalubre, pequeo puerto de Coro como su capital al Noreste. Hacia el Sur se extiende una cadena de Montaas, en el lado Sureste estaba la cuenca del Orinoco y hacia el lado Suroeste estaban la formidables Cordilleras del Este. Para llegar a la tierra de los Chibcha alrededor de Bacata (Bogot) haba que encontrar un paso a travs de ellas. Los Welser acordaron la construccin de tres fortificaciones en su provincia.
En Marzo 27 de 1528, Heinrich Ehinger logr un importante contrato con Garca de Lerma, un comerciante de Burgos y futuro gobernador de la Provincia de Santa Marta que bordeaba Venezuela por su lado Este. El contrato (reconfirmado en 1532) trataba sobre asuntos de colonizacin. No bien se haba secado la tinta de los contratos, cuando tres barcos Welser, con Dalfinger a bordo, equipados en Espaa, se hicieron a la mar. Hubo conflictos que causaron que los hermanos Ehinger en 1530 se retirasen de cualquier trato de negocios con los Welser. La sociedad EhingerWelser, quedaba de esta manera disuelta, un documento imperial del 17 de febrero de 1531 nombr a Bartholomaus Welser, Sr. como el contratista. La Provincia sera suya mientras que estuviera con vida. Los Welser esperaban grandes ganancias de la exportacin a Espaa de materias primas como metal, algodn, azcar, madera y drogas medicinales. Para hacer que las tremendas inversiones pagasen, fue necesario obtener rpidos y jugosos rendimientos. Ms todava, algunos de los agentes de Welser estaban tan interesados en llenar sus propios bolsillos, como lo estaban para asegurar el cuatro porciento de las ganancias para el emperador o bien complacer a los Welser. La brutal e imprudente explotacin de la tierra y la gente era inevitable. La colonizacin jug entonces un papel secundario. Los Nativos de Venezuela vivieron como cazadores nmadas, comunidades recolectoras, o vivan en comunidades de agricultores. Cada tribu tena su propio lenguaje, mitologa y tradiciones. Su historia era a la vez de guerra y supervivencia. Los indgenas eran orgullosos y belicosos (fabricaban por ejemplo flautas de los huesos de sus vctimas), mientras que los Arauka se ocupaban ms del cultivo de la tierra. La actividad guerrera condujo a un continua reduccin catastrfica de la poblacin nativa.
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Dalfinger, es apropiado ofrecer un boceto biogrfico de Heinrich Ehringer, quien, como result ser, fue junto con su hermano Georg, el enemigo ms peligroso de Dalfinger. Aun cuando Heinrich Ehinger era altamente respetado por Carlos V, sus intentos para arruinar la carrera y la reputacin de Ambrosius frente al emperador fracasaron. Los hermanos Ehinger eran hijos de un socio comercial de Zrich (Suiza) y Konstanz (Alemania). La familia se haba involucrado en el comercio con Espaa desde el siglo XV. Heinrich Ehinger (n. en Konstanz, ?-d. ?, probablemente en 1537) lleg a ser uno de los comerciantes de ms influencia en el reino espaol y el representante ms importante de su familia. Junto con Sebastin Shopperlin l represent a los Welser en Zaragoza que era en 1519 el centro de comercio con Espaa de la Compaa Welser. All firm dos giros en base a los cuales el rey Carlos I (1516-1556) ira a la bsqueda de la corona del Santo Imperio Romano, como el emperador Carlos V (1519-1556). Como hombre de negocios Heinrich Ehinger era bastante astuto y verstil. En 1522 compr una gran cantidad de especias que el Victoria haba trado al regreso de la desafortunada expedicin de Magallanes a las Islas de las Especias, las Moluccas de Indonesia. Adems de mantener estrechos lazos con los Welser, hizo tambin negocios con los Italianos, notoriamente con Correo Mayor de Taxis. En 1530, Georg Ehinger se embarc con Nikolaus Federmann (n. en Ulm, alrededor de 1505d. en Valladolid, 1542) con rumbo a Venezuela, soando con llegar a ser gobernador de esta nueva Provincia. Con la disolucin de la sociedad EhingerWelser en ese mismo ao, Georg Ehinger se desvaneci en la historia. Asimismo, en 1539, micer Enrique, como le llamaban a Heinrich Ehinger se convirti en argentier y tesorero de Carlos V y en 1535, el emperador le confiri el honor de nombrarlo Caballero de la Orden de Santiago y de ser un gentil hombre. Alrededor de ese tiempo, Heinrich Ehinger firm un contrato con Alberto Cuon de Nrnberg para sembrar azafrn en la Nueva Espaa. Para esta empresa expertos franceses se enviaran a Amri-
ca. Lo curioso del caso, es que tambin hizo los arreglos, verstil como l era, para la entrega de artillera en Mlaga.
