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Nuevos Paradigmas en Religión y Cultura

La Revista de Teología Siwô' presenta en su volumen 6, número 5, una serie de artículos que abordan el estudio de lo religioso en América Latina, destacando temas como el pluralismo, la resistencia y la educación inclusiva. Los textos analizan la complejidad de las dinámicas sociales contemporáneas y su relación con la espiritualidad y la ciencia, proponiendo nuevas perspectivas teológicas y educativas. Esta publicación busca promover la investigación teológica y reflexionar sobre problemáticas costarricenses y latinoamericanas.
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
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Nuevos Paradigmas en Religión y Cultura

La Revista de Teología Siwô' presenta en su volumen 6, número 5, una serie de artículos que abordan el estudio de lo religioso en América Latina, destacando temas como el pluralismo, la resistencia y la educación inclusiva. Los textos analizan la complejidad de las dinámicas sociales contemporáneas y su relación con la espiritualidad y la ciencia, proponiendo nuevas perspectivas teológicas y educativas. Esta publicación busca promover la investigación teológica y reflexionar sobre problemáticas costarricenses y latinoamericanas.
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ISSN 2215-227X

Revista de Teologa
CulTuRas y Religiosidad:
nuevos paRadigmas y nuevos
desafos
Volumen 6
Nmero 5
2012
issn 2215-227X
R
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Facultad de Filosofa y Letras
Escuela Ecumnica de Ciencias de la Religin
culTuRaS y RelIgIoSIdad:
NueVoS paRadIgmaS y
NueVoS deSafoS
Volumen 6, nmero 5, 2012
ComiTs ediToRiales
esCuela eCumniCa ediToRial seBila
meT. cecilia leme (directora) dr. Jos e. Ramrez (director)
dr. mario mndez m. Sc. Ruth mooney
meT. mnica Ziga (editora) dra. genilma Boehler
dr. francisco mena damaris lvarez
Consejo asesoR inTeRnaCional
dr. Ral fornet-Betancourt, missionswissenschaftliches Institut missio, aachen, alemania.
dr. luis Rivera-pagn, princeton Theological Seminary, princeton, New Jersey, estados
unidos.
dr. Jung mo Sung, universidade metodista, Sao paulo, Brasil.
dr. amando Robles Robles, centro dominico de Investigaciones, costa Rica.
lic. Helio gallardo, universidad de costa Rica, costa Rica.
[Link]. Jonathan pimentel, lutheran School of Theology; chicago, estados unidos.
dr. Juan Jos Tamayo, universidad carlos III, madrid, espaa.
lic. Juan manuel fajardo andrade, universidad complutense de madrid, espaa.
[Link]. Silvia Regina da lima, departamento ecumnico de Investigaciones, costa Rica.
dr. Hctor Samour, uca, el Salvador.
dra. cristina conti, ejrcito de Salvacin, Buenos aires, argentina.
dr. Xabier pikaza, consultor-investigador en ciencias de la Religin, Salamanca, espaa.
dr. Neusa Vaz e Silva, associao Sul americana de filosofa e Teologia Interculturais,
Brasil.
auspiciada por
editorial SeBIla
universidad Bblica latinoamericana
convenio uNa-uBl
maestra en estudios Teolgicos

direccin de la escuela ecumnica de Ciencias de la Religin
direccin: escuela ecumnica de ciencias de la Religin
universidad Nacional
apartado 86-3000. Heredia, costa Rica.
Telfonos: 2562-4061 / 2562-4063 (fax)
correo electrnico: revistasiwo@[Link]
diagramacin y diseo de portada: rick Quirs gutirrez
Impresin: programa de publicaciones e Impresiones de la universidad Nacional
colaboradores en el rea de ingls: Juan carlos flores y Hctor Soto
Todos los derechos reservados. esta publicacin no puede ser reproducida en forma parcial
ni total. la reproduccin electrnica debe contar con la autorizacin de los comits
editoriales.
Volumen 6, nmero 5, 2012
3
Siw. Revista de Teologa es una publi-
cacin anual de la escuela ecumnica
de ciencias de la Religin, facultad
de filosofa y letras, universidad Na-
cional de costa Rica.
la Revista Ecumnica, Servicio de In-
formacin Teolgica apareci por pri-
mera vez en 2004, pero a partir de
2008 se cambi el nombre por Siw:
Revista de Teologa.
esta publicacin tiene como obje-
tivo promover el desarrollo de la in-
vestigacin teolgica realizada en la
escuela ecumnica de ciencias de la
Religin y fuera de sta; los artculos
son originales e inditos y discuten
temas de realidad social que integran
problemticas costarricenses y latino-
americanas.
Siw. Revista de Teologa est inscrita en
latindex : [Link]
mx/ (Sistema Regional de Informacin
en lneas para Revistas cientfcas de
amrica latina, el caribe, espaa y
portugal), y tambin ofrece su versin en
lnea a travs de la siguiente direccin:
[Link]
Volumen 6, nmero 5, 2012
5
ndiCe
presentacin
Mnica Ziga R.
pluralismo, religin y
nuevos escenarios pblicos
en amrica latina: hacia
una teologa de la alteridad
sociopoltica
Nicols Panotto
la construccin simblica
de una resistencia. estudio
literario de apocalipsis 15 y
16
Juan Esteban Londoo
anatoma de los sentidos
sagrados y los cuerpos
malditos: pensar las prcticas
religiosas
Diego Soto M.
indeX
presentation
Mnica Ziga R.
pluralism, religion and
new public stages in
latin america: toward
a sociopolitical alterity
theologies
Nicols Panotto
The symbolic construction
of a resistance. literary study
from Revelation 15 and 16
Juan Esteban Londoo
anatomy of the sacred senses
and cursed bodies: The
mindset of religious practices
Diego Soto M.
7
11
39
69
6 Volumen 6, Nmero 5, 2012
educar con la ayuda de
entornos virtuales de
aprendizaje: una experiencia
de educacin inclusiva y
colaborativa en la escuela
ecumnica de ciencias de la
Religin
Jos Mario Mndez
los aportes de la
pneumociencia de Teilhard de
chardin y de Quirce Balma
para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en
occidente
Alejandro Vargas Carranza
a propsito de las prcticas
cristianas
Helio Gallardo
educating with the
help of virtual learning
environments: an
inclusive and collaborative
educational experience in
the ecumenical School of
Religious Studies
Jos Mario Mndez
The neuroscience from
Teilhard de chardin to
Quirce Balma and their
current contributions to the
dispiritualization problem
lived out in the West
Alejandro Vargas Carranza
Speaking of christian
practices
Helio Gallardo
125
155
181
Volumen 6, nmero 5, 2012
7
[p. 7 p. 9]
en este nmero, ofrecemos diversos textos referidos al estudio
de lo religioso, tema que se vuelve urgente en medio de la com-
plejidad de la sociedad y sus dinmicas. la escuela ecumnica
de ciencias de la Religin, se constituye en observatorio de pro-
cesos sociales, que evidencian prcticas discursivas ligadas con
la educacin, la corporalidad, el pluralismo, la carne, las visio-
nes occidentales, y los nuevos paradigmas sobre espiritualidad
y ciencia. de ah que tambin compartamos con la comunidad
lectora, escritos que versan sobre la resistencia, la espiritualidad,
as como la educacin en un sentido amplio y a la vez, urgente.
el primer texto que ofrecemos pertenece al argentino Nicols
panotto, y se denomina pluralismo, religin y nuevos escena-
rios pblicos en amrica latina: hacia una teologa de la alte-
ridad sociopoltica. all se tratan los temas de la pluralizacin
del campo religioso, su complejizacin dentro de la esfera socio-
poltica, hasta polemizar sobre el concepto de democracia en-
tendida como un ejercicio que conlleva ms al disenso que a la
resolucin inmediata de confictos.
por su parte, el colombiano Juan esteban londoo, refexiona
en torno al Apocalipsis mostrando el llamado a la resistencia que
pResenTaCin
pReSeNTaTIoN
Volver al
ndice
8 Volumen 6, Nmero 5, 2012
permea el ltimo libro de la Biblia. en el texto atribuido impro-
bablemente- a Juan, se da una una inversin total del mundo, al
par de una lucha maniquea entre el bien y el mal, las fuerzas del
caos contra las del reinado mesinico, que, fnalmente, se ins-
taura. el artculo vislumbra un camino de esperanza, a partir del
estudio de ciertos elementos literarios, semiticos y teolgicos.
el tercer artculo se titula anatoma de los sentidos sagrados y
los cuerpos malditos: pensar las prcticas religiosas y aborda la
problemtica del fenmeno religioso, contrariamente a lo que
muchas voces vaticinaron, dista de ser un elemento tangencial
del campo social pues el surgimiento y la proliferacin de diver-
sos movimientos y el crecimiento de algunos ncleos religiosos
monoplicos, muestran que tal fenmeno mantiene un lugar pri-
mario. de ah que su autor, diego Soto, sugiera una reconsidera-
cin por parte de la sociologa sobre el lugar del campo religioso
en el mbito pblico, no obstante sin limitarlo a una nica esfera
de problematizacin.
Tambin, mario mndez, ofrece un artculo en el que se sistemati-
zan muchos de los aspectos que caracterizan el proceso educativo
y la virtualidad. en su texto educar con la ayuda de entornos
virtuales de aprendizaje: una experiencia de educacin inclusiva y
colaborativa en la escuela ecumnica de ciencias de la Religin
el telogo y docente refexiona sobre la perspectiva intercultural,
los procesos educativos respetuosos de la diversidad, el aprendizaje
cooperativo, como paradigma orientador de la educacin virtual,
entre otros. Todo esto, segn l, afanza el enfoque de una educa-
cin comprometida con la emancipacin individual y colectiva, y
con las realidades plurales vividas en el mundo.
en la seccin de estudiantes, ofrecemos la pneumociencia desde
Teilhard de chardin hasta Quirce Balma y sus aportes al actual
Mnica Ziga Rivera Presentacin 9
problema de desespiritualizacin vivida en occidente cuyo au-
tor es alejandro Vargas. all, el trmino pneumociencia es acu-
ado como una mezcla en la que la ciencia -vista en evolucin-
se une con la Religin para as permitir una comprensin y una
vivencia plena de la Realidad. con base en el pensamiento del
francs Teilhard de chardin y el profesor costarricense Quirce
Balma, el texto sugiere una vinculacin con el todo, y en ese
sentido, se descosifca al ser humano y a la creacin, en un mo-
mento clave de la historia del mundo, tal y como lo conocemos.
finalmente, compartimos con quienes nos leen, un ensayo del
chileno radicado en costa Rica Helio gallardo. Su texto
a propsito de las prcticas cristianas, refexiona sobre,
el estudio de las prcticas religiosas, la presencia idoltrica en
Amrica Latina y en sus instituciones y lgicas sociales, as como
los diferentes cristianismos presentes en costa Rica. analizando
categoras clsicas como imaginarios, subjetividad y hasta la fe,
gallardo aboga por continuar profundizando en los discursos y
en las complejas dinmicas sociales, para poder, de alguna forma
repercutir en lo poltico-concreto, aprendiendo a desaprender
constantemente.
esperamos entonces que este nmero conduzca hacia puertas
ms abiertas, y sobre todo, ms transformadoras de esa realidad
que, si bien tiene un carcter precario, no por eso nos deja de
maravillar e interpelar todos los das.
mnica Ziga Rivera
editora
Volumen 6, nmero 5, 2012
11
pluralismo, religin y nuevos escenarios
pblicos en amrica latina: hacia una
teologa de la alteridad sociopoltica
pluralism, religion and new public stages
in latin america: toward a sociopolitical
alterity theologies
Nicols Panotto
1
nicolaspanotto@[Link]
grupo de estudios multidisciplinarios
sobre Religin e Incidencia pblica
Recibido: 22 de junio, 2012
aprobado: 8 de agosto, 2012
1 Nicols panotto, licenciado en Teologa (Iu ISedeT). diplomado en antrop-
ologa Social y poltica (flacSo argentina). maestrando en antropologa Social
y poltica, y doctorando en ciencias Sociales
Resumen
el pluralismo religioso en amri-
ca latina no slo representa una
coyuntura dentro del campo de las
creencias sino que responde a las
reconfguraciones socio-polticas
contemporneas, que se caracteri-
zan por un cuestionamiento a los
imaginarios e instituciones tra-
dicionales y por la heterogeniza-
cin del espacio pblico. en este
artculo analizaremos los nuevos
abordajes socio-antropolgicos
en torno al fenmeno religioso y
la relevancia poltica que posee el
pluralismo en tanto espacio alter-
nativo de construccin identita-
ria, para luego abordar la nocin
de alteridad/trascendencia como
concepto teolgico habilitante de
dicho acercamiento.
[p. 11 p. 38]
Volver al
ndice
12 Volumen 6, Nmero 5, 2012
abstract
Religious pluralism in latin
america not only represents a
juncture in the feld of beliefs but
responds to the contemporary
socio-political reconfgurations,
which are characterized by a
questioning of the traditional po-
litical imaginary and institutions,
and a complexity of the public
arena. This article explores new
approaches to socio-anthropo-
logical analysis of the religious
phenomenon and the political
signifcance that holds pluralism
as an alternative space of identity
construction, analyzing the no-
tion of otherness/transcendence
as a theological concept enabling
this approach.
palabras clave
pluralismo, secularizacin, polti-
ca, alteridad.
Keywords
pluralism, secularization, politics,
otherness.
introduccin
pluralismo es un trmino muy en boga en las ltimas dcadas,
sea en el campo social como tambin dentro de diversas discipli-
nas acadmicas. cules son las nuevas circunstancias que reposi-
cionan una idea tan arraigada a nuestra cotidianidad como marco
analtico? ciertamente se debe a la puesta en escena de una serie
de abordajes, realidades, conceptos, pensamientos, opciones y al-
ternativas que ms all de que hayan estado siempre impresas en
la realidad social, cultural y poltica en que vivimos- nunca fueron
asumidas epistemolgicamente, o sea, como instancias de anlisis,
comprensin y abordaje de los fenmenos sociales.
pluralismo, alteridad, otredad, heterogeneidad, hibridacin, en-
tre muchos otros, representan una serie de enunciados que han
cobrado cada vez ms lugar en los estudios sociales. como men-
cionamos, ello no signifca que sean nuevos fenmenos ya que
dichas instancias siempre han formado parte de las dinmicas
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
13
sociales, polticas, econmicas y culturales. ms bien, se eviden-
cian como marcos analticos que pretenden deconstruir diversos
sentidos propios del imaginario moderno: una idea homognea y
abstracta de sujeto, la preponderancia de idearios socio-polticos
que pretendan la unifcacin identitaria e institucional de lo so-
cial (estado, territorio, nacin, etc.), una lectura reduccionista de
los fenmenos sociales, entre otros. con el transcurso del tiempo
especialmente en el perodo de posguerra- estos conceptos mostra-
ron sus negativas consecuencias para el desarrollo socio-cultural,
al no reconocer la heterogeneidad constitutiva de las sociedades,
al clausurar la imaginacin de los sujetos, al delinear teleolgica-
mente los procesos histricos, y al enmarcar las segmentaciones
sociales y culturales dentro de una jerarqua valorativa.
la idea de pluralismo, entonces, implica no slo la descrip-
cin de un espacio o realidad compuesto de una diversidad de
particularidades sino una operacin hermenutica que asume la
realidad, las identidades, las ideologas, los discursos, no como
entidades homogneas y estancadas sino como espacios consti-
tuidos ontolgicamente por una heterogeneidad de elementos
cuya interaccin hace de esa segmentacin identitaria, discursi-
va, social, religiosa y poltica, una unidad en constante transfor-
macin. esta dinmica se inscribe en otras dos caracterizaciones
centrales: primero, el reconocimiento de la total historicidad de
toda segmentacin signifcante (lo que cuestiona cualquier tipo
apriorismo naturalista, lgico o supra-histrico de una condicin
ontolgica), y segundo, que la constitucin de una identidad se
encuentra atravesada por la alteridad, o sea, por la existencia de
un otro que lo diferencia, lo determina, lo delimita y cuestiona.
por ello, hablar de un contexto plural no es describir un espacio
de particularidades autnomas y autorreferenciales, sin cone-
xin alguna entre s. es, en cambio, un espacio de interaccin
entre diversas partes, en cuyas interacciones crean tambin una
pluralidad de espacios de vinculacin y constitucin.
14 Volumen 6, Nmero 5, 2012
desde este marco general, aplicaremos el pluralismo como clave
hermenutica en dos niveles: en el estudio de la heterogeneidad
constitutiva de cada campo particular (en este caso, lo poltico
y lo religioso), y la caracterizacin de la interaccin entre ellos.
de esta manera, utilizaremos tres marcos analticos (flosofa,
socio-antropologa y teologa), que distan de ser aislados; por el
contrario, se entrecruzan de diversas maneras.
pluralizacin del campo socio-poltico
como mencionamos, el nfasis en la pluralizacin del espacio
pblico en las ltimas dcadas proviene de ciertas reacciones a
los modos, ideologas y estructuraciones institucionales propias
de la modernidad, que entraron en crisis en tiempos de posgue-
rra.
2
podramos resumir algunas de sus caractersticas con las si-
guientes distinciones:
1. Crisis en la nocin de identidad nacional. Nacin, lo
nacional, nacionalidad, son trminos que referen a la
emergencia de los estados modernos en pleno desarrollo y
expansin de occidente. lo nacional se defni histrica-
mente como aquel marco identitario representativo de los
habitantes de un territorio delimitado. estas demarcacio-
nes comenzaron a ser cuestionadas hace ya algunas dca-
das desde diversas propuestas tericas -especialmente desde
estudios poscoloniales, descoloniales y posestructuralistas-,
los cuales evidenciaron la relacin entre la conquista y el
establecimiento de la identidad europea, sus limitaciones
para representar la heterogeneidad de actores en un terri-
torio especfco, y los nuevos desplazamientos, entrecruces
e hibridaciones que se gestan en un espacio socio-cultural
inscripto en un campo globalizado, los cuales cuestionan
2 Ver Hannah arendt, Qu es la poltica?, paids, Barcelona, 1997
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
15
la homogeneidad y esencializacin que pretende el con-
cepto de lo nacional.
3

2. Diversidad de sujetos polticos. el cuestionamiento de la na-
cionalidad como nico o preponderante marco identif-
catorio y simblico, llev a evidenciar la pluralidad cons-
titutiva del campo socio-poltico. la falta de represen-
tatividad del estado-nacin como marco de nominacin
identitaria, as como de otras instituciones tales como los
partidos polticos o ciertas ideologas hegemnicas, im-
puls la construccin de instancias alternativas de accin
y representacin poltica. de esta manera, encontramos
la emergencia de los llamados movimientos sociales, que
crecieron fuertemente durante los 90; el surgimiento de
las oNg y la conformacin del Tercer Sector; y la arti-
culacin de diversas organizaciones, instituciones y redes
representativas de minoras sociales, que se nuclearon y
organizaron con el propsito hacer escuchar su voz, tanto
a nivel social como en el mbito de lo estatal.
4

3. Reconceptualizacin del rol del Estado. estas transformacio-
nes en el campo de los actores sociales y sus representa-
ciones, llev a preguntarse por el rol aglutinante del es-
tado. las oleadas neoliberales imperantes en los 90 in-
tentaron deslegitimar el lugar de esta institucin en pos
de la apertura al mercado, inscripta en una comprensin
que provoc la desintegracin de los tejidos sociales y un
incremento de la desigualdad socio-econmica. un abor-
daje sintetizador ni nacionalista ni neoliberal propone
3 Ver Homi K. Bhabha, comp., Nacin y narracin: entre la ilusin de una identidad y las
diferencias culturales, Siglo XXI, Buenos aires, 2010;
4 Ver ernesto laclau, Nuevas refexiones sobre la revolucin de nuestro tiempo, Nueva
Visin, Buenos aires, 2000; William e. connolly, Identity/Difference. Democratic
Negotiations of Political Paradox, cornell university press, Ithaca, 1991
16 Volumen 6, Nmero 5, 2012
comprender el estado como una institucin representati-
va, no de una unidad nacional sino de una pluralidad de
identidades pertenecientes a un espacio social especfco.
por ende, la funcin del estado no es dejar la sociedad en
manos del mercado ni representar una identidad territo-
rial homognea sino promocionar e instrumentalizar un
espacio que facilite la dinmica, el dilogo y el conficto
constructivo entre una heterogeneidad de actores, sujetos,
instituciones, movimientos e ideologas.
5
4. Una resignifcacin de lo democrtico. por ltimo, la nocin
y el ejercicio de lo democrtico es redefnido dentro del
espectro de esta pluralidad emergente. de la nocin de
democracia como ejercicio de sufragio ciudadano que es-
tablece la voz de la mayora, se la reconceptualiza como
prctica que da voz a todas las partes. la democracia, en-
tonces, deja de ser una instancia que pacifca las diferen-
cias a travs de una unidad homognea representada en la
voz de la mayora electoral, para ser entendida como un
ejercicio que permite que todas las partes tengan lugar y
aporten a la dinmica de lo social. en otros trminos, de-
mocracia no es unidad centrada en la representatividad de
un grupo particular sino un espacio de litigio y conficto
constructivo entre todas las identidades presentes en un
espacio social. es lo que ernesto laclau y chantal mouffe
denominan democracia radical.
6
5 Ver Boaventura de Sousa Santos, Reinventar la democracia, reinventar el Estado,
clacSo, Buenos aires, 2006; Judith Butler y gayatri chakravorty Spivak, Quin
le canta al estado-nacin? Lenguaje, poltica, pertenencia, paids, Buenos aires, 2009
6 Ver ernesto laclau y chantal mouffe, Hegemona y estrategia socialista, fce, Buenos
aires, 2006; aaVV, Democracia, en qu estado?, prometeo libros, Buenos aires,
2010; Jacques Rancire, El desacuerdo, Nueva Visin, Buenos aires, 1996; Jacques
Rancire, El odio a la democracia, amorrortu, Buenos aires, 2007; Jacques Rancire,
Momentos polticos, capital Intelectual, Buenos aires, 2010; claude lefort, La inven-
cin democrtica, Nueva Visin, Buenos aires, 1990
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
17
estos elementos refejan dos caractersticas centrales del espacio
pblico contemporneo. en primer lugar, es un espacio hetero-
gneo, compuesto por una pluralidad de sujetos que poseen una
serie de demandas especfcas (sociales, econmicas, culturales,
identitarias, etc.), desde las cuales realizan reclamos e interactan
entre s. en segundo lugar, lo pblico es un espacio confictivo, en
el sentido de ser la inscripcin de una serie de renegociaciones
constantes, ya sea hacia los mismos movimientos, entre unos y
otros, y con instituciones socio-polticas de representacin ms
amplia, tales como el estado. en este sentido, no estamos ha-
blando de una visin negativa o regresiva del conficto sino, por
el contrario, de la conformacin de un espacio que posibilite la
dinmica, la resignifcacin y la renegociacin constantes, no
slo de grupos o instituciones, sino tambin de valores, perspec-
tivas, sentidos, discursos e ideologas.
pluralizacin del campo religioso
la pluralizacin del campo religioso
7
debe inscribirse tambin en
este contexto de complejizacin del espacio socio-poltico. Hay dos
aspectos a considerar en este sentido. primero, que hay una mayor
sensibilidad con respecto a la heterogeneidad de lo religioso y su
capacidad (re)signifcativa de las experiencias sociales. Segundo, al
contrario de lo que pronosticaron ciertas tradiciones modernas, las
religiones y las comunidades eclesiales cobraron un lugar pblico
y poltico cada vez mayor. ampliemos estos elementos analizando
las resignifcaciones de la comprensin de la secularizacin y, des-
de all, la importancia poltica de la religin, para luego indagar a
modo de ejemplo el caso de argentina.
7 al hablar de campo religioso hago referencia a la nominacin realizada por pierre
Bourdieu, quien entiende dicho espacio en la pluralidad que lo constituye- como
un marco simblico de sentido que no est aislado del resto de los fenmenos socio-
culturales sino que interacta con ellos, en tanto habitus de socializacin y represen-
tacin de sujetos y comunidades. Ver pierre Bourdieu, Gnesis y estructura del campo
religioso, ceIl-pIeTTe, Buenos aires, 2003
18 Volumen 6, Nmero 5, 2012
Resignifcacin de la secularizacin
la reconfguracin del fenmeno religioso en las sociedades mo-
dernas occidentales ha tendido a comprenderse desde un proceso
de secularizacin, defniendo este ltimo como la prdida del lu-
gar pblico y social de la iglesia. el proceso de modernizacin,
caracterizado por la exaltacin de la ciencia como nuevo marco
de comprensin de la realidad (sustituyendo la primaca de la
teologa), el antropocentrismo iluminista de la poca (que relega
la fe al mbito de lo privado) y la complejizacin de la institu-
cionalidad social (donde la estructura eclesial pierde su podio),
son algunos de los elementos que han llevado a considerar que la
religin ha perdido un lugar central en la sociedad actual. discu-
siones recientes han cuestionado este abordaje. el fenmeno re-
ligioso, contrariamente a lo que muchas voces vaticinaron, dista
de ser un elemento tangencial del campo social. por el contrario,
el surgimiento y la proliferacin de diversos movimientos y el
crecimiento de algunos ncleos religiosos monoplicos, mues-
tran que tal fenmeno mantiene un lugar primario. esto, a su
vez, lleva a una reconsideracin por parte de la sociologa sobre
el lugar del campo religioso en el mbito pblico.
uno de los principales puntos en esta discusin es el cuestiona-
miento de la relacin entre modernidad y religin. en este pe-
rodo histrico se profundiza el proceso de secularizacin en dos
sentidos: primero, en la transformacin (diferenciacin) que sufre
la relacin entre lo social y la institucin eclesial (lo que muchos
llaman el desencantamiento); segundo, en el cambio mismo que
experimenta lo religioso en tanto institucin en su propia iden-
tidad, como resultado de esta diferenciacin. oliver Tschannen
8

habla de cuatro elementos caractersticos de la secularizacin, que
8 oliver Tschannen, Sociological controversies in perspective en Review of Religious
Research 36(1): 1994, pp.70-86
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
19
tienen directa relacin con las transformaciones de la sociedad
moderna. primero, se produce un fenmeno de autonomizacin
de las diversas instituciones sociales, y con ello de la eclesial.
esto, a su vez, tiene un doble efecto dentro del fenmeno reli-
gioso: ste comienza a proyectarse en el mbito de lo privado,
lo cual produce un efecto de pluralizacin. Segundo, el proceso
de racionalizacin caracterstico de esta poca profundiza la dife-
renciacin de los fenmenos sociales de la cosmovisin y tutela
religiosa. esto lleva, en tercer lugar, a una mundanizacin de lo
social en sus diversos niveles, lo que en conjunto con el punto
anterior producen, fnalmente, la desacralizacin del mundo.
estos elementos refejan un proceso de profundizacin en el dislo-
camiento de la institucin eclesial con respecto a su lugar social.
pero, como muchas relecturas demuestran, estas transformaciones
distan de ser una recada o proceso de desaparicin de lo religioso.
Tschannen
9
menciona tres elementos que demuestran la falacia
de esta idea: el surgimiento de nuevos movimientos religiosos, el
crecimiento renovado de las grandes religiones tradicionales y la
ampliacin del lugar y poder pblico de las religiones.
por todo esto, podemos reafrmar que la modernidad, ms que el
decaimiento de lo religioso, represent su resignifcacin. en pa-
labras de Jean paul Williame, puede decirse que la modernidad
produce la anomia religiosa en la medida en que desestructura
simblicamente y favorece una cierta movilidad sociorreligio-
sa. en realidad, la modernidad es tambin una desestabilizacin
cultural de la religin que va acompaada de una tendencia a su
desinstitucionalizacin.
10
en otras palabras, el proceso de sub-
jetivacin de lo religioso signifc un profundo cuestionamiento
9 oliver Tschannen, op. cit., p.71
10 Jean paul Williame, dinmica religiosa y modernidad en gilberto gimnez, ed.,
Identidades religiosas y sociales en Mxico, uNam, mxicos, 1996, pp. 47-66
20 Volumen 6, Nmero 5, 2012
a la institucionalidad eclesial, produciendo de esta manera un
proceso de pluralizacin y diversifcacin del campo. por ello, la
modernidad imprimi una crisis de las creencias en tanto meta-
rrelatos, pero no una crisis en el creer.
desde esta mirada, podemos decir que la modernidad trajo con-
sigo un cambio de rumbo favorable al fenmeno religioso, ms
an en lo que respecta a su lugar social. ms an, tal prolife-
racin puede tomarse como una promocin del despliegue de
contradicciones y de la pluralidad caractersticas de las socieda-
des modernas. Tampoco hay un abandono de las grandes religio-
nes, como el cristianismo. estas, ms bien, son reconfguradas en
medio de los bricolages socio-religiosos o son mantenidas como
reservas de sentido frente a diversas situaciones contextuales.
como concluye Hervieu-lger:
esto obliga a reconsiderar el propio fenmeno de la seculari-
zacin: no se trata de un proceso de separacin de la religin
en una sociedad masivamente racionalizada, sino un proceso de
recomposicin de lo religioso, en el seno de un movimiento ms
vasto de redistribucin de las creencias, en una sociedad cuya
incertidumbre es por el hecho mismo de la primaca que con-
fere al cambio y a la innovacin- condicin estructural.
11

por su parte, pablo Semn
12
-siguiendo a otvio Velho- afrma
que la radical historicidad de lo social que pregona la moderni-
dad es precisamente la antesala para una crtica de la religin
como fenmeno monoltico, descartado en el proceso secularizan-
te. ms an, categoras tales como secularizacin y religin
11 danile Hervieu-lger, por una sociologa de las nuevas formas de religiosidad:
algunas cuestiones tericas previas en gilberto gimnez, op. cit., pp.31-32
12 pablo Semn, la secularizacin entre los cientistas de la religin del mercosur en
carozzi y cernadas, Ciencias sociales y religin en Amrica Latina, editorial Biblos,
Buenos aires, 2007, p.54
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
21
pretenden ser defniciones globalizadoras que requieren ser des-
naturalizadas de su falsa representacin monoltica en torno al
campo plural y heterogneo que representan.
Qu signifca, entonces, la secularizacin? Una transformacin
del lugar social de la religin. No hay una prdida sino una re-
localizacin acorde a la misma diversifcacin del espacio social
moderno. la privatizacin de lo religioso no debe ser entendida
desde la perspectiva del sujeto aislado (idea que ciertamente po-
see reminiscencias modernas) sino en el nuevo nfasis del lu-
gar de la agencia a nivel social. por ello, se puede decir que la
pluralizacin de lo religioso permiti una mayor diversifcacin
de espacialidades de infuencia y accin social. en palabras de
alejandro frigerio,
el pluralismo no es entonces slo un estado de cosas, sino una
visin que impregna la cultura. este reduce la legitimidad de
algunas creencias y la capacidad de aquellas personas con poder
poltico para imponerlas, pero no necesariamente requiere o da
lugar a la desaparicin de las creencias hegemnicas (como el
catolicismo en pases de mayora catlica).
13
La politicidad del pluralismo religioso
podemos ver que los intentos de secularizacin del discurso social
en la modernidad entendidos como desacralizacin-, as como
ciertos abordajes de la relacin entre religin y estado, irrumpen
en el corazn mismo de su imaginario y proyecto socio-poltico,
al menos en dos sentidos. en primer lugar, ello implica recono-
cer la politicidad de otros actores sociales, ms all del estado o
los partidos (lo cual se vincula no slo con la religin sino con
13 alejandro frigerio, Questioning religious monopolies and free markets: the role
of the estate, the church(es) and secular agents in the management of religion in
argentina, 2011, Indito
22 Volumen 6, Nmero 5, 2012
otras institucionalidades, tales como los movimientos sociales,
grupos de reivindicacin de minoras, etc.) y en segundo lugar,
complejiza la comprensin del espacio pblico, al reconocer la
multidimensionalidad de la accin de los sujetos.
14

en esta direccin, existen estudios que resignifcan la compren-
sin de la separacin entre estado y religin. la enarbolacin
de este elemento en forma contrastante parece ser ms bien el
triunfo de un tipo de secularismo extremo que no atiende a la
complejidad del plural mundo religioso. Veit Bader ha dedicado
un ensayo a este punto, argumentando que la construccin de un
espacio democrtico elemento central de la poltica moderna-
implica tambin la apertura de una espacialidad para el pluralis-
mo religioso contemporneo. en sus palabras:
priorizar la democracia no debe confundirse con una estrategia
secularista de purifcar la razn pblica de argumentos religiosos.
por el contrario, el criterio decisivo debe ser el reconocimiento
de que ningn tipo de verdad autoproclamada, sea religiosa, f-
losfca o cientfca, es enarbolada para controlar la deliberacin
poltica democrtica y la toma de decisiones.
15

de aqu la necesidad de virar el anlisis de la transformacin de
la relacin entre estado y religin (o religiones) desde el cuestio-
namiento de la tutela de ciertos grupos monoplicos con respec-
to al sistema poltico y pblico, hacia la apertura de un espacio
que facilite el desarrollo de diversas expresiones. por ello -afrma
nuevamente Bader-
14 Ver William e. connolly, Why I am Not a Secularist, university of minnesota press,
minneapolis, 1999
15 Veit Bader, Religious pluralism. Secularism or priority for democracy? en Political
Theory, Vol. 27, N 5, 1999, p.602
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
23
la prioridad de la democracia signifca, para comenzar, que prin-
cipios, instituciones, culturas, virtudes y prcticas de la demo-
cracia liberal tienen prioridad sobre los fundamentos compe-
tentes y por momentos incompatibles de la democracia liberal,
sean religiosas, flosfcas (metafsica, ontolgica, moral, ti-
ca), o cientfca. por ello, todas las opiniones y voces, como los
votos, tienen que contar igualitariamente cuando implica la
toma de decisiones, inclusive si las elites paternalistas, por las
mejores razones, piensan que ellas estn desinformadas, mal
informadas, falsas, moralmente incorrectas, y dems. la demo-
cracia liberal, entendida de esta manera, no puede ser neutra,
no debera serlo.
16
Joanildo Burity, por su parte, habla de cuatro aspectos centrales
sobre la relacin entre poltica y pluralismo religioso, especial-
mente en amrica latina.
17
en primer lugar, las religiones son
un elemento constitutivo de las sociedades del continente, las
cuales son frecuentemente olvidadas dentro de los debates po-
lticos. Segundo, no se puede negar el lugar que poseen las reli-
giones en el mbito de lo pblico. en estas ltimas dcadas, esta
presencia se ha refejado en una mayor interaccin de gobiernos
con iglesias y organizaciones religiosas en la ejecucin de trabajos
sociales, la consideracin del tema religioso por parte de organiza-
ciones civiles, la inclusin de lo religioso como poltica cultural,
entre otros. en tercer lugar, es posible analizar los fenmenos reli-
giosos y su relacin con el espacio pblico en la misma dinmica
de la relacin entre sociedad civil y estado. por ltimo, los espa-
cios religiosos son tambin campos de articulacin de discursos e
imaginarios polticos, con agendas pblicas especfcas.
16 Veit Bader, op. cit., pp.612-613
17 Burity, Joanildo a. (2009), Religio e lutas identitrias por cidadania e justia:
Brasil e argentina. Cincias Sociais Unisinos (45), 3, pp.183-195.
24 Volumen 6, Nmero 5, 2012
ampliando este ltimo punto, la relacin entre poltica y re-
ligin suele abordarse tradicionalmente desde una perspectiva
institucionalista, o sea, viendo lo poltico de la religin en relacin
a otras instituciones sociales tales como el estado, los partidos,
etc. pero algunos abordajes contemporneos que proponen ha-
cer una distincin entre lo poltico y la poltica, lleva a resignifcar
esta visin.
18
lo primero se lo entiende como aquella instancia
de construccin identitaria de un sujeto o grupo determinado,
que involucra un proceso constante que busca responder a las di-
versas demandas particulares de los actores en sus contextos. La
poltica, por su parte, se vincula con la construccin de instancias
institucionales que historizan y concretizan dichos procesos de
bsqueda identitaria. pero el elemento central de esta relacin
es que la poltica est siempre sumida al proceso de lo poltico. esto
quiere decir que toda institucin social es transitoria, y que con-
viven en un espacio heterogneo que se reconstituye constan-
temente segn las demandas y bsquedas de los sujetos y grupos
que lo componen.
esta distincin -que imprime el campo de lo poltico como cons-
truccin de lo identitario ms all de la caracterizacin que po-
seen ciertos tipos de institucionalizacin tradicional- nos ayuda
a ver que los espacios religiosos y eclesiales son campos de cons-
titucin socio-poltica en tanto sitios de bsqueda y construc-
cin de sentido identitario. ms an, nos permite pensar en la
politicidad de lo religioso no ya desde una perspectiva institucio-
nalista o sea, como dijimos, desde la relacin con ciertas ins-
tituciones especfcas- sino desde su misma especifcidad. en otras
palabras, las instancias litrgicas, discursos teolgicos y disposi-
tivos rituales de todo espacio religioso representan campos de
constitucin socio-poltica en tanto marcos de creacin de sen-
tido existencial. finalmente, desde esta perspectiva, promover la
18 chantal mouffe, En torno a lo poltico, fce, Buenos aires, 2007, pp.15-40
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
25
pluralizacin de lo religioso implica una tarea intrnsecamente
poltica, ya que permite crear dinmicas de inclusin y reconoci-
miento de subjetividades y actores, lo que representa un elemen-
to central para la radicalizacin del campo democrtico actual.
Regulacin del pluralismo: el caso de Argentina
analicemos el ejemplo de argentina para ver cmo la poltica y
la religin siempre han ido de la mano, y cmo su abordaje tie-
ne directas implicancias pblicas. mara Soledad catoggio
19
nos
ofrece un estudio sucinto pero clarifcante sobre cmo se admi-
nistra el asunto del pluralismo religioso argentino. ms all de
los embates que ha tenido el pensamiento liberal -especialmente
francs- con respecto a la laicizacin de lo estatal, en amrica
latina el culto catlico siempre mantuvo un lugar de infuencia
central, tanto en lo que refere a su sostenimiento como en el re-
conocimiento de su personera jurdica. la lucha por la libertad
religiosa de cultos no catlicos vino de la mano de acuerdos po-
lticos y econmicos con distintos pases, tal como el tratado de
amistad que argentina frm en 1825 con Inglaterra, donde la
libertad de comercio implic la libertad de cultos de los sbditos
ingleses en territorio nacional.
para 1940, estas comunidades comienzan a perder su estatus de
iglesias de transplante, para asumir una condicin local y au-
tctona. es por ello que el gobierno militar iniciado en 1943,
promulga un Registro Nacional de cultos en 1948 para todos
los cultos que se profesen en el territorio de la Repblica, distin-
tos del catlico apostlico Romano. el contexto de este regis-
tro es una respuesta a la cruzada antiprotestante que surgi en
19 mara Soledad catoggio, gestin y regulacin de la diversidad religiosa en la ar-
gentina. polticas de reconocimiento estatal: el Registro Nacional de cultos en
fortunato mallimaci, ed., Religin y poltica, editorial Biblos, Buenos aires, 2008,
pp.105-116
26 Volumen 6, Nmero 5, 2012
1945, con profundos tintes antibritnicos y antinorteamerica-
nos. en esta poca tambin se hablaba del judasmo y su relacin
con el comunismo ruso, lo cual implicaba una amenaza a la
identidad nacional. en otros trminos, la vinculacin directa
entre la argentinidad y el catolicismo, haca que cualquier ele-
mento exgeno que desestabilizara el lugar hegemnico de este
ltimo, signifcara tambin una intimidacin de lo nacional.
en resumen, este registro se transform en una herramienta para
caratular y estigmatizar a los otros, a los distintos, los disi-
dentes, y de esa manera silenciarlos sin darle el reconocimiento
pblico correspondiente. algo similar sucedi en los 70 con las
llamadas religiosidades populares y en los 80 con el crecimiento
del pentecostalismo, a quienes se caratul, junto a otros movi-
mientos religiosos, de sectas, hecho por lo cual recibieron una
fuerte persecucin. podemos ver, entonces, que la regulacin y
el reconocimiento del pluralismo religioso en argentina van de
la mano con los vaivenes polticos de cada poca.
por un lado, la estigmatizacin de la diversidad responde al mo-
nopolio de ciertos espacios religiosos hegemnicos, los cuales
tambin son funcionales a otros poderes (polticos, sociales, eco-
nmicos, etc.) por otra parte, estas instancias se transforman en
campos de disputa entre imaginarios socio-polticos (tales como
el sentimiento antibritnico y la bsqueda del ser nacional ar-
gentino).
podemos concluir que la construccin de un espacio de recono-
cimiento y desenvolvimiento de las diversas expresiones religio-
sas conlleva una visin socio-poltica que supere una defnicin
homognea de pas y nacionalismo, hacia la apertura de un espa-
cio de inclusin de diversas instancias de cosmovisin religiosa,
que son a su vez como dijimos anteriormente- instancias de
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
27
construccin de imaginarios polticos. con ello, se aporta a la
creacin de una prctica democrtica radical y la inclusin pol-
tica de los y las creyentes en tanto sujetos activos, o sea, ciuda-
danos y ciudadanas.
Hacia una teologa de la alteridad socio-poltica
frente a estos escenarios, cules son, entonces, los desafos que
se presentan a la teologa? desde lo abordado, podemos encon-
trar tres:
1. Valorar la diferencia socio-cultural y religiosa como ins-
tancia de reconocimiento del otro en su pleno derecho.
2. asumir la riqueza poltica de un espacio plural regido por
la lgica de la diferencia.
3. evidenciar la transitoriedad de cualquier tipo de institu-
cionalidad social, cultural y religiosa.
uno elemento teolgico para responder a estos desafos es la re-
cuperacin y resignifcacin de la nocin de alteridad y trascenden-
cia divina. Inmanencia y trascendencia son dos polos en cons-
tante conficto dentro de la teologa. el problema surge cuando
dicha dinmica se desvanece al caer en alguno de los extremos:
en la absolutizacin inamovible de una nocin concreta de lo
divino y su actuar, o en una trascendencia ahistrica y vaca de
signifcado para la humanidad. por ello el desafo es mantener la
tensin abierta, donde el sentido de lo absoluto, lo indecible, del
misterio, sirva a la creacin de una pluralidad de posibles expre-
siones particulares de lo divino, y as cuestionar cualquier posible
absolutizacin. Recordemos que una visin teolgica responde
a, promueve y legitima una visin socio-poltica especfca. por
ende, deconstruir el estatus ontolgico de lo divino implica tambin
una deconstruccin ontolgica del campo social que representa. en
28 Volumen 6, Nmero 5, 2012
el contexto que acabamos de describir, la nocin de alteridad
o trascendencia sirve para promover la apertura de un espacio
de reconocimiento del otro, de lo diferente, de la diversidad, y
con ello la construccin de un escenario poltico heterogneo
y plural donde las religiones, las comunidades eclesiales y otras
formas de accin y pensamiento poltico convivan en una prc-
tica radical de la democracia.
alteridad no es slo lo que va ms all de una particularidad sino
tambin lo que la atraviesa. la diferencia no es la frontera que
sirve a la delimitacin de dos o ms entes. menos an la absolu-
tizacin supra-histrica de una entidad, ideologa o forma social.
La alteridad representa la constitucionalidad ontolgica hbrida y no
absoluta de cualquier tipo de segmentacin. en tanto sujetos y co-
munidades, somos constitutivamente plurales y heterogneos; la
alteridad, lo distinto, lo otro, nos atraviesa en nuestra misma
constitucin y, a su vez, nos abre a lo nuevo, al encuentro con lo
diferente, con el otro.
por ello es importante recuperar la nocin de alteridad y tras-
cendencia en la teologa, pero desde una mirada alternativa a las
nociones tradicionales. la teologa de la liberacin ha hecho un
aporte interesante al respecto con su concepto de una sola historia.
dice gustavo gutirrez en su clsico Teologa de la liberacin:
no hay dos historias, una profana y otra sagrada yuxtapuestas o
estrechamente ligadas, sino un solo devenir humano asumido
irreversiblemente por cristo, Seor de la historia la historia
de la salvacin es la entraa misma de la historia humana el
devenir histrico de la humanidad debe ser defnitivamente si-
tuado en el horizonte salvfco. Solo as se dibujar su verdadero
perfl y surgir su ms hondo sentido.
20
esta afrmacin posee
20 gustavo gutirrez, Teologa de la liberacin. Perspectivas, cep, lima, 1996 [1971],
pp.245-246
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
29
ciertos matices y limitaciones, ya que puede llevar a una com-
prensin inmanentista de la historia y de la economa divina
elementos que han sido cuestionados por la misma teologa de
la liberacin-, pero abre un valioso espectro hermenutico al im-
primir la nocin de salvacin dentro de las dinmicas sociales.
en este sentido, podramos comprender la trascendencia divina
como aquella instancia que abre la historia desde adentro, desde
su densidad. de aqu, Ignacio ellacura afrma que esto consiste
[] en ver la trascendencia como algo que trasciende en y no
como algo que trasciende de, como algo que fsicamente impulsa
a ms pero no sacando fuera de; como algo que lanza, pero al
mismo tiempo retiene [] puede separarse dios de la historia,
pero no puede separarse de dios la historia [] la trascenden-
cia de la que hablamos se presenta como histrica y la historia
se presenta a su vez como trascendente [].
21