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rigida por Juan de Ampies, y no tuvo ningn temor de poner a un oficial real tras las rejas. Por causa del antagonismo nacional y la codicia de ambos los conquistadores alemanes y espaoles estaban ms o menos en competencia los unos con los otros el gobierno espaol en Santo Domingo continuamente rechaz los planes de Dalfinger. Inclusive el Dominicano Fray Bartolom de las Casas (1474-1566), el Apstol de las Indias, levant su voz en contra de los alemanes. Los enemigos de Dalfinger le acusaban de tratar cruelmente a los Indios. Las repetidas acusaciones imputadas a los alemanes apuntaban a su negligencia en desarrollar colonias en las nuevas tierras, lo que era en gran medida cierto. Debido a la enorme distancia, las splicas de Ambrosius Dalfinger al Consejo de las Indias en Espaa trajeron poco alivio. Sin embargo, una mucho ms grande amenaza se gener de Heinrich y Georg Ehinger quienes queran desplazarlo. Georg Ehinger, que haba navegado con Federmann a Coro en 1530, soaba con la gubernatura para l mismo. Frustrado en su designacin, regres a Espaa donde con su hermano Heinrich el jefe conspirador, trat de avivar la animosidad del Consejo de las Indias y la Corte Real contra Dalfinger. Carlos V, sin embargo, concedi en 1531, como ya se indic anteriormente, todos los derechos de la Sociedad Welser-Ehinger a Bartholomaus y Antn Welser, quienes a su vez nombraron a Nikolaus Federmann personaje que como Dalfinger era de la Libre e Imperial Ciudad de Ulm y a Hans Seissenhofer para ser los lderes de una nueva expedicin a la Colonia con la instruccin de que asistieran a Ambrosius Dalfinger en su trabajo. Ambrosius Dalfinger todava se encontraba fuera, en Maracaibo, cuando los cuatro barcos con 300 colonizadores llegaron a Coro el 28 de abril de 1530. Los colonizadores espaoles y los mineros Germanos, haban acompaado a Federmann y Georg Ehinger hasta Venezuela. Gran alboroto caus entre los espaoles, ya que estos barcos no solo traan suministros y soldados sino tambin dos gobernadores y mujeres, las primeras mujeres, incluyendo alemanas en llegar al Nuevo Mundo como colonizadoras. Los perplejos espaoles
esperaban de ah en adelante que llegaran mujeres en cada barco que arribaba de Espaa, as como dos o ms gobernadores. Antes que Hans Seissenhofer se retirara voluntariamente de su posicin para evitar conflictos, design a Nikolaus Federmann como su diputado en Coro, Seissenhofer muri al ao siguiente (1531). Luego de su regreso a Coro, 1531, Ambrosius Dalfinger, el verdadero gobernador, confirm a Federmann en la posicin de su diputado gobernador. Habiendo contrado una enfermedad tropical en su primera expedicin, Ambrosius Dalfinger parti a Santo Domingo para recuperarse. Instruy a su compatriota Federmann a no efectuar ninguna expedicin durante su ausencia. Tema que este descubriera no solamente riquezas con las que pudiera quedarse, sino que tambin pudiera por ello, incrementar su reputacin y prestigio. Prontamente Federmann desobedeci y partiendo de Coro con 110 hombres de a pie y 16 de a caballo. En Septiembre de 1530 cruz la parte Noroeste de las Cordilleras y lleg hasta el importante acceso de la parte Norte de la lnea divisoria de las aguas del Orinoco. Georg Ehinger, el enemigo de Dalfinger formaba parte de la partida. Federmann penetr tan lejos como hasta Barquisimeto. Luego de su regreso a Coro en Mayo de 1531, enfrent a un furioso Dalfinger quien a su vez deseaba la riqueza y la gloria. Ambrosius Dalfinger organiz su propia expedicin al interior. Partiendo de Coro en el otoo de 1531, lleg hasta los 7 grados de Latitud Norte. Haba cruzado primero la sierra Nevada de Santa Marta y alcanzado al fin la parte media del Ro Grande de Magdalena. Bautiz el Valle Ambrosio con su nombre. el contrato Welser estipulaba que los Nativos podan ser esclavizados si hacan caso omiso de advertencia previa. Dalfinger subyug siete tribus y saque sus villeras. Fue una exitosa expedicin si la consideramos en trminos del botn. Le confi a su teniente, de Vascuna, llevar a cabo el saqueo y apresurar el regreso con el botn a Coro. Sin embargo la pequea fuerza se perdi en la jungla y tuvo que enterrar el oro. Solo un hombre logr regresar a Coro pero haba olvi-
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dado el lugar donde se haba hecho el entierro. Se enviaron partidas de bsqueda, pero no lograron encontrar el rastro de Vascuna. Mientras todo esto suceda, Ambrosius Dalfinger sigui adelante hacia Nueva Granada hacia el Oeste, la tierra del mtico El Dorado quien se baaba todos los das en polvo de oro. Dalfinger encontr dura resistencia en las fras regiones montaosas. Durante uno de estos violentos encuentros, una flecha envenenada le alcanz en el cuello.
Muri en el camino de regreso a Coro en el inicio de 1532. Sus camaradas de armas regresaron a Coro con un substancial tesoro. Extraamente la firma Welser no mostr ningn entusiasmo y poco hizo para ocupar la vacante gubernatura, la cual, para agravar las cosas, el gobierno antigermano en Santo Domingo ya haba cubierto con Rodrigo de Bastidas como gobernador pro-tem.
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Las cuencas internacionales como factor de conflicto, desarrollo y estabilidad en la relacin Mxico-Estados Unidos
Marco Antonio Samaniego Lpez Universidad Autnoma de Baja California
dems de compartir una extensa frontera, Mxico y Estados Unidos son pases ribereos en tres ros de carcter internacional: Bravo, Colorado, Tijuana. Tanto el Bravo como el Colorado, fueron considerados internacionales desde el tratado de Guadalupe-Hidalgo, firmado en 1848. Adems, su corriente ha servido en algunos puntos para determinar el lmite entre las dos naciones. El Tijuana, con un caudal de menor cuanta, fue vinculado al proceso hasta aos despus, en su carcter de ro sucesivo, es decir, que atraviesa de un pas a otro, sin ser punto de divisin entre los dos pases.1 El tema de los ros internacionales plantea un problema: los cuerpos de agua se forman de los dos lados de la frontera y son aprovechados por ribereos inferiores y superiores. Es decir, el agua que cae en un pas, es aprovechado tambin en el otro. Con ello, el tema de la soberana as como el derecho internacional deben de ser estudiados con el fin de comprender y mantener una relacin que cae en el terreno de lo cotidiano, ya que las aguas internacionales resuelven parte significativa del abasto urbano y agrcola, as como el de la produccin de energa elctrica, de estados como Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo Len y Tamaulipas, en Mxico. En Estados Unidos, es asunto de entidades lejanas a la frontera como Wyoming, Colorado, Utah y Nevada, as como de los estados fronterizos de Texas, Nuevo
Mxico, California y Arizona. De igual forma, estn relacionados tanto la pesca como el turismo. En el presente escrito pretendemos demostrar que el tema de los ros internacionales es un aspecto que requiere ser observado desde la perspectiva de la cooperacin y el conflicto entre Mxico y Estados Unidos. La razn de ello es que la geografa impuso una serie de condicionantes que dieron fortalezas y debilidades a ambos pases. De igual forma, los cambios en los usos sociales del agua, obligaron a llegar a acuerdos para el mejor aprovechamiento de un recurso natural que tiene una importancia capital para la enorme y vasta regin: el agua superficial. Pero no se trata slo del asunto de su escasez, sino tambin el de su control, es decir, para llevar al agua a una ciudad o un rea agrcola, as como para producir energa elctrica fue necesario establecer acuerdos que permitieran el aprovechamiento en los dos pases. Sin embargo, si en un lugar haba arreglo, en otro, por las condiciones geogrficas o el uso social que se le daba al recurso hdrico, se poda tomar una
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Al respecto de los ros internacionales, debemos apuntar que el ro Santa Cruz, en la frontera entre Nogales, Sonora y Nogales, Arizona, es tambin motivo de nuestra investigacin. Sin embargo, debido a que primero buscamos explicar los tratados de 1906 y 1944, en los cuales no se toma en consideracin ste cuerpo de agua, hemos dejado el mencionado ro sin analizar por el momento. Esta corriente es un tributario del ro Gila, es decir, surge en territorio de Mxico y pasa a Estados Unidos. Para detalles, CerveraRubio, Basic criteria for a sustainable water managment, 2003.
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media que contrariara los intereses de uno o los dos pases. Por ello, se vuelve indispensable observar a las corrientes como cuencas, es decir, como un todo, en el que las medidas que se tomen en una parte del ro, afectan a una regin distante. Pero adems lo que suceda en la cuenca del Bravo, est vinculado con la del Colorado y viceversa. De ah la necesidad de entender el proceso como conjunto. Por ello, pretendemos destacar que en la relacin entre Mxico y Estados Unidos, uno de los asuntos de mayor cooperacin en la actualidad es el de los ros internacionales. Pero tambin, de no haber acuerdos que satisfagan a ambas partes, puede provocar conflictos que sin lugar a dudas, afectaran a otros tpicos de la relacin bilateral.
Las cuencas
En el mapa se puede observar de manera clara la dimensin del problema. Para fines de los tratados internacionales, consideramos necesario dividir el ro Bravo en alto Bravo y bajo Bravo.2 El alto Bravo corresponde desde su surgimiento en las montaas de Colorado hasta el punto conocido como Fort Quitman ya en la frontera entre Mxico y Estados Unidos. Como se ve en el mapa, el ro tiene varios afluentes en Colorado y Nuevo Mxico. Posteriormente, el ro toma otra direccin en las ciudades de El Paso, Texas y Ciudad Jurez, Chihuahua. A partir de ah se convierte en lmite entre los dos pases. Esta rea fue comprendida en el tratado de 1906 y toda el agua cae escurre en Estados Unidos. Los ribereos superiores son los estados de Colorado y Nuevo Mxico, mientras que los inferiores son Texas y Chihuahua y en particular las localidades de Ciudad Jurez y El Paso. Despus de Fort Quitman se inicia lo que llamaremos el bajo Bravo, slo para los efectos del tratado de 1944. Desde ah el cauce del Bravo sigue en su carcter de frontera internacional hasta su desembocadura en el Golfo de Mxico. En la parte estadounidense, el ro es alimentado por el Pecos y el Devils, as como por algunos arroyos de escasa importancia; en la parte mexicana, los afluentes son de mayor significacin, parti-
cularmente los ros Conchos, Salado y San Juan. Las aportaciones de los afluentes, 70% de los mexicanos, 30% de los estadounidenses, hacen que el sur de Texas sea ribereo inferior con respecto a los afluentes mexicanos. De esta forma, en ambos tratados, Texas era ribereo inferior. Este factor es de suma importancia para entender la postura texana, generalmente de acuerdo con Mxico en que los beneficiarios de los ros deberan de ser todos los involucrados en la cuenca. Por otra parte, el ro Colorado corre de noreste a suroeste a lo largo de 2,250 kilmetros, slo 160 corresponden a Mxico y en un tramo de 32 kilmetros es lmite internacional entre Mxico y Estados Unidos. Los otros 128 kilmetros de la parte mexicana corresponden al lmite entre los estados de Baja California y Sonora. Del lado estadounidense tiene varios afluentes que lo alimentan. El ro atraviesa los actuales estados de Wyoming, Utah, Colorado, Nevada, California, Nuevo Mxico y Arizona. Los afluentes se localizan sobre todo en la zona montaosa; en la parte mexicana no existe ninguno. Es comn sealar que este ro desemboca en el Golfo de California; sin embargo lo anterior es parcialmente cierto. Antes de las obras de regulacin y control construidas durante la primera dcada del siglo XX, el ro en parte iba al Golfo, mientras que una cantidad importante de agua alimentaba varias lagunas que existan en lo que actualmente corresponde a los valles de Mexicali, en Mxico, e Imperial, en Estados Unidos. La violencia del choque de las aguas provocaba que en ocasiones secciones de lo que ahora es el Valle de Mexicali quedara bajo las aguas del ro. En muchas ocasiones, por un declive natural, el agua corra haca el Mar del Salton, mismo que se encuentra a 80 metros bajo el nivel del mar. Dicho sitio se encuentra en territorio de Estados Unidos, por lo que el Valle Imperial era en los hechos ribereo inferior con respecto al Valle de Mexicali. En 1901, con la apertura del canal El lamo en territorio mexicano para abastecer a Estados Unidos, esta condicin se acentu, tanto
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Subrayamos que esta divisin es slo para los efectos de los tratados de 1906 y 1944, ya que en trminos geogrficos se han planteado otras divisiones.