en otras palabras, la trascendencia divina no tiene que ver, en-
tonces, con el ms all de la historia sino con el siempre ms de
sus posibilidades. la trascendencia se relaciona con el mismo
misterio de la existencia. Volviendo a lo que decamos al inicio:
comprender la trascendencia de lo divino en la historia, conlle-
var a una prctica teologal, una espiritualidad, una eclesiologa
y un compromiso poltico religioso donde la alteridad, la apertu-
ra a lo diferente, lo diverso, lo otro, sean elementos centrales de
su dinmica y constitucin.
la historia de la teologa cristiana nos da varios ejemplos tan-
to de la cooptacin de la alteridad divina en las construcciones
dogmticas como de su promocin en un sentido crtico, y con
ello de la funcionalidad que han tenido en la legitimacin de
21 Ignacio ellacura, Historicidad de la salvacin cristiana en Ignacio ellacura y Jon
Sobrino, comps., Mysterium Liberationis, Tomo I, uca editores, San Salvador, 1993,
pp.328-329
30 Volumen 6, Nmero 5, 2012
regmenes totalitarios o en la apertura de discursos y prcticas
alternativos.
22
con respecto al primero, podramos mencionar
el credo Niceno (325 d.c.) -baluarte teolgico del cristianis-
mo- que surge del concilio convocado por constantino, empe-
rador del Imperio Romano, con el propsito de establecer un
marco teolgico unifcador que condene las diversas heterodo-
xias que estaban causando tensiones dentro del orden imperial.
ms all de la riqueza teolgica que encontramos en el credo,
el sentido de homoousios (misma esencia entre padre e Hijo),
piedra angular del mismo, implica una defnicin en un sentido
estricto- esencializada de lo divino, que clausur la discusin y
silenci voces divergentes. en resumen, esta censura del discurso
teolgico, especialmente de la diferencialidad constitutiva de lo
divino en una misma esencia, responda a una mxima poltica
del momento: homogeneizar un discurso teolgico que sea fun-
cional a la unidad del imperio frente a las voces heterodoxas que
amenazaban la centralizacin.
podemos tambin encontrar otros ejemplos de cmo la nocin
de trascendencia y alteridad divina sirvieron como instancias de
cuestionamiento a discursos absolutos y prcticas totalitarias.
Recordemos a martn lutero y su concepto de Deus Abscondi-
tus
23
(dios oculto), que sirvi para disputar con la teologa na-
tural tomista imperante, la cual fusionaba naturaleza y persona
divina, y con ello el dogma fundante de la iglesia-institucin y
su rol en el orden natural (y por ende, social). Tambin tene-
mos a Karl Barth con su teologa dialctica y la idea del dios
Totalmente otro. este concepto que ciertamente ha recibido
22 Ver Joerg Rieger, Globalization and Theology, abingdon press, Nashville, 2010
23 pues en su actuar como dios oculto, l no se auto-limit mediante su palabra, sino
que se reserv plena libertad sobre todas las cosas. la disquisicin, empero, en su ig-
norancia se engaa a s misma al no hacer distincin alguna entre el dios predicado
y el dios oculto, esto es, entre la palabra de dios y dios mismo. martn lutero, el
dios oculto en Obras de Martn Lutero, Tomo IV, editorial paids, Buenos aires,
1976, p.165
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
31
muchas crticas- emerge de la decepcin de este telogo frente
a la legitimacin religiosa del nazismo por parte de varios de sus
profesores liberales. Barth no fue ningn ingenuo sobre la rele-
vancia poltica de la teologa. por eso, para l fue fundamental
la dialctica dios-cristo-palabra-Iglesia como marco de lectura
socio-histrica. dios permaneca como Totalmente otro, por lo
cual ningn sistema poltico poda abogarse la representacin
divina en el mundo (tal como lo haca Hitler). pero la iglesia, en
tanto seguidora de cristo, vive en la realidad del reino de dios,
el cual se encarna en la historia pero la abre al devenir de la ac-
cin divina. aqu vemos esta trada barthiana central: alteridad
divina-historizacin cristolgica-militancia del Reino.
24
en esta direccin, la nocin trinitaria tambin se transforma en
smbolo y clave de lectura socio-poltica. Rudolf von Sinner ha-
bla de cuatro analogas teolgicas desde la trinidad que sirven a
una resignifcacin de la ciudadana.
25
en primer lugar, la alteri-
dad constitutiva de lo comunitario y lo identitario como espacio
de reconocimiento del otro (as como las tres personas divinas
son una en su diferencialidad). en segundo lugar, la participa-
cin activa de los diversos sujetos que componen la comunidad
(aqu una reinterpretacin del trmino perojoresis como compe-
netracin de las diversas personas divinas). en tercer lugar, la
confanza, donde dios ofrece un marco de sentido a las prcticas
democrticas en contextos de inestabilidad. y por ltimo, la co-
herencia, no como unifcacin sino como proyeccin hacia el
otro, donde las prcticas polticas se orientan a la comunidad y
no a la conveniencia individual.
24 Ver Karl Barth, Comunidad civil y comunidad cristiana, ediciones Tauro, montevideo,
1967
25 Rudolf von Sinner, a Santssima Trinidade a melhor comunidade en Estudos
Teolgicos, Vol. 48, no. 2 (2008), So leopoldo (Brasil):escola Superior de Teologia,
1961,p.51-73
32 Volumen 6, Nmero 5, 2012
es interesante notar que la flosofa poltica contempornea ha
vuelto a la teologa, y en especial a la nocin de alteridad (te-
nemos los ejemplos de Jacques derrida, gianni Vattimo, Slavoj
iek, alain Badiou, John caputto, entre otros y otras). ernesto
laclau escribi un breve artculo titulado Sobre los nombres de
dios.
26
en este texto, refexiona sobre algunos maestros y tex-
tos del misticismo, tales como el pseudo-dionisio y el maestro
eckhart, quienes hablaron de la imposibilidad de nombrar en
forma absoluta a dios, ms all de comprensiones especfcas y
aleatorias que podamos enunciar desde nuestra experiencia con
lo divino. por eso, tal como afrman los msticos, dios se defne
en el silencio.
27
ms bien, el silencio es lo que atraviesa las pa-
labras que intentan nominar a dios: ellas representan una par-
cialidad de lo divino, aunque no pueden clausurar la defnicin
de su persona. en otras palabras, la misma comprensin de dios
muestra la paradoja entre lo particular y lo absoluto, que se da no
slo en la teologa sino en la vida cotidiana. de aqu que la ten-
sin entre estos dos elementos tienen una profunda implicancia
poltica, tal como lo sintetiza laclau:
Si la experiencia de aquello a que nos hemos referido en trminos
del doble movimiento materializacin de dios/deifcacin de
lo concreto habr de vivir a la altura de sus dos dimensiones, ni
el absoluto ni lo particular pueden aspirar a una paz fnal entre
s. esto signifca que la construccin de una vida tica depender
de mantener abiertos los dos lados de esta paradoja: un absoluto
que slo puede ser realizado en la medida en que sea menos que
26 ernesto laclau, Sobre los nombres de dios en Misticismo, retrica y poltica, fce,
2002, pp.101-127
27 dice Bruno forte: este silencio es la experiencia de la dramaticidad del fracaso:
el fracaso consistente en que los caminos de dios no son slo los de la palabra y la
respuesta, sino tambin aquellos, perturbadores, de la nada del silencio. las imper-
fecciones de dios. el evangelium crucis y lo sagrado como reverso de dios en flix
duque, ed., Lo santo y lo sagrado, editorial Trotta, madrid, 1993, p.152
Nicols Panotto
Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
33
s, y una particularidad cuyo solo destino es ser la encarnacin
de una sublimidad que trasciende su propio cuerpo.
28
el concepto de alteridad, entonces, implica evidenciar ese es-
pacio de misterio, de silencio, de diferencia, que se juega dentro
y entre las identidades instituidas. lo absoluto no existe como
entidad acabada fuera de la pluralidad de particularidades que lo
compone, as como ninguna particularidad puede absolutizarse a
razn de la misma existencia del otro. esta dinmica entra en jue-
go al reconocer el espacio diferencial en que habitamos. de aqu,
franz Hinkelammert habla de la necesidad de la apertura de un
espacio teolgico que promueva la imposibilidad de absolutizacin de
toda opcin socio-poltica concreta, con la intencin de evidenciar
tanto la fragilidad del status quo como tambin la contingencia
identitaria de cualquier tipo de identidad poltica (sea un poder
central o una prctica emancipatoria). podramos decir que la
presencia divina en la historia dispone un vaco ontolgico y abre
la espacialidad necesaria para la creacin de un espacio plural,
compuesto de un sinnmero de particularidades que intentan
dar sentido a la inevitable necesidad de nominar (lo divino, lo
social, la identidad, etc.) aunque nunca pueden clausurar defni-
tivamente dicha bsqueda. ms an, esta dinmica deconstruye
el propio estatus ontolgico de la misma particularidad. aqu la
importancia de lo que Hinkelammert llama imaginacin trascen-
dental, como punto de partida de los conceptos trascendentales
que los procesos de institucionalizacin producen cuando quie-
ren clausurar su identidad y poder. en sus palabras:
mientras los conceptos trascendentales parten de objetivacio-
nes de las relaciones sociales entre los sujetos y los llevan al
lmite de conceptos de perfeccin institucional, la imaginacin
28 ernesto laclau, op. cit., p.127
34 Volumen 6, Nmero 5, 2012
trascendental parte del reconocimiento entre sujetos efectiva-
mente experimentados, trascendentalizndolos tambin en una
situacin de perfeccin.
29

en resumen, la bsqueda de un espacio de alteridad socio-poltica
requiere de una imaginacin trascendental que deconstruya todo par-
ticularismo, que promueva la pluralizacin del contexto religioso y
denuncie toda absolutizacin de poder que clausure la heterogeneidad
y la libertad. Este mismo acto constitutivo de lo plural desde la nocin
de alteridad divina y la relativizacin de cualquier voz particular, es
en s un acto poltico ya que promueve un sentido y una prctica que
apelan a la necesidad de resignifcar lo identitario y en ver lo socio-
histrico como un campo abierto a la constante nominacin, y no
desde la clausura desde un universal particular (sea religioso, poltico,
ideolgico, etc.)
la teologa latinoamericana ha hablado mucho de que dios se
encuentra en los mrgenes. Radicalizando este elemento, pode-
mos decir que dios se encuentra y acta en las fronteras de sentido
de la existencia, permitiendo trascender crticamente cualquier
tipo de absolutismo poltico y religioso, como tambin promueve
la necesidad de la existencia de un espacio socio-poltico hete-
rogneo y plural. como dice Hannah arendt, es la bsqueda del
milagro que evoca la trascendencia de la fe cuando surge algo
inesperado e imprevisible.
30

Conclusin
Hemos analizado cmo el pluralismo religioso no implica sola-
mente una descripcin coyuntural del conjunto de expresiones
que personifcan su campo, sino que representa un fenmeno
29 franz Hinkelammert, Crtica de la razn utpica, deI, San Jos, 1990, p.257.
30 Hanah arendt, op. cit., pp.64-65
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Pluralism, religion and new public stages in Latin
America: toward a sociopolitical alterity theologies
35
dentro de la complejizacin y heterogenizacin del espacio
socio-poltico contemporneo. de esta manera, dicha pluraliza-
cin debe ser comprendida como constitucin de un lugar di-
ferencial que promueve la creacin de imaginarios sociales, la
inclusin de diversos agentes a travs del reconocimiento de sus
narrativas y experiencias, y la promocin de la necesaria diferen-
ciacin del campo social.
la teologa posee un rol central en la promocin y manteni-
miento de esta pluralidad. para ello, hemos recurrido a la idea de
alteridad/trascendencia trminos utilizados no slo por la teo-
loga sino tambin por la flosofa poltica contempornea-, cuya
tensin constitutiva permite realizar una relectura de la tensio-
nalidad inherentes a la complejidad del espacio socio-poltico y
religioso desde su visin en torno a la dinmica presente en la
manifestacin histrica de lo divino. dicha alteridad se mantie-
ne presente en las particularidades, as como cada una de ellas
se ve atravesada por lo trascendente, deconstruyendo as la clau-
sura de su estatus ontolgico como posible nica nominacin.
esta dinmica, llevada al campo de lo socio-poltico, permite
la construccin de un espacio de signifcacin abierto desde la
diferencialidad que imprime el lugar del otro y los otros.
en otros trminos, la promocin de la alteridad implica una
respuesta tica hacia el otro, hacia la diferencia en tanto ele-
mento constitutivo de la existencia, especialmente hacia el
marginado/a y excluido/a por el orden establecido (sea social,
econmico, sexual, cultural, etc.) es hacer de la pluralidad una
instancia de reivindicacin de las particularidades y de crtica
a los poderes centrales y los marcos homogeneizantes de lo po-
ltico. es la creacin de un pensamiento fronterizo (Walter mig-
nolo
31
) que parta de los mrgenes del poder del conocimiento
31 Walter mignolo, Desobediencia epistmica, ediciones del Signo, Buenos aires, 2010
36 Volumen 6, Nmero 5, 2012
para desautorizarlo. es, tambin, la bsqueda de la pluralidad de
alternativas que permitan los espacios entre-medio (Homi Bha-
bha
32
) que existen entre cualquier determinacin, para buscar y
encontrar lo diverso desde en palabras de gustavo gutirrez- el
reverso de la historia.
33
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Volumen 6, nmero 5, 2012
39
la construccin simblica de una resistencia.
estudio literario de Apocalipsis 15 y 16
The symbolic construction of a resistance.
literary study from Revelation 15 and 16
Juan Esteban Londoo
1
ayintaita@[Link]
departamento de formacin de la Iglesia metodista, colombia