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porque el agua era conducida hacia Valle Imperial por territorio mexicano, como por los bordos de proteccin que se construyeron para proteger a ambos valles. 3 De esta forma, Mxico era ribereo inferior con respecto a Estados Unidos, pero tambin Estados Unidos lo era con respecto a Mxico hasta que los norteamericanos lograron crear un sistema de irrigacin independiente de nuestro pas en la dcada de 1940 con el canal todo americano. El ro Tijuana es el de menor significacin. En su condicin natural, el ro era alimentado por afluentes de los dos lados de la frontera; pero a causa de dos presas construidas en Estados Unidos a fines del siglo XIX, las aportaciones del pas vecino se redujeron considerablemente. Los afluentes mexicanos como el arroyo de Las Palmas y el arroyo de las Calabazas, as como el propio ro, de escaso caudal, fueron utilizados para la agricultura en baja escala durante buena parte del siglo XX. El ro no es lmite internacional, pero
se trata de un ro sucesivo, ya que atraviesa de un pas a otro y desemboca al mar en Estados Unidos. Debido a su carcter irregular, ha tenido distintas funciones en el siglo XX. Sin lugar a dudas, es de especial significacin en lo que respecta a la urbanizacin de Tijuana ya que las obras para su control y regularizacin son parte fundamental de la ciudad. En la parte estadounidense, no existen obras de importancia, dado que como apuntamos, desemboca en el Ocano Pacfico.4 Este escenario, puede resumirse de la siguiente forma. a) En el alto Bravo, Mxico es ribereo inferior, dado que la totalidad de las aguas que alimentan la corriente caen en Estados Unidos, principalmente de las nevadas de la sierras, b) en el bajo Bravo, los dos pases aportan, pero Mxico
Report of the american section of the International Water Commission United States and Mexico, House Document, 71 th. Congress, 2. Sesin, Documento No. 359. United States Goverment Printing Office, Washington, 1930. 4 Informe anual de la Comisin Internacional de Lmites y aguas, 1998, p. 9.
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lo hace en un 70% mientras que Estados Unidos en un 30%. Aqu se estableci lo que se llam la ventaja mexicana, sobre todo por que las tierras al sur de Texas, cercanas al Golfo de California, dependan prcticamente de los afluentes mexicanos; c) en el Colorado, toda el agua cae en Estados Unidos. Por ello, Mxico es ribereo inferior en gran medida. Sin embargo, hasta la dcada de 1940, cuando se concluy el canal todo americano, Valle Imperial, California, era ribereo inferior con respecto a Mxico. Su dependencia, no era slo porque el canal de conduccin de agua, El lamo, estaba en territorio de nuestro pas, sino porque los bordos de proteccin, que eran vitales para al existencia de los valles de Mexicali e Imperial, estaban en territorio mexicano.5
cionadas. Con ello, las discusiones, que abarcaron desde la dcada de 1880 hasta 1906, fueron entre los poblados de Ciudad Jurez y El Paso, en contra de los estados de Colorado y Nuevo Mxico.7 A su vez, Nuevo Mxico, tuvo conflictos con Colorado, ya que por ser este ribereo superior con respecto a Nuevo Mxico, tambin se cerna la amenaza de que un aos futuros se viera limitado. En 1895, el procurador de justicia de Estados Unidos Judson Harmon, dio su opinin con respecto a la falta de agua para Ciudad Jurez: Estados Unidos no tena porque limitar el uso del agua en su territorio, por lo que toda el agua del ro les perteneca. La tesis, conocida como la soberana absoluta, ha sido durante muchos aos el argumento de pases que son ribereos superiores: pretenden que el total del caudal de un ro sea considerado de su propiedad. Sin embargo, paradjicamente, la opinin Harmon fue hecha a un lado por los propios Estados Unidos en 1896, dados los problemas que se generaban tanto en el mbito del alto Bravo, como por los conflictos que podran plantearse en su frontera norte con Canad, adems del bajo Bravo, donde se saba que las mayores aportaciones eran de los afluentes mexicanos.8 En mayo de 1896 se realiz la convencin para la distribucin equitativa de las aguas del alto Bravo, en la que Mxico y Estados Unidos establecieAl respecto de los bordos, puede verse, AHA, Fondo AS, caja 1103, exp. 15 414, disputa entre la Colorado River Land y la Compaa de Tierras y Aguas de la Baja California, propiedad del Imperial Irrigation District, 1926: AHA, Fondo AS, caja 1100, exp. 15 411, informe de Guillermo Gonzlez, inspector de aguas, a la Secretara de Agricultura, 25 de abril de 1929. Gonzlez acusa a la Compaa de Tierras y Aguas de la Baja California de tratar de actuar como una autoridad autnoma e omnipotente, al tratar de que la Colorado River Land le pagara cuotas sin la intervencin del gobierno de Mxico. En los conflictos entre empresas los bordos de proteccin era un elemento significativo. 6 W.W. Follet, A Study of the use of irrigation, en Equitable distribution , 60-62. 7 Al respecto de estas discusiones, varios autores dejan de lado los planteamientos que se realizaron en la dcada de 1880. Como ejemplo Hundley, Norris, The dividing waters: Mexican-American controversies over the waters of the Colorado River and The Rio Grande, 1880-1960, 1963. 8 Diversos autores plantean que la opinin Harmon es la poltica de Estados Unidos con respecto a los ros internacionales. Al respecto cabe decir que de ser cierta esa afirmacin no habra tratados de agua ni con nuestro pas ni con Canad.