Recibido: 6 de abril, 2012
aprobado: 8 de agosto, 2012
1 colombiano. profesor de Biblia y teologa. Vocalista de aggelos. Interesado en teo-
loga latinoamericana, culturas underground, msica, arte, pintura, literatura, est-
ticas contemporneas, flosofa, hermenutica.
Resumen
este artculo presenta apocalip-
sis 15-16 de manera literaria, es-
tableciendo conexiones intertex-
tuales y refexionando de manera
socio-antropolgica los smbolos
desplegados en el texto. Se vale
de la narratologa y los estudios
sociolgicos del Nuevo Testa-
mento para tratar de comprender
el signifcado de este mensaje li-
berador. Bajo estos parmetros,
concluye que el Apocalipsis es un
llamado a un xodo constante, a
liberar la fuerza csmica interior
y comunitaria que destruye a las
fuerzas del caos, y a aferrarse con-
fadamente a la esperanza como
la manera activa de creer y actuar
cuando la vida est amenazada.
palabras clave
Smbolos, resistencia, literatura,
Apocalipsis.
[p. 39 p. 67]
Volver al
ndice
40 Volumen 6, Nmero 5, 2012
abstract
This article presents Revelation
15-16 in a literary way, making
intertextual connections and
refecting from socio-anthropo-
logical way the symbols. It uses
the narratology and the New
Testaments sociological studies
to try to establish the meaning of
this liberator text. Its conclusions
shows how Revelation is a calling
to a permanent exodus, to release
the individual and collective cos-
mic strength in order to destroy
chaos forces, and to holding on,
as a result of an active way of be-
lieve and act when life is under
menace.
Keywords
Symbols, resistance, literature,
Revelation.
introduccin
este artculo aborda los captulos 15 y 16 de apocalipsis de una
manera literaria. Busca el fondo antropolgico a travs del en-
tramado de smbolos, y manera evidencia las dimensiones hu-
manas, y las luchas sociales que se dejan ver en el texto. estos
captulos refejan un encuentro entre los smbolos culturales del
pasado (el xodo y la literatura apocalptica del aT), la lectura
crtica del presente (frente al imperio romano y las religiones
rivales), y la construccin literaria de un futuro (el juicio, la des-
truccin de Babilonia, y las perspectivas que se van perflando
para una nueva creacin).
para proceder a este anlisis, se parte del hecho de que el relato
corresponde a la dimensin mtica de una literatura especfca, la
apocalptica. el mito y el smbolo son caractersticas literarias y
culturales, con capas narrativas superpuestas unas a otras, y que
forman identidad, esperanza, utopas y crticas frente al mundo
imperante. el mito es una narrativa de smbolos que pretende
dar una comprensin de la realidad humana en su totalidad, al
Juan Esteban Londoo 41
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
resaltar cmo comenzaron las cosas y cmo terminarn, y situan-
do la experiencia humana en un todo que da orientacin y sen-
tido para la vida. frente al mito, dice paul Ricoeur, que no es
una falsa explicacin por medio de imgenes y de fbulas, sino
un relato tradicional referido a acontecimientos ocurridos en el
origen de los tiempos y destinado a fundar la accin ritual de
los hombres de hoy y, de modo general, a instaurar todas las for-
mas de accin y de pensamiento mediante las cuales el hombre
se comprende a s mismo dentro de su mundo (Ricoeur, 2004,
170-171).
el mito busca narrar lo que no se tiene, a manera de prdida o
de esperanza. y busca una compensacin simblica frente a las
carencias materiales que se experimentan. el libro de apoca-
lipsis es, en este caso, una construccin simblica para resistir
ante las imposiciones de la cultura romana, una situacin social
en la que la desventaja no permite la intervencin directa de
las comunidades que se sienten marginadas. es una obra de arte
que va del mito personal de un profeta a una narracin colectiva
que se alimenta de las profundidades de una tradicin, y que ser
enriquecida a lo largo de la historia por imaginarios diversos.
1. aspectos narrativos
el libro de apocalipsis debe ser comprendido como una narra-
cin mitopotica. esto permite un acto de lectura creativo, capaz
de recrear su signifcado de un modo siempre nuevo. de all que
la interpretacin no se sea uniforme o monoltica, sino poliva-
lente, lo cual permite una amplia posibilidad de lecturas a lo
largo de la historia, e invita a una lectura a partir de los cdigos
narrativos. Segn elisabeth Schssler-fiorenza:
42 Volumen 6, Nmero 5, 2012
podramos comparar la funcin narrativa simblica del
apocalipsis a un prisma que refracta un rico signifcado
en mltiples y diferentes direcciones en lugar de deco-
difcar las imgenes y smbolos del apocalipsis o bien la
totalidad del libro reduciendo todo a lenguaje lgico, in-
ferencial y proposicional, lo que necesitamos es descubrir
cmo opera una imagen o smbolo en el cuerpo total de
la simbolizacin mitolgica del apocalipsis (Schssler-
fiorenza, 1997, 37-38).
1.1 escenas
el texto inicia con calma y quietud, en un ambiente litrgico, y
culmina en medio del movimiento, la tensin y la destruccin.
la caracterstica particular de esta secuencia narrativa es la prio-
ridad de la accin. No se describen paisajes, y nada se dice de
la psicologa de sus personajes. Se concentra es en lo que el na-
rrador ve y oye. es una secuencia cargada de movimientos, par-
ticularmente blicos y militares, al estilo de obras picas como
la Ilada o la odisea, aunque no se detiene en las descripciones
plsticas del poeta griego.
15,1: Introduccin general. Se hace hincapi en el verbo
ver (ea.) para introducir un nuevo micro-relato dentro de las
visiones pictricas del libro. Siete ngeles llevan las ltimas sie-
te plagas. la frase, en el cielo otra seal grande y maravillosa
(15,1), que remite a 12,1-3 es uno de los indicios que el nuevo
segmento textual est enlazado con las narraciones anteriores:
los siete sellos y las siete trompetas.
15,2-4: Fondo del escenario: el cntico de moiss y del
cordero. el narrador alude al sentido de la escucha, y tambin al
habla o al canto de los personajes (sat [Link]). No se
Juan Esteban Londoo 43
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
pueden comprender las plagas venideras sin comprender a la vez
la victoria de los justos. Se trata de una memoria de xodo 7-15,
contada de forma inversa, donde primero se celebra la victoria y
luego se va a contar la derrota de los enemigos.
15,5-16,1: Presentacin de los vencedores en un ambiente
litrgico. lo primero que aparece es el templo, que a la vez es
tabernculo y que se abre en el cielo. de all salen los ngeles,
que son caracterizados con participio del verbo tener (.,.). el
narrador describe a los personajes, vestidos de lino fno, puro y
resplandeciente, y ceidos con cinturones de oro, en sentido cul-
tual. los ngeles reciben las copas de uno de los cuatro vivientes,
el templo se llena de la gloria y el poder de dios, haciendo me-
moria de xodo 19. los ngeles reciben la orden una voz de ir a
derramar las copas de la ira, y se preludia la accin.
16,2: Escena 1. el primer ngel derrama su copa en la
tierra, una plaga de lceras sobre los que tienen la marca de la
bestia.
16,3. Escena 2. el segundo derrama su copa en el mar,
que se convierte en sangre y mueren los seres marinos. Se usan
juntas dos palabras para hablar de muerte: sangre como de muer-
to (ata.,[Link]) y muri todo ser viviente (:acau, ,.,
a:.ai.i); con esto se comienza a sentir el hedor del castigo a
travs de las escenas.
16,4-7. Escena 3. el tercero derrama su copa sobre los
ros y manantiales, que se convierten en sangre. Se justifca la ac-
cin, con la expresin porque (et), conectando la sangre de los
ros con la sangre derramada de los profetas y santos. Se repite
la expresin sangre (ata), dando un colorido escarlata y mortal
a la narracin.
44 Volumen 6, Nmero 5, 2012
16,8-9. Escena 4. el cuarto derrama su copa sobre el sol,
para quemar a los hombres con fuego. Blasfeman los que se estn
quemando, optando por la actitud contraria a la esperada, que
era la de arrepentirse. con esto, se da una inversin de expec-
tativa.
16,10-11. Escena 5. el quinto derrama su copa sobre el
trono de la bestia. cae una plaga de tinieblas. las personas no se
arrepienten de sus acciones. ya no hablan, sino que se muerden
la lengua de dolor. Hay una audicin lamentos, gemidos, destruc-
cin. luego, una escena de silencio y oscuridad. as, se invierte
la imagen inicial de cantos y visiones, y tambin se contrasta con
la escena anterior donde haba fuego y sol.
16,12-16. Escena 6. el sexto derrama su copa sobre el ro
ufrates, que se abre para que pasen los reyes de oriente, dejando
una impresin fuertemente militar. Salen tres ranas de la boca
del dragn. Se explica que estas ranas son los espritus demona-
cos que dirigen a los reyes del mundo para la batalla del gran da
de dios. Se renen en un lugar llamado Har-maggedon.
16,17-21. Escena 7. el sptimo derrama su copa en el
aire. Se llega al punto climtico de la secuencia narrativa. Sale
una voz fnal del templo que dice: ya est hecho (,.,ei.i)
(17). llegan relmpagos, truenos y estampidos, y un gran terre-
moto. Se parte en tres la gran ciudad, Babilonia. Se derrumban
las ciudades de las naciones. Huyen las islas y las montaas. cae
una plaga de granizo. los hombres, en vez de arrepentirse, blasfe-
man. as, se entremezclan las imgenes unas con otras, y el ruido
se entremezcla entre s, produciendo efecto sonoro y visual de
destruccin total, de hecatombe, de tragedia para los enemigos y
de celebracin para la comunidad lectora/oyente.
Juan Esteban Londoo 45
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
la secuencia de las escenas es una serie de siete escalafones que
va aumentando la intensidad hasta llegar a un punto climtico.
un relato cargado de intriga, donde la complicacin va siendo
cada vez ms slida, en una cadena de acontecimientos y acci-
dentes. este es un relato cargado de repeticiones porque la cons-
truccin del suspense as lo demanda, pues el narrador construye
el efecto de repeticin con el fn de aumentar la tensin narra-
tiva. la intriga sigue una trayectoria ascendente, que viene a
provocar la accin decisiva, y es la consumacin fnal (17), la
destruccin de Babilonia (19).
estas escenas se siguen unas a otras, a la par que el teln de fondo
se mantiene para recordar al lector que detrs hay una celebracin
litrgica. de esta manera, el relato presenta un marcado contraste,
tal como lo presenta el libro entero, entre las penas de los enemi-
gos y las celebraciones de la comunidad del narrador, lo cual en
la realidad social era lo contrario, pues los cristianos se sentan
hostigados y despreciados por los victoriosos y poderosos romanos.
1.2 personajes
de los personajes se dice poco. la descripcin se reconstruye en
la imaginacin del lector. Se les muestra ms en accin que en
alguna complejidad psicolgica, ms cercanos a los relatos popu-
lares o a los personajes-en-accin de cortzar que a las novelas
psicolgicas de dostoievski o a los cuentos de Kafka. el prota-
gonista principal, que es la comunidad que canta, se opone los
antagonistas, que son quienes han de ser destruidos por los agentes
de tal destruccin, los cuales son los ngeles.
Lossietengeles: Son presentados desde el primer verscu-
lo, relacionados por el participio verbal de portar las siete
ltimas plagas (15,1). Sus acciones tienen efecto hasta el
46 Volumen 6, Nmero 5, 2012
ltimo versculo del captulo 16. Son agentes, personajes
al servicio de la accin, y a la vez protagonistas, hroes
del relato. Se intercalan las dos formas narrativas de pre-
sentarlos: de manera narrativa (telling), pues se les retrata
mediante las breves descripciones fsicas, vestidos de lino
puro, resplandeciente, ceida la cintura con cinturones de
oro, lo cual da indicaciones de la vestidura cultual (6),
con copas de oro en sus manos, las cuales estn llenas de
la ira de dios (7), escuchan la orden de una voz potente
para ir a derramar las siete copas de la ira. Tambin son
presentados de modo escnico (showing), pues actan ms
que hablan, a excepcin de 16,5 donde el tercer ngel ex-
plica el porqu de la conversin de aguas en sangre donde
tal mensaje los presenta como emisarios de la justicia de
dios. Se les ve como guerreros sacerdotales que atienden
rdenes de batalla, declarando venganza y victoria a tra-
vs de sus acciones contra los adoradores de la bestia.
La comunidad victoriosa: Son los que han vencido a la
bestia, su imagen y su nmero. como fgura colectiva, la
comunidad es protagonista en el relato, pero funciona
a manera de doncella salvada, ya que es la que viene
siendo narrada desde captulos anteriores con diferentes
metforas, y es la que celebra la victoria. es un personaje
simple. es importante en la mente del lector, pues ste
se identifca con ella. Son personas que estn junto al
mar transparente (2). en sus manos tienen instrumentos
musicales, ctaras. y estn cantando el canto de moiss y
el cntico del cordero, el cual se asume como un paralelo
de la liberacin, tanto por la estructura paralela en que
se presenta el enunciado: el cntico de moiss y el cn-
tico del cordero (3). estos son los mismos personajes del
captulo 14, los salvados, que cantan un cntico nuevo
(14,3), y son los que no se han contaminado. de ellos no
Juan Esteban Londoo 47
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
se dice ms en el texto, porque son desplazados por un
despus vi, con que acontece la apertura del templo, la
tienda del testimonio en el cielo (5).
Losantagonistas: este personaje tambin es un grupo, di-
versifcado, pero ubicado como vctima del juicio. Son quie-
nes han de recibir la accin de juicio emitida por dios y lle-
vada a cabo por los ngeles. entre ellos estn la Bestia (13),
junto con el profeta y el dragn, de los que ya se ha relatado
la historia en el captulo 13. es un personaje arquetpico,
con una fgura construida con la ayuda de varios rasgos. de
ella se ha dicho que pareca un leopardo, con patas como
de oso y boca como de len (13,2), y es delegada del poder
y autoridad del dragn (13,7b). esta bestia ha blasfemado de
dios (13,6) y ha vencido en la guerra a los santos (13,7), y
ha sido adorada por los habitantes de la tierra (13,8). Hay
otra bestia mencionada, la imagen de la anterior, de cual
se dice en capitulo 15 que han sido vencida. Tambin se le
menciona en la sexta copa, como el falso profeta. dentro
de este grupo estn tambin los habitantes de la tierra, que
llevan la marca de la bestia (16,2), y derramaron la sangre
de los santos y los profetas (16,6), vctimas de la ira divina
(16,9.11.21). estos estn en directa oposicin contra los que
cantan victoriosos, y su accin es lamentarse. aparecen ade-
ms los reyes del mundo, que van a la batalla del gran da
de dios (14), pero de ellos no se dice nada ms, y se oponen
a los que cantan, que en el contexto tambin son reyes y
sacerdotes. y se personifca a Babilonia, la gran ciudad, de la
cual se dice que beber de la copa de la ira de dios (19). de
Babilonia se dan muchas imgenes de su cada, las cuales son
variadas y diversas, y esta es slo una de ellas.
48 Volumen 6, Nmero 5, 2012
Personajessecundarios: Son los cuatro vivientes, que son
parte del teln de fondo de la visin de todo el libro de
apocalipsis (16,7; cf. ap 4). Su importancia radica en dar
una simblica csmica de liturgia ante dios y el cordero
(ap 5). Se menciona a los reyes de oriente, que funcionan
como ayudantes para la batalla contra los antagonistas,
pasando por el ufrates cuando se seca.
1.3 voces y discursos
ms que dilogos, en apocalipsis 15 y 16 aparecen diferentes
voces, formando una polifona. Se trata de voces que salen de
diferentes lugares: mar, cielo, templo, tierra, y que proferen ex-
presiones relacionadas con este juicio. stas hacen parte de la
ambientacin, pero tambin dan fuertes sentidos teolgicos al
mensaje.
Elcnticodelosvencedores(15,3-4): el discurso de los
vencedores est presentado en forma de canto (.e), en
contraste con el lamento de los derrotados. este canto es
una teologa, como sucede en los dems himnos de apo-
calipsis. es un canto de alabanza a dios, basado en tres
motivos (usando la clusula explicativa et): (1) porque
slo eres t santo, (2) porque todas las naciones se pre-
sentarn se postrarn y adorarn delante de ti, (3) por-
que sus juicios han sido revelados. el cntico se encuentra
estratgicamente al inicio de la visin de las siete copas,
anticipando el signifcado profundo de las plagas que ven-
drn, presentando de esta manera primero la celebracin
(el efecto) y seguidamente el juicio (la causa). por esto es
califcado como cntico de moiss, pues celebra la libera-
cin relacionada con las plagas.
Juan Esteban Londoo 49
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
Lavozquedaordenalosngeles(16,1): esta voz sale
del templo, en un ambiente litrgico y con una legitima-
cin por parte del narrador. esta es la que da la orden de
los ngeles, e indica la tierra como objetivo militar de los
ngeles.
Elngeldelasaguas(16,5-6): este es el nico ngel al
que se le escucha la voz. es quien derrama la tercera plaga
sobre las aguas y las convierte en sangre. aqu explica la
causa de tal juicio sobre las aguas y los que beben de ellas,
utilizando la una clusula explicativa (et) en una frase
que en griego suena de manera asociativa: sangre derrama-
ron-sangre bebern.
Elaltar(16,7): No slo hablan personajes humanos o ce-
lestiales como los ngeles, sino tambin se les da vida a los
objetos, convirtiendo al altar en un personaje fantstico,
vivo. el altar apoya la explicacin del ngel, y con esta
intervencin complementa el canto de los vencedores,
donde se exalta la justicia de dios y se confrma que es
acertada (etsatataparece en 16,7 y en 15,3 califcando los
juicios y los caminos de dios, que se referen en este caso
a las plagas sobre los enemigos).
Loshombresdelatierra(16,9.21): el narrador los pre-
senta de forma narrativa (telling) y no de forma dramtica
(showing), pues indica lo que hacen mas no invierte des-
cripciones en qu es exactamente lo que dicen. Blasfeman
y no se arrepienten, oponindose ms y ms al propsito
de dios. esta descripcin presenta retricamente la inevi-
tabilidad del juicio debido a que estas personas no se arre-
pienten.
50 Volumen 6, Nmero 5, 2012
La voz que irrumpe (16,15-16): en la marcha para la
batalla en Har-maggedn, una voz llena todo el escena-
rio, a modo de voz-en-offy con efectos dramticos para lle-
nar todo el teatro. Indica la inminencia de la llegada de
un personaje. esta es una reminiscencia de las palabras
de Jess en el discurso escatolgico de marcos 13, y tiene
como fn paradjicamente- alentar a quienes esperan sus
juicios y estn siendo hostigados por quienes han de ser
destruidos. esta voz establece una distancia entre la visin
que se est presentando en el texto y la realidad que est
viviendo la comunidad perseguida.
Lavozquesaledeltemplo(16,17): esta es una voz po-
tente que sale del templo y del trono que est dentro de l.
Se trata de una voz sagrada, que da culmen a este punto
climtico, y seala el fn y destruccin de los antagonistas,
representados todos en la gran ciudad, Babilonia.
1.4 narrador
el narrador es un personaje inserto dentro de la trama. es testigo
de la historia que narra. No es el protagonista sino un receptor
de la visin, atento particularmente a sus sentidos. Tampoco es
omnisciente, como sucede en la mayora de relatos bblicos. No
tiene acceso a la vida interior de los personajes, sino a su propio
miedo y a sus propias expectativas. No escapa de las limitacio-
nes espaciales, pero la visin que se le otorga le permite viajar
del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, y ver las cosas desde
la perspectiva celestial, como en un plano areo, con algunos
acercamientos focales que permiten escuchar a las personas y a
los seres fantsticos. destaca dentro la constante alusin a los
sentidos, tales como el tacto, el gusto, la vista y el odo.
Juan Esteban Londoo 51
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
la narracin inicia precisamente con el verbo ver, en primera
persona (.teei) (15,1), para describir a los personajes que estn
en el cielo con las ltimas siete plagas. el narrador, adems,veel
mar, y junto a l, ve a quienes han vencido a la bestia y oye la
cancin que entonan. luego ve cmo se abre el templo (15,5) y
experimenta este momento litrgico. en 16,1 hay una transicin
de sentidos, donde el narrador indica que oy (seuca) la voz que
desde el altar da orden a los ngeles de ir a derramar las copas.
despus escucha la explicacin que dan el ngel y el altar mismo
sobre los juicios, con la explicacin del porqu del juicio, don-
de el narrador est evaluando a sus personajes, generando una
antipata hacia quienes sufren el juicio y una empata hacia la
comunidad victoriosa, pues es en este personaje colectivo donde
los lectores deben ubicarse.
en esta alternancia entre visiones y audiciones, el narrador se co-
loca frente al escenario, como una gran obra de teatro, y presenta
primero a los ngeles, los personajes que ejercern la accin en la
narrativa (15,1). luego, presenta el mar transparente, y a los que
han vencido junto a l, cantando la cancin de moiss y del cor-
dero (15,2). Todo ello evidencia que el narrador tiene en mente
la simblica del xodo, ya que se detiene en la descripcin y
explicacin de elementos que hacen parte de aquella narrativa:
el mar, el canto de moiss, la tienda del testimonio, las plagas
de lceras, de ranas, de tinieblas, el granizo, el mar convertido
en sangre, el ro que se abre, y la constante de que no se arre-
pintieron, tal como el faran que no se arrepinti incluso en
el momento de las plagas. as, recurre a la experiencia mtico-
simblica de Israel para reconstruir un nuevo futuro, donde la
justicia se inicia con la venganza, para posteriormente presentar
un cuadro de felicidad.
52 Volumen 6, Nmero 5, 2012
el punto de vista del narrador valora la accin de la venganza
de su comunidad despreciada: justos y acertados tus caminos
(15,3) y: Justa es tu sentencia, oh Santo, el que eres y el que
eras, porque derramaron la sangre de santos y profetas; les dars a
beber sangre como se merecen S, Seor, dios Todopoderoso,
tus sentencias son justas y acertadas (5-7). as establece una
marcada dicotoma entre la comunidad cristiana y sus antagonis-
tas, y dice de estos ltimos que no se arrepintieron (16,9.11) y
que al fnal blasfemaron contra dios (16,21).
la voz narrativa alterna con otras voces. una polifona que ates-
tigua que las plagas son liberadoras y vengativas. es el turno de
la vindicacin, y lo hace de una manera que el narrador mismo
y la comunidad disfrutan, como menciona edgar allan poe en
su cuento El Tonel de amontillado: un agravio no se enmienda
si el castigo alcanza al enmendador; y tampoco se enmienda si el
vengador no consigue darse a conocer como tal ante el autor del
agravio(poe, 2004, 211).
1.5 matriz espacial
las acciones se dan en diversos lugares, con una alternancia bi-
polar entre el cielo y la tierra. el narrador tiene una visin celes-
tial, est en el espritu, y de esta manera puede ver lo que se le va
mostrando, cambiando de escenario en escenario, con un alter-
nado zoom de cmara, para detenerse en detalles importantes
y mostrar a su vez una panormica revuelta que va aumentando
en el caos y la destruccin.
Inicia con la seal en el cielo ([Link]), la de los ngeles
(15,1), pero detiene la continuidad directa de las copas de la ira
para establecer un precedente, un epitexto que permita dar un
marco de comunicacin y preparacin consoladora para quienes
Juan Esteban Londoo 53
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
van a enfrentar una lectura tan aterradora: la comunidad salva-
da junto al mar que canta a dios por sus juicios y sus acciones
(15,2-4). con este precedente, para dar seguridad al lector y fun-
cionar como estrategia retrica, el autor gira su cabeza de nuevo
al cielo y ve cmo se abre el templo, el cual es el tabernculo del
testimonio en el cielo (e iae,, csi, eu auteu.i. eu
ai., 15,5), de donde salen los ngeles, y este se llena de humo
y del poder de dios, el cual se evidencia como el tabernculo
ms que como el templo de Jerusaln, ya que es movible, y est
emparentado con las imgenes del xodo.
luego la visin se desplaza a la tierra, donde se derraman las
siete copas. pero en la tierra se presentan escenarios diferentes,
diferentes movimientos de cmara, a los cuales se va mirando
poco a poco, a medida que cada ngel derrama su copa en un
lugar especfco. Se trata de espacios abiertos, donde hay ms
presencia de seres humanos, a la vez que estn relacionados con
seres fantsticos y con imgenes blicas, al estilo de obras picas
y fantsticas como El Seor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien.
la primera plaga cae sobre el macro-cosmos en general, la tierra,
para traer lceras malignas a las personas que llevan la marca
de la bestia (16,2). luego se pasa al mar, que se convierte en
sangre, y mueren sus habitantes. luego del mar se va a los ros
y manantiales, pasando as de lo macro a lo micro para indicar
totalidad (mar-ros-manantiales). al agotar este universo acu-
tico, el narrador mira al sol, sobre el que se derrama la cuarta
copa, para quemar a los habitantes de la tierra, subiendo al cielo
y descendiendo de nuevo a la tierra. ahora en la tierra, la visin
se centra en un lugar muy pequeo, pero de importancia funda-
mental en el relato, el trono de la Bestia; con esta copa, su reino
entero queda en tinieblas, y se oyen las blasfemias contra dios.
esto da un sentido teolgico muy importante, pues el opositor en
54 Volumen 6, Nmero 5, 2012
el relato es una Bestia con poder el emperador romano-, desde
cuyo trono se emiten los juicios injustos. por ello es importante
focalizar tal lugar y atacarlo directamente para dejarlo sin poder
y sin autoridad. despus, con la sexta copa, el narrador vuelve
al ro, al ufrates lmite fronterizo oriental del imperio roma-
no-, pero no para convertirlo en sangre sino para secarlo por la
mitad, abriendo paso a los reyes de oriente, y evocando as el
paso del mar rojo y del ro Jordn por parte de los Israelitas en
sus narraciones antiguas; de este ro salen sapos, que el narrador
interpreta como demonios. Se desencadena una batalla, que se
centrar en el monte meguido (Har-maggedn), lugar clave de
las batallas histricas de Israel. finalmente, la ltima copa es
derramada en el aire, pero tiene efectos en toda la tierra, pro-
duciendo movimientos espaciales como terremotos, estampidos,
truenos y lluvias de granizo. as, es destruida la gran ciudad
geogrfcamente, se prepara entonces la narracin siguiente para
destruir a su meretriz.
1.6 matriz temporal
el orden de la presentacin de los acontecimientos se presenta
a manera de analepsis. el autor muestra primero la celebracin, y
luego el motivo especfco de esa celebracin, la cual es el juicio
vindicativo que pone en alto a la comunidad y humilla a los
hostigadores.
el narrador no da indicaciones de tiempo en el texto, como das
o aos, pues est en un espacio-tiempo de dimensiones mticas.
ms bien presenta una serie de cuadros que se suceden la uno a
otro, pero que tambin pueden ocurrir a la vez. Su cambio en 15,1
habla de otra seal en el cielo (a ec.t ei), y procede a con-
tarla, empatando con la seal de los captulos anteriores (12,1-
3), que se refere a las copas, a las trompetas y a la bestia. pero
Juan Esteban Londoo 55
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
en este captulo los acontecimientos se suceden unos a otros en
la descripcin, ligados por la partcula despus de estas cosas
(.a aua) que aparece en el 15,5 y que empata la visin de la
salida de los ngeles, el grupo de gente liberada junto al mar, y
la apertura del templo celestial, de donde salen los ngeles para
derramar las siete copas.
el orden de tiempo de los ngeles se da con la enumeracin ordi-
nal que da el texto para la secuencia de sus acciones (e :.e, e
e.u.e, e te,), y as se van sucediendo unas a otras. es in-
teresante notar que en la visin todos los verbos estn en aoristo,
especialmente el verbo repetitivo derram (..,..i), que indi-
ca la accin de los ngeles al verter las copas, y su consecuencia
inmediata lleg a ser/sucedi que (.,.i.e). ya que el aoristo
implica una accin global, fnalizada, no se puede determinar si
solamente es algo del pasado, o es del presente, o del futuro. con
ello se indica la inmediatez de juicio entre el derramamiento y el
acontecimiento, pero situado en un espacio futuro producido por
la naturaleza fantstica misma de la narracin.
una refexin aparte merece el versculo 16,15, en que se in-
terrumpe la narracin y habla otra voz. los tiempos cambian,
pasando del aoristo repetitivo en el texto al indicativo presente,
que recuerda y cita la frase de Jess para indicar su venida como
ladrn (.,eat.,s.:,). los dems verbos estn en presente,
e indican una accin presente, constante, que generan una ex-
pectacin de futuro, ya que la frase alude a algo que ha de venir,
como una advertencia y a la vez una voz de aliento para las co-
munidades que leen y escuchan.
56 Volumen 6, Nmero 5, 2012
2. intertextualidad
la estructura del texto se remonta a la estructura de los otros
dos septenarios con los que se simboliza el juicio, los sellos y las
trompetas. estas tres narrativas son tres maneras diferentes de
contar un mismo acontecimiento a saber, el juicio escatolgico
esperado por las comunidades de asia menor- , tal como una
exposicin de arte puede contar un mismo suceso o hablar de
un mismo tema desde diferentes pinturas. estos tres septenarios
presentan afnidades verbales, temticas y estructurales hasta el
punto de soportar entre los tres la arquitectura del libro.
como seala Jean-pierre prvost (2001, 103), los tres septena-
rios presentan una estructura anloga, en la que se despliega una
dinmica y dialctica entre juicio y salvacin. en los tres ca-
sos, hay un preludio de cnticos de salvacin y que celebran la
memoria del cristo Resucitado; luego, una larga descripcin del
juicio, con una pausa o interludio de por medio en los juicios; y
fnalmente, la celebracin de un triunfo fnal entendido como
[Link] paralelos muestran que para el narrador no era
fundamental hacer descripciones exactas, pero s asociaciones
simblicas. los tres septenarios son tres maneras de contar el
deseo proftico y la inspiracin tica de la destruccin de Roma
con sus conos representativos.
apocalipsis 15 y 16 es una manera nueva de contar el relato de
xodo 7-15. el texto apocalptico relata el cruce del mar rojo y
el canto de moiss y miriam, y luego narra la historia de las pla-
gas. como toda simbologa, no pretende contar exactamente un
acontecimiento vivido, sino de presentar una experiencia de fe,
una vivencia propia o comunitaria interpretativa, que se permita
hacer memoria o esperanza desde una perspectiva propia, una
perspectiva esperanzadora.
Juan Esteban Londoo 57
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
el canto de los liberados presenta la continuidad entre los diver-
sos xodos dentro de la constelacin simblica del xodo. Se cele-
bra una nueva pascua. esta festa toma diferentes matices a lo largo
de la Biblia, y en apocalipsis se re-signifca su contenido para dar
paso a una lectura cristiana, que implica liberacin comunitaria,
venganza, justicia, y que no deja de lado el sentido ritual del xo-
do, donde el cordero protector es presentado como cristo. con
la destruccin del templo despus del 70 d.c., se deja de celebrar
institucionalmente el sacrifcio de pascua en Jerusaln. pero la me-
moria de esta comunidad judeo-cristiana ve en la obra de cristo
y los mrtires la continuacin de esta festa tan preciada para el
judasmo, y anuncia la esperanza de una nueva ciudad santa.
el texto se presenta vengativo. el motivo de la venganza va li-
gado con el motivo del clamor de la sangre, el cual es un tema
recurrente en la literatura apocalptica. como menciona elisa-
beth Schssler-fiorenza, la mejor forma de entender las plagas
de las copas es concebirlas como respuesta celeste a las ple-
garias y gritos de los cristianos reclamado justicia (1997, 149).
apocalipsis 15 y 16 es presentado como una respuesta o una
expectativa del autor- al clamor de los mrtires en apocalipsis
6,10:Seor santo y verdadero, cundo juzgars a los habitantes
de la tierra y vengars nuestra sangre?. en este texto se ampla
la ley del Talin de la sangre de gen 9,6 y llega hasta un nivel de
venganza csmica. dios es el vengador cuando la accin humana
es imposible de realizarse
2
.
2 Segn Wayne T. pitard (Revenge, In: freedman, david Noel, ed., The Anchor
BibleDictionary, (New york: doubleday) 1997), el concepto de venganza en la Biblia
no debe relacionarse directamente con la connotacin negativa que tiene en los
idiomas modernos. el concepto designado con la raz nqm en la Biblia hebrea es
generalmente presentado con connotaciones positivas, como un tipo de acciones
llevadas a cabo en momentos defnitivos por dios o por seres humanos contra las
injusticias cometidas. el trmino se refere al justo castigo frente a quien comete una
infraccin o a los daos y recompensa exigida ante la vctima de un crimen.
58 Volumen 6, Nmero 5, 2012
3. la construccin simblica de una resistencia
apocalipsis 15 y 16 es un texto escrito en un perodo de lucha
nacional juda contra la ocupacin extranjera, perodo que ter-
mina con la dispersin fnal del pueblo judo y en la poca del
nacimiento del cristianismo. espera una inversin total, don-
de es necesario derrotar a los poderes caticos que oprimen el
mundo, para proseguir a la instauracin del reinado de dios. la
derrota de estos poderes (el dragn, la Bestia, el falso profeta y
Babilonia) se da a travs de la intervencin divina por el uso de
elementos csmicos (estrellas, seres fantsticos y ngeles), para
esperar el establecimiento del reinado mesinico (los mil aos),
y la recreacin total del universo (la Nueva Jerusaln).
la redaccin del texto es refejo de una crisis. palabras como los
que haban vencido a la fera (15,2) los que llevaban la marca
de la fera (16,22), derramaron la sangre de santos y profetas
(16,5), no se arrepintieron de sus acciones (16,9.10), dios se
acord de Babilonia la grande y le hizo beber la copa de la ira
de su clera (16,19) indican un conficto percibido, generado
por elementos de crisis que han de dar cuerpo a este texto uno
de los ms duros y vengativos del Nuevo Testamento y que
funcionarn como catarsis en medio de la crisis y como la cons-
truccin de una resistencia.
Segn adela yarbro-collins (1984, 105), apocalipsis se sita
dentro de los escritos judos que responden mediante literatura
de resistencia a la destruccin de Jerusaln. esta invasin contra
su cultura produce una crisis, un desencuentro entre la realidad
y la cosmovisin, y se produce una obra de arte que compense
la prdida a manera de esperanza en una transformacin vindi-
cativa. el texto refeja una literatura que corresponde una crisis
social, con todos sus factores polticos, econmicos y culturales,
Juan Esteban Londoo 59
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
como lo seala gerd Theissen con respecto a la literatura apo-
calptica durante toda la poca de su produccin (200 a.c. hasta
200 d.c.):
Toda la sociedad se vea amenazada por la anoma. y esta fue
interpretada desde el punto de vista religioso como el principio
de la crisis de los ltimos tiempos, como desmoronamiento de
la ley (anomia: mt 24,12), de la familia, del amor y del orden,
como conmocin de todo el cosmos. la idea de la catstrofe
escatolgica es, a mi entender, una interpretacin de la anoma
social (Theissen, 1985, p. 77.).
y por ello, se refere este tipo de textos como refejo de la crisis
asumida y la invitacin a superarla:
esta (la literatura apocalptica) es, por una parte, refejo de la
crisis y, por otra parte, aport medios para su superacin: la fe
en una inminente transformacin de todas las cosas favoreci
la experimentacin de diversos movimientos religiosos de unas
nuevas formas de vida, anmalas socialmente hablando. diver-
sos movimientos religiosos de renovacin intentaban superar
esta situacin anmica por caminos nuevos; entre estos movi-
mientos se encontr el movimiento de Jess (Theissen, 1985,
p. 77.).
con respecto a la crisis, yarbro-collins (1984, 85)seala varios
elementos que desencadenaron esta situacin.
(a)Confictoconlosjudos:las diferencias teolgicas
con los judos generaron una crisis de identidad en la comunidad
judeo-cristiana del escritor de apocalipsis, especialmente entre
los miembros que venan de raz juda. de all que la actitud del
narrador hacia los judos y el judasmo sea compleja y ambigua: s
que te injurian los que se dicen judos y son ms bien la sinagoga
60 Volumen 6, Nmero 5, 2012
de Satans (2,9). por esta poca, los seguidores judos de Jess
fueron expulsados de las sinagogas. y, al parecer, haba presin
por parte de algunos representantes judos sobre las autoridades
de asia menor para que tomaran accin contra los cristianos. de
all la negativa del narrador ante el grupo judaico.
(b)Antipatamutuaconlosvecinosgentiles:a fnales
del siglo I d.c. se comenzaba a presentar el desprecio de los ro-
manos hacia los cristianos como tambin hacia los judos, pero
con la libertad que daban a estos de no participar en los cultos
al emperador-, acusndolos de que odiaban a la raza humana.
este desprecio iba creciendo con el sentimiento cristiano de ser
un grupo exclusivo ye l elegido, y por rehusarse a respetar a los
otros dioses y religiones de los gentiles. por ello es que el autor
acusa a tres grupos de cristianos de venderse al mundo romano
y de cometer pecado al no ser tan radicales como l espera: los
nicolatas (2,6), los seguidores de Balaam (2,14) y los segui-
dores de Jezabel (2,20). lo que estaba detrs de esta asociacin
de algunos grupos cristianos con los gentiles eran las relaciones
con los gremios econmicos y obreros de la poca, en los que se
participaba de banquetes sacrifcados a los dioses locales. para
el autor de apocalipsis, estos grupos de cristianos posiblemen-
te de posiciones paulinas ms liberales- estaran traicionando lo
que l consideraba el mensaje cristiano.
(c)RelacionesprecariasypolmicasconRoma:los
cristianos eran vistos como una asociacin no ofcial, particu-
larmente de creencias judas
3
. las autoridades a menudo vean
con ojos sospechosos este tipo de sociedades, porque podan
3 el cristianismo antiguo se reuna en comunidades a la manera de asociaciones no of-
ciales, como muchas otras koinoniai o Collegia de la poca, con su propia dimensin
religiosa, adorando a una deidad particular, y con fondos comunes para la caridad y
la ayuda a sus miembros, con el fn de satisfacer necesidades que no cubra el imperio
o las asociaciones ofciales. yarbro collins, 1984, 85
Juan Esteban Londoo 61
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
convertirse en centros de malestar y desorden pblico. el cris-
tianismo era uno de estos grupos sospechosos, particularmente
porque el lder a quin seguan haba sido ejecutado como un
criminal por la prefectura romana en palestina.
apocalipsis es un libro escrito en una poca de malestar social
en asia menor, y es refejo de la resistencia asitica frente al
colonialismo. en este sentido, la dureza y violencia de la narra-
cin de las copas de la ira de dios es una respuesta a los choques
culturales y sociales entre un grupo judeocristiano proveniente
de asia frente al imperio y su cultura cvica. de manera que hay
una lucha de lo que hoy podra llamarse la defensa de la alteri-
dad frente al amenazante monstruo de muchas cabezas que es
Roma.
autores tradicionales han afrmado que el origen de la escritura
de apocalipsis son las fuertes persecuciones de Roma contra los
cristianos. Sin embargo, investigadores menos apresurados sea-
lan que el lenguaje de oposicin radical ante el mundo romano
no slo el imperio, sino las diversas culturas dentro de l- perte-
nece ms a una construccin retrica que a la descripcin de una
realidad histrica (yarbro-collins, 1984, 94). lo ms probable es
que se trate de hostigamientos y abusos por parte de los ciuda-
danos y las autoridades locales frente a los cristianos, tal como
lo atestigua plinio en su carta a trajano, invitando no a que se
los persiga directamente sino a que les ordene rendir culto a los
dioses y a la estatua del emperador, con el fn de probar quines
son verdaderamente cristianos y quines no, y a menguar tal su-
persticin.
Segn Brown, los casos pueden ser muy limitados, pero la re-
memoracin de lo que Nern haba hecho en Roma treinta aos
antes pudo haber coloreado los sentimientos de los cristianos
62 Volumen 6, Nmero 5, 2012
temerosos de lo que poda venir (Brown, 2002, 1034). es por
esto que el narrador vislumbra una persecucin venidera -que
efectivamente se dio-, y advierte a las comunidades lectoras so-
bre la situacin. Sin embargo, ante tal hostilidad, el narrador
refeja una hostilidad ms radical, deseando el juicio y las llamas
del inferno para todos aquellos que no estn de acuerdo con su
forma particular de ver el cristianismo.
apocalipsis 15 y 16 es muestra de que la literatura apocalptica
es una literatura fantstica que permite a las comunidades sub-
yugadas por el colonialismo reponerse frente a la adversidad y
mantener su radicalidad de fe y cultura frente a los opositores.
ante la imposibilidad de la resistencia armada, se construyen
imaginarios alternativos en los que los vencidos son presentados
como vencedores a manera de catarsis colectiva.
la funcin retrica del texto consiste en crear una tensin
para los lectores entre la realidad vivida y la utopa esperada,
por medio de un acto de imaginacin literaria. el lenguaje f-
gurado del libro est diseado para apelar a las emociones y a
la imaginacin. No contiene una retrica persuasiva a travs de
argumentos, sino que se vale del empleo continuo de imgenes
que se superponen. con el lenguaje usado, se hace evidente que
la funcin retrica no es informar, sino ms bien comprometer,
involucrar a los oyentes, apelando a los sentimientos y a la ima-
ginacin que exigen un compromiso radical.
el autor no slo comparte el infujo del mundo judo, sino tam-
bin el del mundo mediterrneo del siglo I, donde abundaban
los mitos. apocalipsis 15 y 16 refeja la lucha entre la vida y la
muerte, en una manera en que la vida misma se traga a la muerte
mediante el juicio a la muerte por sobrepasarse contra los justos.
como sealan arens y daz mateos al respecto de los mitos de
Juan Esteban Londoo 63
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
la vida y la muerte en las diferentes expresiones religiosas del
mundo mediterrneo: el denominador comn es la lucha entre
el principio de la vida y el de la muerte, visible incluso en el eter-
no retorno de las estaciones (arens y daz mateos, 2000, 81).
de all que las guerras de dioses y persecuciones por parte de los
jefes del demonio o del dios opositor correspondan a los ml-
tiples mitos de duelos entre dioses. en este tipo de relatos, es
tpico que el vencido se desquite con los habitantes de la tierra,
a la vez que stos estn protegidos por su dios. en este sentido,
apocalipsis 15 y 16 una narracin mtica en la que el propsito
es proveer un modelo lgico que evidencia una contradiccin
histrica o existencial. la narrativa de las siete copas, al igual
que los siete sellos y las siete trompetas, es un intento mtico de
superar esa contradiccin.
con esto, la originalidad de apocalipsis no reside en crear los
propios monstruos y la propia fantasa, sino en la re-creacin y
re-interpretacin de la historia, la situacin social y la existencia
misma a partir de estos imaginarios. apocalipsis retoma las im-
genes del antiguo Testamento, la literatura apocalptica y la mi-
tologa de las culturas cercanas para recrear sus propios persona-
jes y tramas, con la particularidad de una orientacin cristiana,
donde el personaje central del cosmos es Jesucristo, presentado
en smbolos csmicos o telricos, como len, cordero, pastor o
raz de david.
en consecuencia a estas observaciones se debe tomar como pun-
to de partida que la visin y las visiones presentadas en apo-
calipsis hacen parte tambin de la composicin literaria, pues
como dicen arens y daz mateos:
No se trata de visiones reportadas sino de la comunicacin de
un mensaje usando un lenguaje metafrico artstico. No son ms
64 Volumen 6, Nmero 5, 2012
visiones que las de los poetas y pintores, entre los que se cuentan
no pocos profetas. en lenguaje pictrico el autor comunicaba a
sus hermanos, desde la perspectiva de dios, sus percepciones de
la historia que vive, su historia y su curso (arens y daz mateos,
2000, 167).
al igual que los profetas del antiguo Testamento, esta profeca
escrita en carta y creada en lenguaje apocalptico, el autor pre-
senta una gran sintona potica con el mundo de la imagen. la
lgica de la descripcin objetiva o historiogrfca nos las enten-
dera, y las vera incoherentes. as, se presentan escenas simul-
tneas de una sola visin, que se dan en el espritu (1,10; 4,2;
17,3; 21,10), es decir, en la experiencia del profeta de ser trans-
portado, movido, impulsado por una energa interior , una ms-
tica que lo lleva a interpretar la realidad desde una perspectiva
diferente, literaria. una obra ms en sintona con el Guernica de
picasso, el Canto General de Neruda, los Cuentos de cortzar, o
El Seor de los Anillos de Tolkien, que con el Discurso del Mtodo
de descartes o la Crtica de la Razn Pura de Kant. estas visiones
son invitaciones a descubrir realidades ms reales de lo que se
ve a simple vista. la visin como forma narrativa constituye la
clave para comprender el mensaje, es decir que con esta forma de
narrar hay una oferta de una visin utpica, de la construccin
de otro mundo posible, tal como hacen los poetas. como dice
elisabeth Schssler-fiorenza:
el hecho de que tantas obras de arte hayan tratado de reprodu-
cir la deslumbrante sucesin de imgenes del apocalipsis indica
que los smbolos mticos del libro funcionan como smbolos en
tensin y no como cdigo literario. Su poder evocativo ha ins-
pirado no slo arte visual, sino msica, obras de teatro y cine
(Schssler-fiorenza, 1994, 38).
Juan Esteban Londoo 65
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
Segn yarbro collins (1984, 154), el efecto sicolgico de los
smbolos de destruccin del imperio romano mencionados en
los captulos 15 y 16 reduce la disonancia cognitiva entre lo que
esperaban los judeo-cristianos y la realidad contraria a sus espe-
ranzas. por un lado, el texto libera los sentimientos de fragilidad
mediante un proceso de catarsis literaria. por el otro, instaura
una conviccin entre la audiencia vulnerable de que habr un
triunfo fnal sobre la cultura hostil y sobre todo el caos mediante
la re-creacin del cosmos. este texto toma el lenguaje mesinico
acerca de Jess, pero no lo despolitiza ni espiritualiza, sino que
radicaliza las esperanzas socio-polticas del judasmo mediante
una creacin literaria que permita esperar la cada del colonia-
lismo, la instauracin de una nueva creacin y ,tambin debe
decirse, la destruccin del otro.
Conclusiones
la lectura detenida de esta narracin, permite observar que el
texto y el libro entero, como seala Xabier pikaza, son una pa-
rbola de la vida. lleva a los lectores y lectoras al centro de la
problemtica humana: la esperanza en medio de la destruccin,
y la fuerza catrtica para liberar los miedos y mantener las resis-
tencias frente a la dominacin de una cultura frente a otra. es un
llamado a un xodo constante, a liberar la fuerza csmica inte-
rior y comunitaria que destruye a las fuerzas del caos, y a aferrarse
confadamente a la esperanza como la manera activa de creer y
actuar cuando la vida est amenazada.
como obra literaria que afrma la alteridad de una comunidad
excluida, el texto de apocalipsis contiene tiene un profundo
mensaje. cuando no se tienen ms armas que la cultura, las
obras de arte se convierten en una forma de valoracin del suje-
to y las comunidades que son excluidas de los sistemas polticos
y econmicos.
66 Volumen 6, Nmero 5, 2012
este punto de vista es valioso y efectivo, particularmente en una
poca de colonialismo e imposicin socio-religiosa. Reivindica
la alteridad propia frente al otro que es ms grande, ms mons-
truoso y amenazante. y por esto, apocalipsis ha permitido a la
iglesia a travs de los siglos especialmente a partir de los mo-
vimientos perifricos- comprenderse como iglesia peregrina y
cuestionar de los grupos religiosos que pasan de ser perseguidos a
ser perseguidores mediante su matrimonio con las instituciones.
Sin embargo, no es el nico punto de vista cristiano frente a
s mismo y frente al otro. detrs del texto hay varios puntos de
vista, negados u ocultados por el narrador. porqu no pensar la
problemtica social desde la perspectiva de los ciudadanos gre-
co-romanos de asia menor? en la narracin, los paganos son
enviados todos a la condenacin por no pertenecer a la comuni-
dad cristiana, cuando en realidad vivan una amplia pluralidad
religiosa que les permita el encuentro con el otro. o qu tal
pensar desde el punto de vista de los judos que no aceptan las
premisas mesinicas de los cristianos ni la alta cristologa que va
desplegndose a fnales del siglo I, con justifcadas razones para
seguir esperando que el mesas hubiera de venir a establecer un
reinado de justicia y no a que muriera crucifcado sin haber cam-
biado las circunstancias polticas y sociales? adems, cmo se-
ra comprender esta crisis social desde la mirada de los cristianos
que no pertenecen a la comunidad del narrador tales como los
cristianos paulinos liberales de asia menor-, tratados como ene-
migos en apocalipsis, ya que no compartan la visin del narra-
dor, y por ello se les conden junto con los ciudadanos romanos y
con los judos? el valor de la venganza es claro desde la perspectiva
cultural, pero la exclusin social de los que son diferentes no tiene
nada que ver con el justo juicio ante los inicuos.
estas alteridades tambin tienen algo que aportar frente a la
problemtica social de la multiculturalidad y las imposiciones
Juan Esteban Londoo 67
La construccin simblica de una resistencia. Estudio
literario de Apocalipsis 15 y 16
militares de la poltica romana y las polticas actuales del neoli-
beralismo. Incluso, su voz podra ser interpelante a la fe cristia-
na, y un valioso testimonio en la resistencia al colonialismo y a
las imposiciones imperiales, pues en el mundo romano del siglo
I, los cristianos no eran los nicos otros que estaban propo-
niendo maneras alternativas de relacionarse.
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Volumen 6, nmero 5, 2012
69
anatoma de los sentidos sagrados y los
cuerpos malditos: pensar las prcticas
religiosas
1
anatomy of the sacred senses and cursed
bodies: the mindset of religious practices
Diego Soto M.
2
soto1984@[Link]
universidad Nacional
Recibido: 23 de mayo, 2012
aprobado: 8 de agosto, 2012
1 Texto elaborado en el marco del proyecto Constitucin de un observatorio de los pro-
cesos religiosos en Costa Rica, primer semestre del 2012.
2 magster en estudios Teolgicos, uNa. acadmico de la escuela ecumnica de
ciencias de la Religin, uNa.
Resumen
en este artculo se discuten los
posibles alcances de la nocin
prcticas religiosas dentro del estu-
dio de lo religioso. el autor realiza
una lectura de la nocin prctica
segn la formula pierre Bourdieu
en parte de su obra escrita, con
el fn de pensar la delimitacin
teortica de la nocin prcticas
religiosas, y a su vez discute las
implicaciones metodolgicas de
un estudio de lo religioso desde
la perspectiva de las prcticas
religiosas. asimismo, el texto
muestra brevemente el lugar que
la nocin prcticas religiosas o
categoras cercanas han teni-
do histricamente dentro de las
aproximaciones acadmicas a lo
religioso. el autor sostiene y con-
cluye que el ingreso a lo religioso
[p. 69 p. 124]
Volver al
ndice
70 Volumen 6, Nmero 5, 2012
a travs de las prcticas religiosas
ofrece posibilidades tericas y
metodolgicas de gran relevan-
cia, y aporta una va de crtica
social del lugar de los procesos
religiosos en sociedades latinoa-
mericanas.
palabras clave
Religin, Bourdieu, prctica,
prcticas religiosas, corporalidad.
abstract
In this paper it is discussed the
possible scopes of the notion re-
ligious practices within religious
studies. The author approaches
to the notion practice as it is for-
mulated in the written work of
pierre Bourdieu in order to esta-
blish the theoretical delimitation
of the notion religious practices.
also the author considers the
theoretical and methodological
implications of studying religion
from the perspective of religious
practices. moreover it is studied
the role that the notion has occu-
pied historically within the study
of religion. The author claims
that the study of religion from
the perspective of the religious
practices offers signifcant theo-
retical and methodological possi-
bilities and also it may contribute
to a social criticism of the role of
religion within latin american
societies.
Keywords
Religion. Bourdieu, practice, reli-
gious practices, corporality.
Religin: Rebelin ontolgica, radical, que se inserta en el
mundo humano y que no puede ser eliminada.
El enigma de la religin
Rubem alves
every detail is important since, in the sight of god, no
immensity is greater than a detail, nor is anything so small that
it was not willed by one of his individual wishes.
Discipline and Punish
michel foucault
Diego A. Soto Morera 71
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
introduccin. prcticas sin sentido: una propuesta de estudio
de lo religioso
Todas las maanas esta mujer se preparaba para afrontar las dili-
gencias del nuevo da. adems del aseo personal, arreglos sobre
la apariencia, el desayuno y el vistazo al peridico, haba un acto
ms, muy necesario, sin el cual la preparacin estara incompleta
y su nimo carecera de la confanza con respecto al xito de
sus empresas diarias. Todos los das esta mujer deba ejecutar un
ceremonial. el ritual de la dama tomaba un poco ms de tiempo
que aquel de mi abuelo, adems de que entraban en juego mu-
chos ms elementos y actrices. consista en acomodar un viejo
mantel en una pequea mesita ubicada en el pasillo, de tal forma
que una mancha que contrastaba con la blancura de la tela que-
dara a la vista de cualquiera que se aproximara. luego de posicio-
nar el mantel en el ngulo correcto, llamaba a la criada y le daba
cualquier instruccin por insignifcante que fuera, slo para que
la encargada de limpieza advirtiera la mancha. la indicacin no
tena nada que ver con remover aquella mancha, el fn era ex-
clusivamente que la viera. finalmente, la mujer sala de su casa.
esta prctica diaria, cotidiana, y central dentro de la rutina de
aquella dama, parece en principio no tener nada de religiosa. a
pesar de las referencias que Julia Kristeva ofrece sobre el lugar
fundamental y originario que tiene la mancha con respecto a
la religin
3
, difcilmente esta prctica ganara un lugar dentro
de una historia comparada de las religiones. Sin embargo, la
3 Kristeva, Julia. Poderes de la perversin. Ensayo sobre Louis-Ferdinand Cline. Trad.
Nicols Rosa y Viviana ackerman. Segunda ed. Buenos aires: Siglo xxi; 1989. en
particular puede revisarse la discusin de Kristeva en torno a la obra de la antrop-
loga inglesa mary douglas y su tesis del lugar de lo impuro en la conformacin del
orden sociosimblico. la idea es que la mancha formula el espacio de relacin con
aquella condicin pre-verbal que no adquiere representacin dentro del orden sim-
blico pero que tiene un rol fundamental dentro de la conformacin social humana
(Ibdem., pp. 88-91).
72 Volumen 6, Nmero 5, 2012
consideracin de esta prctica nos permite hacer plantear una
serie de preguntas importantes de cara al estudio de lo religioso:
sera legtimo afrmar que una prctica tan cotidiana como sta
ofrece algunos criterios para comprender o estudiar lo religioso?
puede esta prctica tan puntual ofrecernos una ventana a travs
de la cual sea plausible estudiar o comprender sistemas religiosos
mucho ms amplios? y si la caracterizamos como una prctica
no-religiosa, qu es lo que le hace falta para serlo?
en el primer texto que Sigmund freud dedic a la religin
4
, la
prctica de esta mujer en torno a la mancha del mantel, junto
a otras prcticas que ella ejecutaba, tiene un lugar fundamental
en el estudio de ambas neurosis y religin. aquel texto de freud,
sin embargo, pas a la historia de las ideas slo por la referencia
a una analoga convertida en mxima: la religin es una neurosis
universalizada; la neurosis, una suerte de religin privada. para
algunos crticos de los aportes del psicoanlisis freudiano al es-
tudio de la religin (crtica poco o nada informada) tal mxima
ha funcionado como condensacin del aporte de freud a los es-
tudios de la religin
5
. fuera de su contexto, aquella analoga de
freud sirve para los ms variados reduccionismos.
Sin embargo, considero que el ensayo escrito y publicado en el
ao 1907 tiene un modelo de ingreso particular al problema de
la religin, el cual no se centra en algn sentido ultraterreno
o sagrado que subyace, orienta o posibilita algo como los cere-
4 Sigmund freud. Zwangshandlungen und Religionsbungen. en Gesammelte Wer-
ke. Vol. VII. germany: S. fischer Verlag; 1972: 129-139 (Sigmund freud. acciones
obsesivas y prcticas religiosas. en Obras Completas. V. IX. Trad. Jos luis etch-
everry. Buenos aires: ae).
5 Incluso la crtica informada del psicoanlisis freudiano mira con recelos el primer
texto sobre la religin. por ejemplo considrese un texto que, a pesar de su lectura
detenida y profunda de la obra freudiana, hace una lectura bastante sesgada de este
primer texto: paul Ricoeur. Freud: Una interpretacin de la cultura. Traduccin de
armando Surez. mxico: Siglo XXI; 2009.
Diego A. Soto Morera 73
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
moniales religiosos o neurticos. el trmino empleado en el t-
tulo alemn del texto es Religionsbungen cuya traduccin sera
prcticas religiosas. el criterio de ingreso a lo religioso que perfla
freud en aquel primer texto sobre la religin es inverso a aquel
centrado en el sentido o signifcados religiosos, y pone su aten-
cin en aquellas prcticas donde, a travs de una obstinada repeti-
cin (Jacques lacan), un tal sentido es sostenido, (re)producido
o transformado. esto delimita el problema de cara a las acciones
obsesivas (Zwangshandlungen): cmo la repeticin de prcticas
particulares propicia la reproduccin de un sentido que en otro
dominio parece estar obliterado? la mirada psicoanaltica se po-
siciona ac sobre las prcticas, mejor dicho: sobre las prcticas
en cuanto son narradas. Toma como objeto la narracin de las
prcticas con sus propias obliteraciones y censuras. y asume el
estudio de estas prcticas en tanto producen y propician sentidos
o signifcados.
ya en otro texto hemos abordado este primer ensayo de freud
sobre la religin
6
, razn por la cual no emprenderemos de nuevo
esa empresa. lo que nos interesa aqu es considerar, desde un
enfoque distinto al psicoanaltico, una refexin a partir de la in-
tuicin otrora propuesta por freud sobre el lugar de las prcticas
como criterio de ingreso para un estudio de lo religioso. esta sera
una perspectiva analtica que evita considerar las prcticas en tan-
to estn preadas de un sentido o contenido religioso o numinoso
que les otorga su propia especifcidad y orden. los ingresos que
asumen este principio estn en la lnea del estudio de lo religioso
que propuso, entre muchos otros, clifford geertz
7
donde las prc-
ticas religiosas y los smbolos que las posibilitan estn referidas a
un sentido (trascendental, sagrado, ltimo, numinoso, etc.) que
6 diego Soto. Demanda ertica. Religin terminable e interminable. Heredia: Sebila:
2011: 140-164.
7 The interpretation of cultures. uSa: Basic Books; 1973.
74 Volumen 6, Nmero 5, 2012
les precede, las constituye, jerarquiza, articula y al cual apun-
tan
8
. la intuicin freudiana seala por otra parte el caracter
productivo de las [Link] dnde deben dirigir sus mira-
das aquellas personas que procuran el estudio de lo religioso des-
de la ventana de las prcticas religiosas? considerar las prcticas
como el fundamento de la religin implica tomar en cuenta una
serie de consideraciones que usualmente quedan, si bien no por
fuera, s resagadas o sujetas a otros criterios que parecen tener
una mayor importancia en los estudios de religin.
este ingreso al estudio de lo religioso descanza sobre un primer
presupuesto, a saber, la nocin misma de religin. parafraseando
a foucault
9
, con respecto a la religin hay que ser nominalista
10
:
si bien pueden existir, y existen, nociones generales del trmino
religin no existen instituciones, iglesias, cuerpos, estructuras,
rituales, ceremonias, o grupos que corresponda a la generalidad
del trmino. Si se emplea religin en un sentido universal, ser
como un criterio estratgico para referirse en realidad a una red
articula de institutiones sociales y polticas (con sus lgicas, dis-
cursos y estrategias) y aquellas prcticas sociales de grupos, per-
sonas o comunidades que soportan, despliegan o resisten estas
institutiones en un contexto social e histrico particular. aque-
llo que vincula prcticas de personas y comunidades e institutio-
nes en el marco de unas tensiones, y que entonces las caracteriza
8 para un acercamiento a ingresos cercanos a esta propuesta en el marco de la eecR
ver Robles, amando. Verdad o smbolo? Naturaleza del lenguaje religioso. Heredia:
SeBIla; 2007.
9 Nos referimos a aquella advertencia que hace foucault en el campo de la analtica
del poder Hay que ser nominalista, sin duda: el poder no es una institutcin, y no
es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estaran dotados (ver mi-
chel foucault. Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber. Trad. ulises guiaz.
mxico: Siglo xxi; 1998: 113).
10 para un texto que asume la nocin de nominalismo como aquel giro teolgico sobre
el cual descansan las principales corrientes de pensamiento moderno ver michael
allen gillespie. The Theological Origins of Modernity. chicago: chicago university
press; 2008.
Diego A. Soto Morera 75
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
como religiosas, es la produccin de la experiencia religiosa, con
sus alcances, sus rituales, sus smbolos, etc. Ntese que desde este
ingreso el trmino religin no podra ser entendido como una
serie de procesos o prcticas, y las comunidades o instituciones
que las administran, que se despliegan en torno a un principio
o ncleo antropolgico llmese sentimiento o fe religiosa
11
. la
propuesta de este estudio reside en enterder los procesos reli-
giosos desde las prcticas, en tanto stas propician o producen
algo como un sentimiento o fe religiosa. en adelante asumimos
la tarea de abordar las implicaciones tericas, caractersticas y
cuidados metodolgicos implicados en un estudio de lo religioso
desde la perspectiva de las prcticas religiosas.
pensar las prcticas es una actividad que usualmente no hace-
mos, las damos por sentado. Son un misterio resuelto, condi-
cin de inicio, hiptesis de trabajo, supuesto bsico. ante las
prcticas asumimos una posicin de descripcin, narrativa, con-
templacin esttica o recopilacin estadstica. algunas apro-
ximaciones asumen las prcticas como un lugar de pacividad,
en tanto subordinadas a un sentido, una idea o un signifcado que
las gobierna y las determina como religiosas; y entronces estas
aproximaciones o estudios se enfocan en la idea, el sentido o el
signifcado como el punto originario. en este trabajo quiero rea-
lizar un ingreso analtico a la nocin prctica en trminos de
sus alcances sociopolticos. ac condero las prcticas desde su
11 Ver las consideraciones en torno a la nocin religin en Helio gallardo, a
propsito de las prcticas cristianas. consultado en internet: [Link]
[Link]/[Link]?option=com_content&task=view&id=265&Item
id=1 (21/04/2012); gallardo realiza una lectura de lo religioso como producto de la
sociabilidad humana y cmo a su vez lo religioso adquiere expresin y alcances de
orden poltico, aunque su comprensin de lo religioso sigue haciendo referencias al
lugar de una fe religiosa o experiencia de trascendencia como criterio determinante
de lo religioso. el problema que sealamos ac de esta perspectiva no reside en la
existencia o no de un tal ncleo religioso, sino en producir una forma de ingreso a lo
religioso que no est anclada en el presupuesto de dicho ncleo.
76 Volumen 6, Nmero 5, 2012
condicin performativa, desde su carcter productivo y no como
refejo de un ncleo o sentido que les provee su propia especi-
fcidad. el esfuerzo consisten en estudiar las prcticas sin sentido,
es decir, sin hacer referencia primeramente al sentido o cualidad
sagrada que est detrs de ellas, sino como aquel lugar donde
algo como lo Santo es producido.
a partir de esta aproximacin, procuro mostrar las interesantes
posibilidades que una categora como prcticas religiosas ofrece
al estudio de lo religioso. esto marca el criterio de este texto, el
cual, en una primera parte, discute y analiza la nocin prcti-
ca segn la pens pierre Bourdieu, aunque no necesariamente
ocupe un lugar central en sus aproximaciones a lo religioso; en
una segunda parte, y a partir del apartado anterior, se ofrece una
delimitacin teortica de la defncin, implicaciones y alcances
tericos y metodolgicos de la nocin prcticas religiosas. en un
tercer apartado discutimos de manera breve algunos puntos his-
tticos que marcan unos antecedentes de la consideracin de las
prcticas religiosas en acercamientos tericos o cientfcos en
torno a lo religioso. finalmente ofrezco una discusin en torno
a aspectos tericos y metodolgicos de las consideraciones que
a continuacin expongo con respecto a las prcticas religiosas.
pensar las prcticas. Cuerpo y creencia
cuando se trata de realizar un anlisis sociolgico de problemti-
cas o movilizaciones de ndole religiosa algunos acadmicos(as)
sealan las interesantes posibilidades de la teora de pierre Bou-
rdieu
12
. No obstante, la referencia al autor se reduce, a veces en
12 por ejemplo, un texto que discute las posibilidades de la teora de Bourdieu para
estudiar lo religioso, aunque en realidad hace referencia al menos en lo que respecta
al tema de lo religioso uno de sus textos, es eric Solera mata, la tensin unidad/
diversidad como eje constitutivo bsico del fenmeno religioso eclesial en Religin,
sociedad y crisis. costa Rica: flaSco, 2001: 7-40. el texto sintetiza una serie de
Diego A. Soto Morera 77
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
el mejor de los casos, a una conferencia donde Bourdieu discuti
con cierta extensin el problema de la religin desde su peculiar
enfoque sociolgico
13
. en ese texto, aquello que se comprende
como el campo religioso se centra y ocupa de un delimitado e
identifcable set de instituciones religiosas y los agentes (y pa-
cientes) que existen en ellas, al interior de unas tensiones y dis-
putas en torno a la concentracin, adquisicin y transferencias
del capital simblico. en el trabajo de Bourdieu dicho set est
constituido, bsicamente, por la Iglesia catlica francesa
14
. pre-
guntas y categoras importantes que propuso el socilogo francs
a lo largo de su obra quedan por fuera de ese acercamiento a lo
religioso. esta limitante la advirti el mismo Bourdieu en una se-
rie de clases que imparti en el Collge de France y la universidad
Lumire-Lyon donde se ocup, entre otros, de la especifcidad de
la economa simblica. al interior de esta discusin retom el
problema del estudio de la religin
15
. Si bien de nuevo el proble-
ma principal es la institucionalidad de la Iglesia catlica, Bour-
dieu ofrece una discusin en torno a la nocin prctica bastante
conceptos de Bourdieu, aunque en realidad no los discuta de manera crtica, sea-
lando algunas defciencias o limitaciones de algunos conceptos del socilogo francs
a la hora de estudiar lo religioso, cosa que el mismo autor abord en algunos de sus
trabajos. un texto que realiza un anlisis muy interesante de lo religioso a partir
de las categoras campo y capital simblico es lvaro Vega. Cuando Roma vino a
Centroamrica. Religin y poltica en el discurso de Juan Pablo II en sus visitas a Cen-
troamrica. Heredia, cR: uNa; 2003 (ver captulo III, pp. 163-184).
13 pierre Bourdieu, gnesis y estructura del campo religioso, en pierre Bourdieu. La
efcacia simblica. Religin y poltica. Buenos aires: Biblos; 2009: 41-89. puede to-
marse como ejemplo de esta aseveracin eric Solera mata, Op. Cit.
14 para una crtica de este texto de pierre Bourdieu en tanto delimitado a un estudio de
la institucin catlica ver courtney Bender, practicing religions en Robert orsi
(ed). The Cambridge Companion to Religious Studies. uSa: cambridge university
press, 2012: 273-295. la tesis de la centralidad de la nocin prctica en estudios de
lo religioso que seguimos en este texto es presentada y desarrollada en este texto,
aunque no con los mismas preocupaciones y discusiones que procuramos introducir
ac.
15 estas clases han sido recopiladas en el texto pierre Bourdieu, la economa de los
bienes simblicos en pierre Bourdieu. Razones prcticas. Sobre la teora de la accin.
Trad. Thomas Kauf. Barcelona: anagrama; 1997: 159-202.
78 Volumen 6, Nmero 5, 2012
sugestiva que presentamos en este apartado con referencias a
otros de sus textos.
en La economa de los bienes simblicos Bourdieu integra una se-
rie de pautas tericas que no aparecan en el primer texto sobre
la religin. Se trata de consideraciones en torno a las prcticas
de intercambio de obsequios. la centralidad de estas prcticas
reside en la produccin de una distancia o intervalo temporal
entre el acto de entregar el obsequio y el contra-obsequio, el cual
corresponde al obsequio que uno entrega como respuesta al pri-
mer obsequio. Bourdieu muestra cmo estas prcticas producen
o sostienen el tab de la explicitacin que consiste en reprimir la
verdad del inters econmico mediante la eliminacin del pre-
cio (quitar la etiqueta), y la negativa a entrar en criterios de
calculabilidad. con ello contribuyen a sostener el campo de una
economa particular donde el desinters es el principio bsico.
estas prcticas logran que la economa de la calculabilidad sea
revertida, que el inters aparezca en forma de desinters y que las
recompensas, los benefcios, las sanciones/disputas en torno a la
adquisicin, acumulacin y transferencia del capital funcionen a
travs de estrategias y lgicas propias del mercado de los bienes
simblicos. en este sentido, la prctica del intercambio simbli-
co es constitutiva de la sociabilidad requerida por el mercado de
los bienes simblicos, al tiempo que propicia la interaccin y mu-
tuo reforzamiento de ste con mercados de capital econmico.
as es como Bourdieu explica la relacin entre la anti-economa
del mercado de los bienes simblicos y la economa del capi-
tal econmico. por ejemplo, en el campo literario las sanciones
monetarias negativas se traducen en reconocimientos de bienes
simblicos. as quien pierda en trminos de remuneracin eco-
nmica gana en trminos de reconocimiento de sus cualidades
literarias; e inversamente, aquel autor que triunfa en ventas pier-
Diego A. Soto Morera 79
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
de en trminos de capital simblico (su obra es percibida como
comercial y por tanto de baja calidad literaria o artstica). de ah
la mxima baudelaireana: no carece de inters ser desinteresado;
segn Bourdieu es la lgica que introducen una serie de prcticas
en torno a la escritura y produccin literaria en la francia de la
segunda revolucin.
16
en trminos del campo religioso, la Iglesia
catlica de acuerdo Bourdieu opera como una empresa que se
niega como empresa. la Iglesia se encuentra en la obligacin
de mantener simultneamente dos verdades, la econmica de
produccin de insumos materiales y la verdad religiosa que niega
el carcter lucrativo de la primera y la introduce dentro de una
actividad sagrada. en este sentido, el lenguaje religioso que re-
chaza y condena el lucro desmedido, opera como una estrategia
o instrumento de eufemizacin de la propia actividad de enri-
quecimiento. dicha dualidad es constitutiva del habitus doble
de la estructura religiosa, aunque en apariencia fgure como una
distancia hipcrita entre discurso y prctica. en este sentido, la
dualidad es la que permite a la Iglesia catlica funcionar como
la empresa particular que es; esta doble verdad tiene un carcter
formativo que posibilita a la empresa-Iglesia catlica mantener-
se como tal
17
.
16 pierre Bourdieu. Las reglas del arte. Gnesis y estructura del campo literario. Trad.
Thomas Kauf. Barcelona: anagrama; 1995
17 al interior del proyecto Una contribucin para el estudio de lo religioso en Costa Rica,
el investigador gustavo a. gatica asumi la tarea de pensar la distancia entre dis-
curso y prctica en la Iglesia catlica costarricense en el marco del cuestionamiento
en medios de informacin al estado fnanciero y manejo de fondos por parte de la
conferencia episcopal de costa Rica. la tesis es que la distancia entre el discurso
religioso y las prcticas de acumulacin muestran una prdida del camino, donde la
prctica se desva de aquello propuesto por el discurso. ac el autor sostiene que esta
distancia indica una negacin en la prctica del propio discurso teolgico sobre la
pobreza y el enriquecimiento. lo que nos interesa es que en la introduccin gatica
advierte que se emplear la teora de pierre Bourdieu para llevar a cabo el anlisis de
tal distancia entre teora y prctica. Sin embargo, la teora de Bourdieu explica que
la distancia no es el resultado de una traicin a la verdad religiosa sino que eviden-
cia el carcter dual del habitus religioso en trminos de los mercados en los cuales
se despliega (ver gustavo gatica, de nobles principios y prcticas elementales de
80 Volumen 6, Nmero 5, 2012
Bourdieu, volviendo a nuestro tema, seala que las prcticas tie-
nen un carcter constitutivo de la creencia que opera y sostiene
los mercados de bienes simblicos. Recordemos que el ser del capital
simblico es un ser-percibido. depende que los agentes lo asuman
como tal, lo aprecien, lo apetezcan. en este sentido las prcticas
deben suscitar los espacios en torno a los cuales se formula la
creencia como condicin operativa de los agentes. aunque ca-
rezcan de fe religiosa los agentes creen. No es un anhelo (es-
ttico, emocional, espiritual, etc.) que tiene el individuo sobre
unos bienes simblicos. la creencia, pues, es constitutiva de la
pertenencia a un campo,
18
esto en cuanto la creencia est ins-
crita en el proceso de conformacin de las estructuras cognitivas
y de percepcin de los agentes. luego, esta creencia no se reduce
a una expresin religiosa, ni la confesin de un credo. No es un
estado del alma sino un estado del cuerpo,
19
una forma de pro-
ducirse como cuerpo en el mundo.
la creencia tiene una funcionalidad poltica dentro de los mer-
cados de bienes simblicos. Bourdieu explica esta creencia como
una adhesin inmediata. en la creencia dice Bourdieu, las estruc-
turas mentales de aquel a quien van dirigidas las conminaciones
estn en sintona con las estructuras implicadas en la conmi-
nacin que le es dirigida
20
. as no se trata de un cuerpo que
capta un mundo que le es ajeno o de una ley que se inscribe en
la carne, se trata de producir corporalidades. el mecanismo de
la creencia supone la produccin de un cuerpo-mundo, es de-
cir, una serie de disposiciones corporales que ubican, delimitan y
acumulacin. aportes para la discusin de algunas rupturas del discurso y prctica de
la jerarqua eclesial catlica en torno a la acumulacin econmica en diego Soto
(editor). Una contribucin para el estudio de lo religioso: Categoras de anlisis y factores
de estudio. Heredia: eecR, en publicacin).
18 pierre Bourdieu. El sentido prctico. Trad. ariel dilon. Buenos aires: Siglo XXI,
2007: 109.
19 Ibdem., pp. 111.
20 pierre Bourdieu, La economa de los bienes simblicos pp. 173.
Diego A. Soto Morera 81
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
propician espacios, tiempos y relaciones. de esta forma, la creen-
cia es el resultado de la produccin de una corporalidad; la con-
formacin de la disposicin permanente, manera perdurable de
estar, de hablar y de caminar, y, por ende, de sentir y de pensar.
21

esto que se ha hecho cuerpo no es algo que se tiene o adquiere,
sino que se acta (como el pasado en el psicoanlisis freudiano,
por ejemplo); no es algo que se sabe sino aquello que uno es. la
creencia opera gracias a la produccin de una corporalidad como
forma de existir en un campo social determinado. esta creen-
cia es propiciada y sostenida, o incluso transformada, a travs
aquellas prcticas, siempre cotidianas, que socialmente operan
un trabajo artesanal sobre los sentidos, la ingesta y evacuacin,
el trnsito, el reposo, las relaciones con otros cuerpos o con el
propio, etc. de ah que la nocin prctica no slo est inscrita y
es propiciada por la sociabilidad y las relaciones de poder, sino
que es constitutiva de ambas.
22
en la teora de Bourdieu, la prctica a la que hacemos referencia
es aquella ms automatizada, que se ejecuta casi de un modo
inconsciente. es la corporalidad en su aspecto ms cotidiano,
donde no se repara en lo que se hace mientras se le ejecuta, don-
de uno se gua como llevado por un impulso natural pero que en
realidad es el resultado de una serie de trabajos, siempre socia-
les, sobre el cuerpo. es por esta razn que la prctica escapa a
21 pierre Bourdieu. El sentido prctico., pp. 113.
22 el ingreso de un autor como Slavoj iek al problema de la ideologa guarda gran
afnidad con este ingreso terico al problema de la creencia. la importancia de la
ideologa radica, segn el flsofo esloveno, no en lo que se dice o piensa, como se le
asume comnmente, sino en lo que se hace. la ideologa debe ser entendida desde la
prctica no desde la idea o el saber. de ah la importancia que el flsofo lacaniano
pone a un anlisis de algo tan bsico como la forma en la cual se conforman los
inodoros. iek se interesa por los cambios en la mecnica y procesamiento de la
defecacin y su relacin con las formas ideolgicas de una poblacin especfca. la
forma en la cual defecamos puede decir ms de lo que pensamos que aquello que
sostenemos verbalmente (ver El sublime objeto de la ideologa. Trad. Isabel Vericat.
Buenos aires: Siglo Veintiuno; 2003).
82 Volumen 6, Nmero 5, 2012
la total descripcin o aprehensin del observador, y por tanto,
solo se puede hablar de ella de manera negativa
23
. es el msico
o deportista que a pesar de ser capaces de realizar la interpreta-
cin perfecta o la jugada precisa, difcilmente seran capaces de
traducir verbalmente su propia prctica
24
. esta prctica tiene
su lgica especfca e introduce sus propios parmetros (arriba-
abajo, seco-hmedo, fro-caliente, interno-externo, etc.). es la
prctica en tanto algo es incorporado, no porque un objeto ajeno
y externo se introduzca o integre en el cuerpo, sino porque
emerge una forma particular de ser cuerpo, de corporalidad. las
prcticas facilitan y producen las condiciones de juego, de in-
teraccin, de movilidad dentro de los campos sociales. Incluso
producen los espacios, con sus asperezas, sus lmites, sus irregu-
laridades. permiten las formas cotidianas que posibilitan ciclos,
periodos, fujos de tiempo regular o irregular; as, las prcticas
hacen posible el tiempo como un saber corporalizado y no como
un categora abstracta.
la prctica es, as, un proceso constitutivo de las relaciones socia-
les en tanto propicia el espacio, momento y tiempo de la accin.
la prctica posibilita un cierto saber, saber social, que nos indica
cmo debemos comportarnos en situaciones especfcas. aquello
que la sociabilidad tiene como ms fundamental sera, entonces,
la produccin y articulacin de prcticas. luego, un presupuesto
bsico es que las prcticas constituyen y estn constituidas por
relaciones de poder. esto no quiere decir que en unos Cuarteles
Generales del poder se piensa una serie de prcticas a travs de las
23 pierre Bourdieu. El sentido prctico., pp. 129.
24 otro autor francs que trabaj ampliamente en esta lnea fue maurice merleau
ponty, quien indica de este juego del msico: The performer is no longer produc-
ing or reproducing the sonata: he feels himself, and the other feel him to be at the
service of the sonata: the sonata sings through him or cries out so suddenly that he
must dashon his bow to follow it (merleau ponty,The philosophy of existence,
Trans. allen Weiss. In Stewart, J. (ed). The debate between Sartre and Merleau-Ponty.
evanston: Northwestern press 1998: 501).
Diego A. Soto Morera 83
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
cuales se logra naturalizar en los cuerpos dominados algo como
las estructuras generales de dominacin. No debe pensarse que
esto refere a una ingenuidad terica en la cual incurren los ms
jvenes; ocurre en no pocos casos, incluso en aquellos autores
que han dedicado un espacio importante en su vida acadmi-
ca al estudio de lo religioso. un autor como eric Solera mata
afrma: la autonoma relativa del campo religioso se explica
bsicamente por un fenmeno fundamental en su constitucin;
a saber, aquello que Weber explica como un cuerpo de especialistas
que asumen la tarea de producir prcticas y discursos en virtud
del poder con el que estn investidos, para satisfacer un tipo espe-
cfco de necesidades de sentido
25
. esto implica que el estudio ubica
como centrales los criterios institucionales, y estudia el campo
religioso desde la centralidad de la institucin o del cuerpo de
especialistas (incluso se seala como elemento constitutivo del
campo). asimismo, esta forma de acercamientos supone la ubi-
cacin de un ncleo antropolgico, social o metafsico a partir
del cual se despliegan las prcticas religiosas y las instituciones
que lo administran. en el caso de Solera tenemos la necesidad
de sentido, o bien la demanda especfca de representacin del
mundo. Solera incluso aclara que este ncleo suele identifcar-
se histricamente en las sociedades humanas el inters especfco
por remitir tal representacin del mundo a fuerzas sobrenaturales
y metasociales;
26
como si fuera, entonces, una condicin uni-
versal que se comprueba por induccin matemtica, y por tanto,
una condicin dada.
en el ingreso que estamos desarrollando, las prcticas no emer-
gen del sueo de un cuerpo de especialistas; como otrora la diosa
surgi de los sueos de Zeus.
27
Nuestro acercamiento, por otro
25 eric Solera, la tensin unidad/diversidad, Op. Cit. pp. 12. Negrita e itlicas en
el original.
26 Ibdem., pp. 23.
27 en este punto hay una gran cercana con la teora del poder en foucault: no
84 Volumen 6, Nmero 5, 2012
lado, supone afrmar que las prcticas emergen perifricamente
como respuestas de comunidades o agentes a problemticas ma-
teriales particulares, sean stas de orden religioso o no (esto se
explicar ms adelante en nuestra discusin con Wittgenstein).
eventualmente, algunas de estas prcticas dan muestras de ser
efectivas a ciertas estrategias del poder, y entonces son articu-
ladas con lgicas, criterios, y estructuras de orden institucional
o colectivo pero siempre de manera muy puntual. asimismo,
aquellas prcticas que dan muestras de revertir lgicas sociales
de poder son combatidas, resistidas, condenadas. defnen a los
cuerpos malditos, con sus placeres prohibidos, sus goces nausea-
bundos, su anatoma anatemizada. de lo contrario, no sera posi-
ble explicar cmo un tipo especfco de necesidades de sentido
ha emergido y demanda satisfaccin. Se elige el camino con-
trario, mostrar cmo son las mismas prcticas las que propician
el espacio y tiempo donde emergen unas tales necesidades de
sentido, as como en psicoanlisis lacaniano es lo que reprime
aquello que propicia lo reprimido. Incluso la emergencia de un
tal cuerpo de especialistas surge en el espacio de tensin o mutuo
reforzamientos entre una serie de prcticas y unos discursos.
pinsese en una prctica tan simple como evitar cubrir la boca
con las manos durante el estornudo. una prctica dirigida a
evitar la propagacin de enfermedades con alcance pandmico.
prctica que produce su propio espacio, o mejor: que busca deli-
mitar y aminorar en la medida de lo posible un espacio, el rango
de alcance de la saliva. una prctica que relaciona ciertas par-
tes y sensaciones corporales, propias de la mecnica del sistema
respiratorio, con acciones musculares y membranas externas (la
busquemos el estado mayor que gobierna, ni los grupos que controlan los aparatos
del estado [] la racionalidad del poder es la de las tcticas a menudo muy explcitas
en el nivel en que se inscriben cinismo local del poder, que encadenndose unas
con otras, solicitndose mutuamente y propagndose, encuentran en otras partes sus
apoyos y su condicin (Historia de la sexualidad I, pp. 115).
Diego A. Soto Morera 85
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
piel del antebrazo, la tela, el pauelo). una prctica que ubica
a los agentes en el campo de una lucha, una tensin con alcan-
ces polticos (en principio en trminos de salud pblica). una
prctica que es un saber y que procura producir una corporalidad
en torno al estornudo. Que me indica cmo relacionarme con
otros; ya sea yo quien estornuda, ya sean los otros. una prctica
que produce divisiones entre lo pblico y lo privado a partir de la
especifcidad propia de la circunstancia del estornudo. una prc-
tica tambin asociada a otras prcticas de recompensa o sancin.
el esfuerzo por parte de polticas de salud est dado en trminos
de produccin de una corporalidad particular, y va dirigido a que
la boca busque naturalmente el antebrazo y con esto evitar que
las manos esparzan el virus. Se promueve ac una prctica que
da muestras de ser efectiva debido a la mecnica del estornudo y
criterios de propagacin de los virus, pero que requiere de toda
una serie de esfuerzos institucionales, polticas de salud pblica
y esfuerzos educativos enfocados en la produccin de una cor-
poralidad del estornudo, que deben recurrir a una serie de estra-
tegias y mecanismos disciplinarios que individualizan y generan
ciertos hbitos higinicos requeridos para combatir la pandemia.
es una prctica fundamental dentro de cierto campo de la salud.
este sera un ingreso al campo de la salud desde la perspectiva de
las prcticas, que advierte utilidad en una forma de estornudar
que ha emergido en circunstancias materiales puntuales, pero
que al dar muestras de efectividad en situaciones como la ame-
naza pandmica se ofrece como norma.
de esta forma, las prcticas carecen de una teleologa previa que
es defnida institucionalmente, y originariamente responden a
condiciones materiales puntuales (hambruna, pandemia, desas-
tre, bsqueda del placer, cambios en las relaciones de produc-
cin, etc.). las prcticas, hijas de la sociabilidad, son las que
producen, sostienen, y tambin revierten unas acciones, unos
86 Volumen 6, Nmero 5, 2012
sujetos y unas relaciones sociales. la teora de la accin de Bour-
dieu descansa sobre la piedra angular que es esta nocin de prc-
tica. luego algo como los campos sociales, entonces, no debe ser
estudiado desde las instituciones ms centrales que las estructu-
ran y les ofrecen un cuerpo (doctrinal, jurdico, tico, discursivo,
etc.). el ingreso a los campos debe marcarse primeramente por
un estudio de las prcticas ms perifricas (capilares, dira fou-
cault) que sostienen, en la creencia, la pertenencia a un campo
y la percepcin del capital que posee. Se trata de un ingreso a
los campos desde sus espacios ms limtrofes, pero tambin ms
cotidianos y puntuales. dicho ingreso no consiste en asumir que
toda una institucin se refracte o est presente en una prctica
particular. el esfuerzo procura advertir, primeramente, el carc-
ter estratgico que tiene un determinado set de prcticas dentro
de una urdimbre de tensiones, fuerzas, desequilibrios y transac-
ciones entre los agentes que existen en las instituciones y comu-
nidades que conforman un campo determinado.
las prcticas (re)producen o revierten la sociabilidad requerida
por un campo determinado. Su labor es la produccin de aque-
llos cuerpos-mundo a travs de las cuales se trazan los lmites de
lo pblico o lo privados
28
, lo cotidiano o lo extranjero sobre los
que descansa la espacialidad social. las prcticas introducen o
realizan una serie de operaciones sobre los sentidos y sus usos,
manejo de alimentos; modos permitidos o posibles de ingesta,
28 una autora como Judith Butler, al discutir el lugar de la religin en la modernidad,
advierte la importancia de un trabajo sobre el cuerpo y los sentidos con el fn de esta-
blecer y conformar la esfera pblica y privada: Siempre surge esa pregunta: tendra
que escuchar esto o no? estoy siendo escuchado o me estn malinterpretando? la
esfera pblica se conforma siempre mediante ciertos tipos de exclusin: imgenes
que no se pueden ver, palabras que no se pueden or. y esto signifca que la regu-
lacin del campo visual y auditivo junto con los otros sentidos, sin duda es crucial
para la defnicin de lo que puede llegar a ser un asunto debatible dentro de la esfera
poltica (Judith Butler, el judasmo es sionismo? en Jrgen Habermas y otros. El
poder de la religin en la esfera pblica. Trad. Jos mara carabante y Rafael Serrano.
madrid: Trotta; 2011: 73).
Diego A. Soto Morera 87
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
evacuacin, exposicin, intimidad, trnsito, reposo, placer, do-
lor, juego, muerte, cautiverio, etc. la relacin con otros cuer-
pos y con el propio se produce a travs de ciertas prcticas. los
comportamientos en trminos generacionales como infancia o
vejez; o comportamientos en trminos de la sexualidad estn re-
feridos a distintos arreglos de prcticas. la forma en la cual uno
se conduce en espacios pblicos como la escuela, el trabajo, el
hospital, el aeropuerto, el sistema de transporte, los centros de
recreacin, etc., dependen de las prcticas que sostienen unas
conductas permitidas y procura el rechazo de conductas conde-
nables. es por esta razn que las instituciones suponen una rela-
cin, promocin, y a veces condena, de ciertas prcticas que le
son afnes o bien contrarias. las prcticas son productos sociales,
efectivamente, pero tienen un lugar axial en la sociabilidad. las
prcticas no son una cualidad natural de los individuos, sino que
delimitan las relaciones y los espacios a partir de lo cual surge o
se posibilitan tambin momentos como la individualidad o la
colectividad. las prcticas son inmanentes a las relaciones so-
ciales, pero tienen un carcter productivo y transformador de
stas. de ah que nociones cruciales en Bourdieu como accin,
campo, capital simblico, habitus o la creencia dependan o estn
asentadas sobre la nocin prctica.
prcticas religiosas. de cuerpos sagrados y malditos
la teora de la prctica que hemos desarrollado en una lectura,
bastante breve, de pierre Bourdieu nos permite establecer algu-
nos criterios sobre la defnicin, naturaleza y criterios de apro-
ximacin a algo que denominaremos en adelante prcticas re-
ligiosas. en principio debemos anotar dos observaciones que se
desprenden inmediatamente de lo dicho antes.
88 Volumen 6, Nmero 5, 2012
la primera observacin introduce un criterio metodolgico.
desde este enfoque no se trata, al considerar algo como el campo
religioso, de estudiar primeramente las instituciones religiosas
(la estructura clerical, sus discursos, por ejemplo) y sus agentes
como el eje constitutivo a partir del cual se despliegan, pien-
san y articulan aquellas prcticas que sostienen dicho campo.
esto no quiere decir que evitamos pensar el carcter institucio-
nal de estas prcticas o cmo algunas prcticas se articulan con
estructuras de dominacin que son propios del campo religioso
u otros campos. esto porque evitamos pensar una prctica como
la condensacin de la estructura y lgicas de una institucin re-
ligiosa, y la pensamos por otro lado como una respuesta de una
comunidad a una situacin particular, material, y puntual donde
una cierta corporalidad es requerida; prctica que luego de dar
muestras de ser efectiva con ciertas estrategias ms centrales pasa
a ser articulada con otras formas y prcticas institucionales; o
bien, por otro lado, una prctica puede resultar en una resisten-
cia de los ejes ms centrales del arreglo institucional religioso y
entonces es denunciada o rechazada como pecado. pero el ingre-
so, de nuevo, reside en las prcticas ms perifricas y cotidianas.
esta sera una respuesta al carcter delimitado de los ingresos del
mismo Bourdieu al campo religioso, en tanto el autor francs se
enfocara en un set de institucionalidades, reducido en ltimo
trmino a la Iglesia catlica francesa.
la segunda observacin estara mucho ms vinculada a las
prcticas rituales o que son concebidas como relaciones con la
institucionalidad religiosa. es una crtica que realiza Bourdieu
a los posibles ingresos que podran hacerse a las prcticas cere-
moniales. el ingreso consiste en evitar la posicin analtica que
asume los ceremoniales o ritos, por ejemplo, como expresin de
un sentido ultramundano, sagrado o ltimo a partir del cual se
despliegan y gracias al cual adquiere orientacin una determina-
Diego A. Soto Morera 89
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
da prctica. el ejercicio de lectura estara dado por una premisa
analtica bsica:
comprender la prctica ritual, devolverle no solamente su ra-
zn sino su razn de ser sin convertirla en construccin lgica o
en ejercicio espiritual, no es slo reconstruir su lgica interna;
es restituirle su necesidad prctica al referirla a las condiciones
reales de su gnesis es decir a las condiciones en las cuales se
hallan deferidas las funciones que ella cumple y los medios que
emplea para lograrla.
29
es un ejercicio de lectura que evita la mistifcacin de las prc-
ticas, o su mera descripcin. Implica no pensar las prcticas ri-
tuales como subordinadas a un sentido o ncleo sagrado-ltimo
que las defne y especifca. consiste en evitar comprender las
prcticas como derivadas de un ncleo religioso antropolgico,
ya sea un sentimiento o una cualidad, o bien una forma de lo sa-
grado o numinoso que afecta o impacta al ser humano;
30
ncleo
que adquiere y se despliega a travs de ciertas prcticas. evita
considerar las prcticas religiosas con miras a determinar que es
lo que todas tienen en comn. por otro lado, este ingreso procura
buscar en las prcticas rituales los fundamentos ms brutalmen-
te materiales, contingentes, histricos (por ejemplo la respuesta
29 Bourdieu. El sentido prctico, pp. 155.
30 pinsese en este punto un acercamiento como el de carl gustav Jung: Religin es
como dice la voz latina religare la observancia cuidadosa y concienzuda de aquello
que Rudolf otto acertadamente ha llamado lo numinoso: una existencia o efecto
dinmicos no causados por un acto arbitrario, sino que, por el contrario, el efecto se
apodera y domina al sujeto humano que siempre, ms que su creador, es su vctima.
Sea cual sea su causa, lo numinoso constituye una condicin del sujeto, indepen-
diente de su voluntad [] lo numinoso es, o la propiedad de un objeto visible, o
el infujo de una presencia invisible que producen una especial modifcacin de la
consciencia (Psicologa y religin. Trad. T. m. de Brugger. Barcelona: paids; 2006:
21-22). aparece entonces un ncleo, una propiedad, una causa (de la cual Jung
evita entrar en detalles) que funciona como el agente originario y fundamental de
las experiencias religiosas y de toda prctica que pueda denominarse como religiosa.
90 Volumen 6, Nmero 5, 2012
ante la debilidad de las fuerzas productivas y reproductivas en un
momento particular) que han adquirido un espacio al interior
de la magia, el ceremonial, la adoracin, etc. consiste en hacer
una lectura de las prcticas religiosas en tanto han emergido en
situaciones muy puntuales y como respuesta a problemticas o
tensiones determinadas. es una lectura de la gnesis de unos ta-
les ceremoniales o prcticas religiosas en la periferia del campo
religioso, en los lmites de las instituciones, y que responden a
condiciones materiales que pueden o no pertenecer al campo
religioso. consistira en sealar a travs de cuales mecanismos
estas prcticas soportan ciertos elementos religiosos (fe, espiri-
tualidad, lo sagrado)
31
. o bien, puede referirse tambin a un estu-
dio de un prctica muy puntual de una institucin religiosa pero
que a travs de procesos histricos, pasa a formar parte de las
corporalidades comunitarias y entonces son transformadas en su
constitucin ms bsica.
en esta lnea podemos considerar diversos estudios de carcter
etnogrfco que muestran cmo una prctica ceremonial o ritual
producida al interior de una institucin religiosa es incorporada y
transformada por una comunidad particular y pasa a formar parte
constitutiva de sta. un ejemplo particular lo ofrece un estudio
de las prcticas de adoracin y cuido de la representacin del
Cristo Aparecido
32
en comunidades aborgenes mexicanas, donde
una prctica institucional de adoracin en torno a un crucifjo
es incorporada y transformada en sus fundamentos ms bsicos;
pero que a su vez modifca profundamente los elementos particu-
lares de la sociabilidad de estas comunidades, cuyas divinidades
31 la perspectiva de Talad asad es bastante cercana en su teora del ritual en este
punto: my general suggestion is that changes in institutional structures and in or-
ganizations of the self make possible, for better or worse, the concept of ritual as a
universal category (Genealogies of religion. Discipline and reasons of power in Christi-
anity and Islam. Boston: The Johns Hopkins press; 1993: 55).
32 Jennifer Scheper Hughes. Biography of a Mexican Crucifx: Lived Religion and Local
Faith from the Conquest to the Present. uSa: oxford university press, 2010.
Diego A. Soto Morera 91
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
y prcticas religiosas autctonas son integradas a la adoracin
del crucifjo con lo que se transforman a ambas, el crucifjo y las
divinidades. y en este mismo proceso, la comunidad se redefne
en maneras que difcilmente habran anticipado los jesuitas o las
mismas comunidades.
debemos sealar, en este punto, que las prcticas religiosas no se
derivan tampoco de una matriz estrictamente cristiana; sino que
es asumido aqu como un elemento constitutivo de los procesos
religiosos en general. para ejemplifcar este punto puede con-
siderarse las tradiciones de inspiracin africana en la Habana,
cuba. en particular aquellas prcticas que son incluso perifricas
con respecto a las tradiciones ocha (la Regla de ocha), en par-
ticular nos referimos a la tradicin palo, que emerge a partir de
una serie de crticas a ocho con respecto al trato y consideracio-
nes sobre los muertos. lo que ac nos interesa es la atencin que
se pone a la conformacin de una serie de tcnicas corporales
con respecto al trato que se hace de las prendas que se ofrecen
a los muertos:
They teach the bodily posture one must assume when in the
presence of prendas-nangas-enquisos, the kind of bench one
should use to sit when not kneeling, and how far to keep ones
body from a prenda. They teach ngueyos how one should smoke
a cigar and drink aguardiente, the rum that prendas-ngangas-
enquisos prefer. palo society teaches the etiquette of contact a
prenda-nganga-enquiso demands how it should be spoken to,
touched (if ever), and deferred to.
33

de esta forma, las prcticas religiosas estn destinadas a la con-
formacin de ciertas corporalidades, o formas de ser cuerpo en
33 Todd Ramn ochoa. Society of the dead. Quinta manaquita and palo praise in
cuba. los angeles: university of california press; 2010: 75.
92 Volumen 6, Nmero 5, 2012
espacios determinados. las prcticas religiosas son diversas, e
incluyen aspectos como el consumo de cigarrillo o bebidas alco-
hlicas que deben considerarse no como referidas a un sentido,
sino en torno a la produccin de unas corporalidades afnes a
ciertos criterios sociales, los cuales dan muestran de las gnesis
de estos rituales.
las prcticas religiosas son productivas. a travs de stas se pro-
picia la corporalidad que posibilita o sostiene algo como la fe
religiosa o el sentimiento religioso, la experiencia mstica o el
arrebato espiritual
34
. en este sentido el carcter de lo religioso
no reside en una idea, en un credo que uno confesa, o unas dis-
posiciones inherentes o manifestaciones de lo sagrado o san-
to
35
. lo religioso adquiere su especifcidad en el mbito de una
serie de prcticas que propician y a travs de la cuales se produce
una corporalidad particular. corporalidad afn a los criterios ms
centrales de la institucionalidad del campo religioso, o bien, cor-
poralidad que resiste tales criterios, corporalidad maldita, cuerpo
pecado. el argumento de fondo aqu, no es slo afrmar que algo
como los smbolos religiosos o los rituales estn ntimamente li-
34 Incluso una perspectiva como la de mircea eliade comprende este paso como nece-
sario. Recordemos cun importante resulta para eliade lo profano dentro de la his-
toria de lo sagrado, en tanto no existe una experiencia de la piedra sagrada, por
ejemplo, sin una experiencia de la piedra en su carcter ms material y mundano
que la soporte (ver Lo sagrado y lo profano. Trad. luis gil fernndez. espaa: paids;
1998).
35 en esta ltima lnea ver Rudolf otto. Lo santo: lo racional e irracional en la idea de
Dios. madrid: alianza; 1985. es interesante considerar la problemtica que provoca
este texto en el mbito ingls. esto porque el ttulo original Das Heilige, publicado
en 1917, suscitaba el problema de asumir lo Santo como con existencia en s mismo.
de ah que para los lectores del mbito ilustrado britnico el trabajo fuera traducido
como: The idea of the holy, con el propsito de reducir el impacto de la apuesta de
otto, al sealar que la realidad de algo como lo santo no est en s misma, sino en el
soporte de las ideas. lo santo sera un estado mental que depende ms de la percep-
cin o de la estructura psicolgica que algo en s mismo ante lo cual uno se encuen-
tra. para una discusin sobre el texto de otto y sus posibilidades para el estudio de lo
religioso ver Robert orsi, The problema of the holy en Robert orsi. The Cambridge
companion to Religious Studies. uSa: cambridge university press, 2012: 84-105.
Diego A. Soto Morera 93
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
gados a la vida social, o que soportan o resisten las estructuras
de dominacin. consiste en sealar cmo una serie de prcticas
propiciaron unas corporalidades en el campo donde las represen-
taciones religiosas adquieren su identidad y valor simblico. es
decir, las prcticas religiosas adquieren su especifcidad en tanto
(re)producen, en trmino de continuidad o ruptura, la corporali-
dad afn a unas experiencias y acciones que son entendidas como
experiencia espiritual o religiosa (as le llamemos fe religiosa,
experiencia numinosa, etc.).
un ingreso a lo religioso desde esta perspectiva tendra un crite-
rio metodolgico fundamental, que est dado por la forma en la
cual se ha defnido la nocin prctica. Si la nocin prctica est
vinculada con la produccin de corporalidades, la atencin que
deben darse a dichas prcticas est marcada por una analtica del
cuerpo, y muy en particular de sus sentidos como aquello que
permite a las corporalidades la interaccin social. es un cuerpo
que oye, que mira, que siente, que huele, que prueba. gracias a
la misma nocin de prctica que hemos trabajado, debe adver-
tirse que no se ve, escucha, huele, siente o prueba en abstracto,
sino que stos sentidos se desarrollan, potencian u obliteran en
contextos sociales, al interior de fuerzas y resistencias, y a partir
de criterios institucionales y comunitarios.
este criterio de ingreso a lo religioso es muy afn al que propone
Talad asad, quien lo denomina Arquitectura de los sentidos:
To explore how religion, belief, and politics are linked to one
another, we need to enquire not only into institutional lands-
capes but also ask a number of questions about the body, its
senses, and its attitudes. for this, we need ethnographies of the
human body its attitudes toward pain, physical damage, decay,
and death, as well as toward bodily integrity, growth and enjo-
94 Volumen 6, Nmero 5, 2012
yment, and the conditions that isolate persons and things from
or connect them strongly with others. What architecture of the
senses hearing, seeing, smelling, touching, tasting do particu-
lar embodiments and sensibilities depend on?
36
las races de esta perspectiva se encuentran en marcel mauss
(referencia obligada para los trabajos de Bourdieu) y su nocin
de tcnicas corporales.
37
el concepto designa la forma en que los
hombres, sociedad por sociedad, hacen uso de su cuerpo
38
. el
texto remite a una serie de tecnologas que se aplican sobre los
sentidos, sobre los apetitos, el reposo, el movimiento, el consu-
mo, la evacuacin, la enfermedad, la muerte, etc. el criterio que
introduce asad, tambin lector de mauss, permite pensar cmo
el campo religioso, en su interaccin con otros campos, debe es-
tudiarse no slo desde las instituciones centrales, sino desde los
sentidos corporales, la relacin con el dolor, el dao, el placer,
la satisfaccin, etc., con los cuales se enfrentan estas institucio-
nes. la atencin que se pone a las prcticas religiosas est diri-
gida a aquellas tcnicas corporales que se aplican sobre ciertos
sentidos: el entrenamiento del ojo (la aparicin), la escucha (la
revelacin), el olfato (aplicacin de incienso o soluciones aro-
mticas), el gusto (la ingesta como prctica ritual), el tacto (el
contacto con el cuerpo del muerto, el cuerpo sagrado, el cuerpo
36 Talad asad. Thinking about religion, belief, and politics, en Robert orsi. The
Cambridge companion to Religious Studies. uSa: cambridge university press, 2012:
51 [para explorar cmo la religin, la creencia y la poltica estn vinculadas entre s,
necesitamos inquirir no solo en el panorama institucional, pero tambin preguntar
una serie de cuestiones acerca del cuerpo, sus sentidos, y sus actitudes. para esto
necesitamos etnografas del cuerpo humano sus actitudes hacia el dolor, el dao
fsico, decadencia, y la muerte, as como la integridad corporal, desenvolvimiento y
goce, y las condiciones que separan personas y cosas o con las conectan fuertemente
a unas con otras. de qu arquitectura de los sentidos escuchar, ver, oler, tocar,
probar dependen ciertas corporalidades o sensibilidades? Traduccin diego Soto].
37 marcel mauss. Tcnicas y movimiento corporales, en marcel mauss. Sociologa y
antropologa. Trad. Teresa Rubio de marin-Retortillo. madrid: Tecnos; 1971: 335-
356.
38 Ibdem., pp. 337.
Diego A. Soto Morera 95
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
del hermano). es un estudio de aquellas prcticas brutalmente
corporales que soportan algo como la fe religiosa, la experiencia
numinosa, el arrebato espiritual segn se lo entiende en una comu-
nidad determinada. Qu sentidos son desarrollados u oblitera-
dos a travs de ciertas prcticas? cmo tal desarrollo o conten-
cin de los sentidos habla de la gnesis de ciertas prcticas que
se han vuelto relevantes dentro de comunidades religiosas? por
qu ciertas prcticas corporales adquieren o adquirieron un lugar
dentro de las institucionalidades religiosas mientras otras han
sido condenadas?
un estudio de este tipo est mucho ms interesado en anali-
zar una tal arquitectura de los sentidos o anatoma de los cuerpo
malditos que en describir (o descubrir) los signifcados o ncleos
religiosos, comunes a todas las prcticas religiosas y que las ha-
cen posibles. desde esta perspectiva, algo como un signifcado o
contenido sagrado de una prctica se analiza en tanto es poten-
ciada, propiciada o (re)producida por una articulacin especfca
de los sentidos o de diversas disposiciones corporales, a travs
de un set particular de prcticas. No se parte de una fe religiosa
o sentimiento religioso generalizado u antropolgico (incluso on-
tolgico), que adquiere expresin en un contexto particular a
travs de ciertas unas prcticas en unas comunidades especfcas.
un ingreso como ste ltimo hunde sus races en la refexin del
telogo alemn friedrich Schleiermacher, que parta de la cen-
tralidad de un sentimiento religioso comn al ser humano.
39
en es-
39 Schleiermacher propuso que aquello que defna a la religin es la relacin que se
establece con un ncleo interno, un sentimiento fundamental. lo que determina
algo como una Iglesia, entonces, sera aquella conformacin de un grupo social en-
raizada y dedicada a la idea de un sentimiento comn. para una discusin sobre estas
nociones ver: Schleiermacher. On Religin: Speeches to Its Cultured Despisers. Trad.
Richard crouter. New york: cambridge university press; 1996. para un estudio so-
bre los posibles aportes de Schleiermacher al estudio de lo religioso ver andrew
dole. Schleiermacher on Religin and the Natural Order. New york: oxford university
press; 2010.
96 Volumen 6, Nmero 5, 2012
tas meditaciones sobre Bourdieu, sealamos que un estudio de lo
religioso debe considerar las prcticas, en las que supuestamen-
te se expresan unos contenidos religiosos, como el lugar donde
tales contenidos o signifcados son producidos como estados del
cuerpo, en tanto la prctica, referida a condiciones de existencia
material, propicia una corporalidad particular a travs de dispo-
siciones sobre los sentidos, a partir de lo cual se piensan, (re)pro-
ducen o resisten unos signifcados, sentidos o ncleos religiosos.
prcticas religiosas. antecedentes de su estudio
esta aproximacin a los fenmenos de ndole religiosa desde el
criterio de las prcticas no es en realidad una novedad. Repre-
senta una historia larga, no siempre con los mismos intereses,
alcances o despliegues. en este apartado solo sealamos un pe-
queo derrotero de lo que debera ser un estudio mucho ms
pausado de las historia del estudio de las prcticas religiosas,
dentro de la historia de las ideas sobre religin. por exceder el
objetivo que buscamos concretar en este texto, slo ofrecemos
algunas referencias que delimitan importantes giros en el estudio
de las prcticas religiosas.
aunque en realidad la consideracin del lugar de las prcticas
religiosas es muy anterior
40
; quisiera iniciar con un acercamien-
to a un texto de la colonia. Nos referimos al trabajo del jesuita
Jos de acosta Historia natural y moral de las Indias, publicado en
1590, con el permiso de gonzalo dvila, provincial de la Socie-
dad de Jess en Toledo, espaa
41
. el texto pertenece a un perodo
40 para una ubicacin genealgica del estudio de lo religioso ver Stanley Jeyara Tam-
biah. Magic, religin, and the scope of rationality. uSa: cambridge university press;
2006. Tambiah hace un recorrido histrico por diversas formas de ingreso al estudio
de lo religioso. desde la antigedad griega hasta los ms recientes estudios de neuro-
ciencia y ciencias cognoscitivas con respecto al lugar de que ocupa la religin en la
mente o en el cerebro.
41 Jos de acosta. Historia Natural y Moral de las Indias: en qu tratan las cosas notables
Diego A. Soto Morera 97
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
posterior al arribo de los primeros colonizadores, y no trata de
narrarnos la historia del arribo
42
. acosta procur, por su parte,
comunicar una comprensin exhaustiva del Nuevo Mundo. Se
plantea los temas ms diversos, desde la redondez de la Tierra
(justifcada ahora con referencias bblicas), la forma en la cual
emergen estas tierras y sus temperaturas, cmo arribaron sus gen-
tes
43
. adems, realiza un recuento de sus metales, plantas, mine-
rales, un bestiario bastante extenso, etc. este trabajo merece una
lectura distinta a aquella que mira unvocamente las narraciones
de la colonia desde el criterio del poder de dominacin colonial.
Sin embargo, de cara al texto de acosta, si algo as como el po-
der colonial fuera el foco de nuestra atencin, no nos interesara
el poder en tanto fuye a travs de la espada del conquistador
o de los crucifjos de los sacerdotes que venan con ellos, para
arrebatar la vida de los nativos; nuestra lectura no olvida esta
forma de dominacin, pero de cara a este texto se interesa ms
por el poder en tanto produce conocimiento.
44
Resulta importante
del cielo, y elementos, metales, plantas y animales dellas: y los ritos, y ceremonias, leyes y
gobierno, y guerras de los indios. mxico: fondo de cultura econmica; 1940.
42 en este sentido no tiene las preocupaciones, ni tampoco los intereses que encontra-
mos en Bernal daz del castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espaa.
Barcelona: planeta; 1992. este texto abarca un perodo amplio que inicia en 1514 y
narra principalmente la conquista en el actual territorio mexicano encabezada por
Hernn cortez. el texto fue publicado hasta 1632, y aunque fue publicado posterior-
mente al texto que nos ocupa aqu, en realidad corresponde a una historia anterior.
43 acosta anuncia la falsedad de aquella tesis segn la cual los pobladores del nuevo
continente ya estaban aqu o bien aquella que propone que atravesaron el ocano
con embarcaciones, esto en tanto contradeca la tesis bblica de adn como el prim-
er hombre o la falta de tecnologa para construir las embarcaciones requeridas para
tal fnalidad. acosta sostiene que lo ms probable es que debido al congelamiento en
la tierra que est por encima de la florida y la tierra largusima del Septentrin los
accesos entre las masas continentales fueron habilitados para los procesos migrato-
rios hacia amrica. acosta formula una tesis epistmica muy importante sobre cmo
nuestra imaginacin nos permite trascender nuestra vivencia espacio-temporal, y
cmo bajo la gua de la razn (y la luz bblica) puede aportar insumos para formular-
nos hiptesis que no han sido consignados por una fuente de primer orden (acosta.
Historia natural y moral de las Indias., pp. 78-21 [libro primero, captulo 20]).
44 esta es una de las tesis ms importantes de la analtica del poder en foucault, el
carcter productivo del poder y aquello que produce es conocimiento (ver michel
98 Volumen 6, Nmero 5, 2012
ac considerar el tipo de conocimiento que se enuncia en este
libro en torno a la religin
45
. Qu tipo de saber se produce en
torno a la religin?, cul fue su objeto?, cules son sus intencio-
nes, objetivos, intereses? el espritu del texto seala que no es la
espada la que es capaz de cambiar consciencias, sino que el uso
de la razn y el conocimiento fguran como aquellos elementos
ms efcaces en la persuasin de las almas.
46
el libro V del texto de acosta dedica sus esfuerzos a un estudio
de la idolatra en las gentes del nuevo mundo. el principio fun-
damental es conocer las tcticas a travs de las cuales el demo-
nio, impulsado por su orgullo y por el desprecio que siente hacia
los seres humanos, gua a estos ltimos en la senda de la ignoran-
cia, humillacin y perdicin. la idolatra es, ac, el principio de
foucault. Discipline and Punish. The birth of the Prison. Trad. alan Sheridan. New
york: alan Sheridan; 1995: 27).
45 el libro VI del texto de acosta discute la falsedad de la tesis que sostiene la ausencia
de razn en los pobladores del nuevo mundo: el uno, deshacer la falsa opinin que
comnmente se tiene de ellos, como de gente bruta, y bestial y sin entendimiento, o
tan corto que apenes merece ese nombre (Historia natural y moral de las Indias., pp.
447) e indica que la forma ms apropiada de modifcar las conductas de los nativos
no es a travs de la fuerza sino apelando a la argumentacin lgica. Sigue un espritu
socrtico segn el cual la razn, aunque nublada por las malas costumbres, est pre-
sente en los nativos y puede estimularse. de ah que el autor apunte la necesidad de
analizar la historia desde la perspectiva de los indios, cuestin que nos indica en su
propsito: No pretendo tratar los hechos de los espaoles que ganaron a la Nueva
espaa, ni los sucesos extraos que tuvieron, ni el nimo y valor increble de su
capitn Hernn corts [] Slo para cumplir con mi intento, resta decir lo que
los indios referen de este caso, que no anda en letras espaolas hasta el presente
(acosta, Ibdem. pp. 583 [libro stimo, cap. 25]).
46 de esto nos advierte acosta: porque cierto es cosa de ponderar cun sujetos estn
a quien los pone en razn [a los habitantes de las indias] No hay entre las criaturas
corporales ms ilustres que el sol, y es a quien los gentiles todos comnmente adoran.
pues con una buena razn me contaba un capitn discreto y buen cristiano, que
haba persuadido a los indios de que el sol no era dios, sino slo creado de dios
(Historia moral y natural de las Indias., pp. 361 [libro quinto, cap. 5]). de esta forma,
cierto tipo de saber, aquel de las prcticas idoltricas, est asociado a las formas en las
cuales las conductas de los habitantes del Nuevo mundo pueden ser persuadidas me-
diante la argumentacin fundamentada. estamos ac ante un poder que se refuerza
mutuamente con un saber, con conocimiento.
Diego A. Soto Morera 99
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
todos los males. esto implica, por lo tanto, un estudio minucioso
de la infnita variedad de formas en las cuales est presente la
idolatra. este es el fn que persigue acosta a travs de su texto,
proponer un estudio de la idolatra tal como la encuentra en el
nuevo mundo, conocer sus estrategias, sus mecanismos, las in-
tenciones y lgicas que se encuentran en las prcticas idoltri-
cas. el conocimiento resulta ac un instrumento para combatir
al demonio.
el anlisis de acosta no consiste en un repaso de las doctrinas,
razones teolgicas o bblicas por las cuales la idolatra debe ser
condenada. Su acercamiento asume una posicin muy distinta,
consiste en realizar un anlisis minucioso de las prcticas idol-
tricas. lo que le importa a acosta es entenderlas, comprender
los artilugios demoniacos que operan en ellas. para tal fn realiza
una observacin minuciosa de rituales, ceremoniales y prcticas
cotidianas. cuando encontramos referencias al texto bblico en
este apartado stas carecen de un carcter doctrinal o teolgico,
al menos inmediatamente, sino que sugieren una metodologa
de acercamiento. por ejemplo, las tcticas a travs las cuales Job
o pablo de Tarso descubren, describen y afrontan las prcticas
idoltricas del mundo pagano funcionan como criterios metodo-
lgicos de acercamiento y estudio de las prcticas idoltricas en
el Nuevo mundos, y difcilmente referen a doctrinas de ndole
teolgica sobre la idolatra. la lectura bblica le sirve de manual
de investigacin de campo, el cual acosta complementa y ac-
tualiza. acosta est ms interesado en comunicar cmo se lleva
a cabo la idolatra que en ofrecernos un tratado dogmtico sobre
la misma.
el criterio de ingreso que asume acosta ante la prctica idoltri-
ca est dado por aquello que es adorado. cul es el objeto de la
idolatra? ac acosta propone dos grandes grupos: cosas gene-
100 Volumen 6, Nmero 5, 2012
rales (sol, luna, Tierra, elementos, etc.); o bien aspectos particu-
lares (ros, montaas, rboles, etc.). pero una segunda cuestin
resulta mucho ms importante para acosta, a travs de cu-
les mecanismos la idolatra se materializa? cules son aquellas
prcticas donde la idolatra se hace efectiva? acosta entonces
se dedica a una extensa caracterizacin de estas prcticas. por
ejemplo, el jesuita dedica un espacio importante a las prcticas
en torno a la muerte. le interesan las prcticas de conservacin
de los cuerpos, originalmente destinados a la preservacin de
la memoria de los reyes, la elaboracin de retratos
47
, sus ves-
timentas durante los funerales, el uso de telas y la preferencia
de ciertos colores, los obsequios a los muertos, las prcticas de
ingesta en torno al ritual funerario, la comida utilizada, la bebi-
da. los adornos de oro, plata y toda posesin que se considera-
ra precioso a los ojos del muerto; una descripcin detallada de
los sacrifcios alrededor de la muerte
48
, etc. acosta realiza una
descripcin muy minuciosa de la forma en la cual se llevaban a
cabo stos y otros rituales. No le interesa analizar el signifcado o
sentido, quizs por asumir a priori el ncleo demoniaco de estas
prcticas. Sino que est mucho ms interesado en las prcticas
en tanto estn vinculadas a la ingesta, el vestido, la disposicin
corporal, la decoracin. acosta se refere a lo atractivo de los co-
47 acosta seala ampliamente el lugar que tena en la idolatra las prcticas artsticas:
acrecent esta invencin de idolatra la curiosidad de excelentes artfces, que con
arte hicieron estas imgenes y estatuas tan elegantes, que los que no saban lo que
era, loes provocaban a adorarlas. porque con el primer de su arte, pretendiendo con-
tentar al que les daba su obra, sacaban retratos y pinturas mucho ms excelentes.
(Historia natural y moral de las indias., pp. 362).
48 por ejemplo, acosta seala en este punto un caso particular de los Incas (la zona del
pir segn la llama el autor jesuita): cuando muri guanacapa, que fue padre de
(sic) atagualpa, en cuyo tiempo entraron los espaoles, fueron muertas mil y tantas
personas de todas edades y suertes, para su servicio y acompaamiento en la otra
vida, (sic) matbanlos despus de muchos cantares y borracheras, y ellos se tenan
por bienaventurados; (sic) sacrifcbanles muchas cosas, especialmente nios, y de
su sangre y hacan una raya de oreja a oreja, en el rostro del (sic) defunto (Historia
natural y moral de las Indias., pp. 365).
Diego A. Soto Morera 101
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
lores, los aromas de inciensos y cenizas, el gusto de sus comidas,
el trato que se daba a los cuerpos sacrifcados y a los cadveres,
lo atractivo de la confeccin de sus estatuas. Son stas tcticas
materiales las que le demuestran las formas de actuar y de domi-
nar del maligno. como si la adoracin a Satans fuer un estado
del cuerpo. curiosamente, al realizar un estudio de aquello que
denomina falsa religin ha marcado un antecedente (previo a los
primeros estudios antropolgicos de la Ilustracin) muy impor-
tante en el estudio de las prcticas religiosas.
este ingreso no representa, en absoluto, una invencin del mun-
do catlico llegado a amrica
49
. en el proceso de la llamada Ilus-
tracin Norteamericana, encontramos estudios dentro del mundo
protestante que asumen una analtica de las prcticas religiosas
desde los sentidos corporales. el criterio de ingreso analtico que
transita la va de los sentidos tiene un bagaje Baconiano y loc-
keano, pero su aplicacin al estudio de lo religioso estuvo en un
principio interesado no slo en una analtica de las prcticas en
tanto referidas a un ncleo divino o demoniaco, sino en la po-
sibilidad de transformar los sentidos corporales en algo denomi-
49 asimismo debemos sealar que el intento de acosta, dirigido a la produccin de
un cierto saber, no representa para nada un esfuerzo aislado ni es el refejo de una
disposicin personal; pero tampoco su criterio de ingreso fue norma o marca la nica
va de produccin de conocimiento. Slo por citar un ejemplo, podramos de igual
manera haber considerado el trabajo del tambin jesuita antonio Ruiz de montoya,
quien nace en 1585 en per. Sus obras se dedican a un estudio de la lengua guaran
y tup con la fnalidad de ofrecer los primeros diccionarios bilinges guaran/castel-
lano. dos de sus obras Tesoro de la lengua guaran (1639) y Arte y Bocavulario de la
lengua guaran (1640; sic), no representan slo una traduccin de trminos de una
lengua a otra, sino que se dedica gran espacio a las partes del cuerpo, los sentidos
corporales, rganos internos, sustancias y secreciones, las relaciones sexuales, prc-
ticas del goce, del erotismo, del amor, de la reproduccin, as como un recuento
detallado de todas aquellas prcticas consideradas como pecaminosas; las divisiones
generacionales. Renen una serie de descripciones y estudios de los usos del cuerpo
entre los guaranes, donde el criterio de ingreso est dado por imgenes y premisas
de orden religioso o bblico (para un estudio de las obras de montoya ver graciela
chamorro. Decir el cuerpo. Historia y etnografa del cuerpo en los pueblos Guaran.
asuncin: Tiempo de Historia, fondec, 2009).
102 Volumen 6, Nmero 5, 2012
nado Los sentidos espirituales. dentro de esta lnea resulta funda-
mental el estudio del autor sueco emanuel Swedenborg (1688-
1772)
50
. Su trabajo se centr en una utilizacin de los criterios
de anlisis material de la Ilustracin europea en una bsqueda de
transformacin espiritual. Su proyecto consista en procurar un
conocimiento del alma a travs de la experiencia anatmica del
cuerpo. al alma se llegaba por una atencin y estudio detallado
de las formas y usos del cuerpo.
esta aproximacin se centr en el estudio de la escucha y visin
de signos del mundo espiritual. el problema, tal como lo plantea-
ba la corriente cartesiana, estaba en que los sentidos corporales
eran engaados con facilidad. el estudio de los sentidos (a travs
de ciertas preguntas como cul es la mecnica de la escucha o
cmo la visin puede ser engaa) tiene como fnalidad vincular
los sentidos corporales con los sentidos del cuerpo espiritual. s-
tos ltimos son perfectos y posibilitan la visin y escucha de los
ngeles e incluso de dios. los estudios de Swedenborg abarcaron
ms tarde otros sentidos como el tacto de los cuerpos espiritua-
les, as como su aroma. Su trabajo tuvo gran impacto dentro de
las tradiciones protestantes, de las cuales Swedenborg form par-
te, y tuvo eco en autores como John Wesley. fue una aproxima-
cin a los fenmenos religiosos en su carcter ms corporal, en
sus sentidos. aunque, tal como ha sido parte del pensamiento de
acosta, la consideracin reside en un ncleo espiritual-ontolgico
que subyace en los sentidos corporales y que es capaz de ser trans-
formado.
50 para una discusin sobre el lugar de Swedenborg dentro del estudio de los sentidos
que fueron potenciados y desarrollados a travs y a propsito de prcticas religiosas
ver leigh eric Schmidt. Hearing Things. Religion, Ilusion, and the American Enlighten-
ment. cambridge: Harvard university press; 2002: 198-245. en este texto el autor
analiza el lugar del sentido de la escucha dentro de la ilustracin norteamericana, los
mecanismos de autoridad, cientfca y religiosa, que emergieron a su alrededor, as
como el papel de la escucha de ngeles en las tradiciones religiosas norteamericanas.
Diego A. Soto Morera 103
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
un giro bastante signifcativo lo constituye la perspectiva natu-
ralista de la Ilustracin europea en el estudio de lo religioso, el
cual desva la atencin a las prcticas y se ubica en alguna dis-
posicin antropolgica que las posibilita. un texto fundamen-
tal dentro de esta lnea sera el clsico de david Hume sobre
religin
51
The Natural History of Religion, publicado por primera
vez en 1775. el texto no se interesa en una aproximacin a las
prcticas religiosas, sino que procura una refexin sobre aquello
que demarca el elemento constitutivo de lo religioso: cul es el
principio antropolgico universal que suscita la aparicin hist-
rica de la religin? Hume encuentra su respuesta en la ansiedad y
el miedo que provoca el futuro y todo aquello que es desconoci-
do. en este sentido, las dos dimensiones antropolgicas sobre las
cuales se cimienta la religin es el miedo y la esperanza
52
.
Si bien Hume no emprende un estudio de las prcticas religiosas,
sus refexiones tuvieron un profundo impacto en otros autores
que realizaron estudios de sta ndole. un texto bastante tardo,
y que establece las bases de la antropologa moderna, es Primitive
Culture de edward B. Tylor (1832-1917).
53
Su primera edicin
data de 1871 y dedica gran parte de sus refexiones a un estudio
51 david Hume. The Natural History of Religion. A naturalist account of the causes, ef-
fects, and historical development of religious beliefs. uSa: pacifc publishing Studio;
2011.
52 en un texto tan posterior como La esencia del Cristianismo (1841) del alemn lud-
wing feuerbach encontramos un criterio de ingreso similar, al postular que la religin
surge por la experiencia de una vacuidad o carencia que el ser humano encuentra en
s mismo y que advierte satisfecha en su dios o divinidad, quien tiene como uno de
sus atributos aquello de lo cual el ser humano carece. Si bien, la posesin que goza la
divinidad de aquel anhelo, que es la propia esencia humana en negativo, no se tra-
duce en prcticas religiosas idnticas (por ejemplo el autor analiza la distancia entre
prcticas protestantes y catlicas), si constituye el ncleo fundamental y originario
de toda tipo de experiencia religiosa (ver ludwing feuerbach. La esencia del cristian-
ismo. Salamanca: Sgueme; 1975; ludwing feuerbach. Escritos en torno a la esencia del
cristianismo. Trad. miguel arroyo. madrid: TecNoS; 2007).
53 edward B. Tylor. Primitive Culture. Researches into the development of Mythology, Phi-
losophy, Religion, Art, and Custom. Vol. I, II. london: John murray; 1920.
104 Volumen 6, Nmero 5, 2012
de lo religioso y las distintas prcticas en torno a la magia, el
sacrifcio, el fetichismo y otros ceremoniales. la tesis es que la
forma fundamental de la religin es la creencia en espritus la
cual, segn el autor, es propiciada en torno a las experiencias
alrededor de la muerte, el dormir, el soar, el trance, la enfer-
medad. existe, entonces, en un primer momento, la concepcin
de que las prcticas en torno a estas experiencias sostienen los
elementos ms fundamentales de la religin. las prcticas de
respiracin, sus variaciones, intensifcaciones u obliteraciones
constituyen en los estudios de Tylor la base fundamental para
estudiar la creencia en el alma. Sin embargo, Tylor est interesa-
do en realizar un estudio comparado de las distintas formaciones
religiosas con el fn de encontrar aquello que tienen en comn,
aquel ncleo antropolgico a partir del cual dichas prcticas re-
ligiosas, los ritos, las ceremonias adquieren su fundamento y es-
pecifcidad. este autor tiene ya un preconcepto de religin, que
es aquel aportado por Hume, y busca confrmarlo con sus obser-
vaciones de campo.
autores como William Robertson Smith (1846-1894), con su
texto sobre la religin de los semitas (que aparece originalmen-
te en 1894) donde analiza las prcticas rituales del sacrifcio y
la ingesta sacrifcial
54
; Sir James george frazer (1854-1938), ese
victoriano que se dedic ampliamente al estudio de los orgenes
de la religin, su relacin con las prcticas de la magia y el sacri-
fcio
55
. ambos son textos que persiguen este espritu de bsqueda
que procura encontrar en cultos, ritos y ceremoniales aquella di-
mensin antropolgica que es comn a todos los seres humanos
(o todos los individuos de una colectividad) y sobre la cual se
cimienta la religin. es el intento de inducir un ncleo antropo-
54 William Robertson Smith. Religion of the Semites. uSa: Transaction publishers;
2005.
55 James george frazer. La rama dorada. Magia y religin. Trad. elizabeth y Tadeo I.
campuzano. mxico: fce; 1986.
Diego A. Soto Morera 105
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
lgico a partir del cual se despliegan diversas prcticas religiosas,
ritos, cultos, ceremoniales, etc. dimensin antropolgica, dicho
sea de paso, que puede ser trabajada por la razn y por tanto, es
susceptible de ser superada. ac algo como las prcticas es un de-
rivado, una serie concatenada de acciones ancladas a algo como
la creencia, por ejemplo. es un modelo de ingreso que considera
las prcticas nicamente en tanto ofrecen muestras del ncleo
religioso en torno al cual se despliegan. es una genealoga de la
subordinacin de las prcticas religiosas al sentido, la creencia o
irrupcin de lo numinoso.
con respecto a esta hiptesis de trabajo segn la cual las prc-
ticas religiosas estn ancladas a una manifestacin de lo Santo
o bien un ncleo antropolgico, y ms especfcamente en re-
ferencia al texto de frazer La rama dorada, ludwing Wittgens-
tein realiz (alrededor de 1931) una serie de observaciones que
guardan una afnidad con la propuesta que sostenemos en este
escrito. Wittgenstein sostiene, en una primera crtica, que frazer
da un lugar central a la creencia u opinin
56
, a la idea como el lugar
donde descansa la especifcidad de algo como el ceremonial o el
smbolo religioso, cuando en realidad habra que posar la aten-
cin sobre otro elemento. el argumento implica evitar conside-
rar un tal ncleo religioso, as sea una idea o una creencia como
el fundamento de lo religioso:
No puede haber razn alguna o, mejor, no hay ninguna razn
por la cual la raza humana venere al roble a no ser por el simple
hecho de que aquella y el roble han estado unidos en una comu-
nidad de vida. es por eso por lo que se encuentran juntos y no
por eleccin; por haber crecido al unsono, como la pulga y el
56 la nocin alemana que utiliza Wittgenstein es meinung: un smbolo religioso no se
basa en creencia (meinung) alguna. y slo donde hay creencia hay error (ludwing
Wittgenstein. Observaciones a La Rama Dorada de Frazer. Trad. Javier Sbada. ma-
drid: TecNoS; 2008: 54).
106 Volumen 6, Nmero 5, 2012
perro. (Si las pulgas desarrollaran un rito, ste hara referencia
al perro). Se podra decir que no es su unin (la del roble y el
hombre) la que ocasion estos ritos, sino, en cierto sentido, su
separacin.
57
cuando golpeo el suelo con una vara explica Wittgenstein, o
un rbol por ejemplo, en seal de enojo no signifca que est
enojado con el suelo o el rbol, ni tampoco que yo crea que la
accin de golpear el suelo resuelva el problema. Simplemente lo
golpeo. las prcticas rituales no necesariamente descasan, en su
origen, en alguna razn teolgica o incluso en alguna creencia o
ncleo religioso. las prcticas deben ser consideradas, en trmi-
nos de su origen, en su condicin ms material, en tanto referi-
das a las causas sociales, econmicas, polticas de su emergencia
y desarrollo. esta crtica plantea, en la historia del estudio de las
prcticas religiosas un giro importante, al menos con respecto a
la forma en la cual las prcticas eran asumidas en una corriente
antropolgica anterior. consiste en considerar la posibilidad de
superar la concepcin segn la cual las prcticas estn sujetas a
las ideas, creencias u opiniones. consiste, por el contrario, en
abrirse a la posibilidad de valorar en qu sentido son ms bien
ciertas ideas, creencias y opiniones las que se basan en prcticas
particulares. y el lugar fundamental de las prcticas religiosas,
segn Wittgestein, procuran un arreglo particular de los juegos
del lenguaje a partir del cual es posible lidiar con la experiencia
de lo ausente.
una demarcacin histrica tan tajante, y breve, como la que he-
mos hecho ac en realidad abre muchas ms preguntas que aque-
llas que resuelve. el fn de este breve apartado consiste en sealar
un derrotero de algunos momentos importantes en la considera-
cin de las prcticas y algunos antecedentes que ubican las po-
57 Ibdem., pp. 73-74.
Diego A. Soto Morera 107
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
sibles races de ingresos acadmicos que muestran la historia del
estudio de las prcticas religiosas, ya sea en tanto subordinadas a
un sentido o en su emergencia material. Hemos dejado por fue-
ra acercamientos desde la sociologa de la religin en textos de
max Weber
58
, la cual piensa cmo las prcticas de acumulacin
y produccin de capital en las ciudades industriales adquirieron
un soporte en ciertas prcticas de orden religioso (calvinistas).
asimismo, una larga historia de la academia alemana que debi-
do a un rastreo arqueolgico de la lengua, en procura de conocer
aquel momento donde el lenguaje divino se convirti en lengua-
je humano, se abri al conocimiento de una serie de prcticas
orientales
59
. existen, entonces, un nmero amplio de historias
que han quedado por fuera y que un estudio mucho ms detenido
sobre esta historia debe abordar. con este apartado no buscba-
mos ser exhaustivos en la historia del estudio de las prcticas
religiosas, sino que procuramos comunicar una idea muy bsica
sobre el lugar que las prcticas religiosas han ocupado dentro de
la historia de las ideas sobre religin. por tanto, queda una puer-
ta abierta para que futuros trabajos ahonden la historia del lugar
de las prcticas religiosas dentro de los estudios sobre religin.
Conclusin: elementos para el estudio de las prcticas religio-
sas. un comienzo
Hemos desarrollado una discusin sobre la delimitacin terica,
los posibles alcances y antecedentes del lugar de las prcticas
religiosas dentro del estudio de lo religioso. para fnalizar me pro-
pongo formular y pensar alrededor de algunas preguntas que me
suscitan las consideraciones recin expuestas. algo as como si
se mantuviera una conversacin con algn interlocutor del que
58 max Weber. La tica protestante y el espritu del capitalismo. Trad. Joaqun abellan.
madrid: alianza; 2001.
59 Suzanne marchand. German Orientalism in the Age of Empire: religin, race, and schol-
arship. New york: cambridge university press; 2009.
108 Volumen 6, Nmero 5, 2012
aqu slo tenemos la pregunta y no la refexin que le ha llevado
a formularla. el fn no es dar una respuesta defnitiva a las con-
sultas que nos arroja este interlocutor espectral sobre las dimen-
siones tericas de nuestro acercamiento, sino formular los posi-
bles espacios en los cuales sera posible llevar estas discusiones.
Cuestin primera. Del dicho al hecho y viceversa. al repasar este
texto podra surgir la cuestin de cierto maniquesmo en el que
el autor ha incurrido cuando, al referirse al carcter material y
contingente de las prcticas religiosas, ha olvidado pensar los
discursos que pueden existir a su alrededor (o en su origen), y ha
hecho caso omiso al lugar que ocupan stos con respecto a las
prcticas. podra pensarse que es una hiptesis de este texto que
los mecanismos discursivos referidos a las creencias, opiniones y
saberes de orden religioso estuvieran por fuera o al menos fueran
ajenos en principio a las prcticas religiosas.
Nada estara ms apartado de nuestra perspectiva que asumir
una tal ruptura entre discursos y prcticas. en un primer nivel,
y de la mano de michel foucault
60
, debemos establecer que los
mecanismos discursivos (aquellos producidos por iglesias, dis-
ciplinas acadmicas y centros que estudian lo religioso, los apa-
ratos polticos y clericales, aquel que producen algunas comu-
nidades religiosas, etc.) vinculan prcticas con aquellos saberes
y conocimientos que las soportan, despliegan, apoyan o con-
tienen. los discursos dice foucault, vinculan poder y saber.
considrese las prcticas sexuales en tanto llaman la atencin
de aparatos, dispositivos, instituciones y agentes religiosos. el
arreglo de prcticas religiosas que se suscita alrededor de las
prcticas sexuales (por ejemplo la confesin
61
, vigilancia y disci-
60 estamos considerando aqu las observaciones con respecto a la metodologa que fou-
cault propone con respecto a la analtica del poder en Historia de la sexualidad., pp.
100-102.
61 Ver la clase del 19 de febrero de 1975 en el collge de france que foucault dedica
al tema de la confesin en Los anormales. Curso del Collge de France (1974-1975).
Diego A. Soto Morera 109
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
plina
62
, la abstinencia, la purifcacin bautismal, el matrimonio,
entre otras) est articulado a una serie de mecanismos discursi-
vos que las determinan, acompaan y despliegan. Son discursos
de ndole religiosa que vinculan estas prcticas religiosas en tor-
no a la sexualidad con un plan salvfco y otros criterios de ndo-
le bblica, dogmtica o teolgica destinados a cierta administra-
cin espiritual de la sexualidad y defnicin de las relaciones de
gnero. encontramos ac cartas pastorales, encclicas, manuales,
entre otros, destinados a producir una suerte de saber religioso en
torno a la sexualidad y con esto determinan la necesidad de unas
prcticas religiosas, que propician el espacio para la aceptacin
y rechazo de sexualidades. pero tambin aparecen mecanismos
discursos no-religiosos pero que pasan a ser acogidos por apara-
tos religiosos pues vinculan y amparan las prcticas religiosas en
torno a la sexualidad con saberes de orden cientfco, como por
ejemplo ciertos enfoques de la sexologa o la psiquiatra afnes a
sus concepciones religiosas
63
. desde esta perspectiva discursos y
prcticas se traslapan, se refuerzan, se apoyan, se sostienen entre
s, incluso ah donde en apariencia se contraran y niegan
64
, tal
como afrmaba Bourdieu con respecto a las prcticas econmicas
de la Iglesia catlica francesa.
Trad. Horacio pons. madrid: akal; 2001: 153-182.
62 Ver las nociones de vigilancia y disciplina segn aparecen en el Principio de corre-
spondencia Alternada desarrollado en el marco del poder pastoral que describe fou-
cault con respecto a la Iglesia catlica en Seguridad, territorio, poblacin. Curso en
el Collge de France (1977-1978). Trad. Horacio pons. Buenos aires: fce; 2006:
221-292.
63 un ejemplo claro de esta lnea lo constituyen los seis volmenes de las guas de
educacin para la sexualidad que public la conferencia episcopal de costa Rica
en el 2009. en estos volmenes se advierten diversas referencias a disciplinas como
la psicologa, psiquiatra, medicina, sexologa con el fn de dar bases cientfcas a las
prcticas religiosas en torno a la sexualidad. Ver conferencia episcopal de costa
Rica. Amor y sexualidad. Cuidados, afecto y amor. 6 Vols. San Jos: cecoR; 2009.
64 para una discusin de cmo una prctica como el abuso sexual infantil es sostenida
por el discurso religioso an cuando es contraria a sus criterios dogmticos o teolgi-
cos ver diego Soto, la mano de dios y la carta del padre: abuso sexual y clericali-
dad en Siw: Revista de teologa (4), Heredia: Sebila; 2011: 87-128.
110 Volumen 6, Nmero 5, 2012
desde otra perspectiva terica, que resulta de la aplicacin del
psicoanlisis lacaniano al anlisis social, hemos mostrado an-
tes
65
cmo una separacin entre discurso y prctica, lo dicho y
lo acaecido, resulta tericamente imprecisa. laclau y mouffe
66