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ron varios acuerdos acerca de cmo resolver el problema de la falta de agua para El Paso y Ciudad Jurez. Sin embargo, debido a varios conflictos internos en el vecino pas, la convencin de 1896 no tuvo efectos inmediatos y fue hasta 1906 cuando se firm el tratado respectivo. Durante esos diez aos, juarenses y paseos, con respecto a este tema, trabajaron de manera conjunta ante autoridades de ambos pases. Como veremos ms adelante, en otros asuntos, como el caso de El Chamizal, no fue de la misma manera.9 En el ro Colorado tuvo lugar un cambio sustancial durante las primeras cinco dcadas del siglo XX. De 22,000 millones de m3 anuales que llegaban a Mxico en la primera dcada del siglo XX, para los aos de 1940 llegaban 10,000 millones de m3 anuales. De ah que, se requiera hablar de una modificacin de suma importancia y de que tanto el conflicto como la cooperacin fueran dos elementos que se conjuntaron de forma permanente. El ro, por su condicin natural, representaba un reto para su aprovechamiento. Para los ribereos superiores como Colorado, Wyoming, Utah y Nuevo Mxico, por la altura, se requeran de enormes recursos para utilizar el agua de la corriente. Para los ribereos inferiores, como California y Arizona, en Estados Unidos, y Baja California y Sonora, en Mxico, se trataba de una corriente que deba controlarse a travs de la tecnologa hidrulica de punta, pero sobre todo, con la cooperacin entre ambos pases. Los problemas principales eran la gran cantidad de material alcalino que acarreaba el ro, as como el hecho de que la mayor parte de la corriente llegara como grandes avenidas en los meses a abril-agosto, lo que causaba enormes problemas de control.10 Como ya apuntamos, para abrir al cultivo Valle Imperial, fue necesario conducir el agua a travs de territorio mexicano. Con ello, pronto surgieron propuestas de anexar el Valle de Mexicali a Estados Unidos, pero tambin la necesidad del trabajo conjunto de las autoridades de ambos pases. La California Development Company, y su filial mexicana, la Compaa Mexicana de aguas de la Baja California, se integr con el objeto de aprovechar el canal El lamo para realizar la con-
duccin del agua a Imperial. Para ello, debi celebrar un primer acuerdo con el gobierno de Mxico, firmado en mayo de 1904, en el que la empresa se obligaba a entregar a nuestro pas, 3,600 millones de m3 de agua, misma que era la mitad de la que se estimaba, podra conducirse a Estados Unidos a travs del canal El lamo. Posteriormente, por diversas razones, la empresa vendi sus derechos y con ello el traspaso del acuerdo a otros organismos, hasta que finalmente en 1916, el Imperal Irrigation District, formado por los agricultores de Valle Imperial, se quedaron con las instalaciones para la conduccin del agua en nuestro pas.11 Sin embargo, el ro ya haba creado varias condiciones donde la cooperacin y el conflicto marcaron el derrotero. As, en 1905-1907, una gran avenida de agua, provoc una inundacin que estuvo a punto de desaparecer los nacientes valles agrcolas de Imperial y Mexicali. De manera paralela, surgieron los bordos de proteccin en territorio mexicano, mismos que estaban para salvar la integridad de Valle Imperial. El sistema de bordos, fue indispensable para la vida de Imperial hasta las dcadas de 1930 y 1940, cuando la construccin de la presa Boulder (Hoover) modific los problemas de la corriente y elimin, de manera significativa, el tema de las grandes avenidas naturales
9 Sin embargo el tratado de 1906 no dej satisfechos a ninguna de las partes, ya que en Colorado, Nuevo Mxico, Texas y Chihuahua, pronto consideraron que no les corresponda el agua suficiente para todas las tierras que eran posibles de aprovechar. Haba, desde entonces, ms tierra que agua disponible. A pesar de la cooperacin que se haba dado y de que en trminos generales el tratado se ha cumplido hasta la actualidad, existe una larga lista de conflictos en la zona, no slo entre Mxico y Estados Unidos, sino entre las entidades del vecino del norte que forman parte de la cuenca. 10 The Colorado River. A Natural Menace becomes a National Resouce. A Comprehensive Report on the Development of Water Resources of the Colorado River Basin for Irrigation, Power Production, and Other Beneficial Uses in Arizona, California, Colorado, Nevada, New Mexico, Utah, and Wyoming, United States Departament of Interior, the Bureau of Reclamation, 1946; Archivo de la Secretara de Relaciones Exteriores, seccin Comisin Internacional de Lmites y Aguas, X- 33-2, II parte, informe de Enrique de la Sierra, cnsul de Mxico en Calxico, California, a Fernando Beltrn y Puga, comisionado mexicano de la Comisin Internacional de Lmites, 23 de junio de 1909, f 206-211. En adelante ASRE, Fondo CILA. 11 Samaniego Lpez, Agua y frontera en el norte de Mxico, 1998, p. 32-33.