proponen la nocin articulacin discursiva, que designa aquella
prctica que al establecer relaciones entre elementos, modifca
la identidad de estos. desde un criterio analtico como este la
ruptura entre prctica y discurso resulta inoperativa, en tanto la
conformacin de identidades supone la alianza estratgica, los
mutuos refuerzos y apoyos entre discursos y prcticas. Incluso
donde los discursos parecen negar o contradecir aquello que se
aprecia en las prcticas, este ingreso terico permite mostrar la
funcin de soporte que tienen los discursos, incluso con prcti-
cas dispersas o contrarias a aquello que establecen mecanismos
discursos. un trabajo posterior, ya sea terico o de campo con
respecto a las prcticas religiosas, debe pensar de manera mucho
ms detenida las mltiples relaciones entre las prcticas religio-
sas y los discursos que se producen en el campo religioso y fuera
de l.
Cuestin segunda. Naturalismo y fenomenologa de la religin otra
observacin que podra realizarse es que el texto desarrollado
arriba parece reducir las posibles aproximaciones a la religin a
explicaciones de ndole naturalista. de esta manera, los acerca-
mientos a lo religioso propuestos ac no permiten captar o dar
cuentas de aquello que constituye a lo religioso o que es lo ms
genuino de la religin.
65 Ver diego Soto. la cosa religiosa. carne, discurso y sujeto (en proceso de publi-
cacin). el texto propone criterios de ingreso desde autores que han trabajo la teora
de Jacques lacan. corresponde a uno de los productos del proyecto de la escuela
ecumnica de ciencias de la Religin: Una contribucin para el estudio de lo religioso
1989-1999.
66 ernesto laclau y chantal mouffe, Hegemona y estrategia socialista: hacia una radical-
izacin de la democracia. Trad. ernesto laclau. Buenos aires: fce; 2010: 129-190.
Diego A. Soto Morera 111
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
una aproximacin naturalista a la religin se sostiene, no ex-
clusivamente, sobre la base de tres lneas de trabajo. una pri-
mera estara dada por una aproximacin que niega la existencia
efectiva de todo aquello que no pertenezca al orden natural, un
tipo de ontologa negativa que se niega a asumir como hiptesis
de trabajo la existencia de un ncleo numinoso ultra-terreno.
una segunda acepcin de la aproximacin naturalista refere a
aquella posicin que asume la religin como un producto de la
naturaleza/esencia humana, o bien un derivado de la condicin
antropolgica o social del ser humano
67
. autores como Tylor,
frazer, feuerbach, el mismo freud seran naturalistas en este se-
gundo alcance. una tercera lnea, referida al estudio de lo reli-
gioso, est dada en tanto la religin puede ser comprendida sin
ninguna gua magisterial, es decir, sin asumir como dado algn
principio de orden religioso, y puede ser abordada utilizando los
mismos criterios y mecanismo de anlisis que se utilizan para
explicar otras dimensiones de la sociabilidad humana. autores
como max Weber que se interesaron no slo en las razones his-
tricas o prehistricas del origen de la religin, sino tambin
en las razones sociolgicas e histricas que posibilitan su conti-
nuidad y la hacen necesaria dentro de un orden social determi-
nado se ubican en esta tercera lnea.
cualquiera que fuera la vertiente naturalista que se sigue, pare-
ciera que nuestro estudio, al hacer un llamado al estudio de las
prcticas, reduce la religin a un subproducto de algn proceso
que le es anterior. la religin no sera un fenmeno en s mismo,
sino un epifenmeno cuyas causas originarias deben buscarse en
procesos sociales que son primarios. de esta forma parece que la
67 cabra pensar ac aquellas posiciones que intentan una explicacin de la religin
desde las ciencias cognoscitivas, intentando mostrar cmo en el cerebro o la mente
existen est dada la estructura que propicia las experiencias religiosas (ver gregory
peterson. Minding God. Theology and the cognitive sciences. minneapolis: fortress;
2003).
112 Volumen 6, Nmero 5, 2012
religin pierde su especifcidad, que un estudio que no procura
indagar aquello que tiene de ms autntico, de propio, de ori-
ginal es reductivo con respecto a la comprensin que podamos
tener de lo religioso. esto en tanto una aproximacin naturalista
pierde de vista lo especfcamente religioso, lo santo, lo numi-
noso. lo contrario sera asumir un ingreso fenomenolgico que
busca, an intuitivamente, captar el carcter irreductible y origi-
nario de la experiencia religiosa segn ella misma se manifesta,
as sea a travs de en formas plurales, y por lo tanto procurara
una observacin que pretende, luego de mirar la diversidad, en-
contrar aquello que tienen en comn y por tanto de originario.
efectivamente, en este texto sostenemos que las prcticas reli-
giosas son producto de la sociabilidad humana, acontecen al in-
terior de relaciones de poder y que, adems, son constitutivas de
esta sociabilidad. Tambin afrmamos que las prcticas religiosas
no tienen un lugar pasivo con respecto a unos elementos consti-
tutivos, irreductibles y originarios de las experiencias que ubica-
mos como religiosas, ya sea lo sagrado, lo santo o lo numinoso.
No se trata ac de pensar qu es lo que constituye una prctica
para determinar que efectivamente es religiosa. pues, aquello que
se entiende como especfcamente o efectivamente religioso
es tambin una produccin que se ubica histricamente. No pro-
curamos buscar aquel ojo del cual emana lo Santo, y cmo de
l se desprenden una serie de prcticas plurales que califcamos
como religiosas. partimos de un enfoque muy particular, pen-
sar lo Santo en tanto es (re)producido, sostenido, potenciado
o bien transformado por unas prcticas que son perifricas con
respecto a la centralidad de la institucionalidad (religiosa, pol-
tica o acadmica), prcticas muy cotidianas donde se formulan
y gestan aquellas corporalidades de las cuales emerge lo Santo.
Nuestra concepcin se acerca bastante a aquella propuesta por el
estadounidense Robert orsi:
Diego A. Soto Morera 113
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
Holiness describes something real in culture and history, with
real, if ambivalent, effects. I do not mean something unequi-
vocally good or bad, nor do I mean something free of time and
place, at least in its inception (I think it becomes free of time
and place []) Rather, I mean something that is more than the
sum of its social parts and that comes to have a life of its own
independent of the humans out of whose imaginations, inheri-
tances, and circumstances it emerged.
68
pensar las prcticas religiosas, segn emergen en el contexto
de unas tensiones, disputas, mandatos o rebeliones; pensar las
prcticas religiosas, repito, implica pensar cmo estas suscitan
los espacios, los tiempos, las corporalidades donde se (re)pro-
duce, sostiene o transforma aquello que se manifesta como lo
Santo, Numinoso, o el Reino de dios. un dominio que tiene
su propia especifcidad y lgica, pero que, por su emergencia,
est relacionado y tensionado con los otros dominios polticos
que conforman el mundo social. ya sea que soporten y apoyen
el mundo tal como est constituido, o bien que lo condenan y
combaten. la atencin, entonces, no se dirige hacia lo Santo
en cuanto tal, sino a las corporalidades que, propiciadas por
unas prcticas religiosas, lo producen, soportan y ubican en el
mundo social. un dominio que adquiere su propia dependencia,
pero que nunca es ajeno o externo al mundo. lo Santo, hijo
de la sociabilidad, hunde sus races en las prcticas y aquellas
corporalidades que stas propician. lo Santo emerge de la aten-
cin u obliteracin sobre el uso y desarrollo de unos sentidos,
68 Robert orsi. The problem of the Holy en Robert orsi. orsi (ed). The Cambridge
Companion to Religious Studies. uSa: cambridge university press, 2012: 91. [lo
Santo describe algo real en la cultura y la historia, con efectos, si bien ambivalentes,
reales. No quiero decir algo inequvocamente bueno o malo, ni algo libre del tiempo
y el espacio, al menos en su concepcin (yo pienso que deviene libre del tiempo y el
espacio []) por el contrario, yo lo entiendo como algo que es ms que la suma de
sus partes sociales y que adquiere una vida propia independiente de los humanos de
cuya imaginacin, herencias, y circunstancias ha emergido. Traduccin diego Soto].
114 Volumen 6, Nmero 5, 2012
unos criterios de ingesta, de evacuacin, de contacto fsico, de
variaciones en la respiracin, de posiciones corporales, incluso
de lucha, de confrontacin sociopoltica, de goce de la carne, de
austeridad, de la libre imaginacin, etc.
Cuestin tercera. El estudio de la religin en lo particular o en lo
general? este texto podra dejar la impresin de que al acercarse a
las prcticas religiosas, en su expresin ms cotidiana y particu-
lar, segn acontecen en la periferia institucional (o al interior de
ella), pone demasiada atencin a casos particulares y olvida por
completo que la religin conforma todo un sistema sociopoltico
con alcances nacionales, incluso globales de los cuales una apro-
ximacin como la propuesta, centrada en el caso, difcilmente
podra dar cuentas.
esta cuestin refere a un aspecto vinculado con el mtodo que
podra procurarse un acercamiento que piensa (desde) las prc-
ticas religiosas. Si en un enfoque como el fenomenolgico, al
menos aquel que se interesa por una historia comparada de las re-
ligiones, tenemos el anlisis sobre una muestra plural de prcticas
religiosas con el fn de inferir aquello que tienen en comn y por
tanto de ms originario, tendra, un acercamiento a las prcticas
puntuales y particulares, algo que decir sobre el fenmeno reli-
gioso en cuanto proceso o evento social general o sistmico? en
este punto resulta muy til aproximarse al trabajo del antroplo-
go J clyde mitchell, particularmente a un artculo suyo titulado
Anlisis de caso y anlisis situacional.
69
la cuestin que aborda el
autor es cmo un anlisis de caso puede arrojar premisas teorti-
cas que permitan formular principios sobre el funcionamiento de
un sistema social en general. la pregunta que afronta mitchell
69 lcyde mitchell. case and situation analysis, en T. evens y d. Handelman (ed).
The Manchester school: practice ethnographic praxis in Anthropology. uSa: Berghahn:
2006; pp. 23-42.
Diego A. Soto Morera 115
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
es: cmo puede un material particular formular las bases de in-
ferencia acerca de un proceso que es general? es decir, cmo
afrontar el problema de la representatividad que puede tener un
caso particular sobre una poblacin dada? cmo desafar las re-
glas que determinan cuando una muestra es signifcativamente
representativa de una poblacin?
las posibilidades de realizar anlisis de poblaciones en general se
las reservan aquellas aproximaciones que aplican la teora de la
probabilidad a sus estudios; las cuales, a travs de la conforma-
cin de una muestra aleatoria al azar, que tiene representatividad
matemtica, inferen relaciones entre las caractersticas de los
elementos de una poblacin dada. el problema, segn mitchell,
radica en que debe existir una distincin entre la inferencia esta-
dstica, como el proceso matemtico que permite transpolar los
resultados de una muestra signifcativa a la poblacin de la cual
es representativa; y la inferencia cientfca, entendida como el
proceso a travs del cual el analista formula conclusiones acerca
de las relaciones entre dos o ms caractersticas en el marco de
un esquema explicativo. Si bien se asume que ambos van de la
mano, la pregunta que pone mitchell sobre el tapete es hasta
qu punto la postulacin de relaciones entre caractersticas de
una muestra se asumen como tales simplemente porque se infere
que esas caractersticas coexisten en esa poblacin. la crtica
va dirigida a la lgica empleada por trabajos que realizan tales
inferencias cientfcas, ya sea a nivel sociolgico, fsiolgico, psi-
colgico, religioso, poltico, entre otros. la coexistencia de dos
caractersticas en una poblacin dada es lo que debe ser, en prin-
cipio, el objeto de la investigacin, y no simplemente probar que
entre ambas existe una relacin o correlacin.
en este sentido, un estudio de caso, como lo sera por ejemplo de
las prcticas religiosas, debe arrojar luz la factibilidad de la coe-
xistencia de dos o ms caractersticas en una poblacin dada, o
116 Volumen 6, Nmero 5, 2012
en nuestro caso en un campo religioso. es decir, el estudio de caso
puede mostrar la excepcin sobre la cual se formula la norma, no
para contradecirla, sino para formular aquellas conexiones inter-
nas, que si bien no emergen en la inferencia cientfca, existen
como una condicin necesaria para soportar las tesis que la infe-
rencia arroja. No se trata entonces de encontrar lo comn entre
una serie de prcticas diversas; sino de analizar su particularidad,
aquello que tiene de ms brutalmente material (Bourdieu) con
el fn de determinar cmo una prctica se formula como tal en el
contexto de unas tensiones sociohistricas, lo cual arroja luces
no slo sobre las prcticas en s mismas, sino sobre el sistema
social donde han emergido y donde han entrado en el dominio
de lo religioso segn lo comprende una sociedad en particular.
No se trata, entonces, de probar las relaciones entre lo Sagrado
y unos sentidos corporales, sino que se cuestiona la coexistencia
de lo Sagrado y dichos sentidos, al punto de llevar el estudio a
una arqueologa de los sentidos que permita comprender la g-
nesis sociohistrica de la emergencia de lo Santo y cmo ste
ha llegado a formularse como dominio de accin constituido,
delimitado y en constante interaccin con otros dominios.
desde las observaciones de mitchell es posible formular las bases
del lugar central que tiene el estudio de prcticas puntuales de
orden religioso dentro de la comprensin de principios sociopo-
lticos del campo religioso en general. esta es una veta impor-
tante que tambin queda abierta, pero que marca un campo de
refexin importante dentro del estudio de lo religioso desde la
perspectiva de prcticas religiosas.
Cuestin quinta. Teologas latinoamericanas de la liberacin y prc-
ticas religiosas. la ltima de las observaciones la pensamos desde
una autora en particular. Nos referimos a Jennifer Spcheper Hug-
Diego A. Soto Morera 117
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
hes, a quien citamos ms arriba a propsito de su texto Biografa
de un crucifjo mexicano. la autora seala que hay una razn para
el descuido que se ha tenido en amrica latina con respecto al
lugar de algunas prcticas religiosas dentro del subcontinente. en
el captulo sexto de su libro, titulado The red Bishop, the Cristo,
and the Aesthetics of Liberation
70
; la autora afrma que los telogos
de la liberacin (assmann, gutirrez, y Segundo principalmen-
te) despreciaron el acercamiento que se poda a hacer a prcticas
religiosas como, por ejemplo, la adoracin del crucifjo del cristo
aparecido (tema de su libro), en tanto representaban una de las
mltiples manifestaciones de los mecanismos de control ideo-
lgico que mantenan las instituciones religiosas sobre pueblos
enteros. es decir, segn esta autora las prcticas religiosas, parti-
cularmente las que acontecan al interior de instituciones reli-
giosas, fueron comprendidas exclusivamente como mecanismos
de soporte simblico de los sistemas polticos y econmicos de
dominacin en amrica latina; y por tanto no encontraron un
lugar favorable dentro de las teologas latinoamericanas.
el descuido latinoamericano sobre el lugar productivo de las
prcticas religiosas, luego, estara fundamentado en este rechazo
de la actica de la liberacin en amrica latina, en particular
de sus telogos, a las prcticas institucionales de religin. Sin
embargo, al lado de serias defciencias en la comprensin que
una autora como Hughes tiene de las Teologas latinoameri-
canas de la liberacin
71
tampoco ella es capaz de advertir en
70 Hughes, Biography of a mexican crucifx, pp. 131-170.
71 en primer lugar la autora asume que las Teologas latinoamericanas de la liberacin
corresponden a un movimiento homogneo, y que se reduce a una lnea de produc-
cin acadmica de corte teolgico. para una discusin sobre estas falsas nociones
acerca de las Teologas latinoamericanas de la liberacin ver Jonathan pimentel
chacn. Teologas latinoamericanas de la liberacin. en Jonathan pimentel (ed).
Teologas latinoamericanas de la liberacin: pasin, crtica y esperanza. Heredia: SeBI-
la; 2010: 7-46; Helio gallardo. Trabajo poltico y teologa latinoamericana de la
liberacin. en Jonathan pimentel. Ibdem., pp. 47-80. asimismo, ver las indica-
118 Volumen 6, Nmero 5, 2012
esos mismos telogos que cita, y otros quizs desconocidos por la
autora, que las prcticas religiosas ocupan un lugar importante
dentro de la produccin teolgica latinoamericana.
un criterio que podemos formular es que las Teologas latinoa-
mericanas de la liberacin (Tll) coinciden en dos formas de
acercamiento a las prcticas: primero, una crtica-condena de
las prcticas idoltricas que existen y se proponen al interior de
instituciones y lgicas religiosas
72
; idoltricas en tanto dichas
prcticas propician el espacio para formular corporalidades af-
nes a los criterios ms centrales de los sistemas de dominacin
poltico-econmicos; segundo, esta crtica no emerge sino de
considerar la crtica radical sostenida a travs de otras prcticas
religiosas, donde unas corporalidades despreciadas anunciaban
con el testimonio viviente de sus luchas cotidianas la irrupcin,
deseo o necesidad del Reino de dios en la Tierra, y con ello
lanzaban una condena de todo aquello que desprecia la carne.
Hughes ignora, entre muchas otras prcticas, el lugar que tiene
en las Tll prcticas como las misas nicaragenses, lectura popu-
lar de la Biblia, celebraciones en torno al maz (que en primera
instancia no son cristianas), la ingesta, y el posterior acerca-
miento a travs de las teologas afro sobre las prcticas de ndole
intercultural, entre muchas otras prcticas. esto seala que, en
autores(as) como Hughes, existe poca informacin sobre el lugar
poltico que en amrica latina han tenido muchas de las for-
mas de vivir el evangelio, o como diramos ac, muchas de las
prcticas religiosas latinoamericanas. muchas de stas prcticas
ciones sobre Teologa latinoamericana de la liberacin en el primer captulo del texto:
Helio gallardo. Crtica social del evangelio que mata. Introduccin al pensamiento de
Juan Luis Segundo. Heredia: eecR; 2009: 257-299.
72 puede considerarse dentro de esta crtica los trabajos de franz Hinkelammert: Las
armas ideolgicas de la muerte. El discernimiento de los fetiches: capitalismo y cristianismo.
San Jos: educa; 1977.
Diego A. Soto Morera 119
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
no tuvieron un lugar dentro de las primeras generaciones de las
Tll, pero sin duda adquieren un lugar despus.
dentro de los mltiples ingresos teolgicos que podran citarse a
la cuestin de las prcticas, quiero recordar el lugar fundamental
que adquiere en las teologas latinoamericanas la prctica de la
comida. en esta lnea, desde su particular propuesta de compren-
der la mtica cristiana desde una perspectiva carnal, Jonathan
pimentel
73
indica el lugar de la comida, donde el criterio fun-
damental no es la preocupacin teolgica sobre la coexistencia
de la carne de Jess en los elementos del ritual simblico, sino
la preocupacin en torno al acceso necesario que debe darse a
todos a la comida ritual (I corintios). lo ms brutalmente ma-
terial de la prctica ritual radica entonces en la crtica de una
racionalidad (que pimentel designa como mito carnal) a otra
racionalidad (imperial, farisaica) que niega la satisfaccin de
las necesidades humanas a un grupo de humanos considerados
no-personas. en una prctica particular se evidencia la condena
a un grupo de lgicas, instituciones, leyes y discursos de carc-
ter hegemnico pero que una comunidad particular comprende
como contrarios a su forma de producirse como humanos y de
ofrecerse como ejemplos de produccin de relaciones humanas.
formulan una serie de prcticas a partir de las cuales sus crticas
al sistema dominante se hacen cuerpo.
las teologas latinoamericanas de la liberacin han estado in-
teresadas en mostrar cmo la Iglesia de cristo existe afuera de
los templos, en una serie de prcticas religiosas perifricas que
condenan al mundo hegemnico por negar cuestiones tan fun-
damentales como la satisfaccin efectiva de necesidades mate-
riales (alimentacin, abrigo, salud, afectivas etc.), educativas
73 carnalidad: una relectura del mito cristiano del dios carnal en Siw 2, Heredia:
SeBIla; 2009: 189-231.
120 Volumen 6, Nmero 5, 2012
(conocimiento, imaginacin, arte, etc.), polticas, sociales, etc.
ms que buscar el ncleo sagrado que sostiene a unas prcticas,
las teologas latinoamericanas de la liberacin han estado ms
interesadas en acompaarlas (incluso a travs de su produccin
de saber acadmico) o criticarlas como idolatra. finalmente,
el ingreso a un estudio de las prcticas religiosas en amrica
latina, est relacionado con una lectura de los alcances socio-
polticos que tienen dichas prcticas al interior de los procesos
sociales ms amplios, en trminos de continuidad o ruptura con
problemticas locales, nacionales, o globales (de gnero, gene-
racionales, ecolgicas, econmicas, polticas, etc.); y representa,
entonces, una ventana a travs de la cual es posible tener un pa-
norama concreto de las producciones de humanidad que aconte-
cen todos los das desde las ciudades (y sus lgicas de capitalismo
cosmopolita), los pueblos, hasta las periferias del desarrollo ur-
bano latinoamericano, usualmente olvidadas o marginadas por
las primeras.
Diego A. Soto Morera 121
Anatoma de los sentidos sagrados y los cuerpos
malditos: Pensar las prcticas religiosas
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Volumen 6, nmero 5, 2012
125
educar con la ayuda de entornos virtuales
de aprendizaje: una experiencia de
educacin inclusiva y colaborativa en
la escuela ecumnica de Ciencias de la
Religin
educating with the help of virtual
learning environments: an inclusive and
collaborative educational experience in the
ecumenical School of Religious Studies
Jos Mario Mndez
1
jmariomendez@[Link]
universidad Nacional
Recibido: 3 de abril, 2012
aprobado: 8 de agosto, 2012
1 doctor en filosofa, acadmico de la escuela ecumnica de ciencias de la Religin,
universidad Nacional, costa Rica.
Resumen
las siguientes pginas describen
y fundamentan una experiencia
educativa que surge como res-
puesta ante la necesidad de gene-
rar entornos de aprendizaje inclu-
sivos, autnomos y colaborativos,
as como procesos de aprendizaje
signifcativos y capaces de asu-
mir la complejidad de la condi-
cin humana. concluye que se
ha comprendido la urgencia de
promover procesos educativos
interculturales, fundamentados
en la confuencia de los distintos
saberes, perspectivas, referencias
[p. 125 p. 151]
Volver al
ndice
126 Volumen 6, Nmero 5, 2012
culturales y voces, como condi-
cin para contribuir a la creacin
de un mundo ms inclusivo y so-
lidario.
palabras clave
educacin virtual, interculturali-
dad, ecologas cognitivas.
abstract
The following pages describe and
justify an educational experien-
ce which emerged in response to
the need of creating inclusive,
autonomous and collaborative
learning environments. also,
meaningful learning processes ca-
pable to take on the complexity
of human condition are proposed.
It concludes that there is an un-
derstanding about the importan-
ce of promoting educational and
intercultural process based on di-
fferent disciplines, perspectives,
cultural references and voices, in
order to create an inclusive and
solidary world.
Keywords
Virtual education, interculturali-
ty, cognitive ecology.
introduccin
la escuela ecumnica de ciencias de la Religin es una uni-
dad acadmica de la universidad Nacional. forma parte, junto
a otras escuelas e institutos, de la facultad de filosofa y letras.
la formacin teolgica ha sido parte de la universidad Nacional
desde su fundacin en 1973. Se trata de una teologa laica, ecu-
mnica, en dilogo con las culturas y las ciencias, que promueve
el compromiso a favor de las personas que sufren cualquier forma
de exclusin.
desde 1976 existe tambin una oferta acadmica en el campo de
la enseanza de la religin, de manera que la escuela ecumnica
ha podido contribuir, casi desde sus orgenes, a la formacin de
Jos Mario Mndez 127
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
educadores y educadoras capaces de generar procesos educativos
interculturales y, por eso mismo, inclusivos.
a lo largo de su trayectoria, la escuela ha tomado conciencia
acerca de los lmites del modelo pedaggico dominante y se ha
esforzado por desarrollar prcticas educativas ms coherentes
con su opcin por una teologa crtica, dialogante, ecumnica,
socialmente relevante y liberada de dogmatismos.
y aunque la cuestin pedaggica no se limita a la modalidad del
servicio de la docencia -presencial, a distancia, bimodal, hbrida,
virtual, etc.- s est condicionada por ella. por eso, la pregunta
por la modalidad no es slo un asunto tcnico sino tambin
metodolgico y epistemolgico. el uso de las nuevas tecnologas
de la comunicacin para fnes educativos genera nuevas formas
de aprender y nuevas maneras de interaccin entre las perso-
nas aprendientes. la separacin de los tiempos y los espacios, as
como el acceso a una creciente cantidad de informacin (que
no siempre es de buena calidad) exige capacidad para provo-
car nuevas formas de interaccin entre los participantes, con los
contenidos, con el contexto.
a travs de las diversas modalidades de servicio de la docencia
ensayadas, la escuela ecumnica no slo ha buscado ampliar la
cobertura y democratizar la construccin del conocimiento, sino
tambin promover prcticas pedaggicas colaborativas, crticas,
inclusivas y signifcativas.
desde sus inicios, la escuela desarroll su actividad docente so-
bre todo en modalidad presencial, pero desde el ao 2000 in-
cursion en el campo de la educacin a distancia y en el 2007
inici un proceso que la condujo a virtualizar la mayor parte de
su oferta acadmica.
128 Volumen 6, Nmero 5, 2012
en la escuela ecumnica, la oferta acadmica en modalidad vir-
tual est sustentada en una permanente refexin y evaluacin.
las pginas que siguen recogen parte de ese proceso participati-
vo y colaborativo generado alrededor de la experiencia de vir-
tualizacin de la oferta acadmica.
1. interrogantes iniciales y permanentes
ante el desafo de virtualizar su oferta acadmica, la escuela
ecumnica busc dar respuestas a preguntas como estas:
Cmopromover,mediantemodalidadesnopresenciales,
prcticas educativas coherentes con la apuesta por una
teologa dialgica, liberadora, inclusiva, y crtica?
Esposiblegenerarexperienciassignifcativasdeaprendi-
zaje desde los entornos virtuales?
Cmoasegurarlacalidaddelainteraccinentrelasper-
sonas aprendientes y cmo lidiar -en los procesos educati-
vos- con la separacin de espacios y tiempos que supone la
virtualidad?
Qu papel juegan las personas educadoras que acompa-
an procesos educativos desarrollados con la mediacin
de entornos virtuales de aprendizaje?
Esposiblesuperar,desdelavirtualidad,laliniariedad,la
fragmentacin y la dependencia que caracterizan frecuen-
temente las experiencias educativas en los ambientes uni-
versitarios?
Esposibleromperconprcticaseducativasindividualis-
tas, centradas en el xito acadmico y profesional, para
promover experiencias educativas inclusivas fundamenta-
das en la colaboracin y la solidaridad?
Cmoevaluarlosaprendizajessuperandolasprcticasde
evaluacin memoristas y aquellas que acentan los aspec-
tos cuantitativos?
Jos Mario Mndez 129
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
Qu tipo de planeamiento didctico es ms adecuado
para desarrollar procesos educativos con la ayuda de en-
tornos virtuales de aprendizaje?
Cmo construir procesos educativos socialmente rele-
vantes y capaces de acoger la diversidad cultural de las
personas participantes?
en el esfuerzo por dar respuesta a tales interrogantes los acad-
micos y acadmicas de la escuela ecumnica comprendieron que
la virtualizacin representa un cambio radical con respecto al
paradigma educativo tradicional, del cual se puede afrmar que
est en crisis.
ciertamente se pueden utilizar los entornos virtuales de apren-
dizaje sin abandonar el modelo tradicional. No se trata, por lo
tanto, de hacer lo de siempre a travs de herramientas nuevas,
sino de replantear las formas de construir conocimiento, las es-
trategias de evaluacin de los aprendizajes, el modelo tradicional
de planeamiento didctico, el papel de los sujetos aprendientes
y su interaccin, la gestin de los tiempos, la confguracin de
las espacialidades y ambientes educativos, etc., aprovechando
las posibilidades que los entornos virtuales de aprendizaje abren
para tal replanteamiento.
al ensayar prcticas educativas a distancia, los acadmicos
y acadmicas de la escuela comprendieron que en realidad la
distancia imposibilita la educacin y que los entornos virtuales
lo que ofrecen son nuevas formas de acercamiento, novedosas
maneras de hacerse presente, de interactuar, de colaborar en el
aprendizaje. comprendieron tambin que la educacin en lnea
requiere superar la fragmentariedad y la linealidad de la educa-
cin tradicional como condicin para crear procesos caracte-
rizados por el equilibrio epistemolgico, la imprevisibilidad, la
130 Volumen 6, Nmero 5, 2012
fexibilidad, la ludicidad
2
, el dilogo, la colaboracin y el afecto.
estos rasgos -que no son exclusivos de la modalidad virtual- son
necesarios si queremos generar procesos educativos signifcati-
vos
3
con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje.
2. sustentacin terica
la virtualizacin de la oferta acadmica en la escuela ecumnica
se sustenta en el enfoque socio-constructivista, acenta el apren-
dizaje cooperativo y acoge los aportes de la perspectiva intercul-
tural y de la teora de la complejidad.
- del constructivismo social, la experiencia de virtualiza-
cin ha acogido sobre todo los aportes relacionados con
la idea de zona de desarrollo prximo
4
y de ayuda (an-
damiaje). Tales categoras inspiran prcticas educativas
orientadas a reconocer y valorar los saberes previos en los
procesos de aprendizaje, a generar intervenciones oportu-
nas, fexibles y orientadas a interactuar con los contenidos
2 la ludicidad implica capacidad para aprender a travs del juego de experimentacin,
de la bsqueda creativa, de la exploracin de uno mismo/a y del entorno, del placer
de jugar. Rubem alves es uno de los pedagogos que ms ha advertido sobre la nece-
sidad de recuperar la dimensin ldica del aprendizaje. Segn l, para los actuales
sistemas educativos, en cada nio que juega, hay un adulto productivo, y la tarea de
la escuela es hacer que despierte ese adulto productivo: es necesario que el adulto
productivo devore al nio intil. Rubem alves. Estorias de quem gosta de ensinar.
So paolo: ed. papirus, 1995, p. 83.
3 un aprendizaje es signifcativo cuando es relacional: la teora del aprendizaje sig-
nifcativo de ausubel se contrapone al aprendizaje memorstico, indicando que slo
habr aprendizaje signifcativo cuando lo que se trata de aprender se logra relacionar
de forma sustantiva y no arbitraria con lo que ya conoce quien aprende, es decir,
con aspectos relevantes y preexistentes de su estructura cognitiva. Jorge Rivera.
El aprendizaje signifcativo y la evaluacin de los aprendizajes. Revista de Investigacin
educativa, ao 8, N 14. 2004, p. 47, consultada en versin electrnica en www.
[Link]/bibvirtualdata/.../inv_educativa/2004.../[Link]
4 la zona de desarrollo prximo se refere al espacio, brecha o diferencia entre las
habilidades que ya posee la persona aprendiente y lo que puede llegar a aprender a
travs del apoyo que le puede proporcionar otra persona con la cual interacta.
Jos Mario Mndez 131
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
de manera signifcativa, a desarrollar creativamente con-
diciones para el aprendizajes de todas las personas invo-
lucradas en los procesos que se promueven
5
, a intervenir
educativamente sin restar protagonismo a las dems per-
sonas aprendientes. en esa misma lnea constructivista,
el modelo pedaggico de la universidad Nacional afr-
ma que el aprendizaje se entiende como un conjunto de
procesos sociales, histricos y culturales que van ms all
de la mera transmisin del conocimiento. Se fundamenta
en el anlisis y problematizacin de la realidad, en el tra-
bajo prctico e investigativo sobre el contexto en que se
desenvuelve el estudiante y su carrera, en el desarrollo de
competencias para la innovacin y la resolucin de pro-
blemas, la negociacin de confictos, el trabajo en equipo
interdisciplinario, y la toma de decisiones con base en in-
formacin confable y oportuna
6
.
es importante aclarar aqu que aunque el desarrollo de pro-
cesos educativos en modalidad virtual exige autonoma en
la gestin del aprendizaje, tal autonoma no equivale a in-
dependencia en la construccin de los saberes.
- el aprendizaje cooperativo, como paradigma orientador de
la educacin virtual, es sumamente sugerente en el actual
contexto de cultivo del individualismo y de la competi-
tividad. del aprendizaje cooperativo conviene retomar
sobre todo la idea de interdependencia positiva, la confor-
macin de grupos trabajo heterogneos, la promocin de
competencias (habilidades) sociales para el aprendizaje, la
5 cfr. mario carretero. Desarrollo cognitivo y Aprendizaje. mxico: ed. progreso, 1997;
l. Vigotsky. Pensamiento y lenguaje. Buenos aires: plyade, 1985.
6 modelo pedaggico de la universidad Nacional, p. 8, documento disponible en
[Link]
own&id=141
132 Volumen 6, Nmero 5, 2012
prctica de establecer un contrato o acuerdo didctico
7
. el
aprendizaje cooperativo se fundamenta en la lgica ganar-
ganar (cuando se contribuye al aprendizaje de los dems
nos benefciamos todas las personas que interactuamos en
un ambiente educativo) y busca, por lo tanto, distanciarse
del paradigma ganar-perder (yo gano haciendo perder a los
otras personas o no haciendo nada para que ganen).
la separacin de los espacios que acontece en la educa-
cin virtual, modifca pero no anula la cooperacin. exis-
ten herramientas, dentro y fuera de los entornos virtuales
de aprendizaje, que canalizan el intercambio, posibilitan la
comunicacin y sirven de plataforma para la elaboracin
conjunta de productos de aprendizaje.
- la perspectiva intercultural, invita a promover procesos
educativos en los que es posible la confuencia, en condi-
ciones simtricas, de los distintos saberes y de las voces
de las personas participantes.
la interculturalidad, como paradigma pedaggico, implica
dar acogida a la diversidad de mundos que confuyen en
los procesos en los que tomamos parte y a la pluralidad de
formas de construir conocimiento que se vinculan a esos
mundos
8
. en el caso de la teologa, la perspectiva intercul-
tural invita a confrontar las diferentes teologas a partir
de sus contextos y culturas respectivos; a articularlas con
7 cfr. dbora Niquini. Informtica na educao implicaes didtico - pedaggicas e con-
struo de conhecimento. Brasilia: editora uNIVeRSa, [s.d.]; Tambin, de esta au-
tora, A Transposio didtica e o contrato didtico: para o professor metodologia de ensino;
para o aluno a construo do conhecimento. Braslia: petry, 2002.
8 cfr. Jos mario mndez. Educao intercultural e justia cultural. Sao leopoldo: ed.
Nova Harmonia, 2008; auxiliadora Salas y Rafaela garca. Programas de educacin
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Jos Mario Mndez 133
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
las identidades y demandas especfcas de los educandos,
educadores, comunidades eclesiales, movimientos sociales,
etc.
9
para mattias preiswerk, una educacin intercultural
como camino para superar un patrn de conocimiento
monocultural que se autoproclama universal- pasa por la
transformacin intercultural de la teologa, y viceversa
10
.
- la teora de la complejidad, y particularmente los apor-
tes de Hugo assmann, nos sugieren que la construccin
del conocimiento ya no es solamente producto unilateral
de seres humanos aislados, sino de una vasta cooperacin
cognitiva en la cual participan aprendientes humanos y
sistemas cognitivos artifciales
11
. para Hugo assmann el
paso de la informacin al conocimiento es un proceso re-
lacional humano, y no mera accin tecnolgica. la educa-
bilidad radica, por lo tanto, en la relacionalidad.
para assmann, la vida es aprendizaje
12
, y la curiosidad tie-
ne un papel importante en ese aprendizaje. por eso este
autor es tan crtico ante los sistemas educativos que se
especializan en destruir el don de la curiosidad, pues al
hacerlo destruyen la vida misma. assmann ve inmensas
posibilidades de aprender en las ecologas cognitivas de las
que forman parte las mquinas de curiosear
13
. para poder
experimentar la curiosidad, es necesario estar vinculado
a un mundo abierto a la exploracin y lleno de complejas
9 matthias preiswerk. Contrato intercultural. Crisis y refundacin de la educacin teo-
lgica. la paz: plural editores/claI Sinodal/universidad carlos III, 2011, p. 337.
10 cfr. Ibid, p. 338.
11 Hugo assmann. La metamorfose do aprender na sociedade do conhecimento, en Hugo
assmann (coordinador) Redes digitais e metamorfose do aprender, petropolis: Vozes,
2005, p. 23.
12 cfr. Hugo assmann. Reencantar a educao. Rumo sociedade aprendente.
petrpolis: ed. Vozes, 1998, p. 35.
13 cfr. Hugo assmann. curiosidade e prazer de aprender. o papel da curiosidade na
aprendizagem criativa. petrpolis: ed. Vozes, 2004, p. 166.
134 Volumen 6, Nmero 5, 2012
diferencias, y ese mundo est disponible en las mquinas
de curiosear.
en la misma lnea de assmann, Rosana pereira afrma que
desarrollar procesos educativos a travs de las tecnolo-
gas digitales... implica enfrentar la imprevisibilidad y, por
eso mismo, reconocerse como un perenne aprendiz del
conocimiento y de las formas de aprender a conocer
14
.
y siguiendo a assmann, francisco gutirrez recuerda que
aprender no puede reducirse, ni mucho menos, a la apro-
piacin de los saberes acumulados por la humanidad. Se
aprende durante toda la vida y mediante todas las formas
de vida. por eso los procesos cognitivos y los procesos vi-
tales son coincidentes, en y con la autoorganizacin, la
complejidad, la creacin, y la permanente conectividad de
todos con todos, en todas las fases y momentos del proceso
evolutivo
15
.
2. Repensar las prcticas de planeamiento didctico
el planeamiento de las actividades de aprendizaje tiene la funcin
de ayudar a las educadoras y educadores a crear las condiciones
para que las personas estudiantes sean protagonistas autnomas
e interdependientes de sus propios procesos de aprendizaje. la
escuela ecumnica han ensayado un esquema de planeamiento
fundamentado en el esfuerzo por identifcar aquellos elementos
que permiten articular varios cursos de un mismo ciclo, con el
fn de superar la fragmentariedad y asegurar, de esa manera, la
confuencia y la complementariedad de saberes diversos en un
nico proceso educativo.
14 Rosana pereira. Um novo professor: novas funes, e novas metforas, en Hugo ass-
man, Op. Cit.
15 francisco gutirrez. Las nuevas ciencias de la vida , en Polis, 25, 2009, puesto en
lnea el 29 marzo 2011, consultado el 09 marzo 2012. uRl : [Link]
org/423
Jos Mario Mndez 135
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
la propuesta consiste en adoptar un modelo de enfoques dis-
ciplinares confuentes (edC) que posibilite la promocin de
procesos educativos interdisciplinarios. la estructura de edC,
implica el reconocimiento y activacin un hilo conductor del
proceso, que puede ser expresado en trminos de rea temti-
ca, categoras de anlisis, preguntas claves, problema o caso. los
facilitadores y facilitadoras se esfuerzan por hacer evidentes los
aportes de las diferentes perspectivas disciplinares; planifcan
juntos; promueven y evalan actividades de aprendizaje comu-
nes, aseguran el aporte de distintos saberes y el abordaje de casos
desde perspectivas complementarias.
Se trata, sin embargo, de procesos en los que las perspectivas no
se disuelven. ms bien conservan sus fsonomas y hacen de sus
fronteras lugar de encuentro y de dilogo. los y las estudiantes
tienen la experiencia de participar no en varios cursos, sino en
un nico proceso que se enriquece con el aporte de diversas pers-
pectivas
16
.
para articular y hacer confuir los distintos saberes, se iden-
tifcaron o se construyeron objetivos comunes, un ncleo te-
mtico comn, preguntas generadoras, ejes transversales, ac-
tividades claves, estrategias de evaluacin, una bibliografa
fundamental, etc.
el planeamiento ha implicado la organizacin de actividades de
arranque, de desarrollo y de cierre del proceso. las primeras es-
tn orientadas a provocar participacin y a presentar a las personas
16 en el caso de la escuela ecumnica, este trabajo de hacer confuir las disciplinas
se vio particularmente difcultado por el hecho de que el plan de estudios no fue
construido con esta sensibilidad. el trabajo ha requerido que las y los acadmicos se
habiliten para trabajar juntos, con el fn de preparar, desarrollar y evaluar los proce-
sos educativos de los que forman parte y de reconocer elementos articuladores en los
mismos.
136 Volumen 6, Nmero 5, 2012
participantes el reto de generar conocimiento colaborativo; las
actividades de desarrollo incluyen una permanente dinmica
de interaccin con los textos y entre las personas aprendientes;
tambin comprenden la generacin de productos de aprendizaje
y la recopilacin y registro de evidencias de aprendizaje. durante
esta etapa tambin se desarrolla la evaluacin del proceso, orien-
tada a obtener informacin para la toma de decisiones y el mejo-
ramiento. las actividades de cierre buscan ayudar a sistematizar
crticamente el propio aprendizaje.
las intervenciones y actividades de aprendizaje colocadas en el
planeamiento didctico deben provocar que los y las estudiantes:

- no sean repetidores de los contenidos del curso, sino cons-
tructores de nuevos aprendizajes;
- no sean consumidores y consumidoras de las investigacio-
nes de otras personas, sino investigadores e investigadoras;
- no sean objeto de la accin educativa de otras personas,
sino sujetos de aprendizaje;
- no sean asimiladores de texto, sino constructores de texto
en sus propios contextos;
- no sean lectores acrticos de los textos sugeridos, sino in-
trpretes de los mismos desde sus referencias culturales,
- preferan aprender colaborativamente que competir para
aprender;
- reconozcan la diversidad como una posibilidad para apren-
der y no como un problema o amenaza.
esta estrategia de planeamiento didctico se sustenta en la con-
viccin de que ...la bsqueda de nuevos caminos rompe con la
pedagoga de las certezas y de los saberes prefabricados, y retoma
la pedagoga de la pregunta y del acceso a la informacin, la
Jos Mario Mndez 137
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
pedagoga de la complejidad, que posibilita aprender a trabajar
desde la diversidad, la sorpresa y la imprevisibilidad
17
.
3. Confguracin del aula virtual
en su modelo de virtualizacin, la escuela ecumnica ha conf-
gurado el aula virtual siguiendo el modelo de un saln de traba-
jos diversifcados, en el que se distinguen dos grandes secciones:
la de construccin y la de mediacin pedaggica. ambas reas
conforma un nico ambiente educativo cuya fnalidad es faci-
litar el aprendizaje.
3.1. el rea de construccin
el rea de construccin est conformada por diversas mesas de
trabajo, cuyo objetivo es permitir la circularidad, la comunica-
cin, la autonoma en el desarrollo de las actividades, la interde-
pendencia positiva y la solidaridad en el aprendizaje.
la imagen de mesa evoca experiencias de comunicacin, en-
cuentro, trabajo cooperativo, discusin, disfrute la mesa es el
lugar del cara a cara, del dilogo, del consenso y del disenso,
del compartir, de la transformacin de los confictos.
las mesas son lugares que las personas estudiantes pueden fre-
cuentar cada vez que sea necesario.
- en la mesa de informacin, encuentran las indicaciones
y orientaciones para el desarrollo del proceso educativo,
as como los programas, las actividades, el calendario de
trabajo.
17 Rosemeire carvalho. A metamorfose da sala de aula para o ciberespao, en Hugo ass-
mann, op. cit, p.
138 Volumen 6, Nmero 5, 2012
- en la mesa de conversacin estn disponibles las herra-
mientas de interactividad que permiten la comunicacin,
la consulta y la colaboracin en el aprendizaje. el nombre
de esta mesa sugiere la urgencia de generar procesos edu-
cativos que sean conversacionales, pues, como afrm
Hans-geor gadamer, slo se puede aprender a travs de
la conversacin
18
.
- en la mesa de lectura estn disponibles los textos funda-
mentales, as como un un archivo con pistas para abordar
las lecturas.
- en la mesa de creatividad y produccin las personas estu-
diantes encuentran indicaciones para realizar y enviar los
trabajos propuestos.
- en la mesa de evaluacin se colocan las herramientas de
evaluacin que sern utilizadas en diferentes momentos
del proceso.
- finalmente, en la mesa en u, se describen las actividades
acadmicas que sern realizadas en el campus de la uni-
versidad Nacional, y a las que pueden participar las perso-
nas estudiantes que as lo deseen.
3.2. mesa de mediacin pedaggica
Rosana pereira afrma que el papel del profesor no puede res-
tringirse a la funcin de comunicador de informaciones. Tiene
funciones ms importantes como ser organizador de ambientes
de aprendizaje con diferentes posibilidades para que la persona
estudiante recorra su propio camino de aprendizaje
19
. esa po-
sibilidad de recorrer caminos propios y diferentes, es lo que se
quiere visibilizar a travs del rea de mediacin pedaggica.
18 Hans-georg gadamer. La educacin es educarse. Barcelona: ed. paids, 2000, p. 10.
19 Rosana pereira, op. cit., p. 45.
Jos Mario Mndez 139
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
aqu, la mediacin pedaggica es entendida como un conjunto
de intervenciones y de interrelaciones orientadas a crear las con-
diciones (ambientes) para el aprendizaje. la persona mediadora es
diseadora y gestora de ambientes cognitivos y de procesos forma-
tivos. en ese sentido, la mediacin pedaggica implica organizar el
aula virtual, generar motivacin entre las personas aprendientes,
ayudar a desarrollar habilidades de pensamiento crtico y creativo,
contribuir para que cada persona reconozca cmo aprende mejor,
y promover la autonoma y la interdependencia.
alfaro, corrales, gamboa, y otros, sealan las siguientes tareas
relacionadas con la mediacin pedaggica: partir siempre de los
conocimientos previos, identifcar los momentos de bloqueo as
como el tipo de ayuda adecuada para desatascar el proceso de
construccin de conocimientos; tener capacidad de espera, pres-
tar atencin a las iniciativas de las personas estudiantes y desa-
farlos mediante preguntas generadoras que les hagan refexionar
sobre su propio proceso de aprendizaje
20
.
para desarrollar esas y otras tareas, la escuela ecumnica ha su-
gerido la creacin de una mesa o escritorio para cada persona
facilitadora que interacta en el aula virtual. cada mesa o escri-
torio representa una perspectiva desde la cual se puede abordar el
trabajo durante un perodo determinado. Incluye, entre otras co-
sas, un foro permanente mediante el cual se establece el contrato
didctico, se hacen las consultas, se asegura el acompaamiento.
cada escritorio incluye tambin materiales complementarios, es-
pecialmente aquellos producidos por las personas facilitadoras;
as como vnculos a blogs, y a otros espacios virtuales que pueden
contribuir al alcance de los objetivos propuestos.
20 cfr. m. alfaro, e. corrales, a. gamboa, S. Jimnez, J. prez, a. Ramrez y m. Var-
gas. Estilo de aprendizaje y tcnicas de aprendizaje en la mediacin pedaggica. Heredia:
ed. euNa, 2011, p. 22-23.
140 Volumen 6, Nmero 5, 2012
el contrato o acuerdo didctico consiste en un convenio peda-
ggico consensuado entre docentes y estudiantes, con la fna-
lidad de instaurar alianzas tcitas y manifestas que regulen las
actuaciones, competencias, estrategias e interacciones. existe
un contrato didctico cuando docentes y estudiantes, de forma
explcita intercambian sus opiniones, comentan sus necesidades,
sus sentimientos, y deciden en colaboracin la forma de llevar a
cabo el proceso de enseanza-aprendizaje y lo refejan oralmente
o por escrito
21
.
el contrato didctico permite a las personas participantes esta-
blecer una interaccin marcada por el respeto mutuo, la cordia-
lidad, el dilogo y la alegra del aprendizaje recproco.
el contrato didctico existe en toda experiencia educativa, y es
expresa generalmente a travs del programa de trabajo que la
persona facilitadora entrega al inicio del curso. para el caso de la
modalidad virtual, la escuela ecumnica consider importante
articular el contrato o acuerdo didctico con la opcin por una
perspectiva que la persona estudiante desea acentuar durante el
proceso. de esa manera, cada estudiante decide con qu faci-
litador o facilitadora desea establecer el respectivo contrato o
acuerdo.
4. interrelacin educativa
el aula, fsica o virtual, es un espacio concebido para la comu-
nicacin. la posibilidad de aprender est condicionada por la
calidad de la comunicacin. la red de relaciones interpersonales
que se establecen en el aula virtual es lo que podramos llamar
21 francisco garca y miguel fortea. el contrato didctico o contrato de apre-
ndizaje, consultado en octubre de 2012 en [Link]/digesutp/
formacioninicial/?dl_id=95; cfr. H. przesmycki. la pedagoga del contrato. el con-
trato didctico en educacin. Barcelona: ed. gra, 2000.
Jos Mario Mndez 141
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
ecologa de aprendizaje, o ambiente educativo. la promocin
de ambientes educativos, coincide con lo que gadamer llamaba
llegar a estar en casa. Siguiendo a Hegel, gadamer afrm que
la educacin consiste en acceder cada persona a su morada en el
mundo, y con los otros, mediante la conversacin
22
.
Sabemos que la educacin virtual implica un cambio en el rol
de la persona educadora-comunicadora, concebida sobre todo
como mediadora importante que ayuda a crear las condiciones
para que acontezca el aprendizaje. para lograr tal cambio, las
personas facilitadoras promueven la comunicacin con las per-
sonas estudiantes y entre ellas; exploran los saberes previos de
quienes participan en el proceso educativo y aprenden de esos
saberes buscando que se conviertan en plataforma para nuevos
aprendizajes; ofrecen criterios para la seleccin, sistematizacin
y aplicacin de la informacin; favorecen el dilogo
23
, la discu-
sin y el disenso; invitan a fundamentar los aportes, a analizar
crticamente, a valorar, a comprometerse.
la persona educadora es protagonista de formas alternativas de
presencia, de cercana y de comunicacin, que tienen como f-
nalidad hacer que las personas lleguen a estar en casa. la eco-
loga del aula virtual, como espacio de aprendizaje, depende en
gran medida -aunque no de forma exclusiva- de la capacidad de
las personas educadoras para dar vida a procesos saludables de
comunicacin. ellas saben que lo que realmente ayuda a crear las
condiciones para aprender es la interrelacin creada en un ca-
minar compartido. por eso, repensar la accin educativa implica
22 Hans-georg gadamer. op. cit. p. 21.
23 para profundizar sobre el dilogo como componente indispensable de todo proceso
educativo, ver cecilia garcez. Una pedagoga dialgica: hacia del desarrollo espiritual
humano, en Revista Ecumnica, Separata, Volumen 2, N 2, 2007, especialmente el
captulo III. Siguiendo a assmann, freire, mo Sung y alves, la autora relaciona
dilogicidad con apertura respetuosa a los dems, corporeidad, presencia, encuentro,
palabra, representaciones, signifcados, historicidad, bsqueda y aprendizaje.
142 Volumen 6, Nmero 5, 2012
reforzar la comunicacin en trminos de reciprocidad, dilogo,
intercambio de roles
24
, etc.
la educacin virtual exige el compromiso de todas las partes
involucradas por activar y mantener dinamismos comunicati-
vos de calidad. y aqu los dos verbos son importantes: activar y
mantener. los educadores y las educadoras que actan en pro-
cesos virtuales de aprendizaje saben que es ms fcil activar que
mantener una comunicacin autntica, especialmente cuando
se trata de utilizar herramientas de comunicacin y cdigos co-
municativos entre personas que poseen diversos grados de des-
treza y motivacin para utilizarlos y que actan desde diversos
contextos culturales. precisamente la realidad multicultural del
grupo de estudiantes se convierte en posibilidad para una comu-
nicacin y una educacin interculturales
25
, basadas en la con-
fuencia de saberes y de voces.
un elemento fundamental de la interrelacin es el ya mencio-
nado contrato didctico y/o de aprendizaje, el cual asegura un
acompaamiento ms personalizado y dinamiza una comunica-
cin orientada a la consecucin de los objetivos acordados.
5. la evaluacin de los aprendizajes
la virtualizacin de la oferta acadmica de la escuela ecum-
nica condujo a un replanteamiento de su accin evaluativa.
ya la escuela haba hecho importantes esfuerzos por superar
el tipo de evaluacin tradicional -centrada en la repeticin y
24 la idea de comunicacin como intercambio de roles, desarrollada por lyotard, pu-
ede ayudarnos a comprender la dinmica comunicativa que podramos generar desde
un ambiente virtual de aprendizaje. cfr. lyotard, Jean franois. Por qu flosofar?
Barcelona: ed. paids, 1996, p. 128-129.
25 para profundizar sobre el tema de la educacin desde una perspectiva intercultural,
ver Jos mario mndez. Hacia una propuesta de educacin alternativa desde el paradigma
de la interculturalidad, Revista Teora y Praxis, N 11, 2007, p. 64-78.
Jos Mario Mndez 143
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
en aspectos cuantitativos- para dar paso a procesos evaluativos
que enfatizaron la produccin, la creatividad y el anlisis. la
escuela haba privilegiado el ensayo como forma de produccin
pero tambin como estrategia de evaluacin y de sistematiza-
cin de los aprendizajes.
la virtualizacin ampli las exigencias de la escuela a nivel de
evaluacin. los siguientes son algunos criterios en que se inspira
la valoracin de los aprendizajes en la escuela ecumnica.
La evaluacin est al servicio del aprendizaje, y por eso
mismo, tiene como fnalidad ayudar a las personas apren-
dientes a reconocer mejor cmo aprenden y a identifcar
estrategias para aprenden mejor.
Todoslosinvolucradosenelprocesoeducativodebenco-
nocer, desde el inicio, la forma en que sern evaluados:
criterios, estrategias, instrumentos, etc. el contrato didc-
tico ofrece la oportunidad de (re)negociar la estrategia de
evaluacin en cada caso.
La evaluacin debe ser sumativa y formativa. No se tra-
ta de dos momentos excluyentes, sino partes de un nico
proceso de evaluacin que debe caracterizarse por su inte-
gralidad.
Laspersonaseducadorasnodebenserlosnicosjueces.
Tambin las personas estudiantes tiene derecho a dar un
juicio sobre su propio proceso de aprendizaje. Nadie sabe
mejor cunto ha aprendido, que la misma persona apren-
diente.
Laevaluacincontribuyeaidentifcardifcultadesyaha-
cer correcciones durante el proceso.
144 Volumen 6, Nmero 5, 2012
entre las estrategias de evaluacin que la escuela ecumnica ha
privilegiado destacan el portafolio, la autoevaluacin, la coope-
racin en el aprendizaje y la produccin acadmica.
el portafolio
el portafolio es una estrategia de enseanza-aprendizaje y de
evaluacin que consiste en reunir evidencias de aprendizaje a
travs de las cules se pueden valorar las capacidades de la per-
sona estudiante en el marco de un proceso educativo concreto.
estas evidencias dan cuenta del proceso personal seguido por
cada estudiante, permitindole ver sus esfuerzos y logros en rela-
cin a los objetivos de aprendizaje y los criterios de evaluacin
establecidos previamente
26
.
el portafolio del estudiante es una metodologa de trabajo y una
estrategia didctica prevista ya en el momento del planeamien-
to. pero adems, el portafolio funciona como estrategia de valo-
racin, pues permite unir y ordenar un conjunto de evidencias
para emitir una valoracin ms ajustada a la realidad que es dif-
cil de adquirir con otros instrumentos de evaluacin tradiciona-
les, los cuales aportan una visin ms fragmentada o parcial del
aprendizaje.
la autoevaluacin
la autoevaluacin es una estrategia adecuada para educar en la
responsabilidad y para aprender a valorar, criticar y refexionar
sobre el propio proceso de aprendizaje. Mara Amparo Calata-
yud
27
seala los siguientes benefcios de la autoevaluacin: a) es
26 francisco garca y miguel fortea. op. cit.
27 mara amparo calatayud. la autoevaluacin como estrategia de aprendizaje para at-
Jos Mario Mndez 145
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
uno de los medios posibles para que la persona estudiante co-
nozca y tome conciencia de su progreso individual en el proceso
de enseanza-aprendizaje; b) le ayuda a responsabilizarse de sus
actividades y a desarrollar la capacidad de autogobierno; c) es un
factor bsico de motivacin y refuerzo del aprendizaje; d) es una
estrategia que permite a la persona docente conocer cul es la
valoracin que los y las estudiantes hacen del aprendizaje, de los
contenidos que en el aula se trabajan, de la metodologa utiliza-
da, etc., e) es una actividad de aprendizaje que ayuda a refexio-
nar individualmente sobre el proceso de enseanza y aprendizaje
realizado; f) es una estrategia que puede sustituir a otras formas
de evaluacin, g) es una estrategia que posibilita la autonoma y
autodireccin de la persona estudiante.
la autoevaluacin requiere, evidentemente, el desarrollo de una
cultura de evaluacin que permita ver todas las formas de eva-
luacin no como amenazas sino como ocasin para el aprendizaje.
la colaboracin en el aprendizaje
la escuela ecumnica ha aprendido a valorar, como estrategia de
evaluacin, la capacidad de las personas estudiantes para generar
dilogo y discusin a travs del foro y de las otras herramientas
de interaccin disponibles en el aula virtual y fuera de ella.
es importante verifcar si las personas estudiantes se muestran
respetuosas en relacin a la diversidad de pensamientos y a los
contextos en que se generan esos pensamientos, y si fundamen-
tan adecuadamente sus ideas y las defenden sin absolutizarlas.
ender a la diversidad, consultado en octubre e 2011 en [Link]
noticia/2008/01/28/autoevaluacion-como-estrategia-aprendizaje-atender-diversi-
[Link]
146 Volumen 6, Nmero 5, 2012
el foro, el glosario, el chat, y dems posibilidades de comunica-
cin/colaboracin, ofrecen a las personas docentes informacin
relevante sobre los avances en el aprendizaje. evaluar la cola-
boracin es adentrarse en un modelo educativo que sabe que el
aprendizaje no es posible sin la interaccin, y que busca superar
tanto la independencia como la dependencia para proponer ca-
minos de aprendizajes a partir del paradigma de la interdepen-
dencia positiva.
la produccin
la escuela ecumnica considera imprescindible verifcar si las
personas estudiantes se muestran creativas en la elaboracin de
productos de aprendizaje, si elaboran trabajos bien estructurados
formalmente coherentes en la argumentacin y en los conteni-
dos, si en sus producciones acadmicas se identifcan y ordenan
las ideas principales; si saben dialogar con los textos consultados
y ante ellos se muestran crticos, refexivos y propositivos; si res-
paldan la informacin de forma adecuada. la valoracin de la
produccin implica poner la atencin en destrezas relacionadas
con la apropiacin critica de perspectivas de anlisis, la creativi-
dad/originalidad en la expresin/comunicacin, la articulacin
entre teora y praxis, la autocrtica, la propuesta de soluciones
a las problemticas reconocidas, la capacidad para acoger los
aportes de saberes distintos, la identifcacin de las propias limi-
taciones, la valoracin de los propios saberes previos, la capaci-
dad para construir nuevos saberes a partir del dilogo con otras
perspectivas posibles, el reconocimiento de la funcin social del
conocimiento, la posibilidad de lidiar con las propias incerti-
dumbres, as como la aceptacin de la diversidad cultural como
una posibilidad para el aprendizaje y para la propia produccin.
Jos Mario Mndez 147
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
6. la formacin de los facilitadores y facilitadoras
el proceso de virtualizacin de la oferta acadmica emprendido
por la escuela ecumnica no sera viable sin un proceso conti-
nuo de formacin de los facilitadores y facilitadoras. la forma-
cin comprende el rea tecnolgica y el rea pedaggica, adems
de las reas especfcas de conocimiento (teologas, ciencias de
la religin). concretamente, la formacin est orientada al de-
sarrollo de una serie de destrezas para el uso de los entornos vir-
tuales de aprendizaje, para la promocin de procesos educativos
colaborativos, para la evaluacin integral, para el desarrollo de
experiencias educativas interculturales e interdisciplinarias.
la formacin debe habilitar a las personas facilitadoras para
generar un proceso de transformacin, que involucra su his-
toria personal, sus saberes, experiencias, percepcin del otro y
del contexto, que enriquece los conocimientos, experiencias y
percepciones de los otros, sean estos estudiantes o colegas, en
un dilogo permanente de docente-estudiante, estudiante-estu-
diante y docente-docente
28
.
Se trata de una formacin cuya fnalidad principal es ayudar a
las personas facilitadoras a acompaar los procesos educativos
siendo ms problematizadores y concientizadores que transmi-
sores de contenidos y ms buscadores que poseedores de verda-
des; siendo capaces de ayudar a entender el contexto ms que
el texto; contribuyendo a transformar los confictos ms que a
evitarlos; trabajando en equipos interdisciplinarios ms que in-
dividualmente; promoviendo el pensamiento crtico y el dilogo
y evaluando integralmente los aprendizajes.
28 Modelo Pedaggico de la Universidad Nacional, p. 10.
148 Volumen 6, Nmero 5, 2012
Se trata de una formacin que busca aprender a aprender y
aprender a conocer cmo generamos mejores ecologas cogniti-
vas, desde la conviccin de que lo que asegura aprendizaje no es
la mediacin tecnolgica, sino el tipo de interaccin que a travs
de ella se genera entre los sujetos aprendientes y entre estos y la
realidad en que viven.
7. Conclusin: logros y desafos
en su todava joven experiencia, la escuela ecumnica de cien-
cias de la Religin ha reconocido la necesidad de crear ecologas
cognitivas que ayuden a los y las estudiantes a ser actores crti-
cos, protagonistas, gestores de sus propios tiempos y conocimien-
tos junto a otros actores con los cuales pueden establecer una
dinmica de colaboracin y de interdependencia.
la escuela ha identifcado la importancia de recuperar los sabe-
res previos y de crear espacios para la comunicacin de esos sa-
beres y para la construccin creativa de nuevos conocimientos.
las educadoras y los educadores han comprendido la urgencia
de promover procesos educativos interculturales, fundamenta-
dos en la confuencia de los distintos saberes, perspectivas, re-
ferencias culturales y voces, como condicin para contribuir
a la creacin de un mundo ms inclusivo y solidario, del cual la
experiencia educativa es adelanto, referencia y modelo.
la perspectiva intercultural contribuye a generar procesos edu-
cativos respetuosos de la diversidad, dialgicos, convivencia-
les; procesos que son caminos que ensean aprendiendo a
transitar los muchos caminos que se abren en las culturas y las
religiones
29
.
29 Ral fornet-Betancourt. Prlogo de matthias preiswerk. Contrato intercultural. Crisis
y refundacin de la educacin teolgica. la paz: plural editores/claI Sinodal/univer-
sidad carlos III, 2011, p. 19..
Jos Mario Mndez 149
Educar con la ayuda de entornos virtuales de aprendizaje: una
experiencia de educacin inclusiva y colaborativa en la Escuela
Ecumnica de Ciencias de la Religin
en su caminar, la escuela reconoce algunos desafos o tareas pen-
dientes, tanto en el mbito pedaggico como a nivel tecnolgico:
- ante todo, la escuela debe mantener su esfuerzo por recon-
textualizar y redimensionar los procesos educativos desde
un mundo como el nuestro, marcado y enriquecido por la
diversidad poltica, religiosa y cultural;
- es necesario seguir reforzando la dinmica comunicativa y
la interaccin entre todas las personas aprendientes con el
fn de construir comunidades de aprendizaje que aseguren
el placer de aprender juntos/as;
- hay que seguir ensayando nuevas y creativas formas de in-
teraccin con los textos, los hipertextos y los contextos
en que las personas se educan, de tal manera que esa inte-
raccin contribuya a fortalecer el pensamiento crtico y la
transformacin de la realidad;
- es necesario seguir conociendo y explorando las posibili-
dades didcticas de los entornos virtuales de aprendizaje,
y utilizar sus herramientas para robustecer la interrelacin,
la comunicacin y la cooperacin en el aprendizaje;
- fnalmente, la escuela tiene el desafo de reforzar la ya ini-
ciada construccin de procesos educativos interdisciplina-
rios e interculturales, en los que la diversidad se convierte
en posibilidad para el aprendizaje.
150 Volumen 6, Nmero 5, 2012
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Volumen 6, nmero 5, 2012
155
los aportes de la pneumociencia de
Teilhard de Chardin y de Quirce
Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en occidente
The neuroscience from Teilhard de
chardin to Quirce Balma and their current
contributions to the dispiritualization
problem lived out in the West
Alejandro Vargas Carranza
1
alejvargasc@[Link]
Recibido: 17 de mayo, 2012
aprobado: 16 de noviembre, 2012
1 Bachiller en Teologa del convenio uNa-uNed, Bachiller en filologa clsica en
la universidad de costa Rica. estudiante de licenciatura en Teologa en la uNed
y de licenciatura en filosofa en la universidad Nacional. Tambin cursa la carrera
de derecho en la universidad de San Jos. correo electrnico: alejvargasc@yahoo.
com
Resumen
el problema de des-espirituali-
zacin en occidente conduce
a la necesidad de procurar una
des-cosifcacin del ser humano,
la cual puede lograrse desde la
pneumociencia, presentada en el
pensamiento proftico-pneumo-
cientfco de Teilhard de chardin
y de Quirce Balma.
palabras clave
pneumociencia, profetismo,
ciencia, religin, des-espirituali-
zacin, cosifcacin.
[p. 155 p. 178]
Volver al
ndice
156 Volumen 6, Nmero 5, 2012
abstract
The problem of despiritualisation
in occident leads to the necessity
to seek a dereifcation of the hu-
man, that can be accomplished
from a pneumoscience, presented
in Teilhard de chardin and Quir-
ce Balma.
Keywords
pneumoscience, prophetic,
science, religion, despiritualisa-
tion, reifcation.
En homenaje al Dr. Quirce Balma QDDG (2012)
1. introduccin
Teilhard de chardin y Quirce Balma presentan una confuencia
entre ciencia y espiritualidad que deriva en pneumociencia
2
. la
identifcacin de esta disciplina no fue expuesta en la obra de los
citados autores, pero segn Quirce Balma cuando l y Teilhard
de chardin sostienen el vnculo entre ciencia y espiritualidad se
presenta esta disciplina
3
.
en este sentido se pretende determinar la consistencia y funcin
de la pneumociencia en el pensamiento de estos dos hombres de
ciencia y comprometidos con el espritu: uno sumamente enig-
mtico, de ms de medio siglo de haber dejado su cuerpo fsico;
y otro, un sabio de la mstica y de los entegenos, que trat de
hacer ver la necesidad de que en esta aldea costarricense se lle-
gara a amar al prjimo.
2 el trmino es aludido por el dr. Quirce Balma en entrevista que le hiciese sobre Teil-
hard de chardin el 26 de setiembre de 2011, donde sostuvo que en el pensamiento
teilhardiano y en el de l no haba una pneumatologa sino una pneumociencia.
cabe indicar que en la obra de Teilhard de chardin y en la de Quirce Balma no
aparece este concepto.
3 Ibd.
Alejandro Vargas Carranza 157
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
ambos autores desde la vinculacin que efectan entre espritu
y la ciencia proponen la descosifcacin del ser humano en los
contextos sociales en los que a cada de ellos le toc vivir, razn
por la que se estima la pneumociencia como proftica. por tanto,
la importancia de esta disciplina deriva de su potencial para de-
nunciar aquellas estructuras sociales que cosifcan al ser humano.
de esta forma, la refexin pneumocientfca de estos autores se
presenta como un viento recio que proviene de otro superior
(Jn., 3.8) y aunque su hallazgo puede socavar la seguridad de los
edifcios fundados en la incompatibilidad entre ciencia y reli-
gin, lo cierto es que abre la posibilidad de una Vida a la teilhar-
diana, una Vida al cuadrado, que implica conocer la Realidad
profundamente, para percatarse del mundo, en contra de la per-
versa poltica que establece engranes del mecanismo-poder en
lugar de seres autnticamente cosmopolitas. el milieu teolgico,
el Reino de los cielos, la Sociedad de los poetas, clama por un
ser humano sistmico, ecumnico, actuante como edifcador en
la piedra angular. conocerla es mirar al espritu, sin este conocer
anticipado no hay poiesis
4
.
esta manera de conocer es el objeto de esta investigacin, en
tanto invitacin a las bodas entre el espritu y la materia, el
Ser y el ente, dios y la Humanidad (mt. 22,1-14; ap.19, 7-8).
constituye un punto de partida que no pretende acabarse en
Teilhard de chardin y en Quirce Balma. por esta razn, visua-
lizada la pneumociencia, en segundo proceder se ha de tomar el
pensamiento del mstico jesuita y luego del investigador profeta
de esta aldea.
4 aqu cabra recordar que la facultad del conocer antecede la de actuar creativa-
mente, la libertad implica la danza de ambas: Saber para saber..., saber para poder...,
poder ms para actuar ms..., actuar ms para llegar a ser ms Teilhard de chardin,
pierre. El fenmeno humano. madrid. Taurus, 1974, pgs. 301-302.
158 Volumen 6, Nmero 5, 2012
2. la pneumociencia
Viendo el agua vi como aquellos diversos lirios crecan nu-
tridos de misterio en aquella laguna. Qu misterio, cunta
fuerza! La tarde cae y el fro nocturno se asoma al tutano
con la brisa, pero s que el ocaso trae el deseo del alba, como
la agona invoca ante la muerte al Espritu para una vida
plena. Lleno de vida me siento Heracles.
A orillas de la laguna naci este deseo.
desde la etimologa el trmino pneumociencia alude al espritu
y al conocimiento cientfco. la palabra consta de la partcula
griega pneuma, que indica en castellano la nocin de espritu;
a su vez esta palabra consta de una derivacin latina del trmi-
no scientia, sustantivo relacionado estrechamente con el verbo
latino scire, que remite al saber propio de las ciencias positivas.
Sin embargo, los trminos pueden tener un mejor tratamiento,
en vista del objeto de estudio. motivo por el cual se propone tra-
tar el concepto de pneuma desde el canon bblico, por la afnidad
de los autores al cristianismo, y de ciencia desde la propuesta
teilhardiana, pues su percepcin de la ciencia culmina en lo es-
piritual, coincidiendo teleolgicamente con Quirce Balma
5
.
desde el canon bblico, el trmino griego pneuma se opone a
psich, oposicin que encuentra sus antecedentes en la de los
trminos hebreos rah y nefe. los trminos pneuma y rah se
referen a los aspectos de la conciencia humana que yacen en
conexin con dios; mientras que psich y nefe implican la con-
5 ambos autores apelan a esta teleologa desde la fgura del divino milieu, Quirce
Balma incluso actualiza la propuesta teilhardiana en su artculo el milieu Teolgico.
2011. Recuperado el 2 de agosto de 2011, de [Link]
cr/[Link]/opinion/[Link].
Alejandro Vargas Carranza 159
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
ciencia en la cotidianeidad
6
. el apstol pablo procura esta dis-
tincin lingstica, en vista de los indicados trminos hebreos,
de esta forma establece una diferencia entre lo psquico ordina-
rio y lo psquico supraordinario: pneumtico
7
.
desde este marco terico refexiono sobre el pensamiento teil-
hardino, tambin punto de partida de la propuesta de Quirce
Balma, y llego a considerar que el espritu conduce a un mar
profundo de aguas inexploradas tal como un viento que empuja
la barca de un expedicionario insaciable hacia hdricos parajes
desconocidos, con el fn de hacer poesa
8
. aqu el corazn de la
materia es encontrado, la consistencia ltima del universo, el te-
6 el rah en el hombre retiene su conexin inmediata con dios, para denotar la di-
mensin superior, que tiende hacia dios, en la existencia humana (p. ej.: esd. 1.1,
5; Sal. 51.12; ez. 11.19), mientras que nefe tiende crecientemente a representar
los aspectos ms terrenales o inferiores de la conciencia del hombre, la vida per-
sonal pero meramente humana del hombre, el asiento de sus apetitos, emociones y
pasiones (usado as regularmente). de este modo el camino est preparado para la
distincin paulina ms neta entre lo psquico y lo espiritual (1 co. 15.4446) [...]
el gr. psich, trmino correspondiente a nefe en el Nuevo Testamento, aparece
en los evangelios con signifcados similares, pero en ciertos casos, en los que indica
vida, incluye ms que la vida fsica, que cesa con la muerte (mt. 10.39; mr. 8.35; lc.
17.33; 21.19; Jn. 12.25). en los cuatro evangelios pneuma, el equivalente de rah,
denota a veces el principio vital, si bien en otros casos signifca el nivel ms elevado
de la vida psquica. douglas, J. d., Nuevo diccionario Biblico certeza, (Barcelona,
Buenos aires, la paz, Quito: ediciones certeza) 2000, c1982. Recuperado de base
de datos en cd Rom [logos library System 2.1f], [1995-1999].
7 para los aspectos superiores de la vida corriente, y especialmente la vida superior del
cristiano, pablo usa pneuma. en este sentido hace uso de los adjetivos psyjikos y
pneumatikos (1 co. 2.1415). cuando se vale de psich juntamente con pneuma
(1 Ts. 5.23) est describiendo simplemente la misma parte inmaterial del hombre en
su aspecto inferior y superior. Ibd.
8 el dinero y la fama, auri sacra fames (Virgilio, eneida, III, 56), se tornan insufcien-
tes. Se da la presencia de una fuerza que mueve la barca humana que no es el deseo
de guardar lo que se tiene, sino la esperanza hacia un futuro ilimitado ms all de
s mismo. The force that is at this moment driving man out on to the high seas is
not the simple desire to keep what he already has... the modern man has put his
interest and hopes in an unbounded destiny beyond himself Teilhard de chardin,
pierre. Human energy, New york: Harcourt Brace Jovanovich Inc, 1972, pg. 164).
Tambin [d]esde este punto de vista, el descubrimiento y la Sntesis intelectuales
no son ya slo especulacin, sino creacin Ibd. pg. 301.
160 Volumen 6, Nmero 5, 2012
los csmico. en la omegaizacin percibida no hay divorcio entre
ciencia y religin: la pneumociencia es una sola carne (gn. 2,
24), nuptiae religionis et scientiae
9
.
de este modo, en el pensamiento teilhardiano la ciencia se pre-
senta vinculada con lo espiritual, razn por la que evolutivamen-
te muestra las etapas del esoterismo, esteticismo y curiosidad,
que anteceden a la mstica moderna de descubrimiento
10
. previa
a esta ltima etapa es que se presenta la ciencia actual, presa de
la produccin y el armamento
11
. Sin embargo, Teilhard de char-
din concluye que despus de casi dos siglos de luchas apasiona-
das, ni la ciencia ni la fe pudieron llegar a disminuirse entre s,
ms bien la ciencia y la religin llegan al punto de necesitarse
mutuamente para lograr su desarrollo para dar paso a esta msti-
ca moderna de descubrimiento
12
.
por tanto, la ciencia es vista en evolucin para unirse con la
Religin con el fn de permitir una comprensin y vivencia ple-
na de la Realidad. en efecto, Religin y ciencia: las dos caras o
fases conjugadas de un mismo acto completo de conocimiento,
el nico que puede abrazar, para contemplarnos, medirlos y aca-
barlos, el pasado y el futuro de la evolucin
13
.
9 la unin en una sola carne no implica concordismo sino coherencia. Teilhard de
chardin menciona que la religin y la ciencia no deben ser mirados, en la esfera
mental, como dos meridianos diferentes inseparables, error concordista; pero si dos
meridianos que necesariamente deben reencontrarse en algn polo de visin comn,
coherencia. Teilhard de chardin, p. el corazn de la materia. Santander: Sal Terrae,
2002, pg. 153.
10 Teilhard de chardin, p. Human energy. op. cit. pg. 165.
11 pegaso pas a ser un animal de tiro que reclama ser descubierto como una forma
esencial de accin Teilhard de chardin, p. el fenmeno humano. madrid: Taurus,
1974, pg. 338.
12 Ibd. pg. 343.
13 Ibd. pg. 345.
Alejandro Vargas Carranza 161
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
considero que este criterio tambin puede ser entendido desde
una amplia semntica del trmino scientia. desde el alma de la
ciencia, el saber implica saborear profundamente lo existente,
lo tangible, hecho que equivale al ver teilhardiano
14
, facultad
que de no ser ejercida conduce a la muerte. Ver o perecer, la
vida consiste en un acrecentamiento de conciencia, de visin,
para que crezca la unidad
15
. de este modo, la ciencia es ver (dis-
cernir cada vez con ms claridad) y la conciencia es visin, na-
cida de la materia, en torno a lo humano, en direccin a algo
ultra-Humano
16
.
en este sentido se refexiona, pasando de la simple vida a la
Vida al cuadrado, para generar una discontinuidad entre Bio- y
Noosfera
17
. as la Refexin humana alcanza a entrever el ome-
ga
18
, parcialmente actual y parcialmente transcendente, es decir,
aquella es el punto que emerge sobre la humanidad organiza-
da, no sobre la confuencia de individuos, y entrev el universo
perfectamente unifcado, centrum super centra
19
. este estado
constituye el mbito pneumtico, espiritual
20
.
14 ... qu es lo que le sucede al paseante si la circunstancia le lleva a un punto natu-
ralmente privilegiado (encrucijada de caminos o de valles), desde el cual no ya slo
la mirada, sino las cosas irradian? es entonces cuando, al coincidir el punto de vista
subjetivo con la distribucin objetiva de las cosas, se establece la percepcin en toda
su plenitud. el paisaje se descifra y se ilumina. Se ve. Ibd. pg. 44.
15 Ibd. pg. 43.
16 Teilhard de chardin, p. el corazn de la materia. op. cit. pg. 49
17 Ibd. pg. 49.
18 foco o polo de sntesis universal. Teilhard de chardin, p. la activacin de la energa.
madrid: Taurus, 1967, pg. 101.
19 Ibd. pg. 113
20 en este sentido, cuando se ve conscientemente no existe contraposicin entre ma-
teria y espritu, puesto que no son dos cosas, sino dos estados, dos rostros de una
misma trama csmica. la materia es matriz del espritu y ste el estado superior de
la materia. el espritu, lejos de ser antagonista o antpoda, era el mismo corazn de
la Tangibilidad a la que yo trataba de llegar. Teilhard, el corazn de la materia. op.
cit. pgs. 28,38.
162 Volumen 6, Nmero 5, 2012
3. la pneumociencia: entre ciencia y religin como entre
escila y Caribdis
la pneumociencia puede ser confundida con disciplinas cient-
fcas, como la neuroteologa, o teolgicas, como la pneumatolo-
ga. Se encuentra as entre la ciencia y la Religin, como entre
escila y caribdis.
la ciencia moderna no ha desatendido el estudio del nivel tras-
cendental de la conciencia humana. desde la neurobiologa ha
logrado identifcar alteraciones fsiolgicas y biolgicas cerebra-
les (producidas por estados de meditacin), ha denominado es-
piritualidad a la experiencia emocional originada de la relacin
con lo transcendente
21
e incluso ha sealado con objetividad los
benefcios psicosomticos de permanecer en vinculacin con tal
dimensin, principalmente en el manejo del estrs. a su vez,
tambin ha denominado neuroteologa a la disciplina que estu-
dia el funcionamiento cerebral de una persona cuando se vincula
con lo trascendente
22
.
a pesar a la valoracin positiva de este mbito, el enfoque cient-
fco todava permanece algo restrictivo a lo religioso. el hombre
de ciencia tiende a cubrirse de una aparente objetividad, mu-
chas veces para disfrazar la intersubjetividad de una comunidad
internacional que puede aceptar como verdad lo que a luz de la
21 la espiritualidad implica como su principio fundamental una conexin con algo
ms grande que uno mismo, que incluye una experiencia emocional de temor y re-
verencia religiosa. la espiritualidad es por tanto, una experiencia individual y una
relacin con un aspecto fundamental, no material del universo, que puede ser refe-
rido en muchas formas- dios, poder Superior, la fuerza, misterio y lo Trascendente
y constituye el medio por el que una persona encuentra su propio sentido y relacin
con la vida, el universo y todo lo que existe. mohandas, e. Neurobiology of Spiri-
tuality. mental Health, Spirituality, mind. 6(10): pp. 63-80, 2008, pgs. 63-64
22 entre diversa literatura al respecto, existe material excelente y abundante en tres volmenes de Where god
Sciencie meet: How many evolutionary Studies alter our understanding of Religion, por patrick mcNamara.
2006.
Alejandro Vargas Carranza 163
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
experiencia se muestra como falso
23
. Tampoco parece existir en
dicho enfoque una precisa distincin entre lo psquico-cotidiano
y lo psquico-supracotidiano.
4. PneumatologayPneumociencia
Teorizar, el ver de un dios creador que toma la madera nece-
sitada de labor. Crear para adelante, ello lleva pensar sobre
un objeto. As este marco nace con una apora. No hay paso,
el problema nos deja sin camino, pero hay una presin incon-
mensurable, capaz de romper cualquier dique. No hay paso,
pero el agua quiere fuir con vida. Ser un dique teolgico?
No ser nuestra civilizacin con necesidad de dejar su casca-
rn y evolucionar?
la pneumociencia puede confundirse con la pneumatologa, dis-
ciplina teolgica que parte del espritu y cuya problemtica sus-
tenta el nacimiento de la misma pneumociencia. cabe indicar
que en occidente, la pneumatologa no tuvo mayor auge
24
, pues
dej de lado el espritu en sus tratados religiosos: su latir no se
escuch ms y la atencin se enfoc en la experiencia de la fgura
humana-divina de Jess. de este modo, occidente se torn cris-
tolgico, mientras que oriente fue ms pneumatolgico
25
.
23 el mtodo cientfco otorga al cientfco un instrumento poderossimo para demoler
lo que se pregona y no se ajusta a los hechos, pero no por eso ha dejado de ser presa
de intereses econmicos que han disfrazado fabulillas como objetividad con fnes
estrictamente pecuniarios y no reveladores, p.e. la farsa del sida. al respecto, la ma-
croestafa del SIda y el mito de la transmisin sexual, investigacin de luis carlos
campos (2009).
24 la teologa de occidente, a diferencia de la oriente, no ha conocido un tratado
doctrinal propio sobre el espritu en la fsionoma clsica de sus tratados dogmti-
cos. Shtz, c. Introduccin a la pneumatologa. madrid: ediciones Secretariado
Trinitario, 1991, pg. 12.
25 Sin embargo, en amrica latina la importancia por el espritu es bastante sentida.
este abordaje se presenta incluso en la teologa fundamental que se ensea en la
carrera de Teologa de la escuela ecumnica de ciencias de la Religin en la uni-
164 Volumen 6, Nmero 5, 2012
la explicacin de dicho fenmeno pudo derivar de factores mi-
sopneumticos
26
, subyacentes a la forma en que se manifest
el pensamiento en occidente. al respecto cabe indicar que el
logos naci como una alegorizacin de lo mtico, pensamiento
ligado a la sexualidad
27
, y fue la base de creencias cristianas que
despreciaron la materia
28
, en la que ubicaron al cuerpo en aso-
ciacin muchas veces con lo femenino