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del ro Colorado.12 En 1910, cuando la amenaza de una nueva inundacin se cerna sobre ambos valles, el gobierno de Mxico permiti que el de Estados Unidos invirtiera en territorio mexicano un milln de dlares en la construccin del bordo Ockerson, mismo que se inici en enero de 1911.13 En aos posteriores, los acuerdos fueron permanentes dado que la corriente requera de la vigilancia cotidiana. Ingenieros de la Comisin Internacional de Lmites, de la Secretaria de Agricultura y Fomento y a partir de la dcada de 1920, de la Comisin Nacional de Irrigacin, estuvieron al tanto de las modificaciones a los bordos de proteccin. En algunas ocasiones, como 1926, el tema volvi a ser alarmante por el gran volumen de agua del ro. Incluso, fue un tema de seguridad nacional, dado que aviones estadounidenses sobre volaron territorio mexicano para tomar fotografas de la corriente. En otro sentido, durante los aos de sequa, como 1924, 1932 y 1934, los agricultores de uno y otro lado de la frontera, debieron organizarse entre s a travs de tandas de agua, con el objeto de lograr aprovechar parte del recurso. Sin embargo, en las sequas, la dependencia de los agricultores de Imperial con respecto a Mxico era mayor, ya que el agua pasaba primero por territorio de nuestro pas. Todo ello generaba enorme inconformidad, dado que el Imperial Irrigation District era el dueo de la mayor parte de las instalaciones para el traslado del agua, pero se vean obligados a negociar con la autoridad mexicana para la distribucin del recurso. Los cambios en los usos sociales del agua obligaron a plantear la organizacin de la distribucin del recurso hdrico. El desarrollo de la hidroelctrica, estrechamente vinculado al crecimiento de centros urbanos y a la industria, requera de la construccin de presas. Por ello, desde fines del siglo XIX, pero sobre todo en las primeras dcadas del XX, la construccin de presas estuvo ligada estrechamente con la energa. Los ros internacionales, fueron parte sustancial de ello y para el caso del bajo Bravo, desde 1910, en el sur de Texas se iniciaron campaas con la intencin de llegar a un acuerdo con Mxico en el que se estipulara la construccin de presas internacionales en el cauce del
Bravo.14 De igual forma, dada la dependencia del sur de Texas de los afluentes mexicanos, los empresarios de la zona, comenzaron a negociar con las autoridades de su pas para el reconocimiento de los derechos de Mxico a las aguas del ro Colorado. Obviamente, lo hacan porque al ser ribereos inferiores y depender de agua que cae en Mxico, les resultaba indispensable establecer normas que garantizaran el uso de cierta cantidad en su territorio. Por otra parte, desde la construccin de la presa de La Boquilla (1915) en el ro Conchos, en Chihuahua, y con la planeacin de otras presas en los afluentes mexicanos en las dcadas de 1920 y 1930, los texanos se sentan amenazados, de manera semejante a Mxico en el Colorado. Por ello, texanos y mexicanos, nunca estuvieron de acuerdo con la idea de establecer el principio de soberana absoluta, como en ms de una ocasin llegaron a plantearlo representantes de las entidades Arizona y California.15 De esta manera, los ros internacionales plantearon un reto en el marco de la cooperacin y el conflicto. El tratado de 1906 para el alto Bravo, haba dejado profundamente insatisfechos a los involucrados, dado que a ninguno se le entregaba agua suficiente, pero para la dcada de 1940 eran ya ms de treinta aos de funcionamiento del acuerdo, mismo que impacta la vida en la regin de manera cotidiana. En febrero de 1944, luego de negociaciones muy intensas, se firm el tratado
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Sealamos naturales ya que en la dcada de 1980, se present una gran inundacin en el Valle de Mexicali como resultado de que la presa Boulder expuls una gran cantidad de agua como resultado de los enormes excedentes que se presentaron en varios aos. Pero esta ya no fue natural, sino generada a partir de la intervencin del hombre. 13 Cabe sealar que la inversin, de manera oficial, la hizo la Colorado River Land Company, empresa oficialmente mexicana, pero integrada por inversionistas estadounidenses. 14 NAD, R.G. 115, entry 3, caja 9, 41- b, L.E. Bennet, agricultor de Texas, al Departamento del Interior, 28 de julio de 1910. Douglas Daily Dispatch, 9 de septiembre de 1926; La Prensa, San Antonio, Texas, 25 de enero de 1927;San Antonio Express, 26 de enero de 1927. 15 NAD, R.G. 115, entry 7, caja 36 032.5, Harry Seay a Elwood Mead, director del Bureau of Reclamation, 19 de enero de 1927; NAD, R.G. 115, entry 7, caja 36 032.5, Louis P. Hamilton, representante del sistema de Yuma, a Carl Hayden, senador de Arizona, marzo de 1925; NAD, R.G. 115, entry 7, Harry Seay al senador por Texas Morris Sheppard, 14 de mayo de 1925.