29
. el desprecio contra lo
corporal, y en general contra la materia, no se dej de lado con
la ciencia moderna
30
.
Sin embargo, con Teilhard de chardin se efecta una valoracin
positiva de la materia como madre del espritu
31
. asimismo lo-
gra conciliar la dicotoma del espritu y la materia, no en una
pneumatologa sino en una pneumociencia (presente, de forma
difusa, a lo largo de sua opera omnia), que fue condensada prin-
versidad Nacional de costa Rica, pues puede considerarse en muchos sentidos pneu-
matolgica.
26 cabra pensar un misopsiquismo, desde una concepcin aristotlica, en cuanto el
alma es al cuerpo como el mito a la tragedia: el mito como estructura. el misopsiqu-
ismo se manifesta como misomitha, pero en este caso la misopsiquismo es el de lo
suprapsquico, es decir misopneumtico.
27 ligamen que se pretende hacer a un lado alegorizando al mito a travs del logos.
Brenes, Jorge. del mito. San Jos. perro azul, 2003, pg. 47.
28 generalizar no del todo es bueno, no falta la excepcin, pero no por eso se ha de
dejar el enmarcar la tnica. aunque existiese petronio y Sade, no por eso cicern y
Kant dejaran de imponerse. a pesar de que la diabolizacin y la alegora no fuesen
siempre las mismas y entre ellas correlativas, las lneas marcan en gran medida una
superfcie y un volumen manifesto si son multiplicadas en entre s.
29 en el medievo la mujer es luciferina, diabolizada desde orgenes hasta las tenta-
ciones de San antonio, aparecidas en el mismo tiempo que la teologa agustiniana.
Hinkelammert, franz. el asalto al poder mundial y la violencia sagrada del imperio.
San Jos: deI, 2003, pg. 130.
30 dios se mantuvo como certeza y el diablo como incerteza y mbito de las pasiones,
presentes todava en el genio de descartes. Brenes, J. el diablo en el origen mtico
de las pasiones. Revista de filologa y lingstica, XXVIII (2), 2002, pp.163-170.
pg. 168.
31 lo femenino o lo unitivo constituye el espritu ya, no como desmaterializacin,
sino como sntesis, materia matrix. Teilhard de chardin, p. el corazn de la mate-
ria. op. cit. pg. 65.
Alejandro Vargas Carranza 165
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
cipalmente en su trabajo de mayor madurez espiritual: el cora-
zn de la materia (1950). de manera distinta al logos escols-
tico, Teilhard de chardin utiliza un logos cientfco en contacto
con el omega. esta ltima forma de proceder exista en el saber
mtico, pero haba sido dejada de lado por un logos moralizante.
5. Teilhard de Chardin: el espritu desde la materia
el Sentido de la plenitud, Sentido de la consumacin y de la
complecin, constituye el polo atrayente ante la necesidad de
algo esencial. el sabor particular de esta nota conduce el pere-
grinaje, el saber incomparable con las pasiones del alma como
los gozos del saber, descubrir, crear y descubrir, es el principio
metamrfco hacia un telos csmico
32
.
el llamado de la materia es percibido desde los siete aos por
Teilhard de chardin, su yo estaba trado como imn al dios
de Hierro, presente desde un arado hasta los fragmentos de me-
tralla recogidos en un campo de tiro vecino. el Hierro posea la
consistencia: el atributo fundamental del Ser, el Inalterable e
Irreversible. pero luego hace presencia la desesperacin infantil,
el Hierro se raya y oxida Quod tinea non corrumpit
33
. Qu
lejano se hallaba de omega! pero, a la vez qu certeza de no estar
en lo correcto, error necesario para dar cabida a la aparicin de
lo universal.
Surge, as, para Teilhard de chardin un nuevo inters: el mi-
neral. el despertar a la Trama de la cosas, con sutileza se le
manifestaba la consistencia. de ah su inters por la geologa
y la paleontologa. No haba llegado a la vida religiosa cuando
ya segua las huellas hacia una profunda metamorfosis. Junto al
32 Ibd. pgs. 17-18.
33 Ibd. pgs. 20-21.
166 Volumen 6, Nmero 5, 2012
mineral, semi-accesoriamente, el inters por la naturaleza ve-
getal y animal
34
. Se le devela la Trama de las cosas, desde el
mundo de fuerzas hasta el de los animales, pasando por el de las
piedras. pero vaya problema, un punto muerto: el pantesmo de
efusin y disolucin.
al llegar a este punto muerto la materia habla desde su cora-
zn
35
. Se presenta la necesidad de fundirse con Todo, un senti-
miento catalizado por el descubrimiento de la evolucin
36
. des-
de la evolucin se comprende la espiritualizacin de la materia,
matriz del espritu, proceso originario de la Biosfera y luego de
la Noosfera, la Humanidad totalizada, en la que se entrev el
omega
37
.
Sin embargo, la constatacin de la Noosfera se da con la expe-
riencia de la guerra
38
. en este punto el tratado del corazn de
la materia funge como una llave de paso que remite al profetis-
mo. Basta comparar la espiritualidad descrita por el autor con
34 Ibd. pgs. 22.
35 Tendra luego motivo Teilhard de chardin para dedicarle un Himno? Bendita seas
tosca materia, barro estril, duro peasco; t que no cedes sino a la violencia y nos
fuerzas a trabajar si queremos comer (...) Sin ti, materia, sin tus ataques, sin tus des-
garramientos viviramos inertes, estancados, pueriles, ignorantes de nosotros mismos
y de dios (...) lzame, materia, a las alturas, mediante el esfuerzo, la separacin y la
muerte; lzame all donde sea posible por fn abrazar castamente el universo! (...)
Ibd. pgs. 81-82.
36 Ibd. pgs. 25-27. as la Vida no es comprendida de forma aislada sino como parte
de un proceso creativo del universo, de manera que la materia y la energa junto a
la Vida constituyen una alta tensin monista que enciende el fuego que devoraba
su corazn y espritu. Ibd. pg. 27. en efecto, el eco de la realidad, sustento de la
vida, es escuchado primordialmente en los procesos creativos del universo como los
latidos del corazn del mundo. avendao, f. Introduccin a la Teologa. San Jos:
euNed, 2002, pg. 14. en Teilhard de chardin se presenta como la zarza ardiente
(ex. 3, 2-3), es decir, aquello que est en el corazn de la materia, un corazn del
mundo, el corazn de dios. Teilhard de chardin, p. el corazn de la materia. op.
cit. pg. 15.
37 Ibd. pgs. 28, 30, 38.
38 Ibd. pg. 33.
Alejandro Vargas Carranza 167
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
aquella propia de una persona profeta (Jer. 20 7-9, ez. 37 1-10),
para percatarse de un camino, un mtodo. el tener el omega
hacia adelante conduce a una refexin sobre el actuar huma-
no. como profeta inicia a visualizar las fuerzas incoercibles de
repulsin mutua y de materializacin contrarias al esperado es-
pritu
39
. a pesar de ello no da lugar a la desesperacin, sino a la
refexin. la falta de armona muestra la perversin en las reglas
de la Noognesis. lo manifesto indica que se deben comprobar
los clculos para que la mquina humana deba actuar de manera
que no engendre slo materia, sino que d cabida a una sobrea-
bundancia de espritu
40
.
6. el profetismo pneumocientfco
Al ver las aguas supe como su fuido era de llamas de fuego.
Nada en ellas fue distinto al herir de una astilla. Pens en-
tonces: Profetas no son aquellos que prometen el cielo en la
tierra, sino quienes viendo el cielo sealan el inferno en esta.
39 Tal como un polvo cuyos granos, a pesar de estar comprimidos, rehsan entrar en
contacto molecular, se excluyen y se repudian, en el fondo con todas sus fuerzas. a
menos que, lo que sera peor, su masa se coagule de tal forma que, en lugar del espe-
rado espritu, aparezca una nueva oleada de determinismo; es decir, de materialidad
[...] la neomateria superpuesta a todas las dems formas de materia. el movimiento
de masas, el milln de hombres agrupado en lo militar y en la fbrica, todo enca-
minado, con el comunismo y el Nacionalsocialismo, hacia la ms espantosa de las
agrupaciones. el cristal, en lugar de la clula. el hormiguero, en lugar de la fraterni-
dad. Teilhard de chardin, p. el fenmeno humano. op. cit. pgs. 309, 310.
40 Ibd. 310. Tambin cuanto ms se refexiona en esta cuestin, infnitamente ur-
gente, de un plan de conjunto que hay que encontrar para construir la Tierra, tanto
ms nos damos cuenta de que, si queremos evitar el camino de la fuerza material y
brutal, no queda otra salida hacia adelante que la camaradera y la de la fraternidad,
tanto entre los pueblos como entre los individuos. No hostilidad envidiosa, sino
emulacin. No sentimentalismo, sino espritu de equipo Teilhard de chardin, p. la
activacin de la energa. op. cit. pg. 19.
168 Volumen 6, Nmero 5, 2012
6.1 el profetismo teilhardiano
la visualizacin del omega como el grado ms alto de evolucin
promueve el profetismo teilhardiano. el profeta en cuestin,
como una persona inspirada, mira el mundo desde y hacia dios-
espritu y su visin subyace en la desmaterializacin, en el cora-
zn de la materia. muestra al universo fuyendo hacia un estado
omegaizador presente y futuro, en el cual el ser humano de forma
inmediata logra mejorar su ser. de este modo, cuando intuye el
omega presenta una refexin mstico-cientfca (pneumocien-
cia), que describe en sus diversos tratados a manera de estados
alterados de consciencia.
esta refexin mstico-cientfca destaca en su tratado el cora-
zn de la materia, que invita a dejar de lado prejuicios hacia lo
cientfco, como bien abundan en los fundamentalismos, virus
de letra, y no clulas de experiencia y pensamiento. a su vez,
llama al cientfco a percatarse del todo convergente, del fn in-
tegral del universo, no inexperimentable, sino a la mano: en la
tosca materia. por tanto, esta refexin me conduce a las siguien-
tes apreciaciones:
a) el amor hacia la dinmica que confuye en el omega con-
forma la danza entre eros y psique, vnculo liberador de las
cadenas de pegaso. ante el ver teilhardiano se visualiza la
Noosfera y al ser humano hecho presa del perverso co-
lectivo, generador exclusivo de materia y no de espritu.
el cristal en vez de la clula. el mecanismo en lugar del
sistema. palabras eternas para elevacin liberadora.
b) de las tuercas del reloj que mueven sus manecillas, cual
hacha de verdugo calendarizador de la vida y el pensa-
miento, clama la voz desde lo ms hondo de la materia.
No se trata de un deseo suprimible, al cual se le pueda
Alejandro Vargas Carranza 169
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
tapar la boca, es parte de la evolucin, proceso inevitable:
necesario hacia omega. Hecho constatable en la expe-
riencia, en la complejifcacin como conciencia, centra-
miento, consolidacin por complejifcacin.
c) evolucin que hace cambiar lo inerte en organismo, que
introduce un proceso metamrfco en los humanos aliena-
dos en la maquinaria productora de materialidad, con el
fn de hacerlos autnticos cosmopolitas. Seres planetarios
convergiendo en armona sistmica y no esclavos de per-
versos colectivos de poltica y economa, bajo pancartas
de falsa libertad socialista o liberal.
d) profetismo para la ruptura terica y prctica en los lmi-
tes metodolgicos de la ciencia tradicional e invitacin a
dejar las creencias negadoras del pensamiento, presentes a
la orden del da en miradas de grupos religiosos. omega y
evolucin, fn y mtodo, que ante los lmites de la ciencia
y las creencias religiosas empujan una metamorfosis noos-
frica, para un autntico ecumenismo y no aquel eclecti-
cismo de hijos de la noche que suman masas.
e) diversidad en constante cambio y convergencia en un
punto de centramiento, no deviene en negacin de la
autonoma, debido a que no es concordismo, sino cohe-
rencia: la unin en el erotismo que no por eso permite la
negacin de sus protagonistas. as el profeta se manifesta.
f) la apertura con pasin al espritu creador, de amar pro-
fundamente a la materia como vientre del fruto espiritual.
demter, la Tierra-madre interpelada en ciencia por el
cuestionamiento de un fruto recin nacido en el rbol de
la Vida
41
. constituyen las palabras del profeta.
g) el dejar el misopneumatismo, como se abandonan las car-
gas abstractas de una preocupacin malsana, posiciona la
ciencia en el espritu, desde y para ste. el rechazo de la
41 Teilhard, el fenmeno humano. op. cit. pg. 173
170 Volumen 6, Nmero 5, 2012
moral restrictiva de la palabra que teme conocer la Vida,
en su psiquismo: en su tensin monista con la materia y la
energa. as es el portavoz del omega.
6.2 Quirce Balma y el seor dios prncipe de la flores
42
la descrita sensibilidad proftica tambin se presenta en el psi-
clogo y farmaclogo, dr. Quirce Balma, principalmente en sus
estudios sobre entegenos y estados alterados de conciencia, in-
dagaciones en las que es posible desentraar la pneumociencia.
de este modo, en coherencia con el pensamiento teilhardiano,
propone que el sujeto debe alcanzar la experiencia mstica para
poder vincularse con los dems seres planetarios y as alcanzar la
plenitud, la felicidad.
Quirce Balma desarrolla trabajos sobre el chamanismo en los
que da nfasis a la herbologa enteognica y dems alucingenos
(arquetipos del pensamiento mtico-religioso), precursores de
estados alterados de conciencia que se presentan junto a ritos y
danzas. en estos estudios destacan caractersticas universales del
chamanismo, aunque particularmente precolombinas
43
.
42 Xochipilli, dios prncipe de las flores, retorna de los muertos para una resurreccin
de la fores, para el extsis en cuanto entrada al estadio de la conciencia en medio
del estado de la conciencia de ser/antiser, ello para conseguir una nueva realidad,
distinta a la propia en la relacin entre materia como estructura del yo, y espritu
como hambre y sed de la compra y de su venta: de la absurda dicotoma de guardar
y gastar por estar haciendo y siendo. Quirce Balma, carlos ml. el Seor dios
prncipe de la flores. Revista de ciencias Sociales de la universidad de costa Rica,
1994, 65. pp. 149-163, pgs. 151, 152, 156.
43 (a) adivinacin y magia de climas y cultura, (b) contacto con el mundo de los
ancestros, (c) magia de la cacera, (d) herbologa y medicina indgena o nativa, (e)
rituales, ritos, oraciones y sacrifcios para atraer la lluvia y el buen tiempo y echar el
mal tiempo de la agricultura, (f) el uso de diseo que contienen los cuatro puntos
cardenales y un centro entre los Navajos de los estados unidos y los aztecas cada
punto direccional era representado con un color distinto, (g) el uso de diseos ba-
sados en las religiones derivadas del dios rey Quetzalcatl que comprenden tanto la
culebra como las alas de un ave, (h) el contacto con el mundo de los dioses a travs
Alejandro Vargas Carranza 171
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
desde su lectura comprendo como el chamanismo es mostrado
como parte fundamental de la sociedad primitiva, la cual posee
un fuerte vnculo con la naturaleza. la experiencia mstica del
chamn consiste en un contacto con la realidad, pero de una
forma ms sistmica e indiferenciada con respecto a la cons-
truccin lgico-material que impera en la sociedad moderna,
construccin presente a lo largo del pensamiento occidental. el
sueo del chamanismo constituye el despertar anhelado por el
ser humano moderno que abri sus ojos al logos, que a pesar de
su utilidad para la construccin de la civilizacin hizo que el ser
humano olvidara que es parte de un todo y que necesita del otro.
por tal motivo, es necesario volver al mundo espiritual, incluso
con ayuda de la ciencia, para la salud y plena realizacin de la
existencia humana.
en su texto el Seor dios prncipe de las flores (1994), destaca
metafricamente esta experiencia chamnica. muestra el estado
normal caracterizado fenomenolgicamente por la contrapo-
sicin entre lo tuyo y lo mo, que nutre el pensamiento del ser
como real y dejar de ser como maldito a ser: el tener de un aqu y
un all en la ausencia de esto o de aquello y el antiser en pobre-
za
44
. en cambio, en lo alucinatorio, lo engrmico y lo arquetipal,
se tiene el sentido en donde se es, fue y ser simultneo: el ser
as, mediante la concrecin del ser y el antiser. el perder de vista
el proceso lleva a la confusin entre lo mo como esto de yo y
de una herbologa enteognica, danza y msica ritualstica adecuada para ello, (i)
sacrifcio de parte de las cosechas con la fnalidad de traer bendiciones del cielo y
del mundo de los ancestros, (j) servir a maestros de parte de aspirantes a nuevos
chamanes, (k) dirigir obras de arte, msica y teatro con la fnalidad de impartir
lecciones y obtener visiones y (m) defender a las personas de los ataques de brujos,
otros chamanes y espritus malignos. Quirce Balma, c. el chamanismo y las drogas
enteognicas/alucinatorias del mundo precolombino. Revista costarricense de psi-
cologa. 29(43), 2010, pp. 1-15. pg. 2.
44 ciega visualizacin en cuanto el ser dado y el ocurrir constituyen un proceso, tal
como se explica metafricamente en chakras y fores. No se deja de ser, se llega a
conseguir una realidad Quirce Balma, c. el Seor... op. cit. pgs. 150-151.
172 Volumen 6, Nmero 5, 2012
aquello como esto de vosotros, origen de la falsa demarcacin
propuesta por la paranoia. de modo que lo nuestro es una lucha
entre lo mo y lo vuestro. dilema solucionado por los Incas al
establecer el poder como aquello donde lo tuyo no niega lo
mo, solucin que cae al olvido por el advenimiento del desas-
tre en el pensamiento y el lenguaje adrede de lo experiencial
45
.
por tanto, en la actualidad se da el fenmeno de la materiali-
zacin consistente en tener, para ser alguien en una sociedad
de consumo
46
. el ser humano se cosifca y es uno ms entre los
otros entes inanimados por un lado, en cuanto son una especie
de cristales, por otro animados: en cuanto cristales movilizados
en la maquinaria sociotecnolgica. el ser humano se encuentra
aislado en la isla de los chunches. este es el milieu materialista
47
.
la ruptura con el milieu materialista inicia con el profetismo
que proclama la vuelta a los estados alterados de conciencia, los
cuales permiten visualizar la dimensin sistmica, en la cual es
posible percatarse del otro y desprenderse del ego aislado, alinea-
do y enajenado. Queda ir de las estrellas al Ser como lo hacan
los protagonistas del mundo precolombino
48
. Sin embargo, esta
45 Ibd. pg. 151. Tambin habra que considerar la perversin de la lingstica con-
sistente en ser defnido por el hecho de defnir, no es otra cosa que la flosofa de las
fores que seca las fores. es el no rotundo a un pasar de aqu a un cuando fue all
y la afrmacin a sepultar el recuerdo, de existir como el hecho de la perspectiva del
yo. proceder de Tezcatlipoca cuando embriaga a Quetzalcoatl para llevarlo, por el
refejo de la mentira, hacia el refugio en la distancia de su corazn y de su jornada de
los Toltecas, hecho que lo condujo a separase en partes, entre estas: Xochipilli, dios
prncipe de las flores. Ibd. pgs. 153, 156.
46 el tener no es algo negativo: si la conciencia tambin lo es, no existe un antago-
nismo adonde existe demarcacin, a no ser que haya un error entre lo mo y aquello
Ibd. pg. 151.
47 Quirce Balma, c. milieu Teolgico. op. cit.
48 Quirce Balma, c. del Ser a las estrellas. 2011. Recuperado el 11 setiembre de
2011 de pensamiento psicolgico/filosfco del dr. carlos m. Quirce B., en http://
[Link]/
Alejandro Vargas Carranza 173
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
tarea parece que debe ser llevada por otra va, en atencin a
modernas caceras de brujas
49
.
la meditacin y la mstica evidentemente son el medio ms via-
ble en vista de la moderna Inquisicin, satanizadora de la visin
de Xochipilli, dios prncipe de las flores. en todo caso, el sabio
de los entegenos no por eso deja de apelar al omega, que es
visto en medio de esta tierra de desigualdades sociales. en donde
no hay libertad para ocurrir y ser para ocurrir y seguir siendo...,
ni aun la mal llamada libertad de mercado, en la que lo nico
predominante son los seguidores vndalos de mercurio por el
dao ajeno: ah no hay libertad
50
.
6.3 el profetismo de Quirce Balma
el profetismo de Quirce Balma parte de una pneumatologa, de
raigambre teilhardiana, aunque sostiene con originalidad que el
cambio del milieu materialista al milieu teolgico se logra con
49 dice charlton (2006) que el retorno de la humanidad al animismo a travs de los
alucingenos y la adopcin de patrones de pensamiento menos severos o menos da-
inos, puede que nos conlleve un sentimiento curativo de andar siempre acompaa-
do. una alternativa a un ego aislado, alienado y enajenado. dicho evento tendien-
do, como en los grupos aborgenes tribales, a disminuir y quizs eliminar las neurosis
neognicas y su ansiedad de separacin o angst. desde luego es idealista pensar a un
retorno del uso de alucingenos mundialmente, si an estos yacen clasifcados como
drogas de Horario I (Schedule I) de la dea y otros organismos miopes y astigmticos
que debe soportar la humanidad. es necesario hablar de quizs una metodologa de
meditacin y contemplacin, que adems de no estar prohibidos sean de fcil acceso
al ser humano explorador Quirce Balma, c. el tugurio de la flosofa. 2011. Recupe-
rado el 30 agosto de 2011 de Semanario universidad. San Jos, en [Link]
[Link]/[Link]/component/content/article/1342-opini%c3%B3n/4408-
[Link].
50 Segn he visto ello no implica el abogar por un estatismo aplastador de la dignidad
humana, como mal que puede hacerse en detrimento de lo que bien se cosecha por
el trabajo creativo de las personas, crimen de los colectivos materializadores-dese-
spiritualizadores tanto de izquierda como de derecha. ms bien seala la hipocresa
de llamar libertad lo que no da un ganar-ganar, sino un perder-ganar. en dicho caso
cun necesario es descosifcar al hombre.
174 Volumen 6, Nmero 5, 2012
la visualizacin del omega, dada en la confuencia de ciencia
y Religin que valora la cuestin chamnica, los entegenos y
los estados alterados de conciencia. en este sentido, el discurso
proftico propone la necesidad de espiritualidad ante el proceso
de materializacin en el que se sumerge la civilizacin actual.
por tanto, sobre este profetismo desarrollo las siguientes consi-
deraciones:
a) el espritu da a luz a la materia y esta al espritu: actuar de
Xochipilli, dios prncipe de las flores. alusin al chamn
y su herbologa: puerta a la adivinacin y magia, que no
desatienden los ancestros, la cacera y la medicina. la cura
de sentirse siempre acompaado y del recuerdo presente
de los que han sido y son parte en el fruto del presente
para el maana; la toma en esperanza de lo necesario para
la vida por lo que ha sido manifestado en presencia o au-
sencia: aquello de lo que no se desea por lo otro necesario.
Vaticino nutrido de lo que ha sido a la luz del recuerdo
despertado por un dios ingerido. magia: todo ello lo es.
b) danza, rito y canto que invocan la lluvia como hoy se de-
sea el agua potable en medio de las contaminadas cuencas
aplastadas por el cemento y la ausencia de los hijos del
bosque: arboles captadores del preciado lquido. Ritmo ne-
cesario en el buen deseo como padre del sueo que impide
los viajes fallidos.
c) colores en las direcciones de un ser como entidad de rosas
de los vientos, entre Navajos y aztecas que en graphos
de piedra, cermica y otras formas de lenguaje, invitan al
estadio de la conciencia en medio del estado de la con-
ciencia de ser/antiser
51
. diseos paralelos al spid alada
de Quetzalcatl como al tiempo que es uno por Xochipilli,
dios prncipe de las flores. lo sacro del ocurrir como en
51 Quirce Balma, c. el Seor... op. cit. pgs. 151.
Alejandro Vargas Carranza 175
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
calendario de horas de europa medieval, mndalas de
oriente y relojes espirituales y alucinatorios de las am-
ricas
52
.
d) puertas al mundo de los dioses: educacin para hijos de la
materia necesitados de metamorfosis por el omega entre-
visto por el chamn. Saber para poder ms y ms como de-
fensa contra los malvados chamanes y espritus malignos,
cuerpos e ideas de guas de ciegos que visten la piedad y
esconden su maldad (mt. 23, 27-28).
e) fin del milieu materialista por el advenimiento del Reino
de los cielos, Noosfera convergiendo al omega a pesar de
la cacera de brujas de la dea, del espejismo en manos del
ladrn y de las seductoras frases prometedoras del cielo por
cruzar los brazos creadores.
f) cielo visto donde no hay libertad, la necesidad ecumnica
ante las mentiras de una sociedad desespiritualizada y ma-
terializadora, que permite al amparo del estado el sacrifcio
de la Vida en nombre del mal llamado libre mercado o del
socialismo como esperanza de las naciones.
7. Conclusionesdelaexpedicin
Vista el agua profunda queda la sensacin de temor y gozo simul-
tneos. como zarza ardiente, queda el recuerdo de ser para ser.
Todo converge en el Ser.
a) la pneumociencia no es simplemente ciencia y Religin,
en la medida que es fruto de ambas.
b) el espritu aparece como caos originario y nacido del cos-
mos de la materia matrix. de ah la importancia de sentir,
saborear, ver, saber la materia
52 Ibd. 152.
176 Volumen 6, Nmero 5, 2012
c) lo numinal logrado por los estados alterados de concien-
cia constituye la posibilidad: el espritu como hijo de la
materia como lo que es. la presencia en la ausencia como
lo fenomenal en y hacia lo numinal.
d) existe una linealidad pneumocientfca entre Teilhard de
chardin y Quirce Balma, aunque este ltimo va ms all
con el profetismo en poca reciente, principalmente en el
contexto costarricense.
e) ante la cosifcacin humana surge la imperativa necesi-
dad de despertar hacia una vinculacin con el todo, sin
caer en la enajenacin mecanicista del materialismo. es
fundamental una interrelacin de seres orgnicos, plane-
tarios, en evolucin omegaizadora. la pneumociencia lo-
gra esta interrelacin, pues en ella converge la ciencia y
la Religin para entrever el omega, polo de atraccin por
el que se descosifca y espiritualiza el ser humano.
f) corresponde a la teologa en cuanto disciplina que estu-
dia y vive el punto omega, partir de esta pneumociencia.
Alejandro Vargas Carranza 177
Los aportes de la pneumociencia de Teilhard de
Chardin y de Quirce Balma para el actual problema de
desespiritualizacin vivido en Occidente
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ensayo
Volumen 6, nmero 5, 2012
181
a propsito de las prcticas cristianas
Speaking of christian practices
Helio Gallardo
1
heliogallardo@[Link]
universidad de costa Rica
Recibido: 11de abril, 2012
aprobado: 28 de noviembre, 2012
presentacin
Se nos invita a colaborar en un curso acerca de prcticas de los
cristianismos contemporneos. la invitacin parece asumir que el
adjetivo cristianas, y con l el sustantivo cristianismos, remite
de inmediato a un sentido establecido, transparente y unvoco,
cuyos referentes seran valores, pronunciamientos y posiciona-
mientos teolgicos, asambleas de creyentes o aparatos clericales.
en su tarjeta de presentacin la invitacin deca, por ejemplo,
Hoy, con mucha frecuencia, se observan prcticas cristianas que
apelan a lo emotivo, al aislamiento de la realidad, a la renuncia de
1 chileno, radicado en costa Rica. profesor de la universidad de costa Rica. cono-
cido por sus estudios sobre la realidad social y la poltica popular de amrica latina.
[p. 181 p. 207]
Volver al
ndice
182 Volumen 6, Nmero 5, 2012
la bsqueda de la justicia, a la desubicacin del mensaje cristiano
o a lecturas fundamentalistas de los textos revelados [
2
].
la fnalidad de este trabajo, muy preliminar y centrado en la
experiencia latinoamericana, objeta esta aparente signifcacin
natural del adjetivo cristianas y de los cristianismos que pa-
recen sustentarlo. aceptarlo implica precisamente acercarse a
un tipo de fundamentalismo semejante a los que se critican en la
referencia. es posible realizar una aproximacin inmediata a este
punto. al menos en la cultura occidental, y especfcamente en
su momento contemporneo o moderno, cristiano remite tanto
a adhesiones religiosas (cualesquiera sean los alcances que este
trmino contenga) como un componente cultural, en el senti-
do ms amplio y ambiguo, aunque radical, de ethos sociocultural.
en la prctica esto quiere decir que un individuo, o su grupo
familiar, es de alguna manera cristiano tanto dentro del tem-
plo y de sus liturgias/ritos, como fuera del templo, pero que sus
dos cristianismos (pueden ser muchos ms) no son idnticos.
el fuera del templo signifca que elude impuestos siendo cris-
tiano, maltrata a sus nios siendo cristiano y lanza armamento
nuclear contra poblaciones no combatientes siendo cristiano.
la pornografa que abunda en Internet posee asimismo un con-
tenido cristiano. por supuesto no se est planteando aqu que
estas formas de vivir/expresar el cristianismo, contempornea-
mente, sean idnticas o intercambiables. nicamente se enfatiza
que las poblaciones occidentales son cristianas dentro y fuera
del templo, para bien y para mal. Tambin podra decirse, tal vez
con menor precisin, que son asimismo freudianas. esto porque
el freudismo difuso parece ms fuerte en los espacios urbanos y
en ciertos sectores sociales. pero en el siglo XXI es evidente que
2 orientaciones del Curso prcticas de los cristianismos contemporneos, docu-
mento de trabajo, uNa/uNed, segundo cuatrimestre 2011. el prrafo incluye una
referencia al trabajo de Juan Jos Tamayo-acosta nuevo paradigma teolgico.
Helio Gallardo 183
A propsito de las prcticas cristianas
el ansia de consumo (tmelo y btelo, o una economa de
deseos, no de necesidades) posee tambin un contenido cristia-
no. y para retornar al texto de la invitacin, nada ms distante
de un aislamiento de una realidad que el consumismo o una
economa orientada a la satisfaccin de deseos con prescinden-
cia de las necesidades humanas de la poblacin y de los reque-
rimientos de la Naturaleza para sostener la vida en este planeta.
el punto rechaza entender los cristianismos como algo que se
practica solo en el seno de una comunidad religiosa (semejante a
burbujas incontaminadas e incontaminantes) y avisa su funcio-
nalidad o su tensin/desgarramiento con el conjunto de las prc-
ticas e instituciones sociales y sus lgicas. en la prctica dice que
si el cristianismo remite a ejercicios prxicos de salvacin, esta
salvacin puede ser contemporneamente entendida y asumida
de muy diversas y encontradas maneras.
la cuestin anterior se enlaza con otro aspecto contemporneo
de la referencia a prcticas cristianas. en las sociedades moder-
nas, mayoritariamente, las prcticas religiosas (o sea las que se
ligan con la pareja existencia natural y sobrenatural) pertenecen
por decreto al mbito de las decisiones privadas o particulares.
es un corolario de la libertad de conciencia. as, socialmente, el
dios cristiano no resulta vinculante y sus exigencias morales, si
es que existen, tampoco lo son. lo mismo vale para otras divi-
nidades o Satanes o cualquier otra creencia metafsica. Ninguna
est prohibida porque ninguna es socialmente vinculante. Solo
se les exige que sus rutinas no incurran en delitos. este posiciona-
miento parece estar cambiando en el marco de la guerra global
preventiva contra el terrorismo. en el mes de marzo del 2012,
el presidente francs en ejercicio, resolvi prohibir el acceso de
ciertos predicadores musulmanes a francia y perseguir ciertas
formas del discurso en ese pas por considerarlos contra el es-
184 Volumen 6, Nmero 5, 2012
tablishment. en la forma, y sin conocer la legislacin francesa al
respecto, la decisin gubernamental parece censura (previa) de
ideas. lo normal sera que la idea se exprese, tipifcarla como de-
lito, si corresponde, y entonces castigar jurdicamente el delito.
a partir de este incidente francs es factible preguntarse hoy si la
predica de algn cristianismo evanglico no podra ser conside-
rada en algn momento contemporneamente prohibible (fuera
de la ley), a semejanza de lo que ocurre con quienes predican
algn tipo de yihad (lucha espiritual o guerra santa, segn quien
quiera traducirla). o, invirtiendo la cuestin, por qu no estn
prohibidos los cristianismos en el orden occidental? Ser que
este orden/violencia es tambin cristiano? Ser que los cristia-
nismos, culturales y clericales, en boga resultan inocuos o qui-
zs una extravagancia til? No puede dejar de recordarse que la
condena sociopoltica y metafsica de la Teologa latinoamericana
de la liberacin no provino de un estado (eua, por ejemplo),
sino de una cpula clerical (Instruccin sobre algunos aspectos de
la Teologa de la Liberacin, 1984). estados unidos, algo hist-
ricamente, se limit a considerarla como expresin de una lucha
del enemigo por la hegemona cultural, expresin que deba ser o
destruida o cooptada para asegurar su propio dominio en el rea
(Documentos de Santa Fe I [1980] y II [1988]). una conclusin
del punto es que el Vaticano se consider a s mismo til para
evitar una transformacin del ethos de dominacin en amrica
latina y quiso certifcar ante el orden mundial esta utilidad.
Su apoyo sin embargo fue desvalorizado por eua al sentirse se-
guro de que su cristianismo interno y mundial es ms poderoso
que lo que pueda decir y practicar el Vaticano, aliado menor aun-
que no enteramente prescindible en la realidad latinoamericana.
ahora, lo que se destaca en el ejemplo anterior es la tensin,
que puede incluir desgarramientos, entre el orden/violencia
Helio Gallardo 185
A propsito de las prcticas cristianas
moderno y los aparatos clericales a los que se concede legalidad
privada y, en la situacin latinoamericana, tambin prestigio p-
blico. la cuestin introduce una mayor complejidad y conficti-
vidad al contenido atribuible a las expresiones prcticas cristia-
nas y cristianismos contemporneos.
el punto se inscribe, desde luego, en la preocupacin bsica: el
adjetivo cristiano no puede predicarse solamente de una sub-
jetividad, o para delimitar una comunidad religiosa o aparatos
clericales y las teologas que surjan en sus senos. para occidente,
cristiano es una manera generalizada de estar en el mundo de la
vida, un factor cultural que penetra en todos (polticos, sacerdo-
tes, militares, futbolistas, maestros, padres, etctera), aunque, es
obvio, no de la misma manera. esta realidad tiene su comienzo,
aunque no su origen, muy anterior, en el siglo IV. lo que hoy
es amrica latina fue cristianizada desde el siglo XV, con la
invasin, la conquista y la colonia, es decir desde el origen de sus
formaciones sociales actuales. amrica latina no es propiamen-
te occidental ni moderna (con su alcance de industrial o pos-
tindustrial) y por tanto su cristianismo cultural y su modernidad
contempornea resultan distintas a las de otras regiones, como
europa del Norte, en su sentido restringido de pases nrdicos,
o alemania. los cristianismos latinoamericanos han sido de-
terminados poltica y culturalmente como expresndose en una
modernidad barroca (propia de la contrarreforma), para diferen-
ciarlos (y oponerlos) a los cristianismos expresados en el seno
de la modernidad ilustrada (estereotipadamente racional, tecno-
lgica y cientfca). la complejidad sociohistrica del trmino
cristianismo, por ello, no admite su abstraccin ni los posiciona-
mientos/procedimientos que conducen a ella ni, menos, por fuerza,
su aplicacin generalizada a realidades sociales y de fe religiosa,
cualesquiera sean las buenas voluntades de quienes se empean
en ser sus pastores.
186 Volumen 6, Nmero 5, 2012
este artculo busca solamente introducir a uno de los aspectos
de posicionamiento que, en amrica latina, tendera a poner
de manifesto y a cautelar (prever, manejar, comunicar) la com-
plejidad de la expresin cristianismos contemporneos y su
derivado prcticas cristianas. este aspecto es el de los mbitos
estratgicos involucrados en la produccin de conocimientos acerca
del fenmeno religioso. Se aadir un apartado breve acerca de
un procedimiento, no se pretende sea el nico, mediante los que
se puede delimitar un cristianismo para efectos de producir co-
nocimiento sobre l.
mbitos temticos de la fe religiosa y de sus prcticas e insti-
tucionalizaciones
en una aproximacin bsica, la produccin de conocimiento
acerca de la fe religiosa, un mbito particular de las fes (creen-
cias) humanas puede ser realizada respeto de diversos objetos (y
los procesos que los constituyen) que pueden o no tener relacin
de continuidad/refuerzo o afnamiento entre s. el primero de
ellos, por su amplitud e indeterminacin es el de fe religiosa en
cuanto sentimiento que busca establecer algn tipo de relacin
entre lo natural (entendido aqu como la sociohistoria) y lo
sobrenatural, es decir aquellos poderes o seres que no son de
este mundo, aunque incidan de diversa manera en l. en la
tradicin catlica latinoamericana institucionalizada lo natu-
ral es la condicin humana (inclinada al pecado, pero sensible
asimismo a la humildad y al reconocimiento de ser creatura
y criatura de dios y para l) y lo sobrenatural un Dios Sujeto
(personal) misterioso y caritativo que conceder, bajo ciertas
condiciones, la mediacin clerical catlica resulta indispensa-
ble, por ejemplo, vida eterna en su espritu. aqu lo obvio es la
separacin tajante (si se excepta la mediacin clerical) entre
lo natural y lo sobrenatural, su jerarquizado vnculo posterior
Helio Gallardo 187
A propsito de las prcticas cristianas
unilateral y absoluto, y la disolucin (ms que la reunin) de lo
natural en lo sobrenatural. este imaginario puede contener tan-
to la separacin entre cuerpo y alma (con privilegio para esta
ltima) como su interrelacin o vnculo insoslayable va prin-
cipalmente la encarnacin de dios (Jess de Nazaret, ledo como
cristo Jess), su muerte y resurreccin. esta ltima interpretacin
est menos socializada pero es factible dentro del catolicismo
institucional con la condicin de que el alma vigile y disci-
pline al cuerpo. en algunos crculos protestantes, minoritarios
probablemente, la fe literal en textos bblicos, la gracia de dios
y en la mediacin nica de cristo, pueden conducir a una fe
que concentra su energa emocional en el templo (entendido como
asamblea o comunidad religiosa) y la oracin personal, familiar y
comunitaria que prescinde de la insercin en los frentes sociales
y poltico-culturales (creaciones humanas que no conducen a la
salvacin). a diferencia de este enfoque restrictivo, en el que el
plano de la fe religiosa minimiza el trato con el mundo dando un
sentido especfco a las prcticas cristianas, el mbito del senti-
miento de fe religiosa alienta las comparaciones/contrastes con
otras formas de fe humana, como la antropolgica.
las ltimas observaciones facilitan distinguir entre fe religiosa
y religiosidades o, en el concepto, religiosidad. los seres huma-
nos no pueden vivir sus sentimientos y las propuestas que ellos
conllevan sino en situacin. y al ser animales que deben aprender
a aprender para sobrevivir, subsistir y reproducir la especie, esta
situacin contiene una inscripcin cultural o subcultural. No
tiene aqu particular importancia la prioridad que se asigne o a
la fe religiosa o a la religiosidad. la segunda no puede darse sin
la primera y la primera debe expresarse en la segunda. Se trata
de una pareja sistmica. No se puede pensar la una sin la otra. la
cuestin de la preeminencia o de la superioridad de una sobre
otra tiene sentido solo en trminos metodolgicos u operativos,
188 Volumen 6, Nmero 5, 2012
no en cuanto se las considera como entidades especfcas o facto-
res inevitables de las prcticas religiosas.
lo que seala el concepto de religiosidad es que no se vive de la
misma manera el sentimiento religioso (que liga lo natural con
lo sobrenatural) cuando se ocupa el lugar social de mujer rural
pobre que cuando se es varn urbano de capas altas, y esto quiere
decir con un prestigio social que se deriva de adscripciones fami-
liares, capacidad econmica, educacin, estilo de existencia y,
eventualmente, capacidad de incidencia profesional y poltica.
Todava en amrica latina resulta factible que un general adi-
nerado asesine a una mujer rural y quede impune. pero si la mujer
asesinara a ese general (o le robara una gallina para alimentar a
su familia) el delito resultara escandaloso y la mujer saldra bien
librada si se la juzgara demente y se la encerrara de por vida en
un psiquitrico. en trminos ms amplios y especfcos, no se
vive de la misma manera el catolicismo, ni el cristianismo, si se
es mujer anciana que mujer joven, ni obrero rural afroamericano
que empresario de espectculos internacionales o mdico ciru-
jano. los diversos posicionamientos sociales contienen diversas
maneras de aprender el catolicismo, o el protestantismo y, con
ello de comunicarlo y ejercerlo. el asunto tiene alcances subjeti-
vos, es decir de integracin personal (carcter). Tampoco se vive
el catolicismo de la misma manera si se ejerce como sacerdote
diocesano que como laica joven. Sobre esta ltima, y sobre todos
quienes se le parezcan (es decir que pertenezcan al sector de los
no ordenados) recaer siempre la culpa si sus plegarias no son
escuchadas. el sacerdote no podr ser responsabilizado por este
fracaso. l cumple con su funcin clerical institucionalizada. Si
dios no escucha a los feles se debe a un problema o de fe o de
situacin de pecado del creyente laico. un religioso ordenado
juega religiosamente siempre segn reglas y lgicas que lo hacen
ganador (mientras no incurra en delitos. y a veces ni siquiera
Helio Gallardo 189
A propsito de las prcticas cristianas
en este caso se le hace responsable). el ejemplo nos dice que la
religiosidad se mueve dentro de un ordenamiento poltico-cultural
y que en este orden el poder/violencia est distribuido asimtri-
camente y ello tiene efectos temporales y espaciales (sociohist-
ricos) y tambin sobrenaturales.
la distribucin asimtrica del poder o poderes en las sociedades
modernas, ilustradas o barrocas, se sigue de la existencia de im-
perios/dominaciones sistmicos, cuestin en principio insalvable,
pero este asunto, aunque posee implicaciones para lo que aqu se
argumenta, no se discutir en este apartado.
podra decirse que la religiosidad puede ejercerse, y de hecho es
lo ms comn, en comunidades religiosas, o iglesias, mayor o me-
normente institucionalizadas. las iglesias, en amrica latina,
suelen reunir a feles/individuos con independencia de su religio-
sidad, es decir de cmo sienten culturalmente su fe. las iglesias
pueden distinguir para algunos efectos, catequsticos o pastora-
les, por ejemplo, entre adultos, jvenes, nios y ancianos, solte-
ros y casados, mujeres y varones, pero difcilmente lo har entre
sectores rurales y urbanos, o entre trabajadores desempleados y
empleados, o incluso entre obreros y patrones. las diferencias t-
nicas tampoco suelen ser signifcativas para la institucionalidad
en el seno de las iglesias. ellas se consideran comunidades de fe
y la identidad de sus feles pasa por una adscripcin voluntaria
o inercial a esa iglesia determinada. all constituyen feligresa
en sentido estricto, ms que individuos, y las situaciones per-
sonales son tratadas en cuanto fel no en su complejo alcance
social o existencial. este aspecto es ms fuerte en el catolicismo
que en el variado espectro del protestantismo. en la poca de
Semana Santa, por ejemplo, un sacerdote revela que las confe-
siones se atienden de manera concisa, casi sin escuchar, porque
mucha gente se acerca a los confesionarios y no existe capacidad
190 Volumen 6, Nmero 5, 2012
de escucha por parte del religioso. Quien habla y trata de comu-
nicarse no es Juana gonzlez o marta prez o pedro pardo, sino
un fel. las asambleas de fe religiosa o iglesias, por tanto, suelen
moverse con facilidad en el plano de las abstracciones lo que se
puede proyectar hacia un nfasis en las actividades dentro de los
templos fsicos (oracin, liturgias, ritos, presencia, rutinas) y una
separacin/escisin abstracta y artifcial entre estas actividades
y los discursos y prcticas del mundo de la existencia diaria. Si
recordamos que el sentimiento de fe religiosa forma parte de la
existencia personal o grupal, advertimos que es perfectamente
concebible la participacin en iglesias de personas que carecen
de fe religiosa o la han perdido, ya se trate de ordenados o laicos.
Se puede participar en las iglesias modernas por razones sociales,
familiares o inerciales. asimismo por razones de poder/prestigio
ms especfcas. y tambin, desde luego, porque se siente que en
esa iglesia, o comunidad de feles, determinada la fe religiosa pro-
pia y personal se experimenta como ms realizada o iluminada.
advertimos entonces que si bien la pareja fe religiosa/religiosi-
dad constituye un nico sistema, su prolongacin hacia la asam-
blea de fe religiosa o institucin religiosa, que tambin pareciera
determinada centralmente por la pareja natural/sobrenatural,
puede contener o no contener una disrupcin o solucin de con-
tinuidad. la razn de fondo, aunque no la nica, para que ocurra
esta eventual ruptura es que en la pareja fe religiosa/religiosi-
dad domina la segunda (es decir la encarnacin cultural y social de
la fe) y la oferta/tratamiento institucional puede resultar dbil
en relacin con esta etnicidad y determinacin social de la fe.
No existen iglesias, por ejemplo, para afroamericanos jvenes
porque se consideraran discriminatorias tanto desde la perspec-
tiva de las iglesias como desde las perspectivas de los diversos
grupos tnicos de feles. Implicara, adems, reconocer confic-
tos entre las almas de esos feles. esto signifca que las iglesias
Helio Gallardo 191
A propsito de las prcticas cristianas
suelen establecerse y funcionar ms como institucionalizados
enclaves geogrfcos, urbanos y rurales, abstractos, que como es-
pacios socio-culturales determinados e inscritos en un sistema
social. una iglesia/templo situada frente a un parque tiene, pese
a su maciza singularidad, mucho de abstracto en relacin con las
existencias particulares de quienes confguran la asamblea de feles
que atraviesa sus puertas regular u ocasionalmente. por supues-
to, las iniciativas pastorales, en sentido amplio no solo catlico,
podran acoger el reto de la particularidad, pero esto no obviara
que los grandes eventos o fechas, la misa o la eucarista o la Se-
mana Santa, se ocupen de masas de feles con independencia
de sus procesos y situaciones existenciales singularizadas. de esta
manera, participar en una asamblea de feles implica un esfuer-
zo personal de cada uno de stos para darse/encontrar un lugar
en ella. el ardor de la fe individual resulta as algo necesario
sin necesidad de compartir el imaginario y vocabulario religioso.
pero todo ardor humano requiere de condiciones para produ-
cirse y sostenerse. la inercialidad personal, la reiteracin de ritos
que terminan por perder su sentido de vnculo con lo sobrena-
tural, la falta de compromiso de los ofciantes puede tener un
efecto sensiblemente negativo en la sostenibilidad de la fe reli-
giosa o en su gestacin en el seno de las iglesias.
Si el eje de las prcticas en el plano del sistema sentimiento re-
ligioso/religiosidad era la pareja natural/sobrenatural, un eje de
parecido rango para el plano de las asambleas religiosas o iglesias
es el de la organizacin interna de la comunicacin en vistas del
emprendimiento colectivo. desde el punto de vista de los feles,
el emprendimiento colectivo podra ligarse con logros como la
integracin personal, el reconocimiento y acompaamiento y la
autoestima. pero desde el punto de vista de una autoridad centra-
lizada y autoritaria estos logros podran no existir o constituirse
como meros apndices (de los que ni se habla o se habla poco)
192 Volumen 6, Nmero 5, 2012
de otros considerados superiores por ltimos y universales: la
salvacin va los procedimientos institucionales, por ejemplo
(oracin, sacramentos, valores como la castidad o la humildad,
etctera). Quin resuelve la meta axial permanente de la asam-
blea religiosa y quien determina los procedimientos (nicos o plu-
rales) que permiten alcanzar esa meta, decide el carcter del fujo
comunicativo (jerarqua) de la organizacin. el eje de la asamblea
de feles se sigue as de la autoconcesin de poderes e incapacida-
des institucionales y tambin de la mayor o menor fexibilidad de
la institucin para transferir poderes o capacidades institucionales o
de promover la autotransferencia autnoma de poderes dentro de
su seno. el punto permite acercarse a la distancia insalvable sos-
tenida por la autoridad catlica entre religiosidad institucional
revelada (por lo sobrenatural) y religiosidades institucionales
naturales (puramente sociohistricas, contingentes). la pre-
tensin catlica descansa en una antropologa que supone una
naturaleza humana comn y universal que estara en la base de
todas las diferenciadas formas culturales de aprender a aprender
que confguran la existencia de la especie. a un nico Sujeto di-
vino corresponde un nico sujeto/individuo humano racional y
por ello puede darse solo una iglesia verdadera. los dos ltimos
alcances no parecen tan fcilmente defendibles por su carcter
slidamente etnocntrico, a la vez emprico y abstracto.
la tendencia a la abstraccin de las iglesias en las sociedades mo-
dernas, con independencia de sus antecedentes histricos, pue-
de resultar tanto de una lgica institucional (cuando se mide el
xito de la institucin por el nmero o acrecentamiento de
feles o por el brillo de las convocatorias o por el prestigio de
alguna de sus autoridades mximas) como de determinaciones
situacionales, es decir particulares. existen sin embargo facto-
res sociales que de alguna manera demandan esta abstraccin
en la que pueden o no tender a esfumarse o a rejerarquizarse
Helio Gallardo 193
A propsito de las prcticas cristianas
las existencias efectivas de los feles. las sociedades modernas
exigen una altsima divisin social y tcnica del trabajo (espe-
cializaciones) en sociedades de grandes nmeros (masivas). a
este rasgo estructural se agrega, para el caso latinoamericano,
una tendencia poltica a la desagregacin de las mayoras (que se
transforman en muchas minoras) con la fnalidad de facilitar la
reproduccin del sistema. en estas condiciones las convocatorias
de masas (elecciones nacionales, espectculos, ceremonias reli-
giosas, mercados, etctera) requieren de un nivel de abstraccin
y fulgor inevitable para atraer a los diversos. una vez convoca-
dos, no pueden ser tratados como individuos o sectores, excepto
que se desee correr el riesgo de perderlos. en este sentido bsico,
las iglesias tienden a transformarse en espectculos y pueden
depender, como prcticamente todas las cosas, del mercadeo de
imgenes hiperempricas y a la vez, universales (en el sentido de
generalizadas). el predominio de las imgenes y de sus cdigos
tiene costos en relacin con la radicalidad de la experiencia de
fe religiosa cuyo referente es un sentimiento social o conjunto de
sentimientos hacia lo sobrenatural, no imgenes.
el antdoto a esta tendencia a la prdida de la radicalidad del
sentimiento de fe religiosa (abstraccin, burocratizacin, dif-
cultades comunicativas, reifcacin) en el seno de las iglesias lo
proporciona el mismo sistema multiplicando la oferta en el merca-
do clerical y cultural: grupos pequeos comunitarios, competen-
cia, comparacin y discriminacin entre religiones por razones
socio-polticas, tnicas y culturales, la transformacin de otras
actividades masivas en sucedneos del sentimiento religioso
(ftbol, televisin, msica, adhesiones institucionales, derechos
humanos, etctera). en las sociedades modernas lo religioso em-
pieza a ser comprendido y tratado como una adiccin necesaria
pero que se debe cautelar. con independencia de cualquier otra
consideracin, las iglesias institucionalizadas y otras adiccio-
194 Volumen 6, Nmero 5, 2012
nes funcionan, cada vez ms, como parte de aparatos polticos y
geopolticos sin que por ello pierdan, puesto que resulta factible
combinarlos, su capacidad para jugar un papel como espacios de
seguridad subjetiva (refugio) y certeza.
este punto supone una articulacin constructiva, en trminos
del statu quo, entre mercado, estado, acumulacin global (y la
constelacin transnacional de poder que ella demanda) e igle-
sias. Solo que aqu dejan de considerarse asambleas de feles
y pasan, para efectos de anlisis, a constituirse como aparatos
clericales.
en relacin con la produccin de conocimientos respecto de
los fenmenos religiosos hemos distinguido sumariamente has-
ta el momento los niveles de la fe religiosa, las religiosidades,
las asambleas de feles o iglesias institucionalizadas y, ahora, los
aparatos clericales. la fe religiosa se mueve en relacin con el
eje natural/sobrenatural. la religiosidad se inscribe en la situada
necesidad humana de aprender a aprender, es decir de transmitir/
comunicar las experiencias. fe religiosa y religiosidad constitu-
yen un sistema nico, lo que tiene alcances, por ejemplo, para
la produccin teolgica (que debe contemplar no la verdad sino
el requerimiento humano de aprender a aprender para estar en
el mundo o producirlo) y para las iglesias institucionalizadas (que
deberan ser espacios en los que, sin abandonar el culto aunque
transformando cualitativamente sus bases dogmticas, se facilitara
el aprender a aprender). estas iglesias institucionalizadas en las
sociedades modernas mayoritariamente tienden a competir en la
produccin de espacios de seguridad y certeza en un orden/violencia
(mundo) que carece de ellas. Sus espacios buscan ser ntimos (inte-
gracin personal) y a la vez comunitarios (asamblea de feles, comu-
nicacin) y de masas, lo que supone a la vez produccin de par-
ticularizadas identifcaciones e identidades y tensiones internas
Helio Gallardo 195
A propsito de las prcticas cristianas
y contextuales resueltas por la libertad moderna de escogencia
clerical (la religiosidad, por el contrario, resulta obligatoria), en
cuanto adiccin que amarra, entre otros factores, la reproduccin
del statu quo. en este punto, en el que confuyen acumulacin
global, estado, orden/desorden transnacional y religiosidades
institucionalizadas o no, se despliega el concepto o categora de
aparatos clericales.
un aparato clerical se inscribe, con mayor o menor conciencia
de ello, en un sistema de poder o poderes enteramente terrenales.
en este sentido sus acciones no tiene como eje referencial la
pareja natural/sobrenatural, excepto como simulacro. el eje de
sentido es aqu la pareja dominacin/liberacin para todas las so-
ciedades con principios de imperio estructurales y los aparatos
clericales (que pueden ir desde chamanes a iglesias santas) que
se inscriben en ellas. por ejemplo, una dominacin sistmica que
recorre todas las sociedades conocidas, excepto quizs una hipo-
ttica horda primitiva (pero la informacin sobre esta hipottica
agrupacin es escasa), es la de sexo-gnero con imperio patriarcal.
una comunidad de feles se transforma, con voluntad colectiva o
sin ella, en un aparato clerical, si reproduce en el seno de su insti-
tucionalidad, sin crtica material, esta dominacin. por supuesto
lo hace en su nivel religioso-clerical sustentando la inferioridad
femenina, por ejemplo, a partir del contenido del segundo relato
bblico sobre la pareja humana (gnesis, 3, 14-22). los aparatos
clericales modernos contribuyen al sostenimiento, cuando no al
origen como es el caso de las sociedades latinoamericanas, del
orden/violencia imperante de muy diversas maneras. a veces
mediante acciones directas, como en el caso de la conferencia
episcopal hondurea y de algunos dirigentes de aparatos clerica-
les protestantes durante el ltimo golpe de estado (junio 2009),
y en otras y ms permanentemente, mediante la confguracin o
refuerzo de identifcaciones inerciales, usualmente naturalizadas,
196 Volumen 6, Nmero 5, 2012
que poseen un contenido poltico desmovilizador o, ms con-
ceptualmente, que reemplazan o desplazan, desfgurndolo, el
principio universal de agencia humano (y la antropologa que
lo sostiene) mediante asociaciones con conceptos/valores como
el pecado, la culpa, la oposicin cuerpo//alma con dominio de
esta ltima o un entero rechazo de las cuestiones poltico-so-
ciales en cuanto seran terreno de la desagregacin/corrupcin
y el pecado: mbito del demonio. el abanico de posibilidades es
amplio y complejo, puede contener o la espiritualizacin de la
existencia o su fragmentacin, o ambos, y expresarse mediante
un magisterio social o seales de trfco/advertencia como la
ya referida Instruccin sobre algunos aspectos de la <Teologa de la
Liberacin> (1984), o sentenciando el carcter recluso y espe-
cial/superior de la experiencia de fe religiosa. el aparato clerical
tensiona su carcter de reproductor poltico-cultural del sistema
con su referencia como iglesia: espacio de reconocimiento, acom-
paamiento y seguridad.
conceptualmente los aparatos clericales se mueven dentro del
eje poltico/cultural y geopoltico/cultural confgurado por la
pareja dominacin/liberacin y sus fuerzas y actores y, en este
eje, optan por la dominacin/violencia y, en su frente suave, por
la sumisin va la evangelizacin, por ejemplo. pueden hacer
internamente suya esta dominacin/violencia, incorporndola
a su institucionalidad, como ya hemos ejemplifcado, o generar
sus propias formas religioso-clericales de orden/violencia auto-
ritaria y excluyente, suave o dura, ya para asegurar posiciones
de privilegio (jerarqua) en la lgica del aparato clerical ya para
reproducir, en el campo de las almas con fe religiosa de sus ad-
herentes, un smil de las desdichas y turbulencias de este mundo
cuya expiracin se liga con una referencia sobrenatural falseada
puesto que supone la idolatra del statu quo. estos caminos, con
sus variantes, no son mutuamente excluyentes. en los aparatos
Helio Gallardo 197
A propsito de las prcticas cristianas
clericales, los religiosos ordenados o pastores devienen funcio-
narios y burcratas. el abuso infantil o contra jvenes no cons-
tituye propiamente un fenmeno de iglesia o iglesias (asamblea
de creyentes), sino de aparatos clericales. provienen del status de
imperio tal como l puede expresarse en la lgica interna de un
aparato clerical. estos abusos son una de las formas en que se
materializan relaciones de jerarqua/dominacin en circuitos
burocrticos cerrados, aunque con memoria de sobrenaturalidad
en este caso, que los tornan en delitos con una alta probabilidad
de quedar impunes (principalmente porque sus vctimas no las
denuncian o sus testimonios no son credos). equivalen a las ma-
sacres ordenadas por los jefes militares o polticos que suelen ser
recompensadas con estatuas o vtores a la patria. el funcionario
clerical condensa una perversin institucionalizada de la fe reli-
giosa y de las religiosidades, perversidad casi siempre autoritaria,
que est en el origen y despliegue de su servicio religioso y lo
afecta.
conviene quizs aqu dar un ejemplo breve, con ms alusiones
sociohistricas, de lo expuesto hasta el momento, con el fn de
ilustrar la utilidad prctica y conceptual de trabajar estos planos
y sus interrelaciones, aqu apenas sugeridas, para la produccin de
conocimientos acerca de los fenmenos e instituciones religiosas.
en la segunda parte del siglo recin pasado se despleg en am-
rica latina una movilizacin-movimiento de creyentes religio-
sos con horizonte ecumnico y macroecumnico cuyos diversos
frentes y destacamentos son cubiertos con el nombre propio de
Teologa latinoamericana de la liberacin. este nombre designa rea-
lidades variadas y no siempre coherentes, incluso en el plano de
una produccin teolgica que podra considerarse profesional.
aqu elegiremos algunos rasgos de este continente albergado por
ese nombre propio, rasgos que sirvan para ejemplifcar la utilidad
198 Volumen 6, Nmero 5, 2012
analtica de las distinciones propuestas hasta ahora. un sector
de esta Teologa latinoamericana. hace de la opcin por los
pobres una clave hermenutica para asumir, por ejemplo, la Re-
velacin contenida en los evangelios. esto quiere decir que su
religiosidad toma la forma de una opcin socio-poltica-cultural
que la lleva a detenerse en el fenmeno latinoamericano de pro-
duccin social de pobres y miserables y asumirlo como factor
inscrito en su fe, para poder leer la Biblia y comunicarla a creyentes
y no creyentes religiosos. Se trata de un religiosidad moderna y
popular, porque se concentra en las relaciones sociales (huma-
nas o antihumanas) de produccin de empobrecidos y misera-
bles (un escndalo), en los procesos sociales implicados en su
produccin, y no en el pobre como referente esttico (o en sus
estadsticas) al que se podra tender la mano, y quizs el corazn,
individualmente o como sector. para esta lectura religiosa, en
cuanto proviene de una religiosidad, la produccin social sistmica
de pobres niega la voluntad de un Dios creador y caritativo. Si se
permite o facilita o no se combate contra el imperio o imperios
que producen pobres y miserables, Dios no puede hacerse presente
en amrica latina o, ms ampliamente, en este mundo. este
mundo, con sus instituciones y lgicas y personalidades, no es
del cesar, sino de algn dolo que suplanta a dios. aceptar la
presencia de los pobres sin cuestionarse personal y comunitaria-
mente (identidades) por los caracteres sociopolticos de su pro-
duccin impide leer la Biblia y comunicarla. para decirlo en trmi-
nos tradicionales del catolicismo: quien no se cuestiona, como
persona o asamblea de feles, la existencia/produccin de pobres
y miserables, nada y se ahoga en un mar de pecado. el asunto afecta
radicalmente a las instituciones polticas, a las asambleas ins-
titucionalizadas de feles y a sus autoridades, a lo ntimo de las
personas y, como se advierte, a la salvacin [
3
].
3 No se pretende aqu que este sea un mensaje de la Teologa latinoamericana de la
liberacin. lo que se afrma es que as puede ser leda la produccin de algunos, los
Helio Gallardo 199
A propsito de las prcticas cristianas
No se trata, por tanto, de cmo decirle a los pobres de este mundo
que Dios los quiere
4
, cuestin que tiene un sentido perverso si se
lo pronuncia desde un aparato clerical, sino de acercarse existen-
cialmente (turbadamente) a la Biblia como palabra de un dios
que no acepta, y esto quiere decir que condena, la produccin
social de pobres. Se avanza as una fe religiosa que asume su reli-
giosidad en trminos socioeconmicos, de sexo-gnero y cultura-
les (por citar tres referentes de empobrecimiento), religiosidad
incompatible, por ejemplo, con un aparato clerical, el catlico,
que se apresura en el perodo para transformar la clave herme-
nutica que se sigue de la religiosidad de estos telogos de la li-
beracin en la frmula opcin preferencial por los pobres y los
jvenes
5
. desde esta opcin preferencial resultan factibles una
o varias lecturas idoltricas de la Biblia. y con ello, una determi-
nada opcin por el carcter de Dios y de la fe religiosa/religiosidad
con la que se lo cree. de aqu pueden desprenderse tanto op-
ciones de organizacin asamblearia (eclesiologa, espiritualidad,
personas religiosas, etctera) como tareas y programas de crtica
de lgicas de instituciones que se comportan como aparatos cle-
ricales (iglesias de cristiandad, en un lenguaje ms tradicional,
pero tambin ms confuso porque concede la nocin de iglesia
menos, de sus telogos profesionales desde las categoras de produccin de cono-
cimiento propuestas para el campo de lo religioso y especfcamente de la presencia
de lo religioso en amrica latina.
4 gustavo gutirrez, citado por Ignacio ellacura y Jon Sobrino, sin referencia espec-
fca, en la presentacin a mysterium liberationis, t. I, pg. 12.
5 cfr. conferencia general del episcopado latinoamericano: documento de puebla,
cap. I, # 1134. en l se lee: una clara y proftica opcin preferencial y solidaria
por los pobres. el preferencial introduce la idolatra del statu quo que produce po-
bres. No se puede ser efectivamente solidario en el mismo proceso con la produccin
sistmica de pobres y con la condicin de ellos. como se trata de una opcin polti-
ca, preferencial seala que se ha elegido la opcin de seguir produciendo pobres.
la opcin preferencial por los jvenes se encuentra en el mismo documento, cp. II,
# 1166 y siguientes. Se trata de otra religiosidad y, con ello de una diversa manera
de asumir la asamblea de creyentes y de determinar el vnculo natural/sobrenatural
(humano/divino).
200 Volumen 6, Nmero 5, 2012
a instituciones que no funcionan en relacin con el eje natural/
sobrenatural, aunque lo utilicen como mampara).
el ejemplo es, por supuesto, esquemtico y muestra continuidades
entre opcin por los pobres como clave hermenutica y una re-
ligiosidad liberadora/creadora, civil, social y personal, vinculada
a un determinado carcter de dios (natural/sobrenatural), fe y
religiosidad que se prolongan impactando las lgicas institucio-
nales de las diversas asambleas de creyentes y otras formas de or-
ganizacin social, y los vnculos entre ellas, en el mismo proceso
que se realiza desde varios frentes una denuncia poltico-cultural
del statu quo, incluyendo los aparatos clericales, que produce
empobrecidos como un orden/desorden idoltrico. Sin embargo
conviene recordar que en la secuencia fe religiosa, religiosidad,
comunidad de feles o iglesia y aparato clerical pueden darse tan-
to continuidades como rupturas y la complejidad y singularidad de
sus tramas no pueden resolverse mediante meras hiptesis gene-
rales de trabajo.
Retomando el hilo central de esta discusin, es posible acercarse
a una prctica religiosa en cuanto referida a la pareja fe religiosa/
religiosidad, iglesia entendida como asamblea de feles, y aparato
clerical. a ninguno de estos mbitos le resultan indiferentes los
procesos sociohistricos, locales, nacionales e internacionales,
desde los que surge esa prctica religiosa y en los que incide bajo
alguna forma testimonial (identifcaciones inerciales e identida-
des efectivas).
los cuatro planos anteriormente mencionados como campos
bsicos en los que puede producirse conocimiento acerca de lo
religioso en amrica latina, deben completarse al menos con uno
ms. Se ha indicado que la experiencia religiosa, adems de uni-
versal (aunque no presente en todas las sociedades de la misma
Helio Gallardo 201
A propsito de las prcticas cristianas
manera) en lo que se sabe de las agrupaciones humanas, tiene
en el sentimiento de fe un motor de partida que es tambin una
plataforma, ms o menos precisa, de creencias y esperanzas. como
toda expresin humana, estos sentimientos resultan de una pro-
duccin o social o comunitaria y, en el mismo movimiento, se
individualizan. este ltimo rasgo (integracin o desagregacin
personales, por citar dos polos), apunta al carcter o caracteres
de la personalidad religiosa. Se trata de un tipo de clnica en el
sentido de la observacin o auto observacin atenta del indivi-
duo religioso como referente-ideal o emprico y sus comporta-
mientos sociales. por supuesto el sujeto portador o protagonista
de fe religiosa/religiosidad no resulta idntico al sujeto portador u
actor/productor de asambleas de feles o al sujeto falso de los apa-
ratos clericales. esto quiere decir que puede darse religiosidad sin
adscripcin eclesial alguna de la misma manera que sealbamos
que la adscripcin a una asamblea de feles no implica necesa-
riamente fe religiosa alguna. Si apuntamos inicialmente hacia
modelos ideales encontraramos al menos personalidades religio-
sas sin adscripcin a iglesias (permanente, temporal, casual, et-
ctera), personalidades religiosas activas o pasivas en asambleas
de feles, autoridades religiosas en asambleas de feles y aparatos
clericales, personalidades sin fe religiosa adscritas a asambleas de
creyentes religiosas y aparatos clericales y sus vinculaciones y
comportamientos.
Todava existe un posicionamiento que puede producir conoci-
miento acerca de las prcticas religiosas que constituyen el fen-
meno religioso si ellas, en sus diversos planos, se entienden como
lenguajes y esfuerzos de comunicacin. Se trata de un metalen-
guaje que se propone hablar sobre el carcter de las prcticas reli-
giosas asumidas como testimonios de comunicacin ligados con
emprendimientos comunes. este artculo, por ejemplo, aunque
elemental y esquemtico, se ubica en este plano.
202 Volumen 6, Nmero 5, 2012
por supuesto, puede darse produccin sociolgica, econmica,
poltica, antropolgica, etctera, acerca del fenmeno religioso,
pero esa es otra discusin. en estas y otras disciplinas cientfcas
una sensibilidad de fe religiosa no forma parte explcita ni nece-
saria (ms bien representa un obstculo) de una plataforma que
se propone producir conocimientos. en esto puede aplicarse el
verso de una cancin argentina: No venga a mirarme el pago
con ojos de forastero. Que no es como usted lo mira, sino como
yo lo siento. por supuesto, habla un pequeo campesino.
sobre las prcticas cristianas: cuestiones de procedimiento y
delimitacin
este muy breve apartado se ocupa nicamente en enfatizar que
una expresin como prcticas cristianas resulta enteramente
polismica y polmica en amrica latina y, probablemente, en
cualquier parte del planeta donde se la emplee. luego, si se la
usa en argumentos, sin determinarla, se genera no conocimiento
sino confusin que, casi con certeza, se prolongar en abusos.
una prctica es institucionalmente cristiana, por ejemplo, si se
inscribe en el marco de comportamientos de una asamblea de
feles cristianos. pero una asamblea de feles cristianos puede re-
chazar a una adolescente embarazada o a una novicia enamorada
o proteger y exculpar a un sacerdote diocesano por abusos contra
adolescentes. Se podra argumentar que estas agresiones y de-
fensas no son cristianas, aunque se expresen en el seno de una
asamblea institucionalizada de feles cristianos. pero entonces el
carcter o caracteres de las prcticas cristianas no pueden ser
resueltas por provenir de iglesias o asamblea de feles (ni menos
por ser realizadas por individuos que se confesan cristianos).
ms ac, y por fuerza, segn se ha argumentado, las acciones que
se inscriben en las lgicas que dominan en los aparatos clericales,
Helio Gallardo 203
A propsito de las prcticas cristianas
un referente distinto al de iglesias, no pueden ser cristianas en
cuanto resultan idoltricas.
Si se est de acuerdo en que las prcticas cristianas no deberan
ser idoltricas, una parte signifcativa de la aclaracin de lo que
signifca ser cristiano en amrica latina pasa por identifcar la
presencia idoltrica en sus instituciones y lgicas sociales (empezan-
do por sospechar al menos protestantemente de todas ellas)
y ligarlas con el sistema social (local, nacional e internacional).
por supuesto, si se coincide en que el cristianismo (o los cristia-
nismos) es incompatible con la idolatra, deber aclararse qu
se entender por idoltrico. la determinacin de este concepto/
prctica (la idolatra caracteriza relaciones sociales humanamente
producidas) puede hacerse iniciando el camino desde situaciones
de existencia (en el dolo se pierde el ser humano, en el sentido
de que no produce humanidad propia y para otros, sino servicios/
tributos al dolo), o desde lecturas bblicas. ambos caminos no
resultan incompatibles. pueden recorrerse los dos (y otros) re-
cordando en cada uno de ellos que la verdad no puede leerse
sin un previo posicionamiento hermenutico (clave) que forma
parte o de una fe religiosa o de una fe antropolgica. o de am-
bas. las o la clave hermenutica producirn sentido apropiable. y
este sentido deber ser comunicado en el seno de un (o muchos)
emprendimiento comn. en ese emprendimiento comn, que
no se agota en una asamblea de creyentes religiosos, el sentido
producido alcanzar su efcacia cristiana. Ser por ello no solo
apropiable sino apropiado, con su alcance de autoproduccin de
identidad. esta efcacia cristiana, en cuanto desea rechazar/supe-
rar la idolatra, se traducir como un cambio en el comportamiento
de quienes participan en ese emprendimiento comn. este cam-
bio en el comportamiento podr incidir en las relaciones sociales,
sus instituciones y las lgicas de stas. la incidencia efectiva la
resuelve un campo de fuerzas y ellas no cambian mgicamente
204 Volumen 6, Nmero 5, 2012
porque los creyentes religiosos deseen ardientemente y desde
identidades efectivas su cambio. pero ste no es un asunto a ser
tratado aqu.
una segunda referencia de procedimiento respecto del signif-
cado del concepto/ valor comportarse como cristiano o prctica
cristiana puede hacerse en relacin con su destinatario universal.
los evangelios no parecen dirigidos a un grupo especfco de se-
res humanos (judos o romanos, por ejemplo, o solo pescadores
y mujeres, o solo endemoniados, etctera), sino al ser humano y
a todos los seres humanos, es decir a la especie. No se les pide a
los individuos de la especie ser cristianos, sino comportarse lo-
calizada y universalmente como prjimos. la referencia central
es aqu la de prjimo. Todos los individuos de la especie son po-
tencialmente prjimos porque todos ellos son hijos de dios con
independencia de su etnia, sexo-gnero, posicin social, adscrip-
cin religiosa o comprensin de las relaciones entre lo natural
y lo sobrenatural. puede discutirse el alcance antropolgico de
la expresin hijos de dios, pero parece estar fuera de duda el
alcance universal del mensaje evanglico. Si se acepta este carc-
ter universal, o sea que comprende a todos los individuos de la
especie, sin discriminacin ninguna, convendr reparar, al menos,
en los siguientes horizontes de accin:
a) la especie humana (homo sapiens) siempre ha sido una
sola especie biolgica, pero nunca una articulacin cons-
tructiva de culturas diversas. una nica especie biolgi-
ca y muchas culturas diversas (con ellas, y sus subespecies,
implica muchas religiosidades). las culturas diversas (no
intercambiables o reducibles a una sola) pareceran todas
respetables porque son el resultado de producciones de
hijos de dios en su marcha especfca de aprender a apren-
der. No pueden ser discriminadas, segadas o aplastadas.
Helio Gallardo 205
A propsito de las prcticas cristianas
el concepto/valor central aqu es el de discriminacin. la
igualdad entre los hijos de dios se traduce como el prin-
cipio poltico-tico de no discriminacin. es cristiano lo
que contribuye a denunciar y eliminar las discriminacio-
nes que pueden tener la forma de la explotacin, el racis-
mo, el etnocentrismo, el sometimiento (este efecto social
es ms discutible), etctera. el horizonte de esperanza es
aqu la produccin de una humanidad plural pero articu-
lada constructivamente. No resulta factible una especie
con un solo enfoque o mentalidad poltico-cultural, pero
s tal vez resulte factible la produccin de una especie hu-
mana poltico-cultural de diversos que se empean en un
emprendimiento comn sin discriminaciones. esto podra
ser considerado cristiano en cuanto pretensin universal
que no discrimina. al no discriminar, los diversos se dan
los medios para comunicarse. Si se comunican como pr-
jimos, en ellos, aportando a la comunicacin, estar dios.
es lo contrario de la Torre de Babel.
b) la inexistencia de comunicacin constructiva entre di-
versos (otros) es uno de los factores que alimenta el
desafo ambiental tanto en el frente que compromete a
la Naturaleza (capacidad del planeta para sostener la
vida), como en su frente social (las cegueras sociopolticas
y geopolticas que impiden asumir los desafos mundiales
(que comprometen a la especie biolgica) como proble-
mas que deben ser enfrentados y resueltos con el aporte de
toda o al menos la gran mayora de la poblacin planetaria.
el criterio cristiano, no clerical, tiene una respuesta para
ese desafo: la universalidad humana/divina de los diver-
sos sin discriminacin. este aspecto del mensaje cristiano
es dramticamente actual. y no implica una humanidad
institucionalmente cristianizada o evangelizada. No al
206 Volumen 6, Nmero 5, 2012
menos en el sentido que tradicionalmente occidente y
sus aparatos clericales han dado a estos trminos.
Se pudiera argumentar que los dos criterios expuestos: el referido
a la idolatra y a la universalidad sin discriminaciones poseen un
sesgo poltico que empequeece lo religioso (que se concentrara
ms en lo tico, por ejemplo). pero lo religioso, y con ello el
cristianismo, es poltico. Surge desde realidades polticas y ha-
bla sobre ellas. No puede ser de otra manera porque se genera
desde seres humanos y se dirige a seres humanos, a personas, a
pueblos y a su capacidad para producir humanidad y a las actitu-
des y rutas que conducen a ello. por lo tanto, no se trata de un
sesgo. Sesgo, y serio, sera reducir el cristianismo, por ejemplo,
solo a lo que sucede dentro de las asambleas de feles o a lo que
afrman sus discursos teolgicos (algunos de ellos funcin de apa-
ratos clericales). en la prctica, occidente (es una abstraccin)
nunca ha hecho esto. Se ha declarado culturalmente cristiano
y esta autodeterminacin excede lo religioso. por supuesto no ha
cumplido ni religiosa ni culturalmente con los criterios de supe-
rar las idolatras ni de evitar/superar las discriminaciones para
mencionar los dos criterios de ejemplifcacin utilizados en esta
seccin. pero esto es un desafo distinto. Tal vez la pasin de la fe
cristiana no ha sido en occidente lo sufcientemente ardorosa ni
constante. Tal vez la propuesta evanglica exija un ardor sobre-
humano. ambos asuntos son responsabilidad especial de quienes
se reconocen/declaran cristianos. y ser bueno recordarles que si
su fe existe, compromete la efectiva integralidad de sus existencias.
y que el proceso de aprender a aprender para los seres humanos
y sus culturas es complejo, arduo, difcil, y que ninguna referen-
cia sobrenatural lo garantiza, pero debera realizarse paso a paso.
crucifxin tras crucifxin, hasta la resurreccin.
Helio Gallardo 207
A propsito de las prcticas cristianas
Referencias bibliogrfcas
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Volumen 6, nmero 5, 2012
209
peRsonas
ColaBoRadoRas
NIcolS paNoTTo
argentino. director general del grupo de estudios multidisci-
plinarios sobre Religin e Incidencia pblica, en Buenos aires
(argentina). autor de textos sobre religin, sociologa, etc. dos
de sus libros son: Sendas Nmades. Encuentros, experiencias, fe,
teologa (2012) y Hacia una teologa del sujeto poltico. La relacin
libertad-fe- ideologa en Juan Luis Segundo (2012). correo electr-
nico: nicolaspanotto@[Link]
dIego SoTo
Costarricense, magster en estudios Teolgicos por la universi-
dad Nacional. acadmico e investigador de la escuela ecum-
nica de ciencias de la Religin. es autor de los libros Demanda
ertica (uNa-SeBIla, 2010) y El espejo encantado. Mito, fata-
lidad y Carnalidad: Teologa-Literatura Latinoamericana (uNa-
SeBIla, 2010). correo electrnico: soto1974@[Link]
maRIo mNdeZ mNdeZ
Costarricense, licenciado en Teologa (universidad pontifcia
Saleciana, Roma) y doctor en filosofa (universidad centroa-
mericana Jos Simen caas, San Salvador). actualmente es
profesor y director de la escuela ecumnica de ciencias de la
Religin.
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ndice
210 Volumen 6, Nmero 5, 2012
JuaN eSTeBaN loNdoo
Colombiano. profesor de Biblia y teologa. Vocalista de aggelos.
Interesado en teologa latinoamericana, culturas underground,
msica, arte, pintura, literatura, estticas contemporneas, flo-
sofa, hermenutica. actualmente trabaja con el departamento
de formacin de la Iglesia metodista en colombia, y culmina
sus estudios de filosofa en la universidad de antioquia.
correo electrnico:ayintayta@[Link]
aleJaNdRo VaRgaS
[Link] en Teologa del convenio uNa-
uNed, Bachiller en filologa clsica en la universidad de cos-
ta Rica. estudiante de licenciatura en Teologa en la uNed y
de licenciatura en filosofa en la universidad Nacional. Tam-
bin cursa la carrera de derecho en la universidad de San Jos.
correo electrnico: alejvargasc@[Link]
HelIo gallaRdo
Chileno, radicado en costa Rica. profesor de la universidad de
costa Rica. conocido por sus estudios sobre la realidad social y
la poltica popular de amrica latina, entre sus publicaciones
estn: Pensar en Amrica Latina (1981), Teora Crtica: Matriz y
posibilidad de derechos humanos (2008), Crtica Social del evangelio
que mata. Introduccin al pensamiento de Juan Luis Segundo (2009)
y Golpe de Estado y aparatos clericales. Amrica Latina/Honduras
(2012).
Volumen 6, nmero 5, 2012
211
Revista Siw
escuela ecumnica de ciencias de la Religin
normas para presentacin de artculos
la Revista Siw se publica anualmente. Tiene como objetivo
principal: promover el desarrollo de la investigacin teolgica
ecumnica realizada en la escuela ecumnica de ciencias de la
Religin y fuera de esta; los artculos discuten temas de realidad
social que integran problemticas costarricenses y latinoameri-
canas.
los artculos incluidos son inditos y originales. en el proceso de
revisin se designan pares externos, quienes emiten un veredicto
acerca de la calidad del trabajo, el cual luego es analizado por los
comits editoriales (una y ubila) y los asesores extranjeros.
a continuacin se incluyen las normas para la presentacin de
artculos que deben ser atendidas por cualquier persona que, si-
guiendo el objetivo central de la revista, desee plantear un art-
culo ante el consejo editorial de la escuela ecumnica de cien-
cias de la Religin.
1. los trabajos deben ser inditos y originales; no deben estar
aprobados para publicarse en otra revista (se enviar una
carta al comit editorial donde se d fe de esto). el autor o
la autora adjuntar informacin personal de contacto: ins-
titucin, correo electrnico, nmero telefnico, ciudad.
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212 Volumen 6, Nmero 5, 2012
2. Se privilegia el trabajo teolgico ecumnico en lengua
castellana. en casos excepcionales, el consejo editorial
aceptar contribuciones en otras lenguas, principalmente
del portugus, ingls y francs.
3. el artculo debe presentarse en letra Times New Roman,
12 puntos, espacio y medio. Su extensin no debe ser me-
nor de 12 pginas ni mayor de 25. la divisin de prrafos
debe tener sangra.
4. el artculo debe ser enviado a las siguientes direcciones:
revistasiwo@[Link], revistasiwo@[Link] o bien, se
pueden entregar los impresos en la secretara de la escuela.
5. emplee una redaccin fuida.
6. escriba los subttulos en negrita y de acuerdo con el siste-
ma decimal (ej. 1. , 1.1, 1.2).
7. utilice cursivas (itlicas) para dar nfasis o escrbir pala-
bras en otra lengua.
8. Si el texto incluye fuentes del griego o hebreo, indquelo.
9. las citas de cuatro lneas o menores van dentro del prra-
fo; las citas mayores de cuatro lneas van fuera de prrafo.
Regule la inclusin de citas.
10. las fuentes bibliogrfcas deben seguir el siguiente orden:
libro:
mena oreamuno, francisco. El texto como caos. Heredia: uni-
versidad Nacional, 2003.
artculo de revista:
Villegas, fernando. el dios de los profetas. Revista Ecumnica.
Vol. 2, nm. 1, 2001, pp. 21-31.
213
Normas para la presentacin de artculos
documento electrnico:
Boff, leonardo. Jon Sobrino: compaero de tribulacin. 2007.
Recuperado el 9 de noviembre del 2007, de <[Link]
servicios y [Link]/boff/[Link]?num213>
adems de las referencias al pie de pgina, el artculo debe lle-
var un apartado fnal titulado referencias bibliogrfcas, donde
aparezcan, en orden alfabtico, todos los documentos citados.
el artculo debe ordenarse de la siguiente forma:
Ttulodeltrabajonodebeexceder15palabras.
Nombredelautorolaautora.
Fechadeentregadelmaterial.
Resumenencastellano,quenoexcedalas100palabrasy
su respectivo Abstract en ingls.
Palabrasclaveenespaol(unmximodecinco)ysusres-
pectivas Keywords en ingls.
Introduccin, desarrollo de secciones, conclusiones y
fuentes consultadas.
impreso por el Programa de Publicaciones e impresiones de
la Universidad nacional, en el mes de marzo del 2013.
La edicin consta de 300 ejemplares,
en papel bond y cartulina barnizable.
[Link]

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