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internacional de aguas, en el que, entre otras cosas, se acord: 1. Con respecto al bajo Bravo, a Mxico le corresponda la totalidad de los afluentes San Juan y Alamo, la mitad del cauce principal del Bravo y las dos terceras partes de los ros Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido, Salado y el Arroyo de las Vacas, as como la mitad de del cualquier otro escurrimiento no asignado. A Estados Unidos la totalidad del Pecos, Devils, manantial Goodenough, as como los arroyos Alamito, Terlingua, San Felipe y Pinto. De los afluentes que nacen en Mxico, la mitad del escurrimiento del cauce principal del Bravo abajo de la presa internacional, una tercera parte del ro Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido, Salado y Arroyo de las Vacas. Con ello los Estados Unidos tenan garantizados 431,721,000 m3 anuales, (350,000 acres pies) en ciclos de cinco aos. Esto hizo que en total de agua del bajo Bravo, se dividiera en una proporcin del 50% para cada pas.16 2. Se acord la construccin de presas internacionales en el cauce del ro Bravo, mismas que seran utilizadas tambin para la generacin de energa elctrica. 3. En el ro Colorado, Mxico obtuvo un volumen garantizado de 1,850,234, m3 (1,500,000 acres pies). En los aos en que hubiera ex cedentes, Mxico recibira de Estados Unidos 2,096,931,000 millones de m3. La entrega se realiza por una tabla mensual que corresponde a las necesidades agrcolas del Valle de Mexicali y de San Luis Ro Colorado.17 Para regularizar la corriente, Estados Unidos se comprometi a construir la presa Davis. Mxico deba construir una presa de derivacin, misma que se termin en 1956, la presa Morelos.18 Con ello, se firmaron dos tratados sobre ros internacionales, mismos que regulan el manejo del agua desde hace ya un siglo (1906) y siete dcadas (1944), respectivamente. De esta forma, el acuerdo permiti el establecimiento de bases mismas que resultan insuficientes para estabilizar el desarrollo de una enorme regin en la que el control del agua y su distribucin, requieren de la super-
visin constante de la Comisin Internacional de Lmites y Aguas, secciones mexicana y estadounidense. Como veremos ms adelante, son numerosos los temas en los que los ros obligan a la intervencin de este organismo. El conflicto y la cooperacin se ponen de manifiesto de manera cotidiana.
En el tratado de La Mesilla de 1853 se estipul que el ro Gila qued en territorio estadounidense y ya no fue parte del lmite.19 En los artculos referentes al establecimiento de la frontera, se asent que la frontera era el ms profundo de sus brazos y si existan varios correr por mitad del ro. Esta forma de delimitar la frontera se le conoce como el thalweg. Sin embargo, la corriente
Para detalles acerca de los caudales de cada uno de los afluentes, ver Orive Alba, Informe tcnico, 24-25. 17 Debido a las entregas mensuales, en el caso del ro Colorado no se acumula ningn adeudo, como puede suceder en el caso del bajo Bravo. 18 En el momento de la firma del tratado pasaban a Mxico alrededor de 10,000 millones de m3, cinco veces ms de lo asignado en el documento. De all la importancia de las presas Davis y Morelos. 19 En el artculo I se seala: [] de all en lnea recta a un punto en el Ro Colorado, de 20 millas inglesas debajo de la unin de los Ros Gila y Colorado; de all por la mitad de dicho Ro Colorado, ro arriba hasta donde se encuentra la actual lnea divisoria entre los Estados Unidos y Mxico [].
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Las cuencas internacionales como factor de conflicto, desarrollo y estabilidad en la relacin Mxico-Estados Unidos
del Bravo estaba lejos de ser uniforme, lo que dificult saber con precisin cul era el thalweg. En 1857, por ejemplo, se sealaba que debido a la naturaleza porosa del ro el canal cambia constantemente, alternando sus desvos de un borde al otro, y muy frecuentemente cortando codos enteros y echando de un lado a otro considerables porciones de tierra.20 En 1870 se informaba que las corrientes del ro Bravo al impulso que les dieron las aguas pluviales de septiembre de 1870 arrancaron al Noroeste de esta poblacin y en la legua de un ejido, un rea de tierra de gran consideracin con habitaciones, labores, animales domsticos y cambiando en ramales las aguas del ro, apareci en medio del cauce la citada rea como una isla, que ha tomado la denominacin de El Banco.21 Ejemplos como los anteriores resultaron frecuentes a fines del siglo XIX y en las primeras dcadas del XX. En este contexto surgi la disputa por El Chamizal, que provoc largas diferencias entre Mxico y Estados Unidos. Para tratar de solucionar los numerosos conflictos que surgan por los cambios constantes del Bravo, se organizaron dos convenciones en 1884 y 1889. En la del 12 de noviembre de 1884 se mantuvo el concepto de thalweg. La propiedad de esos bancos fue uno de los asuntos que llev a la firma de la convencin de 1889, de la cual surgi la Comisin Internacional de Lmites, integrada por dos secciones, la mexicana y la estadounidense. En 1905 se firm la Convencin entre Mxico y los Estados Unidos para la eliminacin de bancos en los ros Bravo y Colorado. Entre 1898 y 1905 se haban investigado 58 bancos, mismos que eran susceptibles de ser eliminados o reconocidos como propiedad de uno u otro pas. Intencionalmente tanto El Chamizal como el corte de Crdoba quedaron fuera de la convencin, ya que si bien no se hizo referencia expresa a ellos, se asent que los bancos mayores a las 250 hectreas o en los que residieran ms de 200 almas no seran consideradas.22 En los aos 1907-1910 el tema de El Chamizal se ventil entre los dos pases.23 El acuerdo fue que, segn la convencin de Hague, el caso fuera
sometido a arbitraje internacional. En 1911 el comisionado nombrado por ambos pases, el canadiense Lafleur, dio un fallo en el sentido de dividir la propiedad de El Chamizal.24 Con ello, ninguno de los dos pases gan el caso, pero en la divisin Mxico obtuvo mayor cantidad de hectreas. Estados Unidos estuvo en desacuerdo con la decisin y argument que se recurri al arbitraje para que decidiera sobre todo El Chamizal, no para dividirlo, por lo que no aceptaron la decisin. El caso se mantuvo como parte de las negociaciones entre los dos pases y en varias ocasiones se manej la propuesta de cambiar El Chamizal por agua y algunos de los negociadores mexicanos llegaron a plantear que era la nica forma de obtener ms lquido para el Valle de Jurez. Como es sabido, el tema se mantuvo hasta la dcada de 1960, cuando se puso en efecto la decisin de 1911 y de las 150 hectreas del terreno, 115 fueron para Mxico y 35 para Estados Unidos.25 En la dcada de 1960, el tema en Mxico result una fiesta nacional y fue motivo de numerosas celebraciones, tanto por el presidente Adolfo Lpez Mateos como por Gustavo Daz Ordaz. La Comisin Internacional de Lmites y Aguas, en la actualidad seala que El caso de El Chamizal es seguramente el caso ms apasionante de la diplomacia mexicana y posiblemente de la historia nacional en general.26 Otro acuerdo que se desprendi de la dificultad para controlar la corriente del ro Bravo fue por la necesidad de rectificar la seccin fronteriza de Ciu20
La Bandera Americana, 19 de agosto de 1857. ASRE, Fondo CILA, Caja X-3-1, Domingo Reynosa, presidente municipal de Reynosa, Tamaulipas, al secretario de Relaciones, 13 de junio de 1874, f 3. 22 Convencin entre Mxico y Estados Unidos, 1905, artculo III. Actas de la Comisin Internacional de Lmites, 12 de mayo de 1910, acta No. 50 del 2 de octubre de 1924, acta No. 65, 10 de septiembre de 1925, acta 121, 3 de marzo de 1930, acta No. 133, 21 de marzo de 1931. 23 Papers relating foreign 1910, 716-719; Convention with Mexico for solution 3-12; Bustamante, La Comisin Internacional de Lmites, 370-381. 24 Chamizal arbitration. Appendix to the case of the United States before the international boundary and water commission United States-Mexico, 1911, 214-371. 25 Compliance with convention on the Chamizal, Hearing before the committe on foreign relations. United States senate. Los documentos son protestas de paseos en contra del arreglo con Mxico. 26 Ver pgina de internet: CILA.com.mx.
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dad Jurez-El Paso. La intencin era eliminar los problemas de inundaciones para los mencionados valles. De igual forma, al construirse la presa del Caballo para generar energa elctrica, se soltara una mayor cantidad de agua y se ocasionaran las mencionadas inundaciones. De igual forma, desde la construccin de la presa del Elefante, se haba eliminado en gran parte el asunto de la salinidad, pero se haba creado un problema con la arena y los sedimentos que provocaba que el azolve se quedara en el cauce del ro y se modificara la corriente amenazando a los poblados de Ciudad Jurez y El Paso.27 Como resultado de La Convencin de 1933, las obras de rectificacin seran pagadas en 88% por Estados Unidos y un 12% por Mxico; esta diferencia se debi a la estimacin de los beneficios que se obtendran y el valor de la tierra en cada pas.28 De Ciudad Jurez-El Paso a Fort Quitman haba 247 kilmetros de ribera, pero con la rectificacin se redujo a 141 kilmetros, con lo que se evitaron numerosas vueltas y recodos del ro. Cada pas perdi 1,440 hectreas de terrenos con el fin de que el ro tuviera un cauce ms directo hasta Fort Quitman. En Mxico, la oposicin de numerosos campesinos fue de significacin desde que el proyecto se plante hasta principios de la dcada de 1940.29
de salinidad, dado que a dicho lugar iba a dar una gran cantidad de aguas de retorno del ro Gila. Para desalojar el material alcalino el Bureau of Reclamation construy un dren de 80 kilmetros de longitud; el agua con alto grado de salinidad se verti al ro Colorado lo que elev el grado de salinidad a 3,000 partes por milln. Los efectos en la agricultura del Valle de Mexicali y San Lus Ro Colorado se dejaron sentir a partir de 1964.31 La protesta de Mxico tuvo alcances internacionales. Las negociaciones entre los dos pases se realizaron durante la dcada de 1960 y los primeros aos de la de 1970. La Comisin Internacional de Lmites y Aguas se reuni en 1965 y acordaron en el acta 218, la construccin de un dren que condujera las aguas de Wellton-Mohawk hacia varios puntos cercanos a la presa Morelos.32 Sin embargo, el problema se solucion slo en parte, debido a que se mantuvo la llegada de agua con altos contenidos de salinidad. Adems, Estados Unidos sostuvo el concepto de que esa agua salitrosa poda ser entregada a Mxico ya que en el tratado no se aclaraba nada al respecto. Por ello, se volvi a reunir la CILA en 1972, luego de varias protestas mexicanas y se acord, en el acta 241, que el agua del dren de Wellton-Mohawk no fuera contabilizada en la correspondiente a Mxico.33 An as, persistieron problemas de salinidad. Por ello, en el acta 242 del 30 de agosto de 1973, se acord la construccin de un dren que condujera las aguas salitrosas hasta el Golfo de Santa Clara. Con ello, los riesgos de la salinidad excesiva quedaron atrs. Sin embargo, durante poco ms de una dcada, fue un tema que agri las relacio27 28
Convencin para la rectificacin, apndice 1, p. 41. ASRE, Fondo CILA, exp. X-53-1, V parte, documentos sobre las negociaciones para la convencin de rectificacin del ro Bravo. 29 ASRE, Fondo CILA, exp. X-51.1, comit parti